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                  <text>LA PLUMA
Llbro1 reclbldos.-Juana de lbarbourou: EJ cântarofresco, Garda Monge, cd. San José de Costa Rica.-S. Freud: Psicopatolog{a &lt;k la fJida cotidiana,
Biblioteca Nueva, Madrid.-Prudencio Otcro Sanchez: Espaiia, patria de Colon,
Biblioteca Nucva, Madrid. - Las nuevas stndas dtl co,,,unismo; tesis, acuerdos y
resolueionu dtl Ill Congruo de la I. C. Traducci6n y pr6logo de E. Torralva
Beci. Bibliotcca Nucva, Madrid.-Alfrcdo Pimenta: Cartas sem destino, Lisboa1917.-0 livro das symphonias morbidas, Lisboa, 1920.-M. Garda Herreros: Le;os dû ma,·, Barranquilla, 1921.-Jules Supervielle: Débarcadèru, Paris, Editions de la Revue de l'Amérique latine, 1922.- Léon Defoux: Un Communard,
Paris, Bibliotèque des Margu, 1922.-Raymond Schwab: La conquite de la joie,
Les Cahiers Verts (9), Paris, 1922.-Floriscl: Por tl alma y por el habla de Costilla, México, 1922.-R. Blanco-Fombona: El conquistador espaiiol del siglo X VI,
Editorial Mundo Latino.-Cecilio Acosta: Cartas venezolanas, Editorial América.-P. Gsell: Conversaciones de Anatole F1·a11ce, Editorial América.
Revistas.-Mercure &lt;k flrance, Parîs. - Le Progrès Civique, Paris. - La
Connaissance, Pads.-La Revue de f Epoque, Paris.- Vida Nuestra, Buenos
Aires.-Athenaeum, Zaragoza.-Repertorio Americano, San José de Costa Rica.
L e Crapouillot, Paris.-Belles Lettres, Paris.-Cultu,·a Venezolana, Caracas.Die Aklion, Berlin.-Pegaso, Montcvide.o.-Cuba Contemporânea, La Habana.Babe/, Buenos Aires.-Porsia ed .4.rle, Ferrara.-Espaiia y América, Cadiz.-Hermes. Bilbao.-L' Art Libre. Bruselas.-Ça Ira, Ambercs.-La Ronda, Roma.
La No'4velle Revue Française, Paris.-Indice, Madrid.-Cosmdjolis, Madrid.-The
Living Age, Boston.-Espaiia, Madrid.-Les Marges, Parîs.-Prisma, Paris.Signaux de France et de Belgique, Bruselas.-Los Nuevos, Montevideo. --Revue de
f Amérique latine, Paris.-Le Thyrse, Bruselas.-Intentions, Paris.-La Revue de
Geneoe, Ginebra-Feuilles Libres, Paris.-Le .Maglio, Bolonia.-La Vte lies let.
tres, Parîs.-Hispania, Parfs.-Ateneo de Honduras, Tegucigalpa.-Revista Pa,·lamentaria de Cuha, La Habaoa.-Gandirea, Cluj.-Le Disque Vert, Paris-Bruselas.

...

ANO III.

'

MADRID, JUNIO 1922

NUM.. 25.

EL JARDIN DE LOS FRAILES&lt; &gt;
1

(CONTINUA EL CAPiTULO XII)

historia, ?uis~da en pociones caseras por sus paternidades, nutn6 m1 conciencia espafiola. Adquiriamos un extra~to del saber, resurnido en conclusiones edificanteç· lo
.
fra1les las ?btenian manipulando en el archivo de las c~s~
que ignorabamos ~ s1empre habriamos de ignorar; no éramos Hamados a saberlas: Ahcortar la ambici6n intelectual parece el supuesto
de tale~ _estud1os. No por .c~acci6n de la fe religiosa o del régimen
que ~a1 ha las lecturas en hcitas y prohibidas. La actitud humilde del
estud1ante
en el colegio, como boy puedo verla, tocaba en 1a voca..
c1on y en las ca~acidades de nuestro entendimiento, no en la cualidad d~ las matenas por conocer. No la predicaban en parte al
.
los fralles se espantarian al descubrirles la entraiia d l . t
guna,
.
.
e sis ema; pero
dad . los mozos m1rabamos las nociones serias el sab
es
ver
do
.
,
er a ",on1
.' como se va inexplorable y tarea de gigantes, reservadas a los
brios de la casta _que alumbra fil6sofos, escritores, catedraticos; sobre todo, catedrahcos. No despreciabamos la sabiduria. un temor peA

(1) Véase L1. Prnx1. de mayo, 1922.
320

321

�LA PLUMA

A PLUMA
11a de su tenebrosa vastedad; nadie s~gadizo nos cl_avaba en la o~1 eto natural era éste, sin dejos de pnfiaba en arroJarse dentro. esp
'"ormar otorgan al ornato de la
obres de buen coni,
. .
vaci6n. Corno los p
.
'bl y exclaman con retmtm
. • · b ba de lo masequ1 e,
'
vida de admrrac1on o
t
es para nosotros!-asi los codonde el orgullo se regodea: 1Es.od no. de nuestra inferioridad natiab
en la ev1 enc1a
legiales descans amos .
tagiaban su modestia. 0 proLos frailes nos con
va para la..cultura.
. de aldeanos ante los
·11
con ingénua reverenc1a
'
· 0 la aplicaci6n doPendian a humi. arse,d que alcanzaban not·1c1a,
espiritus supenores e
l
.( cultivados - empleo subalb de ser - en os mc1s
cente no pasa a
d la pubertad dejaban las aldeas
·d En los albores e
terno de 1a v1 a.
. . s p1·ntado en el semblante ant - para ser nov1c10 ,
leonesas o la mon ~na . . s el candor rustico. Virtudes, todas; y
guloso y en los OJOS atomto . . or ue se enclaustraban. Cienanimo de _perseverar e; e~. sac~1:s~~~!10; a evangelizar tagalos, o a
cia, de m1sacantanos. - ~ ian errados en su Universidad. Mas arfilosofar con los espanohtos en~
las Indias No bastaban la
. .
el coleg10 que en
.
duo era salir airosos en
. . d a·rtrr·es· no los amparaba el pres.
·
·
la
vocac1on
e
m
,
. .
santa obedienc1a m
l 'b a descubrir el semmano y
·
Q · horizontes es 1 an
tigio del casbla. l ue
.
. . dad ni c6mo encenderla aldea? iQué pesaba_ en.:~
~:e~::~stro? lEn qué ambiente?
se en el ardor comumcah
,
1 s seria maravilloso si la ense~Por qué estimulos? No poseyendo o ' l s apuros de junio. Tanto
.
ado de salvarnos en o
.
fianza hubiese pas
. d 1 t dlID'1·ento como a subir a la
.
1 lf o supenor e en en
nos inc1taba a cu iv
b
voluntad asiduos en las
h
f ailes de uena
'
.
luna. jTremendo c asco, r
ando acertarla, abreviabrus
.
por nuestro amor, pens
lecc1ones, que
. o de dictar sumulas, para ahorrarnos
los libros, tom~ndoos el trabaJ de los textos! Muy escasos de jugo,
la digestion e mclus~ la l~ct~ra ardaban el aparato técnico, el votodavia los libros umvers1t~nos gu rd des evaporados en los exti·accabulario, las alusiones a v1vas rea i a '

::t

'tillos. Los frailes concienzudos trabajaban al revés de su cometido
recto: ponderar la dificultad del arte; no descorazonar ningun esfuerzo; provocarlo; ensanchar las cuestiones por la misma escala de las
capacidades, habria estado en su punto. Lo contrario haciamos: el
esfuerzo, suprimido; el arte, ingerido en pildoras o abreviaturas. Éramos inutiles para otros empefios. Tentar la curiosidad, debia de par ecer i.;n desprop6sito: nunca nos soltaron entre colecciones de
libros por observar siquiera nuestra conducta en ese paso: si los
destrozabamos, o los robabamos (bibliomania precoz), o nos poniamos a leer. En tres lugares del Escorial pudo hacerse la prueba: la
Biblioteca Real, o como se llama el almacén de c6dices preciosos, de
libros raros; la libreria de lo5 frailes, dotada de te6logos y canonistas, baluarte contra maniqueos, y la sala de lectura del colegio. Pri11cipal ornamento de la sala era una mesa guarnecida de hule, donde
solia haber numeros de L'Univers, La Croir y La Epoca; atrasados,
por aiï.adidura. En la gran Bibliotcca, qué podiamos hacer nosotros,
-si entraba unicamente en ella de siglo a siglo algun estudioso extranjero; harto era mostrarnos el C6dice Aureo, y calcular, por sospechas fabulosas, su precio venal. Ni en la libreria del convento,
atiborrada de ciencia eclesiastica, libros prohibidos y tratados espinosos sobre moral casuistica «non cumplideros de leer», como el
salaz jesuita de C6rdoba a quien mentaban los frailes diciendo: «Si
quieres saber mas que el demonio, lee a Sanchez, De Matrimonio».
Pero quedaban libros de humano interés-legibles, en sentir de los
mismos frailes, sin aventurar la salvaci6n-, que hubieran guarneci&lt;lo muy bien nuestra sala de lectura y servido de cebo, dejando uno
e n el hule de la mesa, a todo evento ... En las horas de tedio, aigunos estud1antes erraban solos, aborrecidos de las companias forzosas, del abandono perpetuo en la celda. Los domingos, el colegio se
antojaba desierto: huian todos a esconderse no sé d6nde; hasta el
323

322

"

�LA PLUMA
LA PLUMA
billar estruendoso y el gimnasio estaban vaci~s. Entonces era el btcobijo discreto, y no encontrarlo; el rr de una parte a o ra~
c: _un.
eces las mismas puertas-también la del cuarto de lectua rrr ctedn v da de novedades y hallar dondequiera la nada. lPudiera-en eman
l
habriase
os la sociedad de un libro? Teniéndo o a mano
1
ra
ca marn
· d uc1rnos
·
probado
la fuerza de la desesperaci6n para m
acol,nar dignamente el ocio.
- l
Demostrado por la historia en qué consist: el_ ser de_ un espano:
âbase en el mismo punto la ortodoxia espanohsta. Comodos ata
~~: al soslayo de las rutas del discurso, nos llevaban desde la ~pa~e~cia desdeiiada de las cosas a la esfera moral en que se refleJan.
suplantando la defensa de los sentimientos al logro ~e la v~rdad.
Las formas del espaiiolismo de colegio, placientes a la Jactan_c_,a natural al prurito alabancioso y a otros resabios que la educac1on ~xtir a' o sofoca, incitaban a profesar en esa milicia, don?e la constnccln era, en apariencia, nula. No tardaba~os en advertir la pe~a~umbre de la vocaci6n e:,paiiola, incierta, te,mble como la del cnsha~o.
La ortodoxia espaiiolista nos imponia solapadamente una rev~lac1_6n
da chapurrada con la revelaci6n religiosa. De los m1stenos
segun ,
11 ~b
Tca
cristianos sabiamos la ilicitud de juzgarlos; pero am~ amos cr_1 1 ,
frente a los sucesos hist6ricos, al devaneo de aprec'.arlos segu~ el
refuerzo que aportan a una explicaci6n previa: intenc1onada._ La 1d_e~
de mi cualidad nacional, pedia para su contemdo asenso obhgatono,
en mi conciencia de espaiiol, el deber eminente era aceptar:se como
tal abundar en las representaciones hist6ricas, bast: de los valores
m~rales que la constituyen. Esta es la semejanza del postulado esp~- olista y la insinuaci6n del dogma cristiano: iluminado el entend1n
s
miento, queda embebida la conducta. El dogrna no enmasca~a u
pretensi6n radical de abolir la critica; nuestro credo de esp~nol~s,
por el contrario, echâbaselas de demostrable e hijo de la expenenc1a,

.alzandose luego a un seguro casi religioso, en nombre de la cualidad
misma que acabab.t de revelarnos. Cualidad espiritual, ante todo. Lo
&lt;Jue inspira el ser fisico de Espaiia, cuanto en mi caracter viene de
la sangre y me ata en la estirpe con tantas generaciones, era nada
para el rango de espaiiol. El toque esta en participar de una tradi.ci6n y esforzars~ a restaurarla; en asumir el encargo a que estoy
prometido. Prueba su temple la cualidad espaiiola en la adhesi6n a
las formas que han incorporado hist6ricamente el ser de Espaiia. No
son formas emblemâticas ni trofeos memorables, que puedan, en rigor, mudarse por otros; poseen virtud agente, sacramental, y adornan a quien las recibe con particulares ·gracias de estado. Espaiia es
la monarquia cat61ica del siglo diez y seis. Obra decretada desde la
eternidad, hall6 entonces los robustos brazos capaces de levantarla;
empresa guardada para cl héroe espaiiol; su timbre unico. Ganar batallas, y con las batallas el cielo; echarle una argolla al mundo y traer
-contento a Dios; desahogar en pro de las miras celestiales las pasiones todas, 1qué forja de hombres cnterizosl Nos daba tan fuerte gozo
el remedo de esa unidad interna, que los frailes no disponian de argumento mas sutil para inculcarnos su espaiiolismo. Con siglos de
por medio, dilapidado el poder, tan diversos como parecen un enjambre de aventureros y una pollada de estudiantes reclusos, nos
bastaba entrar en las proezas de los espaiioles truculentos para ver
concordes nuestras creencias y lo que quisiéramos ser, nuestra obligaci6n superior y los impulsos del ânimo bravo. lguales en los pensamicntos, no en las acciones, las reemplazabamos con el sabor de
la gloria, y esta persuasion tacita: que el heroismo es en el espaiiol
virtud inmanentc, aunque a ratos dormida, y reaparece en saz6n,
cuando lo ha menester. Yo no sé si nacia de esa inmanente virtud
la perennidad del esfuerzo espaiiol, que nunca era pasado, sino acitual; y lo sentiamos inundar, por decirlo asi, nuestro pecho, viva-

�L A PLU.\1A
mente. Este es el mayor misterio del entusiasmo. Quitar de en medio
las edades y hacernos ver los mitos, no disecados en el ejemplario
nacional, sino fluente!!, reponiéndolos en su eficacia. Nuestro espiritu se inflamaba ante el vastisimo retablo donde los héroes todos asistian con presencia igual, respirando con el mismo latido. La gloria
espaiiola lograba un vigor demostrativo, una utilidad increibles; podiamos detener una invasion con los pechos numantinos, y enviar·
contra la America del Norte las naves de Lepanto. Digo que serian
increibles, si los porrazos de estos molinos de viento no nos hubieran dejado cicatrices. Restauro en la memoria disposicion tan sin gular mercej a Ios ensalmos que conservo, tales como éste: «La infanteria espaiiola es la mejor del mundo~; repitiéndolo en modo de· •
jaculatoria, sin pensar en cosa alguna, pronto se pone a mi alcancc
entre nieblas, aquella figura de espaiiolismo que he descrito. Perfecta es su unidad interior. Creencia y pasi6n nacional se traban tan
estrechamente, los apetitos de dominaci6n concurren tan a las claras a propagar ei plan divino, que es posible y grato abandonarse a
ellos, sin reparos de caridad ni de humanidad. La caus~. de la reli-gi6n catolica es la causa espafiola en este mundo; nadie la ha servi~
do mejor que nosotros; a nadie ha sublimado como a nosotros. La.
contraprueba es fa.cil: Espaiia, si no campea por la Iglesia, se destruye. Los Iuteranos, desde fuera, no la vencieron. Ha transigido
con el espiritu del mal y dejadose inficionar el coraz6n por las doctrinas de Ios barbaros: sus energias se amortiguan. Nada crea; sacrifica en balde su originalidad; solo consigue malograr sus dones excelsos.
El arquetipo espaiiol entronizado por los frailes, venia al proposito de zurcir el ideal puro cristiano de perfeccion interior y de santificaci6n por las obras, con la urgencia, mas baja, de pertrechar a
unos j6venes para la vida civil. Cediendo en el rigor monâstico, los..

LA PLUMA
frailes salian del aislamiento contemplativo a mezclarse en faenas
utiles, tocantes con el siglo. Este rodeo equivale al giro que tomaba
su educaci6n; declara la amalgama en que consiste; la hace posible;
la representa. Los frailes sepultaban en los fondos cenagosos de nuestra alma un sillar, la fe cat61ica, que se abria camino con su borde
mas afilado: el terror de la otra vida. Servia de fundamento a la pers~na moral, mas el colegio no era plante! de monjes, ni los maestros
ptadosos nos catequizaban para correligionarios; una reserva decente
amparaba su vocaci6n, y de paso la nuestra. Es lo mas serio que hacian (en saliendo de los estudios se acababa Io frivolo): no jugaban a
contagiarnos la abnegaci6n, y aunque vivian en comunidad, donde
-por ser todo lo mismo en todos-, parece que pudieran entrar infinitos mas, y echandoles encima la cogull~ dejarlos empadronados
para el cielo, se entendia que la uniforme vida en comun era acatamiento externo, asaz lejano del impetu inicial, cobijado misteriosamente en los limbos impenetrables por la curiosidad; se colegia asi
de algun silencio, de cierto mirar... Destinados a ser buenos clientes
~e la lglesia, pero en el mundo, nos era menester una moral que pahase la espada y la cruz, guardandonos de rebeli6n, de martirio, no
menos que del desvio, y brinda~e al César nuestro esfuerzo de cabnIleros cristianos. No hallabamos esa moral en la mta de la piedad. En
contra del mundo esta la fe, que aparta de los negocios terrenales al
creyente, si de veras arde en creencias vivas; nada hay que le importe, fuera de su eterno destino, y se mira en horrenda soledad. La fe
pura es insociable. No es util en la Republica; ni robustece su potestad, ni la defiende. El soldado cristiano, prometido a los honores del
triunfo, tan bizarro y glorioso como parece en sus armas, se descifie
alegremente la coraza y la espada para entregar el cuello al verdugo.
Su gozo es mayor cuanto es mâs grande el sacrificio, segun el
mundo; ninguna victoria iguala a la que alcanza sobre si mismo; mas

�LA PLUMA

LA PLUM .4-.
le importa vencer a los enemigos de su alma que a los del Imperio.
El simple cristiano, humilde y pobre, dechado de mansedumbre, no
es ciudadano. La caridad va contra el Estado, opresor, soberbio.
Entre Jas mallas pue!:&gt; tas por la raz6n politica, la caridad libérrima se
escabulle, las rompe. El coraz6n cristiano, por entrar en los designios
de Dios, anonada los m6viles civicos; ama al pr6jimo aunque milite
en otras banderas. El mendicante, el ermitai'io, Nué sociedad fundan?
&lt;Para qué empresa se cuenta con ellosr Es demoledor cualquier
apostolado; la contemplaciôn induce en esquivez, y ùesplace al soberano, como una injuria. De esa manera, los sentimientos primordiales
en nuestra educaciôn, exaltados por su propia virtud al tono sublime,
habrian disuelto la vida civil, de no templarlos y encauzarlos, sin renegar de los principios, la moral del patriotismo, que transportaba al
orden politico la fogosidad de las aimas impacientes, y secundaba la
gloria de Dios a través del gobierno humano. Los frailes, con la mejor voluntad, daban entrada al patriotismo necesario para fijarnos en
la tierra e introducir en la esfera de nuestros motivas el de la utilidad
comun, y solian irrîtarlo adrede, dirigiéndolo sobre objetos que a s u
parecer brindaban con pertinente empleo; pero el concepto de Espai'ia,
del que sale la norma patriôtica, sufria un expurgo previo, no fuesen
a prender en él gérmenes dafünos, o se acreditasen, encubiertas por
el nombre de la patria, ideas de mata reputaci6n. N'uestro mundo
interior descansaba, como globo de cristal en el cabo de una aguja
sostenida por algun malabarista, en el libre albedrio; si al juglar le
falla el pulso, la bola se hace afücos; extinguirse la centella del libre
arbitrio y hundirnos en cualquiera de los abismos bordeados por la
ruta ortodoxa, hubiese sido todo uno; abismos cÎrrespondientes con
el infierno de la religion, como si abrieran un averno en la metafisica.
Profesâbamos el orden, sacandolo del origen divino de la autoridad.
Nuestra figura de Es pana tenia apenas base fisica; en el s entimient,,
328

patri6tico, lo instintivo animal, la que;encia espontanea, cuanto p udiera introducir una sombra leve de necesidad, se relegaba en Jo os-euro; abstraer de la entidad de Espai'ia sus facciones histôricas para
mirarla convencionalmente como una asociaciôn de hombres libres
estaba prohibido. Nos propinaban una patria militante por la fe· Es~
.
'
pana es, en cuanto realiza el plan cat61ico. Las sugestiones todas de
la pasiôn nacional aprovechaban al propôsito divino. Usurpaci6n
temible.
Mirândolo bien, jqué vida regalona nos proponian! El espai'iol
bueno, no tiene que devanarse los sesos; ser castizo le basta. Todo
esta inventado; puestas las normas; gobernar, como Cisneros; escribir, como Cervantes; y hallandose frente al mundo en actitud de litigante desposeido por la fuerza del bien que le pertenece, meterse en
un rinc6n a devorar el reconcomio, no tratarse con nadie, pedir para
los émulas victoriosos el mayor mal posible. Su deber es imitar, conservar, en espera de tiempos mejores, o que realizado su apocalipsis,
~onfundidas las potestades diab6licas, la misi6n espai'iola se justifique. Holgorio del caletre, preparado para cortas fatigas, y de la rehacia voluntad, era esa pauta; pero el sentimiento de la injusticia universai nos penetraba de amargura. Creiamos inamisible nuestra virtud; no podiamos negar la ruina del poder; la oposici6n entre los
méritos que alcanzâbamos y su paga, nos volvia el mundo en un
valle de lagrimas; estabamos mas tri::,tes cuanto mas convencidos de
nuestra capacidad, de nuestro derecho. En poco tiempo, la critica,
soliviantada por esc~rmientos ruidosos, acredit6 otra opinion: la
ruina espafiola es aborto de una raza incapaz. Desabrido fallo, no
muy lejano, psicol6gicamente, de la ilusi6n a ntigua. Me pago dt!
11aber sabido por uno de los mâs Jistos intérpretes de los orâr:ulo;;,
~ste aforismo:
-En Espai'ia escasea lo ario, jeso es lo espantosol

�LA PLUMA
Preguntaban si la casta espanola se avendria con la civilizaci6n,
y la respuesta, diferida tantos siglos, era adversa: mala ralea, poco rejo;
las calaveras lo prueban, dejândose medir. iPesado infortunio! Pero el
encantamiento qued6 al descubierto. Fuése por excelencia en la virtud y consecuente inquina del mundo, o por tacha del linaje, la culpa
no es personalmente nuestra; inutil seria revolverse contra el destino.
En Ios anos de colegio, cuando la persuasion de pertenecer a un
pueblo corrupto, retono encleque de un tronco viejo, no habia podrido la raiz de mi espanolismo, nuestra protesta sentimental contra
el despojo era aferrarnos en lo que poseiamos, adorar lo que nadiepodria -quitarnos, caer pasmados ante los emblemas. Después de
la religion, en nada nos mirâbamos como en la literatura del siglo
de oro. Otra ortodoxia que guardar. Habiamos sacado el arte y el
idioma de la nada, o los habia puesto Dios en nuestra alma como
puso al primer hombre en el paraiso. Bien que no pudieran arrebatarnos ese emporio, tras de las Américas, no era floja tarea conservarlo puro. Los frailes nos excitaban a perseverar.
-iLos tengo aqui, todos, todos ...l-decia el Padre Miguélez tirândose del 16bulo de la oreja.
Se referia a los galicismos.
El aspecto de los soldados, si entraba en El Escorial una manga
de ellos, nos enardecia. Subiendo por la carretera dos filas de jinetes, tan altos, con plumeros blancos y recias hombreras de metal,
sable en mano, al paso cadencioso de los fuertes caballos, una tarde·
de entierro queriamos escaramuzar con dos colegiales norteamericanos. Los jinetes daban escolta al cuerpo de una infanta vieja, que
poco antes de morir nos visit6, quizâ por serle urgente recabar la
sepultura. El banquete que le dieron en un comedor donde presideel «Choricero&gt; de Goya, acab6 impensadamente con mal presagio.
Tres estudiantes desmandados, introduciéndose a hurtadillas, cuan-330

LA PLUMA
~:!~:ntaban los mante!es, en el comedor, devastaron cantidad de·
y de mosto. Saheron claustro adelante
.
.
saron al coro de la b T
,
por el palac10, pa. éd't
as1 ica, y con ho!nsonas blasfemias hasta all'
~:d lq~/:s~bmansi6n del Rey Prudente, ahuyentaron a la comuni~,
,
a en sus rezos; danzaron una danza b, .
del grandioso facistol; y dandole a la lâ
.
. . aqmca en torno .
a chortos el aceite y el ag . L
mpa1a, ver heron por el suelo
ua. os manes del lu&lt;Ya d b'
tarse... Ello es que la . " t
.,
o r
e 1eron de irrim1an a muno en seguida
tuvo culpa en el sacrilegio De 1
, aunque Ja pobre no
·
a pompa con que la
t
b
tan fascinante el séquito militar que d ,
en erra an era.
marinos, senalando a los corac~ros: eciamos a los camaradas ultra-jEhl l(Qué tal? jCon éstos entramos en Nueva York!

( Continu.ara.)

MANUEL AZANA

�LA PLUMA
me inunda la boc,. fMujer
es tu nombre, fMemoria, que el ser
hace perder a cuanto toca.
9Coy, desnudo, vuelvo a nacer.

CIFRA DE LA PRIMA VERA
CVuelves otra vez, ffrimavera,
y vuelvo a salir a tu encuentro.
fNo te ven en clasica f!lora
mis ojos, cenida la sien
de rosas, no; dentro del alma
penetras disuelta en olores
-de acacia, de azahares, de inciensof/,io se ve, se siente tu gracia
vertida en el ambiente denso.
9l tu contacta se despierta
mi juventud, y, como antano,
la esperanza que juzgué muerta
resucita. fNunca se pierde
la virtud inicial de las cosas:
azul de cielo y verde afan
pintan alas a la quimera
-mariposa entre mariposasde mi sueno de ffrimavera.
'Geje la memoria f alaz
la mentida historia de ayer.
cSi exprimo el recuerdo, su agraz

$eciennacido soy, mi peso
grava la conciencia del mundo
con un nuevo llanto. l,~eliquia
de mi vida anterior o sorpresa
de la luz que al abrirme los ojos
me hiere? ~enazco:
$roto otra vez del olvido,
cobra sentido de la existencia
'
soy todo un hombre. fHuérfano.
9Je ahi mi f uerza.
/;sta salud que me defiende
y las alas que me sustentan
livianas-no ha menester mas
mi espirifu-son obra mia,
que yo me he tejido la seda
de mi capullo. 'JI cuando vuele
sera porque pueda.
fNo me propongo el patron agui/a
-«record» de todas las rapinas-.
:Para castigar ese instinto
me muerdo las uiias.
fMas tampoco sigo ejemplo
de paloma ni milano;
la l&lt;impara de mi templo
es de aceite de aeroplano.

�LA PLUMA

LA PLUMA
'Griunfa en fin la razon con alas
-la razon de la sinrazonCJJuélase el corazon; las balas
hienden la estela del avion
-navegante en mar sin escalas,
zumbando (andaluz moscardon}
los presagios y sombras malas
que, en el tiempo sin sucesion,
columbra en sintéticas calas
desde el cénit de la aviacion.
{;n ta/ campeonato de azul
-olimpiada del sentimientodesafiando los obstaculos
.
que dispone en el match el vzento,
hasta llegar al aire puro
y al respiro mas ancho, el,animo
se templa al diapason de flcaro
por cumplir los antiguos sueiios.
~as cSancho maneja el timon
y el motor de cien clavileiios.
cSuspenso en el ambiente di&lt;ifano
sobre el haz de la tierra, su aliento
maternai no enternece los mfos;
libre soy en el libre elemento.
~e he escapado otra vez de las redes
que tendia la araiia del tiemp~
contra mi, porque viera empanada
por su tela sutil, la verdad, , .
la verdad que descubro en mz mzsmo
columpiandome sobre el abismo.

'i}(o, no pueden ganar las affuras
que he batido, los tristes olores
de muerte que, oh fllora, tus flores
crucifican en las sepulturas.
CJJuelo libre a otros aires mejores.

Cabo. - CJJuelve otra vez ffrimavera encendiendo
por el tlriente sus c&lt;ilidos rayos,
pinta en las aimas abri/es y mayos
y, al soplo an.il de la brisa, moviendo
mi voluntad, sus seizales entiendo.
C:éfiros suaves, sutiles lacayos,
irae que reparten con ella los gayos
colores mil de que luego vistiendo
va por el campo las mansas faderas,
el vallecillo, la ingente montaiia,
y !&lt;J. ciudad donde ondea en banderas,
puesta a secar, de los hombres la sana.
1.Cuz estrellada de noches de 0spaiza,
devuélveme iodas mis primaverasl

JfM_éceme al son de la flauta de canal

C. RIVAS CHERIF

�LA PLUMA
que muchas veces el mismo tono, es decir, la misma mezcla de colores
en la paleta, varia en el lienzo con la manera de estar esparcida por el
pince!.
Ademas, hay una raz6n econ6mica; la pintura de paisaje es mucho
mas barata que la de figura. El Arte, como todo, sufre la influencia
del dinero.

LA EXPOSICIÔN .NACIONAL

DE BELLAS ARTES
un poco ligeramente a los editores de LA PLUMA, mis.
. - esiones sobre el actual certamen artîstico, y voy a hacerer de mi maquina de escribir. Espero que el Redac11mplr
o a corr
,
·
e se me
. c de esta revista corregira los gatupenos qu
tor-1e1e
•
J cosa
, C 't'ca de Arte no voy a rntentar, a
escapen en mi dactilograf1~: _n_ i _ de un cuadro o de una estatua que
d 'f' ·1 Porque em1t1r 1mc10
es muy i ici .
, .da visita a la Exposici6n, es gran
apenas se ha vislumbrado ednrountr:;ac~adro y estatua tras estatua, es pe1.
y el enumerar cua
•,
1 d la
1gereza,
-· é a dar una impreswn genera e
sadez
inaguantable. Me constremr
-

ROMETi

Exposici6n.
. del Retiro destinada .a la. pintura,
la parte de1 Palac10
A
,
Se ?ota end
, . abandona la figura y cultiva el pa1sa1e. ~ que
que la 1uventu art1st~ct
uchachos dejan el estudio y van al campo?
se debe esto? (~or que os m 1 d'fi
ltad mayor que presenta la figura.
la pnmera raz6n es a 1 cu
.
b
C
reo que
. .
, te un escorzo, y, sm em argo, nos.
Un mediano d1bu1ante ~e ~strellara a;e arbol de nube ode colina. Creo
dara un contorno veros1mil de ca:a, t a re~roducir el acorde de tonos
también que un colorista ac:a:a ~~::arse impunemente un poco, que
del aire libre, en el cual pue
dq
1 ue todos los tonos estan intia modelar justamente el _de~nu o, end:li~adîsimas. Tan delicadas son,
mamente unidos y sus vanac1ones son

Los paisajistas de esta Exposici6n son, a mi modo de ver, muy superiores a la generalidad de Ios pintores que cultivaron el mismo género
en los ultimos aiios del siglo x,x y Ios primeros del siglo actual, exceptuando, claro esta, Ios grandes pintores Sorolla, Rusiiiol y Mir. Precisamente estos artistas fueron de Ios que, abandonando la escuela introducida en Espaiia por Carlos Haes, limpiaron su paleta de colores sordos y
adoptaron los luminosos.
~A imitaci6n de los impresionistas franceses? No lo creo. En ninguno
de Ios pintores antes mencionados puedo ver remembranzas de los
transpirenaicos. Son tres levantinos.
Las influencias franccsas se notan mas en dos admirables paisajistas,
que probablemente no dejaran escuela en Espaiia: Regoyos y Beruete.
La abundancia de paisajes da a la Exposici6n un aire de concurso
entre aficionados a la pintura que no se atreven a intentar el supremo
esfuerzo, el cuadro de composici6n.
Hace treinta y mas aiios las Exposiciones se llenaban con grandes
lienzos y sus au tores eran llamados pintores de historia. El concurso
art{stico produda una impresi6n terrod.fica a veces, a veces c6mica. Las
degollaciones, las batallas, Ios grandes episodios de la Historia eran los
temas elegidos.
Un chico recién salido de la Escuela de Bellas Artes desdeiiaba pintar
lienzos que tuvieran menos de quince metros cuadrados. Todos soiiaban
con emular las glorias de Rosales. Se pintaron cuadros hermosos, se
realizaron atrocidades sin cuento; pero los pintores eran romanticos.
Ahora, ya no lo son y no se encuentran entre los j6venes artistas contemporaneos muchos que sigan el consejo del· divino maestro: Haz
siempre aquello que te dé miedo-. Ahora, no; se pesan Jas facultades, y
337

�LA PLUMA
se calcula la obra de tal manera, que pueda realizarse con discreci6n.
Cosa un poco fea es la discreci6n en el Arte cuando no va unida a la
maestria.
Por eso, en esta Exposici6n se destaca, sobre todo, la obra de un muchacho que no tiene miedo. Lo que él piensa ha de realizarlo, a pesar
de todo, sin que le asusten las dificultades. Si tiene que saltar por encima de la 16gica, sait.Ira; si hay una combinaci6n de color irrealizable
para él, la pondra en el lienzo como pueda, negro, betun, galipote con
cl que impermeabilizan los fondos de los barcos, con loque sea, y conseguira o no el efecto apetecido. A Solana, que es de quien hablo, no le
asusta poner en sus cuadros detalles o figuras que reciban al mismo
tiempo la luz de cualquicra de los puntos cardinales o una luz subtcrranea o interior como la de un farol.
El maravilloso artista va derecho a la emoci6n. &lt;Consciente o inconscientcmente? No lo sé. Corno el pajaro emigrador va hacia el Sur en los
primeras dias del otofio, y como el pajaro llega al pais encantado.
Voy a decir quiza una barbaridad, una exageraci6n, mi aserto hara
fruncir el ceôo a muchos lectores de LA PLUMA, a otros les causara risa.
Siento un poco de miedo al teclear en el abecedario de mi maquina,
pero me decido. José Gutiérrez Solana es... el mejor pintor de Europa y
su.cuadro titulado «La vuelta de la pesca» redime a la Exposici6n Nacional, agobiada por la balumba de tonterfas que hay en ella.
Para hallar algo semejante al cuadro de Solana en la Historia de la
Pintura habriamos de remontaroos a Goya, y daodo otro salto, al Greco.
Solana perteoece a la raza de pintores incomprcnsibles que resisten a
la critica.
tHay nada tan imposible de explicarse como era el Greco? Al menos
para ra/, todavla no se ha dicho oada que satisfaga. Fué autor del mejor
cuadro del mundo: •El conde de Orgaz», y pint6 los mas horrendos mamarrachos: alguno de los ap6stoles de Toledo. Lo mismo que Goya, en
el mismo lienzo pintaba del modo mas insuperable, y al lado, como si
de repente se le olvidara todo loque sabia, se embarullaba en un roont6n
de pinceladas infames. No poseian ni Goya ni cl Greco la receta de
338

l.A PLUMA
-escuela que a 1os mas
, grandes arti
.
pro~lema irresoluble. (!No coooci:::/erv1a cuando se les presentaba un
olana procede de la misma
re~eta, o no querian usarla?
lucharé con ella hasta agotar
S1 ha! una dificultad que vencer
rrota apar_ezca clara. 1Es un pintor h s,; s1 no la venzo, que mi deAdemas, una cosa im
onra o el tal Solana!
de memoria ·
portante: Solana pinta su pensa m1ento,
.
.
pmta

mi:~~:~

1~~

Otra obra culminante en la Ex osi ..
cscultor Asorey, natural de ca!ba~10n,Ees 1a madera policromada
a en el suelo con un niôo en br
os_. s una aldeana gallega senSI yo fuera Jurado de la Exposici6nazos. S~yo fuera rico, la compraria·
oro, y si estuviera en mi mano reu~·conce cria al autor una meda11a d;
pueden votar la medalla de h
Ir todos los votos de Ios artistas
Lo mas encantador de est:n:, se 1a daria a_l tallista gallego.
que
produce la contemplac1·0· d o ra, es su anticlasicismo 1Que· I
J'd d
n e una obra d · d .
·
p acer
t a ' que_ no nos traiga esa an
.
enva a d1rectamente de 1a reap~~er dec1r: 1Ah!, ese torero pin~~~~a del :carreo artistico! Eso de no
ta gura del Greco; ese acorde Io h p_or e gran Fulano, me recuerda
parece
al d e R od'm, y este negro esta
e v1sto
. este busto se
.
. . den el y erones;
c1r eso, es un consuelo delicioso'
imita o de Degas. El no poder deLa Naiciiia de Francisco A .
va a1 mercado de Santia o
sorey es una buena aldeana aile a
pronuncia dulce y canta~in~~a~~mpo_stela; su boca, de labio: car!o:c
se le va bacia un lado, distraido :~ m1entras ~no de sus ojos candida~
1Ah! ;Francisco Asorey d C
un estrab1smo soiiador.
va s
e ambadosl ·C ·
d
devo~· ~a~, para que su gubia corte las fi'br~:ndto 1 ebe querer a su pais
10n.
e a madera con t
Do
. .
anta
s pa1sa1es de tierras castella
presenta Aurelio Garcia· «Cam
sde bFuensaldaiia» y la «Barranca dnas
e la T ·
·
pos
o re todo el primcro ticne la e
e1era». Los dos son admirables
que el Iabriego castell~no, conden:~~m~ :mo~i6n de las llanuras roja~
su y~nta flaca. Son esas tierras cale'
am rc, ara todos Ios aiios con
las t1erras de la escarcha matin~I
mad~s ~or el sol sin misericordia
' que en rnv1erno se hielan y adqu1eren
. '
339

�LA PLUMA
. , n llena de Iuz Aurelio Garcia ha
dureza berroquefia. En la d eso1ac10 .
'
..
d.d entre tanta tnsteza.
puesto un pnete ~~r 1 o Aurelio Garcia, una cosa importante: este
y ahora, refinendome a
e en los miles de pinceladas que
artista pinta del natural. De segur~~: sido comparada, estudiada, concubren la tela no hay una que no , ante los o1·os
lo que aparec1a
·
trastada fielm~nte con
. erior· Aurelio y Asorey, reflejando lo que
Solana, mirando a s~ mt
' do en las dos cumbres representaven. Los tres tienen razon. ~~:;:a~elazquez: &lt;A quién hay que seguir?tivas de las dos maneras, el
~ 1 que han de darnos la pauta ....è'
&lt;Son nuestros ojos o nuestros suenos os
RICARDO BAROJA

PAGINAS INACTUALES

LOS PRINCIPES Y LOS SABIOS
veces me para a pensar de do procede tanta discordia
entre subditos y senores,y entre p rincipes y vasallos;y echada mi cuenta, hallo que los unos y los otros tienen razôn;
ca los subditos quefjanse de la poca benignidad que hallan en
s us sâiores, y los senores quéjanse de la mucha desobediencia que hallan
m sus subditos; porque a la verdad la desobediencia va envuelta con
malicia, y el mandamiento va encaminado a codicia. Ha crecid0 tanto
la desvergüenza del obedecer, y hase desenfr enado tanto la ambiciôn en
el mandar, que a los subditos les parece que el yugo de pluma es de
plomo, y por contrario, a los principes y senores les parece que contra
qm mosqzûto que vue/a han menester desenvainar la espada. Toda este
dano publico no viene sino de no tener los principes cabe si hombres sabios que les aconsejen en secreto; porque jamds hubo principe bueno te11iendo el consejo malo, ni jamds hubo principe malo tmiendo el cons(!jo
hueno. Entre los principes y prelados que gobiernan hay dos casas: la
1,na _es la dignidad del eficio,y la otra es la naturaleza de la persona;
J' pitede ser que uno sea b11,eno en su persona y malo en su gobierno, y
p or rontrario, imo sea bueno en su gobierno y malo en su persona; y
por eso decia Tulio que j amds hubo ni habrd tal '.lulifJ César en su persona, ni tan mal g obernador coma él fué para la republica. Gran bien

I]

340

UCHAS

3 41

�LA PLUMA

LA PLUMA
es que sea uno buen hombre, pero sin comparaciôn es mu,y mayor bie1t
que sea huen principe,y por contrario, gran mal es que sea uno mal'
lzombre, pero muy peor es que sea mal principe; porque el mal hombrf
solamente es malo para si, pero el mal principe, no sôlo es malo para si,
pero es malo para los otros. Cuanto la ponzoiia esta par el cuerpo mds
derramada, tanto en mayor peligro pane la vida; quiero decir, quP
cuanto mds puede un hombre sobre la republica, tanto mds da1îo lzace
si tiëne la vida aviesa. Yo no sé par qué los principes y grandes seiiores son tan curiosos en buscar los mejores médicos para curar sus
cuerpos,y junto con esta, son tan remisos en buscar hombres sabiN
para gobernar sus reinos; porque a la verdad, sin comparaciôn es mayor dano la mala gobernaciôn en la republica que no la enfermedad r11
su persona.
De lo que estoy maravillado y aun escandalizado, es no tanto de la
mucha que pueden en casa de los seiiores los hombres locos, cuanto de
lo poco que pueden y en lo poco que tienen a los hombrts prudentes y
sabios; porque gran injusticia es que en casa de los principes entren los
locos hasta la cama, y no pueda entrar el sabio aun en la sala; de manera que para los unos no hay puerta cerrada, y para los otros no hay
puerta abitrta. Los que ahora somas, con razon loamos a los que ante·
nosotros fueron, no par mds, sino porque en los tiempos pasados, siendo
muy pocos los sabios y estando el mundo lleno de bdrbaros, de esos mismas bdrbaros en suprema reverencia los sabios eran tenidos;porque mucha tiempo durô esta costumbre en Grecia, que cuando pasaba un filôsofo cabe un greciano, se habla de levantar,y habiéndole de hablar, 1w
se podh asentar. En contrario de esta, todos los que vinieren después reprehenderdn a los que ahora somas, en que habiendo hoy, coma hay, tan
g ran hueste de sabios, y viviendo, no entre btirbaros, sino entre cristianos, es ldstima verlo y a/renta escribirlo, ver en cudn poco son tenidos,
porq ue hoy,por nuestros pecados, no los que saben mas ciencia, sino los
342

que
,1, 'bt·
. .tienen mds hacienda, aquéllos mandan mas' en la reru
tca. ~r
I o no
Je sz _los lzaya depravado la sabiduria o que ya el mzmdo totalmente tiene
p~rdzdo el gusto _del~a, que apenas hay lzoy sabio que limpiamente sirva
solo !~r ser sabzo, szno que le es necesario aun para ganar de camer ser
b~llz_czosos. I Olz mundo, oh mundo! Yo no sé cômo~escapade tus manas
m coma se de.fiende de tus pelifros el hombre simple y idiota, cuando los
hombre~ sabzos Y prudentes, atm con toda su sabiduria, apenas pueden
to-:'zar tzerra segura, porque todo la que saben todos los sabios desta
vida, todo la han menester para difmderse de tu malici,1.
!in comparacùfn los principes tienen mds 11ecesidad de tener cabe sz
sabzos para, apr:oveclzarse de sus consefos, que no ninguno de todos los
otros :us subdztos, jorq~e coma estdn en el miradero de todos para mira:, tzenen menas licencia que ninguno de su reino para errar· ca si
mtran
t'
r
.
'
de
t doa tOdo
. s, Y zenen zcencza de Juz.rar a todos, sin licencia el/os son
0
_
s mz:ado: Y atm juzgados. Muclzo deben parar mientes los prin czpes
~uzên fzan la gobernacidn de sus reinos, a qui!n encomiendan
sus
• ,J a tzerras
•
, e;ercttos, con quién env'zan las emba;auas
eztraiias de quién
~an el coge~ y guardar de sus tesoros; pero mucha mds tiene:i que mi1 ar y ezamznar a los que eligen por sus privados y consejeros porque
cual, fuere
la com"a
- ' qut etp rznczpe
' · tuvzere
· en s11, consejo y casa
'
_
-.r nza
ta!
sera
lafama
que
te
d
'
l
·
'
.
n ra en a tzerra eztraiia y en la republica propia.
Sz contra su vo_luntad oyen y saben cada dia los principes la vida de todos :os que reSlden en sit republica, .par qué de Szt voluntad no ezaminaran y co~reg!rdn a los de szt casa? Sepan los principes, si no lo saben
que
· dos, de la provtdencza
.
. de sus consejos de'
l de la lzmpteza de sus crza
a cordu~a de su persona y de la orden y concierto de su casa depe~de
todo
·
"b le, estando en el 'drbol las
, el bzen de la re"ublica
-.r
,- p orque es zmposz
raues secas, veamos en las ramas verdes las hofas.

r::

FRAY ANTONIO DE GUEVARA
343

�LA PLUM A

EL NOVELIST A
(NOVELARIO)
(CONTINUACIÔN)

XIII
novelista defendia, sobre todo, el atardecer de toda contaminaci6n. Veia, a través de los visillos, el verdadero sentido
..
de la novela de la vida, lo que..nunca habia alcanzado, loque
estando tan cerca resultaba indeciblemente lejos.
Era esa hora de la tarde como ese poco de postre que los golosos dejan para tomarlo con el café, y que no dejarian que nadie se lo comiese
porque es el verdadero bocado de cardenal.
.
Vefa venir a esa hora, por las calles surcadas por h1leras de faroles,
los personajes que no llegaban nunca, y esa mism~ real_idad ta~ t3.ngible y tan admirable, se le escapaba, resultaba impos1ble, maseqmble. Le
atravesaba como a uncedazo, pero no dejaba en él ni rastros de si mism~{(S6lo con esta hora se podria hacer una novela develadora», se dec,a
el novelista; pero era como imposible concentrar en una novela la sencillez de una hora tan definitiva.
En el atardecer de esta tarde habia encontrado una persuaci6n magnifica. Era el principio de la prirnavera, y estaba todo lleno del vaho de
la ciudad, y precisamente, cuando mas abierta estaba la calle sobre el

[I

344

L

-c~elo, pare~ia que se habian llenado las calles del humo de los cigarros,
.sm que le 1mportase salir pronto por la ventana .
. , Los tres he~manos o amigos que salen con sombrero de paja, defend1en_dose, gracias a la solidaridad, pasaban a Io lejos como los primeros
manneros de la primavera.
_ ~abia un aire, cargado de rebuznos, que quisieran dirigirse a Jas senoritas que Bevan trajes talares que les marcan todo.
El no~elista s.e asom~ al balcon buscando ese olor, ese caldo particuIar del primer dia de pnmavera. Era como si se asomara al tendido de
Ios toros, unos toros nocturnos. cÜ era como asomarse hacia Ja calle del
templete de la musica ... ?
. El novelista,, acodado sobre la balaustrada del balcon, seguia, como
iurado del balcon, el paso de las gentes en procesi6n, aunque sin velas
en las manos,_ esas velas con arandelas de pape! que llevan Jas beatas
con un gesto mdecente.
De pronto alguien le IIam6, de entre la multitud, con gesto, ante todos, de torero que va a brindar un toro.
-ïEh!, jtu!, 1Andrés... !
~ndrés reconoci6 a su condiscipulo Arturo, el hombre jovial para
,dec1r cosas desa~r~dables, el que daba en la espalda Ios golpes que causan una hemopt1s1s.
- cPuedo subir un rato?
-Si... Sube ...
Y A_nd~és meti6 la silla en la habitaci6n y sali6 a abrir al amigo, que
•ent~a t1mandose con el perchero y acaba timandose con todas las que
estan asomadas en la vecindad.
-cTe refrescabas la frente con el balaustre?
-No. Meditaba.
-:-iPero ?ombre! iA quién se le ocurre! Meditar poniendo la frente
e~ h1er~o fno ... ~o hay peor caustico para las ideas ... Yo, cuando quena enfnar cualqu1er obcecaci6n, hacia eso.
-Pues yo n~flexiono asi _mejor ... Ese entusiasmo tonto con que bro.tan las concepc,ones lo cornjo de ese modo tan sencillo ... Yo me acuer345

�LA PLUMA

LA PLUMA
do que, cuando de nifio tuve ideas mas sensatas, fué cuando apoyé la:
frente en las barandillas de hierro para ver pasar las gentes, para ver los.
perros, para quedarme después abstraido mirando el suelo y como diciéndome: «iTodo es tierra, tierra, tierra para nosotros!»
-Bien, pues no reflexiones tanto y deja ese refresco de verano para
Jas frentes fatigadas ... .:Sabes con qué mujer he estado cenando ayer?
-èCon quién?
-Con Margarita.
-.:Qué Margarita?
- Tu Margarita.
-jC6mo!
.
-Si, la protagonista de tu novela «La Encontrad1za&gt;&gt;. .
-iAh ... l Bueno ... Acabaramos ... Esa no es mi Margarita ... N~nca
fué mi Margarita, pues en la vida se llama Rosaura, y yo la eleve un
poco llamandola Margarita ...
-Pues todo el mundo la llama Margarita.
-Defectos de la popularidad ...
-Y ella me ha dicho que va a poner en sus tarjetas: «Margarita la
de la novela mejor de Andrés Castilla».
-iHombre! Que lo ponga y la meto en la carcel... 1No faltaba mas ... !
Hubo un silencio en que Arturo dej6 que envainase su indignac~6n
Andrés. Esa Margarita de su obra «La Encontradiza» era la protagorusta
de una novela de la época en que Andrés aun hacia libros de venganza
Fué la antigua novia del novelista, a la que, si bien habia desprestigiado
y descubierto, habia dejado en medio de la vida abandonada ~l albur
de muchos dias pr6ximos. La dej6 bautizada en grande y fué el el padrino. Ahora en todas las bodas casuales de Margarita, siempre resultaba
la bero{na del gran novelista Andrés Castilla.
Ya con todas las mujeres que eran protagonistas de sus novelas, tenia gran cuidado el novelista, y, sobre todo, desechaba ~as mujeres reales que le resultaban demasiado escandalosas. Lo que hizo con Margarita, no lo volvi6 a hacer nunca. Ahora el unico encanto de aquella mu-

jer, s~rda como una Upia para toda idea, era haber sido amante del
novehsta, y hasta habia habido un amigo que le habia dejado clavada
una frase de ella:
-Me dijo Margarita-le cont6 con ensafiamiento el amigo-: «me
gustas mas que él...»
èMostraria las comparaciones con esa precisi6n de que oustan los
hombres? èLograrian hacerla hablar llevandola a confidenci:s en que
ella por exaltar _al nuevo amante desprestigiaria al novelista?
Sus calzoncillos no eran muy ridiculos, pero siempre encontraria
un desdén para el tipo de loco vestido de blanco que es el hombre en su
mas intima intimidad ...
Hubiera _preguntado_ cosas a Arturo, como: «l'.Sigue diciendo aquello
de «Para_ m1, no hay mas que Adan ... Todos sois Adan?», y otras varias
c?sas mas, ~ero se ca!I&lt;&gt; porque le repugnaba que aquel amigo dnico y
cicat7ro ,hu~1era pod1do estar con su Margarita, porque de verdad se
llamo as1 Y s1e~~re recordaria las horas aquellas en que Margarita fué
buena y parec10 1r a serlo siempre.
èC6mo ~udo enso~_erbecerse tanto de pronto? l'.Quiz.i la menopausia ..?
Arturo mterrump10 sus meditaciones, diciéndole para dejar mayordesgarradura en su alma.
-Y me voy, chico ... Que me esta esperando ...

XIV
. El nove!ista cmprendi6 el viaje a Londres. Iba por personajes mistenosos. Sabia que en tal calle, a ta.\ hora, le esperaba uno de ellos, el nue_
110 protagonùta.
I~a. como a una cita, en el bosque o en cl centro de la poblacion,
~lle1eando corn~ para encontradc sin saber en qué esquina le encontrar_ia. Los ~rotagomstas que mas huella dejan son esos con los que el novelista trop1eza al volver una esquina, dandose entrambos en la nariz.
l_~o olvidaria nunca a aquel personaje de novela que le pis6 un pie
pomend?le la plancha de hierro de su pie sobre el dedo pequeiio, el
dedo mas planchado de todos los del pie, el que mas timidez tiene de:
347

�LA PLUMA
existir y en el que la uiia es como un recuerdo ancestral, pues lo primero que perdera en su evoluci6n el hombre es ese dedo!
Llevaba en su maleta el original de «El Faro! 185» dispuesto a acabarlo como fuere en aquella retirada a Londres.
Pero a loque él iba, principal mente, era a merodear la casa del gran
escritor inglés Ardith Colmer. Queria ver proyectarse la sombra del
escritor tan admirado por él, sobre los visillos del balc6n, poniéndose
y quitândose la pipa de los labios.
Iba con ese deseo de ver sombras chinescas, de o/r la inspiraci6n del
maestro y de recoger los efluvios que se escapasen a su despacho por el
cristal ventilador ...
El otoiio habia comenzado en Madrid y habia tenido que cerrar la
habitaci6n hacia dias, sin poder resistir ya el anochecido de las ultimas
noches. En Londres el otoiio estaba mas retrasado y se encontr6 con
unos dias veraniegos a los que atufaba algo como el tufillo de los antiguos quinqués de petr6leo. Agobiaba el calor inesperado, aquel olor a
minerai, a petr6leo malo, a tubo recalentado ...
Andrés se estableci6 en el antiguo hotel que habia ocupado siempre
.a través de la vida y en el que hasta las tazas de entonces se conservaban ... Nunca se Je habian caido a ninguna criada, ni las habian descascarillado dândolas un golpe con el diente del grifo.
Podria ver con los balcones abiertos el laborar de su admirado
maestro Ardith Colmer.
En efecto; aquella primera tarde, cuando ya podia pasear un tran.seunte por enmedio de la oscuridad sin ser visto, Andrés sali6 de su hotel y se dirigi6 a la calle que viviria en una gran inconsciencia de que
hospedaba al grande hombre hasta que pusiesen la lapida en su pared.
En la calle del gran novelista ejemplar los pasos se hacian impercep.tibles, silenciosos, mas apagados que en los contornos. Toda la calle
cooperaba al silencio y las casas de enfrente no tenian nadie en los
balcones para no distraer al escritor.
Estaba el escritor inglés en esa hora del atardecer en que la mesa
.es una plazoleta dulce en la que se acaba de encender el farol.
348

LA PLUMA
Andrés, cl gran novelista de las novelas con luz, ten{a envidia de
aquellas novelas ~scu~as y p_sicol6gicas que fabricaba el novclista inglés,
Y_en las que el m1steno hac1a personajes de la novela hasta de los armanos de la casa.
Por el b~lc6n se vcia la silueta del gran escritor inglés, Jimpiando sus
gafas Y med1~and_o ~ient~a~··· Se veia su sombra de bruccs sobre Ja baJaustrada, mas bien mqumente que escribiente.
-1Pero que todos han de hacer sus novelas sin escribir, menos yo
que tengo _que_ matarme de tanto trabajar!-se dijo el novelista.
,El es_cr:itor mglés se mordia la pluma y se rascaba la cabeza. éLe distraia quiza el que Andrés le mirase con aqueUa avidez desde el fond 0
de la calle?
Andrés espera_ba que por el balc6n abierto le echase el novelista ing_lés alguna cuart11Ja sobrante que él descnvolveria con la misma religiosidad ~on que un niiio desenvuelve el pape! que se encucntra hecho un
gurrun? y en cuyo fondo se sospecha una sortija.
_Ard1th Colmer reposado y paci~nte esperaba un personaje. Jban a
salir to?os los elc~entos de su novela detras del coche fünebre y solo
depend1a de ese am1go ausente: el que el coche y la comitiva se pusiese
en marcha.
. Veia Andrés asi el argumento de la ultima novela de Ard"th
1 , pues
s1e~p~e parece que el nov~lista escribe en loque escribe la repetici6n de
su ult1ma novel_a, como s1 se pudiese escribir de nuevo la misma obra.
An~rés sent1a una gran emulaci6n parado en la esquina de la calle
de 1\rd_1th. Pensaba escribir una novcJa entera a la noche, vertiginoso
fantast1co, solemne.
'
El farol de la esquina le dijo:
-1Atrévetel
Andrés, dcspués de lanzar una ultima mirada al escritor inglés y ver
que se andaba en la nariz, se di6 cuenta que era Jo bastante hum
· ·tar y se voIvi6 a su hotel ansioso de avanzar en la ano
noPara pod erle 1m1
vela: «El Faro! 185».
«éPor qué capitulo iba?»
349

�LA PLUMA
LA PLUfll'A
«Por cl xv111.~
Y continuô:
«El amigo de los faro/es les 1niraba tanto, les asistla tanto con sus

. das que parecia pasearse con ellos.
1mr~s
especie de hermandad esa de los amigos de los faro/es, como

u:uz

/a hermandad d! la paz y la caridad.
El amigo de los /aroles los va mirando fijammte cu.ando_ sale en la
l tdo pues nadie que como
noclze y recoge de cada uno una firase o un sa t ,
.
. l
· ·1ual ni el centme a
los Jaroles se wadre al paso dtl transtt{,Jlte esPm
'
R
n / · R al cuando entra el ey.
.
q zte hace guardia en la puerta del ra acw e·
izamnoso franco te.
los faro/es mttestra,i un rostro comprenszv0 1
:
d
I".
z..
veces tl amzuo e Ios J aSon granties predicadores en la 1zocru:, Y a
"+ones de /os J aro1es verroles se fla parado a oir sus palabras. L os serm
•.
.
comentan los contras,ts
sin sob, e la realidad de la vzda y mttestran Y

de que utti lima.
da cfr a y
«La rea/idùd-predicaba uno una nocke-es sordcmu . y / 'g, , ,
no piensa ademds... Nosotros percibùnos como nadie el si/e,ic10Ly e vladcz:
d
te la noche... a so e a
de pensamiento que hay en la natutal eza uran
..
.
la que vosotros pasazs.. •
que nosotros pasamos no tzene que ver con
t
1Cdmo va,nos nosotros, pues, a creer en nada, cuando !tay largos :la os
c
ad" . o·
r Podiis estar tranquz os...
e,e que no sentimos nada a n ,e ni a ,os...
Se
No hay responsabilidad moral... Nosotros /o sabemos como na lie/.:· ·,
da Solo tenemos e imz e
/
Pue .. . .
l
puePuede pensar y realizar todo o quet seb ·1-dad
Ba1o nuestra uz se
de nuestr.i posibilidad y nttestra es ~ i i :;· "J
de leer el periddico en blanco de /a lzbertac,on.&gt;
Todo a su alrededor o lanzan sennone! o cuent.m citentos.
.
&lt;y cdmo es un cumto de farolr Los cuenta el farol vara con sosugo,

a

tomtindose tit.,,,po, rodeado de su Luz.
·.
Un cuento de faro/ es, por ejemplo, el de «El nino perdui:i•d·-~ b
. un nzno
•- m 1a noche Y v agaba por /a au au. usSe habia perdido

cando la puerta de su casa. Bra el nino genial que esta llmo de orgullo y por eso no se humilia pidiendo auxilio, dejdndose llevar entre la
piedad de las gentes, que preguntan: «{Pero no te acuerdas, nùîor.. Y
exclaman a cada paso: «1Pobre nùiol&gt;
Aquel nùîo de las tres arrugas en la /rente se dispuso con una gra,z
dignidad a buscar el portal de su casa, cuyos alrededores conocia y de
rnya puerta se acordaba,pues sus cuarterones imitaban las onzas de la
lzbra de cltocolate.
El 1ziiio perdido se sento en un banco,junto a/ faro/ mimera 77, y
se puso a pensar lo que karia para encontrar su casa sill provocar la
piedad de wt extraii,. &lt;Esperar a la maiianar No, porque todos notarian que era el 11ùio perdido.
El niiio perdido miraba al faro/ numero r85 pidiéndole proteccùht
y conse;o como un mdrtir, y el faro/ ntimero 77 se compadecio del ni,ïo
como ltuérfano y perdido:
-Vamos, 11iiio-le dijo-; te voy a !leva,· a tu casa...
Y d faro! nûmero 77 llevd al nùîo a su casa, dejtindole en el portal
y quedd11dose /rente a él un momento para ver al niiio subir la escaler-i, colocado de esa manera con que por casualidad algunos f aroles lacayunos esttin siempre /rente a una puerta.
Después el faro/ ntimero 77 se fttl como habla llegado alli, dandù
saltitos en un juego de las esquinas en que aproveckaba parti, moverst
la distraccion de todo el publico.
Los /aroles, con la medalla de su n11.mero en la visera siempre, parecen asi o:rorcizados por ese atributo, como medalla de la Virgen en
pecko de vagabu11do.
Esa cosa blanca que los remata parece el babero blanc,; de là Congregacion.
Los /aroles cuadrados, siempre ante el que pasa, se ponm a las drdenes sobre todo del que espera que tl sermo le abra el portal. A ese le
351

�LA PLU .\1 A

LA PLUMA

prtsentan las armas de su luz y le atientUn de frente muniras espera1t
el sereno advenimiento. f Qui mudos didlogos se eslablecen entre esos fa' oies y los que esperanl
-Buenas noches.
-Buenas noclus.
-Mantienes con tu luz el orden alrededor de mi portal... Gracias a
ti no se atret•en los ladro11es a meter sus ga11zuas par el o;o de la cerradura ...
-Es verdad... Pero ademas doy estabilidad a tu casa ... Toda la
noche ma,ztengo tu postin r pongo cerca de tu sueiio tma plazoleta de lu=
blanca ...
-Estas anima.M, te alimentas bien, parece que te sientes feliz m la
noche fumando tu puro...
-Si, me simto feliz.
Nadie ni 11ada presencia la vida como un faro/. Si algun encargokay que dar a alguien para los dias que vendrdn despu!s de nuestra
muerte, es a un faro!. El solo guardard un poco de nuestro tiempo de
ayer para el tiempo de man.ana cuando ya no estemos.
El faro/ ts el unico ser que nos da dnimo para morir y que nos demuestra y nos revela lo senci/la que es la supervivencia.
CAPÎTOLO XIX

El faro/ r85 tenia esa noche un espiritu mas satisfecho que ningû11
dia. Si se pudiera decir eso de un farol, se podria tlecir que kabia cenado bien. Tenia la facka del que purea después de ltaber cenado opiparamente y ha tomado de postre una tortilla de ron cargada de alcohol ardiente y de mas alcohol que arde después, que sigue ardiendo dentro,
porque se apagd sin f undirse.
Comened a si/bar. No era el silbido tristt de algunos /aroles.
Acudieron los serenos a su silbido, y unos ladrones que robaban en

las prorimidades huyeron indignados al
denu;ciaba. 1Silbar co,no un serenol
ver que era un faro/ el que los
os ladrones, despuis de pasada l
l
.
le rompieron todos los cristales y l
a ~ arma, volvzeron Y, rabiosos,
de mariposa azulenca e inquieta. a ca,nzsa, quedando una luz con tipo
Tan tétrico se quedo, que toda la calle re .
.
sus paredes lo tétriw que se habfa quedadn 'Prodzyo en los espejos de
Parpadeaba coma mtuertado y tristdn .
gmte maleante buscô
.
,y en aquûla oscuridad toda la
A ,
su esqumaY toda la rinconùda se llend de
quz..., ·;:en-se oia con anhelo m l
.
pecados.
mechero entornado guiiiot"aba ,
, a oscurzdad-; y el faro! de
.,
aun mas nerv ·0
te
z samente, coma la !lama
l las maquinillas de espiritz, de .
1Ah! 1Pero lo que mas le mol v~~o
se acaba el alcohol.
·ver y alu.mbrar el camino lza . ,es o aquella noclte fui que no pudo
.
,
cza ,a casa «Non Sant
.
mu;er tema la voz 4•z, _, . .
a», a unapare1a cu11a
,, as ue1zczosa que h b, 'do
..,
';J'
1Qué bel/a d. b · .
a za oz m el ,nund~!
e za str aquella muchacha
.
Nunca habia Shllido "a t.
. .
' a 7uzgar por la voz!
'' n a cunosuiadpo
b
•
aquella 11oche, e,t que el mech, b ·,,
r sa er quzen era ella, cômo
.
o,z rz ,a,rte de su lu
.J,f
,
~omo tma falena triste con dock .
.
z, se queuu lugubre
Del r1.· 'l
o;os mzopes en las alas
za ogo Y dd timbre de voz no se obida ,
.
-Es l p
" na nu11ca ·
a
uerta
de
la
sacrzstia
del
,
,
E l
amor... -decza eï .
- s a puerta del ùifierno... Volvdmonos M-: .
que nos hemos esca"ado , k
. .. z Madre va a ,zotar
'l'
a ,a« ermessh de ' Il
que supo,u las manas em•" •"aria _,_
cza e a con la voz trémula
.
r 11r
s ue sudor.
-Mzra, e1teontr,1remos sin carrer lo
l'
rrer si esperdbamos la ale b _,_ l
s pe zg_ros que teniamos que coP.
o a ue a boda-decza él
- ero los colchones son de espinas M
. .
volver...-su"licaba ella- y lfi
... o me pzdas esto... Def;ame
-r
•
e . arol r85 q uerta
'
·
ver la carucha triste
avzvar su luz para
.
Y comp1mgzda· pero
p
'bl
tibia el luor de su al
'
no era osz e, era osrnro y
ma.

;uand~

�LA PLUMA

LA PLUMA
.
.
ue tanto se dtfmdiô en la osc11debiô ser aqueila ~UJ", q . dtl te por la mano varo11il!
é ,1iu1ada ,,aeta
an
.
~-'-d pero que, al fin, fiu emr ..,_
, b sido lzeroico al avisar
r'"" ,
p , sm luz por ,,a er
dt
De aquella noclze que aso
'
ervo siempre el recuerdo
t
los ladrones, cons
. dt b
a los sere,cos y asus ara
t, a una bel/a mujer, la mu;er
eaquella voz dulcisima ru_e represe1:: no pudo ver y por eso le resultaba
lleza ideal, que fué la unica a la q
, . a·,,,
maszn
....,,..tey e,zlabiadora.
j Q"é bella

CAPfTOLO XX

l

, dt los f aroles restituyô
e repo11 e las averzas
. .

En siguida el fa, o ero qu
. t·. re•i"venecido y como de t,mpio
b al r85 y se sm w ..,

sus cristales y su tu o
de t. lia,.
Le habian cambiado el cuello
m
d'
, l ·dez que otros zas.
Pensaba con mas uc~
.
decîa con gran empa,que.
-«Ilumznamos la hzstorza&gt;-se

Qui dt modas he vistol&gt;
t de tzosotros mismos...r
dam-os cuen a
.
«tPor qué cree,me que no nos
ada casa los rodta la idea dt sz
h bres es que a c
.
Lo que no saben los om
. . l âea de todo lo dtmas.&gt;
',Ja
t . por comparacion, a t
y en esa iuea es a.
· dtl otro &gt;
«La noche no es de este mzmd~b•. sz~o to en la ~oche y borramos el mal
t ly recz ,mien
. ,fi •
«Ponemos luz de por a
l
che es nodie dt/ in nzto, esue
oscura
a
no
tfecto que lzace oscura, po, q
«/

tar enterrados y ,,,mertos.&gt;
l noche perderîa ese gran artifi.cio que
«Si no Juese por nosotros' a
tune.&gt;
,
ciente coma nunca en la noche dt verano,
.
Elfarol 185 se sent~ cons
-as· humanos. Volvia a aco1 que olia a albahacas recibt regadas.l
l s •aro es son,,.
b'
do
o J'
, biaperdido no usa za
En el verano es cuan
.
- asado, de la que se ,za
darse de la mu;er de! ano p -;a durante todo el 'L'era1to.
,
_,, dt pero que le kzzo compan
_
. , de madre, le rodeo, le
aan ,
.
aquel ano se sa1zo
La verbena dt/ barrzo, que
354

akogo, )' metié11do/e dtlltro de una barraca hizo con él a/go asi como
raptnrle.
Se sintùJ desconcertad., al verse convertido en algo asi coma en ldmpt1ro1 de comedor. llrmtùzaba a/li d,utro 1ma c&lt;1suca miserable sobre la
tierra y las esce11as dt! recuento del dinero. A lo md.s se atimentaba con
nutas de las mûsicas de macillos y del trombon marina del verano.
Se arordaba de los veranos de srt vida, los veranos evocadores en
que recordat,a la paz del pasado, la estabilidad de la tierra en la gran
sa:uracid11 de los dias calurosos.
Los veranos tiene el faro/ una vid.J simpdtica. E.std coma en vacacio1zes. Alumbra todas las noclzes de verbena. Es md.s blanca y de arroz con
leche su luz. Vive en un mundo md.s consciente y modesto en que un farol es un personaje, porque el verano asciendt las categodas y zen empleado de quinta clase llega a ser también un personaje.
En el verano son como polios parados t!1t las esquinas.
-iPero no volverd la del mio pasado?-se decîa el r85. y despuis
lloriqueaba-. ;Pero aunque vue/va 110 la veré, porque estOJ' encerrado
en esta alcoba de campana!

El r85, metido en la barraca privada, aprendio este verano los secretos de la vida, pues ilumi110 el camastro como enornu vela de fanal.
Andrés, abatido por la poca vida que después de todo sugcr{a a su
alrededor el farol, dej6 la novela en ese punto.
Al dia siguiente volveda a pasearse por la calle de Bolburg para consultar con la sombra pr6xima de Ardith Colmer el desenlace que deb{a
dar a su novela.

XV
El novelista llevaba ya un mes de Londres, y poco a poco habia encauzado su novela ~El Farol 185)). El gran nove!ista inglés, cuya firmeza en vivir le hab{a dado la sensaci6n de la posibilidad de todo, le ha355

�LA PLU :\l A
bia hecho encontrar gestos y

LA PLUMA
dia.logos y mon6logos de los faroles intere-

santisimos.
. .
un farol!~, habia aprendido a compren~iQué gran presenc1a, t1ene ·unto a un farol sin saludarle.
,
der Andrés. Ya no podria ~~~r~ Colmer fué el mas inspirado. Parepa
El farol de la calle de
it
, os del gran novelista inglés.
tener comunica~i6n con los sub~er:;:iente sordo, sin otra e_ntrada aseAndrés le ve1a moverse en u 1· . n una casa cualqmera de una
b 1 'n so 1tano e
•
quible mas que por e1 a co '
premo encontrando las me1ores
.
. embaroo tan su
'
. d 1
calle cualqmera, y, s1~
o &gt;~endiendo el mundo en med10 e a aucomparaciones de la ~1da, coml_ de hombres.
sencia ilimitada de d1oses y ;.~1. complacientes la que salia por la reEra como una luz de can i e1:~ mismo novelista, sentado en _la mesa
pisa de un balc6n'. por el suel~. balcon le devolvîa, como si hub1ese una
interior se prevalia de c6mo e
b
su despacho, luz refractada
baterîa ~n su base, la luz que se ~scapa a a
por la ciudad a que daba su ~ait n. lillas de las ideas de Ardith, y con
El novelista espaiiol recog1a asdc~
an animo ver de cerca al homellas daba lumbre a su tab,aco .. L~6
rseguir{a su pr6xima novela en .
bre que en seguida se hana mdl~? dg se ver «Es prodigioso el mundo-se
b' te hasta e1an
tan natural am ien '
uible y pr6ximo.»
decia Andrés- porque todo es aseq tel6n de cinemat6grafo, en el que
El balc6n de Ardith era ~omo un
d Ardith y los ensayos de las
se veian las figuras de las primeras obras e

:c:

°

·

ultimas.
,
, ner todos los dias una mujer en obserEl novelista ingles parec1a t\ . , d Andrés se marchaba éste con
vaci6n, y al final de la contemp ,ac10~ b~anco se babia quedado en aquel
'd d d ue sobre un marmo
la segun a e q
.
. del novelista inglés.
despacho la victima,ps1col6?1ca
tacaba Andrés su novela «El Farol
Cada vez con mas entusiasmo a , l
Hab1'a enredado el farol con
• lt' mos cap1tu os.
d
185». Estaba frente a 1os u i
.
d
b once las flores de la ofren a.
,
d
.
do
a
los
pies
e
su
r
,
.
Andrés aquellas paginas en
Pare1·as que ha bian eia de Ardit h escn' b'a
t
1
Corno con la p umad h
na novela sobre un farol.
. 'aba su deber e acer u
que tnun1,
356

Escribia apresuradamente Andrés ya en los ultimos &lt;lias que habia
ido a pasar en Londres:
Veia el gesto de los borrachos, que parece que hacen esfuerzos para
echar el mar atldntico por la boca.
Veia pasar las mujeres que son traidas en una sil/a porque estaban
para dar a luz inminentemente. Tenian una cosa esas mujeres de torero
.que es ensalzado por los suyos.
Y una noche vid al herido de muerte cuyos ojos miraban el mundo
con despedida y avidez-siempre con avidez-, y c1eyas palabras eran
«sed... sed... , mucha sed . .,,
-iSi estas borracho métete con los Jaroles!-habici oido una vez el
I85 que le decia un cochero a un borracho que la habia tomado con él.
Ninguna /rase le habia ofendido tanto como esa. La recordaba constantemente y se la repetia en sus silencios.
-iSi estas borracho métete con los /aroles!
«1Qué se habrian creido que eran los /aroles que merecian mas consideracidn, puesto que su pensamiento lucia con esplendidez en la noclze
a la vista de todo el mundo?»
Pero en la memoria de I85 se grabd aquellas noches una silueta de
miqer garbosa y llenita como no volveria a ver de est? modo ningzma otra
mtt;er. Fué la joven que se suicida con su amante en el lecho de los suicidas por amor. Nadie la pudo ver después, pues se la llevaron al deposito, porque prohibieron la entrada, pero él se acordaria siempre de lapanja indecisa, de ella jugando con los jlecos de su mantdn que caian en
cascada desde su pecho como si fuesen los chorros negros de las fuentes
de sus senos.
Tan necesitado de memoria como estd lo que sufre el arraigo fuerte
de la tierra, aquella mu:fer de senos inûtiles para no ser rica y feliz m
una vida sin conjlictos, seria la eterna novia de su éxtasis, la novia de
.su luz blanca.
357

�LA PLU r-.1 A

l;A PLUMA
CAPÎTULO XXI

El faro/ I85 habia llegado a los sesenta a1zos de servicio. Era u11:
veterano. De nuevo comenzaba el /rio invierno en que el ardor de sus
mejillas no seria tan chocante si pudiéramos forcer sus cristales en l,z
noclze /ria.
Cada vez era mas individualista. Estaba satisfecko de no ser de esos
con dos muheros que parecen unos hermanos gemelos.
Tenia ya un poco de en:fisema y se oia un poquito su resuello en lœ
noclze.
En la noche poblada cada vez mas de 1niseria de aquel barrio él erre

1Quéfracaso de toda su vida claral
, En la casa de las citas se lzabf.a est~blecid.
el resultaba el semdforo estratégico de la C o una Casa de Socorro, y
Ahora todo lo veria dramdtico or
asa de Socorro.
este caso-no lo hubier
dad,, p. que nunca mas recordable que en
a recor o sz no
u
do
del cristal con que se mira.
-q e to es segun el color
Siempre estaria sobresaltado esperan .
, .
rida en anda.s o arrastras.
ao la vzctzma, la Camilla, el he-

RAMÔN GÔMEZ DE LA SERNA
(Se continuard.)

la vitrina de la luz.
Después .se quedaba donnido y coma desaparecido en el amanecer,
momento én que se ju,raria que no hay /aroles en el mundo.
«1En qué acabard mi vida?»
«1Qué nueva generacidn de luz nos harci ser arrzunbados?»
P reguntas asi se hacia muchas veces el I85.
Pero los dias pasaban y hacia su pape/ de Guardia civil estrategicoy nocturno. Cada vez era el faro/ campechano y claro hacia el que levantan la vista lzasta los que no estcin enterados de nada.
«1Si toda la eternidad me la pasase asil•-se decia.
Pero un dia le sucedid la tragedia. Llegd el farolero con un gran
envottorio de cristales, y coma quien se aupa en la escalera para arreKlar los altos del armario, asi se subio hasta llegar bien a él.
El sintid en su cabeza la voluptuosidad que sienten los niiios a los
qitt se peina. !ban a asearle.
«1Pero qué cristales eran ,zquellos que traia el farolero? 1Qué cristalera el que ya le habia sustituido? 1Rojo ...?»
Si, rojo. 1Habia quedado convertido en elfarol desdich~do que anuncia con su rojez la Casa de Socorro! 1Qué tragediàl
358

359

�LA PLUMA

LA PLUMA

CANTOS BREVES

VI
.Ea mzsma mano que un dia
sirvi6 para acariciar,
fué la mano que servia
mas tarde para matar.
VII
0res un verso sutil,
hecho de brisa o de aroma,
que jamcis podré decir.

I
C:uando vine a la vida,
ya el dolor me aguardaba
oculto, en el camino...•
9lrin sigue junto a mz,
como fa propia sombra...

II
{fBrisa de la manana:
como una vida nueva
que nace con el dia ...!
/~ilencio de la tarde:
angustia del crepuspulo
en su !enta agonial

III
C:ada estrella es un sueno,
que un poetG dejara prendfdo
en la boveda azul de los czelos.

IV
/0res diversa, infini/a
1/ unica, como fl)ios .. .!
j/;res todo... y, sin embargo,
cabes en mi coraz6n!
V

;Ni la onda del viento,
ni la ola del mar,
jugaron contigo, / alma!
como su voluntad.
360

FÉLIX DELGADO

LOS CAMPESINOS
1

Gstos son, alma mia,
los hombres que asistierpn al entierro
de aquella pobre enferma que tenia
mi coraz6n vagando por sus suenos!
~obre sus recios hombros
le hicieron el camino verdadero.
/ fEien saben que manana
otros le harcin igual camino a ellosf

INQUIETUD
'j/ has de partir imi navel que el horizonte es bruma
y un desierfo la isla con sus doradas playas.
'G'e hicieron un juguete para mimar la espuma
y has de ser un juguete donde quiera que vayas...
/9llma mia, mi navel, t!,qué viento hincha tus lonas?
t!,tl.uién te inici6 en el ansia de una tierra lejana?
t!,~abes si te es esquiva la playa que abandonas,
g si serein mejores las que vercis manana...?
FER~ANDO GONZALEZ

�LA PLUMA

LETRA S FRANCESAS
ursrERA hablar hoy a los lectores de LA PLUMA de ~no de los libros

mâs notables publicados desde hace algunos ~no~, un? de esos
.
cargados con todo un porvenir ltteranoMy cuya
libros que v1enen
d
aparici6n constituye una fecba. Es la obra de l\I. Pau 1 oran '

Ouvert la nuit.
1 ·6
s
Se sabfa ya entre la gente de letras que M. Paul Morand era, de os J vene ~
as originales y mejor dotados; ciertas plaquettes, como Lampes
0 de los m
un
b' h b"t ado a una manera
arc, Fetûlles de température y Tendres.stocks nos_had1anl af • ue a una combinaspec1e de rotu1 a e a ras •
de estilo nueva dei to d 0 , a una e
d de observaci6n
. .
t O de humor mezc-lado con un on
ci6n de los adJetlvos, a un on
e para expresarse
. t ·•s ·1néd1·
ex•··aordinario Advertiase un talento nuevo, tan nuevo, qu
u
·
.
.
•
1 guaje y 11.na sm ax
tenfa que atropellar la tradic16n, •~prov1sar ~n er:nobra de importancia, lejos.
tos Su nueva obra, que es, en reahdad, su pnm
fi.
1
.
.
h
d. do por men os de con • mar os.
de desmentir bles pron6st1cos, no a p~ i
IJ
t nsas Jas noches catalaOuvert la nuit es una colecci6n de se1s ~ou~e es ex e
r'tuyen sendos cua,
6rdica de se1s d1as, que cons 1
na, turca, romJna, h ungara, n
'
t
M Paul Morand, diploma.
t · torescos de la Europa ac ua 1• r ·
dritos sub1damen e pin
G b.
ha estado en muchas paises,
tico de profesi6n-como s:n~a~a~ :art:s i:;::s~Pero la visi6n que conserva de
visto mucha gente, y conte p
ha se arado de ellos, al recordarlos ante su
tales espectâculos, un_a vez que se_ 1
~ da ue ver con las imâgenes de la
mesa de trabajo, no t1ene, por dec1r o as1.' na q
·taban en su fuero
misma kdole que los viajeros a la ant1gua usanza resuc1
interna.
.
•
film una sucesi6n
Es una especie de kaleidoscopio, o por meJOr dec1r, es un
'

de films, presentados con velocidad variable, en los que van desfilando ante
nosotros imâgenes bellas o fea~. agradables o siniestra~, vivas de color o de
tiotds pâlidas, pero siempre curiosas, por lo inesperadas.
La sorpresa: ta! me parece que es la clave de este arte nuevo. Epitetos inesperados, puestos a las palabras que mas se les oponen por el sentido, un
verbo raro que estalla en medio de una frase, comparaciones de ta! modo excesivas que provocan casi la risa en el primer momento, y necesitan cierto tiempo para que Pl lector se habitue a tllas, una sin taxis embarullada por gusto.
contorsionada, desfigurada, y que provoca un •ïahl, de asombro.
Cierto: M. Paul Morand no es tradicionalista, y no tarda uno en advertirln.
jPero qué observador tan ingeniosol Didase que un ser humano mira el rnundo
con ojoi enteramente nuevos y descubre entre las cosas relaciones que no habian visto todas las geoeraciones pasadas. Cada cuadrito de su galeria nocturna
es un apunte de Espaiia, de Italia, de Hungda, de Constantinopla ode Paris,
pero es una vista enteramente nueva, un rinc6n tan curioso, tan raro, que
nadie, antes del autor, babia sospechado que existiese.
La vision de M. Paul Morand es completamente original, y la psicologia de
su libro no es menos asombrosa que la forma. Su pensamiento es tan ductil,
tan destrabado como su frase, el giro de su ingenio tan punzante, y sus inclinaciones sentimentales no menos inesperadas.
Digâmoslo: es un novelista completamente nuevo que despierta a la vida
literaria, y mucho nos sorprenderîa que se èetuviese en el camino. No olvidéis
el nombre de Paul Morand: serâ célebre.

* * *
Sabido es que M. Jacques-Emile Blanche, dejan&lt;lo los pinceles, escribe, para
descaosar de la pintura. Su nuevo libro, A_vmeris, es mny interesante, y apasiona a cuantos amaban en M. Blanche al retratista notorio.
También ahora. en efecto, nos da un retrato, retrato psicol6gico muy apurado, de mil matices de la misma in~piraciôn que Adolphe, Volupté, o Dominique.
Mâs que una novela es una biografia contada por quien ha visto con sus
ojos la vida del personaje y se esfuerza en reconstituirlo para nosotros. La
,econstituci6n acarrea gran copia de dettlles, que mâs de una vez nos han
recordado la manera de Marcel Proust. En el fondo, donde visiblemente se inspira M. Jacques-Emile Blanche es en la novela inglesa.
Nos muestra a su héroe en la infancia, desarrollandose en un medio de es-

�/

LA PLUl\'IA
LA PLUMA
.
e uarctara seii.al, a pesar de la independen.pesa burguesia, de la que_ s1~mp~ g I t I de que e.sta dotado. Precisamentc,
, 't
d la cunos1dad mtc cc ua
d
;ci• de cspm u Y c
.
d
idcas familiares en cscaparse e
s·stirâ
en hbrarse e sus
'
1
su gran esfuerzo con
.
una voluntad obstinada: es un
le rodeaba. Ay111ens no posec
, .
la atm6s fera que d
S
d
•a
· d ·ciso us au ac1 s son atrevimientos de tim1do.
déhil, un atormenta o, un i~ ~
. d t
lo le hace retroceder. Su coraz6u
fue viene a c ener ,
A cada momento 1o q~e .
.
su inteli encia balanceada perpetuamente
esta ansioso, su espfr1tu mdec1so, . d
g t emo que para su descripci6n
·
N turaleza comphca a en ex: r
'
cotre cootran_os. a l . ode dctallcs que concucrda muy bien con la manera
perfccta reqmere un UJ
.
1 Blanche como cscntor.
.
de M. Jacques E m1 e
d
otac1·ones minusculas, lleva cons1go
· d
eôos trazos e n
•
La abundanc1a e pequ
. •
de Aymeris debera poner cuidado
t 'a y alguna pesadez, e1 autor
cierta mono om
,
él hasta un ex:tremo cnojoso.
en ese defecto, que podna agravarse en

* * *

ue M Marcel Boulenger ha consagrado a
Todo el mundo_ çonoce el _cult_~ q le h~ llevado a escribir un libro sobre su
Gabriel D'Annunzio. Su adm1rac1on
'd , tima y en plena batalla. Es uua
•
t • donoslo en su v1 a m
.
,héroe favonto, mos rao
'd
la ci· ccuci6n el verbo maht ente acabados· pres1 e en
serie de cuadro~ prcs am
M ~i'arcel Boulengcr Gn trozos sabrosisimos
cioso que convierte las obras de ·
de prosa francesa.
.
. f tuosa &lt;lei artista: en el Lido, en los
El bi6grafo nos presenta la ~x1stelnc1a as del Camaro; se le puede amar o
olivarcs de Cargnacco, en med10 de a pompa
exccrar, p ero a nadie le de1·a indiferente.

* * *
d 6 t do 'o que es capaz de hacer, y
M. Gémier no ha hecho aun en el O e n o .
era Es innega11'1 h
h'bido
no
pasan de ser una csp .
1
los espectâculos que a
a ex
•
e e· triunfo de la buena lible, sin embargo, la buena volun_tad c_on que pers1gu •
· de st1 d1recc16ü
teratura en e1 cscenano
·~
que aguardamos ha continuado
.
.1
1 maonili.cos espect..cu 1os
'
.
M1entras 1 egan os
"
.
viene dedicado, pon1endo
.
d 1 ciclo shakespenano, a que
las reprcsentac1ones e
.
, b.
adaptado por el humorisEt suàio de u11a noc/1e de estio, traduc1do, o mas ien,
ta Georges d e La Fouchard ière.
.
.
hombre como La
-gô de 10 gen10 eucargar a un
Es cvidentcmente un ra~
lo
de
esa magia deli.,
t
le to en lo burlesco, c1 arreg
Fouchard1ere, un poco rucu n
h
s y encantadores.El adaptador
.ciosa, donde andan gnomos, hadas, seres umano '

no ha dcspcrdiciado la ocasi6n y ha llegado hasta colaborar con Shakespeare.
Cuando una réplica o una idea le parecen chuscas, las desenvuelve y a veces
resulta muy divertido; nunca trivial. As,, en la escena famosa de los c6micos
aficionados, se ha despachado a su gusto, tratando esa parte de la obra como
uoa serie de cuadros de revista ode music-hall. Realzado por un actor cxcelente, como Harry Baur, en el pape! de Bottom, ese trozo ha sido un acierto
total y ha gustado mucho al publico. ·
'
Nos parece que el traductor ha estado menos feliz en la adaptaci6n de la
parte poética de la obra. El bosque misterioso, susurrante, donde los geniecillos y las silfides, conducidos por Puck, retozan en la niebla a la luz de la Jana;:
las enramadas prefundas, aparecen tratadJs con alguna torpcza por cl traductor y pucstos en escena en un modo demasiado simplista. Unos grandes c.ortinajes grises uo pueden sustituir a la decoraci6n, por mediana que sea. y en el
momento preciso en que se hace bablar a las hadas y a los genios es necesario
poseer también alas, y abrirlas.
Reconozcamos. con todo, que el esfuerzo de 1\1. Gémier ha sido como siempre, intcligente, y que marcha por el buen carnino.
En la Comédie des Champs E:lysées, la campaîia de M. Pitoeff, de que hablaba en mi cr6nica anterior, continua atrayendo a la mucbedumbre. Después
del drama de Lenormand, Le silangeu,· de rêves, acaba de estrenar con cl mismo buen éxito La Moue/le, cuatro actos de Chejow.
De este autor aplaudirnJS ya el aii.o pasado Oncle Vania, drarna sombdo,
fuerte, envuelto en una atm6sfera aplastante; la nueva obra no nos ha chasqueado. El marco es: una posesion en el campo, cerca de un lago, a pocos ki16rnetros de la ciudad; un verano sofocante de calor. Los personajes: Tigorine, escritor, pt esa de la enfermedad caracteristica del hombre de letras, por
exceso de tensi6n en su espfritu observad0r, y en el fondo, coraz6n seco, sin
voluntad; Arkadina, actriz notoria, amante de Tigorine mujer dominante, celosa, cruel; un hermano de Arkadina, general viejo, medio chiflado; Constantino, hijo de Arkadina, ardienle, ebrio de ideal, mistico al par que sombrio.
Escribe drarnas, sueôa con renovar los rnodos del teatro, pasa alternativamente
de los delirios del orgullo a la dcpresi6a dit la duda. En fin, Nina, deliciosa mucbacha, pura, abstra,da en sus candidos ensueîios.
Una angustia sorda, una atm6sfera densa, se cierncn sobre esos seres; atmosfera de aburrimiento, de dejadez, de pavor, muy particular del teatro ru so.
y que hemos vuelto a encontrar aqui sin sorpresa.

�LA PLUMA
El drama se enreda lentamente. Constantino y Nina se quieren bien, pero
·sobrevicne Tigorine: el prestigio dei artista fascina a la humilde prodnciana
y la inflama de amor. Abandona a su prornetido, y en un violento arranque se
precipita hacia el que simboliza para ella la gloria y la hermosura. Tigoriue,
que al pronto no la aabia hecho caso, un dîa repara en ella y se deja querer.
Se marcha, ella le sigue, se conviene en su amante; después, abandonada, naufraga en el teatro y, prontamente, en la miseria. Constantino, desesperado, se
mata.
Sombrîo clrama, arrebatos sombrios, de un realismo cruel, angustioso, que
ha causado fuerte impresi6n en e.l publico.
Para distraernos de una funcion tan fuerte, hemos tenido en el teatro del
Vieux Colombier Les Plaisirs du Hasa1·d, de M. René Benjamin. Sabido es que
M. René Benjamin hai)fa llamado la atenci6n, estos afios ultimos, con sa.tiras
violentas dirigidas contra l.1 Sorbona y contra la justicia. Es un talento de caricaturista, un poco basto, bien dotado, al parecer, para emplearse en la farsa.
S u iniciaci6n en el teatro se esperaba con mas impaciencia, porque el aiio pa-sado nos recre6 en el Ode6n con un breve acto titulado La Pie borgne, que era
lma carcajada violenta. Desgraciadamente, es preciso confesar que la realidad
no nos ha traido todo lo que esperâbamos de este autor.
El punto de partida de M. René Benjamfo era pintoresco, ta! como para
permitir cualquier fantasia, por extravagante que fuese; venia a presentarnos
un hombre que, aburrido de la moa6tona existencia contemporânea, resuelve
-eotregarse a mil locuras, ejecutadas con imperturbable gravedad. Siguense
multiples aventuras chuscas, que acaban muy mal para el héroe. Pues bien;
1:odo ello nos ha parecido lânguido, desprovisto de verdadera vida, demasiado
largo. Es evidente que M. Benjamin no posee todavia el oficio de autor dramâtico, y que necesita adquirirlo, si quiere acertar en la sa.tira teatral, como ha
acertado en la sa.tira periodistica.
En cuanto cite Dardamelle, de M. Emile Mazaud, farsa un poco basta que
acaban de estrenar en !'Oeuvre, habré mentado las (micas manifestaciones tea trales interesantes de estos ultimos tiempos. L'Oeuvre, le Vieux Colombier,
con la Comédie des Champs Elysées de Pitoefi, y algunos grupos, como La
Chimère, son, a la bora prese11te, las unicas fuerzas francesas capaces de lu.char contra el vaudeville, la opereta y la baja comedia del boulevard.

JULES BERTAUT

LET RAS ALEMAN AS
THEODOR DAÜBLER
notas que conaagre aquf al estudio de la poes' 1
pora
d ~
ia a emana contem
nea no po r.1n ser tan sistematicas tan met6d"
dedicadas a la ~rosa. No hay en aquélla ~eôales de e~~~:•c~Inm:i 1:s
n~, no es pos1ble indicar durante los veintc aiio , If
g v1m1ento paralelo al que desd H . .·
su '.mos un monid y a Karl Sternheim gobierna la novela~ emuch Mann a Kasimir EdschiAS

r

Individualidades poderosas que nin , 1
•
entre si, llaman auestra atenci6u nuestrgun_ azo ~1 cohesi6n de «escuela• atan
en este ordt.n, a obras grandes, ;ero no\:~:~alt~a. El expre:i~nismo da vida'
estrategia literaria nueva.
que yo quis1era llamar una
0 bien, para decir todo lo que pienso, o ondré
,
. .
harto copiosa, tiranica, y empaquetada en f6~ ul _a la poes1a expres1on1sta,
t
. .
m as rnnumerables algunos p
as ·expres1on1stas, de independencia fecunda , que no henen
.
' e l · oeculpa
·
n as 1m1t ac1ones que sus obras suscitan.
Hablaré, pues, de algunos hombres y no ha bl aré de los circulos que reducen sus esfuerzos a sistema.

* * *
Theodor Dailbler, a quien consaaro mi articul d h
ta: Corno poeta, las obras que ha p:blicado wn om;s oy~ no es expresioni~m1ento que en _ellas se ex;:,resa y por las imagenes que :p~::a:u~o;:/ =~n~:mo ~ 1~ prosodia. Corno critico, defiende el exprcsionismo pict6 • E
·n ·
trad1cc16n acaso sea ,
nco. sta con~a poesia de DaUbler:::uap~rent~ que_ real. Seria injusto, en efecto, considerar
. o i eacc1onana, y seria falso ver en él, en cuanto eu-

�LA PLUMA
sayista, un ap6stol verdadero de la estética oueva. Daübler es un espiritu ardieote y cnrioso, pero que a meoudo no deja de ser confuso, y la onda de filosofia en que se sumerge todo lo que escribe, domina por igual su reserva en
poesia y su extremisn,o en prosa.
Theodor Daübler es un gran poeta que pretende hacer teorias. Ha intentado
enfreoar sus sentimientos y sus ernociones y someterlos a rfgido analisis. No
es deshonra para él declarar que no ha acertado en ese empeiio, esencialmente antipoético, y donde otros, tao grandes corno él, habiao ya fracasado lastimosameote.
Sé que expoogo aqui un parecer opuesto al de la mayoria de los cdtico,;
alemanes, que alaban de bJen grado las obras en prosa de Daübler, y se reser van un poco frente a sus obras en verso. Pero mi preferencia por su Hymne an
Italien (Hirnoo a Italia) es tan viva, y eocuentro tantas contradicciones y oscuridades eu sus eosayos, que no tengo por qué disfrazar mi opinion en ese respecto.
Sin embargo, entre sus obras en prosa poogo aparte dos libros, por los cua-.
les sieoto admiraci6n rnuy sincera: Lucidarium in arte musicae, y uoa autobiografia, donde hay paginas verdaderameote notables: Wir wollen nickt verweilen
(«No queremos detenernos•).
Daübler es un hombre complicado, y a la vez muy comprensible; complicado, en Jo que escribe, y cornprensible en cuaoto a su naturaleza intima. Es un
lîrico. Tiene de tal, la lucidez y la inconsciencia. Posee el geoio de la adivinaC'i6n, y las cosas mas profundas que ha dicho sobre los musicos y los pintores,
las ha dicho sin el concurso de su reflexi6n ni dP. su voluntad. Cuando tiene
que razonar y coostreiiirse, es que le falta inspiraci6n. Sus obras, en ta! caso,
se resienteo. Pero cuaodo habla espontaoeameote, es seguro que dice grandes
cosas. Creo que al genio le van bien esa desigualdad y esa indisciplina.
Esa condici6n de Daübler se comprueba lo mismo en sus poemas que en
sus estudios de arte. La mayor parte de su enorme Nordlicht (Aurora boreal)
es fruto de un trabajo paciente, voluntario. Y se echa de ver doode q u iera.
Hymu an Italien es el canto de una nostalgia exasperada, y Daübler no ha escrito obra mas grande.
Daübler no es aleman. Nacido en Trieste (el famoso tratado de paz le ha
convertido en ciudadano de Italia), ha vivido en Napoles, en Roma, en Florencia, en Paris y en Viena durante la mayor parte de su existencia. La guerra
f11é loque le condujo a Berlin. Bien se ve que en sus obras, que nada especi-

LA PLUMA
0

1:a1::;:: ~e:1:;an~n~::::;! :;t~~:~s Y sensaciooes ~e toda la Europa latina.
ardimiento que Jucha con la f .
Jera~ su armoma, tan caracteristica, su
libros un e~plendor raro.
na pureza e verso clasico aleman, prestan a sus

Î

Ese ardimiento, esa armooia no impiden que su lirisrno
Daübler es, por su mundo interior, terriblcrnente intelectua~e; muy cerebr;l.
to lo_ es, que acaba por aoimar con inesperadas fantasias 1. an por COffip etracc16n. Juega con las abstracciones, como otros poetas . a esfera de la abso s' b J
Juegao con imagenes
im o os, y como el realista se esparce en una descripc,·60 D
encant
• e tal modo le
a, que ya no se da cuenta de las dificultades con q
1
.
~ueo por un terreoo tan fragoso.
ue sus ectores le s1poe~i:m~:!~!~: e~!a ne~e~~dad die insisti1_· asi sobre el caracter artificial de esta
•
· men a e es a neces1dad de clasifica
t
•
.
ep1grafe. Pero es imposible estudiar a Daübler s· d . r es a poes1a baJo tal
h a
m ec1r cosas corno esa q
ar n creer al lector que todas las obras del poeta son dificiles s·
d' ' ue

:~:::: ~!:::::

~=:r~::~:r:~~;~re=J~~lls:sg::~:o: :: ~u:l~ui~ra \;/ s::r::i:::
dlic/1t), o una oda de su Italia, se advertiria que a Daüble e1ce1a pdarte de Norsele en f6r 1 1
.
r no pue e encerrarofrece.
mu a a guna, gracias a las excepciones copiosas y magnificas que
El examen de su intelccto y de la disci lioa d
~~:t:e la beJleza verdadera de uno y otr!, porq:es~s;:t:~!:::~~rue:1i::aq::
si m~sm:n~:sb~ant opudestos y tao varios, rompe a cada instante la valla que por
ia raza o en torno de su obra.
Con todos sus errores, y hasta en todos sus errores Daübler es a
de que la mayor parte de los poetas alemanes contem~oraneos p e~ \ granyores flaquezas a la crfüca. Pero tao rico es de cualidades
t . r -en a m ace ca · • • .
sun uosas que pare
s1
Hnsono
pretender
cootrapesarlas
A
cada
t
s
. b
J
•
momen o, por el 'empuje deu genio ruta ' consigue de golpe loque los talentos meoos ductiles edifi
con esfuerzo poco a p?co. En Jo moral como en lo fisico, es un poco desma~:~
d o, acaso, pero colosa1.

* * *
Theodor Dailble.r ha producido mucho. En poesfa, apemas de los tres volumenes de s~ N.Jrdltcht y su Hymne an Italien, ha publicado una oda Jar a titulada Hesperzen, donde hay pagiAas admirables sobre el movimiento de u:a ciu-

�LA PLUMA
1 i6n· Das Siernenkind (El niôo de las estrellas), y un libro
dad; uua br~v: co ecc. . h li We,,. (El camiuo alhmbrado por las estrellas),
bastante caot1co: De, Siern e e
0
al uuas composiciones de poco vuelo, perfectas.
.
donde
._, .zum,
.
de cuyas cinco partes bay que adm1rar
E hay
rosa gal lado de su L uciaa1
nP
'
• ·ento del drama musical, y al lado de la au·
sin reservas la que trata del nac1mt 1 ·taré Der Neue Standptmkt (El punto de
b'
f' que be nombrado an es, c1
..
t~ iogra ia ) donde defiende con simpatîa tesis que ya no son muy ong1?al~s,
v,sta nuevo '
a inas sobre Picasso y sobre Barlach, y un hbnto
pero en el que hay bu~na~ tp ·gI: Kam"'"e um di, moderne Kunst (En liza por el
de propaganda expres1on1s a. m
:r.1•
• .
d
fi
al unos recuerdos delic1osos.
art~ m~d~rno); d:i:i;/;m;:rdognable no citar la perfecta antologia de poetas

franc:se:·,

:;:~:cidos

por Daübler, que public6 con el tîtulo: Der Hahn (El Ga-

ll 0 ) sin nombre de autor.
.
· t
'
•
h bl de los muy abundantes articulos pubhcados en revis as Y
No qu1ero a ar
.
• •
d
e en. •
.
1 s escorias ue el tiempo ira ehmman o, para qu
p en6d1lco,, ~u~:1dos_dl_ecaaotorgue a T1eodor Daübler la justicia que boy le re•
tonces a oprn1on en 1
gatea un poco.

PAUL COLIN

37°

LIBROS Y RE VI ST AS
Don Ramon del Valle-lnclan.-Farsa ;v licencia de la Reina Castiza.
No han menester los lectores de LA PLUMA referencia alguua de La freina
Castiza, cuyo recuerdo para los que la conocieron en su prime ra salida, cuya
leye nda, para los que todavfa no saben de ella siuo cl escandalo movido por
·s us majezas, hadau desear su publicaci6u en libreria, que ahora se cumple, ed itada por su autor e ilustrada muy graciosamente por Vivanco.
La Reina Castiza marca la iniciaci6u, con una obra maestra, de un nuevo
propôsito liternrio en el autor de las Memorias del Marqués de B1·adom{n, de las
Comedias Barbaras y La guerra carlt'sta, de Voces de gesta y La iltfa1·quesa Rosalinda. Nuevo prop6sito que no significa rectificaci6n de los anleriorf!s, que
110 implica traici6u a los principios sustentados hasta ahora, ni, por lo tanto, a
sus adeptos, a su publit::o; pero si mayor conciencia, artistica y social, mas pasi6u, mas lmma11idad.
La protesta de los modernistas del 98, de que fué uoo de los mas deuodados paladines D. Ram6u del Valle-Inclan, tuvo eu gene ral, y muy especialmente en él, un caracter estético, esteticista. Adelaot~ndose, cou la prodigiosa intuici6n que le distingue entre todos sus contemporaneos, a la moda reacciona:ria que otros ahora traducen de las nuevas re vistas francesas, Valle-Inclau impone a su Marqués de Bradomiu uua mascara de finisimo humor vaciada eu el
rostro propio. Por mejor situarse con su héroe fu e ra del tiempo omiuoso eu
q ue le ha sido di:do uacer, pretende salvarse haciéndose campe6n de una cau~a mfrica, el carlismo, espiritualizada, susceptible de defensa poélica, precisamente en el puuto y bora eu que pierde, cou la dispersi6a de las filtimas part idas, toda sombra de realidad. Bradom,o, ademas, como Casanova, es un grau
"' mbustero. Lo que no quita para que el relato de sus hazaiias sea sincerisimo,
·con esa siaceridad que tergiversa a coucieucia los acontecimientos mas sim,ples, dotandolos de una verdad artificiosa cuya iuteuci6u revela el aoimo del
protagonista harto mejor q.i.e no la realidad a que se ve constrenido. Bradomiu, como Casanova, da por cierto lo que él hubiera querido que fuera. Romauticismo puro.
371

�LA PLUMA
LA PLUMA
Bradomio es un decadente. Es un Nai:ciso feo-f~o, cat6lico y sentimentalque se complace en contemplar sus soiiadas aventuras. Aventuras de arror. Su,
donjuanismo, con todo, es muy de su tiempo. Bradomîn cree que su tiempo no
es en el que vive. Sin embargo de lo cual, su afan retrospectivo es muy fin de
siglo. Por eso perduradn sus Memorias.
Las Comedias bdrbaras, Voces de gesta, La guerra carlista, son el intènto,
plenamente logrado en Romance de labos, d~ resolver, a la manera de Shakespeare en el juego exterior de luces y sombras, una armonia de contrarios-leyenda, poesîa, irrealidad-, transcendentes del natural solo con rehuir del na•
turalismo, es decir, estilizanao, componiendo artisticamente los elementos del
modelo real, enlon:idos en una valoraci6n trâgica, deformando obslinadamente
sus contorPIOS para obtener una teni i6n del ânimo, que pucda suplir a la fuerza cuando faite. El arte por el arte con que engaiia Bradomin sus mas nobles.
descos, vâse sustituyendo en la S('gunda ép&lt;&gt;Cd, perfectamente definida ya, de
la obra de Valle-Inclân, por una depuraci6n moral, absolut;.mente desinteresada de toda contingencia bist6rica en la conversion a la caridad del gran pecador Don Juan Manuel Montenegro; vanamentc empleada en ennoblecer con épico aliento de gesta la mezquina idea politica del rey Carlino; encamioada en la
cr6nica anecd6lica de Los cruzados de la Causa, El 1·esplandor de la hoguera y
GerifaJtes de antaito a exaltar en unos cuantos cuad,·os vivos de esplfndida traza Jas guerrillas por don Carlos, no ya solo en su aspecto pintoresco, sino en
la significaci6n religiosa y popular d-:1 movimiento.
En el trânsito de una a otra época, a modo de diversion estratégica, ensaya Vall('-[nclân la forma lirica en verso. Aromas de leyenda precede a Las Come·
dias btfrbaras, como La Pipa de Kif y Et Pasajero a La Reina Castiza.
Hétenos en un momer.to de crisis tan grave, o mas, como el que la literatura espaiiola salv6 bace veinte aiios. La guerra nos ha contagiado de su hervor,
pesc a nuestra neutralidad. iSe anuncia un mundo nuevo? Las formas literarias
se disuelveo, se atomizan sin contacto aparente con loque se llama el espiritu
pu.blico. cBizantinismo? Los nuevos ingenios, au.n DO maduros, apuntaD en eclosiones liricas prometedoras de un retorno a la poesîa pura, cabalistica, hermética, suficiente en si misma. Los ya acreditados en el comercio repiten, en el
caso mâs favorable, los mejores productos de su firma. La generaci6n del 98ticne ciucuenta aiios. Es tal vez la mejor bora de preguntar a sus hombres invitândoles a un examen de conciencia tosltoiano: •iQué es el arte? iQué debemos hacer?&gt;
Vallc-lnclan no reniega de su esteticismo. El arte es un juego. Pero hay momentos en la vida de los pueblos eu que es una inmoralidad jugar por jugar.
Este es uno. iCuâl puede ser la ob,a s0cial del artistû
No baya miedo que ouestro don Ram6o vacile. Es, ante todo, un hombre
inspirado. Lo ha sido siempre. Dispuesto a emprender un nuevo camino, are·
mozarse, a seiialar un derrotero abriéndose paso de DUevo COD eotusiasmo
juvenil y experiencia de veinticinco aiios de escritor, Val\e-Inclâo irrumpe desenfadado con uo3. sa.tira histurica.
La Farsa y licencia de la Reina Castiza, caricatura del reiDado de Isabel Il, es.

uoa representaci6n guiùolesca de • t 1
·ganado por la booachooeria de ~[~rd: fYe~d_a que do~ Benito Pérez Gald6s,
desterrada en Paris, no quiso utilizar ~s r1s~cs_destm~s&gt;, a quien conoci6
Modelo de gracia s6lo corn arable a 1 P ~a a ulttma senc de sus episc.dios.
no, escrita con desgaire y :alanura suase~eJores arsas_del Renacimiento italia~a Cru:, en versos regulares, ceiiidos !str·otes a os sametes_ d_e don ~am6n de
·nola, evocaci6n sutil de los od
ictamente a 1~ trad1c16D clâs1ca espaépoca de Gi/ Blas La G dm ls ~pulares d~l hbelo caracteristico de Ja
misma inteoci6o lit~raria d:r1:
t aca, culmina en sus breves paginas la
térmioos purameote estéticos dp ~s a del
red_ucida ~~tisticamcnte de los
y es ahora libre de toda e en on~:s a a pas16n pohhca de ahora.
pretensi6n ap~caliptica cua!:;~~~~acwn pseudo-biogrâ.fica, purgado de toda
hasta la fccha limitado' a no ma r mpera~ento combativo de Valle-lnclân,
·9-~i~re_pleoa eficacia artistica, ruJ~j,.:~eob160 que la de la m:sa del café, ad101c1ac16n de la nueva modalidad satiricaal cabo e~ una l?equena obra maestra,
de bohemia y Los cuernos de don F1·iolera i;roseg~i~a tnunfalm~~te _en Luces
voc6 sus primeros eosayos-cum J"d , ' e 1estetic1smo, la est1hzac16n a que
de Otoiio-, y la vaga iotenci6D m~r~i°!,; :xce entemente :n la magnifica Sonata
esta farsa transceDdcntal.
d después, que v1ene a concretarse en
Vuelve don kam6o del Valle-lnclân J
•
.
represeDta COD esa facilisima maestria os OJOS a 1a :eahdad y la apreheDde y
e~capando a toda consideraci6n teo··c que, por enc1ma de todo prop6sito, y
villa, divierte v excita el animo cle/\ a,/orp~ende Y capta, deslumbra y maraLA PLUMA que· el haber ublicad
ec or. . o tuviera nuoca ya otros méritos
revi;;ta tendrfa s6lo porpeso
o i:ior_livez l:&gt;6nmera La Heina Castiza y nuestra
.iterano
. contemporânèû.
•
, una sigm 1cac1 n de va n.,uar01a
a
·
• .
en e 1 mov1m1ento
1

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Yro/

18,

373

372

�LA PLU 1\1 A

LA PLU.MA

Ûltimamente, ademas, se nota en cuanto escribe, si no mayor reflexi6nque sus obras parecen un fruto espontaneo, un relato sin composici6n ni art,ficio, y es su mejor cualidad-, cie,·ta propensi6n gustosa a interpretar psico•
16gicamente el naturaJ. Carmen de Burgos. nacida a la literatura en pleno naturalismo, ensaya ahora, acaso sin proponérselo, una especie de acompaôamiento poétic-o a la realidad que transcribe, lo cual hace que. sin esfuerzo
a parente, sin soluci6n de continuidad entre el verismo a lo Matilèe Serao y el
dctallismo humoristico a lo G6mez de la Serna, balle una manera de transici6n ,
adecuada, tanto a su temperamcnto como a la mayor facilidad y recreo dl 1
leclor.
El ambiente, la idea inicial de Los Anticuan·os, familia de espaôoles tra~plantados a Parfs vendicndo antigiled1des, es un acierto indudable. La protn
gonista, una mujer becha y derecha; algunos cap(tulos, como el de las monja~
de Toledo, sumamente sugestivos; los tipos secundarios, forzados sin empacho
a la caricatura, muy pintoresco•; la segunda parte del libro, en que se inicia y
gradua con gran habilidad el paso de las necesidades del comercio al puro en•
tusiasmo heroico, revela una intenci6n espiritua!ista, no exenta de buen hu~
mor, que realza, prestandole cierta luminosidad interior, la intriga de la nove•
la, por demas amena y divertida.

* *

*

de guiarle; si se advi_erte esa lozania y facilidad que denota al poeta verdadero, al que _sabe cons1_derar los sentimientos fundamentales del hombre O Jas
menudas c1rcunstanc1as del azar, con una emoci6n aunca interrumpida 's·e .
p re fluyente.
, 1m
Acep!a de grado Ardavfo las leyes musicales a que tenemos hecbo el oido
!os esi:_,anolos, y no_ suele pe_rmitirse licencias que pugnen por completo cou Ja
1nmed1ata percepc16n del ntmo. Mas tampoco se ciiie a reglas inflexibles v
aun adopta muchas veces un tono recitativo, fluctuante entre cl verso rigid~ y
la prosa aconsonantada y medida, que da al discurso poético cierto humorismo denso. Tampoco se arredra ante la expresi6n equivoca O vulgar ni escoge el vocablo exacto,_ o bla~do, o ei;f6nico con preferencia al que e~ un moment? dado lraduce 1mpuls1vamente su pensamiento y su St&gt;ntir. Su poesia.
rep~t.1mos, pa_re~c reco~er, en cuatro v~rsos, o en una tirada de genuino aliento lmco, senhm1er,to_s, 1_deas y basta op1niones fugaces dispersas en cl ambien~e. Y sobre todo la d1g01fica y ennoblecc la eterna inquittud, que presta al li/o, compuest0 al correr de la pluma y de los dias, grave acento elegiaco El
1bro est.i prologado por don .Miguel de Unamuno.
·

• • •
G. K. Cheaterton.-El ltombre que fué jueves.-Novela, traducida del ioglés
por Alfonso Reyes.-Calleja.

Luis Fernândez Ardavin.-La etema inquietud.-Hispania, Madrid, 1922
El primer libro de versos de Ardavin, suscit6 no hace muchos ailos justa
ldmiraci6n e intcrés en torno del joven poeta. S11 advenimiento seiialaba, si
no una modalidad nueva en las formas e ideas poéticas remozadas por los renovadores espaôoles y amcricanos de fines del s iglo pasado, la concreci6n, en
un temperamente vigoroso, de ta! revoluci6u literaria, adaptando sus conquis.
tas a la capac1dad comprensiva del publico. Ardavin pareda descle luego llamado a realizar la uni6n de la nueva poesfa con los lectores, reacios en un
principio a encender la lirica, para muchos imcomprensible, de los que ya la
juventud intelectual consideraba sus maestros y guias. Estaba, sin duda, desti·
nado a ser un poeta popular.
Sus ,1fedilaciones reprodudaa en cada pagina, casi en cada verso, la imuge11
esjontosa de la ,nuerte, caracteristica del pensamiento poético espaiiol degenerado del misticismo clârico. La auatcridad del paisaje castellano, la vida ,nutrta de las viejas ciudades, donde retumban con lugubres ecos los pasos del
tiempo, la trasposici6n al lenguaje de los sentimicntos que boy despiertan en
nosotros 111s pinturas de Valdés Leal y del Greco y un ju\·enil deseo amatorio,
contagiado de los lamentos romanticos de hace un siglo, pero cernido en el
color de las miserias presentes, constituian los temas de la poesia de Ardavin.
La eterna inquietud recoge la obra lirica del poeta en los ultirr.os aôos; no
muestra ningun cambio esencial en la contemplaci6n del mundo a travts de
un temperamento como el del autor de La dama del ormino, que ya al nacer a.
la vida literaria tenia los ojos y la concicncia hechos a la luz interior que bab1a
374

C&lt;Jntinua la casa Cal!eja la publicaciôn en espailol de las obras de Chertestoo, cuyos folletos de propaganda en pro de la cau~a de los aliados durante la
gu_erra. despertaron la curiosi~ad, acrecida luego por Ortodoxia y Ja Pequena
lltstor,a de lnglaterra, aparec1das en la misma colecci6n que abora f,_J hombre
que fué jueves.
Es ésta_una novela _tipicame~te inglesa, y, por lo tanto, adecuadîsima al
gusto espanol, par!l qu1eri_ so°:, sm dud~, harto m.is comprensibles los mayores
al,irdes del humonsmo bnt.in1co que c1ertas cualidades inherentes a la Jiteratura francesa no obstante su universalidad.
EJ hombre que f11é Yueves, tituJo sugestivo y que de primeras puede infundir
al lecto~, por su aparente extra, agancia, la sospecha de una traducci6n mala
de _tan litera(, es una nove:a policiaca; _la caricatura de _una novela policiaca, 0
me1or, la_ s.ihra_, so pretexto de tal caricatura, de bs pnncipios fondamentales
la s?ciedad rnglesa. Obra maestra de ironia, constante paradoja, espirituarnmo Juego dt:! autor, que se complace en inventar la trama novelesca para
sacar al_ punto la cabez~ :&gt;: d~scubrir ~a intriga sobre qne ergotiza, discute, brinca, se ne, se confiesa, d1v1rtiendo sutilmente al ltctor, El ltombre quefue juer,es
acaso no tenga ~tr_o defecto que el de suspender, acelerandola la marcha de
la novela Y prec1p1tarse al final en una justilicaci6n innecesaria' de las premis,, , que aœptabamos gustosi5imos.
Chesterton es cat6lico y, como Bernard Shaw, eminentemente polemista en
sus obras de entretenimiento. Traducido al franc~s hace aigu nos aiios, no ha

f ~.

375

�LA PLUMA

LA PLUMA

dejado de sentirse su influencia, s_iquiera sea indir:ctame~t;, en la re~~ci6n
literaria contra el liberalismo del s1glo xrx. En Espana mamliestase tamb1en su
influjo, mal entendido, en la conversi6n al _catolici~mo de algûn a!ltiguo anarquizante como el Sr. Maeztu. Mal entend1do dec1mos, porque s1 Chesterton
fuera espai'iot, emplearia su agillsima dialéctica en pro de la Reforma.
Sobre que Chesterton es un artista, cuyo estil~ dificilfsimo de tan anima?_o,
contundente, gracioso en grado sumo, podemos d1sfrutar merced a la version
de Alfonso Reyes.

* * *
Adolfo Salazar.-A11drtfmeda.-Bocetos de critica y estética musical.-Fr61ogo
de Pedro Henriquez de Urei'ia.-Cultura, 1921.
Reuni6n de cr6nicas, pero «no importa que sea cada pag!na ~n f:agmento'
si forman un todo en su union&gt; como traduce Salazar de Heme, 1usbficando la
divagaci6n ~parente, la inconexi6n exterior de los ensayos colecc!onados baj?
la advocaci6n de Andr6meda-«la belleza nueva, el nuevo arte, 1ove11, palpitante, llero de vida y luminoso (que) gime entre las cadenas del drag6n tricéfalo: académico, ministerial y conservador. Andr6meda espera a Perseo&gt;.
Adolfo Salazar ri.fie en peri6dicos y revistas ruda batalla en pro de la musica nueva, de la posterior a Wagner. Su teoria fondamental es el retorno a l_a
mûsica pura, elp1·ebeetkovenianismo, y, como consecuencia, las mas audaces pos1bilidades de la mûsica moderna.
Y aquî del equivoco. Porque no sé si habra quien guste de la mûsica como
ta! arte, que pueda disentir de una t_endencia mo!artian_a, o d~ la reg:esi6r. a
Monteverde o a Bach; mas no sera fa.cil que de primera mtenc16n, y s10 recurrir a la 16gica, sin ma,s que atener~e al oid~, ~cierte a compa_ginar su aquiescencia a tan grata teona, con la reahdad aud1hva que los music~~ ultramodernos nos ofrecen. Podemos estar conformes en la raz6n que as1ste a cuanto~,
como Salazar, defienden contra la costumbre rutinaria la viabilidad de toda forma nueva, por extrai'ia que nos parezca; pero hay siemp~e en toda den:iost_r~ci6n artistica un factor esencial: la genialidad o no del innovador, la reahzac1on
de su teoria.
Abora que, en el caso de Salazar, e independientemente de nuestros gustos
personales, no habra tampoco_ quien d;i~ de reco_nocer la ~xisteacia ?c ~n
nuevo aénero, el ensayo estét1co, ame01s1mo, sugendor, poét1co, es dec1r, sin
sujecié; a vcrdad alguna, ilimitado como toda fantasia sobre motivos person~les e intransferibles: ta! Andnfmecta.

* * *
Juan José Domenchlna.-Poeslas escogidas.-Edicîones Mateu. Madrid.
Dos lib.:os no mas Jleva publicados Juan José Domenchina, en edicionts
restringidas, que meredan mas atenci6n de la que los_ crîticos se han digna~o
concederles, cuando ya se lanza a dar 110 tercero, esp1gado en los dos anteno-

J"CS, con alguna~ poes~as mas, entre las cuales los poemitas que vieron la luz
en L&amp; PLUMA baJo el htulo general de La corporeidad de lo abslt·acto.
~o nos pare~e mal esa labor clc selecci6n, que revela un prurito de acab~_m1ento, de _me1ora, de depuracié~ consciente, rara vez intentado por los esc11tor:s ~span~les, mucbo 1!3Cnos s1 son poetas, y no se diga si son jévenes.
As1 d1scer01das las poes1as de Dome:ichina resalta su caracter cerebral intclectualista, concept~oso, ctifkil-r_ebuscado en ocasiones-, que constituye
para nosotros su ménto; pero que sin duda es lo que, unido a la modestia del
poeta: y as~ aleja_miento de cenaculos y drculos, baceque no sean asequibles
de I;&gt;nmera 10tenc16n a la masa de lectores, y, csto ya es peor, a los criticos de
ofic10.
Al frente del tomo, se repite el p• 6logo de Ramon Pérez de Ayala padrino
de uno de los dos libros primeros.
'

* *

*

Nicolas Beaudnin,-L'homme cosmogonzque.-Povolowzky, ed. Paris.
~icolas Beauduin dirige una revista ultramoderna, La vie des lettres, de las
vanas que demuestran hasta qué punto es intcasa la vida literaria parisiense
para sostencr multiples manifcstaciones de una misma tende11cia. L'homme cos1nogonique es una colecci6n de poemas inspirados en la agitaci6n tumultuosa
del mundo contemporaneo, expresada eu formulas abstrusas concentradas arbitrarias e incomprcnsi':&gt;les e~ defi'litiva para los que, simpl~s aficion&lt;1;dos ~ las
letras, no pue~an s~gu1r ~l ntmo de las &lt;:lucubraciones de los nuevos poetas
hasta la_ expres1611 a.gebra1ca y de calculo 111tcgral en que se comp lace el sei'ior
Bea1:1du10; dotado, por lo demas, de aguda sensibilidad y humorismo, cualidadcs 10_herentes _a ~as form?s. poéticas que _triunfan por doquier, impregnadas
del ~1smo senhm1ento arhst1co de que nac1cron en la plastica, el cubismo y el
Jutunsmo.

* * *
J. Francos Rodrignez.-Los Dias de ta Regenc,a.-Hisloria de tu que fué.Calleja.

No deja de ser curioso el efecto que produce la lcctura de este libro de un
maestro de periodistas, como acostumbran llamar sus colcgas al autor de ,._os
1
lias de la Rege11cia. No deja de ser curioso el que incluso aquellas cosas que
por haberlas oîdo referir tantas veces, casi nos atrcveriamos a escribir como
vistas, no~ parezcan, ~atalogadas y ~omentadas por &lt;;l sei'ior Fraacos Rodrîguez,
remotas, 1ncomprens1bles, mal cop1adas de rclatos mcompletos.
Los _su_cesos triviales eaumerados. con la -~isma ligereza que los grandes
:icoatecmuentos, componen una cr601ca tan hv1ana 1 un memorandum tan somero, deslabazado y sin gracia, que dcsafiamos a quien no conserve de cuar.to
a llî se recuerda una imagea pt ecisa, a que pueda reconstituir la de los primea·os ai'ios de Ja Rcgencia de dofia i\larîa Cristina.

377

�LA PLUMA

LA PLU ~1 A

Ahora, que si como documento hist6rico es malo el libro, co11;10 estilo lit~rario es un monumento de orosa torpe, cbabacana y con pretens1oot';s de clas 1cismo académico. «La obra ·de un ministro», que dida el senor Azonn.

* *

C. R. C.
'!&lt;

-Prisma, revista interoacional de poe~ia, editada muy bellam_ente en P~ris,
b~jo )a direcci6n de Rafael Lozano-cuyo hbro La_ atondra_ encandz~ada le se~aloe11tre Jos poetas j6venes de mas valer de la Aménca espa_nnla-reune ecléchcamente, con amplio senl!do liberal, den_tro de las teoden~1as modernas, los n~mhres mas prestigiosos de la lirica universal, con los pioneers de la generac16n
'! ue ahora se abre paso.
* * *
-En el Mercu,·e de France de 1.0 de juoio, r.;. Jean C_assou habla de AntoMachado: « •.• es un poeta muy profundo: qu1ero dec1r_ que todos. los elementos en que consiste la belleza de su arte estan escond1dos, como 1mper:etrables secretos. La musica de sus poemas es apag~da, y se substrae a todo
analisis: la libertad de su verso se adapta al pensam1ento, eso es todo; su armonia es menester sentirla. En Antonio Machado no bay hala~os, nada que subyugue. Se le ama, o no; sencillamcnte. No presenta superficies !?Janas; es un
poeta bacia lo bondo. Puede disecarse una Crase de Cervantes, sm que sellegne a descubrir el por qué de su hechizo;_una fras': ~e Cervantes puede estar
mejor O peor constrmda; poco importa; c1ertos esp1ntus encuentran en esa sobriedad cordial, caliente, en esa manera robusta )'. noble de_ expresarse una delectaci6n rara, Lo mismo hay que gustar loque d1ce Antonio Machado, de alma
010

a alma.
·o ·d l ·
Sus poemas, poemas cortos, no evocan_ ninguna decorac, n 1 ea , s!no aquella en que vive el poeta, y s6lo en lo prec1so para ex:traer una nos_talg1a de_ otrolugar, de otros tiempos: las calles de uno de esos pueblo~ espanol_es, tristes,
.iplastados par cl sol, un patio abandonado, una noche ar?1ente, eb~·ia, rara, un
suspiro, un llamamicnto, el rocc de una mano, al punto mterrump1dcs brutalmente.
.
.
t D
... Nada mas escueto, mas austero qt1e l~ ex1stenc1a _de estt; poe a.. e s~s..
versos se alza a veces un clamvr par hero1smos y senhmentahda~es. 1mpos1bles. Su juveotud no ha vivido, y la «triste loba• aulla. Al poeta sohtano, rayano con la vejez, tqué le resta, fuera d: S? ensueno?
No mas aventuras, ni mas descubnm1eatos que los que el P?eta ~ace en la
noche de su muado interior. AUi se encuentra con l~s hadas stlenc10sas que,
en su iafaocia, le Jlevaron en brazo!I- a una fiesta bo~:uta en la plaza de su _pueblo. Alli traducc la canci6n de las fuentes eu los patios abandonados. al pie de
los limooeros polvorientos.
.
,
1
Los poemas de Antonio Machado mezcla1;1 asi a_ sus nostalg1as la melanco.1a
de una pasi6n insatisfecba, recuerdos de la mlanc1a tra_nsformad~s acaso por
Ja apetencia que todos seotimos de crear ouestra. prop1a leyenda, l?s què «se
han criado en los cuentos de Andersen•, como d1ce Barrès, saben mventar cl-

mundo magico y singular que les form6, y de él eocuentran hucllas en todo su
dc:stino de hombres. Asi en su soledad y en sus ensuenos Machado halla las
voces, las _aspiraciones perdidas, una historia I ancia, que' babfa olvidado. Es
muy traba1oso expresar la desaz6n y el sortilegio que sirven de atm6sfern a estos poemas.
Soledad y ensueiio: es el tema eterno de la literatura esp ..nola, de G6ngora
y de Cervantes, de Santa Tere~a y de Calderon.
... Ant~nio Machado./ poeta indefinible e intraducible, ocupa en la Jiterat ura espanola un puesto umco. ':'erdad es que ~n respeto gr:inde rodea o;u ciigntdad y su soledad, pero no sé s1 ya esta arraga1da la persuasi6n de que es uno
de los poetas mas profundos y singulares que ha producido la pr0fu11da y singular Espana•.

* * *
-Les. Ma1·ges, la revista de M. r.~ontfort, publica en su numero de mayo las
cont:stac1ones _a su ~ocuesta: •1El s,glo xx, es un gran siglo?» Se trata, es claro,
del s1glo xr_x chterano• y francés. Comentando las repuestas obtenidas, M. Le
Blond escnbe entre otras cosas: •Nos hallamos ante una campana colectiva,.
que no data de boy_ (sus origenes esta.a en los escritos de M. Maurras y de
l\f. Lasserre, porno c1tar mas que esos dos nombres), y tiende a desnaturalizar
y escarnecer en bloque la época mas fecunda y brillante de nuestra historia
literaria. Se adivina el prop6sito refle:x:ivo, premeditado, de demolici6n sistematica ... Los despreci:idor~s. del siglo xrx: se reclutan entre gentes que para
pensar y ;uzgar se colocan umcamente en el punto de vista nacional. Lo que
Jes preocupa sobre todo es la supremacia francesa, del genio francés. Casi no
tienen en los labios mas palabra que esta: jfrancésl Y hasta ahora 1 con su campana loca,_s61o aciertan a proveer de armas a los agentes peores de la propaganda antifrancesa, por lo que M. Pierre Mille ha podido decir: «Durantc la
guerra los hubiesen tachado de traidores a la patria ...
... Examioemos la repercursi6n que para el parvenir de la lite,atura puede
tf&gt;ne'. esa Campana en nuestra propia casa. El fJroblema se presenta grave s; se
cons1dera hasta qué punto la guerra ha afectado a las generaciooes mas recieotcs. No s61o es mas bajo el nivel de los conocimientos, pero la curiosidad iotelectual. Los gustos son diferentes. El afao por los deportes, el excesivo ardor
que emplean en la cultura fisica, desvfa a los jôvenes del trato con las ideas.
li:l apetito de leer ha disminuido singularmente en la juveotud actual, en quien
e1 séptimo a_rt~, llamado también cinema, ha desarrollado la pereza. Pregun tadles su op11116n sobre este tema a los profesores de segunda enseiianz~ '"
quedareis edilicados. En una clase de ret6rica habra tres alumnos que conoican el uombre de Anatole France, y uoo solo acaso sabe que este insigne·
maestro es nuestro contemporaneo. En cambio, niuguno icrnora lns nombres
de Carpentier o Criqui. jNo se dira que los ouevos bachille~es esta.a enfermas
de literatural Devoran los peri6dicos deportivos; y pueden contar sin omitir
detalle la biografia de los campeones de boxeo o de foot-ball, la nomeoclatura,
y las peripecias de los nzalches mas recientes.
379

�LA PLU M1A

LA PLUMA
Las injurias contra el siglo xix llegao a punto para que esos j6venes beo•cios se las traguen. 1Qué invitaci6n a la indiferencial iPara qué conocer a los
espléodidos romaoticos, o a los grandes realistas, que pueden excitar su ioteligencia o su sensibilidad, si fueron unos cretiuos, unos locos, o pavorosos divagadores? Los escritos de esos «malos maestros•, ioo ban engeodrado aquel
deletéreo estado de espiritu que nos condujo a Charleroi, al borde del abisrno, y que nos bubiera llevado al desastre final si Le6n Daudet, al escrib1r
l'.A.vant-gue1·re, no bubiere sido el verdadero veocedor de la batalla del Marne ...? Y ,se coosagraran ma;; al culto exclusivo del atleta, expresioo superior
&lt;iel bruto moderno.•

* *

*

-La Connaissance (abri!), comieoza u:1a en cuesta con este litulo: El genio
literario y la Universidad. «El Estado pretende eoseiiacLetras, Cieocias y Artes. iC6mo es que ni un solo escritor de genio, ni uo grao escritor ha salido de
la Universidad?• De las respuestas publicadas, ootamos la de M. Abel Fau1·e,
autor de «libros crueles e interesantes• sobre cuestiones universitarias: cLa
eoseiianza de la Universidad, que, para el caso, es el Estado, fabrica loros, de
tres grados: primarios, secuodarios y superiores. A los del primer grado les
entrega certificados de estudios; a los del seguodo, titulos de bachiller; a los
-del tercero, licenciaturas y agregaciones. La Educaci6o francesa, desde lo mas
alto de la escala a Jo mas bajo, s-:Slo tira a un fin, no busca mas que una cosa: el
titulo. El titulo es el comienzo y el fin, el principio, la esencia, la raz6n misma
de la educaci6n fraucesa. Suprimase el titulo y bruscameote todo el edificio se
buode como castillo de oaipes. Desde bace aiios, oo ceso de proclamarlo: el
titulo es la podredumbre que emponzoiia la economia entera del sistema escolar. tPor qué? Porque corrompe todos los métodos oaturales de una disciplina
que podria ser 16gica y racional, swstituyeodo constantemeote y por esfuerzos
reiterados el signo a la cosa significada, Jas apariencias a las rea\idades. Por
su causa, toda la juveolud fraocesa se Jaoza a la cooquista de no pergamioo,
que ocupa el lugar de las ideas, de la originalidad persona!, del espontaneo y
libre desenvolvimiento de la iodividualidad. De ahf, el recargar los programas
de ensenaoza, el atiborrar los cerebros, el rellenar las inteligeocias, con el ejercicio iobumaoo de la memoria, y la adqui:;;ici6n de lo literai y de Jas f6rmulas.
Corno consecueocia, debilitamiento progresivo de las cttalidades invtntivas,
pérdlda del juicio, nivelaci6n de las ioteligencias. La caza del titulo contrihuye a crear ese tipo de hombre mediano, que eo cada orden de ideas pieosa
-como todo el muodo, bace loque todo el mundo, se determina por :motivos
extraiios a su personalidad propia, magnifico ignorante, muy pagado de su ig•
norancia porque le adornan las apariencias del saber y le permite bablar de
todo con imperturbable aplomo y total seguridad.&gt;
Por su parte, Maurice Barrès contesta. «Pedimos a la enseôaoza que form'!
.3eres capaces de recibir la lecci6n del geoio.•

* * *
380

ACADEMIAS
Gonza~o R. Lafora: Ensayo de interpretacùfn psicoldgica del cubismo.-Conferencia en el Ateoeo de Madrid.
Ap~~te el_ inter~s cieotifico que puedao teoer los eosayos, com-o el de ioterpretacioo ps1col6g'.ca del _arte moderoo, con que de vez en c.iaodo nos regala
el doctor Lafo:a,. lteoen s1empre cierto in te rés arlistic:o, cierta emoci6n creadora ~ue l~s distrnguen de los de otros estudiosos investigadores, e indudable
ameoida~ mc_luso ~ara el publico profano. Su ultima cooferencia en el Ateneo
de Madrid ev1dencta las cualidades que seiialamos.
Con docu~entos a la vidta-uoas cuantas obras selectas entre Jas de los
maestr?s cub1stas, f~tur!stas y expresionistas, y uoa breve antologia de textos
exegéticos que las 1ust1ficao-promovi6 e l doctor Lafora la explicaci6n del
;;te m?derno en sus manifestacione s mas absurdas e incongruentes al parece r.
ay,_ si_n duda, un punto de semejanza entre los artistas mas sigoificados del
movim,ento poet-impresionista, que, sin tener en cueota circunstancias de
orden secund~rio-la imitaci6n, la moda, el afao extravagante de sorpreoder
al buen ~urgues_-~evelan uoa inspiraci6n comun. El doctor Lafora atribuye Ja
producc16n artistica moderna al peosamiento disociado-esquizoide-del artista, _que se propone conscientemeote expresar sin aux1·1,·o de Ja composici6o
16
gicd, las seosaciooes, seotimientos, ideas, que le asaltan.
Po_r mejor d~mostrar su aserto, el doctor Lafora presenta juoto a las obras
escogidas de artistas célebres, otras, sin calidad artistica, de iiiiios y de Joc
que respondeu en la inteoci6o a la misma de los cubistas y expresionistas moas~
en boga. En ést~s se ve ab 11ltado, monstruoso, el mismo impulso inicial generador en el artlsta moderno de tan desconcertantes elucubraciones plasticas
como sueleo ofr~cer a la coosideraci6n espantada del vulgo.
. La conferenc1a del doctor Lafora ha ocasiooado alguoos comentarios apaswnados en contra, suponiendo que, como cualquier Max-Nordau preteodia
extender uoa cer~ificaci6o de locura al arte modernisimo en geoer~l.
Nada meoos c1erto. El doctor Lafora, pintor de afici6n por otra parte 505•
l~y6 de ~rop6sito toda inteuci6n de cdtica artistica. Quiso, y Jo consigui6: suscitar el_ 1nterés_ ~el publico, casi todo de pi:ofanos, que le escucbaba. sobre la
geoerac16n espmtual del fen6meoo, para muchos iocomprensible auo, de loque se ha dado en llamar por antooomasia arte moderno.

�LA PLUMA

LA PLU ~1A

Deseamos vivamente que continue sus ensayos de interpretaci6n, cxtendiéndolos a Jas manifestaciooes cubistas, futuristas, expresionistas, creacionistas dadaistas ultraistas, en la Jiteratura europea cootemp6ranea. Lo que en
es~ sentido a~unt6 ya en su conferencia del Ateneo, despert6 auo mas nuestra c&lt;1riosidad, tal vez insana.

* * *
'GACETILLA
1Cretlnos, a defenderse!-No sabiendo ya a quieo favorecer con nue~,1ras prendas protecloras, se intenta ensayar un protectorado maso _menos civil en Las Hurdes. Esta en ciernes uoa comisaria, que sera solo rned1aoa; a un
pueblo tan bajo de estatura, siempre le parecera sobradamente ~lta. ~e e~p~r_a
que los naturales sean lo bastante sensatos para no oponer res1stencra; mutil
resullarfa que los hurdanos pretendieran ampararse con el «derecho de los pequefios pueblos a disponer de si mismos• (véase: D1ccroNA_Rio DE IDKAS TRIVJ~U!S: Guerra eut·opea; Sociedad de naciones; Wilsonismo); reumda una conferenc1a
de técnicos-conferencia de las Batuecas, col!tinuaci6n de la de Pizarra-ba
declarado que ta! pequeficz se entiende del numero, no de la talla; asi es que
a los burdanos no les vale ni la Paz y Caridad. 1Pobrecillos! lA tanto llegan las
ventajas de nuestra alzada? No poseemos otros titulos para ir a inquietarlos en
sus madrigueras. jNi siquiera estiin incluidos en el testamento de Isab~l la Cat61ica! Si tienen hambre, si no saben leer ni escribir, a otros tan faméhcos, tan
barbaros pudiéramos proteger, que no se protegen; lo decisivo, lo grav~ es q~e
son cretinos. Algun escritor se alarma, pensan40 que al propalar la ex1stenc1a
del cretinismo en Espaiia nos perjudicamos en la opinion extranjera. Pero que
·hay cretinos en Espaiia es un secreto a voces; eso en pri:ner lugar. En s~gundo si en el extranje:-o también los hay, sera.a unos cretinos mucho meiorcs,
mâs acabados cretinos que los de aqui, y no se mezclaran en asuntos de go"bierno, de letras y de armas, como se mezclan los espaêioles cretos, haciéndose
pasar por Jo que no son. Y tercero: lo intolerable es que haya •~antos cretinos
bajo una !inde•; esta es la opini6n de los técnicos. Que anden d1spersos por la
uaci6n importa poco; pero que se concentren a millares, aunque sea en los
aparta~os y altos valles donde viven los hurdanos, es peligrosisimo. Todo JO

-que se concentra, es mas vigoroso que si se enrarece-excepto el liberalismo,
que al concentrarse se evapora-; un gran conclave de cretinos, como el de Las
Hurdes, debe de ser para el cuerpo social una infecci6n mucho mas violent a
qae si los mismos cretinos viviesen separados. Asi, pues, hay que protegerlos
hasta que se acaben.
Varios métodos puedeo emplearse:
0
1. Matarlos a todos. Un par de operaciones de policia no dejarfa ni los rabos. Este es un método costosisimo.
0
2.
Enviarlos pensionados, hasta que adqu ieran la técoica del cretinismo
en el extraojero. (Esta idea acaba de ocurrfrsenos como si tal cosa; no podemos
desarrollarla porque esta en prensa el numero). Tropezaria con la oposici6n de
los reaccionarios. ,Qué necesidad tenemos del extranjero, o de imitar malamente loque hay bueno en casa? La experiencia prueba-afiadfrian-que con
los métodos espaiioles puede formarse tan buenos cretinos .:omo en cualquier
pais del mundo.
3.° Formarles un expediente para &lt;depurar responsabilidades&gt;, y enter~rse de quien fué el primero que naci6 creto; y
0
4.
Que el Sr. Cierva, u otra personalidad relevante, les pronuncie un discurso, incitandoles a crecer, aunque sea solo por patriotismo, y a no multiplicarse mas, hasta que hayan crecido.
Entre esos métodos hay que decidirse. &lt;Quién ha de aplicarlos? La elecci6n
de Mediano Comisario, representante del Protectorado, es ardua. Aqui los pre,cedeotes no sirven de nada. Cuando en Soria pidieron que su provincia se re bautizase con el nombre de Numancia, dijimos: «Nombraran gobernador a Escipion Emiliano, que aceptara pJr patriotismo un puesto inferior a su catego.
ria!• Pero en Las Hurdes hace falta un comisario civil, o dvico-eclesiastico no
un general. Dicese que nombraran a D. Abilio Ca!Jer6n, uno que fué mini~tro
y dej6 fama de austero porque adopt6 como emblema las iniciales del servicio
de Obras Publicas: O. P., que significa: Onradez Palentina.

*

* *

Libros recibidos.-J ulio End ara: José lngenieros y etjorvenir èe ta filosofla
Buenos Aires, Agenda general de libr&lt;!ria.-Molière: Et Amo,· Médico (trad. de
Narciso Alonso Cortés), Valladolid, 1922.-Céline Arnauld: Point de mire, Pari~,
f'ovolozky, 1921.-Luis H. Delgado: El joema tt-iunfat, Paris, 1921.-1\Iariano

�LA PLUMA
Aramburo: Discunos, Garcia Monge, San José de Costa Rica, 1922.-R. Buendfa.
Abreu: Luz, Barcelona, 1922.-Manuel Velasquez: Mad,·e, El Convivio, Garda,
Monge, ed. San José de Costa Rica.

Revistas.-Mercu1·e de .F,·ance, Paris. - Le Progrès Civique, Paris. - La
Connaissance, Paris.-La Revue de l' Epoque, Paris.- Vida Nuestt·a, Buenos
Aires.-Atl1enaeum, Zaragoza.-Repertorio Amet"icano, San José de Costa Rica,
Le C,·apouillot, Paris.-Belles Lettr.:s, Paris.-Cultu,·a VeneZ1Jlana, Caracas.Die Aktion, BerHn.-Pegaso, l\fontevideo.-Cuba Contemporanea, La Habaoa.Babel, Buenos Aires.-Po,.s{a ed .frte, Ferrara.-Espaiia ;v América, Cadiz.-Hel'mes. Bilbao.-L' Art Libre. Bruselas.-Ça b·a, Amberes.-La Romia, Roma.
La No•,velle Revue F,-ançaise, Paris.-Indice, Maddd.-Cosmopolis, Madrid.-The
Living Age, Boston.-Espana, Madrid.-Les Marges, Paris.-P1'isma, Paris.Signaux de France et de Belgique, Bruselas.-Los Nuevos, Montevideo. --Revue de
l'Amérique latine, Parl'.s.-.Le Thyrse, Bruselas.-Intentions, Paris.-La Revue de
Genève, Ginebra-Feuilles Libres, Pads.-Le Maglt'o, Bolonia. - La Vie des lettres, Paris.-Hispania, Paris.-Ateneo de Honduras, Tegucigalpa.-Revista Parlamenta,·ia de C11ha, La Hab&amp;oa.-Gandù·ea, Cluj.-Le Disque Vert, Paris-Bru~elas.-Nuestra América, Buenos Aires.-CJaridad, Santiago de Chile.-Af"id,.
l\fontevideo.-America Brasilûra, Rio de Janeiro. -Zun-otnica, Cracovia.-Aperusen, Perusa.-Caminos, Barraoqui!la.-La Revzte d' aujou:-d'kui, Bruse!as.

FIN

DEL

votU?d.EN IV

�</text>
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                <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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              <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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