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                  <text>�B

o D ó

TOMO

SEGUNDO

ABRIL-JULIO

1923,

�~ODÓ
/

~BVISTA

l'l[EnSUAll

DE LITERATURA, CIENCIAS, BELLAS ARTES,
HISTORIA, SOCIOLOGÍA Y CRÍTICA
FU!(DADOR:

VÍCTOR JIMENEZ URENDA
DIRECTORES:

AGUSTÍN CASTELBLANCO P.
EMILIO COURBET
ADMINISTRADOR:

MANUEL A. JIMENEZ U.

•

EDICIONES

,
RODO

SANTIAGO DE CHILE
MCMXXIII

�Jor. Al&lt;O. TOMO ll

ABRIL DE 1923

NÚMERO 1

================

R

o

D

ó

COMO DEBE SER LA MUJER SI QUIERE SER
FEMINISTA

ES

PROPIEDAD

Imp. Y Ene. "La Universal".- de Julio Jlullez R , Chacabueo 62

Cuando el culto político uruguayo señor Martínez
Thedy, hoy por ventura nuestro Plenipotenciario de esa
Atenas Americana, en este noble país, interesante por ra•
zones tantas; vertió aquí, al tratar el problema feminista,
los raudales de su sabiduría, ataviados elocuentemente
con sus finos arrebatos de oratoria, y extremeció nuestro11
ebpíritus, levantándolos hasta las altas cumbres de la justicia social; su verbo me pareció un canto purísimo de libertad, y al seguir los vmJos de águila, que su poderosa
di.,léctica trazaba, le ví envuelto en la túnica del apó!tol,
del hombre bueno y justo, que con el alma a flor de labio
y la mente embriagada de verdades, va por la vida, caballero del ideal, lanza en ristre, enderezando los agravios y
combatiendo los egoísmos sociales, que con falsas vestidu•
ras de verdades, infectan todavía nuestra vida, nuestra
razón y nuestra moral, con la influencia del ancestro bárbaro y fanático de otros siglos remotos, que noa gobier11an persistentemente a través del ,·abo de sus sepulcros.
Yo también soy feminista, señoras mías, por una razón fundamental: porque odio todas las desigualdadetJ
sociales, todas las tiranías, todas las injusticias e iniquidades, que so pretexto de principios mor11les inmutable!,
defraudan la libertad humana; todas las esclavitudes
cualesquiera que sea su forma y grado; y la mujer, hay
que confesarlo con vergüenza de hombre culto y tristez11
de filósofo escéptico, Eigue siendo una perpetua esclava,
una encadenada por fanatismos religiosos y falsas morale! seculares, dentro de nuestra civilización preRente, por
tantos conceptos presuntuosa y abigarrada. Pero el feRli-

�6

'

'1

•

OÓMO DEBE SilR J:,A ~UJER

RODÓ

nismo es t&lt;:do un ~roblelrla más grave y trascendental de
lo _que a pl'lmera vista parece, y el hecho de que me haya1s honrado con pedirme una conferencia sobre tama!lo
problema, me obliga en forma sagrada por honradez cien·
t!fica, por respeto a vuestra cultura y por propia estimación, a expresaros la verdad como sale del fondo de mi
alma, desnuda de convencionalismos; de mentiras y arru·
llos halagadores, de sensiblerías o prejnicios · mis palabras
1:1º s~n el surtidor de agua de una fuente perfumada de
¡azmn!es, !1echa rxp_resamente para el espnsmo del jardín
misterioso y romántico de vuestras almas· nó mi lógica
Y. m1. ve~bo son ~orrentes, son fuerza que, ha ' de arrollar
sm escrupulos m temores, todo lo que a mi juicio deforme la verdad, la oculte y nos aleje de ella; hay que tener
en cuenta que los problemas que estudiamos hoy son en
su planteo y solució_n de felicidad o de amargu;a para
muchos seres, de acierto o de fracaso en cuestiones de
a\~ísima moral; e!1 una palabra, es la educación de nuestras
h1¡as, _de la muJer y el papel. que a ésta corresponde o
más bien debe corresponder, en nuestra civilización contemporánea.
.0&gt;~ ~l feminismo y con el socialismo (el primero es a
m~ JUICIO una consecuencia del iegundo en su más amplio concepto) pasa lo que con la estrícnina: si se toma
en dosis proporcio~adas, &lt;:portunas,. prudentes y sucesivas, produce energ1a y estimula la vida; de lo contrario
el d~senEreno, la_ falta de ajuste en las dosis para un organismo deternunado, ocasiona la muerte o lesiones graves a veces incurables.
Lo primero que se ne~esita · para estudiar un problema
e&amp; enErentar,e c~n él, sm preocupaciones¡ sin vulgaridades, hay que salir por completo de esta idea de sacrist'án
safio, que al escuchar ka palabras socialismo y feminismo
poseído de escándalo, piensa en dos monst'ruos humanos'
desgrefíados, cubiertos de harapos escurriendo mugre'
".ociferando. blasfemias, con arrebat~a animales o epilép'.
t1cos de odio o de bomba de dinamita entre los dedos
crispados, ~~mb~ando la muerte, la desorganización s0eial
y el desquiciamiento de las colectividades.
El eocialismo y el feminismo son dos corrientes irresistibles de oiviligación contemporánea, de perEecciona-

•

7

miento: dos anhelos de justicia social contra las desigualdades y la tiranía de una casta privilegiada que gobierna al mundo para sus intereses y provecho a través de
aparentes democracias, y que como todas las verdades y
progresos tienen su grado y relatividad de medio y de
momento; pero que han de dominar el mundo en corto
plazo, por sobre los prejuicios y Eanatism09 morales; rorque las corrientes de la vida y las le1es del progreso, no
se detienen con apóstrofes, lamentac10nes o ironías; lo,
hombres momificados en los cánones de ayer, que se oponen con terquedad de inconscientes, a negaros el derecho
de salir de 11 esclavitud y de la inferioridad social y política en que os tienen postergadas la barbarie persistente
de otros siglos, son la necrópolis en actitud cómico trágica, que se arrnstra pesado mente pretendiendo detener la
carrera de los vivos,
La esclavitud, la incapacidod social, jurídica y política
de la mujer en todos sus matices y grados, según laa diferentes civilizaciones locales de cada pueelo, han sido
obra y ley fundamental secular de las religiones humanas, a éstas debe la mujer la historia de su inferioridad,
su condición de ser parasitario y su destino de pájaro enjaulado.
Veamos como nació en la historia más remota de la
humanidad el concepto y organización de la familia, génesis de la esclavitud de la mujer, para darnos cuenta
clarísima de que los errores de las legislaciones civiles de
hoy, inspiradas todavía en el derecho canónico, caducas e
ina1laptables a l¡t vida moderna, que se oponen al feminismo, no son más que la influencia ancestral, poderosísima
de la barbarie y fanatismo del hombre neolítico, casi primitivo, que sat11ra todavía fuertemente nuestras modernas instituciones.
Muchos siglos antes de la era cristiana los hindúes, loa
arios, los sabino~, los etruscos, los latinos, los griegos, los
romanos, razas y civilizacion~s sucesivas, fueron los autores y los culpables de la esclavitud de la mujer, que hoy,
después de miles de siglos, persiste suavizada en parte
solamente.
El hombre, desde los más remotos tiempos, sintió un
anhelo de vida eteri::e, una obse■ión insepartble de au

.

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'

1

8

RO,DÓ

mente le. hizo creer en el alma, como en una existencia
espiritual, distinta de su cuerpo material, que subsistía
más allá de la muerte. Por eso, al morir un hombre, necesitaba ser deposi.tado en una tumba o casa mortuoria
con un ceremonial lleno de solemnidades fastuosas e imponentes (buscad en esto el oríjen y explicación de e~as
modernas c;ificinas mortuorias que ostentan un letrero luminoso que dice 11Pompas Fúnebres11); en la antiguedad
debía encenderse el fuego sagrado ante la tumba, debía
depositar8e el cadáver con alimentos, vasijas, útiles, vestidos, miel, leche y vino para sus futuras necesidades; J
todas estas ofrendas a las que se agregaba la colocación
de flores sobre las tumbas, debían repetirse periódica•
mente, so pena de infringir los más sagrados deberes morale,■ .Y ocasionar la desgracia de los que sobrevivían en
espmtu dentro de las tumbas.
El culto a los muertos era capital, solemnísimo y constante. El fuego sagrado, las plegarias, las invocaciones,
las ofrendas, las flores, no debían faltar nunca; los muer•
tos, en una palabra, eran sagrados y se convertían en los
dioses de los descendientes vivos. Todavía hoy nos domina impresión semejante: el paso de un muerto impone a
los vivos un ilalado respetuoso quitándose el sombrero.
En aquella religión ancestral, los muertos se convertían en dioses, tomando diferentes nombres según la raza
y la época: Manes, Penates, Geaios, Heros, etc.
Un hombre de la antiguedad temía menos, muchísimo
~enos 1~ muerte, que la privación de la sepultura; esta
idea última lo atormentaba horriblemente; una de las
mayores penas impuestas a la delincuencia, consistía en
oondenar al reo a no se~ sepultado después de muerto.
El alma de ttn muerto, al que no se daba sepultura o
casa mortuoria, al que no se rendía el culto debido sosteniendo su fuego sagrado, regando mial, leche, vino en su
sepulcro y otras ofrendas florales, era una alm~ errante,
e~ pena, que sukía y maldecía a sus desc~ndientes haCJendo caer sobre ellos las desgracias más terribles. Hurgad
un _poco en la psicología contemporánea, y todavfa encontráis muchos seres dominados por la idea de las almas en
pena Y por aquellos fanatismos. Los cuentos de apareci-

dos, de brnjaa, _de exorciamos religioaos, las .lllma1 vaga•

AUTORETRATO
DE

•

E STRADA

GÓMEZ

�CÓMO DEBE SER LA MUJER

•

.

'·

hundas que por las sombras de la noche peaan en pos de
una plegaria, de una oración que los liberte, son tradicio•
nes y leyendas que flotan frescas todavía en el sitial de la
aguela colocada cerca del fuego de las tibias chimeneas.
El deber ineludible de ese culto por los muertos, fué el
primer instinto moral del hombre y su religión primitiva.
A estas ceremonias cuotidianas o frecuentes de adoración religiosa por los lares, debían asistir alrededor del
hombre, que oficiaba como pontífice omnipotente y máximo, la mujer y los hijos. El padre era el representante de
los dioses antepasados, cuyo culto no podía interrumpirse
nunca. Estos conceptos religiosos en forma tan rudimentaria y esencialmente fanática, fueron el orígen de la fa.
milia que nació como institución exclusivamente religiosa.
El culto mortuorio constituyó, como hemos dicho, la
religión primitiva de la humanidad, religión esencialmen·
te doméstica, exclusiva de cada fainilia; ningún extraño
podía intervenir en las ceremonias, adoraciones y ofrendas de otra familia que la suya. Cada familia ocupaba
para sus necesidades religiosas y domésticas una superfi •
cie de suelo, en la que co11struía sus habitaciones y den•
tro de ese recinto todo él sagrado, estaba la tumba, la casa mortuoria, es decir, el templo de la religión acumulada
de los ancestros.
Con todos esos conceptos y organizaciones primitivas,
forjadas dentro del imperio esencialmente religroso, se
fijaron en la conciencia humana de un modo indeleble las
siguientes ideas, que en gran parte, como ustedes pueden
darse cuenta reflexionando un poco, persisten hasta la
fecha.
1.o La familia como necesidad de nna organización
religiosa. (El matrimonio como sacramento, nó como eon•
trato).
2.o La propiedad familiar del suelo, también como una
necesidad imperiosa para el culto de aquella religión doméstica ancestral, que no podía cambiar de lugar, ni alterarse, ui cederse, porque er&amp; el recinto sagrado en el que
los dioses que reposaban en las tumbas lo arraigaban to•
do, lo dominaban todo, F::uciendo la inmovilización de
la propiedad del recinto
ºliar,

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1
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11
1

llODI

3.o La autoridad omnipotente del hombre (padre) so•
bre la mujer, hijos y esclavos. Esta autoridad era suprema, absolata, inapelable en aquellas religiones doméstic11.s, el padre era. el pontífice de la familia, el magistrado
que juzgaba y sentenciaba en forma inapelable a todos
los que vivían bajo su mando y dentro de su recinto religioso; tenía sobre su mujer, ,hijos y familia derechos de
vida y muerte.
La mujer en aquellas instituciones fanáticas por excelencia, era sélo un medio indispensable de asegurar al
hombre una sucesión necesaria para continuar el culto de
los antepasados; sin ella, como génesis maternal, los ancestros no tendrían pósteros que perpetuaran su religión
doméstica, produciéndose el fracaso de las instituciones.
Tan eran así las cosas, que en caso de esterilidad o
adulterio de la mujer, el marido (dios o pontífice) podía
repudiar a ésta, ya porque no llenaba su misión de perpetuar el culto por medio de los hijos, ya porque el hijo
adulterino era un extraño a la religión familiar, y la mujer no tenía en manera alguna, autoridad ni derecho ,para
dar entrada a miembros extrallos al culto de la familia del
marido.
4.0 El matrimonio fué también una necesidad de carácter religioso. El criterio dominante de que los extrallos
no podían intervenir en la religión de una familia, impuso
la unión de un hombre con una sola mujer en cada familia, (monogamia femenil), toda vez que la mujer no podía
ser miembro de varias religiones domésticas a la vez.
La perpetuación de la familia era una base del derecho
público de entonces, porque el culto de los muertos no
podía desaparecer ni extinguirse, ni interrumpirse. Para
que podáis apreciar, cómo la organización primitiva de la
familia obedeció exclusivamente a los más tiranos conceptos religiosos, cuando el padre era estéril 1~ substituía en
la procrea_Jión un hermano o pariente y el hijo quedaba
como suyo, para asegurar así la continuidad de la religión
familiar.
5.o El pater familia (padre) disponía como hemos dicho omnipotentemente de sus hijos e hijas; para que alguna de ellas pudiera unirse con otro hombre y segregar-

ae de la religi6n familiar del padre, tenía élite que conaen•

CÓMO DEBE SER '.LA MUJER

11

tir y sólo podía liberarla por medio de 1olemne~ ceremonias religiosas de los deberes del culto doméstico y. ~on
las mismas solemnidades ingresaba a la nueva rehg1ón
familiar del marido, en cuya patria potestad q ueda.ba en
idéntica sumisión y esclavitud.
El hijo espurio quedaba fuera de culto, era un sér
apestado en vida, maldito, condenado a la desgracia eterna, que había de carecer a su muerte de religió? y ofrendas no recibía del padre el agua lustral ( es decir, el bautis~o), que lo purificaba y hacía ingresar a la religión y
a la familia.
, Los mismos hijos legítimos, miéntras no eran introducidos por el padr@ a la religión · doméstica, con el agua
lustral y una serie de solemnes ceremonias, no adqnirían
los derechos de filiación correspondientes; lo que demuestra que no era el nacimiento sino el acto religioso, el que
sostenía y creaba la familia.
La necesidad imprescindible del culto ancestral, fué de
tal manera poderosa, que estableció la. adopción para qae
el padre estéril tuviese además otro medio de aumentar o
crear su familia y asegurar y consolidar su religión doméstica.
Esta, formaba un recinto o jurisdicción sagrado, con
-un criterio de exclusividad tan fuerte, que los diferentes
recintos de cada familia no podían estar pegados unos a
o~ros, tenían por ley que guardar determinada11 distancias.
En una palabra, el principio inspirador y regei:ite de
aquellas instituciones familiares esencialmente religiosas,
era este postulado: "Suprimid el culto a los dioses domésticos, y la organizaci6n de la familia y de la colectividad
desaparecen.~'
6.o El derecho hereditario de los hijos varones, naeió
también como una necesidad impuesta por la religión doméstica; éste acarreaba la obligación sagrada para el heredero de sbstener l~s ofrendas y la religión familiar. Las
hijas no heredaban, porque no podían tener jefatura religiosa, su personalidad é'esaparecía por completo ante la
del padre o ante la del esposo. Por equidad se les confirió
después la dote y el legado, más tarde el deredlio de he rencia en partes menores que a los hombrea, pero• todo

•

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ti
CÓMO DBBE SER L.l MUJER

1

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12

caso a la muerte del padre, quedaba dentro de la tutela de
l~s herma~os o agnates. Para casarse y cambiar de religión necesitaba la venia del tutor.
Pater ( p~dre) quería decir en el concepto religioso de
ento~~es D_10s,. Am?, S:ñor,. Soberano de la mujer y de
los h1Jos, s1_gmficac1ón s1~t~t1zada en una expresión, que
os es conocida, pater fam1ha, padre de familia que quiere
decir Dios de la familia.
El padre podía a su muerte designar tutores a la mujer
y a los hijos.
7.o) Tenía el dominio sobre los bienes de la mujer.
Las familias así organizadas religiosamente Herraron
por obra de los siglos a ser muchas y muy nur:iero~as y
en su evolución, crecimiento y d~sarrollo formaron ]ao
. 1os clanes, etc., más tarde las •tribus' y despu~s las~
c~rms,
cmdad~s; en éstas, adei:n_ás de las religiones ancestrales o
exclusivas de c&amp;da fam1ha, por razón de comunidad s11rgie~on los dioses d~ carácter general, simbolizando ya los
atributos del alma, idea moral fuertemente arraigada que
encontramos en los cielos mitológicos de Grecia y Roma ·
o representando la naturaleza misma (adoración de los
astros, de los elementos naturales, de animales sagrados
frutos, etc. Júpiter, Brahama, Zeus, Buda, etc.).
'
_La hun;anidad dió un paso serio en el progreso al amplificar as1 sus conceptos religiosos y morales.
. La familia en esas nuevas organizaciones empezaba a
liberarse muy lentamente de la tiranía religio&amp;a y ajustaba sus instituciones domésticas a ideas y fines más lógicos y naturales, hasta precisarse en la perpetuación de la
especie y en la ayuda mútua de los cónyuges, poniendo
aparentemente en lugar secundario los conceptos religiosos; pero aún dentro de esta evolución de las idéas la secular influencia reljgiosa subsistió en forma capital' y con
todo ese bagaje de fanatismos y barbaries pasó al derecho
romano; con modificaciones no muy apreciables la recogió
y consagró el derecho canónico y en esas condiciones las
perpetúan nuestras viejas y caducas legislaciones civiles,
en las que bulle todavía el alma de los hindúes y de aquellas remotas y seculares religiones domésticas.
_ExcuJadme el anterior recorrido histórico, pero convenid conmigo que tiene gran utilidad, porque os revela el

•

18

RODÓ

1

o:fgen remot!si'?'o de ~ond: ª;~nea v!1~stra esclavitu~
vuestra infer10r1dad social, Jur1d1ca, poht1ca y aún reh·
giosa; porque ninguna religión concede a las mujeres, como es de justicia, los mismos derechos que a los hombres.
Se afirma con frecuencia que el cristianismo rehabilitó
y dignificó la situación de 1~ mujer, s~c~ndola de l:t posterga infamante en que la teu1an las rehg10nes anter10res.
La verdad es que el cristianismo si mej~ró la civil~za·
ción humana en general, elevando su ?1orahdad con m~piraciones de pureza, de amor y de 1¡&gt;iedad, que · ~e~p?~s .
los hombres han adulterado y pervertido; pero a m1 JUICIO
el derecho canónico no puede vanagloriarse de ser el re•
dentor de la mujer y por el contrario los prejui~ios reli ·
giosos, son de los más fnertes eslabones que SUJetan a la
mujer en su esclavitud vigente y para que no os sorprenda esta afirmación, me hasta un argumento. La ¡;rueba
de que el derecho canónico _no ?S ha red\mid?; es gu_e
rio-e actualmente, es el que rnap1ra las leg1slac1ones c1v1le~ caducas de esta época y precisamente dentro de ellas,
las mujeres no e~tán conformes con la desigualdad con
la que se les trata, declarándolas séres inferiores y estáis
luchando por redimiros pasando a mejor destino y a una
situación social y política más justa y equitativa. Si os
juzgárais ya redimidas, no existiría el feminismo como
corriente arrolladora.
Os he trazado a grandes rasgos, pero con una verdad
indiscutible, el cuadro histórico revelador de la génesis y
formación de vuestros destinos; ahora que conocéis el
orígen y evolución religiosa de la humanidad, decidme
con franqueza si no encontráis en nuestra vida presente,
en nuestras institnciones de hoy todavía, fuertemente
arraigadas muchas barbaries, fanatismos religiosos y prejuicios morales de aquellas primitivas edades.
El culto de los muertos ha cambiado de forma y aspecto pevo subsiste; el fuego fué reemplazado por los cirios,
las ofrendas florales son cosa común y corriente tanto
para los muertos como para las tumbas, la ostentación y
boato de lujosas capillµs y casas mortuorias de los cementerios, que las más de las veces son mejores, más
ricas, y más limpias que las habitaciones de los pobres
vivos, la tutela perpétua en que vive y se desenvuelve la

�14

¡I
1

RODó

mv.jer, la serie de prejuicios, prohibiciones morales que
hllOOn mal visto en ella, multitud de actitudes, de actividades, de aprendizajes que le son necesarios para su lucha y defensa por la vida, el dominio que el marido ejerce sobre ella, sobre sus bienes, la indisolubilidad del matrimonio, la resistencia para aceptar el divorcio, la negaci6n a la mujer de toda participaci6n y derechos en la
vida pública, la deficiente organizaci6n pedag6gica que se
imprime a los planteles educativos de mujeres, todo ese
laberinto de absurdos, de principios morales contradictorios que la obli¡¡;an y la condenan a ser una criatura parasitaria, a no ser nada por sí misma, a no poder hacer nada,
a no valer nada sin un hombre que la proteja y refrende
eternamente ¿no es mucho todavía de aqu9lla esclavitud,
de aquella barbarie religiosa y social de los hindúes, de
los etruscos, de los asirios, de los griegos, de los romanos
y épocas feudales posteriores?
No lo dudéis, en los hombres públicos de hogaiío, en
los legisladores de nuestros pueblos modernos, en los
políticos que habitualmente son prestidigitadores de nues·
tras falsas democracias, cuyo espíritu com1ervador rechaza el feminismo, sosteniendo la vieja y secular supremacía del hombre pontífice, del hombre árabe, etc., hay un
anceatroenorme de aquellos sacerdotes hindúes implacables
y hieráticos, hay una influencia irresistible de aquellas
momias petrificadas por obra de los siglos en las catacumbas y monumentos arqueol6gicos de las pretéritas edades.
Veamos ahora en síntesis, cuál es la condici6n actual
de la mujer y en que se diferencia de su primitiva esclavitud; y s6lo un ciego, un inconsciente, un mentiroso o
un guas6n podrían afirmar que la mujer ha salido de la
condición infamante de inferioridad en que la colocaron
aquellas religiones primitivas de pleno fanatismo.
La mujer actualmente nace bajo la patria potestad,
crece en ella, al casarae entra bajo la del marido, la personalidad suprema de éste absorbe la de la mujer. La
administraci6n de los bienes de la mujer equivale hoy
pract.icame.nte al dominio mismo, puea todas vosotras sabéis, lo oomún que es que un marido dilapide impunemente la fortuna de su esposa indefensa. La mujer no tiene capacidad para contratar jurídicamente, cierto es que

,

001110 DEBB SER LA JIIUJER

I

15

tam
tiene capacidad natural; porque los qu~ ~ educan ~ca han creído conveniente darle los conocimientos
y preparación comerciales para que pue1a ;1er capaz de
proteger sus intereses y defenderse por s1. misma.
Si en un m1ttrimonio resu!ta desgraciada, ~en6meno
que por desgracia ya no va s1_endo tan _excepc10~al qu~
digamos, tampoco tiene prop:a~ente m protecc:6n 1;11
justicill efectivas; el vfncul~ md1j0Jubl~, el matr1momo
como acto sacramental, la suJetan para siempre a la desgr11-cia y a las garras de su verdugo, y no le qu_e~an más
que dos caminos a cual más de absurdos y de m1cuos; o
es una beroína cuyo sacrificio se consuma hasta su m.uerte sin rebeldía ni queja alguna de su parte, o en un momento de desesperaci6n humana rompe _los moldes ~e. lo
que se ha dado en llamar mor.al del medio, y se precipita
obligada en el fracaso de la vida.
.
En el orden politico su si~uaci6n es más demg~ante
todavía, -con mano maestra pmtó es~ cuadr~ el emmente orador Martínez Thedy,-se le megan casi todos los
derechos de la ciudadanfa; por lo qu~ respecta al v_o~o
públieo, a la intervención en lo~ negocios de la colect1v1dad está marcada como los antiguos esclavos, con el ea•
tig~a de una incapacidad casi absoluta.
Veamos por último la situación ~e la °:1ujer en el orde1~ social. La situación de la muJer racionalmente ~ablando es un absurdo insostenible ya, dentro de los prmci pios científicos modernos; es este un error muy productivo para el ~ombre, por eso _lo sigue sosteniendo aunque
eeté convencido de lo contrarie, . .
No existe tal inferioridad natural y orgánica en la mujer; la iuferioridad que la su?yug~,. se debe a la enorm_e
influencia ance11tral de barbarie religiosa que hemos analizado y a una premeditada falta de educa~ión y d~ pceparación intelectual y moral, en 9-ue s_e 1~ tien~ sumida desde hace siglos; este estado de mfer10ridad sirve a su vez
pqra justificar su incapacidad jurídica.
Hay en ésto un enor~e círculo vicios? que podemos
expresar con toda exactitud_ en la for_ma s1g;mente:
Lajnferioridad de la muJer no ex1ite solo porque las
leyes la establecen, sino que las leyes establecen, porque

�te

BODÓ

exist.e ~mbién como un estado socia I para vergüenza
nuestra y de la civilización humana.
En México, t.engo la satisfacción de asegurar a lTds.
que nuestras leyes e instituciones contemporáneas, han
otorgado a la mujer la justicia que merece.
Desde luego existe el divorcio eu cuanto al vínculo,
como une medida provechosa de eficient.e protección para
los cónyuges, y como lógica consecuencia jurídica, el matrimonio es un contrato y no un sacramento religioso.
La mujer tiene plena capacidad jurídica para conti:a•
tar y al casarse la conserva, así como la administración de
sus bienes con absoluta independencia del marido; el ré•
gimen de separación de bienes es normal, la sociedad matrimonial, constituye la excepción y sólo la voluntad ex•
presa de los contrayentes puede establecerla.
May'lr satisfacción experimento al anunciaros un hermoso acto de justicia, de civilización y de humanitarismo
de la legislación civil de mi país, reconociendo a los hijos
naturales los derechos de filiación que les corresponden,
suprimiendo la clasificación dP. hijos espurios y el estigma
que sólo la barbarie de aquellos ancestros religiosos pudo
establecer, contra esos pobres seres inocentes que ninguna
falta habían cometido para nacer marcados.
¿ Quuéis ser feministas en forma práctica y provechosa? ¿Queréis tener todos los derechos que el despotismo
religioso de los siglos os negó desde un principio y que
los homk&gt;res no quieren otorgaros ? Sacad vuestros esp1ritus de los pantanos de la rutina, romped las ligaduras de
vuestros fanatismos, con que vosotras mismas os suicidáis voluntaria y frecuentemente, lavad vuestros espíritus de todos los prejuicios absurdos, sonad la hora nueva
en vuestras almas; modificad la educación y la preparación de la mujer dán-iole por regla general una cultura
que no tiene, un criterio amplio que le falta, una capaci•
dad laborante, una conciencia plena de su yo, una instrucción que le hace falta, una adaptación para la lucha
que le permita vivir la vida, tal como es; para (!Ue sea
ante todo y por sobre todo tolerante; infiltrad en su espí •
ritu intensamente que su virtud y su fortaleza no están
en necesitar siempre una defensa para no perecer, no está
en ignorar la vida y encerrarse en una torre de marfil a

ADOLESCENTE
GRAB.&amp;.00

!: N MADEM.l

oo .l. L E K A R O J A S

�00110 DEBB-SER LA lllUJElt

donde nunca llegan los peligros; sino en moverse en la
comunidad, en saber ir a todas partes, en conocer todos
los caminos de la vida, en distinguir con su propio criterio todas la.s situaciones, en saber desconfiar con oportunidad y eleair con acierto propio, en ser capaz por sí misma de ver ~on claridad su destino, su situación, su ps.pel,
convirtiéndose en luchadora consciente con propia fuerza
y asegurando así el éxito de su vida.
Que la mujer, por previa educación y preparación, sea
o pueda ser por lo menos, un factor de trabajo, una fuer•
za económica que se baste a sí misma, y su personalidad
está hecha y su libertad está asegurada.
Observad a este propósito, un fenómeno curioso que
comprueba mi tésis. Cuando a una mujer le toca por desgracia nR marido vicioso, borracho, brutal o en alguna
forma degenerado; esa ganga que por desgracia menudea
en la vida por algunos hogares; la mujer de la clase baja
o pobre es menos desgraciada, menos esclava que la de
la clase media y aristócrata, porq ne aquella cuando sus
penas y sufrimientos llegan al límite insoportable, se libera del mal por sí misma; como no tiene prejuicios ni
miramientos sociales que la maniaten, busca una colocación o un empleo y encuentra en él dos cosas que hacen
su defensa: vive de su trabajo y descansa de las brutalidades del verdugo.
¿Por qué la mujer de la clase pobre puede lograr lo
que una mujer de la clase media (que llamamos decente)
es incapaz de realizar?
Porque ésta es más esclava todavía, además de l:t inferioridad que como estigma ancestral arrastra en nuestras
inijtituciones legales, pesan sobre ella como una montafia
enorme una serie de preocupaciones, de sefioríos ridículos que paralizan sus actividades. No es bien visto que
trabaje; si la vieran luchando por la vida, solicitando un
trabajo honrado, no sería ya bien recibida por sus amigas
y conocidas; además ¿cuáles son los trabajos honestos que
en nuestros medios sociales tan llenos de prejuicios y fa.
natismos, puede desempeiiar una mujer decente?
¿ La máquina Singer, la costura, que en estas épocas
no bastan para subsistir y asP,sina rápidamente de hambre y de tisis a las heroínas del hilo y de la aguja? ¿Qué

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puertas, qué medios, qué preparaciones piadosas y hu.
manitarias s·e dan a la mujer para proporcionarle una capacidad con la que se basta a sí misma? Ningunas; el qué
dirán, el señorío bufo, las apariencias y conveniencias sociales, la tiranía fría y estúpida del medio que le cierra
todos los caminos del trabajo honrado y de la liberación
económica y moral, son implacables, no transigen en sus
necedades y rutinas, que pomposa mente se llaman cuestiones de principios; prefiere que la m11jer busque su vida
por caminos sombríos; pero eso sí que no se vean, que
sepan ocultarse, que se salven las formas sociales y las
apariencias, aunque la virtud se arrastre por los suelos;
y a ese egoísmo criminal que tiene las proporciones de un
enorme delito colectivo de hipocresía, se le llama solemnemente con ffialdad de agiotista la moral social. Así las
cosas, esa pobre víctima mujer de la clase media decente,
que por las anteriores razones no puede defenderse, sólo
tiene dos caminos por delante: o seguir esperando noche
a noche al marido borracho y degenerado para recibir su
maltrato cuotidiano, hasta caer definitivamente bajo el
peso del dolor y del hambre, o rebelarse contra las horribles inju.sticias del medio y salir de su hogar definitivamente dejando en él como en un santuario que se aleja
para siempre su alma, su vergüenza para no volver nunca.
La educación de la mujer en todos sus aspectos es un
desastre, no sólo no se la equca para la lucha por la vida
en general, per') ni aún para las dos instituciones fundamentales del destino femenil que son el matrimonio y la
maternidad se le da preparación adecuada; nó, se le lleva
a ellas con una inconsciencia trascendental.
¿Qué educación séria damos a nuestras hijas para jugar esa carta vitalicia que se llama el matrimonio?
¿La vanidad de muchas madres, obsesionadas por el
cm:sabido señorío, que va tomando caractéres de manicomio ¿no forman en sus hijas ideas absurdas de abolengos sin dinero, que aumentan y complican sus necesidades d¡i lujo y las enseñan a despreciar olímpicamente las
tareas, los aprendizajes domésticos, la capacidad laborant~, como cosas indignas de su clast?
Cuántas veces una madre pobre, casada con un modesto empleado comercial, cuyo emolumento apenas cubre un

SER LA MUJER

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presupuesto decente, es la primera en fomentar en el es•
píritu de sus hijas esas megalomanías señoriales y se empeña en que sus hijas sin patrimonio, para no ser meuos
tomen los hábitos, las necesidades, los refinamientos y Ju'.
jos de las ricas?
Es necesario meditar un poco estas cosas, que son
graves y trascendentales, porque todos esos cuadros de
megalomanías aristocráticas que tienen mucho de sainete
suelen acabar en amargas tragedias que producen irreme'.
diables infortunios y faltas irreparables empujando a las
hijas conscienteme!lte hácia un desastre definitivo.
Por delitos menos graves que éste, están en las prisiones muchos seees.
La crísis del matrimonio envuelve fenómenos económicos y morales.
La v_id~ m?derna, por ley bi@lógica colectiva, tiende a
la mult1phcac1ón de los pequeños patrimonios y a la desaparición de las enormes fortunas, que en la mayor parte
de los c~sos, ademá~ _de nocivas para la comunidad, rara
vez resisten una cr1t1ca de severa rectitud. Eu todos los
pu~b)os de civiliza~ión co~pl~ja y moderna, de grandes
act1v1dades comerciale3 e mtensa competencia hay que
agregar a las hijas unas bolsitas llenas de oro que se llafi:lªn dote, para que no corran el riesgo de qued~rse a vestir santos, como se dice familiarmente; pues bien, yo os
aseguro que ~~emás dE; esas bolsitas de oro, urge darles
u~a preparac10n educativa, una mpacidad de defensa propia, para que en un e!ento desgraciado, sepan ser otra
cosa que simples parásitos consumidores muñecas de lu. crus""ceos
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del hombrf\ y víctimas forzosas. La profeii~o~ de abogado enseña mucho, yo he podido en el ejerc1c10 de la abogacía hacer múltiples observaciones.
¿Sabéis _por qué en el matrimonio, una vez agotada la
luna
. de miel, o sea. la ilusión transitoria ' se forma casi
siempre esa s~p~rac1ón de espíritu entre los esposos, que
, acaban por v1v1r do~ mundos diferentes? Pues precisamente porque la mu¡er y el homb,.e tienen dos morales
distintas, dos ~riterios, dos modos de ser absolutamente
diferent~s; son dos almas unidas !que tienen mucho de
antagómcas; la conversación o el acto'. que para un hombre es natural y aceptable, para la mujer es impropio;

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en la apreciación de las cosas y de los fenómenos de la
vida no se entienden, hablan distintos idiomas psicológicos, la mujer censura al ma,·ido su manga ancha, éste no
puede con el absurdo radicalismo, con el eterno sistema
femenil de juzgar las cosas dentro de un rigor conventual exagerado, casi inhumano. Son dos naturalezas, dos
morales, dos seres que viven en planos superpuestos, y
no hay nmedio: o el hombre desciende a la llanura baja, cosa imposible porque el fenómeno sería de civilización retrospectiva, o la mujer evoluciona y sube a las
cumbres en que vi ve y se deseo vuelve el espíritu de su
compañero de vida.
En esta ascensión de la mujer ¿es necesario que ella
pierda su religión, la virtud y la moral bien entendidos?
N ó en manera alg1ma, la prueba es que existe muchas
mujeres que han logrado darse una capacidad, liberarse
así mismas, ilu,trarse, educ&amp;rse, desfanatizarse, hacerse
aptas para el ingreso franco y pleno de la vida; y no han
perdido el resplandor que rodea la frente de toda mujer
que sabe ser señora, lo mismo en la torre de marfil de su
hoga: que en los vericuetos y encrucijad.is peligrosas del
labermto humano.
El hombre al entrar a su hogar para vivir en paz, tiene
que ponerse una careta, imponer&amp;e un modo de ser artificial que no es el suyo propio. Rara, muy rara vez
un marido además de esposo puede ser como debe, un
allligo íntimo de su mujer. ¿ Sabéis por qué? Porque la
amistad sólo puede crecer expontaneamente entre dos
espíritus iguales: entre uu superior y un inferior, más
que amistad caben afectos; una reciprocidad que liga la
protección con el agradecimiento. Dond~ comienza la intimidad, empieza a borrarse la superioridad.
El prc.greso material es en la humanidad una evolución
rápida y rd2tivamente fácil, debido a que, por regla general no encuentra grandes re,;istencias, oóra en un campo nuevo y propicio, opera en un terreno exclm,ivamente
racional: el factor sentimentalista casi desaparece. Por
ejemplo, los adelantos científicos de la nueva civilización, el nso del automóvil, ¡._ luz eléctrica, los pisos de
asfaltos, el telégrafo, teléfono, ferrocarriles, etc., se adoptan y asimilan con facilidad por los pueblos atrasados;

CÓMO DEBE SER LA MUJER

21

pern en el progreso moral no sucede lo mismo, la evolución es lenta, horriblemente lenta. Un campesino, un
"guaso" como decís vosotros, un hombre ignorante o rudo eu general, puede rapidamente familiarizarse con el
uso de esos medios modernos de confort y progreso; pero los errores, los prejuicios, rudezas y atavismo,~ fanáti·
ces de ignorancia propia y ancestral, persisten en él y
en muchas de sus generaciones anteriores y posteriores
a través de !0s siglos.
Si penetráis uu poco en el espíritu de estos tipos que
analizamos, encontraréis como razón dominante en muchas de sus ideas, costumbres, creencias, etc., vestigios
o influencias poderosas todavía de aquellos fanatismos
hindúes y arios de las organizaciones religiosas de la humanidad primitiva.
Por eso en nuestros medios sociales de civilización
superficial, abunda un tipo psicológico muy curioso, que
pudieramos llamar de dos vistas, porque tiene aspectos
anacrónicos y contradictotios.
Unos que ya no visten la armadura, ni el c~sco, n\
mallas, ni los chambergos, ni llevan espada al cinto, m
viajan en litera, etc., a este respecto se han liberado definitivamente de la fuerza e influencia del pasado de aquellas pretéritas edades e instituciones y costumbres de
pomposos ceremoniales y formufümos, de vida caballerosa lenta y plácida, en ]a que se fanatizaba todo y ·se vivía
esencialmente ele la fórmula; pero en el órden espiritual
y moral .esos tipos anacrónicos no caben en esta época,
son cuerpos rezagados del pasado, que vistiendo a la
-á.ltima moda encierren almas caducas afinadas en las
ideas y prejuicios de la época de las ~rmaduras medioevales.
Ahí tenéis el anacronismo, más extraño, figuraos un
señor feudal, un caballero de la orden &lt;le malta o un inquisidor ~ablando por te.léfono y llegando en automóvil
a su~ cast,l!os. Cuantos tipos de éstos, vemos en nuestros
med10s sociales que son colectividades en las que se observan mucho progrern material y un gran atraso moral,
con monóculo, de polainas, vistienco smcking viajando
en tren eléctrico; mujeres de elegancia refinada,' armoniosamente envueltas en las modernas túnicas, hechas con

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CÓMO DEBE SER LA MUJER

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.estética sencillez para las precipitaciones agitadas de la
vida moderna, y que son una toilette, un cuadro modernista aparente, en el que se mueven almas y espíritus de indeleble sello feudalista.
El sei!orío, el abolengo de aquellas épocas con todos
sus dictados, sus formulismos, sus prejuicios, etc., ha
pasado de moda y además de ridículo por anacrónico,
produce males numerosos y graves, estabiliza a los pueblos, los hace quedar rezagados en pleno atraso, dentro
del desarrollo general.
El sei!orío, la caballerosidad, la distinción, el resplandor divino y perfumado de la gran sei!ora de hogai!o, es
muy distinto, tiene formas nuevas, manifestaciones concordantes con la época; en la aristocracia de hoy la espiritualidad y los refinamienoos se ajustan a la sencillez de
ceremoniales que permite la velocidad de la vida. La
tiesura, el tic hosco, el andar solemne, gomoso y acompasado de una noble de antai!o, agobiada de servidores,
de pajes, de lacayos, cuya vida era un eterno teatro de
pesadas y ostentosas solemnidades, destinadas a deslumbrar a la gleba, resulta hoy un tipo tan atrasado y tan ridículo en el orden moral, como el desequilibrado que se
empeñara en vestir las armaduras, manoplas, chupas, pe·
lucones o gorgueras dentro del tráfago oficinesco vertiginoso y complicado de la moderna civilización.
El feminismo no cabe en los medios sociales abigarrados y anacrónicos, el feminismo nunca lo pudieron ni
concebir ni entender los árabes, ni los señores de horca y
cuchillo, ni las damas empingorotadas y vacuas que
eran ornato y simple factor de lujo en los salones de Versalles o del Escorial.
El femimsmo no es exudación de aquellas tumbas o
capillas religiosas que instituyen la vida, la familia y
el destino de la mujer para servicios religiosos.
Una serie enorme de escrúpulos, de prejuicios, de fa.
natismos os vedan un conjunto de conocimientos y ensetíanzas cuya ignorancia satisface una moral absurda y
convencional; pero que al mismo tiempo forja vuestra
eterna inferioridad. Para ser experto en el arte de la vida,
lo primero que ae necesita es conocer la vida misma, y
ésta tiene muchas complicacio11e¡¡, wuchos espejismos pe·

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ligrosos, muchos combates desiguales, en ~o~ _que se agi·
tan implacables egoísmos, muchos pasos d1f1c1l1;s; el amor
al prójimo y la piedad son astros de una_ teor1a her1?o~a
con infinitos encantos, pero r¡ue desgraciadamente cmt1lan mucho y no siempre llega sa luz con oportunidad a
los míseros rincones de la vida.
En el avispero incesante de la humanidad se mueven,
alternan y combaten muchas ideas, criterios diversos y
antagónicos, opiniones, credos, religiones, tendencias tan
heterogéneas y divergentes que u_n sér fanático, ~e_rrado
a todas transaccionEs y tolerancias no pnede v1v1r en
él, se muere de septisemia y aislamiento, porque en sns
arrebatos de locura y fanatismo pretende moldear, sujetar y uniformar en su cerebro la inmensa variedad de los
mundos.
En una ocasión hacía yo un viaje por Norte-América
y en una ciudad presencié un fenómeno de li&gt;s más impresionantes y reveladores que he contemplado en mi
vida y que me sugirió muchas y muy variadas reflexiones.
En un punto de esa ciudad, se cruzaban en ángulo
recto dos grandes avenidas, semejante a la que aquí conocemos con el nombre de las Delicias. En el cruce de
esos dos boulevares, bahía una gran terraza en forma de
cruz griega, circundada por cuatro templos que se levantaban en cada uno de los brazos de dicha cruz. Esos cuatro templos eran de cnatro religiones distintas: uno católico, dos protestantes y el otro budista.
Muchas matíanas, al frecuentar ese sitio tan interesante, ví a los sacerdotes encargados de aquellos cultos
distintos, conversar amigable y afectuosamente en la terraza, mientras la multitud que llegaba por las cuatro avenidas convergentes se repartía entrando a los distintos
templos, según la religión de cada uno.
Mi curiosidad crecía de punto al ver que amigos, novios y familias que llegaban juntas, se separaban en aquella terraza afablemente, yéndose cada uno a ous distintas
ceremonias religiosas. Al terminar, éstas, volvían a reunirse en la terraza. cc.mún y desaparecían por aquellos
coulevares, siguiendo el curso de su vida con la misma
bordialidad.

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POEl1A.S

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Aquel cuadro grnndioso me impresionó proEundamen ·
te, era una civilización en plena tolerancia; y respeto;
cuántas veces peneé que en aquella terraza había más libertades y cultura, que en las frases literarias, pomposas
y redondas de nuestras falsas dem:icracias.
Aquellas mujeres totalmente liberadas de fanatismos,
de prejuicios, de tiranías religiosas ancestrales, sin dejar
de ser virtuosas, podían ser feministas en buena hora sin
grave peligro para la civilización social y política de sus
comumdades.
Si vosotras habéis aprendido ya a tener esa toleran·
cia y sabiduría, que os dan la capacidad necesaria para
ser factores viables y activos de toda una civilización lle11a de complejidades, sonad en buena hora los toques de
llamada del feminismo, levantad a la mujer hasta una capacidad igual a la del hombrn y ejercitad todos los dere·
chos, porque todos os corresponden en justicia, ha~iendo
así el progreso de esta gran república hermana y vuestra
propia felicidad.

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Da. CÁ.RLOS TREJO
LERDO DE TEJADA,
Enviado Extraorüinario y
Mini"~tro Plenipotenciario
de Mé"Sico.
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Entre estos hombres ...
Entre estos hombres yo sov un extranjero,
Hablan de cosas fatigosas. Disputan. Beben ..
Hacen gestos vacíos y mezclan
en la gbarla estéril
teorlas filo¡¡_óficas y nombres de mujeres.
Fuera canta el invierno.
Pienso que estos hombrea no son mis am;~os ...
¿Por qué yo estoy con ellos?
Beben Beben ...
El cuarto está lleno de humo y lc,s rostros tienen
nn repugnante aspecto a la luz del gas.
Todo lo que dicen es falso y oscuro.
¿Por qué yo estoy con ellos?
Pienso en mis amigos, en mis buenos amigos que están léjos ..
A_quellos hablan poco. No dicen casi nada ...
Si es, como ahora, invierno
se reunen para sollar, jnnto al fnego.
No disputan. Piensan con senGillez.
Dicen: , Anoche cayó una estrella ... •
Y fuman. Fuman largamente.
Miran el fuego rojo
y se quedan mucho tiempo en silencio.
¿ Por qné yo estoy tan léjos?

Invitación
Ven, Otol\o.
Entra en mi cuarto.
Como a un antiguo amiga
te estrecharé eu mi abrazo.

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RODÓ
POEMAS

Todo lo mío será tuyo:
las rosas, los libros, el piuno.
Hasta mi querida, Oto!lo,
1obre la rosa de su carne
pondrá tu oro pálido.
Y as! serll. tuya.
Tuya y mía, y compartire~os
1us caricias y sus besos cáhdos,
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Mi alma, llena de tu amor,
a Clara de Ellebeuse adivina en tu alma.
Tu aspecto, tu rostro tán pál!do,
son suyos, y es suya tu gracia.
Sus manos contaban las estrellas ...
Para contarlas ¿no se airan las tuyas
en el crepúsculo maravillado?

Entra, Oto!lo.
No apoyes tu gavilla de oro
en los cristales.

'Como en los ojos de ella, en tu mirada
hay la suavidad de una palabra
oída en la distancia ...

Entra y espárcela por todo
hasta cubrir mi alma.

Como en los labios suyos, hay en tus labios
el aroma enrendido de los frutos del verano.

No eneendáis las lámparas ..
No encend~is las lámparas
ni me llaméis.
Dejadme aquí sin lnces.
Mi alma está mejor en la penumbn1.

Clara de Ellebeuse .. .
Sombra amorosa .. .
Para encantar mi vida
amarra mi cuello entre tus brazos.
Que escuche tu voz y que deshaga.
tus trenzas de oro entre mis manos.

Ved como la sombra maravillosa
envuelve mi frente.
Mirad mis manos,
mirad mi aspecto dulce
y que os oiga decir:
,Dejadlo está so!lando,
dejadlo sólo, allí sin lumbre,.

A1 BllRTO ROJAS GIMENEZ.

Clara de Ellebeuae ...
Clara de Ellebeuse ... ¿Recuerdas? En ella pienso
y en tí. De ella tienes el gesto
grave y pensativo cuando callas;
y es suya la caricia suave
que en tu voz se acuita cuando hablas.
Clara de Elle be use ... Como ella
a la sombra de ·]os árboles, tú lees,
en las tardes cálidas.
Se vá la tarde y eobr.e el cielo
se encienden. como antallo, nubes de nácar,

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Es un hecho de observación corriente, que las doctrinas
sólo tienen valor cuando ellas tienden a enaltecer una vida y cuando propician el generoso mi~ticismo de _la acción colectiva. Ailemás, a través de d1 versos ambientes
de civilización la manifestación de ideas adquiere caractéres peculiares ora es menos impulsiva, más crítica, menos
acometiva qu~ en otros medios de escas~ cultura g;en_eral.
Así, pude ad ver:ir que en Buenos Aires el socialismo
tiene otras modalidades.
Cuando en el diario La Vanguardia, se me presen~ó
al Dr. Juan B. Justo, con su vientre orondo de hurgues,
todo lo creí menos un corifeo socialista. Plácido corno un
abate satisfecho me habló casi con dulzura, y extrañad~
ante la actuación de Luis E. Recabárren me preguntó s1
éste aún se consid~raba socialista.
De ahí, que cuando en Piriápolis, conocí a Carroelo, Calarco, un muchacho de ¡¡;entil apostura qu~ _enloquec1a , a
las chicas, me sorprendió cuando me. not¡c)Ó que hab1a
publicado un libro intitulado La Patria Universal y que
preparaba otro acerca del Americanismo.
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.
El libro de Calarco está depurado en una ard1en°~ f.,
optimista en el desenvolvimiento superior y armomoso
del concepto de solidaridad entre los ~~robres.
.
Sostiene sinceramente que es el carmo a su patria el
que le impu~sa a qu-:rer ~ la _humanidad, porque es esen•
cial para la mternac10nahzac1ón del _m_undo:
.
Y este escritor de acentuación socialista, ~ene u~ mnato
don de gentes que le conquista todas las s1mpat1as. Por

HOMBBFS DEL PLATA

él conocí yo los más aristocráticos y cerrados círculos sociales de Buenos Aires, porque sus ideas no le impiden ser
un discreto y agradable hombre de mundo.
De temperamento generoso, es conmovedora la adhe•
sión que presta a estas grandes ideas fuerzas· que hoy apa·
recen como candorosas utopías.
Americanista de buena ley no tiene ningún preconcepto respecto de nuestros países y cree que lo peor que
hemos hecho es jugar a la creación de fantasmas de incomprensión que han dificultado nuestras más amplias
vinculaciones.
Como en la leyenda india, cuando en el desierto se advierte en la lejanía un caminante se le cree un fantasma
enemigo; pero, cuando se acerca se le trata y se le conoce
se descubre que es un amigo.
Calarco afüma que lo único que nos separa en Amé1·ica
es la recíproca ignornncia en que vivimos.
JosÉ

lNGENIJi.ROS

, Las m\dita~iones acerca de los problemas de psicolog1a, o meJor dicho, de lo que Niezstche llama humano demasiado humano, tiene mayor relieve cuando se trat~ de
verificar el valor de ciertas teorías frente al caso humano
de un alto pe~sad?r. de proposiciones significativas.
Cuando fu¡ a visitar en Buenos Aires a José Ingenieros y escuché su charla caldeada teñida de cierto amable
esc~pticismo y de cierta amargdra que a fuerza de ser
sutil resultaba dulce, tuve el presentimiento de hondas
realidades humanas.
_En América aúu no se ha t~atado de explicar a ios escritores desde el punto de vida de su modalidad humana
y de, las int~r-r,elaciones e_ntr~ ellos y su ambiente. Labor
prof1cua se'.·1a esta que ev1tarrn crudas decepciones a aquellos que qmeren comprenderlo todo a través de su propio
temperamento.
Yo hasta hoy no puedo afirmar con certera claridad si
al C?~versar con Inge~ieros le atribuí a él mi peculiar escept1msmo y me exced1 de zahorí queriendo advertir en

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RODÓ

sus palabras un sedimento de franco niezstcheanismo. El
solitario de Sils Marie ha sido siempre el patrono de todos los espíritus libres, de ahí que Ingenieros que en su
paralelo entre Jesús y Federico decidiera su admiración
por el germano huraño, intente realizar el significado
trascendente de esa formula que aconseja vivir más allá
del bien y del mal.

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Pero, la observación corriente me confirma ampliamente
en mi declaración de que la egolatría entre los escritores,
es uno de los resultados de la incomprensión colectiva.
Siento tener q ne hacer en tono casi dogmático una aseveración de esa naturaleza; pero, quien analice por sí mismo
los factores que intervienen en la producción intelectual
y la carencia de termo-dinámica espiritual adecuada, hallará que no ando descaminado.
Ingenieros de jóven entrevió su porvenir de cienciado
y bosquejó los trazos directrices de su apostolado de idealista social. De cultura sorprendente ha tenido una voracidad inaaciable de aprender y jamás su cerebro ha dejado
de agitarse en la sagrada combustión de las ideas. En todas sus obras SP. nota cierta agilidad mental plástica, que
le permite barajar las más extraiías teorías, como mejor no
lo hiciera el más diestro malabarista, en el terreno de sus
actividades. Ha realizado con creces los sueños de en adolescencia y en plena madurez de su espíritu, las espigas
de oro apretadas y fecundas, ríen a la caricia del sol en
su heredad.
Nadie como él en América ha predicado ideales de eficacia oportuna, ni nadie ha difundido la cultura científica
con un tan noble desinterés. Ha inspirado el culto de todas las verdades y ha sido cáustico con los vicios y lacras.
De una vitalidad asombrosa, descansa trabajando, su
rostro sin una arruga y su sonrisa perm4nente que indica
que ha podido hacerle cuarenta y ocho muecas a la cal vicie. Cuando le fuí a visitar, al finalizar el Carnaval, me
expresó que durante los días de fiesta se había ocupado
en corregir las pruebas de su Revista de Filos~ffo, que
debía aparecer en esos días.
Ha ensefiado la práctica del valor moral, virtud más intrépida eu pueblos emporcados en vicios, que no saben

BOMBRF.ll DEL PLATA

11

res tar la vida de sacrificio de los que ~e consan~n a
id~smos ennoblecedores. Cuando hay virtudes colectiva~
no es tan peligroso el ejercicio del apostolad.l'. mor~!, DI
cuando la constitución de un pueblo ha adq ?-md~ cier~e
caractéres de organización general? lo que ev1denc1a la 01vilización de verdad y no la retórica.

PASCUAL

VENTURINO.

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Porque soñé el amor ...

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Porque soflé el amor más grande que la vida,
Amor, renuncio al fin a conseguirte;
porque soné la Vida más grande que esta vida,
Vida es preciso despedirte ...
Morir, para vivir todo mi anhelo .... !
Morir, para sentirme cnmpletamente amada .. . !
Morir, para dejar, intacta, sobre el suelo
mi alma que cada día no ha de hallar mutilada ... !

Muerte liberadora de toda contingencia;
Absoluto que te alzas frente a mi cobardía,
dame a beber de un sorbo la miel de la existencia:
amor, gloria, belleza, en un enorme día .. . !

Y otra vez la esperanza ...
Y otra vez la esperanza florecerá en mi pecho ... ?
Otra vez la corriente me llevará en sus ondas ... ?
Otra vez la alegría falsa, el dolor certero
me envolverán en sus vertiginosos giros ... ?
Otra vez, otra vez, enlodaré mis manos ... ?
Otra vez, engaliada, también yo, engaliaré ... ?
Oh! mi paz, mi pureza, mi dolor, compalieros,
eompafieros amados, al fin os dejaré ... ?

LE

CHINO I S

C RO QU IR

JOS É

DE

PEROT TI

�POEMAS

33

Seré como los otros, uno más en la vida ... ?
Mutilarán mis suefíos la realidad y el tiempo ... ?
Vuelvo de un viaje largo donde me hallé a mi misma,
y tendré que perderme otra vez en el mundo ... ?
Yo que estuve tan alto, descenderé de nuevo .. ?
Después de hablar con Dios, sólo hablaré a los hombres ... ?
Ohl mi largo, mi largo, mi puro sufrimiento,
tú me hiciste más duro el andar en la tierra ...
Oh! penoso, doliente y noble cautiverio
que me hiciste más buena y me alzaste en mí misma,
mi adiós es melancólico como un adiós supremo ...
Dejo en tí lo más noble de mi vida terrena ......

LUISA LUIS!.
Montevideo.

•

Una sensibilidad netamente femenina constituye para cada país
hispano-americano un valor literario de indiecutibilidad consumada.
Luisa.Luisi, así como su herm&amp;na Clotilde "asimilada al ~rupo ultraísta,
une sus producciones al femenil surgimiento espiritual uruguayo que
preconizara la llorada Agu-.,tini e intensificado ahora con Juana de Ibar•
bourou.
A través de estos poemas inéditos que ofrecemos, pueden los lectores
de RODÓ, aquilatar la veracidad de nuestras pala.brafil.

•

�ENCERRADO EN MI FRÁGIL PECHO ...

Ll "DESOLACION" DE GABRfELl MISTRlt

Encerrado en mi frágil pecho
mi corazón palpita cansado ..
Y O estoy sumergida en mi leclio
para evocar mejor el pasado.

1

AL

No te he visto ni te he sentido,
pero llenas todo mi ambiente:
percibe tu acento mi ~ído,
mi corazón andar te siente.
No sé qué suelo eotás pisando,
ni cual aire estás respirando
ni qué amor te tiene obsedido,
peró mi pasión imbécil y terca
te siente cerca, cerca, cerca,
pese al espacio y al olvido ...

MARiA

MONVEL

1

MARGllN

DJ:

UJJ

LIB:RO

Gabriela Mistral, poetisa chilena cuyo nombre evocador
de delicadezas y ternuras ha traspasado con brillo las fronteras de nuestro país, acaba de editar en el extranjero,New York, en donde su obra es más conocida que en el
propio solar-, un libro de poema~ en verso y prosa, bajo
el sugestivo título de Desolaci6n.
En sus páginas está cuan.to ella ha escrito: sus vetsos
mejores, sus prosas más brillantes y nítidas, el mejor engaste de su espíritu que ha tenido relumbres dignos del ma·
yor aplauso.
Nada más bien puesto que el título por ella encontrado.
Desolaci6n es el motivo unicorde de toda la obra, en la cual
el tal~nto de la autora muestra relieves i~norados para
nosotros de su vena dolor\da, trágica, tocada de un ,dolor
incurable.
Muchos de sus versos- no todos, que a ningún poeta
de ningún tiempo fuera posible pedirlo,- tienen la firmeza del bronce y la sonoridad opaca pero prolongada con
esa fuerza de las emociones que perduran y dejan huella.
El canto al pueblo hebreo, tiene, por ejemplo, una fuerza singular; en ellnmemoriam destinado a la recordación
de Nervo hay delicadeza plena; A La Virgen de la Colina;
es un poema suave. En sus infantiles-Dona Primavera,
v. g.,--como en sus admirables rondas de ninos, se sorprende un espíritu cristalino y armonioso que se ha dado
todo entero, como en uns prolongación maternal, a los r:iños, a los pe~ueños.
Algunas de sus imagenes-muchas-, son de sorpren-

dente originalidad:

�RODÓ

36

¡Dulce serl En su río de mieles, caudaloso
largamente abrevaba sus tigres el dolor.
Los hierros que abrieron el pecho generoso
¡más anchas le dejaron las cuencas del amor!

LA •DESOLA0IÓN, DE GABRIELA MISTRAL

'

Dice en una de sus Coplas:
Todo adquiere en mi boca
un sabor persfatente de lágrimas;
el manjar cotidiano, la trova
y hasta la plegaria,

O esta otra:
Esta alma de mujer, viril y delicada,
dulce en la gravedad, serena en el amor,
es una encina espléndida de sombra perfumada,
por cuyos brazos rndos trepara un mirto en flor.
De muchos de sus versos se escapan lecciones espiritua•
les hondísimas. Un afán de progreso consrante, de ascenso hácia la luz:

•1

37

Dichosa yo si al fin del día,
un odio ménos llevo en mi;
si una luz más mis pasos guia
y si un error más yo extinguí.

•

En sus Rondas de· Niños , brilla una bondad extraordinaria de arte simple y sereno, sin complicaciones:
Una ni!\a qne es inválida
dijo: ,¿Cómo uanzo yo?,
Le digimos que pusiera
a danzar su corazón ...
Talvez en los Sonetos de la Muerte, más que en otra
parte alguna, hay imáger¡es de una potencia rara. Hablando en el primero de ello8 de cómo, todo suyo, t~ndrá a su
amado despues que en su alma se haya herho el silencio,
dice:
Me alejaré cantando mis venganzas hermosas,
porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna
bajará a disputarme tu pu!\ado de huesos.

Retrato de su estado espiritual. '
l)' n motivo de desolación vibra en todo el libro. Es el
vac10 de un hombre amado, de alguien que fué a las sombras a interrogar la clave indescifrable y en la sombra quedóse esperando.
Su estro invoca la imágen amada a través de los vasos
de arcilla, por los jardines, por los cielos, en el paisaje y en
la noche. No responde. Su clamor es un inmenso grito solitario.
Allí está su desolación.
Ruega, protesta, su llamado es siempre el mismo: un grito monocorde de dolor, un alarido inmenso en que sorpren•
de la protesta de las carnes desgarradas ... ¡ Y ese grito único
que no hastía, qué pujanza tiene'; qué incomparable fuer•
·za de emotividad!
Percibe en él ,t9das las luchas de un alma, el poema cogedor de un espmtu que canta por su herida, con voz sobrecogedora.
De_ las prosas nada pudiera agregarse de especial o talv~z ,'i~ acaso ~ucho, porque en ellas cabe otra manera espec1ahs1ma, castiza, pura, de los e&amp;tados de su alma de su
emoción interior.
'
,La obra de la emine~te poetisa-prosa y verso; verso
mas q~e prosa es una smfonía en trágico mayor.
"'[ sm embargo de ese acento trágico que prima en todo
el libro, en su desolación, yo sólo encontré serenidad.,,

EUGENIO

Adivínase en esos versos, como en muchos de su obra,
una tragedia íntima, un hondo dolor incurado, en cuya
llaga sangrienta su mano se complace en escarbar.

I

ORREGO VICU:&amp;A.

�POEMAS

POEMAS

de la Esfinge vocablo&amp; hondos, sabios;
porque el arcano
va con la muerte de la mano.
1
• 1

8&amp;bidurta.

1
1

Voz de la noche.

La noche, la noche, la que habla apénas

Tu barca no hendirá la lontananza
a las primeras luces de la aurora.
Pero en cada lucero hay esperanza
y. un anhelo infinito en cada hora.

y queda absorta en su amplitud que asombra

me dijo poco te daré: la buena
quietud, silencio, soledad y sombra.
Pero si sabes escuchar mis voces
verás que todo es música divina:
el murmullo del agua, el suave roce
de las hojas , la luna que ilumina;
una llanura gris y silenciosa,
un pájaro que pía, todo, todo,
y hasta el caer de un pétalo de rosa
y una racha de viento sobre el lodo.

No apresures la vela; que despacio
has de encontrar la Cólquide escondida.
Aún queda tanto mar y tanto espacio
y queda tanto ensueño y tanta vida.
Tápate los oídos cuando sientas
que cantan las sirenas en los mares
y en el golfo fatal de las Tormentas.
Que es preciso no oír para ser fuerte
tender la vista a otros luminares
'
amar la vida y de~preciar la Mu~rte.

As! es el arrano ...
A~I es el arcano:
una Sl\bia mano
que dibuja la línea del destino
y le señala a cada peregrino
una distinta procesión de huellas;
el que traza la senda de la estrella
y en todas partes va dejando rastros:
1 lo mismo en el' abismo que en los astros;
el que le ha puesto punto a toda cosa:
vitalidad al árbol y a la rosa
espina, y alma trémula al poeta
y enormé cauda a los cometas;
el que sabe el misterio que se esconde
en la sombra que siente y no responde;
el único que ha oidG de lGS labiOIII

AGUSTÍN

CASTELBLANCO P.

�'1
1

A.LGO SOBRE LA SINCERIDAD

,1

r

l
h
·..

¡ Ah cuánta verdad enciarrran e&amp;tas palabras de José
Orteg¡ y Gasset: "Lo sincero, lo expontáneo en el hom•
brees, sin disputa, el_gorila." El atractiv? de toda,Jlinceridad está en razón directa con el mayor interés que tenga para nosotros la personalidad que es objeto del acto
expontáneo; porque entre la sinceridad de un escritorzue·
lo cualquiera, de traer y de llevar, y la de un Federico
Nietzsche, media la distancia que va de lo insignificante·
mente personal, y en la mayor parte de los casos yueril,
a lo interesante, a cuanto está más allá de las baJas pa·
siones humanas y toca los dominios de un espíritu múltiple y rico.
•.
Poco cuesta ser sincero y estampar en letras de molde
cuanto se exprime del magín; la cuestión estriba en ser
sinceramente interesante, ya que lo primero sólo puede
sianificar, en el caltivo de las disciplinas artísticas, una
si~ple forma de indiscreta mala crianz&amp; o una especie de
atrayente ejercicio de rnatoidismo, que gana sielllpre adep·
tos entre el profanum vul_qus, ante esas "mayorías compactas", de que hablab~ lbs_en.
.
,
El mérito de toda smceridad bien entendida no supo·
ne ir contra lo establecido; en cebarse sobre toda flaqueza;
en provocar violencias inútiles; _en decirle a X qu~ ~s un
cretino o a Z que es un bobo; smo que en ~I domm10 de
una virtud individual más alta, en el ejercicio de una nor·
rna moral más elevada. Ante todo, para ser sincero es necesario tener el interés y el derecho a ser personal, ?erecho, que sólo concede la facultad de un _constante e mn~ ·
to cultivo del yo y la razón de una sóhda cuanto ampha
y ejercitada cultura.
.
El primero sin la seg~ nda, es como un alm~ sm cue~po,
como el tiempo sin medida, como el amor sm el ob¡eto
amado. Ambos se compenetran, se funden, se integran
en una aspiración creadora: la obra.

ALC:O SOBRE LA SINCERIDAD

41

Suponed que se cultive todo desarrollo de la individua•
lidad corno una simple fuerza cesárea, que no reconozca
más medida que la del acto expontáneo, ni otra norma
que la de su propia energía; y tendréis en acción ese t.errible energumenismo de que habla Urtega y Gasset. Pen1ad, por la inversa, en el árido y exclusivo ejercicio de
toda disciplina de conocimiento, ~n la gimnasia de toda
cultura limitada a una labor pacienzuda, a un trabajo de
razohamient0 y de memoria, al acumular infructuoso de
piedrecillas para la construcción de ui:i edificio, en el que
no han concunido ni la imaginación,. ni lit fantasfa y se
habrá dado un caso más de esa erudición helada que ahuyenta todo entusiasmo, qúe volatiliza toda emoción de belleza.
No es posible negar, por cierto, cuanto significa en el
progreso de las ciencias y las letras la constante labor de
los simples obreros, de los eternos acarreadores de materiales, que ignoran las más altas efusiones de la sensibilidad y sólo snben ver en toda obra de belleza el revés, que
l~s permite descubrir la armónica y graciosa maña del te•
g1d~. Empero, no porque no participen de la virtud de
sentir o de crear sería jnsto neo-ar la utilidad de e~as abejas solí,itas, que construyen s~s alvéolos para que otros
los colmen de rubia miel. Claro está que sobre la pacienzuda labor clP estos obreros está la creación del artiita,
que ha puesto mucho de sí mismo en ella: un deso-arrón
d_e su~ sentimientos, una aspiración ideal, un arranque de
smcer1dad en la arquitectura espiritual de su obra. Es la
superio:id~d. q,ne supone, en todo esfuerzo propio, lo ínti°:1º• lo_ md1v1dual, sea fantasía constructora, Réa áspera
s10~er1dad hecha análisis; es la superioridad de toda sínte~1s y de toda ~xpresión armoniosa, sobre las puras disciplmas especulat1 vas de razonamiento· la virtud de la emo•
ción de sentir sobre la de conocer. '
. Escribe_ con s~ngre, y aprenderás que la sangre es espÍ·
ritu, ha dicho Nietzsche,· es decir sé humano sé sincero
'
a fi n de que te~gas derecho a ser 'espiritual; porque
el pri-'
mer don de quien crea emana del calor vivo de la simple
sinceridad.
Con cuanto afán buscamos la sinceridad en loa otros:
talvez porque en esa búsqueda no hacemos otra cosa sino

�4j

ALGO SOBRE LA SINCERIDAD

perseguir un aspecto de nosotros mismos ya que las verdades que más nos interegan en los extraios son aquellas
q_ne tienden a justificar las nuestras antes que a contradecirlas.
·
La lucha que riñe un eBcritor, escudado tras su sinceridad, no es jamás una batalla infructuosa sobre todo si
e~a sinceridad ~uye de la fuente de un
que se ha pu•
r1ficado en _las_s1_ete aguas del ?1ás elevado ejercicio cultu~a~. Toda md1v1duahdad a¡;as10nada lleva el secreto de su
e~ito en la fuerz~ de su propia pasión; Shakespeare, Monta1gne, Ibsen, N1etzache, trmnfaron siempre de todas las
vicisitudes, ?e todos los obstáculos, porque llevaron en
e)los un~ chispa_ de ese fuego creador que les hizo •superiores a su med10 y a su época y porque como quería
Platón, desafiaron a su tiempo pura que ai fi~ les coronase
de rosas.
, Toda eiuceridad verdadera_mente s~perior se impone por
s1 sola, tarde o temprano, sm necesidad de recurrir a la
pirotecnia de cohetes de luces o a falrns gestos alcibiadescos.
Porque¿ significa acaso ser sincero y personal el hecho de
exaltar el elogio de la insolencia, como lo hizo Federico
Schlegel o erigir el asesinato en una de las bellas artes
c_omo lo afirmaba Tomás de Quincey? Lo ejemplar consis'.
tirá en ser profunda y honradamente sincero: sirvan de
norma el caso de un Maquiavelo o de un Rousseau cuando
sacrificaban el inmediato goce personal al beneficio presente
y f~turo que podían realizar. ¡ Ah, quién nos diera poder
aqmlatar en todo su alcance cuanto significa como valor
moral la sinceridad de un Shakespeare,( de ese hombre que
según el decir de un crítico,e s el que ha creado más des'.
pués de Dios) cuando t;sa sinceridad debe juchar para
imponerse contra la corriente de toda una tradición secular y contra la rechifla del vulgo.
. El ac_to s\ncero no supone un alarde de espontaneidad
1rreflex1va smo una cabal conciencia de que le sentimos
verdadero y único, como expresión de nuestra verdad interior. DQ aquí que la sinceridad tenga el alcance de una
fuerza moral y se~ u.na discipli_na de perfeccionamiento y
de absoluta super10ndad art1st1ca, cuando va aparejada a
una cultura completa y a un buen gusto manifiesto. Sumad

Yo

, r·

1

!
1

''
'

al verdadero concepto de uta sinceridad un eonocimiento

43

completo de las ciencias y las letras y una acertada dispo•
sicíon filosófica, y tendréis a muchos apóstoles de ella desafiando las iras de eu siglo: a Lavoisier arrastrado al patíbulo
por los tribunales del Terror; a Lamarck fundando las leyes generales del transformismo, en su vejez de miseria y
de tristeza, mientras la sombra de Cuvier le relega a un o~curo rincón de incomprensión y de olvido; a un Taine
arrojado de los. salones de la Princesa Matilde, porque ha
expresado una verdad audaz sobre Bona parte; a Macaulay
justificando la obra de Maquiavelo; a Unamunocabalgando
contra los cien molinos de vientos de todos los prejuicios
españoles.
¡ Qué justo, noble y bello es el don de la sinreridad en
la ciencia, sobretodo si ésta supone un sacrificio de valor
moral ! Diderot fué sincero y su sinceridad arrancó del renunciamiento de toda posibilidad mezquina de bienandanza
y buen pasar entre sus contemporáneos; Voltaire hizo también de ella un culto y en su sinceridad encontró el calvario
de los más agrios.sinsabores; Feijoo supo ser mérgicamente
sincero y su sinceridad pudo hacerle decir a un don Alberto Lista que veía con agrado la idea de elevarle un monumento, siempre que al pié de él fuesen quemadas sus
obt·as.
Y es que en el problema del conocimiento y de la experiencia el valor de la sinceridad está por sobre todas las
convenciones. ¿ Dónde ~e dió el caso de un enemigo más
~ligroso para tod,. tradición dulce y consoladora, que ella,
s1 logra encarnar en un Haeckel o en un Le Dantec?
¿Cuánto puede significar en tales casos co.110 fuerza moral
en la historia de las ideas?
·
Talvez la sinceridad no es más que una parte en el progreso de las ciencias, pero una de las más importantes,
p~rq ue representa el contingente de lo pers01.al, el dinamismo e~p1:itual, la parte viviente en las ideas y el alma en
las conv1cc1ones que luchan contra el poder omnímodo del
pasado: Ella es, en fin, la reserva de personalidad para el
por"\'emr.
AlUdANDO DONOSO.

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il, .

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T I V

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45

MOTIVOS

III
I

'
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'
1

1

I

' en el pecado
Eres mujer, virtuosa
es lujuria tu voz,
acaricia,
se esparce en volutas
enlazando la carne
y explora en las axilas
como un beso triunfal.

1

Así, mujer te he visto
duramente humana
arrastrando las almas
al pecado mortal
¡ si yo mismo cambiara
mi pecado encogido
por el tuyo glorioso
que es pecado mortall
II
Siento que la vida
se me va esfumando,
mi carne dolida se va cada día
deshumanizando
y el amor oscuro que animó mi carne
fué como un mendigo
que se murió de hambre

Sólo sé de la vida a través del dolor
porque Tú mi Señor, tuviste la ironía
de darme un corazón
y esta sed infinita de esta cosa incompleta
que llamamos amor ...
Cada día que pasa y me miro
tengo la tentación
de tirarte a la cara
esta enorme miseria que me diste, Señor!
-IV

Siento rompérseme la vida
fibra a fibra
en un desgarramiento
superior al dolor:
esta vida vulgar que pasa y muere
me deja cada día
una desilusión.
Si este guiñapo de mi carne
ya ni parece un corazón.
V

Hermano: Expresar el deseo que tenía
de poner en tu• manos
todo mi corazón,
es darte el corazón.
Hermano: Vibra la noche sobre el mundo
en los a~tros hay signos de dolor,
sobre m1 corazón algo golpea con violencia:
Hermano: llora por mi corazón.

BERTA

QUEZADA F.

�LETRAS FEMENINA!'!
A M É R I OA - H I S P A N A

LETRAS FEMENINAS

DE

Y fluye éste, armonioso, evocador, intensamente sentido, subyugado siempre o casi siempre, por una verdadera
expresión de yida ...

(1)

El moderno lirismo femenino americano; comienza con
la uruguaya Ma~ía Eugenia \:az ~erreira, allá por 1895.
Antes, y algo orientada a la d1rectr1z modernista la boliviana Adela Zamudi?-al par de Lucila Godoy, 'dedicada
a la enseñanza-vació en volúmenes diversos todo su
acervo poético, m~ldeados en el r_omanticismo que vamos
comenzando a ol v1dar ... Y, también, en un sentido parecido la quiteña, ha poco coronada por su pueblo, Dolores
Sucre.
Un firme trampolín hecho de años, de años crueles y
que nos han envejecido más con sus miserias y sus ·horro•
res, nos ha llevado a presencia de las Gabriela Mistral,
J uaua de lbarbourou, María Enriqueta Alfonsina Storni
. sansores y otras que en el trascurso
'
Rosario
de estas no-,
tícufas habremes· de conocer.
E~_pero, para desgrncia de ~s lP;tras uruguayas y de la_
Amerrca toda, la afiebrada e mq U1eta autora de Cálices
Vacíos, como encantadora y sencillísima inaenua de El
Libr? Blanc~ '! Canfos de la ilfañana: Deld;'ira Agustini,
a qU1en_la cr1t1ca· m10ee equivocadamente catalógala en
un sentido de anormalidad que no se comprende ni he
podido comprender, se h~ maloarado.
Y puede decirse-así tambié~ lo· ha observado Manuel
Gálvez-que su muerte ha robustecitlo este lirismo que
en alg?nas ha al?a_n_zado, la rerepción directa de toda su
maravillosa s.e~s1b1!1dad; glorificando valores posteriores
muy po~o or1gmar10s y bastante presionados por su pen•
sar erótico, sensua_lmente artístico: de temperamento.
Y en la Argentina, una poetisa intensa en la vibración
de su espír\tu1 ha investido su sayal, con más amor, con
mayor 1enbm1ento: la Storni.

t

1

I.- ARGENTINA: LA POESIA
1 '

En alguna parte de sus libros ha escrito Rufino Blanco
Fombona: , La lectura de un poeta, no más sea de una
estrofa, sirve mejor para formar un juicio personal que
todas las disqui.icioneg de la crítica sobre ese poeta. 11
Y la poesía que, en el pensar de Miguel Antonio Caro,
11es una manera ideal y bella de concebir, de sentir y expresar las cosas11 y llega a los temperamentos en sensaciones cada vez más diverstts, necesita casi obligatoriamente
una manera de aseq uibilarla a cada una de esas sensibilidades, más que ninguna otra manifestación intelectual.
Porque como lo ha ya observado Antonio Caso: ,todas
las cosi,.s del universo son individ11ales; ninguna de las
cosas ni de los seres que existen deja de ser indiviclual.,
Por eso, y para una comprensión más lógica, he de extractar en demasía, versos y más poemas que los requeridos.
En ia poesía nuestras mujeres son abiertamente mujeres.
Ellas se han dado todas en sus poemas.
La sensibilidad masculina tiene que chocar forzosamen•
te con espíritus tan selectos. Nosotros, a veées tan püCO
contemplativos, que hemos de ceder todo baaaje de ilusiones por el oro que compra, envilece, y m~ta el noble
intento; en el alma femenina encuentra la más simpática
serenidad espiritual, la más grande sutilidad que ha de
traslucirse en la estrofa, en el verso, con idéntica intensidad liminar.
(l) Véase el primer tomo de litoné.

47

I

EMILIO

( Continuará).

COURBET.

�IiECTUnAs Y OPINIONES

'

Li\.S REVISTAS
También a.lgo da mí.
a conocer asp•ctmi de su vida en u110 de loi; últi111ímero1 de ia gtmt rei:uta de z,,. patria hermana: Mtxrco MoDER~O • .Su inmmso ealer, tanto lrn:ul c,&gt;mo conti'll8ntal, ctarán a la, págiuas que se sucedett, todo el inte,·éa despei•tt.ulo eu uosotros al hacer
de ellas au reimpresión.

Edu&amp;rdt1

Ba,Tios, h(L dado

ffll)R

Naei en Valpareíso, el 25 do Octubre de 1884. Soy hijo de chileno y
de peruana. Mis padres casaron en Lima, durante la ocupación del ejér•
cito de Chile, en cuya comisaría general ocupaba mi padre un puesto.
Hija de alemán y de una hija de francés y de vasca, educada ademáa, en
Hamburgo, donde permaneciera desde loa, dos años hasta los dieciséis.
mi madre no podía tener a los dieciocho un sentimiento patriótico capaz
de luchar con el amor; y as{ 1 casó con L6Í padre, se vino a Chile y, ya en
la patria de su bij&amp; y de su marido, se sintió muy chilena.
(Acaso por la mezcla de todas estas sangres 1 mi patriotismo viva de
una fuerz&amp; de simpatía humana., más que de un exclusivismo de bandera).
Murió mi padre curndo yo alcanzaba los cincos afias. Como mi abuelo,
el alemán, seguía sus negocios en el Perú aún y allí vivía entonces 1 la
viuda prefirió irse a su lado. Entre la casa paterna y la de los suegros,
la elección no permitía dudas.
Por esto me eduqué yo en Lima hasta los quince años. Cursé allá to
das las humanid&amp;des. Fui condiscípulo de los García Calderón. De ellos,
-Ventur&amp;, que me iguala en edad, fué mi predilecto. Leímos juntos a Ju.
lio Veme, sofi&amp;mos, nos quisimos mucho. Ambos éramos gordos. Aún
me dice él en sus cartás "querido gordo". No sé por qné nos escribim08
hoy muy poco. ¿Tacna y Arica? .. Ventura ofrecía por mí además otra
simpatía: nació en 'ralcd.. Su padre vino a Chile prisionero¡ le siguió la
esposa ... y Ventura resultó tal-1uino
'
A los quince de edad, volví a Chile. Se trataba de seguir una carrera,
y esto debía realizarse en mi país. Mis abuelos paternos me impusieron
la milicia. Hube de aceptarla, por presión. Fui un cadete distinguido,
gocé de todos los privilegios que mis conc,cimientos, superiores a los
exigido• en la Escuela Militar, y mi fortaleza física me conquistaron.
Pero mí espíritu nos• amoldó jamás al ambiente soldadesco. Y obtuve
mi "ba.ja&lt;f ánLes de ser oficial.
En "Un Perdido" be pintado con sinceridad la vida de esa Escuela,
No soy yo, por supuesto, ese Lucho Bernales. Algunos han dado en eu•
poner que uun Perdido" e1~ novela autobiográfica. Falso. Yo lo ,-cepto
como un elogio: tal creencia me dice que la 6.cción convence. Pero hay
en &amp;H novela mucho vivido¡ aun.que todo ello ee adaptó, se combinó con•

•
PILLA.N
(DIOB AR .. UOA!IO)

GR~BADO EN MADER~
DE

ESTRADA GÓMEZ

��so

RODÓ

LECTURAS Y OPINIONES
de y. acordar'Jos ~ctoe a esos conceptos se vitupera; porque la rebelión
y_ la 111rlependenc1a enfurecen a los mansos. Cuando un hombre pi.!la reCIO y la acera retumba, el hnenazo de mi perro ladra y escandaliza
. Ja calle Dentro de ca"a, sin emharj,!o, están conmi!!n los mi&lt;,s, y perma·
cen tranquilos, con todos mis amigos, qu·e continúan viniendo a mí.
Pasemos.
Odio los ¡ze_stos, las presuntuosas bizarrías con que algunos 1rnelen
adorna.r13_e de plnm_a. Odio esto en la vicia y en el arte, en r11i arte. No
soy un simple; aspiro a ser un simplificado. Amo la sencillez precisa.~ente porque en ~ll~ ~ncuentran la paz los complejos. Y como en la senc11lttz cabe!ª mult11 hc1dad, ella ea mi norte, mi fin en la depuración.
~ft defi!11do e~ arte así: fo;s una ·/fot.ió11 que sl1•ve para comuuicar, no la
v,ra,,,~ mis"!''~ ,inl) la emoción de la verdud. Y he dicho sobre mi ideal
d? estilo: Jl!uwu:a Y '1&lt;1msparencia, porque con esto cumplido, las demás
virtudes vienen solas.
Acerca de mi d~finición del arte, no creo necesario insistir. Cuando
más, pido fi.iar~e en que digo comunfr,,r y no exp1·eaar. La expresión lisa
y llana, flOr exa1•ta y poderosa qne se11, pertenece a la ciencia· comunicar
y aan conta,.nar es mi1:1ión del artista.
'
D~fino en cambio esas doq pahthras sobre el estilo MWicu y tranipa.
r,nc, . Porq11eyo de!'olearía qu3 al lt1er mis obras, el lector se olvidara
&amp;e qne le~ y que rec:ihiera_ ~ólo, como dire1•tas de la vida y la natnraJ .. za,
las sensamone-1 y las emociones do cuanto qu.ille comunicarle. A esto líen•
d? t?do ~i esfuerzo de prosi .. ta, a la trai311arenl'ia para que na,la estorbe
m d1stra1J!a, y a la rnú~1 ·A.. porque ~in ella no hay oudas ¡::¡impáticas que
p-0netrbn el corazón. Ya sé. q~e _e-ito !esulta lo más difícil, porque las
lecturat:J de nuestro aprenri·ZaJe hterar10, queramos o no, dejan en noao•
troe taras qufll nos t&gt;ntoq•ecen, que fü,,gan a hacernos más fácil un modo
difícil de ha Llar, más fá_cil que el fácil en re~lidarl por lo i&lt;im ple y expontá?eo; ~ero e!lo se consigue .con un anbelomce88nte de hourajez y simpllfic11c:ón . .l,J arte es, ¡felizmente!, muy diffril. Lo odioso es esa fácil men_tira artíst!ca, la sim_ulación de esa "exquisitez" que no pasa de
pret~nstón. ALomrno los est1l0J.1 presuntuosos son los falsificadore" de la
propia verdad. Arlemás, este literatisrno conduce a la estultez de pretenter mostrarse excepcional. El gran error, a,ivirtió Rugo, está en creer
"que yo no soy tú". No importa St&gt;ntir como iodos los hombres· antes
bien conviene, para ser universal. La cuestión et1triba en ahonda; en ese
sentir común a todos. Hé ahí el vigor. Y hé ahí por qué se es tsin vigoroso
tratando u~ tema fu~rte como uno delic·ado, Seamos inten!los y nuestra
obra sel'á vigorosa siempre, a?n cuando use111os ese medio que vulgar•
mente no se reconoce como vigoroso: el de la sugerench, alacia o inapre•
aable. Del resultado, de la resonancia que obtengamos en el espíritu del
lector, sabremos caánto vigor hubo en nuestra obra· no de la índole del
tema ni del procedimiento.
'
Y así voy march_ando. Como medida de hi¡ziene, jamás pienso en mis
obras una vez publicadas. Huyo del engreimiento anulador. Tan pronto
coOlo he dado al público un libro, huaco para leer una obra maestra
comparo .Y mato el engreimiento. Hay que defen,lerse contra el éxito'.
En cambio, hecho este castigo higiénico, me convenzo de que en arte
se es aprendiz hasta el último día, y fijo la vista en mis proyectos, con
un deseo de e_sfuerzo que me acerq•1e a las cumbres. '¿Cómo llegaré a la
~o!ltafia? se interroga Zarathustra Sube v no mires atras". Sí; amar,
v1v1r, crear, comprender, todo es un camino y no una meta.
No tengo predilección por ningún género determinado, en literaturA•
Loe acepto. como igualmente buenos, todos. En todos cal.te algo de nos.
otros: y nosotros no cabemos enteros en todos ello11 juntos. Ademá1
.Mda a.na de lae coaa1 que necetitamoa comunicar exige su género, 0éne '.

ros, más bien hacen falta. De aq1d mi gusto por el teatro, por el cuento,
por la novela y aun por el verlio que hago a escondidas, como quien comete un secreto y un delicio::10 peca1l0.
.
Si cultivo de preferencia la novela, es porque en ella en~ran todol!I
los géneros: el epi~oclio uo es otra co&lt;1a que el 1:utmto; el ,liálago coge del
teatro la palpitación viva, el calor del rnuvimiento, y con la ventaja de
hacerlo en voz queda ... ; el poema en fin, estremece }ll c"ncepción, canta
en el tono de la emoción enaltt&gt;cida, en las sensaciones clarificadM, y, en
cada oportunidad liriea, exprime su sangre azul.
Amo. también, la variedad en la. labor integral. Así da el sol sobre to·
dos nuestros aspectos anímicos. La unidad del todo rei:mlta de la esencia
personal, es interior; y por mucho que despiste al frívolo la diversificación, siempre quien sabe mirar dh,tingue la vértebra.
La crítica, la opinión ajena, me interesa; pero no influye en mi labor
sino en la medida mínima en que la visión de un inteligente contribuye
a llU"'stra claridad interna. Y si los críticos no están de nc1terdo solare
mi obra, me siento más dueño de mí; porque recuerdo a Wilde: ""C:iando
los críticos difieren,- el artista está conforrne consigo mismo".
Estimo pueril pretendor los acuer,tos un'\nimeR acerC"a del juicio artÍl!I•
tico. Hay q11e pensar en la diversidad de las comprensiones. He obser·
vado a este respecto, en un artículo que publiqué en "L&lt;1s 1 •ie~/· el ano
1916: ... Pare ·e que to,los e~tuviéra!llllS situa-los e•1 llUcesivoe puntos de
una elipee y qu"' a una mitad de nosotros nos iluminara o rigiese uno de
los focos, y el opuesto, a la otra. Por esto, dividiríamos siempre en
dos bandos -al menos, en dos bandos extremos o principales-; por ]a
misma cansa, sentiríamos con mayor pleniturl lo propio y en seguida lo
de nuestros vecinos. De aquí !as afini,lades y, también esas negaciones
rotundas de quiene:i abarcan con sus facultades un arco de la elipse,
para con aquellos qne han 1:1u campo en el arco opuesto. ¿Quién no ha
oído a un artista de verdad negar que la obra de otro artista de verdad
quede en el terreno del arte? Sin emhargo, en ocasiones, hemos considerado, desde nuestra posi-:ión diferencial, que ambos son artistas, aunque de orientaciones diferentes. Y el que aFí hayamos juzgado o el que
hayamos concedido exclusivamente a unos de tillos la razón ¿no ha sido
seguramente efecto tan sólo de nuetitra ubic.:ción en la elipse, en la gran
elipse total que significa el gran todo de compreni!iones y l!lensibili·
darles?
Pues siendo relativa por este capítulo, y relativa e inestable aún por
la evolución incesante de nuestro yo, la labor crítica, única honrarla, que
cabe1 es la de expresar las refraccion !S de las obras de arte en el cristal
de·nuest.ra. sensibilidad perl1onalisima; cuidando, sí, de serenar el agua de
nuestro espíritu, de ha.r.er en lo posible terso y pulido su espejo, para
que hasta los más leves y sutiles rayos reflejen su vibración.
Bien. Esto, esto tsn relativo y tan condicionado a las individuale1
facul~des, es lo único que podemos pedir a la opinión ajena. ¿Cómo asperar entonces los acuerdes unánimes? AL mejor crítico, al más, rico
de comprensión y sensibilidad, más de una obra lo hallará incomprensi·
vo e insensible, Y media elipse estará siempre dispuesta. a negar a su
media opuesta.
Además, yo1é que cada. obra tiene su valor que se impone y &amp;l cual
nada quita el ataque injusto ni la mentirosa loa nada pone. Muy a la
inversa, las movimiento~ exagerados producen reacciones contraproducentes. A quien de más se elogia, se le crean enemi~os en la misma pro
porción que se exageró la alabanza: y quien sufre diat.ribas enconad~ y
aforli.cri encuentra defensores abnegados que hasta le mventan cuahia•
des de que carece.
Meditando en todo esto,sorprenden menos algunas propieda.de! que

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LECTURAS Y OPINIONES
52

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11

I'

RODO

se nos descubre. Por ejemplo, la paternidad espiritual. Un gran escritor a quien admiro, me hace descender por ahí de padres literarios a los
cuales apenas conozco: y halla la prownie de una de mis novelas o, con
más propiedarl, d+&gt; uno de los personajes de una novela mía, en obras
que no he leído siquiera. Yo me lo explico por lo que llevo aquí expre·
sado¡ y a&lt;lemás lo agradezco, pues tales asertos fueron dichos para
enaltecerme. Pero hablo ahora por vaciar la observación, ya muy repetida por mí a la vist8 del prurito crítico.
¡Oh, los padretJ espiritua les de trn escritor! Los míos son muchos,
son demasiados; tantos, que ni los distingo. Leo ~ todos, siguiendo Ja
norma de Balzac, para no -parecerme a nadie. Y lo que más amo &lt;le mí
es cabalmente mi inagotable inquietud. Todo me solicita; pues entreví
siempre algo que hoy me parece ver alumbrarlo: todos vamos a una cús·
pifie única. Artes, cienciati, religionas y filosofías forman un pirámide
poliedra. A cada cual una cara corresponde/ y estas caras, más o menos
vecinas, más o menoi:t opuestas, a mPdida que suben se aproximan, y en
la cúspide se juntan en un punto solo.
Cuantos bagan fervientes sn ascensión, se reconocerán al fin con la
mism1, oración encendida como blanca llama en los labios humildes.
Esto creo.
En tanto, camino.
Y una gracia imploro a los dioses: que no envejezca mi espíritu. Por
exaltación escalaremos la suprema serenidad.

LOS LIBROS
Letras Chilenas
PoESÍAs, por Eusebio Li/lo. lntrodttcción de Cárlos Silva Vildósola. (Editorial Cultura Chilena, Nascimento)
Ya hemos aplaudido el hondo aíán de la Editorial Cultura
Chilena por darnos a conocer los escritores nacionales.
Ahora le ha tocado su turno a unos de los pocos poetas de
verdad con que podamos enorgullecernos y a quien 3e le ha
olvidado un tanto sin razón justificable, Acaso esta resurrección
de sus versos en un tomo, venga a avivar la admiración por
don Eusebio Lillo y podamos ten.arlo constantemente presente,
pues, representa toda una vida consagrada a la pQesía: pronta
a.vibrar a cualquier impulso de la naturaleza ya sea éste en el
pájaro, en la flor o en el cielo,
Por todos los cantos de don Eusebio Lillo corre una melodía
infinita, una música cautivadora que no cesá de emocionar y
que es el punto culminante para que sus versos no se olviden
fácihnente. ,La suprema idealidad que realza el sentimiento
artístico,-ha escrito Pedro Pablo Figueroa en su Antología
Ohilena - y da vida y expresión al pensamiento, se manifiista
en melodías musicales, de armonía infinita, e" el poeta soberano Eusebio Lillo, cuyas poesías brotan de su alma como
cautivan tes notas &lt;le las cuerdas de un laúd.,
Y n::ás aún, •ns poesías son de una sencillez asombrosa y de
un encanto hechizador.

68

Don Eusebio Lillo merece dignos recuerdos ya_ que es _el
autor de la Caución Nacional, un pur3 canto de lirismo, sm
patriotería ni grandilocuencia. Versos puros, llanos, como todos
los de él.
A. C.P.

•

REFLEJOS,

versos de Astenia Cid Baeea .

Afirma Víctor Urge! -- ese atormentado y- siempre viril
personaje de e La Tl'ag,dia de u~ Homb•e fuerte, de Manuel Gálvez-, que sólo interesa a las mu¡eres, el amor,
comprobando su iufel'iorida,i como escritoras y ar~1stas en.general, descollando ten sólo, en un sentido cas! exclusivo,
cuando hablan o escriben sobre el amor, Afirmamón un poco
utópica, por cierto; annque confirmada a través de la producción contemporánea feruenina latino-Rrn~ricana; con~epto po~teriormente deseado desmoronar; verbigracia: Raie 80/va1e
de Juana de Ibarbourou y en una fragmentación reducidísima
el libro de esta poetisa surefia,
Claro que desvirtuando toda semejanza con la personalidad
uruguaya; no porqu~ adolezca _de mo,tivos suficientes para
&amp;onverger bácia una eimple medianía; srno, a ~•usa de carece_r
la estrofa de Astenia Cid Baeza, de esa plasticidad y modermdad que la Iborbourou ofrece al par de las riquezas de sns
sensaciones adwirahles.

R,flejo,, tiene sabrosidades a mon~es, a vallee, a fr~gancias lugarefias y r'os que recuerdan mil besos sobre las sienes
embriagando así de poesía, a un alma atormentada, en cuyo
corazón el dolor ha prenado una ,eterna y mortal melancolía, ...
¡Montan.a, te saJudol A retratarte vengo.
.
. .
En mi álbnm de recuerdos tu rostro he de 1mpr1m1r.
Quáda.te así, risuei'ia. Para alep:rar mis días
tener pintarlo quiero tu gesto juvenil.
Dulce estás y hechicera como un n!fio dor11;1ido
que torna a ver, en suefim1, su p11tria C'elesfaal;
como án~el, cuyas alas t-Xtendidas, guardaran
las bellas j!'lauraei ondas de un perfumad? mar.
Quédate así, serena. La berm-01mra consiste
en no alterar los dones de la inocencia en flor,
Encanta a las pupilas, a las almas arroba

el cin-ce-I que algún ma¡o para a¡raciarte alzó ...

�' ,1

,, "

RODÓ

LECTURAS Y OPINIONl:S

Y quizá si, originado por el pesar que le aflige, esta poetisa,
ha compuesto e!oB versos misticistas, olorantes a zahumerio
parroquial y pueblerino, un tanto rastread;tos por el eterno
sendero de ,uamá mediocridad ... y que, por fortuna, no enlo•
dan las estrofas de terneza y aflicción, vertidas en casi cada
página del libro.
En pocas palabras: otra interesante escritora, que si da más
color, profundidad y, sobre todo, se desliga de ese provincionalismo perjudicial para dar relieve a sus emociones subjetiva• y objetivas, anegándose en la más cierta sinceridad y,
buscando por supuesto, nn nuevo molrle para plasmar el ver·
so robustecido ya; mucho de bueno habrá de ofrecer a las es·
cuetas letras femeninas nuestras.

En resúmen, Crisálidas del corazón es una obra de prima•
vera donde todo error se pierde entre el entusiasmo y la vida
exuberante. Pero, e• necasario recalcar que no damos un paso
en las letras co,1 libros en que no se siente un perfeccionamiento humano; en que cada dolor, cada nlegría, todo ruido,
toda emoción no se trasparente en la obra del poeta. Es preciso trabajar, ¡,ulir, d•r alas al verso, sentir la vida y sob1e toda
otra cosa, ser quien sienta la inquietud de cantar: poeta. Poeta
y nada más.

i' 1

EinLtO COURBET

1

CRis.i.LJDAB DEL coaAZÓN, poemas de jm1111tud de Amado del

•

Valle-Riente.

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1: 1:,

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'•. . '

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l

Libro de juventud que por lo mismo está descuidado y ti•
tubeante.
A través de los veraog de del Valle Riente DO se deja ver
uua estética person,l, fija ~ue el poeta haya logrado alcanzar
en su evolución artística. Es el vacío común, y de lo que se re·
siente toda la prodt1cción de los jóvenes poetas chil_enos Se
anda al azar. sin eucontrar el ritmo anhelado: la misma metrific1ción es pobre, no se tiene sobre ella un completo domi•
nio que haga el verso flexible y ágil.
En Crisálidas del corazón se ha hecho un uso excesivo de
la rima asonante que da al libro cierta pesantez y monotonía. Esta rima, por lo mismo que es hermosa y atrayente, pre·
senta múltiples dificultades y no todos tieneu sobre ella una
maestra soberanía,
Pero, htty eu Cri,áli,lns riel corazón un anhelo de vida,_ de
perfecciousmiento qne el eilencio hará fructificar muy b10n.
El mismo ~• una sabia v ruda lección de energía que es preaiso no olvidar:
•
eCantemos con juveniles
optimismos a la vida;

tengamos alma aguerrida;
tor.jemoa Yetaoa virilea-..1

A. C. P.

Letras Hispano-americanas
L, FuENTE S0No1u, poema, en prosa, por Oiana Taldé,
Roig. J. García Monge Editor. San José de Costa Rica, A. C.

Ya había leído el elogio que su compatriota, el comprensi•
vo analista li:urique Gay Calbó-a 1, sazón cdtico de Cuba
Contemporát1ea-precediera a los fragmentos que Nu,&lt;otros pu•
blicaseu e-n el pasado ano .
Y bahía leido, y repetido su lectura a cuantos desearon oír•
me, de los poema• de Uiana Valdés Roig.
Sencillez; encantadora sencillez que no rasgufla lo superficial ni trnrg11e en el rastueuetismo tan acostu111brado en América (efecto de•ventura-io del excesivo ahuso de las libertaiies
modernistas en mnnos de ph1sticistas iue1lincres y malbarata•
dores); claddad nítida, perfeccio,-rnda por una expoutaneidad
sumame::ite impresionada, y pureza, sobre tfld,, pureza de es~
piritu, de alma _de corfl zóu, '3Íi:1m 1 ,re pureza (tres factores no
muy frecuentemente posibles en nuestros meiios); hacen de
La Fuente ,~m,or·l, un ma.nojo fresco, olorH.nte a cuerpo nuevo,
virgen y primaveral de poemas robustecidos, firmes a pesar
de su lozauía, constructores feli~es de una personalidad que
asienta bien su base genital.
La lectura .ne otras mentalidades femeninas han dejado rezogadas fragment,cioues que se retuercen angustiosamente en
las ondas cristalinas de [,,, Fuente Sonom . Pero la frescura del
agua, la liviana fluidez de su cadencia el caer en el alma mis•
ma del fondo da nuestros sentimientos; hacen de cesta
fuente, una incoufu,idible caprichosamente iutrocable fuente
en la ampl!sima variabilidad de las tantas y distintas vulgar•
mente conocidas ...
Primer buen libro; más ¡cuidado! e¡ue muy bien puede ser
el út2ico.

�RODÓ

,Na •e ha conocido tanta cosa buena, que un crepúsculo
después, se ha envenenado con la imnedida credulidad del
«aér»?

Para sensibilidades de índo1e igual el hecho resultaría ridículo y sorprendente, por cierto; mucho, muchísimo.
EL SoLDADO DEscoNocroo, poema de Salomón de )a Selva.
(Cultura, México).
,El héroe de la Guerra-escribe su autor en el Prólogoes el t:loldado Desconocido. Es barato y a todos satisface. No
hay que darle pensión. No tiene nombre. Ni familia .Ni nada.
Sólo patria. _J'_,icaragua no tuvo ejército en Europa, pero sí
soldados, sí h1¡os muy suyos, como yo, militares en las filas
aliadas. Ella también debe tener su Soldado Desconocido.
Ofrenda que por mi patria hago a ese héroe es este libro ,
Libro raro, curioso, extremadamente moder~o en su form~
dividido en varias jornadas y muchos poemas cortos y largo~
que de la Selva pretende resumirlos en uno solo dedicándolo
a ese «fetiche de carne y hueso, humano y muy humano, que
se ha de &lt;lenomrnarle en todo los tiempos: el Soldado Desconocido ... Son heterogéneos, pero cada cual conduce a su término: la visión espantosa de la guerra barbarie.
Este libro, que bien puede ser leído en prosa como en verso
lo mismo dá, porque
aunque la gente diga qne no es mú!'ira,
las estrellas en su danzas acatarán el nuevo rítmo;

desnudo de sinceridad, mas bien es un Diario escrito entre los
descansos de la lucha cruel, por un soldado-poeta que se avergüenza decirse tal:
Este era zapatero,

éste bacía barri!es
y aquél servía de mozo

en un hotel de puerto ...
Todos han dicho lo que eran
antes de ser soldados•
¿y yo? ¿Yo qué sería'
que ya no lo recuerdo?
¿Poeta? ¡No/ JJeeirlo
me daría vergüenza,
1

'

Romántico,_ un poco irónico, capitán de su propia fortuna,
deparado al srngular vehículo que le lleva a la suerte, al alistarse como soldado nuovo, hace, concorde con los preceptos, su
testamento:

l.,ECTURAS Y OPINIONES
... y sí priviligiado, devolver puedo al suélu
la v.ida que m,e diera 1 la gloria" de mi muerte
os lttgo y mi leyenda: Que acorde con el cielo
quise monr que un día
se estremeció mi barro de antigua bizarría
hiipana, inglesa. e india, mis tres sangres, y tuve
un coraje de siglos y de razas y de
saber ser mar, volean y roca y río y nube
por orgullo y nobleza y por gracia y por fé.

Afortunadamente, su buena estrella quiso dejarle para narrarnos la tragedia de la guerra: pbjosa, inbum0na, bárbara,
con estertores de tremenda agonía universal, gustosa a pesadumbre y corrupción, en donde
La muerte afina su violín.
La muerte ili&lt;'.e: Voy a tocar
una danza vieja que no tendrá :fini
en el·aire, en la tierra, en el mar.
eLa muerte que toca alegre su violín&gt; ...

Bueno de corazón, este soldado se conmueve ante las atrocidades de la guerra:
He visto a los heridos:
¡Qué horrible son los lrapos manchados de sangre.
Y ]os homhres que se quejan mucho;
y les que se quejan poco;
y los que han dejAdo de quejarse.
¡Y Jas &amp;ocas torcida&lt;i de dolor
y los diente!'! aferrados
y aquel muchacho loco que se ha mordido la lengua
y la lleva de afuera, morada, como si lo hubieran ahorcado!

que quiere a su enemigo piadosamente; reflexionando a veres,
aunque tarde por cierto, que a,obos, sirven intereses de bárbaros con almas recubiertas de egoísmos ..
El lodo salpica, y siempre ensucia. Asimismo, la iniquidad,
contaminase. Unos prisioneros-habla el soldado, que
Son gente.
De ~so no cabe duda.
Gente ccmo nosotros,
que come, que duerme, que se entume, que su 1a
que odia1 que ama,
Gente com.:&gt; toda la gente
y sin emhargo-diferente,
Como let hemos arrancado
todos los botones,
caminan agarrándose
los pantalones,
y llevan el cuerpo doblegado.
Pudiera ser cansancio,

pero no es eso.
Pu.diera nr vequeaza, ..

�:RODÓ
En :fin, que nos importa
¡Son nuestros prisioneros]

encuentran en el poeta un dejo de ternura;
Está prohibiilo darles cigarrillos
Bien. Se los daré a escondidas.
Algunos de ellos d~be de haber leído
a Goethe o será de la familia de Beethoven
o de Kant o sabri tocar et violoncelo ...

Signe, imperturhable, el salvajismo haciendo su obra des•
tructora . Las batallas duran seis días y cinco noches. El po•
bre •poilu, despues de tropezar mil veces y otras tantas ,hundirse en las charcas putrefactas, y al alargar la mauo sobre el
s~elo meterla en la boca de un cadáver,; couaeguida la victoria, puede desnudarse .. Desgraciado. Por codos y rodillas está
roto el infeliz,
y entre nfla y carne de los dedos
tengo herid.ts curiosas que 111e queman ...
Cuando me qu,te los zaoAtos
me van a hed~r l,&gt;s pié ,; y tendré llaias
húmerlas y verdosas en las plantas .. .
Cuando me q11itt&gt; la camh•a
tenrlré el pecho azul.i.do de golpes
y J;¡ b~n i¡::a pálítla ...
Y com,, en los hol~illos
de u ·• traj ~ QUE" se ha llevado mucho tiempo,
ten,1ré polvo de lana
en e1ho) ito del ombligo.,,,

No te rías, lector Mira que ha esto llaman algunos c1VrLI•
ZACJÓN; así con mayúsculas ...
La corrupción, solicita,la por el desórden mismo ofrece
cuadros es, antab1es e increíbles:
'
En d Erubr1nkment, a lo largo del do
Y en la S -, rpentina, y en Parque de S;ven Ponds,
a tod ss )l'l.!,1: horai::: de la no&lt;'he
Y en la Catedral de Sitn Pablo, al merlio-día,en tu: e~caleras que condul·en 11 la f'Úpula mu rhac-hitA!'! rit" catorce y mériog ~ños .. . '
como aqu~lla. herma •llta del Rer que no tenía pechos
se dan por un thelíu a los soldados...
'
'

siendo imposible casi encontrar ,una que sea limpia,,
que te ngR dientf'B bl1rncos,
1 el habla suave, y recat-:&gt; en lo que diga ..

I..ocos, oie¡¡os de barbarie, inyectadas en las venas la aan¡re

LECTURAS Y OPIN101'ES

59

de antropófagos milenarios, los hombres escupiendo a la cul•
tura y al raciocinio, se merman y horrorizan a destajo poseí•
dos por la inteneión satánica de una gloria barata y mezqui•
na: la medalla.
Pero ,Sefior si son tan nitlos los hombre(que habrá que
perdonarles, l. ..
La. paz era una mutleca de parcela.na
que rompieron
para ju ~ar coa cafl.oae1
y áeroplancs
y suhmarinoi
y tanques.
Era un juego la paz
y la guerra es otro juego.
Ya se harán otra vez otra muneca
cuando se cansen de esto.

¿Habrá otro inhnmano que pretenda destrozarla todavía?
Hasta ayer, sólo Albert Giraud - esa mole maciza que alcanza al triunvirato de Verhaeren, Maeterlinck y Rodembacb,
me había descrito con virilidad tal las atrocidades de los gue•
rras, de las guerras bárbaras hechas por pueblos cultos, de los
cu,les, afias hace ya un filósofo supo BVbrgonzarse...
.
Oportuno, Salomón de la Selva, que has legado un lái1go
con que azotar a los pretendidos civilieado,·es.
EL f'.oNTARO Fu•co, pro,as bi·eves de Juana de lba,·bourott,
(Publicado por J . Garcla Mouge. San José de Costa Rica, A. C.)

e Ventrudo recipiente de barro lleno de agua recién ••cado
del pozo, que ha escanciado el alma con una ansia extrafia de
saciar sed inagotable de Belleza, es esta menuda entrega que
García Monge ha dado en •u segunda edición de Et Cántaro
Frf$OO de la gran poetisa uruguaya
Rápidas impresi,.nes-- sólo los artist:a• deli?ad_os y de hondura imponderable saben sor buenos 1mpres1omstas; concep•
ción enorme de sutilidad poemática, gustosa a miel salvaje in•
terminable de saborear-, impresiones rápida• sobre el agua, la
la noche, los grillos. la selva el alma del huerto; la naturaleza
toda, entera aspirarla, como el sorbo de agua fresca , por la
sensibilidad más refinada de) conjunto femenino de Hispano•
.América.
Cánl: ro que lleva dentro, también inquietudes, presentí•
mientas. en•uefios, angustias. y hasta punados de ¡,olvo; polvo
del camino, seg, eutos de almas qus se han muerto y que bus•
oan el refugio amable de la tranquilidad que no se eter;,iza.
Pequefio libro, que u.e hace recordar los de Ju les Renard,
portadorea awbos de ernocioues que llenan de 1'eutura o

�60

RODÓ

conformidad la vida. llevada por la senda dolorosa, que una
tarde, una cualquiera, ,no será más que un pu!!adito de polvo amarillo ... , que se irá a correr, a correr muy amablemente
por el mundo, ...
LA CoPA DE Oao, poe.•ías de Lui, Ma,·ia Jordán. (Librería
,El Ateneo•, Buenos Aires),

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I'

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1•'

Polif~rme, como casi todos los escritores argentinos, múltiple, var1ada, es la obra de Luis María Jordán: novelista, recio
narrad?r con mucho de fantasía advenediza, pechando hasta
lograr nnponerse en Los Atnrmerdados, novela seguidora del
rumbo penmsular contemporáneo y cuentista, acertado caetizo, un poco erótico y otro espiritualista; a quien hay que sumar aún la personalidad interesantísima de un buen poeta
que ama el hogar paterno, , el amor a los padres, el jardincito
de la casa. el buen sol que en el otof\o hace abrir los botones
de los crisantemos, la alegría de la vida ,encilla, la religión de
!os ab':'elos y el carillo a los _seres humildes,. f'arill.o que se
mtens1fica con arrebatos de igualdad s_ocial nacidos al impulso de un, también, amable deseo ...
Esta copa de oro, que Jordán sumerjió en el manantial ma,
ravilloso de Samain; ofrece un líquido all.ejo,-por lo mismo
más enervador-, y ·qne ha sido diluido con la incesante renovación poética de los nuevos poemas •uyos que he leído.
Las poesías de La Copa de Oro, son interminables, con una
porció':' muy reducida de aburrimiento y prosaísmo-más, yo
leeré s1em~re con cariflo y emoción el Elogio de tu., Manos, el
de tus pupila~ y al¡1;una otra cosita más - . y olorantes; con
harts fragancia de floree, flores y flores por doquier ...
Pero es evocador. Sugiere; sugiere a la amada:

LEC'l'URAS (i' OPINIONES

61

Lo comprende todo, en su dolor, en su alegria, en su paeión
y en el alma vibrante de todo lo que es y existe; y asimila
más. Indudablemente es un poeta.
Hoy, porque La c•,pa de oro, tiene más de un lustro, Luis
Maria Jordán, goza marcado prestigio en el ambiente inte•
lectual argentino y forma con Fernández Moreno, Arrieta,
Vásquez Cey, Capdevila, Banchs, Bravo, Morales, las Storni,
Bunge de Gálvez, García Costa y otros má,, la falanje que ha
dado lozanía y cáscara humanitaria, a la lírica del otro lado
hermano del macizo andino.

Ehnuo COURBET.

que tenía un nombre dulce y blantlo
un nombre de esos nombres que se dicen cantando
miéntras púdicamente quede. el alma temblando.

a los padres, a los crieantemos-su pasión-, las tardes pálidas ?el otoll.o y del invierno, las cosas simples 'y efectistas, los
barrios pob,es y sus pobres.
1Cómo me habla, al pasar, cada detalle!
¡Cómo comprendo que a pe"ar de todo,

he aido hecho eon el mismo lodo

quo loo ¡,obru muchachoa de la oall.i

ACUSE DE RECIBO: RAíz SALvuE, de Juatta de lbarbourou; ENSA yos CRÍTICOS Y Por.:il&gt;ncos, de Antonio Ca,o;
LA 'l'aAGEDIA DE UN H OMBJ&lt;E FuERTE, de Manuel Gá/vee y
CaíTICA NEGATIVA, de Nicolá&lt; Coronado.

��64

J!ODó

consigo el voluntario renunciamiento berho por las escritoras
así orientadas a la sensii,ilidad de su sexo De ahí la invariable mediocridad de casi todas las mnjeres qne escriben empellándose en ser homb,·es. Esta teurleucia bs producirlo y produce el hibridismo, dentro del cual son innumerahles las que
caben. Cuando sobrepasan esa línea de In anulación es para
quedar corno rasos sui g,neris: hombres imitados" la perfección. Allí be111os tenido el de dona ~'.mllia Pardo B&amp;Zán, qne
de haber guardado el secreto de su nombre, jamás hubiera
podido ser tornlida por mujer. 1Y a mucha gloria lo tenía ella¡
Eo cambio, las mujeres que tienen también por gloria serlo en sus escritos, llevar a ell,,s la inquietud de su feminidad,
volcando la aristocracia que hay en toda feminidad,-y entiéndase bien el sentido que queremos dar a los dos vocablo,
-a poco que ha! an cultivado su jardín interior, a poco que
sus espíritus sean vivaces, susceptibles, despiertos, podrán
destacarse con sólo ser sinceras y traer a la literatura esa emoción que nos falta:-sobre todo en la espafiola y en la que
tienen sn origen en ella-la de la madre, la del nino, que nadie siente como su genitora, la de la amante. no la de el aman.
te, la de la esposa y la novia y la hermana y la mujer, en fin.
Porque María Mouvel ha querido ser fielmente femenina en
Fué así..., he'.Dos dicho que lo es para su mérito. y son nuestras razones !ns que acabornos de dar.
María Monvel siente, y cuanto su sensibilidad ha registrado
trasmítelo en versos sencillos, musicales y claros, que transparentan, tal como ella es, el alma que los ha creado.
En este libro nos cuenta su último amor: u.l! verdadero amor
de mujer: el que prefiere el

&lt;¡Dolor del goce de quererte!,

a la dulzura y el placer de ser amada, como toda mujer que
es tal, oincerarnente. Así la alegría con que dice al amado
asegurándole su carifio:
" ... y es ópimo fruto cla mi ju vintud.
"En su dulce boca de artista y de 1anto
"la exprimiré toda para su gozar.
c'Para bien amarle he amado antee: tanto,
Hy canté antes para saberle cantar! ... ,

CABEZA DE ESTUDIO
DE

M A I! Í A

V AL ll N CIA.

�i.Ullos CHILENOS

65

y la sulileza de observación que es a la vez mue!tra perfecta
de la ingenua franqueza con que nos descubre su feminidad:
•Amor único mío,
•de mi vida, amor bueno,
•que haces de nuevo cándida mi alma,
•mi cuerpo virgen y_mi8 labios nuevos.,

para llegar en expresión de verdad, c0n estos versos-'en los
cualea tiene su coronación ese amor en Feminidad, ~cuando
grita al amado que vuelve al refugio de sus brazos, :tras~lel
viaje a través de otras pasiones:
• .. .¡Cómosabe&lt;1 que todo puede faltarte, todo:
caqui los hombres, Dios allá,
e.pero nunca el albergue de mis brazol.'I abiertos
•que siempre te han de perdonar!
··· ·························••·································
c!Eres tan mío cuando de un dolor grave herido
•vuelves a mí pidiéndome perdón,
cy es tan dulce, tan dulce, perdonando al culpable,
,y olvidando la injuria, asemejarse a Dios!,

María Monvel no nece,ita decir:
cfuí extática y triste, fuí absorta y helada,
pero tuve sueiloS:audacea y ardientes,&gt;

para que se descubra su temperamento. Ya sus versos nos lo
dic,m tácita pero fielmente, como hemos aseverado al comien•
zo de estas IJneas. Lo encontramos también en su M editación
profana, composición que se abre con el delirante ensueno del
hijo y tras la v sión de la herencia que le llevará el espíritu
materno, atormentado por el dolor de la sensibilidad afinada,
conviértase en amargo desconsuelo, para terminar imprecando:
•¡Haced, Seflor, que sean mis entrafias estériles!
•1Sat1or, nunca prolongues mi vida en otra vidah

''

'

:,

Marta Monvel nos ha traído con este libro la emoción de la
esposa y en parte la de la madre, y ha hecho un libro de amor
que no es un libro erótico: todo ello con sencillez, con ternura,
con verdad, 1in darle a su canto trascendeucia alguna, haciéndolo por el placer de cantur, suprema tra¡¡cendencia para los
espíritus selectos y sinceros,
EMILIO

8UÁREZ CALíMANO.

De NOSOTROS, do Buenos Airea:

t

___,,

�NO'rAS Y COMENTARIOS

Palabras necesarias
Prefentemente a las jóvenes nos dirigimos.
Porque, como nosotros, se inician; y puede creérsenos por

•

la actitud que asumirea;os en adelante-se nos exigido selec
ción-, gniados de propósitos mezquinos, y lo que sería peor,
personalistas.
Son actualmente los ese, iteres jóvenes, todos o casi todos,
poetas. Nos han cubierto de poemas Nosotros mismos hacemos versos ... Ya se podrán medir las con•ecuencias de éste
inusitado morneuto poético que atra,ezamos\ En. una inundación así, es rnénos que imposib e resistir el vendaval. De
aquí la determinación mencionada precedentemente.
El espfritu de se\e:ción principiará paulatinamente por
.nosotros mismos. De ,ope(óu sería contra prudente. Podemos
exigirnos algo superior de lo dado hasta el momlloto. Somos
jóvenes, y como tales. poseídos de una fé histéri&lt;ia. Del dicho a la acción no bfl)' más que ,rn corto tranco rle distancia.
A todo aquel que escriba, pinte o._d;buie no• hen::os dirigido pidiéndole nos &gt;tyuden a colsborar en la obra que comenzamos. Algu_nos se han negado, otros nos han satisfecho . La

....,,. ,

Revista es de todo &gt;tquel que 1·or 11ecesidad espiritual -hemos
dicho-, algo tenga que decir. Al eueargarnos de su Dirección fué ello nuestro único fin . Arriesgamos capitales que
mafia na, si las ouertas permanecen, no ob-te.ute, cerradas, en
nuestras condiciones de individuos sociables, nos han de faltar
enormemente. No sería lógico, entonces, obstinarnos en un

egoísmo cerrado, perjudicial para la Dirección misma.
.
Muci,os han sido los que ha,, aplaudirlo el número antenor
de RODÓ: los jóyenes que han so,pecbado nuestras intenciones. Algunos, siu embargo, han escatimado abiertamente su
su demostración de co·nprensióu. Y ha habido en ello&amp;,
empero, razón. Junto a las páginas de nuestroi consagrados
mucha, fd'eran las mediocridades que se deslizaron, aún te-

NOTAS Y COMENTARIOS

6'í

nie~do parte activa, por supuesto, las de nosotros. 1Ahf sí el
eepmtu de sek1;ción _hubiese tomado_en cuenta el trabajo
enorme de solicitar siempre y recibir siempre la evasiva del
«para mañana» ...
Por otra parte. _no hay derecho para, exigírsenos más. Evoluc10nados a medida que la labor se va couéstiendo, poco a
poco. Raro, demasiado raro,_ es el caso de la mentalidad, joven p~r~ sus afios, ro?ustecida ya. Esos son casos aislados y
del t1op100. no de aqm en donde el mismo clima se ofrece para
la pas1bid~d más segura. Eso sí que hay obligación de e•peru_os. ¿Qmen es aquel que se atreva a dudar de la fructificación de la semilla sembrada ogafio?
Pero hay sembradores pobres. De ello no cabe duda.
veces hasta el m_,smo terreno es traidor. Y, otras, la mano tiembla, falta_ del vigor necesario; más con el impulso irresistible
de la acción relegada por quizá que espíritu de remota edad;
cuyo resultado se aclara mediante la obsei vación de nna espiga enclenque, torcida, rastrera de la tierra que dió la vida
aquella.
Entonces, Juventud, unámos al deseo irresistible, la pujanza
de nuestros antepasados, la seguridad absoluta de poder ofrecer más de lo que realmente seamos ca •aces.
De esta manera, no nos tocará a nosotros la ingrata tarea

4

de selecciorn1r.

'

Guillermo Valencia
Es ,u~o d_e los escritores representativos de América. Guillermo \ a.eucia, poeta de alto vuBlo, orador de fuste, político de
nota, no ;1ecesita ya de presentaciones. Su propia obra pone
de man:fiesto una personalidad firme e inconfundible. Porque
su poesrn-que es el aspecto más mteresante de Valencia-es
tod8: una ferv~r?ªª ascensi_ón, una consagración completa a
vida del espmtu en med10 de nuestro ambiente, donde es
imposible desasirse de las convulsiones políticas y sociales. y
es dtgno de anotar: Valencia fué candidato a la Presidencia de
su _patria el afio 191_8. Ahí culminaba el incidente parlamentano q·1e en 1896 h1w resonar su nomhre en todo Colombia.
Es que ¡u_nto al político habiloso iba el escritor consciente y
de clara mtehgencia, úmco peldano que le ha servido para
alcanzar el justo prestigio de que hoy goza en todas partes.
Vasta labor que lo hace set· una figura nacional colombiana y
que_ le ha ~•hdo, condecoramón de Popayan, la ciudad sin
•marmoles ep1cos, claros de lumbres y coronas, que él cantara
en uno de sus poemas.
Muchos le tienen por diguo sucesor de Darlo y sin mengua

!•

�NOTAS Y COMENT A:itrOS
1

1

...

61

RODÓ

alguna está al lado de Nervo, de Lugones, de Chocano y Jaimee Freyre. Su obra Ritos es un fruto maduro y notable, y
en sus poemas Cigüeña.o Blancas y Los Camello• de honda visión y profunda concepción intelectual debemos ver al
poeta colombiano que hoy nos envía el gobierno del Excmo.
sc!lor Pedro Nel Ospina
Guillermo Valencia- hoy Ministro de Colorubia en nuestro
país-es justipreciado y en su verdadero valor aquilatado en
todo el Continente. La crítica ha sido unánime para ver en él un
poeta de originalidad y estro formidable. Y de aqu[ que sus
versos corran en todo América eutusiasmando,al par que trazan•
do en torno del poeta un reguero de simpatía.
No puede ser, pues, más halagador que tener entre nosotros
a una figura tan vasta en la literatura americana, y que, al decir de ~anin Cano «ofrecerá a los críticos del porvenir para
determinar el influjo que en esas comarcas (Popayan) ejercieron las corrientes renovadoras del siglo XIX,.

Ruy Barbosa
Con Ruy Barbosa ha caído una de las figuras gigantescas
del Contiuente. Uno de esos hombres múltiples, incansables
luchadores justificables eu el Brasil, nacidos al amparo de
una enorme naturale,a, con sus ríos caudalosos y sue selvas
enmaraf!adas. Hombre que 11,mó la atención de Europa y en
quien el mundo entero, eu instante solemne, tuvo puestos los
ojos, Ruy Barbosa encarna todo un momento histórico, &lt;le
gran trascendencia, y por su actuación en él. por su espíritu
de político noble, de jurista versado, de orador potente, tiene
ya digno puesto entre lss figuras epónimas de América.
Matheus de Albuquerque ha dicho de este rudo luchador
brasilero: , Ved este gran hombre: su vida .es una tríplice profecía realizada. Profecía en la ciencia, revelando, preniciendo,
doctrinando, rehaciendo, perfeccionando, profundizando, refundiendo, particularizaudo, generalizaudo, prodigalizando
incesantemente, irresistiblemente, la mayor suma de conocimientos en la más ardua de las cienciaspor ser la rnás precaria: la del gobierne, de la• sociedades humauas. Profecía an el
Arte, haciendo de la palabra el instrumento de todae las per•
fecciones. Profec[a en la Acción. realizando el mayor e•fuerzo
que se vió jamás en ti€rra de clima rico, sin tenacidad, amando los imprevistos, marcada de fatalismos históricos, de contingencias atávicas, con arranques magnifico• y descansando
cnsi siempre en la primer~ encrucijana. Una existencia entera
transformada en apostolado, Evangelio vivo ,de Verd•d, de
Belleu. y de Bondad: de Verdad, por el combate a todoa loa

69

erro~es, a todas las mixtificaciones, a la duda como a la ignerauc!a, "-. la l?ereza como a la incompetencia; de la Belleza, por
la cristahzamón de las más puras, de las más perfectas, de las
más soberanas formas de la elocuencia, y de la Bondad, por la
deEensa y redención de todos los oprimidos, de todos loe que
sufren, de todos los vencidos por la tiranía de los hom•
bres o de las cosas, por la intangibilidad da la libertad den•
tro del derecho, sub leges libertas.,

El Ateneo de la Juventud
. Dentro de poco, la Dirección de las Edicione, Rodó propiciará la organizacién del Ateneo de la Juventud entre Íos artistas y eacritores nuevos chilenos.
'
_Necesidad de acción i:nás ilimitada, fraternidad y conocimiento _más efectivo . orientación de indoterminada directriz
progresista; serán, en la efectividad de una unión más vincu•
lada por el ~oce con_stanta y la hermandad más real y convin~ente, el ÚDIC? medio de encarnar movilidad a la estática vida
rnte_loctual chilena; adormecida por la falta de comprensión
háma la ¡uventud que comienza a realizar su obra. y que, ■e·
guramenie, algo nuevo ha de aportar como ha ocurrido en
to:los los países que _se ha intentado a~eptársela.
. V ~ceada a tod? viento. nuestra intención de amistad huma;11tar1~ que. nos liga co;1 todos los que profesan un peregrina¡e bác1a el 1~eal obses1~nante; esperamos, revestidos de la fé
ménos utópica: el entusiasmo; ser correspondidos en el anhelo
de acercamiento espiritual que nos aisla. y-algunas veces ex·
perimentad~-, nos va creando enemigos que no hemos buscado, por c10rto.
. Ya tendremos, pues, oportunidad de abrir, los novísimos
mtelectualea, a _mer!1da de nuestro mismo empuje, el camino
de la comprens16~: obstáculo que enreda y mortifica constantemente nuestro fin; el más noble de cuantos podamos conocer.
Por el momento nos bastaría. con la acción de cada uno.
Esperamos, siempre esperamos, porque de nuestra parte los
deseos sobran.

Pedro César Dominici
Respondiendo al llamado del período renovacionista del
modernismo americano, irrumpieron en Venezuela escritores
de fuste y de seguridad tal, que constituyen-todavía-, la
honra del país estimado y del Continente en r,eneral.
América entera vió nacer nuevos luchadores del Ideal, y el

�70

lWT.18 Y C'O!IENTAHIOS

RODÓ

71

Arte adquirió la lozanía negada y marchita por el romanticismo copiado, destructor selludo de la tenden_cia que._ más
tarde, en la misma Venezuela encontrará su primer hálito de

intelectuales e ignorante en conocimientos artísticos de su 1nismo contiuente: wrbi gracia: el desconocimieuto total que de la
labor literaria de Vasconcelos. como recientemente de los delegados intelecbales a la mencionada Conferencia aquí se

vi~-

dieron visos de poseer.

.
y la patria de Bolívar: pudo ofrecer, con 1a sucesi'ó n mcesante del resurgimiento mdetermrnadu, poetas como Andrés
Mata, Dímas Ramírez, Racamonde; novehst~s y cuentistas
como los Urbaneja Achelpolb, Romero Garcia, ~annel Dfa_z
Rodríguez, Picón Fréres, Rafael Bolívar, el mqu1eto y múl,t~ple Rufino Blanco-Fombona-una falange en fin-, Y cnbcos como Pedro Emilio Coll, César Zumeta, Key Ayala, Gil
Fortoul, César Rivas y otros.
.
.
Con todos ellos, seguro ,convencido d~ cu~nto valía,, arribó también a la pléyade Pedro César Dommic1.
.
ApasionaJo, cegado por el reverbero .fautasrua¡¡órico de _la
Belleza, Dominici, con alma de artista mcoufundible. ofreció,
allá por ¡gg4, la ocasión pára efectuar el total surg1mrnnto espiritual venezolano.
Cosrnópolis fué la revista,_que c?mo lo asegu_ra?a Col_! en su
momento. mayor ,iuflneucia e¡erció en el movimiento !n_wlectual contemporáneo de Venezuela,; fundada_ ])Or Domm1ci, el
cpapá del criollismo&gt;: Urbaueja y Pedro Em1!10 ColL
No ha mucho, poníamos de mamfie~to la grande importancia que una revista literaria trae consigo en el peri??º de renovación intelectual de un país. Con la determmamon de Dominici, queda comprobada en demasía: a el_la se debe el n~c1miento del Arte local; y quizá ei, a la corrieute de rnmencauismo literario, de que todavía hablamos y estamoa por ha-

cer -.
b . d 1 1
Pero. Pedro César Domiuici, se había em naga o e_ a ma
de sensaciones extranjeras, y París constituía para el, una
nueva mujer por conocer y conquista~. .
.
De Lutecia, fné el producto de su vm¡e: libro de Arte Y Crítica, al cual pedía superan sus lectores: ,saber leer és_tas paginas, pues en los libros de ~rte no s_ólo lo ~scr1to es digno de
atención sino Jo que entre !meas existe,. Smceras, prurlucto
de un espíritu que cumple con el pro_pós1to de Ara_mburo Y
Machado: ,La crítica, cuanto más meditad~ y laboriosa , más
justa, profunda y meritori~&gt;; son estas jugosas crómcas e;.1vrn
das desde París a un rotat1 v&lt;&gt; cubano.
.
Después, como cerrando el siclo intenso de su labor, en ~ieneslar del engrandecimiento de su patrrn, Domirnci ha sido
diplómata en Madrid, Bélgica, I.óndres, Argeutma, Uruguay
y llegado en idéntica misión-fuera de su mvestidnr&lt;t co~o
P~esidente de la Delegación Venezolana _a la V ~onfer~nc1a
Pan-Americana-, a nuestro lar: mezqmno en mtenc1ones

1

1

Hemos hablado de un solo volúmen del ilustre Embajador
venezolano. Hay que agregar todavía: Libro Apolíneo, del mis-.
mo sentido que el anterior e ldeas ' e Impresiones, libros de
e1evado discernimiento crítico, cumpliment:1.ndo en todo momeuto el pensar de Armando Donoso: ,El verdadero crítico,
sólo pu ede ser aquel que. sobre la ma 1· or cultura, cuente con
el dou de una corn¡.He11sibilidnd basada en un estudio acabado
y en una edoeació11 e&gt;xtrema de la seasibilidad.,
Habl:1 Dowinicí , en libro '"'4pr1línen, refiriéndose a la procedencia de las páginas wbre Bi bl iografía que aquel contienen;·
de otra Revista dll'i~lJa por el: Venrzuela, de sentido político

y que, sin duda, afian,zó en ella su espíritu combativo contra
el caudillaje imperante que nació casi ni uníscno, en toda la
América Central y norte de la del Sur. Su ,r ada a Gosmópolis,
el esfuerrn de cultura donad0 a su patria es la resultante de la
estim .. Jación consecuente con que Venezuela agradece hoy al
luchador de antafio.
El destierro, como el caso de los Montalvo, Alberdi, Blaucr,
Fo,nbona, Gutiérrez, Wartí, etc.; dió el producto honrado de
la venganza de un hombre culto: Dionysos y El Triunfo de!
_Ideal; u,,velas-que constituyen, primordialmente la primera,
la más elevada exaltación del concepto de Arte y Belleza ame
ricano de nuestros días.

A Di,,nyso,Y, se han i!'J,flgregar siempre Ias palabrflg anotadas por el mismo Dvmiuici, en el prólogo de De lutecia: ,No
creo yo que los que escribimos para el público estemos en el
deber de editar un libro cada afio,. ,La cantidad de libros
poco importa. Uno bueno basta para ganarse la inmortalidad.
Superarse en cada nueva obro: hé ahí el lema del verdadero
artiet.a,.

Indiscutiblemente.-y aisla&amp;a en demasía su seguridad de
contribufr a no desmoronar su propia grande obra-, Dominici calla a desJe hacía un largo tiempo por el deseo constante
de no largar al público volúmenes mediocres y destartalados
de bondad imponderable. Su mutismo ha realizado nuevame!1te su más lógica explicación: Tronos Vaeantes-quizá aparecido cuando estas notas nazcan a luz-libro de exposición
orfebriciita, de crítico 1·efinado y comprensivo, que abrirá en
la mente de más de algún lector, el recuerdo de este ilustre escritor venezolano; si nuestra pluma-que así ha de ser desgra-

ciadamente-no lo hubiese lo¡¡rado ántes,

•

�RODÓ

NOTAS Y COMENTARIOS

Hombres así, americanos de aquilatación igual, felizmente
nofaltan'. en estas tierras. Lo que se'. mezquina, por cierto ee la
comprensión, en vida, hácia el valor de Jo que produce cada
pueblo y la ayuda oportuna y necesaria para tratar de aumentar la pujanza de nuestra raza y nuestro credo.
México, Vanezuela, Argentina, Colombia, nos han dado
un ejemplo hermoso de ello: Nervo, Noel, Gonzáles Martínez,
Valencia, Trejo Lerdo de Tejada, Castro Leal, el misma Dominici y otros, han arribado en misión diplomática al continente; correspondiendo al trabajo inrleterminado y persistente
do cultura nacionalista y por consiguiente americana, con un
apartamiento remumerativo que en algo alcanza a superar al
trabajo enorme cerebral y espiritual del bijo que la supo engrandecer y trazar el sendero ,demasiado humano, de la per•
fección espiritual...

t\llano; este compatriota de Varona, aunó su esfuerzo y entus~aso,o al de sus _colegas que abrigaron-como él,- un propósito noble y desinteresado hácia la con•umación de una esperanza que llev~ ya once afias de existencia, trocada por tanto,
eu reahdad evidente y aureolada de vida-así lo deseamosindeterminada; nos referimos al mensuario citado.
Al grupo de los Villoldo, Henríquez Urei'ia, Ricardo Barabasa, Leopoldo de Sola, Francisco del Valle y Mario Guiral
Moreno (actual Director de C1&lt;ba Contemporánea), la muerte
ha arrebatado - , y cubierto de luto a las páginas de éste exponen~e de la cu\tura cubana-, tres vidas necesarias, para la defimttva ascensión del mtelecto islei'io: José Sixto de tiola, que
cayó también en Febrero del 916; Bernardo G. Barros uno de
los mejores crítico~ cubanos y de América Espallola,'el pasado afio; y ahora, lé¡os de la patria y de los suyos, en París, en
donde estaba alcanzando la glorificación de su consagración:
Cárlos de Velasco.
Asociarnos al duelo del suelo cubano y de sus hermanos espiritua'es, es lo que hemos pretendido al dar márgen a éstas
líneas; porque, como pérdida hispano americana ella nos ha
contrito y dolido en demasía.
'

'll!

Pascual Venturina corresponsal de RODÓ
Llevando la corresponsalía de RODÓ ha partido en viaje a
la Argentina y Uruguay, Pascual Venturiuo, para de ahí continuar a Europa .
El sellor Venturino, qne como escritor no nos era extrallo
-y por quién hemos logrado conocer personalidades del
Plata y de Montevideo-nos enviará sus impresiones de viaje:
las múltiples fases de los escritores y artistas a quienes entrevistará, y en general un resumen del movimiento intelectual
de las ciudades que él visite.
Grato es auotar que tendr•mos,-gracias a este escritor chileno,--ocasión de conocer a muchos hombres de América y de
Europa, y es más trascendental aún. pues tendremos el momento propicio para que eu el e.xtranjero, a través de las páginas de RODÓ se cercioren el nuevo movimiento de la literatura chilena.

Cárlos de Velasco
Al mismo tiempo de llegarnos el canje correspomdiente a
Febrero de uno da los más importantes mensuarios de hispano •américa: Cuba Contemporánea;en la última de su~ notllB
editoriales, encontramos la noticia del fallecimiento del primer
Director que tuviera esa publicación y uno de los más tena•
ces impulsadores del surgimiento intelectual cubano del mo•
mento: Cárlos de Velasco.
Cerca d• dos lustros, correspondió a De Velasco dirigir los
destinos de Cuba Contemporán•a. Escritor limpio, correcto,
mesurado Y· guiador constante del arraigamiento cultural an-

La Delegación intelectual de Hispano-América

Hasta ayer Chile ha tenido la centralización intelectual más
importante de América Espaílola.
Los Gobiernos del /Joutinente se están convenciendo cada
vez _más, de la valoridad que ol contingente, en parte lit~rario,
~e~ mtelectual americano puede más, mucho más, que la poht1quería bastarda de un amaneramiento diplomático escon·
dido bajo la necia nobleza de casta y provisto de un buen cerebro ahuecado y nulo. Para América, el porvenir de su grandeza está eu su unión, se dijo, se repite y se escribe por doquier
con alharacamientos inusitados. Y, nada más seguro de confraternidad estrecha y reciamente vinculada, que la constante comunicacíónintelectual que soílara hasta su muerte, el Maestro
de América. Lo demás, el encumbramiento material y la excel2itud continental, nacen enseguida, aguijoneada por los lazos
de sensibilidad.común que-aislado es el hecho-, muy raramente se diferencia de un país a otro.
Ya hemos esbozado la personalidad de Valencia, Dominici
y, ayer no más, de Jaimes Freyre. Hoy, con el alma embargada de la emoción más pura,-¡ahl la esperada unión inmortal de las naciones todas de América Hispana-, anotaremos
la de los Delegados a la V Conferencia Pan-Americana.
Si la personalidad de José Vida! Caro se ha dormido al in-

�74
1

'1

'

ROOÓ

NOTAS Y COMEJ&lt;TARIOS

tento de su propia iniciativa, la cultura cubana intelectual ha
sido representada por figuras de mayor valer.
Más de una deceua de libros, críticas, sobre todo, escritas
con elegancia y sobriedad de estilo, hau hecho de l,fonuel Márquez un escritor representa ivo de la literatura cubana de
n?estros dfos. Sobresalen a nuestro juicio, Menudencws, Qui~
Htosas,_ Escarch'l, Página.s Libtes, Rasgu-ños Esbozos e Ideaa y
1

1

Sensacwnes.
In_dividuo correspondiente de la Real Academia Espallola,
Presidente del Ateneo Costarricence; a más de su título de
abogado, es Aleiandro Alvarado Qniróz poseedor de uua cultura superior y de Ui!U comprensibilidad que le ha permitido
traducir cou limµi&lt;lez y finura. laliteratura francesa que conoce y sigue muy de cerca. Dos libros de crítica y artículos encanzadores de la conieute hi~pano·americanista: Bric A-Brac v
Boedos de artistas y hombres de letras, manifiestan a primer;,,
hurghdfl, nn espíritu madurado y certero en la variedad artística de sus juicios
Del quiteño José Rafael Buatamante, solo tenemos mención y recordamos sn novela Para matar el gu;ynnfl. Loen 1, Cou
acuse de tendencia castiza, facilidad, soltura y marcada tildad, todo ello, le bau llevado a ser miembro de número de la
Academia Ecuatoriana.
Máximo Soto Hall es conocido nuestro desde buco afias.
Periodista, conferencista y cuentista de talento, nos hn d,1do jugosas páginas su¡as que hemos saboreados con fruición. Su es
tro poético ha quedado en l'&lt;esías y IJ.imas y .Aves de Paso.
Además: D,bujr,s y Bronr,, s, cuentos y semblanzas la novela
corta Una vida, El Ideal y otros folletos de aspectos casi no
esencialmente literarios.
Panamá tiene en Narciso Garay, a uno de sus más sutiles
prosadores, y la lírica del Istmo, cuenta en la II usa de José
Gnillermo Batalla con la más tierna y delicada sensibilidad
masculina. Lirios R,ijn:,, ha sido su único libro.

El movimiento intelectual dominicado se ha robustecido con
la personalidad de Tulio M. Cestero. Cronista gomezcarrillesco, castizo, forma con García Godoy, los Henríquez Ureña
Américo Lugo y los hermanos Fiallo. la modalirlad moder'.
nista que ha dado a las letras dominicanas, el prestigio y valor
de que goza la patria de la catedral más antigna de América,
De un pincel diestro y paleta todo color desbordante de manchas efectistas de un sano impresionismo que ha sabido destribuir con sobria admirabilidad; Cestero, es, acaso sino el
único, un. m_arn, .il9so evoc3:dor de escenas coloniales salpicadas d~ m1stis,_ .sática p~lcritud en el estilo muy personalista,
Novelista, crítwo, ensayista, poeta en prosa que lo mismo pudo

76

haberlo sido en verso; Tulio M Cestero ha dejado la prodigalidad de su intensión artística en volúmenes que pasan de la
decena Y todos buenos, excelentes. ( l'I mayor elogio tnl vez
para el encumbramiento de sn personalidad). Rememoramos:
Notas y Escorzns, Por el Gibao, Hombres y Piedras, Rubén Darío, Una Campa1ia. y Da Sangre, El .Tardíu de los Sue1ios, Ci~
terea, Se&gt;!gre d, P,imove&gt; a y su admirable Ciudad Romá.ntica.
Un hombro sencillo. que lleva dentro toda una inquietud
atormen_tadorn de ilusrnnes menoscabadas por el perjudicial
escepticismo que le consume, como Emilio Coll su otro com'.
pnfiero de labores, es César Zumeta; que para todos fné oscuro
frio, indiferente. Sin ernbal'go, su agresividad se ha delinead~
en libros, folietcs periódicos y revistas. fundadas, dirigidas
y escritas por el mismo; valedoras siempre del destierro compartido con Blanco Fombona y Domi11ici. De un estilo firme
siarebuscamientos ni modalidades de e~pecie n:guna qni'l.á Eea

él lo que ha hecho de Zumeto a uno de los más estimados literntos y hombre de acornetibidad temida de Venezuela. Libros
suyos ee ha I rán Je recomendar siempre v de todos nue~tra
preferencia va hácia: Escnturas y Lectu,rr:s 1 El Cont,;1e1dP Enje.rmo, Notus Venezolanas, y su notabilímo P.,etas y !;rít,eos rle
América.

A Cesár_eo Carrera. nuestros lectores lo han conocido ya El
Ecuador tiene en él una pluma de sosteuida compenetración
in~electual y un trab~jo suyo c¡ue, nos c,,m¡,laccremos en j'U·
bhcar en nuestra prox,ma edició:i, corroborará la certeza de
esta expresión.
Y para terminar, cerrando esta resella apretada-quizás si
olvidando a otro de los nuestros por ignorancia y desconocimiento de su obra. explicable por las ca11sas que hemos repetido ya: el aislamiento, primero, la carencia de intercambio
literario, después: cerrando est~ resella apretada, inquirida por
la estrechez del espacio que ha reducido al máximo el material de la Revista; cou el propósito de algun día ocur¡ arnas
detalladamente de cada uno rl.e nuestros más representativos
esforzadores de la progresión constante de la unión espiritual
hispano americana y de la idealidad en ascención indeter,ninada; José de Austria, sigue aumentando sn badaje artístico y
acariciando las palabras que Gustavo Ruiz dijera en cierta
ocasión: ser «una promesa intelectual.,

Todos ellos, casi todos se romprometieron entregar a RODO,
aspectos de su ultima orientación, y nuestos lectores tendrán
así oportunidad de leer páginas que m,'nifiesten la valorización
de lo bueno que tenemos y que se va menoscabándo por el
materialismo inicuo, que va absorbiéndolo todo, absoluta, indisoutiblemente todo ....

�RODÓ

Clemente L. Fregeiro.

Pierde la República Argentina, así como la Facultad de Filosofía y Letras y la Junta de Historia y Numismática Americana, con la muerte de D. Clemente L. Fregeiro, acaecida el 22
del mea próximo pasado, a uno de sus más rerios historiadores
de la urdimbre de los Mitre, García, Lopez y los Groussac.
Maestro, maestro eu su obra y en su m•gisterio universitario,
eEpfritu saturado de verdad y robustecido de erudición rodoneana; cultura moldeada dentro de los más abiertos criterios
analistas y literarios, a éste historiógrafo de las márgenes del
Plata, durante el medio siglo que duró su apostolado, aportó a
la producción hiotórica de América, su valiosa porción que se
desborda del tiesto, estrecho ya pura tanto contenido, por su
limpidez y claridad, desventuradamente tan poco familiar en
nuestro continente.
Unir la condolencia nuestra, prosternamos ante tanta nérdida irreparable casi, para mayor desgracia de la exaltación
cultural de Hispano América; será por ahora nuestra acción,
f'.ueda que maílana, conocedores más a fondo de la obra de los
maestros que tan inesperadamente nos abandonan, podamos
extendernos y darle a conocer como su personalidad lo merece,
mas allá de una escueta not!cula inapropiada para derramar
sobre ellos la luz necesaria y suficiente.
Iris a Europa.

..........

Para &lt;RODO, no es posible silenciar la partida de Iris a
Europa.
Esta mujer, que representa una fuerza de renovación y de
espíritu nacionalista, encarna una faz de la cultura cbileua.
Sus batallas de emancipación femenina, su arduo coraje para
afrontar problemas sociales y cauterizarlos a plena luz, haceu
de Iris una mujer para nosotros única y sin precedentes.
Europa e~ un nuevo campo de especulaciones mentales, de
firmes soluc10nes, donde Iris podrá recoger hermosas lecciones
y perspectivas que seguramente saborearemos en La Nación,
cuya corresponsalía le ha sido encargada .
José Enrique Rodó
El 1. 0 de Mayo de 1917 moría Rodó en Nápoles. Entre los
·miles de cablegramas que anunciaban los desastres de la guerra llegó la noticia del desaparecimiento del Maestro. Fué una
racha de fatalidad que sopló hácia América.
Hoy, en el aniversario de su muerte, sólo vamos a recordar-

NOTAS Y COMENTARIOS

77

lo; qne el homenaje mayor se lo estamos rindiendo a través de
nuestra pbra, para fijar indeleblemente su vasta personalidad,
su figura completa, en la conciencia de América.
Pontes de Miranda en Chile

Esta ~evista, pendiente sie ,1. pre, de acuerdo con su programa esencialmente cultural, de todos los grandes acontecimientos q_ue en América signifiquen un progreso científico, rinde
un smcero homenaje al sociólogo brasilero modernísimo senor
Pon!•• de Miranda, que formó parte de la brillante delegación
brasilera a la V Conferencia, y que tiene realizada una labor
científica que puede calificarse sin vacilaciones de magna.
El seílor Pontes de Miranda tiene publicadas más de 20
obras importantes de sociología científica, las más de ellas agotadas y reeditadas en varias ocasiones.
1
La tésii que sintéticamente rtpresenta este eminente sociólogo, consiste en sostener una guerra a muerte contra la vieja poli!ic~ ortodoxa, ta~ absurda, tan llena de prejuicios, co
mo anti-científica; y aphcar a la Política y al Derecho, en vez de
esos absurdos, vestidos de principios generales qne constituyen
el fracaso mundial de las actuales instituciones las Matemá•
tieas y las Ciencias exactas como único oráculo d~ ajuste perfecto entre los regímenes e instituciones humanos del futuro
y las realidades de la vida.
Todos las legiolaciones actuales no resisten ya el empuje de
es•s _teorlas sociológicas modernas ya conocidos y sustentadas
en diversos países de la América Latina (especialmente en México) y que tan brillante paladín tienen en el sefior Ponles de
Miranda.
. La labor _de este escritor es un combate persistente, e infat,g~ble de ~meo l~stros, y ~a obtenido un _triunfo tan significativo en e , ~ras1l, qn~ recientemente le ~mdieron homenaje
franco las mas prestigiosas figuras de la vieja Política brasilera; figuras que ocupan los más altos puesto de la vida pública
de ese país.
·
Deseosos de reco_jer una autorizada exposición, y sabedores
de las grand~s afimdades intelectuales que hay entre el sefior
~ontes de ~,randa y el ~inistro de México nos dirigimos hác1a la Legación; y le pedimos su opinión sobre este sabio brasilero.
,A mijuici~ - n?sresp?ndió don Cárlos Trejo-, esuno de los
hombr~s de ciencia más ilustres que han pasado recientemenM!
por Chile. Su obra es de renovación científica ,. &lt;le tal manera
interesante que debemos reconocer que es uno de los escritores que más han trabajado por la grandeza cultural de la Amé-

�JIO.rABY«Mt J ,_,.
que cim!irJ°' todo, IOlicifa.
antetod

·

,

· hace~ de"':i~ ~ p r e ilt• 1
·
~ c o su dee:,vae orientaao vo. Aunque ee~ id@aa

'IS

don
ferm'8 normas qo -, pide aiem u-porque {: que lo qlle
~ - • tía.otro:i-allaócen mils pre, constante tocado a lo
el alma
Allil se ha , DIDeho m'8 mente, ll'Or
nua resnl&amp;anpara su 1'1!81iza . 1liebado, y se au obra. 1Qué'7:
que oonoeem te qu! enviadia~º• y lacauaa delha PUl!eto ade,mh
08 1A lDRcti • ""08 Y qu ·
P8rturbabJ
liraba10· ha dado
acción
emeut.e
al • v1da'd Dnestra erem81! inútilmen

•OjJ nuestras DlaDtiempo, lo que he de deJar al tiem te, }!01'-

a. den Uds. 08.
moa de hacer
po, 111:1•
C08as lleerjfln so!J Í con caniete d
por Dueal'ia
d
que ense re 08 P8i8118 hi r e JJ'81'man
.
. os pafeee ú~os: -'lt!xieo . A8Jl8no-amenC::te-4!eeribeAi!,'36ºtina son ¡911te • por 1~ q~!ina. y aioe que
.,..,ca.,
08 pai.seá de
oe .,.Ja mi8IQa . Beftala eet.oa
Refiriénd
mda alta vida _dice: •Mt!xieo·
re de
Inteh!ctual d
088 la elecei.c...
b
Ooestra pobli
ron·
"''
."u
deJJra....
f
Ar · .,,,. M.., .
cac1ón
=•ro urngoa,
maff:'ntina-,
en todo ChU':'•ón que
para el nom00
UDa

titneá

De todoa loa elll)ritores clíilenoe así como biap11110-améric&amp;·
11os de qui6née tenialll08111enci6n-, reaidentee en el eülri,er a
Ioa.cnallllí ell'ltlamOS el prilllerndmero de BODO, (labriela llia·
tral ha IÍdO uno de-loa -primero&amp; en acosar recibl),_ n ~ r e
'11ii9i6n. Una carta, C O I \ ~ personal, rilé 11G oilll8~6n.

Pero, eomo eneierra ell., factores edncati voa C}ll8 harán cam·

biar de norl'.118 niiéil&amp;ta pnblioaeiful-ldeeaq•por aer de quilln
vienen con mayor ruó1I se han da to- en caénta-, no se.
ba pensado en una tonta i~ffi!!creclón al entregar a la pnbli-ii.·
dad acápitee de ella 11ue noa baneñciau y_ ao&amp; pía ·
Refiriéndose a nueatro i'111ent.o, dice Gabriéls lliátrw: cMei
loahle 11!. iniciativa de Ulla Ahora lo nece-rio ea p,rMlir.
Porque no~ rerialae en una tlerra. en que ae 1• tan pD!lO,
han de aer heróica,a \lBt&amp; 1&gt;ivir. l&gt;!l pena -pensar que cui,íodoa
loa países hispano a,oe,til!'eDOB tienen una publieación álllitica.
definitiva. re~tanúv&amp;\ ,qlle ea la voz oe 808 inlel~oalelli
i q u e ~ no tenemcíll nada.. Me ha gináldo mucho unabien el mensnatl!&gt; L,ctvra; pero no aé al esillte tocia,la .•.a.
Sin comentarioa aobRla&amp;
copiadas antenomiente,
jnsert,11.moa las réferellteB al ambiente me:idcaao que 1111-ba ser·
vi.do 1D&amp;aif4l"1ll08lo: cHai aquí una i11tenaa, cul~ ,i; ao•
bre li&amp;do, una aenaibilidad artlitica que empieza ea el pueblo,
ea la oeonra masa. i tié'ne au á ~ ea e\. gt"UpD iloeW (('Ge
tJaa, couooell•- Qué difeWUté al uuedrt&gt;,
Ea que allá el aentidb Cllltatal. la intéiili6n educativa se ha
~medo 8D indivicluoa &lt;tíH fiaii mirado pc&gt;r el pe~r,de en
patria y_ de 10 puebfó Am. si ae han diet&amp;dcs·1ere! _eon el pro·
póeit.o de aaegurar-la extensión intelectnal, eaeqaible a tollos y
para todos¡ \a honradez, aaooilida a ona acción desinteresada
y oonalallt.e, ha prodnoido ao efeeto j¡unediat.o- El JDU,ieano,

~

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.

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Una olead vuelto al país
cel del eacaJ • de arle nnev~
transportad tor, así como • que ee ha i
giuará en o a la patria,
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~ el cin.

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.

:rau1'e1:~~~

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Bien por lo:: :~dern!':8.;::!e bnena!'~0
.
ve&amp;utez 88 al •, ~odir{ ~ sabe Y•- .
~ lónca chil un novtaini
.

.

ª

ena aporlará :'.;

.

•

�I~r. A:itO. TOMO II

MAYO DE 1S23

NÚMERO 2

RODÓ

idealidad robustecida en el continente que supo compr~nderle.
Le Chinois que ofrece en este número, es un cróqms to!"ado en París el afio pasado. Eu él ' ri:ede observarse 1~ orientación de Perotti, unida a una segundad tal, que mamfiest~ a
simple observación su cará:cter escultórico que tanto llalllllra
la atención aquí como en Europa.
.
Perotti ha vuelto al paíe; y este afio, el Salón Oficial, con
algo de lo suyo nos va sorprender.
A Estrada Gómez, le conocen ya nuestros lectores. _Uno ?e
nosotros se ha de ocupar en especialidad de él. Seria mofieto•
so y poco previsto de interés, por cierto, juntar palabras para
aclarar eate interesante envío de ahora. Son traba¡ os _que re•
velan una personalidad que es preciso elevar por su mteusa
firmeza y consistencia.
,
.
En tanto de Lema Rojas y Mana Valencta, algo hay por
decir.
Ambos alumnos del Palacio de Bellas- Artes, aunque poseído de modalidades novísimas el primero, van construyendo sn obra aeceudentemente.
.
.
.
La tecnicidad de la Valencia unida a una fi¡eza mnegattva,
hacen de su Oab,za de Estudio un exponente ciertísiaco de la
valorización de su inquieto carbón.
.
.
.
El buril de Lema Rojas, ,e escurre bien, qmzá s1 con ~n
cierto dejo tembloroso, pero acusador de un artista futuro, sm
duda.
·
d
t
Raros, curiosos, inquietos y, para algunos, disparata_ os es os
grabados en madera. ¡Ah., es que el alma de nuestra ¡uve~tud
sorbo agua fresca en el nuevo cauce de raíz _extranjera .....
Maflana -Estrada Gómez, Maria Valencia y Len,a Ro¡as,
como otros que se sucederán periódicamente-, afütnzarán su
valer y entónces, nos enorgulleceremos nosotros por haber sabido comprenderlos a tiempo oportuno.

,

•

o

D

ó

,

COOPERACION
INTELECTUAL
INTER-AMERICANA
(Notas leídas en el Salón de Honor de la. Universidad de Chile)

En la memoria de todos está el hecho reciente de haberse acudido a cuantos recursos tiene hoy la telegrafía a
fin de q me de un extremo al otro de la América pudieran seguir las multitudes agolpadas ante las pizarras de
los grandes diarios, los incidentes, del combate que, en ese
momento mismo libraban dos púgiles, uno de los cuales era
argentino. Estaba aún por tierra el atleta vencido, cuando
2e Jesató simultaneamente en las principhles ciudades de
este hemisferio el estrépito de la ovación al victorioso.
Pocos meses há fué publi_cado en Río de J aneiro un libro
que establece las bases de la ciencia po3itiva del Derecho
y promueve la sustitución del empirismo jurídico por un
sistema racional de doctrina, jurisprudencia y legislación.
Fu era del Brasil la gente americana no tiene aún noticia
concreta y, en su mayor parte, ni siquiera vaga de la existencia de aquel libro, del nombre de su autor, de la potencialidttd de regeneración y progreso contenido en aquel
millar de páginas de crítica constructiva de los orígenes
fundamentales y fines del Derecho.
Los centros de deporte que velan por la difusión del
atletismo han alcanzado, pues, en América, vigorosa organización capaz de velar por el adelanto de la cultura física:
cultura de innegable importancia social aun cuando sólo
fuera por el aporte que trae a la ágil y noble aprestanci11 de
la figura humana y a selección de salud, gracia y belleza
en la raza. Importa no obstante llegar a ca mensurable arreglo en lo espiritual, no sea que se hipertrofien el sentido
y el valor social del corpore sano, hasta darle precedeilcia

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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