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MODERN PHILOLOGr
REVJSTA DEDICADA AL ESTUDIO DE LAS LENGUAS
.
~- - y ' LÍTE/?ATURAS
MODÉRNAS
-~ .
,
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•.
.
. RE:D;\CT@R JEFE:

JOllN l\j. lWANI.;Y

DE

Pubfü:aeión mensual.
"'
.P.r~cio de suscd_pción, $ , 3,00 .

•.

.

REVISTA

FILOLOGÍA ESPANOLA

La revista MODERN PHILOLOGY -~ublica tral;laJosso,bre prin,c ipios y
métodos de crítica li~éraria, sobre relaéiones entre la-s fiteraturá&amp; mod~rñas ·
y-sobre px:obléñ1as1·geherales d·e lingüística mode1;¡1a: §u ·sistema de 'Pllblicaciórt ofre¡;:e la ventaja de pres~t¡_¡r los articu,lds ya distribuidos en ~eccion~s
especiales, en .:ez de dÍ!lpersarlos po.1o todo ef lfolumenj· de ~\ierfe'; que los
que -se o,wpen de lengu¡¡ y 1itiraturafuglesas, -g1;:i;mánic&lt;1s o r9máni-cas, ~p1,1edea adquirir aquellas s"!,~cc~ones que espe9alment~ le.s interesen.

..

""

dI.

lli.

•1

r•

l'V.

~n otras literaturas de Europa se conocen antiguas traducciones o imitaciones en verso del Roland, la chanson de
geste ~ás famosa que h~ existido. En Alemania hay varias,
a partir del Ruolandes lzet del clérigo Conrado, haciá rr3 2 ;
en 1:olanda, varias del siglo xm; en Italia, varias también, a
partir de _la Spagna en octavas, de hacia r37 5; en Iuglaterra,
una del siglo XIV, Respecto de la literatura española no seconocían sino un pa_r de romances del siglo xv, que muy indirectamente llegaban a entroncarse con la chanson francesa. Aquí
publi~amos un fragmento de cantar de gesta del siglo xrn,
que viene a llenar un enorme vacío en la hfatoria ,de la poesía
carolingia peninsular.

THE MODERN L;AN.GUAGE'- REVIEW
A QU4R1:SR.L-Y-YQURNAL-EEVO;t'ED TQ TUE~STUDY

OF_ MEDIEVAL AND NOP,_ER!f Llt'.JJ&gt;RATUi]E AND,_, Pll.(LOf;,0,GY "
• ;; &lt;

-

J;

6. ROBERTSÓN; G, C. .M;QORE SMITH
"J.• FiTZMA,DRICE-KEll):,'
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'" ~, .

AND

Cq:ntents -~f vol/ x!!,
MTfCLIIS·-&lt;.

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1.

JruIUll!Y

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A,Theort o1 the De.velopment oÚ...anguage. By E. C;1.&lt;1,.sSEN. ,,
Disshpilation. By_A. GoÓDALL. . ~
,
Orrery s 'The·. '.fragi&gt;.dy qf~oroastres.' By Mo,NUG.l,IE- Sut,DIERS, ,;;
A prqpos ·d~ l~isti_nction entre le Latin et1i .Román dans laFrance du Nord avaµt
· le IX• Siecte. By A TE11~i1.cH_Eij. . ~
"' ._ .
~ _ •
The Laurentian J'ext .(Cod.- Ladre[it. lxrx, 8} of Dante's Le,tter to a Í'istojan. E~le
( liftiit. 1v), Witii.,Emended 'l"ext a.nd Tr~slation. By P1i.i;;ilT To~EE, ... ' ·
Concefoing an Unknf)Wn Manuscript of Ala.in Chattier's Selected W.orkJ- By L. E. ::;.,.

Dístan~

:KAsT~iR.
· . . 1J
·
The' Letters of Br1,mettó ¡,atino. A Nineteenth-Ceñtuty Literary Hoáx. By 1'{ARro
EsPOSJ;rO.

-

.

.

,

.

·

'Tb.e :Oktión of theEarliestthansons-ii.e Geste. By JEssIÉ GROSLAND.
.M.tSCELLA_m!Olll, ,NOTES,
REv:JEWS

. .

'!'~ , .,, .

,

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- .

EL TEXTO

~'

J ;;,..

Tb.e anri~al subscl'iption,; for"fqur ,n~mbers (a.wearing ipJ,4nuary, Apr}l, _
July, and 0.ctober) is 12.r 6'íl.·net, post. free, payablé' iq ..adva,{Íce; slngle lillmoei:s costing.4s net: J'hjs supsariplio~ ·may~be sentJo ao_y bookseller, or- tó
Mt C. 1", Clay, af1he ~!idr:ess $i.ve~ t1;lów
·
,
.
CA,fd]IRIDGÍl.- tJmv1msnY Piliss,
-Fi!.TTit_R_L.-.Nit; Ló~DeiN,
-:
~

.

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'E-.Ó
.

I

.

'

~

,,.

,··

•

UN NUEVO CANTAR DE GESTA ESPANOL
DEL SIGLO XIII

f

j"érrE.D B~

Cuaderno 2. 0

«RONCESVALLES»

El ptecio de _s,,uscrípcí,ón de MODERN PH,LI:.OLOGY es ·d e $-3,oq al 1rño;
los'efomplare!¡ Jfueltms se venden a 0 14q centavos~ l&lt;r{lnqueo para s-úscripcio-'
nes al e~tran}ero; o,50 1a_c ts, más a,l añoi .y 'o;:05.p~r jjelil:pla-r suelto.
·
. Dos secciones ...... ·:-~-........ : .
1,50
·
..
Fraoq,ueo para e1 .·_e11;tráoje.i o •• ~.
25 -·;,
Tl!E UNtv:E«:s1T~ 9:E. Émc.-.~o. PR~ss.
CH1c,\GO,
IdiN¡)ls.•

~--

ABRIL-JUNIO 1917

,

ÍNDICE DE SECCIONES
-lNGLf'SA, .. ,... M'á:yo, septi;eníbre; enei:o • .,
GERMÁNICA... Janio,.oGtubre, f.ebr~ro
·,
ROl\.fA:~ltA .... ~ Julio, Qo;vielllt\~e;.fuarfo . .
GEN~R4L. •• '-t: .._, Agosto, diciembre, a.bril.

I.
,
~

.. ,

Tomo IV.

t?'&gt;'

El P. Fernando de Mendoza, distinguido erudito,_tuvo la
fortuna de descubrir en el Archivo Provincial de Pamplona
los dos folios en que este fragmento se contiene. Noticioso de
Tor.10 IV.

8

�R. MBNÉNDl!Z PIDAL

106

.

d Marichalar me comunicó
ello el digno archivero D. Carlos e
' l
de la
d' de D Amado Alonso, a umno
el hallazgo por me io
.
. ·t ::se,.erencia me envio la
y con exquis1 a u i,
d L t
Facultad e e ras, , .
d y tercera de dichos folios,
transcripción de las pa~1dn_as se~~ón ael original mismo. Reciban
. d d
és a m1 1spos1c1 .n
pomen o espu
d' l Sres Marichalar y Alonso
aquí, al frente de este estu. 10, ~s
.
el público testimonio de m1 gratitud.
l. -

EL

MANUSCRI'l'O.

-

. forma el Sr Marichalar, Los dos folios en
Según me ~n
ntro ~e un registro de vecinos de Nacuestión aparecieron de
'ó moderna: Libro de Fueft l do en su encuadernac1 n
1
varra, u a
A_ de 66 . hallábanse intercalados
gos de todo el Reyno. ~o . IJ \ de señal después del
arecían servir úmcamen e
'
1
sue tos, y p
1 h .
de este manuscrito es de
,.10r10 l 72·, el tamano
de as ºJªS
.
.
. 172 hay un cuaderno, sin
.
d
X 300· entre sus folios 17 l y
22 5
, .
miden l l 5 X 300. Sobre este libro e
foliar, de 12 hops, que
D. . ario de antigüedades de NaFuegos véase J. y anguas, zcczon
,

722

varra, II, 1840, pag.
. - d ,. 1·
es en milímetros, 210
l
- de nuestros os io tos ,
.
E tama~o .
20 , X l 36 el segundo. Estuvieron cos1X I 36 el primero,
y
7.
puntadas distantes entre sí
argen exterior, con
.
dos por, su m edio centímetro, para formar una carpeta o
algo mas de ~
or el fondo se hacía sólo mediante dos
cartera, cuyo cierre p
.,
1 cada uno dadas en el
d t es puntadas en tnangu o '
puntosn superior·
e r .
e1 marg e n inferior iba abierto, sirviendo de
marge
'
l ar ésta hubo una correa que pasaboca a la carpeta, y para co g l fi r
rimero. Este uso como
ba por tres cortes dado;ic:n e~ :al~ ;oce que ha estropeado
cartera o bolsa nos_ exp
. g es decir, los folios primero
tanto las caras exteriores del pheg~:
d
, de hecha la
ue observar tamb1en que espues
.,
H
y cuarto. ay q
t
dos folios se d10 a
. t',
en
carpeta
nues
ros
,
•
costura que convir 10
•
lo prueti' a en el margen exterior, COIJlO
éstos un corte con Jer
,
untadas de una y
ba la equidistancia exacta de la !mea de p 1
t de los dos
.
t
un escalón que forma e cor e
ot~a hoJalres~etcdoi:ferior de dicho margen externo; asimismo
folios en a m1 a

•RONCESVALLl!S &gt;

107

se debió dar otro corte al margen superior después de cosidas
las seis puntadas en triángulos, pues coinciden exactamente
los dos bordes, y este corte nos explica la falta de foliación
en ambas hojas. El margen inferior de los folios, que formaba
la boca de la carpeta o bolsa, no sufrió corte después de hechas
las costuras, pues sus dos bordes no coinciden, quedando más
alto el del folio primero que el del segundo. En suma, el manuscrito del poema a que pertenecieron los dos folios que hoy
publicamos tuvo más margen superior y exterior que el que
estos folios conservan hoy.
Los dos folios están escritos en pergamino bastante grueso. Cada una de las páginas lleva veinticinco versos, y todos
comienzan con una mayúscula. La inicial del primer verso de
cada página está delineada con contornos de tinta negra, que
después se llenaron, más o menos completamente, con bermellón, excepto la del folio 2 v, que no recibió tinta roja alguna. La letra, por el rasgueo de sus trazos altos, por la manera
de formar los trazos gruesos aguzados en sus extremos, y por
la figura de sus capitales, tiene los caracteres propios de la que
se hacía en Navarra y Aragón en los veinte primeros años del
siglo XIV 1; para dar esta fecha me fundo en la comparación
co~ los diplomas que el Archivo Histórico Nacional guarda
de algunos monasterios de Navarra y de Aragón 2; hacia 1330
1 Coincide la opinión del Sr. Marichalar, que me escribió: • La letra
es la usual eJ;l. los documentos navarros de principios del siglo x1v. •
2
Pueden verse los documentos de Leire de los años 1305, 1313
y 1315, como los de letra más semejante a la de nuestro fragmento,
por sus iniciales y por la forma de la l, g y z; la des en todos más cur~iva que en nuestro fragmento; el di! 1324 ofrece ya iniciales de otro ·
tipo, y el de 1333 letra di versa, de tipo más tardío. Véase también el
documento de San Pedro de Ribas, de Pamplona, año 1312, de letra
bastante parecida aunque más cursiva; mientras otro de 1324 ya presenta caracteres de letra más tardíos. El Sr. Navarro Tomás, buen conocedor de los diplomas aragoneses, tuvo la bondad de examinar para
este fin la abundante docnmentación de San Juan de la Peña, y me señala una carta del año 1309 -(núm. 678) como de letra más semejante
a la que estudiamos; otra de 1285 (núm. 630) es semejante también,
pero más cuadrada; otra de 1324 (núm. 7 n) tiene el mismo tipo de
letra, pero más redondeada.

�LÁl'\INA t.

R, MENÉNDEZ PIOAL

1.08

la letra se hace por lo general más r-edondeada y ancha que
la de nuestro fragmento; a fines del siglo xm se hace más angulosa. Sería una fórmula bastante aproximada decir que nuestro fragmento fué manuscrito en Navarra hacia 1310. Se trata,
pues, de un códice coetáneo del del Cantar de Mio Cid.
Las páginas primera y cuarta, muy estropeadas 1, como
hemos dicho, por el uso de carpeta que nuestros folios tuvieron, han sido tratadas con reactivos 2 • En la parte superior de
la página _p rimera la tinta se ha perdido en muchos puntos juntamente con partí'culas de pergamino; así que el resultado del
reactivo fué escaso, teniendo que hacer la principal part~ de
la lectura a fuerza de tantear diversas condiciones de luz y de
lentes; la página cuarta he podido reavivarla toda y leerla por
coµipleto. Las fototipias que aquí doy están hechas después
que empleé el reactivo, cuyo excelente efecto muestran.
He aquí la transcripción del fragmento:
[f., r] Ra~onofe con eylla como fjfuefe bjuo

Bue~o poralas arma[ 3 mejor pora ante 4 Ihefu chrijto
Confejador de pecadoref z 5 dar ... tanto 6 ..• da .... .
El cue.rpo pri., ... martirio 7 por 8 que le .. .lon .....jo 9
1 Dan idea de su estado _primero las palabras conque se encabeza la
transcrip_ción;q \Je me fué en viada por conducto dei.Sr. Marichalar: e Las
páginas pri_;ger.a _cua.rta no _pueden descifrarse, a pesar de haberlas
aplicado sáffhidrato de amoniaco; sólo frases sueltas podrían sacarse.J
.2
Usé .primero un lavado con gasolina para quitar las sales de amoJJ.Íaco de un ·reactivo anterior; después apliqué el,sulftiidrato amónico
muy concentrado, El prusiato amarillo de potasa y el ácido clprhldrico,
usados en el.vers·o segundo como prueba, no dieron resultado, a causa
de que, según digo, faltaJa tinta con el pergamino.
3 La l de las .dudosa, pues no hay el menor rastro de su parte superior; armaf muy borroso, pero me parece seguro; las letras r111 ..f
seguras;-la a inicial casi segura.
4 Muy borroso, ,pero no acaba en t, sino en e.
, 5 ·Desde aquí nada se lee con seguridad.
6 Muy dudoso.; también pudiera leerse meno(?).
7
La sílaba-ti muy borrosa; ocupa demasiado espacio y pudiera ser tu.
s La;inicial p,o día ser q..... , peró. no p'uede suponer-se quier,pues
la.r..erdeJa forma que.se' usa tras .d.e Q.'.
9 El final pudiera ser djno, rio,Jojo (?).·

y

"RONCESVALLES " F o l io 1 r .

�I.Ál'\INA 2,

"RONCESVALLES" Folio 1 v.

�LÁMINA 3,

"RONCESVALLES" Folio 2 r.

�LÁMINA 4,

2

•

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♦

"RONCESVALLES" Folio 2 v.

".,. ,•

.

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•..t~•t
_.¡,.

�&lt;RONCESVALLES~

109

5 Mas qujen aconfeyara

l-O

1 efte ujejo mefqujno 2
Que finca 3 en grant cuyta .. on mer ..... 4 enp ...jgo 5
Aquj clamo 6 fus 7 efcuderos carlos el .. n per.... .
Sacat al an;;ebifpo defta mortaldade
Leuemos 8 le afuterera· 9 aflanderf 10 lacjudade
El enpererador andaua catando 11 por la mortaldade
Vjodo enla plar,;a 12 olíuerof ojaze 13
El efcudo u crebantado 15 por medjo del brar,;ale
Non 16 ujo 17 en eyll quanto un dinero fano

La a inicial muy borrosa.
La/borrada.
3
Creo que hay a final, pero pudiera ser o también.
4 Acaso mej; la forma alargada de lar, si no esj, dificultaría leer
mor, pues tras o suele el copista poner {' corta. También puede leerse moj.
5
El finaljgo muy dudoso; sobre él hay tilde de abreviación.
6
Las letras cla dudosas; están demasiado juntas; la l no lleva curvatura superior, pero no puede ser /ni b, ni mucho menos d.
7
Antes de la/ se ve un rasgo.
8
Todo el verso muy borroso. Creo que el copista puso Lefemos
y luego enmendó 1t sobre Je, e interlineó una e entre la u nueva
yhtm.
.
9 La t interlineada sobre la primera e, y ésta acaso tachada; la a
final muy dudosa.
10
El final erf muy dudoso, sobre todo la última letra; lar parece
segura; acaso ajlanderef, pues hay un espacio entre la r y la/, si bien
en él no se ve nada escrito.
11
Antes de la t hay una letra emborronada que parece n: cantando.
12
Cedilla borrosa; no dice plana.
13
La a borrosa.
14
Borroso.
15
Las letras cre ..... ado me parecen bastante claras; no creo que la
foicial pueda ser q, pues el rasgo descendente (que leo r) está demasiado separado de la curva inicial. La b paree&lt;! emborronada con la
-cedilla de pla;a del verso anterior. La que leo t parece tener una proJongación ioferioí·, que creo una simple raspadura del pergamino.
16
Muy borroso; insegurísimo on; pero N segura.
17
La j segura; lo demás dudoso. Primero leí coje, suponiendo la j
muy pegada a la o, y la e final muy dudosa; en lugar de coj pudiera
también leerse más difícilmente oq o aj.
1

2

�110

R. MBNÉNDEZ PIDAL

Tornaado 1 jaze 2 aorient como lo puso Roldane
15 El buen enperador 3 mando lacabeza alc;are
Que la ljnpjafen lacara del poluo z delafangre
Como fj fuenfe biuo coÍnenc;olo de preguntare
Digadef me don oliueros cauayllero naturale
Dodeyxaftef aRoldan djgadef me la uerdade
20 Quando uof fjz conpajneros djeftef me talomenaje
Por que nunca en uuejtra vjda non foefdef partjdos
Dizi ' melo don oljueros do lo-jrebuscare
Jo 5 demandaua por ~ don Roldan ala priefa tan grande
Ja mj fobrino dont 7 vof jre buscare
25 Vjo vn colpe que fizo don Roldane
(f r ") Efto fizo con cuyeta con grant dolor que auja
Eftonz alc;o los ojos cato 8 cabo adelante
Vjdo adon Roldan acoftado aun pilare
Como feacofto ala ora de finare
30 El Rey quando loujdo ojt loque faze
Ariba alc;o las manos por las barbas tjrare
Por las barbas florjdas bermeja fayllja lafangre
Exa ora el buen Rey oit lo que djrade
Diz muerto ef mjo fobryno el buen dedon Roldane
35 Aquj veo atal cofa que nunca uj tangrande
lo era pora morjr z uos pora efcapare
Tanto buen amigo uof me foljades ganare
Por uueftr·a amor ariba 9 muychos me foljan amare
Pues uos fodef muerto fobryno buscar mean todo mal
Muy borroso; pero me parece segura la errata aa.
La z muy insegura; sobre esta palabra hay un largo rasgo de
tinta que creo una mancha; la inicial no puede ser f
3 Las letras en ..... a muy borrosas.
' Sobre la i final hay un borrón prolongado hacia arriba, pero no
cabe duda que es tinta no puesta con pluma. Dizi seguro.
5 La o borrosa.
6
Lasºletras or dudosas.
7 Escrito doz; interpreto z como abreviatura.
s Antes -de cato hay vi tachado. Sin duda confusión con el comienzo del verso siguiente.
e La i está sobrepuesta a la r.

&lt;RONCBSVALLES•

111

Afaz veo una cofa que fe queef uerdade
Que la ura alma bjenfe que ef en buen logare
Mas atal ujejo mezqujno agora que fare
Oje perdjdo effuerc;o conque folya ganare
Aj mj fobrno non me quererles fablare
45 Non vos ueo colpe njn lanc;ada por que oujefedef male
Por ejfo non vof ereo 1 que muerto fodef don Roldane
Deyfmof 2 uos ne acaga andando prifieftef male
Laf mefnadaf z los pares anbos uan ayllae
Con 3 vos z amjgo por amor de auos goardare
50 Sobrjno por 4 effo non me quererles fabalare
{f.••] Puef uos fodef muerto franc;ja poco vale
Mjo fobrino ante que fjnafedef z jo pora morjr maf
Atal ujejomec;qujno 5 quilo confeyarade
Quando fuy manc;ebo dela primera edade
SS Qujf adar ganar precjo de francja demj tera 6 naturlal 7
Fuj me atoledo aferujr al Rey galafre
Que ganafe adurandarte large
Ganela de moros quando mate abraymante
Djla avos fobryno con tal omenage
60 Que con uuejtras manos non la djefedes anadj
Sa que la de mororos uoftornaftes la ayla
Djos uos perdone que non podjeftes mas
Con uueftra rencura crebar me quiere el corac;one
Sallj me de franc;ia atieras eftraynajs morare
65 Por con querir prouencja z de mandar ljnaje
Acabe agaljana 8 ala muger leale
40

t

2

1 Sic, con una cedilla debajo de la e inicial, que acaso el escriba
quería poner en la palabra acaga del renglón siguiente.
2
Muy claro; la/ final parece que oculta una ,-_
3 Leído con reactivo.
4 Leído con reactivo.
5 El copista puso ufo merlJ., y luego con tinta más pálida se convirtió la o ea e y se añadió jo.
6
El copista puso teran y raspó a medias la n.
7 El copista puso natulal y luego sobrepuso a la u una r, olvidando tachar la primera l.
8
La tercera a sobrepuesta a !aj.

�II2

R . MBNÉNDEZ PIDAL

Na'j¡ieftes mj fobrjno a .x. v. n . aynos de zdade 1
Fiz uos cavayllero 2 aun prelj;io tan grande
Metimealcamjno 3 pafe atala mare
70 Pafe jherufalem fafta la fuent jordane
Corriemos las tieras deylla z deylla parte·
Con vos conquif truquja z Roma aprieffa daua 4
Con uuejtro effuerlj¡o aryba en tramos en efpayna
Mataftes· los morof z laftreras ganaftes
75 A &lt;lobo los {:amjnos del apoftol fantiago 5
[f • v] N on 6 conquis ac;arago&lt;;;a ont me ferio tal lani;;ada 7
Con tal duelo efto fobrino agora non fuef biuo
Da queftos muertos que aquj tengo con mjgo
Agora plogujef alcríador amj feynnor Jheju christo 8
80 Que fjnafe enefte logar que me leuafe contjgo 9
Djzir meias las nueuas 10 cada uno como fJzo
El Rey quando efto djxo cayo 11 ef mortecjdo
Dexemos al Rey Kalos 12 fablemos de ale 13

'

1

1 Las palabras aynos de edade sobre raspado, de letra menor, pero
coetánea. Aplicado el reactivo apareció la palabra aynos interlineada,
y en la raspadura se entrevé de edade a continuación del X. V. II. El
copista había puesto, pues, X. v. II de edade y sobrepuso aynos; otro
borró todo, y escribió de nuevo lo mismo en letra menor.
2
El copista había escrito cay y convirtió la y en v, olvidando ras•
par su tilde o punto sobrepuesto.
3
La e del pronomb1·e me está añadida después, creo que con la
misma pluma que corrigió el verso 53.
4
La u es irregular, pero no puede ser otra cosa.
5
La o final, leída con 1·eactivo, es segura.
·s La N está contorneada con tinta negra, sin llenar de bermellón;
al margen está indicada con ot_ra n minúscula.
7
La cedilla de la e apenas visible eón reactivo.
8 Para leer el final, desde am..j, se necesitó reactivo.
9
Para el final, desde que, se necesitó reactivo.
10 las sobre el reogló~; ntteuas confuso; 1tnefias (?), z'mefias (?).
11 La o está faltosa por su curva derecha, pero no puede ser e.
12
Desde aquí leído con reactivo hasta el final del verso. Como no
hay otra k en el fragmento, no sé si está bien léícla la inicial. 'Pudiera
haber signo de abreviación sobre la a, aunque el rasgo que se ve sobre
ella más bien parece una parte de la K inicial.
t3 Leído con reactivo; seguro.

«RONCESVALLES &gt;

Ir 3

Digamof del duc aymon padre 1 de don rynalte
8 5 Vida jazer fu fijo entre 2 las mortaldadef
Def peynof del cauayllo tan 3 grant duelo que faze
Al'j¡o lj 1aca:bei;;a odredef 4 lo que dirade
Que cuerpo tan cabofo ornen 5 non ujo otro tale
Vos fueradef pora bjuir 6 z yo pora morjr maf
9° Maf atal vjejo mezquino fienpre aura male
Por que maf me conuerto por que perdonefte a 7 Roldane
Finaftes fobre morof uue.ftra alma ef en buen logare s
Quj leuara lof mandados auue/tra madre alaftreraf 9 de mot
El d~c ?ziendo fuduelo muyt grande 10
[albane
9 5 Ven1a IJ el mandado que jazia ef mortecjdo 11 elemperante
Mando facar el fijo de en tre laf 12 mortaldadef
Venja el duc aymon zfe 18 duc de breytayna
E: c_auayllero beart 14 el fj de terryn 'dardeyna
VJdJeron al Rey efmortecjdo eftaua
100
Prenden 15 agoa fria al 16 Rej con eylla dauan
1
Desde aquí leído el final del verso con reactivo. La a de padre
está sobre la d; la a de rynalte borrosa.
2
Desde aquí leído el final del verso con 1·eactivo. La silaba al de
mortald. borrosa, pero segura .
3
Desde aquí leído el final del verso con reactivo.
4 Desde aquí reactivo.
5
Desde aciuí reactivo. La e de 01nen puede ser o. La a de tale
emborronada.

6

Desde aquí reactivo. La/ de ma/borrada por la pa:rte alta.
Desde aq u[ reactivo.
8
La e de logare leída con reactivo.
9 Desde aquí leído con reactivo; treras, sic.
10
Esta última palabra y la i de fiziendo leídas con reactivo.
11
Desde aquí leído con reactivo. En mortecjdo hay un borrón entre
la e Y la e, que no creo sea letra niIJguna. La a de emperante dudosa
Y la e final muy junta a la t por falta de espacio.
'
12
Desde aquí reactivo. La o de mortald. sob;epuesta a mr.
13 Desde aquí leído con reactivo.
u Desde aquí leído con reactivo.
15 El copista había puesto prende! y sobrepuso a la luna n, por Jo
cual parece pre,~deli.
16
Desde aquí le[do con reactivo.

�«RONCESVALLBS&gt;

R. MENálDEZ PJDAL

114

2. -

EDICIÓN CRÍTICA DEL FRAGMENTO.

Doy a continuación una transcripción más fácilmente legible del fragmento, regularizando en ella el uso de la i, j, Y, Y
de la v, u; suprimiendo las grafías navarras; ·introduciendo
puntuación y acentuación; haciendo las correcciones que juzgo
necesarias, y separando las coplas o series asonantadas. Indico
en cursiva las letras que suplo.

.

. . . . .. .. . . ... .. .

.......................... ..
'

rac;onóse con ella, como si fuese bivo:
cBueno pora las armas, mejor pora ante Jesuchristo,
,.consejador de pecadores e dar ... tanto ...da ...
&gt;el cuerpo priso martirio por que le ..... dino
5 &gt;¿Mas quién aconseyará este viejo mesquino,
,que finca en grant cuita con moros en periglo!&gt;
Aquí clamó sus escuderos Carlos el enperante:
«¡Sacat al an;ebispo desta mortaldade!
,Levémosle a su tierra a Flanderes la ciudade.»
El enperador ándava catando por la mortaldade¡
10
vido en la plac;;a Oliveros o yaze,
el escudo crebantado pQr medio del brac;ale¡
non vio sano en éll quanto un dinero cabe;
tornado yaze a orient, como lo puso Roldáne.
1 5 El buen enperador mandó la cabec;a alc;are
que la linpiasen la cara del polvo e de la sangre.
Como si fuese bivo, comenc;ólo de preguntare:
«Digádesme, don Oliveros, cavallero naturale,
•¿dó dexastes a Roldán?, digádesme la verdade.
,
20 ,Quando vos fiz conpanneros diéstesme tal omena~e
,por que nunca en vuestra vida non fuésedes partidos maes.
&gt;Dizímelo, don Oliveros, ¿dó lo iré buscare?
&gt;Yo demanda va por don Roldán a la priesa tan grande.
»¡Ya mi sobrino, dónt vos iré buscare?»
25
Vío un colpe que fizo don Roldáne:
«Esto fizo con cueyta con grant dolor que aviáe.&gt;
Estonz alc;ó los ojos, cató cabo adelante,
11
El ms:, viodo. = 13 Traspongo sano del final del verso y añado
el asonante.= 1' El ms., tornaado. = 26 El ms., cuyeta.

30

35

40

45

50

55

60

vido a don Roldán acostado a un pilare,
como se acostó a la ora de finare.
El rey quando lo vido, oit lo que faze,
aniba alc;ó las manos, por las barbas tirare,
por las barbas floridas bermeja sallia la sangre¡
essa ora el buen rey oít lo que diráde,
cliz: •¡Muerto es mio sobrino, el buen de don Roldáne!
&gt;Aquí veo atal cosa que nunca vi tan grande¡
,yo era pora morir, e vos pora escapare.
»Tanto buen amigo vos me soliádes ganare¡
»Por vuestra amor arriba muchos me solián amare¡
•pues vos sodes muerto, sobrino, buscar mean todo male.
»Asaz veo una cosa que sé que es verdade:
•que la vuestra alma bien sé que es en buen logare;
•mas atal viejo mezquino, ¿agora que faráde?
»Oi é perdido esfuerc;o con que soliá ganare.
&gt;¡Ai, mi sobrino, non me queredes fablare!
»Non vos veo colpe nin lanc;ada por que oviésedes male,
»por esso non vos creo que muerto sodes, don Roldáne.
•Dexámosvos á c;aga donde prisiestes male;
•¡las mesnadas e los pares anbos van alláe
»con vos, e amigo por amor de a vos guardare!
»Sobrino, ¿por esso non me queredes fablare?
,Pues vos sodes muerto, Franc;ia poco vale.
•Mio sobrino, ante que finásedes e1·a yo pora morir má~.
&gt;Atal viejo mec;quino, ¿qui lo conseyaráde?
•Quando fui manc;ebo de la primera edade,
•quis andar ganar prec;io de Francia, de mi tierra natural;
»fuime a Toledo a servir al rey Galafre
»que ganase a Durandarte large¡
•ganéla de moros quando maté a Braymante,
&gt;dila a vos, sobrino, con tal oruenage
•que con vuestras manos non la diésedes a nadi¡
•saquéla de moros, vos tornástesla alláe.
,¡Dios vos perdone, que non podiestes máes!
47
Verso que tiene dos erratas seguras, y sin duda todo él está
mal comprendido por el copista. Supongo donde equivocado en an•
dando, y suprimo el ne, que me es incomprensible; véanse págs. 118
y 119. = 4 9 Acaso falta un ver.so en el cual la disculpa que Carlomagno da de haber dejado a su sobrino en la zaga, se ligaría al verso
siguiente. = 52 En este verso el copista se confundió con la construcción del verso 89¡ comp. verso 36. = s5 El ms., natterlat. = 6 1 El ms.,
mororos.

�116

«RONCES VALLES&gt;

R. MENÉNDEZ PIDAL

,Con vuestra rencura el cora1;ón me quiere crebare.
,Sallíme de Fran\;ia a tierras estrannas morare
65 &gt;por conquerir proveza e demandar linaje;
•acabé a Galiana, a la muger leale.
»Na1;iestes, mi sobrino; a diezesiete anuos de edade,
&gt;fizvos cavallero a un pre1;io tan grande.
»Metím al camino, pasé ata la mare,
70 &gt;pasé Jerusalem, fasta la fuent Jordane;
»corriémos las tierras della e della parte.

&gt;Por que más me conuerto por que perdoneste a Roldáne.
»¡Finastes sobre moros, vuestra alma es en buen logare!
•¿Quí levará los mandados a vuestra madre a las tierras de MonEl duc faziendo su duelo muyt grande,
[talbane:,
95 veniáli el mandado que yaziá esmortecido el emperante.
Mandó sacar el fijo de entre las mortaldades.
Veniá el duc Aymón, e ese duc de Bretanna
el fi de Terrín d'Ardanna;
vidieron al rey esmortecido do esta va,
prenden agua fría, al rei con ella davan.'

e el caballero Belart,
100

»Con vos conquís Truquía e Roma a priessa dava.
,Con vuestro esfuer1;0 arriba entramos en Espanna,
,matastes los moros e las tierras ganávas,
75 &gt;adobé los caminos del aposto! Santiague;
&gt;non conquís a &lt;;;:arago1;a, ont me ferió tal lan1;ada.

II7

········ · ········ ... ······· ... ····· ...... .

II
79
So
78

81

»¡Con tal duelo estó, sobrino, agora non fués bivo!
»¡Agora ploguiés al Criador, a mi sennor Jesucbristo,
»que finase en este logar, que me levase contigo!
»d'aquestos muertos que aquí tengo conmigo
»dizir me ias las nuevas, cada uno cómo fizo.•
El rey quando esto dixo, cayó esmortecido.

Dexemos al rey Karlos fablemos de ale,
digamos del duc Aymón, padre de don Rinalte.
85 Vido yazer su fijo entre las mortaldades;
despennós del cavallo, tan grant duelo que faze,
al1;óli la ca beca, adredes lo que diráde:
&lt;Fijo, vuestras inannas, ¿qui las podriá contare?
»que cuerpo tan caboso ornen non•vió otro tale.
»¡Vos fuérades pora bivir, e yo pora morir máes!
90 »Mas atal viejo mezquino siempre avrá male.

Invierto el orden de las palabras del segundo hemistiquio. =
El ms., estraynajs. = 65 El ms., prouencia; véase pág. 121. =
7'4 El ms., ganastes. La mezcla de persona Vos y Tú es corriente;
pero si se quiere evitar, puede pensarse en omisión del asonante:
ganastes [largas]; comp. Mio Cid, pág. 72911' largos rey,ws. = 16 No
hallo corrección sencilla para este verso. Pudiera tratarse de una
falsa rima del poeta. = 78 El verso 78 está evidentemente dislocado, uniéndose su sentido con el 81 y siendo un estorbo entre los
63

64

versos 77 y 79·

EL LENGUAJE
El lenguaje del fragmento en parte corresponde geográficamente al carácter de la letra del escriba; es decir, ofrece
algunos rasgos propios de la región navarro-aragonesa.
Para la representación de los sonidos palatales sigue nuestro fragmento los usos más corrientes en la región navarroaragonesa, emplea.ndo la y como signo de palatalización.
El sonido! tiene tres grafías: -yll- es la general; eylla 1,
71, 100; eyll 13; cauayllo 86, 18, 68, 98; aylláe 48; sayllía 32;
quedan como verdaderas excepciones: aylá 6I y sallí 64.
El sonido g no se representa de un modo enteramente
análogo al anterior, pues la grafía dominante es -yn-; así ·
aynos 67, Espayna 73, Bretayna 97, Ardeyna 98, despeynós 86,
estraynajs 64, y una vez con j, en conpajneros 20. Sólo en un
caso aparece la grafía correspondiente a la más usada para !,
seynnor 79, y no se halla nunca nn.
98 Aunque en castellan.,o se dijo generalmente Ardeña (fr. Ardenne),
supongo una forma Ardaña, en vista de la forma concurrente francesa
Ardanne, Ardane.

�R. JIIl!NÉNDBZ PIDAL

Para s hallamos deyxastes 19, junto a dexemos 83, exa 33;
y naturalmente x sola cuando le precede i, como en dixo 82.
También se da eiso 46 y deys[é]nzos 47; errata en estraynajs 64.
Para e hay el único ejemplo de muychos 38.
Los sonidos s y z se confunden en la grafía : esso 50,
apriessa 72; pero ese 97; fuese 1, r6, 45, 57, 6o, 80; pasé 69.
Frente a esta confusión, el copista distingue bien el uso de r
y z, así como el de x y j y el de b y u.
La y se emplea a veces como vocal: sobryno 59, aryba 7 3
(ariba 38), Terryn 98.
La r se escribe sencilla para representar r, en ariba 31,
38 1 73, y tieras 64, 71, 55 (véase en seguida las erratas del
copista), frente a corriemos 7 I y Terryn 98.
Fuera de la grafía navarro-aragonesa, el fragmento presenta pocos dialectalismos propios de la región oriental. Ofrece, desde luego, el rasgo más común en los textos navarros:
goardare 49, agoa roo; pero poco acusado, ,y a que frente a
estos dos casos hay quanto 13; quando 20, 30, 54, 58, 82;
en los documentos navarros del siglo :x1v, lo mismo que en el
Fuero de Navarra y en Eugui 1, es casi general la grafía quoa,
coa,goa (quoanto, quoando, tregoas, etc.). En nuestro fragmento
hallamos también clamó 7, dudoso; forma muy común que
sobrevive, por ejemplo, en Eugui al lado de otras posterio. res, como llegar, llorar, llenar. Vemos además el demostrativo
e::ca 33, eiso 46, al lado de esso 50 y ese 97; la forma exo abunda
en los textos navarros y aragoneses; Hanssen, Conjugación
aragonesa (Anales Univ. Chile, XCIIl, 1896), pág. 5, ere~
que la x no revela diferencia fonética, sino meramente gráfica;
pero no hay motivo para dudar de la pronunciación efectiva
de x, máxime cuando hoy día vive en el dialecto la forma iso,
ise. Para. jiziendo 94, común también en navano y aragonés,
véase Yúfuf, § 24 (Rev. de Archivos, VI, 1902). En fin, encontramos deysnzos uqs ne 47-, que parece contener el adverbio
t Fuero general de 1Vavarra, edi"c. por .f'.. Ilarregui y S. Lapuerta,
Pamplona, 1869. - Crónica general de Espa11a, por Fr. García de Eugui,
edic. G. Eyzaguirre Rouse (Anales Univ. Chile, 1908) .

ocRONCl!SVALLBS&gt;

119

ende, en, ne, usado en aragonés con valor pronominal (YzlfU/, §§ 19 y 20); pero en el caso presente no hallo sentido a
este adverbio, ni menos $i es pronominal, pues no existe nombre al cual se ·refiera; en el verso citado hay dos erratas seguras, y sin duda hay más, pues todo él parece mal comprendido
por el copista.
No encontramos otros rasgos navarros muy frecuentes.
Vemos !aj castellana en.fijo 85, 96; muger66; uíejo 5, 42, 53;
bermeja 32; consejador 3; frente a conseyar 5, 53; nunca se
encuentra la grafía corriente en los textos navarros: yll o ll,
que predomina en los documentos navarros de la primera
mitad del siglo :xrv (filio~ muyller, conseyllo, etc.), lo mismo
que en el Fuero de Navarra (filio mucho más frecuente que
fijo; conseyllo más que conseio, p. I b, y conseyo, p. 2 a); todavía en Eugui, que escribe hacia l 387, !le hallan equiparados
los casos de ll con los de j: ésta domina en la voz fijo; aquélla
en muller, consello y bermello (p. 24, 25, 26, 27, 263, etc.), y
alternan las formas viejo, p. 266 1 y viello, p. 262. También
en nuestro fragmento vemos la ch castellana, aunque con grafía
extraña, en muychos 38, junto a la forma apocopada mu;,t 94;
no hay más ejemplos que nos pudiesen indicar la extensión
de este sonido; en los textos navarros suele dominar nzuyto,
pero en otras voces, como conduciw, domina la cit.
En resumen, diremos que las formas navarro-aragonesas
que ofrece nuestro texto son muy pocas, muchas menos aún
que las que ocurren en los documentos del sur de Navarra (Fitero, Tudela); pero en éstos se emplea poco la grafía de las palatales con y 1, por el amplio uso, de la cual nuestro fragmento
1 En cinco documentos de Fitero, del Arch. Hist. Nac., me señala
el Sr. Navarro Tomás estos casos: 1302, notario de Cintruéiíigo: 9 casos con y, i ( (,íntruciñego, ªJ'no, deyllas) y 19 sin y ( ji/lo, concello, 111ello1·amientos, afio, Cintrueñego). - 1310, notario de Alfa ro: 10 casos con y, i
(aqueílio, Yuaynez) y 18 sin y (dellos, seello, seFior, conceio) . - 1316, notario de Tudela: 9 casos con y (Peyiialén, ayño, feycha) y 21 sin y (cone- ·
llero, confello, viña, sehellada con el syhetlo). - 1316, notario de Tudela: 9 casos con y (aynno, caleylla, aqueyll) y 21 sin y (syello, col!imiento,
concello). - 1329 notario de Cervera: 6 casos sin y (señor).

�«kONCESVALLBS»

l20

se parece a los documentos navarros más recargados de dialectalismos. De modo que nuestro manuscrito presenta un des•
equilibrio entre la grafía y las formas dialectales; su carácter
navarro se debe, pues, en gran parte a un amanuense, y acaso
a éste se le puedan atribuir no sólo en gran parte, sino en su
totalidad, los dialectalismos navarros (comp. pág. 195).
Entre las otras particularidades de nuestro fragmento, la
más n,otable es su imperfecto -er, terminado siempre en -ía-:
Yo solya 43, Él jazia 95, auia 26, Vos soliades 37, Ellos
solían 38; pocos ejemplos, pero enteramente uniformes, sin
caso alguno de -ie-. Esta particularidad es, sin duda, propia
del autor, ya que auiá 26 aparece como asonante -a, rima que
también hallamos en un manuscrito de Berceo (comián: están,

1
1

\

121

R, l\1ENÉNDEZ PIDAL

SDom. 482) 1 •
La apócope aparece extendida a casi todos los sustantivos
y partículas capac~s de ella: fuent 70, duc 84, 94, 97, Beart 98,
frente a colpe 25; dont 24, 76, estonz 27, frente a ante 52.-En
el verbo, la analogía ha perturbado el resultado fonético: Y o
de los perfectos fuertes apocopa sin excepción: fiz 20, 68,
quis 55, conquis 72, 76; pero Yo del pluscuamperfecto subjuntivo sólo ofrece fués 77, frente a ganase 57 y finase 80; Tú
del perfecto, un solo ejemplo: perdoneste 91. Por otra parte,
en los casos de t final perdida, tenemos: Él leuase 80, fuese I,
I 7, frente a ploguiés; Él jaze 14 (y en asonancia I I, 30, 86, 5 I ),
frente a diz 34; Él perdone 62. - En los pronombres enclíticos, la analogía ha triunfado casi enteramente: metim 69 recibió una e final posterior, sin duda por estar en minoría frente
a f uyme 56, 22, nomne 44, 50 (y sin condiciones de apócope
distesme 20, 37, 39); veniali 95, caso único (sin condiciones de
apócope: levémosle 9); despeynós 86, frente a como se 29. No
hay apócope en ese 97.
1 Para la pronunciación iá, véase Mio Cid, pág. 27 323 . Rechazo del
lvlio Cid (pág. 1036, verso 297) una corrección, saliá: primero, pQrque
el texto dice salie; segundo, porque otro presente inmediato reclama
más bien la correceión sale; y en fin, porque ex:istiendo en el poema 884 versos terminados en -á, ningún otro ofrece un imperfecto
como asonante -á.

Una expresi?n interesante: Por vuestra amor ar[r]iba 38,
a causa de vos; con vuestro esfuerfO ar[r]yba 73, 'mediante
vue~tro esfuerzo'; comp. en Siete Infantes, 3205, por es'to en
arriba 'a causa de esto' 1 . El uso del adverbio arriba o enarriba
pospuesto a un sustantivo regido de por, que expresa el lugar
a tr~vés del cu~l. se sube, o simplemente se va, para llegar 0
arribar a un sitio (per karrale arripa; per planum arriba fasta
los casares), se trasfiere metafóricamente a igual expresión
con por cuando denota el medio o la causa. El adverbio es
casi pleonástico tanto en la expresión local como en la causal·
bastaría por v~estra amor, pero se refuerza diciendo por vues~
trtJ, amor ar~·zba. ~e aquí se pasó a reforzar de igual modo
otras expres10nes sm la preposición por, añadiendo también e1
adverbio arriba a la frase con vuestro esfuerfo.
Por último, clasificaremos la gran cantidad de erratas en
q_ue incurre nuestro copista, para aclar~ alguna de las correcciones que haremos.
Erratas por repetición, generalmente de una sílaba: enpererador ro, mororos 61, terera 9, y con chocante insistencia
trer~s 74, 93, En esta voz, especialmente estropeada por el
copista, hallamos también la errata teran 5 5, sin duda con la
n de la palabra siguiente.
Hay, empero, también adición de n en el interior de una
palabra:fuensse 17~ cantando ro. La vozprouencia 65 pudiera
acaso tener el sentido general de 'tierra, dominr"o' , como extensión del sentido ·etimológico de 'provincia' que f
FTb
1ene en
~ 1 erto 51 16 : «de todas las prouern;;ias e las tierras », 0 en
AlfXI I ~ I 5: «en la prouern;;ia de Espanna» (la •Provenza' se
llamaba
igualmente Prouencia ' Ayala Aves 32 , 0 .croencia,
n
·
.
Gmllelme 217); pero en la alusión hecha por nuestro fragiµento a la leyenda de Maynete, hay que tener presente que
,

1 • ~~ Sie:te Infantes, pág. 423, corregí Desm arriba, movido de un
p~eJmc10 (el_d~l metro octosilábico que entonces me dominaba) y de
mi desconoc1m1ento de esa frase formada con arriba; dos causas muy
frecuentes de malas correcciones..Nunca seremos bastante cautos para
no alterar aquello que no comprendemos.

To1110 IV.

.

9

�122

R, MENÉNDEZ PIDAL

el joven Carlos no fué a Toledo para conquistar tierra, sino a
ganar 'prez' o 'provecho' en general, y en nuestro fragmento
mismo se expresa esto en el verso 55, por lo que creo que en
el verso 65 debemos suponer una errata más de nasal_ización,
y corregir proueza, voz sobre la cual véase Mio Cid 810 36 • La
voz prouen~ia que en el Apolonio 92 a pudiera tener el sentido
de _' provecho', debe -corregirse, por razones métricas, leyéndose _«El Rey de los c;;iellos es de grant prou[id]enc;;ia Siempre
con los cuytados ha [la] su atenenc;;ia».
Adición de vocales: /abalare 50, tornaado 14, viodo II
(confusión de vio 25, 88 y vida 28, 30, 85), estraynajs 64.
En vista de tanto descuido, no es fácil decidir si cuyeta 26
está simplemente por cuyta 6, o más bien por cueyta. La misma forma cuyeta se halla en la Crónica de Eugui, pág. 23 23 ,
pero es también sin duda una errata, ora del manuscrito, ora
de la edición, que abunda en ellas; el autor usa corrientemente
la forma cueyta, págs. 219, 262, 269, 271, etc.
Olvido de una vocal: Gal;'ªna 66, mºrtaldades 96, arib-a 38,
pªdre 84, sobrno 44, deysm.os 47; y sin duda también Juesdes 21, comp. ouiésedes' 45, diesedes 60, finásedes 52. - Omi- ·
sión de consonantes: Kalos 83, ujo 53 por uiejo. - Sustitución de letras: lesemos 9, natulal 5 5, prende/ 100, ereo 46.0lvido de c~dilla: acaga 47. - Trasposición y olvido de ver-

1\

I'

sos: 78-80, 87.
Dada esta gran incuria, no es de extrañar que abunden las
erratas en la asonancia; hállanse hasta 7 en los 100 versos.
Como asonantes -áe se encuentran: sano 13, partidos 21,
fare 42, por fará, corayone 63. Como asonantes -áa se hallan:
ganastes 74, Santiago 7 5, Ardeyna 98. La dificultad de dar
una corrección sencilla al verso 7 5 podía hacer pensar que
una pronunciación aragoneso-catalana suprimiría las anomalías de los versos 74 y 75 (leyendo ~n éste Santiague), suprimiendo a la vez la diferel.lcia de -áe -áa en los versos 72, 73
y 76; pero ninguna otra rima apoyaría la suposición de un
dialectalismo tan pronunciado en un texto cuyo manuscrito,
por otra parte, nos ofrece bastante más débil tinte dialectal
que el que aun en forma esporádica nos ofrece, por ejemplo,

&lt;RONCESVALUS •

123

el manuscrito de otra obra no oriental
.
dre de París donde al 1 d d
de ongen, el Atezan,
a o e ere po , ,
filio y mu1,to. Sería ab d
- r era se encuentran
"
sur o suponer u dº 1 t
una corrección más o menos d'fí ·1
n ta ec o para evitar
t tc1 entre multitud de erratas.

III
LA MÉTRICA
Desde luego pu e d e d ec1rse
.
en primer té .
liamos en presenci'a d
rmmo que nos hae un metro de ·
1
bas. -¡Adiós pues las ·¡ .
d
trregu ar número de síla,
,
1 us10nes e los p i;1:·d .
laridad métrica del Mio Cid! Todos l -~ t ar:os de la re~ensayaron algunos e d't
os rngentes esfuerzos que
ru I os para hacer p
.
tosilábica los versos d 1
asar por la hilera ocvagado e~ largos trab:. poema del Cid, todo lo que se ha ditodo estaba reñido conJolsa acerl~da ddedla fantástica regularidad,
rea 1 a
e las
.
suponer que tres
.
cosas, era absurdo
Cid el del R d _manuscritos de gestas conservadas, el de Mio
ban' los tres :n np~:seyntel de los Infantes de Lara, se equivocaamos un metro de d · 1 ,
sílabas 1; pero siempre odía c b
, . es1gua numero de
prejuicio, la esperanza Je un : er e:;tmos tenaces para el
nir a confirmar sus
d uevo
azgo que pudiese veenrevesa as hi , t · El
y Roncesvalles como e d
po es1s.
hallazgo viene,
de los otros tr~s manusra_t e eE:perar, confirma el testimonio
en os. "n adela t
necesitará muchas gan d·
d
n e me parece que se
as e per er el tiem
defender el metro isosilábico del Mi
.
po para volver a
las gestas citadas Q d zo Czd o de _cualquiera de
- · ue amos en que ¡ · 1
mismo que los juglares d
os JUg ares de gesta, lo
cíaca Elena M. '
e metros cortos (Santa María Egipdesig,ual nú1:eroadrzea, ;ltcb), usaban habitualmente un metro de
s1 a as que s . ,
•
.
lante sin los p . . . d '·
era preciso estudiar en adereJarCios el isosilabisnfo.
1

Véase Rev. de Fz'!ol. Es1o.
,
, ' III , I 91 6 'pags.
341-343.

�R. MBNtNDEZ PIDAL

124

No pretenderé ahora hacer cualquier estudio rítmico sobre
este verso irregular, sino únicamente determinar algo los límites de la irregularidad.
l. -

por una notable lucidez de resultados.
Los 68 hemistiquios de esos versos se reparten en las siguientes clases, que enuméramos por orden de mayor a menor uso, y comparamos con las correspondientes clases del

Mio Cid.

De 7 sílabas hay 27, de los cuales l l son primer hemistiquio 2 y 16 son segundo 3 (en Mio Cid, 327 primeros y 453
segundos). En Roncesvalles los hemistiquios de 7 sílabas son
Considero como sin encuentro de v'ocales silábicas, es decir, como ,
1
de medida segura, no sólo casos como cueyta, ciudade, tinpiasen, etc.,
sino también fuy 34 a, muyt 94 /J y Dios 62 a. Admito, pues, algunos
casos que deseché en el poema del Cid (Cantar de Mio Cid, pág. 87, o.),
pues alli el material era mucho más abundante (987 versos sin encuentro de vocales). Al admitir esos casos, creo reflejar bien la prosodia
de la segunda mitad del siglo xm, y no reflejar mal la de la primera
mitad, ya que entonces esas voces, mtty, Dios, etc., eran monosílabas
más fácilmente que bisílabas; sobre todo podemos creer que serían
monosílabas en una prosodia popular. Además, ocurriendo estas voces
muy pocas veces, corremos un riesgo mínimo de alterar apreciablemente las proporciones que obtendremos incluyéndolas en la cuenta.
2
Primeros hemistiquios de 7 sílabas en los 34 versos medidos: 1,
8, 17 1 31 1 46 1 53, 65, 70,85 1 86, 87. Hemistiquios sueltos: 2, 15, 26,27 1

1

30, 32, 67, 72, 7 5, 88, 91, 92, 96.
s Segundos hemistiquios de 7 sílabas en los 34 versos medidos: 1,
51 12, 23, :24, 31 1 42 1 53, 57, 62, 65, 70, 74, 84 1 85, 86. Hemistiquios sueltos: 9,

un 397 0 º/
125
'
o del total de los 68
• .
del total d l
' Y en Mzo Cid son un 39 4 º/
~ os 197 4 hemistiquios estudiados
'
º
D
e
8
silabas
ha
I8
d
·
.
Y , e los cuales 9 s
•
·
qu10 1 y 9 segun. do 2 (
u· r·
on pnmer hemistien mlO 1.,td I66 p .
dos). En Ro1tcesvalles s
'
nmeros y 328 segunun 24 %on un 26,47 % del total, y en Mio Cid

FÓRMULA. DE LA IRREGULARIDAD MÉTRICA.

Tomando como guía aquellos versos que por carecer de
encuentro de vocales silábicas 1 se prestan a una medida segura o casi segura, hallamos entre los 100 versos del fragmento sólo 34 observables. Son acaso demasiado pocos para que
una estadística ofrezca garantías de representar la íntima realidad de las cosas; no obstante, la estadística parece abonada

1

• .R ONCESVALLES&gt;

11, ·25,

34, 35, 73, 77, 97•

De 6 sílabas hay 9 de los ual
quia s y 4 segundo ' ( , u· r.·c es 5 son primer hemistien l Y.L to 1.,zd 266
.
dos). En Roncesvalles son un l : º primeros y 89 segun3 •- 3 /o del total, Y en Mio Cid
un 18 °fo.
De 9 sílabas hay 7 de los
tiquio 5 y 5 segundo s ('
u· ~~ales 2 son primero hemisen w.zo 1.,zd 5l
.
dos). En Roncesvalles son un IO
'o¡ primeros y 7 3 segunun 6,28 °fo.
•30 0 del total, Y en Mio Cid

S sílabas
3, todos com o primer
.
• hemistiquio
. .
Mzo. De
Cid
130 hay
.
7 (en
'
primeros Y S segund ) E D
un 4,41 º/ del total
u·
.
os. n L\.Oncesvalles son
º
'y en mzo Cid un 6 82 º/
De_ IO silabas hay 2, ambos com ' . o·
• .
.
(en Mzo Cid 18 .
o primer hem1stiqu10 s
'
primeros y 2 3 segund ) E D
un 2,90 º/ del total y e ¡~A:· r·d os. n J\.Oncesvalles son
º
,
n ·r;.ZO 1.,Z un 2 09 º/
De 4 sílabas hay I com
•
'
.0 ••
1,45 % del total.
'
o pnmer hemistiquio 9 Es un

1

p.
nmeros hemistiquios de 8 silabas en I

io, 12, 19, 20, 42 48 76 8

H . . .
os 34 versos medidos: 5
' ' ' 4. emishqmos sueltos· 4 i6
'
egundos
hemistiquios
de
8
sil
b
18 1
ª
as en los .34 ' ver'90.
d·
, 9, 20, 50, 55, 60, 76, 87 8 H . . .
sos me idos:
.52, 79, 80,98.
' 9. em1stigu1os sueltos: 14, 21?, 44, 47,
2

S

3
· · • de 6 silabas·
. Primeros h em1st1qmos
&lt;¡u10s sueltos: 37, 54 58 61 6 68
.
1
1
t S
'
3, , 7 I 1 99 1
egundos hemistiquios de 6 íI
.suelto: 59.
s abas:

•
o
5 '51, 60, 64, 74. Hemisti-

100

8, 4•8, 51, 94- Hemistiquio

$ . Primeros h em1stiq
· · uios de 9 silabas: i 8 • 8
, 9- Hemistiquios sueli os. 31 22, 39 .

Segundos
hemistiquios de 9 s'J
p .
1 a b as : 1o 17 4 6 6
rimeros hemistiquios d
,
' ' , 4, 93·
5
:suelto: 78.
e
silabas: 24, 62, 94• Hemistiquio
8

7

8 p.
s p ~meros h~m!stiquios de 10 sílabas: 23, 55.
nmer hemistiquio de 4 síJab as.. 57.

�&lt;RONCESVALLES»

R. MENÉtrnEZ PIDAL

126

Si para afirmar más estos cálculos, hechos sólo en vista
de los 34 versos de medida más segura, considerásemos también los hemistiquios sueltos 1 en que no hay encuentro de
vocales, reuniríamos un total de l I 5 hemistiquios, entre los
cuales, de 7 sílabas hay 48 (41,74 °fo del total); de 8 sílabas, 29
(25)0%); de 6 sílabas, 20 (17,38 °fo); de 9 sílabas, 10 (8,69°/o);
de 5 sflabas, 4 (3,47 °Jo); de IO sílabas, 2 (1,73 °fo); de 4 sílabas, I (o,86 °fo); de 13 sílabas, l. Como se ve, no sólo la
serie de doble alternativa se mantíene, sino que también las
proporciones del tanto por ciento se conservan bastante conformes; se conserva hasta la ligera p¡eponderancia de los
versos de 8 y 9 sílabas a expensas de los de 6 ·y de S, si
bien más atenuada; los versos fundamentales, los de 7 sílabas,
aparecen algo más numerosos.
Debemos extender ahora la comparación de Roncesvalles
y Mio Cid a los otros fragmentos de; gesta conservados.
Para esto debo advertir que los versos de la segunda gesta
de los Siete Infantes de Lara que publiqué en 1896, están
reconstruídos con la preocupación de un metro octosilábico;
de modo que en la elección de variantes y en las adiciones
y supresiones propuestas tuve como un principio crítico
el octosilabismo. Una vez que he renunciado a éste, y apreciados los versos de nuevo, sin la preocupación de octosilabizar, hallo que si bien los octosílabos no dominan tanto
como antes creía, de todos modos tienden a dominar. Reservando para otra ocasión el tratar del verso épico en general, expondré aquí en forma de cuadro un resumen de
la abundancia relativa de los varios hemistiquios en la se-

De 13 sílabas hay I, como primer hemistiquio 1 ,
Desde luego es muy de notar que el orden de mayor a
menor uso con que se dan ~stas varias clases de hemistiquios
en Roncesvalles es el mismo con que se dan en el Mio Cid, salvo que en éste los hemistiquios de 5 sílabas abundan algo más
que los de 91 contra lo que pasa en Roncesvalles. Éste repr~senta mejor, según yo creo, la proporción normal, que en Mio
Cid aparece turbada por cualquier causa particular. En efecto,
las varias clases de hemistiquios ordenadas de mayor a menor uso forman una doble serie, constiluída por una alternativa de más y de menos, en la cual cada cifra va siendo un
número mayor o un número menor que la precedente de la
serie creciente o decreciente, según los casos, a partir del hemistiquio más usado. La alterna ti va en Roncesvalles es entera.
t'
.
. 7 8
mente regular en sus pnmeros
ermmos.
, , 6 , 9 , 5, 10 1. 4,
como regular es también, en otras poesías juglarescas (Elena: 8, 7, s, G,10; María Egipcíaca: 9, 101 B' u, 7, 13, 6) 2; mientras
en Mio Cid aparece turbada así: 7, 8 , 6, 5, 9 , 10 , 4 1 Y aunque la
diferencia entre el número de los hemistiquios de 5 Y de 9 es
pequeña (135 y 124) 1 no deja de trastornar la regularidad d: la
alternativa; necesitamos, en vez de los hemistiquios, considerar el verso entero del Mio Cid para hallar restablecida la re.
15
16
17
18
gular alternativa de la doble sene: 14, , 1s• , 12• , 11&gt;

(Mio Cid, pág. 87).
Nótese ahora que al comienzo de la serie, en Roncesvalles
y en Mio Cid, los hemistiquios de 7 sílabas, que son los _niás
usados, aparecen en ambos textos exactamente en la nusma
proporción, un 39 º/ 0 del total; y esto es de suma importancia: no se ha mudado de uno a otro poema el fundamento
esencial heptasilábi.co de la métrica de las gestas. No obst3:1it:•
en Roncesvalles es muy de notar el aumento de los hemistiquios de 8 y 9 sílaba~, en perjuicio de los hemis~iquios m~s.
cortos de 6 y de ·5 sílabas; fenómeno sobre cuya 1mportanc1a
insistiremos más adelante.
t

2

Primer hemistiquio de 13 silabas: 93.
Véase Rev. de Filo!. Esp., I, 1914, págs. 94-95.

127

'-

i Van indicados en las notas anteriores, a continuación de los hemistiquios de los versos seguros. - Al corregir las pruebas de estas
cuentas noto un error: incluí el hemistiquio 30 a como heptasílabo
de medida segura, aunque contiene la palabra rey. Excluyéndolo, se
rebajaría un poco el ligero exceso de heptasílabos que ahora resulta;
los heptasilabos serían 47 en 114 hemistiquios, lo cual representa un
4 1 ,23 %, en vez del 41,74 ºío que doy arriba. Como se ve, el error no
vale la pena de rehacer todos los cálculos.

�129

R, MENÉNDEZ PIDAL

«RONC&amp;SV ALLES &gt;

gunda gesta de los Siete lnfantes y en la de las mocedades

continuada al aumento de sílabas de los hemistiquios: · esa tendencia, débil aún en Roncesvalles comparado a Mio Cid, se
refuerza en estos otros poemas posteriores.
Otra manifestación de esta misma tendencia es, tanto en
los Infantes como en el Rodrigo, el hecho de que los hemistiquios de 10 sílabas ocupan el quinto lugar, anteponiéndose
siempre a los de S sílabas; y en fin, los versos de I I sílabas
se anteponen a los de 4 siempre, y en Siete· Infantes hasta se
anteponen a los de 5 sílabas.
Las fórmulas de alternancia serán, pues, éstas:

de Rodrigo

1:

'I
1

R odrigo.

Si,te lnfa1&lt;l,s.

Sílabas

-7
8
6
9

5
10
4
11
12

13
14

128 hcmist.
de 64 venos

2 30

28,90 °/0
28,90 °/ 0
13,27°/o
12,49·º/o
3,12 º/o
7,81 º/o
1,56º-/o
3,90º/o

hem.i st.

.se,uros .

.sf':jfurps.

26,52°fo
34 ,35 º/o
10,87 °/ 0
14,35 °/o
1,74 °/o
6,96 ° /o
0,87°/ 0
3,9 1 0 /o
0,43 °' º

.

-41 2 hem ist.
873 hemist.
de ~06 vet sos

seguros .

.5eguros.

30,49 º /o
32,56 º/o
7,69º/ 0
14,34 º/o
4,13 ºlo
6,F,6°/ 0
0,24 °/ 0
2 ,43°/o
1 ,21

°/

0

0,48 º/ 0
0,24 º/ 0

31,41 º/o
29,57 °/o
7,o9 ° /o
15,68 °/0
4100 °/ 0
6,86°/o
0,46º/ 0
2,52 º/o
1,31 ºlo
0,69º/o
0,34 º/ 0

Obsérvese en . primer lugar que la superioridad de los hemistiquios de 7 sílabas sobre los de 8 es en Roncesvalles oscilante entre 13,23°/o y 16,64 ºlo, y en Mio Cid es de un 15,40º/0 ,
mientras, por el contrario, en Siete Infantes los hemistiquios
de 8 aparecen, según los casos, en número igual a los de 7,
o bien les superan en un 7,83 º/ 0 ; y en el Rodrigo los hemistiquios de 8, según los casos, o son inferiores a los de 7 tan
sólo en un 2,04 ºlo, o bien son superiores en un 2,07 º/ 0 •
Después, los versos de 9 silabas, salvo en uno de los cuatro cómputos hechos, ocupan el tercer lugar en importancia,
anteponiéndose a los de 6 sílabas con bastante diferencia,
sobre todo en el Rodrigo; recuérdese q~e Roncesvalles se distingue de Mio Cid por mayor número de versos de 8 y 9
sílabas a expensas de los de 6 y S, y se. comprenderá que en
el desarrollo de la versificación épica se marca una tendencia "
1 Considero como monosílabos de medida segura Dios, muy, rey,
oy, Rrey seguido del apellido, mió; y como sinalefas seguras, christiano,
galiziano,presión, Gustioz, coitado, 1·eino, 1·einado (pero no treinta) .

l

hc~: :t. J 7, 8, s,

Infantes . .

9 , 10 , ll, 5, 4•

2 30 1 8
9
10 11
12
heu,isl , j 1 7 1 'G1
,
, 5, 4,
·

.

Rodrigo...

I•'"

1 8,

hemist. j

7,

9

1

61

873 /
8 9
h.c mis,. J 7 ' , ,&amp;,

10

'

,

5,

io ,5,

11 12 13
U
,
1
, 4,
•
11

1

12 13
,

, ,,

U

•

La primera fórmula de los Infantes representa una vacilación o un intermedio entre la de Mio Cid y Roncesválles de
una parte (7, 8 , 6 , 9 , 5 ), y de otra parte la segunda fórm tfla,
aunque esencialmente está más conforme con la de Mio Cid y
Roncesvalles que con ia segunda fórmula: su carácter intermedio se descubre tanto en igualar el número de los hemistiquios
de 8 a los de 7, como en anteponer los de IO y II a los de S.
La segunda fórmula de los Infantes es igual en sus cinco primeros términos a la primera fórmula del Rodrigo. Ahora bien,
el predominio respectivo de los versos largos sobre los cortos
que hemos hecho notar, nos indica que la primera de las dos
fórmulas del Rodrigo es la que expresa más claramente hasta
su séptimo término la ley de altemancia regular a que tienden
estas dos gestas, a diferencia de las otras dos. La segunda fórmula del Rodrigo se parece a la de Mio Cid en sus dos primeros términos (si bien entre éstos hay menos diferencia:
31 °/o y 29 %, en vez de 39 y 24 °fo), pero en sus nueve términos restantes es igual a la primera fórmula.
Esta diferencia observada e.Qtre los dos grupos de gestas

�130

•RONCESVAlLES&gt;

R, MENÉNDEZ PIDAL

tiene gran importancia en la historia de la epopeya castellana.
Mio Cid y Roncesvalles, con sus versos de 7 sílabas bastante
más abundantes que los de 8, y con los de 6 más abundantes.
que los de 9, es decir, sometidos a la fórmula 7, 8 , 6 , 9 , 5 ,
representan indudablemente una época más arcaica de la versificación que la segunda gesta de los Infantes y que el Rodrigo, los cuales tienden a la fórmula 8, 7 , 9 , 6 , 10 • Pudiera atribuirse tal diferencia a un influjo extraño, el de la épica francesa, que actuase sobre aquellos dos poemas más que sobre
éstos; pero si bien la influencia francesa puede apreciarse
más o menos en todos los cuatro poemas por lo que hace a
asuntos, episodios y fórmulas narrativas, nó resulta nada clara
por lo que hace a la métrica; y ni aun supuesto en ella el
influjo, tampoco resultaría dara la razón de la diferencia
observada.
En cambio, la diferencia se explica bien por la cronología
de esos cuatro poemas, es decir, por la evolución lenta del
idioma y de la poesía heroica. El Mio Cid aparece como el
comienzo de una serie, con la mayor abundancia de versos
de 7 sÜabas y menores; con los hemistiquios de 5 sílabas
antepuestos a los de 9. Después viene Roncesvalles con una
marcada tendencia a aumentar el número de los versos de·
8 sílabas y mayores, y este aumento cÓntinúa en gradación
ininterrumpida a través de los Siete Infantes y del Rodrigo.
Atendiendo sólo a los versos completos de medida segura,
tendremos la progresión regular señalada por estas cifras:
Hemistiquios
de 7, 6 y 5 silabas,

Mio Cid....••.....
Roncesvalles . ..... .
Infantes .......... .
Rodrigo...... . .... .

64,22
57,34
45, 2 9
42,31

30,28

°/

º/o

36,77

°/

°lo
º/~

41,39

º/
°/

0

fórmula de alternancia 8, 7 , 9 , etc., que más o menos regular
aparece en los lnfantes y en el Rodrigo, y que de un modo
regular es observada en los versos cortos pareados de Elena
y María, es la misma que rige la versificación de los romances;
éstos nó hicieron más que robustecer la base de 8 sílabas, a
que se propendía en las dos últimas gestas mencionadas, y
regularizar más el metro; no son sino un último paso hacia el
octosilabismo, siguiendo una vieja tendencia. El abismo que
a primera vista parece existir entre la versificación del Mio
Cid y la de los romances 1 , desaparece así para ser sustituído
por una evolución secular, c_:uyos lentos progresos, si bien no
son perceptibles a la simple audición, son observables mediante un atento examen, que da claros resultados a pesar de
la gran escasez de textos. Tal gradación, que nos, lleva ins~n.:.
siblemente a la forma de los romances, no debemos concebirla como determinada por influjos externos al idioma o al
estilo propios del género poético de que tratamos. Tales influencias se conciben mal en una tan lenta evolución, varias
veces secular, que el oído no percibe y que sólo un cálculo
estadístico es capaz de descubrir; más bien en esa evolución
debemos ver reflejarse hondas tendencias rítmicas del idioma.
Las influencia? externas, sean de la métrica francesa, sean de
la poesía lírica peninsular, hemos de mirarlas tan sólo como
factores secundarios que obran, en determinados tiempos y
casos, para retrasar o precipitar la evolución espontánea.

Hemistiquios
dé 8 y 9 silab,s.

°/

46,90

0

0
0

0

Esta progresión no hace más que consumarse en los romances. En ocasión más propicia que ésta espero mostrar
que los romances tradicionales viejos no pueden ser mirados como nacidos bajo una regularidad octosilábica, y que la

r31

2. -

SINALEFA.

Una vez establecida para la métrica de Roncesvalles la regularidad de la doble serie alternada, podemos pasar a hacer
una deducción respecto a la medida de los hemistiquios en
que ocurre encuentro de vocales. Son éstos 82. Medidos ora
con sinalefa, ora con hiato, y agregados a la cifra de los· hemistiquios de medida segura, podremos ver cuál de las dos me1

Cantar de Mio Cid, I, 1908, pág. 101.

�132

&lt;RONCl!SVAl.LBS&gt;

R. MENKNDEZ PIDAL

didas se ajusta mejor al patrón conocido de la doble serie
alternada.
Al medir con hiato cometo éste entre cualesquiera vocales
final e inicial, y cuento re-y por dos sílabas. Al medir con sinalefa cometo ésta en los casos corrientes, incluyendo entre ellos
vió (junto a vido) y la terminación ía del imperfecto, según
prosodia antigua; pero no la cometo en o-it, ve-o, le-al, ni en
Be-art (Berart en francés, Velarte en el relato de Lope García
de Salazar que aquí publico), ni en Santi-ago, según prosodia
antigua 1 .
Dispondré el resultado en forma de cuadro para que se
aprecie más fácilmente:
Silabas.

- -

68 lierni,t.
sc:guros.

°/o

115 bemi,t.
se::-guros.

39,70

8
6

26,47º/0
13,23 º/o

25,10 º/ 0
17,38 °/0

9

5

10,30 °/0
4,41 º/o

8,69 °/o
3,47 °/o

4

2,90º/o
1,45 °/o

o,86°/o

-10

1 ,13

ºlo

11

13
14

°/0 ( 61 hemist.)
20,80 °/ (41 hemist.) 32,98 °/o (65 hemist.)
18 22 º/ (36 hemist.) 14,72 º/ (29 hemist.)
9,11 °/0 (18 hemist.) 11,16 °fo (22 hemist.)
6,09 º/ (12 hemist.) 2,53 º/ (s hemist.)
1,52 °/o (3 hemist.) 6,09 °/ (12 hemist.)
1,01 °/ (2 hemist.) 0,50 º/ (1 hemist.)
0 50 °/ 1 hemist.) 0,50º/ (1 hemist,)
0,50 º/ (1 hemist.)
0,50 °/ (1 hemist.)

4 1,74 °/ o 42, 12 º/0 (83 hemist.) 30,91

7

--

-

0

1

º/º

o,86°/ 0

0

0

0

0

0

1

1,45

,97 hemi,t., de los cuales
:i.e mielen 8z con hiato.

1.97 herni:-r., de los cual~s
se miden 82 con sinalefa.

0

0

0 (

0

0

0

Se observa en la anterior comparación, que en la medida
con sinalefa aumenta algo el número de los hemistiquios cortos, de 7, de 6 y de 5 sílabas, y merma el número de los
largos, de 8 sobre todo y de rn; pero la doble serie alternativa
que los hemistiquios seguros nos señalan como normal, se
mantiene: 7, s, 6' 9, 5' io, ,, 11.
Cometiendo una sinalefa violenta en estas palabras, resultaría
que los hemistiquios de 6 sílabas (40) superaban a los de 8 (39), y
descomponiéndose asf la alte1:natiya, viene a apoyarse la idea de que
esas contracciones (oit, veo, etc.), violentas aún hoy, no eran antes
practicadas.
1

l33

En la medida con hiato aumenta extraordinariamente el
número de los hemistiquios largos, de 8 y de ro silabas, y
· algo el de los de 9, y mengua de un modo chocante el número de los cortos, los de 7, que son, sin duda, la base de la
versificación, y algo los de 5; con lo cual la serie alternativa
queda completamente destruída desde su base o comienzo:
8, 7 , 6 , 9, 10 , 5 , 4 - Nos hallaríamos así en presencia de un sistema diverso, de diferente base y diferente desar~ollo, que
nada tendría que ver con el sistema que los hemistiquios
seguros nos dan como propio de poema. Concluímos, pues,
que el juglar practicaba en sus versos la sinalefa. A igual conclusión llegamos examinando el metro corto juglaresco de
Elena y Maria 1 .
Pero debe notar-se que la sinalefa aplicada constantemente
como yo la he aplicado, produce aumentos apreciables en el
número de los hemistiquios cortos y disminuciones en los
largos; también en los Infantes, con la sinalefa absoluta aumentan los hemistiquios de 6 y 7 sílabas y disminuyen los
de 8, y en el Rodrigo aumentan asimismo los de 6 y disminuyen los de 8. Esto indica que los juglares no practicaban la
sinalefa tan rigurosamente, sino que la mezclaban a veces con
el hiato, sobre todo para favorecer los hemistiquios de 8 sílabas. De igual modo, en el examen de la composición de los
versos llegamos a la conclusión de que la sinalefa, tal como
yo la apliqué, descompone la regular ordenación de los tipos
de versos según su mayor o menor uso. La sinalefa constante
aumenta el número de los varios tipos de versos cortos.
3- - Los

DOS HEMISTIQUIOS DEL VERSO.

En Mio Cid, los diez primeros tipos de verso más usados,
tienen: tres de ellos, sus hemistiquios iguales; seis, el primer
1 Pero en Marza Egipcíaca parece que el hiato era lo más natural
al poeta (v. l?ev. de Pilo!. Esp., I, 1914, págs. 94-95).- Debe verse una
reciente nota de A. ~- EsPINOSA, Synalepha in old spanísk Poetry; .a
reply to Mr. Lang, publicada en The Romanie Review1 VIlI, 1917, páginas 88-98, que llega a m.is manos al cornigir estas pruebas .

.

�«RONCES VALLES&gt;

R. MENÉNDEZ PIDAL

134

hemistiquio más corto; y uno, el primer hemistiquio más
grande. Los poemas posteriores tienden a aumentar el número
de sílabas del primer hemistiquio. Esto se verá gráficamente
descomponiendo la fórmula de alternancia en dos partes que
expresen el orden de más o menos frecuencia de los primeros
y de los segundos hemistiquios:
Sílabas de los primeros hemist.
d

e

8

•

9

8

9

8

9

10

7

8

9

hcmist. 1

7

8

9

873
hemist .

7

8

9

b

'l

6

E oncesvalles .. hemi,t.
Il5 ¡
!

7

6

hemi.,t. 1

7

hemist. j

Mio Cid ..•• {h;?.;¡;,. }

¡

¡, ,
¡, , ¡

Infantes ....

Rodrigo....
-

r

e

a

230

¡

·

•

6

10

5

Sílabas. de los segundos hemist.
A

B

7

8

10

7

8

11

8

10

11

•

8

•

10

8

6

5

8

e
6

9

9

7

E

F

10

11

10

11

10

11

6

6
7

D

9

9

6

10

6

6
10

11
11

•

Se ve que la composición del primer hemistiquio en Roncesvalles es idéntica a la de Mio Cid en sus tres primeros términos; después, desde el cuarto término, se observa la tendencia a aumentar el primer hemistiquio, como lo muestra el
hecho de anteponer los hemistiquios de 9 sílabas a los de 5,
y los de ro a los de 4. Los segundos hemistiquios siguen igual
fórmula en Roncesvalles que en Mio Cid.
En los l,ifantes y el Rodrigo la tendencia al aumento del
primer hemistiquio se observa ya desde el segundo término de la fórmula, pues los hemistiquios de 8 y 9 sílabas se
anteponen constantemente a los de 6. A la vez, el segundo
hemistiquio tiende al aumento desde su primer término; es
decir, que muda su base, pues de 7 8 pasa a 8 7 • Los roman- '
ces representan el último. paso de esta secular evolución, mudándo también la base del primer hemistiquio, que pasa de
7 8 a 8 7 u 8 9• Siempre la gradación serial de los cuatro ·

135

poemas es manifiesta, y siempre Roncesvalles ocupa un puesto
más cercano a Mio Cid que a los poemas posteriores.
Las combinaciones de versos que pueden hacerse con estos
varios tipos de hemistiquios son muchísimas, y la mayoría de
ellas se ofrecen en cantidades tan escasas, que no se prestan
a indicarnos una norma de composición. Respecto de las
·combinaciones más abundantes, las cuatro u ocho primeras,
es de notar que se sujetan uniformemente a la misma fórmula de composición, aumentando o disminuyendo alteri:iativamente uno u otro hemistiquio. Llamando a, b, e, etc., a
los primeros hemistiquios, y A, B, C, etc., a los segundos,
por orden de mayor a menor uso, tendremos que los primeros tipos de verso más usado se componen de cierta manera regular, cuya exactitud se comprueba hasta su octavo
término en el Mio Cid, a causa de la mayor cantidad -de
versos observables, y hasta su quinto, cuarto· o tercer término
en los otros poemas, seg6n el mayor o menor número de
versos observados que ofrecen para la estadística mayores o
menores garantías de exactitud.
Pondremos aquí la fórmula de composición de los versos
comprobada por el Mio Cid, colocando los versos por orden
de mayor a menor uso. Al lado van, por orden también de
mayor a menor uso, los varios tipos de verso que ofrecen los
otros poemas. Para los tipos más abundantes tengo sólo en
cuenta los versos de medida segura. Pero cuando éstos se
ofrecen en número muy escaso sería inexactísimo atender sólo
a ellos, por lo cual, cuando desciende su número por bajo
de IO, tomo en cuenta el total de los versos seguros más los
medidos con sinalefa, colocando este dato entre paréntesis,
por ser más incierto. Señalo con asterisco aquellos versos
que no se ajustan a la fórmula teórica comprobada por el
Mio Cid:
a+A
b+A
a+~
b+B

Mi, Cid.

Roncesvalkt.

ln/an/i,s.

Rudrigo.

1+1
6+7
1+s
6+8

(1+ 7)
(6+1)
(1+s)
*(6 + 6)

(1 +s)
(8+8)
(7 +1)
(8 + 7)

1+s
s+s
1+1
s+1

�R. MENÉNPEZ PIDAL
cRONCESVALLES&gt;

Mio Cid,

Roncesvalles se asocia con el Mio Cid como es natural,
mientras los Infantes y el Rodrigo forman otro grupo aparte,
que obedece a la diferente base métrica de estos dos poemas.
Es significativo que en los dos poemas primeros el_ segu~do
tipo de verso disminuye una sílaba respecto del pnmer,tipo,
mientras que en los dos poemas últimos aumenta una silaba.
Nótese, por último, que los versos que en el orden ~e su
abundancia no se ajustan a la fórmula teórica se dan ca~1 sólo
entre los versos medidos con sinalefa. En general, la sinalefa
favorece los tipos de versos cortos: en Roncesvalles coloca los
6 S'1fabas entre los cuatro tipos más frecuentes,
versos d e 6
r. ,¡:,
allí donde era de esperar un verso de 6
8,· y en los .1.nJantes coloca, si bien ya entre los tipos de verso menos usados,
8. 1
En
6 donde debiera hallarse uno de 9
un verso de 7
cambio los versos que aumentan sílabas son relegado~ a os
dos últi,mos tipos de versos señalados. Por otra p~rte, s1 ~ara
los cuatro primeros lugares de la serie en el Rodrigo contasemos los versos con sinalefa, el orden de los v~rsos ~e, trastr~, asi.
,. 7
8; es decir, submabal · pn8' 8
7, 7
7' 8
cana
,
lugar el verso más corto de los cuatro, 7
7' y aJana
merúltimo puesto el verso mas
, largo, 8
8. Arriba hemos
al

+

+

+

+

+

+

+

+

+

+

observado que los juglares no debían pract~car la sinalefa ,de
un modo constante como yo lo he hecho, sino que, mezc~a~dola con el hiato, debían favorecer sobre todo los hemistiquios de 8 sílabas.
4 . -ASONANTES

y PARAGOGE.

Los asonantes usados en Roncesvalles son: -áe (2/ se~ie,
65 versos; 5_a serie, 14 versos), -fo (1/ serie de 6 versos, mt Éste y los dos versos siguientes aparecen en ,la misma propor• ción: 5 versos, de los cuales 2 son seguros.

137

completa; 4.ª serie, 6 versos), -áa (3.ª serie, 5 versos con 2 dudosos; 6/ serie-, 4 versos, incompleta). Los dos versos dudosos
de la 3.ª serie podían hacernos pensar en un dístico intercalado; pero un texto más ex.tenso y más fácilmente estudiablc
como el de Mio Cid, nos permite asegurar que el dístico intercalado no es sino efecto de corrupción de las copias (Cantar
de Mio Cid, pág. 112 7).
En la breve muestra que poseemos se observa un ,g_ran
predominio del asonante -á. En Mio Cid predomina -ó, y el
-á ocupa el segundo lugar. En los Siete Infantes predomina
-á, y el segundo lugar está ocupado por -áa. En el Rodrigo,
el primer lugar corresponde a -áo, y el segundo a -á. Lo único
que cabe observar es que en Roncesvalles como en los demás
poemas (excepto el más moderno, el Rodrigo), predom'ina un
asonante agudo.
La paragoge, que convertía en llano ese asonante agudo,
aparece en nuestro fragmento aplicada mucho más regularmente que en los Siete Infantes, que es el texto épico que
más casos nos ofrecía hasta ahora. Sólo por olvido carecen
de ella algunas rimas de Roncesvalles. He aquí los diversos
casos:
Voces terminadas en consonante: al;are 15, otros infinitivos 17, 22, 24, 29, 31, 36, 37, 38, 43, 44, 49, 50, 64; logare
41, 92; pilare 28; mare 69. -male 45, 47, 90 (una vez mal 39);
natura/e 18 (una vez naturlal 55); br~ale 12; leale 66; tale 88;
ale 83.-Roldane 14, 25, 34, 46, 91; Yordane 70; Mantalbane
93; corarone 63 (falsa rima).-edade 54, 67; verdade 19, 40;
áudade 9. - Con -s final sólo hay una palabra, y ésa aparece
siempre sin paragoge: mas 52, 63, 89. Esta chocante excepción nos hace suponer que el original diría maes, bisílabo en
SMill 97 d, monosílabo en SMill 80 e y d, I63 d, 195 e, 206 d,
Duelo 2I b; la forma mais que aparece en Auto Magos 99,
Prim. Crón. Gral. 28 a 2, 51 a 18, y · que es especialmente
abundante en textos leoneses (junto a maes, mayes, maas y mayas), también serviría para el asonante. El copista, pues, era
indiferente a Ja paragoge y la estropeaba por el deseo de modernizar un arcaísmo, sin que se le ocurriese introducir la forTor,10 IV.

10

�ll, I\IBN~NDEZ PIO.U.

138

ma mase, usada en el manuscrito tardío (principio del siglo xvx(
de la segunda gesta de los Siete Infantes (pág. 31936).
Voces terminadas en vocal: añádese simplemente una -e
en aylláe 48; o bien se interpone una -d- en diráde 33, 87;
conseyaráde 53. Queda sin paragoge aylá 61. El /are del verso 42 debe, pues, corregirse en Jar[ád}e o en Jar[a1e. El manuscrito tardío de la segunda gesta de los Siete In/antes usa,
en caso de vocal aguda final, el proceclimiento de la intercalación de una -v- en despoblaráve y tomóve (pág. 32011 y 25);
pero más veces deja la vocal sin paragoge: crió 31920; guisó
32029; salió 328 23 , etc.; entrará 331 3.¡,· En el romancero desconozco la intercalación de consonante, pero abunda la adición simple de la vocal alláe, díráe (v. Siete Infantes, pág. 420).

IV
LA LEYENDA DE RONCESVALLES
Nuestro fragmento refiere la busca de los cadáveres en el
campo de batalla de Roncesvalles; contiene, pues, una escena
que ofrece su semejante en la chanson de Roland antigua y
en sus refundiciones posteriores. La comparación del texto
español con los franceses entraña importantes cuestiones; pero
antes de llegar a ellas debemos familiarizarnos con ciertos porm~nores interesantes del corto relato que poseemos.
l. -

OLIVEROS.

Por de pronto, la escena en que nuestro juglar refiere el
hallazgo de los cadáveres de Turpín y de Oliveros falta enteramente en el Roland, que sólo cuenta el hallazgo del cadáver
del protagonista, comprendiendo el de todos los demás en un
solo verso: «Tuz leurs amis qu'il i unt morz truveb 1 . Las re1
O 2953, M 3136; verso conservado en algunas refundiciones:
P 183.ª, T 163.ª. Sobre estas siglas véase adelante, págs. 161 1 o. 1 1 y

164, o.

l.

«RONCtSVALL&amp;s•

fundiciones,
de que Iuego hablaremo
139
1
,
e hallazgo del cadáver de 01· .
s mas despacio, refieren
1v1er- pero
e
encuentra, sino «Ii cons d F '
no es arios el que lo
escena nada tiene q
e rondax, • tío del muerto 1 y 1
ue ver con la d l
,
a
En nuestro fragme t l
e texto español.
Oliveros cubierto de hn ~d• a representación del cadáver de
,
en as (v 13)
l .
capitulo XXVI del
d
.,
se re ac1ona con la d l
seu o T1,r1.zu . 01· .
e
supra s oJum terrae evers
·
. r ,. · . « 1venum..... Jacentem
.
um, m effig1em
·
t uor p al is
in terra li .
crucis extensum qua
~s~mq ru
et a callo usque ad
ua or retortis fortiter nexum
l'
. .
ungues ped
'
is acubss1mis excoriatum .
l' um et manuum cultelperforatum, magnisque ic~i~:~ ~s e/ sagittis et spatis
runt.» Según el Ro!and 01· .
ac~ orum attrirum, invene,
1v1er recibe 61
t
muer e por la. espald a (v. 1945).
s o una herida
de
,
~uestro Juglar, al escribir el ver
y Oliveros eran seg(m 1
,
so 20 sabía que Roldán
p
'
a poes1a frances
.
.
ero se pone en desacue d
a, amigos mseparables
d l
r o con Ja
.
.
e origen de esa famosa amistad·
ver~16n corriente acerca
da el Girard de Vienne, cuando , es decir, con la versión que
los dos héroes empeñados en u nos ~efiere cómo, hallándose
vier era el campeón enemi o o ter:1ble duelo, en el cual OHsepara y les manda ser amf osde Carlomagn~, un ángel los
sarracenos de España· Ca 1 g , para combatir juntos a los
~
• r omagno
celeste, lleva muy a mal el b
• no enterado del mandato
d
a razo que amb
an, y sospecha traición
os combatientes se
h 11
en su sobrino 2 El
a a, pues, muy le1·os de se 1
.
emperador se
d'an y oliveros,
·
de 1a amistad
·
como dice r le. autor
1
entre RolEste desacuerdo con la ;r;~g .: español.
festará el juglar español en otr c1 n común francesa lo manios muchos puntos · El presente
1

e 329.a' p

cl

a L
3. • r i 1.ª. Falta en
ne vi D
poema francés: cPl 't . ·
. : . e mon neveu, que j'avoie n . ª'. a1 veu, onques mais tel
r;,-1_- S a1 g~ant paour que il ne m'aitº;\~Ul a baisié mon mortel ane1ane, ed1c. P. Tarbé á
ra '·····• Le Ruman de e· d
ja~ne, vol. X, Reims, ·,
(~olte:tion des Poetes
pr1'.11era de los dos compañeros de at. , DI ~ce nada de la enemistad
amistad.
armas, m alude al e om1enzo
.
de su
J

250.ª T 22

Dice Carlos en

~or ~16loi 1:

,v.

Z';;a:::.

�140

R, M8.NfNOEZ PIDAL

detalle no debemos creerlo caprichoso, sino conforme a otra
tradición, ya que hallamos también en García de ~alazar que
Oliveros era de Roldán «compañero suyo e leal amigo desde
ser cavallero » (véase págs. 202-203).

2. -

REISALDOS Y ROLDAN.

Los versos 82 a 93 de nuestro fragmento nos presentan a
Rinalte de Montalbán entre los muertos en Roncesvalles, rasgo no sólo extraño al Roland, que ni siquiera menciona a ese
personaje, sino opuesto abiertamente a la leyenda francesa de
Renaud de hfontauban, la cual supone que su héroe muere en
Colonia, haciendo penitencia como desconocido obrero de la
catedral.
Ahora bien la muerte de Reinaldos de 11ontalbán en el
'
. .
desastre ele RoncesvaJles es un rasgo de la leyenda carolmg1a
española, Ja permanencia del cual puede ser verificada a través de los siglos. Aparece por primera vez en nuestro fragmento. Después, durante el siglo xrv, lo hallarnos en algunos
manuscritos de la Primera Crónica General y en todos los de
la Tercera y Cuarta Crónica t; después, en 1471, lo volveremos a ver en el relato de Lope García de Salazar 2 , y a fines
del siglo xv o principios del xv1, en la versión extensa del romance de Marsín, que Juego publicamos. Se trata, pues,_ de
un carácter distintivo de la leyenda española. La leyenda italiana mezcló también a Reinaldos en la rota de RoncesvaJles,
pero fué mucho más débilmente que en Esp~ña; ~anifestándose sólo a fines del siglo xrr1 en Giacomo d Acqu1, y luego,
en la segunda mitad del siglo x.v, en el Jforgante, de Puki 3 Véanse en el Apéndice.
Lo publicamos también en el Apéndice a ~ste ca_Pítulo.
3 Véase r. RAJNA, Le fonti de!L'Orlando Funaso, Firenze, 19_00, pá.
que Giacomo
gma
1 9 • Segu'n me informa el Sr. Rajna, la mención
_
,
d'Acqui hace de cRaynaldus de Monte Albano• ti~ne carácter cr~n1stico. Reinaldos no interviene para nada en la acaón. Se le menc1~oa
como capitán de la segunda tropa e_n una batalla ante Pamplona, c1ut

2

•RO!ICF.S\' ALLES

141

Para esa intromisión de Reinaldos en Roncesvalles la tradición española encontró quizá un apoyo en el falso Trtrpín,
donde se menciona, entre los caballeros que con Carlomagno
hacen la guerra en España, a «Rainaldus de Alba Spina», a
quien se vuelve a citar entre los muertos en RoncesvaIJes 1 • Al
-copiar algunos nombres del Tttrpín, el poema de Femán Go11zález (352 e}, hacia el año 1250, pone simplemente «don Rinaldos», sin más denominación, y claro es que nadie podía
pensar sino que ese nombre aludía al famoso Reinaldos de
.:\Iontalbán. ada más natural que en un país como España,
donde la tradición de Reinaldos de Montalbán era recordada
como cosa totalmente extranjera, se pudiese olvidar la muerte
de este héroe en Colonia, contada por Ja chanson francesa, y
se identificase sin la menor vacilación el turpinesco «:Reinaldus de Alba Spina» con Reinaldos de Montalbán; mientras
en Francia, la gran popularidad de la chanson de Rmaud de
Moutauban, desde fines del siglo xrr, impedía tal identificación.
Pero aun pudiera suceder que el Turpin fuese, más que un
apoyo, el punto mismo de partida de la tradición española.
Varios eruditos modernos pensaron que el «Rainaldus de
Alba Spina • era el mismo de Montauban 2, y esta identifica-

&lt;lad donde reina «Aigolandus,. ( Monumenta l-Iistoriae patriae, Ill, Turín, 1848 1 col. 1511). Su padre es cAymus• . Luego Reinaldos es nombrado entre los •pugnatores•, cuyos c-adáveres son hallados por Carlos cuando éste retorna a Roncesvalles. (Ibíd., col. 1520.) -Fuera de
este caso, la tradición italiana se mantiene fiel a la francesa en cuanto
.a la muerte de Reinaldos, según me dice el mismo Sr. Rajoa, cuya antigua memoria sobre Ri110/do da Jlfontalba110 (Pi-opugnatore, 1870) no
he podido consultar.-En Sicilia, el •teatro delle mariooette• repre-senta La rotta di Ro11ciSt•ale, y en ella toma parte Rinaldo. La tradi-ción siciliana deriva de Pulci. Véase Pitre en la Romanía, XIII, 1884,
págs. 329, 344 Y 394.
1 Turpin, caps. XI y XXD{. El cadáver de Reinaldus es uoo de los
•enterrados en Burdeos. Reinaldo de Albo Spino, lo mismo que Ogerio Danés, Oliverio y otros, son presos por el gigante Ferracuto, r
libertados después de la toma de Nájera, según el capítulo X\'II.
i F. \VOLF, Studien zur Gesck. der span. tmd port Nationalliter., 1859,
pág. 168 1 n. 4. - M1LÁ, De la Poes., 1874, pág. 329, n. 6.

�R. MBNÉNDEZ PIDAL

CRONCESVALLES&gt;

ci6n cuadra bien con el deseo que manifiesta el falso Turpín

naud 1 ; pero después olvida enteramente ese deseo, y si busca
la ocasión de encontrarse con Renaud es simplemente porque,
siendo cada uno de los dos el mejor caballero de los bandos
que luchan, deben de medir sus armas en combate singular.
El antagonismo entre RoUand y Renaud no procede de odio,
sino de gran admfración que el uno siente por el otro 2 ; así
que cuando combaten entre sí, lo hacen llenos de mutua estimación caballeresca 9• Renaud no tiene nada que perdonar
a Rolland, pues, muy lejos de sentirse agraviado de él, tiene
mucho que agradecerle: Rolland le apoya reiteradas veces enfrente de Carlomagno 4, y llega a abandonar a éste, primero,

de congregar en la guerra de España a los principales héroes
franceses, aunque éstos, según los poemas de ellos conocidos,
nunca hubiesen atravesado los Pirineos 1 ; así nombra, junto a
«Rainaldus de Albo Spino», a «Garinus Lotaringiae• , «Albericus Burgundionus» y «Arnaldus de Bellanda», suponiendo
también que fueron muertos en Roncesvalles. Pudiera también
pensarse que alguna rara tradición francesa sobre Reinaldos,
anterior a la universalmente divulgada desde el siglo :xm, se
hubiese impuesto lo mismo al Tttrpín que a la tradición española; o, por último, que en ésta simplemente la fama de Reinaldos hiciese que se juzgase indispensable la intervención de
tan renombrado héroe en la única empresa de Carlomagno
que fué popular en España. De cualquier modo que sea, si el
Tttrpín influyó algo, fué sólo para dar la indicación de que
Reinaldos murió en Roncesvalles, porque el Rainaldus turpinesco es personaje muy secundario, y no alcanza la talla de
émulo de Roldán que indudablemente tenía en el poema
español.
El fragmento de éste, en efecto, nos indica que la leyenda
de Reinaldos había adquirido en España un desarrollo propio,
enriqueciéndose con otros episodios no relativos a la batalla
de Roocesvalles.
En el verso gr, el viejo Aymón dice sobre el cadáver de
Reinaldos: «Por que más me conuerto por que perdoneste a
Roldane. » Ahora bien, en vano se buscará en la chanson de
Renaud de Montauban una escena de perdón a que ese verso
pueda aludir, y en vano se buscará en las alusiones sueltas.
que otros poemas franceses consagran al mismo héroe 2 • Cierto
que, según el Renaud de A1ontattban, Rolland empieza manifestando deseo de vengar a su primo Bertolais, muerto por Re-

1 Según observa bien J. BÉoJER, Lége,uks éjiques, UI, _1912, páginas 97 •98.- Ya, según el Rola,ui 2189, Girard de Rouss1llon muere
en Roncesvalles.
1 Véanse reunidas estas alusiones en L. JoRDAN, DieSage von den 'Oier
Haimonskindern, págs. 11-17 (Romanisc/1e Forsclnmgen, XX, 1907).

143

1
Cuando Rolland, mozo sin pelo de barba, se presenta ante Carlomagno, éste le acoge:

•Bias nies, dist l'emperere, nos vos adoberon.
,Se vos et Reoaus estes en un camp a bandon,
&gt;mult vos serai bon gré, s'ocies le glouton.&gt;
•Par non cief, dist Rollans, se n'en preng vengison,
&gt;jamar arai del vostre vaillant .i. esporoo¡
»mon cousin a ocis, dont j'ai au cuer teni;on.»

Renaus de Montauban heraurg. voo Dr. H. Michelant, Stuttgart,
1862, pág. 120,.8 . (BibliotMk des litterari.rchen Vereins in Stuttgart,
LXVII Band.)
2 Renaus de Afo11ta11ban, edic. l\iichelant págs 141
230 232 237
21
1
1a·i 9 ,
etcétera.
'
~
'
3
La primera vez que se encuentran, Renaud se postra ante
Rolland y le besa los pies, suplicándole interceda con el emperador para que le otorgue la paz (págs. 235-236). Luchan los dos héroes en la batalla, y se sepann apalabrándose para combatir solos
después (pág. 244). Cuando celebran el duelo que ambos han aplazado, una niebla milagrosa 1os separa, y Rolland, lleno de admiración por su rival, le propone que le lleve consigo a lfontalbán para
forzar al emperador a que conceda la paz deseada por todos (páginas 321-323).
' Rolland, lo mismo que Ogier y Naimes, defiende a Renaud de la
ira del emperador (cSire, ce dist Rollans, par mon chief, non feres»,
pág. 318u)- Defiende igualmente a un hermano de Renaud (pág. 264 ).
I~tercede de nuevo por Renaud (págs. 341-3 42) una y otra vez (págma 393),

�144

R.

MENÉNDEZ P!DAL

para irse con Renaud al castillo de Montalbán 1 , y después,
apartándose de su servicio .hasta lograr que la obstinación del
emperador ceda y_ sea otorgada la paz a Renaud 2 •
Pero es que en vano también se buscará la enemistad y
el perdón de Roldán en los romances españoles dedicados a
Reina/dos de Montalbán 3; siguiendo el espíritu de la tradición
francesa, aunque por intermedio italiano, esos romances ni
siquiera recuerdan el antagonismo de ambos personajes, sino
que nos presentan siempre a Roldán como principal amigo
y defensor del héroe. Y nada más que esta tradición tardía
mencionan los críticos del romancero 4 • Sin embargo, una
tradición de Reinaldos anterior, y más original, debe buscarse diseminada en otros romances más antiguos. Por lo
que ahora nos interesa, podemos observar que el antagonismo de Roldán y Reinaldos que aparece en la chanson de
Renaud de Montauban, fué conocido en la tradición española, pero ésta ·10 elaboró bajo una forma especial. En el
romance del Marqués de Mantua 5, el duque de Sansón dice
al emperador:
y entre ellos viene Renaldos, el señor de Montalván,
el cual está puesto en bandos con tu sobrino Roldán;

y, cosa notable, Reinaldos actúa en el partido del héroe de
la acción, mientras Roldán apoya al traidor, figurando como
personaje odioso. En otros romances se manifiesta un antago-

1 Carlos se queja de su sobrino: «¿Qui me portera mais ne foi ne
loiaté, Quant Rollans, li miens niés, m'a ore ci fausé?• (pág. 325 17 1;
«Je sui mult durement correceus et irés, Por Rollant, mon neveu, qui
ensi m'a fausé• (pág. 325 35 ) ; cPor Renaut m'ont laissié&gt; (pág. 34026 ) .
2 Rolland y todos los doce pares abandonan al emperador hasta
que éste accede a perdonar a Renaud y les manda llamar: «Rollans,
li rois vos mande ..... , Vos et tos vos barons ..... : A Renaut fera pais
qui par orguel le plesse, (pág. 39721 ) 3 Primavera, II, págs. 326-357.
• M1LÁ, De la Poes., págs. 354-355 -MENÉNDEZ PELAYo, Antología de
líricos, Xll, págs. 431 y sig.
5 Prt'mavera, ll, págs. 203,205,206, 214-216.

&lt;RONCESVALLES»

nismo análogo 1 , pero sólo importa considerar el del Conde
dlrlos, donde también Reinaldos de Montalbán sigue el partido del héroe, mientras Roldán sigue el de los adversarios,
si bien no de una manera odiosa; Roldán, sólo al oír nombrar
a Renaldos se enoja y siente volvérsele la sangre:
porque los que mal le quieren, cuando le quieren hacer pesar,
luego le dan por los ojos Renaldos de Montalván.

Desafiados los dos bandos, Roldán y Rei~aldos yan a pelear
uno con otro, y toda Francia se conmueve; pero el emperador y otros buenos mediadores logran la paz:
Entonces el emperador a todos los bace abrazar,
todos quedan muy contentos, todos quedan muy iguales.
Otro día el emperador muy real sala les hace:
a damas y caballeros convídalos a yantar ..... ,
los mestresalas que servían de parte del emperante
el uno es don Roldán, y Renaldos de Montalván
por dar mas avinenteza que hubiesen de hablar 2.

1

He aquí, pues, un eco, sin duda lejano y acaso desfigurado,
de la escena de perdón que recordaba el juglar de Roncesvalles cuando escribía el verso 91 que comentamos.
La enemistad de Reinaldos con Roldán es, sin duda, una
deformación de las relaciones que entre ambos héroes supone
el poema de Renaud de Montauban; pero no conocemos el
origen de tal desviación, que llega al extremo, como hemos
visto, de dejar a Roldán no sólo en segundo lugar, sino afiliado al bando de los traidores. Esto, dentro del dogma legendario francés, es una escandalosa herejía, y no se explica sólo
por una preponderante simpatía hacia Reinaldos; la misma
simpatía existe en la Italia meridional y no llegó a tales extre1

En un romance de Montesinos, Reinaldos declara que no teme ni
au~ a •don Roldán el encantado» (Primavera, lI, pág. 275), y en el
romance de Gaife1·os se alude a las • malas voluntades&gt; que dividen
a los doce pares, y se cita corno los principales caballeros franceses a
Roldán, Renaldos·y Urge! de la Marcha (Primavera, II, págs. 234 y 2 43.)
2 Primavera, II, págs. 149-150, etc., 161-162, 167-169.

�e RONCESV ALLES•

R. IIIENil:NDBZ PIDAL

mos t. Tampoco se explica del todo la herejía suponiendo que
en España el héroe francés de Roncesvalles viniese a ser tratado como un enemigo; a propósito de un asunto, igualmente
extraño a Reinaldos y a Roncesvalles, el romance de Benahnenique culpa a Roldán de negligencia en socorrer al héroe narbonés, lo cual concuerda con el espíritu de algunos pasos de la
gesta de Guillermo de Orange 2 • ¿Será que alrededor de la
leyenda de este héroe del mediodía de Francia pudieron germinar algunas tradiciones disidentes que mirasen a Roldán con
malos ojos? Parece aludir a ellas el Turpín cuando, después de
nombrar al sobrino de Carlomagno, añade: «alius tamen Rolandus fuit, de quo nobis nunc silendum est»; este pasaje oscuro
puede interpretarse suponiendo que el autor conocía relatos
que atribuían a Roldán acciones inconvenientes, y supuso que
se referían a otro personaje diverso 8• Claro es que si tales
relatos existieron alguna vez en el sur de Francia, circularían
poco y entre gente que no estuviese muy versada en las obras
1 Para Rinaldo en Nápoles véase P. Rajna en la NrtoVa Antolo
gia, Xll, 1878, 15 dic., y en la Romanía, VTII, 1879, pág. 137. Para Rinaldo en Sicilia, Pitre en la Romanía, XIII, 1884 1 pág. 319, etc., especial-

•

mente págs. 393-595. De los ccantastorie• napolitanos llamados «Rinaldio por su preferente dedicación a este héroe, sólo conozco un
pliego suelto: Tradimento di Cano contro Rinaldo, Napoli, presso Avallone, 1849, y en él Orlando figura como amigo de Rinaldo. Respecto
a la tradición italiana en general, me escribe el Sr. Rajna, autoridad
~cepcional en la materia: «Ripugnante affato alla tradizione nostra,
quale io la conosco, e la denigrazione di Orlando. Urti fra lui e Rinaldo
ne possono ben nascere per motivi speciali, come nell' lnnamorato
per Angelica; ma che Orlando parteggi per i traditori sembra inconcepibile•.
2 M1LÁ, De la Poes., pág. 359.
a Turpi,i, cap. XI (comp. acaso lo que dice poco después: cTempore istius Englerii erat alius comes in Aquitania de quo non est modo
Joquendum• ). Es conocido el recurso de de~doblar un héroe en dos
personajes cuando se ve atribuida a él alguna acción inconveniente.
Recordaré a propósito a RODRIGO TOLEDANO, De rebus Hisp., V, 8, que,
hallando en los historiadores un hecho poco honroso para el héroe
castellano Fernán González, no duda en distinguir: cet Fernandum
Gundisalvi non illum comitem Castellae• (comp. Si/en.se, 62).

literarias. P4ra trovadores como Giralda de Cabreira, Pedro
Vida!, etc., «Rotlan», solo o con su amigo «Olivien, es el prototipo de valentía o «ardimen&gt;. También en la primitiva tradición española, aludida en el Poema de Ahnería y en Berceo,
los mismos Roldán y Olivero eran el dechado del esfuerzo y
el valor; es decir, que la chanson de Roland imponía a todos
su magnífica exaltación de los dos hermanos de armas. Empero la herejía legendaria de los romances, ora trasplantada,
ora nacida en España, apunta ya en la gesta de Roucesvalles,
donde Roldán no sólo aparece como enemistado con Reinaldos, sino que ve usurpado por éste parte de su papel glorioso
en la batalla, según mostraremos adelante (págs. 178-179).
1
• uestro fragmento, en su brevedad, nos da todavía alguna
otra señal de cómo la leyenda española de Reinaldos vivía con•
bastante independencia de la francesa. El padre de Reinaldos
se llama Aymón, como en Francia 1 ; pero se dice en el verso 93 que la madre de Reinaldos vive en tierras de fontalbán
suponiendo que el famoso castillo de ese nombre era la prin-'
cipal posesión de los padres del héroe. En esto se muestra
nuestro juglar ignorante de la leyenda francesa, según la cual
Montauban era un castillo edificado por Renaud y los demás
hijos de Aymón, precisamente en contra de Carlomagno; en
ese castillo, los cuatro hermanos son combatidos por su propio
padre Y por el emperador; el padre es llamado Aym6n de
Dordone, y en el castillo de Dordone vive la madre de Renaud,
dame Ai'e 2 •
3. -

MArNETE Y DuRANuARTE.

Otras alusiones a leyendas carolingias contiene el fragmento de Roncesvalles. Las más extensas se refieren a las mocedades de Carlomagno, o sea al poema de Mainete. Creo que
1 En el verso 97 se dice: «Ayrnon ese duc de Brefaymu, sobre lo
cual véase adelante, págs. 159-160.
2 ~enau.s de Afontauban, edic. Michelant, págs. 89 , 132 , 35 y sigs.
4
30
2
También al padre se le llama cduc Ayme de Dordone• en Ot;ier, 9680¡
Y «Aymon de Dordon, en Gaidon, 272.

�R. MENÉNDEZ PIDAL
e RONCESVALLES»

nuestro juglar alude a un Maine/e igual o muy semejante al
prosificado en la Primera Crónica General hacia el año ¡289.
Según nuestro juglar, Carlos, cuando mancebo, se fué a Toledo a servir al rey Galafre, para ganar préz, espontáneamente:
«quis andar ganar precio» (v. 55, cfr. 65), y estas palabras se
pueden compaginar con la versión del Mainete que nos da la
Primera Crónica, en la cual el joven Carlos sale de Francia
por desamor que siente hacia su padre 1; pero están en desacuerdo con la versión de la Conquista de Ultramar, en que
Carlos se ve obligado a huir de su patria por la enemistad de
sus hermanos bastardos, «los fijos de la sierva» 2 .
Después, en nue_stro fragmento, Carlomagno dice que fué
a Toledo para «demandar linaje », ganando el amor de Galiana (v. 65-66), y estas palabras parecen aludir 3 a la versión
del Mainete que nos da la Primera Crónica, según la cual el
joven Carlos va a servir al rey Galafre movido ya del amor
de la princesa t. Me parece que no tiene razón G. Paris al suponer que en este pormenor la Primera Crónica debe padecer
alguna confusión 5 • Yo creo que el detalle pertenece seguramente al Mainete prosificado en la Crónica y que ésta, en su
resumen del cantar, olvidó varios detalles del comienzo. Probablemente, el conde Morante, que ya conocía de antes a Galiana, según se desprende del resumen mismo 6, hablaría de
Prim. Crdn. Gral., cap. 597: «Carlos aviendo desamor con su
1
padre sobre ra1,on que se le al1,ava contra las iusticias, cuedando quel
farie pesar, vínose para Toledo.• Verdad es que RODRIGO ToLEDANO,
De rebus Hisj., IV, 11, había escrito, 1243: «Fertur enim in iuventute
sua a rege Pipino Galliis propulsa tus, eo quod contra paternam
iustitiam insolescebat; et ut patri dolprem inferret, Toletum adiit indignatus:.; palabras también traducidas fielmente en la Prim. Crón.
Gral., cap. 623, pág. 357 a, 1.
2
Gran conquista de Ultramar, lib., II, cap. 43 ( Bibl. de Aut. Esp.,
tomo XLIV, pág. 181 ).
3 Quitan fuerza a los versos 65-66 los versos 56-57, donde también
se dice que Carlos va a Toledo para ganar a Durandarte. ·

'
6

Prim. Crdn. Gral., págs. 340 a, 42.
Histoire poétique de Clzarlemagne, París, 1865, pág. 234, n.
Prim. Ct·dn. Gral., _págs. 340 a, 48-49.

149

ella al joven Mainete, y éste será uno de tantos enamorados
«de _oídas que no de vista» que tanto abundan en la poesía
medieval. Recordaré a propósito que en el Charlemagne de
Girard d'Amiens, Braimant, durante un combate, pregunta a
Mainet quién es, y éste, al declarárselo, añade que habiendo
oído en Francia hablar de Galianne, vino a Toledo por su
amor 1 .
Que Carlomagno gan·e la espada Durandarte cuando mata
al moro Braymante (v: 57-58), es rasgo común a las varias
redacciones del Mainete, y no tiene importancia. Pero la historia ulterior de la espada famosa no carece de interés. N uestro fragmento dice que Carlos dió la espada a su sobrino
bajo homenaje de que a nadie hiciese entrega de ella (ver~
sos 59-6o), lo cual ciertamente en nada contradice a la chanson de Roland, pues ésta nada expresa acerca del origen de
la espada; sólo sí dice que un ángel -mandó a Carlos que diese
Durendal a uno de sus caudillos, y el emperador la dió entonces a Roldán 2 • Una, empero, de las refundiciones de la mis~a chanson de Roland manifiesta el origen de la espada, alud1end_o a la leyenda contenida en el poema de Asprenzont,
según el cual la espada fué ganada por Roldán mismo en Italia 3• Tal era, en efecto, la leyenda de Durandarte más divufgada, ~a que se imponía al recuerdo de todos; y por eso, la
redacción francesa del Maine!, que se atribuye al siglo XII,
trata d: conciliar su leyenda propia, la de Durandarte ~spada
de Bra1mant, con la leyenda divulgada del Aspremont, y refiere
que después de haber Carlos ganado de Braimant la espada
Durendal, le fué robada de su tesoro, y la reconquistó Roldán
cuando mató a Yaumont, hijo de Agoulant 4. Como vemos
nuestro juglar ignora o desprecia las. versiones del Maine;
francés y del Aspremont, siguiendo acaso tradiciones españolas. No es de olvidar que el Mainel francés supone que Duren-

1

3

'

Histoire poétiqtte de Charlemagne, pág. 4 75 .
Chanson de l?oland, v. 2318-2321.
T 123.ª; A!tjranzósische Rolandslied, 1886, pág. 131.
Romania, IV, 1875, pág. 328· v. 38-40.

�e RONCBSV ALLBS&gt;

R. tot:dNDKZ PIDAL

dal fué diez veces bautizada en las aguas del Jordán, mientras
que una tradición española decía que el arma había sido fabricada en la sierra de Burgos, hacia el Montoto de Barbadillo
del Pez, según consigna en el siglo x1v el Libro de la Montería
de Alfonso XI: «et aun dicen más, que con el carbón &lt;leste
monte et con el agua de Aguas Vivas que fué temprada el
espada Durandarte que fué de Roldán » 1 •
Los versos 61 y 62 de nuestro fragmento nos parecen
indicar que la espada Durandarte queda perdida en tierra de
moros. El Roland en su texto de Oxford, después de contar
cómo el héroe trata en vano de romper la espada para que no
caiga en poder de infieles, y cómo se acuesta sobre ella para
morir (v. 2359), no nos dice que la recobrase Carlos al recoger el cadáver de su sobrino 2 • En algunos manuscritos de la
refundición del poema, Roldán, al ver que no puede romper
su espada, en vez de morir guardándola, la arroja al fondo
del agua, donde se pierde para siempre 3 • ¿Conocería esta versión el texto español? Una tradición española suponía que la
espada de Roldán había quedado en España y había ido a
parar a la armería de los reyes de Castilla; sabemos de esta
espada desde mediados del siglo xv, porque ella excitó la
codicia de tesoros de D. Álvaro de Luna"'·
t

Biblioteca Venatoria d~ Gutilrrez de la Vega, U, Madrid, 1877, pá-

gina 44.
t
Después, en el verso 3017 1 dice que Carlos da •la espada y el
olifante&gt; a Rabel y Guineman, para que ocupen el Jugar de Olivier y
Roldán. ¿Se trata de la espada de Olivier o de la de Roldán? 1ás natural es esto último. Las refundiciones, que suponen perdida la espada,
según diremos, dejan unas intacto este verso, C :ns.a, V 273.a, y otras
lo alteran, poniendo el cescudo&gt; en vez de la cespada:o, P 188.a, T 167.ª
a C 244.ª, V 239.a, y con distinto consonante y distintos pormenores T 126.ª. El poema de Galien cuenta cosa semejante; la traducción
escandinava del Roland supone que Carlos coge de junto al cadáver
de su sobrino la espada y la arroja al agua. Véase BÉDIER, Légendes

éj&gt;iques, lll, pág. 389.
' La identificación de esta espada puede parecer confusa. En el
siglo xv se la llama simplemente «Guiosa,, y en 1503 cla Giosa del
bel cortar, que fué de Roldán&gt;. Véase Mio Cid, pág. 664. Recuérdese

4. -

CONQUISTAS DE CARLOS.

EL

CAMINO DE SANTIAGO.

Los viajes y las conquistas que menciona Carlomagno en
los versos 69 a 72 de nuestro fragmento, como hechas en
compañía de Roldán, parecen un eco lejano de las conquistas
que en la chanson de Roland recuerda el héroe moribundo
Y una alusión vaga a la materia de la chanson del Voyage
Clzarlemag,u, que cuenta la peregrinación de Carlos por Jerusalén Y Constantinopla, y a la leyenda de Aspremont o a la de
la Destruction de Rome, que referían las guerras en Italia.
En los versos 73 a 76 de nuestro fragmento, Carlos recuerda cómo conquistó tierras de España, salvo la ciudad de
Zaragoza. Evidentemente el juglar pensaba sobre todo en el
famoso comienzo de la chanson de Roland: ,

de

Caries li reís, nostre emperece magnes,
set anz tuz pleios ad estet en Espaigne;
t~~squ'en la ~er cuoquist la terre altaigoe,
n 1 ad castel ki devaot luí remaigoet;
murs ne citet n'i est remés a fraindre
fors Sarraguce, k'est en une muntai~e.

En este c~mienzo se alude a leyendas preexistentes; otros
poemas anteriores al Rola11d, como el perdido de la Prise de
Nobles, contaban episodios de las guerras de Carlomagno en
la Península.
Pero estas ficciones tenían que sonar a algo absurdo ent~e los españoles versados en historia. Por eso, ya hacia el
ano I I IO, el ~~nje de Silos protesta de los relatos épicos
franceses, escnb1endo que nadie ayudó a la oprimida España
contra los musulmanes, «sed neque Carolus, quem infra Pyreneos montes quasdam civitates a manibus paganorum eripuisse F ranci falso asserunb 1 _
que por :ntonces el nombre de cDurandarte, era más bien aplicado
en Espana a un héroe de Roocesvalles, lo cual motivaría el cambio
de denominación de la espada de Roldán usurpando el nombre de la.
espada de Carlomagno.
1 España Sagrada, XVII, 17 s9, pág. 27 1.

�R. l\lRNáNOl!Z PIOAL

Después, hacia t r40, el falso Turpin se detiene en enu
merar todas las ciudades de España que fueron conquistadas
por el emperador, y aun añade que éste visitó dos veces el
sepulcro del apóstol Santiago y liberó el camino de peregrinación a Compostela 1 , idea enteramente desconocida del
Roland antiguo, que nada sabe de esa devoción de Carlomagno, tan famosa en lo sucesivo. Poemas de fines del siglo XII
o comienzos del xm, como las refundiciones rimadas del Ro!and, el Anseis de Cartage y Gui de Bourgogne, y otros del
siglo x1v, como la Prise de Pampelune y la Entrée m Espagne,
repiten la afirmación de que Carlos con sus guerras en la
Península libertó y rescató el camino del apóstol y fué en
peregrinación al santuario de Galicia 2 •
Por esto, abundando en los mismos sentimientos que el
monje de Silos, el arzobispo D. Rodrigo de Toledo, en el
año 1243, protestaba de nuevo, dirigiendo su protesta contra
las antiguas y las nuevas ficciones de los juglares: «Nonnulli
histrionum fabulis inhaerentes, ferunt Carolum civitates plurimas, castra et oppida in Hispaniis acquisisse, multaque proelia cum rabibus strenue perpetrasse, et stratam publicam
a GaUis et Germania ad Sanctum Jacobum recto itioere direxisse», e impugnaba ambas afirmaciones con largos y eruditos
razonamientos 3•
Por entonces mismo, hacia 1250, el poema de Fenuiu
1
T11rf1íz, 1:aps. 11 y XIX; no se habla expresamente de construcción del camino. Las guerras de Carlos contra Aigolando, contra Furra y contra Ferracuto, son para liberar puntos de la «via Jacobita"ª" (caps. XI y XII); a saber: Pamplona, Monjardín y Nájera. El
apóstol dice a C'arlos: «..... ad praeparandum itcr meum ..... ad liberandum iter meum» (cap. 1).
2 Véase J. BforER, Légendes éj&gt;iques, TII, págs. 383, 144, 139, 122,
117.- Véase también JI viaggio di Cario ,Vag110 in Ispagna per co119uistare i/ caniino de San Giacomo, edic. Ceruti, lmola, 1871: Scelta
di Curiosita letterarie, tomos CXXIII-CXXIV. - El Fierabrás refiere guerras en una España fantástica, sin relación con el camino de

Santiago.
a De rebus Hisp., IV,
1793, pág. 84).

10

y

11

(PP. Toletanorttm Opera, Ill, Matriti,

CRONCKSVALLES•

1 53

González protesta igualmente, cuando refiere cómo Alfonso
el Casto rechaza las pretensiones del rey Carlos de Francia :
129

Dixo que más quería commo estava estar
que el reygno de Espanna a Francia sojuzgar,
que non se podrían deso los franceses alabar.
¡Que más la querían ellos en cinco annos ganar! 1

EJ terna, tratado amplia y doctamente por el arzobispo
t~leda_no, cristalizó en la forma que éste hubo de darle, y los
histon:dores que le sucedieron se contentaron con copiarle
con mas o menos fidelidad. Una copia servil bastó hacia 128o
al compilador Fr. Juan Gil de Zamora para sus o1bras 2. Lue~
go, en 1289, la Primera Crónica General traduce el razona~iento del arzobispo toledano, introduciendo algunos cambios
mteresantes de redacción: «Et algunos dizen eh sus cantares
et en sus fablas de gesta que conquiri6 Carlos en Espanna
muchas &lt;,;ipdades ..... et que desenbargó et abrió el camino
desde Alemania fasta Sanctiago» s. Y la Tercera Crónica General repite este mentís, suprimiendo el verbo «abriu referente al camino: «E agora sabed, Jos que esta estoria oydes
que maguer que los juglares cantan en sus cantares e dize~
~n sus fablas que Carlos el emperador conquiri6 muchos castiellos e muchas c,;ibdades ..... e que desenbarg6 el Camino
Francés desde Franc;ia fasta Santiago, esto no po d'1e ser ..... e
lo al que chufan ende non es de creen "-.
1 Eso_s «c;;inco annos. no se ajustan ni a los «set anz tuz pleins• del
Ro/anti~ a los &lt;XXvr1 anz tous plains• de Gui de Bourgogne. Pudiera
leerse cs1et a~nos•, como propone C. C. MARne:N, El j&gt;oema de Fernán
Go~zfdlez, Ball1more, 1904, pág. 172.-De cinco años de guerra en Espa:a h~bla el poema francoitaliano del siglo xrv, Entrée en Esj&gt;agm.
Gil de Zamora copia dos veces (por lo menos) el pasaje del Tole.~ano_: una en su tratado .De .Regibus Castellae, y otra en el De praecvm~ Htsj&gt;~niae (Bibl. Nac., ms. 1348; ant. F-55, fols. SS r,-56 y 198 v).
Prtm. Crón. Gral., pág. 355 b, 4s.
' Edición.
Ocampo
~ J. 227c.- Elmanuscntoque
·
.
, Zamora ,1541,,o
llamo.Len nus vana.o tes a la Primera Crónica Ge,ural, es decir, el manus~nto de la Bibl. Nac. 1298 (ant. F-88) es semejante: cmaguer que
los Joglares cuentan en sus cantares de gesta que Carlos conquerió
TOMO

IV.

11

�154

R. M&amp;NÍ!NDEZ Pll'&gt;AL

E fin todavía en el siglo xv las conquistas de Carlomagn
•
"d d"
no en Es aña servían de tema a doctas y entretem ,ªs ispu- les. H ac1·a 1465 ' hallandose
tas entrep franceses y espano
. en
Toledo el trinitario francés Roberto Gaguin, alababa a Carl~
magno y su conqm·sta de gran parte de España hasta el mismientras los toledanos le rebatían mostrándole
mo T ole do ,
.
J Gil
los argumentos del libro De Pra.econiis Hispanzae de u~n
d e Z amora 1 - y probablemente a conversaciones . semejantes
u.·
· ¡
alude Diego Rodríguez de Al.mela en su Compendio Dist~na'
escrito hacia 1480: «Muchos de los franc;eses se_ loan y J~tan
diziendo quel enperador Carlomagno conquisto a Espana e
la tomó a los moros, e que vino conquistando con su hueste e
llegó a Santiago de Galizia. E aun yo me acuerdo, estando en
la &lt;;ibdad de Compostela - que me acerté í con el ~everendo
don Alfonso, obispo de Burgos, mi señor, que ovo ido:~ romería a visitar la iglesia del apóstol Santiago de Gal!Zla ·aver leído en un libro estorial, escripto en latín, el autor del
. . , e conpuso se llama Johan es Belec, francés
que 1o eSCílVlO
. 2'
en que dezía lo suso dicho, e otras muchas fábulas, escnptas
as de rondallas, que dezía quel dicho enperador Car•
a man er
• , d 1
lomagno e los fran&lt;;eses fizíeron en _España conqmstan o ae~
tomándola a los moros fasta a Santiago; lo qual, ~alva la r ,
verencia de los que tal dizen ..... nunca se fallará mn pare&lt;¡era
por verdad» s.
En resumen: el monje de Silos, en el siglo xn, se refiere
expresamente a relatos franceses, sin duda al Roland; en el

en España muchas c;ibdades..... e que desen?argó el Camino Francés
desdeFran«;ia fasta Santiago, esto non podrie estar ..... •, fol. 310 b.
Semejante también la Cuarta Crónica General (Colee. de documentos
inéditos para la Historia de España, CV, pág. 2 7 2 )- •
É . p·
1 Véase A. MoaEL-FATlO, CMteaux en Espagne (Me1anges mi/e Jcot, Paris, 19 1 3)á
· . e
Tachado •Job. Bel.&gt; y puesto encima, con letra m s cursiva. •S
2
dize qru fité francés•. Se trata de Jean Belet.
a s·gue la refutación análoga a la del Toledano: los reyes españoles rec~nquistaron toda la Península, salvo el rincón de Granada que
aun poseen los moros. (Bibl. Nac., ms. 1979; ant. P- 1 , fol. 49 r.)

CRONC&amp;.SVALLBS&gt;

1 55

siglo xm el poema de Fernán González alude también a «Jos
franceses», sin que pueda concretarse a quiénes. Después, los
demás autores de los siglos xm y x1v aluden, según creo, a los
juglares castellanos: eJ arzobispo de Toledo no parece aludir
a «histriones» franceses, pues éstos, por Jo común, no atribuyen la construcción del camino de Santiago a Carlos, sino sólo
la liberación del mismo 1; y en cuanto a las crónicas en lengua vulgar, siempre que nombran los «cantares de gesta» aluden a poemas españoles. En el siglo xv la mención de «caritares» cesa, y sólo hallamos referencias a conversaciones con
franceses o a libros latinos de áutor francés. De este modo la
protesta de los eruditos españoles refleja bien el desarrollo
de la leyenda francesa en España: a principios del siglo XII la
fábula está a cargo de los franceses mismos, que,propagan el
Roland en la Península; en los tiempos sucesivos se la apropian los juglares españoles; en el siglo xv, o nuestros juglares
abandonaron el tema de las conquistas carolingias aquende el
Pirineo, o sus ficciones estaban relegadas a un público inculto
que no podía merecer la atención de los eruditos.
Por lo tanto, nuestro juglar, que acepta sin el menor reparo las conquistas de Carlos en España, contadas por la epopeya francesa, y aun las acepta en una forma exagerada, poniendo en boca del emperador el verso 7 5: «adobé los ca1 He aquí las frases usadas: •~i les chemins con.quis&gt;, Roland rimado, ms. C 301.\ «ai les cbemins assis•, /bid., ms. P 328.", V 39s.•
(ésta es la frase más próxima al •adobé los caminos&gt; de nuestro ju•
glar)¡ ele cemin aquitier•, Anseis; «turnier en francbise le zamin. Prrse
de Pa,npelune; «eslargir la sentelle•, Entrée en Espagne.-G. PAR~, Histoire poétique de Charlemagne, págs. 206-207, cree que la Crónica por él
llamada de Alfonso el Sabio (pero que no es sino la Tercera General),
Y ~orlo tanto el Toledano, que esa Crónica traduce, se refieren a los
pnmeros versos de la ¡:hanson de Roland. No hablando estos versos
para nada del camino de Santiago, es insuficiente tal suposición. M1tÁ,
De la Poes., 1874, págs. 475-476 1 se adhiere a la opinión de G. Paris:
«~eernos segara la alusión al Rollans o-a una versiál) española del
mismo.• -1\L;;:-il!NDRZ PELAYO, Antolo¡p'a, XI, 195, dice más vagamente
que el Toledano protesta o.contra las fábulas de los juglares franceses&gt;.
La última hipótesis de Milá puede coincidir con la mía. · ·

�&lt;RONCESVALLBS&gt;

1 57

R. MENÉNDEZ PIDAL

156

minos del apóstol Santiague», es, con toda probabilidad,
de los juglares contradichos por el Toledano en 1243 1 y
la Primera Crónica General en 1289; ya hemos notado
después la Tercera Crónica alude· sólo a los que dicen
Carlos «desembargó» (no «abrió») el camino francés.
5. -

TERRÍN DE ARDEÑA y

su

uno
por
que
que

HIJO BEART.

En el vedo 98 de nuestro fragmento se habla de «el cabayllero Beart». Ignoro si puede identificarse con el «Berardus
de Nublis», citado por el Turpin (caps. XI y XXIX), como
muerto en Roncesvalles y enterrado en Arlés; por de pronto,
según nuestro fragmento, Beart no muere en la' batalla. Lo que
sí es indudable es que nuestro «cabayllero Beart, el fi de Terrin
d'Ardeyna&gt;&gt;, es el mismo personaje que las chansons francesas llaman Berart. En Fierabras, por ejemplo, se hace frecuente mención: «du fil Tierri d'Ardane, Berart de Mondidier», o de «Berart le fil au duc Tierri» 1 • En textos españoles
hallamos nombrados juntos «Terrín l'Ardenois y Berart de
Mondisder», en el Cuento de Carlos Maynes y Sevilla 2 , del
-siglo xrv; y en el siguiente siglo, Lope García de Salazar cuenta
entre los muertos en Ronces valles al «mancevo Velarte}&gt; y a
«Terrín de Ardeña, que traía lavandera de los pares» 3 ; en fin,
el romance del Conde dlrlos nos nombra simplemente a «Be1 Fierabras, edic. Krreber et Servois, v. 415, 1723, etc. (Anciens poetes de la France, 1860). BÉDIER, Légendes épiques, III, págs. 168-169,
muestra que el nombre de cThierry d'Ardenne,. puesto en la capilla
del Espíritu Santo de Roncesva!les, procede del Fierabras; pero en
nuestro caso no hallamos motivo alguno para suponer otro tanto. Los
nombres de Tierri y Berart ocurren en otras muchas cbansons, y desde luego, en Renaud de ll!fontauhan. «Berart de Montdidier» es mencionado como tipo de galantería por los trovadores Pedro Vida! y
Rimbaldo de Vaqueiras; comp. Romanía, II, 427, n. 1.
2 J. AMADOR DE ws Rfos, Hist. crit. de la literat. esp., V, pági- ·
nas 357-358, o bien en la Nueva Bibl. de Aut. Esp., VI, 51 I b, 512 b;
variantes: cTerri» y cTerrín&gt;; «Berare, Beraje, Berart».
Véase el texto que publicamos en el Apéndice, junto con otros
3
que también suponen a Terrín de Ardeña muerto en Roocesvalles.

lardos», amigo de Roldán, y a «Dardín d'Ardeña», sin decirnos qué parentesco une a éste con aquél 1 .
La indicación que acerca de Terrín nos da Lope García
de Salazar diciendo que «traía la vandera», responde a la tradición que en los siglos XIII y XIV recogen el poema de Fer~án González (352 y 512) nombrando a «Terryn de (c)Ardena» como el prototipo del ·alférez o portainsignia, y el Poema
de Alfonso XI (c. 17I3-1714) al recordar a
aquel buen Terrín d'Ardenoa
que fué otra vegada alférez
de Carlos el emperador,
e bixnieto del rey Fielez,
del reino de Aoglia senoor.

Desconozco este rey de Anglia y conozco muy poco la historia poética de Tierri d'Ardenne; con estas dos graves salvedades, emito la suposición de que hubo varias confusiones
respecto de este personaje. El Tierri d'Argune o d'Ardoine
d~l Roland, 3083, 3534, se confundió desde luego con el Tierri
d Ardenne de otros poemas, y se le identificó, además con
Tierri (el angevino, hermano de Gefreiz d'Anjou) que :n el
Ro!and vence a Pinabel. Según el Roland, O, 106, 3093, 3545,
quien lleva la seña de Carlomagno es ese hermano Gefreiz
d'Anjou; según las refundiciones rimadas, Tierri era sólo escu&lt;lero (escuier) de Roland 2 , esto es, para decirlo en latín, como
Alberic des Trois Fontaines, «Theodoric~!S armiger Rolandi» 3 •
~ora bie~: «armiger» tenía también, especialmente en Espana, el sentido concreto de 'alférez' o 'portaenseñ.a'.
. Los romances se atienen a la forma de este nombre que
vimos en el del Conde dlrlos. Así en los de Calaínos se le cita
«Dardín d'Ardeña», y en los del Marqués de Mantua «Dardín
&lt;l'Ardeña, que el Delfín suelen llamar» 4.
'
Como se ve, la coincidencia de los textos castellanos es
• 1 Variante: «Arderín de Ardeña», Primavera, Berlín, 1856, II, pá,gmas 133, 144, 150.
2
M 5673, C 417.•, V 414.ª, P 343.a, T 316.ª, L 185?
L. GAuTrnR, Épop.franf., 111, 1880, pág. 626, n.
4
Primavera, II, págs. 391, 401, 208, 211.

�&lt;RONCESVALLES&gt;

R. MENÉNDEZ PIDAL

completa en representar el francés « Tierri» · por un nombre
con -n final: «Te,;rín&gt;&gt;, «Dardín». Esa -n es antietimológica
(Teodericu da en francés regularmente Tierri) y se explica
por una falsa analogía, surgida de un choque de formas como
el que ocurre en el mediodía de Francia y en la frontera catalana-aragonesa, donde se entremezclan las regiones y los casos
en que la -n final se conserva o se· pierde. Coexistiendo en la
antigua literatura provenzal plan y pla,jin y ji, etc. 1 , existía sin
duda en los oyentes españoles de un relato provenzal el sentido de la -n final caduca, y un «Tierrí» o «Terrí» oído a pmvenzales se podía interpretar por los españoles como forma
que suponía otra más correcta, una hipotética «Terrín ». Cierto
que en provenzal la forma propia de este nombre no era
«Tierd» ni «Terrí», sino «Teiric» 2, y cierto también que el
provenzal impuso sus formas propias a España en otros nombres análogos, como «Enrique)&gt;, «Fradrique», «Manrique».
Pero esto no estorba a nuestra explicación, pues también es
cietto que los prov~nzales habían aceptado las formas del
norte de Francia y concretamente en nuestro caso tenemos la
prueba: el texto provenzal del Fie:rabras, en vez de las formas
correcta_s provenzales -ics, -ic para el sujeto y el régimen, usa
las advenedizas del norte -is, -i, y así la -forma corriente de
nombrar a nueslro personaje es la de «Teri d'Ardena)). Un
español que oyese estos versos del Fierabras provenzal
e'l comte Guilalmier e l'Ardanes Teris,
Berart de Monleudier e lo letrat Turpis..... 3
1 Si en provenzal mismo surgieron falsas correcciones, como .fotr
por fo, pron· por pro, ¿pudiera haber surgido en la misma Provenza un
Terrín poi· Terr;? Me parece imposible admitirlo, por estar alli muy
viva la tradición del norte de· Francia. No hay rastro alguno de semejante forma. Consultado por mí el Sr. A. Thomas .acerca del nombre
«Terím dado en Baudouin de Sebourc a un obispo de .P~rís (E. LAN·
GL01s, Table des noms propres des Chqn.sons de-Geste, r904, pág..6.39),c::me
dice: dl n'est pas vraisemblable que Térin soit pour Thierri, car les
deux mss. appellent toujours Tiéri ou Tiéris (quelquefois Th-) un comte de Rohais souvent mentionné a partir de la p. 398 du t. lb
2
Forma usada, por ejemplo, en el Boeci.
s Der Roman von Fie,rabras, provenzalisch. Herausg. von lrtJmanuel

no había de suponer otra cosa sino que debía traducirse «Terrín» lo mismo que &lt;~Turpín ». Como comprobación de la trasmisión meridional que suponemos en este nombre, citaré una
variante del mismo con el tratamiento en adherido: «Endordín Dordeña», en un romance de Calaínos 1 •
En conclusión, las formas «Terrín», «Endordín» y otras 2
nos indican que ciertas leyendas francesas se trasmitían a España por intermedio de versiones provenzales, acerca de lo
cual insistiremos después.

ó. -

EL DUC DE BRETAÑA.

En el verso 97 se dice: «Aymon ese duc de Bretayna», y
aunque, según hemos visto, la leyenda de Reinaldos, hijo de
Aymón, tiene en España bastantes singularidades, no,creo, sin
embargo, que nuestro juglar cayese en el enorme disparate,
respecto de la tradición francesa, de suponer que Aymón de
Dordone fuese duque de Bretaña. En el verso citado ha de
faltar la conjunción e, como también falta en el verso siguiente,
y en ambos casos esa e debe estar absorbida por la e inicial
siguiente de las palabras ese y el. Por lo tanto, en el verso 97
no debe tratarse sólo de Aymón, sino también de otro persoBekker, Berlín, 1829, versos 1809-10. No disponiendo yo de estetexto,
ha tenido la bondad de consultarlo para mí el Sr. A. Thomas. Éste me
indica las formas de los nombres en-icus, además de «Teris» y •Terh
(usados sin distinción de caso sujeto y caso régimen): •Alberis&gt; 1811,
•Anris» 18281 «Aloris• 459, 3816, 3858, y me señala también confusiones con-in us: «Jaufre l'Angevis&gt;, 1830 (Jofrois l'Angevins, del texto
francés).
1 Primavera, II, pág. 401, n. 2. - En suma, la influencia provenzal
en los nombres en -icus se manifiesta de dos maneras: adaptación
de las formas provenzales puras (-ique), o falsa corrección de formas
del Norte oídas a provenzales (-in). «Tenin» no es caso aislado; junto
a «Enrique• ex~stió la forma «Enrín&gt;.
2 Por ejemplo: el conocido caso de «Benalmenique», procedente
de «en Almehique» y éste del provenzal «n'Aymeric•. Véase G. PARIS,
I{istoire poétique de Clrarlemagne, pág. 213,' n. 2, y su estudio Naimerin'Aymeríc en las .Aiéla11ges Couture, pág. 349, etc.
·

�160

«RONCESVALLES&gt;

R, MENÉNDl!Z PlDAL

naje que viene con él, el duque de Bretaña. Es &lt;&lt;Salemon de
Bretaigne» 1, que, si bien es desconocido al Roland de Oxford,
aparece al final de las versiones rimadas del poema, tomando
juramento a los dos lidiadores en el duelo . sobre la traición
de Ganelón, y aconsejando cómo ha de hacerse el castigo del
traidor 2 • Antes, ya el Turpin merrcionaba a «Salomon socius
Estulfi» como uno de los barones de Carlos, muerto en Roncesvalles y enterrado en los Aliscamps de Arlés (caps. XI
y XXIX). Nuestro juglar no sigue, pues, al Turpín, sino si
acaso al Roland rimado, pues su «duc de Bretayna» no muere
en Roncesvalles, sino que auxilia al emperador cuando éste
queda transido de pena: sobre el cadáver de Roldán. Al Turpín,
en cambio, se atiene el poema de Fernán González (3 52 d)
para citar a «Salomón» como compañero de Estol (Salomón
socius Estulfi), y acaso también la Tercera Crónica General
para citar a «Salamano de Bretaña» entre los muertos al lado
de Roldán (véase el Apéndice).
J. -

EL FRAGMENTO EN SU CONJUNTO.

El contenido del nuevo fragmento épico es el siguiente:
el emperador Carlos halla [en el campo de Roncesvalles] el
cadáver del arzobispo [TurpínJ, y después de llorar sobre él,
manda apartarlo para que sea llevado a su tierra (v. 1-9).
Halla después el cadáver de Oliveros y, como si le viese vivo,
le pregunta dónde podrá encontrar a Roldán (v. 10-24). Descubre al fin el cadáver de su sobrino, hace sobre él un largo
lamento, y cae amortecido a su lado (v. 25-82). El duque
Aimón enc11entra el cadáver de su hijo Reinalte de Montalbán,
le apostrofa, y lo aparta también de entre los demás cadáveres (v. 83-96). El duque Aimón, el de Bretaña y el caballero
Beart van a socorrer al amortecido emperador (v. 97-100).
1 Sobre este personaje véase J. BáoIER, Légendes épiques,, IV, r913,
pág. 1 o5 y sigs.
2 M5477, 5754, 5933; C 397.ª, 425.ª, 444.ª; P 350.a, 352.a, 370.ª, etc.;
T299.ª.Algunas de estas versiones, aunque c}iscrepantemente, nos pr.e•
sentan también a Salomón en la batalla contra Baligant, C 282.a, T 193.ª

Este episodio es una variante de otro correspondiente· de
la chanson de Roland. Según ésta 1 , Carlos llora dos veces
sobre los cadáveres caídos en Roncesvalles. La primera vez,
el emperador llega al campo de batalla demasiado tarde para
el socorro, pues ya todos, hasta Roland, han muerto. Llama
en vano a su sobrino Roland, al Arzobispo, a Olivier, a todos
los doce pares; y con el gran dolor, se mesa y llora, así como
los demás franceses. El duel0 cesa cuando ven a lo lejos la
polvareda que levanta el ejército pagano que se retira, y Carlos se lanza a perseguirlos, dejando mil caballeros que custodien los cadáveres (v. 2397-2442). Dios detiene el sol para
' que los franceses puedan al~anzar y derrotar a los paganos.
Aquella noche Carlos acampa, sin tener tiempo .de volver a
Roncesvalles, mientras el rey moro Marsile llega derrotado
a Zaragoza y envía a pedir auxilio al emir Baligant de Babilonia (v. 2443-2854). Carlos, al despertar, vuelve con los suyos
al campo de Roncesvalles y se adelanta a sus franceses; recuerda que oyó decir a su sobrino Roland, cuando éste era
muchacho, que si acaso muriese en reino extranjero, pasaría
adelante de su gente y de sus pares y moriría como conquistador del país enemigo; y este recuerdo le guía para buscar el
cadáver. No se habla antes para nada del encuentro de los
cadáveres de Turpín y de Oliveros, como hace el fragmento
español, sino que Carlos reconoce en tres peñascos los _golpes
de la espada de Roland, y descubre allí mismo el cadáver de
su sobrino:
2874

Desuz dous arbres parvenuz est amunt;
les colps Rollant conut en treis perruns 2 •
Sur l'herbe verte veit gesir sun nevuld.

t Me sirvo de La Ckanson de Roland, texte critique, par Léon Gautier, 7e éd., Tours, 1880. Lo llamo 0(xford).
2
Este detalle se pierde en las refundiciones P 176.a, T 156.ª. C y
V suprimen el pasaje entero, pues realmente es superfluo en la refundición rimada, como diremos después. Sólo M conserva los versos
de que ~r.atamos, tal como el manuscrito de Oxford: •Li colp de Rollant cognos in le peron», 3059.

�e RONCES VALLl!SJ

R. MENÉNDEE PIDAL

Estos versos tienen analogía más o menos remota con los
siguientes de nuestro fragmento:

En nuestro fragmento hay un recuerdo lejano de estos versos:
25

Vio un _colpe que fizo don Roldane:
•Esto fizo con cueyta con grant dolo!' que aviá.&gt;
Estonz aleó los ojos, cató cabo adelante,
vido a don Roldfa acostado a un pilare.....

a) 43 Oi é perdido esfuerco con que soliá ganare.....
37 Tanto buen amigo vos me soliádes ganare.
b) 38 Por vuestra amor arriba muchos me solián amare;
pues vos sodes muerto, sobrino, buscar mean todo male.

Según el Roland, el emperador, al ver el cadáver, se apea
del caballo y abrazando a su sobrino, se desmaya. Socorrido
por el duque Naimes, el conde Acelin y otros barones, vuelve
en sí y prorrumpe en lamentos, de los cuales sólo nos conviene mencionar algunos rasgos:
a) 2902

Cum decarrat ma force e ma baldur!
nen avrai ja ki sustienget m' honur;
suz del ne quid aveir ami un sul.

b}

Morz est mis niés, ki tant me fist cunquerre.
Encuntre mei revelerunt li Seisne
e Hungre e Bugre e tante gent averse ..... 2

2920

.

e) 51
41

d) 77

1

Pues vos sodes muerto, Frani;;ia poco vale .....
que la vuestra alma bien sé que es en buen logare.
¡Con tal duelo estó, sobrino, agora non fués bivo!
¡Agora ploguiés al Criador, a mí sennor Jesuchristo,
qu.e finase en este logar, que me levase contigo!
d'aquestos muertos que -aqui tengo conmigo
dizir me ias las nuevas, cada uno cómo fizo.

Claro es que no falta la señal externa de dolor más usual
en la Edad Media:
cumencet a detraire,
ad ambes mains les chevers de sa teste 1;

2930 ·sa barbe blanche

e) 2928 E! France dulce, cum remeins boí deserte!
2933

d) 2936
2938

Amis Rollans, de tei ait Deus mercit¡
1' anme de tei seit mise en pareis 3 •

como en nuestro fragmento:
31

Si grant doel ai que ne vuldreie vivre ..... (comp. v. 2929).
&lt;;;o me duinst Deus li filz seinte Marie,
eim: que jo vienge as maisti:es porz de Sizre,
l'anme de l'cors me seit hor' departie,
entre les lur fust -aluée e mise
e ma car fust delez els enfuie! t

1 En las refundiciones, P suprime. T r5¡.ª: cLy mien effort sera
mez mult petis•. M 3085, como O.
2 En las refundiciones, se halla sustancialmente este pasaje en
P 180.ª. Tsuprime. M 3104, como O.
3 Comp. las refundiciones: P 178.ª; «Vostre arme soit avecnostre
seignon¡ T-158.ª. M 3u8 no contiene el verso de O 2934.
~ En las refundic_iones, P 181.3 abrevia, T 162.a: -,L'ame de moy
so1t du coi:ps departle, Entre les lour prenge herbergerie&gt;, M31 2 1,
como O,

•

Arriba ali;;ó las manos, por las barbas tirare,
por las barbas floridas bermeja sallía la sangre.

A esto se reducen las semejanzas; como vemos, muy pocas,
comparadas con_el gran número de divergencias que hemos
señalado entre el fragmento español y la tradición francesa.
¿Serán mayores las semejanzas si en vez de hacer la comparación con el Roland más antiguo conservado, el del manuscrito de Oxford, la hiciésemos con las refundiciones posteriores? El texto de Roland redactado en asonancias, sufrió varias
veces la refundición, ora en asonantes ora en consonantes.

l Comp. 2906. En la refundición de T 162.ª: «Pleure ly roy, tint
sa barbe flourie» . M 3114, como O.

�•RONCESVALLES&gt;

R. 1dENÉNDEZ PIDAL

Estos arreglos alteraron poco o nada la acción del poema, y
sólo en su desenlace llegaron a cambiar el curso del relato:
un refundidor redactó de nuevo, y en consonantes, la ·conclusión del poema, introduciendo cambios notables en los
últimos episodios: el regreso a Francia de Carlos, el entierro de los héroes, la muerte de Alda y el e~stigo de Ganelón 1 . Por lo que hace a la escena de la busca de los cadáveres en el .campo de la matanza, ocurda, según el texto de
Oxford, después dé la derrota de Marsfüo y antes de la derrota de Baligant y toma de Zaragoza; pero el refundidor
la pospuso a la toma de esta ciudad, para que sirviese de
prólogo natural al regreso de Carlos a Francia con los restos
modales de los héroes, y así di6 cierta redondez a la acción
de su nuevo final del poema. Comenzó, pues, su arreglo de la
conclusión del poema con_tando cómo el tío de Oliviec halla
el cadáver de éste 2, y cómo Carlos busca el de Roland·
,
, cuando le halla el emperador, su lamento queda reducido a tres
líneas insignificantes:
¡Beas nies, dist Karles, con mar vos amai tant!
la vostre mort me va si angoissant,
per un petit que Ji cuers ne me fant

ª·

1 Los varios textos de esta refundición pueden clasificarse así:
M (La Chanson de Roland, genauer Abdruck der Venetianer Handschrift IV, besorgt von E. Kólbing, Heilbronn, 1877) forma por si una
familia, con texto asonantado muy pr6xin10 al de Oxford y texto
. rimado en la conclusión. Todos los otros manuscritos forman otra familia, caracterizada por haber dmado, no siempre de un modo igual
en sustancia, la primera parte de un texto semejante al de A,,/; se dividen en dos ramas principales: de una parte C y V ( Das alifranzo'sische
Rolandslied, text von Chateauroux und Venedig VII, her. von \V. Fórster, Altíranz. Bibliothek VI, Heilbronn, 1883), de otra parte T y P,
F, L (Das alifr. Rol., text vo_n Paris, Cambridge, Lyon u. der sog. Loth1-ingisch~n Fragmenten, her. von vV. Fórster, Altfr. Bibl. VII, Heilbronn, 1886) y R (Ro_mania, XXXV, 445).
2
C 329.a, P 250.ª. En 1W 3847, etc., se suprime este comienzo de la
refundición, por ser un duplicado de la misma escena que este manuscrito puso antes, siguiendo un texto semejante a O.
3
C 330.a, P 251.ª. Msuprime, como decimos en la nota anterior.

Por último, Roland, Olivier y, según la mayoría de los manuscritos, todos los doce pares son metidos en ataúdes y llevados a enterrar a Blaye 1 .
Pero aunque esta segunda parte rimada del Roland habla
del hallazgo del cadáver de Olivier y amplía el número de los
héroes llevados a enterrar a Francia, tiene con la escena del
Roncesvalles español mucha menor analogía que el Roland de
Oxford; la supresión casi total del lamento de Carlos separa
radicalmente la refundición rimada y el poema español.
Sin embargo, hay que considerar también que esta segunda parte rimada se agregó a la primera, a veces con gran
inhabilidad, sin suprimir el antiguo episodio de la busca de
los cadáveres antes de la derrota de Baligant; de modo que
resultaban contados dos veces el encuentro del cadáver de Roland y el entierro de los otros muertos. Tal sucede en los manuscritos P, T 2, mientras que C, V representan bien la idea
del autor de la segunda parte, suprimiendo de la versión antigua el episodio de la busca y entierro de los cadáveres, que
resultaba superfluo; M hizo el ajuste de manera contraria, con·
servando la escena según el texto antiguo y suprimiéndola en
el principio de la refundición 3 • Ahora bien, tanto P como T,
al reducir a consonantes en diversa forma el texto antiguo

1 C 335 .a, 33 6.a, 390.\ P 257.a, 258.a, 319.ª. El manuscrito Tes el
que más insiste en que todos los doce pares son llevados a Francia;
véase T 164.ª. En cambio P y L oscurecen el hecho, fijándose sólo en
el entierro de Roland y Olivier (P 319.a, L 168.ª); antes introducen
una estrofa (P 252.ª, L 113.ª), en que los doce pares son enterrados
en Roncesvalles, salvo Roland y Olivier, P, o salvo Roland, Olivier Y
Turpín, ·L. -M suprime la parte correspondiente a las dos primei:as
coplas citadas; en la parte correspondiente a la tercera copla da una
variani;_e: Olivier y Alda son enterrados en el mismo ataúd, y Roland
en otro al lado de ellos (M 5386); mientras según C, V, P, T, Olivier
es llevado a otro monasterio, pues no le quieren enterrar junto a Roland, sin que s.e diga por qué causa.
2 Véase p 175 .ª-J8 4 .a y 251 .a, etc., y T 154.ª-165.ª y 2:24.ª. En estos
manuscritos hallamos realizado en dos maneras diversas el trabajo de
reducir a consonantes el antiguo texto de este pasaje superfluo.
s Véanse arriba, págs. 164, o. 2, y 165, n. I.

�166

• RONCESVALLES t

R. MeNHNDEZ PJDAL

del lamento de Carlos, omiten algunos de los puntos de semejanza que arriba hemos señalado entre el Roland de Oxford y
el Roncesvalles español; sobre todo, omiten tanto P como T
el punto más significativo, el verso «Les colps Rolant conut
en treis perruns » 1; verso que sólo se salva en llf. Nuestro
fragmento, por lo tanto, no puede derivar de una refundición semejante a P, T, ni menos a C, V; sólo puede explicarse o por el texto O, o por el de una refundición que, como M
(manuscrito veneciano IV), hubiese conservado el texto antiguo de O asonantado, a cuyo .final hubiese añadido la segunda
parte
. rimada, o, en fin, por una tercera forma en consonantes ,
diversa de la de P y de la de T, que conservase el verso referido.
En cualquiera de los casos, repetimos, el parecido del poema español con el francés es muy pequeño, según continuamente veníamos notando. El juglar español no hace una traducción, sino una imitación del Roland. Los escasos puntos
de semejanza que en los detalles pudimos señalar entre el
texto español y el francés, fueron sólo en el hallazgo del cadáver de Roldán y en el lamento de Carlos, y son semejanzas
tan imprecisas por lo general, que, más que una copia directa,
revelan una mera reminiscencia muy vaga, y a veces ni aun
esto, pues pertenecen a la categoría de lugares comunes que
pueden ocurrirse independientemente a varios poetas.
El juglar español, aun en los casos en que mas de cerca
imita al Roland, toma rumbos muy diversos de él, como, por
ejemplo, cuando al copiar el deseo de la muerte que en su
dolor siente Carlomagno, lo mezcla con el interés caballeresco
que el emperador muestra de departir con el alma de _¡¡u sobrino acerca de las hazañas hechas en el desgraciado combate.
Por lo demás, en el texto francés el lamento tiene como punto
capital el dolor que Carlos siente al pensar en las tristes noticias
que tendrá-que dar cuando vuelva a Laon o a Aix y todos le
pregunten por Roland, tema extraño al texto español. Añádase
1 Véanse las notas que pusimos arriba a los pasajes citados del
Roland, págs. 161-162.

167

que la reiteración con que los elementos poéticos se producen
en las coplas similares o gemelas dan al pasaje del Roland un
tono lírico; mientras, por el contrario, el texto español da al
lamento un tono principalmente narrativo: el cadáver, que no
muestra golpes ni lanzadas, parece que está vivo, y el emperador habla con él, recordando la historia de la espada Duran·
darte y las conquistas hechas en compañía de Roldán.
En este tono narrativo el lamento del juglar español, más
que al del francés, se parece al que la gesta de los Infantes de
Lara pone en boca de Gonzalo Gustioz ante las cabezas de sus
hijos. Aparte de esta significativa semejanza de estilo, pueden
hallarse entre ambos lamentos de gestas españolas algunos detalles análogos; Gonzalo Gustioz dice también: «Los que me
temien por vos, enemigos me serán», comparable al verso 39
de Roncesvalles; usa. la expresión «viejo so mezquino», que reiteradas veces se usa en Roncesvalles, versos 5, 42, 53, 90; y en '
fin, tambi~n el padre de los Infantes, agobiado por el dolor, inculpa al ayo muerto con sus hijos y en seguida se arrepiente
de sus injustas sospechas: «De Dios seades perdonado .....
E perdonatme, compadre e mi buen amigo, Que todo esto
con grant coita lo digo »; como en el verso 62 de Roncesvalles,
Carlos, después de culpar a su sobrino porque dejó la espada
Durandarte en tierra de moros, le dice: «¡Dios vos perdone,
que non podiestes más! Con vuestra rencura el cora&lt;;¡ón me
quiere crebar.»
Claro es que tales coincidencias no nos indican más que
la existencia de varios lugares comunes estilísticos, de los
cuales usaban a su gusto los juglares españoles para estas
escenas de duelo. En el lamento del duque Aymón ante su
hijo muerto: «Vos fuérades pora bivir e yo pora morir más .....
¿Qui levará los mandados a vuestra madre?» (v. 89, 93), son
detalles parecidos a los del lamento del marqués de Mantua
ante su sobrino moribundo: «Más valiera la mi muerte que la
vuestra en tal edad..... ¿Quién le llevará las nuevas..... a la
triste vuestra madre?» 1 •
1 Primavera,

II, págs. 183-184.

�168

a. MENbmE2 x,m,u.

En resumen: fuera de las pocas analogías señaladas en el
hallazgo del cadáver de Roldán y lamento sobre el mismo, ya
no se descubren en el resto del fragmento español otras semejanzas precisas con la parte correspondiente de la chanson de
Roland; muy al contrario, se observan multitud de discrepancias entre ambos textos. He aquí las de más bulto:
1.0
En el fragmento español se habla del hallazgo de los
cadáveres de Turpín y Oliveros, de lo cual nada dice el
Roland antiguo. Las refundiciones rimadas francesas hablan sólo del encuentro del cadáver de Olivier; pero quien lo
halla y lo llora no es el emperador, como en el Roncesvalles
español.
2.º En el texto español (v. 9), Carlos manifiesta el propósito de enterrar a Turpín en su tierra, en Flanders (?), mientras, segú~ la chanson y sus refundiciones, el arzobispo, a quien
• frecuentemente se llama «Turpin de Reims», es enterrado con
Roland en el monasterio de San Román de Blaye 1, y según la
historia del seudo Turpin, es enterrado en Vienne.
3.º Según el Roncesvalles, el desmayo del emperador ocurre al final del lamento por su sobrino, y los que le socorren
son Aymón, Beart y probablemente Salomón de Bretai'ía; mientras que en el Roland el desmayo precede al lamento, y auxilian al emperador Naimes, Acelin, Gefreiz y Tierri 2 •
4.º Uno de los muertos en la batalla, según el Roncesvalles; es Reinaldos de Montalbán, personaje desconocido del
Roland. Este rasgo tradicional en España, así como el perdón
de Reinaldos a Roldán, que arriba hemos comentado, nos
indica que no sólo los pormenores, sino la esencia misma de
las leyendas de Roncesvalles y de Reinaldos, seguían en la
Península rumbos muy apartados de aquellos que habían sido
impuestos a la tradición francesa por el Roland y por el Re-

1 Roland, O 3691. Lo mismo en las refundiciones rimadas, las cuales también usan habitualmente el nombre de «Torpin de Rains».
2 O 2882, M 3066, P 177.ª. En el final refundido, Carlos se desmaya
después de su breve lamento por Roland (P 25 1.ª, etc.); pero ya sabemos que esta escena nada tiene que ver con la de Roncesvalles.

•RORCKSVAUJ!S&gt;

169

naud de Montauban. Sobre la merma de interés e importancia que para la figura de Roldán supone la intervención de
Reinaldos, hablaremos a continuación.

8. -

RECONSTRUCCIÓN DEL POEMA PERDIDO.

Pocos elementos tenemos para conjeturar lo que sería la
totalidad del poema a que nuestros cien versos pertenecen.
Sólo poseemos de él una corta línea deJ interior de su argu•
mento, y será muy aventurada la prolongación de esa línea
que en ambas direcciones intentemos. Si al menos los cien
versos perteneciesen a dos escenas apartadas entre sí, podríamos con más acierto trazar la línea del argumento que las
unía. No obstante, una vez bien penetrado el carácter íntimo'
de nuestro breve episodio, podemos lograr cierta seguridad
en algunas de las hipótesis que haremos.
Nuestro poema debía comenzar como el Roland, aludiendo
a la conquista que Carlos hace de España, salvo Zaragoza
(v. 76); ya sabemos que el juglar acogía en este punto la tradición francesa sin la menor reserva patriótica. Marsín reina
en Zaragoza; su nombre lo veremos después confirmado. Aunque el nombre de Ganelón no figura en nuestro fragmento, es
evidente que la figura del traidor no podía faltar en el poema.
Ganelón, de parte de Carlos, trataría con Marsín acerca de la
sumisión de Zaragoza, sin que podamos conjeturar cómo la
traición se producía en esos tratos. ¿Como en Rolan&amp; ¿Como
en Turpínr Debo advertir que no admito que estos dos textos
representen una diferencia de leyenda tan grande como la que
G. Paris suponía. Creía este ilustre maestro que el Turpín,
representando un estado de la elaboración poética anterior al
texto de Oxford, no hada a Ganelón padrastro de Roldán 1 .
Pero si la historia latina sabe que «Baldovinus» era «frater
1
G. PAR1s, Romania, XI, 1882, págs. 497 y 517. Exfraits de la Citanson de Rolatui,
éd., 1896, pág. XIX y nota 17. Al formular esta opinión, G. Paris renuncia a algo que había expuesto en la Histoire poetü¡ue de Ckarlemapze, pág. 272, n. 5.
TONO IV.
12

s•

�&lt;RONCBSVALLES&gt;

R, MENÉNDBZ PIDAL

170

Rolandi ex parte matris» 1 , claro es que sabe que Roldán tenía
padrastro. Por lo tanto, en el poema español, Roldán sería
también hijastro de Ganel6n.
_
Respecto de la batalla misma, sabido es que en Espana
circularon versiones unidas a la leyenda de Bernardo del Car. que para nada tenemos que tomar aquí en cuenta, ya que
pto,
. 1
r
nuestro fragmento pertenece exclusivamente al ~tc o caro_ in·o· más nos ilustrarán los romances, caroling10s también.
gt •
' 2 '
rt tr .
Uno de ellos, el de la Fuga del rey Marsin , 1mpo a ascribirlo aquí, pues debemos estudiarlo convenientemente:
Ya comieni;an los franceses con los moros pelear,
~o lo~ ~exan ress~lla~.
Allí habló Baldovinos, bien oiréis lo que dirá.
_1
e
don
Beltrán
mal
nos
va
en
esta
batalla.
dr
A
•¡ y compa
'
¡ ¡
&gt;Más de sed q1ie no de hambre a Dios quiero yo dar e ama;
5
.cansado traigo el cavallo, ·más el brai;o del espada:_,
,
,Roguemos a don Roldán que una vez el cuerno ~ana, &gt;Oír lo ha el emperador, qu'está en los puertos d Espana;
»que más vale su socorro que toda nuestra sonada.,
10
Oído lo ha don Roldán en las batallas do estav~:
.
cNo me lo roguéis, mis primos, que ya rogado m estav~,
,mas roga Id o a do n Renaldos , que a mí no
. me lo retraiga:
.
&gt;ni me lo retraiga en villa ni me lo retraiga en Francia,
,ni en cortes del emperador, estando comiendo a la tabla,
»que más querría ser muert&lt;:&gt; que sufrir tal sobarvada .»
Oído lo ha don Renaldo, qu'en las batallas anda va;
comeni;ara a dezir, estas palabras hablava:
y los moros eran tantos

•iÜ mal oviessen franceses de Francia la natural,
1
,que a tan pocos moros como éstos el cuerno mandan tocar.
,Que si me toman los corajes que me solian tomar,
&gt;por éstos y otros tantos no me daré sólo un pan.•
Ya le toman los corajes que le solian tomar,
assí se entra por los moros como segador por pan,
'
assí derriba cabei;as como peras d'un peral.

20

Tttryín, cap. XI.
.
es de las
A uí comien;an dos maneras de glosas, y esta primera
.
lament:Uiones que dizen: Salgan las palabras mías, pliego suelto gótico
del siglo XVI, Bibl. Nac., R-1 388. Incluido por Menéndez Pelayo en la
1
2

Antología de líricos, IX, 245, Y XII,. 365.

25 Por Roncesvalles arriba los moros huyendo van;
allí salió un perro moro, qu'en mala ora lo parió su madre:
c¡Alcaria, moros, alcária 1, si mala ravia vos mate!,
&gt;que sois ciento para uno, isles fuyentlo delanh!:.
&gt;¡Ü mal aya el rey Marsín, que soldada os manda dare;
30 &gt;mal aya la reina mora, que vos la manda pagare;
»mal ayáis vosotros, moros, que la venís a ganare!,
De que esto oyeron los moros, aun ellos bolvido han;
y bueltas y rebueltas, los franceses fuyendo van.
Atan bien se los esfuer~ esse ari;obispo Turpín :
c¡Buelta, buelta, los franceses, con coracóri a la lid!
»Más vale morir con honrra que con desonrra bivir.•
Ya bolvían los franceses con coracón a la lid,
tantos matan de los moros que no se puede deiir.
Por Roncesvalles arriba fuyendo va el rey Marsín,
40 cavallero en una zebra, no por mengua de rocín; la sangre que d'él salía las yervas haze teñir,
las bozes qu'él iva dando al cielo quieren subir:
«Reniego de ti, Mahoma, y aun de quanto hize en ti,
•hízete el cuerpo de plata, pies y manos de marfil,
45 &gt;y por más te honrar, Mahoma, la cabec;a de oro te hiz;
•sessenta mil cavalleros ofrecílos yo a ti,
,mi muger Abrayma mora ofrecióte treynta mil,
&gt;mi hija l\fataleona ofrecióte qui-nze mil;
&gt;de todos éstos, Mahoma, tan solo me veo aquí,
50 •y aun el mi braco derecho, Mahoma, no lo trayo aquí:
•cortómelo el encantado, esse Roldán paladín,
&gt;que si encantado no fuera, no se me fuera él assí.
35

1 Consultado por mí el eminente arabista D. Julián Ribera, me
señala un texto precioso para interpretar este verso. Ben Jaldún en
los prolegómenos de su Historia Unive1-sal (edic. árabe de El Cairo,
pág. 226) 1 hablando de las maneras de ordenar los ejércitos en los distintos pueblos, dice que hay dos modos de combatir: uno, usado por
los no árabes, que consiste en atacar puestos en fila sin retroceder;
y otro, usado por los árabes y bereberes, que consiste en «atacar y

huin (_;jJ\, ~\) alternativamente. Trata, pues, de lo que D. JUAN
MANUEL, Libr.o_de los Estados, P, 77.º, llama "l):~ trebejo que ellos
facen de torna-fuye,, y vemos que la palabra tons,a:grada para el ataque es calcarr&gt;, y para la huída es «alfarr•. La voz de mando parad
ataque sería un derivado de «alcarr,. Comp. calcarra, (ii~I) 'ataque,
~,.
carga'; y~\ 'acto de volverse para atacar'.
.

�}l..

MIIN)Th"DEZ PIDAL

»Mas yo me vo para Roma, que cristiáno quiero morir:
&gt;esse será mi padrino., esse Roldán paladín;
55 &gt;esse me baptizará, esse ari;obispo Turpín.
&gt;Mas perdóname, Mahoma, que con cuita te lo dixe;
&gt;que ir no quiero a Roma, curar quiero yo de mí.&gt;

Este romartce, por su ·lengua (especialmente por la/- tmcial vacilante) pertenece a fines del siglo xv o a principios
del XVI; en la segunda mitad del xv, Diego de San Pedro
contrahizo los reniegos de Marsín en una breve composición
lírica que empieza: Reniego de ti, Amor, y de quanto te serví;
es, pues, un romance de los documentados como más viejos.
Su acción, abundante y sin resabio alguno de relato juglaresco,
revela que no fué compuesto en la forma que hoy ofrece, sino
que se deriva de un relato más extenso; además el romance,
a pesar de la amplitud de la acción, tiene la inconsistencia de
un fragmento, y más aún, este fragmento ni siquiera tiene en
sí unidad, pues se divide en varias partes: reanimación de los
franceses, reanimación de los moros, fuga de los franceses,
fuga de los moros; todo esto contado en tres asonancias dife•
rentes. Sin duda ninguna el romance procede del relato más
extenso de un cantar de gesta. Cuando este fragmento del
Rey Marsín afirmó su vida como romance suelto, procuró
para sí alguna unidad, reduciendo su acción al esfuerzo de los
franceses y fuga del rey moro, y dejando subsistir una sola
de las tres a~onancias que contiene -la versión más extensa 1.
La acción que ésta desarrolla contiene una porción grande
de pormenores procedentes del Roland francés, que están en
la chanson diseminados en episodios muy distantes entre sí;
lo cual comprueba por su parte que el romance de que tratamos deriva de un poema bastante extenso, del mismo modo
que derivan de poemas extensos el romance de La jura en
Santa Gadea o el _de Mudarrillo. Desde luego, la resistencia
de D. Roldán a tañer el cuerno alude a la situación culminante ,
del poema francés.-El verso que el romance pone en boca de
Baldovinos: «oír lo ha el emperador, qu'está en los puertos
1

Primavera, II, pág. 313.

•RONCESVALLES&gt;

d'E
~ (
173
l'o:~:~::1e:· ~• c~rresponde ~1 puesto en boca de Olivier: «si
en 1
l
es az porz passant», de la chanson francesa·1
a cua ocurre también la expresión «li port d'E .
2'
-La frase de Roldán. « u
,
,
. spa1gne• .
tal sobarvad
. q e mas quena ser muerto que sufrir
.
" h a»,- corresponde a la de Roland: «mielz voeill mu
nr qu a untage re· maigne»
·
3· - L a primera huída d I
ros y cómo les esfuerza uno de ell
.
e os mosemejantes en el poema francés 4. º\,~r:v;~n~ del situaciones
y la aren d T ,
ui ª e os franceses
ga e urpm en el romance: «buelta buelta los fi
.
ceses..... más vale
.
h
,
,
ran(
morir con onrra gue con desonrra bivir»
v. 35-36), responde a varias situaciones análogas-de 1 h
~on francesa, donde el arzobispo frecuentemente
a c an~
~~ª~
nceses que desfallecen en el combate:
assez vau Jt m1eus
·
que morons combatant
que nos vilment soionz prins en fuiant 5. '

- El romance cuenta también la fuga del re M ,
como el poema francés 6 -El
b d
y . arsm (v; 39),
.
·
nom re e la rema «Abra
mora», en el romance (v. 47), es derivado dei .de «BraimiJ::
1 Ro/anti, O1071,M998 C92ª
11 •
a
.
moso se repite en boca de
1
y 09. (P 19. altera). El verso fai Roland, O 1152, M 1079~ ;~28e:
M 1801, 1853, etc.
111 8• .
· 3 Roland O
· Y
V112 .ª y P~o/091, M1025. Esta frase se pierde en C94;ª y 120.a,

R d

;}º3,

• Fuga p nmera
·
d e sarracenos Mi 6 C
ª
3 5•. 154, • P 52.a, etc.; falta
en O. Breves sus! de algún
F
moro &lt; erez paien • O 15
ga de Marsilio .J,f 1735 C 178 a pg a '
.....
oo, 1535. Aren5
R. ¡ nd p
'
·•
5· , etc.; falta en O
oa '
60.ª, T 50.a, L 26 a (C V
.
.
(lef suprime). La primera areng~ de Íu. ~upnmen), O 1475 y 1473
Roland, O l 127 (igual C 97 a
a
tpin está asonantada en -í,
nantada en -i se halla en
y ;23C.' etc/ Otra arenga de Turpín aso147, 160.,v1 52 ª P6 3 ªT ªL
.
no tiene parecido especial con 1 d 1
- . '
. ' 53. ' 29.,
añaden ésta y otra arenga se . a t e rlomance. Estas refundiciones
meJan e a a de o 147 2.
d .
blan en tres la última a
d
•
, es ec1r, desdorenga e 1 arzobispo La f
d
es por demás trivial· comp 1 d 01 . .
·.
rase e que tratamos
•
· a e 1v1er· «Miel
·11
•
en seit retraite• O 1701· la. d R 1
•
z voe1 murrr que hunte
'
,
e
o
and·
cferez
s
·
F rance par nus ne seit h . . O
.
.
e1gn_e urs ..... que dulce
a
ume•,
1925.
Fuga de l\farsilio, M 2031 C zo ª
.
se alude a ella: «se fuiz s'en es; M ~u··' etc., en O no se cuenta, pero
ars1 es&gt;, v. 1913 _
.

M

�175

R. MENÉNDEZ PIDAL

&lt;RONCESVALLES&gt;

de» que lleva la mujer de Marsilio en el Roland 1 , y el nombre
de «Mataleona» que se da a la hija de Marsilio en el roman~e (v. 48), deriva probablemente del de «Corsaleon» que lleva
el hijo de Marsilio en alguna versión del poema francés 2, pues,
según éste, es de advertir que el rey moro no tiene más hijo
ni hija que el que muere a manos de Roland 3• - Por último,
hay que notar que la fuga y los reniegos del rey Marsín en el
romance (v. 39-52), si bien no tienen parecido alguno especial
con la fuga que la chanson de Roland refiere cuando es herido por el héroe el rey Marsilio, en cambio están compuestos con varios recuerd;s de la misma--huída del rey sarraceno
cuando le derrota Carlomagno después de la muerte de Roland; así, el verso 41, «la sangre. que d'él salía las yervas
haze teñir», deriva indudablemente de una refundición rimada como la de C y V, que se parece al romance hasta por su
terminación en í:

El verso 43, «reniego de ti, Mahoma», y el representarse a
Mahoma como un ídolo de plata, marfil y oro, son recuerdo
de varios lamentos de los sarracenos en Zaragoza, después de
la derrota. Según la ya citada refundición rimada de C y V,el pueblo va a la mezquita, donde maldice los ídolos de Apolín y Mahom ( «Apolin trovent et Mahom qui brunie, De l'or
d'Espeigne fu l'image plastrie» ), y Marsilio rompe a palos el
ídolo de oro de Tervagán 1 . Algo parecidas injurias se cuentan
en todas las versiones; así, Braimimonde exclama: «Cist nostre
deu sunt en recreantise» 2 , y reiteradas veces: «pleignent lur
deus Tervagan e Mahum» 3• Marsín, en el reniego del romance,
alude a su brazo derecho, que le cortó «esse Roldán paladJn»
(v. 50), alusión que aparece también en los lamentos y reniegos de los sarracenos en la chanson francesa; mencionareqios
sólo cuando Braimimonde dice:

174

puis est cochez sor l'erbe que verdie;
del destre braz ne de la main n'ot míe:
per soro le cout li fu del cors partie,
li sans en chiet sor l'erbe que freschie 4.

Braimimonde y Braismimonde en C 326.a, 328.a, y en V 321.a,
323.ª; Braimunde, Braimonde en M 3817, 3844; Bramimunde, Bramidonie, O 634, 2822; Braidomme, Braidamonde, P 246.ª, 248.ª; Brunamonde, T219.ª, 220.ª-La transformación de «Braimimonde&gt; en «Abrayma mora,. es el primer paso de una evolución que sigue adelante; en
el texto del romance publicado hacia 1550 (Primavera, ll, 314), el verso
47 de nuestro texto se transforma en «mi muger la reina mora», por
donde vemos que en nuestro texto el verso 30, «mal aya la reina
mora•, encubre también el nombre de «Abrayma mora&gt;.
2 Corsaleon, M 409; Corsaleus, M 2022; Corsalleon, lv.l 2890.-Jurfaret, Jurfaleu, O 504, 1904, 2702.-Girfaut, P 104.ª-Gifeus, Girfalés,
Uirfallé, Girfalois, C V 46.a, V 192.ª, C 264.ª, V 263.ª-Sumelin, Putalet, T 91.a, 146.ª=El nombre cMatelion» se aplica a un rey sarraceno •
en el Anseis de Cartage.
s O 2744, M 2933, P 170.a, etc. (P en contradicción con 104.a)
• C 257.a, V 252.ª. Diversa es la refundición de P 157.ª y T 139.ª,
hecha en asonantes diferentes, siguiendo muy de cerca a O y M; así,
P d(ce: cDou sane qui de lui chiet se pasme par angoisse•, y Tpone:
1

Le destre puign ad perdut, n'en ad míe,
si li trenchat li quens Rollanz, li riches '·

«du sane qui yest se demente et dolouse»:-fü'texto de O 2570 y M 2760,
tiene sólo una relación indirecta con el romance:
Li reís Marsilies s'en fuit en Saraguce.....
sur la verte herbe mult laidement se culchet;
la destre main ad perdue trestute, ·
de l'sanc qu'en ist se pasmet e anguisset.
1 C 257.a, V 252.ª. En O 2600, M 2791, P 157.\ T 139.ª es Braimimonde la que especialmente se queja de los dioses: «Li nostre deu
i unt fait felunie~, y no se nombra a Marsilio como especial injuriante
de los ídolos, a quienes los vencidos quitan el cetro, la corona y la
carboncla..
2
O 2715, M 2903; C 266.a, V 261.ª, ~tot a perdue Mahomet sa vigor,; P 169.a, chonnis noz a ·Mahom et Tervagans,; T 147.ª
3
O 2696, M 2885, C 264.ª, P 166.a, etc.
' O 2719, M 2907, P 169.ª; menos análogo C 266.ª Comp. O 2700,
lamento de los zaragozanos: «Perdut avum li rei Marsilium, Hier li
trenchat Rollanz le destre puign; Nus n'avum míe de Jurfaleu le blunt.»
Los mensajeros a BaHigant repiten estos recuerdos: e Le destre
puign ..... fuiant s'en vint.. ... » O 2781, 2795, pasajes también conservados en las refundiciones.

�177

R, MBNJSNDBZ PIDAL

«RONCBSVALLES&gt;

Hasta la amenaza de Marsín de tornarse cristiano, según el
romance (v. 53-55), aunque es amenaza trivial, responde al
pasaje del poema francés en que Marsilio escribe a Baligant
para que le venga a ayudar:

noticias; Baldovinos llega ante el emperador montado en el
caballo de Roldán, sobre el cual escap6 de la derrota 1 .-De la
presencia de Reinaldos en Roncesvalles ya hemos hablado y
volveremos a insistir en seguida: puede ser otro rasgo en que
las tradiciones del Turpín concuerdan con las españolas-.
D. Beltrán es extraño a todas las tradiciones francesas de Roncesvalles que conozco. Interviene mucho en los romances un
«buen viejo don Beltrán», como figura de segundo orden, sin
interés para nosotros. Un muy famoso romance nos presenta
otro D. Beltrán como desaparecido en una ocasión, que los
editores del Romancero creen que sea la batalla de Roncesvalles, a pesar que el texto dice que fué «en los campos de Alventosa&gt;; el padre vuelve atrás a buscar a su hijo:

176

e s'il ne l'fait, il guerpira ses deus
tutes ses ydles que i1 soelt aürer,
si recevrat seinte chrestientet,
a Cárlemagne se vuldrat acorder 1•

Como resumen de esta comparación, diremos que el romance de Marsín remonta, al menos en su última parte, de la
fuga del rey moro, a un original análogo a la refundición rimada del Roland, contenida en los manuscritos C y V (Chateauroux y Venecia VII), a juzgar por el pasaje «las yervas haze
teñir», y por el detalle de Marsín maltratando al ídolo de
Mahoma.
Examinando ahora los rasgos del romance en que éste se
aparta del Roland, debemos señalar en primer término la presencia de Baldovinos en la batalla. Según el poema francés,
el hijo de Ganelón, el hermanastro de Roland, era un niño que
había quedado en Francia cuando la batalla de Roncesvalles
ocurre; se le nombra sólo cuando Ganelón lo encomienda a
sus parientes y a Carlos: «Baldewins, ki iert prozdoem» 2 •
Pero según el Turpín, «Baldovinus, frater Rolandi ex parte
matris» (como ya hemos notado), es uno de los caballeros que
toman parte en las guerras de España; en la batalla de Roncesvalles andan Baldovinos y Tederico (= Terrín) ocultos por
el bosque; ambos llegan sucesivamente ante Roldán, que agoniza o que ya qmrió, y ambos son los únicos supervivientes
de la derrota que se reunen a Carlomagno y le dan las tristes
1 O 2618 1 M 2807, C 259.ª (P 162.ª y T 141.ª, omiten). Recuérdese
que antes Marsilio, para alejar a 'Carlos de España, le ofrece ir a Francia a tornarse cristiano, O 36-38 1 85 1 155 1 y que Carlos le intima, por
medio de la embajada de Ganelón, que se haga cristiano para conservar la mitad de España, O 43 r, y que la otra mitad será para Roland,
según la variante de M 345 1 C V 40.ª
2 0 296, 363.

por la matanza va el viejo, por la mata02a adeladte,
los brazos lleva cansados de los muertos rodear..... ,
vido todos los franceses y no vido a don Beltrán¡

entonces un moro, «que velaba en un adarve)&gt;, dice al viejo
padre que aquel a quien busca yace muerto en un pradal 2 •
La escena, como se ve, no cuadra bien con la de Roncesvalles, donde los moros no quedan dueños del campo, y donde
el reconocimiento de los cadáveres no se hace por un viejo
sólo, sino por toda la hueste del emperador. Nada, pues, creo
que nos pueda ayudar el romance Por la matanza va el viejo
para ilustrar nuestro fragmento de gesta.
Turpín, caps. XXII, XXIlI y XXIV.
Primaoera, II, págs. 316 y 314. Comp. Rev. de Filol. Es¡., Ill,
pág. 256. Nótese que en la Siloa de Sirmas de Enríquez Valderrábano, 1547, los versos que arriba transcribimos aparecen puestos en primera persona: ,Los brai;os traigo cansados de los muertos rodear,
Vi a todos los franceses y no hallo a don Beltrán.• Y en una versión
anterior, de fines del siglo xv, la que publica B,urnnt.R1 1 Cancionero musical, núm. 344, se dice: «Los brazos trayo cansados de los muertos
rodear, Fallo todos los franceses, no fallo a don Reinalte.» Pero en
nuestro fragmento de gesta el padre de D. Reinalte no rodea con sus
brazos los muertos, ni tiene que preguntar por el hijo, sino que va a
caballo, y se derriba de él al reconocer el cadáver del hijo. No hay
analogía en la situación.
1

2

�178

R, MBNÉNDEZ PIDAL

Por 1o tanto, ateniéndonos sólo al romance del Marsín,
observemos ahora que éste por sus múltiples analogías con
el Roland francés, así como por su discrepancia de la tradición
francesa al presentarnos a Reinaldos de Montalbán en el campo de Roncesvalles, se muestra enteramente análogo a nuestro
fragmento de gesta.
Ademá_s no es sólo de notar la presencia de Reinaldos,
sino el carácter con que· aparece. El fragmento de Roncesvalles nos dice que Reinaldos había perdonado a Roldán; ¿cómo
entonces, dada esta preciosa indicación, habían de actuar Roldán y Reinaldos en la bata1fa·del poema, sino colocados en la
misma actitud en que nos los presenta el romance de Marsín? .
En éste aparecen los dos héroes luchando juntos fraternalmente, pero su antigua enemistad no puede menos de recordarse, aunque ahora sea sólo para rivalizar de heroísmo en un
trance supremo: Roldán no quiere tañer el cuerno porque
Reinaldos se lo echaría en cara y le afrentaría ante el emperador (v. 12-15 del romance).
Esta sorprendente coincidencia en la caracterización de
las relacion~s entre Roldán y Reinaldos, nos autoriza plenamente para creer que el poema de donde deriva el romance
de Marsín era el mismo en sustancia que aquel al.cual pertenecieron los cien versos de Roncesvalles que ahora damos a
luz. Todas las otras divergencias que el romance ofrece respecto de la tradición francesa, encajan perfectamente con la
independencia legendaria que tan a menudo hemos observado
en los cien versos de Roncesvalles.
Reconstruyamos, pues, con ayuda del romance principalmente, lo que sería la batalla en nuestro perdido poema.
Carlomagno, encargando la zaga de su hueste a Roldán,
emprende su regreso a Francia. El rey Marsín, de acuerdo
con Ganelón, cae sobre la zaga de los franceses y comienza
la gran lucha.
Por lo que dejamos expuesto, creo que, lo mismo que
intervenía Reinaldos en la batalla referida por la gesta de
Roncesvalles, intervenían también Baldovinos y don Beltrán,
tipos los tres extraños al Roland francés. Reinaldos es el

e RONCl!SVALLBS&gt;

179

que especialmente nos interesa, pues él era, más bien que
Oliveros, el segundo héroe de la gesta española, la cual en
esto obedece a una influencia vaga de la chanson de Renaud
de Montauban, donde Renaud y Roland hacen el primer papel.
El juglar español llegó hasta hacer que Reinaldos compartiese
con Roldán la. heroicidad temeraria de no querer pedir socorro a Carlos mediante el tañido del cuerno (v. 18 del romance).
El que en esta ocasión ruega que se avise al emperador es
Baldovinos, y no Oliveros, como en el poema francés. No
obstante, en la gesta española también Oliveros debía de hacer
el mismo ruego, antes que Baldovinos, pues Roldán dice en
el romance (v. II) «no me lo roguéis, ~is primos, que ya
rogado m'estava ». Quizá era Oliveros y no Baldovinos el
que pronunciaba el verso «oír lo ha el emperador qu'está en
los puertos de España», o mejor, una variante de este verso
se repetía en los varios ruegos de Oliveros y Baldovinos, como
se repite, según el Roland francés, en los varios ruegos de Oliveros. En lo que no hay duda es en que la gesta contenía en
sí todos los pormenores del romance de Marsín que, como
este verso, proceden del Roland.
La temeridad de Roldán y de Reinaldos, que compiten
en heroísmo, va seguida de un retroceso de los moros. Luego
éstos se rehacen y los franceses huyen. El arzobispo Turpín
esfuerza a los suyos una o varias veces. Roldán corta el brazo
derecho a Marsín y le pone en fuga.
No creo que el largo reniego de Marsín que figura en el
romance formase parte de la gesta, a pesar de que tiene varios
elementos procedentes del Roland francés. Me parece indudable que ese reniego es un desarroilo lírico propio de la tradición romancesca, logrado por medio de una síntesis de varios
pasajes narrativos de la gesta española 1; dentro de la gesta
1 Que el lamento de Marsin fué tema predilecto de la tradición
romancesca, y como tal sujeto a desarrollo propio, nos lo atestigua el
hecho de que el reniego fué casi la parte única del romance que se
salvó y llegó hasta la segunda mitad del siglo xv1. Para el modo corno
una larga acción se reduce a unas breves reminiscencias líricas, véase Rev. de Filo/. Esp., III, 1916, pág. 282 y sigs.

�•RONCESVALLl!S•

180

R. 1141!NÉNDEZ PIDAL

irían esos pasajes diseminados en forma semejante a aquella
en que nos los ofrece el Roland francés.
Los moros se rehacen de nuevo, y los principales franceses van cayendo. Al ver el desastre seguro, Roldán tañería,
al fin, su cuerno, avisando a Carlos. Oliveros moriría de los
últimos, según la chanson francesa, y Reinaldos probablemente
moriría después, como personaje más importante que él; acaso
el juglar imaginaría una última .escena de amistad entre Reinaldos y su rival. Carlos, al oír el aviso de Roldán vuelve a socorrerle, como en la chanson, pero quizá en contra de ésta y
conforme al Turpín, Baldovinos se salía de la batalla para
llevar la noticia al emperador.
Al sentir que éste viene, los moros se alejan del campo,
dejando con vida a Roldán y probablemente también al arzobispo. Creo que la gesta española refería a su modo la última bendición que, según la chanson francesa, el arzobispo
da a los héroes muertos, cuyos cadáveres le trae delante Roldán; al menos Roldán hacía algún honor fúnebre al cadáver
de Oliveros, pues lo colocó «tornado a orient», según el
verso 14 de nuestro fragmento. La chanson supone que Olivier se apea del caballo para morir y Roland le llora, viéndole
«gesir adenz cuntre orient sun vis» 1 ; después Roland,
cuando ya llevó los otros muertos ante el arzobispo, vuelve
a buscar el cadáver de Olivier, y sobre su escudo lo coloca
con los otros para que reciba la bendición 2 • La orientación
del que muere, puesto su cuerpo o su rostro hacia oriente,
es conocida en la literatura; así, en el romance de la Muerte
del rey Fernando I se dice «los pies tiene cara oriente» 3,
y en la Vida de Santa María Egipciaca, la santa, para mo1 M 2139, C 212.ª (O 2025 «a la tere sun vis•); •mort a la lerre contre oriant son vis• V 204.a, P 116.a, T 101.ª, L 73.ª.
2
O 2204, M 2358, T 114.a, L 87.ª. Una distinción especial se expresa en el v-erso cDevant les autres le mis jus sor l'erber&gt;, propio
de C 230.ª y V 225.ª; ambos manuscritos dilatan algo el hallazgo del
cadáver: cLa le trova sor son escu d'or mier, Roland 1i vit la face
nercier.... ,&gt;
3
P1·imavera, I, pág. 113.

181

rir, «sen tornó contra oriente», y así su cadáver «iazie contra
oriente» 1 .
Roldán, el último de todos, se siente morir también. L~
mismo que en la chanson francesa 2, no muere de golpes nt
de heridas, según se desprende del verso 45 de nuestro fragmento. Muy al contrario, el Turpín supone que recibe cuatro
lanzadas y muchos golpes de piedras y palos (cap. XXII).
Roldán, antes de morir, trata por tres veces de romper la espada Durandarte, y rompe la peña en vez de romper la espada, según el Roland y el Turpín; uno de estos golpes es aludido por el verso 2 5 de nuestro fragmento; nada sabemo~ de
la suerte final de la espada (v. arriba, pág. 150). Por úlbmo,
el héroe, para morir, se recuesta «a un pilar» (v. 28-29), que
debe significar un 'peñasco', mientras, según la chanson, se
echa sobre la hierba, debajo de un pino 3 •
Carlos llega a Roncesvalles cuando todo ha terminado. ;ersigue a Marsín que huye herido en su.brazo derecho; aqm co,
'
1'
rrespondetá el verso del romance: «la sangre que dél sa 1a,
las yervas haze teñir». Lamentos de la reina Abraimimo~da
en Zaragoza, e injurias de Marsín al ídolo de M:homa, analo_gas a las del Roland C V y a las ~el ro~ance. No, sabemos s1,
como en Ja chanson francesa, Bal1gant mtervendna para ayudar a Marsín, y se contaría su derrota. Carlos probablemente
conquistaría a Zaragoza como en el poema francés.
Carlos volvía a Roncesvalles. A este segundo paso suyo
1 Santa Maria Egipcíaca, v. 1317 Y 136 t.
2

En el Roland, el héroe se revienta el cráneo al tañer el cuerno,

o 17 64, 2100 - 21 03, 2260¡ pero no logran herirle los sarracenos, 2159:Tradiciones tardías suponían que Roldán moría de sed, y que era _invulnerable. Los manuscritos C V parecen suponer una protecet~n
especial celeste que defiende Roland: cLancent li lances et esp1ez
plus de c;ent, Ni li font mal, car Dex ne lor consenb (C218.a, V212.ª,
adición a O 2098).
a o 2357 237 5, «desuz un pin»; M 2518, 2535, «desot un pin,;
p 145 .a, 146\ cdesoz un pin ..... soz un aubre foilli&gt;; T 127.a, 128?,
cdesoubz un pin..... soubz un pin fielluZ1&gt;j L roo.a, csor .u. arbres
floris&gt;. (C V suprimen, fijándose sólo en cun pui agu,, C 243.ª, confróntese O 2367.)
·

�l. Ml!NÉNDl!Z PJDAL

por el campo de batalla corresponde la escena de la busca de
los cadáveres cont~da en los cien versos que poseemos, ora
estuviese colocada antes de la toma de Zaragoza, como en la
·versión primitiva del Roland, ora estuviese después, como en
las refundiciones rima~s 1.
Seguía el regreso a Francia y el entierro de los muertos.
El Roland de Oxford sup&amp;ne que sólo Roland, Olivier y Turpín son llevados, y que los tres son enterrados en el monasterio de San Román de Blaye. La refundición rimada hace trasladar los restos de. todos los doce pares, aunque no nombre
especialmente sino a los tres consabidos, y los entierra también en Blaye 2 • El seudo Turpín (caps. XXIX-XXX) amplía
mucho el número de cadáveres llevados a Francia, y reparte
sus sepulturas entre Burdeos, Belfo, Nantts y los Aliscamps
de Arlés. La gesta española se apartaba de todas estas versiones, ya que en el 'verso 9 de nuestro fragmento anuncia que
los restos del arzobisp,o serán llevados a enterrar «a su tierra». No sabemos qué pasaría con los demás cadáveres; peto
es claro que los de Oliveros y Roldán serían también llevados;
y también el de Reinaldos, ya que el padre de éste lo aparta
,de entre los que yacen en el campo (v. 96).
Al entierro de Roldán y de Oliveros se mezclaba la escena de la muerte de Alda, la esposa de Roldán. Me fundo para
asegurarlo, por una parte, en que la muerte de Alda se cuenta
lo mismo en el texto de Oxford que en las refundiciones rimadas del poema francés, y con mayor razón debía contarla el
poema español. el cual&gt; dando mayor importancia aún que las
refundiciones francesas a los cadáveres de los héroes, indica
que al entierro de éstos se mezclaba algún episodio esencial,
que no podía ser otro que el contenido en dichas refundiciones; por otra parte me fundo _también en el romance de Doña
Véase arriba, pág. i65. Alli decimos cómo los manuscritos C V
representan bien la intención del redactor de la segunda parte rima.da. M omite la escena del encuentro de los cadáveres según la segun.da parte y la conserva antes de la toma de Zaragoza. P y T la conserva d¡¡.plicada, antes y después de la toma de Zaragoza.
2 Véase arriba, pág. 165.
1

.

&lt;'ROlfCKSVALLRS• .

Alda, cuyas fuentes&gt; no señaladas hasta ahora, es preciso indicar aquí.
La chanson de Roland cuenta la muerte de Alda en l,lna
sola, hermosísima copla (v. 3705). A ella refieren los críticos
-el origen del romance de Doña Alda, descubriendo en éste el
mismo espíritu, la misma belleza que e~ el poema francés,
pero nada de sus especiales pormenores. Milá hace notar que
en el Rolland no se habla del sueño de D.ª Alda, presagioso de
la triste noticia según el romance 1 , y Menéndez Pelayo elogi~
al juglar español del siglo xv autor del romance, que supo pr_o•
&lt;lucir un efecto análogo al del poema francés con medios en•
teramente diversos, sin repetir una sola palabra, y recurriendc;i
al simbolismo del sueño de Penélope, aunque ignorando, por
supuesto, la existencia de la Odisea 2 • Ahora bien: este modo
.de explicar el romance está enteramente fuera d!! la re.a lidad·,
fuera de la esencia misma de la poesía tradicional, pues igno~~
el proceso de su elaboración, ignora las refundiciones literaria_s
y las variantes orales; defecto que en más o menos grapo QO·
tamos frecuentemente en la crítica usual del Romancerc)'. ·
Las refundiciones ilustran, como [10 podían menQs, .la historia del romance de Doña Alda. La bellísifi!a copla que i_a
vieja chanson de Roland consagra a la muerte de Alda, es~á
concebida con una sobriedad tal, tan desligada de todo Io ·que
le precede y sigue en el poema, que con razón la pueden creer
añadida a éste muy eminentes críticos 3• Con ellos creo yo
que esa copla, y la siguiente que refiere el entierro de la muerta, son el primer paso de una corriente de refundición relativa a Alda 4, al cual siguen insistentemente otros varios que se
.De la Poes., 1874, pág. 351.
Antología de líricos, XII, 1906 1 págs. 369 y 3 7 1.
3 Véase C. NYROP, Storia del/ Epopea francese, 1888, ·pág. '.2.5-· Comp.
G. PARis, Poemes et Légendes [1900], pág. 12, n., y La Littératurefran_;aise au Moyen Age, 1890, § 36. Es de lamentar que J. BÉDIBR, Legendes
éjiques, III, 1912, pág. 445 1 no exponga las razones que tiene para con1

2

siderar que la escena de. la muerte de Alda está •indisolublemente»
encadenada a las precedentes.
' He señalado 1~ existencia de estas corrientes de refundición res-

�\

R, Ml!NÉNDEZ PIDAL

&lt;RONC&amp;SVALLl!S&gt;

advierten en las·versiones· rimadas del poema francés. El antiguo texto del Roland parece no prestar atención . sino a las
ideas propias de la vida feudal y guerrera. Una sola vez se
nombra a Alda en los 3700 primeros versos del texto de Oxford, cuando en medio de la batalla, Olivier, burlándose amargamente del pundonor de Roland, le amenaza con quitarle el
cariño de su hermana, y entonces Roland nada especial responde a esto; pues bien: un refundidor hace que el héroe
recoja la alusión hecha a su prometida, y que más adelante
recuerde dolorido a Alda ante el cadáver de Olivier 1 . En el
texto viejo, Roland, al morir, lleva su pensamiento a la dulce
Francia, a su familia, a Carlos, sin tener el menor recuerdo
para Alda; pues otro refundidor remedió este imperdonable
olvido, haciendo que Roland antes de morir se acuerde repetidas veces de su esposa 2 • Y no contentos con esto, otros rimadores hicieron que también Olivier, al morir, se acordase
de su hermana 3• Así, con marcada insistencia, el pensamiento
de los refundidores se dirigía a la infeliz Alda, de la que el
primitiv~ texto no hacía caso alguno.
Otro refundidor, el autor de la conclusión rimada, que es
el que más_ nos interesa, creyó demasiado poca cosa las dos
coplas consagradas a la muerte y· entierro de Alda, y las dilató hasta formar un largo episodio. La seca noticia, fulminant~ como el rayo, en el texto de Oxford, se prolonga ahora
en complicadas escenas de presagios y piadosas mentiras, que

revelan y encubren alternativamente la triste nueva a la desdichada esposa.
Según el Roland rimado, cuando Carlos llega a Blaye con
los cadáveres recogidos en Roncesvalles, manda buscar a Alda,
que está en Vienne, y encarga a los mensajeros que le octJlten
las tristes noticias, diciendo que la van a buscar para casarla
con Roldán. Durante el camino, Alda se muestra sobresaltada,
pues tuvo sueños fatídicos por los cuales sospecha que GaneIón vendió a Roland y a Olivier a los sarracenos. Carlos le
sale al encuentro, no sin prevenir antes que Naymes mande
a todos en Blaye hacer alegrías, las damas, los niños y los caballeros, para ocultar la realidad a Alda; pero la tristeza de
ésta es invencible, y al fin tiene que ser descubierta la verdad.
Alda va al monasterio donde están los ataúdes de su hermano
y de su esposo, y allí el poeta se complace, a la luz de los fú.
nebres cirios, en recargar la escena de dolor y las tétricas visiones. En vano Carlos promete grandes honores a Alda: ella
rechaza todo consuelo; pide confesión, e invocando a Olivier
y a Roland, muere, y es enterrada junto a su prometido.
Entresacaremos de esta melodramática narración algunos
rasgos que se reflejan, con mayor o menor claridad, en el
romance de Doña Alda.
Alda sale de Vienne creyendo que va a sus bodas, y su tío
manda que la acompañen:

pecto a las variantes de los romances (Rev. de Filo/. Esp., III, 1916, páginas 274-27 5). Creo que existen también en la refundición de los poemas, aunque ésta sea más lenta y escasa en formas que la que se opera
por medio de las variantes de
poesía de trasmisión principalmente oral.
1 P 91.a, T 77.ª (variante a O 1720); y P 132.a, L 87.ª, dislocado en
T 113.ª (adición a O 2214).
·
2 C 229.a, V. 224.ª (adición a O 2199); C 245.a, V 240.ª (variante a
O 2379). El mismo refundidor anticipó dos alusiones al dolor que sufriría Alda (C 218.ª, V 212.ª; C 247.ª, V 242).
s V 198.ª, 201.ª (adición a O 1964 y 1988), idea que aparece ampliada en T 100.ª (variante a O 2018).

una

cent chevalers de cels de Comarcis,
nen i ait nul qui n'ait pelison gris
et chier mantel et bons cheval de pris

1;

acompañamiento comparable, dadas las desviaciones de la
tradición oral, al del romance:
trescientas damas con ella para la acompañar;
todas visten un vestido, todas calzan un calzar 2•
1 C 361.ª, V 356.ª, P 291.ª: «M. chevaliers armez ef fer vestís&gt;, etc.;
T 263.ª conserva sólo este verso: «c. chevaliers ar.mez el fervestis&gt;.
En M no existe esta copla, pero después, en 4779, habla de esa compagnia A cent c;;ivaler que sunt de grant aia».
2
Prünave,·a, 1, pág. 314.
TOMO IV.
13

�186

R, JIIENÉNDEZ PIDAL
«RONCESVALLES&gt;

y hasta las cien damas que según el romance «tañen instrumentos para doña Alda holgat:», pueden ser un recuerdo de
las alegrías que Carlos manda hacer en Blaye para ocultar a
Alda las tristes noticias: «les &lt;lames faites dancer et caroler» 1•
Hay que recordar detalles de los varios sueños que Alda
tiene en el Roland rimado:
a)

Enuit soniai un songe si pesant 2•
Sire, fait elle, je· sui mult adolée
et part cest songe travaillée et penée 3 •

b)

Ancor m'avint UD altre encombrier:
avis m'estoit qu'estoie en un bois plenier '·

. e)

Primer me vint un fauconet volant
et s'ert asís sor muí en mon devant .....
entre ses piez me saissi maintenant,
si m'en porta en son un pui volant,
la me ·guerpi, ainc puis nen vi sanblant 5 •
Si com je fui en son le pui portée,
o 1i falcons m'ot guerpie et levée,
puis vint un aigle hidose et emplumée,
sor moi s'asist, si m'a acoverclée
coro se je fusse entre la roer &lt;;ntrée. •
Quant m'a guerpie, si m'a •si mal menee
que roa mamele senestre en a portée 6 •

Los varios sueños y los prolijos detalles de mal gusto
aparecen simplificados felizmente en el romance; la carnicería
1
C 369 .a, p 299.a, M 4 972, etc. Una variante de este verso se repite otras dos veces: C 370.ª , 376.ª ; p 300.a, 306.\ etc., •les dames ont
ti-escbe et caroléb,
.
2
e 36 3.a, V 35 s.a, T 266.ª. Menos análogo e~ M 4~0_5, •Sta noit me
sonia sonie molt mervellant&gt;, y P 293.a, «annmt somai ,I. songe merveillanb.
3
C 364.a, V 359.a, M 4844, P 294.a, etc.
a
.
i
Lección híbrida de M 4889 y L i45_a. En C 365.a, V36o., «Avis
m'estoit que iere en un terre-r (var.: en un ramier), En un grant val, desoz UD aiglentier»- Según T268.ª , •sur une rocbe &gt;;P 295.ª, «en un ver.gier,. Se refiere a UD sueño en que unos osos quieren devorar a Alda.
s C 36 3 .a, V 358.ª, M 4811, P 293.a, T 266.\ L 143.ª
a V 359.a, C 364.\ .M 3847, P 294.a, T 267 .ª
·

1

l

que el halcón y el águila hacen en Alda, se trueca en lucha
de las dos aves entre sí:

r

a)

Un sueño soñé, doncellas,

que me ha dado gran pesar:

b)

que me veía en un monte en un desierto lugar,

e)

de so los montes muy altos un azor vide volar;
tras él viene un aguililla que lo ahinca muy mal.
El azor con grande cuita metióse so mi brial;
el aguililla con gran ira de allí lo iba a sacar,
con las uñas lo despluma, con el pico lo deshace.

En el Roland rimado, Alda refiere sus sueños a maestre
Amaugín, clérigo nigromante, que comprende el triste sentido
que los sueños encierran; pero tuerce la interpretació~, dándoles sentido favorable:
Dame, dist il, ne vos esmaiez ja,
car por le songe neguns mals ne vendra:
li fauconceauz, qui ou mont vos porta,
ce est Rollant qui arsoir uos manda;
e l'aigle fiere, qui illec vous trouva .....
c'est une dame que Rollant·conquerra .....

1

Alda tendrá un hijo a quien Carlos honrará mucho. «Respont
belle Aude: si soit com Díeu plaira. » Interpretación ba~tante
parecida a la que, según el romance, da la camarera de doña
Alda:
Aquese sueño, señora, bien os lo entiendo soltar:
el azor es vuestro esposo, que viene de allén la mar 2,
el águila sedes vos, con la cual ha de casar.....
,
- Si así es, mi camarera, bien te lo entiendo pagar.

El suponer que el halcón presagia a Roldán, es propio de
los manuscritos franceses T y L; todos los demás dicen que
el halcón es Carlomagno, que envía a buscar a Alda 3; parece,
Versión híbrida de T 270.ª y L 147.ª
El detalle de que Roldán «viene de allén la mar» pudiera depender de.la falsa.noticia con que Carlomagno,_segúh el Rolami rimado, quiere explicar a Alda la ausencia de Roland y Olivier, diciendo
que éstos iban a guerrear a Babilonia, C 372.ª, M 5043, P 302.a, etc.
3 En vez del verso cuarto de los copiados arriba, dicen: «c'est
Charllemene qui ersor vos manda , , C 367.", V 362.a, P 297.ª, M 4951.
1

2

�e RONCES VALI.ES•

188

R. MBNÉNDl!Z PJD,U

pues, que el -romance deriva de un texto análogo a To L. No
concedemos, empero, pleno valor a ~sta coincidencia por lo
sencillo y natural de la identificación del halcón con Roldán,
que pudo ocurrírsele a otro independientemente de T o de L 1 .
Vemos que el suefio de D.ª Alda no fué inventado por
ningún autor romancerista del siglo xv, como creía Menéndez
Pelayo, sino que es producto de esa elaboración tradicional
de que conocemos numerosas muestras: un largo episodio
épico se reduce, mediante una prolija tradición principalmente
oral, a una breve escena, de sesgo rápido y semilírico. La magistral sencillez del Roland antiguo en nada iluminó al romance español, cuya belleza se ha frecuentemente equiparado o
sobrepuesto a la de su pretendido modelo francés. Entre ambos textos se extiende la espesa y replegada cortina de las
refundiciones, que no dejó pasar el menor rayo de luz de la
antigua inspiración. El romance español se elevó por sí solo
a las altas cimas de la más pura poesía, mediante un proceso
de s,elección y elaboración de materiales inferiores.
No existe ninguno de los pasos intermedios entre el Roland
.rimado y el romance español. Pero si éste supone una tradición española basta"nte prolija, y si, por otra parte, el poema
francés sirve de fuente 1:-0nocida al poema español, nada más
evidente suponer que este poema de Roncesvalles contenía
también la escena de la muerte de Alda, según las refundiciones rimadas francesas, y que él es el punto de partida de la
elaboración tradicional que el romance postula. El juglar de
Roncesvalles trataría esta escena con la gran libertad de que
nos ha dado claras muestras, y salvaría gran parte de la distancia que hay entre el Roland y el romance; a él, por ejemplo, podemos atribuir la sustitución de maestre Amaugín, el
interpretador de los sueños, por un personaje femenino, acaso
la tía de D.ª Alda, que luego en el romance vemos convertida
en una camarera.

Fuera del romance de Doña Alda, ningún otro recurso
tenemos que nos ilustre para averiguar cómo sería el final de
la gesta de Roncesvalles. Parece natural que Alda, después de
su sueño, viese el cadáver de Roldán y muriese. Los detalles
del castigo del traidor Ganelón serían análogos a los del poema francés; algunos de ellos fueron imitados en la segunda
,gesta de los Infantes de Lara y en el Rodrigo 1 , y es de suponer que esta -reiterada .imitación, más bien tuviese presente el
poema español que no el francés. Esos detalles imitados son:
1a larga huída de Ganelón, y las varias propuestas que los
-vasallos de Carlos hacen para castigar cruelmente al traidor.
Milá nota que tanto el arzobispo toledano como la Cró:nica General, hablan del cansancio del emperador después de
la expedición a España, y sospecha si tendrá esto relación
-con el final del Roland 2 • Pero si en la última copla del Roland
de Oxford, Carlos se queja de lo penosa que es su vida, no es
:rorque decida descansar, sino porque tiene que emprender
una nueva guerra; esa copla es la introducción a otro poema
perdido 3; mientras que en ambos historiadores españoles el
-cansancio del emperador es el precursor de la muerte. Además,
-esa copla falta en el Roland rimado. No es, pues, de suponer
,que se hallase en el Roncesvalles español.

9. -·

Nuestro fragmento no debió pertenecer a un poema epi:sódico que tratase sólo del entierro de los muertos en Ron-cesvalles y de la muerte de la esposa de Roldán, postulada
por la tradición del romance de Doña Alda: · los mismos carac,teres de la leyenda que aparecen en el fragmento de gesta se
-vuelven a manifestar claramente en el romance de Marsín,
-confirmándonos en la suposición más natural r que ta gesta

1

También en los Nibelungos, en el sueño de Crimilda, el halcón
destroz~do por dos águilas significa el futuro esposo, Sigfrido, que
será muerto.
1

CONCLUSIONES.

2
.3

Véase Siete Infantes, págs. 33-34.
MILÁ, De la Poes., 1874, pág. 476 .
G. PARls, Histoz're poe'tú¡ue de Charlemagne, 1865, pág. 277, n. I.

�R. ldEN.éNDl!Z PID,\L

abarcaba también la batalla de Roncesvalles. Debía ser, en fin,
un poema completo que contase asimismo el castigo del traidor Ganelón tal como se refiere en las refundiciones rimadas
del Roland, ya que esto se confirma indirectamente por imitaciones de ese castigo en otras gestas españolas.
Todas las versiones poéticas de la leyenda especialmente
consagrada a Roncesvalles, que se conservan en Francia, así
como las versiones italianas, alemanas, noruegas, holandesa,
inglesa, etc., remontan a un mismo poema, cuyo estado más
antiguo conocido está representado por el manuscrito de
Oxford del Rola11d. España no es en esto una excepción, y
es imposible desconocer que el Roucesvalles de que tratamos
entronca también con esta gran familia, derivando de una de
las refundiciones francesas del Roland.
Los textos lranceses conservados de las refundiciones del
Rola11d son de varios tipos que difieren bastante unos de otros,
pero ninguno de ellos explicaría por sí solo el poema español
cuya trama hemos intentado reconstruir. Pudo servir de fuente
al juglar español una redacción perdida, compleja como todas
las otras, y cuyos caracteres serían éstos, poco más o menos:
r.º Mezcla de rasgos propios de la versión asonantada con
otros de la rimada, semejante a la del manuscrito 111 (San
:i\larcos de Venecia IV), pero no igual. Contenía, como el M,
la escena del hallazgo de los cadáveres según el texto viejo
asonantado, o al menos en forma rimada más fiel a la antigua
que la de cualquiera de los arreglos rimados de P y T (v. página 166).
2.º Pero si .~1 no mezcla la versión rimada sino después
de la toma de Zaragoza, el original francés de nuestro Roncesvalles debía tener ya trozos rimados antes de la toma de Zaragoza y antes del hallazgo de los cadáveres, puesto que la huída
de Marsín, en el romance, presenta analogía especial con C
y V (Chateauroux y Venecia VII, v. pág. 176).
3.º Los manuscritos T y P (Trinity College de Cambridge
y Bibl. Nac. de París), contando por duplicado el episodio del
hallazgo de los cadáveres (v. pág. 165), contienen a la vez el
lamento extenso por Roland, que falta en C y V, y la escena

191

«RONCl!SVALLl!S»

del hallazgo del cadáver de Olivier, que falta en M. Una duplicidad análoga habría, acaso, en el modelo del juglar español,
en el cual podían hallarse a la vez el lamento extenso por
Roland, según se dice en el punto r.º, y la mención especial
del hallazgo de Olivier. Recuérdese que también existe, aunque no es plenamente significativa, una especial coincidencia
del romance de Doiia Alda con T, según arriba señalamos
(págs. 187-188).
Claro que alguno de los caracteres señalados en los puntos 2.º y 3.º pueden proceder de refundiciones del p~ema
español, posteriores al estado que éste tuviese en el códice a
que pertenecieron los dos folios de nuestro fragmento._
El poema español contiene muchos rasgos extr~os al
Roland. Alguno de ellos, como la intervención de Remaltdos,
de Berart y de Baldovinos, así como el cadáver de Oliveros
cubierto de heridas y Carlos reconstructor del camino de
Santiago, son, con más o menos seguridad, análogos a otros
de la historia de Turpbz; pero en ninguno de estos rasgos
aparece una coincidencia bastante para hacernos suponer q~e
el juglar español conociese el Turpín 1, y, por el contrario,
vimos que se aparta de él en muchos casos importantes; desde luego, siempre que hay oposición entre el Turpín Y el Roland, el texto español se atiene a éste: así, el héroe no_ mu~re
de heridas (v. pág. 181); 11arsín no es muerto por Rold~, smo
sólo herido; Salomón de Bretaña no muere en Roncesvalles
(pág. 16o); el arzobispo, en cambio, muere en la batalla.
En suma, el Roncesualles español no debió tener presente
el Turpín, sino todo lo más las mismas leyendas que inspiraron al Turpin, o bien otras análogas.
España e Italia se distinguen frente a .Alemania, por ejemplo, en la mayor independencia y libertad con que refunden
las leyendas francesas. La leyenda de Roncesvalles, sobr~
todo, podía ser mirada como propia en España; por eso aqui
encontramos mudanzas más tempranas y mayores que en Italia. Mientras las grandes variantes de la famosa derrota no se
1

Véase arriba, págs.

141, 160,

176-177,

139, 1 52 ·

�« RONCBSVALLES &gt;

R. MENÉNDEZ PIDAL

manifiestan en Italia sino a fines del siglo xiv,· con -el poema
conocido bajo el nombre de la Spagna in rima, hallamos desde
el siglo anterior en España, de una parte nuestro poema, y
de otra la gesta de Bernardo del Carpio en pleno desarrollo.
También las complicaciones acá son mayores que allá. La
Spagna italiana en octavas y sus derivados nos muestran el
Roland del manuscrito N de Venecia mezclado con varias
ficciones que remontan seguramente al Turpín y a varios poemas franceses conocidos, mezclado todo a invenciones tardías
de los poetas italianos. El Roncesvalles español se parece al
poema italiano en que deriva de una versión algo semejante
al códice IV de Venecia, y en que mezcla con ella grandes
variantes. Pero el origen de éstas nos queda desconocido.
Muchas, claro es, serán invenciones nacidas en España; otras
acaso entroncan con alguna tradición esporádica francesa,
especialmente del Mediodía, como sospechamos en las páginas 146 y 158-159; nótese. que entre los peregrinos a Santiago y entre los cruzados militares abundaban más, como es
natural, los de las regiones más próximas a los Pirineos, y
que en las colonias comerciales y eclesiásticas francesas veni•
das a España predominaban los gascones, lemosines y languedocianos 1 .
¿Qué tamaño tendría el poema español cuya reconstrucción hemos ensayado? El lamento de Carlos por Roldán, único
punto de exacta comparación que existe entre el texto· español y el francés, ocupa en Roncesvalles 48 versos, y en el
Roland de Oxford, que le sirvió de modelo, oéupa 43 2 ; pero
esto no puede indicarnos que el español estuviese desarrollado
en una escé}la algo mayor que el francés, porque hay que tener
en cuenta el distinto modo de poetización de uno y otro poema. El francés, en su forma antigua, dado su procedimiento

1 Este punto lo documentaré en la Historia de la lengua española
que preparo.
2 En M ocupa 41 versos; en T, 38 versos; en P, 27 versos!"' En la
refundición rimada del final del Roland ya hemos dicho que el lamento
de Carlos se reduce a sólo 3 versos.

1 93

reiterativo y sus coplas similares, reparte esos 43 versos en
5 coplas, que llegan hasta sumar 64 versos; recuérdese ahora
que el lamento en el poema español tiene un tono más narrativo que en el francés, y lo que sí-podremos afirmar es que
el Roncesvalles contiene más materia en menos espacio que
el Roland.
Añadamos otro dato comparativo: en el Roland de Oxford
la escena completa que refiere la busca de los pares muertos
en la batalla, ocupa 90 versos, y sólo rledica atención al encuentro del cadáver del héroe principal 1 ; en la adición final
delRoland rimado, esa misma escena ocupa unos 125 versos,
y reparte su atención entre el hallazgo del cadáver de Oliver
y el de su amigo 2 ; ahora bien, en el Roncesvalles español se
dedica atención especial no sólo a estos dos' cadáveres, -sino al
hallazgo de los de Turpín y Reinaldos, y estando la escena incompleta, como está, ocupa 100 versos; de modo que también
desde este punto de vista el poema español contiene más ma•
teria que cualquiera -de las dos versiones del -poema francés,
y acaso también en no mayor tamaño que la versión rimada
de éste.
La refundición del Roland contenida en el manuscrito M,
a la cual sería análoga la fuente de nuestra gesta, tiene
unos 5500 versos 3 ; y una extensión semejante, o acaso algo
menor, podemos suponer para Roncesvalles. Si éste recarga la
acción, como hemos observado, y maneja más personajes que
el poema francés (Reinaldos, Berart, Baldovinos, D. Beltrán),
~s de suponer que prescindiese de otras figuras, y es indudable que su manera de poetización, menos amplia que la de las
Versos 2855-2944.
La escena en C ocupa 125 versos, coplas 329.ª-330.a; en P ocupa
140 versos, coplas 250.ª•251.ª; en Tocupa 118 versos; en L sólo 86 ver·
sos; M suprime la escena.
3
Descontando de los 6012 versos de M los 556 del episodio extraño de la toma de Narbona. Las otras versiones rimadas tienen más
extensión: Ctiene 8330 versos y V tiene 8880 (L. GAUTIER, Clzanson de
Roland, Tours, 1880, pág. xxxr), pero es porque al rimar la parte primera (que en M queda asonantada) la dilatan mucho.
t

2

�194

;

R. MENÉNDRZ PIDAL

versiones del texto francés, le llevarían a reducir de tamaño o
a suprimir algunas partes, sobre todo en los monótonos encuentros con que las batallas se van desarrollando en el texto
francés.
-En suma, Roncesvalles debía ser un poema de mayor extensión que el de Mio Cid. Su relato añadía pormenores en
las escenas comunes· a las .varias redacciones francesas del Roland; en cambio la mera exposición se ajustaba a un menor
desarrollo. La escala de la narración estaba aumentada, y la
de la exposición poética estaba disminuída.
La fecha de composición del R01uesvalles puede ser determinada con cierta exactitud. La difusión del Roland en Espa-.
ña nos consta desde comienzo del siglo XII (v. pág. 151); las
refundiciones rimadas que datan del último tercio de ese
mismo siglo 1 , debieron ser también pronto divulgadas en
nuestra Península. El Toledano, en 1243, alude, según toda
probabilidad (págs. 155-156), a nuestro Roncesvalles, sea en
el mismo texto a que pertenece el fragmento que publicamos, sea en forma muy análoga; desde luego la alusión
del Toledano no puede referirse a una traducción fiel del Roland más antiguo, ya que éste para nada se acordaba del
camino de Sa11tiago. Podemos,. pues, decir que el Roncesvalles, derivado en parte de la versión rimada del Roland, se
compuso -en el pri.mer tercio del siglo xm; nuestro fragmento, por su verso 7 5., puede muy bien ser la misma forma del
poema conoci(ia del Toledano; no es imposible, sin embargo,
el caso de que pertenezca a una refundición de la forma primera·. La métrica nos dice sólo que el fragmento que conocemos-es anterior .a.la segunda gesta de los Infantes de Lara,
de comienzos del siglo XIV. El lenguaje nada nos puede precisar dentro de estos límites.
El lugar e,n que se redactó el poema de Roncesvalles pudiera ser Navarra. Cierto que no nos lo asegura ningún navarrismo de rima que se halle en nuestro fragmento; mas acaso
parecer~ ·natural que Navarra, el país que primero recibía a los
1 G. PARIS, La Littératu1·e fran;aise au Moyen Age, 1890, § 37.

&lt;RONCESVALLES&gt;

1 95

juglares franceses que pasaban por el puerto de Roncesvalles a
Santiago y otros puntos 1 , se interesase primero también por
una leyenda que se desarrollaba en su propio territorio. El
papel que los reinos pirenaicos españoles desempeñan en la
trasmisión de las leyendas carolingias aparece reconocido, a
principios del siglo xrv, en el poema francoitaliano de la Entrée
en Espagne, el cual cita como autoridades de su relato a los
buenos clérigos Juan de Navarra y Gualterio de Aragón 2 • No
obstante, como estos clérigos semejan tipos fantásticos, como
se desconoce una literatura poética navarra en general, como
se desconocen hasta meros relatos en prosa navarra acerca de
la leyenda de Roncesvalles 3, y, por otra parte, como la literatura épica es muy activa en Castilla, como en ésta el desastre de Carlomagno fué popular hasta dar nacimiento a otro
tema, el de Bernardo del Carpio, y como, en fin, la métrica del
Roncesvalles es en extremo parecida a la de Mio Gd, parece
más natural suponer que en Castilla se compuso el Roncesvalles, y que el lenguaje navarro con que hoy se nos presenta
el fragmento recién descubierto es fruto simplemente de una
adaptación debida a cualquier copista (comp. págs. ug-120).
Nuestro fragmento, a pesar de su brevedad, llena un enorme vacío en la historia de la literatura épica española, dándonos una muestra de la más antigua poesía carolingia, hasta
hoy totalmente ignota. Estos cie"n versos recién aparecidos,
1 Sería fácil hallar en el gran Archivo de Pamplona memorias del
paso de juglares franceses, que resultarían muy interesantes. Sólo puedo citar esta que pone YAz,;GuAs, Diccionario de antigüedades de 1Vavarra, II, 1840, pág. 707: ~Los peregrinos de nota solían ir acompañados
de yuglares. Mosén Johan de Cbartes y Píerres de Montferrant, caballeros de Gascui'fa, llevaron ~res yuglares a Santiago de Galicia en r 361;
a la vuelta visitaron al infante D. Luis [gobernador del reino de Navarra], quien regaló a los yuglares 16 florines de oro. •
2 L. GAUTIBR, Épop.frany., III, 188n, pág. 410: «&lt;,;:an de Navaire et
Gauter d'Arragon».
3
Curioso es, por ejemplo, que el obispo de Bayona, Fr. García de
Eugui, en su Crónica de España (edic. Eyzaguirre, Santiago de Chile,
1908, pág. 197), no sabe apenas nada de Roncesvalles, más que lo que
lee en el Toledano.

1

1·

�196

R. IIIENÉNDEZ l'Ill .\L

nos hacen confiar en nuevos hallazgos que remedien en parte
la incalculable pérdida de manuscritos épicos, y vienen a cortar el paso a las dudas que acerca de los poemas castellanos
perdidos se han expuesto, fundadas en no conservarse rastros
de las obras que la crítica supo ne que han debido existir 1 .
Pero además estos cien versos no sólo .iluminan vivamente el
período antiguo, sino que de igual modo ilustran la historia.
de una fase posterior de •la misma poesía carolingia, la del Romancero.
Milá pens.a ba que cuando nacieron los romances carolingios se hallaba ya perdida, o poco menos, la tradición de la
antigua poesía española que había cantado a Roldán y a Mainele. Según tan eminente crítico, una nueva irrupción de las
gestas o fragmentos épicos, que sobrevivían en Francia aún a
principios del siglo xv, y de los libros caballerescos franceses,
fué la que debió producir esos romances 2 • Es decir, hallamos
aquí uno de tantos casos en que Milá consideraba que aquella
«interrupción aparente» e~tre las gestas y los romances, de la
cual nos habla 3, fué una verdadera y real interrupción, un vacío.
Y explanando las ideas de Milá, Menéndez Pelayó repite que
los actuales romances carolingios no debieron ser herederos
inmediatos de las gestas españolas, cuya existencia tenemos
que suponer, sino que entre aquéllos y éstas «hay solución evidente de continuidad»; la antigua poesía heroica yacía olvidada, sin duda, cuando una nueva irrupción de cantos y relatos
franceses, ocurrida a fines del siglo -xrv y en la primera mitad
del xv, dió origen a los romances 4 •
El fundamento de esta opinión de ambos maestros es la
t Véase, por ejemplo, H. R. Lang en la Romanic Review, V, 1914,
pág. 340; articulo donde, al lado de la negación de supuestos bien
razonados, se hallará la afirmación gratuita de fantásticas refundiciones métricas del Mio CM, pág. 29.
2 MILÁ, De la Poes., ·pág.,37 5.
3 M1LÁ, De la Poes., pág. 400. Noto esto para reforzar lo que escribí
en Siete Infantes, 1$96, pág. 45, n.
' MENÉNDRZ P.l!LAYO, Antología de !(ricos, XII, 1906, págs. 357, 363364; comp. XI, 1903, págs. 75-76.

c RONCESVAL_LES f

197

gran libertad con que las leyendas francesas aparecen tratadas
en los romances españoles. Difícilmente, dicen, se reconoce
el entronque de los romances carolingios con las leyendas francesas originarias, y no es creíble tengan nada que ver con
aquellos poemas de la época del Mainete, compuestos cuando
amplia y concienzudamente se trataban en España las gestas
francesas, sino que debieron nacer de otra invasión posterior
de narraciones ultrapirenaicas, ac.aecida en una época de menos respeto a la tradición heroica, a la vez que de más adelanto en la literatura y de más originalidad en los poetas imitadores.
Pero no hay tal. Bien podemos afirmar y repetir que esa
independencia de los romances respecto de las gestas es una
ilusión debida a la falta de textos, como puede observarse claramente en nuestro caso. Hasta hace poco no se conocía deI
romance de la Fuga del rey Marsín más que un texto breve.,
vulgar en el siglo XVI, y a duras penas se vislumbraba en
alguna analogía con los poemas y crónicas caballerescas antiguas 1 ; él patentizaba esa imitación vaga y libérrima de que
estos romances eran hijos, según se decía. Pero he aquí que
el mismo Menéndez Pelayo descubre la versión más extensa
~ antigua 2 del romance, y encontrando en ella reminiscencias
del Roland, tiene que reconocer que el romance de Marsbz es
«notable excepción de lo que como principio general queda
sentado respecto del grado de independencia de los romances »·\ Quedaba todavía el r.omance de Marsín como muy
arbitrario: la intervención de Reinaldos en el combate de Roncesvalles, calificada por Menéndez Pelayo de inoportuna, pues
nos hace perder de vista al héroe legendario de la batalla, era
mirada por él como una de esas grandes desvi.aciones éon

:I

1 Véase lo que por todo comentario del romance pone M1tÁ, De
la Poes., pág. 351.
2 De pasada notaré este ejemplo de que una versión más corta Y
más fragmentaria de un roman~e es posterior a otra más extens_a Y
completa, para que el lector lo añada a ·los-- citados en la Re-u. de Filol.
Esp., III, 1916, págs. 256-263 .
a Antología, XII, pág. 364.

1

li

�que los romances desfiguran la tradición antigua de las gestas 1. Pues bien: se descubre un nuevo texto, el fragmento de
Roncesvalles, y en éste vemos que .la intervención de Reinaldos
es ya un rasgo de la gesta del siglo xm. Aquella « imitación
n.o servil, sino inteligente y libérrima», que sólo se
creía cuadraba bien a una lengua y literatura adultas como las
del siglo xv 2, tenemos que atribuirla al período antiguo de
la poesía, al siglo xm; en él hallamos ya las dos leyendas de
Roldán y de Reinaldos tratadas con la misma grande libertad
que chocaba en los romances de los siglos xv y xvr, y que
por chocante fué causa de que los citados críticos supusieran
una solución de continuidad entre las gestas carolingias y los
romances.
Y no todo es falta de textos, sino, a veces, olvido de los
existentes. El romance de Doña Alda, que se juzgaba compuesto «sin lastro de imitación directa» del Roland, como uno
de esos cuya originalidad indica «una época muy adelantada
del arte, cultivado ya por manos expertas y muy hábiles para
dar nueva y peregrina forma al material venido de fuera» 3, nos aparece dependiendo estrechamente de las gestas;
no ciertamente del Roland primitivo, pero sí de las hoy poco
leídas refundiciones de ese mismo poema, en 1as cuales se
encuentran ya las que se tenían por principales invenciones
del romancerista.
Llegamos, pues, ·al mismo resultado que otras veces en
estos estudios: cada nuevo texto que puede ser utilizado en
la comparación, viene a confirmar una vez más la continuidad
de una serie evolutiva; cada versión más arcaica de un romance, cada refundición de una gesta, aclaran el encadenamiento
con que se producen las manifestaciones de ambos géneros
1 Antología, XII, 367: «Todo indica que este romance fué de los
que más se desfiguraron al pasar de los juglares al pueblo. • Yo, por
el contrario, creo que este romance debe ser mirado como uno de los
que más fielmente refleja, sobre todo en su primera mitad, la gesta de
donde procede.
2
Antología, XII, pág. 363.
3
Antología, XII, págs. 368 y 363.

199

«RONCESVALLES &gt;

R. MIINÉNDEZ PIDAL

poéticos 1 . Esencial en este arte popular, y so~r: todo en el
t radicional es su elaboración secular, su refund1c1ón y .su .va'
.
riante continuada;
la crítica positivista que se quiera
at ener
sólo a los textos conservados, sigue una dirección infecunda,
desconociendo la esencia de la poesía que estudia.

R.

MENÉNDEZ PmAL.

APÉNDICE
Algunos textos medievales acerca de Roncesvalles.

No hay muchos relatos medievales sobre la famosa batalla. El más
extenso que conozco, el que hace el maestre Juan Fernández de Heredia en su biografía de Carlomagno contenida en e~ libro XIII de la
Crónica de los Conquir-idor-es (Bibl. Nac., ms. 10134 bis), es una mera
traducción del Tur-pín, sin importancia ahora para noso~ros.
Para hallar algo más interesante tendremos que acud1~ a la leyend~
de Bernardo del Carpio. Mi intención había sido estudiar és~a aqu1,
·c onjuntamente con la leyenda pura de Roncesvalles;_ pe:o meJ0~ s:rá
hacerlo en un estudio de conjunto de los temas carolmg1~s; me limito
a aducir tres textos que ilustran ~.lgún punto de los arnba tratados.
El manuscrito de la Pr-ime1·a Crónica General que llamamos L
{Bibl. Nac., 129 s; ant. F-88) de la segunda mitad del siglo x1v,
309 a,
contando la batalla en que vence Bernaldo, hace algunas ad_1ciones al
texto antiguo de la Crónica, el cual no es sino una traducción entre•
mezclada de las historias latinas de Rodrigo Toledano y Lucas T~'dense. Estas adiciones de L se limitan a algunos nombres de pal~dines, que señalaremos con letra espaciada (compá_rese el texto 1:11•
preso de la Primer-a Crónica, pág. 353 b): «en las primeras azes veman
estos altos omnes: Roldán que era adelantado de Bretaña, e el conde
don Anselino e Reynal to de Mon tal ván, e Giral~e adelantado de
la mesa del ~rey Carlos, e el conde don Olivero, e el conde

:~l.

l

1 Añádanse los dos romances carolingios, aquí estudiados, a los
.citados en ra Rev. ,de Filol. Esp., III, págs. 248-249. Comp. Síete Infantes, págs. 44-45.

�200

R, MENÉNDEZ PIDAL

don Terrin, e el conde don Dalbuey, e otros muchos altos
omnes que aquí non podemos dezir..... E murieron en aquella
batalla don Roldán e el conde don Anselino, e Giralte el adelantado
de la m~sa del emperador, e todos los más de los altos orones de los
franceses,.
Esta enumeración se repite en la Cuarta Crónica General (Colección
de documentos inéditos para la Historia de España, tomo CV, 1893, página 269): «..... Anselino e Reynalte ..... e el conde don Olivero
e Terrín e el conde don Albuey ..... e murieron en aquella batalla don Roldán ..... Anselino, e Giralde el adelantado, e Reynalte,
e todos ..... •
De igual modo, la• Tercera C1·ónica General hace una enumeración
interpolada en forma parecida, si bien más abundantemente 1 : «e en las
primeras bazes venían estos altos ornnes de Franl,ia: don Roldán que
era adelantado de Bretaña, e el conde don An~elino, e don Reyoalte
de Montalván, e don Giralte adelantado de la mesa del eoperador
Carlos, e el conde don Terrin 2 d' Ardeña e el conde don
Jarluyn 3 , e el gascón' Argelero, e el aq;obispo Torpín s, e
don Oger de las Marchas, e Salamano de Bretaña, e otros
muchos altos omnes que aquí non podemos dezir sus nombres ..... E murieron en aquella batalla don Roldán, e don An~elino, e el conde don Reynalte, e el 6 adelantado de la mesa del
emperador Carlos, e todos los más altos de los 7 omnes de los fran~eses•.
En estas enumeraciones, los nombres de Roldán, Anselino (errata
general por Anselmo) y Giralte, que se hallan en la Primera Crónica,
están copiados de Rodrigo Toledano, quien a su vez los toma de
Eginhardo (Vita Karoli 9). Después, entre las interpolaciones del primer grupo de crónicas y las de la Tercera General, sólo hay de común
los nombres de Reynalte (v. pág. 140) y Terrin (comp. pág. 156,
nota 3). Respecto a la Tercera General sólo notaré que Salomón de
Bretaña no muere en Roncesvalles·, según nuestro fragmento de
gesta, ni según el Roland rimado (v. pág.' 160).
Por último, damos la relación de la batalla de Roncesvalles hecha
1 Sigo la grafía del ms. H (Bibl. Nac., 10213; ant.Ii-115; ~iglo xv;
fols. 353 v-354 r). Variantes de F (Bibl. Nac., 828; ant. F-21; siglo xvr}
y de O. (Las quatro pa,-tes enteras de la Crónica de· España, publicada
por el maestro Fforián Ocampo, crdnista del emperador, Zamora, 1541,
fol. 226 c d). La Refundición de la Tercera Crónica (Bibl. Nac., ms. 1277;
ant.! F-85; siglo xv1; fol. r 39 v) no contiene estas adiciones, pues se
atiene al texto de la Primera Crónica.
2
«Terria» HF.= 3 «Jarlyn• H.= 4 cgastón, H0.= 5 «Terpyn• HF.
6 «e el&gt; falta en O. = 1, «de los• falta en O.

«RONCBSVALLl!S&gt;

201

por Lope García de Salazar en su Libro de las bienandanzas y Jo,-tunas,
acabado el año 1471 1 :
[Fol. 341 a.] Capitulo dela vatalla de Ron;esvalles e dela muerte delos
doze pares de Fran;ia que enella morieron z dela causa de todo ello.
En el año del Señor de DCC. 0 LXXX años, reynaodo este rey don
Alonso el casto, z: sentiéndose agraviado de sus cavalleros, por que
enel comi~n~o del su. reynamiento lo avían echado del dicho reyno,
que estov1era en Navarra conel rey don García su tío, hermano de su
madre, diez años z más, fasta que tornó a reynar con ayuda dél z: delos
fijos dalgo de León; otrosí por que los moros lo aquexavan por tributo delas i;ient donzellas, quel malo de Mauregato, su tio, avía tributado el reyno de León; otrosí por qué! no avía · fijos, ni los entendía
aver, por que nunca quesiera aver ayuntamiento de mugeres; por
estas causas, enbió dezir al rey Carlos de Francia, que ala sazón era
el mejor z más poderoso del mundo, quelo v~niesen ayudar contra
los moros dEspaña, z: quelo faría eredero del reyno de León para des•
pués de sus días, z que le daría la conquista de toda España que pertene~ía al reyno de León, e que todo lo que ganase delos moros quelo
oviese para sí, luego que lo ganase. El rey Carlos, re~evido este mensaje, respondióle que por servi~io z por honrar z ensal~r la cristiandad que le plazía de voluntad; e adere~ados sus poderosas gentes,
e[n]derei;ó su camino para España. Envió adelante al conde Gallarón,
que era honrrado z poderoso cavallero, al rey Marsil de Sarago[3 4 1 o]~a, que era poderoso moro en Aragóo, que lo ovedei;iese por señor
z que le faría mucho bien, o le dexase el reyno; si no quelo destruyría
con todo su reyno. Corno este rey Mar(e)s[il] oyó este mandado,· i: seyendo atemorizado dello i: no fallando en sí poderio para se defender
de los fran~eses fabló con aquel malvado conde Gallarón, z: (p)prometiéndole mucho de oro z plata, que luego le dió, i: vendió a su señor
z ala noble cavallería de Fra~~ia qué en servi~io de Dios z dela cristiandad dEspaña venían, con deseo de echar los moros de toda ella,
lo qual ellos entendían ligeramente fazer. E la causa dela tray~ión qué}
fabló i trató fué ésta: quel dixo al rey Marsil, después de tomado su
mal precio, que le diese sus cartas de creen~ia en cómo se tornava
su vasallo z le re~ibía por señor, z se aquexase por venir con esto
&lt;¡uel juntase las mas gentes que podiese, z que se echasen en ~eladas
a~erca delos puertos de Roni;esvalles; quelos doze pares que traían
la delantera del rey Carlos bien tres leguas, con .XXII. mil omnes
pasarían los dichos puertos descuydados, por la dicha paz quél leva_1 Ms. de la Real Academia de la Historia: Sala 12, est. 10, gr. 6,
num. 17. Para Lope García véase Siete Infantes, págs. 62 y 345.
ToMo IV.

�202

R.

MENfNDRZ

PIDAL

ría, z quelos podian matar atodos, antes que! rey los socoriese. Demandó al dicho rey Marsín z a los otros moros que le segurasen a don
Dalbué, su fijo, que era uno delos .xu. pares que venta en la delantera
con ellos, z dióles las señales de sus sobrevistas que traya sobre s~s
armas, por que ninguno no lo ferie e por co as que en armas el fiz1ese. Con este concierto, se fué a su señor el dicho rey Carlos, que venía continando su camino.
Capítulo de cómo Vernaldos del Carpio, oluida1UUJ el temor de Dios
[ 34 , e], 'llillo con Jlf. mil om,zes de catJallo en ayuda delos moros, por
estorbar la 1Je11ida delos fran;eses.

Savida la venida delos dichos franceses por la cavallería de los
leoneses z la causa dello, seyendo mucho pesantes dello, tr~baxáronse
conel rey don Alonso por que les contrariase la dicha vemda; e quando con él noto podieron acavar, juntáronse con [é]l Vernaldos d~l
Carpio, su sobrino, que era mancebo, z el que más pesava de su veruda el qua! con Ju. mil omnes a cauallo vino prest(o)[a]mente en
ay~da delos dichos moros z se puso en celada con ellos en un ~onte
que agora se llama la casa z solar de Uredaureta. Com_mo los dichos
franceses pasaron con los pares sus caudillos enlos dichos puertos,
descuydados por la dicha paz tratada por aquel m~lv~do Gallar~n,
dieron en[e]llos por todas partes, así moros como cnstianos, z fez1eron grand matanca enellos, especialmente este Vernaldos con aquellos
.u. mil de cauallo, que fizo mara\·illosos fechos de armas i: mucha matanca enlos dichos franceses. E ya seyendo muertos los más dellos,
encontróse Roldán con don Dabué, fijo de Gallarón, que era su hermano de madre z díxole: c;O traydor, fijo de traydor!&gt;: que yalo sabía
Roldán que gelo dixo un moro en algaravía en medio dela vatalla,
como l~s avía vendido su padre. Respondióle don Da~ué i: dixole~
cFijo de traydor puedo ser yo, pero no traydor. &gt; D1xole, Roldán .
«Pues muere aqui con nusco.&gt; Díxole: e Yo de grado moren~, ca no
fa[ 34 , á]go sino matar enlos moros; pero ami no me fiere nmguno.•
Entendiendo Roldán que por que lo avían asegurado a su _padre, c~mo
dicho es, que nolo ferían ninguno, dixole: «Toma esta m1 sobrevista,
z dexa esa tuya•; z asi como la vistió i comen~ó a pele.~r, lu~go le
cargaron de golpes, diziendo que era Roldán. E como se v1ó fendo ~e
muchos golpes mortales, apretó sus feridas con un p_endón que lraia,
u no le saliese la sangre, z saliendo dela vatalla, tiró en su cavallo
~a~ino del rey Carlos que ya venía en su socorro, sopiendo dela trayción. Como lo vió, preguntóle que cómo quedavan los pares z sus
gentes O qué era dellos. Díxole: «Señor, los doze par_es_ i todas vuestras gentes muertos son, i matáronlos los mo;o z cnshanos, po~ que
los Yendió el traydor de Gallarón que yo tema por padre. E poi que

«RONCESVALLES•

203

yo no sea llamado fijo de traydor, desniégome de su sangre delante
la vuestra persona real. z digo que yo no so su fijo, ni él sea llamado
mi padre.» E desatando sus llagas por su mano z saliéndole la sangre,
cayó muerto a los pies del rey Carlos. E commo Roldán se partió de
don Dabué, commo dicho es, que andando por la batalla faziendo grandes fechos en ar~as i esforcando alos suyos que vibos avían quedado,
i seyendo ferido de muchos golpes mortales en su persona, encontróse con Oliveros, que era uno delos doze pares z compañero suyo
i: leal amigo desde ser cavallero, que anda va otros[ ferido de muchos
golpes mortales, que avía fecho maravillas de su persona en aquella
vatalla, i: avía ya perdida la vista delos ojos por la mucha sangre que
le (342 a] salía de sus llagas, z dió a Roldán con la espada sobre las
armas, cuydando que era moro. Como Roldán lo vió, pesóle mucho
cuydando que se a11fa tornado moro i díxole: c¿Qué es eso, hermano
Oliveros?. Como él oyó esto, conociólo enla palabra i díxole: cHcrmano Roldán, con deseo de verte antes de mi n1uerte te ando buscando&gt;; i: abrazándose i vesándose con él, cayó muerto delante dél.
E allí morieron este Roldán, adelantado de la Tabla delos pares, i Oliveros, i Reynaldos de Montalván, i: don Ogeros delas Marchas, z el
arcobispo Torinos, i el gascón Angelero, z el mancevo Velarte, r: don
Dalbué fijo de Gallarón, i el Terrín de Ardeña que traya la vandera
de los pares, i: todos los .x.u. pares, z: .xxu. mil franceses, i más. E
tornóse Carlos de allí a Franc;ia fatigado, adonde acavó en honrra
segund se contiene ene! tomo de sus grandes fechos. E reynó este
rey don Alonso en el año del Señor de: .DCCLX.\'.:. annos; z morió
faziendo grandes fechos contra los moros ene! año del Sennor de
.DCC.; i: yaze en .....
En la parte referente a Bernardo, este relato de Lope García de
Salazar tiene detalles procedentes más o menos directamente de la
Primera Crdmi:a Genera/ (pág. 352 b); por ejemplo: el hecho de que
Bernardo y l\farsil estén de acuerdo. En Salazar choca la cruda mezcla
del patriotismo de Bernardo con la traición de l\farsilio. La mención
del solar de Uredaureta procede de una tradición local. Sígucse la tradición española de la leyenda de Bernardo suponiendo que la batalla
ocurre al entrar Carlos en España, llevando Roldán ]a vanguardia del
ejército, y no la retaguardia.

En la parte de leyendas francesas hay que notar que no existe la
embajada de Blancandrín, y que Ganelón es traidor mo\'ido sólo por
el oro, como en Turj&gt;fn (comp. B4DIER, Légendes épü¡ues, III, 402 y sigs.,
405, n.).
El hermo~o episodio del hijo de Ganelón, asegurado por los moros,
Y su diálogo con Roldáo, se halla en la literatura italiana, en La Spar;na en rima (fines del siglo x.iv: L. GAUTIBR, épop . .fran;., JII, 580-581;

�204

R. MENÉNDEZ PID;\L

G. PAR1s, Histoire _poétique, pág. 413); en este poema el hijo de Ganelón se llama Baldovino, respetando la tradición francesa, mientras
el nombre de Dalbué que le da Salazar parece confusión con el de
«Aldebodus rex Frisiae• del Tur_pin, cap. XI (o Galdebodus = Gualdabuey, Fernán González, 352 b¡ el conde D. Albuey o Dalbuey en lospasajes citados arriba). Pero en La S_pagna, Baldovino muere en Roncesvalles, y el que va a llevar la noticia del desastre a Carlos es Thierri. Esta versión, lo mismo que la diversa de Salazar, se ajustan al
Tur_pin, según el cual, tanto Baldovino como Tederico llevan la noticia a Carlos. En los textos italianos derivados de La S_pagna en rima
y más próximos cronológicamente a Salazar, a saber, en La S_pagna.
en prosa y en el Viaggio de Carlomagno in Ispagna, el papel de Baldovino es ya muy desemejante al de Dalbué en Salazar (véase GAu'.l'IER, Épo¡,. fran;., m, 583, 585 a, 585 b).
Roldán no tañe su bocina, como tampoco en el Toledano (en éste
la bocina tañida es la de Carlos). Roldán recibe muchas heridas, como.
en el Tur_pín, en contra del Roland y del Roncesvalles. El episodio.
de Oliveros que hiere a Roldán está bastante conforme con el Roland, 1989. La lista de muertos en la batalla añade a los arriba copiados los .nombres de Oliveros y Velarte, y en vez del •conde don
Dalbuey• pcme a «don Dalbué fijo de Gallarom.
De las cuestiones que suscita el texto de Salazar trataré al estu&lt;iiar la leyenda de Bernardo del Carpio. Véase arriba, págs. 139-140.
.140, 156.

R.M. P.

MISCELÁNEA

LAT. *POPUS
Todos los diccionarios etimológicos afirman que pobo deTiva de populus; pero esta etimología, que es satisfactoria desde el punto de vista semántico, deja de serlo cuando se atiende
a las condiciones fonéticas de la derivación·' el resultado
de
.
populurn no podía haber sido sino * poblo. Ahora bien, esta
forma no es conocida en español 1; si figura en el Rom. Et.
Wtb (núm. 6.655) de Meyer-Lübke, es por una errata en lugar
&lt;le pobo, que falta en el artículo populus.
Actualmente pobo es mucho menos corriente que su sinónimo álamo blanco, pero se emplea en la provincia de Madrid
y en otras partes; no se conocen ejemplos de la Edad Media,
sino de la época moderna 2 • No obstante, los nombres de lugar atestiguan la antigüedad de la palabra; Pobo, Poveda, Po.bar y Povedilla existen en bastante ·número, principalmente
en la región central de la Península (v. Madoz, Diccionario

geográfico).
Hay razones lingüísticas para suponer que la forma latina
_populus tuviera poca vitalidad en España, siendo así que el
port. choupo, esp. chopo, suponen una forma metatizada * plop1 Poblo existe sólo como forma no diptongada de pueblo; por ejemplo, en Fuero Juzgo, edi-e. Academia, pág. 3; A-na/es toledan.pi, España
.Sagrada, XXIII, 402.
'
2
Fernando de Herrera (Dic. Aut.), s. v. pobo; Francisco de Rojas
Rivad., LIV, 573b.
'

�MISCELÁNl!A

MISCELÁNEA

pus 1 . En portugués parece que no existe pobo, que derivaría

En Madrid a 21 demars;o 1636.=Al Arcobispo de Granada.=El Rey.=
Por quanto teniendo consideración a los servicios que vos, Luis Bélez
de Guebara, mi uger de Cámara, me havéis hecho y espero que me
haréis, y por ha ver hecho dexas;ión de los docientos ducados de renta
que llevábades por mi Cámara, he tenido por bien de hazeros merced,
como por la presente os la hago, de la tabla que tenía en la carnicería
desta villa de Madrid Juan Ladrón de Guebara y vacó por su muerte,
para que la tengáis i uséis della según y de la forma i manera y con las
mismas calidades, condiciones y preeminencias que él la tenía, usava
y exercía; y mando, a las perssonas a quien tocare, que os dexen ussar
de la dicha tabla en la forma referida, sin que en ello se os ponga duda
ni dificultad alguna y os guarden y hagan guardar todas las honrras,
gracias, mercedes, franquecas, livertades, exempi;;iones, preeminen&lt;;;ias, prerrogatiav.s e ynmunidades y todas las otras cossas que por
racón desto deviéredes haver y gocar y os deven ser guardadas y os
recudan y hagan recudir con todos los derechos., salarios y emolumentos a la dicha tabla anexos y pertenezientes según se usó, guardó
i recudió al dicho Juan Ladrón de Guevara, todo ello bien y cumplidamente, sin faltaros cossa alguna y que en ello ni emparte dello impe-dimento alguno os no pongan ni consientan poner, que yo desde luego
os recivo y he por recivido al usso y exercicio della y os doy facultad
para la ussar y exercer en la forma que él lo bii;;o, casso que a ello no
seáis admitido. Y mando que tomen la ra1ón desta mi cédula don Antonio de Mendoca, mi secretario y de mi Cámara y de la general Ynquissi&lt;;;ión, y don Juan del Castillo, mi secretario y del registro de
mercedes, dentro de quatro meses primeros siguientes, y declaro que
desta merced havéis pagado el derecho de la media annata. Fecha en
Madrid a siete de abril de mil y seiscientos y treinta y seis años. =
Yo el Rey.= Por mandado del Rey nuestro señor.= D. Sebastián de
Contreras. = Vuestra Magestad hace merced a Luis Bélez de Guebara,
en considerazión de sus servicios y de haver hecho dexación 1 de
200 ducados que llebaba por la Cámara, de la tabla que tenía en la
carnicería desta villa Juan Ladrón de Guebara, que bacó por su muerte.=Su Magestad=21 de marco 1636=Hace merced a Luis Vélez de
Guevara de la tabla de la carnicería de Madrid. Despáchese. (Rzibrica.)»
Archivo Histórico Nacional. Consejo de Castilla. Decretos de gracia.
Leg. 13197 a. 1636, núm. 13.- Sobre la forma uger, que por dos vece5
aparece en el documento, véase esta Revista, nr, pág. 71. J. G. O.

206

fonéticamente de populus. Y aunque tal forma exista o haya
existido, no serviría para explicar el esp. pobo como un portuguesismo, dada la difusión de Poved{l, etc.
La explicación más verosímil nos la suministra el mismo
latín. PopulU-S ofrecía la apariencia _de un diminutivo; por
consiguiente, pudo muy bien producirse una formación regresiva: * popus. En virtud del mismo procedimiento se originó
en latín /urca, de furcula (Walde, Lateinisclzes erymologisches
Wo·rterbuch, pág. 328), por tener Jurada aspecto de diminutivo 2 • Así también debió surgir* avica, de avicula, que todos
los romances suponen. V. GARCÍA DE Drnco.

UN NUEVO DATO PARA LA BIOGRAFÍA
DE VÉLEZ DE GUEV ARA
. Es sabido 3 que Felipe lV señaló a Luis Vélez de Guevara 200 reales •cada mes», a partir de 21 de marzo de 1633, y que el poeta no
disfrutó de ellos sino poco más de tres años, pues «cesáronle a 7 de
mayo de 1636». Del documento que publico ahora resulta que en
marzo del mismo año 36, Vélez recibía del monarca una nueva roer
c.ed, por sus servicios pasados y futwos, y que previamente había
hecho dejación de los 200 reales de pensión que llevaba por la Cámara de S.M.
«A· Luis Vélez de Guevara, mi uge1· de Cámara, en consideración.
de sus servicios y de a\'er hecho de.i,:ación de du;;ientos ducados de
rrenta • que llevava pormi Cámara, le he hecho merced, como se la
hago, de la tabla que ·tenía en la carnicería desta villa de Madrid Juan
Ladrón de Guevara, y vacó por su muerte, para cuya ex.ecución se le
darán por el consejo de Cámara los despachos necesarios. (Rúbrica.)=
1 Véase l\'leyer-Lübke, Jntroducción ling. rom., § 148. Ofrece dificultad la ch de la palabra española.
,
2 Compárese la explicación que propone el Rom. Et. Wtb, 113, para
acebo como formación regresiva de * acehojo. Tal vez deba explicarse
así romero, de * 1·omeri110, puesto que rosmarinus n~ explicaría aquél.
3 F. PÉ_REZ v GoNZÁLEZ, El Diablo Cojuelo, pág. 205.
' Al año, o sea los refei:idos 200 reales mensuales.

1

Al margen, Gratis.'

207·

�208

MISCELÁNEA

FORTUNA ESPAÑOLA DE UN VERSO 1TALIANO
(PKR TROPPO VARIAR NATURA

E BELLA)

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

-----Dmrdafos-más sobre-el tema--tratado,-.por-los Sres. -A-:""Morel-·F atio
x_E..Díez-Canedo-(R-FE, flf, págs.-6J=66, r6!t-170)~ En la primera parte
del Guzmán ·de Aifarache (Barcelona, 1599) aparece un «Elogio,. de
Alonso de Barros en alabanza de la obra y de su autor. Casi al fin
se lee: « •••.• pues es cierto que no puede escriuirse para todos, y que
querría, quien lo pretendiesse, quitar a la naturaleza su mayor milagro,
no sé si su belleza mayor, que puso en la diuersidad ..... &gt;.-En cierto
ro~!tnce de Calderón «a una dama que deseaba saber su estado, persona y vida• (B. de A. E. Rivad., XXIV, pág. 586 b, Apéndice I) se lee:

-z

Y como, al fin, por el trofjo
va,·iar bella es natura,
De las dos con que me hallo,
Una es morena, otra rubia.

A. R.

/,

Rmz DE ALARCÓN, D. JuAN. - No liay mal que por bien no venga (Don
Domingo de don Bias). Comedia famosa. Publícala A. Bonilla y San
Martín, Madrid, Ruiz Hermanos, 1916, 16.º, xxxvm-195 págs. (Clásicos
de la Literatura Española.) Con un retrato. = La presente edición
reproduce, con ortografía moderna, una de las comedias no coleccionadas por el autor, según el texto más antiguo que de ella se cons~rva, que es el de Diego de Logroño, Laurel de Comedias, Cuarta
farte de diferentes autores, Madrid, 1653, fols. 73-93 v, y aprovecha la
de Hartzenbusch en la Colección Ri vad., vol. XX.
En la nota bibliográfica final se advierte desde luego una omisión
que redunda en perjuicio del estudio del Sr. Bonilla: además del
articulo que apareció en el Boletin de la Biblioteca Nacional de México, año de 1913, el Sr. Rangel ha publicado - en los números I y 2,
año de 1915, del mismo Iloletin - el fruto de investigaciones posteriores sobre Alarcón. Por ellas se ve desde luego que la autentici,d ad
del retrato reproducido en la presente edición es más que discutible 1•
Hay que recordar también la obra de D.ª Blanca de los Ríos, Del Siglo
de Oro, por contener un nuevo documento universitario de Alarcón.
Un error ha podido deslizarse en la página vn: Pérez Pastor, entre los
documentos sobre Ruiz de Alarcón que figuran en su Bibliograf{a madrileña, tomo Ill, publica dos (núms. V y VI), de los que resulta que
el rey concedió.a Alarcón, en 1619, el hábito de Alcántara, «no embargante que su madre y abuelo materno no eran nobles, en que dispensó
Su Santidad:.. Los documentos•trlMlstritos por Pérez Pastor no se refieren al poeta D. Juan Rui~ de Alarcón y Mendoza-¿podía darse más
noble apellido que el materno de Mendoza?-, sino a D. Juan Ruiz de
Alarcón y Andrada, señor de Buenache y villa de la Fronte1:a 2•
1 Escrito lo anterior, veo que el mismo Sr. Bonilla ha hecho las rectificaciones del caso en notas adicionales al Peribáñez y el Comendador de Ocaña, de esta
misma Colección.
2 Véase Arch. Hist. Nac. Pruebas de Alcántara, núm. 1334.

�N:JTAS BIBLIOGRÁFICAS

NOTAS BIBLIOGRÁF(CAS

No es justo señalar como rimas defectuosas de Alarcón (núm. IJ,
pág. 183) afecto y secreto, y aun ganalles y con/iades; en ambos casos
la pronunciación.uniformaba la rima, y en el segundo caso la anomalía
se debe a que en la.impresión se escribió confiarles por confialles; es
sabido que las dos formas coexistieron. _Lo mismo puede decirse de
calle y hablarle (I, 4), merecerlas y estrellas (ll, 3), hablarle y calle (II, 11 ),
que no nota el editor.
Algunas correcciones introduce el ed-itor en el texto, dando cuenta en las notas y copiando la lección primitiva. En el verso de la
nota 5, pág. 10, preferimos la lección primitiva, y creemos que el la
se refiere a granjería. En la pá~d \Jll"RO,\li, ~ -s~11#t•wiAA de -o/,¡jj~ - aehtt&gt;a-"11•,setititfo. Tal vez debió dejarse el que de
la página 30, nota 12. Y en la página 41, nota 20, parece que debió respetarse la forma primitiva y puntuarse de otro modo.

ser señalada, no sólo por la rareza e interés de los textos reunidos
sino por el método rigurosamente científico con que han hecho su
edición, ateniéndose en todos sus detalles a una técnica minuciosa,
cuyo objeto no es otro que responder de una manera satisfactoria a
las necesidades del estudio filológico más e¡¡:igente.
Se han deslizado algunas erratas en la edición del Fuero de Zamora: Pág. 16, lío. 7, léase filio en vez de filio; pág. 46, lío. 8, eta senz en
vez de ela setn, y en la pág. 1o, nota 1, se dice págs. 12 y 13 en vez;
de 24 y 25, sin duda por haber conservado indebidamente la paginación anterior al ajuste del texto. El no encontrar más que estos pequeños descuidos en un. texto que ocupa más de cincuentá páginas
de composición tipográfica muy complicada, por el uso constante de
diversos tipos de letra, co1-chetes, numeraciones, paréntesis, notas, etcétera, da idea del esmero que los autores han debido poner en su
trabajo.
Con viene, pues, hacer notar el valor técnico de , esta edición, tan
distinta de lo que ordinariamente se usa entre nosotros, aclarando al
mismo tiempo algunos puntos en que el Sr. Fernández Zapico (Razón
y Fr, 1917, XLVII, no) ha creído hallar en ella ligereza o error.
Las erratas c¡ue el Sr. F. Z. supone existen en las citas que en la
p.-ígina 8 se hacen del texto de Zamora, proceden sencillamente de que
el editor ha agrupado el texto de los manuscritos S y E sin señalar,
tu general, las diferencias fonéticas y ortográficas, que como sabe
perfectamente el S1·. F. Z., son inútiles para la clasificación de manuscritos. Otra observación poco acertada es negar que el manuscrito S
del Fuero de Zamora, dela Biblioteca Nacional, sea del siglo x1v porque
«sus caracteres son completamente góticos». En primer lugar, la denominación de gótico es enteramente imprecisa dentro de la paleografía
española; el término usado por el editor es el de «letra francesa • ,
;:teniéndo~e a la terminología usada por todos los tratadistas. Ahora
bien, la letra francesa se usa en manuscritos españoles desde el
siglo xn al x1v. Hay muchos manuscritos del siglo x1v escritos en esa
letra angulosa que el Sr. F. Z. llama gótica; por ejemplo: el manuscrito
del Poema del Cid, cuya letra se parece mucho a la de S; el manuscrito
del Sacrificio de la Misa, de Berceo (v. pág. 14 de la edic. Solalinde);
este último parece m~s antiguo; la letra de S «tiende a hacerse redondeada », y esto es un rasgo de modernidad (M. Pida!, Cantar, pág. 6)·
El Sr. F. Z. cree que S se escribió en la era 1318, porque esta fecha se
halla en el útimo folio vuelto - en realidad dice el.manuscrito 13 19 - ;
pero según ese criterio, podíamos fechar el manuscrito en el año 1 248,
porque al recto de ese mismo folio, al final de una oración contra las
tentaciones, dice: «Era M. CC. LXXXVI, quando per Dei graciam rex
donus Ffernandus prendidit Xiuilla, i[n] die fancti Clementis episco_pi. »
No hay, pues, para qué cambiar la fecha • probable• que se asi_gna a S,

210

Corrección del Sr. Bonilla:
Pagarálo de contado.
¡Qué poca maña seria
Que él esté en Zamora un día
Sin habérsela pegado!

.

Texto original:
Pagarálo de contado;
que, por mañana, sería
que él esté en Zamora un día
sin habérsela pegado.

Dejar para mañana el cobrarle, tanto sería como haberle dejado
vivir un día en Zamora-a D. Domingo, qJ.Ie acaba de llegar - sin
habérsela pegado. Página 53, nota 23, probablemente debe quedar la
palabra «estrañan, que parece tener el significado de «estt-enar» . Página 136, notas 55, 56 y 57, los versos debieron quedar en su forma
primitiva. Al modernizar la ortografía se han ahorrado muchos acentos. A. Reyes.
Fueros leoneses de Zamora, Salaman.:a, Ledesma y Alba de Tormes.
Edición y estudio de A. Cas tro y F. de Onís. I: Textos. l\fadrid, 1916,
Centro de Estudios Históricos, 4. 0 , 339 págs., 12 ptas.=En una breve
advertencia preliminar, los autores explican el objeto y el plan de su
trabajo; en este primer tomo se hace la edición crítica de los fueros
de Zamora y Salamanca, de los cuales se conservan va.ríos manuscritos, y se reproducen paleográfi.camente los códices únicos de los de
Ledesma y Alba de Tormes; la publicación de estos fueros se ha hecho
atendiendo al interés lingüístico y jurídico que ofrecen; las breves
introducciones que en este tomo acompañan a cada fuero no contienen. más que la noticia de los manuscritos y las observaciones necesarias
para la fijación de los textos; el estudio gramatical y lexicográfico, en
cuya preparación trabajan actualmente los autorés, constituirá un segundo tomo.
La labor que los autores han realizado en este primer tomo merece

...

1

21 I

�,.
212

213

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

la que los editotes discutirán, sin duda, en el estudio lingüístico del
segundo tomo.
Entre las erratas atribuícias a los editores, la que aparentemente
tiene más importancia es producto de un error en el Sr. F. Z. As!., por
ejemplo, los editores contraponen la lección del manuscrito Q: caya
de la, a la de los manuscritos SE: caya de la uoz; el Sr. F. Z. dice que
«el valor de esta variante es nulo&gt;, porque Q tiene también caya de
la voz; pero basta ver el texto del Fuero de Zamora, pág. 18 1 lín. 51
para encontrar caya de la [uoz1 con uoz entre [], lo que indica que esa
palabra ha sido suplida.
Otro reparo que hace el Sr. F. Z. es que en la página 4 «se ha
escapado una errata: La era 1317 no es el año 1272, sino el 1279•.
Pero olvidó decir que esto ocurre en unas frases de Martinez Marina
que se citan con el único propósito de recoger las opiniones de los
que mencionaron antes el Fuero de Zamora, y que, por consiguiente,
esa sencilla errata, fácilmente subsanable por todo el que conozca la
diferencia de treinta y ocho años entre el año y la era, es del mismo
Martínez Marina, cuyo texto no había para qué cambiar.
La objeción más importante es la de que el Fuero de Zamora está
editado paleográfica y no críticamente, por no haberse reconstruído
un arquetipo. Ahora bien, conociéndose el carácter especial de estos
textos, no puede pedirse al editor un trabajo distinto del que ha hecho.
Un fuero municipal no es una obra de un solo autor y de una· fecha,
sino un texto de tradición popula1·, que vive en la conciencia de las
gentes antes de estar escrito, y que cuando se escribe sufre multitud
de vicisitudes que ignoramos. Al principio del Fuero de Zamora se lee:
«Este ye el fuero ..... que oviemos del tiempo del Emperador ata ena
fin.&gt; Se sabe, además, que hubo un fuero ya en el siglo xi; el conservado tiene una confirmación _de Alfonso IX en 1208; el manuscrito Q
está fechado en 1289. ¿Qué sentido tiene, pues, pedir que se construya
el arquetipo de un texto de esta índole? Eso puede y debe hacerse
con obras de trasmisión muy distinta.
Por otra parte, la edición del Fuero de Zamora no puede llamarse
paleográfica, puesto que se da preferencia a un manuscrito sobre los
demás y se corrigen en i1 a cada paso.lecturas-defectuosas.
Análogas consideraciones cabe hacer respecto del Fuero de Salamanca. La clasificación de los manuscritos, según el Sr. F. Z., está
hecha con «indicaciones .sintéticas tan iniciales y confusas, que el lector tiene que rehacer el trabajo•. Creemos, al contrario, que las indicaciones son todo lo precisas y claras que tienen que ser en una obra
destinada a especialistas.
Esperamos que en su segundo tomo los editores podrán demostrar
aún más ampliamente el método que han seguido, cuando traten de la
lengua de esos importantes documentos. T. Navarro Tomás.

CASTAÑs, A.-Galicismos, barbarismos, hís/anísmos. - Madrid, Patronato de Huérfanos de Intendencia, 1915, un vol. 4.º apaisado, 304 páginas.=Esta obra es un repertorio de voces y locuciones francesas
que generalmente se traducen mal; el autor da la traducción errónea,
y al margen la correcta. El Sr. Castañs revela conocer bien el francés
y el castellano; lo que llama traducciones correctas puede servir, en
parte, como un diccionario mejor que los corrientes. No es útil en el
mismo grado la colección de galicismos y de ~is para tes que figuran en
la columna del centro, que flaquea por dos conceptos: de una parte
se consideran galicismos palabras puramente castellanas (bestia, beneficio, imbécil, migraña, etc., etc.); de otra, se incluyen palabras que en
vez de galicismos debían calificarse más bien de desatinos (hibt-ido =
ivre, lufo=tutte, mancltón=manchon, manchita=111anckette,fonsado=foncier, etc.). Éstas no son voces que se emplean normal e inconscientemente, sino groseros yerros de traducción 1•
Siempre que se hable de galicismo en castel)ano,Jlabrá que distinguir cuidadosamente: 1.º Las palabras que viven en España desde
hace siglos, y forman parte de nuestro patrimonio lingüístico,-sea cualquiera la época en que hayan -entrado (jat·dín, jamón, ujier, jarrete,
bisutería, edecán, etc.).-2.º Palabras modernas que han entrado con el
objeto _q ue designan, o que por cualquier motivo han predominado
sobre la correspondiente española, si la hay. Estos son los casos más
difíciles de juzgar, pues influyen en ellos delicados motivos de psicología colectiva, que no quedan estudiados con decir que se trata de
pedantería, amor a lo extraño y desprecio de lo propio (cliché o clisé,
bayoneta, burocracia-que no es lo mismo que oficinismo o clase media,
sustitutivos que propone el Sr. C.-, etc., etc.). De estas palabras hay
en todos los idiomas, y son un índice de la vida de relación de un
país.-3.º Palabras empleadas actualmente sin responder a otros motivos que a la ignorancia del que habla o escribe, y que el mismo idioma
se enca1·ga de rechazar: a este grupo pertenecen la mayoría de las
:voces proscritas por el autor.

.,

SANCHO Iz2u1ERDO, M. - El Fttero de lvlotina de Aragón. - Madrid,
Suárez, 1916, 8. 0 , 263 págs., 5 ptas.=El Sr. Sancho reproduce íntegramente los dos manuscritos medievales y romanceados que de este
fuero se conservan; ambos habían sido ya publicados, pero tan descuidadamente que era precisa una nueva edición que, como la presente,
mejorara a las anteriores. Precede al texto la clasificación de los manuscritos, considerados por el editor como traducciones mutuamente
independientes, de un texto latino hoy perdido. No parece aceptable
1 Quita valor a estos errores el no indicar la fuente escrita de donde proceden.

�214

NOTAS BIBLIOGRÁFIC.\S

esta suposición, ya que hay entre ellos, a veces, coincioencias absolutas - fácil es encontrar páginas enteras en estas condiciones-que
hacen más verosímil el admitir su deriv.acióp. ,de un texto romanceado X. El Sr. S. da como variantes del texto las de varias copias modernas de los dos manuscritos medievales; pero si proceden de éstos
como el editor admite, no se ve el motivo de incluirlas en la edición.
Los errores y repeticiones de los manuscritos debieron corregirse en
el texto - ya que, al parecer {pág. 11), el Sr. S. quiere hacer una edición crítica-, indicándolo en las correspondientes notas. Hubiera sido
conveniente también numerar las leyes o párrafos integrantes del fue.ro para facilitar las referencias; en cambio pudo prescindirse de acentuarle como un texto moderno. Para la tilde inútil, que Je extrañ~ al
editor (pág. 64) 1 véase Menéndez Pida!, Cantar de Mío Cid, I, pág. 227.
Las «investigaciones preliminares» (págs. 7-40) contienen noticias interesantes para la historia del fuero, concedido a fines del siglo xn por
el conde D. Manrique. Al texto de éste sigue una «síntesis jurídica&gt;
(págs. 167-262), ordenación sistemática de sus disposiciones y comparación con los fueros de Brihuega y Zorita. Algunos errores se han
&lt;.leslizado"en esta parte, como la interpretación de la palabra ligare
- y no ligares - del Fuero de Zorita (§ 265 de la edición de Ureña, t9n), que no significa bestialidad (pág. 247), sino sortilegio. Por lo
demás, el Sr. S. ha ptestado un servicio a los investigadores, pues su
edición es, desde luego, preferible a las que teniamos hasta ahora.
La Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid concedió a este
libro el premio instituído por la librería de V. Suárez para el curso
de t914-r915. G.

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SECCIÓN GENERAL
Estudios de Historia general que pueden interesar a la Filología española.

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de una pequet'ía Gramática y de una colección de diálogos. Su utilidad
sería mayor si no figuraran en él traducciones insuficientes o inexactas
de las voces francesas. Encltevetre1· no debe traducirse solamente por
'encabestrar', acepción de poco uso, sino por la corriente de 'enmarat'íar'; gáchette, no 'muelle', sino 'gatillo'; faire volte-face, no es 'dar
frente al enemigo', sino lo contrario, etc.

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AntolP,l[ia de poetas liric,,s ca.,Je/lanos. Tomo XN. Boscán y G~,cilá_so rJe la Vega,
con
un estudio
critico porD. J. Ro,g~ro
Sánchez,-1\fadrid.,
8.
º, CVI1-z67
págs.
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A.te,uq de Sellil(a. -Álbum ,-,,,.vantino. - Sevilla, Juan Pé_r&lt;éz Gironés, 1917.
Pá,l(hias es&lt;;_ogiJas. -Madrid, CalleLa, 1917, 8. 0 , 403 págs., 2,50 ptas.
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s. a:f 1917],
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CARRKÑo, _
A. M. - :f1&gt;yas literari1rs dd s{fllJ XV![ mcon-tradas ett Méx{co, .Fr. Mil(ttel
de Cue;;arfr
et 1:
d~b1·e
eo11i!to •;Vo 111e' mi1e11i!
xicana,
·19r5,y4.º,
264
págs.
_ mi Dios..... , -México, Imp. Franco Me-

Catdl1Jgo de la tiór.:ría· Bl-01/d-y Cay, E9I7-· Barcelona,
ginas.
~,. Bloud y Gay, r9r7, 8. 0 , 64 páCL!!llAT,
Phanétique
Hachette
et L.-Manuel
O•, r9r7,,8.º,dev1-2!l2págs. et, de,Morpkologie lÍistorigue da Fra,nrais,-Paris,

C1wc-s, B.- 7éoria
páginas,

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FLORt,1.No,
-La ,'llilta tle Cric'ér.es y la
l'iano,
1917, E.q,A.,
116C.págs.
~ Reit,a Católíca. I.-Ci\ceres, Santos FloFJTZMMJRICE-Kr,;uv, J.-M~[[ttel d,: Cerva,1tes Saavedfta, R&lt;,seña do,cutn:entada· de su
vida, - óxford, H . Milford, 1917,.4. 0; 254 págs.

OoRIIAM, C. T.-T!te Sj;anúh lnquisition.-London, ,vatts,&amp; Cº, r916, 8. 0 , vm-n9.
IVAR¡¡, A. - Al,runa,s c,trtas áutógrafa:r, de la ve:,-zerable madre Sar Maria de :Jesús de
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1916, se~ctiol\s,.
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Traducidas po, J. Marchena. - .Madrid,·.Calleja, r9r7,
8. º,'MóNTfsQUJEu.-C11rtas
364 págs., r,50 ptas. persas.
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01u,uz,A, F, DE .•:..., Ele11a Osodo y Lope de V~a. Relación de lo ucedido a un fantasma de1a c'orte de F-e!ipe II. -Madrid, Viuda de A. Álvarez, 1916, 4.º, 173 págs ..
Pruz :óm3-59J)ágs.;
1,50AYALA,
ptas. R. -La pata iíe ta raposa, Novela. -Ma,!'lrid,. Calleja, 1917, 8,0 ,
RENA.RD,J.-Zanakoria.. (I'oj! de Carotte.) Tradu_ccíón de E . Diez Canedo.-Madrid,
Calleja, 1917, -8_. 0 , 355 págs., 1,50 ptas.
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de Navarra. -P.a mÚoletin del
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Comisi6nacwna
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la Comis,on
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Boletín del Instituto de R~fornras ~oc:r::s de San F~rnando.-1\fadrid, r9r6~X. 4r.
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Boletín 'de la Real Academia Espano~. .
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Boletín de Santo ornmg
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Vallac:lolid 1917,'XV, 171-173.
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BoletíR, de la Soct ª
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t I na _ Paltna de Mallorca, 1917, IX, 8-:9Bolleti tlel Diccionari de la Lle~guaLC~ ª ª ~Palma de Mallorca, 1916, XVI, 437-439.
13olleti de la Societat Arqueotóg,ca ll ian~.
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l'ublicazioni
Italiane.
F1renze,
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Bollettmo e
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6 XXIII r-4,
S . . D tesca Itáliana - 1renze, 19¡ , ·
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Bullettino
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London, 19-17, XXX, J6g-I7l._ .
· al
-- Bárcelona, 1916, 264-268.
. Butlleti"eje! Centre Excurs'.oms~ de -~át tl\Y~tra~jera de Fertiafüió 1&lt;e. Madrid,
Catálogó mensual de la L1brena.Naci~na y
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Laa Ci dad de
Dios.-Escon,.,
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11

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con lr1s fi!QJogías ingle,sa J germáqica, que _pueden ínteresar a los eruditos
españ9les.
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- Diríjase toda la coti-espóudencia al secretario de la Sociedad :

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.ProfeJ;_or WILLIAM GUILD- UOWARD,

.

Razóny..Fe:' -Madrtd, 19t7, XbVIf, 4;~VIII,·í::'.'z. ,.,
·,
Resumen Bibliográfico. -,,_Barcelona, 1917, XV, 2.4. ❖
La Revista,. -Barceloná, 1.917, III, 36-42.
Revista de Archivos, Bib1iotecas_ y .lfoséos. ·- M,\t!ricf. r9r7, _xxr, 1.4.
. ~RevistirA.geptiñ.a deCiendas-Po!íticas. - Buenós Aires, 1916, XITJ, 78-8o.
Revista Calasancia. -Madrid,.1917¿-V,.50-54Revista C~stellana:;-Vallaüo!id; 19~7; JI[, 1-9-21;
L~ Revista {.;:ató!j:¡::a de Santiago' de Chile. - 1917. XVII, 374-37-9.
_Revista del Centro dé EsQ.1diq~Híst(¡ticosde Granada)' su Ré1:no.--Granada,,r917,VII, r.
Revista Contemporánea,.- Cartagena.(Colombia), 1916, I,+
✓• _
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Revista Ciistiana.-Madrid, ~17, XXXV(JI, 85~58.
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Ré\!Jsta -Eclesiási1ca. -VaUadofid, 191¡.1 XL, 6-rr.
'
.,·
- Revista' de la Facúltad de Letr_a,s. y Cié'ndas. -Habana, 1916, X:X:III, 2.
&lt;~
Revista ·de Filosofía. - Bu'enos Aires, 19t7, III,.2..
.
.
Revista de Historia_)' Genealogía.-Es_pañola. - ~drid, 1917, VI, 4-5.
Revista.Lusítana. "7Lisboa, J9IP, XIX, 1-4. -:
Revista de M'enórca. -M;ahón,' 1917,_XII, 2.::;.
La-Revista Quincenal. -B_a rcelona,. 1917, J, 7-12.
Re.vista de la Sociedad Jurldico-9terari,~.......:. Quito, 1917, XVIII,-44,.;46.~
Revista de la Uníve-i;sidad de BEenos ~es. - .1917, xxxm yXXXlV-¡r26.
,,.Re.vista de la Univetsldad Naciónal de Có{doba (Argeptjna). - 1~m,.JV, 1-z.
Revue 'tle l'Enseignement desLangues Vivantes.-Paris, 1917, XXXIV, 4-6.
Revue His¡;aruque. - Paris, 19r7; XXXIX, 96-97.
·-,
' ,
Rewe des tangues Romanes. - Montp.ellfer.,_ r9r&amp;'.'1¡,-, L~, 1-2.
;
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Rivist~ Storic_a 'Itfliana. -Firen,ze,.1917, IX, ~I.
.
Tb.e Romamc Review. - ·L_angaster, PA, r917; VIII, 1.
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El Siglo &lt;le las Misiones,-Bilbao, 1-917, iV, 41-43.
·,,,
Unión lbero-Americana~-,-Ma'drid, ,g17; XXXI., 1-4, • ~ZeitscJu:íft des deutschen wiss·enschaftlichen Vereins z. Kultur- u. La~deskunde Argenaniens, - Buenos__Aires, 19r7, III, l.
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�JUNTA PARA AMPLIAClÓN DE ESTUDIOS B INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS

REVISTA

CENTRO DE ESTUDIO$ HISTÓRICOS

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DE

TEATRO ANTIGUO ESPAÑOL

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Tomo IV.

JULIO·SEPTIE■ BRE

1917

Cuaderno 3. 0

En esta colección se publicarán e~Ludios sobr el teatro español, y se
reproducen aquellas obras dr~máticas que merecen no permanecer inéditas
o ser publicaclas de nuevo.

UN TEMA DE «LA VIDA ES SUEÑO»

Primeros voló.to.enes: "
.

La Sel"i-ana de la Vera, de Lr,is Vllez de -G1Mvara, publicada por R. l\IBNÉNDBZ ProAL y 1\f..1. Gonu BE J,fa¡,¡ÉNJ&gt;&amp;i Pm.u.. Un vol. en ·s. 0 , va-176 p~s.,
4 ptas.
Cada.cual lo que le toca y La villa de Nabot, de Francisco de R.qias Zor,.;fta,
publicadas p'or A)tÉRrcO CASTRO, Un vo1. en 8. 0 , de 270 págs., 5 ptas.

REVISTA DE FILOLOGÍA .ESPAÑOLA

EL HO~fBRE Y LA NATURALEZA
EN EL :MONÓLOGO DE «SEGISMUNDO.
L'homme n'est qu'un roseau, le
plus faible de la nature; mais c'est
un roseau pensant. -PASCAL.

~

SE ADMITEN SUSC1UPC101'ES A PARTIR DE

TI R A'. QA A PAR T E

DE LA_

L918

A

·u

8 JBL 1-0 ORA F f A

· Esta tirada aparte se imprime sólo ;or un lado, para facilitar la
incorporación individual de las papeletas o fichas en los catálogos
bibli9gráficos.
Las tiradas aparte correspondientes a los afias 19r4-19r6- tomos I-III-y al ~1,1aderno I. 0 del tomo IV, 19_17~ están agÓtadas.
Las de· los CU}l.dernos 2. 0 y 4.º de 1917 se envi3:rán gratis a lós
suscriptores de 1918.
PREClO: 4

PESETAS ANOALES

En el primer artículo (RFE, IV, 1917, I-25) procuré rese1'íar brevemente los anteriores trabajos sobre la materia, y
destacar las conclusiones a que se había llegado. Añadí además algunos datos que permiten rectificar y ensanchar esas
conclusiones, particularmente en lo que se refiere al desarrollo
del tema dentro del teatro español anterior a Lope 1 .
1 En las notas indiqué los pasajes del teatro del siglo x:vu relacionados con el tema, de que se tiene noticia. En el tex:to del artículo
transcribí, además, dos trozos de FRANrnsco DE ROJAS, Progne y Filomena: «El aire, el ave y el cristal sonoro•, y Los ba,zdos de Verana:
«Señor, si el cielo .me deja.&gt; A éstos puedo añadir ahora el siguiente
del mismo autor: «A todo Singularmente declara [Dios en la creación]
Que es bueno, pero en criando Al hombre, si lo reparas, Con que fué
el hombre de Dios Imagen y semejanca, No dize que el hombre es
bueno; Sólo cuando está acabada La fábrica. circular Todas las cosas
alaba Juntas, de suerte que el cielo, La tierra, la luz, las aguas, La lnna,
TOMO IV.
17

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                <text>Fundada en 1914 por Ramón Menéndez Pidal, es la revista más antigua de todas las publicadas por el CSIC. Cuenta con edición impresa y comienza a estar disponible online en 2007 en formato PDF. Los contenidos anteriores están igualmente disponibles en ese formato.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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