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                  <text>LA PLUMA
cEn el año de 1898 (At¡uf comienza el v,jamen de la gtneracidn del 98), afortunado y fecundo creador de superhombres, favorecidos con el prodigio de la
literatura infusa, y fundadores de una España nueva para su uso particular, se
exarcebó la crisis a la vez artística y social por la repentina irrupción en el
genio (¿será en et gremior) de compositores dramáticos, de mil o dos mil jóvenes, hasta entonces dedicadc,s a otras labores de su sexo, y que fijas las miradas de águila sobre las contadurías, reclamaron vacantes de ingenio dramático
bien retribuído y exigieron en tumulto el total programa de solidaridad y reivindicación obrera: igualdad de jornal, prohibición del destajo, obturación de
bocas inútiles, vía libre basta las cumbres del Parnaso y rebaja de edades para
el pase a la reserva de dramaturgos a fin de •refrescar las escalas,; y esto lo
han conseguido porque todos están frescos.,
Ya se conoce que esos dos mil jóvenes eran unos perdis; y, claro, &lt;qué iban
a hacer? Pues una barbaridad como esta: •Creyeron suficiente alzarse de puntillas (nunca l,a sido suficiente alzarse de puntillas) y estirar los brazos (¿para
clavar banderillast) para llegar con la punta de la pluma a dC'nde la de Tamayo trazó el surco luminoso, que no ven los ciegos de entendimiento ni los que
cierran los ojos por no admirar, y ante cuyos resplandores no tiene sombras
ni máculas la pureza artística, ni la Ciencia enigmas ni secretos, y cansados de
aquel martirio (el de estar de puntillas), inverso del de Don Quijote (que estarla de manos, por lo visto), reputaron más cómodo que el excelso poema dr&amp;·
mático descendiera a la altura de cualquier transeunto.,
(¡Hum! ¿Qué pretenderá hacer aquí ahora ese transeunte? Nada bueno, probablemente) ¿Y cómo se pone a su altura el poema dramático? Véase: cAI
efecto, prohibieron la forma poética, •ya llamada a desaparecer»; la tésis fundamental, el argumento ingenioso, la acción, la pasión, la emoción, el efecto
escénico, el estilo noble, el concepto profundo y la frase primorosa calificada
de latiguillos y embelecos cursis para engañar al inocente espectador; y con lo
poco que quedaba de lo que fué literatura, fabricaron el llamado arte •sincero,, que si lo fuese habría de declarar vencida su parva elocuencia por la pantomimo muda del cinematógrafo.• (¡Ah! Ya sabemos a dónde iba el transeunte:
al cine.) cEn esta que el pobre grande hombre !!amó e desdichada patria nuestra,
tan pródiga en coronas de laurel hasta para los que fueron del comercio de esta
corte, y en la que dentro de poco no podremos dar un paso sin tropezar con estatuas pre:naturas, al mismo tiempo que aguantamos a los eriginales, no ha habido un azulejo barato para inscribir el nombre del que es gloria nacional y orgullo de la R. A. E... ,
La Academia aprueba el •preinserto dictamen,, y D. Emilio Cotarelo, secretario de la cdependencia de la superioridad•, se lo comunica al director de
Bellas Artes. El cual se habrá quedado sin respiración. También nosotros. Pasado el primer susto, solicitamos de la Academia que eleve una estatua, aunque sea de las prematuras, al autor del informe, e inscriba su nombre en un
baldosín, que siemprl" costará menos que un azulejo, por barat~ que sea, y lo
ponga a la altura de cualquier transeunte... , 1para q.ie no tenga que alzarse de
puntillas cuando lo h&amp;ya menester!
256

r

1

I

MA DRID, MAYO 1921

1

NúM. 12. :

LOS CVERNOS
DE DON FRIOLERA
ESPERPENTO
SV A VTOR
DON RAMÓN DEL VALLE-INCLÁN
ESCENA SEGUNDA
COSTANILLA DE SANTIAGO EL

.

Puerto.-Casas encaladas
t
.
VERDE, subiendo del
Pacheco, Pachequín el B~/bea zos florido~, morunos canceles.-:Juanito
ro, cuarenton coio y
· udo
torera y kepis azul raso-uea l
.•
:;
narzg , con capa
'
o
a guz.arra sentado ba · l • l
cotorra, chillón y cromático D ~ L
i_¡o e Jau ote de la
ae una c
.
. ona oreta, la señora tenienta, en la re a
asa fronteriza, se prende zm clavel en el rodete.
':l
PACHEQUfN.

17

Una jaca terciopelo,
Un trab_uco y un puñal...
A tus pies, gachona mía
Pongo todo mi caudal. '

�LA PLUMA

LA PLUMA
U

COTORRA.

PACHEQUÍN.

Le debo una esplicación, Doña Loreta.

¡Ole! ¡Viva tu madre!
DOÑA LORETA.

, '
·Hasta la cotorra le jalea a usted, Pach equm.

1

DOÑA LORETA.

¡Qué miramiento! ¡A mí no me debe usted nada!

PACHEQUÍN.

¡Tiene un gusto muy refinado!

PACHEQUÍN.

Han reclamado mis servicios para rapar las barbas de un muerto.

DOÑA J,ORETA.

DOÑA LORETA.

¡Mala sombra!

Le adula.

PACHEQUÍN.

PACHEQu1N.

No sea usted satírica, Doña Loreta.

Un seryidor no cree en agüeros. Falleció a boi:do el Capitá d 1
Joven Pepita.
n e a

DO°ilA LORETA.

Qué toma usted para tener esa voz perlada?

DOÑA LORETA.

¡Por eso hacía señal la campana de Santiago el Verde!

PACHEQUÍN.

. a muy flamenca.
Rejalgares que me d a una vecm
DO°ilA LORETA.

Serán rejalgares, pero a usted se le convierten enjarabe de pico.

PACHEQUÍN.

A las siete es el sepelio.
DOÑA LORETA.

¿Falleció de 5u muerte?
PACHEQUÍN.

PACHEQUÍN .

·Usted
no me ha oído suspirar!
1

Falleció de unas calenturas, y lo propio del marrn·0
ahogado.
es morir
DOÑA LORETA.

DORA LORETA.

Me he quedado sorda. de un aire.

Y lo propio de un barbero, morir de pelmazo.
PACHEQUÍN.

PACHEQUÍN.

Son rejalgares, Doña Loreta.
DORA LORETA.

Pero no los recibirá usted de mano de vecina, ples toda la tarde
se la pasó el amigo de bureo.
258

¡Doña Loreta, es usted más rica que una ciruela!
Y usted un vivales.

DOÑA LORETA.
PACHEQUÍN.

Yo, un pipi sin papeles, que está por usted ventolera.
2

59

�LA PLUMA

LA PLUMA
DOÑA LORETA.

¡Que se busca usted un compromiso con mi esposo!

PACHEQUÍN.

No paso a creerlo.

PACHEQUÍN.

Ya andaríamos con pupila, Doña Loreta.
DOÑA LORETA.

No hay pecado sellado.
PACHEQUÍN.

DO¡;:A LORETA.

Como sus murgas esta servidora.
,

LoreNtoa?es caso par.ejo. ¿Qué prueba de amor me p1"de usted, Doña
DOÑA LORETA.

¿Y de saberse, qué haría el Teniente?
DOÑA LORETA.

¡Matarnos!

Ninguna. Tenga usted juicio y no me sofoque.
PACHEQUÍN.

PACHEQUÍN.

¿Va usted a quererme?

No llame usted a esa puerta tan negra.
DOÑA LORETA.

¡Ay, Pachequín, la esposa del militar, si cae, ya sabe lo que la
espera!

PACHEQUÍN.

¿No le agradaría a usted morir como una celebridad, y que su
retrato saliese en la Prensa?
DOÑA LORETA.

DO:ÑA LORETA.

Ha hecho usted muchas picardías
der que las pagase todas juntas.
en el mundo, y pudiera suce..

PACHEQUÍN.

¿Es posible que no la camele a usted salir retratada en A B O
DOÑA LORETA.

DOÑA LORETA.

Usted se olvida de mi esposo.
PACHEQUÍN.

Quiérame usted ' 4 u e pata
. . ese
. toro tengo yo la muleta de Juan
Belrnonte.
DOÑA LORETA

Ko puedo quererle, Pachequín.

PACHEQUÍN.

¿Quiere decirse que le es a usted inverosímil?

PACHEQUlX.

S1 había de aplicarme usted el castigo, lo celebraría.

¡La vida es muy rica, Pachequínl

¡Tío guasa!

PACHEQUÍN.

.

PACHEQUÍN.

¿Y tampoco puede usted darme el clavel que l uce en el monor
- ,

DOÑA LORETA.

¡Completamente!
26 0

DO¡;:A LORETA.

¿Me va mal?

�LA PLUMA

LA PLUMA
PACHEQUÍN.

Le irá a usted mejor este reventón de mi solapa. ¿Cambiamos?
DOÑA LORETA.

Doii,a Tadea pasa atisbandn. Et garabato de su silueta, se recorta
so~re el destello cegador;, moruno de las casas encaladas. Se desvanece
ba;o un po~che,y a poco su cabeza c(e lechuza, asoma en el ventano de
1tna guardzlla.

Como una fineza, Pachequín. Sin otra significación.
PACHEQUÍN.

DOÑA TADEA.

¡Profanos!

Un día la rapto, Doña Loreta.
DOÑA. LORETA.

Peso mucho, Pachequín.
PACHEQUÍN .

¡Levanto yo más quintales que San Cristóbal!
DOÑA LORETA.

Con el pico.

ESCENA TERCERA
EL CE11v!ENTERIO DE SANTIAGO EL VERDE: Una tapia
blanca con apreses, y cancel negro con una cruz.-Sobre la tierra removida, e~ capellán ~eza atropellado un responso, y el cortejo de mu:ferucas
Y marineros se d1spersa. Al socaire de la tapia, como una sombra, va el
~eniente Do~ Friolera, que se cruza con algunos acompaiiantes del entierro. 7uanzto Pacheco, cojeando, pingona la rapa, se le empareja.
PACHEQUÍN.

DOfvA LORETA ríe, haciendo escalas bU,chonas, y se desprende
el clavel del rodete. Las mangas del peinador escurren por los brazos
desnudos de la tenienta. En el silencio expresivo del cambio de miradas,
una beata con manto de merinillo, asoma por el atrio de Santiago. Doña
Tadea Calde1ón, adusta y espantadiza, viendo el trueque de claveles, se
santigua con la cruz del rosario: La tara&amp;ea, retirándose al fondo de la

¡Salud, mi Teniente!
DO:'.'/ ~-RIOLERA.

Apártate, Pachequín.
.1-ACHEQUÍ~.

. ¡Tiene usted la color mudada! ¡A usted le ocu1:re algún contrahe!Ilpo!
DON FRIOLERA.

reja, toca hierro.

No me interrogues.
DOÑA LORETA.

¡Lagarto! ¡Lagarto!

PACHEQUÍN.

Manifiéstese usted con un amigo, mi Teniente.
PACHEQUÍN.

Ya nos cuelgan el pecado.
DOÑA LORETA.

¡La mujer más honrada, no está libre de una calumnia!

DON FIUOLERA.

~achequín, ya llegará ocasión de que hablemos. Ahora sigue tu

eammo.

PACHEQUÍ::-1 .

Conforme, no quiero serle molesto, mi Teniente.

�LA PLUMA

LA PLUMA
DON FRIOLERA.

¡Oye! ¿Por qué sales del cementerio?
: PACHEQUÍN.

He venido dando convoy al cadáver de un parroquiano.
DON FRIOLERA.
1Poca

PACHEQUÍN.

¡Salud, caballeros!
EL PENEQUE.

¡Salud, y pesetas!
PACHEQUÍN.

De eso hay poco.

cosa!. ..

EL PENEQUE.
PACHEQUÍN.

¡Y tan pocai

Pues son las mejores razones en este mundo.

DON FRIOLERA.

No hablemos más. ¡Adiós!
PA.CHEQUÍN.

CURRO.

Esas ladronas nunca dejan de andar de por medio: Ellas y las
mujeres son nuestra condenación.

Todavía una palabra.
DON FRIOLERA.

¡Suéltala!

EL NIÑO .

¿Tú que dices, Pachequín?

PACHEQUÍN.

¿Qué le ocurre a usted, mi Teniente? ¡Abra usted su pecho a un
amigo.
DON FRIOLERA.

Verías el Infierno.

PACHEQUÍN.

Aprendo la doctrina.
EL NIÑO.

Cultivando a la tenienta.
CURRO.

PACHEQUÍN.

¡Le hallo a usted como estrafalario!
DON FRIOLERA.

Estás en tu derecho.
Don Friolera, haciendo gestos, se aleja pegado al blanco tapial de
cipreses, y el barbero, contoneándose en el ritmo desigual de la co_jer~,
aborda un grupo de tres sujetos marchosos, que conversan en el can~pillo, frente a la negra cancela. Aquél de la bufanda. calzones de odalisca
y pedales amarillos, muy pinturero, es el Niño del Melonar. Aq~el
pomposo pato azul con cresta roja, Curro Cadenas. Y el que dogmatiza
con elfagot bajo el carrik y el kepis sobre la onja, Nelo el Peneque.-

¡No es mala mujer!
EL PENEQUE.

. Cartagenera y esposa de militar, pues dicho se está que, buen
pico, buen garbo, y buena pierna.
PACHEQUÍN.

En ese respecto, un servidor se declara incompetente.
EL NIÑO.

¿Todavía no le has regalado unas ligas a la tenienta?
PACHEQUÍN.

_Caballeros, con tanta risa van ustedes a sentir disnea.

�LA PLUMA

LA PLUMA
EL NIÑO.

EL PENE&lt;¿UE.

~s la obra de los galones. Se ha desvanecido. En una pacotilla
de cien duros, a la hora presente, te pide un quiñón de veinticinco.

~o te ofendas, ninche.
PACHEQUÍN.

Doña Loreta es una esposa fiel a sus deberes. La amistad que me
une con su esposo, es la filarmonía. Don Pascual es un tenómeno
de los buenos haciendo sonar la guitarra.

PACHEQUÍN.

Hoy los duros son pesetas. No están las cosas como hace algunos años.
EL PENEQUE.

EL PENEQUE.

¡La mejor guitarra está hoy en el presidio de Cartagena!

¡Y todo e5te desavío nos lo trajo el Kaiser!
CURRO.

EL NIÑO.

¡Y aún ha de tardar el arreglo! La España de cabo a cabo hemo5
de verla como está Barcelona. Y el que honradamente juntó cuatro
cuartos, tendrá que suicidarse.

¿A quién señalas?
EL PENEQUE.

Al Pollo de Triana.
PACHEQUÍN.

Don Pascual tiene un estilo parejo.
EL PENEQUE.

No Je conocía yo esa gracia.
PACHEQUÍ:S.

¡Un coloso!
CURRO.

No miente el amigo. A Don Friolera vengo yo tratándole hace
muchos años. En la Plaza de Algeciras le he conocido sirviendo en
clase de sargento, y tuve ocasión de oirle algunos conciertos. ¡Es
una guitarra de las buenas! Entonces Don Friolera estaba tenido por
sujeto mirado y servicial, de lo más razonable y decente del Cuerpo
de Carabineros.
EL NIÑO.

Se alejan haciendo estaciones. Sobre las cuatro figuras en hilera ondula _una ráfaga de viento. Anochece. El Teniente, con gestos de maniac~, ~zene bordeando la tapia, pasa bajo la sombra de los cipreses, y contm~ la ronda del cementerio. Bultos negros de mujerucas con rebozos
salpz~an el campillo. El Teniente se cruza con una vieja que le clava
los OJOS de pajarraco. Pequei'ia, cetrina, ratonil va cubierta con un manto de merinillo. Don Friolera siente el peso de 'aquella mirada y una
súbita iluminación. Se vuelve y atrapa a. la beata por el moño. '
DON FRIOLERA.

¡Doña Tadea, merece usted morir quemada!
DOÑA TADEA.

¡Está usted loco!

O

¡Menudo cambiazo el que ha dado! Hoy pone la cucaña en el
Pico de Teide.

DON i'RIOLERA.

¡Quemada por bruja!
DONA TADEA.

EL PENEQUE.

Pu0s la mucha familia no le obliga a ese rigor.
266

¡No me falte usted!

�LA PLUMA
LA PLUMA

DOÑA TADEA.
DOl\ FRIOLERA.

¡Usted ha escrito el anónimo!
DOÑA TADEA.

¡Respete usted que soy una anciana!
DON FRIOLERA.

¡Usted lo ha escrito!

¡Se atreve us_ted con una pobre vieja, y con q uicn debe atreverse
mucha ceremonial
'
¡Mujer infernal!
¡Grosero!

DON FRIOLERA.

¡Chiflado!
DON FRIOLERA.

¿Sabe usted a lo que me refiero?

Pero usted sabe que soy un cabrón!
DOÑA TADEA.

Lo sabe el pueblo entero. ¡Suélteme usted!

DON FRIOLERA.

Va usted a escupir esa lengua de serpiente. ¡Usted me ha robado
el sosiego!

DON FRIOLERA.

Ya la suelto. Perdone usted este arrebato, Doña Tadea.
DOÑA TADEA.

DOÑA TADEA.

Piense usted si otros no le robaron algo más.
DON FRIOLERA.

Debe usted sangrarse.
DON FRIOLERA .

¡Aborto infernal!

¡Perra!

DOÑA TADEA.
D0¡:;A TADEA.

¡Suélteme usted! ¡Ay! ¡Ay!
DON FRIOLER.\,

¡Bruja! ¡Me ha mordido la mano!
DOÑA TAOEA.

¡Asesino! Devuélvame usted el postizo del moño.
DON FRIOU:RA.

;Arpía! ¿Por qué has escrito esa infamia?
268

DOÑA TADEA.
DON FRIOLERA.

DOÑA TADEA.

No sé nada, ni me importa.

DOÑA TADEA.

¡Usted ha escrito el papel!

DOflA TADEA.

¡Mentira!

DON FRIOLERA.

¡Me dá usted lástima!
DON l&lt;'RIOLERA.

¿Con quién me la pega mi mujer?
DOÑA TADEA.

Eso le incumbe a usted averiguarlo. Vigile usted.
DON FRIOLERA.

¿Y para qué, si no puedo volver a ser feliz?

�LA P L U i\l A

LA PLUMA
DOÑA TADEA.

Tiene usted una hija, edúquela usted cristianamente, sin malos
ejemplos. Viva usted para ella.
DON FRIOLERA,

¿El ladrón de mi honra, es Pachequín?
DOÑA TADEA.

reaparece
sobre la banda, de luz que vierte
.
la reia de
·
mznguera, alumbrada.por ..
,
:1
una sala baja y do
D e .
quznque de porcelanaª"" ¡ S d. •
on 1 ·rzolera, sentaáo ante el vel do
~u . e etzene a espiar.
'lb
a r con tapete de ll
.
un a um de retratos: Se pe b l
.
ma a, sostiene abierto
.
rcz e e puenly cr· t ¡·
ca;a de música Don v . l
zs a zno Jttllteado de St'
·
rrw era en el ren ·
.
•
,
:J•o/º aman/lo d.el quinqué es un
fantocha tráa-ico La beat
b
·
a se acerca y p
l
.
'
ega a a re¡a su perfil de lechuza. El Teniente le·vanta la b '
ca eza, y los dos se miran un instante.

¿A qué pregunta, señor Teniente? Usted puede sorprender el
adulterio, si disimula y anda alertado.

DOÑA TADEA.

¡Esta tarde me ha dado usted un susto!
DO:-i FRIOLERA.

DON FRIOLERA.

¡Antes había recibido una puñalada en e1 corazon!
,

¿Y para qué?
DOÑA TADJ:A.

Para dar a los culpables su merecido.

DOÑA TADEA.

¡Es usted maniático, 5eñor Teniente!

DON r'RIOLERA.

¡La muerte!

DON FRIOLERA.

Doña Tadea, usted está siem .
de su guardilla usted sabe q . pte como una lí.ichuza en la ventana
Tadea maldita,, usted ha escri'::t~,
i cada casa... ¡Doña

:~~~frn~~le e,

¡Virgen Santa!
La vieja huye enseñando las canillas. Don Friolera se sienta al pie
del negro canctl, y da.ndo un suspiro, a media voz, inicia su monólogo

DOÑA TAD!i':A.

¡Jesús Maríal
DON FRIOLERA.

de cornudo.

¡Aún conserva la tinta en las uñas!

ESCENA CUARTA
LA COSTANILLA DE SANTIAGO EL VERDE, cuando las
estrellas !tacen guifios sobre los tejados. Un borracho sale bailando a la
puerta del Billar de D~ña Calixta. La última beata vuelve de la novena:
Arrebujada. en si, manto de merinillo, pasa fisgona metiendo el hocico
por rejas y puertas: En el claro de luna, el garabato de su sombra tiene
r·eminiscencias tú vulpeja: Escurridiza, desaparece bajo los porches y

DORA TADEA.

¡Falsario!
DON FRIOLERA.

¿Por qué ha encend'd
1 o usted esta hoguera
DOÑA TADEA.

¡Calumniador!

t!ll

m:

alma?

�LA PLUMA

LA PLUMA
DON FRIOLERA.
DON FRIOLERA.

¡Sólo usted conocía mi deshonra!

¿Quién ha escrito el anónimo, doña Tadea?

DORA TADEA.

¡Papanatas!
DON FRIOLERA.

¡Doña Tadea, merecía usted ser quemada!
DOÑA TADEA.

¡Y usted llevar la corona que lleva!
DON FRIOLERA.

Yo soy militar y haré un disparate.
DOÑA TADEA.

¡Ave María! ¡Por culpa de dos repróbos, una tragedia en nuestra
calle!

DOÑA TADEA.

¡Yo sólo sé mis pecados!
La vieja se arrebuja en el manto, desaparece en la sombra de la callejuela, reaparece en el ventano de su guardilla, y bajo la luna, espía
con ojos de lechuza. Santinguándose oye el cisma de los mal casados.
Don Friolera y Doña Loreta, riñen a gritos, baten las puertas, entran
y salen con los brazos abiertos. Sobre el velador con tapete de malla, el
quinque de porcelana azul alumbra la sala dominguera. El movimiento
de las fiffuras, aquel entrar y salir con los brazos abiertos, tienen la sugestión de una tragedia de fantoches.

DON FRIO LERA.

DON FRIOLERA.

¡Es inaudito!

¡Considere usted el caso!

DOÑA LORETA.

DOÑA TADEA.

;Porque lo considero, señor Teniente!

¡Palabrotas, no!
DON FRIOLERA.

DON FRIOLERA.

¡Dejarse cortejar!

¡El honor se lava con sangre!
DOÑA TADEA .

DOÑA LORETA.

¡Una fineza no es un cortejo.

¡Eso decían antaño! ...

DON FRIOLERA.

r,,¡ :,; l'RIOLERA.

¡Has abierto un abismo entre nosotros!

¡Cuando quemaban a las brujas'.
DOÑA TADEA.

.
·Señor Temente,
no t enga usted para mí tan negra entraña!... Pudie/a ser que no hubiese fornicio. Usted, guarde a su esposa.

DOÑA LORETA.

¡Farolón!
DON FRIOLERA.

¡Estás buscando que te mate, Loretal

�LA PLUMA

LA P L U \.l A
PACHEQUÍN.

DOÑA LORETA.

¡Hazlo! ¡Solamente por verte subir al patíbulo lo estoy deseando!

¡Verdugo de su señora, que no se la merece!

DON FRIOLERA,

DON FRIOLERA.

¡Ladrón de mi honor!

¡Disipada!

PACHEQUÍN.

DORA LORETA,

¡A las mujeres se las respeta!

¡Verdugo!
Don Friolera blande un pistolón. D01ia Loreta con los brazos tn
aspa y el moño colgando, sale de la casa dando gritos. Don Friolera la
persigue, y en el umbral de la puerta, al pisar la calle, la sujeta por los

DON' FRIOLERA.

¡No admito lecciones!
DOÑA LORETA.

1Pascualínl
DON FRIOLERA.

pelos.

DON FRIOLERA.

1Pascual! ¡Para la esposa adúltera, Pascual!

¡Vas a morir~

DOÑA LORETA.

DOÑA LORETA,

¡No te ofusques!

DON FRIOLERA.

¡Os mataré a los dos!

¡Asesino!

DON FRIOLERA.

¡Encomiéndate a Dios!
DORA LORETA,

¡Criminal! ¡Que con las armas de fuego no hay bromas!

DOÑA LORETA.

1No dés una campanada, Pascual!
DON FRIOLERA.

Abrese repentinamente la ventana del barbero, y este asoma en _jubón de franela verde, narigudo y magro, el pescuezo todo nue;J.
PACHEQUÍN,

¡Va el pueblo a consentir este mal trato! Si otro no se interpone,
yo me interpongo, porque la mata.
Empu,iando un estoque de bastón, salta a la calle, y con su ;.•aneo
desigual, se dirige a la casa de la tragedia.
DON FRIOLERA.

¡Traidor! Te alojaré una bala en la cabeza.
274

¡Pido cuentas de rrú honor!
¡Pascualínl

DOÑA LORETA.
DON FRIOLERA

¡Exijo que me llames Pascuall

.

PACHEQUÍN.

¡No lleva usted razón, mi Teniente!
DON FRIOLERA,

¡Falso amigo, esa muJer debiera ser sagrada para tí!
2 75

�LA PL tJ ~\ A

I; A PL ÚMA
PACH!:QUÍN.

¡Así la he considerad o s1emp1•el.
.

PACH EQUÍN.
"f

¿Doña Lorela, qué hacemos?

DOi'I FRIOLERA.

DOÑA LORlff..\.

¡Rezar, Pachequínl

. , te dió esa flor que llevas en el rodete?
¿Loreta, qmen

PACHJl:QUÍN .

DOÑA LORETA.

Una fineza.

¿Vamos a dejar que nos mate como perros? ¡Doña Loreta, no puede ser!

PACHEQUÍN.

DORA LOR ETA.

~o vea usted en ello mala intención, mi Teniente.

¡Pachequín, tenga usted esta flor, culpa de los celos de mi esposo!

DOÑA LORETA.

,

1

¡Pascualm.

DON FRIOLERA.

r ,
¡Pascual! ¡Para tí ya no soy Pascua m.

' ,· nI

DOÑA LORETA.

.
ya no me quieres!
¡Rechazas un mimo,

Doña Loreta, con ademán trágico, se desprende el clavel que baila
al ex tremo del mo,io colgante. Pacluquín alarga la mano. Don .Friolera, se interpone, arrebata la flor y la pisotea. La tarasca cae de rodillas, abre los brazos y ofrece el pee/to a las furias del pistolón.
DOÑA LORETA.

DON FRIOLERA.

¡.Mátame! ¡Moriré inocente!

¡No puedo quererte!
PACHEQUÍN.

que tiene,
Perdone que se lo diga, pero no merece usted la perla
mi Teniente.
DON FRIOLERA.

. honra Vais a morir los dos.
Con vuestra sangre, lavaré m1
.

DOX FRIOLERA .

¡Morirás cuando yo lo ordene!
Una núia, como moJia de feria, descalza, en camisa, con el pelo suelto, aparece dando gritos en la reja.

PACHEQUÍN.

Mi Teniente, oiga razones.
DOÑA LORETA.

-e· ol
1 1eg .

·No ves resplandecer nuestra inocencia?

~

DON FRIOLERA.

¡Encomiéndense ustedes a D"tos1
z76

o

¡Papito! ¡Papín'.

LA NIÑA .
DOÑA LORETA.

¡Hija mía, acabas de perder a tu madre!
Don Friolera arroja el pistolón, se oprime las sienes, y arrebatado
entra en la casa, cerrando la puerta. Se le ve aparecer en la reja, tomar
en brazos a la 1iiña y besarla llorando, ridículo y viejo.
27 7

�LA PLUMA
DON FRIOLERA.

¡Manolita, pon un bálsamo en el corazón de tu papá!
Doña Loreta, caída sobre las rodillas, golpea la puerta, grita sofocada, st araña y se mesa.

LA VOZ DE LA SANGRE

DO~A LORETA.

¡Pascual, mira lo que haces! ¡Limpia estoy de toda culpa! ¡En
adelante, quizá no pueda decirlo, pues me abandonas, y la mujer
abandonada, santa ha de ser para no escuchar al diablo! ¡Abreme la
puerta, mal hombre!. .. ¡Dame tu ayuda, Reina y Madre!
La tarasca bate con la frente en la puerta y se desmaya. Pachequín
mirtJ de reojo al fondo de la sala silenciosa, y acude a tenerla. La tarasca suspira transportada.
DOÑA LORETA.

¡Peso mucho!

Los e/zopos junto al río,

PACHEQUÍN.

¡No importa! Mientras no pasa este nublado, acepte usted el
abrigo de mis tejas.
Se abren algunas ventanas,y asoman en retablo,figuras en camisa,
con un gesto escandalizado. Pachequín se vuelve y hace un corte de
mangas.

Los chopos junto al río,
y _iuz molino aldeano en la chopera...
y o soy un molinero pueblerino
que hace de serlo escudo de nobleza.
El teje-t1;je del cedazo, arriella
mis tiempos de inocencia.
el fragor de la limpia, '
puso sentido de heroismo en ella.

PACHEQUÍK.

¡El mundo me la dá, pues yo la tomo, como dice el eminente
Echegaray!
DOÑA TADEA.

¡Piedra de escándalo!
:FI.1."'- DE LA ESCENA CUARTA

(Continuará.)

y un molino aldeano en la clzopera,

y el rum-rum que acompase
los ensueños al ritmo de la muela...

.
Yo
. .estoy tan pronto al duelo de z·tuszones
civiles... En la aldea,
oh el pan que yo me haría, molinero
de mi propia cosecha.
No
un pan bien en m'safi
. serviré
l
•
na,.
szno a otana recia,
aromosa y dorada
hermana pura de la linfa fresca.
Oh el agua del venero del ribazo
des11-uda, y casta, y buena.
'

�LA PLUMA
Agua del manantial de la arenisca,
ba;o la exultación de la noguera:
dentro la odre pauzuda de la herrada
que cuenta del abuelo ~n las hij.uelas,
fueras como en un caliz;
. .
-el cobre antiguo, en la penumbra incierta,
luce en sus otoñales tonos cálidos:
tal si sería una ánfora de aquellas...!
Oh el pan y el agua honrados,
sin esta ingeniería cominera!
-El pan a cachos (oh el cuchillo frío)
y el agua, en hacineta.
Los chopos junto al río,
un molino aldeano en la cliopera...!
y
l
~
En catarata se me van os anos,
y en dura y vivaz vida de tormenta;
pero vendrá el reposo ... ¿Con la muerte?
·Quién sabe! Aguarda, aldea,
que aun gustaré la gracia del minuto.
Recostado en la hierba,
Y absorto en el lucero de la inja1tcia
•
•
,3_ de amor cual nunca honesta,
mt• mirauu;
,
devanaré del !zuso del recuerdo
la pesada madeja,
humilde Cincinato,
de estirpe hidalga y sangre molinera.

'~ .

LUIS G. BILBAO

APUNTES PARA UNA GEOGRAFIA
MUSICAL DE EUROPA. 1920
V. ALEMANIA

m

la pelota de Viena a Munich o de Berlín a Praga no sale
de un círculo perfectamente definido que sería prolijo e inarmónico querer fragmentar. El arte musical de los países centrales de Europa no es sino un sólo tronco del que salen ramas de diversa robustez y gala, pero, en síntesis, cuno•. Han pasado por
él las épocas floridas, las de follaje umbroso, los otoños abundantes, los
esplendores crepusculares: al fin, el cierzo y el deshoje.
-Espernmos-dice el tenaz-, vendrán otras primaveras. 1Ayl, ya
vuelven cada año, para mostrarnos que el tronco caduco sólo se alegra ya
ciin tímidos rec~rdos. Se marcharon las frondas y con ellas voló el pájaro que anidaba en su verde laberinto. Pero, además, cualquiera que fuese
su suerte, lo positivo es que el tilo seguirá siendo tilo y nosotros no queremos tilo ya, sino ciruelo. Toda la Europa musical es hoy un jardín joven: rosal florido o verde limón, la pájara pinta de la música actual no
quiere cipreses, ni robles, ni olmos copudos.
Y la lucha está en la música de los países centrales-que de vez en
cuando llamaremos pluralmente Germanía-, en que UAOS quieren renacer en clavellina y otros se empeñan en continuar el rebotín, tímido o presumido, pero de mu) buena familia.
ALTE

�LA PLUMA
LA PLU:\1A
La sustancia de la c,&gt;sa está, a buen seguro, en que en los dos siglos
casi cumplidos en los que la música germánica volaba en su vertigino~1
ascensión, el torbellino que levantó, arrastró consigo a todas las débiles
semillas de las músicas no centralistas-eslavas, magyares, bohemias... quienes apenas se atrevieron a levantar la voz, contentándose con exhalar aquí O allf algún gritito de golondrina, algún pio, algún cú-cú que era,
precisamente, lo que dió al tono general su momento especial de ambiente, de poesía natural. Hoy todo se vuelve pensar que Haydn fué Haydn
porque llevaba sangre croata, que la Moldavia anda?ª por dentro ~e
Schubert como la Polonia por Chopln, Hungrla por L1szt y la Bohemia
por Smet~na, por Dvorak y por Mahler. Ta\ ve_z esto se~ ciertísimo. A lo
menos es por aquí por donde la Germanía musical empieza a mostrar su
carne viva entreabriéndose un poco el figurín romántico o la peluca más
añeja. Son' los específicamente alemanes los que continúan hoy siendo la
reata y si el verlos da tristeza, ¡qué pensar de algunos españoles que se
, ,
l
'
durmieron en la rama seca de un árbol que no en1. e suyo.
Wagner, y cierra Alemania. Cada cual cogió el cepillo, se limpió las
botas, se atusó el cabello, dió una vuelta en la plazoleta y se preguntó:
¿Por dónde tiro? Unos, los que en el fondo habían sido ajenos al fenómeno Wagner, se agarraron por los fald0nes e hicieron la cola tras de la familia Kammermusicalista. A la zaga de Schubert, Raff, Mendelssohn,
Schumann y Brahms. Esta es la numerosa reata específicame•, te «alemana&gt; de los p~st-románticos. Otros, como el buen Bruckner, que era de
Linz, y Hug•• Wolf, que era de Styria, exclamaron llenos de flama: ¡~unque no hagamos teatro, ¡viva Wagnerl Estos son los ultra r?mántlcos.
Otros, como el bohemio Mahler o el muniqués Strauss, menos 10flamables
y más optimistas, creyeron que el hilo del ro~anticismo ~uro esta~a rotoi
que había que volver a la sinfonía bcethoveniana o al hunga~o Ltszt, e
inventor de la música de Wagner. Este romanticismo era, en cierto modo,
de nueva planta: !lamérnoslo el neo-romanticismo. En fin, otros como el
bavarés Max Reger creyó de necesidad el volver más atrás, a Juan Seb~stián B:1.ch, acaso para retrotraerle a la sentimentalidad actual en una 011x.
tura romántico-contrapuntista.
282

Entre tanto, Rusia y Francia derrochaban a manos llenas su talento
musical, descubriendo cada día nue vas cosas extraordinarias. El impresionismo llamaba a las puertas de la Europa central, quien ocupada en
cerrarle el paso dejó que 110 sentimiento subversivo que había germinado
en Bohemia casi simultáneamente con Rusia se hiciese camino. El e nacionalismo&gt; en Bohemia y en Hungria dejó pronto de ser un simple c,..,ndimento en la universal cocina germana para tomar carta de naturaleza.
Cuando los primeros avances del impresionismo se pusieron en contacto
con él, nació un día nuevo para la música europea. Fueron las colecciones de canciones populares, tratadas de un modo nuevo despertado por
el impresionismo francés en los húngaros Bela Bartok y Zoltan Kodaly•
Dos nombres que no se podrán olvidar en la historia, y que, si deben mucho a Debussy y a Ravel, no es menos lo que a ellos les debe Strawinsky
y algún otro de más mezidionales latitudes.
Ambos son el refugio-espléndido refugio-de lo que babia quedado
en los países germánicos de sensibilidad viva y de emoción desnuda. Si
se piensa que junto a ellos algún bohemio como Novak es quien únicamente les hace compañia, no es posible dejar de sospechar que entraba
en ello algo de la conciencia popular que dictaba su politica de independencia nacional.
Parece ser de lo más claro en estética que la razón que motiva los
cambios y reformas dentro de la textura de un arte no es sino la consecuencia de la interna evolución psicológica-y aún fisiológica-del artista, la cual le mueve a expresar cosas distintas y de distinta manera. El
código de artificios no es más que un producto «a posteriori&gt;, colección
de los puntos en que todos los artistas coinciden. Su generalidad los convierte en fórmula, esto es, en ley. No hay nada de extraño, pues, en que a
la psicofisiología de la Germanía musical le fuese normalmente extraña la
filología del impresionismo. Ahora bien, las filtraciones se hacen gota a
gota, Y poco a poco algún modismo, algún giro impresionista se fué co~a~~o ~n la redoma germana hasta despertar un interés profundo, a mi
Ju1c10, 1~terés mayor por lo extraordinario del fenómeno que por la importancia del hecho mismo. Casi sin darse cuenta, la fina esencia debus ,83

�LA P L U .\1 A
LA P L U &gt;1 :\
.
las firmes costumbres alemanas un desasosi~go
sista l~egó a producir en de·ó de impedir algunas miradas de reojo a las
J
l , ya una incipiente desconfianza.
especial,. que no por leve
h
las que se e1a
«glorias del Wal a11a•, en
l
o se recataron y con gesto aleHubo gentes como Bartok y K_o da yOque n ás cautos como Schoenberg,
.
l
eva doctnna. tros, m
,
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•.
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.
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.
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•
Un francés decia: «nece
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.
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d
y los tomaron en la isonancia
troº no empleamos toda.
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· ¡ · . oto hay un fundamento
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vía; utilicémoslos». eorno e
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· d
el sistema franc s sea
l
la paradoja e que
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disociación aparente (que no es m ~ qlue 'ós Esa música da una impreedimiento de d1so uci n.
. • ·
austriaco es un proc
. .
T Parece verse que su prmc1pio
sión semejante al atacado de smngom1 ia.
fatal que le ha roído
. .
tá atacado por un verme
de construcción interna es
.
d no ya por falta de
los ligamentos. Algo de música ::t:;:: i:~::::~:s :n ella.
depuración, sino por exceso de
1 . presionismo francés «imSi por seguir el parangón, llam~semosáa' im e confundiría los térmi.
.
(
decir crom t1co, qu
presionismo colonsta• por 00
.
.
de Schoenberg de.
1 unto de sus mtenc1ones, e 1
l
l
nos) por ser e co ore p
E
h los limites de la tonah,
.
. · roo tonal• nsanc ar
.
.
11
el cauce de la tonahberia llamarse ,1mpres10111s
&lt;n no se conoce enar
dad hasta un extremo que a'G .
. d
' d lado y de inflexión. Este
dad de posibilidades de mayor r_1queza_ efmod e entalmente del de Stra·
l'
se d1ferenc1a un am
.
sistema de ultra-tona ism0 ,
.
1
t lic!ad de la funció n
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.
1
winsk y o Rave en que e
el de Scriabin admite la
.
. t s que el vienés, tanto como
,
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.
.
te• Lo que ocurre es que en
'h'l'..,
d
de
relaciones
bá&lt;:1cas
d1sonan
.
p0&lt;:1 1 111a
·
284

Schoenberg se verifica con menor rigor que en el ruso y con un sistema
rítmico mucho más vago, lo cual le vale el dictado de «atonalidad• qui&gt;
nosotros no compartimos. En principio, ese sistema nos parece algo más
trabado y organizado que el anarquismo tonal de Prokopieff-una espe cie de modulación constante (pero no continua), en pequeños trocitos tonales, algo como un mosaico-que ha sido titulado •heterofonía•.
Imag:ném0nos que un ])intor para dar mayor vivacidad de color a su
paleta intenta suprimir los contrastes entre tono y tono, estableciendo
entre cada dos colorl!s vecinos una progresión impalpable: el resultado
será no una mayor vivacidad de color, sino, al contrario, un amortiguamiento. Lo conseguido por Schoenberg es una monotonía gris y sin transparencia, sin relieves y sin calidades, donde consonancia y disonancia no
tienen un valor de contraste y donde a falta de cadencias hay falta de simetría y, en total, falta de forma.
Se nos hab:a mucho ahora del •expresionismo• que parece ser un derivado de esos procedimientos. Dicen que pregonan la «Formlosigkeih:
si predican la atonalidad, la falta de forma no será más que una consecuencia. El barro, sin agua, es polvo. No habrá modelador posible. Pero,
por las muestras, esos «expresionistas• son mucho más moderados de lo
que se dice. Confesamos que todas las noticias que de ellos nos llegan
son bastante escasas y bastante confusas, pero los «datos», cuando llega
alguno, nos muestran que los Pfitzner y los Schrecker, que brillan entre
lo más avanzado del momento alemán, no son sino unos románticos moderados; otrQs, «nacionalistas•, no pasan de ser de un tradicionalismo modesto y los vestidos más a la moda acaban de ponerse el uniforme debussysta. De todos ellos, nosotros nos quedamos con la tuerte musa de
Bartok y de Kodaly, p&lt;;!ro reconozcamos, desde luego, que las veleidades
de reforma o de renovación de la joven música centro-europea no son sino
un movimiento reflejo de la sacudida debussysta.
Segismundo Pisling, el más fino comentador de la música alemana actual, escribía en 1920: «Exixtierte Debussy nicht, müsste er erfunden
werden.•

ADOLFO SALAZAR

,,

�POEMAS EXTRAVAGANTES
EL PALO DEL TELÉGRAFO
El telégrafo ha tomado chocolate,
y ha dejado
las jícaras boca abajo,
atadas por los alambres chismosos,
en el aparador de los palos enhiestos.
Los mástiles que zumban
como si tuvieran dentro una colmena
de abejas más locas que mujeres.
Porque cuando
el telégrafo se descuidaba tomando
sit merienda frailuna,
las buenas y malas noticias
se golpeaban gritando,
en el corazón vacío
de aquel cadáver de árbol.
Un cadáver puesto de pie,
11 con música dentro.

EL CONCILIO

En la frutería
hay un concilio de los más ecumeuicos.

EL cesto de las berengmas
,stá lleno de obispos.
Sobre ellos se ostenta
la púrpura cardenalicia
de unos tminentísinios t,miates.

y presidiendo a todos
un melón de Valenci;
blanco y gordito,
'
es como un papa
al que se le vi sobre la coronilla
hasta el rabito
'
del solideo.

LA SEÑORA NOCHE
Estaba la ciudad a oscuras.
Como si se hubiese inundado
con salsa de calamares
o hi,biese desteñido la Lluvia
los manteos y las sotanas
de todos los curas.
Como el amor es invisible
no imp01-taba la oscuridad
para no ver la cara al amor.

y el amor que es un dios muy dios .
'
estaba en todas partes.
Pero no se veía mas que la noche
con su negra toca de duen~a.
Porque la noche en aquella hora
tan indiscreta y tan discreta
era la excelentísima uñora '
doña Alcahueta.

�LA PLUM A
EL PEÓN
¡Ah!

.

El primero que jugo a
fue el se,ior )'e~alt.

!p ,

eon1

el hombre que ltabfa crealÍQ
,1 su imagen J' sem~jmzza
le parecioº ridículo
, 1 ultranza,
(.,01110

LETRAS ITALIANAS

del paraíso,.
. . . la serh1ente
( ,ogw
r
estirti,uÍJJla por i'a cola, quiso
:ue tuviese 111illones de le;:uas de larga.

V dió al munda muchas vueltas con ella.

y de pronto, tirando,
salió el esferóide gira11da
entre una estrella J' otra estrella.
}' este es el momento
que todavía está bailando.

en

Y

COJl

ello, Ye01:alz se quedo muy ~ontento.
.
Porque era el primero que ;ugaba al peon.

PEDRO DB RBPIDB
Palma de ,1/allorca. Ah, il

288

IQ2l

critico G. A. Borgese nos da motivo hoy para una reflexión
no muy sucinta acerca del esp{ritu y los resultados de gran
parte de la literatura de hoy; si nuestras conclusiones no son
muy halagüeñas, no es nuestra la culpa, sino de los tiempos
que corren
Pues señor, hab{a una vez un crítico: crítico agudo, aunque veleidoso,
rico de recursos y dialéctica, aunque inconstante; de todas suertes, critico
famoso, crítico ilustre.
Se llamaba G. A. Borgese; y sus ensayos, reunidos en varios volúmenes, obtenlan lectores y beneplácito. Pero de pronto, el critico aquél de
quien se esperaba la obra definitiva, un tratado de estética o un gran ensayo sobre algún poeta del pasado, anuncia de improviso una novela.
¡Nada menos que una novela! Golpe de bombo en torno; estrépito en los
clrculos literarios; estupor en el público; rumores en el gallinero y e:i la
platea; y en fin, expectación solemne en todos.
Un hombre que llega casi a los cuarenta años con veste de critico,
que tiene una estética propia y es, sin discusión, agudo, severo, sutil, el
día en que siente la necesidad de salir de sus costumbres, y de irrumpir
en una zona adonde apenas si se ha asomado como espectador, ese día,
digo, debe ser de fiesta; para él y para los que tal ven.
En caso contrario, es decir, si no existe una exigencia interior, si no
siente el impulso de una fuerza sobrehumana, que quiere romper a toda
costé, la epidermis, se puede intentar también este ejercicio: pero sin abrir
las ventanas a todos los vientos (paucis amiás).
No ha sido así, por desgracia. G. A. BorgE&gt;se ha abierto no sólo las
ventanas, sino también las puertas: y Rubé, su novela, su primera obra de
arte, su primer parto original, ha visto, pues, la luz; y todos, amigos y no

[I

L

�LA PLUMA

LA PLUMA
.
f ·¡ rse con él tranqu1.1amen t e, de co&lt;los en el Vt:•
ami os, han podido re oc1 a
.
.
1 d;r
e ha dicho algún critico severo.
a N~ he de repetir, sin embargo, l~~uc&lt;&gt;sa, un verdadero parto desgraque la novela de Borgcse e~ muy po
. d
ciado, un aborto.
-di ámosl i al punto-ante un ingenio e
No, señores, no. Estaaos &gt; nfe un artista, no se puede negar.
t
primer orden, y, ¿por qué n~c~itón ni un jugador de ventaja, n; ~~~~;
G. A. Borgese no es un
d
's exóticas a gusto de mo is i
1 é ito de dinero; no elabora roga
.
~oc~tuelas de diez !ir~.
si se ha decidido una vez escnta a
¡Nol Si ha hecho la novela,/ 1 mundo el recién nacido, sus razoabrir las ventanas y ~ ostrar a ~fa ~u~n consciente y honesto era su tranes tenia· quiero decir, que sa
d
•
'
.
á
t El fenómeno que ebaJ~ero el punto duro ~e la cuestt~n :eºn:t E:q:r~cto, hemos abierto_ la
bemos y queremo~ co1~s1derar, es di~: una ran esperanza;. con_ esa s1mnovela con simpatta, s1 no ll~va~os reconoci~o ingenio inspira siempre.
atla ea suma, que un ho~ re e hemos dado cuenta de nuestro error.
p Desde las primeras. páginas _nos
cuidado, los personajes están preLa novela est~ ~scnta con d1sC:~traordinaria valei;tía; los capítulos;
sentados con dec1s1ón, es más, co la obra son precisos, y estam?s po
la técnica, el corte~ la nervadura d\ tas de oficio poseen una técmca tan
decir que matemáticos. Pocos nove is
bia y segura.
. 1 d ma del protagonista, con sus
sa El interés no decae un momento!de e~\a narración habillsimamente.
O
sosteni
e]as de es•
• d d En suma pocas nov
.
. alternativa; y sus ca1' da·i;, está
.
·
to
emoción
vane
ª · treinta' anos,
- están conduc1Hay equihbr~o, gus '
ún de los últimos
tos últimos tiempos, más \ ' . de medios y de recursos.

das JJ~~a~:J0~º;0 ~ª~;:;\e:s~tros ;:tt~:;~fU:::i~~~c:n~\, si no bastas~
1
Borgese, lo repetimos, e5iun t\arla por convencernos de ello defif'su obra de crítico~ esta no~ete~:ªun defecto, defecto tal, que tlodos
tivamente. Pero esta nove a i
. no borran. Esta nove a no_
méritos susodichos, no obstante su pr:~:~~o que quisiéramos haber visto
escrita hoy no es u
. .
obra que parezca
. d .' mil novecientos vemt1uno.
f cio
nacer en el año de gracia e . e resentado con un pequeño pre a '
S 1. G . A• Borgese nos lo hub1es
h
uip que escn'b'1 esta novela • cuando
• tteen que dij~ra,
ej_emplo: e e ª1n mil' novecientos ? _mil ftovec1en o~
nla veinticinco anos, qué sé
divertiros, me he dec1d1do a sac¡¡rlo de
dos, y ahora, por capncho o po
cajón ... &gt;

~!

Pº:

290

Yº;

Si G. A. Borgese hubiera hablado as{, nosotros probablemente aplaudirlamos sin reservas y le dirla111os al amigo: «Muy bien, tú que en pleno
danunzianismo construiste una novela de verdadera vida, con personajes
no diremos que sanos, pero vivos, y con un estilo, no digamos que perfecto, pero compacto ciertamente y en modQ alguno danunziano... •
Tal le diríamos a G. A. Borgese; y su novela nos parecerla hermos.1
casi toda, como obra nada vulgar que es.
¡Pero hoyl Hoy, que nos vemos todos reducidos a buscar con una linternita débil una salida cualquiera; hoy que todos nos hemos hecho pobres, humildes, y descarnados, por esta necesidad de lo esencial que nos
muerde, por este miedo de lo superfluo y lo inútil, que nos hace temblar...
hoy que los mejores de nosotros intentan retrotraer la propia imaginación a puntos de partida contenidos y humildes, porque hemos comprendido y comprendemos cuán inútil es repetirnos y repetir lo que alguien,
más grande que nosotros, ha dicho ya en forma definitiva... ¡Hoyl

***
Y con todo, semejante fenómeno ¡cuán obstinado aqul, y cuán lejana
parece su desaparición! Nunca como hoy se leyeron en Italia tantas novelas donde lo que más cuenta es la trama, más o menos complicada,
pero siempre capciosa; donde los acontecimientos sucédense pedestres,
minuciosos, enlazados estrechamente uno a otro por todas las casualidades, incluso las más vacuas; donde falta incluso esa honesta limpieza del
estilo, ese gusto de la palabra que los g1andes de todos los tiempos nos
han enseñado siempre también. Por un Pérez de Ayala ¡cuántos Hoyos
y Vinent tenemos asimismo nosotros! ¡Gente que hace novelas porque ve
en el género una probabilidad de estrépito y de fama, sin preparación,
ain moralidad, sin una necesidad profunda de decir, de decir, de decir!
Pero entendámonos: Borgese no se confunde con esa multitud, y yo
deseo que no haya equlvocos a tal respecto. Aunque Borgese viva en
Milán, es decir, en ese centro de literatura comercial y frívola, '1e que os
he hablado en otra ocasión, Borgese no se confunde con nadie; e incluso
cuando escribe una novela históricamente extemporánea, artlsticamente
está a muy diferente altura, respira un aire muy distinto. Condeno su novela, repito, porque ha nacido harto tarde, pero con todo el respeto con
que, si viviese por ejemplo Fogazzaro, condenada mañana una novela
suya. Los tiempos han traicionado a Borgese: aunque creo también que
pueden haberle perjudicado no poco en estos últimos años ciertos hábitos
de saloncillo y de redacción con esos escritores que arriba decfa: milane-

�L:A PLUMA

LA PLUMA

. ,.
o cmilaneses• sin distinción~ por lo que
ses de distinguida prosapia, s1, per
escriben y publican. esta conclusión puede ser la justa; por cótn!°a1~i;;
Es más, creo que
.
.
y no una vez tan s o,
ese se ha dado en esto~ último~ tiem~~~• día• de Treves) precisame~te_
~n sus «Crónicas literaria~• h( «I:1bro¡e escritor; como si quisi~a a priori
algunas novelas del susod1c u t1pod ba aunque con propósitos y pro. ti"ficar la obra que dentro le ma ura ,
JUS
l
d s
.
cedimientos más e eva o .
1 o es un hombre cualquiera.
Filippo Rubé, prot~gonista de :i°:1enª~vnelista, un hombre ~e ~uesAntes bien es, o tal quiere hacer e deza con todo, bajo de mstmtos
tro tiempo, enfermo de deseos de ~:S;oy at?~ndan, inteligentes, p~o no
de medios: una de esas figuras q
ara vencer con ánimo digno y
~onstructivas; inadecu~~as, en s~ma~Ja sino dispuestas a trampear
puro las sorpresas tnvial~: !fas ~on a;tucia para vencerlas. (¡Oh,
sin comprometersf", a m:~~J ,[~s la guerra (ri:presentada en páginas ~ lián Sorel del Rouge et ivozr.1
. el ansia del amor verdadero y as
caces y bellísimas), es 1~ tr~sgu~rra~o~selas y dramas en una obra y en una
dudas del a 'llor no sentido, _vanas
mpuesto, tan firme, tan eficaz, que
sola ersona; y el todo, repito, tan co tan exi entes, y sobre todo con
si no~otros los lectores
moral df Bor:gese, la obra no nos
un hombre del talent9 y
o or entero enemigos.
é
hallaría severos en modo alguni, d Rouge et Noir de Stendhal, &lt;por qu
y además, además... Despu s e N lo reguntamos con sorp~esa
vie'le al mundo una novela como ést:~tic~" detía comprender la vam?ad
y con dolor. P9r4ue Bo~gese, co~jo c con ~na técnica tan gasta~a; y s~ no
de volver sobre.un mo!1vo !te:i~~e que le faita algo. Mas ved, sm em arlo ha comprendido, quiere , . anacronismo de esta época.
.
otro de los pocos escritores ?tgo G. A. Borgese, no es el ~o~coB
g , Mirad, por ejemplo, a S~¿v10 e~:~º~nte la inmediata, la más próxima
nos y fuertes de la generac1 n pr
,
.
a la nuestra. ..
d
uro es no se puede negar, un
Silvio Benco, trie~tino, es h~~ra é~~~s d~ e¿ estos dlas una _novela,
ran artista; y he aqut que tamb1 n cuán antigua en la construcción y en
g_n duda alguna bella y noble, per? 1
ha más excusa que Borgese.
~'1 estilo! Ciertamente que Benco t1e~fs ~~ces de hoy, de última hora. Sus
l'rimeramente porque su/om:u:~s años atrás, y cuando ne, te~ia:~s
mejDres obras se remontan a
l rosa dannunziaoa, Benco in
en nuestros oí_dos_más que ~lec~ ~o:op'i contenido fantástico, dese&lt;;&gt;so
taba, con origmahdad, nuhve ~., l e te amanerado, de encontrar un cannno
de salir del circulo estrec o e ar

Jª

Jt

n~!~~l~~~~i!~Y

f

resplandeciente y claro, su camino. Mente compleja y de rica imaginación, no se contentaba con un puesto de segundo orden, y aunque su esfuerzo no tuviera recompensa y quedara e , téril, veíase ya apuntar en
él el drama que más tard~ habla de encontrar en nosotros los jóvenes su
momento más turbulento y doloroso. Yo recuerdo además ciertas prosas
de vida triestina que por entonces escribía él en un periódico de Trieste:
rápidas y, no obstante, densas, en una manera deliciosa, entre fantástica y
melancólicas. Entendámonos: la novela que ahora n0s da, Ntll', at1nosjera
cúl so/e (Caddeo, Editor, Milano) no indica en modo alguno que aquella
su sensibilidad de antaño se hava atrofiado, o el escritor pervertido. Esta
novela tiene páginas nobilfsimas, y es pródiga en esfumaturas, paisajes,
detalles excelentes. Pero no es todavía, como hablamos esperado y querido, la obra maestra de Silvio Benco. L o sé; a los cincuenta años no es
posible cambiar de manera y de estilo; por lo menos, es difícil. Pero hubiéramos querido de Benco su obra maestra, la obra en fin en que todas
las experiencias y las ansias de treinta años de trabajo, se acumulan y declaran. Por el cootn•rio, no está aqul, o Pstá muy rara vez, el Benco de
aquellas prosas melancólicas y fantásticas que dedamos. No le falta poesfa; jamás es duro ni contrahecho; no es de ningún modo pobre de expresión ni oscuro, pero ha olvidado, por ser fiel a una trama, que contaba
poco, lo que con&amp;titula su meta de los últimos años: su estilo. Hay novelista, pero no siempre estilo, en el sentido de que basta 110a distracdón
común o una ne cesidad pedestre del relato para estropearle la cadencia,
perturbarle la imaginación y, por lo tanto, debilitarlo. Entiéndase bien
que todo esto acaece en el curso de una novela de más de trescientas páginas; y con todo, a grandes intervalos, y no sirmpre infelizmente; tanto
que, acabada la lectura, aún entre descontentos y malos sabores, el lector
dice: &lt;¡Qué lástima; hubiera podido ser una obra de primer orden y no
es más que una oove:a bien hecha, bien construida, exquisitamente contada; pero nada más, ay, que una novela!• Come la de Borgese.

***
Continuando la relación, podemos también ocuparnos de Francesco
Pastoochi; poeta dannunziano antaño, que librándose a tiempo de la imitación, surgió en algún momento con cantos frescos, y suyos.
Pues bien, también Pastonchi abre hoy su cajón cerrado de muchos
años atrás; y saca ue poema de no sé c11ántos miles de versos, todo en
sonetos: It randagio (Moodadori, editor, Roma). Haré gracia al lector de
una larga digrr·sióo, pero lo que se ha dicho de Borgese puede valer tam-

�l, • f

LA PLUMA
LA PLUMA
bjén para Francesco Pastonchi, si bien Pastonchi no tenga las responsabilidade! que, por el contrario, debemos atribuir a Borgese a toda costa;
de una juventud ardiente y viva, de una sensibilidad lo más aguda y perspicaz; y en fin de un gusto nada firme, sino variable. Pastonchi, no. Pastonchi, aun cuando escribia de critica, siempre ha permanecido alejado y
severo; y, entendámonos, en una \ejania y severidad, nobles, clásicas,
aunque no humanísticas; Pastonchi, es la más hermosa figura de conservador en nuestra literatura. Cuantas veces lo he leido y escuchado,-y
véase ahora la segunda edición de su novela Il víolínísta (Latteo.-Torino) a la cual antepone una nota, en que no obstante las promesas y esperanzas de renacimiento, reconoce en su obra de ayer honradez de intenciones y de estilo,-cuantas veces lo he leido y escuchado, he tenido
siempre la convicción de que este estupendo talento no se abrirá nunca
a las corrientes nuevas, de tan firme, rlgido y en modo alguno elástico, y
asi me gustaba y me gusta. Es un fenómeno anacrónico, de otros tiempos, pero hay en tales firmeza y rigidez, una concienc-ia artistica nada voluble, y como la tragedia de un momento histórico, ahora ya pasado. Ciertamente, Pastonchi hubiera podido salvarse sélo con que hubiese sentido
y expresado el conflicto entre esta su rigidez irreductible y las mutaciones del gusto y de la estética, que luego se han sui::edido; pero no ha sentido el conflicto y no lo siente. Pone oido, ag1ua la mirada, atiende de
grado y presto, con todo su ser; pero su sensibilidad intima, su yo profundo no responden a la curiosidad an~iosa de los sentidos: permanecen
opacos y frios, en su glacial lejanía. En Pastonchi no hay drama, crisii,;
ni lucha; y la obra maestra que esperábamos no se ha logrado.

***
Otros de la misma generación, Novaro, por ejemplo, han acercado
también el corazón a este tumulto de los más jóvenes; y de ello se ha derivado, pues que son mas sensibles y ágiles, un arte más suelto, aunque
aproximativo, y más vivo. ll cuore nascosto (Treves, editori, Milano) de
Angelo Silvio Novaro no es todavía la obra maestra de este e;,critor insigne; pero tiene ya elementos e impulsos que no recuerdan en modo alguno, o recuerdan poco, al poeta pascoliano de la Casa del Signare.
Novaro es comedido, mas no cerrado como Pastonchi; y por eso, incluso cuando la sensación es pequeña y minuciosa, saue darla con una
precisión sobria y moderna. Quizás alguna vez le perjudica esta moder ·
nidad, no sé por qué mal fundida o insuficientemente conseguida; pero
29..

c~ando_ no fatiga la propia emoción
.
.
sigue cierto lirismo de sabor nuevo' y e~ s;gmda le hall'l. un ntmo, conNo diremos otro tanto de otro e' v~r ~ eram~nte bello.
la Aleramo, que se hizo años atrás sc_nt~r, es decir, de una escritora, Sibibilisimo, ya muerto, Giovanni Cen~-s\gmendo las huellas de un poeta nouna donna, logrado y fuerte b , ~ cual, después de Jt romanzo di
mundo de hoy y no los halla 's usca esesperadamente ataderos con el
,
.
• us versos Momen!t'
r
saggto, especie de novela lfrica (editad
, su prosa en Ll paesrevelan aún la dolorosa tentati d
_os por Bemporad, de Florencia)
de apoyo en una técnica que n:ªes~aq~~en se esfu:rza e~ buscar un punto
frec~entemente de rodillas sin fu
natural, y co1ea, tropieza, cae
esc~1tora, un libro de prns¡s varia~z:s: tos convence n:1ás de esta misma
cunoso, exquisitamente cálido· A
enso y tornadizo, femenilmente
r~ncia). Esta rebusca interesan.te ~e ~:s / stando (Be~porad, editor, Flod1versos, es propia de la mujer· y como s~:-~s Ál motivos más lejanos y
con gusto, nácenle páginas ~oment
I J a
eramo se entrega a ella
d?nde se ve que esta mujer; cuando hos de verdad_era fortuna expresiva:
p1ándola de las escorias l'b
aya esclarecido la propia vena limotro libro (no sé si poema tor~~c::1 podrá en verdad, un día, dar ;lgún
donna, sino que ofrezca verdad
a) que no sólo conmueia como Una
ord·mana
· potencia
• y verdad. eramente un document o h umano de extra-

Jª

d ' :Zi

***

Mirad por el contrario a U o o· .
, .
porciona hoy materia de obser~aci¿:tt1, el ul!tm? escritor que nos promás o menos, de Gabriel d'A
.. Ugo ÜJettt es coetáneo, sobre poco
al
nnunz10 pero sus novel
gunos anos no recordaban a d' A ' .
as cortas de hace
babia en ellas algún recuerdo s· nnl unz10 u otros modelos recientes. Si
me nes t er pensar en Maupassant·
, 1 un
se Ma
es encontraba alg un
· pred ecesor, era
u~a ironía y un escepticismo qu~ sólo r~;assant menos fuerte, pero con
bien, el público y la crítica olvida
a vez tuvo el gran francés. Pues
tal vez porque no eran much
ron presto aquellas novelas de Ojetti
profundas; pero si hoy que t;~~ :~ª:u~~~que no :ran bastante cálidas
n~vel_a corta, y es la composición de mo , p~quenos_ y grandes, hace su
ÜJettt, i,;e tiene la sensación de que en ~ª• s1 hoy, d1g?, ~e cogen las de
cabo una novedad y como el gé ,
pheno dannunz1amsmo, serían al
do
é
·
nero se a empobrecid
h d
, pero aqu lla, al menos en Italia fué
f
o y a egeneratorc1endo la boca, sino con simpat' ,
su uente, se las considera, no
Los qmmentos
· ·
ia.
cuentistas de hoy
de ali' h
.
cuenta que el modelo está m y l .
,
i an saltdo; pero tengamos en
u e10s aun de ser cabalmente imitado.

y

�LA PLUMA

LA PLUMA
No es nuestro propósito, sin embargn, hablar del Ojetti de entonces,
que no nos interesa, o nos interesa apenas como hecho lejanQ, que sólo
ha de tener en cuenta quien dirija una ojeada retrospectiva, con intención
reconstructiva e histórica; sino del Ojetti de hoy, del Ojetti de última
hora. Mas ~qué dirlais, ¡oh, lectores!, si el Ojetti de hoy no fuese ya el de
ayer, es más, si en modo alguno recordase al cuentista gracioso e irónico
de aquellos tiempos?
Irónico, a decir verdad, sigue siéndolo; pero sus Confidenze di pazzi
e di savi (Treves, Milán) no cuentan ya un menudo suceso cualquiera en
sus partkulares externos, con la técnica minuciosa, triturada, dispersadora, aproximativa, de la época. Aqu[ hay el escorzo de un drama o de
una comedia humana, dado con diálogos y soliloquios, sin minucias, sin
particulares, sh alarde de fondos. Pequeños comentarios de vida cotidia·
na; pero tan descarnados, tan esenciales, tan expresivos y eficaces que
de ellos surge un Ojetti nuevo, no comedido corno antes, sino fuerte; no
más divertido tal vez, pero sintético, escueto, moderno.
No sabemos ni indagamos dónde puede haber encontrado Ugo Ojetti
( que, desgraciadamente para él pierde tanto tiempo con su critica de
arte) tal fuerza de simplificación, ni cómo habrá enfriado los instintos d~
su estética de antaño. Diremos tan sólo que ante un Borgese, que aún
no ha cumplido los cuarenta, que nos da una novela minuciosa y detallada y, lo que es peor, vieja, y un Ojetti, de más de cincuenta, qne asl
se empobrece y descarna, este último aparece como un hombre todavla
riqulsimo de posibilidades, y lo que cuenta más, joven de medios y de
ánimo, y capaz todavla de sorpresas.
Si estas nuevas experiencias encuentran en el artista renovado un
motivo central de reunión y un punto firme de partida para una obra orgánica, cualesquiera que sea (memorias de esta época, novela, qué sé yo)
quizás se pueda esperar mañana, de Ugo Ojetti, un potente escritor moderno.

MARIO PUCCINI

Memento. -Cesare Pascarella Prose (Sten-Torino).- Virgilio Bondois. 1 tre
delitti di Barbabl(i (Giusti-Livorno).-f ttore Cozzani. 1 r:icconti delle cinque
terre.-J.farcella Caecilia. 1 salmi dell'anima (L'Eroica Milano).-Umberto F,·acchio.. 11 perduto amore (Vitagliano-~lilano).-.Adoifo Albertani. Facce allegre
(Treves-Milano).-G. Boine. La ferita non chiusa (La voce-Fitenze).-G. Daine/Ji. Passeggiate geogratiche (La voce-Firenze).-G. Pa¡ini. La vita di Cristo

296

(Vallecchi-Firenze).-P.M. Marlini 11 ¡ r
,ulli. Teatro (Bemporad-Firenze).-·C/a~,;,.'º ;,ero (Bempor~d-Firenze). -A. No0
cbelli-Bologna) -P. 1urat" T
.
reves. Polémica socialista (Zani.
·
'· renta anm di critic
· ¡ (
•
na).-R. Petauonie La religio d.
ª socia e Zamchelli-Bolog2
re. Notte di befan;. Come vi ;i:c~ (;;:~u~tira (Zanic~e!li-Bologna).-S/zake.rpeaAnna Errera. Ellen Keller (G B p · . C. ~banni. Lemonnier-Firenze).Tasso (Battistelli-Firen'°)
c. l.. . .,, arav1a-Tor100).-E. Donadqni. Torquato
. .
- .-L·e ,ce mt1mi~liano v·t
1 d 11O · .
spmto
(Battistelli-Firenze)
L.
·
ª e /11.{
spmto ed • eroi dello
. ~
.
. - 7 ircsa
1o. a píceo! d
Gmo Arias. La questione me .d. al
a ama \" ondadon-Roma).nome d'Italia. (Lattes-Torino).~~&lt;;~nicb_elh-Bo~ogo ),-D'Aze¡,lio. Kel
Scienze e Lettere-Roma) G B ¡¡·º .'º·. iccoh solchi (S. Bardi. Librería di
• e lllClOnt lo e iJ
¡
·
.
no).-N. 1 om#UJSio. Prose (R C ,., M·1 .
pa coscemco (Qumtieri Mila,
• a,,eo• 1 aoo).-,1 Om d
L'
.
· . " eo.
espenenza etica
d eJ 1 Evangelio (Laterza-Bari).-L Hu
tuJCOrda. Studi foscoliani (Laterza-Bari)sso. c'{et~s~as10 lLaterza-Bari).-S. Macia.no), etc.
.- lass1c1 del fanciullo (Carabba-Lan-

i;\/

HORAS
P{. fhancisco, !Mario, !Pablo.

f

61 niñito lloraba ...
/6ran las cinco
de la alborada!
01 niñito se en/erma...
¡eálido vaho
lanza la tierra!
01 niñito se ha muerto ...
i fEajo las nubes
el sol se ha puesto/
GUSTAVO S. GALARRAGA

•

�LETRAS ALPMANAS

CANCIONES PARA NADIE
SI LA LUNA SE FUESE.··

$i la luna se fuese,
llena de los suspiros de los tristes,
inflada de suspiros, hacia ª"iba,
hacia arriba, nosotros no podríamos
suspirar por la noche en la terraza
de nuestros sueños raros, como ahor~
que sabemos que un corazón de .espejo
nos escucha y nos habla, y tiene un ritmo
de compasión /raterna.
$i la luna se inflara de suspiros
y se escapara del azul, ¿qué haríamos
los que de ella tenemos este blanco
de muerte dentro del cansado cuerpo?
ROGBLIO BUBNDIA

INTRODUCCIÓN

m

Francia-en Occidente-se acepta con harta frecuencia el
catecismo nacionalista, según el que la inteligencia creadora
y la sensibilidad han abandonado la Europa central y el arte
y la literatura son patrimonio de los países latinos. La ola de
cnorctismo• que siguió hace treinta años al descubrimiento de Ibsen, y la
ola de «rusismo• de que fué iniciador Tolstoi, no modificaron ese estado
de espíritu. Se dotó a los escandinavos y eslavos, también con detrimento de los germanos, y varias generaciones creyeron benévolamente en la
inexistencia intelectual de los Imperios del Centro.
Sin embargo, hubo que citar algunos nombres y mostrar algunas obras.
Como ciertos espíritus indisciplinados y curiosos se resistían a aceptar
las tesis de la crítica oficial, la prudencia mandaba adoptar frente a ellos
la buena táctica de la ofensiva defensiva. Fueron, pues, a buscar algunas
novelas y algunos dramas de Ompteda, Sudermann y G. Hauptmann, los
tradujeron, los publicaro n, creando en torno suyo un movimiento de curiosidad tan grande como ficticio. Y como tales libros eran muy 1nalos, y
esos escritores de una mediocridad soberana, no tardó en ofrecerse la
ocasión de ponerlos en ridículo, y, tras de presentarlos co mo dignos re~
presentantes de la Alemania intelectual, de enterrarla con ellos. La treta,
ba~tante hábil, había salido bien en pintura, con la exportación de Bi:icN

�LA PLUMA
~A PLUMA
klin, Hans Thoma, Franz von Stuck y Liebermann. Pero es fuerza convenir en que éstos no nos ocultaban nada notable, mientras que la mampara
de los Sudermann servía para tapar obras, hombres, tendencias y aspiraciones de primer orden.
Sudermann, Ompteda, Hauptmann. Alin en los tiempos en que su
reputación era grande en su pals, no fué indiscutida. Todos los verdaderos artistas de Alemania se sublevaban contra esos grandes «petits bourieois•, contra las simplezas más o menos lacrimosas de sus comedias y de
sus libros, contra el carácter melodramático de sus concepciones y de sus
doctrinas sociales, contra su falso romanticismo disfrazado, so capa de
realismo, contra todo lo que les inutilizaba para una acción fecunda y
atrevida. De influencia y reputación liarto semejantes gozaron en Paris
Georges Ohnet y Catu\le Mendes. ¿Quién hubien podido, sin lllªla fe,
decirle a Alemania que simbolizaban la producción literaria, la escuela
literaria francesa?
Hoy ya no se lee a Sudermann ni a Ompteda; Hauptmann, calla. Sin
embargo, en las revistas occidentales continúan citándose sus nombres.
Aun se pretende enmascarar con ellos el inmenso movimiento renovador
que sacude, en todas las artes, a la Alemania contemporánea. Con todos
sus defectos, el Expresionismo es una fuerza opulenta y ardiente en demasía para que Europa pueda seguir ignorándola. Los que se obstina~en
en despreciar esa revolución tan vasta podrían llevarse una gran sorpresa.

*

*.

El «expresionismo• es una palabra. En si mismo no es más significativo que el impresionismo de Claude Monet o de Ravel. Pero esto sólo
tiene importancia relativa. Lo que importa es el movimiento y no su titulo, y jamás he sabido por qué en torno de éste se encendían tan ardientes disputas entre personas que, por otra parte, estaban perfectamente
de acuerdo sobre la esencia y el papel del expresionismo.
Es menester penetrarse bien de esto: el expresionismo no es una escuela ni casi una estética; es una concepción nueva y casi una mentalidad.
300

. El expresionismo es una reacción contra I
.
simbolismo de Bocklin y la ( 1
•
e realismo, contra el falso
.
a sa serenidad de Hodl
sismo» excesivo del post.
er, contra el •virtuo1d
wagnensmo, contra todo l
a o que fuese, se alejaba de la vida ara
. o que, por cualquier
el momento en que la expa '6 I p
hundirse en las fórmulas. En
ns1 n a emana se e t di
~ del mundo, en que el músc lb 1
x en 1 por todos los pafvigor y elasticidad, una generaciuón da emán. demostraba dondequiera su
· ·d
e escntores y d
tt·
0 pnm1 a por la red de las trad· .
e ar stas se sintió
.
1c1oues en que habla
.d E
msmo se desenvolvió en tres etapas La
.
nac1 o. 1 Expresioagrupó hombres muy diferentes
.b
pnmera, de preparación lenta
u
d fl
' Y ª arca más de diez añ La
'
q e es e orecimiento, se dilata or los
os.
segunda,
cera, cuyo desenvolvimiento segui
di cuatro años de guerra. La terN" quiero hacer a uf enu
~os a. tras dfa, es la de procreación.
tan sólo que el prime; period~erac1~nes m tra~ar listas de méritos. Diré
Heinrich Mano y se pr 1 , comienza, en literatura, con el siglo y con
Unruh, hasta to~os los qu: onga h~s~ René ~chickelé, hasta Ivitz von
y la salud de antaño y le l"bpor un a o devolvieron al idioma la nobleza
S d
l ertaron del menospreci
u ~rmann, y de otro elevaron la sensibil' d d
o en que l? tenian los
mama a un plano más a
r
' a prudente e Intima de Alesu espfritu, hasta el pun':;~;~ete. humano. Enriquecieron su técnica y
tar todas las aspiraciones En ~ onzar todas las conquistas y de Jomeny Lelunbruch en escultur~. Pe~~n:ura, Franz _Mar~ representó ese papel,
artes plásticas.
o puedo m quiero hablar aquí de las
El segundo periodo se inauguró brus
.
momento en que Ale
.
camente y con violencia en el
.
mama estaba profundam t
b .
SIS de nacionalismo que en tod
1
en e tra ªJada por la criguerra. Puede incluso de .
os os paises acompañó a la declaración de
pasión colectiva de la m cl~~:e dque _entre esa insurrección intelectual y la
Por primera vez Al
~ l ~ existe una correlación estrecha y directa
, emama, aislada por compl t bl
.
ronteras
se
vió
obli
d
. .
e o, oqueada en todas sus
1
'
ga a a v1v1r de si misma N
.
cambio de ideas de obras d . fl
.
. o era posible el ínterde la idea naciv~al excit ,b t\1n uenc1as; al mismo tiempo, la exaltación
examen de concie~ . h~ a os cerebros y los corazones. A modo de
cia, zose el balance de las riquezas morales, y se
301

�LA PLUMA

LA PLUMA
descubrió el auge de la curva creatriz, hacia una libertad orgullosa, pero
vigilada rigurosamente por una disciplina interna. Diéronse cuenta de las
posibilidades que constituían el -µatrimoniu de la generación trágica y los
pusieron a prueba. El Expresionismo se propagó durante la guerra con
una rapidez y un vigor inauditos, y puede decirse que fué un momento
del pensamiento alemán. En literatura, Kaslmir Edschmid, Car\ Sternheim,
Georg Kasser, W. Hasenclever, y otros más-en pintura veinte grupos
\ocales ligados entre si p•lr el mismo propósito de expresión directa, percibida y producida a costa de deformaciones violentas, pero también en
provecho de \a furrza-, \levaron hasta el fin las primeras 'Tentajas con·
seguidas por sus hermanos mayores. Se atrevieron a desembarazarse de
todas \as tradiciones y a crear, sin cuidarse del pasado ni de las reglas de
la retórica, un arte nervioso y apasi&lt;&gt;nado. Acabo de decirlo: en provech,&gt;
de \a fuerza. Hay incluso demasiada fuerza en esa rebelión, y ello les costará caro a algunos expresionistas. El abuso de la fuerza conducirá a los
más grandes, por ejemplo, a K1simir Edschmid, a una especie de gongorismo, que es el alarde y la ostentación de su seguridad.
Demasiada fuerza. De ahi vendrá la decadencia, o más bien la desagregación del Expresionismo-tercer período al cual estamos asistiendo-. Ya no hay ritmo expresionic:ta, sino ritmos expresionistas. Y el
fracciona l'ieoto vuelve a empezar, con todos sus peligros y todos sus beneficios. Creo, en resumen, que éstos son más numerosos que aquéllos.
Tras la gran concentración de 1914, que creó lazos duraderos entre todos
\os miembros de \a generación, y estableció relaciones entre su manera
de ver y su manera de juzgar, conviene que una desmovilización de \os
espíritus devuelva a cada cual la independencia, y que la corriente expresionista se divida en arroyos múltiples. No debe confundirse \a rigidez
con \a cohesión, ni la uniformidad con la armonla. El Expresionismo no
habrla podido evitar las dos primeras, si se hubiese prolongado má~,
pues solamente la fe y el entusiasmo de una gran rebelión hao podido
infundir vida en una empresa casi unánime. Hoy, una gran distancia separa, por ejemplo, a Else Lasker-Schuler de Ernst von Barlach- o a
los pintores del Str,rm de la escuela de Darmstadt. Pero serla difícil 'com3oa

prender
a unos sin conocer a otros, y sin red . l
,
comun de que proceden.
ucir os a todos al tronco

***
En resumen·
,Q ué es e1 Expresionismo? E
•
• •&lt;
. .
J~nto, de uAa importancia y una fecundida
s ~n mov1m1eoto de conhbertar, incluso dislocándolos I "d·
d considerables, que tendió a
1 10ma y el p
' e ue
·
d.º ble yugo realista y cieot:fista
I
ensam1ento
alemanes del
tiempo atrás por precursores ten~
~s ahogaba. Preparado de mucho
y en proporciones diferentes flo ce~ó• mteresantes desde puntos de vista
· 16 mtelectualmente
·
,
rec1
con rap1·d ez en cuanto la guerra
a1s
a Alemania
del res
trastornó todas las artes, y ho se d.
to del mundo, alcanzó, tocó y
de es~uelas y de grupos, emp;renta::lve en un número harto crecido
reaccione~ ya no les son comunes.
entre sf, pero cuyas actitudes y
Conoc1endo ese punto de art'
.
bien, sobre el que descansa t:ia l~d:i~apital, ese punto de apoyo, más
será m~s fácil seguir dfa tras dfa en el a de la Alemania intelectual, nos
de los hbros y de los hombres. E t . curso d~ estos artlculos, el jue o
todo caso histórica quizá se
s a mtroducc1ón, teórica, diría yo y eg
•
a poco ame
p
,
n
prender la crónica de las letras I
na._ ero no me atrevería a cms10
fi' d
e nera1es de su evolución conteª emanas
á
Jar e esta suerte las !focas
g
mpor nea.

PAUL COLIN

•

303

�LA P L UMA

LA CORPOREIDAD DE LO ABSTRACTO

EL EN T USIASM O

IMAGEN ES Y REPRESENT ACIONES

Es h01n:bre de arranques frenéticos

que odza la asnina seriedad

de lo_s letrado_s gravedosos, héticos,

EL CRIMEN

reacios al bnnco y a la hilaridad.
Cuando eljúb~lo inflama sus mejillas,
zurra a su coima-la Locuacidadtrep_a a los árboles, anda en cuclillc/s
'
se descoyunta de fraternidad.

El Alcoholismo y la Epilepsia
hubiéronle en rápido coito.
Enfermo nato, la 1ispep_sia
es de sus males el zntrozto.

«¡Briáreo, tus brazos necesito
porque me los ezige la amistad!»
-clama. Y, en un salto inaitdito
se ase a los pechos de la Eternitkd.

Agrias la boca y la pupila,
cerrado el ceño, y el perfil, adusto._ .
Torvo corvo y enclenque, le hornpila
la san~re. Es blanco y débil, como el Susto.

LA PERSEVERANCIA

Sin embargo, es enófilo, y ~l _vi1:o
arma de odio su brazo pusilanzme, . .
que, al dar la muerte, ens~ñase J!, _sin tmo
si.embra metal en la materia examme.

«¡ Oli! mi testa granítica es tan dura
'
tan ~ecia como el pedernal;
so~rza, pausada, mi andadura.
mi obstinación, pura, fatal. '

Más ¿quién le juzga, si hace de su tesis
-el atavismo-plúmbeo parap~to,
y rezuma atrición-la diaforesiseste hombre alcólwlico y analfabeto?

No_e~iste, en rigor, el obstáculo.
(Dzque: d:esmayo de impulso).
La tenacidad es mi báculo.
el vigor del cosmos, mí p;lso.

El masca eternidad, porque es un brote
de la naturaleza; agrio motivo,
ubicua esencia, perennal azote...

«Erre que er re» la divisa
el lema de mi escudo recio'.
(Ca_balgan otros más de prisa;
de ir a buen paso no me precio.)

Se le quiebra la tráquea en el garrote,
y se descuelga al punto, redivivo.

Que tengo las orejas largas,
Y el trote corto, de pollino,

escupen las bocas amargas,
cuando llego con bien a mi destino.
20

�LA PLUMA

LA PLUMA

Pero la vida es buena y corta,
la senda llana, y yo me tuerzo.
A mi, e:z verdad, ¿qué se me importa
nada, si arde de estímulo mi esfuerzo?&gt;

EL HASTÍO
Ya nadie le recuerda.
El valentudinario financiero
se hundió en el trueno de la quiebra,
al romperse/e el báculo del credito.
Ahora, yact empotrado
en un sillón de cuero,
bajo una manta,junto a los cristales,
soplándose los dedos.
Y sin embargo, este hombre
puede rehabilitarse un momento:
Con acudir a Lucifer, su amigo
, .
y colega, en demanda de un emprestito ...
Mas la ruta de Fausto
en perspectiva, aburr~ al ex-ban~uero,
que tiene agua y aceite en el estomago
y grises telarañas en los sesos.
No se le antoja divertido
tornarse a lo preterito.
Le basta con ro,,nperse las mandíbulas
en astillas, a fuerza de bostezos.

EL DESEO
Ojo avizor -¡el apto!- va a la lucha
seguro,firme en su virilidad.
Tiene lo!j músculos de bronce. Ducha
su cuerpo a diario. (¡Qué modernidad!)
Viril y serio, desconoce a Trigo,
el de la pornográfica obsesión.
Mas le_esclavizt;, _el baño, con su amigo
-capcioso y f acil- el termosifón.
Es disculpable que de fauno ejerza,
porque no sabe madrigalizar.
(Suplica _el débil; el robusto, fuerza.
·Algo evuiente, que es de lamentar!)
S~rio, !que serio! (Seriedad de angustia,
o;os .fi;os q~. escrutan la ocasión.)
Su masculinidad nunca se mustia.
El es un vástago de Salomón.
¡Aglutinante de las sombras! ¡Nexo
de las antítesis! Suma verdad.
Este hombre llega, en gracia de su sexo,
a las entrañas de la Realidad.

EL ERROR
Perseverante, contumaz,
conservador, fanático-se obstina.
Buen católico, insulta a quien no opina
como el opina. Su ánima falaz
de clérigo cazurro o de mujer
necia, forja un altar para su yerro.

�LA PLUMA
De su brazo se dice que es de lzierro.
El asegura que lo da a torcer.

LA SUSPICACIA
Esta medusa lleva_ en s~ tentáculos
la tksazón y la discordia.
Em1ullvese en viscosidatks .
cu marisma, cobartk y astuciosa.
En el concúbito tk las hipótesis
p,·otervas, ella, en éxtasis, se goza.
Y, al cuslizarse sobr~ la ,pitk_r~nis
de la Credulidad-virgen atomta- ,
con su urticante cuidoblasto encima.e
en ella la erupción cu la zozobm.

JUAN JOSB DOMBNCHINA

NOTAS DE UN CICERONE
EXPOSICIONES DE ,PRIMAVERA
o siempre coinciden los nombres con la verdadera significación
de las cosas. En Arte menos que en nada, y en Madrid menos
que en cualquier otra parte. Este año, no obstante, por primera vez desde hace muchos, la primavera del calendario ha florecido en nuevos brotes espirituales. No ha habido la cExposición• oficial, cuyo olor a barniz y cuya parada de inauguración regia
trascienden al paraje acotado eu el Parque, en torno al lago; ha faltadogracias al obligado barbecho alterno-la gran batuda de cuadros condecorados y la rutinaria curiosidad del vulgo aburrido ante tantos malos discípulos de peores maestros. Pero hemos tenido Arte de Primavera.
En pleno invierno aún, se adelantó con el tiempo falaz a la estación,
Victorio Macho. lHemos de saludar en él a un buen escultor? lDecir adiós
a una esperanz, ? Seamos amigos de la verdad. Macho es un magnífico temperamento que cierta perversa inclinación a la «literatura,-a la mala literatur.i se entiende-está a punto de echar a perder para siempre. Algunos
bronces-cabezas de estudio en toda la extensión de la palabra , alguna
talla en madera, en que el autor no disimula la pelea noble con la materia
modelable, nos revelan en él al artista en plena posesión de medios expresivos y, lo que vale más, en el buen "amino. rero la obsesión de los mismos temas e incluso de la misma disp,)sición espectacular de la exposición
309

�1
LA PLUMA
LA PLUMA
con que triunfó Julio Antonio de la indiferencia pública, y, sobre todo, la
horrible propensión al colosalúmo, que se anuncia amenazador en sus
más recientes proyectos nos hacen temer por su salvación.

•••
En el mismo Palacio de Bibliotecas y Museos ha estado instalada hasta
hace poco la Exposición Vdequez-Dlaz - Daniel Vázqu ez-Dlaz y Eva
Aggerholrn-. ¿Hasta qué punto pudiera sernos permitida una incursión
aventurada por el campo de las explicaciones psicológicas, que nos sirviera para catalogar a este matrimonio artísti"co? Porque lo más importante
de la Exposición Vázquez-Dtaz no son los lienzos y las estatui\las que a
nuestra consideración se ofrecen, con ser muy grande el atractivo que
para los ojos tienen, sino la personificación en este pintor y esta escultora
de la pasión en que vive y ~e agita el arte contemporáneo. Una y otro se
nos muestran en su obra tan cogidos por los problemas actuales de su
arte, que más que la obra en si nos seduce el ansia intelectual que manifiesta, la elucubración laboriosa que precede a cada nuevo empeño que se
proponen.
J&gt;erseguidores ambos de una expresión peculiar, r-ás recogida ella, más
osado él, bao dado en el ambiente de nuestro mundillo artístico un grito,
merced al cual Madrid no es ya una península que el alto Pirineo convierte en un islote sin ecos. Las pinturas y estatuas del matrimonio VázquezDíaz sitúan y definen de una manera muy personal las últimas tendencias
de las artes plásticas en el resto del mundo. La gran cuestión de la reconstrucción arquitectónica, la nueva ley de pesos y medidas después de
penetrado el natural y descompuesto en su propia luz, el sentido Hrico de
la naturaleza, el barroquismo humorista, e incluso el debate entre el público y el artista acerca de la sinceridad mútua, cosas todas en el orden
dtl día artlstico del mundo civilizado, adquieren en la obra conjunta de
Daniel Vázquez-Díaz y su esposa una significación dramática, que trasciende de la esfera del arte a la de la moral social.

\

No temas , Icet or, que este aprendiz de ·
.
no sociológico a cuenta de . ú
cicerone incurra en desliz: algunmg O problema art( ti
¿ha de proponer una vez más la
.
s co. Nuestro catecismo
capc10sa pregunt 1.
-¿ Q ué es el Arte?
ª·
- « Una obra sin nombre.&gt;
A tan augusta voz y h ac1endo
.
coro a I fi
.
da en su pedestal, sus hermanas d l . a gunlla de terracolta acurrucaba n a Iza d o en la punta de
.
. e mismo barro y d e l mismo
espfritu se
1os pies, y señalando a su padre el escultor, le
han dicho:
-«Tú serás rey.&gt;
Sebasti_á~ Miranda, ríe gozoso de su obra
B .
(Expos1c16n-Sebastián Mi d
d~ B!bliotecas y Museos.-Pase:ª:e ; ~ ronces y Terra-cottas.-Palacio
pubhca.-Horas de visita· de o
coletos, 20.-Mayo 1921.-Entrada
.
nce a una y de cuatro a siete.)

• • •
Pero la consagración de esta p .
la moraleja sin la muestra retros e:7av:ra no ~endrfa la ejempld.ridad de
estos dlas atrae al buen afic,·onapd t vla .e la pmtura de Regoyos, que en
· d e Recoletos, sede
- de nuestro pequeño reo o. a. mismo pa 1ac10
e st e ano
Hf' aqui un h b
ac1m1ento artístico.
d
.
om re, pensamos ante
d
e pintor tan humana ansia d .
~JS cua ros, que puso en el oG~(J
t f
•
e tnmortahdad t
h •¡
an ranc1scano or!TU/lo que fué
.
' an umi de perseverancia
· l
o.- ,
un artista Se
,
c1a es. Apenas sí tuvo tiempo de b . 1.
propuso los problemas esenaparéceseoos nimbado d 1 . a nr os ojos a la luz. Hoy su nombre
·
e os siete colores del · · T.
n.a en una nube por la que el sol asoma
. ins. iene su pequeña glov1a, a un mundo reverdecido.
, sonriendo entre lágrimas de llu~M

• • •
311

310

�LA PLUMA
cia del público y la ioclinaci6n de los novel"
de t&lt;:ndencias que durante mucho tiem
~~tas a n~evos modos conciliadores
duct1bks. . .
po an podido parecer opuestas, irreRoma.nt1c1smo
so n P" I3 b ras que d ·
·
•v clasicismo
·
que previameute no se e3tablezca el alcance de ic~n poco.º nada, a mcuos
Pero,
de
todas
suertes
no
se
ave
s1gmficac16u
en cada caso •
d
•
o t tu.a gran cosa su
con
d •
erna, a1 par que procura interpretar líricam
. ec1r que la novela moa la manera romántica se lirn1'ta
t'
ente la vida real, exacerbándola
·
· • d ose normas ' en cierto Ymod
con 1ene en
. del relato
impomen
. punto a l ª extens16n
lector, a fuerza de depurar el novel'
lclás1ca~, purga?do la sensibilidad dei
La Silvia de Nerval es una d
is a a pr~p1a capacidad de expresio'n
.
e esas raras Joyas
·
corre,r el tiempo mayor poder d
t .,
, cuyo encanto cobra con el
d
tejida la tnima inconsútil de la fá~~¡3P i3c1on. _El ~parente descuido con que va
cen de la breve historia un modelo a, ~ grac1.1 sm par de su lírico humor haEl ~gua en cisterna de Eduardo )f:r ul~i~ble de eterna juventud literari~.
c?nstante preocupación por oner su o~ , a revela de nuevo en su autor esa
no sentimental de su tiemp! El am ic tazon d_e poeta al unísono con el horaun ta?to barroco de tan expr~sivo e~ ente _ex?tico, el relat? cálido, vehemente
patetismo de los incidentes novele~cosmov~?11entdo dramático de la acción el
san ai crítico.
cau ivan esde luego al lector e int~re-

t°

Bdictones 'de La Pluma.-Serie 1. Bduardo l\1arquina: Agua en &amp;is·
terna.-Gerard de Nerval: .Silvia.-Madrid, 1921.
Empezamos, al cumplirse el año de la primera salida de LA PLUMA, a exten·
der su esfera de acción. Vuestro favor, lectores, cuya constancia nos compensa
de su limitación al escogido grupo de aficionados a las buenas letras con que
le es apenas dabl~ sostenerse a una revista española. muév&lt;'nos a intentar en
campo más vasto la prosecución de la obra emprendida. De dos males graves
adolece la producción literaria en España: es el uno la desorientaci6n y el des·
barajuste en que las casas editoriales más poderosas comercialmente, acostum•
bran servir al público la abigarrada muestra de su industrir; el otro, el des·
amparo en que suele hallarse el escritor, a merced del plato de lentejas que el
editor le ofrece. Aspiramos con las Ediciones de LA PLUMA a abrir el primer
surco en el camino de toda posible redención en ese respecto.
La serie de novelas cortas y cuentos con que inauguramos nuestro proyecto
no responde a un criterio cerrado, desde un punto de vista literario, n i mucho
menos nos proponemos esos ridículos s;-ñuelos para señoritas, para militares
con o sz"n graduadón, para colegialas más o menos desenvueltas, que c-on títulos de
un sentimentalismo pseudo-artístico y portadas de pretenciosa baratura se
anuncian en las terceras planas de los di11.rios jesuíticos como elas obras más a
propósito para tenidas en el cestillo de la costura&gt;. Pero sí queremos que una
cierta armonía, una orientación general, una norma, imprima a nuestras colecciones ese carácter de continuidad, cuya falta tanto se echa de ver en la libre•
ría Las
española.
dos primeras novelitas de nuestra colección tienen un parentesco, en
modo alguno derivado del menor propósito arcaizante en la de Eduardo Marquina, y que no todo el mnndo echará de ver a primera vista; pero que a una y
otra determina dentro de la modernidad de nuestro intento. ¿Qué es la novela
moderna? iQué elementos la distinguen como tal género de las obras de ficción
cuyo interé,; es para el lector más de curiosidad hist6rica que el puramente
recreativo de la simple lectura) Agotadas hoy dia ya todas las posibilidades de
fórmulas y recetas naturalistas, analíticas, realistas, es manifiesta la preferen-

H:!ruos procurado en estos tomitos 1
mundo no más que un sencillo decor ' a alcance, por su precio, de todo el
rantí_1 la firma de Angel Vivanco cuyosen_~atpresentaci6n, de que es buena o agracia.
'
ª vme as adornan LA PLUMA con tao fina

***

C. R. C.

Ramón
~érez
de Ay
ala: Et sendero
doctnnal
de vida
y naturaleza
-P andante. Momentos, modos, ditirambos
•~l río es un camino que- anda • ;emas.-~cMXXI. c_a:leja, Madrid.
•
la pr~mera composición del nuevo .libr sta poética reflex1on de Pascal preside
vemtitantas poesías, fechadas en los a~ en que Pérez de Ayala ha coleccionado
paz dd sendero a la reciente de Et e dn~s 9-ue corren de la publicación de La
s n et o innumerable.
o ~He ahí la vida: ese río y esos versos·
n as, remansos espumas
d
·
Ese río, agua de 'antan-o • mo os, momentos ...
.
, ya pasada·
Y en e 1 mismo cauce otra agua.• '
Desde las sienes canas d e 1as montañas eminentes, los nos
son como las
ideas.
'
•··· corre el sendero andante
~~~~e la paz del sendero hasta el sendero innumerable

..............

siempre monótono, ~¡~ 1~;~;~ ~-~~;~ • • • • • • • · • • • •
como prosa abundoso, encauzado c~mo el verso.•
3 13

�LA PLUMA

LA PLUMA
En este primer poema se cond::nsa y define la intención del volumen,
intención que no se manifiesta sujeta a un pe nsamiento ge nerador 1 cuyo ritmo
interior y cuya apariencia respondan desde luego a la idea arquitectónica de
El sendero innumerable, sino que se declara a través de tantas inspiraciones
ocasionales como constituyen este tomo, con el cual se explica la ascensión
del poeta desde el lirismo sentimental de La _pas dll sende,·o a la filosofía lírica
de sus últimos versos.
Es decir, que estas poesías de oc.:tsión vienen a corroborar, una vez hacinadas, la voluntad artrstica de su autor, teosa siempre a un.:\ interpretación
intelectual del universo, ora el esfuerzo creador halle expresión cabal en la
novela, bien en el poema, o Yd en la crítica. En el transcurso de un año 1 Ramón
Pércz de Ayala, cuya labor se dispersa en periódicos de España y América ,
disimulando su constancia, cuando no distrayéndola de la producción imaginativa en que quisiéramos verle perseverar, en el transcurso de un año ha dado
a la estampa vario ejemplo de esa interior armonía intelectual, que constituye
a nuestros ojos su mayor precio como escritor, y que le hace tan raro en
nuestro desquiciado ambiente literario. Los poemas recogidos en El sendero
andante, aparte el interés que puedan suscitar en el simple lector, tienen para
el crítico el atractivo mucho mayor de completar, exponiéndola paladinamente, la evolución personal de su autor, dentro si.empre de un criterio y de
unos principios, que desde los primeros versos de Pérez de Ayala a su mejo1
y más reciente prosa. determinan su carácter, tan destacado y principal en la
literatura española contemporánea.
Educado felizmente en e l gusto de los clásicos, su lirismo conserva siempre
esa virtud latina de la cantidad, cuyo secreto no está tanto en pretender ajustar una medida fija y un -ritm o preciso a la expansión del propio sentimiento,
cuanto en modular éste con inflexiones graves, cuya tonalidad y extensión no
pueden corresponde r exactamen te a un precepto retórico de pura forma exte•
rior, sino a una emoción pura, que, por serlo, se expresa, no con el balbuceo
ala lo-como pretenden los pergeñadores de fácil es cantilenas sin sentido-,
mas con vigor y precisión de. palabra, sintaxis musical y prosodia noble, en vez
de la onomatopeya histérica a que lo:-, mal os poetas ultramoderoos preteriden
reducir la razón del sentimiento que debe ser la buena poesía.
Muy poco han influido en Ramón Pérez de Ay ala los modernos poetas franceses. Apenas si en sus primeros poemas de La paz del sendu·o se advierten
ciertas concomitancias con Francis Jammes, y para eso más en lo que hace a
relaciones exteriores de temas, que pudiéramos decir nostálgicos, que a semejanza de ideas, propósitos y resultados ulteriores. Tan dispar nos parece la
inspiración de Pérez de Aya la y la de los simbolistas y parnasianos franceses,
cuya contextura espiritual adaptó genialmente a nuestro Mxico y a nuestra
conformación Rubén Darío 1 que con ser manifiesta e inconfundible la huella
de éste en la obra lírica de Aya la, nunca le imprime ese pare,;ido inferior de
la im itación superficial por el cual han trascendido a la moderna poesía española los más livianos ecos de la ultrapirenaica. Antes bien , la influencia de

Daría en Ayala es la fecunda
r • d
conscie-nteruente y sin servilisio.p opia e uno en otro espíritu correlativos,
No sería dificil asimismo, pe ro no son t;i
empe ño, estudiar la influe ncia de los e~ s notas lugar adr.cuado para tal
Aya~a. Con ello se comprobaría una vez r-:;,C.{&gt;res poetas inglesc~ en Pérez de
5
e_n cierto modo, que se observa entre es _esa corr: spondenc1a, tradicional
tiempos, y sobre irre ductibles diferencias dªº~les e.ómgleses a través de los
Mas las coincidencias inHui·os y re! . e e ucac1 o y temper~meoto.
. ·r,
,
ac1ones que aq ·
·
no s1gn11can que puedan s~r desde lue d.
.
ui se apuntan a la ligera,
Pé_rez de Ayala, cuyo ma or recio a n go_ 1scer_n1das, en _una obra como la de
phc_ada armonía _de su pirso!atidad lit~:::r:5i OJOS, r~pet1mos, está en la comdec1r que la. única fecunda de o
- ' ª. más mteres~nte, y es1.oy por
generaeión del 98.
'
uestro.:, escntores poslenores a la llamada

c. R. c.

•••
Lui•.Araqu.lstaln
.
,
.-Elj e¡-tf'f'O yanqtn.-Publicaciones
España.--Madrid,

1921.

Dmase que el mundo vie'o e
de sí la guerra, se preparab1 a' e:~:r:entado por las ruin_as que ha dejado tras
nos estúpido que el de la paz armala r un régim~n d_e ':•da internacional me•
Y con dudosa eficacia los choque d
a prevemr, Siquiera fuese con timidez
cuando una ma.no imPrudeote . ~. e os csagrados intereses• inconciliables
país sin experiencia ha derrib ;s I umento de la voluutad irrefrenada de u~
de uai?eS difícilmen'te levanta~o
tocob~en?s-en un santiamén el castillo
por tanto, desengañadas: el castill/ d~ si~ Is u~1ad de otras ra_zas ya maduras, y
paz, ya que uo de justicia, entre los ueblos ocie ad de ".~:1_0;1~s, garantía de
u?~ sola park· (en este caso, la Re iiblica d.\ aunque se1ta ~hc1to echar sobre
b1hdad de la ineficacia probable dJ p t e lo~ Es_tados Un1dos) la responsamanca de nacimiento, y que, por aña;i~~r~onshtutivo de una soci!:dad coja .Y
dente que el apartamiento de los Est d
' ~asas enormes re pudian, es ev1fuerza más poderosa en la tierra aca~a
~01dos, que son bol'." e~ conjunto la
tema de paces en que el mundo 'tr b . e ar su verdadero s1g01ficado al sisdi~pub solapada de los ambicioso a ªJª por entrar: ~uspens!ón de hostilidades,
ápice de la pujanza alguno se vea ~o1:-º;dla beg~moma mundial, hasta que en el
por su existencia En este orve . _z o,? diga que se vé fórzado, a guerrear
dos se disponen ~ represe!tar etr· inmediato, nada risueño, los Estados UniJa ba~carrota y el hundimiento de~~s~idpape~9ue Alemania representó hasta
cesa:1as para convertirse en azote de '1 1r10. 1e~en las fuerzas impulsivas OC·
1
apetitos, técnica industrial pote t's' ª trtad a1en_a: sobra de caudales y de
de una misión superior conduce~t~ i~;:i, y. a per~uas160 de hallarse investidos
macía norteamericana. Estos .
la me1oram1ento del mundo bajo la suprcabsorbente de aquella Repúb!:pudso~, con~rontados con la política exterior
llama, cen razón el cpeligro y~n~'ui:.c aran astante bien lo que Araquistain
Medrados estamos sí1 d espu és d e eSta guerra, dcspu~s de haber entre visto

r

º;°

ºJ

�LA PLUMA

LA PLUMA
la verosimilitud de lo que ha~ta 1914 parecía imposible: la ruina de la civilización europea, no ya provocada por los bárbaros venidos de fuera para aniqui·
larla, sino por !os mismos que han creado esa civilización y la disfrutan-me•
drados estamos si después del cataclismo todas las mudanzas que pueden es•
perarse se reducen a una traslación del poder, a un traspaso del cetro y de la
espada-. ¿La conciencia humana es, pues, insensible a este género de experiencias, y siempre se ha de sacrificar a los mismos. ídolos? Parece inexplicable-viene a decir Araquistaín-que conociéndose el funesto destino de todas
las grandes ambiciones de imperio que se han abierto camino en el mundo
moderno, todavía se renueven sin cesar y compitan por sucederse. En el caso
de los Estados Unidos, añade, hay algo de fatal; es un fenómer.o biológico; es
el resultado del crecimiento prodigioso de un pueblo excesivamente joven, en
quien preponderan los instintos. Si los Estados Unidos le 11cvan a Europa cincuenta años de ventaja en el progreso material, están, en cambi.&gt;, más de medio siglo atrasados en punto a finura de sentimientos y a la capacidad para
situar los problemas en un plano puramente jurídico y moral. Todo es cuestión de cantidad y de magnitud; curstión de hacer más, no de hacer mejor. En
su engreimiento juvenil, ya ponen los hitos del imperio e.más grande del mundo•, y no es improbable que allí retoñen, multiplicados, tos mismos yerros que
han puesto a Europa a dos dedos de perderse. Según esto, revivirá en América el histrionismo bélico-religioso que se ha desacreditado en Europa, y asistiremo:: a la promulgación de otra alianza entre un ouf'VO pueblo elegido y la
Divinidad, para el má.s pronto exterminio de sus competidores. Muchas 'lllciones han pasado por esa locura; también los españoles; pero ¿queda aún en el
mundo un pueblo lo bastante joven e inexperto para recibir de butl'na fe una
propaganua que sólo pueden hacer los bribones o los embrutecidos? Quizá. Y
el norteamericano, lector de la Biblia (uno de cuyos destinos ha sido el de proveer de textos a los sanguinarios v perHguidores), ocaso descubra-si cuenta
para este siglo con la protección segura del Señor-algún versillo en que se
ordene la destrucción del amnkcita, e~to es: del mejicano o del nicaragüés1
detentadores de las tierras que manan petróleo.
Es caracteríi.tiC&lt;&gt; del pensamiento de Araquhtain la robusta afirmación del
poder creador del individuo ea el onl--n moral. Así. cuando contempla el porvenir, harto sombrío según é-1 mismo lo pinta, no se desanima, t•i se deja imponer por ninguna ley económic.a pretendidamente inexorable. Las probabilidades son inciertas y confusas; de esa suerte, la acción del individuo puede ser
decisiva. El auge de los Estados Unidos, por ejemplo, ¿llevará a una guerra
universal? La mejor propaganda de la guerra-viene a decir Araquistain por
vía de respuesta-es tenerla por inevitable. Araquistain no cree que el resultado de la guerra europea vaya a ser no más que una nueva distribución del
poderío en el globo. Apunta una era distinta esencialmente dt- la anterior, porque la revolución que se ha operado en el mundo del trabajo basta para cualificar la civilización venidera. Los Estados Unidos representan hoy la extrema
intransigencia frente a los valores que germinan.
M, A .

• ••

la_n~cesidad de transformar el a
ó
m1s5ones continuas del pc.nsamifnrt~t ~ de manos, el beso y el abrazo entraosentada la teoría general Marin~tti
.
::~~~• escala al propio tiemp°o de valore~r~:c~il:fnmeral esca_!~ educativa del
.
para e ta:;ttltsmo o arte del
A saber:

Primera escala• plana, con cuatro categorla.J d. 1
Primera categoría· ta t
e actos diferentes.
. pe olmduy s_eguro, abstracto, frío
ape e cristal.
·
Papel de estaño.

..... .

Tercera categoría : excit_ante, ·tÍbÍo·, ~~s~fil~i~o:
Terciopelo.
e
Lana de los Pirineos.
Lana.
Crespón de sed a-lana
etcétera, etc.

�LA PLUMA
• todos los
.
es a los pianistas, a los mecanógrafos • Y a
res, a los po~~.,5 ~~;~~os: r efinados y l?odelros~5¡_~manía enfermiza. Debe protemperamen ·
·i·smo debe entar a e10
b. n el tacu I
t
.
•
¡ tactiles simplcmen e.
M . etti-es arbitraria, Y
Ab ora ie •
ponerse !~ ar_móo~=~os cinco sentidos-~oncluyel ":;1itros muchos sentidos.
e La d1stmc1 n
uro descubrir y cata o.,
•
podrá a b-1en seg
. . t
algún dia se
á este descubrim1en o.•
C R C.
El tactilismo favorecer
. .

•••
otros poemas. r.arcía
D •t ri Ivanovitch: La fJen!an~ Y . Pdr ·ate! SugeslioLibros recibidos.- -:1a 1921.-Juan Ramón Unarte.
Díaz-RodríMonge, Sa~José de c:!~es.1t;omant y C.ª, _B~uselas, ~~~:-""iiadrid.-Carlos
nes nortnaltv°:s a lo~ Jo,:;o encantado. l\ovela. Bib!1oteca ~lío Gómez de la Serna.
guez: Peregrma o e p "da Selección y traducciónJe J Madrid.-Alfonso ReBaudelaire: Pros6 e~~~ez-de la Serna. Diblioteca Nueva, Madrid -Simpatías J
Epílogo de RamE n ~s y divagaciones. Bi~\ioteca uzv_;:; uevo·, por Ramón
u!lda serie, Madnd, 19 2 1 . - ' 1 r Ramón Gómcz de
yes: Elcazador! nsay
diferencias, psmcra l 1:~;id 1920.-HI Paseo det
Páginas escogidas
Gómez de 1i3 0 c-r11·gicos Griegos. Esguílo, Sóf6ocles: -t~;la~a de Agustín l\li\lare5
la Serna.- - ~ r notas de P. Girard, vers1 n cas / fJido Nove la picaresca.
con introdu~c16n y . - - F Iscar Peyra: La bolsa .v a . ·11 trad. de Alfonso
Carlo. Calle¡a,. l\ladGndK Cbeste rton: Et candor del P; B, ":"La ruta de ta fJida.
Calleja, :\ladrrid.- ·. ·
rancisco Carmona Nenc,ares.
Reyes. Calleja, Madnd.PítBaroja: Bosguejo critico. 1921.
•
ProProsas. Madrul, 1920.•
L'Europe Nort';Jtl/e, Pans.-Le ¡.
-Mercure de Fr ance, Pans--;- La Revue de f Epogue, Pa~ ,;.Revistas. .
~ Connaissanct, Pans.R ,pertorio Amencano.
J!.rés Ciflique, Pans.- a Aires - A thenaeum, Zaragoza.- e . s ºarís -Cultura
Vida Nuestra. BuRe?os Le l·ra"ouiltot, París.-Be/Mles-Ltet~1de o'. A,.-nuittctura,
r
,
n aso
on ev1 t: . - 1
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d
é d Costa 1ca.San J os ' e
-Die Aklion, Berhn.-regBab' J B enos A ires.-P oesia e
Venezolana, Caracas.
/lea La Habaua.e, . u
Mad rid.-Cuba Co~te!!'por1mé,'.ica Cádiz.-H ermes, Bilbao.
arte, Ferrara.-Espana Y
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AÑ O Il.

1

MADRID, JUNIO 1921

NÚM.. 13.

:J

Prt;fº'.¡¡.~es

~

LOS CVERNOS
DE DON FRI OLERA
ESPERP l: NTO ~ SV A VTOR
DON RAMÓN DEL V ALLE-INCLÁN
ESCENA Q UINTA
LA ALCOBA DEL BARBERO. Pegada a la pared, la cama
angosta y hopada, con una colcha vistosa de pájaros y ramajes, un paraíso portugués. Tras de la puerta, la capa y la gorra colgadas con la
guitarra,fingen un bulto viviente. Por el ventano abierto penetra con el
claro de luna, el vmtalle silencioso J' nocturno de un huerto de luceros.
Y la brisa y la luna parecen conducir u 11 diálogo entre el vestir;!o de la
puerta, y el pelele que abre los brazos sobre la copa negra de una /zi.
guera, en la redoma azul del huerto. Entra el galán con la raptada, encendida, pomposa y con suspiros de soponcio.
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                <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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              <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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