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                  <text>REVISTA MODERNA.

88

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A8o IV

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1901

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Infinita piedad Iiay para
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llanto!
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Amparo a l niüo . h a al peregrino,
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sin orrai· 0 ·
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i paz á todo a
. que
º sufre
i ma re
que!
angustia:
. Mas si llorar es su fatal
.
.
Cuando los ames ¡\ tu se desuno,
.
II
Corona de astro
no 10h Padn•!
s su cabeza mustia.
Octubre 15 de 1899.
Jo.SÉ

l;ÚPEZ POR;1LL&lt; 1

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IWJAS

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NóM, G

REVISTA MODERNA

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ARTE V

fr .r1: -""""-

DE M ARZO DE

PAr.As ox BoTTtcztr.t ' -FLOREXCTA ,

Ti¡&gt;. dt Dul,ldn.

�90

REVISTA MODERNA.

REVISTA MODERNA.

EN EL P AIS DEL SOL.
LA GLORIA DEL "BAMBÚ."

En el fondo del bosque, en una «clairicre• . .. .
Es una mañana radiante, increíblemente luminosa y sonora! Cada hoja de árbol es un esmalte; ca·
da ruido una grata harmonía, cada color un hala·
go, y una gloria .... una triunfante gloria, cada
rayo de sol! ....
Muchas flores han muerto; henchidos de savia,
muchos frutos han caído! Pasó el verano japo·
nés como un gran deslumbramiento dorado y ahora en los senderos llenos de hojarasca, entre el polvo de flores difuntas, podéis encontrar el cadáver
de una cigarra, intazto y puro en la muerte, como
la pequeña momia de una hada! . . . . Es una de
esas mañanas en que, según SOSEI, el poeta monje,
no saben los ruiseñores si lo que cantan son los pri·
meros copos de la nieve ó las ultimas flores deshojadas! Una mañana en que se mira la lucha de la
Naturaleza, sus sonrojos de virgen, sus pudores temerosos antes de caer desmayada sobre el lecho de
armiño del Invierno! . . ..
Para solazarme en el fondo del bosque, a-¡uella
llnlce mañaua llevé conmigo el ci\Iañiefushifú,• el
thaz de la miríada de hojas,• el joyero en que el
Japón poético, durante varios siglo~, atesora su lírica pedrerfa,. . . .
.
Me tendí sobre la grama. 13yon de Srnyrna y Vir·
-g~io, Teócrito y Fray Luis y Garcilaso mecían mi
esp1rítu entre hexámetroR y romances bucólicos
que la vaguedad del recuerdo atenuaba con sus
músicas distantes y sus perfumes evaporados . . . . .
N-0 habían quizás transcurrido tres semanas desde
mi antel'ior Yisita á aquel mismo sitio y, sin embar•
go, cuánta mudanza!
Las alas de las libélulas de entonces, que raudas
80 estremeclan al ras del agua, parecfan habf\r
deshec:ho sus cristales en el vaho vidrioso de las
nieblas primeras! Los grandes lirios blancos y salpicados de sangre, como vírgenes manchadas en el
dintel de un crimen; las mariposas azules, las cigarras delirantes, los saltamontes que al brincar desplegaban el breve abanico de sus alas .. .. todo babia huido y en aquella fuga de divinos instantes y
de claros dlas, la memoria columbraba á lo lejos,
desvaneciéndose, las mejillas rojas de la Vendimia,
los corimbos de amapolas deFloralia y una melena
rubia y una huella de espigas detrás de ~Iessidor! ...
Ahora . .. . hachazos pertinaces en el fondo de los
sonoros bosques silenciosos y caminatas de leñadores agobiados por senderos blancos de nieve,
dondt, hay huellas de lobos .... .
Felices los que en medio de la desolación invernal tienen un hogar bien cerrado á la ventisca y
junto á la chimenea encendida pueden oír muy Je-

jos, y como en suefíos, los largos alaridos del vi cn·
to y el crnjir de los robles desgajados! ....
Sufrla mi alma la sugestión melancólica del poeta
Heiízeu y aquella frialdad de Octubre y aquellas
tristes rimas volcaban en ella todo un alud de
nieve .. . .
Pero pronto el poder de la gran mañana sonora
y luminosa fundió como á un témpano la fugaz
tristeza; los follajes alardearon de su verdor y el
viejo dios Pan, corazón de la tierra, alma forestal
y poderosa, asomó su máscara irrisoria y augusta
entre la pompa de aquel exótico paisaje ....

El milagro panteísta le dió una alma á cada cosa . . . . En mi libro, enmudecieron los poetas japoneses; pero á mis pies el césped tuvo un rumor; estallaron en un sollozo los juncos acuáticos; un ce·
dro, sobre mi, clamó una solemne frase antigua; á
lo lejos un peñasco tronó . ... Y emergiendo de una
hondonada, destacándose sobre un coro de plantas
ambiguas, se desprendió, avanzando hacia mi, un
ser esbelto como un efebo, vigoroso como un pugil,
suntuoso como un magnate; era un príncipe vestido de esmeraldas, de topacios y de oro ....
Era el Bambú! Y aquel ser habló; sus colores fueron un nuevo encauto en el ambiente encendido y
sus !fricas frases una magia más en la mañana so·
nora ...

Soy el Bambú, como los de Occidente me llaman;
•Také• como me llaman aquf, «Také-Tennó,• como
deher!an llamarme .. .. «Tennó,• si, el sagrado, el
poderoso, el archi benefactor como el propio Mikado se titula; ese soy yo! Los emperadores, l\1ikados
y Shiogunes, pasan y mueren y el país vive; pero
el Japón no seria lo que es si yo muriera!
Leías los cantos de los poetas nipones? ....
Hay pasmosos crímenes injustos!!. . ..
Hay ceguedades sin nombre!!. . . .
Cantan los poetas las supremas vanidades, el rayo del astro, la espuma de la ola, la mirada de la
mujer! Cantan á lo que me rodea al pino longevo,
al colorido arce, al ciruelo flor de un dla!. . . . Y no
me cantan á mi que soy hermosura, fragancia, vigor y omnipotencia!
Asciend~ á la cumbre del Fuziyama y con lapoderosa mirada del águila contempla al Japón!
Me verás en todas partes .. . . En los palacios nobiliaries, en los templos, en la choza del campesino,
en el taller, en la escuela, en la fortaleza con el sol•

dado, en el buque con el naYegante, en el tocador
con la hermosa!. . • .
Soy la fuerza! Mis tallos unidos son las paredes
de las casas; gruesos sustentan las techumbres, delgados las coronan como gráciles astas .... Soy la
fuerza! Rugen los mil rios caudalosos '.de estas comarcas fluviales y entonces tiendo mis cañas y SO·
bre el sólido puente pasan las procesiones de los
festivales y el desfile de los ejércitos!. ... Soy la
fuerza! !\lis anchos troncos son los mástiles de los
buques; hendidos son los costillares de los esquifes
y menudamente rajados forman las crujientes velas de los millares de bajeles que parteo de nuestro
inmenso litoral. . .. En los viejos tiempos feudales
fui lanza pujante, elástico arco y saeta aligera y en
mi tronco se labraron los mangos de ba~ba y los
cetros de los antiguos barones ....
Soy la gracia! Mi madera esculpida en mil bajos
relieves exorna el santuario de la pagoda y el camarln de la princesa! De mi tronco hueco y sólido
hacen los sabios artlfices mil vasos de variadas for•
mas que sustentan los búcaros de nuestros magos
jardineros!. .. . Soy la gracia! Mis fibras son el varillaje de los abanicos que mueven las •musmés•
rltmicamente en las siestas ardorosas! Mi tronco
cortado sutilmente es la armazón de los polícromos
parasoles! Soy la gracia! De mi madera están he-

91

chos los peines y los fi stoles que ostentan las •musmés• en sus negras cabelleras lustrosas . . ..
De mis fibras maceradas se hace una especie de
papel. Mis fibras son la trama de las esteras que
tapizan las mansiones niponas y los transparentes
que cuelgan en los corredores y terrazas .. . . De
mis fibras se hacen vestidos los campesinos. Soy el
callado del rústico, el báculo del anciano y el pincel del poeta y del artista! Y como si todos esos dones no fueran suficientes quise afirmar mi poder
con un don supremo y di mis yemas, mis tiernos
retoños como un dulce manjar al pueblo mio!
¿Lo has visto? Soy todopoderoso, por mi el pueblo tiene armas con que luchar, casas en que vivir
y templos en que orar! Estoy en todas partes, en la
mesa del pobre, en el tocado de la hermosa y en la
diestrn del pintor .... Soy TENNO, el sagrado, el
benefactor y yo solo he hecho más beneficios á esta
tierra que todas las dinastlas de Emperadores!

Al ,·olver de mi halucinación la hojarasca del fin
de Otoño había caldo sobre mi libro de poesías japonesas y como el unico vestigio del ensueño desvanecido, un grupo de bambúes allá á lo lejos sacudía sus plumones de esmeralda ....
JOSÉ J UAN TABLADA.

Yokohama, Octubre 1900.

UNEGOISTA.
Habla en él, cuanto es necesario para ser el azote de su familia.
Sin embargo, nació sano y rico. Durante todo el
curso de su vida, continuó siendo rico y sano, por
lo cual no cometió ningún acto vituperable. No se
dejó arrastrar á ninguna falta de palabra ni de
obra.
Era exquisitamente honrado, y orgulloso de su
honradez, aplastaba con ella á todo el mundo, pa•
rientes, amigos y conocidos. La honradez era un
capital del que sacaba intereses usurarios.
La honradez le daba derecho á ser implacable y
á no hacer sino el bi'en prescrito, y era implacable
y no hacia el bien, porque el bien meramente prescrito no es el bien.
Nunca se babia ocupado mas que de su propia
persona, tan perfecta y ejemplar; y se indignaba
muy sinceramente cuando las demás personas no
se tomaban pot· él ígual cuidado.
Por supuesto, no creía ser egoísta; vituperaba y
escarnecla por encima de todo el egofsmo y los
egoístas. Se comprende: ¡el egofsmo ajeno molesta·
ba al suyo!

No creyendo tener la más pequeña debilidad, no
comprendía ni perdonaba IJinguna debilidad en los
otros. En general, no comprendía nada ni á nadie,
pues por todas partes, por arriba y por abajo, por
delante y por detrás, estaba rodeado por su propia
persona.
Ni siquiera comprendla lo que significa perdonar: no habiendo nunca tenido nada que perdonarse á si mismo, ¿por qué diablo iba á ponerse á per·
donar á los demás?
Ante el juicio de su propia .conciencia, á la faz
de su propio Dios, él, esa maravilla, ese fenómeno
de virtud, poniase la mano en el pecho, alzaba al
cielo los ojos y con voz clara y firme decia:
-Si, soy un hombre digno de toda clase de respetos¡ soy un hombre moral.
Y repetirá estas palabras en su lecho mortuorio¡
y aun entonces, nada temblará en ese corazón de
roca, en ese corazón sin manchas ni grietas.
¡Oh fealdad de la virtud satisfecha de sí misma,
inflexible, adquirida á bien poca costa; eres casi
tan repulsiva como la franca fealdad del vicio!
lVAN TURGUENEF.

�93

REVISTA MODERNA.
92

REVISTA MODERNA.

UN AQUA- FOBTISTA.

OREPUSOULO.
A

J3Al,BIXO DÁVAI.OS.

Dulcementt',
El doliente
Sol se esfuma
Tras la bruma
De áurea espuma
Del Ponientr.

Cuántos dones
E ilusiones
Cuando hay , iudos,
Cuando hay mudos
Y desnudos
Corazones!

De los cielo8
Cuelgan velos
Y brocados
:\lord orados,
Y violados
Terciopelos.

El santual'io
Solitario
Lanza al viento
El lamento
De su lento
Campanario.

Rostros bellos,
Finos cuellos,
Dulces ojos,
Labios l'Ojos,
XuJos flojos
De cabellos!

Y en la bruna

Noche. entre una
Xube errante,
Surge avante
El octante
De la luna.
EFRÉN

REBOLLEDO.

.... En aquel café del boule,·ard, un joven estaba sentado frente á. mi. Su sombrero de fieltro caído sobre los ojos, el paño sin reflejos de su traje,
absorblan y marchitaban la luz l'Ojiza, turbia, yerta,
,. muerta sobre todo aquel hombre, como sobre un
~iejo crespón. Tenia colocadas sus dos manos sobre
los margenes de «La Patria• y clavaba sus ojos que
no Jelan en el centro del periódico. La muchacha
del mostrador contaba las cucharillas. Un mozo
cubrla el billar, otro trala un colchón liado sobre
sus espaldas. La media noche habla apagado el
gas, y el oro del techo y de los mul'os, los bl'illos de
los espejos y el brillo de los vasos, todo habla sido
envuelto por las tinieblas. Una bujla velaba en la
noche.
Un mozo se plantó ante la mesa del joven.
-Ah! si! dijo éste que al fin lo apel'cibió; y con
la mano en la bolsa del chaleco se registró de izquierda á derecha, luego de aniba á abajo .... El
rostro de mármol del mozo tuvo un fruncimiento
olimpico, se echó hacia '.atrás, hizo volar su serví·
lleta de su manga derecha á. su axila izquierda con
movimiento digno, aclaró su voz con un jum! jum!
Y en aquel momento-cóbrese Cd. de aqul- dije
arrojando una moneda de pl/1.ta sobre la mesa de
mármol.
Salimos.-lle aqui una hermosa noche, seiiordijo mi hombre. Caminamos.-Una mu:,- bella noche!-Y andaba, paseando sus ojos en la sombra.Ah! perdón, estoy distraldo; le he pedido ti. t:"d. su
dirección?-L'3 di mi tarjeta.-Señor, son tres iL estas horas en la plaza tlel Carroussel: un hombre, un
gran anteojo y la luna. El hombre espera, el anteojo divisa, la luna .... Ah! Ahl viene un gendar·
me .... dos ... cuatro gendarmes. Señor, hasta la
,·ista!
Al dla biguiente mi portero me entregaba cuatro
centaY0S envueltos en un pedazo de grabado roto.
lI

Le volvl á encontrar; ved cómo.
Domangeot tenla un tlo sin un hijo y sin uncenta\'o, Una locomotora mató al tio de Domangeot.
-Domangeot habla recogido de su tlo los daños y
pilrjuicios. En un cuartito de la calle de la Antigua Comedia, habla una comparsa completa de
bebedores en mangas de camisa y por la ventana,
inclinado como el rojo Baco de una taberna, Domangeot invitaba á los amigos que pasaban por la
calle, á los amigos de los amigos y aun á los amigos de los otros. Yo pasaba; mi nombre cayó de
arriba y subl. Se me dió una silla y un vaso de
champaña cuyo pie estaba roto. Mi hombre estaba
ahi pUido entre los rostros de púrpura. Sin embargo, bebla, bebla como un remordimiento.

Los corazones brindaban.
-Por Ema'.-Por Clorinda!-Por Julieta!
- Por el Calendario!
Yo pregunté á mi derecha:
- Quién es aquel señor, que no habla?
-Es mi amigo! .... Xo le conozco!
~le volvl á mi izquierda:
-Aquél. ... sin cuello? .... Espora ... l'n grabador .... Ya no recuerdo!
Palabras, ,·oces, gritos, choques de vasos y de
nombres, el vino coronado de recuerdos,-parecla
que todos los amores del Barrio Latino fueron lle·
vados en triunfo por los brindis achispados, disputándose las cenizas de los recuerdos muertos y de
los dias fugaces!
-Por Bertha que tenía un canario en la garganta y lunares por todas partes ....
-Por una rubia!
- Por la excelente Panchette que regateaba un
centavo en la tienda.
-Por Anita que bailaba á la sombra de su pier·
na derecha!
- Por Rosa! un ganso .... tonta como un hom·
bre, mentirosa como un anuncio, triste como una
copa vacía, cacariza y mala como una perra á
quien por ol\'iclo no se le pega! Por Rosa á quien
he amado!
-Por unos ojo~!-y la copa u.el bebedor taciturno
subia de repente entre todas las copas entrechocadas .... Por unos ojos!
Cuando me mirnn esos ojos .... Por el diablo!
quién me sostiene aqul que esos ojos no sou dos
rayos de luna?
Ah, es cierto, Utitedes no han leido it ~Iarbodeo,
no saben que hay zafiros y ojos de mujeres que se
forman bajo ciertas influencias siderales .... Todo
lo que yo sú es que esos ojos ahuyentan de mi alrede·
dor las sombras de la noche y los murciélagos que
me beben á gotitas la sangre .... Cuando esos ojos
me miran, vamos, señores, es muy extraño, pero es
como lo digo, Rembrandt tomándome de la mano
me hace entrar en el claro obscuro de una. de sus
planchas,-y repitió cuatt·o ó cinco veces, riendo
estúpidamente-si, en el claro obscuro, en su divino claro obscuro!
Entonces, inclinándose sobre la mesa cayó ahogándose de ebrio.-Después tuvo uu tenible ataque de nervios. El mantel, vaciado sobre la escalera, fué levantado por las cuatro esquinas y el
hombre puesto ahl fué colocado en una cama. Cuan·
do cuatro libras de hielo se hubieron fundido sobre
su cabeza, era plena noche. Yo me propuse acompai:arlo.

111
El aire libre volvió en si á mi compañero.
Los golpes de un l'ientecillo de otoño le volvie-

�REVISTA MODERNA.

94

REVISTA MODERNA.

ron la sangre á las mejillas.-Ali! Señor,-me dijo,
cuántns excusas por hoy y por la otra noche! Soy
grabador, señor, un triste estado, como ve Ud;
manchas, agujeros; un traje de yesca que se va por
pedazos! Los compradores!. . . . ah! los comprado•
res! es necesario mendigar quince francos por una
plancha!. ... Se tiene vergüenza y no me he atre·
vido á ir á dar á Ud. las gracias en las trazas en
que estoy .. . . Esta noche-yo bebo como un niño
y necesitaba beber; tengo aqul y allá, en el corazón y en la frente, visiones, humo, imágenes y nu•
bes que pasan.-Pero ahora estoy bien, muy bien,
tiempo hare que no sentla la cabeza tan ligera.
Perdón otra vez ? gracias por su brazo .... Pero
vnelváse Ud., señor! La noche! he aqui la reina de
las aguas fuerteb! Hace negro donde hay cosas. Se
ha fijado Ud. en cómo los rlos se agrandan en la
noche? París que duerme con los pies en el agua,
es hermoso, muy hermoso! Una ola de sombra salpicada de gas! El agua, un aceite, azul, negro,
violeta, oro! el neutro-la tinta moaré de fuego; un
espejo donde á un tiempo ruedan tinieJ,las y relám•
pagos! El cielo está pálido esta noche.-Cerca del
puente el oleaje.-Yea U d.! es plata azul! mil luciér•
nagas .... eso hormiguea .... y el embarcadero do
grandes piedras blancas que entra en el hueco negro del arco como un galopln que se cuela en un
horno apagado .... Esos reverberos en el agua has•
ta allá como cruci6jos de fuego; ahl delante de no•
sotros como lienzos de ventanas donde las flamas
de los candiles filtran á través de las cortinas de
baile. :No, eso cambia, surgen columnas torcidas
que remueven brasas en el muerto misterio de las
aguas; no, no es eso, es otra cosa-qué tontas son
las frases! Todas esas masas, un garrapateo de tinta donde hay grises pálidos como en las alas de
los murciélagos; señor, los crlticos nos han echado
á perder y yo veo que es estt'tpido querer mezclar
las ideas en la paleta, los fuegos artificiales no pien·
san en nada.-Tenemos á. un pintor que ha sorprendido á la Noche in fraganti¡ se llama .... Lo he ol·
vidado .... Pero no tener más que una aguja con
mango para pintar! Ah! ah! Estamos frente á la ca·
lle de J erusalem .... Algún dla-y es necesario que
me dé prisa, pues los albañiles . ... ; pero salvaré
este motivo. Aquellas dos bolas que se mojan,
¿creerá Ud. que son los dos árboles sin hojas allá
abajo, en el muelle? Yaliente esfumino á estas horas en medio del dibujo de todas las cosas!. .. .
La torrecilla con sus dos fondos umbrlos á diestra
y siniestra y la flechita de la Sainte- Chapelle-eso
es todo! Y allá las ventanas de una lavanderla que
parecen ojos alumbrados con cardenillo .... Y siempre Notre- Dame! como con peldaños hacia arriba:
una escalera tendida al infinito y rota á mitad del
cielo .... Aquello es gracioso! el arco del puente
San Miguel y la sombra que arroja parece un arco
de papel negro por donde como un clo1ni brinca la
luz! Mirad bien: hacia atrás, una casa pintada de
rojo, con ventanas de fuego y mil casitas blancas¡
ante el muelle una casa cuadrada, cinco hoyos en
el muro, un tubo nrgro en medio del techo y algo
gris, algo sucio debajo,-he abi lo que es la Morgue! A9uella gran caRa sombría allá abajo, es una
barca simplemente. Intentad luego pintar todo eso!

Lo sé por experiencia: no hay que cavilar. Las co·
sas nada dicen, ni lloran, ni sueilan, ni se acuerdan
de nada. Las obras maestras no deben hablar; só·
lo los imMciles como yo .... Ah! la crestería, los te•
chos, los domos de zafir: la luna se levanta. Después de todo hay gentes que la imitan muy bien
con una oblea .... Y el Hotel- Dieu no es más que
una barraca! Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, sie•
te, ocho, nueve, diez, quince ... cuarenta y cin·
co . . . . -Caen to las ventanas; tengo esa mania! . . . .
En cinco hileras el total es ....
Cuando hubo pasado Notre- Dame, se sentó so\HC
el pat·apeto. Por atrás contemplábamos la negra
basílica. echada de bruces sobre la azul ciudad con
sus dos torres erectas sobre el orbe de plata como
una. esfinge de basalto de dos testas enormes.
1, .

Tuvimos aquel poeta enformo y yo hermosas vela.das llenas de paseos, de espectáculos, de frases.
Recorrimos la ciudad nocturna y contemplábamos
sobre el rlo la danza de los rayos ,·elados; nos hundlamos en los arrabales, en los barrios lejanos, buscando y sorprendiendo un Parls misterioso, lúgubremente soberbio y terril,Jemente mudo, teatro va·
clo y negro de un pueblo ó bien comiendo algunas
patatas cogidas en &amp;ujardinillo y cocidas en su hornilla (pues sumamente orgulloso nada a&lt;.'.eptaba) charlábamos. Hablaba singular y maravillosamente como jamás he oldo hablar y saltaba de ideas en ideas,
afianzándose en las cimas, arrastrando vuestro buen
sentido tras de su verba, pensando más allá de los
libros, mezclando su arte y su alma. Atropellando
las palabras, arrojándose sobre las verdades v!ra-enes y luego perdiéndose, súhitament&lt;&gt;, nublado,
confundido, batallando contra las nubes, blasfemando de la humanid11d, cayendo á tierra, balbuciente y temeroso, con tonos de voz que de golpe
bajaban como con miedo de decit· no sé c¡ué cosa..
- Luego reacciones y nuevas elocuencias y la mujer volviendo siempre en medio del Arte de "'Olpe
de lmproviso:-Querida, la mujer no tiene r:sgos'.
Su rostro es sólo una claridad v una. irradiación·
bien lo sabéis, no tiene lineas. Toda la cara de 1~
mujer no es mi\s que un boceto con el que la luz
de la fisonomla hace un cuadro acabado que no se
parece a.l boceto. Hay mujeres cuya nariz nadie
ha visto porque la ocultan con una mil'ada; sabéis
bien que las fotografias no tienen semejanza. -Pero, chist! alguien escucha. . . la policla . . . . Cuando
me case tendré hijos.- No aprenderán nada ....
lucharé con la madre, pero no importa; tengo mis
ideas ... nada! El alfabeto ahí está el mal. Oh! te·
ner un cerebro que nada vea ni en los cuadros, ni
en los libros, ni en el cielo; el cerebro: el enemigo!
No, no irán á la escuela para aprender cosas que
matan la dicha .... Cuando me digan: Por qué es.
to, papá? Qué es esto, papá?-Xo sé; nada sé . ... Yivid .. . . !-S6lo que no hay que disgustará los gendarmes, comprendéis? Que qué haré con su cerebro? Un instmto que los protrja contra las ruedas
de los coches, una máquina que verifique la moneda recibida, un gufa de ojos hueros que os lleve á
la muerte, sin deciros: Volved la cara!-¿Paradoja?

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tamente, construia á tientas castillos en el aire,
abrazando proyectos entre nubes, indolente como
una alba, recreándome en soñar. Soñaba que si me
sucediera vender un libro en trescientos mil francos
los gastarla asl: en el entredós de mis ventanas, en
esos dos listones planos coronados por un glande
de donde pendlan los cuadros del hotel Soubiselos grabados me han most1·ado eso-cuelgo el di·
bujo, que no existe, del Gato enfermo, de Watteau;
las mejillas de la gentil comadre azorada, acariciadas y flageladas de rojo sanguina y su bella pupila
ilumina.da. con crayon negro; la solicitud grotesca
del Doctor y l\Iinet que furiosamente se defiende de
la cur11; todo eso lo veo y hace muy bien. Bajo el
Gato enfermo Yeo instalado ese secrétaire firmado
Riesener en el pie izquierdo del mueble que estaba
á. la venta en 30,000 francos no sé dónde ya. Sobre
el mueble reina, desgreñado, viejo de t;es centu•
rias, un perro de FO, de antiguo azul celeste con la
crinera violeta, las fauces de alcancía, rodando bajo sus cejas dos furibundas bolas, la cola flameante-aquel monstruo chino que me hizo una memorable mueca en el rincón de una Calle de Anvers.
De cada lado, es muy sencillo: los dos grandes pomos de blanco de Saint Cloud, ele pesadas y ricas
flores á la Pillemont, cajas de thé en que la Regen·
cía servia el thé negro con la espátula y el thé verde con la cucharilla chinesca de cabeza de galio:
pomos que me sonrlen desde aqul en casa de Lam·
bert Roy desde el fondo de su caja con las armas
de Felipe de Orleans. El anaquel del gabinete es
largo: qué más aún? Para el delantero serán sobre
Distinguí á mi amigo Thomas al lado de un mú·
su salvilla, seis pequeitas sorbeteras de Sajonia co•
bÍ('.o en los sillones de orquesta. De,·oraba con la
mo bojas de vid, sembradas de florecillas y desean•
mirada á la pequeña Maria que representaba con
sando sobre floridos pies en relieve. Para la izquier8US ojos azules y sus cabellos negros.
da uno de mis amigos me cede la taza de Sevres
Era D'Outreville qu:en me había arrastrado hasfirmada 2,000 - así firmaia. con un caleinbow· el
ta los cDélassements Comiques• para ver Jo que
obrero Yincent- taza real en que Luis XV[ bebía
llamaba su petite machine: , El Amor en el l\lonte
todas las mañanas su agua de achicoria. A la de•
de Piedad.• Aunque fuese U'Outreville amigo mio,
rocha .. . . á la derecha, ~ a veremos qué. Para las
su pieza no me pareció mús estúpida que á otro
ventanas reYolución completa, pues tengo horror
cualquiera.
por los Yisillos de pliegues rectos y cadentes; toma•
-Y bien! te parece o~to en el gi!nero de Heaurt'.• las cortinas de que Saint Aubin dió el modelo en
marcbais, ¿qué dices?
la plancha del Concierto: verdaderas enaguas con
- Absolutamente!
volantes, con abullonados de arriba á abajo y que
.\le apretó la mano. - \'amos al foro!
se suben sin tirar de ellas. Papel en los muros: im-Dime,')Iarla-dijo D'Outreville, hablándole al
posible! Enviaré un ministro plenipotenciario, pero
oido, pero en ,·oz alta- ~· tus 11mores con l\fousieur
hábil, hacia una vieja dama en Troye~, en casa de
Tbomas?
quien hice un excelente almuerzo; necesito las cua-Pero cómo, l'&lt;l. que es un buen muchacho, pre·
tro tapicerlas de su salón, pastorales de Boucher
tende burlarse de ese pobre trastornado que me ama
que regocijan la vista como una salida de sol cogiy yo también á él.- Pues bien! ha pedido mi mada por la naveta en los telares de los Gobelinos.
no; vamos! Y mamá va á ponerlo á la puerta como
Sentados en los rincones de mi chimenea, dos amoA un cualquiera. No tiene ni un ceniaYO v ;\[arla
res- faunos de Clodion, balanceándose en un enlaha vivido, conoce el mundo. ¿Yerdad?
•
zamiento de rocalla dorada de cor moulu&gt; en donde las bujías se elevan. Pero el centt·o? Nada de
n
péndulos! Un reloj es la mano del tiempo sobre
vuestra
vida, como la mano de un médico sobre
Estaba en mi lecho, sin dormir ya, pensando á
penas, con los ojos cerrados, el cuerpo aletargado vuestro puh10.
El centro . .. . ! El centro . . . !
aún, con el espíritu mecido, acurrucado en las sáUn vivo campanillazo y la pequeña l\Iaria baca
banas, bañado pot· las tibiezas del edredón, sabo
reando y prolongando mi pereza, acariciado por inupción en mi recámara.
-Señor, Ud. es amigo de Monsieur Thomas. Me
un rayito del sol que penetraba en la alcoba te·
han
dicho que está. muy enfermo y quiero verlo.
niendo en la mente el más aleare murmura; de
~1edia hora después iin carruaje nos dejaba en Ja
ideas y sin movermP, despertand; poco A poco, bea•

Vamos! decidlo de una vez! Y qué? la paradoja es
un Jugar común que no ha madurado .. .. La Amé·
rica es una paradoja de Cristóbal Colón! La paradoja es la segunda vista del esplritu; la vlspera
que adivina el mañana; un hombre que se adelanta
como un reloj! . .. . Cuando me case- porque es bueno no tan sólo cuando no hay sol-i.e lo digo á Ud.
porque es mi amigo-ella me hará mi comida.Amo el azul y ella estará Yestida con gasa azulimaginad un vapor, trajes como hay en los claros de
la luna! Y la haré que se empolve porque tiene ca.
bellos negros y ojos azules y eso desentonarla,
mientras que empoh·ada será encantador, si, encantador, mi palabra! r sobre sus cabellos empo lvados, adivináis qué? . ... Un disco de plata! Solos,
entregado uno al ot1·0, con los postigos cerradoi;,
nos burlaremos del sol todo el dla. v en la noche
saldremos, andaremos . .. . Ob! enton"ces, trabajart'.i
tAnto! Tendrán que hablar de mi; teudré envidioh0S, ... . críticos . . mi talento .. Pero qué brnto
soy! Pasaré todo el tiempo amándola.-Después de
todo qué se me da:\ mi la posteridad con esas grandes leglas universales por agua ó fuego cada veinte
mil años? Una inmortalidad de á dos centa.os! Y
además hay una injusticia. Si SOY tan fuerte como
Rembrandt, quién me dernh·en\.. la admiración de
que él disfruta hace dos siglos? l\Ie han robado.~:s una injusticia; se lo aseguro á Pd.

�REVISTA MODERNA.

REVISTA MODERNA.

96

calle Saint Victor. No recuerdo que nos hubiésemos
hablado durante el camino.
La puerta del pasillo estaba abierta. El jardín
sonaba sordamente bajo bruscos golpes y una lluvia finisima caía sin cesar. Thomas en mangas de
camisa manPjaba un azadón furiosamente. La mitad del jardiu estaha ya excavado y Thomas segufa
su tarea sin preocuparse de nuestra presencia.
-Y bien, Tliomas! Así se recibe á los amigo&amp;?
Sin volver el rostro, sin mirarnos, continuando
sus golpes de azadón:
-Concluyo. Cincuenta azadonazos aún ....
-Pero ved siquiera á la dama que viene á vi.itaros!
Thomas pasó el revés de su manga sobre sufren·
te inundada de sudor y miró fijamente á la joven.
-Señora: tengo el honor de saludaros! Tomad
asiento!
No había en el pobrejardinillo sino algunos marchitos tallos de patatas.
Y volviéndose á mi:
-Pues bien, mirad; el golpe esta dado, querido
señor! llfe preguntaba Ud. por qué tenia miedo de
ellos? Ella está aquí debajo. La estoy buscando

porque me la han matado. Oh! no habrá señal; Ud·
lo verá! Los oi perfectamente anoche; apenas desapareció la luna del cielo cuando llegaron-muy
quedo, muy quedo entraron en el jardín los miserables! Yo estaba acostado sobre un colchón de
corcho y toda mi recámara estaba llena de agua fuerte .. .. No podía bajarme, ¿comprende Ud.?
Se detuvo sofocándose.-El resto? Caramba! se
necesita que tenga Ud. la cabeza endemoniadamente dura .... Pues la han enterrado aquí! Sabe
Ud. dónde está acaso?
-Eh ahi! Qultese Ud., señora, que me estorba!
-Pero por Dios á quién han enterrado?-le dijo
~!aria tomando sus dos manos.
-A quién? A nadie! A la pequeña i\Iarfa!
Y volvió á su tarea de sepulturero.

Thomas murió, hace seis semanas. Dos amigos,
el Silencio y el Olvido, lo llevaron á la fosa común
y su propietario ha hecho seis cacerolas con los colores de sus hermosas planchas tituladas: • Los
Amores del Sena y de la Noche.•
Eo. Y JULIO DE GONCOURT.

(Trad. de •Revista Moderna.&gt;)

LUCHAREMOS!

¡Qué iusignificante cosilla puede cambiat· el humor de un hombre!
Abrumado por meditaciones tristes, caminaba yo
un día á lo largo de una carretera.
Tenibles presentimientos me oprimían el pecho,
y la melancolía apoderábase de mi espíritu.
Levanté la cabeza .... Delante de mí, entre dos
hileras de altos chopos, perdía.se á lo lejos la carretera, recta como el trayecto de una flecha.
Y á través de aquel camino, á diez pasos de mi,
saltaba á la cozcojita toda una familia de gorriones, dorada por el sol ardiente del estlo.
Saltaba con atrevimiento, con alegria, con deguridad.

Especialmente uno de ellos, el jefe, avanzaba con
diabóliéa resolución, contoneándose un poco, sacando el pecho, piando con insoleucia. En una palabra: era un perdonavidas, un conquistador.
Y durante ese tiempo, allá en lo alto del cielo,
cerniase un gavilán, que quizá fuese á devorar
precisamente á ese conquistador perdonavidas.
Solté la carcajada, me moví é inmediatamente
se disiparon mis tristes ideas. Scnt! ánimos, audacia, regocijo de vivir.
Y cuando mi gavilán se cierna también encima
de mi cabeza ¡qué diantre! aún lucharemos.
IvAN TURGUENEF.

PIEDAD .... !
El que en la aridez asfixiante de la vida.-¡ay! no tiene el perdón como un oasis-para todos las faltas, todos
los vicios, todos los crímcnes;- el que no llern oculto en el fondo del alma-un cáliz de piedad r de amor
, ,místico - para todas
lasdebilidades, todas
. . ~ ~~ -~:.~ -.. . . .
acechanzas, todos los
\:.¡,_'-&lt;
. su~ errores, to d os 1os_
1fr i mi e ntos;-cl que
no sabe verter los aje' nos dolores en el va
so sin fondo de la misericordia;-el que ha
sellado las fuentes de
su llanto-á los que
gimen sin esperanzas en la vida;- e 1
que petrifica su corazóu con el egoísmo;-el que l\Iidas
macabro transforma
en oro el dolor, la
bondad, la resignación y el esfuerzo,haciendo diamantes,
de todas, todas las
lágrimas,-y rubíes
de todas las derramadas gotas de llanto,el que no sabe sobrellevar la humildad, la
pobreza;-el asesino
coronado por los éxitos malditos;-el que
desarma á la justicia
y la infama y la viola;-el que mancha el
fecundo amor con la
lujuria;- el que inocula sus desengaños
en las almas vírgenes:
-el que roba tesoros
ó creencias ó consuelos á los buenos ;-el
que no ama el Bien
por el Bien sólo ....
-aquel, tú, yo, todos .... no están con
Dios, desventurado.
- Valen menos que
Satán el duro, eterno rebelde;-rebelde
porque no puede
amar y amar ansia.Un instante de amor! ..
y fuera su eternidad
gloriosa.-Mirale llo •
rar bajo el doble cartílago largo de sus

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REVISTA MODERNA.

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alas-ocultando la bifronte testa sabia entre ellas;-queriendo encontrar dentro de si mismo, en el abis•
mo de su siniestra alma, alma noche sin astros-ese secreto inmenso del amor vivo, triunfante,- -cla•
vado en las cruces por el delirio un ella -y redivivo en los altares por los siglos de los siglos ... . -

RODIN.

En el pálido rostro de Jesús hay muchas lágrimas,-rneuan enrojecidas por Ja sangre de su cárdena
frente-comprimida en un cerco de espinas bajo leyenda infame.-Oh, cuán silenciosas caen sin cesar
11obre la roca del corazón humano inconmovible! .... -Como caen! oh mi Dios! en el mio endurecido~
y desconsolado para siempre de todo, hasta de ti mismo!

DOS RICOS.
Cuando ante mi se cel1:bra al archimillonario
Rotbscbild, quien, con sus inmensas rentas consagra sumas cuantiosas á educar niiíos, curar enfermos y fundar asilos parn 105 ancianos, tambit&gt;n YO
le elogio y le admiro.
·
Pero, al alabarle y admirarle por eso, no puedo
dejar de acordarme de una pobre familia de labriegos que habla recogido :í una huérfana en ~u mi •
Rerable choza.

-S1 nos hacemos cargo de Katia, decía la campesina., nos dt&gt;jar{i sin nuestros últimos cuartos y
ni siquiera tendremos para comprar sal con que
sazonar la sopa.
- Pues liien; la comeremos sin sal, contestó el
marido.
¡Cu/111 lejos está todavía Rothschild de ese la•
briPgo!
lvA:-- TURGUEXEF,

Antes de visitar la exposición Rodin, he leido to•
do lo que del gran artista y su obra se ha publicado, desde los ditirambos de los que le juzgan un
dios, hasta los ataques en que se le declara poco
menos que un imbécil. La bibliografía rodiniana
es ya bastante considerable. Luego me propuse
apartar de mi mente todas esas opiniones, ir sin
perjuicio ninguno á entregarme á. la influencia directa de la magia artística, poniendo tan sólo de
mi parte, el entusiasmo y el amor que guardo por
toda labor mental de sinceridad )' de conciencia,
por todo osado trabajador, por todo combatiente
de bellos combates. Después de mi primera visita,
volví varias ocasiones. Una sola estatua me ocupaba á. veces una hora larga.
Queda oir la voz misteriosa de la plasmada materia, el canto de la linea, la revelación del oculto
sentido de las formas.
:\le atrevo á decir-no sin cierto temor-que com•
prendo á. l\lallarmé; en l\Iadrid me be sublevado
contra los que no entendlan la música de Vicente
D'ludy; he leido á. René Gbil, sacando algún pro•
vecho, cosa que parece bastante dificil¡ soy apasionado de Odilon Redon, de Toroop, de Rops; he
publicado un ingenuo libro de admiración que se
llama Los Ra1·os .. .. Pues bien, al hacer mi suma
de impresiones sobre la obra de este potente escultor, indudablemente el primero de su tiempo, estoy
desconcertado. Los criticos de arte no me han ser\'ido para maldita la cosa, sino para amontonar á
los ojos de mi pensamiento innumerables contradicciones. Ante ellos la obra rodiniana es como
esos barriles de los prestidigitadores, que por un
solo robinete clan el lico1· que rlace á cada cual.
Hay en ella lo que se le antoja á no importa quien.
Es el caos y es el cosmos. El uno habla de filesofla; el otro se ase al generoso símbolo; el otro encuentra su manía social; el otl'O su visión ocultista.
Yo expondré, con toda la transparencia de que me
siento capaz, este resumen: he hallado á. dos Rodines: un Rodin maravilloso de fuerza y de gracia
artística, que domina á. la inmediata, vencedor en
la luz, maestro plástico y prometeano, encendedor
de vida, y otro Rodio cultivador de la fealdad, torturador del movimiento, incomprensible, excesivo,
ultraviolento, ú obrando á. veces como e11fregado á
esa cosa exfrmi.a que se llama la casualiclad. Procuraré explicarme.
Al contemplar la mayor parte ue esas esculturas,
rudos esbozos, lan·as de estatuas, creaciones deliberadamente inconcusas, figuras que solicitan un
complemento de nuestro esfuerzo imaginativo, me
preguntaba: ¿dónde he visto yo algo semejante? Y
era en las rocas de los campos, en los árboles de
los caminos, en el lienzo arrugado, en las manchas
que la hqmec:lad forma en los muros y en los cielos

rasos; ó en la gota de tinta que aplastais ent:·e dos
papeles.
Esto último resaltó súbitamente á. mi vista delante de algunos dibujos que han sido apuntes y documentos para la realización de formas esculpidas
y plasmadas.
Una página de Eugene Ca:-riere vino en mi ayu•
da. "El arte de Rodio, dice el gran pintor, sale de
la tierra y á. ella vuelve, semejante á los bloques
gigantes, rocas ó dólmenes que afirman las socie•
dades, y en cuyo heroico en&amp;'randecimiento se ha
reconocido el hombre. La transmisión del pensamiento por el arte, como la transmisión ele la vida,
es obra de pasión y de amor.
La pasión de que Rodin es el servidor obediente,
le hace descubrir las leyes que sirven para expre•
sarla, es ella la que le da el sentido de los volúme·
nes y de las proporciones, la elección del relieve
expresivo. Asi la tierra proyecta sus formas aparentes, imágenes, estatuas que nos penetran en el
sentido de su vida interior. Son esas fornas terrestres las que fueron iniciadoras verdaderas de Rodio.
Se trata, pues, desde luego, de un gran espíritu
libre, cuyo director es la naturaleza misma.
.Al pasar la cordillera de los Andes, ¿no habéis
visto los colosales frailes de piedra que en la roca
viva ha esculpido un cíclope y divino escultor? Ese
es el maestro de Rodio. Este persigue conscientemente el arte inconsciente de la naturaleza. Tal
figura suya os trae á la memoria el bifurcado tronco de un árbol; otra el gesto extraño que las aguas
han labrado en una piedra, á. la orilla del mar; otra
los caprichos que chorrea en amontonadas estalactitas, la cera de un cirio. Lo qu e se manifiesta más
imperiosamente es el don singular de poner en esas
formas. una suma de vida que al contemplador
causa un insólito pasmo. lilas confieso que hay muchas obras delante de las cuales el pensamiento no
encuentra vía. Algunas figuras en su preconcebida
rudeza, en obligadas posiciones y con el procedimiento rodiniano que descuida el detalle, me despertaron la idea de no sé qué variados hechos en
desenterradas Po mpeyas ó Ilerculanos.
La prensa, las distintits interpretaciones de los
críticos de a,.te, y las exageraciones del snobismo
causaron á Rodin bastante daiio. Se ha querido y
se ha conseguido que su obra excéntrica prive sobre su obra de claridad vibrante, de vigor plástico
indiscutible, que no entraiia más que la formidable
omnipotencia de la belleza, sobre todos los procedimientos y sobre: todas las escuelas. l\Iirbeau ha
tenido razón: los señores de la critica han dicho lo
que se les ha antojado, menos que Rodio es un ar•
tesano genial, que en su oficio y en su consagra•
ción, realiza el milagro, sin imponerse tareas socia•

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les, mitos trascendentales, fórmulas esotéricas. Claro es y es sencillo, que todo espíritu investigador,
y sobre todo el imaginati\•o, puede sacar lo que
quiera de esa misteriosa ó inextricable complicación de formas y de movimientos. El milagro es la
revelación subitánea de la vida, el encuentro en la
materia de la voluntad humana, del designio del
artista, con la voluntad suelta y el designio de la
naturaleza, que tiende á decir su secreto, á formular su intima esencia. Si Rodio no fuera Rodia,
habría franqueado el poco de lo sublime á lo ridlcuto. l~clizmente para él, no le io,·ade la literatura.
Es un dedicado, un.consagrado á su caza de gestos, á su persecución de actitudes. Lo que no Re
pnede poner en duda es su i;inceridad, su lealtitd
1tl arte.
A lo más se podría suponer que la iuflueucia de
sus intérpretes liter.;rios y la humareda de la lucha
intelectual encendida alrededor del Balzac, le han
afianzado en su propósito de firmeza en el choque
deliberado con el ambiente uormal que le rechaza.
El obliga á inclinarse ante su fuerzn, ante su estupendo gozo dionisiaco. Aplico la palabra en el sentido nietzschiano; pues si Rodio demuestra una innegable tendencia á lo feo, ello vendrá de lo que
Nietzsche denomina la necesidad de lo feo - absolutamente griega- • la sincera y áspera inclinación
de los primeros helenos hacia el pesimismo, hacia
el mito trágico, hacia la representación de todo lo
que hay de terror, de crueldad, de misterio, de nada, de fatalidad, en el fondo de las cosas de la vida.• Esplritu aislado, como todos los grandes, va solo. •Es de la raza de los que 111a1•chan solos,• dice
de él un severo y apostólico artista, Jean Paul Laurens. Además, su armadura, á los golpes de los
que le atacan, resuena con hermoso resonar. EstA
constrnlda de lógica, á martillazos ciclópeos. Lo que
constituye su talón aqulleo, es su tácita sujeción á
la idea de los críticos oraculares, el querer hacer
slmbolo é intelectualismo, cuando su fuente propia
está en el sentimiento, en un gran sentimiento, y en
lll pasión, en una gran pasión. Es el divino escultor del JJeso, el robusto creado1· de los Bm·guese.~
de Calais. Por lo tanto, os perturban, os desconciertan, labores como ese Genio clel reposo ete1·no, que
encontrais frusto é incomprensibl11 1 sobre todo,
cuando recordais el Praxltrles del Louvre en idt•n•
tic11 interpretación.

Entre árboles que la primavera anima está la caRa en que el maestro ha juntado su producció::; entre árboles, como un templo antiguo de Grecia.
Hay días de moda, los vieroes:-•¡Oh man¡uise!••;Oh ma chére!» Entra bastante gente, y los ingleses, como ~-a lo debéis suponer, abundan. Hay quie-

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nes sonríen, desde la entrada, como si entraran á
un lugar vedado, y quienes tienen aire de decir A
la humanidad toda: •¡Ah, imbéciles! entro en mi
casa.•
Ya, en el interior, comienza la lucha de sensaciones.
Al pasar, sentís cómo os hacen las manos de la
vida, cómo os penetran los ojos, cómo os envuelYe
el aliento. Súbitamente, al entrar, la Guena. Se
ha hablado al tratar de ella, de la victoria de Samotracia como único parangón. Pero, ante todo,
debo declarar que no concibo en Rodia un repre·
sentativo del esplritu griego; Rodio no tiene de
Grecia más que el concepto de la tragedia; es la
máscara trágica la que le obsede. Vida, si¡ pero vida humana, mientras en el arte puro giego existe
la imposición de la vida divina. Ah! está la supre·
ma particularidad de Hodin, en haber buscado y
encontrado la fórmula de todo lo que el cuerpo humano tiene de extraiio, e11 el movimiento, en el gesto, en la certificación de la vida. Pero no hay en él
la virtud ollmpica de Fidia~, de Praxiteles, de los
antiguos maestros helenos. Se comunica con los
dioses inferiores. Una náyade, un fauno, una sfrena, son suyos; mas con Júpiter ó A polo, se desequilibra. Cuando ha querido representará Apolo, lo
ha concebido soberbiamente, sobre las hidras, sobre las sombras, portador de la luz; la ejecución
nos ha dado un muchacho agradable que no nos
convence en su excelente mlmica, de set· la encarnación de tan estupendo símbolo. La culpa es del
predominio absolutamente humano y realista que
existe en la obra de Rodin. La Guerra es una obra
de pequeiias dimensiones, que, como os he dicho,
está á la entrada. Cuesta, indudablemente, detenerse, y no pasar, sumariamente, á. ver la gran masa blanca, el esfingico volumen, la piedra de escándalo, el Balzac que adrnrtls en el centro de la sala,
entronizado, dominador. Y la Guerra es de fuerte
magnificencia. Esas dos figuras, el genio clamoroso, y el combatiente caldo, son dignas luminares de
!a exposición. Oa certifican la influencia del genio,
ó si queréis mejor, del estupendo instinto, las soberanas anatomias, vibrantes de una idea simbóli·
ca y trascendente. Los brazos del genio abarcan
toda la furia humana. Hasta el detalle del ala doblada, expresa el sorlo de tempestad. El soldado
musculoso que cae herido, dice la muerte y el desastre. Luego, os detiene una muchedumbre de
figu1·as y figuritas inacabadas, como proyectadas,
y que sin embargo, se expresan definitivas. Y os
cuesta convenceros de que sea el autor de esos ca·
prichos minerales, de esas bizarras cristalizaciones, el mismo que ha hecho la belllsima Edad de
bronce que erige su espléndida desnudez en el jardln del Luxemburgo.

Hrni:::s DARÍO.

101

N"OrrAS BIBLIOGRAFIOAS.
"DE TIERRA CALTDA "
POR

SANTIAGO ARGÜELLO A.
Nicaragua, 1900.

Fué una tarde de fiesta para mi la tarde aquella
en que hasta mi bungalo1c de Yokohama llegó em·
bijado con el policromo tatuaje de innúmeros timbres po.stales: • De Tierra Cálida,• el hermoso libro
tle versos de Santiago Argüello, hijo. Seis meses de
Japón, vivido en pleno riñón de las ciudades japonesas, en bonzerlas; teatros, casas de the y matzuris me hablan congestionado de arte, promoviendo
un espasmo en mi espil'itu hecho i1 digerir parsimoniosamente las escasas y tardlas emociones artlsticas de nuestra bárbara América. De Kanaoka y
Zingoro á Guekó y l\litzuhidé el Arte milenario y
suntuoso del Imperio Auroral habla desplomado sus
maravillas sobre mi mente estupefacta aún, de admiraciones exhaustas en la atonla de un sttrmenage abrumador. Por reacción, tal vez poi· larvada
nostalgia, sorprendlaume al tramontar las lunas del
Otoño nipón, ensimismado en ensueños de selvas
americanas, de Cabai·ets de Montparno, de at home
y de amor, ideales perspectivas todas donde no brillaba ni un átomo de la luz de esa luna que emergiendo de las negrns cryptomerlas, dejaba resbalar
sus muselinas hasta rozar ~u sideral carne desnuda
con la nieve pálida del erecto Fuziyama . ... t\li
Budha sobre la cátedra del sagrado loto dormía
con sus ambiguos párpados cerrados irremisiblemente á la vida r frente á él en el zócalo del • toko noma• no ardlan las barras de incienso en el perfumatorio ritual y los crisantemos oh·idados en las
esmaltadas fayenzas lloraban en silencio, dejando
caer como largas lágrimas sus pétalos.-Y era que
los recuerdos como brillantes paraninfos tralan sobre andas de oro, en florido y nupcial cortejo, la
memoria de la mujer amada ó que al estridor de
una cigarra una selva patria, un jardlo tropical, un
costeño bohio, se leYantaban poblando lujuriosamente el yermo del r egret.
En ese estado de alma desfloré el libro de Argüello y lo leí con avidez, con ansia, desde la gentil
evocación á la !\fusa rústica, hasta la pieza final en
que el poeta loa á la divina Grecia antigua, siutien·
do un desdén casi legitimo por el mundo actual.
Principia el libro con una serie de fragantes cautos rurales, henchidos de savia y emanando fuertes
Y gratos aromas forestales; hay en ellos felices imágenes evocadoras á la Jules Renard, concisas y eficaces. En diez ve1·sos está descrita una tempestad
por la atinada elección de dos imágenes: el crujir

del roble al rojo hachazo del rayo y la final no1a
plácida de las torcaces sacudiendo sus plumas.
• Frutas• es un delicioso cuadro de fresca pintura, idilio, bucólica, cerrado con un final en que hay
un grano de malicia, un efluvio de almizcle en el
escote de una pastora, una mano atrevida entre encajes encubridores, el talón rojo de un abate sobre
el césped ingenuo de una pastoral de Lancret.
• En el Edt:•n• es una deliciosa pintura algo tibia
quizás del glorioso idilio primero, y «La Gruta un
triunfante poema en que hay rayos de luna del nim bo de IIeine, orfebrerías Gauterianas y capullos de
símbolos de Regnier ó de Gourmont en una gama
de sonoros versos musica!es.
•Habla Safo de sus tres Amores,• es una pieza
que nuestra Revista reprodujo para dar á. los lectores una muestra de cómo cincela Argiiello. La
admirable, la Inspiradora lesbiana se desprende del
marmóreo bajo- relieve, con la suprema gracia de
una figura tanagrina ó miryniana, avante el seno
turgente y abrasado bajo el vuelo airoso de la exómida leve. Un poema as! hubiera sido rimado por
un egipan en su doble flauta; á su música Psiché
se entregaría, Dyonisos hubiera sonreldo .. ..
cl\Iarica• es un poema ingenuo y campoamoriaoo,
que recuerda A nuestro Gutiérrez Nájera más de
lo que convendría á la originalidad de Argüello;
pero que otro evidencie esa desagradable semejan·
za, para mi es tarea más grata revelar las excelen·
cías del poeta. «El Carpintero• es un canto cuyo
realismo lo iguala i1 un cuadro de género. Minucioso y brillante en la descripción como un interior
flamenco, concluye irradiando una imagen. Tras
del rudo trabajo el bravo obrero se sienta II la mesa:
• Y en su faz brilla una aurora más alegre
Que una aurora sobre el mar! •
1.:0 resumen, aportando como credencial el hermoso libro •De Tierra Cálida, • un nuevo poeta ha
aparecido y como á tal lo saludamos entusiastamen •
te. Argüello, compatriota de Rubén Darlo, parnce
preocuparse á veces con la manera de su culmi nante hermanG. Sin duda en los libros futuros que
Argüello anuncia ya, veremos su interesante personalidad desprendida y airosamente hecha estatua ya
fuera para siempre de la ronde bosse del bajo- relieve. No me aventuro prediciendo que asl sucederá.

�Libros y Revistas (1). Hemos retibido los libros
siguientes:
•Ariel• (***) por José Earique Rodó. - :11ontevi•
deo, 1900.
,Q. Horacio Flaco ("''~* l. Algunas Odas traducidas
en verso castellano• por Joaquin D. Casasús.-Mé:dco, 1900.

,De Autos• (***) por Victoriano Salado Alvarez
-Guadalajara, 1901.
•Poemas Helénicos• por Goycoechea :l[enénd.iz·
-Arge11tina, 1899.
•Cuentos de Poeta, (***) por flufino Blanco Fombona.-Maracaibo, 1900.
cEI Ateneo Nicaragüense.»-Núm. 16, 1900.
cLa Voz social.,-Buenos Aires. Núm. 12, 1900.
cKo-Ka• ("'**). Núm. 12.-Tokio- Japón, 1900.
•L'Ermitaga• (***).-París, 1900.

Y es hoy la tercera vez que vagando por esos
páramos literarios que la prensa de los Estados titula «páginas dominicales,• me encuentro con una
oda al Transvaal .... En todo tiempo sopla en esas
páginas un viento soporoso de modorra y de tedio.
Allá, en el horizonte gris de esas pampas infecundas y calcinadas desfila la theoría irrisoria de las
(r) Los libros ó periódicos marcados con asteriscos serán objeto de especial estudio en alguno de nuestros próximos números. En lo sucesivo toda publicación literaria enviada por su
nutor á esta Redacción será analizada ó mencionada cuando
menos en: "~otas bibliográficas. "

musas prostituidas y de los númenes rnfianes. • • •
La impotencia alardea de pródiga, la miseria se
echa al hombro el jirón de púrpura de un ilustre
guardarropa .... por el horizonte gris, por el pan·
tano donde la procesión claudica, parodiando infe·
lizmente el noble ritmo de las marchas triunfales,
bajo lo más turbio del cielo y sobre lo más hediondo del estuario, va la theorla canalla, un S1mcho
Panza enfático y orondo enlazando el talle desbor·
dante de una Musa maritornes; una Pióride de figón
osculando el hocico de Galiban! Toda la hampa de
una •Cour des 111iracles• literaria, los ropavejeros
de la poesía que con los ilustres brocados de Rubén
Darlo y los ripios propios se han fabricado una Ji.
brea; toda la valetaille famélica que se nutre con
las migajas que Lugones deja caer de su mesa de
prlncipe, todos los rateros audaces que á la espalda
de Díaz Mirón han intentado robar las flechas adamantinas de su épica aljaba!
Toda la hampa, toda la truhanería haciendo un
sabatt literario frente al fetiche Domingo y danzando grotescas barnbulas frente á la belleza que
desvía de la soez turba sus serenos ojos sin pupilas!
Y ahora frente á ese atormentado y gigante bajorelie,·e úpico esculpido en sombrío basalto por la
invencible raza bóera, llega otro audaz arrastrándose para pegar en ese friso sagrado de la historia
su cataplasma de ripios más grotesca que un pasquín. Una fricción de ungüentos de tras-·botica sobre la convulsión dolorosa de un Laocoonte!
Pero perded el tiempo en medirle las orejas á
esos asnos manaderos de la literatura y en anotar
los mil ecos de indignación que deja en el ambiente
sere.io el alarido de sus inconmensurables rebuznos!

J. J. T.

SU MANO.
( )!ANUSCRlTO Dl!l JOSÉ RE.JI L\,

ti. Sufría mucho, sufría mucho, su fria mucho. i\Ii
propio dolor me desarmó. Cal del paroxismo en la
cobardía. Y de rodillas, llorando, besé la media negra que calzaba su pie, y sentí la carne palpitar á
mi beso. La Hembra se apoderó de mis sentidos.
La tomé en mis brazos y bebí toda la miel de su
boca. Fué mía! fué mía! La hice diosa en la pose·
sión.-Desperté en la noche, ahogándome: No pude
tolerar el contacto con esa mujer aletargada, con
ese cuerpo laso, con esas carnes en reposo. Las sábanas estrujadas y revueltas, el aliento denso, el
calor húmedo, la claridad del dla que se filtraba
por las cortinas .... oh, el asco, el deshonor, la náusea! Me fijé, si, su trenza parecía una culebra que
se le enroscaba al cuello. . . No quise despertarla
por miedo de matarla. lile azoté la frente con R gua
fria~- sall!
***

Estaba inspirada, arrancando del piano uua harmonía de bosques meridionales. Su mano-esta
mano-del color de las teclas blancas, enaba entre
un tropel de notas .... Por qué sobre un :oueño in-

..**
. . . . Una noclie que nos insultamos mucho y que
nos besamos mucho, ebrios de vino, de celo y de
carne-por qué no de alma?-esta mano se estamp,', con ral&gt;ia en mi mejilla, y acarició después, con
rn , i,·ias tle hetaira, mi frente calenturienta.

~-

**
Cuando tomaba e11ta mano en la mía, antes de
que Dios nos expulsara del paraíso, la sentla,-timida, tlmida,- arder y temblar . . . . . . Ay! luego,
cuando el Gran Pecado nos unió en el deleite inolvidable y en el eterno dolor, la seutl,-confiada,
confiada,-reposar en el hastío .. ..
*"'•
Un dla, mi amada dulce y cruel vió saltar de mis
ojos una lágrima luminosa como chispa de incen-

dio: la recogió en su anillo, y en su anillo parecía
un brillante. Contemplando su mano ataviada con
mi lágrima, dijo, cruelmente-dulcemente-: •Durára asi, toda una noche de baile!,-Esa vez me
besó con besos helados.

***

Larga, delgada, pálida, con las uñas como láminas de finlsima laca, ciñendo su pequeño dedo una
argolla de oro, esta mano sabia adormir ó enardecer mis fiebres, dibujar ensueños ó borronear pesadillas, jugando, indolente ó nerviosa, entre mis ca·
bellos.

....

Apretando con la extremidad de los dedos un ramo de violetas, lo contemplaba á. ratos y á ratos aspiraba el perfume fresco de las flores.-Yo no le
había dado ese ramo. Estalló mi celo inmenso sin
heril' su indiferencia. La injurié y la maldije. En
mi alma desesperada hubo una tragedia fulminan-

cipiente de felicidad cayó de pronto una mortaja?
por qué las sombras se abatieron sobre el idílico
paisaje? por qué me enloquecí? .... - •Basta, grité,
no me atormentes más, cierra ese piano!, Me respondieron las notas claras y abundantes de su carcajada. Me levanté fllrioso, y clavé mis dientes en
su mano. Un ¡ay! De la vena rota brotó una gota
de sangre. Ella, entre asustada y risueña, la lamió
con la punta de la lengua. Brotó luego otra gota
más gruesa, extendiéndose en hilo carmesí sobre
la palidez de la mano. Entonces, al ver humedecidos sus ojos grises como la niebla, acerqué conmovido mis labios sedientos de veneno y bebí con
amor su sangre. «Oh, perdón, perdón, perdón!• F.sa
yez me besó con besos de cauterio.
• **

. ... Otra noche, la última. . . . Qué horrible! La
serpiente negra enroscada á su cuello blanco ....

•

* *
La amé! la maté!. . . . Qué drama tan intenso de
pasión! Fné suya esta mano-e11ta mano de huesos
duros y fríos!
JESÚS

URUETA.

EL FINAL DEL LIBRO: "INDUCCIONES."
Todo se pasa en el Uundo, que el sabio estudia
como si ningún pensamiento, ninguna conciencia
se encontrara en el fondo de la realidad de las cosas, mas que la conciencia y el pensamiento propio. Una Conciencia, una Inteligencia, un Pensamiento, claro ú obscuro, intermitente ó continuo,
serla también, en verdad, J,fovimiento; pero este
movimiento, esto sólo lo hallamos en los animales
superiores, y en primer grado en el Hombre, y en
especial en el civilizado. En el fondo de lo que se
llama Universo, en ninguna de las manifestaciones
qui, conocemos, hallamos nada de esto: sólo en ella
reina la Inconsciencia, lo que ha hecho que Hart•
mann, personalizando el Todo, lo llamara EL GRAN
lNCONSCIENTll.

La am,'·! la maté! .... Qué ti rama tan intenso de
pasión! L&lt;'ué suya esta mano- eMa mano de huesos
duro~ y fríos.

103

REVISTA MODERNA

REVISTA MODERNA.

102

La finalidad á la que se ha creído que obedecían
las cosas, se ha visto que era un efecto puro, una
atribución gratuita de nuestra mente, un falso modo de ver el Universo. La Mente humana había supuesto una intención productora allí donde había
sólo productos de una autoactividad de la Naturaleza.
El que haya quien no se conforme con la fonomenalidad, con la propia realidad cognoscible, que
aspire á un más allá del Universo, á un mundo infinito, del cual el mundo fenomenal no sea tal vez
más que la misma cosa vista del otro lado; el que
haya quien se desespere porque se le aperciba de
que jamás podrá llegar á ello, esto es, á los orlgenes, al fondo de las profundidades de donde el Ser
y la Vida dimanan, nada de esto arguye en contra
de la Ciencia, nada en contra de la Filosofía. Ellas
se ocupan tan sólo de lo que puede sernos explicable, definible, cognoscible: lo demás i;erá siempre
patrimonio vago de los esplritus poco precisos, ca-

paces sólo de emoción, de vibración dramática. Esta emergencia de lo desconocido, ese querer atribuirle el carácter de infinidad, ese querer darse
cuenta de ello, contentándose con nombres, que al
fin y al cabo corresponden sólo á merns antropo•
morfismos; eso es lo que produce el llamado sentí·
miento religioso, que en sus más altos y más nobles
grados es admiración profunda por ese Indefinido
Incomprensible, Omniactivo, eternamente vivo, eu
si inexplicable.
Pero en los intelectos capaces de dar forma á las
cosas, ó de sentirla, ese sentimiento produce, no la
Religión, h religión positiva, sino el AxTE, en su
modo activo; y, en su modo pasivo, la contemplación estética del Universo, la inmersión de nuestro
espíritu en el uni1·ersal drama de la Naturaleza.
El alma serena del Hombre moderno, llegado ya
ii un alto grado de comprensión científica, no pue•
de interesarse por unos misterios que sabe ya de
antemano que son impenetrables, y que todo lo que
de positivo se haya querido fundar sobre ellos no
ha hecho más que contrariar la Yida y el superior
desarrollo humano, subyugando el Hombre al Todo incomprensible. La Ciencia le ha enseñado que
la fenomenalidad no se tuerce ni se endereza con ,
los ritos de adoración ó las plegarias dirigidas á las
personificaciones del Todo. Sabe que la única mauera de modificar esa fenomenalidad que tanto le
ha aterrorizado, no es prosternandose; sino estudiándola y reaccionando directamente sobre de
ella. Sabe que el Yo no es más que uno de estos
fenómenos, y que, por tanto, su ingerencia ó su dominio sobre los otros es justisima, pues él dimana
de lo mismo que ello¡¡ (caso de que en último término dimanen de algo) y les es superior en jerar-

�ARo IV
104

MÉXICO,

1"

QUINCENA DE ABRIL DE

1901

NúM.

7

REVISTA MODERNA.

quia orgánica. En fin, sabe que la conciencia clara
y progresiva en él se manifiesta, en el más alto gra•
do sobre el planeta Tierra. Asl, en lugar de levantar
pesadas construcciones que le aplasten, al impulso
del estupor que le cause el Eterno Misterio, otra
tendencia nace en él más natural y más vivificado•
ra. El entusiasmo que le causa esta ftlnomenalidad
omniforme, omniactiva, esa Naturaleza siempre va•
riante, siempre nueva, siempre sorprendente, siem•
pre espléndida, le produce el sentimiento estético,
que, cuando pasivo ó simplemente sensitivo, pro·
&lt;luce el placer de la Contemplación de la Belleza
de los fenómenos de la Vida, y, cuando activo, es
Arte, ó sea la suprema manifestación de la Vida
misma.
Lo inexplicable, bajo el punto de vista de la ra·
zón, eso incomprensible á la inteligencia, eso que
aterroriza á las mentes y :\. los corazonea débileF,
eso inspira admiración al Hombrn fuerte de inte·
lecto, como representación total suprema, eso le
produce el sublime sentimiento ele Belleza. A aquel
que ha alcanzado un alto grado de comprensión ya
no Je aterra el enigma. No teme la esfi nge. La res•
peta, pero sin de.jar que le devore, y admira á dis•
tancia las bellas formas bajo las cuales se le apa•
rece.
b":l sentimiento de la Belleza es el que sur¡;&lt;: en el
humano espíritu como último resultado 1111 la ,·e•
presentación superior del Universo, por él adecuamente sentido. Cada civilización, al llegará su des.
arrollo máximo, después de haber dado grandes
pensadores ha dado grandes artistas, y con ellos
un gran público capaz de sentir el Arte y de for·
marles atmósfera que los sostenga. La Belleza es
la sensación que resulta del Pjercicio del conocimiento, del comprender adecuadamente la reprc·
sentación del Universo; es el resultado más alto de
la Vida, y, por ~anto, el Supremo J&gt;lacer para los
Hombres.
Así Nietzsche resulta ilógico privando al Hombre del placer, en su camino hacia el 8uper-hom·
bt·e, y proclaman lo al mismo tiempo el Arte Apo
Jónico ó Dionisi.lCO, como el único que puede hacerle alcanzar un grado superior de la \'ida y con·
siderando la \'ida como fenómeno esencialmente
estético.
En esto último estáu de acuerdo Nietzsche y
Schopenhauer: ambos miran la \'ida como un fenó·
meno estético; solamente que para Schopenhauer
ol sentimiento de Belleza, el máximun de placer po•
sible, resulta del descubrimiento de su intelecto,
que la \'ida, esta Vida llena de dolores é injustil'ia~, es sólo una representación pura., una ilusión,
la .lf ,ir¡ de los Indos. Por lo tanto, predica la re11u11c1,,l'ión como remedio de que pase esa. ilusión
doloro~a, esa terrible pesadilla, para alcanzar en
el no se,· el estado perfecto. Nietzsche, al contrario,
cree como Schopenha.uer en las penas de la. Vida,
pueR el dolor lo sentla en lo más Intimo de su pro·
pío organismo; cree en la lucha precisa y en el sufrimiento uecesario, y se endurece para luchar mejor. As! el Intelecto convirtiéndose en espectador
de la lucha de la Voluntad, y aconsejándose y aun·

dirigiéndola, da al individuo, en el espectáculo de
su propia acción, el sentimiento supremo de la Belleza. Así el Hombre fuerte, si sufre como actor,
goza como espectador de su propia grandeza. Este es el sentimiento de lo Trágico. Y cuando se es
sólo espectador de una acción no contrariada, de
una acción tranquila y placentera, entonces viene
el sereno goce del Arte Apolónico á coronarlos es•
fuerzos de la Vida.
Para Nietzsche, como para nosotros, el sentí•
miento estético compensa, en el que tiene alma asaz
grande para. sentirlo, de todos los sufrimientos pa•
decidas en la acción dramática de sus instintos vi•
tales.
La Belleza es la redentora del Dolor. Sólo ella
es momlidad pe1'fecta.
El Cristiano, como el Budhista, para librarse del
dolor, se refugiaban en Dios, en el no ser, querían
desaparecer lo más pronto posible de la representación de esa Tragedia'; no se sentían con bastan·
tes fuerzas para llegar á su natural desenlace, y,
en su catitstrofe final, cae1· con dignidad, dejaudo
en pie su protesta, como calan los Héroes Griegos.
Y es que el Griego, en ern sagrada embriaguez de
la Vida, habla sentido la identidad de su yo con to·
das las formas del Universo; había presentido que
todo p,;raba contenido en su alma, que él era el Universo ." tenia derecho á dominarlo. Y esto, que se
le enseiiaba en los Misterios Dionisiacos, le daba
un goce superior, que derivaba del conocimiento
de su propia inmensidad. El Arte Dionisiaco añade
al Arte Apolónico la. conciencia, en el Artista, de la
identidad del espectáculo)" del espectador; un alma común enYuelve al público y :l. la escena. Asl
el verdadero Héroe afronta la realidad, por cruPnta que ésta sea.

~sta sublime posesión de la \'ida como fenómeno estético, no es posible más que después de ha berse libertado de la finalidad. Y biiy que notar
que la revelación de la irrealidad ó sea de la idea•
lidad del fenómeno, en una raza débil como la de
la India después de mezclada con sangre amarilla
condujo al suicidio, como en las razas decadente;
y mezcladas de elementos semíticos del fin del Im·
perio las condujo á renunciar á la Yida; mientras
que hoy, en las naciones de Occidente, en las ac•
tuales razas Americanas y Europeas (Arias), proYistas de una gran abundancia de energla y de
una gran organización comprensiva, esta clara,-¡_
sión del Universo, ese descubrimiento de la Unión
perpetua, son el motivo de una vida nueva, y producen la adoración de la Vida por su belleza suprema.
Allí donde el Bien en si y la Verdad absoluta han
naufragado, el Arte se salva, y erige sus hermosas
construcciones; y el Hombre goza de sus magnlfi·
cos espectáculos como un placer supremo, porque
el Arte, el sentimiento de la Belleza, ya sea activo,
ya pasivo, son la manifestación más genuina del
paroxismo de la Vida.
P0MPEY0

GENER.

REVISTA MODERNA
A RTE Y
DlRE OTO R: JESUS E. VALENZUELA.

C I EN CIA.
JEFE DE REDAOCIO~: JESUS URUETA.
Tip. dt Dublá11.

LA APARICION DE LA \'IlWl~N A SAN BER;\ ,\1{1)O.

F11,1Pr1xo L1rrr.-F1.onENC1A.

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                <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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              <text>Urueta, Jesús, 1868-1920, Jefe de Redacción</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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      <name>Un agua fortista</name>
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      <name>Un egoísta</name>
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