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                  <text>LA PLUMA
. R · r- EstJaiia colonizadonz; Madrid, 192 1.-Saturos; Madrid, 1921._-~an~1do ~1ma . itorial América.-Fugimoto: En eJ pars:
loi: Cocod1·ilos y ,·u:~enore~, M~drt ~~ica -M Gutiérrez Nâjera: Sus mejp,-es
de !as geichas; Mad~-id, Ed1tor~l. m Juan· Ma;qués: Don Bartolomé Gall~rdo,
poeslas; Madrid, Ed1torl_al Am n~a.
Arturo Torres: En el encanta,mento~
nolicia desu ,,id~y escr:tos; Madnd,C19;1.- .- José Olivares: Poesias; Garcia
Ediciones Sarmiento, San José de . ë::1':~ado· Pasteur y Metclmikoff.-Lms
Monge y C.a, San Jo~é de_&lt;;:•~-, 192~-~ Bib:iotec~ del Repertorio Americano,
L6pez de Mesa: Orzentac,on :deo{!g;{a,
-Miguel de Unamuno: Sensaciones
Garda Monie,_ Ed.; San José de_ . ., /;:'..:....Roberto Brenes Meseu: El mis~ide Bilbao; Brt&gt;hoteca Her~es, B~ lba?: ~ la 1Jerdad· Biblioteca del Repertono,
cismo como instrumento de t1lfJ~Sit!(ac:oJn / d C R \
-E Montfort: B,·elan
921
Americano, Garda Monge, ed.; Sapa '?s Mi~noa:Ï-Lo~is Leon Martin: Tu1JaJi,farin• Bibliothèque des Marges, ans,
·
&amp;Ize, ou' la tragedie pas!orale; Paris, Grasset, 1921.

,,
'

p

,

Le Progrés Ci1Jique, Paris. -

ANO 111.

'

MADRID, FERRERO 1922

I

NUM. 21.

La

Revistas. - ~ercure de firance, I' ~s; -;;e Paris.- Vida Nuest,·a, Due_nos

Connaissance, Pans.-La Re1Jue de t f ~ n~ri&amp;ano San José de Costa Rica.
Aires.-Athenaeum, Zaragoza.-fe~er or;o 'si Cultu;·a Venezo!ana, Caracas.1
Le 1..,1·apouillot, ~aris.-Be!le\ et
~è~a Contemporanea, La Habana.IJie .Aktion, Ber!m--Pias~, ~/~;~;1F:~~ara -Espaiia,, América, Cadiz.-HerBabel Buenos Aires.- rorsia e ·
•
·
A b-La Ronda, Roma.
mes. Bilbao.- L' Art Li~1·e.PBr?selj~dic~a~.t~~id ~c::~6polis, Madrid.- 'l'ile
La No•,velle Reoue françaue, ans..
,
LifJmg Age, Boston.

APOSTILLAS Y DIVAGACIONES (r )

·~d

UN CRIBADO DE NIETZSCHE

œ

la propia suerte que cuando uno esta recién vacunado todos,
en virtudCde cierta ley arcana de malignidad c6smica, vienen
a darle palmaditas en el brazo, precisamente a la altura donde remuerden las gafas ampollas, asî también basta que uno
tcnga entre ceja y ceja una preocupaci6n para que cuanto escucha o lee
coïncida con la preocupaci6n y la alimente o refuerce. En estas «Apostillas y divagaciones», en torno a Nietzsche, que me sirven de ocasi6n,
dcsde hace algun tiempo, para sustentar un coloquio ideal con mis lectores, («Apostillas y divagaciones,, modestamente; anotadlo en vuestro
cuadernito de notas criticas), vengo insistiendo sobre la incompatibilidad
de la literatura con lo que no es literatura. 1Cuan facil es tomar como
filosofia o ciencia lo que no es sino literatura, y no de la mejor, puesto
que es literatura epicena e hibridal Este concepto esencial es ya viejo en
ml, como no ignoran quiencs han tenido la abnegaci6n de leer mis enE

..

(,)

Véaac LA Pu:nu de diciembre 19:11 y •nero 1922.

�LA PLUMA
LA p L lJ \-l A

'd sen los dos vohimenes de «Las Masca
sayos de estética teatral, colef \ desglosado de un critico inglés, Misras». Pues cabalmente esto;in;:s : este prop6sito, que con firman aqu~l
ter Edward Shanks, unas
h
. 'd modernamente una espec1e
t Hélas aqui· « a ex1st1 o
maduro concep o.
·
edio y la literatura como un
de dicotomia entre 1~ literatura co;;c~:s~scritores daban por scntado,
Sin. Ha ~abido ~~a epoca :n1i!:ada literatura seria debia emplearse~n
sin prev1a reflex1on, que l
lb
B.
Tolstoï Hauptmann, han
. . t practico sen neux,
'
d
fines de ren 1m1en
has veces Wells confesaba a
.
d
erte la hteratura mue
·
d
pract1cado e esta su ,
e calificasen de periodista antes que e arHenri James que prefena due/ d no interesarle Shakespeare porque
tista. Bernard Shaw ha ec adr~ o
1 obi'eto de deshacer un abuso so,
·10 una corne ia con e
. d
nunca h ab1a escn
.
. de Keats se ha d1gna o
.
n motivo de1 centenano
,
.
cial; y rec1entemente, co
Isabella ataca el sistema cap1n
gran
poeta
porque
en
aceptarl e como u
lla esta opinion no es ya soss adalides perseveren en e ,
talista. Aunque s.u
.
Ni ho ni nunca. El 6rgano de aperce~tenible hoy en dia». Sm duda.
r~ tura es distinto y dispareio
ci6n del arte,-y entre_ las art;s, ~a i i:r\or se; disparejos y distintos el
del 6rgano de apercep~16_n de a c1en~ de la verdad cientifica. La verdad
orden de la verdad art1st1ca ~ _el orde
t La verdad cientifica es
.
d' ta intu1t1va permanen e.
artistica es mme ia ,
'
.
T
'd'culo y contraprodud. ta d'scursiva
l6g1ca
an n t
1
transitoria, me ia ,
'
d
icntîfica O una estructura 16cente es pretender demost~~r u~~ ::a a a csea de una melodia, de un cogica por medio de la emoc1on a
I de'rycontaoiar el sentimiento estético
lor o de una meta~ora~ como pre e:eoria En iuanto a lo primero, siempor medio de un s1log1smo _o u~a 1 h b. , n tenido cuantos han pasado
é
esta expenenc1a a a ra
.
pre recordar -y
.
. , entre c6mica y repuls1va, que
or
Jas
aulas
académicas-,
la
impres1_on,
.
.
acertaban
a desP
,
ofesores red1chos que iamas
1
me produc1an a g~~os pr . al ceiiida escueta, sinoque adornaban
arrollar una expos1c16n doctnn '
yrofusi6n de hojarasca ret6rica.
y escondian la flojedad de~d~1sc~rso ceolnlopquerfa pasar por ciencia o por
·naba a dec1 1r s1 aqu
. . . ,
No me determ1
, de lorable bambolla; como c1enc1a, rn1anarte. Corno arte, me parec1a p d
sea creer que una obra de arte
til vaniloquio. En c,uanto a lo segun o, o
'

°

.·

'

d

t

'

'

66

se enriquece y afianza con el aditamento de una verdad fisica, comprobable, cientifica, me parece tan incongruente como si a la estatua de la
Afrodita de Melos le colocasen una peluca de pelo auténtico con que
concederle mayor impresi6n de realidad y de autenticidad.
Pero claro que el vulgo-asi el vulgo social como el vulgo intelectual-, propende, por pereza e ineptitud, a preferir todo género confuso
y epiceno; la ciencia ret6rica (que no es ciencia ni ret6rica) como la ciencia mas elevada, y el arte catedratico (que no es arte ni encierra magisterio) como el arte mas profundo.
El error del mal entendido arte de tesis es evidente: el Arte es eterno
por esencia, y la caracteristica del arte de tesis es su caducidad. Porque,
proponiéndose ese arte de tesis un fin practico y pr6ximo, o lo consigue
o no lo consigue. Si no lo consigue, ese arte es inutil, estérîl, superfluo.
Si lo consigue, deja de existir ese arte en el punto de haber logrado su
prop6sito. Si todo el arte contemporaneo se enderezase exclusivamente
a concluir con el sistema capitalista, acabado ya el sistema capitalista el
artc contemporaneo dejaria de existir como ta! arte, y en el dia de manana seria solo interesante como curiosidad, como apatico documento
hist6rico, perteueciente a una edad sobreseida. Una obra de acte no se
aviene a otra jurisdicci6n que la del arte. El canon porque se la ha de
juzgar es un canon estético y su viabilidad depende de la sustaucia inmarcesible de arte que contiene. Si algunas novelas cientfficas de Wells
son superiores a las novelas cientificas de Verne, no es porque realmente scan mas cient(ficas (jalla se va la ciencia de uno y otro!), sino porque
son mas artisticas. Si las obras de Zola y las pinturas del impresionismo
permanecen en el tiempo sin perder su virtud estética, es obvio que esta
perduraci6n es de orden estético, y no de ordcn biol6gico y sociol6gico,
como quiso Zola, ni de orden fisico y cientifico, como se figuraban algunos impresionistas, puesto que de entonces ac:i (y van corridos m uy pocos afios) la biolog{a, la sociologia y la 6ptica han doblado una tornavîa
y est.in a mucha distancia y en distinta orientaci6n que otrora. No niego que el intrépido Bernard Shaw contribuya a que se derrueque el régimen capitalista; pero, si en el futuro socialista se conservan aun sus
67

�•
LA PLUMA

H
1

'I

dramas, no sera deseguro como reliquia sentimental y curiosa, al mo~o
como se guarda la tabaquera del bisabuelo, ni en memoria de su sagac1dad econ6mica, innecesaria ya en esa fecha venidera, antes bien por lo
que tengan de dramas bellos y conmovedores. Beaumarchais coadyuv6
con sus comedias a enardecer la turbulencia discola y sentimental precursora de la gran Revoluci6n Francesa. Y, sin embargo, las comedias
de Beaumarchais siguen siendo actuales, bien que los principios revolucionarios estén admitidos en todo el mundo. èPor qué? Porque toda
obra de arte, si por ser arte se halla fuera del tiempo y advocada a la
eternidad, como quiera que el arte es una actividad humana y el hombre vive en el tiempo y es una medida del ticmpo, la obra del artista ha
estado en su gestaci6n adherida a la matriz de la actualidad. Y aqui
-como en la gestaci6n natural, el instante misterioso en que se decreta
cl sexo de la criatura-se oculta el punto incognito y decisivo que determinara el resultado de la actividad actual; si ha de ser obra estética, o
ha de ser obra practica; si ha de ser fin en si misma, o ha de ser medio
para un fin econ6mico, sociol6gico, politico; si ha de comunicar una
verdad intuitiva y alentar en un sentido filos6fico o ha de manifestar
una verdad cientifica y exponer una filosofia 16gica y sistematica. El toque diferencial reside en ésto; la obra de arte, como actividad humana,
se alimenta con elementos tomados necesariamente de la actuâlidad,
pcro no los elementos transitorios, sino ciertos otros elementos que, sin
dejar de ser actuales, son constantes, permanentes. El problema doble,
!nsito a la obra de arte, lo habla denunciado ya Plat6n; desentraiiar lo
uno en lo multiple y la continuidad en el cambio. èQue éste es un problema filos6fico? La filosofia sistematica jamas resolvera este problema.
La unificaci6n de lo diverso y la inmutaci6n de lo mudable son antinomias que s6lo se concilian en el acto estético. Por eso la obra de arte genuino esta embebecida en un conocimiento de la realidad mas filos6fico
que todas las filosofias profesionales.
La mal entendida obra de tesis, la que esta elaborada con elementos
de la actualidad transitoria, se figura ser ella la que hace que esos clementos sean transitorios y que pasen de una vez para siemprc. Escribir
68

LA PLUMA
una obra de tesis contra un régimen polftico o un abuso social, natural~ente transitorios, lo juzgo tan estupido como escribirla contra el
ano 1921, para que se acelere el primero de enero de 1922. Ahora, una
verdadera obra de tesis buscara en cada régimen politico y abuso social
aquellos elementos de unidad y continuidad comunes a todos los regimenes Y abusos, aquellas rémoras constantes, desde el origen del hombre, qu.e_estorb~n la infatigable navegaci6n hacia la libertad y plenitud
del espmtu. As1 ha hecho Tolstoy; y en ésto disiento del dicta.men del
escri~or i_nglés Shanks. E~ n_ingu~a de sus obras persigui6 Tolstoy la
transi~one~~d de lo. trans1tono, 01 reformas politicas practicas, sino la
aprox1mac1on a un 1deal extatico y distante.
Conforme~ las ideas insinuadas anteriormente, mi deseo, boy, es
ce~ner la atom1zada obra de Nietzsche, y no diré separar el grano de la
P~Ja, porque en este autor apenas hay paja, pero si clasificar en montonc1tos lo q~e es literatura, loque es ciencia, loque es arte . ..
Un cnbado de Nietzsche.

LA MORAL OLFA TIV A
El_moral~sla inmo~alùta,--Nietzsche quiso ser, y fué, ante todo, un
morah~ta. C1crto que el hac1a el coco, llamandose un inmoralista, y nada
le plac1a tanto como que los timoratos le tomasen por un diablo coronado (~oronad_o de cuernos; la cornamenta es la corona del diablo).
Qu1ere_~ccirse ~ue un verdadero inmoralista es un individuo cuya
pre~cupac1on contmua, cuya pasi6n, polariza hacia la moral. De lo contrano no seria inmoralista. Porque todo lo que es-al modo de la vian
da e~ ~I a~do_r-:-:-, se sostiene sobre un eje, con dos puntos extremos de
e~~es10n e_1~c1s1on qu~ no cabe sino Jlamarlos polo negativo y polo poSltivo. Pos1t1vo o negat1vo, ambos polos constituyen oravitaciones fatales p~ra loque cae bajo su orbita imantada. En cuant~ un hombre, para
defi~1rse, coloca delante del apelativo un anlt o un in, confiesa, sin advertirlo, que esta en servidumbre de una cosa previa; traiciona su rec6n-

�1. A PLU \I A

LA PLUMA

·••

dita pasi6n dominante. Por lo tanto, ya no puede juzgar con serenidad
esa cosa previa de que esta en servidumbre. (Nietzsche nunca juzg6 con
serenidad de la moral. Mas aun; escribi6: «formular un juicio moral es
comcter una injusticia~. Sin embargo, no se recat6 en afirmar extremosisimos juicios morales). Toda nueva moral, o si queréis, todo intento
de moral superior y mas delicada, o si queréis, todo estadio fla mante en
la evoluci6n de la moral, choca, como inmoral, contra la moral acostumbrada y usadera. (NietzSche, con abusiva elasticidad 1fué tan impresionable, m6vil y elasticol di6 a entender que la virtud de hoy fué crimen ayer, y el crimen de hoy sera virtud mafiana. A veces, pero no
siempre. De la justeza en interpretar cuando si y cuando no, y el por
qué, depende el conocimiento preciso de la moral). En el moderno
mundo occidental vivimos todavia, no de la moral cristiana, como presuponia Nietzsche, sino de la moral judaica, y de la moral budica, y de
la moral chinesca; en suma, de la moral eterna, de la Moral, que es algo
consustantivo al espiritu del hombre. Cuando aparece una moral nueva
no es en rigor sino una exigencia mas severa de la moral olvidada; supone, en consecuencia, una incomodidad, un esfuerzo, una acci6n dificil, por ins6lita; y los hombres se sienten tentados a calificar estas novedades de crimen, cuando menos crimen contra la tradicion. Moisés
bajo del Sinal con cuernos en la frente, como un diablo. Cuernos de
luz, eso si, pero los pcrezosos y malignos no pasaban de sostener que

eran cuernos.

Nietzsche, aunque con cuernos, quiso ser un moralista.
Valuaciones.-Aparte de su preocupacion o pasi6n moral, de su exigencia de severidad en los usos morales (en los usos morales que él precooiz6), la novedad ética (?) de Nietzsche, su originalidad (?), sostuvo
él que residia en el sistema de valuaci6n. Los actos deben valuarse en
morales o inmorales segun aumentan o disminuyen, rcspectivamente,
la vida: y la vida no es sino sensaci6n y ànsiedad de poderio. Este sistema de valuaci6n tes original? Yo no entiendo por original aquello que
nace en un hombre, sin precedente ninguno, sino aquello que brota en
la espontaneidad de su espiritu y llega a adquirir forma comunicativa.
70

"

Si yo me enamoro de una mu·er m·
..
tagio o imitacion- aunque ant!
,~amor es ongmal, y no plagio, conEl sistema de val~aci6n de ,.,. tzs seh ayan enamorado otros cincuenta.
•
. "llC sc e no es una no d d
,
ginal, puesto que él ha llegado d 1 .
.
ve a , pero s1 es oripatible con las ideas originales. ;.a:r ~010tens1dad elocuente, solo commos como una de Jas formas d I
es novedad que ya lo advertije. Fué una forma adjetiva y : a n_1or~ del hombre primitivo y salvapuesta al fondo eterno de
/ans1tona d~ moral, co!ateral y superque ha ido depurandose
co_nsustan~vo ~l espiritu del hombre,
cLo moral es lo
- i enanas expenenc1as sociales.
dad de poderio? Un;~;pmere1·eannc~d~ sde_n~adciôln de vida y satisface mi ansie.
ia m iv1 ua tan br
.
nana experiencia social basta
b
'
eve, y no ya una m1lecionan aquella sensaciô~ y sat· ~ara-~ ~r que algunos actos que propor.
is1acc1on mmediatas
I I
noc1 vos para Ja vida y Ios m , s
. d. .
, son a a arga Ios mas
baja moral de la muched ab periu i~1ales_al poderio. Por culpa de la
um re, enem1ga s1empr d
d . . .
dad relevante' comenta N"et
1 zsc he Unas vece ' e e to a 10d1V1dualitificamos nosotros Pero co d .
s, s1, y otras veces, no, rec.
, nce amos que sie
hombre singularmente dotad l
. d
mpre que se le frustra a un
moral de la muchedumbre o ~ an~1e ad ,de poderio es por la bajeza
n ba,io (son palabras de N" tz'pohr )a pBs1colog1a de resmtimiento propio del
ie sc e . ueno Jy qu '? E
.
a la moral eternai) Nada d
El h
c
e é s esto una ob1eci6n
.
eeso.
ombred
d d
de la ansiedad de dominio co
d" N" esapo era amente aquejado
. .
, mo 1ce 1etzsche O c
d"
enac1m1ento
italiano
deseos
d
R .
,
o e real"1zar la pl, ,·t omo
d d se lJO en el
perc1be, si es inteligente, que sus med·
~m u
e su persona,
los demas hombres lueoo s·
.
d10s son im1tados, que necesita de
1
.
'
o , 1 se sirve e los de ·
s1rve a los demas o que lo d
.
mas tanto va e como que
'
s emas se sirven de él E
.,
es la moral- , es ax.iomatica e irred .
·. sta ecuac10n - que
bre individual, no puede valerse e/;~~~~~a~n~ ~mdad moral, un homde donde, la hostilidad ajena le
.
u?1camente por si propio;
pandir hasta el maximo ve , _slena mortal; s1guese, que si aspira a exros1m1 su personal"d d
.
de scr con ayuda de los demas
h . i a , como qu1era que ha
dos, que obrar en beneficio d; io:~to ~cersel~s hostiles tiene, una de
cuando menos, extraer su be fi . d ros a prop10 tiempo que suyo, o,
ne c10 e aquello que no acarrca perjuicio

e::~~ '

r

Ï 1

�LA PLU'.\1A
l d de la escuela inglesa, o utilitarista
al pr6jimo. Tales son los post~ a ~s
su bien como quiera que sea,
de moral, (Bentham): el homdr:, usca ·rroga se vuelve al cabo contra él
·
e todo ano que 1
·
comprueba d espues qu
aplacerse como bien pecuhar
lt
uistamente
por
no
.
mismo, y concl uye, a r
. ,
, Esta quiere ser una exphca.
1
barca el bien comun.
al
suyo smo en o que a
I
l no es un asunto 16gico. La mor
ci6n 16gica de la moral; per~ a lmora 1 harto dificil para el cerebro de la
.. .
n proceso mte ectua
.
utihtana supone u
ral utilitaria proporc10na norI
mayoria de los ~omb~es. Tamp?co aC;;o v~ a discernir nadie, especumas sencillas y eiecuuva~ ~e ~:c~~n~i~a loque redundara en bien comun
lativamente, en cada acc10n
. d 1 . terés? Asi como la luz supone
y lo que se reduce a falaz ~pet'.to e in e una inteligencia que lo ar"b
un silog1smo supon
.
ojos que la perc1 en, y
. d l
ducta supone un 6rgano pnvae
es
neooc1o
e
a
con
,
.
.
.
ticula, la mora1, qu
o
. .
oluntad La teoria ut1htana
'd
mov1m1ento 1a v
·
tivo que dec1 e y pone en
. d 1 ~ 6meno moral ni se basta para
de la moral ni penetra la esenc1a ~ e~ de ver traduce con bastante
hacer hombres morales; pero, a m1 m~ lod la e'tica El proareso social
0
.
.
· d l desarrollo soc1a e
·
exactitud la h1stona e
,
d hombres convencidos de que no
se computa en la me~ida del n~mero :1 interés general.
cabe interés privado mcompat1bl~ con existia el interés general. La HuPara Nietzsche, por el c?ntrano, no t para que se produzcan media
.
, 'l O es smo un pretex o
f
mamdad, segun e ' n
. N
h zaria yo este criterio si no uera
docena de hombres de gemo. o rdec a a conclusion como si el hom.
. haber llega o a un
,
q ue Nietzsche imagina
.
fi l'dad y no fuese a su vez pre.
si mismo su na 1
bre de gemo encerrase en l h
b es de oenio hubieran abrigado en
· s· todos os om r
o
texto de a1go mas. i
d
finalidad y no instrumcnto, no
. . 1
rt'dumbre
e ser una
.
.
1
su conc1enc1a a ce
. tes· habrian permanec1do anose hubiesen dado a conocer a s~~;~;:~e ;enio, como el que no es ~enimos. Lo que ocurre es 1u\ e d mas par: influirse de ellos y para mnio, necesita doblemente e .;sd :s ;etcxto para el hombre de genio,
fluir sob_re ellos. La Humam a ue 1/Humanidad se enriquezca y eleve
y el gemo es un pretexto_para·dad es indestructible. La moral del homespiritualmente. Esta rec1proc1
1 f damental la misma del hombre de genio, obligadamente, es en o un
72

LA 1-' L U'.\IA
bre normal. Lo cual no impide que, a cambio de un bien rarisimo que
solo él puede proporcionar, al hombre de excepci6n se le perdonen ciertas trasgresiones de la moral, a sabiendas, él el primero, de que son trasgresiones. Pero Nietzsche disputa que el hombre superior se conduce por
una moral distinta, que no se orienta al bien del mayor m'.imero: y anade que asi debe ser. Es la suya moral noble; la otra, moral de rebafio,
engendrada por la envidia y el egoismo. Si bien se medita sobre los escritos morales de Nietzsche se alcanzara la ultima consecuencia de que
con todas sus novacioncs no logr6 establecer una diferencia radical
entre la moral noble y la plebeya: continuan siendo la misma cosa. Muchas de las maximas, realmente ennoblecedoras, de loque él lia ma moral noble, que se figuré ha ber inventado, son (ya lo veremos) viejas maximas de la moral cristiana, que tanta enemiga le provocaba. En cambio, pone a la moral plebeya el reparo de ser una moral egoista, en la
cual por bajo del aspecto desinteresado se esconde el provecho de cada
cual; y, sin embargo, este ego{smo o afirmaci6n persona! es la caracter{stica que atribuye a la moral superior. La moral noble se echa de ver
en que suscita sensaci6n de vida y ansia de podedo; y, sin embargo, rebate la moral plebeya porque es un procedimiento de conservar la vida,
o sea el ansia de poderio, que segun él es el unico principio vital. Pero-y
aqu{ brota la originalidad de Nietzsche-la moral plebeya conserva la
vida de los débiles, una vida en evoluci6n regresiva que no engendra sino
decadencia y rebajamiento de los mas altos valores del espiritu. La moral plebeya-prosigue Nietzsche- aspira a ser justificaci6n y consagraci6n de la falta de vitalidad; es el indice que marca c6mo la vida ha tomado una curva descendente; asi como la moral noble es superavit de
vitalidad y curvatura ascendente. Pero ~c6mo comprobaremos cuando
hay déficit o superavit de vitalidad, cuando, en efecto, una moral comienza a curvarse hacia abajo? La soluci6n de Nietzsche es sorprendente: «Yo-dijo en ocasiones repetidas-lo conozco por el olfato. He nacido con un olfato especial para rastrear todo lo que es pro o contra la
vida.»
Ya habiamos indicado en un ensayo anterior («La mascara de
73

�L A P LU

;1J

A

1. A P L lI ~! A

Nietzsche») que era la suya una filosofia olfativa. También su moral.
Asi, pues, no habrfa sino unos pocos hombres éticos; aquellos cuyo 6rgano moral residiese en las narices.

MORAL RELATIV A Y MORAL
PERMANENTE

1 ,,'

Napok6n y sus viclo1'ias.-Si establecemos la moral del hon:1b:e supe~
rior y la moral del hombre dela masa como dos finalidades _d1stmtas, s1
relajamos la reciprocidad _anteriorme~te asentada: la h~mamdad para el
hombre de genio y el hombre de gemo para la humamdad; ~os hallar_emos en la situaci6n mas enfadosa e insoluble. Es como s1 Napoleon
(hombre de genio, dilectisimo al ânimo de Nietzsche) hubie:~ ~e pl~near y ejecutar sus batallas de tal suerte que las perdiera su eiercno sin

•

por eso dejar de ganarlas él._
,
,
,
,
La envidia. Nietzsche se iactaba de filosofo zahon. Zahon ten1a que
ser, puesto que, desgajado toda su vida del trato ~umano, creia adivinar
los mas rec6nditos resortes de la conducta. Llego a declarar que antes
de él no hubo psicologfa. Segun él, la pasi6n basica de la ~sicologia plebeya es la envidia, el sentimiento contra el ho~bre supenor. Esta ~fir~
maci6n esta como piedra angular en la moral metzscheana. Aho:a b1~n,
eso es una inepcia psicol6gica. La envidia no se da ~el_homb:e mf~nor
al hombre superior, sino entre iguales. Por algo la Bibha el primer eiemplo que nos proporciona de envidia es de un hermano a otro. Un mendigo envidiara a otro mendigo mas afortunado, pero ~o al alc'.'-1de de barrio, ni a un diputado a Cortes, ni a un soberano. Y s1 se o~rec1ese cl caso
de un mendigo a quien se le ocurriese cotejarse con un d1pu~ado, ~s~ableciendo diferencias, y deseando suprimirlas, esto ya no sen~ env1d1a,
sino ambici6n. La envidia supone en el envidioso la concienc1a de una
paridad cierta acompaiiada de una desigualdad i?justa:
Nietzsche, que cuando pensaba una cosa sab1a olv1darse de todo lo

1

.

que habia pensado antes, escribiendo accrca de la relatividad de la moral

y de ~6mo el cri men de ayer es hoy virtud, o viceversa, nos recuerda que
los gnegos veneraban la envidia, bajo los atributos de la bcnévola diosa
Eris._ 1Sus amado griegos, cânones de humanidad superior.. ! Y en otro
p~s~ie estampa lo siguiente: «el griego era envidioso, y no miraba la env1dia como una tacha sino como un don de una deidad benigna. Todas
las dotes naturales se desarrollan por contraste, por emulaci6n. Y en esto
se a_sen~aba, l_a ensefia~za nacional helénica». (También el sistema pedag6g1co 1esu1t1co, que v1ene desde Aguaviva, se prevale del sentimiento de
la envidia y de la emulaci6n.) Sobre la propedeutica de la envidia ha bda
mucho que comentar; no es ahora coyuntura adecuada. Basta, de momento, nuestra opinion adversa.
No, el hombre bajo y rebaôego no siente envidia ni resentimiento
contra el gran hombre; por el contrario, siente amor, entusiasmo ado:aci6~. La muchedumbre esta deseando siempre el gran hombre, ~n obJeto d1gno de sumisi6n y de idolatria; y como éstos no abundan, la muchedumbre los inventa. El riesgo de que un grande hombre verdadero
pase inadvertido no es a causa de los sentimientos rencorosos de la masa ·
antes bien, porque la masa no es bastante inteligeote y toma el oropeÎ
por oro.
La aditud jisiologzca.-Nietzsche calificaba las virtudes como condiciones fisiol6gicas. Comenz6 por colocarse ante la moral en actitud bio16gica. Escribi6: «Los moralistas, incluso Kant y Darwin, que no han
osado trasladar la biologia a la ética son unos cobardes.» (Ya hemos olosado que Nietzsche pretendi6 aplicar la 16gica a la biologia; que es co~o
querer corner el caldo con tenedor.) Después estiliz6 mas su actitud· una
actitud concrctamentc fisiol6gica. En muchos de sus libros, seiialadam~nte en Bcce Homo, concede menuda atenci6n al modo de preparar los
ahmentos y de masticarlos.
Pcrfectamente. Pero desde el punto que nos tropecemos con un dis~~tico v~rtuoso, la actitud fisiol6gica ante la moral nos parecera, si no
nd1cula, impertinente.
Los antiguos habian dicho: Mens sana incorpore sano. Mens, intelec-•

1

74

1

"

75

�LA PLUMA

LA I' Lü 111.l.
to. Esto esta bien. Nuestro Clarin escribiô: «Enfermo, no opines.» Se
opina con el entendimiento. Esto esta bien. La en~erm~dad menoscaba
a veces la inteligencia. La coordinaciôn entre lo fis1ol6g1co y lo cercbral
es como la de una rueda con el resto del mecanismo. Y como quiera que
la civilizaciôn material es corolario del progreso intelectual, un pueblo
sano y robusto sera también un pueblo adelantado. En sociologia ca?e
la actitud fisiologica. Un sociologo nortcamericano exclama: «La sarten
es el mayor enemigo de la civilizacion», aludiendo a que los alimentos
muy fritos en aceite pierden su capacidad nutritiva.
De la concieneia intelectual sabemos que posee su ôrgano, el ccrebro.
A la conciencia moral no se le ha hallado todavia la sede fisiologica.
,\'on est. No se ha hallado la sede fisiologica de la moral, rcplica
Nietzsche, porque la moral no existe. El mundo es amoral. (Conformes,
hasta cierto punto, respondemos. En las espccies zoologicas superior~
se observan rudimentos de conciencia ética. El amor materno, el sent1micnto de solidaridad, cl agradecimiento. la fidelidad, hasta la voluntaè
&lt;le sacrificio, resplandccen en la sociedad animal. La escuela evolucionista de moral considera la ética humana como herencia biolôgica,
dcsarrollada y perfeccionada, de la ética zoolôgica.) No hay fenômenos
morales-prosigue Nietzsche-, sino interpretaciôn moral de los .fen~menos. Claro que de que sôlo en el hombre se alumbre la conc1enc1a
moral no se deduce que no exista la moral, antes al contrario, que existe, y que existe s61o en el hombre; esto es: l'a moral es un_f~n6me_no n:ietabiol6gico. Corno la estética. No existen fen6menos estet1cos, s1no m terpretaciôn estética de los fen6menos. La estética y la moral no son fenomenos en la 'naturaleza, sino en el hombre. Ahora bien: cdônde reside cl 6rgano fisiolôgico de la estética? èQué tiene que ver la dieta
alimenticia con la obra de artc? Pues lo mismo la moral.
Un ejlrcilo de ir.vestlgadores.-Nietzsche, aun negando la moral, queria una espccie de quimica de la moral, y pedia un ejército de m~les de
investiaadores que coligiesen enorme material de hcchos denominados
morale~, a fin de luego preparar una tcoria de los tipos de moralidad.
Es cl procedimicnto empirico, que se sigue en las ciencias naturalcs.
76

Pero las cicncias naturales estudian los fcnomcnos en la Naturaleza
no es de es~ _especic el fen6meno moral. El procedimiento seria esté~/
Croce ha_ cntJcado sagazmente ese mismo procedimiento en la estética.
Relatwfsmo.-:-_ Entre_t_anto, Nietzsche se conforma con ser relativista
en _moral. «La et1~-d1Jo-depcnde de circunstancias geograficas e histônca~»- Esta noc1on la aprendiô de los moralistas franceses sobre todo
Volta!fe y Pascal. Este ultimo escribi6: «lo que es 1·usto del Iado d
'
d
·
· ·
d
e aca
e un no, es m1usto e11ado de alla». En efecto, enfrentados dos hombres, cada uno en una margen del rio, si hablan refiriéndose a un lado
u otr~ como la_der~cha y la izquierda, no se entienden, porque lo que
par_a este es la 1zqm_erda, para cl otro es la derecha. Pero, si dicen, aguas
arnba o _aguas abaJo, se cntenderan perfectamente. Pascal escribi6 la
palabra;us/o (o sea, conforme a la ley promulgada, que puede ser circunstancial o arbitraria), y no moral (o sea, conforme a Ja ley et
)
In~oducir cerillas en Francia es un delito de contrabando; e~rn~~
pana, no.
".'o~taire y Pascal fueron realmente relativistas, en cuanto el mismo
relat1V1smo lo expusieron relativamente, admitiendo y afirmando
b . I 1 . .
' por
aJO e re at1v1s~?• un~ moral universal, permanente y necesaria. Nietzsch~, en su relat1v1smo 1racundo y dogmatico, se conduce como un abs
lut,sta.
o.
Moral_cristiana.-«Has de saber amar tu alma de suerte que te bastes a ti m,smo en la soledad. Has de aborrecer por igual todo exceso de

la pl~be o del potentado. Has de escribir en tus tablas la palabra noble_
cQue cosa ~s ser noble? Ser dispuesto, tanto para ordenar como para
obedece~. S,gn~s ~e. nobleza: no pensar nunca que nuestro deber sea
compart1do, 01 e~1?1r a los demas iguales deberes; no rehusar ni dividir
nuestra r~po~sab,hdad; computar nuestras prerrogativas y su ejercicio
como obhgac,ones Y deberes». cEs, por ventura, esta una moral universal Y ~t~rna? S_egun Nietzsche, esta es una moral relativa y anticristiana
qu~ el mvento para los hombres superiores. jGrande es nuestra confus16nl
RAMON PEREZ DE AYALA

�L A l' LU .1\1 A

ASCENSION
nadie Jo adYertia.
milarrro se realizaba en aque li a casa, y
.,
Los i;ilagros son frecuentes, pero el _imp_erativo de atenc10~
que las cosas naturales nos exigen, imp1de observar_ lo p~o 1
. .
cuando carece de caracter ùtil o no se rev1ste e
d1g1oso,
. - era en , ,erdad extra, .
1
ltitudes. El mno
,
exterior escemco grato a as mu
.
.
_
.
t s 'as raras c1catnces que en e1 cos
ordinario: sus m1embros en eco , i
.
•
1
• 1 'dea de heridas anteriores a su nac1m1ento, e semtado sugenan a 1
. d
·os persuasivos
blante grave y dulce de facciones termina as, 1os OJ .
..
'd
la boca que con las primeras noc1ones dtJO ya
cargados de 1 eas, y
,
, l "fi
y
. . . s de tal simplicidad y justicia que todo parec1a c an ~rsed
JUl1c~ofi
en dos zonas inconfundibles de bien y mal, hub1ese e
c as1 carse
·ca don de la
sftuido tema de estupefacci6n en una casa n
seguro con 1
. t
J · el aspero pro. f
r: ·1 Mas en la casuca del carpm ero ose,
vida uese aci ·
· b I caracter El
'blema de cada dia iatigaba la imaginaci6n y agr1a a e . .
doctor de la Casa de Socorro, que se habia afici~nado al mno y gustaba de sostener con él !argas plâticas, s~lia dec1rles:
-Tienen ustedes en casa una maravilla.
.
·Con dientesl-respondia, prosaico, el carpmtero.
. f d' 1
-1
.
dl t
de despego m un iae
y la «seôâ» Maria, sin apartarse e ono
,
'Vaga ternura maternai:

m
N

78

-Los pobres no debiéramos tener hijos, doctor. Y si salen listos
y enfermizos, como éste, peor a(m.
El médico, mas para si mismo que para ellos, explicaba de este
modo lo excepcional de aquel muchacho, que a los seis aôos era ya,
sin que se dieran cuenta, la primera autoridad moral de la casa:
-Lo que me choca no es su inteligencia: conozco otros mas listos.
Lo que me admira es su tendencia precoz hacia el bien, su falta de
instinto egoista. Parece que sus ojillos ven lo bueno y lo malo a través de todos los equivocos, y que desnuda las segundas intenciones.
No es el niôo sabio: es el niôo santo, mucho menos frecuente. Hay
que cuidarle.
Aquel hijo inesperado, trajo d desconcierto a la casa. José era un
artifice torpe y escrupuloso. Su falta de habilidad impediale tallar
finas maderas, y su aplicaciôn vedabale entregar sin ciertas finuras la
obra basta. Ganaba, pues, muy poco. La existencia era casi misera,
y Maria, en las épocas mas estrechas, cosia para fuera y lavaba a
veces en el rio. Matri!r.onio sin pasi6n, mas pr6ximos a la calma ùe
la vejez que al hervor juvenil, tuvieron aquel hijo por sorpresa. Fué
una noche de un invierno helado, entre sueôos, sin que el placer, ni
aun la conciencia interviniesen, cuando la primera célula del fruto
pendi6 entre los dos arboles unidos por el frio y el hambre. Y cuando, dos meses después, la mujer clamaba: «Ha sido mismamente como
cosa del otro mundo», decia verdad.
Durante la prenez sucedieron a la «sefüb Maria dos hechos futiles que ni relacion6 siquiera: una tarde, mientras hilaba, detuvose en
el dintel de la puerta el hijo de una vecina. Era un muchacho hermoso, casi idiota, pero de belleza angélica. Nada dijo, sonri6 con sonrisa beatifica, e iba a hablar cuando un trope! de arrapiezos le tirô de
los harapos y lo arrastrô lejos. Fué inutil que la «seôa» Maria se
asomase a preguntarle si su madre lo mandaba con algun recado. El
79

�LA PLUMA

LA PLUM.',
angelote le sonri6 ... le sonri6 cual si hubiese tenido algo muy grato
que decirle, y desapareci6 entre la algazara cruel. El otro hecho fué
que una paloma blanquisima entr6 por una ventana y se pos6 sobre
la cabeza de la embarazada. Un pariente suyo, que estaba de visita,
la cogi6 sin trabajo alguno, la torci6 el cuello, y al otro dia se la

•

comieron con arroz.
Los primeros anos de la vida del nino estuvieron llenos de sobresaltos. La menor enfermedad adquiria en él caracteres graves, como
si el alma albergada en aquella arcilla equivocadamente, quisiera
aprovechar toda circunstancia para deshacer el error. Vicisitudes del
infortunio obligâronles a cambiar de ciudad y a ir a lomos de mula
hasta un pueblo costero, donde se asentaron. En cuanto el niiio
aprendi6 a hablar, sus palabras produjeron en quienes Jas oyeron no
ese contento c6mico que, a modo de chispas alegres, surge de los
primeros contactos del hombre con el Universo, sino una especie de
estupor. No andaba a(m, y ya hablaba de corrido y razonaba mejor
que sus padres y que los amigos de sus padres. Le pusieron de nombre Jesus, y alguien hizo notar que ninguno le cuadraba tan bien,
no s6lo por el fortuito entronque en sus progenitores de los patronimicos sagrados, sino por aquella vaguedad del rostro, por aquel
efluvio autoritario y suave, por aquella sabiduria innata acerca de las
verdades primarias, que hacianle viva piedra de toque del mal y del
bien.
Esta rectitud manifesta.base en detalles menudos. Por ejemplo: el
padre solia a media man.ana, cuando su mujer estaba fuera, llegarse
a la cocina y sacar del puchero la primera taza de caldo, la mas sustanciosa. La «senâ• Maria, en cambio, si iba de jornada a cualquier
casa rica y dabanle algo, traialo con misterio para dârselo al hijo.
Éste, en ambos casos, protestaba; y no eran menester sus palabras,
sino su gesto, para que la taza subrepticia sacarase en un descuido

s~~o y para que el paquete de vituall
.
d1v1diera en tres porciones d 1 as se abnese sin escondite y se
nienor.
' e as cuales una habia de ser algo
-Yo nec~sito corner menos, decia.
-rPero s1 se te cuentan los huesecitosl
-Con ese carâcter no é
,
-argumentaba la madre.
J .
T
s a que te vamos d d'
ose-. e engafiarân todos y ade âs
a e icar - preveia
los seres demasiado justos ' '
~ '-~o tendras amigos, porque
El
' no son s1mpahcos
.
padre, al decir esto, mostraba
. .
utu humano que las de Ios ârb I conocer_meJor las vetas del espi•
p~r su garlopa y su serrucho. : es c_onver~1do_s en materia muerta
cmos estaban intranquilos s1· e to tberna Jesus s1ete afios y ya los vedeseo d e verle partir a su ' . n ra
.
" a .en su casa. Unos atnbuîan
el
•
·,
aire
enierm1zo·
otr
oe nmo «que ya pareci h b
.
'
os a aquella curiosidad
.a a er s1do persona
I.An nmo tan poco travieso hab' i
mayor», y otros a que
misma casa su prese .
~a orzosamente de ser hip6crita. En su
,
ncia continua enervaba·
gur6 que el nifio estaba a , .
,
. 'y cuando el doctor aselas maiianas a la playa ne~1co y que s1 no lo obligaban a ir todas
a coi retear con los d a
.
catarro podria lesionar los b
.
. em s ch1cos, el menor
. .
ronquios débiles el
· t
posa smberon un secreto alivio.
'
carprn ero y su esmaiiana iras ' porque hace falta para tu salud , le d"!JO, severo-Desde
, José.
-En cuanto vayas unos cuanto di
pali6 la voz materna·
s as lo pasarâs mejor que aqui,

y Jesus no pens6 en desobedecer Q
,
Pero a las claras v1·6s
.
. 1 ué hab1a él de desobedecerl
e que no iba a gusto S b
arena, bajo el sol la ch1· ·11 ,
. o re el oro tierno de la
,
qui ena correteaba co 1
ameaban
las
velas
sobre
el
azul
intenso
n a gazara. A Io Iejos
11
espuma, Ios esqueletos de b
' y cerca de las grecas de
.
arcas a medio c t ·
Jas carcomidas de mol
ons rurr y las barcas vieuscos, parecian crias y restos de una fauna
6

8o

Sr

�LA PLUMA

LA PLUMA
marina. Desde el primer dia, Jesus aficion6se a los niii.os menores
que él. Los Uamaba junto a si, y les contaba historias que siempre
encerraban, a modo de ap6logo, consejos o advertencias. S6lo diez o
doce no se fatigaron de estar pendientes de sus labios. Los demâs,
âvidos de vivir en todas las cosas, desperdigâronse por la playa, Y
alguno debi6 de ir con el soplo a los mâs turbulentos, porque en pocas man.anas el auditorio se renov6 y surgieron las primeras burlas.
El don del humorismo habiale sido negado a Jesus, y a pesar de superar su ingenio al de los demâs zafios hijos de pescadores, respondi6 a las chanzas con una seriedad y un candor tan poco combativo,
que, sin duda, evitâronle violencias. Desde entonces, fué admitido a
titulo de buf6n melanc6lico entre los rapaces; y cada vez que uno de
ellos iba a matar un cangrejo, a tirar una piedra, a hurtar un trozo de
red, algunos pececillos o un remo, volvianse hacia él y, con fingida

•

gravedad, le consultaban:
-Oye, Jesus, &lt;es malo hacer esto?
-Si, si; es malo, respondia él.
Y el delito cometiase entre risas; mas si alguien lo descubria
luego, Jesus miraba al delincuente de un modo que aquel mirar le
penetraba aun mas que los golpes y las rio.as. Y después el castigado
guardaba contra Jesus un rencor subconsciente. Y asi como todos
los chicos cometian maldades, Jesus lleg6 a ser la conciencia de la
playa; y una vez que estuvo enfermo y que los chicos fueron uno a
uno a preguntar por él sin dejar de hacerlo un solo dia, soii.6 que no
iban a interesarse por su salud, sino por su muerte.
Cuando convaleci6 y pudo volver a la playa, dijérase que su
ausencia habia multiplicado la contumacia de los pescadores. Jesus
crey6 preciso multiplicar también su celo, y amonest6, contruri6,
hasta tuvo insospechadas c6leras que hicieron temblar sus labios
pâlidos.
82

- 1Ya podias no haber vuelto nunca'
. -Abusas de que has estado enfe. .-exclam6 uno.
d16 otro.
imo y no podemos pegaite-afia-Le andas buscando tres pies al at
.
encontrar, amenaz6 un pel' .
_g o, y conm1go se los vas a
.
irroJo, en qmen la
t·
m1embros despedazados y d l
con mua visi6n de los
b' d
e a sangre en la c . .
,a esarrollado algo feroz.
armcena paterna, ha-

y desde entonces' al gusto
· d e1 ma1 an- d' ·
nueva: la de hacerlo delant d J , '
a wse una voluptuosidad
.
e e esus cont a J •
cuan do llego , la confab u1ac1'6 n estaba ya
, t r d esus. Una mafiana,
unos pescadores dormidos d t
rama a para vengarse de
en ro de su fal h .
mar y amarrado a una estaca h d
uc o mquieto sobre el
pescadores habian castigad d'on amente clavada en la arena. Los
0
1as antes con
p_oc_o mas blandas, una rateria de la horda·
voces duras y manos
s1sttr en cortar el cabo
' y la venganza iba a conpara que se fuesen a I d .
con t ra los aiTecifes El
a enva o chocasen
·
mar estaba turbio · d
puma parecian querer salir vol d d
, pica o, y mil alas de esan
e él Por el · 1
··
pasa ban rapidas. El oro d 1
.
c1e o, negras nubes
o
. .
e a arena se habia t
Ji
cre ando. Uno de los h'
rans ormado en un
~ .
c icos preparaba ya
t
a e1tar para corlar la eue d J .
un rozo de navaja de
-·~o lo
.
r a. esus les suplic6:
'
?aga1s ... no Io hagais!
Su
fantasia
veia ya la barca vagando e I
1
a desesperaci6n y la muerte d I
n a noche, y el hambre y
c·.
e os que eran tamb'é
wn, esperados en tierra y I
'
i n con desesperad
· a ver que el gr
.
er sus ruegos, amenaz6:
upo se aleJaba sin aten-

°

-jSi Io hacéis grito y si no se
jEh, Ios de la barca'. .. !
...
despiertan, corro a avisar...
Su vocecita, arrebatada por el vien
...
grupo de muchachos se detuvo v . to, a~qumo volumen viril. El
Ios mayores dijo:
, olv16 hac1a él, lo envolviô. Uno de

�LA PLUMA

LA PLUMA
-Hay que taparle la boca... 1Tu, pelin·ojo!
Jesus huy6 y fué a guarecerse tras una canoa vieja, perseguido
por el hijo del carnicero. Con la lucha, la canoa oscil6 y el perseguidor tuvo una idea puesta en seguida en prâctica: volcar la nave
quilla arriba y aprisionar a Jesus debajo. Durante unos segundos
oyéronse gritos, y después, el grupo, ya lejos, vi6 al pelirrojo que,
cabalgaba sobre la barca, inclinarse a mirar por las grietas.
-~Chilla aun?-pregunt6 uno.
-Calla para asustarnos. Es un hip6crita.
-No se le ve. Hace oscuro dentro ... Pero id ... iDe aqui no sale!
Sin embargo, el grupo no se decidia a terminar la hazaiia. Poco a
poco desistieron, y, acercândose, miraron también por las hendiduras, sin lograr ver. Ya el pelirrojo estaba en tierra y con la boca puesta
en uno de los hoyos, vociferaba:
-jGrita, tu ... ! jMira que nos asu!rtas ...! jGrita o te doy una paliza
que ...!
Ningun eco tenian las voces. Y ya algunos empujaban con cautela la barca, cual si en cuanto entre el borde y la arena quedase
espacio, fuese a salir contra ellos algo terrible. Un chico, que se habia
tendido en tierra para ver antes, dijo:
-Esta, si... Y se mueve.
De un empuje la embarcaci6n volte6se y fué a caer a pocos pasos,
crujiente, dejando al descubierto el drama. La cabeza de Jesus habia ·
sido cogida entre una de las bancadas de la canoa y un enorme guijarro, y la sangre empapaba la arena en torno a la faz, donde s6lo
los ojos recordaban al niiio de antes. El corro se ensanch6, mas un
misterioso lazo oblig6lo, sin embargo, a quedar unido. Algunos se
aproximaron al cuerpecillo que encogia el dolor, y quisieron cargarlo. Ya era inutil. Las pupilas se vidriaron, un pafio inexistente y ama•
rillo tendi6se por el rostro. La mano derecha quiso alzarse y no pudo.
84

La ultima mirada fij6se en el cielo des
.
aterrorizado circulo de aprendices d~
cend16 despué~ a recorrer el
la despedida:
hombre Y los lab10s suspiraron

-jPadre...! jPerdono... os perdono... perd6n '
Todas las miradas estuvieron uno
.
....
cardenos labios como si t
I
s mmutos pendientes de los
escaparse de ell~s algo inco;a~re~ postreras ~alabras fueran a ver
hacia el azul que tapaban
6 que ascend1es_e en el nublado dia
inerte y hasta el menor rest ndu es.~ _s6lo cuanê:lo la materia qued6
0
,
e espmtu de"6 d
·
nusculos actores de aquel
. 1 e anunarla, los mi.
nuevo calvano sin lin
.
d1eron entregarse al miedo fi .
d
co a Y sm cruz, pu1s1co y esbandars
il
de voces de angustia.
e Y enar la manana

1:

A. HERNANDEZ CATA.

�LA PLUMA

EL DINAMISMO
61 ;/)inamismo-acrobata jantiticodice en un brinco: «/61 brinco es oracionl»
(C/Jibra la enfrana del aptitico,
bajo la espuela de esta afirmacion)

LA CORPOREIDAD DE LO ABSTRACTO
IMAGENES Y REPRESENTACIONES

cSi la cuchilla de la maravilla
perfora el lienzo de tu percepcion,
date a la danza, gesticula y chi/la,
que asi quiere el 6ferno la oracionl»

EL SUSTO

•

«(;/ éxtasis no llega al brinco.
61 éxtasis es abandono.
(;/ brinco es propension a todo ahinco,
hierro de voluntad, feson y encono.

.Eos cuernos gualdos, curvos, de alcrebite;
el rostro, ptilido; llena de espuma
la boca-estti, avizor, en su escondite,
palptindose los broies de la estruma.

LA IRACUNDIA
«.Eas cosas se hacen y se han hecho
para que yo las rompa»
-suele decir, hinchtindose
de vanidad, oronda.

eoncu"e asiduamente a los garitos
ctitedras
del erimen y el 9l.traco.
0
.Eleva a la espalda un goldre, y en él gritos
de horror. /;s la puntilla del cardiaco.

cSu cuello es corfo-nucleo
congestible-, amapolas
son sus carrillos, y su vienfre
-/timpanitis fatall-una rotonda.

Penetra por el ojo de una aguja,
y, como una molécula, se acopla.
'Gticito, en las cortinas se arrebuja,
y, cuando pasa el fMiedo, chilla o sopla.

.Eas blasfemias se cuecen
en la saliva amarga de su boca.
Propende al exabrupfo,
al improperio, a la repu/sa fosca.

/;strenuo, y ducho en el oficio, brinca
a espaldas de la victima, relapso.
y al pusiùinime, por hurla, le hinca
el estilete agudo del colapso ...
86

�LA PLUMA
;Regüeldos su.bitos y borborigmos,
mug a su sabor, maceran las penosas
digestiones, que sufre de continuo
en su acidia en agraz esta matrona.
cSe le cierne una muerfe subit&lt;inea,
si no domena su impulsion indomita.
'llna gota de sangre transvasada
y un golpe a plomo son bien poca cosa.

EL N OVELIST A
(NOVELARIO)

EL AD UL TERIO
fbapatillas de suela silenciosa,
mostachos con alardes indecisos,
ojos astutos, muecas de rapos~'llbicuidad. cy puntos suspenswos.
!De abu.lico le tildan, mas su abulia
-o concatenacion de ocios externos-,
si bien le !leva a hispirse en la tertulia,
le hace forzar su produccion de cuernos .

•

cSiempre-/el cauto, el medroso/- va desnudo
y pusil&lt;inime a su menester.
.Ca homocromia sirvele de escudo
contra el peligro-cito a 9lpollinaire.
cSubrepticio en la sombra que le curie,
trabaja con macizas realidades.
'Jj, en fin, de un modo solapado, surie
a los maridos de superfluidades...

JUAN JOSÉ DOMENCHINA
88

( CONTINUACION)

i, 1p01· qué?
-No si si deb{era decirleto, ;pero se sabe tanto en el Barn'o
de Doiia Benita.. .!
-c1 Y qllé es ello?
-Que estd deshonrada-dzjo aquel amt'g'o, de.fando tumlato
a Rafael, que se ech6 hacia atrds en el divan y se qued6 mirando con odt'o
infi11ito al amzgo ofic,'o;o-. Sin embargo, st relzizo, y sigui'ô prel{Untando
al ùisinuador:
-c1 Y quién fut?
-Su hermano...
-c1Qué Jzermano, si· ella no tiene ning-,mo... ?
-Tz'ene un lzennano que después del suceso se fué a América o fué envlado a A nzén·ca ...
Rafael se cal/6; porque si tenia un hermano, ya no lzabia duda de ello,
pues resultaba sospt!clwso que se g-,,ardase silenet'o sobre él en la casa.
- 1 Y cômo se supo?
-Era un cinz'co y le gustaba dar pa,te a las estrellas en stt diclza ... Le
pillaron en las afueras, en las barrancales secos... Yo 110 sé si habré hecho
bim, pero nze !te' creido en el deber ...
-Sî... No lza estado mal... Eso debe ser popular, y no era cosa de que
yo no Lo supiesc ...
Ra/ad se despidio y salio del Café de la Verdad, mds de veriiad que
nunca, lleno de ese ambiente espaiiol que siempre estd deseoso de decir las
verdades.

�LA PLC'MA

LA PLUMA
Hoy iba a volverse a Madrid sùz verla. Habia sùio dema.&lt;iado fuerte
aquella confidencia de los muchadzos del pueblo, porque aquel con.fidmle
o.ficioso les npresenlaba indudablenzente a todos y habia sido elegido como
comisi'onado por ellos. probablt!mente en esa lzora nocturna en que se preparan /,as rupluras de crisfaies y las nzalanzas de gatos.
«rLuego Rosan·o es la deshonradal&gt;&gt;-Pensaba Rafael, i·nsistiendu en
esa idea, con la imagùzacion recalcitranle, para ver a la deshonrada como
!al des/zonrada, fulminantemente u11sual, arrebat 1da, con calores entranables y fervientes como con un homo encendido hacc mucha tt'empo en los
rùzcones de su cuerpo.
-jEstd de!,/ionrada!-se dcda, con menos dcsolacùJn que admiracion,
pues 110 podia de.Jar de ver que deslwnrada se volvia mds deliciosa y debia
tener la ùiquietud de ocu!tar!o, la desesperaet'on de temer la noclze sincera
en que se Jzare la mas d1fici'l comprobacion de la vida, la conzprobarion que
debe encontrar a la mujer st'ti ima hoja arrancada, sin emnienda m· ras-

•

padura.
La sensàcion aquella de que Rosario estaba deshonrada le calmaba, le
seducfa, le parecia que la embellecla mds, que daba a su carne el aliiio de
las casas en moraga.
A nu'tad de camiito de huida vol-vùi sobre sus pas0s y se diri'gio al hotelito con lento cami11ar, viendo la escena, comprotandu como Rosario estaba
mds bel/a después del secrelo. Segun como contes/ara a sus preguntas. asi
se portaria el. Si las conte.~taba sin cinismo, la perdonarfa; si las ronfesaba
'.:on avezada rùa, lzuiria de su lado .
Rafael, ya a salas con ella, no supo hablarla y la bes6, con besos después de f {)S que no e1a posi'ble una recriminacion seria.
Triu11fo asi la belleza de Rosario de /,a insidia de la vida, y se api opi6
como empaste embeL/ecedor con la verdad de aquel pecado, pues C11ando él
lti pregunt6 si· /zabia tenido im he,mano, conlesfo que si, pero que era muy
c:ilavera y lo fenian en América.»

El novelista, con ese capitulo medio resuelto, pens6 en lo intensa y
afrodisiaca que resultaria la deshonra en aquel barrio fûlgido, bajo el calor ·horripilante del verano, resultando algo tan formidable como un aliciente mas para encerrarse en el fracaso. Si su prota 0 onista deseaba el
fracaso en aquel andurrial, oyendo expresarse a aquelfa humanidad pintoresca que le era inferior, no habria fracaso tan capitoso y tan grande
como el suyo uniéndose a aquella mujer tan bella, frente a la que no sentiria la ambici6n de lucir por el mundo ni de elevarla hasta felicidades y
dignidades superiores. Cuanto mas hacia abajo, mejor.

VIII
El novelista buscaba sus per O •
:,aba en plena vida para que no ~u~f~!!cqon der~aldero ~hinco. Los bus- necos de trapo.
ue ecir e nad1e que eran mu-

Pr

. Corno su producci6n era escandalosa
,
mr a sistemas extraordinarios Qu· .
s~ caudal, t~n,a que recurecurrido a los anuncios a lo; p _1~d_era eUpnn;ier novehsta que habia
sitaba un modelo de mu'-er abn ~no icos .. ~ d,a desesperado que nececesita mujer abnegada. Se gratifi~!1t' ejcnb1? en los peri6dicos: «Se ne-.
y toda la tarde estuvo recibiendo a_ a meior de las que se presenten*
ellas materiales superiores a los q mu 1er~~ a~nbegadas, encontrando en
naci6n.
ue po ia a erle prestado la imagiDesde entonces muchas vec
, 1
.
~Desearia cenar d~rante un me:s ~ecuma_ a os ;.nunc1os mas lac6nicos:
saciôn de espaii~l -Un america~o on mu1er_ru ia para cambiar converhaya estado en el .presidio de Ceut/ ;&lt;N;ces1t_o ha~lar con hombre que·
Gracias a ese procedim'
' ~.sa ex~rnguir su condena.»
habria podi~o inventar nui~~:~• recog10 de v1va voz impresiones que no
El novehsta acudia también con m,
.
resp?ndian a sus anuncios a los
as gust~ lue a la ~1ta de los que
Y, as!, conoci6 a la que esta~ia leye~d~ B~unc1a ~ con mdepe_n~encia
qafe de Puerto Rico. Frente a esas
. anco y . ep,ro en un divan del
c1dos asi, sinti6 el novelista la orim:diefes,_due citab~n a los desconoque no se conquista lo ue se gf
c a v1 a y lo m1serable que es lo·
Cuaresmas terribles' qJe llevabrece. No se podi~ con ellas. Eran doiias
dormir, la camisa d~ su carrera :~ en un p~lquet1to la larga camisa de
A esos mismo . .
poco sem .
estudiaba sus cas~t&gt;;1~e!e;d!d~~!e~n
pro~b~fidôndtarnbién
los llarnaba y
1f!1POSI
11
pronto en la vida Pareda
a de llegar que hay de
todas l~s combin~ciones. que el destmo los perseguia y les desbarataba

~1

! ~d

Subta Y bajaba escaleras en po d
.
s?l_o a los que el destino acercaba si
personaJe. No_ q ueria atenerse
v1s1ta, o eran sus parientes o eran lo
_a y ~e encontr? una vez en una
vasto y variado proorama
s am1&amp;os e sus am1gos. Queria mas
mas estratégicos. 0
Y por eso buscaba sus personajes en los sitios
los dolores
mas t ern.
'bles d e sus novelas, lo encontr6 en la ca-lie. Uno
Vi6 ada~na
obre mu·er
cara compunaldisima / 1;vp~!tJgd\~on grafn 1ignidad, que Jlevaba una
0
tristeza.
un Y se ue con ella a la casa de la

°

Iba a todos los restaurantes para ver de encontrar a alguien' y m uchos
90

�LA f&gt;LUMA
LA PLU~! A

•

dias tomaba rumbos disparatados, porque algo Je habia anunciado, por
medio de extraôas elepatias, que en tal sitio estaba comicndo un matrimonio, o un tipo fantastico que le sedan utiles.
El novelista se sentaba en las mesas redondas de los hoteles de su sociedad, siéndole eso lo mas dificil de hacer, pues necesitaba mucha hipocresia para trasladar de su casa a la fonda la falsa maleta. Realizaba
como un crimen su ida al hotel v pensaba muchas veces que el cochcro
se dcbia de haber ido sospcchando que se trataba de una estafa aquel
caso, de un seôor que se trasladaba desde su casa a la fonda sin pasar
por las estaciones.
«Un novelista es un verdadcro detective», se decia Andrés.
Muchas veces subia al quinto piso en que se ofrecia una alcoba, con
o sin, para caballcro solo.
-,!Es usted, la de un caballero?
Ella le miraba ... y buscaba a la scôora, que parecia que iba a alojar
gratuitamente al caballero.
Todo se preparaba para que encontrase asunto el novelista; muchas
veces se los presenta la misma suerte. Asi un dia, se equivoc6 de numero
y fué a dar a un hotelito desviado.
-iVive aqui el seiior Cord6n?-pregunt6-y la prcciosa doncella que
sali6 a abrirle le dijo:
-Espere, que llame a la sciiora ...
La sciiora, cra una mujer opulcnta a la que la brillaba un pendentif
sobre el descote.
Se veia que se habia puesto sobre la camisa un delantalito.
Era, sin duda, una protagonista de novcla, en cl trajc de la verdad.
Andrés habl6 con ella, pero cuanJo la dijo que era novelista clla se
-ech6 a llorar, ropandole que no dijera nada y, sobre todo, que no la
matase al final ac la novcla.
Todo lo aprovechaba Andrés, y los domingos iba al Hospital Genecal para prcsenciar la hora de dar la comida a los enfermos, puesto
que es el momcnto de fisgar bien la vida y de sorprendcr sus descos, y
ese vago anhclo de cosas que hay en el fondo del alma del hombre.
Era un gran visitador de la carcel, de los colegios de sordo-mudos y
de los de huérfanos.
Usaba todos los procedimientos posibles para cazar los personajes de
sus novclas.
Aqucl dia en que se enrcd6 en los flecos de un mant6n entabl6 conversaci6n con la chulona y se fueron a cenar juntos.
Su historia era de esas historias que son como esos dibujos de las

cajas de cerillas en la época en q
.
,
van en el bolsi110 de las cerillas uuneamh~stm?notonas fueron. Todos lley cm'da d o que el caso de enoancha1s ona como esa ·
de .Manila es una manera de tot:iar rse en_ ~os ~~cos de un mant6n
vida.
una participac10n espontanea en la
Pero su corredora de asuntos era la los . .
ur:ia de esas mujeres que comcrcian con la p1rac1?nd, que parccia como
P1edad.
reventa e cosas del Monte de
. No tenia que ser bella la Inspiraci6n .
. .
ttda y co~ un gran tipo de intriganta y ii~,;~ una correve1dile, entromeAndres la c1taba en los sitios mas rec, d'
.
la escena de la impaciencia de And , on d1tos, y es d1gna de rehacerse
su cita.
res cuan
la Inspiraci6n faltaba a
Andrés, ya muy tarde, se daba cuent d
,
Estaba en ese rinc6n del restaurante ma ' e que no ven~a la lnspiraci6n.
en que tomaba un poco de queso y de vf~O:oco conoc1do del publico,
Las mesas con mante! de ajedr d h
cos, un blanco brillante y otro ma~~ e~' etho ccJ° dos. clases de blanLa Inspiraci6n no llegaba No se' b ~ela a a os pos1bles imitados.
taba solo.
·
a na a puerta a su paso. Todo esEn un rinc6n del establecimient
.
.
bre los platos. Alguien queria come~s!eelbl el cuchl illo y el ter:iedor soplato hecho de queso.
anco P ato, como s1 fuese un
Andrés miraba por la rendi ·a d 1
.
I~spiraci6n no venta. Debian j ar:c/ cort!na que tapaba la puerta. La
hda mano por la rendi1·a de la cport· rdconlJUntamente su rostro y su pu•
ina e a puerta
Na d a. Las 1amparas de gas a a d •
·
ponian su sombra en )a pared . p ga as JUnto a las lamparas cléctricas,
Los pasos del camarero meditativ
.
d~straian de pensar. cEn q~é ruin C fi.Y Sl(:tre .c?n botas nuevas, le
za pensaba que Andrés iba a darle Pon icto ~ a?m1ha meditaria? èQui.
d
oca propina
E) cocmero
e gorro blanco ran
.
1. ,
le mandasen echar algo al aceit~ !iem;;:rm :{!n :J!-1guo, esperaba que
Pero And~és era cl unico que mere d be io
iente de la sartén.
1Y la lnsp1raci6n sin ir!
n a a.
cNo oy6 la cita~ cNo se ac0 d • d 1 .
Es seôorita facÙ-siempre ; 0 se cita? cNo se dio cuenta?
man-, que es enamorada y libre
rero-que a~ude donde la llaEntraba siemprc como yend · &lt; mo, pues, no 1ba?
cdon~~(a muy bien su gesto. Pri~:ri~s~~oltrarbal que busca. Andrés
cc1d1da.
a a ca eza y después penctra.

°

i î,
·C6

93
92

�LA PLUMA
LA PL U r-.1 A
Aquellos d îas e.n que faltaba la Inspiraci6n a la cita Je dejaban enfer-mo, desabrido, suicida, jugando con el cuchillo de la cena como con un
·terri ble punal.

IX

«jSi yo pudiera hacer una novela con un farol seria un gran novelis-ta!», se habia dicho muchas veces Andrés a través de su victa.
Aquella novela cuyo apremio le apretaba todas las noches cuando
pasaba transversalrnente la ciudad y vefa los faroles erguidos en la noche,
como los hombres de capa que Bevan muy salida la cabeza y la capa
muy caida y resbalante sobre los hombros, le obsesionaba.
«jHasta que yo no escriba esa novela no seré un verdadero novelista!», se repetia.
A veces se abismaba largos ratos pensando en los faroles y siguiendo
su posible novela, la novela que tenian indudablemente. Porque él no
sabria c6mo hallarla, pero los faroles tenian su novela, sobre todo uno
entre todos. iPero c6mo encontrar la telepatîa de cse faro!. ..?
Los faroles de gas donde tienen mayor preminencia es en Londres;
pero a Andrés le molestaba que pasase la acci6n de su novela en ambiente extranjcro.
En Paris habia sentido también la necesidad de escribir esa novela
sobre los faroles, arrebatado por aquellos faroles y por aquel gas que

•

·Paris ha refinado y ha convertido en algo suprasensible que llega a iluminar hasta la inteligencia de sensible que es.
El gas devuelve a Paris su abolengo romantico, y sus calles toman el
tipo de calles que conducen al baile de mascaras, calles por las que se
pasa en la noche fria camino del teatro sin butacas, del teatro que es por
,entero escenario de la mascarada.
El gas palpita a lo lejos; es decir, parece palpitar, porque el fen6me,no es que el gas que se escapa a los faroles de delante hace titilear a los
,de atras. Cintileo de sorti jas rriovidas en la mano viva son estos cintileos
del Ksi
oas.como con nuestros faroles se dia!oga, los de Paris estan tan altos,
·tienen tal orgullo, son tan grandes hombres, que solo se les puede ad mirar. Son sobrehumanos y no tienen que mezclarse para nada al amor o al
-crimen que sucede al pie de ellos; tienen el pensamiento mas alto.
Los altos faroles de Paris son los que iluminan la Historia, son los
faroles que hacen a la noche tan inteligente, tan clarividente como el
dia; los faroles que esperan los grandes acontecimientos, que velan en el
..centro del mundo. Estan solos en las altas nubes, pero estan consigo
.rnismos.
94

Aquellos faroles de Paris le fascinaban co
tas, como si el uno fuese Villiers de l'Isl Ado monuméntos cspiritisotro Baudelaire· pero no le acababan d e t ~m, Y el otro Banville, y el
cesitaba faroles 'mâs bumanos, y esos s~l~nloussh:w:r para la i:iovela. NeYa una noche, no pudicndo resistir
, l
e~ ,Madnd.
grandes cifras, que dibuj6 con mucho
tentac10n, escribi6 con

es:::!:ot

EL FAROL NÛMBRO

185

id~

El recuerdo de los faroles de la n h d b
al despacho, como si se hu bicsen un
:n a a gran ~splendidez de luz
aqudla conflagraci6n de la luz al rededor d~~ri ~~~~lamparas. Era feroz
T oda su vol untad estaba en construir
li
.
Je aquclla primera pagina con el titulo su~1~t~vi â~vela, pero no pasaba
EL FAROL NÛMERO 1 85

«Es la novela que ticne mi s
, .
drés-, la q ue esta pidiendo ser coa~~:r:r~! en SI m1sma-pensaba Anva a ser la mâs prcciada de mi vida D 'pase loque pase, pero la que
el farolero de ese faro] que es el ... - urdante ~n~ temporada voy a ser
A d · C •
,'
empeno e m1 vida»
~ res ast1lla ve1a cl numero del f l
. . .
.,
.estuv1cse sobrecargado de interés
ar~\ en su/m?grnac10n como si.
soldado mâs valiente de su regirr:i~~~o 1uese e n~.mer,o heroico del
«Hay que comenzar por el preâmb~lo», :ecâijt,a;~ao~~~:r r85.

d~

PREAMBULO

«El mzmdo de los /ai oles es un nzundo .
nadie, que nadie ve y qzte sùt embard'O t . vivo f~etgo~a !taras que 110 vive
naliJad.
'
" ' zenen e, tn eres entero de su perso-

17h:~: ;l!~~ L~~rar°lt:J'og~n_soLamente. :lan :~-::~;~~/!,~~~ ~~ ~'!:z~
Asi como las demds haras se comparten ha ho
0

t1

~:;t:::t-t;~

com~ guard1a:.
ldc&amp;lle si:i
mundo en su:. esquinas, plantados
!-Jon una clase de tes/i&lt;ToS pre
·l
d: •
~s lo que solo sahrd el
do cu~!:1;ae:~
ld,0 Y lolaque ellos saben
stva de su experiencia.
a ta , en noclze ya exce-

min

:;;;,,i~a_f

nid;_;; ~~:~~~:§:t:;~~ s/°:z" metros cu_amzta_-que_ lo 1:en todo con sere-

un pie y despuéien otro ~ ~n_te. 1:fo tzenen tmpaczencta y no se apoyan
n·gidez de hierro.
. s an szempre apoyados en el mùmo pte, con
tn

Hacen /rente a todo y estdn esper,mdo eternamente el ultimo dia.
9S

�LA PLUMA

LA PLUMA
Es lo unico que anima a los que se han de morir, el vertes tan peripuestos y tan, al fin y al cabo, tan a la postre de Iodas las vecindades.
l~l especldrnto de wt farol u r, dia de inviemo en una esquina es algo
confor/able que anima como nada al que pasa, que le da fiereza y qu, le
hace que se eclze la cùenla de que, dPspuis de todo, aquel farol le tiene que
superviz,ir de todas maneras.
L os faro ·es se Jzabùui unos a otros en fila, comunicdndose las cosas como
los prcsos de las prisùmes ùzg!esas en que estd ni,indado el silencio. Tambiéll rccuerda su clzarla la de los tellgrafos de wîales.
Fardait en llegar las cosas a Los faro/es de las afueras, pero, al fin,
lleg a11.

«En la callc del Tribulete-dice una de esas noticias que dan la vuelta a todo Madrid - se acab_a de romper la cabeza un borracho contra uno
de nosotros, contra el numero 8 de la caJle... No le ha visto aun nadie ...
No le han descubierto.»

..

De los per o,ticos que leen los serenos a sus pies /ambù!n sacan noticias
de bulto que solo comnueven su curiosidad, porque el/os miran por encz'tna
de lodo eso y solo por curiosz'dad lo hacen circular.
Los farolts Lienen categorfar entre ellos: y asi, son los cardenales los de
cuab-o o .reis brazos y g;r,ut lumbrera en med'o; obisp11s, los de tres; canônzgos dt las cal'es, los de d os, y sùnpl~s o.ficiales, los de wzo.
Los grandes /aroles de cuatro y sers brazos dan zma alegria a las plazas o plazoletas en que estdn erigidos, que hay deslteredados de la fortzma
que buscan sus caudalosas fucntes de luz, su.i drboles de un Noel espléndido
j' cotidiano, su cosa de altar de la noc/ze.
.Es como zma bendicion que esparcen por la noche la que dz'ngen desde
sus solios de pied1 a, lo!!rando triunfar co1t su luz de las bravatas de la noche de z·nvierno, de su terrible emboscamiento.
Se podria decir que tocan las guitarras o mandolinas de su luz, despejando de tristonerias la noche.
Una gran liturgia, zguat que la que ùtdica que se dau los Sacramentos
a cualquier hora de la noclze y la que hace que las casas de socorro estén encendidrts, es la que cumpleu esas congre!{acùmes de luz que lzacen /rente a
la tragedi'a de la noclze. iLztz, espz'n'tu de cordial tertulia, tienen esos /aroles de ci11co brazos! jllarfamos nieestro nido en ellos!
Los de dos mecheros dentro de la misma cabeza de farol, parece que se
confortan mds entre si y son como una especie de gemetos o qui'zâ-aunque
los se:ros estdn tan poco estud1ados eu la faroleria-un st'lencioso y pulcro
matrimonzo, umdo dentro de la casilla de cristal, nzuy pegada una luz a la
otra, cbmo dos cabezas que leyesen juntas o como una pareJa hunzana queal hallar las maderas de su habüaciôn abierlas se les hubiese ocurndo aso96

marse
a lN cristales
para ver la noc,zc
, y enronl!ar tod l d;r,
,
.
·
rtay entre wt mterwr coitror abLey la
., fi···-' .
a a ':;Crenaa que
Pero l fi
'.I'
J/Octze ,:ns1.ma
esldn solo~:· aroles usuales, hs que tze11cn wza vida ibseniana, son los que
Lis lzay que sufren como Cris/os son
lo
bajo las obras de alba,1,leria O los d;~ ib esos ~ !, que les ha Locado estar
d,llo de madera que les J'Ollen como a l os, ;~o s1rvze11doleJ apenas ese tejaen /,as cal/es toledanas. Durante la la os Lb zstos ~ue estdn a la ùitemperie
de la M sericord1'a, que bien mereceri;!au~z e;,:an acosados, como ( 'n'stos
Los lzay que estdn en esas cal/es d
at renuestro rpte les /Jalag-ase.
nzed;~o por tl1 bam'zar, bordeando esos s~faas_ afue~·as 111cdzo urbanizadas y
laeto7: costard tanto como la rasa.
,es vaaados en los que la czmen.Esos /aroles al borde del abismo sost. ë. d,
q~œ Ilay en su cabeza, pues esld1t eri ~'dtJs
Il ose _por ~l gran equilibno
tttmen grandeza de jaros en la no }.'g ,, , e :~ preczsa cm/a del precipicio
, .
Cie ue 1as a.111eras.
'
0 ltos que eslan;unto a la profimda via d lo
.
valaczôn, que ù1yec1an la inqmetud de los trn:es s [!.rtca, 1:tL~s de circundad a la que de.Jan ver de eerca los trenes
y e_ ,,! vza;es f1l la ciude ojo congestz'onado, estdn asombrados de a de movzmu11to y . ~ seiiales
trc11es y se asoman vigilantes jzmto a las V rdc:: a ~ alta 1lllS1Ô!l de los
dosa que bord-ean la liHea.
a as e mauera renegnda y 1111_
Otros e~tdn mas bajos, estdn en los camù
que lzuyen y a los pobres de pedir Nmosna
zos y ven pasar a los perr_os
das, y a los borrac/zos que se han p d 1·t1, que /uscan sus casas exb·tivtaescaparse.
er 0 Y a ,os nzuertos que han logrado

P.

:zz

Es tma cosa jiterte y fragtt un f arol
d.
que es figera y que se rompe con el alt'ent en me_ zo de la. calte. Su camisa,
nocturna. Parece menft'ra que tma especi o;/esfsl~ e~embzte de la canaLlerla
la de la camt'sa pueda mante.nerse t'tzcôl e e vzrrmt hd t~l volandera como
grandes violenàas.
ume en a noc e uesgraciada de las
En el fondo del/:lrol la camisa es c
la . ~
,
es loque mas se parece a un alma Es zmo __ n~na en camtsolin largo, que
saltar a su cama.
·
a ntna vtS!a en su alcoba antes de
No Pttede con los /aroles ni ta grip 1· l
Ese 1evulsivo, que es para ellos s
l e -~ ,a /ulmon{a. Son inviolables.
necesitan mldù:o ni boiz'ca
u ca orct o zntzmo, les resarce de todo. No
De~de Los altos puentel se les ve en nutrida
·~ d
.,
mas, vivos en espiriuat purcraton·o o en .
b {/pzna a prcceszon de alde su casco y de sus barbuq~tgos des :P tnaca a / retreta. La materzalùiad
cuestas que nos crennoJ qne no hemoas sa1r.be~~y Stt e,n cuestas que dan mùdo,
i tuo noso ros nunca.

RAMÔN GÔMEZ DE LA SERNA
(Co11tJnuard.)
7

97

�LA PLUMA

LETRAS ALEMAN AS
KASIMIR EDSCHMID
.. , 11·tcr•ria de Kasimir Edschmid en
, 16 · 0 que 1a pos1c10n
mas g1c
.
t mp6ranea s·1 merece ser estudiado m10uc1osala Aleman1a con e
. .
.d tales mediante traducciones,
.
e los artistas occ1 e n
,
.
te, s1 merece qu
tratarse del prosador cxpres101e conozcan, no es solamente po_r boliza las reacciones intelectua.
•
de sino porque s1m
nista ma" ~rand 'hombres que han padecido la guerra y que por
les de toda la generac16n e
f se nunca de sus remolinos.
•
t s
esperan za. ar
1sc-r bastante 10te.1gen .e • 11 O
·
•
. y no se puede formular un
. d K · ·r Edschmtd es comp1eia
.
La psicologia e as1m1
,
1 s Juchas morales que trabaia.
a fondo su pais Y a
balance de ella sm conocer
cde desistir de hacer esa cucnbaua la élite desde hace vemte aiios. Pberolno ss~1cpouog1'a mucho mas amplia, de la
• •a Juz so re a P
'
·
ta; pues derrama tan prec10:,
l, t mira da como la clave de este procrisis expresionista entera, que es ict o
p

•

•

ADA

..

blema.
.
1 . , como el propio Expresionismo. No se
Kasimir Edschmtd es una conc us1on,d
·enzos del siglo se libraba una
l
I id.id Des e com1
•
.
ha visto csto con bastan e c ar . . d . • s béroes- de la antigua cstéttca
•t t dorcs-iba a ec1r .o
d
batalla entre los ~ en a
. b ban sin plan de conjunto, concrosos que se 1e eIa
•
. ,
realista y los homb res gen
.
.
1
' a de senlimientos mmusculos
. . . t d l arma hterana y a org1
tra cl env1lec1m1en
e
.
De los rebeldes de hace
b I escntores de entonces.
.
en que se espcc1a iza an os
H . . h -uann· pero otros artistas iban susc1~
ocido es ernnc i.n
,
•
1
veinte anos, e ffidS con
.
.
d fe y aunque no todos rcpud1atando en Alemania centros de _res1st~~c1a: :1 deseo de ennoblecer su forma.
ban los mcdios de la novela ant1gua, a ima an

. r°

98

El Exprcsionismo ha salido de csos no.clcos aislados, no sin haber pasado
por cstados intermedios y proseguido una evoluci6n fecunda. Mann y sus contemporaneos atacaron la flojed&amp;d del estilo y no bicieron mas que amagar contra la dictadura del sentimcntalismo que la literatura alemana debia a todos
Jos Sudermann de fines del siglo. Diez aiios mJ.s j6venes que ellos, Schickelé
y sus amigos se esforzaron por combatir especialmente esta enfcrmedad, y
para acertar se apoyaron en la cultura europea que los estudios, la herencia y
los viajes habfan ido imbuyéndoles poco a poco. La influencia de los grandes
escandinavôs, sobre todo la de Strindberg y Hamsun, se dej6 sentir- en unos,
al paso que en otros es visible la de cicrtos fr..nceses.
Todo esto soa los preliminares del Expresionismo. Denotan la orientaci6n
constante y tenaz de toda una escuela, sus miras de analisis y de critica. La
ampliaci6n del horizonte intelectual, de una parte, y el afan de librarse de la
tirania del sentimiento, implicaban evidentemente la coocentraci6n de toda la
actividad artistica en torno de la inteligencia. Esa actividad, adt:mas, por ir
paralela a la disciplina impuesta al pueblo entcrn por su expansi6n universal,
tenfa que ser rapida y definitiva. Mientras el musculo y el cerebro alemanes
llevaban hasta Jos antipodas el afan de construir e11 que se resumc el esfuerzo
del «germanismo,, los artistas no podiaa permanecer indiferentes, sumi~os a
los caprichos de un romanticismo adulterado. El Expresiunismo no es liternrio solamente. La pintura y la escultura-arrastradas por la reforma arquitectural, es cierto-siguen el mismo camino y declaran las mismas preocupacioaes.
La guerra lleg6 en el momento en que el sc-gundo de los grupos r e formadores se dolfa de nn esfuerzo tao prolongado e intentaba dar a todo cl movimiento un impulso nuevo. La guerra corto las relaciones entre la Europa central y occidente; elev6 el nacionalismo al paroxismo; sumi6 a la masa del pueblo en una nueva sima se:itimental. Y con todo csto, solt6 los ultimos ataderos
que sujetaban al Expresio;'lisme.
Ocurri6 esto, sobre poco mas o menos: los artlstas j6venes que llegaban a
la conciencia de la vida penetrados de influenclas y pasiones europeas, no
quisieron renegarlas; de becho, desdo el punto de vista polftico, fueron desde
cl comienzo internacionalistas. Pero participaron, desde el punto de v1sta intelcctual- unos sin darse cucnta; otros con gozo-, en esa explosi6n del 'laciunalismo de que acabo dt' hablar. Ayudados por el aislamiento a que les obligaba la guerra, supieron ser alemanes en sus obras y en su artc y constituyc-

99

�LA PLUMA
LA PLUMA
,
.
"6n de artistas especificamente nacional. Por otro
ron as1 la primera gene~ac1
. ·t b
los desbordamientos sentimentales
d
educac16n les 1rn a an
lado, merce a su
1 ' 1ft d por irreflexi6n y el gobieroo por calcu 1o ;
a que soHan abandonarse a ml ut:dude ser cerebrales, analistas, razooadores, a
su vo un
. .
.
d e e se modo aguzaroo
. .
fin cuando la literatura oficial 1ba v1eoto en popa,
salvo de todas las cns1s. En ' b
de ~stilo y opu•ieron naturalmente,
.
t ar sus re uscas
~
,
'
se complac1a~, ~n mos r . d
scura a los arroyos cantarines de la prosa po0
una lengua d1fic1l y, de gr,t o,
polar.
.
or reacci6n pero muy nacionales en su
Internacionalistas por fidehdald y p
edispo~ici6o y reacci6o; esotéricos;
meotalidad y en su arte; cerebra ~s ~otr pdre esa generaci6n oueva, :ilumbrada
·t es expres1001s as
.
asi fueroo 1os escn or
. .
·a a los que les l\evabao d1ez
• y vm1eroo a empuJ r
1
oruscamente por a guerra,
f . es poco precisas y su voluntdd
afios de delantera, antojandoseles sus acc1on
indecisa en demasia:
racteristicos de la psicologia literaria de
y tales son tamb1én los rasgos cha
. alemana' la influencia del medio y
.
h "d H en él una erenc1a
·
Kasimir Edsc roi · ay
d 1 . erio• las cualidades y los defr.ctos
• d
·
\ que arranca e imp
•
10
la mentahda nac na '
. , de ser libre y no dejarse enganar,
del caracter alemao, y la doble preocupac~on
nacida, ya se comprenc!e, del odio a su tlempo.

* * •
"d
e limpio de defectos. Es ho.nbre fuerte, que gusta
Kasimir Edschm1 no e~î: el area del cvirtuosismo•, con detrimento de la
de ostentar su fuerza. Amp
·1
.
d decirse asi· defecto que no es alet1o de su est1 o s1 pue e
'
sencillez Y d e l es 1
'b ·t
los hombres seouros de si mismos
•
t
Las
mu·1eres
001
as
Y
"
man exclus1vamen e.
.
l"dades
Siempre que
.fi lt d cuando no ioooran sus cua 1
.
d
se libran d,. él con i eu a
"·d· lo que le deseo es verle cocu; be
.
alguno de esa cue1 a,
..
trop1ezo con a1guoa 0
d'
s
El dia que de la hab1hdad
. t I t almente ese reme 10 es a 00 ·
.
notado que, m e ec u
'
curara de ella sin falta. Escn.d
veche
un
colega
suyo,
se
'
.
de Edscb m1 se a pro
llo No oscurecera tanto sus hbros,
b
icntos y menos orgu ·
bira con menos re uscam
.
ces bay en ellos y que pue. e divertira en los escarceos bnllantes que a ve ,
01
s
t •
los concetti famosos.
den dar puntos de ven a1a a
b rie esos luoares como bacen los que
Pero es harto facil, en verdad, reprc,c a
, brosas de la Alema·t
s obras mas robustas y asom
se olvidan de que b a cscn Ia
t
de nuestro siglo occidental.
,
digamoslo francameo e nia contemporanea, Yél b
lo debe a sus dcfectos. La
Si! con menos de treinta anos es ya c e re, o O

°

100

relaci6o de causa a efecto existe, pero invertida; s6lo por mala fe, o por obtusidad de la ioteligencia, se puede condenar una obra admirable y a un hombre
de tan robuste equilibrio, fundaodose en los acrobatismos en que a veces se
divierte por gastar su fuerza sobrante.
Cuaoto mas que, la afici6n a excederse, la exageraci6n, es un error de toda
Alemania. En él incurren Ludendorff y Liebknecht, Heinrich Mann y Mahler,
Paul Klee y Hans Marc, y de la generaci6n de Edschmid, Sternheim, Landauer,
Georg Kaiser, W. Ha&amp;enclever y todos sus compafieros.
Al aleman le gusta representar. Un agente de policîa juega a dctentar la
autoridad, como Hindenburg y Ebert. El aleman es iocapaz de sencillez cabal.
Desempeiia siempre un pape!; si se sonrîe, es que su sonrisa sera notada en las
tablas. No hay, pues, que sorpreuderse si un gran escritor quiere lucirse en cl
pape! de poseedor de los secretos del arte, y si, para admiraci6n de la galerîa,
acumula dificultades por el gusto de vencerlas.
Si la exageraci6n es un defecto de raza, la sequedad que le reprochan es
defecto de su geoeraci6n. Sternheim esta mas contaminado por él. Es el desquite de su cerebralidad; Gourmont no estuvo limpio de ello; pero, &lt;4uién es
capaz de lamentarlo seriamente? En un ret6rico como Suarés, la sequedad resulta iosoportable, lo confieso, porque es mascara de su indigencia. No asî en
Edschmid, como tampoco en Gourmont. Mas le reprocharîa, por mi parte, el
intento de disimularla; su manifestaci6n franca y completa estarîa mejor. Al
pretender emanciparse de ella es cuando incurre en las fantasias y se pierde en
googorismos. Ha concluido por atemorizarse de las criticas, y en eso se equivoca. No es temiblc la sequedad cuando descubre unas lineas puras, firmes y
plenas.
Ademas, hago notar de buen grado que suele ponerse mucha constancia en
recorrer, rapida:neute, sus defectos, y, cambiandolos de lugar, auele enumerarse con mucha coovicci6o dos o tres reproches, que son siempre los mismos.
Pero, &lt;por qué no se intenta, una vez siquiera, echar la cuenta de sus cualidades? Nadie lo ha hecto, y no voy a empezar yo, que uo es ese mi pape!. Puesto
que defieodo a Kasimir Edschmid, y le teogo por uuo de los primeros prosistas
de su pais y de su tiempo, debo, por lealtad, enumerar y discutir sus flaquezas.
Pero espero que los académicos irritados baran lo mismo con sus cualidades.
A ellos les toca afrontarlas y decirnos por qué no se paran a considerarlas.
Me limito a hacer coostar que, hasta ahora, nadii: se ha aventurado a ecbar
esas cuentas, y saco de ta! silencio una lecci6n, a mi entender, rigurosa. En
TOI

�!LA PL lJ MA

LA PLUMA
cuanto a las enumeraciones sumarias que devanan un rosario de elogios, desde
a cpujanza al ingenio y a la originalidad&gt;, no me incumben. Mejor se defiende
a un artista dcclarando sus defectos y dando a conocer sus obras.

* • *
La obra de Kasimir Edscbmid ya es considerable, aunque su primer libro
date apenas de seis aiios. Se incluye en dos rubricas paralelas, pero independientes: en una, la prosa creadora. novelas y novelas cortas, y en otra la prosa
critica.
La primera obra que public6 fué, en 1915, su colecci6n de novelas cortas
Die seclis mündiengen (Las seis bocas). Escritas dos aiios antes: indicaban ya de
interesante aianera las cualidades de Edscbmid. Libro de juventud ciertamen·
te. Bastante ridîculo es decirlo cuando una sustracci6n elementalisima muestra
que el autor tenia, en la época en que las escribi6, veintiun aiios. Pero en ellas
nada es desdeiiable. El afan perenoe de novedad aviva la atenci6n del lector y
los procedimientos de la frase anuncian ya la estética que ira ftjaodose en lo!j
libros posterioro::s. Menos 6seo que el de Scbickelé, mas alemao también, su estilo es ciertamente el aporte de uoa geoeraci6n nueva. Su 6.ltima novela corta,
Puj S r,ottens es en ta! respecto la mejor.
Nada hay que aiiadir a lo dicho si consideramos su segundo libro, Das ra
sende Leben (La vida frenética); la primera de las dos novelas cortas que corn·
prende Das beschiimende Zimmer (El cuarto de la vergüenza), marca muy claramente una etapa en la carrera de Edschmid, pero no ofrece aun la perfecta ar•
monia y la gran fuerza que florecen por modo cabal en su tercer libro, publicado en 1916 con el Htulo de Timur.
Ti,,,ur es, a mi entender, la obra maestra de Kasimir Edschmid; y aunque las
afirmaciones y comparaciones de ese género sean, para mi, en general, insoportables, no vacilo en colocarlo entre los libros mas grandes de nuestros ultimos veinte aiios occidentales. En esa breve serie de obras maestras, no admitida como reprcsentaci611 de la prosa alemana mas que los cuentos de Elsa
Lasker Schüler, el Benkal, de Schickclé, y, desde puntos de vista mas especia.
les, uoa sclecci6n de Meyrink, Opfergzug, de Unruh y el Shakespeare, de Landauer; pero 1imur sobresaldria entre todos, creo yo, por la fuerza representativ11 combinada con el atrevimiento en la forma.
El analisis de tal libro es imposible, porque disminuiria inevitablemente su

significaci6n. ~s ir_reductible a nuestros valores corri,.ntes y a los canones de
nueSlra exp~nencia. Ahora bien; todo analisis se reduce a confrontar la obra
que se est~d1a con las bases clasicas de comparaci6n. Timur es Ja cima mas
alta de la literatura expresionista. La te rcera novela corta, Der Bezwinger (El
d~mador), mar:a _la consecuci6n de esa gran reforma, el triunfo cabal del escrat~r sobre _el 1d1oma, del artista sobre las rutinas y del innovador sobre las
a_ntiguas ex1gencias del realismo sentimental. Aqui ni rastros de exageraci6n ode la arbitra:ied_ad buscada que en las obras de Edschmid exaspera, a
vece~, nuestr~ adm1rac16n. En toda su producci6n, una vez sola ha aunado la
se n_c1llez clas1ca (empleo de prop6sito esa palabra) con la independencia de su
estilo Y de ~u pensamienlo. ~ si la decadencia del expresionismo se precipita
-deca&lt;lenc1a de que Edschm1d no dejara de aprovecharse soltando los lazos de
e~cuela que acepta, a veces, para imponérselos mejor a los dernas-, podra decirse que c_on Timur ha seoalado el punto culminante de esa curva y demostrad~ a los m1smos expresionistas la importancia de su conquista. Der Gott (El
DJOs) Y Die Herzogin (La duquesa). Que preceden a El domador, aunque suspendan menos, no son de inferior calidad
E~scha:id_ ha publicado otro libro de n~velas cortas, Die f.ür;lin (La princesa), hbro rec1e?te, d~ 1920, pero escrito cuatro afios antes, donde la victoria de
su_ penetrante mgemo y de su talcnto de escritor no es tan patente como en
Tt~ur. Das Frauenscliloss (~l castillo de las damas) y Traum (Ensueiio), son
~vi_dente~ente obras de primer orden, y Siiro, que acaba de publicarse en los
ulhmos numeros de las Weissen Bliitter, atrae por mucbos motivos la atenci6n·
per~ por 1~ existencia de Timur y su perfecci6n es muy dificil prestar caba{
aqu1es~eoc1a a es_as novelas construidas visiblemente con el mismo método. Si
n~ temie~e repe tifme,. diria que Die Fürslin y .Siiro son buena!I obras expresiomsta~, m1entras que limur es la obra maestra de una generaci6n que acaso a
los OJOS del porvenir seiiale uoa época.
Edschmid co~prendi_o la necesidad de renovarse. Por eso emprendi6 una
~ove_la: ,o p~r meJor declf, dot6 al expresionismo de la novela que Je faltaba,
Escnb10 Dte Acha~nen Kugeln (Las bolas de âgata, o mas bien l!,J collar de âgataJ
ob_ra vasta Y ca6ttca. Hay pagrnas admirables; otras brillantes; otras demasiado
bnll~ntes, suµerficiales , de facetas, algunas obscuras, Considerablc esfuerzo de
escntor, esfuerzo que, seguramente, ha de ser fecundo. La novela en conjunto
a~aso no esté lograda, pero harto se percibe en el curso de sus trescientas pa"mas al hombre que se busca a si mismo y que amplia sus mcdios. La desgra103

102

�LA PLUMA

•

cia de Die Ackainen K11ge/n es la idea, estrecha en demasia, que al emprenderla
se forjaba su autor de Jas necesidades y exigenci,1s de la novcla. En muchas
lugares la obra no pasa de ser una novela corta amplilicôda, pero con t ,11 minuciosidad en los detalles, que las Hneas t61nanse imprecisas y el equ1librio
se resiente. El espfritu se dispersa donde debiera concentr arse. F.I idioma
también padece. En ousiones le falta pureza. Estos defectos fücilment,~ corn·
prensibles y que de buen grado se µerdonan, prrrritt:n que a su lado brillen
las cualidades de Edschmid; por eso los buenos capitulas aikrnan con los ma-;
flojos, y el lector al salir de una aventura sin pasi6n se encuentrl\ st'.tbitamente
!rente a paginas grandiosas. Al escribir e5a novela, que debi6 ser corta, Edschmid ha aprendido el oficio de novelista. Contra lo que se ha d ·cho, yo no veo
que la estética expresionista sea incompatible con la novela. El autor de Adiat11en Kugetn no tarda ra en dar una palmaria demostraci6n de ello. TRmbién se
ha criticado el tema de la novela, el exotismo de sus personajes y la mabana
ingenuidad que traen, los unos de Asia y otros de los antiguos paises d· Amé·
rica. Pero creo también que una concentraci6n de ideas inevitable le llevara
a mayor sencillez. El apego al color y la propensi6n ., recargarlo todo, no podian cristalizar en su estilo solamt-nte. En sus obras hay cierta afectaci6n. de
que se ira librando poco a poco. No es falta de humanidad, es «dandy~mo• intelectual, exceso de elegancia, como en su vida întima; asî como su igero exotismo, sin pretensiones y sin vanidad, no es mas que exceso de juvent 1d y de
fuerza. En cuanto a Jo demas, recuérdcnse los princioios de la reacci6n expresionista dirigida por completo contra el oaturalismo. El exotismo actual, que
también se encuentra en Doblio y eO:muchos otros, no es acaso mas q ue una
consecuencsa.
Die ,tchatnen Kugeln, publicado en 1920, es la t'.tltima obra de imaginaci6n escrita por Edschmid. Su actividad crîtica es de importancia capitai v ha producido una obra maestra. Die do/&gt;/&gt;elkopfsge l\,ympl1e (La ninfa de dos cabeza■).
Desde muchos meses antes, sus follet.1nes en la Külnisdte Zûtun,r: habîan p.iesto a Edschmid en primera fila entre los crîticos de Alemania. Intent6 cor roborPr esa opinién con un estudio de conjunto accrca de la situaci6n actual del
peo~amieoto y de la literatur,, en su pais. Antes no habîa producido mâs obra
doctrinal que (.;/Jer den E:xpp, esionimus :&amp;11 dtr Literatur 1md die 11eue Richtu11g
(Sobre el Expresionismo en lite ratura y la nueva orientaci6n). Viene a ser la trama de 110a serie de conferencias pronunciadas duraote la primavera de 1918
en Escandinavia, acerca de la nueva generac16n. En esc librito, restringido ne104

LA i&gt; LU~! A
ctsariarnente a una enumerac,.6 n comentada el aut
Edschrnid renunci6 cuerdame t
. '
or Y e 1 asunto se abo'7aban.
n e a me1orarlo y
fi "6
"
e l balance literario de la Al
.
pre n trazar con otro plan
,
,
.
emania contemporaoea :-Jadi h
.
,g.in pais, un J1bro tan generoso t 1,. "d
· •
e a escnto, en nin' an uc1 o tan fran
/Je%as; lidto es afirm11r que e
b
'
co como la 11in/a de dos ca·
, .
sa o ra renueva lo 5 med"ios Y las reglas de la
cnt1ca.
fü,tâ. constituîda por una ser,·e de ensayos corn
t
coocebsdos como Jas ho,·as d
. .
'
pues os en un.is semanas
.
·
'
e un po11pt1co I
t h
'
ltbro tiene el aspecto de uoa c 1 "6
. mpor a acerlo notar, porque si el
0 ecc1 n de arti 1
•
mente lejos de tener el carâcter Y' d r
cu os rnconexos, esta infinitae,ecto:i de tal Cad
.
mento de la producci6o alem
·
a eosayo estud1a un fragana, uo p •oblema I t d O
rcsultados-buenos mal , • ..,
Pan ea
por un escritor y Jos
O
h
oi;-uc su esfuerzo De d s h •
'
asta los expresionistas, el inventario o . ·, . s e c nitzler y Keyserling,
psicologia de los hombres y d I
b c nhnua, smparcial, elocuente, fijo eo la
.d.
e as o ras desdeiioso d 1
de est d . '.
e as enumeraciones fast t sosas y, de las bioarafîas
.,
a o c1v1I· alud iendo
d
.
ses pr6x1mos mediante corn
.
'
eo ca a pâgma a los paî'
parac1ones, aproximac·
..
notando. para mernoria detall
.
iones y opos1c1ones râpidas,
•
es cop1osos pero co 1 •
todos, el rasgo capital la ob
, . '
o e ac1erto de escoger, entre
•
servac,on im porta ,t .
• e, agrupando en escuelas a los
f a1sos iridepeodientes· d" 1 •
, 1so v1endo grupos ·b"t. .
caos la luz. Un repaso de cà . t d
a1 • ianos, eo fin, haciendo en el
t
•
.,n1un o e la prosa alern
ermman, por via de concl -~ l
.
ana, y un balance magistral
USl•rn, a sene de notas d
,
y condenan en unas pâginas la l
"6 .
y e cap1tulos fragmentarios
en otras, de la post-guerra alem:::. o mtelectual de la post-guerra europea, ;
El dt fecto del virtuosismo desa
.
autor, en su pape! de .
parece en este hbro, incluso d~l estilo. El
1uez, es tan modesto
, b
la simpat(a es mavor .
, Y sa e esconderse de tal 'llodo, que
· ' srn que, por eso su cultura
retratos-por eJ·emplo el d L
h
'
se muestre menos. Alg,mos
•
e eoo ard Frank-esta I
d
ses. En otros se detiene con el r• •
n ogra os con pocas fra. "
a,an rncesante de s
b ·
d.:be priocipalmente a J~s s' t .
er so no Y exacto. El libro
·• 1n es1s exactas v s b
d
carâcter de documento superior S . t
.' , o re lo o al •balance• final, su
gqsto pûblico. Para cua1•tos
l u rn er~:, no depende de las variaciones del
'
'
eo e porvemr s
·
generaci6n ttagica y su fis
,
e apaSionen por la psicologia de la
'
onom1&lt;1 y su voluntad d
é5 d 1
Cl•pio,o inventario sera un inst
t d
. · ' espu
e a guerra, este
Jo3 latidos de nuestro cora•6 ;m~n o e primer ordeo, donde iran a buscar
nacionalista, de que ya he-h;bla:u1 es donde la cultura y la educaci6n interde dos cabe;as, no es ya el campe. o,;r~d;~eo su _fruto. Edschmid, en la Ninfa
on e a emao1a expresiooista: es el sîmbolo
105

�LA p LU ~l A
.
1 derrola corn un, el sentido,
del hombre de Occ idente que no ha perd1do, en a
de la eternidad.

* *

*

· t rbros que h a escn·to ' que son todos grandes libros,
d 1
Entre los seis o s1e e i
.
S
dos obras maestras, en to a a
. b
d t an con v1gor. on
Timur y la Nin/a se es ac
valido a Edschmid la gloria a que aspt~a a.
extensi6o de la palabra, y _le han t bados en sus rutinas, y los novelistas
d hombre Alborolo que a todos.
Ùoica ineote los criticos ofic1ales, per ur
'
.
s un falso gran e
·
populares van gntando que e
.
os llena -de coutento.
1
. de Kasimir Edschm1d. Lo que
fi emente en e gemo
.
Lo que es yo, creo rm .
ende de la formaci6n de su talento, imno me gusta de él-ya lo he d1cho dlelp
, a colmo. Corno a todos los macs, "damente egar..
' ·t
perfecta au.a, pero que rap1
h ido al mismo paso que el esp1n u
tros le ha sucedido que el artesano no ad , en cumplir su evoluci6n, y que
•
de que no tar ar..
.
• de
creador. Pero estoy seguro .
a re~tituir a la materia verbal la nqueua
adquirira los medios necesanos par
do en los cenaculos desmenuzados
t s momentos, cuan
.
por
sus concepciones. E n es O
_
debemos consentir que,
1 00
d
penar un pape,
basta la habilidad para esei_n . . . r do pujante y caprichoso pase coniodiferencia, un ge nio autént1co, t~d1sc1: rna '
fundido en el torrente de los med1ocre .
PAUL COLIN

n

LET RAS IT A LIAN AS
GABRIELE D'ANNUNZIO
0 HISTORIA DE UNA ANTIPAT1A

D

yo he recibido el Notturno de Gabriele D'Annunzio. Después.
de tantvs aiios de silencio, aunque solo literario, D'Annunzio vuelve
.i la esceoa de la literatura: y la platea, los palcos, e incluso las ga le
rias y el galline10, saludan con estruendosos aplausos y vivas al veterano que reloroa. Saludemos, pues, a nuestra vez al veterano.
AMBIÉN

* * *
Quien quiera, y alguien podra intentarlo un bueo dia, recoostruir, dra'llatizaodola o ironizandola. la vida de este hombre siogular, tendra, tal vez antes
que cualquie r ot,o particular, que estudiar el escenano que durante cuarenta
aiios sirvi6 de fondo a sus hazaiias: hasta la guerra que;, harto ·larga y tragica
eu grado sumo, movi6 a ouevos actos teatrales al héroe que ya empezaba a
declioar.
Nos asom:imos a ese escenario un poco tarde: cuando, si no a purificarse.
empezaba al rnenos a hacerse en él la luz. D'Annunzio supo dominarJo desde el primer momento; y del mismo modo que antes habia favorecido e l
aire sus primeros cantos, frivolos y mundanos, asi acogi6 mas tarde su poesfa
heroica; no obstante fuese esta segunda resonaocia completamente exterior y
ret6riccl. Nacidos en esta 5egunda fase de su poesia, cometimos el error de no
aceptarla; mas adelante diremos el por qué. Pero después, un&lt;1 vez empezada.
106

107.

�LA p LU :-.1 A_

LA PLUMA

.
nuestra vez tras uoa alamb rad a y uoa barrela guerra, y e xp~estos al pehgro a noticias de sus gestas, atrevidas, ~ranca~!
ra d e sacos de t1erra, nos llegabao
·mos tao luego discero1r nac10
f · toque no supt
.
descaradas: y no sé qué sen _1m1eo
t
hubiera que mirarle con OJOS no
en nosotros; algo asi como s1 él fuese o ro y
ya literarios sino humanos.

* * *
compaiieros de estudios !dan to~os
Yo he sido un muchacho tenaz. Mis .
- ·os gritaban su admira'
. y yo tarnbién lo leîa: pero mis compane1
a D Aonunz10,
f •
llaba
ci6n, mieatras yo, obstinado yd no,dca rcbu~ca alanosa! Creiamos que el mundo
·Ticmpo de prueba, de son eo, ~
d
ambio ya estabamos descon. t'ia, y a las primeras e c
,
solo1 para nosotros ex:1s

•

tentos y fastidiados.
'dolo Encendia a los que gustaban de las leD'Annunzio era eotonc~s un 1
.
a las letras preferian una guapa 'lloza.
o de1"aba insensibles a los que
tras; pero O
l
ustos
Tenia mercanda para todos os g
·•
mo quiera que yo la mirase, una
Pero hab(a siempre en su mberlcl~nc1~~ cJ.:egos verbales, y esto era ua obs.
. .
"dad un tor e ino
1
'a
sombra de insmcen
'
h
ue me obstinase, no o venc1 .
.
taculo tal, que mi volunta_d, p~r mue oo~lla del mar, ya en lo alto de las c?hMis coetaneos se reuman bien a la
I
la oueva obra de D'Annunzio.•
.mvJta
. b an.
.. • ven ' vamos
a . eer
'b··os
leerlo
y
me
.
nas, d
'
or d1vert1rme, pu es que' entre tantos e 11 ,
lba yo, mas para castigar~e que_ p .
h bre en fin, que r.o serîa nuoca ca' ser yo solo el msens1ble.
un om
'
me parec1a
.
paz de escribir una bella pagina.
• • *
· bella era t an So'lo la que brillaba y resonaba.)
(Porque, entonces, Pa gma

* * *
.
rniedoso. Porque al
. orgullo· antes b 1en,
, cabo quelba yo humildemeote, sm,
.' a celebrarla como los dem..s.
.
ria acercarme a aquella poesia, ~ent1r~'a ~an bien inteocionada, con tan ~ahda
jMe mirabao todos con u~a ~1mpa i a mis caros coetâneos, y los adm1raba.
compasi6n! Yo se lo agradec1a in m_ente aban el enfermo, el incapaz, el pobre
'
P ues qu e to dos comprendîan, sentiao, goz
de seosibilidad era yo.
* • *

Pero pqr otra parte maravillabame, a solas en mi despa&lt;:ho, de que cual-quier otro escritor-Manzoni, Leopardi, Ddate-me entusiasmaran: a veccs
hasta las lagrimas. Y eotoaces, volvfa de nuevo a D'ARnunzio, s6lo, esperaodo
que sin testigos ni esceoario me conmoviera. Pero bastabame abrir uoo de sus
libros y leer uoa de- aquellas dedicatorias sonoras, para que mi fastidio fuese
noya interior sioo fisico, y tirase para siemprP. el volumen sobre una mesa·
Porque ta! fué mi mas grave desacuerdo: pocas palabras y frases bastaban para
alejarme del poeta; y duraote mucho tiempo permanecia asqueado, lejos de éL
Vinieron dias mas tranquilos en que empecé a mi vez a buscar algun fantasma deotro, muy dentro, y a expresarlo poco a poco, pero con fervor, en los
tîmidos silencios de mi casa. jCuan festivos aquellos dîas en su brcvedad! Yo
sabîa, pues, aunque sin gritos, decir alguna frase humilde, caminar con paso
franco en el discurso, silabear una emocî6n.

* * *
Mas en Italia no se celebraba otro arte. La novela, cuando ne era lîrica,
exasperadamente lirica, parecîa harto pobre; la poesia, o graoducal y robusta,
como la que nos habia dado Carducci, o de tono llameante y épico como la de
D'Annunzio (a Pascoli leiasele poco todavîa); en el teatro, los personajes de
Giacosa y'de Bracco parecian los expooentes, aunque aceptables, de un arte de
tercero o cuar:o orden, comparados con los de D'Annunzio, que hablaban un ,
lenguaje alado e hiperb61ico. Preguntaba,ne yo-con angustia-qué se proponia representar ea la historia de su paîs, después de Manzoni, que habia resuelto por si solo el problema espiritual de toda su época, y después de Carducci,
que habia sabido, si no resolver, que no era su bora, Iormular con nuevo vigor
y simetrfa aquel mismo problema: hasta dejar a los que tras él viniesen (e ltalia no era ya un sueiio a la saz6o) una hereucia de claridad; partiendo de la cual
no hubiera debîdo ser dificil reconstruîr el muado nuevo, porque, en suma, el
muado de D'Annunzio era, a mi ver ompletamente falso; y por mas que yo inteutase cul par de ello a mi proviacianismo, no me acostumbraba a creer, desde
mi silencioso rioc6n, que la gran ciudad, el mundo mundano, fuesen tan viles
y mezquinos. Carduc-ci: pero Carducci, si no pudo ser épico, que, como be di_
cho, era todavia muy pronto, habfa enseiiado al menos a sus contt&gt;mporaneosa ao ser frivolos. Y D'Annunzio-aquî del drama- , D'Annunzio, para m{, era
frivolo.

* • *
109

�LA I' LU \ I A
LA PLU \1 A
. or qué solo yo habia deIl tencr. .
Mi provinc1a01smo
era, si,• un de fecto;
. pero. &lt;P
• . los hombres de la ca e pr6T
a e mtacta aun,
lo en cuenta? Yo veia la fam, ,a _san .
. ero aquel odio se manifestaba roxima ode las mas lejanas podnan od1arse, p tendierdn todos los problemas y
.
d. t
aunque no. se en ba 1 claramente, y S1c1
. ·1·
bstu
. ndo' brutal e rnme
. ia. o,1y d 1 cr6nica
sona ,
. ia, no o
vicisiludes de la historia, O:, e a
a parHcula de Itaha.
. e ra t am b.é
tante la distancia,
• n, en nosotros, un

* * *
.
defecto, si lo habia, consistia en a!?o
Pero el ddecto no estaha c-n e'lto, d
. to a toda mi construcc1on
b
as del pensam1en ,
.
mâs profun&lt;lo; e interesa a, a ~
. ·tarme dabame fastid,o; no 1ogra.
•
s
sia
leJOS
de
conquis
'
moral y t·s, ,mtu ,1. u poe '
. d
. s incluso aquellos en que b r illaba
ba le(• ha~ta cl lin ~us novelas; sus 'dra:a ~ono que siempre temfa que f~eran
1 • &lt;'aracter me parecian tan subi os e
b'.d harto fuera de la vida, y
a gun
•
. . 1 t no era harto su i o,
1
d un
a termi ,1 • en m1hi ca. ::,1, e o
el fondo indicio harto c aro e
• y m1· descontento. f'ran.. en
'
tod,1 m1 an~ust1.1
•natu r,11 antirrt&gt;t6rico e incluso anupoético.

* * *
.
.
r ue mi tiempo no era como D'~nnunzio
ti1&gt;nético y ant1rret6nco, po ~
.
L . i antidannunz1ano a su
ero an
é con Grnn Pietro ucm ,
dia
lo vefa; y el dia que me encontr fisiol6gica. sino voluntariamente,_ a_que1
·v ez no por construcci6n mental y. riores de mi insuficiencia. Lucrn1 fué una
compren&lt;l i por entera las razones m~e .d
Encuentran pocos lectores en su
de es1s figuras literarias que no ~e o ~~u~n;idor de valorcs ocultos los vuel~e ~
época· p,·ro llega dia en que algun d:~ po sinti6 el drama de su generac16:,
sacar ~ lu1.. Verd,tdero hombre- ~e s~o ie;de 'analisis era vasto y su vida esta a
ero como su campo de invest1gac1 n
uvo tiempo ni medios para exprc~inad.1 por una enft:rmedad espantog:•r::r:e que su naturaleza de creador, y
sarlo. Su curiosid.i.d, e n suma, fué ma a re resentaci6n de los hombr~s y ~as
en vcz de insistir decidida_me~te ;n ~ent:mC'nte en polémicas, co~o St tuvicide,ts de ,-u tic mµo , se 1,erd16 asazh:::r sitio a su alrededor, de senti~,;~ s6;;r~
s e ne..:esid.1d, antes de habla~, de
. mbra su odio vivo, su martirio. .
· :.in comp.:tidores. D'A11nunz1ober~ Ise~ saoquelh1' Jucha, entablada con fuerz~s uno, ni de ruido gaceh. 11ero, le rob6 un uemp
anks d.:: suµerarle qu iso corn aur
.
ill d
petuo1.1s, µe ro sin ayu~a de ~dto:e~a polémica, arrojar la primera sem a e
. . . y el di.i que rntento, ra
p rccmso,
P

110

l;i obra propia, aqucl dia, no sô.Jo llegâbale demasiado tarde, sinoque le encontraba cansado ya y en decadencia. El lil6n de su poesia habiase enturbiado,
hasta ta) punto, que en la misma rotaci6n de su periodo y de su eslrofa, asî
como en la construcci6n del pensamiento, inli ltrabase la propia enfermedad
que en D'Annunzio habia combatido: el énfasis.
Acaeci6, pues, que un dia llegué a tratar a Lucini: personalmcnte, de t(i por
tCi, en varias conversaciones y durantc m11chos dias. Tal familidad con un hombre verdaderamente capaz de odio y de rencor me hizo mucho bien. No en
punto a mi amistad o mi .tdmiraci6,1 por él, entend.imonos, y tampoco por lo
que a mi antipatfa por D'Annunzio se refiere. No. Me hizo bien pot mi; aviv6
mi fiebre. Comprend{ cntonces, escuchando a Lucini, que no me parecia, por
el momento al menos, a nadie, Podia ser poquedad, absoluta insignificanci:1 de
talento: lo sé. Juro que no me ofendia ta! cosa.

* * •
(Aun hoy me siento tan pequeno y lejos de mi sueôo de artC", que espero
que nadie ha de imputarme estos resentimientos y rebcliones m.is de loque
convenga. RC'lato la historia de una an~ipatia literaria, y como quiera que intento explicarmela a mi mismo antes que explic.irsela a los dcm.is, voy a 1:ts
raices de todas mis sensaciones, pasadas y presentes: como sintiendo q ue expreso, no tanto la historia de mi antipatia, cuanto l I de todas las naturalezas
recogidas y provincianas como la mia, cuyo desarrollo no ha tenido lugar aCin,
110 obstante D'Annunzio esté ya en decadencia; esta introspect.i6n afanosa, pero
franca, crco yo, no sé parqué, que algun dia ha de hallar conscntimiento en alguien toda11fa en la sombra, pero que ma nana, viva o muera D'Annunzio en la
mcmoria de los hombres, contar.i en la historia de estos tiempos bastante m.is
que él.)

* * •
Mas vinieron para m{ también dias de menos seguridad y orgullo. Mis pruebas y tentativas litera rias resultaban, y cran, harto modestas, ciegas mis fatigas

&lt;le escritor. El artc no era improvisaci6n o juego; y, por otra parte, quien queria, con elementos que no estaban de moda, expresar algun anhelo o pensamiento, tropezaba a cada paso con Jas m.is .isperas dificultades. Ya era la Jcngua, ilarto sorda; ya la anatomia del periodo, harto agrio; ya la scnsaci6n mis.ma, barto superficial y convenciooal. Iotereses internas, cero; educaci6n litera111

�LA PLUMA
L A P I, U I\l .1\

la Gioconda y Emma Variai,
matar,e.
para enzarzarse coom·igo que le odial&gt;a y qucria

ria, cero; y, eo cuanto a los modelos, uoa vez evitado cl que parccia mâs pr6ximo y tcntador, no habia donde cscogcr. Los modclos cran modcstos y pobrcs. Habia un Verga; pero a Verga no estâbamos acostumbrados a leerlo. Habia un Panzini; pero Panzini tuvo que caer en mis manos casi por equivocaci6n,
entre los libros de mi padre. Aquél si que fué, en verdad, un dia de fie'lta; pero
siempre me quedaba la duda atroz de los primeros momentos. Sî; descartado
d'Annunzio, habia otro carnino, y no vulgar, dondc intentai· dar un paso que
no fuera estéril: Panzini; jpero qué silencio de hielo en torno a aquella Lanterna di Diogene, que yo habia apostillaèo rcligiosamente en mis dulces hor,1s
de trabajo!

* *

* .. *
h Mi odio por Ja guerra creo que tuvo sus ,
_ada D'Annunzio recién llegado de Fr
. r;1ccs_ en la exaltaci6n q11e de ella
c1ones romanas alcjaron por completo 3;ec1:·, ~ d1scurso de Quarto y sus oram..1er~e, con todo, no queria; y de ltalia i e pensamiento de Francia, eu a
ofens1va y cobarde del lado de acâ de la r' quet no me placîa permaneciesi- i~
rra
· no volvi~ a habl · • rouera
·
. .y D'An nunz10
.. · Pero cuando estall6 la
10v1taba ber
ar ni a escnb1r, me par •,
guemosa, y a la guerra fu{ yo también.
ec10 que la guerra me

* ..

*

Y cntonces cac uno en los compromisos, en los términos medios, intenta
uno llegar, como sea, a tcner algun lector y alg(m juez. La aspereza de carâcter
se va corrigiendo poco a poco; y si se encuentra uno en un grupo de gente que
en el casino ciudadano celebra las grandes cualidades, etc., etc., del célcbre
poeta, no rcacciona como antaiio: se deja q11e digan, se agacha la cabcza, consintien1o, y el resentimiento interior vase debilitando poco a poco, hasta que
se leen las cr6nicas, en que se habla de el como de un dios, e incl.iso se guardan. Aun no nos es simpâtico, no se le !ce todavia; pero tememos que suba
cada vez mâs, en tanto uao va cayeado, y quisiéramos quizâs ser, co,1 los que
cotonan bimnos a su grandeza y se mueven en su 6rbita, uaa estrella menor de
su cielo. 1Terribles horas, terribles dias, terribles aiiosl iHa habido que ,nasti.carlos, sufrirlos, consumirlos minuto por minuto!

• • •
Cierta vez, de muy mozo, fu( al teatro Argcntina de Roma a ver la (Jjoco11da. Desde mi localidad pensaba yo que él pudiera estar alli entre nosotros

con su orgullo de vencedor a toda costa y siempre, y darse cuenta de que yo
con toda mi enemistad, iba a oirle. No estaba, no podia estar. Pero yo senti su
presencia en los entreactos, mirândome por la mirilla del tel60 y riéndose de
mL Aquella vez lloré de rabia. Un amigo mio, que conmigo estaba, crcy6 que
Jloraba por el drama y me dijo que también él, de tener tau ricos los vasos la&amp;rimales cuanto los mios, hubiera llorado. 1Qué ironia! Pero yo no escuchaba sus
palabras; tcmblaba por primera vez de verdadero odio, y hubiera querido que
el propio D'Annunzio se adelanta&amp;c, entre Vittorina Lepanto q ue intcrpretaba

u7

*

hizo el milagro, como be dicho D
ra La trinchera
.d
h d
. esapareci6 con su nomb
g vc, ru1 oso e imperativo en la
cmpobrec1'6 ' cas1. se fué trocando
'
pomue e ..tmbu··' y m1. od'io perdi6 fuerza rc
loque la guerra cra: el cumulo de . cto a poco en simpatia. Sabiamos muv b•. se
pc· d
10 ereses y
.
·
. 1cn
na os, y hasta qué punto el que la h , h recursos interiorcs en ella cm
su
nombre
,
acia
abia
de
ol
'd
t,
~ su escnc1a presente: n6mero b
v1 ar, no ya s•.1 pasado•
ua automâticamente•
' razo, una cosaque se muevc y ac-'
Rctrocedia uno con la me
.·
patias litcrarias·• pero era vanomo11a
a los dias lejanos de las simpat'1as y anti.
trabajo·
por otra luz: un compaiiero u h
, porque él pareda ilustrado a 1·a
6n
d
•
, n crmano y c
su
I
e gntos, un n6mero a su vez.
•
n e marcmagnum de esfucr.zos y

* * •
Corno nosotros, también el pocta céle
sed de ~ida y de gloria, tcnfa el valer d bre, con todo su orgullo y su inmensa
puedc
e una moncda falsa ' de u na cosa que se
y ttrar.
pues que debfa scr dificil si no .
.
tos teatrales y exteriores
'
impos1b1e, rcpetir en la gucrra 1
. .
, en que tanto se
os gcs1 ,
s1n i~ual contento en lo mucho que tal e c~mp ac'.a antaiio, pcnsaba yo con
Y quizâs de rabia ·
mpcno deb1a costarle·· de s u fnm1
• .ento

•

.. *

Pero un bucn dia Ueg6 a la tr·
D'Annunzio volaba. Y, 1ay! al punto rnchera, c~n los peri6dicos, una noticia·
comprcnd1mos que no volaria con aqucl.
8

113

�ailencio religioso, que era también el nuestro, de bumildes oficialillos de iofauteria. Si habi~ preferido el vuelo a la trincbera, sus buenas razones tendrfa
p;ira ello, porque era el arma mas teatral y romantica que el combatiente pod'.a de{:Îr. El arma romantica: con la muchedumbre (y entrabamos también
110s0:ro~) que sigue con ansia el combate aéreo; y a la vuelta, el campamento
todo rumoroso y el relato después de cumplida la bazai'ia.

*

*

*

También estaba él en 1~ g11erra. Pero los peri6dicos empezaron a h:\blar de
sus vuelos, mientras él escrib(a y publicaba sus mensajes. Sc esf ,rzaba, :;e comprometia, se jugaba la vida al cabo, pero no como nuestro infante bumilde y
fangoso. tComo nos dabamos cueota tan tarde? No podia despreci ar y jugarse
su vida como nosotros. Nunca habla puesto su vida en riesgo serio. Cuando
mas, nos babia dado su arte: para que lo representasen como era, o mas bello,
y ei sintiera, en derredor suyo, cl rumor de la mucbedumbre, que clama ad-

m.irada.

LA PLUM

~~~~t

LA PLU~\ A

*

* *

Vinieron dias mas tranquilos. Y uno de ellos, estando yo en la retaguardia,
fui enviado por mi general a D'Annunzio con unos diputados milaneses. lba
a verle. lba a hablarle. Él iba a fijar sus ojos en los m(os.

Fué aquel un dia memorable. :\le pareda ser barto peqaeiio. Mi guerrera de
teniente no era en modo alguno elegante, mas raîda asaz. (En las fotografias,
él apareda siempre elegantisimo y distinguido.) Por aiiadidura, yo era un ignorado, o poco menos, y él era D'Annunzio. Mi antipatia se buroill6 roucho mas
de cuanto yo pueda decir; y, en mi interior, temblaba. Iba a ver de cerca al
poeta a quien nunca habîa querido, antes bien odiado siempre, al co'Dbatiente
que ostentaba en el pecho las mas altas condecoraciones al valor. Toda mi altivez decay6. Y me pareci6 de iroproviso como si durante tantos aiios bubiese
cstado faltando a un deber elemental: el de celebrarle, el de gritar con todos
los dcrob, y antes que los demas, que él, y s6lo él, era grande. Me dcsprcnd(
en pocos minutos de toda mi soberbia de quince aiios. Sentia, con una especie
de pena sorda, cuan pequciia cra mi ohra de hombre y de escritor; e incluso
mi actividad de combatiente, que .habia sido pura y limpia de intercscs vanos
y de soberbia (cTû te bas obligado a u~a divisa de humildad, asi en la literatura como en la milicia•, acert6 a decirme una vez Ugo Ojetti), incluso mi activi-

A
en e me parecîa
y superficial. ÉI, él lo era t
' en comparaci6a con la d
'
.6ase: yo temfa barto hab odo; y e~ vano una voz interior e D A~nanzio, pobrc
y él dcbi6 verrue sin d ;rme equ,vocado. En estas co d_m_e dcc,a que descon.
sonriéndome am~ble u a, mas pcqueilo y trémulo do lmones llcgué ante él,
bablar, inflamado
mente, murmur6: ,Mario Pue . . e o que estaba, porque
, con voz
•
cin1 ·abJ
1
nado que le encendla la _musical y femenina, y el ro~:ro .,, ~ uego comenz6 a
sonido de aquclla vo
p1el, no de color ni en sangre . eshrado y apergamim{ me gustaban los 1~ ;~e en ~l aposento vencciano •u:\nao de scco orgullo. Al
cada vez mâs. Hablab;d es ab1e_rt~s y rudos), no hall~ba do y dannunziano (a
fendiéodose contra I
c su activ1dad de soldado de . deco, yo me cctontecîa
.
as acu~ac·
•
c1u adano d
rncohert.ncia y de dilett
. 10nes, que en tiempos s I b , ' e pocta, demi solo que odiaba
anh~~- Me parec,6, en fin
e he ab1an dlrigido, de
,
su estet1c1sm
• que ablaba p
ah de aquella
o, su ccrebrali•mo
.
ara ml, para
casa como b ·
'
, su patnotis
, .
S,
sentia que él de d
e no. No me gustaba
mo retonco.
, s e su mu d
, no me gu t •
nos podia do mmar.
.
n o, nos podia dom·inar.. Y no compre
sanad'nunca·' pero
n 1a por qué

* * •
vez fuera de V
. que m
sus Pero
oros,una
• también
a Igo suyo de él encc,a,
.
e parecia
tamiento que me h' b{
nac1da, quise librarmc a tod
' con sus agujas
y
1
a a sorprend"d .
a costa de
yendo sus famosos L .,.
J o, y lo conseguî si b'
aque encanaua, y sus clr
•
1en paso a
ron y alejuon Go âb
amas, que una vez m~4
paso, rele.
z amc en re f
S me lo cm
• .
p~estos, pero maravillos
pe ': aquellos versos mara ïl
pequenec1ed1osa musica L
amente vaetos de sabor h
v1 osamente com. uego cogi
D
umano y d
licioso e intimo gust
a a ante («Veài là Farinata ch ' 'è ~strozar su fastio comparaba t
c s utto ,
tas con aqucllas
es as representac·
•,, Y con de, iones potentisimas y e:slric
Iargas salmodias de palabras vacias.
•

• • •
Pero u n d'ia-v no hab·
pensativo, di de .pront ,a pasado mucho tiempo- un dia
o estaba para volar
o en una mania que me parc~i6 de que estaba solo y
61tima actitud q . ' no rec~erd.:&gt; bien, sobre Vicna· y
!oc~. Habfa volado,
encuentro con• élu~érecap1dtular.' mâs para mi que p'a;ac:vmo ts, alquélla fuese su
·
una e mis
en ua es lecto
•
uve que luchar-lu b
pcnas mâs injustas y d I
res, m1
t
llcvaba de la mano. ~:~:;;:;::::::t-=ontra alguien q:,:,::~: s!:be::cto,
co, por lo general lia no y 11mplc,
•
'me
hinchi-

�LA PLUMA
base me no/ente, y escrib!a una prosa emperifollada y sonora, que no era la mla
en modo alguno. Empt"zaba tomandolo de lejos: narrando el viaje en autom6vil
basta Fusina; y describiendo hasta los platanos ( cblancos candelabros•) del camino que va de Padua a Malcontento. Pareda clarisimo que, hablaodo o escribiendo de él, no era posible hablar o escribir sino de aqur.lla manera; pero si
releo ahora aquellas paginas, casi no las reconozco como mias: tao imposible
me parece baber, yo, sobrio y recatado de mio, alzado basta ta! punto mi aco&amp;tumbrado tono de voz.
Y héteme ahora ante estt: Notturno, después de tantas resistencias, orgullos
y caidas. Desde hace tiempo no leia yo sus mensajes de estos ultimos aiios, no
obstante me fuese cara la suerte de Fiume, que él defeodia, valiente, pero ne
modesto. Pero este Notturno no es un mensaje: es un libro que quisiera ser sufrido, sangre de su sangre. Lo siento por quienes lo celebran, sin des-canso, con
grandes alabaozas; pero yo no caigo en el lazo. Tonto seria no reconocer una
vez mas sus finisimas virtudes de estilo, su rica paleta cromatica, el sentido,
desarrollado en grado sumo, que tiene de ciertos paisajes y sensaciones. Pero
no bay ese drama con que querîa (y debfa) hacernos sufrir.
La preocupaci6o t:s una vez mas completamente exterior y el patl,os esta
marcado, barto cnérgicamente marcado de su violento cgoismo. Podra, si, haber sufrido con su herida y su ceguera; pero para comunicarnos su dra"Da•
D'Annunzio ten!a que haber bajado el tono de voz, y, sobre todo, no agobiarnos con todos esos particulares exteriort"S, a los que, se ve, no s6lo que no sabe
renunciar ya, sino que constituyen para él el cuadro necesario y principal. De
suerte que, en un momento dado, nos damos cuenta de que se aferra a esc,s
particul ares por mas sensibles y faciles de describir; micntras la ceguera real
y cspiritual que quer!a comunicarnos queda relegada a mero puoto de partida,
a motivo sobre el cual tejer la s6lita sinfonîa de imagenes y de recuerdos. Y hay
bcllas paginas, fioamente claboradas, como no bastaban ya en las novelas y en
los dramas para. convcnccrnos de su sensibilidad de hombre, en fin, hombre
de carne y bueso, que, ante hombres de carne y hueso, quiere desentraiiar su

LA PLUMA
con todos los colores de la palcta t
•
cidez interior que tuvieron los ver:::::~ pero le ha faltado la maravillosa Jude Dostoiewski a Cervantes
s grandes, de Dante a Shakespe
d h
, porque aunque hub·
t
are,
gran es omb1es, ni por un segundo
tesc enido cl genio de estos
mo, ni renunciar a la gloria efimera d supo nunca anu_1ar en s{ su terrible ego{se un poco de ru1do gacetillero y cotidiano.

* * *

Lo miramos y m1raremos
·
.
s1empre
como a
quc_a pocos poetas como a él concedi6 1
un agradadabilCsimo miniaturista;
fasc1nadora y luminosa. Pero estas . : naturaleza el don de la imaginaci6n
abono ret6rico, bajo cl cual
im gcnes estan ahogadas por cxcesivo
se f ·
' por mucho que se
n tmtento, ni aun cgoista, escuetame t
. raspe, se busca eu vano un
Eu cuanto a la huma .d d
. ne padec1do.
v f
"6 •
n1 a que s1empre ha de h be
es 1gac1 n lirica, especulativa y
a r eu el fondo de toda in
cala ha visto ui olido; y si los ve:~~;;;;nta~iva, la verdadera humanidad nun:
boy con sus ansias feroces y su .
. qu1cren mailaua hallar al hombre de
bie_n seguro de ello!-, los venid::~~1etu: desesperada-ïoh, se puedc cstar
atnbulado.
no uscarao en D'Annuuzio al hombre

MARIO PUCCINI

drama.
No bay drama en este hombre; por mas que su vida aventurera tenga aparicncias y marco de ta!. No bay drama, porque su vida no ha sido nunca interior y simple, sinoque ha cstaùo sicmpre cmpeilada en acciones e intereses
malditamente tcatrales, de suerte que nunca ha sido inconsciente. Ha creado
116
117

�,LA PLU ~l .A

TEATROS
DE PASCUAS A RAMOS
.
ara mas la f\aqueza de mi boisa, ya
s cuando voy al teatro, no da p
ta· ni merecen mas asidua
. l"b
ini6n mi butaca me eues '
que m1 1 re op
dias ue se estilan. Por otra parte, la
atenci6n t11mpoco las corn~ s e;i6dicos algun escogido trozo d~
costumbre de adelantar en o p
t
•t·cas y reseiias prelim1paiiado de au ocn 1
las obras nuevaa, acom
.
malgastaria en ver, pongo
nares, me suele ahorrar el tiempo y el d10ero que

fi

· r caso Santa Isabel de Ceres.
de los nacimientos de
po iQueda algo todavia en otros e5cenarios del verdor
Pascua?
.
resentaciones, para regocijo del p~blico
Vive y perdurara c1entos de rep
.
E
. hombre de Armches,
• d de mala hteratura, s ms
•
.
sano y alivio del contamma o .
1 f !te cierta raz6n a su autor para t1 1d
risa
si
bien
no
c
a
h
·cos
sainete para llorar... e
•
.
d 1 hambre determina los ero1
darlo de tragedia, ya que la negra fatahdad c
simulacros del prot~goo!sta.
ente con Es mi hombre, hermaoa, mcoor_
Pero luego de d1vertiroos grandem
. 6 . a que se llamanjQue vfene ms
• es de la gracia c mie
. d
. duda de esas eocarnac1011
1c·os si las cuahda es
s10
•
T,
preguotamos pcrp J
1
ma,·idol y La seiiorita de reve ez, nos.
·nctcro y currinclze, perjudican
·ches de un t1empo, sa1
h b.
c 1 A ra,
.
si con la extensi6n u ieran
P rcdominantes en du
ciones ultimas. Parece como
o avaloran sus pro c
• udes sus vicios.
aumeatado proporciooal'.11ente sus v1:e la C~media, revela en ésta cxcelenteLa Srta. Redondo, primera dama
u! otras vcccs. Si ha logrado cl aumente su talento de actriz, ya sciialado aq
J ,s

tor suscitar una emoci6n patética con una situaci6o tremendamente c6mica,
cu:mdo en el primer acto llora la hija de vergllenza y de miedo ante su padrt-,
mîseramente dislrazado de cabezudo anunciador, débelo, en primer término, a
la gracia natural, a la comprensi6n, a la sobriedad, al cabal descmpeoo de su
pape! por parte de- la Srta. Redondo. No por exagerado, ya que el de protagonista cuadraba a maravilla a sus aptitudes, hemos de negar el triunfo de Yaleriano Le6n, procedente, como el Sr. Aroiches, del género chico - escuela de
acton.s, si oo insustituible, siempre mejor que el Conservatorio. El gal.in c6mico Tordesillas ha oîdo. renovados en su honor, los aplausos ya obtenidos par
él en la interpretaci6n de tipos populares.
Por desmentir a los Quinteros, no me be dada ninguna en ver La prisa, comedia de la misma estofa resistentc- a las mudanzas del tiempo-no da frio ni
calor - que otras tantas, tan bién hechas y duraderas, de su copioso repertorio.
No1 apresuramos. en cambio, a comprobar la cxactitnd de los anuncio~ que
prometîan en Anton Caballero algo asî como una obra p6stuma de Gald6,.
Sobre que no hay tal postrimeria ni ta! obra, y si s61o algunos apuott'S de
tipos y conftictos dramaticos, clasificados por los mismos refundidores como
de una data anterior a los grandes dramas galdosianos, en que tuvieron, por las
muestras, reafüaci6n plena, los hermanos Quintero no han acertado a tallar, en
la cantera ya explorada, las figuras a que quisicron dar nue,·a vida escénira. Y
para mayor desgracia del intento, rehuyeroa al imitar piadosos, pero torpes,
el noble y levaatado estilo del maestro, ese di.S.logo pintoresco y vivo que cobstituye el mayor precio de su teatro andaluz. La colaboraciôa de los Quiateros
coa Gald6s es, literariamente, algo monstruoso. Una simplf' edici6n del primitivo borrador del Anton la/Jallero, corroboraria mi aserto, que el éxito de publico de 1/arianela antes comprueba que dcsmiente,
La sola elecci6n de Gloria, entre las novelas g~ldosiana'I susceptibles c!e reducci611 f'Scénica, revela el agudo instinto dramatico de sus adapladores. D:jemos, para tratado con m.S.s espacio, el comentario que merece la temporada de
Miguel l\Iuiioz con su compafiia :n el tcatro de Fuencarral, la m.S.s interesante,
por m,1chos conceptos, de este invierno en M..drid.
Y a las Kalendas de Marzo remitimos también el dar m;is e:rtensa cneota de
la breve cuanto feliz campaoa con que Lola Membri\'es-aplaudidisima COIDO
actriz en una comcdia de Benavente, y como tooadillera-anima en estas &lt;lias
la decaida escena de Lara.
119

�LA PLUMA

LA DAMA DEL

LA PLU .h1 A

ARMIRO

No sé si el critico que al referir eotusiasrnado el clamoroso triunfo de Lui,
Fernaodez Ardavio invitaba a los j6veoes poetas a sentirse coparticipes de los
aplausos que en su hooor sor,aban estruendosos al final de los actos de La
dtu,,tJ del armiiio e interrumpieodo repetidamente la representaci6n la noche de
su estreno, habrâ experimeotado como yo el sincero impulso de llamarse a la
parte en tan buena bora. Pr6diga la empresa de la Princesa en anuncios y reclamos, no siempre oportuoos, pero que en esta ocasi6n en oada han menoscabado la calurosa acogida del publico al nuevo dramaturgo, habia transcrito
en profusos sueltos de contaduria la opini6n que La dama del ar,ni1w mereci6,
al representarse en :\.mérica, a cdticos tenidos alli por muy severos. Aigu no
no se recat6 de parangonar la significaci6n del drama de Ardavin con la que
tuvo en su época Et Trovador de Garda Gutiérrez. Cuando, requerido por los
insistentes aplausos de los espectadores, se present6 el autor de La dama det
ar111Hio, mediado no mas el acto segundo, pateroalmente sostenido en su turbaci6n de novicio por el Sr. Diaz de Mendoza, senti uo gozoso estremecimiento,
parejo sin duda del que coomovi6 a los j6venes românticos al ver aparecer en
las tablas al soldado poeta del Tr#lvador a recibir el homenaje, inusitado hasta
entonces-de ello se hacen eco las Historias literarias de texto eo el bachillerato-, origen de la costumbre, hoy abusiva, de computar el éxito de una obra
dramâtica por las salidas de su autor a escena de la mano de los intérpretes. El que no sepa sentir como propia la alegria del amigo, mal podrâ darse
cuenta del inefable sentimiento que produjo en mi ânimo el triunfo apote6tico
de Ardavin.
Confieso, pues, mi incapacidad para discurrir serena y desapasionadamente
acerca de los reparos que otras plumas mas preclaras, y eo este caso-menos
solicitadas por afectos entorpecedorc-s del juicio imparcia\-mas justas que la
mîa. han podido hacer al a11tor de La da,na dei ar111iiio. S6lo si creo que lejos
de ameoguar tales reparos la buena fama literaria de Ardavin, demuestran el
alto aprecio en que le tienen quienes con su consejo, mejor que con futiles halagos, preteoden estimularle.

Pero hay algo en la invitaci6n susodicha a los j6venes contcmporâneos dcArdavin, con lo que yo, y muchos coomigo de los que con él nos felicitamos,
no podemos estar conformes. Es a saber, la estimaci6n del triuofo, por lo que
pudiera tencr de conquis ta del csceoario de la Princcsa.
La sigoilicaci6o del matrimooio Guerrero-Mendoza en el arte dramitico es-

paiiol esta bien defioida en muchos aiios de activid
.
tl'ntemos a su cuenta uoa revisio d
I
ad profes1onal para que ioabo d I
n e va ores Sus ant·
1
no e os miércoles O de los s~b d
·
•guos unes clâsicos su
·11
a a os sus cam
'
c1 o, su prosapia, coostituyen en bloq '
panas de América. su sal&lt;10ter rliscutir porque no hay d"
ue un valor enteodido, que no es menesna ie ya que en el fond
no; pero que nada tieoe que ver
1
. o, pueda llamarse a engar d
E
con a renovac160 de lo 6 .
ue a en spana el c&amp;rro de la f
s t p1cos sobre que
p
.
arsa.
. rec1samente porque la empresa Guerr
qma artistica, defendid., por . t
er~:\{e ndoza represcnta una oligar·
tienen a las oligarquia, port· in ereses semeJ;,ntes en su esfera a los que sos1 icas, no es de creer
~
"
d
que esaparezcan sin mâs los
bSt&lt;1culos tradicionales q ue eo ilrte como en politic
.
d
a se oponen a la conquist..
d e I pod er por la juventud 5 111
6 mmo e renovaci60 · t 1·
co. El estreno de un poeta en I p .
Ill e igeote de lo ya cadu-6
a nocesa podra se
d
ci n, un compromiso ventaJ·oso . ,
r, cuan o mâs, una traosac,
quiz... por el momento
ounca una victoda del poeta en la I h
.
para una y otra parte,
Y es u
uc a por el 1deal
I
q c os Sres. Diaz de Mendoza ticnen u
.
.
para que su concepto del t t
r
na personahdad harto acusada
· ea ro, per,ectamente ad
dO
'
a sus necesidades familia
ecua a su tcmperameoto
·
res, a Ias del publico co
h
'
med1da de su gusto bucno
I
n que an sabido haceise a
1a noche de Ecbega~ay a la :uma o, :ero que ao es el nuestro, pueda variar de
matrimonio Guerrero M d rora e Ardavio. Culmioaron los prop6sitos del
- en oza en el falso realis
d 1 .,_
garay, y, desde eotonces toda
.
mo e a ultima épo.::a de Ecbeinconfundible.
'
represeotac16n de su compaiifa lleva ese sello
0

• una reconstrucd6n h"13t6 ·
/. No ha intentado A r d avm
.
matica s&lt;&gt;bre motivos del II
d
.
nca, sino una fantasia dra.
. .
ama o esulo espaiiol Los
.
&lt;:1asal 1d1oma, las tergiversacio
1
• •
anacronismos, las violeoncs vo uotanas del carâ t d 1
evot.ados sin sujeci6n a mâs le
•
c er e os persooajcs
que la de! drama mismo re y ~ue 1a del capncbo poético, ni mas evidencia
• quenan para no dar lu
1
,
pretaci6n alejada de todo rcali
gar a equ1voco, una interledo, seguo el Greco estrech:mdo. ilo âmas_ decorado que el panorama de To.
'
n
c mb1to del esce
·
seot1do vertical Ja perspectiva d I d
.
nano para alargar eo
porte inicial del ânimo de los
e t rdama, ~e hub1era cooseguido cierto transespec a ores 1mposible d 1
sencia en Jas tablas de do-a l\i3113
.• G
'
e .ograr con la sola pre0
uerrero cuyos
•
bastaban para impedir . . .
. '
excesos de 1oterpretaci6n
1a J1us16 n escén1ca que el
t d"d
.
pre en I o verismo del
C ardenal Nino de Guevara • c6 micamente
eocarnado e I t
no podfa despertar tampoco.
n e ve crano sedor Juste,

s·

°

llli CR1TICO INCIPIENTE
l:?O

121

�LA PLU ~1 A

LIBROS y REV IST AS
. B
Eugène Montfort.- La N;'ia

r:

·ta o el amor a los cuare11ta aiios.- Novel a
ila -Ediciooes de LÀ PLUMA.
traducida del francés por ~ anuc za . d N
os mueve pues, a publicar
O O
.
d e 6ltirua
mo a .ideraci6n
'
·
No es Montfort un nove1,sta
.
de ac ·ualidad.
AJeno
a
en espanol la mejor de sus obras oin~uensa c:r~;ienses de cada tcmporada, Montlas cabalas en que se fra~uan los figurm t ~el ;parato exterior que suele acomfort es un escritor cuva hteratura,
Je unos aiios resume sin alarde las cuapaiiar' las glorias fugaces de un \:r~ lradici6n fra~cesa.
.
lidades car:icteristicas de l~s mas p e esta afirmaci6n puede da r lugar. _La agiNo se nos oculta el eqmvoco a
ïaci6n son tales, que no registra la
lidad del espiritu francés, su poder c_as1;1 ercusi6n en Francia, y, lo que es
historia litera ria experie~cia _algu~a s:~r:/valor y eficacia universal_es mcrced
mas, sin que esas e_xpem·nc1as a qu
eses suelen hacerlas asequ1bles al coa la depuraci6n clas1ca con que lo~ franc lo tanto tradiciô11 francesa, se prcsta
m6n de las g••ntes civilizadas. Dec1r, po~ de e~presi6o literaria a que se rca coofusione~, toda vez que los d?s mo ;:scucÎas de todos los tiempos. el claducen en ultimo término, las corne~te::1 po propio -Campo de bataLa a ve,
t·ienen.en Francia
cam
·
. Hay, s111 ern bargo '
sico y ' el romanuco,
.d
ib'e la de Hernani.'cel&gt;: ;en &lt;JUé otr~ parte h~lnelr_a s1 ~ po~p~cialmente cultivada por los france. ,. ·10·n del buen senhdo iterano, e
t'
·1a de Stendhal, SIU/luspeare y
una r Lg
· ·6 en la an mom
.
d
d
ses y dt finida por contrapos1c1 a
la intenci6n combat1v1, a ecu.i a
Hac,ne que oosotros utilizamos ~hora,l6no ~~on resol\'iendo arm6nicameote en el
'
autor la ,ormu 'si
.
al momento en que su .
. mode sus lérminos capitales..
n al
espiritu moderno cl _ant_agon1s C t ha dicho uno de sus cdhcos, perteuece d 1
cf.;is novelas de l&lt;. ugene Montord, la Edad )ledia, ha reioado hasta lin.es e
género que nacido de los cuen1~~ de la Histoi,·e de Jea11 de Paris a Les lra1so11s
si lo xvm, e incluso un poco m ~. e La Pri11cesa de Cleves y l,ano~ Lescout.•
a!,ge,·euur, al Adolfo, p'.lsda:1?6o prr ncesa la de los escritores a qu1enes _M. Le
Es decir. la mas pura tra ici n r~
ci· del hombre y de su~ pas1oocs•
Cardonnel atribuye ,sobre todo el estu io

::ce.a

~t .

t22

(Georges Le Cardoooel. Pierre Lievre: Êtudes sur E11~ne 11:fontforl. Paris, Bibliothèque des Marges).
El solo titulo del &lt;:studio de Le Cardoonel: .De un cierlo romanticismo a un cl'4sicismo moderno, basta para defini r, mejor de loque pudiéramos hacerlo en esta
nota, la pcrsonalidad del autor de La Nina Bo11ita. Eugène Montfort naci6 a la
literatura con una novela amorosa, Si/vie ou les Emois passionnés, conct&gt;bida a
la maoera romantica. Los que en 1896 cran j6venes con Montfort reaccionaban
violenta mente contra el oaturalismo de Zola y sus discipulos. Pero romanticismo ta ' no podia in~pirarse en la misma fuente de tristna que el de las Con/esiones de ,m hjo dd sigle. F:ra una cxpansi6o del .inimo eotusiasta, curado de la
dcrrotrl nacional del 70, no como en Chat•aubriand o en Musset un rcfugio de
la melancolia.
En su segundo Jibro, Essai sur f Amour (1899), Montfort afirma su romanticismo, pero nunca cludien&lt;lo la realidad, sino exaltandola. En 1902 hace su primer vi~je a Marsel'a, fecha decisi\·a en su vida de cscritor inseparable dt· su
experiencia persona! de paseante y de viajero curioso po1· ltalia, por Escocia y
Bretaiia, por Ids cost.is espanolas de Levante, Andalucia y Marruecos, refic1ada
en las notas de: 1ndar y ver reunidas en Jibros como En jl4nant de .Messi11e d
Cadix (1911) o ,1/0111,,,arlre el Jes B, 11/evurds (1908)
Guiado por el e,piritu de Ste,1dhal y el de :\ferimée, va afinaodo y ahondaodo en Ln cumrs malades (1904), Le cira/et dans la montagne (1905), La maitresse americaine (1906) las novelescas iovcstigaciooes eobre el amor de sus primcros libros. De 1903 a 1908, redacta y publica por si solo la revista Les .1/arges (acrccida boy con la colaboraei6n de un seJecto grupo de hteratos libres de
p rejnicios de escuela), en que la evoluci6n del rnmanticismo inicial de Si/vie, a
la inhibici6u clasica del autor de la La Nina Bonita, se va opcrando en nna ser ie de e~tudios magistrales de Gérard de Nerval a Barrés y Claudel, seguo
un orden interior que respondc a la maduraci6n de su espiritu critico y que
cxplica su con\'ersi6n graduai a !a sercnidad con que ahora Je es dado contemplar y pintar la vida.
La Turca ( 1906), no vela recientemente traducida al espaiiol, s~àala la primera etapa del esfuerzo asccnsio11:1l de .\fontfort bacia •cl n~tural, la simplicidad, la human idad,, logrado plenamente, tras La chanson de Naples ( 1909), noveia oapolitaoa al modo de las de Salvatore Di Giacomo, y Lu noces folies ( 1913\ en La i\'1na Bonihl o el amo1· a los cuarenla aiios.
,La Niiia Bonita. es el nombre jovial del yate en que Didier Cassenoir y su
61t ima querida regresan a .\[arsell.1, preSQS eo estrecba c.ircel de amrir de que
no saben escarar. Otros dos hombres, Garein y Ecartclance, consciente el ur. o ,
de la indefensi6n de sus cuarenta aéios ante la pasion amorosa que le asalta,
resuelto el otro a obtencr, por la fuerza que le rebosa, la mujer que se le re sistt&gt; terca, persiguen int'.itilm.. nt~ a aquella Diana enamorada con instinto tic
hembra del apoliaeo Guy Joli, sercno guardador dd animo libre contra las tentaciones de la carne cnemiga. Asesinada Diana, muerto también Ecartelaoce,
rcfugiado Garcia en la lilantropia, 1:arpar.i de nuevo «La Nina Bonita• «para
un viaje mas bello, sin pasi6n ni dolor, acogido su dueiio a la amistad triun-123

�L .\ PLUMA

LA PLUMA
fante del poeta, conducido por d experto nauta Barougas, servido siempre p~r
el sagaz Lombriz.
-~
.
tl amor a los cuarenta anos cuenta !&amp;. bisEl novelista de La NinJ !3onita :tro hombres sencillamente, rehuye~do en
toria apasionada d_e una muiir yd~unarrador, economizando paginas y t1empo,
todo momento su mtervenc1 n
te iendo la atenci6n del lector en
sin que la evidencia _del relat~ padezca,
el~.nento~ imprescindil&gt;les, y, p_or
una tension consegu1da_ no m s qufu~~;., de que s6lo hay ejemµlo en los meJO·
lo tanlo, con una segundad y una
res modelos del géner? oovele~co.
la razon que los corrige, no apareceo
El lirismo, la emoc16n senllmeral
8011ila de la acci6n de la novela,
nunca destacados por el autor ~e :nd;":u sustancia propia. y asimis~&lt;;&gt; los
sino entreverados en ella, c~&gt;n~t•~u) fondo estan dispuestos, no como alic1ente
detalles ointorescos o el _pa1saie te do . la tragedia la luz, la atmosfera, el a~ .
o pretexto descriptivo, s100 pr_es an .1 • ·te cia real vida bu mana. Marse a
biente en que los héroes adqu1eren C?~1s1~s ~l centro' natural de la pasufn ,neno es en La Nina Bonita u!1a decorac1 ~~ferencia a la Carmen de Bizet; su f~diterrânea, de que habl_a N1e_tz~che :;~fontfort a través de toda su obra, culm1talidad se impone al animo :tr~o·a l; ha traducida con un rigor .v una compenante en esta novela. Manu
zan
.· esfuerzo ni fatiga, perc1be en toda _su
oetraci6o con el original que el leitol~ s;~tax1s castellana, al servicio del est1lo
pureza; la fidelidad no meoosca
aparente de Eugène Montfort.
preciso, vivo, fi.nisimo en su senc1 ez
, '
C. R. C.

fi:

k--

·ti

* * *

.
. lickte seiner Selbstbiograj&gt;liie.-E_i,u
A lfred Storch.-August __St,:md~erg '"', -J F Bergmann MUochen u. \Vies• jsyckopat/wlogisclie Personl1ckke1tsana :yse. . .
.
badeo, t 921.
ellos aises de gran actividad pstEn estos ûltimos aîi~s, sob~e
:tras s~ han mostrado abie~tameot~
quiatrica como Al~rn~n:31 lo~b ~ocurnento mas elocueoce en estefi.se~t~d~
en contra de la psiquia na.
. .
d I h Zunte inserto al na e
man ifi.esto de la Bunde der ~rst,f~,. ,e~ :: :;,ige,n Geist. El hecho, interpre:ublicado por Hilier, Das z,e .- . u.1: U.1. s ermaoos ha dado lugar a anima a
~o opuestameote por algunos ps1qu1~tra d! la novela de H. Mann Di• A1·men.
-eontroversia, espe~ialme_nte con mot1vo - ue la maxima culpabilid~d de este
Es indudable-seria n_ec•&lt;;&gt; no reconoccrlo r~ ios especialislas, prioc1palm~ote
movimiento aotipsiqu1âtnco re~~e en ~o~iafic:~s que sobrepasando su obJeto,
en los autorcs de &lt;:icrtos ~stu ,o\~~ ~bsoluta~ent~ censurable. Al lado ~e
han llegado a un d llettantis~o en •.
a la Medicioa, que, a la sombra, _c
éstos se hallao, ademas, e;;cntores aJenosto Max Nordau es un ejemplo llpt·
teodas médicas o biol6gi~as ,del mome~es-;-~nvidias profesio:iales en groles-, han volcado sus an_tipatias pe_rso~a
•
.
~s eosayos de aparienc1a pseuf_doc1entt~~aJaspers en su admirable Allge~me
La finalidad de la patogra ia-escn

:i.~~~:'f

124

fï~~

Psyckopat/wlogie, 2.• ed., p. 382-s explicar la génesis de las crc,1ciones artisticas mediantc el aoalisis de las alteraciones y proce~os patol6gicos psiquicoa
sufridos por su autor, utilizando los datos que el estudio de su vida mental depara. Si el patografo-continûa Jaspers-intenta juzgar, fundado en sus descubrimientos, el valor estético de la producci6n del patografiado, comete una imperdonablt: falta, ya que en modo aigu no quiere decir que una obra de arte sea
mala o iocomprensible porque en ella descubramos ioequivocos signos pato16gicos; este juicio meramente subjetivo no ioteresara a nadie y si indignara a
muchos. Contados son los pat6grafos que se han librndo de caer en este error.
Es suficiente repasar la bibliograHa recogida y cuidadosamente glosada por
Birnbaum en su recieote libro PsJ-d1o;a1/io/ogisclte Dokumentt, Berlin, 1920, para
comprobarlo. Igualmenle carecen de interés. a juicio nuestro, los estudios patogrâfic ,s encaminados exdusivamente a obtener un diagn6stico y discutir el
lugar apropiado que corresponde eu la sistem,hica clinica al patografi;.do. Este
criterio, sustentado, desgraciadameote,por muchos, mantiene la creencia de que
el psiquiatra solo siente particular delectaci6n clasificaodo psiquiatricamente
a sus semejantes, y de un modo implicito !leva coosigo el elogio de la mediocridad. Ridiculo es, del mismo modo, como acertadamente seiiala Jaspers, el
estudio patogrâfico de ciertas figuras de la Historia: Jesucristo, Mahoma, etcétera. Por otra parte, son responsables de la animosidad contra la psiquialria
aquellos psiqu iatras que, como indica W. Mayer, consideran anormal} morboso todo cambio de técoica o direcci6n nueva de las escuelas modernas artisticas o liter arias y conceptûao la mas ligera desviaci6o del tipo medio normal
como un pathos de la psique.
Las escuelas psiquiâtricas modernas, especialmente la escuela fenorneoo16gica de Jaspers. han inspirado uoa serie de trabajos patograficos n,uy interesantcs, entre los que 10erece un lugar preferente el estudio de Storch sobre
Strindberg, objeto de esta recensi61t.
Para el estudio de los signos subjetivos de la vida psiquica pato16gica, con cedc la fenomenologia de Jaspers un valor metodol6gico extraordinario a las
autodescripciones orales o escritas. •Pue!:ito que no nos es dado percibir lo,
psiquico ajcno directamente como Jo fisico Ua!:,pers, loc. cit.p.31), nos limitamos siempre a una representad6n, intuici6n o empatfa, d la que nos conduce,
segûn el caso, uoa serie de caracteres externos del estado psiquico y de las
coodiciones en que se presenta y que juzgamos por comparacioo&gt;. De aqui que
sea un auxilio c-ficaz id aulodescripci6o oral o escrita, aunque esta ûltima sea a
veces feoomeno16gicamente obscura y su autor. por motivas estéticos o de
otra fodole, desuaturalice. De tal defecto adolecen, induddblemente, I,,s Pa, adis artificiels, de Baudelaire; la Aurelia, de Nerval, y las Confesiones ae un c,,,,,e.
dor de oj,io, de Quincey.
Strindberg ha dejado en los cinco tomos de su autobiografia un material
excelente, que, desde un puoto de vista estrictameote fenomeool6gico, ha aprovechaào Storch de modo admirable. La fidelidad de las autodescripciones de
Strindberg es indiscutible, y el misrno Strindberg se apresur6 a demostrar que
en su autobiografia s6lo se propooia aoalizar objetivameote la evoluci6n de su ,
125

�LA PLUMA

LA PLUMA
alma, y al final de cloficrno• dcclara: cQuit-n tcnga este libro por un producto
puramcntc literano, comparclo con mi diario, que desdc el aoo 1895, dia por
dia, cuidadosamcnte llcvo, y del cual e ste libro es s61o ordenada transcripci6n•. La autobiografia permite scguir la vida del gran dramaturgo cscaodinavo paso a paso. Consta de sictc partes, tituladas: cEI hijo de una criada•, ,La
cvoluc16n de un alma•, •La conksi6n de un loco•, cDesuni6n•, clnfierno•,
cLeyt&gt;odas•, «Solit11rio•.
La monografia ue Storch cstudia la pcrsonalidad de Strindberg solamentc
dcsdc un punto de vista psicopatol6gico, y co modo alguuo incurrc en los errorcs q.ie hcmos indicado al principio. Storch, siguieodo croool6gicamente la
autobiografia de Strindberg, divide su trab,1jo en las siguientes µartes: ,La
pcrsonalidad primitiva•, ,La cvoluci6o interior ha::sta la psicosis: primcros accesos e&amp;quizolrénicos; la c1 bis de los vuinticuatro aôos•, «La vivencia arnorosa•, ,La psicosis esquizofré ica: dèsciipci6u del curso; a'la!isis formai; analisis dt"! contcnido•, ,El cstado fioalt, • Rt:sumeo•, ,Ojcada psiquiatrica retrospcctiva•.
.
. ., .
.
El interéi de este cstud10 es puramentc ps1qu1atnco y aporta gran clandad
al conocimic oto de la enfcrmedad meotal que sufri6 Strindberg. S1 la alteraci6n morbosa ha inftuîdo o no sobre su produccioo artistica, fdvoreciéndola, 0 1
par cl contrario, l101itando sus facultade,;, es un asuoto escabroso, dificil de detcrminar, y que. inhcrclltC a toda investigaci6n p,1tografica, ha rchuido Storch
con grao acicrto. La enferm.::dad sufrida µor Strindberg plantca, adcmâs, aigunos problemas de psiquiatda clîuica muy interes:rntes, impropios, sin embargo, de ser comentado, en una rcvh,ta del cMacter de LA PwlllA.
Al llamar la atenci6n general sobre el estudio de Storch, nuestro objeto no
es otro que seiialar al publico profano la exbtcocia de una patografia moderna que expresa claramente el criterio actual de una escucla psiquiatrica alemana, dirio-ula por cl profesor Gaupp, de Tubi~ga, y, al mismo tiempo, indicar
a los hombres de lctras cuan lejos se hallan las iovestigaciones psico patol6gi1:as moderoas de aqucllas que solamente ban logrado encmistar al psiquiatra y
al litcratu, cuando tanto se obtendrîa µara el progreso de la ciencia psiquiatrica si tal estado afectivo se di-svaoeciera y entre ambos grupos intelecwales se
estableciese, en cicrto modo, una colaboracioo. Colaboraci6o intcntada en todas partes por algunos escritores con meoguado éxito, ya que éstos, equivocadamcnte, creycron servir a la psiquiatria llt:vando a la oovela o al teatro personaj~s patol6gicos, que nada enseiiaroo al profesional y aun me nos al profaoo, y que tan s61o sirven-como escribe Gaupp-para mostrarnos el criterio
del arti,ta y cl modo de concebir éstc las psicosis.
Las consideraciooes psiquiatricas de Storch. de gran valor doctrinal. el criterio c1entîfico sustentado en toda la obra, cl re:;peto y cariii.o a Strindberg,
priocipalmente y la claridad e n la exposic16n, son cualidades no f~cc~entes en
esta clasc de trabajos, y que en la mooografia de Storch marcbao mumamcntc
uoidas.

JOSÉ M. SACRISTAN

* * *
,u6

~obcrto Levilller.-La .'ien.ia de los es;~os.-~[C\1XXI.-Editorial
.
•
Sa-

tu:-01no Calleja.

Acababa de recibirlo aquella tard
sin abrir aun. Al pasar por la de m ~ Y ~e 10 llevaba de la redacci6n a casa
1 am,ga, recordé que era sab.vJo y subi;
saludar!a.
-:-Usted perdooe la curiosidad-me d..
.
.
pon,a d abngo, a punto de marcharme ~~h~OJean do cl hbro, mientras yo me
-No se lo presto a usted por ue n. 11 , ,
adcmas, constituye una obliaacio q
o o be Je,do todavfa, gusto que en mi
Gra ·
J
"
n, y .. ,
'
c1as, o conozco, v hasta me are
puede que no lo crea. Mi ami ,t sabf . cc que basta?l~ _bien, aun')UC usted
y para demostrarselo a ustedgh
m, µocd fe en cl 1u1c10 de las mujcre~ lecr tantos otros no le dé tiempo aga ~~ lrueba, ya que quiza la ol&gt;li •aci6o ·de
ted Yo. y dobl6 el pico de la ho· a sa ,s acer ~u gusto de leerlo enter~,: lea usPese a mi dcsc fi
13 correspond1eate.
h..
on anza en el espiritu ci 't" f
·
es •Jade mi ~antasia, sino de la pro ia T
,' ico ememno, mi amiga-que no
oc y hueso, s10 duda, reputad:i cou!'o la eq~s,core, y de scr cil~ musa. ln de car. No porque Yo sea el unico es &gt;e· o me1or_por el gran Dano-, tiene raz6n
vida de un persooajc o un personla·~ d;7 13; hcnda de Levi_liier, que relkje l~
~c proponc; mas porque en él conJera a v1d.1, ~on la cu_rva ,ronrn que el autor
rntenc1ones diseminadas con gr . _.,en { se aunan e~1dentc~ las parabr,licas
y en las que siguco dcspués to~~a s1ngu ~r en las pagm~s autcriore~ ,lei Jil&gt;ro
verdad_, ~i da facihdades a lo~ lectir::p;~~ores ~ la moraleja inicial, qu.-, a la
d_e l~s im.igenes repctidas en las
.
rer.n1sos para entender el sentido
~•os1dad a los aficibnados al ilusion~ut11cs comb1oac10?•·~ del laberito, r!"'ila cu1nocente, por boca del clown.
smo, con dcscubnr de antemano la trampa

*

*
t
E
~t'
*

.Miguel Salvador y Carreras L
so leido en cl acto de su recepc·o . ~-sruuta m Jiadrùl. (1921).-DiscurS.:? F_:rnando, y cootestaciun d~J en a
Academia d 8ellas :\rks de
dngaoez.
xcmo. e tmo. Sr. D. Am6s Salvador v RoUn,a reccpci6n académica, ma-. uc m .
..
laocoha. Ant6jansenos las Acadt::m9
ottvo de regoc110, suele serlo de meperdida. «De las Academias libr~n~:s ia_?teooes de la juventud por siernprc
la llntrada de nuestro amigo Miguel s-,tn~n, clama c l poeta. iQué mucho que
turbara el aoimo, viéndolc preso de u· va or en_ la d~ San Fern~ndo nos conque separan a unos hombres de otrosi° convenc1onahsmo mas de los mucbos
Mas no todo se pierde en la batalla
.
Digalo si no D Am6s Salvad
d por ser ~cadém1co. .Ni aun el humor
contestaci6o, imprcgoado de la ~r,/a re d~l rec,pieodiario, cuyo discurso d~
griego la excelcncia de la exprcs~ cch«sonnsa entre la.grimas• en que cifra el
resis~ente _a la grave cxperieocia
lo~~~~:• es ejemplo de juvenil donosura,
Ni ha s1do menester que para ·
·
nucstro amigo de ninguo caro rec~:~~e;1c en taod d~_cta corp?raci6n reniegue
moce a , antes bie n, el corganiza-

d:

127

�LA PLU ?Il A
dor y propulsor de instituciones musicales• como la Sociedad Nacional de Mu sica y la Orquesta Filarm6nica de Madrid, se ufana en la hoja de méritos alegados por sus presentadores al hacer su propuesta, de haber pertenecido a la
Rondalla Logroiiesa, con plaza de primer bandurria.
No ha becho, ciertamente, Miguel Salvador en su discurso un trabajo de
erudici6n, dado que portal suele enteoderse el mero acopio de datos y compulsas ajenos al interés del profano. Ha becho algo mis, y nada menos que la
historia general, suciota y amenisima, de la orquesta sinf6nica, a cuenta de la
que por derecho le compeUa bacer de la orquesta en Madrid y de sus vicisitu des en estos tiempos.
C. R. C.

* * *

R evue del' Amerique latine.-Hemos recibido los dos primeros numeros de esta rev1sta dirigida p..&gt;r el Sr. )farti,enche y en la que son redactoresjefes los Sres Lesca y Garda Calder6n (V). S,i programa e~ vasto y el cuadro
de colaboradores francese:; y americanos proporcionado, por el numero y ia
calidad, al programa. Seiialemos en el numero primero una cr6nica literaria
de Gonzalo Z2ldumbide. En el numero scgundo retenemos, por tocar directamente a Espaiia, el pr6logo de Charles Maurras (l es forces latines) al libro nuevo de Marius André, la fin de femfJire es;agnol en Amérique.
Aunque no tomamo!' demasiado en serio la filosofia politica de M. Maurras,
menester es preguntarse si el gran escritor ,se paga nuestra cabeza• (nuestra
pobre cabeza de celtîberos romanizados), cuando dice refiriéndose a Itali3, Espana y F rancia: cSu decadeucia se inici6 o se precip1t6 en el punto en q ue las
ideas revolucionarias se apoderaroo de su espiritu publico o de su gobierno•.
A no ser que M. Maurras demuestre (capaz es) que la época del Pad re Nitbard
fué el gran siglo de Espaiia.

*

,

* *

Llbros recibldos. -Carlos Reyles: Et embrujo de Sevi/la; Madrid, Calpe.Ram6n G6mez de la Serna: Disparates; Madrid, Calpe. - La viuda blanca y necra; Biblioteca )lueva. - Adolfo Sabzar: -tudrtfmeda; Cult ura, México, 1921. J. Moreno Villa: PatraittM; Madrid, Caro Raggio. - J uan José Domencbina: Del
poema eterno. Las interrogaâonlS dei silenâo (nueva edici6n); .\iadrid, 1922.
Revistas. - Mercure de France, Paris. - Le Progrés Civique, Paris. - La
Connaissance, Paris.-La Revue de I' Epoque, Pads.-Vida Nuestra, Buenos
Aires.- Atlzenaeum, Zaragoza.-Repertorio Americano, San José de Costa Rica.
Le Cra;oui//ol, Paris.-Be//es Lettres, Paris.-Cultura Venezola11a, Caracas.Die Aktion, BerHn.-Peg·aso, Montevidt"o.-Cuba Contem;oranea, La Habana.Babei, Buenos Aires. -Porst"a ed Arte, Ferrara.-Espana ·" América, Ca.diz.-Hermes. Bilbao.- L' Art Libre. Bruselas.-Ça Ira, Amberes.-La Ronda, Roma.
L a No•,velle Revue Franyaise, Paris.- /ndice. Madrid.-Cosmdjolis, Madr id.-71te
Living Age, Boston.--Espana, Madrid. - Les /,-larges, Paris. - Prisma, Paris.Signaux de France el de Belgique, Bruselas.-Los Nuevos, Montevideo.-Revue def .4.mén·que latine, Paris.-.Le Tliyrse, Bruselas.-lntentioris, Paris.

us

ANO III.

1

~lADRID, MARZO 1922

1

NOM. 22.

EL JARDIN DE LOS FRAILES

&lt;i&gt;

X
AS alla del espanto ' abordé en una trist
tada la primera turbulencia d 1
• eza gn~ve, desgas-

tidianos , dispuestos p
d e a pas16n en ejercicios co. .
ara esbra varia F é t
..
cermm1ento no sé s1· d"
l .
. u am b1en dis.
'
1ga as uc1a· d fï
m1 aprendizaje, pues vine a enfre
1
' e JO, un adelanto en
tocar en lo absoluto· ver e f . nar e abandono. Restafié el afan de
•
n narse la ge
•d
Aprendi q ue mi desbaraJ· uste
neros1 ad, me di6 lastima
_ .
se correspond'
·
muy aeeJas, disecadas ya articulad
. ta con otras experiencias,
de la vida me careasen co'
.
as en tdeas; como si en el hervor
t .
.
n mt esqueleto E fi
ra1an vtSos de desengafio· bd" b . n n, estos albores de paz
.
' a tca a u na pe d b
como s1 toda magnificen cta
,. me estuv1ese
.
d dsa um re grandiosa ,
esperanza, por mi flaqueza.
ve a a, en el temor y en la

(1) Véase LA PtuK.t. de ene ro de

1 9 2:1.

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                <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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              <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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