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                  <text>REVISTA MODERNA.

120

E Leonardo: clnnanzi ebb'io la nucla
faccia del Mondo immensa,
come quella dell'Uom che a dentro incisi
Creai la luce in Cristo su la mensa
e creai l'ombra in Giuda;
dell'Infinito feci i miei sorrisi.
Poi, nel vespro, m'assisi
calmo alla sommita. della saggezza
ed ascoltai la musica solenne.
Per qnali vie convenne
meco quest'aspra forza a tale 11.ltezza?
Come questa vecchiezza
semplice e sola attinse
il culmine ove regna il mio pensiero?
Fratelio m'c chi vinse
il suo fato e tento novo sentiero •
E il Buonarroti disse: •lo prima oscuro.
per opra piú perfetta
rinascere, di me nacqui motlello.
roí mi scolpii nella virtú concetta,
come ne! marmo puro
s'adempion le promesse del martello.
E posi me suggello
,·iolento su! secolo carnale
di grandi cose moribonde ea.1 co.
Trato apersi un vareo
nelle rupi all'esercito immortal~
degli eroi soprn il Male
vindici; senza pace,
28 Febrero 1901.

ARo IV

stirpe insonne, anelammo all'alto segno.
Ben costui che or si giace
tal cuore ebbe, s'armi&gt; di tal disdegno.•
~{ella notte cosi gli eterni spirti
riconobbero il Grande
cuí sceso era pe'tempi il lor retaggio.
Il tita.no giacea senza ghirlande,
senza la.mi na mirti,
sol corona.to del suo crin selvaggio.
E, come il primo raggio
dell'alba fu, la maggior voce disse;
• Ü patria, clegna di trionfal fama!•
E parve che una brama
di rinnovanza dalla tena escisse,
e che le zolle scisse
clai vomeri altro seme
chiedessero a nove: seminatore,
e che l'onte supreme
vendicasse la forza del dolore.

MÉXICO,

iª

QUINCENA DE ABRIL DE

1901

R .E·VISTA MODERNA
ARTE Y
],)!RECTOR: JESUS E. VALENZUELA .

CIENCIA.
JEFE DE REDACCION: JESUS URUETA.
1'i11. de Dttblá11.

Canzon, per i tre mari
vola dal cuor che spera oltre il destino,
recando il buon messaggio a chi l'aspetta.
Aquila giovinetta,
batti le penne su per l'Apennino;
p&lt;•r 1·aere latino
ra pidarnente•vola,
poi cliscendi con impeto :nei piani
sacri ove Roma e sola,
getta il piú fiero grido e J¡\ rimani.
GABRIEi.E

D'ANNU).!ZIO.

LAS SEIS NOTAS DE LA FLAUTA.
Eu los campos dn la Sicilia, no lejos del mar, exis·
te un bosque de almendros. Es aquel un sitio antiguo formado cou piedras negras y en el que, desde
hace luengos a11os, se han sentado los pastot·es. En
las ramas de los árboles vecinos, penden jaulitas
de cigarras, tejidas con junco, pino y varas de mimbre verd~ que sirvieron para atrapar pececillos.
La que duerme, Prguida sobre el sitial de negra
piedra, con los pies envueltos en cintas, con la cabeza oculta bajo cónico sombrero de paja, espera
á. un pastor que jamás volvió.
Partió con las manos untadas de cera virgen para corta1· carrizos entre las húmedas trampas para
pájaros, pues quería modelar una flauta de &amp;iete
rnbos, como le había enseñado el dios Pan.
Y cuando hubieron transcurrido siete horas, se
escuchó la primera nota, cerca del sitial de negra
piedra donde vela la que duerme aún.
La nota se oyó cerca, clara y argentina. Después
transcurrieron siete horas más sobre la pradera

(Traducción de •Revi~ta Moderna.• )

azul é iluminada por el sol y la segunda nota se escuchó alegre y dorada. Y cada siete horas la durmiente de ahora, escuchó que sonaba uno de los
tubos de la nueva flauta.
El tercer sonido fué lejano y grave como el clamor del hierro; y la cuarta nota, más lejana, se escuchó como el profundo retintín del cobre; la quin•
ta turbada y breve como el choque de un vaso de
e~tañr, pero la sexta, sorda y ahogada como los
plomos de una red cuando chocan entre si.
La durmiente esperó en vano la séptima nota que
aún no resuena. Los dias envolvieron el bosque de
almendros c.,on brumas blancas y los crepúsculos
con sus brumas grises y las noches con sus brumas
púrpuras y azules.
Quizá el pastor espera la séptima nota á bordo
de luminosa balsa, entre la sombra creciente de las
noches y de los años .... y sentada en el sitial de
piedra negra, la que esperaba al pastor se ha dor•
mido.
MARCEL

NúM. 8

SCHWOB.

SANTA ÁGNIIISE,-ANDREA DBL SABTO,-CATEDR4L DB PISA,

¡

�123

REVISTA MODERNA.

testé, dejé que lo suspendieran y sólo cuando lo vi á punto de ser sumergido, pegué mi rostro al vidrio
del cabezote y lo miré fijamente con todo el furor de mi odio secreto y contenido. Crel verlo palidecer
bajo el cristal verdoso, y momentos después sentl los movimientos desesperados con que desde el fondo
.\vila, atenorizado y agoni~ante sacudia la cuerda de alarma .... Hice de manera que mis compañeros
no se apercibieran, y segul fingiendo que movla el propulsor de la máquina de aire .... Cuando pasaron

TRAGEDIA OBSCURA.

•

1

GITA:N'DO en la mano el último libro de Zola sobre el trágico asunto Dreyfus,
me hablaba mi amigo el Doctor JI .... No cabe duda, medecla, que el número
de inocentes condenados es mucho menor que el de criminales impunes. Y sin
m:\.s preámbulo, como inmediata prueba de su decir, refirióme este episodio:
Descansando en mi superioridad intelectual, en mi posición de médico del
puerto de i\I ... traté siempre á Garnica, á ese turbio Capitán de cabotaje á
quien tenían todos los habitantes del lugar, ni más ni menos que un beluerio
á una fiera .....
Nunca acaricié la esponjada melena de su orgullo, jamás esquivé sus zarpa•
das coléricas, antes hubo momentos en que empuilando el liltigo de la razón consegul arrinconarlo, como el domador á la bestia, en un rincón de la jaula.
Una noche en una obscura taberna del puerto á donde fui á dar tras de una visita profesional, Garnica almnbrndo por continuas libaciones y en vena de siniestras confidencias emprendió encarándose
conmigo lasiguient11 narrnción, que más que desvarlo de a'coholizado parece una verídica y tenebrosa confesión que me explicó claramente el por qué de mi aversión instintiva bácia aquel hombre:
-Doctor, ¿se acuerda Gd. de Rafaela, la que tanto tiempo tuvo la fonda de Puerto Yiejo? Bueno, pues
esa Rafaela ha sido mi gran amor .... Ud. alguna vez me ha contado sus aventuras y yo sé que en cuestión de mujeres Ud. es tan valiente y tan cobarde como yo .... Rafaela fué mi gran amor; pero ¡qué
quiere Ud! me alejé de ella; tal vez lo mucho que la quise fué lo que me perdió; el caso es que mientras
yo me iba á La Paz como segundo á bordo del pailebot Cuafwtémoc, ella .. .. me engailó .... Y lo supe
prcmto porque tenla mi gente; al llegar al lugar de la consignación, ya por el vapor de la Mala me babia llegado una carta contándome todo .... Hafaela había estado en la plaza de gallos, en las •carpas,
de Los Esteros y en la serenata con un tal Avil a, que era antiguo conocido suyo y tapatlo como ella ....
Los dos la habían corrido juntos y nada .... que yo andaba de boca en boca, siendo la irrisión y la
burla de todo el puerto .... !
Avila, quitándome¡\. Rafaela me había quitado cuanto tenía yo en el mundo .... y la verdad, Doctor,
que la vida en mi tierra, después de aquello me parecla imposible! ~le callé, me estuve fuerte; pero juré
vengarme; juré matar á Avila, no á puñaladas, ni á tiros, sino de una manera en que no arriesgara na·
da, ni mi vida riñendo con él, ni mi libertad matándolo sin precauciones. Y ahora verá YJ. lo que lepa·
só á Avila.

«El l\laya, era un vapor que venía cargado de mercanclas muy valiosas, te~oros casi, destinados á va·
rías ciudades y puertos del Pacifico. Para el obispado trala objetos del culto, custodias, copones, can·
delabros, el barandal del altar mayor; para el puerto de San Juan, mucha plata en lingotes y además un
caudal de valores para una casa fuerte y para una oficina federal. La noche de su llegada «El Maya•
fué cogido en la bahla por un chubasco formidable. Todos los pangos se hundieron, los barcos anclados
se fueron mar adentro á coner el temporal; el viento levantó varias techumbres, las andanillas de olas
llegaron hasta la calle del Teatro, y e El l\laya• á. media milla del puerto y con la caldera apagada hizo
agua y se fuú á pique. ~o hubo ahogados, toda la gente se salvó; pero algunos dlas después una casa
armadora del puerto hizo un contrato con los fletadores de • El )laya, para salvar la mercancla y se or·
ganizó el buceo. Yo me contraté junto con Avila. Se limpiaron las escafandras. Avila tenia que bajar
con otro buzo llamado el Botete,• mientras que yo debla hacer funcionar la máquina de aire, siendo lo
que los buceadores llaman •el cabo de vida,, el que tiene á. su merced la existencia del que desciende Alas
profundidades, puesto que por su acción funciona la máquina que lo hace respirar. •El Botete• bajó
primero; se vistió la escafandra, le colgamos los •escapularios,, que son dos enormes lápidas de plomo
pendientes del pecho y de la espalda, y por fin le atornillamos al collar la gran cápsula de bronce, el
pesado cabezote de metal incrustado de gruesos y fuertes cristales. Lo levantamos en peso y suave·
mente lo dejamos sumergirse. La máquina de aire funcionó perfectamente y al cuarto de hora volvla
El Bolete del fondo, trayendo consigo parte de los valores y habiendo ganado casi una fortuna, pues
más de mil duros le iban á ser entregados por su hábil tarea. Avila, ansioso de igual suerte, estaba ya
vestido, abrumado con los escapularios y limpiando el verdoso cristal del •cabezote., Antes de que le
fuera atornillado, dijo dirigiéndose á mi:-Mucbo cuidado, amigo Garnica, ahorita vuelvo. Yo no le ,:oo·

diez minutos .... •
No pude seguir oyendo la narración de aquel infame, prorrumpió el Doctor H ... Todos en el puerto
habíamos creido que aquel fatal accidente se debla á la falta de un perno notada al hacer la inspección
del inyector pneumático .... Hasta esos momentos Garnica me revelaba el monstruoso crimen!. ...
-Y qué tiempo hace de eso, pregunté al homicida, fingiendo indiferencia?
- SI, comprende! me contestó con cinica,y triunfal sonrisa; piensa Ud. que una denuncia acabarla con
un malvado como yo; pero no la intente Ud., Doctorcito, Avila está bien muerto hace veintiún ailos; mi
venganza, mi crimen, como Ud. quiera, ha presc1·ito y el que hoy me denunciara.serla el mejor buzo del
mar. ¡Aguantar veintiún años el resuello! Y con una carcaj al&amp; de ironla y desprecio glosó el soez re•
truécano Garnica ... .
JIJSÉ JUAX TABLADA.

•
LA OFRENDA DE HERODES.
A Rubén Dario.

I
Hinchado el cuello en incitante rscorzo,
Y cimbreando su flexible torso
Con nerviosa elegancia de pantern.
Danza la hermosa hebrea ante el Trtrarra,
Cuya miritda voluptuosa abarca
La escultura triunfal de su cadera.
El arpa en su vibrante nen·adura
Hila los ritmos de la danza impura;
Y cuando el paso bárbaro termina,
Con viril insolencia de sicario
i\Ianifiesta el intento sauguínario
La boca de la virgen asesina.

En el regio vesllbulo aparece
Torvo Idumeo, que impasible ofrece
En cincelado plato, helada y yerta,
Una cabeza que cegó el degüello,
Y sangra el tajo del robusto cuello
Cual la corola de una rosa·abierta
Anubla las arrugas de la frente
Que cincelara en cobre el sol de Oriente,
Una sorda tormenta que reposa.
Y al postrer crispamiento en que agoniza,
En los siniestros pómulos se eriza
El bosque de la barba-tenebrosa.
JI[

Fdo mortal sob1·e la Corte baja:
La inmensa palidez que la amortaja
Se ha encendido en relámpago de enojo11;
Y vibrando fatldico reproche,
Un rayo cruza el fondo de la noche
Que duerme en e(abismo de·sus ojos.

~7~

�REVISTA MODERNA.

UN EGOIS1"'A.

11

- Prímo,- me dijo la pequeñita i\Iaud que parecía una mu11eca de porcelana de Saxen, dieciseis
años, blanquísima, ojos lilas y crenchas rubias-primo, ve á hablar á papá, te lo ruego...... León es tu
mejor amigo, y papá me tiene en una prisión y yo no puedo habla,· con él.. .... Papá te quiere mucho y
no te negará que León entre á casa . .... . Anda!. ... . .
La encantadora decia esto con tal mimo, que yo sonreí subyugado y obedecí. Atravesé e; vasto
salón resplandeciente en la fiesta se1iorial ele la familia congregada; acaricié á uno de los minúsculos sobrinos, un bebé picaruelo como un gorrión, que vino á mi con los brazos abiertos y se asió á mis rodillas
gozoso, y en medio al bullicio de conversaciones y risas de la dichosa velada en que viejos, garzones y
niños celebraban el día de la abuela, me dirigí al buen sesentón que reposaba en una poltrona, pensativo á pesar de sus ojos risueños, pleno todavla de vida juvenil.
-Tlo, me dispensas que te llame aparte?
El tio se levantó apoyándose en mi brazo.- ¿Qué mosca te pica, muchacho?-Y complaciente me llevó á un angulo solitario y agregó en tono zumbón:-Sentaos, caballerito, y decidme qué os pasa.
-Tlo,~reanudé envalentonado con la cariñosa acogida, pues el viejo en verdad me querla como si
fuera un9 de sus hijos-León Valmar está verdaderamente enamorado de la bella :\Iaud ..... .
-YJ . ..... me interrumpió poniéndose en guardia al ver mi súbito desplante.
-Y Maud está impresionada del brn.vo mozo, que bien sabes es un pundonoroso heredero de s u
nombre; por lo cual te ruego encarecidamente, salvo tu experiencia y criterio, le permitas visitar ..... .
..._- Mi casa!. ..... -concluyó el viejo irguicndose. Pero dominándose y venciendo su extraña impetuosidad en él que e ra la bondad misma, ante el afecto que me dispensaba y ante mi sinceritiad irreflexi,·a que á pesar mío lo habla. herido, me dijo en dulce reconvención:
-Bien se ve, Jorge, que no sabes nada de la vida!. .... Vaya! te contaré á. ti, ya que juegas á hombre ..... . aunque no, ya que eres un hombre, puesto que hablas en serio de estas cosas...... te contaré
á ti la pena que me roe lentamente el corazón it pesar de los aiios que todo lo hi elan, aun los pesares
más candentes ..... .
Y ordenando que llevaran dos ta~as de té á su estudio, contó así el buen viejo:
-Antes de que se viera, como esta noche, reunida toda nuestra familia, como bien sabes, azarc•s do
la suerte hicieron que se dispersara en distintas ciudades y países. A los veintisiete años de edad
,·ivia con mis dos hermanas y mi madre en una pequeña casa que el laborioso esmero de ellas hac;¡ aparecer un pequeño palacio de infantas eu exilio. Un trabajo abrumador de escritorio rne tenia alejado to·
do el dla del hogar, y por las noches era para mi un dulce consuelo, la satisfacción heredada de nuestros mayores, pasar breve descanso en la velada familiar, al lado de mi madre, mis hermanas y Alfredo
Orrantia, el consentido ele la casa, guapo mozo de treinta alios á quien yo trataba ceremoniosamente por
serme antipático, pero al que mi hermana mayor, Andrea, nos había impuesto á. mi madre y á mi, después de oposiciones acres, para aceptarlo como novio oficial. El se presentaba todas las noches co rrecto,
atildado, desde hacia cinco años, y saludándonos con galanterías palaciegas, nos platicaba versatilidades, del mal ó del buen tiempo, de la política, porque éste ha sido desde antaño el pais per excelencia
de la polltica, de bailes, y de no sé qué cosas, pero siempre hallaba coyuntura para hablar á solas con
Andrea, hasta que mi madre se levantaba de su asiento indicando que ya era hora de dormir. E l caso
es que mi pobre hermana estaba loca por Orrantia; por él babia despreciado ventajosos partidos que se
hablan iniciado con aprobación de mi madre, que vela en ellos alianzas de famiEa y prendas morales
que solamente con los años se saben escudriñar y justipreciar. ¡Nada! á todos renunció con afabilidad ó
dureza, según que insistieran ellos en su pretensión, para preferir aquel hermoso, es verdad, pero huraño joven, taciturno, hastiado de los pJaceres, según inquirió mi madre, que habla sabido dominará Andrea con su arte maligno para cautivar á las mujeres.
Yo me sublevaba ante aquel noviazgo que contaba un lu~tro, y me sentia herido al ver que para es•
tudiar el carácter de mi hermana, era mucho estudiar, y que la limpieza de nuestro linaje era bastante
blasón á decidirá un joven obscuro, advenedizo, que no posela bienes de fortuna, sino un alto empleo
gubernativo y que estudiando ~l carácter de su prometida con más prolijidad que un psicólogo moderno, se babia enseñoreado en mi hogar gracias á que Andrea era la consentida, la tiranuela por su carácter altivo, pero cautivadora por su hermosura prodigiosa,

"º

125

Andrea era, en verdad, un prodigio de hermosura: cuerpo donairoso y garrido, rostro de diosa grie•
ga, manos ducales, pies pequeños y un porte y una viveza de inteligencia que hacían el delirio de todos
los garzones que tenían la felicidad de tratarla...... ¿Qué esperaba, pues, aquel bausán que no se casaba? Bien llabla que Andrea era tan hermosa moralmente conio era bella en cuerpo y rostro, y que era la
encarnación soñada de la felicidad que él estudiaba concienzudamente para ver si le convenla ó no le
convenla darla su blanca mano.
Por entonces cambió mi vida que yo vela deslizarse inútilmente, cumpliendo mis sagrados deberes
ele heredero, sin otra herencia que sostener á mis hermanas, pues la adversidad había segado todos nuestros bienes, y aprovechando la circunstancia de que mi hermano menor se creaba una posición bastante
para sClstener á la familia como yo la sostuve, después de una entrevista en que me juró cumplir como
vo cumplía, desaparecí exasperado por la mediocridad, á impulsos de la ambición que despertaba en mi
~on los alientos tardíos pero fuertes, de nuestra estirpe conquistadora, y me lancé en busca de fortuna,
animoso, apto, desafiador de los peligros que inventa el temeroso y débil, pero que no existen para el
que en acción lucha por la vida.
Los primeros años fueron crueles y amargos: no parecía sino que la suerte se obstinaba en vencer
mi obstinación, en domar mi voluntad indomable. Bregué como un luchador maldito; saqué fuerzas de
mi flaqueza no moral, sino corporal, por el hambre que roía mis entrañas hambrientas. Emigré al Norte,
á los Estados Unidos, y erré de ciudad en ciudad como perro vagabundo, sin encontrar más que el precio de mi trabajo diario en labores duras é ingratas, jornal cada vez más dificil por mi estigma de extranjero (entonces el cosmopolitismo no era lo que es hoy) y mi aspecto de judío errante; azoté á New
York con mis pies descalzo~, me hartó en el Bawry con basofia inmunda, cargué fardos en los muelles,
todo hice, menos mendigar ni prostituirme al alcohol, porque mi voluntad ele triunfar era inflexible.
Un día vi en un diario la noticia de los placeres de oro de California, y sin saber cómo, á pie ó en
trenes ó en caravanas de cowboys, me encontré de la noche á la mañana en California, en plenos placeres de oro, y me hice gambusino. Luché dla y noche, sin descanso, con el puñal entre los dientes y las
manos ocupadas febrilmente en acaparar oro; y cuando hube reunido lo bastante para emprender trabajos de porvenir, de especulación rápida, fui arriero y contratista y ganadero en gran escala, traje muladas y caballadas á los Estados mexicanod fronterizos; y cuando hube acumulado bastante, cuando mi
tesoro fué codiciado en Arizona y mi actividad celebrada á los dos lados del B raYo, decidí realizar mi
sueño dorado, el sueño de toda mi vida, volverá l\Iéxico, rico, triunfante, poderoso poi· el poder del oro,
salvador de todas las penurias de los mios con quienes babia dPjado de comunicarme, según mi firme
propósito, hasta no hacerme rico.
Yolvl, pues, casado con mi excelente Alicia, y sin previo aviso me presenté en mi antiguo hogar. Pe•
ro no creas que había pasado el tiempo que he tardado en contártelo! Rabian pasado veinte al'íos, toda
mi juventud, y yo volvía á estrechar en mis brazos vigorozos de cuarentón á mi madre anciana y a, de
cabellos blancos y ojos hundidos, aunque por bendición clel cielo todavía no declinante, puesto que la
1·es presidiendo la velada, y á mi hermana Andrea (mi hermana menor se había metido monja y mi hermano se habla casado), pero qué Andrea ¡Dios mio! consumida, hecha una cotorra, coll el rostro marchito, aparentando juventud á fuerza de afeites, macilenta y resignada, sin los antiguos brlos que desaparecieron al claudicar su belleza peregrina.
El corazón me dolía de ver aquellas dos ruinas vacilantes en su soledad por mi abandono. Pero yo
habia vuelto ¡vive el cielo! é iba á resa1·cirlas de tantos males! Nos disponiam:is á pasar la velada como
en otros tiempos, á reanudar las horas felices de que mi esposa Alicia gozaria también, cuando de improviso apareció en la. puerta u:n Vf'jete acicalado, empomadaclo, embetunado; saludó con galantería palaciega y penetró de rondón, con desenYoltura cortesana, deteniéndose á. saludar á And rea que se había
lernntado á. recibirlo.
-¿Quién es?- pregunté á mi madre en voz baja.
-Alfredo Orrantia . . .... ¿No recuerdas de él?
- ¡Alfredo Orrantia ..... ! es verdad, sí, recordaba vagamente al apuesto doncel estudiador de almas,
en aquel rid!culo vejete calvo, de dentadura postiza, pues bien se le notaba en su yoz sibilante, de escasos cabellos y bigote pintados, que me simulaba un esbozo de abrazo r¡ue no contesté, y se sentaba ampliamente, á sus anchas, charlando como un viejo loro, del calor, d e las enfermedades, de sus achaques
.,· reuma, de quién sabe cuánto mi1s, en tanto que yo lo contemplaba as omhrado de su locuacidad.
- ¿Qué viene á hacer? - pregunté de nuevo á mi madre.
- Su visita de siempre ...... - dijo ella con timidez.
- ¿Y viene con frecuencia?
-Como siempre: todas las noches- suspiró mi madre con amargura.
Aquella amargura de mi pobre madre me partió el alma. ¡Cómo! Era este mismo bribón el que segula estudiando á Andrea para ver si le convenía casarse con ella? ...... Era este el monstruoso egois•
ta que babia matado una juventud, que babia marchitado una hermosura preciosa y digna, yacente ahora en resignación dolorosa, convertida en un harapo de belleza, sacrificada al abyecto ~gofsmo de aquel
Narciso verde, de aquel criminal abominable en su inconsciente egolatria? Toda la vida inútil de mi h•·
feliz hermana pasó como una visión tristísima con su cortejo de esperanzas, de rebeliones, de exasperaciones, de resignaciones, de amarguras sin nombre, y de pronto, no pudiendo sufrir la grf'gueria del canalla que charlaba como un papagayo, me levanté y le dije fríamente:

�127

REVISTA MODERNA.
REVISTA .MODERNA.

126

-Salga usted de aqul ...... y no vuelva jamás.
Y no bien él, aterrado ante mi frialdad, obedecía rabo entre piernas y se lal'gó pol' donde vino, me
volvi á mi hermana que también se habla levantado espantada y la estl'eché llol'ando en mis bl'azos ....
-He aqul por qué- concluyó el buen tio-te prohibo que. me vuelvas á hablar de la pretensión de tu
amigo ..... Un novio oficial para mi Maud, que tiene los mismos ojos de mi Alicia!. . . . ¡Cielo santo! . . ..
Que la ganen como yo he ganado á la mla: defendiéndola y arrancándola á una ho1·da de indios salrnjes en los desiertos de Arizona!
Ruat~ i\l. CAMPOS.

1901.

,

LOS CORDEROS.

-..
~-,o1· /

El pastol' los ha conducido á pacerá un dilatado terreno que no está. ,:,urca do todavia. La tiel'ra es
de color obscuro manchada por sitios rubios en las partes donde el rastrojo es más tupido; y los corderos, con sus patas y su vientre encostrados de lodo seco, con su lana amarillí:I, son exactamente del
mismo color de la tierra; y el pastor también, puesto que tiene una piel de cordero sobre las e~paldas.
De manera que no se distingue nada, particulal'mente á aquella hora del cl'epúsculo: apenas una gran
mancha que se mueve de aquí para allá y cuyos contornos cambian de forma; en algunos sitios una
manchita semejante: algún cordero extraviado. Los perros ladran. El rebaño se amontona y la mancha
se obscurece. Después de un g ran silencio, la g1·ey se dispersa, la mancha se extiende. El campo está en
el flanco de una colina, la gran mal\cha amarilla y obscura trepa hacia la cima alargándose, como una
lepra que se propaga. La noche llega y envuelve todo.
Luego, lentamente, la luna emerge. Entonces, bajo su luz blanca é impotente los objetos rea pare·
cen: no recobran sus colores, pero exageran sus relieves.
Los corderos infol'mes parecen pied ras blanquizcas, dominados por su pastor agrandado. Los penos negros, melenudos, brincan y ladran en derredor. Unos primero, luego todos se echan. Semejan un
enorme globo reventado que se desinfla y que se hunde. Se aprietan, se p&lt;.!gan unos á otros como pájaros en su nido. Se amontonan á medida que la noche avanza y que el frio viene. Ocupan menos y menos
lugar, se reducen, disminuyen. El pastor ya no está erguido entre ellos como una bandera. Se ha tumbado también para tener menos frio. Tiene demasiado calor. Se ahoga casi. Sobl'e sus pies está un animal que le impide moverse, otro contra su cuerpo á la izquierda, otro á la del'echa y su piel de cordero
sobre las piernas y el pecho. Está como sepultado entre aquella lana. Sólo la cara tiene descubierta y no
siente frío más que en los párpados y un poco abajo de los ojos.
De hora en hora el frlo se hace más vivo, más agudo; sus párpauos arduu, las lágrimas mojan la
punta de sus pestañas. Quisiera acercar más á su cuerpo á los corderos que le transmiten calor. Pero
siente que uno á uno se separan, se levantan, se desperdigan. Asoma el crepúsculo. Tiembla como si estuviera desnudo, y se endereza, se sienta, se pone en pie. La gl'an mancha vaga que forma el rebaño,
en el crepúsculo matinal como en el crepúsculo de la tarde, otra vez se extiende, crece, se agita, sube,
vuelve á bajar, toma y pierde forma en torno suyo, y él permanece en medio, inmóvil, un poco inclinado hacia adelente.
ÁllEL

(Trad. ele • Revista Moderna• ).

HER~fANT.

Í

o o N;( /

. ~. \¡
e----------.'-'
Destaparé mis ánforas de esencia
Y prenderé mis candelab:os de oro
Cuando la diosa pálida que adoro
Llene mi soledad con su presencia.
Eu su pelo de blonda refulgencia,
Y en su labio odorifico y sonol'o

Hay el fulgor de un candelabro de oro
Y el perfume de una ánfol'a de esencia.
Vendrá con su ropaje de inocencia
Y hostigando mi al'dor con su decoro,
Pero al fin gozaré de su opulencia
Enmedio de mis ánforas de esencia
Y mis ardientes candelabros de oro.

J

!

�REVISTA MODERNA.

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rar actitudes semejantes en otros órdenes diferentes. Hasta se puede imaginar una cadena de tempera-

mentos análogos, que se eslabonan á lo largo de los tiempos, manifestándóse en un sentido ó en otro con
mayor ó menor intensidad, segun el ambiente. P'i"cquart halMa Sido hugonote en et siglo XVI, y Esterhazy, conde romano bajo Alejando VI.

.. '

Por esa razón, la actitud que cada joven asumió durante el proceso, correspondió casi fatalmente á
sus actos anteriores. Los egoístas, los epicmianos, los bulliciosos, los que se hablan adaptado sin trabajo al mundo en que deblan vivir, fueron los enemigos de Dreyfus. Los tímidos, los estudiosos, los qu_e
hablan sufrido injusticias, los que imaginaban una ci,·ilización superior á la actual, fueron sus part1-

DE FARIS.

I;A JUVENTUD FRANCESA.- SUS TENDENCIAS.-

UN CONGRESO.

Los que aseguran que Francia está en decadencia, olvidan seguramente la actividad y el empuje de
estos últimos años. Después de la tenible crisis que, según un escritor inglés, •ningún otro pais habla
tenido la audacia de afrontar, • se ha realizado un trabajo tan vasto de reconstrucción y saneamiento,
que no sería aventurado decir que la Francia de hoy está preparando el mundo de mañana. En ningún
pals, ni en ninguna época, se han acumulado tantos esfuerzos generosos. En todos los barrios se fundan
universidades populares, se multiplican las confdrencias y se organizan cooperativas. Los grandes sabios, como Buisson, Ducclaux, Reclux y l\Ionad, levantan su cátedra en la plaza pública. Y todo parece
tender a difundil' la ciencia y determinar una época mejor.
Es una nueva era que se abre después de clausurada la exposición y en la que la juventud francesa
desempeña un papel preponderante. Siempre es la juventud la que decreta el porvenir. El siglo que empieza trae el germen de graudes luchas nebulosas, y es muy dificil saber cuál será el resultado del choque de tantas ideas exasperadas y tantas concepciones antagónicas.
Las nuevas generaciones deben cortar el nudo. Por eso es curioso seguidas en su evolución y sorpt·enderlas en sus preferencias actuales. No se trata de •estudiarlas,• sino de apuntar algunos gestos,
currente cálamo, como se escribe una crónica. El reciente Congreso de la juventud, que ha terminado
sus trabajos el 3 de Diciembre, hace que todo cuanto se relaciona con este asunto sea de una actualidad
palpitante.
El proceso Dreyfus, que dividió á los franceses en dos bandos irreconciliables, tuvo la virtud de colocar frente á frente dos temperamentos y dos filosofías. Las gentes se declarat·on instintivamente revisionistas ó anti -revisionistas. Se puede decit· que lo eran desde antes del eno1· judicial que se discutía.
Segun predominase en ellos la energía ó el sentimentalismo, estaban fatalmente destinados á ser enemigos ó defensores del capitán Dreyfus. La conformación cerebral, la educación, las lecturas y, sobre todo, el sistemi: nervioso, bastaron para delimitar los bandos, de manera que los polemistas de un partido
y de otro trnbajaron sobre multitudes ya regimentadas. En una palabra, el asunto Dreyfus dió lugar á
esa clasificación definiva de los espíritus, tan difíciles de obtener en épocas normales,
De un lado se agruparon los individtialistas, los enamorados del principio autoritatorio, tos habituados á obedecer ó á mandar, los hombres de iglesia ó de cuartel: el mundo viejo; del oh-o se reunieron los
altruistas, los científicos, los habituados A razonar y á descubrir la vanidad de los dogmas: el mundo
nuevo. La juventud tuvo un momento de perplejidad entre las dos tendencias decisivas. Luego fué cediendo lentamente á sus lecturas, su idiosincracia, sus preferencias ó sus vicios, y se alistó en un bando
ó en otro. Los tenenos estaban delimitados.
Si la clasificación se hizo más diflcilmente cutre la juvetud que ez:tl'6 los otros ciudadanos, fué porque la juventud estaba trabajada y solicitada. por filosoflas y sistemas contrarios que todavla no hablan
tenido tiempo de imponerse á los espíritus. Cuando las nueyas generaciones vieron que las luchas y las
contrndicciones que la inquietaban en el mundo de las ideas, se transportaban á la vida real, encarnándose en un proceso simbólico, sintieron cierto miedo ante la imperiosa necesidad de elegit·. Sus maestros
y sus condnctores se hablan dividido, ganados por la efervescencia de la ciudad,
Todo parecla dispuesto para una batalla Cl_lmpal de ideas. Fué un momento de pánico. L?s que no
se dejaron absorber por las opiniones de la familia, volvieron los ojos á sus lecturas recientes. Otros, los
aturdidos, cedieron•al ímpetu. Y los más, se dejaron vencer por afinidades sentimentales ó autoritatorias.
Las actitudes y los gestos se conesponden de una manera cul'iosa. Los que prof.isan ideas avanzadas en arte, las profesan también en -política. No es posible ser reaccionario jln la Cámara y aplaudir á
Wagner en el teatro. Un admirador de Rodio ó de Pissarro no puede ser partidario del rey. Parece que
todo está ligado entre sí pot· simetrlas morales. Una actitud eu un orden determinado basta para asegu -

dal'ios.
Es innegable que esta selección había si:lo preparada por los escritores y los filósofos del siglo, cuvas doctrinas contradictol'ias despistaban á la juventud. Unos hablan proclamado la legitimidad de la
fuerza y la ineficacia de la moral; otros habían predicado el renunciamiento y la creación de un régimen
iaoualitario. Aquellos eran cóncavos y éstos eran convexos. F.I por\'enir parecia balancearse entre el
Ainsi parlait Sarathoustra de Nietzsche, y Le Capital, de Karl i\larx. Toda una literatura se babia encargado de vulgarizar las dos concepciones, embell_!lciéndolas igualmeute con et_ ti-ompe l'o~il del arte.
y los espíritus, atormentados ante dos soluciones bruscas, vacilaban antes de onentar sus s1mpatlas.
Las obras de Nietzsche, que acaban de ser popularizadas por las traducciones de Henry Albert, hablan producido una impresión profunda. Todos los dispersos del mal y todos los snobs en busca de originalidad llamat,iva, encontraron en ellas una justificación ó una bande1·a !'ara, propia ~~ra amotina!' ~
las "entes. Muchos escritores jóvenes, !'Oídos por ta pasión de ser originales, hablan utilizado las doctri0
nas del filósofo alemán para fabricarse una contra.moral cínica. N~ les bastaba la indiferencia agresiva
de Stendhal, ni la ironía feroz de Banes. Exigian otros disolvente8, Era una fracción de juventud que
tenia empeño en épater á lo~ transeuntes. Lits monstruosidades miis lamentables parecian tener ~ara
ella un prestigio extraiío. Afectaba una indiferencia falsa ante la vida, como si se creyese supenor á
todo lo que le !'Odeaba. Su doctrina era •el cultivo del yo.• L&lt;i existencia, según ella, sólo tenia por objeto acumular sensaciones, y para obtener esas sensacíQnes, era indispensable gozar inmoderadamente
·,le todo, sin limites, en una explosión de egoísmo.
Nadie ha olvidado que uno de esos snob-~, al regresar de la Roquette después de u1rn t&gt;jecución capititl, llrgó á decir que sólo queda retener un detalle; la poca elegancia con que la~~-í~tima habla subido
las escaleras del cadalscJ. Esa juventud tenía dos novelistas prefdl'idos: Rudyard I-.1plmg Y Wells, que
exaltaban la fuerza y descuidaban los problemas del cHa. El t&gt;jemplo ti pico de lo que podía producir esa
alta filosofía, lo proporcionó Jean de TinánJ el autor .~e Aimienne, muerto á los v.iinticinco años. Nada
más doloroso que su libro, en el que hace cuanto puede para parecer perverso, y en el que, a pesar su~'o, se transparenta una alma que se esconde rindiendo culto á la moda. Jean de Tinán, como todos los
extraviados de su generación, temblaba ante la idea de respetar lo que Nietzsche llama una ,moral de
e;clavos,• y hacia imposibles por convencerse.de que el altruismo •impide el libre desenvolvimiento ele
I L vida.• Nadie tiene la culpa de esos naufragios, ni aun el mismo Nietzscht&gt;.
Su locura real pudo ser anterior á. la lectura oficial que le atribuyen las crónicas. Pero es lo cierto
que gran parte de la juventud francesa se dejó arrebata!" por la doctrinas de ese imitador de Eróstrato.
F:I asunto Dnwfus se prnstó como ninguno á la aplicación de sus teorías.
Frente á ¡sa juventud, se levantó otra juventud más numerosa y consid\'.Jrablemente más sincera,
que se inspiraba en Bakounine, Kari Marx y Tolstoi. Proclamaba su fe en la vida y en la naturaleza Y
tenía Ja inmensa ventaja de ser una juventud joven. Si la otra era el producto de una denota, ésta era
la esperanza de una conquista. Traia una gran confianza en el porvenir y un de§e0 violento de reformar las'. cosas y componerlas de una manera equitativa. No provenía ni de la barricada, ni del salón: era
una juventud de libre examen. Se resistía á transigir con los perjuicios de la ciudad, hacia gala de un
espiritu critico muy severo, y no temia marchar contra el acatamiento de la mayorfa.
Sus novelistas favoritos eran Zola, Franca y Mirbeau. No era un gl'Upo de ideólogos, ni una reunión de adolescentes obstinados en ensayar una pose; formaba una corriente de hombres sanos que salian de las universidades armados para la vida, con una base sólida de positivismo defendido por con,·icciones y empujados por e~peranzas. De esa juventud surgían nombres brillantes como Pierre GuilIard, Paul Fort, Maurice Magre y Saint Georges de Bouhélier. Todos arbolaban el deseo de imponer 1'8·
formas sucesivas, hasta alcanzar un estado mejor.
Eran partidarios de una evolución hacia la humanidad. Y es natural que, en el asunto Dreyfus, fueran defensores de la justicia.
.
Estas dos juventudes, una egoísta superfi~ial, otra desiutercsada y concienzuda, han mantenido su
cará.cter, aun después de apacigi.iada la agitación revisionista. Repl'esent-an dos tendencias independientes ge un caso particular como es el de Dreyfµs.
Aquellos continúan buscando rimas raras, acumulando _paradojas y quemando vidas artificiales; éstos persisten en empujar verdades, influir sobre los aconteeimientos y luchar por él triunfo de la verdad.
Sintetizan las dos únicas soluciones del:eterno problema que se plantea á los veinte años. Unos resuel-

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ven acaparar todo el bien, otros hacerlo extensivo á los demás: unos someterse al error de la mayorla,
otros defender su certidumbre; unos conseguir el triunfo, y otros merecerle.

Los que se han mantenido alejados de este movimiento y han persistido en su pereza de dilettanti,
se han visto obligados á buscar otros puntos de apoyo para poder resistir. Los que no han caído en el
nacionalismo, como los disclpulos de Barres, se han precipitado en la monarquia como Charles l\faurrás,
cuyos artículos en Le Soleil son por demás curiosos. l\faun-ás defiende
mo~arquia desde el punto ~e
vista del arte. Esto baria casi suponer que el arte se presta á todas las tan tasias, puesto que de él se ieclamó también D'Annunzio cuando se convirtió al colectiYismo.
Pero seria aventurado suponer que los hombres se deciden poi· la república ó poi· el imperio, influen
ciados por la riqueza de las rimas. No es juicioso que :a suerte de una nación esté á la merced ~e un
soneto. Los que como Maurrás se hao r efugiado en el partido reaccionario, siguen siendo los mismos
indiferentes incurables. Quizá les disgusta la monarquía un poco menos que la repúblic11, pero no tienen una opinión definitiva sobre el particular. Si actualmente parecen 11pasionarse por el re~, ~s porque
el rey no existe. Y es justo confesar que son consecuentes. Signen viajando sobre la vi&lt;la srn rnteresar-

!ª

Catulle Mendés, que tiene ingenuidades extravagantes, ha dicho que la verdadera juventud es la que
conserva siempre la esperanza de meterse la luna en el bolsillo. La insensatez de los que confían en la
eficacia del bien, es quizá la mejor tentativa &lt;le religión. Todos los progrnsos realizados hasta hoy son
debidos á los hombres, los partidos ó las naciones que han tenido la audacia de confiar en una iclea
generosa.
De esta polvareda de ideas ha surgido la Escuela de Altas Estudios Sociales que acaba de fundarse
en París, por iniciativa de Emile Duclaux, director del Instituto Pasteur, Ferdinand Buisson, director
general de la enseñanza, Bourgeois, exministl'O de Instrucción pública, Seailles, profesor de la Sorbona,
y muchos otros hombres ilustres. Es una nueva tentativa de evolución hacia el ideal y un nuevo medio
de emancipación ofrecido á la juventud. Se trata de una Universidad donde se enseñará todo lo que se
calla en las universidades oficiales. Tiene el carácter de una protesta. Y es muy digna de atención, puesto que la vemos formulada por notabilidades que han dirigido y dirigen actualmente la enseñanza superior en Francia.
La Universidad se divide en tres secciones: la escuela de moral, la escuela social y la escuela de periodismo. La primera está dirigida por M. Alfred Croizet, decano de la Universidad de París, la segun•
da por M. Emile Duclaux, y la tercera por M. Cornély, el notable escritor, cuyas correspondencias publicadas en este mismo diario, me eximen de todo elogio.
El objeto principal de la nueva Universidad es enseñará la juventud el mecanismo y el estado de la
sociedad en que debe vivir, por medio de innovaciones acertadas y atrevidas, como las conferencias que
ha iniciado el Secretario del Ministerio de Comercio, M. Fontaine, sobre la organización ob1·era. M. Fontaine se propone agotar su tesis, dejando sucesivamente la palabra al Secretario del Sindicato de cada
profesión, para que exponga la situación presente, en cuanto se refiere á trabajo, salario y aspiraciones.
De esa manera la juventud tendrá una noción clara de Jo que es la sociedad actual y de las reformas
que exige.
Por lo demás, los cursos abarcarán todos los temas y todas las doctrinas. Se anuncian las conferen·
cias de: Anatole Leroy- Beaulieu sobre •Las doctdnas del odio;• de Eugene Furniére sobre •Las teorías
sociales desde 1830 hasta 18t8;• y de Albert Croizet sobre • La historia de la moral griega.•
El prospecto programa de que tomamos estos datos proclama que en la Escuela de altos estudios todas las opiniones podrán manifestarse, y que allí no habrá alumnos, sino ciudadanos reunidos para dis•
cutir los intereses generales de la civilización. El mérito y el prestigio de las personas que encabezan
este múvimiento es indiscutible, y los resultados serán forzosamente considerables. La juventud aprenderá á encarar sin miedo los verdadcl'Os problemas de la {&gt;poca y á tener opinión sobre todos los asuntos, sin caer en el arrivisme, ni dejarse influenciar por los prejuicios de las generaciones anteriores.

En ese mismo orden de ideas, pero con un espiritu más juvenil, acaba de fundarse en Montmartre un
colegio de estética moderna, bajo la presidencia honoraria de Zola, France, Bauer, Charpentier, Rodin y
Deseaves.
Esta vez también se trata de Juchar contra la enseñanza oficial y ceder á las necesidades de la vida
moderna y nuestras tendencias democráticas, creando una casa comtm, con biblioteca y sala de conferencias, para que puedan reunirse los jóvenes artistas independientes. Los iniciadores son Adolphe Retté,
Eduard Rod, Emile Verhaeren, Eugéne l\Ionfort y un grupo compacto de escritores, escultores y pintores
ventajosamente conocidos. El origen de este mo,,imiento remonta á un manifiesto publicado hace algunos
meses por Paul Luis Garnier y León Parsons. La idea se fortificó después. Jean Jaurés dió una conferencia sobre el «Arte nuevo. • Y muchas revistas de la nueva generación como L'E!fort, La Revue Naturiste y L'Oeuvre Sociale, iniciaron una activa propaganda reformadora. La orientación babia cambiado.
Los amanerados que antes inundaban las publicaciones del Quai·tier latin con sus excentricidades estu·
diadas, cedieron el campo á otros escritores más robustos y más sanos que se encaraban con la vida.
Todos los diarios franceses han tenido un aplauso para este enérgico sacudimiento.
Según el partido á que pertenecen y la política que predican, han hecho ó no reservas sobre las doctrinas que parecen animará los iniciadores; pero todos se felicitan de que la juventud sacuda su indiferencia culpable y vuelva á. tener entusiasmos y convicciones. Ya vaya encaminada en un sentido ó•en
otro, la a cción es siempre un slntoma favorable. El verdadero mal está en la degeneración fatal de una
j uYent ud aislada en su egofsmo. Pero-como decla Gambetta-cdesde el momento en que los jóvenes
bajan al arroyo y se mezclan á las agitaciones del arrabal, todos los peligros están conjurados., Podrá
discutirse la eficacia de ciertas doctrinas y la oportunidad de ciertas reformas, pero es preferible que la
j uventud se lance tras una pista falsa (admitiendo que sea falsa), á. que se encastille en su •yo• y se momifique en actitudes pueriles.

sc en nada de Jo que les rodea.
.
. .
Estas tendencias acaban de confirmarse en un congreso-el cougrcso de la Juventud - cuya ultima
sesión ha tenido lugar hace algunos días. Todos los intereses estaban representados en esta vasta consulta á las nuevas generaciones. Los congresistas se agruparon por afinida~cs, en un he1?i~iclo ~ue parecía la cámara de diputados del porvenir. Los nacionalistas, los monárquicos y los catohcos, a la de·echa· los republicanos en el centro, y los socialistas á la izquierda. El feminismo estaba representado
1
'
. d I
.
por tres
escritoras de talento, Miles. Bremontier, Pognon y i\Ieyer. No faltaba un so 1o matiz
e a op1·ón ni una sola clase de la sociedad. El congreso presentaba uu aspecto alegre y extraño. Nada menos
~~m~géneo que aquellos delegados de la Francia futura que intentaban una reconcilia_ci?n en el umbral
de un sio-Jo. Las cabelleras largas de los artistas, las blusas azules de los obreros, el habito negro de los
semioar~tas, y el jacquet elegante de los mundanos, se confundlan en un ambiente tibio d e cortesías
.
.
.
11gresivas y hostilidades fraternales.
Las discusiones han sido á veces violentas, pero 110 han tlesbordado hasta el rnsulto. S1 el presidente
se vió una vez obligado á cubrirse y levantar la s,esión, fué á causa de un orador • insuficientemente preparado• que se obstinó en ocupar la tribuna contra la voluntad de todos. En general, el congreso de la
juventud se ha conducido con más orden y más cultura que muchos parlamentos. .
.
Entre los problemas que debía discutir, el más importante era el de la he1·encta. Las dos corrientes
en lucha lo convirtieron en campo de combate, y expusieron á propósito de él, el conjunto de sus doctrinas. l\l. l\fonteil, nacionalista, 1\1. Sangier, católico, y l\I. Vaugeois, partidario del •gobierno del pueblo
por una élite,• abogaron por el mantenimiento de la ley actual. La mayoría se declaró en cont1:a, Y M.
Paul Baucourt secretario del ministro Vi!aldeck, ensanchó el debate mostrando el encadenamiento de
todas las cosa;, Según él, todo hombre consciente debe, en la época actual, tomar partido en pro ó en
contra del colectivismo, en pro ó en contra del capitalismo.
De abi que cuando se examinó el prohlema del • servicio militar,• todos se declarasen co~tra la gu~•
rra, á excepción de un bonapartista que habló • ~n nombre de la n~bleza á la c_ual ~e'.·tenecia. • 1\1. Fn•
beuro- hizo á ciertos delegados una pregunta incomoda: Cuando seáis soldado, s1 rec1b1s la ~rden de hacer f;ego sobre el pueblo, ¿violentaréis vuesti·os sentimientos dA humanidad ó desobedeceréis á vuestros
jefes? l\1. l\farc Sangnicr, católico, respondió: «Un verdadero cristia~~ no tiene el ~l~recho de s~r sol~ado,
"debe sufrir los peores infortunios antes de someterse á la ley m1htar.• El esprntu revolucwnano de
Tolstoi ha penetrado hasta el corazón de los mejores conservadores. La discusión se h_ace ~ás t!bia.
Todos parecen estar de acuerdo. Y cuando Eugéne i\fontfort habla de las tendencias hter~r~as de la
nueva o-eneración «enamorada de vida, de verdad, de clal'idad,• todos los delegados se reconcilian para
manife;tar sus simpatias á. la escuela naturista y á su fundador Saint Georges de Bocuhélier.
El Con"'reso de Ja juventud ha tenido la cordura de no votar ninguna decisión final. Se ha conteo•
tado con la~ ideas Ja juventud no puede decretarse una actitud para el porvenir. Sus convicciones actuales son quizá sólo una etapa de su marcha hacia la •plena verdad.• Pero el Congreso ha sancionado
un principio elemental que dará rumbos nuevos: la nectisidad de in~uir sobr~ la vida..
Las o-eneraciones recientes van á corregir el error de las antenores, aplicándose a operar sobre los
aconteci.'.:iientos. Las indiferencias de antaño han pasado á la historia. Todos tienen interés en reformar
ó conservar lo que les rodea.
Los jóvenes podrán diferir en cuanto á la e intensidad de aplicación• de ciertas ideas, pero todos estan de acuerdo para ocuparse del bien común. Es un primer resultado apreciable que debe tener su repercusión en América.

.,
:11A~UEL

UGARTE.

�M.I.

Giosuc Carducci.
Gabriel D'Annunzio.

DA MILANO.

DA BOLOGNA. *

/ TRIBUNA DI ROi\IA. MARZO 4 1901 ) .

(TRIBGNA DI ROMA. il!ARZO 2 1901 ).

A

A GIOSUE

GABRIELE D'ANNUKZIO.-FIRENZE.

Salute e gloria Italiana pura sul tuo cammino.
CARDUCCI.
• Telegramas cambiados con motivo de la Canzone de D'.A.nnuozio In ·Morte di Giuseppe rerdi.

CARDUCCI.-BOLOGNA.

Caro e grande maestro:
"N essun plauso eguaglia per me il tuo semplice sal u to.
Ho lavorato ostinatamente per meritarlo. Grazie dell'indicibil bene.

D'ANNUNZIO.

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REVISTA MODERNA.

cualquiera. Naturalmente ese Ministro •no distingue á un picapedrero de un escultor, ni á un ala.rife de
un arquite~to,• pero eso es poco junto á las monstruosidades que integran la. soez personalidad de todos
aquellos r oliticastros que la pluma del novelista ha colocado en la merecida picota del m:\s sangriento
ridlculo . .. Un bello dia, tras de asonadas y escaramuzas, la. soldadesca de una. • revolución• triunfante
invade la capital, teatro de la novela, y la canalla incendiaria y asesina es acuartelada en templos, edificios públicos, en la. •Academia• por fin. Y los oprobios que el artista Soria sufre, alC'anzan su •clirnax•
cuando temiendo por sus obras llega acompaiiado de un amigo á una. sala del plantel artístico: e Las
renus, al revés del dios de la luz, miraban al techo del salón, no hacia la tierra. Los soldados entre una
frenética explosión de erotismo bestial, con las puntas de sus bayonetas habían simulado en los blancos
cuerpos de las estatuas el sexo de las diosas•......... •En las divinas alburas de las renus aparecían
con toda claridad las huellas ele los abrazos infames y el inmundo rastro de la más ruin semilla de

NOTAS BIBLlOGRAFICAS.
cJOOl,OS ROTOS• l'Olt )!A~l EL DlAZ RouRfGUEZ.-GARNIEH IIER31A\IOS. PAHI:;,

1901.

LIBROS Y REVISTAS.

hombre.,
•Cuando Alberto abarcó, en toda su magnitud, la miseria de sus creaciones, después de considerar·
las en silencio durante un largo espacio, de su garganta l&gt;rotó, rompiéndose, destrozándose, algo que
fué mitad sollozo, mitad rugido• ... ... ............ . .............. • . • • .. • • . • • •. • • • • • • • • • • • • • . • • • • • • •

..... ..................................................................... ............... ........ .
'

• A BIBLIOTECA de la América modernista se ha formado. Veo al aza1· los anaqueles de
mi librero: Versos de Darlo, Lugones, Freyre, Argüello¡ prosas de Estrada, Montero,
Berisso, Fombona .... Bajo marroquines, cueros japoneses y viejos brocateles marchito!!, lucen ahl empastadas obras memorables de eufónicos titulos sonoros: •Los Raros;•
• Prosas Profanas;• •Las l\lontaiias del Oro;• •Belkis¡• •El Color y la Piedra• .... En un
rincón obscuro como el nicho de un mausoleo piadoso, los precursores muestran sus
ol&gt;ras veneral&gt;les y robustas á manera de gruesos troncos ele árbol en cuyo alrededor brillan y cantan
todas las flores y todas las aves de la actual floresta lirica. Son los libros de Gutiérrez Nájera, de Asun·
ción Silva, de Julián del Casal, y en el oro flavo de sus títulos hay chispas mortecinas de la aureola saturnina y triste de los • Poetas Malditos,• loado!! por el Pauvre Lelian .... :\Ialogrado por el asesinato de
temprana muerte como Laforgue, considero il Del Casal¡ estremecido por ráfagas de pavorosa ironla, de
terrible desencanto como Tl'istán CorbH•t·e, discierno á Asunción Silva. Y en el alma aristócrata y mística, sensual y enforma, de Gutiérrez Nájera, no hay acaso resplandores de la regía corona de Yilliers y
granos a1·omos!ls del incienso de Verlaine? Como en un C'lmpo de azucenas enfermas albea una fraternal palidez en esas almas y en esos lamentables destinos se ahonda un negror homogéneo, como en un
cielo adverso y proceloso! Pero de expoliario á expoliario puede sostenerse que el nuestro, en el que ca~·erou esos ilustres, en el que jadean los m'\rtires presentes, e!:I el más cruel, el más implo, el más encarnizado y el más sangriento. Allá es un verdugo que aplasta con decisivo golpe de maza, aqul junto al
victimario ha.y un insólito y sabio cJ:mlln de los Suplicios• y un tropel airado de ululantes masticróforos! Allá el Olvido tiene resurrecciones y hay apoteosis póstumos. Aqul la rama del Olvido puede llevar
la momia de un faraón á la pira crematoria, hacer un tenaplén del hipogeo y arrojar luego las cenizas
al hmacán más raudo del Nirvana. No es idéntico sucumbir crncificado en un calvario á perece1· empa·
lado en Tumbuctú, :i morir bajo el salvaje sílex del scalp ....

•!dolo~ Iloto!:I,• la hcr'.11osa novela de :itanuel Diaz Rodrlguez, que de París acaba. de llegarnos, ha
exacerbado en nuestro_ ánimo las desoladoras ideas acabadas de emitir. Novela de tesis si se quiere, pe·
ro s?brc todo ol&gt;~·a vahen te y noble de verdad y de justicia. Diremos en bre\·es palabras la esencia de
su simple y pal_pirante argumento. El héroe Alberto Soria, enviado por su familia á París para completar en la mond1nl metrópoli sus estudios de ingeniel'O, siente ah[ que su sincera. vocación se levanta sobre las insinuaciones del inter(•s práctico y sobre la voluntad paterna, y el ingeniero dejando monteas v
e_stereotomlas se encierra en los talleres de i\Iontrna.rtre hasta surgir con un hermoso mármol que la criuca celebra Y que en un •Salón• alcanza la medalla de plata. Yuelve A su país por asuntos de familia,
dt&gt; la que es mayorazgo, y con el regreso á ese medio misera.ble y rnin, comienza su •vla-crucis.• La
cultura p?r él alcanz~da no tiene aplicación posible en aquella sociedad de cursis vanidosos, de palur~os ~n.fáuc?s, ~e pollt1cos z~~os, elevados de un dla á otro merced á las turbias revoluciones y á las mAs
1mpud1cas mtr1gas. La env1d1a llega á insinuar que la. escultura premiada en París no fué obra de Soria
sino la de un artista mix abois y sin escrúpulos que cambió su genio por dinero. Para nulificar la vil \'.
grosera calumnia el artista modela con morena arcilla de la •tierruca, la fracrante nubilidad de una V~uus criolla que junta con una ninfa, tambiL•n ob;·a suya, regala generosamen~e ú la Academia de Bellas
Artes. En~relazado con dos ~morfos desgraciados que dan pretexto al autor para pintar magistralmen·
te una sene de cua,lros de genero d'ap1·es nature, vividos y perfectamente observados si.,.ne el martirologio _del artista. _se trata de la. erección de una estatua á un héroe, pero como para ~je;utarla no es
necesario ser el meJor escultor, sino _el adulador más listo y el cómplice de los que de Presidente abajo
quieren robar con ese pretexto; el Mmlstro, dlas antes mayordomo ele hacienda, Je da el encargo á un

-•Alfonso tenla ra.zón-pronumpió-Alfonso tenla razón cuando me dijo que me fuera. Yéndome
entonces, cuando él me lo dijo, me hubiera lleYado quizás algo intacto, me hubiera llevado quizás casi
entero el buen am0i' de la tierruca. Alfonso tenla razón: nadie tiene derecho á sacrificar su ideal. El su·
premo deber de un artista es poner en salvo su ideal de belleza. Y yo nunca., nunca realizaré mi ideal
en mi pals. Nunca, nunca podrá vivir mi ideal en mi patria. ¡'1i patria.! ¡1fi pals! ¿Aca,o es ésta. mi pa·
tria? ¿Acaso es éste mi pals?•
• Y antes que en lengua bárbara, la bota. fúrrea. de nuevos conquistadores, la. de los bárbaros de hoy,
venidos también del norte como los l&gt;árbaros de ayer, la. escriba para. la turba. infame, ciega ante la ver·
dad, sorda al aviso, el artista calumniado, injuriado, humillado, escribió con la sangre de sus idealt-s he·
ricios, dentro de su propio corazón, por sobrn las ruinas de su hogar y sobre las tumbas de sus amores
muertos, una palabra irre,·ocable y fatidica: Frn1s PATRLE, ..... .
Para llegará tan amargo desenlace, que narrado por nosotros puede pa1·ecer violento y atrabiliario,
el protagonista sufre cuanta. humillación y oprobio pueden herir y laeerar á un sér huma.no. La indiferencia, la incomprensión de todos, la bárbara. ironia. del Mufle que al contacto de todo intelectual ruge
como chacal hediondo á la vista de un posible beluario¡ las infames intrigas que tornan por blanco al artista. y acaban con su amor romántico r con su enredo pasional, y por fin el supremo ultraje final. ..... !
El monstruoso caso de barbarie social estudiado en cldolos Roto~• tiene una enorme trascendencia,
y aunque el autor quiera radicado en Caracas, es, á nuestro juicio, un problema. de teratologla social
común á todas ó á casi todas las naciones de la América latina, en donde el Arte y la Belleza son despreciados por quienes deberían comprender sus altos fines, por quienes debel'ian estar persuadidos de
que el Arte y sólo el Arte puede, sobre otros esfuerzos, consagrar una. ci\·iliza.ción! Xo nos sentimos tan
pesimistas para creer que uno por uao de los sangrientos golpes de flagelo con que Dlaz Rodrlguez fustiga á •a bárbara sociedad de !;U novela convengan á todas las sociedades de América. i\It•xico, por ejemplo, está en ese sentido mu,\· por encima respecto de Caracas, pero no por eso ha resuelto el grave problema. de encauzar provechosamente en sus arterias, las corrientes de intelectualidad y suprema cultura
que hoy circulan como perdidas, como sin objeto, sobre la periferia del organismo social. No hay aqui
iconoclastas como los de ,!dolos Rotos,, que á golpes de &amp;us indignas armas destrocen el gálibo sagra·
do de las estatuas, y para encontrar un hecho semejante tendriamos que regresar á un pasado, por fo1··
tuna muerto hoy para siempre¡ pero no por eso deja nuestra sociedad de adolecer de muchos de los morbosos y lamentables síntomas que al rojo fulgor del cauterio de Diaz Rodríguez, vemos corroer como
una inmunda lepra el cuerpo de una nación hermana. La novela cldolos Rotos• toca y mueve los inte·
reses de un grupo que engrosa cada dia más en América, a.l analizar cuál es el estado de la. joven inte·
lectualidad, perdida entre la estultez barnizada. y la barbarie vergonzante de los países la.tino-americanos y por eso está llamada á tener una grande y merecida resonancia.
Como obra literaria cldolos Rotos, es la obra de un escritor que domina su m etier, vertida en un
estilo sobrio, claro, harmonioso y florido, lleno de imágenes j ustas y brillantes, abundante en l(•xico y
con un vigoroso sello de modernismo.
Algo quisiéramos cita1·, ciertas descripciones, una magnifica tirada sobre la influencia de Parls en
el alma de los jóvenes emigrantes americanos, y por no quedarnos con el deseo, véase cómo contesta el
protagonista. á quien le habla laciamente de transigir con la estulta sociedad aquella:
-•No te comprendo, Pedro. Unas veces hablas de luchas y te dices luchador, y ahora hablas de
accmodarse al medio. Son dos términos contrarios. Quien se acomoda. al medio es un s(,r pasivo: no lucha. Acomodarse al medio es deponer las armas, ó el arma por excelencia: el carácter. Y el carácter es
todo el hombre. La lucha no es amoldarse al medio, sino combatirlo, modificándolo, haciéndolo á nues•
tras aspiraciones, á nuestras virtudes, á nuestro ideal.•
Y véase ahora cómo entienden su ejercicio ciertas democracias:
c¡Ay de aquel que revelase de algún modo poseer una facultad sobresaliente! la democracia lo exclula, sometiéndole á cuarentena como á un apestado, ó aislándole para siempre como á un leproso.
Expresar ideas propias, tener un ideal de justicia, aptitudes, orgullo del propio valer, sobrepujar

�ARo IV

REVISTA MODERNA.

136

siquiel'a en unas pocas lineas el nh·el de los otros, eso bastaba á se1· inmediatamente sospechado por lo
menos de oligarca. Habla llegado á entenderse por verdadero demócrata un hombre desnudG de méri•
tos, desprovisto de luces, un semibárbaro atado á groseros vínculos zoológicos, falto de pulimento, re·
cién venido de la hez para honra y glol'ificación de la canalla.,
Como una simple belleza literaria véanse estas consideraciones, cuando dos amantes sin haber for•
mulado sn afecto, comprenden, en silencio, que se aman: •Las palabras no sólo hubieran sido inútiles;
brutales hubieran sido, como las guijas con que un chico vagabundo rompe el claro sueño de una fuen•
ta. Los dos lo co1nprendlan y callaban. Sus almas, hasta esa noche oprimidas, necesitaban del silencio.
En el silencio parecfan dilatarse como en la espes_u ra de las frondas la garganta del ave antes de rom•
per en trinos. Y asl dill\tadas, aquellas dos almas llegaron á rozarse, besándose y acariciándose, al tra•
vés de los brazos trémulos, como deben ele acariciarse dos rubíes, dos llamas, dos rosas, ,si de mal de
amores padecen alguna vez las rosas, los rnbles y las llamas. •

MÉXICO,

11\

QUINCENA DE MAYO DE

1901

REVISTA MODERNA
AR T E
DIRECTOR: JESUS E. VALENZUELA.

V

CIENCIA.
JEFE DE REDACCION: JESUS URUETA.
Tip. de Dtiblá11,

Concluyo. La novela de Diaz Rodríguez, literariamente considera.da, es· obra que ~erece el amor y
el aplauso, aun de los artistas exquisitos; pero como obra sociológica, como noble reacción de un esplri·
tu re_belionaclo por intolerables infamias, como valerosa protesta contra un vergonzoso y deplorable estado social, su mérito es mucho mayor.
Y al cerrar ·el lihro dos contrarias impresioaes depl'imen y exaltan el ánimo: la ignominia de que
existan sociedades ahogadas por el cieno espeso de tan criminal barbarie y el oí·gulloso placet· de mirar
que en plena frente de esa ciudad beocia y relajada se lev1rnte ht. mano de hierro de un moderno Juve•
nal implacable que á formidables golpes de martillo clave en la frente impura su obra de castigo y ex.
piación, sangrienta y corrosiva como un pasquln, noble y vindicadora como un laudo de tl'iunfante jus·
ticia.

Han llegado á esta Ite&lt;lacción las siguieutes Llevista...~ y Liuro~:
• L'Essai L'ittéraire • Revue mensdelle. Urgane du Salon des poet(•S. Parí,i, Févriér, 1901.
•L'Rrmitage.• París. Févrit'lr, 1901.
•El Cojo ilusfrado.• Edicición quincenal. 1° i\Iarzo, 190L. Carneas.
• La Albol'aJa,• Semanario de letras. 3 Febrero, 1901. :lfontevicleo.
• Venezuela Ilustrada • Quincenario de Ciencia y Letras. 15 y 28 Febrero, 1901.
cl 'ida social.• Semanario de Literatura. Buenos Aires, 3 y 10 Fehrero, 1901.
• El Con·eo Lite1·a1·io.• Semanal. Buenos Aires, Enero y Febrern, 1901.
cEl Pensamiento Latino.• Santiago ele Chile, Enero y Febrero, 1901.
•La Revista.• Parls, Marzo lº, 1901.
• El Tritmfo del Ideal.• Novela de Pedro César Dominici. París, 1901.
•Episodios Militares :Mexicanos• de nuest1·0 colaborador Heriberto Frias.
•Estudios filo~6fico11 y sociales• y •Sociología y Ciencia Económica• de Enrico Piccionr, de Sautia•
go de Chile.
Almanach Popular Brazileirn para o anno de 1901.

J. J. T.

l

NúM. 9

•

'

..

A.urnontA DE J.A PRJl!AV8RA, UN DE1'TAOUO.-J30TTJCET,LT.-FrnEN'ZJi).

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                <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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