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                  <text>REVISTA
DE

FILOLOGÍA ESPANOLA

NOTICIAS
Conferencias de Lingüística. - El profesor Meyer-Lübke, de la Universidad de Bonn, dió, el 25 y el 27 del pasado mes de abril, dos conferencias en el Centro de Estudios Históricos sobre cLa influencia de
los centros de cultura en la evolución del lenguaje• y e Los cambios
de significación de las palabras•.
-Curso del profesor Millardet.-M. Georges Millardet, profesor de
la Universidad de Montpellier, explicó en el Centro de Estudios Históricos, desde el 6 al 17 de mayo, un curso sobre cProblemas y métodos
actuales de la lingüistica y la dialectología románicas•, desarrollando
el siguiente programa: I: El método comparativo. - 11: El método
experimental.-lll: El método geográfico. - IV: Convergencia de
los métodos. - V : El problema fonético. - VI : El problema lexicológico, semántico y etimológico.-VII: El problema morfológico. VIII : Del método en sintaxis.
- Viaje del Sr. Solalinde. - Nuestro colaborador D. Antonio
G. Solalinde se halla actualmente en los Estados Unidos, donde ha
sido invitado por algunas universidades para hacer durante el presente Curso varias series de conferencias sobre literatura española y
sobre diversos aspectos de la vida española contemporánea.
- Del 8 de julio al 20 de agosto se ha celebrado en Madrid el undécimo Curso de vacaciones para extranjeros que, bajo la presidencia de
D. Ramón Menéndez Pidal, organiza el Centro de Estudios Históricos.
Se matricularon 132 alumnos, de ellos 119 norteamericanos, 10 ingleses, un irlandés, un chileno y un francés. Muchos de los norteamericanos vinieron formando grupos dirigidos por profesores norteamericanos o españoles residentes en Norte América. El profesor Charles
\Vagner, de la Universidad de Michigan, dirigía uno de los grupos;
otro, D. Joaquín Ortega, profesor de la Universidad de Wisconsin, y
otro, D. Ramón Granados, director de la Escuela Española de Washington. Para dar la bienvenida a profesores y alumnos se celebró una
velada, en la que tomaron parte el Sr. Navarro Tomás, subdirector del
Curso, en representación del Sr. Menéndez Pida!; el Sr. Carracido, rector de la Universidad de Madrid, y el poeta D. José Moreno Villa.
Contestó en nombre de los americanos el profesor Wagner, haciendo
notar la importancia del estudio del español en los Estados Unidos
y agradeciendo la cordial acogida que el Curso les dispensaba. El
Curso se desarrolló conforme al programa anunciado. Se concedieron 42 diplomas de suficiencia y 43 certificados de asistencia.

Tomo IX.

OCTUBRE· DICIEIBRE 1922

Cuaderno 4.0

DE EPIGRAFÍA IBÉRICA
EL PLOMO DE ALCOY
. El p: oblema de interpretar los textos hispánicos prelatinos
sigue leJOS de resolverse; mucho más de lo que aparentan las
disertaciones elaboradas sobre ello. Con todos los aires de
adelanto estamos a la altura de 1871, cuando D. A ntonio Delgado publicó su teoría sobre transcripción del alfabeto monetal ibero 1 , mediante la que se alcanzaron a leer unos cuantos
nombres geográficos de la España citerior , y de ahí no se ha
pasado. Más aún: las inscripciones indígenas consignadas en
car~cteres r omanos tampoco se entienden; de modo que no
esta el escollo en el alfabeto, sino en el lenguaje también. Muc hos eruditos vienen derrochan do ingenio con pretensiones
de tocar la deseada meta, sin que ninguno convenza a los
demás; probablemente la causa esencial del atasco radica en
h allarse mal planteado el problema; convendrá, pues, remover sus bases.
H ay una obra monumental y respetable sobre estos asunt os : los,Monume,~ta linguae ibericae, por Hübner, varón digno
d e la mas alta estima, y particularmente, como maestro ópti1

Nuevo método de clasificación de las medallas autónomas de Es-~ -"'

'Iª" ª'

·11
S ev1
a, 1871- 1879.
TOMO

IX.

23

�342

M. GÓIIBZ·MORBNO

roo, para quien esto escribe. Dicho libro trajo una codificación de materiales casi perfecta : su serie de leyendas numismáticas apenas desmerece' hoy mismo, y sobre sus inscripciones no cayó más borrón que el plato de Segovia, notoriamente falso. Hizo Hübner, como epigrafista que era y hombre
de letras clásico, una obra digna de su erudición asombrosa;
pero no hizo más. El aparato filológico, desarrollado en los
prolegómenos, es modelo de método y trabajo a la alemana;
pero, tocante a su fondo, tanto hay de supuestos gratuitos e
inconsistentes que, aun habiendo puesto acertadas enmiendas.
a la teoría de Delgado, no se cierra siquiera la discusión del
alfabeto. Error fué de Hübner unificar escrituras y lenguas, haciendo fondo común con todo; y es que la autoridad de Humboldt pesó dañosam~nte sobre él. Antes, el Sr. Rodríguez de
Berlanga 1 , no obstante deficiencias y prevenciones graves,
enfocó mejor el asunto y sobre terreno más firme. Su estudio data de 1881; el de Hübner, de 1893; posteriormente nose ha hecho, de primera mano, sino publicar algunas inscripciones sin trascendencia. Respecto de los ensayos para reconstituir puntos de gramática ibera, quizá se~ lo mejor dejarlos a
un lado.
El fondo de la cuestión, a mi juicio, puede reorganizarse
en la forma siguiente : de los alfabetos ibéricos, gracias a ciertas leyendas monetales bilingües, parece legible, en gran parte,
el de la Citerior, que dimana probablemente, en su forma definitiva, de las dracmas de tipo emporitano; por ejemplo, las de
llerda (Lérida) y otras atribuíbles a Sagunto y Sáilabi CTátiba),
anteriores a la segunda guerra púnica 2 • El sistema de transcripción adoptado es susceptible de mejoras; pero todavfa
Los bronces de Láscuta, Bonanza y Aljustrel: Introducción.
Estas series numismáticas están por estudiar y, lo que es peor;
menospreciadas. Las últimas se agrupan con las de S~gu~to; las_ s~u.doemporitanas constituyeron, al parecer, una etapa 1bénca _pnm1~1va,
correspondiente a diversas-localidades que adoptaron el tip_o gnego
de Emporion, como Juego, bajo el doi:ninio. de Roma, se copiaban en
toda Ja España del Nordeste los denarios de !lerda y Osca y los ases
1

2

de Tarragona.

Dll llPIGRAFÍA iBÉRICA

343

signos hay que se resisten a toda valoración, aun hipotética.
También las piedras y planchas escritas del mismo territorio
a saber: desde Sasamón (Burgos), Sigüenza y Huete haci~
oriente, hasta Játiba, obedecen al mismo tipo de letra; mas
la estructura de palabras permite reconocer, por ejemplo, que
las dos principales inscripciones estudiadas, o sea, las de Luzaga y Castellón 1 , corresponden a idiomas diferentes. La primera, que tal vez sea pacto de hospitalidad o alianza, va con
otros bronces pequeños de la misma cuenca superior del Tajo,
constituyendo grupo lingüístico aparte, y ello razonablemente,
según veremos.
Tocante a la región meridional o tartesia, es aventuradísimo cuanto se ha pretendido leer sobre monedas e inscripciones prelatinas. Su alfabeto propio sigu~ indescifrado casi en
absoluto. Sólo puede afirmarse que es el más antiguo, y que
ciertos plomos y las leyendas monetales obulconenses 2 dan
los tipos más complicados, acaso primitivos y muy mal explicables sobre el supuesto de una derivación fenicia. Escribíase
procediendo en espiral, de derecha a izquierda y sin separar
palabras; a lo último evolucionó entre líneas horizontales, pocas veces de izquierda a derecha, y acercándose sus signos a
las formas ibéricas del Nordeste; mas no lo bastante para determinar la unificación de alfabetos. Alguna piedra con caracteres romanos en lengua indíg~na, procedente de Cástula s,
queda igualmente ininteligible; otras latinas dan buen acopio
de nombres personales. En los confines del Estrecho aun asoma otro alfabeto radicalmente diverso del tartesio, afin del
púnico y, como tal, inseguro en términos desesperantes; relaciónase eón una inmigración postrera desde Mauritania.
El resto de la Península, o sea todo el Noroeste, careció
de alfabeto propio, valiéndose del romano. La revisión de sus
inscripciones será buen tema para otro estudio, puesto que
abundan las inéditas. Baste anticipar lo ya dicho: que tampoco
1 HilBNBR, MLI, núms. XXXV y XXII.
2 1nxM, id., núms. LVIII y 120. Hay otro plomo inédito.
s fnxM., {d., núm. XLIV.

�344

M, GÓMKZ·MORBNO
DB EPIGRAFÍA IBáRICA

-se entienden. Por el aspecto, sin embargo, cabe sospechar que
su lenguaje o lenguajes entran en el acervo de dialectos indoeuropeos, como procedentes de un estrato alejado de los itálicos y celtas más que de los helénicos. Su alfabeto no pasa de
diez y seis letras, más la V como consonante; carece de aspiradas y el uso de P le distingue del sistema de transcripciones similar celtibérico. Este reparto de la Península en dos

(..

[]

o

.,

zonas lingüísticas y raciales, ibérica y europea o aria, consolidó los fundamentos de nuest:a personalidad nacional a través de los siglos y es básico el reconocerlo.
Hará más comprensibles las afirmaciones anteriores el
adjunto croquis geográfico acompañado de alguna explicación, siquiera sea sumarísima, y desde luego provisional todo
ello, pues no menos desquiciada que la filología se halla nues-

345

tra historia primitiva, sobre la que sería deseable atajar nuevas y presuntuosas doctrinas, basadas en una escasa noción
de los datos arqueológicos y tradicionales.
. Llamamos iberos a los pobladores primitivos, de origen
africano seguramente, cazadores salvajes, impuestos luego en
los rudimentos de civilización, que determinan la época neolítica, y sustrato humano primordial en toda la Península;
mas a la región del Nordeste corresponderá el conservarlo
menos impuro. La de iberos es denominación restringida y
geográfica; tal vez debe aplicárseles además la griega de cynetes, que asoma por varios sitios en textos diferentes, explicable si los tales iberos domesticaron al perro, cosa nada inverosímil.
Sobre este vetustísimo fondo social erigióse el poderío
tartesio, unos veinte y tantos siglos antes de Cristo, abarcando
desde la sierra de Cintra hasta Alicante, hacia sur, como efecto
probable de una corriente oriental civilizadora venida por el
Mediterráneo; mas con desarrollo autóctono, según lo testifica
nuestra maravillosa cultura eneolítica, en ciudades, monumentos sepulcrales, megalitismo, agricultura, minería, industrias y
comercio marítimo. Después, como diez y seis siglos antes de
Cristo, llegóse a perfeccionar la metalurgia, anulando casi los
instrumentos de piedra, con obtención abundante de cobre y
aparición del bronce estanífero,' que trajo una revolución en
el armamento; al oro, conocido de antes, superó, como elemento de exportación valiosísimo, la plata, y entonces parece
que se avivaron relaciones con el Mediterráneo oriental, cogiendo de paso a Cerdeña y Sicilia, lo que haría explicable
un origen cretense para la escritura tartesia; pero falta comprobarlo. Esta civilización es principalmente conocida en el
Sudeste peninsular e islas Baleares, correspondiéndole la fase
del Argar y los talayotes.
Unos cinco siglos después sobrevienen los primeros invasores europeos en la Península, llegados por el Pirineo Cantábrico hasta el Guadalquivir; pero que sólo se afianzaron en las
regiones del Noroeste, dentro de castillos y dedicados al pastoreo, a la guerra y al robo : son los montañeses descritos por

�K, GÓIIBZ·MORBNO

Estrabón con afinidades griegas; a quienes, al parecer, no se
dió nombre colectivo alguno; que hablaban una lengua protohelénica; probablemente afines de los ligures y acaso de origen
tracio. La decadencia tartesia favoreció luego explotaciones
por el litoral con fundación de colonias, fenicias en las costas
del Sur, griegas en las de Levante, que absorbieron la fuerza
del país en provecho de sus metrópolis. Ello se corta por
nueva calamidad hacia el siglo vn, cuando una segunda invasión europea destruyó las colonias, sumienrlo en estado de
barbarie el país, según lo describió el periplo vertido por
Avieno. Estos invasores, emparentados con los primeros y
quizá menos fuertes, eran célticos, que al fin quedaron localizados en territorios montuosos, donde lograrían mantenerse
con menos resistencia: así, en Galicia parece corresponderles
el nombre de calaicos, y en Sierra Morena, los de gletes y
etmáneos; sin étnico especial conocido húbolos en la serranía
de Ronda, y un foco mayor asaltó el ldúbeda, compuesto de
bebrices y otras gentes, que mezclados con iberos procrearon
la ilustre nación celtíbera. En tiempo desconocido llegaron
también a España libios africanos a establecerse en las tierras vecinas del Estrecho.
Renovada pronto la colonización griega y fenicia, se produjo, en virtud de ella, un florecimiento ibérico bien conocido,
que abarca los últimos siglos antes de Cristo, y muere bajo
la absorción romana. Andalucía, esquilmada de antiguo por
su espléndido apogeo prehistórico, entonces quedó pobre de
iniciativas; hízose púnica en cierto grado, y luego se romanizó
a fondo. El Noroeste, bárbaro y remiso en aceptar adelantos,
ni tuvo moneda ni alfabeto; pero ya va dicho que se valió del
romano para consignar su lengua propia, nombres de personas y de dioses indígenas. Al contrario, iberos y celtíberos
tomaron una fisonomía seudogriega en sus monedas, en escultura, cerámica y metalurgia, brillando con peregrina y fastuosa originalidad, sobre todo hacia los confines tartesios y
Juego en la Celtiberia septentrional. Su alfabeto propio avanzó
por tierra de autrigones hacia Occidente, quizá modifican•
do el valor de algunas letras; al contrario, la Carpetania y co-

DB BPIGRAFÍA IBÉRICA

347

marcas interiores celUberas antes se desprendieron del alfabeto que de su lengua, dando lugar a otra serie de monedas
e inscripciones iberorromanas, o bien célticorromanas, si,
como parece, lo más de esta región media peninsular traía
perdido su iberismo desde antes.
Dimanan, pues, de nuestra arqueología primitiva soluciones capitalísimas ligadas con problemas de epigrafía, cuyo
planteamiento es inabordable hoy de plano, por deficiencia
de los materiales publicados, incluyendo el libro de Hübner:
.aparte lo inédito, rara es la inscripción que no aparece con
yerros de copia, siempre graves, y así, necesariamente se impone una revisión general de textos. Sin embargo, por de
pronto urge más dar a conocer un tipo nuevo epigráfico, representado por tres inscripciones juntas, que si de momento
y en mis manos no resuelven el problema del iberismo, lo colocan dentro de senda más abierta, permitiendo esperar que se
llegue a conclusiones precisas y de seguro fecundas.

Es el caso que en Alcoy (Alicante) un grupo de amigos
entusiastas y cultos ha emprendido con sus propias manos
la exploración de ciertas ruínas, en el prominente cabezo de
La Serreta, y así ha llegado a reconocerse un santuario primitivo y un despoblado, ambos contiguos. Este último, riquísimo en cerámica decorada indígena, del tipo de Elche, parece que se extinguió sin romanizarse, faltando aún mucho por
desenterrar. El santuario, en cambio, excavado ya completamente, alcanzó al siglo IV de nuestra Era, puesto que han salido allí monedas imperiales hasta de Magnencio, por lo menos. Aunque todo destruído, acusaba su existencia grandísimo
número de figurillas humanas, al parecer votivas, de barro
cocido, siempre rotas, y marcando gradación artística bien
clara. Unas son de carácter romano; otras siguen modelos
griegos del siglo IV o rn antes de Cristo; otras son arcaicas,
como del siglo vr o del v, y otras hay, por último, groserísimas, perfectamente análogas a las de arte miceniano, difundidas por la costa asiática e islas de Rodas y Chipre. Su introducción hubo de preceder a los siglos arriba citados, y ellas

�N. GÓMKZ•MORBNO

garantizan una fecha originaria remota para el santuario 1 • Los
tesoros ibéricos votivos reconocidos antes abundan en figurillas de bronce; pero el de Castellar d1; Santisteban y la isla
Plana de Ibiza contenían muchas otras de barro, equiparables
en parte a las primitivas alcoyanas 2 •
Entre los escombros del santuario mismo apareció, en
23 de enero de 1921 1 una planchita de plomo, con escritura
trazada a punzón por ambas caras, que conserva en Alcoy,
con todos los demás hallazgos, el docto geólogo D. Camilo
. Visedo, principal explorador de La Serreta. Publicó noticia
del descubrimiento, con dibujos y consideraciones críticas,
D. Remigio Visedo, en su Historia de Alcoy, págs. 161 y 220,
anunciando algo como ensayo de traducción para otro capítulo, que aun no ha salido a luz. Por de pronto, el erudito
cronista de Alcoy declara que la escritura del plomo en cuestión es ibérica; hace análisis de las teorías emitidas por los
eruditos, desde Montfaucond a Naval, sobre el valor de cada
uno de sus signos, 21 según él, y en cuanto a orientación
para interpretarla, parece confiado en hallar rastros útiles de
la lengua primitiva en el habla moderna del país mismo. Por
su parte, el sabio vascófilo Dr. Schuchardt 3 , basándose exclusivamente en la anterior información, coincide con ella en lo
del iberismo y busca conexiones en algún otro epígrafe del
grupo tartesio', con cuya lectura y traducción nos brinda;
1 Tocante a esto véase la Memoria sobre las excavaciones ea el
monte La Serreta,~realizadas en 1920, escrita por D. Camilo Visedo
Moltó, y que ha publicado la Junta Superior de Excavaciones ea 1922,
coa ilustraciones. Ea prensa esto, se ha publicado una segunda Memoria, correspondiente a 1921. En «Coleccionismo,, núm. 118, D. Ricardo Moltó repite noticia ilustrada de estas exploraciones.
2 R. LANTIER y J. UBd, El santuario ibérico de Castellar de Santisteban, Madrid, 1917, láms. XXIX y XXXI. -A. V tvss, Estudios de arqueología cartaginesa: La necrópoli de Ibiza, Madrid, 1916, láms. I a IV.Ejemplares de loza de Camiros y algún bronce, en Castellar, podrán
remontarse al siglo vn.
3 Sitzung btr. dtr frtuss. Akad. der Wiss. Phil.-hist. Klasse, 16 marzo 1922, pág. 83.
'
HUeNER, MLI, núm. XLI.

DB EPIGRAFÍA IBÉRICA

349

su punto de vista sigue siendo el tradicional autorizado por
Humboldt. Sin adelantar cuestiones, repetiré a mi modo el
análisis de tan notable reliquia, corrigiendo, en vista del original, las no escasas deficiencias de lo publicado. Ya que don
Camilo Visedo y sus compañeros dieron para ello toda clase
de facilidades, valga expresarles mi gratitud públicamente y
felicitarlos por su labor meritísima y discreta 1 •
Mide el plomo 171 milíms. de largo, 62 de ancho y uno
de grueso. Estuvo doblado en lo antiguo diagonalmente hacia su mitad, y apareció roto un extremo casi por entero,
acabando de desprenderse al intentar enderezarlo, de modo
que hoy le constituyen dos trozos separados. Por lo demás,
su escritura resulta perfectamente legible, aunque sutil, desarrollando a lo largo siete líneas por un lado y cinco por el
ptro. Con seguridad primero se escribió el texto mayor, el de
las siete líneas, que llamaremos A, y para cortar el plomo se
marcaron rayas arriba y abajo longitudinalmente por el mismo lado. Borróse después, en parte, su extremidad izquierda,
frotando el plomo, por lo que sólo se acusan allí las letras
débilmente y sin las rebabas que el punzón levantó al trazarlas. Ello fué para grabar encima y de través otras palabras,
en dos líneas, que constituyen el texto B, con signos iguales,
pero más derechos, grandes y firmes. La misma mano trazó,
quizá, las cinco líneas escritas en el envés del plomo, texto C,
llenándolo casi todo. Las letras son absolutamente rectilíneas,
a lo que invitaba el procedimiento de grabado, y su alto varía
de 5 a IO milíms. En lo escrito primero, dos puntos marcan separación de palabras; en lo posterior, tres, aun en fin de líaea.
El número total de signos alcanza a 342, mientras la mayor de
las inscripciones ibéricas conocidas, la de Castellón, arroja I 54,
y las dé Arroyo del Puerco, en letra romana, tampoco pasan
de 185 2 • Sobre su autenticidad no es lícito abrigar dudas.
1 Las adjuntas reproducciones fotográficas del plomo fueron hechas por D. Cayetano Mergelina,-que me acompañaba, habiendo recibido antes otras de D. Camilo Visedo. Los facsímiles van dibujados
en tamai¡o natural, sobre calcos de papel sin cola.
2 HüBNER, A/LI, núms. XXII, XLVI y XL VII.

�,,

Facsímil de su t•scritura, sobre calco.

·-.. --:---

- - . -- ------=

H (: r AI ~ r r AIr ;

----==-= -

~ N :t AI' I (?(: (&lt; ( /j

(&lt;_ ((: ◊ (?(

r /: rA{&gt; &lt;¡ rA. {V :·b A~ VAA. :eAf \&lt;
~1~ r t rv HfY .. ~ AJAt&gt;&lt;v «:fff X&lt;.:rv I? f\(f A,
, · · A:(111 r Vt fl r I K:/J /\(/11( !?9 f&lt;lftv f'I (JA (flA,
·1T-K w:~.Am0 1L1 rfl BA. fl' r &lt;rv =r (I I k 11 : e, A (Q Hf&gt;
ªI&lt;f\{?l·~TH~ (N 13..'Bf-&lt;/\A,Af ( KAV~!f/Qtf/Y
~ r .· ~"' r Arv ó1 m:rA r r ru tAfl q 1&lt;. : ~ 1 tt', t&lt;ff

El plomo de La Serreta (Alcoy): anverso.

�M, GÓlllBZ•NOUNO

3S4

He aquí adjuntos fotografias y facsímiles, pudiendo trasladarse lo escrito en la forma siguiente:
t P'IKH:◊P1 Tl:íAt&gt;◊l&lt;AN:flAbV/\A:8A~k

A

~VIHINHD':BArA~◊IC {HX&lt;:TVMBAI
/\VPA:/\HrvrnrncBAmHt&gt;◊KH IVNBAILlA

s

VPKH: ~Am Blbl P'BAt&gt;1TIN: lt&gt;I l'H =BAm H t&gt;
◊KAP':THBINfl:~H/\Aí A tll&lt;AVD: 1m BIN
Al: AmrANblm =TAíllTI rAt&gt;◊!(: BINI l'H
BfN:{AJ\fD': 1&lt;1..6.Hl:íAl~líAIT:
AD'NAI: .

B

mAKA~ 1mK Ht&gt;

e

IVNffiTI D':iA/\ID'r: BA m I t&gt;T I t&gt;:mAML&gt;l
LiAD:B IV INAt&gt;: rvt&gt;~:B◊IH!N ílC11b:
mHf rH N~ Vt&gt;AN: mH ílll:ilt&gt;íAt.Hbl N:

s

ITIHv'AIKA/\A:NAJ\TINrH:BlbVLlHLllN:IMV
N IP'A H NAI: BH l'◊t&gt;:íll H BAíH61PAN:

Las dudas de transcripción que se ofrecen son éstas: Texto A, 1.a linea: al final de la tercera palabra, lo que resulta un
pequeño trazo, como 1, será hendidura del plomo, y en fin de
línea no hay punto sino una oquedad natural.-2.ª línea: el
tercer signo dejó escasa huella; pero comprueba su existencia
la repetición de la misma palabra en el texto C, con ligera variante, al final de su 2.ª línea. Junto al grupo de puntos divisorios que sigue a la segunda palabra tiene apariencias de 1
otra hendidura más amplia del plomo. El signo inicial de la
palabra última es T, seguramente. - 3.ª línea: hacia el fin, la
rotura del plomo, después de la última H, tocó a una I por
arriba, que pudo ser T, mas no parece verosímil.-6/ línea: el
signo octavo es /:,. claramente. - 7 .ª línea: la penúltima letra
es 1, ensanchada por un accidente del plomo.
Texto C, 1.ª línea: el signo inicial de la segunda palabra
se trazó primero(, y el último de la misma es r.- 2.ª línea~

DE EPIGRAFfA IBÉRICA

3S5

su signo inicial es /:,.; el tercero parece V, aunque sus trazos
oblicuos, quizá postizos, resultan poco limpios. La rotura del
plomo atravesó el sexto signo, pero se reconoce ser también v,-5.ª línea: después del cuarto signo hay un trazo oblicuo, probablemente escapado y sin valor; luego, la letra rota
es N; la inicial de la palabra siguiente es B, sin duda, y el signo penúltimo de esta línea resulta como nexo de N y A, por
haberse trazado primero 1 1, quizá con intento de poner H, y
corregirse luego en A sin raer el palo sobrante. Como los dos
trazos adherentes, aludidos en esta línea, están hechos antes
que las letras a que tocan, no puede concedérseles valor fonético, a diferencia de otros, que afectan a las tres primeras v
de las líneas 1.ª y 2.a, como luego se dirá.
La escritura procede de izquierda a derecha, y, según se
indicó antes, márcase con dos o tres puntos alineados verticalmente la división de palabras, salvo en fin de línea en el
texto A, dando ello lugar a dudas. Los otros puntos sueltos,
que preceden a las :E en la 2.ª línea del texto C, quedan inexplicables. En cuanto a los signos, redúcense a 17 tipos, de los
que aun han de excluirse dos, X y(, seguramente numerales,
y que sólo entran en la penúltima palabra de la 2.a línea del
texto A. He aquí los quince restantes, por orden de mayor a
menor frecuencia en su empleo:

Nótase que en nueve casos el signo I aparece de menor
tamaño y adjunto siempre a V, hasta el punto de incorporársele en el texto C, como prolongación hacia arriba, hecha
después que la letra misma, y siguiendo una vez otra I de tamaño normal a esta especie de nexo.
Alfabeto con tan pocas letras quizá no aparezca en ningún sistema antiguo de escritura; pero en realidad no son
más ni menos las que se utilizaron del romano para transcribir palabras indígenas nuestras en las inscripciones, como va
dicho, resultando esta serie: A E I O V L R M NS D T G C P,

�111. GÓNIZ·NOHNO
DB BPIGRAJIÚ 1BthUC4

sustituídas las dos últimas por Q y B a veces, pero nunca todas ellas en un mismo texto. Las inscripciones celtas y ligures
&lt;le las Galias, por regla general, ofrecen igual serie, ya correspondiendo al alfabeto romano, ya al griego, que añade a veces las dos vocales largas r¡ y co. Letras dobles y aspiradas
puede admitirse que no se usaron en correspondenci~ de sonidos ibéricos, salvo algunos casos de H en Andaluc1a, delatando esta letra generalmente aportaciones fenicias y griegas.
De F quizá no haya caso cierto, y menos de X y Z. Pue~e
inferirse que estos alfabetos pobres obedecen a menosprecio
de sutilezas fonéticas en la escritura, según nuestro uso vulgar
moderno tal vez haga más patente. Verdad es que la escritura ibérica empleó más de veinte y seis signos, pero serían en
parte silábicos; además, un alfabeto propio deb~ regularse_por
la clasificación racional de sonidos del lenguaje a que sirve,
mientras el empleo de uno extraño se basa en la comparación
de sonidos de otra lengua, resultando valorados por letras
sól~ aquellos que son coincidentes, y asimilándose a las mismas, por aproximación fonética, los demás.
,
.
Según arriba se dijo, lo acreditado hasta el d1a es considerar ibérica la escritura del plomo alcoyano. Sin discusión
ni argumentos, bastará presentar aquí en serie los alfabetos
españoles para convencer de la temeridad que este aserto envuelve. Elegimos los cinco más característicos, sin variantes
casi y advirtiendo que todo texto algo largo cuenta más de
veinte tipos de signos. Los dos primeros alfabetos son tartesios, monetal y epigráfico, respectivamente, y proceden de
derecha a izquierda; el primero queda incompleto, sin duda,
y el segundo es imposible de fijar ante la incertidum~re de si
algunos signos aquí excluídos serán, como parece, vanantes de
otros o malas interpretaciones de copia. El tercer alfabeto
corresponde al bronce de Luzaga 1 , celtibérico; el cuarto, al
plomo de Castellón 2, ambos incompletos, y el último es el de
las monedas ibéricas con representación de jinete, único que
'
2

HOBNBR, .MLI, núm. XXXV.
ÍOaN, Íd., núm. XXII.

357

parece completo, aunque no deja de asaltar tampoco alguna
duda tocante a polimorfismo. Estos tres se escriben de izquierda a derecha, y sólo respecto del último tienen algtín valor
razonable las transcripciones que le acompañan, disconformes
en parte con la teoría usual. Los signos van ordenados segtín su frecuencia de empleo, aproximadamente, de más a
menos.
"1 ~ V\ q Ah./\~ l)j:1 ~M~ 4 lt !&gt;&lt;lt&lt;1:1 AXl- "IP
A '-&gt;1 l '1 o q HI (1) &gt;-&lt; M l !&gt;&lt;1 1-t P1&lt;3 4 /\ l V &gt;1 BY'I 'l .6 t '4

(j)IO'f'MAHl't'G XVl"I' 0J"@:t:'IVVX

~ 'flt.31'1' "'' ~:fAV@"r"H e *1' ~ Ll 0X M r Q¡\ Y
e_P~ r&lt;'M I" ~ X S ~ 1' ~h. 4'H't' í7X~&amp; SHJ'0 * UJ '!Y □
a r i s ,. I go s t u eua ti o m bita áu gi

Por razón documental comprobada, corresponde a la tierra de Alcoy el segundo alfabeto, aunque la arqueología no
alcance a descubrir hoy más características tartesias allí; pero,
ya se compare con él, ya con cualquiera de los otros alfabetos el del plomo, notaremos una discrepancia tan grande,
que resultan ineficaces cuantas habilidades se imaginen para
salvarla. Baste observar la falta del signo i, que ocupa, respectivamente, en estos alfabetos el lugar 1.º, 2.º, 2.0 , I.º, 3.º, y
es absolutamente específico en todas las escrituras españolas.
Respecto del signo ibérico 1, desusado en la España meridional, aunque Hübner, siguiendo a Delgado y Zóbel, quiso darlo
también como i, fué sin pruebas; más bien parece admisible
que sonase ba; desde luego vocal no sería.
Observando sin prevenciones el caso, bastará insistir en
la comparación de alfabetos antiguos para convencernos de
que, entre todos, el alcoyano corresponde a uno solo con precisión, salvo respecto de una letra, y es el griego jónico. A
cualquiera se impone, desde luego, esta conclusión, y el doctor Schuchardt la vislumbró, aunque sólo para rechazarla, perdiéndose luego en el laberinto de signos ibéricos, presentados
en revoltijo engañoso por los eruditos. Aquí el sentido común
TONO

IX.

24

�IJE EPIGRAFÍA lllt:KICA

M. GÓMRZ-MO!lRNO

b

358

1"a'c·,¡ y normal se a re
debe imponerse, tanto ma's cuando lo '
camino.
.
ación de los quince
Sobre dicho alfabeto jónico, 1a va1or
signos alcoyanos da este resultado:

li mKrvT ~ /\ ◊
1A~ HBN
•
8
itíO'C~}.o
i_etp'1}6óv
i a ,.
e
n

dtikgut

slo

. d re ·arable toca a la nt, que sólo guarLa única anorma!tda . ~
t tipo fenicio; mas re! f,
a lleta y su pro o
&lt;la parecido con a orm
t lógica del tipo corrien. l'fi '6 perfectamen e
sulta una s1mp l cac1 n
1 llevar por abaJ· o las o y r,
, · que sue en
te. En cuanto a1 ap1ce
·e:
tamaños. Transcribí. . d para um1ormar
es accidental, s1rv1en o
- .
.
ar su valor. Obsérvese
t s por i sm preJuzg
remos las I a dheren e
'
. ·de absolutamente con
· de letras comci
además que esta sene .
. ·ones iberocromanas y celto. d de las mscnpc1
.
la arriba cita a
. tencia a la hipótesis
resta mayor cons1s
ligures, hecho que p
1
ltado de la lectura, que es
aceptada, confirmándola e resu
como sigue:
A

B

e

ut• garokan dadula bask
irike ori 1
b ·
buistiner'í bagarok sss X~ turl. a1
lura 1eguseg1ºk bameroke1unba1da
bidirbar'ítin irike bamer
ur k e bam
· bº
u
teb1'nd
belagasikaur im ID
b' ºk
5 o k. an
1n I e
a1 amgan d"im tagimgarok
. . .
bin salir'í kidei ga1b1ga1t
ar'ínai
makarimker
u
¡· u
bamirtir mabariiumtiri sa irig
.
•
· did
dar bir'íinar gurs bouting1~
n memdirgadedrn
mesgers d ura
. 'Id
'k
la
naltinge
biduded1n
i
umera1 a
.
.
.
bekor
mebaged1ran
5 niraena1

,
dicho ante la adaptación de un alN os hallamos, segun lo
, d
l
as letras entre las
. .
o falto e a gun
'
fabeto afín del JÓlllCO, per
II
ftuída por H la primera
que son más notables la E y la , sus L

359

y reducido a B el orden de oclusivas labiales. Sobre esto último nótese que algún dialecto helénico carecía de b 1 ; que en
lo celtaligur falta p; esto mismo, en vascuence, berberisco,
guanche y lenguas semíticas; también se la echa de menos
entre iberos, siendo de ~otar que en su alfabeto propio el
signo correspondiente, bajo forma de p, sonaba bi, por ejemplo, en Bílbilis; será, pues, característica de lenguas primitivas, mantenida entre occidentales. La falta de f y de r inicial
viene siendo observada tanto en vascuence como en ibérico;
la de letras dobladas es señal de arcaísmo, subsistente, por
lo general, en las lenguas peninsulares, y la preferencia del
signo griego H por E podrá aclarar problemas de fonética
nuestros.
Aplicarse un determinado alfabeto a lengua extraña es
hecho demasiado frecuente y notorio para que sorprenda; es
lo normal, una vez que se pasó de los ideogramas. Ahora bien;
parece digno de tomarse en consideración el fenómeno de
aparecer un escrito de tipo griego dentro del área ibérica,
donde se usaron alfabetos propios, como ya sabemos, de muy
remoto entronque con los orientales. Cerca del mismo Alcoy,
en el Cabesó de Sierra Mariola, se ha descubierto otro plomo
con escritura tartesia, quedando, por consiguiente, probada
la coincidencia local. Que simultánéamente se usaran ambos
géneros de escritura por unas mismas gentes, parece inverosímil; lo recóndito del lugar quita probabilidad a una convivencia de civilizaciones diferentes; hay, pues, que explicar el
caso por separación de tiempo, y, en efecto, ello puede comprobarse como verosímil.
Reviste caracteres de probabilidad máxima, como ya se
dijo, admitir que los alfabetos ibéricos nacieron en Andalucía, como fruto de la civilización tartesia, en fecha remota,
pero imprecisable hoy; su tipo gráfico los pone cerca de lo

1 Bronce de Olimpia, con el Tratado de paz entre eleos y eufaios,
varias veces reproducido, por ejemplo, en Rx1NACH, Traité d'epigraphie grecque, donde pueden verse otros ejemplos más de escritura
jónica.

�DB EPIGRAFÍA IBtKICA

J\f. GÓMBZ·MORENO

cretense y chipriota y antes que lo fenicio. Cómo y cuándo
aquella civilización, con su escritura, llegase a la serranía de
Alcoy no lo sabemos; pero el referido Cabesó es un despoblado del último período ibérico y del romano. Asimismo
puede asegurarse que ningún epígrafe ibérico de la España
oriental parece tan antiguo como las primeras acuñaciones
ibéricas de Sagunto, y éstas corresponden al siglo III antes deCristo, pudiendo escasamente anticipárseles algunas dracmas
seudoemporitanas con leyenda ibérica.
Respecto del plomo de La Serreta, su alfabeto, comparado
con los helénicos, mantiene rasgos de arcaísmo en sus a, r ~
u,, m, que decididamente lo llevan más allá del siglo IV antes
de Cristo, y aun acaso hasta fines del VI, no pareciendo verosímil retrotraerlo más por la dirección de la escritura e interpunciones. Esta antigüedad va bien con el carácter de las figurillas del segundo grupo, en orden de vejez, descubiertas allí
1
mismo, las arcaicas, con ojos almendrados, de tipo jónico •
Además, acredítase la existencia de jonios allí cerca, puesto
que Hemeroscopion fué colonia focense 2 , donde hoy, probablemente, Denia, cabeza sobre el mar de la serranía de Alcoy.
Median, por consiguiente, de dos a tres siglos quizá entre la
confección del plomo de La Serreta y el avance del alfabeto
tartesio por aquellas regiones, lo que basta para hacer posible
el uso de otro diverso con anterioridad.
Definida como griega la escritura en cuestión, procede
investigar si su lenguaje puede corresponder a dialecto helénico, armonizándose así ambos elementos. La negativa se impone desde luego : el prescindirse de letras tan esenciales
como E, II y las aspiradas resulta inverosímil para dicho supuesto; más aún, el faltar agrupaciones de letras, como br, tr,
gr, pl, pt, tm, ls, nl, etc., usuales en toda lengua europea deEstas figuras, que eran relativamente grandes y finas, son las que
hao aparecido más destrozadas e incompletas. Algunos fragmentos se
reproducen en la susodicha Memoria de D. Camilo Visedo, láminas
1

VII y IX.

2
Artemidoro, en Estéfano. Olvidada esta cita por Hübner y otros.
modernos autores.

tipo ario; lo mismo se infiere de no comenzar palabra por dos
~onsonantes, ni por r, ni por diptongo; ni darse finales en s
precedida de vocal, en o y on, habiéndolas, por el contrario,
-en g, k Y d. En especial discrepa también de los dialectos itálicos por la ausencia de/, k, p, q, de finales en u y rareza
de los en m, d, t, ei, abundando otros en n. Observaciones
análogas pueden formularse respecto de las inscripciones celtol'igures 1 Y las de Ornavasso 2 • Las aquitanas hacen mucho uso

&lt;le k y z 8 •
•
Fuera de lo indoeuropeo, se aparta de lo etrusco por tener
&lt;J Y las _sonoras d, g, b; faltar/, k, z y finales en / y u, y por
otras singularidades, mucho de lo cual es aplicable a las inscripciones de Lemnos 4, que se suponen pelásgicas y resultan indescifrables. Las eteocretenses 6 , tampoco explicadas,
llevan/, P, z; les falta b casi en absoluto y presentan los grupos gr, kl, fr, tsj, etc. Respecto de las lenguas semíticas
la escasez de guturales y dentales, falta de j, grupos de tre~
consonantes seguidas y riqueza de vocales le son contrarias
, aú_n 1a extraordinaria longitud de algunas palabras. Van,'
Y mas
en cambio, a favor la ausencia de p,. de dos consonantes iniciales ~determinaciones en o, u, caracteres que no bastan para
desvirtuar las otras incompatibilidades. En resolución, el lenLa S~rreta no guarda sirpilitud con los indoeuropeos
guaje
Y sem1bcos, m con los etrusco, pelasgo y cretense.
~ol~iendo hacia lo español, hallamos que las inscripciones md1genas del interior, hacia Noroeste, se apartan del plomo alcoyano ta~to_ como tiran hacia lo indoeuropeo, e igualmente su onomasbca, con finales en briga, ntia y sama para
muchos nombres geográficos, patronímicos siempre en co.n

?:

1 S1a JoHN RHvs, The Ce/tic lnscriptions of Gaul,
1913. - DoTTIN, La tangue gauloise, París, 1 920 .

Londoo, 19o6-

: Zeitschrif t für rurgl. Sprachf., N. F. XVIII, pág. 97 .
Ssv1&gt;1oua ns Ricc1, Notes d'onomastique Pyrénienne en el Bttll de
la Soc. Arch. du Midi de la France, 190 3, pág. 36 2 •
4 Bull. de Corresp. Hellenir¡ue, 1886, X.
6
Tite Annual of the Britisk S chool at At/unas, núms. VIII X. _
BossnT, Ali Kreta, pág. 6s.
Y
1

•

�N. GÓNU·NORJIHO
DE EPIGR.ur(A IBbJCA

o cum y de personas como Amma, Ambatus, Anna, Atta,
Boutius, Caisaros, Camalus, Cloutius, Magilo, Pentius, Pollius,
Tritius, Tancinus, Vironus, etc., escogiendo entre los más
repetidos. Tenemos uso de p, de consonantes oclusivas ante
continuas y de finales en om, arom, coi, as, os, etc.; faltan en
cambio los en r y rs, resultando rara siempre la r en sílaba
final, notable particularidad esta última.
De la región meridional o tartesia poco hay utilizable para
definir el carácter de su lengua; no obstante, descúbrense frecuencia de p y k, grupos de pt, pr, br, dr, cr, ea, eia, ie, terminaciones en na y repetición de n, r, s, t en sílabas contiguas, que no se dan en nuestro plomo 1 .
La región oriental ibérica sólo conserva de lo indígena
latinizado su nomenclatura geográfica y unos cuantos nombres personales, que no discrepan, en cuanto a caracteres fonéticos, del plomo alcoyano, coincidiendo especialmente los grupos de consonantes, que tan contrarios aparecen fuera de aquí.
Más valor pudiera darse a las inscripciones ibéricas consignadas en su alfabeto propio, si su transcripción total mereciese fe;
no obstante, admitiendo mi opinión de que los signos de consonantes oclusivas eran silábicos, resultaría no poder articularse ellos con otra consonante, diciendo, por ejemplo, tre,
sino ter; bri, sino biri, hecho arriba consignado como efectivo
en nuestro plomo. Por lo demás, las agrupaciones de letras
guardan un ritmo análogo, sin duplicarse nunca consonantes;
abundan finales en r y escasean los en o. Aun tropezando con
la deficiente transcripción de estos epígrafes, se han buscado
concordancias de dicción entre ellos y lo de Alcoy, sin hallar
1
Son quizá valorables ciertas analogías entre palabras tartesias y
grupos de letras eteocretenses; por ejemplo: uninit (Cástulo, MLI,
núm. XLIV) y Uninissi (Mallorca) con unanait; Uprenna (l\fontoro) con
...ajraina; Barsamis (Cabeza del Griego) coa barxe; lberaridi (Baeza)
con ...o¡eirari; j&gt;rairon, y praesondo (Arroyo del Puerco, AfLI, número XLVI) con fraisona y fraisoinai, concordancias estas últimas que no
bastan para acreditar de tartesios los singulares epfgrafes de Arroyo. En cambio, un parentesco entre nombres personales de Andalucía y Mallorca parece admisible.

otras radicales comunes que urke, cala, ildu; mas entre textos
heterogéneos quizá no podía ser de otro modo.
Un último orden de cotejos procede, con las lenguas vivas
de vascos y berberiscos, posiblemente afines de la ibérica.
Tocante a la segunda impone grandes reservas su contaminación con la árabe y no estar definidos caracteres generales ni,
menos aún, los primitivos; pero su análisis nada parece arrojar
de favorable a nuestro propósito. En el vascuence resulta carencia de p, f, lt y r inicial, mientras abunda mucho esta última letra en medio de palabras, y, lo que es más significativo,
extremada rareza de consonante oclusiva seguida de continua.
Añádanse facilidad de composición o aglutinación, un prefijo
ba frecuente, varias terminaciones iguales, por ejemplo, en
a, i, ik, an, ari, la, nai y algunas otras. El aspecto externo
parece convidar a una asimilación; sin embargo, ni es posible
definir que el vasco actual sea como el de ha veinte y cuatro
siglos, ni que dejase de haber variación, y quizá grande, entre
el habla de los Pirineos y la de Alicante, aun suponiendo un
origen común para ambas. Basta considerar el abismo que
media entre el latín primitivo y el italiano de hoy, para no hacerse muchas ilusiones respecto de interpretar el plomo de La
Serreta por el vascuence, según lo conocemos a través de tantos siglos de transmisión oral, contaminaciones y arreglos. El
supuesto de su entronque con la lengua ibera levantina hoy
aparece mucho más favorable y justificado que antes, gracias
al monumento en cuestión: ya es mucho. Y mientras no se
logre el ansiado texto bilingüe, contentémonos con poseer
éste, de antigüedad tan grande, legible y suficientemente amplio para formar concepto filológico algo exacto de aquella
lengua.
Otros más di!chos en la materia quizá logren penetrar el
misterio que los textos alcoyanos envuelven. Por mi parte,
sólo algunas observaciones de mero desbroce han de acompañar a la presentación, ya hecha, del monumento. En primer
término, asalta el recuerdo de' otros plomos escritos, con aspecto igual que el nuestro y quizá útiles para fundar conjeturas : refiérome a las planchitas del santuario de Dodona, en

�11, GÓlilBZ·lllORBNO

Grecia, conteniendo consultas a su oráculo y las enigmáticas
respuestas del dios 1 • En los textos de La Serreta las cifras numerales aludidas indican algo de contabilidad, ofrenda, precio
o lo que sea. La s entre griegos significó statera; pero aquí ni
esta ni otra explicación concreta sería buena; la X que sigue
representará otra unidad de orden inferior, y la ( una mitad,
tal vez, de la misma. El propio texto ofrece dos palabras repetidas: irike, la inicial, vuelve en la 4.ª línea sin variación, y se
le parece un urke al principio de Ja misma. La tercera palabra,
garokan, se relaciona indudablemente con bagarok, en la 2.ª
línea, y tagimgarok, en la 6.ª: su tema debe ser garok, modificado diversamente. Además, buistinerí, al comienzo de la
2.ª línea, repite su primer elemento, con sencilla variante, en
el boistingisdid del texto C. Igual relación entre bameroke, bamerokarí y bamirtir.; saliríg y salíri; bidudedin y memdirgadedin; mesgersduran y mebagediran. Cqmpárense los citados
bagarok y bameroke- entre sí; gaibigait con binikebin, donde
puede haber repetición de raíces, y la segunda, bin, quizá
vuelva en imbinai y tebind. Otra reduplicación ofrece quizá
bambidirbarítin, comparable, por su aspecto, con memdirgadedin, no siendo tampoco segura la de dadula, porque da es
prefijo verbal vascuence. llduniraenai se parece al ibérico
Ilduro o Iluro, nombre geográfico bien conocido, y a Ilunum,
hoy Hellín. Salirig recuerda la leyenda Salircen, puesta en
monedas de Ilerda; bekor, al Baicor de Appiano, y urke, a
Urci. Ban'tin se acerca a Bareta, nombre personal en Játiba,
y binike a Vaenico, otro tal en Tarazona. Por último, irike
guarda parecido con erecaias, palabra de una inscripción celtibérica inédita. Bamb, radical de aspecto indoeuropeo,.será la
que entra en Pompelon y en el gentilicio cántabro Pembelorum; también disuena, en cuanto a su estructura, salir.
Atención especial merecen los afijos de garok, a saber:
-an, ba-, tagim-. El primero es sufijo de locativo vascuence,
-que significa «en el»; ba es prefijo condicional o supositivo,
muy usado en la misma lengua, y tako es afijo con idea de
1

ÚRAPANOs,

Dodone et ses ruines, París, 1878.

DB EPIGRAFÍA IBifRICA

finalidad, como nuestro «para». Garok pudiera ser nombre
personal, equiparable a] Garos de la inscripción de Cástulo
y al Gerexo pirenaico. En vascuence gara envuelve idea de
superioridad, robustez, de donde acaso «garrido». Así, con
más o menos fortuna, podría seguirse buscando parecidos;
todo ello ilusorio, mientras no presida una base de interpretación firme.
Los puntos dan regla fija para separar en el plomo alcoyano las palabras; mas con frecuencia en epigrafia no es abso1uto el cuidado de ponerlos, y desde luego el texto A los
omite en fin de línea, dejando inciertos los casos de palabras
truncadas. Además, el gran níímero de letras comprendidas
entre algunas interpunciones, cuando no omisión de puntos,
revela palabras compuestas que, juntamente con el apartado
de afijos, darían lugar a un análisis de elementos; pero, aun
como ensayo, sería ello aventuradísimo. Ciertas reglas, tocante a estructura fonética, sí parecen acusarse; así, se observa
que las letras sordas, k, t, se reservan generalmente para fin
de radical o de palabra y alguna vez para principio, no hallándose dos en una misma palabra, salvo makarimker; aun entre
sonoras no se repite sino la d, sobre todo en bidudedin;
caso de varias oclusivas seguidas sólo haJlamos en gaibigait,
escaseando igualmente ]as continuas, como en salirí, ilduniraenai; por el contrario, su alternación, con oclusivas es habitual, así belagasicaur, mabaridar, etc. En primera sílaba es
frecuente la b, también la m y menos la r, que abunda en
finales y asimismo la n; s inicial sólo se ve en salir-; faltan
desinencias en b; l, m, o, u, y estas dos vocales son raras en
sílaba final. Grupos de consonantes sólo hay de continua ante
oclusiva y de continuas entre sí, reducidos estos ííltimos a
gurs y a los íínicos de tres consonantes, que son: turlbai, iunmtir, mesgers-duran. De vocales, en sílabas contiguas es frecuente repetirse la i; menos, la a, y hay un solo caso de e; _el
único diptongo abundante es ai y faltan eie, ou. De palabra a
palabra no se advierten asimilaciones fonéticas; dentro de
ellas tenemos un -iunbaida, frente a bambi- e imbinai; como
hay mk, mt, mg, frente a nd, ng, repetidas veces. U na grafia

�•

•
111. GÓIIIBZ·IIIORBNO

pudiera descubrirse en mesgers, si sg representa un sonido palatal fricativo.
El desvío singular a poner consonantes oclusivas ante continuas, la alternación frecuentísima de unas y otras escasez de
sordas y falta de asp¡'radas, que pone de manifiest~ el plomo
alcoyano, prestaría cierta suavidad y ritmo a su lenguaje,
cual hoy mismo lo conserva el vascuence; y es muy notable
que iguales caracteres parecen regla en la onomástica nuestra
primitiva, como si ello. constituyese algo típico del iberismo.
M. GóMEZ-MORENO.

NOTAS ACERCA DE LA HISTORICIDAD DEL
ROMANCE «CERCADA ESTÁ SANTA FE... »
I
Al estudiar Menéndez Pelayo en las «Observaciones preliminares» del volumen X I de las Obras de Lope de Vega
(Madrid, 1900) la curiosa fusión de elementos históricos que,
en su opinión, constituía el origen de la leyenda del bizarro
combate de Garcilaso de la Vega con el moro, seguido de la
muerte del infiel que
La sagrada Ave Maria llevaba, haciendo escarnio...

afirmaba que «Hubo, es cierto, un Garcilaso entre los conquistadores de Granada; pero fué personaje bastante obscuro,
de quien no constan particulares empresas» (pág. xw).
Pocos años después, en su Tratado de los romances viejos
(Madrid, 19061 II), rectificó un tanto sÚ punto de vista y afirmó que «Hubo, es cierto, un Garcilaso entre los conquistadores de Granada, y se hace mención bastante honrosa de él en
las historias: fué herido en el asalto de los arrabales de VélezMálaga (17 de abril de 1487): en el porfiado sitio de Málaga
asistió a los puntos de mayor peligro: en junio de 1488 tenía
a su cargo la guarnición de Vera, recién conquistada: en 21 de
diciembre de 1488 acompañó al Conde de Tendilla, á D. Álvaro Bazán y al Conde de Cifuentes, para servir la regia mesa
en el convite que D. Fernando el Católico díó al Zagal antes
de la entrega de Almería. Pero todo esto no le saca de la categoría de un personaje secundario, de quien no se cuentan particulares empresas» (pág. 227).

�368

ERASMO DOCETA

Aunque Menéndez Pelayo no lo menciona, todas estas
noticias proceden, indudablemente, de la Historia de Granada, de Lafuente y Alcántara, como pueden verse en el tomo II
(París, 1852), en las páginas 261 1 26g, 273 1 283 y 303.
¿Y quién era este Garcilaso, que no parece personaje tan
secundario cuando tales honores recibía? Este Garcilaso de las
guerras de Granada no era sino el padre del delicado poeta,
y que en 1487, ante Vélez-Málaga, hubo de salvar con otros
caballeros la vida del Rey Católico 1 • En las diversas campañas contra los moros del reino de Granada aparece primero
como capitán de las gentes de armas que mandó D. Lorenzo
Suárez de Figueroa, conde de Feria (Pulgar, Loe. cit., página 411), cerca a Cartama (Pulgar, pág. 413) 1 era maestresala
del Rey cuando la conquista de V era («E puso por Alcayde é
gobernador de aquella cibdad á Garcilaso de la Vega su Maestresala», Pulgar, p~g. 476), y eso explica el haber servido en
el banquete ofrecido al Zagal 2 • Cuando al año siguiente, 1489,
1
«El Rey, que como habemos dicho andaba á caballo proveyendo
en el asiento del real, visto que los moros venían faciendo daño en
los christianos, ansí como se falló á la hora, armado solamente de unas
corazas é una espada en la mano, sin esperar otra arma ni ayuda de
gente, arremetió contra los moros, y entró tan de recio en ellos, que
.ilgunos de los christianos que venían fuyeado, visto el socorro que el
Rey por su persona é por su mano les facia, tomaron tanto esfuerzo,
que tornaron á entrar en los moros. E ansí juntos con el Rey, pusieron á los moros en fuida, matando é firiendo ea ellos, fasta los meter
por las puertas de la cibdad. E recobrado por el Rey aquel cerro, mandólo fornescer de mas é mejor gente para lo guardar. En aquella hora
los que se fallaron mas cerca del Rey, fueron el Marqués de Cáliz, y
Conde de Cabra, y el Adelantado de Murcia, é otros dos caballeros:
el uno se llamaba Garcilaso de la Vega, y el otro, Diego de Atayde.
Estos caballeros, visto el peligro en que el Rey se metía, pusiéronse
delante porque no recibiese daño de la multitud de las espingardas é
saetas que los moros tiraban.&gt; (HERMANDO DEL PULGAR, Crónica de los
Señores Reyes Católicos, ea Biblioteca de Autores Esjafiotes, LXX, 449.
Véase WJL1.1AM H. PRBScon, History of the Reign of Ferdinand and lsabetta, tite Catltolic, Bostoa, 1857, II, 15.)
2
,Numerosa comitiva de Grandes les acompañaba de pie, detrás
de las sillas. Varios de ellos, desempeñando sus cargos palatinos, les

NOTAS ACERCA DEL ROMANCE «CERCADA ESTÁ SANTA

FE••• ,

369

los Reyes enviaron «sus cartas de llamamiento para todos los
caballeros y escuderos» y «despues que con grandes trabajos
del tiempo se juntaron, el Rey mandó facer alarde; é falláronse
en su hueste trece mil homes de caballo é quarenta mil homes
de pié, los quales mandó que fuesen ordenados en esta manera ... Iban en la reguarda... Garcilaso de la Vega, capitan de
quarenta lanzas» (Pulgar, págs. 481-482).
Este valeroso caballero, andando el tiempo, "había de representar a los Reyes Católicos en la Corte romana, durante
el Pontificado de Alejandro VI (fué nombrado el 1.0 de marzo
de 1494. Cfr. Zurita, Historia del rey Don Hernando el Catolico, Zaragoza, 16701 fol. 34 r; Abarca, Segvnda parte de los
Anales hz"storicos de los reyes de Aragon, Salamanca, 1684,
fol. 318 v), y «manejó con tal pulso los negocios de su corte
que escribiéndole Luis XII de Francia le intituló Embajador
de los Reyes y Rey de los Embajadores» (Vida del célebre poeta
Garcilaso de la Vega, por Fernández de Navarrete, en el tomo XVI de la Colección de documentos inéditos para la Historia de Espmia, pág. 140); y este «Cavallero de valor igual a
su sangre, y Embaxador de juizio, digno del glorioso nombre
de su fama» (Abarca, Loe. cit.), había de recibir otros altos
cargos y grandes honores, tales como la Encomienda mayor
del reino de León, en la Orden de Santiago, el nombramiento
de ayo y camarero mayor del infante D. Fernando, más tarde
rey de romanos, y el de consejero, dado por D.ª Isabel, y
luego confirmado por D. Felipe I, que «le fizo de su Consejo
de Estado», como dice Padilla (Lorenzo de Padilla, Crónica
de Felipe I llamado el Hermoso, en Colección de documentos inéditos, VIII, 148. Véase especialmente Fernández de Navarrete,
servían la vianda y la copa. El marqués de Villena, D. Diego Téllez
Pacheco, como Mayordomo de Palacio, presidia á todo con arreglo al
ceremonial establecido. De los demás Grandes, el de Tendilla, servía
al poderoso Monarca la fuente de oro coa exquisitos manjares, y el
Conde de Gfuentes la copa, y, respectivamente, al Rey moro, D. Alvaro de Bazán y Gartilaso, ejecutándose para ambos por igual las ceremonias reales&gt;. (Véase Guerra de Granada, escrita ea latín por ALONSO
oE PALENCIA. Ti:aducción de A. Paz y l\felia, Madrid, 19091 págs. 441-442.)

�370

ERASMO BUCETA

lugar citado y págs. 11-13, y sobre todo 197-200; marqués de
Laurencín, Documentos inéditos referentes al poeta Garcilaso de
la Vega, Madrid, 1915, págs. 5-7)- Después del tránsito de la
Reina Isabel presidió las Cortes de Toro (Zurita, lib. VI, capítulo III), y en las intrigas y banderías posteriores de la Corte
castellana, hubo asimismo de desempeñar papel muy importante, poniéndose del lado del joven Rey, cosa que Je fué muy
sensible al Católico, puesto que había sido, en frase de Abara, «depositario antiguo del tesoro de sus artes» (El curioso
incidente que relata Abarca, fol. 368 v., aparece ya en Zurita,
lib. VII, cap. V, y en Padilla, págs. 145-146, y Jo repite, por
ejemplo, Rodríguez Villa, sin indicación de procedencia, en su
obra La reina Doña Yuana la Loca, Madrid, 1892. Cfr. en
este último las págs. 153, 158, 172 y 191.)
En las contiendas sostenidas en Roma con Carlos VIII de
Francia antes y durante La Liga Santa, y a pesar de su carácter diplomático, nos Je encontramos tomando una .parte
muy activa. El buen Cura de los Palacios nos relata que estando en Roma Carlos a principios de 1495, «prosiguió su
dañado propósito y mala voluntad, y envió á demandar al
Papa el castillo de Sanct Angelo», y habiéndose hecho entre
ellos paz y concordia, el Papa salió a decir misa el día de San
Sebastián, pero «dejando en el castillo muy buen recaudo de
caballeros castellanos, entre los quales estaba Don Garci-Laso
de la Vega, el qua! estaba por capitan y alcaide del castillo,
que el Papa no lo osaba fiar de otra nacion, salvo de hombres
&lt;le Castilla, proveidos para ello por el Rey Don Fernando».
Allí da asilo a D. Antonio de Fonseca, después del osado
rasgo que tuvo con el rey de Francia cuando hizo trizas los
capítulos del compromiso de que era portador, y allí continúa
cuando, más tarde, el Papa huye de Roma. El mismo ingenuo
cronista asegura le hirieron después del asesinato del duque
de Gandía 1 • Zurita narra que cuando «el Papa Alexandre...
tuuo necessidad de la gente del Rey Catholico y de su Gran
1
ANnaás BERNÁLn11z, Historia de los Reyes Católicos, en Biblioteca
de Autores Españoles, LXX, 682-86, 690.

NOTAS ACERCA DEL ROMANCE «CERCADA ESTÁ SANTA FE... &gt;

371

Capitan para lo de Ostia ... , y vino con su armada sobre Ostia:
y al tiempo que salto la gente a tierra y llego a poner su campo, tenia Garcilasso por la otra parte del rio assentada la artilleria, y con ella se comen~o a batir el castillo ... , y Garcilasso,
que se acordo en aquel menester, de la toma de Ronda, man-do passar todas las escalas a la parte de la ciudad, por donde
fue tambien entrada con muy poca resistencia» (Obra citada,
fol. I r6 r y v). Lo cual da a entender, parece, que Garcilaso se
halló presente asimismo a la rendición de Ronda, que tuvo
lugar en 1485. (Este episodio de Ostia puede leerse también
en Abarca, fol. 329 v.)
La identidad del caballero de las guerras de Granada y del
enviado al papa Alejandro, es absoluta. (Véase Fernández de
Navarrete, lugares citados; Prescott, Obra citada, II, I 5, r8,
282, 332; III, 7, 228, 273). Además, en las inéditas Batallas
y Quinquagenas, de Gonzalo Fernández de Oviedo (Bat. I,
Quinq. 3, Diál. 42), se habla de «el ylustre e mui magnifico
senor Garci laso de la vega Comendador mayor de Leon
señor de Batres é de Cuerva».
He aquí lo que puede leerse 1 :
«Sereno. -Pareceme que oí decir que Garcilaso fué alcaide
&lt;le V era desde que se ganó á los moros.
»Alcayde. -Si fué la qual Vera se ganó en el año de 1488:
-é los reyes catolicos le hicieron merced de la tenencia» 2 •
1 A la exquisita amabilidad de mi distinguida amiga y colega la
s eñora de Cornish debo la transcripción de un apunte, que se halla en
la biblioteca de la Real Academia de la Historia, en un legajo, no cla-sificado y marcado: e Documentos para estudio», que evidentemente
~ la copia del arriba mentado diálogo de 0viedo. La obra de Fernán&lt;lez de 0viedo constituye, al decir de Oemencln, «un verdadero tesoro
para la história de aquellos tiempos, y como escrito por un testigo tan
fidedigno, adquiere mas derechos á la estimación y aprécio de los curiosos• ( cElógio de la Réina Católica•, en Memorias de la Real Academia de la Historia, Madrid, 1821 1 VI, 224).
2
Según los &lt;Documentos relativos á Garcilaso de la Vega, el poeta,
remitidos desde Simancas á D. Martín Fernández de Navarrete por
D. Tomás Gonzalez, encargado de dicho Real Archivo. Año 1823• , el
nombramiento de alcaide de la fortaleza de Vera no fué hasta el

�372

ERASIIIO BUCl!.TA

En la Sección de Manuscritos de la Biblioteca Nacional se
conservan tres cartas de este personaje : una al secretario Miguel Pérez de Almazán (ms. 18.691 128), en que le avisa, desde
Gibraltar, 1493, del envío de una relación a los Reyes Católicos y de cartas del corregidor y ciudad de Toledo, que Almazán había de consultar con la Reina, y elogia extraordinariamente la plaza de Gibraltar; otra a los reyes de Roma, a 8 de
noviembre de 1499 (ms. 18.691 132), en que se refiere a las
negociaciones seguid~s con el Papa acerca de provisiones eclesiásticas, maestrazgos y abadías, y otra a D. Fernando, desde
Toledo, 2 5 de agosto de I 500 (ms. 18.691 18'), en que le disuade con extensos razonamientos de su ida a Italia contra el
rey de Francia.
De su misión diplomática, de las complicaciones a que se
vió obligado a hacer frente durante su espinoso empleo, he
de ocuparme incidentalmente en un trabajo próximo, que aparecerá en el Homenaje al Sr. Menéndez Pida!.
Murió «en el monasterio de San Juan, extramuros de la
ciudad de Burgos&gt;, el 8 de septiembre de I 5 I 2, «y su cuerpo
fué llevado á Cuerva y enterrado en la capilla de la iglesia
parroquial de Santiago de la misma villa&gt; 1 •

II
Sin duda, en la tradición poética que cristaliza en el romance que nos ocupa, vinieron a fundirse ciertos rasgos de un
homónimo del personaje de que venimos hablando y anterior
a él 'en una generación.
año 1501. (Véase Fernández de Navarrete, pág. 199.) Sin embargo,
véanse Pulgar, pág. 476, y Beroáldez, pág. 633.
1 Cfr. Fernández de Navarrete, págs. 200 y 141. El estupendo genealogista Salazar y Castro da la misma fecha, según me indica mi
amigo muy querido el Sr. Sánchez Cantón. Al hablar del segundo matrimonio del primer conde de· Palma, dice: «El segundo matrimonio
del conde D. Luis fué con Doña Leonor de la Vega... , hija de D . Garci
Lasso de la Vega..., que fallesció en 8 de septiembre de 1512&gt;. (Historia genealógica de la Casa de Lara, II, 600-601 .)

IIIOT.t.S ACBllCA

DEL

ROllANCE «CH.CAD.t. .SSTÁ S.t.NT.t. PB... &gt;

373

Menéndez Pelayo, al finalizar de exponer en su Tratada
de los romances viejos los hechos históricos que hubieran podido servir de fuente a la formación de la fabulosa leyenda
del bizarro combate de Garcilaso, se expresa así: «Pero todavía falta un cabo por desenredar en esta madeja. No en la
guerra de Granada, pero en tiempos bastante próximos a ella,
en el reinado de Enrique IV, otro Garcilaso, de la prosapia
de los anteriores, sobrino del marqués de Santillana, murió
heroicamente en la hoya de Baza el 21 de Septiembre de 145 5,
«ofreciendo su vida por la salud de los suyos&gt;, cual otro Decio, y mereciendo los honores de la inmortalidad en un canto
fúnebre de su deudo Gómez Manrique. Sumemos esta muerte
gloriosa, y no lejos de Granada, con el apellido y el mote y
tendremos explicada íntegramente la leyenda. Otras han nacido de principios mucho más livianos.» (Loe. cit., pág. 229.)
En efecto, el glorioso fin de
... aquel que sangre fazia
antes que otro en los enemigos

1,

1 Cancionero c_astellano del siglo XV, ordenado por R. FoulchéDelbosc, Madrid, 1915, II, 29. Advirtamos antes de nada que Góraez
l\lanrique se expresa:

A vcyntc e vn días del noueno mes,
el año de c;inco, despu&amp; de ~iocuenta,
e quatro dezenu (n&amp;] poniendo en Ja .cuenta
nueue ~entenaa e vna despues...
(Cineio111ro, p¡{g. 28.)

En las Adiciones de los Claros Varones, de Pulgar, 1789, pág. 320, se
lee centenas en el verso tercero de los arriba copiados. Hay que manifestar, sin embargo, que esta fecha aparece en contradicción evidente con la mayor parte de los historiadores. Salazar y Castro, en la
obra mencionada, señala el año 1456 como el de la muerte del valiente caballero, III, 506. Los más antiguos, no obstante, unánimemente, la colocan en 14581 en el cuarto año del reinado de Enrique IV. Asi, ALONSO DE PALENCIA, Crdnica de Enrique IV, traducción
castellana de A. Paz y Melia, Madrid, 1904 1 I, 281 y sigs.; asl, MosÉN
Dmoo DE VALBRA, lifemorial de diversas hazañas, en Biblioteca de Autores Españules, LXX, 17-18; asi, ENRIQuaz DEL CASTILLO, Crónica del ,·ey
tkn Enrigue el Cuarto, mismo tomo, pág. 107; así, la Adición A de la
Relacion de los feckos del mui magnifico é mas virtuoso señor el señor Don
Miguel Lucas, mui digno Condestable de Castilla, publicada en el JfeTo1110 IX.
25

�374

IIRASN'.O BUCIITA

pudo, sin duda, haber contribuído - con la refulgente aureola que en torno de tal apellido es natural que se hubiera formado, a causa de muerte tan heroica y en fecha no distante - al nacimiento de la leyenda de que tratamos.
Pero hay, además, otro detalle de suma importancia, a mi
modo de ver, a que el maestro de los estudios literarios hispánicos no prestó atención.
En una de las campañas anteriores de Enrique IV en contra de los moros, y no mucho antes de su trágico fin, realizó
el tal Garcilaso una hazaña que tiene bastantes puntos de semejanza con el relato del romance.
Palencia en su Crónica, I, 224, la narra así:
A Garcilaso de la Vega, caballero esforzado y nobilísimo sujeto,
empezó á mirarle [Enrique IV] con malos ojos porque, provocado
á combate por un moro, dióle muerte con su acostumbrada
destreza, y se llevó el caballo y demás trofeos. Sentido el
Rey de la hazaña, no disimuló su enojo, y para que claramente se conociese su injusticia con el vencedor entregó el co_rcel á Miguel Lucas
(de Iranzo); hecho que provocó graódes rumores, próximos a degenerar en tumulto.

Mosén Diego de Valera en su Memorial (lugar citado, página 9) se expresa con una serie de circunstancias acaecidas
ese mismo día:
Y en el dia de San Bernabé el Rey puso todas sus batallas en órden
y fué á dar vista á Granada y pasó de los olivares... En el qua!
d!a Garcilaso de la Vega, Comendador de Montizon, de quien desuso
es fecha mencion, en presencia del Rey mató un moro muy
valiente, y derribó otro y tomóle el caballo y la adarga y
presentó el caballo al Rey, y el Rey diólo á Miguel Lucai;. Y
en aquel dia se armaron caballeros por mano del Rey... , y Miguel
Lucas, que después fué Condestable.

El relato es casi idéntico en la Adición B de la Reladón de
los fechas del Condestable, que es, como ya he indicado, de la
misma letra que la Reladón (págs. 501-502):
morial Histórico Español, Vlll, 496, la cual Adición es de letra igual
a la Crónica, según nos informa su editor D. Pascual de Gayangos,
así, Fernández de Oviedo, Loe. cit.

NOTAS ACBRCA DBL KOi\lANC8 «CIIRCADA 1:.ST Í SANTA FR.•• &gt;

3 j ,5

Habiendo después el Rey pasado su real y asentadolo casi una
legua de Granada, llegado el dia de San Bernabé, que es á onze de
Junio, salió con sus batallas ordenadas á dar vista á aquella ciu.
dad, y habiendo pasado los olivares... En este mismo dia Garcilaso
de la Vega, comendador de Montizon, en presencia del Rey mató
un moro mui valiente y derribó otro, y tomóle el cavallo y
la adarga y presentó la al Rey, y el Rey la dió á Miguel Lucas:
en el qual dia entre otros que por su mano armó cavalleros fué uno
este nuevo privado suio, a quien después honró con todas las mayores dignidades que pudo.

Observemos que los tres autores están contestes eq, afirmar el hecho y el año de 1555 1• Es de notar que, en efecto,
en el tomo II de las Memorias de don Enrique IV de Castilla,
que contiene la .colección diplomática de dicho rey, Madrid,
1835-1913, en el documento núm. XLIX, se halla la «Cédula
del rey don Enrique IV haciendo noble á Miguel Lucas Iranzo con señalamiento de las armas que debía traer en el escudo», la cual cédula aparece «Dada en el mi real estando sobre
la ,dicha cibdad de Granada á doce días de junio, año del nascimiento de nuestro Salvador Jesu-cristo de mili quatrocientos cincuenta y cinco años» (pág. 143).
El incidente de este combate singular en presencia del
monarca, la muerte del moro, la toma del caballo («Subió en
su caballo luego, 1 y el del moro había tomado&gt;) ofrecen similitud patente con el poemita en cuestión.
Nótese, además, el pormenor de la juventud en que tanto
hincapié hace el romance:
Garcilaso estaba allf, mozo gallardo, esforzado...
Garcilaso, sois muy mozo para emprender este caso...
1
Error manifiesto es la fecha en F11aNÁNDKZ DB Ovaoo, Loe. cit.,
que también acoge el hecho: cY el 4.0 año que reynó el rey Don Enrique 4.º (sabido es que Juan II muere en julio de 1454) en su pre1,encia mató un moro muy cerca de Granada é derribó otro
y tomóle el caballo y la daga é presentó el caballo al Rey y
el Rey le dió a Miguel Lucas, que después fué condestable de Castilla.»
Para convencerse de que esto no puede ser verdad, ya que los primeros meses del año 1458 los pasó Lucas en una prisión y después,
inmediatamente, pasó a condestable, véase la nota en la pág. 380.

�hRAS:'-40 BUCETA

Y díjole d'esta suerte: - Yo no estoy acostumbrado
a hacer batalla campal sino con hombres barbados:
Vuélvete, rapaz, le dice, y venga el más estimado ...
Garcilaso, aunque era mozo, mostraba valor sobrado...
También el Rey y la Reina mucho se han maravillado
en ser Garcilaso mozo y haber hecho un tan gran caso.

Este dato puede aludir a la pequeñez física del comendador de Montizón. Valera, en su Memorial, manifiesta que
«Iban con el Rey otros muchos Caballeros de menores estados, de que la Corónica no hace mencion, entre los quales nose debe olvidar Garcilaso de la Vega, Comendador de Montizon, el qual, así en esta entrada como en otras cosas en que
se babia visto con moros, siempre se hobo valientemente, y
mató por su mano algunos dellos, y siempre hizo cosas muy
hazañosas y de valiente y noble caballero, como lo era, aunque no de gran cuerpo » (pág. S).
Existen, además, algunas circunstancias que vienen a dar
más verosimilitud a mi tesis. Son :
A ) La supervivencia en el recuerdo de sus contemporáneos
de la brillante memoria de las proezas del adalid cristiano, debida a la negra ingratitud de Enrique IV para con los descendientes del bravo campeón; conducta real que tuvo grave y
perdurable influencia en las desavenencias que surgieron durante el reinado de aquel verdadero caso psicopático. Palencia
nos cuenta que cuando D. Enrique «llegó cerca de Baza y
Guadix, provocó á los infieles á una escaramuza, que fué funesta para el noble y esforzado Garci Laso de la Vega, á quien
quitó la vida el cruel enemigo, hiriéndole en el cuello con una
saeta emponzoñada. Aquel día pudo conocerse con más claridad y evidencia el profundo rencor que contra él abrigaba
D. Enrique desde que le viera vencer denodadamente y dar
muerte a los moros que le retaban á singular combate, según
dejo referido; pues al recibir la noticia de que Garci Laso~
mortalmente herido, agonizaba por efecto del veneno, exclamó con alegre semblante: «Vamos á ver la fuerza de la pon,.zoña, que me dicen le produce horribles gesticulaciones.»-

NOTAS ACB1tCA DBL ROMANCE «CERCADA BSTÁ

s,\-u FE....

377

Acudió luego á todo escape al lado del herido, que yaóa en
brazos de sus angustiados compañeros, y allí estuvo contemplando, con alegres ojos, aquella agonía semejante á la rabia.
Los parientes que le rodeaban, llorando amargamente su suerte
desastrada, suplicaron al Rey con toda humildad que en memoria del valor de capitán tan ilustre y esforzado, se dignase
conceder á su hijo, joven de excelentes prendas, los premios
que tan esclarecidas hazañas merecían; y desde luego, le hidese merced de las rentas de la encomienda de Montizón y
del hábito de Santiago, que tan dignamente había poseído su
padre. Encarecidamente se lo pidieron también el conde de
Paredes, tío de Garci Laso, sus deudos y sus primos, los hijos
del marqués de Santillana y muchos de los presentes, miembros de las más nobles familias. El Rey contestó friamente,
sin negarlo ni concederlo; pero aquel mismo día dió la Encomienda a Nicolás Lucas 1 , hermano de Miguel, despojando en
cuanto pudo al hijo del difunto de todas las rentas y honores.
Tal ingratitud y tan vil crueldad irritaron los ánimos de
los Grandes, provocándolos al tumulto; pero no llegaron, en su indignación, hasta donde hubiera convenido.» (Crónica, I, 283-284.) La Adición A de la Relación, habla de la concesión de la Encomienda «á su hermano del Condestable» (página 496), y lo mismo relata Valera, que añade algo semejante
a Palencia: «el Rey respondió floxamente, ni denegando ni
otorgando la suplicacion, y en el mesmo día, por virtud del
1
Palencia siempre le menciona llamándole Nicolás (véase Crdnica, II, 362; III, 120), y al otro hermano, comendador de Oreja, Fernán o Fernando (Crónica, I, 528; III, 120). Mosén Diego de Valera,
en el capítulo LXXXIV del Memorial habla de «Feman Lucas, comendador de Oreja•, y de cMartin Lucas, comendador de Montizón•
(Bibl. Aut. Esp., LXX, 79). En cambio, la Adición B dela Relación del
Condestable habla sólo de dos hermanos de Miguel Lucas, que fueron:
D. Alonso, arcediano de la Santa Iglesia de Toledo, que murió en
1464, y cel otro fué Fernando de Iranzu, camarero de los paños del
Rey Don Enrique el quarto y despues comendador de Montizón por
muerte de Garcilaso de la Vega•, pág. 499. El detalle carece de importancia: sin embargo, lo menciono por ser curiosa la disparidad de
los textos.

�BRASMO BUCBTA

poder que tenia de Administrador de la Orden de Santiago,
proveyó de la dicha encomienda á un hermano de Miguel
Lúcas; de lo qual todos los Grandes fueron muy mal
contentos; y vista la· ingratitud del Rey, dende adelante siempre lo desarmaron». (Memorial, pág. 18.) Palencia añade luego: «Contribuyó no poco, entre otros
muchos motivos de discordias, á excitar las animosidades aquel ultraje inferido por D. Enrique á los
deudos todos de Garci Laso cuando despreció las súplicas
de los que en torno del moribundo caballero le pedían que,
al menos, sucediese su hijo en la encomienda de Montizón&gt;

(IT, 362) 1 .
1

Afirma oportunamente Puyol que «El que quiera conocer los
sucesos de aquel reinado por las narraciones contemporáneas, hallará
a mano abundantísimo material; pero le será preciso usar de él con
singular cautela para no sufrir a cada instante la desorientación que
producen los relatos contradictorios, ( «Los Cronistas de Enrique IV,,
Boletín de la Real Academia de la Historia, LXVIII, 399). Enríquez del
Castillo, en su Crónica del rey .Don Enrique el Cuarto, dice en el capítulo XII, que lleva por epígrafe «Cómo el Rey tornó á entrar por la
Vega, é lo que allí sucedió,, lo siguiente: «Venido el mes de Abril,
que era el quarto año de su reynado ... se fué para Córdoba, é de allí
entró poderosamente en la Vega de Granada ... Donde vuelta la escaramuza muy brava, fué muerto un caballero de la Orden de Santiago,
que se llamaba Garcilaso de la Vega, varon de mucho esfuerzo é de
grand merescimiento. El Rey fué muy pesante, é se indignó de tal
guisa, que luego mandó hacer la tala muy crudamente, (Bi!JI. Aut. Esp.,
LXX, 107). Sin embargo, aun descontando el odio de Palencia por el
monarca, hay que recordar, por otro lado, lo que escribe el mismo
Puyo!: «Serla absurdo pretender que la crónica de Castillo es la obra
de un hjstoriador imparcial, (Loe. cit., pág. 412). El hecho de que Gómez t\Ianrique, pariente de Garcilaso, se exprese en la .Defunzion:
en nuestraJ vi gentes, 101piro1 e lloros ...
Lu nuestras gentes muy agro llorauan,

dando 1ospiroa e grandes gemidos...¡
Llorauan, plañiao parientes y ermanos ...

y diga en las estrofas dedicadas a las Obsequias:
Alli fue llorado su enterramiento
de íartoa parientes e de sus criados;
alli fue llorado delos mas onrrado■
de toda Ja corte con eran sentimiento...

NOTAS ACBRCA DBL ROMANCB «CBRCADA BSTÁ SANTA FB... &gt;

379

Deseo recordar que esta Encomienda de Montizón se ennobleció más tarde por haberla poseído una de las figuras suy, en cambio, no cite al Rey más que al pasar:
mas abreuiando diré toda via
como confeso antes que finase,
a Dios suplicando que lo perdonase.
Pues a él siruiendo delante 1u rey,
murio peleando segun nuestra ley,
no es de dudar que se no saluase,

(Ca11cu&gt;11ero, págs. 28-3 r)

da más visos de verdad a la narración de Palencia. Fijái,ctose en el proceso de la privanza de Miguel Lucas con el rey Enrique IV llega a
hacerse más seguro el testimonio unánime de los historiadores de que
el combate cuerpo a cuerpo del comendador de Montizón con el moro
haya tenido lugar en 1455, y la muerte de éste en 1458. La amistad entre
Lucas y el monarca era estrecha y antigua. ( «Después empezó á querer
bien á Miguel Lucas, que lo babia criado, y tanto lo amó que lo fizo Condestable de Castilla...», del Tratado llamado Repertorio de Prlncipes de
España, de PBDRO DB EscAvIAs, en Enrigue IV y la Excelente Señora, de
J. B. S1TGBs, Madrid, 191 :1, pág. 387). En la Crónica latina creo que aparece más claramente esta amistad que en la versión de Paz y Melia, que
resulta algo más pálida. En el capítulo III del libro III, hablando de los
Maestrazgos vacantes, se lee: cita ut Rex, velut esca hamis imposita,
cupidinem suorum irritare, tum uni tum alteri ex magistratibus alterum
polliceri, fovere lites, et primas partes fredioris familiaritatis expeti
ab omnibus studuit; sed seorsum prreferebat Michaelem Lucam, adolescentem infimis parentibus ortum, nec ideo posthabitum amore, verum quidem singulariter charissimum,. Y hablando de Valenzuela en
el libro IV, capítulo I: «Filius tamen opinatus favores indepisci gratia
forma: (nam pulcher erat) recusavit sure pueritire cursum, scilicet
lignatum ire onustosque asinos in urbem inferre, et Magistro Calatrava: obsequitur, ut libuit, gratiamque impetrat immodeste: bine
acceptus Regi, numero accedit dilectorum, at quidem in re turpi turpior aliis, nesciebat reticere tacenda, et arrogabat sibi ex summo vilipendio laudem, nec dignabatur alios, jam in lenocinio prius eductos
praeferri: hunc stolidum atque impudentissimum creteri haud prudentes et paulo minus impudentes odio habebant, maxime quoniam nihili
faciebat eos. Praecipue Michael Lucas, jam dudum prrelatus aliis regre
admodum ferebat quod homo levissimus parem restimationem pr.:esumpsisset adipisci et rancorem in fautores ingerebab. Pero al comenzar el año 1458 no era todavia condestable Miguel Lucas. El engrandecimiento de éste parece que procede de los deseos del Rey de
indemnizarle de ciertos malos tratos que sufrió después de un episodio de celos. El Rey empieza a mirar con buenos ojos a un joven, Fran-

�380

ERASJIO BOCBTA

premas de la lírica castellana, aquel «hidalgo de la oda a su
padre, que era uno de los contados escritores españoles de
que gustaba Bothewll Crawford, el extraño y simpático personaje de Baroja. Cómo Jorge Manrique la ocupó, desposeyendo
a Lucas, aparece en Palencia (Crónica, II, 361 y sigs.)
B) El hecho de su popularidad.-Fernando del Pulgar, que
le dedica el título XV de sus Claros Varones, le alaba calurosamente ( «Garcilaso de la Vega, Caballero de noble sangre é
antiguo, criado desde su menor edad en el oficio de las armas,
en la mayor priesa de las batallas tenia mejor tiento para facer
golpe cierto en el enemigo: é ni la multitud de las saetas, ni
los tiros de las lanzas, ni los otros golpes de los contrarios
que le rodeaban, alteraban su continencia para facer desconcierto en la manera de su pelear... ; pero no es menos de estimar el esfuerzo &lt;leste Garcilaso, el qua!, como viese que su
gente estaba en punto de se perder, fuyendo de la multitud
de los Caballeros Moros que los siguian, este Caballero, ofresciendo su vida por la salud de los suyos, tornó con grand esfuerzo á los enemigos, é tomado un paso, los impidió peleando con ellos tanto espacio, que su gente se pudo salvar que
cisco de Valdés, que huye a Aragón; pero que es detenido, metido en
prisión y visitado con frecuencia por D. Enrique, cde lo qual Miguel
Lucas era mui mal contento, y partiose de la corte• (Adición A de la
Relación, pág. 495). El Rey ordena que lo prendan, y clo mandó poner
en una torre del alcázar, donde estuvo bien dos meses, de donde lo
sacó á veinte y cinco de marzo, haciéndole aquel dia•varon de torneo
y Conde y Condestable, y Je dió la villa de Agreda, y las fortalezas de
Baraton y Vozmediano, todo en un dia, las cuales dignidades se cree
no haber sido dadas juntas así á hombre del mundo, en un dia en que
todos los grandes del reyno fueron mui maravillados y mal contentos•
( Relación, lugar citado, pág. 496. Véase Memorial, pág. 17). Claro que
reconozco que la lógica falla en el reinado de Enrique IV, y que, de
.hecho, antes de 1458, era ya cMiguel Lucas su criado y leal servidor
y su chanciller mayor é del Consejo, é su alcayde de las ciudades de
Jaen y Alcalá la Real• (Relación, pág. 8); pero hay que suponer que la
adquisición de cargo tan importante como la Encomienda de Montizón
,por el hermano de Miguel Lucas, fuese posterior a este golpe de próspera fortuna que se exterioriza con la fastuosa y teatral ceremonia con
la q ue se abre la Relación tantas veces citada.

NOTAS ACERCA DBL ROlltAKCE &lt;CERCADA ltSTÁ SANTA FE... &gt;

381

no peresciese» ). Y añade: «Este Caballero era hombre calla&lt;io, sofrido, esencial, amigo de efectos, enemigo de palabras,
é tovo tal gracia, que todos los Caballeros de su tiempo
&lt;iesearon remedar sus costumbres» (págs. 1b2-103).
C) El parentesco muy estrecho con el Garcilaso del tiempo
de los Reyes Católicos. - Fernández de Oviedo (Loe. cit.) escribe: «Y esse Garcila~o, comendador de Montizon, pienso yo
que fué padre ó abuelo deste Garcilaso, comendador mayor
&lt;le León, de quien tratamos.» 1,J:erece señalarse la creencia
que existía de que el Garcilaso, de quien nos ocupamos en la
primera parte de esta nota, era hijo ldel comendador de Montizón. Entre los documentos remitidos a Fernández .de Navarrete desde Simancas, que ya he mencionado, se habla de un
albalá de 20 de diciembre de 1471 en que el rey D. Enrique N hace merced al que va ha ser embajador en la corte
&lt;le Alejandro VI (¿se referirá este documento a otro Garcilaso,
de Écija, al que me voy a referir luego?; lo sospecho así) de un
juro de 40.000 maravedís «en atenció!l á los muchos servicios
que su padre Garcilaso había hecho cuando el mismo Rey estuvo sobre la ciudad de Baza contra los moros, haciéndoles
muy grande sangre é estrago en el combate, donde a presencia del Rey fué herido de una saeta de que murió» (Fernández de Navarrete, Loe. cit., págs., 197-198). Ya el mismo eru&lt;iito, en una nota, lo cree «una errata manifiesta», y se pregunta qué relación hay entre el Garcilaso que muere en Baza y el
«cisne de Toledo», cosa que «pueden averiguar los genealogistas» (pág. 198, nota).
Un admirable genealogista, Luis de Salazar y Castro, lo
había ya averiguado. Articulando datos que se hallan en diferentes partes de su Casa de Lara, nos hallamos con que el
comendador mayor de León y embajador de los Reyes Católicos cerca de Alejandro VI «era hijo de Pedro Suarez de Figueroa, Señor del Cañaveral y Santurde, y de Doña Blanca
de Sotomayor, Señora de los Arcos y Botova : el hermano
1 Corríjase el error de Abarca, que llama al embajador e hijo de los
condes de Feria•, fol. 318 fl. No era más que sobrino carnal.

�382

BRASNO BUC.BTA

1

de D. Loreni;;o 1. conde ele Feria&gt; (II, 6or). Ambos, D. Lorenzo y D. Pedro, eran ~jos de «Gomez Svarez de Figueroa
1. Señor de Feria... del Consejo del Rey D'onJuan II. y Mayordomo mayor de la Reyna Doña Catalina su madre&gt; y de
D.ª Elvira Lasso de Mendoza, que habían contraído matrimonio en 1408. De esa unión nacieron varios hijos. Además del
primer conde de Feria y del D. «Pedro Svarez de Mendoza
Señor de Santurde ... y de muchos Lugares ... que es progenitor de fos Condes de los Arcos, y de Añover, los quales prefieren a su apellido de Figueroa, el de Lasso de la Vega» 1.
hay otro, que es: «Garci Lasso de la Vega, Comendador de
Montii;;on en la Orden de Santiago, que muria a manos de
los Moros el año 1456. y tiene muy ilustres descendientes en
Ecija» 2 (cfr. para todo esto m, So6).
Resulta, pues, bien claro, que el Garcilaso del tiempo de
los Reyes Católicos, como hijo de D. Pedro Suárez de Figueroa, o de Mendoza, era no descendiente directo, sino.
sobrino carnal del valeroso comendador de Montizón, del

NOTAS ACBRCA DBL RONANC.B «CBRCADA BSTÁ SANTA FB.•• &gt;

383

tiempo de Enrique IV; y el «cisne de Toledo» era, consiguientemente, sobrino segundo de éste.
Todos estos factores pudieron haber dado lugar, con añadimientos un tanto fantásticos 1 - y no creo que mis razones
se quiebren de puro sutiles -, a que brotase la leyenda que
origina éste que califica Milá de «buen romance, inspirado, sin
duda, por una tradición que refería la hazaña de Garcilaso»
(De la Poesía heroico-popular castellana, en Obras completas,
VII, 319).
Más que los honores que el rey Enrique IV había negado
a esta familia, se los concedió a un pariente bien próximo del
campeón cristiano, muerto valerosamente en Baza, el anónimo
poeta, embelleciendo una acción que refloreció más tarde en
el teatro de altos ingenios; que no en balde dicen los famosos
y apócrifos versos, atribuídos a Carlos IX de Francia,
Tout deux également nous portons des Couronnes;
Mais, roy, ie les re~ois, Poete, tu les donnes.
ERASMO BucETA.

1

Estos cambios de apellidos dificultan un tanto las cosas. Aquí
aparece el D. Pedro, cuya identidad no tiene duda, unas veces mencionado como Suárez de Figueroa y otras como Suárez de Mendoza. En el texto se observará que los tres hermanos, D. Lorenzo,
D. Pedro y D. García, se encuentran citados con apellidos que son
diferentes entre sí.
1 Recuérdese que en la versión de Lucas Rodríguez (DullÁN1 Ro#UZIICero, 1120) se hallan los versos:
Luego habló un caballero, de Ecija se ha nombrado:
Garcilaso ha por nombre, de linaje muy hidalgo...

Y téngase en cuenta que Salazar, basándose en la «Carta de dote; y
arras que Don Garcia Manrique, despues m. Conde de Ossorno, otorgo a Doña Juana Enriquez• (IV, 173 y sigs.), nos dice que D. Garda
hizo «pleito homenage de guardar, y cumplir las clausulas de aquella
escritura, en manos del honrado Cavallero Garci Lasso de la Vega,
vecino de Ecija, que era hijo del otro Garci Lasso Comendador de
Montizon (que murio en la Vega de Granada) hermano del 1. Conde
de Feria, y de Doña Beatriz de Figueroa• (I, 633). Quizá a éste se refiera el albalá de Enrique IV de 20 de diciembre de 1471 1 anotado por
Navarrete.

Universidad de California.

1
La superposición de elementos procedentes de la vida de Garcilaso, el embajador, halla, creo, acogida eq otra versión del Romancero (Durán, 1 u3). Al finalizar la reina le dice:

Solo esto os doy de mi mano, y 01 prometo por quien soy
de teneros en mi corte en po1esion del mejor.

Lo que alude acaso a los grandes honores y a los cargos de confianza
que los Reyes Católicos le confirieron en época más avanzada de su
vidd.

�PER LA FORTUNA DI DUB OPBRB SPAGNOLB UI ITALIA

PER LA FORTUNA DI DUE OPERE
SPAGNOLE IN ITALIA
«LA CELESTINA&gt;

Benedetto Croce, parlando della fortuna della Celestina in
Italia, ebbe ad affermare che nessun influsso esercitasse essa
sui nostri scrittori del secolo XVI 1• E in massima si puo convenire col!' illustre maestro, ma tanto le numerase traduzioni
del capolavoro del quattrocento spagnolo 2, come l' affermazione esplicita del Giraldi 3 , ci fanno dubitare che l'esclusione
precedente sia troppo assoluta. E veramente uno studio assai
particolareggiato della commedia italiana dei primi anni del
Cinquecento, ci ha convinto che il dubbio era giustificato. Si
tratta veramente di una commedia italiana non conosciuta
nel 1896, ma non crediamo pero che sia la sola in cui si possa
scorgere qualche traccia della Celestina. La commedia di cui
parliamo si intitola 1 due felici rivali, dello storico fiorentino
Iacopo Nardi, ed e notevole specialmente perlo studio della
evoluzione del tipo di soldato fanfarone, che e il piu antico
che compaia nella commedia dotta, precedendo a quello della
farsa di Venturina da Pesaro di una quindicina di anni. Esso
si chiama Trasone come quello terenziano, ma contrariamente
a quanto si potrebbe credere, di terenziano ha ben poco, e
meno ancora di Plautino.
1

CaocB, l?icerclze Ispano-Italiclte, Napoli, 1896.
La prima volta fu tradotta nel 1 505 da Diego Ordoñez, nato ispan o, come dice la dedicatoria alla principessa Fregoso, e fu ristampata
piu volte fino al 1555.
' G. B. G11u.Lo1, Discorso sulle tragedie, ecc. Milano, Daelli, 1864,
pag. 99·
2

385

11 suo prototipo e invece nella Celestina, da cut il Nardi
deriva i tratti caratteristici del suo eroe.
Tutti ricordano la scena in cui Centuria, noto tipo di bravaccio della tragicomedia espagnola, braveggia al cospetto di
Areusa, che vuol commetergli l' uccisione di Calisto 1. Fra le
altre bravate ricorderemo, per esempio, quelle ad esaltazione
di sé e della sua spada : «Si mi espada dixesse lo que haze,
tiempo le faltaría para hablar. ¿Quién sino ella puebla los más
cimenterios? ¿Quién haze ricos los cirujanos de esta tierra?
¿Quién da de contino que hazer a los armeros?... Veynte años
ha que me da de comere. » E finalmente prega Arensa di scegliere quale specie di morte vuol dare al suo nemico, perche
«ha vn repertorio en que ay sieteciento y setenta especies de
muertes».
ll Nardi segue assai da vicino il modello, tentando di liberarsi per un momento dalla tutela dei classici e dare un nuovo
tipo di soldato fanfarone. Al suo eroe mette anche lui in bocea
queste vanterie 2 :
Li armaroli ed i chirurgici e i becchini
a questa franca et onorata spada
rendon, sacrificando, onor divini,
Et iusto e che cosi la cosa vada,
porgendo questa guadagno a ciascuno
di lor, quanto a ciasun di loro aggrada
Ma io so ch' io sarei troppo importuno
se io volessi ora di questa parlare,
e pria la nocte il ciel farebbe bruno,
lnsomossa questa mi fa riguardare
qucsta mi fa honor 3, questa mi dona
'()enti anni son, da bere e da mangiare.
Lassamo stare adesso dir dei morti
quai non posso contar ma grassi sono
dintorno ai tcmpli i cimiteri e gli orti

BRNRDBTTO

1 Atto XVIII, scena II. Comedia de Catisto y Metibea, edic. FritzHolle, in Biblioteca l?omanica, Strasburgo, pag. 246.
2
Atto III, scena II.
3
Vedi in Celestina: cper illa soi temido de ombres i querido de
mugeres,.

�P. MAZZEI

&amp;icento sjede e jiu di morti dono
a l' inimici come fa mestiero
de quali adesso un libretto comjono.

Pl!.R LA .FORTUNA DI DUK OPERB SPAGNOLB EN ITALIA

•

Come si vede non e essagerato dire che a volte piu che
imitazione si ha vera e propria traduzione delle parolc della

Celestina.
Fuori di questo pero il Nardi ha preso assai poco dalla
commedia spagnola, tutto intento a copiare la vita quale si
trova nei comici latini. Tuttavia ci pare che si tratti ancora di
influssi celestiniani nella scena IIIª dell' atto IIIIº in cui Callidoro, padrone di Trasone, va al convegno notturno in casa
dell' amata, introdotto anche qui dalla serva compiacente. A
guardia alla porta resta Trasone con due coropagni una dei
quali e zoppo come uno degli amici di Centurio. Rimasto solo
il fanfarone si rivelta per quello che e realmente ricordando
ai compagni che il suo costume ·
fu sempre adoperar prima i calcagni
e poi la spada. E pero s' egli accade
ciascun del campo quanto piu guadagni.

Ed infatti udendo rumore di gente che si avvicina esclama: Fuggiamo, ecco qua gente colle spade.
Una scena simile, quantunque assai piu comica, si trova
nel XII atto della Celestina in cui Calisto che va anche lui al
convegno, lascia a guardia i due servi Parmeno e Simpronio 1 •
«PEPITA JIMÉNEz»

Arnaldo de Mohor, in un suo scritto sul Cavallotti 2, piu
encomiastico in verita che critico, assed l' originalita del Cantico dei Cantici, dicendolo ispirato dal caso di un tal padre
Ceresa. Egli cosl prendeva alla lettera l' affermazione del Cavallotti stesso, che da quel caso lo diceva ispirato. Ma chi conosce la scarsa originalita della rimanente operara letteraria
1

Pags. 194-195.

t

ARNALDO o:&amp; MoHoR,

La vita e le opere di Fe/ice Car,allotti, 1893.

cavallottiana, non puo non dubitare della veracita di questa
.affermazion.e del poeta di Milano, quantunque per vera sia
:stata accettata durante il pandemonio che la publicazione del
Cantico dei Cantici suscito nell' ambiente cattolico nostrano.
E in vero il breve scherzo drammatico, nella concezione almeno, non e opera originale.
Certo che agli avversari politici e religiosi del Cavallotti,
nel 1880, non poteva nemmeno passar per la mente che le
fonti del Cantico si dove sero anclare a cercare tauto fuori dell'ambiente letterario abituale al poeta ed ai lettori di aJlora.
Si trattava niente meno che di un romanzo spagnolo, di cui
era autore un grande amico del!' Italia ed un buon conoscitore
·
della nostra letteratura, D. Juan V alera.
II romanzo aveva incontrato grande favore in Ispagna, e
nemmeno da noi passava del tutto inosservato. Si trattava di
Pepita Yiménez, romanzo che in Italia vedeva la luce nella traduzione di D. Rubbi, nel giornale La Perseveranza 1, giornale
accanitamente avverso al Cavallotti. Tale pubblicazione avveniva ne! 1875, e il Cantico dei Cantici, veniva composto, come
avverte lo stesso Cavallotti, nel 1880 2.
Identico e 1' argomento dei due !avori, che si impernia in
torno al grave problema del celibato del clero, di cui essi
risolvono due casi e non gia il problerµa generale, come invece
crede il De Moho per il Cantico.
Nel Cavallotti un collegiale, Antonio Soranzo, come in
Pepita D. Luis, alla vigilia di prendere gli ordini, si reca a casa
di uno zio, mezzo ateo e molto burbero, poco piu o meno di
D. Pedro de Vargas.
Nella casa dello zio il giovane collegiale trova una bella
cugina, Pia, con cui rimane solo per tutta una mattina, finendo
coll' innamorarsene e rinunziare per essa alla sua vocazione.
Come si vede el motivo, nelle sue linee essenzi e identico a
1

Vi si pubblicava in r8 puntate dal to agosto al 3 settembre 1875.
in prefazione al Cantico dei Cantici: cnell'autunno
del 1880 mi si affaccio l'idea di q uesto Cantico, (pag. , ). 11 Cantico e in
Opere, vol. II, col titolo «II Cantico dei Canfici, scherzo poetico in un
atto in versi martelliani,.
2

CAVALLOTTI,

�P. lllAZ%BI

quello di Pepita; simili sono pure i tratti caratteristici dei principali personaggi: Antonio e come D. Luis
Ardente, gagliardo, battagliero,
Rustico, senza smorfie, entusiasta, fiero,

per cui i due vecchi si rammaricano ugualmente che la loro
casata vada a spegnersi in una tonaca.
Ideale comune ai due giovani e quello di essere due soldati della fede, della carita, dell'amore (Cantico dei Cantici,
pag. 34) vagheggiano tutti e due la riforma del clero sebbene
Antonio solo in un modo vago e senza oggetto ben determinato, mentre quella di D. Luis si concreta nella riforma del clero
spagnolo.
Della bellezza femmini!e si sono tutti e due foggiati un
ideale nel silenzio delle loro celle; l' ideale di Antonio pero sa
di morboso e di retorica. Tutti e due, strana combinazione.
vedono subito che la donna, che sta loro davanti, risponde a
maraviglia al fantasma di bellezza muliebre che essi avevano
nella mente, per cui Antonio, alla domanda di Pia se essa somiglia a q uel suo ideale, esclama : « Ma voi le somigliate•
(Cantico dei Cantici, pag. 58) 1•
E non solo le due donne rispondono ai fantasmi dei due
collegiali, ma si somigliano nei tratti essenziali; quel che piu
risalta in loro ugualmente sono i capelli biondi e gli occhi azzurri (Cantico dei Cantici, pags. 56-57) 2 •
A tutto questo aggiungasi il ricordo de la Sulamita e quello
del Cantico dei Cantici che puo aver suggerito al Cavallotti
l' idea d' inserire versi del Cantico di Salomone ne! suo scherzo,
nonche il titolo dato al piccolo dramma 3 , e dovrerno convenire che non sono pochi i punti di contatto fra i due lavori,
per pensare ad un incontro fortuito.
Peccato che i pregi artistici del romanzo spagnolo non

P&amp;R LA FORTUNA J&gt;J JIU&amp; OPIIU SPAGMOL&amp; XN ITAU1

389

sia~o passati nel Cantico del Cavallotti. I personaggi di questo
u!bmo parla~o e si muovono, ma non vivono; nella loro coscienza non e e lotta, né fremito di passione; sono esse creature
~~ticcie, pallide, sentimentali, del tardo e degenere romanticismo. Ad Antonio messo accanto alla cugina1 avviene come
alla paglia messa accanto al fuoco. Egli non ha vocazione ma
u?' edu~ione falsa, una cultura appiccicaticcla che gli d~nno
~tu ~anattsm~ ch: ardore religioso, cosicche rinunzia ai suoi
1deal1 senza rtmp1anto e senza rimorso.

P.

MAZZEI.

Camaiore.

3
Pepita 'Jiménez, en Obras completas de 7uan Valera, tomo IV, pagina 221.
1 Idem, pags. 60 e 62.
2 ldem, pags. 132 e 222.

TOMO

IX.

26

�I
MISCELÁNEA

ESP. «VANISTORIO»
M. Segl explique ce mot par vano (vaniloquio, et~.)+ historiar 'embellir une histoire' (Zeitschr. f. rom. Phi!., 1922,
p. 108). Je me permets d'attirer l'attention de l'auteur sur le
parallélisme exact entre vanistorio 'vanterie' et 'vantard' avec
vejestorio 'vieillerie' et 'vieillot', mot que l'on n'e~p_lique~a ~ue
faute de mieux par viejo+ historiar (cfr. une vzezlle hzstoire,
ein; alte gesclzichte, etc.). Je pense plutot a une dérivation calembourdiere de vano (vani-loquio), viejo (vej-ez) se greffant sur
des mots savants ou sortis de l'usage comme consistorio (qui
signifie encore 'en algunas ciudades y villas de España, ayuntamiento o cabildo secular'), faldistorio 'siege de l'éveque'.
Comme les Soties du Moyen-age parodiaient les fonctions
lithurgiques et les dignitaires ecclésiastiques, de meme la
Jangue peut ironiser les mots sacrés; l'adjonction d'un suffixe
ou préfixe usité dans un mot d'église a un mot banal peut,
tout en évoquant Je milieu de J'église, ridiculi~er le mo~ ~obl~.
Ayant a former un collectif ('tas de choses va1~es ou v1e1~l~s ),
Ja langue a affublé vano, viejo de la termina1son fanta1s1ste
-estorio -istorio (j'employe le mot « terminaison » comme
M. Meyer-Lübke son terme «Wortausgang» au li~u de «~uffixe» ), de la meme fac;on que podrir du suffixe -ono (podrigorio) qu'elle trouvait dans des termes Jithurgiques comme
casorio, mortorio (cfr. mes remarques dans Neuphilologische
Mitteilu1zgen, 1913, p. 157, et l'assentiment que
T:i11gren_ a
exprimé dans la meme revue, 1914, p. 85). Podrt?on_o, vanistorio, vejestorio ont done acquis par Jeurs termma1sons (ou

1:·

MJSCBLÁNBA

39 1

suffixes) une fausse dignité, un air quelque peu prétentieux et
hiératique, une pompe désavouée par le sens meme des mots
en question. La langue·a dépeint par une sorte de caractéristique directe Je vaniloquio en fournissant par le mot meme un
exemple de vaniloquio, en forgeant un mot vide de sens, mais
sonore, un mot-bluff; cfr. arclzipámpano avec Je préfixe archiévoquant un haut foncionnaire. La dualité theme-désinence
{ou préfixe-theme) existant a 1'intérieur du mot, dualité qu'a
tres bien mise en lumiere M. Rozwadowsky, Wortbi/dung imd
Wortbedeutzmg, 1904, permet selon le cas de faire contraster ou concorder sémantiquement les deux parties d'un
mot (cfr. pour la «concordance sémantique» le port. latinório
'mauvais latin', ou l'on a ajouté au mot signifiant 'latin' la
désinence représentative xat' iEoxf¡11 du latín). Le sens collectif
et déprétiatif 1 que j'ai supposé en traduisant vejestorio, vanistorio par 'tas de .. .' concorde parfaitement avec le sens de C01lsistorio 'assemblée' etfaldistorio 'vieux meuble' et aussi avec
podrigorio qui avant l'acception 'persona llena de achaques'
aura eu un sens collectif. ¡Qué podrigorio de 1nu,_jerl que je cite
Biblioteca arclz. rom., 11, 2, p. II3, se traduirait tres bien en
franc;;ais par quelle pourriturel, que/le roulurel 2•
La parodie (scénique, verbale ou autre) ne peut naitre que
1 MoREIRA, Estudos da lingzta portuguesa, II, 161, a déja écrit a
propos du suffixe parallele du portugais: «o sufixo -ório, que dá ...,
&lt;¡uasi sempre, sentido depreciativo aos substantivos e adjectivos que
forma, e que sao colectivos ou aumentativos». Comp. encore basque
Jaudorio 'louange', ondorio 'succession' (de onda 'souche'=lat.fundus),
et deithore 'complainte des morts'. Pour ce dernier M. Schuchardt
o'ose pas reconstruire un *dictorium, (Zeitsclw.f. rom. Phi/., 30 5)1
pourquoi pas, étant donné mort(u)orjor
t Pour le -g• de podrigorio cf. le roum. putrega'íu 'pourriture'. L'italien nous fournit une formation analogue a vejestorio, vanistorio :
&lt;:'est piagniste(r)o 'complainte de mort, lamentation ennuyeuse, personne larmoyante' formé d'apres ministero, misterio, etc. (ce mota influencé cimitero: grado. Zimisterio, Salvioni, RDR, 2 1 96), De méme
d'apres ceremonia, etc., il y a daos les parlers portugais, catalans et italiens des formations analogiques du type de tras-os-montes. gatimónias 'gatices' (voir Lexikalisches aus dem Katal., p. 96).

�NISCBLÁNU

IIIISCSL.4:NBA

la ou le complexe d'idées parodié jouit d'un certaine notoriété, d'une répercussion puissante dans la vie morale d'un
peuple: l'ascendant que l'église a toujours eu et a encore en
Espagne sur !'esprit populaire explique et le caractere sacré
qu'ont les mots touchant de pres ou de loina la religion, et la
parodie qui accompagne partout et toujours l'intimité (voyez
sur ces deux aspects des mots sacrés en espagnol, Literaturbl.,
1921, col. 86 suiv.). La désinence parodique -(ist)orio est la projection linguistique d'un fait de civilisation. De meme, le rnilieu
médica!, qui a son langage secret a lui, a fait germer toute une
floraison de mots facétieux formés sur les types morphologiques en usage dans ce milieu savant: le suffixe port. -eima (toleima, guloseima) a été, selon la tres vraisemblable explication
de Moreira, loe. cit., détaché de freima 'phlegma', ali. -itis
(Rederitis de reden •faconde', alias MauldiarrMe, d'apres Diplitheritis, etc.), et cette formation parodie le jargon des disciples
d'Esculape. Le milieu mondain des amusements parisiens a produit vers l 8 22· I 82 3 une désinence -(o)rama: froitorama, soupeaurama, d'apres panorama, devenu moderne acette époque 1•
S'il y a quelque lei;on générale a tirer des lignes qui précédent, c'est a coup sor celle de la nécessité pour le linguiste de
ne pas seulement envisager le c6té historico-constructif dans
la formation des mots, mais au contraire de se rendre compte
des milieux dans lesquels écl6t un type morphologique et des
·intentions stylistiques plus ou moins conscientes de l'individu
parlant qui forme pour la premiere, fois un nouveau mot. Le
probleme de la «Wortbildung als stilistisches Mittel» qui me

préoccupe depuis mes «juvenilia&gt; (1910) n'a su encore - je
regrette de devoir le dire-ni attirer l'attention des romanistes ni s'introduire dans les manuels 1 •

39 2

1 Aux données de Darmesteter (Mots nouveaux, p. 244) je peux
joindre un texte allemand, «Paris, um 1825•, ou on lit a la p. 23: «Georama, etwas ganz neues, erst vor drei Tagen eroffnet, das müssen wir
sogleich sehen. Diorama: das soll etwas sehr Ausgezeichnetes seyn,
und für Malerei cine der schonsten Erfindungen neuerer Zeit. Panorama, drei Zettel neben einander, Rom, Amsterdam, Constantinopel.
Uranorama, etwas Neues. Europorama, Altes mit neuem Namen, Guckkastenbilder von Herr Suhr : haben wir in Berlin gesehen, nur ohne
den rama Anhang.• Malheureusement l'exemplaire de cet opuscule
que je possede ne porte ni date de publication ni nom d'auteur.

1

393

• M. Segl glisse vraiment trop vite sur la divergence de sens que
présente alpañata 'pedazo de cordobán'.•. et bravata, cabalgata, cami~1ata, repasata, qui sont tous abstraits comme les formations en -ada.
J'ai parlé de ce -ata emprunté de l'italien et désignant quelque action
imprévue, bizarre, lég~rement bl1mable dans le Literaturbi., 1914,
col. 2091 210, et j'ajoute encore arag. escupinata 'escupitina'. M. Car!
S. R. Rollin ne semble pas parler de ce suffixe daos son «Étude sur
le développement de sens du suffix:e-ata•. •-De méme M.S. ne se rend
pas compte de l'existence d'un sufiix:e (ou infixe) avec •f- en esp.: desmandtifar, desmando/ar 'destripar una res' est selon lui (animalia) mundafacere (pourtant le type *ca/far manque sur la Péninsule Ibérique!)
Mais ce verbe ne serait -il pas mond-(mondongo, mondejo) avec le suffixe
de piltrafa, matarife, engaiiifa (mure. el{gaiiufa), alemtej. farójia 'impostor, vanidoso' (d'apr~s b=Jia, embó/ia 'id'). L'origine de ce suffix:e
m'est inconnu: le cat. esp. butifarra 'mondejo' doit se décomposer en
/Jot- if·, cfr. botíjler, botinjlat 'boursoufflé', 'bourré', done bot-+ inflare.
Oo pourrait concevoir la succession *botija (&gt;butifarra) &gt; *mondiJa, • ,nondufa, piltrafa&gt; engaiiifa, enga1iufa (cfr. fr. bourrer Je crdne
a qc., etc.). Le u peut s'expliquer par un ujlar attesté en anc. provencal
(cfr. umplir, etc.) ou comme dans cat. esc:t1idufar = escaldar+ atufar.
L'anc. et moy. francais connait aussi un suffixe argotique -oujle (voir
PHtLIPOT, Le stt1e et la tangue de Noel d11 Fail, p. 153: retentoujle 'faculté
retentive', ermoujle, ltermojle 'ermite', parouJU 'paroisse', auxquels
j'ajoute aristoffe 'maladie vénérieone', de aristocrate; SAucúN, L'argot
anden, p, 50) - i l sera abstrait de pantoujle, dial. bedouffe, guet/Qujle,
boursoufjler, etc.-M. Leite de Vasconcellos, qui décompose déja tres
justement le port. botifarra en bot-if-arra, cite un suffixe port. -ijo,
-epo, -op, -apo (folijo •fole pequeno', folhepo 'floco', de folha, engul-ijar, corn-ijo, fi-apo de jio, escorripickar 'deixar escorrer até o fim' (Rot11ania, 48, p. 1:n), sans l'expliquer. Selcin mon avis, tous ces mots se
rattachent a/arrapo 'harapo' (REW, 3173, s. v. falup¡a), mot dont les
variations de forme pullulent en port.: fa/hijo, fa/rijas, /arrijas, farroup(ilh)a. Le seos diminutif s'explique par l'idée de 'lambeau, fragment' (cfr. avecfarrajo,jiapo •fil mince'). Le verbe escorropichar sera
issu de escorrojicko 'residuos de un líquido, últimas gotas' (= escorraiko), done de l'idée de 'reste'. Le port. gal(ar)isjo 'petit coq' cité
par M. Leite de Vasconcellos comme représentant unique d'un suffixe
-isj- sera déformé de beira. galaripo 'rapaz que já pretende namorar;
gallo, elevacao na testa ou na cabe~a, por pancada', qui s'ajoute a la

�394

YISCEÚNEA

Sur le suffixe -orrio (=-ario+ -orro) cfr. Bibl. arclz. rom.~
loe. cit., et Unamuno (RFE, 1920, p. 355). Ce dernier explique le rr par voie phonétique, opinion combattue avec raison
par M. Castro: a c6té de -orrio i1 y a -ttrria dans angurria que
M. Unamuno énumere a torta c6té de babttrria et qui doit etre
le gr.-lat. stranguria (cfr. port. estangttria, esp. estangurria,
qui n'a rien a faire avec *stagnicare, comme le veut Hanssen,
Gram. lzist. esp., p. 154) et meme un *-errio dans le catalan de
Cerdagne: camperri, fumerri. M. Krüger Zeitschr. f. rom. Phi!.,
1921, p. 716, a raison de ne pas accepter l'explication (-erium &gt;
-eri, suffixe savant) que j'ai donnée Literatztrbl. f germ. u.
rom. Phi/., 1915, col. 367: c'est -eri savant de monasterí, cementeri, miqueri, etc.+ -arra, -orro, -urro qu'il faut combiner
ou, autrement dit, d'apres le -,;ria d'une part, les couples -orí&lt;&gt;
-orrio, -ario -arrío de l'autre, on a formé un *-errio. I1 ne sera
pas trop téméraire d'admettre un -ária savant (comme -ório),
productif en catalan et en sarde, comme je l'ai fait dans mon
travail Lexikalismes aus dem Katalanischen, p. 16, ou j'ai cité
des mots modeles, comme cat. caldária, llunária,pregária, etc.
ll n'est done pas nécessaire de remonter a un suffixe préroman avec M. M. L. W agner (RFE, 1922, p. 248). - LEO
SPITZER.

Umversidad de Bonn.

liste des diminutifs en -ij-. Le catalan présente encore un corrljús
•diarrhée'. Les cas de -if- et de -ij- son congéneres: il suffit qu'un mot
ait une nuance émotive ou qu'il frappe l'imagination pour que sa terminaison s'extende a d'autres mots apparentés sémantiquement.- Je
fais remarquer que l'étymol~gie de M. Segl, p. 100: escullador 'cierto
vaso de lata en los moJinos de aceite'=got. skubla (ali. Schaufel) est
fausse. Escullador est tout simplement escudellador (de escudilla=sc u·
te! la), cfr. salam. escui!la 'escudilla. Dkese, con aféresis dental, en la
Armuña', escullera 'Escudillera' (Lamano) et prov. mod. (Montpcllicr)
esculla a cOté de prov. rnod. escude/a, escunla et anc. prov. esc11l!ier
-u!!on a cOté de escude!ier, escudelon.

MISCIILÁNli

395

DOIS ROMANCES PENINSULARES
Quando estive em Londres, em 1913, encontrei no Museu
Britanico urna miscelanea judaica do seculo xvn, da qual dei
noticia no meu Iivro De Campolide a Me/rose, Lisboa, 1915,
pag. 159 ss., e onde, coma aqui digo, havia dois romances populares, que copiei, um inteiramente em hespanhol, ou quasi,
o outro em Jinguagem mixta de hespanhol e portugues. Entendo que podem ter alguma importancia para os leitores
d'esta Revista, e portanto lh'os ofere1wo em edic;;ao diplomatica, lamentando corresponder so agora, e de modo tao frouxo,
ao amavel convite que o meu ilustre amigo e colega D. Ramón M:enéndez Pida], logo de principio, me dirigiu para colaborar nela:
I
&lt;YA SE PARTE ABRABAM, •• &gt;

Ya se parte Abraham,
partesc para los montes
donde Dios le ha cmbiado
a sacrificar su Jjo Ishack q era
[nomb.0 1•
Abraham hiua por el monte ariba,
lshack hiua mui 2 fatigado,
mucho más lo hiua Abraham,
por ser ja viejo pezado:
Hijo mio, hijo mio,
descanso de mi cuidado,
para mi plazer nacido,
para mi dolor criado:
Destoque vos quiero dezir,
no penséis destar turbado.
que Dios manda y ordena.
que seais sacrificado:
Pues que Dios assl lo quiere.
que se cumpla su mandado.
ala querida mi madre.
1

t
3

embiaredes de grado:
Dezilde que no se afliga.
en perder su hijo amado.
que el que muere por Dios.
en el Ciclo estoj coronado:
Jale biva a dar el golpe.
con su braso muy ayrado.
deciende def Cielo un angel.
de la mano lo ha quitado:
Tate, tate, Abraham.
tate, tate, Viejo honrado. [pago.
q Dios está de ty II contente y
Y tu cora1,ón 11 ya lo tiene bien
[prou.0 3 •
Toma dally Vm cordero.
entre las far1,3s atado.
[ficado.
q manda le den II al feñor facrifucsc Abraham a su caza II com su
[hijo mui consol.ado:

=nombrado.
Ete mui foi acrescentado depois.
=probado.

FINIS

�396

IIIISCBLÁNL\

IIIISCBLÁIIU

rr
e,\ CASAll VAY CAUALHBRO, .. &gt;

• 1•

A casar vay caualhero.
a casar como soUa.
los perros lheua cansados.
o falcao pirdido avía.

. 7.

Oje se acabaó os sete.
amanha {.ti&amp;) se acaba o d[a.
fe te plugier caualhero.
lheuame en tu companhia.
. 8.

Debaxo de Vn aruoredo.
muy alto en marauilha.
que el pie tenía de oro.
y la rama de plata fina.

Home lheua por muger.
home lheua por amiga.
home lheua por esclaua.
que niuy bien te fervira.

Y no más alto rincón II vi estar
(huna donze.ª
o cabelho de su cabesa II todo su
[ cuerpo cobría.
os olhos da sua cara II todo.
arboledo resplandesía.

Deixame ha ver conselho.
conselho de madre mía.
que ela era mujer viega.
bon conselho me daría.

• 4.

Apontoulhe coalanca.
para Ver o que dezía.
tate, tate, caualhero.
no fagais tal Vilania.

• 10•

Fuese el caualhero II a su madre
[lo dezía
muy cobarde fueste hijo II de muy
[g,d•
cobardía II se troxeras la yifanta.
yo por hija la quería.
• U•

! Que sou hija.
l del Rey de Fransia.
!de la Reina.
l Constantina.

Bolue el caualhero
a ynfanta ya es esseida
que su Padre la buscara
y en su companhia es ida.
•12•

Sete fadas me fadaron.
nos Bracos da madre minha.
que andais aquf sete annos.
sete annos e mais hum día.

Y se yo fuera alcalde
yo por mi me Julgarla,
matarame com mis manos,
pues la infanta perdía.

397

O 1º d'estes romances ou sacrificio de Isaac, nao posso
dizer se está inedito (pelo menos nao o encontro no Romancero judeo-espaiiol de Rodolfo Gil, nem noutros romanceiros
que tenho á mao); mas, apesar de estropiado, serve de complemento ao nº 31 do Catálogo del romancero judío-españo,
de Menéndez Pida!, Madrid, 1907, p. 33.
O 2º corresponde ao de La In/antina no Canciottero de
Romances de Antuérpia (seculo xv1), fls. 192 (cfr. Durán, I,
nº 295), e ao d-O Cafador em Garret, II, 23, e Th. Braga,
2ª ed., I, 238. Entre este romance e o, muito parecido, de
La lnfantina propriamente dita, que no Cancionero de Antuérpia, fls. 259, comec;;a por De Francia partió la nÍ1ia (pelo
que em Hespanha lhe chamam tambem La hija del rey de
Francia), e em Garret, II, 35, se chama A enfeitifada, ha por
vezes contaminac;;ao, como póde ver-se em várias versoes de
Th. Braga, 1, 230-237, etc. Acerca da contaminac;;ao cfr. M. Pelayo, Tratado de las romances, II, 519 ss., e D.ª Carolina Michaelis, Romanceiro peninsular, p. 165. O romance que aqui
publíco recebeu certa influencia do outro, pois nele exclama
a donzela: Tate, tate, cavalhero, 11 no fagais tal vilanía, como
no do Cancionero de Antuérpia, fls. 2 59, exclama a niña :
Tate, tate, cauallero, 11 no hagays tal vilanía; mas, ao passo que
oeste as palavras da niña procuram rebater o a,cometimento
de amores que o cavaleiro lhe queria fazer, no meu romance
as p~avras da donzela referem-se ao curioso acto de o cavaleiro apontar a lanfa. Tambem em ambos os romances diz
a menina que é jilha do rei de Fra1tfa e da rllinha Constantina.
Como os romances portugueses, na sua quasi totalidade,
derivara de romances hespanhoes (facto que está compensado
pela abundancia do nosso cancioneiro popular, ricamente original), nao admira que por vezes contenham palavras castelhanas : o 2º romance do presente artigo contém efectivamente muitas sob capa portuguesa, e tanto, que melhor seria
dizer que é apenas aportuguesamento de um romance hespanhol. Convem notar que ele reproduz um texto que foi copiado de outiva, o que bem se patenteia de andais por andase
(castelhano) ou andasse (portugués) no nº 6, e em home por

�llllSCELÁNBA

lllISCELÁNEA

ó me no nº 8. No nº II pode estar esseida por e:rida (esúda),

participio de exir cm castelhano antigo. coNCELLos.

J.

LEITE

DE

VAs-

GONZALO DE BERCEO Y EL OBISPO DON TELLO
Al preparar recientemente mi edición de los Milagros de
Nuestra Se1iora, de Berceo, para la colección de Clásicos Castellanos, prescindí casi en absoluto de anotaciones históricas y
geográficas por ser pocas y claras las alusiones de esta especie
que el poeta riojano hace en sus leyendas mariales. Hay, sin
embargo, un pasaje que hubiera querido aclarar; pero no
encontré entonces a mano los libros necesarios 1 . Me refiero a
la copla 325:
Ni ardió la imagen, nin ardió el flabello,
nin prisieron de danno quanto val un cabello,
solamiente el fumo non se llegó a ello,
nin nució más que muo io al obispo don Tello.

Esta ocurrencia de Berceo de citar al obispo Tel10, traída
por el consonante, sobre tener cierta gracia 2, podría ser un
dato para fechar la obra, puesto que el poeta habla en pre1

Consulté en esa ocasión, entre otras varias obras, la España Sagrada, valiéndome del perfecto Indice de esta obra, publicado por
González Palencia, Madrid, 1918; pero no se señala ningún obispo de
este nombre.
2
R. BscKER, Gonzalo de Berceos Milagros und ihre Grundlagen,
Strassburg, 1910, pág. 54, se limita a citar el número de esta copla
juntamente con los de otras varias en las que se encuentran rasgos de
humorismo. Esta copla, tanto como su anterior y su siguiente, responden al texto latino señalado como fuente de Berceo por el mismo Becker, que dice: clpsam vero ymaginem quasi expavescens omnino intactam reliquid ita, ut eciam velamen candidum, quod gestabat in
capite, odore fumi non valeret aliquatenus obscurari. Evasit eciam ab
igne alia una scopa de pennis pavonis iuxta fiabellum dependens, quoniam erat innixum ipsi ymaginh (Becker, pág. 69). En este estudio
hubiera encontrado M. Cirot, bastantes ejemplos de expresiones curiosas para añadirlas a las que con tanto acierto ha sabido clasificar en
el artículo aparecido en esta misma Reoista, 1922, IX, 154-170.

399

sente y la alusión estaba hecha para ser entendida por sus
oyentes y lectores contemporáneos.
Ahora, con más calma, he podido consultar la obra de
Eubel 1, y he encontrado cuatro obispos de este nombre: dos
de Palencia, uno de 1212 a 1246, y el otro de 1276 a 1278;
uno de Cuenca, de 1285, y uno de Braga, de 1280 a 1292 2 •
Hay que descartar a estos tres últimos, pues aun alargándole
la vida a Berceo más allá del año de 1264, que algunos de sus
biógrafos indican como el más avanzado de que se tiene noticia, sería rara la referencia a obispos de tan corta permanencia en sus diócesis. En cambio el primero ocupa la sede palentina más de treinta años, que coinciden con la edad plena de
D. Gonzalo, en que ha de suponerse que escribiría la mayor
parte de sus obras 3 •
Hay además un dato de más fuerza, y es que ese obispo
D. Tello firma documentos relacionados con la abadía de Silos,
tan unida con la de San Millán, a la que, en mayor o menor
grado, pertenecía Berceo. Estos documentos hacen comenzar
el episcopado de Tel10 en 1210, y por tanto ha de rectificarse
la primera fecha dada por Eubel ' ·
Trátase, pues, del obispo D. Tel10, que ocupó la diócesis
palentina desde 1212 a 1246. Contra lo que pudiéramos espeHierarcllia Catholica Medii Evii, Monasterii, 1913( !.
P. B. GA111s, Series Episcopornm Ecclesiae Catholicae, Ratisbon~,
1873, págs. 31, 60 y 94, y Biografía eclesiástica completa, Madrid, 1867,
1

2

XXVTil,475.
3 DoM M. F ÉROTIN, Recueil de charles del' Abbaye de Silos, París, 1 !!97;
consúltese el índice general, sub Tellius; pero advirtiendo que Férotin hace dos personajes de uno solo, ya que ,Tellius, Oxomensis episcopus» es el cTellius (et Tellio), Palentinus episcopus» de que trata•
mos; en Osma no hubo ningún obispo Tello, según puede comprobarse
en la obra citada de Eubel y, además, el texto de los documentos a
que refiere Férotin hablan claramente del obispo de Palencia, páginas 134 y 136.
' Deja de haber escrituras en la colección de Férotin después
de 1233, y no confirman ninguna escritura los obispos de Palencia
hasta 1255 en que lo hace Petrus (1255-1256); entre Tellius y Petrus
está el obispo Rodericus, que no aparece en los documentos publicados por Férotin, pero sí en Eubel.

�401

111SCIILÁNIIA

NISCIILÁllllA

rar, de haber sido más corto el episcopado de D. Tello, poco
podemos deducir para la fecha de los Milagros; únicamente
puede afirmarse que esta obra se escribió antes de 1246.-

maestro GQnzalo de Correas, Madrid, 1906, no aparece, exactamente esta sentencia apodíctica que hallamos en la colección atribuída al marqués de Santillana; pero sí nos encontramos con otras que revelan la misma intención, y en las que
persisten uno u otro de los nombres propios en ella mencionados («Con lo que Sancha sana, Marta cae mala»; «Con lo
que Pedro adolece, Sancho, o Domingo, convalece»; «Con lo
que Pedro sana y convalece, Domingo adolece»), lo cual nos
muestra cómo, aun en tiempos bastante posteriores, estos
nombres siempre han perdurado unidos al pensamiento que
ese refrán ha querido expresar. La contraposición de Sancho
y Domingo, y sus femeninos, no tiene, pues, en mi opinión
nada que ver con la doña Domenga de la donación al Cabildo
d Burgos, sino que es pura y simplemente de un origen pa7
remiológico, lo cual nada tiene de extraño dado el carácter
de la musa del ingenuo monje de la Rioja.
Pasemos ahora a otro punto que acaso ofrezca carácter
más discutible.
En la Segunda comedia Celestina, de Feliciano de Silva 1 ,
Pandulfo saca a colación un refrán del mismo tipo: «y bien
dice el proverbio: que con lo que Juan adolece, Sancho y Domingo sanan; así que mi amo doliente y más que Juan, en sus
amores, como él adolece, sana a Sancho y Domingo, que somos yo y Celestina», y más adelante, págs. 238-239, «y como
dice el proverbio, con lo que Sancho adolece, Domingo y
Martín sanan; que quiere decir, que con su mal alcanzamos
tú y yo el principio de la salud».
Como se ve aquí, Silva expresa una idea realista, de directos causa y efecto : la desdicha del uno trae como consecuencia inmediata la felicidad del otro. Quizás fuese más atinado el
tomar '1n punto de vista de un carácter más abstracto, y afirmar, como lo hace el Diccionario de la Academia, que este
refrán «enseña que no todas las cosas convienen a todos». En
tal caso podríamos reconocer que Berceo oponía a esta actitud relativista una de índole perentoria, la que vendría a en-

400

A. G.

SoLALINDE.

UN DATO PARA LOS «MILAGROS» DE BERCEO
En esta obra, en la estrofa 38, se lee:
Non es nomne ninguno que bien derecho venga,
que en alguna guisa a ella non avenga:
non a tal que raiz en ella non la tenga,
nin Sancho nin Domingo, nin Sancha nin Domenga 1•

Don Rufino Lanchetas, en su libro Gramáti,ca y Vocabul~rio de las obras de Gonzalo de Berceo, Madrid, 1900, pág. 301,
explica estos versos así:
«No hay nombre alguno ilustre que no tenga su fundamento en María Santísima, ya se llame Sancho o Domingo,
ya Sancha o Dominga. Aunque al poeta, en este pasaje concreto, era indiferente el empleo de estos cuatro nombres propios, pudiendo usar otros cualesquiera, y aun !TO usar ninguno, sin perjudicar por eso el sentido, parece que, una vez usados, quiere aludir con el último de ellos, con el de Domenga,
a una señora doña Domenga, que en I l 56 donó algunos
bienes al Cabildo de Burgos, y de la cual hace mención el
P. Flórez» 2•
La segunda parte de esta explicación no parece muy convincente. Me atrevo a presentar otra:
En la más a_ntigua colección paremiológica española, Refranes que dizen las vie.fas tras el fuego, ya aparece el siguiente proverbio: «149. Con lo que Sancho sana, Domingo adole&lt;;;e&gt; 8•
En el Vocabulario de refranes y frases proverbiales del
1
2

3

Biblioteca de Az,tores Españoles, LVII,
España Sagrada, XXVI, 269.
Revue Hispanique, XXV, 150.

104.
1

Colección de libros espa,ioles, raros o curiosos, IX,

164.

�402

MISCELÁNEA

MISCRÚNRA

los dos mundos que rige decir quiero,
que fué jurado príncipe heredero.
Aqul los actos son de más grandeza 1.

lazarse lógicamente no sólo con el sentido de esa estrofa 38,
sino con el de otras anteriores, y especialmente la 3 5:
Ella es dicha fuent de qui todos bebemos,
ella nos dió el cevo de qui todos comemos...

las cuales revelan que, en opinión del poeta, era la Virgen un
inagotable manantial de bondad universal y absoluta.
Alguien puede que objete que es forzar las cosas para
buscar significados esotéricos. Sin embargo, es indudable que
la interpretación se engrana perfectamente con el espíritu que
anima toda la composición.-ERAsMO BucETA.

Se trata de Felipe III, al que, por otra parte, se cita explícitamente en otro lugar de la obi;a 2 • Pero en 13 de enero
de° 16o8 Felipe IV era jurado príncipe heredero igualmente
en San Jerónimo 8 • Parece absurdo que queriendo Lope recordar las excelencias del monasterio de San Jerónimo no
hubiera tenido presente esta segunda festividad si hubiera tenido ya lugar. Habrá que suponer que escribió su obra entre
16o3 y I6o8, suposición a que no se opone el carácter de la
comedia, escrita según lo que todos convienen en llamar primera manera de Lope.-J. F. MONTESINOS.

SOBRE LA FECHA DE «EL CASTIGO DEL DISCRETO»
Universidad de Hambu,-go.

Publicada en la Parte VII de las Comedias de Lope esta
pie1.a, interesante por más de un concepto - recuérdese sobre
todo el proceder del marido en la defensa de su honor y la
característica manera como el poeta concibe el carácter de la
mujer-, ha sido reimpresa recientemente por D . Emilio Cotarelo en el tomo IV de la nueva edición académica. El (mico
dato cronológico aducido por Rennert 1 es la mención que de
ella hace el segundo Peregrino. Un breve pasaje permite, a
nuestro juicio, precisar considerablemente la época en que
fué escrita.
Recorriendo Madrid, dos de los personajes de la comedia
pasan ante el monasterio de San Jerónimo. El forastero pide
noticias de su fundación :
FelisardQ. ¿Quién hizo aqueste ilustre monasterio?
El rey Enrique.
Alberto.
¿El nombre?
Felisardo.
El de aquel santo
Alberto.
cuya mano escribió por tal misterio
el pecho y el papel con pluma y canto.
Aquí Felipe de su heroico imperio
dió sucesión al que hoy adoran tanto:
1

Bi/Jliograjlty, en RH, 1915 1 XXXIlI, 155.

•

1
2

A~ad., pág.

200

b.

Vi su palacio [de Madrid], edificio
de antigu.01 reyes, qu.e fueron
haciendo ilustre esta villa
desde Fernando Primero,

aunque después ampliado
del gran Carlos Quinto, agUelo
del soberano señor
nuestro Felipe Tercero.
(Acad., pág. 208 a.)

3

Véase GONZALO DE Cl:'.srEoEs v l\lRl!ESES, Historia de D. Felipe III,
rey de Espa,-ia ... Año I634. Con licencia. En Barcelona,, por Sebastián
Cormdlas, fol. 1 v, b.

�NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS
ZAUNBR, A. - Altspaniscltu E/ementarbuch. Zweite umgearbeitete
Auflage. - Heidelberg, Winter, 1921, 8. 0 , :im-192 págs.= La segunda
edición del manual del Sr. Zauner difiere en varios sentidos de la
primera. Híl aumentado el autor el número de los textos, que se
componen de textos literarios y de documentos, sirviendo así tanto
para dar una idea ligera de las obras más importantes de la literatura
antigua española, como de ejercicios puramente lingüísticos. Ha dado
además el autor a la exposición de la Fonología una nueva forma y
más extensión. Esto es, indudablemente, una ventaja, aunque haya
que advertir que la nueva de exposición carece en algunas partes
de claridad. Precede a la parte fonética una 'bibliografía' y un resumen del desarrollo de la lengua española, siguiéndole la parte morfológica, un capitulo breve sobre la composición d,e las palabras y
otro sobre los aspectos más caracterlsticos de la Sintaxis antigua española. Tal como es, el libro del Sr. Z. prestará indudablemente grandes servicios a las Universidades alemanas.
Vamos a hacer algunas observaciones, que esperamos serán útiles
para el perfeccionamiento del Manual.
Pág: 1. Echamos de menos en la bibliografía algunos libros que
merecerlan ser incluídos; entre ellos citaremos sólo los Elementos de
Gramática histórica castellana, de V. García de Diego (Burgos, 1914); el
estudio de K. Pietsch, On the /anguage of the Spanish Grail Fragments
(MPh, 1915, págs. 369-378, 625-646); los Fueros leoneses de Zamora,
Salamanca, Ledesma y Alba de Tormes, de Américo Castro y F. de On!s
(Madrid, 1916); los Documentos lingüísticos de España, publicados por
R. Menéodez Pidal (Madrid, 1919); la edición del Sacrifii:io de la Misa,
de A. G. Solalinde (Madrid, 1913); la edición del poema de Roncesvalles, de R. Menéndez Pida! (RFE, IV, 105-204); la de Elena y Maria,
por el mismo autor (RFE, I, 52-96), y para concluir la enumeración
de textos, Un nuevo poema por la cuaderna r,ia, edición y anotaciones de M. Artigas (Santander, 1920); El libro de Marco Polo, edición
de Knust (Leipzig, 1902), etc. No debería faltar bajo «Dialectos,, capítulo en que se mencionan únicamente contribuciones a la dialectologta leonesa, el estudio de Umphrey sobre The Aragonese Dialect
(RHi, XXIV, 5-45). A los estudios especiales de fonética, morfolo-

gía y sintaxis podian hacerse bastantes adiciones; de ningún modo
deberían faltar aquí los artículos importantes de Cuervo en la RHi,
II, 1-69; V, 273-313, ni los artículos instructivos de Pietsch en MLN
y MPp!til, ni el libro reciente de Beardsley, Injinitir,e Constructions
in Old Spanislt, New York, 1921. Citándose el estudio de R. Menéodez Pida!, El dialecto leonls, no dejaría sin mencionar los Estudos de
p!tilologia mirandesa, de J. Leite de Vasconcellos, Lisboa, 1900, 1901,
contribución tan útil a la dialectología leonesa~ La edición del Cantar de Mio Cid, de R. Menéndez Pida!, figura bajo textos poéticos, sin
que se indique el contenido de la obra; desearíamos ver en un manual como el del Sr. z. una referencia a la importancia que tiene
como el estudio más detenido de la fonética, morfología y sintaxis
de un texto antiguo español. Por fin, creo que no soy inmodesto pidiendo la admisión de mis Studien zur Lautgesclticlete westspanisclter
.l,fundarten (Hamburg, 1914) en la bibliografia, tratándose como se
trata, según me dicen, de un libro útil para el conocimiento de los
dialectos del Oeste (que conservan en parte el lenguaje de los siglos
de la Edad Media) y de la fonética histórica del castellano en general.
Al resumen que da el Sr. Z. del desarrollo de la lengua española,
hay no poco que añadir. La definición que da el autor de la extensión
de la lengua española en la Edad Media no es exacta; entiéndase que
se hablaba en León, Astu¡¡ias y en parte de Navarra, no en Navarra. No
es exacto decir que el navarro-aragonés se aproxima al catalán-provenzal, error que se encuentra también en la Gramática histórica de
F. Hanssen; el verdadero aragonés (véase, por ejemplo, el resumen
útil de García de Diego, Caracteres fundamentales del dialecto aragonés, Zaragoza, 1916) 1 difiere en su estructura y formación general
del catalán, y sólo hay una zona de tra)lsicióo, descrita por A. Griera,
La frontera cata/ano-aragonesa (1914), y más exactamente por R. Menéndez Pida!, RFE, III, 73-88. Sería oportuna una referencia al idioma
romance que se hablaba en el Mediodía de España cuando la invasión
de los árabes (véase la Contestación de R. Meoéndez Pida! al discursu
de recepción, en la Real Academia Española, de D. Francisco Codera,
Madrid, 1910).
Para ilustrar el elemento germánico en la lengua española citaría,
además de .Meyer-Lübke, a Jungfer, Über Personennamen in den Ortsnamen Spaniens und Portugals, y remitiría, respecto a la influencia
francesa, al libro de J. B. de Forest, Old Frenen Borrowed Wo1·ds in
the Old Spanislt, RR, VII, 370-410 (véase RFE, VI, 329-331). A la única
interjección árabe citada, pág. 8, oxalá, añádanse las tratadas por
M. Asín Palacios, BRAE, VII, 359 y sigs., ¡ala!, ¡guay/ ¡ole! Concluye la
introducción por la frase: «Con la entrada de España en la política
universal acaba el período antiguo de su lengua,; esto es sólo exacto
tomando la frase en sentido puramente temporal (que no puede tener
TOMO

IX.

27

�NOTAS BIBLIOGKÁFICAS

aqu!); es de toda necesidad aiíadir en este punto algunas palabras sobre la continuación del antiguo español entre los jud!os de Levante y
en partes de Marruecos; no encuentro en el Manual del Sr. Z. ninguna referencia a la existencia de esta rama del antiguo español, tan
importante para la historia de la lengua española, y particularmente
la de la Edad Media. Debería remitir a ella el autor hablando de - s(§ 37), de la diferencia entre -i- y -z- (§ 66), del tratamiento de ge. 1
(§ 46), etc. Creo, además, c¡ue no sólo el judeo-español, sino los datos
que ofrecen los dialectos españult's en general, tanto los de la Edad
Media como los de hoy, deberían utilizarse en el Manual del Sr. Z. con
más amplitud y también con más método. Ellos no rara vez darán una
solución clara de cambios fonéticos y Íénómenos morfológicos oscuros, o por lo menos servirán para ilustrarlos. Lo que hace falta en el
libro, en este respecto, es un resumen de los rasgos caracter!sticos
del leonés (antiguo y moderno), del aragonés y del lenguaje de los
judíos de Levante (y Marruecos); además, una ampliación de los textos de carácter dialectológico; no bastan las pocas líneas tomadas de
documentos leoneses o del Libro de Atexandre; y para dar una idea
del dialecto aragonés publicaría, además de los veinte versos del poema de Yui;uf, algunos documentos de la colección de Serrano en el
BKAE. Por fin, y ante todo, necesita la exposición de la parte fonética y morfológica una revisión desde el punto de vista señalado, como
veremos luego.
Pág. 11. Bajo fuentes de la pronunciación de la Edad Media hay que
remitir al lenguaje de los judíos de Levante y a los dialectos de la
Península. - No es lícito comparar el sonido correspondiente a la
letra ch con al. tsc!t.
Pág. 12. Se transcribe la pro_nunciación de ge. 1 por dz (quiere decir :9), pero en el § 46 se habla de una fricativa; hay que poner •:9
y z respectivamente,; compárese en el lenguaje de los judíos de
Constantinopla :9emir, :9arra, mun:9ir, pero -z- intervocálica. - La lateral t no tenía siempre carácter alveolar, convirtiéndose el sonido algunas veces en lateral velar: soto &lt; s a It u, etc.
Pág. 13. Yo no conozco vocal inacentuada ( «un betonb ); preferiría
el término débilmente acentuada ( cschwach betonb ). - No es exacto
decir que la posición de la vocal final de silaba carezca de importancia; compárese el cambio de -o final en -u y de -e en -i en algunos dialectos (§ 30).
Pág. 14. La reducción de -ietlo &gt;-ilto se explica por la influencia
de los dos elementos palatales j y!, como d emostré en mis Wsp. Mdt.,
§ 80. Asimismo, la reducción de it &gt; i en priessa, abiespa, vitspera no
está hoy día inexplicada (véase Wsp. Mdt., § 80). - Uo &lt; q no se
conserva sólo en documentos antiguos leoneses y aragoneses; es un
fenómeno de bastante difusión en los dialectos de hoy; apúntese tam-

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

bién ua (análogo a ia) en aragonés antiguo y moderno·. Además, demuestran las asonancias del Cantar de llfio Cid que en la época de la
&lt;:omposición de aquel poema se pronunciaba todavía en castellano
.uo. - En este mismo párrafo no dejaría de mencionar el cambio co•
nocido de fruente &gt; frente.
Pág. 15 1 § 11. Ou &lt; a u no se conserva sólo en portugués, sino que
es frecuentísimo en leonés. La misma observación respecto a la terminación verbal *-aut &gt;•ott (leonés)&gt; -o (castellana).
Pág. 16, § 13, 3. Añadir que el cambio de tf &gt; ú causado por una
palatal siguiente no afecta a o más m n, m' o (otot"io).
Pág. 17, § 13, 5. Respecto a la explicación de la vocal tónica de
.mismo, compárense los autores citados en mis Wsp. Mdt., § 54. Añadir
además que existe al lado de mismo la forma mesmo, etc.-§ 14. No entiendo lo que dice el Sr. Z. sobre el tratamiento de las vocales abiertas y acentuadas ~. 9; hay una contradicción en lo que dice en el
mismo párrafo; habla de un fenómeno de disimilación, de una no diptongación, pero cita al mismo tiempo las formas *lieito, *nt1aite. Ni se
trata de un proceso de disimilación, ni han existido nunca formas
-como •tieito, *nuoite en castellano. La no diptongación se explica más
bien, como se sabe, por una asimilación de la vocal tónica a la consonante palatal siguiente, asimilando aquélla su articulación, mejor
&lt;!icho, su punto de articulación al de la consonante siguiente. El proceso es, pues, análogo a aquel otro que explica el cambio de pugn u&gt; punno, ti nea&gt; tinna, etc.-No es admisible en el mismo párrafo la suposición de una etapa *11ev, •teo &lt; veni, teni (imperati vo) para explicar el cambio de~&gt; c y la no diptongación resultante
&lt;le tal cambio; como en vine&lt; veoI, la vocal final habrá ejercido su
influencia directamente sobre la vocal tónica precedente.
Pág. 18. No debería figurar pdxaro en el§ 15, en que se habla de
fa influencia de una i (originaria o procedente de una consonante palatalizada, kt, ks, etc.) sobre la vocal precedente, al lado de beso, fres.no,fec!to, etc., por faltar en aquel caso absolutamente el elemento q ue
ha dado origen al cambio de la vocal tónica; sería más conveniente señalar la causa de la divergencia del tratamiento entre exe, sartén, etc.,
&lt;le un lado, y páxaro, utanno, etc., del otro (véase Millardet, Ro, 1912,
XLI, 247-259). Apúntese, además, en el mismo párrafo, que la etapa
.antigua ei (feito, dereito, etc.) se conserva todavía en leonés y aragonés. Lo mismo ou, de procedencia diversa, en el§ 16, en leonés.
Pág. 19, § 17. No hay ninguna razón para atribuir a la posición
final absoluta o interior de sílaba de io en palabras como mio, mios,
.dios la vacilación del acento. Véase, por ejemplo, lo que dice R. l\fenéodez Pida! sobre el fenómeno en el Cantar de Mio Cid, pági.nas 166-168.
Pág. 22, § 24. Tan frecuente como en leonés es el sonido de paso

•

�!IOTAS BIBLIOGllÁF ICAS

y en aragonés. Serla oportuna una referencia a la propagación analógica de -y- en el sistema verbal (oyes, etc.).
Pág. 24, § 27. La descripción que el Sr. Z. da del tr.atamiento de a
en hiato con una vocal tónica no es exacta; dice que -a se conserva
en posición final absoluta, convirtiéndose en e ante una consonante
siguiente; pero se sabe que existen míe e -ie en la persona él del imperfecto. Respecto al tratamiento particular de la persona yo del imperfecto de los verbos en -er, -ir que conserva, como se sabe, con
tanta tenacidad la forma -ia en contraposición a la persona él, compárense las observaciones sugestivas de R. Menéndez Pida!, RDR, II.
126- 127. Echará luz sobre la interpretación complicada del cambio de
• -ia &gt; -ie, -ias &gt; -ies, etc., y la acentuación de estos grupos, la observación de los dialectos españoles que hoy día conservan todavía tales
formas. Los datos que recogí en las provincias de Zamora, Orense y
León, y que pienso publicar próximamente, supongo que se prestarán
particularmente a tal propósito. - § 28. Atribuye el Sr. Z. la pérdida
de la vocal final en formas como fidalgo, don &lt; dom n u a su poc&lt;&gt;
acento (Tonlosig keit); pero hay que preguntarse si no interviene tanto,
si no más, la debilidad funcional de tales sílabas.
Pág. 25, § 28. Para explicar una forma castellana por influencia dialectológica hay que dar una razón histórica, económica, etc. No encontrando ninguna para explicar de tal manera vezin (al lado de vezino), me inclino a suponer que vezin será la forma proclítica (compárese don, citado arriba, etc.) empleada originariamente en composiciones con nombres. Compárese hoy día ti Juan, ti 'Juana, etc.
Pág. 27 1 § 29. Mencionaría, respecto al tratamiento de las vocales
finales que en los dialectos hoy día se conservan todavía, formas que
existían antes en castellano: sal, quier, vien. - § 30. En leonés antiguo (y moderno) no sólo ocurre -e &gt;-i, sino también - o&gt; -u (Staaff,
Ancien dialecte ltonnais, pág. 214 y sigs.).- § 30, finis. La explicación
que se da de la forma moderna de la conjunción y no satisface. Véase
lo que digo sobre la cuestión en mi estudio El dialecto de San Ciprián,
de Sanabria (actualmente en impresión).
Pág. 28, § 35. Como rasgos característicos del dialecto leonés y de
partes del dialecto aragonés, cabe mencionar la palatalización de 1y n - iniciales (/lobo, ños). - § 37. Remitir a algunos dialectos extremeños donde se conserva todavía la diferencia antigua entre -z- intervocálica sonora y -s- sorda.
Pág. 30, § 37. Repite el Sr. Z. la tesis de la influencia árabe en el
cambio des- inicial en s-, x-. Habrán experimentado tal influencia algunas palabras, pero no es la regla; véanse las observaciones en mis
Wsp. Mdt., § 215 y sigs.; las hechas por Castro, RFE, I, 102; García
de Diego, RFE, III, 306-307, y las que hice en el ASNSL, XXXVII.
161- 163.

!IOTAS BIBLIOGRÁFICAS

Pág. 311 § 40. Una prueba de la pronunciación palatal de 11 &lt;-llen antiguo castellano la da el cambio de -iello&gt; -i/lo, que sólo puede
&lt;:omprenderse suponiéndose una -1- palatal. Este cambio ocurre a partir del siglo xiv; -11- debe, pues, haberse convertido en
ya antes;
por lo demás es posterior a la diptongación de ~. 9, que no ha sido
impedida por una -11- (no palatal) siguiente (castielo,fuelle).
Pág. 331 § 44. Señalar que la pronunciación antigua/- se halla hoy
día en los dialectos del Noroeste y en aragonés; que la etapa intermedia entre f- y la pérdida de la consonante inicial, es decir, el sonido k-,
se encuentra en andaluz, extremeño, etc., y que hasta ha sido importado en América.
Pág. 34, § 46. En casos como ennano, inojo, etc., no hablaría de una
'pérdida' de la consonante inicial, sino de una asimilación a la vocal
pal atal siguiente. Dice el Sr. Z. que el desarrollo de la consonante
inicial en palabras como jogar, juego no está todavía explicado; para
m[ no cabe duda, como expuse en Ws¡. Mdt., § 242, que la vocal velar
s iguiente ha atraído el punto de articulación de la consonante inicial
&lt;:anvirtiéndola así en la fricativa velar x; las palabras que forman ex&lt;:epción son precisamente yugo (al lado dt formas regular es en los dialectos), yunta (al lado de junta); habla sobre ellas García de Diego,
RFE, Ill, 3 ro, nota.
Pág. 36 1 § 49. La regla sobre la conservación de -p·, -t-, -c- tras un
«diptongo, (coto, oca), la formularía así: por tener el segundo elemento
de los grupos a u, etc., carácter consonántico se conservan -p·, -t-, -c(encontrándose éstas de hecho en posición no intervocálica).
Pág. 37 1 § 50. No hay motivo para presumir influencia extraña en
formas corno abuero al lado de aguero &lt;augur i u, sabueso, saltueso &lt;
seg u si u. Es tan evidente el proceso fonético que présentan estas
variantes, y abundan tantos ejemplos parecidos en todas las partes de
la Península (algunos datos trae García de Diego, RFE, III, 309-312)
que puede haber ocurrido espontáneamente en los casos mencionados. La pérdida de la d en quaraesma, quaraenta la explicaría más
bien por debilitación funcional de la sílaba correspondiente que por
negligencia al hablar.
Pág. 38, § 53. «En los grupos consonánticos (iniciales] pi-, fl., kl el elemento lateral se palataliza y se asimila después a la consonante
precedente.• Esta definición no satisface, experimentando más bien la
consonante inicial la influencia de la lateral palatalizada.
Pág. 39, § 53. ¿Serán préstamos las palabras que presentan.pi-, etc.:
plazer (en leonés pr-Y Preferiría el término palabras cultas. El desarrollo divergente de algunas palabras lande glande, lastimar blasphe•
m are, etc. (a las que podían añadirse bastantes más), no se explica
por «mezcla de dialectos,, por ofrecer los dialectos en gran parte las
mismas dificultades.

+

�410

411

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

Pág. 42, § 60. No debería faltar una r eferencia a la reducción de -s
final de palabra en casos determinados (vámonos, etc.).
Pág. 44, § 64. Trata el Sr. Z. la pala.talización de la l postconsonántica en dos párrafos diferentes (§§ 53, 64), distinguiendo entre losgrupos consonánticos iniciales de palabra e interiores. Habría sido
más conveniente reunir en un mismo párrafo lleno, llama, chillar, sollar, etc., considerando que ofrecen el mismo tratamiento (debido a la.
influencia de la l palatalizada), y meter aparte casos como orefa, o/Or
cuaja, tefa. Lo que convenía señalar era, aparte del problema general
que ofrece la cuestión, el tratamiento diferente entre chillar, sollar, de
uo lado, y oreja, cuaja, de otro. Demuestran estos últimos ejemplosque en el desarrollo de los grupos -kl-, -g '1- intervocálicos no interviene sólo, como parece supone el Sr. z., la palatalización de la lateral
sino que es de influencia decisiva el carácter del primer elemento deÍ
grupo. Éste habrá contribuído a dar al desarrollo un rumbo particular, palatalizándose a su vez (como en los grupos -kt-, -ks-), y resultando así una forma más progresiva que en los demás casos (chillar,
sollar).
,
Pág. 45, § 65. Es algo oscuro lo que dice el Sr. Z. sobre el tratamiento de los grupos kt, ks. Respecto al desarrollo de estos grupos.
en posición final de sílaba, no puedo admitir una t y s palatal de que
haya procedido el elemento i (peine, seis,fresno). Demuestra este último ejemplo y el desarrollo general de a más palatal, que ya desde una
época bastante remota hay que presuponer la existencia de este elemento Í· Esta i ha procedido directamente del primer elemento del
grupo consonántico latino. Véanse más detalles en mis Wsp: Mdt.,
§ 313 1,
Pág. 46, § 65, nota. Añadir que las formas jeito, dereito, etc., no se
conservan hoy día sólo en portugués, sino también en leonés y aragonés.
Pág. 4 7, § 67. La fórmula que se da a la atracción de la articulacióll
de i en los grupos -pi-, -ri-, -si- puede dar lugar a una falsa interpretación ( «Auch p, r, s werden nicht palatal, beweisen aber ihre ehemalige palatale Natur durch Abgabe eines i.&gt; - No extraña de ninguna
manera que la vocal tónica de baxar, baxo no haya experimentado ninguna modificación (compárese lo dicho respecto al§ 15).-§ 69. Respecto del desarrollo de -ti-, -ci- véase últimamente J. Jud y A. Steiger, Ro, XLVlII, 145 y sigs.
Pág. 48, § 70. No es exacto lo que se dice sobre la conservación de
etapas antiguas de •li-. Es verdad que -!- se conserva en aragonés
antiguo y moderno; pero se encuentra el mismo sonido, al lado de -y•,

en leonés, hasta en los dialectos de hoy (por ejemplo, en partes de
Sanabria y de la parte Sur de León).
Pág. 52, § 77. Añadirla una nota sobre el desarrollo curioso de la
-n final de non.
Pág. 53, § 78. Dudo de si la consonante final de sartén 1, follin ha
tenido carácter palatal.
Pág. 71 1 § 109. Respecto a la persona yo de los imperfectos de los
verbos -er, -ir véase lo dicho respecto al § 27.
Pág. 121. Lo dicho sobre la métrica me parece insuficiente y en
parte incorrecto. Falta una referencia a la evolución del verso épico
y a la diferencia entre el sistema épico y el del mester de clerecía. P. Krüger.

1

Concuerdo con la explicación que da R. Menéndez Pida! en la cuarta edición de su Ma,zual (§ 50) sólo hasta cierto punto.

SANTESSON, C. G. - La particule «a11n&gt; comme prépositio11 dans les
tangues romanes. -París, 1921. = Presenta el autor una minuciosa investigación relativa al uso de las formas italianas correspondientes
a conmigo, contigo, etc. (y con stesso), y una exposición general y comparativa (circunscrita al italiano, español y portugués) de la semántica
de con.
El capítulo previo, referente al cmn latino, reproduce el Thesaurus,
pero puede justificarse, porque, al mismo tiempo, reune y discute el
autor las principales cuestiones que han provocado ettm y apud. La
más interesante de ellas es la relativa a la lucha en Galia de estas dos
partículas. El Sr. Santesson se mantiene, en el terreno de las hipótesis, con toda la circunspección que se requiere. En el caso concreto,
s in embargo, de la competencia entre cum y apud, nos inclinamos a
creer con Geyer y Mohl, y en contra de Bonnet, en una larga represidn erudita de la segunda. El argumento capital de Bonnet, la ampliación semántica de cmn, no prueba nada en contra de esta teoría,
más en consonancia con procesos lingüísticos semejantes; sólo prueba que Gregorio de Tours, en su afán represivo de apud, encontró
facilidades, para sustituirlos, en la creciente vaguedad semántica de
cum. Otro argumento de Bonnet, la ausencia de cum, por af&gt;ud, ante
nombres de lugar, es de muy escasa fuerza, porque es querer negar
la persistencia de ciertos usos consagrados. No queda en su favor más
que «sa connaissance intime et profonde de G. de T., de sa langue et
de ses habitudes&gt;, muy estimable, pero no decisiva en la cuestión.
En el largo capítulo consagrado a la semántica, aplica el Sr. S, al
am romance el mismo plan del Thesaurus, que, en sustancia, es igual
al adoptado por Cuervo en el artículo correspondiente de su Diccio-

1 No hay ningún motivo para presumir el desarrollo siguiente: sartagine&gt;
*sartaigne &gt; sartén, plantagine &gt; *plantaigne &gt; llantén, etc ., como
hace A. Alonso, RFE, IX, 71.

�412

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

nario. Es de estimar, no obstante, el nuevo estudio del asunto. Se han

resentido generalmente estos trabajos de una manipulación exageradamente teórica y abstracta de la materia, en pleno olvido de la marcha histórica con sus procesos psicológicos, estilisticos, etc. Sea el cum
de retatione. Tomando como punto de partida el cum de comitatu y adjectione, los diccionarios por lo común (así Thesaurus, Cuervo) han
visto, teóricamente, una mayor distancia semántica entre esas s:gnificacioaes (salir con y familiaridad ccn), que entre cum de comitatu y
cualquiera de las otras acepciones de la partícula, y han hecho, por
tanto, del cum de relatione capítulo aparte. El Sr. S., por el contrario,
ha advertido la íntima relación de este último con la significación primitiva de la preposición, y lo enlaza directamente con el cum de comitatu y adJectione. El pronto y franco desarrollo en la historia de la
acepción de relatione es la mejor corroboración de ello, y los juicios
que expone el autor en las páginas 207 y 208 nos parecen, pues, de lo
más atinado.
En el curso del capítulo aporta el Sr. S. bastantes datos históricos
y comparativos, casi todos muy aprovechables (págs. 211, 225, 280,
301, 307, etc).
Algunos reparos a esta parte, de pormenor en su mayoría:
En lo relativo al número del verbo en frases que presentan términos enlazados por con, cree el Sr. S. que se plantea una cuestión difícil, y se pregunta si el verbo &lt;kbe estar en plural, concertando con los
dos términos coordenados por cum, o concordar solamente con el primero (págs. 218 y sigs.)
Cita a continuación los pasajes de W. Meyer-Lübke referentes al
asunto. Ahora bien; Meyer-Lübke hace claramente una distinción entre las frases con verbo ea singular y las que llevan el plural; en estas
últimas con tiene propiamente el valor copulativo, al paso que en las
primeras introduce simplemente una determinación comitativa; explicación que opone al criterio lógico formalista el de que signos lingüísticos distintos responden a distintas necesidades de expresión. Y se
observa fácilmente que las lenguas proceden de acuerdo con este
principio: el francés .construye este tipo de frase en singular; el italiano, en plural (los raros ejemplos con singular, citados por el Sr. S.
(pág. 218), deben ser excluidos casi todos), o lo que es lo mismo, el
francés rechaza el empleo de con copulativo = y, y el italiano lo admite, pero con su construcción natural: el plural. En español, por el
contrario, se dan frases que, coa la misma estructura, presentan ya el
singular ya el plural; seguramente este hecho es el que ha movido
al Sr. S. a plantearse la cuestión en los mismos términos con que la
plantearon Salvá, Bello, Cuervo, etc.
Conforme con lo dicho anteriormente, creernos que este punto
debe considerarse de otro modo : en español con toma a veces valor

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

copulativo, y es equivalente sintácticamente ay ( cau moins en est tres
rapprochée&gt;, Meyer-Lübke, 111, 218); el verbo, naturalmente, va en
plural: «Él con otro habían entrado en el monasterio buscando a Luscinda.&gt; (Qufjote, l, 36). Los términos coordenados van enlazados inmediatamente, y el verbo, en otros casos, puede anteceder: &lt;Seguían,
sus banderas tendidas,Judá con sus compañeros.&gt; (Nombres de Cristo,
2. ,Esposo•.)
Por otra parte, y en oposición al italiano, que no empleando sino
el plural, evita confusiones, el español presenta frases del mismo tipo
constructivo que la descrita, pero con el verbo en singular: , Huyeron todos, y Bruto, con sus compañeros, se retrajo al Capitolio.» (Quevedo, Marco Bruto, R-231 154.) Indudablemente, con, en este caso,
introduce sólo una mera circunstancia comitativa ( cnicht eigentlich
Verbindung zweier Substantiva, soadern ein Thun in Gemeinsamkeit
mit einer zweiten Person», Meyer-Lübke, III, 347); el singular es el
índice de su intención expresiva. Razones estilísticas y de diferenciación de matiz han hecho que en español, al lado del tipo comitativo
bien definido, elpadre viene con ta madre, se den frases que por la forma se confunden con aquellas otras en que con es copulativo.
Una de esas razones a que se alude, y acaso de las más importantes, es, a mi juicio, el hecho de que en las expresiones del tipo el padre viene con ta madre, el término comitativo va impregnado de un
sentido que se acerca bastante al de con modal. Sean, por ejemplo:
&lt;Hernán Cortés se alojó en la ciudad con sus españoles&gt; (Solís, Méjico, 5, 3) 1 y la citada de Quevedo; en la frase de Solis, , con sus españoles• es una adjetivación importante de la acción, una circunstancia
que trae la atenciJn !tacia ta manera como se efectúa; en la de Quevedo
«con sus compañeros• es, por el contrario, una simple expresión comitativa, de carácter secundario, que no adjetiva la acción. (Cfr. «el
rey viene con su séquito• y cel rey, con su séquito, salió de Madrid&gt;.)
Asi, pues, por una circunstancia extraña, se han confundido parcialmente, en español, dos tipos constructivos. Pero se observa que
la lengua, no contenta con evitar la confusión, mediante el empleo de
uno u otro número, tiende a eliminar la construcción comitativa, que,
formada para encontrar una distinción de matiz, coincidió, a su vez,
con otra; esto es, a hacer lo mismo que el francés, que no admite el
con copulativo; y en efecto, es bastante rara esta construcción, más
usual en el período arcaico.
Sólo tenemos que añadir, en este punto, que entre los ejemplos,
tanto de los citados de Cuervo como de los que añade el Sr. S., los
hay recusables por diversos motivos: Alix (425)1 presenta, naturalmente, el plural exigido por éstos; en Lope, Verdade,·o amante, 2, con
sustituye, por necesidad métrica, a y; Qui.Jote, 2 1 2 1 es totalmente
inadmisible (¡siempre la vieja lógica!).

�NOTAS BIBLIOGltÁFICAS

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

De menos importancia son las siguientes observaciones:
Pág. 222: Cervantes, Novelas ejemplares, 316, señalado como con
local; es un prejuicio del autor, que piensa en ajud; el con es simplemente de re/atiene; pág. 225: los ejemplos citados no expresan «a peu
pres la direction»; se trata de frases condensadas que a un tiempo significan la dirección (lo secundario) y la relación comitativa (lo predominante); pág. 230: Ruiz, 162, mala lectura: con es comitativo-atributivo; pág. 231: Amadís, XIV, 36: éPOr qué con es de distinta clase que
el con del Quijote, 2, 2, pág. 215?; pág. 262: Ruiz, 1348, también se trata
de un uso comitativo-atributivo, y no de concomitancia temporal;
pág. 263: Cervantes, Quijote, 2, 8, en «con más escuridad• hay que ver
igualmente la acepción comitativa-atributiva; pág. 266: Valera, Pepita
Jimlnez, 39, otro caso de mala lectura: con es de relatione; pág. 273:
Alix, 17 5, no es ccn modal, sino instrumental con sentido causal
(cfr. pág. 304: Ruiz, 855, 944); en Valera, Pepita Jiménez, pág. 47 (página 295) está sacrificada también, como en Cervantes, Novelas ~jemplares, 316, la percepción exacta del matiz, marcado por un signo en oposición a otro, a la explicación formalista lógica; en con irresistible impulso
no hay que ver simplemente con = por, e luego instrumental», sino precisamente con opuesto a por, para distinguir el matiz modal del instrumental. Insistimos en estos hechos menudos porque trascienden a una
cuestión de método; págs. 299 y 300: hay una confusión de ejemplos:
el citado por el Sr. Meyer-Lübke es de concomitancia temporal
(2.º caso), y el de M. de la Rosa de carácter modal; caracteriza la terminación de la insurrección, y en este punto creemos que Cuervo acertaba; pág. 314: Cervantes, Novelas ejemplares, 71 otro caso análogo al de
Valera, pág. 295: •con prometerles= prometiéndoles=circunstancia temporal»; creemos, con Cuervo, que es un puro caso de con instrumental.
La parte verdaderamente original del libro es el capítulo consagrado al estudio de las formas italianas antes citadas. La lucha entre
las formas encllticas con meco, meco, etc., y las analógicas con me, con
te, etc., y en las enclíticas, entre el tipo meco y el pleonástico con mec1&gt;
está expuesta con claridad, precisión y una documentación copiosísima. En ciertos puntos la investigación resalta por una explicación
feliz: véase la descripción de la ruina de con meco, etc. El capítulo, en
suma, es un excelente modelo de trabajos de esta índole. Ea él, y en
todo el libro, hay que elogiar, además, el espíritu de orden y la honradez científica. - J. Vallejo.

que impone la enseñanza del español en Norte América. éQué ideas
sobre las letras españolas va a suscitar este manual en los estudiantes
que lo lean? En general, este libro nada nuevo aporta en cuanto a datos o maneras de apreciar las cuestiones de que se ocupa; se limita a
resumir ordenadamente lo sabido. Al menos, en toda la parte medieval, el autor se sujeta a ese criterio 1• Por desgracia, al llegar a la época
moderna, el Sr. B. aplica el método de análisis y de crítica que anuncia en el prólogo (págs. vn-vm) : cNi tampoco hemos rehuído, si se nos
permite la frase, subjetivizar los autores y libros estudiados.&gt; Tal necesidad de csubjetivización• ha debido imponérsele como ineludible,
ya que, según él, cla mayor parte de los libros y de los autores de la
literatura clásica española, conste esto, no han sido aún objeto de valoración literaria» (pág. v1).
Veamos los juicios del Sr. B.: cEl gongorismo español. .. es la cho
chez de la poesía• (pág. 351); ctodo lo que los cultistas han dicho, todas sus ideas y pensamientos y emociones, en buena moneda española, no valen un par de pesetas• (pág. 352). Henos, pues, en pleno Y
viejo lugar común. Si el Sr. B. hubiese pensado un momento en el problema, o si hubiese intentado analizar a Góngora literariamente,
partiendo de hechos tan delicados como la relación entre Góngora Y
el Greco (sensibilidad refinada y aristocrática), el comentario Y la veneración de los contemporáneos, el retorno a Góngora de poetas como
Verlaine, el eco que en la moderna literatura despierta nuestro admirable poeta; todo esto, pese a las preferencias personales de cada uno,
habr!a impedido al Sr. B. resolver en un exabrupto su apreciación de
Góngora.
Más acre censura merece el capítulo consagrado a J.,ope de Vega.
En forma iliteraria, con el desgarro de una conversación de mesa de
café, analiza el Sr. B. el complejísimo arte de Lope: «Todo el mundo
sabe hoy que su tipo de comedia es uno: el tipo de comedia que el
autor consideraba como bárbaro y necio. Y al llegar aqui, el crítico
sólo tiene un juicio que formular; un juicio por demás elemental :
Lope de Vega escribió lo que pudo y supo. No porque el vulgo fuese
necio, sino porque, con perdón sea dicho, el autor era aún más
necio que el vulgo: que más necio es quien condesciende con un
necio• (pág.411).
.
Ante tales vulgaridades (que se repiten al hablar de otros clásicos),
los restantes defectos de este libro pierden importancia. La Revista

BARJA, C. - Libros y autores clásicos. (Literatura española.) - The
Vermont Printing Company, Brattleboro, 1922, 8.0 , xn-543 págs.= Trátase de un manual que comprende desde los comienzos de nuestra literatura hasta fines del siglo xv11. El Sr. Barja, profesor en una facultad norteamericana (Smith College), ha pensado en las necesidades

t En muchos casos el autor no conoce el estado de las investigaciones. Sobre el Romancero (pág. 137) hay un estudio en esta Rroüta (1921, págs. 65-76)
que anula en absoluto el tomo XLIX~~ la RtVUe Hisf"n~que, que el_Sr. B. to_ma
en seno. Es lástima que por falta de cntica se perpetuea mcoherenc1as, escntas
sin más finalidad que llenar papel.

�NOTAS BIBLIOGRÁFICAS
de Filología considera con pena la posibilidad de que tamañas puerilidades sean aprendidas una y otra vez por los estudiantes de español
en Norte América. ¿A qué, pues - pensarán-, estudiar una civiliza.
ción cuyos máximos representantes en las letras son chochez y necedad? Felizmente la gloria de esos autores no padecerá con las intemperancias del Sr. B., a quien el hispanismo no debe ningún trabajo
personal. Sobre todo, en los mismos Estados Unidos, investigadores
dotados de ciencia y sensibilidad - Rennert, Crawford, Buchanan,
Scheviel, Morley y tantos otros - hacen ver a sus compatriotas, en
estudios valiosos, la originalidad y el alcance de las supremas creaciones del genio de Lope de Vega.
l\foNTAGNB, E.-La poética nueva, sus fundamentos y primeras leyes.Buenos Aires, 1922, 8.0 , 203 págs.=E. Montagne, poeta argentino, hace
en este libro una minuciosa exposición de sus OP.iniones respecto a la
estructura rítmica del verso. Es de todo punto digno de elogio el esfuerzo que el autor pone en hacer comprender la necesidad de considerar el verso, no como una mera combinación de sílabas y acentos,
sino como un fino y sutil mecanismo dotado de múltiples recursos
expresivos. Conviene al poeta conocer íntimamente las virtudes fonéticas de su idioma, como conviene al pintor dominar la técnica del
color y al músico la del sonido. La métrica antigua, en los incoloros
manuales corrientes, ha venido a reducirse a una doctrina yerta y estéril. Sin dejar de recoger lo bueno de la antigua doctrina, la métrica
moderna busca en el verso, como ya presintieron muchos tratadistas
de otros tiempos, una perfecta compenetración y armonía entre el
movimiento rítmico, el material fonético, el color de la rima, la disposición de las pausas, la forma de la estrofa, el contenido lógico del
verso y su matiz emocional. El libro de M., síntesis de apreciaciones
subjetivas más que de investigaciones científicas, encierra en este
sentido muchas ideas interesantes y dignas de un estudio detenido y
metódico. El lector se sorprenderá al leer en este libro que el ritmo
métrico y el •ritmo primordial, del idioma son cosas distintas, página 21, y que este último se manifiesta «por apoyo-impulsos que aparecen en la frase a distancias generalmente irregulares», pág. 10, mientras que por otra parte viene a resultar que el ritmo del verso, según
las diferencias de duración que M. admite entre sus celementos primarios,, pág. 23, se manifiesta también de ordinario, como el ritmo
primordial, mediante apoyo-impulsos o acentos ejecutados a distancias irregulares, cosa que contradice en absoluto lo que hasta ahora
veníamos entendiendo por ley fundamental del ritmo. Falta, en efecto,
en esta obra una explicación clara y concreta de lo que el autor entiende por ritmo. Es probable que M. no haya querido decir en realidad que el ritmo consista en la reaparición enteramente cirregulau

NOTAS

BIBLIOGRÁFICAS

de un determinado fenómeno; pero la verdad es que dentro de lo que
ordinariamente se entiende por ritmo, la teoría de los celementos
primarios» de M. resultar!a insostenible y carecería de sentido la frase de que cel idioma vivo es todo él un verso infinito,, pág. 25. El
autor alude hábilmente en varios lugares al parentesco entre el verso y la música. Dicho parentesco señala justamente en el anáfü.is
ritmico del verso y en la escansión y medida de sus tiempos un camino muy distinto del que M. ha seguido. - T. N. T.
ALONSO CoRTÉs, N. -Jornadas. - Valladolid, E. Zapatero, 1920.=
En este volumen ha reunido el autor artículos de muy diferente indole. Algunos se salen de nuestro campo; otros son discretos ensayos
de literatura directa (cDos caminantes»; eVellido Dolfos,) o pequeños hallazgos de crítica literaria (e Un renovador»). Junto a éstos, figuran trabajos críticos de más empeño: los unos, literarios; los otros,
gramaticales.
Entre los primeros resaltan por sus mayores proporciones los dedicados a los poetas Manuel del Palacio y Emilio Ferrari. Es el señor Alonso Cortés hombre de gusto poco amigo de las peligrosas
aventuras de la literatura contemporánea y que se deleita con los productos poéticos del pasado siglo. Nuestro momento, por ley histórica
eternamente repetida, mira con desprecio hacia lo inmediatamente
anterior. Por eso es de alabar una posición, cual la del Sr. A. C., que
permite volver con cariño tos ojos hacia manifestaciones literarias
interesantes, sea el que fuere el valor definitivo de ellas, hoy de casi
todos abandonadas.
En los artículos de índole gramatical se mani6esta una vez más la
tendencia serenamente tradicionalista del autor. No haya susto por la
evolución de desayunarse a desayunar. En el cambi&lt;;&gt; han infiuído probablemente los otros verbos que expresan alimentación (comer, beber,
merendar, cenar...). La cuestión de los usos del pronombre se, planteada en el artículo cSe discute un problema,, sólo puede tener solución mediante un estudio histórico del proceso psicológico que Je dió
origen. Véase la acertada y elemental exposición de A. Castro en su
obra La enseñanza del espaiiol en Espa,,a, págs. 39-53.-Dámaso Alonso.
Rfos Qu1NTERO, F. DE Los. - Algunas notas del • Qui/ole», hilvanadas
por... - Guadalajara, Imp. del Colegio de Huérfanos, 1920. [No puesto
a la venta.]= El autor entresaca algunas máximas del Quijote, a las
que agrega, por cuenta propia, pequeños comentarios de índole moral. Promete asimismo un trabajo más extenso sobre el mismo asunto.
LEÓN, FR. LuIS DR. - De los nombres de Cristo. Tomo III. Edición
y notas de F. de Onis. (Clásicos castellanos. Vol. XLI.) = Este último

�NOTAS BIBLIOGKÁFICAS

NOTAS BIULIOGKÁl'ICAS

volumen está avalorado, como los anteriores, con eruditas notas, destinadas principalmente a destacar los pasajes de la Biblia parafraseados
a lo largo del texto y a señalar las variantes de la segunda edición.
Concluye la publicación del opúsculo del Beato Orozco, inserto como
precedente literario, que ayuda a comprender el simbolismo desarrollado por el autor.

observaciones sobre interpretación y lectura del texto cervantino. El
interés de estas notas es muy vario: unas son simples curiosidades
(1v y rx) útiles sólo para algún preceptor de Retórica y Poética, como
confiesa su autor. La mayor parte, sin embargo, habrán de ser consultadas por los futuros editores del Q1djote, por contener sugestiones
muy fundadas en la mayoría de los casos.

CASTILLO SoLÓRZANO, ALoNso.-La Garduña de Sevilla y Anzuelo de
las Bolsas. Edición y notas de F. Ruiz l\.lorcuende. (Clásicos castellanos. Vol. XLII.) = Trázase en el prólogo la biografía del autor minuciosamente documentada y la bibliografía completa de ediciones y traducciones de La Gardu1ia. La edición, muy esmerada, es reproducción cuidadosa de la prínceps de Madrid, 164::i, y en ella puede leerse
La Garduña, sin los múltiples errores e inexactitudes de anteriores
ediciones. El texto se aclara, casi siempre con notas procedentes del
Diccionario de Autoridades.

CkERBS v SoTOMAvoa, Fa. ANTONIO. - Paráfrasis de los Salmos de
David. Edición e introducción del P. Luis G. A. Getino. - Madrid,
Tip. de la «Revista de Archivos•, 19::io, 407 págs.= La Biblioteca Clásica Dominicana se propone editar numerosos libros de ascética que,
por no estar publicados o por la rareza de las ediciones, son inasequibles para los investigadores de nuestra literatura religiosa. La justa
observación de Menéndez y Pelayo de que la música española ofrece
matices muy variados, según las órdenes religiosas a que pertenecieron sus autores, contribuye a aumentar el interés por la anunciada
Biblioteca de escritores dominicos. El libro que reseñamos comienza
con un estudio biográfico del famoso Obispo de Astorga. La edición
de la Paráfi·asis de los Salmos sigue a la de Lisboa, 1616. No debe
arrepentirse el P. Getino de haber respetado formas como decildts,
güerto, abajar, cudicia y melanconía, todas ellas son muy clásicas y deben conservarse en las ediciones de textos del siglo de oro, aunque
al editor le parezca que ha procedido con excesiva fidelidad a la edición de 1616. Por la misma razón debiera haber extendido su benevolencia hasta no retocar formas como •jttdicioso, bue/vedme y otros
barbarismos por el estilo• (pág. Lxx1x).

M.uzE1, P. - Contributo allo studio del/e fonli italiane del teatro di
'Juan del Enzina e Torres Naharro. - Lucca, Tip. Amedei, 1922, 4.0 ,
124 págs.= Hay dos parte·s en este pequeño libro: una, en que se
analiza el valor general de Encina y Nabarro, y otra, consagrada a exponer y precisar las fuentes italianas de sus obras dramáticas. Para
el lector español la segunda es la más importante. Estudia las fuentes
probables del Triunfo de amor de Encina, y las de Pldcida y Vitoriano.
En otros dos capítulos analiza la obra de Naharro, y de un modo especial las comedias Calandria, Calamita y Aquilana. Es lástima que
por circunstancias, sin duda independientes de la voluntad del autor,
tenga el libro tal cantidad de erratas que a veces su lectura sea poco
agradable. Por otra parte, sería conveniente que la parte original, fruto de investigación del autor, en una redacción posterior fuese d'!sglosada, en forma sobria, de lo que es mera vulgarización. De esta
suerte destacaría mucho más la labor meritoria del Sr. Mazzei.
G1vANEL ~fas, J. - Dues notes pera 11n nou comentari al «Don Quijote•. Barcelona, F. Giró, 1920, 11 págs.=Añade numerosos ejemplos
clásicos a los ya conocidos acerca del uso de ya yo, comparándolo con
ya tú, ya vos. Igualmente ilustra con abundantes citas los significados
de la palabra vulgo y los epítetos, casi siempre despectivos (malintencionado, novelero, monstruo de muchas cabezas, etc.), que aplican
al vulgo los autores españoles.
GivANEL MAs, J. - Doce notas para u,z nuevo comentario al • Don
Quijote• . - Madrid, Imp. del Asilo de Huérfanos del S. C. de Jesús,
1920, 15 págs.= En este folleto acopla el Sr. Givanel una porción de

La vida de Lazarillo de Tormes, edited by H.J. Chaytor.-Manchester, The University Press, 1922, xxx-65, 8.0 , 4 chelines y medio.= En
una introducción de agradable lectura hace el Sr. Chaytor un discreto
resumen de las investigaciones literarias ligadas con el Lazarillo o
relacionadas con el género literario que esta obra inicia. Trata de los
orígenes de la novela picaresca y se ocupa, en particular, de esta producción, que adelantándose a su tiempo, en época en que los elementos idealistas - el sentido heroico de las creaciones caballerescas y el
espíritu literario y aristocrático de las pastoriles - marcan los rumbos de la novela española, como ocurre en toda la segunda mitad del
siglo xv1, da, solitaria, una sensación de agrio y violento realismo, de
despiadada crítica de un estado social en que ya podían descubrirse
los gérmenes de desintegración que luego habían de desanollarse
hasta traer en la centuria siguiente el desmoronamiento del poderío
mundial de nuestro país. Apunta Mr. Ch. el posterior desenvolvimiento del tipo literario que surge en la novelística con este boceto,
tan profundo de significación, aunque tan poco pretencioso en la for-

�420

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

ma, su influencia en las literaturas extranjeras, y termina dedicando
ocho páginas a la debatida cuestión de quién fuese el autor de la obra
que edila. Van al fin notas explicativas y bibliograüa de ediciones en
español, traducciones y libros de consulta.
En cuanto a la paternidad literaria del Lauzrillo, Mr. Ch. se inclina a aceptar la hipótesis insignificante de Cejador de que fué Sebastián de Horozco. Desconoce - o al menos no las cita ni de ellas se
hace cargo - las observaciones presentadas por el Sr. Cotarelo (BAE,
1915 1 II, 683 y sigs.), que anulan aquella presunción. En la Bibliografía no aparece indicación de la traducción del Lazarillo de Louis How,
cwith an introduction and notes by Ch. P. Wagner&gt;, New York, 1917,
y es cosa lamentable, porque si hubiera consultado esta obra ya le
hubiera puesto sobre aviso lo que el distinguido profesor norteamericano dice en la pág. xvr.
Donde el descuido muéstrase más evidente es en las notas. Diversos errores merecerlan ser señalados; apuntaré alguno como ejemplo:
Pág. 3 1 lín. 1: «mas de que vi&gt;, no es después que, sino cuando, :ªn pro~to como. - Pág. 16, lín. 30: «a deshora», no es unexpectedly, srno untzmely. - Pág. 25, lín. 4: «de los de por Dios,, no es fro1n beggar~ = de
los poraioseros, sino from begging = de mis pordioseos. -Pág. 33, lín. 37:
,ganarme por la mano&gt;, no es make advances to me, _sino !ake adva~tage
of me. - Pág. 38, lín. 33: «colación•, no es sweet drink, smo collation, a
slight repast.
En la sección «Otber books of reference, se echa de menos el
libro de F. M. Warren, A History of tke Novel previous to the Seventeenth Century, New York, 1895 1 libro que sería, sin duda, con u~lidad
consultado, en la parte que dedica a la picaresca, por los estudiantes
que han de manejar el volumen que acaba de editar Mr. Ch.-E. Buceta.

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SECCIÓN GENERAL
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XXVI, 365-373. (Sobre la edición anotada del P. Silverio de
Santa Teresa, 1915-1919.)
12033. En el con11ento de Beas, qru fundó Santa Tertsa de Jesús. Parte
a la Fnndadón de Beas nuestra madre Santa Teresa de Jesús
y obra en el camino maravillas. - DLS, 1922, X, 20~-207.
12034. lliARTfNBZ, G.-Santa Teresa de Jtsús. (La doctora y la mistica.)
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12035. MoRICE, H. -Sainte Térese. 1: L'Exploratrice du Monde invisible. 11: La Femme d'action. III: La Bienfaitrice de l'Huma0
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12036. DELGADO, J. - Santa Tertsa, mujer, monja y literata (continuación). - EyA, 1922 1 III, 95•103, 425-433. - V. núm. 11658.
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445

12038. lnus, B.-Santa Teresa de Jesús, dcctora.-EyA, 1922, LXXVI,
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12039. La elocuencia a los pies de Santa Teresa. Panegfricos inéditos
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PROSA VARIA

Ensayos.

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D!Bz-CANKDO,
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literarias
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ll044. ROJ•S, R. - Obras. l: Blasón de Plata. 11: Los arquetipos.
III: La Argentinidad. - Buenos Aires, Lib. «La Facultad•,
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NIN FRfAs, A.- José Enrique Rodóy el fntimo sentido de su obra.Nos, 1922, XLII, 192-200.
GARNELO, B. - La España de Ortega y Gasset. - CD, 1922,
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Essay. - BHi, 1922, XXIV, 396.
Didáctica.
12049. V1vES, JUAN Luis. - Diálogos. Traducción de C. Cristóbal Coret. - Madrid, Calpe, 1922, 8.0 , 232 págs., 1,50 ptas. (Colección Universal. Calpc.)
12050. BBLL, A. F. G.-Baltasar Gracidn. -New York, Oxford University Press, 1922, vm-82 págs. (Hispanic Notes and Monographs, III.)
12051. ARTIGAS, M. Los manuscritos de J011ellaws de la biblioteca [de
J.fenéndez y Pe/ayo]. - BB:\iP, 1921, III, 1·18-152.

Critica literaria.
12052. S.úNz v RooafGuBZ, P. -Do1-1,mentos para la historia de la critica literaria en España. Un epistolario erudito del siglo xu

�BIBLIOGRAFÍA
(continuación).-BBMP, 1921, III, 155-165, 251-262; 1922, IV,
153-170.- V. núm. 10931.
12053. GoLoBl!RG, I. ~ La literatura híspanoamericana. Traducción de
R. Cansinos-Assens. Prólogo de E. Díez-Canedo. - Madrid,
F. Samar.ia, 1922, 8.0 , 414 págs., 6,50 ptas.
12054. P.EREYRA, C. -A1enéndezy Pelayoensuaspectodeamericanista.BBMP, 1921, III, 229-250.

NOTICIAS

Memorias, epistolarios y viajes.
12055. S1LV,\, J. F. V. - Viaje de un t1t011:fe jeróni11t0 al vi,·reinato del
Perú en el siglo X Vil. - BAH, 1922, LXXXI, 433-460.
12056. F11RNÁN ÚBALLERO. - Epistola,·io. Publicado por A. López Argüello. - En 8.0 , 239 págs., 3,50 ptas.
12057. G1Nl!R.Dll LOS Ríos, FuNc1sco. - Cartas literarias. -BILE, 1922,
XLVI, 55-59. - V. núm. 9695.
12058. C1v1DANl!s, M. DE S.-Ejistolario de Gabriel y Galán. - Madrid,
1918, 8.0 , 247 págs., 3,50 ptas.

FOLKLORE
LITERATURA POPULAR

12059. Las mejores coplas españolas. Selección de V. García Calderón.París, Edit. Franco-Ibero-Americana, 1922, 16.º, 176 págs.
12060. Canciones populans. Edited by A. luce.-Silver Burdett &amp; Co.,
1921, v1-138 págs.,$ 1,28.
12061. KRüGllR, F. - Sobre J. Alvarado y Albo: Colección decantares
de boda 1·ecogidos en el valle de Labiana, Babia y Alto Bierzo.RFE, 1922, lX, 337-338.
OBRAS DIVERSAS

12062. KRüGER, F. - Sobre A. Guichot y Sierra: Noticia histórica del
Folklore. - RFE, 1922, IX, 338-339.
12063. Lu1,o RoZA DE AMPUD1A, A. DE.-.Del folklore asturiano: mitos,
supersticiones, costumbres. Prólogo de R. Menéndez Pidal.Madrid, Talleres.• Voluntad&gt;, 1922, 8.0 , x1x-277 págs., 7 ptas.

Conferencias del profesor Gómez Aforeno. - El catedrático de Arqueología arábiga de la Universidad de Madrid y profesor en el Centro de Estudios Históricos, D. Manuel Gómez Moreno, ha dado en el
verano último tres series de conferencias sobre aspectos del arte español en Buenos Aires, Rosario de Santa Fe y en Montevideo. Fué
invitado - como los profesores que le precedieron en la honrosa embajada espiritual - por la Institución cultural española de la República Argentina y por la del Uruguay. Del éxito de las conferencias
se han hecho eco los periódicos de ambos países. La Universidad de
Montevideo acordó publicar las lecciones en ella pronunciadas, y recibió al Sr. Gómez Moreno como profesor honoris causa. El programa
desarrollado es sobremanera sugestivo y merece conocerse. Su título:
«La vida española en el arte.&gt; He aqul los enunciados: l. Caracte,·isticas nacionales: a) El barroquismo, forma artística del genio español.b) Escultura polícroma: la emoción plástica intensificada. - e) Del
Greco a Goya: el ascetismo de los grandes pintores.,- d) El Renacimiento, siglo xvi: culto; acción popular religiosa. - e) Las ideas de
ultratumba: culto funerario. - ./) La vida aventurera reflejada en la
pobreza del arte civil. - II. Evolución del arte cristiano español: a) Período bárbaro: artes visigodo, asturiano y mozárabe. -b) Período románico, siglos XI a xn: la peregrinación a Santiago de Compostela. e) Período ojival, siglos xm a xv: catedrales; castillos. - d) El Renacia::ento, siglo xv1: predominio europeo; fracaso del clasicismo. e) La arquitectura barroca, siglos xvu y xvm: concentración nacional. - Ill. El arte musulmán espa1iol: a) Desarrollo del orientalismo
• andaluz. - b) Las ciudades: organización, cultura. - c) Opulencia de
vida doméstica: la Alhambra. - d) La gran mezquita de Córdoba; la
Giralda. - e) Intensidad de valores decora ti vos en Arquitectura. f) Las artes suntuarias: su aceptación entre los cristianos. -g) El arte
mudéjar como reacción de orientalismo. - IV. Iniciativas preltistdricas del genio espa1iol: a) Predominio en Occidente: el arte tartesio; el
arte ibérico. - b) Explosión de la facultad artística en el hombre primitivo; la cueva de Altamira: pinturas rupestres. Tales fueron los
temas tratados en Buenos Aires en 18 conferencias; más condensado

�NOTICIAS

y con organización distinta, fué el programa explicado en 10 lecciones
en Montevideo. En Rosario de Santa Fe (República Argentina) dió
también el Sr. Gómez Moreno tres conferencias.
- Biblioteca Literaria del Estudiante. - De los treinta volúmenes
de que ha de constar esta colección, han aparecido los siguientes:
, . Fábulas y cuentos en verso, 3 ptas. -4. Prosistas modernos, 3,50 pesetas. - 5. Galdós, 3 ptas. - , 3. Tirso de Molina, 3 ptas. 17. Exploradores y amquistadores de Indias. Relatos geográficos, 3,50 ptas.-21. Ceruantes: Novelas y teatro, 3,50 ptas.-24. Novela Picaresca, 3 ptas.A los suscriptores de la colección se les hará un 20 por 100 de descuento. Dirijanse los pedidos al Sr. Secretario de la Junta para Ampliación de Estudios, Almagro, 26, Madrid.
- Curso para e:&gt;,,"/ran.feros. - El duodécimo Curso de vacaciones
para extranjeros, organizado por el Centro de Estudios Históricos,
tendrá lugar en Madrid, del 9 de julio al 4 de agosto de 1923. Estos
Cursos están destinados, como es sabido, a los extranjeros q_ue no
pudiendo hacer una larga permanencia en España deseen adquirir,
durante unas breves semanas de trabajo organizado y metódico, una
clara información de conjunto respecto al pais y a la sociedad españoles. En el programa correspondiente al Curso de vacaciones de 1923
figuran los siguientes conceptos: Conferencias sobre gramática, fonética, literatura, historia, arte, geografía y vida española. Clases prácticas de conversación, sintaxis, pronunciación, transcripción fonética,
composición, dictado y traducción. Cursos especiales sobre español
comercial y sobre diversos temas concretos de literatura y arte. Visitas a los principales museos, y excursiones a Toledo, Segovia, La
Granja y El Escorial. Se conceden certificados de asistencia y diplomas de aptitud. Facilita informes detallados la secretaría de los Cursos para extranjeros: Centro de Estudios Históricos, Almagro, 26,
hotel, Madrid.

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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1785023&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
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              <text>Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, Centro de Estudios Históricos</text>
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              <text>Menéndez Pidal, Ramón, 1869-1968, Director</text>
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              <text>Fundada en 1914 por Ramón Menéndez Pidal, es la revista más antigua de todas las publicadas por el CSIC. Cuenta con edición impresa y comienza a estar disponible online en 2007 en formato PDF. Los contenidos anteriores están igualmente disponibles en ese formato.</text>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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      <name>Cercada de Santa Fe</name>
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      <name>Per la Fortuna di due Opere Spagnole</name>
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