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                  <text>REVISTA MODERNA.

312

AÑO

nistración del fondo de instrucción primaria formado con la contribución mencionada; pel'O los proft!SO·
res serán nombrados exclusivamente por el Ayuntamiento como tal.
Décimaprimera: La duración de estas juntas inspectoras será. de cuatr-0 aiios, haciéndose cada ario
nue,·o nombramiento de un número de miembros igual á la cuarta parte del total, prefiriendo en todo ca
so para estos nombramientos á los padres de familia..
Décitnasegunda: Cada siete años, la. autoridad polltica, con acuerdo del Ayuntamiento, integrado
con los profesores del lugar, hará la declaración ele lo que en el septenario siguiente debPril. entenderse
por 1xsTnt:cc1&lt;'1~ PRBIAJtrA, sin que rn ningún caso pnecla (•sta comprender menos que: lectura, escritn
r11, ortograffa castellana, las cu/ltro reglas de aritmética, elementos ele historia nacional y gimnasia.
Dí•cimatercera: Este programa sólo comprendcr:'1 el mi11i11111m de instrucción que un niño deberA adquil'ir para considerarse satisfecho el precepto legal; pero de ningún modo se opone á que la enseñanza
voluntaria que se dé en dichas escuelas abrace mayor número de conocimientos útiles, ni mucho menos
i1 que se establezcan escuelas primarias de perftccionamiento, en las cuales la instl'ucción será más am·
plia y completa.
Décimacuarta: Sin emplear co11cción de ninguna clase, se procurará por la couvicción, los estlmu•
los y el buen orden y moralidad de las escuelas, y especialmente de los profesores, que los niños de todas
las clases concurran {1 las escuelas y adquieran en ellas la. instrucción primllria m{1s 1,ien qne en el domicilio.
Décimaquinta: Los profesol'es titulados serím de 1", 2" y 3" clase.
Décimasexta: Para adquirir el titulo de l3 clase se requiere: haber concluido la instrucción prlma!'iit
y la secunda.ria, y sufrir un examen teórico-práctico de los métodos de ensei'ianza, muy particularmente
ele! llamado objetivo, ser de buenas costumbres y de buenos modales.
Décimasl&gt;ptwia: Para obtener el titulo de 2" clase, se requiere acreditar, por modio de examen, ce•
t111· suficientewte instruido en los ramos siguientes: lectura, escriturn, gramática castellana, aritméti•
ra, incluso &amp;I i(stema métrico- decimal, geografía física y política, histo1 ill del p11 is, ser de buenas costumbres y "" buenas modales, y haber practicado por seis meses lo menos la enseiianza objeti\'a..
Décima,'\cttwa: Para tener el titulo de 3" clase se requiere: 11creditar en la misma forma, aunque en
un g1·ado menor, la instl'Ucción indispensable en los mismos rllmos exigidos para la 2" clast&gt;, quedando
por lo mismo en cada. caso libre el jurado ele ex11men para decidir si deberá expedirse titulo do 2ª ó do
:r clase.
Décimanovcna: Ninguna eseuela sostenida por los fondos públicos podrá cstu dirigida por profosor
no titulado.
Vigésima: Anualmente se puLlil':u·,í. un censo de los niiios que ashten ii las escuela9, comparando el
11i1mero ele éstos con el total ver1hrlPro t'., al menos 11.pro~imativo, calcula,to :\ r11zón lle un nii'lo por cad11
cinco ó seis habitantes.
:\1éxico,

1 go&amp;to

IV

MÉXICO,

2ª

QUINCENA DF.: ÓCTUflRE DE

1901

ARTE Y
01 RECTOR: ,JF.RDR R. VALEN7.UBT,A.

,

'('

CIENCIA.
'

,JEI•'E DE REDACCTON: JE~UR UBUET,-\.
1'i]). ¡le n11blá11.

...

l•

BARRED.\.

OFRENDA.
ltes¡11 ·nodo un olor 11~ pri1trn\·1•ra,
Me incitb como un ramo de jazminf'.~
'l'u @eno, y en tus mieles y ~atines
Re armrucé&gt; cantando mi quimt'r/l.
I_Jniel'O h ajo el frescor de ad&lt;1nni!l1•rn
tus ojos, mil'i.r nuevos confint''1,
't distraer mi luto en los jardineR
l 'ml,rosos de tn suelta cahellera.
l)¡,

Y en cambio de lns lises e,plendentrs,
En cambio de los mfsticos presentt's
lJue me dar:í tu mano bondadosa,
Mi ju\'entud, que exhitlMA en las 1-iradai
De tu altar, :í la lnz dP tu1 mir1t1las,
Su perfnmf' r"mo nn/l tn 1rro1ia.
11 IUN

20

REVIST.A

15 de 187.;
GAlll)(O

NúM.

HEROLI.EOO.
PROPET.\~ DE i\frGl'EL

A~ol!lr•.--CAPILLA

81xT1NA

Ro.u4,

�REVISTA MODERNA.

DE NA1"URA RERUM.
,\ DlE hubiera creldo, al ver la galana pareja en plena bizarria de
edad, suspensos los dos peregrinos de amor en esa última cumbre
ele Ja vida en que se detienen los séres pensantes por la postrern
YCZ para tramontar los cuarenta años-porque hay así etapa~ en la
eflorescencia humana, en las que se descansa por décadas baJO una
apariencia. inalterable físicamente, p_r'.mero en la _adoles_cencia,_luego en Ja'juventud, después en la. vir1ltdad;- nadie hub1ern. sonado
q ue la "'entil pareja o-ranada. y lozana, ella con su pesada masa de
"' ne.,.rlsimos y"' pujantes, él con su cabeza empolvada d e me.
cabellos
ve como Jo; cortesanos versalleses, ella. y él con los ojos límpidos,
las mejillas Lersas, los miembros ágiles y briosos, hubiesen arribado á. 1~ cumbre de la vida de otra manera. que llevados por Jas mañanas y ]as tardes en el capitonado !ando amenazado ~e volcarse _al em_puje del altanero tronco de frisones equinos; mecidos con indolencia en un~ cadenciosa cracoviana o
torbellinados en el maelstl'Om de un vals en la. feérica. gloria. de un sarao; reclinados ella. en el ~n!epecho
y él en el fondo del palco, ella para. ser admirada y él para admirar. á sus anchas ~a fruta proh'.b1da q~e
sus catalejos api·opincuaran hasta su boca; bogadores los dos, en fin, en el barquichuelo _alhaJado _Y JO·
ya.nte de Ja Fortuna, esa pical'illa hada que cuando se deja coger por las a~a~. cual man posa ~bn~ de
miel, y aprisionar en una caja fuerte de hierro, premia á. quien la dona tal p1:1s10n, acu_mulando m_fatrgable noche á noche, en unión de los gnomos Japidal'ios y audfabristas, pirámides de piedras prec10sas ~•
columnas de superpuestas y selladas águilas de oro!
. .
.
Así, con las pasables molestias de un Pullman de recreo, parecían a~u~llc,s ~os _viaJeros h~~er arnbado á. la cumbre alpestre desde la cual contemplaban risueños el pa..~oramico pa1saJe ~e la. felicidad e~cumbra.da después de regar flores, a.guas, mieses y uvas por las ca.mpmas fecundas en bienes. Pero nadie
Rabia., ahora., la. violenta prueba en que su corazón habiase a.cdsolado !
. .
.
Veneranda y Gabriel conociéronse sin ninguna aventura novelesca: él daba clases de pa.isaJe al oleo
na las recibia en su mansión suntuosa de heredera. única. de una gran fortuna, rodeada. de una corte
~eeprimas parasitarias sobre las que imperaba. como una dogaresa. U:n ejé~cito de criados y lacay~s
servia a.l pensamiento, obedeciendo sus más infantiles deseos que por rnfantiles á. menudo eran quimericos.
Por ejemplo: cierta mañana despertóse en su lecho de infantina, recamado de ~londas a.len&lt;;?nesa.!l, c_on
el deseo de amar· v como el ideal ele las criaturas románticas era por aquellos anos hoy corndos-D1os
mio! mi juventud' ha florecido entera de entonces á hoy!-un soñador solit~rio ~ a~~sionado á la man~ra
de Jos héroes romancescos crea.dos por la corte planeta.ria de Hugo, el garzon pa1saJ1st~ a vio ose ~omo cm·
tillo al dedo al caprichuelo púber de la. hermosa.. Y as! fué que al presentarse en_ el hnd~ estudio que se
dirla soñad¿ por Saudro para. desnudará las Gracias y copiadas desnudas, Gabnel tui:bose al v~r á Veneranda zalamera y ruburosa. venir á su encuentro, tenderle s1t mana. hoyuelada Y gu1arl_o ~si, a semejanza. de un arcángel á un joven Tobla.s, hacia al caballete donde alboreaba apena~ un pa1saJe ~unar, en
el momento preciso en que Febea tramonta y el lucero del dla precede como un paJe á la. cuádriga voladora de Faetón ....
Gabriel comprendió que la. impei·a.dora q ueria ser amada y ser obedecida, i se aprestó á la lucha.
Era pundonoroso, y pugnó por no quedar ata.do al carro de victoria, aun cuando fuese a~a~~ con cadenas de flores. La insinuación de la señorita bien nacida, si bien impetuos~ e~ el a_r!·anque _1n1c1~l, no tra~asó empero el limite de la. donosura de una dama que se respeta¡ y tal rnsmuac1on pars1mQn1osa cautt~ó A Gabriel. Yióse nbruma'1o por las atenciones de Yenerandn en i;u casa, rn los salones que ambos

'.ª

frecuentaban, ella con el poder de su belleza. y su oro, él con el poder de su prestigio de a1·tista; la mlll'muracióo, preludio del himno triunfal consagi·ador de los afortunados, los envolvió en una oni!a sonora
r¡ue .i Veneranda la. hizo sonrefr y al pintor sublevarse, y entonces se alejó de su discípula.
Ese alejamiento determinó la unión de aqueJlos dos séres que parecían haber nacido para encarnar
ol poema do la juventud vencedora por la belleza. y la. fortuna. Et artista fué llamado á la presencia do
la hermosa; la explicación surgió firme y franca dados sus cara.ctc1·es altivos; el mundo, que ambos destleiíaban, fué proscrito en el pacto de alianza para toda la ,·ida¡ el idilio romántico bien pronto se transformó on dichosa. realidad, y la. pareja de amor, laudada por el himno tdunfal consagrador de los afortunados, paseó con la insolencia. inconsciente de los felices, su cauda de murmurnciones cobardes envi. el limo de la. gleba
' que
clia.s con antifaz de g::.lanterlas, bajas pasiones plebeyas, que to mismo fecundan
los co1·púsculos de la sangre azul. Sentimientos bastardos que brotan cínicos ó disimulados, pero que son
sedimentos latentes del mal en todo organismo humano!
Asl, aquella doble rnlla de fracs encarnados y de hombros desnudos por entre la que pasaban triun,
fantes Gabriel Henán y Veneranda de Villamar, en el salón resplandeciente de su mansión fastuosa Ja
noche de sus bodas, aquella doble valla cortesana escondía bajo su sonrisa. pala.ciega, tenuemente sardónica, los dardos romos de sus pasiones innobles.
·
El pintor no se curó de analizar almas, y se dejó mecer en la. hamaca de seda de la alegria. Sus a.mi.
gos invadieron la mansión se11orial riendo ruidosamente; en el gran patio embaldosado piafaban los ca.
ballos y ladraban los lebreles impacientes de pa1·tir {1 las famosas cacerías; al regresar, como una banda
de cosacos, invadían las despensas y rociaban con añejos vino~ bor.,.oñones los ciervos asados los jab 11 lies al horno, los civets de liebres traillas por manojos, las perdices °agachonas y las gangas a~oradizas,
qne baclan reventar las bolsas de caza, abundantlsima. en las posesiones del señorío de Villamar. En el
recinto hospitalario todo era estrnendo, luz, música, felicidad. Et canicter franco y abierto de Gabriel,
e mvertido súbitamente en gran señor·, atrájose las simpatías fáciles de quienes secretamente lo hablan
desdeñado a.l subir i1 su rango, y Veneranda, al principio feliz en su plenilunio de miel, bien pronto vió,
c:&gt;n asombro primero y despné3 con rnncor creciente, que ya no era la única, la reina, la mimada, Ja imperadora en su mansión. Todos buscaban á Gabriel: las invitaciones eran para él¡ los honores para él¡
ella. quedaba en segundo término y 1st felina fierecilla que dormla en su corazón, como en el corazón de
toda mujer, elespertóse como unajagua.resa de su sueño de amor . ... \'eneranda toruóse tornadiza, nerl'iosa, celiuda, irasciulc .... su cólera hacia crisis é iba á estallar como un cráter ....
Y asi fuú que una maiíana en que Uabriel acompaliado de tres amigos ordenó en alta voz desdo 11u
tlc,spacho que engancharan el landó, poi· respuesta vió presentarse ,'t nn lacayo purpúrno de confusión,
que balbuceaba:
-La señora ordena que no se enganche! ....
Gabriel palideció de rabia y de vergiienza, pero dominándose súbitamente, dijo .i. sus amigos con
jovialidad:
-Vaya! . ... pues toma.remos una calandria!
-Si!. ... si. ... una calandria.! - corearon-y partio1·on, quel'ienclo en vano ocultar la afrenta bajo
una falsa. alegria.
Al dla siguiente, muy temprano, Gabriel presentóse tranquilo en las habitaciones de su esposa y la.
Invitó á dar un paseo matutino-hacia un tiempo espléndido. Veneranda, que esperaba impaciente una
escena. tremenda, quedó desconcertada.- «Será en el paseo• -pensó. Y se decidió á aceptar. Esta. ,·ez si
engancha.ron con apresuramiento; pero en el carruaje Gabriel hablaba de co3as indiferentes, con la mis•
ma. tranquilidad asombrosa.-• Dios .... !- pensó Venei-anda.- ~i me hubiese casado con un hombrn sin
delicadeza!• Al terminar la calzada do milenarios ahuehuetes, Gabriel ordenó al lacayo que se internara
en un barrio solitario.- • Yaya un capricho!• -pensó Veneranda; y al llegar frente á una casa de humildo
aspecto, llenán hizo parar al carruaje, rogó á Yenernnda que bajara y despidió el cupé.
.,
-Pero ele qué se trata?-preguntó ' ' eneranda alarmada.
-Volveremos en el trnnvia que pasa ahí, á unos cuantos metros,-contestó él cou serenidad que la.
~ranquilizó.- Deseo que veas esta casita que comprí• ....
~ Pe1·0 estás loco?- dijo ella riendo - y entraron los dos.
El corazón de Veneranda dió un vuelco. Las dos únicas habitaciones pequelias estaban abiertas; eu
una de ellas habla un caballete, pinceles, lienzos y bosquejos prendidos á los muros blancos, una hamaca y dos ó tres sillones de mimbrr; en la otra había un humilde lecho a.lbeante, un tocador de roble, un
ropero provisto de batas, faldas y ropa blanca. y un lavabo de pol'Celana En el ·pasillo que conduela A la.
cocina, bajo un cobertizo de trepadoras y campúnulas en flor, vclanse una mesa de comedor y un armario con loza y cristalerla.
- Veneranda - elijo el pintor con voz trnnquila, uescubrióndose - cuando yo me casé contigo, era Jo
que soy, un paisajista que se gana la vida con sus pinceles, y tú me aceptaste asl. Esta es mi habitación
que yo he guardado por cariño á mi vida de bohemio¡ ayer he solicita.do mis antiguas clases y por foi·
tuna me las han dado todas ot1·a. vez .... Yo ti·abajaré con a1·dor, para que no te falte lo que decorosa·
mente necesita una mujer .... Estás en libertad para nombrar quien administre tus bienes y puedes hacer
de ellos el uso que quieras ... . pero mientras no haya impedimento leg al, ti enes r¡ue vivir conmigo y
compartí~ lo mio .... Espero ele tu dignidad y ele tu nombre que aceptar:ís mi honrada pobreza!
Cuando Yencrnnda tlci;pertó del delirio febriciente que la fulminó al recibir e l tremendo golpr, en-

�REVISTA MODER~A.

316

REVISTA MODERNA.

contró ;1 su lado [1 su doncella más querida, que la consoló con frases carii1osas y la. ayudú á recordar
discretamente el motivo porque se encontraba allí. Era la rubia una compañera de infancia de Veneranda, y en sus brazos lloró la cuitada sus penas; pero ante Gabriel se mostró indiferente, estoica, no
quiso rogar ni causar compasión. Sufriú con heroismo las impertinentes preguntas de sus amigas, que
se interesaban por su salud y acudían á verla, pues toda la ciudad sabia el suceso y el lejano barrio se
veía concurrido por soberbios carruajes de flamantes libreas. Encumbrados caballeros suplicaron i1 Gabriel, por el linajudo nombre de Veneranda de Yillamar, por su nombre de artista, pero el pintor semostró inflexible. Levantábase por las maiíanas y partia á dar sus clases; prodigaba al regresar atencione!!
y cuidados á su esposa, que los recibla con una impasibilidacl marmórea, y la vida se deslizaba así, con
una monotonía languidecente para la reina destronada. Su orgullo herido se rebelaba contra la idea de
pedir gracia. El choque del dardo del vencedor contra la coraza de su altivez, la halló blindada para toda flaqueza, para toda vulgaridad, y la diosa no descendió de su plinto á las correrías de los tribunales!. ... Los dlas retemplaban á fuego lento aquellas dos voluntades indomables ... Quién podla rom•
perlas ni domeñarlas .... ?
Ah!. ... La eterna madre, la eterna avasalladora, la santa Naturaleza!
l"na noche Veneranda, it punto de dormir~e, sintió en su seno el latir de ot:a vida! ... . Tmcorporósc
palpitante, trémula, azorada, venturosa, y rompió á llorar. Gabriel acechaba, como todas las noches, insomne, desgraciado, y al oí1· los sollozos saltó de la hamaca, donde reposaba, y corrió al lecho ele \'ene
rancla, que abriéndole sus brazos le dccla ruborosa y solloimntr:
- Ya nó .... ! Perdóname en nombre de nuestro hijo!
HUBÉS

1901.

OTOÑAL.
¡Qué honda melancolla
la de esta tarde póstera de Octubre,
en que se apaga agonizante el dla
b11jo el nublado que los cielos cnbrP!
¡Cómo citen las hojas
en la solemne selva solitaria!
Cual aves tristes cuyas alas flojas
~e alzan como se alza mi plegaria;

]\f. CAMPOS.

317

¡Cuánta)u(en los ojos,
cuánto candor en la serena frente,
cuántas sonrisas en los labios rojos
Y en las almas qué luz indcficiente!
¡Qué blanca era la vida.
al escalar los rápidos peldaiiob!
¡Qué fácil y que dulce la subida!
¡Qué lejos los funestos desengai1ob!
¡Qué folices nosotros
yendo ele cara al porvenir seguro!
Hoy tiemblo por la vida de los otros
y amargo cáliz de ausicdad apuro.
El dolor es lo úuico
que hay inmortal sobre la dura tiena·
falaz se embosca, como aleve púnico,'
nos acocha, nos mata y nos entierra ....
Ese rnmor de hojas
trotando por las sendas UHJ liaco daf1o;
de mi verdor as! tú me despojas
uh \'ida! sin cesar, año por aiio.
El árbol en la noche
con sus ramas escuetas y desnudas
rompe con su actitud el negro brocho
de mis penas incógnitas y mudas.
Pero hojas y aves
volverán á mecerse entre sus ramas
cuando la primavera sus suaves
'
brisas le traiga en su fulgor de llamas.
Xo a.sí los pobres seres
que consumidos por su propio fuegu
ay! nacen del dolor de las mujeres
para sufrir, llorar y morir luego.
JESÚS

E. \'ALENZUELA.

Sin fuerzas, sin aliento,
ltHlibrio de los cierzos gemidor&lt;'~,
rxhalando en las ráfagas del viento
las notns ele sus últimos amorrs.
LI\ escarcha se avecina

y la tarde se aviene á mi tristez11,

y en la onda profunda y cristalina
miro cómo emblanqneco mi cahPza.
Amor! no asl la viste
en las manos del sét· que me amó tnnto,
qu.e iL mi lado jamás estuvo triste
y yo mismo conduje al camposanto ....
¡Qué alegre la maiíana!
Doraba el sol las fértiles campiñas;
y á la mfstica voz de la campana
un enjambre en la iglesia, PI de las niñas.
Tras ellas los rapaces
c¡ue picante atezara el aire patrici,
entre risas y cármenes fugaces,
esperando intranquilos en o! atrio.

('ELLA," DE ERNESTO EL0RDUY.
El Maestro inspirado, cuyas coiuposicioncs son la delicia de nuestras damas y de nuestros art' t .
~esprendió una página do su álbum inédito para ofrecerla galantemente á la Rei;ista "fifoderna, qu~\:s
ltcne el placer de ponerla en manos de sus lectoras.
y
Ellas podrán soiíar, interpretando esa página apasionada escrita en voluptuoso ritmo de danza .¡0
que ha soiiaelo al concebirla el compositor que es nuestro poeta del piano, por su genio y su corazó;,

--

..,

�LA EVOLUCION DEL TEATRO CATALAN.

OS que le conozcan sólo por sus pri,11cras obras ó por alguna de las que se han traducido
al castellano, se sorprenderán no poco al verle con los últimos trajes que ha adoptado.
Lejos se halla ya de las comedias y dramas de l'itarra, su popular sostenedor de otl'OS
tiempos, y aun el mismo e; uimerá no constituye ya la última novedad que puede ofrece1· al espectador curioso. El teatro catalán evoluciona ambiciosamente hacia lo nuevo,
ó, en opinión ele algunos, decae y se deshace siguiendo equivocadas direcciones. Dejemos la discusión de si decae ó se eleva, para fijarnos sólo en algunos hechos que demuestran que indudablemente evoluciona.
:· Las tendencias más ó menos ibscnianas presentidas, á vece~, por (:uimcril, han sido afirmadas con
mayor decisión y llevadas más lc&gt;jos pot· un dramaturgo joven y ya conocido del público barcelonés: Ignacio Iglesia$. Cosa de media docena de obras que lleva impresas ó representadas le han servido parn
lltraer sobre si la atención de los que aprecian sus buenas cualidades y adivinan en él un autor fecundo,
conocedor del teatro y con aspiraciones que no se contentan con poco. Iglesias tiene ya amigos y enemigos que le ensalzan ó deprimen, exccsirnmente á veces, gracias á sus tendencias; pero el hecho es que
i•I representa una nota personal y digna ele tenerse en cuenta en el teatro catalán de hoy. Las nueYas
ideas sociales y religiosas preocúpanlc impuls:\ndolc it convertir el drnma en arma de combate, y apláudanse ó no tales ideas, siempre resultar:°ln características de la época y demostrarán que la literatura ralala11a no anda rehacía en seguir las corrientes extranjeras; antes al contrario, se las asimila prontamentt•.
Su lifarc elcma escandalizó á algunos poco tiempo atrí1s, y entusiasmó á otros; sus J-&gt;rimers /reds han
parecido también, últimamente, audaces, revolucionarios, y obtuvieron un éxito ruidoso la noche del eslrcno, pero sin sosteuer:.e después, acaso por ser esta obra menos teatral que otras del autor, y no clt&gt;jarse arrastrar facilmcnte todo el público hacia lo~ senderos que sigue el escritor cataliin. Así y todo, hubo
revistero que en el entusiasmo que abundó en el estreno de Jt:ls pri1ne1·s f'reds comparó la obra con Elec·
tra, y dijo que tocia la segunda no tenia la fuerza sugestiva de una sola escena, la última, del poema
,lramcítico. ele Iglesias. En cambio, á esa admiración ha seguido la frialdad ele otros, 11ue ese es el peligro que suelen ofrecer los dramas de combate. Sea como fuere, todo parece indicar que Ignacio Iglesias
es el hombre del porvenir en el teatro catalán, y que su audaz imaginación ha de agitar no pocas ideas
de las que suele decirse que promueven tempestades, si tempestad cabe en ese vaso de agua de mrnRtra
\"ida literaria, sea ella catalana ó no.
Por caminos no muy distantes de los de Iglesias anda también D . .Tuan Toncndell, distinguido escritor mallorquln que desde Palma fué á Barcelona para que en ella se estrenara su drama Rls encarri·
lat.~. El éxito obtenido por el Sr. Torrendell fu(• completo, y el teatro catal;in ha hecho una nueva y valio~a adquisición que no deja de ser muy significativa. J.:[,q encm·rilafs es una protesta calurosa, vibrantt',
cotltra el caciquismo que nos corrompe, y, al propio tiempo, una enérgica afirmación de patriotismo local. Jpdependientemente de su valor literario, tiene la obra importancia política, pues pocas veces como
en la noche del estreno se habla visto en Barcelona i, un dramaturgo luchando con tanta oportunidad
por lo mismo que constituía aquellos días la gran preocupación de no pocos de los espectadores. Pero
no sólo han llegado oportunamente Els enca 1'1·ilats, sino que son una de las obras más serias y cultas del
teatl'O catalán. Produce una impresión de agradable sorpresa aquel diidogo de un realismo algo parecido al de S udermann, con atrevimientos y vuelos i'i lo Jbsen; arrastra el furgo j uvenil &lt;le! protagonista, y
acaba uno por simpati,1,ar con él y aplaudirle, aun cuando flaquea un poco ó no parece j ustifi carse bastante á la la primera impresión cuanto le ocurre. Algo se ha echado en cara, si n embargo, al autor ele
este drama, considerimdolo como invoroslmil, que no es más que copia c&gt;xacla de lo que t'n la realidad
acontece; pero no en la realidad ele las ciudades, sino en la lugarciia, lo que no es precisamente lo mismo.
El defecto capital de la ob ra, en m: concepto, es la. pequeñez del motil'O principal sobrn que gira, el
cual, si en la vida de una población subalterna se agranda, en el teatro parJce muy reducido si no se com·

��REVISTA .I\JOl)F.flNA.
plica con otros. 'rambi.:n cierto tono declamatorio le perjudica; pc1·0 eso puede decirse que es, en gran
parte, defecto del género. Lo indudable es que el autor es una esperanza para la literatu1·a catalana, .,·
que hay que apuntar su nombre en la lista ele los que valen y pueden darnos un teatro verdaderamente
literario. Dios ponga acierto en sus manos, que no nos sobran dramaturgos de buena fe.
De esa clase ele ol,ras :\ las dos que ha pul,licado hace poco .\peles ~lestres, la transiciún es algo
hrusca si se atiende súlo á cualidades externas. /Jramas ¡,,.ics las titula, y lo son por 111As de un conrrp•
101 por lo que la música y el canto inter\'ienen en ellos, y por lo que participan de poesía lit'ica.
Constan &lt;le un acto cada uno, por hahrr siclo escritos expresamente para rl llamado 'Tea! re l ,ll'Ít'
rala/1í, donde sr impuso rsa condicibn, y rslim rscritos en \'erso, lo qur parrce un retroceso rn la ro
rrirnte grneral; prro no le impitle al autor decir cuanto quiere casi con la misma naturalidad dr la prosn.
Es,LS dos ol,ritas, puestas en excelente mt'1sicll por los maestros catalanes ~forera y r :ranados, oMuvierou
muy buen hito cuantas veces se representaron, y en ese éxito hay una pruel,a m1is de ,1ue el público !,ar•
celonés admite y aplaude ya en el teatro obras literarias que algunos años atrás se hubieran calificado
ele muy bellas, pero irreprescntal,les por no tener las condiciones teatrales que pan:clan imprescindibles,
Ya ahora no lo son, y !,asta la poesla, lo mismo que la idea de alcance misó menos social, para que todo
quepa en aquel molde antes tan estrecho, y no tan ampiio aún como algunos desean. La lloso11s y l'ica1·ol (titulo de esas dos obras de :IIestrns) contribuyen también, pues, en cierto modo A la evolución en sen•
tielo de la completa libertad del género teatral.

¿Y qué diremos de otras tres obras en un acto que acaba de reuui1· en elegante volumen Santiago
nusiiiol: L'ale9ría que passa, l!:l jal'llí af1a11do11al y li!fales y l •'o1·mi,ques:' Ya aqul no so intenta tlmi•
damente que el público acepte algo, sino 11ue se le impone como cosa nue\'a que en ott·as partes se admitirla con elogio, y CD nuestra tierra no podemos, por lo tanto, rechazar. Estamos en pleno teatro sim•
bolista, en el que la observación de la realidad no es un fin, ni mucho menos, sino un pretexto ó un medio
para qae el slmbolo vaya á inlluh' en la multitud. ~o se describe sólo por el placer de realizar belleza; no
se trabaja para conmover sin resultados práctico,: se predica, se lucha para desviar á un pueblo, harto
práctico y positivo, del !,ajo culto á los J,ienes materiales, para eleval'lo al culto de la Idea, de la Belleza,
y con (•I al del Poeta y del Artista, nue,·os elioscs que deben sustituir al Creso que inspira admiración á
11\s ignorantes multitudes. Sin duda que el teatro de Santiago Rusifiol es, bajo cierto aspecto, el mAs nuc•
,·o y revolucionario entre nosotros, porque el autor no teme el fracaso: se arroja á él y logra convertirlo
en &lt;~xito más ó menos completo, pero bueno, en fin. En el Teal1·e !íl'ir se han aplaudido con entusiasmo
J,'a[1f¡ría qtte pa~.M .v Cit1ales y l•'ormi91t1?~, la primera mis que la segunda, por mAs clara, humana:,
bien redondeada; pero es característico que un puro slmbolo, que se mueve lo más lejos posible de la tic•
rra vil y trata &lt;le apartar ele ella á los hombres, baste para reunir un público de gente práctica, como
suele considerarse á los catalanes, y arrancarles un aplauso hahli1ndoles &lt;le la. Pocsla y predicándoles el
desprecio de las riquezas. Mucha idealidad ha &lt;le haber latente-, para eso, en aquella multitud; mucha
predisposición iL educarse-; mucha facilidad, tambi&lt;'·n, para admitir las nue,•as corrientes, no sólo en el tea•
tro, sino en la vida. Que todo eso es lo que evoluciona CD Cataluña.
H. D. PERJ::s.

ETERNAMENTE.
{Para A. C. )
) o 110 s1'• r111,·· lle, aba &lt;'n su radioso
Seml,lantc ele l1t tez inmncnlada,
Ni comprPndo qué fueg-o mistrl'ioso
llnmin&lt;i PI l'l'istal ele su mirnrla.
81•11lf llogar rn cauce prodig-ioso
Las notas ele una risa rnamor11d11,
Y sin quererlo casi, temeroso,
Clav(• mis ojos en su faz rosada.

Re alejú para siempre de mi lado
Y mo hizo entristecer con su pnrtidn,
D~spni·s , ino el re-cuerdo clPI nusrnl.-;

Y ahom tras lo mucho qu(• he llorado ,
Comprendo la risibn: f11nrli(1 mi ,·ida
'l. he guard1ulo rl troquel rtPrnllmenll'!
México, IH0I.
,JUAN

R. ORCÍ.

�NOCTURNO.

C&lt;)NVOOA':'l~ORIA.
convoca á. los littll'atos querctanos ó residentes en el Estado, á
un certamen de •gay saber&gt; que se verificará en esta ciudad el 28 del próximo Diciembre.

L HERALDO DE NAV1DAo

TEMAS

Leyenda sobre arnnto queretano.-Pi'osa ó verao. - Premio del S. Gobierno del Estado.
Romance bistórico.-Tema libre.-Premio del I. Ayuntamiento de la Municipalidad
de Querétaro.
Poesía lirica.-Metl'O y asunto libres.- Premio del Colegio Civil del Estado.
• El Decadentismo en i\Iéxico.•-Prosa ó verso.-Premio de la Sociedad Politécnica.
•.:'\13.vidad.•-Po.&gt;esla cm liberta1 de metro.-Premio de la Junta de Navidad.
llASES DEL CEIRTAME){.

Q.1eda abierto el certamen desde hoy hasta el 15 de Diciembre en el Colegio Civil del Estado, adon de deben enviar su9 trabajos los concurrentes al ce1·tam3n, dirigiéndolos al Secretario del Jurado Cali•
ficador.
Los aspirantes enviarán dos wbres cerrados: uno contend1·á. la composición con un lema que sirva.
para distinguirla, y la indicación del premio á que aspiran¡ en el otro, en cuyo dorso escribirán el mismo
lema, irá. el nombre del autor.
Todas las composiciones poéticas que se presenten, tendrán derecho á. competir por el Premio de
Honor, además del coi-respondiente al tema. que elijan sus autores entre los señala.dos por las Corporaciones que bondadosamente han protegido esto certamen otorgando los premios.
El Premio de Honor consisti!'á en la flor natural y el derecho de elegir la Reina do la fiesta. Los do·
rni1s se1·án objetos de arte.
El Jurado Calificador dará su dictamen el dla 21 de Diciembre, y se harán conocer por la prensa los
lemas de las composiciones premiadas y el nombre del poeta que haya merecido el Prnmio de Honor.
Los sobres que contengan los nombres de los autores premiados, serán abiertos en el acto del cer,
tamen, y la Iteina de la fiesta entregará á los ag1·aciados la recompensa á que se hayan hecho acree,
do1·es. Los sobres en que vayan los nombres de personas que no hayan obtenido premio, serán destrnidos, sin abrirlos, en presencia del pii.blico.
Si por cualquier motivo, el poeta agraciado con la flor natural no se presentare á elegir la Reina de
la fiesta, ni nombrare representante que lo haga, el Presidente del Jurado hará la designación respectiva.
Las pooslas que so presenten no podrán exceder de 2:j0 versos, ni los trabajos cu pl'Osa de 1,60:J palabras.
Al otorgar los premios se atenderá al mayor mérito relativo, y el Jurado se reserva el derecho do
doclara1· desiertos los temas que juzgue conveniente.
Si alguno de los miembros del J urado no asiste á las reuniones en que se califiquen los trabajos, danin el veredicto los miembros que se hallen presentes.
Los trabajos premiados so publicarán en el último número de &lt;EL HERALDO DE NAV!DAD, • y los no
premiados quedarán á disposición do sus autores, hasta el día 31 de Enero do 1002, en la Secretarla del
Jurado.
Será mantenedor de los Juegos Florales el Sr. Iog. D. Adolfo do la Isla, y formarán el Jurado Galilicador los señores siguientes:
Lic. D. Alfonso M. Septién, Presidente.-Lic. D. Gabriel Estrada, Yicepresidente.- Lics. D. Benito
Reynoso y D. Germán J. González, Dr. D. l\Ianuel Godoy y D. Joaquln Aguilera, Vocales.-Farm. D
Manuel Albamirano, Secretario.
Querétaro, 1001.

A \' eces, cuando en alta noche tranquila,
Sobre las teclas vuela tu mano blanca,
Como una ·mariposa sobre una lila
Y al teclado sonoro notas arranca,
Cruzando del espacio la negra sombra
Filtran por la ventana rayos de luna,
Que trazan luces largas sobre la alfombra;
Y en alas de las notas á otros lugares
Vuelan mis pensamientos, cruzan los marrs,
Y en gótico castillo donde en las piedras
Musgosas por los siglos, crecen las hiedras,
Puestos de codos ambos en la ventana
l\Iiramos en las sombras morir el dla
Y subir de los valles la noche umbrla 1
Y soy tu paje rubio, mi castellana,
Y cuando on los espacios la noche cierra,
El fuego de tu estancia los muebles dora,
Y los dos nos miramos y sonreímos
Mientras que el viento afuera suspira y llora!
¿Cómo tendéis las alas, ensueños vanos,
Cuando sobre las teclas vuelan sus manos!

-·-·En los lnímodoil bosques, cu otoiío,
Al llegar de los fríos, cuando roja~
Vuelan sobre los musgos y las rnmn.~
En torbellinos las marchitas hojas,
La niebla al extenderse en el vacio
Lo da al paisaje mustio un tono incfo: lo,
Y el follaje do huyó la savia ardiente
Tiene un adiós para el verano muerto ,
Y un color opaco y triste
Como el recuerdo borroso
De lo que fu é y ya no exisl&lt;',
En los nntiguos cuartos hay armarios
Que en el rincón más intimo y cliscrNo,
De pasadas locuras y pasiones
Guardan, con un aroma de secreto,
Yíejas cartas de amor, ya desteñidas,
Que ob ligan á evocar tiempos mejore~,
Y ramilletes negros y marchitos
Que son como cadáveres de flores
Y tienen un 0101· triste
Como el recuerdo borroso·
De lo que fu6 y ya no existe!

�3l6

REVI~TA MODERNA.
Y cu las almas amantes, cuando piensan
Eu perdidos afectos y ternura~,
\,tuo de la soledad do ignotos días
No ,·endrán á endulzar horas futuras,
IIay el hondo cansancio que en la ludn
Acaba de matar ,i. los he: idos.
\'ago como el color del bosque mu~tio,
Como el olor de los perfumes idos,
Y el cansancio aquel es trbtu
Como un recuerdo borroso
De lo que fué y ya no existe!
Jo11i:.:

ASIJNCION SILVA.

EN"' EL POZO.
(DE LA LECTURA . DE MADRID.)

I
LA uua de la tarde comenzó el cai1oneo, que no otra cosa parecfa aquel con•
denado est1 urndo de los barrenos. Todo el cerro, agujereado como un panal,
retemblaba; sobre las casitas del pueblo Yolaban trozos de piedra, pedazos ne•
gruzcos Y di~f'ormes, como aves obscuras manchando el espacio azul. Allá, &lt;'ll
lo alto del crrro, sonaba la corneta avisadora con un tono qu&lt;'jumbroso, casi
doli&lt;'nte, qtw apagaba á intcrl'alos el tronar espantoso de los hnrrenos que l'II
larga tila il.iau estallando.
La gerte huía del~~ call_es, esquivando el peligro que todos los dlas, de un modo regular, se presentaba. La gran expl~tac100 mmera, ~I par que ahondaba, se extendla. Y mientras que de allá abajo, de
t'ene_brosa~ p1:of~nd1da.des, venían v1bra~iones silenciosas y movimientos bruscos do ta piedra, de aquel
cno1 me laJo a cielo abierto con que secc10naban el cerro, sallan estos trueno~, E'stos pedruscos volado•
re~, estos estremecimientos que haclan bailar las cosas.
Pedro y Pablo- á quienes llama.ban los santo.~ apóstoles-salieron &lt;le la casa con ta cestilla al IJrazo
Y lo~ ca~diles de hierro en la mano. A despedirlos salió á la puerta la mujer del primero, Mariquita ta
H~lw1pw -y en verdad que lo era y míLS lo parecía entre aquella gente tan sucia, en la que el polvo del
mineral formaba costra.-Y como la corneta segula avisando, ella los detuvo un momento, dcb1tjo ele
la me~quina pana que orlaba la puerta.
- Esperar. Esto acaba ya. No me acostt1mbro á estos ruidos ., .. ¡mal,litos 1rnan tos barrenos'
Y los apóstolos se reían como unos sanguangos:
'
- ¡Barrenos los de allá dentro, ¿eh?
Y entre broma y risa la comprometieron para que ol domingo liajasc alli1, al catorcu piso, ÍL la C!t1la
donde ellos estaban hacien&lt;lo el pozo, y comerlan los tres á la vera del malacate, alumbrándose con el
candil, bajo la bóverla vcrdin&lt;'gra sudando vitriolo, en R'}uella inmensidarl subterrimca que parcela un
pedazo del infierno.
-¡Aquello es cnauti bay que ver, cordera!-dijole Pedro.
- Y el ~ozo nuestro (porque nu_estro es, habiéndole contratao) es un scíior po;,;o y ahí están los ingleses que lo d1gau,- agrego Pablo, mirando con extratia fijeza á Mariquitn..
-Vaya, que iré. ¡Pues no os ponéis poco tontos con el pozajo!
- Es que de allí sacamos el cónquibus, y lo que habremos do sac:ir ....
- En él me entierren- dijo Mariquita,--si salimos de pobres.
- Eso no. ¡Ajolá! Por tí más que por mi lo queclrla.
- Digo lo misrno.-Y Pablo le dió un envión con la cesta.
- Se acallaron los tiros. Graciai; iL Dios. Hasta la mar!rugada, ¿uh?
- ¡.\dió~, scrran:i!
H
-¡Qu é huena es!-dijo Perlrr, con su apacihlo condi ción de hombre gr:rnd11llón, recién casado, que
Pncontró lo ()Ue le hacia falta.
- Buena, y limpia, y hacendosa y como hay que ser - contestó Pal&gt;lo - Amigo, has tenido suerte.

REVISTA MODERNA.

327

Y eutrambo~, hablando de ~Iariquita y enumerando sus perfecciones, se fueron intemando en aquel
laberinto minero, erizado de obstáculos y accidentes. Bajaron por sendas ·estrechas abiertas en lo esté·
ril; rodearon el laboratorio, en cuya alta chimenea ondeaba un penacho :negro de humo; pasaron sobro
las vías en que las locomotoras silbaban desesperadamente; bordearon el canaleo, en que el agua cobriza va d!'jando su cáscara riqulsima en los viejos lingotes de hierro; llegaron á los hornos de fundición,
donde hubo que tomar un trago que el capataz ofrecía, delante de la llama espantosa, policroma, en
que se derretían masas de cobre, de azufre y de arsénico .... y siguieron hasta la base del cerro, todo ól
envuelto en un vaho que salla de todas partes, suavizando la fuerte coloración que el óxido de hierro
ponlll en la tierra y en lo~ peiíascos.
Allá en lo hondo, como una grieta abierta en aquel campo rojo sin una mata verde que alegrnse la
\'isla, comenzaba el túnel maest1·0; el túnel de ent1·ada. Arrnstrábanse las pequeíias locomotoras silban•
do sin cesar y dejando en la bóveda manchones de humo negro. A un lacio y otro de las vías marchaban en hilera los obreros del rele,·o, que iban á hacer su jomada en las profundidades de la mina.
A poco, saliernn del túnel y se pararon un instante en el fondo de la corta, {L la luz y al aire. Poi•
muy acostumbrados que estén los ojos, el espectáculo es siempre grnndioso ó imponente. Era aquel un
anfiteatro magnífico: desde el suelo, en que las lluvias habían d!'jado algunas charcas de agua muy limpia, se elevaba la múltiple g,aderia, los bacanales de la explotación; allá arriba corrían sobre aquellos
bancos de mineral las carretillas carg14das; más alto, colgaban á racimo los hombres atados, oscilando á
compás del pico, como ajusticiados; y por encima de todo, el pico pei1ascoso del cerro, algo inclinado,
como midiendo la hondura con que los hombres lo iban deshaciendo. Un breve pedazo de cielo azul, vis•
to como desde un pozo, extendia su nota alegre sobre aquella desolación.
En torno de la gradería colosal se abrian, como fauces negras, las bocas de galerías antiguas y modernas. Las unas anojaban humo; las otras, agua turbia que venía de los trabajos.
Los apóstoles miraron todo aquello con la indiferencia suprema del trabajador avezado, y hablan•
do de cosas del negocio, entraron por la galerla en curva, que venia á ser prolongación del tímel. Allí
encendieron los candiles.
A medida que adelantaban por aquel antro, se percibían mils formit!.ables unos rugidos atronadores, como el resuello de algún monstruo; á poco, se fuó haciendo, primero visible, luego deslumbrante,
el resplandor de una inmensa llama: una masa de vapor blanco lo enl'olvia todo, y entre el conjunto de
extraños rnidos, de claridad y de niebla, confusa y alocadamente se movían figura3 negras, fantástica~,
que corrían anastrando cosas gemidoras, que rechinaban resbalando cutre aquella bruma caliente.
El monstrno de la caverna era la gran máquina de múltiple oficio: ella tiraba de las ,·agonetas en
ristra, que se extendlan por las galerías llenas de sombras; moría las perforadoras de grandes barrenas
con puntas de diamante; impulsaba los émbolos de las bombas dcsaguautes, y hacia salit· de los ventiladores los chorros veloces de aire que hacían habitable aquel espantoso laberinto.
El estruendo era tal, que los obreros se hablaban por seii.as. A la saliJa ele aquella explanada, al
cruzar por delante de una galería en plano inclinado, Pedro súbitamente clió un empujón á Pablo, con
tal violencia, que lo echó á diez pasos. Yolvióse éste entre iracundo y sorprendido, y viú pasar rngiente
y negra, la fila de vagonetas cargadas, que parecían despef1arsl'; un sl'gundo más, y lo hubiesen despedazado.
En la larga convivencia entre el peligro, que es constante, de todos los minutos, de todos los días,
estos actos de noble salvación pierden su importancia, como la pierde el accidente que quita la vida.
As!, los apóstoles siguieron su marcha, sin que el salvarlo dijese nada al salvador, ni éste pensase
más en que, gracias á. él, el mundo conservaba un hombre.
Fueron dejando atrás los lugat·es del ruido, los sitios cu que rugían las máquina~; cada vez se iu·
tornaban más en el corazón del filón Norte; el mineral se hacia más firme. más compacto; las vetas sudo·
rosas del sulfato tendian sus anchos tapices; de la bóveda irregular y rocosa pendían millares de esla·
]actitas azules, torneadas, cirios traidores de vitriolo, que á cualquier imprudente mil'ón dejarían ciego.
Pasaron por un ti-abajo, en que una pobre gente destajista echal&gt;a el quilo. Allá en la crnz que formaban las dos galerias, moviase la luz de un candil con recios Yaiveues: no se veía el mine1·01 pero se
ola su voz apagada en la masa de piedra, repartida en aqnelln.s negras oquedades: ¡pegao estrí¡ ¡pe•

flªº está!
Pedro y Pablo se echaron de un salto en el hueco de una cuadra, en el rectángulo socavado en la
roca donde dos pacientisimas mulas destinadas al arrastre comlan su pienso, acostumbradas ya á esos
espantos del munrlo subterráneo.
Tardarían ocho segundos en estallar los barrenos, uuo á uuo, como los cañoucs de una batería. La
masa de mineral trepidaba como un instrumento sonoro; las moléculas todas vibraban con siniestra amenaza; la bóveda crujía ... . y el bramido de la explosión se pe1·dla en las vías obscuras, insondables, como un lamento de las cosas grandes, heridas y profanadas.
Las mulas dejarnn de comer, enderezaron las orejas, y, al acabarse el estruendo, volvieron al pieu·
so, á. defender la vida, con la calma humilde y pacienzuda de animales que no ven la luz, que ya nunca
se ~sperezarán en los prados.
Al llegar los apóstoles á la bifurcación de la •galeria de los mucrtos•-allí murieron quince granadín-0s y veintidós portuguefies -bajaron, como siempre, A echar un cigano con los de p erp.:uta lo~ tra•
baj~d&lt;H·es del quince, que iban ahonrlan clo, haciendo el nervio central de aquel piso nuevo.

�328

REVISTA MODERNA.

- ¡l!:h, los amigob! ¡Cuiuao, que hay requisa, y andan tricornios de venteo!
- ¡Ah, bah! por aquí no llegan. Está esto muy hondo y hay mucho monte.
Aquellos tranquilos dudadanos, escapados de presidio unos, fugitivos de la justicia otros, todos con
su negra culpa encima ele los lomos, trabajaban á. jornal, para un contratista tiránico, empleados en una
faena homicida, pero contrntos de no ser esclavos ele la sociedad; de ser libres en algo, en esto de morir siquiera.
Y por catorce reales, daban barrenos, metidos en una charca de agua verde, corrosiva, que les ulrrraba espantosamente las piernas, y por toda defensa se ponían tapones de cera en los boquetes ulcrrosos, en la carne recomida .. ..
Desterrados de Ja luz, preforlan aquella libertad negra, aquel mundo dantesco en que morían aplastados, despedazados, envenenados, corroldos, hasta al punto de ver la blancura de sus huesos; su propio esqueleto moviéndose en el afán de la·,•¡da, debatiéndose en un infierno sin esperanza, pero libres al
fin, en esa bárbara libertad del dolor y de la muerte.
Acabado el cigarro, subieron los apóstoles á. su piso, graves, silenciosos, atentos á toda señal de peligro. Ya no habla vida por alli, ni luz, ni movimiento. Era un gran espacio deshabitado y tranquilo.
La soml&gt;ra lo llenaba todo.
Antes ele llegar á. la caiia donde estaba el pozo, oyeron el martilleo de sus barrenero~, y, saliendo
de la hondura, la copla clásica, el gemido popular, cristalizado como el mineral en aquellas rrgiones
1rnhtcrránras:
•¡Pobrecitos los minero~,
qué desgracialtos son!•

ARo IV

MÉXICO,

P

QUINCENA DE NOVIEMBRE DE

1901

NúM.

21

REVISTA
ARTE V
OtREC ron: JESlJS E. VALEN7.UT&lt;::LA.

CIENCIA.
,Tf.::FE DE REDACCTON:

.n::sus

URUETA.

Ti p. tlt D11l,l ,i&gt;1.

LOS GRANDES POETAS NORTE-Al\fERICANOS.
DISCURSO DEL SR. BALUINO DA VA LOS.
IC:URA08 un bosque inmenso en donde la naturalt•z1. hubiese tlesarrolltulo con

llI

El muchacho del tordo dorrnla como un bendito en la plataforma de dos tablones tendida sobre rl
pozo. l'n vuelco algo violento, una pesadilla, nada, cualquier cosa, y rl much11cho hubiera e11ldo á trrinta metros, encima de los barreneros. Allí se ,·i vla ele milagrn.
La luz de los candile~ salla del pozo con una claridad tenue, mo1 tecina
Pablo, de un puntapié despertó al muchacho, en tanto que Pedro, echado sobre el cilindro del torno,
gritabit á su gente: ¡Aquí estamos ya! ¿Ha habido algo?
-Nada. Cada ,·ez más m!\s &lt;lura. r•:stos llevan toda la carg 1.
- Pues á pegar, y afuera.
l'no &lt;Ir los trabajadores se cogió á la cuerda, hizo In lazada por lu que pasó el muslo, y puestos al
torno los dos apcísl ol es, subiú rápidamente, en tanto que el compaiíero quedaba 71ega11do. Con la luz del
candil dió ruego á las mechas, que á esto llaman pegar, y asii:ndose á la cuerda, subió luego; apenas
echó el cuerpo fuera, se retiraron .odos á la galería central, y el muchacho, bamboleando el candil, dió
las voces de ¡pegao esfd.' según es de rigor y de saludable costumbre.
-Las mechas esas tienen fallas. Hay que cambiarlas, porque á lo m&lt;&gt;jor se corren, y va á. haber
aquí una san f'ran cía el ella menos pensado- dijo el barrenero.
-::'lle engañaron en el almacén. Ya vola,·on el otro ella cinco de la pe1·1 éula, y es eso que las mechas
no sirven, y no las tiran aunque reviente ol_munc\o. ¡Asl reventaran ellos!
F.n esto, los dos baucnos hicieron explosión.
- ¡lh1e1rn carga, compadre!
- La que admitieron. ¿No lo dije?
-¡Ya habrán drjado bálago! Ea, puc~, á descansar, que para nosotros so hizo el mundo: echa una
mano, chiquillo.
Y uno en pos de otro, los apóstoles bajaron al pozo, lleno aún de vapores y de polvo, y de ese olor
1le la dinamita, que hace añicos la piedra mlis dura, y cuanto más dura, mejor.
En el acto se pusieron A escombrar, á. limpiar el pozo, y allá iban volando los esportones, á los que
1111 mal movimiento los hubiese volcado sobre aquellos hombres que no tenían huida posible.
Empezaron después A embocar sus barrenos, y golpe tras golpe se fueron enfrascando, hablando á
vuc,•s rle sus cosas, á veces silenciosos, absortos en la faena, en aquella lucha brava &lt;&gt;n que el músculo
y el acero atacan á. la roca y la roca se resiste con su plutónica dureza.
Los dos ap,íslolr-s hablan venido ali! de lados distintos, empujados por In necesidad y el trabajo: primero, Pablo, que tuvo ,·arias alternativas en su vida de minero, -:,· cuando se vió con algunos posibles,
los malgastó, los disipó en breve vida rrgalona, única que concebía digna del hombre. Después llegó
Pedro, entre un turbión de geute sin trabHjo, gra,·e, ajuiciado, de blanda condición, y en todo reglado y
serio. El azar del trabajo los juntó un dla, y ya no se separaron, Acaso afirmó su amistad la diferencia
de caracteres, pues cada uno admiraba en el otro lo que en él faltaba.
r Conti nuará),

exuberancia toda la vida, toda la energla, toda la potencia virtual de sus gi·rmenes, con fecundidad de madre universal y potente, y que libre, ,·igorosa,
pródiga en su inagotable abundancia, y sin la pasiva labor del lento transcur
so de los siglos, de un solo empuje poderoso y resuelto hubiese hecho qu&lt;&gt; la
creación se efoctuara .... Alll la vegetación derrocharla sin esfuerzo un cau
da! perenne de helleza sobre los mil detalles á. que extiende su manifestación
el alma de la flora; alli lo necesario y lo fortuito, lo caprichoso y lo elrlibcrarlo,
lo fino y pomposo como el lirio silvestre, y lo tosco y salvaje como el tronco
fuertemente 1111,loso y rudamente erguido, tendrlan la noble y espontánea expresión de su forma; las flore~, las hojas, lasco: tezas y aun las piedras, al amor de la luz deshecha en matices, lucirían iL la limpi·
dez del aire, y á la. frescura del rocío, y á. la fecundación del sol, .,· al embelesamiento del misterio, y ;\.
la consagración del tiempo, supremo santificador de lo g rande!
l•'.n eso bosque he entrado: vagué en él con asombro; seguí curioso sus sendas intrincada~; penett i·
rn su espesura; me aproximé á la margen ele sus torrentes, siguiendo complacido su curso ó remontándolo en busca del manantial apacible para. clavar los ojos en el mistel'io azul de su fondo; más ele una
nr. me detu,·e t1 reposará la. sombra de sus árboles, repitiendo menta,nente los trinos oídos al pasar, ú
ya perdido en las inextricables malezas que encubren á menudo peligrosos pantanos, sorprendl en el gri·
to estridente de un gran cuervo la nota polar de mi camino; y ,-¡ también entre sus llores los asfódclos
del nuevo arte cultivados con mimo por los gnomos que peregrinan hacia un inquietante ideal aun no
entrevisto, y aspiré las brisas embalsamadas de gloria y sápidas á resinas naturales,·" muchas veces me
adormecl al hechizo de algún himno solemne y religioso.
En ese bosque entré, y de ese bosque vengo para contaros no lo que vi, sino lo que he admirado, no
lo que es, sino lo que me ha parecido; y os daré lo que traigo: unas cuantas impresiones vivaces, tres ó
cuatro paisajes esbozados de prisa, el ritornelo de algún gorjeo perdido, la fugitiva silueta de algunas
~ombras ... . y varios nombres gloriosos!
Si: supe alll de muchos seres que en esplritu lo habitan, cuyos nombres recogla mi oído á.vidamen•
mente. Es todo un mundo de almas que se han estremecido de emoción y que de emoción me estremecieron, un mundo nuevo dentro del Nuevo Mundo, creado de ayer á hoy, desarrollado en menos de un siglo, emanación de un pueblo que pasma con su modo grandioso ele improvisar prodigios; un globo
transparente de poesía cristalizado preciosamente en el centro de una enorme hornaza de tt·abajo.
¿Los primeros nombres que oi? Fueron muchos, ele esos que solamente se nos dicen cuando preguntamos por ellos: nombres humildes, de humildes seres desaparecidos de la memoria de los hombres y recogidos alguna vez, no por la piedad ni la veneración, sino por la paciencia, en los anales literarios de
cada pueblo. ¿A que repetir ninguno de esos nombres, si no han de hallar eco en vuestros recuerdos, ni
Riquiera dejarían en niestro corazón la reminiscencia de una simpatla pasajera?
Para que el fuego de la poesla arda en el pecho humano, basta que los sentimientos que alll suelen
albergarse no se hayan convertido en cenizas; que alguno predomine ó persista en los momentos en que
la vida ó la naturaleza le envio una rAfaga pasional, feliz ó desoladora, poco importa, pero ,·iva. J\Ias si
la llama ha ele manifestarse y alumbra1· inmortalmente, preciso es que la produzca un combustible rico,
,\' que esplenda con fnlgor excepcional de intensidad y color propios, de forma hermosa y nueva qur
la distingan ele las otras y no permitan eonf1tndlrla nunca ni con las llamaradas que más 11e le parezcan
F.n nuestro vecino pueblo del Xorte, d1trante los dos primeros siglos ele eu existencia, rl diecisietr,
en que la inmigración fué colonizándolo, y el dieciocho, ósea el de su independencia, siglos que die·
ron A Inglaterra los nombres de Shaltespenre, l\filton 1 Dryden, Swift1 Addison, Pope, Johnson y Burns,

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                <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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              <text>Revista Moderna Arte y Ciencia, 1901, Año 4, No 20, Octubre, Segunda quincena</text>
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              <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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