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                  <text>REVISTA
DE

,

FILOLOGÍA ESPANOLA

MOZARABES

Tomo VIII.

AR.TE ESPAÑOL DE LOS SIGLOS IX A XI

JULIO-SEPTIEMBRE 1921

Cuaderno 3. º

POR

M. GÓMEZ MORENO

LA EVOLUCIÓN DE LA «C» LATINA DELANTE
DE «E» E «I» EN LA PENÍNSULA IBÉRICA

1

de esta obra un completo estudio de los influ-

JóB' sociales de todo orden recibidos de la España arabi~ . influjos que favorecieron el desarrollo de los Estados
cristianos en los primeros siglos de la Reconquista; com--~,.··"-·,_
ptende asimismo monografías históricas, descriptivas y
E1tic_as de unas veinte iglesias y restos de otras, represen-

s del

mismo estado social, predominantemente del

ié'fuo de León; analízanse las manifestaciones externas del
coito cristiano español en este período, y se _hace una minuciosa, descripción de los objetos conservados de carác~ meridional: códices, inscripciones, marfiles, orfebre-

ría, bronces, tejidos, etc.

. E_n dos artículos que ahora figuran en los 111élan es li11,guzs~q~es, Gaston Paris trató en 1893 la cuestión de ~a
nunc1ac1ón de la e delante de e e i en latín y d .6 ,
p~o
.
,
1 as1 motivo
una serie d: nuevas investigaciones por parte de otros
ogos. He aqu1 en resumen el resultado de ellas 2
t
pronunciación postpalatal se ha conservado h;sta nues1:º:x/ªs.;n ~ogudor~s. (Cerdeña central), y en dálmata hasta
. mc1 n e e~te idioma a fines del siglo pasado; por e·emplo. log. kera, dalm. kaira cera. En el sardo
'd' JI 1
palatalización
.
men 10na , a
, .
es posterior a la sonorización de las oclusivas
i t
~n er~ocalicas: crepare pasando por *crebae, *cerbare d
cerbaz.
En rumano
. el mismo desarrollo que
' a
.
. , cina cena tiene
;:: ;.e_q~t
de cribrum, cuya primera se ha elidido
'6 is1m1 ac1 n; resulta de esto que aquí también la palataJ1·
zac1 n se ha p d 'd
.
ro uc1 o relativamente tarde. Para el italiano
las palabras tomadas del longobardo nos dan un punto de re~

~:t

L;,

~;mr

r

~ vols. en 4.º: un vol. de texto con xx1v-407 págs., 219 figs.

y un mapa, y otro vol. con I Sr láms.

•

.
Precio: 30 ptas.

[Este artículo ha sido traducido del alemá
A C
Pa • d'
.
npor . astro]
ra rn 1cac1ones detalladas de bibr cr . ,
•
.
ción al estudio de la ling{f. t"
.
io.,tafia, véase m1 Introduc§§ 125-127.
, ' s ica ,omance, 19 14, traducción de A. Castro,
J

2

TOMO

VJII.

16

�226

W.

ferencia. Los longobardos invadieron la Italia septentrional eo
la segunda mitad del siglo v1, y bajo Luitprando (712-744}
extendieron su poder al Sur de aquella península. El longobardo skirpa 'ajuar' da skerpa en lombardo, scirpa en suditaliano; lo cual demuestra que los italianos del Norte no pronunciaban ya kentum al tomar la palabra, y la k de skerpa
se conservó; mientras que en el Sur el sonido inicial de kentmn se parecía tanto al de skerpa, que los dos coincidieron,.
llegando ·luego ambos a ser c. Por consiguiente,• la transformación se realizó en el Norte antes del siglo vr, y en el Sur
posteriormente al siglo vm. En cuanto al Norte de Francia, la
palabra alemana kreuz prueba que los misioneros venidos de
allá a Germanía, pronunciaban ya * crutse, y no * cruke. Los.
elementos germánicos nos dan además ciertos datos. La palabra franca ski na, que &lt;lió fr. échine, demuestra que cuando se
adoptó, cent u m no se pronunciaba ya kentum; y habiéndose
realizado la ocupación de la Galia septentrional por los francos
en el siglo vr, esto nos permite lograr cierta determinación
de fecha.
Ch. Joret 1 agrupa el norm., bretañ. 2 , valon. sren, pie. sren·
'vasija para manteca', con el anglosaj. cyrine, ingl. mod. clzurn,.
holand. kenze, nórd. ant. kima. Ant. Thomas 3 acepta esto,
y refiere además fr. scion 'rejeton, bourgeon' a una palabra,
germánica que se ha conservado en anglosaj. kz0, saj. ant. kzd,.
suizo kzde 'tallo tierno, vástago', báv. keid 'planta de col' 4 Ahora bien: teniendo en cuenta que la primera de estas dos.
Mélanges de phonétique normande, pág. 38.
Bretañés, el dialecto no románico de Bretaña, a diferencia del
bretón, celta.
3 Mélanges de philologie fran;aise, pág. 137.
4 Se ocurre agrupar con estas \·oces el vasc. kida 'pámpano'. Perola d suscita alguna duda. En gótico esa palabra sonaría *kei9. La 9 gótica era sorda, y en posición inicial da t- en todos los romances; tn
cambio, como meclial se ba sonorizado en vándalo; y en antiguos documentos latinoportugueses se transcribe por -d-. Comp. 9ittdire9s y
port. Toereu. (Véanse WaEDE, Sprache der Vandalen, y MEYER-LünKs.
Romanische Namenstudien, I, 1oi.) Me parece poco verosímil que kidaesté conexionado con kidattt 'guiar'.
1

2

LA EVOLUCIÓN DI!

MEYEK•LÜBKE

LA &lt;C&gt;

LATI:IIA DELANTE DE

«E»

E «I&gt;

227

palabras suena en bretón kitin, ha de sacarse la conclusión
que el Oeste de Francia conservó a su vez el antiguo sonido
de k- más tiempo que el resto del país. Es decir, que lo mismo que en Italia, la evolución tiene aquí fechas distintas.
Siendo así que los préstamos a lenguas no románicas dan
puntos de referencia cronológica para el fenómeno que estudiamos, es manifiesto que en la Península Ibérica las condiciones son favorables para el investigador, por encontrarnos con
dos pueblos no románicos: visigodo y árabe. Los vascos quedan, naturalmente, excluídos. Es cierto que los préstamos hechos por el vascuence al latín conservan el sonido velar 1:
bage pace, gerezi ceresea, gertu certus, etc.; pero ignoramos en qué fecha se adoptaron esas palabras.
. ~:aramen~e se deduce de nombres como los portugueses
Szntzao, Centuies, del gót. Kintila; Cepoes, Sepaes, del gótico
K i p p a 2, que la palatalización no acaeció hasta después de
la época visigoda, o por lo menos dentro de aquélla; es decir,
que es más moderna que en Italia y en una parte de Francia.
En completa consonancia con esto, las palabras árabes&gt;
introducidas mucho después, conservan su sonido velar, tanto
el quef ('3) como el kaf (S'): alquiler lf]I, port. alqueire ~ \ ,
esp. alquitrán ul_,WJI, port. alqueive 1_,.:iu1.
Todo lo que es de fácil_la cuestión vista así, es de complicada cuando se tiene en cuenta el -mozárabe. Se encuentran
aquí tres reflejos de e latina: k, z 3 y s, y hay que investigar
en qué relación está11 y lo que enseñan sobre la evolución.
1

Según notó ya G. PH1urrs, Über das lateiniscke und romanisch~
Element in der baskisdtt Spracke. (SBAkWienP!tKl, LXVI, 250.)
2
_ Véase AzEVEDO, Rev. Lus., VI, 49. El gót. Kippa corresponde al
antiguo alto al. Cltejfo, que sólo aparece trasmitido en el nombre de
lugar Chef.fingen; véase FoRSTEMANN, Altdeutsches Namenbuck, I, 363.
Para Requiíio junto a Reciíio, de Rikkila, véase MEvER·LüBKE, Romanisclu Namenstudien, 11, 19, nota.
3
Correspondiente al 1:: árabe, que defectuosamente transcribe Simonet por ch. En adelante transcribimos por z el sonido correspondiente al r, aunque Simonet lo ponga con ch, pues esto último dificulta
la i~terpretación fonética. Por la misma razón representamos por i
el ,._;;,, que Simonet transcribe por x.

•

�228

W. MEYER·LÜBKE

Los materiales han sido reunidos concienzudamente por Simonet en su Glosario de voces ibéricas y latinas usadas entre los
mozárabes. Desgraciada~ente es difícil su utilización científica,
por no_ estar impreso¡; muchos de los textos utilizados o ser
poco accesibles. Por esto es difícil distinguir lo que sea peculiaridad de cada escritor, de las meras erratas, cuando hay
varios manuscritos. Sólo he podido comprobar los datos de
Pedro de Alcalá (que abrevio-PA), nuevamente editados por
Lagarde; las Glosas de Leyden (LG), y el Vocabulista in arabico, edición Schiaparelli (RM, porque su autor, probablemente, fué Raimundo Martín).
Para k hay pocos ejemplos: querasia, riquino, baquía, duraquin, fayquiya, Igriquia. Es, sin embargo, poco verosímil que
a la llegada de los árabes cualquiera de estas palabras se pronunciara aún con k en algún sitio de la Península..Más probable es que se trate, en la mayoría d«': los casos, de voces ya
-existentes en árabe o bereber, tómadas al griego o al latín del
Norte de África, o procedentes de tradición escrita; no debemos olvidar, en efecto, que las fuentes del mozárabe son a
menudo diccionarios de Medicina o de Botánica, cuyos autores tenían gran práctica de la literatura técnica griega y latina.
Una voz de esa clase es, por ejemplo, riquino, que el judío
Jonas ben Isaak, llamado Ibn Buclarix, emplea en su Diccionario de Medicina, compuesto en uo6; y por lo demás, también usa la forma rizino ~ J - Su predecesor, Abderrahman
ben Muhammed Ibn W afi.d, al que uti¡iza, sólo conoce dicha
última forma. Se trata, pues, meramente de una transcripción
inexacta de r i c in u s, hecha por medio de la vista y no con
el oído 1 .
1 No siendo admisible que los árabes hayan oído laten el grupo ~j,
podría considerarse también como cultismo retewel (LG, 443), de retiolum. En contra habla la representación de o por ue, lo que sólo
puede explicarse por el origen español; y corno Pedro de Alcal.í
flexiona esta palabra, es claro que procede de la lengua hablada. Las
formas son: alvanega de red: rutfal, ratijil ( 100, 5); capillejo de mujer: n,t.fal, ruifalit; capillo assí: rutful, ratijil (139, 22, 25). Las formas con uhan debido ser primeramente plurales (comp. quitib, cutub, 142, 3r¡;

LA EVOLUCI6N DE LA &lt;C&gt; LATINA DELANTE DE &lt;E&gt; E &lt;I&gt;

229

Más complicado es el caso de cerasia. Las formas son:
zerasia, zeresia, corasia, querasia, queracia, queres. Las tres
últimas coinciden con las árabes, que a su vez son de origen
griego. Queres, sin embargo, sorprende por su e y por su s.
La e podría explicarse por imala; pero la s es en general
reproducción de una s española, no de una s latina o griega
(véanse pág. 243 y Einführung, del autor, tercera edición, 1920,
§ 48). En vista de lo cual, este queres, usado principalmente
por escritores granadinos, habrá de mirarse como fusión del
ár. queras y el esp. cereza.
Dttraquin es aún árabe, y ha penetrado en turco 1 ; pero
procede del gr. dorakinon, venido antiguamente del lat. duracin u s.
. H.1 ~ que suponer también mediación del griego para fayquzya ~ ; . Esta palabra se encuentra ya entre los bizantinos; y en el glosario latino-griego llamado Hermeneumata Leydensia, figura como griego, y existe en griego moderno 2 • Del
griego proceden el hebr. :,•¡,oEl 3 y la palabra árabe, la cual a
su vez vino a España: esp. ant. fasquia, que Simonet traduce
'fascia lignea navalis', port. fasquia 'pedai;o de taboa estreita
e comprida', con una significación alejada de la originaria,
sobre todo en. lo que se refiere a la materia del objeto. Junto
a la forma griega aparece también la latina.
Baquía está tomado por Simonet del Dictionnaire arabefranyais de Beaussier, y no de fuentes mozárabes; pero lo
quixara, crtxttr, 143, 25, y xeqce, .-ruqec, citados por BROCKBLMANN,
~rundr. der vergl. Gram. d. Semit. Spr., 1, 429); luego llegaron a ser
smgulares, pasando por el significado colectivo, lo que es aún más
frecuente en semítico que en indoeuropeo (véase Brockelmann, 437).
En se~ítico meridional son ~ún flotantes los límites entre singular,
colectivo y plural. De esto se deduciría que retiolum existió en español como *rezuelo; los mozárabes lo relacionaron con red, y se conservó en la forma retewel.
1 Véase G. MRYRR, Türkisclte Sittdien, 1, 29. (SBAk WienPltKI,
CXXVIII.)
2
Véase G. MEYER, Neugriecltiscl1e Stttdien, 111, 68 (SBAkWienPkKI,
CXXXII), y CGIL, VI, 436.
3
FüRsT, Glosarium graeco-hebraeum, 176.

�230

LA EVOLUCIÓN DE LA &lt;C&gt; LATINA Dl!LANTI! DE &lt;ii&gt; E&lt;!&gt;

\V. l\111YER-L0BKE

acepta por ser idéntico al esp.-port. bacía. Esta palabra está
limitada al Norte de Africa y a la Península Ibérica, y no se
encuentra en otros dialectos árabes; cremon. bázia, boloñ. bdzva, que Simonet toma de Biondelli (Saggio szú dialetti galloitalici) e identifica con bacía, deben ser cosa distinta, a juzgar
por el acento y la z sonora. En el caso de bacía trátase positivamente de una antigua voz, no latina, que resistió a la romanización, y se ha conservado hasta hoy con la velar palatalizada en este lado del Mediterráneo, y con la velar conservada en África. Parece exacta la relación que suele establecerse
entre este baccia (así se escribiría en latín) y el baccea de San
Isidoro (XX, 5), en el capítulo «de vasis potatoriis» : «Primum
a Baccho quod est vinum, nominata, postea in usibus aquariis
transiit.» Realmente, bacía, baquiano es una vasija para beber,
pero San Isidoro se dejó llevar en dicha explicación de su etimología, según le ocurre a menudo. Habrá que acentuar baccéa,
ya que las formas actuales no pueden referirse a una acentuación báccea. Se ocurre relacionar el tema bacc- con el baccinum 1, atestiguado en Gregorio de Tours, origen del fr. bassin,
mod. a. al. becken; y también con el lat. bacar 'vas vinarium',
según Festo, que ha tomado un significado ulterior en sicil. bákara 'vaso piccolo fatto di varie materie'; en fin, con bacarium 'vas vinarium' en glosas, etc. Pero con todo esto sabemos bien poco; conforme a su tipo general, todas estas palabras
no tienen en modo alguno aspecto latino.
lgriqzda 'Grecia' no tiene que proceder de un bizantino~ I'pwxía, por su i (cfr. igril gryllus), pero debe tratarse
de una forma tomada al griego por la lengua cancilleresca de
Roma, y trasmitida luego a los orientales 2 •
1 Si baccin um fuese un préstamo hecho a África en época franca,
no sería éste un caso sin precedente. El carcannum del latin merovingio&gt; fr. ant. charcltan 'argolla', que no tiene ningún aspecto germánico, conviene semánticamente con el ár. halhal J.s..l...., y se explicaría también fonéticamente admitiendo una disimilación de 1-l en ,·-/
(prov. careo/) y luego r-n.
2 No me parece que pueda compaginarse con lo que sabemos acerca de la evolución del diptongo ae, el admitir que el alemán kaiser o el

231

~s

incomprensible para mí riqmel (Rl\1) junto a razzzm
~ ) , el último de los cuales, en forma plural, conviene también con rixmel, raginzel (PA, 265, 4). Aunque estas palabras
.aseguren la existencia de un *racemellus no atestio-uado
y
.,
revele aquí el mozárabe síncopa temprana de la vocal mediaÍ,
es inverosímil que esta síncopa ocurriera en época de pronun-ciación velar de la c.
La forma más usual de reproducir la e es, como hemos
&lt;licho, clz, ár. 1:::, que representamos por z (c!t en Pedro de
Alcalá), ya sea ce, ci, ya ej. Doy numerosos ejemplos, y los
.acompaño de las observaciones necesarias para su inteligencia.
Abuz l:::.Y.\, aguz
lat. albucium. La pérdida de la/
no es usual en iberorrománico, ni en árabe, ni en mozárabe;
pero se explica bien partiendo de una pronunciación catalana,
en la cual la l es tan velar que el sonido vacila entre l y u 1 _
Un albuz, aubuz podía dar, por disimilación, abuz, sobre todo
.al ser oído por extranjeros. Hoy existe la palabra con sufijo
distinto (aubó) sólo en las Baleares: Amengua! la señala en
Mallorca y Aguiló en Menorca. El albosa que este último cita
de Barcelona será la forma originaria.
Azetáira ~~\ es el mod. acedera, y ac!tetiella es ace)

)

e,~,,

dilla.
Aclzicoria 2 • El fr. clzicorée, en lugar del ant. cicorée, no aparece hasta el siglo xvn, y procede del ital. cicoria; en cambio
la forma española aclzicoria con clz- (junto a cicorea) procede
del mozárabe, a juzgar por la a- inicial. El ár. sicoria, siqoria,
bereber laida&lt; lat. taeda, conserven el antiguo diptongo latino, se-gún en este último caso acepta SceucHARDT, Die 1-o,nanisc/1en Lehnwó·rler in Berberisclten. (SBAkWienPhKl, CLXXXVIII, 20.) ¿No habrá habido en este caso fusión de taeda con el gr. oc,.!~ 'antorcha', fusión
que en forma algo distinta hay que admitir para las formas románicas?
(Véase REWb, 8520.) En cuanto a kaiser, habrá surgido bajo la influenda de algún modelo escrito.
·
1
•Es a veces dificil distinguir si se oye to u, y a menudo ambos
sonidos se permutan; en las Baleares y Cataluña se oye pauma:palma,
auba: alba.• (SAROJHANDY, Grober's Gnmdriss, J2, 863.)
~ Simonet no cita la grafía árabe; las formas árabes de África que
cita tienen U""
'· : ~:,r-•
&lt;!:.

�232

W, MIIYER•LÜBKE

L,\ EVOLUCIÓN DE L,\ ce» LATINA DIILANTII D11 c¡¡, E cu

generalmente extendido, viene del italiano; como el árabe no
posee el sonido e, reproduce e extranjera por s 1 •
Acltilcho acisclo. Con esta evolución fonética hay que com. parar ca/cha (;, en Simonet) 'cabo de cuchillo' (PA, ·132, 18),
del lat. cap ul'ü m 2 , y mulclz 'morezillos de los brazos' (315, 2 5),
de musculus. Resulta de esto que en la época en que estas:
palabras se separaron de la evolución española, los grupos -scly -ppl- aún se pronunciaban con !; que sólo más tarde en español se perdió la c y la ! palatal se convirtió en alveolar pura
en el caso de -sel- (muslo) 3, y que en el de -ppl- la ! dió j (z}
como en otros casos y se asimiló la pp, ensordeciéndose (cachas). En mozárabe, por el contrario, quedó la!, pero al mismo
tiempo aparece como l ante consonante; luego, en esos tres.
casos ! progresó hasta j (z) como en español y asimiló las.
consonantes anteriores.
Afranza ~.}\, 'Francia' en Idrisí, tal vez se· deba a influencia italiana. En cambio el Ifranja de Pedro de Alcalá parece transcripción del gr. H(flpr.cn(a.
Arza ~ ) corresponde a zarza y a arya en Ibn Alchazzar•
que vivía en el siglo x. Hay otras palabras conexas con éstas,
que ya agrupó Simonet, junto con muchas que son distintas.
Los que más convienen con el mozárabe son el cat. ars (masculino); enJos Pirineos orientales también arse (femenino), 'aubépine, ronce'; cat. barsa, barser 'espino', que recuerda en su
inicial al bearn. barte, gasc., narbo:n. barta 'broussailles' y al
bartás que el Atlas de Gilliéron atribuye precisamente a Narbona cor .el sentido de 'aubépine, buisson, haie, mtlre, prune-

1 Cfr. iinku&lt;ital. cinque (VoLLERs, ZD.llfG, LI, 320) y las numerosas palabras turcas que empiezan con e (lbíd., 307).
2
No veo la razón del alargamiento de la p que exige el esp. caclta.
Tampoco se ve la causa de que las formas románicas deriven de
*cappone y *cappulare en lugar de capone, capulare; pero
por lo menos estas dos palabras coinciden semánticamente.
3
La evolución de - sel- en español sigue siendo oscura. B~ist
(ZRP!i, XXX; 467) cree que -sl- es el resultado corriente; pero se
oponen a esta regla maclro masculu [aciclte acisculu, CGILat, V,
590], y de otra parte, mezclar.

\

233

1

lier, ronce' • Una tercera forma es la palabra zarza de la
Penfosula Ibérica, que tal vez proviene por asimilación de
barza, por modo onomatopéyico. (¿Las dos z.z habrán surgido
por el ruido que producen las zarzas al separarlas?) Por el momento no podemos ir más allá de las dos formas originarias.
barta y arcia. Es tanto más probable que se trate de formas
prerrornánicas, cuanto que otras dos denominaciones de la
baya del espino y del endrino, etc., son manifiestamente prerrornanismos: prov. aranhon, cat. aran¿yó (REWb, 294) y dren
en el dialecto de Val Maggia (Ibíd., 2762).
Arzediacon, arziprexbither, avizella, baronzel, calabaza, calabazuela, canniz, cardaclza, carriz, coclzina, comendathizio, conzilio, corazon 2 •
Corbaz ¿.} 'cuervo'. No se conoce en la Península un derivado de corvus con el sufijo -aceu, como ita!. corbaccio,
prov. corbatz, pero puede haber existido fuera del mozárabe.
Lo esencial es que corbaz corresponda a cuervo. Tal vez ha
habido influencia del ár. gorab.
Cortiza ~;S 'boya, corcha de red, corcho' y cortiche
'alcornoque', ambos en Pedro de Alcalá, corresponden por su
significado e incluso por su vocal al port. cortifa (cfr. corteza).
Es posible, sin embargo, que haya habido en español formas
con i, habiendo un derivado cortizada 'encorchadura' que parece venir de * cortizo 'colmena'; cfr. port. cortiw 'colmena'.
Es claro que esta colmena no tiene necesariamente que haber
estado formada de corteza de corcho. La forma con -e es sorprendente, podría pensarse en un cruce de un romance corticho con el ár. alcornoque.
1

Simonet incluye también el vasc. lartza, lartzoa, sartzia; pero
no creo que estas palabras pertenezcan aquí. Lartzi, lartzo son diminutivos de lar 'cambrón, abrojo'; también, laha-r, naltar¡ compárese
también lar-aranza churia 'aubépine blanche', laroloa 'aubépine' en
Van Eyss. Sasi 'zarza' está demasiado alejado por la forma, y sartzi,
que no figura en los Diccionarios de Azkue y de Van Eyss, podría ser
una fusión de los otros dos.
2
Se dejan con ch las palabras en que no consigna Simonet la transcripción.

�234

•

W. MEYER-LÜBKII

Cruz, en santa Cruz ~;'\ .;:..,...;.1;,, nombre de lugar. Es notable que Rabiben Zaid, obispo de Ilíberis, escriba santa qrus,
__,..,_,; ~;'..-, en el calendario para la fiesta de la Cruz, co~puesto en 961; es decir, que tiene por base Santa Crux . El
mogrebí qerus, qeruz procede del esp. cruz.
.
,
Cttrluza ~Y.r"· R. Martín lo traduce por 'noctiluca; pero
· debió equivocarse, ya que ésta significa 'linterna', en tanto que
cztrlzá.a es manifiestamente lo mismo que curlux, que Pedro de
Alcalá traduce por 'luciérnaga'. La .etimología es * culiluce,
según se deduce del sard. kzdiluge; pero el mozárabe ha, dotado la palabra de terminación femenina, conforme a su genero,
en tanto que en sardo se ha hecho masculina 1 . Los sicil. kulilukira 2, napolit. kztlilucete, derivados de culilucida, divergen más fonéticamente, ya que a ellos habría c.o.rrespon~ido
esp. *czdilucio, y en mozár. *curluzido o *curlztzto. *Culil~c i a, sin embargo, carece de apoyo en las otras lenguas ro~anicas, y ofrecería también dificultades desde el punto de vista
latino.
zebolfa, zeco, zenziterio, zenisa, zenteno, zento.
zento!io es traducción del lat. cento; pero inmediatamente
se basa en el bizant. x~Yi:CÚY!OY.
zentopedes, zintopedes, zinzipesa, zinsipesa, fztbcipiclza. De
estas distintas formas, la tercera y la cuarta se explican, en
cuanto a su primer elemento, por asimilación a distancia. La
última (fubcipiclza) tiene una inicial que no me explico; su
segundo elemento conviene con tirpecha (véase pág. 240).
zera cera.
zerasia, zeresia. El mozárabe resuelve tanto menos que la
etimología de las formas ibéricas sea el antiguo cerasia o el
más moderno ceresia, cuanto que en árabe mismo se ha c~nservado cerasia (véase pág. 229). En cambio el vasc. kenza
(que Azkue señala principalmente en Vizcaya_ y Guipúzco~)
vendrá de ceresia; pero en este caso, como siempre que divergen el iberorromance y el galorromance, no se puede deci1
2

Véase SALVIONI, Lampyris italica, pá.g. 13.
La segunda k procede de asimilación a la primera.

LA EVOLUCIÓN DE LA «C&gt; LATINA DIILANTE DE &lt;E&gt; E &lt;I&gt;

2

35

&lt;lir por el momento si el vasco español ha tomado la palabra de
uno o de otro. Gerezi en vasco francés sólo puede venir delgalolatino; fr. cérise, prov. cerieiza también derivan de ceresia.
zervo 'ciervo', zica 'chica'.

zicala debe compararse con el cat. cica/a, en oposición con
el esp.-port. cigarra. Un mozár. *zichala, con -ch- de -g-, supondría un antiguo préstamo (pág. 243) y daría la explicación
de chicharra, valenc. gi:Jarra; pero falta en qué apoyar dicha
forma. Más bien veríamos en esp. mod. chich- una especie de
onomatopeya .
ziczeete, zicuta, zocuta, zig uta. La forma con -ue- no es sino
un error; zocuta presenta asimilación de la vocal inicial a la
acentuada, como ya ocurrió en una época anterior, según resulta del rum. cucuta, prov. mod. kuküdo, etc. (Véase Introducción, § 120.)
zintáuria, chipp 'cepo', zirba 'cierva'.
zirbio sólo ocurre como nombre de persona, y por lo tanto
no se sabe con seguridad si corresponde o no al ita!. cervio,
es decir, si se trata del masculino del cervia de las Notas
tironianas, del que hasta ahora sólo se conocen reflejos en
francés e italiano. (Véase REWb, 1844.)
zirca 'mesto, árbol de bellotas' (PA, 3Jla,31 ), chirque 'roble' (381 a, 20), zirich 'coscoja en que nace la grana' (158a, 22),
2.iriza 'carrasco, árbol de bellota' (141 b, 38). La primera de
estas formas viene del lat. vulg. cerqua; compárese gall. cer.quinlzo y REWb, 6951; las otras recuerdan el ita!. quercia, sólo
que hay que suponer que q uerceus dió *cerceus por influencia de *cerqus. Fray Patricio de la Torre 1, que a prindpios del siglo XIX transcribió en caracteres árabes el Glosario
de Pedro de Alcalá y le añadió valiosas notas, trae la forma
.quirisa ¡~,f- Para apreciar debidamente el valor de esta forma habría que conocer el criterio que ha inspirado la transcripción al árabe, del cual no habla Simonet al dar cuenta de
la existencia de esta obra, que se conserva manuscrita en la
Biblioteca del Escorial.
1

Véase

SrMONET,

Glosario, pág.

cLxvm.

�236

W, !IIEYER-LÜBKE

zirz ~r. 'cierzo', lat. cercius.
Clzirnia 1, lat. acernia 'mero, pescado' ha pasado, con
probable ensordecimiento de la inicial (que tal vez sería d,
al and. y al port. chernia; en Marruecos vive hoy con la forma
zenzia, sernia. Para el cambio de s y z véase pág. 243.
zirola 'ciruela'; zit, n. de l., civitas; zitria 'cidra'.
Dztzamber ~..&gt; december. La forma con -u- está muy
extendida en bereber y en marroquí; de ella habla Schuchardt
(Loe. cit.; pág. 67) y nota que también september da marroquí sutanbir, bereb. sutambar, pero dice que la -u- ofrece dificultad. El mozárabe conoce también la labialización en este
segundo caso; pero tiene o, no u: · axotembar en RM, junto a
xitinzbar en PA. Fácil es colegir que december ha igualado
su inicial con november 2 , y la diferencia en el matiz de la
labial procede de la imprecisión del vocalismo _y de las frecuentes vacilaciones entre tt y o; de hecho el marroquí dice
hoy nuwanbir.
Echino 'especie de marisco, equino'. Si no se trata de una
simple transcripción del gr. ix_tvo,;, habrá que añadir esa forma
a los escasos derivados populares del REWb, 2895.
Elche Ilice 3 •
Elzina ~ &gt;1 'encina' está aun próxima al lat. ilicina.
Fazaira 'r;s.tro, cara'. El correspondiente port.faceira 'cara
de persona gorda'; el marr./azza 'máscara', según Beaussier.
Fauzil 'falcastrum' (RM), 'guadaña' (PA, 365 a, 31); este
último trae como distinto fauclzel 'hoce para heno'. Falcastrum
sólo está atestiguado en San Isidoro con esta explicación :
«ferramentum curvum cum manubrio longo, ad densitatem
veprium succidendam'; lo cual más parece guadaña que hoi.
1 Esta palabra la trae Simonet de Pedro de Alcalá, y no conocemos, por tanto, la grafía árabe.
2
Schuchardt acepta ahora esta explicación, siguiendo a Merlo, eo
ZRPh, XL, 112.
a. La explicación de BARNILS, Mundart von Alacant, pág. 73, de que
Elche procede de *Illíce, según el catalán, tropieza en_el obstá~ulo
que los romances que pueden informarnos sobre la l de _11 ex, el ita·
liano (elce) y el sardo (elige) suponen !, no !l.

LA EVOLUCIÓN DB LA &lt;C• LATINA DELA:-ITB DE &lt;E» E &lt;I&gt;

237

Entre las formas románicas, el prov. fausil coincide exactamente con el mozár. fauzil, y conviene con el sentido de
falcastnem. Es este un caso más de esas notables formaciones
con -ile 1.

•

No hay· manera de saber si fauzil y fauzel son dos palabras distintas, o si Pedro de Alcalá las distinguió sólo por el
significado, ya que ninguna de ellas existe en lps dialectos
puramente románicos de la Península.
Felza, felezo, feliz, fel(e)zon derivan todos de filex. Para
la derivación con -on comp. almendrón, piñón y Gramm.
lang. rom., II, § 456. Es curiosa la terminación de felezo, que
no se puede equiparar sin más al gall. fe/¡(o, a causa de la diferencia de la consonante. Fel'í.a asegura la existencia del simple filice en la Península, y de ello resulta la necesidad de
investigar nuevamente la relación del gall. felgo, bereb. ifilku
con las formas latinorromances. H. Schuchardt (Loe. cit., página 25) atribuye ifilktt a filix, sin detallar más la etimología;
pero añade: «para formas romances como el gal!. felgo tampoco es necesaria una formación regresiva». Como quiera que
Schuchardt no admitirá la infeliz idea de Ascoli de un nominativo en latín vulgar del tipo *filec (Arch. Glott. Ita!., X, 93),
pensará en un lat. vulg. * filicuII_J., que se explicaría como un
singular de filica, tomado como un plural colectivo. Thomas
halló este filíca en un manuscrito de Oribasio: «extrahit os
fracta aut corrupta et surculos et spinas infixas et sagittas et
cannas et filicas» (Mélanges Havet, 510). La traducción proce-de del siglo VI, y fué hecha en Rávena; el manuscrito más antiguo (de Berna) es del siglo VII, y otro del vm. Como la forma
en -a sólo se halla en un manuscrito, es por lo menos posible
que filicas esté por filices, y Sf! deba a analogía con las dos
-as que preceden; es decir, una simple errata.
Por lo que atañe a los reflejos romances de este aparente
filica, hay que notar que el rum.fericl:í es más bien una formación nueva, ya que aquí a los plurales en -ci corresponden
1
Véase Gramm. lang. 1·om., II, § 437, donde se agrupan dichas
formas.

�238

LA EVOLUCIÓN DE LA &lt;C» LATINA DELANTE DE «E&gt; E «-1&gt;

W. l\lEYEK·LÜBKE

en gran medida singulares en e (véase ZRPh, XXXIX, 319).
El francés sudorienta! presenta una forma que parece derivar
de filica. Mírese su extensión en la hojafougere del Atlas
linguistique, y compárese con ella la hoja pul ex; fácilmente se
verá que el Sudeste y el Sur de Francia tuvieron en tiempos.
fil ice, a diferencia del filicariafouglre en francés del Norte;
más tarde este filicaria (o mejor, fougere) invadió la región
Sur y redujo a islotes el área de filice, ~ntes uniforme. La
nueva palabra no ha expulsado completamente a la antigua►
sino que ha influído en parte sobre su forma, en tanto que Slt
tema era el de Jougere. En vista de todo lo cual, creo del caso
seguir opinando que el gall. felgo es una regresión, en primer·
lugar, porque existe felgueira, y luego porque el género noconviene con el de * filica. El bereb. ifilku es igualmentemasculino, según demuestra la i-, que origin~riamente designaba los plurales masculinos, pero que en muchos otros casos.
se deslizó al singular 1 . Ignoro por qué *filki (así habría sonado
filice) se ha hecho masculino; pero eso sólo no constituyeninguna base para deducir una forma en latín vulgar, para la
cual falta un seguro apoyo.
sant Feliz.
Filaclz 'hilazas para heridas' (PA 275 a, 1) es un plural ►
cuyo singular sería fi!acha . El esp. hilaza significa otra cosa;.
en cambio, ital.filaccie significa precisamente 'hilas'. Esp. hilacha puede ser italiano o mozárabe.
Fo'í.laira, esp. ant. fruslera 'latón'. El origen de la palabra es oscuro; sin embargo, la 'í. mozárabe demuestra que la..
s procede de c. Formalmente bastaría *focilaria, de focus,.
focile, pero la significación suscita dificultades.
Fontezella, forna'í. y el nombre de lugar Forna'í.olos, hoy
Hornachuelas (Córdoba), marr. fornazi y fornaq. ¿Procede el!
último del latín africano? Éste conservaba el sonido velar latino, según resulta del citado ifilku, del bereb. tkilsit 'morera',.
tkilsa 'mora', morus celsa 2 y de akiker 'garbanzo', cicer-

.
1
2

'fViener Zeit. z. Kimde des 1Worgenlands, XXII, 246_
Es notable la coincidencia en el género con el log. kessa •len-

ScHUCHARDT,

239

Laz'í. laqueus.
Laz'í.az, lazlaz, la'í.laza (RM), laclzach, lechech (PA), lat. 1ucere. El verbo ha debido salir de la tercera persona singular.
Un *luze pudo convertirse sencillamente en una base de tres
radicales, repitiendo la consonante final : lufo'í.. Al tema de
imperativo luzuz, y a la tercera persona singular del imperfecto ial'í.u'í., correspondía un perfecto lazu'í.. Una forma con .
ese vocalismo servía «para designar estados esenciales y durables• (Brockelmann, pág. 505); en tanto que la expresión
indiferente tiene la vocal normal a-a, es decir, laza'í.. También
el sencillo, tomado como una raíz bilítera (lu'í.a), podía dar
un perfecto laza, y con reduplicación, producir el intensivo
lazla'í.. (Véanse formaciones análogas en Brockelmann, página 520.)
Lamach 'encenagar', sin duda derivación de lama con el
sufijo - qceus, aunque no hay que ocultar que el sufijo tiene
aquí un uso inacostumbrado. En español hay lamazar, -que
supone un aumentativo lamazo. Como PA (215, 17) da lam11taclz como verbo, habrá que partir de un sustantivo concreto
*/amaz, del cual salió un verbo con alargamiento de la radical
medial (Brockelman, pág. 509), sobre el cual se forma luego
un nuevo abstracto lamach.
Letefozo 'cerrajas, hierba'. La mayor parte de los nombres
románicos de esta planta son derivaciones de l ac (véase Rolland, Flore populaire de la France, 1, 167). Lo único chocante en esta voz mozárabe es la terminación; Simonet nota el
arag. lechacino, leclzecino 1 •
Lu'í.erna.
Me'í.inar 'mechina!' es curioso, por asegurar en la Península la conservación de la antigua significación de machina
'andamio'. Al emplear San Isidoro (19, 8) este significado para
tisco', murigessa 'mora' (~I.-L., Zur Kenntniss des a!tlogudoresisc/1en, 2~;
M. L. \VAGNER, Lautlelwe der südsardisc/1en Mundarten, 42). El sardoafricano está así en oposición con el italiano, donde el nombre del
árbol es masculino: ce/so, morige!so.
1
-et- latino da en mozárabe it, no ck: lete, letuca. Un grado intermedio ofrece truchta.

,,11

�LA JIYOLOWÓN DE LA &lt;C&gt; LATINA DELANTE DE &lt;E» E &lt;I&gt;

W, IIIEYER·LÜBKE

su explicación de macio (por lo demás falsa), tendría presente
el uso vulgar de aquella palabra. Mechina! debe haberse vuelto
.a tomar posteriormente del mozárabe, y sería introducida por
los albañiles.
Monte'í.il 'montecillo'; muri.ical 'murciélago'.
No'f.árex, nombre de lugar en Andalucía. No'f.ila 'nuececita'. Noguet, nombre de lugar en Valencia. No'f.ila es derivado
correcto de nucella, a que en italiano corresponde nocella,
nucella; pero las otras dos palabras ofrecen dificultad, pues si
no'f.árex correspondiese a nogal, debería ser nokarex; y en
cambio nucetum debería ser no'í.et. Parece que ha habido
cambio mutuo de sufijos; nucetum, después de la palatalización de e, sustituyó -etum por -ar; y lo contrario sucedió a
nucale.
Pa'f.e 'paz'; pani'f., pe'í.a 'pieza'.
Tlzirbe'í.a, thirbi'í. 'candelabrum' puede ser tri p~s con el
cambio en la terminación que presenta el port. trepei;a (véase pág. 234).
Thorzul 'torzuelo'; thorre'í.illa.
Vinaza 'vinaza'; sa1zt Vin'í.ent; vizia 'veza'; saliz 'sauce'.
Xorche sorex no existe hoy; pero la lengua antigua conoce sorce 'ratón' .
Con esto hemos agotado el material que ofrece Simonet.
Pero antes de analizar el valor de z (que Simonet transcribe
por ch) hay que discutir sus otras fuentes. Éstas son:
I. Y moderna (en lo antiguo z), derivada de z &lt; c'l: cortizo (0,;), 'cortijo'; mizo(~ ) , 'mijo'; muruzon (u~;Y"),
'borujón'; Thorri'í.os (~:;.,.b), 1Torrijos'; vie'í.o (~~), 'viejo'; etc.
2. Ch moderna, en árabe~ (z): cizerclza 1 cicerc'la; ganclzo 2; garnacha, ha'í.o (~l11&gt;), conservado hoy como nombre
de lugar, Hacho 3 •
1
2

No da Simonet transcripción de esta voz de PA.
También en PA. En árabe africano unas veces tiene é (z) y otras

s (},).
3

Simonet, pág. 259.

.

241

Lebaz, laba'í. ((3) 'lebeche, viento sudoeste' . La relación
-con lips no está aún explicada satisfactoriamente; lo más sen•
cillo sería suponer que el gr. ).[~ en boca de los árabes &lt;lió
·*lebes, *lebes 1 , con lo que convendría bien el paso de p a b.
También el ár. afric. lebes e_,..:'.:~) cabe en esta explicación;
pero el mozár., ár. afric. leba'f., laba'í. kl-:J) y las formas románicas conexas: ital. libeccio, cat. llebeig, esp.-port. lebeche, tic·nen, respectivamente, z y ch derivado de s, para lo cual no se
ve razón.
La'í., laza k':l) 'especie de pez', lat. halec, esp. alacha.
También en este caso parece que el mozárabe es la fuente de
la voz española, pero hay que suponer que el préstamo tuvo
lugar en una época en que aun existía la a. El mozár. *alaza
-deriva correctamente de halice.
3. G, j de distinto origen 2 • Arzilaca (¡;¡l.½-)), valenc. argilaga (ar'í.ilaga); 'í.ometrica (li,&gt;},-o~), geométrica; Thanza
( ~~), Tanger, lat. Tingis; manzar (~), del fr. man_ger;fonnaze (~l.,,.._;9), del fr. fromage, en Ben Buclarix, que
escribía a principios del siglo XI.
4. Cat. e (escrita ig). Puche y Alpuche, nombre de lugar
-en Valencia, cat. puig; es notable que se encuentre El Puclze
como nombre de lugar cerca de Granada. Según esto, será
-exacta la relación basada en el significado que establece Simonet entre pari.elle 'desván de casa' y el cat. porxada 'desván',
mall. porzo 'sobrado', valenc. po1já, porzá 'portal'. La base
•es un derivado porzeil, al parecer anticuado.
5. Lat. st. Agoclt (PA) agustus, y además Zaragoza
y Badajoz 3; canaz y cana'í.a (¡:w) 'canasta'; gallicricha 'galloYa lo indicó BAIST, RF, IV, 154.
íClaro está que g,j se refieren a la pronunciación moderna; como
es sabido, estas letras en la Edad Media tenfan el valor d e z (jota
francesa), y coinciden así perfectamente con el 1:: árabe de las voces
mozárabes. - N. del T.]
3
El románico sólo conoce agustus para el nombre del mes:
fr. aot. aoust; otros sentidos derivan, en cambio, de augostus: Ostedun Augustodunum, hoy Attltm. E\ Oriente sólo conoce Agust u s: mozár. el agusto, la agusta, «título de dignidad dado a varios
T o1110 VIII.
17
1

2

�LA EVOLUCIÓN DE LA &lt;C&gt; LATINA DELANTE DE c E» E CI&gt;
W. MEYEK· LÜBKll:

cresta yerua' (PA), quiricha 'cresta' (PA); peclteina 1 'pestaña' (PA) y pachan 'pestañear' (PA); tichain 'capacete' , de·
testa (PA); oclzup (PA), uzup (..¿~I) 'estopa'. Casi todas est as formas están en P A, y la d!z probablemente podríamos.
representarla por z si conociéramos la grafía árabe. Ni el romance ni el árabe permiten explicar este cambio de st, al que-habrá precedido una pronunciación st.
Baist 2 cita aún almáciga y mozárabe; M. Pida! 3, Baza deB as ti, biznaga pastinaca, Cazlona Castellona . Estas dos
últimas palabras tienen estructura algo diferente, porque la t
se encuentra entre consonantes y se ha perdido, como la c de
maslo, muslo (véase pág. 232). M. L. Wagner 4 toca esta cues•
tión, pero no llega a una solución satisfactoria; ofrece también t entre consonantes el caso que cita de dialectos actuales
árabes: marr. nzesska, de mestka 'mastic'; en ár. lz'ss, del
sir. leste, lates final; quasr castro y sirat strata están explicados en Brockelmann (I, § 66) por pérdida de la consonante medial en sílaba doblemente cerrada, y en todo caso se
trata aquí de str, que en otras formas también se convierte en s:
gal!. mossar 'mostrar', en tanto que st permanece en otros casos 5 • En fin, jud. esp. sarnudar 'estornudar' muestra una disimilación análoga a la del log. usettare junto al ita!. ant. astettare expectare, o log. Gosantinu Constantinus. Los jud.
esp. enjasiar del esp. ant. enfastiar; esiercol 'estiércol', siedro
de estiedro 'izquierdo' tienen stj. Puede tratarse, pues, de tina
costumbre fonética no árabe.
emperadores romamos y reyes visigodos&gt; (Simonet); y lo mismo el•
hebreo: agustus, agusta, agustale (véase FüRsT, Gtossarium graeco•
l1ebraicum), lo que es tanto más notable cuanto que el gr. ao da en,
hebreo au: hebr. auge del gr. ab1-í¡.
1 Comp. fe'ieina ~ 'pestaña'.
2 GnYber's Grundrú~; I, 905.
3 Gram. ltist.
•
' ZRPIL, XLI, 543.
5
[Mossar no sólo es gallego, sino que aparece también en caste-llano: Coleccidn de autos,farsasy coloquios, edic. Rouanet, I, 339, 37 1~.
III, 10. Además hay nueso, vueso, maeso. Véase RFE, 1921, pág. 183. N . del T.]

243

6. G latina y románica ante a: sajsafraza (;i.':'-l_ri~:i:.¡;,,),
de saxifraga; esfaraz ((~1), de asparagus. Pertenecen
aquí formas aisladas de pastinaca, que ofrecen aspectos muy
distintos. La que se ha desenvuelto más regularmente es la
del mozár. pastinac, fácilmente arabizada con b por p: bastinac (¡ , ~ ) ; completamente árabes son basnaca, bisnaca,
bisnac. De un grado *pastinaga proceden mozár. bastinaz
k~), bastinaz, biznach (PA); ár. marr. besnij, besnija. La
explicación de este fenómeno, que también ocurre en Tagus
Tajo, port. Tejo, es seguramente que los árabes no tenían
ning~n sonido de ff oclusiva, sino fricativo prepalatal, el cual
fué oído por los españoles como tal; comp. Pacem, portugués Beja.
7. Hay mera imitación gráfica de la ch griega en patriarch 1, frente al cual el árabe hablado presenta batrik, betrik, batlzriq, etc.
8. No es raro encontrar un cambio entre ch (z) y z (s), correspondientes en árabe a~ y ._;.
S. Para la inicial, véanse Clzilvella junto a Xilvella (nombre de lugar), roir; (por rair;) chipáthu 'consuelda menor' (PA,
154a, 4), que reproduce symphyta; en posición medial, Cazella, Cazula (nombre de lugar), del lat. casella casula; cami'í.a, camizón, de camisa; friza frisa; Gallicazaz, hoy Calicasas (Granada), de galli casas; maizon 'mesón' junto a
maison; rezina y resina 'resina', y después de consonante,
alperchiga. Los ejemplos mejor explicables son los que proceden de voces con -s- intervocálica; es bien sabido que en
español antiguo la s era sonora en ese caso 2, y lo mismo que
la s sorda se representa por .):o (s), la s sonora se representa
por el sonido más próximo, ~ (z).
De estos usos de ch en PA, correspondientes al i'.:'. de la
escritura árabe, resulta que este último signo reproduce dos
1 (Por parte de Simonet, porque el texto árabe es ()l;ifa., es decir, jatriarz. - N . del T.]
2 FoRo, The old Spanisch sibilants, 99; M. ProAL, Gram. hist.

�244

W. MEYER·LÜBKE

distintos sonidos: uno sonoro y otro sordo. Entre la s sorda
del español actual y la latina ha habido, sin duda, en español
antiguo una s sonora intervocálica; pero contradeciría todo lo
que nos enseña la evolución románica en otros casos, el que
entre la inicial sorda del lat. centum y esp. ciento hubiese un
esp. ant. ciento con inicial sonora. Entre lat. cent u m y español ciento hubo * ciento o* tsiento. Ts habría sido reproducido
en escritura árabe por 0; para e no tenían ninguna correspondencia exacta, pues ._;, (s) carecía de la oclusión inicial de e,
y e:: (z) era además sonoro. Pero no sabemos por qué se consideró que e:: (z) era el sonido más próximo al que se intentaba reproducir. Habría habido un medio muy sencillo para
diferenciar el signo. En los textos aljamiados se reproduce ch

¿ con techdid, aunque no regularmente; también aparece
menudo el ¿ con techdid para representar la j antigua 1 •

por

a
También hoy se emplea este medio para reproducir la ch, por
ejemplo, en bereber. No sabemos por qué los mozárabes no

recurrieron al ~.
Asimismo ignoramos si dentro de la evolución mozárabe
surgió ts en Jugar de e, como en el restante español; pero no
es probable, en vista de nombres como Elche y otros que hasta
el día conservan la ch. Al pronto pensaríamos poder deducir del empleo ocasional de f o s por ch una vacilación, correspondiente al comienzo o a la penetración de una nueva
articulación; pero una observación más atenta hace desechar
esa idea.
Doble forma tiene lappaffa (¡_.;;L:J), lapaza (~L:J) 'acedera'; la etimología es lapathium. Como tj en oposición
a cj da f (comp.forfa, manyana, capyana 2), lapayya es normal,

t Para el Poema de ')osé, véase ScH1111Tz, Rom. Forscl1, XI, 340.
" JJ&gt; .
(, .,_
9
, y otras, ...r--~{'· La
[Unas veces aparece la palabra fijo escrita ~
explicación podría ser que¿ reproduce el sonido sordo del aragonés,
y e:: es un castellanismo; hoy en aragonés se oye fiso, muse,·, que en
época antig~a alternaría conft'í.o, mu'í.er. - N. del T.]
2 En conexión con pro v. cat. capsana, derivado de cap i ti u m.

LA EVOLUCIÓN DE LA «C.» LATl!SA DELANTE DE CE &gt; E el&gt;

en tanto que lapaza ofrece cambio de sufijo, sustitución del
raro -fa por el usual -za, de -a cea.
Junto a orzella, orzicana, marr. arzecnu, arzegnu, para designar distintas especies del 'carthamus tinctorius', aparece
arzolla; a aquel tipo corresponden: ital. oricella, fr. orseille,
esp. orchilla; a éste, el fr. orsole. Mezclas de ambas formas son
aparentemente port. orzella, orzilha; este último es claramente
un préstamo del esp. *arcilla. Un *auricella, de aurum, se
justificaría semántica mejor que morfológicamente, atendiendo
al color amarillo del cártamo. La forma española tiene sello
mozárabe. Arzolla debe dejarse a un lado, ya que también
diverge en el sufijo.
Sólo con c, no con ch (e::), se encuentra ruzia (RM); en PA,
«rucio romo caballo: axbeb xubeb; rucio assi: rucia axelzbeat»
(383 a, I 5); es decir, que sólo para designar la yegua es usual
el adjetivo en mozárabe. La forma exclusiva con c nos dice que
no se puede aceptar sin más una palabra latina en -cidus. Lo
que más convendría sería quizá lucidus+russus o roseus.
Calsa, calfa (ningún* calza), de calce a. Hoy está señalada
la palabra en Túnez y en árabe de Oriente, pero procede de
Italia. También para el mozárabe habrá que admitir algo semejante, préstamo a Italia o Francia; pero falta una base para
ese hecho. Lo mismo vale para otro producto comercial: molttfa, pescado (PA), hoy marr. morlus, mernus, esp. merluza,
ital. merluzzo. Ya he llamado la atención sobre las dificultades
de este nombre de pescado en REWb, 5143.
Bajo cardo, arrecife y bajo alcaucil, cita PA cabcil(l)a con el
plural cabcil. Simonet (pág. 67) añade and. alcaucil, alcarcil, alcaucique; piensa que todas, menos la última, pueden referirse a
cabecilla. Aunque esta explicación sea cierta, había que aceptar que cabecilla entró en mozárabe en una época en que la
c española era completamente distinta de la ch (e::) mozárabe.
Finalmente, zanca 1 'sotular' (RM), y también marr. zinca
'zapato viejo', aparecen junto a zanca «cierto calzado de madera con zoquetes que se hacía en Francia». La forma con zt

Comp. esp. clranca, chancla, chancleta.

�\

LA EVOLUCIÓN DE LA «C&gt; LATINA DELANTE DE &lt;E &gt; E &lt;I &gt;

247

W. MEYER·LÜBKE

frente al ita!. zanca y a la indudable etimología, pers. zanca,
es tan extraña, que en el REWb, 95·98, admití influencia de
planea; contra esto puede objetarse que esta influencia debió
partir de Portugal, y que hasta ahora no tenemos ninguna
base para admitir que planea 'plancha' fuese usual en la
Península Ibérica. Más bien habría que contar con la posibilidad que zanca haya penetrado relativamente tarde en mozárabe, y que a causa de una pronunciación inversa se haya hecho
zanca, chanca.
Según eso, podemos representar del modo• siguiente la
historia ulterior de ce latino. Donde no se ha conservado la
postpalatal (véase pág. 225), se produce e, so ts, s: los primeros sonidos en la Rumania de la orilla izquierda del Danubio,
en la Italia transapenina, en retorromano, en la parte más
septentrional de Francia y en el Sur de España; los segundos
(ts, s), en la Italia del Norte, en la mayor parte de Francia, en
el Norte de la Península Ibérica y en macedorrumano. De esta
repartición parecería deducirse que e aparece donde la palatalización es más moderna; pero esta es una cuestión que por
el momento no puede resolverse con seguridad. Pero quizá
logremos una explicación de la siempre extraña evolución de
lat. e a 8 en español, mediante el estudio de la disposición que
nos ofrece el iberorrománico.
El sonido 8, en las lenguas que conocemos históricamente,
tiene dos fuentes: t y e. La primera es la más corriente: la 8
griega y la tk del gótico, del inglés y del nórdico viene de
una t aspirada; así, pues, gr. 8u¡.t.ó,; frente al sánscr. dlzumas,
ingl. father 1 frente al lat. pater. Del mismo modo, la 8 de la
mayoría de los dialectos bereberes sale de t: 8abur8 de tabburt, lat. porta. En otros casos este cambio va unido a determinadas condiciones. En avéstico aparece 8 por t ante consonante: tvam 'te', pasando por 8vam, 8uvam; mitrani de mi8rem;
en armonía con esto, k da h,p daf 2 •

En galurés (Cerdeo.a) lt, rt, st dan 8: al8u altu, nzal8i
martis ( dies), fel8a festa 1 . Del mismo modo, le, re, se,
pasando por lit, dan ·lzlz: balzlza barca, ilthala scala, nzolzlza
musca 2 • En fin, en las montañas friburguesas, en una parte
-de Vaud y en el alto V alais, st da 8: ti8a tes ta; y sólo en el
Valais, sp dafy se da /z: e.fina spina, alzutá auscultare.
La 8 procede de e en las siguientes zonas:
I. Tj, cj coinciden en Cerdeña en un sonido que aparece
-como ttss, ce, 80 y tt. F aci o, según los lugares, da: f attsso,
faeeo, fa88o, fatto; pu teu, puttssu, puceu, pu88u,puttu. Según
las investigaciones de M. L. \Vagner S, la distribución geográfica es ésta : ttss es propio del Sur (Campidano ), con excepción del Oeste, Sulcis, cuyos habitantes tienen grandes diferencias etnológicas con los restantes. Se llaman Maurer).r).us
y deben ser descendientes de los moros que los vándalos trasplantaron a Cerdeña. Esto no tiene importancia directa para
la evolución fonética, así como la tiene para el vocabulario, en
-el cual niega Wagner, con razón, que haya influencia árabe;
pero de todas maneras, esto determina una cierta separación
con el resto de la población, que puede tener como consecuencia conservar una forma más antigua de lenguaje.
La zona de ttss se extiende hasta el medio de la isla, y se
encuentra con la zona de 88 en la falda occidental del Gennar_g entu. También en la falda oriental de este elevado macizo se
tocan ttss y 88; pero los dialectos limítrofes tienen aquí generalmente ss. En fin, en Désulo, una de las aldeas más elevadas
-de esa falda occidental, aparece zz en medio de una población
que, por lo demás, tiene 88.
De todo esto se deduce que la región propiamente de ttss
es la Sudeste, que coincide así con Italia del Sur y Sicilia. La
región Sudoeste, en cah1bio, tuvo antes en gran extensión ce,
como resulta de los restos que ofrece Désulo.

1

[Pero en estos casos, según comunicación oral de Max L. ,vagner,

to que se oye es una ll dorsoprepalatal lateral sorda. - N. del T.]
En ingl. ant. tlt era sorda.
BARTJIOLOMAE, Handbuclt der altiranischen Dialekte, pág. 104; REICHELT, Awestiscltei Elementarbuch, pág. 28.
1

2

2

3

Arch. Glott. Ital., XIV, 158.
Lautlelwe der südsa1·dischm Mundarten, pág.49.

GuARNERtO,

�LA EVOLUCIÓN DE LA «C&gt; LATINA DELANTE DE &lt;E&gt; E e¡&gt;

W. MEYER-LÜBKE

La ttss se ha extendido, pues, hacia el Norte, y se ha encontrado con ce; la ha expulsado en parte completamente,
como ocurre en torno a Désulo; en parte ha pasado a ss,.
como en el Sur y en el Este del Gennargentu; o, en fin, ha
surgido un sonido intermedio que, a juzgar por los antiguos.
textos, aun sonaba como 0 en el siglo xn, y luego se ha convertido en tt sobre una gran zona que ha dado la norma a la
evolución.
2. Los dialectos mezclados retorromanolombardos, deAuronzo, Comelico, Erto y Cimolais, tienen 0, del lat. c: Oena,
lat. cena 1 . En otros de estos dialectos limítrofes apar~ce también 0 2 • Son especialmente interesantes los fenómenos en
el valle del Nons, sobre los que informa Battisti 3 •
La cante e da e en el alto Nonsberg y 0 en el Nonsbergmeridional, «0 que comienza ya en Tres y Tasullo, se extiende
desde Molveno-Mezzolombardo, en donde se encuentran la e:
del judicario y la ts del trentino» 4 • Así, pues, nuevamente aparece 0 como sonido intermedio en los límites de e y ts. Aun
la c latina ante a (tipo caput) se convierte en ky en el alto
Nonsberg, en e en el medio Nonsberg; -en el Nonsberg sudorienta! da 0.
Según esto, coinciden en el Nonsberg medio ce y ca, en e;
y la e ante a sufre también el cambio en 0, aun sin tener ningún tsa al lado.
Condiciones análogas respecto a la repartición de e, ts y 6
se encuentran más hacia Oriente en paduano y en veronés, y
más hacia Occidente en el Tesino 5 .
3. Ya he hablado 6 en otra ocasión de la aparición de 0 en
francés sudorienta!, precisamente donde coincide e y ts de ca.
Lo mismo ocurre con 0 de cj, tj en posición fuerte en Vaud,
Véase GARTNER, Riitorromanische Grammatik, § 200.
Véase V. ETTMAYER, Ladinisclt lombardisc/1es aus Tiro!, eo Rom.
Forsch., XIII, 417 (paradigma de cena).
3 Die Nonsberger Mundart. (SBAkWien PltKl, CLX.)
' Loe. cit., pág. 134.
5 Véase M.-L., Italienisclie Grammatik, § 102.
6 Introducción ling. romance, § 90.

249

Valais y Saboya, es decir, en casos como los fr. place, noce,

chanfOn, etc.
El alto Valais es zona de s; Ginebra y la m&lt;l:yor parte de
Vaud, des; y entre ambos aparece 0 y f. Odin 1 escribe: «Dans
tous les patois situés a l'Ouest de la Veveyse, le ty s'est régulierement réduit a s(s), tandis qu'il est rendu par hy, 0, f
dans les quatre groupes orientaux.» Aunque falta aquí una
zona interior des, según los cuadros de Zimmerli 2, las cosas
están de tal forma que el alto Valais tienes y el bajo Valais 0.
4. En albanés aparece como 0 la k anterior de la lengua
primitiva, que aparece en sánscrito como f y en lituano como
sz: alb. Oom 'digo', sánscr. s=asami, i0 'detrás', lit. isz 3 •
Des sólo conozco 0 en Pirano (Istria): Oera, sera 4 • En
veneciano s se pronuncia como s. Pero no hay que perder de
vista que el istrio, precedente del veneciano- hoy sólo hablado
en Rovigno y Dignano - , únicamente tenía s según todas las
apariencias 5, es decir, que aquí también 0 aparece entre el
límite de s y s.
A fin de que quede completa esta exposición, citaré que
en dialectos aislados del cantón de Valais, l' da 8 y, según
eso, cl,fl, pl dan 0, pasando por kl',fl'; pl dap0:/o0e 1 feuille',
Ootse 'cloche', Oama 'fiamme', p0ana 'plaine'. Véanse las series
de ejemplos en el citado libro de Zimmerli y en Atlas linguistique de Gilliéron.
Refiriendo lo que nos enseñan los dialectos vivos a la
época antigua del iberorrománico, llegamos a este resultado:
en iberorromance también convivieron ts y e; e pertenecía
no sólo al Sur, sino verosímilmente también al Centro, en tanto que al Norte, Portugal, y al Oriente, Cataluña, tenían ts:
lat. kentum, port. cento, cat. cen, esp. ant. del Sur ciento.
Hubo un momento en que bajo la presión del Oeste y del

l

2

1 Pltonologie des patois du Canton de Vaud, pág. 137.
Die deutsclt-franzo'sisc/1e Spracligrenze in de1· Schweiz.
3
PEDERSEN, Zeit. vergl. Spr., XXXVI, 332.
• Ascou, Arclt. Glott. Ital., I, 438; lvx, 1 dialetti ladinoveneti dd
l'lstria, pág. 28.
5
Véase BARTOLI, Das Dalmatische, I, 273.
2

�0

W. MEYER-L08KE

Este, la e debió ser sustituída por el sonido intermedio 0; y
como la población de 0 (correspondiente a ce, ci del latín)
adquirió la supremacía en la Península merced a causas históricas, predominó su pronunciación sobre la de e, que por razones políticas conservaban aún los mozárabes. De esta suerte
logró 0 una extensión en España que ni en Italia ni en Francia pudo obtener.
No es posible actualmente demostrar un origen semejante
para la 0 en las lenguas antiguas. Los albaneses se encuentran
aislados, como representantes que son de una lengua satem,
entre itálicos y helenos, ambos de .lengua kentum. Me parece
indudable que son idénticos a los antiguos ilirios del Sur, y
no unos inmigrados durante la Edad Media; pero hubo un
tiempo en que se hallaron próximos a los eslavos, armenios
e indios. Sólo en los primeros se conserva el sonido e, en la
época de la comunidad primitiva eslava, y aun existe en lituano, mientras que en sánscrito y en armenio se encuentra s
hasta en los comienzos, con lo cual se explica el término científico de satam spraclten. Pero con esta situación no logramos
nada para la explicación de la 0 en albanés.
En territorio europeo la s eslava se da actualmente junto
as del lituano: ant. bulg. des~tu junto a lit. deszimtas 'diez'.
Pero es demasiado atrevido deducir de ahí que los ilirios han
vivido entre eslavos y lituanos.
No quiero omitir, finalmente, que hay una región, la del
ático, en donde kj da t, sin que haya e en las proximidades
que fuese intermediaria de 0. Indoeur. kj da en griego oo,
ático n: 1),,,fucrcra, 1Mrn:a 1 • Ascoli comparó con esto lo que
ocurre en sardo, y aceptó de hecho una 0 como grado intermedio; encontró aprobación general y, en todo caso, no se le
han hecho objeciones. Es importante notar que sólo kj, no tj,
ha seguido este camino; cfr. ático ón:ócro&lt;;, de n:otw&lt;;, en tanto
que el beocio tiene también ón:otta; es decir, ofrece un paso
más en la evolución. Y en un período aún más remoto, el del
griego común, la velar posterior de la lengua primitiva dió
1

Studi critici, II,

41 o.

LA EVOLUCIÓN DE LA «C&gt; LATINA DELANTE DE &lt;E &gt; E &lt;I•

251

ante vocal velar y t ante palatal, según resulta claramente
de la oposición entre td\lffi y 7COt\l~. ¿Ha habido aquí una 0 intermediaria? Y si, en efecto, no se trata de una evolución
espontánea de tj, ¿sería erróneo lo que hemos dicho sobre el
español? De una parte tenemos unas fuentes extraordinariamente ricas, una espesa red de cambios fonéticos en época
histórica y una ininterrumpida continuidad geográfica, cada
una de cuyas etapas hay que atestiguar; de otra, restos aislados de la época prehistórica, a la cual no es posible llevar
luz: que cada uno tome lo que para él tenga fuerza demostrativa.

"'lt

w.
Universidad de Bonn.

MEYER-LÜBKE.

�NOTAll SOBRE LA «CKÓNICA DB ALFONSO 111&gt;

253

la trasmisión manuscrita de la misma Crónica de Alfonso III,

es aún de mayor monta.

NOTAS SOBRE LA «CRÓNICA
DE ALFONSO III»
En 1918 publiqué la edición crítica de la Crónica de Alfonso III en su cuádruple redacción 1 . El fin principal que me
propuse fué fijar el texto primitivo y los que de él se derivaron sucesivamente. Parece que el intento no salió fallido.
Al menos, críticos tan competentes como Cirot 2 y BarrauDihigo 3 , que conocen a fondo el engranaje de nuestras crónicas medievales, así Jo estiman. El juicio del último, por
venir de un hispanista que ha hecho estudios especiales sobre
1
Crdnica de Alfonso 111. Edición preparada por Zacarías García
Villada, S. l. (Centro de Estudios Históricos, Madrid, 1918.)
2
Al dar cuenta de ella escribía el profesor de Burdeos: cAinsi se
trouve fixée l'histoire de ce texte, si important dans ses transformations successives. Un seos réellement remarquable de l'évolution des
textes historiques de ce genre, une clarté et une concision exemplaires font de ce travail une véritable nouveauté daos l'étude des Monumenta du Moyen-Age espagnol... Le classement est clair, net, ·probablement définitif.&gt; Cfr. La Chronique Léonaise (extrait du Bulletin Hispanique), Bordeau·x , 1920, pág. 143.
3
La reseñó en Revue des Bibliotheques, núms. 4-6, abril-junio
de 1919, y en Revue Hispanique, XLVI, 191 9, págs. 323-381, Re-marques
sur la Clzronique dite d'Alphonse 111. Tanto aquí como en lo restante
del trabajo cito la tirada aparte, que amablemente me mandó el autor.
En la página 10 dice: cll restait non seulement a publier une édition
nouvelle, mais encore a décrire et classer tous les manuscrits, énumérer et caractériser les éditions, déterminer la valeur de l'reuvre en
précisant la nature des sources employées, étudier aussi le style de
l'auteur: c'est ce qu'a fait, et bien fait, le P. G. V., lequel ne laisse a
ses émules que quelques points a éclaircir.•

Pero unidos íntimamente con la fijación del texto hay otros
problemas, que yo no pude tocar más que de soslayo. Sobre
éstos y sobre algunas otras advertencias hechas por BarrauDihigo voy a escribir dos palabras:
I. Ante todo, el autor de la Crónica. Sostuve allí que no
había ningún argumento fundado para atribuirla a Sebastián;
y en esto conviene conmigo Barrau-Dihigo, quien después de
recordar que él había empleado para señalar al autor la expresión de «Pseudo-Sebastián de Salamanca» 1 y «Pseudo-Sebastián» 2 solamente, por conservar hasta cierto punto la denominación corriente después de Flórez, añade que en adelante
escribirá «Chronique &lt;lite d'Alphonse III» o «Pseudo-Alphonse» 3 •
Juzgo que la Crónica debe llamarse Crónica de Alfonso III
a secas, como propuse en mi libro. Las razones expuestas por
Barrau-Dihigo para hacer ver que la carta de encabezamiento
es sospechosa, y por lo mismo la opinión que concede a Alfonso III la paternidad de la Crónica bastante precaria, son, a
mi parecer, de poca fuerza. Qua es extraño que un rey se ponga a escribir a ruegos de un súbdito suyo; que no cuadran
bien a un guerrero las citas escriturarias esparcidas por el
texto; que la carta contiene errores inexplicables en la pluma
&lt;le Alfonso ~II 4 • He aquí las tres principales objeciones.
En cuanto a que un rey se meta a escritor por sí o por un
intermediario, no se ve obstáculo mayor. Sin necesidad de
acudir a Alfonso X, cuyo nombre se viene inmediatamente a
la memoria, poseemos la correspondencia entre Recesvinto y
San Braulio, que toda ella trata de asuntos de códices y su
corrección 5 • Y ¿qué de extraño tiene que un rey tan activo y
glorioso como Alfonso III quisiera contar las hazañas y vicisi1

3

'
5

Rev11e Hispaniq11e, XXIII. 1910, pág. 235.
Revne des Bibliotheques, XXlV, 1914, págs. 203-222.
Remarques..., pág. 9.
lbíd., págs. 4-6.
España Sagrada, XXX, 1775, págs. 374-377.

�ZACAllÍAS GAllCU. VULADA

tudes de sus predecesores y dirigiera la narración a un súbditosuyo, el cual, según todos los indicios, estaba con él emparentado?
Las citas escriturarias son lugares comunes que podía
conocer el rey sin estar muy versado en la ciencia y lectura
de los libros sagrados: Sicut equus et tmtlus quibus non est
intellectus (Ps., 31, 9). In uammi currit quem iniquitas praece'dit (Ps., 126, 1). Visitaba in uirga iniquitates eorinn, et inflagellis peccata eorian: misericordiam autem meam non aiiferam
ab eis (Ps., 88, 33). Sit nomen Domini benedictzmi, qui conforta! in se credentes et ad nilzilum deducit ímprobas ge1ttes (Job,
1, 21; Ps., 112, 2; Daniel, 2 1 20). Ecce quomodo tollitur iustus
et nemo considerat, et itiri iusti tolltmtur et nemo percipit carde;
a f acie iniquitati.s sublatus est iustus, erit in pace sepulttera
eius (III Responsorium Sabbati Sancti.-Isaías, 57, 1). Tanta .
in eis caede bacclzati szmt (Lib. Iudicum, 20, 2 5). Este es todo
el aparato escriturario aducido en la primera redacción de la
Crónica y, ciertamente, para proporcionárselo no se necesitaba ser un San Jerónimo. Hartas cartas y diplomas de reyes
existen que contienen tantos o más textos que esta Crónica
en menor espacio. En una breve epístola dirigida a San Braulio por el rey Chindasvinto 1 se lee este párrafo, lleno de reminiscencias bíblicas: Nam Deus Omnipotens, cuius nutu universa deserviunt 2 , ubi vult inspira! 3 , donec suam bonam
voltmtatem impleat 4, ut ad immolandum sacrificium suo Creatori placitunis accedat 5 ; nam praeeminens Domini pietas lzos
iam, quos etiam in melius praedestinare desiderat 6 •
Los errores de la carta de encabezamiento se reducen a
estos tres. Primero: a la afirmación de que San Isidoro terminó su his~oria de los godos con el rey \Vamba, o sea en 672,
siendo así que el célebre arzobispo de Sevilla murió en 636.
1

255

Segundo: en dicha carta se sostiene que después de San Isidoro nadie se había ocupado de los godos, y en el texto, capítulo II, expresamente se menciona la historia de la rebelión del
conde Pablo contra \Vamba, escrita por SanJulián de Toledo.
Tercero: el autor, que, según la carta, basa su narración en la
tradición oral, se dice haber utilizado la Continuatio lzispa11a
y otra crónica desconocida hoy, de la que depende también
el Albendense 1 •
Sobre el primer error escribe el mismo Barrau-Dihigo que
pudo haber nacido de una confusión entre la Historia Gotlwnmz de San Isidoro y alguna continuación isidoriana. Tampoco da mucha importancia a la contradicción señalada entre
la primera frase de la carta y la cita de San J ulián de Toledo,
puesto que éste no relató más que un episodio particular de
la historia. de los godos. Más insiste en la tercera objeción;
pero ya dije 2 , y vuelvo a repetir, que aunque Alfonso III
hubiera utilizado la Continuatio hispana - que no es muy seguro-, como esta crónica trata principalmente de los árabes
y sólo brevemente de los reyes godos, pudo muy bien conocerla el rey Magno, y al ver las escasas líneas dedicadas a estos
últimos monarcas, asegurar que su historia estaba por escribir. Creo sinceramente que cualquiera que repase la Continuatio hispana sacará la misma impresión 8• La existencia de una
fuente anterior al Albendense y a Alfonso III, aprovechada
independientemente por ambos, la propuse como probable.
Sobre ella hablaré más abajo. Ahora sólo quiero hacer notar
que no se comprende cómo pudo Alfonso III tejer su narración únicamente con la tradi&lt;oión oral, abarcando un período
de dos siglos, a saber, de 67 2 a 866. El conocimiento que
tuvo de las crónicas isidorianas, de la de San Julián y quizás
de la Continttatio hispana, ¿no nos autoriza a suponer que

Espa,ia Sagrada, XXX, 1775, pág. 365,

2 Sap., 19 1 6.

Joan., 31 8.
• Num., 32, 12.
5 Ps., 49, 14. Idea muy común en la Escritura.
6 Rom., 8, 29.
J

NOTAS SOBRE LA «CRÓNICA DE ALl''O , so lll&gt;

Remarques..., págs. 4-5.
Crónica de Alfonso III, pág. 42.
3
MoMMSEN, Chronica minora, II, 3261 afirma expresamente Rerwn
in Hispania gestaru11: notitia in parte priore defcit ... y las cosas que senarran después ad Hispaniae Sarracenos potissimum spectant.
1

2

1

�NOTAS SOBRE LA &lt;Cl&lt;Ó.SICA DE ALFONSO IU•

debió extenderse también a alguna de las continuaciones de
éstas? Creo que no hay que tomar demasiado literalmente las
frases pigritiaeque ueterorum scribere noluerunt, sed silentio
ocwltauerunt (historiam Gothorum), ni esta otra: et nos quidem

mencionada Crónica Alfonso III, a él hay que atribuírsela sin
-ambages, mientras no se pruebe lo contrario.
2. Propone Barrau- Dihigo algunas correcciones al texto
-de la redacción A, que examinaremos brevemente. Ante todo
querría que se borrase el título del manuscrito Soriense: In

ex eo tempore, sicut ab antiquis et praedecessoribus nostris audiuimus et uera esse cognouimus, tibi breuiter intimabimus. En
todo el texto se hallan exageraciones que justifican el que no
se dé entero crédito a estas palabras. Bastaría con que las
fuentes fueran demasiado analísticas y concisas para que el
autor de la Crónica se expresara en esos términos. Tanto más
cuanto que la dificultad subsiste, sea quien sea el que la escribió. A no ser que se rechace como apócrifa la carta.
Pero esto es imposible. Su autenticidad se apoya en el
testimonio irrecusable de los dos manuscritos más antiguos y
autorizados, el Soriense, S, y el Ovetense de Castellá.Ferrer, F,
con la agravante de que ambos representan dos familias independientes entre sí. Ahora bien : la trasmisión manuscrita
es un argumento fortísimo que no pueden quebrantar los argumentos internos, a no ser que éslos sean evidentes y apo&lt;lícticos.
Además, da la casualidad, advertida muy bien por el propio
Barrau-Dihigo, que la carta está estrechamente unida con el
cuerpo de la primera redacción, A. Sin ella no tendría razón
de ser la partícula igitur con que se comienza el reinado de
W amba; y en armonía con ella están las frases que el autor
dirige al destinatario en el capítulo II: Sed si plenius cognos-

cere uis quantas caed.es ... beatum lulianum Metropolitanum
legito; en el capítulo III: Et ut tibi causmn introitzts Sarracenorum in Yspaniam plene notescerenzus, originem Eruigii regís
exponimus, y en el capítulo VII: Rudis namque nostris temporibus quum Viseo ciuitas et suburbana eius a nobis populata
.esset... Nótese de paso que el autor dice que la ciudad de Vi-

}

257

ZACARfAS GARciA VILLADA

seo fué poblada por él, expresión que a nadie se puede aplicar mejor que al rey.
De todo esto se deduce que la carta que va a la cabeza de
la Crónica forma parte integrante del texto de la redacción
primitiva, y como en esta carta aparece ser el autor de la

nomine Domini nostri Ihesu Christi. lncipit clzronica Visego.tlzontm a tempore Vuambani regís usque nzmc in tempore g!oriosi Garseani regís Adefonsi jilii collecta. Claro está que lo
-más que se podría hacer es relegar el título al aparato crítico,
porque no deja de tener importancia, puesto que nos descubre que el códice Soriense fué escrito a principios del siglo x,
-en tiempo de García I, muerto en 914. Aparte de esto, nada
tendría de extraño que el manuscrito original llevara un epí:grafe muy semejante, modificado por el copista del Soriense.
A ese epígrafe podrían pertenecer las palabra; In nomine

.Domini nostri lhesu Christi. lncipit chronica Visegotlt0rum a
.tempore Vuambani regís usque nunc in tempore gloriosi Ordonii regis Adefonsi jilii collecta. Es el título conservado por
la segunda redacción. Por lo demás, no creo que haya necesidad de ir a buscar en Sampiro ni en ningún otro continuador los aditamentos de que habla el epígrafe de S, y que se
&lt;lebían referir a los reinados de Alfonso III (866-910) y de
García I (910-914). De haber existido, nos los hubiera trasmitido el escriba .del códice Soriense. Lo que pasó fué que el
1:al escriba modificó el título de la crónica, haciendo llegar en
él la narración hasta su tiempo, sin fijarse en que el texto se
paraba en Ordoño I (866). No sería éste el primer caso en
-que los copistas posteriores arreglan a su antojo el Incipit y
-el E:rplicit de las historias escritas por sus antepasados 1 •
La corrección de la lectura Legione por la variante Gegione (cap. XI, lín. ro) me parece acertada. Más de cuatro veces
la escribí y la volví a borrar; y si al fin dejé Legione fué porque, prescindiendo del contexto, la apoyaban el Soriense y el
Al bendense.
Sobre el error del capítulo XIII, en que se hace a Alfonso I
1

Cfr.

MoMMSKN,

TOMO

VIII.

Chronica minora, U, 506. Subscrípiio 1·ecesuinthiana.
18

�NOTAS SOBRE LA «CKÓN!CA DE ALFONSO 111&gt;

2 59

ZACARÍAS GARCÍA VlLI Al&gt;A.

princeps 1nilitiae de Egica y \,Vitiza, y la ininteligible lectura
Degius est del capítulo XIV, estoy de acuerdo con BarrauDihigo. A pesar de su dificultad, no hay más remedio que
admitirlas en el texto, porque nos las da la trasmisión manuscrita unánimemente.
En lo que discrepo del ilustre hispanista es en lo concerniente a la lectura del capítulo XVI: Regnauit [Froila] mm. IX
et meusibus tribus. A mi juicio, debe conservarse la cifra IX y
no ser sustituída por la variante XI de CV. Desde luego es
la que existe en S y F, y esto sólo bastaría para conservarla,
aunque fuera errónea, porque el error sería del autor, no del
copista; pero además responde bien al cómputo general de la
Crónica. En efecto; según ella, Alfonso I, padre y predecesor
de Fruela, murió en 7 57, y Aurelio, sucesor de Fruela, en 77 4.
Añade asimismo la Crónica que [Froila] re¡rnauit ann. IX et
mensibus tribus, o sea que murió el décimo año de su reinado,
y Aurelio · sex annos regnauit, septimo nanique anno in pace
quieuit, o sea que expiró el séptimo 1 año de su reinado.
Ahora bien : si al año de la muerte de Alfonso I, acaecida
en 7 57, se añaden diez, más siete, el producto será la cifra 774.
En cambio, admitido el número XI para Fruela y el número VI para Aurelio, como indica Barrau-Dihigo, obtendremos
en la suma de éstos con 7 57 el resultado apetecido 77 4; pero
queda sin explicación el exceso mensibus tribus del reinado
de Fruela y el representado por la frase septimo namque anno
in pace quieuit del reinado de Aurelio.
3. Dedica Barrau-Dihigo cinco páginas a estudiar la rima
y el ritmo de la Crónica 2 , y siente que yo no lo haya tratado
en la introducción. Se sabe cuánto ha abusado de este tópico
el P. Tailhan, cuyos procedimientos ridiculiza, con razón, el
gran Mommsen 3 • A decir verdad, yo no estoy muy convencido de que el autor pensara en rimar, sino que a veces

1

Es la cifra que da también el Albeldense (Espai'ia Sagrada, XIII,

resultaron ciertas frases rimadas, nacidas de la pobreza de las
formas y las necesidades de la expresión. En todo caso, la
poca fe que este estudio inspira al propio Barrau-Dihigo, lo
de~uestran estas palabras suyas: Notre chroniqueur n'a pas
fazt un usage constant de la rime. Des"lors, celle-ci, tant prónée
comme élément de critique, perd toute valeur 1 •
4 · Un punto muy interesante es la relación entre la Crónica de Alfonso 111 y el Albeldense. Las indicaciones hechas
en las páginas 43 y 44 de mi edición de la primera y el minucioso cotejo de ambas crónicas realizado por Barrau-Dihigo,
me eximen de repetir lo ya escrito. No cabe la menor duda
de que ambas están emparentadas, sea directa, sea indirectamente. La narración es completamente paralela desde Wamba
a Ordoño I, y en ambas hay frases similares y a veces idénticas, inexplicables si no se admite la mutua dependencia. Pero
admitida ésta, queda en pie el problema de saber si Alfonso III
utilizó al Albeldense, o éste a aquél, o ambos una tercera fuente, hoy perdida.
La primera hipótesis la rechaza, y con razón, Barrau-Dthigo, aunque, a mi juicio, su argumentación no está bien formulada. Le parece extraño que Alfonso III amplificara un resumen, como es el Albeldense, y más extraño aún que al amplificarle lo mutilara, suprimiendo algunas noticias interesantes.
La segunda parte del argumento es cierta, pero la primera
no. Basta leer con un poco de atención la Crónica de Alfonso 111 para convencerse de que su autor tenía el prurito de
amplificar aun con invenciones propias los acontecimientos.
Los capítulos VII-XI, con las arengas de Opas y Pelayo, etc.,
son una prueba palmaria, así como el prodigio acaecido en Ja
muerte de Alfonso I (cap. XV) y el levantamiento de Muza
(cap. XXV). Ahora, lo que se opone a esta tendencia y sería
verdaderamente extraño, es que habiendo tenido Alfonso III
a~te los ojos el epítome Albeldense, hubiese pasado por alto
ciertos datos interesantísimos consignados en éste, cuales
son los reinados de Sisenando, Chintila, Tulga, Chindasvinto

451 )·.

z Remarques ..., págs. 15-19.
3
C/Jronica minora, JI, 326.

1

Remarqttes..., pág. 19.

�260

ZACARÍAS GARcfA VILLADA

y Recesvinto; la deposición de "\Vamba, sub impera/ore_ ~011stanti1to uovo· la muerte de Ervigio, sub imperatore lustmza110;
fa de Egica, ~ttb imperio Leonis; la de Witiza, sub imperio Tiberio; el repudio de Cixilón; la fecha de la entrada de los ára_bes
en España, acaecida el tercer año del reinado de D. Rodrigo,
a Ir de noviembre del 714; el origen de Pelayo; la mención
de la ciudad de Cangas, donde reinó y fué sepultado Pelayo;
el destierro de éste por "Witiza; el matrimonio de Alfonso I
con Bermisinda, hija de Pelayo; la causa por que mató Fruela
a su hermano, ob invidiam regni; el asesinato de Fruela en
Cangas; la traslación de la capital del reino a Pravia, realizada
por Silo; la paz que éste tuvo con los árabes, ob causam matris· el combate del valle de Bureba en tiempo de Bermudo;
la deposición de Alfonso II el año x1 de su reinado, y su
encierro en el monasterio de Abelania, de donde le _sacaron
Teudis y algunos otros vasallos fieles; la fecha de la muerte
de Ramiro I, acaecida en I de febrero del año 850; el nombre
del caudillo que derrotó a los normandos en las costas de
Galicia 1, que fué el conde Pedro; el nombre de la mujer de
Mozeror, llamada Balkain; el día y año de la muerte de Or-doño I o sea el 26 de mayo del 866.
De~cartada la primera hipótesis, se decide Barrau-Dihigo
por la segunda antes mencionada; ~ saber : ~ue el Al_bel~ense
extractó a Alfonso III. Ya el P. Ta1lhan hab1a sostenido idéntica opinión. Lo primero que se ocurre contra ella son l~s
muchas omisiones que esto supondría en el autor del cronicón Albeldense.
Para el reinado de Wamba : la muerte de Recesvinto en
Gérticos el año de la elección de Wamba; su consagración
en la basílica de Santa María; el prodigio de la abeja; la
derrota de las setenta naves árabes que atacaron las costas
españolas; la prosapia de Ervigio; el tiempo preciso del rei1 Barrau-Dihigo cita (Remarques ..., pág. 28) el ataque de los nor•
mandos a las costas de Galicia en tiempo de Ordoño I como uno de
los datos omitidos por Alfonso UI, pero no es exacto: éste lo menciona en el capítulo XXVI, pág. 84, Hn. 8.

NOTAS SOBRE LA •CRÓNICA DE ALFONSO lil&gt;

nado de "\Vamba, que fueron nueve años y un mes, y el que
vivió en el monasterio; a saber: siete años y tres meses.
Para el reinado de Ervigio : la corrupción de las leyes de
su antecesor y la promulgación de otras nuevas; el nombre
de su hija, Cixilón, esposa de Egica; el año de su muerte, 687 .
Para el reinado de Egica: su sabiduría y paciencia; su
triunfo sobre los rebeldes del reino; las tres derrotas que le
infligieron los francos; la división del reino, haciendo que su
hijo reinara sobre los suevos y él sobre los godos; el tiempo
que gobernó antes y después de asociarse a su hijo; el año
de su muerte, 7 I I.
Para el reinado de Witiza : toda su vida, pues el Albeldense se contenta con la noticia lacónica «reinó diez años y
murió en Toledo bajo el imperio de Tiberio».
Para el reinado de Rodrigo : aunque en lo esencial convienen, la narración de Alfonso III es más pormenorizada,
salvo en los datos referentes al tiempo de la entrada de los
árabes en España.
Para el reinado de Pelayo: las arengas de Opas y Pelayo;
la sede episcopal de Opas; l_a noticia de que éste era hijo de
Witiza; el milagro de la cueva y el prodigio del río, repetido
anualmente.
Para el reinado de Favila: el año de su muerte, 7 39.
Para el reinado de Alfonso I: su estirpe; la ayuda que le
prestó su hermano Fruela en la lucha contra los árabes; la
enumeración minuciosa de las ciudades que tomó, no sólo en
León y en los Campos Góticos, sino también en Portugal,
Galicia, Asturias, Vascongadas, Navarra, la Rioja y Castilla; el
milagro acaecido a la hora de su muerte.
Para el reinado de Fruela: la victoria de Pontuvio o Puentedeume; la sumisión de los vascones; el casamiento con Munia; la devastación de Galicia.
Para el reinado de Aurelio : su prosapia.
Para el reinado de Sz'lo: la victoria sobre los gallegos; el
tiempo de su reinado.
Para el reinado de Mauregato: las intrigas de que éste se
valió para subir al trono; la permanencia de Adosinda y Al-

�l\OTAS SOBRE LA ccRÓNICA DE ALfQ)¡SQ lll•
ZACARÍAS GARcfA VILLADA

fonso, hijo de Fruela, en Álava; el año de la muerte de Mauregato, 788.
Para el reinado de Bermuda : su genealogía; su ordenación
sagrada; el año de su abdicación, 791.
Para el reinado de Alfonso JI: la victoria de Lodos en
Asturias; la fábrica de la iglesia de San J ulián el año de su
muerte, 842.
Para el reinado de Ramiro I: su estirpe; su viaje a Castilla para buscar mujer, aparte de otros detalles.
Para Ordoño I: la rebelión de los vascones; la de Muza
contra el rey de Córdoba; la enfermedad de que murió el
el asturiano y el sitio de su sepultura.
No se puede negar que estas omisiones son de relieve.
Cierto que el Albeldense estaba acostumbrado a extractar.
La Exquisitio totius mundi la extractó de la cosmografía de
Julio Honorio; la Expositio Spaniae, de las etimologías de San
Isidoro; los F!tmiina Spaniae, IV, del mismo Julio Honorio; la
definición de las letras, de Prisciano; el Ordo annonun, de un
aditamento a las crónicas de San Isidoro; la Exquisitio milliarium, del Itinerario de Antonino; }a crónica de los emperadores romanos desde De/zinc VI aetas incipit (Espaifa Sagrada,
XIII, 438-444), de la crónica mayor del mismo santo, y el
Ordo gentis Gotlwrum (Ibíd., págs. 445-448), de la crónica de
los godós escrita por el propio arzobispo hispalense 1 . A nadie
sorprendería, por lo tanto, que hubiera también extractado a
Alfonso ID, si lo tuvo a mano. Pero yo sigo creyendo que no
debió tenerlo.
Desde luego el resumen que hace de las crónicas de San
Isidoro es casi siempre literal. Sólo aduciré un ejemplo :
ISlDORI CHRONICA MAIORA

2

Tiberius ftlirts Augusti regnavit
ann. XXIII.

ALBELDENSE 3

Tiberius filius Gairts (Cod. Emi-

lianense Augusti) reg. an. XXII!.

Cfr. MoMMSEN, Ckronica minora, Il, 370-373.
Ibíd., pág. 454.
a España Sagrnda, XIII, 438.

lste dum per cupiditatem reges
ad se venientes non remitteret, 111ul•
tas gentes a Romano imperio 1'tcessertmt.
Huius XVIII amzodominuscruci
ftxus est peractis a prindpio 111undi
annis VCCXXVIII.

Esta manera de extractar literalmente se sigue hasta el fin.
En cambio, en la hipótesis de que el Albeldense hubiera utilizado a Alfonso III, habría que conceder que lo hizo más libremente, pues la identidad verbal entre ambos es relativamente
escasa 1 . Otro argumento en contra de esta hipótesis lo suministra el final de la parte dedicada en el Albeldense a los emperadores de Bizancio y a los reyes godos. En la dedicada
a los primeros ha añadido a las noticias de San Isidoro, que
terminan en tiempo de Eraclio, el año 615, lo referente a los
emperadores Constantino III, Constante I, Constantino IV,
Justiniano II, León el Isáurico y Tiberio II, poniendo fin con
el desastre de D. Rodrigo, en el año 714. En el mismo año
acaba también el Ordo gentis Gotlwrum, habiendo continuado
la historia que San Isidoro dejó en el quinto año de Suintila.
En ambas partes se asocia al reinado de los emperadores el
de los monarcas visigodos.
Ahora bien: &lt;de dónde tomó el Albeldense estas noticias?
El resultado del cotejo que hemos hecho entre ellas y la Continuatio hispana ha sido negativo, pues exceptuada la frase
del reinado de Egica Filium sutt1n Vitizanem principem secum
Regno praefecit que la Continuatio lzispana trasmite en estos
términos: Egica in consortio regni Wittizanem filimn sibi lzeredem faciens Gothorum regnum retemtant, no hemos podido
hallar semejanza apreciable entre ambos documentos. Es más:
el Albeldense dice dos veces que Rodrigo reinó tres años, y
la Continuatio hispana afirma que reinó uno sólo. &lt;Utilizaría
quizás el Albeldense el epítome que compuso el autor de la
Continuatio hispana, del que nos habla él mismo en tres oca-

1

2

líuit,s X VIIl anno ,·egni D. Cllristus crucijixus est. Iste dum per cupiditatem Reges ad se v~nientes 110n
nmitteret, multae gentes a Romano
imperio ,·ecesserrmt.

1

Cfr. Re111arques..., págs. 22. ;4.

�ZACARÍAS GARCÍA \'ILLADA

NOTAS SOBRE LA &lt;CRÓNICA DE ALFONSO 111&gt;

siones 1 , y que desgraciadamente se ha perdido? Lo que sí se
desprende de la contextura del texto .,\lbeldense es que tanto
el Ordo Romanont11t Regum como el Orrlv gentis Gotlzorum
y el Ordo Cotlzonmt Ovete11sium Reg wn, formaba en la fuente
primitiva cada uno por sí un todo aparte, que se cuidó bien
de separar y hacer notar el autor de la crónica. Si él se hubiera
aprovechado de la narración de Alfonso III, no se explica por
qué señaló esta división tan marcada entre los reyes godos
de Toledo y los de Asturias, que no existe en Alfonso III.
Además, la forma de la narración en los reyes toledanos es
semejante en todo a la empleada para los emperadores. Finalmente, ¿de dónde provienen en el Albeldense los datos antes
aducidos que se hallan en él y no aparecen en 1-\ lfonso IIIr
Esta dificultad la ha visto Borrau-Dihigo, y la suelta diciendo
que deben provenir de la tradición oral o de otras fuentes, que
permanecen ignoradas 2 • ¿Y por qué esas fuentes, hoy ignoradas, no pueden ser la base común del Albeldense y de Alfonso III?
En resumen : dada la coincidencia, por una parte, entre el
Albeldense y Alfonso III en muchos casos, y por otra la divergencia en no pocos, es necesario admitir su dependencia, pero
no inmediata, sino mediata; es decir, que ambos debieron usufructuar, para tejer su relato, fuentes indénticas o afines.
Ni vale argüir que esto equivaldría a suponer que se escribieron tres crónicas paralelas en el restringido período de 866
a 881, poco más o menos, exuberancia sorprendente en España, donde los textos narrativos han sido muy raros y muy
distantes unos de otros 3 • Precisamente la publicación de las
crónicas del reino visigodo hecha por Mommsen prueba en
gran parte lo contrai;io. Desde !dacio, que acabó su crónica
en 468, hasta la entrada de los árabes en España en 7 I I

- por no hablar de tiempos posteriores-, tenemos al Biclarense, a San Isidoro, al autor de la Continuatio hispana y
una porción de aditamentos a estas crónicas recogidos por el
mismo Mommsen 1. Pero, ciñéndonos a nuestra cuestión,
hemos hablado poco ha del epítome perdido del autor de la
Continuatio hispaua. Conocemos además el Latercultts Regmrt
Visigotlzorum del célebre manuscrito Ovetense de la Biblioteca
Nacional 1346 (antiguo F-58) puesto al fin de la Historia de los
godos, de San Isidoro, poco antes de la Hitación de Wamba,
transcrito por Mommsen, parte en los prolegómenos a las crónicas menores del arzobispo hispalense (pág. 263, 3), parte en
el aparato crítico (pág. 292, 9; pág. 293, II). En esta continuación a la obra isidoriana hay breves datos sobre Recaredo II, Suintila, Sisenando, Tulga, Chindasvinto y \Vamba.
Existe asimismo otro Laterculus Regum Visig otlzorum publicado por Aguirre 2, Flórez 3 y Villanueva "', adosado a una
enumeración escueta de los reyes godos. Termina con Witiza,
y de él dice Mommsen: Laterculus Regum Visigotlzamm (sic)
finiens in Witiza (697-712) scriptusque evidmter ante obitzmt
eius 5 • Tenemos, pues, que antes del año 710 se habían escrito
dos adiciones a la obra isidoriana, continuándola respectivamente hasta \Vamba y \Vitiza inclusive 6 • Ni es esto sólo.
Estos dos Laterculi nos los ha trasmitido el códice Ovetense 1346 de la Nacional, y el último también el códice Soriense
perdido, del que es copia fiel el actual Segorbense. El manuscrito 1346 fué transcrito por Ambrosio de Morales de uno
antiquísimo de Oviedo, y el Soriense tuvo por base un códice
de mediados del siglo vm, procedente probablemente de la
misma región, y en el que se hallaba ya el Laterculus que
termina con \Vitiza.
Cltronica minora, Il.
Collectio maxima Conciliorum, II, 189.
i
España Sagrada, II, 1 77-79.
4
Viage literano, IU, 1902 1 págs. 319-322.
$
Cltronica minora, Il, 168.
6 Sobre.la dependencia de estos dos documentos hablaremos en
otra ocasión.
1

C!tro11ica minora, pág. 364, 28: Tam tragica bella quia
iam in alía epituma, qualiter cuneta extiterint gesta, pate11ter et jaginaliter manent nostro stilo conscripta. Véanse además pág. 365, 15, y página 367, 11.
2
Remarques..., pág. 28.
3 Ibid., pág. 27 •
71
1

~foMMSBN,

2

�266

ZACARÍAS GARCÍA VILLADA

•

Aun hay más. El célebre códice Complutense E-26-7 S,
guardado hoy en la Biblioteca Universitaria de Madrid con la
signatura 134, que está emparentado con el famoso manuscrito Alcobacense, del que sólo se conservan los dos folios
de Londres - pues los cuatro que había en la Academia de
la Historia de Madrid parece que han desaparecido--, ese códice Complutense encierra un Laterculus Regum Ovetensium
que va desde Pelayo hasta Alfonso II el Casto. Mommsen, al
copiarle, añade con razón: bzdex igitur scriptus est sub Alfonso II Casto (a. 789-842) in partibus Hispaniae Asturicensibus
vel vicinis 1.
De todo esto resulta que al escribirse la Crónica de Alfonso fil y el Albeldense debían de existir en Asturias, prescindiendo de la Continuatio lzispana y del epítome del mismo
autor, estos tres Laterculi. Reconozco que estos documentos
no podían servir mucho, dada su pobreza, para la confección
de una historia; pero son un indicio de que no se interrumpió en modo alguno la labor isidoriana, y nos abren la puerta
para suponer con fundamento que tanto Alfonso III como el
Albendense, debieron de tener algún predecesor común.
5. Acerca del texto de la segunda redacción, B, advierte
Barrau-Dihigo que no cabe poner en duda su dependencia de
la primera, A; pero que si se buscan en B las variantes características del Soriense, S, no se encuentran más que algunas,
hallándose, por el contrario, otras muchas más propias de F 2•
Si se trata de variantes verdaderamente características,
disiento de esta opinión. Las notadas por mí en la página 95, y recogidas por Barrau-Dihigo en las 36-37, en que
conviene B con S, incluyendo el epígrafe In nomine, etc., son
realmente específicas. En cambio, gran parte de las variantes
comunes a B y al Ovetense F no lo son; por ejemplo, Gotltorum R ex de BF, en vez de Rex Gothorum de S , cap. I; synoda de BF, por synodum de S, cap. IV, etc. Queda, por lo
tanto, en pie mi afirmación de que «la base de la segunda

NOTAS SOBRE LA &lt;CRÓNICA DI! ALFONSO 111»

redacción la constituye un manuscrito del grupo S» 1 . Con
intención escribí entonces esta última frase, no sosteniendo
&lt;¡_ue B procediera directamente de S , sino de un códice perteneciente en la base, o sea en lo esencial, a ese grupo; sin excluir
las correcciones que podían haberse introducido en éste con
la ayuda del otro grupo de manuscritos, de los que el principal es F. Precisamente entre los códices de la primera redacción tropezamos ya con AVE, que aunque derivados de S, han
sufrido correcciones importantes procedentes de un códice
Salmanticense, Z. Y las variantes gessit, B, cap. IV; montis, B,
cap. IX; ad nostris litoribus, B, cap. XXVII, así como la supresión de Fennentellam, B , cap. XXVII, se encuentran todas en
el manuscrito E de la primera redacción, y las dos últimas también en A V. No hay, pues, dificultad ninguna, antes parece lo
natural que el redactor de B compusiese su texto basándose
en un manuscrito del grupo S, en el que se hubiesen introducido ya algunas variantes del Ovetense F. Por consiguiente,
en el fondo, el parecer de Barrau-Dihigo y lo indicado por mí
en la edición de la segunda redacción de la crónica, no se
oponen entre sí.
La redacción B es reproducción literal de A en su mayoría, pero aumentada con ciertos hechos y pormenores, cuyo
origen queda aún por averiguar. Las coincidencias de lenguaje y de alguna que otra noticia entre B y el Albendense parecen dar a entender que aquélla depende de éste 2 • Sin embargo, aquí sale al paso una dificultad grave, análoga a la señalada
al tratar de si Alfonso III usufructuaba al Albeldense. Es innegable que el refundidor de B manifiesta una tendencia palmaria a la amplificación y ha recogido cuanto ha podido, añadiéndolo al texto de A. Ahora bien: en el caso de que se
hubiera servido del Albeldense, ¿cómo se explica que dejara
de consignar en su historia los siguientes datos, trasmitidos
por el autor de la crónica de Albelda; a saber: el motivo por
que mató Fruela a su hermano, ob invidiam reg ni; el ase-

1

Clir,,nica minora, II, 168.

1

2

Remarques..., pág.

2

36.

Crónica de Alfonso III, pág. 95·
Re111arques..., págs. 38-41.

�NOTAS SOBRE LA &lt;CRÓNICA DE ALFONSO 111•

268

sinato de Fruela en Cangas; la traslación de la corte a Pravia,
Jlevada a cabo por Silo; la paz que éste tuvo con los árabes,
ob causam matris; el combate del valle de Bureba en tiempo
de Bermuda; la deposición de Alfonso II el año x1 de su reinado; su reclusión en el monasterio de Abelania; el día de la
muerte de Ramiro I; el nombre del conde Pedro, vencedor de
los normandos; el de Balkain, mujer de Mozeror; el día de la
muerte de Ordoño I? Es ésta una dificultad de no poca monta
y de solución embarazosa. En todo caso, tal como hoy están
las investigaciones, es preciso reconocer que B depende inmediatamente de A; que ha utilizado alguna que otra vez el
.Albendense o una fuente con éste emparentada, y que ha
tenido al alcance otros documentos, aún ignorados, donde se
hallaban las noticias que no pudo sacar de A ni de la crónica
de Albelda.
6. El texto primitivo de la Crónica de Alfonso III pasó a
formar parte de una colección de crónicas, atribuída a D. Pelayo, obispo de Oviedo. Es la tercera redacción, C, que publiqué en mi edición. Sobre el fondo veo que está de acuerdo
conmigo Barrau-Dihigo. Señala, es verdad, algunos manuscritos 1 _que yo había pasado por alto, pero todos muy recientes;
y según he podido deducir del examen de los que tengo al
alcance, en nada cambian mis conclusiones. Todos los completos parecen derivarse del 1513 (antiguamente F -134) de la
Biblioteca Nacional, perteneciente al siglo xm, así como los
truncados del códice 1358 (antiguamente F-86) de la misma
Biblioteca.
Trata luego Barrau-Dihigo del autor del Liber chronicorum, que cree ser el obispo D. Pelayo, y de la relación de
aquel libro con el Ovetense descrito por Morales, el Librv
gótico de Oviedo y el Tumbo negro d.e Santiago. Hay aquí sugestiones y advertencias muy atinadas, pero este asunto se sale
del marco de mi trabajo. Y o, al imprimir la tercera redacción
Extracto de la Revue des Bibliotlieques, núms. 4-6, abril-junio,
1919, pág. 6. No es exacto que el manuscrito 1346 (F-58) contenga la
parte mutilada.
1

269

ZACARÍAS GARCÍA VILLADA

de la Crónica de A(fonso III, no pretendí estudiar la obra atribuída a D. Pelayo, que no venía a cuento, y que por el mismo
hecho de ser un conglomerado exige una investigación aparte.
Lo que a mí me interesaba, y a lo que me circunscribí, fué a
precisar qué redacción de Alfonso III había utilizado el autor
del Líber cltronicoru111, y hallé que fué .la primitiva, sobre un
manuscrito X"' Z. Al propio tiempo tropecé con las interpolaciones de la Hitación de \Vamba y la traslación del arca de ·
las reliquias a Oviedo, que no había por qué reproducir; porque su historia, su trasmisión manuscrita y su texto merecen
un estudio y una edición separados, como se está ya haciendo
con la primera .
Lo que sí puedo hoy añadir a la introducción preliminar
que puse a C (pág. l 3 5), es que las interpolaciones de los reinados de Recesvinto y \Vamba coinciden con las noticias que
de ellos da el Laterculus Regmn Visigotltorum de los códices
Ovetense 1346 y Soriense 1513. Véase la prueba:

CRÓNICA

DE

ALFONSO

llI (pági-

LATERCULUS REGU!\1 VISIGOTHORUM

na 135).

(Villanueva, Viaje, III, 321).

[Recesuintus] ibique proprio mor•
bo discessit kalendis Septembris
IIII feria era DCCX anno inca,·nationis domini nostt"i lltesu Christi, era DCLXXII, anno cicli decem
11ouenalis octauo, luna III, regnauit
autem annos XXIII, menses VI,
dies VI, et c1t111 j&gt;atre suo regnauit
an11os IIII, menses VII, dies XI.
Suscej&gt;it autem regni gubernactt! a gloriosus Uamba rex kalendis
septembribus, dilata hunctionis sollempnitatis usr¡ue XIII kalendas
octobris luna XXI.

Recesvindus rg. an. XXIIImens.
VI dies XI. Obiit ca!endis septemb.
die IIII. feria O. (!tora) III. Era
DCCX. anno incaniationis Domini
nostriJesu-CltristiErnDCLXXII.
anni Cyc!i Decemnovenalis VIII.
luna III. Item cum patre suo rr:.
an. Illl mens. VIII. dies XI.

(Bibl. Nac., ms., 513 1 fol. 42 va.)
Regnauit autem armos VIIII, mense I, dies IIII decim ... (fol. 42 vb)

Suscepit autem gl01ios11s dominus
fVamba regni gubernacula eodem
die quo ille obiit in supradictis
calend. sej&gt;temb. dilata 1tnctio11is
solemnitate us,¡ue in diem XIII
calend. octob. luna XXI. Era qua
supra DCCX.
Item quoque gloriosus Wamba Rex regnat an. VIII, mens. I.
dies Xllll Accepitquepoenitentiam

�2;0

ZACARÍAS GAKCÍA VJLLADA

accepit quoque penitenciam die
dominico exeunte, ora noctis prima, idibus octobris, luna X V, era
LXXVIII (sic).

praedictus Princeps die dominic&lt;J'
exezmte, l10ra noctis prima, q1,otl'
fuit pridie idus octobr. luna X V.
Em DCCXVIII.

Con esto doy por terminadas estas notas. Sirvan ellas.
para aclarar algunos puntos oscuros de la Crónica de Alfonso III y para demostrar al Sr. Barrau-Dihigo el interés con
que he leído su competente reseña. Las pequeñas diferencias
que nos separan dejan intacto el problema principal, ya resuelto, acerca de la trasmisión manuscrita del texto y su cuádruple redacción.
ZACARÍAS GARCÍA VILLADA,

s.

l.

LA «R» SIMPLE EN LA PRONUNCIACIÓN
ESPAl~OLA

. Por su punto de articulación, lar simple española fué considerada por Josselyn como algo prepalatal (Études de Plwnétique espagnole, Paris, 1907, pág. 118). Coitan dice, también
con cierta vaguedad, que lar castellana tiene una articulación
bastante avanzada, sin llegar, sin embargo, a ser dental (La
Phouétique castillane, Paris, 1909, pág. 116). i\Iis palatogramas no ofrecen duda respecto a la articulación alveolar de la
consonante en sus tres variedades, vibrante simple r, múltiple r
y fricativa i , de acuerdo con Jo observado por el Sr. Navarro
Tomás en su Manual de pronunciación española (segunda edición, Madrid, 1921, pág. 93) 1 •

para

parra

ere

1 Véanse también sobre este punto: T. NAVARRO ToMis, Las vibraciones de la rr espafiola (RFE, 1916, III, 166-1 68); P. BARNILS, La consonan! r (EstudisfonUics, Barcelona, 1917 1 pág. 211) ; G. RA1c, Sobre la
rr castellana i catalana (La Paraula, 19181 IV, 157-163) .

�SAMC EL GIi !

LA « R&gt; SIMPLE EN LA PRONU:-iCIACIÓN ESPAlÍOLA

Dentro de la región alveolar, la articulación resulta más o
menos avanzada, según las circunstancias. En los palatogramas
&lt;¡ue aquí se reproducen 1 puede notarse que la r en posición

'

irri

iri

erre

pero

perro

-intervocálica presenta un contacto algo posterior al de la r en
las mismas condiciones. Tomando la distancia en milímetros
desde la línea de las encías en el punto de unión de los inci·sivos segundo y tercero hasta el punto de contacto más avanzado del palatograroa, se observa que la diferencia es casi nula
-entre para y parra; de 4' 5 mm. entre ere y erre; de 2 mm. entre iri e irri, y de 2 mm. entre pero y perro.
Igualmente se observa que la naturaleza más o menos prepalatal de las vocales que la preceden y la siguen influye en el
punto de articulación de la r y de la r. Según las cifras anteriores, la distancia del punto de contacto más avanzado de la
consonante va disminuyendo progresivamente con las vocales a, e, i; en los casos de pero y perro las distancias respectivas
ocupan lugar intermedio entre para-ere por lo que se refiere a
1
Sacados de una persona que puede tomarse como tipo de pronunciación española normal.

273

Ja r, y parra-erre en cuanto a lar, de acuerdo con la naturaleza
&lt;le las vocales que las rodean. Entre la vibrante simple y la fricativa no encuentro diferencia respecto al punto de articulación.
Estos datos contradicen la afirmación deJosselyn (Loe. cit.),
•el cual, salvo en un solo individuo, encontró que la articula•ción de la r es posterior a la de la r.
El mecanismo de la articulación de ambas consonant('.s,
tal como lo describe el Sr. Kavarro Tomás (Ob. cit., pág. 97),
-explica suficientemente su distinto punto de articulación, de
.acuerdo con los resultados obtenidos en mis palatogramas. La
diferencia máxima que yo encuentro entre una y otra es de
4'5 mm.; la media, de 2'1 mm. próximamente.
Para estudiar la sonoridad de la consonante he hecho unas
300 inscripciones quimográficas con diferentes personas, sirviéndome de dos inscriptores que registraban simultáneamen. te las vibraciones bucales y laríngeas. No he encontrado ni un
solo caso en que haya habido la menor sordez en la r intervocálica ni interior de sílaba 1; ni aparecen tampoco casos de
ensordecimiento de la vibrante ni de la fricativa en posición
final de sílaba interior, o final absoluta, ni siquiera en la pronunciación, muy relajada, de un andaluz (de Antequera), cuya
r final desaparecía con frecuencia. Estos casos de desaparición
de r o 1, observados por Josselyn entre andaluces, aparecen
también en mis inscripciones, pero sin que haya en ellas rastro
de que la consonante perdida haya pasado por el intermedio
de una fricación sorda.

e

o

En este fotograbado, sacado de la pronunciación de unan-&lt;laluz en la palabra chorlito, lar desaparecida no ha producido

•

1

Comp. RFE, 19,0, VII, 191.
To!'llo VIII.

19

�27 5

LA &lt;R&gt;t SIMPLE Bl'i LA PROXUl'IClACIÓN BSPASOLA

274

SAMUl!L GlLI

la menor sordez; las vibraciones laríngeas no se interrumpeo
desde la e hasta la t. La pérdida de r ha tenido que producirse
naturalmente pasando por una fricativa sonora.
Mis inscripciones acusan siempre la existencia de un elemento vocálico después de r final absoluta. Esta vocal fué observada por primera vez por Araujo 1, quien la interpretó como
una~; Josselyn (Ob. cit., pág. 1I 1) admite, aunque con reservas,
esta indicación, pero da al fenómeno una interpretación por
completo inadmisible 2 , a causa, probablemente, de su creencia
en el ensordecimiento de la consonante: acaso el uso de membranas muy flojas o de tambores excesivamente grandes le impidió notar las vibraciones laríngeas que se producen durante
toda la articulación de la r. El elemento vocálico que sigue
a r final absoluta no es tampoco tan raro como cree Josselyn,
sino muy frecuente y, seg(m mis irtscripciones, perfectamente
normal.
Entre la vibrante r y la fricativa i no hay límite fijo, aunque la primera predomina en posición interior de palabra y
la segunda como final. La producción de una u otra depende
del mayor o menor énfasis en la pronunciación. Ko tengo datos suficientes para fijar la proporción en que ambas aparecen
normalmente. Sin embargo, puede afirmarse, según mis notas~
que, dentro del predominio general de la vibrante, los casos.
de fricativa son mucho más frecuentes entre individuos andaluces que entre castellanos.
De la misma manera, aunque dentro de límites mucho
más restringidos, lar ante consonante puede tener en algunos.
casos dos o más vibraciones, convirtiéndose en i'. Er estudio
de mis inscripciones sólo permite deducir sobre este punto
consecuencias de carácter general, según puede verse por losdatos siguientes.

Fo11élica castellana, Toledo, 1894, pág. 51.
cM. Araujo parle d'un e mttet qui suit,. finale. 11 serait plus juste
de dire que c'est un reste de l'air sonore qui passe a travers l'articu•
Jation apres la cessation des battements, pareil a l'affrication sourde11 n'est pas du tout commun ...•
1
2

Grupo de

CONSONANTE+

r inicial de palabra (prado). En

7 4 casos no ha habido ni uno solo en que la r haya tenido
más de una vibración. Es, pues, inexacta, a mi juicio, la creencia de Josselyn (Ob. cit., pág. II2), seguida por Colton (Ob. cit.,
pág. 117), de que en esta posición existe en castellano una
r múltiple. El error de Josselyn en el caso de prado se explica
por haber atribuído a la r las vibraciones vocálicas intermedias de que trato más adelante.
Grupo de CONSONANTE+ r interior de palabra (pobre). Los
18 casos estudiados han sido todos de una sola vibración.
Grupo de r+ CONSONANTE (carta). En el siguiente cuadro
expongo los resultados obtenidos del estudio de 120 inscripciones:
·
Casoscstudiados

r +oclusiva (partida).
r + f (orfeón) .....•••
r + s (dorso) . ..... .•.
r + n (ternura) .••..•
r+m (arma) .••....•
r + e (marzo) ••......
r -l- x (orgía) .•.. .....
r +l (orla) ..........

1

vibrac16o.

48

48

11

11

:a ,;bra-

ciones.

.

11

2*

8

2•

3
6

10

1.

3 vibra- • ,~ibra- rdeu.pa·
ciones.
c_
iones.
recida.

6

,

7

9
6

14

10

2•

1*

11

2

2

3

120

90

15

10

1

1*

*

3•
4

Los números señalados con asterisco son casos de pronunciación andaluza que discrepan de la norma general. La aparente contradicción, en el caso de orla y otros análogos, entre
la i' múltiple y la desaparición completa de la consonante, debe
explicarse porque el individuo cuya pronunciación se estudiaba, al pensar en la r ortográfica, tendía, sin duda, a exagerarla,
produciéndola con dos o más vibraciones; cuando estaba libre
de esta preocupación, su r desaparecía, o era, por lo menos,
muy fricativa.
De las cifras anteriores resulta que, salvo en casos de pronunciación muy relajada o dialectal andaluza, la r tiende a hacerse i' ante n, 1, s. Seguida de x, 8, m hay entre los andaluces
casos de i' por pronunciación enfática. En las restantes condiciones se mantiene la r simple.

�LA « R» SIMPLE EN LA PKONUNCIACIÓN ESPAÑOLA

2;6

SA!\IUEL GIL!

r FINAL ABSOLUTA (séiior). Es generalmente vibrante simple
o fricativa en el centro de España; en algunos casos de énfasis
pasa a í', sobre todo en Castilla la Vieja. En Andalucía es relajada, muy fricativa en el 30 por roo de los casos; múltiple,
por pronunc:ación enfática, en el 20 por roo; en los demás
casos desaparece; hay, sin embargo, variaciones individuales,
y las cifras no son, seguramente, las mismas en toda la región
andaluza 1 .
El Sr. Navarro Tomás 2 hizo notar que cuando la r va
agrupada con una consonante, como en los casos de prado,
cronista, cuerda, etc., hay entre las dos consonantes un elemento vocálico cuya duración iguala con frecuencia, y muchas
veces supera, a la de la misma r. En el adjunto fotograbado
de la palabra prado, línea de boca, pueden apreciarse las vibraciones vocálicas que median entre la cúspide de la explosión
de la p y el comienzo de la r, en uno de los casos en que mayor duración ha presentado dicho elemento.

277

Pero téngase en cuenta que a una r ortográfica pueden
corresponder los tres sonidos r, í' y i. Las vibraciones vocálicas
intermedias no se producen más que cuando la r es vibrante
simple. Las proporciones anteriores deben, por lo tanto, interpretarse como casos de í' o i.
En el cuadro que sigue expongo el pormenor de tod.:s las
inscripciones por mí estudiadas, sin excluir los casos de r o i
'
los cuales van señalados por un cero, para que el lector aprecie las condiciones en que no se ha producido la vibrante simple, al mismo tiempo que la duración de las vibraciones vocálicas a que me refiero, en los casos der. Nótese que para hallar
la duración media correspondiente a cada forma no han entrado en el divisor los casos en que las vibraciones han sido
nulas, por no tratarse en ellos de la vibrante simple.

PALABRAS

Duración de las vibraciones vocálicas
)Iedia
intermedias en c. s.
corresp. a r.

cons. + r inicial.

r

p

a

d

o

Tomando en conjunto los rí6 casos de r ortográfica cuyas inscripciones quimográficas he estudiado, resulta que ha
dejado de producirse dicho elemento vocálico en los siguientes casos:
Proporción.

+

Cons. r inicial. En 61 casos ha habido 3 sin elem. vocál.
Cons. + r medial. En 12
4
r + cons.
En 103
40

4'9 º/o

33'3 º/o
38'8 °/0

trato.. . ...... .•. ..........
travieso .................. .
travesura ............... . .
prado ... . ...............•.
primores. . ... . .... . ...... .
presuroso ................ .
crónica .................. .
cronista..... . ...... .. .•...
criminales. , . , . ...... ... .•
droga . ...•••. . •.........•.
droguero ..........•.••... ,
dromedario.............. . ,
brazo . . , .• , . •...•. , ••.....
bramido •••..••. . •.. .• ...•
brazalete....... , • . .. .. ....
grano............•...•..•.
granizo....... , . . ... , ..... .
granuloso .•. , ..... . ..•....
fresa .. ... . ... . .......•.. . .
fracasado .........•. .. , ....
frutales ..........•.•......

5, 2 '5 ..........•. . . .. •... '.
o, o, 4, 5. • • · • • • • · · • · · · · · • ·
3, 4, 5, 5, 5................

3'7
4'5
4'4

4'5,5'5 ......... .. ..... . .•.
5, 5· · · · · · · · ·. · · · ·,. · · .. · · ·
8'5, 7, 8'5, 10, 6'5...........
3,4'5·;··· · :···· · ;···· · --··
7, 9, 6 5, 10 5, 5, 3 5. ·.......
6, 7 ...... . '. .... ..........
1 '5,2'5,7,7. .... .. .........
o,2'5,5,4,6,4'5 ...........
7, 7'5 · •• · · · · · •• · · · . ·. , · · , .

5
5

8.... . .. .. .... .. ........ . .

8

7, 7'5.... .. . . ........... . .

6, 3 . . ...•.•.•• ' ...•.. ' . ...

7'2
8'1

3'7
7
6'5
4'5
4'4
7'3
4'5

7, 6 ...... . .... ,........ .. .
6'5
7, 3..• · . ... . .• • • . . . .. • • . . •
51
2, 2, 6'5, 5, 11 .•••.••••.•• ' .
51
i'5. . . . • . . • . . • . . . . . . . . . . . .
i '5
4'5, 6 ......... .. •.. '.... . .
5'2
6, 3 ..•... • .• ' . .•... ' . •.•• · 1---'4-''5::,__
5'3

cons. + r medial.
1

l\!is observaciones se refie ren a Antequera (Málaga).

2

Diferencias de duración mtre las co11.sonantes es¡,aiiolas. (RFE,

V, 385.)

1918,

atrio........... . .......... 4 .••. • ••• . ••• . •••.•.•....•
atraer... . . . . . . . . . . . . . . . . . . o, o . ......... .. .......... .
aprieta. . . . . . . . . . . . . . • • . . . o, o. .. ...... , ......... . . . .

4

•
&gt;

�LA «R&gt; SII\IPLE EN L'- PRONUNCl'-CIÓN ESPAÑOLA

SAMUEL GILI

PALABRAS

Duración de las vibraciones vocálicas
Media
intermedias en c. s.
corresp. a

oprimir .................. . 4, 4 .. · · · · · •. . · · · • • • · • · · · • ·
contrario... ... . ..... . .. . 3. •. ·. • · • •. • • • • • • · · · · • · · • •

r.

4

3

negro ....•..............•. 5, 3 .. .. . · • .. •. · • .... · •.. ..

4

acribillado ...... .... .. .... . 3, 4 • · · · • • • • • • • • • • • • • • · · · :

3' 5

3'7

r+cons.
parte . .. . . .... . ........ .. •
partida........ . ......... .
artefacto ................. .
arpa..................... .
carpeta .................. .
harpillera ................. .
arco ... . ... .. ....... . ... ••
arqueta .......... . ....... .
marquesado . . ............ .
dardo ... .. ....... .. ... . .. .
cordero . ................ .
cordelera .... . ......... . .. .
barba .................. .. .
barbero...........•.......
cerbatana ................ .
carga .................... .
burguesa . .. ... . .......... .
orgulloso................. .
orfeón ................... .
huérfano .......... . ..... .
orfebrería ......•.........
dorso ....... ...... ...... .
tersura ................... .
corsetera ............. .
yerno.. .. . .... ... ..... . . .
ternura... . . . ............. .
cornucopia. . . . .... . . . ... .
arma ..................•...
armero .................. .
armadura....... . ......... .
marzo.................... •
morcilla.................. .
;iparcería................. .
forja .. .. ..• . ......•. .... ..
orgía .............. . .. .. . .
argentino . ............... .
orla ...•..................
chorlito .... . .......... .. . .
Carlos quinto.. . . ... . .... .

279

&lt;le\ elemento vocálico intermedio es muy variable aun en una
misma palabra repetida varias veces por un solo individuo.
Esta poca fijeza depende, probablemente, de la rapidez o lentitud de la pronunciación y del hecho de no tener conciencia de
1a existencia de este sonido intermedio, que alcanza, sin embargo, en la mayoría de nuestros casos una duración superior
.a la de la misma r 1 , como puede observarse si se comparan
las duraciones en los 126 casos de r del cuadro anterior:

o, o, o ......... . ......... .
3, o .. ·, .•....•......•......
o, o, 2 5, o, 2 • •••• •••••••• • •
4'5, o .. ·•.• •• .. •••·•• .. •··
4'5, 7 • • • · · · · · • · · · • · · · · · · · ·
2, o.... .. ,,,,.,•,.••••,•••
4'5, 7 .. ·. · • • • · · • · · · · · · · • • • ·
6'5, 7. · · · · •. · • · · · · · · · · · · • ·

5...•...........•.........

2

5'7
6'8
5
4
4

2, 4 ••..••••••••.••••••..••

3
4'3
6'2

4 .•••• . .••• •. ••••..•••

4'5, 4 ....• . ..•••••••. .• •..•

6'5, 6 ...•.•......•..••....
8'5 •••.•..............•...

8'5

6 .••••.•.••..•.•.••..•...•

6

7, 7'5, 10'5, 7, 6'5 .. · •. ·. · ·. ·
8'5, 11 •• ••••••••••••••..••
8 • • • • • ...•• •.•••.....•....
9, 7. · · · · • • · · · · · • • • · • · • • · · ·
6'5, 6, o, 11, o, o ......... .. .
o, o, o... .. .... .... ... . ... .
o, o ............•.....•....
o, o, 2'5, 3, o............ .
o, o, o.................... .
o, 9 ••• . •..• • .••...•. • ..•..
o, o.......•..........•...•

7'7

º·

5•. • •••••••••••...••••••• •
5, 6'5, o, 8'5, 9, 5'5 .. • · • · · · · ·

En 8 casos ha sido inferior a la duración de la r.
En 17
igual
En 101
superior

4'5
6'7

4, 4 .••• · •. · • • • •. • • · • · · · · · ·

o, o,

Proporción.

3
2'3

8 .•..... • . . .... . .••.......

o, 7..••••.•.......••......
2'5, 6, o, 9, 17?.. · · · · · · · · • · ·
5, 4, o, 4 ..•••••..•••..•...
o, o ...................... .
o, 3'5, o, o, o...............

80'1

°lo

Las mayores duraciones corresponden, en conjunto, a los
grupos de consonante+ r inicial de palabra (media total:
5'3 c. s.); siguen los de r + consonante (media: 5'2 c. s.), y
los números menores los da el grupo de consonante+ r interior de palabra (media: 3'7 c. s.).
En las posiciones cons. + r inicial o interior de palabra,
la duración del elemento vocálico no parece influída por la
naturaleza de la consonante 2 ni por la distancia del acento.
Por lo menos mis datos son insuficientes para que de ellos
podamos deducir consecuencias. En cambio en r + con s. las
cifras mayores corresponden ar + oclusiva sonora (barbero,
cerbatana, carga, orgulloso).
El elemento vocálico que sigue a r final absoluta no puede
medirse con certeza en mis inscripciones, como queda dicho
anteriormente.
Del estudio que precede podría deducirse una definición
de la r española, diciendo que es un sonido vocálico interrumpido por una oclusión alveolar, sonora, más o menos intensa.

9'7
8
8

7'8
&gt;

&gt;

9
&gt;

5
6'9

10 . •.•••••.. . • •. •• • . • . . . . •

7••.••••..••.•...••..••.•.
5, o, 5. · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·

6'3°fo
14'2°/o

7

5

8
7

6'9
4'3

3'5

2 •••• • •••• • ••• • •••••••• • •• 1_ _
2_

La duración de la res de 2'5 a 3 c. s. ( NAVARRO To1,1Ás 1 Loe. cit.). ·
Tal vez sean algo mayores, en general, las cifras que corresponden a los grupos de cons. velar+r; en la medida de estos casos
podría, sin embargo, haber error a causa de la duración de la explosión en las consonantes ,·elares.
1

_

5'2

Los datos del cuadro precedente indican que la duración

2

�SA~IUEL GIL!

Estos hechos dan una explicación a algunas de las transformaciones históricas que ha originado la consonante que
nos ocupa. Ya se hizo notar 1 que en una pronunciación rápida el oído percibe escasa diferencia entre pereces y preces,
derecho y dreclzo, etc., a causa de la vocal intermedia que aquí
se estudia. Si se tiene en cuenta que la duración media de
este elemento vocálico es de 4'7 c. s., tendremos en él una vocal parecida a la protónica tercera, cuya duración media es
de 5 c. s., según las investigaciones del Sr. Navarro Tomás
(Loe. cit., pág. 379). De esta manera no son sorprendentes
los numerosos casos de síncopa del tipo qui ri tare&gt; gritar,
ni de vocal epentética en crónica&gt; corónica, trabilla&gt; tarabilla, y en los muchos ejemplos estudiados, entre otros, por
el Sr. Espinosa en sus Studies in New Me:rican Spanislz (RDR,.
1909, 1, 275).
.

1 RFE, 1917, l\·, 37-1.

MISCELÁNEA

NUEVOS DATOS SOBRE LA FORTUNA DE
CERVANTES EN 1TALTA EN EL SIGLO XVII
A las noticias por nosotros recogidas acerca de la fortuna
de Cervantes en Italia en el siglo xvn 1, séanos lícito añadir
dos adiciones. La primera nos la proporcionan los Discorsi
morali sulla Tavola di Cebete Tebano, z627, de Agostino Mascardi, quien alcanzó no poca fama en su tiempo y es todavía
apreciado por dos obras que aun hacen que su nombre sea
generalmente conocido 2 : el Trattato dell'arte istorica 3 y la
Congiura di G. L . Fieschi. En un pasaje del octavo de sus
1

E. MI!LE1 Per la fortuna del Cervantes in Italia ne! Seicento, en
Studi di Fi/ologia Moderna, a. II, fase. 3-4 1 julio-diciembre, 1909, páginas 229 y sigs., y Mds sobre la fortuna de Cervantes en Italia en el siglo XVIí, en RFE, 1919, VI, 364 y sigs.
2
Acerca de l\Iascardi véase la monografía de L. F. MANNUcc1, La
vita e le opere di A. Mascardi con appendici di lettere ed a/tri scritti inediti e un saggio bibliograficu, Génova, 1908.
3 En este Trattato (Venecia, 1674, trat11do II. págs. 123 y sigs.) l\Iascardi alaba a Mariana, •autor de una verdadera historia•, por habe1·
puesto en evidencia las cosas lejanas de la verdad que se encontrnban en la historia de su nación. En la página 2351 hablando de las autobiografías, Mascardi observa: e ... yo dejaría el cuidado de escribir su
vida a quien tuviese el sentimiento de San Agustín o de Santa Teresa, porque uno y otra buscaron para el estudio de la humanidad la
confusión y la vergüenza en la narración de los propios errores, y quisieron con el ejemplo soliviantar los ánimos para ensalzar la divina
clemencia, que jamás abandona a los que yerran si conocen las culpas, y conocidas, las detestan.»

�282

MJSCELÁNEA

Discorsi morali, intitulado Acerca de la crítica, donde se censura el uso en boga entre ciertos literatos de su tiempo, de
anteponer en las propias obras poesías laudatorias por ellos
mismos escritas, aunque atribuídas a los más insignes autores, Mascardi pone de relieve el efecto satírico que contra
dicha costumbre se propuso conseguir Cervantes poniendo
al frente de su novela unas composiciones en verso en alabanza del valeroso manchego, de Amadís de Gaula, Belianís de Grecia, Orlando Furioso y otros semejantes paladines.
«No aparece libro desgraciado y ridículo - escribe- que no
ofrezca por delante una copiosa vanguardia de sonetos, de
epigramas, de elogios, con la firma de clarísimos autores en
descomunales alabanzas del compositor, que con la mitad, los
Ariosto y los Tasso, entre los nuestros, se tendrían por bastantemente alabados; por lo que no fué sin sagacidad que el
autor de la vida de D. Quijote, mirando a la vanidad de tales
ingenios que se saturan de aire, después de haberlos exhortado a componer en su alabanza lo que más• querían, con atribuir las composiciones al preste Juan de las Indias o al emperador de Trapisonda, una gran bandada de sonetos recoge
escritos en su elogio - si la memoria del libro que no tengo
me asiste fielmente- de Amadís, de D. Belianís, de Orlando
y de semejantes paladines» 1.
La otra adición nos la ofrece el mejor de los novelistas
moralistas italianos del siglo xvn, el padre Carlos Casalicchio,
jesuíta salernitano, cuya colección de novelas L 'utile col dolce,
I67I-I678, obtuvo no poca popularidad y mereció los honores de la reestampación por doce veces 2 • En la centuria primera, década segunda, la argucia cuarta, que se titula Locuras verdaderamente graciosas de algunos, recuerda, entre otras,
aquella de Tomás Rodajo-nombre que trasmuda en italiano
en Tommaso Rota río-, quien « por sus indiscretas abstinencias

1 A. MASCARD1, Discorsi morali sttlla Tavola di Cebete Tebano, Torino, 1620, págs. 350 y sigs.
2
G. B. MASCHESI, Perla Storia della Novella italiana nel seco/o XVII.
Notas, Roma, 1897, págs. 164 y sigs.

MI.KELÁNEA

y ayunos de tal manera perdió el sentido, que aunque antes
sensatísimo fuese, después de larga enfermedad se volvió completamente loco, y entre otras manías que le aquejaban creyó
-que era de vidrio, por lo que cuando tenía que salir por la
-ciudad, iba por en medio de las calles con mucho tiento de
no acercarse a las fachadas de las casas, temiendo le cayese
.alguna teja y le quebrase; y resolviendo, por último, retirarse
.a su país, que estaba muy lejano, fué preciso llevarlo en una
caja grande, de la manera que se transportan los vidrios, esto
es, todo cubierto de algodón y de heno, encima y debajo,
para que pudiese estar seguro de no romperse en el camino;
y de este frenesí, que padeció dos años seguidos, llegó a curarle cierto religioso» 1•
En otra parte me propongo examinar la~ fuentes españolas que explotó copiosamente Casalicchio al formar su amplia
colección de novelas; aquí sólo he querido recordar la referencia que hace al Licenciado Vidriera. - EUGENIO MELE.

«DINARE, E PIÚ DINARE»
En esta misma Revista 2 , Morel-Fatio llamó la atención de
los estudiosos acerca de una de tantas expresiones que pasaron en el siglo xvr del italiano al español, y que en España
se encuentran citadas en italiano: la expresión «dinare, e piu
dinare», atribuída al marqués de Marignano Gio. Giacomo
&lt;le'Medici, el famoso capitán de ventura al servicio de Carlos V. A los ejemplos aducidos por el docto hispanófilo fran1
L'utile col tÍQ/ce ove,·o quatt,·o cenlttrie di argutissimi detti e fatti
di savissimi 110111ine del padre Cario Casalicchio... In Na poli, 1764 1 pág. 31.
Algunas frases aparecen traducidas palabra por palabra de la novela
&lt;:le Cervantes; por ejemplo, las siguientes: •Cuando andaba por las
calles, iha por la mitad dellas, mirando a los tejados, temeroso no le
&lt;:ayese alguna teja encima y le quebrase.• (Et Licenciado Vidriera, edición Alonso Cortés, Valladolid, 19161 pág. 37.)
2
RFE, 1918, V, 394-396.

�:'dl~Cl!LÁNBA

MISCt,;LÁNEA

cés, podemos añadir otro que ofrece El Criticón tII, 3) de

iugeuio afirmaba de aquél que «es uno de los libros de buen
gusto, Y de la curiosidad, digno de la librería más selecta» 1 •
Pero, sin otras divagaciones, he aquí el pasaje de Botero ! :
«Gio. Giacomo de':\fodici, Marchese di 1\Iarignano, parlando delle spese di guerra, diceva che ci bisognavano denari e
denari, e pi,'t pii't denari. i&gt;
Sobre estas palabras, Botero formula el siguiente comentario: «No sin razón el emperador Carlos V decía de él que era
buen soldado, pero caro; porque guerreaba más con la bolsa
del príncipe a quien servía que con la lanza o con la espada.
Cosa que también se puede decir de Próspero Colonna o de
Fernando, duque de Alba.» - EUGENIO MELE.

Gracián:
«¿Qué pensáis vosotros- dice el francés a ,\ndrenio, hablando del poder del oro-, que los reyes hacen la guerra con el
bronce de las bombardas, con el hierro de los mosquetes y con
el plomo de las balas? No por cierto, sino con dinariy dinari e
piit dinari. Jlal año para la tizona del Cid y para la encantada
1
de Roldán, respecto de una maza preñada de doblones&gt; •
Después de haber citado los pasajes de autores españoles
que refieren la frase del marqués de 1Iarignano, l\lorel-Fatio
pregunta: «Pero ¿dónde la dijo el famoso capitán? Si no se
encuentra la locución en algún libro de aquel tiempo, es probable que los soldados espafioles la trajesen de Italia, donde
acaso la aprendió Cervantes.»
Ahora nos encontramos en estado de poder indicar el libro
de aquel tiempo en que se encuentra la locución famosa: Detti
memorabifi di personaggi ilfustri, de Botero, publicado por
primera vez en Turín en 16o8, y empezado a formar durante la
estancia del autor en España, en los primeros años del reinado
de Felipe III. El librito de Botero obtuvo alguna difusión en España; de él valióse ampliamente Gracián, no sólo en El Héroe,
sino también en otras obras suyas 2 • En su Agudeza y arte de
1 Et Criticón, en Obras, Amberes, 1669, I, 110.
A. CosTER, B. Gracidn [ extr. de la Revue Hispanique, 1913, XXIX],
New York-París, 1913, pág. 110. No sólo la mayor parte de las anécdotas referidas en Et Héroe derivan dd pequeño volumen de Botero
- como nota Morel-Fatio en Bu/t. Hisp., 1910, Xll, 204-1 sino que
t .. mbién las mismas anécdotas y otras fueron aprovechadas y traducidas al pie de la letra en Agudeza y en El Criticon. También aprovechó
Gracián algunas máximas y sentencias de Botero, como, por ejemplo:
2

Sienten algunos que el que no
excede en alabar, vitupera. (Hé1·oe, edic. Coster, V, 15.)
Aquí hallaréis el dinero, que es
un compendio de todas las cosas.
(Ct-iticón, en Obras, I, 118.)

Nel lodao, chi non e largo, vitupera. (Bou110, Detti 111emora/Ji/1~ I, 69.)
11 denaro e un compendio del
poter humano. (Ob. cit., p. cit.,
pág. 68.)

En el capitulo VII (El !tombre ae todas las !,oras) del Discreto (edición
Reyes,Madrid, 19181 pág. 97)1 Gracián refiere una anécdota que deriva

L.\ FECHA DEL «OVIDE MORALIS(~,.
\'eré algún día de estudiar el conocimiento que de Ovidio
tenía nu_es~ra Edad Media, que es sin duda uno de los capítulos mas importantes de la influencia clásica sobre las letras
españolas. Hoy deseo solamente probar que el comentario en
verso francés, conocido por el título de Ovide Jfforalisé, fué
aprovechado en España por Alfonso X hacia 127 5 a, y que,
~el_ Corte.ffi~no de Castiglione (edic. Cian, I, cap. XXII, pág. 47).-En el
ultimo capitulo, el XXV, del Discr eto (Culta reparlició11 de la vida de
111~ discreto, edic. cit., pág. 1¡9), a propósito del apólogo de los años
asignados al hombre, Gracián escribe: «Donosamente discurrió uno
y dulcemente lo contó otro, el Falcón.• Coster dice que ignora a quién
alude Gracián como primer autor del apólogo Ob. cit., págs. 151 • 152
notas 3•4). Es evidente que se refiere a Mateo Alemán que narr¿
el apólogo en su Guzmán de Alfararlte (Ill, cap. JJI), y ;a narración
fué reprod~cida por Gracián en Agudeza (Ob. cit., 11, cap. LVI, páginas 326 Y s,gs.), después de haber referido algunos versos de la poes!a
Falcón.
1 En Ob. cit., II, disc. XVIII, pág. 181.
!
Detti memorabili di personaggi itl1Jstri del ngn. Giova11ni Botero...,
Venecia, 1616, pág. 14.
3
Antedormente, y de pasada, me ocupé de este mismo asunto en
la Revista de Filología Española, 1914, I, 105.

�286

:41SC.KLÁNEA

en consecuencia, hubo de escribirse antes de esa fecha y no•
después de 1305, como piensa su editor, C. de Boer 1 .
En la General Estoria o historia universal de Alfonso d
Sabio - obra aún inédita y que estoy comenzando a imprimir -, se aprovecha continuamente a Ovidio y a dos de sus.
comentadores medievales. El uno es «maestre Iohan el Ingles» 2 , autor del libro conocido bajo el título de lntegimzenta
Ovidii seczmdum nzagistrum Iohannem Anglicum 3 • Pero el más
citado, el que se aprovecha continuamente, siempre que se
utilizan las Metamorfosis, es el de «un doctor delos frayres
menores que se trabaio de tornar las razones de Ovidio mayor
a theologia» 4 •
La sola noticia explícita que acabo de transcribir nos da
derecho para asegurar que el comentario así enunciado ne&gt;
puede ser otro que el Ovide Moralisé. En efecto, un verso del
epílogo dice:
Qui moi, Je moindre des menors,

y esto ha hecho pensar a muchos, desde la Edad Media hasta
la crítica moderna, que su autor era un fraile menor. El señor
Boer cree que se trata de una mera fórmula de modestia 5 •
Mas para nosotros este detalle no carece de importancia►
Alfonso el Sabio designa de este modo a ese comentador, ya
porque así entendiese aquel verso del epílogo, ya - más probablemente - porque disponía de un manuscrito cuyo éxplicit
1
Ovide Moralisé. Poeme du commencement du quatorzieme siecle,
publié d'apres tous les manuscrits connus par C. de Boer. Tome I
(livres 1-III) y tome II (livres IV-VI), Amsterdam, 1915 y 1920. Sobrela fecha, véase tomo T, págs. 9-1 1.
2 General Estoria, primera parte, ms. Bibl. Nac. 816, fol. 270 d.
Sigue citándosele en la segunda y en la tercera parte de la misma
obra.
3
Véanse G. PA&amp;rs, Ifist. litt. de la France, 1885, XXIX, 504, que selo atribuye a Juan Escoto Erígena, y M. :MANmus, Geschicltte der lateinisd~nLiteratur des Mittelalters, 1911, pág. 332, quien niega esta atribución.
• General Estoria, ms. Bibl. Nac. 816, fol. 38 a. En adelante, Alfonso X cita al «frayre, cuando alude a este comentario ovidiano.
s Ovüle Moralis!, I, 9.

MISC.KLÁNEA

coincidiría en parte con el de la tabla de rúbricas dada por el
manuscrito «cottonien», que así reza: «Explicit la table de i\1ethamorphoseos... translaté de latyn en franc,;oys par maistre
Crestien de Goways de Seynt :More vers Troyes, de l'ordre
des frere menours» 1 •
Aun por si esto fuera poco, no tenemos más que comparar los dos textos en cualquier pasaje en que la General Estoria declara aprovechar al «frayre». He tropezado con uno que
por su claridad voy a poner a continuación 2 :
OvmE MoRAusJ!, libro VI s.

Nyobé
c'est l'orgueil dou monde...
1394
... si com j'entant,
Et sept filz. Li fil. ce me
[samble,
Sont iex, sorcis et Jangue
[ensamble
Et nez et mains et piez et
[pis.
Par ces sept apert Ji despis
1399 Et l'indignacion d'orgueil
1388

1

GENERAL EsTORIA, segunda parle,
ms. Ese. 7. j. 1, fol. 53 a.
Departe el frayre que por Niobe que se entiende la soberuia, et
por los sus fijos, que eran siete,
que se entienden siete cosas con
que el soberuio cumple su soberuia: los pies, el pecho, la mano,
la lengua, la nariz, la sobrei;eja,
los ojos.
Et estos son los mienbros dela
soberuia porque con cada vn&lt;&gt;
destos miembros faze el soberbio la soberuia, e en cada \·no los
puede el omne entender al soberuio.

Véase G. PARH, Loe. cit., pág. 508.
No lo hago con otros porque su aprovechamiento se reduce ~
un verso, o porque la General Estoria abrevia demasiado los largos
comentarios del Ovide Moralisé o los mezcla con el mismo texto de
Ovidio. La forma de este aprovechamiento la estudiaré si llego algun,1
vez a emprender el estudio de Ovidio en la General Esloria.
3
Altero en parte el orden del texto francés para que se vea más
claramente la correspondencia. El desorden del traductor parece n,sponder a haber comenzado a describir la figura humana de arriba a
abajo, tanto en la traducción de los versos 1396 y 1397 como en los
1400 a 1406, en que sigue siempre este orden. Se Je olvida traduci1parte de los versos 1406 y 1407: «et la male reuvre de la main.,. También omite el verso 1404: •Qui vient de la langue orgueilleuse.,
2

�'.\IISCl!l ,(XK.\

•..ce sont sans doutance
Les sept filies de sorcui[dance.
L'oirre des picz,
Li rogues mou \'emcns dou
Lpis,
Et la parole ramposneusc;

1 4 0¡
1408

1403
1405
1 01

4

1400

Li fronchirs dou nei ...
Et Ji levemens des sorcis,

Li desdeigneus regars de
[l'ueil.

Las fijas de Niobe, fascas la so•
beruia: e estas
el sQbcruio andamiento del pie,
el soberuio sospiro del pecho,
el desden dela lengua en\as pa•
labras,
el tor,~er dela nariz,
et otrosi el inchamiento dela sobre c;eja,
et el sañudo catar delos ojos.

Conocemos una fecha precisa de la publicación de la Ge,,,eral Estaría. El manuscrito Vaticano (Urb. Lat., 539)- uno
de los bien conocidos códices de la cámara real - dice en su
éxplicit: «Este libro fué acabado en era de mil e trezientos e di~
ziocho annos», es decir, en 1280. Este códice contiene la cuarta
parte de la magna obra d~I rey Sabio, y hemos de suponer
que la primera parle, donde ya encontramos aprovechado el
0-z.'ide Moralisé hubo de acabarse hacia I 27 5, pues no es dado
creer que en n~enos tiempo pudiesen redact:rse y escribi_rse
cuatro partes, cada una de las cuales tiene mas de 2 50 folio\
El Sr. Boer debe revisar los argumentos que emplea
para deducir que el Ovide Moralisé no pudo escribi~se antes
,de 1305, partiendo de que es decisivo el aprovechamiento por
Alfonso X del texto francés. - A. G. SoLALINDE,

JUDÉO-ESP. «:\IELDAR•
La définition que Salvá donne de ce mot: «acudir a la
sinagoga u orar según el rito de los judíos• 2 , a été complétée
OTJide J.foraJisé, I, 9-11.
11 ne faut pas séparer les deux phrases de cettc définition. M. Me. -L-bkc a scindé en deux parties la traduction de Salvá. en donnant
Jer u
,, h'-d' h
&lt;lans le HE Wlcs acccptions 'in die Synagogue gehen , nac ¡u 1sc cm
Gcsctze beten'. ,lle/dar ne signifie jamais l'actc matériel de 'se rcndrc
1

2

a la synagogue'.

NISCEL.CNBA

xx:~:

par Cuervo, Apuntaciones criticas sobre el leng-..taje bogotano,
P·
meldar sign'.fie parmi les Juifs du Levant tout simplement Jire (un texte liturgique) dans la synagogue'. Tres a propos, M .. M. L. Wagner cite le judéo-all. leinen ( legere), Zur
Kenntnzs des :Judenspanisclzen von Konstantinopel, col. 170.
D:ns le Boletín de la Real Academia Espa1iola, 1915, p. 296
su1v., M. Gaspar Remiro montre que meldar se dépouille tout
a fait de son caractere liturgique: se me/da en la gaceta; me/dando el tezkeré ('billet'), et établit en outre les sens de 'apren~er' e~ 'en~eñar, decir, exponer, hablar'. Les dernieres acceptions indutsent M. Gaspar a adopter l'étymologie meldar=
hébr. -melmed (de lamed 'enseigner'), originairement *11tebndar,
qu~ Baist avait déja donnée d'apres une remarque de l\fossafia
(L~teraturbl.f. genn. tt. rom. Phi!., V, 32; cf. Wagner, Rev. d.
Dial. Rom., l, 488, et REW, p. 922, s. v. meldar). Mais nul
parmi ces savants ne nous renseigne sur la raison du dévelop1) 'lire' (des prieres daos la sypement du sens 'enseigner'
nagogue).
2) 'lire'.
Pour le sens 'apprendre' il n'y a pas de difficulté; cf. l'ambiguité du fr. apprendre (qch. d qc. 'doceo', qck. de qc. 'disco')
et :iceversa de !'ali. dialectal lenzen (appr. qch. a qc. 'doceo').
Mats comment expliquer 'docere' ou 'discere' &gt; 'orare'? La
chose est claire pour quiconque connaít les méthodes d'instruction practiquées par les Juifs orthodoxes jusqu'en nos
tcmps. Je copie tout simplement un passage du roman de
MM. Jérome et Jean Tharaud, L'ombre de la croix (1920),
p. I 59: « Un Chrétien peut-il comprendre ce que signifie
pour un Juif cette chose: apprendre a Jire? Un Chrétien lit
comme il mange, comme il boit ou comme il dort; sa langue,
comme celle des animaux, ne lui sert a d'autres usages qu'a.
-des usages matériels, a se procurer la subsistance, a échanger
avec ses pareils des injures au cabaret ou a insulter le Juif...
Mais pour un enfant d'Israel, apprendre a Jire, c'est rejeter
comme un caftan usé la vieille langue de tous les jours, le
-cher yiddisch familier ... c'est apprendre a parler comme parJaient, aux anciens jours de gloire, les rois David et Salomon;

=

l

TOMO

VIII.

20

�IIISCELÁNKA
NISCSLÁ.',EA

c'est apprendre la langue sacrée dans laquelle le ~IaHre du
Monde a donné sa loi a Mo·ise, cette langue dont chaque syllabe est un souffle ineme de Dieu, et dont le son le plus léger
pourrait ébranler l'Univers. Apprendre a lire, c'est prier.&gt; La
scene se passe dans un village des Carpathes hongroises, mais.
elle (a part quelques détails locaux comme le yiddisclz) pourrait se passer dans n'importe quelleKillali (communauté) orlhodoxe du monde. On nous présente ensuite le mattre d'école,
nommé «le Mélan:ed», et la classe des enfants (p. 164): «Som;
son c:eil rougi par les veilles et sa gaule toujours vigilante, les
petits écoliers se balancent et chantonnent, dans un vacarme
de voix discordantes, les mots de la langue inconnue. Peu.
importe qu'ils la comprennent, l'antique voix mystérieusel ll
suffi.t d' en savoir les signes, d' en connaí:tre par creur les versets, de les lire, de les psalmodier suivant la cadence éternelle.
Et de l'aube jusqu'au crépuscule, les phrases du texte incomparable vont et viennent indéfi.niment sur les levres puériles.
Et les jours, les longs jours s'écoulent dans le balancement
inlassable et la mélopée criarde, sous la menace de la gaule ... &gt;
Enfi.n, les auteurs nous font assister a la récitation publique
d'un passage des Saints Livres de Mo"ise par un petit Juif qui
a terminé ses études chez le ~Iélamed.
Nous retenons de toute cette description si pittoresque
deux points essentiels pour l'explication de meldar 'docere,
discere' &gt; 'orare'.
1) Chez les Juifs, «apprendre a lire, c'est prieu, l'instruction primairc est en meme temps une pratique religieuse.
2) L'abécédaire des Juifs, ce sont les textes liturgiquPs,.
bibliques, etc., écrits en hébreu 1 •
On peut encore penser a l'identité pour lesJuifs de «l'école» (ou l'on discute le Talmud, en judéo-all. lernm) et de la
synagogue: le beth Jzamidras est, d'apres le sens littéral des
mots, une 'école', bien qu'il serve aussi áux fonctions liturgiques: de meme, judéo-all. Sclml(e) est = 'synagogue'. (Dans
1 On peut, p. e., comparer l'évolution du seos de lat. grammatica·
'latín' chez le Dante (Vulg. Eloq11., I, 9).

291

le roman cité (p. 172), le bedeau críe «Schoul hereinl» ce qui
est traduit par «A la synagoguel».) Toute science se réduisant
a l'étude d~ 1:Écriture, 'apprendre' ou 'enseigner' c'est pour
le: adultes fa1re de la science', 'discuter un probleme' et en
meme temps, 'professer la foi'. C'est dans la synagogue que
se passe toute la vie intellectuelle du Juif croyant: pour lui la
f~nction religieuse n'est pas nettement séparée de la discuss10n philologique, pour lui le savoir et la croyance ne font
~u'un, pour lui _la vie de tous les jours n'est qu'un apprentissa~e (ou ense1gnement) continu de paroles saintes, de philolog1e sacrée. Meldar pourrait ctre un équivalent de l'all. fernen et du judéo-esp. darsar, judéo-all. darschenen (apparenté
au lzamidras cité), c~ que_ semblent appuyer et l'exemple de
M. Gaspar nzeldaron ;acamm en linguaje de fa 11,/ixnalz 'les sages
lurent dans la M.' [partie du Talmud) 'decir, exponer hablar'
toute discussion découlant de la lecture des textes. E~ ce cas'
ce ne serait pas dans le milieu du 'héder', de l'école des en~
fants, mais dans celui du •b~th bamidras' , de l'éco1e-synag~gu~, que se serait développé le sens 'prier'. Les deux expl:cati~ns ne s'excluant nullement l'une l'autre, nous pouvons
tres bien admettre leur concurrence. Mais, quel que soit la
o~ les explications justes, l'on ne peut rendre compte des
ra1~ons du développe'.11ent de sens de ce verbe judéo-espagnol
qu en se pénétrant bien du milieu scolastique et rituel dans
lequel les acceptions si variées ont germé. L'histoire d'un mot
p:ut et.re ainsi l'abrégé de la vie morale d'un peuple. La relig10n d un peuple laisse des traces indestructibles dans l'histoir: des most: c~. encore dans le meme ordre d'idées franc
crozx de par Diett (Littré s. v. croix, 8º), ita!. croce di Dio 'abécédaire', mots issus de milieux chrétiens. - LEO SPITZER.

EL AUTOR DE LA «COMEDIA DOLERIA»
Sabidísimo es que algunos de nuestros antiguos escritores
encubrieron su nombre en el artificio de acrósticos más o menos complicados. Ya en las Partidas puede leerse en esa for-

�MISCBLÁNBA
llllSCELÁNBA

ma el nombre de Alfo1tso. Los conocidos versos de La Celestina en su primera edición sevillana, nos ofrecen por el mismo
procedimiento el nombre y naturaleza de Fernando de Rojas;
y varios imitadores de La Celestina llevaron también su imitación a ese particular.
Por cierto que sobre ello se han hecho algunas apreciadones equivocadas, en mi entender. Menéndez Pelayo, con
referencia a Luis Hurtado y a la traducción del Palmerín de
Inglaterra, escribe así: «En la primera octava elogia al autor
como persona distinta, y dice de él 'que se hace callado', es
decir, que oculta y disimula su nombre; lo cual no puede entenderse de Hurtado, que estampa el suyo con todas sus letras
al principio de sus versos.» Cejador, al sostener que Fernando
de Rojas no es autor de la carta que precede a La Celestina
en la edición de Sevilla (1501), escribe: «Dice el autor de la
carta que 'quiso celar y encobrir su nombre', y con todo eso
lo pone Juego en los versos acrósticos: «El bachiller Fernando
»de Roias acabó la •comedia de Calysto y Melybea y fvé nas»cido en la Puebla de Montalbán.»
No. Las palabras de uno y otro no quieren decir que el
autor omita su nombre, sino que lo cela, lo encubre, lo hace
callado, esto es, lo oculta y disimula en el acróstico. Podrán
ser o no ser, que eso no hace a mi objeto, Luis Hurtado traductor del Pabnerfn y Fernando de Rojas autor de la carta
aludida; pero no hay contradicción entre las palabras citadas
y el hecho de expresar el nombre en los versos acrósticos.
Para explicar otras contradicciones, bueno será tener en
cuenta que los escritores del siglo XVI emplean a veces la palabra autor, no en significación de la persona que escribe una
obra, sino de quien la da a conocer o saca a luz, bien traduciéndola o arreglándola, bien editándola simplemente. De la
misma manera que se llamó autor de comedias, no al que las
escribía, sino al que las daba a conocer al público mediante
la representación.
Otra cosa. Créese generalmente que La Celestina de Burgos (1499) no es edición prínceps porque en ella se dice: «Con
los argumentos nuevamente añadidos», cosa que demuestra que

293

había alguna anterior. Ese indicio - ya lo insinuó Menéndez
fi ciente
·
Pelayo
·
. - es msu
para deducir tal consecuencia. El adverbio n_uevamente, que tan a menudo se empleaba enromance~ pliegos s~eltos, ~o. suponía variación ninguna sobre las
e_d1c10nes anteriores, nt siquiera que hubiera una edición anterior. Nuevamente e~a lo mismo que recientemente, y esto, como
es. n_atural, se, podí~ decir con mucha verdad en la primera
ed1c1ón, y solta decirse también en las sucesivas, para que los
lector_e s creyeran que se trataba en realidad de cosa nueva.
Un eJemplo: Alonso de Alcaudete escribió una glosa que
en sus varias ediciones aparece con este título : Glosa sobre
el romance... nuevamente compuesta por Alonso de Alcaudete.
I~oy se e~tendería que Alcaudete componía de nuevo su glosa,
siendo as1 que la glosa no varía de una edición a otra. y esto
llega al _punto de que en el siglo xrx se reimprimían pliegos
de los siglos ~~n y xv1?'. y en ellos se decía: Coplas nuevas
glosadas en dectmas; Deczmas nuevas de la Sagrada Pasión
Muerte, etc.
y
Siguieron, pues, los imitadores de La Celestina encubriendo ~u. nombre en versos acrósticos. Así se lee en la Tragedia
Polzczana el nombre de «el bachiller Sebastián Fernández». En
e.l Palmerín de b,glaterra, como ya se ha dicho, hay otro acróstic~, dond~ se lee: «Luis Hurtado, avtor, al lector da salud. ~
Mas compltcado es el de la Tragicomedia de Lisandroy Roselia,
para dar con el cual, como dice el autor,

!

Del quinto renglón debéis proceder,
donde notamos los hechos ufanos
de aquel que por nombre entre los humanos
vengador de la tierra pudo ser.

Encontrada la clave por Hartzenbusch, leyóse lo siguiente: «Esta obra conpuso Sancho de Munino, natural de Salamanca.»
~orge de Bu_stamante en sus traducciones de Ovidio y de
Jusbno, F~. Luis de Escobar en Cuatrocientas respuestas, y
otros escritores de los siglos XVI y xvn, hicieron también uso
de diferentes acrósticos.

�MISCELÁXEA

2 95

MISCELÁNEA

294

Y vamos ahora a la Comedia intitulada Doleria (Amberes,
1572), objeto de estas líneas. Tiene también su acróstico, no
descifrado hasta ahora, que yo sepa.
Al frente de la obra léese el siguiente soneto:
Pregúntanme quién soy; no oso publicallo;
del poco que meresco nasce este temor;
podrla ser también de ser nuevo pintor.
Vos responderéys, pintura, lo que callo;
que yo detrás me escondo, a ver si hallo,
demás de la correa, quien haga el reprehensor,
o le detenga allí la embídia en lo peor
para del fauor y bien gratificallo.
Pero, sacra Musa, tú que al sacro canto,
al alto amor y fuego tanto me inflamaste,
aclara las tinieblas de la enferma vista,
o toma las armas para herir de espanto
los ojos que contemplarte no dexaste
y a los pies que no entraron en tu lista.

Tómese la primera letra del primer verso, la segunda del
segundo, la tercera del tercero, y así sucesivamente, y se leerá
este nombre: Pedro de Fariano. Ahora bien: en · la portada
dícese la obra «nuevamente compuesta por Pedro Hurtado
de la V era&gt;. ¿Se trata de la misma persona? Seguramente.
Y hasta creo que el nombre consignado en la portada es un
seudónimo, fácilmente explicable: Pedro Hztrtado de la Vera,
esto es, sustraído, oculto, del verdadero apellido, que aparece
solamente en el acróstico. Cierto que en la Historia del príncipe Erasto (Amberes, l 573) figura también como autor Pedro
Hurtado de la Vera; pero eso no será sino que el mismo autor
quiso valerse del mismo seudónimo.
Falta un detalle. El último terceto del soneto copiado arriba da a entender que sobran algunos versos de los necesarios
para el acróstico :
o toma las armas para herir de espanto
los ojos que contemplarte no dexaste
y a los pies qia no entraron en tu lista.

Podemos conjeturar, pues, que el nombre del autor es
Pedro de Paría, y que los dos últimos versos son superfluos.

El apellido Faría se aviene perfectamente con la hipótesis que
sienta 11enéndez Pelayo sobre la naturaleza portuguesa del
.autor de la Comedia Dolería. - N,Rcrso ALONSO CORTÉS.

A PROPÓSITO DE «DE AQvÍ A » 'HASTA'
En RFE, III, 182, Américo Castro habla del paso de la
partícula «de aquí a» al sentido de 'hasta'. Serán de cierto
interés algunas analogías que ofrece el catalán. «D'aquí a»
con valor puramente temporal, 'dentro de' : -.Si no me presentes _d'aquí a tres dies sa meva fia ... le matarb (Ginart,
Ro,zdazes de Jl,fenorca, pág. 27). «I d'aquí a un any i un dia Je
m'has de dur a ella aquí» (Jordi des Recó, Ro11daies mallor,qui11es, 11, 294). «El senyor Rector arriba d'aquí a duas horas&gt;
(Guimerá, Mossen '.lanot, pág. 12). «Sembla mentida Jo tranquila que'm trovo! D'aquí a unas quantas horas ... coro los
.aucells, á volar» (Guimerá, Jl.{aría Rosa, pág. 86).
Puede faltar la preposición a en catalán: «D'aquí una estona&gt; (Rond. mal!., II, 46). «Si me volen du d'aquí un any y un
&lt;lia... &gt; Rond. de Men., pág. 16). Y asimismo en casos como
«Yo que Ji he dit al amo de la masia si tenia un vi ben revell
Y ben rebó, y m'ha di que sí que') tenia: D'ara tres anys;
&lt;l'una cupada de negre» (Guimerá, María Rosa, 145).
Es evidente la falta del valor locativo de «aquí» no sólo
en lus ejemplos citados-a los cuales podría añadirse la analogía entre «d'avui endevanb (mal!.), «d'aquell dia envant»
{menorq.) y «d'aquí endevant s'han d'acabar aquestas barallas&gt; (Guimerá) - , sino también en los que siguen: «¡A poc
a poc! va respondre aquí En Pere» (Rond. mal!., 11, 130).
«Aquí lasenyora Princesa n'afina un de conieb (lbíd., VII, 83).
«Aquí aquell cavaller conta lo que havia passat» (lbíd., I, 250).
&lt;Aquí la pobreta va refermar el seu planb (lbíd., I, 246).
&lt;l aquí En Pere se despedí des gigants i s'en torná a ca-seua»
(lbíd., II, 96). «Ho hem d'enrahonar aquí aixó de que no pagan, y veyám qué cal ferhi » (Guimerá, María Rosa, pág. 6o).
Puede compararse al empleo de «aquí» el de «allá&gt;, «allí» :

�MISCELÁNEA
MISCELÁNEA

«Y

allá el Rei e-hu contá tot a la Reina» (Rond. mal!., VII, 77).
«El lur senyor d'allí avant no les contrasta plus• (l\farco Polo,
edic. Knust, pág. 4). Encuentro empleo análogo al catalán en
los ejemplos siguientes, sacados de Pereda: «Esto no puede
quedar así- me dije yo al instante-, y aquí tiene que arder
Troya o pierdo yo hasta el nombre que tengo&gt; (VI, 432)«Y aquí vamos a seguir paso a paso a la familia de D. Anacleto» (VI, 120); y de Gabriel y Galán: «¡Jolgacián como el
nuestro muchacho I no va habelo, si aquí no se almienda
( Obras completas, I, 27 4). Corresponde este empleo al usoque encontramos en los autores clásicos. Véase Cuervo, Diccionario, I, 599. - F. KRüGER.

297
Página 41, linea 26. Dice discoronado. A11ádase en nota : Sic, por Dios
coronado.
·
44,
37.
rescibir. Debe decir rescebir.
46,
30.
pasado.
·parado.
49,
3.
su.
un.
52,
22.
seais.
seays.
55,
15.
le.
lo.
55,
32.
viniesen.
vinieren.
H.

THOldAS.

«VINO JUDIEGO »
Lo que escribí en RFE, VII, 383 1 puede servir de nota a las coplas 263-265 del Rimado de Palacio, donde se dice de los jud[os que

ENMIENDAS AL TEXTO DE «DOS ROMANCES
ANÓNThIOS DEL SIGLO XVI&gt;
La anormalidad de las comunicaciones en la fecha en que publiqué
mi folleto Dos romances anónimos del siglo XVI(Madrid, 1917), hizo neC&lt;'Sario proceder a la tirada de dicho trabajo sin que yo pudiese revisar las últimas pruebas, siendo ésta la causa de que aparezcan en el
texto las siguiente erratas:
Página 27, linea
28,
30,
31,
34,
35,
35,
36,
36,
37,
37,
38,
39,
39,
39,
40,
40,
41,

19. Dice su. Debe decir un .
8. Pásense las comillas al final de la Hnea I I.
17. Pónganse comillas después de enamorado.
14. Póngase junto y t:oma desjués de cautivado.
28. Dü:e su.
Debe decir un.
8.
les.
las.
varias.
nuestras.
17.
agays.
ayays.
3.
6.
jornado.
jornada.
labrado.
26.
ladrado.
grand.
grande.
31.
u viese,
uviere.
37.
guardase.
guardasse.
3.
17. Pónganse comillas antes de El.
18. Dice vos.
Debe decir nos.
deceno.
dezeno.
13.
manzillado.
18.
mancillado. 13. PJngase coma desJuls de hijo.

-

Maguer non tienen vinnas, sienpre suelen conprar
muchos vinos de fuera, e y los encubar;
ciertos meses del anno los suelen apartar,
·
que lo beua el concejo a como lo suelen dar.
As[ es ello por cierto, muchas veces lo vi,
que lo que non vale dinero, costar mara ved,·:
el vino agro, turbio, muy malo, valady,
·
quien pasa e lo beue, nunca más torna y.
Conuiene que lo gasten los pobres labradores, etc.
Parece'. pues, que se trataba de un vino de inferior calidad, que
en casas neas, como la mencionada en el testamento de 14 31 serviría
para la servidumbre y gente humilde.-A. c.
'

�NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

i11mérito tanta merced que ,·erte
alcanzase...
el servicio, sacrificio, devoción y
obras pías...•

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS
Le Poeme du Cid. Extraits. Traduction, introduction et notes par

E. Mérimée.-Paris, La Renaissance du Livre, s. a. [ 1919), 16.º, 178 páginas, 2,50 frs.
La Célesti11e. Tragiam1édie de Cali..-cte et Mélibée. Introduction de
E. Martinenche [traducción de G. de Lavigne), Paris, La Renaissance
du Livre, s. a. [1920), 16.º, 219 págs., 3,75 frs.
Ambos volúmenes forman parte de la serie española de la colección cLes Cent Chefs d'reuvre étrangers&gt;, que dirige l\L Wilmotte. Le
Poeme du Cid contiene extractos no sólo del Poema (págs. 45-146),
sino además del Rodrigo (págs. 147-158) y de las J.focedades, de Guillén de Castro, primera parte (págs. 159-176). La traducción del Poema
es excelente, por su fidelidad y por lo apropiado del lenguaje, que
conserva algo de la ruda sencillez del original. He aquí una breve
muestra, tomada del episodio del león: «Sur ce, se reveilla celui qui
en bonne heure naquit: il vit son fauteil entouré par ses bons barons.
«Qu'est-ce cela, mesnies, et que voulez vous?&gt;- cAh!, seigneur honoré,
le !ion nous fait peur.&gt; - Mon Cid appuya le coude (sur le bras de
son siege), se mit sur pied, roula son manteau autour du cou, et marcha vers le !ion. Le !ion, quand il le vit, eut grand peur; devant mon
Cid, il baissa la tete et la tint inclinée.&gt; El prólogo resume de una
forma clara y personal lo que hoy se sabe sobre el Poema y el Rodrigo, y encierra observaciones finas acerca de su valor literario. Una
buena bibliografia completa este estudio.
Los trozos de La Celestina aquí publicados proceden de la traducción de Germond de Lavigne, la mejor entre las que se han hecho,
a juicio de Menéndez Pelayo. Sólo es del Sr. Martinenche el prólogo. Esta traducción de L. se hizo desgraciadamente sobre el texto
de Rivadeneyra, no sobre una edición antigua. En general es grande
su esmero, pero en algún caso cabe discutir su exactitud. He aquí un
ejemplo:
Rivad., pág. 5a: cEndar poder
a Natura que de tan perfecta hermosura te dotase, y hacer a mi

te, parce qu'il m'a fait la gr4ce de
vous voir...
les prieres, les so/lidlatio11s...•

Aribau, el editor de la Biblioteca de Autores Es¡,a,toles alt~ra el
texto de las edic!ones antiguas cuando le parece, alegan~o razones
co~o ésta: «Aqu1 se encuentra una blasfemia en las ediciones más
an_bg~as» (pág. 5, nota 3); Y en virtud de ese expediente se cambia·
«SI 010s me .di_esse en el cielo la silla sobre sus santos, no lo temi:l.
por t~nta felicidad&gt; 1, por esta inocencia: «si Dios me diese el mayor bien qu~ en la tierra hay•, que altera un rasgo esencial de Ja
obra. Pues bien; L . trae: «Si Dieu m'offrait le plus grand bien de la
terre.•
He aquí otro pasaje:
Rivad., pág. r I a: «Ella tenía
seis oficios; conviene a saber: labrandera, perfumera, ,naestra de
/1acer afeites y de ltacer virgos, alcahueta y un poquito de hechicera.&gt;

Lavigne, pág. 78: «Elle y faisait
une demi-douzaine de méliers:
elle était Jingere, parfumeuse
[omisión) 1 entremetteuse et
quelque peu sorciere.&gt;

. La introduc_ción satisfará, en cambio, plenamente al lector. La exactitud del estudio y la forma brillante en que está redactado nos hacen
lamentar que no sea el mismo Sr. M. quien haya hecho la traducción
la cual habría carecido entonces de los pequeños defectos que acaba:
mos de señalar. • Como antes• de La Celestina , d1'ce '"i
J..&gt; • •
• et·¡ n •y a pas eu
en Europe de p1ece dramatique ni aussi significative ni aussi féconde
ce_ ~•est point en grandir l'importance que d'y chercher encore Je;
ongmes du_théAtre modeme&gt;. Sucesivamente se trata aquí del autor:
el
Celesfine_ nous apparait done comme l'reuvre d'un seul auteur
qui I a success1ve_ment développée avec la liberté d'un l\fontaigne complé~ant ses Ess~is)~; las fuentes: «(la langue du Corbacho est une des
me1_lleures exphcat10ns de ce miracle qui s'appelle la prose de La Célestz_ne)•; los personajes, la intriga y los recursos dramáticos; valor
nacional y moral, y alcance de La Celestina.

f:'1,

. GosSART, E.-Les Espagnol.r en FJandre. lfistoire et Poésie. -Bruxelles, Lamertin, éditeur, 1914, 8.0 , 230 págs.=EI presente libro comVéase edic. Bib/iot~ca Clásica, pág. 24.
No s~ explican omisiones de éstas en una obra de la índole de La Ctlutma.
Otro P~Je análog~ a éste ha sido suprimido en la página 79, correspondiente
a la págma II de R1vadeneyra.
1

Lavigne, pág. 65: «Parce qu'il
a permis a la Nature de vous
douer d'une beauté aussi parfai-

2 99

1

�300

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

pleta otro del mismo autor 1, que ha dedicado una atención preferente
al estudio de la actuación de los españoles en los Países Bajos vista a
través de nuestra antigua literatura 2• Aun cuando no trata de agotar
el tema y su lectura no requiere especial preparación, es obra de
interés, sobre todo por las páginas que dedica a nuestro teatro. Gossart
analiza menudamente las comedias que a su propósito interesan, compara algunas entre si y sugiere en algunos casos la fuente probable
cEsta comedia-escribía Menéndez Pelayo, refiriéndose a Los espa1wles en Flandes, de Lope de Vega-no vale la pena de investigar sus
fuentes, suponiendo que alguna determinada tenga• 3• Un ~xamen
directo de la cuestión permite a G. señalar los Comentarios latinos de
Martln Antonio del Río como fuente inmediata.
Menéndez Pelayo pasó muy a la ligera sobre todas estas comedias
de Lope referentes a sucesos de Flandes, de las q~e de_cía, con _una
frase del mismo Lope: cAqul no hay representación, smo cuchilladas.• Así, no supo determinar la relación que pudiera existir entre
EJ asalto de J.fastrique y los Sucesos de Flandes, de Alonso Vázquez.
Ahora G. afirma que este libro es la fuente directa de Lope (pág. 88).
Contra la afirmación de G. se presentan algunas dificultades: la Histo•
ria de Vázqucz no ha sido impresa sino a fines del siglo xix ', Y el
libro dirigido a Felipe IV (la comedia de Lope corresponde al periodo 1603-161 4). El académico belga responde que Lope pudo_conocer
el manuscrito, que hubo de ser redactado antes de 1621. Ten1e~do en
cuenta que en el siglo xvu no pocos libros se difund!an en copias manuscritas y que las semejanzas entre ambos textos $0n realmente notables, la sugestión de G., a falta de otra mejor explicación, deberá
ser tenida en cuenta.
Más interesante, por el superior mérito literario de la comedi~, es
esta otra afirmación: toda la parte histórica de Pobreza no es vileza
tá tomada de los comentarios de Diego de Villalobos y Benavides:
eS
1.
«Lope les reproduit méme parfois aussi littéralement que le m _permet la versification• (pág. 161). Es de notar, y esto es un buen eJemplo de la ligereza con que a veces están escrito~ los p~ó~ogos de ~fenéndez Pelayo, que el eminente erudito conoció y utilizó repetidamente estos libros, que en muchas ocasiones cita.

1

la Rivolutim tks Pays-Bas au XV[ sitck dans fancim thiátre espazttol,

Bruxelles, Hayez, 1910, 8.º, 128 p:lgs. Hamel publicó sobre él una breve reseña,
LGRPI,, 1914, cols. 26-27.
.
..
2 Anterior al que nos ocupa es el libro Un roi p!11/osop!it. P/11/ippe lI dans
ra11cim tlúátf't espa1no/, Bruxelles, Lascier, 1913, 8.º
i Oh°as, XII, CXXIX.
, Coltcción de doC11111mtos i•iditos para la historia tÚ España, LXXII-LXXIV•
Madrid, 187g-188o.

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

301

No es seguro, como el autor indica (págs. 67-68), guiándose de la
aparente semejanza de algunos rasgos de La mayor !tazaiia de Ca,·Jos V con otros de Et aldegüela, inferir la influencia de una comedia
sobre la otra. Se trata del tema conocidísimo del hombre de noble y
esforzado esp!ritu que vive entre villanos, de los que se aleja para
acometer las más altas empresas. Don Juan de Austria, como D. Fernando de Toledo, Bernardo del Carpio o Ciro han dado pretexto a
nuestros dramáticos para desarrollar un tema que les era favorito; la
cuestión ha sido brillantemente tratada por D. J. Gómez Ocerin y no
insistiremos sobre ella 1•
Entre las curiosidades del libro está la interpretación de un pasaje
oscuro de Et asalto de Afastrique:
Alonso.

¿Quiéresme dar un abrazo,
l\lis ojos?
Ma,-cela.
Tu, velfderthine ...
Alonso.
¿Quiéresme cuanto te quiere
Esta alma?
.l,farcela.
Dat vuilghi guil.
Alonso.
Y o lo soy y te soy fiel.
¿Seráslo tú?
Marce/a,
Jit, minthere.
Alonso.
¿Olvidarás mi afición?
Marce/a. Liverte sterven, mi bien.
Alonso.
Y ¿querrás alguno bien,
Marcela?
Marce/a.
Nitifiston 2.

(a)

(b)

(c)
(d)

(e)

Menéndez Pelayo debió considerar las palabras transcritas como
mera jerigonza y no se cuidó de interpretarlas. Sin embargo, tienen
su sentido: la flamenca .Marcela habla en su lengua: (a) doce, trece ( veces); (b) quúro lo que queréis; (c) un poco, miar; (d) antes morir; (e) no
comprendo. Una prueba más, si hiciera falta, del pasmoso conocimiento
de Lope de todas las cosas de su tiempo.
Las comedias de Vélez de Guevara Los amotinados de Flandes y El
l1ércules de Ocaiia no presentan tanta fidelidad histórica como las de
Lope o Enciso; El valiente negro, de Clara monte, es de pura invención,
como Don SancllO ei },falo, de l\loreto, El bandolero de Flandes, de Cubillo, La dama capitdn, de los Figueroas. En Lorenzo me llamo y Car1 Teatro antiguo espai/q/, III, Madrid, 1920, págs. 10g-127.
Obras, edic. Acad., XII, 449 6. Compárese en la misma comedia: •Mas ella,
que a otra nación Debe de estar inclinada, A cuanto le dice, airada Responde
•Xitifiston.• (/6/d., 447 aJ
2

�302

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

bonero de Toledo, Matos Fragoso utiliza también los Comentarios de Villalobos. G. nota la semejanza de esta comedia con Por su rey 'Y por
su dama, de Bances Candamo.
G. analiza otras minúsculas comedias de Lanini, Ossorio, González
Bustos, Herrera de Sotomayor. No mereda la pena, en verdad. Nota
el autor la escasez de obras no dramáticas referentes a Flandes que
presenta la literatura española-excluyendo, naturalmente, las históricas-. Su mérito, además, es harto escaso. El libro termina con un
resumen del contenido de la Vida de Estebanillo González. Nada se
sabe de este personaje; G. ha encontrado una relación del sitio de
Catelet por los franceses en 16381 y en ella se describe un cortejo
suntuoso en el que figuraban, entre otros, claquais habillez a neuf de
ses livrées ... [del duque de Amalfi), son boufon et son Trompette... &gt;
(Pág. 252 .) cEl bufón de que se habla - dice G. - no puede ser otro
que Estebanillo.• Sea como quiera, la noticia es harto vaga Y no añade
gran cosa a nuestros conocimientos.
Todo el libro es de muy amena lectura. Especialmente el capit_ulo
Le so/dat espagnoJ en FJandrt, donde el autor intenta una carac~enza•
ción de los soldados españoles según los datos de las comedias, se
lee con el mayor interés. Una escrupulosa compulsa de l~s sucesos
históricos aludidos aumenta aún valor a la obra. - Jose F. Montesinos.
cAzoRiN•.-Los dos Luises y otros ensayos. - 1\fadrid, Caro Raggi?,
, 8.º,
6 págs., 4 ptas. (Obras completas, to~o XXV~.) =Awrin
19
1921
viene esforzándose por hacer amables ciertos escritores ~ ciertas obras
del periodo clásico, poco estimados o mal conocidos. Aplica a este examen la técnica que usó para fijar artísticamente aspectos de nuestra
vida - los pueblos, las viejas ciudades, asi como los menudos rasgos
que sólo el microscopio literario podía revelar - , y que hasta entonces habían escapado a la observación estética. Su labor, en este caso,
cae de lleno dentro de nuestro campo, con más motivo que muchos
trabajos plenos de documentación y vados de sentido.
Este volumen encierra veinte pequeños ensayos; de ellos d~ce están
consagrados a Luis de Granada y tres a Luis de León. Los anco restantes, a Garcilaso, Góngora, Calderón, Cervantes y Ercilla. Un escritor
adquiere real interés para A. cuando llega a repre~entárselo e_n una
intimidad henchida de matices psicológicos. Del P. G_ranada d_1ce su
biógrafo Luis 1\Iuñoz: «Era dulcisimo en la conversación y am1~0 de
todos si bien ninguno se le domesticaba demasiado.• Esta delicada
reser~a del carácter, esta distancia que Fr. Luis sabia poner entre él
y los demás, combinada con una exquisita afabilidad, es una nota ~na
y humana, de las que A. gusta sorprender en el alma de esos escritores que saborea en ediciones del tiempo; porque claro está que A. no

NO r.AS BIBLIOGR~l'ICAS

303

deja de hacemos presente, de modo discreto y sugestivo la forma en
que ha ido sintiendo el encanto de los autores que anali:a.
. -~· busca con afán los rasgos que marcan un progreso sobre la sens1b1hdad de la época, es decir, notas de modernidad. Nadie antes de
él habla notado el sentido de estos versos de Luis de León: ePor toda
la espa~i?sa Y triste España... Pueblo inculto y duro.• Se analiza aquí
con frmaón cuanto representa poder de emocionarse an~ la Naturaleza, visión del paisaje, aspecto que también acerca al escritor a los
que más tarde tuvieron un pleno sentir de la Naturaleza. Desde este
punto de vista lamenta A. que se posterguen obras como EJ amante
liberal, de Cervantes, por no ser bastante ,realistas•. Y tiene razón.
_Ah~ra, algún reparo. El principal es que logramos una representación mcompleta de un escritor cuando sólo proyectamos sobre su
obra alguno de estos puntos de vista parciales que previamente he~os a~mentado en nuestra sensibilidad. Como procedimiento de goce
hterano no hay otro mejor; como método de apreciación objetiva tal
vez ofrezca peligros. Un lector de buena y preparada fe ¿encontrará en
Fr. Luis_de Granada cuanto A. le promete, basado en i'o que su lente
descubrió acá y allá a través de sus dilatadas producciones? ¿Hallar~mos realmente en Garcilaso ese fondo de europeísmo, de espíritu
laico y de amor intenso a la Naturaleza/ ¿Lo hallaremos en todo caso
en grado tan eminente que haga olvidar al lector desinteresado otras
zonas de _este poeta borrosas para el gusto moderno, invadidas por
una retónca difusa y vulgar? Dice A. hablando del Peniles, con motivo
de su descripción de los países árticos, y suponiendo que realmente
nos ~cercáramos a aquellas heladas comarcas: cLa imagen de las cosas
suscita en nosotros más sensaciones que la realidad misma... La visión
que ha~íamos tenido leyendo al Persilts era más exacta, era mejor... •
Pues bien: alguna vez, no siempre, puede acontecer algo parecido con
lo que A. nos dice de sus predilectos autores. La crítica literaria hecha
exclusivamente a través de la propia sensibilidad presentará siempre este escollo; una ponderación con otros elementos objetivos daría
un fondo más sólido a las apreciaciones; pero entonces quién sabe si
estas páginas de A. habrían tenido para nosotros tao delicioso poder
evocador.
. PANCO~C~LLI-CALz~A, G.-Experi~ntelle Phonetik.-Berlio und Leipz1g, Vere1mgung w1ssenschaftlicher Verleger, 1921, 8.º, 135 págs.
(Sammlung Goschen).= En el breve volumen de este manual traza el
profesor Panconcelli-Calzia un cuadro completo de las materias comprendidas dentro del campo de la Fonética, clasificando metódicamente estas materias, indicando los medios adecuados para su estudio y
señalando de una manera clara y precisa el estado actual de cada
cuestión. Desde hace mucho tiempo, P-C. viene esforzándose con Jau-

�KOTAS BIBLIOGRÁFICAS

NOTAS BIBLIO&lt;;RÁFICAS

dable empeño en dar a los estudios fonéticos la estructura orgánica de
una plena disciplina científica. Su artículo Grrmd::üge eines Prorramms
der Pltonetik (Oesterr.-unrar. P/JQnograplten-Zeitsd,rift, l, 1907) fué en
este sentido un excelente ensayo. La clasificación impuesta últimamente a su BibiiorraJhia Phonetica ( Vox, 1914) y el orden introducido
bajo su dirección en los sumarios de la revista Vox responden claramente a ese mismo propósito. La escrupulosa atención con queP-C. había venido informándonos con su Bibliorrapl1ia ( 1906-1914) de la abun&lt;lante producción fonética de los años anteriores a la guerra, le hadan
hallarse en circunstancias especialmente favorables para tratar de someter el conjunto de dichos estudios a un plan razonado y metódico.
Dentro de sus múltiples aptitudes, P-C. pone siempre en sus trabajos una nota saliente de orden, método y claridad. Recorrer la instalación del magtífico laboratorio que P-C. tiene a su cargo en Hamburgo, es como s~guir un curso de Fonética. P-C. publicó hace unos
años un manual de Fonética aplicada: Einführung an die angewandle
Phonetik, Berlin, 1914. Continuando su labor de divulgación, esta Experimente/le Phonetik que ahora publica es estrictamente un manual de
Fonética pura, en el cual los problemas de la fonación y de la articulación van considerados en sí mismos sin referencia alguna a sus
relaciones con problemas de otros campos científicos. Al compendiar en este trabajo, bajo una rigurosa clasificación, los resultados de
una actividad en que han intervenido tantos colaboradores dispersos,
P-C. ha hecho un libro verdaderamente útil e interesante.
Para P-C., la Fonética experimental es la ciencia de la fonación, o
sea de la voz y de los sonidos articulados. Estos términos parecerán,
sin duda, demasiado imprecisos. Podr!an aplicarse igualmente a la
Fonética no experimental. Lo caracteristico de la Fonética experimental es el uso de determinados instrumentos y aparatos en sus investigaciones. La Fonética no experimental sólo se sirve fundamentalmente de los sentidos. La ciencia que estudia la naturaleza fisiológica
y acústica del lenguaje hablado empleando metódicamente, según las
-circunstancias de cada caso, ya los órganos naturales, ya los aparatos
del laboratorio, o cualquier otro medio útil para su objeto, es simplemente la Fonética. En este sentido puede decirse que el contenido
&lt;!el libro de P-C. es en realidad más amplio y completo que lo que su
propio título aparenta. En cuanto al concepto de la Fonética, creo,
además, que el objeto de esta ciencia es estudiar la naturaleza fisiológica y acústica del lenguaje desde un punto de vista lingüístico. Separar a la Fonética de la Lingü{stica es someterla simplemente a la
Acústica y a la Fisiología. - T. N. T.

PAuu, l. - «Enfant•, «garfon,, «filie• dans les langues romanes ltu.dlls particulierement dans les dialectes gallo-romans et italiens. -Lund,

305

Universitets~Bokandel, 1919, 4.0 , .µ6 págs., 10 coronas.= El autor
'110 s~ h_a propuesto est_udiar de modo especial los dialectos peninsulares, sm em_b~rgo, ha 1~0 ~n lejos en el análisis del español como se
han permtbdo los D1caonarios que ha usado (Franciosini, Oudin
0 lhause~, Salvá, Echegaray) Y el estudio de Muntbe sobre el astu~
,nano occidental.
En c~nju~to, el libro de Pauli es un buen trabajo de lexicografía¡ y
las defioena~s que nota~os en la parte española vienen principal,mente de la dificultad de mformarse sobre las babias peninsulares en
un tem_a tan amplio. Sin ánimo de rehacer sobre este punto el libro,
he aqu1 datos sueltos que lo rectifican y complementan:
•
Infante (pág. 29) es, según el Diccionario de la Acadetoia e niño
-que no ha_ll~gado a la ~dad de siete años,. Añade P.: «daos c~rtaine
phrases, ou il est combiné avec infanta, i1 signifie 'enfaot mfile'». Esto
no hace falta para que infante signifique •niño varón'; sólo que es poco
usado fuera de frases literarias, como cdar a luz un robusto infante».
En lo demás. está_ anti~uado el uso de infante 'niño en general': cCas&lt;:un anyo faz1e cnar bien XX mil infantes de perssonas pobres• (Marco Polo, pág. 61). En Aragón es ccorista de corta edad en las catedrales&gt; (Borao).
?esde luego el estudio de los nombres españoles que faltan aquí
-dana asun!o a un largo articulo: arrapiezo 1, cha1Jal 21 t:ha1Jea 1, charuJt,
· te , ,
c/rurumbel
, t:harrdn 3 , boquirrubio 4 , barói~oniente
•
-r
, mamqn, monigo
.monicaco 5 , mozalbete, mozalbillo 61 muñeco, pituso, -a 11 moco, guacho•,

fo

1:

1 No es completa la definición del Diccionario de la Academia; comp.: «Ca~n ª.!'1na muchacha de quince años con un arrapiezo de diez y ocho.• (Moratin, biJo; cons. PAGts, Dicci,marioJ
2 _Sólo trae el Diccionario de la Academia duzvó y durvaJ: los demás vienen
W:b1én d~ 1~ len~a gitanesca, y son muy usados en andaluz.
El D,~c,onano de la Academia sólo trae la acepción de 'pillo, tunante';
vé_ase el artic~o Ckarf'án de R. de Castañeyra, en Los españoles pinJados po,- si
,nu,nqs, Madrid, 1851, pág. 75: •El charrán sólo existe en la playa de Málaga.
El charrán lo es desde que nace basta los diez y ocho o veinte años.•
··
' Véase RFE, VI, 290 y sigs.
6 El Diccionario de la Academia no registra la acepción de 'niño
b h '
de uso familiar.
' mue ac o '

.• No
) se usa
J ya,

aunque. nada dice el Diccionario de la Academ.t"a•1 V=Se
~-os en uan del Enema, edic. Cañete, pág. 2921 y KonLD, Sie6m Span.
..c,uqgm, 300.
7
U~dísimo ~ente por Castilla y Madrid, aunque el Diccionario de la
Acad~a o~ lo ~a,g8; Deb: estar en r«:18ción con pito 'pollo' (Dice. a,tMf'. de
Rato},p~ón gall~ (ID1dJ; pitusa en astunano es una piedra o hierro contra la
,que se_~ en el Ju~go del chito (que Rato llama «de la pisa,).
• Significa propiamente 'gorrión'; en Albacete 'niño'.
TOKO VIII.
21
~~~p

�ROTAS BIBLIOGRÁFICAS

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

306

•l! : ~.

iiaco I ma11aco t, golfo, crio, motil2, pequei,arra, z~o1:ro 3 ü/, 4 ji',u •
,
5 , nt'oro
menecreque
., s, monVa
'.I ' 5 • neno s, chorrel ª• ;a/J1chue ,no • r1ran8
•~
dón a 11Wtán s, motanln •
~
,
. drvulo a enas se aplica más que al nmo pequcno e~
Pág. 79 . p
p
I Pág 166 · damiselia es errata por dam1cuanto alumno de una csc~e a.
-~une. filie aimable et jolic•. Sobre
se/a, y es desusado el sentido de •)
.
RFE I
. III 68 que
muc/1acho no conoce lo que hemos es~1to en
, , 403, , ,
obliga a cambiar lo que dice en la págma 335.-A. C.
4

n
l I lniciació a l' ensenyament oral deis sords.arau ª· •
ds
t • III Remuts; IJ, Gufa jer al primer ensenyamen:,:;~d:~,/~;me~:ua:•.p,'.;,,,er
gistre metodic de figures y vocables per; s I
La:Oratori d'Estudis ¡,
ensenyament oral deis sords-mttts•.- arce ona, MCi\lXX o 48 120
:\I · · l de Sords-muts
'
• 4• • •
Investigacions: Escola •·uumc1p~labarios clara y ~encillamente planeaágs - Estas carti as o si
•
•
y 100 p . - t dos con notable esmero en sus figuras, en su trabaJ?"
dos y presen a
.
n nuevo testimonio de la actitipográfico y en su encuadernación, son~
.
1 d. cción,
.
p Barnils viene poniendo en a ire
vidad ! del tn:t1~~~l ~~eSo;domudos de Barcelona. Su labor téc~ica
de la Escue a unte P
.
ista La Paraula, publicase halla abundantemente refle¡ada en la rev d"ficultades económicas,
1
•L:c:~~:c~: q~e de esta revista cabía.
ción digna de todo :logio, la
parece al presen~e .m:;r;;:~s=~anza de los sordomudos en España
esperar en bene cio
d
·c·ón Otra loable iniciativa de B.•
h .
lamentable su esapan i .
ana mur .
t bién dificultada por las mismas causas que
1
~:~::~:~:::~n!ª7;~::ula, es el homenaje a P~dro Ponce Y
BARNtLS, P.- La

~:ª

l:~

Pablo Bonet. Todo ello demuestfra, sin e;::~;;•).:~::!e:::e~~:nito d~
d d.
do su cuidado y su es uerzo a
va e ican
b .
áctico la dirección técnica y el estimudichas e~señanzas, el tra ªJ? ~:cacio~es fonéticas que se bailan en las
lo profesional. Las breves m I
ás . dispensable para guiar la labor
citadas cartillas se reducen a o m 1:unciación catalana. Cuando B.,
del maestro en la enseñanza de la pro . l ordomudo la emisión de
después de indicar la manera d~ sugenrmaes: será corretgida de tots.
la voz, dice sencillamente que • a veu e

1
2

En Villena (Alicante) 'niño pequeño', m:is que el ,,zañaco (cinco a diez años).
Usado fuera del país vasco.
.
.

~º:::!~;!\

3 'N!~º gordo' :n ~astill:~;.r(¿:::;r; ~~ª1
origen dejifk.
0
, 'Nmo menor e ez an
fi
'
tre los nombres portugueses que
5 Nombres gallegos que no guran en
estudia.
.
a Véase la nota 2 de la p:igina antenor.
7 Salmantino, usado por Gabriel y Galán.
8 Asturianismo (Amieba, Picos de Europa).

aquells defectes que prescnth, deja de lado una grave cuestión, sobre
la cual, as! como sobre otras muchas que se refieren a la articulación,
acentuación, silabeo, cte., convendría evidentemente dar a nuestros
maestros de sordomudos amplias y minuciosas explicaciones. Es de
desear que a B. no le falten los medios necesarios para ir desarrollando y completando en este sentido su importante labor.-T. N.T.
DmuLAFov, J. - Isa/Je/le la grande, reine de Castille. - Librairie
Hachctte, Paris, s. a., 4.0 , 486 págs.= Extenso trabajo histórico, del
que destacamos para nuestro objeto el capítulo XVIII, que trata de «La
vida intelectual en tiempos de Isabel&gt;, capítulo que sólo ocupa 25 páginas entre las 486 del libro; Dieulafoy, quizá demasiado subyugada
por la figura central de su obra, olvida aspectos importantes del
cuadro en que la reina Isabel se movió. Contiene este capítulo datos
acaso interesantes para un pedagogo, como, por ejemplo, los que se
refieren a la manera como se educaban los hijos de la reina. Por lo
demás recógcsc la impresión de que D. sólo ha debido consultar, para
varios de los puntos que aquí trata, algunos volúmenes no bien seleccionados. El mismo espacio es necesario para decir dos o tres inexactitudes con respecto a La Celestina, que para condensar los últimos
resultados de la investigación y de la crítica sobre el mismo tema;
pero D. hace lo primero. Y además de esto, ¿qué explicación se puede
hallar para el olvido de Nebrija? Tratar de la vida intelectual de España en tiempos de Isabel la Católica y no citar siquiera a Nebrija, es
el descuido más grave en que D. podía incurrir. - N. G. R.
BoTTACCHIARI, R .-Grimmelsltausen. Saggio su cl'a'fJf/mturoso Simplicissimus•.-Torino, Giovanni Cbiantore, 19201 211 págs., 8. 0 ,10 liras.=
El libro del Sr. Bottacchiari, que el autor presenta modestamente diciendo: •non ... essere uno estudio esauriente e definitivo sul Grimmelshausen•, puede considerarse como una de las mejores obras que se
han escrito sobre la novela picaresca en Alemania. El Sr. B. revela un
conocimiento muy profundo de la literatura alemana en la época en que
se desarrolló ese género. Sabe demostrar sencilla y claramente en la
parte primera de su libro los antecedentes de la novela de Grimmelshausen: la novela picaresca española, sus imitaciones inmediatas en
Alemania y las demás fuentes del Simplicissimus. En la segunda parte
analiza la novela misma de una manera perfectamente moderna, penetrando en el sentido del autor y de su obra. Todo el libro se leerá, seguramente, con interés y provecho. -Adalberto Hiimel (Würzburgo).
SANTIAGO y GóMBz, J. DE.-Filologlade la lenguagallega.-Santiago,
•Eco Franciscano•, 1918, 8.0 , 274 págs., 8 ptas.= Apresurémonos a
decir que este libro nada puede enseñar a nuestros lectores. El autor

�NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

309

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

308
trabaja por su cuenta, ignora cuanto se ha escrito sobre las lenguas
romances, y llevado por el prejuicio celtista, salta sobre hechos conocidos de todo el mundo, para sacar deducciones fantásticas: adoecer, del
celt. d oceirr (pág. 36}; teito, del irl. tech; noite, del irl. noch t (pág. 35);
Coruña, del persa Kuru; agro, del gr. &amp;1po,: (págs. 40 y 42); etc. Es
lamentable que se escriban libros as!, malgastando un esfuerzo que,
mejor dirigido, darla, sin duda, excelentes frutos. ¡Ojalá atienda el
autor esta advertencia que le hacemos sin afán de molestarle, deseosos tan sólo de que sean más provechosos para la ciencia el entusiasmo y la laboriosidad de que da muestras el Sr. de Santiago!
BONILLA v S.t.N M.t.RT[N, A.-Las Bacantes, o del origen del teatro.
Discurso leido ante la Real Academia Española. - Madrid, Rivadcneyra, 1921, 4.0 , 163 págs.= Notamos este trabajo por el estudio que
encierra acerca del teatro español del siglo XVI. Es una recopilación
de puntos de vista en parte conocidos y que muchas veces tienen
su antecedente en Mcnéndez Pclayo; parece que se trata de un anticipo del libro que anuncia el autor sobre el teatro español anterior a
Lopc de Vega. En más de un caso serian discutibles las asociaciones
que el Sr. Bonilla establece entre la literatura romana y la española;
quizá amplia demasiado el campo de los precedentes del teatro en la
Edad Media, y, sin duda, los interpreta y valora de manera algo caprichosa '; pero de todos modos trátase de un trabajo útil, rico en bibliografla, con apreciaciones oportunas, que resaltarían más aún si el autor
no tuviese el prurito del enciclopedismo, circunstancia que, por otra
parte, obliga a prescindir de muchos aspectos de su estudio, que sólo
un comité de especialistas podría apreciar en su integridad. En lo que
nos atañe concretamente hay más de un punto que no nos satisface.
As!, por ejemplo, forja un inconcebible problema sobre el origen de

1 Conviene oponer a las perentorias afirmaciones del Sr. B. (p.1.g. 49) que la
crítica moderna, lejos de rechazar la absurda opinión que expuso entre nosotros
Moratln (hijo), esto es, que el drama vulgar nace del litúrgico, la ha segnido unánimemente - sin desconocer la relativa importancia de los diversos elementos
secularizadores-y la ha desenvuelto, tal vez con excesivo rigor, en trabajos importantes y numerosos. El Sr. B. no los estudia, acaso porque no se refieren
especialmente a España; pero con grave error, si se tiene en cuenta que aquella
derivación es un proceso común a toda la Europa occidental. Tampoco recoge
las protestas aisladas, que no faltan, claro es, contra la doctrina dominante; la
cual parece más amenazada por los nuevos rumbos de la critica literaria que del
lado de la rebusca erudita. El drama litúrgico no se introdujo a imitación del
pagano: brotó del ritual mismo de la Iglesia, por amplificación de determinados
tropos de la misa, aplicados a la celebración de la Natividad o de la Pascua.
El mismo Sr. B. alude a este desarrollo en la p.1.gina 1o81 nota 2, aunque da una

bibliografía insuficiente.

s;,tar (págs. _s~-57), que ya inquietó al Sr. Puyol en su edición de la
~ara Justicia (págs. 293 Y sigs.), quien llamó alli a consulta al Sr. B.
Dice ah~ra el Sr. _B.: «El verbo sotar y el sustantivo sotadera pueden
tcn:r origen arábigo; pero creo más probable la derivación de so/datan~. Sotar, en la Danza de la Muerte, equivale a danzar.• Claro que
eqwvale, ~ no sólo en ése, sino en cien casos más. Cualquie¡a sabe
- Y a nadie se le ,ha ocurrido d!scutirlo antes de los Sres. Bonilla y
Puyol-que del latm sal ta re 'bailar' (sallor, saltatio) viene el romance
s~tar (fr. sauter, prov. sautar), ni más ni menos que como de altu
viene oto; sa~tus, soto; altariu, otero. Y eso de que sotadera venga
de solda tan a revela que el Sr. B. no domina la fonética histórica.
'?.el sota de las Glosas de Silos (verbal de sotar), pasando por sota, viene
Jota. Respecto
tim ¡ , de chacarrero (pág. 59) hallará el Sr. B. en RFE, VII, 141,
una~ o og1a que no es absurda, como lo son las que él cita de la Acad~~a Y de Eguilaz. Aquí sería del caso recordar la frase del Sr. Maura
(hiJo) al contestar al discurso del nuevo académico: «por desgracia
supera [a M. Pelayo) en la dispersión de sus facultades• (pág. 168). En
fin, sólo por una premura más habrá escrito el Sr. B. en la página 102
a propósito del deseo expresado por Moratín (padre) de que «se escri:
bao tragedias según _arle», cque en ua atmósfera trdgica 1 aparecen luego, en efecto, las primeras manifestaciones del romanticismo teatral...»
Don Áloaro, El Trooador, Los Ama,rtes de Teruel. ¡Pero si hay ochenta
Y dos años entre esa afirmación de Moratín y el Don Alvaro! y sobre
todo, esos dram_as románt~c?s tienen otras fuentes, y Moratin (padre)
pensaba en Racme al escnb1r lo de «tragedias según arte•.
. Otras observaciones. Pág. 32: Breve bosquejo de historia del teatro
mglé~, que pasa de los misterios, moralidades e interludios a Marlowc, sm :nc~ntrar a Lyly.-Pág. S 1: Dante no tituló su poema Divina
Commed,a, smo Commedia a secas; sí lo llamó sacro y sacra/o. _ Pági°.ª 127: ¿Cómo influye Bandcllo en el desarrollo de la novela pasto•
nl?-Pág. 162 (comp. pág. 31): El Sr. B. juzga los dos grandes trágicos
franceses según la moda de 18301 que la tardia traducción de la Historia de Schack contribuye a mantener en España fuera de toda sazón.
Pero, eso sf., el Sr. B. adoctrina a los afrancesados de ayer y a los de
hoy con el funesto ejemplo de Moratín, que entendió y sintió a Shakcspcare como podla hacerse en 1790, y que no tuvo la precaución de
leer la Historia de la literatura inglesa de Hipólito Tainc.
1 Sin esa atmósfera o sentimiento no existe florecimiento del teatro, dice el
S~. B. (~ágs. 31 y 34); pero no explica qu~ significa semejante fórmula, que lo
11115mo Sll"Ve para la tragedia griega que para el drama isabelino o la comedia
española.

�310

NOTAS BIBLIOGllÁFICAS

ANÁLISIS DE REVISTAS
NsuPBILOLOGISCBB M1TTB1LONG11.N (XVIII, 1917). Tallgren, O. J.: L 'expression figuree aduer!Jiale de fidée de promptitude. Essai pour contribuer
a un chapitre de la future sémantique polyglotte (págs. 112-138). Estudia el erudito 'finlandés la evolución semántica figurada de una serie
de adverbios y fórmulas adverbiales que originariamente tenían poca
relación con la idea de la «prontitud&gt;, pero que han evolucionado en
el sentido de representar hoy en día esta categoría de adverbios de
una manera absoluta, como quien dice, lexicológica. Para poner de
relieve la evolución semántica que se da en la creación de nuevos
tipos de la idea de e prontitud•, ex:cluye el autor todos los adverbios
que, a juzgar por los materiales que están a nuestro alcance, no han
experimentado cambio semántico alguno, porque originariamente
tenían este sentido. Escoge el Sr. Tallgren ~us ejemplos de los idiomas más diversos, dando preferencia a las lenguas romances, especialmente a las de la Peninsula. Saliendo de las formas modernas
apunta T . las diversas tendencias ideológicas que han dado origen a
las nuevas expresiones de «prontitud•. De entre los adverbios castellanos cita: acto continuo, acto seguido, en seguida, seguidamente (página n 5), luego (ibíd.), desde luego (pág. 116), en caliente (pág. 118), de
golpe (pág. 119), ¡zas! (pág. 121), aína (pág. 123, nota), despackadamente
(pág. 130). Figuran también expresiones catalanas: de seguit, de seguida, tot seguit (pág. 115) 1 a cop calen/ (pág. 118), cop en sec (pág. 1 19),
de mantinent, a mantinent (pág. 126), ra!Jent, 1·e!Jent (pág. 127), auiat,
expresión a la cual T. dedica un estudio especial etimológico (páginas 132-137). Claro que los ejemplos recogidos por el Sr. T. podrian
aumentarse considerablemente, como ya reconoce el mismo autor;
pero lo que da no carece de interés. Me limito a citar algunos pocos
ejemplos más que caben en el cuadro trazado por T.: port. acto continuo, 1UJ acto; cat. aJ punt (Rondaies mallorquines, I, 122: «San Pere al
punt toma ab sa reposta,; a J'acte (lbíd., I, 135: «iSorti'm a l'acte d'aqui
dios, i not' toros presentar davant sa meua cara ...!•); tant bon punt
(Ibfd., I, 168: «Ell també s'esglaiá, pero no torna cap peu arrera. Tant
bon punt li compareix un corp•); tot am!J u ( /bid., I, 211 : cAn aquell
moment meteix, En Bernadet sortí tot amb u d'aquell embadaliment
que Ji havia fet perdre es Kirieleyson:o); de cop (Croquis Pirenencs,
II, 7 5: e De cop el noict se va enfonsar fins als genolls:o); en el Dücionario de Aguiló, fase. 4, 1916, encuentro bajo cop, a cop, 'inmediatamente'; de cop 'luego, al instante'; de cop"so!Jte 'de improviso'; esp. luego al
punto, luego aJ 11Wmento, luego a la hora (tomados de Cervantes); lttego

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

3J 1

-en seguida. Numerosas son las expresiones figuradas a las cuales T .
.alude, pág. 127 (tipo: 'en un tour de main'): 'en un tris', 'en un d ecir
Jesús', 'en un abrir y cerrar de ojos', 'en un tancar deis ulls', 'en un
tres y no res', etc. Difícil será decidir si interjecciones del tipo /t:aSI
(al cual T. se refiere, pág. 121) 1 ¡/,ala!, tienen carácter de adverbios
puros. Supongo, sin embargo, que el ejemplo siguiente entra perfectamente en el cuadro del asunto tratado por T.: «Encara no ho va
haver dit, coro /Zas! remangué penjat a sa Huna amb so feix de garbons• (Rond. mal!., V, 14).
Tallgren, O. J. : Reseña sustancial de F. Hanssen Gramática Jlistónca de la lengua castellana (págs. 138-156). Dasándos~ con preferencia
en los materiales que encierran los Cantos populares espa1'1oles de Rodr!guez l\larín, hace el crítico observaciones \"3liosas, sobre todo, relativas a la sintaxis; de vez en cuando indica giros catalanes. Añadiré
algunas notas respecto de los párrafos que TaUgren trata, citando abreviadamente la Gramática de Hanssen con las letras Ha.
En los párrafos que tratan del adjetivo y sustantivo conviene mendonar (§ 475) el empleo de largo, aJto, anc!io en sentido de abstractos:
«siete metros de alto•, etc., fenómeno que no tratan tampoco Dello,
Gram. casi., 1910, §§ 56-58; Lenz, La oraciJn y sus partes, 19201 §§ 73
y sigs.; Gramdtica de la Real Academia, 1917, § 228. En cuanto al uso
equivalente francés (y provenzal), véanse Tobler, V. B., JI, 185, y Haas,
Franzo'sisclie Syntax, § 224. El catalán conoce la misma construcción:
Rondaies 111allo1·quines, III, 43 : «en troben un rest com una roda de
carro i de més de deu paums d'alb; \'II, 25: cdins vuit dies m'heu de
presentar una pessa de roba, d'una cana d'ampla i set de liare&gt;.
Concordancia: Ha.,§§ 483 y sigs.
Falta una referencia al caso curioso que han señalado Cuervo,
Apuntaciones, 209 1 y Pietsch, 1'/LA~ XXVI, 102, nota 22: «¿Cómo le
llaman a aquestos que de un hombre hacen cuatro?&gt; (Lope de Rueda).
Encuentro en un cuento que refleja el lenguaje popular de las provincias vascas: «¿Conque le tienes miedo a los muertos?&gt; - Aquí cabria
mencionar también el empleo (¿reciente?) de 'Estados Unidos' (sin
articulo) con verbo singular: «Tal política era cuerda, porque Estados
Unidos era entonces un país incipiente, sin ejército, sin marina• (Quesada). «Pero eso no implicaba que Estados Unidos descuidara su interés• (lbid.), etc., casi regularmente en los periódicos sudamericanos.
No se halla apuntado ni en Bello, ni en Hanssen, ni en García de Diego. -Al giro «hubieron muchos espectadores• (§ 495) puede corresponder en catalán parecida construcción; «Son més petits que es mosquits, pero n'hi han més que grans de sorra asa platja, (Ruyra, Pinya
de Rosa, I, 30). -i\Ierecer!a aqui mención la fórmula antigua impersonal diz, citada por Ha., § 572. - No hacen Ha. ni Bello-Cuervo hincapie en el cambio de función sintáctica que ha experimentado 'hay' en

•

�312

•

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

frases como: rni hay morir de ferida alguna• (Cervantes); «no haydudar en eso• (Ibíd.); «porque todo lo que nos pasa en la fantasía es.
tan intensamente, que no hay diferenciarlo de cuando vamos real y
verdaderamente» (Ibíd.), donde 'hay' expresa la necesidad o sirve simplemente de verbo auxiliar pasivo, como en el caso siguiente: «Mas a
pesar de esto, mucho camino hay andado para llegar a entender recta
y cabalmente las obras cervantinas» (Rodríguez María). Corresponden,
estas construcciones a las francesas que explica Haas, Franzo'sische
Syntax, 19161 §§ 90 y sigs., 117.
En el§ 615J el uso del infinitivo en sentido pasivo debería tratarsecon más detenimiento. Aparte de los pocos ejemplos que cita Cuervo~
Notas, 19101 pág. 64, cabe mencionar el uso tan frecuente en el lenguaje hablado, ilustrado por los giros siguientes: «un libro sin imprimir&gt;; «un buen creyente sin bautizar• (Pereda); «zahones de piel
de cabra sin curtir» (Cuento sevillano); «ni gasto bata forrada ni sin
forrar&gt; (Pereda, VI, 429); «cuadros de parcelas sin cultivar• (Pío Baroja, edic. Calleja, pág. 85) (nótese el empleo adnominal de los infinitivos); «y los buenos deseos del madrileño quedaron sin realizar» (Pereda, V, 269) (predicado). Corresponde a esta construcción un fenómeno parecido en catalán: «s'aufabia de ses olives trencades i sensa
trencar» (Rond. mall., VII, 3). Tienen el mismo sentido expresiones
también muy frecuentes hoy en día, tales como: «una carta a medioescribir,; «Éste sacó de un haz de pajuelas una a medio quemar, y sedirigió con ella a la cocina&gt; (Pereda, VI, 265); «siUares a medio pulir&gt;(Pereda); «Evidentemente, hay de todo en las contradicciones observadas: hay descuidos evidentes, hay correcciones a medio hacer, haydesenfadados alardes de incongruencia y despropósito&gt; (Menéndez Pida!, Un aspecto en la elaboración del «Quijote&gt;, pág. 25). Aquí también
conviene anotar el carácter adnominal y calificativo del infinitivo~
L. Spitzer cita en RDR, VI, 134, nota, ejemplos análogos tomados del
catalán (algunos con infinitivo en sentido activo).
§ 621, dice Ha.: «El gerundio asociado a otros verbos se acerca al
carácter de un adverbio: «paseaba galopeando&gt;. Cabría apuntar quellega a ser puro adverbio cuando se encuentra aislado del verbo, como
observé ya (RFE, VIII, 1921, pág. 197), y hasta interjección, como en
el lenguaje montañés: Huidobro, Palabras, giros y bellezas del lengucift
popular de la montaña, 1907, pág. 9 1 identifica ¡andando! con «interjección equivalente a ¡anda!, ¡ya lo creo!, ¡mucho que sí!•. - Es notable
el uso del gerundio en sentido final qÚe he observado en asturiano;
«Entoncies Jlevantarémonos•. - Sí diremos [i-) vistiéndonos• (TiuXuan, drama en lenguaje vulgar asturiano); «Pes ten el papel Y ve
poniendo la fecha• (lb{d.).
§ 650, observa Ha. respecto de fJUe, que la anticipación de una
parte de la proposición fué frecuente en el lenguaje antiguo, y se usa

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

poco ahora. Creo que un estudio detenido de los autores modernos y
de la sintaxis dialectal - casi no cultivada hasta hoy día - probará
que esta dislocación de algunas partes de la frase, fenómeno tan usual
en otros idiomas (véase, por ejemplo, Ilally, Tra:ité de stylistir¡ue fran¡aise, 1909, I, 311 y sigs.), es un rasgo característico del lenguaje vulgar
español y recurso estilístico de los autores modernos. Considerando
la falta de espacio me limito a citar unos pocos ejemplos: «Don Bartazá me han dicho a mí que era un celozo» (Quintero, edic. Renacimiento, II, 43; andaluz); «Gentiles es bien sabido que son unos.vivientes que viven en islas acuáticas» (Pereda, VI, 407; montañés); «No,
pus el otro que está a la banda de acá... puei que pese tres cuarterones, (Pereda); «Obsérvese que he dicho rezadora y no cristiana, porque cristianos juzgo que lo eran mejor, y con más sólido fundamento,
las ínclitas mujeres de los siglos xv1 y xv11, (Pardo Bazán); e Y ahora,
como no tiene dinero, no le quieren, y la Mora le despacha de casa a
puntapiés, y él creo que suele volver de rodillas• (Pío Baroja); «El
ideal de patria también sabemos que había empezado a renacer antes
de la guerra• (Pardo Bazán); «En Buenos Aires poco tiene que ver el
gobierno con las musas, y los editores, ya sabemos que, en realidad,
no existen• (Rubén Darío, España contempordnea, pág. 205); «De entonces acá es cierto que se ha apagado el entusiasmo• (Ibíd., pág.210).
Hasta se encuentra la construcción en un autor tan purista como Monner Sans: «la locución, entiendo que nos vino de Galicia•. Es casi de
regla la anticipación del sujeto con 'parecer': «pues el tiempo parece
que se complace en desafinar más a Felipe siempre que se empeña en
sonar junto a mí» (Ejemplo citado por Gentil, BHi, XIII, 223) 1; «Pero
los pol!ticos del dia parece que para nada se diesen cuenta del menoscabo sufrido&gt; (Rubén Darío, Loe. cit., pág. 22). Un día pienso tratar esta
cuestión, que implica otras de parecida índole, más detenidamente.
Refiriéndose a Ha., § 653, T. menciona el empleo concesivo de 'ya
que', hecho ya señalado por la Gramática de la Academia, § 439g.
Hay que añadir que 'ya que' desempeña además función causal. Como
la Gramdtica de la Academia,§ 398 e, no cita autores-modernos, pongo
aquí dos ejemplos sacados de textos contemporáneos: «Para explicarnos tales fenómenos, hemos de tomar en cuenta, ya que no hay
espacio para registrar otras causas, la principal&gt; (Pardo Bazán, Porve•
nir de la literatura, pág. 19); «Esa unión era de todo punto indispensable, ya que con el Sr. Dato parece habrá de tener término, por ahora,
el ciclo de actuaciones derechistas&gt; (Imparcial, 13-9-1920). No men1 «Mais il n'est pas toujours facile de distinguer si l'ordre logique (1) est sacri:fi.é au sens ou a la musique de la période.• Gentil, a lo que se ve, no tiene en
cnenta lo importante que es el afecto en cuestiones de idioma, y más particularmente para el orden de las palabras.

�NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

ciona la Gramdtica de la Academia el empleo de 'ya que' en sentido
temporal; en efecto, el uso de la conjunción en sentido puramente
temporal parece hoy dia ser escaso.
Apunta Ha.,§ 650, que cen castellano antiguo, el 'que' puede repetirse». Este uso tan frecuente en tiempos de Cervantes no se ha perdido en el le;guaje vulgar, como prueban los ejemplos siguientes:
cdiciai ... que agora, dempués de derritir lo que trexo creyendo que
nunca lo acababa, que la quería vender pa golver pala Bana• (Tiu
Xuan, drama en lenguaje vulgar asturiano); ,Dile que, si puede, que
vaya• (Garda de Diego, Gram. ltist. cast., pág. 303).
Nota Ha. en el mismo párrafo el empleo de 'que' «pleonástico• en
combinación con 'preguntar' y otros verbos sinónimos. Como no citan
él, Bello y Meyer- Lübke más que ejemplos de siglos pasados, diciendo
Meyer-Lübke que este uso es particularidad del antiguo español,
advierto que esta construcción es frecuente en el lenguaje familiar, Y
particularmente en los dialectos. He aquí algunos ejemplos: epregunté
a los demongrios de unos rapaces que enónde estaba la Deputacióo•
( Tiu Xuan, pág. 4 5); «preguntómi que si estaba cosiendo y dixi que
sí; preguntéi que a ónde diba• (fbúl., pág. 10); •~orno usté dicía que
qué queríamos tomar, yo creí, que tenla de todo ... ñon, yo dixi que
qué queríaes• (lbfd., pág. 35); «y si le preguntan que si ha muerto,
dirá que es vivo• (Cuento popular; La Pluma, 1, 309).
Falta en Ha., como apunta T. con razón, un capítulo sob_re los casos de asíndeton(§§ 679 y sigs.). A los ejemplos citados por T. añadiré:
«Ve arreglate un pocu• ( Tiu Xuan, pág. 49); «Guinaveteta, vina me
taiarás sa maneta• (Rond. mall., II, 154); c¡Acoste't, veurás si te'n donaré qualcuna de coseta amb aquest!• (lb{d., 99). -Deberían figurar en
este mismo capítulo los casos asindéticos de «Doppelung• (repetición
de palabras) a los cuales se refiere Meyer-Lübke, RGr, III, § 133, 534;
son tanto recursos estilísticos como giros espontáneos del lenguaje
familiar. A los citados por Hultenberg, Le renforcement du sens des
adjectifs et des adverbes dans les tangues romanes, Upsal, 1903, págs. 2526, y García de Diego, Gram. hist. cast., pág. 215 1 añadiré algunos otros
que por de pronto revelarán, como ya es de esperar, que no se trata
sólo de repetición de adverbios y adjetivos, caso al que se refieren
estos autores: c¡Ené, menuda, menuda notisia le habrás dao a la madre en la tarde de hoy!• (Cuento bilbaíno); «¿Ya te alcuerdas cuando
naufraguemos en la esquina de Brest? ¡Carácholes! Entonses, entonses
sí que bailamos todos la purrusalda por ensima de las olas! .. (Ibíd.,
Hermes, 1920, pág. 685); «¿De verdá, verdá dises, Pedrín...?» (lbíd.);
«Vamos, vamos, Pancho; que tú demasiau sabes que a ti solu te quiero y te adoro• (Tiu Xuan, pág. 10); «Sí, de veras? ¡Caramba, pareces
una cubana! ¡Sabes, sabes enamorar!• (Ib(d., pág. 100); «Toos los meiores médicos la han auxiliao; más de tres mil reales van gastaos con

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

ellos, y la muchacha a peor, a peor, a peon (Pereda, Tipos y paisajes,
VI, 410); «Pus, amigos de Dios, la hija del rey, con éstes y con las otras,
a mejor, a mejor, a mejor&gt; (Ibíd., VI, 41 1); estilo de cuentos igual al de
las Rondaies mallorquines, donde se encuentra cantida'CI de ejemplos
análogos. La repetición es característica del estilo de Píp Baroja: «Porque la anciana sueña, sueña que realiza sus deseos en un punto desconocido de los mares del espacio• (Edic. Biblioteca Calleja, pág. 50);
• Y hablan, hablan la vieja y la niña... y hablan, hablan de la vida y de
la muerte• (lbíd., 52); «Cantaban una especie de guajira triste, tristísima• (Ibíd., 88); «Vamos hundiéndonos, hundiéndonos• (Ibíd., 269), etc.
La encuentro hasta en estilo periodístico: «De este modo se ha ido [el
sobreprecio) agravando, agravando» (Imparcial, 23-9-20). En cuanto a
las numerosas repeticiones asindéticas en Cervantes, véase Clásicos
Castellanos, IV, 73, nota.
Refiriéndose al § 671, T. toca a un capítulo de la sintaxis española
bastante mal desarrollado en la Gramática del erudito chileno. En
este párrafo buscaríamos una referencia, por sucinta que fuese, al
empleo de 'si' en frases exclama ti vas que expresan no raras veces
sorpresa o hasta indignación: •-¿Te encuentras enteramente bien de
tus pasados males?-¡Pero si aquello no fué nada! • (Quintero, Comedias escogidas, edic. Renacimiento, II, 76); «¡Oh!, si es un acontecimiento que vengan cuatro personas de la familia a almorzar» (Benavente, ejemplo citado por Gentil, BH1~ XIV, 182); ,Deja a los criados
comer tranquilos. -Si han acabado ya. ¡Ahora les estoy contando
cuentos verdes! ¡Je, je!&gt; (Quintero, II, 59); «¡Zeñorito, zi yo no pienzo
en novios!&gt; (Ibíd., II, 33); en frases optativas : «¡Ay, qué pie tan chiquitín! ¡Si le sacara un poco más!• (Pereda, Ese. mont., V, 99); c¡Y zi
viera usté qué palabras más finas tiene conmigo!• (Quintero, II, 89);
«¡Juy, si tós los señoris del mundo como aquéllos jueran! ¡Juy, si juesin
tamién las ciudades igual que Plasencia!» (Gabriel y Galán, I, 235); «Si
se jundiera el barcu contigo!• (Tiu Xuan, pág. 56), o en frases causa les: «Pero si me pierdo que no me busquen en Madrid ni en el extranjero. ¡Si en Madrid no es posible tratarse con nadie!• (Benavente, BHi,
X IV, 181). «¿Es quizá esa la interfeta, o alguien de su familia?-¡Quia,
no, siñor! ¡Si el crimen ha sido en el tren chispa!• (Cuento aragonés).
El uso de estas proposiciones que, claro está, sólo tienen forma, no
carácter de subordinadas, es muy frecuente en el lenguaje familiar y
ya lo era en tiempos de Cervantes. Pero no quiero insistir más en esta
cuestión, que un día trataré más detenidamente.
Lo que echo de menos en la Gramática de Hanssen, además, es que
no ponga de relieve las varias formas por las cuales se expresa la
idea de la condición. No son sólo proposiciones condicionales las
que empiezan por conjunciones tales como 'si', 'en caso que', etc. Hay
otras que, aunque no aparezcan tan frecuentemente como aquéllas

�316

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

NOTAS IIIBLIOGRÁFIC.lS

en textos literarios, ~crecen ser mencionadas. Y mucho más cuando
éstas repre:;entan la forma primitiva de la expresión condicional. Me
refiero a las proposiciones condicionales que no se forman por subordinación, sino por proposiciones optativas (e imperativas) Y _preguntas. Las ideas que ya habla expresado sobre ello Meyer-Lubk~,
RGr, I, § 54 3, y que últimamente ha desarrollado algo_ más Lerch,
Bedeutungder Madi im Franzosischen, 1919, págs. 31 y s1gs., no han sido
todavía aplicadas, según parece, al estudio del español.
Bello Gramdtica de la lengua castellana, 1910, § 693, hasta apunta
que la hipótesis e.regularmente principia por el si condiciona_! o por
otra expresión equivalente,, y observa (§ 4~7), res_pecto del 1mpe_rativo, que cni se subordina ni puede subord1Dar:~ ¡amás a expres1?n
alguna, . En sentido pareciqo define la ~amatica
la Academia,
1917 § 4 33 b-e, la construcción de las orac10nes cond1c1onales, observando de paso en la nota 2 del § 434 que una «desidera~v_a_ d: dese_o
irrealizable equivale a una prótasis condicional de cond1c10n 1mpos_1ble, ( e ojalá fuera cierto; más contento estaría yo,), Y en el§ 435_/, SID
citar ejemplos modernos, que clas oraciones de relativo con el ve~bo
en subjuntivo equivalen a veces a una prótasis condicional&gt; (•El bien
que viniere, para todos sea, y el mal para quien lo fuere, a buscan,
Don Qui.fote.) García de Diego, Gram. kist. call., en el capitulo sobre
proposiciones condicionales(§ 299), no dice nada sobre los casos ~ue
nos interesan. Lenz, La oración y sus partes, 1920, aunque refiriéndose a construcciones hipotéticas «que están equidistantes entre la
coordinación y la subordinación,, no los menciona tampo~o. Como ~e
ve, los gramáticos no hacen hincapié sobre el o_ri_gen, la 1mporta~c1a
y la extensión de las formas de expresión cond1c1onal no subord1Dadas. La cuestión merece, pues, ser detall~damente estudiad~. .
Con todo y tener carácter provisional los ejemplos s1gu1entes,
espero que podrán ser de algún valor para esbozar el fenómeno; comprobarán además otra vez lo estrecha que es la ~finida~ del ~abl;
familiar en los diversos países respecto de construcciones sm~cb~as •
Condición en forma de pregunta; es decir, con entonación 1Dterrogativa: c¿Hay procesión? A los balcones de la carrera. ¿Suena el
tamboril? A la calle, que por algo.sonará. ¿Entra en el puerto un buque

J?ie

?~

Sin entrar en detalles bibliográficos, citaré aquí, además de Meyer-Lübke Y
Lerch, algunos autores que se ocupan de la misma cuestión refiriéndose a otras
lenguas indoeuropeas: BRUCMANN, Versckieden!uitm der_ Satsgutaltung nack
Mas,gaoe der setliscken Grundjunktiimen in den indogermamscken Sprackm, 1918,
pág. 53; PAUL, Prin,ipien der Sprackgesckickte, 1920, pág. 150; LERCH, GRM. V,
J6l; BALLY, Traité de stylistique fran,aise, I, 316-317; WUNDER LICH, Der deutscke
San~au, 18g2, pág. 100; WENDT, Syntax des luutigm Engluck, 1914, TI, 216
y sigs., 243; etc.

· 1

0

317

de guerra? A visitarle tres veces al día» (Pereda, Tipos y paisajes, VI,
107). c¡Si llevaban una vida pistonuda! ¿Que no. tenían dinero? Pues
¡hale!, desenterraban un ataúd y vendían todo lo que encontraban»
{Pío Baroja, pág. 181). •¿Quiere usté venirse conmigo y ganará too lo
que pida?, (Pereda, Tipos y paüa.fes, VI, 410).
Condición en forma de imperativo u optativo: «Repara un
poco sus trajes, y los hallarás en evidente desacuerdo con la moda
actual, (Pereda, VI, 468). «Déjalo que ze abraze; no le des ni un buchito de agua; ni ziquiera que ze yeve la taza a los labios... y tú lo
verás caé (-r) reondo lo mesmo que un zegaó en medio e la era,
{Quintero, II, 89). «Dé usté a los enfermos el porqué que les corresponde cada dia, pague usté al médico lo que pidió de más, pague usté
la bandera, pierda usté lo.que se ha perdío en el pasaje, y..., (Pereda, V, 152). «Ofrezca un pasaje gratis desde Santander a la isla de
Cuba, o una garantía de pago al plazo de un año, y verá los aspirantes que a él acuden» (Pereda, V, 77-78).
Condición en forma de imperativo +o (forma disyuntiva): «Quítate de delante, canalla, o te arrimo un botellazo que te rompa las
muelas» (Pereda, V, 268). «¡Doña Verónica, dígame usted que si... 0
me solivianto!» (Ibid., VI, 253). «¡Canario!, que haya orden, o hago una
barbaridad, (lbid., V, 275).
Condición en forma de presente o imperfecto: cZi, pero pones
a Estebiya con gabán, y no yega vivo a la plaza, (Quintero, II, 88). e Le
dolía a usté (=a uno) salva la parte: le untaba él con la herba del
&lt;:aso, y sanaba usté; que el otro tenía un lubieso: pues, señor, ahí va la
herba, y fuera con él al minuto; que el de más allá perecía de tercianas:
dábale la herba respetive, y largo las tercianas, (Pereda, VI, 409).
Condición en forma de proposición «incompleta,: «Puei que
(se. las uvas] saban a pez. Si, a pez... (sic); ¡como no sabana pez!... Pus
ello - dice el del lunar - yo no las comia, (Pereda, VI, 149).
Al§ 701 ('larga de más de siete pies') conviene añadir el artículo
de Slotty, Beitriige zur Kenntnis des Vulgiirlateiniscl1en, I, Der spradlliche Ausdruck.für die drei Dimensionen, Gl, 1921, XI, 1-70.
§ 703. Buenas ilustraciones del tipo «scelus tu pueri, (Tobler, V. B.,
11 , 140) ofrecen en el lenguaje familiar moderno c¡Qué egoísmo de
hijo!» c¡Qué ingratitud de hijo!, (Benavente), ejemplos citados, aunque
mal interpretados, por Gentil, BHi, XIV, 189.
Interesante empleo del 'de' partitivo en lenguaje dialectal: «Tú,
los domingos bien mi pides anguna que otra de pataca pa xugar a los
bolos, (Tiu Xuan, pág. 26; asturiano); «Y me echp una de ezencias que
me güervo loca• (Quintero, II, 88; andaluz); cSi el patrón no miraba,
hacían una de chapuzas indecentes» (Pío Baroja, pág. J 15). Se parece
esta construcción a la catalana, aunque el 'de' catalán parece ligado al
'en' que precede: eEra ver que se'n hi colombraven unes de cases

�NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

rotjes dcmunt aquella muntanya&gt; (Rond. mall., III, 34); «Ell només.
n'hi ha un d'abre• (Ibíd., ll, 55); c¡Acoste't, veurás si te'n donaré qualcuna de coseta amb aquest!• (lbíd., II, 99). Compárense además loSejemplos que cita Spitzer, RDR, VI, 85: «un d'alt, moreno, tota la
barba, pesat ferreny. (Jaume, pág. 248); «Don Domingo de Ramos, un
de petitó, rosset, escanyolib (Ibíd., 249).
Tallgren, O. J., reseña (págs. 168-172) el estudio de Kr. Nyrop,
Kongruens i Fransk, Copenhague, 1917, apuntando analogías con el
español y el catalán. Respecto de «una poca de agua• (Ha,§ 473, García Diego, Gram. ltist., § 238), T. remite a las construcciones catalanas.
En el lenguaje de las Rondaies mallorquines el tipo indicado ocurre
casi con regularidad, como ya apunta T. Pero hay excepciones; he
aquí algunas: «tanta feyna per tants pochs doblers• (I, 126); «des cap
d'uns quants dies• (I, 116); ctengueren tan poca son• (1, 140); esa dona
que tenía prous mal-de-caps amb so dur busques an es riu• (II, 199).
Ferrer Ginart observa en el prólogo de sus Rondaies de Menorca, 1914,
pág. xx1v, que en Menorca es casi general el uso del tipo: «molts de
dubles•, «tans de mervils•, c¿quants de Deus hi bah; pero las exc~pciones no son escasas; saco de los textos: «tanta tronya li va arribar
a fer es drac• (pág. 100); cuna virtut te [se. olla], que sense foc bull
tant o mes que ses altres amb molta gala• (pág. 90); cmoltes vegades•
(pág. 99), etc. En la parte catalana de Francia hay también vacilaciones y parece q~e el tipo mallorquín usual no existe, o por lo menos
es raro; otras construcciones prevalecen. En los Croquis Pirenencs
de Massó Torrents (edic. Aven1;) dice un pastor del Canigó: •i si tinc
pas prou de diners • (pág. 16); eme ya demanar que volria sere si tingués molt de sous• (pág. 15); y en los Contes vallespirenchs de E. _Caseponce apunto: «porta ven tanta innocencia que semblaven el m1rall
mateix del ce!. (pág. 1); «amb tanta forsa y tanta dulsura (pág. 2);.
cper teni'l dret d'haver olvidat forses coses• (pág. 47); •Y guanyarás
tants y tants diners&gt; (pág. 50); «hi tenes prou patanes y prou salat
per fer marxar l'olla tot aquest ivern• (pág. 50); «¡Quant temps ... van
parlar y quantes pares van fer de la fortuna que se'lshi esperava? (página 53). Respecto del provenzal, véase Ronjat, Essai de syntaxe des
parlers proven;aux modernes, 1913, págs. 35-38, donde existen todos
los tipos de construcción mencionados.
• Pág. 170 (Ny., pág. 41 ), referencia al género de los nombres de ciudades, a •todo' en función de adverbio; pág. 171 (Ny., pág. 78), al empleo del adjetivo predicativo en casos tales como 'andaba ligera';.
pág. 172 (Ny., pág. 88), a la concordancia en casos como «rrespondieron mucho buen infan1;ón•.
Tallgren, O. J., reseña (XIX, 1918, págs. 77-88) una serie de estudios
de L. Spitzer publicados en diversas revistas y recientemente reunidos.
en parte en Aufsiitze zur romanischen Syntax und Stilistik (Halle, 1918),.

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

del mismo autor: 1) Romanische Parallelen zum rumiiniscken Priidikatspleonasmus (publicados en Mitteilungen des Rumiinischen Instituts
an der Universittit Wien, I, 56-78 1 386-400); 2) Syntaktische Notizen zum
Catalanischen (RDR, VI, 386-400); 3) Über sjanisck que (AStNSL, 1914,
págs. 37!•394); _4) ces• im Portugiesischen (ZRPh, XXXVIII, 71 3. 71 8).
La resena contiene observaciones útiles de sintaxis española y catalana. He aquí algunas adiciones a lo que apunta el crítico finlandés:
Respecto de Spitzer (pág. 394) ,.e.__ Al ejemplo que cita Spitzer de
Blasco lbáñez podrían añadirse muchos más. Es interesante el uso
estilístico que hace de este prefijo de intensidad Calderón: «·Viva la
1
Ch"
· ,
1spa.1 iR ev1va.
&gt; (El Alcalde de Zalamea, 1, 89); «Y si humildad ni-soberbia No te obligan, personajes Que han movido y removido Mil
a~tos sacramentales, Yo, ni humilde ni soberbio, Sino entre las dos
m1tad:s Entreverado, te pido Que nos remedies y ampares• (La vida
es sueno, I, 346). Véanse además los ejemplos que cita Krenkel Klassische Büknendicktungen der Spanier, III, pág. 157 : «¡Que me pla~e y me
replace!•; «Yo lo dudo y redudo&gt;; «¿Para qué ha sido Lo que me habéis corrido y recorrido?• Corresponde a este empleo el giro siguiente, que saco de. Cervantes, Colot¡uio de Cipión y B erganza: «Sucedió,
pues, que la Colmd:es, que asi se llamaba la amiga del alguacil, pescó
un bretón unto y bisunto•, que Rodríguez Marín, Cldsicos Castellanos,
XXXVI, pág. 262, explica «como si dijera mugriento y retemugrient~•- Cervantes, Don Qui.Jote: «pareciéndole que estaba más que reb1én pagado con la merced recebida» (I, 23); «Bien haya... y rebién
hay~ él» (II, 3). Este uso se ha conservado ea la lengua popular,
segun p~rece, de t_oda España: nvi~jo, remono, resabido (Pereda, V,
63: •Quizá~ me_ obJ_ete algún montañés resabido que... &gt;), particularmente en mteriecc1ones y blasfemias. En asturiano me ha ocurrido
~ncontrar toda la esc~la que conduce de la simple interjección al tipo
1 econtra-, que nota Sp1tzer: ¡congritt!, ¡recong,·itt!, ¡recontracongriu! (Tiw
.K_~an,_ p~~- 2~ : «Estos son los demongrios. ¡Jesús, María y José, diañe,
guelv1, guelv1 pala peñe, recontracongriu!&gt;);¡barajo!, ¡rebara.Jo!, ¡recontrabara.Jo! (lbíd., pág. 57: «Estamos bien. Miyor que queremos -recontr~baraJO·•.
"')0
.
.
ti
. . con rete-: «¡bien,
reteb1én!;
¡esto me gusta!• (Pereda,
Tipos Y pa1S(yes, VI, 337). Algunos otros ejemplos trae Hultenberg, Le
renforcement du sens des ad.Jectifs et des adverbes dans les langues romanes, Upsal, 1903, págs. 46-48. Algunas veces los prefijos toman el carácter de interjecciones intensivas puras: «¡Sí; pero !ii el pesar juera,
oru .. : pesaba más que yo cien veces, recontra!• (Tiu Xuan, pág. ;
37
asturiano). «¡O no!-¡O sí, te digo!-¡Que no, y rete que no!-·Que
1
1 (P
,
t
'
si, y re e que s1.» ereda, V, 305; montañés). «¡Errecontres!. .. nada
Y~ d~ capitán-exclamó éste con exagerado y fingido enojo&gt; (Cuento
bilba_m~, con e- ante~ de i'· , como ocurre en el lenguaje vulgar de las
provmc1as vascas). Eiemplos catalanes da Spitzer, RDR, VI, 93-95. Su-

�320

NOTA.S BIBLIOGRÁFICAS

pongo que merece interés el ejemplo siguiente, que saco de Ruyra,
La Parada, pág. 114: cEll pla se'n feia creus i recreus».
Corresponde al giro catalán 'dit y fet' (Spitzer, RDR, VI, 85) el
castellano diciendo y haciendo (Pereda, Etc. mont., V, 47: • Y diciendo
y haciendo, tragó dos chupadas de su colilla,); al giro 'una monja dita
y feta' el castellano hecha y derecha, como ya advierte T., pág. 82. Conviene apuntar que ya Cervantes se complace en emplear esta locución: cson hombres hechos y derechos, (Don Qui.Jote, 1, 18); cque me
compre un verdugado redondo hecho y derecho, y sea al uso, y de los
mejores, (lbld., II, 50); etc.
Parece que 'si sab si' (Spitzer, RDR, VI, 98) puede form~r una
'locution figée', a juzgar por el ejemplo siguiente: ctampoc ve1g dar
el sentit de la paraula cVerkehrsumstande,, condicions de relació,
qui sab si al'lusió a una intel'ligencia mitjan1;ant interjeccions•
(BDiCat., VIII, 61): cpeut-étre,, cvielleicht&gt;.
El § 3 de Spitzer (RDR, VI, 105)1 como ya observa T., página 84, resulta poco claro. Representa la forma original de las pr~posiciones iniciadas por 'per si' la frase siguiente: •preguntar ¡&gt;er s1...
sabiam pel cert alguna cosa• (construcción equivalente a la española
'por si'..., 'para cuando' ..., 'de como'..., etc.; a la_catalan~ •~e quan'.;·•
'de si'...) De frases que podían implicar un sentido cond1c1onal ( ese n
va a mirar perla porta de la es_querra per si hi ha la Marta•, •aderezar algo de cenar por si otros huéspedes viniesen•, Cervantes), resulta
el empleo de 'per si' 'por si' como conjunción condicional: «D'altra
banda, els documents antics ja ens n'acusen !'existencia real, per si
la consideració apuntada pQgués semblar fruit d'una apreciació merament teorica de l'evolució lingüística&gt; (BDiCat, VIII, 69); cO, per si
ni les indicacions fornides pels textos antics... poguessin esser prou
.a convencer, tenim encare avui... • (lbíd., 75); cPor si llega el caso,
cuente usted desde luego con mi cencerro• (Quintero, II, 57).
Respecto del catalán 'boy' (Spitzer, RDR, VI, 113, T ., pág. 85). En
menorquín existe la forma 'boni', que el editor de las Rondaies de Menorca traduce por e casi, casi casi•: cestá boni llesb; cboni espanyab;
ces drac fa un bon munt d'olles i olles, hi puja i quant va esser boni a
&lt;lalt cau i se romp s'altre bras, (pág. 101). Entra en el cuadro de los
ejer:iplos de composición con 'y' citados por Spitzer el menor~uín
'bonibé' = mes o menos be, casi: cbonibé som caigut»: e Va mirar
davall sa pastera i la va veure tant petita coro una llentía bonibé,
{Ferrer y Ginart, pág. 104).
Resultaría curioso que no existiese en español 'y todo', si ocurre
•así y todo' (Pereda, Blasco Ibáñez, Palacio Valdés, etc.). Que •pecador
y todo• en los Cuentos valencianos; de Blasco Ibáñez, sea un catalanismo como supone Spitzer, pág. 121 (y en Aufstitze zur romanischen
Sy~tax und Stilistik, pág. 261), parece, pues, inveros'11Dil. Es verdad

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

321
que los catalanes emplean no raras veces •y todo' hablando castellano
Pero, de -~tro lado, la partícula •y todo' es ya frecuente en Cervantes;
•y que d11esen q~~ un encantador se los había llevado, y el aposento
Y t~do, (Don Qm;ote, I, T)i • Y se escuchan ... con admiración y todo&gt;
(lbt~., II, 26); «Pues llevaos - dijo el cocinero - la cuchara y todo•
(~bt'd., II, 20). Refiriéndose a este caso observa Rodríguez Marín, Clásicos_ Castellanos, IV, 176, nota, que el giro •y todo' es hoy todavía
corriente en el
·
di
. vulgo, a lo menos en el de Andaluci'a . El mismo
eruto no repudia su empleo en sus comentarios literarios: «Pero como
en boca de Sancho es a todas luces impropia la cita, en latín y todo
de unas palabras del Concilio de Trento... , (Clásicos Castellanos VI'
118, nota). Spitzer da (RDR, VI, 238) ejemplos de •y todo' sacad;s d;
cuentos aragoneses.
Sp!tzer, L., di_scut~ (XXI, 1920, págs. 21-22) otra vez el origen de
cat. at~tcar. Lo identifica con prov. geguir, gigtlir 'quitter, abandonner, la1sser de cóté'.
Johannson, E., reseña (págs. 29-32) el Korifattad sjansk spraklara
de _A. W. Munthe, a~untando la buena exposición en la parte morfológica y la abundancia de materiales en la sintáctica.
Kje!Jman, H:: Calere au sens de il faut en provenfal (págs. .6 ).
43 5
Interesa a los h1spanólogos la parte dedicada al desarrollo semántico
de la palabra. En una nota adicional, O. J. Tallgren hace observaciones respecto al empleo de 'cal' en la Península.
nissaga 'Rasse, Geschlecht'; cat. (Tortosa) bemio, m.
,. Spi~e_r,.L.:
imbécil, idiota (pags. 78-80). Todo lo que dice el autor sobre el origen
de nissaga es hipÓtéti_co. ¿Cómo puede suponerse como base de nissaga
una fo:ma que no existe en catalán, ni puede considerarse como catal~na, siendo meramente provenzal? La frontera bien marcada entre el
tipo (provenzal) nis y (catalán) niu (véanse RDR, V, 45, y Salow, Sprac/1 •
geogr. Unters11chungen, pág. 66) prueba además que los dos idiomas,
por lo que toca al desarrollo de nidu(s), siguen caminos difer~ntes
Y aun sup~niendo un tipo catalán *nis, no se explicaría -ss- (·f·)
sorda de mssaga; la -s- de desnusar que cita Sp. (como derivado de nus
cuyo origen, dicho sea de paso, es bastante dudoso) es sonora, y po;
lo tanto, no prueba nada. - A lo dicho sobre bemio añade el mismo
~utor _algunas observaciones en las páginas 134.1 3 5.
Spitzer, L.: l\fall. elt (págs. 130-132); Tallgren, O. J.: Cat. ell dans
le Sp~'ll de Jacme Roig (págs. 133-134). Demuestra Sp. definitivamente
el origen del elt mallorquín en frases como cell el rey s 'en bagué de
tornar». E_xistía en antiguo catalán un el! neutro empleado como sujeto
en fras~s impersonales ( «el ~s ven, ce! crema»). El empleo mallorquín
se explica por una propagación de el~ en proposiciones impersonales
(elles. que...) a ~erso¡¡ales, formándose después de el/ una pausa (el!...)
que d1ó más relieve y cierta movilidad a esta partícula. Cabe añadir
ToMo VIII.
22

,ea:.

=;

�322

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

que la misma construcción es frecuente en menorquín (Ferrer Ginart,
Rondaies de J.fenorca, pág. 97: cEII tampoc s'aigu se va moure i l'amu
s'en va a cercar es bou•. Pág. 152: cBonu, ell es vespre hi tornarem
essé en aquel pas•; etc.)
Tallgreo, O. J., reseñando en las páginas 146-150 l. Pauli, Enfant,
garfo11, filie dans tes tangues romanes, hace observaciones interesantes relativas a expresiones correspondientes españolas y catalanas.
Respecto del cambio semántico de filia &gt; filie= puella, dice: cil peut
arriver a une femme non mariée, a une jeune filie, de répliquer vivement a la domestique: «¡ca!, hija mía, ¡qué ha de ser!• Es verdad que
la distancia entre ¡hija mla! y una hija= puella es grande. Se encuentra hija despojada de su sentido primitivo, sobre todo (¿o únicamente?) en exclamaciones. Servirán de testimonios para el uso, en el cual
parece que piensa T., sin poder atestarlo en el lenguaje escrito, los
ejemplos siguientes, sacados de Pereda, Ese. 11umt., V, 99: «¡Ay, qué
pie tan chiquitín! ¡Si le sacara un poco más! - ¡Hija, qué hombre!•
/Hd., V, 110: «Y, ¡ay de la infeliz a quien le toca uno!; ¡qué belenes,
hija!; primero con él, y después con su familia, que la persigue a una
como si una le hubiera ido a buscar.• En los dos casos la costurera
emplea hija no hablando con una muchacha, sino con un muchacho.
(c¡Hija, qué hombre!•) Es decir, !tija no sirve más que de mera interjección, salida probablemente del vocativo en frases como la citada
por el Sr. T. y otras, como se hallan a cada paso, por ejemplo, en Trueba, Cuentos populares, págs. 3 y sigs., donde una señora da carácter
familiar a la conversación con su vecina empleando continuamente
ltija, e hijo hablando con su marido. En el cuento citado de Pereda
la costurera apostrofa al muchacho con hijo: «No, hijo, no; pobre nad,
y no quiero ser señora a costa de tantos trabajos• (Pág. 110). El que
se empleen nombres de parentesco y de lndole parecida como interjecciones, es un fenómeno que se encuentra en todas partes (véase,
por ejemplo, \Vunderlich, Die deutsclu Umga11gssprache, 1894, pág. 47;
muy frecuente en los dialectos alemanes). Ya en Cervantes leemos:
cPues mande el señor huésped - dijo Sancho - asar una polla que
sea tierna. - ¿Polla? ¡Mi padre! - respondió el huésped• (Cldsicos
Castellanos, XXII, So). ,Pero, con todo eso, osaria afirmar y jurar que
estas visiones que po¡ aquí andan, que no son del todo católicas. ¿Católicas? ¡Mi padre! - respondió D. Quijote• (/húi., X, 212, donde
queda una nota explicativa). F. Canella Secades, Estudios asturianos,
pág. 266, cita ¡madre! especie de admiración ordinaria. No sería difícil sacar muchos más ejemplos del lenguaje hablado. Compárense además ¡hombre!: Tiu Xuan, pág. 6, «(Con voz pausada y cogiéndola la
barba con cariño.) ¡Home, dámila agora!•, correspondiente a los ejemplos citados por Spitzer, Aufsiilt.e zttr romanischen Syntax und Stilistik,
pág. 106 1 nota, y ¡amigo!, hablando el padre con su hija (Quintero, 11, 88:

NOTICIAS

323
'ÚCZÚ! Jezú! ;Zi ze esmaya uno' Ami
.
zeñorío• ).
....
go, ezo he~e er meterze en er
A los ejemplos catalanes apuntado
T
.
/Jergant, al cual Aguiló da los si nifica; po~ ·. añadiré algunos más:
-ger, foras ter; bergante tuno· . g
,, os s1gu1entes: 'mosso estransentido despectivo· en 'r,•e , JOV~, fai.fidn ; en Barcelona la palabra tiene
,
, norca sigo ca 'jov
.
11 •
.
ence 'Jo_va de quince anys
fins en vint' (Ginart). - B orde ás
generalmente en sentido despr! .' tquivu;._~te a x1cot (Aguiló); pero
de sis anys nin n "'n' (en l\'
c,a G•~o.- iet,jieta 'atlot petit menor
'
• "
,enorca rnart)
F.' -'·t
recent-nat i fins als dos O t
' ,(
·te/ "" cel "un infantó
res mesos en Menorca G' t)
Es
,
ne.'/, originariamente nombre d
.
, mar • fo,-.
'muchacho avispado' (
. e lpáJaro, llegando a tomar el sentido de
por eJemp o Rondaies mallo
.
VI
Tallgren, O. J., dedica en las
rqumes, l, 123).
toresdelaRFE
F v _
P gmasi55-i57unelogioalosredac.. n.ruger.

á.

NOTICIAS
Se ha celebrado en Madrid d 1 d . .
año, el décimo Curso de v
'. e 9 e Juho al 20 de agosto de este
.
acac,ones para ext ·
d Centro de Estudios Histórico b . 1 d: ra~¡eros, organizado por
.
s, ªJº a irecc1ón de D Ra ó M
nén d C2 P ida!. Todos los actos d 1 C
• m n e
cia de Estudiantes donde se hose d u~sol se celebraron en la ResidenLa inauguració~ se cele bró ei~¡: ada i:nª!ºr_parte_d~ los alumnos.
el secretario de los Cursos S s· 1 I' 9 e Juho, mtervm1endo en ella
de Lenguas modernas de '1asr.Eo a ,lnde,·Sel director de la enseñanza
scue as uperio . d N
l\fr. Lawrence A V''lk' .
. ,v' ms, e1 poeta D Eori u dies l\ e ueva York'
algunas de sus poeslas· el S l\f é d · . q e e lesa, quien leyó
•
r. en o ez P1dal
'd
sos, y en representación del señ
b
, pres, ente de los Curca, el rector de la Universidad d°; ds~~r~ario de Instrucción públiEI Curso, por lo que se refiere : c:nfer. Jo_sé R. Car~cido.
tas, etc., se desarrolló según el
eoci~s, excurs10oes, visi,·enido en las clases prácticas dprorgrama anunciado, habiendo ínter.
e .ectura Pronu · 'ó0 c
'
-ción Y Comercio además de 1
nnaci , onversa. .
•
as personas que en di b
indicaban, varios profesores auxiliares I
c_ o programa se
clases de diez alumnos cada
' os cuales tuvieron a su cargo
uno.
Se matricularon 123 alumnos.
.
• holandés, I suizo r belga • fra · l9 nortea'.11encanos, ,6 ingleses,
1
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Spani~b Bureau, del Institut of Intemati~nal E:ega,.encargado por el
-0rga01zó un grupo de estudia t
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ucation de New York,
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n es americanos que se trasladó a Espa-

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�NOTICIAS

ña para asistir a nuestros Cursos. Con el Sr. Ortega vinieron 19 alumnos. A su activa propaganda se debió también la venida de la mayor!a
de los alumnos americanos. l\Ir. Charles P. \Vagner, profesor de la Universidad de lfichigan, organizó asimismo un grupo de 18 personas. El
Centro de Estudios Históricos comunica su agradecimiento a todos
los alumnos y a estos dos profesores, que tanto han cooperado al éxito
del décimo Curso de vacaciones para extranjeros.
-En agosto del presente año falleció en Estocolmo D. Rafael :\Iitjana. Perteneda el Sr. l\1itjana al Cuerpo diplomático, habiendo ejercido
cargos de gran importancia en Rusia, Suecia, Turquía, Marruecos y
en otros países. Era, al tiempo de su muerte, ministro plenipotenciario de España en Suecia. Don Rafael l\litjana, disdpulo de D. Felipe Pedrell, era además actualmente el más notable historiador de la
música española. Compuso algunas obras musicales de teatro y para
orquesta; pero su principal labor consistió en trabajos de crítica e
historia musical, debiéndosele la Historia de la Música espaiiola, publicada en la Enciclopedia del Conservatorio de París, una de las obras
más importantes que sobre esta materia pueden consultarse.
He aquí una lista de sus principales trabajos: Yuan de la Encina,
1,i.ísico y poeta, I895; Ensayos de crítica musical; Discantes y contrapzmtos; En el J,fagreb-el-Aska (viaje a Marruecos); L'orientalisme musical
ti la musi&lt;¡ue arabe; Cancionero de Upsala, I909; El maestro .Rodrigue:::
de Ledesma, I909; Estudio sobre el arte musical contemporáneo en Espaúa; Lettres rie Prosper l,férimée a Estlbane::: Calderón, I9I0; Catalogue
critique et descrij&gt;tif des imprimls de musique des XVI et XVII siides
de la Bibliotkeque de I' Université d' Upsala, I9II; Claudia Jfonteverde y
IL'S orígenes de la dpera italiana, I9II; l,fo:;art y la psicología sentli11ental, I9I8; Francisco Soto de Langa; Don Fernando de las Infantas, teólogo y músico, 15I8; Estudios sobre algunos músicos españoles del siglo XVI, I9I8.
Publicó además numerosos artículos de crítica, historia y polémica
sobre Arte y Literatura en revistas espaiiolas y extranjeras. La muerte interrumpió sus trabajos en el momento en que su edad, su preparación y su entusiasmo prometían aún una abundante producción.
-Nuestro colaborador D. Alfonso Reyes desea hacer constar que
su participación en el tomito de Teatro de Lope de Vega, publicado
por la Editorial Saturnino Calleja (Biblioteca Calleja. Primera serie),
y que contiene el Peribdt1ez, La Estrella de Sevilla, El castigo sin venganza y La dama boba, se limitó exclusivamente a redactar el prólogo
y a elegir las piezas que deb!an figurar en el volumen. El cuidado de
los textos corrió a cargo de los empleados de dicha Casa editorial.

EVISTA DE FILOL
l&gt;URAlffa aL TDCSR 'l'llllOsfta na 19t1

Libro 1.

�GA1.LEGO Y BGR.t.~, A. - {ianivd, L~ctura dada en el Centro Artistico df'. Granada. Granada, 1921, 8.0 , 45 págs.
llicru.oo, J. E.-Cm/Ú,1 lírico. Pasquinada&lt;i y canciones. Fpigramas y corridos. Con

notas históricas y geográficas para la mejor comprensión0 del texto. (Contribución al
folklore venezolano.) -- Caracas, Tip. Americana. 1920, 8. , xxxv-244 págs.
MARca, JAU!ilE; -.Diccionari dt rim,. Editat eer A. Griera. -Barcelona, Institut
d'Estudis Catalans, 1921, 4-º1 133 págs., 10 ptas. (B,bliot~ca Filológica de l'lnstitut de la
Llengua Catalana, Vlll.)
Muu, M. P ..- O tnais an/.igo 11wrgado dt Portugal? O margado de Carvalho. Coimbra, Imp. da üniversidade, 1921, 8.º, 16 págs. (Academia das Sciencias de Lisboa.)
MD.EA, M. P. - Súmula his//wua da l,i.storia dlJ Direito porlugr,ás. - Coimbra, Im¡,. da
Universidade, 1921, 4.º, 23 págs.

1

11

L

MIRAKONTES ZuÁWLA, JUAN DE. - Armas antárticas, Editadas por J. Jijón y Caamaño. -Quito, J. Sácnz Rebolledo, 1921 1 8.0 , dos vols., m-335, 275 págs.
Pl'.llES DE Lnu A. C.-0 livro das adivinhas.-Porto, Tip. •Minerva,, 1921, Kº,
1
1o8 págs.
QUINTANA, MANUEL JosÉ. -El Cid and Guamá,i ti Bumo. With introduction,
no0
tes and vocabulary by J. Pla.-Oxford, at the Oarendon Pre-as, 1921, 8. , xxvm-116
páginas.
Rrvn, P., et P. RErsetJRC. - ú.s i,uiims Marawan. Extrait da Joumal de la Société
des Americanistes de Paris.-: 1921, xm-103-uS.
Rrvn, P. - Bibliograp!tie anúricani.sll. Extrait du Journal de la Société des Américanistes de Paris. - 1921, xm-149-167.
Rv1~ DE Co:uLI.A, J. -Par/anlffll dt ca.ta Mtrmtkri. Tra¡:tdia &lt;k Caldtta. Novelas.
Siglo xv. Publicadas con unos estudios literarios por S. Guinot. - Castellón, Hijos de
J. Armengot, 1921, 8. 0 , 185 págs. (Clásicos Valencianos.)
SÁINZ V RooJÚGUEZ, P. -La ~órd dt e Clarín•. - ~fadrid, Gráfica Ambos ~fondos,
1921, 4.º, 94 págs. (Discurso leído en la apertura de curso de la Universidad de Ovicdo.)
SA SXARTÍ, P. - Epitomt dt Gramd'"a castellana. - Barcelona, &amp;lit. Barcelonesa,
1921 1 8.º, 283 págs.
S.ua,ARTf, P. - Compmdio dt Gramática tastdlana. - Barcelona, Edit. Barcelonesa,
1914, 8.0 , 48o págs.
SANMAII.Ti, P. - Regla.t th Pro.rodia i Ortografía. Octava edición. -Barcelona, Sucesores de B. Canú, 1916, 8. 0 1 192 págs.
TUl.o,--roA, JUAN DE. -La ovt)_a ptrdida. Auto sacramental. Publíca\0 1 con una intro0
ducción, notas y glosario, D. A. García Boiza.-Salamanca, M. Pérez Criado, 1921, 8. ,
86 plgs.
TIRSO DE MoLINA, - Comedia del /Judatkr dt Sn,i/la y Convidado dt PUdra. Publi·
cada por A. Hamel.-Strasbourg, J. H. Ed. Heitz, (1921}, 16.':0, v-100 págs. (Bibliotheca
Románica, 272-27 3.)
VIADA v LLuce:, L. C. - De la limpitsa, jijt1.a y uplmdqr dt la Útlf:tlt" ,·astdla1ta m
d Di,·ciouaria tk la Rtal Acatk11Wl &amp;paiw/a.-Barcelona, Imp. •L:i Renaixensa•, 1921,
.¡.º, 95 págs. (Discurso leído en la Real Academia ile Buenas Letras de Barcelona.)
VICENTE, GIL, - Autq dt la sibila Ctuandra. Conforme a la eJici6n
&lt;le 1,6z. Con
0
prólogo y notas de A. Giráldez. -Madrid, Lib. de V. Suirez, 1921, 8. , 47 ptigS.
\'tRCILI MARó, Pvsu. - .Eb IV /li6r.-.1 dt lt.t (;ú,rgi.gur.r. Traducció en ,·ers per
Mn. LJ. Riber. -[Barcelona}, Imp. Elzeviriana, 4.0 , I 17 págs., 6 ptas. (Institut de la L\engua ( ataJana.)

Revistas.
A Aguia.-Porto, 1921, XIX, 109-111.
Annales_de Bretagne. - Rennes, 1920, XXXIV, 4.
Las Antillas. -Habana, 1921, lll, 5-6; lV, 1-2.
Archivio Storico ltaliano.-Firenze, 1920, LXXVIII, 300.
Archivio Storico Lombardo.-Milano, 1921, XLVlll, 1-2.
Archivo Bibliográfico Hispano-Americ-ano. -'.Madrid, 1920, XI. 7-1 ?.
Archivo Ibero-Americano. - Madrid, 1921, X\', 47.
Ateneo. Vitoria, 1921. lX, 88.

. Atti e Memorie della R lc..-ade • Vi - .
bhcado &lt;"n_ !92 1.)
•
nua irgihaua. -Mantova, 1918-i 9 ia, XJ-XIIJ (PuLa ~as1hca Teresiana. _ Salaman 1 21
Rlbliografta Española
M I "d 1ca, 9 , VIII, 84-SS.
Boletín de la Acade~i~\"at n ¡ 9 2 !, XXI1 II-18.
Bole~n de la Academia Xa~~~:I
~.!!~~oria - Caraels, 1920, IV 1 ;.
:o:et!n de la Bibhoteca &lt;le Menéndez y Pet-Qsto (Ecuador), 1020; II 3_,
B0 e~n de la B1bhoteca Nacional del E&lt; dayo. - antander, 192 1, m1 .t..'
o1etin del Centro de Estudios A
. cua or. - Qmto, 1920, J 6-¡
Boletín de la Comisión de Monum~~~~~ª}fu~ ~e Sevilla,;--_Seviha, 1921, VIII 46-47
p 1ona, 1Q21, XII, .
neos YArt1sticos de ~avarra _'._ Pam ·
47
Boletm de la Comisión Provincial de M
.
Bolle~n Histórico de Puerto Rico. - ,9onumV!ellnto¡
de Orenst&gt;. - 1921 \'J r 18
21 •
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' • · ·
Bo etm de la I tit 'ó L·
Boletín de la ¡{15 uc1 n t~r(" de Enseñanza. -Madrid 1
'
ledo, 192!), UI, !1-g.eal Academia de Bellas Artes yCiencias'H~:t~rf'~!~\d/f~i~fo.-ToBoletin de la Real Academia E ñ 1
Boletín de la Real Academi G~~a o a. - Madrid, 1921, Vlli ~S.
2
1921,'Xv1, 138-140.
:o:et!n de la Rea~ Academi: d:11:1-ts-;~~
o eti!1 de la Sociedad Castellonense d e· 1 a n '1921, LX.."'{IX 1-4
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irenze, 1921, 241-244 indice alía~~til:o

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LabCnc'tica. -Nápoles,
CXXVI, 1155-1100; CX.\:\'H, 1161-1 (6~
1
Cu a ontemporánea -H'b
•
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Cultura Venezolana . ...:_
ana, 1921, XXVII, J04-to6.
Don _!:.ope de Sosa._ Jaén ~s;/~• IX, 24-26; X, 27.
Espana y América -M d !d
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• 102-1o6.
Estudios Francisca:nos a
'19¡21, III, 14-18; IV, 19-21.
The F_reneb ~ uartely. .-Manchest~
arce ona 1921 1 XXVI.' i""·
XXV ll, 170-172.
v::,,
Germinal. uba 1921 I r-2
' 19 19, I, 1-4, r920, Il, 1-4: 1921 Ill 1-2
Glotta. - Gotting~n 19d1
Hespé r~s.
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Bull · d .
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- Pans,
etm e I Institut des Hautes Étud es. ,1,.iroca1
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~ pama. - alifornia 1921 n· 4
·
H1Spania. -Paris 192i: IV '2 ' ·
. 1:fumanidades. Publicación de" la F
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~ª()mal ~e la Plata (Argentina). - 19~~11 1 de C1enc1a$ tJe la Educación. Universidad
Instituto._-Coimbra, 1921, LXVnÍ ~
~ter-Aménca.-Xew York 1921 V '2':,('
er Islam.- Hamburgo 19~1 xtl ' 2 .
Tbe Johns Hopkins Uni~ersity C ' ~- ·
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LMuésa.:--- \"iana do Castello, 191~~~~;r¡ñBsft1more, 1921, 1-4.
moires
de la Société
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' Paris
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Modern
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guageNotes.-Baltimore 1921 x::x:Xvr 6' 920,4 XH,+
e . odern Langua11e Review
C ' b. ,
' .
Modem Languag("s .:'...Lond · -1 am ndge, 1921 1 XVI, 3-4.
Modern Philology . Ch'
res, 921, Ill, 1.
Die Neueren Spra·;en ~ªf{' 1921, ~IX, J.
:\"eoph!lolog~~. -Amsterda~~~~~~o 1H:5sen, 1921, XXIX, 3-ó.
1
11
1 1, XXII, 5.
1 92
1
Le Nouveau Mcrcure Politique et L'tté .
44- 4?i :\..'XXIX, 148.
Nouvelle Revue d'1talie.-Rome 1~/~V\~gPans, 1921 1 Vlll, 3.
Nuestro Tiempo._ Madrid
• 11 • • •
L'Opi~ion. -Paris, 1921 1y 1~~• , 210; ill, 271-273.
45 · .
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Phoemx.
Zeitschrift
1921, VII, J.
ur eursche &amp;e1stesarbeit in Siidamerika - B e . 1 \
Publications of th Mod
·
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XXXVI
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ern Language Association of America . -Ca mbn·ctge, 1921
La R' 2-3.
assegna.-Firenze, 1921, VI, 1. 2
•
·
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Razón y Fe. -Madrid t 1921 1 LXI
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Repertorio Americano ...-•San José de Co:i:ta Rica, 1921, II, 1 r.14, 1¡-18.
Revista Argentina de Cie:ncias Políticas.-- Buenos Aires, 1921, XXII, 129-130.
Revista Bimestre Cubana. - J [abana, 1921 1 XVI, 1-3.

Revista Calasancia.-Madri&lt;l, 1921, IX, 103-106.
\..a k,,-·vista Católica de S,mti~o de Chile. -Chile, 1921, XL. 47li; XLI, J77-4!4.
Revista Crítica Hispano-Amencana. -Madrid, 1919, V, 3-4.
Revista de Estadios \'3$COS. - San Sebastián, 1920, XI, 3-4.
Rev!5-ta de.'.ª Facu1ta1.de Letras y Ciencias. - Habana, 1921, XXXI, 1-.'.
Revista Lusitana. -Lisboa, 1919, XXII, 1-4.

1
1

Revista de Menorca.-Mahón, 1921, XVI,~Revista de la Sociedad de Estudios Almerienses. -Almeria, 1920, Xl, 2-ó.
Revista de la Sociedad JuriJice--Literaria. - Quito, 1920, XXIV, 82-85.

Revista de la Universidad. -Te¡ptdgalpa, 1921, XI, 3-4.
Revista de la {íniveri:;idad Nacional de Córdoba. -

Córdoba (Argentina), 1921,

VIIIRet1f.a da t:nh·ersidade de Coimhre.- 1918, \'II, 1-4.

1

Revue de l'Ensrignemcnt des Langues Vivantes.-Paris, 1921, XXXVIII, 7-11.
Revue Hispanique. - Paris, 1920, L, J 17-118. Tables des tomes 1-L (1894-1920).
Revue des Langucs Romane:¡. -Montpt"'llier, 1920, LX, 11-12.
Revue de Littérature Comparée. - Paris, 1g:u, I, 4.
Romania.-Paris, 1921, XLVII, 186-18¡.
The Romanic Rcvicw.-Lancaster, 1921, XII, 2.
El Siglo de las Misioncs. -Oña, 1921, vm, 92"94·
Verbum. Revista del Centro de Estudiantes de Filosofia y Letras. - Buen~ Aires,
1921, XV, 57.
WOChentliches Verzeichnis dei erschienenen und der vorbe-rcitetf'n Keuigkeite-n des
dc·utschen Buchhandeh;.-Leipr.ig, 1921, 26-..¡.3. Monatsrcgifür, 1921, VI-X.
The Yale Rcview. -New-Haven, 1921, XI, 1.
•
Zeitschrift des deutschen Wissenschaftlichen Vereins zurKultur- und Landeskunde
Argentiniens. --Buenos Aires, 1920, VI, 4-6.
Zeits1·hrift : ·ir romanische Philologie. - Halle, 1921, XLI, 3.

11

THE AMERICAN ASSOCI ATION
OF TEACHERS OF SPANISH
ASOCIACIÓN AMERICANA
DE ~IAESTROS DE ESPA]';OL
(ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRJCA)
ORGANIZADA EN 1917 CON 400 MIEMBROS, CUENTA AHORA CON
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1 1

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The Ilumanism of Frand!il Jeffrey. By MEaa1n Y. Jive;HES,
l.oan-words from English in Eighteenth-Century Frcnch, U. By PAUL llARBIER,
Thc Ethkal System of the 'Inft"mo'. By PtttLn&gt; H. W1CKSTE.ED.
Somc Spanish Conceptions of. Romanhcism. By E. ALUSON" PuRS,
Englrut Translations and Adaptations of Schiller's 'Robbers'. By L. A. W1LLOCGHli\',
M1scELLANEOUS NOTES

THE MOOERN LANGUAGE ASSOGIATION OF AMERICA
FUNDADA

EN

1883

Consta actualmente esta Sociedad de unos mil quinienh.18 socios de América y Europa. Se admite como socio a toda persona interesada. La cuota
anual es de tres dólares. Las publicaciones de la Sociedad ( Puh/ications of tlu
Modern Language Association of America) se envían trimestralmente gratis a
los socios; se venden a razón de un dólar por cada número suelto y tres dó)ares por tomo, compuesto de cuatro m1meros. En estas publicaciones aparecen artículos relacionados con las literaturas y las lenguas romances, y
con las filologías inglesa y germánica, que pueden interesar a los eruditos
espaifoles.
Diríjase toda la correspondencia al secretario de la Sociedad :

RsvlEWS

l.

MJ:NoR NOTJCES

Nsw P'IJ'BLICATIO!'-S
The annual subscription for four numbers (appearing in January, April,
July and October) is 25.r. net1 post free, yayable in advance; single num•
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Profesor WILLIAM OU1LD HOWARD,

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Estados Unidos de Norte-América.

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Slt HAN

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FONDATEUJl:

A. WOLFROMM

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1

1

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a l'Unlvenlté de Toulouse.

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TEATRO

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au Lycée Saint-1,ouil et l J•Jl:cole Colouialé,

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Chroniques univen:ltaires, Nouvelles de partout.

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COURS ET CONFÍRENCES, UNIVKRSITÉS 1 GUIDB INTKRNATIONAI.B,
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PltbARArJON PAR CORRESPONDANCB ACX CERTlFJCATS D APTITUDRS

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1:Allemand, Anglais, Italien, Espagnol.'
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UN AN: France, 18 lr.-Étranger, 20 lr.-Prh: du numéro, 2 Ir.
LH abonnemenll 1ont d'un an et psrtent du ,•• janvler.

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Ho,writ: d'un, sotucription du Mini.riere de l'lnstruciion Publique.
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SlGLOS XIX Y XX

SEUCCJÓN_DI

P. HEI\'lÚQUEZ UREÑA

Contiene trozos de Moratín, Bre•
tón 1 Duque de Ri vas, García Gutié•
rrez, Hartzenbusch 1 Zorrilla, Gómez
de Avellaneda, Tamayo y Baus, López de Ayala1 Echegaray, Galdós, Be•
navente, Quintero, Valle•lnclán y
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Un vol. en 8.0 de

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SELECCIÓN DE

ALFONSO REYES

Contiene trozos de Quintana, Estébanez Calderón, Mesonero, Larra,
Donoso Cortés, Alberdi, Sarmiento,
Arenal1 Pi y Margall, \'alera, Castelar,
Montalvo, Hostos, Costa, Giner de los
Rtos, Sierra, Varona, Pardo Bazán,
Alas, Caja\, Martí, Menéndez Pelayo,
1\1aragall, Unamuno, Ganivet, Rodó
y Azorin.
Un vol. en 8. 0 de

132

Una peseta.

págs.

I,

�REVISTA
DE

FILOLOGÍA ESPANOLA

MOZÁRABES

Tomo VIII.

OCTUBRE·DICIEIBRE 1921

Cuaderno 4.

ARTE ESPAjOL DE LOS SIGLOS IX A XI

0

roa

UNOS ARANCELES DE ADUANAS
DEL SIGLO XIII

M. GÓMEZ MORENO

1

de esta obra un completo estudio de los inftu-

II

• es de fodo orden recibidos de la España arabi~ influjos que favorecieron el desarrollo de los Estados

os en los primeros siglos de la Reconquista; comde asimismo monografias históricas, descriptivas y

de unas veinte iglesias y restos de otras, represendel miarno estado social, predominantemente del
e León; analízanse las manifestaciones externas del
~;,ai111n

cristiano español en este periodo, y se hace una mi-

»ldaea descripción de los objetos conservados de carác•dional: códices, inscripciones, marfiles, orfelitfe.
rfa, bronces, tejidos, etc.

en 4.º: un vol. de texto con xx1v-407 págs., 219 figs.

y un mapa, y

otro vol. con 151 láms.

CABE&lt;;ADA (pág. 13 .) _ Las h
.
Tante la Edad ?iied' .' . H b"
u~o. ricamente labradas du,
ia. « a ie rec1b1do este Pe F ,
-del obispo ce mrs et de p
S,
ro errandez
·
ero anchez D m s
d
.
de palafres labradas co
d
r . para os s1ellas
.
n se a, a las senales del
rey... , et otra
s1ella prieta del águila t
del caballo del .
, e agora que! mandaba fazer la siella
cisne con cabez· d
d
labrado de seda que cost b
a as et to o su guarnimiento
-et del dorar DCLXIV mrs a (aL~bon ~v1, mrs. del pegar del marfil
'
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z ro cte ,a casa d. e,
nuscrito cit. fo! 186 r) Ot , d
e .Ja11c110 IV, ma.
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1

Proclo: 50 ptaa.

Véanse págs. ,-29 de este volumen.
Towo VIII.

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