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                  <text>MÉXICO,

ARo IV

2'\

QUINCENA DE JUNIO DE

NóM,

1901

12

REVISTA
A. RT E
DIRECTOR: JESUS, E. VALEN ZUELA.

Y~CIENC I A. .
li.

JEFE DE REDACCION: JESUS URUETA.
Tip. de Dubldn,

CRUCIFICAT.

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-

-----

--

AL llU CÓ Ll CO AlllEDICU(()

DR. D . JOAQUIN' ARCADIO FA.GAZA.

'
Al pie del monte el pueblo vocifera,
~laldice, rscupe, hiere .... •¡Profetiza! •
Prorrumpe el eco al estallar con risa
Entre un rugido de enjaulada fiera.

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• Ut!sdt udd• clama por la vez postrera,

La impura voz que al manso martiriza;
•¿Por qué me desamparas?• . . .. y agoniz:i
En medio de una oleada pasRjerr..
El Rey de los Judlos vueh·e ~· clani
Sus ojos de perdón mirando al cielo,
Y al expirar sobre su grry esclava,

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Cada gota de sangre por el suelo,
Del cáliz de su amor, el crimen lava,
De la raza dispersa y bin consuelo.

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LAS GUITARRAS.

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AL J,IO MAXGEL MARRO:- .

Bajo agreste fl!stón de umbrosas panal",
Fresco dosel en la enervante siesta,
La turba campesina está de fiesta
Sueltos los chales, flojas las chamarras.
De mano en roano rebosantes jarras,
S ueltan el jugo que al amor apresta,
Y almas del canto, como sola orquesta,
Dan su alegre concento las guitarras.
\'ibra el aire encendido en cada boca,
Y en cada pecho la pasión respira,
Que en un mar de miradas se entrechoca.
Cada mujer es junco que suspira
Al compás de la danza alegre y loca
Y cnda corazón es una lira.
JOSÉ TRINID.\D

FF.RRER.

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�REVISTA MODERNA.

187

HIMNO A LEON BLOY.
Bienaventurado el que piensa
Pn el pobre: en el dia malo
lo librará Jebovli.
SALMOS, 41

Lámpara del exegeta;
Oleo viril del atleta;
Lira de oro del poeta!
Los relámpagos de sangre de tus prosas iluminan
El tropel de águilas negras que en su larga noche van;
Hay granizos que lapidan, hay centellas que fulminan
En las iras de tu verbo donde truena el huracan! ....
Oh látigo del beluario!
Peregrino del osario;
Saeta del sagitario!
Arrebata sus serpientes á Gorgona y á las furias
Y blandidas por tu diestra como un haz flag~lador
Que sollozen las maldades y que ululen las Lujurias
Azotadas por tu rabia de implacable vengador!
Flor de lis del proxeneta;
Agua clara del asceta;
Clarin aúreo del profeta!
Eres águila surgiendo del plumón de una paloma,
Es el blanco Paracleto quien inspira tu furor
Y por eso entre fragancias pavoroso, tu cdio asoma
Cual león rugiente y negro bajo de un rosal en flor!

Oh liagelo del suplicio!
Crin y acero del cilicio!
Luminar del santo oficio!
Que á tus trágicas hogueras y á tus rojas guillotinas
Del burgués y la hetaira llegue el pálido tropel,
Que el traidor sucumba al fuego de tus cóleras divinas!
Que los réprobos naufraguen en los mares de tu hi el!
Oh brava espada! pelea!
!ncendia: divina tea!
Hacha incansable: golpea!
Pobres ojos empañados que no ven en tu exegésis;
Que son lámparas extintas ante el rostro de Jesús! ....
Miserables de los sordos á tu airada parenésis
Cuyos senos no temblaron al abrazo de la Cruz!
Cruz de hierro del templario;
Oliban del incensario;
Ventanal en el sagrario;
Oh gigante! con montañaR cargarás tu catapulta
Y tu fronda y tus arietes formidables crujirán
Cuando pávida contemple la canalla que te insulta
En el cielo la tormenta y á sus plantas el volcán.
Lucha, hiere y en la meta del cantar en que te ensalzo
Oh verdugo inexorable! Oh profeta del Amor!
Aparece en el sangriento pedestal de tu cadalso
Como un Dios de represalia, de venganza y de pavor!
JOSÉ JUAN TABLADA.

WILLIAM SHAKESPEARE.
OTELO.-IAGO.-DESDÉl\IONA.

I querido amigo Eduardo Herrera tuvo la benevolencia de dedicarme un ehtU·
dio precioso y erndito que ha publicado el Siglo XIX sobre el Sueíip de una
~.{oche de Verano. Atiza mi buen amigo la ardiente lámpara que vigilante con·
servo en el altar de Shakespeare; renueva en mi propósitos pasados de escribir
cuanto pienso y cuanto siento del trágico britano; intentos de reunil· y revisar
lo que ya tengo escrito y publicado acerca de no pocas obras del excelso poet.i"
ta; anhelos de segúir por esa senda, deteniéndome á admirar cada uno de los
dramas que tan maraYillosamente construyó con pentélicos má rmoles; impetus, en suma, no de hacer el
análisis, la crítica, de esos monumentos perdurables de la literatura, pero si de expresar largamente el
efecto que me producen, los estfmulos que me avivan, los sentimientos que me encienden, los recuerdos
que me dejan.
¡Ah, si tuviera la en trada franca de que disfruta el Sr. Herrera en el idioma inglés, y que le permite
registrar hasta sus más secretos recodos y escondrijos! ¡Si tuviera la competencia qu e ti ene él pa1·a j uz•
gar á Shakespearel Pero carezco de tales privilegios y por eso me arredro.
Se entra con miedo al estudio de Sbakespeare como qu ien por primera vez entra e n el bote para
cruiar el Oceano. Con nada puede comparart&lt;e tan propiamente el trágico inglés como con el mar. Co•

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REVISTA MODERNA

REVISTA MODERNA.

mo él tiene pellas y como (:1 tiene mon~tmos. Como él copia, en sus noches de calma, los innúmPros astros, y como él se levanta, enfurecido, en fol'midables ímpetus.
Sentimos en sus dramas que la inmensidad nos abl'uma como si navegáramos en alta mar. Es entre
los trágicos lo que era la fuel'za entre los mithos. Se asemeja á Esquilo y también se asemeja á Rabelais.
Sus carcajadas son de semidios homérico y sus imprecaciones desesperadas son de Job. Nada humano le
es extrl\ño, como no lo era para el hombre de Terencio. Esquilo no sabia l'eir; Rabelais no sabía llorar: Shakespeal'e aterra como el uno y ridiculiza y befa como el otro. Cuando asciende al ideal, es la
más alta cima; cuando baja á. las profundidades recónditas de la observación, es la mina más pl'O·
funda.
Su corona está. hecha de diamantes arrancados y de estrellas desprendidas. Todo el drama está en
él, como estaba todo el universo en la gran nebulosa. Visto fuera de su obra, como creador omnipotente
é impasible, es un dios; visto en sus personajes, es la Humanidad. Su altitud fatiga, desespel'a á veces,
como fatiga y desespera la ascensión á una montaña cuya cúspide es casi inaccesible. Se llega á Euripides, se llega á Sófocles, se llega al talón de Esquilo, se llega á la rodilla de Al'istófanes: no se llega á
Shakespeare.-¡Está más alto!-nos dice Moliere.-Más arriba-nos dice Calderón. Como el gigante de la
balada huguiana, puedo bien exclamar:
Je combattais l'orage et ma bruyante haleine
bans leur vol anguleux eteignait les éclairs;
Ou, joyeux devant moí chassant quelque baleine,
L'Océan á mes pas ouvrait sa vaste plaine
Et mieux que l'ouragan mes jeux troublalent les mers.

Entre sus grandes antepasados, unos son dioses creadores olfmpicos, serenos; otros son hombres
que gozan y sufren, como gozamos y sufrimos. Sólo Shakespeare es dios y hombre. Está á nuestro lado
y está muy arriba de nosotros. Se nada en su obra colosal sin encontl'al' la orilla. Se le ama, pidiéndole
pel'dón. ¡Y qué buzos los que han bajado á sus profundidades!
Todos los grandes entendimientos, todas Jas gl'andes ambiciones v·an á él, como l'ÍOS caudalosos á la
mar. Este, halla perlas; ese, corales; aquél, se ahoga; pero el tesoro inmenso no se agota. Le vemos en
esta de sus fases ó en esta otra, como los griegos veian á Dios, ya arrastrado por caballos marinos, en
la cerúlea superficie, bajo la forma de Poséidon; ya rigiendo en la selva. las energias de la savia bajo la
forma de Pan. Cada critico levanta un templo al dios, para honrarle en una &lt;le sus primacfas, en una de
sus excelencias, en una de sus formas; pero el Dios en su verdadera, total y única substancia, no ha sido
visto por ninguno. Víctor Hugo lo entrevió en uno de sus éxtasis supremos¡ y cayó de rodillas y sus labios sólo pudieron balbufü una oración.
Al perderse en la obra de Shakespeare se experimenta vago terror, como si la noche nos sorprendiera en un bosque intrincado. Hay estrellas en el cielo: Ofelia, Julieta, Desdémona, Cordelia, Perdita ...... Hay buenas hadas que se hacen collares con las gotas de rocío y canuajes con la cáscara. de
las avellanas. Puck, el buen Robín, retoza con Cbicharillo, y traveseando, desnata la leche, desajusta el
molinillo, evita que la cerveza espume, tropieza con los labios de la vieja que apura el jano y hace que
se derrame la bebida; se interpone de súbito entre las bocas trémulas de los enamorados que se besan, y
asusta con sus trápalas á los mozos y mozas del lugar.
Oberon y Titania se abrazan á la somlHa de un·no me olvides. Grano de Mostaza recoge velloritas espigadas y Ariel trenza hilos de perlas con la luz de la luna. Pero duendes y trasgos picarescos, hadas
gentiles y bondadosos geniecillos, no son pobladores únicos del bosque.
Tras el caduco tronco de una encina, chispean, como ojos de jaguar, las pupilas de Otelo. Rozan
nuestra cabeza las alas de murciélago de Galiban. Oímos chocar en el aire los palos de escoba en que
montan las brujas de ~Iacbeth; hervir en la eriaza la marmita hechiceresca y bríncar á los sapos entre
ortigas. El espectro del padre Hamlet, clamando venganza, camina á la plataforma deElsenor. Las sombras'van escondiendo sus puñales, al lecho de Ricardo III; Lady Macbeth vaga insepulta con su fatídica
lámpara en la mano. Es verdad que Falstaff l'le, que Ofelia gorjea, que Desdémona canta, que Julieta
curruca, pero también Shylock gruñe, fago grazna, Gloster ulula, Otelo ruge. En esta selva del teatro
shakespeariano hay cosas espantables que hielan la sangre y que erizan el cabello.
Tiene alondras y tigres, ruiseñores y brujas enamorados y ase6inos. ¿Qué fuerza la de este genio
que tan bien se hace amar como temer; que ora es rendido trovador y ora. implacable justiciero? No hay
para él regiones desconocidas. Es un viajero que está de vuelta de todos los palses. No sólo vivirá siempre: en todos los tiempos ha vívido. No sólo crea: reanima y resucita. El historiador reconstruye labo·
riosamente una figura, dato á dato, con pedazos de viejos crnnicones, con hojas de anales, con páginas
de memorias: Shakespeal'e pone la mano sobre el mármol de la tumba, exclama: ¡Surge! y la estatua yacente cae volcada, la lápida se alza y el héroe muerto se levanta. Asi, al poder de su conjuro, aparecieron en la escena Coriolano, J ulio César, Ricardo III, el rey Juan, Enrique IV. Son ellos, con sus propias
i4eas, con sus mismas pasiones, con su lenguaje peculiar. Y Shakespeare no es su poeta: es su contemporáneo_. Antes que Michelet, el trágico britano, había comprendido que &lt;la historia es una resurrección.•
Antes que Macaulay, habla aplicado los procedimieutos de la anatomla comparada á la reconstrucción de

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las grandes personalidades humanas. Antes que los coriftlos de la moderna escuela histórica, babia dado tanta importancia al pueblo como al héroe.
Los historiadores de su época eran simples analistas: él, poeta, era un supremo historiador. Esta maravillosa adivinación, esta videncia extraordinaria, sólo pueden explicarse con la frase de un tribuno _insigne: ,Los poetas son como las alondras: ven la luz antes que los demás.• Xi el pasado misterioso, m ~¡
porvenir, secretos tienen para él. Creemos haber encontrado una f~rma nueva p_ara expresar los _éxtasis
del amor, el torcedor de la ambición, los arrebatos de los celos; y s1 es exacta, s1 es verdadera, s1 es humana, está en Shakespeare, está en el balcón de J ulieta, en el palacio de l\lacbetb. ó en la alcoba de Desdémona.
Aquel hombre nos saqueó el porvenir. Porque mientras la humanidad exista, las grnndes pasiones
serán siempre iguales, y él domó A todas, y á. todas ellas nos presenta, como á. monstruos enormes, en esas
jaulas de bronce que llamamos sus h'agedias. Shakespeare es sublimemente vulgar. Eso que murmura J~lieta, es lo que nos dice nuestra Amada al despedirnos de ella. Eso que rumia Shylock, es lo que rumta
el usurero al prestarnos algunas monedas. Nada más vulgar que un ¡te a~o! ~ un ¡me muero! Y en es~
frase están todos los idilios y en ésta todas las tragedias. No creo que en nrngun otro poeta haya cabido tanta humanidad como en Shakespeare. Mi admiración, excesiva acaso, podia pronunciar el nombre
de Víctor Huero• pero en Shakespeare está la humanidad; en Vlctor Hugo están la humanidad Y él. El
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con su tradíciñn, con sus pasione.;, con sus amores, con sus odios. Toma á los pcrsonaJes que e sirven
para encarnar una idea suya. Habla en ellos. Su gigantesca voz r~suena siempre, com? la del Océano
cuyos tumbos se escuchan aun antes de que aparezca á nuestros o¡os. Shakespeare, es '.mpersonal. Una
vez concluida, se aleja de su obra, como Dios de la creación. Ya ha dado leyes á sus cnatUl'as; que lue•
go obren por si solas. Y no aparece, no habla ni fi losofa en el curso del drama: está en él; pero como el
cielo, muy arriba.
A mí me atrae el estudio de Shakespeare, como atrae el mar. Bien sé que en mi frágil barca de vela
latina en mi barca construida para que en ella cante barcarolas á muy corta distancia de la playa, voy
á perderme en esa inmensidad. Y sin embargo, me aventuro con la audacia de quien no sabe to~avía lo
que es la alta mar. Pero este grave estudio desespera. Miro á Hamlet, lo observo, creo haberlo visto, haberlo escuchado, haberlo comprendido, que ya es mio, y al volver la hoja al día siguiente, me encuentro
con otro Hamlet que ni siquiera conocía.
Un nuevo critico me Jo describe, una nueva frase me lo revela. Y así siempre. ¡Pero imposible separarse de Shakespeare! Unas veces nos tiene entre sus brazos y otras entre sus garras. Ya nos ata con
lianas, ya nos sujeta con sus uñas. Nos sentimos humillados, y, no obstante, lo admiramos. A ocasiones,
es el canto de un ruiseñor extraordinario y lo olmos extasiados como el monje Alfeo al ave del Paralso¡Oh, qué suavidad! ¡Oh, qué dulzura! ¡Oh, qué terneza! Tiemblan de voluptuosidad las hoj as nuevas'. una
alondra se columpia en la escala de seda por donde Romeo acaba de subir; inunda el bosque, paremdo á
la nave de una catedral gigantesca, un inmenso himno nupcial; las palomas juntan sus cuerpos blancos
y sus picos color de rosa, Ofelia pasa recostada en los almohadones de encaje que le forma la es~uma
del arl'oyo: se inclina el sauce, no para humedecer sus ramas ~n- el agua, si~o para es~uchar meJOr la
canción de la blanca Desdémona; los cristales de la ventana got1ca se rubonzan al senttrse tocados por
la aurora como la mejilla de una vir,,.en besada tímidamente por su amante; se sienten besos que no se
oyen; se ;lln almas de niños en el alb;, y se dice temblando:-¡que no acabe! ¡que no se extinga! esta melodla tan voluptuosamente casta! que suenen siempre esas palabl'as tiernas que son las ;1ue anb.elam~11
auspirar al oido de la mujer á quien queremos! ¡un minuto! ¡un instante! ¡que no acabe! t luego el follaJe
chasca como si una fiera oculta brincara de repente.
La nuca presiente la mordida del tigre. El corazón retrocede encogiéndose como un cazador sorprendido! He ahi el drama! Y las manos de Sb.akespeare son tenaza~ que caen sobre nuestros hombr?s,
y caemos. ¡Oh, qué terror! La hermosa joven muerta, tendida para siempre sobre el mármol; la muJer
que traiciona; el padre, triste y errabundo, abandonado por sus hijas; el niño estran~ulado en su cu~a!
la mancha de sangre, que jamás se desvanece, en la mano de Lady Macbeth; las bruJas que salmodian
en el afre su canto diabólico: ¡lo honible es lo hel'moso! ¡lo hermoso es lo horrible! ¡todo lo monstmoso!
todo lo malo, todo Jo deforme, ventreando,. arrastrándose ó irguiéndose; todo el dolor que nos aguarda
en esta vida1 alzándose y diciéndonos: ¡aqul estoy! y más allá, tras los obscuros lindes de esa comarca
de donde nadie ha regresado, envuelta en la azul obscuridad de la luz hiperbórea, lo desconocido, lo infinito, y Hamlet pensativo, contemplándolo sin poder arrancar!e su secreto. Shakespeare es entonces
brutal.
· •.i
Nos estruja, nos golpea, remueve la daga en la herida, aprieta nuestl'O cue~lo; es el fdroz burgrave
clavando cien y cien veces su puñal en el pecho de la esposa culpable; nos sentimos suyos, como la p~loma del milano· como la oveja del boa; como el niño del oso que lo ahoga; queremos correr y nos sent1 •
mos con ralees; trémulos, é imprecantes mu1·muramos: ¡Piedad! ¡Perdón! ¡Ya no! ¡Ya no! Oíd el •Otelo•
representado poi' Salvini ó por Rossi. El terrol' que se siente es el tenor del árbol que no puede correr.
¿Quién ha hecho cantar ó rugir de esta manera, como en órgano colosal, todas las pasiones. h~manas?
¿Quién nos conoce como Shakespeare nos conoció? Cuando Jo estudio, acércome ~ él con re~1g10s0 l'espeto como se acerca el levita al velado tabernáculo. Parece que me acerco á un Juez. Su mirada entra
' cuerpo y da en el alma. Nada digo, porque adivino que ha ~e contestarme: ya. 1o ~:
él Me. 'si.en
' t
en mi
descubierto, aprehendido, y todo lo malo que ha.y en mi se anebuJa y esconde co-mo s1 qms1era hb1-arse

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de ser vlsto. Asl se esconde el robo en la manga del ladrón. Así se bajan los párpados ante el que ya conoce nuestra culpa. Pero seamos audaceF. La vela latina de mi frágil barca se destaca sobre el azul del
horizonte. Naveguemos algunas brazas en el ma1·1 y sirvan de preámbulo estas lineas á lo que me propongo escribir más tarde sobre Shakespeare.
Otelo es el más soberbio león del teatro shakespeariano Sentimos al encontrarnos con él, lo que el
niño al dar con un lobo en lo más intrincado de la selva. Pero la fiera altiva y desdeñosa, pasa sin
hacernos daño. Sólo azuzada, provocada, herida, sacude la melena, encaja la garra, hunde el colmillo.
¡Qué hermoso es este monstruo! No posee la hermosura vulgar, la que todos comprenden, sino la arcana, la recóndita; no la que surge coqueta de la espuma del mar, con un espejo en la mano, sino aquella á que es preciso descender por torcidas y tenebrosas galerlas, llevando en la mano una linterna sorda.
Es bello, porque es bello el valor, porque es bella la gloria, porque es bello el triunfo. Un himno guerrero
acompafia su voz, como el sonido de la flauta acompañaba las palabras de algunos oradores griegos. No
enamora á Desdémona: la conquista. No es ella su amada: es su preaa. La abraza como el mar abraza á
la tierra. La posee como el sol posee á la nieve que sus rayos deshacen. Casi no cuenta sus hazañas:
aparece, y las adivinamos. Se reflejan e.1 su corazón de plata y en sus pnp;las llameantes. Desdémona
las sabe y su amor nos las dice al oldo en voz muy baja.
En •Romeo y Julieta• hay pájaros que cantan; en cHamlet• hay buho, que aletean: en cOtelo• hay
bestias feroces que luchan y se desgarran las entrañas en la arena candente del desierto. Aquel hercúleo molde humano va á recibir, como chono de bronce derretido, la más horrible de todas las pasiones:
los celos. Necesitaba ser tan fuerte y recio, para no romperse y saltar en añicos. Para eso alumbró su
cuna el sol de Africa, para eso endurecieron su corteza carnal las tempestades en el Océano y las batr.llas en la tierra. La vida lo preparó como uua sabia domadora, para esta lucha con el más indómito de
los monstruos.
Llega este drama á la escena, como una flota empavesada al puerto. La luz de la montaña, alumbra
lanzas, cascos, banderas, olas que llegan á la proa de los navíos y se anodillan ante el vencedor. Los
niños cantan un himno triunfal; las mujeres corren al encuentro de sus amantes; los viejos sienten que,
al agudo toque d-el clarln, despiertan y se levantan en sus almas glorias muertas. Otclo, no viene á la
escena por su propia voluntad; el mar lo arroja.
Después, toda esa pompa desaparece. El drama se va ennegreciendo como el cielo cuando sube la
noche de los abismos á los montes y de los montes al espacio. Ya no ondula el raso ele los trajes venecianos; ya no hechizan los ojos la púrpura y el armiño de los mantos. Otclo queda ~olo, como una sombra
más intensa y más negra entre las sombras.
Consideremos brevemente las tres figuras que van á destacarse sobre el lienzo obscuro. Desdémona
es la blanca. Parece una paloma que no encontró su nido y que vuela perdida en medio de la noche.
Ninguna otra figura de mujer, en el teatro de Shakespearc, tiene el encanto místico de ésta. Se va de la
casa de su padre, porque el amor se la lleva. No resiste, como la barca del pescador no resiste á la ola
que la empuja, ni el pétalo de rosa á la ráfaga de aire que lo arranca. El amor la besa en los ojos y ella
le dice como obediente virgen: soy tu esclava! Es el señor ausente que ha venido. Ali! está su sillón, la
copa servida, el lecho preparado. Como la biblica Ruth, dice á su esposo: • tu pueblo es mi pueblo, tu
Dios es mi Dios; alli donde tú mueras, mol'iré yo; y alll donde te entierren, quedaré enterrada.• Es una
niña enamorada de los cuentos. Otelo la cautiva refiriéndole los peligros que ha corrido. Y todavla en
su última noche, Emilia, como nodriza cariñosa, le nana cuentos y la anulla con canciones. No conoce
la vida: va á conocer la muerte nada más. Cuando expil·e, se la llevarán los ángeles entre sus blancos
almohadones, como en una cuna. Está unida á aquel soberbio guerrero, que es el hombre en su expre•
sión más alta, y parece una virgen. Cuando habla con Casio, creemos que va á decirle: jugaremos juntos. Cuando se acerca á Otelo tiene la mirada de la niña que no quiere entrar sola á un tenebroso corre•
dor y que dice muy tímida: acompáñame! Sin impuros deseos la vemos desvestirse, desatar sus trenzas, y
entt·ar al lecho que no parece nupcial, sino de novia. Tiene miedo y reza á la virgen para que la cuide.
¿tiiedo á qué? No ha hecho daño á ninguno, pero siente ese miedo vago de los niños al ladrón, al apare·
cido, al ogro de los cuentos. Sencilla y cándida, quiere volver á ver su blanco traje de novia, y se duerme
con él, como una niña con su muñeca. Su amor es tan quieto, que Otelo la encuentra ya dormida.
¡Qué tranquilo es su sueño! Le cierra suavemente los párpados y le dice á la muerte: •¡hermana, aqul
está ya!, Lo que va á pasar después es una pesadilla de que despertará en el cielo, Pesadilla, esto es,
algo que no es, qu~ no puede ser, algo que serle uno cuando lo recuerda ya despierto. ¡Amar á otro... !
¡Qué sueño tan absurdo! ¿Se puede amar á otro que no sea el esposo? ¡~Iorir ámanos de Otelo .... . . !
¿Matan acaso los que aman? Desdémona se reirá en el cielo de este sueño. Ahora está dormida; suave
respiración mueve sus senos; su brazo blanco cae desnudo á un lado del lecho, mientras con el otro opri·
me todavía, para que no se lo roben, el vestido de novia. Está soñando con las guerras, proezas y campañas de su amado; lo ve soberbio en el fragor de la pelea ó luchando cuerpo á cuerpo con monstruosos
at1imales en los desiertos de Africa. ¡Qué hermoso es! ¡qué bizarro! ¡qué valiente! Pero la pobrecita, acob,rdada, le dice en sueños, con ternura inmensa: Deja que yo te quite la coraza. Todo eso hiciste para
que yo te amara y ya te amo. No me de.jes, ya no te vaya~; tengo miedo! Y si te vas, llévame contigo!
Ninguna de las herolnas de Shakespeare es tan deliciosamente niña como Desdémona. Cuando Otelo r~tlere al Senado las artes que empleó para seducirla, nos la pinta escu ~bando con ávidos o Idos lo que

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él la contaba de caribes, de antropófagos, de seres que tienen la cabeza debajo del hombro, de los riesgos que él corrió por mar y tierra, de cavernas lóbregas, de montañas que llegan casi al cielo. Desdé•
mona oia todo atentamente, y cuando los quehaceres de la casa la llamaban á otra parte, los despachaba
aprisa y volvía al punto. Cuando se encuentran solos, ella, como un amante pide un beso, le ruega que
le refiera e toda su vida por entero., •Y si teneis-le dice-algún amigo que me quiera, enseñadle á que
me cuente esa misma historia y seré suya., ¿No veis? Está enamorada del cuento, está enamorada del
héroe; no del hombre. •Ella me quiso-dice Otelo-por los peligros que yo habla corrido, y yo la amé
por la piedad que de mi tuvo.•

She loven me for the dangers I ad pass'd
And I loved her that she did pity them.

Hay algo de filial en este amor.
Cuando Otelo la rechaza brutalmente, ella se reprocha á si misma culpas que no conoce, que no ha
cometido, con la sumisión de la buena hija que cree siempre justas las reprensiones de su padre. Habla
y su voz tiene deliciosos balbuceos infantiles. Y este es precisamente au mayor encanto. A Juliet1. se la
besa en los labios; á Desdémona en los ojos. Cuando mucho se ama, parece que el corazón se vuelve
niño. Un rayo de sol lo alegra; una palabra seca lo aflige. La voz de la mujer querida, en las supremas
expansiones de ternura, es la voz del niño que despierta en su camita. Mamá! y te amo se parecen mucho.
¡Cómo se encoge el corazón de pena al ver á aquella criatura blanca é indefensa en las garras del
milano! Los hijos de Eduardo abrazandose convulsos en su lecho al oír las pisadas de Gloster, inspiran
menos compasión. Nos rebelamos contra Otelo; se busca el cuchillo de monte para lanzarse contra la
fiera y clavárselo en la nuca; pero á poco, Otelo nos desarma; su dolot· nos arranca la boja aguda: fué
brutal, pero irresponsable como la piedra que cae, como la ola que se encrespa, como el bosque que se
mcendia!
Pongamos en contraposición con la ideal belleza de Desdémona la fealdad torva de lago. Desdémo·
na, es blanca; Otelo, rojo; lago, negro.
Acaso el drama más terrible de Sbakespeare sea el Otelo. Aquella sombra parece hermana de la lnrnensiJ ~oche. Pero Jo negro no está en la tez del africano; lo negro está en el alma de lago.
Cuando suenan loa pasos qe Otelo, creemos oh' las pisadas de uµ león. Cuando lago se aceri:;a per

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REVISTA MODERNA.

cibimos el ruido de una culebra que se arrastra. Otelo es negro. Tago es amarillo Otelo es brutal. lago
es demoniaco.
La progenie de lago es de monstruos; en ella están Caio y Judas. Ni Caliban que personifica la perversidad en el teatro de Shakespeare, es más repugnante. Porque Caliban es como diablo y lago es como hombre. Tiene todas las pasiones reprobadas, todas las pasiones patizambas, todas las pasiones contrahechas, todas las pasiones que se arrastran, que silban, que se esconden, que babean, que detestan
la luz, que caminan torciéndose, que muerden: es envidioso, es cobarde, y para defender su cobardía y
su envidia, las enconcha en la astucia.
Hay pasiones grandes; pasiones que agitan á las poderosas; pasiones que matan; pero como mata el
león ó como mata el águila. Estas pasiones tienen garra; pero tienen también melena hermosa ó recias
alas. Así son los celos, así es la ambición. Las de lago, son vicios ó deformidades. Las otras inspiran
miedo, y éstas asco.
Otelo es la fiera; pero la fiera noble, que no ataca sino acosada, azuzada, urgida. lago es lo contrario de un domador. El acosa, azuza, punza á. Otelo, lo encierra en la jaula, lo excita y provoca su rabia
desde afuera, y cuando ya lo mira enfurecido, entreabre la puerta y le arroja á Desdémona para que la
devore.
En esa fiera babia azuzado antes todas las fieras de los celos. En esa naturaleza primitiva y fecunda, babia sembrado todas las plantas venenosas. Y después ya es Otelo irresponsable, como el león herido
qua devora á su victima, como la tierra que devuelve en árbol lo que en su simiente recibió. Por eso Otelo no inspir11. indignación, sino piedad.
¿Quién no compadece, quién no ama á. Dtisdémona? Shakespeare es incomparable para crear inocencias :sublimes y maldades gigantescas. lago es más perfecto que Luzbel; Desdémona mis hermosa
que Eva. Su misma be.rmosura y su misma bondad la matan, como la propia luz consume al cirio. Porque es tan hermosa y porque es tan buena, la ama mucho su esposo, y porque la ama mucho la asesina.
Es un tesoro .... y por eso la entierran.
Ella es el tipo acabado de la mujer que ama. Por su amado, deja á su padre, y comete la ingratitud inevitable del amor. Nada la detiene y se va con él, como la esclava con su ame, si él la llama. ¿Que
es feo? ¿Que es negro? ¿Y qué importa? ¡Es su dueño! Ella sabe que es hermoso. ¿Qué importa que no
lo sepan los demás? ¡Mejor! Asi sólo será de ella·esa hermosura! La Cordelia del Rey Lear, es la hija por
excelencia, esa hija que es como madre virgen de un anciano. Julieta es la enamorada. Desdémona es
la esposa. En Ofelia llora la hija, habla la hermana, canta la niña. En Desdémona no: sólo babia la esposa. Dió su vida á Otelo: por eso no se queja cuando se la quita. La tenia prestada, era de él.
¡Qué admirable creación! Menos blanca que la de Ofelia, pero más de carne.
Perdonemos á Otelo que la mate, y o.os parecé que dice bien, cuando grita después de sofocarla:
¡Tuve razón! ¡Tuve razón!
SI; tuvo razón! Para él le habla robado ella todo su caudal de amor. ¿Y para qué? Para darlo á. otro.
Y la adúltera merece la muerte. Jesús perdonó 1\. la Magdalena, á la cortesana, á la impura; pero no dijo que perdonaba á la mujer adúltera. Y eso que esa mujer no era la suya.
Otelo mata á Desdémona; pero no deja de amarla: ¡qué honda filosofia! Ya está muerta y todavla
quiere besarla. Ya es cadáver y aún le parece muy hermosa. ¡Que no sepan ni las •castas estrellas, su
delito! El fué justiciero: no será delator.
Cayó sobre esa vida, apagándola tan naturalmente, como cae la noche sobre el mundo.
Después: cuando sabe que es inocente su Desdémona, ¡qué explosión de dolor! El león entonces hinca las garras en su misma carne. Ruge como si le hubieran robado su cachorros .. .. llora como el niño
arrancado de los brazos de la madre. Es una criatura y una fiera.
No se ve criminal, no; Sf. ve solo. No se castiga; no se mata; se va con ella.
MANUEL

GUTIÉRREZ NÁJERA.

LA HERMANA AGUA.
Hcnn:ina Agua, alabemos al Señor.
( Espiriti, de San Francisco de A sis).

Á QUIEN VA Á LEER.
Un hilo de agua que cae de una llave imperfecta; un hilo de agua, manso y diáfano, que gorjea to•
da la noche y tocias las noches cerca de mi alcoba, que canta á mi soledad y en ella me acompaña; un
hilo de agua: ¡qué cosa tan sencilla! Y, sin embal'go, esas gotas incesantes y sonoras me han enseñado
más que los libros.
El alma del Agua me ha hablado en la sombra, el alma santa del Agua, y yo la he oldo con recogimiento y con amor. Lo que me ha dicho está escrito en páginas que pueden compendiarse así: ser dócil,
ser cristalino: ésta es la ley y los profetas; y tales páginas han formado un poema.
Yo sé que quien lo sea sentirá el suave placer que yo he sentido al escucharlo de los labios de Sor
Aqua, y éste será mi galal'dóo en la prueba, hasta que mis huesos se regocijen en la gracia de Dios.
EL AGUA QUE CORRE BAJO LA TlERRA.

Yo canto al Cielo porque mis linfas ignoradas
Hacen que fructifiquen las savias; las llanadas,
Los sotos y las lomas por mi tienen frescura.
Nadie me mira, nadie; mas mi corriente obscura
Se regocija luego que llega Pl'imavera,
Porque si dentro hay sombras, hay muchos tallos fuera.
Los gérmenes conocen mi beso cuando anidan
Bajo la tierra, y luego que son flores me olvidan.
Lejos de sus raíces las corolas felices
No se acuerdan del agua que 1·egó sus ralees .....
¡Qué importa! yo alabanzas digo á Dios con voz suave.
La flor no sabe nada, ¡pero el Señor si sabe!
Yo canto á Dios corriendo por mi ignoto sendero
Dichosa de antemano; porque seré venero
Ante la vara mágica de Moisés; porque un día
Vendrán las caravanas hacia la linfa mía;
Porque mis aguas dulces, mient1·as que la sed matan,
El rostro beatífico del sediento retratan
Sobre el fondo del cielo, que en los cristales yerra;
Porque copiando el cielo lo traslado á la tierra,
Y asi el creyente triste que en él su dicha fragua,
Bebe, al beberme, el cielo que palpita en mi agua,
Y como en ese cielo brillan estrellas bellas,
El hombre que me bebe comulga con estl'ellas.
Yo alabo al Señor bueno, porque con la infinita
Pedrería que encuentro de fnegos policromos,
Forjo en las mistel'iosas grutas la estalactita,
Pórtico del alcázar de ensueño de los gnomos;
Porque en ocultos senos de la caverna umbría.
Doy de beber al monstruo que tiene miedo a.! dia.
¡Qué importa que mi vida bajo la tierra acabe!
Los hombres no lo saben, pero Dios si lo sabe.

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REVISTA :MODERNA.

REVISTA MODERNA.

La nitidez es ruego, la albura es himno santo,
Ser blanca es orar; siendo yo, pues, blanca, oro y canto.
Ser luminosa es otro de los cantos mejores¡
¿No ves que las estrellas salmodian con fulgores?
Por eso el rey- poeta dijo en himno de amor:
«El firmamento narra la gloria del Señor. •

Asi me dijo el Agua que discurre por los
Antros, y yo:-Agua hermana, bendigamos á Dios.
EL AGUA QUE CORRE SOBRE LA TÍERRA.

Yo alabo al cielo porque me brindó en sus amores
Para mi fondo gemas, para mi margen flores¡
Porque cuando la roca me muerde y me maltrata,
Hay en mi sangre (espuma) filigranas de plata¡
Porque cuando al abismo ruedo en un cataclismo,
Adorno de arco-iris triunfales el abismo,
Y el rocío que salta de mis espumas blancas
Riega las florecitas que esmaltan las barrancas¡
Porque á través del cauce llevando mi caudal,
Soy un camino que anda, como dijo Pascar,
Porque en mi gran llanura donde la brisa vuela,
Deslizanse los élitros nevados de la vela¡
Porque en mi azul espalda, que la quilla acuchilla,
Mezco, aduermo y soporto la audacia de la quílla,
Mientras que no conturba mis ondas el Dios f11erte,
A fin de que originen catástrofes de muerte,
Y la onda que arrulla sea onda que hiere ..... .
¡Quién sabe los designios de Dios que asi lo quiere!
Yo alabo al cielo porque en mi vida errabunda
Soy Niágara que truena, soy Nilo que fecunda,
Maelstroom de remolino fatal, ó golfo amigo;
Porque mar di la vida, y diluvio el castigo.
Docilidad inmensa tengo para mi dueño:
t1 me dice «Anda,• y ando; •Despéñate,• y despeño
Mis aguas en la sima de roca, que da espanto;
Y canto cuando corro y al despeñarme canto,
Y cantando mi linfa, tormentas ó iris fragua,
Fiel al Señor ..... .
-Loemos á Dios, hermana Agua.

t

Sé tú como la Nieve que inmaculada llueve.
Y yo clamé:- Alabemo.s á Dios, hermana Nieve.
EL HIELO.

Para cubrir los peces del fondo, que agonizan
De frío, mis piadosas ondas se cristalizan,
Y yo, la inquietüela, cuyo perenne móvil
Es variar, enmudezco, me aduermo, quedo inmóvil.
¡Ah! Tú no sabes cómo padezco nostalgia
De sol, bajo esa blanca sabana siempre fria!
Tú no sabes la angustia de la ola que inmola
Sus ritmos ondulantes de mujer, su sonrisa,
Al frio, y que se vuelve- mujer de Loth- baoquisa:
Ser banquisa es set· como la estatua ele la ola.
Tú ignoras esa angustia: mas yo no me rebelo,
Y ansiosa de que en todo mi Dios sea loado,
Desprendo radiaciones al bloque de mi hielo,
Y en vez de azul oleaje soy témpano azulado.
Mis crestas en las noches del polo son fanales,
Reflejo el rosa de las auroras boreales,
Las luces fugitivas del sol, y con deleite
De Seraphita, yergo mi cristalina roca
Por donde trepan lentos los morsos y la foca,
Seguidos de lapones hambrientos de su aceite ..... .
¿Ya ves cómo se acata la voluntad del cielo?
Y yo recé:-Loemos á Dios, hermano Hielo.

LA Nll!JVE.
EL GRANIZO.

Yo soy la movediza perenne; nunca dura
En mi una forma; pronto mi sér se trasfigura
Y ya entre guijas de ónix cantando peregrino,
Ya en témpanos helados, detengo mi camino,
Ya vuelo por los aires trocándome en vapores,
Ya soy iris en polvo de todos los colores
Ó rocío que asciende, ó aguacero que llueve ..... .
Mas Dios también me ha dado la albura de la nieve,
La albura de la nieve enigmática y fría
Que cae de los cielos como una eucaristla,
Que por los puntiagudos techos resbala leda
Y que cuando la pisan cruje como la seda.
Cayendo silenciosa, de blanco al mundo arropo:
Subí á la altura niebla, desciendo al suelo copo;
Subl gris de los lagos que la quietud estanca,
Y bajo blanca al mundo ...... ¡Oh, qué bello es ser blanca!
¿Por qué soy blanca? En premio del sacrificio mio,
Porque tiritCI para que nadie tenga frío,
Porque mi lino todos los frlos almacena
Y Dios me torna blanca por haber sido buena!
¿Verdad que es llevadera la palma del martirio
Así? Yo .caigo como los pétalos de un lirio
De lo alto, y no pudiendo cantar mi canción put·ll
Con murmurioa de linfa, la canto con blancura.,

¡Tin !in, tin tio! Yo caigo del cielo, en insensato
Redoble al campo y todos los cóspedes maltrato.
¡Tin tin! ¡muy buenas tardes, mi hermana la pra1lera!
Poeta, buenas tardes, ¡ábreme tu vidriera!
Soy diáfano y geométrico, tengo es,ualte y blancura
Tan finos y suaves como una dentadura,
Y en un derroche de ópalos blancos me multiplico.
La linfa canta, el copo cruje, yo .... yo repico!
Tin tin, tin tin, mi torre es la nube ideal,
¡Oye mis campanitas de !impido cristal!
La nieve es triste, el agua turbulenta, yo sin
Ventura, soy un loco de atar, tin tin, tin tio!
. . . . Censuras? No por cierto, no merezco censuras;
Las tardes calurosas por mi tienen frescura~,
Yo lucho con el hálito rabioso del verano
Y soy bello . . . .
- Loemos á Dios, Granizo hermano.
EL VAPOR .

El Vapor es el alma del agua, hermano mio,
Asi como sonrisa del agua es el rocío,
Y el lago sus miradas y su pensar la fuente,
Sus lágrimas la lluvia, su impaciencia el torrente,

195

�REVISTA MODERNA .
Y los dos sus brazos, su cuerpo la llanada
Sin coto de los mares y las olas sus senos;
Su frente las neveras de los montes serenos
Y sus cabellos de oro liquid,,, la ca~cada.
Yo soy alma del agua, y el alma siempre sube:
Las trasfiguraciones de esa alma son la nube,
Su Tabor es la tarde real que la empurpura:
Como el agua fué buena su Dios la trasfigura ... .
Y ya es el albo copo que en el azul ri'ela,
Ya la zona de fuego que parece una estela,
Ya el divino castillo de nácar, ya el plumaje
De un pavo hecho de piedras preciosas, ya el encaje
De un abanico inmenso, ya el cráter que fulgura ....
¡Como el agua fué buena, su Dios la trasfigura!
-¡Dios! Dios siempre en tus labios está como en un templo,
Dios, siempre Dios .... ¡en cambio yo nunca le contemplo!
¿Por qué si Dios existe no deja ver sus huellas,
Por qué perennemente se esconde á nuestro anhelo,
Por qué no se baila escrito su nombre con estrellas
En medio del esmalte magnifico del cielo?
-Poeta, es que lo que buscas con la ensoberbecida
Ciencia que exige pruebas y cifras al abismo .. ..
Asómate á las fuentes obscuras de tu vida,
Y ahí verás su rostro: tu Dios está en ti mismo.
Busca el silencio y ora: tu Dios execra el grito;
Busca la sombra y oye: tu Dios babia en lo arcano;
Depón tu gran penacho de orgullo y de delito ....
-Ya está.
- Qué ves ahora?
-La faz del infinito.
-¿Y eres feliz?
- Loemos á Dios, Vapor hermano.
LA BRUMA,

La Bruma es el ensueño del agua, que se esfuma
En leve gris. ¡Tú ignoras la esencia de la Bruma!
La Bruma es el ensueño del agua, y en su empeño
De inmaterializarse lo vuelve todo ensueño.
A través de sus velos mirificos parece
Como que la materia brutal se desvanece:
La torre es un fantasma de vaguedad que pasma,
Todo en su blonda envuelto, se convierte en fantasma,
Y el mismo hombre que cruza por su zona quYeta
Se convierte en fantasma, es decir, en silueta.
La fü·uma es el ensueño del agua, que se esfuma
En leve gris. ¡Tú ignoras la esencia de la Bruma,
De la Bruma que sueña con la aurora lejana!
y yo dije:-¡Ensalcemos á Dios, oh Bruma hermana!
LAS VOCES DEL AG UA,

-Mi gota busca entrañas de roca y l!ls perfora.
-En mi flota el aceite que en los santuarios vela.
- Por mi raya el milagro de la locomotora
La pauta de los rieles.-Yo pinto la acuarela.
-1\fi bruma y tus recuerdos son por extraño modo
Gemelos; ¿no ves cómo lo divinizan todo?
-Yo presto vibraciones de flautas prodigiosas
A los vasos de vidrio.-Soy triaca y enfermera
En las modernas clinicas.-Y yo, sobre las rosas,
Turiferario santo del a.Iba en primavera.

REVISTA MODER~A.

197

-Soy pródiga de fuerza motl'iz en mi caida.
-Yo escarcho los ramajes.-Yo en tiempos muy remotos
Di un canto á las sirenas.-Yo, cuando estoy dormida,
Sueño sueños azules, y esos sueños son lotos.
-Poeta que por gracia del cielo nos conoces,
¿No cantas con nosotras?
- Si canto, hermanas Voces.
EL AGUA )I ULTIFORME,

• El Agua toma siempre la forma de los vasos
Q11e la contienen,• dicen las ciencias que mis pasos
Atisban y pretenden analizarme en vano:
Yo soy la resignada por excelencia, hermano.
¿No ves que á cada instante mi forma se aniquila?
Hoy soy torrente inquieto y ayer fui agua tranquila;
Hoy soy en vaso esférico redonda; ayer apenas
Me mostraba cil[ndl'ica en las ánforas plenas,
Y asi pitagorizo mi sér hora tras hora:
Hielo, corriente, niebla, vapor que el día dora,
Todo lo soy, y á todo me pliego en cuanto cabe;
¡Los hombres no lo saben, pero Dios si lo sabe!
¡Por qué tú te rebelas! ¡por qué tu ánimo agitas!
¡Aymé! ¡Si comprendieras las dichas infinitas
De plegarse iL los fines del Señor que nos rige!
¿Qué quieres? ¿por qué sufres? ¿qué sueñas? ¿qué te aflige?
¡[maginacrones que se extinguen en cuanto
Aparecen .... en cambio yo canto, canto, canto!
Canto, mientras tú penas, la voluntad ignota;
Canto cuando soy linfa¡ canto cuando soy gotn,
Y al ir, Proteo extraño, de mi destino en pos,
Murmuro:-¡Q11e se cumpla la santa ley de Dios!
¡Poi· qué tantos anhelos sin rumbo tu alma fragua!
¿Pretendes ser dichoso? Pues bien, sé como el agua;
Sé como el agua, llena de oblación y herolsmo,
Sangre en el cáliz, gracia de Dios en el bautismo;
Sé como el agua, dócil á la ley infinita,
Que reza en las iglesias en donde está bendita,
Y en el estanque arrulla meciendo la piragua.
¿Pretendes ser dichoso? Pues bien, sé como el agua;
Viste cantando el traje de que el Señor te viste,
Y no estés triste nunca, que es pecado estar triste.
Deja que en U se cumplan los fines de la vida¡
Sé declive, no roca; trasfórmate y anida
Donde al Señor le plazca, y al ir del fin en pos,
Murmura: ¡Que se cumpla la santa ley de Dios!
Lograrás, si lo hicieres así, magno tesoro
De bienes: si eres bruma, serás bruma de oro;
Si eres nube, la tarde te dará su arrebol;
Si eres fuente, en tu seno verás temblando al sol;
Tendrán filetes de ámbar tus ondas si laguna
Et·es, y si océano, te plateará la luna.
Si eres torrente, espuma tendrás tornasolada,
Y una crencha de arco iris en flor si eres cascada.

As! me dijo el Agua con mistico reproche,
Y yo, rendido al santo consejo de la Maga,
Sabiendo que es el Padre quien habla entre la noche,
Clamé con el Apóstol:-¡Seiíor, qué quieres que haga!
A l lADO

Enero de 1901.

NERVO.

�REVISTA MODERNA.

H,9

Habló dunnte una hol'a con exuberancias y entusiasmos de fanático de los terciopelos cortados, de
los viejos facistoles y de la pasta de cedro taraceado y guarnecido con plata sobredorada de un viejo antifonario de Catedral ....
Por fin se agotó su verba, volvió del pasado y al encontrarse de nuevo en esta edad ingrata y estérll p•r• el bibliófilo, tuvo un hondo suspiro y una patética expresión de profunda tristeza. Dejé de verlo largo tiempo y hoy acabo de saber que murió hace meses en la miseria más trágica ....
Un alemán colega suyo en bibliofilismo, estuvo asechando su agonla y dándole algunas sumas de
dinero que después 11e pagó con los mejores libros de la rara y valiosa colección.
Y quizás ese bibliófilo haya sido el último aficionado de corazón, el vástago postrero de una raza de
eru~itos y de obscuros artistas extinguida hoy entre nosotros ....
México, 1901.
JosÉ J uAN TABLADA.

t

'·

TIPOS QUE SE V .AN.

EL BIBLIÓMANO.

O vi durante mucho tiempo husmeando por las alacenas de libros viejo!', en los antiguos
portales ó bajo el cobertizo del jardln del Seminario á la hora matinal en que los jardineros disparan el grueso chorro de las mangueras sobre las auraucarias y los laureles
de la India, en los calurosos mediodlas y aun al atardecer, cuando los estudiantes delas
vecinas escuelas recorren los escaparates en busca de alguna obra de texto al alcance
de su limitado peculio.
Tenia el individuo en cuestión la cara de un buen sujeto y al través de sus toscos
anteojos su mirada azul y desleída brillaba con el vago reflejo de un alma inocente y adormecida. Un
paltó marrón cubría invariablemente su busto encorvado de lector incansable y por sus bolsas asomaban siempre las pastas de pergamino ó marroquln de los raros volúmenes. Era un bibliófilo y lo demostraban sus miradas ansiosas que revisaban pacientemente los anaqueles, el ademán acariciador y sensual con que asía el libro que le parecía de médtÓ y la manera rítmica y parsimoniosa con que volteaba
las hojas para ver al trasluz el exacto registro de las páginas.
Alguna vez lo seguí en las horas vespertinas al cafetln vecino al mercado de libros y punto de reunión de estudiantes famélicos y de empleados en huelga de oficina .... Ah!, después de sentarse, sacaba
uno por uno los libros recientemente adquiridos, pasaba amorosas y satisfechas miradas por la elegante tipografía ó por los anchos márgenes, y si notaba una hoja grasienta ó demasiado amarilla ó llena de
moho, sacaba de su bolsillo un pequeño estuche, aplicaba el ácido oxálico, el cloro ó el polvo mineral
hasta que la página limpiada recobraba su antigua tersura ó su color original.
En cierta ocasión pude convencerme del fervor de su culta manla y de su rara erudición. Habla
entrado al café acompañado de otro individuo con quien durante cierto tiempo estuvo platicando en voz
baja; pero de pronto su voz se elevó y sus vivos ademanes realzaron la viveza de su discurso:
- •Le digo á Ud. que ya no hay libros- decía á su intel'iocutor, que ante la verba torrencial del bibliómnno osaba apenas aventurar uno que otro monosilabo,-le digo á Ud. que el aficionado no tiene
que hacer ya! Yo sigo viniendo ni mercads, por costumbre, po1·que me pesarla dejar pasar una casualidad, una chance imposible; pero es una quimera .... nada se encuentra!
Le parece á Ud. que vale la peua de molestarse este Kempis de 1700 ó estas Fábulas de Esopo; el
cuero repujado del eucologio es un primor¡ los grabados de las Fábulas en cremaille1·e tienen mérito
l'nmo simple xilografía; pero en esencia no son nada .... Ya no hay libros, amigo.
l),•sde las •Cadenas• y los , Portales,• de unos veinte años á acá, no recuerdo haber comprado nada qud valga la pena. Mi última adquisición séria fué un manuscrito del Barón de Humboldt con croquis á lápiz de flores tropicales ....
•Las Cadenas• si vallan la pena; ah! encontró el Padre Grajales aquel in 8°, un Virgilio de 1500 marcado con el ancla y el delfín de Aldo Manuncio! ¡Qué letras aldinas, amigo mio! El Padre compró ese
libro en diez pesos y ahora dicen que está en los Estados Unidos en la biblioteca que fundó el millonario Astor. . . . ¡Calcule lo que los yanquis habrán pagado por éll
Y el bibliómano siguió hablando; deploraba los actuales tiempos y tenla entusiasmos extáticos al hablar del paimdo. Disertó sobre los incunables, sobre los speculum y sobre los donatos, sobre las ediciones xilográficas y á propósito de las encuadernaciones suntuosas de Gascón, de Morris y de Grollier,
Habló de las ediciones de la Cruz de Lorena, de los Libros de Horas y de los Ars moriendi1 del
Oatholicon y de la B iblia Jfazarina, de Venecia y de Maguncia, de Estíene y de Plantln.

VENUS PIA.

Si pues eres hermosa, y el encanto
De tu helada blancura me recuerda
La palidez lunar de las estatuas
Y la adusta expresión de Citerea,
Despoja de prestados atavíos
Y velos importunos tu belleza,
Y revive á mis ojos la tranquila·
Actitud de los mármoles de Grecia.
Nada de cinturones en tu talle,
Ni en tus brazos adornos de pulseras,
Ni sortijas gemadas en tus dedos;
Ni un hilo de diamantes en tu fresca
Garganta, ni coturno que deforme
Tu pie y señale el raso de tu pierna;
Sin que sujete el haz de tus cabellos
La dentadura cruel de tu peineta.
Yo mirué á tus plantas, a1-robado,
El altivo perfil de tu cabeza,
Tu frente de contornos impecables,
Tu afilada nariz, tu frente estrecha,
Y las combas turgentes de tus senos
Y el gálibo triunfal de tus caderas.
Contemplaré tus gracias sin que turbe
Mi culto la malicia, sin que encienda
Mi sangre la lujuria, y exultando
Ante las perfecciones de tu excelsa
Forma, sólo distinta de una estatua
Por tus labios sangl'ientos, por tu trenza
De azabache, y tus ojos sin la fria
Expresión de Latona y de Minerva.

Jea

�ARo IV

MÉXICO,

P

QUINCENA DE J ULIO DE

1901

NúM, 13

REVISTA MODERNA
ARTE Y
DIRECTOR: JESUS E. VALENZUELA.

CIENCIA.
JEFE DE REDACC ION: JESU S URUETA.
Tip. de Dubldn.

EJM:ERIAGAOS.

S necesario estar siempre ebrio. Todo está en eso: es lo único . Para no sentir el horrible
fardo del Tiempo, que quiebra vuestras espaldas y os inclina hacia la tierra, es necesario embriaga1·se sin tregua.
¿Pero de qué? De vine, de poesla, de virtud, á vuestro antojo. Pero embriagaos.
Y si algunas veces, sobre las gradas de un palacio, sob re la y erba verde de un foso,
en la soledad lúgubre de vuestra habitación os despertais, ya disminuida 6 desapare·
cida la embriaguez, preguntad al viento, á la ola, á. la estrella, al pájaro, al reloj, á todo lo que huye, á
todo lo que gime, á. todo lo que rueda, á todo lo que canta, á todo lo que habla, prnguntad qué hora es;
y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, os responderán: Es la hora de embriagarse. Para no ser
loi esclavos mit·tirizados d el Tiemp:&gt;, emb:·iagaos, embria.r ao; sin d esca.n,o! D J vino, d e poesla 6 de
virtud, á vuestro antojo.
CrrALtLES

BAUDELAIRE.

FLOR DE OTOÑO.
Ven á escuchar mi cántig a oportuna
bajo el palio triunfal de la glorieta,
donde está deshojando tu poeta.
sus blancas ilusiones una á una.
Siento un largo Yahido que se adnna.
con la agonla &lt;le la tarde quieta,
ya baja el leñador de la meseta
y se dibuja el peplo de la luna.
Qué bello, junto al lago adormeci&lt;ln,
léjos del cieno y de la humana lidia,
besar tus labios rojos, mi sultana;
Mientras tornan las ave;; á su nid o
y los cisnes contemplan con envidia.
tu elegate perfil de americana!
Jos1~ LÓPEZ DE MAT URANA.
Buenos Aires.

PETA L LES pt;i LA PnurAvERA. -BOTTICELLT. - FIRENZE,

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                <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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              <text>Valenzuela, Jesús E., 1856-1911, Director, Fundador</text>
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              <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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