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                  <text>LA PLUMA
• todos los
.
es a los pianistas, a los mecanógrafos • Y a
res, a los po~~.,5 ~~;~~os: r efinados y l?odelros~5¡_~manía enfermiza. Debe protemperamen ·
·i·smo debe entar a e10
b. n el tacu I
t
.
•
¡ tactiles simplcmen e.
M . etti-es arbitraria, Y
Ab ora ie •
ponerse !~ ar_móo~=~os cinco sentidos-~oncluyel ":;1itros muchos sentidos.
e La d1stmc1 n
uro descubrir y cata o.,
•
podrá a b-1en seg
. . t
algún dia se
á este descubrim1en o.•
C R C.
El tactilismo favorecer
. .

•••
otros poemas. r.arcía
D •t ri Ivanovitch: La fJen!an~ Y . Pdr ·ate! SugeslioLibros recibidos.- -:1a 1921.-Juan Ramón Unarte.
Díaz-RodríMonge, Sa~José de c:!~es.1t;omant y C.ª, _B~uselas, ~~~:-""iiadrid.-Carlos
nes nortnaltv°:s a lo~ Jo,:;o encantado. l\ovela. Bib!1oteca ~lío Gómez de la Serna.
guez: Peregrma o e p "da Selección y traducciónJe J Madrid.-Alfonso ReBaudelaire: Pros6 e~~~ez-de la Serna. Diblioteca Nueva, Madrid -Simpatías J
Epílogo de RamE n ~s y divagaciones. Bi~\ioteca uzv_;:; uevo·, por Ramón
u!lda serie, Madnd, 19 2 1 . - ' 1 r Ramón Gómcz de
yes: Elcazador! nsay
diferencias, psmcra l 1:~;id 1920.-HI Paseo det
Páginas escogidas
Gómez de 1i3 0 c-r11·gicos Griegos. Esguílo, Sóf6ocles: -t~;la~a de Agustín l\li\lare5
la Serna.- - ~ r notas de P. Girard, vers1 n cas / fJido Nove la picaresca.
con introdu~c16n y . - - F Iscar Peyra: La bolsa .v a . ·11 trad. de Alfonso
Carlo. Calle¡a,. l\ladGndK Cbeste rton: Et candor del P; B, ":"La ruta de ta fJida.
Calleja, :\ladrrid.- ·. ·
rancisco Carmona Nenc,ares.
Reyes. Calleja, Madnd.PítBaroja: Bosguejo critico. 1921.
•
ProProsas. Madrul, 1920.•
L'Europe Nort';Jtl/e, Pans.-Le ¡.
-Mercure de Fr ance, Pans--;- La Revue de f Epogue, Pa~ ,;.Revistas. .
~ Connaissanct, Pans.R ,pertorio Amencano.
J!.rés Ciflique, Pans.- a Aires - A thenaeum, Zaragoza.- e . s ºarís -Cultura
Vida Nuestra. BuRe?os Le l·ra"ouiltot, París.-Be/Mles-Ltet~1de o'. A,.-nuittctura,
r
,
n aso
on ev1 t: . - 1
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d
é d Costa 1ca.San J os ' e
-Die Aklion, Berhn.-regBab' J B enos A ires.-P oesia e
Venezolana, Caracas.
/lea La Habaua.e, . u
Mad rid.-Cuba Co~te!!'por1mé,'.ica Cádiz.-H ermes, Bilbao.
arte, Ferrara.-Espana Y
'

AÑ O Il.

1

MADRID, JUNIO 1921

NÚM.. 13.

:J

Prt;fº'.¡¡.~es

~

LOS CVERNOS
DE DON FRI OLERA
ESPERP l: NTO ~ SV A VTOR
DON RAMÓN DEL V ALLE-INCLÁN
ESCENA Q UINTA
LA ALCOBA DEL BARBERO. Pegada a la pared, la cama
angosta y hopada, con una colcha vistosa de pájaros y ramajes, un paraíso portugués. Tras de la puerta, la capa y la gorra colgadas con la
guitarra,fingen un bulto viviente. Por el ventano abierto penetra con el
claro de luna, el vmtalle silencioso J' nocturno de un huerto de luceros.
Y la brisa y la luna parecen conducir u 11 diálogo entre el vestir;!o de la
puerta, y el pelele que abre los brazos sobre la copa negra de una /zi.
guera, en la redoma azul del huerto. Entra el galán con la raptada, encendida, pomposa y con suspiros de soponcio.
21

320

32 1

�~LA PLUMA

LA p L ¡; ,\l A
DORA LORETA

¡Demonio tentador!, ¿a donde me conduces?

PACHEQUJS

¿Olvidas que
rejada?
nuestra sangre estuvo a p1que
.
de correr empa-

PACHEQUlN

¡No me ciegues!

¡A tu casa, prenda!
DORA LORETA

¡Buscas la perdición de los dos! ¡Tú eres un falso! ¡Déjame volver
honrada al lado de mi esposo! ¡Demonio tentador, no te interpongas!

ÜJ

.~

·Y para nada más?

~

·y
1

PACKEQUlN

¡Estabas ofuscada!
DO~A LORETA

¿Y ahora no es ofuscación dejar mi casa, dejar un ser nacido de
mis entrañas? ¡Considera que soy esposa y madre!
PACHEQUÍN

¡Todo lo considero...! Y también que tu vida peligra al lado de
ese hombre celoso!
DORA LORETA

¡No me ciegues y ábreme la puerta!
PACHEQUÍ~

¡Olvidas que una misma bala pudo matarnos!
DO!'IA LORETA

¡:-;o roe ciegues! ¡Ten un buen proceder, y ábreme la puerta!

PACHEQUfN
DOÑA LORETA

para quererte, demonio tentad or.,

;Por ué
PACHEQUfN
•
q entonces huyes de m1. lador.
·Porq
1

ue me das miedo!

DOÑA LORETA

·No
PACHEQUfN
'
paso a creerlo'• l•Tú b uscas verme desesperado!
¡Calla, traidor!

s·
i

333

DOÑA LORETA

,., o pretendo romperlo' ·P .
,.
que estoy en el mundo pa~a'm~16.
deJame
1.ra1 por ella! \'olver al lado d e m1. hUa,

DORA LORETA

Yo le elegí libremente.

PACHEQUÍN

¿ v1 as que ese ho b
dos con su pistola? ¿Qu~ ~=y~árlbaro,
a losenlaza
dos nos tuvo encanonar azo para
r corazones?

PACHEQUlN

¿Ya no soy nada para ti, mujer fatal? ¿Ya no dicto ninguna palabra a tu corazón? ¡Juntos hemos arrostrado la sentencia de ese hom. bre bárbaro, que no te merece!

·ct

DO~A LORETA

DOÑA LORETA

PACHEQUfN

me amases, esta nas
, recogida en m. b
is razos, como una paloma

·P
DO!'i.\ LORFT.\
e or qué as·1 me 11ablas c
' uand o sabe·s que soy tuya?

¡Aun no lo has sido!

PACHEQUfN

.

�LA PLUMA

LA PLUMA
.d cosa
ahora no me p1 as
pero
. . te cansarás de tenerme,
Lo sere)
ninguna.
PACHEQUÍli

DORA LORETA

l&gt;O~A LOP.ETA

Me pondré de rodillas.
una romántica!

PACHEQUÍ!&lt;

¿A dónde vas?
•o

Cuando te contemplo, amor m1 ,

En ese achaque, no
. me superas.
DO~A LORETA
me entra como éxtasu,.
¡Qué noche de luceros!

¡Tú la rompes!
¡No me ciegues!

DO~A LORETA

¡Pachequín, respétame! ¡Yo soy

¡Es de rosas y espinas nuestra cadena!

¡Soy esposa y madre!

PACHEQUÍN
DORA LORETA
PACHEQUfl'I·
DORA LORETA
PACHEQUfN

Temo que te asesine ese hombre.

PACHEQUIN

DO~A LORETA

Siempre la inocencia resplandece.
·La propia para un idilio!
1

PACHEQUÍN

DORA LORETA

. Dame una prueb a d e amor puro!
1

Pudiera no querer darte acogida: En tal caso, prométeme ser mía.
DO~A LORETA

l'ACHEQUIN

•La
1

¡Tuya, hasta la muerte!

·das1

que me p1

·

DORA LORETA

Ten un noble proceder, y ábreme la puerta.

PACHEQUÍN

Te acompañaré para prevenir un arrebato de ese hombre demente.

PACHEQUÍN

¡Franca la tienes!
¡Adiós, Juanito!
¡Adiós, Loreta!

oO?lA LORETA
PACHEQU{:-ó
DO~A LORE'lA

¿No quiere usted mirarme?
PACHEQUh

¡No puedo!
J24

DORA LORETA

¡Xo esponr,as la vida por mí!. ..
Es deber que tengo.

PACHEQUÍN

PA(HEQUJN, MUY :JAQUE, se pone la gorra en la oreja y empuña el estoque. La tarasca sale delante con el pañuelo en los ojos. Sobre la ccpa negra de la higuera, se espatarra el pelele en un círculo tk
lt1aros.

�LA PLUMA

LA PLUMA
p

ESCENA SEXTA
LA SOMBRA 1JE DON FR!OLERA, pasa gesticulante tobrt
los muros de la sala daminguera. El quinqué de porcelana azul tiene un
temblor e,,rlenque.
DON FRIOLEJlA

¡Pin! ¡Pan! ¡Pun!... ¡No me tiembla a mí la mano! Hecha justicia
me presento a mi Coronel: -¿Mi Coronel, cómo se lava la honra?y sé su respuesta. ¡Pin! ¡Panl ¡Pun! ¡Listos' En el honor no puede
haber nubes. Me presento voluntario a cumplir condena. 1Mi Coronel, soy otro Teniente Caprilesl Eran culpables, no soy un asesino.
¡Mi Coronel, no soy un asesino! Si me corresponde pena de ser fusilado, pido gracia para mandar el fuego: ¡Muchachos, firmes y a la
cabezal ¡Adiós, mis queridos compañeros! Tenéis esposas honradas,
y debéis estimarlas: ¡No consintáis nunca el adulterio en d Cuerpo
de Carabineros! ¡Friolera! ¡Eran culpables! ¡Pagaron con su sangre!
¡No soy un asesino!
RECHINA LA PUERTA, y en el umbral aparece Doña Loreta.
Tras ella, en la somhra del pasillo, st apu,zta la figura del barbero con
el kepis sobre una aja, y la capa acandilada por el estoque. D01ia Lore-

DO~A LORETA

ascua!, nunca tu esposa de·.
~o d e guardarte la debida fidelidad.
DO~ FRIOLERA

¡Pruebas! ¡Pruebas!

·T
.
DOjlA LORETA
' amb1én yo las pido, Pascual!
.

DOS

Co

DO~A LORETA

¡Pascual!

DO~A LORETA

mo el propio sol
1
resp andece. 1Quién me acusa? .
bárbaro! ¡Un celoso
no me calumnies'. demente! ¡Un turco sanguinario'. '·M'áUtan~.~ro
hombre
DOS FRIOLERA

•

~De dónde vienes? ¿Y ese h ombre por qué te acompaiia?
PACHEQUÍN

Para testificar que tiene usted una perla por esposa. ¡Una heroína!
DON FRIOLERA

¡Pruebas! ¡Pruebas!

tá cae de rodillas ju1ttanda las manos.
,f

.

PACHEQUfN

¿No le satisface a usted 1
ya en su domicilio, para ha~er~:chot de que un servidor se constituen rega de su señora?

DON FRIOLERA

ooi;;A LORETA

¿Qué respondes?

¿Conoces tu sentencia?
oo:--A LORETA

Pascualín, si me repudias de esposa, que sea de una manera decente, y sin escándalo.
DON

FRIOLERA

En España, la mujer que falla, tiene pena de la vida.
3a6

•·RIOLERA

,Loreta, es preciso que resplandezca tu mocenc1a!
.
.

.

PACHEQUfN

DéJele usted que Jo medite , Dona
- Loreta.
DORA LORETA

Ten un impulso generoso, Pascualin.

�LA PLUMA
LA PLGMA
DORA LORETA

PACHEQUÍN

¡Rencoroso!

. Teniente la razón de las cosas.
•
Comprenda usted, m1

DON FRIOLERA

¡Es inaudito!

T

DON HI.IOLEIU

,
No puedo soportar tu presencia.
.
al de esta casa.
Pachequml, s de cinco minutos.
concedo un p azo

e

DORA LORETA

¡Palabrotas, no, Pascual! ¡Eres un soldadote y no me respetas!
DON FRIOLERA

PACHEQUÍN

¡Mi Teniente, es usted u

n dramático sempiterno!
DON FRIOT.ERA

, ·co ' O el primer
, d udo si eres un c1m
Pachequm,
PACHEQUÍN
paña.

Caballero

Me avistaré con ese hombre y Je propondré un arreglo a tiros. Es
la solución más honrosa.
de Es-

DORA LORETA

¡Y si te mata!
DON FRIOLERA

Te quedas viuda y libre.

Soy un rom ántico , mi Teniente.
DON FRIOLERA

o un duelo a dos pasos en el cernenYo también, y te propong
terio.
DO~A LORETA
¿Vuelves a tus d ud as' Pascual?
DON

FRIOLERA

DORA LORETA

Pascual, esas palabras son puñales que me traspasan. Pascual,
yo jamás consentiré que expongas tu vida por una demencia.
DON FRIOLERA

No sé cómo podrás impecfirlo.
DORA LORETA

¡Me tomaré una pastilla de sublimado!

Llámales garfios infernales.
PACHEQUÍlS

DON FRIOLERA

El sublimado de las boticas, no mata.

y O me retiro.
DON

FRIOLERA

.El demonio te lleve!

'

DORA LORETA

·
Pascual!
¡Qué proceder el de ese amigo,
DON FRIOLERA.

¡No me subleves!
3ll6

DORA LORETA

¡Una caja de cerillas!
DON FRIOLERA

Serán inútiles todos tus histerismos.
DORA LORETA

¿S~es de mala data para mí,

Pascual?

�LA PLUMA

LA PLUMA
DON

¡Déjame!

FRIOLERA

DORA LORETA

DOÑA LORETA, desgarrado el e
anca,jlojo el corsé sueltas l
.
g sto, temb/011a y rebotada el
'
as ;arelas de las e u
reaparece con una botella de .
naguas, sale corretona y
amsete esca, citado.
'

¡Pascual, tendremos que divorciarnos si persistes en tus dudas!
Estás haciendo de mí, la Esposa Martir.
DON FRIOLERA

DORA LORnA

¡Vaya, esto se acabó' Pascual
el rega~o de Curro Cad~nas.
, vamos a beber una copa juntos: Es

¡Quieres la libertad para volar al lado de ese hombre! Nos divorciaremos, pero entrarás en un convento de arrepentidas.
DORA LORETA

¡Tirano!

DON FRIOLERA

Yo no bebo.
DO~A LORETA

DON FRIOLERA

Bebes, y vas a emborracharte conmigo.

¡Has destruido mi vida!

DON FRIOLERA
DORA LORE'IA

¿Pascual, por qué me haces desgraciada? Recógete, Pascual. Procura conciliar el sueño.
DON FRIOLERA

¡Contigo, jamás! ¡Te aborrezco!
DOÑA LORETA

Pues te emborrachas solo.

El sueño huyó de mis párpados.
DOÑA LORETA

DON FRIOLERA

¿Para olvidar?
DOÑA LORETA

¡Pascual, ten juicio!
DON FRIOLERA

Naturaca. ¡Bebe!

¡Mi vida está acabada!

DON FRIOLERA
DORA LORETA

¡No bebo!

Pascual, tienes una hija, me tienes a roí...
DON FRIOLERA

DORA LORETA

¡Te lo vierto por la cabeza!

¡Loreta, me has hecho dudar de todo!
DORA LORETA

Pascual, no seas injusto.
· DON FRIOLERA

¡Quisiera serlo!
J,O

DON FRIOLERA

¡Espera!

EL TENIENTE RECIBE l
rar/a, derrama un kil, dea copa con mano temblona,y al a1tuo
la mosca a la n,uz.
-r

�LA PLUMA

LA PLUMA
DOS rnJOLERA
DOflA LORETA

¡Otra!

DON FRIOLERA

DOÑA LORETA

¿Intentas embriagarme?
DOÑA LORETA

¡Otra, digo'.

¡Es Pachequínl ¡Loreta, pon una sartén a la lumbre! ¡Vas a freirme los hígados de ese pendejo!
¡No me asustes, Pascual!
DO~ fºRIOLERA

DON FRIOLERA

¡Y no tendrás más remedio que probar una tajada!

·Si con esto olvidase!
1

DOÍ'lA LORETA
DOflA LORETA

¡Ya la cogiste'.

A Jo menos te dormirás y descansaremos.
DON FRIOLERA

DON FRIOLERA

¡Ese Pachequín es un busca pendencias! ¿A qué fué ponerse tan
gallo? ¿Duermes. LoreW

No me dormiré. ¡No puedol
DORA LORETA

¡Bebel
¿Cuántas van,)

Duermo.

DO~A LORETA
DOS FRIOLERA

DON FRIOLERA

Tú, con tu actitud, le diste alas. Responde Loreta.
DO~A LORETA
DOÑA LORETA

¡No lo sé, bebe!

DON FRIOLERA

¿Quién está oculto en aquella puerta?
DO~A LORETA

¡El gato!
¿Cuántas van?
¡Bebe!

DON FRIOLERA
DO~A LORETA
DON

FRIOLERA

Quién está oculto en aquella puert • ¿
Enciende una ceril~a, Loreta
ta? ¡No te escondas, miserable.
DOflA LORETA

,,.

¡Bebel

Me he quedado sorda de un aire.
¡Impúdica!
¡Mierda!

DON

FRIOLERA

DOÍ'lA LORETA

DQ/;,A LORETA TOMA el quinqui, y d~fando la sala a oscuras, se mete por la puerta de escape pintada de azul, recogidas sobre
una cadera las sueltas enaguas.
DON .FRIOLERA

Si tú ocupas la cama matrimonial, yo dormiré en la esterilla.
JlJ

�LA PLUMA

LA PLUMA
DORA LORETA

¡Duerme debajo de la escalera, como San Alejo!
DON FRIOLERA

¡Loretita! Donde hay amor hay celos. No te enojes pichona con
tu pichón. ¿Duermes Loretita?

ESCENA SÉPTIMA
EL BILLAR DE DORA CALIXTA. Sala baja con pinturas
absurdas, de un sentimiento popular y dramático:-Contrabandistas de
trabuco y manta jerezana; manolas de bolero y calañés, con ojos asesinos; picadores y toros, alaridos del rojo y el amarillo.-Curro Cadenas,
toma café en la mesa más cercana al mostrador, y conversa con la dueña, que sobre un fondo de botillería, destaca su busto propincuo, de
cuarentona.

Con dos barajas.

DOÑA CALIXTA
CURRO

De ahí saldrá la bomba.

DOÑA CALIXTA

Sentiré la desgracia de Don Friolera. ¡Era un sujeto muy decente!
CURRO

Había dado un cambiazo.
DOÑA CALIXTA

Otro vendrá que le haga bueno.
CURRO

En ge_neral, 1~ clase de oficiales es decente. El mal está en los altos espac10s. ¡Allí no entienden si no es por miles de pesetas' -La
parranda de los guarismos es aquello!
· 1
DONA CALIXTA

DOÑA CALIXTA

¿Currillo, ha oído usted esa voz de que expulsan de la milicia a
Don Friolera?
CURRO

Usted estará mejor enterada, Doña Calixta.

¡Si usted no pisa por esos suelos alfombrados!
CURRO

. ¡Qué sabe usted los palacios donde yo entro! Un servidor ha deJado por las alturas más pápiros que tiene el Banco de España.
DOÑA CALIXTA

DORA CALIXTA

Pues no lo estoy.
CURRO

Como tiene usted de huésped al teniente Rovirosa.
DOÑA

CURRO

Tómelo a guasa.

CALIXTA

Ese señor, para guardar un secreto, es la rúbrica de un escribano.
CURRO

¿No están reunidos los tres tenientes, en el piso de arriba?
334

Currillo, es usted un telescopio contando.

DORA CALIXTA

&lt;\illese

un m0mento. ¡Arriba hablan recio!
CURRO

Me parece que disputan por una jugada.

�LA PLLJMÁ

LA PLUMA
EL TENIENTE DON FRIOLERA, escoltado de un perrillo
con bor!cl en la punta del rabo, entra i!&gt;Z la sala de los billares. Zancudo, amarillento y flaco, se llega al mostrador, bordeando las grandes
mesas verdes, y saluda, alzada la mano a la visera del ros.

¡Ni una palabra más!

CURRO
DON FRIOLERA

¿Tú me comprendes?
CURRO

¡Totalmente!
DON FRIOLERA

.

DON FRIOLERA

,Tengo el corazón lacerado! '•M't muJer
. me ha salido rana!

Doña Calixta, una copa de aguardiente, que no voy a pagar.
DOj¡A CALIXTA

¡Siento la ocurrencia!

Tiene usted crédito.

DON 1''RIOLER'I.

DON FRIOLERA

¿Ya lo sabías, verdad?

Salí de casa sin tabaco y sin numerario. Tuvimos una nube en
el matrimonio, y no he querido pedirle a mi señora la llave de la
gabeta.

CURRO

Andaba ese run-ru n. F umese
.
usted ese hbaco
.
'
, mi. temente.

CURRO

Doña Calixta, si aquí me autoriza, esa copa la paga un servidor.
DOS t'RIOLER"-

CURRO

DON FRIOLERA

Estoy en ayunas
por la depositana
. d'e ym1puede
honor!marearme. ¡En2añado
~por el amigo y

Currillo, esta prefiero debérsela a Doña Calixta.

CURllO

La vida está llena de esos casos.

CURRO

Lo cual quiere decir, que tomará usted otra.
¿Para que nacemos?

DON FRIOLERA

¡Bueno!

DON HUOLERA
CURRO

Con gesto confidencial, se a/Jarta al fondo de una ventana, y hace
señas al otro para que le siga. Curro Cadenas. toma z,na expresión de

Para rabiar. Somos las
dos entre nuestros padres. ~~~s:~utnc'.ª" ~e los buenos ratos habiurna u&lt;;tcd el veguero?
0

sorna.

DON FR10LERA

ame una cerilla. ¡Gracias'. Mira como me tiembla 1
a mano.
DON FRIOLERA

¡Mira, hijo, bebo para sacarme un clavo del pensamiento!

Eso son nervios.

CUkRO

2,
JJó

33'

�LA P-L U ~l A

LA PLUMA
DON FRIOLERA

CURRO

¡Es el fruto del puñal que 11evo en el corazón!

De tener que solicitar el retiro, ¿cambiaría usted de residencia?

CURRO

·1
ue los señores oficiales esMi teniente, and~ usted con pupi a, q
tán reunidos en el piso alto.
DON FRIOLERA

.

.
in-

..
. ·Ya sabes que nuuca he sido
Desprecio el vil metal, hiJO mio.·' en sin acordarse de este ve·
a ellos que prevanqu ,
teresado •l Déialos
J
terano.

No lo he pensado.

DON FRIOLERA
CURRO

Le debo a usted una explicación, Don Pascual. La casa que usted
habita, a mi señora le hace tilín. ¡Es una jaula muy alegre!
¡Maldita sea!

DON FRIOLERA

CURRO

. te, no va por a h.i el motivo de esa reunión.
A lo que se mien
DON FRIOLERA

¡A mí, plin! Tengo el corazón lacerado.

DON FRIOLERA APURA LA COPA servida en el mostrador,
se encasqueta el ros y con las manos metidas en los bolsillos del capote,
sale a la calle, silbando al perrillo que le sigue, moviendo la borla
del rabo.

CURRO

.
. , . alir ara usted una novedad, nada bueDe esa reumón, pudi1:1a \e fo~man a usted Tribunal.
na. Mi teniente, se corre que
DON FRIOLERA
•

1 ·Q

¡Fnolera. t u

e me forman Tribunal? ¿Y por qué?

Parece mochales.
Completamente.

DON FRIOLERA

En ellos, solamente yo soy juez.
CURRO

Asi debía ser. Una pregunta, m1· tem·ente.
DON FF1OLERA

Venga.
338

CURRO
DORA CALIXTA

Siento su desgracia. Era un apreciable sujeto.

CURRO

Parece que Por sus pleitos familiares.

DOnA CALIXTA

Un viva la Virgen.

CURRO
DOnA CALIXTA

Doña Loreta merecía ser emplumada.
lURRO CADENA~ SE ACERCA al mostrador y pomposo tk;a
,aer un machacante hacilndolo saltar. Espera la vuelta dando lumbre
a un habano, y bajo el reflejo tk la cerilla, su cara es luna llena. Rtcióido ti dinero, se lo guarda con un guiño.
J39

�LA PLUMA

LA PLUMA
CURRO

Doña Calixta, tengo en cierto lugar una pacotilla de género inglés, y cornea sobre esa querencia un toro marrajo. Doña Calixta,
usted podría rouletearlo.
DOÑA CALIXTA

DOÑA CALIXf A

Esas no son novedades.
CURRO

¿Doña Calixta, quiere usted que hablemos sm
. macaneos?

No me penetro.

DOÑA CALIXTA
CURRO

Yo bailo al son que me tocan.

En cuanto le apunte el nombre, está usted más que penetrada.
DO~A CALIXTA

Acaso.

Pues oído al repique· Ha
1 .
al teniente Rovirosa.
. y a a vista un negocio, si usted camela

CURRO

Yo sabría corresponder ...
Puede.

CURRO

DO ~A CALIXTA

DOÑA CAL.IXTA

Apenas llevamos trato. Buen
,
en sus guardias. Yo aquí. La c eºstadiasfi. Buenas noches. Él, arriba o
u n a n de mes.

CURRO

CURRO

No se ponga usted enigmática, Doña Calixta.
DOÑA CALIXTA

¡Cw·rillo, usted anda en muy malos pasos!

Otra cosa me habían contado.
DOÑA CALIXTA

Hay lenguas muy embusteras.

CURRO

Hay que ganarse la vida, y todos nos debemos ayuda mutua,
Doña Calixta. Nosotros, los que con sudores y trabajos hemos sabido juntar unas pesetas, habíamos de sindicarnos como hace el proleta.riado.

CURRO

No ha sido en desdoro, Doña Calixta.
DOÑA CALIXTA

¿Qué le habían contado?
DOÑA CALIXTA

¿Currillo, el buey suelto, bien se lame!
CURRO

Doña Calixta, hoy todo está cambiado, y hasta son mentira los
refranes. Vea usted cómo el obrero se conchaba para subir los jornales. ¡Qué vá! Hasta el propio Gobierno se conchaba para sacarnos
los cuartos en contribuciones y aduanas.

CURRO

Que el teniente es hombre de gusto.
DOÑA CALIXTA

¡Y que me deshace la cama!
CURRO

No señora. Que usted le da achares.
341

�LA PLUMA

LA p L U :0-1 A
DOÑA CALIXTA

Menos mal.
CURRO

y lo he creído, porque usted es muy inhumana.
DOÑA CALIXTA

¿Me querría usted otra Doña Loreta?

CURRO

Conforme. Mis ideas, también son antirrevolucionarias. El que
tiene un negocio, y cuatro patacones, no puede ser un ácrata. Pero
se guipa alguna cosa, y comprendo que el orden social, se tambalea.
Doña Calixta, los negocios están muy malos. Ahora hablan de suprimir las aduanas, y a nosotros es matarnos: Si todos los artículos entran libremente, se acabó el contrabando. ¿Qué hace usted? Poner
una bomba.

CURRO

. el ..mismo
caso · Usted es libre, Doña Calíxta.
~
Nunca sena
DOÑA CALIXTA

¡Yo no!

DOÑA CALIXTA
CURRO

Porque usted ya se apaña retirada del matuteo.

Nunca se es libre para pecar.

DOÑA CALIXTA

CURRO

¡A Dios gracias!

Hacer hijos no es pecado.

CURRO

DOÑA CALIXTA

¿Y quién los mantiene?

Acuérdese usted de cuando andaba en estos trotes, y saque un
ánima del Purgatorio.
DOÑA CALIXTA

CURRO

Le rezaré un rosario.
CURRO

El Erario Público.
DOÑA CALIXTA

¿Quiere usted cegar a su alojado con dos Veraguas?

Eso será en las Repúblicas.

DOÑA CALIXTA
CURRO

¿Dos Veraguas son cuarenta machacantes?

y por las señales, no tardará en España.
DOÑA CALIXTA

Aquí no estamos por esas modas de extranjis.
CURRO

Por de pronto, ya le han dado mulé a Dato.

CURRO

Esa es la veri.
DOÑA CALIXTA

¡Me los tira a la cara! ¡Ni que fuera un pelanas! Llegue usted a la
corrida completa.
CURRO

No da el negocio para tanto.

D0ÑA CALIXTA

Unos asesinos.

DOjA CALIXTA

¡Miau!

�L.~ PLUMA
REAPARECE DON FRIOLERA, el aire distraído, los ojos tristes, gesto }' i·i.ra!(l'S tú manidtico: Entra furtfro, y se sienta en tm rincón. El perrillo salta sobre el mugriento terciopelo di/ diván y se acomoda a su lado. Acude Bara/locas, el mozo tú/ cafttín.
BARALLOCAS

lDesea usted algo?
DON FRIOLERA

¡Un veneno!

PERROS DE LOS CAMINOS

BARALLOCAS, CON GESTO CONCILIADOR pone sobre la
mesa un servicio di café, y con la pu,zta de la servilleta, ahuyenta al
perrillo, del regalo del diván. Se pega en el labio la colilla que lleva en
la oreja, enciende, humea, y ocupa el puesto del perrillo, al lado de Don

Perros tu los caminos
hoy viene al campo v:estro amigo a veros.

Friolera.

El alma mía tiembla como un niño
pero tiembla di amor y no tu miedo.

BARALLOCAS

¡Hay que ser filósofo!
DON FRIOLERA

¡Pues yo no lo soy!
BARALLOCAS

¡Mal hecho! En España vivimos muy atrasados. No se inculca
la filosofia en los matrimonios, como se hace en otros países.
DON FRIOLERA

¿Te refieres a la ley del divorcio?
BARALLOCAS

¡Amigos míos, puros,
amigos verdaderos!
Si yo tuviera el corazón más sano
l.:; pusiera a cantar en el sendero,
perros de los caminos tk los campos
que saludáis, ladrando, a los viajeros.
/ Viajeros tk la tarde y tk la noche,
peregrinos del sol y di! misterio!

¡Ya nos hemos entendido!
BARALLOCAS GUIÑA UN OJO, y se ln:anta para acudir a
la mesa dotzde acaban de sentarse, El Ai,io del Melo1tar, Curro Catknas, y Ne/o el Peneque. El perrillo recobra de im salto su puesto en el
diván, y sacude el terciopelo con la borla tkl rabo.
(Se continiuzrá)
344

Perros di los caminos,
hoy vino al campo vuestro amigo a veros.
Vuestros ladridos esta tarde tienen
un ritmo di canción para mi ens~--·
345

�LA PL~_A.

MENDIGO
1lfendigo que me sales al camino
y me alargas la mano
para que yo confirme tu pobrez~,,
¡Dios te dé mejor suerte cada dza~
Yo tengo juventud; yo teng_o suenos
de oro. E ¡ mar es mi camino. Amo
las rosas frescas y las noclzes e1aras.
• esfiuente de ternuras,
El ama
1ma
l
mi corazón maestro de bondade~···
.Es algo de esto lo qu,e tú me pides?
~Por que no tengo cobre, no lo tuve
ni lo tendré jamás!
.
¡Mendigo anciano,
·
'
una
tu mano prolongada hacia lmi,, es
ironía formal! ¡Somos igua es.:
Tú times plata en la cabeza,fuera;
oro en la cabeza, dentro. , ~
yo teno-o
o
¡S olo nos fialta el cobre! ¿Te sonries.

FERNANDO GONZALBZ
Isla de Gran Canaria.

CARTAS DE JORGE ISAACS
A JUSTO SIERRA
Madrid,
Sr. D. Cipriano Rivas Cherif.

22

de mayo de

LA

1921.

PLUMA,

Mi querido amigo:-Pocas figuras más representativas en la literatura
americana que el autM de Maria. Jorge Isaacs toma la pluma ... y al punto se le saltan las lágrimas. Y cunde por América y España el dulce contagio sensitivo, el gran consuelo de llorar.
El romántico caballero judío, hijo de un judío inglés establecido en
Cauca, está hecho-afortunadamente-para despistar cierta tendencia a
sustituir la critica literaria con artimañas sociológicas. Tendencia según
la cual este creador de la novela criolla, puesto que hay lágrimas &lt;'n él,
debiera ser indio por los cuatro costados.
Caudillo liberal, escritor doliente, hombre de aventura y de ensueño,
vive peligrosamente y muere en la pobreza-como muere la gente honrada-buscando unas utópicas minas en unas tierras inexploradas y salvajes, con la ambición de dejar cierto bienestar a los suyos. Los editores
lo han robado; sus enemigos políticos lo persiguen. Pero él tiene fe en la
bondad humana, porque le rebosa el corazón.
En nuestras combatidas tierras de generales y poetas ¡gozan y sufren
tanto los b.ombresl A veces me pregunto si los europeos entenderán
nunca el trabajo que nos cuesta a los americanos llegar hasta la muerte
con la antorcha encendida. ¡Qué espectáculo el de América, amigo míol
Aquéllos caen de muerte violenta, y éstos se matan a sí mismos, en un
esfuerzo sobrehumano de superación, para adquirir el derecb.o de asomarse al mundo. cPoetas y generales•, decla Rubén Darlo. Y algun0s,
que sól..&gt; quisiéramos ser poetas, acaso nos pasamos la vida tratando de
traducir en impulso lírico lo que fué, por ejemplo, para nuestros padres,
34'7

�LA PLlJMA
LA PLUMA
la emoción de una hermosa carga de caballeria, a pecho descubierto y
ata.cando sobre la metralla.
Jorge lsaacs se dirige un día a Justo Siprra, el gran mejicano de los
tiempos de Porfirio Diaz. Le pide auxilio, siente que puede abrirse con
él. Justo Sierra fué tuda su vida un consejero y un maestro. Protegió a
los poetas y educó a tres generaciones. Gran prosista, historiador elocuente, hombre de ademán apostólico, pero contenido en la mesura académica, escribió sobre nuestra historia páginas tan sinceras y valientes,
que todavia nos asombran. Como nos asombra que se hayan podido escribir-sin escándalo ni falsas actitudes heroicas, sino llenas d~ serenidad
e intt:ligencia-en aquella época de pax augusta, cuyo secreto parece
haber sido no poner nunca el dedo en h llaga. Justo Sierra ponía el dedo
en la llaga y, como en el consejo de Kipling, siendo muy bueno "'j muy
,abio, ni hacia aspavientos de muy bueno, ni hablaba a lo muy sabio.
Junto a la naturaleza ardiente y solit&amp;ria de Jnrge lsaacs, contrasta la vida
del gran mejicano, recortada en el perfil impecable, al gusto de una sociedad etevnte y exigente. Justo Sierra es ese hombre prudente de Vauvenargues que no necesita abandonar el bullicio de la Corte para ser bueno
y superior, y tal vez por sólo eso lo es má'&gt; que quien se aisla en la Te•
baida egotsta, donde no hay tentaciones ni conflictos de la conducta.
He aqui tres cartas de Jorge Isaacs a Jm,to Sierra. LA PLUMA las publicará por primera vez. Los críticos colombianos sacarán de ellas algunas noticias curiosas. Yo no puedo leerlas sin conmoverme. Veo a\ trasluz-todos los dolores de mi América; y algo muy mlo, que no acierto a
formular yo mismo, despierta en mi: algo entre recue1do y amenaza ...
Tal vez sea el contagio de las lágrimas.

Justo Sierra no pudo hacer Cónsul de Méjico a Jorge lsaacs. ,L"gra•

ria auxiliarlo en algún modo? &lt;Cuár do ap,enderrmcs a dar a los ht mb1 es
lo que es suyo? Pero 'Yª lo eutiendo: lo p1 opio de Jorge lsaacs eran las
lágrimas.-Mis amigos de Mé1ico podrán imaginar conmign-¡ellos que
lo conocieron! - cómo habrán resonado en el alma de Justo Sierra las la~
mentaciones del autor de María.
Y usted, amigo Cipria no, perdone estos desahogos sentimentales, qu~
tan pocas veces me consiento, y dé cabida en LA P1.UMA a las cartas de

Jorge lsaars .
.Muy suyo,

ALFONSO REYES

• ••

•Bogotá, '5 de marzo de ,888.
Sr. D. Justo Sierra, etc., etc.
Mº ¡·
México.
' es ,mado amigo· Lo saludo f t
placer al repetirle que ~o he olvida~ ec _uoi5a;e~te, y tengo mucho
en honra y estímulos debo a su b ~ ~1 o v1 are nunca todo lo que
Pronto he de escribirle Ia·go on a . .
.
por objeto recomendarle a rr:i c' y •ras lineas tienen únicamente
U. q~e quizá vaya pronto a ese
nota el Sr. D. Juan de Dios
E Sr. U. afamado escritor en e I b"
miembro de una familia lle d
º. º':° ,a, talento admirable, es
sus ilustres varones han pr::ta~on:e~=~mt~nt?s por los servicios que
de buenos, de a tivos tii bu nos d
b_epubl1ca, desde 1810: sangre
venas: ama lo que ellos ama y e sa ,os demócratas corre en sus
estaba obligado a ser.
ron; muy joven todavía, sabe ser lo que

;::;:.ª

. Se le proscribe y, según me ha d. h
.
el tendrá necesidad de ganarse la vi~c o su noble y virtuosa madre,
c16n de la América española . d a co_n su pluma en alguna na.\!évico.
' sien o casi seguro que prefiera ir a
Ruégole a usted, lo mismo que al Sr D F
mexicanos que a Colombia aman
. . ..~osa y demás ilustres
más de lo que merezco h
y cofn su carmo me honran, quiza
' agan en avvr del Sr U 1
,
or un h ermano mio Co
.
· • o que hanan
P
para ellos.
.
mumqueles esta carla, que es también
Soy su leal amigo y s. s.,
JoRGE ISAACS.•

***
clbagué (Colombia), 4 de mayo de 1888.
Sr · D. Justo Sierra, etc., etc.
.
México.
Rec1ba un abrazo m10.
· iQu,"é n sabe cuándo le pueda dar uno de
veras!
Acabé los estudios de la costa fer
Las hulleras que descubrí en el G0 lf0 Jm~te, con ~ucha fortuna.
e rabá (Danén del Norte)
349

�LA

LA PLUMA
PLUMA

son una riqueza fabulosa. Estoy ya asociado para coronar la empresa, contratar en el extranjero, etc., etc., con la fuerte y bien acreditada casa de los Sres. José Camacho Roldán &amp; Compañía. El !&gt;ocio
administrador de la casa irá en junio y julio u los Estados Unidos y
a Europa, ocupado en esa labor, y en agosto o septiembre me reuniré en la Costa con el in~eniero docto que el Sindicato constituido al
efecto envíe a estudiar las hulleras. Hallarán que son más de lo quesobrio en mis informes-he dicho.
Es vía recta ya. Sólo se requiere un último esfuerzo, y ya está,
como dicen los chilenos. Le prometo que tan luego como deje organizado aquí, después, el bienestar de mi familia y el trabajo de mis
dos hijos mayores, Lisímaco y Jorge, me dirigiré a los Estados Unidos, para de ahí, ya estudiados por algunos meses, pasar a México.
Lo demás dará tiempo.
Quizá vuelva medio muerto de mi último viaje a Urabá, etc. Pero
~cómo no he de tener merecida la felicidad de ver a mi familia completamente dichosa algunos años?
Le recomendé a usted hace dos meses al Sr. D. Juan de Dios
U., d1stinguidísimo escritor de Colombia, que salió desterrado. Sé
que usted, el Sr. Sosa (a quien saludo cariñosamente) y sus muchos
amigos liberales; harán por U. obra buena. Mil y mil gracias a
todos desde ahora.
U., acá para los dos, tiene la desgracia de ser aficionado a
beber. Mucho lo aconsejé, y lo aconsejó su virtuosa e inteligente
madre, para remediar aquel mal. Por temporadas, deja el maldito
vicio, y entonces su cerebro es un foco inagotable de luz, y las tinieblas, los buhos y los vampiros están de pésame. Puede ser que allá,
solo, teniendo que hacerse a las consideraciones, cariño y admiración de hombres como usted, U. se domine y se cure para siempre. ¡Cuánto ganaría con ello Colombia!. No sé cómo le insinuará o
le hará in!&gt;inuar usted algo en e¡e sentido. Le ruego lo haga. Pero,
¡verá usted qué manera de escribir, qué fuerza intelectual de mucha•
cho, qué alma tan grande!
Los Sres. Aguilar e Hijos, tipógrafos de esa ciudad, me han escrito la carta que hoy contesto, y me tomo la libertaJ de incluirle
esa cor.testación, porque conviene la vea usted. Me dijeron (15 de
octubre del 87) que le habían entregado a usted una caja con 100
350

ejemplare~ de la última edición de María que han hecho. Si el núme~o d~ eJ?mp!ares del obsequio hubiera sido siquiera de 250 ó 3oo
(y. abna sido Justo), podría presentarse en la prensa mejicana como
eJemplo aprov~chable en toda la Amé, ica latina, el procedimiento
~aballcroso y Justo de los Sres. Aguilar. Ruégole remita los libros a
d:~::ena al Sr. Amaranto Jaspe, muy bien aforrados y recomenSu leal amigo,
ISAACS.»

***
«Ibagué \Colombia), 19 de marzo de r889 .
Sr. D. Justo Sierra, etc., etc.
Méxicv.
Mi bondadoso a_migo: Reciba usted un cariñoso abrazo. Meses
ace que no le escub~. Desde mayo del 88 he tenido que traba ·ar
~uramt ente ebn unas minas que están como a seis leguas al Suroe;te
e es e pue lo, en hoscas montañas.
. En mi ~l~ima c~r~a le hablé del envío de 100 ejemplares de Mala_ultima t:d~ctón he_~ha en México. Son obsequio bondadoso
del 8 s senores Agu1lar e !ftJOS. Ellos me escribieron el 15 de octubre
7d Y en su carta dec1an que los 100 ejemplares serían puestos
en po er de uste?. En Bogotá, amigos a quienes hablé de eso desean
que lleguen los h~~os, y si la edición es tan bonita como m~ lo aseguró el ~~c.tor M~Jta, serán esos ejemplares muy estimados.
t Es ~1~1c_1l enviar con acierto a Colombia la caja. A Panamá puede
~rs ed ~mgu ~eta a alguna casa respetable, para que la remita a Baandq~illa._ S1 puede venir directamente a este puerto de Barranquilla
ve.n ra . h_ien ~~comendada a los señores Ferbuson No uera y~
les escnb1r_é d1~1éndoles a quién deben remitir la caja
Ho~da
puerto_ del mtenor, en el río Magdalena. Mucho agradeceré a usted
sus cuidados, etc., en el envío de esos libros. Los señores Camacho
~o;dán Y Tamayo deben recibir en Bogotá los libros. Si el docto;
ª vador Camacho Roldán estuvo en la ciudad de México en 1 888
como se me asegura, tendría el placer de tratar a usted; si así ha su~
h

~1:,1:e

!

351

�LA

PLUMA

cedido, ya tiene usted el medio de enviar los libros a Colombia cort
seg . ridad; él se lo habrá dejado en sus indicaciones.
Y a otra cosa.
En todo el mes de abril pr6ximo volveré a la costa atlántica con
el fin de visitar, con un ingeniero que ha de venir de Europa, las
hulleras que, en el golfo de Urabá o Darién del Norte, descubrí en
1887. Si mi apoderado en Europa y Estados Unidos para agenciar
ese negocio, el doctor José Camacho Roldán, hermano de D. Salvador, acierta en sus procedimientos y labor, como lo espero, la Compañía que tome a su cargo la explotación de esas riquísimas hulleras hará cuantiosas, incalculables ganancias. TemQ únicamente que
se retarde por algún motivo la negociación del doctor Camacho Roldán. Esto contraría en absoluto mis proyectos para lo futuro. En el
resultado de mi penosa labor en las costas del Atlántico-que estudié mucho desde 1882, desde Cabo Falso a Punta Espada, en la
Guayra, hasta Pisisí, en el Golfo de Darién-tengo fincada la esperanza de aliviado vivir en lo venidero, y la posesión de algún patrimonio para mi familia. A veces me figuro que son inútiles mis esfuerzos para adquirir esa fortuna modesta; que debo resignarme a
que no tenga mi familia, mientras exista yo, más de lo puramente
indispensable para no caer en horrible miseria. Asi luchamos desde
1862. No se espante usted de esa fecha: somos valientes, y habiendo
yo tenido ocasión de enriquecerme en altos puestos públicos que
ocupé desde 1876, si no hubiese preferido a todo mi honra, mi po•
breza es hoy mi orgullo.
Temo también que, gobernando hoy a este país los hombres que
usted sabe - conservadores ultramontanos- ~e estorbe de algún
modo, al fin, que yo obtenga resultado definitivo de las arriesgadas
lnbores de que antes hablé. Mucho valen para el país, realmente,
aquellos yacimientos de hulla, tan inmediatos a Colón; mucho le valen por su grande riqueza, que el co1nercio del mundo aprovechará;
pero ¿qué quiere usted? No he trabajado en un país que sepa y pueda recompensar tales esfuerzos afortunados:hecha en México, la Argentina o Chile tal obra, hoy seria yo rico. Aqui es diferente; aún
no poseo ni una casa humilde para hogar de mi familia, y todavía
batallo para vivir en pobreza. Si mi espíritu fuera capaz de míseras
fatuidadss , ya me habría imaginado que tantos dolores y a¡¡onias de
3S'

LA PL lJ l\.lA
años
ya·nos son la gloriosa tortura d
.
h~rarse en vida otros infelices conqui:t ¿¡°e en vano han querido
;~~)~~ue hhoy disfrutan sus c~mpatriota: º;:s de la honra y bienyo acer nada que me ha
.
ro no: todavía no he
aquellas almas excelsas.
ga merecedor de los tormentos de

y bien, amigo mío seamos
.
~ás tarde no me acus~ la e
_pre~1sores: necesito serlo ara
sido fran~o al hablarle a us~en;11~cia de. ceguedad y de ~o hai~~
s~ escnb1ó en los periódicos de Mécosas mtunas. Eso que en 1886
~~6~-• er~ la verdad. Así había suce::~~ ~obr~8 mi angustiosa situa_e 1 2 a 1884, así desde
p iem re de 1885, concluída la
fomprometieron los mentores del ¡°~mpa_na desastrosa en que nos
o que publicaban nobles escrito , eral1_smo en ese año. Yo ne ué
de mi país. Usted vería q~~!ámex1canos, negué la verdad ~or
abn r~motor, de Barran quilla.' ¿Y sab:~:t eJcn_to mío, publicado en
de Iegac1ón mis compatriotas/ Un la! Jo - e ; orno agradecieron m
os redactores de aquel eriod· . ,ge bello, un quidan, uno
;~oqg;¡• porque dizque los fedact~(~t~~
_b¡°'la soez,. digna del
C
me ocupaba yo en la co t
. .
OJ1 a no hab1an sabido
~lornb1a. ¡Verdaderamente hai• a, m s_1 me hallaba en México o en
co ... ¿Para qué decirle a usted
cre1do que yo estaba en Méxi-

~~~r

~zi

m1:;1

yo muc ho entonces en el in d. t
lrabConfiaba
.
•Jo_s, y en ellos arriesgaba la ºd d ~e IR o buen éxito de mis
cornSpaneros en las playas de los ;1 -ª•_ eJando las tumbas de mis
1 los resultados d
es1e1tos.
fuerzo, tendré que pad:~!u~~: labor se re t:irdan o se frustra mi estos que está ocasionando el
quedare endeudado con los gasEuropa y Estados Unidos· será i Je ./~, D. José Carnacho Roldán a
~uemos habitando este lugar do7,~:1 a e que mi familia y yo ~ontiella vive como desterrada desde
. 880; -~endré que ausentarme' de
~º• deJandola en tristeza y casi abcua~quier modo, en busca de traba-

:¡~'.

emas1~do para mis fuerzas ami an ~n.ada, como otras veces. Ya es

~orno siempre, la indiferencia «r!: ~to, y en tal situación tendré
d:~ en este lugarejo-ricos para viv~t~sa~ de los. payos ricos qu~
~s hombres que hoy gobie1na
C iu1-y la Indiferencia cruel
n el Cauca podría est bl
na o omb1a.
23
a ecerme menos difícilmente; pero se ne3S3

�LA PLUMA
cesitaría, para eso, poseer siquiera un pequeño capital. Y en esa co•
marca, donde nací, tal vez no me dejarían vivir, por temores y celo
del partido conservador; allí soy amado de los mozos liberales que
han combatido a mis órdenes victoriosamente.
¡En qué manera podría usted, ayudado del Sr. Sosa y sus otros
amigos, tenderme manos que me ayudaran a salvar este abismal
Después, todo sería hacedero y soportable; todavía estoy vigoroso,
aún puedo mucho .
Usted sabe que en México se han hecho ya catorce ediciones de
Maria, y las hechas en los demás países de Hispano-América, sin
contar éste, pasan de veinticinco. ¿Qué resultado supone usted que
daría en ~léxico algo que se hiciera con el fin de excitar a los editores del libro a formar un fondo que recompensara, siquiera en parte,
mis derechos como autor de este libro? ¡Qué efecto dari•, hecha des·
de allá, una excitativa semejante, a los demás editores de América
que, perjudicándome tanto, han hecho ediciones sin consentimiento
mio? Hagan en ello, usted, el Sr. Sosa, el Dr. D. Mejía y mis otros
bondadosos amigos, lo que juzguen mejor y más delicado. Si nada
creen bueno hacer a ese respecto, apruebo de antemano lo que resuelvan.
Otro medio es posible. Si el señor general Díaz sabe quién soy y
de lo que puedo hacer juzga, ¿tendría inconveniente pa1 a honrari,,e
con el nombramiento de Cónsul general de México en Colembia? ¡Lo
permiten las leyes mexicanas? Yo me esforzaría, a fin de servir ese
empleo de modo que mi labor no fuese inútil para México; y si algo
puede valer mi profunda gratitud, el ciudadano eminente que hoy
preside aquella nación tendría, no sólo mi gratitud, sino la de mis
hijos y la de los colombianos que me aman.
Aunque escritos con el alma, trazar esos últimos renglones ha
sido más dificil para mi que escribir muchos capítulos de aquel libro
-poema de mi corazón-que usted admira. Prosa de la existencia .. .
¡Cuánto cuesta el vulgar vivir! ¡Lo que uno es capaz de hacer por
amor a estos niños adorables que han sido mi único consuelo y ale·
grial ¡Cuán espantoso y cruel es pensar que los dejaré en el mundo
d~svalidos!
No relea usted esos rengiones. Proceda como mi hermano.No ol·

•

354

.

LA PLUMA

vide, al proceder en un sen!' d
bre;que no pido limo
t o u otro, que está de
.
con mi trabajo·
s~aa los editores que en A é ~or medio mi nomPresidente de
es digno de admiración; ;~~a han esp~culado
no de toda la Améric;
yo soy, por casta de nato ªtata miento el
laboran bendeci&lt;j
a ina, hermano de todas I ura eza, c1udadanuestros libertad:r~y luchan gloriosas, complemas talmdas que en elia
s.
en an ° la obra de
Adiós ho
bre del S
y. Sus cartas me vendrán b'
Le enr~aDrgro. He11rbique de la Espriella. ,en a Cartagena, bajo el so-

Mi:~:'

r~: .

un a razo

·-

o mi respuesta lar a
cannoso para el Sr. Sosa
ad recibir otra de él g a su carta de 27 de abril d 1 81~e habrá llegaSu leal am·
.
e 7 No he vuelto
,go y seguro servidor

•

JORGE ls.UCS

Posdata -Le •
·
cial de Col~mbia incluyo, _t~mado del número 262
.
26
tudiad_as por mí
de d1c1embre del 8 7) lo 0 ~~
. del Diario Ofi·
~ncog,da algo l~ d ~ta entonces se publicó L • soore hulleras esy obtenido. ¡Sería ~rfs conservadores-apla~di~ prensa del país1 reproducir en Méx·
Y admiró lo hecho
tco esos documentos?•

h

�L A PL UM A

LA CA NCIÓ N GRI S
¡L luvia de ciudad!
Sonsonete triste
sobre los cristales...
·Luz de enfermedad!
I
.
1/oy todo se vzste
de tonos iguales.
Luz apa1ttallada,
disfraz de las cosas
gozosas ... ¡De nada
sirve que !zaya ros~s!
Se han tornado grises
flores de tristeza;_
se han tornado lises
rancias de nobleza.
Huyó la algarada .
que un bum d~a tra;o
sobre mi agobiada
mesa de trabajo.
Oh la luz go::osa ...!
1
Ho; ¿porqué 110 brilla
su color de rosa
sobre la cuartilla?
¡Días soleados/

La 1•ista viajaba,
corría y brincaba
sobre los tejados.
Hoy, tan solo mira
la borrosa tira
del turbio paisaje,
los lzilos da encaje
que teje la lluvia,
flecos para el traje
de la tierra rubia,
y la calle muerta,
tediosa, desierta,
y la r~sa abierta
lieclza flor de lis...
¡ Todo, al alma mía
trae la letanía
de melancolía,
de monotonía
de la canción gris!

UN MATRIMONIO OCTOGENARIO
¡Qué vi9'os son los dos! Por u,za inercia extraña
no han muerto. Cada día su vejez envejece.
La hija qHe les dió 11ietns, ahora los acompaña,
y casi al mismo tiempo se arruga y encanece.
357

�LA PLUMA
. Qué viejos son los dos! En ella, como en él,
parece que la Muerte modela su
. boceto
todavía de carne, todavía de pul,
el esqueleto.
b ar de.¡:;nitivamente
para l ar
'P
1

Tienen el dorso en curva; la diest-:a ªf!arrotada
al cachavón de palo, caído el brazo izquierdo.
r:. 'o tristeza ¡nada!
,
do
Bucean en los anos
... J."rl
Todo es hielo en la trama borrosa del recuer .

- Te acuerdasr Aquí, un día, reco~damos aquello ...
¿
t·
memorzaHi "uca, cuéntanos, tú que ienes.
lo; dos viejos escuchan, mu,y estirado el cueh_llo .
un renglón de su zstona.
y agranda dos los oios
J
'

y cruza un Juego fatuo por la mente dormida,

=

_,,. la existencia recobra,
su fittgaz Parp 0
•d.
y se entibian sus venas con ttn soplo de vi a,
siuue
lentamente su obra
.
la J',,-uerte
mientras
'l!l
.,

ANGBL ESPINOSA
• libro en prensa eT orrentes y remansos••
Del

HENRI DE TOULOUSE-LAUTREC
hace ya una veintena de años que murió ToulouseLautrec, el valor y la magnitud total de su obra no han aparecido claramente hasta muy poco tiempo antes de la guerraSu obra dispersa, manifestábase tan pronto en un procedimiento, tan pronto en otro, sin excluir los más diversos: óleo, pastel, grabado, litografía, y se expresaba lo mismo en un cartel que en la cubierta
de un libro, o incluso en un simple programa, y amoldándose siempre a
la actualidad; obra que se nos presentaba en fragmentos, y aunque tuviésemos la noción de su valía no podíamos medir con exactitud su alcance.
Además, la extraña personalidad, fantástica, robusta al par que enfermiza de Lautrec, atrayente y sarcástica, seductora y desconcertante, rebasaba, o parecía rebasar el marco de su obra, hecha como jugando, y a la
que parecía no conceder importancia. Dijérase que brotaba sin esfuerzo
de sus dedos; no incitaba a penetrar en su intención profunda.
Fué menester la exposición organizada en París, en junio de 1914,
por la revista «Les Arts• para descubrirnos verdaderamente la obra de
Toulouse-Lautrec en todo su esplendor, viviente, conmovedora al par que
implacable.
Sabiase muy bien que sus dotes hablan sido prodigiosas, tales que ni
Daumier, ni Forain, ni Degas, a quien puede aproximársele, le han sacado ventaja. Parecía no proceder de nadie, no venir de parte alguna: apenas si su lápiz incisivo recordaba a veces ciertas «abreviaturas• del arte
japonés. En la exposición de 1914 nos encontramos ante las fuentes propias de est~ singular artista: eran puramente clásicas, riquísimas, selectas.
UNQUE

35'?

�LA PLUMA
Vimos alli lienzos como la Blanch{sseuse, pintados tan sólida y clásicam&lt;!nte como las primeras obras de Degas; dibujos que eran prolongacióu de los pintores franceses del siglo xvm; allí vimos aparecer de súbito sus cimientos profundos,,su conocimiento sagaz de la tradición francesa pura, a la que agregaba una percepción de la vida febril, jovial o
melancólica, que le pertenece por modo exclusivo. ·
Si la vida que llevó Henri de Toulouse-Lautrec no es de las que las
Academias recompensan con premios a la virtud, fué al menos singularmente adecuada para suministrarle los espectáculos que con más fidelidad convenian a sus medios de expresión.
Toulouse-Lautrec era exiguo, deforme, de ingrato rostro: especie de
gnomo que mezclaba una cachaza desconcertante con una petulancia imprevista; aunque entristecido por su desgracia corporal, ocultaba su melancolía honda bajo apariencías joviales o alborotadas; se vengaba de la
vida escrutándola hasta el fondo; la recorría desde lo alto de la escala social a lo más bajo, complaciéndose más en lo bajo, porque alli se le aparecia más franca en sus vicios, en sus amarguras y en sus goces, en sus
apetitos y en sus engaños
.
Descendiente auténtico de los condes de Toulouse, una de las familias más rancias de la aristocracia francesa, le plugo sobremanera considerar el circo, el bar, el pueblo que se divierte, la liviandad de los ociosos en los sitios de esparcimiento, la melancolía de la cvida alegre•, el
similor del music-hall, la iluminación chillona de los teatros, el oropel de
las ferias.
En ese respecto ha sido el historiador sin igual del Par[s que se di•
vierte baila canta o sale a escena, entre los años 1884 y 1900. Todas las
celeb;idade~ efímeras de los cafés-conciertos y de los teatrillos, han sido
así eternizados por el lápiz de Toulouse-Lautrec. Aunque sólo fuese como
documento su obra merec[a sobrevivir, pues no será posible escribir
la historia de la vida parisina entre una y otra guerra, sin referirse a sus
dibujos, a sus carteles,a sus litografías. Ese atractivo de_l documento f~é lQ
primero que, a los testigos o a los sucesores de tal periodo, nos seduJo, al
encontrar con satisfacción en su obra los recuerdos vivos aún de esa época.
360

LA PLUMA
~ero en la obra de ~oulouse-Lautrec hay mucho más que una simple
notación: p~see la_ autoridad de un historiador y la agudeza de ingenio
de un moralista. Ciertas obras de Lautrec igualan en psicología a las de
un Watteau: están en los dos polos de la melancolía, pues Watteau se inclina a la ternura mientras Lautrec propende a la amargura. Ha sido en
su arte Y en su tiempo lo que Chamfort o Rivarol fueron en sus escritos
un siglo antes.
Al examinar la obra de Lautrec, al recorrer sus diversas páginas, penetradas todas de luces, de cánticos, de danzas, de frenesí, nos hallamos
en presencia de un testigo, de un testigo que no quiere dejarse corrom~er, t_estigo implacable. Jamás se permite aderezar la verdad según un
ideal impuesto, ni siquiera según una idealización personal: su gozo es
com_prender, gozo particular, más próximo a la tristeza que a la alegria.
Sed1ento de verdades, casi puede decirse que de ellas se alimenta: si la
belleza existe y sus encantos, sólo quiere buscarlos en los acentos más
Tivos de la vida. No se puede amar la verdad en arte más que ToulouseLautrec la amó; en su obra no hay concesión algusa a los hábitos espirituales del aficionado o del gran público.
En un rincón de Folies-Bergeres o de un bar, en un lugar sospechoso,
rodeado de golfas y de sus amigos, p:uecía que iba paseando con indiferencia una laxitud extrema, el desánimo peculiar de los •Sitios de diversión•. cuando a ellos no solamente se lleva el cuerpo y los nervios, sino
también el alma Y el juicio; otras veces parecía haber ido allí tan sólo por
su placer personal, por participar en tal agitación, en tales realidades o
en t~les apariencias de gozo: pero miraba y observaba siempre, dueño de
su vista, y notaba en su mirada lo esencial.
La_ verdad es que para sorprender as!, de una ojeada, los elementos
más diversos de una escena compleja, y combinarlos en un conjunto igualmente verdadero, sin que ninguno de esos elementos perdiese su carácter de visión aguda, ni su detalle expresivo, menester era que ToulouseLautrec tuviese, en cierto modo, un ojo de facetas, como los insectos.
Coa una puntualidad cruel, terrible, se apoderaba de la deform ación característica, del visaje que ponen en un rostro la luz cruda, la fatigc1, la ale361

�LA PLUMA

LA P J. U: M A

- - - - --

gría, o simplemente los afeites. Sal&gt;ía arrancar lo que toda realidad con.
tiene de caricaturesco natural; pero en lugar de servirse de ello, como
hubiese hecho otro, para hacer reír o sonreír, Toulouse-Lautrec sólo se
cuidaba de ser amargamente veraz, de ir h:i.sta el fondo de las almas, de
las apariencias, de las alegrías, alborotadas hermanas de la suya propia.
Y todo esto, dijérase que expresado con nada. Con el arte más sucio·
to y breve acertó a traducir la compleja vida del gozo parisino, ese mundo cuya industria es el placer, esa trepidación en que la necedad y la
grosería se mezclan con las flores del espíritu más exquisitas, con la gra•
cia conmovedora y la feminidad delicada. Toulouse-Lautrec, no sólo sabía
verlo todo en un abrir y cerrar de ojos: sabía expresarlo todo con sencillez. A menudo, le basta una línea ondulante, rápida, nerviosa, para situar
un personaje o describir con exactitud pasmosa, el sombrero o el vestido de una mujer, el gesto y el carácter de un hombre. No falta ningún
detalle, o al menos así paree~, porque sólo pone lo necesario. En ese camino, nadie acaso haya ido tan lejos como él: hizo con los grupos, con
los personajes humanos, lo que un pintor como Jongkind había hecho con
el paisaje y los navíos; con unos cuantos trazos sabe dar no sólo la estructura exterior, sino el espíritu íntimo, el sentido interno.
Más sorprendente aún es la variedad de su tecnica, la multiplicidad
de sus medios, lo que podría llamarse su «obediencia del te na&gt;; escoge
sin vacilar no sólo el trazo sino la materia misma que mejor ha de convenir a su asunto. Apenas si alguien más que Deias ha sabido mezclar tan
bien la nerviosidad de la visión, la penetración del trazo, con tanta suavidad de materia: Degas es a menudo más grande, pero no más penetrante ni más refinado.
Al pronto, el arte de Toulouse - Lautrec parece sólo duro, mordente, satírico, preciso, pero mirándolo bien se advierte la finura igual
del espíritu y de la materia. Un arte como el de Lautrec sólo puede ser
producto de una selección larga, de una civilización culminante, de una
aristocracia de pensamiento y de visión por mucho tiempo sostenida. Por
eso hay pocos que sean más característicos de su raza; a pesar de algun.t,- s'.! n ...j1.nzas, del todo exteriores y pasajeras, con el arte japonés, es
362

u~ arte francés_ por esencia, y que manifiesta las asombrosas contradicc10nes ádel gemo
l · de esta nación. En Lautrec , como en la na t ura1eza firanc_esa m s cu tlvada y refinada, la mente parece dominarlo todo: la necesidad d:_ ver las cosas tales como son, la voluntad constante de no dejarse enganar por hombres y cosas, se descubren al punto: pudiera casi
creerse
. que han sustituído a todo lo demás·, pero m'1rand o d e cerca se
perc1~e la afluencia ~e una ternura, una delicadeza, una sensibilidad, ~na
especie de voluptuosidad deliciosa y discreta que, pese a todo, no aciertan a esco~derse. En algunos retratos de mujeres, el de Madarne Korsikoff, por e¡e~plo, T?ulouse Lautrec rivaliza con las pinturas más delicadas de Reno1r. La pmcelad_a obedece a la sugestión de la materia que
pr~tend: re~resentar, se enza en las pieles, se ablanrla suavemente en la
ep1derm1~, hiende vigorosamente la madera de un sillón O el marco de un
cuadr~, sm_ caer n:unca en la mezquindad de los pintores que sólo saben
el oficw. Sm embargo, más aún que en esas delicadezas, y aunque en
~na~ se muestre con tanta holgura corno en todo, donde se le ve más
dueno de su arte, más inolvidablemente personal es en los retratos de
hombres, Y sobre todo en las grandes escenas del Moulín de la Galette
en las escenas d~ teatro, Y en cuanto revela la vida nerviosa de su tiem~
En esos con_¡~ntos ha sorprendido, como nadie lo había hecho antes,
: ~~;ema movilida~ de la vida; la obra de Lautrec es una especie de
a e1 oscopo_ de la vida de París, en el que cada momento está animado
de una es~ec1e de frenesí interior, que los personajes parecen retener con
gran traba¡o.
Toulouse-Lautrec ha sido el historiador puntual y necesáriamente
cru~l: de _una _época de neurasténicos y sobreexcitado's, pero también de
;;ra.1r~tu~ ~n~u1etos c~yos escrúpulos y vacilaciones volvieron a poner en
e ~utc10 tant~s tde~s y sentimientos, y contribuyeron con ello a traer
ese penodo_ s1?gular de trepidación sin progreso una generaada de conv1cc10nes más firmes y de energías irresistibles.

iº·

:::::¡:

G. JBAN-AUBRY

�EN Lt\ MUERTE DE UN AMIGO
FEDERICO JAIMER

¡cSeñor, abre tus brazos a esta ~lma p~r/ecta:
que un camino de gloria y un jardzn sonriente
sean sendero y reposo!
d
·G.ue le ruta del grave reino de lo ;Ignora o
car/ibie en rosales blancos ~~s ásperos zarzales
y en impolutos lises los guz1arros al solo
contacto de su planta
.
bendita por la sana ;fuvent~d _varoml!
¡tlue sus ojos conserven el ultz1;1~ destello,
cSeñor, y que en sus labios la ultima palabra
tiemble perennemente!
.
.
.q¡ que el último beso maternal, de znfimta
/8
,.
·t ti
pasión deje su huella sacratzszma zn ac a.
¡tl~e tu piedad le acoja, ;f)ios _mío¡ y en tu seno
él sea el preeminente entre los elegzdos.

'Y cuando halle el descanso en el tibio regazo
de la atlántica tierra natal, y ella le estreche en un pro/undo abraz_o secular; cuando al sueno
de la muerte acompane
el armonioso canto del mar; cuando el reposo
sea, en fin, el absoluto, el grande, el verdacfe~o
¡9lleja los gusanos, cSeñor de su magnanzmo
corazón!¡ Permanezca
su corazón que era todo bondad y amor,
todo paz y dulzura!
LUIS B. INGLOTT

LETRAS BELGAS
Maeterlinck han esparcido lejos la gloria de la literatura belga. Incluso puede decirse que han creado esa gloria
y revelado a toda la Europa intelectual la existencia de nuestros escritores. Antes, Rodenbach, en d escenario de París,
había acertado a conquistar una clientela vasta, pero desapareció muy
joven, y su obra no le ha sobrevivido. Cuando se intenta releer hoy
Bruges-la-morte, considerada comúnmente como su obra maestra, no sorprende ese disfavor: la novela, de atmósfera falsa y de psicología pueril,
está lo más lejos posible de las exigencias y de la grandeza del arte humano; es obra de &lt;literato•, en el peor sentido de la palabra. Charles van
Lerberghe, por su parte, no disfrutó jamás de popularidad real, pero su
muerte, que data de quince años, no le ha privado del afecto ni de la admiración de todos los artistas, y La Ckanson d' Eve sigue siendo mirada
por la mayoría de los poetas como la obra maestra del simbolismo
francés.
Nada diré aquí de Verhaeren y de Maeterlinck. Ya no me perténecen:
se salen demasiado del marco de las letras belgas. Verhaeren merecía
aun más que Maeterlinck esa gloria universal, pues pocos hombres han
simbolizado con tanto vigor y profundidad la mente y el alma de su tiempo. Rogaré tan sólo a los lectores españoles de Verhaeren que no sean
rigurosos con él por las últimas obras que ha firmado: la guerra le convirtió en cantor oficial de su Gobierno, e incluso el genio es incapaz de
ERHAEREN y

365

�(

LA PLUMA

LA PLUMA
artas ue durante el año 1916 cambi? con
soportar tamaño fardo. Las c
r ~ el año último en L'Art LibreRomain Rolland-yo las he pu~ ic~ od l hombre de vasto corazón y de
d segma sien o e
d
l
. entud Seria en verda 'crue
muestran que en e1 fon . o t de nuestra JUV
·
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1
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. da llena de amor, i ec o
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de sus últimos anos
mira
ran oeta la aqueza
e injusto reprocharle a un g_ . d~do con la tragedia de Occidente.
-sobre todo cuando han coinc1 t
'6 con varias obras de teatro
•
tó su reputac1 n
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h
Maeterlinck, que c1me:i
1
. te y los treinta anos, no a
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0 entre os vem
compuestas sm levanta_r man
lle merezca ser mencionado.
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escrito desde hace diez nad~
se creyó filósofo, se apoderó de él
el día ya lejano en que Maeterli~c B ·1F,nestre de 'Stílmonde no es susu reciente our1:,
n ,It P.
.
·d
una decadencia ráp1 a, y
.
1 folletín más mediocre del reu, a.
como quiera que se le 1D1re, a
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risien.

**•

.
las letras belgas la constituirá toda_ la
La materia de esta crómca de
.
e ha acompañado o seguido
roducción
desconocida
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extEranJero
sqeuha
apoderado. Aquí hay una
P
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de que 11ropa
a los dos o tres escn 0res
. f . r en su mayor parte, pero
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claramente 10 eno
escuela numerosa, me iocre 0
- do de artistas de grandes vuelos,
en medio de la cual distíngues_e un. punAa , h una producción anual co, . •
lver en s1lenc10. qui ay
q ue sena imcuo envo
d sus detalles pero de 1a que es
.
t diada en to os
'
piosa, indigna de ser es u
.
treintena de volúmenes-que no es
menester entresacar una cumplida
poco.
.
.
u e de la literatura belga empezó hacia
Es costumbre decir que el a g
Bél .
Es de notar que los inven.
d la «Joven
g1ca».
1880 y grac1as-·al grupo e
·1samente los miembros de
'
.
d
a fórmula son prec
tores y propagandistas e es
I
de una Academia (fundada
.
pados hoy en e seno
.
la •Joven Bélgica», agru
. de sindicato de func1onaás parece una especie
hace dos meses), que m
.
El
enacimiento• de 1880 es una
· d d de escritores.
•r
ríos que una soc1e a
·ca había producido hombres notab1es,
fábula. Antes de esa fecha, BélgtD C ter autor del inmortal Uylenspiep . ez y Charles e os ,
.
h
como Eugene irm
.
G
Eckoud v Edouard P1card aCa ille Lemomer, eorges
J
ó
88
gel, y en I o, m
De toda esa generación de •J vebian publicado los tres obras maestras.
366

nes belgas,, sólo V erhaeren es gra nde, y sus compañe1·us más alborotados son, por el contrario, infinitamente pequeños. Es probable, por lo
demás, que colmada su ambición de prebendas, sinecuras y condecoraciones, nos harán gracia de sus obras.
Esa Academia ha producido el resultado excelente de separar la cizaña y el buen grano: en efecto, bajo sus pórticos, y en las gradas que a
ellos conducen, se atropella la turba de periodistas, de bardos patrióticos
y de novelistas moralizadores que ahogaba a los verdaderos artistas. Y
cuantos honran nuestra escuela, Gregoire Le Roy, Neel D uff, André
Baillon, J. F. Elslander, Fernand Crommelynck, Pierre -Broodcoorens-no
falta ninguno a la Iista-estan todos lejos del templo de yeso sobredorado,
en un aislamiento que los engrandece.
Por eso hay que ser indulgente con la «Academia de Letras Francesas de Bélgica». A nuestro sufragio positivo, la Academia ha sumado el
suy0, que no por ser negativo pierde su elocuencia singular ni su significación. Me atrevería incluso a decir que es una consagración.
Algunos de los escritores que acabo de nombrar, y a los que·serla menester añadir una docena de nombres muy cabal, no son desconocidos;
Páris ha dispensado a las obras de Baillon, de Neel D off y de Crommelynck, un suceso caluroso. Espero tener ocasión de subrayar pronto la
importancia de cada uno, y de poner así de relieve los esfuerzos, caóticos
todavía pero ya fecundos, de la generación que nos sigue, muchos de cuyos miembros han firmado, a pesar de sus veinticinco años, obras que
quedarán. Por hoy, y tras estas consideraciones generales, quisiera hablar de Fernand Crommelynck a propósito de su obra nueva ú Cocu

magnifique.

·

..

"'

Crommelynck había escrito y dado a la escena en Bélgica, desde hacía
diez años, algunos dramas desiguales, en que la expresión trágica se atascaba en mil y una convenciones. Verdad que su Scuplteurde Masques era
ya una gran cosa, pero los Amants puents, que le siguieron, estaban por
bajo de su talento. Ya se temfa que Crommelynck no acertase jamás a
367

�LA PLUMA
LA PL U 11 A
p
hace seis meses, nos revel6
liberarse por completo, cuando Lugoe oe,
Le Cocu magni.fiqu,e. .
M drid la emoción que en toda la Prensa
Sin duda son cooocldos efn • ª.
dita en tres actos•, como el autor la
. . h
ovido esa&lt; arsa mau
d L'O
pansina a prom
h
ecipitado hacia el teatro e
euintitula, y el ímpetu con que se a~
de Francia. Hacia ya diez años
vre todos los aficionados y lo~ art: a si por an drama, y nadie ha con.
que la gran ciudad no se apas'.ona :n :an oco tiempo.
ue ef triunfo rápido y completo del
quistado en Parls tanta celebridad
Hay que afirmar, por otra parte, q
Crommelynck se ha puesto
Cocu magnifique se justifica p!ename:: ~:~aturgos de su tiempo, e inen fila, sin disputa, con los m s gran
tachen de exagerado. Aun soy
di .
tiempos Que no me
.
d los críticos franceses al a s1cluso de to d os los
.
ue la mayor parte e
. .,. d
.
, n los nombres de Moh,:;;re, e
menos afirmatlvo q
yas crómcas aparecia
guiente del estreno, en cu
e ha o ilusiones acerca de lo que pueden
Shakespeare y d~ Ibsen No m . ~b ervo tan sólo que Crommelynck
valer tales cote-Jos-al contrario. . s comparto enteramente la opinión
puede afrontarlos sin que le a~ldsten, ~ d"
que ú Cocu magnifique
d Leon W erth y de otros vanos cuan o . Lcen
e
l teatro occidental.
señalará una época ~ueva en e
t humana y dolorosa. Abarca un
Esa cfarsa inaudita• es pavorosamen e
frenes!. y una clarividen1 ·d
lo desenmascara con un
d
lado entero de a vi a y
b d d punta a cabo por el hálito e
cia casi horribles. La obra va arre ata a e el que en ciertos momen . t
s tan enorme tan cru ,
las tragedias m ái; in ensa ,
'
abrumado por la acción que
tos hasta el autor parece arrastrado, parece

f:

ueña de Flandes, Bruno, esha concebido.
.
Trataré de resumirla: en una ciu~ad peq al ante los amigos la belle, .
h
do con Lwsa, y ens za
critor publico, se a casa
h
Bruno exaspera asl sus de.
L hombres la acec an, Y
•
za de su muJer. os
.
de Luisa, su compañero de 1a inseos. Un día llega a su casa ~n prl1mo
ntos de su mujer' y llega hasta
e a decirle os enea
di .
d de súbito la mirada co ciofancia; Bruno se pon
ue juzgue cuan o
'
La
desnudarle el seno para q
'
a puñalada los celos.
sa del primo le hunde en el corazó~ co~o ;:r someter ~ su mujer a la
tragedia se urde en torno de Bruno. mpleza
368

vigilancia dé Estrugo, especie de idiota que le sirve de escribiente; luego,
para asegurarse más, la enmascara, la cubre con un manto impenetrable,
la guarda para si solo, cerradas puertas y ventanas. Pero los celos le torturan, y en el curso de una de su,; tremendas conversaciones monologa•
das con Estrugo se le ocurre la idea de que sólo la certidumbre de su infortunio podrá calmar sus celos. Luisa, por amor de Bruno, y para cuidarle, para curarle, consiente en prostituirse con su primo. Bruno aguarda, bajo la escalera que conduce a la habitación conyugal, que se consume
todo. Cuando Luisa vuelve, sumisa y heroica, la maltrata; la acusa de haber simulado una escena de amor con su primo a fin de extraviar sus sospechas. Y poco a poco, le trae todo el pueblo; Bruno, para saciar su pasión, quiere que su mujer le engañe con todos los hombres. Luisa consiente. Pero Bruno con nada se calma. Llega a esta declaración formidable: si Luisa acepta a todos, es que el verdadero, el S'&gt;lo, el único amante
no está entre ellos; él solo r.o vendrá, él solo no puede venir, y toda su
invención no sirve de nada. El acto segundo termina con una escena de
demencia, en la que, armado de un fusil, Bruno, en acecho, exclama:
&lt;¡Aguardo al que no vendrál•
Después, el pueblo anda revuelto. Las mujeres se encarnizan con Luisa, que aparta de ellas a sus maridos. Y mientras la rabia de Bruno se
exaspera cada vez más, y una tarde de Carnaval hace la enormidad de
entrar enmascarado en su casa para coronarse a sl propio, se urde un
complot contra Luisa. La turba, con teas e instrumentos burlescos, invade la casa, se apodera de Luisa, la arrastra hasta el rlo, y las mujeres le
darían muerte si uno de sus primitivos adoradores no la arrancase de sus
manos. Entonces, una última escena pone frente a frente, ante la turba
levantisca, a Bruno y al pastor que ha salvado a la infeliz, y ésta consiente en seguir a su protector, haciéndole jurar primero: c¡Dime que al
menos podré serte fiel!• El telón cae en el momento que Bruno, rodeado
de una zarabancia burlesca, percibe su decaimiento y su locura.
Perdóneseme si he resumido mal un drama gigantesco y de tan furiosa
realidad. Es imposible dar, ni siquiera débilmente, una imagen de esas
escenas tumultuosas, en que cada personaje crece hasta llegar casi a la
~4

369

�LA PLUMA
~ d de Ull abDbolo, J do~ iió 'Obstante,, tedoe pidécea co. ,
hombres. Teatro de laéroes, en el sentido griego de la palabra: deade
Otelo no se habfa sacado jamás a luz los celos tan ·brutalme nte, ni jamás,
desde Moliére, se habla impuesto la risa al espectador en algunos m~
mentos tan brutalmente. Pero, dada la incoherencia y la inconveniencia
de las comparaciones, prefiero evocar a Shakespeare, pues la escena fran- ,
cesa ao ha conocido jamás tal aproximación ni tal lllezcla de sentimiento■ y de pasiones contradictorias. Los celos, con cuanto ~cierran de risible, de ridlculo, de est6pldo-y de santo, de noble, de doloroso, animan
ú Coa1 tlUlpi/il¡w, donde se percibe de súbito que ese sentimiento,
esa inquietud, es una forma paroxlstica del amor, o por mejor decir, una
slntesis del amor, del Dliedo y de la avaricia.
Ignoro lo que hará mañana Femand Crommelynck, y si el á ito triunfal de su obra le será funesto. Pero ~ que ya cuenta en su pasado-dirla
en nuestro puado-con una obra maestra del teatro europeo, el drama
que-por repetir la frase de Leon Wertb-con el Paf1Uóol Tmadly de
Vildrac séiiala el comienzo de una nueva era. Eso me basta. u locu
magnifir¡iu, representado por primera vez en Parla hace cuatro meses, ha.
sido ya traducido y representado en cinco idiomas. Deseo que Espaiia no
tarde en conocer esa trapdia del Norte, donde el corazón humano se
mira con temor.

370

PAUL COUN

APUNTES PARA UNA GEOGRAFIA
MUSICAL DE EUROPA. 1920
Y VI. ESPAÑA

(1

para acabar no habrá
.
paila. y está de moda est dm~ r~~ed10 que hablar de Eahabemos iiastado algu o cd a mus1ca espailola. A fuerza de
nos to a la buena fe de
cencia en hablar en cien m.
.
nuestra adolesde la renovación musical de 1 Es ñ d revistas de la cescuela espailola•
tesis ha llegado a cuajar y p:r a~7 fa contemporánea y otras cosas as(, l~
buena fie-ya no adolesce t d ft uera continúa babi and ose con una
sica espailola.
o e- e amante e escuela• moderna de múUES•••

~Por ahl fuera tan sólo? Los P .
de cuarta plana y los reclamos d nmerdos en creer de veras los anuncios
,....... d
e conta uría son los p . .
- - e UD caso hay de algún h
bl
.
rop1os interesados.
onora e profesional q
·
.
ue nos viene a contar 1o que en la e Prensa extr .
. .
anJera...• ha dicho de él
nuestra amable oficma mformati va. Porque está l
c aro que a veces se si t
or
ante
el
extranjero
y
ese
'
b
d
.
en e UD poco el rub.
.
•
n e uno e alh como los d ás .
siente ae paso el sonrtJjo de lo q I d
.
em , mientras se
L é
d
ue os emás escnben aquí
a poca e las «escuelas&gt; no es a I·
.
.
las personalidades, la multici licidad y a t~ues_tra: La neta división de
psicología de 103 artistas y I p
h ~e cntenos, la C•Jmplejidad de la
e vasto onzonte de los "d i d'
que 1os lazos comunes e ntre e'I s
h
• ea.es •versos hace
. . u 'lean oy m~nos que sus diferencias.
371

�LA PLUMA
Apenas podrla encontrarse un factor común menos vago que el siglo, el
compatrietismo, la vida dentro de la misma estrechez de límites. La filiación que permite engranar una bola en su rosario es cada vez más dudosa,
pero, entre nosotros, entre los españoles, ¿es por riqueza este embarazo?
¡Ayl Aqul donde en todo llevamos un buen retraso de medio siglo-¡medio?-, en esta falta de disciplina vamos a la vanguardia: pero serla ridiculo
querernos engañar~ no es por los incatalogables¡ es porque en nuestra baraja, los López, Garcias y Fernández se llevan los tres cuartos de los palos. Con el que nos queda tendremos suficiente para toda la originalidad
restante.
Pero, ¿qué es \o que pasa, y por qué estos pocos más originales son
los que ganan todos los triunfos? (Los ideales, a lo menos). Muy sencillo:
son los únicos que valen. Al principio la baraja entera se pone de patas
en cuanto estos amanecen. Luego, tienen que transigir; poco a poco terminan por tragárselos del todo, y, a la poslre, cuando sienten que el campo no es ya suyo y que ya no está su acera de moda, lían precipitada•
mente sus bártulos y sin atender a los coches que pasan por medio y sln
reparar en el barro del arroyo, se precipitan desatentados hacia la acera
concurrida sin pensar, ¡pobres!, que desembarcan en ella llenos de cazcarrias.
Todavia hay entre nosotros cnacionalistas• al buen estilo del año 6o.
Esta fué una fase más reluciente que adoptaron algunos clasicistas apolillados del viejo régimen, y algunos románticos, mixtura de cLucia:. y de
cTristán•. sintieron también la veleidad nacionalista y en ella hicieron
sus pinitos.Ahora,después de que la guerra tes ha hecho ver que el romanticismo no es negocio, y que, sobre todo, no es reclamo que atraiga ya a
los jóvenes incautos a sus academias, se ve por toda Europa el espectáculo de los que se han decidido a cambiar de rón:.lo, comenzando a hacer girar el espejuelo modernista. Machacan a los rusos y a los franceses
en su espeso mortero y brindan a sus neófitos una informe papilla sazonada de jota, muñeira o sevillanas, según cual sea la zona española, y
hacen mirar a loi; tiernos bobitos por un Kaleidoscopio de culos de vaso.
Sin un momento de duda, entre este espiritu de mixtificación y la
372

LA PL'. UMA
pobre
·
éconstancia moral del mocito b ar b ero tanendo
su
d I'
nmos sta; pero ¡quién nos diera el l
.
man o ma, prefealdea soplase en su pipiritaña!
a ma mgénua que en el fondo de su
Desde hace años vemos caer en la Corte h
musiquitos provincianos que
' oy uno, mañana otro, los
• é' y
nos preguntan con ap r . C
tr r siempre la misma rcspuesta.. 1Con n Ingunol Las
u o. po
&lt; on , qué
• maestro
nas
que
entre
nosotros
podrl
•
•
•
qms1mas
.
d
aO maneJar srn a1arla es
•b·t· persavirgen e la. mentira escolástica , no t·1enen tiempo
.
a
sens1
para d d i tdad
. aun
e 11 o. D emastado poco tienen para sus propias atenc·o po er ed1carse a
gor, por las que deben velar más·
. t nes que son, en riquiera de los más conocidos· de 1 ' yá a~aban enviando al neófito a cualel pupilo ha cambiado el . .
os m. s mfluyentes. Unos meses después
atre campesmo por l h
,
sal, y su ingenuidad por la pedantuela
. . e. umazo del café Univeren que haya caldo Se defi d b.
pohtiqu1Ua doctrinaria del grupo
· h en Ien 1en estos g rupos, masonerfas de camia que un día u otro
11
acen o r una obrita del
"é 1
gración fulminante Bueno· p
t
ex rec1 n legado. Cansa.
. ase o ro
y de este modo nuestro jardín m~sical 'ar
.
que esos escaparates de horticultor cu
' _J di~ botánico, parece mejor
el e encanto de una hora:..
yos t1estec1tos en flor apenas tienen
Frente al perfil tan fuertemente acusado
, .
la, la cescuela:., la «música de t
. de la mus1ca popular cspañoot
ar e,. que Jamás lo h t .
ros, menos podrá tenerlo en l t ,
a emdo entre nos1
••
ª et apa
1920 Si lo ' ·
.
or pos1t1vo en nuestra música
1
•
umco que tiene un vacierto aire de parentesco que
ua , prese~ta algún rasgo común un
0 que consigue p
c
·d
•
. . •
ons1 eractón de e escuela espa - 1
ara ese mov1m1ento la
no a•, se debe más
f
res qu_e a la semejanza espiritual que los Albé . a sus uentes populamz, Falla, Granados, Esplá
o Turma pueden tener entre sf N d .
ya
no
h
·
ª
ª
importa
esto·, he mos referido que
.
ay escuelas; el último refle'o d
cierto modo, este existe en los no~br:s e:as f~e el cnovecentismo:. y, en
como el individualismo de otras
.
enc:1onados, pero este, tanto
punto de partida común un o . naciones, ItaHa, por ejemplo, tienen un
c .
,
nente que los atr
arnmos; pero, entre nosotros los q 11
ae aunque por diversos
los cuatro puntos cardinales. i.os d ue á evan_ al~ún rumbo, marchan hacia
cm s se hm1tan a dar vueltas alrede•

e:~

373

�LA PLUMA
dor de un huertecito sub-urhano y a cuidar sus gallinitas, aves de su
inspiración. Poco vuelo-dirán-pero buen caldo. Si a l&lt;J menos es así,
~ea ~nhonbuena ..
Es en esto en donde nosotros encontramos la causa Je nuestra inferiorid:id. Mal de mediocridad. Miseria de corazón y miseria de talento.
Vulg::iridad y pretensión. En síntesis una falta total de cultivo. Nuestras
músicos en su casi totalidad (dos o tres sólo se escaparon) están en barbecho y faltos de riego. De vez en vez una ola abrasadora de chabacaneria remueve su arenisca. Un escalafLn es lo que ven brillar en aquel lejano templo de la fama al que, según Byr,m, es tan difícil trepar. Al templo
de Minerya, dirigid vuestros pasos: años de servicio, quinquenios, jubilación, glorias nacionales, patriotismo bicolor, chin-chin, Academia y va-

1921- CONFETTI -192l
Al pasquín luminoso del día
El clarín colo,in del harapo
Es airón cascabel de alegría
De la turba exaltara del tr«-po.

mos muriendo.
Que ni nuestra materia musical es inferior, ni nuestro temperamento
actual es más débil que el de otros paises lo prueba tanto nuestro reper•
torio popular admirable-tanto más cuanto menos conocido y más salvaje-como el valor personal que las e dos o tres&gt; personalidades que poseemos tienen, lo mismo «en sí•, que en comparación con las figuras más
notables extranjeras. El temor está en que esas son personalidades aisladas, sin que se entrevea una sucesión futura. Su semilla cae en la esterilidad d_el medio, tanto como los sermones de otros, clamantes en el desierto.
Pero insistamos. Puede que por nuestros clamores lleguen a conmoverse
las mismas peñas. Gritemos a esos otros «dos o tres&gt; que no se marchen
demasiado lejos y que no perdamos el contacto. Y todos, de acuerdo, dediquémonos a conve.:cer al musiquito que en el fondo de su aldea sopla
en su pipiritaña que no venga a la corte, que ignore el escalafón, que
huya de la mediocre turbamulta de los programas de concierto, que cante
al aire de su tierra, que toque su guitarra a la luna de su aldea.
Alegre, fresco y puro
va mi cantar
a la vera, verita
u•
del naranjal.

ADOLFO SALAZAR

374

Sollozante su facies de harina
Don Humor rubriquea la farsa
Con la sierpe de la serpentina
y el flautín de la bufa comparsa.
¡Policrómico reir jacaresco
Alariza en el móvil tropel
Bajo un púrpura palio chinesco
Y una lluvia-color, de papel!

DÍA

.

Dominical
HervfJr

·Grito bermejo! Agudo

¡

La trayectoria
de la
naranja

Al
Sol.
375

�--

LA PLU~A

~OCHE
bt el picacho brilla

La lumbre.
Todo dolor es una
Cumbre!

r

( \ ) HÉLICE

y
Exaltar la pasión. Redoblar los ajanes •· ·
1Si no estuviese el mundo
Lleno de sacristanes!
Pero sí.:

CIPRÉS TEA TINO
Ciprés teatino Jemenil Y pardo
Dt una página extranjera
Otra vez regreso a España
Okl
España. Empresa de loco.
¡Ntgro fluir
de
agua clara!

ANTONIO BSPINA

1

...

LIBROS Y REVISTAS
Ramón Gómez de la Serna.-Libro Nuevo. Madrid, Imprenta, Mesón de
Paños, 8, 1920, El paseo del Prado.
Cuando, hace casi tres lustros, conocimos a Ramón Gómez de la Serna en
las aulas universitarias, había publicado ya su primer libro. Apenas si se vislumbraban en aquellas páginas las señales ciertas de su condición actual; pero
en el segundo volumen de su producción-Morbideces, 1907-manifiéstase acentuadísima la propensión a subvertir el orden exterior de las formas literarias
al uso, que le ha dado carácter propio en la literatura española de diez años a
la fecha. El lector, ajeno al movimiento literario que en peñas y cafés se fragua, cuya curiosidad dispersa se siente un día y otro solicitada por la incansable labor diaria de Gómez de la Serna en periódicos y revistas, si quiere de
un,, vez y p ua mucho ti@m po, darse enti-ra cuenta de lo que es y significa esa
literatura, extravagante en cierto modo en las columnas harto utili,arias de los
periódicos, lea el Libro Nuevo, cifra y compendio de la mane,·a en que ha cristalizado la juventud literaria de su autor, uno de los pocos temperamentos que
dt-spués de los modernistas han aparecido en España y sus colonias espirituales.
No se recomienda ciertamente por su amenidad la lectura del Libro Nuevo,
entendida la amenidad en la acepción vulgar por que se guía el lector que
compra los libros para distraerse. Le falta, premeditada y resueltamente, la infusión de su espiritualidad en una mdquina, trasunto de la historia '1umana.
Ramón Gómez de la Serna ha querido desligar la expansión lírica del propio
ánimo de toda reducción a la más fácil comprensión del público; no ha querido hacer una novela, un poema, una crónica, una serie de reflexiúnes; se ha
propuesto tan sc'.ílo escril&gt;ir, tal y corno se lo inspiraba unas vc1:;es la contemplación del mundo, rebuscando otras con empeñado ahinco, las relaciones más
óispares en apariencia entre cosas que la dbtancia, la calidad o nuestra percepci6n distribuyen en el tiempo y en el espacio con diferente peso y medida,
difíciles de reducir a común deno1Uinador. Suprimido además casi siempre
uno de los término~ de la comparación, las imágenes así obtenidas cobran l!na
ell:traña rareza en que el lector se pierde de primera intención, pero a fuerza
377

,.

�LA PLUMA

LA PLUMA
r sernos tan fáciles como las frade repetirse el procedi~iento, acaba: f:antas centurias. Adolec~ el Libro
ses hechas de uso corriente en una . a nio. En ese punto es quizás mu_cho
Nuevo, para nuestro gusto, de exceso de i~s"!o quiere, de los modos ex_Pres1v&lt;?s
más representativo de lo que s~ autor m F rzando un tanto la equ1valenc1a
peculiares de la sociedad espanola actual. , o entre la manía chistosa, dt• forpudiera muy bien establecerse tn Jª~~n;iniritualidad s11ciuta de que hace gala
más netamente burguesas, y el a ~- e de la Serna. Salvada, naturalmente, la
sin respiro ni descanso Ramón omez
dignidad literaria.
á .
como El Tritón-verdadero poemda e¡°
Hay en el Libro Nuevo P gmas
.
revela en Ramón Gómez e a
prosa-o Los maniquíes, ~uyo_l_írico h~r~1~:~cleristico del escritor nato. Las
Serna ese poder de imag~nac1?n crea. o. ~o en esta antología-no otra cosa
traducciones al francés, 10clu1das as11r~o gana el estilo lento y forzado a la
parece el Libro Nuevo-, 1:1u~stran_ cu ~-d·ana con cierta depuración gramaimitación expresiva d_e 1~ ms1stenc_1a_ c~l¡d~d d~ la imagen poética.
tical que en nada per3u_d1ca a l_a on_g1~ Gómez de la Serna entre sus gregu~Con muy buen sent,1~0. ha ms:rta o estrar,jeros, que comentando y exa rías varios artículos cnticos espanoles Y
definen
,
tando su pc::rsonalidad literaria la e~lic;.n y ación h~rto difusa, sembrada aqu1
Menos nos gusta El pase~ 1el Pra ºi iy~g s a untes humorísticos, cu~10·
y allá de preciosos_ ati~bos h_n~os, gr;rcl~s~~1:ira ,iaga de Fígaro. ¿Qué hub1er~
sas notas informativas,_preSididas P d O d grabadc,s interesantes, con que s
perdido el libro, ingemosamente orna
e
alli dispersas?
autor se tomara el trabajo de ordenJr la~_nota: l{amón Gómez de la Serna nos
La admiración que profesamos e an ig;o staciones exageradas del culto a
mueven a hacer estos reparos a esas manl1 netes disposiciones naturales y los
. . .
la ongmahdad
en qu~ perv_1·erte tan exce e
C. R. C.
mejores frutos de su mgemo.

***
Alberto Masferrer. - Pensamientos .Y Ffwmas.

Notas de Viaje.-J. García

Monge, editor. San José de Cost~ Ri~a, i~:\alvadoreño, nos dice el proloDe D. Alberto Masferre~, col!ec1do ht~~a ue cfué en los comienzos de su
guista de este librito en sucmta mtroduc~~ nd q ompa Diríase un árbol exucarrera literaria escri!or d_e muiha soná~~of sf carg~do de frutos. No sacriberante de florescencia. Despu s, :s~ f
la esencia de la idea en sazón. Y
fica ahora al matiz desl~mbrante e a ;fse como para hablar a los niños, se
así, si alguna vez su estilo s7 hace se:c1 e~~amiento.»
acendra de savia y resulta vigoroso d p
t
otas a la atención del lector
.
n Rica publica
. e1 S r. G arc1'a
No es la primera
vez que señalamos
J en
é des as
Costa
las excelentes e~icion~~ que e~ Sa~ ~!lud:ble reacción que en !ª literat~ra
Monae, cuya onentac1on pres1de ª
t
las normas corrientes anos
ame;icana más reciente se observa, respec o a

if'a

..l
'

atrás. Efectivamente adviértese cierta afición a contener la exubt:"rancia y entusiasmo exteriores en límites más asequibles al temple europeo. Son 101
Pensamientos y Formas del Sr. Masferrer a modo de impresiones, poemas cortos en prosa, reflexiones al vuelo, limpiamente escritos, serenamente inspindos en la realid:1d circunstancial de todos los días. Y nos atraen singularmente en el simpático volumen las Notas de Via_je, evocaciones de paisajes,
tipos y costumbres centroamericanos, con que rara vez le es dado solazarse al
lector que bu~que en la literatura trasatlántica una emoción, si no exenta de
las preocupaciones europeas universales, cuando menos referidas a su influencia en el ambiente americano o a su contraste con los elementos atávicos
característicos del Nuevo Mundo.
Aparte el interés puramente in(ormativo o pintoresco de los artículos: En
lzaleo, En Alegría, Lamateper, Procesión del Santísimo, hay páginas como las de
En Guatemala, inspiradas por «Una caravana de indiecitos trotando por la
Octava Avenida», verdaderamente poéticas y sugestivas.
Sería de desear que librito~ como este de D. Alberto Masferrer adquirieran
cierta difusión entre los lectores españoles, que por la falta de atención de los
libreros a la literatura americana, viven tan ajenos a la realidad, desfigurada
en fiestas de raza y otras mentiras fáciles.
C. R. C.

*

*•

Dmitri Ivanovitch.~La Ventana y otros poemas.-Publicado por J. García
Monge. San José de Costa Rica. C. A.,

1921.

Dícenos de Dmitri Ivanovitch D. Manuel F. Cestero en las breves páginas
con que lo presenta a los lectores de La Ventana y otrns poemas que «es un
corazón de niño dentro de un cuerpo de líneas fuertes que recuerdan los dorsos y los biceps de los discóbolos helénicos. Amigo del pueblo, aprovecha
todas las ocasiones para defenderlo de la tiranía capitalista•, pero «cuando de
versos trascendentales le hablan, de versos sociales, de literatura de tal o cual
clase, protesta enérgicamente y dice en voz alta, que la poesía no tiene otro
papel que llenar en el mundo que el de deshojarse, como una margarita, a los
pies de las mujeres.&gt; «Le" gusta el cenáculo, detesta la asamblea, los congresos
de todas clases y la manera como se devana actualmeMe la madeja de la vida.
Despreocupado del mundo que le rodea, hace vida triste, alejado de todos;
Dmitri no es sociable. La casaca, el cuello tieso, los chalecos rebajados, el
corbatín blanco, los escarpinei; no se han hecho para él.• Con todo, «no es un
radical de los que se dan la mano con los nihilistas que aspiran a destruirlo
todo; es un socialista de la escuela de Lenín en muchos de sus aspectos. Y no
irá a Colombia, su patria, sino cuando allí impere un Gobierno comunista.&gt; En
cuanto a se fi!iación poética, no se han de buscar en los versos de Dmitri Ivanovitch preciosismo, satanismo o modernismo, que toda esta poesía (la de
La Ventana y otros poemas) parece ajena por completo a ese gran movimiento
de renovación poética que inició Rubén Darío en América y España.•
Para nuestro gusto, las poesías amatorias de que se compone este volumen,
379

�LA PLUMA
LA PL U ~I A
d a los preceptos literarios de los
quizá por su misma corrección át~!11¿:raad~lecen de impersonalidad, { s~b~e
imitadores de los grandes r&lt;;&gt;m n l~e~te universal, no tanto por vo un an:
todo, de inadaptación al med101aª~~mpañía de espectros retódcos en que s
soledad del poeta, c..omo por
C. R. C.
complace.

•••
.
hl -Figuras. Evocac1oocs,
escenas.-Prólogo de Gon·
·t Aricl Madrid.
zalo Zaldumbide.-Bib iotec.
, d
nfcreocias leíd.ts en el Ateneo
Reúne en este volu~cn d._ Sr. A;;~ii~le~sp~ilicadas·en periódicos d~A~~:
de Madrid algunas crónicas c1rcuns
. s dedicadas al Romancero en m n
.
dos 'bocetos dramáticos. L_as pcigin~
D José Joaquín de Olmedo, al
~~c\f Poeta de la lndepcndenc1a Al:~:1::ª'motivo del descubri1n;iento de ~u
ce~vantish Monta_lvo, ª. Rod? y ~ ~~vcli;ta insigne, soli_ci~an espetal~e~!een~
estatua en el Retiro, vivo aun e.
de la ·uvenil cordialidad, el erv1en
atención del lectorl luego CO?¿ag1adrritual hispanoamerica?ª· E~altado. cant~;
tusiasmo del autor por la uni -~t~~puoe lo que tiempos y d1sta~c1as sep/t:8'ctºdel
de la lengua c;1 stellana cuya v1 t d en ejercitar con rara eficacia esa vi
I nSr Arrovo se complace sobr~ do ºa'mp1·1os alti!iOnantes, rotundos, las exce e
1
·
en peno :&gt;S
l
·
idioma para expresar
, a americanos y espano es.
C R C
cias de la patria ideal, comun
• . .

Céaare Arroyo.-Ret~

t"

•••
... ..
cción directa del inglés ~or MaJorge Borrow.-La Biblia en Espan_~- TG1aunada. Jiménez Fraud, editor. uuel Azaña. Tres tomos. Colecc1 n
Madrid.
.
s ha en LA PLUMA no te
•
d
estra publtradas mese
,. t
hacerlo
Lector, si las págmas e mu
r La Biblia en España, apresura. e a
te
indujeron ya desde lu;go a c::p;:s de agradecer el consejo. El ~1~rolaq~: en
ahora. Seguro estoy e que
ól 1 mejor de cuantos ban VIS O
t
recomiendo es, sin hipérbo~e, ;ods t~~bién el más veraz y atinado de cuan os
un año pero en muchos, Y srn u ª los españoles.
se han.escrito nunca acerca ~e Espana y
dar sin distingos un libro nuev;,
Suele ser tan rara la oc!s1ón
rec~:i~~mbico t}Ue quizás al pronto ~~e. a

t:

~~~e:~~~,
.~:::~i;.ñ:i~·u;:rlij~!1~:1~n~:~~:1,n
,~:;:g::. ~~:tº~:::;~:lt;it
aventuras prmonts
mi descargo, que

.Y
,Y
O
•
Sagradas Éscrituras. Vaya por_ de Ia_nttn~~stdal con el dilecto editor q;e an
modo al&amp;uno la menor c_oncomitancta mercanóa literaria que ofrecer;e.. e~go
acertadamente ha escogido tan bufºªúblico que cuenta corrobora m1 ~~¡n1?6n,
entendido, por lo demás, q~~
en España, no obstan~e la poca ~a~:~ l~
apresurándose a comprar (
't"ca en la Prensa, circunsc1,.laesta vez
que Je presta la escasez de a en l

Y.B,;u~

38o

..1

fecha a un estudio en t:xli.c.:mo suge:ith•,:, y justo de D. Gabiiel Alomar eu •Los
Lunes de El lmpa,•cia/., 1 y a una glosa muy interesante de Eugenio D'Ors en
La Libertad. Quéjanse los editores de la desorientación que en el público se
advierte, pese al incremento de la venta de libros en estos 6.ltimos años. Suya
es la culpa en mucha parte, pues que son pocos los que se cuidan de enviar
sus nuevas producciones a los periódicos y revistas, donde la publicidad mercantil ba sustiluído por lo general a las recensiones en que el lector pudiera
encontrar una guía fácil donde escoger. De ahí también la dificultad con que
el informador literario tropieza para mostrarse imvarcial en la relatividad de
sus juicios .
La Biblia tn España es ante todo, y esta virtud es la más recomendable en
un libro, de los más entreter.idos de cuantos le es dado leer al simple aficionado. Interesa y atrae como una novela, como una buena novela se entiende,
en que la fuerza creadora del autor. lejos de falsear la verdad con deformaciones monstruosas por forzar la emoción, a eJla se atiene estrictamente, extrayendo de los hechos toda su sustancia, con poner de relieve lo que esencialmente los caracteriza y define.
Se leen los tres repletos volúmenes de La Biblia e,z España, de un tirón,
sin respiro ni fatiga , Jlevado de uno en otro curioso paso por la amenidad del
relato1 siempre vario y esp léndidamente natural. Cerrado el libro, los sucesos
que en él se cuentan, adquieren en el recuerdo tal consistencia, que luego no
nos parece ya haberlos leído, sino visto, o cuando menos oídolos contar. De lo
que se infiere que de sus páginas emana esa simpatía que constituye la primera condición de la obra de arte en que se unen la invención del autor y la
pasión del p6.blico.
Ahora bien, no depende ese interés inmediato que la lectura del libro de
Borrow suscita, del relato desaforado de escenas en que se multipliquen las
aventuras extraordinarias. En t:se respecto, puede decirse que la primera
impresión es precisamente contraria a la de una novela de Baroja, por ejemplo, en la cual el protagonista sufre y busca peripecias cuyo interés, en fuerza
de acumular el autor acontecimientos desordenados, se pierde, apenas 'Vuelta
la página, en turbia confusión. Es decir, en términos vulgares, que los personajes de Baroja parecen siempre unos embusteros, mientras que .Don Jorgilo el
Inglés nos da idea de un hombre veraz por excelencia.
Por más que en la ligereza de esta gacetilla no se expliquen cumplidamente
tales sugestiones, el lector advertirá en la lectura de La Bi/Jlia en Es)aña hasta
qué punto es pertinente, y aun obligada, la comparación con los libros de aventuras novelescas que pretende hacer Baroja, no ya porque en ellos haya asomo
de plagio o imitación de un libro como el de Borrow que quizá.3 desco11oce,
sino precisamente por la modernidad de este, por la agudísima sensibilidad que
lo caracteriza, pareja de la que remozó nuestro ambiente literario algunos años
hace, cou la uueita a la 1·ealidad de los mejores españoles. Por eso, aun más
que el parecido con la literatura de Baroja, sorprende agradabilísimamente en
el libro de Borrow la semejanza con el mundo novelesco de Galdós. Hay escenas, como la de Quesada en la Puerta del Sol, cuando el motín de La Granja, o
381

�LA PI, VM A

LA PLUMA
las visitas de Borrow a Mendizábal, Istúriz y Alcalá Galiana, dignas de las más
acabadas páginas de los Episodios Nacionales 1 tipos como la honrada María
Díaz, o su marido el labrador de la Sagra, Baltasaríto, la familia del recaudador de contribuciones, el gitano Antonio, el posadero de Córdoba, estatuas
vivas de ia misma cantera en que fueron tallados los seres que aÜiman la
serie magnífica de las Novelas lontemporámas. Y hay alguno, como el alcaide
de la cárcel de Corte en Madrid, sin par en la moderna literatura española.
Se observa, es cierto, que a Borrow le interesan muy poco los monumentos;
no es un turista. Su condición de misionero le pone a cubierto del vicio artístico con que suelen ver ~spaña los extranjeros, y no pocos españoles a su
zaga. Pero si las piedras rara vez le producen otra impresión que la simplemente admirativa, ¡qué penetración de mirada en cambio para contemplar las
personas!, ¡qué humc1nísiroa comprensión la suya para ver a través de la fisonomía de un labriego, de la picardía de un gitano, de la doblez de un posadero, el carácter que lo personifica! Y sobre todo, ¡qué simpática perspicacia
para descubrir en los acontecimientos que se suceden en su peregrinación la
fuerza inconfundible de una raza augustal
Claro que fü,rrow no es un misionero, sino un artista. Un artista que no se
limita a escribir libros, ni que para escribirlos viaja, sino que quüre vi11ir al
aire, al sol, andando por el mundo, sin más pasi9n que la de comprender. Se le
ve vagar, vagabundear, por las páginas de su libro, no ya como simple espectador, ajeno a las personas y a los sucesos que le rodean, sino metido entre
aquéllas y gozando éstos. Su humorismo, verdadera,nente sano, sin recovecos
ni reparos. es lo que le diferencia y le eleva de cuanto hay en derredor suyo.
No es, pues, La Biblia en España un libro pinto,·esco. Es, repetimos, el mejor acerca de los españoles y el pais en que vivimos. La emoción que los panoramas castellanos, andaluces y ~allegos le producen, la sincerísima visión de
los paisajes por donde cruza caballero, el franco afecto cou que se decide por
la gente dal pueblo , el desprecio con que mira a las clases superiores(?) de la
sociedad española, le han servido no ya para escribir un buen libro de viajes,
sino para cifrar en una pintura acabada el juicio sereno, verdaderamente filos6fico de la Península y sus extraordinarios habitantes, cuyo carácter preside
la gravedad.
Apenas atraviesa el viajero la raya de España viniendo de Portugal, parece
como que le capta la naturaleza con su fuerza encantadora, inspirándole el
relato de Badajoz a Madrid, por Mérida y Tala vera, sin duda uno de los pasajes
más hermosos del libro. Y en su compañía va tras él desde entonces el lector,
sensible al estupendo trasunto de la realidad que con la relación de sus andanzas le ofre ce Don Jo,·gito et Inglés. Tan verdade,·o es el libro que hoy, con
los ochenta años transcurridos desde su publicación en Inglaterra, tiene, aparte
la novedad de su primera traducción en español, un interés de actualidad, porque los sucesos que en él se cuentan atañen, no a lo circunstancial, sino a lo
caracte1"istico 1 a lo fundameotal de España.
Por añadidura, la versión castellana de La Biblia en España es modelo de
traducciones. Fuera hipocresía que, a cuenta de mi compañerismo con el tra-

ductor, disimula&amp;e la excelencia de su obra 1No
,
obligue al mentido recato con que suel d·.1 1cr~o que la razou de amistad
del ~migo. Estimo, por el contrario, que\ 35 ~~:!aª~s~ ~~ed el público la obra
a qu!en nos une amisrnd son precisamente las
C: a i_ ~ es de las personas
rencias en el trato humano, y la proclamación d~~e~~-tifican nuestras prefey º? condescendencia benévola, La traducción de L
sus obras deber'
p_etimos, modelo de ellas, , pare· a en un
.
.
t ia ~n éspaña. es, rec1ón española de la sintaxis expte'siva dpe to a hmp1~za de léxico, a naturalizalá ·
d u
,
un pensamiento ext. ·
d
e s1cas e ..norabn y superior a ellas en fiderd d l
. .
ranJero, e las ya
pos donde_ toda confusión literaria tiene su asi~nªto ~ ongmal. En, estos tiem•
es la versión castellana de La Biºblia m E-p _
º. tantas teonas barrocas
buen gusto en que el lector no advierte p~~/~\'::e e}~mdpdlo !de ~laridad y d~
provechosa.
'
m a
e e stilo, la lección

ª

~~ble

c.

R.

c.

•••
Libros recibidos.-Anfflnio Battistella· L R
.
.
undici secoli di storia. Venecia MOccccx -R· . a .;¡ublt~a di Venezia ne'suoi
Barcelona, 19 .
XI.
egrno · Boti: A,·abescos mentales.
13

Revistas.-Mercure de France París -L'E
gris Civique, París.-La Conn.iissdnce p. ,
1f::"ºP;, Nouvel!e, París.-Le ProVida Nuestra, Buenos Aires.- Athe~ae:,:1sz a evue de l'Ep~que, París.San José de Costa Rir:a.-Le Crapouitlot Pa~· arj~~ª--¡ Repertorto Americano,
e es- et~res, París.-Cuitura
Venezolana,Caracas.-Die Aktion Berl' 1
Madrid. - Cuba Contemporánea, ia Ha1;~na. egjf;!Je"J'1-~ºtev1deo.:-Arquitectura,
H •
, . uenos Atres.-Poesia ed
arte, Fcrrara.-España y Amlrica Cád'
selas.-Vida, La Coruña.
•
iz.- e,mes, Bilbao.-L' Art Libre, Bru-

;,.s.-

GACETILLA
Sarah en Yuste y el bnrgalés de pro.-Bnllante
.
.
tarde del ensayo general d,.. la f t
estuvo el Ateneo la
del natalicio de Sarah B~r~ardh1:s c~n q•e se lceleb_rará el primer centenario
de instrucción, a oir de labios autori::d e ;1ue e 1?1ªr_1scal Joffre vino, en viaje
del Marne, no habíamos hallado re al ?S ª1 exp 1cac1ón auténtiq de la batalla
esta vez faltaba el 5 . Alt .
g O igua en la sala del Ateneo. Cierto que
.
1•
am1ra porque no s 1"b
vocación &lt;du plus grand historie~ de l'Espa e, e a a es~rechar lazos, última
tes fraternales allende el Pirineo· ero asi ~ , co°:1º. le dicen en los banquetant~, aunque fuese un minist;/ de u:~1 un mm1stro, que es cosa imporsum1dades cortesanas, y un enjambre d~ 6 ~ Y atarug~d~, con más algunas
han e!!. torno de Sarah exhalando .
~ micas y de com1cos que revolotea-

t

•~Yo soy la Crehuet! ¡Yo soy Mean~~1t·~od1s~ordes revelador~s de su emoción:
s1ll6n, sobre el estrado Sarah rec d'b bfu1 Medrano ... !&gt; Vista de lejos en su
'
or a a astante a la Doña Inés de Castro con-

�LA PLUMA
servada, ign6rase con qué pretexto, en el Museo Moderno. Cuando la mutilada
venerable vió adelantarse con paso vacilante al Conde de Romanones, la gratitud inundó su pecho: creyó que el homenaje consintia ton un remedo 1 que bubi~e sido una adulación: 01,! quelk delicalesse!-dicen que murmuró-. Uht L'
Espagne! Quel pays cktrJaleresque et cotirlois! Se atribuye al efecto adormecedor
de esta primera impresión agradable, la serenidad 1 isueña con que aguantó las
admoniciones, exorcismos e improperios de aquella tarde: casi todos la regañaron mucho; parecía que estaban reconviniéndola por ~us pecados, y exhortándola al arrepentimiento¡ parecía que estaban recomendándole el alma. Y ella,
dulcemente empedernida, escuchaba sonriente y sin hacerles caso. Azorín, a
pesar del acento áspero, entrecortado y conminatorio que gasta para !cer, no
hizo mella en su ánimo. Por lo que fué menester apelar a los grandes medios:
avanzó un hombre cejijunto, y blandiendo un papel ante las propias narices de
Sarah, profería con voz estentórea:
-¡Señora! ¡Yo soy de Burgos .. .!
Y se callaba para observar el efecto de sus palabras.
-¡Señora! ¡Yo soy de Burgos ..!
(Nada. No pasaba nada. El ser de Burgos, ¿tiene algo de particular?)
-¡Señora!, ¡soy de Burgos, de la vieja tierra de Burgos!-repetía en vano.
(¿Sería Martín Antolínez, el burgalés natural? No. ¡Era un hombre enviado
por el Gobierno. que se llamaba Aparicio!) La resistencia de Sarah pudo más:
y lo que iba toruaodo un giro amenazador .acabó en general algazara; el público
fué el último que se rió.
Rodeada de personajes, Sarah recorría en parihuelas el pasillo en busca de
la calle.. y al mirar distraídamente las filas de retratos, se pasó la mano por la
frente y como quien recobra el sentido preguntó:
-¿Dónde estoy?
-En el Ateneo.
-¿Y de
esolos
que es~
Uno
personajes presentes se palpó la nariz con suavidad, en demanda de una idea, y exclamó:
...J.
-Es la Holanda del pensamiento en España.
-¡¡
Y
elliens!!I
burgalés de pró, ansioso de instrulrSe, preguntaba: ¿Q11é ha dicho? ¿Qu~
ha dicho?
-Ha dicho: ¡¡Ten... 1!

PIN DBL VOLUMEN II

I•

�</text>
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                <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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              <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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