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                  <text>JUNTA PARA AMPLIACIÓN DB ESTUDIOS B llfVBSTIGACIONES CIBNTÍP'iCAS

CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS

REVISTA

----- - - ---- ------------'--,...-'----'----•

DE

TEATRO ANTIGUO ESPAÑOL

FILOLOGÍA ESPANOLA

TEXTOS Y ESTUDIOS

Tomo V.

En esta colección se publican estudios sobre el teatro español, y se reproducen aquellas obras dramáticas que merecen no permanecer inéditas
o ser publicadas de nuevo.
·

JULIO·SEPTIEIIBRE 1918

Cuaderno 3.0

~

Primeros volúmenes:

SOBRE LAS VOCALES IBÉRICAS J;: Y Q
EN LOS NOMBRES TOPONÍMICOS

La Serrana de la Vera, de Luis Vélez de Guevara, pu blicada por R. i\h:xi.N•
osz PJDAL y i\1.' Gon1 DE i\LNÉNDEl PIDAL. Un vo l. en 8.0, vIr-1 ; 6 pág:;.,
4~L

•

Cada cual lo que le toca y La vii'la1 de Nabot, de Francisco de f?qjas Zorrilla,
publicadas por AMÉRICO CAsTRo. Un vol, en 8.0 , de 270 págs., 5 ptas.

.

"REVISTA DE FILOLOGÍA ESPAÑOLA
SE AD:tUT-EN SUSCRIPCIONES A PAR').'IR DE

TIRADA AP~RTE

DE LA

'

1918

A LA

8 I B l l OORAFf A

Esta tirada aparte se imprime sólo por un lado, para facilitar.la
incorpora; ión individual de las papeletas o fichas en los catálogos
bibliográficos.
Las tiradas aparte correspondientes a los años 1914- l 9 l6 - tomos I-III - y al cuaderno r.º del tomo IV, 1917, están agotadas.
Las de los cuadernos 2. 0 y 4.º de 1917 se e nviarán gratis a los
suscriptores de 1918.
• PRECIO:

4

PESETAS ANUALES

Las gramáticas del vascuence no señalan un t imbre diver•
so de sus vocales e y o, semejante al de la ~ ~, Q 9 del latín
vulgar; pero la derivación de las voces románicas provenient es del vasco nos muestran que esta lengua, en el período
antiguo al menos, poseía una ~ y una Q.
Una diptongación de estas vocales vascas ~ y Q, en su
paso al español análoga a la diptongación de la ~ y Q latinas,
es fenómeno que, a lo que yo recuerdo, pasa in~dvertido para
las gramáticas románicas; no obstante, los etimologistas lo
aceptan más o menos seguramente. Así, por ejemplo, Diez 1
propone como etimología dudosa de cuesco el vasc. koska
' chichón', 'saliente', 'choque' (mejor kozko 'cráneo', 'calavera', 'pedazo'); y el mismo autor acepta la derivación que los
etimologistas españoles propusieron para izquierdo, del vasco ezq u e r ra 2 • Saroi:handy señala en el Alto Aragón agüerro
Etym. Wb. 5 , 1887, pág. 443.
2 Drnz, Etym. Wb., pág. 461; LARRAMENDI, Dice. trilingüe, 1745, II,
pág. 26 a, del vasco ezq uerdo, ezq uerrá (en M ENDIZÁBAL, Diccionario, Tolosa, 1916, ezkerti 'zurdo'). Sobre izquierdo véase D. S. BLONDHBIM, en la M iscell. Elliott, r 911, I, pág. 248.
1

T OMO

V.

15

�LAS VOCALES IBÉRICAS
226

R. J\1ENfNDEZ PIDAL

'otoño', agor en Bearne, del vasco agorr 'mes de setiembre' 1, etc. Sería preciso sistematizar algo el estudio de las
vocales vascas. Yo me fijaré sólo en algunos nombres que
ocurran en la toponimia. Así podremos ver que la derivación
del ital., esp., port. gorra, del vasco gorri 'rojo', propuesta
por Schuchardt y aceptada con reservas por Meyer-Lübke 2 ,
si es voz antiguamente introducida en el español, pugnaría
con los derivados de la toponimia.

1. EL ADJETIVO

berri.

Señalaré primero algunos derivados del adjetivo berri
'nuevo'. Esta forma, más propia del guipuzcoano, del navarro,
del labortano y del suletino, convive con b.arri, propia del vizcaíno, de Álava y del oeste de Navarra 3, confirmándonos la e
originaria como abierta, b~ri, forma que veremos demostrada
por los derivados romances. La toponimia detalla esta repar~
tición geográfica de e y a. En Guipúzcoa hallamos Eclzebern
(dos pueblos), lriberri, Aguirreberri, Lambarremberri, Pelogaberri; pero al oeste encontramos ya Uribarri (uno al oeste
de Mondragón y otro al sur de Oñate). En Navarra, Eclzaberri, Iriberri, Lécumberri, etc.; pero ya al oeste de Estella se
encuentran Eclzabarri, Jvlendilibarri y Ulíbarri. En Álava,
Eclzebarri, Eclzábarri, Clzábarri, y muchos Ullíbarri, Uríbarri, Ventabarri, La111barri, etc. En Vizcaya muchos Eclzébarri
y CJzábarri; muchos Uribarri, Ventabarri, Lecumbarri (junto
a Lernmberri), Berecibarri, Lámbarri, Errotabarri, Ele.fabarri, Olábarri, etc. El acento, como es sabido, es indeterminado. En Francia, Etclzeverry, Etclzebar, LecumberrJ1, Eliraberry, Jolliberry, Bourgouberry, etc.
Rev. Internac. de Est. Vascos, VII, 1913, pág. 477.
2 Zeit.f rom. P!til., XXX, pág. 213.-Etym. Wb., 3822 ..
3 Para otras alternancias entre e y a, sobre todo motivadas por
una,. siguiente, véase C. C. UHLENBECK, P!tonétique comparte dtt Basque,
en la Rev. Internac. de Est. Vascos, llf, 1909, pág. 467.
1

~ Y Q

EN LOS NOMBRES TOPONÍMICOS

227

Como vemos, el nombre Eclzeberri 'casa nueva' es el más
repetido; añádanse todavía Eclleberría, Echeberrizabal, Ecltebarrieta. De Eclzeberri se deriva Xavier; este nombre, hecho
famoso en la onomástica católica por el San Francisco del
siglo xvr, tiene una especial importancia para nosotros. J. Vinson creyó que Etcheberri era voz reciente y sin interés, y que la
grafía Xavier es inadmisible y exige una rectificación 1; J. de
Jaurgain le objeta a lo primero que ya en el siglo xrv se encuentra Edzeberría, pero rechaza que con Eclzaberri tenga que
ver Xavier o Javier, pues el nombre de este pueblo navarro
se escribe en lo antiguo Escabierre en 948; Ezaberre, Ezavierre en 1093; Isavier, Savifr, Xavier y Javier en el siglo xm 2;
a lo cual Vinson, dejando a un lado sus puntos de vista primeros, contesta sólo insistiendo en la relación de Xavier con
Etclzeberri, y para ello recuerda que la jota española (entiéndase la correspondiente a la antigua grafía z) se pronunciaba
antes como la c/z francesa 3 • Aun así queda por explicar la diferencia entre la clt francesa de Xavier y la tclz de Etclzeberri,
y sobre todo la forma más antigua Escabierre, que es el punto
de partida de la duda de Jaurgain y de otros 4 • Ahora bien,
debemos sentar que en la ortografía anterior al siglo xrrr, la se
y la z tenían igual valor de s; así, representando un .}, árabe,
hallamos Hiscem, Iscam o Escim 5, en vez del nombre que después se escribió Hixem; zahbascorta, zacbascorta 6 por sahba
axorta 'jefe de la guardia', y en diplomas altoaragoneses vemos lascabet 'laxavit', Frescinosa 'Fraxinosa', etc. 7• Por lo que
1 Rev. Internac. de Est. Vascos, IU, 1909, págs. 349-350.
2 Rev. Internac. de Est. Vascos, VI, 19121 pág. 161.
3
Rev. Internac. de Est. Vascos, VI, 1912, pág. 407 .
' Por ejemplo, de E. lBARRA, Documentos de Rami1·0 l, [1914], página 261 a.
6
Crónica de Alfonso III, publicada por Z. García Villada, Madrid,
1918, pág. 71; «Is~am Recaredez&gt; figura en un diploma de 960, Archivo Hist. Nac., Sahagún, núm. 392.
6 M. Gó!IIEZ l\loRBNO, Iglesias mozárabes (en publicación), pág. 123,
documento del año 998; R. EscALONA, Hist. de Sahagztn, 1782, pág. 442 b,
documento del año 1003.

7 Estas y otras muchas pruebas documentarias las daré en la His-

�LAS VOCALES ldRICAS t; Y Q EN LOS NOMBRES TOPONÍMICOS

229

R. Ml!NÉNDEZ PJDAL

hace al nombre de lugar de que tratamos, en documentos altoaragoneses que hoy se conservan originales, aparece con las
formas: Escaberri año 1081, Scaberri año 1059, Scauierri
año 1036, Szauerrilatre año Io66, al lado de Xauierre año
108 I 1, y en copias del siglo xm o anteriores : Escaberri, Escabier, Escabierri año 1040, Scavir ad latere año 1058, Scabierr alatre año 1o62, Sciaberrafa, Scaberraca año Io66 2, junto a Exabirri año 1061, Exauerre años 1092, I093, Exauierre
año 1055 3 •
No cabe, pues, la menor duda que Escaberri y Exaberri representan la misma pronunciación esab~ri o esab~ri; para explicar su diferencia respecto al vasco Echaberri ecab~ri, debemos
notar que, además de las variantes vascas de este nombre ya
citadas, hay otra al oriente de Navarra, que es '.laberri, 7 kilómetros al este de Aoíz, nombre que antes se escribía Xaberri',
mostrándonos que al oriente de la Vasconia la z o s sustituía
a la ch o c. En efecto, más al oriente de este Xaberri o '.faberri se hallan todos los '.Javier o '.lavierre conocidos: Javier
o Xavier en Navarra mismo, 7 kms. al este de Sangüesa; Yavierregay, Yavierrelatre, Yavierre del Obispo en el partido de
Jaca (Huesca), y otros tres '.favierre más en el partido de Boltaña (Huesca). No es conocida hoy la repartición dialectal de
las variantes e y s 5 ; pero acaso no sería aventurado ver una
toria de la lengua española que preparo. Las Glosas Silenses usan la
grafía ist:; así laiscare 108 1 elaiscaret 31 depuisca 22, etc.
1 Arch. Hist. Nac., San Juan de la Peña, núms. 440, 420 1 39, 76 y 439.
2
Docum. de Sancho Ramírez, II, págs. 154, 233¡ Docum. de Ramiro I,
págs. 32, 156 y 4; Docmn. de Sancl:o Ramírez, II, págs. 62 y 61.
3 Docum. de Ramiro I, págs. 164 185, 197 y 124.
1
' Javerri en el Nomenclátor de Navarra, 1893¡ Jaberri y Xaberri
en 11.woz, Dice. geográfico, IX, 1847, y XVI, 1850.
5 Véase C. C. URLENBECK, en la Rev. Internac. de Est. Vascos, IV, 1910,
pág. 113. De una confusión, al parecer meramente gráfica, entre eclte
y exe, habla CAMPIÓN, Gram., pág. 65. Diverso es el caso des en vez
des o de otros fonemas con sentido diminutivo (comp. AZKuB, Gramática, págs. 19 y 20); sakur 'perro chico', junto a cakur 'perro grande', se usa en Navarra, según me informa el Sr. Campión¡ véase AzKUE,
Dice. Bascc, II, 1906, pág. 305 b, y véanse en él multitud de voces que

indicación precisa en los Xaberri o Xavier del oriente y Echaberri del occidente, relacionando esta repartición con la presencia del fonema e en el castellano y en el bearnés y con la
ausencia del mismo en el navarro-aragonés.
Con un desarrollo igual al de Xavier, en cuanto a la vocal
acentuada, tenemos Lumbier, próximo a '.Javier, en Navarra, que Oi"henart vasconiza en lrumberri, y tanto·él como el
P. Moret identifican con los ilumberitanos de Plinio 1 . En Aragón, hermanando por su vocal final con la forma: Yavierre allí
usada, tenemos también Alcubierre, unos 40 kms. al sur de
Huesca;. compárase para el primer elemento Alcoz, en Navarra; pudiera tratarse también de un híbrido Alcuba-berri,
con disimilación silábica, como '.laurgain, por jauregui-gain,
etcétera (véase Vinson, Rev. Est. Vasc., III, 355); y por último
la grafía b, si es que es antigua, en contradicción con la de
Yavierre, nos indicaría que se trataba más bien de Alcub-ierre;
es decir, de un derivado del adjetivo erre 'quemado' (Echerre,
Zubi-erri en Vizcaya), acaso como Be/sierre en el partido de
Boltaña y Espierre en el de Jaca, y en Lérida Esterri, Gerri
en el partido de Sort, lgüerri en el de Tremp y Algerri en el
de Balaguer; tendríamos así otro caso de diptongación en el
adjetivo erre.
Con la variante vasca occidental -barri sería aventurado
relacionar los nombres de lugar bastante alejados; en Oviedo:
Tarrebarre, ayuntamiento de Coaña, y Tranobarria, ayuntamiento de Piloña. En Burgos, Logroño, Palencia o León no
hay nombre alguno que se relacione con éstos y establezca
una continuidad occidental, como hallamos en Huesca y Lérida. Por otra parte, en Huesca, en la misma región de berri,
hay Benabarre, y en Lérida lsabarre.
empiezan con e y que en el bajo navarro, roncalés, suletino o Jabortano empiezan con s; por ejemplo, caal (pág. 306) y sahal (pág. 2 4 1).
1 Véase JAURGAIN, en la Rev. Internac. de Est. Vascos, VII, pág. 398.

�LAS VOCALES tBéRICAS ~ Y Q EN LOS NOMBRES TOPONÍMICOS
230

R. NBNlfNDBZ PIDAL

2. EL ADJETIVO

gorri.

Consideraremos después los derivados de gorri 'rojo'.
Este adjetivo da multitud de nombres, como, por ejemplo, en
la región que habla vascuence en Vizcaya: Iragorri, Irestagorri, Lurgorri, etc. Que esta voz tiene etimológicamente una o
abierta, gQfi, lo prueba el resultado ue a que llega en los nombres de lugar donde se halla; es decir, se diptonga en ue lo
mismo que la Q latina.
Ligüerre de Ara y Ligüerre de Cinca, ambos en el partido
de Boltaña (Huesca). Este nombre es a todas luces vascónico,
.aunque no sé que exista un correspondiente Ligorri en el
Nomenclátor actual de pueblos de la región vasca 1; compárese para su primer elemento Liberri, partido de Aoíz (Navarra).
Al Lagor que existe al sur de Orthez, en Francia, corresponde en Aragón Lagüerri, nombre dado antes 2 al pueblecillo que hoy se llama Laguarres, situado unos 13 kms. al
norte de Benabarre. Este último nombre moderno nos hace
ver la forma de diptongación na en vez de ue, la cual volveremos a hallar repetidas veces en nuestros nombres toponímicos aragoneses, pues tal forma es muy común en el antiguo aragonés, en cuyos documentos hallamos Huasca junto a
Huesca, puarta junto a puerta, etc. 3.
Lascuerri, nombre antiguo 4 del pueblo que hoy se llama
1 No existe, al menos, en 1el Diccionario geográfico de flLwoz, 18451850, ni en el Nomenclátor de Espafía, Álava, 1891; Vizcaya, 1894; Guipúzcoa, 1893; Navarra, 1893, etc., que son las dos fuentes principales .
,que sigo para todos los nombres topográficos.
2 J. DE MoRBT, Annales de Navarra, II, Pamplona, 1766, pág. 138 a,
pasaje que después citaremos en las conclusiones. El nombre moderno
aparece en la copia de un documento del siglo x1: cterras de Laguacres de subtus lsavana». E. DB !BARRA, Doctem. de Ramiro I, ( 1904), página 212.
3 Comp. Rev. de Fito!. Esp., lll, 1916, pág. 76.
4
Dalo el P. MoRl!T en el pasaje aludido arriba, nota 2.

231

Lasciearre, situado unos 17 kms. al norte de Benabarre; llámasele en documentos del siglo xr Alascorr, Alascorri, Alascorre 1 • Es el vasco Lascorri 'arroyo rojo' con lag- de gorri
ensordecida a causa de precederle la sorda -s (comp. azkorri
'arrebol'); la forma antigua nos muestra una variante del moderno «lats» 'arroyo'. Tampoco existe este nombre en la toponimia de pueblos de las provincias vascas españolas; pero
existe como término local Lascorri 2 , y en la Navarra francesa
hay también Lascor o Lascorria, como nombre del castillo
propio de la familia de San Francisco Javier 8•
No sé si pertenece aqui también Escuer, en Huesca, con
apócope de la vocal final, como 'Javier, Lumbier, Benabar
junto a Benabarre, etc. En Álava no hallo -gorri ni -güerre,
falta extraña al lado de los varios casos que hemos hallado y
de otros que después citaremos al oriente de la región vasca.
El nombre de Calahorra, lat. Calagurris y Calagurra,
es interpretado por varios como 'castillo rojo' 4 (comp. 'Rotenburg y también •Castilrubio', dehesa en la provincia de
Badajoz), o bien como 'agua roja' r,. De ser esto así, nos revelaría una variante de gorri al sur del Ebro con o cerrada; pero
creo más bien que se trate de otra palabra distinta de gorri
'rojo', pues los nombres cala/zorra y calalzorrilla, apelativos
que significan 'castillo, torre', o 'alholí, panera', es muy poco
verosímil que tengan como segundo elemento un adjetivo que
signifique 'rojo'. Sin duda se trata de otro componente, acaso
1 Documentos de 1044, de 1049 y de hacia 1063; el último, con la
forma Alascorre, es copia del siglo xv; en E. DE leARRA, Docum. de Rami1·0 I, págs. 54 1 55, 82 y 182.
2
Citado, sin decir dónde se halla, en las Indicaciones elementales
sobre voces toponímicas vascas, por la Sociedad EsTumos V Ascos, Bilbao, 1916, pág. 23 a y 29.
3
Revue des Questions Historiques, XXVIII, 1 julio 1880, pág. 232,
nota 2.
4 F. J. SrNONET, Descripción del reino de Granada, Granada, 1872,
pág. 317, y Glosario de voces ibéricas, Madrid, 1888, pág. 73; seguido
por H. ScHuCHARDT en la Rev. lnternac. de Est. Vascos, III, 1909, página 240. Simonet creyó antes calahorra nombre bereber.
5
C. JuLUBN, RIEV, 11, 1908, pág. 789.

�R. MENÉNDEZ PIDAL

LAS VOCALES IBÉRICAS ~ Y Q BN LOS NOMBRES TOPONÍMICOS

un término análogo al vasco uri 'pueblo', debiendo considerarse juntamente nombres como Lazagurria, partido de Estella (Navarra) y la antigua Graccurris 1 •

encarama en las estribaciones de la elevada Peña Montañesa
(2.300 ms.), como el vecino monasterio de San Victorián y el
pueblo de Los Molinos, de «clima despejado, y aunque frío,
sano». Claro es que el paso de arawés a aragwés es bien conocido y no presenta la menor dificultad. Ya en los documentos
del siglo XI se halla la forma Araguasse, Araguesse 1 . Una
curiosa variante ofrecen también los diplomas del siglo xr:
Araost, Araoste, Aragueste 2, donde vemos la tz vasca representada por st, como a la inversa hallamos Caesaraugusta
Zaragoza, Basta Baza, Astigi Écija, etc.
Sea que en su final lleven este mismo adjetivo otz, sea que
lleven un sufijo ibérico, también con Q abierta, y que sería -otz
o -kotz (comp. -oi al lado de -goi, -koi; -ari al lado de -kari;
-eta al lado de -keta, etc.), debemos citar aquí los siguientes
casos interesantes por su diptongación y por su situación geográfica: Amoroz en Vizcaya, Amorós en Lérida, y quizá Amoroce en Ore~se, para cuyo primer elemento comp. Amorebieta
y Amorato en Vizcaya también. Igualmente Arbués en Huesca 3 , partido de Jaca, y Arbós en Tarragona, partido de Vendrell, pues en vista de la forma aragonesa con diptongo, parece
que el nombre prov. y cat. del 'madroño' arbos&lt; arbuteus, no
tiene nada que ver con el toponímico Arbds. Especial importancia tiene esta terminación en ciertos pueblos de la provincia de Navarra: Gallués, 24 kms. al este de Aoíz; Navascués,
2 S kms. al sureste del mismo Aoíz; Garrués, S kms. al norte
de Pamplona, y Sagüés, 8 kms. al suroeste de la misma ciudad. No puede dudarse que se trata aquí de una diptongación, porque estos pueblos tienen a la vez en uso un nombre
vasco sin diptongo: Gallotze, Navascotze y Sagotze 4 • La -e

232

3.

LA TER?.UNACIÓN

otz, otze.

Más difíciles son los derivados del adjetivo otz, 'frío'; compárese en territorio de lengua vascuence lturrioz 'Fuen fría'.
Por ser este adjetivo poco característico fonéticamente y
poder tener otros orígenes la terminación -ós, -ués, posibles
ambas tanto en vascuence como en romance, trataremos sólo
de un nombre en que puede reconocerse con seguridad el
adjetivo indicado.
En Guipúzcoa hay Araoz, que significa 'llano frío'; compárese 'Navafría'; está situado «entre sierras escabrosas, clima
frío, pero sano» 2 • Igual nombre hallamos al norte de la provincia de Lérida, Arahós, situado «en un llanito circuido de
elevadas montañas, clima muy frío por la excesiva duración
de las nieves».-Los varios derivados que hallamos en la provincia de Huesca son los que ahora especialmente nos interesan: Aragüés del Puerto, unos 20 kms. al noroeste de Jaca,
cuyos montes «durante seis o siete meses del año están cubiertos de nieve»; Aragüés o Araguás del Solano, S kms. al oeste
de Jaca; Araguás, unos IS kms. al este de Bol taña y a unos
5 kms. también al este del Pueyo de Araguás, siendo de I?,Otar
que el Pueyo se halla orillas del Cinca, mientras Araguás se
1

Con el vasco uri 'ciudad' relacionan varios autores ciertos nombres geográficos antiguos. Así Bituris, Calag,trris, Graccurris, cque
manifiestamente se sabe vale tanto como ciudad de Gracho•, Illacuris
en los carpetanos de Toledo, y Laccuris en los oretanos, son admitidos
juntamente por J. DE Moa1!T, Investigación histdrica de Navarra, 5, § 3,
edición de 1665. Para Calagurris, después de una etimología céltica,
el P. Risco, en la España Sagrada, XXXIII, págs. 23 y 24, propone
uri del vascuence.
2
Palabras textuales del Diccionario geográfico de MAnoz, como las
que cito después a propósito de los deq1ás pueblos de 11ombre análogo.

233

1 Docum. de Ramiro I, pág. 39; Docum. de Sancho Ramírez, I, págs. 12,
57, 79, y 11, pág. 21.
2
Docum. de Ramiro I, págs. 101 y 181; Docum. de Sanclw Ramírez,
I, pág. 8. Esta forma se usó muy posteriormente; todavía en el siglo xv,
el príncipe de Viana la usa en su crónica; véase r.fAnoz, s. v. Arauhesto.
3 Antiguamente llamado Arbuás; véanse Docum. de Ramil·o I, páginas 70 y 71, y Docum. Sancho de Ramírez, I, pág. 112.
• Según me informa D. Arturo Campión.

�234

R. Ml!NlNDEZ

PlDAL

LAS VOCALl!S IBfRICAS ~ Y Q EN

LOS NOMBRES TOPONÍMICOS

235

1

final de estos nombres es un dialectalismo o arcaísmo que
se prolongaba antiguamente en Aragón, según vemos en los
diplomas del siglo x1, en las formas Araoste, ya citada, Badaguassi, Biscarrosse y otras que citaremos en seguida. Hay otro
Sagüls en Aragón, 25 kms. al nordeste de Jaca. Añádanse también en Aragón : Arascués, I 5 kms. al norte de Iluesca; Angüés, 24 kms. al este de Huesca, llamados Arascuesse y Anguese en los diplomas del siglo x1 2; Badaguás y Baraguás,
dos pueblos inmediatos al nordeste de Jaca, llamados en el
siglo xr Badaguassi 3, Badalzos 4 y Baraos 5 ( comp. Baraca/do
en Vizcaya); Biscarntés, en el partido de Huesca, llamado en
el siglo xi Biscarruesse y Biscarrosse 6 (comp. para la primera
parte de este nombre el de Bizcaya, denominación de la provincia vasca y de un valle y un arroyo afluente al río Aragón,
al suroeste de Pamplona). En fin, en la provincia de Zaragoza,
partido de Sos, Bagüés, llamado en el siglo xr Baguase y
Baos 7, situado en la región norte, donde abundan los nombres en ues y otros de tipo vasco; y al lado de éste ya podemos citar también el Bagüeste, que se encuentra al suroeste
de Boltaíia, y que presenta la misma t de Aragüeste.

4.

-toi.

Una complicación de dialectología románica surge respecto a los derivados de un sufijo, -toi, -doi, que indica lugar
donde se halla una cosa. La forma -toi, en vasco, se halla principalmente tras consonante sorda; pues tras vocal o consonante sonora, la dental inicial del sufijo tiende a asimilarse,
según la conocida ley fonética vasca, a la sonoridad del sonido
precedente: aritztoi 'robledal', illardoi 'sembrado de fréjoles',
izedoi 'bosque de abetos', sagardoi 'manzana!', gat=toi 'salado'.
Como variantes de este sufijo hallamos en vasco: -toki, -doki
y -tui, -dui; así, karedoi, karedui, karetoki, karedoki 'calera';
mneztoi, ameztui, anzeztoki 'encinar'. La forma con k es tenida
por la originaria 1; pero en la toponimia aparece corrientemente la forma sin k como muy propagada desde la época
más antigua, mostrándose así -toi, -tui como forma primitiva,
y acaso etimológicamente diversa de -toki 2 •
En la toponimia de Guipúzcoa hay Ameztoy; en la de Vizcaya, Albístuy, Aranduy, Astúy, Bustíndzq, Cirádzty, Elórduy,
Sagárduy; en la de Kavarra, /doy, Zuastoy; en la de Lérida,
Arestzry, nombre claramente vasco, 'robledal', Balastzry, Mentú.y, Bretúy, los cuatro en el partido de Sort, lindantes con el

1

Donde más se hallará hoy es en la Baja Navarra, según parecen
indicarlo los nombres propios: Amorot:;e (Amorots), Bardotze (Bardos),
Ithorrotze (Ithorrots), y en Roncal a juzgar por Bidankoze (Vidangoz),
(Jztarrotze (Uztarroz); véase en el Diccionario de AzKUE la enumeración de pueblos que hablan el bajo navarro y el roncalés; véanse también en el mismo Diccionario nombres como i::;otu en bajo navarro y
guipuzcoano (frente a izotz), artotze, bajo navarro y labortano.
2 Docum. de Sanch.o Ram{rez, I, pág. 76, y II, pág. 5.
3 Docum. de Sancho Ramirez, II, págs. 74 y 86.
4 Docum. de Sancho Ramirez, I, pág. 157.
5
Docum. de Sancho Ram{rez, II, pág. 155.
6
Docum. de Sancho Ramirez, I, págs. 62 y 63; la forma Biscarraesse
es mera confusión de lectura de una rt visigoda por a.
7 Docum. de Sa11Cho Ra/llirez, II, pág. 86, y I, pág. 154. Recuérdense
otros muchos nombres de que no me consta la forma sin diptongar:
Banaguás, ant. Banaguasse; Barb11és, ant. Barbuasu; Undués, Unduasse;
ant. Biascuesi; Angiiés, Sinués, etc.

EL SUFIJO

La forma -toki es la sola estudiada por C. C. UHLKNBRCK, Suffb:es
de dérivation du Basque, en laRev. Internac. de Est. Vascos, llI, 1909, página 420. Para -doi véase A. CANPIÓN, Gramática Eúskara, 1884, pág. 1s1,
y para la pérdida o inserción de la k, en general, págs. 104- 105, 106,
121-122. Para la variante -tui, -dui véase l. LóPKZ MENotzÁBAL, Diccio11a1·io CastelJ.-Euzkera, 1916, págs. 363 b, 38 a, etc. Para el toponímico
-toki, -oki, toi, -tui, etc., véase Indicaciones elementales sobre voces toponfmi,;as vascas, por la Sociedad EsTumos VAscos, Bilbao, pág. 26. Casos de inserción de k en la composición de nombres, véase AzKuB,
Gram., pág. 43. Para la pérdida de la k, muy corriente, véase UmENDKCK, en la Rev. Interna&amp;. de Est. Vascos, IV, págs. 104-107.
2 R. M. AzKuB, Gram., págs. 62 y 63, considera como sufijos locales distintos, de una parte -tegi «contracción de toki•, y de otra parte
-dui, -tui, -di, -ti.
1

'

�R . MENÉNDEZ PIDAL
LAS VOCALES IBÉRICAS ~ Y

Alto Aragón. - En Huesca hallamos varios casos. Serradúy
'pedregal', de sarra 'escoria, grava'; el terreno de este pueblo
es pedregoso, está a la izquierda del Isábena y por tanto próximo a los lugares citados de Lérida. Ramastué, al norte de Serradúy, y próximo también a Lérida. Alastuey, unos 20 kilómetros al este de Jaca, sin duda lats-toi 'tierra de arroyos'
(comp. Alascorre, Lascuarre, y recuérdense en la toponimia
románica Arroyo, Arroya!, Arroyuelos); el término de Alastuey está bañado por cuatro arroyos que juntos forman después el Barranco Real. A este pueblo, en los documentos del
siglo XI se le llama Alastué 1 , y modernamente algunos le
llaman también Alastruey 2, y esta última forma nos permite
igualar a estos casos el nombre de Alastrué, aldea de Secorún, situada unos 10 kms. al suroeste de Boltaña; por lo demás,
la forma Alastrué con r epentética se halla ya en un diploma
de 1091 que se conserva original en letra coetánea 8 • Añádanse Bentué, partido de Boltaña, y Satué, partido de Jaca,
que aparecen con la forma Bentué y Sotué en los diplomas
del siglo XI 4 • Éstos nombran además Gronestué5, Botué, Orcantué6 u Orcandué 7, no identificados hoy.
Alguna observación reclaman estas diversas formas. La
variante -toy, -tuy, respondiendo a dos matices de la vocal
velar que se dan ya en la toponimia vasca, nada de particular
ofrecerían dentro del territorio romance; pero es lo más se1

Docum. de Ramiro I, pág. 124; por los pueblos entre los cuales
se nombra a Alastué, se ve que se trata del de Jaca y oo del de Boltaña, como se dice en el índice, pág. 249 b. Igual observación para los
Docum. de Sancl:o Ramírez, I, pág. 1521 e índice, pág. 239, y II, páginas 74 y 86.
2
•Algunos, aunque con poca propiedad, escriben Alastruey•, MAooz, Dice., s. v.
3 Se conserva en el Archivo Histórico; publicado por E. oxlBARRA,
Dot:um. de Sanc/:o Ramírez, II, pág. 199; véase pág. 201 arriba.
. ' Docum. de Ramiro I, pág. 204, y Docum. de Sa;cho Ramírez, I, págma 154.
5 Docum. de Ramiro I, índice geográfico.
6 Docttm. de Sancho Ramirez, I, índice geográfico.
1 Docu1:!. de Sancho Ramirez, II, índice geográfico.

1

f?

EN LOS NOMBRES TOPONÍMICOS

237

guro que el -uy de Lérida no provenga de un originario -uy,
sino de un -oy, como indicaremos en seguida. Serradúy está
en una región de Huesca donde hoy todavía se habla catalán
fronterizo, de modo que su coincidencia con los nombres de
Lérida, Arestúy, etc., es lógica. En cambio, las formas Alastuey y Alastué son ya claramente aragonesas. Remontan no
a -úi, sino a ·Qi, y presentan un caso de diptongación ante yod,
propio del aragonés y extraño a~ castellano. Comparando los
derivados de la voz latina hódie, que nos ofrece los mismos
fonemas ❖i, hallamos wéi, gwéi, y más escaso wé, gwé, en el
Alto Aragón, donde se hallan Alastuey y Alastué; pero al este
hallamos abúi, en el catalán fronterizo que se habla en la parte
oriental de Ribagorza, donde se halla Serradúi; la coincidencia entre los resultados de hódie y de -toy es, pues, perfecta, y podemos suponer que todos estos nombres topográficos
catalanes y altoaragoneses derivan de la forma -toi y no de -tui.
Para la pérdida de la -i final en estos casos, comp. también el
conocido caso bóve&gt; buey&gt; bué.
Fuera de Huesca y de Lérida no hallo en las demás provincias vecinas al país vasco (Santander, Burgos, Logroño, etc.)
nombres que presenten este sufijo; sólo en Galicia algún nombre como Mondo_y; en Oviedo, Lindoy, en Tapia, región vecina
a Galicia; Landoy, Bretoy (comp. el Bretúy de Lérida, arriba
citado) en la toponimia antigua portuguesa 1 , los cuales deben
ser comparados a los abundantísimos en oy que se hallan en
Galicia y Portugal, y de que luego diremos unas palabras.
Sólo en el occidente de las provincias de León y Zamora hallamos el río Araduey o Valderaduey, que responde a este
mismo sufijo. He recogido 35 menciones de este río en los
documentos del Monasterio de Sahagún, entre los años 959
y I 100 2 , y hallo: Aratoi 17 veces (la primera del año 9 59),
Aratoy 6 (la primera del año 967), Aradoi 3 (años 1002,
1030, 1094), Aradoy I (año 97 4), Aradoe enmendado en
1 \ ' éase A. A. CoRTESAO, Onomastico Medieval Portugués (separata
&lt;lo Arclteologo Portugues, vol. VIII e seguintes), Lisboa, 1912.
2
Arch. Hist. Nac., Sahagún, núms. 387 a 718.

��REVISTA DE FILOLOGÍA ESPAflOLA,

CUADERNO

K, I\IRNlNDl!Z PIDAL

diptongación de -Qi; también se le llama Aquilui 1 , forma influída por el catalán y que nos ayudará a comprender los muchos -uy que en región catalana señalaremos en seguida. Hemos, pues, de ver en este nombre una formación híbrida del
sustantivo latino aquila, más el sufijo ibérico -oi, al modo
del abundante toponímico romance Aguilera o Aguilar; recuérdese que Aquilué está próximo a una región donde se
observa la conservación de la oclusiva sorda latina 2 , y que
esta conservación en el antiguo aragonés alcanza una gran
extensión geográfica.
También merecen citarse, aunque no ofrezcan diptongación, los pocos casos de oi en Aragón: Berroy, unos 25 kms.
al oeste de Boltaña, y Paternoy, en el partido de Jaca, vecino
del ya mencionado Alastuey, al sur. Paternoy tiene especial
interés porque representa el triunfo moderno de la forma sin
diptongar sobre la diptongada que antes existió, ya que en los
diplomas del siglo XI hallamos Paternue 3; es, por lo demás,
otro caso de hibridismo, que debemos interpretar como 'paternal', comparándolo a Villapadierna (León), Padierna (Oviedo), Paderna (Lugo), Paterna (Almería, Huelva, Cádiz, Albacete), Padierno (Salamanca), Padiernos (Salamanca, Ávila),
Paderne (Oviedo y Galicia, varios), Padiérniga (Santander),
Trespaderne (Burgos) y Maderne (Santander); hay que añadir
aún otros híbridos románico-vascos: Paternain, IO kms. al
suroeste de Pamplona, en región donde hoy habla vasco una
minoría de habitantes (comp., para la terminación, Beasain,
Barasoain, Cemborain, Munain, Guendulain, Guerendiain, etc.),
y Paternina en Álava (comp. Marquina, Leguina, etc.).
En fin, citaré también a Senegüé, en el mismo partido de
Jaca, llamado en los diplomas del siglo XI Senebue 4 y Senebui 5 .
Doet,m. de Ramiro I, pág. 150.
Véase J. SAROIHANDY, en la Rev. Interna&amp;. de Est. Vascos, VII,
1913, pág. 479.
3 Doettm.de RamiroI, pág.69; Docum. de SanckoRamírez, II, 137 y 236.
4
Docum. de Ramiro I, págs. 15, 16, 17, 41, 80, 124 y 224; Docum. de
Sancho Ramírez, II, pág. 6.
5 Docum. de Ramiro I, pág. 170.
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�LAS VOCALES IBfKIC.\S t; Y Q JU( LOS NO:llllRES TOPO~hucos

241

En vista de las formas Berroy, Patenzoy, Patenzue y Aquilué, Aquilui y Senebue, Senebui, no cabe duda que una gran
porción de nombres de pueblos acabados en -uy, situados al
este de Berroy, remontan igualmente al sufijo -oy. En el oriente aragonés hallamos: Ardanúy, Azamí,y, Bafalií,y, Berganúy,
Montanúy, Denúy, Labazúy, Ralzí,y, Semí,y, Pedramúy y Beranúy, ya llamado Ueranúy en el siglo xr 1 • Después, en Lérida, en el partido de Sort, lindante con el Alto Aragón, hallamos también Beramí,y, Bremí,y y Benzzí,y, Bresúy, Corronczí,y, Me1u1í,y, Sellúy y Ambomíy; y en el inmediato partido de
Tremp hay Sensúy, Tendrúy, Tercúy; pero luego, en el resto
de la provincia de Lérida no se vuelven a hallar nombres con
esta terminación, ni tampoco en la de Gerona.
Vemos que en los cuatro partidos pirenaicos vecinos de
Jaca, Boltaña, Sort y Tremp hay un núcleo muy marcado
de nombres toponímicos en -oi, -ue y -uy. Sus formas se distribuyen bastante regularmente, según la estructura fonética
de las mismas: volviendo a una comparación de que ya echamos mano, y que ahora ampliaremos, se nota que en la parte
del noroeste, donde h Odie da wéj, wé, tenemos los nombres
toponímicos en -ue y un ejemplo arcaico en -uei; al este del
Isábena y el Cinca, exactamente dentro del territorio donde
hOdie da abúj, tenemos una gran abundancia de nombres
toponímicos en -uy; en fin, al sur de Jaca y Bol taña, donde la
&lt;iiptongación ante yod no se produce o no es general, y donde hOdie da ói, tenemos los casos de Paternoy y Berroy. Y
una vez sentado esto, tampoco cabe dudar que los casos de
-ue en territorio de habla aragonesa, lindantes con los casos
de -uy, de territorio de habla catalana, no remontan a un -zu
primitivo, sino a un -oi; son estos casos: Seszd, Eresué, Renanué, Villarué, Ardanué, todos agrupados frente a Demíy, Se1uí,y, Beramí,y, etc.
Este núcleo pirenaico de -oi toponímico resalta más si consideramos que no aparecen nombres de esta clase en las otras
1

Docum. de Ramiro l, p~g.

pág. 97.

ToMo V.

154,

junto a Urenui, pág. 152, y Ueranue,
16

�LAS VOCALES IBÉRICAS ~ Y Q l!N LOS NOMBRES TOPONfMICOS

243

R. MBNÉNDEZ PIDAL

extrañamente bajo la forma Bemúy en las provincias de Segovia (tres pueblos) y Ávila (dos pueblos), y a una etimología
popular del nombre Pedro se deberá atribuir la p- de Peranúy en la provincia de Salamanca; además, con la forma original del sufijo hallamos también, a unos 25 kms. al sur de la
misma Salamanca, el nombre Bernoy, más comprensible fonéticamente en el centro de España, donde hodie da ói. Habremos de interpretar este difundido nombre como los de Braña,
Brañas, Brañes, Veranes (comp. la grafía antigua Ueranuy),
abundantes en Galicia, Asturias y León.
No es posible decir si deben contarse aquí también otros
nombres del resto de España cuya relación con los anteriores
no es visible, como Espelúy (prov. de Jaén). Téngase en cuenta que alguna otra terminación de origen muy distinto, como
la de Caracuel, se halla a veces asimilada a la nuestra, Caracuy en la Primera Crónica General, pág. 356 b, 9, y que la
terminación romance u;1 puede tener orígenes muy varios,
como la de Túy&lt; Tude.

regiones próximas al país vasco, como Burgos, Logroño y Palencia. En Santander hay Besoy, caso suelto, pues en Oviedo
no reaparece esta terminación, sino en el occidente limítrofe
con Galicia, donde hallamos Ferroy, Piifoy, Vinjoy, Villahizoy.
También en la parte occidental de León, Meroy (part. de Murias) y Vil!agroy (part. de Villafranca). En Galicia vuelven a
ser muy abundantes estos nombres: Ferroy, Jlferoy, Aboy, Bacoy, Beloy, Belecoy, Becerroy, Landoy, Bagoy, Magoy, Madroy,
Barcioy, Papoy, Panacioy, Picoy, etc.; alguno se halla en Portugal, como Beloy, Guizoy, que aparecen así llamados en el
siglo xm, con Cidoy, Cenoy, Uzoy 1, nombres que no se conservan en la toponimia actual de pueblos. Para alguno de estos
nombres, como el de los pueblos portugueses Guissoi, Adagoi, puede pensarse en un origen germánico 2, sobre todo para
los compuestos con Villa-, que suponen un nombre de persona como segundo componente; pero tal explicación no cabe
respecto de nombres como Ferroy (comp. Ferral 3, Ferreras,
Herrera), Barcioy (comp. Bardal, de barcia) Becerroy (compárese Becerril, de becerro) en vista de los cuales hemos de
tener el gallego-portugués Beloy como análogo al vasco Befoqui 4, de bela 'cuervo'; es decir, sinónimo de los romances Corvera, Corveira, Corbeira, tan abundantes en varias provincias.
Además recuérdese el Bretoy antiguo portugués, análogo al

6.

Bretú.y de Lérida.
Fuera de estos dos núcleos pirenaico y gallego, hallamos
algunos nombres análogos difundidos por el centro de España. Los Beranúy, Bemúy, Brenúy de Lérida reaparecen
Véase A. A. CoRTssXo, Onomastico Medieval Portngués, 1912.
Como hace P. A. o'AzsvEDO en la Revista Lusitana, VI, 1900-1901,
pág. 51; y comp. \V. l\lEYRR-LüeKE, Sitz1mgsber. der K. Akademie in
Wien, Phil.-Hist. Klasse, tomo CXLIX, 1904, pág. 83, quien incluye
los nombres de persona Beloy, Censoy, Genoy, que no tienen traza de
1

2

germánicos.
3 Roo.&amp;RICI TOLETANI, De Rebus Hisp., V1ll, 8, «castrum Ferral».
• No figura en el Nomenclátor de las provincias vascas, pero en las
Indicaciones elementales sobre -i;oces topomínicas vascas, por la Sociedad
EsTuo10s V Ascos, Bilbao, en las páginas 19 y 26 se menciona Beloki.

l

CONCLUSIONES.

Hemos visto abundantemente comprobado que el vasco
antiguo y las lenguas afines habladas desde el río Araduey
hasta el Noguera-Pallaresa tenían unas vocales ~ y Q abiertas
que evolucionaron en cada región romance de este territorio
en una forma enteramente igual a aquella en que evolucionaron las vocales del latín vulgar ~ y Q, correspondientes a la
e y o del latín clásico.
La extensión de los nombres de tipo vasco en España
hasta muy lejos de las cuatro provincias vascongadas, es un
fenómeno notado desde antiguo. El P. J. Moret, a mediados
del siglo XVII razonaba acerca de la gran extensión del vascuence por toda España, fundándose en nombres de lugar;
por ejemplo, «iría y itria, que es nombre vascónico que significa población ..... y de él se hallarán compuestos nombres
de ciudades en grandísima distancia de las regiones que hoy

�244

LAS VOCALES IBÉRICAS ~ Y Q BN LOS NOMBRES TOPONÍMICOS

R. lllENÉNDEZ PIDAL

retienen el vascuence», citando a fria Flavia, hoy El Padrón,
en Galicia, Illiberis, junto a Granada, hoy Elvira, análago a
lriberri 'población nueva'; otrallliberis (Plinio), Eliberri (Pomponio Mela), Ilibirris (Estrabón), o sea Colibre en el Rosellón 1 . Estos y otros nombres fueron aducidos por los eruditos
posteriores que trataron de las lenguas ibéricas y de su relación con el vasco.
Ciñéndonos a los nombres mencionados en las páginas
anteriores, hallamos ejemplos de los sufijos -toi (propio de la
toponímica vasca) y -oi (poco usado en ésta) esparcidos por
gran parte de España, sobre todo por Galicia, y muy especialmente frecuentes los hallamos en la región que comprende el
Alto Aragón y noroeste de Lérida.
Esta última región se destaca caracterizada más claramente
en vista de los adjetivos berri y gorri, que faltan en las otras
provincias limítrofes al país vasco y se acumulan en el Alto
Aragón ha~ta Lascuarre y Laguarres al oriente de la" provincia de Huesca, y más allá aún hasta Montiberri, en el extremo
occidental de la provincia de Lérida. Unidos estos casos a la
muchedumbre de derivados en -oi, -toi y -oz, nos señalan y
distinguen de todo el resto de la región aragonesa y catalana
esta zona de las estribaciones pirenaicas que va desde Navascués y Sangüesa, en Navarra, hasta la parte alta del río NogueraPallaresa, zona caracterizada por una gran abundancia de nombre~ topográficos de estructura enteramente vasca o análoga a
la vasca. Además de los nombres notados para nuestro anterior propósito, hay que añadir otros muchos, como Benabarre,
Navarri, Bisaurri (comp. Bisauri, en Vizcaya; Zubiaurre, Zufiaurre, en Guipúzcoa), Be/sierre, Espierre, lsuerre, etc.
Vagamente notó este carácter el P. Moret, ya citado, teniéndolo por un efecto de las conquistas de los reyes de Navarra, como Sancho Ramírez (1063-1094) y su abuelo Sancho
el Mayor (970-1035): «que se sabe campeó y dominó muy
dilatadamente e;i Ribagorza». A estas conquistas, según Moret,

«se debe atribuir muy naturalmente la frecuencia de nombres
de Navarra que se hallan en los pueblos de aquellas comarcas;
como Benavarri, cabeza de aquel condado, y algo más arriba
de San Victorián y a la orilla del río Ésera otro pueblo llamado
Navarri; cerca de Benavarri otros dos pueblos, Lascuerri y
Laguerri, de nombres conocidamente vascónicos; a una gran
legua debajo de Grados, Artajona, y cerca de la villa de Berbegal, Peralta de Foncea ..... » 1 •
Pero esta teoría que trata de explicar el vasquismo toponímico de la región por sucesos medievales tardíos es enteramente insostenible: en primer lugar los nombres de tipo vasco
se extienden al condado de Pallars (oeste de Lérida), donde
no dominaron Sancho el Mayor ni Sancho Ramírez; en segundo
lugar la diptongación de la ~ y Q que vemos aplicada con toda
regularidad a esos nombres, los cuales casi en su totalidad
nada tienen que ver con los nombres existentes en Navarra, ni
puede ser un trasplante de Navarra, ni un fenómeno producido
fuera de Navarra en el siglo xr, sino mucho antes. Claro es
que se trata de una nomenclatura topográfica primitiva que
nos revela la extensión de la lengua vascónica, y de otras semejantes, por todas estas estribaciones pirenaicas. Sabido es
que la Vasconia antigua comprendía también a Jaca, entrando
así en el Alto Aragón, hasta el río Ésera 2 • Pero esta antigua
extensión de la Vasconia no nos explica toda la toponimia de
tipo vasco, la cual se dilata más al este del Ésera, hasta el Noguera-Pallaresa. Hay que suponer que los cerretanos occidentales que poblaban los valles del Noguera, y los ilergetes septentrionales que poseían el territorio de Benabarre, hablaban
una lengua muy afín a sus vecinos los vascones. Entonces,
como no es de presumir que los cerretanos orientales del río
Llobregat o los ilergetes meridionales de hacia las ciudades de
Iluesca y Lérida hablasen lengua diversa, cabe preguntar por

l\foRBT, Annales de Navari·a, JI, Pamplona, 1766, pág. 138 a.
Véase el mapa de la España romana por E. Saavedra, incluído
en los Dise11rsos ante la Academia de la 1-Iistoria, en la recepción de
E. Saavedra, 1862.
1

2

MoRET, Investigacitfn histórica de Navarra, I, 51 § 31 1665 (licencias
de 1653 y 1664).
1

245

�LAS VOCALES IBÉRICAS 'r Y 9 BN LOS NOMBRES TOPONÍMICOS

247

R. MBNÉNDEZ PIDAL

qué no hallamos entre ellos una toponimia igual a la de la región pirenaica que va desde Navarra al Noguera-Pallaresa. Sin
duda que esta acumulación de nombres toponímicos vascos
en el Pirineo hasta el Noguera no revela distinta nomenclatura primitiva, sino que es efecto sólo de una más tardía romanización; la región de Lérida y en menor escala la de Huesca,
ciudades pronto romanizadas, debieron perder poco a poco
la mayoría de sus nombres primitivos para sustituirlos por
otros de origen latino o vario; téngase en cuenta también que
esta región estuvo bajo el dominio político de la lengua árabe
&lt;lurante los siglos vm a XI, mientras la región pirenaica se
mantuvo libre.
Por lo tanto, la región pirenaica hasta el Noguera-Pallaresa,
cuando llegó la época de la producción de los fenómenos
característicos de las lenguas romances, en especial cuando se
formaron los diptongos ie y ue, ua, si bien estaba ya romanizada, conservaba aún una gran masa de nombres toponímicos de tipo vasco, los cuales ya se habían sustituído en su mayor parte por otros románicos en las regiones inmediatas más
vecinas al río Ebro y al mar ?\1editerráneo, romanizadas desde
más temprano, según después notaremos. En la indicada región pirenaica desde Navarra al Noguera, que suponemos de
romanización relativamente tardía, la le ngua prerromana tuvo
persistencia bastante para dar un sufijo a nombres latinos en
varios nombres híbridos, como Aquilué, Paternoi, Veranúy;
verdad es que otros por el estilo como Bernoy , Ferroy , etc.,
se hallan también en el centro y el oeste de la Península, si
bien son casos sueltos, no amontonados como aquí se ofrecen.
Pasando al occidente del territorio por nosotros estudiado,
hallamos en Navarra otro indicio de la tardía romanización de
los extremos de la V asconia. El Valle de Romanzado, en la
parte baja del río Salazar, recibió sin duda el nombre de *romanizatus por haber penetrado en él la romanización lo
bastante tarde para ser a causa de ella denominado por los
otros territorios vecinos que estaban romanizados desde antiguo y olvidados ya de su propia romanización. Claro es que
~i el territorio de los vascones, como el de los várdulos y

•

caristios, nunca llegó a ser romanizado en su interior, sus
partes extremas debieron ser romanizadas relativamente tarde;
este hecho es por sí evidente y no necesitaría ni pruebas ni
indicios.
En el Valle de Romanzado está Lumbier, y no lejos están
Xavier y Navascués, cuyos nombres, así como otros semejantes y vecinos, por una parte nos muestran la abundancia de
nomenclatura vasca en esta región tardíamente romanizada,
y por otra parte nos indican que la romanización, aunque
tardía, fué anterior a la diptongación romance de la ~ y la Q.
Es decir, que el Valle de Romanzado, en cuanto a estas dos
condiciones históricas, es igual a la región pirenaica del norte
de Huesca.
Pero a este propósito bueno será advertir que la diptongación de una vocal en un nombre toponímico vasco no siempre indica, como hemos supuesto, una romanización del lugar
que lleva ese nombre anterior a la producción del diptongo
de la ~ y la Q. En casos aislados la interpretación puede ser
otra. Así en Gallués, que se halla 8 kms. al norte de Navascués, hablan vasco aún una mayoría de sus habitantes, según
el mapa de Bonaparte (1863); si este bilingüismo de ahora
remontase a la más antigua Edad Media, la minoría de habitantes romanizados pudo imponer como nombre oficial del
pueblo el romanizado por su diptongo, sobre el nombre vasco
Gallotze que hoy se usa al lado del otro; pero si el bilingüismo
es reciente, el nombre Gallués estará forjado desde antiguo
por los habitantes del vecino territorio Romanzado, de igual
modo que los de 1Vavascués, Nardués, etc. Viceversa, Navascués, que muy probablemente es un pueblo de romanización
anterior al diptongo, tiene también doble nombre, como ya
dijimos, pues es llamado Navascotze por los vascos vecinos.
La doble nomenclatura topográfica en las regiones próximas
a un límit~ lingüístico, es fonómeno bien conocido en todas
partes. Notemos aquí, además, que la penetración latina o
románica impuso varios nombres románicos muy dentro del
territorio que habla vascuence; así Roncesvalles (nombre que
coexiste con el vasco Orreaga), Burguete (coexistiendo con el

�H. Ml!NÉNDl!Z PIDAL

LAS VOCALES IBÉRICAS ~ Y Q EN LOS NOMBRES TOPONÍMICOS

nombre vasco Auritze) y Villanueva (nombre que coexiste
con el de Iriberri), y esto porque los tres pueblos están en el
camino de Santiago que entra de Francia en España, el cual
estaba continuamente transitado por viajeros españoles y peregrinos de lenguas varias románicas; por igual razón el nombre
de Villanueva se repite a la orilla de varias carreteras del territorio vascuence 1; algunos de estos nombres, como Ripalda,
2 kms. al norte de Gallués, está adaptado a la fonética vasca
por el cambio lt&gt;ld, y debió introducirse en época latina anterior a la sonorización de la p entre vocales.
Un interés especial ofrecen otros dos pueblos, arriba mencionados también, análogos en su forma a Navascués y Gallués, y son los da Garrués, donde habla vasco una mayoría
de habitantes, y Sagüés, donde lo habla una minoría, según el
mapa de Bonaparte; ambos están muy internados en el territorio donde el vascuence se habla con mayor o menor intensidad; pero, sin embargo, ambos están próximos a la ciudad
de Pamplona, que en medio de ese territorio vasco forma
un islote donde sólo se habla romance; pero este islote es de
una gran importancia por ser centro administrativo y cultural,
y sin duda él impuso a esos pueblos el nombre oficial con
diptongo en vez de los nombres vascos* Garrotze y Sagotze,
el segundo de los cuales también está en uso.
Por último, en virtud de lo dicho, intentaremos señalar en
el retroceso general del vascuence y demás lenguas ibéricas
vecinas tres períodos principales:
0
I.
Desde luego hay que distinguir la primera merma de
los dominios de la lengua vascónica, debida a la romanización temprana de los extremos d~ la Vasconia y de los
demás pueblos ibéricos vecinos. Podemos marcar aproximadamente el límite de esta romanización más antigua observando que alrededor de los dominios actuales del vasco existe
una zona donde los pueblos de nombre vasco o ibérico abun-

dan y en la cual se hubo de hablar la lengua ibérica durante
más tiempo que en las regiones inmediatas más apartadas,
donde esos nombres de tipo vasco o ibérico ya no se dan en
abundancia, sino que han sido suplantados por una nomenclatura principalmente latina.
Esa zona, comenzando en el Cantábrico, incluiría en V1zCAYA a Muzquiz, Labarrieta y Ocharan; de modo que toda
Vizcaya, salvo el extremo más occidental (valle de Carranza e
inmediaciones) 1, hablaba lengua ibera o vascónica después
de la romanización toponímica de Santander y Burgos. Antuñana Antoniana, en el límite norte de Burgos, hacia Valmaseda, acaso nos indica un punto extremo de romanización
antigua. En iguales condiciones de persistencia del vascuence
estuvo todo el nordeste de ÁLAVA, incluyendo a Mendieta,
Echagoyen, Ullibarri de Cuartango, Ollabarre, Ascarza (antiguo Hascan;aha), 11arauri, Bajauri y Obercuri en Treviño,
Orturi y Atauri. Todavía la parte nordeste de estos pueblos
hablaba vasco cuando ya estaban romanizadas las inmediaciones del río Ebro; es decir, toda la cuenca del río Omecillo,
así como la parte baja de los ríos Bayas, Zadorra y Ayuda,
éste hasta la población terminal de Treviño Trifinium, y,
en fin, la parte sur de la cordillera de Cantabria, al norte de
la cual los pueblos de Quintana y Antoñana parecen marcar
puntos avanzados de la más antigua romanización. Se puede
pensar que igualmente en NAVARRA sólo la zona más inmediata al Ebro, o sea el tercio meridional de la provincia, es
de completa romanización antigua. Zúñiga y Arróniz, al oeste,
marcan el sur de la zona toponímica vasca; al este, la escasez
de poblados impide hacer la aproximada conjetura que venimos intentando. En ZARAGOZA y HuEScA se marca el límite por
los pueblos que revelan sufijo -oz o -oi, los cuales se extienden
más que otra forma cualquiera de tipo vasco, a pesar de lo
cual la línea se separa considerablemente del río Ebro.
Fácil es determinar la causa de ensancharse aquí tanto

249

1

Hay otros muchos pueblos que tienen doble nombre, vasco y romance: Ordizia y Urrechu, nombres de dos Villafrancas de Guipúzcoa~
Arrasate= Mondragón, Gatzaga=Salinas, en Vizcaya, etc.

Acaso corresponda este límite al de los autrigones (romanizados)
y los caristios (no romanizados).
1

�R. MENÉNDEZ PIDAL

LAS VOCALES IBÉRICAS t; Y Q EN LOS NOMBRES TOPONÍMICOS

respecto del Ebro la zona de romanización temprana. Esta
romanización es traída por las principales rutas de comercio,
que eran el mar Mediterráneo, y como continuación de éste,
el valle del Ebro, con la vía que desde Tarraco llevaba al interior por Lérida, Monzón y Huesca hasta Zaragoza, y seguía
después por la ribera sur del Ebro por Calagurris hasta internarse en Castilla. Recuérdese la importancia civilizadora de
Huesca en tiempo de Sertorio y el valor histórico de llerda,
de Caesaraugusta, de Calagurris, patria de Quintiliano, y se
comprenderá que esta vía del Ebro, con las poblaciones que
atravesaba, era activo cauce de romanización. Ahora bien, si
esta gran vía romana iba por Lérida y Huesca muy al norte del
Ebro, y luego pasaba al sur del río, es natural que la romanización al este se separase del río mucho más que al oeste.
Téngase además en cuenta que la región oriental de los Pirineos fué la primera conquista de los Escipiones en España,
y que su antiquísima romanización se robusteció con la de la
Narbonense, esto es, la parte de Francia colindante, que fué
también la más antigua conquista de los romanos en Galia.
Esto nos explica bien cómo de los Pirineos orientales desapareció la toponimia ibérica propia de los indigetes y de los cerretanos orientales, mientras que desde el valle de Arán hasta
la ría de Somorrostro, en el Cantábrico, se conservan en abundancia los nombres ibéricos de cerretanos, vascones, várdulos
y caristios.
2.º Después de la romanización más antigua ocurre una
romanización tardía, la cual es, no obstante, anterior al
término de la diptongación romance de la ~ y la Q- Su tipo
son el Valle de Romanzado con los territorios contiguos, y la
región pirenaica desde Navarra al Noguera-Pallaresa; en estas
regiones, además de abundar los nombres toponímicos que
conservan aspecto ibero-vasco, muchos de ellos sufren alteraciones fonéticas románicas, como arriba hemos notado.
La zona de romanización tardía no forma un núcleo románico uniforme en su desarrollo. Al oriente, hacia el río Isábena, aparece cruzada por el límite entre la diptongación aragonesa ó&gt; ue, oi&gt; ue y las formas catalanas o &gt; o, oi&gt; ui; es

,éste un límite primitivo y permanente, a juzgar por la notable
coincidencia de la toponimia con el estado actual de los dialectos de la región, un límite debido a condiciones históricas
-que aunque nos son desconocidas son seguramente anteriores a los sucesos medievales de la reconquista 1 .
Esta romanización tardía es efecto del insistente comercio
del 11editerráneo, así como de la acción de Ilerda, Osca y
Caesaraugusta, y de la vía romana que desde Zaragoza remontaba el valle del Gállego y desde Jaca iba a Olorón. La
marcha general de esta romanización debió ser de oriente a
occidente, la misma marcha de la influencia que desde Roma
irradiaba al interior de España, y la fuerza de penetración de
esta influencia se extingue en el punto extremo occidental
que marca el Valle de Romanzado. Al occidente de éste ya
no se da la alteración fonética románica de los nombres vascos; al menos, en los casos que venimos estudiando vemos que
los nombres de Leoz, Benegorri e Iriberri, próximos al Romanzado, quedan ya inalterados; y esto obedece a que en el
Alto Ebro no había población importante que pudiese ser
centro de una irradiación cultural. Un punto aislado de esta
romanización tardía podía ser, al occidente de Vizcaya, el valle
de Trucios, donde está Romaífa, nombre sugestivo, pero no
tan claro como el de Romanzado, y que más bien debe interpretarse de un modo algo ajeno a nuestro asunto 2 •
3.º Una vez ya formadas completamente las lenguas romances, el vasco continuó perdiendo terreno. Llamaremos a
este fenómeno la castellanización del país vasco, aunque
tal nombre no sea exacto siempre.
Esta tercera etapa no nos ofrece ejemplo alguno en Aragón, ni en el oriente de Navarra, sino a partir del Romanzado.
En éste y en su territorio contiguo vemos que Lumbier está
a 8 kms. de Besolla y de Indurain, donde, según el mapa de

250

251

Véase Rev. de Filo!. Esp., III, 1916, págs. 75-76, 83 Y 84.
Romanía, Romanos, Romanillos, Romanones, etc., nombres que señalan oposición a los establecimientos de los pueblos bárbaros: Godos,
Gudillos, Godones, etc., de lo cual trataré ampliamente en otra ocasión.
1

2

�R.

MENtNDEZ PJDAL

Bonaparte, se habla todavía vasco por una minoría de habitantes; Nardués sólo dista 3 kms. al sureste del mismo Besolla; el otro Nardués sólo dista S kms. de Artajo, donde también se habla vasco; Navascués sólo dista 4 kms. al sureste
de Racas-Altas, donde asimismo se habla vasco en minoría;
por lo tanto, en estas cortas distancias de 3 a 8 kms. no hay
espacio para una castellanización posterior al diptongo de
la ~ y la Q que se revela en los nombres estudiados. Si quisiéramos ver un indicio de tal castellanización tardía en el
nombre de la sierra de Idocorri, que limita por el norte el
Valle de Romanzado, nos encontraríamos con que esa sierra
dista sólo 6 kms. de Racas-Altas, donde, como ya hemos
dicho, empieza el vasco, y veríamos que entre la sierra y este
pueblo no hay otros poblados que hubiesen podido perder el
vascuence.
La castellanización aparece ya claramente al oeste del
Romanzado. Ahí encontramos a Leoz, a Benegorri y el despoblado de Jriberri, en territorio donde no se habla vasco,
distantes I km. de Iracheta y 3 de Barasoain, puntos donde
se habla vasco en minoría. La falta del diptongo en -oz, -gorri,
-berri nos viene a indicar que no se trata aquí de una romanización antigua del país, sino de una posterior castellanización. Ignoro la fecha de ésta; de el Pueyo, pueblo de esta
región, pero distante ya 6 kms. de Barasoain, se dice que perdió el vascuence hace cosa de siglo y medio 1 .
En la región de Estella el retroceso del vasco es más considerable que en la región de Tafalla. Baigorri 2 , sin diptongación, en tierra que no habla vasco, dista 18 kms. de Puente
la Reina, punto extremo donde se habla el vasco en minoría.
Tampoco sé la fecha de la pérdida del vascuence en Baigorri;
del norte de Estella sabemos que a fines del siglo xv1 se ha1 Indicaciones elementales sobre voces toponímicas vascas, por la Sociedad EsTuoros VAscos, Bilbao, 1916, pág. 12. En el Pueyo se conservan términos toponímicos vascos, como la fuente Turrizal.
2 Baigorri 'río rojo', llamado así ya en documentos del siglo xnr;
véase J. YANGUAS Y MIRANDA, Diccionario de Antigüedades de N avana, I,
1840, pág. 79 y sigs.

LAS VOCALES IBÉRICAS

~ Y q

EN LOS NOMBRES TOPONfMICOS

253

biaba aún vasco en Abarzuza 1 , pueblo que dista I 5 kms. de
Saracoíz y I 8 de Puente la Reina, donde se habla el vasco
en minoría.
En Álava, la falta de nombres acabados en -gorri que
hemos señalado, y la forma dialectal -barri en vez de -berri
nos impiden ahora sacar conclusiones. Pero parece natural
que aquí también la eliminación del vasco sea posterior al
período romano tardío. Sólo en II8I la fundación de Vitoria
por Sancho el Sabio de Navarra da a esta comarca un importante centro urbano, hecho que con la unión definitiva de las
provincias vascongadas a Castilla en 1200, parece jalonar la
más activa castellanización del territorio alavés.
Como vemos, el territorio abandonado por el vascuence
y lenguas ibéricas afines se divide con claridad en dos mitades: la del este es un efecto de la romanización tardía debida
al influjo del Mediterráneo y al de las ciudades y vías de comunicación del Ebro; la del oeste, donde no existían focos
semejantes de irradiación de vida romana, es un efecto de la
castellanización.
Hay que observar, por último, que la zona de la castellanización se ensancha conforme va de oriente a occidente: hacia
el Romanzado no existe; de Tafalla a Estella va creciendo y
en Álava ensancha más. Este hecho de que cuanto más nos
acercamos a Cas.tilla la castellanización sea más activa, nos
indica que este último retroceso del vasco es debido, más que
a una penetración del dialecto navarro-aragonés, a la invasión
del castellano, desde la Edad Media en Vizcaya y Álava, y
desde la Edad Moderna en Navarra.
Para esta castellanización nos hemos referido como exten1 Véase la 'jornada de Tarazona, hecha por Felipe lI en 1592, recopilada por ENKIQUE CocK, publicada por A. Morel-Fatio y A. Rodríguez
Villa, 1879, pág. 63: en «Basurca• , a dos leguas de Estella, se hablaba
clengua vascoñada, que no se entendía&gt;. La identificación que los editores hacen de Basurca con Abarzuza es indudable, a pesar de que
este pueblo dista sólo poco más de una legua de Estella, porque la
segunda legua empezada se cuenta por legua completa, como en otros
casos.

�R. ?,lliNÉNDEZ PIDAL

LAS VOCALES IBÉRICAS 4, Y Q EN LOS NOMBKES TOPONÍMICOS

sión actual del vasco a la fecha de 1863, en que Bonaparte
publicó su mapa de las siete provincias vascas 1 . Desde entonces, la mayor actividad de la comunicación comercial y de
las relaciones oficiales aceleró bastante la castellanización.
Del dialecto vasco-navarro meridional decía Campión 2 ya
en 1884: «Este dialecto pierde diariamente terreno; el castellano lo acorrala desde las tierras llanas a los más altos valles.&gt;&gt;y como dato concreto de tal retroceso, tenemos que en Salinas de Oro, Arguiñano, Muñárriz, Guembe, Goñi y Bidaurre,
pertenecientes a la región de Estella y donde en 1863 hablaban vascuence la mayoría de los habitantes, hoy esa lengua
ha desaparecido de raíz, según advierte J. de Urquijo 3• En
Vizcaya ocurre cosa análoga: hace ya bastantes años que
Unamuno me informaba de que en Baracaldo, Llodio y Barambio se había perdido también el vascuence.
Lástima que el retroceso moderno del vasco, asunto de
investigación tan fácil e inmediata, no pueda ser estudiado
con datos completos. Los eruc;l.itos vascos, que ahora se disponen a trabajar con ahinco en su 'historia lingüística, deberían emprender desde luego el trazado de un nuevo mapa del
vascuence, en el cual la arcaica e insostenible división de dialectos en conjunto que hace el de Bonaparte fuese sustituída
por la delimitación de alguno de los principales fenómeno&amp;
fonéticos y morfológicos, y el ,.ual, en vez de incluir las siete
provincias vascas con un criterio administrativo moderno insignificante para la historia, señalase la zona limítrofe al vascuence donde se conserva en abundancia la toponimia no

románica, estudiada ésta con la mayor amplitud. Gran parte
de la historia del vasco está archivada en los nombres de lugar, donde se conservan fósiles de la lengua primitiva que no
dejaron de sí otra memoria alguna; así que la toponimia comparada de las regiones que son o fueron vascas nos ha de
revelar condiciones especiales de léxico, de gramática y de
geografía imposibles de estudiar en otro documento escrito.
Ojalá los eruditos vascos lleguen a catalogar del modo más
completo no sólo los nombres de lugares poblados, sino los
principales nombres de toponimia menor, de heredades y accidentes del suelo que adheridos al terruño sobreviven escondidos, esperando una evocación inteligente; ojalá que los buenos conocedores del país emprendan un estudio metódico
para interpretar esos nombres, relacionándolos de una manera firme con las condiciones topográficas y con las de la
vida primitiva que les dieron origen.

1 He escrito estas conclusiones teniendo a la vista, no el original
del mapa de Bonaparte, sino sólo una fotografía extremamente reducida, donde los colores del original son muy difíciles de apre~iar. Ya
en pruebas, he podido consultar un ejemplar del mapa, gracias a la
amabilidad de D. L. Lezama Leguizamón. El mapa de Broca, que también conozco en fotografía, difiere tanto del de Bonaparte, que más
vale desentenderse de él.
2 Gram., pág. 39.
3 ¿Retrocede el vascttencc?, en la Rev. lnternac. de Est. Vascos, IV►
1910, pág. 137 y sigs.

R.

MENÉNDEZ PmAL.

255

�ALUSIONES A MICAl!LA LUJÁN

ALUSIONES A MICAELA LUJAN
EN LAS OBRAS DE LOPE DE VEGA
Este episodio de la vida de Lope ha sido ya asunto de
varios análisis, que han puesto de relieve la índole de aquella aventura 1 . En cambio, puede ampliarse y precisarse más
de lo que está el estudio de la influencia que tan prolongados
amores ejercieron sobre las obras del poeta; de ello se desprenderán consecuencias de algún valor para el conocimiento
de la técnica de su arte-sus fuentes de inspiración-y para
la cronología de sus comedias.
Entre las variadísimas formas de sensibilidad que adquieren en Lope expresión poética, lo erótico ocupa, sin duda, el
primer plano; su carácter y su género de vivir hicieron que
la aventura femenina fuese su «ocupación continua», aunque
no «virtuosa», según irónicamente escribió Cervantes. Ahora
bien, ninguno de los grandes amores del poeta dejó tan abun1 Quien desee conocer el estado de la cuestión debe leer: LA BARRBRA, Nueva biografía, 1890 1 págs. 89 1 94 y 96; C. PÉREZ PASTOR, Proceso de Lope de Vega, 1901 1 pág. 262; H. A. RENNBRT, Tite «Luzinda, of
Lope de Vegds Sonnets, en Mod. Lang. Not., 1901, págs. 351-356; F: RoDRiGuEz MARfN, Lope de Vega y Camita Lucinda, en Bol. Acad. Esp., I,
1914 1 págs. 249-290; E. CoTARELO Y l\loR11 La descendencia de Lope de
Vega, en Bol. Acad. Esp., II, 1915 1 págs. 32-561 y H. A. RENNl!RTY A. CAsTRo, La vida de Lopede Vega, 1919,págs.100-1101 145-146, 150-152, 158,
1601 169 1 171 1 182-185 y 224. Tratándose de obras tan al alcance de los
especialistas, no insisto sobre lo conocido. Algunas de las alusiones
contenidas en las obras no dramáticas de Lope se citan ya en nuestra
Vida de Lope¡ pero ahora se presentan esos datos en forma distinta, e
incluso interpreto de otro modo un pasaje de La hermosura de Angélica.

l!N

LAS OBRAS DE LOPI! DI! VEGA

2 57

dantes reflejos en su obra como el amor de Camila Lucinda; y
esa consideración ayuda a vencer el reparo inicial con que se
emprende el estudio de este tema, que en sí mismo sólo serviría para sazonar vivamente conversaciones de tinelo en una
novela picaresca. Por fortuna podemos limitar el estudio casi
completamente a lo literario, donde acaba el área del dato y
del documento; Lope - por esto es digno de estudio - nos da
siempre una posible opción entre lo insignificante del hecho
o de la realidad y su visión estética. Tengamos presente que
la poesía, según él,
ilustra, canta, ensalza, sube, adorna
las cosas con di versas energías 1.

Prescindiendo de alusiones de carácter secundario - en
general mal conocidas - a amoríos pasajeros, y de los romances a Belisa (su primera mujer), hay tres núcleos en la obra
de Lope formados en torno a tres supremos momentos pasionales: Elena Osorio (Filis), Micaela Luján (Camila Lucinda),
Marta de Nevares (Amarilis). Los romances contienen principalmente el eco de aquel primer amor; del último nos informa,
sobre todo, la égloga Amarilis; pero es infinitamente más considerable el número y la variedad de las alusiones poéticas y
dramáticas suscitadas por Micaela Luján.
Hay además esta nota esencial. En el primero y último
amor los versos son más bien un recuerdo o crónica; en el
caso de la Luján, son una glosa apasionada del momento. No
hubo aquí las dificultades del proceso por libelos ni la oposición que luego hicieron a Lope su vejez y su sacerdocio.
La relación con Micaela, relativamente apacible, sin aparente
competición de rival, presenta el aspecto - sólo el aspecto de un lícito y cotidiano amor.
No se sabe exactamente cuándo se iniciaron las relaciones
entre Lope y Micaela; por los datos conocidos, parece probable la fecha de I 599 2 • En apoyo de esta conjetura citaré el
1 Al nacimiento del Príncipe, en Obras sueltas, IX, 108.
2 Ya observó Menéndez Pelayo: «No hay dato alguno para supoToMo V.
17

�AMÉRICO CASTRO
hecho de que el 27 de octubre de I 598, al firmar el poder en
que autoriza a Pedro Varez de Castro a publicar La lzermosura
de Angélica, antepone a su nombre J G, que no pueden ser sino
las iniciales del de Juana de Guardo 1 , su segunda mujer, con
la que había casado en 2 5 de abril de ese año. He aquí el
autógrafo 2 :

~LUS!ONRS A MICAEU LUJÁN EN LAS OBRAS DE LOPE DE VEGA 259
Conociendo un poco a Lope, puede asegurarse que no se
le habría ocurrido poner este rasgo de intimidad en un documento notarial si hubiesen comenzado ya sus amores con
Micaela.
Las alusiones más antiguas a esta última comienzan en I 599.
La Barrera 1 ya notó que en la octava final de las Fiestas de Denia, escritas poco después de abril de I 599, se lamenta Lope
del desdén de la ausente Lucinda :
Señora, perdonad si no he pintado
con más sutil pincel tan ricas fiestas .....
para un zeloso, ausente y olvidado,
las mejores del mundo son molestas 2_
Otra primitiva referencia a estos amores encierra la comedia Las pobrezas de Reina/dos, según M. Pelayo escrita antes de I6oo 3; ahora podemos precisar más y referirla a I 599.
Entre los personajes figuran los viJJanos Belardo y Lucinda,
nombres poéticos, como se sabe, de Lope y Micaela 4, aunque no se note nada especial en su intervención en la obra,
fuera de aparecer íntimamente relacionados 6 •

Los tres diamantes deben situarse asimismo en las proximidades de I6oo. Lope ha dado a la bella Magalona el nombre de Lucinda, y es seguro que no compondría sin emoción
la «deliciosa escena que merece vivir por sí sola : aquella en
que Lucinda se va durmiendo en brazos de Lisardo » 6 • Pero
1 Nueva biografía, pág. 98.
2 Obras sueltas, III, 428. Los cuatro ejemplares de la edición de 1599

ner que los amoríos de Lope con la encubierta Lucinda comenzasen
antes de 1597 ó 1598.• (Obras de Lope, Xlll, 1902, pág. LXXXIV.) CoTARELO, Bol. Acad. Esp., II, 1915, págs. 35 y 49, seiíala también la fecha
aproximada de 1599.
1 PÉREZ PASTOR, Proceso, pág. 253, publicó el documento, pero no
se dió cuenta de este importante detalle, que me ha revelado un nuevo
examen de los documentos relativos a Lope conservados en el Archivo
de Protocolos de Madrid. A los jefes de este Archivo expreso aquí mi
reconocimiento por haberme permitido tomar las fotografías que me
interesaban.
2
Protocolo de Baltasar García, 1595 a 1605, fol. 144v.

que se encuentran en la Biblioteca Nacional son todos reimpresiones
apócrifas, hechas en el siglo xvm por el conde de Saceda, especialista
en estas supercherías; véase, por ejemplo [R-2797 1 R-18761]; aunque
no conozco edición auténtica de este poema, no parece posible dudar
de que sea de Lope; Salvá (núm. 1030) vió una edición original.
3 Obras de Lope, XIII, LXXXIV.
' Menéndez Pelayo notó ya la significación autobiográfica de algunas comedias del tipo Belardo-Lucinda. Esto ha sido descuidado en
los estudios posteriores.
5
Obras de Lope, XIII, 271, 278 y 280-281.
6
M. PELAYO, loe. cit., pág. cxLv. Para la impresión que esta escena

�ALUSIONES A ?,[ICAELA LUJÁN BN LAS OBRAS DB LOPB DB Vl!GA 261
260

AllllRICO

CASTRO

el autor habla en este caso, no a través de Lisardo (el Fierres
de la leyenda), sino por boca del villano Belardo :
Jamás
vi tal belleza, Clarino 1•

Y más adelante, refiriéndose también a Lucinda:
Calla, y déjala penar;
y que el cielo y tierra implore,
que no es mucho que ella llore
de cuantos hace llorar 2.

En una nueva edición de las Rimas publicada en 1604, se halla
una égloga (la II) que comienza:

causó a Grillparzer véase FARINBLLI, Griliparzer und Loje de Vega,
1894, pág. 97.
t Obras de Loje, XIII, 539.
2
Ibíd., pág. 541. El sentido de este pasaje está de acuerdo con el de
varios sonetos de las Rimas de 1602 (a continuación de La hermosura
de Angélica) [Bibl. Nac., R-5135), que manifiestamente pertenecen a la
época en que aún no había logrado Lope ser favorecido por Micaela:
Oro engendra el amor, de agua y de arenas.....
no desprecies, Lucinda hermosa, el mío.
(Son. XIY, fol. 256 r.)
Si gasta el mar la endurecida roca .....
por más que mi desdicha os endurece,
señora, enterneceros algún día,
que vn inmortal amor todo lo puede.
(Son. XXXII, fol. 262 r.)
Pues la aspereza de rigor tan fiero
no me permite voz articulada,
decid a mi desdén que por él muero.
(Son. XJ,..'XVII, fol. 264 r.)
Dvlye desdén, si el daño que me hazes
de la suerte que sabes te agradez:co,
{qué haré si vn bien de tu rigor merezco?
(Son. XLII, fol. 265 v.)
Deste mi grande amor y el poco tuyo,
no tengo culpa yo, tengo la pena.
(Son. L, fol. 268 r.)
Quiero escriuir y el Jlaoto no me dexa .....
Ve blanco al fin papel, y a quien penetra
el cent.ro de este pecho que me enciende,
le di (si en tanto bien pudieres verte)
que haga de mis lágrimas la letra.
(Son. LX..'i::, fol.

Aunque no es prudente conceder valor absoluto a lo que
diga Belardo sobre Lucinda en una comedia, el tono distinto
que éste emplea en obras de 16oz, época en que comienza la
mayor intensidad de aquellos amores, nos induce a situar Los
tres diamantes antes de esa fecha 1 .
Angélica en el Catay pertenece igualmente a los primeros
años del siglo xvu; estando citada en la primera lista de El
Peregrino, cuya dedicatoria está firmada el último día de 16o3,
debió ser escrita poco antes de esa fecha; según Menéndez

Luz que alumbras el sol, Luci.nda hermosa,

en que Elisio canta los rigores de aquella pastora:
Dulcíssima homicida,
no mates con desdenes mi esperao,;a;
antes la vida muera,
que el bien que no se alcan(ja,
al fin es bien, mientras gozarse espera.
(Rimas, edic. Lisboa, 1605, fols. 65 ry 67 r.)
1 Sobre la fecha de esta comedia dice Menéndez Pelayo que es
anterior a la primera edición de El Peregrino (1604), y luego: «Lope,
dejándose arrastrar de la propensión que en los primeros tiempos tuvo a las intrigas embrolladas•. Esto indujo quizá a GBRTRUD
KLAusNER, Die drei Diamanten des Lope de Vega, 1907, pág. 4, a escribir
(siguiendo también a Schack) que se trata «de una obra de juventud
del poeta•. Lope, empero, tenía cerca de cuarenta años cuando escribió esta obra. No parece sino que las coqueterías de Lope en cuanto a
su edad han influido en el juicio de algunos críticos modernos. Cotarelo
y Mori, a propósito de Et amante agradecido, de 1602, habla de «estas
obras de la juventud de Lope•. ( Obras de Lope, nueva edic., III, xm.)
Lope decía de sí en esta época que sus días eran ebreves•, pero al
mismo tiempo hablaba de sus canas:

Qvando imagino de mis breues días
los muchos que el tirano amor me deue,
y en mi cabello anticipar la nieue.

(Rimas de 1602, son. III, fol. 252 v.)

2

75 r.)

Mis recat(ad]os ojos, mis pass iones,
más encogidas que mi amor quisiera.....
todos, señora, os di.zen, que esperando
están de vos lo que el amor concede.
(Son. XCVT, fol. 284 r.)

Si llamamos a estas obras de juventud, ¿qué denominación guardaremos para las numerosas obras que sin duda fraguó el poeta hacia los
veinte años? Por otra parte, los conceptos tan empleados de primera
y última manera de Lope deberían basarse en algo más que la vaga y
engañosa impresión personal.

�AMÉRICO CASTRO

ALUSIONES A MlCAELA LUJÁN EN LAS OBRAS DE LOPE DE Vl!.GA

Pelayo, es posterior a Los celos de Rodamonte, de hacia 1602,
si el elogio de Granada contenido en esta obra fué realmente
escrito en aquella ciudad, donde estuvo Lope poco antes de
ese año 1 • La intervención de Belardo y Lucinda en esta comedia no presenta gran interés para nosotros. Lucinda está
casada con Rufino, hijo de Belardo; todos viven en la cabaña,
donde vienen a refugiarse Angélica y Medoro. El que Belardo
aparezca aquí con el inesperado carácter de suegro de Lucinda, no debe extrañar demasiado; Lope, por despreocupado que
fuese, no podía tampoco exhibir continuamente sus amores;
no es imposible que la comedia se escribiese, o por lo menos
se representase, en Sevilla, y allá se sabía claramente quién era
Lucinda 2 • La única escena íntima que ocurre entre ambos es
una discusión sobre menesteres de cocina, que doy como un
aspecto más de la manera que tuvo Lope de tratar en la escena la figura de su amada:
Sale Rufino, Alfeo y Lucinda.
Rufino.
Be/ardo.
Lucinda.
Be/ardo.
Rufino.
Alfeo.
Be/ardo.

¿Qué mandas?
Leña al punto corta;
tú, desuella el cabrito; y tú, le asa.
¡Mas qué tenemos huéspedes en casa!
Déveos de ir mal con huéspedes. ¡Camina!
Yo por leña voy.
Y yo desuello
el cabrito.
Hazed lumbre en la cozina.

1

Obras de Loj&gt;e, XIII, cxxr y cxx. De todas maneras, dice Menéndez Pelayo de Angtlica en el Catay: •Comedia de las antiguas de
Lope, , lo que puede dar origen a confusiones.
2 Al frente de las Rimas de Lope figura, entre otras poesías laudatorias, una canción del sevillano Antonio Ortiz Melgarejo, que comienza asi:
Ora, Belardo, eo trompa sonorosa
cantes a Marte ayrado .....
o la beldad, que admira,
celebres de Lucioda, engrandecido
con su amor sin segundo,
siempre será tenido
tu claro plectro por milagro al mundo.

(R,'ma.s, edic. Lisboa, 1605 1 fol.

s de los

Lucinda.
Belardo.
Lucinda.

¿Hase todo de asar, o parte dello?
Ásale todo entero; ¡qué mohína!
Pues sin saberlo, ¿tengo yo de hazerlo?
¿Es gigante ese hombre, que un cabrito
se ha de meter entero en el garlito?

Belardo.

¿Quién te mete a ti en esso? Vee, que aguardo
sólo a poner la mesa. El peregrino
tiene hermosa presencia, y es gallardo;
sacarle tengo de diez años vino.

Vanse Lucinda, Alfeo y Rufino.

Vuelve Lucínda.

¿Cómo se puede asar esto sin lardo?
Mándame dar la llave del tozino.
Be/ardo. ¿A qué vuelves?
¿En esto, ya se peca?
Lucinda.
Belardo. Lárdale con manteca.
Con manteca 1.
Lucinda.
Lucinda.

Lucinda perseguida fué impresa en la parte XVII (1621),
pero está citada en El Pengrino (1604, es decir, 1603). En
la dedicatoria a Manuel Sueiro dice Lope: «Al fin me he determinado de servirle con esta comedia, de las primeras que
yo escrivía, quando también eran mis años flores. Su título es Lucinda perseguida, que de mis manos y caudal, ¿qué
podía salir sino este nombre?» 2 • Este es uno de tantos
casos en que Lope juega con sus años; encontrándose entre
los personajes Belardo y Lucinda, hemos de referir la comedia a una época posterior a 1599 3; las últimas palabras citadas nos aseguran, sobre todo, del valor autobiográfico de la
obra y de la indiscutible significación del nombre Lucinda.
En este caso se trata de una bellísima joven que con sus encantos y bondades logra triunfar de la animosidad del rey.
No se descubren alusiones directas a los amores del poeta;
Parte Vlll, 1617, fol. 239.
Parte XVII, fol. 163.
3
En nuestra Vida de Loj&gt;e, pág. 88, consideramos equivocadamente
esta comedia como una de las primifü·as de Lope, aunque lo rectificamos al final del libro.
t

2

preliminares).

263

�AMÉRICO

CASTRO

pero una octava inclúída en la obra es del mismo tipo que los
numerosos sonetos que figuran en las Rimas de 16o2:
Conde.

No al alva más hermoso resplandece
Febo en los montes, mármoles y ramos
tras fiera tempestad, tras noche escura
y en mí la vida, en confusión tan dura.
Válame Dios, qué mares he pasado:
qué aspereza de montes he subido,
qué desiertas Arabias caminado,
qué Caribdes y Silas he rompido;
qué sirenas, qué monstruos engañado,
qué espejos de Medusa resistido;
pero el infierno, si su fuego toco,
con ser tao fiero, por Lucinda es poco 1•

ALUSIONES A MICAELA LUJÁN EN LAS OBRAS DE LOPE DE VEGA 265
Belardo.

Dios sabe de mi humildad
que jamás sobervio estuve;
falsos amigos que tuve
arrastraron mi verdad.
Ay muchos hombres que nacen
con estrella de enemigos,
pero los falsos amigos
mayores daños los hazeo.
Este pensamiento es mío;
dexa, Leonato, la empresa,
mientras Luzinda confiessa
que te trata con desvío.

Dejan a Lucinda la decisión de su rivalidad. Sale aquélla
y se dispone a cantar un romance :
Ana.

La piedad ejecutada, publicada en la parte XVIII (1623),
es la misma comedia que Pimenteles _y Quiñones, citada en El
Peregrino (16o3) 2 • Las alusiones a Lucinda comienzan a ser
interesantes; Belardo y Leonato aspiran al amor de aquélla, y
el primero acaba por lograrla:
Belardo.

Padre, con estas dos bestias
presto os traeré medio monte.
Ttsandro. ¡Arre allá! ¿Tienes juizio?
Belardo. Ando, Tisandro, de boda.
Leonato. Bailalla pretendo toda,
si hago a Luzinda servicio.
Belardo. Esso de Luzinda puedes
dexar a parte, Leonato,
pues que sabes lo que trato.
Leonato. Siempre de lo justo excedes,
siempre te quieres al1;ar
con lo mejor del aldea.
Quando su gusto no sea,
yo no la puedo for1;ar.....
Tt"sandro. Ea, Belardo, que en todo
quieres, levantando el grito,
poner la tuya en el hito,
y siempre das en el lodo.
1
2

Parte XVII, 1621, fol. 178 v.
RENNERT y CASTRO, Vida de Lope, bibliografía final.

Essa canción, el oído
me encanta, ablanda y regala.
Si hombre fuera, me bolviera
áspid por no me perder.
Leonato. Yo Ulisses, por no temer
una sirena tan fiera.
Yo un Argos, que sus enojos
oyera con mil sentidos,
si tuvo tantos oídos
como le pintaron ojos.....
Tisandro. Ya tiempla.
Belardo.
Ya canta Orfeo.
Leonato. ¡Ay de quien lo escucha y siente!
Ana.
Belardo.

Lucinda.
Alcino.

Be/ardo.

Desventuras, yo me rindo.
Ea, alegrad, porque vamos
por leña y flores al monte.....
Y vos, hermosa Luzinda,
algún día, prazga a Dios,
seredes la novia vos,
y vendréis a estar tan linda.
¿Yo, Belardo? No lo creas.
Ea, Dorotea, Luzinda,
Belardo, y vosotros todos,
regozijad de mil modos
novia tan hermosa y linda.....
Pardiós, de qualquier manera
la podrá el novio tomar.

�266

ALUSIONES A MICAELA LUJÁN EN LAS OBRAS DE LOP!l D&amp; V&amp;GA

AMi!RICO CASTRO

y las de mayo mejor.
si no despertara amor.
Salen todos con sus ramos y instrumentos.
Be/ardo. ¿Quién a de echar los casados?
Tonndo. La música lo dirá,
que ya los traygo estudiados.....
Lucinda. Cántalos en voz erguida,
que todos responderán .....
Canta Torindo solo.
Torindo. Belardo y Lucinda,
¿casaráose?
Todos.
Sí.
Tonndo. Belisa y Castalio.
Todos.
¡O qué par gentil!, etc. 1•

Vamos todos, que he de hazer
esta noche una comedia.
Y yo a cantar y tañer.

Lucinda.

Al final Lucinda se decide y acepta los amores de Belardo:
Ya que casados estáis,
pardiós, Lucinda, que vos
heis de ser mi matrimonio:
este abra1;0 es testimonio.
Sin duda esta va de Dios

Be/ardo.

Leonato.

1.

En la dedicatoria de esta comedia, aún no reimpresa modernamente, dice Lope que es de las «que en mi juventud (!)
salieron con algún aplauso» 2 •
La ocasión perdida, citada en El Peregrino (16o3), impresa
en la parte II (16o9) y no publicada modernamente, también
ha de incluirse aquí. Lucinda desempeña papel secundario; es
criada o acompañanta de Doriclea, enamorada de D. Juan.
No aparece hasta la jornada III.
J)oriclea.

Tendrás, Lucinda, cuidado,
porque ha de venir don Juan,
que esté tu esposo acostado.

267

No vuelven a aparecer más Belardo y Lucinda.
Dejando por ahora las comedias de fecha probable, analicemos los autógrafos de Lope comprendidos en nuestro
asunto. El primero es el de El cuerdo loco, firmado el I I de
noviembre de I6o2, que actualmente se encuentra en poder de
lord Ilchester 2 •
Entre las dramatis personae se hallan Belardo y Lucinda,

Es en mayo y hay una fiesta campestre:
Suena gran ruido de hortelanos con stts instrumentos. Cantan dentro.

Las mañanicas de abril
dulces eran de dormir,
Parte XVIII, 1623, fols. 176, 177, 179 v y 183 r.
Parte XVIII, fol. 158 r. Como se ve, son extremados los elogios
que hace Belardo de Lucinda como cantante; es raro, sin embargo, que
en los numerosos sonetos de las Rimas consagrados a aquélla no se
mencione tal habilidad; al menos no la he hallado mencionada. Lo que
se encuentra son elogios de su voz al hablar:
1

2

Con viuo ingenio y tono regalado,
con clara voz y pocas vezes mucha,
con poco afecto y con serena calma,
con un descuydo en el mayor cuydado,
habla Lucinda, itriste del que escucha(

(Rimas, edic. 1602, son. CXXVII, fol. 305 1',)
Tu voz me acordarán los ruyseñores.
(EJ Pereg,i110, libro tercero, edic. Sevilla, 160~ [BibJ. Nac., R-9660), fol. 130 "·)

1

Parte II, edic. Madrid, 1618, fols. 55 y 56.
El primer autógrafo conocido de Lope es el primer acto de Elfavor agradecido, fechado, eo la cubierta, en Alba de Tormes, 19 de diciembre de 1593. Por desgracia no está firmado, sino simplemente
rubricado, y no podemos saber si precederla entonces alguna letra a
la firma de Lope:
2

�268

AMÉRICO CASTRO

ALUSIONES A MICAELA LUJÁN EN

y, lo que es más importante, la firma de Lope está precedida
de la inicial del nombre de Micaela 1 :

Ml¡r-6

OBRAS DE LOPE DE VEGA 269

Esparce el abe por el uiento el buelo,
en nudoso redil bala el ganado,
marcha al son de las caxas el soldado,
por julio al sol, y por dicienbre al yelo.
Alégrase la mar de espumas cana,
porque quanto sustenta el cielo y cría,
uiue de nueuo en uiendo la mañana.
Y lebántome yo, Lucinda mía,
al sol de tu hermosura soberana,
porque en tus ojos amaneze el día 1.

Más adelante se encuentra un diálogo entre Belardo y Ludnda, en que sin rebozo se percibe la nota íntima de la vida
&lt;le Lope:
Luz[inda].

&lt; ,

~ ¿{ftm 1U. ~~nu~ e
4

Bel[ardo.]

Es éste el período de mayor intensidad en la pasión de
Lope; entonces publicó La hennosura de Angélica y las Rimas,
en las que la sensibilidad del autor alcanza notas máximas,
bajo la influencia de aquella «belleza singular, fuera del natural curso del cielo». En El cuerdo loco se halla un soneto a
Lucinda, en el que Lope, con impulso romántico, asocia a su
emoción el movimiento general del Universo:
Salen los rayos del señor de Delo,
dorando el monte y esmaltando el prado,
y por arroyos, por la noche elado,
bueluen refiexos a su mismo cielo.
1 F. RODRÍGUEZ MARlN, Bol. Acad. Esp., I, 1914, págs. 287-87, publicó
una firma de Lope parecida a ésta, tomada de documentos notariales
(1603 y 1604); pero creyó que Lope firmaba así por estar en Sevilla,
junto a Micaela, y que sus restantes firmas no tenían M. Este mismo
erudito notó el hecho de que Leonor de Milán pospusiera a su nombre
la F inicial de Fernando de Herrera; véase El divino Herrera y la condesa de Gelves, 1911,pág. 24. Se trata de una costumbre aristocrática que
comenzó con los Reyes Católicos y que aún se conserva actualmente.

LAS

1

Aquí queremos estar.
Mi marido yrá a la Corte
con la leña que se corte
deste secreto enzinar,
hasta que Dios trayga vn día
que nuestro remedio sea.
Lexos de una brebe aldea,
patria derribada mía,
que solía ser mexor,
y la viuió gente onrrada,
mi cabaña está fundada,
junto al arroyo mayor;
que después que falta gente,
anda a viuir por acá,
que cada día se va
diez a diez, y veynte a veynte.
Mi propio nombre es Belardo,
más conocido, sin duda,
que de las brujas la ruda,
por este capote pardo;
y por algunas desdichas,
aquí podemos viuir
los tres, y me oyréys decir
cosas no vistas ni dichas,
que he andado más de mil mundos,
aunque dixe que no hauía
uisto el mar, de quien sabía
sus altos y sus profundos.

Ms. autógrafo, fol. 11 r.

�.ACUSIONES A lllICABLA LUJÁN

A?,11fa1co CASTRO
Ea, bamos a comer,
que soy hombre liberal
de mi bien y de mi mal,
y sé ganar y perder.
Veréys allá una serrana,
que aunque saque su ganado
antes del sol, piensa el prado
que amaneze la mañana.
No es bachillera ni loca,
aunque he pensado, pardiós,
que en llamarse como vos,
por alguna parte os toca 1•

EN LAS OIIICloS DB' LOPB

DB Vl!GA

2j 1

Como es natural, no en todas las comedias de esta época
se encuentran referencias a Micaela Luján, ni aun siquiera en
todas las del tipo Belardo-Lucinda. La corona merecida, cuyo
autógrafo, perdido, estaba fechado en 16o3 1, contiene también ambos personajes, pero nada dicen que merezca ser notado para mi propósito; y naturalmente ignoramos cómo fuese
la firma, porque Durán, que vió el manuscrito, omite ese detalle. En cambio, volvemos a tener una firma interesante al final
de El cordobés valeroso, Pedro Carbonero, fechada en Ocaña
el 26 de agosto de 1603 2 :

Llama Lope «serrana» a Micaela, por haber nacido ésta
probablemente en Sierra Morena 2 • Lo de no ser «bachillera»
se refiere, en mi opinión, a la incultura de Lucinda, quien no
sabía ni firmar 3 ; Lope lo da a entender igualmente en el
siguiente pasaje de la égloga «Serrana hermosa»:
Tú conoces, Lucinda, mi firme,;;a,
y que es de azero el pensamiento mio
con las pastoras de mayor bellec;a.
Ya sabes el rigor de mi desuío
con Flora, que te tuuo tan zelosa,
a cuyo fuego respondí tan frlo;
pues bien conoces tú que es Flora hermosa,

Esta comedia fué editada por M. Pelayo 3 , y aparentemente no contiene, a pesar de la firma, alusión a Camila Lucinda '·
La Barrera, pág. 1 15.
Bibl. Nac., ms. R. I.-85.
3
Obras de Lope, XI, 1900. Esta edición está hecha sin consulta del
autógrafo, aunque éste se encontraba ya citado en el Catálogo de Paz
y Melia (1899).
' Advertiré, sin embargo, la presencia de un cierto moro Hamete - llamado otras veces Hametillo - , que habla morisco (1), el cual
no puede menos de recordarnos al Hametillo esclavo del contador
Gaspar de Barrionuevo, citado por Lope en la conocida epístola a
este amigo, juntamente con las hijas de Micaela, Mariana y Ángela~
1

bien sabes que habla bien, que bien escriue,
y que me solicita y me regala,
por más desprecios que de mi reciue '·
Ms. autógrafo, fol. 37 r y ti.
pág. 97. Véase el soneto CLill, en las Rimas de 1602,
edic. cit., fol. 314 r:
1

2

LA BARRBRA,

Si la m~ dura e ncina que ha nacido
del cora&lt;;-cSn de la Morena Sierra,
o el Alpe en su ncuada cumbre encierra,
fiero desdé n, te huuiera producido.....
no fuera más esquina y desdeñosa .....
Ni tú puedes dexar de ser hermosa,
ni yo de tener vida y de quererte.

a R. MARfN, Bol. Acad. Esp., I, 272.
' El Peregrino, libro tercero, edic. Sevilla, 1604, fol. 129 fl. Es, pues,
inexacta la representación que de la amante de Lope tiene CoTARBLO,
Bol. Acad. Esp., 11, 36: «Lucinda era discreta, bien razonada y amiga
de lucir su ingenio: hasta pudiera creerse que hada versos.&gt;

2

Ilb.riana y AngeliUa mil mañanas
se acuerdan de Hametillo, que a la tienda
las lleuaua por chochos y aue llaoas.
Y Lucinda os suplica no se venda,
sin que prime ro la auiiéis del precio.

(Rimas, edic. Lisboa, 1605, fol. 107 "; véase R. MARiN, Rinconeú, pág. 165.)

Fuera de esto no encontramos nada a que pueda atribuirse carácter intimo.

�AMÉRICO CASTRO

La prueba de los amigos, la fecha de cuyo
siguiente facsímil:

ALUSIONES A MICAELA LUJÁN EN LAS OBRAS DE LOPE DI! VEGA

autógrafo 1

da el

Mú[sicos].

Feli[ciano].

Mú[sicos].
Feli1ciano] .

Mi¡[sicos].

273

El que a vnos ojos azules
estaua haziendo vn retrato,
que aunque no era desafio,
los sacó en el alma al campo.
0yd, ¿pues cómo sería 1,
que amores pena le den?
¿Aun quiere Velardo bien?
Dic;;en que sí.
¿Todavía?
Tanto en él vienen y van,
desde que yo me crié,
que muchas vezes pensé
que era del tiempo de Adán.
Lo que ha escrito da ocasión
a juzgar de essa manera.

no sólo contiene la M que hemos podido notar desde 16o2,
sino además datos autobiográficos que no fueron tenidos en
cuenta por sus modernos editores 2 • He aquí la escenas:

El pasaje citado es muy característico: Lope habla de su
ya antiguo amor, replica a sus detractores y se jacta de su
extensa producción. Una vez más se alude aquí a los ojos
azules de Micaela; en varios sonetos de las Rimas de 16o2,
Lope había ponderado su belleza :

Entre Feliciano vistiéndose a un esf&gt;~jo que traerá un paje, y otro la
espada y la capa. Galindo con vna escobilla linpiando el sombrero. Dos
músicos cantando mientras se compone el cuello.

Ojos por quien llamé dichoso al día.....
agora si que soys ojos estrellas,
que estáis en campo azul, color de cielo 2 •

Músicos.

Feli[ciano].
Mzis[icos].
FeltTciano].
Músiicos].
Fel1Tdano].
Mú[sicos].
Feli[ciano].
Mz¡[sicos].
Feli[ciano].

Pidiéronle colac;;ión
vnas damas a Belardo,
passeándose en Seuilla:
entre vnos verdes naranjos.
Esperad, por vida mía.
Ya lo que quieres aguardo.
¿Qué uiue aquese Belardo?
Aun es uiuo.
¿Todaula?
Si das lic;;enc;;ia que cante,
sabrás su estado mejor.
¿Qué ése es uiuo?
Sí, señor.
Cantad, passad adelante.

Azules son, sin duda son dos cielos,
que han hecho lo que vn cielo no podía:
vida me da su luz, su color celos 3•
Si estáis enfermos, dulces ojos claros.....
Si azules fuistes por matar con zelos,
oy como espada quedaréis, mis ojos,
que tiene de cortar gastado el filo'·

No se conservan autógrafos dramáticos de 16o5, I6o6 y
1607; a falta de ellos he examinado la única firma de este
Antes de sería, tacltado, ese ombre.
Soneto LIX, a continuación de La hermosura de Angélica, edición 1602, fol. 271 r.
3 lbíd., son. XXXIV, fol. 263 r.
4
lbt'd., son. LXXXVIll, fol. 281 v.
1

2

t

2
3

Bibl. Nac., ms. R . l-86.
Coleccüfn de libros españoles raros o curiosos, VI, 1873.
Ms. autógrafo, acto segundo, fol. 3 r y v.

TOMO

v.

18

�2 74

AMÉRICO CASTKO

ALUSIONES A MJCAELA LUJÁN EN LAS OBRAS DI! LOPI! DI! Vl!GA

27 5

período que conozco, la que figura en el arrendamiento de
una casa de la calle del Fúcar, en 27 de octubre de 16o7 1 :

La ausencia de M en esta firma no indica nada, ya que en
estos documentos públicos la espontaneidad de Lope se hallaba cohibida 2 • He aquí, en efecto, cómo firma en dos documentos contemporáneos de comedias analizadas anteriormente, fechado el primero en 25 de enero de 16o2 3 :
1 Archivo de Protocolos de Madrid,Juan de Obregón, 1607, fol. 865.
Informó sobre la existencia de este documento, aunque no lo transcribió, P. PAsTOR, Proceso, pág. 267; la fecha es la que doy ahora, no la
de 22 de octubre. Dice el documento: cfué fecha y otorgada en la villa
de Madrid, a veinte y siete días del mes de otubre, de mill y seiscientos y siete años.&gt;
Este contrato de arrendamiento revela que Lope, además de su
casa de Toledo, donde vivía su mujer Juana de Guardo, tenía otra en
Madrid, donde seguramente vivía con Micaela antes de trasladarse
definitivamente a la corte con su legítima familia en 1610; no supimos
interpretar este hecho en La vida de Loje, pág. 177.
2
Excepto en los documentos de Sevilla, según dije antes, pág. 2681
nota. En aquella ocasión, tal vez el momento de má."imo impudor en
la vida del admirable poeta, Lope no tuvo el menor escrúpulo en anteponer a su firma un indicio de intimidad amorosa con Micaela; como
es sabido, merced a las importantes investigaciones de F. Rodríguez
Marín, Lope garantizó entonces, con el testimonio del autor del pícaro
Guzmán de Aifarache, la administración de la herencia del difunto
Diego Díaz en favor de su viuda, Micaela de Luján.
3 Poder de Lope de Vega a Gregorio Alonso para cobrar 400 reales de Pedro Jiménez de Valenzuela; lo cita P. PASTOR, Proceso, página 261. Archivo de Protocolos de Madrid, Antonio Fernández, 1602;
este protocolo no está foliado, pero el documento corresponde al
folio 7or y v.

Lo mismo ocurre en el contrato de alquiler de una casa
en Toledo, en 10 de agosto de 16o4 1 :

Pero, no obstante estos testimonios inexpresivos, la huella
&lt;le Micaela en la firma de Lope llega hasta una fecha que no
sospechábamos; el 18 de abril de 1608, cuando hacía más de
un año del nacimiento de Lope Félix, el último hijo, que se
sepa, habido por Lope en Micaela 2, fué terminada en Madrid

1 Fué publicado por F . RooRÍGuEz MARÍN, Bol. Acad. Esp., 1914,
J, pág. 289. Debo poder reproducir esta firma a Francisco M. San Román, descubridor de este documento, quien amablemente me mostró
el correspondiente volumen entre el polvo y las telarañas del ruinoso
Archivo de Protocolos de Toledo. Si la ciudad en otro tiempo imperial, dando prueba de amor a la historia de su gran pasado, no interviene con eficacia y rapidez, ese inapreciable Archivo se convertirá en
un montón de papel destruído o quizá de escombros.
2
PÉREz PASTOR, Proceso, pág. 262. Nació Lope Félix el 28 de enero

&lt;le 1607.

�ALUSIONES A MICAELA LUJÁN EN LAS OBRAS DE LOPB DB VEGA

AMÉRICO CASTRO

La batalla del honor, probablemente en su casa de la calle del
Fúcar, y en compañía de Micaela 1 :

277

aparece ya la M, ni tampoco en los autógrafos posteriores
conservados en nuestra Biblioteca Nacional 1 .
1

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~ / /'7) ~.

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1~01

De 1610 hay tres autógrafos: La hermosa Ester (5 de abril), El caballero del Sacramento (27 de abril), en el British Museum, y en casa de
lord Ilchester, y no poseo fotografía de ellos. La b11ena guarda (16 de
.abril de 1610) se dice que pertenecía al difunto marqués de Pidal, pero
no me ha sido posible verla. Conjeturo que esas firmas no tendrán M.
En cambio supongo que esa M existirá al final de El Príncipe despeiiado (27 de noviembre de 1602), propiedad de la condesa de Torre Isabel (Granada), y al final de Carlos V en F1·ancia (20 de noviembre de 1604), en poder de J. T. Stetson (Filadelfia).
Impreso lo anterior, be visto que el manuscrito de El Príncipe despe1iado se encuentra en la Academia Española desde 1910. La firma
presenta, en efecto, la M; y además se encuentra M ante la rúbrica al
final del reparto y del primer acto; en la portada del segundo, en el
r eparto del segundo, no al fina l de ese acto, pero sí en la portada del
tercero; después del reparto d e este acto y ante la firma final. Es decir, escribió Lope ¡siete veces! la M. La firma es del mismo tipo que
las de Pedro Carbonero y La prueba de los amigos, y no creo vale la
pena de añadir ahora su reproducción.
Para que el lector se represente cómo son las rúbricas de Lope,
precedidas o no de M, pondré un facsímil de cada una de ellas, sacadas de Pedro Car·bonero y de La prueba de los amigos, respectivamente:

Como se ve, esta firma es algo distinta de las anteriores~
parece como si esa letra, antes tan amada, se dispusiera a
separarse definitivamente. Y aquí, lo mismo que en PedroCarbonero, no hallamos ninguna referencia a la ya vieja relación con Camila Lucinda.
Después de esta fecha no puedo suministrar más datos
positivos sobre la M en la firma de Lope. No hay autógrafos
de 16o9, y los que existen de r6ro no están a mi disposición;
en la firma de Barlán y Yosafá (r.º de febrero de 161 I ) 2 no
1
Bibl. ~ne., ms. R. /-87. No ha tenido en cuenta este autógrafo
E. Cotarelo al publicar La batalla del ko,w1· en la nueva edición académica, III, 1917, pág. xx1v; sin embargo, este manuscrito figura en
nuestra Biblioteca desde 1909.
2 Según fotografía del autógrafo, propiedad de lord Ilchester, que
tengo a la vista.

Examinando las comedias cuyas firmas he publicado, resulta el
siguiente número de rúbricas con M en cada una de ellas, además de
la firma: Cuerdo loco (1602), 5; Príncipe desp eñado (1602), 6; Ped1·0 Carbone,·o ( 1603), 8; Prueba de los amigos (1604), ninguna; Batalla del llOnor (1608), ninguna.

�ALUSIONES

AMÉRICO CASTRO

Prescindiendo ahora de comedias firmadas, sigamos examinando algunas del tipo Belardo-Lucinda.
El secretario de sí mismo está citada en la segunda lista de
El Peregrino (1618), y publicada en la parte VI (1615); pero
las alusiones que contiene a Micaela nos obligan a trasladar
esta comedia a fecha poco posterior a 16o4 1 , cuando estaban
bien vivos aquellos amores. Lope aprovecha un incidente, enteramente desligado del asunto de la obra, para cubrir de
flores a su Lucinda :
Salen Lucinda, Be/ardo y C/o,-idano, .fa1·dineros.

En alc;;ando de labor,
vengo, Lucinda, pensando,
que celebrarte cantando
es indicio de mi amor.
Lucinda.
Ya están de aqueste jardín
todas las flores atentas,
Belardo, ¡¡ ver qué les cuentas.
Bdardo. Ya sabe el blanco jazmin
que no se iguala a tu frente;
la rosa, a tu boca hermosa,
ni a tu cabello la rosa
que siempre mira al Oriente.
El ac;;uzena a tu mano,
ni a tus ojos la violeta;
¿pues qué olorosa mosqueta
a tu aliento?
Lucinda.
Cloridano,
dile que gasta el jardín,
que al duque su hazienda cuesta.
Cloridano. Pequeña alabanc;;a es ésta;
déxale que llegue al fin.
Belardo.
¿Qué fin le puedo yo dar,
si no le tiene mi amor?
Que cantéis será mejor,
y que ella quiera baylar.

Bela1·do.

Claro está que el no estar citada en la primera lista (1604) no
indica necesariamente que la comedia no estuviera escrita, incluso
hasta poco antes de ese año.

LUJÁN EN LAS OBRAS DE LOP&amp; DE VEGA

279

Cantan y bailan.

Como si sus manos
pidieran limas,
torongil de limones
coge la niña,
coge la niña 1•

El gran duque de Moscovia se encuentra en la parte Vil
(1617) y en la segunda lista de El Peregrino (1618); pero hay
también una copia fechada en 1613. M. Pelayo, en su estudio
de esta comedia 2 la sitúa antes de esta fecha, fijándose en un
libro de 1606 que pudo servirle de fuente. Al mismo resultado
se llega analizando el eco que también en esta otra deja la
belleza de Micaela. Belardo es aquí padre de Lucinda; aunque
el autor confía a otro personaje el cantar las alabanzas de la
hermosa de los ojos azules en la forma desenvuelta que toleraba la índole de la comedia, y a que era tan inclinado Lope:
Lucinda.
Belardo.

Lucinda.
Be/ardo.
Demetrio.

Nunca me habéis hecho a mí,
padre, un vestidillo ansí.
Yo soy labrador, Lucinda;
conforme a mi calidad
te visto .....
También lo creo.
Ricas telas del deseo,
bordadas de voluntad .....
¡Qué bellísima mujer!
¡A cuánto mira sujeta!
¡Dichoso el que amaneciere
con tan lindo sol al lado! 3•

El hombre de bien, no citada en la lista de 16o4 y sí en la
de 1618, fué publicada en la parte VI (1615); en ella encontramos la variación de disimularse el autor tras el personaje
Jacinto ', quien ve turbados sus amores con Lucinda por la
ingerencia del rey; por fin desaparecen todos los obstáculos,
y el mismo rey acaba por favorecer su casamiento. Dice Lu1

1

A MICAELA

2

3

•

El secretario de sí mismo, acto II, parte VI, 1615, fol. 189 v.
Obras de Lope, VI, cxxxm.
Loe. cit., pág. 623.
Ahora veremos que lo mismo acontece en El Peregrino.

�280

AMÉRICO CASTRO

cinda un soneto que con toda probabilidad podemos referir
al tema en cuestión:
Lucinda.

Con tal secreto me rendí ha seys años
del amor de Jacinto, que en efeto,
y nos hemos gozado con secreto,
haziendo burlas y tracando engaños.
En medio de sucessos tan estraños
se ha tenido a mi amor tanto respeto,
que el cielo, a quien el mundo está sujeto,
sólo sabe mis bienes o mis daños.
Amor ha de estar siempre con rezelo
encubriendo sus sendas y verdades, etc. 1•

1

Parte VI, 1615, fol. 58. Hay dos comedias en las que, no obstante
aparecer Belardo-Lucinda, no encontramos nada de interés. El piadoso
-veneciano, aunque impreso en la parte XXIII ( 1638) , se encuentra en
la segunda lista de El Peregrino (1618); Belardo y Lucinda no tienen
relación en la obra; sólo encontramos un diálogo entre Belardo y Silvia
{Rivad., XLI, 556), en que ésta dice:
iQué extraño os habéis hecho,
después que estáis tan viejo!

La otra comedia es Aventuras de D. Juan de Alarcos, en la parte XXV
(1647), pág. 89; en realidad es la segunda parte de D. 'Juan de Castro,
{véase La vida de Lope, en la bibliografía final), citada en la segunda
lista de El Peregrino ( 1618). Una diferencia entre ambas obras es que
Lucinda ha sido cambiada en Oarinda en D. 'Juan de Castro (o al
contrario); pero noto en las Aventuras de D. Juan de A/arcos, que aunque el nombre del personaje sea Lucinda, en el interior de los versos
se la llama Clarinda (por ejemplo, en la página 132 de la edición citada). Una edición crítica de esta obra aclararía este punto.
Por lo demás, aquí tampoco aparece nada de interés. ¿Habrá una
alusión a Marcela (nacida en 1605) en los versos siguientes? Belardo
dice a Rugero, herido (edic. cit., pág. 119):
que no está lexos mi cabaña pobre,
donde seréys curado de Marcela,
una hija que tengo como un ángel,
porque tiene virtud maravillosa
para curar los cabritillos tiernos,

.¿Pertenecerán estas comedias a la época en que declinaban sus amores, y en que mezclar ambos nombres procedía de una rutina sentimental, muy lejos ya de la pasión que inspiró El cuerdo loco y comedias análogas? De ser así, situaría estas dos obras en las proximidades
de 1608.

ALUSIONES A MICAELA LUJÁN EN LAS OBRAS DE LOPE DE VEGA

281

No pretendo haber agotado el análisis de las comedias del
tipo Belardo-Lucinda; la bibliografía dramática de Lope es tan
vasta y complicada, que bien podrán salir aún más datos que
completen los aducidos por mí. Lo que puedo afirmar es que
no he hallado ninguna comedia del tipo Belardo-Lucinda, con
fecha segura, que sea posterior a los años en que al parecer
terminó la aventura de Lope: hacia 1008.
Un examen de las obras no teatrales de Lope nos permitirá llegar a un resultado análogo. En 20 de octubre de 1002
se concedió a Lope privilegio para imprimir La hermosura de
Angélica, comenzada en I 588 1, a punto de ser publicada
en l 598 2, y que no salió hasta fines de 1002. El ambiente
pasional en que se desenvuelve el poema, la sensibilidad exaltada con que Lope matizó multitud de incidentes, la profusión
de adornos que para deleite de la vista dan realce a diversos
pasajes en una forma que no permitía la comedia, todo ello
acabó por atraer al poeta con tal violencia, que él mismo se
introdujo en la acción, arrastrando a su Lucinda por la órbita
de los protagonistas :
pues nunca me ayude Dios,
si no he sacado de vos
quanto de Angélica digo 3_

Así dicen unos versos preliminares, dirigidos a Lucinda,
que, lo mismo que los trozos que ahora citaré, debieron ser
añadidos en 1002 o poco antes. Las digresiones relativas a
Lucinda se hallan en los cantos V, XIV y XIX.
En el canto V recibe Angélica el premio de la belleza; el
poeta interrumpe, empero, aquel certamen y exclama:
Agradézcalo Angélica, que tuuo
seiscientos años antes hermosura;
1
En nuestra Vida de Lope de Vega, pág. 149 , se habla de las distintas fases que revela la obra.
2
Véase P. PASTOR, P,·oceso, pág. 253.
3 Edic. Madrid, 16 02, fol. 7vde los preliminares. (Bibl. Nac., R-5135.)

�AMÉRICO CASTRO
que aquellos ojos 1 en que sólo estuuo
tener clara vitoria, o fama escura.
Estrella celestial, si aqui no suuo
tu claro nombre a la mayor altura,
si no te doy el premio, es porque entiendo
que el mundo es poco y que tu cielo ofendo.
Si en aquella famosa edad viuieras,
hermosura inmortal, bella Luzinda,
¿quién duda que de Angélica vencieras
la que oy con el tercer planeta alinda?
Tú sola el justo premio merecieras,
y aun es razón que su laurel te rinda,
conociendo que auerle merecido
fué por no auer tu oriente amanecido.
Que si mostraras essos ojos bellos,
azules cumo el cielo y los sapkiros,
de donde amor, aunque se abrase en ellos,
haze a las almas amorosos tiros;
si mostraras la red de tus cabellos,
duldssirna prisión de mis suspiros,
que los excedo si en amarme calmas,
y oxalá que suspiros fueran almas;
si mostraras la boca embuelta en risa,
la blanca mano y el neuado pecho,
basas de la coluna tersa y lisa
en que se afirma aquel divino techo,
sospecho que baxaran tan aprisa
almas corno laureles a despecho
de tantos pretendientes; pero ignoro
quién fuera de tus méritos Medoro 2•

ALUSIONES

Es decir, «que tuvo Angélica aquellos ojos• .
Edic. cit., 16021 fol. 43 r. Las tres últimas octavas han sido citadas por E. CoTARe:Lo, Bol. Acad. Esp., II, 1915, pág. 43.

MICAIILA LUJÁN

EN LAS OBRAS D11

LOPE DE VEGA

283

Luz de mis ojos, no creáis por esto
que me falta de vos digna memoria;
mas la aspereza donde amor me ha puesto
no me permite celebrar su gloria.
Marte me lleua a su peligro opuesto;
por esso en el discurso de la historia
bueluo a buscar a Marte, procurando
dexar al blando amor lugar más blando.
No es tiempo de cantar, Lucinda mía,
tus bellos ojos y mi largo llanto,
que en medio de la mar del Norte fria
la s[i)rena I de amor suspende el canto.
Voy por la mar, donde a morir me embía
la embidia de mi bien, que pudo tanto 2•

Si interpretáramos a la letra esas octavas, resultaría que
Lope galanteaba ya a Micaela cuando salió de Lisboa con la
flota, en mayo de 1588; pero esto es una mera fantasía poética.
En el canto XIX, Lope se envuelve en el nombre de su
amada, y se llama Lucindo. Sigue aludiendo a la persecución
judicial de que fué objeto en 1587-1588; pero no me parece
que, como en las octavas antes citadas, mezcle, anacrónicamente, las aventuras de Elena y Micaela:
Lucindo soy, aquel que a Dios pluguiera
que no fuera del mundo conocido,
porque de la cruel embidia fuera
menos injustamente perseguido.

......................... ... .

Anduve vn tiempo entre las gentes mudo,
y la publicidad de vnos amores
hablar me hizieron tanto, que a mí sólo
me sabe el nombre el contrapuesto polo.

En el canto XIV la alusión a Micaela Luján es complica
da, porque Lope funde el recuerdo del destierro por injurias
a la familia de Elena Osorio (1587-1588) 1 causa de su alistamiento en la Invencible, con sus amores actuales. Esto es
muy propio de la técnica de Lope, al elaborar poéticamente
sus propias experiencias. Nos dice que se alargaría en un incidente de amor :

2

A

....................... ..............

..... los bellos ojos me engañaron
de aquella ingrata, a quien después lloraron.
Amé furiosamente, amé tan loco,
como lo sabe el vulgo, que me tuvo
por fábula gran tiempo ........... .

1

2

El texto, serena.
Edic. cit., fol. 143 r.

�AMÉRICO CASTRO
ALUSIONES A MICAJ!LA LUJÁN EN LAS OBRAS DE LOPE DE VEGA

Fuime, ausentéme, no ligero y suelto,
que la cadena y grillos arrastrando,
por dondequiera de su lazo embuelto,
mis fugitiuos pies yuan mostrando.
Mas pudo tanto el ánimo resuelto,
que al mar llegaron, otro mar llorando,
en cuya orilla de aquel rastro ingrato,
no el verdadero, sepulté el retrato.

Los versos
miré vnos ojos, cuya luz ardiente
el sol no la mirara sin recato,

Después de una ausencia de tres meses, cree poder presentarse tranquilo ante su antigua amada; pero
hallo que en otros gustos se desuela
de vn bello Adonis, o mintió la fama;
celoso yo, como en su fin la vela,
bueluo en mi fuego muerto a all;ar la llama.

...... ........................ .........

¿Qué te diré de la llaneza nuestra
tan sin respecto y paternal recato
el tiempo que la suerte alegre y diestra
fauoreció nuestro amoroso trato?

285

1

Refiere que hubo una reconciliación con la ingrata, solicitada por ella. Todo, sin embargo, cesó, porque
miré V1UJS c!fos, cuya lttz a1·dt'ente
el sol no la 111i1·ara sin recato,
y poco a poco aquel amor me atreuo
a trasladar en otro papel nueuo.

Pero la desdeñada se venga:
Celosa, melancólica y burlada
de mi pecho fingido y lisongero,
que me matea procura, y finalmente
viuo por ella de mi bien ausente.
Cárcel injusta con destierro largo
sufrí para vengar mis enemigos,
admitiendo mejor que mi descargo
la iniq ua falsedad de los testigos.
1
Única alusión que se conoce a la conducta de Jerónimo Velázquez, padre de Elena Osorio.

deben referirse a Isabel de Urbina, con la cual casó el IO de
mayo de I 588, pocos días antes de que la escuadra zarpara
de Lisboa, con Lope a bordo del San :Juan. Nótese que el
decir
y poco a poco aquel amor me atreuo
a trasladar en otro papel nueuo,

no exige ser referido al momento actual y apasionado de los
amores con Micaela; sobre todo nada se opone a que los apliquemos a Isabel. Este pasaje debe ser, pues, de los primitivos
del poema 1 • Lo que es probable que corresponda a la época
posterior es el seudónimo de Lucindo.
También a esta fecha pertenecen los numerosos sonetos
que forman parte de las «otras diversas rimas», que vienen a
continuación de La Angélica en la edición de 16o2; pero de
ellos han hablado ya todos los que se han ocupado de este
asunto.
Examinaremos ahora las alusiones contenidas en El Peregrino, dispuesto para la imprenta en 16o3 y que salió en
Sevilla en 16o4 2 • Aquí, Lope, bajo el nombre de Jacinto 3 ,
vuelve a hablarnos de sus amores, si bien no nos es dable discernir lo histórico de lo novelesco: «Jacinto, convalecido de
las heridas de Pánfilo, le buscaba en esta sazón por Barcelona;
y creyendo que a su tierra [Madrid] se había partido, determinó seguirle, así por esto como porque había tenido nuevas
de que en aquella ciudad estaba Lucinda.» Y hacia el final
del libro, cuando todos los personajes contraen acompasados
1 En La vida de Lope, pág. 152, nota 2 , me incliné a otra explicación¡ pero creo preferible, por más sencilla, la actual.
2 Véase La vfda de Lope de Vega, pág. 156.
3 La Barrera', pág. 1 28. Como la cronología de esta parte de la vida
de Lope estaba entonces mal establecida, aquel eminente erudito no
interpretó exactamente estos datos.

�286

.ALUSIONES A MICAELA LUJÁN EN LAS OBRAS DB LOPB DB Vl!GA

A?dRICO CASTRO

perdónenme las armas que pudieron
mouer mi pluma; que de aquella espuma
también tomé, para cantar, la pluma.
Lleua Luzinda a Jsmenia finalmente,
y del dueño cruel la mansa pía
ocupa en vn pesebre, que en la frente
de la cabaña para un buey tenía;
quítale la zelada diligente
a la llorosa dama, y sale el día
de tan pequeño Oriente, haziendo soles
las plumas de diuersos tornasoles.
La cena se apercibe en pobre messa,
con negro pan y cándida quajada,
tan fresca, que por ella se vee impressa
mimbrosa encella, en torno dibujada;
la roja y áurea hespérida camuessa,
en su principio del dragón guardada;
las dulzes vuas en esparto seco,
y el agua sin malicia en corcho hueco.
Descansa Ismenia al fin en pobre cama,
si descansa quien tiene amor y zelos,
hasta que vió por la mal junta rama
la blanca luz de los serenos cielos.
Luzinda teme la zelosa dama,
que el trage de varón le da rezelos;
la espada esconde, y quédasse vestida,
por si fuesse de Ismeoia combatida 1•

matrimonios, Lope se llama también a la parte y escribe:
-«Vino entre ellos Lucinda, a quien casaron con Jacinto, cumpliendo mil justas obligaciones.»
Nótese que, según se ha dicho repetidas veces, en esta
-0bra incluye Lope la égloga que comienza :
Serrana hermosa, que de nieve helada,

que hasta ahora había sido el principal documento literario
utilizado juntamente con los sonetos.
Pero donde aparecen importantes referencias a Lucinda,
es en el gran poema Jerusalem conquistada, publicado en 1009;
:son las alusiones más tardías que he encontrado a la pervivencia de aquella relación, y que al coincidir en tiempo con el
&lt;lato contenido en La batalla del honor nos permiten fijar una
fecha máxima en esta aventura 1 • El privilegio para imprimir
la Jerusalem (en veinte libros) es de 23 de agosto de 16o8,
pero el autor anuncia la publicación de la obra en diez y seis
libros en el prólogo de las Rimas de 16o4 2 ; sin embargo, por
ciertos datos y por su tono retrospectivo, el pasaje que ahora
citaré-contenido en el libro XVI-, creo que está más próximo de la primera que de la segunda fecha. Ilelo aquí :
Lauando estaua, al rayo de la luna,
hermosa y solitaria labradora
en vn arroyo manso, que importuna,
con verdes juncos y espadaña, Flora;
las espumas recibe vna laguna,
huéspeda de vnos cisnes, que enamora
la voz de la serrana de tal suerte,
que la van a imitar para su muerte.
Hablóla Jsmenia, y respondió Luzinda
al¡;ando la cabeza; y como fueron
espejo cada qual de la más linda,
a vo tiempo de su sol reflejos dieron.
¡Qué aurá que amor no desvanezca y rinda?;
En una Yustajoética, deque hablo en el próximonúmerodeRFE,
celebrada el 25 de junio de 1608, hay unos versos de Clarioda Lisarda,Serrnna del Jordán. ¿Será ésa la última poesía que Lope escribió a Micaela?
2 La vida de Loje, pág. 180.

287

El episodio prosigue en medio del siguiente canto:
La bella labradora, del tesoro
de amor pagado, a Ismenia, que escuchaua
su historia atenta, assí le dijo.

El relato de esta aventura es extenso, y sus detalles son
&lt;;omplicados de descifrar; citaremos algunos pasajes para que
el lector juzgue por sí mismo. Refiere Lucinda que un príncipe del séquito del rey de Palestina la vió, y
quiso a mi condición salir al passo,
más de interés que de afición vestido.

1

1

Edic. :\fadrid, 1609, fol. 419. (Bibl. Nac., R-17142.]

�ALUSIONES A MICA.ELA LUJÁN EN LAS OBB.AS DE LOPE DE VEGA

288

Boluió Ismenia los ojos, y en el prado
vió tres ltermcsas niñas diuertidas,
la mayor deuanando un pardo hilado,
las otras dos de la cestilla assidas;
y a Lauro, ya rapaz, sobre vn cayado,
con dos cuerdas de lana mal torcidas
haziéndole cauallo, y el ameno
prado midiendo, por quebrarse el freno.
El mds tierno, desnudo le seguia,
y con alegre risa le animaua
con una vara, y al cayado hería.

Pero quiso servirse de un tercero, de condición humilde,.
que conquistasse
mi rústico y villano pensamiento,
y en oro prometido quilatasse
las fuerzas de mi honor y entendimiento.

Lucinda se enamora del intermediario (Marcelo) bien rápidamente, según nos dice el poeta:
Yo pienso que primero concertado
fué de los celestiales mouimientos,
que no es possible que tan presto agrade
lo que el Cielo no influye y persuade 1•
Puso los ojos y aun el alma puso,
él me dezía que en mis ojos bellos,
en muchos versos que a su honor compuso,
llamando sol azul la color dellos¡
después que nuestra vida amor dispuso,
y até su libertad con mis cabellos,
me dieron zelos y sospechas guerra;
que amaua y era amado en otra tierra.

Marcelo se excusa, afirmando que ya ha olvidado antiguos.
amores:
Yo me partí con la mayor violencia,
passado de mi amor bien lustro y medio,
(¿qué pudo humano corac;;ón rendido?)
a las riberas de tu dulc;;e oluido.

Lucinda se abandona a Marcelo, y sus amores duran años:.
Persecuciones tristes he passado;
penas, iras y agrauios he sufrido;
para todas amor fuerzas me ha dado,
considerando quán amada he sido;
pagué por largos tiempos su cuydado,
de tan estrechos lazos merecido,
con esse fruto de las ansias mías,
y el árbol del amor de tantos días.

El caballo apercibe presurosa
Ismenia, y de Luzinda se despide
con un diamante, que la mano hermosa
en la blancura y la firmeza mide t.

Si fuésemos a interpretar literalmente los versos citados,
resultaría qué Lope comenzó sus relaciones con Micaela en calidad de tercero; aunque nada es imposible tratándose de
aquél, no debe acumularse este nuevo cargo contra el poeta,
sin poseer otros comprobantes. Lo que parece seguro es que
Lope declara tener cinco hijos de Micaela; el «más tierno»
~ebe ser ~ope ~élix, nac'.do en 1907; las «tr~s hermosas ninas», ¿seran Jacinta, Mariana y :&amp;trcela, nacida esta última
en 16o5? «Lauro, ya rapaz», ¿será Juan? No tengo medios para
precisar estas conjeturas.
Las referencias a Micaela que aun mencionaré, tienen ya
positivamente el carácter de recuerdo. Una de ellas figura en
una carta de Lope al duque de Sessa, del 2 de julio de 1611:
«Habrá siete años que fuí a Granada, en tiempo de los reyes
católicos Lucinda y Belardo» 2 • Esto prueba que la pareja Belardo-Lucinda estaba ya deshecha, y el tono en que se expresa Lope parece indicar que esa separación había ocurrido en
época remota 3 ; pero esa interpretación va contra la realidad,

1

A la misma causa atribuyó Lope su rápido triunfo con Elena
Osorio; véase La vida de Lope, pág. 23, nota, y antes, pág. 266.
1

289

AllllfRICO CASTRO

3

Edic. cit., fols. 430 v a 433 v.
La Barrera, pág. 11+.
Véase La vida de Lope, pág.
TOMO V.

160,

nota

2.

ll

�290

AMÉRICO CASTRO

puesto que ya vimos que en 1608 esos «reyes católicos» aun
reinaban.
La última alusión que puedo citar ofrece mayor interés,
pues nos sitúa ante una reacción bien típica del temperamento lírico de Lope: en un momento de emoción mística surge
el recuerdo de aquella hermosura, y el pesar y el remordimiento agitan el ánimo del poeta. Pero, curiosa particularidad, este soneto a Cristo crucificado, por su factura, nos trae
un eco a lo divino de los ardientes versos consagrados antes a
Lucinda:
Luz de mis ojos, yo juré que hav!a
de celebrar una mortal belleza,
que de mi verde edad la fortaleza
como enlazada hiedra consumía.
Si me ha pesado, y si llorar querría
lo que canté con inmortal tristeza,
y si la que tenéis en la cabeza,
corona ahora de laurel la mía,
vos lo sabéis, a quien está presente
el más oculto pensamiento humano,
y que desde hoy con nuevo zelo ardiente
cantaré vuestro nombre soberano,
que a la hermosura vuestra eternamente
consagro pluma y voz, ingenio y mano 1•

Los mismos sentimientos aparecen en otro soneto que
comienza:
Si quise, si adoré, ¡qué error terrible!,
hermosura mortal, ¿cómo ignoraba
la tuya celestial, pues me enseñaba
lo invisible, Señor, por lo visible? 2•

Este epílogo místico tiene en la obra de Lope la aventura
con la serrana de ojos azules 3 • Merced a la íntima conexión
1 Rimas sacras, 1614, en Obras sueltas, XIII, pág. 189. Véase arriba
(pág. 283) la octava que comienza: «Luz de mis ojos•, y en general,
recuérdense los sonetos de las Rimas de 1602, y la égloga «Serrana
hermosa&gt;.
2 Jbid., pág. 220.
3 Se ignora qué fué de Micaela. R. MARÍN, Bol. Acad. Esp., I, 277,

ALUSIONES A I\IICAELA LUJÁN EN LAS OBRAS DE LOPE DE VEGA

291

que se da entre la vida y la poesía de nuestro autor, hemos
podido seguir las vicisitudes de aquella relación desde l 599
a 1614 1 • A la ansiedad ante el amor no logrado sigue la máxima nota erótica, luego la indiferencia, y en fin un angustiado y místico arrepentimiento. Ciclo bien humano y en el fondo bien vulgar, que toma relieve gracias al temblor de pasión
que Lope comunicó a sus versos.
Es evidente que todo lo dicho sirve para que el alma del
gran escritor nos descubra su intimidad, y para que hagamos
una experiencia de psicología literaria. Pero después de reconocerlo así he de permitirme una observación de carácter
general. La facilidad, la abundancia con que Lope traslada a
la poesía sus íntimas emociones es correlativa de la naturalidad con que refleja el mundo exterior; pero este poetizar su
vida nos parece demasiado directo, demasiado ingenuo.'El artista no deja lugar ni tiempo para que su emoción repose al
calor de la idea y labre una forma poética más honda y más
permanente. No obstante la gran extensión que ocupa en su
vida y en su obra, la aventura de Micaela no es más que eso:
una aventura que viene a colocarse junto a las numerosas que
cruzaron aquella «española Vega». Eso explica que el lirismo
de los versos citados sea más impetuoso que profundo.
La resultante artística de tanto erotismo se nos brinda en
una obra pulida y acabada en la vejez de Lope, en La Dorotea;
en torno a la imagen de aquélla se agrupa el recuerdo de las
otras amadas. Ninguna logró despertar en el poeta una emoción honda y preferente, ni hizo que él mismo se representara
pensó que tal vez podía referirse a la muerte de aquélla el soneto
«Yacen en este mármol la blandura• (Rivad., XXXVIII, 387 b); pero
J. Gómez Ocerin piensa que se trata de un mero «concepto poético&gt;
(RFE, II, 1915, 409-410) .
1 En vida del poeta ya se empleó este método de investigación
biográfica¡ pero Lope intentó esquivar responsabilidades:
Ya, pues, que todo el mundo mis passiones
de mis vers os presume,
culpa de mis h ypé rboles causada[?],
quiero mudar de estilo y de razones.

(Rinuu de B"rruillos, en Obras sueltas, XIX, 162.)

�AMlfaxco

CASTRO

movido por una de esas pasiones que orientan la vida y el arte.
No creó Lope en su fantasía un tipo eterno de mujer, como
Beatriz, Laura o Margarita; y es que el erotismo en nuestro
poeta presenta un valor absoluto, ligado a cada momento y a
la realidad ambiente. Sin duda que ocasionalmente esas manifestaciones concretas de poesía son una fuente de emoción,
que temblorosamente rebasa la forma delicada del estilo; pero
a veces también la poesía erótica en Lope se encuentra demasiado próxima a los sentidos: tan próxima como lo estaban
de su vista los frutos y flores cuya tersura y colorido tan maravillosamente nos describe.
AMÉRICO CASTRO.

MISCELÁNEA

LAS DOLENCIAS DE PARAVICINO
Cuando el Greco retrataba a Fr. Hortensio Félix de Paravicino y Arteaga, contaba éste veintinueve años 1 • En las
reproducciones que tengo a la vista, la fisonomía de Fray
Hortensia ofrece - si no exagero - un aspecto febril. Sedano asegura que el célebre predicador de los Felipes era «de
proporcionada estatura, blanco de rostro, de aspecto amable
y de apacible y dulce condición» 2 • Pero no siempre son muy
de fiar estas noticias, donde también se nos habla de que Paravicino «poseía prendas muy particulares de orador», y, entre
otras, «la sonoridad y modulación de la voz».
Ahora bien, esto es traducir al revés, porque Nicolás Antonio, que es la fuente, habla precisamente de la debilidad de
la voz de Paravicino; Coster dice que acaso Paravicino introdujo aquel su estilo especial en la predicación 3 , porque «la debí1 En un soneto dedicado al retrato que le hizo el Greco, y que
figura entre sus Obras póstumas divinas y humanas, 1641 1 fol. 63 1 dice
Fr. Hortensia que su alma «contra veinte y nueve años de trato,
Entre tu mano y la de Dios, perpleja, Quál es el cuerpo en que ha de
vivir duda•.
2 Equivocadamente atribuye estas palabras a Pellicer J. CEJADOR
en su Historia de la len15ua y literatura castellanas, IV, 1916, pág. 346.
s Si hemos de creer al P. Juan Rodríguez en sus Súmulas (1641),
junto con el nuevo estilo de predicación se introdujeron algunos hábitos no menos impropios del servicio religioso: cHuyamos de vestir
la divina palabra de un traje muy vano y lenguaje culto con que algu-

�2 94

I\IISCRLÁNEA

MISCELÁNEA

2 95

lidad de su voz le impedía los grandes efectos oratorios, y le
resultó más cómodo y menos fatigoso cautivar a su auditorio
con juegos de palabras sutiles o con enigmas». Esta explicación peca tal vez por demasiado simplista.
En todo caso, es seguro que Paravicino no era precisamente un hombre de mucha salud. Su biografía es conocida
a grandes rasgos. Los libros que tratan de su vida y sus obras 1
vienen repitiendo aquella ponderación de Lope:

Y dirás que del sol los paralelos
cinco años, lustro apenas, devanaron,
los hilos de oro, de la aurora celos,
cuando padres y deudos se admiraron
de ver que un niño en el latín leía
lo que muchos ortógrafos erraron.

nos la visten en estos tiempos míseros ..... , y a esta vanidad juntan otra
no menor, que es invención de usos en la postura de la ropa, y menos
del cuerpo, sólo por mostrar galantería: el clérigo tiene particular uso
en poner la sobrepelliz y bonete caydo a la frente; el religioso, la capilla, que no cubra el cerquillo por delante; y esto con tanto cuydado,
que a los oyentes enfada tanto registrar de sobrepelliz, bonete o capilla..... Y aun dizen que el predicador moc;o use de diferente postura
de sobrepelliz, bonete y acciones que el viejo..... &gt; (Hoja 40.)
1 Sobre Paravicino consúltense: D. JuAN DE JÁUREGUl, Apología por
la verdad, Madrid, J. Delgado, 1625.-LoPE DE VEGA, Eliso, égloga en la
muerte del R ev. P. M Fr. Hortensio Félix Paravicino, en La Vega del
Parnaso, 16371 y en Rivadeneyra, vol. XXXVIII, 334-336.- J. PELLICER
DE SALAS Y TovAR1 Fama, exclamación, túmulo y epitafio de aquel gran
Padre Fr. Hortensia, Madrid, 1634.-P. M. JUAN RODRÍGUEZ, Súmulas de
.documentos de la predicQ,Ción evangélica, Sevilla, F. de Lyra, 1641.-N1coLÁs ANTONIO, Bibl. Hisp. Nova, edic. 1783, I, 612 a y b.-J. LóPEZ DE
SEDANO, Parnaso espaiiol, V, XLVlll-Lll y notas, pág. xx, núm. 28. J. A. ÁLVAREZ v BARNA, H[jos de Madrid, II, 389-392.- M. G. T1cKNOR 1
Historia de la literatura espat"iola, traduc. de Gayangos y Vedia, III,
209-21 o y notas, y 362 y nota. - E. DéhrnR, Calderón und die Hofjre.diger, en Magazinf. Lit. des lnd-und Auslands, Leipzig, 1887 1 núm. 27,
pág. 395 y sigs.-C. A. DE u BAKRERA, Nueva biografía de Lope de Vega,
tomo I de la edición académica de Lope, índice.-C. PÉREZ PASTOR, Bibliografía madrildia, tomos 11 y III, índices. - J. F1TZMAURICE-KELLY,
C!zapters onSpanishLiterature, Londres, 19081 pág. 186 (traduc. española,
Madrid, 19101 pág. 232). - M. B. Cossfo, Et Greco, dos vols., Madrid,
19081 índices.-L.-P. THOMAS, Le tyrisme et la prlciosité cu/tistes en Espagne, Halle-Paris, 19091 págs. 91-95. - A. CosTER, Baltasar Gracián,
Ióar-16581 en Rev. Hisp., 1913 1 XXIX, índice. - L. DE TORRE, Documentos relativos a Góngora [testamento nombrando albacea a Paravi-cino, y poder que éste otorga autorizando a Pellicer para publicar el
Polifemo comentado], en Rev. Hisp., 19151 XXXIV, 283-291.-A. FARINBLLr, La vita etm sogno, Turin, 1916, I, 209-210 y notas.-M.-L. GuZMÁ.N

Tanta precocidad, si no hay en ella su poco o mucho de
licencia poética, no era muy prometedora sobre el equilibrio
del joven predicador.
Murió-para seguir citando a Sedano-«de resultas de un
afecto hipocondríaco que padeció siempre: achaque común
de estudiosos». Ya en los últimos días de su vida, la enfermedad le apretaba de manera que aun en las ocasiones públicas hablaba de sus dolencias, y no faltaba quien lo tuviera a
afectación. Sus males-decía él-eran poderosos para hacerle
sufrir, pero no para inspirar lástima 1 . Los médicos de la corte
llegaron a preocuparse muy seriamente por su estado: falta

..... ................ ...... ...... ..

De diez años, la lógica sabía .....
Maestro en la sagrada teología
de poco más de veinte.....

•

y A . REYES, Contribuciones a la bibliografía de Góngora, en Rev. de
Filo!. Esp., 19161 Ill, 171-182 1 núms. u, 12, 15, 16 y 17. -A. RsYES,
Cuestiones gongorinas : el texto de tas «Lecciones solemnes» de Pelticer
(próximamente aparecerá en la Revue Hispanique).
1 En su ']esuc,isto desagraviado (Madrid, 1633), cuya dedicatoria al
Conde-Duque está firmada en 16331 año de su muerte, escribe Paravicino, excusándose de no haber cumplido ciertas obligaciones sociales:
cNo mean dado lugar los estudios forc;osos i continuados por tantos años en esta Corte, que me an bastado a hazer Decano de la Vniversidad de Salamanca, i de la Capilla de Palacio, aunque alguna antigüedad en una i otra parte me lo pleiteen. A que se a llegado falta de
salud, ia en estos últimos a1ios tan perpetua, que se me Q,CttSa por afectación el /iablar siempre en ella, aun en lugares jzíblicos; i no la quiero cometer en esta habla particular con V. E. En esto sólo no puede vencerme, que es tener a gran morfijicQ,Cton males que, siendo poderosos a la
impossibilidad de cumplir obligaciones en mí, no lo son a causar lástima de
mí en los otros. Querrá Dios (que las esperaneas seguras de las maiores
desconfianc;as deven nacer) darme algún rato de salud i ocio .....,

�MISCELÁNEA

MISCELÁNEA

297

de respiración, vahidos, males de orina con sospecha de piedra
hipocondríaca..... No se explicaban cómo podía mantenerse
en pie, en medio de tantos estudios y predicaciones, amén de
las privaciones a que le obligaba su hábito de trinitario.
Cierto día, predicando ante el rey y el nuncio de Roma,
Fr. Hortensio se vió en un durísimo aprieto. Los médicos
intervinieron entonces, le aconsejaron que sólo dijera misa en
su oratorio, que se permitiera algún regalo y que anduviera
siempre en coche y con persona que lo asistiera, por si sobrevenía desmayo. Porque - le decían - estos males no avisan.
Y no trataban de disimularle el riesgo que corría ya su vida.
Véase, en efecto, el dictamen del protomédico de la corte,
tal como aparece en el manuscrito 18238 de la Biblioteca Nacional (fol. 3 I):

c;;ión, era escándalo en público, lo que se puede reparar en lo retirado.
Y estos males no abisan de su benida. Y por la misma rac;;ón de&lt;;imos
que ande en coche, por que lleve consigo quien le acuda; que no es
ra&lt;;ón tal persona ande a pie por las calles, arrimándose o dando la
mano a quien le tenga en los peligros referidos. D. Antonio Ponce
Sancta Cruz (rúbrica). • -ALFONSO REYES.

,Certifico yo el doctor Antonio Ponce de Santa Cruz, Protomédico
destos Reinos y de la Cámara de su Magestad, Abbad de Cobarrubias,
y los médicos del Rey nuestro señor que aquí firmamos, que á mucho
tiempo que visitamos al Padre Maestro Hortensio, predicador de su
Magestad, el qua! padec;;e graves y muchas enfermedades: falta de
respiración, vaídos, males de orina con sospecha de piedra ypocondriacha, con los quales parec;;e milagro aber podido continuar tan graves estudios y ac&lt;;iones públicas, sin aber su&lt;;edido en alguna dellas
algún acc;;idente de muerte presurosa. Y assí es que, predicando delante de su Magestad y del Nun&lt;;io de Su Santidad, se le cono&lt;;ió notable aprieto, en el qua! se berá, preseberando estos males, siempre
que estubiere en parte pública donde el respecto y atenc;;ión le obligan. Y aunque se le an echo muchos remedios, entreteniendo la vida
para cumplir con las obligaciones públicas de su ofi&lt;;io, predicando y
siguiendo a su Magestad en algunas jornadas, nunca se á podido tomar
de raíz la curación de tantos y tan continuos males; antes cada día
está más incapaz de remedio, si no escusa estudios grandes i obligaciones de su Horden; que de lo uno y otro se deve exsonorar para
vivir, ya que el sanar del todo sea dudoso. Dudoso se llama el su&lt;;eso
de males contrarios, quando el remedio del uno es fuerc;;a, y aumenta
el daño del otro. Y assi es nec;;esario, para curac;;ión tan larga, mucho
regalo, y quien con cuidado continuo le asista a todos tiempos, de
noche y de día, porque este género de acc;;identes, como traidores,
quando menos advertidos acometen, si [no] ay continua vijilan&lt;;ia
para su defensa, y es de suerte que con mucho miedo puede estar si
dice misa en público. Y assí le aconsejamos diga misa retirado en su
oratorio, porque si su&lt;;ediese desmaio o ac&lt;;idente otro de la respira-

REDONDILLAS

DEL PRÍNCIPE DE ESQUILACHE
1. Dos POESÍAS rnil.01rAs DE EsgmLACHE.-Se encuentran en un tomo
manuscrito de obras del Príncipe, que posee la Biblioteca Nacional y
cuya descripción hago en nota 1•

Por más que engañarme quieya mis desdichas arguyen, [ran,
los bienes por qué me huyen,
los males por qué me esperan.
Y púsome en tal estrecho,
de una fee disimulada
la venganc;;a, disfrac;;ada
con máscara de provecho.

Passan los alegres años,
y quedan mis esperanc;;as
castigadas con mudanc;;as
y atrevidas con engaños.
Mas ¿quién avrá que me guarde,
pues mi firmec;;a consiente
que sufra como valiente
y riña como covarde?

1 213 folios útiles, numerados (20 X 15) . Bella letra de una sola
mano. Algunos adornos a pluma. Encuadernación de la época. Folio 1: e Obras de D. Francisco de Borja, Príncipe de Esquilache. A el Rey
Nº Señor D. Philipje Quarto.» - Fol. 2: , Señor: Estos pensamientos
de mis primeros años se offrecen a las manos de V. M. acompañados, o disculpados, con algunos desengaños de mis canas. Supplico
a V. Mag. se sirva de perdonar a los unos y fahorecer a los otros,
pues todos pretenden la approbación de su entendimiento más que la
protección de su grandeza. Guarde Nuestro Señor la Cathólica, Real
persona de V. Magestad, como la christiandad ha menester.• - Folio 3 y sigs., excepto el 30 en blanco: sonetos, sil vas, canciones, elegías, epístolas, églogas, redondillas, décimas, epigramas, romances,
octavas. Todas las poesías que contiene se encuentran en la edición
de 1663, excepto las dos que publico (fols. 112 a 113v y 120v a 121 v).
Signatura: ms. 3945.

�MJSCELÁNEA
Una esperanc;;a atrevida
me dan, de concierto injusto
por la vida y por el gusto
&lt;le verla tan bien perdida.
No fuera consejo cuerdo
si prefiero, aunque me guardo,
el amor de lo que aguardo
al temor de lo que pierdo.
Bienes que mis desconciertos
mataron con el desseo:
ya me espantáis quando os veo
cómo soys, amigos, muertos.
Y si hasta aquí me perdí,
no es bien tanta desventura,
que es gran señal de locura
no escarmentar uno en sí.
Baste el mal que me esperava
sin la memoria enemiga,
que de pesares fatiga
y de contentos acava.
¡Mal aya quien me ha revuelto!,
pues desesperado vivo

con desdichas de captivo
y contra mi gusto suelto.
Por ventura puede haver
rey dichoso y fee segura:
desdichado por ventura
sólo yo lo puedo ser.
Señora, no des orejas
a mis fingidos amigos,
que offenden como enemigos
y justifican sus quexas.
De mi muerte deseosos
y de su bien maltratados,
mal pueden pechos doblados
dar consejos provechosos.
Despídelos poco a poco,
que es su offensa mi cuydado,
y occasión en agraviado
es arma en mano de loco.
Yo muero; pero sin culpa,
y aunque el miedo lo consiente,
es pena del innocente
obligarle a dar disculpa.

REDONDILLAS

No es menor el mal que siento
que la causa de mi daño,
pues no llegó el desengaño
&lt;londe pudo el pensamiento.
Y al temor de tal venganc;;a
yo hiciera, aunque me mataran,
que los recelos llegaran
primero que la esperarn;;a.
Baste la antigua occasión,
señora, para olvidarme,
sin buscar para matarme
rac;;ones tan sin rac;;ón.
No ay amor sin conocerle,
que aun la muger que quisiere,
si oye quexas del que quiere,
gustará de aborrecerle.
Bien veréis lo que he medrado,
pues de vos aborrecido

quanto goc;;ava he perdido,
si no es el ser desdichado.
Pero si de mí os q uexáis
porque me quexo de vos,
quéxome, señora, a Dios,
a quien tan poco imitáis.
Pudiendo representar,
después de tanto sufrir,
yo al hombre para pedir,
y vos a Dios para dar.
Mas la desdicha mayor
que padezco injustamente
es que mi fee no consiente
menor amor ni temor.
Si muero en tal pesadumbre,
será rac;;ón que sepáis
que no es que vos me matáis,
sino sólo por costumbre.

299

2. UN SONETO IN.liDITO ATRIBUIBLE A EsQUILACHE.-En un tomo de
papeles varios, relativos a sucesos del año 1644 (Bibl. Nac., ms. 2376),
se encuentra el siguiente soneto, en manuscrito, que un anotador moderno - el Sr. Pérez de Guzmán - califica de «autógrafo del príncipe
&lt;le Esquilache•:

, A la entrega de Lérida, animando a Su Magestad a más gloriossos
progresos.
Ya el imbencible monte leridano,
al yugo del primer César esempto,
yace a tu planta: ¡illustrc rendimiento,
o valiente campión, César cristiano!
Del catalán al persa, al africano,
pase tu campo vitoriosso, attento
de tu bridón al fuerte movimiento,
de tu bastón al orden soberano.
Triunpha veloz de quanto imperio vaña
el sol, que en tu corona se ha escogido,
por más illustre, cassa de su esphera,
para medir contigo la campaña;
y quanta fiera no murió al bramido,
león invicto, a tu presencia muera.
El soneto recuerda, en efecto, otros 1 del Príncipe, tanto por el
asunto como por la manera; pero la letra no es la suya 2, contra lo
que afirma el Sr. Pérez de Guzmán.
3. UNA CARTA AUTÓGRAFA DE EsQuILACHE. - «Señor: lo que puedo
assegurar a V. E. es que las personas que le an dicho que don Fernando holgava destar en Aragón mientras no se situasse el sueldo de
el cargo de Navarra, lo an dicho de suio, sin noticia de don Fernando
ni mía; antes en muchos papeles que sobre esta materia tengo escritos
a V. E. e representado, no sólo la impossibilidad de mi ermano, sino
la destruición suia y mía con los gastos deste officio. Y en quanto al
de Navarra, lo que passó es que, estando don Fernando en Los Faios,
me dixo el duque mi ermano que V. E. le faborescería para que se le
diessen, en haziendo merced al conde de Castrillo; y después se bolvió a dezir que ya estava despachada la cédula. Él respondió a V. E.,
1 «Siete vezes mudó jornada y casa,, «Adonde Lobregat humilde
aspira•, &lt;Dexó dos casas el mayor planeta• (págs. 14, 17 y 63). Amberes, 1663.
2 Véase una carta del Pr!ncipe al folio I 13 del manuscrito 9379 de
la Biblioteca Nacional, que publico a continuación.

�300

MISCELÁNEA

aviéndolo ya comunicado con don Fernando, que si no se le situasse
el sueldo no podía salir de una necessidad y meterse en otra; y con
esta réplica se proveió el cargo en ·e l marqués de Fuentes, con lo qua!
se dió don Fernando por escluido desta plática, pues el inconveniente
que por su parte se propuso quedó vencido en quien se dió el officio,
pues se le pagó en el servicio de el reyno su sueldo. A esto se junta
averse buelto a proveer segunda vez, aviendo mi ermano dicho al
señor duque de Medina de las Torres y al protonotario que aceptava
otra vez el previlegio de Aragón, porque S. M. se lo mandava y prometia de hazerle maior merced, y que no avía de ir a Navarra porque
no lo tenía por ascenso, ni las humedades de Pamplona eran para sus
achaques. Y con esta resolución vinieron de t;;aragoca, sabiendo que
se le deven grandes cantidades de su sueldo y que faltan por situarle
de la pensión dos mil ducados y no se le á librado nada de la aiuda
de costa. Y assi para esto como para que Je mejoren de puesto, está
aquí un padre de la Compañía, su confessor, á ocho meses.=Esta es,
señor, la resolución que pido para mi hermano, pues sólo pretende
occupación donde coma, ya que no tenga otra medra, y donde mi hija
no esté tantas vezes en el peligro de la vida en que oy se halla. Y esto
es lo que esperamos de mano de V. E., a quien Dios guarde como
desseo y puede. De casa, oy domingo 20 de julio año 1632. A. Et príncipe den Francisco de Bar/a.•
Sobre D. Fernando de Borja, hermano y heredero de Esquilache:
ÁLvARBz Y BARNA, Hfjos de Madrid, II, 53-55. - LA BARRERA, Nueva
biografía, págs. 228,318 y 449.-PAzY MEtIA, Correspondencia del conde
de Lemas, en Bulletin Hispanique, V, 256-258 y 356-358. -PÉREZ PAsTOR, Bibliografía madrileña, III, 335-339. - J. GóMEz ÜCERlN.

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

Terminamos en este número la reseña de los trabajos publicados
con motivo del tercer centenario de la muerte de Cervantes'·
CERVANTES SAAVBDRA, M1cuEL DE. - Entremeses. Anotados por
A. Bonilla y San Martín. Publícalos la Asociación de Libreda de España. - Madrid, Imp. Clásica Española, 1916, 4.º, xt-257 págs.= En
este elegante tomo se reproducen y comentan los ocho «entremeses•
auténticos de Cervantes, más el de los habladores, que de antiguo se
le atribuye, aunque sin fundamento serio. En el prólogo se inte_nta la
valoración e interpretación de los diferentes entremeses; pero sm pasar de ciertos rasgos superficiales o extraliterarios, como clo acabado
del argumento•, la significación o el alcance de la enseñanza, el interés autobiográfico.
El Sr. Bonilla dice con ocasión del Ent1·emés del Piejo celoso: «Situaciones hay en él que exceden en atrevimiento a las más crudas de La
tia fingida ..... Es el entremés, por el asunto y por la forma, enteramente aretioesco..... Todo el ambiente es, en efecto, italiano..... 2 Tan lejos
estamos de creer que Carrizales o Cañizares, cuyo nombre de pila es
Filipo 3 en la novela ejemplar, sea un modelo real de España, que creemos verosímil se trate, en la novela y en el entremés, de un argumento
originariamente italiano, como tantos otros que Cervantes imitó.....•
(págs. xxxm-v). Oaro está que el Sr. B. dirige sus tiros al pleito de la
Véase RFE, 1917, IV, 393-407; 1918, V, 57-83 Y 188-195.
Particularidad tanto más curiosa cuanto que El viejo a/oso es la escenificación de un relato tradicional que no ha dejado nunca de ser popular en España
(pág. 243). Cervantes aprovecha sucesivamente dos formas del mismo cuento:
la popularizada en España y otra mucho más cercana al Pliff)ndeJeande Condé.
(Cfr. Bédier, Fabliaux3, págs. 119 y 46(5..467.) Este rasgo de ningún modo de~ió
olvidarse al tratar de descubrir las fuentes del entremés. El Sr. B. pudo citar
en apoyo de su punto de vista el juicio de Grillparzer, Werke, edic. de Sauer,
XVll, pág. 248, que tiene a El vitio et/oso por la pieza más desvergonzada que
se ha dado al teatro.
3 Quien subraya es el Sr. B. ¿Supone acaso italianismo el llamar Filipo a Carrizales, y lo toma por indicio de la procedencia italiana de la obra?
1

2

�302

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

atribución de La tía fingida; pero en este pleito ha recaído sentencia
firme, que de tal puede calificarse el estudio del Sr. !caza 1. Muestre
el Sr. B. que Cervantes aprovecha para El viejo celoso una fuente italiana de la manera servil 2 que el ignorado autor de La tía fingida lo
hace, y la analogía obligará a un nuevo examen de la atribución de la
novela a Cervantes. Entretanto, y acaso después, las conclusiones
del Sr. !caza son enteramente válidas.
El Sr. B. reproduce cuidadosamente el texto de 1615; pero no logra
superar algunas dificultades que la edición príncipe ofrece (aimodonear 3, pág. 3; abiervadas, 44; llovista, 110, etc.). Corríjase : ando, 46;
juez, 47; atán, 52; ginebra•, 57, etc. Se imprime oislo seis veces (pági•
nas 30 y 196); corríjase oíslo, y así corre mejor el verso «Diga a mi oíslo
que si viene alguno•, o el de Quevedo, «Que mi oíslo se fué ahora•,
que el Sr. B. cita.
Conviene llamar la atención sobre una de las correcciones-poco
afortunada en verdad-que el Sr. B. hace al texto de 1615. Éste dice:
«y con este perro a otro hueso•; el Sr. B. corrige: «y con este hueso
a otro perro• (pág. 96). El Sr. B., que edita actualmente las obras completas de Cervantes, no podrá menos de recordar los numerosos ejemplos análogos del Quijote 5, que muestran que el alterar los refranes,
1 Dt cómo y por qué •La tía .fingida• no ts dt Cervatttts, y otros nuevos estudios cervantinos. ( «Renacimiento•, 1~16.) Cfr. RFE, DI, 1916, pág. 423.
2 Nada significaría, aunque existiera, un aprovechamiento personal y libre,
a la manera del que Cervantes mismo practica en la novela del Curioso impertinente. Por ejemplo, puede suponerse que el Pli{On llegase a Cervantes por un
conducto italiano.
3 Advierto que para los redactores del Diccionario de Autoridades, almodontar es errata por almonedtar, ya que citan este pasaje del :Juez dt los divorcios
para autorizar el sentido metafórico que atribuyen a almonedear. En ediciones
posteriores del Diccionario de la Academia desapareció esta acepción.
• El Sr. B., que imprime Ginebra, con mayúscula, declara que •es oscuro
el sentido de esta alusión• (pág. 212). Y añade: «¿Habrá errata y querrá decir
caballo de Gonela.....? También puede ser que el sacristán tilde de hereje al
soldado, porque la misma censura late en muchas alusiones a Ginebra.• La cosa
es más sencilla: el soldado llama al sotasacristán •sota sacristán de Satanás•, y
el sacristán le responde •caballo de ginebra•. («Ginebra: un juego de naipes•,
Dice. Acad.) Y por eso el soldado añade: «Bueno: sota y caballo; no falta sino
el rey para tomar las manos.• Así ha entendido el chiste, rectamente, el señor
Giannini en su diligente versión de los entremeses: M. CERVANTES, Gl'Inttrmtezi tradoti t illustrati da Auru:vo GtANNINI, Lanciano, R. Carabba, editare, 1915, pág. 67.
5 «¡el agua cuán presto verás que al gato llevas!•; •porque quien bien tiene
y mal escoge, por bien que se enoja, no se venga•; «allá van reyes do quieren
leyes•; •que donde no hay tocinos, no hay estacas•; «da de comer al que ha sed
y de beber al que ha hambre• . Cfr. R. Maria, edic. del Quijote, II, 473 y passim

NOTAS BIBLIOGllÁFICAS

trastrocando el orden de sus términos, es un procedimiento repetido
por Cervantes; en los mismos «entremeses• hallamos esta frase: cAsi
tiene él talle de hablar por el colodrillo, como por la boca» (pág. 128),
que esta vez el Sr. B. respeta en el texto, aunque no sin advertir en
nota que «quizá deba leerse: así tiene él talle de hablar por la boca,
como por el colodrillo• (pág. 237). Este recurso, como ha probado el
Sr. Rodríguez Marín, es de tradición literaria y procede de Lope de
Rueda, en cuya comedia Eufemia, escena VII, se encuentra el mismo
chiste : «A otro güeso con aqueste perro.•
Para el Sr. B. la frase «lo deseche vuestra merced• (pág. I05) carece de sentido; pero, como demuestra el Sr. R. Marín, lo tiene tan
patente, que sirve para explicar y aclarar otra análoga del Quijote,
V, 196, que los comentaristas anteriores no hablan entendido y que
se repite en Pedro de Urdemalas.
El comentario es abundante y minucioso (consta de 298 notas) y se
propone, sobre todo, resolver las dificultades de vocabulario, apoyándose con gran frecuencia en Covarrubias y Correas. Las notas al Rt,fidn viudo son muy superiores en calidad y cantidad a las que ilustran
los otros ,entremeses• 1• Y. G. O.
PuYOL, J.-El mjuesto retrato de Cervantes.-RCHA, 1915, núm. 2.
S&amp;NTBNACH, N. - El retrato de Cervantes. Carta abierta. - RABM,
julio•agosto, 1915, págs. 51-60.
PuYOL, J.-Et supuesto retrato de Cervantes. Réplica. - RCHA, 1915,
núms. 3 y 4.
SBNTENACH, N.- El retrato de Cervantes. Carta segunda. - RBAM,
1916, págs. 24-35.
BA1G BAÑos, A.-Historia del retrato attténtico de Cervantes. Transcripción y comento de congruencias e incongruencias.-Madrid, 1916,
66 págs. y una de índice.
PÉREZ DE GuzMÁN, J.-Los retratos de Cervantes. -AEsp, 1916, III,
52-147.
PuYOL, J. - El supuesto retrato de Cervantes (resumen y conclusión). - RCHA, 1916, núm. 4.

Lo entendió bien D. Manuel José García en su edición de El vizcaíno .fingido,
Madrid, 1905, pág. 155.-También Vélez de Guevara, tan familiar al Sr. B., emplea
este recurso, pero cambiando una o más palabras del refrán «dar gato por demonio•. Véase R. Marin en su edición de El diablo cojuelo, «Clás. Cast.•, pág. 6.
1 Pág. 197: sobre churr-illtro: el Sr. B. no conoce lo dicho por B. Croce, Napoli nobilissima, XV, 19(16, y ahora La Spagna ,ulla vita italiana, pág. 226. Que Escarramán haya sido una persona real, necesita probarse. Por ahora es
preferible la explicación de Hazañas, Los rufianes de Cervantes, 264.-Pág. 240:
Et gallardo Escarramán, de Salas Barbadillo, es una comedia, no una novela.-

�305

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

RonRIGUEZ MA!ÚN, F.-El retrato de Miguel de Cervantes.-Madrid,
1917 1 107 págs., una de índice y una de colofón; una lámina.=En 1910
se dió a conocer una tabla, retrato de un viejo con gola encañonada,
en la que dos letreros paralelos en mayúsculas y minúsculas de imprenta, dicen: el de la parte superior, &lt;D. Miguel de Cervantes Saauedra•, y el de la parte inferior, «luan de laurigui Pínxit año 1600.&gt;
Muchos aceptaron como auténtica la pintura en su integridad; otros
creyeron vieja la tabla y nuevos los rótulos; otros, en fin, pensaron
que todo ello era «trufa y mentira paladina&gt;. La Academia Española
adhirióse a los que sostenían la legitimidad dd retrato, y hubo de
colocarlo en lugar preeminente, por donación del Sr. Albiol.
En 1915, D. J. Puyol pidió la revisión del asunto en un agudo e interesante escrito; la falta de espacio me fuerza a compendiar en unos
cuantos enunciados sus notas. 1.º Discrepancias sospechosas enlamanera de contar el hallazgo y preliminares de la adquisición. - 2.0 El
texto del prólogo de las Novelas alusivo al retrato puede interpretarse como que aún no se había pintado, y quizá sea confirmación de
ello el dicho de Cervantes, de haberse quedado «en blanco y sin figura•. - 3.º Del extraño salto de la palabra Don desde el nombre de
Jáuregui, que siempre lo usó, al de Cervantes, que nunca pudo usarlo. - 4.º Que Cervantes no era persona de calidad para vestir gola.5.º Que no prueba nada el empleo de la forma «laurigui•, por cuanto
en la mayoría de las ediciones de las Novelas figura «Xaurigui&gt;.6.º De la rara precocidad del pintor, si nació en 1585 y aun si nació
en 1583. -7.º Que por no haberse realizado un examen técnico, nada
se puede asegurar de la antigüedad de los letreros. - 8.0 Otrosí, lo
mismo sucede con la atribución a Jáuregui, pues de él no se conoce
pincelada. - 9.º De la niñería de los repintes, que, según FoulchéDelbosc, han &lt;desembarazado• la frente, más estrecha antes.-¿Será el
discutido retrato un arreglo de una tabla antigua hecho en el siglo xvm?
Termina el escrito con una relación cde las cosas extrañas que han
ocurrido en este asunto•, y al fin la mentada instancia de revisión, dirigida al director de la Academia.
Contestó a este escrito el Sr. Sentenach, entre otras muchas cosas:
Que Don es contracción de Dominu.s, y Señor Miguel de Cervantes se
le llamaba; que la gola era en 1600 tan vulgar como el Don y aún más;
que hay noticias antiguas de muchas pinturas de Jáuregui, y quizá la
tabla figuraría en la colección de Medina de las Torres, de que habla
Carducho; que la antigüedad de los rótulos él mismo la probó con toques de alcohol marca cSol&gt;, y examinó el cuarteado con lupa; que
ha agrandado la frente un descuido, un barrido del que la limpió; que
la tabla estuvo muchos años en poder del coleccionista y cervantista
valenciano Sr. Sacristán, y que se esperen &lt;Sorpresas que harán caer
de espaldas•, y da prueba indiscutible, aplastante•.

La réplica del Sr. Puyol a esta carta no se hizo esperar, y es en
general razonada, aunque tal vez dura en demasía.
En una segunda carta, el Sr. Sentenach contesta de nuevo, y no
aporta más argumento interesante que la comparación de los letreros
con los números del siglo xvu que se ven en algunos cuadros del
Prado 1; repite su ya antigua observación de las semejanzas entre el
estilo de la tabla y los dibujos de Jáuregui para retratos, grabados
muchos años después, que es notable perspicacia.
Paladín de la autenticidad es también el Sr. Baig Baños en un libro
de carácter pintoresco, donde aunque no se trae prueba nueva alguna,
se recoge bastante completa la bibliografía del pleito, no olvidando los
artículos de revistas y periódicos. En el capítulo «Bibliografía a Jáuregui y a los retratos de Cervantes• sorprende la omisión del Ceán
Bermúdez, y maravilla, entre otras, la cita de «Los comentarios de la
Pintura•, de D. Felipe de Guevara, en los que no se nombra a Cervantes, ni meaos a Jáuregui, nacido años después de haber muerto el
cldsico gentilhombre del Emperador.
El Sr. Pérez de Guzmán y Gallo ha publicado un completo estudio
acerca de toda la iconografía fantástica del autor del Quijote; pero no
entra en el análisis de la tabla de la Academia, reservándolo para otra
ocasión, que aún no ha llegado. Es un escrito documentado y con cumplida ilustración.
Nuevamente el Sr. Puyo) contestó al Sr. Seatenach, y de este último estudio sólo recogeré tres de las interesantísimas observaciones
que apunta; lo conveniente que sería saber: primero, desde qué año
tuvo en su poder el Sr. Sacristán la tabla, porque en 1878 se dijo había
aparecido en Italia un retrato de Cervantes dibujado por Jáuregui;
segundo, a qué razones obedecía la creencia del Sr. Sacristán de poseer
tal joya artístico-literaria, puesto que los letreros no se descubrieron
ni leyeron hasta después de su muerte, cuando, como un trasto inútil,
pasó a poder del Sr. Albiol y éste procedió a su limpieza; y tercero,
que según parecer de técnicos, el cuarteado de la pintura antigua se
trasmite en poco tiempo a las ligeras capas de pintura con que letreros y números se dibujan.
Recientemente, el Sr. Rodríguez Marín ha publicado un admirable
trabajo, basta hoy el último de este asunto, prescindiendo de varios
articulos periodísticos de menor entidad 2• No puede darse libro más

304

1 Acerca de esto advertiré que, desgraciadamente, contados son los números del siglo XVII que figuran en los cuadros del Prado; muchos hay del xvur,
y la mayoría del x,x; a estos últimos pertenece el 6og, del Vaccaro (núm. 462
del Catálogo, que el Sr. Sentenach cita en apoyo de su tesis), que no es del xvn,
sino posterior a 1833 y anterior a 18491ll
2 Algunos del Sr. Puyo! ea La Tribuna, en los que reitera su petición de
que hablen los técnicos.

TOMO

v.

20

�306

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

erudito ni con más habilidad ni mayor ingenio pergeñado; recordando
una galanteria antigua, pudiera perdonarse la falsificación, si es tal,
por haber sido causa de tan bello escrito. Pruébase en él que Jáuregui
nació el jueves 24 de noviembre de 1583. Pruébase que Cervantes
pudo retratarse con gola, por !a irrefutable razón de que así lo hicieron
Mateo Alemán y Juan de la Cueva. Cas i se prueba que a Cervantes
pudo anteponérsele el Don; pero es lástima no se aduzca algún documento en que se le llame e Don Miguel», más fehaciente para los escépticos, que siempre sobran, que un verso de Rubén Darío, y el Anuari&lt;&gt;
militar de 1905; lo mismo digo de la falta del Don ante la firma de
Jáuregui; ha de haber gentes desconfiadas a quienes no basten la firma
sin Don del padre del autor y las eruditas citas alegadas. Sobre la
precocidad, se trae el testimonio de Moreno Carbonero pintando a los
quince años un cuadro «que no lo haría mejor hoy», según parecer de
Muñoz Degrain. Las pruebas técnicas se encierran en las contestaciones-favorables a la autenticidad-a un interrogatorio dirigido por el
autor a los ilustres pintores Sres. Bilbao, Menéndez Pida! y Garnelo,
pruebas que quizá, a los ya citados malignos escépticos, no parecerán
por completo satisfactorias.
Con todos los trabajos que aquí someramente se reseñan, la cuestión documental y erudita parece haberse agotado; imposible mayor
derroche de sabiduría y de ingenio que el que por unos y otros se ha
hecho; queda por completar, sin embargo, el estudio técnico.
Vista la tabla por D. Manuel Gómez Moreno, opina que en la figura
no hay repintes que hayan alterado los rasgos fisonómicos: sólo aparecen series de pinceladas avivando el pelo, cejas y barbas y un aumento de negro en los ojos, que así resultan algo saltones; en el fondo,
y especialmente en las ropas, hay amplia restauración para encubrir lo blanco de la imprimación, que las resquebrajaduras dejaban
al descubierto; mas ella desaparece, convirtiéndose en masa homogénea negruzca, en las zonas de los rótulos. Éstos destacan de relieve por ir trazados con masa de color, contrastando con la lisura
del resto de la tabla, sin que en los mismos aparezcan más retoques
que aguadas parciales reforzando el color; ello aparte de que sobre la
última cifra del 1600 hay una depresión, hoy restaurada burdamente,
quedando incierto si fué cero o seis dicha cifra. Los conocedores de
retratos españoles antiguos saben de sobra que casos con el nombre
y edad del retratado en la parte superior de la pintura, abundan; pero
en la misma letra en que se escribieron los letreros de la tahla cervantina, si los hay, escasean; y no conozco retrato - y lo mismo les sucede
a personas doctas a quienes de esto hablé - en que paralelamente y
en iguales caracteres y a todo lo ancho del cuadro se lean la firma y la
fecha; por lo tanto, los defensores de la autenticidad debieran buscar
retratos de hacia 1600, y a poder ser, sevillanos, con letreros análo-

gos -por el carácter de la letra, mayúsculas y minúsculas de imprenta, y por su colocación en el cuadro-a los de este que preside el salón
de actos de la Real Academia Española. No es de olvidar tampoco que
Jáuregui, a pesar de su esmerada educación clásica, no escribió su
firma en latín ni en castellano, sino en una mezcla de las dos lenguas,
en forma que, seguramente, no abundarán los ejemplos. F.-J. Sáncluz
Cantón.
C11RVANTl!S SAAVl!DRA, MmuEL. - Entremeses. Edición cuidadosamente revisada por Luis Carlos Viada y Lluch. -Barcelona, Editorial
Ibérica, 1914, 8.0 , xu-320. = El editor se ha propuesto recoger en un
solo cuerpo los entremeses auténticos de Cervantes y los que con más
o menos fundamento se le atribuyen: Los habladores, Los refranes,
D01ia Justina y Calahorra, Los mirones, La cárcel de Sevilla, Los romances y El hospital de los podridos. Es una edición de carácter popular que
puede prestar excelentes servicios. A lo escrupuloso de la edición
corresponde una presentación agradable.
D11LACR01x, A. - Sobre A. Baig Baños: Qttiln ful el licenciado Alfonso Fernández de Avellaneda.-RHi, 1916, XXXIV, 298-300. = No sólo
no admite el Sr. Delacroix las conclusiones del Sr. Baig Baños, sino
que critica duramente este libro, cque es lo contrario de lo que hasta
aquí se llamó método•.
Además de las obras reseñadas, el centenario ha dado lugar a multitud de artículos en torno a Cervantes, en que ya se trata de presentar sintéticamente la evolución de las interpretaciones del Quijote
-de que puede ser tipo el de P. ENRfQuEz UREÑA, De la nueva interpretación del • Qui.Jote• ( e Colección A riel&gt;, San José de Costa Rica,
1916, cuaderno núm. 79) -, o en que simplemente se procura divagar
en torno a los- motivos principales de dicha obra, tomados como fuente de inspiración personal. Así, B. lBRAs, Interpretacio1us del e Quijote•
(EyA, 1916, II, 193-197), nota que cen el Quijote ve cada uno lo que
gusta, según las disposiciones de su espíritu».-J. DoMiNGUEZ BBRRUE·
TA, De crítica literaria. El alma de D. Qui.Jote (BTer, 1917, IV, 47-57),
recorre los temas de la obra y concluye que no sin razón se habla de
caballerosidad española, que otros declaran &lt;quijotismo•. En las lenguas septentrionales la palabra •caballero• no lleva implícita una idea
moral; y de las meridionales, en Italia más bien significa galantería;
en Portugal, cmás adoración dramática hacia la dama», y en España
significa, en cierto modo, algo de desafío.-M. RAs, Figur as del « Qui_jote,. Los personajes imaginarios, los n&lt;&gt;velescos y los a1,sentes (Estudio,
1916, XIV, 195-197), examina, como lo indica el título, las diversas
categorías de seres humanos que hay en la novela de Cervantes, desde

�NOTAS BIBLIOGRÁFICAS
el personaje real y presente hasta el fabuloso. «El Qrtijote-dice-es
obra comprensiva por excelencia.&gt;-M. SARALEGU1 y · MEDINA, Los consefos del ,Quijote&gt; (UIAm, 1916, núm. 4, págs. 2-4), recuerda la eficacia de los preceptos morales de la obra. - A. BAIG Y BAÑos, La emperatriz del mundo, Dulcinea del Toboso (EyA, 1916, I, 411-421, 516-526;
II, 46-56, 238-251), sigue paralelamente la exposición de cuestiones
históricas y el desarrollo de puntos de vista personales.-G. M. VERGARA, Algunas notas bibliogrdjicas acerca de la evolución en la manera de
r,er el «Quijote• desde su aparición hasta nttestros días (UIAm, 1916,
núm. 5, págs. 15-17). El título indica claramente el asunto y el carácter
de este estudio.-M. VERDAGUBR, Al margen del «Quijote». Vida espiritual de Aldonza Lorenzo (Estudio, 1916, XIV, 369-391), discurre con
elegancia en torno a la figura de Dulcinea, su ambiente, su representación espiritual.-J. A. RODRÍGUEZ GARCÍA, juicio del «Quijote• (Clnt,
19161 núms. 47 y 48), describe a grandes rasgos la época y la vida de
Cervantes, las condiciones en que aparece el Quijote, su acción principal y episodios, la fisonomía de sus personajes; habla del estilo, lengua y valor del libro, cómo se le ha juzgado y cuáles han sido sus imitadores. - La Lectura de 1916, II, 207-211, reproduce un artículo de
Tite Times del 22 de abril de 1916, titulado Los espaciosos tiempos de
Felipe JI. Una gloria de España, que está dedicado a Cervantes, y es
un buen artículo de ocasión. Y antes, en las páginas 86-88, la misma
revista reproduce un artículo de Le Temps del 24 de abril, sobre Shakespeare y Cervantes, asociados por el centenario. - Así lo han estudiado también P. G. MtLLKR y J. PAnfN, Cervantes-Shakespeare Tercentenary, I6I6-I9I6 (Government of Puerto Rico, Department of education.
Bulletin, 1916, núm. 2, 8.0 , 127 págs. y dos retratos), donde, al lado de
las noticias biográficas, hay una verdadera antología de juicios sobre
ambos escritores y algunos trozos de sus obras.

***
LoT-BoaonrnK, M. - Le roman idylique au Moyen Age. - Paris, A. Picard, 1913, 8.0 , 273 págs.
La histwia de los dos enamorados Flores y Blanca.flor. Publícala
A. Bonilla y San Martín. - Madrid, Ruiz Hermanos, 1916, 16.º, LXIV229 págs.
En el primero de estos libros el Sr. Lot-Borodine se propone tan
sólo, según dice en la introducción, dar a conocer al público letrado
algunos poemas pertenecientes a la época de la poesía francesa comprendida entre mediados del siglo xn y fines del xrn: Floire et Btanchejlor, Aucassin et Nicolette, Galeran de Bretagne, L' Escoujle ou Guillaume et Aélis y Guillaume de Palerme, de los cuales, los dos primeros
son los que nos interesan. En el segundo, el Sr. Bonilla, además del

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

texto que enuncia el título, reproducido según el raro ejemplar, de
principios del siglo xv,, perteneciente al señor duque de T'Serclaes
de Tilly, publica, como apéndice, el capitulo XLIII del libro II de la
Conquista de Ultramar, precedido todo ello de un estudio breve sobre
el origen, caracteres y textos que ha trasmitido la leyenda.
Todos los poemas de que trata L.-B.-tienen de común que sus protagonistas no son personajes heroicos, sino sentimentales, y en ciertos rasgos bastante semejantes, lo cual hace pensar en un origen
común. Sin embargo, la teoría de una fuente única en que hubiesen
bebido su inspiración los diversos autores, es cosa insostenible:
«Chaque fois que nous pensions avoir mis la main sur cette prétendue
source, elle fuyait devant nous insaisissable&gt; (pág. 287). Únicamente
Floire et Blanckejlor y Aucassin et Nicolette pueden tener esa fuente
común y au·n serlo el uno del otro, lo cual ha sido sostenido por literatos tan ilustres como H. Brunner y G. París. El Sr. L-B. se esfuerza
cuanto puede en reivindicar para la literatura de su patria el origen
de dichos poemas, pasando como sobre ascuas sobre la hipótesis de
un original hispanoárabe.
El Sr. Bonilla, después de anotar diez observaciones debidas a G. París, que establecen una perfecta separación entre dos grupos que estarían formados, el primero por las versiones francesas llamadas, a partir
de Du Méril, aristocrática y popular, respectivamente, y el segundo,
por la novela española, el Filocolo o Filocopo de Bocaccio y el Cantare,
publicado por Crescini, rebate la opinión de Du Méril en cuanto a que E
no representa una forma españoia antigua, porque la forma del nombre
Flores no puede venir sino del francés, y porque el episodio de un
combate judicial debe tener la misma procedencia; cita el Becerro gótico de Cardeña, en uno de cuyos documentos, fechado en 1.º de febrero de 947, aparece el nombre de una Flores, mujer de Munio, y
otros posteriores en que se halla la forma Floria; «en cuanto al combate judicial, es harto antiguo en la historia de nuestro Derecho, y
apenas bay un fuero municipal de importancia donde no se halle regulado&gt; (pág. xxr). En su opinión, puede pensarse con bastante fundamento que la primitiva historia de Flores y Blancaflor- no la novela
castellana de este titulo - sea de origen hispánico y está relacionada
con las peregrinaciones a Santiago de Compostela y con los milagros
del Apóstol. En cuanto a la novela castellana, vistas las diferencias
esenciales que la separan de las redacciones francesas, el Sr. B. se
inclina más a creer en su origen italiano.
De origen francés queda en la literatura castellana una alusión en
el capítulo XLIII del libro II de la Conquista de Ultramar. Por vía de
apéndice, como queda dicho, publica el Sr. B. este interesante capítulo,
tomándolo de la edición impresa en Salamanca (S) en 1503, único texto
en que cree que se ha conservado. Existe, sin embargo, un manuscrito

�310

NOTAS BIBLIOGRÁl"ICAS

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

anterior a esa fecha, manuscrito de gran interés, por cuanto parece
demostrar que en él han sido introducidas ciertas modificaciones respecto del texto original. En la misma alusión a la historia de Flores y
y Blancaflor es más explícito, pues añade a lo copiado por B. (pág. Lvu):
calll do el quería faur justicia dellos porque los fallara en uno, dentro,
en su torre,. Además, S llama al rey de Toledo Hlxem, y a su hija
Halia; en cambio dice «los palacios de Galiana,. El manuscrito, invariablemente, Galafre y Galiana, como el francés. Al rey de Zaragoza le llama S Abrahim; el manuscrito, Bramant; B1·aiment, el
francés.
Coloca el Sr. B. la redacción de la Conquista de Ult,·amar en el
siglo XIV, •seguramente después del año 1312&gt; (pág. tv1). En esto sigue la opinión de Groussac, que a su vez se funda en la nota ya hecha
por Sarmiento, repetida por Gayangos, de que en el libro III, capítulo CLXX se consigna la extinción de la Orden del Templo, extinción
que fué llevada a cabo en aquella fecha. Sin embargo, no es esto suficiente razón, pues lo más probable es que la frase en que se consigna la supresión de la Orden sea también una adición, debida, quizá, a
1a misma mano que cambió Galafre, Galiana yBramant en Hb.::em, Halia y Abrahim. ¿Cómo podrán armonizarse las frases ccomo paresce
hoy en día&gt; y cfué después aquesta orden desfecha,, refiriéndose
ambas a la citada Orden? Ni aun del compilador castellano puede ser
esa adición, pues no es creíble que se contradijera tan fácilmente en
el espacio de dos renglones. Y. González del Río.

que incluso podría servir para orientar a los futuros investigadores.
Pero el Sr. R. N. ha preferido no pasar de la parte externa de esta cuestión. Un solo ejemplo: se habla de las ediciones, muy discutibles, del
Sr. Rosenberg, dedicándoles cuatro páginas (349-352); del Sr. l\farden
sólo se trata en dos (334-336), sin hacer resaltar el valor metódico de
su edición del Fernán González, que se basa sobre un manuscrito del
siglo xv, y cuya labor ha consistido en trasponer al lenguaje del
siglo XIII la modernizada lengua del copista. No quiere esto decir, sin
embargo, que el libro del Sr. R. N. no preste buenos servicios a quien
desee conocer sumariamente la labor de los hispanistas de NorteAmérica.

ROMERA NAVARRO, M. - El hispanismo en Norte-América. - l\Iadrid,
«Renacimiento,, s. a. [1918), 8.0 , 433 págs.=Hace historia este libro de
los trabajos que han consagrado a España (arte, vida, literatura) los
estudiosos norteamericanos desde mediados del siglo x,x. Las informaciones que ofrece son sin duda interesantes; pero es lástima que
quien enumera las condiciones de una buena traducción (cap. XI), al
traducir a los escritores norteamericanos y aun escribiendo a veces
de propia cosecha, incurra en descuidos de tal índole como el decir
ANCIANA literatura española, de las ANCIANAS crónicas y de otras cosas
de igual venerable ancianidad; que emplee casi constantemente sujeto
en lugar de asunto o argumento (págs. 31, 32, 35, etc.), baladas por romances, y use prior por anterior: una producción..... PRIOR al 21 de julio
(pág. 340). En general, este libro, por la misma índole de su asunto,
no rebasa los limites de la divulgación. Nótase en él, además, que la
producción de los autores se resuelve ordinariamente en elogios uniformes. Si el Sr. Romera Navarro hubiese tomado aspectos concretos
-del hispanismo en Norte-América (la lingüística, la dramática, etc.), y
hubiese examinado los métodos y los resultados a la luz de los últimos
puntos de vista, nos habría dado, por lo menos, una bibliografía crítica,

311

BERA y LóPEZ MENDlzÁBAL.-Diccionario castellano-euzkera y euzkeraerdera. -Tolosa, 1916. Un tomo en 8. 0 , 514-654 págs.=Sería inadecuado someterlo a una crítica filológica, pues sólo una finalidad práctica
guía a los autores. Este trabajo obedece al movimiento general de
resurgimiento del vascuence. Han compuesto sus autores un diccionario de fácil manejo y utilísimo para el aprendizaje de este idioma.
Una novedad importante es la parte española-vasca, de enorme utilidad hasta tanto que no se publique el Diccionario español-vascuence
de Atzkue.
LAIGLESIA, E. DE. - La mujer en los libros de caballerfas. Conferencia leída en el Príncipe Alfonso, para la Unión de Damas Españolas, el 25 de febrero de 1915.-Madrid, Fortanet, 1917, 4.0 , 48 páginas. = El Sr. Laiglesia resume en tono vulgarizador y ameno las
ideas que sobre la mujer encierran los libros de caballerías, principalmente los del ciclo artúrico. Esta conferencia es fruto de reposadas lecturas de los textos españoles y extranjeros pertenecientes a
esas leyendas, y son siempre característicos los episodios y citas que
el autor aduce.
FERORELU, N1coLA. - Gli ebrei nell' Italia meridionale dall' eta romana al secolo X VIII. Edito a cura della rivista cll Vessillo Israelitico,, Torino, 1915, 4.0 , XX11-261 págs.=Este importante trabajo puede
interesar por diversos conceptos a los lectores de la Revista: basado
en gran parte sobre materiales inéditos, abunda en noticias nuevas que
conviene resumir o señalar. Las indicaciones que siguen se limitan a
estas tres cuestiones: emigración de los judíos españoles a Nápoles,
política de los virreyes españoles y fortuna de la familia Abravanel.
(Las adiciones y rectificaciones que se proponen van entre paréntesis.)
1.
La emigración empezó antes de que se publicara el edicto de
31 de marzo de 1492, pues en febrero llegaron a Nápoles muchos

�312

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

judíos de Aragón, Cataluña y Valencia. (Sobre los mandatos parciales de destierro que precedieron al edicto, véanse Fidel Fita, BAH,
XV, 313-315, 330 y 447, y Lea, A History of the Inquisition of Spain,
I, 132, nota 1, y 569.) La mayor parte de los que se refugiaron en
Nápoles llegaron el 10 de agosto siguiente. (Otra expedición de desterrados llegó el 24: l. Loeb, Le nombre des juifs de Castille, en Revue
des Études Juives, XIV, pág. 175, nota.) Acaso eran también españoles
«multi iudei• que se encontraban en Nápoles hacia el 6 de noviembre, en espera de salvoconductos para otros lugares del reino. Siguieron llegando durante el año de 93: se supone que obtuvieron
permiso para prorrogar la salida basta el 12 de enero de 1493-como
los sicilianos-o acaso hasta más tarde. (Ningún documento lo confirma. Las declaraciones de 14 y 30 de mayo de 1492 mantienen el
plazo señalado en el edicto: «fasta en fin del mes de Jullio&gt;. En la
carta de cesión del campo de Judizmendi en 27 de junio: «los judíos
avían de salir para siempre de todos estos reynos e señoríos en el
mes de Julio•. Amador, Historia de losjudlos en España, III, pág. 610.
Tampoco es, pues, exacto que el edicto de expulsión concediera tres
meses de plazo y cuarenta días de tolerancia, como el edicto de expulsión de los judíos sicilianos. Se ha dicho que los judíos obtuvieron
dos días de gracia, basta el 2 de agosto; pero Loeb, pág. 175, cree
que la salida de los expulsados se retrasó, no porque se les autorizara para ello, sino por imposibilidad. Nótese que Bernáldez, Historia
de los Reyes Católicos, «Bibliófilos Andaluces•, l, págs. 332, 338 y 339,
afirma repetidamente «que dentro de seis meses se fuesen•; pero sin
olvidar que supone, pág. 332, que el edicto se dió «estando en el cerco
de Granada el año de 1492&gt;.)
Se conoce con certeza la presencia de judíos españoles en Bitonto,
Castellammare di Stabia, Lecce, Nápoles, Salerno, Tricarico y Reggio;
el autor calcula, en vista de diversos documentos fiscales, que cerca
de cincuenta mil judíos españoles se establecieron en el reino. (Según I. Loeb, pág. 182, no pasaban de nueve mil, incluyendo a los portugueses. Será, pues, necesario someter a nuevo examen los cálculos
de Loeb, aceptados hasta ahora.)
Los judíos españoles no se confundieron inmediatamente con los
judíos napolitanos, sino que se organizaron en comunidades independientes, con autoridades propias en Bitonto y Nápoles: de Nápoles
salían los delegados • pro parte ebreorum nacionis Yspanie • para
cobrar «a iudeis yspanis• los impuestos, que por separado satisfacían
al erario.
Los judíos españoles, como cuantos acudieron al reino de Nápoles
en la segunda mitad del siglo xv, encontraron todo género de facilidades para establecerse y ejercer el comercio o el préstamo. Algunos
nombres nos dan los documentos: Samuel Anluba, Moisés Constan-

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

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tino de Ragona, Joseph Alzay, médico en Bitonto en 1494; el rabí
Moisés de Seem Tov, de la familia de Ben Chaviv, corrector de imprenta en Nápoles; Moisés Toledano, banquero en Castellammare di
Stabia en 1495.
2. Los aragoneses lucharon para defender a los judíos de las violencias de los señores y del p!3eblo, y de las arbitrariedades de las
autoridades civiles y eclesiásticas: una política antipopular. Así, con
la ca/ata de Carlos VIII se desencadenan los odios tradicionales:
saqueo de las juderías o abolición de créditos en 1495.
Por el contrario, la política de los virreyes fué popular; es decir,
conforme a los sentimientos generales hacia los judíos: anulación de
débitos, 30 de enero de 1507; obligación de llevar el signo distintivo,
28 de abril de 1521. Si los judíos fueron defendidos por los napolitanos, fué para defenderse a sí mismos de un posible establecimiento
de la Inquisición, enero de 1510, o por motivos egoístas-el temor a
la usura cristiana; la necesidad de liquidar las deudas en caso de expulsión-, 1520, 1533, 1539. Pero los viejos odios perduran y responden siempre a las maniobras de los agitadores, como lo prueba la
reacción que producirá la proclama de 3 de febrero de 1540; y antes, el
permiso concedido por el virrey Medinaceli para que algunos judíos
pudiesen entrar en el reino y ejercer el comercio. Publicada la orden
de expulsión el 23 de noviembre de 1510, se autorizó más tarde a doscientas familias para permanecer en el reino mediante el pago de tres
mil ducados anuales. A fines de 1514 se ordena la expulsión de los
convertidos. Los excesos de los usureros cristianos crean un movimiento popular a favor de la vuelta de los judíos. El 23 de noviembre
de 1520 se confirman los privilegios otorgados por Fernando I y se
autoriza la vuelta de cuarenta o cincuenta familias ricas; se les impone un tributo ordinario de mil quinientos ducados al año. Se establecen disputas públicas en las sinagogas entre teólogos y rabinos; don
Antonio de Guevara interviene en ellas. Due dispute motto famose fatte
dal molto illustre e rev.mo sig. d. Antonio di Guevara vescovo di Mondognetto una coi giudei di Napoli e l'altra con quei di Roma. Cosenza, 1602,
(Croce, La Spagna, pág. 230, nota 1). Don Pedro de Toledo inte~ta la
expulsión total en 5 de enero de 1533, contra lo prometido en 1520.
Después de diversas negociaciones se llega a un nuevo acuer_d o, 28 de
febrero de 1535-31 de marzo de 1536, más amplio que el de 1520. El
10 de noviembre de 1539 se amenaza de nuevo a los «pérfidos• judíos
con la expulsión. Los napolitanos significan al virrey que tal medida
quitaría «la mita dell' animo a li populi, . Pero la expulsión está definitivamente acordada. Se revisan las cuentas de los judíos con el erario a partir de 1528, y después de obligarles a tomar los 10.400 ducados que se les adeudan, en mayo de 1541 se publica el decreto de expulsión, sin respetar el arreglo de 1535. Se señala el 31 de octubre

�314

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

de 1541 como término improrrogable para la salida, sin atender a las
súplicas de los judíos ni a sus protestas en cuanto al arreglo de cuentas. No están claros los motivos de la expulsión, que los contemporáneos atribuyen a diversas causas, no aceptables: la usura, el deseo
de la nobleza de librarse de sus acreedores, etc. El marqués de Salas
decía en 1740 que D. Pedro de Toledo cvollendo vendicarsi della
nobilta, procuro l' espulsione degli ebrei dal regno, piuttosto per far
danno alla nobilta debitrice di gravissime somme agliebrei a' quali,
dovendo partire, dovevano pagarsi, e non gia per evitare le usure
degli ebrei•. (Según el autor, D. Pedro de Toledo resultaría el principal responsable de la expulsión. Pero antes de pronunciar un juicio
definitivo sobre este punto, convendría practicar las investigaciones
del caso en los archivos españoles, que acaso guarden documentos
que lo resuelvan o lo aclaren. Y convendría, no menos, juzgar este
acto del cgran virrey&gt;, no aisladamente, sino en relación con toda su
política y con criterio estrictamente histórico. Sólo entonces podremos conocer los verdaderos móviles de su conducta y explicárnoslos.
Todo lo cual es tarea que corresponderá al futuro biógrafo de don
Pedro de Toledo.)
3. Judas cAbramanel&gt; (León Hebreo), hijo de «Isac Abramanel,
habitat-24 de julio de 1494-in hac civitate Neapolis cumdicto eius
patre, uxore et tota eius familia•. Real ordenanza de 10 de mayo de
1501 al capitán y a la comunidad de Barleta: chavendo Noi cari li dilecti nostri don Isach Abravanel et mastro Leone phisico suo figliolo
per le loro virtu, et desiderando se transferiscano con la loro famiglia in questa nostra cita de Napoli ad nostri servitii .....&gt;
Cláusula VI del arreglo de 23 de noviembre de 1520: «Il medico
mastro Leone Abravanel sía escluso da qualsiasi pagamento, considerandolo in soprannumero.• Médico del virrey en 1521, asiste al creverendissimo San Zorzi&gt;, Sanuto, Diari, XXX, 132, 133 y 189, e influye
en la corte a favor de los judíos. Ioseph Abravanel, hermano de León
Hebreo, médico, «dilecto• al Gran Capitán, con quien fué a unirse a
Mesina el 6 de febrero de 1501, Sanuto, Diari, III, 886, 1439 y 1474.
Se dedica al comercio. Samuel, el otro hermano, amigo de D. Pedro
de Toledo, intervino activamente a favor de sus correligionarios: en
1535 presenta los acuerdos que fueron aceptados, y en 1541 diversas
protestas para evitar la expulsión.
Se tienen noticias de un D. Jacob Abravanella o Abramanel o Abarbanel, cyspano abitatori Bari•, acaso hijo también de D. Isaac. Se le
autorizaba - 30 de junio de 1512 - a permanecer en Nápoles con su
familia, por di multi servicii&gt; que había prestado y seguía prestando
a la corte. J. Gómez Ocerin.

BIBLIOGRAFÍA

RESEÑA DE ESTUDIOS GONGORINOS
(1913-1918)
De una manera general, puede decirse que los críticos del siglo xv11 sólo se preocuparon de los caracteres externos del gongorismo. Cuando, a la muerte de D. Luis, la crítica de su poesía se
exacerba hasta producir una verdadera controversia, los impugnadores- que valían más que sus contrarios - reparan en la oscuridad o
reconditez de la metáfora, en lo insólito del neologismo y en lo caprichoso del hipérbaton; los defensores, por su parte, quieren mantener
su causa con argumentos de autoridad, alegando sobre todo ejemplos
latinos, o se entretienen en desenredar la madeja de las alusiones
eruditas. Si alguno por suerte da con un motivo de sensibilidad poética - como Faría y Sousa cuando repara en la cabriola de la frase
que describe el salto de una cabra-, más que otra cosa le parece
asunto de risa. Y si en tanto el gusto del gongorismo había cundido,
es porque se apoderaba, no de la razón, sino de la intuición de las
gentes; y esto como en virtud de causas sobrentendidas, respecto a
las cuales nada nos dice la controversia del Seiscientos.
Cuando el siglo xvm reacciona contra los extremos de las revoluciones estéticas anteriores, y la decadencia a que habían conducido;
cuando el Fray Genmdio ridiculiza los errores de la cátedra sagrada
último fruto del culteranismo a lo divino; cuando se desarrolla en
España ese movimiento neoclásico que puede representarse en el
nombre de Luzán, Góngora aparece como uno de los responsables
personales.del mal: peste divina de la que conviene alejarse con respeto. Poco a poco se le va perdonando la segunda manera, en gracia
de la musicalidad y soltura de la primera: el ángel de luz de Cascales
hace perdonar al ángel de tinieblas. Y con este criterio entramos en el
siguiente siglo.
Menéndez Pelayo, al revisar los problemas fundamentales de la
literatura española, expone en la Historia de las ideas estéticas, como

�316

A. REYES

RESEÑA DE ESTUDIOS GONGORINOS

desde arriba y a su grandiosa manera, la controversia del gongorismo,
los caracteres de esta tendencia, los puntos de donde partieron los
ataques contra Góngora, la diferencia entre el gongorismo y el conceptismo-que ya parecían confundirse a la distancia-, y finalmente
el valor de la poesía de Góngora. A cuyos encantos, que se le revelan
como ahogados entre los errores del sistema, supo Menéndez Pelayo
ceder con cierta generosidad, hasta donde se lo consentían sus tradiciones y sus experiencias intelectuales.
Cuando las intensas investigaciones de Foulché-Delbosc habían
renovado la materia del gongorismo, Lucien-Paul Thomas, en sus dos
conocidos libros ( 1909-1911) volvía sobre la controversia del cultismo,
exponiéndola con sencillez provechosa; esclarecía la procedencia de
Góngora de los humanistas cordobeses y la influencia que sobre él
ejerció Carrillo, y hacía ver que no existe una causalidad necesaria
entre el gongorismo de España y el marinismo de Italia, a pesar de la
tradicional querella 1•
Lo entendió al revés Rémy de Gourmont al reseñar, en una de
las series de sus Proménades littéraires 2, la obra de Thomas. Y es lástima que Gourmont no haya conocido mejor las letras españolas. El
crítico del simbolismo - en cuya actitud parece muy bien caracterizada la orientación de la literatura actual con respecto a Góngora se sintió atraído por ese gran malhechor de la estética, como él decía;
y en su rápida nota puso lado a lado los nombres de Góngora y de
Mallarmé ª·
Así, pues, la obra de Thomas cerraba un ciclo de los estudios gongorinos. Y por entonces, el último floreciiniento de las letras españolas y la poesía de Rubén Darlo habían hecho que aun el público
de la calle volviera los ojos hacia Góngora.
Al reseñar en las páginas siguientes los trabajos posteriores a
Thomas, he debido dar por supuesto el conocimiento de muchas
cuestiones, y aun del vocabulario de la crítica gongorina: qué es y
qué vale el C/1acón, qué el Escrutinio, por ejemplo. Creo no haber
omitido nada fundamental, y agradeceré que se me complete y rectifique: todo lo sabemos entre todos.

está a la entrada de la sala Velázquez, del Prado, y que la opinión de
los entendidos se inclina a atribuir a Zurbaráo, acaso le fué asignado
a Velázquez, dice Romero de Torres 1, en vista de cierta declaración
que se lee en el Arte de la Pintttra, de Pacheco. Y añade: «Creo llegado el momento de poderlo aclarar, con el descubrimiento de otra
nueva efigie del poeta, la cual, desde luego, nos ilustrará para hacer la
verdadera catalogación del lienzo.• Trátase de un retrato de mano d e
Velázquez que posee D. José Lázaro, director de la revista La España Moderna. Dicho retrato está, según opinión del autor, mejor pintado, y aun se diría que es el original de que parece simple copia
el del Prado.
Otro semejante, atribuído a Castillo y Saa vedra, ya muy repintado
y deteriorado, poseían en Córdoba los herederos de F. de Borja Pavón.
Este retrato ha pasado después a A. Gandarillas, de Madrid, que
aunque lo ha recortado haciendo desaparecer una mano con un birrete, ha limpiado un poco la cara. El Sr. Romero de Torres lo atribuye
a Velázquez y lo reputa superior al del Prado.
Otro retrato, poseído antes por el marqués de Cabriñana, vino a
parar a manos de una antigua servidora de éste, que vive en Montilla.
De aquí procede la estampa de Manuel Salvador Carmona que hay en
la Biblioteca Nacional.
No sabemos - concluye - si lo retrató el Greco; pero él mismo
declara que lo retrató un artista belga en el soneto que empieza:
Hurtas mi vulto, y cuanto más le debe.....
Debo añadir que de este retrato hecho por «Vn pintor flamenco,,
se copió el hermoso retrato a pluma que figura en el manuscrito Chacón, y que ha reproducido la Revue Hispanique en 1900.
Parece que, en general, la crítica no acepta los anteriores juicios
&lt;lel Sr. Romero de Torres.

***

Es indispensable decir algo sobre la iconografía de Góngora, aunque no sea éste lugar adecuado para discutirlo. El conocido busto que

En el cartapacio M-44 de la Biblioteca de la Academia de la Historia,
que perteneció al genealogista Luis de Salazar y Castro, ha encontrado
D. Lucas de Torre 2 el tf'stamento de Góngora, y un poder hecho en
Madrid, 6 de junio de 1628, por medio del cual Paravicino - como testamentario de Góngora - autoriza a Pellicer «para imprimirunasLeciones solenes que dicho D. Joseph a hecho al Polifemo del dicho D. Luis
&lt;le Góngora.• El testamento es de Madrid, 29 de marzo de 1626. Gón1

Las importantes páginas que dedica A. Coster al gongorismo en sus relaciones con la obra de Gracián, las he reseñado ya en esta misma Revista, 1915,
II, 377 y sigs.
2 Cuarta serie: Souvmirs du Symbolisme et attlres étttdes, Paris, 1912.
3 Yo intenté de paso esta aproximación en Cuestiones estéticas, Paris, 19n.
1

317

E. ROMERO DE ToRRBS, Un nttevo retrato de Góngora, pintado por velá%quez,

en Mvsevm, Barcelona, 1913, m, 231-239.
2 L. DE ToRRI!:, Documentos relativos a Góngora. [I: Testamento in sólidum de
D. Luis de Góngora, capellán de Su Majestad, racionero de la Santa Iglesia de
la ciudad de Córdoba. II: Poder para que D. Joseph Pellicer pueda imprimir el
Polifemo de Góngora, comentado.] (Rev. Hisp., 1915, XXXIV, 283-291.)

�318

A , RBYES

RBSBÑA DE ESTUDIOS GONGORINOS

gora pide que sus restos sean trasladados a la iglesia de Córdoba,
capilla de San Bartolomé, donde están sus padres; declara deberle
698 reales a Pedro el aceitero; a Berna!, su cochero, lo que aparezca;
a Pedro Cebrián, 500 reales de vellón; a Fr. Luis de Lizama, 300 reales;
a Antonio Sánchez, lencero, lo que pareciere; a Joseph Franqueza, lo
que él dijere; a Ana de Retes, el alquiler de la cama; al conde de Paredes, 1.000 reales de vellón; al obispo de Urgente, 200 reales en plata;
a la bizcochera Inés del Moral, lo que declaren su ama María Rodríguez y su criado Martin González; a Domingo González, el alquiler
de la cochera; al cochero y herrador, Jo que parezca; al sastre Alonso Hermosilla y al zapatero, lo que sea; a D. Francisco Manuel,
714 reales de vellón. Manda obsequiar como se pueda a su ama y
a su criado, y nombra sus ejecutores al cardenal D. Enrique de Guzmán y Haro, al consejero D. Alonso de Cabrera, al caballero de Calatrava D. Francisco Manuel, y a su amigo Fr. Hortensio Félix de
Paravicino y Arteaga, que fué, sin duda, el que verdaderamente se
ocupó en las voluntades del finado, pues es el que aparece en el expediente solicitando copia del testamento en 9 de junio del siguiente·
año de 1627.
En suma, lo que ya sabíamos: que Góngora acabó muy pobre,
aunque muy bien relacionado en la corte.

Ahora, el mismo R. F.-D. 1 se encarga de volver su crédito a Pellicer- sólo en este punto concreto, ya se entiende-, publicando una
versión más extensa de la Vida de Góngora, de que la anterior puede
considerarse como una forma abreviada; versión firmada por Pellicer,
que se había quedado en papeles de la Biblioteca Nacional, y que Pellicer había preparado para que figurara al frente de sus Lecciones
solemnes, Madrid, 1630. Pero según una advertencia que aparece en
los preliminares de las Lecciones, tuvo que prescindir de publicar esta
Vida, y la dejó para una proyectada segunda parte de las Lecciones,
que nunca llegó a publicar.
En el artículo sobre Los textos de Góngora a que aludo en nota, he
llamado Vida mayor a esta segunda versión, recién publicada, y Vida
menor a la que aparece impresa en las ediciones de Hoces.
Pero A. Baig Baños-que sólo consultó bibliografias anteriores a
todos estos trabajos-dió en el índice de manuscritos de la Nacional
con la Vida mayor y la volvió a publicar como inédita en España y
América, 1918, XVI, 206-212 y 284 - 289 (también hay una tirada
aparte) 2•
Lo que abunda no daña, y la nueva publicación ha servido para
difundir el conocimiento de la Vida may6r entre un público .que seguramente no está familiarizado con el manejo de la Revue Hispanique. Baig Baños publica en una nota las signaturas de todos los manuscritos gongorinos mencionados en los índices de la Nacional. También esta lista se consulta, ya publicada, en el tomo II del Gallardo,
páginas 65-66 del Apéndice. Pero tampoco aquí daña lo que abunda;
y más cuando esta nueva publicación nos permite apreciar lo que hemos progresado desde los tiempos de Gallardo; en efecto, uno de los
números de la lista lleva ya esta anotación: cfalta&gt;. Gallardo ponía,
además, «Varios versos suyos&gt; (signat. ant.: M -1 42), y Baig Baños
pone, además, el ms. 2066 en que constan las fragmentarias Segundas
lecciones que preparaba Pellicer.
Finalmente, Baig Baños promete dar una noticia de los manuscritos gongorinos que constan en la biblioteca del librero Vindel. Ojalá cumpla pronto su ofrecimiento. Con el estudio de los
manuscritos tiene que completarse el conocimiento de la obra de
Góngora.

Al frente de las ediciones gongorinas de Gonzalo de Hoces, 1633,
16341 1648, 16541 así como de la edición de Bruselas, 1659, aparecía
cierta Vida de Góngora firmada por A. A. L. S.M. P., iniciales que había

que descifrar de este modo, según la inscripción que aparece después: Anonymus Amicus Lubens Scripsit, Moerens Posuit. R. FoulchéDelbosc, Notes sur trois manuscrits des amvres poétiques de Góngora, en
Rev. Hisp., 1900 1 VII, 454, había recordado que José Pellicer declara
ser el amigo anónimo autor de esta Vida, en su Bibliotheca, Valencia,
1671; pero añadía: «cela ne suffit pasa trancher la question, car on ne
saurait oublier que si Pellicer fut un grand travailleur, ce fut aussi un
menteur et un faussaire sans égal&gt;. En todo caso, quedaba aclarado
que esta Vida no había sido escrita para los textos de Hoces, sino
para el manuscrito Chacón 1•
1 La dedicatoria de este manuscrito es de 12 de diciembre de 1628, cinco
años anterior a la primera edición de Hoces. En 1633 aparecen dos ediciones
de Hoces: una contiene la Vida anónima y otra no, de donde yo había querido
nferir que pudo escribirse esta Vida anónima o Vida menor entre una y otra
¡edición de Hoces de 1633; pero hay que recordar, para evitar confusiones,
que la Vida mayor de que se trata en esta reseña estaba ya preparada para las
.úcciones, las cuales se publicaron en 1630. Véanse Los textos de Góngora, en
Bol. Acad. Esp., 1916, III, 262, nota 2.

319

J JosEPH PELLICER DE SALAS Y TovAR, Vida de D. Luis de Góngora
(publicada por R. Foulché-Delbosc}, en Rev. _Hisp., 1915, XXXIV, páginas

577-588.
2 En esta nueva publicación, la signatura del manuscrito en que consta la
Vida mayor no está indicada con claridad: no es 7-3918, sino ms. 3918, antes

M-7. En la lista de manuscritos que Baig Baños pone en nota confunde igualmente las signaturas antiguas y las nuevas.

�320

321

A. REYES

RESEÑA DE ESTUDIOS GONGORINOS

La gloria de Niquea de Villamediana I consta de tres partes: 1.º, un
prólogo alegórico; 2.0 , una loa; 3.0 , la acción que da nombre a la comedia o, mejor, a la invención. «Los versos están mezclados con trozos de
prosa gongorina en que se describe la fiesta de Aranjuez,, 15 de mayo
de 1622, cuando la invención fué representada ante la corte, con el
incendio e incidentes que conocen los aficionados a las curiosidades
de la Historia.
Traté de mostrar la probabilidad de que el prólogo alegórico de
La glon"a de Niquea sea obra de Góngora, por algunas consideraciones
críticas y el testimonio de Angulo y Pulgar, gongorista andaluz del
siglo xvu.
«Más de una mano-dije-parece haber intervenido en esta pieza.
Desde luego es dudoso que, como hasta hoy se ha dicho 2, el mismo
Villamediana redactase las acotaciones en prosa. En otra ocasión expondremos nuestras razones.,
Esperaba yo dar con nuevos datos antes de producir mis razones,
y además esperaba averiguar quién es ese «Licenciado Dionisio Hipólito de los Valles, , que tiene traz:i. de nombre supuesto, y que aparece como editor póstumo de Villamediana. Pero pasa el tiempo y
veo fracasar las débiles sospechas que tuve. Buenas o malas, prefiero,
pues, exponer aquí las ofrecidas razones.
Estas acotaciones fueron redactadas después de la fiesta y para
describirla. A pesar de su estilo pedantesco y poco legible, ni faltan
en ellas dos o tres toques vigorosos, ni podría el lector apreciar sin
ellas la intención de una comedia casi de magia, que fué concebida,
sobre todo, para ser encanto de los ojos. Si Villamediana mismo
redactó las acotaciones, tuvo que ser entre el 15 de mayo de 1622,
día de la representación, y el 21 de agosto del mismo año, en que
murió.
Ahora bien: en medio de aquella madeja retórica hay ciertas observaciones críticas sobre la acción de la comedia, que al principio me
parecían más propias de un extraño que del autor mismo de dicha comedia. Así, leemos que 'Albida', huyendo del enamorado 'Lurcano',
se arroja al Infierno, egue para provecho ageno es mucho en una mujer, (pág. 45, edic. Zaragoza, 1629); «quedando 'Lurcano' pesaroso de
no poder seguirla-que de mi voto hiziera muy mal, (pág. 46). Pero
ahora me parece que a esto no hay que darle mucha importancia, porque también pueden ser ardides retóricos con que los narradores de
la época solían afectar candidez ante los asuntos que inventaban, para
fingir verosimilitud y dar objetividad al relato.

Más significativo es el siguiente pasaje:
e Quando la fábula no tuviera otra cosa más que es la de ser brer1e,
~ienso que no merecía disculpa, porque apenas pareció que avía ocupado
tienpo; que si bien lo ilustre, lo hermoso y lo aparente gozaron de
sazonadas ocasiones, vencieron con el desseo las horas, y como ivan
passando los sucesos, se entregava a la admiración la memoria Y el
tienpo al olvido. Pero seguro estoi que el que suele atreverse a soberanas grandezas, mire la que gozó Aranjuez con mayor veneración
que los huertos de Babilonia, si ya no responde el tienpo que, quando
ella merezca eternidades, la humildad con que yo la descrivo la escurece de suerte que tendré a venturosa dicha el podella sustentar el
curso de un día; pero como mi primer motivo fué obediencia, ser vanidad tengo disculpa; y como en oposición de las sombras goza la luz de
mayores atributos, assí sobre estos borrones lucirán los valientes pinceles de España, pues la materia les ofrece tan colmada ocasión, guardando a los ve1·sos el decoro que merecen por ellos y por su ilustre dueilo .....•
Es verdad que el elogio, a veces, más bien se dirige al aparato de
la fiesta o a la hermosura de las damas; pero también a la fábula
misma, «que apenas pareció haber ocupado tiempo, , también a los
versos y a lo cque merecen por ellos,, y también a su cilustre dueño&gt;. A menos que aquí «ilustre dueño, sea la persona del rey, cuyos
años se celebraban en aquella fiesta.
Por lo demás, si se acepta que el autor de las acotaciones es un
extraño, libre de elogiar a su sabor la invención y los versos de Villamediana, no debe chocarnos que parezca sujetar la rienda a los elogios
y sólo hacerlos como de paso; porque hubiera sido una torpeza elogiar
incesantemente versos que a continuación se transcribían; las acotaciones tenían por fin evocar en el lector el espectáculo ausente, y nada
más. No era lo mismo cuando D. Antonio de l\fendoza (El Fénix Castellano, Lisboa, 1690) hacía, por su parte, una relación completa de la
fiesta y de la comedia.
No a todos podrán convencer estas nimiedades, que, por lo demás,
sólo se proponen aquí a título de sugestiones.

t A. REYES, Gó,igora y •La gloria de Niquea, en Rtv. de Filo/. Esp., 1915, ll,
274-282.
2 E. COTARELO, El Conde dt Villamediana, pág. u3, nota.

Una de las fases más seductoras de la personalidad de Góngora,
íntimamente relacionada con su obra de poeta, es su afición a la música, que ya en sus mocedades de Salamanca le hizo descuidar el estudio del Derecho, y que Je hacía confesar ante el obispo de Córdoba
su trato con cantantes y representantes de comedias.
Todo esto recordaba F. A. de Icaza, así como los lugares en que
Góngora alude a sus aficiones 1. «Estas comparaciones de músico, comt Descontamos Así Riu lo cantaba, citado por Icaza, que, según antiguos testimonios {el Escrutinio), es de Liñán de Riaza.

TOMO

v.

21

�RESEÑA DI! ESTUDIOS GONGORINOS

322

A. REYES

positor Y ejecutante - se decía - no se confunden con las tradicionales figuras retóricas de arpas, liras y demás instrumentos....... y pensando «cuán curioso sería dar alguna muestra de aquellos estudios y
ejercicios musicales que tanta influencia debieron tener más tarde en
la variedad rítmica de su verso•, tuvo la suerte de dar con el manuscrito 4118 de la Biblioteca Nacional, manuscrito compuesto todo él
de poesías gongorinas, donde aparecen, en notación antigua, una gallarda, una jdcara, una rondeña y un fragmento de que sólo queda el
final; todo lo cual es en buena ley atribuíble a Góngora. Los trozos
musicales han sido transcritos por L. Goozález Agejas 1.
Siempre he considerado esencial la depuración metódica de los textos de Góngora, y he tratado de exponer esta necesidad en un estudio 2 cuy_as conclu~iones principales son éstas : «..... la obra de Góngora necesita de pacientes depuraciones. Son las principales causas de
error, en sentido descendente de su imputabilidad al poeta: 1.ª El
abandono de Góngora: a) que no coleccionó sus poesías; b) que las
dejó correr incompletas; c) que no fijó a tiempo su crooología.-2.ª Su
manía de corrección, que es fuente de variantes igualmente legítimas. -3.ª La mordacidad de sus sátiras: a) que las hizo disimular o
perder; b) pasar por anónimas; c) conservarse como atribuidas a él,
pero sin criterio de certeza.-4.ª La complejidad de su estilo poético, que produjo: a) errores de ignorancia; b) divergencias de interpretación, todo fuente de variantes. - 5_a La semejanza léxica y técnica
de los poetas del ciclo gongorino, que hizo: a) prohijar a Góogora piezas ajenas; b) prohijar a otros piezas de Góngora.
..A estas causas especiales hay que añadir las causas generales de
errores mecánicos de copia o de imprenta, ora sean manuales, ora
fonéticos.•
Hasta ahora creo poder mantenerme en estas conclusiones. Insisto
sobre todo en la importancia del estudio de los manuscritos gongorinos, y en el carácter de trasmisión oral de esta poesía.
Entre los que se han ocupado de los textos de Góogora, no cité
una nota de E. Mérimée, Sur le texte des poésies de Góngora, en Bult.
Hisp., 1902, pág. 370, que da- sobre el Tesoro de Quintana, edición
Baudry - algunas variantes del manuscrito Chacón. Es una simple
noticia universitaria para uso de los candidatos a la Agregación de
español.
Entre las censuras de la época sobre las impresiones que de
1 F. A. DE ICAZA, Góngura, músico, en Summa, revista quincenal, 1916, 11, nú
mero 13, correspondiente al 13 de abril.
2 A. REYES, Los textos de Góngora (co"upcio1us y alteracio,us), en Bol. Acaa.
Esp., 1916, m, 237-271 y 510-525.

Góngora se hicieron, pueden añadirse estas palabras de Quevedo :
«..... Viendo cuán impropiamente hao perseverado en esta maldad los
envidiosos de las obras de D. Luis de Góngora, sin hartarse de venganza en la primera impresión, añadiéndole en esta postrera cosas
que no hizo, he determinado de imprimir lo que he escrito todo.&gt;
(La cuna y la sepultura, prólogo a los «doctos, modestos y piadosos•,
Rivad., XLVIII, pág. 70.) Por donde se ve que ya Quevedo recoge la
moraleja del ejemplo de Góngora.
A las poesías citadas, apócrifas o de múltiple atribución, deben
añadirse las siguientes:
Deseado he desde niño,
i antes, si puede ser antes,
ver un medico sin guantes
i un abogado lampiño;
un poeta con aliño,
un romance sin orillas,
un saión con pantorrillas,
un criollo liberal.
1 no lo digo por mal.

Así comienza la letrilla satírica número XIl de la musa V.ª de Quevedo (El Parnasso español, Madrid, 1648), y al pie de la página 326 pone
el anotador, González de Salas, estas palabras : «Los siete versos de
esta copla primera andan insertos en otra Letrilla de semejante sabor,
entre las Obras impressas de Don Luis de Góngora : no sé io de
dónde se originasse esta parcialidad.&gt;
En la página 516 de mi articulo sobre Los textos de Góngora he
puesto una nota algo simplista, que debo aclarar y rectificar con las
consideraciones siguientes :
En el volumen XXXII de Rivadeneyra hay todos estos casos de
atribución dudosa, que pongo por orden alfabético. Las notas son de
Adolfo de Castro, editor de las poesías de Góngora :
Págs. 547-548: Abrevia el dificil paso. Nota: «Según Rivas Tafur, no
es de Góngora esta poesía.•
Pág. 499 b: Absolvamos el sufi'ir. Nota: «Por algunos se ha atribuído
a Quevedo esta letrilla, que en manuscritos e impresos se lee como
de Góngora. Podrá ser de Quevedo, pero en el estilo más parece obra
del Marcial Cordobés.• Chacón la acepta 1•
Págs. 544-545: ¡Ah mis señores poetas! «Rivas Tafur no cree de Góngora esta poesía, donosa burla de los compositores de romances moriscos..... &gt; Desechada por el autor del Escrutinio.
1 Cuando no cito a Chacón, entiéndase que Chacón no acepta ni desecha
expresamente la poesía en cuestión.

�RESEÑA DB Jl&amp;TUDIOS GONGORINOS

A. REYES

Pág. 489 a Y b, en la nota: Aquí yace, aunque a stt costa. «..... sin
razón se da por autor de esta otra décima al mismo Góngora. • Desechada por Chacón.
. _Pág. 544 b : Así Riselo cantaba. «Según Guerra y Orbe, es de Pedro
Lmán de Riaz~.• Es la opinión del autor del Escrutinio. Ya lo digo
así en el estudio que ahora reseño.
Pág. 534 c: Ave del plumaje negro. «Está en duda si fué o no de
Góngora este romance.• Chacón lo acepta.
Pág. 437 a: Bien dispuesta madera en nueva traza. cEn el códice
S. 106 de la Biblioteca Nacional se lee este mismo soneto contrahecho,
Y con el epíg~afe y las variantes que siguen: Soneto de Diego de
Soto Y Aguilar, cuyo es lo escrito en el auto de la fe..... El
auto este se hlzo en 4 de julio de 1632.•
Pág. 490 b: Cante111,0s a la jineta. «D. Juan Antonio Pellicer atribuye, en su Vida de Cervantes, estas décimas a Góngora.• Y así López
de Vicuña.
Pág. 505 b! Cayo Inés,yo no niego. La misma nota de Que habías de
rendirte, Juana, de que se trata después.
Pág. 539: Conocidos mis deseos. «Rivas Tafur no lo cree de Góngora. • Deséchalo el Escrutinio, como lo advierto.
Pág. 550: Con ropilla y sin camisa. «Según Rivas Tafur, no es de
Góngora este romance... Deséchalo el Escrutinio.
Pág. 418: De amor con intercadencias. «Este romance ha corrido
hasta ahora impreso como de D. Luis de Góngora.&gt; En el códice de
las Obras del doctor Juan de Salinas se lee: «En las obras de D. Luis
de Góngora, que recogió e imprimió D. Gonzalo de Hoces y Córdoba
el año de 1633, pusieron el romance, ..... y lo hizo el doctor Salinas..... •, el cual, viéndolo mal atribuído, hizo unas coplas que dicen,
entre otras cosas:
El festivo entre las damas,
ya en soledades se ve.....
También lo desecha, por igual razón, el Escrutinio, como Jo advierto
en el trabajo reseñado.
Pág. 486 b: De pu,]os de hierro ayer. «Algunos no consideran de don
Luis esta décima. • Chacón la acepta.
Pág. 488 b : Et más insigne varón. «Algunos no tienen por de Góngora esta décima.•
Pág. 457 b: Et pelícano rompe el duro pecho. «No es de Góngora esta
octava, según un códice del Sr. Guerra y Orbe.• La desecha el Escrutinio.
Pág. 540 b: En la beldad de Jacinta. • Dúdase que sea de Góngora...
Lo desecha el Escnttinio.
Pág. 552 c: En las orillas del Tajo. cAlfay publicó en sus Delicias

de Apolo este romance como de Góngora. Si es cierto que el ingenio
cordobés lo escribió, así como el que precede [Junto a una fuente clara], no anduvo, a la verdad, muy feliz en la manera de expresar los
afectos,. 1•
Pág. 490 b: En predicando el prior. Está entre los tres epigramas a
que corresponde la nota de Una fuente Ana la bella, de que después
se trata.
Pág. 457 a : En sola stt confusa montería. «Según un códice del señor
Guerra y Orbe, no es de Góngora esta octava.• Acaso está mal entendido, y lo que dice el códice es lo mismo del Escrutinio; a saber : que
es un trozo de la comedia Venatoria (incompleta), y no una poesía
aparte. El Escrutinio acepta que la Venatoria sea de Góngora.
Pág. 484 a: Esa palma es, niña bella. «Dúdase que sean de Góngora
estas dos décimas.• Chacón las acepta.
Pág. 551 b: Galanes los que tenéis. «Este romance se halla en el Romancero general como obra anónima. En manusci-itos antiguos de poesías de Góngora, se pone entre ellas.• Y en colecciones impresas.
Pág. 551 c: Hermosas depositarias. «Sin nombre de autor está en el
Romancero general. Los manuscritos lo dan por de Góngora.•
Pág. 549 a: Jueves era,jueves. «Alfa y pone como de Góngora este
romance, en sus Poesías varias de grandes ingenios• 2•
Pág. 552 b: Junto a una fitente clara. «Están impresas como de
Góngora estas endechas por Alfay, en sus Delicias de Apolo. Gracián,
en su Agudeza y arte de ingenio, escribe: «Fórmase de ordinario el en•carecimiento ensalzando el objeto y ponderando su exceso en sí o
•en algunas de sus circunstancias. Don Luis de Góngora, en estas
»endechas suyas, aunque no van en sus obras, como vi otras muchas:
&gt;Al pie de una corriente&gt;. [Es la misma, con "variantes] 2•
Pág. 538 b, e: Labrando estaba Artemisa. «En mi opinión, éste es
uno de los más hermosos romances de Góngora..... Rivas Tafur creía
que no era de Góngora. El Sr. Guerra y Orbe lo atribuye a D. Antonio de Paredes.&gt; El Escrutinio lo desecha, como lo digo en el artículo.
Castro pone a continuación el que empieza: La qtte Persia vió en
sus montes, que está nominalmente atribuído a Paredes por el Escrntinio; pero de éste nada dice Castro.
Pág. 485 b: Larache, aq1~et africano. «Según un manuscrito del señor
Guerra y Orbe, parece que estas décimas no son de Góngora.• Chacón las acepta.
Pág. 486 h: Marco de plata excelente. «Algunos no reconocen por
1 Sobre las relaciones de Alfay y Gracián véase A. CosTER, Ea/tasar Gracián, IÓOI-16.58, en &amp;v. Hisp., 1913, XXIX.

2

Sobre Alfay y Gracián véase la nota anterior.

�RESEÑA DE ESTUDIOS GONGORINOS

327

A, REYES.

'

i:

de Góngora esta décima, ni la que le sigue» [Pastor que en la vega
llana]. La acepta Chacón.
' Pág. 489 a: Mentidero de Madrid. «Esta décima se atribuye falsamente a Góngora.» Deséchanla Chacón y el Escrutinio. Véase Boletín
de la R_eal Academia Española, 1914, I, pág. 401: Intenciones de Madrid
{Estudio de Cotarelo sobre Jiménez de Enciso).
Págs. 543-544: .A1il ai'ios ha que no canto. Advierto en el artículo
,que se atribuye a Lope. La nota de Castro, correspondiente a los ver-sos Pues nunca a nadie en la tierra Se did veneno en mondongo, dice así:
-cAunque en las colecciones antiguas corre este romance como de
-Góng~ra, D. Francisco de Rojas, en su ingeniosa comedia Donde hay
.ag,·avios no hay celos, lo atribuye a Lope de Vega. Véanse sus palabras: ..... Que, como Lope advirtió, A ningún hombre se vió Darle ve,neno en mondongo.&gt; El Escrutinio lo atribuye a las mocedades de Lope.
Pág. 505 a: Paloma era mi querida. «Está impresa como de Gón·gora esta letrilla en las Delicias de Apolo, por José Alfay..... • (Véase la
.nota I a la página anterior.)
Pág. 448 b: Parid la reina. El luterano vino. «Este soneto se atribuye por D. Juan Antonio Pellicer, en la Vida de Cervantes, a D. Luis
de Góngora.• Así en la Relacidn de lo sucedido en la ciudad de Valladolid
de~de el P1:nto del feliclsimo nacimiento del principe D. Felipe Dominico
Vii:tor, reimpreso con prólogo de N. Alonso Cortes, Valladolid, 191 6,
pág. IX.
Pág. 486 b: Pastor que en la vega llana. La misma nota que el verso Marco de plata excelente. Lo acepta Chacón.
Pág. 542 a: Por qué corre a despeñarse. «Rivas (Tafur] no lo cree
de Góngora.• Lo desecha el Escrutinio.
Pág. 492 c: ¿Porqué llora la Isabelitica? «Según un códice del señor
Guerra Y Orbe, no es de Góngora esta letrilla.• La acepta Chacón.
Pág. 505 b: Que habías de rendirte, Jitan. «En algunos manuscritos,
Y en algunas (aunque pocas) ediciones de Góngora se leen estos epig~amas; van aquí copiados de la de Faría.• [Véase Cayd Inés; yo no
mego].
Pág. 490 a: ¿Quién pudo a tanto tormento? «Parece de Góngora esta
d~cima Hállase impresa entre las obras de Villamediana como del
Jn~s~o conde, cosa inverosímil.» Ya lo digo en el articulo, según la
.Bibhograpkie de Gdngora de R. Foulché-Delbosc.
·
. Pág. 447 a: Rebelde y pertinaz entendimiento. «En un códice del
:Siglo xvn, que para en poder del Sr. Guerra y Orbe, se afirma que no
.es de Góngora este soneto.&gt; Lo rechaza el Escrutinio.
Pág. 490 a: Recibid ambas a dos. «Esta décima no se halla en todas
las ediciones de las poesías de Góngora. Una de las que la tienen es
la de Faría, Y muy incorrectamente, según se ve en el texto. &gt; Chacón
Ja acepta.

Pág. 543 b: Recibí vuestro billete. «Rivas Tafur no lo tiene por de
Góngora.• Lo desecha el Escrutinio.
Pág. 551 a: Soledad qtte ajlije tanto. «Este romance fué publicado
en el Romancero general sin nombre de autor. Como de Góngora se
halla en muchos manuscritos..... •
Pág. 486 a: Truena el cielo, y al momento. «He visto en un manuscrito esta décima como obra de D. Juan Salinas. Sin embargo, en todas
las ediciones que he consultado de Góngora se pone como de este
autor..... • Chacón la acepta.
Pág. 490 b: Una fuente Ana la bella. «En algunas ediciones no se
leen estos epigramas. Aquí se ponen copiados de la de Faría.&gt;
Pág. 446 b: Una vida bestial de encantamento. «En un códice que
posee mi erudito amigo el Sr. Guerra y Orbe se asegura que no es de
Góngora este soneto.• El Escrutinio lo rechaza.
Pág. 440 a: Urnas plebeyas, túmulos reales. «Según parece del códice de Rivas Tafur, hoy del Sr. Guerra y Orbe, este soneto no es de
Góngora.• Chacón lo acepta.
Como se ve, aunque Castro habla de un modo vago de manuscritos antiguos, al único que alude concretamente es al de Rivas Tafur,
que poseía [Luis] Fernández-Guerra. En el libro sobre Ruiz de Alareón (Madrid, 1871) 1 pág. 496, nota núm. 342, se le cita así: «Otro códice de todas las poesías de D. Luis, con enmiendas y arrepentimientos
de su pluma, puestas en limpio por su discípulo el licenciado José de
Ri vas Tafur; en poder del autor..... • El estudio de este manuscrito
sería tanto más importante cuanto que en las poesías que rechaza no
siempre coincide con el Escrutinio y parece, así, tener alguna novedad.
La misma nota citada del libro de Fernández-Guerra sobre Alareón se refiere a una colección (¿manuscrita o impresa?) de los Vérsos
satíricos de Góngora, de la librería de D. Luis Venegas de Figueroa,
obispo de Almería, obra que-en comprobación con lo que expongo
en el artículo aquí reseñado - dice contener expresamente las poesías
que por lo satírico no se kan impreso con las demás obras suyas. De esta
obra sólo declara Fernández-Guerra poseer una «copia sacada por el
alcalde mayor de aquella ciudad en 1663•.
En el volumen XLII de Rivadeneyra (II de los líricos de los siglos xv1 y xvn), pág. 102, anota Adolfo de Castro: «En varios códices de poesías de Góngora se hallan como de este autor algunas de
las de [D. Francisco] Trillo (de Figueroa]. En el 445-11 de la Biblioteca
Colombina se hallan las dos letrillas siguientes: Caracoles pide la niña.....
Cura que en la vecindad.,-En la página 158 del mismo volumen de Rivadeneyra hay esta nota a la letra No sé si es obra de amor: «Esta letra
más parece de Góngora que de Villamediana.• - Y en la página 319 a,
una nota al soneto En la Holanda, bañada del tributo (que con tantas
variantes se encuentra en manuscritos e impresos), que dice: «Este

�A, REYES

soneto se atribuye a Góngora, y como tal se ha impreso en sus poesias. En las obras de Argensola se halla también, y con muchas variantes..... ,
La de Caracoles pide la niña está desechada por Chacón¡ Cura que
en la vecindad, aceptada, y también la recuerdo atribuída a Villamediana; En la Olanda, manchada del tribttto, desechada por Chacón.
En el apéndice número 3 de mi artículo sobre Los textos de Góngora
(pág. 521) aduzco un ejemplo de versos satíricos castigados, o que no
se permitió imprimir. Son dos coplas de la poesía Ya de mz' dttlce instrumento, que encontré en el manuscrito 3919 de la Biblioteca Nacional. La segunda, que aparece incompleta en este manuscrito, la completé según el manuscrito Álava, citado en Rivadeneyra, XLII, apéndice II. Me hubiera bastado examinar el manuscrito Chacón, donde
estas dos coplas figuran en su lugar, y por cierto en una lección preferible a la que doy.
Hacia el final del artículo (pág. 524) anuncio que M.-L. GU2mán ha
encontrado, en cartapacios de la Biblioteca Nacional, algunas nuevas
poesías atribuídas a Góngora. Son cuatro sonetos que posteriormente
se han publicado en la Revue Hispant't¡ue, 1917 1 XLI, págs. 680-683.
El más importante, como lo advierte Guzmán, es el primero, cA la rosa
y su brevedad,: Púrpura ostenta, disimula nieve. Los otros tres: Lo que
ay del néctar sacro al vil mondongo; O Virgen, que a pesar del fiero Momo,
y .Este sagrario que el Illustre ha hecho, pueden ser de cualquier poeta
del tiempo.
Sobre los textos de Góngora y las pretensiones y dificultades de
los primeros editores, debe también consultarse una nota de L. Sorrento que precede a la publicación por él hecha de las canciones y
madrigales de Góngora 1. Trata de la edición de López de Vicuña, 1627;
las de Hoces y Córdoba, 1634, 1648, 1654; las de Salcedo Coronel,
1644-45-48. Se lamenta de que los críticos no hayan dado al comentario de Salcedo Coronel toda la importancia que en su opinión merece.
Pudo haber dicho más: pudo haber dicho que el propio Menéndez Pelayo, que solía tener buen olfato, ha declarado- con manifiesta injusticia
en mi sentir, y sobre todo donde también intervino la pluma pecadora
de Pellicer - que el comentario de Salcedo Coronel era «pestilente,.
Recuerda Sorrento el valor del manuscrito Chacón, señalado desde 1900 por R. Foulché-Delbosc; y anticipándose a la edición que
éste prepara, publica una edición de las canciones y madrigales de
Góngora según los textos de Vicuña (V), Hoces (H), Coronel (C) y
Chacón (M). «11 Foulché-Delbosc..... fa addirittura l'apoteosi di M.....
1 L. SoRRENTO, Cansoni e madrigali di Luis Góngora, en .Rroista de Archivos, 1917, XXI, 16o-200. [Escrito en la primavera de 1915.)

RESEÑA DE ESTUDIOS GONGORINOS

329

Questo giudizio contiene grandissima parte di vero; ma non manca
d'esagerazione. Basta dire che nelle tre stampe ci sono canzoni di
Góngora, che non sono comprese nel ms.• Y he aquí el índice que
establece:
Canciones .
1.

2.
3.
4.

5.
6.
7.

8.
9.
10.
1 1.

r 2.
r 3.

14.

15.
r 6.
17.
18.
19.

Suene la trompa bélica.
Corcilla teme1·osa.
Levanta, España, tu fa11wsa diestra.
0 es el sac10 i venturoso día.
Donde las altas ruedas.
Que de invidiosos montes levantados.
Buelas, o tortolilta.
Abra dorada llave.
Sobre trastes de guijas: falta en V.
Verde el cabello undoso.
De la florida fa/da.
Del mar i 1w de Huelva.
En roscas de crystal serpiente breve.
Moriste, en plumas no, en prudencia cano.
A la pendiente cuna.
Tenía Mari Nuño una gallina.
Piadoso oy zelo culto.
Mátamne los zelos: falta en V y en H.
Suspenda, i no sin ldgri,,,as: falta en V.

Madrigales.
La vidriera mejor: falta en C.
Tres violas del cielo.
3, La bella Lyra: falta en V y en H.
4. Las duras urdas: falta en V.
5. El liquido crystal: falta en V y en H.

r.

2.

Apéndice.
(Tres canciones que faltan en Chacón, según Sorrento):
20. Por este culto bien nacido prado: en V y H.
2 r. Perdona al remo, Lícidas, perdona: en V y H.
22. Generoso mancebo: en H (y en V, según nota de la página 194).

Y después añade Sorrento, como en comprobación de las deficiencias del manuscrito Chacón, que estas tres canciones que faltan «non
contengono allusioni satiriche personali, onde possa pensarsi che Chacón le abbia tralasciate aposta&gt;, según la declaración que hace al prin-

�330

A. RKYES

cipio. Pero me apresuro a advertir que Sorrento ha incurrido en un
error de hecho: las tres canciones dichas figuran en el manuscrito
Chacón:
Por este culto bien nacido prado, tomo 1, pág. 188, y una nota que
advierte que las alusiones a las flores de las maravillas son alegorías
del título del libro de Torres de Prado, a quien esta «silva heroica,
está dedicada. Sorrento la da csenza nessuna notizia».
Generoso mancebo, tomo 1, pág. 185 1 «sylvas heroicas•. Advierte
Chacón que la escribió ya enfermo del mal de que murió y que quedó
incompleta en Te espera el T{ber con sus t,·es coronas, donde los
textos de Sorrento la dan por terminada.
Perdona al remo, L{cidas,perdona, tomo I, pág. 190, «sylva heroica»
o cégloga piscat0ria», que tampoco termina, sino que queda trunca,
como lo advierte Chacón, en Debida a tanta fuga ascensión tanta.
Además publica Sorrento la canción Dichosa pastorcilta, que toma
de L&lt;U fi1·mezas de Isabela, y usa, generalmente, de los textos y variantes de Rivadeneyra (B).
«Perla punteggiatura seguo ora questo ora quell' editore, secondo
la necessita per l' intelligenza del testo, ma noto che in generale M
(Chacón) é piu regolare»; conserva algunas consonantes dobles, algunas mayúsculas de Chacón. Cuando las impresiones están conformes
y hay contradicción con el manuscrito Chacón, Sorrento prefiere el
texto de las impresiones, lo cual podría ser materia de discusión detenida cuando las variantes son algo más que ortográficas; pero estimo
que aún no es tiempo, ni se puede, con sólo una reducida parte del
manuscrito a la vista, juzgar esta cuestión.
En una conferencia sobre las relaciones entre la literatura española y la inglesa 1, el profesor Fitzmaurice-Kelly descontaba la influencia de Góngora en Inglaterra, y decía: cGóngora can have been known
to few Englishman of the seventeenth century besides Thomas Stanley,
who attempted-with more gallantry than success - a translation of
the first Soledad in 1651.• (Véase el número 102 de la Bibliograjhie
de Góngora de R. Foulché-Delbosc.)
Al nombre de este traductor seiscentista, añade ahora H . Thomas
los de Sir Richard Fanshawe y Philip Ayres 2 • Estos tres poetas tradujeron también a otros autores españoles; a veces sus traducciones
han pasado por obras originales. Como en todo caso no son fácilmente accesibles, Thomas publica sus traducciones, acompañándolas,
siempre que ha sido posible, de los originales.
Tlu Relations between Spanisft and Englisft Literature, 1910.
H. THOIIAS, Tftree tramlators o/ Góngora a1zd otker Spa11isft poets duri11g
tlu seventmztft Century. Extr. de la Revue Hispa,.ü¡ue, [1918), 77 págs.

Rl!SEÑA DE ESTUDIOS GONGORINOS

331

Tras una pequeña noticia biobibliográfica sobre Thomas Stanley
{1625-1678) encontramos la traducción de la Soledad primera ('Twas

now tfze blooming season of tfze year), reducida a decasílabos ingleses
pareados. La traducción no va más allá de una sexta parte del poema,
donde el traductor pone esta nota: difjiciles ualete mtgae.
Thomas advierte aquí que Stanley tenía la costumbre de ilustrar
a los clásicos con lugares de los poetas españoles; y así, en su traducción de Europa Theocriti Idyllium, 1647, cita los versos
..... el mentido robador de Europa
-media luna las armas de su frente,
y el sol todos los rayos de su pelo - .
Probablemente en 1647 aún no comenzaba Stanley su versión de la
Soledad, pues ya en 1651, y en el mismo volumen en que ésta aparece, cuando le ocurre ilustrar a Mosco con Góngora, cita el propio
pasaje anterior traducido al inglés.
Al anotar a Mosco, Stanley - como dice Thomas - tiene también
el buen gusto de recordar a Villamediana, de cuya Fábula de Europa
traduce dos pequeños fragmentos 1•
Sir Richard Fanshawe ( 1608-1666) fué diplomático en Madrid; tradujo a Camoens, dos comedias españolas y el Pastor Fido de Guarini
{164 7-1648-1664- 1676), con /llgunos poemas adicionales; entre ellos,
siete son traducidos de Góngora, y otro parece, por lo menos, inspirado en Góngora:
Olt claro honor del Hquido elemento : Thou ciearer honoztr of the
Christal Mayne; Con dife,·encia tal, con g1·acia tanta: With such variety
and dainty ski!/ (Thomas nota la ventaja de estas traducciones sobre
las de Churton, 1862); Los blancos litios que de ciento en ciento: Those
whiter Lilties wltich the early Morne; el que parece más bien una inspiración que una traducción, En el cristal de tu divina mano: Banisht
fi·om Lije to seeke out death I goe, «unless sorne reader can point to a
closer original from sorne other poeb; Lugar te da sublime et vulgo
ciego: Tlue, senselesse Stock, because th 'art 1·ichly guilt; Peinaba al sol
Be/isa sus cabellos (con la variante: Al sol peinaba Clori sus cabellos):
Cloris Nh Szmne progning lur Locks did sil; Sella el tronco sangriento,
no le oprime: Tlu bloudy trunck of him w/10 did jossesse; Ayer naciste y
morirás 111aiiana: Blowne in the Morning, thou skalt Jade ere Noone (este
último y el que empieza Lugar te da sublime, también fueron traducidos por Churton; este último, también por James Young Gibson).
Finalmente, H. Thomas advierte que Fanshawe tradujo la comedia de D. Antonio Hurtado de Mendoza Querer por sólo querer ( 1671)

1
2

1 También tradujo Stanley a Boscán, a Lope de Vega y a Pérez de Montalván. Véase el artículo de H. Thomas.

�332

A, Rl!YBS

RKSl!ÑA

y que en apéndice publicó la traducción de las dos relaciones, eo
verso y en prosa, que Mendoza hizo de la fiesta de Aranjuez, en que
se representó La gloria de Niquea. •In 1654, Fanshawe translated
these two descriptions, though bis version was not printed till 1670.
It appears as an appendix to his translation of Mendoza's Querer por
sdlo querer (1671), with the following separate titlepage: Fiestas de
Aranjuez. Festivals npresented at Aranwhez be/ore tite King and Queen
of Spain, In the year, I623. To ceteb,-ate Tite Birth-Day of that King,
Philip IV, etc. Fanshawe not only knows notbing of the part played
in this work by Villamediana, but he attributes the festivals to the
year in which the account of them was published, instead of the previous year.&gt;
Aunque ignorábamos el nombre del traductor, no ignorábamos la
traducción. En mi artículo sobre Góngora y &lt;La gloria de Niquea», en
Reo. de Filo!. Esp., 1915, II, pág. 275, nota núm. 1, segundo párrafo)
digo: «En 1654 fueron traducidas al inglés las relaciones de la fiesta
de Aranjuez, de Mendoza, e impresa la traducción en Londres, p~r
William Godbid, 1670. Se equivoca el año de 1622 por 1623, y se aplica a La gloria de Niqt✓ea el nombre de tijera&gt; 1 •
Philip Ayres (1638-1712) o «Don Felipe Ayres•, como alguna _vez
se firma él mismo, tradujo Et necio bien jortunado, de Salas Barbad1llo,
y en 1687 publicó un tomo de traducciones e imitaciones del francés,
italiano, portugués y español; entre éstas hay de Quevedo,Juan López
de Úbeda, Garcilaso, Pedro Soto de Rojas y una •On a Death's-Head,
covered with Cobwebs, Kept in a Library, and said tobe the Scull of
a King•, que Ayres pretende ser «Out of Spanish, from D. Luis de
Góngora&gt;, y que empieza: This Mortal Sj,oil which so neglected lies; pero
del cual, declara Thomas, el am unable to give the true source•.
Ayres compuso también un soneto en español en alabanza del músico D. Pedro Reggio, que comienza: Si el Thebano Sabio, en dulce Canto.
El anterior trabajo trae, pues, algunos nuevos números a la bibliografía gongorina, cuyos fundamentos deben buscarse en R. FoulchéDelbosc, Bibli¡)grapltie de Gdngora, en Rev. Hisp., 1908, monografía a
la cual propuso L.-P. Thomas algunas adiciones menudas (Bult. Hisp.,
1909, pág. 322), que deben consultarse, sobre todo en la nota al número 73 de R. Foulcbé-Delbosc, relativa a los comentarios de Salcedo
Coronel.
Otras contribuciones de detalle se han propuesto a la bibliografía
gongorina 2, cuyo objeto era dar noticia de algunos ejemplares de la
1

Fanshawe tradujo también a Bartolomé Leonardo de Argensola.

2 E. DÍEz-C.unmo, M.-L. GuzMÁN y A. REYES, Contrióucio11es a la bibliografía de Có1tgora, en Rro. de Filo/. &amp;p., 1916, 1917, III YIV, 171 Y 54·

ne:

ESTUDIOS GONGORINOS

333

Biblioteca Nacional, señalar poesías de Góngora que andan atribuídas
a Paredes, a Paravicino, etc., describir algunas peculiaridades bibliográficas e irregularidades de las ediciones de Hoces, y, finalmente,
incorporar a la bibliografía gongorina algunas noticias nuevas, y entre
éstas, las de publicaciones recientes. Es de desear que R. FoulchéDelbosc-a él le corresponde-recoja todo este material en una nueva monografía 1.
Finalmente, el profesor J. Fitzmaurice-Kelly ha reunido en una
-elegante síntesis el estado actual de los estudios gongorinos 2• En este
trabajo, que es, sin duda, el que debe leerse como preparación indispensable, cobran sentido los datos y conclusiones parciales. Por tratarse de una conferencia dirigida a un auditorio inglés, comienza el
autor señalando la imposibilidad de mantener hoy en día la tesis de
la influencia de Góngora sobre el eufuísmo: Góngora tendría apenas
-diez y ocho años cuando Lyly publicaba la primera parte de su Eujl1ues ( 1579).
Esto le da ocasión para exponer lo que sabemos sobre la vida de
Góngora; y comenzando por los apellidos de éste, escribe: • ..... it
would seem that tbe poet's brother used tbe paternal surname [Ar-gote]•. Esta opinión, que es la recibida, proviene acaso de aquellas
palabras que aparecen en la edición de Hoces: «Ad viértase que la
-comedia de las Firme~as de Isabela, los fines de ella no son de don
Luis, porque la acabó D. luan de Argote, su hermano.• Pero a esto
-Opone el Escrutinio: « ..... lo cierto, que su hermano de D. Luis se
llamó D. luan de Góngora, appellido por el qual se conoció, i no por
el de Argote. Esto en el curioso [el editor] es culpa, que en otro no
lo fuera, no siendo de Córdoba como él lo es• 3•
Se refiere el autor más adelante al silencio absoluto coa que Góngora vió nacer las protestas contra su nueva manera de poesía. Gón1 Próximamente analizaré en la Revue .llispanique algunas peculiaridades del
texto de las Leccio11u solemnes de Pellicer.
2 J. F1TZMAURICE·KE1,LY, Cóngora, Transactions R. S. L., vol. XXXV.
3 No sé si es efecto de la elocuencia del autor del Escrutinio-de quien hago
caso porque revela ser hombre de mucho sentido literario-; pero me parece
notar en él cierta animadversión contra el hermano de D. Luis: •Este caballero
D. luan no supo si su hermano hacía versos, ni los oió, ni desperdició, digámoslo
assí, átomo de tiempo en saber si los avía en el mundo, ni Musas en el Parnaso.
Assí que, en estas materias, crea el lector que D. Luis nació en Córdoba, i su
hermano en las Philippinas, o más distante. l suppuesto esto, ¿ai alguno que se
persuada a que D. luan acabó la comedia, i no D. Luis?• (Rev. IIi.,p., 1goo, páginas 492-493.) Algo más adelante, refiriéndose al romance Con ropilla i sin
camisa: •No es suio, ni de su hermano D. luan de Góngora, porque, aunque ignoró las Musas como está dicho, lo hiciera mejor.•

�334

A. REYES

gora, en efecto, no siguió aquí la tradición herreriana publicando alg&lt;&gt;
que pueda parecerse a un manifiesto de escuela. Conviene recordar,
sin embargo, que poseemos un documento en que el poeta habla de
su poesía, y que tiene verdadero interés 1• Contestando a un anónimodetractor, le dice: ,Para quedar una acción constituída en bien, su
carta de Vm. dice que ha de tener útil, honroso y deleitable. Preguntoyo: ¿Han sido útiles al mundo las poesías y aun las profecías? (quevates se llama al profeta como al poeta). Sería error negarlo, pues dejando mil ejemplares aparte, la primer utilidad es en ellas la educación de cualesquier estudiante de estos tiempos. Y la oscuridad y
estilo intrincados de Ovidio (que en lo de Ponto y en lo de Tristibusfué tan claro como se ve, y tan oscuro en las Transformaciones), da
causa a que, vacilando el entendimiento en fuerza de discurso, trabajándole (pues crece con cualquier acto de valor), alcance lo que así, en.
la lectura superficial de sus versos, no pudo entender. Luego has deconfesar que tiene utilidad avivar el ingenio, y eso nació de la oscuridad del poeta. Eso mismo hallará Vm. en mis Soledades, si tiene capacidad para quitar la corteza y descubrir lo misterioso que encubren.De honroso, en dos maneras considero me ha sido honrosa esta poesía: si entendida para los doctos, causarme ha autoridad, siendo lance
forzoso venerar que nuestra lengua a costa de mi trabajo haya llegado
a la perfección y alteza de la latina, a quien no he quitado los artículos, como le parece a Vm. y a esos señores, sino excusándolos donde
no necesarios; y así gustara me dijese en dónde faltan o qué razón de
ella no está corriente en lenguaje ·heroico (que ha de ser diferente de
la prosa, y digno de personas capaces de entendelle), que holgaréconstruírsela, aunque niego no poder ligar el romance a esas declinaciones..... De más que honra me ha causado hacerme oscuro a los.
ignorantes, que ésa es la distinción de los hombres doctos: hablar de
manera que a ellos les parezca griego, pues no se han de dar las piedras preciosas a animales de cerda..... Deleitable tiene lo que en los.
dos puntos de arriba queda explicado, pues si deleitar el entendimiento es darle razones que le concluyan y se midan con su contento,
descubierto lo que está debajo d~ esos tropos, por fuerza el entendimiento ha de quedar convencido, y convencido, satisfecho. Demás,
que como el fin del entendimiento es hacer presa en verdades, que
por eso no le satisface nada sino es la primera verdad conforme ao
aquella sentencia de San Agustín: inquietum est cor nostrum donec requiescat in te, en tanto quedará más deleitado, cuanto, obligándole a la especulación por la oscuridad de la obra,
1 A. p AZ y MEI.1A, Sales españolas o agudaas del ingmio nacional, segunda
serie, pág. 297: «Carta de un amigo de D. Luis de Góngora, y respuesta de
éste.&gt; (Bibl. Nac., ms. 38n; es una copia del siglo xvu, no siempre inteligible.)

RESEÑA DE ESTUDIOS GONGORINOS

335

fuera hallando, debajo de las sombras de la oscuridad,
asimilaciones a su concepto.•
Y al cargo de que las Soledades son una Babel de lenguas, contesta
con arrogancia: c ..... Pudiera, quedándome el brazo sano, hacer una
miscelánea de griego, latín y toscano con mi lengua natural, y creo
que no fuera condenable: que el mundo está satisfecho que los años
de estudio que he gastado en varias lenguas han aprovechado algo a
mi corto talento.•
Disculpo la longitud de la cita por su importancia. El gran ovidiano español-no bastante recordado en las monografías de la materiacomienza por autorizarse con Ovidio, y después deja entender que
cree hallar el secreto de la belleza en el placer intelectualista de la
investigación. Ni es esto todo el gongorismo, ni tampoco le es privativo; pues lo propio pudiera aplicarse al conceptismo 1.

1 Esta carta, como la que la ha provocado, están fechadas en septiembre,
pero sin año. La anónima es de Madrid, y se refiere a las Soledades como a una
novedad: • Un cuaderno de versos desiguales y consonancias erráticas ha aparecido en esta corte con nombre de Soledades.....• Éstas fueron escritas por 1612
ó 1613. Pero la respuesta de Góngora es de Córdoba. Y añade estas palabras,
que parecen corresponder a la época en que se retiró a Córdoba: «Ya mi edad
más está para veras que para burlas. Procuraré ser amigo de quien lo quiera ser
mío; y quien no, Córdoba y tres mil ducados de renta en mi patinejo, mis fuentes, mi breviario, mi barbero y mi mula, harán contrapeso a los émulos que tengo granjeados, más de entender sus obras y corregirlas que no de entender las
mías ellos.• A menos que la carta fuera anterior a 1612, en que vino Góngora
a la corte. Si esta carta data, como supongo, de los últimos días de Córdoba, se
explicaría más, aunque no hace falta, una coincidencia que noto entre la carta
y un pasaje de Angulo y Pulgar, gongorista lojense, a quien me imagino acompañando los últimos años del poeta. Dice la carta de Góngora: «Al ramalazo de
la desdicha de Babel, aunque el símil es humilde, quiero descubrir el secreto
no entendido de Vm. al escribirme: no les confundió Dios a ellos con darles un
lenguaje confuso, sino en el mismo suyo ellos se confundieron, tomando piedra
por agua y agua por piedra; que ésa fué la grandeza de la sabiduría del que
confundió aquel soberbio intento. Yo no envio confusas las Soledades, sino las
malicias de las voluntades que en su mismo lenguaje hallan confusión por parte
del sujeto inficionado en ellas.• Y dice M. de Angulo y Pulgar en sus Epístolas
sati.ifatorias (Granada, 1635), contestando a Cascales: «El símil de Babel agradezco mucho a Vm., porque aunque le trae para prueva de la confusión que
juzga en el estilo de D. Luys, es muy ajustado a mi intento, sabido el secreto
del milagro; y es que Dios confundió a los de aquella torre, no con darles lenguaje confuso, sino haziendo que en el mismo suyo ellos se confundiessen,
tomando piedra por agua y agua por piedra; y ésta fué la grandeza del milagro:
que no lo fuera tanto confundirse hablando en lengua que no sabían. Aplico el
símil: las Soledades de D. Luys y el Polifm¡q no están confusos ni hablan en lenguas diferentes, sino en la suya materna; sino que la embidia o malicia de los

�336

A. REYES

Compárese esto con las teorías de Carrillo y Sotomayor en el Libro
de la e,-udición poética y la carta correspondiente, teorías que expone L.-P. Thomas en Le lyrisme et la préciosité cu/tistes (1909), páginas 74-76. Parece, en efecto, que Góngora, en la carta cuyos principales fragmentos transcribo, sigue muy de cerca las doctrinas de su
joven predecesor 1•

PUBLICACIONES RECIBIDAS
POR LA

«REVISTA DE FILOLOGÍA ESPAÑOLA»
DUJlANTB BL TIRCBR TRilllBllTRB DB 1918

***
Sobre el empleo anticuado de «dueño de la fiesta•, a que me refiero en la página 321, véanse estas palabras de D. Antonio Hurtado
d e Mendoza, citadas en el Catálogo de Barrera, pág. 148, col. 2.a:
« ..... fiesta que tenía por motivo a su Alteza, y por dueño a la condesa
de Olivares».
Escrita y compuesta ya en la imprenta la reseña anterior, llega a
mis manos la revista Hispania, Paris, I, núm. 3, y en ella veo unas
traducciones al francés de sonetos de Góngora, hechas por F. de :Miomandre, y un sugestivo artículo de éste, titulado: Critiques a mi-voix :
Góngora et Malla,mé. He de dedicarle una reseña aparte. Ya era tiempo
de que la crítica gongorina se orientara en este sentido.
ALFONSO

REYES.

que le pesa de su lauro..... los ha confundido en la misma suya, por parte del
sugeto inficionado• [de envidia, malicia o ignorancia]. (Fols. 3 v y 4.) Las semejanzas verbales no pueden ser mayores.
t Prescindo en esta reseña de algunas ediciones de carácter popular. Véase
Rev. de Filo/. Esp., IV, págs. 62 a 64, para algunas noticias bibliográficas que
caen dentro del período que abarca este trabajo. Merecen mención especial las
ediciones siguientes: GóNGORA, Letrillas y romances (Libros de Horas de la
•Biblioteca Corona•), Madrid, 1917; y en los •Jardinillos•, de A. Giménez Fraud,
el de Canciones, el de Villancicos y el de Sont!os, en que figuran algunas piezas
de Góngora.

Libros.
ALoNso Co1tris, N. - Cervanks m Valladolid. - Valladolid, «Casa de Cervantes•,
0
1918, 8. , 109 pá.gs. (Publicacio~es de la •Casa de Cervantes•, m.)
CUNBA, X. l&gt;A. - A &amp;ponfí1,/ cervantina da Bi6liofMea NaciMal de Lis6oa. Breve
noticia pelo director da Bibliotheca, X. da C., seguida do respectivo catálogo por E. de
Castro e Almeida. -Lisboa, Imp. Nacional, 1go8, 4-º, 133 pigs.
F1GU&amp;DlBDO, F. DE. - Estudos de Liltn-atuf'a. Arligos varios. Segunda serie: 1917. Lisboa, A.M. Teixeira, 1918, 8.0 • 201 págs.
LmMANN•Nrtscua, R. - Los manuscritos del diario de Sc/unide/. Breves apuntes, Buenos Aires, Talleres Grá.ficos del Ministerio de Agricultura, 1918, 4.º, 10 págs. y
6 facsímiles. (De la ROBA, tomo XXXVID, pág. 152 y sigs.)
LóP.KZ CARBALLEIRA, A. - Religió11 comjaf'ada. luligiún y f'eiigw,us. Ensayo filosófi.
co, científico e histórico. -Madrid, •La Lectura•, 1918, 8.0 , 252 pá.gs. {Ediciones de
•La Lectura•. Gencia y educación. Manuales.)

MARQUBS, A. A. - Gil Vicente e a suas o6f'as. Ensaio duma monographia litteraría.Portalegre, Tip. de T. IL Morgado, 1917, 8.0 , 53 págs., 300 reís.
PATTBRSON, W. M. - The ,-1,ytl,m o/p,-ou. An experimental investigation of indiri•
dual difference in the sense of rhythm. Second edition. -New-York, •Columbia Univ.
Press•, 1917, 8.º, xxv-193 págs., 1,50 pesos.
SNBLL, A. L F . -Pause: A Study o/ üs Natv,f't and iú Hlzyllunicai Fun;:tion i#
Verse, specially Blank Verse. - Ann Arbor, •Ann Arbor Press•, 1918, 4-º, 86 pá.gs.

Revlstu.
A Aguia. - Porto, 1918, XIII, 79-81.
La Alhambra.-Granada, 1918, XXI, 488-493.
Archivo Ibero-Americano. - Madrid, 1918, X, 28-29Ateneo. - Vitoria, 1918, VI, 58-óo.
La Basílica Teresiana. - Salamanca, 1918, IV, 49-52.
Bibliofilia. -Barcelona, 1916, XXIl; 1917, XXIll-XXIV.
La Bibliofilia. - Firenze, 1918, XX, 1-2.
Bibliografia Española. -Madríd, 1918, XVllI, 15-21.
Boletín del Archivo Nacional.-Habana, 1918, XVIl, 2-3.
Boletín de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra. - Pam•
piona, 1918, IX, 35.
Boletín de la Comisión Provincial de Monumentos de Orense.-1918, VI, 121-t22.

�•

Boletin Históríco de Puerto Rico. - 1918, V, 3-4.
Boletín de la Institución Libre de Enseñanza. -Madrid, 1918, XLII, 700-703,

Revista Castellana. - Valladolid, 1918, IV, 26.
La Revista Católica de Santiago de Chile.- 1918, XXXIV, 404-405; XXV, 400-411.
Revista del Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino. -Granada,

Boletín de.la Real Academia Española. -Madrid, 1918, V, 2 4.
Boletín de la Real Academia de la Historia. -Madrid, 1918, LXXIII, 2-5.
Boletín de Santo Domingo de Silos. -Burgos,.1917, XX, 10-12; 1918, XXI,

Boletín de la Sociedad Castellana de Excursiones. -

186-187.

Valladolid

'

1.

1918 XVI

'

'

Bolleti de la Societat Arqueológica Luliana. - Palma de: Mallorca 1918 XVII
454-456.
'
'
'
Bollettino delle Publicazioni Italiane. - Firenze, 1918, 207.

The Burlington Magazine far Connoisseurs illustrated and Published Monthly.London, 1918, XXXII, 185-186.

Butlleti de la Biblioteca de Catalunya. -Barcelona, 1917, lV, 7.
Butlleti del Centre Excursionista de Catalunya.-Barcelona, 1918, XXVID, 278-28o.
Catálogo mensual de la Librería Nacional y Extranjera de Fernando Fe. -Madrid,
1918 1 XXXIX, 4-6.
~
La Ciencia Tomista. -Madrid. 1918, XVI, 53.
La Ciudad de Dios.-Escorial, 1918, CXIV, 1o85-1088.
La Critica. -Napoli, 1918, XVI, 4-5.
Cuba Contemporánea. -Habana, 1918 1 XVII, 2-4; XVIII, 1-2.
Current Literature of the Month. -London, 1918, 114-n6.
Don Lope de Sosa. - Jaén, 1918, VI, 67-70.
España y América-Madrid, 1918, XVI, 15-21.
Estudio. -Barcelona, 1918. XXI, 63-óg.
Estudios de Deusto.-Bilbao, 1918, XV, fió-67.
Estudios Franciscanos. -Saniá (Barcelona), 1918, XXI, 135-137.
Euskal-Erria. - San Sebastián, 1918, LX~, 1204-12o8.
Filosofía y Letras. - Madrid, 1918, III, 24-25.
Hispania. - California, 1918, I, 3.
Hispania. -Paris, 1918, 1, 3.
O Instituto. -Coimbra, 1918, LXV, 5-S.
Inter-America. -New-York, 1918, II, 2-3.
The Johns Hopkins University Circular.-Baltimore, 1918, 6-7.
La Lectura.-Madrid, 1918, XVIII, 212-21.4,
Lusa. - Viana-do-Castello, 1918, II, 31-36.
Modem Langüage Notes. -Baltimore, 1918, XXXIII, 7.
Tbe Modem LanguageReview. - Cambridge, 19t8, Xlll, 3.
Modero. Language Teaching. -London, 1918, XIV, 5.
Modero Philology. -Chicago, 1918, XVI, 2-5.
Nuestro Tiempo. - Madrid, 1918, XVIII, 235-238.
Publications of the Modem Language Association of America.-Cambridge, Mass.,
1918, xxxm, 2-3 .
La Rassegna. -Firenze, 1918, XXVI, 3.
Razón y Fe. -Madrid, 1918, LI, 4; LII, 1-3.
Rendiconti della Reale Accademia dei Lincei. -Roma, 1918, :XXVIJ, r-2.
Resumen Bibliográfico. - Barcelona, 1918, XVI, 7-9.
La Revista. -Barcelona, 1918, IV, Gg-70, 75.
Rev'.sta de Arc~ivos, Bibliotecas y Museos. - Madrid, 1918, XXII, 5-8.
Revista Argentma de Ciencias Políticas. - Buenos Aires, 1918, XV, 94-g6.
Revista de-Bibliografía Cbileña y Extranjera. -Santiago de Chile, 19¡8, VI, 1-4.
Revista Bimestre Cubana. - Habana, 1918, XIU, 3.
Revista Calasancia. - Madrid. 1918, VI, 67-0).

1918, VIlI, 2-3.
Revista Cristiana.-'- Madrid, 1918, XXXIX, 872-874.
Revista Eclesiástica. -Valladolid, 1918, XL!If, 2-8.
Revista de Historia. -Lisboa, 1918, VII, 26-27.
Revista de Historia y Genealogía Española. -Madrid, 1918, VII, 7-10.
Revista Histórica. - Valladolid, 1918, I, 8-10.
Revista de Menorca.-Mahón, 1918, xm, 7-w.
Revista Nueva. -Panamá, 1918, V, 3.
La Revista Quincenal. - Barcdona, 1918, 11, 38-44.
Revista Universitaria. -Lima, 1917, XIll, t.
Revue de l'En!&gt;eignement des Langues Vivantes.-Paris, 1918, :XXXV, 8-ll.
Revue Hispanique. - Pari~, 1918, XLU, 103.
Revue d'Italie. -Paris, 1918, 6, 9-10.
Rivista Storica Italiana. - Firenze, 1918, X, 2-3.
The Romanic Review. - Lancaster, Pa., 1918, IX, 2.
El Siglo de las Misiones.-Bilbao, 1918, V, 57-59.
Unión Ibero-Americana.-Madrid, 1918, XXXII, 4-5.
Zeitschrift des Deutschen Wissenscbaftlichen Vereins zur Kultur-und Landeskunde
.Argentiniens..-Buenos Aires, 1918, IV, 3.

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BsA'IO JUAN DR Áv1LA.-Epistolario espiritual. Prólogo y notas por D. V. García de Diego.
ARCl~RB.!TE DE HITA. - Libro de Buen Amor. Prólogo y notas por D. Julio
Cejador. 2 tomos.
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Gu1LLÉN oB CASTRO. - Las mocedades del Cid. Prólogo y notas por D. Víctor
Said Armesto.
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Poema de Mio Cid. Prólogo y notas por D. Ramón Meoéndez Pidal, de la Real
Academia Española.
La vida de Lazarillo de Tonnes. Prólogo y notas por D. Julio Cefador.
FERNANDO D.E HERRERA.-Poesfas. Prólogo y notas por D. V. García de Diego.
Cxa VANTBS.-Novetas ejemplares: La Gt"tanüla,Rinconete y Cortadillo, La ilustre
fregona, El licenciado Vidriera, El celoso extremeiio, El casamiento engmioso
y Novela y coloquio que pasó entre Cipión y Ber'ganza. Prólogo y notas por
D. Francisco Rodríguez Marín, de la Real Academia Española. 2 tomos.
FaAY Luis ns LxóN. - De los nombres de Cristo. Tomos I y II. Prólogo y notas
por D. Federico de Onís.
GuEVARA. - Menosprecio de corte y alabanza de aldea. Prólogo y notas por
D. M. Martínez Burgos.
N1EREMBBRG. - Epistolario. Prólogo y nótas por D. N. Alonso Cortés.
QuEVEDO. - Los sueños. Prólogo y nota:s por D. Julio Cejador. 2 tomos.
MoR:ETO.-Teatro: El lindo .D. Diego y El desdén con el desdén. Prólogo y notas
por D. N. Alonso Cortés.
ROJAS.- Teatro: Del Rey a:bajo ninguno y Entre bobos anda el juego. Prólogo
y notas por D. Federico Ruiz Morcuende.
Ruu DE AI.ARcóÑ. - Teatro: La verdad sospechosa y Las paredes ºJ'etl. Prólogo
y notas por D. Alfonso Reye_s.
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Luis VÉLEZ DE GuEVARA.-EIDiablo Cqjuelo. Prólogo y notas por D. Francisco
Rodríguez Marín, de la Real Academia Española.
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especiales, en vez- de dispersarlos pm todo el volumen; de suerte que los
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l. INGLESA....... Mayo, septiembre, enero.
II. GERMÁNICA... Junio, octubre, febrero.

m. ROMÁNICA . ... Julio, noviembre, marzo.
IV. GENERAL .. , . . • Agosto, diciembre, abril.

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anual es de tres dólares. Las publicaciones de la Sociedad (Publicatt"ons of the
Modern Language Association of America) se envían trimestralmente gratis a
Jos socios; se venden a razón de un dólar por cada número suelto y tres dólares por tomo, compuesto de cuatro números. En estas pnblicaciones aparecen articulas relacionados con Jas literaturas y las lenguas romances, y
1:00 las filologías inglesa y germánica, que pueden interesar a los eruditos
españoles.
Diríjase toda la correspondencia al secretario de la Sociedad :
Profesor WILLIAM OUILD HOWARD,

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TEATRO ANTIGUO ESPAÑOL

FILOLOGÍA. ESPANOLA

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OCTUBRE-DICIEMBRE 1918

Tomo V.

Cuaderno 4.0

En esta colección se publican estudios sobre el teatro español, y se reproducen aquellas obras dramáticas que merecen no permanecer inéditas
o ser publicadas de nuevo.

Primeros volúmenes:

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La Serrana de la Vera, de Luis VI/e,: de Guevara, publicada por R. MBNANDBZ PmAL y M.• GovR1 oa MaNÉNoaz PmAL. Un vol. en 8.0 de vu-176 págs.,

NINSULARES E A RESPEITO DE JUAN DEL ENZINA

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Cada cual lo que le toca y La vii'la de Nabot, de Francisco de Hojas Zorrilla,

publicadas por A1dR1co CASTRO. Un vol. en 8.0 de

270

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SE ADMITEN SUSCRIPCIONES A PARTIR DE

TI RADA ~ P ARTE

DE LA

1918

A LA

B I B LI OORAF f A

As paginas que vou enviar boje ao ilustre director da
Revista de Filología Espaí'io!a - folhas desgarradas do meu
Cancioneiro peninsular - dizem respeito, na primei~a ~e-tade
ao Cancionero de Uppsa!a 1, ou seja a algumas das lind1ss1mas
«cincuenta y cuatro canciones españolas del siglo xv» 2 , publicadas e abundantemente (quanto a parte musical) comentadas por Rafael Mitjana (1909). A segunda metade ~efere-se a
poesías erroneamente atribuidas a Jua_n ~el Enz1na, como
fazendo parte da .Égloga de Plácida e Vitoriano.
.
Ao redigi-las, em junho de 1914, destinava-as aRevue H~spaniqzte a qual já dedicara varias investigar,,oes sobre poes1as

Esta tirada aparte se imprime sólo por un lado, para facilitar la
incorporación individual de las paee1etas o fichas en los catálogos
bibliográficos.
Las tiradas aparte correspondientes a los años 1914-1916- tomos I-III-y al cuaderno I.0 del tomo N, 1917, están agotadas.
0

Las de los cuadernos 2. y 4.º de 1917 se enviarán gratis a los
suscriptores de 1918.

Precio: 4 pesetas anuales.

1 No Cancionero de Uppsala reimprimem-se todos os textos d_e
,uma edicao veneziana de , 556, cujo unico exemplar até hoje c?nhec:•do foi descoberto na Biblioteca da Universidade Sueca pelo mvest1gador musicografo Rafael l\litjana.
2
Na realidade só 52, porque duas pec;as sao repetic;oes, quan~o
ao texto; espanholas no sentido lato de !iispánicas, por que o Cancwnero é trilingüe, como o Musical de Barbieri e muitos outros. Prevalece todavía a Jingua castelhana. A par de 46 poesías castelhanas, ha
só 2 portuguesas e 4 catalanescas.

TOMO

V.

22

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        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                <text>Fundada en 1914 por Ramón Menéndez Pidal, es la revista más antigua de todas las publicadas por el CSIC. Cuenta con edición impresa y comienza a estar disponible online en 2007 en formato PDF. Los contenidos anteriores están igualmente disponibles en ese formato.</text>
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              <text>Fundada en 1914 por Ramón Menéndez Pidal, es la revista más antigua de todas las publicadas por el CSIC. Cuenta con edición impresa y comienza a estar disponible online en 2007 en formato PDF. Los contenidos anteriores están igualmente disponibles en ese formato.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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