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ARo IV

REVISTA MODER~A.

EL ULTIMO SUEÑO DE LUIS XV.

MÉXICO,

1ª

QUINCENA. DE ÜCTUDRE DE

ARTE V

ANATOLE

I

FRANOE.

NúM.

19

REVISTA MODERNA
DIREC T O R : JESUS ;E. VALEN ZUELA.

AJO el murmurio lento de las últimas palabras de absolución, el rey, muy débil, se
durmió.
El anciano sacerdote, de rodillas, hizo la acción de bendecir. Después, y con
una mano sobre el brocado del gran lecho aparatoso, se levantó.
Durante un minuto contempló, pensativo, al moribundo, lamentable, cuyo
Mstro tumefacto destacábase, violado, sobre la blancura de las sábanas en la media sombra del baldaquino de cortinas de seda azul.
llnbo un largo suspiro, lleno de filosofía, en el sacerdote; luego, atravesando la gran cámara, vacía
y muda, abrió con precaución la alta puerta blanca.
El cuchicheo hipócrita de las conversaciones se extinguió. Silenciosamente, según las estrictas leyes
de la etiqueta, la corte, en traje de gala, llevando todas sus insignias y decoraciones, entró con lentitud
y de pie, ceremoniosa, púsose á mira1· la muerte de su viejo rey.
Entretanto, I,uis XV tenia un gran sueiío: estaba muerto, y bajo un cielo azul, donde las estrellas de
oro se agrupaban en flores de lis, al través de una llanura inmensa, hacia el horizonte pálido, andaba él,
buscando el camino del paralso.
Andaba, andaba .... y ante él ninguna estrella se elevaba en el firmamento para guiar hacia Dios á
Su Majestad Crist1anisima.
.
Luis XV sentíase fatigadp, y pensaba que era. muy descortés el Padre Ci,lestial, al mostrar tan poco
interés en darle la bienvenida.
- En verdad, sófo en Versalles hay modales cultos, se dijo.
De pronto apareció, caminando á su encuentro, una ligur.a extraña: era un gran cuerpo decapitado,
revestido esph'•ndidam~nte-con una casulla de oro incrustada de piedras preciosas; una aureola cerniase
encima de su cuello sangriento, y llevaba en las manos, cubierta con una mitra de plata, una cabeza de
barba blanca.
Luis, cel Bien Amado, , la reconoció. Sin duda, San Dionisio venia á saludará su alma, de parte del
Alllsimo, después de haber recibido sus despojos terrestres en su antigua abadía.
Pero se equivocó: San :Oionisio no lo conocla y le preguntó quién era.
-$oy el rey de Francia, y busco el paraíso.
_
El santo no demostró sorpresa: ¡habla visto tantos reyes de. Francia!
-A la derecha, siempre á la derecha, dijo.
Luis XV readquirió valor, y se hundió de uue\'O en la llanura ilimitada .... En el cielo, de un azul
sombrío, las flores df.1 liS palldeclan.
Anduvo, 1;1.nduvo, y siempre el horizonte monótono retrocedía.
Pareoíale muy duro al anciano monarca, encontrarse tan solo en aqu-11 desierto. l\leditaba y se decía que en aquel otro mundt&gt; debia ser él muy pobre cosa, para estar asi, tan abandonado. Habla siempre creído que un rey áe Francia era uno de los primeros cerca del buen Dios, y be aquí que ahora envidiaba á M. de Cboiseul, desterrado, en su pequeña corte de Chanteloup.
Al fin, columbró, arrodillado sobre la arena, á una mujer de larga cabellera. áurea, y á quien encontró parecida á esa pobre condesa cuando en el pequeño boudoir de Luciana Leonard, la peinaba.
Y al pensar en esas cosas, Luis •el Bien Amado,• suspiró.
La mujer le dijo:
-Soy Maria Magdalena¡ ¿qué buscai..l'
Luis XV inclinóse con galantería, y sonriendo ante los bellos ojos ele la pecadora rubia, respondió
t¡Ue era el r&lt; y de Francia y que buscaba el paraíso.
-A la izquierda, siempre á la izquierda, le dijo la Magdalena.
Aquella voz de mujer cantó largo tiempo en el alma del pobre rey, durante la penosa ruta.
El cielo volviase Mgro y las flores de lis ya no irradiaban en él. Tan sólo flotaba una como nebulosa cl1ua.
.
Luis XV se sentia cansado, muy cansado, y el horizonte desplegaba á su vista, inmutable, la-1esesperanza de su linea inffoita.
Por úftimo, cayó la noche, y, sin ver nada, el rey seguía andando.
Pero súbito, en la sombra, un grán ,·iejo le detuvo. Llevaba una llave de oro y una larga espada.
- ¿Qué busc.ais?
_
-Busco el paraíso, contestó el monarca. San Dionisio me ha indicado el camino por la derecha: Matla Magdalena por la ízq~ierda.
- Verdaderamente, exclamó San Pedro, no seguis la buena via .... Pero ya adivino quién sois: sólo el rey de Francia es capaz de tomar consejos de !J1Ujeres ligeras y de hombres sin cabeza.
Y en.el firmamento nocturno, las flores de lis se desvanecieron ....
Uu tintípeo _de campanilla resonó, argentino. El rey abrió los párpados hinchados; vióse en su gran
cámara, en el fondp' de su lecho aparatoso. Lentamente, llevando el viático, un obispo avan:r.aba. To•
dos los cortesan•os,: tt'e 'ródillas, doblaban, bajo las pelucas blancas, las cabezas pensativas.
Y parecíale- l&gt;«eno á Luis •el Bien Amado• el hallarse aún sobre la tierra y ser rey de Francia,
Y c~rró los _oj_o•
Un cirujano se ir¡clinó sobre él: en seguida, alzando la frente, hizo un signo.
El ciipitán'dé guardias vino y se colocó á la cabecera del lecho.
-Seño·res, ¡el rey ha muertb!
Repitió ·dos veces:
..: - ¡El"rey ha muerto!
Luego, sacando la espada, gritó, gritó:
•
¡Viva el rey!

1901

CIENCIA.
,JEFE DE REDA C CJON: JESUS URUE'J'A.
'l'ip, de Dubldn.

PROFETAS DE MIGUEL ANGEL,--CAPJLLA SIXTJNA. ROM,\,

�1-IEVISTA MODERNA.

"PAISA,JES PARISIENSE~ ...
PIA!ffET, n:ARTF..-PARJ8.

'(l()t),

OSAS de asfalto . . . (l risetas marchitas por el hambre clorótica b11jo la opa.
cidad brumaría del cielo parisino, y ebriantes do neurosis biíqnica al fulgor
agrio de las burbujas de luz con que ha foerizado al orbe el l.J1·ujo de i\lenlo
Pa1 k; una atmósfera hollinada por el humo de las pipas inexting-uibles, y entre ella, eetiqueados vigorosamente á golpes sobrios, los brigautes del amor y
del placer, los usurpadores del viejo corazón romántico, degenerados, sin sangre y sin alma 1 gastados y pasados de pi acere~, vaclos ele genialidad, son:'1mbulos de la antigua alegria gala!
Ah! mi bienamaclo artista! .... Tu sangre ardorosa americana y tus ironlas gozosas ele \'Cinte niío~
son las que han flameado en hipostasis efímera, en cerebros sorbidos por el vampiro absintio '!-. t'n t'S·
tremecimientos galvanizados de organismos muertos para las rapsodias de que has sido rápsoda!
Seria necesario peregrinar it Prnga para saludar con un bock de ce1Teza ntbia il la antigua bohemia! La del banio latino ha bebido rn demasla y hase t'nvt'nen1Hlo del mal tremendo, De tanto bt'her,
Baco se ha vuelto viejo!
F.l artista argentino, 11'lolesce11to y Yibrátil, ha sido 1•crsonaje dE&gt;corativo en ese carnaval de Ooyn;
ha llerndo flU temperamento soita1lor y cxótico á la saturnal moderna y ha fusionado su clelicacleza srn~ith·a en personajes que aparecen como i·l '}nenia que hubiest'n sido, soiía&lt;lorrs románticos sotinclos en
Ami•rica por los que hemos transmi¡..;rado ele Bohemia merccrl l. \'elciclndes de la fortuna;~ RPntimos tri~ ·
t1•za ni ver que el alcohol y la luju1 i!l. son las dos notll!I del lcitmotif de esos p11isajes.
Pero el artista ha hecho bien. Su naturismo de paisajista de almas ha trabnjado frente á las modulos
desnudas del ropaje romántico de ;\limi Pinsoo; y sus griseta:,, perversas como lllarcela ó abnegadas como Raquel, van y vienen bajo la bruma, en formas rosas ele asfalto, en la espera inexorable del brusco
aletazo de Amor que las tendc1'1!. de espaldas. El limo de la vieja Lutecia es fecundo para germinar esas
frágiles anémonas, y así l'garténos presenta una selie ele croquis en que á amplios trazos se destacnn
fue, temen te perfiles y escorzos de mujeres fohrile~, sedientas de amor1 flageladas por la vida, en des bandada al Erebo del vicio, 11turdicndo la tr:igedia ele su ju\·entucl mancillada en torno il las mesas del
call.arct- li1pidas marmóreas de toda \'irtt11l-renclir!as en botln fácil á los corsarios del amor y del placer, híbridos, usurpadores de la vida de bohemia, cuyos ch11mbcrgos y melenas y pipas han profanado
para hacer antifaz á su holgazanel'la de sostenido;!
El peregrino paisajista ha copi'ado las buhardillas penumbrosas, los &lt;'amaranchones húmedos, l'l
vit•jo Pads anguloso y patinado por los siglo,, Ja poe~ia ele las cosas que se extinguen, que naufragan
en vorágine destructora barridas por la orientación nueva dol arte humano. Lo imagino, irresoluto en
su poder de. prosista vigoroso, antes de singlar hacia la. constelación que lo atrae, antes de l11nzar su sólida barca velera en el erostratismo que lo corroe-línamuno halló la frase,-esfumado ya en su tendencia socialista, volver lo.; ojos á l&lt;1 aclolcsccncia perdida, la bohemia dorada, y apresurarse á espigar ern
haz de paisajes que no vueh·en, 1" jm·cnilia de sus sueiios de poeta, flor que cuajó de pulpa de tt'1. de
ninfas la primavera del durn ,ner, ,. que en el espléndido estío se transf'ormar.'1 en carnosos frutos!
Y, pródigo de su pall'ta virgeH, ha cromatizaclo los matices en penumbras ele ensuelio ~·hadado to•
qurs vigorosamente flamencos E\U In expresión nueva, en la frase personal suya, en súbita revelación do
procedimiento propio; rclil•\ t'l' h ri"Jltcs re¡dzan sus croquis cuando pinta • mordisqueos de besos, ó cua ndo nos h1tce oít carcajarlas (11\\l a litigan en la noche. Bien hallado! Podrá p&lt;trecer grot,~sco á mansos ra·
moneadorrs de la pl,'tci la \Jt'...l"l\ O\ ,•llanesc11; podri\ enfermar la neurast •nia aguda ele los almibarados
malabares &lt;le la fras&lt;' 11rn ne, ·· 'ert•, :rifecuncla y hueca; pero rscnlpir11 la iien:.a('icin rl'a.lista t'n l'l l'Splriln
1lt• 1011 '}UP buscan ·1• &lt;', arte 1 1 •'ofo1 ,. el placer ele la humanidad.
A pesat· de ,1 jtn-entntl II
ta a 11\ lnz del arte en plena ¡wiman rn gala; (1 pe~ar •lel oleaje icono,
cla11ta que hate las literaturns ·nuel'tf', ·mtroTnizando un ~ro_cedim_iento _grandiosan~ente c~ótico ~ara
1,icn de pocos y parn mal cl11 muchos, ;\lan-'tlel Ugarte no es m 1&gt;1mbohEln, n1 romano, DI neognego, DI sa-

29!)

Láuico, ni m.bti.c{,: es liumano, es amplio y seusiLirv, es pa:,io11ario y g~ueroso para seutir con el herma 110
que sufre á su lado; canta el amor y el placer y lanza su anatema contra las injusticias de la Yicla; hace
de su don de intelectual un ariE:te en defensa de los 11gobiados y los vencido~! Sabe que el artista surge
para cumplir una mi~ión!
Posee la natural elegancia de un verdadero escritor. Sin exagerar la mod11, sin exudar la frase, i,in
huronear el vocablo, tampoco gusta de lambrequinar su moderno trofeo ele prosador americano proclamando abolengos de aristocracias hispánicas, hoy tronadas en letras!. ... Escl'ibe como siente, como piensn, en amplio cosmopolitismo de ideas focundado en temprano \'iaje :i l~ttropa y América, cuando su cspiritu abierto como un cáliz de flor d11ba fL las auras del cielo el aroma de sus afocciones de mozo!
U n dla, en el mes de las sabanas floridas, en el fructidor pluvioso en nuestras zonas, l\Ianuel
l'garte llegó {~ nuestra cittdad consagrada por un siglo ele sangre y hierro, deseoso de ver el pals ro mántico y novelesco hollado por los legionarios ele dos impel'ios, anidado por el águila aventurera ele
G11lia y por el águila bifronte de Aui,tria Hungría .... El garzón cayó en plena sangre latina, en plena
sirte de placeres que habla ele arrojar un poco más tarde ;'t las playas de la muerte el caditver de 011estro
llernardo Couto Caslillo-cl pequelio- cl consentido ele los artistas .v cl1i las mujeres .... Estábamos to·
dos .. . . y estábamos juntos .... y Ugarte so sentó i1 nuestra mesa cual :,i l.iubicse sido u11 hermano au•
sen te que volvía d•• un largo viaje; se hablaba ele amor y ele arte, los tlos problemas únicos y absorbe11tes de la ju·: 'Pt,1 1 soi1atlora; inquirlamos con a\·idcz recíproca las intimidades ele las dos pl(yac!es milirnntes, lama cu J:1 tia del Plata y la otra en el valle de los lagos muertos de .\náhuac. Las noches fres
cas volaban con su; constelaciouc~ doradas, después de los días pradiales, y errábamos al fulgor cinlil11ntP. de los astros persigttiendo el beso de una rima soiiada ó el beso ele una boca bermeja ....
Y una de aquellas noches, en el calor de una polémica surgida PII torno A una mesa cubierta 1le
ho&lt;•kq tic cerveza ambarina, ligarte vibró esta frase:
-Xo \'algo por lo que he hecho, sino por lo que har(•!
Osado pensamiento que revt'laba ingenuamente su fuerza inlorna, ,qn confianza rn la labor te11az clu
la c,bra madurada tt focgo lento, r¡ne en breve habla ele cumplirse en esa bella. pl'imi cia paginada que
son los l'afanjes parisie,ue.~.
Abro al acaso los lindos óleos de caballete, y hallo croquis tan hermosos como La ll1wia en el bosque, Rnjo la luna, Las alc/taas, que me recuerdan un sueiio ido, que me arroban e n el sueiio acariciado
en v11no, de los sitios dontlc noc,1e :í. noche mi esplritu yerra en torno de Lutecia cual mariposa nocturna
rn torna &lt;lt' la luz¡ !ec, T'11a m·,,n/ul'a, para mi el mrjor cuento, y entreveo las marinas holandesas á fuerlNl tintas sobre fon rlos grisrs r oigo • el bordonear e.le las aguas, en los canales henchidos ele bergantines.
En Gravelocllf hay un de:,file completo; es la bohemia e11 brama, bacantes y faunos expoliados por
na('chn~, G11mbrinuc; y YenuQ, 1ir1 p&lt;'rsigui(•ndose en una pradera ó en una. selva ele J-U•Iladt&gt;, sino afrodisi:rntlose en los café•-, cant11ntes con danzantes vientres desnudos ,v copl11s más fuertes que uo mal'isco
pimcntilclo con Cayena. La saturnal moderna en t&lt;•do su esplendor; las Ménades revoldn ,lose desnudas
en los divan es de los tallct'c.,, ante ojos ardientes de .pi ntores ,ic vellocinos de \'tinus y de poetas obcedidos por el i;cxo, cuya má~ alta jerarquía proclaml\ Felicien C.:hampsaurd! . ... Adios raptos ele Dejan ira
de Helena y ele Europ11!. ... ~o hay si110 pobres rosaq de asfalto que e~peran un brusco aletazo de Amor
para caer de espaldai,!
El romanticismo para siempre ha mul!1-to! La bohemia de esos Paisajes es una bohemia de hastlo! ..
y para curarme el alma de ese contagio- todo libro que lo produce es libro fuorte - voy á oír á Ruggiero Leoncavallo, Yoy á oír su música viva y ardiente, trasplantada ;i 18'38 para 1n-ocar la~ canciones de
Alfrrrln ele i\ínssrt y Henrt:\ínrgcr ...
,lfimí l'i11so11 la biondi11f'tltt ....
... . y veo A Sclta1111anl, A CollinP, 1L í:odolfo, á i\larcelo, vivos, e11 c111·ne y hul'so, cortPjando á i\fiml, A
;\[usette r {1 Femia, las hlondina'l ele grande.g soml)reros mariposas y volantes abanicaclores, y oigo la algazara del caft'· ;J[omus y la fiesta qur llena todo un pntio y toda una ciudad y toda una época y toda
una literatma, y sondo y suspiro al rrcordar los dichosos tiempos idos para siempre, y me entristPct'
Pquiparnr esa huida ;'t la de mis vcintr aiíos, mis veinte primaveras bien muertas.....
Uimí Pinscn la biondinetta ha muerto tambi(•n, y no la despertará nadie, jamás, sino en un drama
lirico 6 en una página de arte! En tus paisajes ílota la sombr.a ele i\limí, hermano mio de los Paisajes
pm·isienses, pero es solamente la poesla que has hecho sonrefr en las buhardillas en que agonizan b11jo
la bruma del realismo esas pobres grisetas, esas pobres musas dr ajenjo .... !

lle e roN i\l. CAi\lPOS

�LAS PRINCESAS.
rnr.

T11t:OnORF. O'F. ll.\S\'11.11!).

MEDEA.

Me lea, la lacrolna que alienta lll.! amor I mln,
Canta con el mar negro y el 1io que delira
Y en el astrn que Ilota sobre sus ondais mira
El reflejo albeante de su cuerpo desnudo.

"

HVIAJE AL PAIS DE LA DECADENCIA"
POR SANTIAGO ARGÜELLO H.

Pálida encantadora, cerca del Pbasio mudo
Canta y la vespertina rilfoga que suspira,
Pniéndose á sus versos con un rumor de lira,
~ni cabellos en cren&lt;'1Jas doradas desanuda.

(CONTINÚA.)

CAPÍTULO 1I. .

Sus miradas ardientes en el profundo cielo
Clav!rndose disciernen ensangrentado velo ....
L•tl'l!'O arranca en la falda de la montaña bruna
Las planta8 que recelan el trá¡;ico veneno,
Mientras que luminoso brllla su erecto seno
Como un pulido mármol al rayo de la luna!
C:Í..EÓl?ATRA.

tlora el rlo en la calma de la noche enc&lt;&gt;ndi&lt;lai
Lloran eternamente los rumores del Nilo,
Y los dioses eternos del alto peristilo,
Y las nrgras esfinges en la grande atenida.
La luna sobre un 11rngo matiz crisoberno
1Je nébulas, empapa con luz desYanecicla
A Cleopatra. desnuda, vencedora y dormida
Sobre un e!trai1o lecho que finge un cocodrilo.
Y mientras que dormita- maldición y tesoro
Del mundo- un dios de jaspe con cabez.a de toro
Se inclina y ,,e su seno donde la luz se posa¡

8n seno en"que los fuegos-rutilantes abrojosChi&amp;pean inflamando su brasa azul y rosa ....
r lll lclolo de jaspe se le queman los ojos!
MESALIN".A.

Ardiente, arrebatada por su pasión constant&lt;',
.llPsalina qne nunca. su fiebre desaltera,

Prendida en las espaldas la piel de la pantern,
La ,·rndimia &lt;'&lt;'lehra con sn joven amante.
Estrecha con sus h!'azos de nieve, delir:rntí',
A 8ilyns y lP clire: «Sir misterio quisiera

DE VI.AJ~.

AJAi\10S.
Y era una laguna, de orillas recortadas en circulo perfecto, azul y fúlgida, como
una gran turquesa liquidada. Ni clamas blancas, ui ondinas. Ni siquiern el pcccsito
nervioso de las claras fuentes. Agua sin rizos, cal,ellera de india.
Bajo la azul diafanidad, se columbra, allá en el fondo, un tri{111gulo. Y en medio
de ese ti·iángulo, un ojo abierto que mira fijamente ....
Eu derredor del lago, en tres iguales segmentos, tres raros y pasmosos palados, cada uno cou su
h ucrto florido.
EL EfE110, encaminándose al primer edificio:
-Entremos aquí.
Dió un afrl~bonazo, y la puerta, como un párpado con sueño, apenas separó sus pestai1as.
Entramo;;.
El salón era fri.o r tr;6le, lin reloj recordaba nucstl'O etemo desfile con el desfile eterno de su arena•
l ua a ,·e disecada mostraba su esqueleto, epilogo, fin, término del alígero músico del Alba. La dueJia tamhiéu se bailaba a!li, con un dedo en la frente. En sus ojos estaban apagados los ch·ios de la esperanza.
Ese roi;tro era tdste.
l'nsamos al huerto.
EL ErEBO:

- Fíjate bien en todo, para que nada oh·ides. Es preciso que te instruyas, para Ilegal' al dificil país
:'1 &lt;loude vamos. ¿\'es cuántos árboles, qué millares de arbustos, qué museo de frutos? Toca. En esta mau~iún todo ti ·ne vida. real. Aquí nada es fingido¡ aqul no hay espejismos. La fantasla no ha bollado jamás
el 11msg-o de este huerto. Esa Flora es un organismo en función, como los r¡ue tit conoces. ¿Te gusta aquel
ramaje? ¿T&lt;i desagrada. la calvicie irregular de esa cnpa? ¿Sientes que alienta tus pulmones la esencia de
ci;:i roi;a? ¿To hizo gritar el aguijón de esa ortiga? ..... Ya lo ves: lo uno es bello, y lo otro inarmónico;
(·~to rnna, y a&lt;¡ul'.-llo hace sangr:U' ~ enferma. En este huerto crece lo grande y lo pequeño, lo agradable
y fo feo, la flor que &lt;•mbriag:1 y la r¡ue destila tósigos. La \°mica condiciú_n que busca la Sei1ora es qnn la8
¡,:antas sean adorables y s:ípido~ los frntos para el olfato y la lengua de loR hom1,res clespie1·los.

Besar tu pie~ r¡nc t• .'aja humanidad lo ,· icra! ... •
Y del lagar 1 '. ,· . o ~ e&lt;:rapa dcsbordantr!
Y al fin el e I e, :lanza y al ritmo de la Jira

Estruja la bRcautr qn • rema·y que delira
Los p!tmp11no~ ¡ 11rp11r·
y rn lncos:embelesos,
Con l~ io~ don le •Ri•t;;Jn in uvllB exprimidas
El rostro 'el rf" " mactll{ con sus besos
Y dPjan ~,· r:ir,c ins ceiiiles 1le mordidas!

Yo:
¿El nombro ,re la Sciíora? . . ..
EL .EFJ:::80:

-La r erda1I.

Salimo~ por la. mi$ma put.'rta, apenas entornada misteríosamAnte. .
f-:l seguntlo edificio el'a. de m:ínnol. Severo, silencioso como un templo. D~ntro, el aire olía á incien•
i;o y llc\·aha cu sus ondas anullós de invisibles paiom11s.

�REVISTA .M.ODER~A-

R.EVlSTA MODERNA.

La dueña-rostro sace¡-dc,tal en donde juega una sonrisa evangélica,-tr11jeada de alhcscrmte liuo,
dPja caer sobre nosotros una mirada apacible como uua ala matorna.
En el huorto:

paladearéis eon gusto y hallaréis saboroso lo desabrido é ingrato. Ella sabe arrancar el rayo luminoso
de la cntrai'ia ele sombras del abismo. Si olla os scííala un precipicio, 110 haya temores! Arrojáos en ól, y
estad seguros, que hallareis alas suaYcs que os llevar{m por los países de la nota y del tono, euvolvi{•ndoo:; en la irisada evanescencia de las gasas del sneiío.
¿Quieres tú saber quien es? .... Pues descúbrete ante la universal cmperatd11. Es la ma.dre uberrima
tic todos los hijos del Sol. Es la Señora dCI todos los castillos. Los pccherns, los siervos de ese gran feudo
csteril-la Estulticia-que desparrama sus grajos á los cuatro vientos, no la tienen respeto, porque no
alcanzan á verla tal como es. Pero ella recibe los homenajes de todos los heroicos caballeros, que por su
amor rompen lanzas, y cuyas mansiones seiíoriales son capillas en que ai•den á. millares los cirios, en altares de radiosa opulencia, donde se ve la lumb.-e de las velas como inversas lilgrimas de oro.
Ponte ele rodilla11, que pasa junto á ti la Belleza!

Ec.

Et'EDO:

-Esas flores y esos frutos son benéficos. Su esencia panaceica adormece los males. Y los racimos no
embriagan, antes son suaves y purificadores. La lumbre que l~s dora, limpia de toda mácula. La acl"itud,
la amargura, la insania están IPjos del ':&gt;cnéfico zumo. Aquí verás cortezas en llagas, ó deformadas con
la erupción pustulosa de sus goma8; aqul abren sus ramas árboles fantásticos, frondas de calentura; mas,
erectos 6 jibosos, organismos evidentes ó fantasmas botánicos, todos llevan la marca de lo bueno. A Dios
incensan con la emanación ,·ivificante de sus broches, y al mundo ofrecen la copa de sus cálice~, donde
rebosa el fluido de la eterna salud. Amor! Eso trinan sus pájaros, castos y tiernos, eucarísticas aves de
los púlpitos; eso rumorea el alisio, cuando sopla, en sus juegos, sobre la abisinia cabellera de los copudos robles; eso murmura el agua que en chouo adamantino sale de las menudas bocas de querubes de
mármol y que, al caer en el pilón de alabastro de la fuente, se va rompiendo en menudas chispas líquidas. Amor es la palab1·a ritual en este templo. Y, á. su conjuro, caen las impurezas del alma, y el aire
que se inspira satura ele inocencia, y se abarca lo inmenso con la débil pupila y se tocan los limites del
cielo. Aquí sanan las almas como en una pila bautismal.
Yo:

ij
1

-¿Y la dueña se llama? ....

Ee,

EFEDO:

-'303

Yo, tembloroso:
-¿ l•:s cll 1? .... ¿\' ústoc, sou :;us Arboles, y esos racimos son su:; fruto:;,~ aquellos ra111illetes-pc&lt;lrurías con espíritu ele astro-son sus vivos ramilletes de fio1·es? ....
EL EFEBO:

-Tú lo dices. Ahora compara pn lo que antes 1·i,te. Aquf, cu esto ja1·di11, uo hay un árbol jiboso, ni
qna rama desnuda, ni una copa sin gracia. Las hojas muestran siempre sus trajes dr. primavera. !?Jora
aquí mantiene su perennal sonrisa, y Pomona luce en toda época la opulencia de sus mejillas rosadas, y
03 su vientre eternamente ftictmclo. Nada toques, para que no te e4pongas á sufrir desencantos. Ve y admira y goza. Aquf hny arbustos reales, pero hay también otros fingidos. Xada pruebes tampoco, porque,
si ha,v plantas cuya savia da salad y acrecienta la vida, es bien f:ícil que rn cuentres cicutas y beleiios
.\qui no todo es cierto, ni ~odo rs bueno, pero sí todo es bello.

-La Bondad.
Yo:

El tercer edificio guardaba sorpresas divinales. Era un joyel donde jugaba la luz en dclicio~os avatares cromáticos. Pebetero, viola, iris, nectar, cojln; sueño y verdad, i:azón y fantasía, arrullo del sentido
y éxtasis del alma.
Su jardín, un deslumbramiento. Cada flor, un broche sideral. En las hojas-verdes láminas de hia•
linas sonoridades-rociaba, brotando de los alrg1·es buches,-surtidores con alas-una lluvia trinadol'll. de
rítmicos aljófares.
Allí, bajo cortinas de follajP, Julia y Mesalina refocilan su lascivia sobre imperiales púrpuras; y mi1s
lt'jos, de pie en su nube, con.su manto Jánceado de estrellas, l'l!aría, el lucero del alba, la torre marlilefia
la que sojuzga Ía cabeza vipérea con la seda rosada de su planta, prende en sus labios la aurora mística,
la sonrisa de la Madre Virgen. Allf vuelan los ángeles de l\Iilton, sueiía l\Iargarita con las joyas ele Faus•
to, caracolean con escarces bélicos los palafrenes de Orlando y Radamante. Allí se elevan las dovelas de
los palacios asirios, se enrizan las volutas y las zodarias de licornias de los capiteles pérsico~, se enfilan
las tiesas cariátides y las ceñudas momias de un templo de Isambul. Allí zumba la avispa musical ele las
manolas en:tos chispos bordones de las vihuelas; Anti genes abre los panales de 6U flauta; se ado1 mecen
los oídos sultánicos al modular la ojaleha ele una odalisca granadina; dicen panderos y castañetas sus
alegrías truhanescas, sollozan las serenatas de Schubert, ó repiquetean sus armonlas ideológicas los walkirianos cascos. A la orilla del pilón de esa fuente dejó sus faunos Praxiteles, y Fidias sus deidades cris lefantinas. A los bisos de la irisada lumbre, se esponjan las plétoras de Rubens, Rembrandt despliega
sus antítesis .de luz, riega Veronc:0 sus divinos oros patricios y se elevan las sagradas ondas ele! turibtt•
lo ante las figuras de Angélico, que sueñan sumergidas en sus beatas penumbras de crepúsculo.
Sentl que pasaban por mi cspiritu sacras fulguraeiones. En mi tabernáculo brillaban los rayos ,fo la
custodia y los bordes áureos ele la pixide, y apareció en el ampo de la forma la divina Prcsccncia.
Er, 1wEno:

- Esa que va por los paseos del jardín, bajo arcadas uwbreiias, sobre raras alfombras ele pétalos, es
la Seííora de la divina morada. Su cabeza 11cm siempre la guirnalda de luz de las aureolas. Haga la
mueca del dolor, labre en su rostro la arruga de la risa, gesticule la pena ó muestre el gozo, sople la
vela ó prenda los altares, siempre fascina, siempre encanta, siempre tiene su voz los terciopelos del anu·
llo, siempre cae bien la caricia de luz de sus miradas, y sus labios destilan zumo de viñas y hay en sus
pupilas rerplandorc, •le OHnwo. 8i ,,icne de sus manos, bebed sin pcua. vuestra copa de aclbar, segurns
&lt;le que vai1. ¡_ paladtar ambrosía, :í. sabiendas ele que apur,íis -el líquiElo de In amargura. Ella sa.be dar
,•~Jts S-Orp•·l'/ftS. Ella !-ahr t'ngnií/lros, parn que no sint,íis la asperrza ele las rlro~as; y, en SlLprrsePnei...1

-¿\" hay bicmprc buen acuerdo cutre la:; tres ~cilorab? ¿No acacccu limltroftls disputas? ¿'Nu mueve
la a ntri ti a {t las dudiaH, 11i las impulsa á internar su dominio en el dominio ajeno?

-,
- Las tres conocen liicn su denolcro. Xiuguua atiendo á. la Avaricia, porque de nada serviría aten!lerla. Los árboles de la una son reales, como has visto. Saludables ó nocivos, repugnantes 6 armónicos:
:úempi·e reales. La cluefía, al cultivarlos, se arellida la Ciencia. La otra tiene plantas graciosas ó desgarbadas, verdaderas ó il'reale!', pero siempre buenas, formal y fundamentalmente buenas. De jardinera, sp
llama la l\Ioral. Esa que acaba de pasar junto á ti, y ante cuyos fulgores caíste de· rodillas, todo lo aparta, lo que sólo es uncno y lo que sólo es cierto, porque en su suelo enraizan nada más que los árbole¡¡
que llevan cu su s venas la savia de lo bello. Los labradores la conocen cc,n el nombre de Estética. 'Cad:iuna de ellas tiene fin propio. ,\dmitcn elemento 1jeno, pero jamás prescindirían de su esencia íntirqa.
Yo;
-¿Pero no llegan á veces á confundirse sus dominio~? ¿No es bello lo que es bueno y lo. que es cier
to? ~~o es bt¡cno lo que es cierto y lo c¡uo es bello?

Ef,

EFEBO:

-,-:'.\Ittchos, como tú, han 'ufritlo tau lamentablo errnr. l [ay ,los colores: blanco y negro; hay dos tiem•
pos: día y noche; dos estados: ,ida y muerte; dos ideas: Dios y Lucifer, Omrnrz y Arimán, Bien y i\Ial.
'f.'oc!o, en el mundo, se halla entre esas dos planchas antinómicas. Hijos de Dios, hijos ele la Luz: el Bien,
J¡i. Yerdad y la Belleza. El rayo idea rasga el tenebroso seno de la noche-ignorancia. La \'oluntad obliga á despreciar las ll ores que encubren la infección de las ciénagas, cuando los rayos cerebrales, anan,cando la venda, alumbran la turbia podredumbre ele las alcantarillas. Cuando la Verdad se enciende, la
Voluntad enseña lo quo debemos cumplir, aunque la ruta se halle cubierta ele abrojos y de ortigas. Su
dedo nos muestra la Tierra P rometida: la luz celeste. En el fondo del humano sé1· hay cuerdas de una
arpa misteriosa que suena il ,·eces la melodía del goce: arpa eolia tocada por et aire, ese artista sutil que
escurre sus alas invisibles á través de la ·!)jiva del sentido. Esa arpa limpia con el suave plumero de sus
uotas el polvo helado de la melancolía, otra forma del-~fal, de la :,foche y ele la ~focrtr.
El pensamiento y el sahcr sou holloi;, como antagónicos ilr la Unic•hl;, qur e·~ fra. Ef que np, cncl1•
go:rn, porque aprende.

�REVISTA l\lODERNA.

30J

El acto moral y voluntario es bctlo, porque se opone al desenfreno y á la muerte 11('( ahna. l;oza el
que obra bien, porque obró bien.
¿Y el que escue, a la mi'.Lsica del arpa iuterior y siente la embriaguez iusensual, por quó goza? ..... .
Vedlo! Ya está en éxtasis, con la mirada fija en el vaclo, viendo lo imposible, en In radiosa transfigu ración de los videntes!
Belleza cientlfica, He/leza m01·al, Belle.:a o tética, _bijas de la Belleza Luz, bija de Dios, uija del
cielo.
La Ciencia goza por el iutenis de la verdad; la :Moral goza por el interés del bien; la Estética goza
porque goza. No hay eu ella interé~. El placer es su sombra, su efecto indispensable, como lo cierto y lo
bueno lo son de sus hermanas. El placer, haMa en el dolor, hasta en las lágrimas.
l\Iira esos árboles, por última vez, y saca el provctho necesario de mis palabras. Todas las plantas de
este huerto encantan, aunque :ti tocarlas se desvanezcan como un copo de ensueño, y aunque sus pomas
encierren en el jugo la ponzofia del mal. El sabio tiene el árbol de la Ciencia¡ el sacerdote cui da el árbol
del llien¡ y el artista hace brotar la flor divina del árbol del placer absoluto: del goce por el goce. l\Ias, si
acierta á nacer entre los surcos un tallo verdade&gt;·o, que no se disipe en la reg.ión de lo&amp; delil'ios, y que
lleve en su sabroso seno la fu ente ele la. vida y eu sus corolas el polvo azul y mágieo cl&lt;1I arte, habráse
realizado la portentosa unión¡ habrA naciJo el sér trino y uno, la divinidad soñada poi los profetas ideales; se habrá llegado á la gran suma, y se verá la presencia sublime, excelsa, rara, de una slntesis celeste, de un reguero de estrellas marcando en zona fúlgida el camino que lleva á la morada del Dios úuico•
Esa planta florece en el fondo cll•l lago azul, junto el triángulo, que encierra cntrn sus lineas el ojo del
infinito.

(Con{ i11ttard.)

CADA UI\O CON Sil OUI~1ERA.
"'

BAJO uo grao cielo gris, en uua grao llanura pohorosa, 1,1u camiuos, ~in c11spetl, i,i11 uu cardo, biu
una ortiga, encontn'. á varios hombres que marchaban cncon·aclos.
Cada uno llevaba sobre su espalda uua enorme Quimera, pesada como uu saco tic hari un ó de carbón, ó como la fornitura de ~n infante romano.
Pero el monstruoso animal no era un peso inerte; al eout1·ario, envoh ia y oprimla al homlirc con ::;us
miLsculos elásticos y poderosos; se asía con sus dos filosas garras del pecho de s u montura, y su calJeza
fabulosa r emataba la frente del hombre, como uno de llr¡uellos cascos horribles con los que los antiguos
guerrnros esperaban aumentar el terror del enemigo.
Acen¡uéme á uno de aquellos hombres y le pregunté dónde se diriglan as!. l\le respondió &lt;JUe uo Jo
sabia, ni él ni los otros, pero !}lle evicll'nlemenle iban á alguna parte, puesto que eran impuls:vlos por
una invencible necesi dad de andar.
Detalle curioso que ol1se1Tar: niuiuuo de aquellos viajeros mostraba aspecto irritado cootra el
monstruo fc1 oz suspendido do ,.u cuello y pegado á su espalda; dijérase que Jo consideraba como si formara parto de si mismo. T odos aquellos rosti·os fatigados y graves no manifestaban ninguna desesperación; bajo la cúpula csplinética del ciclo, con los pies hundidos en el polvo de un suelo tan desolado co •
1110 el cielo, caminaban con la fisouornla resignada de los que están condenados á cspe1·ar siempre.
Y el cortejo pasó li. mi lado y Stl sumergió en la atmósfera del horizonte, en el s itio en que la super·
fieie redonda del planeta so oculta :\ la curiosidad de la vista humana.
Y" dttrante :ilgunos momentos me obstiné en querer penetrar aquel misterio¡ pero muy pronto la il'l'e·
sistible IndiferC&gt;ncia se abatió sohl'C mi, dPjándome más pesarla.mente agohindo de lo que ioan &lt;'llos bajo
sus apla,;tAntr~ Quim!'ras.
CHARLES

Tnt d. rlc •Hevihta :\Ioderna ·

DAUDEL\lltE.

DEL LIBRO «POEM"AS_,,

¿IJui(,11 te trajo? ¿,¡ué impulso misterioso
te arrojó á mi camino? ¿,¡ uf potencia
-illft!rual te 1110.¡lró mi obscura ,·ida
~- te 1li."o: \hl est;'L, tómala y hi,·rel11?
llttú destino safiutlo, qué destino
acopló tu existencia y mi existencia?
Yo fui como árb&lt; 1jo,·en, cu mis ra mi1s
escherzó sus ari-ullos lilornl'l11
y colgaron sus niJos las alourlras
,- sus mieles l11hraron 111s ahrjas.
LI sol cloral.ta ú fur;;o mis f'nll:1ji,~,
la luna con sus luces macilentas
nacaraba mis frondas satinadas,
el viento descrenchaba mi cimera.
)f,1¡¡ Uilcistc .i. mis píes, germen malútto
, creciste á mi amparo, infame yedra
y enredaste iL mí tronco tus beju cos
y prendiste festones dondequiera.·
Yo dije: Fs lll,o hennana, l'(U; se ac~ja
:i mi, &lt;¡llf'
liftmda,·r¡uetlorezea!
\" p1·onto1 t'On t11s tallos lr&lt;'pa,lores,
tentáculos floridos ele frim1•1ica,

�306

Rl!:VISTA J\IOUERNA.

l{E V1S'fA i\lOIJER~A

y el romance concluye de la suelte
q u e ,•erá en breve término quien lell .

me exprímiste la i;avia de la \'ida,
me chupaste los jugos de las v enas.

Desde culouccs me si¡;uc. y es cu vauu
c¡ ue me esconda: no hay uoclie a.saz espci;a
donde uo dés conmigo, no ha.y cnsuei'ío
que me arrope ni caos que me envueJrn.
Eres tú la que en lo Intimo del alma
co n el alma dialoga. y la condena,
la que convierte en pan mi eucarísti,1 1
la heterodoxia. si n cuartel, la réplica.
Te llamas el quién sabe! ese quién sabe
111ás ¡ay! demoledor que las trompetas
de Jericó, te llamas el acaso,
el quiz&lt;i .... y eres ogro de creencias.

¡111t ¡,nlpo! y lo peor es que t..: a111al,a,
que aunque la v oz dom¡ razón aui;tera:
,.\p(trtala de tí, me repella,
¿no Yes que te estraug-u la y to envenena i'•
~o la quise atender. Estaba solo
y tú mr. acompaiiast&lt;'; mi alma era
ignorante y sencilla, y le dijist&lt;':
«Analiza, in,estiga, canta, crea!•
Si, te amaba, te amaba sobre tocias
las cosas .... bandolera!
me atraían tus ojos, esos ojos
dilatados cual mares si n ribera~,
esos ojos tan negros y tan grand es
con pcsta1ias tan grandes y tan n, gras.
Una tarde llegaste á mi reliro,
yo miraba los montes y las selvas
y con voz que era un eco, me dijiste:
,¿Qué miras, qué meditas, en qué piensa~?•
,Pienso, te dije, en la bondad del cielo
que la vida creó; la vida es buena.•
e La vida, respondiste, es un engaño,
la muerte es un ensueño y una tregua,
para morir se nace y en la tumba
se unermeun solo instante y se d espierta •
,So elr~pi erta! ¿Y por qué? •
«Porque nos llam:111
otra v,·r. las angustias, la contienda,
y es preciso acudir á su llamado •
•¿Y 1lci..pués?• ,Otra muerte nos espera.•
¿Y tlcspués?•: «Otra vida• «¿Y cuándo acaba,
respóndeme, por Dios, esa cadena?•
,S u postrer eslabón estii muy lrjos!•
• Pero en dónde remata! • • Es tan ímnt&gt;us,i
la .iscala. evolutiva, aquella. escala
que el beduino J acob en sueiios viera! •
.. . ... Sentí al oírte
la Jatiga del bólido que brega
en medio del espaeio y busca limite
1¡ue detenga su giro y no lo encuentra;
la fatiga que sienten de seguro
en su ronda inmortal Paolo y Fran ccsca,
la fatiga de tantos eslabones,
la fatiga de tantas existencias,
,. se hizo cu mi espíritu la noche,
~ua noche de estigia. sempiterna .
Tus ojos la atraían, esos ojos
dilatados cual marrs sin riberas,
r~os ojos tan)1cgros y tan gran1les
i:on pe~tai'ias tan ~ran&lt;IPs y tan ur~ras
(Xota hen~: J~I poeta continúa

su proceso do todos loi; 5íStPmas,
de todas las ob.;curas teo~ouia,.;,
de todas las maraiías csotéri-ca~,
de todo(los pn1gn11nas po:,ili\·os
que dc1 rnrnlian aliares .,· desdeñan
la hipi&gt;tl' is &lt;lo Dios, &lt;le to,!o t'I trisl!!
,lclirar 110 las r:ir.as, a11rslcsia
&lt;·on &lt;¡Uc atlucrlll&lt;'ll las razas su am:tr¡nna
,I1i crmrn.r como somhras por la tirna,

Te escapas como el auge! eu la lucha
con .Ta.cob, de mis brazos y forcejas
en la, sombra, y atrofias, como el ángel,
tocándolo, el tendón de mi dialéctica.
:\lultiforme y á veces ca.rii1osa,
i;i me voy á caer de mi quimera
tu mullido colchón de escepticis mos
&lt;'xticndes sobre c&gt;I lodo ele la tic•rra.

•

:"\o te puedo dejar: estoy tan solo!
uo me puedo esconder porque me encuentras,
no te puedo matar por que me mato,
no te puedo apagar porque me hielas . ...
lurnortal, ten piedad de mí calvario,
dcscii1e los tentáculo~, ogresa.,
que lastimas las llagas de mis plantas
clavadas en la cruz de la impotencia. ....
Ya no quiero el veneno iconoclasta
ele tus libros hincha'.los que no enseñan
má.s que á dudar .... Escóndeme tus ojos
dilalados cual mares sin riberas,
esos ojos tan negros~· tan grandes
con pestañas tan grandes y tan negras ... ,

Ilueno, es fuerza acabar! Si Dios ex ibte
Dios me puede acorrer Tú nunca r eza~;
pero yo rezaré; tú nunca lloras;
lloraré por los dos; tú ni.mea sueñas;
pero yo soiiaré; porque me l'ian dicho
&lt;¡ue soñar es orar. Al fin, lobezna,
vas á ver cómo crujen tus cartílagos
bajo el pui1o del úngel y tt1s vértebras
en los brazos del ángel!
Cristo, Brahma,
Alá, Jovc, Adonaí, quienquier &lt;¡UC seas,
retira de mis labios e,tc cáliz,
Padre, ten compasión de mis tribléza,!
Sollviame la carga ele una estéril
ju,·entud que íntoxic~ la increeucia,
ó dame una fo tal cual la tenla.u
los guer reros antiguo:, en su empresa,
los mlsticos doctores en su dogma,
los viejos quiromantes en su estrella..
Ilolando en Dn:-audal, Huy en tizona,
Consíaulino en su signo, Magdalena
en su C1 blll, Sansón en sus Cl\uello~
.v, lhrri·,11 .,· Xiflhllr 1•11 fitls príncrsai,!

307

�30'8

REVISTA MODERNA.

REVISTA 'MODERNA.
Y b'll1.1, dice envolviendo en el escándalo
&lt;le sus vastas pupilas mi alma entera:
•Dios ha muerto ... hac!3 mucho... le matamos
Nietzsche y yo, en el azm· y en las conciencias.
,·eu, levanta tus ojos al vacio:
, ¿qué ves?•
•La via Láctea, sementera
de soles .... ,
•No por cierto: es 1111 caditvcr,
el cadáver de Dios en las esferas!,
Y al decir estas cosas naufragaba

mi razón en sus ojos de tinieblaF:
esos ojos tan negros y tan grandes
con pestañas tan grnndes y tan nrgras!

...

DE JOSE M. DE HEREDl~.

EL DUQUE DE EROGLIE.

..
VE CROOl,IE YLU!RTl~B.
U;&gt;,i )a muerte del_ duque de Aumale l.1

cn•.lt-mia Francesa perdió al rná:;
literato ele los prlncipes. Le quedaba d scfo1· duque de Broglic. Acaba
de morir. La Academia difícilmente lo reemplazará., pues pertenecla ii
una raza que va desapareciendo: la de los grandes señores literatos.
La casa de Ilroglie, si bien no es do las m{1s antiguas de Francia,
puede seguramente contarse enh·e las más ilustres de este pals. El pri•
mero de esta familia que llegó á Francia, futi un conde de Broglie, origi·
u~rio de Cheri, en el Piamonte, que despuós de habet· sido paje del príncipe Mauricio de Saboya y haberse distinguido en los campos de batalla,
ijiguió la fortuna de :lfaz1J.l'Íuo, fné nombrado teniente general y murló en 1656 en el sitio de Valencia.
Desde entonces, los Ilroglie empezarpn á hacer camino en la corte. Creados duques franceses y conllcs del Santo Imperio, cuentan eon tres M1J.1·isca,Jes de Frnncia, ministros, obispos. Pno de éstos, Carlos
Francisco, fué el célebre con-esponsal ..ecreto del rey Luis. XV.
El abuelo del que ac.aba ele morir, desp_ués de hab01· prestado ,ms servicios en la guerra de la in&lt;le¡,r udrncia norteamericana, fué nombradQ diputado de Colmar en los Estados Generales de 1789, aprobó
los principios de la revolución, y, mientras que su padrn mandaba ol ejército de los príncipes desten-ado.,,, cQmhatió contra ,~llos en las orillas .del Hhin, con el grado de mariscal ele campo. Como la mayor
parte de,los generales de familia noble que se aclhiricrnn iL la revolución, fué guillotinado. Su hijo Víctor, par do Francia, casó con la hija de la célebre madame de Stai:1, y después de la revolución de 1830
fué rnrias veces ministt"o. Hombre ele estri.tlo distinguido, ha 4cjado numerosos escritos politicos é interesantes Sourenirs.

El w,,yo1· de sus hi,¡o~, qw~ sirvo de teun á esta ~orrespondencia., Jacques Víctor Alberto, priucipey
111(ts ta1\lo duque ele D ·o~li nació el 13 de Junio de 1821. Diplomático, hombre de estado, historiador, diputado, ?'ua&lt;lor, mini :-u·o, nadie ig nora la. importancia de su figuración politica después de la caída del
impr rio y c.lnrautc 10;; ~rimcros :mos de la r!'púU1ica. Jefd de _la clorecha realista, fué el alma de la coali&lt;·iüu ,1uc ,lcspu~s clu hahcr derroca.Jo á i\l Thiel-111 trató cu vano 1le restablecer la monarqnla y prndujq
,~ caMa del rnal"i,~al de ~lac Uahon.

No prcll'nc.lo en esta, rápidas líneas consagradas á la memoria de un homl.Jre lan ilustre como mal
conocido, hacer un retrato definitivo, narrar la v ida pública y analizar la obra de historiador del duque
do Broglie. La más Iai-ga y seca de las nomenclaturas de la que estos primeros párrafos pueden dar una
idea, no seria suficiente. l\Ie limitari'•, pue@, á escribir algunos recuerdos, algunos rasgos del personajt•
qu~, quizás, t'.lnd. án el don de mostrarlo tal como se le j uzgaba por los que no lo conocian y tal como era
realmente para los que tuvieron el honor du tratarlo de cerca.
Su nombre, que han ilustrado la guerra, la diplomacia, la política y las Ietra11, este nombre que se
pronuncia de manera diferente á la que se cscribe-¿no habrá sido esto una de las causas íntimas y ohs&lt;"nras de la poca popularidad de los que lo Ilevaron?-este nom"l)re de Droglic evoca siempre en mi rl pa•
sado ya muy lejano de mí primera juventud.
l\fe recuerda, en la antigua abadla de San Yícente de Sentís, donde fuí educado, la gran sala capitular completamente blanca que nos scrYía de comedor, donde se alineaban las mesas presididas por los
buenos sacerdotes, excelentes humanistas que nos enseñaban el amor de las letras griegas y latina~, al
mismo tiempo que el respeto por la lengua francesa.
Descansando contra la pared del fondo se levantaba una tribuna que ocupaba el lector. Su voz, do•
minando· el ruido de los cubiertos y el rumor de las conversaciones en voz baja, rctum haba bajo la bóve•
da de piedra cuya noble y fría arquitectura parecla hecha para el estilo grave y sobrio de La historia
de la iglesia y del imperio 1·omano en el siulo IV. ¿Quién me huuiera dicho entonces que el autor de ese
libro, cuya lectura escuchaba distraidamente, serla un dla mi colt"ga en la .\cademia Francesa?
Los años pasaron para mi rápidos y numerosos. La política es casi siempre, para los que los estudios históricos sumergen en el pasado ó la poesía arrastra hasta los suctios, algo sumamente indiferen te
y hasta odioso. Pern el terrible sacudimiento de IR,0 conmo,·ió todos los espíritu;. Ftté necesario preocuparse de los destinos de Francia, desmembrada y ,·iolentamenteagitada. J~ntonccs el nombre del duque
de Broglie, aplaudido ó detestado, pásaba de boca en boca. Su actitud el 24 de :\Iayo, sus discursos t'n la
11samblea y en el senado, en fin, el golpe de cst1vlo del 16 de Mayo de IR7i y la rlisoluciún &lt;le la Chmara,
lo hicieron tan impopular como célebre.

tJn lindo dla de verano de ese mismo año, mi vit&gt;jo amigo, el buen clliLor .\lphonsc Lcnwrre halJl;t
reunido i~ algunos poetas en Yille d'Avray, en la casa deliciosa del delicioso pi11to1· Corot, que es hoy la
suya. Habíamos festejado á un hués¡Jed famoso que, si no escribía versos, le gustat.an y loe comprenclla. Era Clambetta. Estuvo encantador en su graciosa sencillez, y durante nuestra libre y famW,a.r con ·
versación se mostró lleno de imaginación y de alegria gauloisis, amable y atrayénte como sahfa $&lt;'rlo.
Nos sedujo á. todos. Sentados bajo la ·sombra ele los tilos, rodeados de flores, en la calurosa atmó!Jf~,-a~le
una linda tarde templada por la frescura de las aguas, escuchábamos al tribuno que, con una clocuei:ei:i.
tan seductora como ingeniosa, comenta ba espiritualmente á Habelais, cuando, á propósito c1·.eo.dePicrochole y de sus aventuras, uno de nosotros, no recuerdo cuál, hizo alusión á la politica •del ..mcnnento_ y
pronunció el nombre del mariscal presidente. Inmediatamente se ci-uzaron las preguntas, las' exclafua•
ciones de todos. ¿En qué &amp;ituación estamos? ¿Cuál es su opinión? ¿Qué cree usted? ¡La situación es grave! ¿Quieren echar abajo á la república? ¡Yan á restablecer la monárquía!-•Pero no, pero noi• protes·
taba Gambetta, algo desagradado de verse asl repentinamente conducido á las p1·eocupacionés un mo •
mento olvídadas.-;Tened cuidado! Ilan cambiado los pref~ctos, disponen de todo el clero, de los banqnciro!', do los magistrados y del ejército.•
-•,o tanto como I h11&gt;s. parecen creerlo. Ademas, en último e-aso, no tcndriamos temor al dirigirnos
al duque de Aumale. Ejr rce el mando, en Besan~-on, del más espléndido, del mejor cuerpo clol ejúrcito
que hay en Francia; haríamos de él, si fuese necesario, algo parecido ii un Stathouder, y les aseguro quo
el duque no restaurarla ni la monarquia del derecho divino, ni un reinado constitucional. ¿Y por otra
parte, quién se animaría á ir hasta el fin? Fourtou, que parece tener veleidades de audacia, se arriesgarla quizás si se le clt'jase en libertad de obrar. Pero Broglie no se lo permitirla. Es, sin embargo de todo,
demasiado francés, demasiado geltilhombre, demasiado duque, para mezclarse on semejante empresa y
mancharse los puiíos con sangre. ~o hay hombre más desagradable, más seco, más agl"io, más alt11.nero;
pero es necesai-io reconocerlo, es un cahallero, un politico sutil, uno ele nuestro!f primeros historiadores,
orador notable, pero . ... -y su voz se convirtió en un trueno irónico y aleg1·e- .... pero, un orador que
nadie escucha.• Y no pudiendo resistir al placer de termi nar con nn rasgo m!ts brillante, por mhs injus,
to qne fnr~e: •¡En suma, un :\faquiavelo de corredores!•

Q11i11cci aiíos m1ís tnnl1·, huela mis visitas_ 11cadómicas. '/o fné sin cierta 11prcnsión qne sal v,\ por n z
primera la gran puerta 1lrl hnlPI de la rne ')olfcrino, cuyo pi!IO tercero ocnP_aba el duque de Broglie. La
tiesura del lacayo á quien entregué mi tarjeta, la altura de los salones quo adornaba, sifi ('Omplemen to
alguno de plantas ú ohjt'tos preciosos, PI mobiliario reglamentario, dP nna riqueza fria y anticuada, to do parcela acordarse con la idea que mo habla formado de un doctrinario aristocrático. l\Iucho me 1101·prendió la acogida que me dispensó el duque de BrogJie.

�• 310

1:EVISTA J\JODERNA .

:--;e 1110,.(rú, al p1 íntipio, de uua urbauill~tl t·.\.•¡1tbh a, 1ll' 1111a li1111ra al Lira, 111:ís bic11 r~sen·a&lt;l,L que
nltancra, que se animó poco después con un ligero tinto tle 1;impatía. S,1 fisonomía, eucuatlraua por cabollos de plata finos y rizados, debió habc1· sido sumamente atrayente. Se habla couscn·atlo fresca, delicada y diS'tinguica con sus ojos celestes y penetrantes. Durante nuestra conversación, que se prolongó
mús de lo que se usa en estas visitas de ceremonia, me dijo, con su voz entrecortada, sorda y seca, cosas
muy halagiieñas.
Cuando se levantó para acompañarme, no!(· que s u estatura, que no era superior á. la mediana, parcela más alta de lo que era realmente, habiendo conservado algo de la esbelta elegancia rle la juventud L:i. mano que, al Ill'gar :\ la puerta, me tendió con gracia, apretó la mla con una especie de apuro
Inquieto ó tlmitlo, y com prl'n rll que no estaba acostumbrada á este gesto banal que prodigamos á todo
el mundo.
Salí tic esta ptimera cntrevi:,ta, sorprcutlido y hasta encantado. Después he visto frecuentemente al
duque do Broglie cu su casa, asistiendo á sus miércoles, y casi todos los jueves en la Academia, á los
que concurrió con gran asiduidad hasta los últimos dlas de su vida. Antes de la apertura de la sesión, se paraua generalmente delante de la chimenea, bajo el retrato de nuestro fundador Richelieu, y
conversaba con sus colegas. Su csplritu adornado y armado de todas armas, se ejercitaba alll con complacencia. 8in embargo del traje moderno, estrecho y obscuro, tenia buena figura, aun compllrada con
le. efigio altanera y fastuosa do! gran cardenal, del duque rojo, del otro Duque.
En el curso de nuestras discusiones, en las que se interesaba y que consideraba como una inversión
de sus vastos tral.Jajos históricos, daba pruebas de los más variados conocimientos, de la más amplia in·
teligencia y del gusto más seguro. ~o olvidaba que era nieto de :IIme. de Stac', y parecía casi tan orgulloso de su talento como de su nacimiento. Su pequeño libro sobre Mallierbe es. á mi modo de ver, una
verdadera obra maestra, en el que las ideas más nuevas, las más atrevidas, las más justas, se encuentran
rxplicadas en una forma de una sobriedad y de una perfección clásicas. No pude deja1· de escribirh• mi
opinión sobre la obra. Este elogio, de parte de un poeta, pareció impresionarle vivamente y me lo prohú
en ,•arias ocasiones. Su altivez tan famosa, que tantas veces le ha sido reprochada y que le ha enajc11n•
do tanta gente, no era, me parece, sino el producto de su cli:,tracción y de su timidez naturales, :\ Lt;
qnc se agregaba un respeto demasiado grande por hi mismo.

ALGUNAS IDEAS RESPECTO DE INSTR UCCIO\ PRI.\IAI\IA
l 'RESP.NTADAS l!'N l·ORi&gt;J.-\ UK ()J:·1,Ufb;;\: l'v1~ C-:,\UISC. DA~IOWA.
.( L A co~11qós !'\'O\IPR.\U.\ E'l [~.\ JU.-..TA UR ,\'.\llG05, Rel'NIUOS cos EI.Oí,JRTO Dl': PRO~MntR

U ) IJ{,'R

l'l'.lllF..5E SFR lTIL

rAttA mn.::--tJR l.A JLliSTRAC(ó:,.. r::~ '.'\IÉ'.\ICO.
. \ PROOAlJO roR OJCHA COM!Stó:,..•, TANTO E:; LO CF.!',;KR.-\l, COlfO El\ LO fU-f.A1l\'OÁ , ..:\ PAR.'E

RF.SOLUTJ\'A CUS" QYB TKRMIX.A.

INDIVIDUOS QUE OOMPOSIERON LA OO}fJSION DICTAMINADORA:
CC, Gabino B&lt;Lrred3, Ignacio Ramirez, Rafael Martinez de la Torre, Guillermo Prieto, Roberto Esteva.

•

l.'cduratior: con,ti tuo le· p1·éinier eles nrls ¡,, s,, 11 1

p l c•lncm:,nt g,·11&lt;-rnl. cl'!ui ,111i perfel'dnnnc l'ai•1io11 •
,·n nmc horanl l'•!&lt;'Cllt.
A. l'on·tc Systi·mc lle P olit posit t J\'. p w;.

PAnn: TEIWEIL\.
MIWIUAS l'IlÁl'TlC.H.i Ct'YA SANCIÚN l.EOAL I IlEE LA CO)lli\lÓN tJ UE ~RilÁ PllOl'I.\
l'AR \ DIPl'LSAR LA INSTR!'CC!ÓX PllBIARfA.

Rallamos juntos algunas veces, terminada la sesión, y caminábamos por los mttrlles, hablando sobro
los temas más diversos. l\Ic eran sumamente agradables estas conYersaciones con un hombre de tanw
valer y tanta experiencia, que habla conocido tocias las grandes figuras de la edad heroica de 11111!s•
tro siglo.
Un dia que me reprochaba, con suma amabilidad, por otra parte, de haber exagerado en mi &lt;lbcur•
so do recepción los méritos de Lamartine, como ciudadano, le contesté: •Permltame que le diga que U,t.
juzga á este gran hombre, un tanto como discípulo del doctrinario Doudan; con las prevenciones do u11
contemporáneo, de un adversario; en cuanto á nosotros, lo vemos ya en el pasado, como en una gloria
de poesía. Ud. me ha hecho el honor de enviarme recientemente la colección dt:1 las cartas deliciosas y llenas ele emoción de su madre. En una de ellas so lee:- perdone si cito inexactamente, pues cito de memo ria,:-- i·i:6riéndose al joven poeta tic las Meditaciones, que emprendla viaje parn l◄'lorenoía: • He visto á
Lamartine que tiene casi tanta belleza como genio.• Hay en esa colección cartas de una fiueza verdaderamente exquisita; una, por ejemplo, entre muchas otras, en la que su madre le reprocha el que UJ. sepa see en los bosques de Brog:ie, siempre en compañia ele un libro ó de un amigo con quien Ud. habla d,i
política, ~- 111 aconseja que mit·e la naturaleza á su alrededor, que se lije cómo abren las flol'cs, cómo crecen las hnjas de los árboles y qué dibujos forman las nubes al correl' par los cielos.&gt; - •:'\Ii madre tenia
razó11, 11i,io somiendo, y comprendo ahora, un poco tarde, que lo pintoresco es bueno algunas veces, aun
hasta en la historia.,-Quedó un momento pensativo y continuó poco después: • Para volver iLlo que decíamos del S r. de Lamartine, creo como l'cl., mi querido colega., que cuando un hombre ha llenado un
papel en la hil,toria con \·alo1· y sinceridad, se cleberia. siempre tomar en cuenta l:Ls circunstancias prno •
i;as y los obstáculos que so le presentaran en su vida, y no juzgarlo sino por sns virtudes.•
Me detengo ante estas bellas palabras. El duque d e Broglie ha muerto en la plenitud de sus fuerza•,
rlr~pu&lt;'•s de Rnn vida bie.n empleada, cuyo fin ha sido ele una dignidad discreta y serena. Era nn francé,i
,1,, ¡;rn11 raza, tic un raro valor intelectual y moral. Ctta.lquicrn que sea el fallo que cada uno, según su!!
¡rnsionc~, pueda pronunciar sobre el hombre p1'i\:-lico, se clebe1 li. las puertas del nuevo siglo que se ini _
da, saludar con respeto fL esto representante de una época distinta, :°Leste pr.rf,•.cto Pjemplar ele las Yirtn
1lrs trndil'ionalr11, :í esta gran figura que ncaba de dest.parPcer.

I}.

,,.

JOSÉ MAldA DE

Hr.REDTA.

JU :m:¡¡ ,~: T~do habitante del Distrito, ó mejor, ele la llcpública, tirne ohhgac1ón de adquirir la instrucción primaria antes de los t:l

aitos de su edad.
.. Segun.da: ~ólo se admiliran como excepciones las de imposih1hdad fis1ca o moral, en los casos que una ley reglamentaria seiiale.
Tercera: Los Ayuntamientos y autoridades pollticas tendrán la
. .
.
facultad y la obligación de imponer penas, principalmente pecu111an~~• á los que no cumplan con el precl'pto legal, clrjando de proporcionar la instrucción primaria á
sus hlJOS.
Cuarta: Dichas penas serán ;;cncralmente co1t1ts, aun con relación á las facultades de los remisos,
pero a~licadas con_ inexorable rigor, {~ingresar:m :i.l fondo de Instrucción primaria.
Qu10ta: ~clemas ~e las p_enas ~ecuniarias, la ley se servirá ele otros medios para hacer que el precept? de_ la 10str~1~c•~n obl1gatona tenga verificativo, tales como las penas iL los patrnnes ú amos que
a_c~m1tan a su serv1c10 o en sus talleres niiios r¡ue no hayan adquirido ó estén adquiriendo dicha instrncc1on.

. Sexta: A e'.:cto ele fa~ilitar el cumplimiento de la pre,·ención anterior, Ja9 escuelas tendran una sc•cclon para los nmos que solo concurran medio día, ya sea en la mañana, ya en Ja tarde.
S_t:•pti~a: Lo~ A~·untamientos de todos los lugares percíbirfo en sus respectivas clrmarcacioncs, la!!
~ontn buc1ones dir~ctas que se establecer:\n en cuanto fu·e re necesario para tener abierta, para cada sexo
o parn ambos r_eumclos, una escuela primaria por cada 500 habitantes, siempre que los fondos orcl inarioR
no fueren suficientes para ello.
Octarn: Para que _nadie pueda dudar de la verda lera necesidad de imponer dicha contribucitJn, asl
c?mo el~! em~leo efectn·o de sus productos en el fin i\. que están destinados, la autoridad polltica uombrarn una J_unta mspectora, com~uesta 1lc personas de reconocida moral y acomodadas, que se consicl erartm
romo miembro~ de~ -~y untamiento para sólo el caso ele percibi1· la contribución ó de eJCigir Jas cucntns :'L
los que lia~·an lll mm1str:\llo ~sos fo ndos.
Nornna: El ní1_mrro de n~icmbros ele esta jnnta Sl'r:l iiual al de los concejales, y para los cft&gt;clM
,!el articulo lll · 'n-Or, trn,lra n voi y Yoto rn las Rcsioncs que exprl'R:unentc se cit:1.rrm para tratar P~O.'l"
aqnntos.
J&gt;(•cima: I-:1 Ayuntaml&lt;'nlo, integrado -eon la junta Inspectora, en la forma expresada en el articula
noveno, pod,·A nombrnr y remover libremente ,¡ todos los cmpleaclOH qne intervengan en el cobro y adm i,

•

�REVISTA MODERNA.

312

AÑO

nistración del fondo de instrucción primaria formado con la contribución mencionada; pel'O los proft!SO·
res serán nombrados exclusivamente por el Ayuntamiento como tal.
Décimaprimera: La duración de estas juntas inspectoras será. de cuatr-0 aiios, haciéndose cada ario
nue,·o nombramiento de un número de miembros igual á la cuarta parte del total, prefiriendo en todo ca
so para estos nombramientos á los padres de familia..
Décitnasegunda: Cada siete años, la. autoridad polltica, con acuerdo del Ayuntamiento, integrado
con los profesores del lugar, hará la declaración ele lo que en el septenario siguiente debPril. entenderse
por 1xsTnt:cc1&lt;'1~ PRBIAJtrA, sin que rn ningún caso pnecla (•sta comprender menos que: lectura, escritn
r11, ortograffa castellana, las cu/ltro reglas de aritmética, elementos ele historia nacional y gimnasia.
Dí•cimatercera: Este programa sólo comprendcr:'1 el mi11i11111m de instrucción que un niño deberA adquil'ir para considerarse satisfecho el precepto legal; pero de ningún modo se opone á que la enseñanza
voluntaria que se dé en dichas escuelas abrace mayor número de conocimientos útiles, ni mucho menos
i1 que se establezcan escuelas primarias de perftccionamiento, en las cuales la instl'ucción será más am·
plia y completa.
Décimacuarta: Sin emplear co11cción de ninguna clase, se procurará por la couvicción, los estlmu•
los y el buen orden y moralidad de las escuelas, y especialmente de los profesores, que los niños de todas
las clases concurran {1 las escuelas y adquieran en ellas la. instrucción primllria m{1s 1,ien qne en el domicilio.
Décimaquinta: Los profesol'es titulados serím de 1", 2" y 3" clase.
Décimasexta: Para adquirir el titulo de l3 clase se requiere: haber concluido la instrucción prlma!'iit
y la secunda.ria, y sufrir un examen teórico-práctico de los métodos de ensei'ianza, muy particularmente
ele! llamado objetivo, ser de buenas costumbres y de buenos modales.
Décimasl&gt;ptwia: Para obtener el titulo de 2" clase, se requiere acreditar, por modio de examen, ce•
t111· suficientewte instruido en los ramos siguientes: lectura, escriturn, gramática castellana, aritméti•
ra, incluso &amp;I i(stema métrico- decimal, geografía física y política, histo1 ill del p11 is, ser de buenas costumbres y "" buenas modales, y haber practicado por seis meses lo menos la enseiianza objeti\'a..
Décima,'\cttwa: Para tener el titulo de 3" clase se requiere: 11creditar en la misma forma, aunque en
un g1·ado menor, la instl'Ucción indispensable en los mismos rllmos exigidos para la 2" clast&gt;, quedando
por lo mismo en cada. caso libre el jurado ele ex11men para decidir si deberá expedirse titulo do 2ª ó do
:r clase.
Décimanovcna: Ninguna eseuela sostenida por los fondos públicos podrá cstu dirigida por profosor
no titulado.
Vigésima: Anualmente se puLlil':u·,í. un censo de los niiios que ashten ii las escuela9, comparando el
11i1mero ele éstos con el total ver1hrlPro t'., al menos 11.pro~imativo, calcula,to :\ r11zón lle un nii'lo por cad11
cinco ó seis habitantes.
:\1éxico,

1 go&amp;to

IV

MÉXICO,

2ª

QUINCENA DF.: ÓCTUflRE DE

1901

ARTE Y
01 RECTOR: ,JF.RDR R. VALEN7.UBT,A.

,

'('

CIENCIA.
'

,JEI•'E DE REDACCTON: JE~UR UBUET,-\.
1'i]). ¡le n11blá11.

...

l•

BARRED.\.

OFRENDA.
ltes¡11 ·nodo un olor 11~ pri1trn\·1•ra,
Me incitb como un ramo de jazminf'.~
'l'u @eno, y en tus mieles y ~atines
Re armrucé&gt; cantando mi quimt'r/l.
I_Jniel'O h ajo el frescor de ad&lt;1nni!l1•rn
tus ojos, mil'i.r nuevos confint''1,
't distraer mi luto en los jardineR
l 'ml,rosos de tn suelta cahellera.
l)¡,

Y en cambio de lns lises e,plendentrs,
En cambio de los mfsticos presentt's
lJue me dar:í tu mano bondadosa,
Mi ju\'entud, que exhitlMA en las 1-iradai
De tu altar, :í la lnz dP tu1 mir1t1las,
Su perfnmf' r"mo nn/l tn 1rro1ia.
11 IUN

20

REVIST.A

15 de 187.;
GAlll)(O

NúM.

HEROLI.EOO.
PROPET.\~ DE i\frGl'EL

A~ol!lr•.--CAPILLA

81xT1NA

Ro.u4,

�</text>
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                <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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              <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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              <text>Urueta, Jesús, 1868-1920, Jefe de Redacción</text>
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              <text>Peña, Guillermo de la, Administrador</text>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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      <name>Duque de Broglie</name>
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      <name>Viaje al país de la decadencia</name>
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