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                  <text>ANO 111.

MADRID, MAYO 1922

NÛ.M. 24.

EL JARDIN DE LOS FRAILES

•1œJ•cf•
'

XII

con frase acerada el Padre Miguelez: •No es necesario
que el Septentri6n los lance; jlos barbaros estan en Espafia!»

Debo al Escorial-a sus escuelas-eJ apresto necesario para entender esa maxima, impregnada de espafiolismo, y recibirJa en espiritu y verdad; y a la percepci6n cabal de su sentido
-decadencia del estado glorioso preexistente-, una timidez egoista, un recelo, que me impedian avanzar por la ruta abierta a mis sentimientos espafiolisimos. Me atollaba sin saberlo en un desbarajuste
raro; la pasi6n nacional, encandilada por muchos cebos, queria encabritarse y a!zaba la cerviz soberbia: puro goce de dar suelta al orgullo y henchir con su viento el énfasis, la hipérbole y otras capacidades donde asiste el desenfreno. El animo se Ianzaba en taI orgia por
engreirse a sus anchas una vez siquiera: éraie permitida toda licencia, en raz6n del objeto sublime. Pero buscaba saciedad apacible, que
no martirios nuevos. Al desmandarse, la pasi6n nacional embestia
2 57

�LA PLUMA

LA PLUMA
con el cimiento hist6rico de nuestra noci6n de Espafia, y replegaba,

)

,I

fJ

maltrecha, las alas.
Tarde comencé a ser espafiol. De mozo me criaba en un espafiolismo edénico, sin acepci6n de bienes y males. Veia en el mapa las
lindes de una Espafia, pero éste era nombre sin faz; moralmente, no
advertia sus limites, ni sospechaba que los hubiese. Las anécdotas
colegidas bajo el r6tulo de Historia general no vivian mas que un
libro de estampas. Acaso me deslumbr6 el gran fuego de nuestro
hogar alcalaino. Restos de la tradici6n literaria complutense aleteaban en mi pueblo al declinar el siglo diez y nueve. Juristas viejos, imbuidos de humanidades; algun hidalgo desvencijado, sin dos adarmes de meollo, recitador de Horacio; labradores ricos que empezaran
en su mocedad a cursar «estudios mayores»; escribas de la curia toledana, que a poco mâs hubieran alcanzado a F16rez embanastado en
su celda de San Agustin; y un can6nigo, el ultimo catedrâtico de la
Universidad, que rouri6 de un atrac6n de sandia..., mantuvieron en
Alcalâ el culto fervoroso de los antepasados. No vivian en su tiempo; el mundo no rodaba desde el dia roismo que la Universidad de
Cisneros se cerr6; las prensas dejaron de parir en cuanto los t6rculos alcalainos se enmohecieron. En sus rancios libros, en sus buenos
libros-hechos trizas luego, cuando sus bibliotecas dilapidadas fueron a parar en las droguerias-, se empapaban de erudici6n anodina. Sabian los aniversarios, las idas y venidas de los héroes, sus posadas, sus sepulturas. Eran tercos, grandilocuentes. Daban guardia
a la cuna de Cervantes, defendiéndola de los manchegos rapaces venidos por hurtarla. Cisneros llamâbase siempre «el conquistador de
Oran&gt;; Cervantes, «el principe de los ingenios:l' , «el manco de Lepanto&gt;, «el cautivo de Argel&gt;, «el manco sano», con otras perifrasis
no usadas. Juntabanse y se rejuntaban para proferir discursos, loas
poéticas, vejâmenes, ditirambos; glosas al «libro inmortal»; loores del
258

conde de Lemos; denuestos venenosos co
.
go. Nadie mas odiado que el
ntra Avellaneda, el sacrilesupuesto Avellaned d
,
das. H e necesitado llegar al "-&lt;p·ice d e 1a cordura p a, espues de Juta de que nada malo me ha he h O l
ara caer en la cuen.
c e misterioso
·
.
ofend1do con él ni he de v
personaJe; m estoy
.
'
engar en su memoria
·
patnotas alcalainos alborotaba I
agrav10 alguno. Los
f .,
n e manso cotarro de
l
pro us10n de memorias, veladas, la idas .
. . su ugar con
pero su patriotismo era local N
p
' ~lummac10nes, catafalcos;
AJcala, no la de Espafia Es . os, pil~rsuadian la grandeza ûnica de
.
veros1m que el s l 1 .
de la ciudad poseen una virtud
d'
ue o, e aire o el agua
.,
pre isponente para la 1 .
sabe qu1en otorga mâs a q ., . 1
.
g ona, y no se
. .
Ulen. e gemo a la ciudad s · 1 h d
p1c10 le encamina a ver en ella 1a 1uz, o la cmdad
.
,
1
e· a o proal
amasandoIo con ingredientes nada comunes. Esta opinion esgemo,
1 ,
..tble. E. 1 buen alcalaino créese no menos que copartici e a mas proba1 Q ..
e, e mcluso generador alicuota d 1
p en e lllJOen Alcalâ fué el acierto de ese i e _a_ p~rsona de Cervantes. Nacer
le habrian mentado como
n~emo, s1 aparece en otro pueblo no
,
no m1entan a otros v
salvo q_ue un rayito del sol alcalaino los alumbre a;_nes e~celentes,
obra mtlagros dondequiera, ha hecho en A!cala prodio-·
. !OS m1smo,
que
d
esaforadpos. .En suma: es pueblo elegi.do, colaborador en los d,.,10s
· .
rov1dencia. La historia era inteligible si
,
es1gmos de la
y acento complutenses· cuando
, pod1amos prestarle rostro
Participabamos en ella 'como e ~~-' c~1a en 1~ tinieblas exteriores.
yecinos. La actitud
. n yue a repartida entre el comûn de
, de pasmo, el tono ponderativo· el tem l
so; y como ejercicio-que suple a los .
1
b,
p e, gozobito d l b
impu sos a ortados
el ha
e a a arse por méritos del r6ïmo
.
-,
~ ropias lo , ·
.
p ~
' Y el mirar como prendas
mas mcomumcable y azariento d l
b
P:;ci6~ per~onal o las mercedes gratuita/
1:sr~~s~:::::~ela
p - mo o directo, ya sus representantes en el reino de Toi d l
senores arzobispos.
e o, os

y:

6~;;

259

�LA PLUMA

i
tl

Advine al rango de espaii.ol por dos caminos: ensanchando hasta
el confin de la Peninsula el area plantada de laureles y robândole a mi propensi6n admirativa su inoperante candor. Temblé con
emociones menos suaves; descubri un antagonismo; milité contra
las fuerzas agresivas, dotadas de significancia moral opuesta a la que
ministraban los frailes. Mis sentimientos espaii.olistas ganaron en
violencia lo que perdian de libertad, y retrayéndose a su origen, oprimidos, zumbaron amenazas sordas, como nube de pedrisco a punto
de desgajarse. No me bast6, llanamente, engrosar el caudal de las
cosas que sabia, ni seguir la inclinaci6n del instinto, para verme de
pronto roido por el despecho, abrasado de malquerencias, o presa
de abatimiento rencoroso, como quien viene lisiado al mundo, o enfermo incurable, o desposeido sin justicia de alguna cualidad com(m
al mayor numero de gente. En el pasto de que iba nutriéndose mi
opinion de espaii.ol, debieron de echar cierta levadura que se agri6.
Padeciamos en cuanto espaii.oles la suerte de Abel. Nuestra virtud,
la superior comprensi6n del plan eterno, suscitaron la liga de los
barbaros con el espiritu del mal. Es el espafiol semidios derrocado; su generosidad pertenece a otro siglo. De tal manera, descubrlr
nuestra posici6n en el mundo-el crimen contra Espafia, escândalo
de la Historia-y quedar emponzoii.ados, viendo frustrarse en la raiz
las esperanzas naturales, era todo uno. A quien aborreciamos mas:
si al extranjero envidioso o a los espaii.oles ap6statas-los bârbaros
del Padre Miguelez-, no lo recuerdo.
Los frailes bubieran podido son1eternos a dos férulas: juridica
e hist6rica, y elevar el tono de nuestro caracter, no ya formarnos la
inteligencia. El estudio del derecho-sin la infecci6n de bajo y estéril profesionalismo que desde el origen lo dafiaba-habria servido
no solo para lograr la destreza formai del juicio y aguzarlo, mas para
insertar la noci6n de la ley en las apetencias profundas de nuestra
260
r

LA PLUMA

1

vida moral, si le hubiese precedido una
1
.,
•
de justicia. La materia de la historia no h e~p, an~c1on sena de la idea
capacidad de discurso pon1'e' d
a na solo mejorado nuestra
,
n onos como critic
._
valor de los testimonios pero nos h b'
.
os a escudnnar el
.
'
u iese ab1erto ese h ·
blado y puesto en esa altura p
b
onzonte venara 1a o servaci6n dond 1 f . 1
perece. Los frailes que admitia 1 d
e a nvo idad
'
n e erecho natural O
h
una historia natural de los m6vî h
f
, n sospec ahan
cos legistas a las abstracciones ~ ets ~manos. bamos de los recovem enc1onadas Aprend d
h
andar al estricote con f6rmulas h
.
.. .
er erec o, era
ficil es que un mozo se a Id uerdas, la h1stona, proselitismo. Dimo e a ecorar los
't 1
Real; si el celo del maestro cho
1
cap1 u os del Fuero
.
ca con a desgana del al
é
qu1en acierta. Viéndonos rebeldes a su d ' . .
umno, ste es
grit6 un dia: «Mariana os tomaré I l '61sc1plma, el Padre R. nos
a ecc1 n con puntos
LI egado ese mafiana empez6 al .
d .
y comas.»
gu1en a ec1r gravem t . L . ,
novena, punto Rota en .1 d
en e. « ecc1on
•
m1 oe azos la unidad
. 1
rompe también la unidad le ·1
.
nac10na coma se
ga p unto.» La mdign ., d 1 .
nuestra alo-azara probaban d
,
ac10n e fralle y
ahora el g:sto con que Jas ~ qtul~ par~e estaba el ridiculo. Repaso
m e 1genc1as deformadas
t
postura, se habrian avezado a
I
por an mala

:;:';~::,;::~~;:,:;':'.~:::::;,:i:::.~::::::~:6~::,:~:

su color, palpar los contornos a ' p:sa~ una piedra, notar su forma
mundo de aquella su re rese , ~re en er _con los sentidos; sacar el
d6nde lo veiamos gira!do ;~::t~i~tém1ca, del torbeilino oratorio
rqué alivio! Tal como respirar el aire h~;:d su reposo, en su bulto,
cerrona en atm6sfera v· . d
o campestra tras una enmovia, acaso, en la div~c:;6: ~ese:abl~n apetito d~I mismo orden me
figuras sacadas de Ios libros de : t . eNIescenano del Escorial con
is ona. o me jacto de heb
to a prueba en esa porci6n de .
. er puescritica. El primer afio m 1 ~1 cultura de entonces, mi sagacidad
e p an earon esta dificultad: «&lt;Fueron los
261

�LA PLUMA

LA PLUMA

..
l

concilios de Toledo verdaderas Cortes?&gt; Hecho alarde de las opiniones contradictorias, como eran de peso igual, la cuesti6n qued6
indecisa. Al ano siguiente, de nuevo tropecé con ella; el tiempo no la
habia esclarecido. Desde entonces, no vi texto ni me encaré con profesor que no me la propusiesen. Y el dia venturoso en que, dentro de la zar.urda maloliente de la Universidad de Madrid me preparaba a cortar del ârbol académico la valiosa borla doctoral, un
sacerdote valetudinario, parapetado detras de una mesa, me espet6,
después de interrogarme sobre Sim6n Mago, el insoluble enigma:
«&lt;Fueron los concilios de Toledo verdaderas Cortes?~ Todavia es esta
la bora en que no lo sé.
Mas que por insuficiencia critica, advertida apenas, la historia me
fatigaba por su aridez inhumana. Con estar incorporada sucintamente en unas docenas de personajes grandiosos, la catadura de estos
héroes no era de hombre. Habian llegado al mundo con el encargo
de recitar un papel aprendido de memoria, y colmar los decretos providenciales. No aprendiamos nosotros lo que ellos hicieron; mas parecia que ellos se adelantaron a cumplir lo escrito. Quien debia salir
sobresaliente en los exâmenes no eramos los estudiantes, aprendiéndonos la lecci6n de los Reyes Cat61icos, sino los Reyes Cat6licos
mismos, que sin olvidar punto ni coma (ni la conquista de Granada,
ni el descubrimiento de América, ni la expulsi6n de los judios, en
fin, nada), respondieron muy bien a todas las preguntas que les concernian en el Gran Programa. La historia se ahilaba en la longura del
tiempo; perdia corporeidad, densidad; diferencias insondables separaban las edades; lo inmanente era la venganza de Dios. Por ventura
presentia yo el rumor lejano de un caudal de emociones retrospectivas,
y en modos pueriles tanteaba su invenci6n, poblando la tierra que
alcanzaban a ver mis ojos con gentes de los siglos esquilmados. Habriame dicho: «Aqui estamos los de siempre&gt;; si hubiese sido capaz

de pensarlo. Me sorprende la magnitud del esfuerzo que necesitaba
para mantener presente esta idea: que Ios peones de Ja historia no son
seres
. fantasmales, ni. conceptos de la escuela·• otros h om bres, amortaJa~os hoy en los hbros, gravitaron sobre esta tierra misma, se esparc1eron en es~ naturaleza; aunque hallandome muy apoderado de
ella, se .me antoJaba proyecci6n enteramente mi'a • Abrazan
-" d ome con
lo
sensible,
me
representaba
la
perennidad
de
sus
formas
t
, d
. .
, y a I puno_ surg1~n el pa_1saJe, también con trazos perennes, los seres vivos,
t~butanos del m1smo sol. Sobre el material humano resucitado
•
dia
echar
el
color
hist6rico
que
me
conv
·
n
·
ese
El
Il
'
po
11 .
_
ano y 1a montana, la luz, prestaban un fondo invariable; el recruerillo que cor ,
J I d h"
.
o
na por
e au .a e 1stona se mudaba P.n catarata , nacida en mi·s sensac10nes,
·
en mis d seos.. Atroné los términos del Escorial con batallas, desfil~s, ~acenas. l\1is representaciones de la historia eran de movimiento
fulg_1das, sonor~s; mas no pasé de ahi, de la câscara. Pasiones, no 1~
h~b1a, no acerte yo a prestarselas a los héroes; su resorte era la vamdad ostent~sa, el saber que alguien estaba mirandolos: mis reyes
caba~gaban ~1empre_con manto rozagante y estoque en el puiio. Me
humilia esa _1~capac1~ad para la invenci6n verdadera: ya Jas tocase
con el mornon del Cid o con la boina carlista, tantas fi guras veman
,
a se~ una sola, como una voz sola repetia las arengas, las palabras
sublimes que les achacaban Ios textos.

7

MANUEL AZA~A
(Conti11uard.)

�LA PLUMA

EL NOVELIST A
(NOVELARIO)
(CONTINUACIÔN}

CAPÎTULO XXVI

·f
♦ j

1

..
..,
.. l
.

encotdraba un itnpuro sabo~ e:z aquell~ mujer, que s;
la pegaba con su padre, y que quzzas se habza burlado de e'L
antes de que se enterase.
.
Andrés se jijaba mucho en ella. lzacimdn como que ;ugaba
en la cocina observandfJ la bombiila desnuda que como tm
péndulo pende del teck; de la cocina, co,i su flexible lleno de moscas
muertas.
.
J. . , .
jQué gran realidad tumefacta, innoble, esclavzz~da, zzp,ocnta,, sensual, tomaba la vida, apoydndose en el fogdn y vzendo como Mzcaela
cositi alrededor del lzuevo de la costura!
Ese huevo de madera le abstraia. Se le veia por entre el_ roto del calcetin, y Andrés, con cierta friolencit: en todo su cuerpo, mieiztr':s espe:
raba que la cena le cordializase, dzvagaba sobre e~e huevo t~ste, mo
ndtono lobanillo bozio grt?-n almendra mtre la encza Y la meplla._ ada
Micaela teMi~ una gran facultad de abstraccidn y se la veia olvzd
de la sensualidad que buscaba los p,isillos Y movia la _Puert~ d~ co,;vento del c1tarto de las rriadas con su enonne !lave, mas ordmana qz e
Iodas las de la casa, siempre puesta.
.
Micaela tenia miradas oculta~, miradas oscuras que mzraban no u
sabia ddnde. 1Se acordaba de alguna de las pe~s~11as de las otras casas
en que habia estado? Parecia que entraba una vzszta de las muclzas a las
que habia abierto la puerta.
. ad
l +. d
Esas mi.radas perdidas de las criadas JOn co!1io ~ttr as a .1 ?11 0
oscuro del cuarto de los bau/es en el que hay mzsterzos, reconvenczones
NDRÉS

•)

."
tl

..'

y anhtlos.
il de
· 1 Eso
·Con qué reposo estaba Micaela sentada en las sz as
cocwa.
Je q~itaba a él toda actividad, le llenaba de calambres de perezas. Ella'

al coser, ocultaba sus senos con la cabeza y le quitaba a Andrés pensar
cdmo eran de imposibles en aquel momento, cdmo la mz·rada sostJechC'Sa de
la cocinera evitaba que los buscase éi; y la misma Micaela se sentia tranquila y satisfec!ta, defendida con la compaii.ia de su compaiiera. / CudnJas veces !tabia temido las asecha11zas y las coincidencias de los pasillos
repltgdndose al lado de su compaitera con algo de fiero perro pachtfn.
And1·és aplicaba a Micaela cosas de la cocinera y se daba cuenta de
!tasta ddnde son conmovedoras las criadas. Su cocinera era una cocinera
muy antigua en la casa, que g-uardaba, como solo stt padre los guardaba, retratos de los niiios allddndose en la mindita.
Andrés pensaba en Iodas las criadas que habia tenido, y ya "l'eia a
algu11as mzey borrosamente. Entre todas habia una que se le habia olvidado absolutamente. tCdmo era aquélla?
Algunas se ca.saron en la casa, y esas le fueron in.fie/es al senorito
con sus propios maridos. No debieron ptgdrsela al seiiorito con sus maridos, porque entre el senori:o y su marido hay una gran diferencia. Es
menos arbitrario y cruel con ellas el seiiorito que el que las haya desbosado.
Andrés, observando a aquella mujer hipdcrita, miraba su zurcido
largos ratos y recordaba aquella criada que sin saber cdmo, porque nadie habia notado nada, did a luz zm niiio en la alcoba oscura y desmantelada de su casa.
-1No seria otro hermanito, otro !tijo de su padre?
Valid la pena de ver cdmo se cumplia un acto asi en tma habitacidn
oscura. Nadie habia entrado a ver a aquella mujer que convertia su
cama en cama dt hospital, dando al fondo de la casa un aire de sitù,
sostmido por la caridad publica.
Una voz débit daba la voz de alarma de lo que habia sucedido. Eu
toda la vecindad habia espectacidn y burla, y le habian achacado cl ckico
a Andrés.
Andrés, vestida con los trajes viejos y potrosos de hace varias inviernos y con las zapatillas ,de orillo, seguia con las manas en los bolsil!os,
apoyado en el fogdn y recibiendo de vez en cuando los empu:fones de la
cocinera que 11ecesitaba sitio.
Toda la melancolia de las criadas le llenaba. Se sentia el criado
entre las criadas.

264

,

�LA PLUMA

.

)

. t·
4

j

..•

Pensaba que lo mds triste en la vida de ~as criadas son las despedidas y que toda su vida estâ llena de despedzd:1,s,
Unas veces porque el/as eran las que se _iban: ~ otras po~que eran
sus compaiieras las que se 11za~·ckaban. Habian vwzdo e'! la mzsma casa,
bajo el mismo tecko; m la 11ttsma alcoba, llena d~ ruzdos de mue/les,
ltabian salido juntas y ltabian .corrida ~nucho cr:,~zno para acab~r cansadas y aburridas. En la Navzdad kabzan partzctpado de la_Navuia~ de
la casa, atiborrdudose de sobras, de empanados de mazapu.~, de vznos.
y con todo eso, a lo mejor llegaba la mata_ lwra y se rfespedzan.
.
Andrés, que esperaba air las nueve, miraba a Mzcllela, cuya ~tpocresia natural y cuyo cinism0 recondito le asombraban; La ;ocznera
Jreia patatas y las iba dejando en el plato, del que Andres cogza algunas, sopldndolas como a ckurros reczentes.
.
,
Las nueve dieron y se oyeron los paso! kacza el comedor, lev~ntandose _!i,ficaela para ir a servir la mesa, de_jaudo clavado en el zurczdo, en
la cocorota, el huevo tstéril.
CAPfTULO

1
.1

•.

tl .

"

·.

LA PLUMA

xxxn

Micaela, aquella tarde, porque ya era tarde y si tardaba mds se la
reconoceria, se jué a casa de la mu._jer que sabia detener lo que toda la
naturaleza se empeiia encarnizadamente que sea_fat~l.
.
Salio de ella la decisidn de ir a la casa mzsterzosa cuyos crzstales
ltacian opacos esas calcomanias losangeadas que cu_bren: gen_eralmente
[as ventanas de los retretes y las de algunas galerzas zntenores para
que el patio no vea el pasar por ellas de los_ veci~os.
_ ,
Tuvo que aprovecltar un domingo para tr _allt, pues qu.zzas_ no la ltubieran dada penniso entre semana, pues la senora era '"!uy e::ngente. No
quiso oir encima el sarcasmo de no concederla el penmso _Para no emparentar con el/a, para sacriftcar la rama a la que ya tenza derecko.
1Qué gran resignacionl
_
La matrona, que la esperaba ya en la casa de los cristales turbios,
estaba pronta a cumplir su mision.
.r:•
-iPero no me mnrirû-pregunto lr11_caela con mte~O,
-No, mufcr-dijo aquella mujer v_alzen_te, que ~amb?é~ ~abza a/rontar la vida como nu la saben afrontar nz los ;ueces nt los medzcos mzsmos.
266

Ella n,o dtbia ni p~d!a recapacitar lo que la que, ian hacer recapaci-

tar, y tenta el gesto ràptdo, violenta, seguro, absolutivo que era neêesario, en sus manas j,u~tes de lzuesos muy bien desa, rollados y mu.y separados unos de otros, s1e11do su mar.o, mdJ que una mano, la maquinaria
de una m11no.
-Tu mir~ aquel ~uadro-la dijo la mujer, vestida con el tra_je de
luto con enca;es aman/los, que la componia zma eûraiza toi/ete de verduga siltnciosa.
-Lo que usted mande-dijo ilficaela con su docilidad de escla-m
ecltd.11d.1se kacia ah ds en el sillon operatorio.
'
La matro11a, como un gato de p, esa, p, epa, aba et golpe de hoz que
hay que dar con buen golpe de segadora. Realzzaba la operacion sin practicante, la opera~z'dn que se realiza por debajo de la mesa, la operacion
cuyo ll:rod!llamunto de la opera dora te11ia la obscmidad reparad&lt;Jra y
sanguinana de los lzumanos sacrifiâos a Moloclt .
Toda la sensacùfll dominical se ezplayaba fuera, y en el gabinete
ltabia el tono de las meriendas y los tes caserillos de los domingos por
la tarde. Todas las sombras de los muebles J' la g, an coloracion en situacion de descanso de las casas, seiialaban el domi11go en «su lugar
descansen» .
Era Micaela pd!ida, bonitilla, con cara de szifrimiento por el trabajo
mds que por el placer, como la cliente/a del dentista al que éste va a sacar los dieu tes y las encias.
El sillon de operaciones de lz comadrona era un sillon de sentarse y
nact,i mds, un sillon de ![tdapercha.
.J.!icaela sentia en media de tudo el escalofrio de a.quel/a a la que van
a qztztar el alma, a la que van a desholfinar del espiritu.
Saco la pulsera de ùifanticida. lba a pasar por el albur de estar en
una carcel coma ùifanticida varias aiïos. Y si nadze se daba cttenta, si
las comadres q_ue guluzanean conzo perros no encontraban la huella por
alguna parfe, tba a estar tranquila, esbelta, sin que los ri.nones la pesasen como piedras, coma riiïones fiisiles y obturados.
Entre el decorado habia ttJt cuadro de tm mdrtir vtrdadera indiscrecidn en la que ,u1die caia en el gabinete.
'
, Unas tijéras que habi 1 sobre la cornisa de la 111dqui11a de caser pareczan tener que ver a~g-o con lo que sucedia en la habitacion.

�LA PLUMA
LA PLUMA

.)

. !'
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1
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"

1Qué lejos dt los organillos y las marchas incesa11tes y forzadas
ltacia el campo estaba aquella tarde Micaelal
-Mds vale esto que hacer u1i desgraciado-dijo ella por justifiecir
la pausa, mientras miraba el cuadro qUI' la habia aconsejado la matrona, con tl tono indi,ferente con que se habla con el fotdgrafo que ha aconse_jado el mismo torticolismo de la cabeza.
La segadora que operaba sin cloroformizar, y asi, a simple vista,
sin vestirse el ma11dildn de las ope1 aciones,practicaba su acto con sigilo
pero con presteza y fuerza de dedos, con ese engancke con que los pescaderos abren el besugo y le sacan todo el tripa_jo.
Como las heridas y los desgarramientos eran recientes, el dolor no
se /zacia sentir, y la matrona, para evitar que Je quedase alti sin poderse mover, la e:rigid los catorce duros y la aconsejd que sin p1trarse,
•sin dejar de andar, se f11ese a su casa y que no se asustase si echaba
.sangre.
-Llevas una pidserita que acabard de estrangular y cortar, al cabo
d e dos dias, lo que me kas pedido que te arranque... Caerd con ello ...
Ya lo sabes.
Micaela bajd aque/las escaüras con cuidado, con miedo de que la
vfctima que llevaba colgada como un ahorcado se la escapase, se saliese
de su cuerda, se cayese de su suspension.
1Qué camino mds dificil hizo hasta su casa, a contrapelo de la corriente del d omingo, que ibu hacia las afuerasl Se paraba como la mujer débit cuyas piernas se doblan, pero con un dnimo inmenso volvia a
ponerse en marcha. No podia sucederla que la tuviesen que hacer la sillita de la reina pr;zra llevarla a la casa de socorro, donde descubrida11
la !rampa horrenda que acaba de hacerle a la vida.
Llegd a su casa y se comenzd a sentir enferma, a no poder mds, a
1recesitar unas pasarelas en las paredes lisas y resbaladizas de los pasillos.
•
Pretestd un catarro, una indisposicidn subita.
Los dos Andreses, padre e hy·o, dentro de la mayor hipocresia, disuadieron a la madre, a la gran Basilisco, de la sospecha que tenia que
.aquello era gandulitis o quizds borrachera de domingo.
La proporcidn imnensa del sacrificio solitario de aquella mujer que
dor1nia con su compaiiera y que no podia dejar traslucir ni siquiera a

ta11 frattrnal esclava el secreto de sus su"rimient
. . .
mtnso.
~'
os, era un sacrificw zn-

Ellos no querian darse por enterados por
. . .
,
los catorce duros.
'
que nz szquzera querzan dar
Se apa.garon las luces de la casa sobre I ,fi . .
Mic~ela, a la que la subita caida en la brec%a -:;:
de~~ pobre
halbzadopluesto gafas azules, las gafas azules de las ojeras des{,,bitada~l°Je.
os
ores un poco sobrehumanos.
Toda la casa entrd en el silencio l
l
al sermon La sombrap
, .
vu gar, Y as cucarachas salieron
colocadas
el nasill parecza zr a tropezar en el silencio con las sil/as
.
r
o, ero no tropezaba. Se temia
h
puszese a rebullir en el silencio de la noche pe t, :aue unb pue ero se
en guardar silencio hasta la maiiana.
' ro o esta a conforme
. Pero en ese silencio se oyd de pronto
. de
Mzcaela, que llamaba:
un grzto
la compaiiera de-1Se1iorita! 1Seiiorita/
Se levantaron todos. Por el montante de l. l b de l
.
veîa la luz de ,11 bl da , ,.,. ,.,
.
·
a a co a
as cnadas se
. d.e l
. da sro a ' soruiu11, szn adornos, sin ·ventilacidn del cuarto
as crza s.
,
Ya la cocinera salia al pasillo envuelta en la «sali.da de t t
que el dia que la to b
l'
b .
ea ro&gt; con
tarde.
ca a sa ta a a rzr al seiiorito Andrés cuando volvia

F:i,~Z:.,.~'Ja

:.n

-Seiiorita... Seiioritos-dy'o al ver/es a todos- 1u·
l.
,.,_
gra corre l
deb .
, Y1 tcae a se cu:sana sangre P~r
a;o de la cama y sale ya al pasillo S. 'l
se
quf)ado un poquzto Y después se ha quedado desmayada ... o o
. a tocaron; e:!aba yerta. Llamaron al médico, que ce;tijico
1
; : ; ;~:to,y
parte por si encontraba la joiida a aquella
, a za ruest~ al futuro la lazada de acero que debia lo rar en
::o;:z:e~:. lzgamento con la vida y que habia cortado ;[ vida

h

1

.

dzo

m~;;

de~;

FIN

Andrés, en la casa solitaria y ya os
'd
• ..
que estaba envuelto por la ola de la r~f~ecd1 a, smtio que l~ envolvia,
1
dolor que
'
•
a , que era un naufrago del
sombrero ;~iwtasÏa ~~f;~ novela, y sin numerar las cuartillas tom6 el

(St' continua-rd.)

RAMÔN GÔMEZ DE LA SERNA
269,

268

�LA PLUMA

-dondt un fadtar dt adversario
profetice el retorno al lodogozando dt ser mt"llonsn·o,
porque Antes es un cabal Todo.

.

CEROS DEL BOSQUE NOCTURNO

ENCARNACIONES
..)

· I'

•i

'...
')

El basque es una vasta auuncia de drbolts.
Los suma.ndos frondosos de la tarde
son en la suma tenebrosa ceros:
anùlos para manas de poetas,
que plantardn en sus versos un libre
basque, tambiin revelacion de un dios.
1 odo taller divino es un paùafe
raso.

FALSO y CANDIDO INCESTO
)

Su tierno amor me transjt"gura
en et lzifo de su fermera.
Asi tan solo logro cura
al dolor de no ser mas que tmo.

'

.,it

jOh, mi falso y cdndido incestol
Bttscando ampar,.; con un gesto
dt niiio, jqzté bien contrarrestro
la Jatuidad de ser ef fiurtel

ï.

EL NOCTURNO DE CHARTRES

PARA c~ONSOLARME EN LA ESPERA
Porque Antes es un cabal 1 odo,
de mi futuro tributar1:o,
trinzense los ritmos en modo
mehor, y nuestro i'tinerari·o
no se q•iebre tn turbio recodo

)

Ensayo o simulacro de unidad,
pare/a estilizada en lineas minimas,
de la memoria no soli'citamos
u,sa perduracz·on de los contrastes.
~us ofos ahora irradian un oscuro
fulgor, que los oculta y esclarece
Iras secretos postigos sz·n //avines.

�LA PLUMA

Inuit'/ la congofa tnquisiti'va.
No farfulla balbuceos_ la nocke,
de plmi"tud unica pan'dora.
Du/ce amiga, sospecha jlorecùnte
en el recato del fardin nocturno: .
·No eres ya de tu sino la fragancta,
raganda de tus rosas kzpotéticas?

f

)

J

1Amargura de expresar tn anécdotas
esa historia ignorada por los otros,
que afetea, tsenâal, en_ ~uesto orgullo!
Mas ya tu vida no vtvi'da late
tan pura en mi como en tus espera,uas.
, real.' mas verdadera
y eres, si. no mas

i

adivinada en el;a1din nocturn~
que mentida por la fuz verosim,,_t
en escorzos de azar y compromuo.

TJ

JORGE GUILLÉN:

,1.

PARALELOS ANGLOESPANOLES

&lt;1&gt;

I
aiios-no diré cuantos-, una joven de Glasgow anunci6
a la vieja cocinera de su casa que se iba a casar con un espaiiol. «Are ye no feared?» (t!,No tiene usted miedo?), pregunt6 la fiel cocinera. La pregunta no tenia nada de extraiio. Yo mismo recuerdo que, hallandome una vez en cierta villa del
extremo Sur de Escocia, vino a pasar por alli una compania de c6micos de la legua, como diria Polonius los mejores actores del mundo
para 6pera ligera o pesada, género dramatico-c6mico, c6mico-sentimenta1, sentimenta1-dramatico-c6mico, music-hall inmusico o varietés
invariables. Representaron una obra, cuyo nombre no recuerdo, modelo de ese arte dif{ci1 que 11eva por nombre melodrama. La acci6n tenia
lugar a bordo, en alta mar, y sus mas emocionantes escenas, en el camarote del capitan. Era este camarote una pieza notable por su amueblado, tan sencillo como imponente, que consist{a en dos cuadros colgados a uno y otro lado de la puerta abierta en el fondo, representando
Ios dos rufianes mas terrorŒcos que sonar pudiera un Goya de menor
cuantia; dos tipos fascinantes de verdad, por la superlatividad con que
estaban concebidos: los ojos mas feroces, el cabello mas exuberante y
rebelde, los bigotes mas negros y poblados, y el mas formidable apresto
ACE

(1) Confercocia dada en la Asociaci6o Espafiola de Escritores de Escocia.
2 73

�LA PLUMA

LA PL ü ~l A

)

de armas y municiones que la realidad, multiplicada por la fantasia,
pudieran contener. El nudo de la acci6n era una reYuelta a bordo, que
el esfoqado capitan sofocaba en una escena admirable: llamaba a la tripulaci6n rebelde a su camarote. sacaba del bolsillo una pistola mohosa,
pero de imponentes dimensiones. y tronaba con aguardentosa voz:
«jRendios o hago volar el barco!» Luego, seiialando a los dos feroces
bandidos pintarrajeados en la pared y con voz que ponia la carne de gallina, aiiadia: «Por mis venas corre sangre espaiiola. jVed mis antepasados!» La tripulaci6n desfilaba como un rebaiio de corderas, y una ola
de emoci6n sacudia al auditorio.
Naci6n de tanto abolengo como Espaiia no podia dejar de corresponder a tan ta civilidad. En un libro pu blicado en Sevilla, era 1529 ( 1),
puede Jeerse el largo y detallado relata de un proceso visto ante el Rey
de Escocia entre
«una dama llamada Brasayda, de Jas mas prudentes del mundo en saber y en desenvoltura y en Jas otras cosas a graciosidad conformes, la
cual por su gran merecer se habia visto en muchas batallas de amor y
en casos dignos de memoria, y un caballero de los reynos de Espaiia, al
cual llamaban Torrellas, un especial hombre en el conocimiento de las
mujeres, e muy osado en los tratos de amor, e mucho gracioso, como
por sus obras bien se prueba ...»
Brasayda y Torrellas actuaron, respectivamente, ante el Rey de Escocia, de defensora y de acusador de las mujeres. Fué uno de los numerosos episodios de la secular discusi6n sobre los méritas y deméritos de
la mujer, en la que Chaucer, aunque sin gran convicci6n, «consumi6
un turno» en defensa del llamado sexo débil (2). Segun el texto espaiiol,
que no es precisamentc irrecusable, gan6 el proceso Torrellas, el acusador de las mujercs; pero las escocesas, con su Reina a la cabeza, toma(1) 1ractado de Griset y Afirabella, compuesto par Juan de Flores a su amiga. Sevilla. Gamberger, 1529, Citado par Menéndez y Pelayo. Historia de la
Poesfa Castell,wa en la Edad Media. Il. 268.
(2) Con su poema 1!te Legend of Good Uiomen, escrito a instancia de la Reina de Ioglaterra (Ana de Bohemia).
274

ron
pronta y terrible vcnganza, cuya d escnpc16n
. . dejaré al cronista espaiiol:
«E fue luego despojado de sus vestid
qucxar no se pudiessc, e desnudo fue ai~• e_ tapa:onl~ la boca porque
una traia nucva invcncion par I d
p1lar bien atado, e alli cada
.
a e ar tormento· ta!
nazas ard1cntes, c otras con unas ct·
. , es ovo que con tezaron.»
e ientes rav1ossamente le despcdaDejemos aqui cl relata pucsto uc 1
.
lo citado basta para prob;r que E q - o qu~ s1gue es todavia peor. Con
imagcncs de Escocia tan pinto
spana sab1a, llegado el caso, construir
da de Esparïa. y no es que 1 ~esca~ co~.o las que Escocia se hacc toda.
a 1magmac1on espaii 1
1· •
scptentnonal. En 1482 Mosén D" o d V
o a se im1tase al reino
politico c historiador a' su maner:eo; /
alcra, caballcro, diplomatico,
nica de Espaifa, que la siempre sab· c ~c~ todo u~ capitulo de su Cor6la descripci6n del Re,•110 d.e l l t '.a erna Cat61ica mandé abreviar, a
'J
na- a terra que M , D"
muy·gràde situada en el mar O~ca f '
i osen
iego llama •Isla
do» (1). En este capitula
no uera de toda la rcdôdeza del munReina Isabel Mosén Dico~ que, como todo el libro, esta dirigido a la
«Ala par;e del leuâte oen!: ~:~~:~:el modo siguiente:
ay arbolcs â la foja dellos â ca
l I mar se affirma por muchas que
la que cae enla tierra en aucs ~cen raan:: se con~icrte en pescado: y
verdad yo prcgunte al Sciior Ca d gal d . de _gau1otas. E por saber la
,
r en
e mglatJerr f
no d la serenissima reyna do - ,
J"
a 10 vucstro: hermatifico scr assi.»
na cata ma aguela vuestra: el qui me cerTodavia parecc flotar entre los ren l
,
del cardenal. y sin embarg
d"d g ones de este parrafo la sonrisa
0
'
, me 1 as con las no
d
,
en la que la credulidad humana no se hallaba r~as_ eaquclla epoca,
por conocimientos concretos las ide d :\1 t_an l~m1tada como ahora
rra» no parecen mucho ma' d"
as de i osen Diego sobre «Inglaties isparat~ as que algunas nociones sobre
(r) Cf.

Et pcnitus toto divisos orbe Britanos
Virg. Eg. I.
2

75

�LA PLUMA

)

.,r
1

t

Espaiia, que todavla boy se imprimen en libros y peri6dicos ingleses.
Hay, pues, amplio campo en la Gran Bretaiia para la labor de entidades como la Sociedad Anglo-Espaiiola y la Sociedad Espaiiola de Escocia. Mucho se ha hablado y escrito sobre la insularidad britanica, y,
sin embargo, no cabe dudar de que el pueblo britanico, precisamente
por la complejidad de su composici6n nacional, se hal1a admirablemente preparado para el conocimiento y comprensi6n de los pueblos europeos. Pocas naciones cuentan en su ascendencia elementos escandinavos e ibéricos, franceses y teut6nicos. La Gran Bretaiia es una de ellas.
El fondo hispano, en particular, esta bien representado en la zona occidental de la isla por aquellos elementos, a veces llamados célticos y probablemente de origen ibérico o mediterraneo. No seria prudente conceder excesiva importancia a estas relaciones raciales entre pueblos que
viven y crecen en tan distantes y diferentes medios; pero el observador
imparcial no puede dejar de admirarse ante la semejanza de tipos, movimientos, ritmo y aun costumbres entre ciertos pueblos de la Gran Bretaiia occidental y los que habitan las regiones norteiias de Espaiia.
La observaci6n tiene su interés porque, sigamos o no el indicio de
las semejanzas raciales, no podemos menos de hallar entre Inglaterra y
Espaiia cierto paralelismo-geografico, hist6rico, literario-, no precisamente coincidencia, pero si un paralelismo que sugiere tendencias comunes en el caracter de uno y otro pueblo. Se habla de insularidad inglesa; pero también existe una insularidad espanola. Nuestra tierra lleva
cl nombre de La Peninsula porque toca al Continente a lo largo de la
frontera francesa. Pero nadie duda de que los Pirineos son una barrera
por lo menos tan eficaz como el Canal de la Mancha para las influen•
cias europeas. Espaiia es la Isla del Suroeste. Ni la Reforma ni el Renacimiento consiguieron desembarcar en nuestras inaccesibles costas. El
capftulo mas glorioso de nuestra historia-y quiza de la Historia-no
esta escrito sobre las tierras de Europa, sino mas alla del Oceano. Corno
Inglaterra, Espana, colocada al extremo Oeste de Europa, vuelve la espalda al Continente y mira hacia su propia imagen en el Nuevo Mundo.
Corno Inglaterra, Espaiia consigui6 conservar un caracter propio a tra276

LA PLUMA
vés de siglos de historia europea C
. omo 1nglaterra, Espaiia esta en Euro-

pa, pero no es Europa.

No sorprcndera, por lo tanto II
colocados por la naturaleza al S, que dos pueblos tan simétricamentc
.
,
uroeste y al N
oroeste del extrarradio de
Europa, mamfiesten cierta se .
.
meianza en su d
Il .
esta semeianza existe es palm .
esarro o literario. y que
. .
.
ano para todo
él
s1qu1era
hgeramente , las 11·tera t uras mglesa
.
aqu que
.
_ haya estudiado,
m1enzos, aparece en los rasgos do .
y espanola. Desde sus coAunque Beowulf es mucho ma·s m1~antes de sus respectivas epopeyas
· .
. .
ant1guo que M c·d
·
se JUStl 6 ca s1qu1era por ser ambo
yo i , la comparaci6n
tid_a de la cronologia actual de in~oemas los_ respectivos puntos de parmas elocuente que la co1·nc·d
.
y otra hteratura. Pues bien nada
I enc1a entre l
· •
so bre Beowulf y la de la critica
- a op101 6 n de la critica inglesa
profe~or Mac Neile Dixon sobre
sobre .Myo Cid. Oigamos al
«:-,;uestra literatura prenormand
.
cul~, esta firmemente arrai ada en~• como_ Be~wulf, si bien ruda e inla vida como es y con qué !aient' 1a e?enenc1a. 1Con qué claridad ve
una filosofia no aprendida en los
r?n~I Va hacia el mundo con
adaptada al mundo. Comparese Beowui/, sm embargo, perfectamentc
luego afirmar la superioridad de H
con Homero y se podra desde
mas no tan seguramente en vigo
ome_~o en belleza y calidad poética
y ahora escuchemos a M é rdvarom y en verdad.i. (1)
'
.
en n ez y Pela
b
.
«La t1erra que nucstros he'ro h Il yo so re Myo Cid:
n·ta
· c: •
es ue an no es mnguna
·
J m iantastica sembrada de p d" .
regi6n inc6gmos paramos y las mismas sierr:~ ig1os y de monstruos; son los misf:sta poesia no deslumbra la ima inqu~ nosotros pisamos y habitamos.
c1erta majestad barbara que nacegd/c16n, pe~o se a~odera de ella con
su total carcncia de artc . p
h
su prop1a senc1llez y evidencia de
·
,
···, ero ay otro art
·
·
'
ignora a s1 mismo y, confundiéndose c
e ~~s s~blime, aquel que se
fuerzas naturales nos da la . . . 1 on la d1vma mconsciencia de las
,
v1s1on p ena de la realidad.,. (2)

B::;:~/3
•~ib;o:

(1) Poelry and Nalidnal Ch
(2) Historia de la Poesfa C a;afjer by Prof. W. Mac Ncilc Dixoo p

as e ana en la &amp;lad Media.

· · 30.
2 77

�LA PLU ~l ..\
Realidad. La palabra es tan familiar en Inglatcrra como en Espafia.
En el inglés corriente, estas dos palabras, rcalidad y Espaiia, no parecen
casar muy bien. La palabra Spain evoca romanticismo, caballeria, fastuoso aparato, grandes acciones, pcndones y estandartes, lanzas y espadas que se agitan en el polvo de oro de una atm6sfcra de lcycnda-gloria y belleza luminosas e irreales como csas ilusioncs que llaman los cspaiioles castillos en el aire, y los ingleses, significativamcntc, castillos en
Espana-. Pero excusa decir que esta luz dorada que flota en torno al
nombre inglés de Espaiia no irradia de Espaiia. Cae sobre ella de los ojos
sonadores de los ingleses-arrebol del recuerdo que mas que idealizar

..
r

••1

1

•

irrealiza el pasado .
Ello no quita que Espaiia sea muy real y muy realista. De escoger
entre la epopeya inglcsa y la espanola a este respecto, es seguro que :\lyo
Cid le ganarfa la mano a Beowulf. Beowulf, que ,·a por el mundo degollando menstrues imaginarios. es un héroe algo borroso que cl poeta
fué a buscar siglos arriba en los arcanos de la mcmoria tribal danesa,
mientras que en J\1yo Cid no figura ni un solo monstruo y las influcncias sobrenaturales se limitan a una intcrvencion· poco importante del
arcangel San Gabriel, aparici6n muy natural, puesto que toma la forma
de un sucno. Ademas, del héroe al pocta media cl minimo posiblc de
tiempo y de espacio, de modo que en Myo Cid la litcratura espanola da
la primera prueba de su capacidad para poctizar la realidad inmediata.
La topografia del poema ha sido identificada por D. Ramon Menéndez
Pidal, que ha probado que los cpisodios mas detalladamente descritos
ocurren en la regi6n de Medinaceli, de donde cl poeta era probablemente oriundo. El poema esta escrito unos cuarenta anos después de la
muerte de Ruy Dic1z. Los incidentes relatados son todos posiblcs, plausibles, hasta hist6ricos. Y, sin embargo, hay en '.\lyo Cid poesia épica
digna de compararse con lo mejor creado en Europa desde Homero.
Esta capacidad para transformar la realidad inmediata en poesia es
debida en primer lugar al desintcrés ético del poeta; en scgundo lugar,
a su genio dramatico. El Cid no seria un héroe universal si el pocta hubiese limitado el tamafio de su crcacion a las.dimensiones de su propia-

LA PLU 111 A
...
.mente.
. Humilde )' limpio de p re1u1c1os
guiado t
61
mstmto estético, el poeta copié su mod~lo co
an s .◊ por su seguro
cedor de monstruos, ni modelo d
b ll mo en real1dad era: ni vcncion; sino hombre soldado ·ec e ca a eros perfecto hasta la abstrac•
, J 1e aventurer
b·
y toda la sangre de su tierra y de' sus bataIl as
o. eu
ierto
cauto
. con
• , todo
. el polvo
puesto a comprar la paz con c 1 .
. '
• capitan s1empre dis, em1(Tos peh(Troso h 'b'l
con todo, padre, marido v am." o d.
o
s, a t negociador, y
. d .
,
'oo cor ial y sab~m
. d
Y cuan o v1erte Jacrrimas • y c uan
. d ose sant:oua· y c:t osb ..cuan o son rie y
1
O
o '
am ,en sabemos d6nde acampa y d6nde v c6mo al'
fué generoso para co~ el rey q~:~:~ st ~aballos y cuin~o y por qué
obtuvo un empréstito de dos . d. da ,a esterrado, y cuando v c6mo
JU ,os e Bur •os d . d
.
pesad os cofres llenos de arena; en suma D ô ' ~Jan o en prenda dos
sola persona, menos la intermite t l ' on Qu11ote y Sancho en una
simpleza del criado.
ne ocura del amo y la intermitcnte
Poeta de verdad era q uien asi su o
poeta quien con tanta energ'a .
p ~espetar su modelo. Pero 0"ran
1 m terprcto car
t
venerable monumento de Jas l t
ac eres y escenas. En este
matico de Espana. Con exces,·~araf_s espan~las se advierte ya cl genio drarccuenc1a ,. sob t d
pana se trata,. la palabra dr;a1•za't.
.
' ,
re o o· cuando
' 1co se 111terpreta
. . de Esd I
como s1 s1gmficase ltatra/ . El prop10 Corneille no p
no obstante, de Jo dram.i.tico.tarelcet e toldo libre de esta confusion. Ello
··
.
o eatra va basta t ct·c
.
mat1co t1ende a la interpretac· .
,.
n e 11erenc1a. Lo dra.
.
ion estetlca de Ja
•
tmpres1onar al auditorio Lo d
. .
s acc1ones. Lo teatral a
..
.
ramattco busca I
l'd d
e1ecto. La tendencia teatral c
.
, a rea J a ' lo teatral el
iorma sin duda pa t d 1
.
turgo, como en todo escultor ha
.
r e e gemo del dramala forma plastica Ta b' .
y un p1capedrero al servicio del poeta de
·
m 1en es Yerdad que
.
.
es pos1ble fiiar netamente
la frontera entre Jo elevado y Jo servi·1 en JanoJabo
d
.
que 1o uno y Jo otro surgen d
.
. r e un art1sta, puesto
tenci6n que diricre los
. e_ una m1sma ra1z y solo difieren en la ino
mov1m1entos y col
1
todo buen teatro la habilidad
al
ora os resuitados. Pero en
subordinada a la inspirac,·o· dteatr. _aparece en su verdadera condici6n
.
n ramatlca En el
d
'
El
.
cantar e .\lyo Cid puede d ecirse que ni siquiera fiou
el asunto, que se limita a rela;:; los ~ue~{osse halla tan impres_ïon~do por
por su orden, sin d1gnarse
2;9

278

�LA PLUMA

LA PLUMA

)

..

• 1·
l

..
)
.,if

·•..
11
~

..

..

turbar la tranquilidad de la narraciôn con trucos, preparaciones o esfuerzos para sorprender o aterrar a sus lectores. Parece estar seguro de
que su relato, dicho con sencillez, impresionara a sus lectores tanto como
los hechos le impresionaron a él.
Y, sin embargo, pc!&gt;e a su tranquilo fluir, el cantar de Myo Cid esta
cscrito con tanta fuerza dramatica, que en sus versos parece vibrar ya
la voz de Lope, de Tirso y de Calderon. No cabP duda de que la lengua
espafiola posee una cualidad dramatica inherente, como el aleman la
posee filos6fica y matematica el francés. La palabra francesa de.fine la
idea; la alemana la desarrolla; la espafiola la presenta. Mientras la palabra alemana es gruesa y voluminosa como un libro y la francesa es fina
y clara como una linea geométrica, la palabra espafiola es cuadrada y
crguida, como un objeto material. No se trata de meras distinciones
filol6gicas, sino de diferencias que nos recuerdan que las palabras no
son sino medallas de sonido estampadas por el espiritu. Las palabras
cspafiolas, francesas, alemanas, ostentan el cuiio del esp{ritu cspafiol,
francés, aleman. Las &lt;!spaiiolas son enérgicas y dramaticas porque la
lcngua rindc en fuerza de exprcsiôn toda la vehemencia, con la que el
espiritu espafiol cae sobre las cosas como un aguila sobre su presa.
El autor de Myo Cid sabia hacer uso de esta virtud de nuestra lengua. Las palabras, los versos, los parrafos llenos de fuerza dramatica son
demasiado frecuentes para la cita. Su imaginaciôn dramatica es tan viva
que con frecuencia se coloca entre los espectadores, recibe la impresi6n
de la escena y prorrumpe en exclamaciones de sorpresa, terror o admiraciôn:
1Dios, que alegre fo el abbat don Sancho!
(243)
Y los detalles que instintivamente escoge para cada escena son precisamente los que primero y mas hondamente se imprimirian en la mente
de un testigo presencial. As{, la llegada del héroe al Monasterio de San
Pero, donde Dofia Ximena, su mujer, se ha refugiado:
«Apriessa cantan los gallos c quieren crebar albores,
(235)
Cuando Bego a San Pero el buen Canpeador;
El abbat Don Sancho, cristiano del Criador
180

Rezaba los matines a vuelta de los alb
ores.
R
d
na ,mena con cinco dueiias de pro
ogan o a San Pero e al Criador.
«Tu que a todos guias val a myo Çid el Ca
Llamaron a la puerta e so .
npeador,..
D'
p1eron e1 mandado·
ws, que alegre fo el abbat don Sancho.
'
t n lumbres e con candelas al corral dieroo salto
n tan grant gozo reçiben al que en buen or
.
Ad ·
a nasco ,.
.
m1rable contraste entre la paz el sil .
.
c16n y la algazara y animaci6n prody 'd enc10 del monasterio en ora1Qué familiar cl detalle de las &lt;&lt;lumbuc1 as por la Ilegada de Ruy Diaz.
nida esa humilde palabra «corral res» y las «candelas» y qué bienvetodos los dias, no en la irreal at ; ~que dcoloca la escena en la tierra de
hondamente épica esa alusi, ml sder~ e libros y maravillas! 1y qué
El
on a estmo que impr
I ,l .
« que en buen ora nasco p
ica e u t1mo verso·
Myo Cid las influcncias sup:~na~rq~e, au~que falten casi totalmente e~
do sincero para rehusar al D t· ura es, e poeta es un realista demasiad
es mo aquella parte que I h b
ce en en sus pensamientos y pre ·ui . ' Al
. . os om res le conqueiia tropa de desterrados ya J c1~s.
descnb1r la marcha de lapefavorables:
empieza a notar los signos adversos 0

y estaba do - x·

«A la exida de Bivar ovieron la corneja diestra
E
entrando en Burgos ovieronla s101estra
. .
,
La •
»
re1teraci6n del tema de la b
·
beradamente con notable varied:;n~;r;,7' manejado persistente y delihéroe con una especie de auret:&gt;l .
ormas, acaba por coronar al
el mundo de la realidad tangibl: sm por eso abandonar ni un instante

y«Myo
C Çid Roy Diaz el que en b uena ora çinxo espada

(58)
~• anpeador, en buen ora fostes na ido
·
Vmo para la tienda del que en bu
ç ·
(7x)
E
en ora nasco »
(
)
sta mezcla de realidad y de De f
, .
.
202
q~iza el rasgo definitivo que acab/ ~:oh;:;r babil en su ingenuidad, es
d1gna de la raza y una de las mas b 11 d l dde Myo Cyd la epopeya
e as e as e Europa.

�LA PLU[\1A

I, A. PLU ~f A
III

. . . e••;cos
y oaenio dramâtico, las tres
.
carencia de pre1uic10s
u
Rea11smo,
.
aiiola reaparecen en la persocualidades dommantes de la edpopeyatesp dad :Uedia· Juan Ruiz, quizâ
.
.
·satractiva enuesrae
·
nalidad 1iterana ma
.
d. H'ta el i'.mico sin embargo, que
, . d..
de Jos Arc1prestes c 1 ,
'
el mas m igno
.
rd d Ticknor Menéndez y Pelayo y e1
haya conquistado la mmorta i a .
do' a Chaucer No dejarâ de
F.
. e Kelly lo han compara
.
Profes~r it~mau~1c
ralelo detallado entre ellos, no solo a causa_ de
tener c1~rto mtcres_ un pa .
uizâ mas todavia por Jas sugestivas d1fesus cunosas seme1anzas, smo q

11

•

rencias que los scparan.
bablemente de que Juan Ruiz y
La idea inicial del paralelo nace P:o.
horn6loaas en sus respectidecirlo asi pos1c10nes
o
Chaucer ocupan, por
'.
eta del siglo xrv de su pais, Juan
vas literaturas-uno y otro el pnml er po da mitad uno y otro vivientes
·
a Chaucer en a segun
'
d
Ruiz en la pnmer ,' .
tiva heraldos precursores de la época e
epîlogos de la era ep1ca y narra
Iy l t a como en Espaiia se inicia a
.
. que tanto en og a err
.
l
esplendor iterano
. "dencia hist6rica Juan Rmz y
mediados del xv:. Pero aparte esta co1nc1 Ambos incita~ a la sonrisa,
erosos rasaos comunes.
,
Chaucer poseen num
bo
d buen natural de gran corazon y
velan
ser
hom
res
e
'
f
.
pues am b os re
., . . .
ue roccde de la verdadera ratermricos en esa comprens1on mstmtiva ~reiron mundos que les perteneccn,
dad. Ambos, como grandes poetas,d . que sus almas esta ban libres de
se excusadecir
, amargado- De aqui el
Y' Pues fueron creadores,
., ·d l na e corazon
·
hiel-que nunca saho_ v1 ~ a g~
uaitiva silenciosa que no causa la
delicioso saborde!~ ironia-~1sa f d~l o?ma; sea ejemplo al caso e~te
mas ligera ondu!ac1on en el n:m~
.: Don Jimio alcalde de Bug1a,
ex uisito verso en que Juan Ruiz escn e a
.
'
-u~ conoci6 del pleito entre el Lobo y la Raposa.
2
q
sabio , nunca scia de balde.»
« E ra sot'l
1 e
• (3d 3)l
Chaucer. y no lo es menos el elog10 e as
Este verso era digno de
duei'ias chicas, basado en que
.
D 1 mal tomar lo menas, dicelo el sab1dor,
;o; ende de las mujeres la rnejor es la menor.»

puesto que Chaucer pone en boca de su locuaz Yecina de Bath la sabia
sentencia siguiente:
«Pues por seguro habed que es imposible
Que el clérigo hable bien de las mujcres.»
Esto no es misoginia, sino exageraci6n ir6nica sin mala intencic\n.
Hay un trozo en el Libro de Buen Amor-pues el ûnico libro que Juan
Ruiz, regocijado satirico, nos ha legado, se Hama Libro de Buen .\mor,
y con menos sorna de loque pudiera creerse -en el cual su ironia raya
en el cinismo. Es cl famoso trozo en prosa que figura inmediatamente
después de la oraci6n inicial a Jesûs Nazareno:
«Escogiendo e amando con buena voluntad salvaci6n e gloria del
paraiso para mi anima, fiz esta chica escritura en memoria de bien; e
compuse este nuevo librb en que son escritas algunas maneras e maestrias e sotilczas engaiiosas del loco amor del mundo, que usan algunos
para pecar. Las cuales, J'eyéndolas o oyéndolas, home o mujer de buen
entendimiento que se quiera salvar. descogerâ, e obrar lo ha; e podra decir con cl salmista: Viam veritatis etc. Otrosi, ios de poco entendimiento
non se rerderan; ca leycndo e coidando el mal que facen o tienen en la
voluntad de facer, e Ios porfiosos de sus malas maestrias, e descobrimiento publicado de sus muchas engaiiosas maneras que usan para pecar
e engaiiar las mujeres acordarân la memoria e non desprcciaran su
fama; ca mucho es cruel quien su fama menosprecia: el derecho lo dice.
E quemin mas arnar a si mcsmo que al pecado; que la ordenada caridad, de si mesmo comienza: el Decrcto lo dice. E desecharan e aborreceran las maneras e maestrias malas del loco amor, que face perder las
almas e caer en sana de Dios, apocando la vida e dando mala fama e
deshonra, e muchos danos a los cuerpos. Empero, porque es humanal
cosa el pecar, sï'algunos (loque non les consejo) quisieran usar del loco
amor, aqui fallaran algunas maneras para ello. E ansi este mi libro, a
todo home o mujer, al cuerdo e al non cucrdo, al que entendiere el bien
e escogiere salvaci6n e obrare bien amando a Dios, otrosi al que quisiere
el amor loco, en la carrera que andudiere, puede cada uno bien decir:
lntellectu m tibi dabo, etc...»

�LA PLUMA

LA PLUMA
. el final del pr6logo al cuentoRdel
.
esta escnto
fi
En este m1smo tono
d Canterbury de Chaucer. e •
molinero en los admirables Cuentos_ ~
,
riéndose al cuento que va a reiatar, d1ce.
. ..

J

.r
•l
)

l

•

«Mas de este molincro yo no sé ~ue.dma
. que sus dccires por nadie. rcpnm1a, •
Srno
y asi cont6 el bcllaco la historia q~c qu~na.
ue yo también contarla aqu1 deb1a,
C
q
.
a cada cual
y reo
por lo tanto, am1gos, yo rueg0
1
Por el amor de Dios que no lo tome a ~a.,
Que yo he de rcpetir sus cue?tos y no al,
0 sino falsear algo mi matenal.
.
. cl cuento del moiinero a alguno eno1a .
y
.
escucharlo ' puede vol ver la
y s1
no qu1ere
fl ho1a,
·
y al momento hallara en cantidad no o1a.
Historias mas gentiles en que su ?usto esco1a.
No me culpeis a mi si ois âl molmero. El es un gran bellaco, y otro su c~mpancro.
Su hablar solo a burdcles era atancdero.
die ha de juzoar la chanza a lo severo.»
.
y
na
o
eco
de
la
advcrtencia
de
Juan
Ruiz:
'l .
erso es como un
Este u t1mo v
.
. hestoria de la fija del Endrino,
«Entiende bien mi
or ue a mi vino.»
Dijela porte dar ensiempro, non p ~encia moral y a la suprepagan a su conc1
Tributo que ambos poeta~ . E
h cho tanto Chaucer como Juan
macia de la virtud sobre el v1c10.. st~ c bre~ y mujcres en las sinuosas
Ruiz se sicnten libres para seguir a loml'neas abstractas del vicio y de
d n por entre as 1
. 1,
vueltas y revueltas q_ue a ntre meridianos y paralclos. y aqu1 vo v~la virtud como los nos por ~
·a1idad de observaci6n que es cond1mos a dar con esa inocente imparc_1, sa! y permanente. Chaucer lo ex.
bl d todo arte unn er
.
ci6n ind1spensa e ~
.d d admirables en el trozo c1tado:
rcsa con lucidez y sinccn a
'l
p
y no a ,
« Q ue yo he de repetir sus cuentos
.
0 sino falsear algo mi matena1.»

Aqui habla la conciencia del artista que se alza frente a la conciencia
del moralista. El verbo falsen, falsear, y ese posesivo, my maitre, mi ma/mal, son en verdad instructivos en cuanto a la profundidad de la vocaci6n artistica de Chaucer. La vocaci6n de Juan Ruiz no Je iba en zaga:
«Yo, Joan Ruiz, el sobredicho Arcipreste de Hita,
Pero que mi coraz6n de trovar non se quita ... »
Quiza sea esta misma imparcialidad estética el secreto del poder dramatico de nuestros dos poctas. De toda la gloriosa cadena de poetas que
loglaterra ha dado al mundo, Chaucer, después de Shakespeare, es a mi
ver el mas rico en genio dramatico. Existe estrecha afinidad entre Chaucer y Shakespeare, en parte manifiesta por la esfera de sus rcspectivas.
creaciones, su elecci6n de asuntos y una comun habilidad para aliar
soltura con precisi6n en el trazado de sus caracteres. Analogo parentesco
cabe observar entre Juan Juiz y los grandes dramaturgos del siglo de
oro, en particular aquellos que como Lope y Tirso de Molina, se distinguen por su interpretaci6n de la vida inmediata. Juan Ruiz es comoellos, un genio dramatico natural. A pesar de su tendencia a ser difuso.
posee el secreto de ese zambullido directo en la acci6n que es t{pico
rasgo de los romances como de las comedias espaiiolas, y, en nuestros
dlas, de Jas copias populares. Con frecuencia sucede que, dejandose
llevar de su tendencia dramatica, abandona todo el relleno narrativo y
deja que los personajes vivan la acci6n ante el lector (r). As{mismo,
gusta de presentar a sus personajes como si se estuviesen moviendo ante
sus ojos:
c1Ay Dios, e cuan fermosa viene Doria Endrina por la plazal
!Qué talle, qué dooaire, qué alto cuello de garzal
1Qué cabellos, qué boquilla, qué color, qué buena andanzal
JCon saetas de amor hiere cuando los sus ojos alzal»

Obsérvese el ritmo de estos versos, no menos descriptivo que Jas·
palabras, no menos sugestivo de los graciosos andares, la «buena andan(1) Slempre fué este procedimiento favorito de lqr; autores espadoles. Se

oblc"a desde La Celestina hasta la obra de Pérez Ga(d6s.

�LA PLU .\1 A

L A PLU :\1 A
za» de la jovcn que se acerca. Porque esta es otra virtud poética que une
.a Chaucer con Juan Ruiz y en general a la poesia espanola con la
inglesa: a saber, la habilidad para ex.presar los movimicntos de la naturaleza no tanto por el rudimentario método de la descripci6n externa
como por medio de csa sutil facultad, cminentemente poética, que pudiéramos llamar ù,tuiciôn rftmica (1). Es una facultad en la que confluyen Jas tendencias Jirica y dramatica y el hallarla en Chaucer y en Juan
Ruiz nos recuerda que tanto el inglés como el espanol, aunque ante todo
dramaticos, son también poctas liricos. También es curiosa aquf la deYoci6n a la Virgen que se observa en uno y otro poeta. La mayor parte
de los trozos liricos del Libro de Buen Amor son poemas en loor de la
Yirgen Maria. Pero aunque no faltos de cierta gracia y de una ingenuidad que, por lo menos para nosotros, tiene el sabor de la sinceridad
misma, estos intcntos Jiricos de Juan Ruiz merecen comentario ana.logo
al que el Profesor Legouis dedica a la poesia Jirica de Chaucer:

...
)

1

•

(1) Remito el autor a quien el asunto interesare a las paginas 145 y siguieotes de mi libro de ensayos «Shelley and Calderon and Otber Essays on Spanish
and Englisb Literature• (Londres 1920), en donde esta idea e~ta desarrollada a
base de ejemplos tomados de la poesia inglesa. Corno no conozco traducciooes
satisfactorias de otros cjcmplos, me limita ré aqui a uno cxtraido de la Oda al
\'iento Oestc, de Shelley, ya que en mi traduccion no se ha perdido del todo
.su efecto ritmico. Me refiero a la fr11se:
«Pâlidas, amarillas, neiras, rojas,
Putridas multitudes ... •
en cuya sucesi6n de epîtetos, seguida de una frase amoolonada, por decirlo
asi, sobre su primera silaba, se me antoja ver la hutda de las bojas, uoa a uoa,
luego recogidas por el remolino en un turbulcnto trope!. En castellano rccuer&lt;lo dos casos admirables de intuici6n ritmica; uno viejo y otro moderno.
c Helo, bclo por do vie ne,
El infante vengador... •
no s6lo dice lo que dice sino que lo !lace. Estos c!os versos son un trote de caballo. Y en el exquisito retrato del Rey Don Felipe, que Dios guarde, que
debem0s a Manuel Machado, la repetici6n de la sîlaba ante en «un guaote d~
ante• es maravillosa expresi6n dtmica de la dejadez de la cobarde manoque lo

csostiene apenas•.

286

«No pasa en verdad de
vastos campos de su produc:to: un arr~yuelo de lirismo que rodea 1
te m,
,
n narrat1va y n
.
os
as caractenstica de su b
.
'
o es ni con mucho 1
persona!.»
o ra, ni, por extrano que parezca, 1aa mas
pa:H
,(1)
e aqu1, pues, coincidencias mas h
lcn d~rse entre grandes poctas de disti:tndas !_ numerosas de las que sueparat1v~ de Chaucer y de Juan Rui
. os p~1ses. Pero cl cstudio comcomo literarias, que son no men z re\ela d1ferencias, tanto ersonal
la obsc~vaci6n de Ticknor sobre ~: nota~lcs }' sugestivas. Al !acer su
fesor F1tzmaurice Kelly a - d
parcc1do entre am bos poetas 1 y
Ch
na c que le falta J
, c proaucer. Esto es desde lucgo cxacto
a uan Ruiz la dignidad de
~~e la dignidad es una cualidad que fn ttt~ mas digno de nota cuanto
i a en tratandosc de espanoles p
. . n_g a terra sucle darse por consapero que no es sicmpre guia mu~ sc:e1u1c10 halag~eiio y de agradcccr,
dad, en efecto, es una de esas cu'a1il~ro en matena literaria. La d1rrnila comp~sici6n del genio. lmpliC: es que no entra nccesariam:nte
as lcycs soc10-morales, dominio de • ~esura, moderaci6n, sumisi6n a
pe a través estas barreras sociales e i~d7~,1.smo. y ~1 gcnio a veces irrumtcs y elementalcs impulsos As, h
iduales, tmpelido por mas fucr

e:

t

::titud): :::~::•:-po,
ejem~lo, 'i.i:i.1;•;t7i1:t';'i lit:mrias po, b,j;
a -por e1emplo, Pascal y Dostoiev . as ~y por cncima
.
que ambos revelan para perm
sky. Gracias a cicrta apv1da, Shakespeare y Cervantes co . aneccr al margen del juerro de la
por eso salir del plano de la d' _ns1gucn dar libre curso a su "~nio s·
con_ frecuencia de este piano igmdad,- .Pero la litcratura espan~la se'sa~:
~::}e~on Santa Teresa, ya ~x~~o~::n~:ni!~s; : gran altura por cncima
0
' con la novela picaresca y Q
d
dos que por debajo se exse0undo
grupo. A unque no es rob bueve o . Juan R uiz
· pertenece a este
i,
tu~as que nos relata en su libr: 1 a le que le ocurriesen todas las avcnm1smo corn o amma
. vzïis para sus
• ec'mero
hecho de que se prestase a si
.
micas anécdotas bastaria para fallar
(1) Emile Legouis: Geof.frey Chaucer.

�LA PLUMA

.

orrecto burgués (1) de Londres, sin
su caso. Lejos estamos con él del
etable funcionario, trab~jador orduda amigo del buen ~u~or, p~~o sarr!'ente en su silencioso reuro, c~~o
denado que lefa y escnb1a estu i~aber echado sus cuentas. Chau~er ice
él mismo nos relata, después d~
. es poca (thyn abstinence 1s l~ter
en el mismo lugar que su a~stln:nc::vela su moderaci6n. Juan Ruiz a
Pero la misma palabra abst1nenc1a
.

;es

habia perdido de vista. . . .
cial de costumbres entre Juan Ruiz y
La diferencia de posi~10_0 so . y Chaucer es un cortesano, maeshaucer no puede ser mas 10struct1va. deroso· si no noble, es por lo me~o en el arte dificil de c~mplacer !~res de ios nobles, por ell?s res~:hombre hecho a la vida y cos u
rnato de la vida anstocratin~o
rotegido y en cierto modo ~arte ~~nte que su época toleraba.
:: 1Ja~ Ruiz es un preste de ese t1p~nm articular aquella parte d~l p~e., favorita es el pueblo,
y imag10ar
.p .
h oy, en la que 1ud1os,
Su. compan1a
d•ficil
1 •
blo de la Peninsula que es tabn i fraternidad de placeres y a egna.
. •
mezcla an en
moros y cnsttanos se
oeta se considera:
Este es el pûblico cuyo P
(1.513)
.
tigas
de
daoza
e
troteras,
ués
fice
muchas
can
D
« esp
ara entendederas;
Para judias e moras ed
p omunales maneras:
· strumentos e c
Para en 10
b s oilo a cantaderas.
El cantar que non sade los que dicen ciegos,
s fiz algunos e
.
Ca
ntare
dan nochermegos,
E para escolares que an uertas andariegos,
E para muchos otros por p b . en diez priegos.»
Cazurros e d e bulras' non ca nan

t1

e ""'rmite asuntoa que
(1) Bucn~ scr
iodolc tal como no se prcscntan c~
resi6n de un p6·
Juan Ruir. cv1ta'. y de
hasta fccha muy rccicn~c y baJO laJ/iau de don Pital
ni auo en los p1carescos,
de gusto equ1voco. El fi
d ...... otro
. No p uede c .... blico cada ver. mayor de lcctùres
b
pero es limp1O.
.11 ente ,csca roso&gt;
Payas es scnci amd l M linero» de Chaucer.
tanto del cCucnto c o
'

â explicar, no obstantc, que Chaucer s lar-litcratura cspa6ola,

LA PLU .\lA
Juan Ruiz es, pues, un bohemio. Tiene toda la imprevisi6n tipica de

esa pintoresca raza, y en ello estriba quiz.i la causa mas grave de su inferioridad para con Chaucer. Porque con el genio pasa loque con toda
clase de riqueza, que requierc bucna administracicin para dar lucido rendimiento. Chaucer administrci su genio con tanto orden como sus tediosos dcberes oficialcs de interventor de los Derechos sobre la Lana, y quiza con mas. Juan Ruiz lo dilapid6 con indiferencia muy bohemia a todo
lo que no fuese el fruto de la hora. Y, sin embargo, seria poco exacto y
menos justo dejar esta impresi6n puramente negatîva del aspecto bohemio de su caracter. En la impresicin de Juan Ruiz hay también algo de
ese desinterés tan humano que distingue al tipo mas noble del espaffol.
Quien lo dude relea aquellos versos en que prohibe vender o alquilar
ejemplares de su libro:
«Pues es de buen amor, emprestadlo de grado.
Non desmintades su nombre nin dedes refertado.
Non le dedes por dineros nin alquilado.
Ca non ha grado nin gracias ni buen amor complado.»
Chaucer era un burgués demasiado juicioso y sentado para pensar en
términos de tan generosa imprevisicin. Pero en cambio era mucho mas
refinado. El profesor Legouis ha observado que el refinamiento de Chaucer se remonta a lo que habia de francés en su naturaleza, incluso en lo
que concierne a aquella parte de su labor que puede considerarse como
cxclusivamente inglesa.
Juan Ruiz sabia francés y Jeia a los poetas de Francia. Esto nadie lo
duda. Pero mientras Chaucer halla bastantes elementos normandos en
su composici6n inglesa para asimilarse el espiritu de la poesia francesa
con toda espontaneidad, Juan Ruiz revela ya esa peculiar resistencia de
nuestra raza a aceptar nada de Francia que no sea meros moldes, formas y escenas o frases comunes. Francia da a Chaucer no solo un gran
asunto (EJ Roman dt la Rose) y muchos cucotos menores, sino un estilo, una manera, una actitud, clegancia mental y claridad de forma.
De Chaucer en adelante, el genio de Francia no vuelve a estar ausen-

288
289

�LA PLUMA

L A p L U 1\1 A

.
debe a Francia
p
Juan Ruiz no
ue
te del todo de_la poe~:::rr~e~: &lt;:l~un:r~e sus estbr::sJ:~e:;:s~; el
mas que la primera u as personales. De m~ o e\omo tal el Cantar
transforr:ia
e~ ob~~::le~a no ser qu~ se co~~i::ra resistir a la influenp rimer e1emp
on
.dad del gemo espan
.
s
C.d de la tenac1
cje Mio I •
rofunda en epoca
cia de Francia.. d Francia sobre Espaiia solo ese~paiiol, menor es la
La influenc1a e C
to mas grande es un
rto deriva del
.,
ional. uan
te. Este ase
1d
de depres1on nac
·a e1·erce sobre su men
. de Francia y e e
l
. que Franc1d la diferenc1a
. entre el gemo de luz a traves
. de
•ofiuenc1a
· iento e
n rayo
mero reconoc1m
través del otro como u . .
esta tenacidad esEspaiia. El u~o dpa~a ~raza. En su asp~cto p~s1t1~o~as primitivo y deslla
. del gemo nac1ona '· frances.
. En su asuna ma-sin ciar bsistenc1a
aiiola garantiza la su . e de su poder que el gem_0
ues cabe decir
~uidado, m;nos
universal al geni~ •~~:•~~lt~ra es en cierto
la universahdad e
.
Pecto negat1vo, r
a al menos,
e cont1ene.
f' il
que, en Europ_
l a la esencia francesa qu - l se adapta mas ac modo proporc10~a as complejo que el espa?o '
uede sometersc a
El genio ingles, m
F ncia Mas consciente, p
lnglaterra un
• fi
·a de ra
·
· que en
mente a la in u_enc1
a la absorci6n. De aqui
iamente el agostaesta influen~i~ sinn~~:ui:ncesa no signifiJue
no resulta nunca
periodo de in ul: ra nacional. Una pala ra r enos todavia en tiempo
miento de la eu u , ina de inglés, y lo era m

.,

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1

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ex.tranjera en una pag
.
uidadoso y persever~nte
de Chaucer.
finado por Francia, c
en la cant1dad
Asi, pues, Cha~cer, r~uan Ruiz, el bohemio,. tan~~ de Juan Ruiz en
b rgués es supenor a
b ·o Su obra aventaJa a
u
como
en' lacalidad de su tra aJ .
't' as adversa S, se entiende, en
f
. -~e han es' d objeto d e re cuentes en 1c •benevolenc1a,
(1) Esta frase ha _si o ue con gran generosi~ad y uedo resignar~e a creer
las numerosas resenas q . libro y sin embacgo, no p la poesîa, s1no en la
bre mi
· '
N 610 en
crito en lnglat~rra soue encierra es un error. _o :diera decirse inmanente.
e el pensam1ento q .
nipreseute, cas1 p
qu
vida inglesa, to d a Francia es om

aquella inestimable cualidad que Alfred de Vigny describi6 en un verso
inmorta1: Es una obra
Empreinte du parfum des douces solitudes ...
Faita en 1a obra de Juan Ruiz el aroma de las dulces soledades.
Cuando se sienta a escribir, zumba todavia en su cabeza el ruido de mil
voces, «instrumentos e todas juglerias». De aqui la diferencia entre su
genio dramatico y el del poeta inglés. Chaucer esta en un grado mas distante del tumulto de la vida que Juan Ruiz. Chaucer es casi un pintor,
Juan Ruiz casi un actor. El ejemplo quiza mas notable de esta diferencia lo ofrecen sus respectivas obras aleg6ricas. Las alegorias de Chaucer
son cuadros. Las de Juan Ruiz manifiestan ya aquel genio para dramatizar abstracciones que culminara tres siglos después en los Autos de
Calder6n.

*

*

*

De Chaucer y Juan Ruiz a Shakespeare y Lope la transici6n seria fa.cil si fuese posible resistir la tentaci6n de acoplar los nombres de Sir
Philip Sidney y Garcilaso de la Vega. Ambos caballeros de noble estirpe,
soldados, poetas de exquisito refinamiento, cantores de amor desgraciado, ambos muertos en la flor de su edad, Sir Philip a los treinta y dos
arios, Garcilaso a los treinta y tres, de heridas recibidas cara al enemigo,
Sir Philip en I 586, Garcilaso exactamenre cincuenta afios antes. Garcilaso es uno de los poetas mas grandes de Espaiia y, como poeta, superior
a Sir Philip Sidney. Distinguese por un don relativamente raro en las
Jetras espaiiolas, cierta ternura casi temenina que da emoci6n a su poesia y no deja de contribuir también-junto con su habilidad técnica-a
dar a su forma admirable fluidez. Aunque reformador, y adaptador del
endecasilabo italiano, escribe un verso suave y liquido que armoniza de-liciosamcnte con su pacifico ambiente pastoral, su delicada atm6sfera y
6U tono melaoc6lico sin exceso-precisamente el tooo en que Sir Philip
Sidney se queja, sin desesperaci6n, de la ingratitud de Stella. Su poesia es fresca, murmurante y animada con los reflejos y rumores de arroyos, rios y lagos, como ninguna otra poesia espafiola-hecho quiza debido a su estancia en la Grosse Schüt Insel, en aguas del Danubio. Su

�LA PLU.MA

LA PLUMA

. .;) ·I
·f
•1
1

musica es de una belleza y afinaci6n no inferiores a poesia alguna escrita
en Espana antes o después, musica en verdad cuya sutil delicadeza es
excepcional en nuestro lenguaje. Garcilaso es ante todo un poeta aristocratico, por su espiritu como por sus asuntos; un poeta que hallarfa su
puesto natural en el Parnaso inglés, en el cenaculo literario mas selecto
que el mundo ha conocido. En nombre de un nacionalismo mas robusto
que penetrante se le ha acusado de falta de espafiolismo a causa de su
àfici6n a la~ formas italianas que, con su brillante ejemplo, consigui6
aclimatar en Espafia. La acusaciôn es desde luego injustificada. Ello no
obstante, aunque en forma burda, corresponde a un instinto certero. No
por su forma, sino por su fondo y naturaleza, Garcilaso representa un
tipo de poesia poco en armonia con el genio de la raza; poeta refinado,
seguro artista, musico exquisito. En las letras espafiolas es un nombre
excelso, pero un nombre aparte.

* * •

li

..,

) '

..

1j
""

:'
•

Volvamos a la corriente principal de las literaturas inglesa y espafiola contemplando este fen6meno, el mas notable de los paralelos literarios: el nacimiento, esplendor y fin simultâneos de los teatros elisabético
en Inglaterra y del Siglo de Oro en Espaiia. Inglaterra y Espaiia son las
dos unicas naciones modernas que han creado un Teatro verdaderamente original; es decir, un Teatro nacido del maridaje de la realidad
con el gcnio nacional, sin intervenci6n del modelo clasico, prejuicio o
tradici6n. Este hecho bastaria para justificar el estudio comparativo de
las literaturas inglesa y espaiiola como indispensable complemento de
cada una de ellas, y mas todavîa si se observa que las dos unicas creaciones dramaticas originales de la Europa moderna presentan curiosas
analogias a pesar de haberse desarrollado en casi completa ignorancia
una de otra. Esta semejanza debiera haber impuesto hace tiemp.) el estudio del espaiiol en Inglaterra y el del inglés en Espaii.a como elementos indispensables de cultura nacional, puesto que alguna bonda y todavia inexplorada relaci6n tiene que existir entre dos pueblos que desdc
los extremos Noroeste y Suroeste del Continente aportan a la cultura
europea ofrendas tan originales y de tan espontâneo parecido.

No se limita este parecido a
de ~dmbos teatros, cuyas rudas foe:a:o~usta y casi barbara ingenuidad
reg1 a por Jas tres unidades
.
trrumpen en la pulida
.
tiéndese tam b. ,
. , no sm gran escand 1 d
soc1edad
como 1a . 1 ien a ese apetito de acciôn que
. a o e los doctos. Exmg esa, con el movimiento d
amma la escena es anola
;es, y no meros ejercicios lôgicos o _e ~~e:pos vivos, hombres /mu·
atando la tempestad la b tall
ps1co og1cos. Nada de me .
Jepes~_ades en e1 mismo 'escen:rio a, el due1o, ~ino duelos, bat:i~:!eros re~!eJJdades naturales, héroes
, e~ el que,_ s1guiendo fielmente 1 y tems1empre entreme l
y grac10sos te1en ante el
as comlibertad d . zc ada, de la existencia. La fi
espectador la tela,
e ntmo que los hech d
, . orma, a su vez, reclam 1
0

~:i/''~do •lejand,ino franc~:, ;;:::"

'

imponen. Contmta:d:

espaiio:: se paso ~egular de sus dos bueyes a~::s;ando la tragedia seuromance es iaer;Iten gran variedad de me:ro. E ra~aturgos ingleses y
analoaa a la del ase db~ la versificaciôn. Cumpl/ue tfeatr~ espanol, el
t:&gt;
zum 1do de l
.
na unc16n
·ca1
cesa cuando se . .
a ga1ta escocesa o " I
mus1
rece prolon~arst~o1zmaon otros tipos métricos distinfoas lesgua, pu!es ~-unque
,
•
u
en acomp ~ .
,
pu sac1on p
mas vanedad lirica (1) p
l
anam1ento a través de l
atales como carta
. a:a os menesteres mas hum.
os trozos de
hace uso de la pr~s;;sa1es, av!sos, el teatro espan~Id~~ de la r~lab~a,
cambiantes asî c . stc atrcv1do alternar de rosa , mo e mgles,
~tm6sfera de viv:c%:;1 :as~ fdredcuente de canci~nes / ;~::~a e: metros
nol y al inaJ .
, ne a y movimiento
,
, rea una
dia frances:.es y en fuerte contraste con el deco;oc::~°e ~! dteatro espaA
t:&gt;
mo e la trageunq ue fundador del t
Vega hubo de aaua d
eatro espanol, y su mas gran fi
concediese la fa~a ; ar hasta época reciente para que l gura, L_ope de
e que merecidamente g ,
.
a postendad le
- ozo en vida. Calderon, me(1) Existe, en mi O • .6
nuestro Teatro v la def1111
n, gr~n s~mejaoza entre
.
comlo el otro, dân el rit~iompanam1ento de &lt;&gt;uitan-!a func16n del romance ell
cop a o de las form
.· genera! y sirven
en nuestra jota. El uno
la Jota siguen, adem~~ vfgIJasl. ~l romance v el ac:!pea~ase_ al vuelo lirico de la
, ua ntmo.
'
nam1ento de guitarra de

c;m

2 93

�LA PLUMA

•

•
•

jor conocido, le precedio en renombre europeo. Esto cxplica que Calderon, en quien se creia ver la 4&lt;figura central» del teatro espaiiol (1) se considerase en Inglaterra como el prototipo con quien comparar a Shakespeare. Pero, en realidad, el verdadero paralelo de Shakespeare en Espa.
iia es Lope. No solo pueden ser ambos, por su superioridad sobre sus
respectivos precursores, considerados como los fundadores de sus teatros nacionales, sinoque ambos pertenecen a ese tipo de genios espontaneos que mas nos da la impresion de la sencillez, fatalidad y podcr de
las fuerzas naturales. Ambos recuerdan a la naturalcza por su fecundidad, su derroche de fuerza creadora y su tranquila indifcrcncia hacia la
patina, el pulimiento y la pcrfeccion. Y no es que no scpan lograr la
expresi6n pcrfecta. Antes por el contrario, es en ellos frecucnte el feliz
acoplamiento de idea, palabra e imagen. Pero cuando esto succdc no se
debe a laboriosos esfuerzos de artista concienzudo, sino a esa intuici6n
que el genio alcanza en su mera absorci6n de las cosas. Por ultimo,
. como todos los fértiles manantialcs de creaci6n, Shakespeare y Lope nos
inspiran anâlogos misteriosos sentimientos de afecto y de gratitud, como
los que sentimos por el mar, la tierra o el sol, padre de la luz.
Pero el paralelo entre Lope y Shakespeare no pucde prolongarse mucho sin tener que anotar diferencias que recuerdan las que ya observamos entre Chaucer y Juan Ruiz. La maravillosa fecundidad de Lope
implica una facilidad de imaginacion y ejecuci6n tan favorable a la cantidad como nociva a la calidad de la obra. Dadas las circunstancias en
que escribia, su nivel medio es increiblemente alto. Su vida aventurera
no le dejaba tiempo para ahondar y madurar su filosofia de la vida.
Tanto o mas que de Juan Ruiz puede decirse de él que, comparado con
su contemporâneo inglés, le es inferior en cuanto le falta cultivo del espiritu en soledad. Poco se sabe de la vida de Shakespeare; pero la mayoria de sus complejas flores de poesia implican una vida no exenta de
ocio y soledad. Asi Shakespeare ahonda en pensamiento y erige un teatro de emociones en las mismas câmaras del alma humana, mientras
(1) An Essay on tl,e Life 11nd Ge11ius of Calcuro~, µor cl Arzobispo de Du•
blio, Richard C. Trcnch, 1886.

LA PLUMA
Lope se extiende en la acci6n y monta su t
.
.
pacio abicrto de la realidad tano'bl
eatro de s1tuac1ones en el esA
_,1 e.
unque .\1ilton y Calderon son exactamen
.
hecho no bastada para justificar un aralelo. ~e. cont~mporaneos, este
base de comparaci6n en la ana!ooia dp 1
. x~ste, sin embargo, una
.
o
e as s1tuac1ones q
b
pan en las l1teraturas de su~ respect'
.
uc am os ocuépoca de resplandor, ambos
ivos pa1ses, ambos en la estela de una
arrivés trop tard dans un monde tro .
·
p VlCUX.
a circunstancia los acerca como hered
nio literario que les da por decirlo , . eros que son de un patrimo'
as1, c1crto abolenrro
1
1os hace seconscientes (i). En ,·cz de la es ont . o Y, por o tanto,
kespeare. de su imprevisi6n de su ins . p .. a~e1dad de Lope y de ShaMilton revelan atenci6n in{enc·o
~1radc1on libre y fluida, Calderon y
d
,
i n, meto o Son con .
zu os. Conocen a fondo el arte d t
I.
sc1entes y concicnpiracion, rara vez dejan a su mu/ ~azar i-banes y, aunque ricos en insCierto que .\1ilton no es en u:i~:;~/ ertad de m~vimientos.
lo es de manera predominante PEii
bamaturgo, m1entras Calder6n
, l
.
·
o no o stante es im
'bl l .S
slJn • gomstes sin Jleoar a la co cl . .
. •
pos1 e eer ,mval de Shakespeare de habc ~ ·ctus10~ que .\I1lton habria sido digno ri.
,
r v1v1 o cmcuenta aiio
t D d
d
.
s an es. a o el amb1ente moral en que vivio M'lt
como le fué posible De m'od. J on _esarrollo su vena dramâtica tanto
'
0 q UC SI se
J'
·
contiene, aunque desde lue o en ro an~ JZa su _g~mo se hallara que
csencias literarias que el de c!Ide . ~ 1,P_orc1oncs ?1.stmtas, las mismas
Porque Calderon es quizâ cl r~n·1·1'.1ca, dramat1ca y didâctica.
.
mas mco de nuestros d
su 1ira, como la de .\1ilton p
ramaturgos, y
1
plata. Llcvado de su tende'n _?sel~ _a cuerda de bronce al lado de la de
,
çJa mca no deja a
d
e1ecto dramatico al efecto m . al ,
.
veces c sacrificar el
---us1c , suspend1endo la accion para que el

Est

(1) ~ie pcrmito este neolo ismo ue
.
~ncerrdd 1 en la palabra inglcs g
If, q ~reo neccsano para exprc~ar la idea
a •se consc1ous, estado d
, •
P1&lt;:JO que. el que cxprcsa el voca bl o cconsc1ente,
.
' yq
c esp1ntu. m:is cornestrccha intervenci6n d 1 . t
•.
uc se caractcnza por una
' 1n e 1ecto cntico en los
• .
del sentimiento ra sccoas .
.
movimicntos de la voluntad y
· •
c1enc1a scrfa ' pues' lo con trano
. de la cspootancidad·
2 9S

�LA PLU l\f A

•

·.

dialogo pueda adquirir una simetria como de terceto de opera italiana.
La repeticion de temas verbales que Tirso de Molina habia utilizado tan
discretamente (por ejemplo, en El _burlador de Sevilla), se desarrolla en
Calderon hasta llegar a complicado ejercicio de composicion, casi intolerablemente mecanico, y desde luego antidramatico. Pues, aunque Calderon poseia la conciencia artistica de Milton, le faltaba para su aplicacion el gusto infalible del gran maestro inglés, y en su prurito de perfeccion formai deja con frecuencia que su pensamiento se extravie en
inextricables laberintos de estilo.
Defecto es este natural en un poeta que tenia que escribir mucho y
para complacer a un pûblico echado a perder por varias décadas de produccion dramatica exuberante. A pesar de él, los vuelos liricos de Calderon recuerdan a Milton, parecido reforzado por la comun preferencia
que revelan hacia los asuntôs religiosos y biblicos, tratados por uno y
otro con una austeridad que contrasta con la sonriente mundanidad de
Lope y Shakespeare. Pero aqui, la diferencia especifica entre el poeta espafiol y el inglés reside en la sustancia mas que en la forma de su labor.
Milton es el poeta protestante, Calderon el poeta catolico por excelencia. Milton concentra su atencion en el caracter y la conducta, Calderon
en la fe y la gracia divina. Este aspecto de Calderon hace de él el tipo de
transicion entre los poetas realistas y populares como Lope y Juan Ruiz
y los poetas espirituales y rpisticos como Santa Teresa.
Realismo y misticismo son los dos polos del ser hispano: un realismo que tiene algo de mistico en la intensidad de su contemplacion y un
misticismo enamorado-de la realidad, como solo lo estan quienes ven a
Dios en todas las cosas. Velazquez y el Greco representan estas dos tendencias en el arte de Espaiia. Calderon ocupa un lugar intermedio. Se
aproxima a Velazquez en el claro realismo de Et alcalde de Z alamea y
pinta .La vtda es suetio con los colores violentos y las lineas torturadas
del Greco .
Esta revista de algunos de los mas grandes creadores da la literatura
espafiola, vistos en contraste con sus equivalentes ingleses mas cercanos,
.296

LA PLUMA
ilustra la consistencia con que el ge mo
. nac1onal
.
esp - 1
d
ano se esarrolla.
la cuahdad y del defecto mas im ta
d
mo, causa a la vez de
Porque bajo la accion de esta este:~ ~tes e la literatura de Espafia.
puede hacer dar flores de poes1'a al '~ e apetito de realidad, el poeta
.
m1smo suelo que h Il
.
aire que respira; mientras que el h b
.
ue a Y a 1 m1smo
mi~mo apet~to, tiende a desparram:;s:e a~~tvi~:~ en él, animado por el
accwnes, pnvando asi a su obra d
por el mundo de las
e esa crema del
•
acumula en la quietud y en la soledad
pensa~1ento que se
mento vivificador del genio dra , t' . Est: elemento reahsta es el elepafi~ posee en grado tan solo t;a;~~oespanol, facultad litera~ia que Esgemo ûnico de Shakespeare
mb' , ' n~ por Inglaterra, s100 por el
nio espàr'iol que en el c- d.
ieo_ exp ica el desinterés ético del ge'
ion o no es mas que
' f,
.,
sivo amor a la reaJidad Est
. mam estac1on de su exclu.
e amor no perm1te q 1
·
• ..
mano coarte los movimientos d l 'd
ue ey m pre1u1c10 hubelleza es gracia de inspiracion t:rr:;: :1 consagrada p~~ la belleza. La
se aparece la realid d 1
•. ' esplendor espmtual con el que
a a a mente estet1ca Pe h
.
de la realidad todavi'a ma' , .d
·
ro ay un t1po de amante
s av, o que el art· t
· 1
.
aparece envuelta en un respl d d
'.s a ~ ~uien a reahdad se le
mistico.
an or e gracia d1v10a: este realista es el

La tendencia
maestra de la raza es
. 'd
.
un av1 o realis

Tf

Asi, los realistas y Ios m · r
estan impulsados por u
,~ ,cos espanoles, aunque en forma distinta,

na m1sma tendenc· L
·
•
al uno caer sobre la realid d t
,
,a. a m1sma av1dez que hace
tual y la union co n· Na aog1ble, eleva al otro hacia la vida espirin 10s. uestra gran 1' ti
estilo suyo que brota d
,
i:n s ca anta Teresa cscribe un
1
fadosas redes de Ja ara e_ ~orazon romp1endo impacientemeote las enmatico? Este estilo ;s ::tlca, del or~e_n y aun_d~l sentido logico. èDramisma vida El an, .
que dramatico. Està vivo y palpitante. Es la
·
ommo autor de M C'd J
R .
a pesar de "U man
d'
yo l ' uan u1z, Lope de Vee-a
era
1recta
y
sobri
'fi
.
u
'
al lado de est
.
a, parecen art1 c1osos
e insinceros
e rea11smo transcende tal c S
la cumbre del &lt;&gt;eni
n . on anta Teresa ~stamos en
sia, en esa realida/ de Espana, en ~lturas por cima del arte y de la poeq ue, como la misma luz, es invisible.

s

SALVADOR DE MADARIAGA

�LA PLUMA

LETRAS BELGAS
)

EL REGIONALISMO

r

. . d lo que vov a decir me expongo a que
BNASaoo sé que dicien
c6l • d un eJ·ército de crîtico•,
,1
vos y la
cra e
caigan sobre m1 os ra.
.
H
·ornas consagrados por cl
. •
d académ1cos. ay axi
•
de penod1stas Y e
.
s· arduo es el empt-no de
.
t' d Jas gcncrac1one ,
respeto y la s1mpa ia . e
t d encargado de dar cucnta
ncias Pero es an
Proclamar sus ncfastas consccu~
.
d los altibajos de la hteiatura
I escntores belgas Y e
d ·
aqui d~ la actividad d e os
d .
. pensamiento entcro: para eor
d
ho para ec1r m1
de su pais. me creo con erec
1 regionalismo tiene la culpa.
q ue Jas Jetr:is belgas estân enfermas y quede .d desde la infancia. Pero, ce,
dad la ban pa ec1 o
•
Cierto es que ta! en,erme
. . f t'J que pasarâ con los anos.•
, d · . Es dolenc1a m an 1 •
.
rraudo los ojos, soha ec1rse. •
.
heroicos de la joven Bélg1ca, 1os
ado En los hem J&gt;OS
·
s
Lejos de pasar, se h a agrav
·
aciones y disciplina reg1ona 1 ·
•
dieron de las preocup
· b
la
mejores escntores se eva
t t ·mportancia que deJa a en
·e de arupo de an a t
â
tas v formaban uoa cspec1
.,
1
de sus colegas restantes, m s nu' •
f d d 1 sombra-a i;:rupo
V h
sombra-en el on o e a
I
. :\faeterlinck, Emile er aeren,
m~roso. Bastarâ citar los nombres de :\ aunce •

°

•1
)

,.

°

)

l

•

.

r

..

Charles Van Lerberghe, etc.
europeo v-mejor aun1
traba en un P 1an 0
'
Con esto, la literatura be ga en
d L
eocupaciôn de lo pintoresco
.d d amplia profun a. a pr
1
h
en un piano de umam a
•
t·t yen todo el 11tractivo de as no•
.
..,
booitos que cons 1 u
tiJ
v los dctallcs d1vtrtiuos o
I
su sigcificaci6n y su es o,
•
disminuyen su a cance,
éll
.
vc]as reoionalistas-y que
b
no aparecîan en aqu os, 01
"
b de un talento ro usto-,
de
incluso cuando son o ra
.
li . t de las kermesses de aldca y
se rcspiraba en sus cscritos el aire a!&lt; 1x1an c
las disputas de politica local.

298

Porque en el fondo de todo esto late el conflicto eterno entre dos concepciones difert·ntes: la que concede preponderancia al ,asunto, y la que, desdei'iando el aspecto exterior, desdenando la fabula, .Ja anécdota que reviste con
ropas acaso brillantes monigotes sin alma, busca dondequiera y siempre los
principioi; fundamenlal ~s y (si puede decirse asi) el ritmo esquemâtico del corazon v del cerebro humano. El regionaiismo es por excelencia el régi men de
los coil)res llamatirn~. de las iotri:{aS sin importaPtch y de las anécd,&gt;tas pintorescas. lnch1so cuando prctende elevarse al dramd psicol6gico se dispersa en
mil ddalles sin interé~ rcal, y prnduce esos «cu~dros de género• que deleilaban a nuestros abuelos. Es de notar ademâs que en los espect.iculos de gusto
cregionalista, interviene a menudo, abundantemente, la revisiôn y la interpret11cion personales del autor, de suerte que el 1-.bricgo de la Campine llevado a
la escena por las obras belgas no puede estar m.is distante de su moddo.
Mezquindad, mentira: toda Ja literatura de este pais se revuelve entre esos
dos defectos, y apenas logra evadirse del uno sin caer de bruces sobre el otro.
Pero han sabido urdir esta comedia: como eran :os m.is. y también los mâs ruidosos, los autores re:;:ionalistas proclamaron que su concepci6n era la unica
digna de atenci6n y de simpatia, y lanzaron una especit de excomuni6n mayor
contra los hombres que mostrabau audacia e indisciplina bastantes para inclinar sus preocupaciones creadoras en otra direcci6n. Su alzamiento fué tan ,mânime y brutal, que realmente empujaron al clestierro a :\!a:terlinck y a otros,
y est.1blecieron un1s reglas de estética litcraria en que los relieves del naturi:lismo se asociaban al deseo de constituir una «escuela, en el ,·asto n111ndo de
la literatura francesa. Xo es exagerado afirmar que llegaron a proscril.Jir completnmente la novela psicol6gica, el drama de ideas, y hasta la poesia lirka, y
que encerraron toda su producciôn en el circulo angosto de sus particularidades loc:iles.
Espectaculo poco alentador y cbocante. Igooro si Espaiia ofrece, junto a su
literatura de expresicin uni1·ersal, centros muy ardientes de regionalismo arti,tico. Sé que cuenta con algunas escueias provinciales, pero dudo que sus micmbros pongan t11n hurada intransigencia como los de aqui en no dejarse contaminar por sus 1·ecinos-cuanào no en imponerles sus propias miras-. Lo cierto
es que en Bélgir.a nada podia autorizar ta! explosi6n: en un pais tan pcque1io.
tan cuncenlrado, en cuya capital se junta la décima parte de la poblaciôn tc,tal.
y en donde la centralizacion es intensa, la vida, la autonomia provinciales no
existrn. Cuanto se hace por resucitnrla, lo mismo en Flandes que en \Vallonia,

�LA PLUMA

r ·

lamentable. Por otr.\ parte' el ei· cmplo de la literatura acerlandesa
es c 1c10 y.
, funcsta a los escritorcs belgas.
hubiera dcb1do apartar de csa v1~ .d d Todos los que no podian ambiciooar
r6
·ctoria de la med1ocn a .
.
Rebc i n y v1
. cias de las intriguillas locales, en med10 de las
cosa mejor que notar las p~npe
sc·1tar un movimiento de opini6n cool · d se col1garon para su
..
que pasaban a VI a,
d
fuertes cran incapaccs de inmovihzar
tra _los h~mbrcs que por :~:,~nuo ~:~sc;mpanario de su aldea.
su mgcn10 y su coraz6n e
.
1 orte combativo que ostentaba hace
El mal ha ganado terreno. Ya no t1_cne ~ p
una rutina A fa,·or de la
• 1 ble y s1lcnc1oso como
·
unos afios. Ahora es imp ac~
.
do que la ha scguido, reviste el
guerra. y de la crisis de nac1onal!smo exaspcra
fi

aspecto de un dog~a .de estad?.
1
·onalismo no ha producido niaguna
Seda injusto y nd1culo dec1r que e reg1
entre las que se inscriben
.
• p ro bvsco en vano obra de 1mportanc1a. e
.
opea sea en el presente
•
b de repercus16 n eur
,
bajo ese ep1grafe-una
o
ra
.
1
7 ' I Eulens""ievel de Charles De Cos. T emos es c1erto, e 1iy
-r o
o en .el porvemr. en e se' dele1tan
.
a 1guno s m1·11ones de lectores, y que no ha
ter, hbro famoso •con qu inco se1s
. 1.d.1omas. Pero es de advertir que respecto
O
dcjado de traducirse a c
d .
s'mbolo hist6rico de Flan!
- 1 tea de otro mo o, es e 1 i
de 7 h_vl el prob ema se P an
.
me a los oios de los extranjeserva un re 11eve enor
,
1
des, y como tal, ogra Y con
•
. . de gesta de Flandes, como sus
. 1 s lgo asi como 1a canc1on
ros: Tliyl E11 ens/mge e a
. d
m letado poco a poco por mil na•
'
Niebelungen, y nacido entre Jaa~u~:~::~nci: hfst6rico de un pucblo.
rradores an6nimos, pertenece P
h
blicado media docena de libros
La prueba es fa.cil. Charles De Coster a ~éu los conoce quién los ha leido,
•
d f,O lklore flamenco: ·qui n
'
mas. vc:st1dos todos e
"é '
ha ocurrido nunca tomar en
q uién se pondria a tr:iducirlos? ;_Y a qui n se 1e C
l
•
. •t d ~ de Charles de oster.
cuenta a los discipulvs e 1011 a ore:s
d"
co no escritor de la repulaci6n
.
• 1
De Coster no es 1gno, 1
'
D1gamos me uso que
- E kh d v Camille Lemonnier, en lende su libro. La verdad es que Ge~r~~sl :uy~s: ;n lcngua fiamenca, son mas
gna francesa, Styn Strcuvels Y y 11e.
'

•
•

gr~ndes y ~as respetables qu~ él.unicos noveladorcs regionalistas que ban goLemonmer y Eekhoud son os .
t "6 en Parfs Adeptos ambos
d
·d de cierta repu ac1 n
·
zado, en una época ~ su v1 a,
d M dan (con Zola} Huysmans a la cade! mas riguroso rcahsmo, los autores c e 1· t la entre la de sus amigos.
.
b
clutaron su c 1en c
.
beza), los acog1cron, y am os re
.
ue e11 algunos capitulos ac1crta
..
l'd d 1• ·cas de Lcmonn1er, q
Las pos1t1vas cua 1 a es .m
d
. •6n del Paradou del Abbé
a vcncer dificultadcs comparables a la famosa escnpc1

LA PLUMA
Mouret, le granjearon la admiracicin de una época cuyo ideal mas sano consistia en la cnotaci6n de la vida,. Y las seiioras del barrio de Saint-Germain se
entusiasmaban con el misticismo que empapa sus cuadros flamencos, asi ccmo
Janzan gritos de admiraci6n en cuanto vi-n aparecer una toca breton a o vendeana. Pero hoy que las modas han variado y que ban muerto los hombres, boy
que s61o quedan Jas obras y cienen que defenderse por si mis'llas, es impo1ible forjarse ilusicnes acerca del ,·alor y de la significaci6u verdaderos
de Camille Lemonnier: sus libros son sancil!amente ilegibles. Sabido es que
firm6 mas de setenta, pero no hablo ac;ui de las novelas concluidas atropelladamente por causa de la alimentaci6n; no bago excepciones, ni siquiera en favor de Un mdle, ni de Le Afo,·t.

En cuanto a Georges Eekhoud, ultimo sobreviviente de su gcneraci6n, acometi6 la conquista de la fama sembrando en sus novelas pro\'inciales un erotismo mas o menos acentuado, segûn las necesidades de la venta. La Nour,t//e
Carthage, donde intenta pintar la vida social y moral de Ambercs, el Cycle PalWlliaire, su libro mcjor, que pone en escena a los labricgos de la Campine, las
Kenusses, y sobre todo Esca/. Vigor, Je valieron al autor la consideraci6n de
eaa clase de lectores que estân sic:"mpre en acecho de cmocioncs fuertes. Al
propio tiempo acert6 a que la justicia le persiguiese por ultraje a las bucnas
rostumbres. Pero todo eso olvidado esta, y yo no sf si aûn se Jee a Eekhoud
en 1922, fuera del restringido corro de discipulos que le rodcan con sus obras
agraccs y calientan sus manos impacientes en el rescoldo de su gloria.
Porque Eekhoud tiene discipulos c imitadores. El El;tado los subvenciona
para que publiquen sus libros, que nadie compra, y asi se forman catalogos
enormes de literatura belga, donde los libros estan ordenados por series, segûn
la porci6n de pais llano o la ciudad que celebran. Cada uno tiene su especialidad, se han repartido el pais por secciones y cada cual explota su parte a
foodo.
No quiero citar nombres. S61o be querido explicar c6mo y por qué una escuela que produce tanto como la escucla belga es tan pobre en realidad, y a qué
lie debe su )t,nta estrangulaci6n. El regionalismo asesina poco a poco el csfuer10, demasiado mon6tono, de los t&gt;scritores de este pa{s, y toda su mana consiste
en poner en los cadaveres mascaras rutilantes. Mas, por desgracia, ponen en
eso tanta convicci6n, que son los primeros-y los unicos-engaiiados. Lo cual
no q uicre dccir que sean Jas unicas vfctimas.

PAUL COLIN
300

3ot

�LA PLU 711 A

LETRAS INGLESAS
publicaciJa,. taato tiempo esperada, del Ulises, de James Joyce, es
un acontecimiento literario que eclipsa a buen seguro en importancia todo lo que desde mi ultima cr6nica de LA PLUMA ha sucedido
en la literatura de los pueblos que hablan inglés. Es, en verdad, un
l!acoatecimiento que no puede por menos de tene1· significaci6n hist6rica en tanto se continue leyendo inglés. Porque este libro, vasto, extraordinariamente difkil e intensamente couturbador, no es tan s6lo uua indudable
obra de genio, tiene ciertas cualidades que le hacen unico entre todas las obras
de genio. En él, ese denuedo intelectual y esa bonr.adez cruel que·caraclerizan a
Bernard Shaw, paisano del autor, llegan a profundidades nnnca sotiadas hasta
ahora. La violencia, la pasi6n que esconde la reprcsentaci6n, cruelmente cândida, de los personajes de Mr. Joyc-e en todos sus pensamientos y acciones tienen sin duda origen en la., constrkciones antinaturales y absurdas muchas veces
que forman parte del sistema irlandés de educaci6o, y constituyen integramen•
te la vida religiosa del pais, cat6lico y protestante. i\Ir. Joyce ha encontrado la
incitaci6n y el împetu para su colosal prop6sito, mâs en una reacci6n contra
tales constricciones que contra la religion de que suelen ser resultado, merced
a la ceguera humana.
El Jibro equivale en extensi6n a cuatro o cinco novelas i,1glesas corrie1Jtes.
Describe veinticuatro boras de Ja vida de un judio de Dublin, llamado Leopold
Bloom, de su mujer y de su amigo Stephen Dedalus, principal personaje del
Retrato del Artista en su juventud, del mismo escritor. La época, se supone en
un dia de 1904. No bay «acci6n• en el sentido corriente. El Jibro es la presen•
taci6n de esas ~entes (y de otras muchas), de sus pensamientos-ora flotantes e
informes, ya definidos y precisos-de sus conversaciones, bazatias, funciones
fisicas. No se aminora, disimula, oculta ni suprime nada. El lector mete la nariz en todos los guisos de la vida, tal como la mayoria de los falibles humanos
Ja viven, y la implacable forma que le subyuga a las paginas impresas, parecc
estarie diciendo de continuo: cSi quieres ser idealista, basa tu idealismo en los
bechos. No te escurras, '10 te salgas de ellos.• La técnica, no menos que el contenido, del Ulises muestra toda la originalidad del genio, y es de esperar que
los escritores de la generaci6n venidera sientan profundamente su influen•
da. Aunque sea discutible la bondad de esa influencia-la licencia suele ser

[I

..

·.

302

A

harto
frecuentemente
el resultado de toda liberaci6n - no cabe d ud a d e que 1a
.
.
hteratura rng_lesa entra en una nueva 4poca con la publicaci6n de Ulises.
_Por espec1ales que parezcau las circunstancias en que ha sido publicado el
{IJ,ses, no son tan sorprendentes cuando consideramos Ja h'lSt ona
· d e Ja 1·1teratura
Uua y otra vez, obras que h a r. 11egad o a ser c lâ. en Inglaterra -v América.
.
s1cas para . las generac1ones futuras , ban salido a luz e n con d1c1ones
' ·
anormales y c1rculado s6lo entre los menos. (Los nombres de William Blake,
Shelley. .v Samuel Butler,
acuden luego a Ja memoria)
· · 1mente
.
•
, Débese pnnc1pa
al. apas1onado
entus1asmo
del poeta angloamericano
Ezra p oun d , y a Ia d eC1·
.
.
,
s~6~ de M1ss_Sylvia Beachs, dama americana, propielaria de Ja excclente libre0
na mglesa
rTI·
.
. Shakespeare and C. (12 rue de l'Odeon , Paris, VI. •) eJ que v,rses
~aya s,do. 1mpreso por entero. sin cexpurgaciones• o mutilaci6n del texto. El
libro ha ~1sto la lu_z en Frnncia, en Dijon, en edici6n limitada a 1.ooo ejemplares, v~nd1dos ya srn duda a los admiradores del autor de lnglaterra, Irlanda v
Aménc:t.
·
~iGcil es comp~eoder c6mo Ulises p11ede ser asequible a los europeos del
contmente. Es un hbrn extraordinariamente dificil de eot-:nder por entero, influso _para los Ject_ores ingleses ignorantes del idioma angloirlandés: v eJ sabor
JX:c'.111ar de su estilo, se ha de perder casi seguramente en una trad~cci6n. El
cntico francés l\I. Valery Larbaud ha observado que con este Jibro clrlanda
vuelve a entrar en la gran literatura europea•. Su dicho es un tanto oscuro
porque Uli~es es cualquier cosa menos ceuropeo• en sentimiento, desde el mo~
me~to que ignora tod~s las convenciones que la Europa cristiana ha aceptado
~1tamente durante s1glos. Por otra parte, dado que es una obra de aenio es
umversal.
b
'
La recepci6n que ha tenido Ulises por parte de distinguidos criticos inale
ses-!IIr. Arnold Bennett y Mr. J. M. Murry entre otros-ha sido satisfacto:ia~
Mr. Murry se atreve a decir en The Nation and Atlzenaeum que c.Mr. Joyce posee un poder magico comparable al de Goethe en la segunda parte de Jiausto
o al de Dostoyewski en El sueiio de Ivan. En tal parte de l•lises-digé!.moslo cte
u_na ve:, ya que e!lo nos ha de valer cierto descrédito o cierta gloria de aqui 11.
cien aoos-es ev1dente una genialidad de orden elevadisimo, estrictamente
co,nparable a la de Goethe o a la de Dostoyewski.
Aparte la publicaci6n del Ulises ha habido en el mundo Jiterario inglés pocos sucesos que merezcan comentario especial, o que puedan interesar a los
lectores de otros paises. Hemos de decir algunas palabras acerca de The Jyro,
303

�LA PLUMA

•
)

'.'.1

•

..

rcvista dirigida por .Mr. Wyndham Le\vis, que rcflcja Jas teodencias modcrnas
en artc y literatura. Ha aparccido rccientcmente cl seg,undo oûmcro de esta
publicaci6n, y seiiala marcado progrcso respecto al primcro. Rcproduce obras
del propio !\fr. Lewis, de los pintorcs Etchells y Wadsworth y muestras del
artc del escultor Dobson. En punto a colaboracioncs litcrarias, la mas impor•
tante es la de Mr. Lewis, que demucstra igual distinci6n en las dos artes que
practica. Corno escritor tienc grandes dotes de pcuctraci6n e ironfa y su estilo
es admirable.
De poesia muy poco ha aparecido ûltimamentc que merezca algo mas que
una atenci6n transitoria. Teuemos excelentes talentos poéticos que produccn
muchos versos agradables. Pero aqui no hay seiial de genio alguno. !\Ir Edmund Blunden, poeta pastoril muy influfdo por John Clare, acaba de publicar
un gustoso volumcn titulado Tite shepnerd (El pastor). Es un trabajo docto y
cuidadoso, pero calculado con poca fuerza para clevar el aoimo del Jector.
En tanto esperamos que la musa se recobre, tenemos tiempo de dedicar
mas atenci6n critica a la obra de algunos poetas recienteme.nte desaparecidos.
Entre ellos, debe mencionarse a James Elroy Flecker, autor de un bello volumen litulado Tne golden journey 10 Sama1·ka11d (El viaje de oro a Samarcanda),
muerto de tuberculosis en 1915. Flecker no cra modernista en ningûn sentido
-inclinabase ciertamente a la teoria parnasiana-, pero si un admirable artifice. y su libro ha resistido la acci6o del tiempo mejor que los de su contemporaneo ~upert Brooke. Hassan, comedia oriental de Flecker, no se ha publicado ni reprcsentado a(m. Los que la han lefdo, la coosideran una de sus obras
mas importantes, y cuaodo apartzca, decidira probablemente el lugar de su
autor eu ouestra literatura.
La novela ing!esa esta actualmente en un estado de transici6o. Nadie sabe
Jo que en realidad constituye una oovela, corno ta! forma artistica, y la palabra
«novela• va gradualmente encubriendo toda clase de obras de imaginaci6n co
prosa. La novela corta, sin embargo, empieza a ocupar la ateoci6n de nuestros
mas brillantes escritores, y aqui la disciplina es mas estrecha. El dramaturgo
W. S. Maugham, !\fr. Aldous Huxley y Miss Katharioe Mansfield, han publicado durante los ultimos meses, sendos volûmeoes de cuentos, que alcaozan co
punto a la técnica brillante, un alto nive!, y es de esperar que el progreso con•
seguido en tan dificil rama del arte literario se mantenga en Ioglaterra, donde.
la novela corta no tcnia basta ahora la considerad6n debida.

DOUGLAS GOLDRING

LETRAS PORTUGUESAS

fi

cr6nicas tiencn por fi
n provcl"r a la c lt
rnentos contemporaneos sobre l 1·
u ura espaiioJa de elca 1terat
que lleguernos a liacer un co111,,., . . ura portuguesa. Antes de
d
r e-, en,1u de J
ose, menester es exbibir pa
,, .
o que vaya publican,
.
nordm,came l
.
nue~tra literatura. No podemos
.
n e e 1 estado actual de
n~cias, a pianos secundarios que no ~e corn' ev1dentementc, descender a mimica de nuestro estudio No c t
padccea con Ja naturalez·1 p
.,
·
a raremos pue
• anordgéne, os, que nos Jlevaria muy Je·
'
s, en una clasilicaci6a precisa de
declarado. !encmos ademas que cx:~;i;o;r:s apartaria de nucstro prop6sito
nos ofrecena Ja conternplaci6n d 1
. aspecto de] problema aqucl
.
.
e os cscntores · .
•
que
eu un s11enc10 ya casi de/initivo E
vnos, pero que se mant1·e
•
•
n
otras
palab
.
nen
con 1a literatura de boy esto es
l ..
ras. nos encararcmos tan s ·1
p
•
, con a hteratur
h
oo
ortugal es un pais de poctas. S6Jo de tar a que oy esta en actividad.
muy pocos son, entre nosotros los e , .
de en tarde aparecc un fil6sofo y
g~I J~s hombres de ciencia, ni ~iquie;~1~tus filos61icos. No abund:in en Por:u.
c1ent1ficos. Tencrnos un corto numero d ay gran caatidad de vulgarizadorcs
nemos dos historiadores. Tenemos
e.:onografistas de la Historia· no te
,. .
una p,.-yad
b
'
.
critica hteraria, y muy pocos criticos litera . e ;ota le de monografistas de la
en poetas-en poetas que escriben ve nos. ero somos un pais riquisimo
versos. Co:nenccmos, entonces por Io rsos, en poetas que no sabcn hacer
L
•
s poetas
os poetas portugucses contem ora
.
el grupo nacionalista, que se form6p neos pueden dividirse en tres grupos·
Jar· , t ·
en torno de d os nom b res de talent •
·
. y Alfonso
t · -~n 0010 Correia de oi·1ve1ra
L
. .
o s1n~uJor~ado en torno de Tcixeira de Pascoaes ~pes V1e1ra; el grupo saudosista
os independientes, formado por tod
y . ugusto Casimiro; y el grupo de
obedecen en su obra a mas prece t os aqucllos que no tienen cscuela o no
~on individualistas, dentro del Ar~eo nque el ~c extcriorizar su tempera~ento
t~cos ni de c6digos doctrinarios. Ioc;ut qucnendo depender de dogmas esté~
tivadores de la poesia en Portu al en mos e~tre ellos a Ja mayoria de los culque Espaiia acaba de consagra/u~t estos hem~os, desde Eugenio de Castro
Ja traducci6n castcllana de sus pJoema;~te,_ pubhcando el primer volumen d~
cl mas nuevo de los poetas portugues:s dar,st;s e Horas, hasta Américo Durao,
e va or. .in ese grupo entramos nosSTAS

305

�LA PLUMA
otros. que en nuestros libres, Alma Ajoelhaaa, Payzagem de O,·çftideas, 0 Lioro aas Sympltonias mor/Jidas, y O Livro das Cltimeras, hemos mostrado diversos
aspectos de nuestra sensibilidad lîrica, en la que nada influyen las corrientes
sistematizadas de la poesia portuguesa.
Entra en ese grupo Julio Dantas, que revel6 un modo baudeleri.ino y
rollinatesco con su primer libro Nada, y ha ido liberandose poco a poco de las
inftuencias directas, basta ser boy aut6uomo. También pertenece a ese grupo
Augusto Gil, que es entre nosotros una especie de Uenri Heine, par la dulce
ironia de sus trovas. Jndependiente era Juan Lucio, poeta de fecundos recursos, que la muerte nos 11ev6 prematuramente, dejandonos un libro, Descendo,
la muestra mas curiosa de su manera poética. E independiente es Camilo Pessanha, l{rico notable, de forma irregularisima, que en su poema Clepsidra, harpa de cuerdas desafinadas, encanta, no obstante, las sensibilidades modernas.
Los representantes principales del primer grupo, o grupo nacion~lista, son
Antonio Correia de Oliveira y Alfonso Lopes Viera. Antonio Corrtia de Oliveira es boy el maestro indiscutido de la redondilla portuguesa. En su alma
cstan confundidas las aimas de Rodriguez Loba y de Bernardino Ribeiro-o
sea el bucolismo portugués, la sencillez lusitana. En Alfonso Lapes Vieira,
ese mismo bucolismo, esta tocado de leves tintas modernistas, como si su alma,
viviendo en la contemplaci6n del alma antigua, no olvidase por completo el

•

•

ambieote contemporâneo.
Entrao en ese grupo: Antonio Sardinba, poeta a quien las preocupaciones
exageradas del proselitismo politico deforman y empequei'iecen, pero que aun
asi, en su libro A Epopeya da Planicie, encuentra notas que es justo poner de
relieve; Alberto de Mousalaz, poeta brillante; José Bruges de Oliveira, joven
poeta que va marcando su puesto con afirmaciones que no pasan inadvertidas;
Thomas Ribeiro C olaço, en cuya sensibilidad andan ecos de las liras de Tho•
ffi'\S Ribeiro y de Blanca de Gonta; Juan Cabral do Nacimiento y Augusto San·
ta Ritta.
Al grupo segundo, grupo saudosista, pertenecen, ademâs de Texeira de
Pascoa~s y Augusto Casimiro, otros poetas, pocos en numero, mas o menos

•

afiliados al renacimiento portugués.
Teixeira de Pascoaes es un poeta nebuloso, sin primores de estilo, pero de
fnmca vibratilidad Hrica. Augusto Casimiro es, sin duda, el mejor poeta de
ese grupo. De vez en cuando se deja caer también en nebulosidades que le
perjudican, pero son muchas sus paginas fulgidas y de trascendencia transpa-

1

rente. Los acompada . M .
L A p L U .M A
C
n. ario Be' â .
ortezâo, lirico saudos· t
.1r o, rnteresante tem
riosos colores.
is a, a qu1en cierto tono de
per_amento lîrico, y Jaime
E
pagan1smo
stos dos grupos, nacio l'
suave presta euel• cu!to de ciertos te mas tradi
na ista
y
saudosista,
t1·e
· al
nen un
c1a de los sentimientos
c1on es portugueses
punto de contacto·
guesa. Lo que distingue: e constituyen el fonda
11.eva a la reviviscen:
pensi6n mâs contemplaf saudosismo del nacionalis
g1co de la raza portuen el segundo·
iva en el primera y u11a cap1c1dad
~o es,da mi ver,
una pro •
.
El campo de los
e acc16n mâs viva

p~i~~~

entran en la prosa q~:o::ores es mas vasto, porque son
. Para indicar a los lectore~u; constituyen la poesia.
mâs los géneros que
ev1dentemente que aba
e LA Pw1u los prosado
la novela y de la cr6 . rcar la vasta esfera del pe . d'res portugueses, tenemos
.
mca del
no 1smo
d
garizaci6n, del comenta :
cuento y de la historia d I y e la cr{tica, de
El catâlogo de nuest:: y de 1.a investigaci6n Jite/ari:. a filosofla y de la vulcomo el de los poetas
s pros1stas es grande; no tan
.
6Jtimos, m~s sufi .
' porque les falta la indiv1'd a1·
brillante, por cierto
c1entement
u
1dad
qu
tuguesas.
e notable para dar n om bre y gl e caracteriza
a cstos•
•
De nosotros
ona a las letras por' personalmente
nos .que no nos citemos al h
' ya hablamos al citar a los
cultivar cl periodismo 1
~~Jar de los prosistas, dond poetas. Perd6nesequeremos exclu;~
' a cntica, la filosofla la h" t . e tenemos cabida por
d
~nos ec est
.
•
1s ona y el
e lcgitimo orgullo•
a ocas16n por motivos• no d e falsa
comentario,
d . pero
omencemos
por
el
.
mo
esha, sino
C
'6
penod'
c1 n periodistica: Annit&gt;al
ismo portugués. Son nomb.
de singular lucid
. Soares, director del /'
. tes notables en la ac.
ez, de tndis t"bl
r..,orrezo da Al. hâ .
equ1librio, una iron.
eu I e penetraci6n qu r
an ' rnteligencia
dircctor del Dîa d ia penetrante, glacial· José A' e a ia al buco sentido v al
" , otado d
'
ugusto .M
·
repentinamente de l
e una maleabilidad extrao d' ~re1ra de Almeida
os asuntos
r mana q
'
con una agudeza y u .
por el lado de la opo t .
' ue se apodera
I.Jlico a que se diri ~a mtcligencia que los hace comr un1d.ad poHtica y los trata
~uida su prosa co!:• uAugu~to de Castro, dircctor d:ire_;;~ibles para el gran purntcligencia clara
n arhsta; Joaquin Mauro dir t zano d~ Notit:ias, que
Trindadc Co
y ponderada, scrvida por una'
ec or del D1ario de Lisboa
blico y llam6~:t:~~~rioddista mas nucvo, que s:a:::~~;:~ moderna; Enriqu~
n I" todos por la elcgancia de s
rn~ntemente un pûu dec1r y el equilibrio
307

�LA PLUMA

.

.

) director de ..,a É Poca' mgemero
d ctrinas· Fernando de Souza (Nemo '
cat61ica la facilidad de exprcde sus o
,
al servicio de la causa
. C acho una de
distinguid{simo que pone
s positivos de su saber; Bnto. am
, cuita,
fritu y los recurso
.
.
. muy v1va y muy
si6n de su es? 'pales del republicanismo, mtehg6ed~c1a n la exposici6n de sus
las fili:uras prmo .
'6 y notoriameote met ico e
t{ • o en la discus1 n
correc sim
. .
· nes ni pro•
ntos de vista.
1 cdtica leve, sm intenc10
.
pu
la critica periodistica, csto es, en a emos boy dos nombres: Antomo de
En
la lectura presurosa, ten
d' las maneras moderp6sitos, becba x:r;eras), que ha adaptado a nuest~o ~aeci;~a mucho su amplia
Meoeze~ (R~~ca periodistica france&amp;a, ta~ea qucbl: bonestidad de sus juicios,
nas de ~ en . baciéndose notar por la impcca
be dar en media doceoa
cultura hterana,I aestro del impresionismo, que sa {t'do ' de los e,,critorcs y
Y Joao do Amea ' m
d . ~"enes el valor n 1
n media doccna e imai;
'
de palabras, e
.
b conquisb' ctos de la crfüca.
.
hay nombres que an
de los o l 't' a c1en
. tilica
d~ revista ode hbro,d - Caro1·10 a "'1'cbaelis
de Vas1 ,
m
y

tad:~al:::i~:ci6o d~dlaase:~~ipg::t~so~~i~t~:a ~~~oga, etrlprdimee;o::i::~o~:~~~
li
muy coooc1
d' '6 macs a
conce os,
d' iosa en la cru 1c1 0,
libro sobre
co de ouestro tieml po, ploros ~!nos culto~; Ricardo Jorge, qlue crouod:6n literaria
1
as eu tos a
.
as lto de a e
.
desde os m
ha colocado en el n1vel m a
uteloso en las aprec1aRodriguez Lobo :e dos Remedios, profesor y e~ud1~0, ~a 1 mas nuevo de los
portugue~a; M:~n ~:r meticuloso; Fidelioo de F1gue;re ~r:an-Camp Freire, ha
clones e mvest1ga
e vamos refiriéndonos; Anse mo
valioso juigador,
criticos del géoero ~ qute coordinador de t:lementos, y su bos le atribuyen
,.
't'
que mue
Poco fa11ec1'do' pac1en .
e el esp1ruu en ic0
. es y de
si no pose
f d d de noc100
Theopbilo Braga, que 1 bomcnaje de todos por la can_ 1 a tal manera, que si
merece, no obstante, te 6 del olvido y de la ignoranc1a, de , es valiosisima
ue desen err
. .
le s6lo por si,
problemas ~
h'lmenes que escnb16 no va .
.
utilizarlos, libres
la gran cantld~~ ~eq:: suministrara algun
a ~uien ~:1~:: faltas de que no
Por los matena e
.
d las prec1p1tac1ooes,
de los errores, d e los
. deshces, e
,

~i~

esta exento Tbeoph1lo Drag\ o· por eso lo dcjamos boy aqu1.
...Pero este articulo es ya arg '
ALFREDO PIMENTA

~

LIBROS y· REVIST AS
Mario Paccinl.-Raconti cuj,i.-F. Camp1telli, editore.-Foligoo.
cEI hnmbre del sombrero gris•, traducido para LA PLU~.&amp;, por gracioso designio 'de su autor, es buena mucstra de la colecci6n de Cut.'llos rombrfos en que
ahora 11parcce incluido. ;:\fario Puccini, cuya actividad s6lo ti~oe par en la q11e
prodigiosamente dcsplicga para bien de las letras espaiiolas nuestro G6mez de
la Serna, a G6mez de la Serna y Pérez de Aya la ci due piu origioali Ram6n (sic)
della giovine Spagna le tteraria• dedica sus Haconti cupi. Por extraiic, y aun
caµrichoso q11è pueda parecer a primera \"bta tal maridaje de prefercocias, no
obedece, sin duda, a simples razoncs del afecto pcn,onal. Sirve, por el contrario, para cxplicaroos el prop6sito que, patente a través de toda su obra, se
acusa cada vez mas definido tn el autor dei Viva l'anarc11ia! Poseido de una
curiosidad y una scosibilidad modcrnisimas, en cuanto moderno implica retorno
a la realidad viva-reacci6n que en ltalia se caracteriza en una lucha de diez o
docc anos contra el dannuozianismo, gloriosameote muerto en la gucrra-,
Mario Puccini no se deja arraslrar por la corrieote saltarina, lurbulenta a veces,
del futurismo, valga la palabra, representativa de una modalidad muy italiana
del estado de animo literario de Europa a la bora actual, siquiera tomada a la
letra envuelva un concepto anticuado en muy pocos aiios. Es decir, que nada
explicara mejor a un lector espa.iiol el cquilibrio intelectual que Mario Puccini
quiere conseguir, como la aparente antîtesis de su dedicatoria a los dos Ramones que estima m.is originales de la joven Espa.iia literaria.
Es curîoso observar, leyendo los ultimos novelistas, la influencia de Maupassant, rediviva de entre los escombros del naturalismo y redimida de cuanto
por inmediato y puramente de cscuela habfa de pasar con la moda de un tiempo. Estos Haconli cupi, de Puccini, traeo a la memoria del lector cl nombre de
Maupassant, si no dcsde luego, tamizado, cernido por el de Poe, los rusos
-gcneralizaci6n ésta no tan arbitraria como a primera vista parece-, .Manzoni
YVerga. No hemos de justificar loque s6lo quercmos ~ugerir en estos apuotes.
La misma disparidad de térmioos de referencia, demostrara que no entra para
nada en nuestra ioteoci6n el clasilicar a Puccini en un escalaf6n cerrado. Sî
309

�LA PLUMA

LA PLUMA
s61o seiialar, con ocasi6n de su ultimo Jibro, su tendencia cada vez mas persona!
y precisa a destacarse en la Jiteratura italiana como un intérprete sincero, y
valios{simo, por lo tanto, de cierto caracter nacional que, cootinuando la me•
jor tradici6n de la vena patria, la que por Verga se enlaza con Manzoni, contri•
buya a la cxprcsi6n del espiritu de nucstro tiempo, con la fuerza que 1011 grandes novelistas rusos han dcrivado de la verdad literaria palpitante en Maupassant.
Tema es este sobre el que no han de faltarnos ocasiones de volvcr.

* *

*

Ramon Gomez de la Serna.-El Gran Hotel.-Novcla grande.-Editotial
América, Madrid.
No menos de quince titulos corresponden en la lista de obras de Ram6n
G6mc1 de la Serna, al haber de los ultimos doce mescs. En tan copiosa producci6n, la tcndencia a escribir novelas propiamente tales, es mas aparentc
que real. Si uno de los volumenes publicados con ese marcbamo comercial nos
permite entrever la posibilidad de un esfucrzo en su autor por eocauzar la
inspiraci6n en un scotido mas genérico e impersonal del que hasta ..hora se ha
propucsto, pronto cl volumcn siguiente, al otro mes, cuando nG al otro dia,
nos deseogaiia: Ram6n es Ram6n y no quicre scr otra cosa. Su mancra de
entender la litcratura, o por mejor dccir, su maocra de practicarla ticnc mucho
de clown; su afici6o al circo no es, sin duda, mcramcote plat6oica. Del mismo
modo, pues, que sabemos a qué atcnernos cuando cl cxcéntrico nos anuncia
que va a dar un concicrto o una corrida de toros, no dcbemos tomar al pic de
la lctra los subtitulos de las obras de Ram6n; novcla grande quicre decir taota
como grcguerîa de grcguedas, o variacioncs en el mismo tooo sobre el tema
del Gran Hotel.
Por de contado, nunca falta a la vuclta de cien paginas, el golpe de gracia
en el clavo: Asi en El Gran Hotel, el descubrimiento en la realidad de la vida
de lo que antes era tl dunudo en el a.-te. Con la difusi6n y la boga de los banOI
de sol, los pinteres no teodran, en efecto, que inventar para su, estudio1 de
desnudo niogûn pretexto de acadcmia.

,
'.'.l

•..

• * •
Gerardo Diego.-/magen.-Poemas.-Madrid, 1922.
Suelen los lectores rctardatarios-los que acomodados por entcro y para
siemprc a los usos y costumbres literarios de cuaodo cran estudiantes, se rcsisten a entrar por los de veinte aiios después--, suelen los lcctorcs rctardata·
rios aducir en abono de su incomprensi.Sn la impersooalidad de los poctas nue•
vos, con rclaci6n a los ya consagrados por la fama. Achaque es ese de que no
se libran los mas recicntes poctas espaiiolcs, como sus congéueres franccscs,
alcmanes o italianos.
310

••

Ciento quince poctds de d
rita, por riguroso ordcn ~lfabé/n Joaq~io Akaide de Zafra a d
1',f •
todos los que son. Bien es . ico, se rncluyen en f:'sta col ~n i a;1ano Zudesde lucgo, los hispaooame ~erdad que no son todos los q ecc16n. \ no cstau
cada por nacidos en Es _ncauos. Sobran mucbos eu
~e est'!mos. F;,Jtan,
Segura de la Garmilla inf~?a, no merecen por poctas yaHmserc1~0. si justifia una imparcialidad mal e1 ts~_de manifcstar su gusto
a qrendo el sciior
. Es lo cierto, que su ant:l~n î~da?
rsona en holocausto
s1 se a:lvierte rastro de 1 1 g produce una imprcsi6n d
espaiiola por los que "ôv a a~or de sancamiento llevad,1 eplorable. Apenas
justn consideraci6o: l~Js :i~:~s ~mpetuo~os a fines del pasado a .c~bo en la liricn
Unamuno. AJ)arte cl caudal a o, los Jiménez, los Pérez de ;•go. gozan boy de
contemµoraneos por la iodud~~IRu_!&gt;én Da~î?, distinguense 10/;~\los '.\fcsa, los
rrcspondcncias con el flotam .e ~f"n11r.•rc1,.,,..ct,,.t aui;:t&lt;&gt; ~cnrr"" -~}~ esp~nolcs
los musicos post-wai:ne . icn:o ~ •n?ccisi6n que obticno~n, j'"~'~.,,.i., 1.v•
y producir uoa atm6sfe:~a?os a d1fu~1nar los contornos den vo untanamcnte
para la memoria del oycn:aga o un ntmo marcado, sin asid la fra_se canta/Jile
Pero esto no significa c.
.
ero n1 apoyatura
necesanamcnt
1
nas scan menos favorables a 1
. • c que as escuelas o tend
.
!~:~/d pe~sonaHsimo. Del m~!~~•:;0 de u~n verdadero talenti~~:~i:~~~~=
de la ult~ aJustarse a los patrones-tan aca~ém_no confiere csc talcnto cl mero
1ma rnoda.
icos como los canoncs cl, •
la plé d
s1cosD c aii
timos
3:a e post-modernista dcstacasc en
, .
na! Gcraord;hn_o con pcrsonalidad inconfuodibl!a d~nc~ ~spaiiola de cstos ul-

p:

d_iJtindguido poe~:g~~~r:t~~:~:~~ee~~ t\cratura, c~ cl n I~~ti~ii~~cgS~~:: ecrso8 pocs1a nucva Im
ci n c poemas brcv 5
.
- muy
ta de contribuci6n esep~iic:1:°1hbro _su_mamente suaesti~o pa~~~~pequeiia colecdad aguda
. .
a mov1m1ento poéti "
•
que rcprcscnh filiaciôn ~ec?am~:•cahva qu~ re~e!a en su autor.c~oe~;~î~c:-o, y por 1~ scnsibilibanvillescas del Val1a fucl]e inspira, ejcrcitada sin duda
trabaJ0_10 hallar
nairc e
.
e- ne an de La Pipa de Kif, c I
en as vocah.zaciones
da ha•b~rl~ ~-~mmo d~ renovar cicrta tradici6n ~s o ii a~ experiencias de Apollicn el Greco • o en pmtura cl descubrimiento de pa o a, ta? fecuoda como puede G6ngora [ en Goya: la tradici6n cuita de G6 una o v!nas teorias modernas
boratorio del a J?~Sado recientemcnte en Franciangora. N~ en. vano el nombre
de Mallarmé cntico y hay quien preteode hallar ~elé~rch1vo oel crudito al laHuva
.
n
un antecesor espiritual
justili - :nos, con ~odo, de la arbitraricdad
mcoo~:; ~~~ ~rec1si6n, deduciéndolo de ex~;~: p~cde arr~strar?os el afan de
prcstan an li~ris, un fcn6mcno literario. A mu~~~ass :;!enore~ ioclu~o en sus
proniesas. ëSalud~!mo Imagm y un poeta como Gcrar: co?s1derac1o~es se
ya no hay oli
?S en él desde lucgo a un elegid d ol D1e_go, tan nco en
mpos m paroasos, saludemos en él
o e os d1oses? Pues que
a un vol11ntario del artc.

mur

* * *
311

�LA PLUM"A

LA PLUMA
. cada vez mas .persona!
.
i·b su teo d enc1a
·on de su ultimo 1 r O,
intérprete srncero, 'J
s6lo seilalar, COD ocas1 en la literatura italiaoa_ coro un cootiouando la mey precisa a dcstacarse o de cierto caracter nac1ona que~ con Manzoni, contri•
valios{si_m_o, por Jo tan~' atria, La que por Ve~ga se enlazla fuerza que 101 granjor trad1c16n de 1.~ v~nel ~spfritu de nuestro tiedmpdoli~~:aria palpitante en M111buya a la expres1 n h
derivado de la ver a
des novelistas rusos an
. nes de volver.
passant.
Tema es este sob re el que no han de faltarnos ocas10

* * *

El Gran Hotel.-Novela grande.-Editotial
.
n-- .. •
.
La hie/ -Renacimiento, Madrid, 1912.
Alhe-to Insua.-Marav1l~,i y
, ·.
1 cuento" la novela. La c~oNo siempre estan bien èefi~1dos lost~:n~ti~~edr:imi1..nto de géneros ana s1mfusi6n estriba en que ~6uel;.ail~:7~1~do desde luego, cuando el cuento es larple medida de exteos1 n. is e
'
'd bis
y la novela corta.
. eiemplar, contada por su m~n ~• L.
go Ma,·avilla es la novela_ de una muier nde fil6sofo de su propia h1sto_r1a:
to riador v fil6sofo profes1ona_l yh, pdo1rs epero' no sin bado ad verso de principes
•
d badas sm a ·
hie/ es un cu_ento e
'
,
. il/a v La hiel, figura
con pseud601mo.
ol6gico de las obras de Insua . •Il/a, av las ultimas noveEn el ordeo cron
/ d E indudab e que en
t . 'dada Un corazon bur a o. :s d
cillez de expresi6n que no

"'

J

f
11

r.ot11ez de la ~erna.-

~

1

:~~~!dl~~

t;~~;:;::e~

1,,=~sacavui::•prE~~:rli:{7;ieJ~i°~i~~i; ~e
[~sn:ïi~~:;~:::
la ficci6n ,1ove e
•
del
relat~. quel a la-itud
e imprecisi6o
del
p otagonistas,
~
.
e lenguaie.
un poco a 1a manera de Pierre Ber La kiel es un cuento fa~tasu~oB~;n ei i\lal en lucha candorosa.ln ~~,;~;;~
noit en Koeni_rsmark, se a~1tan :1 sentimentalismo plac«:ntero de a ue ardo de principes educad~:, en
d
te de la revoluc1611, y béroes q
p
•
os rusos
e an
,
Heidtlberg, revo 1uc10nan
d un
ldeal" con mayuscu,a.
.
teo en raudos corceles en pos e

f

* * *

* *

.
X~
illa -Poetas espaiioles del s1glo
, .- (Ant oJoaia
"

Ramon Seg~a _de la G~r~~lad;id, Libreria Fernando Fe,

..

Notas bio-b1bhogrâlicas.)

f!

.

1922.

,

"!&lt;

JaJea
Supervielle.- .Dlbarcadéres.- .Éditions de la Revue de l'.\mérique
Latine.

oéticas para uoa aotolog,a.

No es empr~sa facil
1:ci:~~ec~i~;t: g~~~t:ada por el sre~fI2!g~:'d~~l:.
Mucho menos s1, como
. uto de Caceres, preteode se
'oadidura,
Garoilla, catedrâtico del _Instt_t de la Literatura espailola•, y, p~r a
cuti! a los alumnos de ~1stor'.: ar el mis puro deleite intelectua •·
•para todos los que asp1ren a .,oz
312

l

Ciento quince poetas. de don Joaquia Akaide de Zafra a don ~fRriaoo Zurira, por riguroso ordeo a'fabético, se iocluyen ea esta colecci6a. Y no esta!!
todos los que son. Bien es verdad que no son todos los que esta,,uu. F;,Jtan,
desde luego, los hispaooamerica11os. Sobran muchos cuya inserci6o, si justificada por nacidos en Espai'ia, no merecen por poetas. cH• querido el senor
Segura de la Garmilla iohibirse de manifestar su gusto persona! eu holocausto
a uoa imparcialidad mal entendida?
Es Jo cierto, que su aotologia produce una impresi6n deplorable. Apenas
si se a:lvierte rastro de la labor de saoeamiento llevada a cabo en la lirica
espanola por los que, j6venes impetuosos a fines del pasado siglo. gozan boy de
justa coosiderad6o: los Machado, los Jiménez, los Pérez de Ayala, los Mesa, los
Unamuno. Aparte el caudal de Rubén Darîo, distfoguense los poetas espanoks
rootemporaneos por la iodudable depuraciôn del gusto, corrompidîsimo por los
6ltimos romanticos y los campoamorinos, por el alioamiento de sensibi!idad
que su obra supooe. &lt;Hay aigu na tendencia definida, aigu.a rasgo propiaml"nte
oacional, al par que en el espiritu del siglo, que desde luego imprima carâcter
a la antologfa del seiior Segura de la Garmilla? Cierto que si. Se advierte pa tente la preponderaocia del oaciooalismo de mogollon, estilo siglo de oro dou/Jll, que so pretexto de reanudar no sé qué tradici6n de guardarropia, nos
iovade con estruendo de d •scomunales tizonas, relumbr6n de soles de Flandes,
y otros cacareos por cl estilo. De otra parte, el sedor Segura de la Garmilla
cede un punto en su eclectic1smo de colector sin prejuicio~, para pr;,,clamar
,El ama,, de Gabriel y Galân, •la elegia mâs bella y sentida de la literatura
universah. Es inexplicable la fama, iomaculada por protesta alguna, de que
disfruta el rampl6o poeta salmaotioo, cuya inspiraci6o no ya de prQfesor, de
pobre maestro de escuela, remedo aoalfubeto de la cl.1.sica de Fray Luis de
Le6n. es cifra y comp,:ndio de la barbarie literaria que boy triunfa agudizada
con el seilor Cbamizo, poogo por poda castuo.
La inmerecida atenci6n que con nosotros ha tenido el sefior Segura de la
Garmilld al iocluiroos en ,;u antologfa, doode tan mal represeotados estan los
que representan a/go en la lirica espafiola contemporanea, y donde faltao aigunos cuya'significaci6o es, por modernîsima, mas interesante, no puede ser 6bice
a que la verdad sea dicha, por miedo a que de desagradecidos se nos tache.
El libro de don Ram6n Segura ei&lt;ta., por lo demas, empedrado de bonisimas
iotenciooes.

De Chateaubriand a Supervielle, pasando por Francis Jammes, es facil tirar
una lînea de inspiraddn colo11ial, que pudiéramos decir, en la poesfa francesa
moderna. Pero loque constituye (aparte la u!tima moda a que aju~ta la expresi6o de sus emociones liricas) la novedad esencial de los poemas de Super\'ielle, dentro de e~e espiritu viajero, es la compenetraci6o oatural del poeta de
313

�LA PLU ~1 A

LA PLU ~1 A

•

Déba,·cadères con el airbiente en que su inspiraci6n navega. Lo que en Chateaubriand, en Francis Jammis, o en Loti es gusto de lo cx6tico, simple afan de
cscap1r a la vulgaridad de la vida sedcotaria, en Supervielle es cxpansi6n del
.inimo criollo, contcmplaci6n en el panorama natal, o en el honzontc marino
que anuncia cl dcsc'llbarcadcro patrio, del yo interior. Solo que en vez de
cxpansionarsc dando suclta al scntimicnto en vrrsos de cadencia f.icil al oido,
rcduce la cmoci6n a términos propiamcnte intclcctuales.
J ulcs Supervielle, uruguayo de nacimicnto y francés de clccci6n, vc la pampa y cl rancho, y las cscalas del camino de Francia a América, no como prctcxto de apuntes y cuadros imprcsiooistas, sino cstilizaodo la nota de color
para sutilizar la imagea poética. Emplca diversos metros libre!:', usa cl vcrsiculo
a la manera de Paul Claudel, muestra a vcces cl dominio con que sabc scrvirsc
de combinacioncs cl.isicas, en punto a la técnica, diestramcntc obtcnida de las
&lt;iltimas expcricncias en los laboratorios artistkos de Paris con las mas recicntes degustacioncs de los procedimientos actualistas, del simbolismo litcrario al
cubismo pict6rico. Y se rcvcla pocta original muy ,noderno, muy cosmopolita y
muv anti~o-pocta en suma-en esto'3 Desembarc.Jderos, réplica siglo veinte,
insospechada acaso para cl mismo Supervielle, al Embarque para Cite,-ea, tan
siglo diez y ocho, de Watteau.
R.C.R.

"' "' "'

l
::1

Colette.-Chéri.-Novcla. Paris, Fayard.
Madame Colette-Colette \Villy-ha publicado esta novcla que, convenicntcmcnte adaptada a la cscena, se rcpresenta en cl tcatro Michel, de Paris.
La obra, en sus dos aspectas, ha obtcnido favorable éxito de libreria y mu.
chas rcprescntacioncs. Madame Colette ha quc-rido rcndir al publico parisién cl homenajc de su agradecimiento y, al llcgar la comcdia a la ccntésiroa
rcprescntaci6n la propia Maàamc Colette descmpen6 cl pape! de Léa, principal pcrsonajc de la obra.
Dos razoncs puedcn cxplicar este suceso, que, por lo dcm.is, nada ticnc de
extraordinario. Chéri es una novcla de cortc antiguo, pcrfectamentc construida, dcsdc lucgo, y de gran finura psicol6gica. Dicha clase de novelas alcaoz6
hacc ticmpo en Francia la perfccci6n y cualquier obra nueva, si fundida en los
mismos moldcs, ticnc en realidad bastante poco de nueva. Léa pucdc frisar eo
los cincucnta y Cltiri s6lo en vcinticinco ai'los-quc es cl caso de Madame Colcttc-o bien Léa s61o cucnta vcinticinco primaveras y Chéri cincucnta inviernos bien pasados en blandas butacas y coo calefacci6n central; los factorcs vadan, el produdo no; la novela resulta igual de un modo que de otro, supucslo
que se baga s61o psicologia fi.na, que, por lo visto, es algo muy difcrcntc de
psicologia vcrdadcra o simplcmcnte de psicologia al modo como la cntendi6
Stendhal.
Esto en cuanto a la forma de la oovcla. Por lo qur. se rcfierc a su asunto
314

-y aqui pod~ia hallarse la segunda
Çoletle ha sido ca!ificada, adn e F ra~6n de su ~xito-la obra de :\f d
bene, como se sabe su ~sie
n ~anc1a donde toda libertad d
• a ame
ai nos atenemos a 1~ mo~al :~og de rnmoral, calilicaci611 cier'tam/1tcostumb~es
l&gt;!e n prictos los vioculos que h:~~:sap,o~~?i° 0 bjct~, casi_ cxclusivo,•c;
1a ex1stcoc1a dcciad1 quease .Hama la fami·1·ia. D csdc lucgo cCM.
.
csa agrupaci6n sooa a m s c1erto. Pero, iCS que los tic
'
n no e~ un modelo de mari
.
la C_a~cza, pongo por csposos, no ban mp~s de San Isidro y de Santa Mari dos,
fam1ha, con J., signilicaci6n que hov d pasado para no volvcr jamas? ·Es a de
al margen del curso de la h. t . , . amos a este concepto ha d
( que la
maci6n-léasc si se . is ona, srn somctersc a la lcy· '.
cl pcrm~ncccr
D .
,
qu1cre, dcstruccion)
uoivcrsa de transforCJemos a un lado la moralidad . .
.
~~;o~:c~ci}~~~~{:~•o~o;~~d~ui~t seo ::r!~~a~r:~s~e ~~~u~t~~!itCTz"fri:s y di-

:::~c~~:

:~~c;e~:~~uc en ciertas desnudas ;~;:::;ouso=~~r:f m ,nc~af. S6!~ intcr~s~~r~
.
iva satis acc100 a incumpli-

]. A. P.

* .. "'

�LA PLUMA

•

..

LA PLUMA

transformctdo en libros: Force Ennemie, Le Preleur &lt;f Amom·, Cristo/Jal le Poêle,
Thir,!se Donali, y hs misteriosos cuentos de razas (no reeditados) que public6
la Rev11e B/afl(:/ze. No componfa. en su mesa, novelas de aventuras: sus aventuras-de marino, de periodista haitiano, de buscador-, sus aventuras han venido a formar novelas, novelas-poem.1s... Vivi6 su poerna de vida, vida libre,
versos libres. Nau, err6. Esa suerte de evasi6o, de emancipaci6n por el espacio, fué lo que dilat6, por modo extraiio, luminoso, su pcrsonalidad. Le di6 lo
que les Calta mas a los escritores de Sll generaci6n: :1zorizonte. Pienso, al escribirlo, que su periplo fué, por la fécha y por el sentido, paralelo del de Gauguin. Pero diferenciemos a esos dos amantes de ctierras prometidas•, o por
mejor decir, de «tierras perdidas,. Nau tenîa el don de ver directamente la vida,
de hallar en ella espontaneamente color, sabor, olor, con una facundia, una jovialidad, una algazara rcvoltosa, que le tuvo apartado siempre de toda cestili•
zaci6n,. Nada de sintesis, de caractcres preconcebidos, ni de cuadros de costumbres premeditados: al co!orido prefiere el color, al dibujo el gesto, al héroe
cl tipo,. (Marius-Ary Leblond: C,·a_1·on). Otros articulos de L. Descaves, Fagus,
Royère, G. Geffroy, Maudin, etc.
-Intentions (Abri!): O. Mannoni: f Unanimisme: Aunque Jules Romains baya
empleado a veces el vocablo religi6n, cl unanimismo es uoa actitud mas que
un sistcma; una tendencia, mis que una realidad. Para el unaoimista hay en el
grupo algo mis que la suma aritmética de sus individuos; no es s61o que lo social rebasc lo individual: la sociedad. para el unaoimista, no es una entidad
escolastica; existen unicamente los grupos que oacen, crecen, envejecen, mueren, y tienen historia. Esos grupos son raros y no aciertan a conocerse. Uno de
Jo::; fines del unaoimismo es infundirles consciencia. Las teodas unaoimistas no
son enteramente nucvas; la idea mi"&gt;ma del unaoimismo fl.otaba en el aire; la
originalidad de Jules Romains no consiste tanto en baber invcntado una doctrina como en habcrla utilizado como poeta. En la obra de Jules Romains se
cncucntran casi todas las tendcncias de la poesia contemporanea, pero orga•
nizad:i.s en torno del unanimismo. Dcjemos aparte el misticismo; todos los
poetas han buscado, fuera de si mismos, una fuente de emocioncs misticas. El
unanimismo es la for!lla que ha tomado cl misticismo de Jules Romains. Deje·
mos también su caricter cosmopolita, bien visible, pero que no es distintivo.
Oponiéndose al analisis de lo subconsciente y a la cxpresi6n de lo inexpresado,
donde se eocerr6 el simbolismo, es de notar en cl unanimismo la tendencia a
lo coocreto. La verdad es que el sentimieoto no puedc cxpresarse; es preciso
provocarlo, y para provocarlo, de nada sirve oombrarlo. El intermcdiario mas
imperfecto es la palabra abstracta. Los términos tomados del vocabulario de la
psicologia afectiva, no expresan nada en poesia. Parece mas natural el inteoto
de provocar el scntimiento rep resentaodo el objeto, haciéndolo presentc. Si
el simbolismo, tomando por objeto lo que no podia serlo, conduce al iodivi•
dualismo sentimental, el unanimi~mo co11grega a los hombres en torno de ido•
los macizos.

* * *

ACADEMIAS
Jaldeee/oRomalns: La literatura franctsa conlè .~01_.,

m.r unea, desde elpunto de vista

s autores.

Jo■é Ortega Y Gasset·· El arte de ,..,a,·,:e
.,,
1 P.roust.

Harto oficiales, por lo gcncral las mani~

.

re~ac,~n_es franco-espaiiolas, hemo~ de scnal~~tacioocs ~cloque suclc jJamarse
pnnc1p1os q~e suponc el habcr venido a .Mad -~o~tJlac1dos la ~ectificaci6~ de
parte en el c1clo de couferencias con que cl /1 f~
. ules Romams, para tomar
rrar sus curso&lt;i anuales.
ns I uto Francés acostumbra ceSobremancra sugcstivo el tema elc 'd
«:I atra_ctivo de la personalidad del conÎ~r~!r M. Jules Ro'!lains, tenia ademas
htcranas refrendan en el teatro la no I ci3nl~e! cuyas d1vusas activid:tdes
torde fa vie unanime. En torno 'al una:;,:,/,,, a mca, la_ teoria gcneral del a,1 •
0
por él mventada, giraron las tres confereocias'dte~feJncl1a, mas 9ue disciplina,
estado actual de las Jetras fraocesas
c ~ · u es Romains acerca del
Uno de !.us fcn6mcnos mas sor ~c d
cién artîstica contra el teatro bulcfa do en~s es el triunfo palmario de la rt'ac
carta de naturaleza los Jlamados 1e:t1~ro. es pués de la guerra han tom ad~
·
os a1 ,nargen
·
• al
g ran p6bl'1co, a J gran éx1to,
al gran actor·
. , de extepc1'6 o, aJenos
cl!sico cl llamado del Vieux-Colombier
espcc~a.1~ente triunfa y se hace
•~ ~a propucsto y conseguido cse teat'ro-escu~~J d1r1g1do por l\f. Copeau. iQué
d1c16n
teatral,
Rcstaurar
la verdadera
tra
,J
_.,,.
d l con un agudo scnti'd o en't'ico que· impo
. .
aramu 1co e a represcntaci6n d' . )' d
ne 1a sum1s16n
al to:tucada_ ob~a la recitaci6n y juego 'es~~c~rc~n~ 1s con arrcglo al utilo peculiar de
a lo md1spensablc para la tvocacitfn del ami.os actor1;i1, el decorado, rcducido
muy buen éxito Shakespeare y Dostoycwsk!cni{)~s1
repr~scntado con
1• 0 iere seY han
mams.
cl proµ10 Jules Ro-

fu~da

èQué se ha propucsto el inventor del un . .
fana en que se csccnifica de nuevo I
t an~m;smo con su Crommede,·re-le vieil
concepto de la vida undnime en
raf ~ e as sabinas? Llevar a1 teatro s~
voluntades individualcs sino ia co q~e e .Pujo, la masa no es la mera suma de
. •
nc1enc1a popular soc·181 L
.
.
otra parte, 1a adopci6n de un dialo O
•• é
. ,
• o_ cua 11mphc;1, por
rcglas acentualcs del verso clasico gt sui g oens, cuya tonahdad, libre de Jas
bras usuales y cGrrientes, cicrta di :~gd
no obslantc_ la sencillez de las palacurso.
g I a por la medida Y elocuencia del disLa poesia franccsa de veinte aiios a la f, b .
.
.
adas actualmente en cl grupo unani ·st cc a s•~~ dos d1recc1oncs, sinteti_cuyo umco_ repre_scntante puro es
Luc-Durtain, Cbeoneviêre etc
I inc u1r a sus am1gos Vildrac, Duhamel
Unos y otros quiercn inter ;;;~; ~irgrupo de los:segui~ore5'de Apollinaire'.
~n susceptible de una trasp!ici6n oé~~:mente la reahd_a~ contemporaoea,
arcunstancial, como las épocas clasic~s
t' c~o su maqu_in_ismo f su aspecto
ras. Salvo que los unanimistas no desdfi:n•z1: !6s ~or r&lt;:mw1s~enc1as de lcctugica 01 se ahenen cxclusiva·
M. Jules Romains, pero en el que cab:'. a

1

�LA PLUMA

LA PLUMA

•

son ultima ~consecuencia todos los dadas, quieren expresar sus sentimientos
mente al culto exterior del d,nvmismo. y los seguidores de Apollinaire, de qut.
-disociados, en la subconscienoia absoluta, con d mismo criterio de los pintores
cubistas al reconstruir el mundo exterior en sus elementos. Jules Romains,
autor de Dans les quais de la Villette, de Puissam:es de Paris, Eu,·ope, Amour. couteu,· de Paris, poeta en prosa y en versos libres, seguidor en cierto modo de
Walt \\'hitman y Verhaeren, fiel a la mas pura tradici6n francesa, lejos de renegar de la inteligencia y la raz6n , ha fundado una escuela-verdadera academia
técnica, donde los poetas puedan aprender su oficio en bien del arte-, que
tiene su sede en la propia casa del Vieux-Colombier.
De la novela, en franca prosperidad, aparte el éxito puramente comercial
&lt;le las de Benoit, piensa el autor de Les copains, A-fort de Quelqu'un, Le DonoroTonka-tses obras maestras, las mejores sin duda de Jules Romains, la primeTa sobre todo, modelo de gracia profunda, francesa y universal-que ha de
producirse la gran obra de nuestra éooca, pouderando con un sentido democratico, de conciencia popular, unanimisla en fin, las direcciones que, muerto
el naturalismo fin de siglo, preponderan en la novcla franccsa, con André Gide
-continuador de la tradici6n psicol6gica-, Charles Louis Philippe-adaptador y refundidor en el cspiritu francés del sentimcntalismo transcendentc de la
novela rusa-•y cl gusto e,·identc en la actualidad por las noveh1s de aventuras. Es decir, que ~1. Jules Romains no s6lo cree en la virtualidad de la novela
como ta! género moderno, sino que su concepto de ella se rcduce a adaptar a
las neccsidades espirituales del siglo, los preceptos clasicos en punto a la in1enci6n, animacitfn de los personajes creados por el novelista de la realidad, y
justa meèiC:a y claridad en cuanto al estilo. Todo lo coutrario de loque constituye el artificio \ato, difuso, minuciosisimo, sin interés, de la obra, en curso
inextinguible de publicad6n, de '.\larcel Proust.
A la defensa del arte de M. Proust, ha salido después, desde la misma tri•
buna del Instituto francés, D. José 01 tega y Gasset.
El Sr. Ortega y Gasset no cree en !a posibilidad de una n011ela moderna, como
no cree que haya uadie capaz de pensar en serio en una arquitectura después
de la g6tica. Las artes susceptibles todavia de una vida propia son para él la
poesia. la piutura y la musica. Asi, p.ies, la ubra de M. Proust no le p:irece buena como ta! novela y si al~o moostruoso en su hiperisteri5mo del recuerdo
persona!, considerado no como un mcdio de recobrar imagioativamente las cosas que un dia poseimos con los sentidos, sino como fin: e: recuerdo por el recuerdo; pero qui- nos gusta-que le gusta a él-por su misma monstruosidad.
Las memorias de M. Proust son un ensayo psicoanalitico, una verdadera inversi6n del gusto, la complacencia hasta el paroxisme en la enfermedad del
animo propio. El Sr. Ortega y Gasset considera que no hay obra de arte sino
fuera de la realidad, todo lo mas rozândola, al decir de Nietzsche, con la punta
del pie como los bailarines; y situa la de M. Proust no en nuestro ticmpo, ni me·
nos continuaodo en modo alguno la tsadici6o de Stendhal-verdadero novelis_ta,
invenfor de realidades-, sino en cl tiempo que M. Proust rememora con 10.trospeccion ckina, es decir, el mundo parisién fin de siglo, decadentc, de la pin•

3!8

tura puotillista-cuva misma cinte

.6

M

co~toroos, descubré el Sr. Ortega nec~
'frncral atmosft!rica,, sin relieve ni
mu1eres con so,nbrero canotier y en bici~let oust-, cl rnundo de las primeras

quC: los que 7scuchamos al Sr. Ortega trad a_ por una playa vcraniega mundo
mtigua cano6n:
ucimos al de nuestro recuerdo de la
•Las bicicletas
son muy booitas
Y las montan al pelo
las senoritas.,
Senoritas
rnadres• sin duda , d e 1as •16venes
.
,
L: •
gran oumero a oir al Sr Orte
.
r1yas en fion que acudi
ti6 en su metaf6rica dis~rtacJ:•J :x~u1enes el tie~po riguroso a que s:rs:nm:~
ya. nos prometia su prop6sito, diferidoeleote ensay1sta: priv6 de las micles que
m1nar la confereocia sobre el arte de Mpa;a una pr6x1ma publicaci6n, de teracerca del rnobismo y la elrgancia.
. roust con alguoas coosidcraciones

NECROLOGIA
JOSÉ LÔPEZ PINILLOS
Cuando empezaba a disfrutar de cierto so .
t'd
s1ego, que hasta hace pocos aiios
'6 1·
par t o por el pan de d ,
mac1 n ,t..-raria, ha muerto José L6
. .
ca a dia y por la estilndudable t
pez Pioillos (Parmeno).
emporamento de escritor o b
suele tener justo premio en u é .
' o uscaba la dif,cil fac,lidaa que
n XJt0 de publi
t .
.
'
Por el contrario, advertiaosc en s
t'I
co an inmed1ato como efimero
tr
u es t o con exceso l d'fi
.
opezaba al qnercr rendir siem
., .
·
as 1 cultades con que
..
.
pre en muxzma 'rur~a s
...e 1a vida. Pod1a haber sido el M' b
- .I' * ' u concepto dramatico
1r eau espanol
. Algunas fr6nicas-Ja del debut en la 1
.
.
rzto; la iotcrviu con Vicente p t
lp ~za de Madrid del novillero Zapateas or-, a idea y al
~ .
como La sangre de Cristo y Doiia lit l'
gunas pctgmas de novelas
cual obra dramatica o me1·or t I
elsa zna; una novela entera, Las Âguilas: tal
1
,
a cua escena en t d
'
que es excelente e1·empio Los sen_,
_, I
o as sus obras dramaticas de
ueros ue mal qued
•
ma del talento creador de P1· ·11
b
'
an como muestra valiosisi•
n1 os, a ortado en
· t
.
~eresantes y reveladoras que m h
. vanas entahvas harto mas inalieoto.
uc as obras d1scretamente cumplidas, pi-ro sin

le falt6, en continua pelca a brazo

Descanse en paz oucstro pobre amigo.

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                <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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