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A~o IV

REVISTA MODERNA.

EL PERRO MUERTO.
Jesús llegó una tarde A las puertas de una Villa
é hizo adelantarse á sus discípulos para preparar
la cena. El, impelido al bien y la caridad, internóse por las calles hasta la plaza del mercado.
Allí vió en un rincón algunas personas agrupadas que contemplaban un objeto en el suelo, yacercóse para ver qué cosa podía llamarles la atención.
Era un perro muel'to, atado al cuello por la cuerda que habla serYido para arrastrarle por el lodo.
Jamás cosa más Yil, más repugnante, más impura,
se había ofrecido á los ojos de los hombres.
Y todos los que estaban en el grupo junto á la carroña, miraban con asco.
-Esto emponzeña el aire, dijo uno de los presentes, tapándose la nariz.
-Cuánto tiempo aún, dijo otro, este animal putrefacto estorbará la vía.

111

QUINCENA DE MARZÓ DE

1901

NúM, 5

REVISTA MODERNA

-Mirad su piel, dijo un tercero, no hay un trozo
en ella que pudiera aprovecharse para cortar unas
sandalias.
-Y sus orejas, exclamó un cuarto, asquerosas y
llenas de sangre.
-Habrá sido ahorcado por ladrón, añadió otro.
Jesús les escuchó, y echando una mirada de compasión sobre el animal inmundo:
-Sus dientes son más blancos y hermosos que
las perlas!-dijo.
Entonces, el pueblo admirado, volvióse hacia él,
exclamando:
-¿Quién es éste? ¿Será Jesús Nazareth? El sólo
podía encontrarse alguna cosa de qué condolerse
y hasta algo que alabar en un perro muerto!. ...
Y cada uno, avergonzado, siguió su camino, inclinando la cabeza delante del Hijo de Dios.
LEÓN TOLSTOI.

"LA·W N TENNIS."
Una francesa, queriendo explicar su carácter, ha
escrito lo siguiente: «Nunca me visto para un baile
sin saber por quién voy allá.,-Las muJeres americanas, por el contrario, parecen vestidas con el
objeto de aparecer bellas, porque son mujeres •hermosas y sanas,, como su raza, y en llquel momento ninguna piensa en el fiirting, absorbi&lt;las como
están en seguir el juego, en que cada m ·ién llegado se interesa inmediata mente al i,!?'11a.l de otros.
Aleccioaaclas por cursos de cultura fí ,ica, comp1·enden el atletismo ea donue quiera q ·1c lo encuentran,
con la misma semi-profesional io.tcligencia que en
un asalto de esgrima un espailachln mide con una
mirada la agili&lt;lau de los co111l&gt;atientes y su juego.
En cierto momento, uno tle los jóvenes jugadores que acalla de herir 111 bola, llama á un asistente para qtw le limpie la ~uela de su zapato de caucho, llena de lodo. Dnrante esa plebeya operación,
el joveu logra asu111ir una postura tan gallarda,
que oigo á una muchacha exclamar: , ¡Oh, cuánto

MÉXICO,

desearla que ganase! ¡Es tan buen mozo! Ingenua
exclamación en que se revela la profunda admiración de la mujer americana por la belleza fisica,
considerada al modo pagano. Va tan lejos esta admiracióu, que uno de los más celebrados atletas de
los Estados Unidos, reune en su palco, después de
la representación en que ha tomado parte, á las
mujeres de la mejor sociedad, y con el torso desnudo, les da una disertación sobre su cuerpo, una
conferencia sobre musculatura. La fotografla de
ese torso, realmente muscular, como aquel del Museo del Vaticano que las manos del viejo Miguel
Angel acariciaban, se vende en todas las tiendas, y
más de una de esas bellas espectadoras de laten
tennis posee una de ellas en su sala. ,Hay gentes
que consideran esto indecente,• decía una de las
meucionadas damas, mostrándome ese singular documento de su independencia de ideas. • Yo no lo
creo,, añadía ella. ,Esto es griego; he ahi todo.,
PAUL

BOURGET.

A NUESTRO DIRECTOR.
El alto, el noble amigo nuestro, que ha puesto todo su genio y todo
su corazón en la "Revista Moderna," sufre en estos momentos un nuevo, un hondo dolor por la muerte de su hermano, el Sr. D. José Valenzuela.
Lo acompañamos en su duelo, siempre amantes, siempre fieles.
Los

REDACTORES.

ARTE
DlRECTOR: JESUS E. VALENZUELA.

CIENCIA.

JEFE DE REDACCION: JESUS URUETA.
'l'ip. de Dubldn.

�74

REVISTA MODERNA.

LOS ESTUDIANTES.
Como un homenaje de justa simpatla á los estu•
diantes de la Capital de la RPpública, en este número publica la REVISTA MoDJrnNA el discurso del
Sr. Urueta y la poesía del Sr. Rebolledo, números
entusiastamente aplaudidos en el festival organizado por la juventud de nuestras Escuelas Superiores, y verificado la noche del 8 de Febrero de
1901, bajo la presidencia del Sr. Secretario de la
Guena, General D. Bernardo Reyes.

ARENGA A LA. JUVENTUD.
¡Divina Juventud! á ti mi arte, a ti mi poesla, A
ti mi amor que con sus estrofas helénicas cantará
tu gloria, como cauta el azul Mediterráneo la gloria de Athenas, gallarda en sus palestras, en sus anfiteatros, en sus templos, en sus festivales; con sus
versos hechos estatuas; con su~ diosas que bajan
de la mansión venturosa á ser fecundadas por los
hombres al b9rde de las fuentes y á. la sombra de
los laureles¡ con sus mujeres que el cincel hizo perfectas, inviolables, únicas, slmbolos de la adoración
que tiene la magia de convertir los pecados efim~ros en eternas virtudes; con sus gueneros que hicieron resonar en la historia los parches de Tirteo
y los coros de Esquilo; con sus filósofos, que como
Sócrates al morir, acariciaban la undosa cabellera
del discípulo para sentir en sus dedos la sensación
exuberantti de la juventud; y con sus poetas, que
como Sófokles, bailaban brillantemente desnudos
después de Salamina, bajo los pórticos de los tem~
plos, entre la lluvia de oro y de rosas del Olimpo,
mientras Perikles recitaba el panegírico de los
muertos por la patria con su palabra serena de
verdad, y las miradas de Aspasia se perdían en el
ensueño de las olas de seda que ciñen con rumorosa caricia las islas de mármol, que como enmudecidas sirenas, asomaban sus blancos torsos para
extasiarse con el himno gigantesco de la victoria y
de la paz!
La Juventud, en la historia, se llamará siempre·
Athenas, porque es la risa, la poesía, el heroísmo,
la belleza y el amor. En todas partes y en todos los
tonos, se dice que ya no hay jóvenes. Bueno, pues
desde que en la tierra existen viejos y jóvenes, los
viejos han dicho siempre que ya no hay jóvenes.
Es una manera de consolarse. La expel'iencia rs
ce!osa del ideal; las aves del paralso huyen del alma cuando las floraciones se marchitan; el espíritu
se encorva, como el cuerpo, y encenado en un pequeño y cómodo lote de la vida, se tiende á descansar bajo la sombra de los recuerdos. Qué alto y escarpado se ve el porvenir! cuán IPjos reculan los
horizontes! qué locos los que luchan! Son pocos,
muy pocos, los viejos augustos que conservan una
cima intacta y fuerte sobre sus ilusiones derrum-

badas, como conserva la vieja Roma sobre sus ruinas seculares la altura del Campidoglio, coronado
en la historia moderna con los resplandores de la
espada de Garibaldi y con las odas triunfales de
Carducci!
En cambio, la juventud no niega á sus parlres,
sigue fielmente la respetable máxima latina: «Semper in civitate nostra samectus venerabile fui t.• Las
cabezas blancas son imponentes, los corazones que
se derrumban son augustos, las inteligencias que
tramontan son sagradas. Vosotros, con una amplia
conciencia de la vida intelectual, sabeis que el titulo de nobleza de cada enseñanza está basado en
su parentesco con la ciencia universal, pues nada
se pierde, aunque parezca lo contrario, del esfuerzo
creador y soberano que tantos odios emplea para
fabricar un poco de amor y que tantos errores aprovecha para elaborar una poca de verdad; sabeis que
se siente una satisfacción intima colaborando en la
obra común y suprema de las redenciones; sabeis
que el verdadero orgullo nobillsimo es venir de muy
abajo~para ir muy arriba, del fango:á la montaña,
del rugido'.al salmo, del robo á la caridad, de la posesión á. la adoración, del rencor~á la concordia del
simio al hombre y!del hombre ÁDios; sabeis q~e la
palabra pronunciada allá en el fondo de una caverna por el primer Prometeo: •pedernal, enciende!• fué repetida al cabo de miles de siglos por l\liguel Angel golpeando con el martillo la testa bíblica del Moisés: • marmol, habla!;• sabeis que en
todas las manifestaciones de la vida hay una extraordinaria mezcla de pasado y de presente, mejor
dicho, harmonía de uno y otro, continuidad no in- •
terrumpida de los sentimientos que se depuran, de
las ideas que se abrillantan, de las voluntad.es que
se fortalecen, concurriendo á la formación dei tipo
ideal, del hombre inteligente, bueno y be Jo, que
conquistará el dominio, inmenso aún, del mal moral y del mal físico, poniendo su gloria en el espíritu, su grandeza en la virtud y su magnificencia
en la justicia!
Oí una maiiana, en uno de los anfiteatros de la
Sorbona, estas palabras, que de los disertos labios
del profesor Lavisse, cayeron solell)nes en mi memoria: «Hubo filósofos de la historia. de la humanidad. Hoy, han pasado de moda. Civilizaciones desconocidas á nuestros antecesores son descabiertas
por nosotros; los misterios del Oriente son penetrados; los palacios de los reyes legendarios se transportan á. las grandes capitales. La vida colosal de
Roma se estudia en sus detalles; el almanaque del
imperio se reconstruye; todos los personaJes de la
edad media, papas, emperadores, reyes, iglesias,
monasterios, señol'ios, comunas, son exhumados por
los cronistas y los a1·chiveros .... Vidas humanas honorables vidas laboriosas, se gastan y consu~e~ en

REVISTA .M.ODERNA
escribir una linea, una palabra de ese libro sin fin
que es la histo ria de los hombres .... Pero nadie se
\·anagloriarfa de comprender en su amplitud la historia entera de la humanidad ... . Fragmentos, fragmentos, fragmentos: he aqui toda nuestra riqueza,
que es una gran miseria.•
Pues bien, señores: con esos fragmentos se han
hecho las guerras de la libertad; con esos fragmentos se hará la paz de la justicia. La Paz! qué aspiración! qué sueño! Y por qué no, amigos mios. Sois
jóvenes, soñad. La vida es inagotable. La mirada
se extravla en los orígenes y se pierde en los fines
de la acción infinita. El océano es tumultuoso, in·
números los astros, harmoniosa la poesía .... soñad! No hemos visto surgir, en el breve instante de
miles de siglos, del obscuro cerebro informe de la
humanidad primitiva, habitado por negros fantasmas, la cabeza resplandeciente del Dante llena de
blancas epifanías estelares?; no hemos visto elevarse á la universal comunión, el divino corazón de
Jesús, formado pedazo á pedazo y fibra á fibra, por
el esclavo que sufre, por el asesino que sufre, por
la prostituta que sufre, por el mal que aspira al
bien, por el castigo que aspira á la justicia, por la
blasfemia que aspira á la plegaria, y por el amor
que aspira á Dios? Si eso hemos visto, por qué desesperar de la obra común del arte y de la ciencia,
que mientras más trabajan más fuertes son, y que
con los formidables arreos de Marte harán el cetro
de la nueva divinidad serena y limpia?-No importa que trágicamente irrisorio, el armipotente Nicolás-rey de reyes como Agamemnon-arrojara su
casco de águilas negras en la asamblea cobarde de
la Haya. No importa que el mundo ruja aún: ya
cantará!-Viéneme á la memoria que en la anarquía del Siglo undécimo, cuando reinaba el derecho del puño y cada puño afianzaba una cuchilla,
los obispos de toda la cristiandad se reunieron en
concilios, repitiendo la misma palabra: paz! paz!
Dícicndola, se entusiasmaban, y en uno de esos
concilios, exaltándose hasta el paroxismo con su
idea sublime, se levantaron de sus asientos blandiendo los cayados pastorales y gritando: paz! paz.'
De todos los ámbitos del mundo nos llega la voz de
la concordia, el verbo del amor, que pasa sobre las
cabezas de los atridas como ave sagrada de presa·
gio, y que de Francia fraternal, de Rusia mártir,
de Suecia humana, de Alemania alerta y aun do
Inglaterra pérfida-ay, no puede ser buena!- brota ardiente, sonoro, ensordecedor, como si convertido en Lira Profética, el corazón humano acordara en un himno los gritos de todos los dolores y las
músicas de todas las esperanzas!
Con esos fragmentos se han hecho las patrias;
cou esos fragmentos se hará la pafria. Nuestro Renan escribió: • Una nación es una alma, un principio espiritual. Doe cosas, que, á la verdad, son una
sola, constituyen esta alma, este principio espiritual. Una está en el pasado, otra está en el presente. Una es la posesión en común de un rico legado
de recuerdos, la otra. es el consentimiento actual,
el deseo de vivir juntos, la voluntad de continuar
dando valor á. la herencia que se ha recibido indivisa. Una nación es una gran solidaridad, constituida por el sentimiento de los eacrificios que se

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han hecho y de los que se está dispuesto á seguir
haciendo. La existencia de una nación es un plebiscito diario, como la existencia. del individuo es una
perpetua afirmación de la vida. Se ama en proporción de los sacrificios consentidos, de los males su·
fridos. El sufrimiento en común une más que la
alegría; en materia de recuerdes nacionales, los
duelos valen más que los triunfos.,
El divino maestro no quiso penetrar en la humani dad, no empujó las puertas de oro de la ciudaa
futura, y temeroso de convertir su fe en superstición, limitó su esperanza para no parecer iluso. Las
ilusiones de hoy pueden ser las verdades de mañana. Por qué limitar el alma, el principio espiritnal?
por qué limitar el pasado repleto de ruinas y el
presente fecundo de actil•idades? por qué limitar
los sacrificios hechos y los sacrificios por hacer?
por qué limitar el amor y los recuerdos? por qué limitar los duelos y los triunfos? Si la herencia, el
rico legado, la hemos recibido todos, porque todos
tenemos derecho al bien, porque todos tenemos derecho á la verdad, porque todos tenemos derecho á
la belleza; si el sol calienta á todos y á todos m,tre
la tierra y á todos corona el arte y á todos exalta
el amor; si los duelos son comunes y comunes las
alegrías y comunes los brotes de la sangre y comunes los salmos del sacrificio y comunes los resplandores de la gloria; si somos, en conjunto, como mundo, pequeñísimos, por qué vamos á dividirnos de
montaña á montaña, de río á río, de océano á océa·
no, de cerebro á cerebro, de corazón á corazón,
cuando estamos juntos para siempre en la harmonla infinita, en la ciencia, en la moral, en el arte,
en la patria sin espacio y sin tiempo, en el cosmos,
en el divino universo, sin podernos desprender del
Sol, que no puede desprenderse de Sirio, que no
puede desprenderse de Dios, que no puede desprenderse de la unidad, que no puede desprenderse
del amor, sin que todo ruede en el desquiciamiento
del odio, como rut!da el Rebelde de peña en peña,
de vórtice en vórtice y de maldición en maldición!
Esos fragmentos de historia hicieron la libertad
politica con el triunfo legitimo de la burguesla;
esos fragmentos harán la libertad económica con
el triunfo inminente del proletariado que surgiendo
de los más hondos, de los más viejos dolores de la
humanidad, asoma la cabeza sobre las iniquidades
del siglo y clama revindicaeión! Vol.veremos, después de muchas andadas, cambios y re"olucionea de
todas clases, ú ese estado en que los pueblos eran
Pjércitos y hacían la política con sus instintos; en
que la asamblea de los guerreros votaba la guerra
y partía para la guerra; en que aquellos que deliberaban eran también aquellos que morían. El go•
bierno, que pasó de los pueblos á los reyes, volverá
de los reyes á los pueblos. La política no es ya fo
que era en tiempo en que los talones rojos se deslizaban sobre los entarimados de los gabinetes ue
Versailles y de Yiena. Será esto mejor? Si. Es cierto que el instinto popular está sujeto á cóleras súbi'
tas; pero siempre ha sido más sabio que esos ministros de antaño que ni se disputaban en los clubs ni
se batían en las calles, pero que con una sonrisa
exquisita en los labios, desencadenaban desastres
sobre el mundo. Los pueblos tienen, al menos, dos

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REVISTA MODERNA.

REVI:iTA MODERNA.

grandes virtudes, son sinceros y accesibles á la j usticia. En las capas populares, en las más profundas, en las más áridas, es donde la idea de justicia
debe ser derramada, día á dla, pacientemente, gota
á gota, hasta empaparlas con el fecundo riego.
Vuestra fiesta, oh jóvenes! es solemne. Precaveos de la inercia de! espíritu y de la sedentariedad intelectual. Llamo inertes y sedentarios á los
estudiantes de un solo est'udio, que restringen su
curiosidad á los programas truncos de nuestras escuelas claueicantes. Esos estudiantes se dormirán
en algún empleo tedioso ó en algún oficio mecánico. No conocerán las alegrías de la vida superior.
Hay una rutina en el civismo, como en la agricultura; si ésta esteriliza la tierra, aqm.,lla esteriliza
los espíritus. Para comprender nuestros deberes
actuales hacia el pai1:1 y Lacia la humanidad. es preciso conocer nuestro estado y el del mundo, compararnos con los demás, formar nuestro juicio sobre los fines de la actividad de los hombre~, y saber qué países la dirigen mrjor, haciendo derramar menos lágrimas, no provocando odios y no ba-

ciendo sufrir á nadie. Y sobre todo, reíd y creed,
aun contra la realidad, coronados de mirto, con la
copa de ambrosía en la mano y el epitalamio fresco en los labios. Que vuestros ideales, el ala desplegada, vayan lejos, á vagar sobre las olas rumorosas del l\lediterráneo, que con los innúmeros barcos de guerra, de vela y remo que lo han surcado,
llevó tantas ideas y tanbos sentimientos, como intermediario y como conciliador, mezclando la antigüedad oriental, la antigüedad helénica y la an·
tigüedad romana en su ánfora de azur, para componer una civilización siempre jo,·en, porque está
hecha de arte, ele ciencia y de libertad!-Y viendo
caer en la muerte, es decir, en la vida, un siglocave de paso de la eternidad,•-fuertes del pasado, poderosos del presente y llenod de fo en el porvenir, unid vuestras voces entonadas y viriles al
coro que en el fondo de la Historia, bajo los pórticos blancos, dirige Sófokles, brillantemente desnudo, entre las palpitaciones de oro de las abt-jas platónicas y los rayos de gloria del astro heleno!
JESÚS

,

Y luego los anónimos, después los infolices,
Después las muchedumbres mermadas y confusas,
Los Odios contemplando sus frescas cicatrices,
Y todas las Venganzas irguiendo las cervices,
Y una legión colérica de desgarradas blusas.

Marchaba el siglo hermoso con su botln de gloria
Al frente de sus hijos robustos y bizarros,
Y abriendo con su lanza los gonces de la Historia,
Entraba conduciendo sus relucientes carros
Entre himnos retumbantes y dianas de victoria.
Tendidos en el campo quedaban los protervos
Ladrones ele coronas, los amos de los siervos,
Los déspotas segados por los puñales rojos,
Y enmedio de la arena sembrada de despojos
Rondas ele orlados buitres y de Yoraces cuervos.
Y aquel egregio Siglo batallador y fuerte,
Magnifico en la Ciencia y exótico en el Arte,
Pero caduco al cabo, dobló la testa inerte,
Y se arrojó al misterio, y se entregó a la muerte
Envuelto en la mortaja triunfal de su estandarte.

URUETA .
Y, ¿qué sentiste entonces, Humanidad, qué anhelo
Tuviste en las tinieblas de aquella noche rauda ,
En que miraste llena de luto y desconsuelo
Que muchas de tus rosas rodaban en el suelo
Barridas por los paños de una crujiente cauda?

POEMA OIOLIOO.
Entre un fragor de trueno pasó el desfile heroico:
Chocaban los estoques, sonaban los trE&gt;peles,
Flotaban las banderas, temblaban los laureles,
Y bravos cabal:eros, todos de porte estoico,
Pasaban, y pasaban en rapidos cor~e!es.
F:l aire estaba lleno de toques ele clarines,
De rojos estandartes y flámulas de raso,
Y allá en la linea vaga y azul ele los confint-s,
Enmeclio ele las nubes violetas del Ocaso
Perdlanse los fuertes y r11udos paladines.
Y ¿qué era aquel estrnendo, qué aquel rumor de ola,
Qué aquellos estridentes clamores de campaña,
Quiénes los jefes nobles y la falange extraña
Que simulando un monstruo de formidable cola
Salvaba el escarpado talud oe la montaña?

Aquel era el desfile solemne bacía el Pasado
Dti un siglo que cantaba sus glorias y fatigas,
Y se escuchaba el eco monótono y ritmado
De la imponente marcha, y en el_confín dorado
Brillaban como antorchas los cascos y lorigas.
Iban invictos reyes con férreas armaduras,
Poetas l uyos cantos vibraban como un trino,
Matronas venerables de blancas vestiduras,
Y sabios majestuosos de quietas apoi;turas
Y graves oradores de Yerbo sibilino,!
León Trece volcaba sus cálices ele bienes,
Bismark el inflexible y Bonaparte el duro
Montaban fieramente sus broncos palafrenes,
Y Byron, el más grande, marchaba en el obscuro
Sendero con un nimbo de rayos en las sienes.

¿No viste á muchos sueños volar hacia el Olvido,
No te sentiste herida por dagas de tristeza,
No desgarraste en signo de duelo tu vestido,
Ni te mesaste el largo toisón de la cabeza,
Ni te arrojaste al polvo privada de sentido?
Y cuando consumiste la copa de tu justo
Dolor, ¿no viste un Orto de resplandor poético,
Y enmedio de sus luces al Campeón augusto
Que levantaba el brazo con ademán adusto
Y dominaba el orbe con su mirar profético?

Oh! sí! si lo miraron con ansia tus pupilas,
;)Iiraste si al naciente Siglo avanzar delante
De las Quimeras blancas y los Ensueños lilas,
Y oíste la trompeta rotunda y d~slumbrante
Que te arrastraba al grueso tonentc de sus filas.
Observa al Mensajero: viene con 11n legado
De redentora Ciencia y de Arte sin pecado,
De z11mos de placeres y bálsamos de duelos,
Y alzándose del hondo sepulcro del Pasado
Lo colman de presentes los Siglos sus ::i.bu•;los.
Y vanse victoriosos: despunta la tranquila
Figura del Primero, su blonda cabellera
Es la de Cristo, y vierte bondades su pup;Ia;
Después el rudo Quinto se lanza á la carrera
Trayendo á la memoria los [mpetus de Atila.
El pécimo medroso, metido en su sudario,
Y huyendo·del horribhdantasma del Infierno,
Desgrana en sus huesosas falanges un ·:osario,
Y siguen sus pisadas en desfilar eterno
Los briosos Doce y Trece que vieron el Calvario.
El gran Quince de Italia, de soñadora frente,
Seguido de una corte de blancas escultura¡¡

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REVISTA .MODERNA.

REVISTA .MODERNA.
Desfila sosteniendo su tiara refulgente,
Y en su gloriosa marcha desliza fieramente
En gradas de alabastro sus regias vestiduras.
El trágico Dieciocho, de pie entre las pavesas
De la opresión, desliga sus águilas francesas,
Y lleno de amenazas y con su gorro frigio,
Soberbio y deslumbrante de gloria y de prestigio
Avanza entre dos filas de augustas .\[arsellesas.
Y con los pies cubiertos ele polvo, y con las manos
Heridas, repartiendo la muerte {1 los tiranos,
.\fostrando it los desnudos la rnta hermosa y breve,
Y abriendo un surco de oro, se va con sus herm1rnos
Entre un clamor de voces el pú¡ril Diecinue,·e.

1!:stos viriles Siglos hau sido los .\Iayore11
l&gt;el poderoso Yeinte que agita su bandera
Reuniendo á las falanges de invictos luchadores,
Y al son de sus fanfanias y al son de sus tambores
Traspone con la ,\urora la abrupta cordillera.

"EL MANTO DE PENITENCIA."(*)
•COll&amp;On:TTA• JAPONESA EN UN ACTO

TRADUCIDA DEI, JAPONÉS POR JOSÉ JUAN TADl,ADA.

DRAl\1AT1S PERSON,l~:
Uri .Maritlo.-Su llfüjer.-Taróf;:asha (criado de

ambos )
La escena representa el salón de una casa particular en Kiyauto; á la izquierda, ju11/o al exterior de la casa, un camino
practicable que se pierde en el fondo de la escena
ESCENA l.

Y pues que ya cenaste la gruta funeraria

De tus ilustres ~Ianes; pues que tu cáliz lleno
De luto has derramado, recita tu plegaria,
Y al recorrer la estepa desnuda y solitaria
Sigue á Zola, el Yaliente, y oye A Tolstoi, el Bueno.
Y ahora á la batalla: riega la dura arcilla
Con tu sudor fecundo, recoge la gavilla
De granos de oro, bota tu nave á los estuarios,
~[ueYe tus grandes máquinas, y arroja tu semilla
De sueños á la tierra de fértiles ovarios.

Torna al combate rudo; piensa, fücunda, siente;
Exprimt: tu cerebro; sigue tu austera vida;
Lacera y despedaza tu corazón valiente;
Junta tu llanto acerbo, cuaja tu sangre at·diente
Y enclaustra en el estudio tu juventud querida
Y allá brilla la Xueva Jerusalem, la Santa
Ciudad de tus anhelos; allá en el horizonte
Helucen sus baluartes y pórticos; mas, ¡cuánta
Sangre caliente y roja derramará tu planta
En las hostiles peñas para escalar el mont&lt;'!

All·i. est.'ln sus almenas, atrás de la espesura
Tupida de jaguares; allá tras e~a falda
De enmarai'iado cerro, salvando la hravura
De las crueles rocas, encontrarás la pura
Ciudad de muros de oro, de jaspe y de esmeralda.
AIII e 'CUltuán todos, allf comerá el falto
De bient'S y el magnate, verán los que no han visto,
Y al resplandor del cielo de plata y de cobalto,
:\[ás alto que las cumbres, y con su cruz en alto,
Congregará á los hombres el nuevo Jesucristo.

Enero de 1901.
EFRÉN

REBOLLEDO.

?9

El Marido. Soy un habitante de los suburbios
de la metrópoli y acabo de hacer una expedición á
la~ provincias del Este. En una de las jornadas de
mi viaje, en la aldea de Nogami, llegué á una ,Casa ,te Thé• y fui servido por una linda muchacha
llamada llana, que habiéndome oldo hablar de mi
regreso inmediato á la capital, me ha 11eguido basta aquí, instalándose en Kira-Sbirakaha, adonde
me espera esta misma noche, según halagadora
promesa que me ha hecho por escrito. Pero la zorra de mi mujer ha olfateado el asunto y "ª á hacer muy dificil mi aventura ... . Por lo tanto, pienso llamarla y contarle alguna eficaz fábula para
que me deje libre .... F.ah! eah! Esti1 Ud. ahi, está
Ud. ahl. ...

La ~Uujer. Parece que se ha se, vido Ud. l111m11rme.-¿Puedo sabel' el motivo?
El Marido. Si; escuchadme ....
La ,11. Espero vuestras órdenes.
El M. El motivo porque os he llamado es bien
sencillo; quiero deciros lo mucho que mi espíritu
ha sido últimamente mortificado por los continuos
sueños que be tenido. Por eso os he llamado ....
La JI. Hablais por demás. Los sueños proceden
de trastornos orgánicos y nunca se realizan .... de
modo que haceis mal en mortificar ,uestra mente
sólo por eso.
El M. Casi teneis razón. Los suefios proceden
do trastornos del organismo y no se realizan nueve veces eu diez .... Sin embargo, los mios me han
afectado tanto que pienso hacer alguna peregrinación para ofrecer oraciones en vuestro nombre y
en el mio.
La llf. Y á dónde idais?
El Jf. Pienso (además de los de la ciudad y suburbios) visitar cada templo Budbista y cada capilla Shintoista de los que existen en la provincia.
1•) En el original la pieza se titul&amp;: •Za-Zefb (Abstracción),
pero tan Idóneo y mb grA 8co me parece el titnl•&gt; con que boy
la pnbllco.-.T. J. T.

La 111. No, no! No permitiré que abandoneis la
casa ni una hora! Si de veras estais decidido podeis elegir alguna devoción practicable dentro de
casa ....
El M. Alguna devoción practicable dentro deca•
sa? Quereis decirme, como cuál? ....
La M. Quemar, por ejemplo, incienso sobre n1estra cabeza ó vuestro brazo ... .
El JI[. Hablais A tontas! Tal devoción es demasiado para un seglar como yo!
La }.f. Pues no be de tolerar penitencia alguna
que no pueda practicarse dentro de casal
El ;lf. Bueno, yo tampoco! Xo teneis precio para
hablar á trochemoche.. . . Qué penitencia, pues?
Dádmela! (Reflexiona algunos instantes) Ah! la he
hallado! Ifaré la penitencia de la Abstracción!
La JI(. Abstrae ... . Abstrae . ... qué?
El M. Abstracción! Es natural que no esteis familiarizada con el término .... Es una penitencia
que practicó en ,·ida el santo DARMA (bendito
sea'. ; poneis vuestra cabeza bajo lo que se llama ll
•Manto de Penitencia, y obteneis salvación si lo·
grais olvidar todas las cosas pasadas y por venir
(aparte). Una bien dificil penitencia!
La lll. Y cuánto tiempo dura?
El J\L Bueno; pues una semana ó .. .. dos.
La }.f. Eso no es posible; son muchos dlas!
El lll Entonces cuánto tiempo quereis conceder,
sin quejaros?
La ilf. Pues A mi juicio una hora bastada; pero,
en fin, si qnereis emplear un lila, hacedlo enhorabuena!
El }.f. Imposible! Esa importante penitencia no
es cosa tan sencilla para caber en los limites de un
solo dla! Tal vez . . . concediendo un dia y una noche ....
La J\f. ¿Un dia y una. noche?
El J\f. SI. ...
La llI. Pues aunque no aplauda. mucho la idea,
si con eso os basta, toma•! un dia. y una noche para
vuestra penitencia!
El lll ¿De veras?
La M. Si; de veras!
El M. Oh! eso es delicioso! Pero tengo algo que
deciros: sabed que si alguna mujer impulsada por
su excesiva curiosidad atisba, escucha ó entra al
cuarto en que el devoto se mantiene, el encanto
de la penitencia se rompe al instante. Por lo tanto, es necesario que no llegueis adonde yo esté .. ...
La J.f. Muy bien! No me acercaré; practicad
vuestra penitencia. donde gusteis

�El M. Bueno! Entonces volveremos á vernos .

El M. No, no! Harás esto por mí y no permitiré

cuando esté felizmente cumplida.
, que te toquen un pelo.
La Jjf. Tendré el placer de veros una vez termi- · C. Dispensadme, por favor os lo ruego!
nada!
"' El M. Por los •Kamis,! Este teme lo que mi muEl JlL } Adios! (Ell
d' . á
t )
t
jer haga y no me teme á mi. Sabes que me estás
La M Adios! ', se rnge 1ª puer
encolerizando con tu terquedad.
El M. Eh!. . . .
:
(Le amenaza con p!'garle).
La M. Qué deseais?
; ; C. Oh! Pues tendré que obedecer.
El M . Como os dije ya, acordaos que no hay que
El .Jf. No, no! tú te burlas de mi!
acercarse adonde estoy. E! texto Budhista dice terC. Oh! no seiior! No hay más remedio que obeminantemente: •Basta que un gato entre á la coci- deceros.
na para que el ser arrebatado por la abstracción,
El ]Jf. ¿De veras?
sea una imposibilidad. • De modo que por ningún
C. De veras, si!
motivo os acerqueis á mi.
El M. Bueno, pues entonces hazme el fa,·or de
La llf. No tengais el menor cuidado. Ni siquiera tomar mi Jugar.
pienso en hacerlo.
C. Porsupuesto; Jo haró puesto que lo manEl M. Bueno; entonces cuando la cle,·oción se dais.
cumpla volveremos á vernos.
El !Jf. Muy bien, muy bien. Estate quieto mienLa llf. En cuanto termine tenrlré el placer de Ye- tras yo arreglo lo necesario para ponerte en absros.
tracción.
El !Jf. } Adios!
C. Sereis obedecido.
La 111. Adios!
El III. Vamos! siéntate aquí.
C. Muchas gracias; es mucha honra!
ESCl!)XA IIJ.
El M. Bueno; ahora aunque temo que sea algo
El 1lfarido (riendo). De veras que son tontas las incómodo, hazme el favor de poner tu cabeza demujeres! Pensar que se regocija creyendo cierto bajo de este •manto de penitencia•
C. Sereis obedecido!
que voy á hacer penitencia una noche y un dla!
El
Jf. Bueno! casi está por demás recomendárEah! Tarókasha, Tarókasha!
telo; pero si á la vieja se le ocune decirte antes de
El Criado. Seiior!
mi regreso, que saques la cabeza del •manto de
El !Jf. Estás ahlil
penitencia,• no Jo hagas, por nada!
C. Por supuesto que no. No me descubriré por
ESGE NA IV,
nada; no tengais cuidado!
El Criado (entrando). Para servir á Ud!
El M: Pronto volveré.
El M. Mírate! Qué pronto has venido!
C. Por favor; no tardeis demasiado!
C. Parece que el amo está hoy de buen humor.
El 1l f. Cómo no he de estarlo! Figúrate que Hana
ESCEXA Y.
me ha dado una cita en su casa para esta noche.
El llfarido. Por fin he despachado! Sin duda llaPero como mi vieja ha olfateado algo, mi aventura
se dificulta .... Y he tenido que decirle que voy á na me espera con impaciencia! Me daré prisa por
•
entregarme á la penitencia de la Abstracción du- llegar!
rante una noche y un dla .... Buena invención,
ESCBINA VJ .
¿verdad?. . . . Para llevar á Cl\bo mi plan de ver á
Hana! ....
L a Mujer. Soy el ama de esta casa. Com prendí
C. De veras! es buena la invención!
perfectamente mi papel desde que ese intrigante
El ]Jf. Pero para llevarla á cabo, necesito que tú me pidió que no me acercara á él pretextando la
me ayudes un poco .... Cuento contigo, ¿verdad?
tal penitencia.- Pero hay algo sospechoso en esa
C. Dispensadme; pero quisiera saber cu~l serla marcada insistencia con que me repitió •De modo
mi ayuda.
que por ningún motivo os acercaréis á mi!• Por lo
El M. Oh! muy sencilla .... es que le he dicho íi tanto, voy á espiar ligeramente por un rin cón para
mi mujer que no se mezcle para nada en mis devo - ver cómo anda la casa. (Espiando) ¿Qué es eso?
ciones; pero siendo tan zorra como es, quién sabe Vamos que parece más incómodo de lo que yo mo
si no se ponga á espiar? En cuyo caso armarla un figuraba! (Entrando y acercándose).
mitote si no viera alguna señal de penitencia ....
Dispensadme, por favor .... me habíais dicho que
Por eso aunque dAndote una gran molestia quisie• no entrara y jamAs lo hubiera intentado; pero esra que me hicieras favor de tomar mi lugar hasta toy ,ansiosa, llena de cuidado y por eso he venimi vuelta. ·
do . ... No quereis salir de ese manto de penitencia
&lt;J. Oh! no serla molestia; pero llevaría tal rega• y tomar algo, aunque sea una taza de thé, para
ñada si la verdad se supiera, que mejor quiero ro• dar algún descanso á vuestra mente? (La persona
garos que me dispenseis ....
bajo el manto sacude negativamente la cabeza).
.El, M Qué disparate! Hazme el favor de tomar Haceis muy bien! Mi desobediencia entrando aquí
mi Jugar y te prometo que no permitiré que te re· después de tan terminantes recomendaciones pue•
de haber provocado vuestro enojo; pero dignaos
gañen!
C. Si! todo está. bien; pero suplico A Ud. que por e:tcu11ar mi atrevimiento y quitaos, para descansar,
eae manto! (La persona vuelve á sacudir la cabeza
esta vez me dispense ....

ª

ª·

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con energla). :No debeis obstinaros y decirme que
no á. porfia, pues deseo que os quiteis eso. Yamos,
arrojadlo! ¿Jie oís? (Ella arranca el manto y Taró•
kasha aparPce). Cómo? tu aqul, canalla? Dónde está mi marido? No respotldes? l\Ie has oido?
El"CENA Vlf,

Rl Criado. AJ! mi ama! yo no sé nada!
La Jluje1·. Oh! Estoy furiosa! La rabia me sofoca. De seguro que se ha ido á casa de esa mujer!
y tú por qué no contestas? O me respondes ó te
ha¡;-o trizas!
El C. En ese caso lo confieso todo! El amo se ha
¡,Jo á casa de la Srita. llana!
La ,lf. Cómo! De la Sei'io1·ita, dices? Di mejor de
la harpía! Oh! q11é rabia! De veras ha ido á casa de
la tal Rana? .... De veras!
Rl Ci·iado. Sí seiíora, muy de veras!
La .ll. Oh! Cuando oigo que ha ido en casa de
esa, me quema la ira! Ah bribón! Ah hipócrita! (Estalla en gritos y sollozos .
El C. SI, mi ama, teneis razón para llorar!
La J[. Ah! No te me hubieras escapado si me hubieras querido enga11ar; pero puesto que todo has
confesado, te perdono! Puedes levantarte!
El C. Gracias! mil gracias! Sois muy buena!
La lll. Ahora cuéntame: Cómo estabas aquí?
El C. El amo me ordenó que me colocara en su
Jugar y aunque me repugnara, no podía hacer nada más que obedecer.
L a JI. Naturalmente! Ahora me vas á prestar tu
nyuda .... ¿quiei·eb?
F,/ C. Decidme para qué; os lo ruego!
La 11[. Es muy sencillo; vas á arreglar el manto sobro mí del mismo modo que tú lo tenlas,
¿eh? ....
El C. Oh! \' uestros deseos son órdenes; pero llev11rla tal rr"'aiíada si la verdad se supiera, que me•
jor quiero r~garos que me dispenseis!
La M. No, no! No le permitiré que te regañe; pero arréglame, ancla!
Rl C. Por favor! disprnsadme, os lo ruego!
La JI. Xo, n o! tienes que arreglarme y te prometo que n o permitiré te toqu e un pelo!
El C. Bueno, entonces, si él quiere maltratarme
cuento con vuestra intercesió n!
La JI. Por supuesto! Intercederó por ti; pero
arréglame; vamob!
El C. En ese caso, hacedme el favor de sentaros
a11ul.
La JI. Perfectamente.
E t C. Temo que sea incómodo, pero teneis que
colocar la cabeza bajo esto ....
L a ~lI. Hazme el favor de arreglarme de modo
que no se note la menor diferencia entre nosotros.
El C. Jamás lo notará. Así está divinamente.
La !JL Divinamente?
El C. Si. ...
L a M. Bien! entonces putides irte á d escansar!
El Criado. Sereis obedecida!
L a ,lL Oye, Tarókasha!
El C. Sí, señora.
La Jl Aunque salga sobrando el decírtelo, cui-

dado con ir á decirle que soy yo quien está aquí.
El C. Por supuesto que no. Buen cuidado tendré
de no hacerlo!
La M. He sabido q ue hace tiempo deseas uu cin•
turón de seda. Te daré uno que yo misma he bordado ....
El C. Ah! qué buena sois!
La llf. Ahora, véte á acostar!
El C. SI, seiiora!
ESCENA

vm.

El ~llarido (avanza desde el fondo del camino en
dirección á la casa, cantando lo siguiente) :
Campana de media noche!
Alondra de triste canto!
Os escucha indiferente
El que duerme solitario ....
Pero qué tristes r esuenan
Esos sones y esos cantos
Si una hermosa ha desceiíido
Su cinturón de damasco! . ...

No se borra de mi mente
S u rostro risueño y pálido
Ni sus rizos por el suei:io
Y el amor desordenados,
Cual del sauce los festones
Entre la brisa flotando ... .
Cual las ansias de mi ardient11
Corazón enamorado! ....
Y aunque como va el mundo, eso sucede raras
veces, Jo cierto es que la linda Rana á cada instante me preocupa más y más:
Cuando miré á mi Hana la vez primera
Fué en la estación florida de Primavera
Y aunque miles de flores ah! veía
Era la flor más linda la niiía mla!
l\1uy bien! muy bien! !leme aqui hablando como en sueiios, hecho un loco y mientras ese
pobre de Tarókasha está de seguro desesperado porque lleg ue. Hay que darse prisa! Y qué tal
me habrá substituido? La verdad es que estoy algo intranquilo .... (Entra á su casa). Hola, hola,
Tarókasha. Ya volví ¿eh? Ya esto,\· de vuelta! Heme aqul. ... ¡Pobre muchacho! el tiempo se te ha
de haber hecho bien largo, ¿no? Ahora (sentándose)
ya voy á quitarte el manto de penitencia; pero antes quiero contarte lo que IIana me ha dicho, porsupuesto si quieres oírlo. . . . Quieres, eh? (seña.les
de asentimien to bajo el man to). Ah! bueno! Puesto
que lo deseas, voy á contártelo todo: Pues me dí
cuanta prisa pude, pero aun así ya era entrada la
noche cuando llegué y me disponía á llamar preo•
cupado con la ansiedad de liana que en su soledad
pensarla quizás con el poeta chino:
i\Ie prometió venir, mas no ha llegado,
Triste es'cucho sonar hora tras hora. ....
Ese rúÍnor que en el silencio implora
Es el 'viénto ó es la voz de mi adorado? ....

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cuando de pronto escuché una voz dulcísima que
cantaba en sordina como temiendo ser oída:
Llega pronto amor mio!
Entrn los pinos vaga
Gimiendo el viento fdo,
Mi lámpara se apaga ... .
Llega pronto amor mio!
Y transido de ventura entonces, toqu(i discretamente la puerta, oyendo lo cual, ella se asomó preg untando entre la sombra: cqui(m está ah!? quién
está ahl?• Y como un aguacero torrencial se des
ataba en esos instantes, respondí cantando:
Preguntas , quién está ahh
Entrn el furioso aguacero?
Llegar sólo puedo as!
Yo que por Hana me muero,
Yo que me muero por ti!
A lo que Hana contestó:
Pruebas de que bien me adora
;\Je da el que as! se aventura!
Llega pronto, pues ahora
Te premiará mi ternura!
En vez de la sombra obscura
Arde mi lámpara aqul,
Y el edredón quo tendi,
Tibio, cual la lluvia es fria,
Promete dulce agonla
Al que se muere por mi! ....
y agregó: Seiior, dignaos pasar! Y con esas pala-

bras, descorrió la cortina, abrió la puerta y mientras la brisa de su jardln me cnvolvla en el perfume de todas las flores, apareció ella, diciéndome:
, Para serviros, señor, aunque no soy más que una
pobre campesina!• Y al instante cogidos de la mano entramos al @alón. . . Pero su primera pregunta: •¿quién está ahlP• me había hecho temer quo
estuviera jugando con baraja doble . . . Le volvi
la espalda y con gesto de reconvención lo dije que
tenla unas sospechas de que yo no era el único esperado y que esa idea amenguaba grandemente
mi placer .... Pero ah! qué encantadora es Han a!
Llegándose á. mi, llena de melindres y de halagos,
suspiró este canto en mi oido:
Por burlarme has encendido
En mi el amoroso fuego? ....
Dime por qué, te lo ruego,
A mi te acercas rendido
Y huraño te apartas luego ... ?
Por qué estlls enojado? :Mi juego no es doble, te
lo juro! Y luego preguntó que por qué no te habla
llevado, á ti, Tarókasha, conmigo; y al decirle por
qué causa te hablas quedado en casa, interrumpió:
Pobre! qué solo y qué triste debe estar! Este es el
caso de decir que •nadie sabe para quién trabaja&gt;
y quo •á la sombra del fresno crece el mastuer·
zo• .... Pobre muchacho! prometedme que sereis
un buen amo para él ya que tan bien se ha porta•
do! Eso es lo que Han a dijo de ti . . . . En cuanto á
mi mujer
. en los cien años que tiene la vieja

zorra nunca se le habla volado un pichón tan gordo! (movimiento frenético bajo el manto). Y luego
la linda Hana me sirvió vino y pasteles; mutuamente nos hicimos beber hasta que mutuamente
cansados, fuimos á reposar el mutuo cansancio.
Pero eso si, apenas rompió el alba y manifesté mi
propósito de volver á casa, motivando que la. linda
liana exclamara:
, Pensé haber dicho en el primer momento
Todo lo que anhelaba el alma mla!
Peró al olr tu cAdios• suspiro y siento
que no te he dicho na.da todavía!
.Mira, no seas malo! quédate otro poco! ....
Imposible! exclamé yo; tengo que volver :'L casll!
Todos los templos suenan ya sus campanas.
• Y no tienen corazón los crueles bonzos que Jan
tocan• prorrumpió Hana, • Y su hórrido ding-dong,
ding-do11g, es, además, una m entira, puesto que
tocan el repique de madrugada cuando apenas es
media noche (• . No ha cantado aún el pájaro del
alba y solo han graznado las aves de la sombra!
Pero á pesar de mis pesares y de los dulces argumentos de Hllna., tuve que hacerme el ánimo:
Y me ful con el pecho destrozado,
Murmurando un cAdios• en mi amargurn,
Por su dulce mirada acompañado
Entre las sombras de la noche obscura . . ..

•Volví el rostro! .... á lo lejos murmuraba
tTn tristisimo Adios el aura fria
Y en el cielo la luna se apagaba
Y mi amada vc:&gt;ntura se perdía! ....
Prorrumpe en sollozos,. Y así he vuelto; uo es
una inmensa desdicha? (Con llanto reprimido). Vamos! pero mi historia ha sido bien larga y tú debes
ei:tar muy molesto, pobre Tarókasha! quita ya ese
manto de penitencia! Arrójalo, ya no tengo nada
que decirte! Gracia~! oh divinidades!. ... Pero vamos! por qué no arrojas ese manto? ¿tendré que
quitártelo yo mismo? Pues vamos ... (Ti ra del
manto y bajo de él brinca su mujer).
ESCE:SA IX.

La ~lluje1·. Ah infame, ah traidor! Burlarse así
de mi! Irse en casa de Hana! Ah infame, ah traidor!
El Marido. Oh! eso no es cierto! Yo no he ido
en casa de Hana! Yo estaba cumpliendo mi peniteneia, yo .. ..
La M. Qué insolencia! Qué descaro! Decir que
hacia penitencia, cuando lo que ha hecho es decir
que nunca se le habla volado un pichón tan gordo
á la vieja zorra! La rabia me ahoga! La ira me
1•) Sin pretender estllbleccr comparaciones de todo punto
Inoportunas, lmposlblea. mejor, es curioso notar ta sorprendente semejanza que tos detAlles de esta despedida ofrecen
con tos de 1:,. escena de A dios de Romeo; Jull•ta. en ta. tragedia de Sbakespeare, observando de paso c¡ne P.&amp;ta e pieza bufo
japonesa, es casi una centuria anterior 1\ ta. nbra del Uu~tre
trAgleo.-J..J. T.

quema .... Ah tunante, burlarse asl de mi. (Persiguiendo á. su marido alrededor del escenario .
Et .lf. Xo es cierto, no es verdad! Xada he dicho
de ti. ... Perdón, perdón!!
La JI. Ah! la cólera me mat.. ! A dónde estabas,
pues, bandido, pica.ro, bribón!
Et Jf. ~lira! Cálmate y te lo digo! Estaba ..
pues estaba rogando por ti y por mi. . . . por los
dos! .... en la pagoda de los Quinientos Disclpulos .... en Tsukushi ....
La Jf. Ah! desvergonzado! ah bribón! en la pll·
goda de los Quinientos Discipulos? á doscientas le¡ruas de aquí?. . .

El l,[. Perdón, perdón, perdón!. ...
Sale de la casa á escape
L a .lf. Detenedlo! detened á ese mal marido, á
ese pica.ro sin religión ... á ese canalla sin principios ....

TELON.
Traducido del original japonés titulado genéricamente:
cN OU KIYAU- GE~• por
Jos1:, Jt·AN TABLADA.

EL TIMBRE DE ALARMA.
Uuberto estaba. solo en el departamento. El tren
á todo vapor corría. Quemaba las estaciones, cortaba el viento, saltaba. los puentes y hendía las pra.•
deras. Se sumergía bajo los túneles y volvía á aparecer en los bosques llenos de luz. Alternaban sordos vaivenes con la trepidación de los carriles, y el
ruido de hierro de la carrera se modulaba en un rit·
mo obstinado, que obcecaba junto con el gorjeo de
los vientos. Huberto, cuyos nervios estaban un poco irritados, porque estaba convaleciente, cometió
el error de entregarse al análisis de las sensaciones
especiales provocadas por el galopar del tren.
Viendo huir los árboles y los taludes en sentido
inverso, y subir y descender los hilos del telégrafo,
sintió á la larga una especie de Yértigo. En ocasiones, un relámpago blanco lo deslumbraba: la casucha de un gua.rdavlas ó la rugosidad de un muro.
Sombras de nube volaban sobre la tierra ó seguían
caldas de sombras, como á. la carrera, después de
orlas de claridad. Hacia buen tiempo, la campi11a
estaba en flor, y los bosques, matizados aún de ro•
jo, re,·erdccian. Parajes encantadores, paradas alegres, frescuras de descanso aparecían, fulguraban,
desvaneciéndose Juego. Y Iluberto sufría. casi con
aquel desgarramiento rápido, con aquella sucesión
de frívolos deseos y de nimios sueños, que el tren,
en su carr&lt;'ra loca, mataba en él apenas nacidos.
Se absorbió, prefiriendo no mirar ya hacia fuera,
en la c:intrmplación del vagón: acariciaba suave•
mente el paño de los cojines, contaba las flores de
las tapicorlas, observaba el falso lujo anónimo del
drpartamt&gt;uto de PrimPra que ocupaba. Sufría por
estar solo. La presencia de otros viajeros, de viajeros con~tantcs, sentados alll, ayer, y que subirlan
quizá en la próxima estación, lo era evocada por los
asientos vacíos. El olor á cuero de los cojines sugería la turba de sueiios ahl dormidos, de existencias
furtivas que hablan atravesado aquel vagón. La
impersonalidad del sitio, poblado de vagas remero
branzas, lo obcecó como esos cuartos amueblados
de hotel, donde no se duerme más que una noche.
A poco una inquietud aumentó su malestar. Las
ventanillas trian¡,ulares parecíiQ. ¡in ojo que espía-

ba. La idea de que se le pudiese observar le disgustó. Levantóse, y maquinalmente miró, por las
pequeñas vidriera~, hacia los departamentos vecinos. Uno estaba desocupado. En el otro habla dos
personas: enfrnnto de una. mujer, de la que no vela
más que la nuca bajo un gran sombrero de paja,
un hombre de porte vulgar platicaba, á la. vez que
comla un bizcocho. Casualmente encontró la mirada de 11qud hombre, se creyó adivinado, sorprendido cm flagrante delito de espionaje, y se ocultó
lleno de confusión.
Abrió un libro y quiso leer, pero las lineas brincaban bajo sus ojos; las palabras, privadas de la
magia que las anima y aviva su sentido, le parecieron sin vida, sin interés, muer'.as. Quiso pensar,
pero la idea que creía tener comenzó á correr sin
que lograse alcanzarla, y le pareció entonces que
se lanz11.ba tras ella. con el ímpetu vertiginoso del
tren. ¿En qué pensaba? se preguntó. Y se le figuraba atrapar al vuelo su idea, sin que lo consiguiera.
Como desde su enfermedad tenia frecuentes pérdidas de memoria, creyó ver ~n aquel ligero accidente, una especie de decadencia precoz, y el malestar que experimentaba se tornó casi en angustia.
Reflexionando, se echó en cara su puerilidad y
quiso dormir. Pero un zumbido ritma.do llenaba
sus oldos de ondas sonoras; parecíale zozobrar entre olas estruendosas, en medio de estrépitos de
tempestad; precipitado al mar as! borbotaría el
agua, furibunda y rugiente en sus oidos. Y de aquella sugestión surgía, aunque improbable, uu sentí•
miento de peligro.
Voh·ió á abrir los ojos: ásperos silbidos, estridentes y largos, escapados dol tren loco, simulaban un
grito de angustia. Pensó Huberto en un choque
de trenes, en la sacudida horrible y en el aplastamiento asqueroso que serla aquél, bajo un sol de
Abril, bajo el cielo azul y fres co, donde flotaban nu•
bes blancas y ligeras. De un vistazo abarcó el niti·
tlo paisaje, y un enternecimiento casi mórbido le
empapó de lágrimas los ojos, hizo con-er el calosfrío á lo largo de su espalda. Decididamente, la so-

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Jedad en nada le aprovechaba; pensaba mucho, y
en cosas malsanas. Fastidio ó distracción, más le
habría valido la compañia. de otros vi11jeros.
Se puso triste: cuando de esa manera se abando·
naba á. si mismo, sus pensamientos torná.bansc
sombrlos. Aunque no tuviese una razón particular
para ser desgraciado, una postración de debilidad
y de impotencia lo amagaba., revida en él la tris•
teza de tentativas frustradas, de esperanzas traicionadas, enturbiaba su alma el fango removido.
Entonces meditaba en lo poco que la Yida vale, y
cuán pronto pasa y va á arrojarse, lenta.mente ó
con saltos bruscos, á la muerte.
La muerte, á veces informulada, callada, abo•
gada en él, era la que formaha el fondo ele sus en·
sueños turbios como todo lo misterioso y terrorífi•
co que se ve agitar en la noche, en un fondo de ti·
nieblas: rumor de un paso, roce de una presencia.
Frecuentemente, parecíale que la muerte estaba
alli, como un sér material, tras él, que le soplaba
en el cuello, y presa de indecible terror, permanecla
quieto, encogido, no osando volver la cabeza.
El tren corrla más a.prisa, siempre más aprisa; y
habla en aquella rapidez algo de inexplicable, de
ilógico, cuya obsesión empujaba á la pesadilla.
Las ondas sonoras precipitaban su ritmo martillado. El vagón temblaba y jadeaba; campos, bosques,
aldeas, rlos, no aparecían ya más que como imá·
genes de limbos, á. través de una nube de ceniza y
de humo. Puesto el sol, todo, súbitamente se eane·
greció. Par.icía.Ie á. Huberto que su vista disminuia;
sintió frío en el alma. ¿Qué significaba aquella fu.
ga. desolada, sino el ímpetu simbólico de una ver
tiginosa carrera hacia la muerte?
Y era verdad: de una ó de otra manera, Huberto
rodaba hacia el abismo; ca.da segundo, cada vaivén,
cada rugido lo aproximaba á la calda, como el
hombre arrastrado en las enormes a.guas del Niágara ve desvane::erse las riberas, eoner el cielo,
c,scilar el mundo, ·y .se hunde, pavesa girante de
catarata. Lanzó un grito, y con el corazón pal pi.
tante, con las sienes convulsas, cayó, se sintió lite·
ralmente caer en la sima, como en sueños, y asom•
bra.do de vivir aún, se encontró, algunos iastant!'s
después, todo lastimado por un quebrantamiento
imaginario, sobre los cojines.
:\Iaquinalmente, su mano hurgó en un saco de
viaje buscando un frasco de sales ó de éter: n:&gt; en·
contró nada. Entonces su angustia cambió de ca·
rácter; volviendo instintivamente la vista hacia el
timbre de alarma que se suena en los casos desesperados, habla pensado: •Supongamos que me sin·
tiera mal, que fuera á desfallecer: tendrfa el recur-

85

REVISTA~ 1\10 DERN A.

REVISTA MODERNA.
so de llamar.• Pero no lo babia acabado de pensar,
cuando la imposibilidad de llamar lo confundió con
una evidencia sin réplica: •l\Ie atreveria, aún moribundo, á sonar ese timbre, á. detener el tren lanzado á toda velocidad, á afrontar el espanto, la sorpresa de los empleados y de los viajeros? Seria un
desorden terrible.•
¡Pensamiento impertinente! ¡importuno análisis!
Desde que concibió la idea de que podría, si quisiera, librarse de su absurda y horrible angustia., haciendo detener el tren, le atenaceó el corazón un
deseo loco, acompañado de una impulsión irresistible. Se decía: «Si un asesino se introdujese aqul, en
este instante, y se arrojara sobre mi, ¿vacila.ria yo
acaso?• Y luego esta duda, mil.s enloquecedora aún
que semejante terror: •Pero, ¿~onada el timbre?
¿Funcionaria el mecanismo? ¿Llegarían á tiempo
para salvarme?•
Dicho esto, fué perdido: la necesidad de sabe1·,
de saber inmediatamente, á cualquier precio, lo hos·
tigó con un deseo de mujer preñada. Y aunque se
decia: , Soy ridículo, lo que hago es idiota,• se le•
vantó á sonar el timbre. Todavia ante él, se dijo,
como herido por el vértigo, entre el estruendo y el
galope del tren: •Pero,¿por qué, por qué hago esto,
estoy Joco acaso?• Y asi pensando, frenéticamente,
desesperadamente, tiraba del puño de cobre hasta
arrancarlo, en una honipilación exquisita y atroz.
Ilecho lo cual, y satisfecho su impulso, tornó á.
sentarse, tranquilo; se habla hecho en él un gran
silencio; y le volvía su aplomo. En el estribo, é in•
clinándose, espió con desinteresada curiosidad Jo
que iba á suceder como si se tratase de un extra.
ño. Bruscamente apre:ados los frenos, patinó el
tren un centenar de metros y murió lentamente, enmedio de espantosa sacudida. Precipitábanse las
cabezas, alarmadas, fuera de los ,·agones. Al ins•
pector que acudía, respondió Huberto con mucha
flema:
-Me fastidiaba, y queda cambiar de vagón.
Lo que ejecutó, con bastante tranquilidad, subiendo de preferencia á un departamento donde
habla señoras.
Llegado á Lyon, se le hizo sufrir un interrogato•
rio; ¿era un loco ó un pésimo bromista? Interpelado por el jefe de estación para que justificara su
acto, respondió con aire cortés, discreto y e,·asivo,
pero un poco fastidiado:
- Era para ve1· si se detenia el tren.
Como era rico, bien emparentado, y daba altas
referencias, fué absuelto mediante una fuerte multa que pagó galantemente.
Y desde entonces evita Yiaja1· solo.
PAu1, MARGUERlTTE.

-

JvuoRvHA~ ~ol·

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~--.........

LAS TRES APOTEOSIS DE MARGARITA.
I

II

.AURORA.

CENIT.

Ebrio de amor la recibí de hinojos,

Era la juventud, mi mente ardía,
La sangre mis arterias martillaba,
Y mis potencias férvidas llenaba
La expectación de un suspirado dia.

Tode el perfume de su vida santa
)le dió en el cáliz de sus labios rojos.

Sediento de ideal y poesía,
Con fulgores y esencias me embriagaba,
Y loco por la gloria, deliraba
Con lauro y luz para la frente mia.

Y de lauro ciiíendo mis antojos,
Me cercó de esa fe que todo encanta,
Y flores arrojó bajo mi planta,
Y me envolvió en la gloria de sus ojos.

Súbito, del oriente de alba pura
Donde el ensueño dibujó sus trazos,
Surgió una virgen de sin par blancura,

:¡;;.,.ida invicta contra el duelo impío,
)lis ~ristes noches esmaltó de albores
Y llenó de honra y prez el hogar mio;

Y de nubes y luz venciendo lazos,
Bajó hasta mi radiante de hermosura
Y ¡te amo! dijo, y me tendió los brazos,

Yo un altar la erigí de mirto y flores,
Y al rendir á sus plantas mi albedrío,
La coroné con todos mis amores.

Y ella, para pagar ternura tanta,

lII
OCASO.

¿Cómo, ensueño, en Jo azul te deshiciste?
¿A qué estrella, ilusión, tendiste el vuelo?
¡Qué paralso con tu amor el suelo!
Y el vasto mundo sin tu amor ¡qué triste!
Como el sol al morir púrpura viste,
Cuando rasgaste de la vida el velo,
Estallar pareció el zafir del cielo
En un volcán de luz, donde te hundiste.
Con pálido fulgor de lloro ardiente
Orné tu sien de nítido alabastro.
Y con mis lauros tu ala refulgente;

Y, de todo placer perdido el rastro,
Sólo quedó en la noche de mi mente
Tu recuerdo, brillando como un astro.
Guadalajara, Diciembre 27 de 1900.

JosÉ LÓPEZ PORTILLO Y ROJAS.

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REVISTA MODERNA.

REVISTA MODERNA.

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TRES SONETOS.
II
~SPERANZA-

FE-

Faro de los abismos, alba pura
Dd un santo amauecel', que en alto brillas,
Luz de las almas buenas y sencillas
A quienes sed de inmensiclad apura:
Por ti, cel'cado de la noche obscura,
Triunfos canto y espel'o de rodillas
La explosión de:soñadas maravillas
En los hondos arcanos de la altura.
l\Ii fuerza es)l a.mol', afán sagrado,
l\Iis alas son las ansias del deseo
Y mi suspiro un himno á lo ignorado;
Y en pos de un sol que siento, aunquo no veo,
Ante el Misterio augusto confiado,
Beso el humilde pol,o, adoro y Cl'eo.

No hubo desdicha ni pasión bastarda
Que no me bil'iesen con su dardo impío:
Desengaño, dolor, desdén y hastio
La tumba abrieron que mis sueños guarda.
La paz que tanto en sonreírme tarda,
Es el laurel que fatigado ansio,
Como la tierra que abrasó el estío
Frescor de lluvia con afán agual'da.
¡Perecer es triunfar! La tumba es puerta
Al infinito y á la luz abierta
En esta cárcel de baldón y escoria.
¡Yenid, penas y abrojos de la vida,
De pie os aguardo, con la frente erguida,
Que es el dolor crisálida de gloria!

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87

�REVISTA MODERNA.

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Cuando los ames ¡\ tu se desuno,
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II
Corona de astro
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s su cabeza mustia.
Octubre 15 de 1899.
Jo.SÉ

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REVISTA MODERNA

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                <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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