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                  <text>ARo IV

Mixico, 2ª

QUINCENA. DE NOVIEMiiRE DE

1901

Ntar. 22

MODER.NA
ARTE Y
OIRECTOH: JESlJS E. VALEN7.UF. LA.

CIENCIA.
,JEFE DB REDACCJON: JESUS U RUETA.
Tip. dt D11l,ld11.

SEGUNDA CONFERENCIA PAN-AMERICANA.
LA Dr-:LEGACIÓN MEXICANA al Congreso Pa.n-.\mericano, se honra de invitará Ud. al festival artístico que se verificará en la Biblioteca Nacional el,¡ del
corriente á las 9 p. m., y que ha organizado bajo el patrocinio de ,&lt; La Revista
Moderna,, como homenaje á las letras anp:lo-nmericanas.
México, Noviembre de 1901.

PROGRA1IA PARA LA VELAD..\ ANGLO-AMERICANA.

I.-QUINTETO.-Op. 44..... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

R. Schwnann .

.\llegro brillante. Piano y cuerda.

II.-D1scuRso. -Balbino Dcívalos.
III.-Qu1NTETu.-Op. 48 .. ...... ..

T8chaikowsky.

Tema ruso.-Cuerda sola.

IV.-PoEsíA.-José .Juan Tablada('=').
V.-LA TRUCHA ... . . . • . . . . . . . . . . ............. • .... Schube1'/.
Variaciones. Piano y cuerda.
VI.-Lectura de POESÍAS A:itERICANAS, por Luis R. Frbina.

VIT.-QurNTET0 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Christian Sinding.
Andante y Scherzo.-Piano y cuerda.
VIIL-ALocucróN.- .Jesús Urueta.
IX.- CAPRICHO.-W'edding Cake. TValse... . . . ........ C. Saint-Siien:,.
Piano y cuerda.

(-tJ Los versos del Sr. Tablada y las traducciones del 8r. Casasús que lryó el Sr. Urbin11, sci·án pu•
blicadas en el próximo número de la Rei·ista.

PROP&amp;TAS DE MIGUEL ANOB:L,-CAPILLA SIXTINA. ROl!A,

�REVISTA l\lODERNA.

"VIAJE AL PAIS DE LA DECADENCIA"
POR SANrl'JAGO ARGÜBLLO H.
1CONT IXÚA),

CAPCTULO 111.

LA VOZ DE NUESTRA MADRE LA ESTETICA.

l 'NA 1,úplira 111i11, el Efcho la habló al oído. Y ella, la radiosa, la excelsa duefia dr

~q~cl huei to &lt;'nrantaclo, 11i,intió. Y, de pir, rntre muguetas, lises, margaritas y
J~c.mtos, que C'nhC'stnban sus florrs en contorno como en un altar ele oloroso:s
~,nos a~ngados,_haliló. ~u 1·0;,. tenla el reo que deben de teurr las arpas celes tiales. l~n su,; OJOS archan las zarzas del nreb, y tras ellas relampa,,.ueaba J
mirada de Dios.
"

ª

"01!. mis fiele~! En uombfe del divino Verbo, os hablo!
Vosotros, los sacerdotes de m_i culto, no drjéis ni un momento mi santuario! Si el sacerdote dt&gt;ja el
ll"mplo, ec apaga In luz sacra. DrJad que otros v11yan al mercado Que vuestros labios me est(•n e
d
liletnprr,
. r zan o
Se~ vestal~s, e~t~ es, sed purob! P~ra ello, no adulterar mis ritos, no mezclar otro aceite al de mi
l:\mpa1a. Sed_ 1mpud1cos, sed falsos; no importa: seréis puros en el Arte, porque el Arte Jo pmifica todo.
Apartad los OJOS de nuestro santo fin, y habréis caído en impureza.
Para hacer obra buena, obra mía, b.acerla sólo para mi.
.,.El sacerdote, cuando_ o_ficia, no debe v~r al pueblo, sino á Dios. Ha de hacer que tiemble la frase del
enf.,ma sobre la oblata
· es b'1en que asi
. d1vm11 1 aunque C'I publico murmure, porque no comprenda. 1· aun
sea. L a palabra mfst1ca debe llevar en sus bordes las orlas del misterio.
Si os hace temblar P.I harapo, si tenéis miedo al hambre si os asusta dormir baJ·o la est 11
Ri,,.áis no de "'•s
·
¡ ·¡
,
'
re a, no me
.,, ,
JCI que os UnJan con e o eo de mis órdenes. Para sen·irmp es preciso que med't
\' : I b
1
del tonel de Diógenes.
'
cis ,l a oca
Si á todo os avenis, seguidme!
Yo soy la dicha. Yo soy quieu ha encontrado el go~e de la pena, quien ha exprimido el traje ne"ro
!~e~~a~oche parn hacer que broten las gotas argentinas de los astros, gotas del zumo ~ider11l &lt;le
ti•

1:

Todo 1~ regenero en el goce. Cuando vierto mi divino elixir C'll el vaso del llanto quien Jo apu
.
cuPntra ;,' sien te la delicia del llanto.
'
rn rn
i\~i ~lniro fin ce el placer. Quien piem1c de otro modo, no me conoce. El que juz&lt;&gt;ue mis obras con un~
1U:J d1stmt11, yena.
"

347

Ub. hijos mios! Si queréis reconocerme siemprr, interrogaos: ¿por qué me agrada ésto? Y si no sabéis
por qui, decid que es obra mía.
Xo digáis que soy la Realidad! No digáis que soy lo Ideal! Realidad sin ideal, no serla Arte. Ideali•
dad sin !a forma de lo real, no me comprenderíais.
La Realidad es vuestra carne, la corteza en que envolvióse la Divinidad, el Ideal, para que naciera
Cristo. Si á Jesí1s le quitáis lo invisible, lo divino, deja de ser Cristo, para ser sólo un hombre. Si le quitáis el cuerpo, lo perderéis de vista. Jesucristo es la materia iluminada con la luz del Eterno.
Si os afiliáis al Realismo, llegaréis á ser sabios, no artistas: hijos clP mi hermana la Ciencia, no mios.
Ser realistas es negar :'l Cristo y adorar al hombre.
Si os llam.'lis idealistas, y renegáis de la Yerdad tangible, como los otros renegaron del Ideal, sert':is
unos impostores. El Ideal no se ve, Dios no se percibe, sino tras la envoltura del hombre.
El hombre es una arpa sensitiva. Diversas notas hay en cada una de sus cinco cuerdas. Si alguien
las toca, goza el arpa misma con sus melodías, y gozáis vosotros con la conciencia de sus vibraciones. Y
bien, aún sin que vibren, el Arte os hace creer que las cuerdas de vuestra arpa han vibrado, ó más bien,
las hace vibrar mentalmente con el soplo del genio. El Arte es la gran superchería. Es la sugestión de la
conciencia, que llega á ser hasta deleite del sentido. (¿uien hace vibrar fa cuerda sin tocarla, ese es ar•
tista.
A la entrada de mi huerto esta la Sensación. Ali! pace la bestia. Vosotros dPjáis atrás la Sensación,
para intel'nal'os en el Sentimiento.
Los sentidos son como las ventanas de ,·uestro palacio. Por una entra la luz, pero á las otras tambii•n
Jlpga el reflejo. Si no comprendéis esto, volveos. Confundíos con el sensato Pttblico!
El sonido deja tras si una vibración que forma como una rítmica penumbl'a; el calor tiene sua,·rs
desmayos de esfumino, pi01·de su intensidad precisa y se apaga en una anemia cromática; la llnea fina A
veces en misteriosas vaguedades .... El dla empieza y acaba en los cl'epúsculos, donde el Angel medita
y sueiia. La vibl'ación moribunda, el tono suave, la linea imprecisa, son deliciosos crepúsculos en q1rn
Aneiinn y meditan los ángeles del Arte. Entonces se oye en el pnlacio rnido de alas, y no distinguis bien
por cuál ventana se intel'Daron. Vosotros, los que seguís mis huellas, podéis sacar partido de esa enc1m•
tadol'a confusión sensol'ia. Si no podéis hacerlo, volveos!
Hijos mios, ved de no confundirme con nadie! A muchos de vosotros se os ha presentado la Xove•
dad- dama que os ha llamado á engaño,-y habréis creidll reconocer mis perfecciones en las suyas. Piiro
al cabo, cuando la edad ha marchitado sus encantos, habéis podido verla como ella es. No reincidáis. Sabed que lo bello no conoce tiempo, y es, como tal, inmarcesible.
Servidme bien, pal'a que os acepte por hijos. Aprovechaos de todo en honor mio, hasta de lo bajo, con
tal .que de ello pueda saltar la chispa de los pedernales. Todo puede ser\'iros para poner el pie y rernon•
tal'OS en busca de la luz celeste.
El arte es la potencia vital de la expresión. Si pl'esentáis la figura de un agonizante, si hacéis la pin•
tura de un cadáver, si evocáis la fantasmagorla de un cerebro febril, haced que tengan vida los desmayos,
poned fuerza vital en la expresión de la muerte, pasad por nuestros ojos la visión intensa de una orgía
deensueiío,ylogradque sintamos la realidad actual de los delirios.... Pero no olvidéis que el Arte siem•
pre lleva sobre el deslumbramiento de sus ígneas pupilas la pestaña que tiende una penumbra en donde
flota el misterio. Lograd que hagan ver vuestras creaciones lo que no se ve en ellas. Buscad las escapa•
das hacia la l'egión azul. Haced que pase la potencia expresiva viendo el cielo á tra'l"és de la blonda del
l'nsueiío.
Y hari•is obra de arte.•
Díjo.
Y el sol acribilló de oro el follaje, y los pájaros sonaron su guzla en la mils soñadora ele las orquestaciones, y las flores tuvieron embriaguez de perfllme, y las bojas hi ciC'ron brillar bajo la luz sus adere.
zos de roclo.

~ os

intemamos por olorosas sendas en aquel jardín de las clt&gt;llcias.
Yo:

- Y esos lindos rhalels que asoman á lo lt&gt;joe, como palomas durmiendo entre las f,·ondas?.
· F.r, F.nmo:

Alli moran las hijas de Nuestrn i\lallre. Aquella que J er·gue su imparidez olímpica y que es blanca
como una corola de anémona 11emo1·osa, es el arte escultural y plástico: la Estatuaria. l\lira, aquel bello
templete en cuya puerta está sentado el arco iris, pertenece al arte de las formas y de los colores: la
Pintura. Ese otro palacio, de donde sale la voz triunfante de los cobres y en donde tiemblan los trémolos,
como en la niebla de una fragua melódica, es del arte de los ritmos: la Música. Pero recoge toda tn fuer•

�348

REVISJ'A MODERNA.

za adwiratin para el último: aquel que rie en sus calados y encajes y que en la esbelta aguja de su torre
luce el diamante de una pluma de oro. Alli está el arte de la palabra y de la idea, la Poesia, que es música
y pintura, color y ritmo, orquestación é imagen.
Yo:
-¿Y por qul- llamáis Poesla al arte literaria? ¿No es eso restringirla? ¿Por qué no la nombrAis Literatura?
EL EFEBO:

-Si arte do la palabra, Literatura; si arte bella, Poesía. Prosa ó verso, Poesía: arte purn, desinteresada jovialidad del esplritu. Vaya por caso la Ü!'atoria. El periodo que deslumbra, la música torrencial
de la palabra, la voz evocadora, el sésamo de los entusiasmos, de las lágrimas y de las exultaciones; la
vehemencia expresiva, las a.las que transfiguran al hombre en semi4iós .... , eso es Poesfa! La parte utilitaria, el fin benéfico, la certidumbre lógica, nada tienen de común' con la Es"tética. Es bien que apren•
das á separar la broza del terrón minero. Poesía es la que hace gozar por ella misma, sea que muestro
la tersa ondulación de la prosa, ó que se orl11, rizada de compaseR, con los flecos sonoros de la rima.
Poesla es goce inútil.•

POESIA

EN IIO~OR ü~ LOS POETASNORTE-A)IERICANOS.
La musa en el obscuro hipogeo reposa!
Así duerme en 1a:cárcel de su botón la rosa;
Asi bajo la tierr(duerme la gema pálid,i;
Así el canto en.fa Jira; así la mariposa
Dormita bajo el yerto pavor:de la crisálida!

Nos acercamos 11.I palacio, y penetramos en los dominios de la dueña.
El efebo me mostró con el dedo unA. encrucijada.
EL EFEOO:

~Cada camino conduce á una región distinta. Este, el pals de la capa y de la espada, de los St&gt;gismundos y ele los Locos Manchegos; ese, á los infiernos dantescos, á las epopeyas de la Gloria ó del A ver•
no, al itrbol en que se arrullan los célebres amores; aquel va á la patria del lmmottr, al nido de las águi las shakespereanas; el otro, á las brumas del arte metaflsico, del arte sacerdotal y humanitario; y l'so
mayor, es la gran ruta hollada por el fanatismo; la que lleva peregrinos á las reliquias rlo la Meca y dt\
Jerusalén, :í. la vasta comarca ele las tradiciones de lo bello; el sendero restrospecfivo que conducr. ;i la ~
necrópolis del pensamiento ....
i\Ias el uuestro es aquel, mezquino como atajo, á creer en su comienzo angosto y ahogado, A trechos,
ele maleza. Ese nos llevará al país ele lo raro, al pals tle los fakires enigmáticos, al pals del L11berinto .... ·•

Anduvimos, anduvimos ....
Y, al caer la noche, oímos como un ruido de colmena. Era el eco de las saturnalr.s del pals ele
.Francia!

(Continuard).

En vano el imperioso:conjuro de la idea!••.•
r~u vano en el_'granito-con el_~incel_d~ oro
El artista inspirado y afanoso _golpea.•• · ·
Pi&lt;&gt;'maleón a&lt;&gt;'ota sus ansias y su lloro
Si; conmove; tu mármol ¡oh helada Galatea!
Qué aletazo de sombra mató t_u flama, ¡oh cirio!
Qué incubo abrió las alas sobre.tu .b.lanco lecho
y rodeó tus ojos de ojeras de martmo • • • ·
Qué vampiro clavando sus g~rras en _t~~pecho
Sorbió sobre tu boca tu espintu de Lmo? . . ..
En vano en_los. cdstales de _la·onda citerea
l\lás cándida y más rubia que el ámbar y la c,pun:a ,
La todopoderosa, Ja emperatriz,· la'.Dea,
Emerge y opacando la claridad febea,
Al cielo y á la tierra bajo su imperio abruma!
En vano de Setene bajo la luz de_oro
Lle.,.¡ el nupcial cortejo y en el florido lí~eu
Do;de arden las antorchas -yJas syringas gin1cn
Al eco sollozante del timpano sonoro
Estallan en la noche los cántico(del himen!
En vano de Dyonisos las tropas vocingleras
Al sol de la vendimia recorren lasipraderas
y envuelve con guirnaldas y sisti·os resonantes
El séquito en delirio de faunos y bacant~s
Al cano esplendoroso-que: arrastran las panteras~
En vano surg11 Pallas y en su broquel_se irisa
.Convulsionada .y)o1·va la faz de !(Medusa,
Deleites y pavores 1~ piéride)ehusa,
.
Ha tiempo que no logra la luz _de una sonns~
Brillar en la nocturn~ tl"istez~. d_e la -~I¡¡,sa.

y sin embai·go alienta. .... Cuando l-a b~isa led~
r::ntre I;is frnqd¡is haca gemir el harpa eolia,
·

�850

REVISTA MODER~A.
La Musa en el delirio transfigurada queda
Y absorta, levantando su frente de magnolia,
Escucha las canciones de Apolo Citareda!

;

Toda vibrando, ardiente, como la Pithia loca,
Cercada la melena de un nimbo que cintila,
Del tálamo re~urge y al grito que la invoca
Los himnos musicales palpitan en su boca
Y la pasión inflama su fúnebre pupila!. ...
Quó auroras iluminan el hondo tenebrario?
Qué antorchas inflamaron los subterráneos limbos?
t,\uién en tu frente ¡oh Musa! dejó tan claros nimbos?
Acaso las heridas de un Eros sagitario
Las nieves de tu seno llenaron de corimbos? .. . .
Hesurges victoriosa del hondo cenotafio!
Revives al vibrante conjuro del poeta
Y con el ágil diestra de Diana cinegeta
Sobre tu estela borras el fúnebre epitafio
1&lt;:rguida ante el conjuro de Apolo l\Iusageta!
Abraza la teorba, suscita el hondo arpegio!
Apura hasta las heces tu copa de ambrosía!
Y al implorar tus cantos la egregia Poesía
Que vibren tus esti-ofas y que tu numen rogio
Se inflame como un faro sobre la noche umbría!

REVISTA .MODERNA.
Su t&gt;
"'enio entre las sombras de la existencia fioge
Un sol sobre las noches infinitas del Polo,
Su Musa poderosa fué una imperial esfinge
Sin l•~dipo ....
Los genios lo adivinaron sólo!

Ardiendo en los altares de la verdad fué un cirio!
Los abismos celestes exploró su astrolabio,
Las simas infernales sondeó su delirio,
El fue"'O
del profeta quemó su noble labio
0
y albeaba en su pecho la semilla de un lirio!

1 su uumen fué lámpara de oriental Ala.dino
Que alumbró las riquezas del más regio tesoro!
Así heroico el Poeta recorrió su camino
Con la frente abatida y olvidando en el vino
Que el burgués lapidaba sus broqueles de oro! .. •.
Bebió en cáliz de ónix el licor miis acerbo,
Fué su espirito un astro sepultado en un limbo,
Un eclipsA brotaba sobre el sol de su verbo
y en sus sienes la lumbre sideral de su nimbo
A pagó con sus alas tenebrosas el Cuervo.

En tu carcax apronta las líricas saetas!
Evoca en tu salterio los más ardientes sones
Y sangren traspasados de amor los corazones
Cuando al loa1· la egregia virtud de los Poetas
Tus labios musicales prorrumpan en cauciones!

Ananké fué el estigma quo su frente lucía,
y por eso las sombras ocultaron al dla!
Su avatar en la vidá fué el fatal .\nanké,
Y por eso los astros de la noche sombría
1:&gt;on propicios al culto del di,·ino Poé ... .

Los próceres aguardan, la silenciosa exedra
A tu clamor consagra sus ámbitos de piedra ....
Inflama con tus fuegos á sabios y á gentiles
Y sé para ese bosque la enamorada yedra
Y arrójales al cuello tus brazos mujeriles!

¡Oh vestal Mu,a y Pióride! oh virgen soi1allo;·a!
Abre el libro de Edgardo muy antes que la aurora
Llene de sangre el brillo de la última estrella,
y e,·oca entre las sombras á Ligeia y Leonora
y habla faternalmente con la torva Morclla.

Canta ¡oh lira! los bardos de la pujante América
Qt1e al Septentrión llevaron la egregia apoteosi11,
De Bryant y Longfellow el alta virtud férica
Y de Poe la Musa, diYinidad histórica,
Y del poeta Whitman la (•pica neurosis.

Ahi las perlas lucen y sangran los claveles . ...
¡Oh princesa! en sus versos hay trovadores fieles
y amantes sepultados por un hondo Leteo.
Llora sobre esas páginas y dale por trofeo
Tu llanto á ese Poeta que no tuvo laureles.

Bryant sueila en la vida fecunda y en la muerte
Su musa es la Tristeza; pero su plect1·0 fuerte
Enflora en el salterio la trágica harmonia,
Así la ThanatopsiS:dulces consuelos vierte
Juntos al más acerbo clamor de_la elegia . . ..

Y en honor del poeta sobre su tumba fria
Entona el más amargo clamor de la Elegla! . . . .
Despeina tus cabellos luctuosos y dolientes
1 queda en sus umbrales silenciosa y sombría
Como fúnebre esfioge de pupilas ardientes . .. .

El numen de Longfellow como un Oriente irradia!
J:.:s refulgente aurora que todo lo ilumina,
Y en su inmortal Poema la cándida heroína,
Lirio lleno de lágrimas, en el jardín de Acadia
Surge como un arcángel de luz Evangelina!
Y pasa en el recuerdo la novia sin ventura!
En las brumosas piayas del doÍ¿roso exilio
Arrastrando los velos de su nup\!ial blancura,
Y al fin desv1u1ee:ida sobre su amante idilio
como un sauz doliente sobre una sepultura!

Si,es Longfellow:e1 bardo de las primaverales
Selvas americanas, si se refleja~el cielo
De sus rimas sonoras en los tersos cristales
Edgard Poé, nimbado de fuegos infernales
Es el trágico numen del hondo desconsuelo.

Esfin&lt;&gt;e de azabache con ojos de topacio
Uuard:la torva l\Iusa de Edgard Poó el palacio,
Pero llegan los ecos de súbitos clamores
y al ~on de los clarines y de loa tambores
Conmuévase con ópicos rüidos el espacio . . . ,
Es \Vbitman que aparece! Sus liricas legiones
No lucen áureos cascos como los mirmidones,
Pues nunca ensangrenta1·on las tierras ni las aguas;
Su amor llenó de mieses los áridos terrones
Su afán forjó los hierros en las ardientes fraguas.

351

�:l5;?

REVISTA MODERNA.
Es Wbitman el humano y el lírico poeta!
El que miró en sus claras videncias de profota
Un águila triunfando sobre una flor de lis.
Es él el demagogo que toca su retreta
Honor á las legiÓnes del buen poeta gris!!
Sobre su noble frente donde el invierno hiela
l'n gorro frigio luce su gran escarapela ....
llajo plebeya blusa se oculta el negro frac,
!·'.s una Marsellesa do libei·tad. su estela:
Y así pasa-el ,·aliento canto1· del Potomac.
Bryant ol pesaroso, Longfellow el cli\'ino,
EJgard Poé, vidente de misterioso sino,
Y Whitman, el que asume la voz de los prof'&lt;!ta~!
Ante vuestras grandiosas magestades me inclino!
Honor á los laudes y ~loria á los poetas!
La !,lusa llora en vuestros alth·os mausoleo~,
Y deja cual ofrenda de Ji I icos trofeos

La sangre de sus venas y el llanto de sus ojo~;
Diamantes que .se irisan á los rayos febeos
Y corimbos ardientes, deshojados y rojos!!
¡Oh genios! de las altas regiones siderales
Do viven venturosos los estros inmortales
Descienda vuestro numen del bien inspirnrlor
Y cesen las discordias y vivan los mortales
!' nidos en el Credo Divino clol amor!!

\ á vuestro influjo ruireu las gentes ,·enideras
De olivos coronadas las épicas cimeras
Cesar á los cañones su ronca tempestad
Y á todos los colores de todas las banderas
Tendiendo un arco- iris sobre la humanidad!
,losfo

Jt'AN

TABLAD,\.

UI

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•

1

'.:_;¿~_;t -~~- ~- ,-:-. -=-~ ::}Y
,1• f\'.,-f1.AO:. 190 f

"BA por la calle plena1nente feliz, ritmdo á los duendecillos danzarines quelibeluleabau ante sus
ojos enantes é inflamados por el absintio; su vieja corbata. deshecha. flotaba a l viento como
un Yelacho, su fieltro hongo plegábase innoblemente sob1·e sus luengos cabellos grises y semejaba un murciélago sobre una chimenea, sus harapos destroza.dos remedaban grotesca•
mente una americana abotonada y un pantalón holgado; y de su barba en torbellino surgía
una nariz perfilada en Bízancio y asomá.base á. menudo un engarce de dientes blancos tras
sus labios marchitos, quemados por la combustión diaria de alcohol.
Iba perseguido por las risas estudiantiles que ígno1·aban la vida, y estigmado por las indignaciones
bcrguesas .... que ignoraban también la vida!
Pero úl reía al crepúsculo de oro, á la esplendorosida.d vesperámica. de aquella tarde en que el vencido seguía el libeluleo de los duendecillos que rondaban sus ojos, cual sí fuesen flores nocturnas abiertas al fulgor de los astros ....
De pronto el noctámbulo detúvose frente A una taberna henchida de bebedores; atisbó y escudrü1ó
buscando sin duda un camarada á. quien ha.rponea.1· un trago, pero como no lo descubriese, detúvose
pensativo á las puertas. Ya no rela. Sus ojos fla.meantes devoraban con mirada ávida losvasos rebosantes de bebidas plebeyas que eran sorbidas por bocas febriles y recordaban un filtro envenenado sorbido
por vampiros. Era sábado, y los obreros acudían al tributo sabatino con religiosidad druídica; aguijaban hacia la tabema ::nsiosos de dejar en ella su misero jornal ganado de sol á sol en faenas de negros;
espoleaban á eclipsar en el alcohol su sol de sangre, la fatalidad fulminadora que los habla echado de
bruces en la ergástula moderna de la gleba aplasta.da por el trust de los fuertes! Grupos haraposos, de
cuerpos espectrados, de pechos caquéxicos roídos por la ol,ra de zapa de la tisis; grupos miseros del rebaño esquilado y alimentado con bellotas, se atropellaban por abrevar en el Leteo innoble que da el embruteci,uiento á trueque de la salud, de la dignidad, de la inteligencia y del bien!
El noctámbulo husmeaba con deleite, como zorro hambriento, el hálito de las irnforas abiertas, escapado en emanaciones acres, volátil y envolvente, cual si los esplritus del alcohol flotaran en el aire dotados de sagacidad sujestiva, y filtrándose por los sentidos fascinados, intoxicaran el ardor báquico, mits
temible que el uror de las bacantes, en el espil'itu que una vez sedien'to de alcohol, no se saciará jamás,
transformado el organismo· á quien alienta en un tonel de Danaídas! ·
El noctámbulo entrístecióse lúgubremente al no encontral' ningún amigo. Cruzóse de brazos y reclinóse sobre el alféizar, y sus ojos se perdieron explorando 1a·negru1•a del barrio desierto, el zigzagueo
morisco del México leyendario que guarda aún vestigios de la ciudad virreinal. Yo le habla seguido, y
asombrábame de no verle enyilecido hasta. mendigar un poco de alcohol; el hombre sufría, hablase le
vantado sin duda de un largo sopor del coma y empezaba su consuetudinal'ia correría nocturna en busca del amargo placer. ¿Era pues un ebrio que descendía IÍ la al&gt;~oeción trnhajosamt'nlr, rn lnr ha pOI'
'ialvar del naufragio un resto de vm-güenza imHil .-.. ? · ·
Le toqué suavemente en un hombro:
-~Quiere uste4 beber conmi 9 o una copa?

�REVISTA MODERNA.

.REVISTA MODERNA.

J'.:t me miró desconcertado. Yo prosegul:
-Soy destEmocido en este barrio y no me agl'ada beber:Solo .. . ,.
. .
J~I sonrió ante mi sonrisa y se apresuró á aceptar. Nos instalamos en un nncoa de la taberna, ~epa·
rados del oleaje que burbujeaba en c1·eciente marea. Yo platicaba de cosas flotantes en un sueuo do
hastlo, palabras que se escapan cual d(una válvula del cerebro vigila~te, siempre en com?ustión, en
tanto que ól bebla ávidamente, entregado á una súbita confianza. A medida que bebla, sus ~JOS volvlan
á s(Unelr ¡\. los duendecillos que danzaban ante sus ojos en ronda de silfos enamorados de abierta~ flo_res
nocturnas. Las cien mil lamparas de Aladino de la embriaguez encendlanse en su cerebro en feér1ca iluminación constelando las tenebrosidades de sus males .... y sonreía, sonrela con la incierta Y cuasi de·
mente so~risa de los seres debilitados por la orgla perpetua. Su alegda necia me exasperaba, me quemaba, y de pronto, cruelmente, le increpé:
-¿Usted no ha sufrido en su vida?
.
.
Un latigazo chasqueó en su espiritu. Sacudió la cabeza para espantar la nubecilla alada de los s1~fos danzantes, vuelto brutalmente á la realidad, á la torturante realidad que bula su pobre cerebro v1•
sionario, y en voz jadeante, dolorosa:
.
.
-Usted también .... !-dijo-usted también cree como los demás, que yo me embnago por mnoblo
vicio!. .... Ah, si!. .. . . Soy un vicioso, soy un relapso, soy un perdido, soy un leproso que me arrastro
en las sentinas satánicas!. ... Pero también soy muy desgraciado!. ... Hace diez aiíos era yo bueno .. ,.
Vivía honradamente, trabajaba para ganarme la vida en labores ele escritorio, pues me encontré desdo
muy joven solo en el mundo y no pude cultivar ni mi inteligencia ni mis brazos en ejercicios espe~ula•
tivos ó prácticos; yo era animoso y fuerte; con mi rudimentaria educación afronté la lucha, y despues do
fracasos vulgares en los luchadores débiles, llegó un día en que creí asegurado mi porvenir, aceptado
y considerado en una gran casa sólidamente establecida de luengos años atrás. Pronto me vi rodeado
de bienestar moral, pues se me confiaban trabajos delicados y comisiones honrosas, y varías veces ful
en representación de mis jefes á arreglar negocios de importancia en lejanas zonas algodoneras de Du.
rango que eran manejadas por la poderosa nl.'gociación de que era yo empleado. llli pulcritud en ves•
tir, mi cortesla nativa para quienquiera que fuese, mi carencia de placeres viciosos, dióronme pr~s~igio
y despertaron simpatías en torno mio; y yo, halagado y deslumbrado por aquella alborada de fehc1dad
que había sido mi sueño, amplit'.• mi modesta ambición hasta desear la redención de mi soledad, una dul•
ce compañera de amor ... .
Una mañana, la marea rebosante del Empedradillo arrojó hasta mi una morena encantadora, do
t•,ios moros apasionados y lánguidos, de imperial cuerpo hebreo graciosamente blondado y coquetamcuto aparasolado por un fresco sombrero de primavera. l\Ie miró, tentadora y complaciente en le,·c souri·
sa, y me cautivó. La sl.'gul encantado, vencido por su seducción, con el pecho oprimido por secreto do·
lor al ver In cauda de deseos que iba estelando su belleza turbulenta; con asombro y alegria vi que al
retirarse de la brillante avenida, se all.'jaba de las calles aristocráticas y se internaba en un barrio hu•
mildo, hasta que traspuso los umbrales de un entresuelo de balcones volados y florecidos de malvas rea,
les y geranios. Al entrar, la hermosa me despidió con una sonrisa, que fuó mi golpe de gracia. Me trans•
formó en sombra de la morena encantadora, pero mí timidez para las mujeres me impedla acercarme,¡_
olla, hasta una noche en que Gracia misma fué quien me llamó y en voz flébil, melodiosa, insinuante,
que revelaba para mi una ingenuidad adorable, hizome confesarle mi amor, contarle mi vida, abrirle mi
corazón en esa impetuosidad re.primida largo tiempo en los seres privadc,s de afecciones; nos amamos, ó
más bien, la amé con frenes!, concentl'ando en ella mis adoraciones de níüo y de mozo, los cariiíos do
mi alma apasionada, tal'dlos y granados en la soledad, que despertaban al beso del sol cual explosión
de rosas salvadas de la sombra, de la muerte,
Gracia me venció, me dominó, me ató á la más dulce de las esclavHucles; los contados días en que
la tiranuela me pel'mitla verla, era yo muy dichoso; palpitábamé el corazón en vuelcos precipitados
cuando, venciendo mil peligros s •gún ella me decía, asomábasc presurosa al balcón y cambiaba conmigo unas breves frases, ordenándome imperativa y sobresaltada que huyera; y yo obedecía venturoso y
ávido de partir con ella el peligl'o que se quedaba á desafiar sola, pero inclinándome á su mandato. Por
frases escapadas al azar en medio á su perpetua nerviosidad, supe que la vigilaban constantemente, que
la tenlan recluida en aquel hal'rio por haber rehusado casarse con un hombre quien alJOrrecía; que
pertenecía á una familia acaudalada y que nuestro amor debla permanecer secreto basta el día en que
nos unióramc,s á despecho del mundo. Pal'a comprobar sus aserciones, veiala á. menudo suntuosamente
,·estida, en carruajes con librea, pero sin blasón, ó dando el brazo á elegantes caballeros que ella me de·
cia eran amistades de su familia; pero esto á mi no me sorprendía ni me inquietaba, pues adoraba á
Gracia con idolatría, con fanatismo y jamás la sombra de una sospecha pasó rauda por mi frente.
Al contrario, viéndola joyante y deslumbradora de lujo, la ambición m(espoleó ·para equipararwc
á Gracia, para conquistarme la independencia y la riqueza con mi propio)sfuerzo. Trabajaba día y noche, sin flaquear, penetrándome de las combinaciones mercantiles que mi jefe supre:.10, satisfecho de mi
fidelidad bien probada y de mi prodigiosa actividad,'.dejábameestudiar y muchas veces resolver, sancionando mis decisiones. Llegué á ser necesa1·io, llegué á se1· participe y socio de la casa, y por último, un
cll-a manifesté á mi jefe mi resolución de separarme bajo su patrocinio para fundar una negociación
propia y libre. l\Ie abrió los brazos y me conceqió lo que pedia, augurándome un porvenir brillante y
ofreciéndome su apoyo en todo.
·

Para celebrar mi emancipación, fui invitado á su mesa, donde me presentó ,~ sus hijos, no ya como
subalterno, sino como uu futuro negoaíante,-•y aun futuro competido1·,• - aííadió sonriendo. A los pos•
1, es, ful invitado por el menor de sus hijos, calavera de notoriedad, á pasear en canuaje después de una
partida de bolos, y ya á solas los dos, tropezamos con una banda de amigos suyos, elegantes desocupados que iban de juerga, y nos enfrascamos alegremente en los bares elegantes, bebiendo lo que ellos
querían, pues á mi me era indiferente optar por cerveza ó brandys ó hitters; al caer la tarde la emhria•
guez estaba en todo su esplendor .... jamás habla sido yo tan feliz! l\Ie sen tia aclamado en el pórtico
triunfal de la vida! :i\Ie sentía fuerte, vencedor, igual á los brillantes jóvenes que me abrumaban con sus
amabilidades.
Uno de ellos propuso de pronto que nos traslaJáramos á casa de Carmen.
- ¿Qué Carmen?-pregunté. Y un coro de carcajadas me contestó.
--Cómo!- apostrofó Ruiz Ordaz.- No conoces á Carmen, la matrona mits ilustre de l\Ióxico?.. ... No
has rcbafiado en su harcmlike?
Y yo, que me sentía capaz de restaurar un rapto de Sabina~, fui ele los primeros en lcvautarmc. Su-

35.t

:á

355

bimos á dos carrnajes que esperaban á sus due1ios bajo la lluvia, y arribamos á uua casa aislada cu uua
de las más distantes colonias, rodeada de inmuebles y pequeños palacios solitarios.
Fué una frrupción. No bien cerramos la puerta, un himno báquico saludó á la antigua pupila de lupanar ascendida á reína, dominadora en su amplio peinador y bajo la masa empenachada de sus cabellos
rojos. Mi presentación fué una cortesanía de ópera bufa. ·Y ~in más ceremonia nos instalamos á placer
sobre los anchos y muelles divanes de aquel recinto que parcela un enorme lecho blando, suave, sensual, capitonado de sedas y blondas; los camarines veíanse entrnabiertos, esparciendo tiobre las alfombras rosadas y lilas fulgores atenuados de lámparas veladoras de los misterios del amor; y el ambiente
cargado de violeta enervaba, adormía, ensoííaba la inte!igencia, ell tanto que los sentidos abrían sus
válYulas y aprestábanse á las luchas gloriosas de Eros!
- Violante, Laura, Amelía y Rosa me visitarán hoy, dentro de, un instante;- escucbé que decía la
matl'ona.-Adoración y Berta vendrán al momento que se las llame; pero nos falta una .... . Ah!. ... . la
misteriosa con quien dormiste, Ordaz, la otra noche!. . .. ¿Te gusta? .. ..
- No,- dijo el joven con displicencia,- es demasiado apasionada para ser sincera ..... prefiero ,i
~osa . . . ..

�REVISTA MODER:SA.
-Yo la quiero!-d.ije impetuoso, enardecido ante la confidencia.
Carmen miró uno pot· uno á los jóvenes, quienes se apresuraron á garantirme.
- Confla en él como en mi, Carmen,-concluyó mi introductor.
Ella se inclinó ante mi, en actitud de quien se disculpa, y en este instante cuatro muchachas precio.
tta~, elegantemente ataviadas, entraron saludando con intimidad, cual si_recibierau ellas en su propia
casa il amigas del alma, con besos y graciosos diminutivos. La faunalia entró en pleno período efen·csccnte; las copas de champaña burbujeaban heridas y prismadas de luz; las risas sonoras volaban en el
viento cual enjambres de golondrinas locaEi; al entrar las otras dos primorosas llamadas á gran prisa, la
algazara creció desbordándose en estruendosa orgial Los amadores habianse apareado, mas esperaban
por galantet·la á. que todas lu parejas estuviesen completas, y como la desconocida tardase, las ninfas
eran devueltas á la gracia antigua, á la belleza antigua, á la revelación pagana de lasJormas._no ·velarla@, sino apenas por cabelleras sueltas .... ! Rosas vivas, rosas frescas de pistilos dorados ó negrísimos
en Yellazones sedeñas, surgían cual crisálidas de capullos reventados, entre maliciosos pudores, ruegos
apasionados y besos sonoros y asaltantes .... Yo estaba embriagado más que de vino de embelesamiento morboso.... Ah, si! .... aquel era un haremlike, ó una bacanal romana, ó una saturnal_.griega! La
docilidad con que las hermosas hablanse apresurado á complacerá los libertinos,'probaba una asidua
costumbre en aquellas tiestas galantes!
De pronto, el rodar de un coche oyóse en la calle, Carmen vió al trnvóS: de las persianas y dijo: • Es
clla!, -y entonces uno de los jóvenes se adelantó y ordenó en tono teatrah
-Si entra, que entre como Frinea!
-Sl, si! .... -Corramos todos.-Como J&lt;'rinea!
Laura y Ordaz salieron al encuentro de la recién llegada y conferenciaron con ella. Se resistia entre risas, pero nuestt·a decisión era inapelable, y por último, un aplauso de Ordaz nos dió el triunfo. Diez
minutos de espera anhelante, y luego un estremecimiento cuando ella entró, seguida del joven, arrebujada hasta la frente en una colcha, y al descubrirse, impúdica, sonriente, vencedora por su soberbia belle•
za lujJiriosa, un grito de triunfo unánime y un grito de horror mio, porque aquella mujer era Gracia! .. .
Al decir esto, el ebrio sacudióse en una embestida espantosa de rabia, de dolor, de desesperación,
de frenesí; bebió de un trago su vaso y lo azotó vacío despedazándolo contra las losas; en tanto que
yo, taciturno, en rebelión conh·a la eterna fuerza aplastante, volvla sañudo los ojos ante un abominable
cuadro: los ebrios, en el paroxismo del furor báquico, gritaban enronquecidos hinchando la taberna, so
íuj¡¡riaban con una. exaltación demoniaca, los ojos inyectados y fuera de las órbitas, el equilibrio perdido, la lengua trabajosa y torpe! Los venenos emponzoñados hervían en aquellos organismos gastados
por el trabajo diario y por el implacable vicio; y en medio á aquel pandemonium execrable, á aquella
sinfonía satánica de aullidos horribles y crispadores, el vencido esperaba ¡;u único descanso en la tiena:
el libelulear de los duendecillos en torno de sus ojos errantes. , .... !
HlQI.
Hus,;;~ ilI. CAMPOS.

SOL01 ....
A D, L11is D. Molina.

En la sombra,
cuando empiezan á encende1·se las estrellas,
yo no sé (en el misterio) quién fue llama, quiélimc nombra,
oigo pasos tras mis huellas;
y á la luz-polvo de plata
de la suelta cabellera de la luna, que me miran
unos ojos muy profundos y muy negros,·y dilata
su tristeza mi suspiro en los céfiros que g-iran,
La campana lejos, lejos,
li los 'últimos reflejos
de la tarde,
lanza y llora su sonata de plegaria
\Tésper surge, treme y arde
solitaria.
Alguien habla á mis oídos i1 las veces
y :í. la pálida vislumbre
cabecean melancólicos los sonámbulos cipreses.
En el cielo cuánta lumbre!
En mi alma
sombra, sombra, sombra y sombra,
en el seno de la noche cuánta calma!
;.Quién me llama? ¿quión me nombra? ....
Su recuerdo! que persiste,
que me agobia de tristeza;
.r P/l&lt;J pasa tambi~n trist~
y se prende como ni111bo de piedad á mi cabeza!

JEs~s E. YALE~Z UEL.\

E~ELFOZO.
(DE LA LECTURA , DE MADRID).

(C ONTl~ Ú A ) ,

P.idro opinó que el hombre suelto no suele hacer ni honra nl dinero, y tuvo la suerte ele enamorarse,
y A poco vió realizado su ideal. Su casamiento con la Relimpia no alteró la vida de los dos amigos: siguieron viviendo bajo el mismo techo, cada vez más unidos en la tácita sociedad de bienes, y á poco, á.
gestiones de 11.1. Relimpia, obtuvieron la contrata de aquel pozo en que esperaban hallar la base de un
bienestar que, sabiamente dirigido, pudiera traerles algún dla el descanso con que el obrero sueña, y l's
la obsesión de los que aún no han perdido del todo la esperanza. l\Iuchos antiguos obreros de la mina
andaban por alll, enriquecidos, aburguesados, dando á sus hijos una educación que los alt&gt;jaba del medio en que ellos se criaron. Y estos ejemplos avivaban la sed y el hambre de posesión.
Sabiase que el azar, el capricho, el favor, vallan más que el trabajo y la conducta para estas rápidas
ascensiones en el medio social; y por esto las pobres mujeres se deshacían en halagos, y los débiles hombres en solicitud servil, en tomo de los jefes y mangoneadores del negocio. Habla que vivir, y no- toda
aquella riqueza inmensa que extralan de la tierra habrla ele marcharse así porque si, sin df'jar siquiera
lns migajas en las manos encallecidas.
Todo aquello era conuptor: desde el trabajo que vol\'la al hombre á lo condición de bestia, hasta el
favor que casi siempre lo hundía en otra condición de servidumbre.
Era un pueblo anormal: no tenía patria, no tenla Dio:1, no tenla vida jurídica: alll no había más que
La Compmi.ia. Era el Dios, era la patria, era el Gobiemo ..... lo era todo. Cosas suyas eran el suelo, el
subsuelo, el aire, el agua, la vida, la honra y la hacienda de aquel enjambre humano, que la necesidad ó
la codicia removla.
Así Pedro y Pablo, mientras dejaban caer los martillos sobre los barrenos ~• éstos entraban millme•
tro á millmetro en la masa de mineral, p~nsaban en la La Comvatiía, en aquel sér todopoderoso, que con
un gesto invisible, con la más simple acción, podía sacarlos de aquel pozo, ele aquella pobreza, y hacerlos
ricos, dichosos, sin que tuvieran que temblar ante el porvenir.

JV
Cerca de la media noche llegó el relevo: lo menos tres horas hacia qu~ P¡iblo se fué para sacar del
almacén dinamita y cápsulas y hacer formal reclamación sobre aquello de.lu mechas.
Al muchacho ele! tomo lo despabilaron de su modorra perpetua, adquirida en aquellos grandes ratos
de obscuridad y de inacción; salió Pedro del pozo; estallaron los barrenos, y fueron los dos trabajadores
á continuar ahondando, á luchar con la roca, como héroes tranquilos y silenciosos.
Solo, y satisfecho de ánimo, por el resultado de la jornada, iba Pedro por aquellas galerías que sudaban vitriolo. La eterna noche le envolvía; el silencio de las profundidades deshabitadas esparcía su espanto .. . . y fué allá, en el cruce de los últimos pisos, á treinta metros del boquete rojo por el que entraban los de perpéuta, y alll gemlan 6 cantaban, según por lo que les daba la desesperación. donde encaróse con él el mayor granuja de la mina, un tagarote que vivía de sus gracias en aquel mundo negro,
del que no salla porque le gustaba, porque aquello le parecía hermoso, y porque le daba la gana de no
ver el honible sol ni la horrible tierra con sus amargas desnudeces.
Comía en todos los ti·abajos, bebla en todas las cantinas, dormla en todas las cuadras, se calentaba
en todas las calderas, se refrescaba en todos los ventiladores .... Alli no había invierno ni verano, ni primavera ni otoiío: todo el tiempo era uno, como era una la humanidad que trabajaba y moría.
Era el hombre libre, el hombre ideal, sin lazos, sin afectos, sin necesidades, sin angustias, sin debe·
res . . . . habla tenido que renunciar á la tierra y á la luz, pero fué renuncia gustosa. Que no le hablasen
de las cosas que succdlan alú.i an·iba. Y de las de arriba y las de abajo, eEtaba muy al corriente.

�REVISTA MODERNA.

REVISTA MODERNA.

Era el lector de periódicos en los corros ele ol.Jrcros; y en los descansos de cigarro y comida, veíase
al zagalón leyendo, medio declamando, cosas muy radicales, á la luz del candil enganchado en la piedra.
Aquella pobre gente envejecida bajo la costra de polvo mineral, soñaba con un mundo J(ljano, con
una ciudad fantástica habitada por la \ ' erdad y la Justicia .. ..
- ¿Allá arriba? ¡Bah! ¡Pronto hizo un año!- derla burlescamente el lector, que no crela posible bourlarl ninguna, á no ser del noveno piso para abajo.
·
Rste trástulo tan simpático como inevitable, se encaró con Pedr&lt;', y meneando el candil- que uno
cnalquiera llrnal'la cl(I aceite, - rnmpiú A cantar con admirable brlo:

pe ó embriagado, que entraba y salla de los cal'riles sin darse cuenta..... Anduvo abí, con ti candil encendido, como alma en pena, y al llegar frente á los hornos, sentóse en un risco á pensar, hablando solo,
gesticulando. La llamarada espantosa. que salia de aquellos montículos de arcilla rcfractal'ia, con sus re·
!;impagos verde!', azules, l'Ojos, en que se fundían el cobre, el azufre, el arsénico, toda aquella endemoniada compostura de las piedras que sus brazos anancaban, le atraía: parcela juntarse en un abrazo
plutónico y aniquilador con aquella otrn llamarada. silenciosa que le devoraba las entraííae.
Paree la que el siniestro fnlgot· de aquellas cosas rugientes que se derretían en los hornos, le iba metiendo la luz, corno de un hachazo, en lo más doliente de su propio sér. Y vela ...... vela ya bien claro.
l~I hombre razonaba, y sentla que toda la amargura de su razonamiento le confortaba en vez de aniquilarlo.
- Que ese le guste máe, es cuestión de suerte: yo creo que en su pellejo baria lo mismo. Es más mu.
chacho, más alegre, tiene un don .... Que se quisiel'an antes de que un mal viento me tl'ajera aqul, es una
cosa, vaya, que tenla que pasar. Pero ¡engañarme! ¡Esos con quien se parte e) P,an y la vida ...... ! ¿Por
quú no me dijel'on: mira, esto está acotado, ¿eh? acotado, pol'que es del amigo? y ya podla quedar en el
cochino mundo una sola mujer, esa; otra mejor, la diosa de Venus, y para Pedro sel'ia como esto: piedrn,
tierra, una cosa que se ve y en que no se repara ....
Pero ¡a.hora que la quiero!. ... ¡Sabel'IO ahora! ¿Cómo los voy á mirar? ¿Para qué voy á tr;.bajar y :'1
pasar fatigas? ¡Se acabó la alegria, se acabó el mundo!
.
Y con ambas manazas en la cara, enco1·va.do por un gran dolor que entraba en todo su sér como la
.~anr¡ria ardiente y roja do un homo de fundición, quedóse allí largo rato, iluminado desde lejos por la
rspantosa llama que convertía en masa liquida y radiante, de una pureza infinita, los negros peclruscoR
arrancados al corazón de la tiena.
¿Por qué esa llama no envolvía al mundo y lo derretía, purificándolo, convirtiéndolo en un raudal
deslumbrantt', que escupiese la escoda y surgiera en {mreos chorros, abrasando en un momento tortas
las iniquidades?

358

• Abre el ojo, compaclrr,
que te la pegan,
y vas pasando por eso
fatigas negras.•
- Hola, Lagarto: ¿qué demonios cantas?
- Nalta. Abre el ojo, compadre . .. . etcétem.
- Vaya, está el día alegre.
- ¿El ella? ¿Hay aquí ella? No me habla enterado. F,3to se cstiL poniendo muy mal. Hay que írsr mlts
11li:1jo ... . A ver si esos ropasueltas acaban el piso, y nos mudaremos. ¡Hace aquí un aire . ... !
Y como ni irse Perlro, el Lagn1'lo se quedó parado, haciendo rscs con el candil y cantando í1 gritos
¡Que te la pegan,
que te la pegan,
que te Ia, r.i:~a~, ..•.
rnvolviósc aquél como un Ligrc, agarró con las manazas el b:·azo d(•I canfor, y ron nnn calma que cleR·
mimtla el semblante, dijo:
-Bastarle copletas: ahora mismo, ít decir lo que SPp:i!'; ;i ,·cr A qué viene esto.
...., " • .
-¡Ah! pero tú crees .... ¡Valiente bruto!
..
-Creo que tú nunca babias en balde, ¡granuja! Siempre quieres decir algo ..... y lo dices: te conozco. Yo te di el pan aquí dentro, ¿te acuerdas? Bueno. Pues suelta el barreno y que vuele el mundlY.
- Por mi, que vuele¡ pero suelta.
.
- ¿Yes ese pozo cola.ero? ¿Tiene veinte metro~? ¿i\Iás? . .... Pues como soy quien te está agal'l'ando,
oye: como ese candil tiene luz, si no hablas ahora mismo, de una p11tada te tiro al pozo. ¿Sabes que es
verdad, eh?
- Bueno, ¿y qué? Por eso no Yas á dejar de ser un . .. .
-¿Un que?
-Lo que la gente dice: demasiado amigo de PalJlo.
-¿Eh? ... .
-SI. Y no de ahora. De antes.
- ¿De antes? ¡De antes! A ver cómo eso eso: de antes que yo . . . . . . ¡Ya, ya! ¿Sabes lo que me parece
tocia esa música? Una cochina mentira.
-Yo creo lo mismo. Pero suelta ....
-Si no lo pensase más que tú, ahora mismo se acababa: ¿,·es? Ahl el pozo, ar¡ní li'1. Lo dicho: ,te una
patada, adiós el granuja, con lo que lleva dentro.
- Es que tenclrlas que echar al pozo {L medio mundo: :i los de arriba y á los de ahajo; ¡vaya una
salida!
-Oye, Lagarto: ¿soy un hombre de bien? ¿me emborracho? dilo: ¿soy tirano para el compaiíet·o? dilo.
Cuando algún pobre cae en esta guerra sorda de aqui abajo, ¿no acudo? Estos brazos, estas patas y el
aquel de adentro, ¿no están siempre lo mismo para el trabajo que para el compaiíero que los necesita?
Aquí, donde si los unos no somos por los otros, la vida es un cohete, ¿me has visto renegar? ¿me has ,is•
to huir ni echat· fantesia? ¡Dilo!
-O te callas ya, ó lloro; mira que lloro, porque eres bueno, y noble, y lo que te pasa no lo mereces,
¡Cofa~ rle allá aníba!
· - Úyeme: sí á mi, ¡que soy un hombre! me pagaran asi, me trataran asl, judiquearan conmigo de esa
~~nera, c~ando nadie ha ~uesto á nadie un cuchillo al pecho para que diga. si en Jugar de no, ¡óyemr,
h1Jo! te lo Juro, ¿,·es? te lo Jm·o, serla una fiera: lo más bárbaro del mundo. Porque ..... ¡caramba! ¡mira
que eso es gordo! ¡:\lira que no puede ser más gorrlol ¡A ver si encuentras algo que sea tan pero y tan
Ri¡.motivo . . . . !
h

•••

V
Con esta plldora en el cuerpo, Pedro se dejú ir il paso lento, no como otras veces, que se tl'8ga·1a el
camino. Al pasar por el fondo de la corta miró A lo alto y vió una estrella blanca que refulgía en la soledad azul. Pasó por el tt'rnel en que las máquin11s silbahan estt·(lpitosamente detrás de aquel minero tor-

,1
'/

l.

359

Bien tarde era cuando llegó P&lt;!dro á su casa: dijo que se senlla mal, y no quiso comer. Pablo no estaba: andaría poi· el pueblo enreda.do en alguna seria partida de tute ó en otra cosa por el estilo.
En la alcoba, en que apenas cabía la cama matrimonial, , ·ió Pedro la chaqueta del compañero. La
llelimpia la cogió de un puñado y la tiró fuera, diciendo:-Todavla está aquí ese asco: no tiene una
manos para echar remiendos.- Y luego, para echarla más lejos, la hizo volar de un puntapié.
-¿Ves? Lo mismo haría con tu compañero, ese cochino apóstol.
Pedro sintió que a lgo muy grande, muy terrible, iba á estallarle dentro, en el pecho ó en la cabez11:
agarróse á la cama mientras se tragaba un gemido mortal, de esos que salen desganando .... y cuando
ya tuvo fuerzas, al tenderse como quien se echa en la sepultura, dijo con voz desfallecida, entrecortada,
humilde, con la voz de un vencido:
-Anda, mujer. ¡Qué cosas dice:,!
Fué aquella, para el apó8lol Pedro, una noche espantosa. Sentía ei amargo prodigio de las distancias: aquella mujer, cuya respiración le inflamaba el pecho, estaba muy lejos, al lado allá de un abismo
infinito, de un mar brumoso y sin orillas . . ..
Tenia ali! su cuello, su corazón .... le bastaba alargar un poco las manos, crispar algo sus músculos
acostumbrados á batirse con el mineral: más blanda es la carne que la pied1,a; más pronto sale la vid~
qu~ un pedazo ~e pirita de su masa . . . . Pero siempre la distancia sería igual: dormida ó muerta, aquella
ruuJer estaría lrJos, separada de él por un abismo infinito, por un mar brumo-so y sin orillas.
Y Pedro sentia que una llama intensa y cruel a~laraba todas sus ideas: parecía vivir en otl'o mundo.
Las cosas las veía con uua lucidez desgarradora. El, que era torpe para todo lo que no fuera trabajar
dent1:o d~ min~, trabaja.ha ahora en la profllndidad del pensamiento, en el problema angustioso de su
propio v1v11·, amargado ya, destruido para siempre, como un mal trabajo que se derrumba aplastando :i
los pobres obreros que no saben lo que hacen.
- ¡Con mala veta hemos dado! ¡Ah, qué condenada veta!
Y así se estuvo hasta que la luz del dla vino á echar de la cama al mundo trabajador.
Al mediar el dla, cuando los barrenos empujaban á las gentes hacia las casas, salieron los dos apr!stoles de la suya, con el equipo del trabajo.
Pedro iba distraldo; no dijo á su mujer aquellas cosas que la solía decir con un lenguaje rudamente amoroso, áspero y codiciable como el mineral nativo, casi puro, y, por lo mismo, raro.
- Mala cara lleva el vecino- dijo á la Relimpia una de las comadres del barrio.- Cuidelo usted porque en esos pozancos en que trabajan, se cogen calenturas y baceras y cosas del padrejón que tumba {1
un cl'istíano. Yo estuve alli vendiendo aguardiente cuatro meses y siete dlas' .,v si no salgo' me entienan·,
que aquello hay que verlo. Ni las benditas ánimas estarían á gusto!
-~···
- Vea usted, vecina, cómo ese brnto ha puesto la almohada ... . chorreando· y con un churrete &lt;le
mineral que da asco. ¡Xo se qué hacen estos hombres!
'
-Eso es que el suyo ha llo1·ado. De allá abajo no se sacan más que esas cosas: calentura bacern
'
'
pa ti 1'!'J'6 n . ... y llanto. :No le arriendo la ganancia.

!ª

�360

REVISTA MODERNA.

ARo IV

MÉXICO,

1ª

QUINCENA DE DICIEMBRE DE

1901

NóM. 23

n
Llegó el domingo aquél que los apóstoles tenían designado para su comilona intima: como Pedro andaba malucho y muy desganado, esmeróse la Relimpia, gran gisadera y asaz primorosa, en aderezar
una comida no para mineros, sino para apóstoles de verdad y aun para obispos, según el decir de Pablo.
.Ent1·e los tres cargaron con la vianda: Pedro llevaba el talego del pan y la fruta; la Relimpia, aquellos manjares más jugosos y delicados, tales como la tortilla de jamón de patatas, el conejo encebollado,
el lomo en manteca y las suaves albóndigas en que habla cargado la mano de ajo y de pimienta; Pablo
llevaba 1\. cuestas la imponderable bota de las cacerlas, un mediano peJIPjo, cuya pez daba al vino
hlanco un saborcillo por demas áspero y agradable.
Al pasar por la fundición, salió el capataz á dar el alto.
-¿Sangramos ese horno, ó qué?
-Tráete la henamienta,-dijo Pablo descargándose.
Acudió el capataz con el jarrillo de lata, y éste por mi, este otro por la compaña, ahora esotro por.
que salga bien lo del pozo, allí se hubiera quedado bebiendo hasta el dia del juicio.
Pedro no bebla, ni hablaba, ni estaba alli: miraba con extraíia fijeza á un punto de aquel infinito
amontonamiento de rocas rojizas; buscaba con la vista aquella piedra donde se sentó en una noche triste y aflojó las riendas de su dolor, delante de la espantosa llama policroma y voraz que parecía querer
purificar al mundo. Y sin poderlo remediar, gimió de un modo tan desgarrador, tan lamentoso, que todos le miraron sorprendidos.
Pedro cayó en la cuenta y sintió rubor de su propia pena. No sabia qué decir, y como siguiendo un
anterio1· razonamiento que le hacia daño, balbuceó con doliente incoherencia, á modo de explicación,
más para él que para los otros:-No sé qué hacer .... As! Dios me maldiga si sé qué hacer; pero hay que
hacer algo.
-¡Atiza!-dijo el capataz.-En metiéndose en pozos, se van los tornillos. Poi· ésta, que es sangre de
.Jesucristo, juro que lte visto más de seis locos en la mina, y todo por esa manla de saber si )o q'\le ha_v
ahajo es duro ó es blando. ¡Duro y más duro, pedazos de bestias!
A la entrada del túnel la Relimpia tuvo un momento de vacilacióo.-La verd.td, que se necesita estar locos para venir de campo, ah!, debajo de la tierra. ¡Peste de mina!
Pedro marchaba delante sin curarse de los demás, con un aire de sonámbulo, sin ver ni olr, y murmurando como trna especie de rezo:--¡Hay que hacer algo, hay que hacer algo!
Pablo advertla fl. la Relimpia, la guiaba, la desviaba del peligro .... deciala cómo sus hermosos ojos
peligralJ11n si en una brnsca nostalgia de la luz y del cielo, mirasen hacia la sombrla bóveda cuajada de
pérfidos cirios de ,·itriolo. Eran azules, eran bellisimos; pero 111 traición se escondla en aquella gota colgante, que temblaba como una turquesa liquida á la luz de los candiles.
Y la l.'elimpia, que era de piadosas entrañas, y el dolor físico la conmovia, lloró la atroz injusticia
humana, el sufrimiento de aquellos pobres hombres medio desnudos, ulcerados, marcaJos con todas las
cicatrices del trabajo afrentoso, que en sucesiva y amarga visión se le iban presentando.
¡Qué mundo aquél! ¡Y alll vivfan hombres y bestias en la paciente promiscuidad de una labor del in·
fierno! ¡Qué riqueza negra y más hedionda!
- Vaya, sentarse y echaremos un trago,-dijo Pablo al dar vista al boquerón del piso que iban haciendo los de perpéuta.
-Aquí no: más allá. Yo os lo diré. Ilay aquí un sitio .... ¡Valientes tragos se toman alll!
Pablo miró á la lletiinpia, y ésta, apoyando su dedo Indice en la sien, hizo como que barrenaba. Alguna cosa t,mia Pedro que le bal'l'enaba el sentido . . .. no estaba muy católico que digamos.
- A&lt;]ui. ¿Veis qué buen sitio? Aqu! me senté yo la otra noche y hablé: ¿sabéis con quién? con La·
r¡arto, ese cochino embustero.
-Algún traguete se tomarla, porque el granuja no lo echa en el candil; lo cual que hace muy bien
y le alabo el gusto. Amigo, esta vida hay que pasarla á tragos: vaya, empina esa señora bota y pon esa
cara alegre. Come, bebe, y riete del mundo.
- A ver si con tanto empinar la bota vamos á dejar aqul los huesos. Yo estoy aqui amedrentada¡ si:
me da miedo de pensar lo que tenemos encima.
Y la Nelimpia miró á la bóveda rocosa, y mentalmente midió aquel monte altlsimo que se alzaba sobre !JUS cabezas.
- ¡Dios! ¡Si todo esto hiciera así, nada más que asl. ... !
- Digo que tendria razón en hacerlo-exclamó Peq1·0.-Hay aqul muchas marranadas que pedfan
eso: el hundimiento, as!, asl, poco á poco .... como yo lo baria si tuviera puños como tengo coraje.
- ¡Cállate, animal! ¡Mira que decir esas cosas aqui dentro!
Y agitada y nerviosa, la Relimpia.se pus~ en pie:--Yá~O!)OS: me p_one mala esta condenada negrura. Esto es para los demonios, no para los hom~res. ¡Y se r!en los _muy bestias!

REVISTA MODERNA
ARTE V
o:nECTOn: JE:SUS E. VALENZUELA.

CIENCIA.
JEFE DE REDACCION: JESUS URUETA.
Tip. de Dubldn.

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( Cmcluird),
1

PROFETAS

Dl!l MIGUEL ANGEL,- CAPlLLA SIX'J'IN!,-ROMA.

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                <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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