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                  <text>�D.R. 2022 © Aitías Vol. 1, No. 2, julio-diciembre 2021, es una publicación semestral editada
por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través del Centro de Estudios Humanísticos,
Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte,
Colonia Regina, Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290. Tel.+52 (81)83-29- 4000 Ext. 6533.
https://aitias.uanl.mx Editor Responsable: José Luis Cisneros Arellano. Reserva de Derechos al
Uso Exclusivo 04-2022-020214040400-102,
ISSN en trámite, ambos ante el Instituto
Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Centro
de Estudios Humanísticos de la UANL, Mtro. Juan José Muñoz Mendoza, Biblioteca
Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia Regina,
Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290. Fecha de última modificación de 7 octubre de
2021.
Rector / Santos Guzmán López
Secretario de Extensión y Cultura / Celso José Garza Acuña
Director de Historia y Humanidades / Humberto Salazar Herrera
Titular del Centro de Estudios Humanísticos / César Morado Macías
Director de la Revista / José Luis Cisneros Arellano

Autores
Miguel Angel Pasillas Valdez,
Braulio Reynoso Javier,
Ashley Josua Bocanegra Marin
Tom Sparrow; Gerardo Flores Peña (Traductor/a)
Samy Zacarías Reyes García,
Rubén Darío Martínez Ramírez
Gustavo Adolfo Maldonado Martínez
Karla Castillo
Gerardo Flores Peña
Jorge Eduardo Jerezano Luna
Editor Técnico / Juan José Muñoz Mendoza
Corrección de Estilo / Francisco Ruiz Solís
Maquetación / Concepción Martínez Morales

Se permite la reproducción total o parcial sin fines comerciales, citando la fuente. Las opiniones
vertidas en este documento son responsabilidad de sus autores y no reflejan, necesariamente, la
opinión de Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Este es un producto del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo
Léon. www.ceh.uanl.mx
Hecho en México

�Aitías

Revista de Estudios Filosóficos
http://aitias.uanl.mx/

APROXIMACIONES Y CARACTERIZACIONES
CONCEPTUALES A LA TEORÍA DEL ENSAMBLAJE
DE MANUEL DE LANDA
CONCEPTUAL APPROACHES AND
CHARACTERIZATIONS TO THE ASSEMBLAGES
THEORY OF MANUEL DE LANDA
Karla Yudith Castillo Villapudua
Universidad Autónoma de Baja California
ORCID:https://orcid.org/0000-0002-3693-6420

Editor: José Luis Cisneros Arellano Dr., Universidad Autónoma de
Nuevo León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo
León, México.
Copyright: © 2021, Castillo Villapudua, Karla Yudith. This is an
open-access article distributed under the terms of Creative Commons
Attribution License [CC BY 4.0], which permits unrestricted use,
distribution, and reproduction in any medium, provided the original
author and source are credited.
DOI: https://doi.org/10.29105/aitias1.2-5
Recepción: 24-04-21
Email: castillo.karla@uabc.edu.mx

�Aproximaciones y caracterizaciones
conceptuales a la Teoría del Ensamblaje
de Manuel de Landa

Aproximaciones

y caracterizaciones conceptuales a la
Teoría del Ensamblaje de Manuel de Landa

Conceptual

approaches and characterizations to the
Assemblages Theory of Manuel De Landa
Karla Yudith Castillo Villapudua1

Resumen: En este artículo presentamos una exposición de las principales
características conceptuales de la teoría del ensamblaje desarrollada
por Manuel De Landa. En un primer momento, abordamos los
antecedentes y algunos elementos contextuales de la teoría. Un segundo
momento, analizamos las relaciones de interioridad y las relaciones
de exterioridad, la historicidad de los ensamblajes, la materialidad
y expresividad, así como la territorialización desterritorialización,
codificación y descodificación. Un tercer momento presenta la
historia única, el emergentismo, actualidad, virtualidad, causalidad
no lineal, y lo multiescalar. Por último, reflexionamos sobre algunas
de las posibilidades de esta teoría en el campo de la investigación
contemporánea.
Palabras clave: Ensamblajes, relaciones de exterioridad, emergentismo,
historicidad.

1

Universidad Autónoma de Baja California.

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Año 1, N° 2, Julio-Diciembre 2021, pp 131-152

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�Aproximaciones y caracterizaciones
conceptuales a la Teoría del Ensamblaje
de Manuel de Landa
Abstract: In this article we present an exposition of the main conceptual
characteristics of assembly theory developed by Manuel De Landa.
At first, we address the background and some contextual elements of
the theory. A second moment, we analyze the relations of interiority
and relations of exteriority, the historicity of the assemblages, the
materiality and expressiveness, as well as the territorialization and
deterritorialization, encoding and decoding. A third moment presents the
unique history, emergentism, actuality, virtuality, non-linear casualitiy,
and the multiscalar. Finally, we reflect on some of the possibilities of
this theory in the field of contemporary research.
Keywords: Assemblages, relations of exteriority, emergentism,
historicity.

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Año 1, N° 2, Julio-Diciembre 2021, pp 131-152

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�Aproximaciones y caracterizaciones
conceptuales a la Teoría del Ensamblaje
de Manuel de Landa
Introducción
La Teoría del Ensamblaje es la culminación de más de veinticinco
años de investigación del filósofo Manuel de Landa (México, 1952).
En esta publicación el autor presenta por primera vez una ontología
realista unificada que abarca la física subatómica, la química, la
biología y la historia social. Sobra decir que esta teoría es una teoría
realista, cuyo antecedente inmediato lo podemos situar en el programa
de investigación de los filósofos franceses Deleuze y Guattari en la obra
Mil Mesetas. Una teoría de esta índole, se caracteriza en efecto, por
afirmar la existencia de la realidad independiente de un sujeto humano.
Los primeros dos ensayos del libro Assemblage Theory son la
continuación de trabajos previos como Mil años de Historia no lineal,
donde se presenta el tema de los ensamblajes desde su caracterización
histórica y contingente. Esto también ocurre con el ensayo Assemblages
and the Weapons of War, continuación de su primer trabajo War in the
Age of Inteligent Machines, cuyo eje de reflexión gira en torno a las
máquinas inteligentes utilizadas durante la guerra de Irak.
Efectivamente el trabajo de De Landa inicia su exploración sobre los
tópicos de la realidad y la materia durante la década de los noventas. Por
ello, podemos presentarlo como un pionero en el estudio y recuperación
de aparatos teóricos no tan populares ante el boom de la posmodernidad
y el constructivismo social. En tal sentido podemos afirmar que el
proyecto de De Landa es un trabajo innovador, ya que sus publicaciones
se remontan a dos décadas anteriores que al popular encuentro en el
2007 de los filósofos denominados nuevos realistas2.
Manuel De Landa nació en la Ciudad de México, pero emigró
muy joven a Nueva York. Su trayectoria investigativa inició en el
campo de las artes, específicamente en el video experimental. Con el
paso del tiempo, se interesó por el estudio de la filosofía analítica, y
por cuestiones del destino – no conocemos la historia con exactitudllegó a la obra de Deleuze. Como estudioso del filósofo francés, su
deseo principal es deslindarlo de cualquier connotación posmoderna
e irracionalista y, por el contrario, abordarlo y presentarlo como un
filósofo realista que se enfoca, sobre todo, en un claro compromiso
racionalista y materialista: “se ha propuesto ante todo, como él mismo lo
confiesa, enseñarles a los analíticos norteamericanos la validez teórica
2
Mario Teodoro Ramírez, coord., El nuevo realismo. La filosofía del siglo
XXI (México: Siglo XXI; UMSNH, 2016).

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Año 1, N° 2, Julio-Diciembre 2021, pp 131-152

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�Aproximaciones y caracterizaciones
conceptuales a la Teoría del Ensamblaje
de Manuel de Landa
y la utilidad epistemológica del pensamiento deleuziano, es decir, las
fuentes científicas y la concepción de las ciencias que está presente en
la obra de Deleuze3…”
Este artículo se organiza en siete directrices. En la primera
presentamos algunas definiciones que caracterizan el concepto de
ensamblajes. En la segunda abordamos el tópico de las totalidades
orgánicas y las relaciones de interioridad, para contrarrestarlas con las
relaciones de exterioridad de los ensamblajes. En la tercera exploramos,
las características de materialidad, expresividad, territorialización
y desterritorialización. En la cuarta y quinta, exponemos la historia
única de los ensamblajes y el emergentismo. En la sexta analizamos
los conceptos de actualidad y virtualidad. En la séptima describimos
algunos aspectos de la causalidad no lineal y autocatalítica. Por último,
presentamos algunas reflexiones sobre los posibles cruces de la teoría
del ensamblaje con los fenómenos estudiados en otras disciplinas.
1. ¿Qué son los ensamblajes?
Manuel De Landa utiliza el concepto de ensamblaje como un
sustituto apropiado para el término “agenciamiento”4 creado por
Deleuze y Guattari. Este acto lo impulsa a reelaborar aquellos aspectos
no totalmente desarrollados en el programa filosófico de los pensadores
franceses, mediante una investigación exhaustiva que incluye disciplinas
que van desde la biología, geología, hasta la cibernética.
La teoría del ensamblaje se ubica dentro de una ontología
realista, y por tanto da cuenta de la realidad a partir de totalidades
nombradas ensamblajes: “La postura ontológica asumida aquí
ha sido tradicionalmente etiquetada como ‘realista’: una postura
definida usualmente por su aceptación de la existencia de la realidad
3
Mario Teodoro Ramírez y Laureano Ralón, “Gilles Deleuze y el nuevo
realismo,” Avatares Filosóficos, no. 4 (2017): 25
4
El concepto assemblage (ensamblaje) en lengua inglesa es una traducción
del termino francés agencement. De acuerdo con De Landa, la palabra agenciamiento
en español no capta el significado de la agencia original, y se puede confundir con un
término que se refiere a un resultado y no a un proceso. Por esta razón, el filósofo opta
por emplear el concepto ensamblaje para tratar de esclarecer los diversos significados
que presenta en la obra de Deleuze y Guattari. Es en este sentido, que el filósofo cita una
definición dicha por Deleuze en entrevista con Parrnet, refiriendo que un ensamblaje es
una multiplicidad de elementos heterogéneos de diferente naturaleza.

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Año 1, N° 2, Julio-Diciembre 2021, pp 131-152

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�Aproximaciones y caracterizaciones
conceptuales a la Teoría del Ensamblaje
de Manuel de Landa
independientemente de la mente”5. Por esta razón, este enfoque se aleja
de concepciones posmodernas que niegan la realidad, apostando en
cambio, por una recuperación de pensar un marco ontológico realista
independiente de representaciones, constructos mentales y derivados.
De acuerdo con el filósofo norteamericano Graham Harman6, gracias
a la posición realista de Manuel De Landa, este puede desarrollar
un programa de investigación que incluya una teoría de lo virtual, y
a su vez, esbozar una teoría del ensamblaje que lo lleva a proponer
un emergentismo. Además, su enfoque en la historia única de los
ensamblajes le permite rechazar la causación lineal, proponiendo en
cambio, un principio autocatalítico.
Naturalmente, si la realidad está compuesta por ensamblajes hay que
explicar cómo se mueven, cómo se entrelazan, qué posibilidades de
actualización tienen, y por supuesto, tratar de conocer sus procesos de
intercambiabilidad con otros ensamblajes. Al respecto conviene decir
que cualquier entidad es un ensamblaje, y por ende, no se recurre a la
concepción de objetos unificados y cerrados donde lo que prevalece es
la identidad individual. A este propósito, los ensamblajes son entidades
abiertas en continua interacción con otras totalidades, lo cual postula
la negación de reducir a los ensamblajes en partes pequeñísimas para
conocer sus propiedades o funcionamiento. Cabe aclarar que, lo que
distingue a un ensamblaje de otro ensamblaje a pesar de sus límites
difusos, son sus capacidades de afectación, las cuales siempre son
contingentes.
Asimismo, al ser una ontología edificada en ensamblajes, el
filósofo no se interesa por recurrir a conceptos como cosas, máquinas
o entidades, empleados en otras ontologías como la ontología orientada
a objetos de Harman, o la ontología de máquinas de Levi Bryant. De
esta forma, De Landa toma distancia de estos proyectos ontológicos,
para embarcarse en una investigación que parte de la diferencia y no
de la identidad. Esto implica, por supuesto, una clara influencia de
la ontología deleuziana, en particular; aquella que encontramos en
5
Manuel De Landa, Assemblage Theory (Edimburgo: Edinburg University
Press, 2016), 6.
6
Graham Harman, Hacia el realismo especulativo. Ensayos y conferencias,
trad. Claudio Iglesias (Buenos Aires: Caja Negra, 2015), 184: “El realismo lleva a De
Landa a esbozar una teoría de lo virtual; su teoría del ensamblaje conlleva una doctrina
de la emergencia; su crítica de la esencia adhiere a la génesis histórica por sobre los
individuos formados; finalmente, el rechazo de la causación lineal afirma que ciertos
factores catalizan las interacciones en vez de producirlas de manera mecánica”.

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�Aproximaciones y caracterizaciones
conceptuales a la Teoría del Ensamblaje
de Manuel de Landa
su temprana obra Diferencia y Repetición, donde el filósofo francés
traza los recursos de una ontología diferencial que se contrapone a las
ontologías clásicas de corte aristotélico, para partir de la diferencia y
no de la identidad. En este sentido, como señalan Escobar y Osterweil:
“las cosas surgen mediante procesos dinámicos de materia y energía
impulsados por diferencias intensivas”7. Y en este riesgo teórico, afirma
la existencia de una realidad independiente de la mente humana, donde
coexisten flujos de materia y energía que se ensamblan como una red
heterogénea de elementos naturales o culturales, que a su vez son
ensamblajes, y así en lo sucesivo.
Al respecto De Landa, explica:
La noción de ensamblaje está diseñada para pensar todos [totalidades]
como hechos de partes heterogéneas. Una organización institucional,
una universidad o un hospital, por ejemplo, está compuesta no sólo
de gente, sino de escritorios, sillas, paredes, puertas, ventanas,
máquinas de comunicación y transporte, licencias y certificados, y
muchas otras cosas, además8.
Lo anterior nos permite comprender que los ensamblajes están
conformados por elementos heterogéneos, lo cual incluye entidades
que no corresponden a una clasificación por género y especie, sino
por el contrario, elementos de taxonomías distintas se conectan para
coproducir otras conexiones. De este modo, un ensamblaje además de
su heterogénesis, se distingue por sus capacidades, es decir, por el poder
de acción que las partes son incapaces de hacer. Esto significa que las
acciones de los ensamblajes pueden transformarse bajo condiciones
intensivas y temporales, lo cual a su vez les permite ganar o perder
conexiones con entidades vecinas.
De acuerdo con Kleinherenbrink9 los poderes de un ensamblaje
maquínico deben entenderse en términos de capacidades para hacer
cosas que sus partes no pueden hacer. Tales poderes pueden cambiar
con el tiempo en la medida en que un ensamblaje se intensifique,
7
Arturo Escobar y Michael Osterweil, “Movimientos sociales y la política de
lo virtual. Estrategias deleuzianas,” Tabula Rasa, no. 10 (Enero-Junio 2009): 128.
8
Manuel De Landa, “Hacia una nueva ontología de lo social Manuel De Landa
en entrevista,” entrevista por Ignacio Farías, Persona y Sociedad 22, no. 1 (Abril 2008):
83, https://doi.org/10.11565/pys.v22i1.159.
9
Arjen Kleinherenbrink, “Metaphysical Primitives: Machines and Assemblages
in Deleuze, DeLanda and Bryant,” Open Philosophy 3 no. (2020): 283-297.

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Año 1, N° 2, Julio-Diciembre 2021, pp 131-152

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�Aproximaciones y caracterizaciones
conceptuales a la Teoría del Ensamblaje
de Manuel de Landa
gane o pierda conexiones con entidades vecinas. Ahora bien, ¿Por qué
las partes de un ensamblaje no pueden actuar como ensamblajes?, a
primera vista las teorías de las totalidades, señalan que una parte que
se separa del todo, deja de ser lo que es. Por el contrario, desde la
teoría del ensamblaje una parte puede marcharse de una organización
o un conjunto y conservar sus propiedades identitarias, lo único que
se pierde es su capacidad de ejercer acciones en ese conjunto, porque
ha devenido a accionar en otro lugar: “Cuando uno separa una parte
de un todo, una persona de una comunidad o una organización, por
ejemplo, las capacidades que esa persona ejercía en esos ensamblajes
dejan de ser ejercidas, pero la persona no pierde sus propiedades ni su
identidad”10.
En palabras de Kleinherenbrink11 podemos tomar el ejemplo de los
seres humanos, quienes están íntimamente conectados con numerosas
entidades físicas, tecnológicas, biológicas, y sociales. Algunos de estos
constituyen sus partes y otros sus entornos. Los seres humanos tienen
poderes que son irreductibles para estas entidades. Por ejemplo, estos
pueden hablar idiomas, mientras que muchas de las entidades que nos
permiten realizar este acto no pueden hacerlo por ellos mismos. Esto
pone en evidencia que los seres humanos tienen poderes o afectos
irreducibles, incluso si otras entidades generan estos para nosotros.
En efecto, cualquier elemento que me permita hablar inglés puede
muy bien ser generado por conexiones a libros, recuerdos, neuronas,
películas y conversaciones, pero estos poderes no serán reducibles a
tales fuentes. Los poderes de un ser humano pueden o no cambiar a lo
largo de su existencia, y por tanto, continua siendo un ensamblaje en
la medida en que se produce y reproduce a través de su exposición a
otras entidades.
A continuación, y de forma muy breve exploraremos el desacuerdo
de la teoría del ensamblaje con las teorías de las totalidades orgánicas, a
través de las relaciones de exterioridad que la caracterizan.
2. Contra las totalidades orgánicas: relaciones de interioridadrelaciones de exterioridad
La teoría del ensamblaje es una explicación de la realidad que rivaliza
o contradice las teorías de las totalidades funcionalistas. De acuerdo
10
11

De Landa, “Hacia una nueva ontología de lo social,” 80.
Kleinherenbrink, “Metaphysical Primitives,” 286.

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Año 1, N° 2, Julio-Diciembre 2021, pp 131-152

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�Aproximaciones y caracterizaciones
conceptuales a la Teoría del Ensamblaje
de Manuel de Landa
con De Landa12, el funcionalismo de manera general se caracteriza por
usar al organismo como metáfora, donde existen todos que conforman
totalidades orgánicas compuestas por partes relacionadas con otras
partes. Esto supone que las partes son esenciales para el funcionamiento
de ese todo, y que, en ausencia de alguna de ellas, se desmoronaría o
volvería infuncional.
Por ejemplo, un corazón humano sería el sumario de todas las
acciones producidas en un cuerpo, al igual que cada célula del corazón
podría ser la suma total de todo lo que hace en un corazón. Además,
estas teorías fundamentan su concepción a partir del lugar preeminente
de las relaciones de las partes para consolidar su unidad. En este caso,
cada parte constituye un lugar indispensable para el funcionamiento
óptimo del organismo:
La idea básica en esta teoría es lo que podemos definir como
relaciones de interioridad: las partes componentes están constituidas
por las mismas relaciones que tienen con otras partes en el todo. Una
parte separada de ese todo deja de ser lo que es, dado que ser tal
parte en particular es una de sus propiedades constitutivas13.
Sin embargo, en la teoría del ensamblaje estas relaciones de
interioridad que configuran las características y capacidades de un todo,
dejan de tener un rol esencial, porque lo importante son las relaciones
de exterioridad con otros ensamblajes. Así pues, el enemigo principal
de la Teoría del Ensamblaje son dichas relaciones de interioridad, por el
hecho de que cancelan la posibilidad de la emergencia: “los ensamblajes
están hechos de partes que son autosubsistentes y están articuladas
por relaciones de exterioridad, por lo que una de sus partes puede ser
separada y ser un componente de otro ensamblaje”14.
Ahora bien, desde la perspectiva de De Landa, el problema con
las totalidades orgánicas radica en que ellos piensan que “si las partes
se constituyen mutuamente por sus relaciones de interioridad, entonces
son inseparables del todo (una parte separada deja de ser lo que es) y el
todo se vuelve indivisible”15. Bajo este supuesto, uno puede pensar que
12

De Landa, Assemblage Theory, 10.

13
14

De Landa, Assemblage Theory, 2.
De Landa, Assemblage Theory, 3.

15

De Landa, “Hacia una nueva ontología de lo social,” 81.

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�Aproximaciones y caracterizaciones
conceptuales a la Teoría del Ensamblaje
de Manuel de Landa
al quitar una palmera de un jardín de una casa, esta se transformaría en
una nueva entidad que es ontológicamente distinta de lo que solía ser
en el jardín de esa casa. En el límite, incluso implica que, si te mueves
solo una pulgada hacia la izquierda, te conviertes en una entidad
completamente diferente. Sin embargo, este supuesto desde la teoría del
ensamblaje es inadmisible: “En la teoría de los ensamblajes la cuestión
de la exterioridad se da, primeramente, en la concepción de la relación
parte/todo. Las relaciones entre partes son de interioridad si las partes
son constituidas como tales por el papel que juegan en el todo”16.
De acuerdo con De Landa: “Las relaciones de exterioridad entre
partes son interacciones en las que las partes ejercitan ciertas capacidades
de afectar, y de ser afectadas por, otras partes, pero el ejercicio de esas
capacidades no determina su identidad”17. Con esta aclaración, nuestro
autor se deslinda de las explicaciones tradicionales de la parte al todo
y viceversa, y por tanto, defiende la autonomía identitaria de una parte
cuando ya no forma parte de un ensamblaje en particular, conservando
la ventaja de poder encajar con cualquier otro ensamble y formar parte
de una nueva intensificación. Por lo tanto, en la Teoría del Ensamblaje
las partes no son indispensables, pero sí resulta crucial tomar en cuenta
la distinción entre propiedades y capacidades. Al respecto el autor
señala:
Las propiedades son dadas, siempre son actuales y, por tanto,
sí son determinantes de la identidad de una parte, mientras que
las capacidades sólo son actuales cuando son ejercidas en una
interacción. Dado que el número de interacciones posibles puede
ser infinito, las capacidades de afectar y ser afectado son ilimitadas.
Por tanto, no pueden definir la identidad de algo actual18.
De ahí que la distinción no parte de las diferencias entre las partes
y el todo, sino entre las propiedades y las capacidades19.
Lo anterior nos permite replantear la noción básica que discierne
entre partes y todo para abrir paso a una diferenciación basada entre
las propiedades y las capacidades. Esto asume que las propiedades ya
están dadas, y en efecto, forman un elemento clave de la identidad de
un ensamblaje, pero además, es importante tomar en cuenta que las
capacidades están en un estado de abierto dotándolas de actualidad en su
16
17
18
19

De Landa, “Hacia una nueva ontología de lo social,” 79.
De Landa, Assemblage Theory, 2.
De Landa, “Hacia una nueva ontología de lo social,” 79-80.
De Landa, “Hacia una nueva ontología de lo social,” 79.

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Año 1, N° 2, Julio-Diciembre 2021, pp 131-152

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�Aproximaciones y caracterizaciones
conceptuales a la Teoría del Ensamblaje
de Manuel de Landa
interacción con otros ensamblajes; y por tanto, estas posibilidades son
infinitas: “y forman una lista potencialmente abierta, dado que no existe
modo de saber por anticipado de qué manera una entidad puede afectar
o ser afectada por otras innumerables entidades”20. Así, la imposibilidad
de anticiparse al futuro de los intercambios y afectaciones cancela la
facultad de predecir con certeza el destino de los ensamblajes.
Con lo que llevo dicho hasta aquí, me parece conveniente continuar
con la explicación de las otras características de los ensamblajes.
3. Materialidad y expresividad-territorialización y desterritorialización
(codificación-decodificación)

Deleuze y Guattari explicaron que los ensamblajes -agenciamientosse caracterizan por tener dos ejes: uno material y otro expresivo. A
partir de esto De Landa, agrega un tercer eje, el de la codificación y
la decodificación, conservando los dos anteriores. Para entender estas
caracterizaciones hay que decir que el primer eje, se refiere al lado material
de la realidad, recordemos que De Landa desde Mil años de Historia
no Lineal escribe la historia no humana desde los distintos materiales
que han atravesado las diversas capas de la realidad que van desde
lavas, magmas, granitos, arenas, finalizando con el lenguaje. De Landa
argumenta al respecto: “vivimos en un mundo poblado por estructuras:
mezclas complejas de construcciones geológicas, biológicas, sociales
y lingüísticas que no son otra cosa que acumulaciones de materiales
formados y solidificados por la historia”21.
El segundo rol -la expresividad- se refiere a todos los actos
comunicativos que transmiten las diversas entidades de la naturaleza,
que van desde genes, bacterias, hongos, animales, etc. Esto significa
que la expresión no queda relacionada única y exclusivamente con lo
humano, sino que también incluye a todos aquellos recursos metas
lingüísticos que transmiten señales más allá de ello. Por lo tanto,
podemos afirmar que la expresividad desde la perspectiva delandiana
se aleja de una concepción antropocentrista de la expresión.
Para ilustrar este supuesto, De Landa recurre al ejemplo de las
conversaciones: “Un componente principal de las conversaciones es,
por supuesto, el contenido de la plática, pero existen también otras
20
De Landa, Assemblage Theory, 18.
21
Manuel De Landa, Mil años de Historia no Lineal, trad. Carlos de Landa
Acosta (Barcelona: Editorial Gedisa, 2012), 21.

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�Aproximaciones y caracterizaciones
conceptuales a la Teoría del Ensamblaje
de Manuel de Landa
formas de expresión corporal (postura, gestos faciales, vestimenta)
que no son lingüísticos”22. Como se puede apreciar, los ensamblajes
son medios expresivos que siempre comunican algo, pues son de
cierta manera canales que emiten marcas, huellas, rastros, indicios
como es el caso de la orina de los perros o el canto de los pájaros.
Cabe destacar que la primera dimensión del ensamblaje -expresividad
y materialidad- constituye lo que Manuel De Landa nombra el lado
analítico del enfoque y por ende, será el encargado de descomponer
los ensamblajes en distintas partes. No obstante, esto no se queda hasta
ahí, dado que también existe una segunda dimensión -sintética- que
puede ser de territorialización (estabilizador) o desterritorialización
(desestabilizador). En este punto, por territorialización el filósofo se
refiere a la localización de límites espaciales concretos cuya misión
consiste en incrementar la homogeneidad interna de un ensamblaje. Por
consiguiente, son procesos con fronteras bien definidas, que pueden ser
vecindarios o poblaciones: “Por ello, y en primer lugar, los procesos
de territorialización son procesos que definen o demarcan los límites
espaciales de territorios reales”23.
De ahí podemos decir que la territorialización es el acto de
cartografiar cuya función principal es mapear espacios tierras y que
de cierta manera uniformiza y contiene los ensamblajes que mantiene
cerrados: “Las conversaciones cara a cara siempre ocurren en un lugar
particular (una esquina de una calle, una taberna, una iglesia) y una vez
que los participantes se han convalidado mutuamente la conversación
adquiere límites espaciales bien definidos”24.
Ahora bien, en lo que respecta a la desterritorialización,
el filósofo señala: “Cualquier proceso que desestabilice los límites
espaciales o incremente la heterogeneidad interna es considerado
desterritorializador”25. Ante esto, vemos el efecto contrario de trazar
territorios, puesto que desterritorializar produce irrupción con los
límites espaciales. De esta manera, esta tarea consiste en derribar
muros, provocando la entrada a entidades no uniformes esparcidas en
distintas geografías.
Para ejemplificar esta característica, De Landa recurre al hecho de
la comunicación a distancia: “Un buen ejemplo es la tecnología de
22
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24
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De Landa, Assemblage Theory, 28.
De Landa, Assemblage Theory, 28
De Landa, Assemblage Theory, 29.
De Landa, Assemblage Theory, 29.

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�Aproximaciones y caracterizaciones
conceptuales a la Teoría del Ensamblaje
de Manuel de Landa
comunicación, desde la escritura y el servicio postal hasta el telégrafo, el
teléfono y las computadoras, todos ellos borran las fronteras espaciales
de las entidades sociales y eliminan la necesidad de la copresencia”26.
de hecho posibilita las relaciones lejanas, dando pie a la consolidación
de conexiones interpersonales, como es el caso de las redes virtuales.
Con lo explicado hasta aquí, resulta relevante continuar con la
exposición del tercer eje. Como señalamos, además de materialidad y
expresividad, el filósofo añade la codificación y la decodificación:
un eje adicional que define los procesos en los cuales intervienen
medios expresivos especializados, procesos que consolidan y
solidifican la identidad del ensamblaje o, por el contrario, brindan
mayor amplitud al ensamblaje para realizar operaciones con mayor
flexibilidad, a la vez que se beneficia de los recursos genéticos o
lingüísticos (procesos de codificación y decodificación)27.
Es menester resaltar que este agregado, añade un mecanismo
de operación que permite la consolidación o flexibilización de los
ensamblajes, recordemos que De Landa28 explica estos procesos
a través del nacimiento de las primeras ciudades europeas donde
la tierra utilizada para hacer los bloques de los muros ayudaba a la
solidificación de los ladrillos con los que se marcaban las primeras
urbes. Así como el nacimiento o muerte de una lengua permitía
flexibilizar o agilizar los códigos legales. Sin olvidar que, todos estos
procesos se repiten, y gracias a ello, se sintetizan poblaciones enteras
de ensamblajes: “Todos estos procesos son recurrentes y su repetición
variable sintetiza poblaciones enteras de ensamblajes”29.
4. La historia única de los ensamblajes y propiedades emergentes
La historia de los ensamblajes es otra de las cuestiones centrales para
comprender las trayectorias y combinatorias que estos van produciendo
a través de sus devenires. En este sentido, se reemplaza el concepto
de esencia por las secuencias históricas de los ensamblajes, señalando
que la unicidad e irreductibilidad de un ensamblaje se justifica ante
todo por el hecho de que tiene su propia historia: “el estado ontológico
26
27
28
29

De Landa, Assemblage Theory, 31.
De Landa, Assemblage Theory, 31.
De Landa, Mil Años de Historia no Lineal, 35.
De Landa, Assemblage Theory, 32.

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�Aproximaciones y caracterizaciones
conceptuales a la Teoría del Ensamblaje
de Manuel de Landa
de cualquier ensamblaje, inorgánico, orgánico o social, es el de un
individuo único, singular, históricamente contingente”30. A pesar de la
existencia de numerosas moléculas de agua, la producción inicial y la
existencia subsiguiente de cualquier molécula de agua son únicas.
Esta unicidad histórica enfatiza cómo los ensamblajes son
ontológicamente externos a sus relaciones con otras entidades: las
entidades son algo más que sus compromisos con otras entidades. Por
esta razón, conocer la operatividad de los ensamblajes, implica seguir
la ruta de sus acciones, y dar cuenta de lo que sucede en el ensamblaje
como tal, y no en sus partes. En este aspecto, es importante aclarar que
si bien De Landa se auxilia de la historia para explicar el movimiento de
los ensamblajes, no lo hace desde su perspectiva lineal, pues recordemos
que su modelo teórico se instala en lo que llaman ciencias no lineales.
Una vez que vimos cómo De Landa se auxilia de la historia para
explicar los devenires de los ensamblajes, pasemos a describir el
emergentismo. Básicamente, cuando se piensa en este concepto,
es preciso alejarse de las totalidades orgánicas, porque las partes no
determinan las propiedades del todo: “En mi caso, uno de los concep¬tos
clave es la de propiedad emergente, definida como una propiedad de un
todo que es más que la suma de sus partes”31. De esta manera, el filósofo
se deslinda de las teorías construidas bajo el supuesto de la parte al
todo, y a su vez, construye el argumento suficiente para afirmar que en
estas teorías las distinciones entre la parte todo o lo micro y lo macro
cancelan la posibilidad de las propiedades emergentes.
Lo anterior señala que existen propiedades de los todos irreducibles
a las partes, y que, además, las teorías de las totalidades orgánicas son
incapaces de explicar: “El concepto es básico porque juega el papel
de bloquear el microrreduccionismo: si el todo tiene propiedades
diferentes de sus partes, no puede ser entonces reducido a sus partes”32.
Por lo tanto, siguiendo el concepto de emergencia un ensamblaje
no es sus componentes. Se caracteriza más bien por propiedades
emergentes que no se encuentran en sus partes pues la mayoría de las
entidades tienen una serie de propiedades como tamaño, peso y color
que ninguno de sus componentes tiene. El agua está húmeda, mientras
que el hidrógeno y el oxígeno no, los seres humanos difieren en edad
de la edad de sus uñas y pelos.
30
31
32

De Landa, Assemblage Theory, 33.
De Landa, “Hacia una nueva ontología de lo social,” 80.
De Landa, “Hacia una nueva ontología de lo social,” 80.

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�Aproximaciones y caracterizaciones
conceptuales a la Teoría del Ensamblaje
de Manuel de Landa
Con esa hipótesis en mente De Landa nos aclara la importancia de la
emergencia para su teoría del ensamblaje, puesto que no coincide con
las explicaciones de la sociología clásica que explican la realidad social
a partir de un todo que da cuenta a partir de sus partes o viceversa,
debido a que estas formas de explicar y conocer los fenómenos sociales
niegan la emergencia.
En este sentido, las propiedades emergentes son lo que un ensamblaje
manifiesta “en el aquí y ahora”, y esto es lo que De Landa llama el
lado “real” de un ensamblaje. Y bien, ¿A qué se refiere De Landa con
el lado real de un ensamblaje? A primera vista, se supone que este
aspecto real del ensamblaje corresponde tanto a su emergencia como a
su actualidad, puesto que siempre estará abierto a la intercambiabilidad
con otros ensamblajes y sus capacidades pueden transformarse, a pesar
de que siga conservando su trayectoria histórica. En este sentido “Un
conjunto se define así por un proceso histórico único durante el cual sus
propiedades reales son (re) producidas y alteradas”. Ello supone que
la historicidad del ensamblaje puede explicar el lado real en constante
actualización, sin perder de vista que es pasajero y parcial, puesto que
sus rasgos de capacidad están abiertos a trayectorias por venir y que
finalmente nunca está totalmente actualizado:
En cualquier nivel, las entidades que actúan son ensamblajes de
otras entidades: pueden considerarse como cosas unificadas si se
les ve desde afuera, pero también puede considerarse como una
gigantesca milicia formada por componentes autónomos. Por eso
De Landa cree firmemente en la emergencia. No es posible para él
eliminar una entidad mayor al reducirla a la conducta de sus partes
físicas menores33.
En suma, la emergencia es una de las características claves para dar
cuenta de los ensamblajes, por el hecho de que pertenece a un todo que
es irreducible a sus partes, y donde además sobresale su exterioridad.
Dicho esto, continuemos con la exploración de dos dimensiones básicas
en la teoría del ensamblaje la actualidad y la virtualidad.
5. Actualidad virtualidad: singular universal singular particular
En la ontología de los ensamblajes existen singularidades universales
y singularidades particulares. Las primeras habitan en el plano de lo
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Harman, Hacia el realismo especulativo, 185-186.

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�Aproximaciones y caracterizaciones
conceptuales a la Teoría del Ensamblaje
de Manuel de Landa
virtual, mientras que las segundas pertenecen o se asoman al plano
actual. Esto induce a pensar que el programa delandiano sigue apoyado
en el plano de inmanencia o virtual deleuziano, para afirmar “que en la
actualización de lo virtual, ya no rige la lógica de la semejanza, sino
más bien el de una creación genuina mediante la diferenciación”34 por
lo que paradójicamente lo actual no está completamente actualizado, y
por ende es inactualizado o parcializado de cierta manera.
A partir de lo anterior, podemos comprender que para De Landa
las singularidades particulares pertenecen al plano de lo actual y
pueden contener: “solamente singularidades individuales: personas,
comunidades, organizaciones, ciuda¬des, países individuales (únicos,
históricos, singulares)’”35. Siguiendo estos ejemplos, podemos decir
que los ensamblajes posicionados en diversas escalas son considerados
como individuos, un hospital, una universidad, un arrecife. Sin embargo,
el filósofo sostiene que para poder explicar las regularidades o procesos
recurrentes de estas singularidades individuales es necesario recurrir
al plano de lo virtual dado que si bien tienen una historia particular en
constante devenir, esta no está agotada por completo: “Si el plano de
lo actual sólo contiene singularidades individuales (a diferentes escalas
espacio/temporales dadas por la relación parte/todo) las regularidades
que estas entidades actuales exhiben no son explicables solamente por
su historia con¬tingente”36.
A partir de estas aseveraciones, De Landa recurre al plano de lo
virtual, donde habitan las singularidades universales: “Es ahí donde
el plano de lo virtual juega su papel: está hecho de singularida¬des
universales. Estas son más conocidas y mejor estudiadas en la física y
la química”37. Ante esta hipótesis, De Landa utiliza el ejemplo de los
cristales de sal y jabón los cuales poseen la misma estructura molecular,
pero siguen caminos diferentes, uno se convierte en cubo y el otro en
burbuja en relación al atractor intensivo en turno.
En contraste, podemos pensar que la casa de los universales concretos
es lo virtual. En este caso, el reto epistemológico y ontológico tiene que
ver con una operación futurista capaz de adelantarse a las tendencias
y combinatorias virtuales de las singularidades actuales, es decir, ser
34
35
36
37

Escobar y Osterweil, “Movimientos sociales y la política de lo virtual,” 129.
De Landa, “Hacia una nueva ontología de lo social,” 81.
De Landa, “Hacia una nueva ontología de lo social,” 81.
De Landa, “Hacia una nueva ontología de lo social,” 81.

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�Aproximaciones y caracterizaciones
conceptuales a la Teoría del Ensamblaje
de Manuel de Landa
capaz de tener la visión de las trayectorias irreversibles de los eventos.
Por ello, desde la perspectiva de Manuel De Landa la Filosofía y las
Ciencias Sociales pocas veces dan cuenta de los universales concretos,
pues están entremezclados en un mismo continuum y se vuelven
actuales parcialmente.
6. Causalidad no lineal y autocatalítica
De Landa desarrolla una serie de argumentos para oponerse a todas
las formas de esencia. Según Harman el filósofo ofrece dos razones
importantes por las que, según él, nada en el mundo tiene esencia
alguna. El primer supuesto es su mirada bergsoniana de las entidades
como procesos histórico-genéticos que nunca dejan de moverse, y por
tanto, existe la imposibilidad de fijarlas definitivamente: “No existe
una especie natural llamada hidrógeno, sino una vasta población de
átomos de hidrógeno, cada uno con su historia de vida específica, que
comienza en el corazón de alguna estrella distante”38. En este contexto,
las variedades intensivas van escribiendo su propia historia, a pesar,
de las múltiples combinatorias experimentadas instante a instante.
Recordemos que para De Landa una parte no deja de ser lo que es al
separarse de un ensamblaje, dado que sigue conservando su identidad y
puede encajar con otro ensamble.
El segundo, se relaciona con su hipótesis de la actualidad, pues
argumenta que las realidades -virtualidades- están fluyendo en un
continuum intermitente lo que imposibilita su fijación y por ende su
división en partes discretas: “Por eso también es que resulta imposible
encontrar esencias fijas de rasgos distintos, en tanto toda esencia
siempre va a teñirse con las posibilidades que le resultan vecinas”39.
Con base a esos supuestos, De Landa cuestiona el principio
de causalidad lineal, aquel que postula el enunciado básico de que a
toda causa corresponde un efecto, inscribiendo el movimiento en una
visión causal-lineal, y entendiendo a la causa y al efecto en mutua
codependencia. De esta manera, recurre al concepto de catálisis para
explicar aquellos acontecimientos que no corresponden a lo lineal,
abriendo un espacio para la contingencia y otros sucesos que rompen
38
39

Harman, Hacia el realismo especulativo, 186.
Harman, Hacia el realismo especulativo, 186.

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�Aproximaciones y caracterizaciones
conceptuales a la Teoría del Ensamblaje
de Manuel de Landa
con la lógica causal: “La catálisis contradice considerablemente
la linealidad pues supone que diferentes causas pueden conducir a
un mismo y único efecto - como cuando las hormonas estimulan el
crecimiento al ser aplicadas a las puntas de una planta pero lo inhiben
cuando son aplicadas a las raíces”40. En este caso, se invierte el supuesto
de la causalidad a través de otros factores en juego que inhiben esa
relación, es decir, las causas pueden producir o no producir los mismos
efectos.
Un ejemplo recurrente que utiliza De Landa, es el famoso ejemplo
de los fumadores de tabaco, a saber, los cigarros pueden o no pueden
provocar cáncer pulmonar. De ahí se deriva el efecto catalizador de
los cigarrillos, porque no todos los fumadores enferman de cáncer ni
todos los canceres pulmonares ocurren en fumadores. Por esa razón,
De Landa apuesta por una causalidad no lineal y autocatalítica, dado
que la catálisis le permite justificar que no todo el movimiento de los
ensamblajes corresponde a la premisa básica de la causalidad lineal,
sino que ocurren excepciones o contingencias no estipuladas en el
continuum de las secuencias. Y en este punto, es importante destacar
que para el pensador el monopolio de la causalidad en el mundo está
en manos de los atractores. Esto significa que estas máquinas abstractas
dirigen o direccionan hacía dónde irán los conglomerados moleculares
de ensamblajes, donde el pasado deja de ser un factor determinante de
su futuro, pues como apunta Manuel De Landa: “Estas singularidades
o estos atractores parecen disponer del monopolio del poder causal en
el mundo, en cuanto De Landa observa que el comportamiento actual
de una trayectoria se determinará no por sus estados previos sino por
el tipo de atractor en cuestión”41. Así, resulta imposible hablar de un
movimiento continuo y homogéneo, porque no sabemos a qué tipo de
atractor se van a plegar los ensamblajes.
7. Ni micro ni macro: multiescalar
Otro de los aspectos que distingue a la teoría de los ensamblajes
de las teorías de las totalidades orgánicas es la apuesta por rebasar las
concepciones edificadas sobre lo micro y lo macro. En lo que refiere
al microrreduccionismo, afincado en un enfoque hacia la parte más
pequeña o mínima de un fenómeno, que aspira sobre todo a generar
40
41

De Landa, Assemblage Theory, 33.
Harman, Hacia el realismo especulativo, 189.

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conceptuales a la Teoría del Ensamblaje
de Manuel de Landa
conocimiento a partir del análisis de entidades individuales, o en casos
muy específicos, desconectados de la complejidad social. Por su parte,
el macroreduccionismo es un modelo teórico que intenta producir
conocimiento a partir de entidades más grandes, y por ende, su método
abarca conceptos como las estructuras sociales, las organizaciones, los
estados, los países.
Básicamente, ambos enfoques, dejan de lado o prestan nula atención
a los matices o zonas intermedias que existen de abajo hacia arriba,
reproduciendo esquemas estrechos de la realidad que finalmente niegan
la multiplicidad de entidades: “La distinción micro/macro puede ser
mantenida mientras sea relativa a cierta escala: las personas son micro
como componentes de comunidades, las cuales se¬rían macro; pero las
comunidades son micro si hablamos de coaliciones de comunidades,
como se dan en los movimientos de justicia social”42. Esta reconfiguración
de las perspectivas, induce a pensar que los humanos son micro en
relación al papel que ocupan en una organización o institución, empero
esas últimas son micro si las ponemos en relación con otras entidades de
naturaleza mayor. De tal manera que, desde la teoría del ensamblaje el
enfoque especial radica en centrarse en aquellas zonas intermedias entre
lo micro y lo macro que pocas veces son estudiadas por el hábito mental
de reducirlo a lo más pequeño, o, en su caso, abordarlo desde lo más
grande; es decir, como se trata de un amplio número de niveles entre lo
llamado micro y macro, su estatus ontológico no se ha conceptualizado.
A partir de estos argumentos, llegamos al concepto multiescalar, punto
clave en la teoría del ensamblaje. Como dijimos en lo anterior, para De
Landa resulta insuficiente seguir explicando la realidad social bajo los
constructos de lo micro y lo macro, dado que ambas disposiciones sólo
repiten vicios reduccionistas. Por ello, lo multiescalar permitirá dar
cuenta de aquellas zonas intermedias borradas por modelos los modelos
micro y macro para apostar por ensamblajes que ocurren en diferentes
escalas temporales.
Por ejemplo, los Himalayas “son ensamblajes (dobleces de litosfera
producidos históricamente por choques tectónicos), pero cambian tan
lentamente que para nosotros parecen ser eternos. Aunque todo es devenir,
no todo devenir ocurre a nuestra escala temporal”43. Encontramos así
que esta multiplicidad de escalas en constante devenir, intercambian
42
43

De Landa, “Hacia una nueva ontología de lo social,” 79.
De Landa, “Hacia una nueva ontología de lo social,” 82.

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�Aproximaciones y caracterizaciones
conceptuales a la Teoría del Ensamblaje
de Manuel de Landa
sus materiales con otros ensamblajes sedimentados en otras escalas, y
así sucesivamente, por lo que, parte de la ambición de un investigador
social anclado en esta teoría tendría que ser capaz de describir y
analizar desde la perspectiva escalar en la que se encuentran respetando
la homogeneidad y evitando operaciones parciales y reduccionistas que
sólo descontextualizan sin tomar en cuenta el entremezclado.
A manera de cierre
El objetivo de este artículo consistió en un intento por exponer
las principales características de la teoría del ensamblaje. Esto con el
propósito de clarificar el horizonte ontológico de este concepto que
poco a poco se empieza a popularizar en diversos campos disciplinares,
como el urbanismo, la educación, la sociología, sin un trabajo de
exploración o análisis del aparato conceptual que lo sustenta. Vimos
cómo los ensamblajes desplazan a las totalidades, y a la vez, se alejan
de la causalidad lineal como pegamento esencial de la realidad. De este
modo, De Landa cuestiona duramente el principio de causalidad que
postula que a toda causa corresponde un efecto.
Asimismo, revisamos como un ensamblaje no requiere todos sus
componentes para permanecer en sí mismo. Ante esto, es lógico pensar
que, aunque se pierdan algunas de las partes de un ensamblaje, éste
seguirá funcionando. Pensemos, por ejemplo, en una universidad,
dicha institución puede sufrir cambios en sus alumnos, trabajadores,
edificios, sin dejar de ser por ello una universidad. Luego, revisamos la
materialidad y expresividad, ejes que ya estaban presentes en la teoría
de Deleuze y Guattari, como aquellos rasgos de materia y expresión
de manera mínima. No obstante, De Landa añade un tercer eje que
corresponde a la codificación y que se relacionan con los códigos
que se adoptan en los ensamblajes que van desde la vestimenta, las
costumbres, o también, a los rasgos hereditarios o genotípicos de las
razas. De ahí que la codificación también implique movimientos de
descodificación donde sucede algo similar a la desterritorialización
pero específicamente con una movilidad que desvanece los códigos
establecidos.
En esta vía de exploraciones llegamos a la historia única de
los ensamblajes. Rasgo fundamental de esta teoría, por el hecho de que
cada ensamblaje tiene una historicidad que va trazando a través de sus
múltiples interacciones, trayectorias que le permiten deslindarse de una
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esencia única, fija, y acabada. De esta manera, el filósofo sustenta que
cada ensamblaje al ser una singularidad única e individual es dueña de su
propia dinámica histórica. Es importante notar que estas características
nos permitieron explicar que la teoría del ensamblaje abandona los
supuestos ontológicos que utilizan la mayoría de los científicos sociales
edificados en lo micro y lo macro apostando en cambio por una visión
multiescalar de la realidad.
Cabe destacar al emergentismo como concepto crucial de esta
teoría, ya que ni lo micro ni lo macro permiten dar cuenta de ello.
Esta propiedad emergente, cualidad central de la teoría del ensamblaje
queda marginada en las teorías de las totalidades orgánicas, pues
como mencionamos en lo anterior, sólo se centran en la parte al todo
y viceversa. Con la emergencia Manuel De Landa es capaz de explicar
propiedades que surgen de un ensamblaje y que es diferente a sus partes,
el ejemplo de una limonada -emergencia- puede mostrarnos que ni el
limón ni el agua por si solas son una limonada.
Aunado a lo anterior, fue pertinente acercarnos a lo actual y
lo virtual. Conceptos deleuzianos a los que recurre nuestro autor, para
tratar de explicar cómo los ensamblajes nunca terminan de actualizarse,
es decir, son pasajeros, efímeros, en continuo movimiento, siempre
parciales. Y que dadas estas características resulta imposible agotarlos
en una sola actualización, puesto que todas sus mutaciones futuras
están albergadas en el plano de lo virtual, donde se resguardan todos los
singulares universales. Así, toda actualización además de ser pasajera,
es también una singularidad particular, dependiente de su virtualidad
universal.
Por último, exploramos de manera breve la objeción que realiza
De Landa al principio de causalidad, es decir, a la noción común que
alberga la consiga “a toda causa corresponde un efecto”. Principio que
no embona ni es útil con la teoría del ensamblaje, porque no aspira a
tener uniformidad ni mucho menos homogeneidad, aquí lo que importa,
son esas contingencias que una causalidad no lineal y autocatalítica sí
pueden explicar, es decir, aquellas excepciones como en el caso de los
fumadores que no les da cáncer.
Finalmente, debemos mencionar que este trabajo es un
acercamiento modesto que busca contribuir al entendimiento de la
teoría del ensamblaje. Esto nos permitirá seguir indagando en paisajes
no explorados de la teoría, como lo son los diagramas y su aspecto
topológico. Asimismo, contribuirá en la medida de lo posible a un
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�Aproximaciones y caracterizaciones
conceptuales a la Teoría del Ensamblaje
de Manuel de Landa
esclarecimiento del concepto de ensamblaje que se empieza a utilizar
en algunos artículos sin realizar un trabajo de contextualización previo.
Sin lugar a dudas, quedan muchas interrogantes por realizar, así como
la generación de trabajos que nos permitan seguir pensando en la
utilidad de esta teoría en el resto de las disciplinas tanto sociales como
naturales, así como su pragmática estética y política.

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�Aproximaciones y caracterizaciones
conceptuales a la Teoría del Ensamblaje
de Manuel de Landa
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Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Año 1, N° 2, Julio-Diciembre 2021, pp 131-152

152

�La experiencia de ocio
ante el problema del tedio

L A EXPERIENCIA DE OCIO ANTE EL
PROBLEMA DEL TEDIO

L EISURE EXPERIENCE IN FACE OF THE
TEDIUM PROBLEM

Gustavo Adolfo Maldonado Martínez1
Resumen: El presente artículo reflexiona el problema del tedio como
una falta de sentido del tiempo, concretamente, de cómo éste se vive y
se percibe. Por tanto, otorgar sentido al tiempo se vuelve necesario. El
problema del tedio se fundamenta y desarrolla principalmente desde
el pensamiento de Martin Heidegger, que en su obra Los conceptos
fundamentales de la metafísica establece que la percepción del tiempo
sin sentido es constitutiva en el tedio y el aburrimiento. Por su parte,
recuperamos también de Lars Svendsen y su Filosofía del tedio, la
noción del tedio situacional y la necesidad del sentido. Sin embargo,
existe la posibilidad de plantear alternativas que provean de sentido a
nuestra percepción del tiempo, lo cual expondremos aquí acudiendo a
las raíces de la experiencia de ocio.
Palabras clave: Tedio, Aburrimiento, Tiempo, sentido, ocio.

1

Universidad Autónoma de Chihuahua.

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Año 1, N° 2, Julio-Diciembre 2021, pp 103-129

103

�La experiencia de ocio
ante el problema del tedio

Abstract: This paper ponders about the problem of tedium like
perception time without sense. The tedium carries the lack of meaning,
in the way of perception time. Then it is necessary to bring sense to
time. We recover two ideas about problem of tedium. The first idea
comes from Heidegger´s The fundamental concepts of metaphysics,
when established and develop the tedium like senseless time. On the
other hand, we also recover the notion of situational tedium and sense
by Lars Svendsen in his Philosophy of boredom. Nonetheless, tedium
and boredom are part of human nature and that´s the reason why we
can´t think our life without them. But, nevertheless it is possibility to
propose alternatives that provide time with meaning, which we will
explain through leisure experience.
Keywords: Tedium, Boredom, Time, Sense, Leirsure.

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Año 1, N° 2, Julio-Diciembre 2021, pp 103-129

104

�La experiencia de ocio
ante el problema del tedio

Introducción
Tedio y aburrimiento como tiempo
El tedio es una experiencia sobre la percepción del tiempo que nos
es común a todos. Martin Heidegger (1941) y Lars Svendsen (2006)
afirman que el tedio está vinculado con el pasar del tiempo y su sentido.
Sin embargo, hay diferencias entre ambos autores que nos han de servir
para el desarrollo de la problemática, en concreto, la relación del tedio
con el tiempo y el aburrimiento. Para Svendsen “El tedio está ligado a un
modo de pasar el tiempo, en el que el tiempo mismo no es un horizonte
de posibilidades, sino algo que debemos pasar”2. Al respecto Svendsen
se basa en Heidegger también para establecer el vínculo entre tedio y
tiempo, pero no establece un matiz para distinguir entre el tedio y el
aburrimiento. Ambos conceptos se interrelacionan, pero es importante
definirlos y esclarecer en qué se asimilan y en qué se distinguen.
Heidegger por su parte habla del aburrimiento como un pasar el tiempo,
entendido como un tiempo largo, esto en gran medida porque la palabra
aburrimiento, en alemán Langeweile significa momento largo. Por eso
afirma que el aburrimiento muestra “una relación con el tiempo, un
modo como estamos respecto al tiempo, un sentimiento del tiempo”3.
Heidegger entiende entonces el aburrimiento como una experiencia que
emana de nuestra relación con el tiempo, de ahí que tenga que ver con el
modo en que concebimos el tiempo y sea necesario a su vez un concepto
de éste para una mayor compresión de la relación mencionada. Ante
este punto de partida es importante señalar que el tedio es un concepto
emergido con más precisión en la modernidad, y que se ha desarrollado
a través de nuestro tiempo.
El aburrimiento surge de una relación particular con el tiempo. Ante
ello, Heidegger plantea ante ello, que el aburrimiento es más bien lo
que nos lleva a experimentar el tiempo. Es decir, que el aburrimiento
surge de una experiencia pura del tiempo, de ese paso largo o momento
largo de tiempo, y no de la relación que establezcamos con él. De cara
a tal planteamiento, Heidegger se inclina en pensar que “el tiempo,
2
Lars Fr.H. Svendsen, Filosofía del tedio, trad. Carmen Montes Cano (México:
Tusquets Editores, 2006), 29.
3
Martin Heidegger, Los conceptos fundamentales de la metafísica: Mundo,
Finitud, Soledad, trad. Alberto Ciria (Barcelona: Alianza Editorial, 2007), 114.

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�La experiencia de ocio
ante el problema del tedio

por su parte, guarda con nosotros una relación de aburrimiento”4.
Es importante señalar que el aburrimiento mantiene una relación de
atribución: “El carácter de aburrido, por tanto, pertenece al objeto,
y al mismo tiempo se refiere al sujeto”5. Es decir, que, es posible
adjetivar a un objeto como algo aburrido, un libro, un espectáculo o
una canción, de igual manera que podemos referirnos a una persona
como aburrida. De ahí que lo aburrido sea una característica de algo,
pero ese algo, según Heidegger, viene de la relación que entablamos
con lo que nos aburre en tanto nos afecta de un modo u otro. Por tal
motivo es común entender lo aburrido de ésta manera: “Aburrido:
con ello queremos decir pesado, monótono; no estimula, no excita, no
aporta nada, no tiene nada que decirnos, no nos incumbe”6. Cuando
ese aburrirse se torna una constante, se vuelve cada vez más monótono
y da la sensación de pesadez que distingue al tedio.
El aburrimiento y el tedio emanan de las reacciones sobre la
percepción del tiempo que le otorga sentido según la actividad en que se
ocupe. Frente a esto, Svendsen sugiere que más que el tiempo lo que da
lugar al tedio son las situaciones: “No es el tiempo mismo, ni las cosas
mismas, sino la situación en la que se incluyen, la que puede originar
el tedio”7. Y es precisamente, el cómo experimentamos determinadas
situaciones, un factor que depende de la manera de la percepción del
tiempo, entendido en sentido personal, incluso existencial, como tiempo
vivido. Entonces, la percepción del tiempo será un factor que influya en
cómo y con qué intensidad experimentamos el tedio.
En cuanto a los señalamientos dados tanto por Heidegger como por
Svendsen sobre tedio y aburrimiento, cabe destacar el modo en que los
distinguen. Heidegger ubica al tedio profundo como el aburrimiento
profundo en tanto aburrirse con algo, y en ello Svendsen señala lo
siguiente: “Heidegger se plantea la cuestión del tedio más profundo para
poder abordar el fenómeno desde sus raíces. Él establece, en efecto, una
diferencia entre el aburrirse de algo (Gelangweiltwerden von etwas) y
aburrirse junto a algo (Sichlangweilen bei etwas), donde esta última es,
desde luego, una forma de tedio más profunda”8.
4
5
6
7
8

Heidegger, Los conceptos fundamentales de la metafísica, 114-15.
Heidegger, Los conceptos fundamentales de la metafísica, 118.
Heidegger, Los conceptos fundamentales de la metafísica, 118.
Svendsen, Filosofía del tedio, 152.
Svendsen, Filosofía del tedio, 153.

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�La experiencia de ocio
ante el problema del tedio

El tedio profundo presenta una relación con la ausencia de sentido.
Revela el vacío en las situaciones en incluso en sí mismo: “En el tedio
profundo uno se siente vacío de todo, incluso de uno mismo”9. Ese
sentirse vacío de sí mismo distingue al tedio. Durante el tedio como una
forma de aburrimiento profundo no encontramos sesgados incluso de
nosotros mismos, no es posible incluso lograr encontrarse a sí mismo.
Para Heidegger esto se aprecia en una “indiferencia a todas las cosas”10,
que constituye un obstáculo para el ser. Pese a ello ni Svendsen ni
Heidegger dejan del todo clara una distinción entre los términos de tedio
y aburrimiento, y mucho tiene que ver el uso lingüístico del término
como se señaló más arriba. Heidegger parece usar el aburrimiento
profundo y el tedio por igual, aunque distingue que hay una forma de
aburrirse más profunda, pero que es la que entiende como tedio también.
Pero, ¿Qué entender de manera más concreta por tedio? Para contestar
a esto, Svendsen sugiere considerar al tedio como una experiencia, que,
relacionada con el tiempo y su falta de sentido da una noción de vacío.
“Experimentar el tedio es experimentar una porción de realidad”11. Por
lo tanto, de aquí en delante entendemos el tedio como un estado de
ánimo que se manifiesta necesariamente en relación con la experiencia
de tiempo.
Ocio y tiempo
En este punto es esencial el plantear qué entendemos por ocio. En
su raíz griega Skhole, implica el estado de liberación de todas las
ocupaciones. Aristóteles expresa esta definición por medio de la idea
de que: “Estamos no ociosos para tener ocio”12. Dicha idea equivalía
a decir que el motivo principal por el cual trabajamos es para tener
ocio. Respecto a ello, Sebastián De Grazia plantea un análisis de la
concepción aristotélica afirmando los dos sentidos en que Aristóteles
empleó dicho término: “Uno como tiempo disponible, el otro como
9
Svendsen, Filosofía del tedio, 156.
10
Juan A. Nicólas, “Neofilia: experiencia de vida,” en Las dimensiones de la
vida humana: Ortega, Zubiri, Marías y Laín Entralgo, eds. Javier San Martín y Tomás
Domingo Moratalla (Madrid: Editorial Biblioteca Nueva, 2010), 202.
11
Svendsen, Filosofía del tedio, 182.
12
Aristóteles, Ética a Nicómaco, 10.7.1177b, citado en Josef Pieper, El ocio
y la vida intelectual, trad. Alberto Pérez Masegosa et al. (Madrid: Editorial Rialp,
1979), 13.

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ausencia de la necesidad de estar ocupado”13. Ambas connotaciones nos
interesan aquí, porque el ocio es un tiempo con sentido por ser un fin en
sí mismo, a saber, el objeto último de toda ocupación.
Por otra parte, el ocio en su raíz romana otium alude al momento en
que el ciudadano estaba libre de funciones públicas y podía dedicarse
a su vida privada comúnmente enfocada al placer. Por ello, para los
romanos, el ocio significaba un tiempo destinado al descanso y al placer,
el cual se ganaba por iniciativa propia tras el trabajo o bien gracias al
estado. El ocio se obtenía como recompensa de su negación, del trabajo.
Ocio es la negación y a la vez, la recompensa del negotium14. Cicerón
comenta en De Oratore, su concepto del otium cum dignitate:
Cuando muy a menudo reflexiono, querido hermano, y rebusco en
la memoria los viejos tiempos, me parece que fueron muy dichosos
quienes, en la mejor de las repúblicas y en la cima de su vida pública
y de la fama por lo que habían hecho, llegaron a trazarse y mantener
un tenor de vida tal, que pudieron, o mantenerse en activo sin correr
riegos, o en un digno retiro. Y hubo un momento en el que creía
que iniciar mi descanso, al tiempo que reconducir mi espíritu a esas
hermosas aficiones que compartimos.15
El otium cum dignitate se muestra conectado con el debate entre
vida activa y vida contemplativa, pero en relación al estado y la vida
pública. En cuanto a la supremacía por la vida contemplativa percibida
en una actividad de un orden superior, Séneca señala el ocio como
contemplación. Éste se toma de modo análogo al negocio, puesto
que “la naturaleza ha querido que yo haga las dos cosas: actuar y
entregarme a la contemplación. Hago las dos cosas, puesto que tampoco
la contemplación existe sin la acción”16.
Entonces, Otium y Schole conservan similitudes en su carácter
enfocado al mejoramiento de quienes llevan a cabo el ocio, de manera
que estos acuden a él como un tiempo para atender la preocupación
13
Sebastián De Grazia, Tiempo, trabajo y ocio (Madrid: Tecnos, 1966), 7.
14
Carmen Palmero Cámara, Martín Jesús Jiménez y Alfredo Jiménez
Eguizábal, “Ocio, política y educación. Reflexiones y retos veinticinco siglos después
de Aristóteles,” Revista Española de Pedagogía 73, no. 260 (Enero-Abril 2015): 5-21.
15
Cicerón, Sobre el orador, 1.1-2, trad. José Javier Iso.
16
Lucio Anneo Séneca, “Sobre el ocio,” en Diálogos, trad. Carmen Codoñer
(Madrid: Editorial Tecnos, 1986), 262.

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por sí mismo. Para los griegos dicha preocupación corresponde al
cuidado de sí, que era relativo a la preocupación por el cuidado del
alma. Pierre Hadot señala al respecto que la noción de cuidado reside en
la preocupación por sí mismo: “Los atenienses tienen la preocupación
de los asuntos políticos, de sus de sus riquezas, y de su reputación,
de sus cuerpos, de todas las cosas que no son ellos, pero no tienen
preocupación de sí mismos, es decir de la calidad de su propio ser, de
su modo de ser”17
En contraste, a partir de la modernidad el ocio encausado al cuidado
se desvanece. La preocupación por el sí mismo tiende más bien a la
reafirmación de la individualidad. Pues los modos de ocupar el tiempo
oscilan entre el tiempo de trabajo y el tiempo libre o bien el ocio. El
avance de las tecnologías y las transformaciones que estas han traído
a la sociedad se han vuelto más que evidentes en los últimos años, y
son parte importante del uso del tiempo de ocio. “El trabajo asalariado
de los modernos que ha liberado a la humanidad del trabajo servil,
solo tiene sentido en el descanso y el ocio fecundo que los griegos
llamaron schole, los romanos otium”18. Por tanto, el uso del tiempo que
se encuentra desprovisto de un proyecto, implica un tiempo profano y
fragmentario que, por su falta de rumbo da lugar al tedio. El problema
del tedio deviene entonces de la falta de atribución de sentido al tiempo.
Pero el tedio puede ser también condición de posibilidad para encontrar
dicho sentido o al menos darse cuenta de la necesidad de él.
En concreto, el tiempo vivido, de lo personal, lo subjetivo y como
en la experiencia de percepción del transcurrir del tiempo cronológico,
surge la necesidad de otorgarle un sentido al tiempo que se vive. Sin
embargo, cuando tal sentido no se encuentra, se tiene un tiempo vacío y
se experimentan entonces el tedio y el aburrimiento. Dado que el tedio
y el aburrimiento implican también una angustia existencial, pueden
ser sobrellevados de mejor manera al atribuir sentido y valor al tiempo
propio a través de la experiencia de ocio y el cuidado de sí. No obstante,
el tedio por sí mismo no tiene una solución, pues puede presentarse en
diversas situaciones. Lo que es posible ante él, es proponer alternativas
17
Pierre Hadot. “Historia del cuidado. De Platón a Heidegger y Foucault,
las diferentes aproximaciones a una noción fundamental y ambigua. Conversación
con Pierre Hadot, profesor honorario del Colegio de Francia quien recientemente ha
publicado ¿Qué es la filosofía antigua?,” La lámpara de Diógenes, nos. 28 y 29 (2017):
35-43.
18
David Hernández de la Fuente, “La escuela del ocio: tiempo libre y filosofía
antigua,” Cuadernos Hispanoamericanos, no. 747 (Septiembre 2012): 77.

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para atribuir sentido al tiempo, para tratar de evitar que el tedio se
presente con mayor intensidad.
Relación entre los conceptos de tiempo, tedio y ocio
Para comenzar precisaremos el concepto de tiempo desarrollado en
clave fenomenológica-ontológica a partir de Bergson, Merleau Ponty
y Heidegger. Lo anterior, nos será de ayuda para enmarcar en un área
de la filosofía misma el problema de la percepción del tiempo y su
sentido en relación con el tedio. Esto con una acentuada inclinación al
pensamiento de Heidegger, en particular, bajo la idea de que el ser es en
el tiempo, se dota de sentido en el tiempo.
Para indagar en el concepto de tiempo en su sentido filosófico,
aludimos aquí a la percepción. Para tener una determinada valoración
de un tiempo, es necesario percibirlo de una determinada manera. Así,
por ejemplo, solemos decir comúnmente: “el tiempo de navidad es muy
agradable” puesto que, por lo común, abundan las expresiones de alegría
durante dichas fiestas. O, por el contrario, cuando nos referimos al luto:
“El funeral fue muy triste, y me pareció muy largo…” pues la sensación
de angustia y tristeza generalizada por la pérdida de un ser querido
puede producir una percepción lenta en ese tipo de situaciones. Por otra
parte, las jornadas de trabajo también pueden llegar a parecernos largas
y extenuantes, sea por la gran cantidad de trabajo que hay que hacer o
bien por la ausencia de éste, y la obligación de permanecer en el lugar
de trabajo. Así, es un lugar común el relacionar ese concepto con la
fatiga del tiempo de la jornada laboral. De ahí que sea común expresar
que cierto tipo de trabajo es “tedioso”. De igual modo encontramos
contrastes en cómo percibimos nuestras diversiones. El tiempo de
juego puede llegar a parecernos muy corto, pareciera nunca ser del
todo suficiente. El tiempo de descanso solo nos parece largo o corto,
agradable o aburrido en medida en que sea reconfortante. Entonces,
ante estas situaciones comunes, podemos pensar que la percepción del
tiempo remite a eso, a situaciones y sucesiones, y a la relación que
establezco con lo que percibo. Nada menos cercano a la definición
de Merleau Ponty: “El tiempo no es, luego, un proceso real, una
sucesión efectiva que yo me limitaría a registrar. Nace de mi relación
con las cosas”19. Conceptuar que el tiempo remite la relación con las
19
Maurice Merleau-Ponty, Fenomenología de la percepción, trad. Jem Cabanes
(México: Editorial Planeta, 1985), 419-420.

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cosas es relativo a la percepción misma, es decir, a la manera en que
percibimos un suceso determinado. Así, el tiempo que vivimos surge de
la percepción que tenemos, y de ésta depende si le damos o no sentido,
si lo encontramos o no vacío, aburrido o necesario según sea el caso.
De ese modo también el flujo del tiempo está determinado por nuestra
percepción y la sensación que de él tenemos.
La percepción y sensación del flujo del tiempo son puntos de partida
para valorar u otorgar sentido al mismo. “En el tedio se produce una
pérdida de sentido”20. Pero, cabe preguntarse, ¿en qué manera? Pues
la rapidez o lentitud de un suceso no necesariamente son factores
determinantes. ¿Pero cómo entendemos la duración? “La duración
es devenir, fluir puro captado inmediatamente por la conciencia, sin
ningún rodeo artificioso. Es una continuidad del cambio”21. Cabe
destacar entonces la relación que establecemos con la duración, con ese
fluir, con el que nos vinculamos a través de la conciencia, el cómo nos
vinculamos a ese suceso, qué relación establecemos con esa situación
o cosa para percibirla de un modo u otro. Aquí, la idea del tiempo de
Bergson nos interesa por su vínculo con la interioridad, con la vida de
la conciencia, de la cual emerge la noción de la duración. Para Bergson
la conciencia capta el tiempo como duración:
El tiempo no se puede confinar dentro de una o varias representaciones
conceptuales. ¿Qué pasaría si tomamos la duración, en su forma
verdadera, interior, como la sucesión de nuestros estados de
conciencia? Porque la duración es eso: es lo que encontramos en
el fondo de nosotros mismos, cuando nos miramos, cuando nos
permitimos vivir la vida de la conciencia, la vida interior.22
La duración entendida como tiempo se sitúa como un rasgo a valorar
que influye en el tedio, en el cómo este se entiende a su vez como un
letargo que, carente de sentido, conlleva una sensación de eternidad, de
duración. De ese modo la duración es una toma de conciencia del tiempo
20
Svendsen, Filosofía del tedio, 164.
21
Roberto Estrada, “Aproximación preliminar al tiempo en Henri Louis
Bergson,” en Tiempos de la creación y del pensamiento, coord. Juan Álvarez-Cienfuegos
Fidalgo (México: Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y Universidad
Autónoma de Ciudad Juárez, 2014), 157.
22
Henri Bergson, Historia de la idea del tiempo, trad. Adriana Alfaro y Luz
Noguez (Ciudad de México: Ediciones Paidós, 2017), 97.

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mismo, de que lo estamos percibiendo a través de una determinada
experiencia. La percepción del tiempo nos hace conectar con nuestra
conciencia, con nuestra vida interior de donde vienen las percepciones
propias de los sucesos que estamos presenciando. Por ello, el mismo
Bergson entendía el tiempo como duración. Pensaba que la duración
nos hace tomar conciencia del tiempo, más allá de una connotación
cuantitativa o medible, sino subjetiva.
La duración entonces conlleva el transcurrir del tiempo. Esto
implica que estamos conscientes del tiempo, y no solo en lo medible
cronológicamente sino también en lo subjetivo, en lo relativo a nuestra
propia vida. Y esa conciencia del tiempo puede tener efectos positivos
en la vida de los individuos, pero también puede sumirlos en el miedo,
en un temor al vacío, a no saber en qué emplear su tiempo o no poder
encontrarle sentido alguno. El problema planteando en torno al
concepto de tiempo, es abordado por Heidegger, en virtud de la idea
de que el tiempo mismo es parte fundamental de nuestra existencia,
del cómo la concebimos, el modo en que nos relacionamos y el cómo
es posible aprovecharla. Es decir que, de ésta toma de conciencia
del tiempo relativo a nuestra existencia personal, surge la necesidad
humana de dirigirla hacia un fin determinado, de encaminarla hacia
un proyecto y dotarla de sentido: “el sentido del existir humano es la
temporalidad”23. Con ello es posible resaltar la necesidad de valorar
nuestro propio tiempo y la temporalidad desde la existencia propia24.
Heidegger, en su discurso sobre el concepto del tiempo (previo a
la publicación de su obra Ser y Tiempo), se cuestiona en torno a esa
concepción existencial del mismo, desde el reconocimiento de cada
individuo inserto en una conciencia del tiempo, más aún en un ser del
tiempo:
“La cuestión de ¿qué es el tiempo?, se ha convertido en la pregunta:
¿quién es el tiempo? Más en concreto: ¿Somos nosotros mismos
23
Martin Heidegger, Ser y tiempo, trad. Jorge Eduardo Rivera (Barcelona:
Editorial Trotta, 2018), 331.
24
“Aquel que existe en forma propia siempre dispone de tiempo. Siempre tiene
tiempo porque él mismo es tiempo. No pierde el tiempo, porque no se pierde” ByungChul Han, El aroma del tiempo. Un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse,
trad. Paula Kuffer (Barcelona: Herder, 2015), 97. “Y así como el que existe en forma
impropia pierde constantemente el tiempo y nunca tiene tiempo, así también el carácter
distintivo de la temporariedad propia es que esta existencia, en su resolución, nunca
pierde el tiempo y que siempre tiene tiempo.” Heidegger, Ser y tiempo, 425.

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el tiempo? Y con mayor precisión todavía: ¿soy yo mi tiempo?
Esta formulación es la que más se acerca a él. Y si comprendo
debidamente la pregunta, con ello todo adquiere un tono de seriedad.
Por tanto, ese tipo de pregunta es la forma adecuada de acceso al
tiempo y de comportamiento con él, con el tiempo, como el que es
en cada caso el mío. Desde un enfoque así planteado, el ser-ahí sería
el blanco del preguntar”25.
En el fragmento anterior es claro que se concibe el tiempo en
relación a la existencia propia. El modo de percibir el tiempo remite a
la conciencia de la subjetividad propia, del ser que percibe el tiempo y
el modo en que actuamos y somos mientras éste transcurre. Por eso es
que el tedio implica una pesadez en un plano existencial de no encontrar
sentido al tiempo. Lo que nos lleva de vuelta a cierta idea de Svendsen:
“El tedio presupone subjetividad, o lo que es lo mismo, conciencia de
uno mismo”26. De ahí que el mismo Svendsen recurra constantemente
al pensamiento de Heidegger: “Según Heidegger, el vacío que presenta
la forma más profunda del tedio es el espacio vacío que deja nuestro
verdadero yo”27. Esto supone entonces que la procedencia del vacío
experimentado en el tedio proviene de nosotros mismos, dado que “el
tedio surge de la temporalidad del Dasein”28.
Hasta este punto, hemos mostrado una perspectiva desde la cual el
tiempo en cuanto a la dimensión personal-existencial requiere de la
atribución de un sentido. Pero hay que aclarar qué estamos entendiendo
por sentido. Lars Svendsen, en su Filosofía del tedio, vincula la noción
de sentido con el tedio “el tedio se fundamenta en la ausencia de
sentido personal”29. Esa ausencia de sentido se presenta en virtud de
la percepción del tiempo, de no encontrar un sentido en él, lo cual nos
lleva a percibirlo como vacío. “El vacío del tiempo en el tedio no es
un vacío de sucesos, porque en la actualidad siempre sucede algo… El
vacío del tiempo es un vacío de sentido”30. Entonces el tedio emerge de
la conciencia del tiempo, de la incapacidad de otorgar sentido alguno a
25
Martin Heidegger, El concepto de tiempo, trad. Raúl Gabás Pallás y Jesús
Adrián Escudero (Madrid: Editorial Trotta, 1999), 60-1.
26
Svendsen, Filosofía del tedio, 40.
27
28
29
30

Svendsen, Filosofía del tedio, 154.
Svendsen, Filosofía del tedio, 155.
Svendsen, Filosofía del tedio, 39.
Svendsen, Filosofía del tedio, 38.

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�La experiencia de ocio
ante el problema del tedio

lo que acontece. Al afirmar que “siempre sucede algo” damos cuenta de
que el tiempo no se concibe vacío por la ausencia de acontecimientos
sino por la incapacidad de valorar con un determinado sentido a estos o
a las acciones que incurren en ellos. Para ahondar en esta incapacidad
de otorgar sentido al tiempo, es conveniente poner atención al concepto
mismo de sentido. Svendsen lo analiza en relación al tedio desde la
perspectiva de que una situación tal tenga sentido para alguien. Para
ello hace alusión al concepto de sentido de Peter Wessel Zapffe:
“Que una acción o cualquier otro fragmento de vida tenga sentido
significa que nos proporciona una experiencia sensorial muy concreta
que no resulta fácil de formular en términos de pensamiento. Podría
explicarse diciendo que la acción es consecuencia de un objetivo
positivo, de modo que, una vez conseguido éste, la acción queda
“justificada”, equilibrada, confirmada; y el sujeto se halla en
calma”31.
El sentido, entonces, nos lleva a una percepción determinada de
ciertas situaciones. Tener una noción de sentido clara, nos puede ayudar
a ponerla en diálogo con nuestra manera de percibir el tiempo; sin
embargo, esto implica un proceso en el que el tomar conciencia de uno
mismo es clave. Tal conciencia conlleva el reconocerse como sujeto y
apropiarse de sí en aras del propio tiempo de vida, de la existencia de
uno mismo: “El tedio presupone subjetividad o, lo que es lo mismo,
conciencia de uno mismo”32. Esa conciencia de uno mismo es inherente
a la necesidad de sentido. Tomamos conciencia y nos esforzamos por
dar un sentido a lo que hacemos y vivimos en un periodo de tiempo, en
una etapa de la vida, en una situación, etc. Pero en ello, la necesidad, e
incluso exigencia por el sentido, toma una dimensión personal que en
muchos casos puede agobiar por no poder encontrarlo. Y ese agobio
conduce al tedio. Sobre esta cuestión del afán por atribuir sentido,
Svendsen alude nuevamente a Zapffe: “Le presentamos a la vida la
exigencia metafísica… de que sea una vida colmada de sentido en todo
cuanto acontece”33. La necesidad de sentido puede llegar a ser, entonces,
un problema: por su ausencia y el afán de buscarlo. Pero en ello el tedio,
31
Peter Wessel Zapffe, Om det tragiske (Oslo: Pax, 1996), 65, citado en
Svendsen, Filosofía del tedio, 37.
32
Svendsen, Filosofía del tedio, 40.
33
Zapffe, Om det tragiske, 100, citado en Svendsen, Filosofía del tedio, 208.

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si bien surge en el vacío de sentido, puede ser también condición de
posibilidad para encontrarlo. Por otra parte, el tedio puede entenderse
también cómo condición de posibilidad de encontrar sentido pese a
que implica la ausencia de este. Esto supone una vuelta de tuerca a la
concepción peyorativa del tedio, y sobre todo plantea una alternativa a
qué hacer con él.
La experiencia del tedio, retomando la definición expuesta antes34,
es también una experiencia de tiempo, del ritmo de éste. El tedio es
entonces un problema relacionado con el tiempo, en específico con el
tiempo sin sentido y la pregunta por la posibilidad de llenar el vacío
que resulta de ello. Ello responde a que el tedio “cierto que nace de
la falta de sentido, pero tal vacío no garantiza que exista nada capaz
de llenarlo”35. El tedio, por tanto, se presenta como un problema que
aparece de manera intermitente en nuestras vidas, que, si bien puede ser
mitigado o reducido, no es algo que pueda ser retirado totalmente de la
existencia.
En cambio, el ocio ofrece sentido al tiempo que ocupamos en él,
principalmente por tratarse de una actividad libre y fundada en nuestra
voluntad, lejos de toda obligación y más bien cercana a nuestros gustos.
Desde esta perspectiva, el ocio y la vida contemplativa se presentan
como actividades que enriquecen y potencian el ser a la vez que son
condición de posibilidad para otorgar un sentido al tiempo. Esto último
situaría al ocio y la contemplación como alternativas viables ante el
tedio o incluso como consecuencia del aburrimiento: lo que vendría a
llenar de sentido ese vacío que lo caracteriza.
Svendsen supone el tedio como culmen del aburrimiento. Lo
comprende como un tiempo carente de todo sentido. Por ello, es viable
ponerlo en diálogo con la perspectiva de Chul-Han, quien, con una
fuerte influencia del pensamiento de Heidegger, realiza una defensa
del ocio y de la vida contemplativa, en su obra El aroma del tiempo.
En dicha obra, comenta al respecto que: “El aburrimiento, al fin y al
cabo, remite al vacío del tiempo”36. Chul-Han se adhiere a la idea de
Heidegger de que el aburrimiento deviene de una experiencia pura del
tiempo (idea que extrae de la obra de Ser y Tiempo). De igual manera
34
En el presente artículo anteriormente, se hizo la referencia a Svendsen quien
comprende el tedio como una experiencia que da una noción de vacío respecto a la falta
de sentido del tiempo.
35
Svendsen, Filosofía del tedio, 198.
36
Han, El aroma del tiempo, 116.

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se inclina a defender que “La estrategia temporal de Heidegger se basa
en devolver al tiempo su anclaje, su significatividad”37, es decir, al afán
por dotarlo de contenido o sentido alguno: “El hombre actual se afana
por dotarse de un papel, un significado, un valor. Heidegger detecta,
en este extraordinario esfuerzo por encontrarse, un significado, una
señal de aburrimiento profundo”38. Esa señal de aburrimiento profundo
que Chul-Han detecta en el pensamiento de Heidegger, es evidente
en una actualidad que pone de manifiesto una constante necesidad de
entretenimiento que se da en una suerte de desviación ante la búsqueda
de sentido. Esto difumina las fronteras conceptuales en torno a la
comprensión tanto del ocio como del entretenimiento, pues es común
que el ocio se identifique directamente con el entretenimiento. En
nuestra sociedad se confunde al ocio con el consumo de mercancías. La
industria del ocio y el entretenimiento, sugieren que el aburrimiento es
un mal que debiera erradicarse a través de un imperativo de la diversión
como evasión.
Byung Chul-Han detecta claramente la raíz de este ritmo frenético e
histérico de la atomización dentro de la pérdida de sentido, de unidad,
causada por la carencia de la demora que propicia la reflexión y de la
contemplación teórica. La falta del buen ocio, o bien de un ocio valioso,
es un factor clave de la pérdida de sentido, por la alienación desvinculada
a la reflexión y la contemplación. Así, la falta de aburrimiento por el
imperativo de entretener no da lugar ni al aburrimiento ni al ocio, como
momentos para la reflexión y conformación de sentido.
El pensamiento de Heidegger identifica al ser con el padecer. De esa
manera, el padecer se nos presenta como algo que irremediablemente
nos acontece, muy análogo al transcurrir del tiempo. Podría decirse así
que padecemos determinado tiempo. Entonces, el ser hunde todo su
proceder en una suerte de padecimiento, y el tiempo es padecido en
virtud del contenido de sentido que pueda tener según la situación o que
logremos darle.
En contraste, el mismo Chul Han, en El buen entretenimiento,
desarrolla una crítica al entretenimiento, que como goce del tiempo
nos puede distraer de la necesidad por dotar al tiempo de sentido. Con
base en el pensamiento de Heidegger, afirma que el entretenimiento
es una actividad que permea en el ser humano, al cual identifica como
37
38

Han, El aroma del tiempo, 96.
Han, El aroma del tiempo, 117.

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ante el problema del tedio

pasión: “el uno impersonal de Heidegger es una figura que se puede
comprender como sujeto de entretenimiento de masas”39, lo que lleva
a verse amenazado con llevar una existencia inauténtica y olvidarse de
la búsqueda de sentido. En relación al tedio todo eso es relevante, dado
que el entretenimiento a través del ocio se suele presentar como una
alternativa ante el tedio, pero que en ocasiones es más una trampa que
una posible alternativa de solución.
Ante el aburrimiento profundo, surge por consiguiente una fuerte
necesidad de entretenimiento, en la que el ocio brinda la condición
de posibilidad para dar sentido, valor y significado al tiempo en
cuestión. No obstante, también es necesario considerar que el ocio que
pretende el cuidado y el mejoramiento de sí para poder hacerle frente al
aburrimiento se distingue del ocio del mero entretenimiento.
El concepto de ocio tiene una directa relación con el elogio a la
improductividad y el desprecio por los valores utilitarios, por ello
resalta el valor de la autonomía y libertad del individuo, a saber, de lo
reparador que puede ser la experiencia de ocio. Manuel Cuenca presenta
la siguiente definición:
La experiencia de ocio tiene que ver con su parte vivencial, con
la vivencia humana subjetiva, libre, satisfactoria y con un fin en
sí misma. Una vivencia que se caracteriza por enmarcarse en un
tiempo procesual, estar integrada en valores, vivirse de un modo
predominantemente emocional, no justificarse por el deber y estar
condicionada por el entorno en que se vive40.
La experiencia de ocio se constituye más que nada en la
subjetividad y la libre elección por un fin en sí mismo que, enmarcado
en un cierto tiempo que transcurre y se integra de valores, tanto a
dicho tiempo como a dicha experiencia, no requiere de justificación
alguna ni es condicionada bajo ningún imperativo. La experiencia de
ocio, entonces, es un tipo de experiencia orientada a la realización y
desarrollo. Esto lo hemos visto por la preocupación sobre la formación
de dicha capacidad y el carácter de potenciar las posibilidades del
ser humano en tanto llevar a la realización lo mejor que hay en él.
Por esto último es que recurrimos a la experiencia de ocio para hacer
39
Byung-Chul Han, Buen entretenimiento. Una deconstrucción de la historia
occidental de la Pasión, trad. Alberto Ciria (Barcelona: Herder, 2018), 109.
40
Manuel Cuenca Cabeza, Ocio valioso (Bilbao: Universidad de Deusto,
2014), 85.

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ante el problema del tedio

frente al tedio, pues el ocio puede ser condición de posibilidad para
atribuirle sentido al tiempo.
Tedio y atribución de sentido al tiempo a través del ocio
Al asentar las bases conceptuales en torno al abordaje sobre el
problema del tedio, planteamos ahora el análisis sobre la experiencia
de ocio, como condición de posibilidad para la atribución de sentido
del tiempo en sentido existencial. Para llegar a dicho análisis, es debido
precisar una distinción de tipos de tedio en relación al tiempo. Svendsen
distingue entre ciertos tipos de tedio, y expresa su inclinación en torno
a la tipología propuesta por Martin Doehlemann:
1.° El tedio situacional, como el que nos acomete cuando aguardamos
a alguien, acudimos a una conferencia o esperamos el tren; 2.° el
tedio de la saciedad, que nos produce el tener demasiado de lo mismo
y que hace que todo se nos antoje banal; 3.° el tedio existencial,
responsable de la vacuidad del espíritu, como si el mundo estuviese
en punto muerto; 4.° el tedio creativo, caracterizado no tanto por su
contenido como por la reacción que en nosotros provoca, que no es
otra que la de obligarnos a hacer algo nuevo”41.
El tipo de tedio que nos interesa analizar en relación al ocio
como condición de posibilidad para dar sentido al tiempo, es el tedio
existencial. Este se relaciona directamente con la necesidad de combatir
el vacío interior del individuo, ante el cual, el ocio puede retribuirle
la conformación de un sentido por ser un tiempo propicio para la
realización (Dumazedier 1964). Seguido a ello, cabrá entonces una
pregunta respecto a una idea característica del aburrimiento y en la cual
hemos estado haciendo hincapié, a saber, la atribución de sentido al
tiempo. A ello se sigue ¿Cómo es posible la atribución de sentido al
tiempo y cómo el ocio puede ser una condición de posibilidad para ello?
Para responder las preguntas anteriores, revisamos la obra de Jaime
Cuenca, Tiempo ejemplar: El ocio y los mundos vivenciales. En ella, el
autor teoriza sobre las pautas de valor que se pueden atribuir al tiempo,
desde una percepción social y cultural de éste. El acto de encontrar o
41
Martin Doehlemann, Langeweile? Deutung eines verbreiteten Phanomens
(Frankfurt am Main: Suhrkamp, 1991), 22, citado en Svendsen, Filosofía del tedio, 51.

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bien construir un sentido en el tiempo y la obtención de un tiempo con
sentido es una constante búsqueda para el ser humano:
El ser humano ha buscado siempre un modo de otorgar sentido al
tiempo […] Cualquier esfuerzo es poco cuando se trata de evitar
caer en un tiempo no significativo, percibido como mero transcurrir
temporal, porque esto siempre nos ha aterrado […] Un tiempo sin
sentido no puede concebirse más que como una deriva sin pausa
hacia la nada42.
Su principal argumento gira en torno a la relación entre el ocio y la
forma actual de atribuir sentido al tiempo, además de situar el sentido
en relación a un valor determinado. Lo hace ejemplificando cómo las
religiones y los mitos comenzaron por la noción de lo sagrado para
partir a la idea del sentido. Con base en las creencias, la idea de lo
sagrado se insertó en determinadas situaciones y periodos de tiempo,
que dieron lugar a un tiempo con sentido43. El tiempo con sentido es
distinguido del tiempo de lo cotidiano, lo profano y ordinario:
Si el tiempo extraordinario aparece como dotado de sentido en sí
mismo, el tiempo ordinario debe hacerse significativo. Cuando se
fracasa en esta tarea, aparece el tedio. El tedio es la conciencia
de un tiempo falto de sentido (Svendsen, 2006). Para evitar esta
angustiosa sensación de sinsentido temporal, el ser humano debe
tratar de adecuar el tiempo ordinario al modelo del extraordinario44.
42
Jaime Cuenca Amigo, “Tiempo ejemplar: el ocio y los mundos vivenciales,”
en El tiempo del Ocio: transformaciones y riesgos en la sociedad apresurada, eds.
Manuel Cuenca Cabeza y Eduardo Aguilar Gutiérrez (Bilbao: Universidad de Deusto,
2009), 57.
43
“El hombre moderno, aunque prescinde de esa referencia al tiempo mítico de
los orígenes, no actúa de manera diferente: el ciudadano o el trabajador deben conducir
su vida diaria con el mismo ethos que requiere la gran marcha de la humanidad a través
de la Historia. En ambos casos, los momentos de irrupción del tiempo extraordinario son
episodios de metarrelatos socialmente compartidos. Estos episodios, en las comunidades
míticas, eran la reactualización periódica del origen sagrado; en la sociedad moderna,
la previsión del final de la Historia”. Cuenca Amigo, “Tiempo ejemplar,” en Cuenca
Cabeza y Aguilar Gutiérrez, El tiempo del Ocio, 70-71.
44
Cuenca Amigo, “Tiempo ejemplar,” en Cuenca Cabeza y Aguilar Gutiérrez,
El tiempo del Ocio, 70.

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Se trata de un tiempo que rompe con la repetición de lo cotidiano
y su característica sensación de homogeneidad. En lo que coincidimos
con Svendsen en que: “Gran parte del tedio que nos afecta tiene su
origen en la repetición”45. En ello se considera que el ocio es un tiempo
abstraído de lo ordinario que puede dotarlo de sentido como un tiempo
extraordinario similar al de los ritos y las fiestas46.
Sin embargo, en los ritos y las fiestas el tiempo toma una connotación
de sagrado. La reproducción de ritualidades reafirma su propio sentido:
“pese a haber abandonado los metarrelatos, no hemos renunciado al
mecanismo que otorga sentido al tiempo”47. Tales mecanismos, por
ejemplo, el ocio, persiguen también la ruptura de la repetición, que
cómo se dijo más arriba y señala Svendsen, “tiene su origen en la
repetición”. Pero esa intención de evitar la repetición que produce el
tedio más absurdo llega a estar latente en la ritualidad de la religión.
No obstante, “la quintaesencia del infierno es la eterna repetición de lo
mismo, cuyo paradigma más terrible no está en la teología cristiana, sino
en la mitología griega: Sísifo y Tántalo, condenados al eterno retorno
del mismo castigo”48. De la figura de Sísifo, muy análoga a la figura del
trabajador moderno, coincidimos con Camus en que muestra que: “no
hay castigo más horrible que el trabajo inútil y sin esperanza”49. Sísifo
nos recuerda a quien está condenado a perpetuar un trabajo absurdo
en la continuidad de los días, bajo el agobio del tedio y sin descanso
alguno. Esto es observable en los trabajadores de la actualidad que se
encuentran sometidos bajo el imperativo al garrote (a la fuerza) de un
trabajo explotador para solventar la mera sobrevivencia50.
45
Svendsen, Filosofía del tedio, 49.
46
“Hoy en día, sin embargo, no contamos ya con ningún metarrelato
socialmente compartido en el que puedan inscribirse los momentos de irrupción del
tiempo extraordinario, como episodios de una narración coherente.… Puesto que el
momento presente no se subordina ya al recuerdo reverente del origen o la esperanza
militante del ﬁnal, debe tratar de aprovecharse con la mayor intensidad”. Cuenca
Amigo, “Tiempo ejemplar,” en Cuenca Cabeza y Aguilar Gutiérrez, El tiempo del
Ocio, 71.
47
Cuenca Amigo, “Tiempo ejemplar,” en Cuenca Cabeza y Aguilar Gutiérrez,
El tiempo del Ocio, 71.
48
Michael Löwy, Walter Benjamin: aviso de incendio. Una lectura de las tesis
“Sobre el concepto de historia,” trad. Horacio Pons (Buenos Aires: Fondo de Cultura
Económica, 2012), 104.
49
Albert Camus, El mito de Sísifo, trad. Luis Echávarri (Madrid: Alianza
Editorial, 2011), 155.
50
“Cuando al trabajo se le quita el contrapeso de la verdadera festividad y del

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La condición de Sísifo implora la necesidad de cambio, la irrupción
ante lo continuo, lo duro de la realidad en forma de condena, pero
también lo valioso del momento en que se da cuenta de todo ello: “El
obrero actual trabaja, todos los días de su vida, en las mismas tareas
y ese destino no es menos absurdo. Pero solo es trágico en los raros
momentos en que se hace consciente”51. Al pensar en la condición del
absurdo que enfrenta Sísifo, es posible pensar en la necesidad del ocio,
en que si trabajamos para tener ocio es preciso recuperarlo como una
condición de posibilidad para el horizonte de sentido frente al tedio que
puede resultar del trabajo. De ahí que Camus exprese:
Al final de éste prolongado esfuerzo, medido por el espacio sin
cielo y el tiempo sin profundidad, llega a la meta. Sísifo contempla
entonces como la piedra rueda en unos instantes hacia ese mundo
inferior del que habrá de volver a subirla a las cumbres. Y regresa al
llano. Ese Sísifo me interesa durante ese regreso, esa pausa52.
Tal pausa puede identificarse con el ocio y el tiempo libre que,
aunque sea libre en virtud del trabajo mismo, no por ello deja de ser
un resquicio liberador, incluso emancipador, y hasta a veces escapista,
en relación al tedio. Cuando Sísifo desciende, experimenta un tiempo
distinto: “Esa hora que es como un respiro y que se repite con tanta
seguridad como su desgracia, esa hora es la de la conciencia”53. En
consecuencia, es necesario revalorar el ocio más allá del sentido de
la riqueza, como libertad en tanto ruptura del tedio de la repetición
que sustrae del tiempo mismo la capacidad de expropiarse para un
uso autónomo. “El ocio no es, por sí mismo, más portador de sentido
existencial que el trabajo, y la cuestión es más bien cómo se vive ese
ocio”54. Por lo tanto, el ocio adquiere sentido según cómo sea vivido,
lo cual depende de la orientación que se le dé, en tanto al contenido del
tipo de actividades y prácticas que en él se lleven a cabo. Ahí reside la
verdadero ocio, se vuelve inhumano; puede conllevarse indiferente o “heroicamente”,
pero no deja por eso de ser esfuerzo árido, sin esperanza, comparable al de Sísifo, que
de hecho hay que considerar como la encarnación primitiva del trabajador encadenado
a su trabajo son descanso y sin intimo fruto.” Pieper, El ocio y la vida intelectual, 70-1.
51
Camus, El mito de Sísifo, 157-8.
52
Camus, El mito de Sísifo, 157.
53
Camus, El mito de Sísifo, 157.
54
Svendsen, Filosofía del tedio, 43.

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importancia de su relación con el trabajo y su posibilidad de aliviar el
tedio. Sin embargo, es necesario aclarar que Svendsen tiene una postura
que considera que el ocio no puede tener mayor sentido que el trabajo.
Para él “no es el tedio una cuestión de trabajo o de tiempo libre55, sino
de sentido”56. Sin embargo, aquí pretendemos argumentar que el ocio
puede ser benéfico en cuanto a los aspectos negativos del tedio. De cara
al vacío que este implica, el ocio puede ser condición de posibilidad
para concebir el sentido.
Tanto el ocio como el trabajo pueden ayudar a evitar el tedio por
el hecho de posibilitar un horizonte de sentido, pese a que, por lo
común, sea más el trabajo lo que produce tedio y aburrimiento que
el ocio mismo. Pero también puede resultar complicado no saber qué
hacer con el tiempo propio, con el tiempo libre del trabajo, aunque es
no necesariamente tiene que ver con el ocio, pues el tiempo libre o
disponible no es sinónimo de ocio. “La falta de ocio, la incapacidad
para el ocio, está en relación estrecha con la pereza; de la pereza es
de donde procede el desasosiego y la actividad incansable del trabajar
por e1 trabajo mismo”57. El problema en ello radica más bien en
la capacidad para tener ocio, que consiste en el libre ejercicio de
disponer del tiempo propio a voluntad, bien para sí mismo o para
pasarlo con otros.
Actualmente, los regímenes de acción de la actividad humana oscilan
en una división del tiempo entre: el tiempo libre y el tiempo de trabajo.
Esta última está vinculada a la cosificación y desvalorización de nuestro
tiempo, sobretodo del tiempo libre: “la división rígida de la vida en dos
mitades preconiza aquella cosificación que, entretanto, se ha adueñado
casi por completo del tiempo libre”58. El tiempo de ocio está valorado
de las maneras más banales y proclives al fetiche, pues sus formas de
ocupación son con frecuencia ligadas al consumo de mercancías. A
pesar de todo, ya sea en su forma alienante ligada al consumo, y aún más
en su forma enfocada a la realización del individuo sin fines utilitarios,
la experiencia de ocio pretende mitigar el tedio, el hastío, o bien el
aburrimiento, que, en la forma del tedio, ha de ser la representación de
un estado afectivo que logra abstraer la experiencia pura del tiempo; es
55
Cabe destacar que Svendsen parece no distinguir claramente entre ocio y
tiempo libre.
56
Svendsen, Filosofía del tedio, 44.
57
Pieper, El ocio y la vida intelectual, 41.
58
Adorno, “Tiempo libre,” 59.

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decir, que logra sentir pasar el tiempo en su esplendor y es abrumado
por las posibilidades que este presenta para ejecutar cualquier acción
por lo que culmina en el aburrimiento o el hastío. “En el estado de
aletargamiento culmina un momento decisivo del tiempo libre bajo
las condiciones actuales: el hastío”59. Estas condiciones del hastío y el
tedio logran ser disipadas por las actividades de ocio.
El tedio contiene la necesidad vital del descanso, en forma de novedad
ante lo monótono y continuo. El ocio nos conduce al reposo y si bien
no a una productividad burguesa explotadora, si a una productividad
de la interioridad. Entonces, el ocio se presenta como una necesidad
ante el tedio, que está vinculada con la división de la vida, del tiempo
de vida, su organización y ocupación. De ahí que muchas actividades
de la industria del ocio, en su aspecto más reconfortante del negocio
del tiempo libre, tengan la intención del alejamiento, la relajación,
el descanso y prioridades del confort que se ofertan en bloques de
tiempo más accesibles y alentadores. Schopenhauer, en su teoría
sobre el hastío en la cual cita a Adorno en el artículo sobre “El tiempo
libre”, y al cual hemos estado haciendo referencia, nos comenta que
“los hombres sufren por el apetito insatisfecho de su propia voluntad,
o bien se hastían tan pronto como esta es aquietada”60. Por su parte,
Svendesen comenta que: “Adorno establece una conexión entre el tedio
y la alienación en el trabajo, donde el tiempo libre se corresponde con
la falta de autodeterminación en el proceso de producción. El ocio es
un tiempo del que podemos disponer libremente, o en el que podemos
ser libres”61. Dado que el ocio nos dota de la capacidad de disponer de
nuestro tiempo con libertad, en él es necesario que nuestra conducta sea
verdaderamente autónoma en relación con las actividades en las que
ocupamos nuestro tiempo. De ello depende que estén preferentemente
encuadradas en una racionalidad práctica y cargadas de sentido.
Ejemplos de lo anterior serían la actividad física, el hábito por la lectura
o alguna expresión artística, la introspección, los oficios, entre otras.
Sin duda, darían batalla al tedio y al aburrimiento y más que nada a la
impotencia que genera el hastío. Para Adorno “siempre que la conducta
en el tiempo libre es verdaderamente autónoma, determinada desde sí
mismos por hombres libres, es difícil que se instale el hastío, allí donde
59
60
61

Adorno, “Tiempo libre,” 59.
Adorno, “Tiempo libre,” 60.
Svendsen, Filosofía del tedio, 44.

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ellos persiguen su anhelo de felicidad… o donde su actividad en el
tiempo libre es racional en sí misma como un en sí pleno de sentido”62.
Sin embargo, hoy en día la tendencia de ligar el ocio a las actividades
del consumo de mercancías, conlleva el peligro de que el ocio no logre
evitarnos el vacío, y tenga un sentido alienador que nos produzca dicho
vacío. Por ello nos advierte Debord “…el vacío del ocio es el vacío
de la vida en la sociedad actual”63. De ahí surge la necesidad de que
la experiencia del tiempo de ocio, del consumo de dicho tiempo, se
ocupe en acciones edificantes: desde el cuidado de la salud a través de
la actividad física, hasta el interés y gusto de cultivarse en la lectura
y la reflexión a partir de ella, u otros aspectos culturales, como en el
goce al contemplar una pieza artística o bien en su creación. Esto puede
ayudarnos a combatir el vacío, este sentimiento de vacío en la sociedad
contemporánea y atacar ese concepto del ocio se oferta como una
mercancía, en un bloque de tiempo destinado a ocuparse en actividades
vacías y viciadas. Todo eso implica una vuelta a la esencia del ocio como
fin en sí mismo: en tanto experiencia valiosa nos brinda la posibilidad
de proveernos de sentido y ser un tiempo para la realización, para la
valoración no utilitaria de nosotros mismos y nuestro entorno.

62
Adorno, “Tiempo libre,” 61.
63
Internacional Situacionista, vol. 1, La realización del arte, trad. Luis Navarro
(Madrid: Literatura Gris, 1999), 100.

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Conclusiones
Los autores a los que se ha hecho referencia de manera más constante,
Svendsen y Heidegger, no presentan una clara distinción entre los
conceptos de tedio y aburrimiento. Dado que en la lengua en que
escriben dichos autores, ambos términos significan lo mismo. Sin
embargo, es indispensable remarcar, según el trabajo aquí realizado,
que entendemos el tedio como una consecuencia del aburrimiento, en
una mayor intensidad, o bien, en la carga semántica del pensamiento de
Heidegger: en una identificación del tedio con el aburrimiento profundo.
Las condiciones sociales de los ritmos de vida, la aceleración, el afán
por el lucro y el imperativo de la productividad marcado por las largas
jornadas de trabajo, no son sino los medios que propician ese tedio
generalizado. Esto contribuye a una tendencia imperante por evitar el
aburrimiento a toda costa, signo de ello son la amplia diversidad de
medios de los que se puede disponer hoy en día para el entretenimiento.
Pero ello no es sino parte de la presión por la producción y el lucro,
que finalmente constriñen la posibilidad de crear y recrear otras vías
de uso del tiempo para encarar el aburrimiento. Por tanto, es necesario
desmitificar el aburrimiento, no solo concebirlo como algo inevitable
o comprenderlo como tiempo improductivo de inacción, sino más
bien, como condición de posibilidad para la reflexión, para el espíritu
y la necesidad de búsqueda de sentido. Ante esto, el ocio sirve para
desmitificar el aburrimiento puesto que nos brinda una productividad
dirigida a nuestra interioridad. Es decir que, lejos de toda lógica burguesa
de explotación, la productividad del ocio hace posible encontrarnos
con nosotros mismos y los otros, así como el desarrollo, el cuidado y
el autoconocimiento. El aburrimiento implica que nos detengamos a
contemplar esa falta de sentido del tiempo que experimentamos. Puede,
entonces, dar la posibilidad de reflexionar sobre el tiempo en sentido
personal del cómo se está viviendo, lo cual incide en las decisiones
que se toman y las obligaciones que se aceptan para encarar lo que
realmente se quiere hacer. El aburrimiento no necesariamente conlleva
un detenimiento, pero no por ello puede negarse que una persona pueda
verse abrumada en el detenimiento tras aburrirse de un trabajo, una
ocupación u actividad al punto de experimentar el tedio.
A pesar de todo, el tedio y el aburrimiento nos invitan a ver a
conciencia lo que hay en nuestro interior (muy acorde a la idea Nietzsche
sobre el abismo y el abismo que se asoma también dentro de nosotros).
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Esto depende de su orientación para definirlo en un sentido positivo
o negativo. Por tanto, la orientación del aburrimiento hacía el ocio,
puede dar lugar a una experiencia cargada de sentido. El ocio permite
la posibilidad de enfocar nuestra experiencia del paso del tiempo a una
reflexión introspectiva en miras a la acción, ya sea personal o social en
vistas de la edificación, la realización y el sentido.

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�Identidad estética cotidiana
Everyday Aesthetic Identity

Identidad estética cotidiana1
Everyday Aesthetic Identity
Tom Sparrow2
Gerardo Flores Peña3
Resumen: El siguiente artículo presenta el desarrollo del concepto de
la identidad estética cotidiana elaborado por Tom Sparrow, uno de los
miembros más importantes del movimiento del realismo especulativo.
Traducimos aquí la primera conferencia que Sparrow dictó en México, y
que fue planteada específicamente para el Quinto Coloquio de Ontología
Contemporánea organizado en la Universidad Michoacana de San
Nicolás de Hidalgo. Además, esta conferencia es el único documento
de Sparrow que ha sido traducido al español. En el plantea al inicio
qué es una estética especulativa, después, con ayuda de la filosofía de
Levinas, se caracteriza la identidad estética en contraposición a las
teorías idealistas y fenomenológicas de la subjetividad. Finalmente se
muestra cómo las reflexiones de la estética cotidiana tienen relevancia
para la nueva conceptualización del a subjetividad.
Palabras Clave: Estética, Identidad, Estética Cotidiana, Levinas,
Especulación.

1
La siguiente traducción se elaboró para ser proyectada durante la conferencia
de Tom Sparrow en el marco del Quinto Coloquio de Ontología Contemporánea
celebrado en el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la Universidad Michoacana.
Por cuestiones de comodidad todas las citas y referencias son las originales del texto.
2
Departamento de Filosofía, Slippery Rock University.
3
Traductor, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

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Everyday Aesthetic Identity

Abstract: The following article presents the outline of the concept
of everyday aesthetic identity developed by Tom Sparrow, one of the
most prominent thinkers of the speculative realism movement, this text
was specifically written as the Key Lecture for the 5th Symposium of
Contemporary Ontology organized by the Institute of Philosophical
Research of the Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.
Also, this key lecture is the only text by Tom Sparrow translated to
Spanish. In the text the author starts defining what is speculative
aesthetics, later, with the help of Levina’s philosophy, he characterizes
aesthetic identity in contraposition with the idealist and phenomenologist
accounts of subjectivity. Finally he shows how the reflections on
everyday aesthetics have relevance for this new conceptualization of
subjectivity.
Keywords: Aesthetics, Identity, Everyday Aesthetics, Levinas,
Speculation.

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�Identidad estética cotidiana
Everyday Aesthetic Identity

Introducción
El día de hoy me gustaría indicar la dirección en la cual estoy
desarrollando el concepto de “identidad estética” que inicié en mi
libro Plastic Bodies (2015). Ese libro ofrece una crítica realista de la
fenomenología de Maurice Merleau-Ponty y Emmanuel Levinas. Lo
que intento es desarrollar el concepto de identidad estética usando
la literatura de la estética cotidiana, el diseño arquitectónico y de
atmósferas, como ha sido desarrollado principalmente por pensadores
como Yuriko Saito, Thomas Leddy, Peter Zumthor, Juhani Pallasma,
Gernot Böhme y Torino Griffero. Admito que estos no son nombres
familiares en la mayoría de los círculos filosóficos, así que sólo hablaré
brevemente acerca de algunos de ellos. Hablaré más ampliamente de
Emmanuel Levinas y cómo su ontología post-fenomenológica de lo
sensible nos provee con un marco para una explicación realista de la
sensación y, por extensión, una explicación radicalmente inmanente de
la identidad personal. Después de esbozar la ontología de lo sensible
de Levinas, viraré brevemente hacia William James para poder
especificar la noción de identidad que tengo en mente cuando hablo
de identidad estética. Veremos que este tipo de identidad deja al Yo
enteramente externalizado y expuesto al exterior, lo que significa que
no deja espacio para que el Yo se esconda o encuentre refugio en su
entorno circundante. Esto no implica que el Yo no tenga control sobre
su experiencia del mundo, sino simplemente que este control es siempre
precario, condicionado y dependiente.
Si mi pensamiento acerca de la identidad estética tiene algún
mérito, entonces conlleva algunas implicaciones prácticas (o éticas).
Estas implicaciones son más evidentes en la literatura de la estética
cotidiana y la literatura de las atmósferas, particularmente en los
escritos de Saito, Böhme y Griffero. Introduciré estas implicaciones
y lo que entiendo que son sus credenciales realistas hacia el final de
mi conferencia. También sugeriré algunas maneras en las que son
significativas para nuestras vidas cotidianas. Esto podrá darles alguna
idea de hacia dónde se dirige mi investigación actual, y más importante
aún, les ayudará a decidir si deben invertir más de su tiempo leyéndome
o escuchándome.
Mi explicación es especulativa, así que primero le daré
un contexto especulativo. Delinearé algunos rasgos de la estética
especulativa contemporánea antes de presentar la estética especulativa
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postfemenomenológica de Levinas. Con Levinas, ofrezco una
concepción de la identidad estética que puede usarse para construir
un puente realista entre la estética cotidiana y la estética especulativa.
En otras palabras, Levinas nos ayuda a ver que la estética cotidiana
se vuelve especulativa precisamente en el momento en que empieza a
interrogar la interface entre el mundo y su ambiente estético.
Mis elecciones teóricas son aquí necesariamente selectivas
y han sido escogidas meramente para articular un problema práctico
que se alza en la intersección entre la estética filosófica y la teoría del
diseño. Este es el problema de cómo los ambientes estéticos –desde los
domésticos hasta los artísticos, desde los hápticos hasta los aurales–
moldean a sus espectadores y habitantes que están sujetos a ellos de un
modo cotidiano. Este tipo de cuestión es alzada por los diseñadores y
teóricos del diseño desde una perspectiva práctica, y por los pensadores
de la estética cotidiana desde una perspectiva filosófica, pero sostengo
que ambas perspectivas pueden beneficiarse de la escritura emergente
en la estética especulativa y el realismo especulativo de hoy.
Una idea de estética especulativa
Lo “estético” en la estética especulativa no denota primariamente la
filosofía del arte, la crítica de arte o las teorías del juicio, el gusto, la
belleza o lo sublime. Está relacionado con estos dominios, pero es mucho
más amplio. Siguiendo la comprensión de la estética de Alexander
Baumgarten más que a la filosofía analítica angloamericana del siglo
viente, nos refiere al dominio total de lo que es sentido e imaginado, el
reino entero de la aisthesis. La estética especulativa apunta, entonces,
a construir un discurso especulativo acerca de la vida entera de los
sentidos y lo sensual4. Esto conlleva una ontología o metafísica de lo
sensible, que uno podría recuperar de Kant, o Merleau-Ponty, o Deleuze
o de algún otro lado. El punto es que una ontología de lo sensible se
vuelve central para el tema de la estética, más que, por ejemplo, el
juicio estético o las teorías de la belleza.
En años recientes, este discurso ha tomado una forma múltiple
en el mundo angloparlante, especialmente en la égida del “giro
especulativo” comúnmente asociado con el realismo especulativo,
4
Ver Alexander Baumgarten, Metaphysics: a critical translation with Kant’s
elucidations, selected notes, and related materials, trad. y ed. Courtney D. Fugate y
John Hymers (Londres: Bloomsbury, 2014).

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que tiene hoy más de una década de antigüedad. No obstante, el
giro especulativo sólo se ha enfocado ocasionalmente en cuestiones
estéticas. Cuando el libro The Speculative Turn fue publicado en 2011,
la única atención dada a la estética entre los veinticinco capítulos era
el intercambio entre Steven Shaviro y Graham Harman5. En 2013
apareció un manifiesto en el blog australiano Estética después de la
finitud, llamando a llenar el vacío en la literatura especulativa. El
grupo anunciaba estar “en contra de la marginalización de la estética
en la estela del giro especulativo y reconsideraba las consecuencias
de este pensamiento para el pensamiento de los sistemas humanos de
representación para poder descubrir nuevas posibilidades paras las
prácticas artísticas, y específicamente las literarias”6.
Mientras que muchos han notado la conspicua ausencia de
la ética y la política en la Ontología Orientada al Objeto (OOO) y el
realismo especulativo (RS), sólo ha sido en los últimos años que el tema
de la estética ha salido de la sombra cernida por la epistemología y la
metafísica en el campo de la filosofía especulativa contemporánea. De
hecho, la necesidad de una estética especulativa se ha vuelto aparente.
Hoy en día un gran número de textos y pensadores han empezado a
considerar prospectos para la estética especulativa, a pesar de que el
significado de esta frase está aún bajo una intensa discusión. Antes
de ver con más detalle la estética especulativa de Emmanuel Levinas,
me gustaría señalar algunos lugares donde se ha llevado a cabo el
acercamiento especulativo a la estética en los últimos cinco años.
El quinto número de la ahora inoperativa revista Speculations
(publicado en 2014) estuvo dedicado a “La estética del siglo veintiuno”.
Es, efectivamente, un número sobre estética especulativa. A finales del
2014, Urbanomic –editor responsable de diseminar la transcripción de
la mesa redonda sobre realismo especulativo de 2007 en el Goldsmith
College, y que también dedicó el segundo número de Collapse al
tema del realismo especulativo– publicó un volúmen llamado Estética
5
El intercambio tiene lugar en los ensayos de Steven Shaviro, “The Actual
Volcano: Whitehead, Harman, and the Problem of Relations,” en The Speculative
Turn: Continental Materialism and Realism, eds. Levi Bryant, Nick Srnicek y Graham
Harman (Melbourne: re.press, 2011), 279-290, y de Graham Harman, “Response to
Shaviro,” en Bryant, The Speculative Turn, 291-303.
6
El grupo, con base en New South Wales, organizó una conferencia epínoma
los días 5 y 6 de Febrero del 2015. Debe notarse que la crítica literaria-orientada al
objeto ha estado presente al menos desde 2011, y ha sido defendida por medievalistas
como Eileen Joy y Jeffrey Jerome Cohen.

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especulativa, una colección de artículos originalmente presentados en
una mesa redonda de 2013 donde se discutía el tema que daba nombre al
volumen7. Aunque obviamente disgustados con la influencia del RS y la
OOO en el mundo del arte contemporáneo, los editores de este volumen
nos dicen que “la estética especulativa reafirma aquí una relación entre lo
estético y la creatividad humana, pero dentro de un marco conceptual que
rehúsa abandonarlas a la inefabilidad o a la inmutabilidad”8. Los editores
llegan a decir que las diversas contribuciones del volumen naturalizan
al igual que desnaturalizan la estética, mientras que “la representación
es rehabilitada, la abstracción materializada y la cognición acelerada”9.
Su deseo de ver a la estética especulativa desvinculada del realismo
especulativo y realineada con el aceleracionismo es obvio. Con clara
sorna hacia el RS y la OOO, los editores de la Estética Especulativa
de Urbanomic abrazan notablemente la promesa de la representación,
la abstracción, y la cognición, mientras que devalúan “lo inefable”. El
suyo es, ciertamente, un movimiento que replica, o quizás explota, la
arraigada “crítica de la representación” hoy algo pasada en la filosofía
continental y la teoría contemporánea. Quizás se ve a sí misma como
una contra-revolución idealista o un regreso vanguardista a Kant.
Desafortunadamente, la mayor parte de las contribuciones a
la Estética especulativa de Urbanomic sólo abordan la estética breve
e indirectamente. Algunas contribuciones sólo están marginalmente
interesadas por la estética. En su totalidad, el volúmen es insatisfactorio;
su introducción polémica muestra abiertamente su inconformidad con la
influencia del RS/OOO. Hay indicios, sin embargo, de un camino hacia
la estética especulativa. Notablemente, alza las siguientes preguntas
importantes: ¿si el realismo especulativo “está preocupado por llevar
la atención lejos de la primacía de la intuición y la interpretación” es
realmente “una tendencia anti-estética” como el volúmen de Urbanomic
afirma?10 Mi respuesta es que el RS/OOO no es de ningún modo antiestético, incluso cuando se encuentra confrontado con lo inefable.
Por ejemplo, consideremos el trabajo de Steven Shaviro,
quien ha publicado libros sobre estética, realismo especulativo y
aceleracionismo. Ha emergido como una de las mayores figuras en
7
Robin Mackay, Luke Pendrell y James Trafford, eds., Speculative Aesthetics
(Falmouth: Urbanomic, 2014).
8
Mackay, introducción a Speculative Aesthetics, 3.
9
Mackay, introducción a Speculative Aesthetics, 3.
10
Mackay, introducción a Speculative Aesthetics, 3.

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la segunda ola del RS y ha, desde que entró en diálogo con el RS,
priorizado la estética, a diferencia de la mayoría de los demás. Al escribir
sobre RS y Whitehead, Shaviro argumenta convincentemente que la
inefabilidad, más que la representación y la cognición, está en el centro
de la estética. Esta no es una deficiencia en la teoría estética, piensa él,
sino precisamente su problema constitutivo. Aunque es un eminente
crítico del RS y la OOO, la propia posición de Shaviro mantiene
alguna afinidad con la versión de Harman del RS, como Shaviro mismo
reconoce en The Universe of Things11, un texto que es en cierto sentido
una continuación de su libro de 2009 Without Criteria12.
En The Universe of Things Shaviro utiliza la frase “estética
especulativa” para nombrar su contribución original al giro especulativo.
Esta visión la posiciona explícitamente en contraste a las de Meillassoux
y Harman. Lo que Shaviro propone con su estética especulativa es una
teoría de la estética como primordial, como el fundamento de toda
cognición, relación y acción –en corto, como el fundamento singular
de toda experiencia, desde la mundana hasta la sublime. Ya que la
experiencia estética es singular, de acuerdo con Shaviro, la estética
especulativa no puede proveernos de una estética general, sin embargo.
Kant, Whithead y Deleuze son los pensadores claves en su esfuerzo
hacia una estética especulativa, pero su proyecto está aún por realizarse
plenamente. Shaviro mismo permanece escéptico a su cumplimiento13.
¿Qué significa para Shaviro decir que la estética es el
fundamento de toda experiencia? Puesto muy esquemáticamente,
significa decir que todo contacto, sea humano o no-humano, ocurre
mediante las cualidades estéticas. Para cualquier objeto que posea
senticencia, como los humanos y los animales no-humanos, significa
que todo contacto es primero y ante todo no-cognitivo; es un asunto de
sentir. Para lo inanimado, la estética es una cuestión de afectar o ser
afectado. Para Shaviro, parece que lo animado y lo inanimado se alinean
bajo la capacidad general de la afección, donde la afección significa
susceptibilidad a las cualidades estéticas. Con referencia a Harman,
Shaviro escribe que “un objeto que nos contacta desde fuera, y cuya
verdadera naturaleza interna no podemos conocer, tiene ‘básicamente
11
Steven Shaviro, The Universe of Things: On Speculative Realism
(Minneapolis: University of Minnesota Press, 2014).
12
Steven Shaviro, Without Criteria: Kant, Whitehead, Deleuze, and Aesthetics
(Cambridge: MIT Press, 2009).
13
Shaviro, The Universe of Things, 156.

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un efecto inefable en nosotros’”14. Lo mismo es verdad para los objetos
inanimados, no sólo para los sintientes. Este efecto está determinado,
para Shaviro, por la potencia o capacidad de los objetos en cuestión, y
la forma singular en que los objetos puestos en contacto despliegan sus
respectivas potencias y transmiten sus cualidades los unos a los otros.
Shaviro toma prestado el lenguaje de las potencias de la “metafísica de
las potencias” de George Molnar, Stephen Mumford y Rani Lill Anjum,
quienes argumentan acerca de la objetividad de las potencias15. La
potencia de un objeto es real: la potencia es la capacidad virtual de un
objeto para producir efectos causales reales en el mundo. Para Shaviro,
siguiendo a Timothy Morton, esta causalidad es básicamente estética.
Graham Harman en otro lugar llama a este poder para afectar
a distancia, causación “vicaria”16. La tarea de la estética especulativa,
como la ve Shaviro, es teorizar el contacto “inmanente, no-cognitivo”
implicado en los encuentros estéticos para ayudarnos a entender
cómo “sentimos que algo es bello incluso antes de reconocerlo y sin
necesariamente saber algo acerca de él”17. El propósito de este empeño
teorético, que es tanto kantiano como whiteheadiano, es “[proponer] una
heurística… que sería más o menos ampliamente aplicable”, como ha
dicho Shaviro18. Shaviro no parece estar muy preocupado en comprender
a Kant de forma bastante adecuada, sino con innovar la estética
kantiana para poder disociarla de sus tendencias correlacionistas. Hoy
hay más y más usos de la frase “estética especulativa”. He mencionado
sólo algunos pocos aquí, pero una rápida búsqueda en Google podría
encontrar muchos más.

14
Shaviro, The Universe of Things, 138.
15
Quizás la “virtualidad” como Deleuze la entiende es mejor que “objetividad”
para referir a esto.
16
Shaviro, The Universe of Things, 144-148. Shaviro rechaza la visión de
Harman de que el objeto existe como distinto, como sustancia infinitamente retirada.
Hay que notar que la causalidad no es vista aquí ni como categoría del entendimiento ni
como hábito del juicio, sino como un evento interobjetivo.
17
Shaviro, The Universe of Things, 148-50.
18
Steven Shaviro, Actualización de Estado de Facebook del 29 de Febrero de
2015, 6:27 p.m., EST, [Se conservó la cita original del texto. –Ed.]

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La estética especulativa de Levinas
Alguien que ha investigado lo que Shaviro llama “los efectos inefables,
no-cognitivos” de los objetos es Emmanuel Levinas. Aunque típicamente
asociado con la fenomenología, sostengo que la explicación de Levinas
de la sensibilidad debe ser vista como una forma de estética especulativa
que contesta las estéticas fenomenológica y clásica desde la perspectiva
del realismo especulativo. Hace esto arguyendo en contra de la primacía
de la conciencia en la experiencia estética y a favor de la objetividad
de las cualidades estéticas. Este tipo de realismo especulativo, que es
derivado de la explicación de Levinas sobre la materialidad de la vida
cotidiana, y la dinámica del habitar, tiene mucho que recomendar a
nuestro pensamiento acerca de los ambientes estéticos cotidianos y sus
efectos en quiénes somos y qué podemos hacer.
Levinas nos aporta una explicación de la identidad que ve al
ambiente estético, la vida material cotidiana, como constitutivo del
sujeto. Y si esto es así, entonces la consideración del diseño de la vida
material cotidiana toma una profunda significación ética. Cualquiera
que haya considerado las notas de Levinas sobre la sensación y la
afectividad en Existencia y existente; o el gozo, la alimentación y lo
elemental en Totalidad e Infinito; y sobre la sensibilidad y la volatilidad
de la experiencia sensorial vivida en Otro modo que Ser, estarán
familiarizados con esta estética.
Al considerar la constitución de la subjetividad, es necesario
considerar lo que llamo la “primacía de la sensación” en la explicación
que hace Levinas de la conciencia19. En contraste con Kant, Husserl
e incluso con Merleau-Ponty, Levinas despliega una fenomenología
de la sensación pensada para restaurar, parece, la dimensión material
no-cognitiva de la vida intencional que ha sido oscurecida por las
explicaciones representacionistas de la conciencia, la percepción y la
experiencia. Para Levinas, esta dimensión material es lo estético, el
nivel de la aisthesis, del contacto sensorial no-representacional con la
otredad20. La apología de Levinas sobre la primacía de la afectividad
19
Esta afirmación acerca de la identidad es quizás más fuerte que aquella que
encontramos en el trabajo de Gernot Böhme y Tonino Griffero, quienes argumentan
fuertemente a favor de la naturaleza afectiva y objetiva de las atmósferas estética, pero
que evaden la promoción de la sensación, que encuentran demasiado reductiva, en
favor de la percepción. Ninguno toma nada significativo del trabajo de Levinas, cuya
obra promete profundizar la ontología de las atmósferas y la estética cotidiana.
20
Emmanuel Levinas, Existence and Existents, trad. Alphonso Lingis

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y la sensorialidad de la encarnación opera como una respuesta a una
deficiencia en el método fenomenológico divisado por Husserl, en
particular su doctrina de la intencionalidad objetivante. Es también
consonante con su crítica al ego kantiano, que Levinas encuentra
demasiado separado del mundo material. Contra Kant y Husserl,
Levinas concibe al sujeto como un evento material, no como un ego
solitario que sirve como la inmutable condición de la posibilidad de
representar objetos y eventos.
En la medida en que su filosofía intenta desplazar el lugar
privilegiado de la intencionalidad en fenomenología, y en tanto intenta
instalar la afectividad, la alteridad, y la sensibilidad en la base de la
experiencia, la filosofía de Levinas trabaja contra la fenomenología
en el nombre de una metafísica cuasi-materialista de lo sensible.
Su interés en la fenomenología está menos dirigido por un deseo de
contribuir a una ciencia del fenómeno que por un deseo de dar una
explicación metafísica no reductiva de los eventos que de otra forma
serían explicados por las ciencias naturales o recuperados por las
epistemologías representacionistas. En un sentido fuerte, la crítica de
Levinas a la intencionalidad es una reacción alérgica a lo que él ve como
la hegemonía de la representación en las explicaciones fenomenológicas
de la otredad, particularmente la otredad de lo estético21.
La reticencia de Levinas hacia el método fenomenológico
es simple: si los actos objetivantes de la conciencia, lo que Husserl
llama actos significativos (Sinngenbung), son el modo primario de
acceso a las cosas, entonces estas cosas deben aparecernos como
representaciones que son prefiguradas por el sujeto representante.
Esto hace de la fenomenología un idealismo trascendental modificado.
El problema es que este tipo de filosofía trascendental no deja lugar
para la radical pasividad requerida por la ética y estética levinasianas,
y falla en apreciar la ambigüedad de lo dado, así como su capacidad
de sorprender22. “El ‘acto’ de representación no descubre, propiamente
hablando, nada antes de sí mismo” dice Levinas23.
Desde la perspectiva práctica, el sujeto que constituye el
contenido del mundo a través de las representaciones preserva una
(Pittsburgh: Duquesne University Press, 2001), 47.
21
Emmanuel Levinas, Totality and Infinity: An Essay on Exteriority, trad.
Alphonso Lingis (Pittsburgh: Duquesne University Press, 1969), 123-25.
22
Levinas, Totality and Infinity, 125.
23
Levinas, Totality and Infinity, 125.

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identidad que es inmune a sus experiencias estéticas. Es intocado,
y por tanto inamovible, por sus alrededores sensoriales porque
no está directamente expuesto a su mundo. La libertad espontánea
para representar nunca queda comprometida por los objetos que
representa o los sentimientos provocados por estos objetos. Como
dice Levinas “en la representación el Yo pierde su oposición a su
objeto, la oposición se desvanece, resaltando la identidad del Yo
a pesar de la multiplicidad de sus objetos, esto es, precisamente el
carácter inalterable del Yo. Permanecer el mismo es representarse a sí
mismo24.” La representación es la ruina de la alteridad.
Levinas perturba la actividad reductiva de la representación
e instala la sensación como el fundamento de la experiencia. Un
movimiento análogo se hace en la Fenomenología de la Percepción de
Merleau-Ponty cuando (parece) colocar el sentir (le sentir) antes de la
intencionalidad operativa, así como de la intencionalidad del acto. No
obstante, el movimiento de Levinas es más explícito, porque afirma
inequívocamente que la sensación es discontinua tanto con la cognición
como con la percepción. Admite el contenido de la sensibilidad como
anterior a la intencionalidad de cualquier tipo. Esto significa que el
contacto sensorial del sujeto es lo que permanece para siempre exterior a
sus actos representacionales y perceptuales. Esto no le da a la sensación
una prioridad temporal que autorizaría la reducción de la percepción a
la sensación, sino que nombra a la sensación como el centro ontológico
de la percepción, la representación y el juicio. El contacto estético
con la otredad, con la materia inefable de lo sensible en tanto que
sensible, constituye el campo trascendental de la filosofía de Levinas.
Como ha argumentado otro autor, “lo sensible rodea y estructura el
movimiento hacia el objeto y por tanto estructura la posibilidad misma
de los horizontes noeméticos que forman el campo de la exposición
trascendental. Lo sensible es trascendental, no en el sentido de que es ya
una idealidad, sino más bien en tanto que es una condición presupuesta
de toda vida reflectiva”25.
Al presuponer lo sensible en la reflexión y la percepción,
Levinas marca su transgresión de los principios fenomenológicos y su
compromiso con la especulación acerca de la génesis de la subjetividad.
Esto no significa que Levinas deba romper completamente con la
24
Levinas, Totality and Infinity, 126.
25
John E. Drabinski, “From Representation to Materiality,” International
Studies in Philosophy 30, no. 4 (1998): 30.

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fenomenología para poder redescubrir la fuerza de la sensación –
al contrario, afirma que “la intencionalidad rehabilita lo sensible
[réhabilite le sensible]”26. Aquí hace señas hacia la dimensión tácita de
los actos intencionales, o aquello que “la conciencia ve sin ver”27. La
dimensión implícita del ver no es sólo el horizonte no-intencionado de
las intenciones incumplidas que acompañan las intenciones explícitas o
la heurística sedimentada de la conciencia histórica, sino que representa
el exceso mismo de la intencionalidad que es “incontestablemente afín
a las concepciones modernas del inconsciente y sus profundidades28”.
Hay una constitución recíproca en juego en la intencionalidad,
en la cual el objeto, que se dice que es constituido por la conciencia,
demuestra contener más de lo que es su contenido explícitamente
representacional. Levinas revela que este exceso de representación,
lo estético, está ya siempre condicionando a la conciencia que se
propone constituirse. “Una nueva ontología comienza: el ser es puesto
no sólo como correlativo a un pensamiento, sino como fundado ya al
pensamiento mismo que no obstante lo constituye”, proclama Levinas29.
La nueva ontología de Levinas localiza un exceso irreductible en el
núcleo de la intencionalidad, pero un exceso que no es meramente la
trascendencia del objeto vista como necesariamente dada sólo en una
serie de escorzos. El exceso estético de Levinas indica la “ruina de la
representación” y la desestabilización del sujeto kantiano/husserliano
que de otro modo delimita y juzga lo estético mientras que permanece
inafectado por su fuerza.
El esquema de la percepción y el juicio de Kant requiere
de una capa imperceptible de contenido estético (sensorial) que se
asienta debajo del nivel de la representación. Pero este contenido
resiste la incorporación en la epistemología del idealismo crítico
y fuerza a Kant a comprometerse un poco con la especulación, al
postular, por ejemplo, la existencia de una multiplicidad nouménica
no-sintetizada de contenido estético. La filosofía trascendental de
Kant afirma la existencia de esta capa de contenido, pero neutraliza
26
Emmanuel Levinas, “The Ruin of Representation,” en Discovering Existence
with Husserl, trad. Richard A. Cohen y Michael B. Smith (Evanston: Northwestern
University Press, 1998), 112.
27
Levinas, “The Ruin of Representation,” 115.
28
Levinas, “The Ruin of Representation,” 115. Este es el punto crítico de
conexión con lo “familiar” de la estética de Saito.
29
Levinas, “The Ruin of Representation,” 116.

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efectivamente su volatilidad. Levinas por su parte, insiste que lo
estético amenaza con perturbar o desestabilizar al sujeto de la
representación. Levinas escribe:
La idea de una necesaria implicación que es absolutamente
imperceptible al sujeto dirigido hacia el objeto, sólo se descubre
después del hecho sobre la reflexión, entonces no producida en el
presente, esto es, producida como desconocida para mi, pone un fin
al ideal de la representación y la soberanía del sujeto, así como con
el idealismo según el cual nada puede entrar en mí subrepticiamente.
Una arraigada pasión es entonces revelada en el pensamiento30.
Como soporte trascendental de la representación, lo sensible y sus
cualidades constituyen el medio desde el cual el sujeto emerge
como consciente, intencional, como agente. Totalidad e infinito da
una amplia descripción de este medio inaprensible, refiriéndose a él
como “el elemento” y el “medio”. El elemento no tiene perfiles, es
una pura cualidad que gozamos “antes” de que hagamos algún juicio
cognitivo acerca de él31. Como lo caracteriza John Sallis, el elemento
es “irreductible a un sistema de referencias operacionales” y “tiene
su propia densidad y espesura… y a diferencia de las cosas que
vienen a nosotros en el medio, el medio mismo es inmarcesible”32.
“La profundidad del elemento no alberga, como la cosa, una serie de
perfiles33 distintos que pudieran ser ofrecidos a varias perspectivas.”
El elemento es la sensualidad amorfa que nos rodea, como el clima
o la temperatura atmosférica, o el ruido ambiental, o la fluorescente
iluminación. En tanto que amorfa, es lo estético en su forma más pura.
Para Levinas la ambigüedad del elemento resiste al juicio
categorial. El medio elemental o sensorial “es privilegiado, porque
dentro de él esa ambigüedad de constitución, en la cual el noema
condiciona y alberga la noesis que lo constituye, se juega”34. Levinas
afirma en “Intencionalidad y Sensación” que Husserl quería designar lo
sensorial como objetivo, esto es, como independiente de la constitución
subjetiva, pero su adherencia a la primacía de la intencionalidad lo
30
Levinas, “The Ruin of Representation,” 116.
31
Levinas, Totality and Infinity, 119.
32
John Sallis, “Levinas and the Elemental,” Research in Phenomenology 28
(1998): 157.
33
Sallis, “Levinas and the Elemental,” 157.
34
Levinas, “The Ruin of Representation,” 119.

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�Identidad estética cotidiana
Everyday Aesthetic Identity

previno de hacerlo. Esto es porque la intencionalidad “juega el papel
de una aprehensión con respecto a la cual esos contenidos a los cuales
otorga un significado objetivo y a los cuales anima e inspira”35. Por el
contrario, Levinas insiste que vivimos a través de las sensaciones, y
esto es precisamente porque son objetivas. Husserl reconoció esto, pero
reculó. Debemos entonces decir que “la materialidad de las sensaciones
[matérialité des sensations]” es, tomando la propia expresión de
Levinas, vivida desde o gozada, nunca aprehendida o captada por el
intelecto o la percepción36.
Al actuar como resistencia a la representación, la sensación
provee el alimento, o el nutriente, que genera a cualquier sujeto
capaz de representación. La sensación, entonces, no es sólo un efecto
del mundo objetivo en el sujeto –un dato sensorial o estímulo– sino
una “complicidad” entre la materialidad del sujeto y el objeto: “la
corporalidad de la consciencia está en exacta proporción con esta
participación de la consciencia en el mundo que constituye, pero esta
corporalidad es producida [produit] en la sensación” dice Levinas37. En
Otro modo que Ser esta complicidad es desarrollada en el anáisis de la
sensibilidad y el “contacto” con la otredad de Levinas. Contribuye a la
estética trascendental de la encarnación de Levinas38. Es notable que
el énfasis tanto en “Intencionalidad y Sensación” como en Otro modo
que Ser está en el aspecto productivo de la sensación, la capacidad de la
sensación para generar la subjetividad del cuerpo vivido: la corporalidad
misma es producida materialmente por las sensaciones; las sensaciones
conspiran con los afectos para producir objetos singulares que viven,
sienten, piensan, juzgan, actúan y gozan. Para Levinas, las sensaciones
se convierten en el contenido de la subjetividad, ya sea cognitiva,
afectiva o práctica. Los biólogos llaman a este proceso metabolismo.
Sentir, para Levinas, es un evento metabólico. El material estético,
como el material orgánico, nos permite existir y actuar.
Levinas imagina esta vitalidad como un evento generativo que
puede ser descrito como un “doblez”, “repliegue” o “enroscarse”, o
35
Levinas, “Intentionality and Sensation,” en Discovering Existence with
Husserl, 139.
36
Levinas, “Intentionality and Sensation,” 139.
37
Levinas, “Intentionality and Sensation,” 145.
38
Para más sobre esto ver a John E. Drabinski, Sensibility and Singularity: The
Problem of Phenomenology in Levinas (Albany: State University of New York, 2001).

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�Identidad estética cotidiana
Everyday Aesthetic Identity

“involución”39. El lenguaje aquí denota la constitución inmanente del
individuo y la estructura casi-eventual de la estabilidad precaria del
sujeto. El sujeto es producido como un “eddy”40 o afectividad; mantiene
su integridad siempre y cuando sus fuentes comunes de nutrición (placer
y dolor, alegría y tristeza) lo afecten. Las sensaciones/afectos extraños,
sobrecogedoras, o traumáticas amenazan con formarlo en algo bastante
diferente. Hablamos de cómo somos “conmovidos” por una pintura,
una película, un gesto de amabilidad. La sustancia del sujeto, entonces,
no es nada más que la viscosidad o consistencia de su vida estética; es
una expresión finita y singular de lo sensible41. A este tipo de sustancia
la llamaré plástica, siguiendo el uso de William James y Catherin
Malabou42. La plasticidad aquí invoca la estructura casi-eventual
(event-like) de la subjetividad y su forma mutable, metaestable.
La pulsación del yo, el sujeto que dice “Yo”, está siempre
soportada por lo sensible, pero lo sensible permanece, él mismo,
infundado, anárquico. La inseguridad implicada por esta anarquía
no es exactamente una amenaza material, sino una cuestión de la
temporalidad de lo sensible. El mundo sensible “me precede como una
antigüedad irrepresentable y absoluta”, dice Levinas43. No podemos
saber desde dónde viene, ni si continuará en el futuro. Su promesa es
tentativa e incierta, sin garantía de que siempre sostendrá a la vida. La
sensación es una interpelación, un tipo de imperativo que no puede ser
evadido porque su fuerza sutil opera inmediatamente sobre el cuerpo,
debajo del nivel tanto de la percepción como de la apercepción. En
tanto que lo estético nos implica simultáneamente en el nivel de la
percepción y la sensación, directa e indirectamente en el cuerpo, opera
diacrónicamente. La sensación está, en resumen, desfasada con la
correlación del pensamiento y el ser44. Ya que el evento sensorial está
39
Ver por ejemplo, Emmanuel Levinas, Otherwise than Being, or Beyond
essence, trad. Alphonso Lingis (Pittsburgh: Duquesne University Press, 1998), 73;
Totality and Infinity, 118; Existence and Existents, 81.
40
Levinas, Totality and Infinity, 115.
41
Incidentalmente Merleau-Ponty llama a la vida afectiva “el nacimiento del
ser para nosotros”. Maurice Merleau-Ponty, Phenomenology of Perception, trad. Colin
Smith (Londres: Routledge, 1962), 154.
42
Ver William James, Principles of Psychology, 2 vols., (Nueva York: Dover,
1950); y Catherine Malabou, What Should We Do With Our Brain?, trad. Sebastian
Rand (Nueva York: Fordham University Press, 2008).
43
Levinas, Totality and Infinity, 138; Existence and Existents, 51.
44
Sobre el problema de la diacronicidad ver Quentin Meillassoux, After

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�Identidad estética cotidiana
Everyday Aesthetic Identity

ocurriendo siempre tras bambalinas en el teatro de la representación,
animando el performance, pero nunca alzándose al nivel de la
representación, permanece siempre en el pasado45. Existe como una
alteridad irreductible, una realidad desfundada y antigua acechando
detrás y alimentando nuestras vidas estéticas46.
La explicación de la individuación de Levinas llama nuestra
atención hacia cómo el sujeto está atrapado en la inmanencia –pasivo,
apesadumbrado, y diferenciado por las cualidades estéticas47. Esto es
a lo que llamo la identidad estética cotidiana. Ahora, si Levinas tiene
razón en decir que la experiencia estética produce una “situación única
donde no podemos hablar de consentimiento, asunción, iniciativa o
libertad, porque el sujeto está atrapado y llevado por ella”48, entonces
el potencial emancipatorio de nuestro ambiente estético –no sólo
de las bellas artes, sino de la decoración de interiores y el diseño, la
disposición de objetos, la iluminación y la acústica, etc.– solo puede
ser actualizado si nos entregamos a sus efectos/afectos anárquicos e
impredecibles. Solo entonces podemos descubrir lo que pueden hacer
por nosotros. O, como Tonino Griffero sugiere, “nos es obvio si debe
ser preferible deshacernos de [nuestra vulnerabilidad a la influencia
atmosférica]: una saludable experiencia estética… es, de hecho, siempre
una oscilación fluida entre tomar y ser tomado, y recibe alegremente
el descubrimiento de que nadie tiene enteramente el control”49. Hay,
entonces, un formidable caso que hacer en favor de la experimentación
con el diseño y la curaduría de la estética cotidiana y de los espacios
mundanos.
Finitude: An Essay on the Necessity of Contingency, trad. Ray Brassier (Londres:
Continuum, 2010), 112-3. Meillassoux va más allá de Levinas al pensar las
consecuencias metafísicas de lo diacrónico.
45
Ver los comentarios de Levinas sobre el “mientras tanto” en “Reality and
Its Shadow,” en Collected Philosophical Papers, trad. Alphonso Lingis (Dordrecht:
Martinus Nijhoff Publishers, 1987), 8-11; y “Diachrony and Representation” en Entre
Nous: On Thinking-of-the-Other, trads. Michael B. Smith y Barbara Harshav (Nueva
York: Columbia University Press, 1998), 159-177.
46
Todo lo que Levinas dice acerca del habitar, la labor, el trabajo y la morada en
Totalidad e Infinito debe ser leído contra estos puntos. Es ahí donde la estética cotidiana
de Levinas toma forma.
47
Como lo plantea Tonino Griffero, “De hecho no podemos liberarnos de
la pasividad (atmosférica) solo porque lo queramos).” Atmospheres: Aesthetics of
Emotional Spaces, trad. Sarah De Sanctis (Farnham: Ashgate, 2014), 149.
48
Levinas, “Reality and Its Shadow,” 4.
49
Griffero, Atmospheres, 149.

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�Identidad estética cotidiana
Everyday Aesthetic Identity

La identidad estética cotidiana y el Yo material
La ontología de la sensación de Levinas nos provee con una
explicación del Yo como evento estético, lo que John Dewey llama
una “experiencia”50, o lo que podríamos pensar como una conspiración
estética. El Yo, en esta perspectiva, puede ser pensado como un
agenciamiento temporal o un agregado de sensaciones y las experiencias
afectivas que provocan, no importa cuán intensas o mundanas. Ya que
el Yo nunca existe independientemente de la atmósfera sensorial –
nunca existe aparte de lo que Levinas llama el “elemento”– entonces
debería ser visto como un producto o expresión de su atmósfera. O,
más precisamente, es el producto de una serie de atmósferas que habita
durante el curso de su vida.
Aquí debo ser claro en que no estoy hablando del Yo inextenso
del cartesianismo, el alma inmortal cristiana, o el inmutable ego
trascendental de Kant. Estoy pensando en lo que William James
llama “yo empírico”, no lo que llama “yo espiritual”51. El sujeto de la
identidad estética es un “yo material” en la terminología de James. Todo
lo que asocio conmigo y que llamo “mío” es contado como parte del yo
material; soy mucho más grande que mi vida interior. “En su sentido
más amplio” dice James, “el Yo de un hombre es la suma total de todo
lo que puede llamar suyo, no sólo su cuerpo y sus potencias psíquicas,
sino sus ropas y su casa, su esposa y sus hijos, sus ancestros y sus
amigos, su reputación y sus trabajos, sus tierras y sus caballos, su yate y
su cuenta de banco. Todas estas cosas le dan las mismas emociones”52.
Lo que James parece sugerir es que lo que sea que alberga apego
emocional para nosotros, lo que nos afecta en una forma particular, ha
sido incorporado en nosotros. Lo que sea que siento, lo soy simplemente.
Por un lado, esto es algo que todos conceden ya. La razón de que nos
enojemos cuando alguien hiere a un miembro de nuestra familia, o la
razón por la que nos sentimos alegres cuando nuestro equipo de fútbol
favorito gana el partido, es que vemos en este familiar y en este equipo
de fútbol una extensión de nosotros. Nos identificamos con ellos, y esta
identificación es encarnada en un apego emocional que tenemos con
ellos. Es una identificación afectiva que es, para James, homogénea.
50
51
52

John Dewey, Art as Experience (Nueva York: Perigee, 1934).
James, Principles of Psychology, 1:291-299.
James, Principles of Psychology, 1:291. Cursivas modificadas.

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�Identidad estética cotidiana
Everyday Aesthetic Identity

Implica “las mismas” o tipos similares de emociones, y esto es lo que
les da unidad.
Por otro lado, resulta tentador argumentar que la identidad
personal es solo la totalidad de nuestros lazos afectivos y apegos
emocionales, y que estos vínculos son bastante heterogéneos y están
más allá de nuestro control. Esta es una afirmación mucho más
polémica, pero una que tiene su precedente en, por ejemplo, la teoría
psicoanalítica. Es también una afirmación que puede ser apoyada sobre
la ontología de lo sensible de Levinas, como he tratado de mostrar.
Incluso James admite que el yo espiritual es “la parte central del Yo”
como lo yo, es algo “sentido”53.
Si esto es verdad, que el yo es completamente afectivo,
entonces se hace posible decir que cualquier cosa que nos afecta –ya
sea que lo afirmemos explícitamente como parte de nosotros o no, ya
sea que lo abracemos o lo rechacemos– contribuye a la producción de
nuestra identidad material. Todo lo que nos afecta es, en el lenguaje de
Levinas, algo “desde lo que vivimos”. Esto aplica tanto para la relación
afectiva que tenemos con nuestro ambiente estético cotidiano como
tanto para nuestros lazos políticos, religiosos, morales y familiares.
Nuestra identidad estética cotidiana no es sólo acerca de la ropa que
usamos, el estilo de nuestro cabello, o los tatuajes que adornan nuestro
cuerpo. Es evidente en las vidas emocionales de nuestros cuerpos y
en la expresividad de nuestros pensamientos y acciones, todos ellos
enriquecidos o limitados por el ambiente sensorial.
En suma: lo que consumimos, estéticamente hablando, da
lugar a quienes somos. Las propiedades estéticas de una obra de arte,
no menos ni más que nuestras escenas cotidianas y nuestros hábitats
familiares, alimentan nuestros sistemas senso-motores y definen
nuestras identidades54. Llamemos a esto principio de animación
estética. Ahora, si es cierto que la estética del mundo cotidiano da forma
a nuestras identidades tanto como el mundo estético del arte –de hecho,
moldean nuestra existencia misma– entonces la exposición a nuevas
formas estéticas adquiere un imperativo por sí misma. La exposición a
y la experimentación con nuevas formas estéticas no es nada más que
el flirteo con nuevas identidades, nuevos cuerpos, nuevos sentidos de sí
y de la comunidad. Esta parece ser la lección del libro de Henry David
53
James, Principles of Psychology, 1:299.
54
Sobre la importancia de la cotidianidad, ver Yuriko Saito, Everyday Aesthetics
(Oxford: Oxford University Press, 2007).

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�Identidad estética cotidiana
Everyday Aesthetic Identity

Thoreau Walden, que documenta su experimento de devenir familiar
con las vistas y sonidos del paisaje cerca de la laguna Walden, lo que es
decir, su experimento de devenir Walden mismo para poder expresarlo
adecuadamente. Es también la lección poéticamente explorada por el
“Canto a mí mismo” de Walt Whitman que canta en verso la corriente
incesante de sonidos que constituyen el ambiente aural de Whitman, y,
consecuentemente, su ser inimitable55.
Estética cotidiana y la Ontología de lo sensible
La estética especulativa de Levinas nos provee con una ontología readymade de lo sensible, pero no sólo ella, para estar seguros. Desde ella, he
tratado de ensamblar una explicación de la identidad estética, una teoría
de la identidad que insiste en la relación interna entre la sensibilidad
del cuerpo y su ambiente estético. Hoy, los campos relativamente
nuevos de estética cotidiana comparten una preocupación teórica
similar con la estética de los ambientes, pero no tienen aspiraciones
ontológicas o especulativas. Como explica Yuriko Saito, la estética
cotidiana es un campo “nuevo” en Occidente (mucho má viejo en
Japón) que está dedicado a investigar la experiencia obtenida por los
sentidos y la sensibilidad, especialmente en su cotidianidad, modo
mundano, incluyendo conceptos domésticos (más que artísticos) como
desordenado, tirado, sucio, limpio, atiborrado, etc56. Se delata una
orientación fenomenológica implícita cuando Saito escribe que no se
trata tanto de hacer lo ordinario extraordinario como de proveer una
inspección cuidadosa de lo familiar en tanto familiar, especialmente
nuestros hábitos cotidianos, rutinas y tareas57. Esto puede recordar los
análisis de Heidegger de lo a-la-mano en la mundaneidad del mundo,
así como los análisis de Merleau-Ponty de la especialidad del cuerpo
vivido (Leib).
Me parece que la preocupación de la estética cotidiana de
hacer lo ordinario objeto de la reflexión estética debe fundarse en una
55
Ver “ʻNow I will do nothing but listenʼ- Walt Whitman on How Sound Shapes
the Self,” video por Daniela Sherer y Nadja Oertelt, Aeon, January 7, 2019, video, 3:00,
https://aeon.co/videos/now-i-will-do-nothing-but-listen-walt-whitman-on-how-soundshapes-the-self.
56
Yuriko Saito, Aesthetics of the Familiar: Everyday Life and World-Making
(Oxford: Oxford University Press, 2017), 1.
57
Saito, Aesthetics of the Familiar, 3, 10.

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�Identidad estética cotidiana
Everyday Aesthetic Identity

ontología de la experiencia estética ordinaria como la que se encuentra
en estética especulativa de Levinas o algo comparable. Si la estética
cotidiana se preocupa por lo habitual, la rutina y lo familiar –lo que
“la conciencia ve sin verlo” como dice Levinas– entonces no sólo
debe voltear hacia los análisis fenomenológicos de estos fenómenos
y su constitución, sino hacia los recursos de la estética especulativa,
que puede ayudar a la estética de lo cotidiano a entender la ontología
del sujeto que es constituido por sus ambientes cotidianos. Asimismo,
la estética cotidiana puede proveer a la filosofía especulativa con una
riqueza de contenido para sus análisis y evaluaciones.
Si es cierto que la estética de la vida cotidiana tiene que ver
con moldear quienes somos y lo que podemos hacer en el mundo
que habitamos, entonces, consecuentemente, el diseño adquiere una
significación ética que no puede ignorarse. Lo ético y lo estético se
enlazan y, por tanto, son susceptibles a lo que Saito llama “juicios
morales-estéticos”58. Una ética y una estética del diseño responsable
emerge aquí, y cuya prioridad es la consideración de las cualidades
sensoriales de los objetos/ambientes/atmósferas y si estos objetos/
ambientes/atmósferas son dañinos para sus usuarios y habitantes. Esto
no significa decir que está necesariamente mal, o que es poco ético para
los diseñadores producir objetos desafiantes o demandantes, sino que
hay fundamentos éticos para limitar el diseño de los objetos/ambientes/
atmósferas y que esta limitación debe estar localizada en las cualidades
sensibles de los objetos/ambientes/atmósferas mismos, no por las
intenciones del diseñador59.
Enfatizo esto último punto para llamar la atención sobre el
hecho de que la constitución sensorial de los objetos cotidianos, el
modo en que estos objetos impactan nuestros sentidos y se registran
en nuestros cuerpos, es digna de una consideración estética seria, y que
esta consideración está inextricablemente ligada a implicaciones éticas.
Consecuentemente, como sostiene Saito, puede hacerse un caso en favor
de una “educación estética sobre las experiencias estéticas cotidianas”
porque “las experiencias ordinarias, cotidianas son más significativas
58
Saito, Everyday Aesthetics, 208.
59
Saito, Everyday Aesthetics, 210. Sobre algunos problemas en la ética del
diseño y del diseñador como moldeador de valores ver Glenn Parsons, The Philosophy
of Design (Cambridge: Polity Press, 2016), 138-139; Victor Papanek, Design for
the Real World: Human Ecology and Social Change (Chicago: Academy Chicago
Publishers, 1984).

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�Identidad estética cotidiana
Everyday Aesthetic Identity

que las experiencias del arte académico para formar e informar la propia
identidad y visión del mundo más allá de la experiencia personal”60. La
idea de que la experiencia estética cotidiana puede formar e informar
la propia identidad es una que es mejor explorada, creo, por una
intersección entre la filosofía especulativa, la estética, el arte y la teoría
arquitectónica, la curaduría y el diseño.

60

Saito, citando a Paul Duncun, Everyday Aesthetics, 14.

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�Identidad estética cotidiana
Everyday Aesthetic Identity

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Everyday Aesthetic Identity

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Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. 1, N° 2, Julio-Diciembre 2021, pp 47-69

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�Un acercamiento a los fundamentos
filosóficos de las ciencias sociales

U N ACERCAMIENTO A LOS FUNDAMENTOS

FILOSÓFICOS DE LAS CIENCIAS SOCIALES

AN

APPROACH ON THE PHILOSOPHICAL
FOUNDATIONS OF SOCIAL SCIENCES
Gerardo Roberto Flores Peña1

Resumen: El presente artículo se propone plantear una cuestión simple
pero que provoca muchos problemas en la filosofía de las ciencias
sociales. ¿Qué estatuto debemos conceder a las afirmaciones que se
producen en las ciencias sociales? Por el lado ontológico esto refiere
al estatus de existencia de fenómenos como fenómenos distintos de los
naturales, en tanto que dependen de acciones sociales, de seguimiento
de normas lingüísticas, histórica y socialmente determinadas que dan
su realidad a los fenómenos sociales, tales como las instituciones, las
normas, el valor, las prácticas entre muchas otras. Esta discusión nos
llevará al punto nodal que es la pregunta por el estatus epistemológico
de las afirmaciones en las ciencias sociales y el nivel de objetividad
posible (y exigible) para estas.
Palabras clave: Ontología, Epistemología, Ciencias Sociales,
Realismo, Constructivismo, Normatividad.

1

Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Año 1, N° 2, Julio-Diciembre 2021, pp 153-182

153

�Un acercamiento a los fundamentos
filosóficos de las ciencias sociales
Abstract: The present article proposes the issue concerning a simple
question, but one that calls for many problems in the philosophy of
social sciences. What status should we confer to the statements produced
by social sciences? By its ontological side this refers to the status of the
existence of social phenomena as distinct from natural phenomena, by
its dependence on social actions that confer them their reality, such as
institutions, norms, values, practices and so on. This discussion will led
us to the core point of our argument that is the question concerning the
epistemological status of the statements produced in social sciences,
and the degree of objectivity, if any, that we can demand of them.
Keywords: Ontology, Epistemology, Social Sciences, Realism,
Constructivism, Normativity.

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Año 1, N° 2, Julio-Diciembre 2021, pp 153-182

154

�Un acercamiento a los fundamentos
filosóficos de las ciencias sociales
Introducción
La mejor manera de plantear el problema que dirije este texto es
con un ejemplo muy simple. Imaginemos que tiene frente a usted
un billete de 100 pesos en la moneda del año en curso. Usted hace
una afirmación del tipo “este billete vale 100 pesos” (en adelante P).
También puede hacer la afirmación “este billete es color naranja” (en
adelante N), “este pedazo de papel rectangular tiene una dimensión
de 137 x 66 mm” (afirmación D). A la hora de hacer todas estas
afirmaciones es fácil suponer que todas poseen el mismo grado de
obviedad, es decir, que describen adecuadamente el objeto al que se
refieren. Sin embargo, para la epistemología clásica solo la afirmación
D tendría un grado de certeza objetiva, mientras que las dos anteriores
“es de color naranja” y “este billete es de 100 pesos” no poseen el
mismo grado de certeza. En el caso de N, su color depende de factores
sensibles que tienen una gran variación, por ejemplo si usted apaga
la luz, si usted es daltónico, o si usted mira el billete para revisar si
es falso a la luz de una lámpara de rayos UV. Aún así, todas estas
variaciones de N son perfectamente reproductibles. Podemos por
ejemplo saber por los materiales de los que está hecho el billete qué
espectro de onda reflejan al ojo humano. A través de clasificar los
pigmentos la colorimetría puede darle cierto grado de certeza a la
afirmación N: determinando la radiancia L, o el factor de reflexión.
Ahora bien, nuestra afirmación P no puede ser verificada de esta
manera. Es la más obvia de todas las afirmaciones que podemos hacer
acerca del billete que se encuentra frente a nosotros, y sin embargo es,
por decirlo en un vocabulario equívoco, la más subjetiva. Esto quiere
decir que su certeza depende del valor que el sujeto atribuya al objeto,
y de la relación de esta atribución con el contexto social que la hace
posible. Podemos pensar que el mismo billete de 100 pesos en una
casa de cambio puede equivaler a 4.19 euros, 4.97 dólares o a 3.75
libras esterlinas, dependiendo del día que usted lo consulte. Digamos
que la objetividad de la afirmación “este billete vale 100 pesos” es
relativa al contexto social en que usted habla. Ahora, la frase es de suyo
equívoca ¿100 pesos mexicanos? ¿Pesos colombianos? ¿Uruguayos?
Si acordamos que estamos en México y que el billete corresponde
a 100 pesos mexicanos la afirmación “este billete vale 100 pesos”
podría ser certera, pero ¿qué tal que nos encontramos ante una gran
devaluación y se la han tenido que quitar dos ceros a la moneda?
Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Año 1, N° 2, Julio-Diciembre 2021, pp 153-182

155

�Un acercamiento a los fundamentos
filosóficos de las ciencias sociales
Entonces el billete de 100 pesos vale solamente 1 peso. Es decir si
digo la afirmación N después de una devaluación estará siendo solo
parcialmente certero, efectivamente es un billete de 100 pesos, pero
ahora vale 1 peso.
Usted podría por supuesto objetar que la afirmación N y la
afirmación D podrían ser blanco de una misma crítica si damos
ese peso a los contextos sociales para determinar la certeza de las
afirmaciones. La determinación de lo que constituye la certeza de la
frase “es de color naranja” no es la misma si usted la hizo en 1849 que
si se hace en 1853 cuando el matemático y físico Herman Grassman
enunció las leyes sobre la mezcla aditiva del color. Y sería insólito
pensar que nadie había visto el color naranaja antes de 1853, pero
decimos que no tenía el mismo grado de objetividad que posee después
de las leyes de Grassman. Pero ¿y si hablamos de un billete de 20
pesos? Según algunos lingüístas el color azul se encontraba ausente
de muchos idiomas occidentales2, otros colorimetristas sostienen que
no existe algo así como un “color primario”3 por lo tanto las palabras
con las que nombramos los colores son más o menos ficciones útiles
que sirven para orientarnos en el mundo peor que no corresponden a
un estado de cosas preciso. Entonces N no es menos dependiente de
un contexto histórico y social que P.
Si nos vamos a D, puede decirse otro tanto. Los sistemas de medidas
por milímetros y la geometría que determina las figuras no son menos
“históricas” que la designación económica del valor de los billetes, o la
invención de la colorimetría. Puede verse con este simple ejemplo que
si usted piensa que una de las tres descripciones es objetiva porque es
confirmada por nuestras mejores teorías científicas usted se encuentra
del lado de los realistas, mientras que si asume que las tres dependen
de contextos históricos y sociales precisos para su objetividad y
entonces no podemos estar seguros de que “correspondan” a objetos
de la realidad, usted está del lado del constructivismo.
Puede ser que usted decida ser un constructivista moderado, está
dispuesto como Maxwell y Grassman a relativizar la “objetividad” de
los colores primarios, pero no de la objetividad de las matemáticas
que nos permiten calcular las ondas de luz que los colores reciben y
2
Michel Pastoureau, Azul: Historia de un color, trad. Núria Petit Fontserè
(Madrid: Paidós Ibérica, 2010), 31–33.
3
Bruce MacEvoy, “Color vision: Do ʻprimaryʼ colors exist?,” consultado
Noviembre 19, 2020. https://www.handprint.com/HP/WCL/color6.html#top

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�Un acercamiento a los fundamentos
filosóficos de las ciencias sociales
reflejan. O puede ser un constructivista radical y decir que las nociones
mismas de “onda”, y hasta las matemáticas son construcciones
sociales tan arbitrarias como el valor de 50, 100 o 20 pesos en los
billetes ¿Qué hacer?
Bien, con todo lo anterior no pretendemos construir el caso
en favor del constructivismo social, de hecho arribaremos a una
conclusión realista. Nuestra ruta no es empero defender a capa y
espada la objetividad de la ciencia frente a los funestos ataques de los
constructivistas y exorcizar los peligros del relativismo4. Queremos
por el contrario entender el grado de objetividad de todos aquellos
hechos que no pueden ocurrir sin la intencionalidad o las acciones
significativas de los sujetos sociales. Es decir, no aceptamos que
el constructivismo social sea epistemológica y ontológicamente
pernicioso en todos los casos, porque es la única manera de dar cuenta
de los fenómenos sociales y de la manera que tenemos de comprender
otros fenómenos no-sociales.
1. Hechos y normas
Para empezar a despejar el problema que nos incumbe cuando
nos damos cuenta que todas las afirmaciones que hacemos (sean
comprobables empíricamente o resultado de un acuerdo social)
dependen de marcos conceptuales que las dotas de inteligibilidad,
algunos epistemólogos han buscado distinguir entre hechos y
proposiciones (esta distinción muy usual en la filosofía anglosajona
se remonta en realidad hasta Aristóteles5). Además agregan a esta
distinción entre hechos y proposiciones, la distinción de hechos y
totalidades complejas, la de hechos y relaciones, y la de hechos y
objetos complejos. La función de esta distinción es trazar una línea
divisoria entre como son las cosas con independencia de que nosotros
las conozcamos o no (lo que se llama hechos) y como nosotros nos
referimos a estas cosas (proposiciones)6.
4
Sobre este proyecto léase a Paul A. Boghossian, Fear of Knowledge (Nueva
York: Oxford Univesity Press, 2006).
5
Aunque no usa estrictamente la palabra “hecho” y la palabra “proposición”
sino juicio (apophanseis), sobre esta reflexión nos apoyamos en el libro de David Charles, Aristotle On Meaning and Essence (Nueva York: Oxford University Press, 2000).
6
Charles Baylis, “Facts, Propositions, Exemplification and Truth,” Mind 57,
no. 228 (October 1948): 459–479.

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�Un acercamiento a los fundamentos
filosóficos de las ciencias sociales
La primera distinción en teoría del conocimiento entre “hechos” e
“ideas” se la debemos a David Hume que en su Investigación sobre el
entendimiento humano dividió los objetos del conocimiento en dos:
“Todos los objetos que caen bajo la razón o la investigación humana
pueden dividirse de forma natural en dos clases, a saber: relaciones de
ideas y cuestiones de hecho”7. Pero una versión más rigurosa de lo que
son los hechos la encontramos en el Tractatus Lógico-Philosophicus
de Wittgenstein en las proposiciones 1.1 y las subsiguientes, cuando
Wittgenstein hace el inventario de que el mundo es la totalidad de
los hechos, entiende estos últimos en sentido semántico y en sentido
ontológico8 .
La definición formal más sencilla de hecho viene a ser aquella
enunciada por Markus Gabriel en su ya famoso libro Fields of Sense:
“un hecho es algo que es verdad acerca de algo”9, tiene la ventaja
de ser además una posición realista sobre los hechos, sobre las
proposiciones y sobre la verdad. Esto quiere decir que los hechos
son verdades articuladas por descripciones, de manera general un
hecho es el estado de cosas que hace que algo sea lo que es, y la
verdad es la descripción adecuada de este estado de cosas. Si bien
todos los hechos que conocemos se expresan en proposiciones, no
todas las proposiciones son hechos. Para Gabriel, así como para una
larga tradición de filósofos que van de Wittgenstein, Russell, Quine,
entre otros, los hechos son independientes de las descripciones, y de
la mente. Que la ciudad de Morelia sea más pequeña que la Ciudad
de México es un hecho acerca de la relación entre ambas ciudades
independientemente de que alguien piense en ella o tenga los medios
para medirla. Así, la diferencia entre un pensamiento verdadero y uno
falso es precisamente si el pensamiento logra articular correctamente
el hecho. Lo importante aquí es admitir que los hechos son propiedades
de los objetos y las relaciones que articulan y no de las proposiciones
que los describen.
Por otro lado, las proposiciones articulan creencias. Es en nuestras
creencias donde la mayor parte de la epistemología se concentra.
7
David Hume, Investigación sobre el entendimiento humano, trads. Carmen
Ors Marqués y Vicente Sanfélix Vidarte (Madrid: Istmo, 2004), 85.
8
Michael J. Cresswell, “The World is Everything that is the Case,” Australasian
Journal of Philosophy 50, no. 1 (May 1972): 1-13
9
Markus Gabriel, Fields of Sense: a new realist ontology (Edimburgo:
Edinburgh University Press, 2015), 19 y s.s.

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�Un acercamiento a los fundamentos
filosóficos de las ciencias sociales
¿Cómo sabemos que algo es verdad? O dicho de otro modo ¿cómo
sabemos que sabemos algo? Aquí hemos cambiado de nivel, ya no
nos referimos a la articulación de los objetos, eventos y relaciones
que pueblan la realidad y que es el territorio de la ontología, sino
a la manera que tenemos de referirnos a ellos y la manera en que
tenemos para decidir entre mejores y peores referencias. Volviendo a
nuestro ejemplo de la introducción, entre las afirmaciones N, D y P,
todas son articuladas por creencias “X cree que el billete es naranja”,
“X cree que el billete vale 100 pesos”, “X cree que el billete tiene
tales dimensiones”. Ahora, nosotros no tenemos manera de saber la
verdad de estas afirmaciones más que a través de constrastarlas con
los hechos a los que se refieren. Para establecer este contraste hemos
establecido procesos racionales que se conocen como justificaciones.
Nosotros, al ser seres que se relacionan con la realidad
significativamente, esto quiere decir mediante conceptos, solo
podemos asumir que nuestros conceptos son una parte ineludible de lo
que constituye para nosotros lo real. Pues bien, los problemas empiezan
cuando notamos que los principios que articulan los conceptos, no son
ellos mismos parte de lo que articulan. La manera de salir al paso de
esta dificultad ha sido dividir los conceptos entre los que se refieren a
objetos, eventos y relaciones y los que se refieren a otros conceptos.
Las justificaciones son las razones que sostienen nuestras
afirmaciones, son justificaciones sobre nuestras creencias (que son
proposiciones y conceptos). Pueden también referir a otros hechos
suplementarios. Por ejemplo que X cree en el sistema de medida
estándard, o que X confía en su visión, o que X ha hecho un experimento
de colorimetría sobre el billete, o que X no se ha enterado de cambios
en el valor de su moneda nacional. Las justificaciones son un evento
potencialmente público que hacemos los unos con los otros para dar
y pedir razones acerca de nuestras creencias. Estas justificaciones
ocurren en ciertos marcos conceptuales, como los llamó Luis Villoro,
esto quiere decir grupos de creencias justificadas racionalmente que
hacen inteligibles las justificaciones mismas10.
Esto parece ir en dos direcciones, que ya hemos señalado más
arriba, una dirección constructivista y una realista. La dirección realista
asume que estos marcos conceptuales están ellos mismos basados
en evidencia que asegura su objetividad, aunque sean perfectibles o
10
Luis Villoro, Creer, saber y conocer (Ciudad de México: Siglo XXI, 2008)
particularmente los capítulos 6 y 7.

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�Un acercamiento a los fundamentos
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descartables a la luz de nueva evidencia o de mejores explicaciones,
a la vez que asume que hay criterios racionales para establecer esta
nueva evidencia y para decidir entre mejores explicaciones: se asume
un nivel normativo de la razón en este sentido, a la vez que una
diferencia entre los hechos y los marcos conceptuales11.
La dirección constructivista asume que los marcos conceptuales
son construcciones sociales, que poco tienen que ver con la evidencia
como con otros factores de carácter social, político, ideológico y
hasta lingüístico. Un constructivista normalmente acompaña su
posición de cierto grado de relativismo, desde una posición neutral
que simplemente enuncia que las justificaciones son relativas a los
marcos conceptuales y estos a los contextos histórico-culturales lo que
significa que lo que hace una buena o una mala justificación es relativo
histórica y culturalmente; hasta una perspectiva radical que dice
que no podemos decidir sobre la verdad de los marcos conceptuales
porque no existe un criterio exterior que permita compararlos, lo que
implica no solo la relatividad de los marcos sino de las justificaciones,
de las creencias y de los hechos: aquí la razón no solo sería normativa
sino constructiva, y se borra con esto la diferencia entre los marcos
conceptuales y los hechos12.
La diferencia parece descansar entonces en quienes asumen que
podemos seguir normas racionales para determinar qué descripción
de nuestro billete es mejor, y quienes asumen que toda descripción
del billete ha sido construída como tal y que por tanto no tenemos
los medios racionales para decidir entre una u otra. En lo que sigue
seguiremos una interpretación realista, no ya de un problema general
de epistemología sino de un problema específico que corresponde a
la filosofía de las ciencias sociales. Vamos a plantearlo en el apartado
siguiente.
11
Michael Devitt, “Scientific Realism,” en The Oxford Handbook of
Contemporary Philosophy, ed. Frank Jackson y Michael Smith (Nueva York: Oxford
University Press, 2007), 57-89.
12
Una defensa de rigurosa del constructivismo en epistemología la encontramos
en el libro de Karin D. Knorr-Cettina, The Manufacture of Knowledge: an essay on
the Constructivist and Contextual Nature of Science (Oxford: Pergamon Press, 1981);
en Bruno Latour y Steve Woolgar, Laboratory Life: The Construction of Scientific
Facts (Princeton: Princeton University Press, 1976); en Joseph Rouse, Knowledge and
Power: Toward a Political Philosophy of Science (Ithaca: Cornell University Press,
1986), y más recientemente en Kevin C. Elliott, A Tapestry of Values: An Introduction
to Values in Science (Oxford: Oxford University Press, 2017).

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�Un acercamiento a los fundamentos
filosóficos de las ciencias sociales
2. El estatus problemático de los objetos de estudio de las ciencias
sociales
Si volvemos a la descripción de nuestro billete, vemos que
una interpretación realista asume que hay normas racionales para
determinar cuáles descripciones son mejores que otras y bajo qué
condiciones podríamos aceptarlas o rechazarlas. Pero también vimos
una interpetación que llamamos constructivista, que dice que cualquier
descripción depende de marcos conceptuales social e históricamente
construidos que impiden cualquier evaluación sobre las descripciones
fuera de los valores históricos que dirigen la actividad científica.
Esta afirmación sería bastante raro escucharla venido de un científico
experimental, o bien de algún científico que estudie ciencias formales.
Es un tipo de afirmación que viene de problemas surgidos al interior
de lo que se conoce como ciencias sociales.
El problema con el constructivismo es que asume que la afirmación
“X es un constructo social” es más clara que la afirmación “X es un
billete” y que sirve de alguna manera para explicarla en un nivel
más fundamental. Si concedemos que las descripciones D, N y P
son construcciones sociales, aún queda abierta la pregunta ¿qué es
la sociedad? ¿Y exactamente cómo construye cosas? ¿Qué se agrega
al marco conceptual y al hecho cuando se le agrega el adjetivo
“constructo social”?
Responder estas preguntas es tarea de un tipo muy particular
de disciplinas teóricas que se han denominado ciencias sociales, o
bien, humanidades (ya que no todas ellas tienen una pretensión de
cientificidad). Estas disciplinas están agrupadas bajo la suposición
de que hay una diferencia sustancial entre las actividades y
fenómenos que son producidos por los seres humanos, de aquellas
cosas explicadas por las demás ciencias que no son producidas por
los seres humanos. Esto sin entrar en el problema central de que las
ciencias naturales también producen todo tipo de objetos13. Habría
una diferencia o bien de naturaleza (ontológica), o bien de forma de
explicar (epistemológica) entre los productos sociales (culturales,
históricos, etc.) y los seres naturales.
13
Cfr. Bruno Latour y Steve Woolgar, “The construction of a fact,” en
Laboratory Life: The Construction of Scientific Facts (Princeton: Princeton University
Press, 1976), 105-149.

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�Un acercamiento a los fundamentos
filosóficos de las ciencias sociales
Una vez más la distinción crucial está entre unas disciplinas (las
ciencias naturales) que estudian fenómenos que son independientes
de que los seres humanos los conozcamos, incluso si los seres
humanos los producimos (pensemos por ejemplo en las ciencias de
los materiales), y las ciencias sociales que estudian fenómenos que
no son independientes de la cognición humana y que son de hecho
resultado de nuestra acción.
Estas ciencias iniciaron bajo el incierto nombre de “Ciencias del
Espíritu”, “Ciencias de la Historia” o “Ciencias Humanas” y tienen
en nuestros días el igualmente problemático nombre de “ciencias
sociales”. Esta tradición que inicia con Dilthey apoya la distinción
entre dos tipos de explicación causal: las ciencias naturales harían
explicaciones causales de objetos que son exteriores a la mente,
mientras que las ciencias sociales estudian al espíritu mismo,
recordemos algunas líneas de Dilthey en su célebre texto Introducción
a las ciencias del espíritu:
Así, separa del reino de la naturaleza un reino de la historia en el
cual, en medio de la trabazón de una necesidad objetiva, que es lo
que constituye la naturaleza, chispea la libertad por innumerables
puntos; separa los hechos de la voluntad que, en contraposición
con el curso mecánico de los cambios naturales, que ya contiene en
principio todo lo que sucede, producen en verdad, con su derroche
de fuerza y su sacrificio, de cuya importancia se da cuenta el
individuo de un modo efectivo en su propia experiencia, algo
realmente nuevo y originan un desarrollo en la persona y en la
humanidad (...)14
Dilthey da prueba de una serpación no sólo metodológica sino
epistemológica entre los fenómenos “naturales” y los “espirituales”
de acuerdo al tipo causal que les es propio. Para Dilthey nociones
como “libertad”, “voluntad”, “persona”, “humanidad” son el objeto
de propio de estas ciencias. Dilthey recorre un camino importante al
rechazar que la distinción entre los hechos naturales y los sociales sea
una distinción metafísica, sino que éstos últimos presentan un carácter
eminente ya que son productos de la acción intencional de los seres
humanos.
14
Wilhelm Dilthey, Introducción a las ciencias del espíritu, trad. Eugenio Ímaz
(Ciudad de México: FCE, 1987), 19.

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�Un acercamiento a los fundamentos
filosóficos de las ciencias sociales
Lo que con Dilthey aún tiene el nombre de “espíritu” en nuestros
días es mejor entendido bajo el nombre de “acción social”, esta
secularización del fundamento propio de las ciencias sociales se la
debemos a Max Weber. En primer lugar porque definitivamente logra
diferenciar la validez de los tipos de explicación de la ciencia natural,
de los que él denomina sociología comprensiva15. La categoría
central de esta sociología ya no es el espíritu o la voluntad, sino la
acción, entendidad como actividad, cuya ejecución es significativa
y que por esto mismo debe interpretarse o comprenderse, por tanto,
significativamente. La acción humana para Weber queda definida
así: “una relación personal “inteligible” con “objetos” en la que
“inteligible” significa especificado por un cierto sentido (subjetivo),
más o menos consciente, que alguien “ha tenido” o “ha intentado”16.
En su texto póstumo más célebre Economía y Sociedad Weber refina
esta definición cuando nos dice:
Por “acción” debe entenderse una conducta humana (bien consista
en un hacer externo o interno, ya en un omitir o permitir) siempre
que el sujeto o los sujetos de la acción enlacen a ella un sentido
subjetivo. La “acción social”, por tanto, es una acción en donde el
sentido mentado por su sujeto o sujetos está referido a la conducta
de otros, orientándose por ésta en su desarrollo17.
Pero una vez más el problema se desplaza, si la distinción entre
espíritu y naturaleza provocó grandes dificultades a la incipiente
sociología histórica de Dilthey, la distinción entre acción significativa
y no significativa no corre una mejor suerte. Esta debate ha corrido
en diversas posiciones entre las que se agrupan Alfred Schütz18, John
15
Cfr. Max Weber, Ensayos de metodología sociológica. Sobre algunas
categorías de la sociología comprensiva, trad. José Luis Etcheverry (Buenos Aires:
Amorrortu, 1984), 5 y s.s.
16
Max Weber, El problema de la irracionalidad en las ciencias sociales, trad.
José María García Blanco (Madrid: Tecnos, 1985), 51.
17
Max Weber, Economía y Sociedad, trad. José Medina Echavarría, Juan Roura
Parella, Eugenio Ímaz, Eduardo García Máynez y José Ferrater Mora (Ciudad de
México: FCE, 1992), 5.
18
Alfred Schütz, “Formación del conceptos y teorías de las ciencias sociales,”
en El problema de la realidad social, trad. Néstor Míguez (Buenos Aires: Amorrortu,
2006), 71-85.

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�Un acercamiento a los fundamentos
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Searle19, Jürgen Habermas20, Niklas Luhmann21, Talcott Parsons22,
Anthony Giddens23 y Alain Touraine24.
El primer problema es que la acción significativa solo tiene
sentido como objeto de una observación externa, y entonces tiene
que explicarse por qué una explicación causal del tipo ofrecido por
las ciencias naturales no bastaría para dar cuenta de esta acción. El
segundo problema propio de las ciencias sociales es determinar los
criterios racionales que hacen “significativa” una acción, porque esto
quiere decir a grandes rasgos que una acción significa algo para quien
la hace y algo para quien la observa.
Los psicólogos conductistas, y actualmente las neurociencias han
objetado que esta definición no es causalmente diferenciable de las
nociones de comportamiento, hábito o conducta externa salvo por la
introducción del término “significativo”25. Pero esta polémica no es
el objeto de nuestro texto. El nuestro es uno más modesto, entender
qué quiere decir que las acciones humanas son significativas o son
acciones dotadas de sentido y cómo esta puede ser una base realista y
no constructivista para las ciencias sociales.
Antes de seguir avanzando volvamos a nuestro ejemplo, entre
las afirmaciones D, N y P, solamente D es una acción social en la
medida en que su existencia depende de una relación significativa de
los sujetos humanos con el objeto billete, solo la afirmación “X es
un billete de 100 pesos” está dotada de sentido en el modo en que lo
exigen los teóricos de la acción social.
19
John Searle, The construction of social reality (Nueva York: The Free Press,
1995).
20
Jürgen Habermas, ver secciones II y III del capítulo “Un informe bibliográfico
(1967): la lógica de las ciencias sociales,” en La lógica de las ciencias sociales, trad.
Manuel Jiménez Redondo (Madrid: Tecnos, 1976), 124-255.
21
Niklas Luhmann, ver particularmente el apartado 1.1. “The sociological
theory of society,” en The Theory of society, trad. Rhodes Barrett, vol. 1 (Stanford:
Stanford University Press, 2012), 1-13.
22
Talcott Parsons, The Structure of Social Action (Nueva York: The Free Press,
1976).
23
Anthony Giddens, Política, sociología y teoría social: reflexiones sobre el
pensamiento social clásico y contemporáneo, trad. Carles Salazar Carrasco (Barcelona:
Paidós, 1997).
24
Alain Touraine, La producción de la sociedad, trad. Isabel Vericat (Ciudad de
México: Editorial UNAM-IFAL, 1995).
25
Cfr. Sobre este punto ver el célebre libro de Stephen Turner, The Social
Theory of Practices (Chicago: University of Chicago Press, 1992).

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�Un acercamiento a los fundamentos
filosóficos de las ciencias sociales
Normalmente esta dotación de sentido se articula inmediatamente
con la noción de práctica. Son las prácticas humanas las que dotan
de sentido a las acciones. Las prácticas son definidas de un modo
problemático, pues serán el objeto de nuestro siguiente apartado,
como acciones dirigidas por valores. Estos valores son entendidos a
su vez en dos sentidos: como propósitos y como fines. Así llegamos
al punto central de esta parte del texto, la especificidad de las ciencias
sociales descansa sobre aquello que muchos teóricos han denominado
“normatividad”, como la capacidad humana de articular justificaciones
ya no a sus conceptos sobre la realidad sino a sus acciones26.
3. ¿Qué quiere decir que las ciencias sociales parten de fenómenos
normativos?
Por más seguro que parezca, esta fundamentación de la acción
social en la normatividad es de suyo problemática. No tanto por la
explicación causal adecuada, “X afirme que Y es un billete de 100
pesos” implica ya la asunción de un valor, una serie de actitudes
(creencias) a comportarse con respecto a Y de una manera significativa.
Por ejemplo no tirarlo a la basura, o aún si se hace, el acto de tirar un
billete a la basura, si es accidental causa inquietud (cuando te das
cuenta que lo has perdido), y si es a propósito significa algo. El punto
es si la normatividad es una base mucho más sólida para saber qué
tipo de certeza tienen las afirmaciones de las ciencias sociales que las
que hemos discutido más arriba.
Siguiendo a Margaret Gilbert, hay hechos que conforman nuestra
experincia del mundo que no pueden ser puestos en descripciones
neutrales. Sino que la propia descripción de estos objetos implica
ya hacer intervenir nuestra relación con ellos. Lo interesante de la
posición de Gilbert, a diferencia de otros teóricos de la normatividad,
es que parte del hecho de que el valor es producto de una agencia
colectiva y no tanto individual27. Según Gilbert la tradición inaugurada
por Max Weber tiene problemas para fundamentar la acción social
26
Sobre esta distinción nos apoyamos en los trabajos de Luis Villoro, El poder y
el valor: fundamentos de una ética-política (Ciudad de México: FCE, 1999), y Christine
M. Korsgaard, The sources of Normativity (Cambridge: Cambridge University Press,
1996).
27
Margaret Gilbert, On Social Facts (Princeton: Princeton University Press,
1989). La traducción de las citas del libro de Gilbert es propia

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�Un acercamiento a los fundamentos
filosóficos de las ciencias sociales
porque parte del individuo y después se plantea cómo el individuo
tiene consciencia del sentido de su acción y cómo nosotros (individuos
también) atribuimos un sentido a esta acción. Gilbert en cambio
argumenta que la fuente de la normatividad que guía las acciones
sociales es precisamente un “sujeto plural”28.
Este sujeto plural presupone que un grupo se sujetos están implicados
en un reconocimiento mutuo que se da a través de su compromiso con
cierto conjunto de acciones y de creencias: “Un conjunto de personas
constituye un grupo social sí y solo sí constituyen a su vez un sujeto
plural” y n sujeto plural “es un conjunto de personas cada una de
las cuales comparten entre sí alguna acción, creencia, actitud o algún
atributo similar”29.
Al estar unidos por creencias, acciones y actitudes, los sujetos ya
no son solo individuos sino que conforman un sujeto social, como tal
son agentes que tienen creencias, llevan a cabo acciones, y fracasan o
triunfan al emprender sus propósitos. La utilidad del análisis de Gilbert
es que permite dar luz sobre un hecho incontestable: la afirmación P,
si bien es dicha por nosotros a título personal, solo tiene sentido como
objeto de un sujeto plural. Todos aquellos que atribuimos este valor al
billete. Si nos movemos hacia otras colectividades, si viajamos fuera
del país, puede que la afirmación P signifique algo para mí pero no
para los individuos de este país extranjero. La certeza de la afirmación
descansa entonces en el sujeto plural desde la cual la hago, y no tiene el
mismo sentido cuando no es expresada a través y en esta colectividad.
Esto tiene una consecuencia que nos gustaría recalcar en este punto:
toda atribución de valor, o lo que es lo mismo, toda normatividad,
descansa sobre nuestra participación individual en una especie de
intencionalidad colectiva que no hemos elegido voluntariamente (no
elegimos nacer en México, ni elegimos las condiciones económicas
que dan valor al billete mencionado). Cuando atribuimos, o negamos
un valor, cuando nos planteamos el fin de una acción, lo hacemos a
partir de esta colectividad que constituye al sujeto social.
Ahora, los sujetos sociales no están neutralmente constituidos.
Al ser productos de la historia y de las contingencias humanas, las
creencias que los articulan los anteceden como sujetos. Esto no quiere
decir que los sujetos sociales no puedan producir nuevas creencias,
28

Gilbert, On Social Facts, 49.

29

Gilbert, On Social Facts, 204.

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�Un acercamiento a los fundamentos
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o emprender acciones inéditas (la política y el arte son los ejemplos
más evidentes en este sentido), sino que la determinación de un valor
antecede la constitución del sujeto plural. Toda normatividad tiene
como condición de posibilidad la posibilidad de su acuerdo por algún
sujeto posible30. Si vivimos bajo una tiranía, donde el acuerdo social
sea el de la obediencia sobre la justicia, y a alguno de nosotros se le
ocurre luchar por la emancipación, no lo hace nunca a título personal,
sino conformando un sujeto social nuevo, un valor que llama a otros a
cambiar el sentido de su acción, rechazarlo o abrazarlo.
Esto quiere decir que siempre estamos en la sociedad desde algún
punto determinado, formando parte de diversos sujetos sociales.
Estos sujetos sociales son las categorías sociales. En este punto nos
apegamos a la explicación de las categorías sociales aportada por
Ásta Sveinsdóttir. Según esta teórica feminista, las categorías sociales
son propiedades conferidas, lo que es consistente con la posición de
Gilbert y evita las dificultades metafísicas señaladas por Konsgaard,
pero pone el acento primero sobre el hecho de que una categoría
social es percibida en tercera persona, siempre es inicialmente la
categoría del otro, o de uno mismo como perteneciente a un grupo;
en segundo lugar una categoría social ha sido adquirida, no se nace
con ella, y ciertamente no es invariable en los diversos contextos,
sino que cumple ciertas condiciones a través de la cual se adquiere y
se confiere31.
Las cateogorías sociales concretan ese difuso sujeto social del que
hablaba Gilbert. Pero en la versión de Sveinsdóttir, estas propiedades
observan tanto el aspecto institucional como el aspecto comunal, a la
vez que son “encarnadas” (fleshed out) en términos de constricciones
y posibilidades para el comportamiento y la acción de una persona, de
un grupo, e incluso de los usos de los objetos. Las categorías sociales
no sólo son relavantes para comprender a las personas, sino también a
los objetos. Si las categorías sociales son conferidas, esto significa que
pueden ser atribuidas a cualquier objeto de la misma manera en que se
confieren a las personas. El acto de conferir da un lugar en el espacio
social a través del cual se construyen las relaciones significativas de
30
Cfr. Nos apoyamos aquí en las reflexiones que desarrolla Christine M.
Korsgaard en el capítulo 2 “The Metaphysics of Normativity,” en Self-Constitution:
Agency, Identity and Integrity (Nueva York: Oxford University Press, 2009), 27-41.
31
Ásta, Categories we live by: The construction of Sex, Gender, Race and
Other Social Categories (Nueva York: Oxford University Press, 2018), 27 y s.s.

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�Un acercamiento a los fundamentos
filosóficos de las ciencias sociales
las que hablábamos en la teoría de la acción social. Si volvemos a
nuestro ejemplo ¿qué diferencia un billete de 100 pesos de un billete
falso de 100 pesos si logramos falsificar todos los detalles? Nada. Si
pagamos con un billete falso en la tienda, el tendero y yo estamos
confiriendo el valor asignado al billete, si el tendero se da cuenta por
algún método nuevo de registro que se nos haya escapado, la actitud
cambia. Ahora el billete significa además de un abuso de confianza,
un crimen: se convierte en prueba de un crimen. Esto solo es posible
si existe una institución social o una comunidad, más allá del tendero
y nosotros, que confiera el valor de 100 pesos a ciertos objetos y
determine puntualmente cuáles y cuántos objetos tienen este valor.
La implicación fuerte que queremos sacar de esto es que nos
relacionamos con la realidad social a través de estas categorías. No
a través de conceptos que refieren neutralmente a objetos más allá
de nuestras significaciones, sino objetos que son conformados como
tales por nuestras significaciones. En este sentido podemos entender
el argumento de Alain Touraine de que la sociedad es un proceso autoconstitutivo32. Con esto Touraine quiere significar que la sociedad se
constituye a través de la acción social, y está, como ya hemos visto, a
través de las normatividades que emanan de los sujetos sociales. Esto
funciona como una bóveda, cada uno de los elementos explicativos
se sostiene entre sí, sin que sea posible pensar que el individuo o el
grupo tienen alguna prioridad.
Llegados a este punto es natural tomar una actitud escéptica. Las
ciencias sociales parecen depender para su inteligibilidad de varias
fases interrelacionadas que son empíricamente incontrastables. Que
hay individuos es fácilmente contrastable empíricamente, que hay
grupos se vuelve un poco más difícil de contrastar, sobre todo si estos
grupos solo son tales si están unidos por compromisos, creencias y
acciones en común. Exactamente ¿cómo participan los individuos de
este sujeto social y cómo “descargan” por decirlo así, las creencias
y los fines de las acciones para realizarlas? Queriendo esquivar
las preguntas metafísicas que empiezan a pulular si planteamos lo
anterior, a partir de Wittgenstein algunos teóricos han preferido reducir
la normatividad a las actividades gobernadas por el seguimiento de
reglas33.
32
Alain Touraine, Production de la Société (París: Seuil, 1973), 2 y s.s.
33
Es la posición de Jonathan Dancy en Ethics without Principles (Oxford:
Oxford University Press, 2002), James Dreier, “Structures of Normative Theories,”

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�Un acercamiento a los fundamentos
filosóficos de las ciencias sociales
4. Lo normativo como fenómeno neutral
La distinción entre un comportamiento orientada por las intenciones
y un comportamiento orientado por principios objetivos es básica para
esta posición. El propósito es descartar cualquier relatividad subjetiva
de la explicación racional de la acción, y reducir las acciones a
fenómenos causalmente explicables en términos de actividades
gobernadas por reglas que se pueden reconstruir de forma universal.
Esta tradición viene de la psicología conductista de Skinner, quien fue
de los primeros en diferenciar entre el comportamiento gobernado por
reglas (el comportamiento racional) y el comprotamiento modelado
por las contingencias naturales34. Aunque el conductismo es un
modelo superado de la psicología cognitiva, sigue siendo relevante
para muchos filósofos que pretenden construir una visión naturalizada
de la ética.
En breve esto quiere decir que la concepción de la acción como
actividad gobernada por reglas permite construir explicaciones en la
tercera persona sobre un estado mental que la persona o el animal
posee. Por ejemplo si atribuimos una creencia a un sujeto, la evidencia
de esta creencia está en su comportamiento observable. Esto quiere
decir que esta concepción es enteramente anti-mentalista, lo que la
separa radicalmente de las decisiones conceptuales de la teoría de
la acción que hemos visto más arriba. El defecto de la concepción
mentalista, para muchos de estos filósofos cognitivistas, es que tiende
a asumir una especie de innatismo35. Estas concepciones de la acción,
según Fodor, que la mente posee de manera innata un conjunto de
procedimientos, o de procesos internamente representados, que son
The Monist 76, no. 1 (1993): 22–40. En este debate la terminología más famosa es la
adoptada por Thomas Nagel quien distingue entre “agent-relative” y “agent-neutral”
para poder distinguir las dos posiciones, la que piensa la normatividad a partir de la
adopción del valor, y la que la piensa a partir del seguimiento de reglas. Cfr. Thomas
Nagel, The Possibility of Altruism (Princeton: Princeton University Press, 1970), 70, lo
formula así: “Formalmente, una razón subjetiva es una cuyo predicado definitorio R
contiene una ocurrencia libre de la variable p. (La variable libre del agente será libre,
por supuesto, sólo dentro de R; estará restringida por la cuantificación universal sobre
las personas que gobierna la fórmula entera). Todas las razones universales y principios
expresables en los términos de esta fórmula o bien contienen una variable libre del
agente o no la contiene. La primera es subjetiva; la segunda será llamada objetiva.”
34
Cfr. B. F. Skinner, About Behaviorism (Nueva York: Vintage, 1974).
35
Sobre esto ver Fiona Cowie, What’s Within: Nativism Reconsidered (Oxford:
Oxford University Press, 1998).

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�Un acercamiento a los fundamentos
filosóficos de las ciencias sociales
despleados cuando aprendemos o adquirimos nuevas respuestas36.
Esta concepción naturalista no es necesario suponer ninguna estructura
innata para explicar cómo se aprende o se comprende una regla.
En ciencia cognitiva contemporánea a este modelo de lo llama
más bien conexionismo o bien procesaiento distribuido en paralelo
(PDP por sus siglas en inglés). Tanto para este modelo como para el
conductismo clásico el aprendizaje y otros procesos cognitivos están
orientados por los estímulos y no por las reglas, las reglas tienen su base
en los estímulos. Ahora, no todos los teóricos siguen esta concepción
de Skinner y del conexionismo. Se contentan con un modelo formal
que admita que los sujetos actúan mediante representaciones, a las que
llamamos reglas, estas reglas, cuando son asumidas socialmente las
denominamos normas. Esto tiene implicaciones fuertes, porque por
un lado podemos hacer una descripción neutral del comportamiento
gobernado por reglas, digamos reconstruirlo racionalmente sin apelar
a las intenciones o valoraciones de los sujetos (lo que la acción
significa para ellos). Es una concepción completamente distinta de la
normatividad que la que está en juego en la teoría de la acción clásica.
Esta posición se atribuye normalmente a Talcott Parsons37, en
su explicación de las acciones individuales las normas sociales
juegan un papel central. Sirven como criterios que los sujetos usan
para elegir entre alternativas. Estos criterios evidentemente no son
creados por los sujetos, sino que son compartidos por la comunidad
y encarnados en un sistema de valores. Las preferencias individuales
pueden perfectamente reducirse a su conformidad con las expectativas
sociales. La tesis central de Parsons es que las normas orientan el
comportamiento porque el proceso mismo de socialización que
comienza en a infancia las incrusta como motivaciones de las acciones
personales en la creación de una identidad que es a la vez personal y
social. Parsons entiende las normas como una serie de disposiciones
estables, formadas en interacciones que se extienden en grandes
períodos de la vida de los individuos con otros individuos relevates
(los padres, los maestros, los compañeros de escuela, etc.).
36
Ver el influyente artículo de Jerry A. Fodor, “The Present Status of the
Innateness Controversy,” en Representations: philosophical essays on the foundations
of cognitive science, ed. Jerry A. Fodor (Cambridge, MA.: MIT Press/Bradford Books,
1981), 257–316.
37
Parsons, The Structure of Social Action.

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�Un acercamiento a los fundamentos
filosóficos de las ciencias sociales
La socialización, según Parsons, es un fenómeno de repetición, por
el que los individuos interiorizan los valores comunes representados
en las normas. Y la interiorización a su vez es definida como el
proceso psicológico de desarrollar una necesidad o motivación para
ajustarse con la norma. Vemos que las decisiones de la concepción
naturalizada de las normas (la norma como fenómeno psicológico
explicable causalmente) son esenciales para la explicación de
Parsons. Esta posición depende de nuestra posibilidad de observar
neutralmente el comportamiento individual como conformándose
a las normas sociales. Así todas las categorías de la ciencia social
se vuelven causalmente explicativas en el sentido requerido por la
psicología empírica y otras ciencias exactas del comportamiento.
El sustento empírico de esta concepción está en que el
comportamiento constreñido por normas puede explicarse causalmente
por las respuestas psicológicas del individuo, pero la legitimidad de
las ciencias sociales como algo epistemológicamente distinto de las
ciencias del comportamiento radica, para Parsons, en la explicación
de los roles que definen las identidades y las acciones. Aunque el
objetivo de cada individuo es maximizar su satisfacción personal,
Parson disuelve el conflicto posible entre lo individual y lo colectivo
postulando el sistema de valores común como una condición que
precede y constriñe a los actores sociales individuales. Para muchos
de sus críticos esto implica la completa desaparición del actor como
unidad básica de análisis de la sociología, y un privilegio explicativo
por la estabilidad del sistema. Las entidades sociales parecen actuar
a través de los individuos que contribuyen a crear. Por lo que una
respuesta utilitarista ha sido elaborada para volver a situar la agencia
individual en la explicación sociológica.
Wilfrid Sellars y su versión del pragamatismo son útiles en este
punto. Según Sellars suponer la visión de que la normatividad opera
como un conjunto de reglas (sostenidas por creencias y actitudes)
que los sujetos adquieren y realizan es una petición de principio38,
¿cómo se aprenden estas reglas y cómo se constituyen antes de que los
sujetos las ponga en práctica?
La respuesta de Sellars es que la actividad conceptual mínima
requerida para poner en práctica una norma, para valorar algo o
38
Wilfrid Sellars, “Some Reflections on Language Games,” en Science,
Perception and Reality (Londres: Ridgeview Publishing Company, 1963), 321-358.

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�Un acercamiento a los fundamentos
filosóficos de las ciencias sociales
para establecer propósitos, no es ella misma una acción, es decir,
una instancia de un comportamiento de seguimiento de reglas,
sino lo que el llama “comportamiento dirigido por patrones” como
un comportamiento condicionado de estímulo y respuesta que
después representa en un juego de metalenguaje con la formación y
transformación de reglas que expresan lo que el agente estaría siguiendo
si estuviera obedeciendo reglas. Estas reglas son “generalizaciones
escritas en carne y hueso” representan un punto donde Sellars socava
la distinción entre lo normativo y lo factual. Esto es admitir que todos
los estados mentales, intencionales, modales que para las ciencias
sociales separaban su objeto propio de estudio son reductibles
causalmente a las explicaciones de las ciencias naturales, pero no lo
son lógicamente.
Esto quiere decir que aunque empíricamente podamos explicar
la adquisición de estados mentales que motivan las acciones
individuales, el rol lingüístico de nuestra normatividad no puede ser
explicado en términos puramente extensionales. Nos enfrentamos
aquí de nuevo al sino de la epistemología de las ciencias sociales
¿si podemos, de principio, explicar el comportamiento de los seres
humanos en términos de una psicología descriptiva (o alguna otra
ciencia empírica) qué cosa supuestamente irreductible queda que solo
podría ser explicada mediante el conjunto de conceptos filosóficos
que fundamentan las ciencias sociales?
La respuesta de Sellars es rotunda: el propósito de los conceptos
filosóficos no es la explicación en primer lugar. Esto quiere decir
que el significado no puede ser factualizado, esto es, explicado en
términos puramente descriptivos. Lo que nos interesa en las ciencias
sociales es lo que hacemos cuando hacemos afirmaciones morales,
semánticas, epistémicas, estéticas, políticas, etc. Así, el mayor valor
de la posición de Sellars es defender que la normatividad no es una
cosa, una relación o una propiedad, es un modo gramatical de la
acción. Esto significa que aunque puedes exhaustivamente describir
el comportamiento de la gente que actúa bajo un conjunto de reglas,
para dar cuenta de estas reglas no podemos ya describir simplemente,
sino que cambiamos de modalidad.
Quien más ha ilumindado este cambio de “modo” en los tiempos
recientes es Robert Brandom. Esto quiere decir que las categorías
sociales al ser normativas son pragmáticas, no son términos con los
que explicamos cosas, decir que “X es un billete de 100 pesos” no
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�Un acercamiento a los fundamentos
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es explicar algo sobre X, sino hacer algo con X. Lo que Brandom
denomina “inferencialismo” permite comprender la naturaleza
misa de la diferencia entre describir y hacer39. Los significados que
articulan las acciones sociales, como conferir a un pedazo de papel
un valor de 100 pesos, son lo que Brandom denomina “inferencias
materiales”, que es la participación en dotar de significado a algo sin
que necesariamente intervenga la afirmación lingüística explícita.
5. Actos que son como palabras
Conviene detenernos y recapitular nuestro argumento. Queríamos
determianr el grado de certeza adecuado para una afirmación que
tiene como referencia un hecho social. Vimos que los hechos
sociales son constituidos por las acciones sociales, que no son
acciones individuales, sino que los individuos orientados por normas
colectivamente establecidas. Estas normas son significativas, tienen
sentido para quienes las cumplen y para quienes las observan. El
objetivo de las ciencias sociales es hacer explícito este sentido, cómo
se configura, cómo se adquiere y cómo se realiza. Esto nos llevó a
admitr que los objetos sociales, que hemos denominado hechos
sociales, no pueden ser descritos neutralmente como independientes
de los sujetos, sino que son constituidos por las acciones colectivas
de los sujetos. Esto quiere decir que las ciencias sociales no pueden
aportar explicaciones, en el sentido causal neutral, de los hechos
sociales, porque las categorías sociales que conferimos a los hechos
sociales no son términos descriptivos sino pragmáticos.
Ahora, la utilidad de la posición inferencialista de Brandom es que
permite entender que lo anterior no quiere decir que las categorías
sociales, y los hechos sociales posibilitados o limitados por ellas,
tengan existencia porque los sujetos las digan explícitamente, o sean
conscientes (en la medida en que podrían ser objeto de una proposición)
de ellas. Intercambiamos nuestro billete con el tendero, y este lo
recibe sin que para esto sea necesario que medien actos lingüísticos
del tipo “Este billete vale 100 pesos”, “acepto el intercambio de este
billete por los productos a los que les he asignado un valor total de 79
pesos”. Sino que las prácticas inferenciales (la atribución de sentido)
39
Robert B. Brandom, Between Saying and Doing: Towards an Analytic
Pragmatism (Nueva York: Oxford University Press, 2008).

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�Un acercamiento a los fundamentos
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pueden suceder de manera muda, con lo que Brandome denomina
“inferencia material”. De hecho, para Brandom la participación en las
prácticas inferenciales (la atribución de sentido y significado) requiere
la habilidad previa de aceptar o conferir inferencias materiales. Ya en
su famoso libro Hacerlo explícito se había formulado una posición
parecida a esta, cuando las inferencias dependendían de la respuesta
diferencial (differential responsiveness) “atrapadas” en prácticas
sociales40.
Aquí la corriente pragmatista toca su límite: la noción de práctica
social. Esta noción no corre con mejor suerte que la noción de acción
social. Para el sociólogo Pierre Bourdieu, esta noción es el fundamento
mismo de la teoría social, y es cuidados en distinguirla de la regla y
de la ley41. La posición de Bourdieu es rechazar el formalismo legal
que está de fondo en la comprensión de las prácticas sociales como
seguimiento de reglas. Las acciones no son directamente traducibles
a palabras, ya que las relaciones que orientan las acciones sólo se
presentan una a una en las situaciones cotidianas, y jamás como un
sistema objetivo de relaciones. Esto es lo que quiere decir Bourdieu
cuando afirma que los agentes “están poseídos por el habitus más de
lo que lo poseen”42 La noción de habitus en Bourdieu sirve para dar
cuenta de este principio organizado inmanente a las acciones de los
sujetos en determinados grupos sociales, es el habitus el que informa
al pensamiento y a la acción (incluyendo los pensamientos sobre la
acción) y sólo se revela en la puesta en obra.
Bourdieu es en este punto mucho más radical que los teóricos
que hemos venido siguiendo, quienes confiaban en que los hechos
sociales podían ser explicados transparentemente en el pensamiento
y en el lenguaje. Esto ha orientado la preponderancia que tiene la
normatividad como criterio explicativo de los hechos sociales. Ahora,
para Bourdieu esta ilusión lleva a suponer que el propósito de las
ciencias sociales es revelar los principios de la producción de los
hechos sociales, ponerlos como normas que gobiernan prácticas de
40
Cfr. Sobre la noción de práctica social y los compromisos discursivos ver
Robert B. Brandom, “Perception and Action: The Conferral of Empirical and Practical
Conceptual Content,” en Making it explicit: reasoning, representing, and discursive
commitment (Nueva York: Harvard University Press, 1994), 199-272.
41
Cfr. Pierre Bourdieu, Esquisse d’une théorie de la pratique (Berna: Droz,
1972), 16 y s.s.
42
Bourdieu, Esquisse d’une théorie de la pratique, 17.

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�Un acercamiento a los fundamentos
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forma implícita (o explícita), esto supondría que la ciencia social
posee un nivel superior desde el cuál puede describir objetivamente
las prácticas sociales. La redundancia de esto es que la descripción de
las prácticas sociales es ella misma una práctica social, y esto quiere
decir que el acto de comprensión de las prácticas sociales puede ser
entendido como una acción significativa más que una explicación
neutral de hechos.
Indirectamente uno de los mejores recursos conceptuales para
dar claridad sobre este punto lo encontramos en la teoría de la
performatividad de Richard Schechner43. El problema de Schechner
en sus estudios del performance es que para la teoría del arte clásica
que tiene un modelo semiótico, hay una obra que se toma como
significando algo que puede ser estudiado por el especialista. En el
caso del perfomance no queda obra, y la documentación (visual o
testimonial) no puede de principio capturar la riqueza de la acción.
La categoría central es que el perfomance “muestra haciendo”44, por
lo que la tarea de los estudios del perfomance es “explicar el mostrar
haciendo”. Tratar de explicar el perfomance lleva a Schechner a
preguntarse ¿dónde tiene lugar el perfomance?, a lo que responde que
tiene lugar en la acción, la interacción y la relación, el perfomance
no es un “en” sino un “entre”. El performance revela la naturaleza de
la acción cotidiana al restaurar sus comportamientos, reacomodarlos,
deslocalizarlos y descontextualizarlos. ¿Alimentar a un niño tiene el
mismo sentido si se hace en una banca en un parque o en medio de una
sala de museo mientras todos miran? Sobre esto Schechner nos dice:
Estas tiras de comportamiento pueden ser rearregladas o
reconstruidas; son independientes de los sistemas causales
(personales, sociales, políticos, tecnológicos, etc.) que los trajeron
a la existencia. Tienen vida propia. Puede que no se conozca la
“fuente” o “verdad” del comportamiento, o puede haberse perdido,
ignorado o contradicha, incluso cuando se intenta honrar esa
verdad o esa fuente.45
El performance revela esta estructura extraña de la acción, nos
comportamos como si fuéramos alguien más, o como nos han dicho
43
Richard Schechner, Performance Studies: An Introduction (Nueva York:
Routledge, 2013).
44
Schechner, Perfomance Studies, 28.
45
Schechner, Perfomance Studies, 34.

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�Un acercamiento a los fundamentos
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que debemos comportarnos, o bien como hemos aprendido. Las
unidades de comportamiento que constituyen lo que soy no fueron
instituidas por mí. Todo comportamiento es así la restauración de
otros comportamientos previemente efectuados. Esto nos dice que las
acciones son reflexivas y simbólicas.
Ni las acciones sociales, ni mucho menos las teorías que se hacen
sobre ellas son fenómenos reductibles a explicaciones causales.
Con las teorías sociales se hacen tantas cosas como se hacen con las
propias acciones sociales, lo que quiere decir que nunca hay un punto
de vista neutral sobre alguna práctica social, ya que esta práctica se
observa, se describe y se reflexiona desde un punto de vista que es a
su vez el de un sujeto colectivo que constituye el marco conceptual de
aquel que conoce.
El principal aporte de la teoría de la performatividad a nuestra
concepción de las acciones es que desubjetiva la explicación del
sentido y el significado de la acción colocándolo en un “entre”. Este
entre es ontológicamente problemático, pero no hay espacio aquí
para discutir esta cuestión. Baste por ahora entenderlo como aquello
que surge en la interacción no sólo de individuos, sino de eventos y
objetos. La afirmación P es un performance que sucede entre nosotros
y el billete, o el tendero a quien le pagamos, o el contador de la casa
de banco, o nuestros amigos en la mesa de apuestas. En cada uno de
estas interacciones no solo el billete significa algo distinto, sino que
nosotros mismos somos algo distinto: un comprador, un jugador, un
extranjero en una ciudad, un artista que quema un billete en medio de
una plaza pública. El propósito de las ciencias sociales es construir
conceptos y discursos que nos permitan no solo comprender lo que
esos fenómenos significan, su sentido y sus posibilidades, como si
nosotros no estuviéramos implicados en ellos, sino en descubrir que
significa para nosotros, desde el punto de vista en que los miramos.
Esta doble comprensión: la de lo que se observa y la del observador,
se pone en juego en cada afirmación de un hecho social, y las ciencias
sociales tratan de hacerla explícita.
6. Conclusión provisional: esta es una tesis realista
Aunque todo lo que hemos defendido anteriormente parece hacer
el caso en favor de una interpretación radicalmente constructivista
de las ciencias sociales, y más aún de los hechos sociales, creemos
que es la oportunidad para un nuevo tipo de objetividad. La certeza
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�Un acercamiento a los fundamentos
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de las ciencias sociales, su grado de objetividad, no se ve disminuida
por el hecho de que sean ellas también prácticas sociales y que por
tanto no permitan un punto de vista neutral sobre la sociedad (que
por lo demás sería imposible de principio porque la sociedad no es
un hecho que se puede observar). Cuando decimos que los hechos
sociales son construcciones sociales, o que la sociedad construye
hechos, lo que decimos no es una tesis relativista, porque la fuente
de todo relativismo es la afirmación realista de que “todo es relativo”.
Si todo es relativo significa que tenemos, racionalmente, un punto de
apoyo que no es él mismo relativo: aquel que permite ser un relativista
y que este relativismo sea comprendido tanto por relativistas como
por no-relativistas.
La relatividad de las acciones sociales, de los marcos conceptuales
que producen y de las prácticas sociales que los realizan, es un hecho
que es la vez social y trascendental. Un trascendental es un hecho que
sirve como condición de inteligibilidad de un discurso, lo hace posible
material y lógicamente, y lo hace comunicable pragmáticamente. Esto
quiere decir que el carácter construido de los hechos sociales, o incluso
de los marcos conceptuales desde los cuales se observan y se dota de
significado a estos hechos, es una condición de inteligibilidad de las
prácticas sociales, de los marcos y de los hechos que construyen. Lo
que viene a ser lo mismo que decir que para comprender un fenómeno
social hay que hacer explícito el desde dónde se lo observa, y que la
pretensión de neutralidad no es más que un punto de vista que no ha
planteado sus propias condiciones de inteligibilidad (no sabe desde
donde mira, lo oculta o lo niega). Dicho de otro modo, la afirmación de
que los hechos sociales (y su comprensión) sean relativas a los marcos
conceptuales, que a su vez son hechos sociales y por tanto relativos
a otros actos sociales y a sujetos sociales que se posibilitan a través
de las cateogorías que los constituyen y posibilitan, no es una tesis
relativa solo a categorías sociales determinadas: por ejemplo como
discurso de un hombre blanco, de la academia, adoctrinado en los
métodos y conceptos de la filosofía occidental, etc. La relatividad del
discurso aquí presente solo puede tener sentido como relativa al sujeto
que la emite y al marco que la soporta. Si esta relatividad misma puede
ser inteligible para otro sujeto de conocimiento: una mujer indígena,
que tiene un doctorado en ciencias sociales y lo comprende como un
discurso de la academia criolla y eurocéntrica, o un migrante argelino
en Francia que pretende deconstruir la metafísica de la presencia
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�Un acercamiento a los fundamentos
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inherente a este discurso, es porque la ciencia social permite elaborar
un punto de vista que es a la vez individual y colectivo, permite
construir un sujeto de conocimiento que aunque indefectiblemente
situado por su condición empírica, histórica y cultural, puede hacer
afirmaciones que descubran sentidos y posibilidades más allá de su
propia situación. Esto no quiere decir que toda ciencia social acierte
y que toda teoría social sea igualmente válido, pero los criterios de
validez de las teorías sociales son un tema para una texto distinto a
este.
Explicitar esta condición trascendental del constructivismo
social, evita que esta tesis inherente a las ciencias sociales, la de
la construcción social de los hechos y las categorías con las que se
piensan, desemboque en una concepción relativista del conocimiento
en general. El relativismo presupone que hay un discurso racional
que no es relativo, el que permite la demostración de la verdad del
relativismo. Lo mismo pasa con el constructivismo social, exige como
condición que seamos capaces de construir discursos reflexivos que
den cuenta del sentido, el significado y las acciones que atribuimos
a los hechos sociales. Por constructivismo social no queremos decir
aquí alguna corriente específica, la de Donna Haraway o la de Bruno
Latour por ejemplo, sino la posición epistemológica que asume que
los hechos sociales no pueden ser descritos de forma neutral porque
no hay una descripción meramente causal de la sociedad y sus efectos
y procesos. Así entendemos que el objetivo de la ciencia social no es
explicativo sino comprensivo, esta implicado en aquello que conoce,
y al estar implicado en aquello que conoce, lo conoce con un propósito
específico, para hacer algo con ese conocimiento.
Aunque esta conclusión es similar a la posición hermenéutica
de Hans-Georg Gadamer, Charles Taylor, y Jürgen Habermas, se
diferencia de ellos en un punto fundamental. Para los hermeuneutas,
la estructura de significados no puede ser independiente de la
interpretación que hacemos de ella: lo interpretado es él mismo una
interpretación46. Nuestra posición es realista y no hermenéutica en tanto
que no concedemos que toda acción social pueda ser adecuadamente
conceptualizada bajo el concepto “interpretación”, hay hechos sociales
que podemos interpretar en el sentido hermenéutico y otros que no son
susceptibles de una tal interpretación (por ejemplo las condiciones
46
Sobre este punto ver particularmente a Charles Taylor, Philosophy and the
Social Science (Nueva York: Cambridge University Press, 1985), 91 y s.s.

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�Un acercamiento a los fundamentos
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materiales que determinan la posibilidad misma de la interpretación).
Así la teoría social tiene su realidad en la práctica social que
posibilita: en las posibilidades de acción social que abre, o que cierra.
Así podemos extender la concepción de Lenin, que está presente los
grandes pensadores del marxismo, acerca de la teoría revolucionaria
a la teoría social en general: su certeza aumenta cuando logra unir
teoría y práctica. Este punto además de realista es decididamente
materialista: esto quiere decir que la certeza de la ciencia social está en
su capacidad para llevar al discurso científico la verdad de la práctica
social, esta verdad no es la neutra descripción de las relaciones
causales que la producen, sino la elucidación de sus posibilidades.
Ciertamente esta concepción del fundamento de las ciencias sociales
puede hacer creer que toda ciencia social tiene propósitos disruptivos.
Nada más alejado de la verdad histórica, porque esto supondría que
todos los actos sociales son disruptivos, pero así como hay actos que
solo reiteran o restauran aquello que ya se ha hecho, también hay
teoría social que se contenta con obtener una incipiente objetividad
“describiendo cuantitativamente los hechos”. Esta pretensión de
objetividad cuantitativa es ya una toma de posición con respecto a
los hechos sociales, éstos no son neutralemente cuantificables sino
que se los intenta neutralizar con unas herramientas que no son ellas
mismas neutrales47. Pero dejaremos para otro texto la discusión sobre
la manera en que puede hacerse una teoría social disruptiva, nos
contentamos ahora con este esbozo de fundamentación.

47
Sobre esto ver Alain Desrosières, The Politics of Large Numbers: A History
of Statistical Reasoning (Nueva York: Harvard University Press, 2002) y Theodore
M. Porter, Trust in Numbers: The pursuit of Objectivity in Science and Public Life
(Princeton: Princeton University Press, 1996).

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�Un acercamiento a los fundamentos
filosóficos de las ciencias sociales
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�Concepto de relación en
Pedro Gómez Danés

C ONCEPTO
P EDRO

DE RELACIÓN
GÓMEZ DANÉS

EN

PEDRO

GÓMEZ DANÉS ON THE CONCEPT
OF RELATION
Jorge Eduardo Jerezano Luna1

Resumen: El estudio de la metafísica es imprescindible para todo aquel
que tenga un interés serio en la filosofía. Una de las problemáticas que
surge al enfrentarse a los textos clásicos de este campo, sobre todo en
los estudiantes, es que el bagaje conceptual llega a parecer demasiado
alejado de la realidad. En este sentido, la obra del filósofo regiomontano
Pedro Gómez Danés dedicada a dicha disciplina filosófica, nos
proporciona reflexiones que pretenden mostrar cómo la génesis de la
filosofía primera se sitúa en la realidad misma. Además de esto, Danés
nos sugiere lecturas de las obras clásicas que parten de problemáticas
actuales, así como aportaciones propias cuyo conocimiento enriquece
esta disciplina. Dentro de estas aportaciones encontramos su concepto
de relación, en la que además de admitir su accidentalidad, la hace
concomitante al ser, es decir, llega al concepto de una relación esencial.
Palabras clave: Metafísica, relación, conocimiento, racionalismo,
realismo.

1
Universidad Autónoma del Estado Morelos, Centro de Investigación en
Ciencias Cognitivas.

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�Concepto de relación en
Pedro Gómez Danés

Abstract: The study of metaphysics is essential to anyone with a serious
interest in philosophy. One of the main problems that arise while facing
classical texts of this field, especially among students, is the conceptual
baggage that seems too far away from reality. In this sense, the work
of Pedro Gomez Danés, Monterrey-born philosopher dedicated to said
subject, provides us with reflections that aim to show how the origin
of first philosophy is set in reality itself. In addition, Danés suggests
readings of classical texts that have contemporary problems as a starting
point, as well as contributions of his own whose knowledge enriches
this discipline. Within his contributions we can find his concept of
relation in which, besides admitting to its accidentality, he makes it
concomitant to Being, in other words, he arrives to the concept of an
essential relation.
Keywords: Metaphysics, relatives, knowledge, rationalism, realism.

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�Concepto de relación en
Pedro Gómez Danés

Introducción
Dentro de los múltiples objetos de estudio de la filosofía, entendida como
una reflexión rigurosa de la realidad, el ámbito educativo ha ocupado
un lugar desde los inicios de dicha disciplina. Con ello, la figura del
maestro y los caminos a través de los cuales emprendía la transmisión,
iniciación o guía en el pensamiento filosófico, fue de vital importancia
para las primeras escuelas filosóficas. Si bien sería un anacronismo
comparar la enseñanza en la época clásica con las prácticas educativas
actuales, es posible rescatar elementos esenciales que nos permitan
tender un puente más o menos firme con la antigüedad. Este punto de
enlace lo encontramos en la misma tradición filosófica, que, aunque
académica hoy en día, al tener sus raíces en el pensamiento griego,
acaso antes, invita al docente en filosofía a abrevar de dicha tradición.
En este sentido, Pedro Gómez Danés (1937-2016), catedrático de la
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo
León, en su labor como docente siempre tuvo presente la importancia de
rescatar la lectura de los clásicos, mostrando a través de su obra que aún
es posible reflexionar con y desde ellos. El profesor dejó una extensa
obra escrita dedicada a diferentes disciplinas humanísticas, siendo su
obra filosófica de considerable extensión dentro de toda su producción.
Escrita en forma de cuadernillos dirigidos a sus estudiantes, Gómez
Danés procuró proporcionar un acompañamiento para el estudio de
obras cuya lectura usualmente representa un reto para los estudiantes,
especialmente en el campo de la metafísica. En estos cuadernillos, la
mayoría inéditos, además de la exposición de los temas centrales de la
disciplina, encontramos observaciones y aportes personales que podrían
representar nuevos enfoques y aportaciones a diferentes campos de la
filosofía. Algunas de estas aportaciones las desarrolló en textos más
amplios, también sin publicar.
En el presente artículo me doy a la tarea de presentar lo que
considero una aportación de Gómez Danés al campo de la metafísica.
Por Metafísica entenderemos, con Gómez Danés, la reflexión sobre los
fundamentos del ser así como la reflexión sobre los existentes, dejando
de lado la división entre Metafísica y Ontología, que atiende a estos dos
aspectos. Dado que la línea del profesor es aristotélico-tomista, siendo
su estilo de escritura muy parecido al del estagirita y teniendo una
amplia apropiación de los conceptos, fue necesario durante la lectura de
su obra, regresar constantemente a las fuentes para rastrear con mayor
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�Concepto de relación en
Pedro Gómez Danés

profundidad la lectura que de ellas hace el profesor y así, poder enmarcar
la aportación a presentar de manera más amplia. Específicamente lo que
intentaré mostrar es la noción de “relación” en la obra de Gómez Danés,
cristalizada en lo que él llama “relación de existencia”.
Para tal efecto, en un primero momento, partiendo de la comparación
de algunos pasajes de la Poética y la Metafísica, haré una reflexión que
pretende mostrar la relación entre un saber primario o conocimiento
natural (conocimiento inmediato; noiesis) y la reproducción imitativa,
con el fin de proporcionar un preámbulo a lo que en los textos de
Danés representa uno de los fundamentos de su realismo: la relación
entre pensamiento y realidad. En un segundo momento abordaré la
postura realista de Gómez Danés, introduciendo referencias a los textos
aristotélicos y a la ontología de Hartmann. Posteriormente expondré la
concepción aristotélica de las categorías, centrándome en la entidad y
en la relación. Por último, trataré sobre estos mismos aspectos en la obra
de Danés, limitándome a señalar lo que considero es una concepción
nueva de la relación.
Poiesis y noiesis en Aristóteles: relación entre saber y reproducir
Aristóteles menciona dos aspectos que a su parecer dieron origen a la
poesía y ambos naturales al hombre: 1) la reproducción imitativa, que
se encuentra en el hombre desde temprana edad; 2) la complacencia
que siente el hombre en las reproducciones imitativas2. Nótese
que la diferencia entre ambos aspectos consiste en dónde se sitúa
la reproducción imitativa, parece ser que en el primer aspecto la
encontramos en el individuo y, en el segundo, fuera de él. Es diferente
decir que es natural al hombre reproducir imitativamente a decir que es
natural que se complazca en las reproducciones imitativas. Podríamos
pensar que esta complacencia puede referirse el placer que sentimos al
reproducir imitativamente, y en este sentido lo dicho anteriormente ya
no parece del todo convincente, pues la reproducción ya no quedaría
situada fuera del individuo, en cuanto que es él quien siente placer al
llevarla a cabo. Pero según pienso, Aristóteles no lo ve de esta manera,
sino que lo entiende como dijimos anteriormente, fuera del individuo,
es decir, él se complace en observar las reproducciones imitativas. Esto
es confirmado por el mismo filósofo, ya que después de dar estas dos
2

Aristóteles, Poética 4.1448b5, trad. Juan David García Bacca.

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�Concepto de relación en
Pedro Gómez Danés

causas que dieron origen a la poesía, parece dar una explicación de la
segunda al decir que encontramos indicios de ella en la práctica; que
hay cosas que nos provocan desagrado al verlas pero que sentimos
agrado al ver su representación3.
Parece que Aristóteles deja de lado una explicación detallada
de una de las causas antes mencionadas, no se detiene a explicar la
primera de ellas sino la segunda, pues por ésta terminará explicándose
aquella. Según él, la causa de que sintamos una cierta complacencia
en las reproducciones imitativas se debe a que a todos los hombres les
resulta agradable aprender. Aquí parece que hace una distinción entre
los filósofos y los demás hombres, estos, los no filósofos, disfrutan de
dicho placer por poco tiempo, a diferencia de aquellos4.
“Todos los hombres por naturaleza desean saber”5, es la primera
frase de la Metafísica. ¿Y con qué otra cosa es equiparable el hecho
de que todos los hombres desean por naturaleza saber sino con que
todos sienten agrado por aprender, como se menciona en el apartado de
la poética que venimos comentando? Si todos los hombres desean por
naturaleza saber, podemos pensar que al tener todos el mismo deseo,
llegan también al mismo tipo de saber. Cuando hablamos de este deseo
que es por naturaleza, hablamos también de un saber que por naturaleza
es igual para todos. Pero, Aristóteles establece diferencias del saber o
niveles de saber, por lo que tendríamos que examinar si el deseo que
está en todos por naturaleza, nos lleva también de manera natural a
todos los niveles del saber, pues siendo esto así existiría una equidad en
cuanto al nivel de saber en todos los hombres.
Si existe un saber superior, y aún en los saberes inferiores a éste
existe superioridad de unos con respecto a otros, podemos hablar de un
saber primario, que, según mi opinión, es el que todos deseamos por
naturaleza. En este caso nuestro deseo es el mismo, pero en cuanto a
saberes que superan a este saber primario, el deseo ya no es universal
sino particular, el deseo ya no es el mismo en todos, pues no todos
aman los saberes más excelentes. O se puede decir que el deseo es el
mismo en cuanto a deseo, pero al haber niveles en lo deseado, podemos
hablar también de niveles en el deseo, el deseo será mayor o superior
cuanto más superior sea lo deseado. Con esto se clarifica la distinción
3
4
5

Aristóteles, Poética 4.1448b10.
Aristóteles, Poética 4.1448b15.
Aristóteles, Metafísica 1.1.980a21, trad. Tomás Calvo Martínez

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�Concepto de relación en
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que Aristóteles hace en la poética; a diferencia de los filósofos, todos
los demás hombres participan por breve tiempo del placer que viene
del aprender, en tanto que desean saberes inferiores, es decir, si hay
diferencia, o bien en el deseo, o bien en lo deseado, también será
diferente el placer ante aquello.
El texto de la metafísica puede también dar luz a la siguiente
cuestión: ¿por qué es natural al hombre el reproducir imitativamente?
Aristóteles no sólo dice que esto suceda así, sino que es por esta
característica natural del hombre por lo que éste es diferente de los
animales, en tanto que imita más que ellos6. Bien, veamos cómo ilustra
la cuestión en el libro primero de la Metafísica al hablar de niveles de
saber. Aristóteles parte de un conocimiento sensible. Según el filósofo,
la sensación la encontramos en todos los animales, aquí es donde entra
la primera diferencia, ya que no en todos los animales la sensación
engendra memoria. La memoria es lo que permite el recuerdo, haciendo
más capaces de aprender a aquellos que cuentan con dicha capacidad.
Hasta el momento ya encontramos una diferenciación de los animales,
continuará con otra que permitirá distinguir al hombre. El hombre es el
único que participa de la experiencia, originada de múltiples recuerdos
de una misma cosa7.
Centrémonos en el aspecto de la memoria. Como ya vimos, la
memoria es lo que permite el recuerdo, éste según mi parecer es necesario
para reproducir imitativamente. Vayamos un poco más lento en nuestro
análisis. ¿Qué se está entendiendo por reproducir? Sin complicar mucho
el asunto, digamos que por reproducir entendemos un volver a producir.
Sin duda alguna no podemos hablar de volver a producir algo si ese
algo antes no ha sido producido, entonces lo que se vuelve a producir
debe existir en el mundo. ¿Qué cosas existen en el mundo? Tal vez la
pregunta resulte para muchos un poco absurda, pero vayamos con ella a
una diferenciación que será nuestra guía en la reflexión. Digamos pues,
que existen dos tipos de cosas en el mundo: las creadas por el hombre
y las que encontramos en la naturaleza. Siguiendo el razonamiento
anterior, si dijimos que para volver a producir algo necesitamos que
ese algo exista, y dentro de lo existe hicimos ya una división, ¿cómo
podríamos volver a producir algunas de las cosas que encontramos en
6
7

Aristóteles, Poética 4.1448b5.
Aristóteles, Metafísica 1.1.980b25.

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�Concepto de relación en
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la naturaleza, por ejemplo, el cielo o el mar? Parece que esto está fuera
del alcance de cualquier ser humano.
Es posible volver a producir dichas cosas a través de la imitación,
es decir, de forma imitativa. Para entender mejor este aspecto, sería
conveniente mencionar que no es lo mismo hacer una copia de algo que
reproducir imitativamente algo. Una copia, según entiendo, se podría
concebir como una reproducción fiel y exacta de algo, en este sentido
es imposible reproducir las cosas que encontramos en la naturaleza; una
reproducción imitativa, es en cambio, un volver a producir algo, pero
no de manera exacta sino parecida, a través de diversos medios. Por
ejemplo, si quisiéramos reproducir imitativamente el mar, podríamos
hacerlo a través de la pintura y ésta, cuanto más se acerque en su parecido
al objeto de su reproducción, tanto más excelente será considerada.
¿Qué pasa con las cosas que son creadas por el hombre? Parece que
en lo que respecta a ellas, resultaría más sencillo una reproducción fiel
de algo, pues al ser creadas por el hombre y al necesitar éste de un
proceso para crearlas, se ve la posibilidad de volver a repetir el mismo
proceso, en cuanto que éste es conocido por el creador. Porque de las
cosas que se encuentran en la naturaleza, es evidente que no conocemos
el proceso exacto por el cual surgieron como tales, pero de las que
son creadas por nosotros sí tenemos conocimiento del proceso. Por
esta razón, y como ya dijimos anteriormente, se puede pensar que es
posible una reproducción exacta de las cosas creadas por el ser humano,
pero esto es cuestionable. Una reproducción exacta de algo implicaría
utilizar el mismo material que se utilizó en lo que se quiere reproducir,
y esto no es posible. Se puede utilizar el mismo tipo de material, pero no
exactamente el mismo, pues implicaría destruir el modelo. Por ejemplo,
supongamos que queremos reproducir de manera exacta una silla de
madera; puedo utilizar una madera del mismo tipo de la silla que quiero
reproducir, pero nunca la misma madera de aquella, en cuanto que ya
está en uso. Por lo tanto, aún en las cosas creadas por el hombre no
podemos hablar de reproducción exacta, sino de reproducción imitativa.
Así logremos una reproducción muy parecida al modelo, nunca serán lo
mismo en esencia, será una imitación de aquello, una imitación que se
acerca mucho pero que no es exactamente igual.
Regresemos a la cuestión de la memoria que habíamos dejado
pendiente. La memoria la encontramos en algunos animales, pero según
Aristóteles sólo en el hombre engendra recuerdo. Esto lo encontramos
también en la poética: “y en esto se diferencia de los demás animales:
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en que es muy más imitador el hombre que todos ellos”8. ¿Por qué
el hombre imita más que todos los animales? Según mi opinión, por
la capacidad de recordar, que el filósofo menciona en la Metafísica.
Considero que los términos recuerdo y reproducción son muy parecidos.
Un recuerdo es traer a la memoria algo que ya estaba impreso en ella.
En este sentido el recuerdo al igual que la reproducción, parten de algo
ya existente. El hombre, en cuanto tiene la capacidad de recordar, tiene
también la capacidad de reproducir imitativamente cosas del pasado y
desde este enfoque es, claramente, más imitador que los animales. En
cuanto tiene la capacidad recordar, no necesita estar en contacto directo
con lo que desea reproducir, sino que, al poder grabar el modelo en su
memoria, puede recordarlo y a partir de ello comenzar la reproducción.
Podemos afirmar con más seguridad que el hombre es el imitador
por excelencia, en tanto que esta facultad le es natural. La capacidad
de recordar que todo ser humano tiene nos da, sin duda alguna, los
elementos para entender mejor cómo el reproducir imitativamente le
es natural al hombre, incluso podríamos afirmar que el recuerdo es ya
una especie de reproducción imitativa, en cuanto que vuelve a producir
lo que ya estaba guardado en la memoria, aunque no de manera exacta
pues al recordar el pasado, lo hace presente. La natural tendencia al
conocimiento, nos deja ver por otra parte, el placer del hombre ante las
reproducciones imitativas, pues estas le permiten “aprender y razonar
sobre qué es cada cosa”9, aunque no todos participen al mismo tiempo
de ese placer.
Es necesario hacer explícitos algunos puntos que se siguen de la
reflexión anterior. Primero, el hecho de comparar textos que pueden
parecer tan diferentes, como la Poética y la Metafísica, y temas como
el conocimiento y la creación, tiene la intención de comenzar a mostrar
la relación que existe entre pensamiento y realidad. Hemos visto que la
complacencia en reproducir imitativamente tiene su génesis en el deseo
natural de saber presente en el hombre, pues es gracias al recuerdo
que es posible la reproducción. El recuerdo es posible, a su vez, por
ese saber primario o conocimiento natural deseado por el ser humano,
un saber inmediato. También se habló de la imposibilidad de volver a
producir las cosas, que son por naturaleza o por técnica, exactamente
igual. Esto indica un principio metafísico, la irrepetibilidad de los
8
9

Aristóteles, Poética 4.1448b5.
Aristóteles, Poética 4.1448b15.

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existentes, por eso la reproducción siempre es imitativa. Además, al ser
el hombre contingente, en el sentido de que puede o no hacer, es posible
hablar de saberes más excelentes que otros, que ya no serán inmediatos,
sino reflexivos y voluntarios.
Realismo en Pedro Gómez Danés
Nicolai Hartmann, en el prólogo al primer tomo de su Ontología, al
hacer un esbozo de la situación del problema del ser, dice que la disputa
sobre los universales no está conclusa y que ella es la forma, desde
Aristóteles, en que se han buscado los principios y lo permanente en la
realidad. El problema de los universales se extiende, por ejemplo, a la
noción de categoría: ¿son éstas formas en las que el ser humano percibe
la realidad o existen en las cosas independientemente de cualquier
concepción?10 Parece que regresamos a la disyuntiva clásica: idealismo
o realismo. Comenzar una reflexión en el campo de la metafísica
tomando una postura al respecto, marcará el curso de nuestro discurrir
en esta materia. En los textos de Gómez Danés su postura se hace clara
en los constantes embates contra el idealismo y el racionalismo. En el
siguiente pasaje es posible apreciar esta valoración negativa:
Platón, en su distinción entre poiésis y noésis, principia, quizá sin
desearlo, pero en vista a que el nous se una más plenamente al
Logos, un separar la unidad substancial y, aun cuando Aristóteles
continuamente haga ver que lo que existe es la substancia, que
todo conocimiento es desde la particularidad de cada substancia
y mediante analogías se arribe a conocimientos generales, va
quedando ya lo que podemos señalar como un intelectualismo en la
reflexión occidental, lo que es acentuado con Plotino y recorre toda
la Escolástica, pero que recibirá un impulso enorme en Descartes
gracias al nominalismo que impregna la obra y, al mecanicismo que
invade su doctrina, hasta llegar a la radicalización formal en Kant11...
10

Nicolai Hartmann, Ontología, trad. José Gaos, vol. 1, Fundamentos (México:
FCE, 1986), 12.
11
Pedro Gómez Danés, “De la relación y de la oración” (texto inédito, 2009),
archivo Microsoft Word, 37-38. Este tratado se encuentra aún en proceso de edición, se
ha programado su impresión para una futura compilación de sus obras completas.

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�Concepto de relación en
Pedro Gómez Danés

Dicho “intelectualismo” ha ocasionado, para Danés, una
radicalización de la filosofía en el pensar, dejando de lado dimensiones
importantes que configuran la unidad existente llamada ser humano.
Al exaltar la parte racional, olvidamos lo volitivo y lo sensitivo que
configuran dicha unidad, y que se encuentran presentes en todo acto de
conocimiento. Por el momento dejemos pendiente este tema, pues lo
abordaremos en los siguientes apartados. Con lo anterior no pretendo
mostrar que al cuestionar la tradición idealista-racionalista Gómez
Danés se adhiere, por ello, a una postura realista, dado que una cosa no
se sigue de la otra. No obstante, es fácil percatarnos en la cita anterior
el énfasis que se pone en la figura del estagirita, que a pesar de “hacer
ver” a la sustancia como lo existente, no logró hacer voltear a los
responsables del intelectualismo señalado.
La postura realista de Gómez Danés se hace clara en su
epistemología, en la que siguiendo a Aristóteles, analiza el conocer
natural a través de reflexiones sobre el lenguaje y el desarrollo de
las capacidades cognoscitivas. En Breve introducción a la Metafísica
Danés habla de un doble aspecto en el conocimiento: por un lado,
cuando conocemos toda realidad la conocemos como unidad existente
y, por otro, captamos su esencia (qué es), esto incluso si no conocemos
la palabra para designar dicha realidad12. Cuando el niño pregunta
“¿qué es eso?” en realidad ya lo conoce, pues sabe que existe, percibe
sus accidentes y lo identifica como diferente, es decir, no encuentra
en su bagaje el signo lingüístico adecuado para designarlo y en la
pregunta busca más bien dicho signo. En este sentido, Gómez Danés
habla de la función copulativa del verbo ser, no como aquello que
posibilita la unión entre sujeto y predicado, sino como lo que une
la existencia con el qué es en un mismo signo. Aunque este proceso
es la forma en que se realiza el conocimiento, las nociones de ser o
existencia, podrían parecer de difícil comprensión, pero la verdad es
que se trata de una noción intuitiva. Este carácter intuitivo del ser es
expuesto por Avicena en su metáfora del hombre volante, en el que
supone un hombre sin sensación, en el vacío, que a pesar de carecer de
todo tipo de experiencias no dudaría en afirmar que existe13.
12
Pedro Gómez Danés, “Breve introducción a la Metafísica” (texto inédito,
2009), archivo Microsoft Word, 7. Esta obra se encuentra aún en proceso de edición, se
ha programado su impresión para una futura compilación de sus obras completas.
13
Avicena, Sobre metafísica: (antología), trad. Miguel Cruz Hernández
(España: Revista de Occidente, 1950), 53.

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�Concepto de relación en
Pedro Gómez Danés

Dentro de la concepción de la forma de darse el conocimiento,
Gómez Danés destaca la afirmación de la unidad de la cosa, es decir, la
identificación entre ser y unidad. Recordemos que para Aristóteles la
unidad, desde la analogía, se dice en muchos sentidos, principalmente
de manera accidental y por sí. Por darse accidentalmente se entiende
la unión de una sustancia y un accidente, esto es, se dice que “el
coche nuevo, rojo y veloz” es una unidad accidental puesto que
estas cosas, lo nuevo, lo rojo y lo veloz, se dan accidentalmente en
la sustancia individual coche. Ahora bien, atendiendo a las cosas de
las que se predica la unidad por sí mismas, encontramos que poseen
la característica de ser continuas, teniendo las que por naturaleza
son continuas, unidad en mayor grado que las que lo son por el arte
o técnica. También se predica la unidad de las cosas “cuyo sujeto
material no es específicamente diferente”14, como pasa con los
líquidos; por ejemplo, entre ser humano y ser humano se afirma
la imposibilidad de su igualdad, mientras que si suponemos dos
recipientes con agua, salvo la diferencia accidental de estar contenido
en recipientes diferente, diremos del agua que se trata del mismo
líquido y aún más, vaciando el agua de un recipiente a otro de manera
que uno contenga lo que los dos tenían, sería imposible identificar
cuál es el agua correspondiente a cada recipiente. Además, se predica
la unidad de las cosas comprendidas en un mismo género, es decir,
éste vendría a ser como una especie de sujeto de ciertas diferencias.
Asimismo, debemos recordar que una característica de la entidad,
mencionada por Aristóteles, es la admisión de contrarios. Pero esto
es gracias a que al ser numéricamente una e idéntica, es capaz de
admitirlos. El hombre individual puede ser blanco o negro, deshonesto u
honesto. Pero esto no significa que la entidad tenga contrarios pues sería
imposible, por ejemplo, encontrar un contrario del hombre individual.
De forma general, para Aristóteles se predica la unidad de las cosas
que son indivisibles, y la unidad es así principio de lo cognoscible. A
partir de aquí Gómez Danés hace una crítica al racionalismo en la que
podemos comenzar a notar su concepción de la “relación”. Nos dice
que de no existir la unidad en sí, el conocimiento quedaría reducido
a una esencia dada por el sujeto, nunca aprehendida desde el objeto.
Incluso sería imposible hablar de objeto, pues en tanto que carecería
de límites vendría a ser algo disperso, ininteligible. El hecho de que la
14

Aristóteles, Metafísica 5.6.1016a20.

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�Concepto de relación en
Pedro Gómez Danés

razón del sujeto sea la que aporte la esencia, para Danés “no sólo parece
ir contra la razón... sino especialmente contra las ciencias empíricas.
Arribaríamos al idealismo absoluto, que si parece no repugna a quienes
reflexionan en escritorio, es repugnante para el hombre común, para el
hombre en general”15.
Es el conocimiento del “en sí” lo que hace posible la afirmación
verdadera sobre semejantes. Recordemos la teoría de la analogía de
Aristóteles que distingue cuatro sentidos fundamentales en los que se
dice el ser: lo que es accidentalmente, lo que es en el sentido de “es
verdad”, las formas de la predicación o categorías y, por último, lo
que es en potencia y es en acto16. ¿Cómo se explica esta polisemia del
verbo ser? Aristóteles nos dice que “en relación con una sola naturaleza
y no por mera homonimia”17. Hablamos de homonimia en el sentido
aristotélico: “las cosas cuyo nombre es lo único que tienen en común,
mientras que el correspondiente enunciado de la entidad es distinto”18.
Esto es importante porque una objeción que puede hacerse a la teoría
de la analogía es precisamente que “el decirse” es propio del sujeto; no
obstante esto se salva al establecer una relación entre las formas en las
que se dice el ser y una sola naturaleza, que es la existencia misma. Sin
esta relación la analogía no es posible y como señala Gómez Danés,
tampoco es posible la formulación de leyes ni llevar a cabo operaciones
matemáticas, “pues es la semejanza analógica de las esencias lo que
podemos congregar o disgregar en número”19.
A propósito de las entidades matemáticas, es conveniente revisar la
postura del estagirita, pues en ella se aprecia una aplicación de la postura
realista. Aristóteles nos dice que las entidades matemáticas: 1) no es
posible que sean en las cosas sensibles, 2) no pueden existir separadas,
3) no son entidades en mayor grado que los cuerpos. Lo primero porque
si las realidades matemáticas existen en los cuerpos sensibles, entonces,
como lo señala en Metafísica “sería necesario que hubiera dos sólidos
en el mismo lugar, y que no fueran inmóviles, puesto que existirían
en las cosas sensibles sometidas a movimiento”20. Lo segundo porque
de existir separadas, existirían entonces, superficies, puntos y líneas,
15
16
17
18
19
20

Gómez, “Breve introducción a la Metafísica,” 8.
Aristóteles, Metafísica 6.2.1026a35.
Aristóteles, Metafísica 4.2.1003a35.
Aristóteles, Categorías 1.1a1, trad. Miguel Candel Sanmartín.
Gómez, “Breve introducción a la Metafísica,” 8.
Aristóteles, Metafísica 3.2.998a15.

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�Concepto de relación en
Pedro Gómez Danés

aparte de las sensibles. Del principio de que lo simple es anterior a lo
compuesto, se desprende que las superficies en sí, “son anteriores a las
que se dan en los sólidos inmóviles”21. Y al estar conformadas tales
superficies de líneas y puntos, según el mismo principio, es necesario
que existan líneas y puntos separados de éstas, a su vez. Obtenemos
así una multiplicación que complica saber de cuál tipo de entidades
se ocupan las ciencias matemáticas. Lo tercero porque lo simple es
anterior a lo compuesto sólo en cuanto a la generación, pero no en
cuanto a la entidad22. Así se postula una cierta supremacía ontológica
de la entidad sensible. Por tanto, las realidades matemáticas no poseen
existencia separada, sino que son rasgos y características de los entes
sensibles, que son consideradas por el matemático como separadas,
gracias a un proceso de abstracción. El aritmético y el geómetra, toman,
“separándolo, lo no separado”.
A partir de lo dicho hasta el momento se entiende que dentro de
las definiciones descriptivas de ser humano, esto es, que no atienden
al género sino sólo a la diferencia específica, se encuentre la de “ser
trascendente”23. Y lo que busca describir esta definición tiene que ver
con la capacidad del ser humano de conocer y con ello con la posibilidad
del conocimiento. Una postura epistemológica realista acepta la
existencia de cosas independientes del sujeto, y el hecho de que éste
puede relacionarse con ellas radica en que es un ser trascendente. Para
Gómez Danés, trascender, entendiendo este término como un ir más allá
de sí mismo, es acaso lo más propio de los existentes. Esto es así porque
todo ser animado, en su movimiento natural, realiza este trascender.
Dentro del devenir hay trascendencia; el crecimiento, por ejemplo, un
ir más allá. El ser humano realiza esta trascendencia no sólo de manera
mecánica, sino gracias a sus capacidades: “se da desde el ser humano en
la operación desde su diferencia específica: conocer y querer; y se da en
todo movimiento, aún en el no querer”24... A partir de esta trascendencia
se entiende que el conocimiento sea incluido por el estagirita dentro de
las cosas que son respecto a algo.
21
Aristóteles, Metafísica 13.2.1076b20.
22
Aristóteles, Metafísica 13.2.1077a15.
23
Pedro Gómez Danés, “La Metafísica de Aristóteles” (texto inédito, 2003),
archivo Microsoft Word, 12. Esta obra se encuentra aún en proceso de edición, se ha
programado su impresión para una futura compilación de sus obras completas.
24
Gómez, “La Metafísica de Aristóteles,” 12.

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�Concepto de relación en
Pedro Gómez Danés

También para Hartmann el conocimiento es un acto trascendente,
es decir, “un acto que no se desarrolla sólo en la conciencia...sino que
rebasa la conciencia, saliendo de ella y uniéndola con lo que existe
en sí independientemente de ella”25. Con esta definición de acto
trascendente, se separa del uso común del adjetivo ‘trascendente’ en
filosofía, atribuido a ciertos objetos, con la finalidad de distinguirlos
de los objetos inmanentes. Partiendo del sentido literal de trascendere
(subir más allá), Hartmann apunta que sólo los actos pueden ser
trascendentes o inmanentes, porque “los objetos no remontan ningún
límite; están por anticipado o más allá, o más acá del límite”26, mientras
que los actos tienen que remontar un límite en caso de que el objeto
esté más allá. Aquí, el término límite no es definido por el autor de
manera explícita, lo que resulta problemático para la comprensión del
pasaje. No obstante, es posible desentrañar qué se entiende por dicho
término de una lectura atenta de su definición de acto trascendente. Pero
antes de proceder en tal tarea, es necesario notar algunas características
de la noción de objeto presentes en la cita anterior: objeto es algo sin
movimiento, algo fijo respecto a un límite.
Ahora bien, parece ser que por límite se entiende este punto en donde
lo inmanente y lo trascendente se separan, o sea, el punto que marca el
que un acto se desarrolle sólo en la conciencia, o la rebase, saliendo de
ella. Con esto, el límite viene a identificarse con la conciencia misma.
Resulta claro que los objetos que están fuera de la conciencia sean
incapaces, por sí mismos, de remontar dicho límite, de introducirse en
la conciencia, pues en ellos no hay actividad cognoscitiva, como ya se
dijo. Este mismo razonamiento debería ser válido para los objetos que
se encuentran más acá del límite, es decir, los contenidos de conciencia.
La capacidad de la conciencia para salir de sí misma es, pues, lo que
posibilita el conocimiento.
Para Danés “conocer es un acto de relación y a partir de la existencia,
ya hacia lo propio (conocerme; existo, soy) o hacia lo extraño (hacia
algo diverso del que conoce...”27. Dado que la existencia del ser
humano se da en un modo específico en donde intelecto y voluntad
están presentes, podemos afirmar que “el conocer es un acto propio de

25
26
27

Hartmann, Ontología, 1:183-184.
Hartmann, Ontología, 1:184.
Gómez, “La Metafísica de Aristóteles,” 13-14.

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�Concepto de relación en
Pedro Gómez Danés

existencia”28. No debemos olvidar la doble dimensión del conocimiento
que mencionábamos con anterioridad: al conocer hacemos propia la
existencia de lo conocido y su “qué es”, además, de manera indirecta,
en esa doble dimensión encontramos un autoconocimiento y el
establecimiento de una diferencia con aquello que es conocido. De esto
se sigue que el criterio de verdad por el que opta Gómez Danés sea
el criterio clásico de adecuación entre lo aprendido y el objeto que se
conoce. En este sentido, puesto que el intelecto es capacidad, activa
cuando es hacia el objeto, pasiva cuando se recibe de forma adecuada
el objeto, y toda capacidad es al realizarse, en este caso un realizarse
dirigido hacia la verdad, un conocimiento falso será aquel en el que
no haya adecuación ya sea por alguna anormalidad en la capacidad
sensitiva del sujeto o por alguna interferencia en la percepción.
Aunque Gómez Danés no desarrolla a profundidad una teoría del
conocimiento, proporciona las bases de un realismo que fundamenta
su reflexión metafísica. En los puntos tocados hasta el momento
es todavía necesario caracterizar algunos aspectos. Comencemos,
pues, con la abstracción. Para Danés “abstraer es hacer propio no la
existencia ontológica, sino su manifestación...verdadera conforme a lo
que es”29. En la abstracción, el objeto no se introduce en el intelecto en
su totalidad, sino que se aprehende su esencia y su realidad unitaria,
siendo posible a través de la reflexión, separar sus partes componentes
(materia y forma), puesto que la reflexión no es más que, a partir de lo
hecho propio en el intelecto, establecer relaciones para llegar a verdades
de otro orden. La abstracción es, entonces, la forma de conocimiento
más básica, su medio son los sentidos y se da desde lo externo.
No obstante, Danés señala que aun cuando los sentidos sean el
medio de este conocimiento, no podemos calificarlo de un conocimiento
sensual, es decir, sólo adecuado al sentido; esto sería poner el énfasis
en el sujeto y no en la realidad externa. Este tipo de conocimiento es
más bien esencial, dado que atiende al ser del objeto aprendido. La
verdad, como ya se ha mencionado, es la adecuación entre la realidad
existente y el término intelectivo que de ella surge. En cuanto a dicho
surgimiento, Danés sigue el orden propuesto por la teoría clásica:
impresión sensible, surgimiento del fantasma y, por último, el concepto
o término intelectivo. Con todo, no debemos pasar por alto que el
28
29

Gómez, “La Metafísica de Aristóteles,” 14.
Gómez, “La Metafísica de Aristóteles,” 17.

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�Concepto de relación en
Pedro Gómez Danés

aprender no es sólo intelectivo, sino que se da desde nuestra unidad, ya
sea mecánica o voluntariamente, siendo esta última en donde podemos
hablar de un acto de conocimiento.
Categorías en Aristóteles: entidad y relación
En el apartado anterior vimos en qué sentido considera Gómez Danés
el conocimiento como un acto de relación a partir de la existencia.
Pasemos ahora a reflexionar sobre lo que conocemos de la realidad
partiendo de la noción de categoría en Aristóteles, centrándonos en la
entidad y en la relación. Las categorías representan una aplicación del
concepto de ser analógico aristotélico. Para Aristóteles, dentro de los
múltiples sentidos que puede llegar a tener la expresión ‘lo que es’, por
un lado “significa el qué-es y algo determinado y, de otro, la cualidad, la
cantidad o cualquier otra de las cosas que se predican de este modo”30.
El qué-es se refiere a la entidad, y en este sentido tiene primacía sobre
las demás, pues estas sólo son determinaciones de aquella y ninguna
de ellas es capaz de existir separada de la misma. En Categorías, el
estagirita habla implícitamente de dos niveles: el lógico y el ontológico.
Al primero corresponde aquello que se dice; al segundo, aquello que
existe. Dentro de lo que se dice, hay cosas que se dicen sin combinar,
pero que pueden llegar a combinarse para formar la afirmación, única
a la que puede atribuirse verdad o falsedad. En Categorías 4 1b
encontramos la lista más completa de lo que para Aristóteles son las
cosas que se dicen sin combinar (términos), las cuales pueden significar
“o bien... una entidad, o bien un cuanto, o un cual, o un respecto a
algo, a un donde, o un cuando, o un hallarse situado, o un estar, o un
hacer, o un padecer”31. Como ya habíamos dicho, la entidad o sustancia
individual tiene primacía ontológica sobre las demás, por lo que es
necesario caracterizar a grandes rasgos esta noción.
Aristóteles distingue entre entidad primaria y entidad secundaria.
La entidad primaria es aquella que ni se dice un sujeto, ni está en un
sujeto (hombre individual). Las entidades secundarias son las especies
y los géneros a las que pertenecen las entidades primarias (hombre
individual, especie: hombre, género: animal). Para demostrar que las
entidades primarias son necesarias para la existencia de las demás
30
31

Aristóteles, Metafísica 7.1.1028a10.
Aristóteles, Categorías 4.1b25.

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�Concepto de relación en
Pedro Gómez Danés

cosas, introduce dos nociones que nos remiten a los modos de ser
mencionados anteriormente: decirse de un sujeto (lógico) o estar en un
sujeto (ontológico), “pues todas las demás cosas se dicen de ellas como
de sus sujetos o bien están en ellas como en sus sujetos”32. En cuanto a
las cosas que se dicen de un sujeto, su denominación y definición serán
atribuidas al sujeto. Así, al predicar hombre de un hombre individual,
llamémosle Pedro, la denominación hombre se puede atribuir a Pedro:
Pedro es hombre; también la definición de hombre se puede aplicar
a este hombre individual: Pedro es animal racional. Es claro que
‘decirse de un sujeto’ corresponde a una relación entre términos, en
donde la extensión de uno está contenida en la del otro. Por otro lado,
la denominación de las cosas que están en un sujeto, puede predicarse
en algunos casos del sujeto, mientras que la definición no se predica
nunca. Lo verde está en un cuerpo y su denominación se puede predicar
de dicho cuerpo (el limón es verde), pero la definición de verde nunca
se predicará del cuerpo. Aquí ‘estar en algo’ parece tener el sentido que
veníamos diciendo: lo que se da en una entidad accidentalmente.
Establece Aristóteles un cierto paralelismo entre la especie-género
y entidad primaria-accidente. La especie y el género sostienen una
relación similar a la que la entidad primaria tiene con el accidente
pues, así como aquella subyace a este, así también la especie subyace
al género. De igual forma, los géneros serán predicados de las especies
y no, en sentido contrario. Mostrando así que la especie, al estar más
próxima a la entidad primaria, es más entidad que el género.
Otra característica de la entidad, mencionada por Aristóteles, es la
admisión de contrarios. Al ser numéricamente una e idéntica, es capaz
de admitir contrarios. El hombre individual puede ser blanco o negro,
deshonesto u honesto. Pero esto no significa que la entidad tenga
contrarios pues sería imposible, por ejemplo, encontrar un contrario del
hombre individual.
En cuanto a la relación, en Categorías Aristóteles nos dice: “Se dicen
respecto a algo todas aquella cosas tales que, lo que son exactamente
ellas mismas, se dice que lo son de otras cosas o respecto a otra cosa de
cualquier otra manera”33. Dentro de estas cosas encontramos lo mayor,
lo doble, el estado, la disposición, la sensación, el conocimiento, la
posición. De acuerdo a la definición inicial podemos ver, por ejemplo,
32
33

Aristóteles, Categorías 5.2b4-5.
Aristóteles, Categorías 7.6b1.

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�Concepto de relación en
Pedro Gómez Danés

que lo que es exactamente lo mayor, se dice que los es en comparación
con otra cosa. También, las cosas que son respecto a algo se dicen en
referencia a un recíproco: “el esclavo se llama esclavo del señor y el
señor se llama señor del esclavo...”34 y deben existir simultáneamente,
es decir, que ninguna es causa de la otra, sino que la existencia de una
implica la existencia de la otra, en ambos sentidos: la existencia de
lo doble implica la existencia de la mitad; la de ésta, implica la de lo
doble. La excepción a esto es lo cognoscible, que existe antes que el
conocimiento.
En Metafísica Aristóteles propone tres sentidos en los que se dice
lo relativo: como el múltiplo respecto del submúltiplo y lo que excede
respecto de lo excedido; como lo activo respecto de lo pasivo; como
lo mensurable respecto de la medida. Las relaciones del primer tipo
corresponden a relaciones numéricas, son definidas o indefinidas, ya
sea respecto a la unidad, ya respecto a números determinados. Como
ejemplo el estagirita nos dice que, respecto a la unidad, lo doble es
un número definido y “múltiplo” una relación indefinida. Respecto
a un número determinado, una relación definida se daría en aquello
que contiene dicho número más su mitad; por otro lado, una relación
numérica indefinida se da en aquello que tiene un número determinado
más una fracción cualquiera. En cuanto a lo que excede respecto a lo
excedido la relación también es indefinida, puesto que en lo que excede
encontramos lo excedida más algo más, siendo esto último indefinido.
Hablando de lo relativo en lo activo y lo pasivo, Aristóteles nos dice
que se da en el hecho de que lo que es capaz de actualizar es relativo
a lo que es capaz de ser actualizado; lo mismo sucede al acontecer
la actualización, es decir, lo que está actualizando respecto de lo que
está siendo actualizado. En lo referente a lo mensurable respecto de la
medida, ocurre lo mismo que en el caso del conocimiento expuesto en
el párrafo anterior35.
Ahora pasemos a revisar un pasaje de la Metafísica en donde se
considera a la relación el menor de los accidentes, opinión que también
encontramos en la escolástica:
...lo relativo es, de todas las categorías, la que tiene naturaleza y
entidad en mucho menor grado, y es posterior a la cualidad y la
34
35

Aristóteles, Categorías 7.6b30.
Aristóteles, Metafísica 5.15.1020b25-35.

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�Concepto de relación en
Pedro Gómez Danés

cantidad. Y como se ha dicho, la relación es una afección de la
cantidad, pero no materia, ya que otra cosa es la materia que sirve de
sustrato tanto a lo relativo en general como a sus partes y especies36.
¿Podemos afirmar, a partir de esto, que la relación no es más que un
accidente que recae en la reflexión y que, por tanto, solamente es desde
el sujeto?
Categorías en Gómez Danés: concepto de relación
Para Gómez Danés, “...de lo que acusamos a algo (categorizar), está
encuadrado en modos propios de hablar conociendo”37 y ya hemos
visto en qué sentido se habla de conocimiento: un conocimiento
natural en el que se conoce la existencia y el “qué es”. Cabe aclarar
que la noción intelectiva generada en un acto de conocimiento, difiere
de la expresión lingüística que la representa. Prueba de ello es la
multiplicidad de lenguas y la posibilidad de traducir unas a otras gracias
a que la noción intelectiva es común. En cuanto a estos “modos propios
de hablar conociendo” Danés hace referencia a la gramática clásica,
griega y latina, en la que la utilización de los casos, además de ser un
instrumental para hablar bien, parten de hablar bien en conformidad
con la existencia38. De esta forma, en el caso nominativo, al encontrarse
implicado el sujeto, esto es, aquello que sub-yace, encontramos un
medio para hacer más asequible la necesidad de algo que soporte la
realidad percibida. Además, en la comunicación es importante distinguir
entre lo que “es” y lo que “tiene”, lo que es soportado por la realidad,
de este modo, el accidente no puede ser entidad (substancia individual),
pero puede, de cierto modo, mostrarla.
Para exponer la postura de Gómez Danés respecto a la categoría de
relación es necesario remitirnos a su postura realista caracterizada con
anterioridad. Lo primero que hay que tener en cuenta es la congruencia
entre pensar y existir, pues sin ella puede arribarse a posturas que
coloquen en el sujeto, y no en la realidad misma, el fundamento de
los existentes. “Ser, no es sólo una abstracción de la existencia, sino

36
37
38

Aristóteles, Metafísica 14.1.1088a22-27.
Gómez, “Breve introducción a la Metafísica,” 35.
Gómez, “Breve introducción a la Metafísica,” 15.

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201

�Concepto de relación en
Pedro Gómez Danés

que ser siempre tenemos que admitirlo como ser-siendo”39. Ahora
bien, advertíamos en uno de los apartados anteriores la necesidad de la
unidad para que cualquier forma de conocimiento pueda darse. Hablar
de unidad es hablar de un límite que hace inteligible la realidad y ello
debe entenderse desde el hilemorfismo aristotélico, esto es, como
señala Gómez Danés, que la unidad implica unión de diversos: “no
puede haber unidad en lo igual, sino solamente como conjunción de
diversos que mantienen su diversidad; y la diversidad en el conjunto
no altera la unidad...”40.
Esta diversidad está conformada por la materia y la forma, partiendo
la unidad de esta última, pero siempre en la existencia, es decir, se
habla de unidad desde la forma y con la materia. Cada substancia,
entonces, tiene un principio formal que corresponde a la pregunta por
el que es. Sólo mentalmente es posible separar la forma de la materia,
el compuesto no podría nunca separarse realmente, pues dejaría de
ser lo que es. Gómez Danés se pregunta por la relación entre forma y
materia en la unidad existente y nos dice: “parece que dicha relación
es permanente en lo más específico del ser, desde el mismo momento
de existir, al grado que la unidad existente es lo que señalamos...”41.
Incluso el ser humano, al ser sustancia individual y compuesta, guarda
esta misma relación.
Ya hemos visto que la diferencia entre sustancia y accidente radica
en que estos no son capaces de existencia separada, el accidente
siempre se encuentra en la sustancia, que por sí misma tiene existencia.
Es posible separar los accidentes sólo en el pensamiento, pero no es
posible encontrar por sí solas una cantidad o una cualidad. ¿Cuál es la
problemática en torno a la categoría de relación? Ya hemos dicho que
desde el estagirita la relación es otro de los accidentes de la sustancia,
por ejemplo, la relación entre lo doble y la mitad. No obstante, la relación
no sólo es caracteriza en su accidentalidad, sino que para Aristóteles
tiene naturaleza y entidad en mucho menor grado, siendo posterior a la
cantidad y a la cualidad.
Aunque Gómez Danés acepta que la relación sea un accidente de este
tipo, no acepta que del hecho que sea entidad en menor grado se siga
que es un accidente proporcionado exclusivamente por el sujeto, dado
39

Gómez, “De la relación y de la oración,” 38.

40
41

Gómez, “Breve introducción a la Metafísica,” 25.
Gómez, “De la relación y de la oración,” 42.

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202

�Concepto de relación en
Pedro Gómez Danés

que, aunque sea el caso que provenga del ejercicio de la reflexión, ya se
ha dicho que todo acto de conocimiento está anclado en la existencia.
Pero Danés va más allá al preguntar si es posible hablar de una relación
esencial y no sólo accidental, llegando a afirmar lo siguiente:
Toda substancia sensible constituye un “compuesto” unitario donde
las partes son inteligibles, y así, para la plenitud esencial manifiesta
sensiblemente, podemos hablar de cierta necesidad de presencia en
la unidad de las partes propias de cada substancia; dichas partes están
en relación esencial entre sí, y más cuando la relación es también
desde la razón, pero, en cuanto que siendo necesidad substancial,
(desde su ser esencial; desde el acto y la potencia del existente), hay
una relación esencial, misma que, bajo dicho aspecto, parece ser
concomitante al ser...42.
Para Gómez Danés, lo mencionamos antes, siempre que hablamos,
ser se admite como ser-siendo y en este sentido, cuando percibimos un
objeto existente en sí de manera inmediata percibimos determinaciones
y características de dicho objeto, dentro de las cuales encontramos la
relación. De cualquier ser sensible afirmamos directamente que está en
relación y no sólo accidentalmente. Si bien en los seres sensibles hay
relaciones accidentales percibidas en ellos a través del intelecto, dichas
relaciones están ahí por sí mismas, “son accidentales desde su “modo
de ser así”, pero son esenciales desde el ser, pues parece hay cierta
imposibilidad de no relacionarse con los otros”43.

42
43

Gómez, “De la relación y de la oración,” 55.
Gómez, “De la relación y de la oración,” 55.

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203

�Concepto de relación en
Pedro Gómez Danés

Conclusiones
A lo largo del presente escrito uno de los puntos que hemos querido
resaltar es en qué consiste la postura realista en Aristóteles y Gómez
Danés. Aunque es claro que este último sigue al estagirita en lo
puntos fundamentales, introduce ciertas matizaciones que representan
un manejo interesante de los conceptos aristotélicos, pero que,
sobre todo, responden a problemáticas introducidas por la tradición
filosófica y el estatus de la misma en la sociedad actual. Una de las
cosas de las que increpa Danés a la filosofía es que, al optar por un
racionalismo exacerbado, ciertas corrientes del pensamiento filosófico
se han desligado de la realidad, estando ausentes de la realidad social
y supeditando la vida misma, al pensamiento y a la reflexión. El afán
por un conocimiento puro y la visión del hombre que lo percibe como
un ente racional, deja de lado la concepción del hombre como una
unidad, en donde voluntad, razón y sensación se encuentran unidas. El
constante remarcar la unión entre pensamiento y realidad es un intento
por responder a esta problemática.
El tema antropológico, aunque no se abordó a profundidad, es
tocado por Gómez Danés debido a que cualquier reflexión sobre el
conocimiento, al ser éste un acto humano, requiere abordarlo en su
posibilidad y naturaleza desde lo humano. La obra de este filósofo
regiomontano está en consonancia con esto, pues su reflexión no
se limita al campo de lo metafísico, sino que su obra se extiende a
disciplinas como la ética y la historia, siempre con el énfasis de que
todo conocimiento está en relación con la existencia. Y es precisamente
en una problemática que cuestiona esta relación, en donde se considera
a la categoría el menor de los accidentes por ser aportado desde el
intelecto, que Gómez Danés nos recuerda que si bien los accidentes no
pueden existir fuera de la sustancia, ésta, desde su ser en sí, desde su
unidad y esencialmente, se encuentra en relación.

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204

�Concepto de relación en
Pedro Gómez Danés

Referencias bibliográficas
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1, traducido por Miguel Candel Sanmartín, 21-77. Madrid:
Gredos, 1982.
________________. Metafísica. Traducido por Tomás Calvo
Martínez. Madrid: Gredos, 2014.
________________. Poética. Traducido por Juan David García
Bacca. México: UNAM, 1946.
Avicena. Sobre metafísica: (antología). Traducido por Miguel Cruz
Hernández. España: Revista de Occidente, 1950.
Gómez Danés, Pedro. “Breve introducción a la Metafísica.” Texto
inédito, 2009. Archivo Microsoft Word.
________________. “La Metafísica de Aristóteles.” Texto inédito,
2003. Archivo Microsoft Word.
________________. “De la relación y de la oración.” Texto inédito,
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Hartmann, Nicolai. Ontología. Vol. 1, Fundamentos, traducido por
José Gaos. México: FCE. 1986.

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
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�Cuerpo, técnica y autocomprensión:
la posibilidad de una hermenéutica
queer ante la educastración binarista

Cuerpo, técnica y autocomprensión:

la posibilidad de una hermenéutica queer
ante la educastración binarista

Body, technique and self-comprehension:
the possibility of queer hermeneutics
in the face of binarist educastration

Samy Zacarías Reyes García
Rubén Darío Martínez Ramírez1
Resumen: Se analizará la noción de tecnología contra el sentido de
naturaleza biológica del ser humano para mostrar como los cuerpos
sexuados binarios son una producción técnica naturalizada. Desde ahí,
observaremos que tal producción se consigue desde la educastración
que remite a un tecno-discurso productor de subjetividades. Finalmente,
se realiza un breve apunte sobre la autocobaya como forma de ir más
allá del binarismo y alcanzar la posibilidad de una hermenéutica
queer o lo que es lo mismo, nuevas subjetividades no binarias y
más experimentales y heterogéneas, defendiendo lo queer como una
posibilidad de ser persona y no mera cosa producida por el discurso
social.
Palabras claves: Teoría queer, subjetividades, sexualidad, tecnología,
corporalidades.

1

Estudiantes de Posgrado de la UNAM

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Año 1, N° 2, Julio-Diciembre 2021, pp 71-102

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�Cuerpo, técnica y autocomprensión:
la posibilidad de una hermenéutica
queer ante la educastración binarista

Abstract: The following paper discusses the notion of technology and
its role in the sense of the human’s biological nature, in an attempt
to demonstrate how binary sexed bodies come from a naturalized
technical production. This particular production will be therefore
observed as one of the main outcomes of the so-called educastration, in
which subjectivities are produced by the techno-discourse. Lastly, this
paper presents a reflection on autocobaya as the alternative for going
beyond binarism and reaching the possibility of queer hermeneutics that
provides space for new non-binary subjectivities with wider experience
and heterogeneity; while defending the state of being queer as equal as
being a person and not merely a social discourse product.
Keywords: Queer theory, subjectivities, sexuality, technology,
corporalities.

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�Cuerpo, técnica y autocomprensión:
la posibilidad de una hermenéutica
queer ante la educastración binarista

1. Introducción
Trabajaremos el impacto que produce una ontología binarista que durante
siglos ha producido las subjetividades sexuadas denominadas “hombre”
y “mujer” apelando a ciertas características fisiológicas, psicológicas,
sociales y hasta culturales. Desde este eje temático, señalaremos como
la sociedad ha construido una idea binaria sobre los sexos, pero también
sobre la sexualidad y el modo en que la subjetividad se comprende
a sí misma (hermenéutica de sí), imposibilitando otro modo de
corporalidades y comprensiones del sujeto que atrapan la vida humana
en modelos políticos simplistas. De tal modo, las preguntas que guían
este trabajo son las siguientes: ¿cómo afecta la comprensión binarista
a la vida humana? ¿Es posible alcanzar una nueva interpretación de la
vida humana bajo la teoría queer?
Bajo estas preguntas, analizaremos la concepción binaria y simplista
de la humanidad para alcanzar una propuesta polimorfa y en constante
modificación. Esto nos llevará a señalar que no es adecuado comprender
a la humanidad en dos subjetividades: hombre y mujer, ni mucho menos
en una genitalidad binaria, sino en un entramado de comprensiones que
harán aparecer a cada cuerpo en una complejidad única y análoga a
otros. Bajo esta diversidad y a modo de metáfora funcional e irónica
heredada de Fausto-Sterling y Deleuze-Guattari postularemos que no
hay dos sexos, sino diversos sexos complejos y únicos irreductibles
a una abstracción, lo cual imposibilita pensar modelos ideales de
corporalidades que rigen no sólo la biología clásica, sino también la
vida política de la humanidad y que se construye bajo un discurso
científico y se incorpora a la política a través de la educastración.
Nosotros creemos, en cambio, que cada cuerpo debe ser situado en su
contexto antropológico e individual. Por tanto, intentaremos fracturar
a través del análisis filosófico la idea de una ontología de la diferencia
sexual para alcanzar un análisis más complejo donde apelamos al
mosaico particular de cada persona. Creemos que la teoría queer y una
hermenéutica de sí posibilitan subjetividades no binarias, hipótesis que
nos atrevemos a presentar aquí.
Por último, tenemos que señalar que nuestra intensión no es hacer un
trabajo exhaustivo sobre las teorías queer, sino realizar un análisis sobre
algunos de sus temas y proponer un modo de hermenéutica de sí que
se aparte del binarismo sexual y que permita cierta liberación humana.
Dicho esto, aceptamos que surgirán más preguntas que respuestas y que
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la posibilidad de una hermenéutica
queer ante la educastración binarista

bajo esta situación, esperamos abrir un camino a un debate que hoy en
México y especialmente en Latinoamérica, sigue siendo novedoso y
problemático.
2. Técnica, naturaleza, cuerpo y anormalidad
Nadie, hasta ahora, ha determinado lo que puede un cuerpo
Baruch Spinoza
Hay que saber ordenar, relacionar, señalar, pero también desordenar,
crear y deformar. La humanidad se ha organizado en una división
fisiológica binarista que impide el desorden, el aparecer de nuevos
cuerpos e interpretaciones de sí. La comprensión del cuerpo se reduce
a un par de órganos que regulan de antemano la autocomprensión
del sujeto. Se es hombre o mujer, macho o hembra según los
genitales con los que se nace y que se reducen a dos. Este modo de
proceder genital produce inmediatamente comprensiones del cuerpo2.
Permite, dependiendo del “sexo” del sujeto, conocer sus posibles
comportamientos, espontaneidades fisiológicas y psíquicas (como la
menstruación o la eyaculación, el llanto o la agresividad; la compasión
o la rudeza, etc.). La consciencia de sí está vedada sobre la comprensión
exterior que se hace a favor de una definición binarista. Esto último crea
una semiótica cerrada sobre la sexualidad.
Esta semiótica es una combinación de signos que se unen y se
modifican los unos a los otros intentando pasar desapercibidos y
haciéndose ver como principios naturalizados: sólo hay dos modos
de humanidad: la mujer y el hombre. En este proceso, se lanza una
amplia red de comprensiones que controlan los demás paradigmas
humanos, construyendo lo anormal o no-humano naturalizado.
Creación y regularización de un mundo que nadie conoce totalmente,
pero que se actualiza y réplica en novedosas redes hechas del mismo
fondo. “El significante como redundancia consigo mismo del signo
desterritorializado, mundo fúnebre y de terror” donde hay una
“impresión de eterno retorno”3 que se va revistiendo con el tiempo,
resistiendo su extinción. Es un juego donde lo aparente es modificado
2
Como se verá más adelante, esta cuestión es abordada por múltiples autores,
especialmente la crítica de Foucault en adelante.
3
Gilles Deleuze y Félix Guattari, Mil mesetas, trads. José Vázquez Pérez y
Umbelina Larraceleta (Valencia: Pre-textos, 2020), 151.

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por el fondo sin que este sea tocado. Sin embargo, todo fondo tiene
peligros latentes, cuerpos disidentes, resistencias conscientes. Las mal
nombradas anomalías pueden hacer explotar, desde su propia diferencia
comprendida ya en el régimen, al régimen: lo anómalo es una bomba.
Este régimen de signos es una formalización de los modos de
expresión que son regidos por una comprensión que guarda en el fondo
una significación única o “mismo centro de significancia”4, volviéndose
universal y performativa. Semiótica que siempre alcanza a la carne y
la binariza. La comprensión precede a la existencia. El sujeto es la
condensación de signos o códigos que hacen conexiones con el mundo
preconcebido del cual poco o nada puede escapar, aunque siempre hay
líneas de fuga. Como señala Deleuze: “este es el problema esencial de
la codificación y de la territorialización: siempre codificar los flujos.
Y como medio fundamental marcar a las personas, pues ellas existen
en la intersección en los puntos de corte de los flujos”5. La empresa
será mantener ese régimen sin huecos, confusiones, anormalidades
incontrolables donde se logre colonizar a los cuerpos vivos en cada
nacimiento, produciendo así el binarismo. Por ello Preciado dirá que
“no hay órganos sexuales sino como enclaves coloniales de poder”6. El
destino del sujeto se sujetará a la red que lo posee y construye desde
su genitalidad haciéndolo vivir como hombre o mujer. Y ser hombre o
mujer no estará libre de ser una interpretación subjetiva, pues es exterior
y anterior al sujeto, lo cual no significa que tal proceder sea a priori,
sino una construcción histórica.
Una hermenéutica queer se resiste a mantener este centro de sentido,
tratando a toda costa de no caer en binarismos rígidos y asfixiantes,
de ver y hablar de otra forma. Crear y hablar sobre otros cuerpos
existentes y posibles. Producir el diluvio del régimen actual para hacer
fluir aquello que “chorrea y que arrastra [a] esa sociedad a una especie
de desterritorialización”7 que tendrá que hacer nuevos horizontes.
Hacer una hermenéutica que se abra para múltiples modos de ordenar y
desordenar, de crear y reconstruir al sujeto humano. Una hermenéutica
4
Deleuze y Guattari, Mil mesetas, 151.
5
Gilles Deleuze, Derrames entre el capitalismo y la esquizofrenia (Buenos
Aires: Editorial Cactus, 2005), 19.
6
Paul B. Preciado, Yo soy el monstruo que os habla: Informe para una
academia de psicoanalistas (España: Anagrama, 2020), 48.
7
Deleuze, Derrames, 20.

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de la diferencia, una puesta en escena del poliformismo, un intento de
nueva sensibilidad.
De tal modo, creer que el sujeto se comprende a sí mismo sin una
preconcepción de lo que significa ser ya un ser humano sexuado es
una ingenuidad para nosotros. ¿Pero desde cuándo existe este modo de
comprensión sexuado, pero a la vez tan productor de subjetividades?
¿Cuándo se volvió tan fuerte el régimen actual?
“Esa intervención se ha intensificado progresivamente desde el siglo
XVIII hasta el presente”8 , señala Llamas, no obstante Foucault marcó el
siglo XVII como el tiempo histórico de la represión sexual: “después de
centenas de años de aire libre y libre expresión”9 aparece “un discurso
destinado a decir la verdad sobre el sexo, a modificar su economía en
lo real, a subvenir la ley que lo rige, a cambiar su porvenir”10 haciendo
de la sexualidad un punto central de la vida pública, de las instituciones
y del propio sujeto que se vive a sí mismo. Se da la intensificación de
una intención que busca controlar, modificar y decir la verdad de los
sexos y su relación con los sujetos sexuados. Se crean las narrativas
sobre los comportamientos sexuales, la taxonomía de los criminales
y desviados, así como los dispositivos de control. Para ello, será
necesario que la ciencia justifique las verdades propuestas de los dos
sexos como naturales y evidentes. Carla Lonzi, por ejemplo, dirá en la
segunda mitad del siglo XX que “la diferencia entre mujer y hombre
es la más básica de la humanidad”11, legitimando así una interpretación
binarista incorregible que mantiene una ontología de la diferencia
sexual. A tal evidencia y ontología sexual, se agregará las dicotomías de
Heterosexual - Homosexual, donde lo homosexual se tomará como lo
anormal que debe patologizarse y marcarse como enfermedad contranatura, o peor aún, crimininalidad.
La modernidad, como refiere principalmente Foucault en su obra,
con todas sus instituciones ha reforzado la idea que comprenderse a sí
mismo es hacerlo desde un cuerpo sexuado con cierta sexualidad sana o
enferma. Este momento inaugura las dicotomías binarias donde un lado
8
Ricardo Llamas, Teoría torcida: Prejuicios y discursos en torno a «la
homosexualidad» (España: Siglo XXI, 1998), 1.
9
Michel Foucault, Historia de la sexualidad, trad. Ulises Guiñazú, vol. 1, La
voluntad de saber (México: Siglo XXI, 1991), 12.
10
Foucault, Historia, 1:15.
11
Carla Lonzi, Escupamos sobre Hegel y otros escritos (Madrid: Traficantes de
Sueños, 2018), 26.

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es “correcto” y otro “desviado”; “normal” o “anormal”. Un régimen
de signos, economía de los placeres, persecución de los anormales y
comprensiones de sí y de los otros, es establecido de modo totalizante
sobre Occidente, incluyendo sus “colonias”.
La ciencia se dedicará a encontrar las causas psicofísicas de las
diferencias sexuales para justificar las patologías de los “invertidos”.
En este proceso de cientificación, se alcanzará a decir que el humano es
un animal dismórfico cerebralmente y que los sexos son naturalmente
diferentes. De ahí que Butler diga “la invocación performativa de
un «antes» no histórico se convierte en la premisa fundacional que
asegura una ontología presocial”12 y que debe ser justificada con datos
científicos. Se creerá que nuestro carácter está regido por los órganos
sexuales y que los hombres son más violentos, perversos, pero a
la vez más racionales, en cambio las mujeres son dóciles, ingenuas,
pasionales porque tienen cerebros diferentes. Se dirá que nuestros
cuerpos son radicalmente contrarios, apelando al tamaño de los huesos,
la espalda o la gravedad de la voz. Genitalidad, somatización y cerebros
ontológicamente diferentes, harán una constelación de binarismos que
hacen aparecer al “hombre” y a “la mujer” de lo humano, haciendo al
primero superior en todos los sentidos. Estas ideas no sólo regulan la
vida, sino que incapacitan a los sujetos a comprenderse de otro modo:
el destino está sellado por ciertos órganos.
Contra este avance naturalizante, como recopila Bernini, la teoría
queer permitirá romper a través de la propia ciencia con la interpretación
simplista y biologicista de la vida. El sexo ya no sólo es genitalidad, sino
también hormonas, cromosomas, químicos y un sinfín de relaciones
que impiden a toda costa regularnos en “dos sexos”13. También el
cerebro ha tenido que ser estudiado para desmentir la mitología de su
sexo distintivo14. A la vez, se ha debido investigar el modo en que las
sociedades interpretan al sexo para producir el género y sus roles dentro
12
Judith Butler, El género en disputa: El feminismo y la subversión de la
identidad, trad. Ma. Antonia Muñoz (Barcelona: Paidós, 2007), 48.
13
Lorenzo Bernini, “Ejercicios de crítica queer: ¿cómo funciona la
sexualidad?,” en Las teorías queer: Una introducción, trad. Albert Tola (Barcelona:
Editorial EGALES, 2018), 49-94.
14
Cordelia Fine, Cuestión de sexo, trad. Juan Castilla Plaza (Barcelona: Roca
Editorial, 2011); Daphna Joel et al., “Sex beyond the genitalia: The human brain
mosaic,” PNAS 112, no. 50 (December 2015): 15468-73; Catherine Malabou, “Formas
de destrucción. Sufrimiento cerebral, sufrimiento psíquico y plasticidad,” Liminales.
Escritos sobre psicología y sociedad 1, no. 01 (Abril 2012): 115-126.

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de la sociedad, haciéndolo caer en un heteropatriarcado15. Todos estos
estudios han permitido decir que el “humano” es más bien un mosaico de
combinación y espectros que se relacionan con su biología particular, la
sociedad y el ambiente donde habitan. Como dice Malabou: “un cuerpo
es siempre un dispositivo de transferencia, de circulación, de telepatía
entre una realidad anatómica y una proyección simbólica”16.
Sin embargo, observamos que el binarismo impone sus modelos
y obliga a la carne del sujeto a interpretarse bajo tales concepciones,
desplazando esta idea de mosaico complejo y hasta imposibilitando su
difusión. En ese sentido, tendremos que señalar que dentro de la propia
ciencia hay ya una lucha entre dos paradigmas humanos: el binario
simplista vs el mosaico complejo. El sistema binario, repetimos, no
“halla” sus comprobaciones, sino que las fabrica constantemente en la
intervención de los cuerpos impidiendo nuevas evidencias, haciéndolos
aparecer en su simpleza genital. Es un proceso de construcción social y
naturalizante de modificación constante, de tal modo, “no hay cuerpos
intactos. Cuerpos que sean naturalmente lo que son y cuya identidad
de género no sufra ninguna transformación. Y la frontera entre
transformación y mutilación tal vez no sea tan grande”17.
La humanidad es una técnica de interpretación sobre sí que a través
del discurso se legitima como “natural”, pero esta naturaleza es una
intervención discursiva sobre la biología compleja y polimorfa del ser
humano. Tamsin Spargo, al analizar a Foucault, señalará que “según el
argumento de Foucault, la sexualidad no es una característica natural o
un hecho de la vida humana, sino una categoría construida a partir de
la experiencia, cuyos orígenes son históricos, sociales y culturales más
que biológicos”18.
Ahora bien, los demás cuerpos que no cumplan con los requisitos
esperados para ser llamados humanos y se resisten a ser modificados, en
el sentido de hombre heterosexual blanco, son siempre “la deformación”
del ideal o su aparecer imperfecto, como si de aberraciones contra-natura
se tratase. Pero ha de decirse que el mismo cis-hombre es uno de esos
15
Monique Wittig, El pensamiento heterosexual y otros ensayos, trads. Javier
Sáez y Paco Vidarte (Barcelona: Editorial EGALES, 2006).
16
Catherine Malabou, El placer borrado: clítoris y pensamiento, trad. Horacio
Pons (Adrogué: Ediciones La Cebra, 2021), 115.
17
Malabou, El placer borrado, 93.
18
Tamsin Spargo, Foucault y la teoría queer, trad. Gabriela Ventureira
(Barcelona: Editorial Gedisa, 2004), 20.

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cuerpos imperfectos que es dominado bajo una idealidad demasiado
sofocante, la del Falo productor, activo y dominante. En palabras de
Bruckner y Finkielkraut:
el hombre sufre de la castración, es decir, de la atribución misma del
falo, ya no soporta ese cuerpo diamantino e incorruptible que se le
atribuye, cuerpo sin culo, sin mierda, sin rostro, sin vísceras, pura
palanca eréctil que produce esperma19.
Todos esos cuerpos son “la diferencia” o “márgenes” de un discurso
que los expulsa de la verdad. Mas en el siglo XX habrá una revolución
contra esto, pues se busca una forma de comprender la vida de otro
modo. Habrá que decir con Gide que “no admito más que una cosa en
el mundo que no sea natural: la obra de arte”20. Y como lo natural del
ser humano es hacerse a sí mismo a través de la técnica, no hay nada
en él que no sea natural y a la vez artificio, obra de arte, producción,
deformación, plasticidad.
La naturaleza parecía ser ese espacio de luchas para legitimar una
idea de espontáneo, saludable, adecuado, etcétera. Como vemos en
Gide, los anormales tuvieron que apelar a la naturaleza para legitimarse
y atacar a la “otra naturaleza” aceptada. Sin embargo, desde la teoría
postmoderna, se ha criticado este sentido de que lo natural es indirigible
y modificable por el humano. Ya no se trata de decir que la naturaleza
los hizo así: que se nace transexual, homosexual, mujer u hombre y
que por una “esencia natural” que viene con el nacido, no queda más
que aceptarla. Teorías como el xenofeminismo que se conciben contra
esta comprensión rígida de lo natural proponen que lo humano es la
tecnificación constante de lo dado y que la humanidad siempre ha sido
intervenida. La idea de que “la tecnología es social y la sociedad es
tecnológica”21 impide pensar a una persona no tecnificada. Ya no se
trata de legitimar las desviaciones con la naturaleza dada, sino de ver
cómo las subjetividades son construidas y pueden reconstruirse a través
de múltiples técnicas. No se puede reducir al sujeto a su naturaleza
19
Pascal Bruckner y Alain Finkielkraut, El nuevo desorden amoroso, trad.
Joaquín Jordá (Barcelona: Editorial Anagrama, 1979), 11.
20
André Gide, Corydon, trad. Julio Gómez de la Serna (Madrid: Alianza
Editorial, 1971), 52.
21
Helen Hester, Xenofeminismo: Tecnologías de género y políticas de
reproducción, trad. Hugo Salas (Buenos Aires: Caja Negra, 2018), 23.

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inmediata, pues su cuerpo está cruzado por las técnicas culturales,
médicas, sociales y hasta familiares. Repetimos que “no hay cuerpo
indemne, cuerpo no tocado por los artefactos y prótesis farmacológicas.
En ese sentido, todos los cuerpos, y no solo los de las mujeres, son
frágiles porque son fabricados. Y mutilados”22 .
Así, tal tecnificación tiene en cuenta lo que el cuerpo trae al nacer,
pero no se reduce a ello para intervenir. El xenofeminismo por su
cuenta, acepta la tecnificación contra el discurso naturalizante que la
modernidad construyó para legitimar su poder. Es en ese sentido donde
se inserta el “post-humanismo” que pone en duda la naturaleza rígida.
Esto implicaría dejar que cada sujeto decida sobre sí qué técnicas
desea aplicarse a su naturaleza, aceptando que no hay nada intocable.
Ahora bien, nos mantenemos en cierta distancia sobre este proceso de
tecnificación intensional, puesto que también creemos que no todas las
modificaciones son conscientes, sino que algunas son producidas por
el ambiente azaroso de los otros seres no-humanos y por su habitar
en el mismo planeta (epigenética). Es una producción consciente e
inconsciente, racional y pasional, controlada e incontrolable, pero
siempre modificando eso que llamamos humanidad. Lo humano nunca
es todo lo que vemos, sino las posibilidades infinitas de su cuerpo, su
técnica y el mundo donde habita.
Pero todavía hay una tecnificación sobre los cuerpos que produce
un binarismo falocentrista, donde los homosexuales, transexuales,
transgéneros y demás, deben ser clasificados según este régimen de
signos naturalizado. Así vemos que cuando el homosexual se confiesa
como tal, acepta que en realidad siempre lo ha sido y que ha habido
un acontecimiento que despierta en él “ese deseo dormido” o esa
consciencia sobre sí imposibilitando una homosexualidad espontánea
posterior al nacimiento. A este proceso le seguirá comprenderse como
“homosexual” pasivo – femenino o activo – masculino, según sus rasgos
psicofísicos. Lo mismo sucederá con la homosexualidad femenina.
Pero en este juego, se sumará también el coito como cumplimiento
y revelación del deseo, pues se toma la genitalidad con un trasfondo
reproductivo. No se puede ser ni heterosexual ni homosexual sino está
de por medio el sexo, la penetración, el orgasmo y una naturaleza ya
dada. El régimen binarista se realiza con la naturaleza y debajo de las
sábanas y en la búsqueda de la “pareja” bien delimitable en sus juegos
22

Malabou, El placer borrado, 96.

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y atracciones. Es también una naturalización del amor correcto, binario,
monógamo, fiel y deseoso de una familia. La dinámica de los sexos y
las sexualidades estarán sumidas en su esencialismo biológica y sus
prácticas coitales u orgásmicas permitidas y legitimadas. Todo lo demás
es descontrol, enfermedad, perversión y ocio según vayan dándose los
casos.
A esta cultura del orgasmo, el falo y la monogamia, que siempre
es producción de flujos y placeres para el activo, se opondrá la
contrasexualidad de Preciado y el poliformismo del divertimento
de Bruckner y Finkielkraut, así como de Mieli. Pero habremos de
agregar la anarquía clitoridial de Malabou donde lo que se busca
es una “relación con el poder pero no relación de poder”23. Nuevas
relaciones e interpretaciones producirán también nuevos escenarios
y subjetividades, cerebros y cuerpos no binarios, seres que van más
allá de la dinámica establecida produciendo cambios de flujos, líneas
de fuga, relaciones sexo-afectivas alternas. El miedo de la Norma
hetero-cis-patriarcal es el aparecer de líneas de fuga que no puedan
ser redirigidas a su máquina semiótica.
Una revolución produce errores en el discurso constante. Error en
el discurso que se debe volver carne o carne que se niega a encajar
en el régimen establecido. En este sentido, veremos entonces como
los dispositivos se activarán para hacer encajar a los cuerpos en un
discurso, doblegándolos a realizar actos y situaciones que buscan
producir la binariedad:
El sistema de sexo-género es un sistema de escritura. El cuerpo es
un texto socialmente construido, un archivo orgánico de la historia
de la humanidad como historia de la producción-reproducción
sexual, en la que ciertos códigos se naturalizan, otros quedan
elípticos y otros sistemáticamente eliminados o tachados24.
Sin embargo, siempre habrá cuerpos que se resisten a este tecnodiscurso produciendo la imposibilidad de controlarlo todo; es el
acontecer de aquello que huye del poder asfixiante. Algo desborda
siempre, fuga, escapa, aunque se le haya producido. Así, cuando el
hombre desde su fisiología construye el cuerpo de las mujeres, los
23
Malabou, El placer borrado, 119.
24
Paul B. Preciado, Manifiesto contrasexual, trads. Julio Díaz y Carolina
Meloni (Barcelona: Editorial Anagrama, 2016), 18.

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homosexuales, los transexuales, algo en tales producciones logra
escapar. Pero con el paso del tiempo, parece que los cuerpos han sido
restituidos al sistema y por eso la teoría ha tenido que apelar a lo queer
como lo constantemente huidizo. De tal modo, el sistema intentará a
toda costa resignificar lo que busca escapar; capturarlo o eliminarlo.
Como observa Malabou, este intento de recapturar es el proceso de
interpretar las nuevas evidencias bajo un régimen ya dado:
Se creía, en efecto, que había un solo sexo: los órganos sexuales
femeninos estaban en el interior del cuerpo, los del hombre, en el
exterior. El descubrimiento anatómico más tardío del clítoris no iba
a permitir echar totalmente por tierra con ese esquema25.
Ni siquiera el aparecer de un clítoris fue capaz de romper con esta
comprensión falocéntrica. La técnica de interpretación dirá que el
clítoris no es más que un “pene deteriorado”26 que la naturaleza ha dado
erróneamente. De ese modo, vemos que el problema es cómo podemos
liberar ciertos cuerpos de un régimen totalitario. Para Malabou, como
para nosotros, uno de esos métodos es la filosofía, pues esta “también
esculpe una erótica que permite nuevas conexiones entre energía
espiritual y energía libidinal”27. De ahí la necesidad de la invitación a
leer y a producir nuevos discursos sobre la sexualidad que no sean sólo
para unos cuantos, sino accesibles para todo humano.
Pero nuestro sistema busca cerrarse en sí mismo y legitimarse a sí
mismo sin nada exterior, callando las líneas de fuga. Sin embargo, a
medida que pasa el tiempo, los anómalos son cada vez más y no quieren
callarse. Esto último ha sido el proceso que la vida humana ha tenido
que enfrentar en el siglo actual: ¿qué hacer con tantos cuerpos que se
resisten a ser binarizados y que hacen que los modos de comprender ya
fijados comiencen a flaquear contundentemente? ¿Qué hacer con tantos
cuerpos aberrantes que ya no se pueden controlar ni exterminar? Un
régimen de signo parece agotarse y mostrar que la identidad rígida e
inmodificable no puede ya ser defendida.
No hay identidad pura, sin contacto con el exterior, solitaria y natural.
La propia ciencia que había nacido para legitimar la diferencia extrema
25
26
27

Malabou, El placer borrado, 13.
Malabou, El placer borrado, 13.
Malabou, El placer borrado, 108.

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de las ontologías binarias ya dibujadas desde Grecia y justificada en
la modernidad, tenía que abandonar sus sesgos por la abrumadora
aparición de nuevos datos y subjetividades que contradecían su discurso
legitimador. A esto procederá una lucha política donde los dispositivos
de represión serán activados para defender a el poder tecno-discursivo
anterior. Es un juego de poder entre dos paradigmas altamente diferentes.
Por nuestra parte, vemos que los umbrales o inter-medios son
espacios de creatividad y posibilidades de alcanzar nuevos modos de
comprender lo humano no como abstracción, sino como aquello que
concretamente huye de las categorías duras o cerradas y que permite
auto-crearse más allá de lo dado. Lo dado no es el destino, sino el campo
de intervención para la producción de nuevos modos de vivir que el
sujeto decide sobre sí. Un intersexual, dentro de una hermenéutica
queer, no puede ser mutilado para “remodelar un cuerpo sexualmente
ambiguo conforme a nuestro sistema de dos sexos”28, pero sobre todo
ningún cuerpo puede ser educastrado para producir el binarismo, pues
esto atentaría contra su sensibilidad y posibilidad de novedad. Nosotros
exigimos el nacimiento de nuevos cuerpos como mosaicos únicos y
análogos entre sí que no puedan ser reducidos a un binarismo sexual.
Habrá igual que decir que no sólo creemos en la intersexualidad
“genuina” o física, sino también profunda. Si no hay ya cerebros
sexuados ni dos sexos simples, entonces el humano siempre está en
la posibilidad de aceptar su transexualidad latente y ejercerla. “En
general, se denominan transexuales a todos los adultos que viven
conscientemente su propio hermafroditismo y que reconocen en
sí mismos, en su propio cuerpo y en su mente, la presencia del otro
sexo”29, pero no se tratará de “dos sexos” como creía Mieli, sino de
múltiples formas de construir la sexualidad, el cuerpo y la subjetividad.
La transexualidad es la posibilidad de abandonar el binarismo sexual,
transitar a otra sexualidad y corporalidad. Para ello, no es necesario
apelar a la medicación, puesto que también hay miles de formas de
hacer aparecer al hermafrodita profundo, como es la propia filosofía.
Tampoco se trata de obligar a nadie a las hormonas o a las operaciones
quirúrgicas, sino a la creación de nuevas prácticas y cuerpos diferentes
28
Anne Fausto-Sterling, Cuerpos sexuados. La política de género y la
construcción de la sexualidad, trad. Ambrosio García Leal (Barcelona: Editorial
Melusina, 2006), 105.
29
Mario Mieli, Elementos de crítica homosexual, trad. Joaquín Jordá
(Barcelona: Editorial Anagrama, 1979), 26. Las cursivas son de Mieli.

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de modo consciente y libre.
Aceptamos que la vida queer sigue siendo hoy minoritaria dado
que no tiene una fuerza generalizable y en tanto que la humanidad no se
considera a sí misma tecnología cultural y educastrados, hermafroditas
frustrados. Nos corresponde analizar a la educastración, concepto clave
de Mieli, como ese proceso donde cierta pedagogía binarista mutila y
educa al humano para producir al hombre y a la mujer negando a toda
costa los intermedios, los flujos disidentes, la explosión de los sexos en
millones de sexualidades y diferencias.
3. La educastración o el binarismo interiorizado a través de la
educación

¿Qué nos dice esta fotografía?30 Según interpretaciones comunes habría
que suponer que 1. El personaje del lado izquierdo es un “hombre”
porque tiene “gran espalda”, porque es “más alto”; 2. Que el personaje
del lado derecho es femenino; 3. Ambos personajes son humanos. Este
modo simple de interpretar es algo inmediato, inconsciente, adquirido
a través de una educación binarista que ayuda a comprender los objetos
30
Laurence Anyways, dirigido por Xavier Dolan (Canadá: Lyla Films, MK2,
2012), https://mubi.com/films/laurence-anyways.

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del mundo. Los grados de referencialidad permiten establecer un modo
de comprender sin esfuerzo alguno. El ser humano se acostumbra a
mirar y a mirarse bajo ciertas categorías, haciendo que dos cuerpos
de espalda puedan ser interpretados bajo un binarismo sexual. En ese
sentido, el aprendizaje se vuelve repetitivo y mecánico, re-producción
de lo ya dicho sin cuestionamiento. Deleuze, al analizar a Proust, decía
que:
aprender concierne esencialmente a los signos. Los signos son
el objeto de un aprendizaje temporal y no de un saber abstracto.
Aprender es, en primer lugar, considerar una materia, un objeto, un
ser, como si emitieran signos por descifrar, por interpretar. No hay
aprendiz que no sea «egiptólogo» de algo. No se llega a carpintero
más que haciéndose sensible a los signos del bosque, no se llega a
médico más que haciéndose sensible a los signos de la enfermedad.
La vocación es siempre predestinación con relación a signos31.
Esta idea se repite en Mil Mesetas donde dirá que “el lenguaje ni
siquiera está hecho para que se crea en él, sino para obedecer y hacer
que se obedezca”32. Lo humano es una vocación aprendida. Esto quiere
decir que, como el médico o el zapatero, el humano no está dado, sino
que aprende a serse a sí mismo. Y esto lo vive bajo sus dos modalidades:
hombre o mujer. De ese modo no se nace humano, se llega a serlo.
Ser humano significa aprender a interpretar al mundo de una forma
específica, profesionalizarse. A través de esa técnica que la sociedad
impone sobre sí misma, también la sexualidad se vería “aprendida” antes
que sentida y vivida recreativamente. Como señala Butler “ese lenguaje
articula el mundo al eliminar significados múltiples”33 impidiendo
así una función poética que produce nuevos significados, pues esta
tiene “tendencia a fragmentar y multiplicar significados; manifiesta
la heterogeneidad de los impulsos a través de la multiplicación y la
destrucción de la significación unívoca”34. Hay un lenguaje restrictivo,
pero a la vez represivo que obliga a los cuerpos a moldearse a él sin
posibilidad de producir nuevos significados.
31
Gilles Deleuze, Proust y los signos, trad. Francisco Monge (Barcelona:
Editorial Anagrama, 1972), 12
32
Deleuze y Guattari, Mil mesetas, 103.
33
Butler, El género en disputa, 173.
34
Butler, El género en disputa, 177.

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Este aprendizaje, como señala Mieli, está ya diseñado para ser
aprendido a toda costa en todos lados:
El ambiente en que vivimos (en primer lugar la familia, célula
del tejido social) es heterosexual: como tal obliga al niño,
culpabilizándolo, a renunciar a las satisfacción de los propios
deseos auto y homoeróticos y le lleva a identificarse con un modelo
monosexual de tipo heterosexual mutilado35.
También Hocquenghem afirma que “desde la infancia, el deseo
homosexual es eliminado socialmente por una serie de mecanismos
familiares y educativos”36. Esto quiere decir que el niño es supervisado,
reprimido y educado sobre sus deseos desviados, más allá de que algún
día estos deseos se mantengan y no quede otra que aceptarlos. Rochefort
verá que esta educación es impuesta en la infancia, justamente porque
ahí el niño no tiene modos de defenderse ni de interpretarse a sí mismo,
sino que está de algún modo u otro, bajo el cuidado de los otros:
La operación consiste en saltarle al cuello ya cuando llega,
aprovechando que no puede defenderse, enseñándole que tiene que
vérselas con alguien más fuerte que él, inmovilizándole, aislándole,
y haciéndole comprender que su vida depende de una voluntad
exterior con la que es mejor estar en buenas relaciones37.
Como estudia Schérer, esta tutela y cuidado excesivo es aprendido
a través de la instauración de la pedagogía de Rousseau donde el niño
debe ser vigilado y corregido a toda costa, impidiendo así sus impulsos
“perversos” integrados a él38. El niño no puede auto-interpretarse
libremente, sino que debe aprender el régimen de signos que le revelará
quién debe ser y qué es en realidad: esto lo consigue a través de la
familia y la escuela principalmente. Debe regirse no a su poética, sino
al lenguaje duro de la sociedad heterosexual que lo rodea. La carne del
35
Mieli, Elementos, 23.
36
Guy Hocquenghem, El deseo homosexual, trad. Geoffroy Huard de la Marre
(Barcelona: Editorial Melusina, 2009), 21.
37
Christiane Rochefort, Los niños primero, trad. Angels Martínez Castells
(Barcelona: Editorial Anagrama, 1982), 14.
38
René Schérer, La pedagogía pervertida, trad. Jerónimo Juan Mejía
(Barcelona: Laertes, 1983), 21.

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infante forma las piezas para producir un cuerpo humano heterosexual
sano. Así, la máquina de producción humanista es la castración de las
posibilidades poéticas del niño desde el lenguaje hasta en su cuerpo.
Nada puede ser reinterpretado, todo ya está dicho. En ese sentido,
la “pedagogía” se muestra como un proceso de asesinato de sí para
la producción de un yo-significado dentro de cierta sociedad. De tal
modo, todo lo que no sea heterosexual, debe tratarse con menosprecio
y olvido, pero también con represión y vigilancia constante. El niño
no puede auto-explorarse sin que se disparen las alertas familiares y
sociales que deben corregir su comportamiento.
La infancia es la etapa donde se debe curar algo que viene consigo
mismo que impide ser “verdaderamente”. Es una castración lenta y
minuciosa. Y el proceso será diferente según el sexo. Se dirá que la
mujer es débil y que tiene más capacidad de empatía y cuidado, por
lo que se le educará bajo la premisa de que su lugar en el mundo es
de cuidadora; al hombre, en cambio, al productor activo y racional,
por lo que se le permitirá ser más independiente. En el infante, como
cuerpo no educastrado, la poética o la perversión es latente todavía:
puede curvar el destino humano más allá de los roles y sexos, pero no
tiene las fuerzas suficientes para hacerlo.
Mieli nos recordará que “según Freud, el niño está
«constitucionalmente calificado» al polimorfismo «perverso»: todas
las llamadas «perversiones» forman parte de la sexualidad infantil
(sadismo, masoquismo, coprofilia, exhibicionismo, voyeurismo,
homosexualidad, etc.)”39. Esta perversión natural debe ser extirpada
más temprano que tarde, o el infante crecerá siendo un anormal y
no habrá vuelta atrás: podrá pervertir el sistema siendo adulto. La
pedagogía es la ciencia de la castración donde el infante, sin darse
cuenta en la mayoría de los casos, es guiado a la correcta humanidad
heterosexual y monosexual.
El proceso es sencillo: interiorizar a diestra y siniestra que hay un
cuerpo sano y una sexualidad correcta. Para ello, será necesario un
bombardeo de contenido para educar al infante y que este adquiera la
sumisión y el silencio: “así, desde la más tierna edad se les acostumbra
a tragar, a esperar desde fuera su salud, privados de su defensa naturales
y habiendo olvidado que su cuerpo, y su espíritu, les pertenece”40. De
39
40

Mieli, Elementos, 22.
Rochefort, Los niños primeros, 121.

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ahí verá también Rochefort como los juguetes, los objetos, tendrán su
papel en la educación: “en la primera línea de las armas de persuasión
están los juguetes”41. Lentamente, se vuelve dependiente e interioriza
el horror a la homosexualidad y acepta la heterosexualidad como sana,
pero también adquiere el régimen binario de su sexo: sabe que es niño/a,
su cerebro se plastifica de ese modo. Rochefort, como adelantada 50
años, decía que “la represión sexual produce daños considerables en el
organismo, incluido el cerebro”42. Pero no basta sólo con algo social,
también interioriza dentro de su cuerpo ciertas zonas de placer; en
el caso de la niña, se le enseñará no el placer, sino la reproducción y
su rol de pasividad o de espera al otro en la sexualidad, el niño, a un
placer redirigido a la mujer y a sí mismo, pero nunca a otros varones.
El cuerpo va siendo aprehendido bajo un régimen que imposibilita la
autoexploración y el disfrute o disgusto propio. Se le ordena su cuerpo,
su vida y sus posibilidades exigiendo cumplir con todo ello. Nada
queda afuera.
Cuando es adulto no solo temerá a la perversión en sí mismo, sino
que será perseguido cruelmente. Aún hoy las palizas y asesinatos a
homosexuales, transexuales y disidentes son noticias diarias. Por ello,
Preciado dirá “no es la transexualidad lo que es temible y peligroso,
sino el régimen de la diferencia sexual”43 y, por su parte, Mieli que “en
las escuelas, en los hospitales, en las cárceles, en los cuarteles, si un
homosexual es descubierto o, simplemente, se sospecha que lo es, es
aislado, insultado, segregado e incluso golpeado por sus «superiores»
y sus «compañeros»”44. Todo disidente sexo-genérico todavía hoy
lleva en su memoria la historia de la discriminación. Si el niño logra
mantener sus deseos “perversos” corregidos por la familia y la escuela,
prontamente se tendrá que enfrentar con la violencia social.
Con el tiempo, lo que ha sucedido es que nos han creado pequeños
guetos donde vivir nosotros los anormales. Pero no se trata de eso, se
trata más bien de liberar el deseo polimorfo en todos, de comprender a la
humanidad más allá de las esencias sexuales en la posibilidad de siempre
permitir fluir en lo “homosexual, transexual, polimorfo”. Permitir que
desde la infancia se ejerza, con cuidado y no con represión o violencia,
41
42
43
44

Rochefort, Los niños primeros, 83.
Rochefort, Los niños primeros, 83.
Preciado, Yo soy el monstruo, 53.
Mieli, Elementos, 119.

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la poética de la diferencia, la creación de nuevas subjetividades y
pequeñas constelaciones de signos:
La lucha homosexual revolucionaria —dice Mieli— no tiene por
objetivo la conquista de la tolerancia social para los gay, sino la
liberación del deseo homoerótico en todo ser humano: mientras
existan personas “normales” que “acepten” a los homosexuales, la
especie no habrá reconocido el propio deseo homosexual profundo,
no se habrá dado cuenta de su presencia universal y sufrirá
irremediablemente las consecuencias de un rechazo que es presión45.
La educastración es el proceso donde cada ser humano alcanza un
repudio a los anormales y se acepta, si bien le va en el camino de la vida,
como “humano normal”. La heterosexualidad y la homosexualidad
exclusivas es la producción del binarismo “normal” - “anormal”; el
polimorfismo, es decir, poder ir de lado a lado como de la mujer al
hombre, posibilita la destrucción de esta Norma excluyente y represiva.
Para esto, no sólo se necesita remodelar los modos en que se educa a los
niños sobre su sexualidad, sino también los escenarios sociopolíticos
donde todos vivimos. No basta una familia “abierta” cuando hay una
sociedad binarista afuera. De hecho, no basta con “una familia abierta”,
si esta se centra en únicamente presentar al niño el modelo heterosexual
sin oportunidad de ver nuevas representaciones. Esto no quiere decir que
se obligará a alguien a ser no-heterosexual, sino que se abrirán líneas
de fugas y se crearán nuevas imágenes que permitan ampliar la visión
normativa a otros espacios posibles que el niño, cuando pueda elegir
conscientemente, elija. Por ello, la insistencia de los teóricos queer de
hacer aparecer personas disidentes en los medios de entretenimiento y
comunicación. Sin visibilización el destino queer está muerto, el infante
seguirá dentro del binarismo de siempre.
Pero aún hay esperanza. A pesar de que los grupos conservadores
siguen creyendo que sus hijos son cosas; pequeños muñecos que ellos
visten y hacen hablar como ventrílocuos, cada vez más la sociedad ha
decidido escuchar al niño y sus deseos. Un avance en esa materia ha
sido la defensa a la infancia trans que permite que el niño decida como
representarse a sí mismo46 dentro del binario. Sin embargo, nosotros
45
Mieli, Elementos, 99.
46
En ese sentido, véase el trabajo de Siobhan F. Guerrero Mc Manus y Leah D.
Muñoz Contreras, “Epistemologías transfeministas e identidad de género en la infancia:

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creemos que no basta con ello, sino que es necesario que el niño aprenda
a ir más lejos, a que pueda modificar su cuerpo para adquirir el sexo que
le gustaría ser, pero que también pueda decidir ser no-binarie e ir más
allá de esas relaciones binarias y sexuadas impuestas. El sujeto queer
está embrionario en cada infante, es su posibilidad de liberación.
Si el humano es polimorfo, será necesario crear y ser representaciones
socioculturales que presenten esa posibilidad de bailar siempre entre
las máscaras. Una de esas bellas representaciones es Orlando de
Virginia Woolf, donde el personaje alcanza una metamorfosis en
distintos momentos en el que su sexo y apariencia van transmutando,
pero también el de sus cercanos. Orlando produce, como Laurence de
Dolan, que el polimorfismo no sea sólo en sí mismo, sino también en
los otros. Es el contagio de la autoexploración y transformación de sí
por una incitación del otro que se muestra metamórfico ante el mundo.
Coloquemos aquí un pasaje de Orlando:
La archiduquesa (que en el futuro será conocida como el Archiduque)
contó su historia… que era un hombre y siempre lo había sido; que
habiendo visto un retrato de Orlando se había enamorado de él sin
esperanza alguna; que, para conseguir su objetivo, se había vestido
como una mujer y se había albergado donde el panadero [...]. Porque
para él, dijo el Archiduque Harry, ella era y sería para siempre el
Primor, la Perla, la Perfección de su sexo. [...] “Si esto es amor”, se
dijo Orlando a sí misma, mirando al Archiduque al otro extremo del
guardafuegos, y ahora desde el punto de vista de una mujer, «hay en
él algo altamente ridículo»47 .
¿Cuál es esa “perfección del sexo de Orlando”? En verdad Orlando
es perfecto en su sexo, pero no es el de una mujer, ni mucho menos el de
un Varón. Como Laurence, mariposea de lado a lado, va de flor en flor,
y se transforma en cada encuentro. Es un sujeto situado y poético, más
que rígido y abstracto. Orlando ha desordenado los signos, ha rehusado
poéticamente a la educastración y deviene-queer. Si las feministas
daban un gran aplauso a Woolf, les queeristas no les queda más que
agradecer el aparecimiento de Orlando, una de las representaciones
del esencialismo al sujeto del saber,” Estudios de Género de El Colegio de México 4
(Mayo 2018): 1-31, https://doi.org/10.24201/eg.v4i0.168.
47
Virginia Woolf, Orlando, trad. Enrique Ortenbach (México: Lumen, 1993),
132.

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más bellas del polimorfismo. 1928 es el año de la publicación de esta
novela y nadie se atrevió a llamar a Woolf una depravada, ¿por qué
hoy, en cambio, nos negamos a la experimentación del cuerpo más allá
del binarismo sexo-genérico? Un camino de autocobaya, como plantea
Preciado, está por abrirse ante nosotros ¿Estaremos dispuestos a usar
nuestro cuerpo como objeto de experimentación para negarnos a la
educastración interiorizada?
4. Autocobaya, construcción y fluidez de la identidad
Queda claro que a lo largo de la vida de cada individuo el cuerpo se
encuentra sometido y vigilado por una amplia estructura hetero-cispatriarcal que establece los modos de ser con relación a binarismos
legitimados. Se nos indica qué usar, cómo comportarnos, ciertas normas
y roles de género que seguir y a qué atenernos en caso de violar estos
preceptos. Sin embargo, con frecuencia los individuos van cuestionando
estos mecanismos de educastración. De forma fáctica, pensemos en
que muchas de las personas no heterosexuales durante su infancia, a
escondidas, buscan el maquillaje de sus madres o los juguetes de sus
hermanos, sus hermanas, sus otros familiares, etc. con el fin de sentirse
en el otro género. El infante es el primero, en lo oscuro cuando logra
salir del panóptico de la familia, de ir contra esta educación.
La experimentación de nuestros cuerpos ocurre de forma inmediata
desde que tenemos consciencia de ello. Vamos dando cuenta del tamaño
de todo lo que nos compone, y en etapas de adolescencia se suscitaron
varios cambios que hacen aún más cuestionarnos nuestra composición
corporal. El vello brota de nuestros genitales, rostro y axilas de una
manera que desconocemos ocasionando en algunos cierta sorpresa
o pavor. Por otro lado, también es un periodo en el que descubrimos
nuevos fluidos que salen de nuestro cuerpo, la masturbación acompañada
del deseo erótico se presenta como algo nuevo que explorar, así como
la vergüenza de la primera menstruación que las niñas han de vivir
mayormente en silencio. Lo que queremos decir es que aún con ciertos
parámetros que se nos ha indicado obedecer, la autoexploración no
es del todo aniquilada. Algo queda en nosotros, la carne se niega a
someterse completamente. La autoexploración es una práctica común
de todo individuo que le permite liberarse de los otros.
Aunque este autoreconocimiento del cuerpo es algo habitual,
pretender la modificación de este entra en contradicción y disputa con
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la estructura binarista que impera. Esto no sería un problema si cada
individuo pudiera hacer y modificar su cuerpo de acuerdo con su deseo.
Como vimos anteriormente, esta batalla se regirá entre los cuerpos que
resisten al sometimiento y las instituciones que buscan controlar la vida.
Las modificaciones que el sujeto quiera hacer sobre sí no son del todo
libres, sino que deben ser “supervisadas”, en caso de ser aceptadas, por
dispositivos muchas veces igual de paternalistas. Modificar el cuerpo
por cuenta propia resulta una ofensiva contra la Autoridad organizadora.
Por lo tanto, es este uno de los primeros lugares de resistencia frente a
los esquemas binaristas de reproducción de las subjetividades; el sujeto
decide para sí lo que quiere de sí sin preguntar y defendiendo su postura.
A este proceso de prueba y rehacer corporal Preciado denomina
“principio autocobaya”48. En este sentido, el autor contempla que
la ingesta de fármacos (como las hormonas) posibilitan cambios
sustanciales en la conformación de nuestros cuerpos. Aun cuando el
uso de estas sustancias se encuentra sujetas al aparato jurídico y médico
de los países49, las personas se ven impulsadas a recurrir a prácticas
gender-copyleft en el que de manera ilegal, frente a instituciones
que sólo permiten su uso siempre y cuando el sistema hetero-cispatriarcal no se vea vulnerado, buscan la transformación de su cuerpo
siguiendo sus propias aspiraciones. Se busca la modificación corporal
independientemente de una aceptación del Estado. Como refiere
Preciado, este tipo de prácticas constituyen:
[...] una micropolítica de células que, más allá de las políticas
de representación, busca puntos de fuga frente al control estatal
de flujos (hormonas, esperma, sangre, órganos, etc.) y códigos
(imágenes, nombres, etc.) y la privatización y mercantilización por
las multinacionales farmacopornográficas de estas tecnologías de
producción y modificación del género y el sexo50.
Si bien no todas las personas aspiran a realizar cambios sustanciales
en sus organismos, tampoco se les permite explorar con ello. Incluso
si pensamos en pequeñas alteraciones como usar un arete o explorar
prácticas sexuales “diferentes”, las alertas se disparan, ya sin mencionar
48
Paul B. Preciado, Testo Yonqui. Sexo, drogas y biopolítica (Barcelona:
Anagrama, 2020), 256.
49
Preciado, Testo, 257.
50
Preciado, Testo, 290-1.

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las posibilidades penales de ciertos ejercicios, como el aborto que en
muchos países sigue siendo perseguido. A esta restricción, habrá que
sumarle también la concentración de la farmacia sobre nosotros sin
posibilidad de negarnos. Todo cuerpo está siendo modificado por la
medicina, la cultura, el sistema judicial y penal, por lo que el principio
autocobaya51 respalda la autoexperimentación de nuestros organismos
fuera de cualquier intento de imposición; se vuelve la apertura consciente
de prácticas disidentes, pero también la puesta en escena seductora de
las mismas a través de la intervención de los medios y la cultura de
modo consciente y no impuesto.
La educastración no logra inhibir la curiosidad de cada cuerpo
ante la posibilidad de modificarse a sí mismo, yendo contra un
condicionamiento de las expresiones corporales desde el binarismo.
Desde un pensamiento o vida devenir-queer, planteamos que cada
cuerpo tiene la libertad de modificarlo acorde a sus propios deseos
siempre y cuando no dañe a otros, educastre a los demás. Pese a que
esto no es del todo posible de realizar, su práctica nos permitirá alcanzar
un desenvolvimiento individual de nuestras corporalidades llegando así
un modo de ser persona más allá del régimen de signos en el que se
habita. La autocobaya nos invita a interactuar con nuestros organismos
más allá del ser y el deber ser que se nos impone. Es la plasticidad
consciente de nuestra subjetividad, un trabajo sobre nosotros creativo
y libre.
A pesar de lo dicho anteriormente, reconocemos que la forma de
contradecir y repeler el embate de la heterocisnorma es a través de una
reprogramación del género: prácticas opuestas a las que se nos somete
a cumplir según nuestra genitalidad. Como señala Preciado:
se trata de dejar de hacer aquello que tu género prescribe, de
abandonar, por ejemplo, los espacios de la victimización, del cuidado,
de la dulzura, de la seducción, de la disponibilidad, de la escucha
51
Preciado considera este principio autocobaya en dos sentidos: i) por un
lado, como la experimentación de los cuerpos en cuanto a la generación de nuevas
subjetividades corporales de cada sujeto; y por otro lado, ii) la autoexperimentación
como práctica que permite la generación de nuevo conocimiento desde el mismo sujeto
que investiga o estudia en el ámbito académico/científico. En este trabajo, nos interesa
señalar el primer aspecto en relación con la modificación del cuerpo de cada individuo
de acuerdo con sus predilecciones. Para revisar un poco más sobre el tema, véase
Preciado, Testo, 256-265.

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para los que las cismujeres hemos sido farmacopornográficamente
programadas desde la infancia52.
Esta ofensiva no sólo va encaminada hacia nuestro comportamiento,
sino también en la manera en que nuestro cuerpo puede irse constituyendo
y liberándose de tal programación. Además de que el punto aquí no
es sólo el cuestionamiento y el intercambio al género opuesto, sino lo
que significa pensarse fuera de estos binarismos, de alcanzar un punto
donde ya no se comprenda binariamente, sino polimorfamente. Para
ello vemos necesario, en el binarismo, tener que experimentarse desde
“el otro cuerpo”, como lo hace Orlando el personaje de Woolf.
Por tanto, un cuerpo queer se despliega a lo largo de su vida
emancipándose de cualquier categoría de género, sexo y sexualidad
que se pretenda imponer. La reprogramación del género permite a los
individuos participar desde otro aspecto del cual no habían sido parte,
y a partir de ahí elegir qué atributos tomar y descartar sin imponer sus
gustos a los otros. Esto permitirá romper la fabricación de muñecos
binarios que no permiten la multiplicidad de cuerpos amorfos.
Donna Haraway cuando habla de lo cyborg lo realiza desde una
postura crítica del feminismo, y si bien su fin no era pensar lo queer,
consideramos que este mismo concepto se emparenta con una idea de
cuerpo queer en cuanto a que lo cyborg hace difusa las fronteras entre
una gran cantidad de dicotomías (natural/artificial, máquina/organismo,
entre otros)53 permitiendo así pensar mundos y nuevos cuerpos posibles
y deseados fuera de cualquier atadura. Con lo cyborg el sentido
identitario y rígido es borrado; la identidad se da siempre de forma
parcial54 y modificable. Concibiendo esto como algo que se encuentra
en un constante hacer, nunca hay una materialización absoluta de
los cuerpos. Por consiguiente, un cuerpo cyborg, haciendo uso de la
tecnología desarrollada hasta ahora (como los anteojos y los fármacos),
desborda ideas de cuerpos “puros” y rígidos a ciertos parámetros como
los del hetero-cis-patriarcado.
Una hermenéutica queer imposibilitaría una interpretación de los
cuerpos de modo rígido, una naturaleza dada y asfixiante o un discurso
que trata de regir, silenciar y perseguir los cuerpos y existencias que
52
Preciado, Testo, 278.
53
Donna J. Haraway, Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la
naturaleza, trad. Manuel Talens (Madrid: Ediciones Cátedra, 1995), 253.
54
Haraway, Ciencia, cyborgs y mujeres, 309.

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decidan sobre sí, y con los otros que también deciden sobre sí, cómo
vivirse y cuidarse a sí mismos. El régimen de signos hetero-cis-patriarcal,
por tanto, no puede interpretar esta nueva comprensión de la vida, por
lo que nos encontramos en la decisión de una toma de posiciones donde
debemos elegir si queremos seguir defendiendo la cultura identitaria o
permitir la autocobaya fluida y constante de la vida humana.
5. Conclusiones: hacia una Hermenéutica queer
Nadie que haya leído las teorías queer puede decir que buscamos el
exterminio de sujetos de carne y huesos. Lo que se busca, en primera
instancia, es mostrar cómo cierta comprensión ha atrapado la carne de
cada sujeto en categorías específicas que tienen ya una carga dentro de
una red de signos, siendo las dos más importantes la de “hombre” y
“mujer”. En segunda instancia, producir creativamente nuevos modos
de comprensión que desborden al anterior, es decir, un pragmatismo
lingüístico55. A diferencia de lo que podría creer Butler cuando dice que
Wittig crea sólo un “nuevo género”56, como si de algún modo replicamos
las técnicas del régimen actual para transformarlo en nuevas máscaras
que en el fondo soportan lo mismo, quienes escribimos este ensayo
consideramos la posibilidad de alcanzar nuevos modos de expresión
sin recurrir a un único fondo: el de la construcción radical de diversos
cuerpos. La instauración del lenguaje poético y de ciertos momentos
de agenciamiento colectivo finito, pero no eterno. Contra la semiótica
universal, la poética concreta.
La estética Queer nacida en el siglo pasado produjo una especie de
confusión al mirar un cuerpo, haciendo que las categorías de siempre
fueran neutralizadas. Prueba de ello no son las drag queen en general,
sino el drag del Club Kids en particular. Fue necesario que un grupo de
sujetos hicieran que la semiótica heterosexual perdiera su peso a través
del juego del drag donde el polimorfismo, la diversidad, la anulación
del binarismo y la posibilidad de crear nuevos modos de expresión
a través de una estética concreta, hiciese explotar radicalmente
la comprensión de lo humano sexuado. A esto nos referimos con
agenciamiento colectivo finito. Los signos habían sido intervenidos al
grado de producir no un nuevo sujeto o un nuevo género, sino múltiples
55
56

Deleuze y Guattari, Mil mesetas, 149.
Butler, El género en disputa, 242.

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�Cuerpo, técnica y autocomprensión:
la posibilidad de una hermenéutica
queer ante la educastración binarista

sexos y sujetos que se comprenden entre sí intercambiando códigos y
nuevos lenguajes; múltiples personas que crean su poética concretay
compartida; líneas de fugas, espacios alternativos, lugares para el
disfrute y la experimentación.
De la estética del Club Kids y el Punk del siglo XX, último del cual
Preciado ve el nacimiento de un nuevo modo de pensar, el queerismo
es deudor. De ahí que no se trataba de lo que De Lauretis, Butler o
la misma Wittig dijesen en salones universitarios, sino de cuerpos
aberrantes reales en medio de la cultura popular que hacían explotar
pragmáticamente la comprensión pasada. Antes de las prácticas
contrasexuales de Preciado, ya existía Genet o Lemebel y otra horda
de cuerpos desconocidos por la historia. Una autora inexplorada para
la teoría queer y antes que Deleuze y Guattari teorizaron las minorías,
decía que estas últimas logran despertarse para despertar a los otros y
modificar las actuaciones tradicionales57. Las pequeñas minorías son
creativas, porque se ven en la necesidad de sentirse a sí mismas fuera
de las clases dirigentes y su red de signos sofocante. En ellas está la
posibilidad de sentirse “como persona y no como simple instrumento
de producción”58. Sentirse persona: ser diferente y al mismo tiempo,
conectado con los otros; soledad y comunión, autocobaya y acuerdos.
La persona se reconstruye todo el tiempo, pues siempre está en relación
con los otros para modificarse y modificar.
La teoría queer no necesita juegos de poder o jefes de Estados.
Como ve Malabou al hablar del clítoris, un nuevo órgano para la no
binariedad, lo que se trata más bien es de desafiar el orden “anatómico,
político y social” a través de una “independencia libertaria” y “una
dinámica de placer apartada de todo principio y toda meta”59. Desde
esta perspectiva lo queer siempre estará renovándose y apareciendo
diferente; no tiene origen, porque no tiene mando o fin específico, se
renueva siempre en los acontecimientos que le rodean. El queerismo
es una echología u ontología relacional. Las teorías queer se muestran
como un modo concreto de apartarse de un tecno-discurso que castra
y modifica particularmente a los cuerpos dentro de una sociedad
esencialista. Les queer serán diferentes según desde donde se anuncien,
aunque tendrán conexiones específicas, como es la educación, el sexo,
57
María Zambrano, Persona y democracia. La historia sacrificial (Madrid:
Ediciones Siruela, 1996), 194.
58
Zambrano, Persona y democracia, 198.
59
Malabou, El placer borrado, 122.

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�Cuerpo, técnica y autocomprensión:
la posibilidad de una hermenéutica
queer ante la educastración binarista

el cuerpo y la subjetividad. De tal modo, se trata de una actividad
que permite la liberación de ontologías binarias eternas. Por ello, la
hermenéutica de sí, sus signos, su comprensión, se modificará también
según desde dónde y quién habla, desde su constelación que comparte
para todos: es una estética y ética en tanto que es modo de habitar.
Lo queer no ha venido a ser, sino que siempre está por llegar. Su
fondo es el futuro, no el ayer ni el hoy que tienen ya un sentido cerrado.
El Queerismo es una utopía, pero una utopía que se actualiza todos
los días con ciertos sujetos, que se hace deshaciéndose. El queerista ha
tenido que recurrir, en cada uno de sus momentos, a nuevas fórmulas
de la lengua, a nuevos lenguajes, deformaciones y formas de nombrar.
No es una huella, ni mucho menos una ausencia, es más bien un deseo,
una actividad, un estar siendo haciéndose a sí mismo una y otra vez
sin poder aparecer completo. Es una potencia activa o una actividad
potencializadora de potencias activas. Es la radical tecnificación del
cuerpo en la autopercepción libre. Autocobaya infinita.
Si no aceptamos esta futurabilidad inmanente de lo queer, como
piensa Muñoz, que es también su trascendencia al rehacerse una y otra
vez en nuevas formas, entonces estamos destinados a caer de nuevo
en un régimen de signos naturalizado y rígido. Por ello el capitalismo
actual ha intentado a toda costa asimilar lo queer. “Corremos el riesgo
de hacer de la nominación queer una identidad, generando nuevas
exclusiones”60 nos recuerda Preciado. En este rechazo a la identidad,
también nos dirá Muñoz que “lo queer es, esencialmente, el rechazo de
un aquí y un ahora, y una insistencia en potencialidad o la posibilidad
concreta de otro mundo”61. Estamos siempre por llegar ya yéndonos,
yéndonos siempre a otro lado que no esté en el aquí y ahora de siempre.
Lo queer nace de modos diferentes, no puede saber por dónde
llegará ni cuáles serán sus nuevas herramientas; reconocemos sólo
ciertos puntos en común, pero tan diferentes de expresión y muchas
veces en caminos. Quien entra a la teoría queer, debe prepararse para un
rizoma infinito. Y sin embargo, no se trata de invitar a otros queeristas
a leernos, sino a esos “normados” a participar del rizoma: bienvenidos
sean todos ustedes a una nueva hermenéutica concreta. La hermenéutica
no está diseñada para los que se creen normales, se curven y acepten la
60
Preciado, Testo, 248.
61
José Esteban Muñoz, Utopía queer. El entonces y allí de la futuridad
antinormativa, trad. Patricio Orellana (Buenos Aires: Caja Negra, 2020), 30.

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�Cuerpo, técnica y autocomprensión:
la posibilidad de una hermenéutica
queer ante la educastración binarista

desviación en ellos mismos, se cuestionen su comprensión y se liberen
de la rectitud de siempre, se poeticen juntos a nosotros.
Si lo que buscamos es que la hermenéutica queer se preste para cada
persona, entonces no podemos aceptar simplemente la construcción
de espacios “seguros” para los disidentes, sino que debemos seducir
a que la normatividad se dé cuenta de que puede devenir diferente ella
misma. Por ello decíamos que lo queer no se es, sino que se hace. En
cuanto hacer, todos los humanos estarían potencialmente queerizados,
potencialmente en proceso de devenir-queer y no sólo las “disidencias
sexuales” ya esencializadas en la diferencia o gran Otro. No se trata
de alcanzar tampoco un sí mismo absoluto donde las diferencias sean
borradas, sino más bien hacer siempre diferencias, que no haya más
“otredades - mismidades”, sino modificaciones, cambios, devenires. En
ese proceso, hemos tenido que negarnos a nociones como “naturaleza
dada” o “esencia”, para comenzar a pensar en “tecnificación”,
“construcción”, “potencias”, “agenciamientos” y “reconstrucción”
constantes. Estas formas de hablar son más bien pivotes, modos de
comprender no una nueva semiótica o axiomática universal, sino la
aparición de nuevos juegos poéticos de los signos y significaciones.
Cuando Schérer descubre que Deleuze está interesado por la
“homosexualidad”, señala que esto es porque en la “homosexualidad”,
desde los inicios de la obra de Deleuze en solitario o con Guattari, ha
sido “una deriva minoritaria por fuera de los caminos trillados y de
los consensos triviales, por una ruptura con las representaciones de la
opinión común”, y ante todo porque “lleva a otra parte, mucho más
allá y al margen de su identificación clínica”62. La homosexualidad que
Deleuze descubre, esa que está siempre en “un más allá” desordenando
los códigos, es lo que en realidad nosotros hemos llamado queer. Si la
homosexualidad de Deleuze desborda también a la clínica y las categorías
sexológicas, es porque, para él, hay en ella, como en Proust, Genet,
o el Orlando de Woolf, algo que ahoga toda comprensión semiótica
común. La homosexualidad es la hetero-homo-geneidad de los signos,
es la posibilidad de una poética disidente. No nos resulta sorprendente
que ahí donde se hace “una crítica de elementos homosexuales”, como
la de Mieli, o ahí donde se habla del “deseo homosexual”, como en el
caso de Hocquenghem, se esté hablando en realidad de hermenéuticas
queer que también desbordan a la homonormatividad clínica o social.
62
René Schérer, Miradas sobre Deleuze, trad. Sebastián Puente (Buenos Aires:
Cactus, 2012), 80.

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�Cuerpo, técnica y autocomprensión:
la posibilidad de una hermenéutica
queer ante la educastración binarista

Por nuestra parte, no buscamos decir la verdad de lo queer, sino más
bien el modo en que lo queer nos ha afectado a nosotres y la forma en
que nosotres vemos prudente comprenderlo. Pero repetimos: lo queer
siempre está por venir, siempre está en la creatividad, produciendo
nuevos signos y discursos, creando nuevos espacios de reflexión sobre
el sexo, la identidad, el cuerpo y los placeres. Hemos tratado a toda
costa de mantener nuestra posición antes que descartar a través de
una amplia crítica, las posiciones queer de les otres autores y sujetos.
Pensamos, en ese sentido, que nuestra crítica tiene en común con las
otras la insistencia en romper la normatividad hetero-cis-patriarcal y
alcanzar el cobijo de la diferencia en cada ser humano, produciendo por
fin una nueva “humanidad”, si podemos todavía darnos la ingenuidad
de llamarla humanidad y no más bien de otro modo. El futuro está por
delante, y lo único que sabemos es que nuestra intención es permitir
nuevos modos de relacionarse, de comprenderse, de sentir la carne viva
que cada uno de nosotros vive en situación.
Creemos, a diferencia de Butler, que hay una “carne” anterior al
“cuerpo” teorizado, pero que mientras el sistema actual siga en su
educastración, es verdaderamente difícil verle, sino es a través del
binarismo y un régimen de signos sofocante. No negamos la potencia
de la biología, al contrario, creemos que en ella está la potencia de la
plasticidad, porque la biología nunca está del todo dada, sino siempre
en una transición a ser algo más. Repetimos: no hay naturaleza dada,
sino cobayas y autocobayas, prácticas y deformaciones, posibilidades
vivas en la vida misma. No sabemos a dónde vamos, pero sabemos que
no queremos seguir repitiendo el origen de dónde venimos. Nos hemos
rebelado contra la Autoridad hetero-cis-patriarcal.
Contra el conócete a ti mismo que la filosofía hoy por hoy sigue
repitiendo, habremos de decir: duda de ese “sí mismo” y construye
aquello que deseas ser; alcanza la deconstrucción y reconstrucción de
la vida, dirige tu existencia más allá de lo dicho y lo probado; abre
el mundo en su gran posibilidad de ser más allá de la esencia, más
allá de la repetición de un eterno retorno de aburrimiento y mismidad.
Aceptar que el ser no es más que relaciones y potencias vitales, que, en
verdad, nadie sabe lo que un cuerpo puede dar de sí para transformarse.
La metamorfosis humana está aún por llegar y algunos pocos hemos
aceptado vivirla.

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�Cuerpo, técnica y autocomprensión:
la posibilidad de una hermenéutica
queer ante la educastración binarista

Referencias
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Haraway, Donna J. Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la
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�Cuerpo, técnica y autocomprensión:
la posibilidad de una hermenéutica
queer ante la educastración binarista

Hester, Helen. Xenofeminismo: Tecnologías de género y políticas de
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Hocquenghem, Guy. El deseo homosexual. Traducido por Geoffroy
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Joel, Daphna, Zohar Berman, Ido Tavor, Nadav Wexler, Olga Gaber,
Yaniv Stein, Nisan Shefi et al. “Sex beyond the genitalia: The
human brain mosaic.” PNAS 112, no. 50 (December 2015):
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Llamas, Ricardo. Teoría torcida: Prejuicios y discursos en torno a «la
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Lonzi, Carla. Escupamos sobre Hegel y otros escritos. Madrid:
Traficantes de Sueños, 2018.
Malabou, Catherine. El placer borrado: clítoris y pensamiento.
Traducido por Horacio Pons. Adrogué: Ediciones La Cebra,
2021.
___________¬¬____. “Formas de destrucción. Sufrimiento cerebral,
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psicología y sociedad 1, no. 01 (Abril 2012): 115-126.
Mieli, Mario. Elementos de crítica homosexual. Traducido por Joaquín
Jordá. Barcelona: Editorial Anagrama, 1979.
Muñoz, José Esteban. Utopía queer. El entonces y allí de la futuridad
antinormativa. Traducido por Patricio Orellana. Buenos Aires:
Caja Negra, 2020.
Preciado, Paul B. Manifiesto contrasexual. Traducido por Julio Díaz y
Carolina Meloni. Barcelona: Editorial Anagrama, 2016.
_________________. Testo Yonqui. Sexo, drogas y biopolítica.
Barcelona: Anagrama, 2020.
_________________. Yo soy el monstruo que os habla: Informe para
una academia de psicoanalistas. España: Anagrama, 2020.
Rochefort, Christiane. Los niños primero. Traducido por Angels
Martínez Castells. Barcelona: Editorial Anagrama, 1982.
Schérer, René. Miradas sobre Deleuze. Trad Buenos Aires: Cactus,
2012.
___________. La pedagogía pervertida. Traducido por Jerónimo Juan
Mejía. Barcelona: Laertes, 1983.
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Año 1, N° 2, Julio-Diciembre 2021, pp 71-102

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�Cuerpo, técnica y autocomprensión:
la posibilidad de una hermenéutica
queer ante la educastración binarista

Spargo, Tamsin. Foucault y la teoría queer. Traducido por Gabriela
Ventureira. Barcelona: Editorial Gedisa, 2004.
Wittig, Monique. El pensamiento heterosexual y otros ensayos.
Traducido por Javier Sáez y Paco Vidarte. Barcelona: Editorial
EGALES, 2006.
Woolf, Virginia. Orlando. Traducido por Enrique Ortenbach. México:
Lumen, 1993.
Zambrano, María. Persona y democracia. La historia sacrificial.
Madrid: Ediciones Siruela, 1996.

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�Herder y la sombra de la Ilustración.
La formación en el siglo XVIII

Herder y la sombra de la Ilustración.
La formación en el siglo XVIII1
Herder and the shadow of illustration.
Formation during the XVIII Century
Miguel Angel Pasillas Valdez2
Braulio Reynoso Javier3
Ashley Josua Bocanegra Marin4
Resumen: El presente artículo tiene como objetivo presentar
una revisión del concepto pedagógico de formación desde una
perspectiva histórica y filosófica, retomando ideas clave del pensador
germanoparlante Johann Gottfried Herder, quien aportó elementos
cruciales para el desarrollo del concepto alemán Bildung, que suele
traducirse como “formación”. Consideramos a Herder un autor
relevante porque encarna destacadamente los estadios tempranos de
una crítica prerromántica a lo que él consideraba la unilateralidad de la
razón ilustrada. En la formulación del historicismo de Herder empiezan
a delinearse importantes aspectos ideológicos modernos sobre los
principios y fines de la educación y la formación, aspectos que se nutren
tanto de referentes ilustrados como románticos. Este ensayo ofrece una
explicación del contexto histórico y cultural que vivió Herder, expone su
recepción de las ideas ilustradas, su involucramiento con movimientos
artísticos e intelectuales de carácter crítico, así como sus ideas sobre la
Bildung en los ámbitos de la historia, la lengua y el arte. Finalmente,
presentamos una reflexión sobre el parcial olvido que sufrió Herder
debido al predominio intelectual del kantismo durante el siglo XVIII.
Palabras clave: Ilustración, Romanticismo, Historicismo, historia,
lenguaje
1
El presente ensayo es resultado del trabajo en el proyecto PAPIIT: IN406019
‘Teorías, problemas y experiencias en torno a la formación de profesores de nivel
superior’, con financiamiento de la Dirección General de Asuntos del Personal
Académico (DGAPA), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
2
3

Grupo de Investigación Curricular, UIICSE, DIP, FES Iztacala, UNAM.
Universidad Nacional Autónoma de México.

4

Universidad Nacional Autónoma de México.

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�Herder y la sombra de la Ilustración.
La formación en el siglo XVIII

Abstract: The following article’s aim is to present a review of the
pedagogical concept of formation from a historical and philosophical
perspective, drawing on key ideas from the German-speaking thinker
Johann Gottfried Herder, who contributed instrumental elements
to the development of German concept Bildung, which is usually
translated as “formation”. We consider Herder to be a relevant author
because he embodies in a distinguished way the early stages of a preromantic critique of what he considered to be the one-sidedness of the
enlightened reason. In Herder’s formulation of historicism important
ideological aspects about the principles and ends of education and
formation begin to be outlined, aspects fostered by both enlightened
and romantic inspirations. This essay offers an account on the historical
and cultural context in which Herder lived, presents his reception of
the enlightened ideas, his involvement with artistic and intellectual
movements of critical nature, as well as his ideas about the Bildung in
the fields of history, language and arts. Finally, we present a reflection
about the partial pass into oblivion that Herder suffered because of the
intellectual predominance of Kantianism during the XVIIIth century.
Keywords: Ilustration, Romanticism, Historicism, History, Language

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Vol. 1, N° 2, Julio-Diciembre 2021, pp 1-46

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�Herder y la sombra de la Ilustración.
La formación en el siglo XVIII

Antecedentes base de la Bildung
La lengua alemana ha legado a la historia de las ideas una palabra
peculiar, polisémica y sugerente, cuyas resonancias reverberan
constantemente en los ámbitos de la educación y la cultura hasta el
día de hoy (a menudo deformadas debido a una mala o incompleta
comprensión). Dicha palabra es Bildung, cuya traducción suele verterse
como «formación», pero cuyo pleno sentido no es tan fácil elucidar
debido a que el contexto germanoparlante en el que surgió la informó
con especificidades a menudo ignoradas en las traducciones, así como
a la complejidad de la subjetividad humana, que es el campo en el que
aquélla acaece. Dice Rebekka Horlacher5:
El concepto de Bildung alude, por lo general, a algo que no expresan
(o no logran expresar) en su totalidad los conceptos de «instrucción»
(Erziehung), socialización y enseñanza (Unterricht). En este sentido,
Bildung refiere al objetivo de la realización personal en la vida.
Como veremos, el concepto de Bildung se irá conformando en una
amplia esfera de reflexiones surgidas al calor de las grandes conmociones
intelectuales de los siglos XVIII y XIX. Ilustración y Romanticismo
son los dos pilares sobre los que se edifica la idea de formación: de
aquélla obtiene ésta su brillo como ideal de socialización armoniosa
del individuo; de éste, el ímpetu que arroja a la subjetividad más allá
de sí misma, en busca de una finalidad que trascienda las condiciones
impuestas por la unilateralidad de la razón ilustrada. La comprensión
de este concepto es relevante para la cuestión educativa porque las
nuevas ideas dieciochescas sobre la formación, que incluyen una nueva
visión de la relación del sujeto con su comunidad y con la historia,
generaron un fuerte impacto en el campo educativo y en el pensamiento
pedagógico, como veremos oportunamente.
Hemos dicho que la Bildung surge en el contexto germanoparlante
(debemos decir también, sin embargo, que fue influenciada fuertemente
por reflexiones de pensadores británicos, especialmente Anthony
Ashley Cooper, Conde de Shaftesbury)6. Hácese necesario, entonces,
5
Rebekka Horlacher, Bildung, la formación, trads. Leandro Reyno y Luis
Andrés Bredlow (Barcelona: Octaedro, 2015), 10.
6

Horlacher, Bildung, 11.

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�Herder y la sombra de la Ilustración.
La formación en el siglo XVIII

conocer las especificidades históricas e intelectuales de los países
de habla alemana durante el siglo XVIII, porque es la época en que
vivieron algunos de los pensadores más señeros de la Aufklärung/
H’aS’KaLaH’ (Ilustración alemana, incluyendo su vertiente judía), así
como los mentores e inspiradores del Romanticismo temprano. Kant,
Mendelssohn, Herder y Lessing son sólo cuatro de los muchos nombres
insignes de esta época tan rica del pensamiento humano. Presentamos
ahora algunas de las características históricas del contexto que le dio
origen a la Bildung.
Los diversos estados alemanes frente a Europa
Actualmente, la población germanoparlante de Europa vive,
mayoritariamente, en dos países: Alemania y Austria; esta situación
contrasta con la que prevalecía durante los siglos XVIII y XIX. En esa
época, los pueblos de habla alemana estaban organizados de manera
policéntrica, habitando dispersos en muy diversos Estados pequeños
y medianos ubicados en el marco administrativo del Sacro Imperio
Romano Germánico. Es importante señalar que este último ya no
era, durante la época que nos ocupa, un imperio en el sentido usual
del término, pues ya no ejercía soberanía sobre los territorios que lo
integraban. El Sacro Imperio había sido un Estado poderoso, heredero
de la tradición germánica carolingia7; sin embargo, en 1648, año en que
concluyó la Guerra de los Treinta Años, se pactó la Paz de Westfalia,
con lo que el Sacro Imperio perdió muchos de sus territorios y cedió la
soberanía a los nobles locales que habitaban los que le quedaron8. Dicen
Geary, Strauss y sus colaboradores9:
[El Imperio era] un edificio constitucional laxamente articulado pero
no ineficaz en el cual pudieron coexistir 300 principados seculares
y eclesiásticos grandes y pequeños, 51 ciudades imperiales (esto
es, independientes dentro del Imperio) y cerca de 2000 condes y
caballeros imperiales, cada uno de los cuales poseía la misma
7
Edward Acton et al., Enciclopedia metódica Larousse, vol. 5, Historia
universal, ed. Carlos de la Fuente (México: Larousse, 1997), 59-60.
8
Acton et al., Enciclopedia metódica Larousse, 5:94.
9
Peter John Heather et al., “Germany,” en Encyclopedia Britannica, artículo
publicado Septiembre 18, 1998; última modificación Agosto 25, 2021, https://www.
britannica.com/place/Germany.

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�Herder y la sombra de la Ilustración.
La formación en el siglo XVIII

soberanía territorial que un elector o un duque. [la traducción del
inglés es nuestra responsabilidad].
Los países germanoparlantes más descollantes política y
culturalmente durante esos siglos fueron Baviera, Sajonia, Prusia10, y
el Imperio Austríaco. Los dos primeros eran llamados «Electorados» y
el tercero fue un reino a partir del año 1701, cuando al Elector Federico
III Hohenzollern (llamado luego Federico I) le fue reconocido el título
de rey por parte del Emperador de Austria, como recompensa por la
ayuda que prestaron los prusianos en la Guerra de Sucesión Española11.
El Electorado de Sajonia revistió gran importancia cultural; prueba de
ello es el ascendiente que tuvieron en la vida espiritual de Europa las
ciudades de Weimar y Jena.
Prusia se convirtió rápidamente en una de las grandes potencias
militares de Europa en virtud del énfasis que pusieron sus gobernantes
en el desarrollo del ejército, que llegó a ser uno de los más modernos
y mejor entrenados de la época12. Austria, por su parte, contaba con un
ejército de unos 100,000 efectivos, y la progresiva profesionalización
de éstos fue un acicate crucial para la modernización de un país cuyas
luengas fronteras lo hacían vulnerable a los ataques del Imperio
Otomano y de Francia, sus poderosos rivales13.
El policentrismo del ámbito germanoparlante mantuvo a los países
que lo componían en un constante estado de competencia, alimentando
rivalidades que se iban reconfigurando al calor de las abundantes
situaciones bélicas que se presentaron en la región, especialmente la
Guerra de Sucesión Española (1701-1713), que alió a Prusia y Austria,
como antes vimos; la Guerra de Sucesión Austríaca (1740-1748),
que las enfrentó; y la Guerra de los Siete Años (1756-1763), en la que
Austria y Francia lucharon del mismo lado contra Prusia. Esta última,
por su parte, solía estar en conflicto con Sajonia14.
Para entender mejor la posición política e ideológica que asumieron
los países germanoparlantes ante el resto de Europa (especialmente ante
Francia, cuyos sectores burgueses revolucionarios recorrían a excelente
10
Francisco Larroyo, Historia general de la Pedagogía (México: Porrúa,
1984), 416.
11
Heather et al., “Germany.”
12
Acton et al., Enciclopedia metódica Larousse, 5:103.
13
Heather et al., “Germany.”
14
Heather et al., “Germany.”

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�Herder y la sombra de la Ilustración.
La formación en el siglo XVIII

ritmo los caminos de la subversión, acicateados por la obstinación
autoritaria de su rey), es necesario explicar un factor que hace más
inteligible la particularidad que dichos Estados acusarían en lo sucesivo:
se trata de la tendencia política de varias monarquías europeas -no la
francesa-, conocida como Despotismo Ilustrado. Este estilo de regencia
constituye una actitud intermedia entre la completa indiferencia ante
el bienestar de los súbditos y la asunción republicana de la soberanía
popular: algunos monarcas de ideas progresistas, implementaron
reformas y leyes relativamente innovadoras, que generaban mejores
condiciones en la vida de los gobernados -servicios públicos como
educación y apoyo a la ciencia, además de ciertas garantías a la
libertad de expresión-. Con ello, los déspotas ilustrados apuntalaron la
legitimidad de la monarquía en países en los que, como consecuencia,
los súbditos no desarrollaron un interés profundo en construir una
democracia republicana. Dice al respecto Larroyo15:
No pocos monarcas en diversos países comprendieron la necesidad
de practicar grandes reformas a fin de mejorar las condiciones de
vida de sus súbditos, pues temían la intervención directa del pueblo
en la dirección de la política. Por eso introdujeron cambios en la
administración y fomentaron la economía y la educación de las clases
trabajadoras, impidiendo la intervención de éstas en el gobierno.
Hemos de subrayar aquí, en virtud de nuestro interés por reconocer
los orígenes de la problemática de la Bildung / Formación, que las
monarquías consideradas representativas de un «Despotismo Ilustrado»
incluían entre sus políticas públicas el impulso a la educación de los
sectores populares. Veremos ahora con cierto detalle los acontecimientos
políticos e intelectuales que tuvieron lugar en la época despóticoilustrada para los pueblos alemanes.
Un ejemplo paradigmático del Despotismo Ilustrado es el rey
prusiano Federico II, llamado «el Grande», quien «introdujo la libertad
de prensa, abolió la tortura legal, restableció la Academia de ciencias,
desarrolló la industria mediante la creación de fábricas y fomentó
la educación primaria»16. Era tal su prestigio que Kant le llamó al
decimoctavo El siglo de Federico17, y en él gozó este monarca:
15
16
17

Larroyo, Historia general de la Pedagogía, 414.
Acton et al., Enciclopedia metódica Larousse, 5:103.
Faustino Oncina Coves, “J. G. Fichte, el Yo y la libertad,” en Johann Gottlieb

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La formación en el siglo XVIII

de la convivencia y el beneplácito de la clase pensante. Su
muerte dilatará sus dimensiones, y la simbiosis de filósofo y
rey, que él encarnaba, se convertirá a partir de entonces en un
recuerdo venerado 18.
La «particularidad alemana», generosa en extravagancias, nos
regala con esta situación una ironía irresistible: he aquí que los
intelectuales progresistas de Prusia enarbolaban el recuerdo de un
rey como bandera de los ideales ilustrados. Podemos aventurar que
el Despotismo Ilustrado preparó el terreno para que el pensamiento
clásico alemán desarrollara buena parte de sus rasgos idiosincrásicos:
la tolerancia ideológica promovida por los déspotas le daría a un Kant,
a un Mendelssohn o a un Herder el margen necesario para generar
ideas muy críticas hacia los aspectos desagradables de la realidad, ideas
tendientes a impugnar la facticidad dada y concebir un mundo justo,
racional; empero, las estructuras políticas reales, que aun conservaban
exitosamente su poder, impedían la concretización de esas aspiraciones
emancipatorias. Es sintomático que muchos ilustrados alemanes
manifestaran una notable simpatía hacia la Revolución Francesa,
«pues creían que habían contribuido a producirla»19, pero no pudieron
llevar esta simpatía más allá del campo discursivo cuando, al acaecer
las invasiones napoleónicas, los países despótico-ilustrados (otrora
progresistas) pasaron al lado reaccionario del espectro político.
La Ilustración Alemana
Según Wilhelm Dilthey: «la tarde del 31 de mayo de 1740, después
de morir Federico Guillermo I, el nuevo rey se trasladó de Postdam a
Berlín con el alma empapada de las últimas conversaciones con su padre
y del final heroico de la vida de éste»20. Este sucesor a la postre sería
conocido como Federico el Grande. El cambio de reinado significó un
renovado y decidido impulso a la peculiar Ilustración Alemana en el
Siglo XVIII.
Fichte (Madrid: Editorial Gredos, 2013), xxxviii.
18
Oncina Coves, “J. G. Fichte, el Yo y la libertad,” xxxviii.
19
Rüdiger Safranski, Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán, trad. Raúl
Gabás Pallás (Barcelona: Tusquets Editores, 2009), 32.
20
Wilhelm Dilthey, Obras, trads. José Gaos et al., vol. 3, De Leibniz a Goethe
(México: Fondo de Cultura Económica, 1945), 91.

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La formación en el siglo XVIII

Como vimos arriba, durante buena parte de este siglo y del
anterior los pueblos alemanes vivieron una situación de luchas por
el mantenimiento de la autonomía o por la separación, tales como
las habían tenido por largo tiempo. Federico Guillermo I había
enfrentado en buena medida esa condición; la opción guillermina en
ese sentido consistía en promover un acentuado militarismo, con el
deseo de que Prusia pudiera eventualmente erigirse en líder del mundo
germanoparlante. Sin embargo, y pese al fortalecimiento político de
los Estados, tales pugnas generaron un adicional atraso económico
y cultural en la población, en comparación con otras regiones de
Europa, y esto se manifestaba también en el bajo desarrollo –o nulo en
algunos casos- de una lengua que fuese común a todas esas ciudades y
poblados, que a la postre se convertirían en germanoparlantes.
Ante esta situación, la evidencia de los logros en materia de ciencias,
artes y filosofía de la Francia ilustrada ejercía una gran atracción entre
los gobernantes y los reducidos sectores cultos de diversas ciudades
y regiones germanas. Las ciencias y teorías desarrolladas por los
galos ejercían un fuerte ascendiente sobre las temáticas de interés
y de estudio en las pocas universidades y escuelas de las ciudades
que posteriormente conformarían a Alemania. No sólo la Ilustración
Francesa, sino también los desarrollos de la Ilustración en Inglaterra
eran referentes y objeto de emulación para los filósofos, científicos y
maestros de aquellas poblaciones germánicas, convencidos de que la
adopción de esos adelantos los haría superar los mencionados atrasos
económicos, culturales, educativos y científicos. Estas influencias se
tradujeron en un relativo crecimiento cultural de signo extranjerizante
que a muchos satisfacía, pero que también generaba descontento entre
sectores amplios de las poblaciones referidas.
Adicionalmente, la Guerra de los Treinta Años, junto con la
influencia del movimiento ilustrado en Europa, complicaba el
gobierno de Federico Guillermo I, y se articulaba con el hecho de que
la Reforma Protestante había menoscabado la influencia, el dominio
político y el poder centralizador del catolicismo. Esto se traducía en
la demora de la unificación de los pueblos germanos. Con la relativa
laxitud del poder político, estas condiciones favorecían que tímida
y paulatinamente germinaran las ideas de igualdad ante la ley y la
tolerancia. «El resultado fue quedar [sic] echadas las bases para

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La formación en el siglo XVIII

la peculiar combinación de religiosidad dulcificada, pensamiento
científico y un nuevo estilo de vida artístico […]»21.
Se puede decir que el inicio de la Ilustración Alemana consistió
en una marcada emulación, principalmente de su homóloga francesa.
Simultáneamente, la Guerra de los Treinta Años afectó a comercios e
industrias, pero especialmente a la población empobrecida de las aldeas
y poblados dispersos, generando modalidades de esclavitud y pobreza
que se acentuaban por la exigencia de impuestos de parte del príncipe,
interesado en cubrir los gastos de guerra. Consecuencia inmediata de
esa situación fue que «resultaban arrancadas de raíces… [las prácticas
de] la rica vida del espíritu» en los entornos burgueses y de todos los
ambientes sociales. La labor relacionada con el desarrollo de la cultura
que, aunque con modestos logros, previamente a esa guerra había
desplegado el Estado entre la población, entró en decadencia. Dilthey
afirma que:
El factor general determinante de la cultura alemana en el siglo que
va de La Guerra de los Treinta Años a Federico el Grande estuvo en
que aquel pueblo retrasado y rechazado se esforzó todo él por acoger
en su seno la superior cultura extranjera. Ello trajo consigo muchas
calamidades, una falsa adoración por el extranjero, la adopción de
extrañas reglas y desarreglos…la cultura francesa… imponía al
alemán incluso en sus malas partes. Príncipes y cortes encontraban
en ella modelos de aristocrática inmoralidad22.
Referíamos arriba que el ascenso de Federico el Grande, en
1740, impulsó de manera peculiar a la Ilustración Alemana. Él vivió
en Francia durante su juventud, y ahí estableció vínculos de estudio
y amistad con renombrados personajes de la Ilustración a los que
admiraba; en sus aprendizajes y trato con ellos fue apropiándose del
espíritu de la Ilustración Francesa en sus diversas manifestaciones, y
allí gestó la idea de instaurar en Prusia un régimen de gobierno que
encarnara esos ideales, porque con muchos pueblos germanos lograrían
superar su rusticidad. Así pues, «con él parecía haber llegado la hora de
que se realizase el ideal de la monarquía ilustrada»23, a saber, lograr y
21
22
23

Dilthey, Obras, 3:45.
Dilthey, Obras, 3:44.
Dilthey, Obras, 3:91.

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La formación en el siglo XVIII

difundir ampliamente la Ilustración Alemana. Esta nueva orientación de
Federico II se distinguía de la anterior en que quería asimilar los aspectos
progresistas de la cultura francesa, y no sus vicios anquilosados.
Una notable diferencia de este rey con respecto a los anteriores es
que, durante su residencia en Francia, había probado sus capacidades
como escritor en los campos de la filosofía, la literatura y la poesía,
además de ser un aficionado a la música y al teatro, cosas que seguiría
haciendo durante su reinado. Con esa incursión en el campo de las
humanidades consolidó su ideario como gobernante ilustrado, donde
se plasmaban principios del Derecho Natural; congruente con ello, en
lugar de asumirse como el dueño absoluto del pueblo, de su gente y de
los territorios que gobernaba, esta concepción del Derecho lo instaba
a erigirse como protector, juez y vigilante encargado de armonizar los
intereses individuales de sus gobernados, de modo que no interfirieran
con el bien común; por eso proclamaba que:
lo único que distingue a los reyes de los demás hombres es la posición
que ocupan en la sociedad, posición que les obliga precisamente a
ser un modelo de virtudes, ya que sólo en la virtud puede cifrarse la
unión entre los hombres24.
Una tarea asumida por su gobierno fue el involucramiento en, y
el incremento de las tareas dedicadas a, la educación y el desarrollo
cultural de su pueblo. Como vimos antes, esta orientación es un rasgo
distintivo de los despotismos ilustrados, que en el caso de Federico
el Grande significaba hacer de Prusia una nación ilustrada. El nuevo
príncipe tenía que impulsar una condición económica que posibilitara
aquel ideal:
Era necesario que aquel pueblo no perdiese las virtudes que el
príncipe amaba en él: su amor al trabajo, su honradez, la honestidad
de su vida familiar… a la par con esto, habría que elevarlo a ideas
más libres, a costumbres más suaves, y a formas de vida más bellas,
a una religión natural sublime y a una concepción social de los
deberes morales. Esta era la meta a que debía dirigirse la labor del
estado25.
24
25

Dilthey, Obras, 3:92.
Dilthey, Obras, 3:93.

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La formación en el siglo XVIII

Para la consecución de este programa la educación era un
requerimiento central, tanto la de carácter popular como la profesional,
así como la de los oficiales y de los funcionarios. De esta manera los
prusianos estarían en camino de tener una cultura libre y al mismo
tiempo un alto sentido del deber más generalizado.
Un elemento importante de la peculiar Ilustración Alemana es
el pietismo: vertiente de interpretación del Protestantismo, con
características propias arraigadas en las condiciones de los pueblos
germánicos. La Reforma Protestante había arrancado en las primeras
décadas del 1500, movimiento liderado por Martin Lutero en lo que
ahora es Alemania, y de allí se extendió por el centro y norte de Europa
principalmente. Su interés central fue el rechazo a la desviación de los
principios del Cristianismo acaecida en la cúpula de la Iglesia Católica,
particularmente en el Vaticano de Roma: los lujos desmesurados, la
mercantilización de la fe y diversas formas de corrupción. A partir de
allí se disparó una serie de críticas y demandas, tales como la exigencia
de autonomía para las iglesias y la eliminación de la obligatoria
mediación de los curas en la relación de los individuos con Dios, entre
otras; se condenaron el dogmatismo, la confesión, y otras prácticas del
catolicismo. En fin, la Reforma provocó cambios muy marcados en el
dominio religioso, cultural y político de la religión cristiana. Pero con el
paso del tiempo el Luteranismo también empezó a ser objeto de críticas
y rebeliones entre sus prosélitos hasta ser cuestionado por formalista,
ritualista y dogmático. A mediados del siglo XVII se consolidó el
movimiento pietista en los pueblos germanos, con la intención de
instaurar una actitud religiosa más libre en el ejercicio de sus prácticas,
que superara los males del Luteranismo:
El pietismo tendía a denigrar la preocupación por el dogma y
las diferencias confesionales. También acababa defendiendo
al individuo, a sus sinceras convicciones y a sus comunidades
libremente escogidas contra las grandes estructuras oficiales del
Estado y de la iglesia que exigían obediencia. Tendía a impulsar
a los hombres a través de trabajos de mejoramiento, educación y
bienestar social26.

26
Charles Taylor, Hegel, trads. F. Castro Merrifield, C. Mendiola Mejía y P.
Lazo Briones (Barcelona: Anthropos, 2010), 10.

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La formación en el siglo XVIII

Dilthey reconoce el papel relevante que el pietismo jugó para la
Ilustración alemana y el posterior neohumanismo que se desplegó contra
la unilateralización del racionalismo de la Aufklärung [la Ilustración]:
Las sectas y el pietismo obraron mucho más enérgicamente que las
iglesias sobre la moralidad personal y la disciplina religiosa. Y como
los rígidos y tajantes conceptos del dogma desaparecen…, se hace
el contenido de la fe más capaz de adoptar libres formas artísticas
determinadas por la fantasía. Esta transformación artística de la
doctrina cristiana tradicional resultó favorecida y facilitada por las
tendencias racionalistas27.
A partir de esta alusión al pietismo, a su acento en las virtudes
humanas, más que a los ritualismos, podemos afirmar su contribución
y acompasamiento con la Ilustración Alemana hasta el siglo XVII. Por
un lado, atemperó el materialismo de los ilustrados franceses, y por el
otro colaboró en la formación de un espíritu afín a la creación artística
y humana que se expresaba en el canto, la música y la poesía, es decir,
en el desarrollo del espíritu. Además de esto, fue un movimiento de
impulso al individualismo y a las actitudes racionales, contrario a los
dogmas religiosos, y orientado a la búsqueda de mejores condiciones
sociales, en las que la educación jugaba un papel importante.
Otro elemento clave para alcanzar esta mirada panorámica a la
Ilustración Alemana es el papel de las Academias en este proceso. En
diferentes regiones de Europa han existido, ancestralmente, prácticas
de búsqueda del conocimiento. Entre ellas se pueden mencionar la
alquimia, la astrología, y la exploración de la naturaleza, entre otras
indagaciones y especulaciones para explicar el mundo y el destino
humano. Muchas de éstas eran divergentes o contrarias a los viejos
dogmas y jerarquías religiosas de esas localidades, por lo que se
consideraban heréticas y, por tal motivo, objeto de persecuciones
e inclusive de condena a muerte contra quienes las realizaran. Ello
empujó a la aparición de hermandades, cofradías y sociedades cerradas
y secretas para la continuación de experimentos o descubrimientos,
y para la salvaguarda de sus miembros. Con el tiempo la condición
cambió, en parte merced al reconocimiento que le dieron los gobernantes
y comerciantes a la utilidad de los conocimientos que lograban los
27

Dilthey, Obras, 3:81.

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�Herder y la sombra de la Ilustración.
La formación en el siglo XVIII

miembros de esas asociaciones, saberes que en muchos casos se
convertían en instrumentos y orientaciones para incrementar el poder
del gobierno y sus riquezas, lo que paulatinamente se tradujo en la
fundación y patrocinio oficial por parte de los nobles y gobernantes, de
diversas entidades y asociaciones para la investigación de la naturaleza,
la cultura y las artes. A grandes rasgos, ese es el origen de mecenazgos,
sociedades, institutos o academias, que en muchos casos llevaban la
denominación de «Real Academia», lo cual expresa el interés de los
gobernantes y la nobleza por apoyarse en los conocimientos, la cultura
y eventualmente por la ilustración de sus cuadros administrativos, para
así mantener su dominio. Inclusive, en algunos casos, las Academias
resultaban necesarias para la educación del pueblo en general. Por
eso jugarían un importante papel en la construcción de la Ilustración
Alemana durante el siglo XVIII, que es el período que nos ocupa en este
escrito, pero esas organizaciones ya tenían una historia previa:
el siglo XVII creó las condiciones en que viven las Modernas
Academias… aportó en el conocimiento mecánico de la naturaleza
una ciencia que poseía el pleno carácter de la validez universal
y garantizaba el progreso continuo de la cultura, gracias a estar
fundada en las proposiciones de la matemática y a ser aplicable a
los fines de la técnica28.
Según Dilthey, «la más importante de estas sociedades, la «Palmera»29.
Fue tan importante para Federico Guillermo I, el Príncipe Elector, que
formó parte de ella. Además, en el instituto de investigaciones, en
Nuremberg, trabajó Leibniz, quien más tarde dirigiría la Academia de
Berlín. «En su suelo se desarrollaron las ideas pedagógicas de Comenio,
quien alentó la esperanza de que fuesen realizadas un día por la unión
general de las mismas [academias]»30. Finalmente, Berlín se convirtió
en el lugar donde confluyeron científicos, literatos y filósofos, tanto de
Inglaterra como de Francia, de modo que se consolidó la Academia
de Berlín, con una orientación fuertemente científica que buscaba el
desarrollo del pensamiento lógico, racional y seguro, hasta que se
estableció como un refugio de importantes escritores y pensadores de la
28
29
30

Dilthey, Obras, 3:16.
Dilthey, Obras, 3:22.
Dilthey, Obras, 3:23.

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�Herder y la sombra de la Ilustración.
La formación en el siglo XVIII

Ilustración de diferentes lugares de Europa, muchos de ellos expulsados
por sus gobiernos.
La Academia de Berlín, como dijimos, fue dirigida por Leibniz,
quien impulsó, en menor medida, a intelectuales alemanes hacia el
desarrollo de la cultura humanista clásica, junto con los descubrimientos
científicos de esa época. Este asunto provocó el descontento del futuro
Federico el Grande, hijo del rey, que le puso constantemente obstáculos
a sus proyectos, sin embargo este impulso «mantuvo […] esta visión de
la vida el espíritu constructivo del siglo XVII, [y] perviviría su núcleo
en Lessing, Herder y Goethe»31. Estos últimos son personajes clave
para el surgimiento de la Bildung.
Hemos dicho antes que en 1740 Federico el Grande heredó el
trono de su padre. De las primeras acciones que emprendió al llegar al
gobierno fue la transformación de la Academia de Berlín, que a la sazón
se había convertido, según él, en un espacio improductivo, sin dirección
clara, y hasta en un lugar de corrupción. Entonces, para el gobierno del
nuevo rey:
El siglo XVII había conquistado la autonomía del pensamiento
científico; la literatura francesa del siglo XVIII lucha por erigir
a la inteligencia soberana en juez de las instituciones sociales
existentes, de la vida económica, la iglesia, el estado y las
costumbres. La inteligencia se considera soberana frente a la vida.
La razón escéptica va eliminando en cada uno de estos sistemas y
bajo diversas formas toda idea metafísica del más allá32.
Y además, «En el primer plano de estos esfuerzos se destaca la
nueva Academie des Sciences et Belles-Lettres»33. No sólo por el
nombre galo de esta reformada academia se evidencia la admiración
de Federico el Grande por lo francés, sino porque esta institución se
puebla avasalladoramente de intelectuales provenientes de ese país,
dirigidos por Voltaire, con lo que arranca así el originario proyecto de
la Ilustración Alemana impulsado por Federico el Grande, que en un
tiempo más adelante provocaría importantes reacciones y movimientos
socio-culturales, como el Sturm und Drang y el Romanticismo.
31
32
33

Dilthey, Obras, 3:30.
Dilthey, Obras, 3:107.
Dilthey, Obras, 3:123.

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�Herder y la sombra de la Ilustración.
La formación en el siglo XVIII

La Bildung en la Ilustración
La intelectualidad alemana ahora se enriquecía con lo que en la
Antigüedad se había formulado en el pensamiento griego y romano; al
mismo tiempo, se nutrió de las novedades que naciones como Francia
e Inglaterra aportaban. Esta agitación intelectual no sería indiferente
ante el deseo popular de rescatar algunos caracteres considerados
propios de la cultura alemana, en los que habría de profundizar más
tarde el Romanticismo. De entre este rico cúmulo de experiencias y
reflexiones es de donde parte el centro de nuestro estudio: la Bildung.
Cabe reiterar que el concepto es propiamente intraducible a diferentes
lenguas incluyendo el español, ya que las características específicas
que engloba la Bildung no son aplicables a los términos usados para su
usual traducción como «educación», «cultura», entre otras. Optamos
aquí por el término «formación» ya que a pesar de que también resulta
insuficiente, resalta el aspecto pedagógico en el que aquí nos centramos,
por lo que pedimos al lector no entender «formación» dentro de los usos
que a menudo se le dan en español, sino como Bildung, toda vez que su
imprecisa castellanización será utilizada aquí solamente para facilitar la
lectura al público hispanoparlante.
Primeramente hay que considerar que su más primigenio origen se
presenta en el término Bildunga del antiguo alto alemán, que se refería
a la producción de objetos en sentido material, particularmente en la
alfarería y sus prácticas de modelaje. Así, este término pasó a referir
al latino imago en las traducciones bíblicas como la imagen de Dios
a partir de la cual el ser humano debía tomar forma. De esta manera
se homologó el término alemán Bild (imagen) al latino imago34. Aquí
podemos ver claramente la influencia y génesis místico-religiosa que
engendró un término que sería la base de muchos otros.
Ahora que vimos el origen de la palabra Bild, cabe anclar ésta a la
acción formativa que sucede en la persona humana. Bildung, partiendo
de la idea de imago traducida en Bild, se basa en una imagen modelo
(Vorbild) para seguirla o hacer una imitación de ella (Nachbild/
Nachbildung) en la propia persona35. Es a raíz de esto que podemos
hablar de una formación humana. La Bildung se construye a partir de
un modelo y su imitación en la propia persona. Esta tendencia habría de
34
Horlacher, Bildung, 19.
35
Hans-Georg Gadamer, Verdad y Método, vol. 1, trads. Ana Agud Aparicio y
Rafael de Agapito (Salamanca: Ediciones Sígueme, 2003), 40.

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�Herder y la sombra de la Ilustración.
La formación en el siglo XVIII

permanecer dentro de los teóricos de la Bildung, siendo frecuente que
junten al interior de este concepto tanto el proceso como su producto
final. En otras palabras: hasta este punto tenemos que la Bildung es el
proceso de imitación y el resultado del modelo imitado. ¿Pero de qué
forma se vincula esto con la Ilustración?
Como hemos mencionado antes, los territorios germanoparlanes se
nutrieron fuertemente del pensamiento francés e inglés. Particularmente
en este último caso fue muy relevante el tercer conde de Shaftesbury.
En su texto Soliloquy (El soliloquio) aborda la labor del escritor como
agente moral, que mediante su escritura debía mejorar a la sociedad.
Aquí los términos to form y formation pasaron del inglés al alemán en
su traducción como bilden y Bildung, respectivamente. También en su
texto The Judgment of Hercules se retoma que lo importante es expresar
en el exterior lo que existe en la forma interior o inward form, que de
igual manera se tradujo por Bildung36. El gran atractivo del pensamiento
inglés se refleja de buena forma en el interés por Shaftesbury, quien
contaba con un amplio reconocimiento en esa época. Sus textos
ayudaron a generar amplias discusiones sobre ética, estética y también
pedagogía, que avivaron las reflexiones sobre la Bildung.
A la par de su dimensión estética, es importante señalar también las
connotaciones teológicas de la Bildung. He aquí que el:
lenguaje de la Ilustración en Alemania también conservó
una impronta teológica […]. La esperanza de redención y la
reivindicación de la educación convergen desde entonces en
Bildung e Ilustración. Es la reivindicación de la educación de los
que se ven a sí mismos como ilustrados la que sitúa el concepto de
Bildung en el ámbito pedagógico37.
Un interés avivado por la educación es suscitado en la Ilustración, que
atrae a la Bildung al terreno educativo —comenzando el distanciamiento
con la teología—, esa mudanza relativa de lo específicamente teológico
hacia el campo educativo resultaba vital para el proyecto ilustrado. Una
época donde la razón debía reinar sobre todas las demás facultades
humanas necesitaba educación para poder formar dichas facultades,
36
Horlacher, Bildung, 29-30.
37
Reinhart Koselleck, Historias de conceptos. Estudios sobre semántica
y pragmática del lenguaje político y social, trad. Luis Fernández Torres (Madrid:
Editorial Trotta, 2012), 57.

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�Herder y la sombra de la Ilustración.
La formación en el siglo XVIII

debía influir en las personas para dirigir sus potencias hacia el desarrollo,
suscitando con ello el progreso de la época a través del mejoramiento
de los individuos, engranajes de la sociedad. Cabe resaltar esto como
una de las principales características que en la Ilustración tiene la
formación o Bildung: el estar sujeta o el ser instrumento de la educación
(Erziehung).
Immanuel Kant dice al comienzo de su Pedagogía [1]: «Entiendo
por educación (Erziehung) los cuidados (sustento, manutención), la
disciplina y la instrucción, juntamente con la educación (Bildung)
[2]»38. Aquí Kant encierra a la formación dentro de la educación; esta
última es la que ocupa un lugar preponderante en el proyecto ilustrado
de aquél, y no la formación. Vemos a la educación realzada nuevamente
en otra parte del mismo texto, en esta señera sentencia: «Unicamente
[sic] por la educación el hombre puede llegar a ser hombre. No es, sino
lo que la educación le hace ser»39. La educación ocupa un lugar, como
al inicio se estableció, de instrucción y directriz del camino por el que
el hombre ha de andar; el maestro instruye y la persona anda. ¿Pero se
ha de limitar a esto?
En el corto pero célebre ensayo Contestación a la pregunta: ¿qué es la
Ilustración?, Kant nos remite a que la Ilustración significa abandonar la
«minoría de edad» de la cual no hay otro culpable que nosotros mismos.
¿Y en qué consiste esta minoría? En no hacer uso de nuestra propia razón,
sin la ayuda de otro, para enfrentarnos a lo que es correcto y necesario.
En otras palabras: la superación de la «minoría de edad» conlleva
el uso de nuestra propia razón ante el mundo y sus sujetos; significa
autonomía en la determinación y el empleo de nuestras facultades y
habilidades para decidir sobre nosotros mismos. Tal superación se
resume en la famosa expresión «¡Sapere aude! ¡Ten valor de servirte de
tu propio entendimiento! Tal es el lema de la Ilustración»40. Entonces
la educación no funge como una determinante absoluta sino que debe
procurar la autonomía del sujeto para su posterior autodeterminación.
Pero dicha labor, en la mirada kantiana, sigue estando restringida a lo
que la educación puede hacer del estudiante; el maestro o tutor tiene
por tanto un papel preponderante, siendo que puede ayudar al sujeto a
38
Immanuel Kant, Pedagogía, trads. Lorenzo Luzuriaga y José Luis Pascual
(Madrid: Ediciones Akal, 2013), 29.
39
Kant, Pedagogía, 31.
40
Kant, vol. 2, trads. Roberto Rodríguez Aramayo et al. (Madrid: Editorial
Gredos, 2010), 3.

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La formación en el siglo XVIII

decidir hacer uso de su propio entendimiento para sí y para los demás;
o, por el contrario, puede entorpecerlo: «aquel público, que previamente
había sido sometido a tal yugo por ellos mismos, les obliga luego a
permanecer bajo él, cuando se ve instigado a ello por algunos de sus
tutores que son de suyo incapaces de toda ilustración»41.
Las distinciones poco claras, pero existentes, entre educación
(Erziehung) y formación (Bildung) no sólo se presentaban en la obra
kantiana sino en la Ilustración en general, cosa que apuntó Moses
Mendelssohn en su propio intento de contestar a la pregunta: ¿qué
es la Ilustración? Nos dice que las «palabras Ilustración, cultura y
formación (Bildung) son todavía en nuestro idioma unas recién llegadas.
Pertenecen puramente al lenguaje de los libros. La gente común apenas
las entiende»42. Este texto nos sitúa en una especie de estado del arte
sobre la Ilustración a partir de estos términos nuevos, que además se
encontraban completamente entrelazados a ella según la visión de
Mendelssohn. Los entendía como formas de modificación de la vida
para mejorar la condición social, de forma similar a Kant, al mismo
tiempo que como formas de combatir la corrupción de una nación.
Las acotaciones de Mendelssohn nos ayudan a entender que el
concepto de Bildung era nuevo dentro de la reflexión intelectual y que
por lo tanto no contaba con la profundidad que después desarrollaría.
Empero, ya era incluido dentro de los discursos ilustrados a la vez
que, como fue mencionado anteriormente, separado —al menos
parcialmente— del ámbito teológico para incorporarlo a los discursos
sobre el progresivo devenir social basado en el intelecto autónomo de
los sujetos. Pero más allá de esto, dos años antes de que aparecieran
los trabajos de Kant y Mendelssohn sobre la Ilustración, Gotthold
Ephraim Lessing había contribuido al debate educativo con una
concepción no más profunda pero sí más clara sobre la distinción entre
educación (Erziehung) y formación (Bildung), más cercana a la que se
desarrollaría a lo largo del siglo XIX donde, a pesar de que no se negaba
la participación de la educación en la formación, sí se dotaba a ésta de
la característica de ser personal y determinada sólo por su poseedor,
suficiente en sí misma.
41
Kant, 2:3.
42
Moses Mendelssohn, “Acerca de la pregunta: ¿a qué se le llama ilustrar?,”
en ¿Qué es Ilustración?, trad. Agapito Maestre y José Romagosa (Madrid: Tecnos,
2007), 11.

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�Herder y la sombra de la Ilustración.
La formación en el siglo XVIII

Al comienzo de su texto La educación del género humano, el autor
antes mencionado nos dice que la «educación no le da al hombre nada
que no pueda alcanzar éste por sí mismo; le da lo que podría alcanzar
por sí, sólo que lo tiene más fácil y rápidamente»43. Esto nos permite
intuir que la educación, más que un agente necesario, existe como
un impulso a la sociedad para acelerar los procesos de aprendizaje y
aprehensión del mundo que bien podrían ocurrir sin su intervención.
Sin embargo, esto se ve confirmado y a la vez matizado más adelante
cuando menciona: «Es lo que sucede también con los niños a quienes se
deja crecer por sí mismos: muchos se quedan en estado completamente
tosco y unos cuantos se autoforman (bilden sich) maravillosamente»44.
Esto deja entrever que más allá de no ser necesaria la educación, lleva
a un grado objetivo de perfeccionamiento a la humanidad, mientras que
dejando a los sujetos ocuparse solos de su formación, éstos podrían
desarrollarse de buena o mala manera según sus condiciones. La
educación cede terreno aquí a la formación, pero permanece como la
reguladora del desarrollo de la humanidad.
Este avance sería de todas formas relevante en la posteridad.
Los discursos sobre la Bildung, fuera del marco de la Ilustración,
inaugurados por Herder, la situarían como un elemento independiente
de la educación, más sensible a la cultura y a la historia que a la
enseñanza y la instrucción. Herder se separa de los discursos ilustrados
de una forma radical en todas las áreas que busca explorar, incluyendo
la pedagogía, criticando duramente el proyecto de escuela ilustrada
en su obra Diario de mi viaje de 1769. Resulta importante entender la
base que Herder impugna para poder entender su pensamiento en lo
general y en lo pedagógico. A pesar haber sido discípulo de Kant en su
momento, le resultaron más atractivos los postulados antirracionalistas
de Hamann, que dieron origen a la escisión de esta corriente de
pensamiento, y que desembocarían en disputas con su antiguo maestro,
particularmente en el campo de la historia. Dos consecuencias
resultaron de este distanciamiento intelectual: por un lado, el triunfo
de la filosofía kantiana en la sociedad alemana de la época y, por otro
lado, la publicación de la Metacrítica a la Crítica a la razón pura, por
parte de Herder.
43
Gotthold Ephraim Lessing, “La educación del género humano,” en Escritos
filosóficos y teológicos, trad. y ed. Agustín Andreu Rodrigo (Madrid: Editora Nacional,
1982), 574.
44
Lessing, “La educación del género humano,” 577.

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�Herder y la sombra de la Ilustración.
La formación en el siglo XVIII

Johann Gottfried Herder: La Bildung en el Sturm und Drang
Vimos que los pueblos germánicos desarrollaron un marcado celo contra
las influencias y estilos afrancesados, tanto por sus avatares políticos,
históricos y sociales, como porque representaban la intromisión de una
nación más avanzada en la idiosincrasia de los pueblos germanófonos.
Pero, por otro lado, las circunstancias concretas de los pueblos
alemanes generaban la necesidad de expandir su educación, la ciencia
y las expresiones culturales y artísticas acordes a sus raíces, como vía
para salir del atraso ya descrito. En fin, las peculiaridades de su historia
crearon una relación ambivalente con el movimiento de la Ilustración y
sus aspiraciones específicas -como el tipo de educación- que florecía en
muchos países de Europa a lo largo del siglo XVIII. Por un lado, tenían
la necesidad de salir de su rusticidad, mejorar el desarrollo de una lengua
común y superar su escaso nivel de educación; pero, al mismo tiempo,
crecía un rechazo a los postulados de la Ilustración por varias razones,
principalmente el énfasis que ponía ésta en la universalidad y centralidad
de la Razón para entender, enfrentar y resolver todos los asuntos del
mundo y de la vida. Quizá lo que más exacerbó la animadversión entre
humanistas, literatos y religiosos contra los supuestos ilustrados, es que:
métodos similares a los de la física newtoniana que había logrado
grandes triunfos en el reino de la naturaleza inanimada, podrían ser
aplicados con igual buen éxito a los campos de la ética, la política y
las relaciones humanas en general45.
Así pues, la historia que a grandes rasgos revisamos arriba nos
permite entender el surgimiento de un movimiento cultural antiilustrado
que postulaba entre sus doctrinas centrales
[…] la creencia enraizada en la antigua doctrina de la ley natural,
de que la naturaleza humana era fundamentalmente la misma en
todos los tiempos y lugares; que las variaciones locales e históricas
carecían de importancia46.
45
Isaiah Berlin, El estudio adecuado de la humanidad: antología de ensayos,
trad. Francisco González Aramburo et al., ed. Henry Hardy y Roger Hausheer (México:
Fondo de Cultura Económica; Turner, 2009), 142.
46
Berlin, El estudio adecuado de la humanidad, 141.

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�Herder y la sombra de la Ilustración.
La formación en el siglo XVIII

Si la naturaleza humana era la misma en todos los lugares, las vías del
progreso y avance socio-cultural debían ser las mismas para todos, y estas
convicciones no le resultaban aceptables a muchos germanos, defensores de
sus tradiciones. Además, el rechazo al pensamiento ilustrado se debía a que
afirmaba que era posible encontrar leyes y explicaciones lógicas, factibles
de demostración y comprobación, para todo; teorías que se oponían y
pretendían superar a las actitudes intelectuales perezosas, supersticiosas, de
prejuicios, dogmas religiosos, fantasías, tradiciones populares del pasado y
de ausencia de educación, típicas de los pueblos no ilustrados. Como una
respuesta ante tales presunciones apareció el movimiento llamado Sturm
und Drang, que Fernández López47 describe en estos términos:
[comenzó con la] irrupción de un grupo de jóvenes literatos con
obras que rompían con las normas morales y estéticas anteriores [...]:
Sturm und Drang («Tormenta e impulso»). Hasta aproximadamente
1770, la literatura alemana se debate entre la influencia francesa y
la inglesa. Paralelo al triunfo de la Ilustración nacional (Aufklärung)
surge el movimiento prerromántico Sturm und Drang Es un
movimiento de rechazo al racionalismo de la Ilustración. La época
del Sturm und Drang va de 1765 a 1785. Sturm und Drang (1776)
era el título de un drama de Friedrich Maximilian Klinger (17521831), amigo de juventud de Goethe […]. Esta corriente literaria del
Sturm und Drang comenzó con los Fragmente (1767) de Herder y
termina con Die Räuber (1781) de Schiller48.
Entre estos humanistas figuraba Johann Georg Hamann, personaje
muy polémico y de los primeros que se opusieron frontalmente a la
Ilustración, no sólo desde el punto de vista filosófico, artístico o
literario, sino como importante animador del movimiento «Tormenta
e impulso»; tanto así que por sus ataques incendiarios al iluminismo lo
posicionaron como:
El enemigo más apasionado, el más consistente, extremado e
implacable adversario de la Ilustración y en particular de todas
47
Justo Fernández López, “El movimiento literario alemán. Sturm und Drang,”
Historia de la literatura española, HISPANOTECA, consultado Marzo 8, 2021, http://
www.hispanoteca.eu/Literatura%20ES/Sturm%20und%20Drang.htm.
48
Fernández López, “El movimiento literario alemán.”

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�Herder y la sombra de la Ilustración.
La formación en el siglo XVIII

las formas de racionalismo de su época –vivió y murió en el siglo
XVIII […]49.
Contribuyó al Sturm und Drang y también al Romanticismo; ejerció
una notoria influencia en estos movimientos. Acudimos nuevamente a
Justo Fernández, quien afirma que:
Los Stürmer odian las reglas clasicistas o toda regla que
obstaculice a la expresión de sus pasiones, y propugnan el retorno
a la naturaleza, la libertad en los sentimientos y en el arte, con
afán de originalidad (teoría del genio). Conceden protagonismo
al sentimiento frente a la forma y a la naturaleza, y defiende
ante todo la libertad del artista. Se concede a los artistas la
libertad de expresar su subjetividad individual y sus emociones
en contraposición a las limitaciones impuestas por el racionalismo
de la Ilustración […] y se constituyeron en precursores del
Romanticismo50. [El subrayado es nuestro]
En este texto podemos identificar varios de los ingredientes
específicos de la visión del Sturm und Drang, y posteriormente del
Romanticismo, como oposición a los principios ilustrados y clásicos
apolíneos, entre ellos: rechazo a las reglas y cánones de las academias
literarias, exigencia de no coartar la expresión de los sentimientos del
artista, la búsqueda de originalidad por encima del dominio técnico y
el acatamiento a las normas en el arte, la recuperación de la naturaleza
como referente de éste, y, particularmente, la defensa de la libertad
de los autores, así como el derecho a expresar sus emociones y la
subjetividad individual. Entre éstas, queremos subrayar el ‘interés
por la originalidad’, la ‘libertad de expresión’ y la ‘subjetividad
individual’. Ese movimiento estaría engarzado con el surgimiento de la
problemática de la Bildung (la formación) en sentido moderno, y nos
permitirá comprender sus características. Las premisas del Sturm und
Drang, simultáneamente anticipan un cambio respecto a la manera de
concebir la relación entre la educación y la Bildung y su consiguiente
importancia en la configuración de las personas. Como vimos arriba, la
educación (Erziehung) tenía un papel central para lograr la ilustración
49
Isaiah Berlin, El Mago del Norte. J. G. Hamann y el origen del irracionalismo
moderno, trad. Juan Bosco Díaz-Urmeneta Muñoz (Madrid: Tecnos, 2008), 49.
50
Fernández López, “El movimiento literario alemán. Sturm und Drang”.

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La formación en el siglo XVIII

(hasta la fecha lo sigue teniendo). Se concebía tan fundamental ese
proyecto, que inclusive la Bildung –no obstante su larga historia desde
la mística medieval, que buscaba imitar la imagen del Dios creadorquedaba como componente secundario, subordinado o interno a la
educación.
No sólo las valoraciones que esgrimían los Stürmer evidenciaban
un reposicionamiento en las relaciones entre Bildung y Educación.
También hubo críticas de pensadores reconocidos a un principio
directivista, por considerarlo arrogante. Un comentario sarcástico de
Hamann a la célebre afirmación de Kant sobre el significado de la
Ilustración constituye un excelente ejemplo: el filósofo de Königsberg
afirmaba que [la Ilustración] «es la salida del hombre, de su minoría
de edad, minoría de la cual él mismo es culpable» y remata con la no
menos célebre «¡Sapere aude!» (atrévete a saber); Hamann no sólo
critica las aspiraciones del iluminismo, sino también el alcance e
inclusive las maneras de operar propias de la educación. Volker Rühle
documenta su corrosivo análisis a las afirmaciones kantianas:
Malamente, sin embargo, podría llamarse autoculpable una
incapacidad –y nunca, desde luego, la incapacidad de «servirse
de su entendimiento sin la dirección de otro»- según la fórmula
de Kant… Y la razón de que Kant pasase enteramente por alto al
verdadero culpable era que «él se incluía a sí mismo en la clase
de los mayores de edad»… «Con qué tipo de conciencia puede
un raciocinante y especulador, atrincherado junto a su estufa y en
gorro de dormir, echarle en cara a los menores de edad su cobardía,
si su ciego tutor tiene como garante de su infalibilidad y ortodoxia
un numeroso ejército absolutamente disciplinado»51. [El subrayado
es nuestro]
Frecuentemente se ha caracterizado a la educación como la acción
que ejercen los mayores de edad sobre los que todavía no están
preparados para desempeñar la actividad que la sociedad demanda
de ellos. Y la acción de tutoría es un mecanismo –complementario de
la educación por medio de la enseñanza- de vigilancia permanente y
personal sobre el sujeto individual en proceso de educación. La crítica
de Hamann apunta entonces a los males y ventajas que representa la
51
Volker Rühle, En los laberintos del autoconocimiento: el Sturm und Drang y
la Ilustración alemana, trad. Jorge Pérez de Tudela (Madrid: Akal, 1997), 9.

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La formación en el siglo XVIII

educación y la tutela permanente de los que ya han sido educados, de los
mayores de edad, sobre las personas todavía no educadas, generalmente
infantes, en su proceso educativo. Esta crítica verbaliza y anuncia que
hay otro mecanismo, otro dispositivo diferente de configuración de las
personas; ese procedimiento es la Bildung, o la formación, que tiene
características distintivas que la diferencian de la educación.
Arriba vimos cuáles fueron las demandas directas del movimiento
del Sturm und Drang en el campo de las actividades artísticas. De
allí paulatinamente pasaron a ser componentes característicos de los
procesos de configuración de las personas, procesos distintos a la
educación, que se opone a, o difiere de ellos, ya que la finalidad central
de ésta es socializar a los estudiantes en determinadas valoraciones,
conocimientos y actitudes. Vimos antes que otro legado de esta
concepción -la formación- fue que, tanto los procesos de aprendizaje
como la habilitación para percibir cosas importantes de la realidad,
pueden desarrollarse de una manera propia, personal, sin la necesidad
de, o paralelamente a, la educación. Y destaca en esta modalidad
emergente de conformación individual la condición de ser una elección
propia, decidida y autodeterminada por la persona en formación; es
decir, es opuesta a, y divergente de, los postulados de la educación en
la Ilustración. Sintéticamente, hemos de decir que los tratados sobre la
Bildung, sobre la formación, originariamente articulados y expuestos
por Herder, la caracterizarían en adelante como un procedimiento
diferente del de la educación, procedimiento que le reconocería un papel
determinante a la cultura, al ambiente y a la historia de los pueblos, a
sus actividades y maneras de resolver sus demandas y necesidades de
subsistencia. Diferentes de la enseñanza y la educación que inculcan
determinados conocimientos establecidos, ya sea por las ciencias o por
ciertos sectores sociales con poder para hacerlos valer.
Es también divisa fundamental del movimiento Sturm und Drang la
exaltación de la genialidad, que no descansa en, ni está posibilitada por,
la ciencia, por la técnica o la razón en el arte, y en este sentido difiere de
la centralidad del razonamiento lógico, ordenado, normativizado. Antes
bien, el ideal del genio radica en los rasgos psicológicos, subjetivos,
individuales, de personalidad –en la genialidad- del autor, de los
que dependen las expresiones artísticas originales, las expresiones
transgresoras o que no se adecuan a los cánones de las Academias y
teorías estéticas; son manifestaciones realizadas desde y con puntos de
vista distintos e inesperados respecto de los vigentes en la época, y que
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La formación en el siglo XVIII

expresan verdades, miradas genuinas: «El ‘Genio’ artístico tiene que
sobrepasar el modelo objetivo de las cosas y peraltarlas idealmente en
la presentación artística, es decir, ponerlas al servicio de la perfección
moral»52. El Genio posibilita que el artista no busque, por ejemplo imitar
a la naturaleza, tratar de reflejarla como una copia exacta en sus obras,
sino expresarla de manera que involucre los sentimientos, los estados
de ánimo, y sea una manifestación de la subjetividad del artista, ya que:
la intuición inmediata, original, de la naturaleza, y una acción que
se basase en ella, era lo mejor que el hombre pueda desear [...].
‘Experiencia’ era así, de nuevo, el santo y seña general, y todo el
mundo abrió los ojos todo lo bien que pudo53.
La experiencia, como es personal, íntima, y se tiene cada vez que se
enfrenta algo exterior o interior, resulta en una vivencia verdadera, que
conecta y expresa auténticamente la realidad; no así el razonamiento
lógico. La Bildung, entonces, se construye por medio de la experiencia
propia en el medio natural y cultural.
La contraposición herderiana a la Ilustración (historia de una
aguja imantada)
El pensamiento de Herder, sin llegar a ser irracionalista (pues el
historicismo que él apuntaló posee ciertamente una racionalidad
propia), constituye una impugnación al entronizamiento de la razón
como la dimensión fundamental del ser humano. Contreras Peláez54
pone en duda que los ilustrados fueran verdaderamente «raciólatras»,
pero en todo caso así los percibía Herder. Nuestro autor reflexionaba y
escribía en nombre de la vida concebida como una totalidad integral,
más rica que la pura categorización racional de las cosas del mundo. Los
hipotéticos raciólatras ilustrados eran «fofos badulaques raciocinantes,
sin sangre en las venas»55.
El mayor escándalo para Herder es provocado, más que por las
limitaciones de la civilización moderna ilustrada (él valoraba cada
52

Rühle, En los laberintos del autoconocimiento, 22.

53

Rühle, En los laberintos del autoconocimiento, 38.
54
Francisco J. Contreras Peláez, La filosofía de la historia de Johann G. Herder
(Sevilla: Universidad de Sevilla; Secretariado de Publicaciones, 2004), 87.
55
Contreras Peláez, La filosofía de la historia de Johann G. Herder, 87.

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La formación en el siglo XVIII

civilización a pesar de sus falencias), por la arrogancia de ésta y por la
pretensión que tenía de encarnar un empoderamiento casi escatológico
de la razón. En su providencialismo, Herder veía las causas de las
grandes transformaciones mundanas en el efecto impredecible y
exponencial que puede tener algún modesto invento técnico. Con un
fragmento en el que describe los efectos de la brújula en la historia,
nuestro autor conjuga su crítica a la pretensión «autonomista» de la
Ilustración con una denuncia de los efectos perversos y los daños que
ésta provocó en sendos países y continentes, montada a lomos de un
feroz colonialismo extractivo:
¿Quién puede calcular las revoluciones en todos los continentes
producidas por una pequeña aguja en el mar? Se descubren países
mucho más grandes que Europa. Se conquistan riberas cargadas de
oro, plata, piedras preciosas, especias y muerte. Se encierran seres
humanos, para la conversión o la civilización en minas, en ergástulas,
se implanta la depravación. Europa se despuebla; las enfermedades
y la voluptuosidad minan sus fuerzas más secretas. [...] La rueda en
que se mueve el mundo desde hace tres siglos es infinita. ¿Y de qué
dependía? ¿qué la impulsaba? La punta de la aguja imantada; dos o
tres ideas mecánicas56.
Veremos ahora los diversos rasgos que delinean el pensamiento
herderiano, y en los que se sustentan su crítica a la Ilustración, sus ideas
sobre la Bildung, y el padrinazgo que retrospectivamente se le asignará
sobre el gran movimiento romántico.
La Ilustración en Herder
Si bien es cierto que Herder propició transformaciones sustanciales en el
pensamiento alemán y europeo, sus proposiciones contrahegemónicas
no resultan del todo originales a pesar de su indudable carácter
propositivo. Como toda mente brillante, se nutrió de los elementos
que su entorno y su tiempo le proporcionaron. Estos elementos, en su
tiempo y su espacio, fueron las ideas y propuestas de la Ilustración.
Resultaría ampliamente simplista, por no decir ingenuo, pensar que
Herder floreció sin una sola reminiscencia de la Ilustración en sí. Por otra
56
Johann Gottfried Herder, Filosofía de la historia para la educación de la
humanidad, trad. Elsa Tabernig (Argentina: Ediciones Espuela de Plata, 2007), 86-7.

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La formación en el siglo XVIII

parte, sería igualmente simplista pensar que sólo reflexionó y construyó
su pensamiento dentro del marco de las entonces hegemónicas ideas
ilustradas. Existían posturas contrahegemónicas antes de Herder y
existían ideas no necesariamente contrarias pero tampoco afiliadas a
las del proyecto ilustrado. Existía —como siempre lo hubo y aún lo
hay— el pensamiento popular, tan importante en el desarrollo de sus
postulados.
Otro aspecto a tomar en cuenta es que la Ilustración no fue, ni en
Francia ni en Alemania, un movimiento uniforme y sin variaciones.
Las mentes que escribían y reflexionaban a menudo tomaban posturas
dispares y hasta contrarias entre sí sobre diversos temas. No podemos
afirmar una Ilustración homogénea y, por lo tanto, no podemos creer que
la predilección de Herder por tal o cual autor ilustrado fuera casual y sin
una afinidad definida. Tales son los casos de Rousseau y Montesquieu,
por quienes el autor que nos ocupa sentía cierta admiración, pero sin
que ella le impidiera efectuar algunas críticas hacia ellos. El gusto por
las ideas rousseaunianas llega a un grado tal que Herder era apodado
«el Rousseau alemán», aunque este símil es adecuado sólo en el ámbito
de la afinidad por la naturaleza, pues Herder condenaba fuertemente
otras actitudes del filósofo ginebrino. Le agradaban, por otra parte, las
acotaciones que Montesquieu realizaba a las proposiciones sobre el
devenir humano como una generalidad, prestando atención a los sujetos
y comunidades particulares y tratándolas como únicas. Así podemos
nombrar de forma más específica, y al mismo tiempo más general, las
influencias ilustradas que hallaron suelo fértil en su persona. Hay que
decir también que a Herder lo impulsaba un amplio interés en la ciencia
natural y los nuevos descubrimientos de este tipo, como se deja ver en
sus Ideas para la filosofía de la historia de la humanidad (Ideen zur
Philosophie der Geschichte der Menschheit).
Pero si no es posible hablar de una misma Ilustración ni una
aprehensión acrítica de ésta por parte de nuestro autor, ¿de qué
hablamos cuando decimos que se alzó contra ella? Isaiah Berlin
claramente distingue tres características o bases principales sobre las
que trabajó el movimiento ilustrado. Estas serían:
I.- «toda pregunta de carácter genuino puede responderse, y si no se
puede, no es en realidad una pregunta», II.- «todas estas respuestas
son cognoscibles y pueden descubrirse por medios que se pueden
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La formación en el siglo XVIII

aprender y enseñar a otros» y III.- «todas las respuestas han de ser
compatibles entre sí ya que si no lo son, se generará el caos»57.
Ante esto se alzó Herder: contra una serie de proposiciones
generales y universales que no tomaban en cuenta lo particular dentro
de sus abstracciones, alejadas de lo concreto y real -por lo tanto, de lo
verdadero-. La afirmación que se hacía de una realidad única y coherente
consigo misma no cabía en el «Rousseau alemán». Él concebía un
mundo de realidades diferentes no coherentes ni compatibles entre
sí y, sin embargo, coexistentes. Vemos esto, junto con el derrumbe
particularmente de la tercera proposición que menciona Berlin, en su
texto Otra filosofía de la historia para la educación de la humanidad
(Auch eine Philosophie der Geschichte zur Bildung der Menschheit)
donde, en respuesta a la visión totalizadora de Voltaire sobre la filosofía
de la historia, afirma que a lo largo de la ésta una diversidad de
comunidades han existido, nutriéndose y enriqueciéndose las unas a las
otras, pero no necesariamente superándose, ya que ninguna es superior a
otra, siendo todas deudoras de todas y a las cuales no se les puede medir
con la vara con la que se miden a las sociedades actuales, sino sólo con
la vara de su propio tiempo y lugar. Aquí queda claramente expuesto
cómo, a pesar de las diferencias entre egipcios y griegos, romanos y
hebreos, chinos y franceses, sus historias y culturas particulares les
permiten existir como diferentes de los otros y alejados de sus fines,
existiendo sólo para sí sobre el mismo mundo. En otras palabras:
coexistiendo en una diversidad cuyos elementos no necesariamente son
compatibles ni homogéneos.
Esta proposición fue una de las más preponderantes y originales
en toda la obra de Herder, haciéndolo acreedor al título de «padre
del historicismo», triunfando finalmente sobre las visiones que la
Ilustración tenía de la historia y los recorridos que debía de hacer.
Pero ya hemos dicho que no se desarrolló su pensamiento como una
mera crítica o contraposición al movimiento ilustrado, sino que recibió
también influjo del conocimiento popular, “como es visible en la obra
antes mencionada” en conjunto con una detenida contemplación de la
historia. Empero, esta evolución no se alimentó solamente de estos dos
aspectos, sino también de la influencia que una figura concreta ejerció
fuertemente en el sentir de Herder: se trata del emblemático Johann
57
Isaiah Berlin, Las raíces del romanticismo, trad. Silvina Marí, ed. Henry
Hardy (Madrid: Taurus, 2015), 51-2.

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La formación en el siglo XVIII

Georg Hamann, apodado «El mago del norte», que mencionamos más
arriba. Fue éste un pensador extraordinariamente sensible que conoció
a Herder en Königsberg y se convirtió en su maestro. Él lo introdujo al
estudio del lenguaje y a la admiración por la diversidad y lo singular,
además de enseñarle a «pensar menos y sentir más».
«En consecuencia, la doctrina de la Ilustración —según Hamann—
extirpaba lo viviente del ser humano, ofrecía un pálido sustituto a
las energías creativas del hombre y a la rica totalidad del mundo
de los sentidos; energías creativas sin las cuales es imposible vivir,
comer, beber, ser feliz, conocer a otra gente, entregarse a mil y una
acciones, sin las cuales las personas se marchitan y mueren»58.
Este cúmulo de experiencias intelectuales y vivenciales fueron
las que dirigieron a nuestro autor por una senda de sensibilidad, con
vistas hacia lo particular de cada pueblo y cada ámbito de la vida. Sus
consignas chocaban contra el racionalismo omnímodo de la época. La
sensibilidad con la que miró la vida era incompatible con el frío uso
de las facultades mentales en pro de instituciones sin corazón. Herder
intentó redirigir la mirada y los esfuerzos de la época a fomentar la
humanidad antes que enriquecer a un Estado y a aumentar su fuerza,
aunque estos mismos esfuerzos son producto de la tesis inicial de que
esa era la forma de proceder ante la historia.
Un corolario de la postura herderiana en lo tocante a la educación es
que nuestro autor se posiciona contra la idea ilustrada de una educación
racional, universal, común a toda la humanidad. Herder se inclinaba
a reconocer, en cambio, el impacto de las condiciones naturales y
sociales de cada pueblo en la formación de sus habitantes, condiciones
y formación que resultan siempre en la producción de características
peculiares, idiosincrásicas de cada cultura.
La Bildung en Herder: historia, lenguaje y arte
Tomando en cuenta lo anterior, vemos que la concepción que Herder
tenía sobre la formación está indisolublemente ligada al estudio
de algunas características propias de la experiencia de los pueblos
particulares. Estas dimensiones dan vida a una cultura específica, y ésta
58

Berlin, Las raíces del romanticismo, 77.

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La formación en el siglo XVIII

constituye el campo en el que se da la formación de los individuos y de
los colectivos. Las tres dimensiones que consideramos cruciales para el
entendimiento del devenir cultural en que se desenvuelve cada pueblo,
y que son, por ende, atributos de la Bildung herderiana, son la historia,
la lengua y el arte. Veremos a continuación qué importancia tiene cada
una para la comprensión de los procesos formativos, siempre desde la
mirada herderiana.
Historia
Según Pucciarelli59, antes del surgimiento de la consciencia histórica,
evocar tiempos pretéritos era como narrar una especie de leyenda. El
atractivo por el pasado estaba marcado por la inclinación o curiosidad,
que implicaba un «asomarse» a los tiempos, personajes o lugares
lejanos, llenos de manifestaciones extrañas. Estas representaciones eran
aproximaciones carentes de rigor científico; en cambio la consciencia
histórica:
madura tardíamente, y sólo adquiere plena lucidez con Herder.
Pocas contribuciones han resultado tan decisivas como la suya
[…], los hallazgos de Herder han revelado tal fecundidad que no
sólo apresuraron la constitución de la conciencia histórica, sino
que mantienen su eficacia aún en el presente60.
La aspiración de Herder era escribir la historia, el pasado de un
pueblo, de un acontecimiento, con la conciencia de que esos eventos
acarrean consecuencias para la actualidad, y no como algo ya
acontecido, terminado, que no tiene nada qué ver con nuestro presente.
Adicionalmente, hacer o estudiar la historia lleva, como requisito
imprescindible, el esfuerzo de «comprender el pasado en su desnuda
realidad, desde sí mismo y no a través de preferencias del presente»61.
El objetivo de discernir la significación de los hechos o la cultura
de un pueblo demanda no entenderlo desde nuestra perspectiva
y significaciones actuales, sino concebir los hechos o elementos
59
Eugenio Pucciarelli, “Herder y el nacimiento de la conciencia histórica,” en
Filosofía de la historia para la educación de la humanidad, por Johann Gottfried Herder
(Argentina: Ediciones Espuela de Plata, 2007), 11.
60
Pucciarelli, “Herder y el nacimiento de la conciencia histórica,” 11.
61
Pucciarelli, “Herder y el nacimiento de la conciencia histórica,” 12.

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La formación en el siglo XVIII

particulares de esa historia como pertenecientes a, o como parte
de, un todo, como insertos en una totalidad que les aporta sentido.
Pero al mismo tiempo, el pasado histórico no puede concebirse
como completamente superado, como disociado o desligado de las
condiciones presentes en nuestro medio, ya que ese asunto, esa práctica
o una invención técnica, son una suerte de eslabón, un momento de un
desarrollo que resulta antecedente, y que ha participado en el derrotero
del presente que vivimos. En esa medida, nos permite comprender en
parte nuestras condiciones, costumbres, actividades, etcétera.
Un rendimiento adicional de la historia, para Herder, es que:
a la aspiración de conocer se une el ideal ético y pedagógico de la
formación del hombre. Esto explica el ardor polémico del escrito
juvenil de Herder y sus ataques a la suficiencia y descreimiento de
la Ilustración62. [el subrayado es nuestro]
Entonces, acudir a la historia, en los términos que propone Herder,
también nos permite fundamentar la formación, la Bildung, ya que no
se la puede desligar del todo al que pertenece, de la totalidad social y
cultural de la que forma parte. De lo contrario estaríamos concibiéndola
de una manera abstracta, desarraigada, absoluta: como una problemática
y una condición meramente ideal, sin articulación con las necesidades y
condiciones concretas que la posibilitan y a las que responden.
Habíamos visto arriba que el movimiento Sturm und Drang estaba
conformado por jóvenes que rechazaban las normas literarias y
propugnaban la manifestación espontánea de los sentimientos, siendo
entonces Herder un Stürmer. Consecuentemente, esto se presenta
también en su manera de narrar la historia:
De esta manera se pone en evidencia que aunque Herder pretenda
oponerse al método metafísico, haciéndonos creer que sus
afirmaciones generales se basan en datos empíricos que extrae
principalmente de la observación de la naturaleza, en realidad lo
que hace es una filosofía especulativa de la historia, que encuentra
la unidad y el sentido de los acontecimientos totalmente a priori63.
62
Pucciarelli, “Herder y el nacimiento de la conciencia histórica,” 13.
63
Virginia López-Domínguez, presentación a Antropología e historia, por
Johann Gottfried Herder, trad. y ed. Virginia López-Domínguez (Madrid: Facultad de

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La formación en el siglo XVIII

Herder escribió diversos trabajos en los que explica la relevancia
de la cultura, las tradiciones, el lenguaje, el folclor de un pueblo,
tanto para conocerlo globalmente, como para comprender cabalmente
aspectos particulares del mismo, por el hecho de encuadrarlos dentro
de su totalidad.
Herder escribió, por lo menos, dos grandes obras dedicadas
específicamente a la historia -que estuvieron, a la vez, íntimamente
ligadas al concepto de Bildung-, que ganaron notoriedad y también
fueron objeto de polémicas muy relevantes por lo audaz de sus
planteamientos. La primera de estas obras es «También una filosofía
de la historia para la educación de la humanidad (1774) obra que
alcanzó una repercusión y una trascendencia superior a la que él
hubiese podido sospechar en el momento de escribirla»64. Virginia
López-Domínguez documenta que a partir de este texto se disparó
una serie de trabajos muy importantes, tanto para el campo de la
educación y la pedagogía, como para la consolidación del estatus de
la filosofía de la historia. Así, Lessing escribió Educación del género
humano en 1780, Kant Idea de una historia desde el punto de vista
cosmopolita en 1784, Fichte Caracteres de la edad contemporánea
en 1805. Nos interesa aquí retomar lo señalado sobre el rechazo a los
métodos y normas científicas y canónicas por parte de los Stürmer.
Herder adoptaba la misma actitud, inclusive para el estudio de la
historia. El segundo libro de los que decimos arriba es Ideas para la
filosofía de la historia de la humanidad, que fue publicado entre los
años de 1784 y 1791, fue escrito en cuatro partes sin llegar a redactar
la quinta.
En ambas obras, tanto en ésta, las Ideas, su opus magnum, como
en la anterior, También una filosofía, plantea un desarrollo histórico
aunado intrínsecamente a la formación humana. Éstas se encuentran
articuladas, pues una no puede existir sin la otra: tanto la historia
como la formación son procesos necesariamente sociales que ocurren
en colectivo con repercusiones particulares y diferentes sobre cada
individuo. «Como el hombre aislado subsiste por sí solo de modo muy
imperfecto, se forma en sociedad para alcanzar un máximo superior
de fuerzas convergentes»65.
Filosofía de la Universidad Complutense, 2002), 11.
64
López-Domínguez, presentación a Antropología e historia, 13.
65
Johann Gottfried Herder, “Ideas para la filosofía de la historia de la
humanidad,” en Antropología e historia, trad. y ed. Virginia López-Domínguez
(Madrid: Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense, 2002), 173.

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La formación en el siglo XVIII

Para Herder, la humanidad era una totalidad que requería de
individualidades, pues era tan extensa que no podía ser reducida a
una manifestación unitaria -como pretendía hacer creer la Ilustraciónsino que tenía que manifestarse particularmente a través de cada
individuo y por eso mismo cada uno necesariamente era distinto a
su vecino: la humanidad es tan vasta y extensa que una sola persona
no podía poseerla ni manifestarla toda en sí misma, por ello, cada
individuo se vuelve una minúscula representación de lo que la
humanidad es, siendo que sólo agrupando a todas las personas junto
a sus expresiones individuales, podemos hablar de humanidad. Si es
así, sólo un individuo puede llegar a ser una expresión minúscula de
la humanidad conviviendo y formándose junto con otros individuos
que inyecten en él el espíritu humano.
A la vez, algo vital a tomar en cuenta es el hecho de que la
humanidad no permanece estática en su visión. De nuevo, difiere de los
ilustrados, quienes argumentaban que, efectivamente, la humanidad
se transformaba pero en un camino de línea recta que se dirigía hacia
un fin específico y predeterminado. Para Herder, la historia tomaba
rumbos tan diversos como las personas que los propiciaban, generando
rutas amplias, elaboradas y enmarañadas como las ramas de un árbol.
Para referirse a esto, utilizó los términos Zeitgeist (espíritu del tiempo)
y Volksgeist (espíritu del pueblo).
El primero, para referirse a las particularidades históricas -vaya,
del tiempo- en que se habitó y se habita la Tierra: nuestros tiempos
no son los mismos que los de los antiguos griegos, la velocidad en
la que transcurre, las herramientas que utilizamos y la forma en que
nos comunicamos difieren en gran medida, y estas mismas diferencias
propician una experiencia vital única y diferente de cualquier otra. Sin
irnos tan lejos, las condiciones históricas bajo las que crecieron y se
formaron las infancias en la década de 1980 difieren de aquellas que lo
hicieron en los 90s y aquellas que lo han hecho durante el nuevo milenio,
permitiéndoles configurarse de una manera particular y diferente a la
de sus antecesores y sucesores. El Volksgeist se refiere a estas mismas
diferencias culturales pero aterrizadas en un contexto no temporal sino
espacial en el que nos desarrollamos. Esto es, el pueblo en el que nos
tocó nacer, crecer y vivir, ya que éste se diferencia de otros pueblos y
otras culturas, brindándonos elementos formativos que otros pueblos no
serían capaces de propiciar.
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La formación en el siglo XVIII

Estos conceptos capitales en el pensamiento histórico herderiano
tienen una repercusión igualmente capital en la estructuración de la
Bildung. Herder la aterrizó en una realidad concreta que le permitía
adquirir ese cariz individual y diferenciador a la educación. Más allá de
esto, explicó por primera vez la relación que una sociedad en su diario
vivir tenía sobre una persona y arrebató a la formación de su concepción
como una actividad necesariamente dirigida por un tutor letrado, erudito
y trascendental, a la manera kantiana. En su lugar colocó una formación
inmersa en la vida amplia y total, no trascendental sino terrenal que se
ramifica en cada uno de nosotros.
La naturaleza humana no es una divinidad que obra
independientemente en el bien; tiene que aprenderlo todo, formarse
progresivamente, avanzar en lucha paulatina, por lo tanto es
evidente que se formará especial o exclusivamente en esos aspectos
en que se le ofrecen ocasiones para la virtud, la lucha, el progreso.
En cierto sentido toda perfección humana es nacional, secular y,
estrictamente considerada, individual. Sólo se perfecciona aquello
para lo cual el tiempo, el clima, la necesidad, el mundo, el destino
dan oportunidad66.
Lengua
Por lo que toca a la lengua, ésta tiene gran importancia en el pensamiento
herderiano. Dos aspectos podemos destacar aquí sobre la concepción de
la lengua y su relación con la Bildung: por un lado, la consustancialidad
de razón y lenguaje en el ser humano; por el otro, derivado de lo anterior,
la importancia formativa del aprendizaje de la lengua materna.
En su Ensayo sobre el origen del lenguaje, Herder impugna las ideas
que acerca de ese asunto predominaban en su época. Concretamente, él
critica la opinión según la cual el lenguaje humano fue revelado desde
una dimensión divina. Critica, asimismo, la teoría de que nuestra forma
de comunicación procede directamente del lenguaje de los animales, en
una línea de continuidad.
La primera tesis es fácilmente refutada por Herder a la luz del
carácter empíricamente falso del argumento con el que el teólogo
Süssmilch pretende apuntalar su posición:
66

Herder, Filosofía de la historia, 54.

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La formación en el siglo XVIII

[Süssmilch] descubre el admirable orden de Dios en el hecho de que
los sonidos de todas las lenguas conocidas puedan reducirse a unas
veinte letras. Pero este hecho es falso, y la conclusión, más errónea
todavía. Ni una sola lengua viva es plenamente reducible a letras,
y menos todavía a veinte letras. [...] Las articulaciones de nuestros
órganos lingüísticos son tan variadas [...] que el señor Lambert
[...] puede señalar con razón [...] cuán pocas son nuestras letras en
comparación con la cantidad de sonidos que poseemos67.
Para Herder, en efecto, el lenguaje posee un origen animal, pues
la naturaleza genera en todas las criaturas la necesidad de manifestar
emociones ante situaciones de peligro, dolor o entusiasmo. Merced
a este tipo de expresiones -sonidos naturales-, los individuos de cada
especie pueden transmitir mensajes sencillos a sus congéneres68.
Empero, los sonidos naturales no son las «raíces propiamente dichas
[del lenguaje humano], [...] [sino] la savia que las vivifica»69. Éstos
son demasiado ambiguos, pues uno solo de ellos sirve para expresar
emociones disímbolas, carentes de la especificidad de los conceptos:
Pues bien, esos sonidos son muy simples. Si son articulados y se
los escribe sobre un papel [...] las más contrapuestas sensaciones
cobran así expresión. El débil «¡ah!» es tanto una voz del amor que
se desvanece como de la desesperación que se hunde70.
El carácter propio del lenguaje humano deriva de la razón, la
cual, a su vez, es una suerte de «compensación» ante la neotenia
humana, la dispersión de los sentidos y la carencia de instintos que
en el infante generan el más absoluto desamparo71: Los animales
poseen un lenguaje muy simple porque sus instintos y sentidos están
naturalmente determinados a cumplir ciertas funciones, necesarias para
la supervivencia en un hábitat restringido -que Herder llamaba «esfera
animal»-. Los humanos, en cambio, al carecer de instintos podemos
elaborar representaciones mucho más amplias y contingentes:
67
Johann Gottfried Herder, Obra selecta, trad. Pedro Ribas (Madrid: Alfaguara
1982), 137.
68
Herder, Obra selecta, 134.
69
Herder, Obra selecta, 136.
70
Herder, Obra selecta, 135.
71
Herder, Obra selecta, 145-46.

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La formación en el siglo XVIII

Si el hombre goza de facultades de representación no circunscritas
a la construcción de alvéolos en un panal ni a la confección de
telarañas, si goza de facultades que son, por tanto, igualmente
inferiores a las habilidades artísticas de los animales en
determinado ámbito, a ello deben precisamente esas facultades la
mayor perspectiva que adquieren72.
El lenguaje humano constituye el vehículo de la razón humana.
Herder impugna la idea de que ésta se va desarrollando en el niño de
manera gradual -rechaza, pues, la noción de razón como «capacidad»
o «potencia», susceptible de «actualizarse»-, pues afirma que no
puede «desarrollarse» algo que, en su cualidad esencial -la posibilidad
de reflexión, consistente en la habilidad de discernir las propiedades
de un ente-, ya debe estar presente en el infante desde su nacimiento
para que pueda hablarse propiamente de humanidad. Pone Herder el
ejemplo de una oveja, cuyas características visuales no resultan tan
importantes para el niño pequeño debido a la dispersión y oscuridad
de las que aun adolecen sus ojos; el oído, más sensible y cuyos
objetos, los sonidos, son más fácilmente discernibles, suministra un
«concepto sonoro» al escuchar a la oveja balar. El niño discierne el
sonido como una cualidad de la oveja. «Ese balar [...] queda como
propiedad suya»73. Bajo esta premisa afirma Herder que los verbos
impersonales son anteriores al desarrollo de categorías como sujeto
y adjetivo, a las que dan origen como consecuencia de ese acto
espontáneo de reflexión racional vertida en sonidos que se convierten
en características; concluye así Herder: «Basta aquí anotar el lenguaje
como verdadero carácter distintivo externo de nuestra especie, como
lo es la razón desde el punto de vista interno»74.
La importancia de la lengua como sustancia exterior en la que se
hipostasia el espíritu es puesta de manifiesto por Herder en su Diario
de mi viaje del año 1769. Hablando ahí de una propuesta educativa
él afirma, por un lado, que el latín no resulta necesario sino para los
eruditos que habrán de usarlo, pues la lengua materna es el auténtico
medio educador75. Por otro, la adquisición de saberes y habilidades
72
73
74
75

Herder, Obra selecta, 150.
Herder, Obra selecta, 156.
Herder, Obra selecta, 165.
Herder, Obra selecta, 63.

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�Herder y la sombra de la Ilustración.
La formación en el siglo XVIII

no «se ve auxiliada» por, ni «va acompañada» de, ni «implica» a, la
lengua, sino que ésta es la forma misma del espíritu que amplía su
consciencia y su esfera de acción merced al ejercicio: “Este será el
proceso: aprender primero a hablar, es decir, a pensar, a hablar, es
decir, a contar, a hablar, es decir, a conmover; y ¡de cuántas cosas no
se han puesto aquí los fundamentos!”76.
Siendo así, el lenguaje posibilita nuestra propia existencia en sociedad
y no sólo eso, sino que se revela como una característica primordial de
lo que nos hace humanos, como la formación también lo hace. Es por
esta razón que van de la mano. El lenguaje, como primordial resultado
de nuestra condición humana nos es heredado, y con él el conocimiento
y el fruto del avance de la especie. «Cada individuo constituye un ser
humano y, consiguientemente, prosigue el pensamiento de la cadena de
su vida. Cada individuo es hijo o hija, ha sido educado [gebildet en el
original, lit. “formado”] mediante la enseñanza y, en consecuencia, ha
recibido una parte del tesoro de sus antepasados, y lo seguirá ampliando
a su manera»77.
La lengua funge como el elemento principal para la preservación
del saber y la cultura humana y, por eso mismo, de nuestra formación.
Así, al habitar en ella, y particularmente en nuestra lengua materna,
adquirimos lo que nos rodea y lo que nos permite volvernos, como lo
menciona Herder al final de la cita, más únicos, y modificarlo según
nuestra individualidad. La lengua es nuestro nexo primordial con la
humanidad que nos pretende formar.
Estética
Una última dimensión de la Bildung herderiana la podemos referir
como la dimensión estética. A pesar de que las anteriores dimensiones
de una u otra forma también se refieren a aspectos estéticos y llaman
a una sensibilidad en la formación de la persona, tanto en su función
exterior como interior, existió también un interés de Herder abocado a
la reflexión cognitiva y sensible de los fenómenos estéticos de la vida.
Intrínsecamente relacionados tanto con la historia como con la lengua
particular de un pueblo, surgen la poesía, los cantos y las historias
populares, además de las formas de expresión artística particulares de
76
77

Herder, Obra selecta, 64.
Herder, Obra selecta, 222.

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La formación en el siglo XVIII

la nación, tema que ya trata en También una filosofía de la historia para
la educación de la humanidad.
Por una parte, es necesario notar que la admiración herderiana por la
poesía y los cánticos populares antiguos existe en contraposición a las
formas «refinadas» de arte que tomaron fuerza en Europa influenciadas
por Francia. Las obras teatrales, principalmente, pero también otras
expresiones artísticas como la música, eran criticadas por la meticulosa
concepción con las que eran producidas. Sus críticos solían decir que
era un arte muerto o estático, que en ello no había sentimiento sino
mero pensamiento, y en estas condiciones un verdadero arte sensible no
podía florecer. A pesar de esto, el enraizado clasicismo francés contaba
con una gran cantidad de seguidores, tanto dentro como fuera de sus
fronteras, incluyendo a Alemania; al mismo tiempo, resultaría un error
creer que eran pocos quienes se oponían a estas formas de desarrollo y
expresión artística.
Herder, en consonancia con el resto de su pensamiento, se oponía a la
hegemonización de la vida bajo los estándares racionalistas. Esto incluía
una de las más vivas expresiones de la cultura de un pueblo concreto:
sus canciones y poesías populares. Para él, los pueblos antiguos eran
quienes con mayor éxito habían reflejado la vida —su vida— por medio
de la palabra. Como hemos visto, el lenguaje ocupa un lugar central en
su pensamiento. Aquí, el lenguaje constituye la expresión de la vida y
el pensamiento mismo sin miramientos y sin contenciones. Las formas
artísticas que le eran contemporáneas, más pensadas que sentidas,
representaban un peligro para la sensibilidad humana: «Apenas vemos
y sentimos ya, sino que sólo pensamos y utilizamos; no hacemos poesía
en el mundo vivo, sobre él, en la tempestad y en la corriente conjunta
de tales objetos, de tales sensaciones»78.
Los pueblos antiguos, más cercanos a la vida, eran más sensibles y
capaces, por tanto, de expresar sensibilidad. La falta de refinamiento
en su estructura poética o la falta de simbolismos y alegorías dejaba
entrever que sus expresiones estéticas existían en consonancia con
la naturaleza y con ellos mismos, y no se veían obstaculizadas por
instrumentos artificiales. Esto es también discusión en torno a la Bildung
de la persona y de su pueblo, en tanto que las expresiones estéticas con
las que se encuentren formarán quiénes son y qué tanta sensibilidad en
la vida son capaces de asimilar al igual que de externar.
78

Herder, Obra selecta, 247-8.

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La formación en el siglo XVIII

Pero no crea usted que lo fuera igualmente para aquellos pueblos
vivos, que oían y no leían y acompañaban cantando desde la
juventud, que tenían su oído enteramente educado (gebildet) de
acuerdo con esa práctica. Nada hay más vigoroso y eterno y rápido
y fino que la costumbre del oído. Una vez captado profundamente,
¡cuánto tiempo lo conserva!79.
Los cantos y las poesías recitadas al calor de la voz eran mayormente
apreciadas por nuestro autor al ser la expresión viva de la lengua;
apreciaba que la escritura nos permitiera acceder a lo que de otra forma
no conoceríamos, pero rechazaba que aceptáramos esos escritos como
la forma más alta o perfecta en la que podían ser expresados. Herder
atentaba contra la cultura libresca de la época y esa crítica a la reducción
de la vida a palabras en libros incluía los cantos y la poesía. Proponía
que los «niños inocentes, mujeres, gente con buen sentido natural, más
formados (gebildet) en la acción que en la especulación, tales son, por
consiguiente (si es elocuencia lo que he expuesto), los únicos oradores
superiores de nuestra época»80. El canto de un niño tenía más valor que
un libro con poesía muerta.
También cabe aclarar que lo anterior no quiere decir que no
existieran figuras sobresalientes que provoquen estéticamente y
fomenten la formación de la persona. Ossian y Shakespeare resultan
grandes ejemplos de ello para Herder: el individuo artista podía formar
a sus compañeros. Esto se reconoce en que Shakespeare, a pesar de ser
un autor relativamente reciente a su tiempo, contenía en sus obras la
vida de la que los autores muertos de su tiempo carecían.
Cuando leo al autor británico desaparecen para mí teatro, actor y
bastidores. No veo más que hojas sueltas del libro de los acontecimientos,
de la providencia, del mundo, volando en la tempestad de los siglos,
distintos caracteres de los pueblos, de las clases sociales, de las almas,
de todos ellos como las más distintas y separadas máquinas actuantes
que somos todos en manos del creador, como instrumentos ciegos e
ignorantes del todo de un cuadro teatral, de un acontecimiento con una
grandeza tal que sólo el poeta lo abarca con la mirada81.
79
80
81

Herder, Obra selecta, 240.
Herder, Obra selecta, 246.
Herder, Obra selecta, 261.

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La formación en el siglo XVIII

Las obras de Shakespeare expresaban la vida en su completud a la
vista de Herder. No existían en ellas las distinciones habituales en el
arte y la literatura de su tiempo que se atenían a aspectos concretos. En
cambio, el genio británico abarcaba lo que nos era evidente en la vida,
así como lo que nos pasa por desapercibido. Se encontraba en él a un
poeta sensible que no se orientaba por las convenciones sociales sino
por un espíritu creador original y lleno de vida. Es así como, tal como los
griegos formaban a través de sus mitos y cantos, Shakespeare formaba
a la nueva humanidad que ahora habita la tierra. «Si aquél [Sófocles]
representa, enseña, conmueve y forma griegos, Shakespeare instruye,
conmueve y forma (bildet) hombres nórdicos»82. Tal es el lugar de la
estética en la Bildung herderiana: una estética que conmueve y orienta
hacia la vida más viva, por llamarla de alguna forma; cantos y poesía,
arte vivo, arte que desarrolla las facultades sensitivas para, a través de
ellas, aprehender el mundo, su cultura y su historia.

82

Herder, Obra selecta, 261.

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�Herder y la sombra de la Ilustración.
La formación en el siglo XVIII

Conclusiones: Herder en segundo plano y el fermento crítico del
Romanticismo
A pesar de la amplia y reconocida influencia que Herder tuvo en
el pensamiento posterior a él, particularmente en los autores del
Romanticismo, hay que reconocer dos etapas de esta influencia que tuvo
en vida siendo que, por una parte, después de la publicación del Ensayo
sobre el origen del lenguaje, obtuvo gran fama y reconocimiento. Este
texto nace como respuesta a la contestación por la pregunta sobre el
origen del lenguaje en un concurso que la Academia de Berlín propuso.
Similar a Rousseau con su Discurso sobre las ciencias y las artes,
propuso una teoría inusual o al menos poco aceptada en la época como
la respuesta final al origen del lenguaje, alejada de las dos respuestas
más populares de su tiempo, que eran: de creación y enseñanza divina
o de generación natural en el ser humano. Herder opta por argumentar
que el lenguaje no es una herramienta del pensamiento, sino que, al
contrario, el pensamiento tiene su origen en el lenguaje y éste tiene
su origen en el desarrollo simultáneo de las facultades humanas y la
necesidad de la expresión. En cuanto la persona se vuelve capaz de
nombrar las cosas, se vuelve capaz de conceptualizarlas y, así, de
desarrollar ideas y discursos.
El ensayo fue aplaudido y desde ese momento gozó de
reconocimiento entre sus coetáneos. Sus ideas sobre el arte, el lenguaje,
la literatura, la historia y la cultura y sabiduría popular, particularmente
expresada en sus cantos y poesías, cobran relevancia en la sociedad
germana. Sin embargo, la segunda etapa es una de olvido. Si bien en
un comienzo había llegado a consagrarse como un pensador incluso
más popular y respetado que su antiguo maestro Immanuel Kant,
esto no habría de permanecer así eternamente. Después de un periodo
de riñas entre los dos filósofos donde Kant contestaba y criticaba
particularmente su pensamiento histórico —y de donde nació Idea para
una historia universal en clave cosmopolita y Probable inicio de la
historia humana— Kant publicó su tan célebre Crítica de la razón pura.
Empero, ésta no recibió alabanzas inmediatamente. Su difícil lectura y
comprensión hizo esperar a su autor por el reconocimiento merecido,
pero, a final de cuentas, éste llegó.
Conforme aumentaba la popularidad de su antiguo maestro, Herder
se vio opacado. Kant se convertía en la nueva estrella de la filosofía
alemana y sus ideas, contrarias a las de su discípulo, terminaron
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La formación en el siglo XVIII

por sofocarlas en el olvido de su época. El pensamiento herderiano
permaneció «agazapado», manteniéndose como la sombra de una
luz ilustrada que se expresaba en los ideales políticos y morales
universalistas y ahistóricos del kantismo. No se escuchó del «Rousseau
alemán» por un tiempo hasta que los románticos aparecieron en escena.
Su hambre por un pasado más cercano a la naturaleza y a la sensibilidad
humana, su interés por las poesías populares y un repudio similar debido
al exceso de razón que habitaba en la época, los dirigieron hacia Herder.
Consideramos importante recuperar del olvido a Herder, a pesar de
que especialmente durante el transcurso del siglo XX se han retomado
aspectos de su pensamiento, particularmente por pensadores como
Isaiah Berlin. Su importancia como autor de transición a una nueva
sensibilidad y a una nueva forma de asimilar la vida y el pensamiento
resulta crucial no sólo para la historia de las ideas y la pedagogía
sino como fundamento de las teorías de la formación y un amplio
entendimiento de la Bildung.
Sus aportes alimentaron las modernas teorías del lenguaje, la
historia y la pedagogía. Estudiarlo sería acudir a una de las fuentes
primigenias y fundacionales de la modernidad y esto ampliaría nuestro
entendimiento de la vida actual. Si la formación es el proceso y
resultado en el cual la persona llega a ser lo que es, la amplitud que
nos presentó este autor propició la evolución del entendimiento de lo
que nos constituye a nosotros como nosotros mismos, a través de la
historia -la cual habitamos-, el lenguaje -que nos conecta con el mundo
y sus agentes- y el arte – por el cual llegamos a conocernos a nosotros
mismos y a los otros.
Ese pensador relativamente ignorado hasta antes de la llegada de los
románticos, y que aun hoy en día es poco leído, introdujo sin embargo en
el campo de la reflexión los fermentos conceptuales de la particularidad,
la experiencia, la vida y lo histórico. Desde que estos fermentos fueron
acogidos con entusiasmo por el movimiento romántico la sombra de
la Ilustración (esos elementos de la vida que habían sido obviados o
menospreciados por la razón ilustrada) ya no fueron más un diminuto
rincón umbrío, sino que pasaron a ser esa contraparte del espíritu
humano que empezaba a dibujar un claroscuro rico y fascinante.

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Notas
1.- Esta obra fue producto de la recopilación y edición de notas que
Friedrich Theodor Rink, alumno de Kant en su cátedra sobre pedagogía,
realizó y presentó ante el filósofo de Königsberg. Éste la aprobó y se
publicó en 1803 poco antes de su muerte.
2.- Los traductores, Lorenzo Luzuriaga y José Luis Pascual, aclaran
la razón por la cual traducen tanto Erziehung como Bildung por
«educación» siendo que ellos conciben que dentro de Kant ni en este
párrafo ni en los siguientes existe una distinción clara entre educación
(Erziehung) y formación (Bildung). Sin embargo, para fines del presente
artículo es necesario realizar dicha distinción, cuya existencia en la obra
sostenemos, a pesar de no estar elaborada en profundidad.

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La formación en el siglo XVIII

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              <text>Aitías: Revista de Estudios Filosóficos,  2021, Vol. 1, No. 2, Julio-Diciembre</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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