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                  <text>HEVI~TA MODERNA .

216

ARo IV

Pern, ¿qué psicólogo, para contc~taro~, sabría compal'ar, clasificar, gratluar, pesa1· tautas satisfacciones ó penas iucesivas que tienen su ella. y su hora y que se jnzgan tan diftirentemente A distancia?
¡ Cuántas alegrlas y dolores que se transforman, se atenúan, se volatilizan y palidecen! ¡ Cuántas pasiones que Sll calman!¿ En qué se convierten cuando uno envejec&lt;', c~os triunfos y esas contrariedades, esos
encantos y esas desesperaciones? Sin embargo, quisiera concluir y puesto que interrogais-especialmcnto quizá-al poeta y al autor, siento más facilidad para contestar.
Separemos los grandes asuntos, familia, patria, deber, hechos para el respeto y el silencio; tlcscl'n·
damos Aaventuras más vana~, á impresiones más accesibles y ponderables. Entonces, diré que mi mayor
alegria literaria ha sido conocer el triunfo, iba á decir, la popularidad, sin haberla solicitado ni buscado
PQr ejemplo, en la rno" r&lt;'prcsentación de mi drnma Los Ob1·eros, en el Teatro Francés. ¿ Y el mayor do lor? ¡ Ab ! no os riaif: es el de ser traicionado por su~ amigoF, en las horas decisivas, cuando se tenla In
ingenuidad de contar con clios.-Euyenio Mantu l.
Esta es una confesión completa.
Cualquier comentario 11!. dcbilit11rla y vnlt\ rn:1s to: minar.
JEA:S

(Trad. de •Revista Moderna.•)

CÁNTIGA.
I
Ya sé que es inútil, y adoro tu blanca. hcrmosur11 1
más fú!gida y pura
que el lfmpido ciclo del alba gentil. ... !
Ya sé que es inútil, y amándote voy, alma mi11,
y en honcla agonia,
sin fll ni esperanzas me muero por ti!
JI
Y cómo no amarte? de amor hechiceros
tus húmedos ojos parecen lejanos luceros:
murmullo en las hojas del Ar bol tu voz .. . .
tu imagen parece que flota en el viento ... .
granada es tu boca; tu aliento,
lisonja del airn y aroma de flor!

m
Ya sé que es inútil! .... Jamás nuestras alma~,
á la sombra feliz de las palmas
del verjel do la dicha hallarán,
ni el sueño inefable de blanda ternura,
ni rápidas horas, ni paz, ni ventura,
ni el agua serena del mismo raudal!

Ir
Adios, alma mla! la pálida luna
que oyó de mi canto la queja importuna,
también desdeñosa,
como tú, me negó su fulgor ....
¡Dulclsimos ojos, lejanos luceros,
ay de mi, si jamás he de veros,
y anheloso de luz, en las sombras,
l'l'l'ante camino, muriendo de amor!
:\[ILK.

BERNARD.

MÉxICO,

2¡\

QCJINCENA DE JULIO DE

1901

N-0-M, 14

REVISTA MODERNA
ARTE V
r&gt;il!l~CTOB: ,JESlJ8 F.. VALEN7.UEí,A.

CIENCIA.
,JEFE DE TIEDACCJO::-:: JESl:18 URU ETA.
T i}) d e D11Udn.

�REVISTA MODERNA.

DISCURSO
PRONl 'XCIADO POR El, SR, 1,IC, JESÚS T'RUETA EN LA VELADA ORGANIZADA POR LOS ESTl'DJA1'TES DE
,ltrlHSPR('DlsX('IA EN HONOR DFJ JUÁ1rnz, r, A NOCHE DEL

18 DE ,JULIO DE 1901 EN EL TEATRO DEL RE-

'&lt;ACDIIENTO,

O YESTJ m:: mi discurso con los luengos ropajes luctuosos de las graves oraciones fúnebre~; esta fecha no es una fecha de duelo colecth·o,
sino de universal regocijo; el 18 de Julio no es el día de la muerte, es,
se1iores, el dla de la resurrección. Que resuenen en los aires los himnos favoritos de la patria, y desparramen todas sus flores los verjelfü;
que los jóvenes dancen al son de las músicas sagradas, y los enjambres canoros de la poesía palpiten y vuelen como abejas de oro; que
todos los corazones se fundan al calor de un mi!lmo entusiasmo, y un
inmenso grito de júbilo suha al cielo anunciando los festivales de un pueblo! El versículo de la Snlamita
es eternamente cierto: el amor triunfa de la muerte. Benito Juá.rez no está bajo su lápida mortuoria convertido en ceniza; está dentro de nuestras almas convertido en idea, en sentimiento, en aspiración. Carifio
i1 la patria, deseo de libertad, sacrificios por el deber, luchas contra el mal, recuerdos de dolor y de g loria,
icleales tambiím de dolor y de gloria, todo eso es Juárez. Sublime transfiguración del hombre! Pudo el
pueblo engaiiado por el golpe brusco y por el poder alucinante de la realidad, llorar un día sus más
amargas lágrimas, ver ennegrecido por fatidicas nubes el porvenir, y en torno del pabellón cresponado maldecir al cielo y clamar;\ los infiernos! Juitrez, en su ataúd, descansaba. Se le creía muerto. Alli
acudieron sus discípulos de patriotismo y de infortunio, y en vez ele sentir la dolorosa agonía de la esperanza, sintieron brotar en sus almas una esperanza nueva .... Entonces fné cuando Guillermo Prieto,
infundiendo rn la frase toda la fuerza vital de su infinito anhelo, gritaba: c¡Dc pie, sefíor, ele pie!» y á ese
grito poderoso como nn conjuro, se hizo el milagro: el muerto sacudió el snclario y se puso de pie en la
concil'ncia nacional!
0

De los combatientes de vanguardia muy pocos quedan, y pronto abandonar:ln el puesto de honor.
l'neden caer, no importa! El hombre al morir, retofía en su descendencia, y sus obras no se pierden en
la incesante elaboración de la historia. Bazaine proviene de los grandes traidores y Gambetta de los
grandes defen~ore1,; Esquilo y Cervantes tienen la misma filiación gloriosa de héroes poetas, y en los
anales de nuestro muodo, siempre que el espíritu humano ha estado en peli.,.ro de muerte se han repe°
ti'd o 1as salvadoras epopeyas de Maratón y Salamina. El hombre dura mientras
dura su 'esfuerzo, por
eso son inmortales los que trabajan por la libertad. Las naciones deben sus enorglas más á los muertos
que a los vivos. El polvo que piensa no ,·uelve al polvo. La idea es fuerza de incalculables resultados:
penetra, se difunde, se transforma eternamente, es el espíritu de que habla Goethe, •tejiendo en los talle•
res del tiempo el ropaje viviente de la divinidad. • Toda pal,ibra fecundiza, toda predicación deja su semen en _el surco. Los libros de los enciclopedistas se co11virtieron en la sangre de la revolución burgue~a; los hbros de los pensadores modernos serán la sangre ti•• la t·eyolución obrera. Renan dice bien cuando dice: • pucae la iglesia anatematizar á Yoltafre, puede la influenciada y temerosa mano de la madre
quitarlo de tu biblioteca .. , . de tí no lo arrancarán jamás, porque Yoltaire eres tú mismo!• La idea en ae•
tividad atraviesa la historia en una serie de encarnaciones di,·ersas: Hidalgo con el tiempo se llamará
,Juárez; el T'Pnsador ;\lexicano aparecerá un dla en la Academia de Letrán con las facciones cobrizas del
Xigromante, Y la mirada de lumbre de ;\forelos fnlgurar?1 rle nuevo en los anteojos del "'eneral Zara.,. 0 za' La historia es una pasión, porque rs una pasi ·n lit viin: grandioso combate perclu;able en que las

,

219

Vtll·dadc~ y las bellezas y las virtudc~, se conquistan en lt&lt;'catombes i1imcnsas que marcan con su rastro
rle dolor y ele sangrn el lento itinerario humano!
.
,
.
Ei creencia comunisima que no tll¡temos en nuestro~ anales patnos un solo hecho de Ulllversal trascent!cncia, que nuestro"s martirios y nuestros triunfos son triunfos y martirios puram~nte nacionalei:.
La re,•olución francesa, se dice, es un hecho 1rniversal; la Reforma mexicana es un hecho local. No comprt•ntlo In historia con tan mezquina filosofía.. f:I progreso •~o se m~tila. Todo o~tá_ encadenado, todo
rienci sn 11'1' . El movimiento de un astro coopera á la armon 1a del unfferso; el mov1m1ento de un pueblo
coopera :í ·la armoní1t uo la humaniJatl. Para la obra final de redención y de amor, poco importan las
difon•1tcias de razas y de medios; en el fondo de las más contrapuestas tendencias hay elementos comunc~1 y todos los ideales se fusionan en un ideal supremo, profnnclamente humano, religión de todos, de
los que sufren y de los que gozan, de los parias y ele los libres, Zcus luminoso para los gl'iegos, Dios ~e
misericorJia para los por¡¡•e~ de es¡&gt;iritu, verdad serena. para el sabio, inmaculada belleza para el artista. Sobre todas las patrias está la gran patria, la naturaleza infinita. Todos tenemos obligación de darle
nuestras actividades para fecundarla, toclos tenemos derecho á los brotes de sus entrafías. Para comprender al hombre en sus ohras, es ante todo indispensable estndiar su nacionalidad¡ pero luego, el ani~lisis
tld&gt;e taladrar hasta las últimas capas del cspiritu, descuhrir los e!cmentos irreductibles, despojar do revt•stimientos posteriores el n11cleo primitivo, poner :'L desnudo la fibra humana, la que al vil:lrar hace vi·
brar nul•stro corazbn &lt;'ll sus más atávicas profundidades, arrancándonos !,\grimas con el Quijc,te, esa sublime el&lt;'gia de la risa, ó haciéndonos estrcml'cf'r con los tr:'1gicos 1•stremecimientos ele Hamlct ante los
peligrosos bordl's de lo insondabl&lt;'.

Pues i,icn, llenito Jnárez t•~, ante todo, mexicano: las grnndezas de su carácter son las grandezas del
carácter de su raza, realzadas en (•I como una concreción y como una slntesis¡ pero sobre todo, ea un
miembro ele la humanidad, una figurn de primer orden entre las grandes figuras ele la historia, r.anrlillo,
hc'\ro&lt;',-tomo estas palabras cu su significación épica-de los que se ha dicho, en intencionada frase, que
no tienen patria, porque sns actos son como gotas de sangro que circulan en el organismo entero de la
humanidlld, nutriéudolo de vida y floreciéndolo ele amo1 !
¿Cuáles son los elementos profundamente humanos del carácter de Ju,irez? Lll cou~tancia heróica Y
la fe en Dios. He recogido, seiiores, de los labios de mi padre, un hecho sencillo en su magnitud, que
aiios ha relataba YO ante la tumba del Ilencmérito, y que quiero deposita1· hoy en la memoria ávida de
la juventud porq~te revela mrjor que cualquier análisis, el espíritu de J nárez, espíritu •de hierro Y de
roca,• com~ el del rebelde encadenado esquiliano. Los pat1·iotas que á través del desierto conduelan
el arca santa con las reliquias del pueblo, llegaron á Chihuahua, llevando la patria, como Danton, en las
suelas 1le sus zapatos. En una sala, apenas alumbrada por las agonizantes luces del crepúsculo y eu la
triste penumbra del fondo, estaban sentados J uá.rez, Iglesias, Lerdo, Prieto .... ya dii¡puestos ásalir rnmbo al Norte, pues de un momento á otro se escuchada on las calles do la cilfdad el red~ble de las ava~1.adits francesas. Todo, como esa sala, estaba triste; algo muy querido parecia acompanar en su agoma
al crepúsculo .... La cara ele Juárez tenla la impasibilidad dura de una máscara de bronce. Las tormen•
tas de su alma no relampagueaban en sus ojos. No estaba cansado; no sufría. Se habló de la situación
del país: el señor Lerdo disertó sobre derecho internacional, como siempre, admirahlement~; Guillermo
Prieto dijo algún chiste, como siempre, delicioso. La atmósfera estaba saturada de angustia. • • • Aquellos hombres espectrales no se movían, no se iban, no huían! Juárez dijo á sus visitantes: • Aún hay tiempo de fnmar un cigarro; nada está perdido; creo poder volver dentro de cinco años á cmocar la bandera
en el Palacio Nacional.• Cinco años! No pasó uno, y la bandera ondulaba en la capital de la República,
:'1 los soplos ele la libertad! De manera que ese hombre, sin dinero, sin ejército, en los limites de su país,
cuando nadie crela en él, excepto él mismo, pensaba resistir cinco años más! Con una perspectiva asl de
negra, asi de vacía, desdeiiaba el puiial que le ofreciera la tentadora sombra ele Catón! Nó, no tiene
razón el Nigromante, no fué sublime el suicidio del romano, porque aún algo le quedaba que hacer por
la República, sufrir y espei'ar; no fllé sublime porque perdió la fo, pot•que dudó de su alma. Juárcz es
más grande: derrotado por el destino, todavia pedia cinco afíos de infortunios para vencer al destino!
Bit-n se conoce que la hoguera de Cuahutomoc iluminaba su conciencia!

Nadie creia on él, triste verdad! F.rn el dla sagrado, el 15 do Septiembre, El General Bl'incourt
ocupaba Chihuahua. Al derredor de la humilde pirámide que levantó el cariiio popular sobre los restos
de Hidalgo, se cometla un sacrilegio: los franceses y los traidores celebraban la independencia de nuestro suelo! En cambio, algunos buenos patriotas organizaron on 1-a capilla (le la Parroquia una. lllisa dl'
DuPlo, y alli fneron con sus hijos las madres eulntadas ¡\. llorar la mnerte do la patria, {~ enterrarla
para siempre., .... Las oraciones cra1i gemidos; en las baldosas arrastraban las gasas fonerarias; lo,i
ojos húmedos se clavaban en el llag1\Clo cucl'po iwl Redentor¡ el órgano sollozaba el misererr; el incienso

�HEVT!::&gt;TA MODERNA

REVISTA MODERNA.

euvolvla en uubes seráfica1:, las cabecitas de los muos...... Juárez! Juárcz uo volverla, imposible!
Y uo sólo en las lejanas fronteras, no sólo en la pobre parroquia de mi pueblo, sino en toda la extensión
del pais, hubo un abrazo implo de conquistadores y traidores, y una misa de dueto de todas las madres
y de todos los hijos, bajo la negra, bajo la infinita soledad del cielo! Juarez! oh, Juárez uo volvería, imposible! Juárez volvió. Ah, Señor! si ese hombre, que tuvo que combatir no sólo á los franceses, no só.
lo á los traidores, no s1lo al clero, sino también el escepticismo del pueblo, y que venció no sólo á los
franceses, no sólo á los traidores, no sólo al clero, sino también el escepticismo del pueblo, no figurara
en la historia de la humanidad, no fuera una gloria universal, tendrlamos derecho al mal, á la destrucción, al suicidio, arrojando nuestros fastos y nuestras virtudes y nuestros pensamientos y nuestros ideales y nuestras almas, á la combustión satánica de un infierno devorante y de una muerte ignominiosa;
Benito Juárez no es el Benemérito de las Américas, es Benemérito del mundo entero!
Y hoy que hemos perdido la fe en las quimeras del jacobinismo, pero que la tenemos cada vez ma•
yor en las verdades de la ciencia; hoy que ya no nos exalta la raudalosa elocuencia dantoniana arras!
trando en su furia mantos desgarrados y cetros rotos, pero nos entusiasma la serena voz de la filosofía
que deposita limo fecundo en tas almas y jamás desborda cóleras destrnctoras de su profundo cauce•
hoy que nos burlamos no poco de las disertaciones incoloras y pedantescas de Robespierre y estudiamos
en Ronssean un caso patológico; hoy que los reyes, los frailes y los nobles, que habían perdido la fisonomía humana con los corrosivos de la literatura demagógica que los llamaba y los llama, hidras, vampiros, e11driagos, nos aparecen en la historia cientlfica con sus facciones normales, como hombres semC'.
jan tes á las demás hombres, algunas veces liberaleP, complacientes, a1 tista~; hoy que analizamos y que
nos explicamos, sin odiarlas •á priori,• las etapas más infaustas de la crónica humana; hoy que ya no
creemos que la regeneración universal brote de no discurso epiléptico de encrucijada, aplaudido por el
populacho ebrio que deserta de las escuelas y de los talleres, y armado de formidables picas levanta &lt;'11
triunfo á Marat, grotesco y patibulario, sobre los bonetes rojos; hoy que no creemos en la utópica democracia del •Contrato Social,• idealmente bella, como un diálogo platónico, trazada á maravilla con l1t
armonía matemática de los silogismos, pero falsa de toda falsedad; hoy, por último, que vemos cvapo·
i-orse en el horizonte las últimas humaredas de la Con·,ención, devorada por sus propias llamas, estamos
en aptitud de comprender la personalidad real del señor Juárez, pasándola del mito á la ciencia, pero
sin destrnir el mito que es arte, de la leyenda á la historia, pero sin destrnir la leyenda que es poesía,
cumpliendo así con el deber que como ciudadanos y patriotas tenemos de preservarla de todo homenajr.
falso y de toda injusticia sacrilega, á riesgo de que la posteridad la encuentre mutilada y sucia bajo el
polvo del tiempo, como encuentra el arqueólogo los restos de los palestritas de mármol y de los atletas
de bronce que yacen en la tierra divina del arte, devastada por la ,·iolencia y por ta ingratitud! ( 1)

pavorosos y formidables arreos de combate.- Nó, no puede ser de ellos el scño'.· J_uárez.. El ho1~b~·e q_uu
castiO"ó todos los abusos para defender todos los derechos, el hombre que castigo todos los pnv1leg10s
para"defender todas las garantías, el hombre que castigó to~as las ~presiones para defender todas las
libertades, no es un cismático, no es un sectario, no es un rntrans1gente, e3 un Reformador. La base
de su obra es esencialmente económica; el fin de su obra es esencialmente moral. Fué un hombre de
paz, fué un hombre de amor, fué un hombre de progreso. Su esplritu no está en el odio ciego é inmoral
de las edades muertas, tenddamos entonces que odiarlo y Dios sabe cuánto le veneramos; está en el respeto del pasado, en el trabajo del presente, en la fe del porvenir, en el conocimiento de lo que hemos si•
do, de lo que somos, de lo que seremos, abarcando la prodigiosa evolución que si aún nos ha dejado en
tas extremidades de la mano las garras del carnicero velludo y delincuente y en las capas más hondas
del alma al apetito bestial y la pasión impura, empieza á poner en nuestras f1·entes los primeros destellos de la divinidad, como un beso matinal de la infinita poesla del amor!
y si alguna vez,-qné sabemos!-las pasiones estallan en tragedia, si la lucha se hace inevitable, si
Jos parches de Tirteo resuenan y marchais en las filas •cnbriendoos el pecho con el orbe del escudo,
blandiendo en la diestra la lanza sólida y agitando la terrible cimera sobre el ca.1co,• defended bizarra·
mente la figura de Juárez, dando actos heroicos á la fama clamorosa, defendedla en nombre del arte, cu
nombre de la cie_ncia, en nombre de todos los lienzos pintados, de todas las estatuas esculpidas, de todas las verdades conquistadas, en nombre de los que ostentan cicatrices resplandecientes, en nombre do
los que encienden el astro de ero de la piedad en las cimas de la conciencia, en nomb1·0 de los que bajan
con la lámpara de Aladino á las enh·aiías de la vida., en nomb1·e de los que llevan al costado una lira.madre de la estrofa que se desbarata en c:&gt;lores, en lágl'imas ó en cóleras,-cn nombre de la patria que
nos concreta, en nombre de la humanidad que nos contiene, y viriles, fuertes, invencibles, como hacen
los héroes de la Iliada con los caudillos rotos en la brnga, c:ibdd y proteged la figura de Ju;í.1·ez con una
muralla circular de clavas resonantes!

220

A la juventud toca tarea tan meritoria. Qué mejor homenaje pode1s rendir al muerto ilustre, que
hacerlo vivir incesantemente, con todo amor, en vuestras meditaciones y en vuestros estudios? 03 lo
disputan dos bandos enemigos: el Clero y la Jacobinerla. Uno 11roviene de Jernsalem primero y de Ro
ma después, de la ·ciudad pontifical y hierática, autoritaria y solemne, llena de ascetas con callosidades
en las rodillas y la.minas de oro en las frentes. No es divino; dejó caer en la sangre y en el lodo de la
vida el ideal de Jesús; es humano, es decir, bueno y mato. Sus grandes acciones le han dado lustre, su!!
grandes crímenes le han valido anatema. 8alvó la ciencia antigua de la rapiña de los bárbaros y prendió los leiíos del odio bajo las plantas de Juan Huss y de Jerónimo de Praga. Y hoy, contaminado por
el industdalismo febril del tiempo, en vez de abrir el Reinado de Dios con las llaves de Pedro, penetra it
saco en las ricas heredades del capital con los instrnmentos del agio y de la astucia. Y si desoye la santa palabra de León, de ese anciano blanco y bueno, cuyos labios manan amor como los panales miel, y
cuyo esplritu asciende á la muerte como una hostia sobre la humanidad arrodillada; si no vuelve, en pe1·egrinación expiatoria y en demanda de misericordia fL los huertos de Galilea; si con los supremos cxorcfsmos del arrepentimiento no arroja de su alma el Demonio del Vicio, entonces se entregar:i. ata&lt;lo de
pies y manos á las implacables justicias flamígeras de la Historia!
8i el Clero niega á Juá.rez, la Jacobineria lo deforma, porque lo hace objeto de un fanatismo, colo·
cAndolo como santo del calendario demagógico. Cisma, intransigencia, odio, guillotina, parlamentos clubs
llenos de humo de pipas y de vociferaciones de muerte, la decapitación ele Dios en el cielo y la feliciclad
salvaje sobre la tierra: bellos ideales! Tuvieron los jacobinos su papd en la Historia, tni.g ico siempre y :'t
veces grande. Hoy, han pasado de moda: son siemprn grntescos y nunca grandes. Se parecen al caba·
llero de la Noche y de la Muerte de que habla Tennyson, que oculta las tiacas fuerzas de un niiío bajo
(r ) Co n moti\'O de la calurosa d elensa que hizo de la J acobincría el estudiante D. Lázaro Villarrcal, que me precedió esa
noche en la tribuna, me ví obligado á aludir ásu di!rurso en estos 6 parecidos términos: " El vibrante orador de Ja Escuela de
J urisprudencia ha hecho una entusiasta apología del jacobinismo.. . . Es joven, aún vive con su ensueño en Jns turbulencias de
la Conven c_i,6n francesa. Y quié'.1, no ha sido jyobino en su j u\'cnlud ? Pero nosotros, que hemos perdido la fe en las quime•
ra.~. •• •_et~. Itago esta o~Jserrnc1on, porque algunas personns ha n supuesto q ue yo nirgo esas palab ras, habiendo ordenado que
s'." suprmuernn en la publicación que h i,o " El Imparcial" de mi cliscurso, No las niego, ni contrnrio; p!'ro como fueron improv1,·11das,_ como no estaban en mi mnnu scrito, "El Imparcial" no pudo imprimirlas.

Conclu ,·o. A vosotros os toca, jóvenes egregios, rehacer la patria moral, la patria intelectual, la patria,
viva y verdadera, la bella, la espléndida, la gloriosa patl'Ía, tal cual la contemplaban, con los ojos em ·
briagados de ideal, los hombres generosos que por ella afrontaron las cárceles, los destierros y la muer te. Yuestros padres le dieron el alma y la sang1·e: dadle vosotrns el ingenio. ~o qu.eremos apagarnos
en la historia. Recoged en el corazón la constancia y la gloria. de los magnánimos que hicieron la. Reforma, preocupados por la ciencia y el arte que deblais cultivar. Y el arte y la ciencia amadlos cou
verdadero amor; amadlos pot· si mismos, más que por los frutos que puedan produciros, más que por las
alabanzas que puedan conquistaros; amadlos como el ejercicio y la maniftistación en que la nobleza del
hombre aparece, en que el valor de las naciones se externa. Y sed buenos, y creed: creed CIÍ el aruor,
en la virtud, en la justicia; creed en los altos destinos del gé11e1·0 huma.no que asciende al zenit por las
vlas de su ideal transformación. Que la ciencia os csfaerce, que el arte Ol? consuele, que la patda os
bendiga!

o

y

�REVISTA MODERNA.
La hojarasca crepita dispersa
por las calles tortuosas del rancho,
do se ve agonizar un destello
t1·as los viejos postigos cerrados.
Y se escuchan, al par, el chasquido
de las ramas crujiendo en el árbol
y el pesado caél' de las gotas
en las áridas sendas del campo.
Las tinieblas se cuajan. El cielo
doloroso, en un ch-culo trágico
va ciñendo del torvo paisaje
los perfiles y el hórrido espacio.

Bajo un cielo plomizo y ventoso,
por aristas de piedra cortado,
el paisaje n!onótouo duerme
en profundo y solemne letargo.
Todo es gris: la silueta del·111011tr,
el inmóvil y frío remanso
que refll'ja en sus ondas obscuras
un jirón sepulcral del espacio;
los barbechos de glebas grieta.das,
donde yace el rastrojo hacinado,
olvidadas están las-coy undas
y descansan los roto(arados;
los cona.les de piso fangoso
que han hollado~pezuiias y cascos,
sobre el cual, por el aire impelidos,
flotan acres y fétidos vahos;
el humilde jacal del labriego,
mal envuelto en los-grises andrajos
.que el aliento de Otoño arrebata
del humoso fogón-solitario;
el derruido y vetusto convento
de sillares musgosos y pardos,
otro tiempo de monjes refugio
y hoy albergue de espectros y cárabos;
hasta el río de gárrulas ondas
y cristales bullentes y claros,
so las húmedas nieblas, yacente
hoy está, moribundo y helado.
Ya lobrece. Las sombras nocturnas,
como espesa humarnda, borrando
van el triste confín de occidente
con un negro y furioso brochazo.
Zumba el Bóreas; los vientos aúllan
remolinos de polvo aventando
y barriendo las nubes que conen
en tropel tumultuoso y fantástico.

El relámpago azul fosforece,
una cá1·dena herida trazando
en la lóbrega nube, que se abre
al sentir el feroz latigazo.
Todo es negro: las sombras envuelven
valle y bosques, montañas y llanos
que aparecen tan sólo un instante,
á la eléctrica luz del rel.impago.
Todo es negro: la noche profunda
va extendiendo sus alas de cárai:;o
y el terror culebrea en los nervios '
el cabello y la piel erizando.
'
A lo lejos, al fin ele la senda
que se incrusta en los duros peñascos,
donde empieza á afilar la montaña
sus aristas de pórfido y cuarzo,
empotradas en la áspera roca
y asomándose al hondo barranco,
$US ruinosas paredes levanta
en la sombra rural camposanto.

En la lúgubre noche, las hienas,
espantoso festín husmeando,
el recinto de muerte profanan
con su aullido agudísimo y largo.
A través de 1011 rotos sepulcros,
en la lívida faz de los cráneos,
¡con qué horro1·, con qué horror aparece
terrorífica mueca de espanto!
Tal vez sienten la garra acercarse, . ...
y alli están, impotentes y trágicos,
¡y del mundo, y del cielo, y del alma
olvidados, oh, Dios, olvidados! ....
)IASUEL JOSÉ

OTlJÓN.

3 ·

;:-~-

,~ ·-=--::..;;.=-~~---=--n•::FJ.1-

�REVISTA l\10UEHNA.

225

\·ida dll Lautos trances de angustia¡ me salva.ria de la reciente borrasca del mar d · l\lármara sólo parn
cru:tarme de brazos ante lo conocido, frente al !dolo anciano que ya n:icla pro:nctr, vien&lt;lo la Esfinge
mut•rta en cuyos labios de piedra se cl'istaliza el infantil problema? ....
:\le paseo por el cuarto, en andar instintivo, y me detengo un monrnnto junt1.1 ,le! ta11dour, esa estufa
a pagad 11, semPjante á mi espíritu, porque guarda en el fondo la ccni:ta fda.
l\le acuesto, á la hora en que el sol se va dejando colgado en el Levante su u~carlata manto pérsico,
sobre tapices apilados á la usanza de Oriente. Eso tiene para mi algún encanto, porque as! no se acostaba mi padre. i\Ie duermo creyendo en los fantasmas y en los genios de las leyendac¡ tártaras.
Un canto me despierta, con el alba: es la antigua canción sagrada con que el almohezln sal uda el
nuevo dla en lo alto de los minaretes: Allah illah Allah, -i:é Moltammed 1·e~·oul Allah!

VIAJE AL PAIS DE LA DECADENCIA.
11.
EN STAMBUL.

UANDO desperté, eran ya las diez de la mañana. Habla niebla en mi cabeza. i\lu
incorporé sobre los cojines y pasé la. vista sobre mi raro vestido exótico. Me hallaba trajeado abigal'l'adamente, á la turca. l\le froté los ojos, dejé pasar entre mi
abierta boca un bostezo alicóncavo, moví mi cuerpo soporoso con desenrosques
de boa, y lentamente fué la quilla cortando la neblina letárgica, y los rayos de
luz dijeron de rumbos y latitudes. Luego tendióse la vela mnemotécnica en viaje
reti·oactivo hacia el recuerdo, y fueron pasando las lejanas indecisas riberas: mis
vuelos de pájaro incansable; los escollos, famélicos de cascos, listos siempre á triturar mi nave con la
sáxea mandíbula; mi3 ansias nunca extintas, mi sed de goces, la Dicha en fuga, la Quimera, perseguida
por todos los puntos cardinales, siempre lejos, danzando fantásticamente, espPjismo del inmenso desierto .... todo, todo, hasta no llegar á la fiesta próxima, al desenfreno de la víspera, en que el Placer ebrio
y harto regó su vaso de torpezas sobre el deslumbramiento de los tejidos asiáticos.

Hacia varios .ueses que un steamer me habla llevado á aquella misteriosa Stambul; y el oro que salió profusamente de mi bolsa pródiga franqueóme de un golpe muchos portales esculpidos.
Habla presenciado ya soberbias fiestas; pero el jolgorio de aquel dla anterior estaba muy lejos de las
zambras decentes de los pachás y de los mushires: aquello fué un desborde encanallado, una baraúnda
báquica y priapesca que me hizo amanecer con acérrimos ardores de piel y con vagos dolores de hipocondría. Aún me parece ver las cobrizas bandejas de donde se espil'ala el odorante efl uvio de las pastillas del Serrallo mezclado con el humo del lembaki; músicos árabes sonando su tan tan ó entonando
canciones fantásticas de Oriente; bujías que deseuelgan su leve gaza rosa desde sus globos de tulipanes
de ópalo sobre trajes recamados de perlas y sobre las colgaduras de Smirna. Aún siento un mi boca el
sabor del blanco vino de Ismidt, el único que dejan á labios mahometanos las suras del Profeta; y recuerdo, como en la brumosa lejanía ele un sueño, la salida del salón, la entrada al tugurio, el festival asqueroso, llegado al paroxismo .... De mi vuelta, nada. Sin duda me trajeron en brazos los buenos hijos de
Allah, y me dejaron ali!, sobre el diván, fardo de huesos, carne abita, vestido con mis prendas constantinopolitanas.

E l calor me sofocaba. Tiró el turbante, las polainas doradas, la chupa de flotantes mangas. Me tendi, desnudo, en los cojines, y pensé .... ¿Habrá algo nuevo, algo virgen, algo que desflorar con lamateria ó con el alma, algo que haga temblar las vibraciones entre los viejos flancos de la interna lira?
l\Iás! .... más! .. .. Oh! .... el Hastío! ....

No quise salir. Q11edéme en casa, precioso palacete del barrio del Taxim, de espaldas en mi lecho,
escuchando el ruidoso movimiento de la calle. ¿Ya no me quedará nada que ver? ¿Habré escapado con

Beshir, un negl'illo que se halla á mi servicio, me trae una hurncantu ración de cafc de la Arabia.
Va í1 retirarse y le detengo.
-Oye, vas á conducirme al instante á la casa del hodja más famoso que conozcas.
-¿El señor le tiene miedo á Cheiton? ....
Yo sorbía mi café, abrasándome la boca, precipitadamente.
llablo conmigo, entre dientes:
-Que me dé algún brebaje maldito. Dicen que hay simples en O.-icnte que abren las puertas de los
paraísos y enseñan muchos nuevos á los que nada encuentran en el suyo. Que venga el Artificio! Con
la fiebre se goza, porque pasa el corcel cargado de mentiras y esas mentiras son divinas realidades para
el que oye extasiado el repicar de cascos del Delirio. Quiero que la Verdad esconda sus toscas ubres
laxas y salga la adorada l\Ientira, para que haga brillar sus lentejuelas que dan á mis ojos fulgores de
diamante, y venga la amable Calentura á vaciar en mi vaso su precioso licor de cáñamo indio! Yo quiero
que me engañen! ....
El muchacho se aleja de mi lado, algo medroso.
-El señor no está bueno.
Salimos.
-¿Es muy lejos?
-En el barrio de Gálata, sefior.
Andamos. Yo no hago más que buscar las pilas du Volta du los llam uantes ojos otomanos tras de las
rPjas de los shakisirs y á través de las misteriosas celosías de los haremli!.:es. Es lo único que me queda:
la quimera del goce en el regazo. Siempre que veo de lejos la esperanza es asomándose en el pórtico
rojo de dos labios carnosos; siempre que la dicha me canta sus promesas es sentada-paloma lista al
\·uelo-sobre el torneado alabastro ru:;:algún hombro desnudo. Mas la luz intermitente vacila con el más
débil soplo de mi fantasma negro, y el oro de la débil opulencia solar se anega de tiniebla en angustiosa
11gonia de crepúsculo¡ la Esperanza oculta su anhelosa cabeza y ciel'l'a con pavor sus puertas, y el pájaro emprende el vuelo y va á. perderse entre los hondos enigmas de lo azul. Y, ya en tinieblas, mi vihión abre sobre mi sus alas memb:anosas, más obscuras que la noche profunda, mancha fatídica, condensación ele abismos, rotulada la frente con esta enseña livida: EL HASTio!
Sigo caviloso, sin notar casi á las gentes con quienes topo: el arrogante lilca clarineando color en su
uniforme, los derYiches, que salen de alguna mezquita funeraria y en cuyos labios aún tiembla la oración de difuntos; las viejas j11dias, con sus jubones lentejueleando al sol y sus gorritas verde manzana;
el regimiento que pasa, las fanfarrias, el bey, los alabarderns con trajes recamados de oro y tocados con
luengas plumas glaucas .... Cuanto se agita y bulle y es pe.jea en los trajines de las calles musllmieas
,·ale muy poco para mi. Nada veo. Sólo tengo ojos para mi escenario interior, en donde se ha prendido
un nuevo lampadario, una nueva esperanza, otra dicha en promesa, que no es la de la dama de la puerta roja ni de la arisca paloma del torneado alabastro: una luz de hechicero, luz de santuario tenebroso,
destello tumulario, promesa de ultratumba: el brevaje del hotlja!

Llegamos.
Oyó atentamente el relato Je mi mal, con gravedad de físico, con la indiforeucia de quien ha visto
mucho raro en su cllnica.
-Hágase usted la cuenta de que se halla en un templo de su religión, á. los pies de un sacerdote.
Confiésese usted conmigc. Si después de oír á usted, le juzgo bien listo para recibir la impresión de algo que por el momento me reservo; si es usted bueno para el caso y su organismo se halla preparado
iniciaré á usted en misterios de apariencia vesánica, misterios impenetrables para los seres bien equili'.
brados, para los a~euros felices y para los cerebros que gozan de la pasividad dichosa de lo sano, pero
que para usted-si, como creo, me resulta bueno, esto es, enfermo- constituirán la fuente más eficaz ele
gratas impresiones, gratas por bellas y por nuevas.

�226

Dije:
-Señor! El viajero ha llegado á la ciudad, ha recorrido todas sus barriadas, ha frecuentado todos
sus paseos, ha caldo en todas sus charcas y ha saboreado todos sus encantos. Ya nada le resta, Y aúu
tiene que vivir en ella mucho tiempo. ¿Qué mayor tortura?. . . . . Todo lo he visto, señor! En esa gran
ciudad de cantones dispersos que llamais Mundo todo está ya gastado para mi. Turista fatigado, me
angustia la monotonía. Como los melancólicos hijos de Albión, el spleen me devora.
-¿Habeis agotado vuestros puntos de viaje?
-He estela.do todos los mares y recorrido todos los caminos. Lo he visto todo. Castillos que boste•
zan, como yo, de tedio á las orillas del Rhin y palacios de mármol que reflejan la nostalgia de sus fastuosidades en los canales de Yenecia; el gorro de enfermo de los volcanes escandinavos y el humo que
sale de la ancha pipa del Vesubio, ese criollo ciclópeo que acuesta sus perezas en azules cojines y mira
á su adorada Nápoles, favorita del ardiente Sur, ceñida su cintura con el chal de sus colinas color de
primavera; he oldo la linfa leda de las Castalias y el desplome tonante de los Niágaras ...... Todo .... .
Todo!. .... Vahos ardorosos del trópico y carámbanos árticos; rostros rubicundos, caras morenas, cutis
ebanáceos, ojos oblicuos, pieles rojas ..... Todo ..... todo, señor! Me he adherido á todas las mesnadas; he tenido comercio con todos los rebaños del mundo: con los hijos de Sem y con los hijos de Jafet y
con los de Cam el Maldito. Y nada. Tras la nueva visión, el fantasma que viene y sopla, y la luz que se
apaga, y la sola compañia de la sombra con su letrero lfvido!. ... EL HASTío!
-¿Ha.beis afrontado peligros? ¿Uabeis conocido monstruos espantables? Hay goces en el rirsgo....
¿entendeis? ....
-Del pals de los drusos, descendí á las llanuras beduinas donde hay hombres feroces cuya piel es
un ébano historiado por absurdos tatuajes. Desafié las iras del sacerdocio profanando vuestra l\Iezquita de Eyoub, aquí donde hay esclavos misérrimos cuyas plantas sangran á los chasquidos del com·bash;
me batl con un orangkubub en los hoi;r¡ues de Borneo, y hasta creo haberme sentido aprisionar por el
monstruo hermafrodita que encierran las floridas en sus breñales laberlnticos.
-La mujer! Adormeceos en el desenfreno. Que el bochorno de la caricia cálida dé sopor voluptlto ·
ijO á vuestros miembros, ó que el Céfiro puro de una pasión platónica traiga frescuras nuevas á vuestra
alma. Iníciaos en todos los secretos de la Astarté fenicia; penetrad en los caldeos templos de la Venus
l\Iilita, llevando en las manos los sfmbolos del Falo y del Cteis; desenfrenaos en las fiestas ludicas de lle,·
li, ó buscad una Electra que os descubra sus sueños virginales á través de su cendal blanco y purísimo
corno la intacta evanescencia del ampo.
-lle sufrido todas las iniciaciones. lle descendido por todas las escalas. La mujer de Loth me ha
visto haciendo gala de todo lo inaudito, y sobre mis embriagueces nefandas ha caído mil veces el l\Iar
l\faerto. Los lapones me han cedido sus tálamos nupciales; be mordido sabrosas manzanas lascivas del
país de los Faraones en medio de los recuerdos magníficos de Carnac y entre el tumulto de las fiestas de
Tsis; me he bañado en el Termodonte con las bijas de aquellas soberbias amazonas del Cáucaso; he gozado las dulces mistagogias de la Anaitis armenia y del templo sirio de llierápolis ..... He bebido mucho ..... Me be embriagado con todo! Ya nada tengo que beber!. .... He amado y he poseído. lle saciado el espíritu, y mi vientre ha sufrido las repulsiones del abito. Aquí, en vuestra vieja Stambul, paseé mi amor-un amor casto-por las umbrosas riberas del Bósforo, á la hora en que habla sobre el
agua rieles de luna y som·&gt;ras de yalis, sombras temblorosas en la linfa corriente;. y aqui también crucé
vuestra ensenada, bajo el faro de Diana, en caique aligero, recostado sobre tapiz de seda, entre cojines y mantas '.opulentas, en la bullente combustión de mi sangre, envuelta mi cabeza con una cabellera
de sultana, y sorbiendo en labios,-copa roja de oriental cornalina-todo el incendio de los vinos do
Chipre ..... lle sido en esto muy avaro, señor. Mis arcas han ti,nido hambre y sed de esos tesoros. He
oido el severin saliendo á deleitarme de toda garganta de mujer. Me han arrullado con la frase felpuda
_,. cálida de sus caricias las perezosas odaliscas de los grandes harenes, á través lle la rica muaelina de
los yashrnacks, lo mismo que las hijas del pueblo, bajo el pobre feredjé de sucia lana; la esclava de las
montañas de Circasia y la cristiana armenia que pone sutiles redes de oro sobre la red de su cabello de
endrina. He levantado el habbara azul de las bohemias, he sentido todas las epilepsias del afrodisiasma
bajo el humilde techo de los gourbis y bajo el roble esculpido de vuestros magnates, entre biombos de
Yedo y entre las a.greñas cortinas de las Rarabús de Polinesia. He conocido, señor, todas las carnes. Os
repito que nada tengo ya que ver, y nada nueYo encontrarla ni en el culto de los Cabires ni entre las
orgías de Samotracia,
El viejo me miró fijamente.
-Bien, me dijo, esta.is preparado. Ya1s á emprender un gran viaje ideal que os proporcionará supremos goces.
De un estuche, un frasquito, imposible de pequeíiez, como el dedo meñique de algún Puck nigromántico: Una gota en mis labios, :r una ducal refulgencia en mi cerebro. Vesubianas incandescencias
en mí sér. Transfiguración. El suelo que se escapa, y, por mis ojos atónitos el desfile de una radiosa fuga de soles chispeadores.
l\Ii corteza se helaba. l'IIe rl salir de mi propio cuerpo yerto, y, otro yo, etéreo, impalpable, provisto

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REVISTA MODERNA.

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de suaves alas angélícaP, remonté el vuelo, y seguí á una visión, no fatidica y negra, mas luminosa, son- ,
riente y adorable.
Llegamos, la visión y yo, á la cumbre de un monte, en donde tiene el Yéi-tigo su nido. Entonces ví
á mi gula en toda su verdad. Las formas de un efebo, pero sin materia real, impalpable y et(•reo como
,·o. En sus ojos habla ortos de genio. Sus labios- tan frescos que todos los juzgaran recién apartados
~el matemo seno-eran hechos para la Gran Sabiduría. Cada una de sus sonrisas era una luz de Ciencia. En sus labios estaba la clave de los obscuros enigmas.
- Yamos!
Tal dijo. Y partimoB.
S.lNTJA(;0 ,\RGÜELLO

(Continuará).

IN MICMORIAM.
18 de Julio de 1901.

I
Ah! la humildad en su escarpada. hondura
Lo que ilusiona y resplandece crea;
Anida el ruiseñor en la espesura,
Y se forjan los rayos en la obscura
~ubc que sin cesar relampaguea.

Grano maduro que voraz levaula
El ave, la maleza que te escude,
Y de grano que fuiste serás planta
Y rnn.r pronto tal vez, árbol que cauta
Si eufurcci,lo viento te sacude.

Espíritus geniales, la coyunda
Del dolor, frentes altas encallece;
¿Qué peiíascos el musgo no eircuudal
Aun la misma mujer, mujer fecunda,
Tan sólo por fecunda pa'ídecc.

Y d débil en la lidia titubea;
El paladio que abona tierra inculta
Con sangre, no es alondra que gorjea
Cuando tímida el alba pestañea
Y al funeral atardecer se oculta;

Es el que lucha, como férreo arado
Que repuja el rozar de las arenas;
Se despedaza, pero labra el prado.
¡Oh! Ulises que marchaste á un resultado
Desoyendo el cantar de las sirenas!

A tí el audaz enviado de la. infecta
l\Iansión de los humildes-Oh! videnteEsperan las Repúblicas; inyecta
Tu constancia en sus venas y proyecta
Tu sombra sobrn el Nuevo Continente.

u.

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II
Almas sin sueños, sia amor, sin rosas,
Que girais en el mundo atolondradas,
Taciturnas, enfermas, dolorosa11,
Como enjambre de negras mariposas
Eu cristalino globo encarcelada,;

¿Que abógan~e cn el polvo de los añosSeñal de olvido y pequeñez- las grandes
Pirámides de Egipto? Oh! desengaños!
Tú eres más grande que ellas, son peld11i'íos
Para llegar ít donde estás, los AndeR.

No lloreis; ya volvieron las pertlidas
~aves conquistadoras de idcaleF;
Las pupilas secad, enrojecidas
Por angustioso llanto, como hcriJas
.Abiertas con finísimos puñalce.

La. envidia, el dolo y el rencor-serpientrsNo han de morderte mientras fe y anhelo
De una raza patriota representes;
¡Oh! nunca, nunca rasgarán los dientes
De las mont11ii11~, el azul del cielo.

,."'..
Brillan proas, y cascos, y timones,
Y en las olas que cantan, ríen y huyen,
Refléjanse rojizos pabellones
Y parece que extensos cuajarnucs
Sanguíneos, se fragmentan y diluyen.

Y,,¡ 111ito Poli femo- aún no se al1•j11;
J'cro aunque su ojo y su vigor recohrn,
No apagarán sus piedras la. bermt&gt;ja
Lumhre dlll Sol, que al declinar srmPja
lrn incPnRario dn brniihlo colH1•.

De palomas un vuelo inmatulado
Feliz augurio-pasa ante la vista
Centellante del pueblo entusiasmado,
Como si el aire hubiera arrebatado
Un montón de pañuelos de batista.

E11ci11a, estrella, luchador, querube,
,(Quién ha dicho que has muerto? tu almasube
Mientras tu cuerpo lo prott&gt;ge un saucr;
El genio es linfa que se trueca en nube
Y aquf abandona con dcscl(•n su caucn.

Llegan de lejos hálitos de frondas
Y en su brutal respiración de fragua,
El mar anilla sus espumas blondas
Y arremolina sus flexibles ondas
Como si alguien soplase bajo el agua.

Y esos tenues sonidos apaga.dos

Retumban en los montes los cañones,
Como espigas se doblan las cabezas,
Inmóviles están los escuadrones;
Ya viene el vencedor, entre pendones
Y al compás de triunfales l\Iarsellesas.

Ecos claros redobles de tamborrs,

r

De los címbalos presas de temblore~,
,,an iL ti, como pájaros cantores
Que vuelan á los fértiles sembrados.

Oh! pasa triunfador, nadie solloza.
Su lengua el entusiasmo que desatl';
La lid sangtienta terminó, reposa.,
Y en la tumba, panoplia prodigiosa,
Ye [L colgar tu arma.dura de combate.

III
Tú guiaste las naves combatidas
.Atrevido J asón; los idiiales
Son tus leyes en mármol esculpidas,
Radiantes, como antorchas encendidas,
Sólidas, como enormes catedrales.

Oh! Juárez: quién tu excelsitud restringe?
Tú fuiste aquel que viajador se finge,
-1\Ias no pesando sobre tí un estigmaQue del error despedazó la esfinge
Y de las almas descifró el enigma.

Exhalaste un enérgico reproche
Cuando de esclavos la legión gemia;
Como el aljófar bienhechor, de noche
Bajaste raudo de tu Patria al broche
Y la dejaste al dei;puntar el día.

A1rn ,. C. SALAZ,\11.

229

�230

REVISTA .MODER~A.

I

--.-

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. -._
.....
-'""
.
"'--:Z ..:., --~:·u., ~

:

tIUAREZ.
z

o.,.

..:

( POR ET, COmTt; DJ,J EST UDIANTES DE TOl,l' ( A.)

~

~o era un acto patriótico, &lt;'ril hnmnnn;
la civilización es infinita;
.Y Juárez ~l.'ifalaba con la mann
In tnmba que devora y resucita.
Ln. humanidad, por la difícil sencla
&lt;l&lt;&gt;I Bien y ,Je! Amor, tuvo en el alma
aliento al fin para arrancar la vcn&lt;la
.Y abrir los ojos y ceiíi1· la palma.
La palma del martirio que transforma
&lt;'ll trinnfador al siervo que se agita
cual germen en F.! Cosmos .. . . ¡La lleform11! .. . .
La civilización es infinita.
¿Dónde estaba Jesús? No era &lt;'n &lt;'I t&lt;'mpln.
St1rcaba sin rumor el Tiberiades,
y en onda inmó\'il su divino ejemplo
ma sombra á través ele las Edades.
¿,F.ra fe la mentil'a? ¿Luz la sombrn?
¿Un dolor el placer? ¿''irtud el Yicio?
Oh! Dios! quien te conoce no te nombra
si á ti no se alza en duro sacrificio.
Y surgió el Bien con el Amo1· eterno
&lt;la un estancado mar de odio y maldad&lt;•~;
y se vió que Jesús, sobre el Infiemo,
~meaba sin rumor el Tiberiades.

H
u,

o,_¡

Y vino la traición, ¡con qué perfi&lt;lin!
y alzóse la República, ¡qué gloria!
y fué la roja sangre en esa lidia
la tinta de las hojas de esa historia.
El dolor nunca vence ni quebrantn
si sopla el Ideal sobre la frente;
l:i. libertad! la libertad .... es santa,
si pasa como Dios de gente en gente.
Remembranzas de mártires soldados
que iluminais así nuestra memoria,
triunfásteis al morir, inmaculadoi:,
y alzóse la República, ¡qué gloria!

~

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A

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¡.,
~

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~
~

A

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o
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f'1
¡.,

z
lil
w

'

...

...

¡Citar un episodio, diez ó ciento!
que pulse aquí su lira el Infinito ....
llay uu orgullo enerme, el pensamiento,
y no alcanza á pensa1· lo que está escrito.
i Vencer á vencedores de Magenta! ....
¡Crnzar las bayonetas con los Zuavos! . . . '
Dió Zaragoza afrenta por afrenta
y vió el mundo lucha1· bravos con bravos,
¡Oh madre intelectual, excelsa Francia,
era de nuestras águilas el grito
voz de jueticia, nunca de arrogancia;
que pulse aqul su lira el infinito.

�232

ARo IV

REVISTA MODERNA.
El suelo se agrietaba, eran hostiles
hasta las piedras mismas del camino,
se doblaban las testas más viriles
bajo el adusto ceño del destino.
Mas cuando agujereada por las balas
flotó en Chihuahua, rota, la bander11,
en manos del indígena, las alas
tendió de nuevo el águila altanera;
de la tierra los púgiles brotaron;
llegó hasta el corazón soplo divino,
y á la voz de ¡República! se alzaron
hasta las piedras mismas del camino.

MÉXICO,

l8

QUINCENA. DE ÁGOSTO DE

1901

NúM, 15

REVISTA MODERNA
A. RT E
DIRECTOR: JESUS E."VALENZUELA.

V

CIE N CIA..
JEFE DE REDACCION: JESUS URUETA.
Tip. de D1tulát1.

Bajo el cielo del Norte, sin reposo,
sobre este suP.lo á la esperanza abierto,
¡qué uniforme en la historia más glorioso
que el frac de don Benito en el desierto!

........................................

¿Ois .... ? No es el caiión el que resuena,
es la férrea y veloz locomotora
que los mercados y las arcas llena
y su penacho tiile con la aurora.
Oh ¡Juventud! El sol surge radiante.
Empavesa la nave, llega al puerto .. . ..
Juárez no muere! ¡Juárez ..... !y adelanll'!
sobre este suelo :\.la.esperanza abierto.
JEsú.; F,, V ALENZUF:LA.

VENTA DE "LASCAS."
El Gobierno del Estado ha vondido al Sr. D. Ramón de S. N. Araluce toda la edición del libro do Yersos de Salvado:· Dlaz !\lirón. Es, por tanto, á aquel caballero á quien deben dirigirse las personas que
deseen adquil'ir la obra de nuestro egregio vate.
El contrato celebrado entre el Sr. Dehesa y el jefe de la importante casa librera es digno de la aten·
ción del público, por diversos conceptos
En primer lugar, la compra de diez mil Pjemplares de un libro, revela claramente la difusión de la~
letras en el p11ls. El Sr . .Araluce, que conoce su negocio, debd contar con que la mayor parte de los volúmenes sen vendida en la. República, y debe estar seguro de que en ella encontrará gran número do
lectores.
Y la adquisición demuestra que en 11éxico es ya estimado, en todo lo que vale, el esfuerzo del hombre que consagra sus energías al cultivo del arte de la palabra. En periódicos y revistas serán publicacados muchos arllculos en loor del eximio poeta veracruzano; pero ningún elogio será mejor que el que
al bardo ha tributado el Sr. Araluce, al desembolsar no pocos millares de duros, sirviendo de intermediario al autor y sus admiradores.
Por último, el Sr. Diaz Mirón ha procedido con una generosidad verdadernmente insólita. El comprador ha pagado S!l.27 por cada verso, por cada rengloncito del libro, y el poeta ha renunciado á respetnl)le suma en beneficio de la juventud que se educa en el Colegio Preparatorio de Xalapa.
El producto de •Lascas,, será empleado en obras para emiquecer el caudal, ya considerable, de la
biblioteca de ese establecimiento.
La donación parece haber pasado inadvertida. No hemos leido en periódico alguno los encomios
que el desprendimiento del Sr. Dlaz Mirón merece; pero si sabemos que tal acción, digna del alto y fuer·
te cantor, ha suscitado ingente sentimiento de gratitud en los corazones ele los jóvenes estudiantes, y en
los de todos aquellos que se interesan por la instrucción popular.

El Orden. Xalapa- Veracruz.

l\IADONNA DELLA ARPlE,-ANDREA DEL SARTO - FLOKENCa.

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                <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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              <text>Revista Moderna Arte y Ciencia, 1901, Año 4, No 14, Julio, Segunda quincena</text>
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              <text>Valenzuela, Jesús E., 1856-1911, Director, Fundador</text>
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              <text>Couto Castillo, Bernardo, 1880-1901, Fundador</text>
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              <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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              <text>Urueta, Jesús, 1868-1920, Jefe de Redacción</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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