<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="20411" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/20411?output=omeka-xml" accessDate="2026-06-10T20:06:14-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="16770">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/444/20411/Revista_Moderna_Arte_y_Ciencia_1901_Ano_4_No_3_Febrero_Primera_quincena.pdf</src>
      <authentication>1d9c2f443d3b0aed53554d45dbe2c693</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="568715">
                  <text>40

ARo lV

REVISTA MODER~A-

ble me la hablan hecho. Amenguóse el resplandor
molesto de sus ojos, que brillaban, si, pero empañados por tenues celajes; dejó de echar fuego como fragua su hermoso cuerpo, y pude acercarme
libremente á ella, sintiendo, antes que calor, un
dulce temple que á un tiempo confortaba cuerpo y
alma.
Despertóse de improviso en mí Yiva inclinación
hacia á ella. Hablamos, se animó mi conversación
con requiebros y se salpimentó con suspiros, me
entusiasmé, coqueteé, me entusiasmé más, me declaré, hicele proposicioaes de matrimonio. ¡Ay! liumanos, ¿sois mortales porque sois débiles, ó sois
débiles porque sois hombres?
Condújome la taimada á un delicioso lugar, nombrado Sardinero, vecino al Océano, verde y cubierto de flores como un jardín, reuniendo en si la suave tibieza de la tierra y la frescura del mar, un
verjel con playa de doradas arenas, donde las liolgazanas olas se extienden desperezándose al sol,
un montecíllo encantador, primaveral, compendio
de todas las bellez.as de la Naturaleza.

Mi compañera, á quien desde aquel instante llamé mi esposa (porque consintió en serlo con pérfida
complacencia), me sumergió en el mar, me invitó
después á paseos y meriendas. ¡Oh, que felices días
pasamos! ¡Qué apacibles noches! ¡Cómo rodaban las
horas sin que sus pasos sonaran sobre aquel césped
florido ni sobre las cariñosas arenas de la playa!
Yo era el hombre más feliz de la creación basta que
un día, ¡infausto día!. .. Nunca babia visto á mi
compañera tan hermosa, ni tan alegre, ni tan amable ....
Nos bañamos juntos, disfrutando del halago de
las olas, asidos de las manos, mirándonos el uno al
otro, cuando de repente desapareció no sé cómo ni
por dónde, dejándome lelo, lleno de desesperación.
Busquéla por todos lados, dentro y fuera del agua.
No estaba en ninguna parte. Me eché á llorar y sentí frío, un frío que penetraba hasta mis huesos.
¡Triste, tristísimo día, horrible fecha! La recuerdo bien.
Era el 22 de Septiembre.
B. PÉREZ GALDÓS. .

NUESTROS COLABORADORES EN EL EXTRANJERO.

Oomunicamos á nuestros lectores que habiendo adquirido la colaboración
del Sr. Abogado Nicola Rubino, eminente escritor italiano, director de «La
Crítica» de Nápoles, tendremos el gusto de comenzar á publicar artículos suyos, brillantísimos de forma y vibrantes de sentimiento. Tendrán ocasión
nuestros abonados, desde luego, de gustar y de admirar las sensaciones de arte oriental_que nuestro nuevo colaborador nos ha enviado con el título de «Piccoli Azzurri d'Oriente. »

EN _HOMENAJE AL DUQUE JOB,
Organizará en su salón la Revista Moderna, la noche del día 3 del próximo
Febrero, un festival artístico.
Oportunamente se repartirán las invitaciones.

.......

MÉXICO,

1ª

QUINCENA DE FEBRERO DE

1901

NúM,3

REVIST A MO DER NA
ARTE V
DlRECTOR: JESUS E. VALENZUELA.

CIENCIA.
JEFE DE REDACCION: JESU S URUETA.
Tip. de Dt1bld11.

�42

REVISTA MODERNA.

REV1STA MODERNA.

UN VIAJE DE BODAS.
A

JESÚS

E.

LUJ,Í.N.

Volaba el tren sobre su doble cinta de acero. La la moda ferrocarrilera. La muchacha decía en
niebla que babia opacado las primeras luces del al· tanto:
-Gracias, gracias, con las manos en el semblanba, se desvanecía bajo el sol vencedor cuyos áureos
dardos chocaban rompiéndose en viva policromia te, dejando coner sus lágrimas entre sus deditos
en los cristales y remates metálicos de nuestro enor- enguantados.
-Señor, balbutió después levantando la frente:
me carro, remolcado con furia á Jo largo de la lla¿va
Ud. á Chihuahua?
nura escueta y secamente melancólica. Crujía y á
-No, señorita, contestó él.
las veces silbaba la locomotora con plañidero acen-¿Pero cómo pagarle á Ud. entonces? ¿A dónde
to de bestia castigada, que aún más honda bacla. la
puedo
enviarle e3e dinero cuando llegue á mi casa?
solemnidad del desierto fronterizo. Ni un hombre,
-Señorita,
replicó él, sentándose á su lado, eso
ni una res, ni un árbol eu la inmensa extensión heno
vale
nada
y
es para mi una caricia de mi buena
rida por el monstruo vibrante, empenachado de ne·
gro humo que tirado al viento á lo largo de la 11· suerte el haber tenido oportunidad de servirá Ud.
nea recorrida, en grandes volutas semiobscuras, to- en algo.
La mujercita sonrió ligeramente entre su llanto,
cadas á fuego por la luz, se deshacían en la transparencia del aire. Los conductores recorrían los ca- un rayito ele sol rompiendo la lluvia. Y siguieron
rros del convoy revisando tickets. Los pasajeros conversando cada vez en voz más y más baja.
contemplábamos por las abiertas ventanillas la tris- Próximo á ellos percibía yo algunas frases: Era
teza de aquellos terrenos si n aprovechamiento. De ella de Chihuahua. Había venido á ;\léxico con su
pronto uu grueso empleado yankee dijo, dirigién- madre, enferma desde la muerte de su papá, la ha•
dose á una linda mujercita, graciosamente vestida bia perdido desgraciadamente á pesar ele médicos
y medicinas, y r egresaba sola á su tierra, á donde
de viaje.
tenían algunos iutereses, porque ... era sola, ente·
-1'icket?
La rubia de aterciopelados ojos, los 6jó bajo el ramente sola. En el mismo tren, el primer dia de
dosel blondo de su cabeller;-. que se escapaba del viaje, se le habla extraviado su saquito (me lo han
sombrerillo en rizos de oro hasta las cejas negras, robado, dijo) en que llevaba su ticket-recalcó lo
palabra-y su dinero. Luego, sacudiendo con deliy repitió.
cada
gracia su cabeza de arcángel, ya secas las lá·
- Ticket?
grimas:
- Yes, ticket, dijo el conductor.
-"Jfi no entiende, abaco, mu1·muró, dilatando
Volvióle á mirar la joven y como &lt;]icho sólo para
desmesuradamente las negras pupilas sobre la llasi misma, murmuró:
mua interminable.... ¿Y qué hubiera hecho yo,
-Si lo he perdido!
El obeso empleado seguía con la mano tlestendi- sola, allá abaco1 agregó estremeciéndose ante la
torva soledad que se extendla á sus ojos; y como
da hacia ella, diciendo:
que se aproximó, refugiándose, á su interlocutor.
-¿No ticket? ¿~o ticket?
En los ojos de la guapa mujercita querían como Más y más bajo prosiguieron hablando, y no pu•
de percibir sino sus mutuas miradas cruzándose
saltarse las lágrimas.
en rayos de luz con interferencias ele sombra mis•
-¿No ticket1
teriosa, mi entras sonrelan sus labios encendidos,
Mas animada elijo con \'OZ clara:
descubriendo el marfil purisimo ele los dientes jó-Lo he perdido con mi seiquito de mano.
- Mi no entiende, replicóle él; y lernntó la dies· venes. Y seguíamos volando hacia el :Norte á través de la llanura y de los escasos accidentes del catra en ademán de llamar para que el tren se detu
mino monótono, envueltos en una no intenumpida
viera, añadienrlo bruscamente:
-Si no tienes ticket, abaco: si no tienes ticket, ráfaga de polvo .....
abaco.
-Gómez Palacio, llegó Ud, dijo, tendiéndole la
Todos los pasajeros nos incorporamos en defen- mano con tristeza.
sa de la joven, pero no tan rápidamente como un
-No, contestó él, iré hasta Chihuahua. Seré su
charro, mocetón hasta de veinte años, moreno, de escudero-si eso cabe en ferrocarril--hasta su caárabes ojos y fino bozo negro bajo la aguileña na- sa, señorita.
riz de amplias fosas mó,·iles como las de los corce-Pero eso no puede ser.
les de pura raza.
-Oh! perfectamente. . . . Ticket! y está hecho.
-Ticl.:et:' dijo, ya junto y frente al conductor,
La rubia sonrió agradecida, volvió el tren á su
tenga Ud., insolente; y le alargó un billete de Ban- carrera y ellos á sus miradas, á sus sonrisas y á
co, cuyo cambio devolvió el obeso empleado con el sus frases imperceptibles.
ticket, exclamando:
-Chi-júa-júa, gritó el extranjero conductor. Ba-All right; alejándose lueg-o con su enorme ab- járonse algunos viajeros.
domen que parecia un aventador de obstáculos a
Ellos no. ¿Qué habla pasado? ....

En Ciudad Juárez descendieron del tren á la vez
que yo, y cogidos del brazo desfilaron por el andén,
serios y callados, entre bullicioso grupo de pasajeros locuaces.

Al instalarme en el pullman del tren americano
que del Paso parUa para New Orleans, miré á mi
arregante charro, disfrazado de catl'in, con la bella
rubia de obscuros ojos en uno de los ángulos del
carro. ¡Con qué confianza se trataban! ¡Oh juventud! ¡Oh belleza! ¡Oh amor! Vi levantarse en mi memoria los hermosos dias.en que el amor me protegió
también y sen ti, contemplándoles con los o,ios entrecerrados, manos que estrechaban mis manos, ojos
que se miraban en los mios al mirarme yo en ellos,
roce de labios frescos en mis labios, dulce aliento
que perfumaba mi aliento, en medio del ensueño
que tejla y destejía bajo una lluvia de pétalos rosa con mis recuerdos ¡ay! muy lejanos, pero muy
vil"os en aquellos momentos. Y ya no hablaban a
hurtadillas. ¿Para qué?_Alli no se conversaba sino
en inglés. Ellos no sabían el inglés. ¿Por qué hablan de eutender su castellano aquellos figurones
de tapíceda que les rodeaban? Y yo seguia saboreando, casi escondido en la penumbra, las frases
de miel de abeja de nuestra lengua en los deliquios
amorosos de dos almas vírgenes, hechas para el
panal inagotable del Amor, travieso como un chicuelo y fecundo como un Dios.
¡Qué epanáforas las de aquella conversación rlt·
mica! Todas las cláusulas comenzadas con la misma frase mágica, vuelta y devuelta como la veloz
mariposa de un volante, de los unos labios á los
otros, velada apenas entre risas soñadoras. Te
amo! Te amo! Oh Rey Sabio! Oh Villcna! Oh l\fanrique! Oh Garcilaso! Oh Lope! Oh castellano! sacra
lengua inmortal del amor y de la poesía!
De repente se enserió la damíta rubia, Blondina,
le decía él.
-¿Qué tienes? le preguntó.
-Tengo miedo, dijo, y se quedó mirándole intensamente. El se puso serio también, y su mirada
de reflejos act:rados se fundió por algunos instantes en los reflejos negros punteados de oro de los
ojos de ella. Sus manos se buscaron y se estrecharon como ante una visión adversa; y de súbito, se
echaron á reir estrepitosamente. Los tiesos yankees
Y las estiradas misses volviéronse á mirarles frios
pero sorprendidos de aquel parlotear y cantar de
pájaros. Ellos no lo notaron. No vivían sino dentro de si mismos. Uua tejanita que tal vez chapurraba en su inglés un jil'ón de español de algún su
antepasado hispano, dijo maliciosamente á otra su
coterránea:
-Son pichonas.
-Oye, José, interrogaba ella, ¿por qué habré yo
tenido miedo junto á ti? Te lo he dicho, estoy sola
en el mundo ....
-No, no, [interrumpió él, estabas sola antes de
encontrarme, ahora ....
-Eso, eso, se apresuró á decir Blondína, estaba

sola, ya no. Pero lo que pasó hace poco, ¿sabes? . .•
tuve miedo por ti, no por mi, y te comuniqué mi
miedo; tú también tuviste miedo, ¿verdad?.... ¿Qué
será eso? .... Presagios? Mi padre no hizo feliz á
mi madre; mi madre, muerto él, no tuvo dia de salud. Desde pequeña, no diré que he vivido triste,
sino entristecida. La tristeza no me brotaba de dentro, me venia de afuera, digo, del exterior se me
deslizaba al interior del alma. No sé, nunca he sido dichosa .... hasta que perdí el ticket, y más después que confiada te he seguido habiéndote desviado de tu camino. Sin el ticket ni nos hubiéramos ha·
hablado jamás .... ¿Crees en el destino, José?
-Blondina, creo en ti. La verdad es que no so}
fatalista. Si hemos de creer en el destino tú y yo,
tenemos que juzgarle como el mejor amigo nuestro. Sin él no nos hubiéramos conocido.
-Bueno, ¿y por qué tuviste miedo?
-Yo, contestó él, yo .... ¿y tú por qué lo tuviste?
Tú me lo sugestionaste a mi.
- Yo! por ti, te he dicho, por ti, por ti; y martillaba Blondina repitiendo, por ti.
-Explicate, dijole él.
-Poi· ti. En medio de nuestras agradables palabras, viéndome en tus ojos vi en el fondo de ellos
un puntito rojo que fué creciendo, creciendo, basta empaparte la mirada en sangre. No te he dicho
cómo murió mi padre: asesinado. Pequeñita yo,
cuando le llevaron á. casa, le vi cubierto de sangre
roja, roja como el puntito que vi en tus ojos y que
fué creciendo, creciendo hasta empaparte la mirada. Yo le tengo horror á la sangre, mucho horror.
-Blondina, no hablemos de estas cosas. Vuelves
á entristecerte y eso me entristece á mi.
-Dices bien, hablemos de otra cosa, contestó
Blondina, y volvieron á sus primeras frases de tór·
tolas enamoradas, de pichonas, que decía la tejanita.
El tren corrla por las llanuras del Sur de Tejas,
tanto ó.más extensas que las nuestras. Habla obscurecido hacia tiempo y el porte1· comenzaba á preparar los camarotes para dormir. Una sección completa habla tomado mi ex-charro, fué arreglada
desde luego por el negro servicial á quien vi que
le deslizaba aquel algo en la mano: monedas sin
duda. A poco, indecisa, despidióse Blondina, recogiéndose eu el camarote de abajo; vi el movimiento
de las cortinas corridas bajo las cuales se desnudaba la joven. Quedóse su compañero algún tiempo
sentado frente á su sección, con los codos sobre las
rodillas, la cabeza entre las manos, después se levantó y desapareció entre las cortinas que cubrieron la toilette de noche de Blondina y ..... .
........ ; al lecho misterioso
Venus conduce á la beldad divina
Que mal esconde el susto fatigoso.
Mirt-ilo, hablando quedo, á ella se inclina,
Y se oye un ¡ay! mas el Pu&lt;}or cuidoso,
Cierra del lecho la nupcial cortina.
Dije con Luis G. Ortiz¡ y me fui á acostat· de un
humor de todos los diablos.
JEsús E. VALENZUELA.

�44

REVISTA l\1ODERNA.

REVISTA l\lODERNA.

45

LA BALANQOIRE.
DeA pet it'11 , nrant:,; jouaiC'nt Ji.
-Plwtn.'ilwt.

Yola comme ces tL.._,,u~ sont
ftno et ' d 611ra ts.-1'1'iotrit•.

Tout un essaim d'enfants au jardin vaga.bonde;
Et leurs petits peplos, mauv~s, pourprés, bleus, verts,
Jaunes, blancs ou gris perle, en des bouquets divers,
Se sont enguirlandés pour danser une ronde.
Myrtale au- dessus passe, avec un bruit de fronde,
En balanc;oire; et rose entre ses bras ouvertJ,
Par volutes, remous, torsades et revers,
Flotte son long manteau que le soleil inonde.
L'agrafe se détache; et l'on dirait soudain
Un vélum frissonnant llUX arbres du jardin,
Pour éventer les fronts de la troupe enfantine;
Ou quelqu' ibis d'Egypte, ébloui des couleurs,
Et dont l'hésitant vol, sans se poser, s'obstine
Et palpite llU dessus d' un parterre de fleurs.
LtoNcm om JONCI~RES.

LE BATTEM ENT DE SES SEINS.
Pt'Ut f tre mo vlenJra l 11 un
songe qul me mettra dan, Je,;
brAA d&lt;' mi\ bl"n nim~~.-An,t
rlti,u

O ma l&gt;elle, 1111liol(}ue tu m'tu
tlonne ti« embh~m,,; c:'.' e tH
M'ins, Je beni8 ce don tt j'en
n1&gt;11réch1 la \*RIN 1r.
P llirl Ir Sil~1t1..,, ;,,.

Elle ue p"ut soitir ce soir; il pleut, il gréle;
Sa mere a clos la porte aussit0t le repas.
Je ne dois pas entendre accourir son cber pas;
Et je dormirai seul, sans me presser contre elle.
Oisea.ux que nous devions, la tete sous votre aile,
Jmmoler :\ Cypris- puisqu elle ne vient pasJ ' ajourne a son retour votre double trépas.
Repost&gt;, ú mon ramier, pri·s de sa tourterelle!
Mais m'approchant de vous en silence, je ,ais,
Sans vous éveiller, tels, da.ns vos ticdes duvets
Roulés, pelotonnés, je vais vous prendre ensemble;
Et je vous placerai, moelleux petits coussins,
Sur ma. poitrine, a.fin qu'en dormant il me semble
Toute la. nuit sentir sur moi battre ses seins.

LÉOXC■

DE

JONCI~RES.

J,

n

UN TEATRO POPULAR.

cTSt:TA-ZA,• el Teatro de la •Hiedra Legendllria,• abrla. sus puertas á las diez de la mañana. de
aquel dla, para. cerrarlas al cabo de quién sabe
cuántas llricas jornadas. El pórtico ornamentado
con la versicolor floración de mil encarrujados farolillos, lucia. una. pintoresca. serie de esos famosos
•affiches• que Félix Régamey introdujo en la. decoración de los salones europeos y que hace dias celebraba. Jean Lol'l'ain, en un entusiasta articulo dedicado á SADA- YAK0, la. actriz japonesa triunfante
en pleno Pa.ris .... Aquellos caffiches• eran la clave
gráfica del drama. que iba á representarse; trazaban los terroríficos episodios, retrataban á los héroes fabulosos y una. multitud pobre, incapaz de
pagar el medio yen de la entrada, ancianos, mujeres y niños, centena.res de niños, se contentaba. con
caer en pasmo ante los cartelones de furiosas lineas
y ardiente colorido . . . .
Avido de tanta novedad halagüeña, hice mi entrada media hora. antes que la función comenzara. Un
vestlbulo destinado á contener los milla.res de zuecos que los concurrentes, uno por uno, van abandonando al entrar y lateralmente dos loca.les, uno lle·
no de dulces, fmtas y pasteles; el otro de todos los
bibelots de la. cocina japonesa y ambos indispensables en una asamblea. que no se disuelve en las do•
ce horas de un dia. .... Avanzando más, la sala. de
espectáculo: un hall inmenso con un patio en medio, dos gradas de pequeños palcos á los la.dos, una
vasta galerla en el fondo, sobre la entrada, y á su
frente el proscenio, cuyos misterios cubrla. en esos

instantes un gran telón en forma. de cortina corrediza, fresca. y deliciosamente pintada. con una tumultuosa. • marina.• Como detalles, cortando el • patio• á lo largo y prolongando el escenario, dos caminos como puentes, por los que entran y salen los
actores que se ven a.si momentáneamente mezclados con el público, y de un extremo á otro del plafón, largas tiras, especie de bambalinas de telas
multiculores que ofrece al actor triunfante el público que lo admira y que son á la vez ex-cotos artísticos y adornos de los más brillantes. La cortina- telón, partla. de un ancho panneau horizontal
cubierto con una gran franja. de hermosisimo damasco, bo1·dada. con el bl1tsón del teatro, la hiedra
japónica que se vela repetida como motivo orna.mental, en multitud de accesorios y detalles. Al
borde de la rampa, una fila de mecheros de gas y
sin palco de orquesta. el patio tendido de uno á otro
extremo.
Comienza. el público á llegar. Son grupos de
cmusmés• y • muskos• ó familias enteras que se
instalan desde luego, se ponen cá son aise• y se
,en al momento rodea.das por mozos que les Uevan
los braserillos para. las pipas, las salvillas llenas de
bombones ó los accesorios para. el thé. En pocos
momentos el teatro está lleno. Me contraria. ver
que los cmuskos• corren persiguiéndose de un la.do á otro, que el ruido es excesivo, pues eso me impedirá el comprender una frase, una palabra. siquie·
ra del parlamento de los actores. Y lo peor es que
aquel barullo no cesará, pues los japoneses tan co-

�46

REVISTA MODERNA.

,, ,

, 1

'.

1.

zp
1111

A

o

z

&lt;
)l

1111

A

&lt;
)l
&lt;

CII

o
o

111
¡l.¡

REVISTA MODERNA.
rrectos siempre, no tienen tenue en el teatro cuyo
público parece más bien el de una feria al aire Ji.
bre. Los vendedores, los niiíos y sus ayas van y
vienen interceptando la vista del escenario; los auditores comen, fuman, beben, creo que brindan, y
tanto ruido y tanto movimiento amengua las impresiones que del proscenio emanan ....
Parece por fin que el auditorio se aquieta y calla; .... se oye, previniendo, el duro chasquido de
dos trozos de madera; una orquesta invisible redobla en eusurrantes tamboriles y arpegia en trémulos laúdes y por fin dando principio á la función la
gran cortina se descorre y un actor en traje de antiguo sacerdote ejecuta el •SA)IBASHO,• baile emblemático que en el Japón precede á todas las representaciones como un recuerdo de la danza sagrada que h1ice mil años salvó al Yamato de una
pavorosa catástrofe. El baile es breve, su ejecutante des'lparece y en su lugar invade la escena un
tropel ele viejos samw·ai", cubiertos con armaduras
de laca y oro sobre trajes ele seda, tocados con cascos coronados por antenas, cascos que parecen epopeyas de gloria, sobre los negros himnos de las armaduras tenebrosas ....
Los guerreros al andar entre sus rnbles erizados,
crujían como crustáceos enormes .... Sus menores
gestos eran retos, proYocaciones, amenazas y bajo
el duro hierro de sus armaduras, el ímpetu de sus
rabias y el furor de sus gestos encontraba un noble ritmo grave y marcial.
Los agudos brillos de suq cascos partían como
saetas y las oblicuas sombras de sus cuerpos se
tendían como banderas abandonadas.
)Iarchaban, los guerreros, entre el duelo de sus
armaduras parnnadas de laca y el áureo chispear
de sus cascos damasquinados de oro; ernn sombra
y luz, eran el dla del Triunfo y la uoche de las matanzas, eran la muerte, eran la Gloria ....
El paladín de más alta jerarqula hablaba á. los
demás sugestionitndolos imperiosamente. El actor
que desempeñaba aquel papel debla ser un gran
trágico; la boca y la parte baja de su rostro estaban
cubiertas con la máscara de guena; pero á aquel
l,ombre le bastaban los ojos para agolpar en ellos
como en un fanal condensador todos los sentimien
tos de su alma. Indignado y conmovido, como un
caballero andante, narró una gran injusticia, una
suprema iniquidad y sus ojos en blanco imploraron,
y sus pupilas nubladas sugirieron un llanto piadoso y aquellos ojos mismos se inyectaron á poco, se
enrojecieron como una fragua forjadora de rayos
vengadores que eran miradas de indignación fu.
riosa ....
Por momentos, en los episodios más patéticos,
circulaban por el escenario extraños personajes furtivos con trajes y antifaces negros, que yendo y viniendo ayudaban á los actores á. despojarse de un
trnje, los abanicaban, les alumbraban el rostro en
los momentos más pasionales .... Son los •lrnromango, • y se les supone invisibles, aunque á veces
intervengan con demasiado celo ....
Cuando la escena de los samurai terminaba, se
vió de pronto que todo el e~cenario, con decoraciones y actores giraba lentamente y desaparecía, mientras que el mismo movimiento giratorio hacia apa-

47

recer otro escenario diferente con un nue,o grupo
de artistas .... Es que el piso del foro en los teatros
japoneses está formado poi· un gran circulo dividido por el ditimetro en dos partes: mientras en una,
que es ,·isible para el público, est{L representándose un acto, en la posterior los obreros preparan la
decoración inmediata.
La nue,·a escena era el interior ele un yashiki•
palacio señorial, donde tres damas nobles habla,
ban entre si; los trajes eran suntuosos, los peinado&amp;
magníficos y en los hermosos rostros pálidos sangraba el grano de coral de las bocas diminutas ....
A poco sobrevino una inquietante matrona de gris
cabellera, diabólicos ojos amarillos, ostentando un
kimono ele seda, bruno y dorado como la piel de
una pantera .... ; sus movimientos eran elásticos y
folinos y su boca ensangrentada tenía un no sé qué
ele cruel ....
Era un personaje misterioso y se adivinaba que
en su carácter iba á condensarse la tragedia ....
Las tres suntuosas damas se retiraron, dejando
en la escena la nostalgia de su deslumbrante
hermosurn y la misteriosa matrona quedó sola,
después que un grupo de sirYientas la rodeó
con la lámpara veladora ele papel, los edredones,
todos los accesorios para el sueño japonés. Enton•
ces á la izquierda del proscenio la orquesta prorrumpió en una música inquietante, mientras que á
la derecha el coro, un coro como el de la tragedia
antigua, revelaba el misterio de la matrona enigmática y la deYOlvia á la verdad de su sér diabólico y malYado.
El personaje semejaba una bruja partiendo para
el csabbat;• su rostro iba perdiendo lo humano y en
todo su sér la felinidad se acentuaba; hubo un momento en que sacudió la cabeza y sobre sus sienes
quedaron erizados dos mechones grises como las
orejas de un enorme gato; luego cou un sacudimiento resbaló el primer traje y apareció un segun:lo
que era como la piel áspera de una hiena ... Aquel
sér tenia entonces una dudosa ambigüedad y l:i.
mujer por instantes iba transformándose en bestia .... En primer t(•rmino en la escena, había un
biombo transparente y cuando la mujer pasaba
arrastrándose !'rente i, él, el público veía proyectarse en la pantalla la negra y enorme gilueta de
un gato de maravillosa realidad!
Hubo un momento en que en una de las puertas se
escuchó un ruido alarmante y entonces creyéndose
sorprendido el personaje, con tres gestos volvió su
sér humano; su cabello se alisó, el traje perdió su
aspecto de piel de bestia y al pasa1· por el biombo
la sombra que se proyectó entonces, fué la comim
silueta de una mujer! Estos tom· de force de la escena japonesa son pasmosos en verdad y la mistificación es total, absoluta! .... Pero iba á venir algo
en que el triunfo era para el intrínseco talento de
los actores ....
La mujer pantera volviendo de su alarma, había
recobrado su sér bestial, cuando distinguió á una
de las lindas damas pasear á los rayos de la luna
por el verandah de la mansión ,v desde luego comenzó á acechada como acecharía ft una gacela un
hosco chacal. L~ Bestia-hembra)royeetaha su fascinación y alhi. en el e~trem_o del proscenio la her•

�REVISTA ~10DERNA.
REVISTA MODERNA.

48

mosa criatura. temblaba sin conocer por qué y luchaba desesperada por no ceder á la siniestra sugestión que la atrala. .... Pero fué en vano! al cabo
las distancias se acortaban y cuando la pobre
,musmé• vió por fin á su verdugo y se explicó la
posesión siniestra, el demoniaco maleficio, quiso
gritar y exhaló un ronco estertor, quiso huir y la
fascinación la arrojó tambaleando en los brazos de
la hechicera! Entonces ésta la abrazó con furia sen·
sual y rasgando la veste de brocado, descubrió un
seno ebúrneo y palpitante, que sus dientes mordie•
ron, que sus labios besaron con un heso ventosa,
brutal y astrin;.{ente que aspiró la sangre y dejó
marcado el orbe de marfil del blanco seno coa un
moretón cárdeno como una flor de hiedra!! ....
Después el \'ampiro, la goule asquerosa jugó eon
el cadáver de su victima como intentando una resurrección .. ! La bestia levantaba un brazo y la muer
ta como galvanizada repetla el ademán. Aqul lo ad·
mirable era la perfecta imitación de la rigidez cadavérica interrumpida por la sugestión de la bruja,
y cuando ésta tomó al cadáver y lo arrastró y lo
hizo tomar diversas posturas y al fin lo arrojó de si,
el realismo de aquellos actos motivó que por momentos el público se sintiera estremecido por ráfagas de verdadero pavor ....
La escena macabra y demoniaca se prolongó aún
llena de espeluznantes detalles, y en toda su duración no hubo ni un solo detalle grotesco, pues los
actores supieron mantenerla en el terreno del gran
Arte ....
Siguieron luego otras escenas, entre ellas un baile infantil, un ballet de •muskos, que fué una delicia: las criaturas ornadas con suntuosos trajes

eran flores cuando inmóviles y mariposas al agitar
las grandes mangas de sus irisados trajes!
Una de las últimas escenas fué una disputa entre
dos •samurai• que terminó con el harakiri, el suicidio voluntario de uno de ellos y los protagonistas
desempeñaron admirablemente sus papeles, representando á maravilla la ironla, la burla, la cólera,
el odio ... Y antes de que el noble vencido se abriera el ,,ientre, una patética escena en que interviene
su mujer intentando a.morosamente disuadirlo de
su trágico y caballeresco empeño.
Y la pieza te1·mina con el apoteosis del bravo samurai: que consiguió matar á la imfame bruja, á. la
mujer chacal que desolaba la comarca ....

Hubiera podido de una manera ordenada y sistemática contar á. los lectores el argumento de esta tragedia japonesa, después de traducir su libreto; pero preferl trasladar mis impresiones como
las recibl, con la incoherencia y el misterio con que
por mi fueron resentidas. . . . En el teatro japonés,
los actores son superiores á los autores, y mucht1s
veces una pieza nimia ó defectuosa es dignificada
por el genio de un DANJUR0. Eso fué lo que me
pasmó y me maravilló: el juego magistral, estupen·
do, poignant de los intérpretes de la pieza que he
abocetado!
Y desgraciadamente es un imposible t1·a.e1· al papel, aquellas máscaras trágicas y dolorosas; las dulees y ambiguas fases de las pálidas •musmés, y los
rostros airados y terribles de los samura\" vengadores!

LA BORDADORA.
A Manuel

José Othón.

JOSÉ JUAN TABLADA.

Yokohama, l::&gt;00.

RECUERDO DE INFANCIA.
Señora mla:
A las demandas de las hijas de Eva, creo que el
partido más sabio y sano sea responder siempre
que nó. Esta vez, tratándose de retornará la infancia, no quiero parecer villano.
De mi infancia no tengo memorias, ni bellas, ni
buenas, ni curiosas.
Mi más antiguo recuerdo me pone súbit11mente,
ay de mi! en relació1i con un sér del otro sexo, como se dirla en lenguaje de cierto uso que, según
los manzonianos, debiera ser la lengua del buen
gusto.
Me encuentro en un lugar ni bello ni feo quizá
un jardincillo cerca de la casa donde nacl,- en un
dla ni de primavera, ni de invierno, ni de estío, ni
de otoño. Me parece que todo, cielo y tierra, arri·
ba, abajo, al derredor, fuese húmedo, gris, estrecho, indeterminado, penoso.
Yo, con una niña de mi edad,-ignoro qué haya
sido de ella,- enrollá.bamos, teniéndola de las dos
puntas, una cuerda¡ y me parece que asl declamos
ó crelamos hacer la serpiente.
Trad. de !11. •Rev. '.\loderna.,

/

De repente descubrimos entre los pies una bella
bodda; es el nombre, en el dialecto de la Yersilia,
de algo semejante á la rana. Grandes admiraciones
y exclamaciones de nosotros, dos criaturas nueva~,
sobre aquella antigua criatura.
Las exclamaciones fueron al parecer un poco ruidosas, porque un señor grave, con gran barba negra y con un libro en la mano, se presentó en la
entrada á reprimirnos, mejor dicho, á reprimirme.
No era mi padre: era, lo supe mucho tiempo después, un marido putativo de una mujer de otro, alojada. por casualidad allí cerca.
Yo, blandiendo la cuerda, como si fuese un flagelo, sall ásuencuentro gritándole: fllera, fuera, feo!
De entonces en adelante, he respondido siempre
a.si á toda autoridad que haya venido á amonestarme, con un libro en la mano y un sobrentendido
en el cuerpo, en nombre de la moral.
Pero esta historia, para niños, no es verdaderamente moral.
Qué queréis que yo haga, Señora? Es historia. Y
yo he obedecido.

' CARDUCCI.
Gt0SUE

Acompañada por un lloroso
Susurro de hojas primaverales,
En su castillo del Norte umbroso
La lluvia tiende sus gi-ises chales.
Con sus madejas de fina lana
Oculta el aire tenue y ligero
Y en el cuadrado de tu ventana
Teje embutidos color de acero.
Entre las blondas de tu cortina
Tu mano á. ratos su dorso asoma:
Mano luciente y alabastrina
Como el plumaje de una paloma.
Tras el hilado brillante y fino
Que forma el ngua, la aguja mueve,
Y en tu pañuelo de blanco lino
Dibuja flores color de nieve.
El ágil duende del aguacero
Toca en los vidrios incomodado
O hace que suene su pie ligero
Como lJJ) martillo sobre el tejado.

Ya en tus oídos risas desgrana,
Ya con las bolas de sus granizos
Mata en los tiestos de porcelana
Tus crisantemas de blondos rizos.
Al fin vencida por sus intentos
Dejas tu aguja que pinta flores
Y vuelves todes tus pensamientos
Al paralso de los amores.
Atrincherado tras mi vidriera
Yo un primoroso libro lela:
Verlaine lleno de fe sincera
Y quejumbrosa melancolla.
Y el mismo duende cabecicano
De ojos lucientes de travesura
Que con sus artes paró tu mano
Quitó los ojos de mi lectura.
A ti tornados, miré tu cuello,
Las frescas rosas de tus mejillas,
Y las agujas de tu cabello
Más relucientes que las gavillas,

49

�REVISTA MODERNA.

50

REVISTA l\lODER~A.
Al brillo entonces de un raudo sueño
Pensé en las manos llenas de dones,
En un semblante puro y risueño
Y en los bordados de los nipones.

Miré tus brazos, tersos y flojos,
En tus rodillas abandonados,
Y tus amantes y dulces ojos
Por el arrobo transfigurados.

Y deslumbrado por tu belleza
Que más realzas con tu decoro,
En el brocado de mi tristeza
Bordé ilusiones color de oro.
EFRÉS

REBOLLEDO.

EL MULO, EL BURRO YEL CABALLO
es grande ni por el genio; no sirve para mandar ni
para ser mandado; es inútil y discolo, improducti·
vo y vanidoso, estúpido y rebelde, incapaz y temerario ....
Y lo mismo en la especie bípeda implume. También consta de tres familias. También hay en ella
hombres- mulos y hombres- caballos.
De estas tres familias, yo preferiré siempre la de
los hombres-burros y la amaré con infinita ternura. Asimismo toleraré y respetaré al hombre- caballo .... ¡Pero llbreme Dios del hombre mulo, del
tonto con pretensiones, del necio cuya necesidad
empieza por no conocerse á si mismo, del sandio
ingobernable, del burro con pretensiones de caballo.

Para mi, el mulo es inferior al burro, y mucho
más burro que él, pues es un burro con pretensiones de caballo.
Yo amo al burro .... ¿Y cómo no he de amarlo?
-Su modestia, su mansedumbre, su resignación, su
docilidad me lo recomiendan como á un sér bueno,
pero desgraciado, que conoce su ineptitud y i;e con·
forma con ella; que no es presumido, ni ambicioso,
ni aspira á dominar á nadie; que se somete, en fin,
á la humilde rondición de su destino.
Y yo amo al caballo; yo lo admiro; yo lo respeto;
yo le tolero su soberbia, su jactancia, sn osadía tan
propia de su exquisita naturaleza, de su hermosura, de su ardor guerrero, de su generoso instinto,
de su noble caballerosidad.
¡Pero el mulo!. ... el mulo me irrita, el mulo no

P. A.

DE

ALARCÓN.

UN LIBRO DE JUSTO SIERRA.
A

La •Historia General,• de Justo Sierra, ansiosa•
mente esperada y entusiastamente acogida en el
.mundo de las letras, es una obra de ciencia y de arte escrita por un sabio de vasta erudición, por un
filósofo de poderosas miras, por un poeta de exquisita sensibilidad, es decir, por un historiador. Ha
reconstruido el pasado humano tal como fué, con la
característica topografía de los escenarios, con los
personajes a:iimados que se mueven en el drama,
con los hechos capitales y palpitantes unidos por
hábil relato en su dependencia causal; sin omitir el
estudio de las religiones, de las artes industriales,
de lits be~las artes y de las ciencias que forman por
activa reciprocidad-según frase de Littré- los diferentes estados de la civilización; sin descuidar el
análisis do las instituciones públicas, generadas por
el carácter de los pueblos y modificadoras á su vez
de ese carácter cuauuo se convierten en fuerza educativa; y, finalmente, fundiendo todas las historias
parciales-por suprema y comprehensiva síntesis-

JESÚS

E.

VALE.NZUELA.

en la historia unificada de la cultura humana bajo
la ley universal del Progreso, desde el nombre primitivo de '{isonomia p1·of1mdamente zoológica al
hombre moderno embellecido y dignificado por la
constante y laboriosa selección de la naturaleza.
Este libro puede ser examinado desdo muchos
puntos de vista. Reservo, para artículos posteriores, el estudio de dos tesis: historia de las instituciones é historia de las ideas y sentimientos en la
•Historia General• de Justo Sierra. Hoy me propongo abordar un problema más amplio: cómo debe escribirse la historia; cómo la ha escrito Justo
Sierra.

I
Cuando se trata de historiar un país determinado
ó solamente una época do su vida sociológica, el
trabajo preparatorio de erudición consisto en compilar los &lt;Jocqmentos indispensables, tratados de Ji.

5l

g1·andes nombres figuran en ella, los nombres de
teratura y libros de cocina, memorias, corresponlos maestros, antiguos y modernos. Sierra, desde
dencias, inventarios .... todo lo que se empolva en
hace años, los estudia con amor. Ti13ne, además, lo
los archivos y bibliotecas. Se hará, además, nn estuque pudiéramos llamar el olfato de los buenos lidio d'apres nature, de los Jugares en los que pasó la
bros: esto es perfectamente conocido de los señores
acción, interrogando á esos otros libros que se llalibreros de la capital. En plena vida del siglo, al
man el rlo, la montaña, el valle, la ruina, y en los
tanto del movimiento intelectual europeo y ameri·
sitios mismos se recogerán las tradiciones, las le•
cano, puede decirse que ha leido lo mejor sobre la
rendas las fábulas corrientes que á veces enciemateria. Dado esto, y concedida su capacidad, re~ran u~ fondo de verdad importantlsimo. El traba• sulta que su preparación para los estudios histórijo de critica consiste en escoger, en valorar, en cocos es, en Jo que cabe, completa. En cuanto al criordinar los documentos con lógica inexorable y con
tico, sus facultades anallticas son bien sabidas: es
la pasión de la prueba, comprendiendo por ellos y critico de nacimiento, como es poeta. Sin embargo,
A través de ellos, las épocas y los hombres. El crino se atiene á su flair, sino que verifica cientlfica·
ticismo ó facultad de critica no se adquiere, como
mente sus opiniones y no las da ascenso hasta que
no se adquiere la facultad oratoria: lo que nada di•
salen incólumes de la prueba. No acepta por acepce al vulgar compilador será elocuente para los estar á falta de datos y documentos: no acepta tamplritus sagaces. Un hecho, un rasgo, una palabra,
poco por mera simpatla ni desecha por repugnanpodrán ser datos inesperados sobre un periodo ó cia ó cálculo: es honradc, es sincero, y la sincerisobre un carácter, que modifiquen la simple opidad, dice Taine, es un comienzo de buena critica.
nión-nacida del instinto critico-elevándola á la
Si duda, expone dudas; si sabe, afirma. Cuando la
categoria de certidumbre histórica. Detrás de una
ciencia vacila sobre algún punto, lo dice; se conforfrase aparecen un gesto, una actitud, un perfil; en·
ma con indicar los resultados probables, los que
tre las lineas tortuosas de un manuscrito ó entre las
mejor concuerdan con las investigaciones más acregrandes letras de un in folio, se mueven los gruditadas. Muchos puntos de esos se encuentran á
pos de hombres, vivientes, en eterna lucha por la
cada paso en historia, sobre todo, en la historia de
rxistencia, pensativos en la Asamblea, armados en
las primeras edades, y muy particularmente en la
el campamento, clamoreando en la montaña como
pre-historia, por la escasez documentaria y la imJu aves de presa, rugiendo en el Foro como las
posibilidad de la experimentación. En casos tales,
olas del mar. Entonces, bajo el sudario de polvo
Sierra piensa como Beaufort: • .... para los acontede los archivos y bibliotecas, sentirá el historiador
cimientos pasados, no hay demostraciones geoméque algo se mueve y palpita: el alma inmortal de
tricas; á falta de certeza, el historiador debe con·
un pueblo. Y cuando haya vivido la vida propia de
tentarse con lo veroslmil y tener un acontecimienlos lugares, cuando haya experimentado en si misto por Yerdadero cuando no es absurdo .... •
mo las impresiones de la naturaleza que experi·
El método de Sierra, al distribuir y encadenar los
mentara el grupo social que ali! habitó, llevando materiales, es el método natural que á todos se
un poeta de la época para leerlo junto á las ruinas ofrece, pero que muy pocos-sólo los elegidos-sacantadas (leer á Homero bajo un pórtico de már- ben aplicar: omitir Jo superfluo al pensamiento de
mol ó á Tácito entre los escombros del Circo! .... ), la obra, al objeto que se propone, y vivificar lo
cuando se haya compenetrado con el medio am- esencial (sea cierto ó hipotético) en un relato siste•
biente hasta comprender-por sentirlas-sus secre- matizado y elocuente. Si para damos á conocer
tas influencias sobre el alma, puede empezar su una planta ó un animal se nos señalan algunos
obra: tiene escenario, personajes, drama.
órganos prinripales, no todos, y algunos órganos
Pero cuando se trata de la historia universal, es- secundarios, ó todos, nuestro conocimiento tiene
te trabajo es humanamente imposible; el procedi- de ser forzosamente incompleto é inexacto. En
miento tiene que ser distinto. El erudito critico se cambio, si se precisan las estructul'as, si se seservirá de las monografías, de los estudios de los ñalan todos los órganos principales y estables aun
grandes geógrafos é historiadores, haciendo una cuando se olviden los accesorios y sujetos á variacondensación, en un libro, de centenares de libros. ción, entonces nuestro conocimiento, sin ser comAnotará los resultados culminantes, seleccionando pleto, es exacto. Igualmente, en los organismos soy distribuyendo; mas sin perder la personalidad, cialeR hav caracteres necesarios y caracteres accebase de las obras originales; sin estrecharse á ser sorios; .;i.se tienen en cuenta todos los necesarios,
simplemente copista, no: buscará datos y pruebas se comprende el organismo; si sólo algunos de elloP,
y verificará esas pruebas y esos datos para obte· no se comprende el organismo en lo absoluto, pues
ner conclusiones propias, de tal manera que el se· todos sus componentes se ligan en un agregado esllo individual del escritor marque cada una de sus pecial y con su liga contribuyen á fines especialel•
páginas. No pudiendo obtener de cada pals y de Sierra consigue presentamos el cuadro de la civicada periodo los documentos pl'imos, tiene que va• lización humana en su parte esencial. Hay toques
lerse de los trabajos ya. hechos, y al estudiarlos, débiles, segundos planos en simples croquis, claros
debe seguir el mismo sistema de rigurosa y tenaz en los que algo falta; mas no son de tal suerte in·
Investigación lógica que seguirla si tuviera á su al- dispensables que trunquen la harmonla de la obra.
cance las fuentes históricas.
F:s pasmoso el trabajo de erudición y critica en Después de leerla, tenemos una idea precisa del
egipcio, del hebreo, del heleno, del romano .. . . y
el libro de Justo Si~rra. Al final de cada materia
se encuentran sei\aladas, en la Bibliografia, algu- esto basta. Para conseguir este resultado supremo,
para darnos idea de los hombres, no del hombre,
nas de las obras que b&amp;Il servido al autor. Los más

,.

�entra el autor en plena psicología histórica. Cada
pueblo tiene fisonomla exclusiva, propia conformación. Los antepasados, en virtud de la tendencia
que tienen todos los organismos á reproducirse, á
repetirse en sus descendientes (es lo que se llama
herencia) les tram,miten el carácter, el modo de ser,
el tipo; y este tipo, en el molde montañoso ó plano,
seco ó húmedo, regado ó estéril, (el medio fisico)
que habita, se deforma lentamente, adquiere partí·
cularidades de comarca y de clima, volviéndose ca•
zador, traficante, valeroso ó indolente, idealista ó
práctico, que sin destruirlo por completo (pues el
semen de los padres, ese monstruo de que habla
l\Iontaigne, deja tan imborrables impresiones, que
por sobre todas las capas de revestimiento posterior se manifiestan por ley atávica), lo precisan, lo
contornean, complicándolo y diferenciándolo al
mismo tiempo, como de las varias molduras del artista salen diversos objetos, vasos, jarrones, estatuas, de la misma indestructible materia. Y no só·
lo: la materia humana sufre otras transformaciones
al contacto del medio moral, al impulso de fuerzas
latentes que en determinado momento histórico se
manifiestan, á la reacción inevitable de ciertas tendencias genéricas (los ideales), causas todas de la
creciente complexidad individualizada que const¡tuye el progreso. No hay, por tanto, un hombre, sér
abstracto sin vida histórica, con identidad de imaginación y de alma, sino hombres, seres concretos
que piensan, sienten y obran de maneras especiaJisimas, dadas las causas de su nacimiento y las
causas de su desarrollo.-Sierra, con toques de
maestría artlstica, reduciendo á imágenes y metáforas la psícologia, nos da á conocer hombres. No
es posible confundirlos, las lineas de demarcación
son salientes, vivlsimos los coloridos; hieren la retina del espíritu con un rayo especial.

n
El historiador de la antigua escuela, mejor dicho,
el relatador (la ciencia histórica positiva es de nacimiento reciente), el relatador frío de hechos sin
causas y sin efectos, y por lo mismo sin importancia (estilo César Cantú), el relatador moralista según el cual Dios mueve á los hombres como el titi·
ritero á sus muñecos, y cada acto de la vida es una
lección que semeja un palmetazo (estilo Bossuet),
habrán hecho obras de lo que se quiera, no de historia. Cada acontecimiento y cada grupo de acontecimientos tienen su ley, y el erudito critico que
la busca y la señala se convierte en filósofo. Sin
esto, la historia no es ciencia. Cómo conocer un
hecho sin conocer su ley? Es efecto de otro hecho
próximo ó remoto, y causa á su vez del necesario
consiguiente; todos ellos están enlazados, sus relaciones son vitales, como es vital la relación del latí•
do con el corazón, la del pensamiento con el cere•
bro. La historia no es una agrupación de hechos
inertes: no es la anatomía de un esqueleto, es la
fisiologla de un organismo. Se describe una arteria: debe decirse cómo funciona, qué fines tiene.
Se describe un pueblo, el pueblo griego, por ejem·
plo: si nos conformamos con decir, los helenos hicieron ésto y aquéllo, decimos cosas sin interés; en

cainbio, si se estutlian los orígenes del pueblo y su
habitación geográfica, sus cualidades y defectos
de sangre y sus cualidades y defectos de medio; si
se analizan los siglos de formación, las institucio•
nes fllncionando en activo ejercicio, las ideas, las
opiniones, las costumbres que forman como una
atmósfera moral que también se respira y que tam·
bién nutre; si se muestran las causas de las grandes guerras y las del inmenso triunfo, y as! sucesivamente hasta el crepúsculo histórico (no ha tenido ocaso) de aquella raza de héroes- poetas, entonces los hechos serán elocuentes y despertarán pensamientos y emociones porque con vida real se les
sentirá nacer y desarrollarse. . . . Si todavía nos
elevamos más en la síntesis, podemos resumir en
una fórmula generallsima-causa de causas-el
carácter, la esencia misma del caráctei· heleno: el
historiador filósofo señala esa esencia en el poder
de difusión (la simpatla del alma) que lanzó á los
cuatro vientos la semilla de los laureles, que no secaron ni los soplos abrasadores del desierto, in•
formando las civilizaciones posteriores con las palabras harmoniosas de los filósofos y con los versos de miel de los poetas. El Helenismo: en esta
palabra se condensa toda una historia. Unificar los
hechos bajo las leyes; unificar las leyes bajo la ley:
tal es el problema.
Justo Sierra, hábil, no con la habilidad del slm•
ple retórico, sino con la del pensador que abarca
horizontes de águila, ha conseguido ser historia•
dor filósofo, sin ladear, como es muy fácil, al terre•
no de la pura especulación, convirtiendo á la histo•
ria en auxiliar de la filosofla, y no como debe ser
y lo ha hecho, á la filosofía en auxiliar de la historia. El mismo, en el pequeño prólogo de su libro
Jo advierte: entre otras cosas de ardua realización,
se propuso generaliza¡• sistemáticamente, sin converti1· el libro en una filoso/ta de la histo1·ia.
¿Quó sistema sigue en sus generalizaciones? En
primer lugar, se ha valido de la misma narración,
combinando los acontecimientos con arte delicadi·
simo. Combinar equivale A filosofar. De esta ma•
nera, el orden mismo de los hechos indica los cau•
sales y los producidos, los que tienen resortes remotos, y los que por gran acopio de savias podrán
tener lejanas influencias. En la parte de su tratado consagrada á la Edad l\Iedia, se ha excedido,
haciendo un relato que á este respecto nada deja
que desear. Todas las causas están señaladas, y los
resultados se desprenden lógicamente de la expo•
sición, como una consecuencia de sus premisas.
Los hechos agrnpados bajo las leyes, forman un
concierto harmónico de la vida. Léase, sobre todo,
la tercera división de la Edad Media: el Periodo de
las Nacionalidades. En segundo lugar, ha escogí•
do los hechos con tino inequivocable. Escoger,
equivale también á. filosofar. Entre los que forman
un pel'iodo, entre los que pueden reducirse á una
fórmula comprensiva, los hay estériles en el sentido de que no son del todo necesarios á. la produc•
ción de los estados de civilización, y los hay inútiles, por ser de la misma especie de los que se ge•
neralizan, puesto que en este caso basta y sobr.:.
con citar los culminantes, los decisivos, para establecer la. &amp;'eqer~lización. &amp;i con tres ó cuatro de

53

REVISTA MODERNA.

REVISTA MODERNA.

52

interés verdadero se puede fijar el carácter de una
época histórica, ó formular la ley sociológica, el
historiador filósofo, para ser conciso y claro, y ver·
daderamente filósofo, debe concretarse á ellos. Un
cronista apunta día á d!a, y minuto á minuto, las
mil peripecias de la vida y no nos hace compren·
der la vida; el historiador que concentra el drama
en las escenas palpitantes, colocándonos en los focos de pasión, excita nuestro interés, despierta
nuestra curiosidad, nos hace asistir de cerca á la
vida, sentirla y comprenderla. En tercer lugar, Sie·
na, después de la historia de cada etapa dtl la civilización, indica en Observaciones Generales, algu•
nas ideas en orden de filosofla histórica. Incomple•
ta es esta parte del libro, y sin las explicaciones
orales del profesor-y de un profesor como él-in·
inteligible. Por ejemplo, luego de brillante resumen
de la historia orit:ntal, escribe en sus Observacioms: •2 -b":sta historia forma una serie, y desde un
punto de vista superior, una civilización sola, que
desenvolviéndose en cada grupo parcial de lo más
á lo menos heterogéneo, de lo indeterminado :í. lo
diferenciado, en su movimiento total marchó por
varias integraciones ó unidad&lt;',s cada vez más comprensivas, hasta la inmensa que se llamó el impe·
rio persa, la mejor organizada de todas.• Escojo
esta nota poi· ser ti pica. El pensamiento que encierra será un misterio de alta filosofla para quien no
haya estudiado los •Primeros Principios&gt; de Her·
bert Spencer; y nótese que esta obra soberana es
fruto prohibido por el Jehovah de la Escuela Pre•
paratoria. Justo Sierra condensa en tres ó cuatro
lineas-y truncándola algo-la ley de Evolución
que el filósofo inglés desarrolla en más de doscientas inmortales páginas. De este defecto, aun•
que no siempre tan marcado, adolece la •Historia
General,&gt;
III
liemos examinado la obra del sabio y del filóso•
fo; examinemos la obra del poeta.
Resucitar al hombre muerto: este es el ideal en
historia. Animar, como Dios animó al barro, el polvo de los siglos soplándole aliento de etemidad;
sacudir en sus criptas á las momias faraónicas del
sueiio de mil siglos; evocar con magia de arte al
César epiléptico y á la cortesana de intachable seno; hacer que se levanten, al claro de la luna, los
castillos feudales y que cuelguen al aire los jardi·
nes babilónicos y que resplandezcan, en una gloria
de luz, los bailes de la corte ...... ser creador in·
cendiando las tinieblas con las chispas de fuego de
los mundos en combustión de vida, como en el Génesis bíblico: ¡qué tentación para el genio, que
ideal! Por lo menos, el historiador poeta debe darnos la semblanza, como Renan en su ,Vida de Jesús,• como Tácito en las •Costumbres de los Germanos.• Cuando el historiador siente como artista,
cuando vibra á la impresión como la lira al viento,
ve levantarse 8obre su mesa de trabajo (Taine y
Michelet han tenido la visión), la cariátide de:Mirabeau con ceño de dios ollmpico, la rubia cabeza de

Cristo de S. Just, el perfil de Robespierre, acera•
do y frlo como la cuchilla de una guillotina; y trans·
portado á la época, apasionado con las pasiones de
la época, sintiendo cóleras y sintiendo amores, con
una frase mueve, con un adjetivo anima, con una
cláusula resucita. Es como el pintor que guarda
en sus pupilas toda la luz del paisaje, y delante
del caballete parece que no con el pincel, sino con
los rayos de sus oj@s, fija los colores en la tela. En
todas partes busca el historiador motivos de pintu·
ra: penetra á la casta sombra de los gineceos, va á
las comidas báquicas de la sociedad romana guia·
do por Ovidio el libertino, corre en pos del pueblo
que aclama al Imperator en su carro de triunfo;
asiste al combate en que Esquilo es poeta, y al tea•
tro en que Esquilo es guerrero: apunta lineas, tra·
za fisonomlas, bosqueja grupos, y Juego, en la soledad de su gabinete, libra con la tela una batalla
de genio.
Como poeta, Justo Sierra es el primero. Su sensibilidad de flexiones, su imaginación simpática un
tanto liesbridada, su estilo lleno de cortes delica·
dos como las curvas de Fidias y de soberbias en·
tonaciones como las estrofas esquilianas, hacen de
él un gran escritor. Tal se manifiesta en su libro.
Retrata á los hombres con su gesto, con su risa:
Anlbal tiene cara de león, Pericles fl't!nte de mármol. Aquellos hombres alentaron, alientan toda·
vía. Los muertos que la humanidad bendice ó exe•
cra, están vivos en la obra.

IV
En suma: •En el historiador se combinan el crl·
tico que comprueba los hechos, el erudito que los
colecciona, el filósofo que los explica; pero todos
los personajes quedan ocultos detrás del poeta que
narra. Le soplan todas sus palabras y no hablan.
La historia no conserva las huellas ni de la~ con·
troversias de la critica, ni de las compilaciones de
la erudición, ni de las abstracciones de la filosofía.
Abstracciones, compilaciones, controversias, deben
fundirse en,una obra de arte al soplo de la imagi•
nación, como en el molde de aquel escultor de Ita·
lia, la plata, el plomo, el cobre, los vasos preciosos,
se fundieron para formar la estatua de un dios.•
(Taine) -Como el artista italiano, Justo Sierra fundió en el molde los materiales: ::10 fué la suya una
obra divina, fué una obra bella.
Sin separarse de la verdad, sin abrir la dorada
reja al idealismo, Justo Sierra en su libro se maní·
fiesta creyente, creyente de la grande especie, co•
mo el impecable Renan. Amor de la vida, savia de
libertad, legitimas aspfraciones, sanos y nobillsi·
mo!I anhelos, todo esto late, como las pulsaciones
de un corazón inmenso, en la obra.. . . . . ¡Es su corazón de filántropo! •Si el progreso se eclipsa en
un mundo, resucitará en otro; creamos en él.&gt; Son
sus últimas pa!abras. Esta creencia es el gran consuelo que deja en el alma la filosofía positiva mo•
derna, tan combatida como fueron combatidos los
Evangelios, por fariseos, y esto es lo que la hace

�55

REVISTA MODERNA
54

REVISTA MODERNA.

acreedora al entusiasta cariño de la generación ac•
tual y lo que la hará digna del sereno respeto de las
generaciones futuras.

No hemos perdido la fe salvadora; •si el progre·
so se eclipsa en un mundo, resucitará en otro:• es·
ta frase del maestro es el Credo de sus discipulos.

POEMAS EN PROSA.

JEsós URUETA.

México, Mayo 2 de 1892.

(Para la •Revista Moderna.,)

¿Escribiría estas lineas en tu álbum? ... Oh, no!
Si me lo hubieras enviado, estamparla en él frases
de banal galanterla, de esas que, como estirados
caballeros en traje de etiqueta, hacen una genuflexión ceremoniosa y se pierden entre la multilud,
sincera pero vulgarmente aduladora; y no quedaría ahi huella de los pensamientos que has hecho
vibrar en mi cerebro ni de los aleteos de mi cora·
zón, que quiere, cuando te veo, romper su cárcel.
Aqui, en cambio, quedará esa huella, aunque in•
comprensible para ti, que no sabes, que quizá no
sabrás nunca que te son dedicadas estas lineas ni
que has inspirado esos pensamientos y provocado
esos aleteos. Porque ha sido uno de los mejores
triunfos de mi voluntad, al estar á. tu lado, el hablarte de cosas indiferentes, cuando dentro dt, mi
sér, como dentro de un templo cuyos rosetones han
sido cubiertos con tupidos velos, para que no se escape ni un fulgor ni un perfume de las luces y de
los inciensos del altar, ni una nota de los himnos
del órgano, se celebraba el sagrado oficio del más
puro de los amores.
Yo sólo sé que estas lineas hablan de ti, y por
eso me son caras; por eso, después de escritas, me
parece que esplenden y que cantan y que perfuman, como esplende, canta y perfuma mi corazón
cuando te acercas á él.
A mi amigo Okada Asataro.

En su rostro ovalado palidece el marfil,
La granada en sus labios dejó púrpura y miel,
Son sus cejas el rasgo de un oblicuo pincel
Y sus ojos dos gotas de opio negro y sutil.

•••
Cual las hojas de nácar de un extraño clavel
Florecieron las uñas de su mano infantil,
Que agitando en las sombras su abanico febril,
Hace arder en su sedas un dorado ron del ....

•••
Arropada en su manto de brocado turquí,
En la taza de jaspe bebe sorbos de tbé
Mientras arde á. sus plantas aromoso benjuí.

•••
Mas irguióse la Venus .... y el encanto se fué! ....
Pues enjuto, en la cárcel de cruel borcegul,
Era un pie de faunesa de la Venus el pié .... !!
Yokohama, 1900.
JOSÉ JUAN

TABLADA,

l;na maiiana .... Estábamos en plena campiña,
en medio de una turba bulliciosa y regocijada. Al
verte llegar, sencillamente vestida con un traje claro de muselina, te babia apenas saludado, alejándome después precipitadamente, temeroso de que
mi turbación traicionara mi secreto. Pero de lejos
te miraba á. veces, cuando nadie podfa advertirlo.
Un fresno añoso inclinaba hacia ti sus frondosas
ramas y sobre el azul del cielo se destacaba tu perfil de diosa griega. Tu cabellera, que reflejaba los
rayos del sol, cubda tu cabeza como un casco, y
bajo de él la corrección de tus facciones evocaba
el recuerdo de Palas; de Palas la virgen armipo·
tente é impoluta, diosa de la sabiduría y de la fuer·
za. :Me senti creyente, creyente de una religión ex•
tinta: de aquella que deificó las fuerzas de la naturaleza y pobló los bosques de hamadriadas y los
mares de n ereidas; sentl que el credo helénico, á
través de los siglos, por sobre la cruz, inundaba mi
1llma.
Gna tarde .... Encima de las montañas que limi·
1001.

....

tau el mar, habla el crepúsculo construido y esta•
ba derribando, entre fulgores de fragua y á mar·
tillazos de nubes, un edificio enorme, que parecla:
primero un templo, después un circo. Sobre ese te·
Ión de fondo te miré, con un traje obscuro de seve·
ro corte, que realzaba la esbeltez de tu talle y la
frágil delicadeza de tu busto. Una brisa ligerísima
acariciaba y hacia volar, formando aureola, las
guedejas de tu cabellera. T11 cabeza se levantaba
cuando escudriñabas el poniente ó se inclinaba
cuando profundizabas el océano con la mirada,
que era inmensamente dulce ú hondamente tierna.
l\Ie pareciste una mártir cristiana arrojada á las fie·
ras: una nube negruzca antojóseme un tigre que
se apercibía á hincarte sus garras, y una pincela·
da luminosa que brillaba sobre el gris acerado del
cenit, una paloma que bajaba del cielo para pre•
miar t11 martil'io. l\Ie sentí creyente, creyente de
una religión olvidada; de esa que deifica las virtu•
des y los sacrificios y pobló los conventos de páli·
dos monjes y el cielo de radiosos ángeles; sen ti
que el credo católico, á. través de los años, por sobre la incredulidad de la orgnllosa ciencia, inun·
daba mi alma.
Porque en mi despiertas el culto de la forma y el
de la idea, de la impasible Belleza plástica y de la
conmovedora Virtud cristiana.
Por ti quemarla la mirra de mi adoración sobre
el ara de Afrodita, ó comulgaria con la hostia san·
ta en el altar del Crucificado.
Condensas para mi todas las creencias, las que
matan y las que vivifican, las q11e hunden en las
sombras del pasado y las que elevan el alma en
asunción hacia los esplendores del porvenir.
Resumes la historia de mi vida á. tal grado, que
me parece que tu amor no &amp;ólo va á llegar hasta el
instante de mi muerte, sino que, por misteriosa é
inexplicable absorción retrospectiva, aboliendo
aílos transcurridos, destruyendo amores pasados,
se ha apoderado del instante de mi nacimiento.
Eres el alfa y la omega de mi carne y de mi es·
píritu.

•••
Pero yo sólo sé que estas lineas hablan de ti, y
por eso me son caras; por eso, después de escritas,
me parece que esplenden y que cantan y que per·
f11man, como esplende, canta y perfuma mi cora·
zón que, cuando te acercas á. él, aletea para rom·
per su cárcel.
l\IANUBIL PUGA Y ACAL .

�96

REVISTA MODERNA.

NUPCIAL.

.MÉXICO,

ARo lV

QUINCENA DE :FEBRERO DE

1901

REVISTA MODERNA
ARTE

I
Como una flor rosada, la novia, bajó el diáfano
Cendal que al pelo rubio sujeta la corona,
Frente al altar solemne y entre el incienso mlstico
A las delicias intimas de un sueño se abandona,
Y al novio que la mira, no puede sonrelr.

2'\

OlREC TOH: ,JESUS F,. YALENZUELA,

Y

CIENCIA.
.J FFE DE HEJ)ACC'IO:--: J l.·.Sl '8 lJRUETA.

Y la esperanza
De besos puros,
Que á los futuros
Dlas la avanza,
Y la hace huir
A las fantástica
Horas cercanas,
Vibra en las músicas
De las campanas!
Entre las copas frágiles espira la cbampaila,
En la enervante atmósfera flota un olor de fiesta,
El vals ondula y bulle, y agitanso las últimas
Parejas á los sones lejanos de la orquesta¡
El nupcial cortl'jo se aleja y va á partir!
Y la importuna
MelancoUa
Del muerto dla
Que hace la luna
Lenta, surgh·
Del cielo pálido
Por los confines,
Yibra en las músicas
De los violines!

II
MIO NIGHT DREA:MB.
Anoche, estando solo y ya medio dormido,
Mis sueños de otras épocas se me han aparecido¡
Los sueños de esperanzas, de glorias, de alegrlas
Y de felicidades que nunca ban sido rolas,
Se fueron acercando eu lentas procesiones
Y de la alcoba obscura poblaron los rincones.
Hubo un silencio grave en todo el aposento
Y en el reloj el péndulo detúvose al momento.
La fragancia indecisa de un olor olvidado,
Llegó como un fastasma y me habló del pasado.
Vi caras que la tumba desde hace tiempo esconde,
Y o! voces oldas ya no recuerdo dónde.

. . .. . . . . . . .. .. .. .. . . .. . . .. .. . . .. . . .. ... . .. . . .. ..
Los sueños se acercaron y me vieron dormido,
Se fueron alejando sin hacerme ruido
Y sin pisar los hilos sedosos de la alfombra,
Y fueron deshaciéndose y hundiéndose en la sombra!
JOSÉ

)U~cAnA OF.: SÁTIRO. - :'III GUEL ANOEl,.-FLORE:SC!A.

ASUNCIÓN SILVA, el Precursor.
¡.

Ti¡&gt;. tlt J&gt;11Ll1í11.

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="444">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="560792">
                <text>Revista Moderna Arte y Ciencia</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="560793">
                <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="568075">
            <text>Revista Moderna Arte y Ciencia</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="568077">
            <text>1901</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="53">
        <name>Año</name>
        <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="568078">
            <text>4</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="568079">
            <text>3</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="568080">
            <text>Febrero</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="568081">
            <text>1</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="100">
        <name>Periodicidad</name>
        <description>La periodicidad de la publicación (diaria, semanal, mensual, anual)</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="568082">
            <text>Quincenal</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="568100">
            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753953&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="568076">
              <text>Revista Moderna Arte y Ciencia, 1901, Año 4, No 3, Febrero Primera quincena</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="568083">
              <text>Valenzuela, Jesús E., 1856-1911, Director, Fundador</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="568084">
              <text>Couto Castillo, Bernardo, 1880-1901, Fundador</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="568085">
              <text>Arte</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="568086">
              <text>Pinturas</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="568087">
              <text>Pintores</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="568088">
              <text>Ciencia</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="568089">
              <text>Letras</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="568090">
              <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="568091">
              <text>Tipografía de Dublán</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="37">
          <name>Contributor</name>
          <description>An entity responsible for making contributions to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="568092">
              <text>Urueta, Jesús, 1868-1920, Jefe de Redacción</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="568093">
              <text>Peña, Guillermo de la, Administrador</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="568094">
              <text>01/02/1901</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="568095">
              <text>Revista</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="568096">
              <text>text/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="568097">
              <text>2020493</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="568098">
              <text>Fondo Alfonso Reyes</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="568099">
              <text>spa</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="86">
          <name>Spatial Coverage</name>
          <description>Spatial characteristics of the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="568101">
              <text>México, D.F.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="568102">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="568103">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="36739">
      <name>Jesús E Valenzuela</name>
    </tag>
    <tag tagId="36740">
      <name>La Balancoire</name>
    </tag>
    <tag tagId="4758">
      <name>Poemas</name>
    </tag>
    <tag tagId="11413">
      <name>Prosa</name>
    </tag>
    <tag tagId="36741">
      <name>Teatro popular</name>
    </tag>
    <tag tagId="36738">
      <name>Viaje de bodas</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
