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                  <text>232

ARo IV

REVISTA MODERNA.
El suelo se agrietaba, eran hostiles
hasta las piedras mismas del camino,
se doblaban las testas más viriles
bajo el adusto ceño del destino.
Mas cuando agujereada por las balas
flotó en Chihuahua, rota, la bander11,
en manos del indígena, las alas
tendió de nuevo el águila altanera;
de la tierra los púgiles brotaron;
llegó hasta el corazón soplo divino,
y á la voz de ¡República! se alzaron
hasta las piedras mismas del camino.

MÉXICO,

l8

QUINCENA. DE ÁGOSTO DE

1901

NúM, 15

REVISTA MODERNA
A. RT E
DIRECTOR: JESUS E."VALENZUELA.

V

CIE N CIA..
JEFE DE REDACCION: JESUS URUETA.
Tip. de D1tulát1.

Bajo el cielo del Norte, sin reposo,
sobre este suP.lo á la esperanza abierto,
¡qué uniforme en la historia más glorioso
que el frac de don Benito en el desierto!

........................................

¿Ois .... ? No es el caiión el que resuena,
es la férrea y veloz locomotora
que los mercados y las arcas llena
y su penacho tiile con la aurora.
Oh ¡Juventud! El sol surge radiante.
Empavesa la nave, llega al puerto .. . ..
Juárez no muere! ¡Juárez ..... !y adelanll'!
sobre este suelo :\.la.esperanza abierto.
JEsú.; F,, V ALENZUF:LA.

VENTA DE "LASCAS."
El Gobierno del Estado ha vondido al Sr. D. Ramón de S. N. Araluce toda la edición del libro do Yersos de Salvado:· Dlaz !\lirón. Es, por tanto, á aquel caballero á quien deben dirigirse las personas que
deseen adquil'ir la obra de nuestro egregio vate.
El contrato celebrado entre el Sr. Dehesa y el jefe de la importante casa librera es digno de la aten·
ción del público, por diversos conceptos
En primer lugar, la compra de diez mil Pjemplares de un libro, revela claramente la difusión de la~
letras en el p11ls. El Sr . .Araluce, que conoce su negocio, debd contar con que la mayor parte de los volúmenes sen vendida en la. República, y debe estar seguro de que en ella encontrará gran número do
lectores.
Y la adquisición demuestra que en 11éxico es ya estimado, en todo lo que vale, el esfuerzo del hombre que consagra sus energías al cultivo del arte de la palabra. En periódicos y revistas serán publicacados muchos arllculos en loor del eximio poeta veracruzano; pero ningún elogio será mejor que el que
al bardo ha tributado el Sr. Araluce, al desembolsar no pocos millares de duros, sirviendo de intermediario al autor y sus admiradores.
Por último, el Sr. Diaz Mirón ha procedido con una generosidad verdadernmente insólita. El comprador ha pagado S!l.27 por cada verso, por cada rengloncito del libro, y el poeta ha renunciado á respetnl)le suma en beneficio de la juventud que se educa en el Colegio Preparatorio de Xalapa.
El producto de •Lascas,, será empleado en obras para emiquecer el caudal, ya considerable, de la
biblioteca de ese establecimiento.
La donación parece haber pasado inadvertida. No hemos leido en periódico alguno los encomios
que el desprendimiento del Sr. Dlaz Mirón merece; pero si sabemos que tal acción, digna del alto y fuer·
te cantor, ha suscitado ingente sentimiento de gratitud en los corazones ele los jóvenes estudiantes, y en
los de todos aquellos que se interesan por la instrucción popular.

El Orden. Xalapa- Veracruz.

l\IADONNA DELLA ARPlE,-ANDREA DEL SARTO - FLOKENCa.

�TIPOS QUE SE VAN.
EL HERBOLARIO.
::

N LOS mercados céntl'íco11, en los tianguis de_los pueblos suburbanos ó simplemente en la esquina de un barrio populoso y apartado, habreis visto,
sin duda, sedente en la estoica y melancólica postura del •Indio triste•
hecha célebre por la estatuaria aborígene, al indlgena herbolario.
Tiende en el pavimento su ayate y sobre él dispone los raros y di&amp;imbolos productos con que trafica: ralees y yerbas disecadas, frutos
barrocos y semillas extrañas; despojos de reptiles, quelonios y tartlgrados y restos bizarros de la fauna y la flora nacional.
A él acuden las comadres ignorantes y fanáticas del arrabal, que lo
respetan y lo consideran como pozo de ciencia Empirica y fiel guardián
de los mil secretos de la terapéutica popular. El herbolario vende •ojos
de venado • contra la •jetatura;• piedras 1:ersales para el aire que hace sufrir á los niños; colorines, apizizinques eu nahuatl para el mismo fin; caparachos de armadillo para las fiebres; cuahutecomate para
la pulmonla y toda especie de yerbas aromáticas, de simples, habas, bellotas, regímenes de palmas, tubérculos, bulbos y ralees á los que la superstición del pueblo atribuye virtudes infalibles y eficaces y
que quitan un padecimiento como con la mano, según el gráfico decir popular.
Para las masas ignaras, el herbolario tiene algo de hechicero y en sus pupilas brilla el fulgor misterioso de los espesos bosques donde herboriza al claro de luna.
Pero en el fondo, el arbolario, como se titula á si mismo, no es más que un charlatán que á sabiendas
y hasta maliciosamente especula con la ingenua credulidad de su clientela.
Se han dado casos en que administrando torpemente una de sus drogas despache al parroquiano á
mejor vida, y no es remoto que tercie en los brutales erotismos del pueblo facilitando el Satyrion indígena que engendra furores y locuras, ó que intervenga en las obscuras venganzas facilitando venenos
tan activos como la nuez de cabalonga, la cicuta ú otros semejantes.
Es también este misterioso traficante quien abre al pt•eblo el siniestro paraíso artificial de la mariguana, penetrando furtivamente á cárceles y cuarteles.
El herbolario tiende á desaparecer y se va á la tradición y á la leyenda, mirando de reojo los grandes vasos luminosos y multicolores de las boticas y farmacias que lo arruinan. Se va juntQ con el evangelista á quien la instrucción que se difunde anoja como el rayo de sol al hosco buho; se va á semejanza
del aguador, del pintoresco ctortugo• que usaba en su tráfico como valor fiduciario los encarnados colorines, como tanto tipo tradicional, legendario y pintoresco á quien la civilización destierra y que se ven
substituidos por los fonografistas ambulant\ls, por los motoristas de los tranvlas eléctricos, netos heraldos
del vencedor Progreso.
JOSÉ
Del Libro en prensa: •ROSTROS y MASCARAS.•

JUAN

TABLADA.

De Pnul Vcrlaine.

Somos las niñas ingenuas, de bellos
ojos azules y lisos cabellos,
que en las historias apenas leidas
vivimos dichosas y desconocidas.
Y amos enlazadas de por la cintura
y ni de la aurora la luz es más pura
que de nuestras almas, nuestros ideales
y nuestros ensueños los puros cristales.

Agiles corremos por valles y prados
rien.io y cantando, sin otros cuidados,
todas las mañanas y tardes hermosas,
que cazar a!ligres á las mariposas.
Rústicos sombreros de humilde aldeana
libran nuestro cutis de la resolana,
y nuestros vestidos de tela muy leve
son de UD¡\ extremada blancara de nieve.
Los Richelieux, los Caussad, los Faublas
son los pretendientes que nos buscan más,
los que nos prodigan melosas mirada@,
saludos, suspiros y boquibabiadas.
Mas sus ademanes se quedan corridos
ante el pliegue irónico de nuestros vestidos,
y ruedan de bruces todos en tumulto
cuando nuestras faldas les huyen el bulto.
De las lujuriosas imaginaciones
que forjarse suelen esos moscardones,
en nuestrn perverso candor nos burlamos,
mas algunas veces á sentir Ilegarros
que dan más de prisa sus palpitaciones
bajo de las batas nuestros corazones,
sospechando vagos signos clandestinos
de amantes futuras de los libertinos.
BALBlNO

DÁVALOS.

�LE l\.IISSEL.
Daos un l\Iissel datant du roí Fran~ois Premier
Dont la rouille des ans a jauni le papier
Et dont les doigts dévots ont usé l'armoirie,
Livre mignon vétu d'argent sur parchemin,
L'un de ses fins travaux d'ancienne orfébrerie,
Oi.t se sentent l'audace et la peur de la main,
J'ai trouvé cette fleu(flétrie.
Et pcut-&lt;!tre dans l'air sombre et léger du soir
Un cceur comme une fl.amme autour du vieux formoii·
S'éfforce en palpitant de se livrer passage
Et peut-étre le soir il attend l'Angelus
Daos l'espoir qu1une main viendra tourner la page
El qu'il poul'l'a savoir si ríen ne reste plus
De la fleur qui fut son hommage.
Eh bien! rasure-toi chcvalier qui partait
Pour combattre a Pavie et ne revins jamais,
Ou page qui tout bas aimant comme on adore
Fut un aveu d'amour d'une Ave l\laria ....
Cette fleur qui mourut sous des yeux que j'ignorc
Depuis les trois cents ans qu'elle répose 1:\
Ou tu l'a mise, elle est encore!
SuLLY

PRUDIIOi\lME.

DE SULLY PRUDI-IOMME.
I
En un l\Iisal del tiempo de Fi-ancisco primero,
Obra exquisita y rara de un antiguo joyero,
l~ucologio vestido de plata y pQrgamino
Que los años tiñeron de ,:olor marfilino,
En sus hojas de margen á pincel exornnda
Hallé esta florecilla marchita y disecada.
I[

Tal vez surg.e en el airo sombrlo de la nocli c
Un corazón ardiente como una flama roj11,
Quizá se acerca al libro y en torno al virjo broche
El Angelus espera con la crüel congoja
De que una mano venga para volver la hoja,
l\Iostrándole á su anhelo que ya no queda nada
De aquella flor que fuera su ofrendn enamorada!

m
Consuélate ¡oh guerrero que á Pavía marchaste
A combatir y nunca del campo regresaste!
O tú, tímido paje, que la pas;ón unciosa
Confesaste de hinojo~, en una Ave María ....
Aquella flor marchita con muerte misterio, a
Hace trescientos años, en su lugar reposa
Y donde la de.jaste descansa todavla!
JOSÉ JUAN

TABLADA.

ALGUNAS IDEAS RESPECTO DE INSTRUCCION PRIMARIA
PRESENTADAS EN FORMA OE or:.TAMEN POR CABIDO OARRRDA,
,( LA coi11$tÓN NOMBRAD\ EN VNA JUNTA DE AMIGOS, REUNIDOS CON EL ODJETO DE PROMOVBR LO QUB PUOll!SE se:R ÚTIL
l'ARA DIFL"NOIR LA JLUSTRACIÓ» EN MÉXICO.
APROGADO roR DlCIJA COMISIÓN, TANTO BN LO GENERAL, COMO BN LO kELATIVO /.. LA rAR.1'E
R&amp;SOI.UTIVA

co~ QUE TERMINA.

INDIVIDUOS QUID COMPOSIERON LA COliISION DICTAMINADORA:
CC. Gabino B:1rreda, Ignacio Ramirez, R:ifa.'31 Martínez de la Torre, Guillermo Prieto, Roberto Esteva.
L'education con~titue le prémier des arto le scul
pleinem~nt général. celui qui perfeccionne l'action
en amellorant l'6~cnt.
A. t.:omte. Systcme de Polit poslt, t IV. p P46,

PARTE PRIMERA.
DE LA INSTRUCCIÓN OBLJGA.TORIA.

E algún tiempo á esta parte una :dea preocupa casi exclusivamente los ánimos
en llféxico en materia de instrucción pública: la instrucción primaría. Esta, como la ralz de nuestros conocimientos, y como la única que puede por hoy te,
ner fundada esperanza de lle.gar á ser realmente universal, se ha atrnido todas las miradas de los hombres pensadores y amantes del verdadero prngreso:
todos han comprendido que, la principal y más poderosa rémora. que detiene
á nuestro pafs en el camino de su engrandecimiento, es la ignorancia; todos
más ó menos perciben que la falta de ilustración de nuestro pueblo, es la que lo convierte en pasivo é
incensciente instrumento de los intrigantes y de los parlanchines, que lo explotan sin cesar, so pretexto
de servirlo, haciéndolo á la vez víctima y verdugo de si propio.
Un grito unánime se ha levantado, como una consecuencia necesaria de esta convicción, en favor de
la instrucción primaria universal y aun obligatoria. La perfecta sinceridad de esta creencia se ha sobrepuesto, en fin, por todas partes, á los nimios escrúpulos de ciertas conciencias metafísicas que, creyendo
ver en la instrucción obligato1'ia un ataque :í. la libertad individual, se resignaban á vernos morir de
inanición antes que tomaT una medida que nuestro estallo social demandaba imperiosamente, pero que
violaba, decían ellos, uno de los de1'echos del hombre. ¡Como si su primer derecho no fuese el de vivir y
el de procurarse su desanollo y su bienestar!
La magnitud y la evidencia del mal, haciéndose la. consideración predominante, han hecho en este
caso desaparecer toda concepción ontológica, y en vez de acudir á un articulo del supuesto código expedido por la Entidad llamada Naturaleza, todos, aun á riesgo de ser inconsecuentes, procuran hallar
el remedio en la supresión de aquella circunstancia que han reconocido ser la causa del mal, dando de
esta suerte, sin saberlo, un completo triunfo á las ideas positivas sobre la ontologla.
Todos comienzan por fin á comprender, ó al menos á. dejarse llevar por los que asl lo comprenden,
que el Derecho Natural y todos los demás códigos á que el hombre se ha sometido, más ó menos voluntariamente, son, ein excepción, su propia obra y no tienen ni pueden tener otra sanción real que la de una utilidad común reconocida en sus preceptos considerados como reglas generales de conducta: todos se han
resuelto, por fin, á obrar en esta materia, como si estuviesen convencidos de que la positiva utilidad general es la verdadera piedra de toque, en legislación como en cualquiera otro asunto; todos comienzan
á percibir que la higiene de las sociedades puede, como la de los individuos, libertarse de la obligación
que hasta aquí habla tenido de presentar sus más inconcusas reglas como preceptos de la Divinidad ó de
la entidad Naturaleza: esta sanción teológica ó metafísica de los preceptos de la ciencia, comienza ya á
ser innecesaria en la medicina de las naciones, como ha cesado, hace tiempo, de serlo en la medicina de
los hombres considerados individualmente; todos, en fin, si no en la teorla, al menos en la práctica, han
venido á colocar, siquiera una vez, los de1'echos de la sociedad sobre los derechos del hombre; y nadie vacila ya en imponer, en nombt·e de la utilidad general, la obligación de adquirir y de hacer que los hijos
adquieran la instrucción primaria indispensable.
Nosott-os poddamos, si nuestra misión fuese exclusivamente práctica, conformamos con e~te resultado empírico, y, por decirlo así, instintivo de la evolución de nuestra sociedad, y aprovecharnos de él
para llevar adelante nuestro propósito de contribuir con todas nuestras fuerzas al mPjoramiento y ge-

�238

REVISTA MODERNA.

neralización de la educación de la niñez, sin inquietarnos por las objeciones que se formulan contra una
doctrina que cada día gana más y más partidarios, ni fatigarnos en fundar aqul una opinión q~e cada
vez se hace más y más preponderante; pero la circunstancia de encontrarnos á la cabeza del pnme1· _establecimiento de instrucción secundaria de la Nación, y el hecho de ser todoR los que nos hemos reumdo
para esta noble empresa, profesores de instrucción pública, nos imponen el deber de dat· á nuestros actos y á nuestros propósitos otra base más racional y menos emplrica que el simple hecho de amoldar
nuestra conducta á la opinión tl'iunfante: por otra parte, la circunstancia de que muchas personas del
partido liberal creen todavía de buena fe que la obligación decretada por la ley, de adquirir l_a in~:ruº:
ción primaria, es inconciliable con los principios que profesan, y que están por lo tanto en obhgac10n, s1
quieren ser consecuentes con t&gt;llos, de desecharla y aun de combatirla, exige de nuestra parte algunas
palabras que bagan ver lo infundado de una opinión, cuyo más culminante defecto lógico consiste ?n ~uponer que todas las consecuencias rigurosamente deducidas de un buen precepto práctico, son también
buenos preceptos en la práctica.
Esta lamentable confusión entre lo que es propio de los axiomas y lo que es propio de las reglas; esta creencia, ó más bien, esta rutina de supone1· y dar por cierto que, as! como se pueden sacar indefinidamente consecuencias de un axioma sin temor de llegar á un error, mientras no se quebranten las re.,.las de la deducción, asl también se puede, sin limitación y sin peligro, extender un buen precepto ge:eral á todos los casos que él puede abarcar, sin dejar jamás de ser útil, es un hecho que parecería increlble si la experiencia no hubiese acreditado que él es no sólo posible, sino muy frecuente, y origen fecundo de males de gran trascendencia.
Sin duda son muy pocos los que sostendrian en principio tan absurda doctl'ina; todos repiten á porfía que no hay regla sin excepción, pero cuando llega el caso de sacar fruto de tan importante verdad,
obran como si jamás hubiesen oído habla1· de ella. Tal sucede con lo que respecta á la libertad. Es inconcusamente un precepto muy útil el de respetar la libertad individual; es una regla que forma el credo
liberal, la de que el gobierno no tiene que intervenir en los actos privados del individuo y de la familia;
pero ella tiene por confesión universal un considerable número de excepciones: nadie cree que se falta
á Ja re.,.la cuando la autoridad pública impide que un individuo atente á la vida ó propiedad de otro, ó
cuand; castiga al que ha cometido esas faltas, po1· más que esto haya sido en lo intimo de la vida privada ó aun de la familia; nadie combate como un ataque á la libertad la persecución del fraude ó la falta
de cumplimiento de un contrato. Todos, sin desconocer que estas son restricciones, las aceptan corno indispensables y como una condición sin la cual la sociedad no podrla existir; todos convienen en que si la
libertad se extendiese hasta proteger ó autorizar el asesinato, el robo ó la mala fe, la libertad en vez de
un bien seria una calamidad. Mas luego que se sale de estas verdades trilladas y de estos lugares comunes que están en el dominio público, la oposición sistemática comienza, y cada uno ob_ra_ como si la~ restl'icciones que él por pura rutina admite respecto del principio de libertad, fuesen las umcas excC&gt;pc1ones
á que pudiese estar sujeto.
Yo quiero suponer por un momento que tales personas tengan razón en opinar de ese modo; quiero
conceder que efectivamente no se han encontrado hasta hoy más casos que los ya mencionados, en los
cuales sea conveniente coartar la libertad individual, y que en todos los otros que se han examinado, la
observación ó el raciocinio han hecho ver que la libertad cabalé ilimitada, ha producido y debe producir mayor suma de bien que la coacción legal. Como es evidente que este supuesto examen no ha podi•
do abarcar todas las clases de casos posibles, ni siquiera la mayor parte, es claro que él no podrla garantizar la conclusión absoluta y universal de que: una medida por solo el hecho de no conformarse á
Ja re.,.la, debla forzosamente condenarse como mala. Semejante conclusión sólo podrla ser aceptada como r:gla, para aquellos casos en que, no t~niendo tiemp~ para investigar los re_sul_t~dos de ~na determ!·
nación, ó careciendo por cualquier otro mottvo de los medios de hacer esta aprec1ac10n, nos vtésemos obligados, como sucede con frecuencia, á tomar desde luego una re_solución.
En tales circunstancias, la prudencia y buen sentido aconseJan conformarse con la regla general y
desechar todo aquello que le sea opuesto, porque de este modo se tiene mayor probabilidad de acertar.
Mas cuando las circunstancias son diferentes, cuando, como en el caso de que ahora tratamos, se puede,
con Ja necesaria anticipación y en perfecta calma, apreciar las consecuencias de una ley, pesando y contando con exactitud lo que se pierde con ella y lo que se gana, para lo cual podemos servirnos no sólo
del raciocinio, sino también de los preciosos y abundantes datos que la experienci~ ha suministrado ya,
renunciar á nuestra calidad de hombres y someternos ciegamente á un precepto solo porque él es bueno
en la generalidad de los casos, podrá ser más cómodo, podrá darnos, si se quiere á poca costa, cierto barniz de lógicos y de consecuentes á los ojos de aquellos que no conocen la lógica sino por la superficie;
pero nunca será ni más digna, ni más moral, ni más provechosa pa~·a la nación.
.
¡Convertirse voluntariamente en autómata 6 en máquina que solo ~uede andar por los neles que se le
han tendido de antemano, es apagar temerariamente la luz del porvemr, es aferrarse al pasado como al
non plus ultra de la perfección, es, en fin, renegar para siempre del progreso y del perfeccionamiento de
las sociedades v de sus instituciones!
Para nosot;os la obligación general de adquirir, por lo menos, la instrucción primaria, no es cuestión
de principios ó de rutinas; es cuestión de conveniencia, es cuestión de prog:·eso, y lo que es más aún, de
existencia social.
Nosotros no venimos aqui á sostene1· hipócdtamente que ella no implica una restricción de la líber-

REVISTA MODERNA.

23!)

tad individual y aun de la doméstica, sino tan sólo que ella es tan conveniente y tan necesaria como las
que hemos mencionado ya, y como otras muchas que son aceptadas por todos, y cuyos fundamentos sociales en nada aventajan á los que pueden alegarse en favor de ésta; venimos, en fin, á defender que debe se1· adoptada sin vacilación como sin ambajes.
Se trata únicamente de decidir si la obligación de servir en la guardia nacional ó en la milicia per·
manente; si la de concurrir en calidad de jurado á los juicios criminales; si el deber que impone la ley, y
nadie contradice, de prestar testimonio en juicio sobre los hechos que se conocen, aun cuando sea en con·
tra de nuestra voluntad; si el de pagar los impuestos y otros muchos que se nos imponen en nombre de
la soJiedad y como una condición de su existencia y de su estabilidad, son menos restrictivos de la libertad, ó pueden presentar en su apoyo mejores razones que las que"podrlan aduci1·se en favor del debe_r
que tienen los padres de proporcionará sus hijos la mezquina ración de alimento intelectual que constt·
tuye la inst,ucción primaria indispensable; se trata de saber si los mismos á quienes 1~ ley impone la indeclinable obligación de proveerá sus hijos del alimento del cuerpo, han de tener el mmoral DERECHO
de matar su esplritu de inanición intelectual.
Poner la cuestión en este teneno es decidirla en favor de la instrucción primaria obligatoda, la cual
se resume en la obligación que la ley declara existir en los patlreR, de contl'ibuir, en la esfera de suposibilidad, á la instrucción de sus hijos•
Yo sé bien que aquellos que se pagan de palabras y de ficciones y no buscan el fondo real de los hechos, dirán r¡ue si se admiten ciertas limitaciones á la libertad, como las de respetar la vida, _la ~r?piedad
y Jos derechos de los demás hombres, es sólo porque semejantes deber~s emanan de los prmc1pws ete_r·
nos de justicia, de las prescripciones de la moral y del derecho natural, y que nada de esto puede decirse respecto de la obligación de que ahora nos ocupamos. Puro cuando se despoja ese lenguaje de todo
el misticismo que él encierra y de toda la vana ontologia en que se apoya; cuando con un esplritu de verdadera investigación cientlfica y positiva, se pregunta uno ¿qué hay de común en todos esos actos positivos ó negativos que son tenidos generalmente como deberes universales? ¿Qué circunstancia importante existe 1:1n todos ell9s, que pueda explicar el asentimiento público que han obtenido siempre en lo general, y que cada ilia se hace más universal y más inquebrantable? No es dificil percibir r¡ue todas las
veces que se ha reconocido, de un modo empírico sin duda y como instintivo, pero irrecusable, que un
hecho era imcompatible con la existencia de la sociedad, tal hecho ha sido inmediatamente prohibido
en nombre de la justicia, de la niol'al, del derecho natu1·al ó de la reli,qión, dándole asi una sanción
metaflsica ó teológica, según el estado mental del pueblo correspondiente, ó más bien de la parte
más cultivada de éste, pero eu to&lt;lo caso una sanción muy propia para hacerla aceptar y respetar por
todos.
Asi se comprende por qué las primeras exigencias sociales que han asumido este carácte1· de deberc~ universales, han tomado casi exclusiva.monte la forma negativa, siendo, más que preceptos, prohibiciones. Porque las condiciones de existencia de una sociedad pl'imitiva, son muy poco numerosas, y
pueden en ri"'or limitarse á las garantlas más elementales del individuo y de la familia, tales como la
de Ja v¡'da del\rÍmero, y la propiedad y honra de ambos. De este g(mero son, por ejemplo, casi todas las
consignadas en el Decálogo promulgado por Moisés, bajo la única sanción que podla convenir Auna sociedad en embrión.
En efecto, si se exceptúan las tres primera~, que más que á la moral se refieren al culto, de las otras
siete, pertenecient.is, segt'.m la inmejorable expresión de Ripalda, al provecho del prójimo, seis por lo menos son negativas, á la vez que todas son condiciones de orden y de estabilidad de una sociedad cualquiera, porque tienden á garantizar la existencia y seguridad del individuo y de la familia.
Pero cuando el estado social ha exigido deberes positivos para su estabilidad, nunca se ha vacilado
en prescribidas, aun cuando sean como el de eombatir por la patria, con peligro de la vida y de la propiedad ó á riesgo de caer en la esclavitud.
A ~al grado ha predominado, aunque de un modo puramente instintivo, el intMés social, que en los
pueblos pobres y gueneros, como Esparta, el robo era más permitido que la poltronerla, y en Atenas el
despojo de la propiedad ajena no se castigaba sino en el caso de haber sido ejecutado con poco talento
ó destreza, porque ese pueblo cifraba todo su porvenir en su predominio intelectual, como el pri,uero en
el de sus armas.
Cuando el exceso de la población ha llegado á hacer poco sensible la pérdida de la vida de unos
cuantos individuos, y el bajo precio del trabajo hace muy onerosa la manutención de los individuos que
no pueden trabajar, el precepto positivo de alimentar á los hijos y á los padres ancianos, as[ como el negativo de no atentar á la vida de nuestros semejantes han perdido su vigor, y el padre ha podido, como
en China, sin castigo y aun sin remordimiento, ahogar en los ríos á su prole superabundante, y el hijo
quitar la vida á sus ascendientes á quienes no puede mantener, recobrando as! unos y otros los más
salvajes derechos de la libertad individual (1). Por el contrario, á medida que la civilización ha ido avan(r) Locke es el primero que ha presentado esto_s y otros he~hos semejantes, co_mo _una prueba que hasta hoy nadie ha llegado á refutar, de la falsedad de la opinión que sostiene que existe, en nosotros un mstmto 6 unttdo moral, _en virtud del cual reconocemos instintivamente lo que es bueno y lo que es malo: en si, lo. que es conf?rme y lo que_ es ~on_trano á la m_oral.
Si tal sentido existiese, dice este eminente filósofo, no sena concebible que naciones enter.as in frmg1e;en tra~qu1lament~ y por
siglos enteros las sugestiones de la conciencia. La explicación que se busca en la corrupción y en la perversidad! podna á lo
más servir para uno que otro ca;o aislado, pero no par~ millones de_ hom~res, muchos de l?s cuales cumplen estnctamente ~n
todo Jo demás con lo que consideran sus deberes. Decir lo contrario se~1a, en efecto, _lo mismo 911e sos~ener que to~o~ los mdi viduos de una nación, teniendo vista, extravían voluntariamente su cammo en pleno d1a, como s, anduviesen en las tm1eblas.

...

�REVISTA MODERNA.

REVISTA MODERNA.

zando1 las condiciones de existencia sociales han ido también creciendo, y la libertad individual del ciu•
dadan 0 ha menguado en proporción de las obligaciones que se le imponen, aunque ganando siempre en
goces y en seguridad y en garantías; as! sucede con la obligación de la guardia nacional, de los cargos
concejiles y demás que he citado arriba. Bajo este respecto la transformación social puedo llegar á ser
completa con el progreso de las ideas, hasta prohibirse como un crimen de lesa sociedad y por lo ta?to
de lesa moral, lo que primero se protegia, no sólo como útil, sino como indispensable. Tal ha sucedido
&lt;ron la institución de los esclavos primero, y luego de los siervos. Mientras se juzgó que la esclavitud Y
la servidumbre eran indispensables para la existencia social, ó para usar el lenguaje de la ciencia, mientt·as se creyó que una y otra institución eran condiciones estdticas esenciales de toda sociedad (1), una
y otra institución se garantizaron y protegieron por las leyes, para proscribirse má~ tarde co~no _del~to,
que la Inglaterra ha equiparado al de piraterla, y perseguido como á tal ol comercio que la mst1tuc1ón
misma hacia indispensable. El periodo de transición se ha visto muy marcado en nuestros dlas cuando
las mismas naciones declaraban legal y moralmente licito en Nueva- Orleans, en la Habana ó en la Mar·
tinica, el mismo hecho que era un crimen en Nueva-York, en Madrid ó en Parls.
Esta aparente anomalfa é inconsecuencia, no lo es en realidad sino para aquellos que crceu en laii
distinciones absolutas en materia de justicia y de legalidad, y bajo este respecto el catolicismo Y el pro·
testantismo, que han tenido la direeción moral de esos pueblos, no podt·án jamás justificarse á su punto
de vista de tan monstruosa contradicción. Sólo la ciencia puede colocarse, aqul como en todo lo demás,
al abrí"'~ de toda inconsecuencia, y sólo la polltica que en ella se funde, verse libre de la penosa obligación
persistir en una medida nociva ó de abandonar otra útil, para ~o quebrantar las reglas d~ la lógica. .Ante la ciencia, todas las de esa clase se reducen á simples_ cuestiones de hecho_s, toda~ cons~itu~en
otros tantos problemas de estdtica social, en los cuales se trata simplemente de averiguar s1 una mst1tución es ó no una condición esencial para la existencia social, ó bien para su indispensable evolución; Y
según que la solución á que se llegue sea en un sentido ó en otro, asf la institución conespondiente será
ó no justificable y moral.
.
.
De esta suerte podrá no haber más inconsecuencia en defender que una ley o una prescnpc1on
cualquiera es buena para una nación ó para una época y mala para otra, que la que habría en afirmar
que la permanencia en el seno de la madre es una condición esencial de vida para el feto, Y de muerte
para el niño, ó que el contacto del aire atmosférico es nocivo y fatal al primero, é indisp~nsable al s~gundo, ó bien que la instrucción primaria obligatoria es inútil é impracticable en Pata goma, y necesana
en México.
Así pues, tratando la cuestión en el terreno cicntffico, llegamos á la misma conclusión que habíamos
alcanzado en el terreno puramente práctico y empirico. La instrucción primaria obligatoria es cuestión
de conveniencia y de estabilidad social. Si declaramos que ella es útil y conveniente, no debemos preo•
cuparnos de que tal obligación pueda parecer contraria al principio de libertad; sillegamos á ~emo_strar
que en el estado de civilización actual la iostrucci~n. ~el pueb~o en ~l grad~ que alcanza_ la pnmana es,
no ya como parece á primera vista, una pura cond1c1on de meJoram1ento, s1~0 una necesidad que es p~eciso llenar para asegurar la existencia, al mismo tiempo que para hacer posible el progreso de.las sociedades actuales, la cuestión quedará definitivamente resuelta, no sólo e~ favor del derecho, smo de la
obligación por parte de la autoridad de imponer ese deberá todos los cmdadan~s.
Tal demostración no presenta dificultad después de la que tenemos establecida.
Hemos visto que la instrucción primaria es un alimento del espíritu, y en la época actual, el más parco y el más elemental, sin dejar poi· eso de ser sustancial, que las sociedades pueden propinará l~s pueblos. La instrucción primaria es para éstos lo que la leche para los infantes, y como tal, necesaria á la
vez para su desarrollo y para su existencia: porque en cierto grado de simplicidad y de esencialíd_ad'. las
condiciones dinámicas se convierten en condiciones estáticas. En efecto, cuando el progreso, o s1 se
quiere, la evolución, es una ley, como sucede en los seres dotados de vida, lo que asegura la existencia
asegura también el progreso, y lo que eR indispensable para el segundo, lo es también para la primera.
El que debe por una necesidad indeclinable marchar, si no lo hace para adelante, fuerza es que lo
haga para atrás; y la marcha hacia atrás ó el retroceso, es la muerte en la vida de las naciones como en
la de los individuos; la muerte, más ó menos próxima, pero segura.
Hoy día la nación que no avanza, y que no avanza á pasos de gigante, 1·etrocede, ó al menos se q1rnda tan atrás, que su posesión equivale á un retroceso, y el retroceso, lo repito, es el suicidio.
Ahora bien, ¿deberá México suicidarse, siquiera sea en nombre del principio de libertad que no
puede él mismo tener otra justificación, sino la mayor suma de bienestar social que está destinado á pro•
porcionar?
¿Habrá quien pueda ya vacilar entre la muerte y el progreso? ....
Esto no tiene más que una contestación, que estoy seguro será el grito unánime de todos los hom·
bres de corazón: ¡MARCHEMOS! ó en el expresivo lenguaje yankee: ¡Go AHEAD: ADELANTE! y sin mirar
atrás.
Asf Jo ha comprendido el pueblo más práctico de la tierra, el pueblo norte americano: para él la ignouncia es la muerte, y por eso ha decretado en todas partes la instrucción obligatoria, pasando por encima de todos los escrúpulos, y cada dla está mi\s satisfecho de su resolución. Une democratie ignoran-

te, dice Laboulaye, est une democratie damnée. De l'autre coté de l'Océan on ne se fait pas illusion su1·ce point ( l). Mas aún, ese pueblo tan apegado á sus prácticas religiosas, ha instituido escuelas lib1·es subvencionadas por el Estado á condición de que en ellas no se enseñe ninguna religión ni se practique nin gún culto. • Á mesure que la liberté c'est afffrmée, dice el mismo autor, on a compris que l'éducation po•pulairn n'intéressait pas seulement le fidéle; on a vu, on a sentie qu'it y avait la pour la republique une
•question de vie ou de mort,• y por eso no han 'Vacilado en sacrificarlo todo ante el porvenir de la sociedad. Por lo demás, en Holanda las escuelas libres funcionan también con beneplácito y provecho general. Y, cosa notable, allf el principal defensor de la separación entre la escuela y la Iglesia hasido el clero católico, porque, dice Reyntiens (2), él se encuentra allí en mi1wria. Lo que condena en México como
una grande inmoralidad allí lo encuentra licito y apetecible. ¡Siempre la misma imposibilidad de aplicar
en la práctica las doctrinas de bondad absoluta!
Ni creencias religiosas, ni opiniones polfticas, han detenido, pues, á la Holanda ni á los Estados- Unidos, para decretar una medida salvadora, luego que se han convencido de que la simple espontaneidad
de los ciudadanos era insu'fi.ciente para satisfacer la necesidad pública. ¿Se detendrá México cuando ya
tiene andada la mitad del camino? La República que ha sabido establecer con más lógica y más franqueza la co~pleta separación, no sólo de la escuela, sino también del Estado y de la Iglesia, ¡se parará
ante un escrupulo de pura palabreria? .... No, no se parará: una pueril vanidad, no le hará suponer
que la simple espontaneidad de los padres que ha sido ineficaz en Prusia, en Holanda, en Bélgica y en
los Estados-Unidos, bastará entre nosotros para curar un mal más gra,·e aún. ¡México decretará la instrucción primaria obligatoria. El diatrito no se quedará atrás de la mayor parte de los Estados de la República!

240

d:

(x) Se sabe que el grande Arist6tele; no podía ni concebir que pudiese existir una sociedad sin esclavos.

2H

GABINO BARRED.A.

LAS CRISÁLIDAS.
Cuando, enferma la niña todavl11,
Salió cierta mañana,
Y reconió con inseguro paso
La vecina montaña,
Trajo, entre un ramo de silvestres flores,
Oculta una crisálida,
Que en su aposento colocó muy cerca
De la camita blanca ....
Y unos días después, en ol instant~
En que ella expiraba,
Y todos la veían con los ojos
Velados por las lágrimas,
Y eu el momento en que murió senLim,,s
Leve rumor de alas,
Y vimo!I escapar, tender el vuelo,
Por la antigua ventana
Que da sobre el jardín una pequeíia
Mariposa dorada .. ..
La prisión, ya vacía, del insecto,
Busqué con vista rápida;
Al verla, vi de la difunta niña
La frente mustia y páliJa,
Y pensé, si al dejar su cárcel tristo
La mariposa alada,
La luz encuentra, y el espacio inmenso
Y las campestres auras,
¿Al dejar la prisión que las encierra,
Qué encontrai:án las almas?
J osÉ Asus c1ós SILV .A.
(1) E. Laboulaye. L'insfruc. pub. et le souffrage univers.
(2) Reyntiens. L'enseignemcnt primaire en Angleterre.

�REVISTA MODERNA.
Finalmente, in cita á sentimientos y actos malos, pues suscita en contra mia como era do suponer la
ira y el 1:encor de los que tienen el entendimiento obscmo é incapaz de razona:·. Algirnos de ellos :Oe
han escnto cartas en las que el furor se desata hasta amena7,arme de muerte. e Ya estás entregado al
anatema. Después ele la muerte serás arrojado á las penas eternas y reventari1s como un perro. Cai"'a
sobre ~f el anatema, demonio viejo .... Maldito seas., Así me habla uno de esos hombres. Otro censu~-a
al gobierno, porque no me ha encerrado todavía en un monasterio, llenando su carta ele groseras inj11-

EL CREDO DE TOLSTOI.

(El célebre escritor ruso que en estos últimos años no sólo ha conmovido hasta los cimientos el Imperio
de los Czares, con sus obras de carácter social, político y religioso, sino que traspasando las fronteras y
cruzando los mares se ha hecho leer con interés en todo el mundo civilizado, fué, como es sabido, excomulgado por el Consejo Sinodal de la Iglesia ortodoxa, de la que es jefo el Czar de Rusia.
La esposa de Tolstoi" publicó una sentida protesta contra aquella medida eclesiástica.
El excomulgado, por su parte, ha contestado á la excomunión con el documento que á continuación
reprod ucimos, con el propósito único de dará conocct· á nuestros lectores los cargos que el Sinodo le
hizo y la dd'ensa que contra ellos formula el escritor condenado).

I
lle who ber,i11s by lovi11,q ch?-istirmU¡¡ bettfr
ll11m trutil, witl vroceetl by toi;inr, hís ott·n Sectm·
l'hurcl, bette,· than clwistianity, and enrl in lo·
ving himself better tl1an all.
Cou :R1LG •:.

(Quien empiece por rtcdicar amor más granda
al uristianismo que á la verrtad, seguirá. dcdi•
eando amor más grande á su particu lar secta ó
iglesia. que al cristianismo, y acabará. ¡,or profosar mis grande amor á sí mismo que á todo lo
existente)

L principio uo pcn~aba yo responder al decreto &amp;iuodal que me concierne. Pero
el decreto me ha proporciouado numerosas cartas de corresponsales desconocidos: unoi,, que me censuran vivamente por negar Jo que no niego; otros, que
me incitan á creer en lo que no he dejado ele creer, y otros, finalmente, que
afirman una coincidencia mental conmigo, probablemente ilusoria, y me deJtw
muestran una simpatía á la cual probablemente no tengo el menor derecho.
l\Ie resolví, pue8, á contestar directamente al decreto, denunciando su iujuhticia, a~í como á las opiniones que de mi han formado tantos corresponsales á quienes no conozco.
El decreto del 8inodo está tachado por numerosos vicios. Es ilegal ó premeditamente ambiguo; pues,
como acto de excomunión, no se conforma con los reglamentos eclesiásticos, á tenor de los cuales son
dictadas las sentencias de tal índole; y si no se ha querido más que declarar que quien no c1·ee en la
Iglesia ni en sus dogmas no pertenece á la Iglesia, como nadie ha de ponerlo en duda, huelga del todo.
¿Qué objeto había de tener el decreto, por consiguiente, sino el de parecer una sentencia de excomunión, sin serlo eu realidad? Y, efectivamente, como una excomunión ha sido estimado.
Es arbitrario, porque me acusa á mi exclusivamente de no crner en puntos de doctrina que enume•
ra, cuando casi todos los hombres instruidos profesan un descreimiento idéntico al mio: descreimiento
que no se han recatado ni se recatan de expresar en todos m:&gt;mentos, en conversaciones, confernncias
públicas, en foJletos y en libros,
Es injustificado, porque el argumento capital en que se apoya es la propaganda de una doctrina
falsa y corruptora; cuando me consta perftlctamente que el número de personas que comparten mis opiniones no pasa de no centenar, y es sabido que la censura ha dificultado la circulación de mis obras hasta el punto de que la mayorla de los que han leido el decreto del Sínodo no tienen la menor idea de lo
que tengo escrito sobre la religión. Lo atestiguan las cartas que he recibido.
Contiene una afirmación á todas luces inexacta, al hablar de tentativas infructuosas, llevadas á
cabo por la Iglesia, á fin de reintt&gt;grarmo en su seno, cuando jamás se han hecho conmigo semejimtes
gestiones.
Representa lo que en lenguaje jurldico se llama una calumnia, pues se ha disfrazado en él la verdad
á sabiendas, mediante afirmaciones que tienden á causarme daño.

1

..

CONDE DE TOLSTOI.

rías. Un tercero escribe: •Si el gobierno no te hace desaparecer, ya sabremos nosotros hacerte callar,• y
acaba la carta con maldiciones. «Para hacerte polvo, malvado-me dice un cuarto-sabré valerme de
medios infalibles .... ;• siguen improperios que la decencia me prohibe copiar.
En algunas personas con quienes me encontré, después de publicarse el decreto sinodal, apercibl ya
señales de esa violenta ira.
El 25 de Febrero, el mismo día de la publicación, pasaba yo por una plaza, cuando oí que alguien
profería estas palabras. «Ahi va el diablo en forma humana., Y si la gente hubiese sido otra, acaso
me habría apaleado como al infeliz muerto á garrotar.os hace años j1rnto á la capilla de Panteleimonovskaia.
El decreto dei Sínodo es malo; pues, en conjunto, los renglones del final, en que los firmantes hacen saber que rnegan á Dios para lograr hacerme igual á ellos, no siL·ven para mejorarlo e n Jo más
mínimo.
Y no es menos injusto en los detalles que en el coujunto. Dice que , un escritor célebre en todo el
mundo, rnso por su nacimiento, ortodoxo por el bautismo y la educación, el conde TolstoY, vendido á las
seducciones de su orgulloso espll'itu, se ha rebelado audazmente contra el Señor, contra su Cristo y sus
santas instituciones, y ha renegado abierta y públicamente á su madre la Iglesia orto don, que Je dió alimento y crianza.,

�244

REVISTA MODERNA.

REVISTA MODERNA.

Es exacto, en absoluto, que he renegado á la Iglesia que se llama ortocloxa. Pero no he renegado :\.
la Iglesia por haberme rebelado contra el Señor.
Bien al contrario, la he rl'negado porque he querido servirá Dios con todas las fllerzas t.le mi alma.
Como concibiera dudas acerca de la verdad de la Iglesia, me impuse el deber de consa.gr..r varios años
al estudio teórico y práctico de sus enseñanzas, antes de renegarla y de separarme del pueblo al que me
ligaba amor inefable. Me esforcé en leer cuanto atañe á esas enseñanzas: me dediqué al estudio y examen crítico de la teología. dogmática, y mientras tanto, me sometla escrupulosamente, durante más de un
año, á todos los mandatos de la Iglesia, observando los ayunos, asistiendo á las funciones.
· .A.si me he convencido de que las enseñanzas de la Iglesia forman teóricamente una falsedad hipócrita y dañina, prácticamente una mezcla de bajas supersticiones y de brujería, que oculta por completo
el sentido recto de la doctrina cristiana.
Entonces fué cuando realmente renegué á la lgle:oia, cuando acabé de cumplir sus ritos.
En mi testamento encomiendo á mi famiiia que no permita que se me acerque, á la hora de la muerte, ningún representante de la Iglesia, que procure hacer desaparecer lo más pronto posible mi cadáver,
como se hace con las cosas repugnantes é inútiles, á fin de que no moleste á los vivos.
Me acusan de consagrar mi actividad literaria y el talento que Dios me otorgó á propalar en el pueblo teorías adversas al Cristo y á la Iglesia. Preténdese que con mis escritos-esparcidos profusamente
por los disclpulos que tengo en el mundo, y especialmente dentro de nuestra querida patria,-trabajo
con fanático ardimiento con objeto de echar abajo los dogmas de la Iglesia ortodoxa y aun lo que es
fundamento de la fe cristiana. Todo ello ea falso. Jamás me he cuidado de propagar mi doctrina. Cierto que he escrito obras en las cuales he trntado de formular la interpretación mla, de las enseñanzas de Cristo. Cierto que no he escondido esas obras á cuantos me han mauifesta.do el deseo de cono•
cerlas.
Pero nunca me he ocupado personalmente en hacerlas imprimir. Nunca he dicho mi manera de entender las enseñanzas del Cristo, sino á los que me han interroga.do acerca de ello, explicándoles mis
pensamientos de viva voz, ó bien entregándoles mis escritos cuando los tenia en mi poder.
Dícese en el decreto del Sínodo que niego la existencia de un Dios en tres personas, Creador y Pl'Ovidencia. del universo; que niego á Nuestro Señor Jesucristo, Dios hecho hombre, Redentor y Salvador
del mundo, que padeció por todos los hombres y por la salvación de ellos, y que resucitó de entre los
muertos; que niego la concepción milagrosa de Nuestro Señor Jesucristo; que niego la virginidad de la
Santfsima Madre de Dios, antes y después del nacimiento de su hijo. SI, es verdad, niego una trinidad
incomprensible, ast. como la fábula de la caída del primer hombre, absurda en nuestros días; niego la historia sacrílega de un Dios nacido de una virgen para el rescate de la raza humana.
Niego todo esto, es verdad. Pero á Dios espirita, á Dios a.mor, á Dios único, principio de todas las
cosas, no lo niego, no . .Aún más: solamente en Él reconozco existencia real y se me presenta el sentido de la vida en el cumplimiento de su voluntad, cuya más elevada expresión está en la doctrina cristiana.
Se ha dicho también que no creo en otra. vida, más allá de la tumba, ni en la eternidad de penas y
castigos.
Si no se pone diferencia entre el concepto de otra vida y la idea del Juicio Final, del infierno lleno
de diablos, sitio de tormentos eternos para los réprobos, y del paraíso donde los elegidos gozan de per•
petua felicidad, es muy cierto que no creo en la vida. más allá de la tierra. Pero si creo en la vida eterna, y creo que el hombre es recompensado según sus actos aquf y fuera de aqul, ahora y siempre. Lo creo
tan firmemente, que á mis años, puesto al borde de la sepultura, me debo esforzar á menudo para no pedir
con ansia la muerte de mi cuerpo: es decir, mi nacimiento á una vida nueva.
Y estoy persuadido de que una buena. acción, cualquiera que sea, va acrecentando la dicha de mi
vida eterna, tanto como la va disminuyendo cualquiera mala acción.
Dicen que niego todos los sacramentos, y es del todo exacto. Tengo tocios los sacramentos por sortilegios viles y groseros, inconciliables con la. idea de Dios y las enseñanzas del Cristo, y además, poi'
transgresiones de los preceptos categóricos del Evangelio. En el bautismo de los recién nacidos encuen.
tro una corrupción del significado que puede tener para los adultos que adopten á conciencia el cristia,
nismo. En el sacramento del matrimonio, administrado á dos seres que por adelantado y voluntal'iamente se han unido ya, lo mismo que en la aceptación de casos de divorcio y en la consagración de las se•
gundas nupcias que contraen personas divorciadas, veo contradicciones declaradas del espfritu y de la
letra. de la enseñanza evangélica.
En el perdón periódico de los pecados, conseguido mediante la confesión, veo una ilusión peligrosa
que forzosamente ha de fomentar la inmoralidad y desvanecer toda vacilación del ánimo ante el pecado.
En la extremaunción y en la consagración de los monarcas, en el culto de imágenes y de reliquias,
en todas las ceremonias del culto, como rezos y exorcismos fijados por el ritual, veo prácticas de estúpida brnjeria.
En la comunión veo una divinización de la carne, contraria á la doctrina cristiana. En la canonización veo el acto inicial de una serie de imposturas, junto con una transgresión de la. enseñanza del Cristo, quien prohibió en absoluto hacerse llamar maestro, padreó doctor. (~fateo, XXIlI, 8- 10).
Finalmente, como para presentar el colmo de mi bajeza, dicen que después de haber ultrajado lo más
sagrado que tiene la fe, me he atrevido á escarnecer el más santo de los sacramentos: la Eucaristla. Es

245

ciertlsimo que me atrevl á describir c&lt;,n sencillez, objetivamente, todos los movimientos que ejecuta. el
sacerdote al preparar el pretendido sacramento; pero es completamente falso que ha.ya algo sagrado en
tal ceremonia. y que sea un sacrilegio describirla lisa y llanamente tal como se efectúa. No hay sacrilegio en llamar)abique-á un tabique y no altar¡ ni lo hay en dech- que una copa es una copa y no un cáliz,
Pero comete un sacrilegio, el más horroroso, el más repulsivo de los sacrilegios, quien emplea cuantos medios tiene-á·su disposición para engañar, para embaucará la gente, sacando partido de la inocencia de niños y hombres del pueblo para darles á entender que si se rompe de ci~rta manera un pedazo de
pan,-articulando ciertas palabras, mojado después en vino, recibe la naturaleza. divina; que si el sacerdote: lo eleva en nombre de un vivo ó de un muerto, proporciona al primero la salud y mejora la suerte
del segundo en la otra vida; y, por último, que cualquiera que se coma aquel pedazo de pan, se mete en
el cuerpo al mismo Dios.

II
¿Cómo nadie se da cuenta de lo honible que es todo eso? Las enseñanzas del Cristo son desfiguradas, convertidas en una serie de chabacanos sortilegios: baños, unciones, movimientos del cuerpo, conjuros, deglución de pedazos de pan, etc..... hasta no quedar nada de ellas. Y si alguien viene á declarar que esa brujería, esos rezos, esas misas, esos cirios, esas iconas no tienen nada que ver con las enseñanzas del Cristo, quien tao sólo ha dicho á los hombres: amaos unos á otros, no devolvais mal por mal,
no juzgueis, no mateis al prójimo .... entonces todos cuantos lucran con el engaño, prorrumpen en protestas airadas, y con increlble audacia proclaman públicamente en sus templos, imprimen en sus libros,
en sus periódicos y en sus catecismos que el Cristo no ha prohibido nunca jurar (prestar juramento), ni
matar (ejecuciones capitales, guerras), y que la doctrina de la no resistencia al mal es una invención, una
diabólica añagaza de los enemigos del Cristo (1).
Pero aún hay algo que horripila más que esta fal~íficación, y es la conducta de los hombres que sacan prover.ho de la mentira, no engailaut.lo solamente á los adultos, sino valiéndose del poder que se les
otorga para inducí1· al error á los niño~; á los niños, que hicieron exclamar al Cristo: •Maldito será quien
los engañe.&gt;
Horripila pensa.1· que esas gentes, en pro lle sus mezquinos intereses, se rebajen hasta practicar tan
mala ob1·a, y oculten á los hombres la verdad revelada por el Cristo, cuando esta. Yerdad les proporciona.ria un bien mil veces más preciosa que su triste labor.
Pórtanse como aquel bandolero que asesinó á toda una. familia de cinco ó seis personas para quitarles una blusa vieja y cuarenta kopeks, cuaudo sus victimas le habrlan regalado todas las ropas y todo
el (linero que poselan con tal de que les perdonase la vida. Pero no podía portarse de otra manera, como
les sucede á los impostores en materia religiosa. Con alegria vivisima les multiplicarlamos las rentas considerables que disfrutan, les aumentarlamos la opulencia en que viven ahora, sí renunciasen á perderá
los hombres con sus mentiras. Pero no pueden dr.jar de hacerlo. Y esto es aterrador. Y por esto tenemos
el deber, más que la facultad, de hacer públicas sus supercherlas. Sí algo -puede llamarse sagrado, no
son en verdad sus pretendidos sacramentos, sino esta obligación de denunciar, así que la hemos puesto
en claro, su impostura religiosa
Puedo contemplar indiftlrentc :l un chuvache ocupado en azotará su luolo ó en untarlo con requesón agrio, sin sentirse inducido á molestar sus cl'Cencias, porque sus actos son hijos de supersticiones que
me son extrafl.as y no ultraja nada de lo que consit.lero sagrado.
Pero cuando hablo con hombres que practican sortilegios y profesan bajas supersticiones en el uombre de aquel mismo Dios por quien aliento, y de la misma doctdna. del Cristo que medió la vida y puedo
da1·la á todos los hombres, entonces no me es posible contemplarlos con serenidad, y ni su gran m'1mero,
ni la antigüedad de la superstición que practican, ui su podcdo, ba"Sta~a sofocar mi indignación.
.Al dará sus actos el calificativo adecuado, me limito á hacer lo que deho, lo que no puedo dejar do
hacer, desde el momento que creo en Dios y en la enseñanza. del Cristo. Si á gritos me llaman sacrílego
porque descubro su engaño, solamente demuestran con ello la enormidad del daño que han causado, y
han de alentará todos cuantos creen en Dios y en la enseñanza del Cristo, á redoblar sus 1sfuerzos para
desvanece1· la ilusión que esconde á los hombres el verdadero Dios.
Deberían llamar sacrílego al Gdsto, que arrojó del templo bueyes, carneros y negociantes, y que ~i
volviese ahora y viese lo que en su nombre, en su Iglesia, se hace, con mayor y más legitima ira tirarla
en montón corporales y banderas, cruces y copas, cidos é iconas, todos los ínstt·umentos de brujeria!l, todo lo que ayuda á separar de Dios y de su enseñanza á los hombres.

Tal es lo que contiene, verdadero ó falso, el decreto del Slnodo que me concierne. Es cierto que no
creo en todo Jo que, al parecer de los firmantes, es articulo de fe. Pero creo en muchas cosas, sobre las
cuales quisieran ellos publicar mi incredulidad.
(I) Discurso de Ambrosio, obispo de Jarkol.

�REVISTA MODERNA.

246

Creo eu Dios, que para mí es espiritu, amor, principio de todas las cosas. Creo que está eu mi, como
yo estoy en él. Creo que la voluntad de Dios no ha sido jamás exprnsada con claridad mayor que en la
doctrina del hombre Cristo; mas no es licito considerar á Cristo como Dios y dirigil"le oraciones, sin cometer, á mi juicio, el mayor de los sacrilegios.
Creo que la verdadera felicidad del hombre consiste en cumplir la vJluntad de Dios; creo que lavoluntad de Dios es que cada uno de los hombres ame á su prójimo y le trate como desearía él ser tratado;
lo cual resume, según dicen, el Evangelio, la ley y los profetas.
Creo que el sentido de la vida se reduce á procurar que aumente el caudal de amor en cada uno de
nosotros, y creo que el desarrollo de esta potencia de amar nos proporciona en esta vida un bienestar creciente siempre, y en el otro mundo una felicidad tanto más perfecta cuanto mE'jor hayamos apTendido á
amar; creo, además, que este acrecentamiento del amor contribuirá más que cualquiera otra fuerza a
fundar sobre la tierra el reino de Dioi:; es decir, á snstituil· una organización de la vida en que la división, el engaño y la violencia son omnipotentes, con un estado nuevo en que reinarán la concordia, la
verdad y la fraternidad.
Creo que para progresar en el amor, disponemos de un medio sólo: la oración. No la oración ostentosa en los templos, reprobada categóricamente por el Cristo (Mateo, VI, 5-13), sino la oración de que nos
dió Él ejemplo, la oración solitaria, que restaura y corrobora en nosotros la conciencia del sentido de
nuestra vida y el sentimiento de que dependemos no más que de la voluntad de Dios.
Quizás mis creencias ofendan, aflijan ó escandalicen; y aunque molesten y ofendan, no tengo suficiente poder para mudarlas, como no lo tengo para mudarme el cuerpo. Tengo que vivir, y tendré que
morir muy pronto,-cosas qne no interesan á. nadie más que á mi. No puedo creer más que en lo que creo,
á la hora en que me preparo á volverá Dios, de quien soy emanación. No digo que mi fe haya sido la
única incontestablemeute verdadera en todas las épocas; pero no sé encontrar otra más sencilla, más clara, ni que mejor responda á los anhelos de mi entendimiento y de mi corazón.
Si repentinamente se revelase otra fe que me satisfaciera más completamente, la adoptarla sin perder
momento, pues nada prevalece ante Dios sobre la verdad. En cuanto á. devolver mi adhesión á las doctrinas de que me emancipé á costa de tanto penar, no puedo hacerlo en manera alguna. El pájaro que
tendió el vuelo, no se encerrar/\. otra vez en la cáscara de huevo de la cual salió.
«Quien empiece por amar más al cristianismo que á la verdad, amará pronto á su secta ó Iglesia más
que al cristianismo, y acabará por amar A su propia persona (su descanso) más que á todo el resto del
mundo.• En dirección inversa, he atravesado las fases que describe Coleridge.
Empecé amando á la Iglesia ortodoxa más que mi propio descanso; luego he amado al cristianismo más
que á. la Iglesia ortodoxa; ahora á. la verdad más que al mundo entero. Pero, hasta el momento presente,
la verdad está confundida para mí con el cristianismo, tal como Jo comprendo yo.
Confieso, pues, el cristianismo. Y gracias á los esfuerzos que hago para confü-mar mis acciones con
mis creencias, vivo en paz y alegría, y puedo, en medio de la paz y la ale¡;ria, encaminarme á la muerte.
LEÓN TOLSTOI.
Moscou 4-16 de .Abril.

TELEGRAMA.
De Jalapa, el 5 de Agosto de 1901.-Recibido en México á las 101/ 2 a. m.-Sr. Jesús E Valenzuela.Redacción de •La Revista l\Ioderna •
Te suplico encarecidamente que en tu ya acreditado periódico hagas constar, en mi nombre, que
no soy 1&gt;! autor de los versos que con el titulo de •Sueño, y con mi firma, aparecen en el numero 120 de
•Fin de Siglo• ó sea en la edición correspondiente al 3 del actual mes. De seguro que allí tales rimas
constituyen una rE'producción, pero jamás las he escrito, y ni acostumbro vestirme con el plumaje del
pavo real, ni quiero aceptar culpas ajenas, que ya con las propias tengo sobradas. No es la primera vez
que formulo protesta semE'jante.
SALVADOR

•

DÍAZ ~JIRÓN.

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--

-

TARDE DE OTOÑO.
A RodoÍfo Reyes.

En Oriente las cumbres hirsutas
enderezan sus conos enhiestos
bajo un palio de un lndigo obscuro,
bajo un trágico toldo de estruendos,
en el cual, como alfanjes de plata, ·
resplandecen relámpagos trémulos ....
Ven á ver el paisaje, es hermoso:
tras la gris nublazón de los cielos
se amortiguan los rayos occiduos;
en los cumbres, los pájaros negros,
los que adoran las cosas inmundas,
los que atacan lo inerme, los cuervos,
se revuelven con júbilo, como
soberanos señores del viento,
y la racha, con ímpetu rudo,
silba y silba .... ¿Vendrá el aguacero?
Es la tarde otoñal. ... ¡Qué admirables,
qué gloriosos serian los versos
con que canto tu noble hermosura,
impecable y magnifica, si ellos
desgranaran e! ritmo inefable
de esta tarde de ritmos excelsos
en que un alma sonora palpita
en la tierra, en el aire, en el cielo!
¡Opulenta, grandiosa armonía!
Roncos gritos de cólera, lejos,
ailá arriba, en las nubes preñadas;
aquí abajo, en la fronda, en el viento,
en los rubios trigales que undulan
con su espiga gentil de oro viejo,
ya suspiros que acaban cantando,
ora quejas que acaban riendo,
ó resoplos de mar, ó rumores
de caricias, de arrullos, de besos ....
Mas ya vuelan las hojas en alas
de la racha .... ¿Vendrá el aguacero?
*"'*
¡Oh, qué lindo clavel entreabre
su corola de purpura y fuego,
sobre el oro triunfal de tus bucles
perfumados, sedosos y lnengos!
Me recuerda un maizal que yo he visto
en las milpas cercanas del pueblo ... .
Era un mar con sus hondas doradas ... .
De la mar rumorosa en el centro,
la amapola, ostentando sus flores
del color del clavel de tu pelo . . ..
Pero caen las pristinas gotas
como vividas gemas, fulgiendo,
y las nubes aligeras vuelan,
y rebullen graznando los cuervos,
y el 1·elámpago sigue brillando

�REVISTA MODERNA.

248

bajo el trágico toldo de estruendos
que coronan las cumbres hirsutas,
en Oriente ..... ¿Vendrá el aguacero? ... .

¿Sabes tú, qué pensaba, mi rubia?
No te rlas, declrtelo quiero:
recoger esas llmpidas perlas
en el cáliz a1·diente y bermejo
de la flor de tus labios, más roja
que el clavel de:tu blondo cabello . ...
Mas . ... ¡qué bella explosión de fulgore&amp;!
Ge abrillanta con claros destellos
ese palio de un lndigo obscuro
que cornna los montes enhiestos ....
¡Gloria al sol que ha rasgado la bruma!
Esa nube pr.e liada de estruendos,
era informe montón; hoy pru·ece ... .
¡hoy parece un ideal terciopelo!
La esmeralda del monte revive ... .
H11sta el hosco plumaje del cuervo,
al tocade la luz, ya presenta
primorosos cambiantes de ace1·0!
¡Claro obscuro, tu encanto sub~•uga!
¡Almo sol, tu pincel es soberbio!
¡Gloria á ti, gran artista celeste!
¡Y á ti gloria, oh Rembranrlt, oh m1testro!
Mas .... la racha ha c1tlma&lt;lo su furia. . . ..
¡No vendrá, no ven&lt;l1·á d aguacero!

....

ARo IV

MÉXICO, 21l QUINCENA. DE AGOSTO DE

1901

NóM.

16

REVISTA MODERNA
ARTE V
DLRECTOR: ,TESU S F.. ' VALE~ZUELA.

CIENCIA.
JEJo'F. DF. HEDACCION: ,JESU S URUETA.
Ti¡&gt;. tlt D11bld11.

No vendrá .... Mira el arco de triunfo
que Iris teje, con mágicos dedos,
con los rayos del sol que disuelve
en el agua suspensa en los cielos .. ..
También mi alma, á tu casta hermosur11,
con la luz ide11.l del ensueño,
ha tejido mil arcos de triuufo
en mis trovas de amor, en mis veri;o~!
Pero ¡mira! ¡oh prodigio! Del valle
sube un águila, en rápido vuelo .. . .
Va á la cumbre, á. la roca, á su nido
donde aguardan sus hijos hambriento&amp;:
Mas el ave vacila .... jadea .. . .
¿Qué tendrá? ¿Por qué abate su vuelo?
¿Qué acongoja á. la reina del aire?
¡Ah, tal vez de un combate sangriento,
pero noble, y viril, y pujante,
vuelvr, rotas las garras de acero!
Se desploma, vencida, en la roca . . ..
Al sentir su presencia los cuervos,
azorado11, emprenden In fuga.
en desordeu, temblando de miedo!
Pero no, que ya vuelnm, se agrupan,
exploran, observan con ojo certe1·0 ... .
¡Ya lo saben! ¡El rey agoniza!. . . .
¡Ya le atacan!...... ¡Oh viles!...... ¡Oh...... ¡cuervo&amp;!..... .
DI, mi bien: ¿no te indignan? . . . .
¡Oh gloria!
¡Yo, á tus plantas! Tu frente!. . .. ¡Mi beso!
~lérida.- Yuc11.tán, 1901.

José I. N9VELO.
GAl, ATEA. -l\fARQl' E!!TE,

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                <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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