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                  <text>�D.R. 2022 © Aitías. Revista de Estudios Filosóficos, Vol. 2, No. 3, enero-junio 2022,
es una publicación semestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a
través del Centro de Estudios Humanísticos, Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías,
Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey, Nuevo León,
México. C.P. 64290. Tel.+52 (81)83-29- 4000 Ext. 6533. https://aitias.uanl.mx Editor
Responsable: Dr. José Luis Cisneros Arellano. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo
04-2022-020214040400-102, ISSN 2683-3263, ambos ante el Instituto Nacional del
Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Centro de
Estudios Humanísticos de la UANL, Mtro. Juan José Muñoz Mendoza, Biblioteca
Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia
Regina, Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290. Fecha de última modificación
de 01 julio de 2022.
Rector / Dr. Santos Guzmán López
Secretario de Extensión y Cultura / Dr. José Javier Villarreal Álvarez-Tostado
Director de Historia y Humanidades / Lic. Humberto Salazar Herrera
Titular del Centro de Estudios Humanísticos / Dr. César Morado Macías
Director de la Revista / Dr. José Luis Cisneros Arellano

Coordinadores del Dossier: “Los horizontes de la lógica y su filosofía. La
diversificación de esquemas y tipos de argumentos en contextos de incertidumbre”
/ Dr. Jesús Jasso Méndez (UNAM / UACM), México, Dr. José Luis Cisneros
Arellano (UANL), Nuevo León.

Autores
Dr. Dmitry Zatzev
Dr. Hubert Marraud
Dr. Franklin Galindo
Dr. Randy Alzate
Dr. Otávio Bueno
Dr. Raymundo Morado
Dr. Omer Buatu Batubenge
Dr. Juan Carlos Hernández Pineda
Dr. Luis César Santiesteban Baca
Editor Técnico / Mtro. Juan José Muñoz Mendoza
Corrección de Estilo / Mtro. Francisco Ruiz Solís
Maquetación / Lic. Enrique Alejandro González Cuevas
Revisión Bibliográfica / Lic. Briseida Rodríguez Cerda
Se permite la reproducción total o parcial sin fines comerciales, citando la
fuente. Las opiniones vertidas en este documento son responsabilidad de
sus autores y no reflejan, necesariamente, la opinión de Centro de Estudios
Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Este es un producto del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad
Autónoma de Nuevo León. www.ceh.uanl.mx
Hecho en México

�Aitías
Revista de Estudios Filosóficos
http://aitias.uanl.mx/

Supervenience, Entailment, and Vague Objects
Dmitry Zaitsev
https://orcid.org/0000-0002-6947-4226
Lomonosov Moscow State University,
Moscu, Rusia
Editor: José Luis Cisneros Arellano Dr., Universidad Autónoma
de Nuevo León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey,
Nuevo León, México.
Copyright: © 2022. Zatzev, Dmitry. This is an open-access article
distributed under the terms of Creative Commons Attribution
License [CC BY 4.0], which permits unrestricted use, distribution,
and reproduction in any medium, provided the original author and
source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/aitias2.3-27
Recepción: 18-02-22
Fecha Aceptación: 14-06-22
Email: zzdima@yandex.ru

�Los horizontes de la lógica
y su filosofía

DOSSIER
PRESENTACIÓN DEL DOSSIER

Los horizontes de la lógica y su filosofía.
La diversificación de esquemas y tipos de

argumentos en contextos de incertidumbre

The outlooks of logic and philosophy.
The diversification of schemes and types of
arguments in context of uncertainty

Jesús Jasso Méndez1
José Luis Cisneros Arellano2

1
Profesor-investigador de tiempo completo en la Universidad Autónoma de la
Ciudad de México. Profesor de Asignatura, Colegio de Filosofía, Universidad Nacional
Autónoma de México. Presidente de la Academia Mexicana de Lógica, A. C. (20182021). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel 1. Esta publicación
forma parte de las actividades correspondientes al Proyecto-sabático: “Contribuciones
hacia un enfoque constructivo y fundacional de las Lógica(s)”, Jesús Jasso Méndez.
UACM, 2022-20223. Correo electrónico: jesus.jasso@uacm.edu.mx.
2
Profesor de tiempo completo de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Subdirector del Posgrado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL. Miembro del
Sistema Nacional de Investigadores nivel 1. Miembro del Cuerpo Académico: Ética y
Conocimiento 408 del Colegio de Filosofía de la FFyL de la UANL. Miembro fundador
de la Comunidad Filosófica Monterrey, miembro de la Academia Mexicana de Lógica y
de la Asociación Filosófica de México. Jefe de Área Filosofía y Director de Aitías. Revista
de Estudios Filosóficos, ambos del Centro de Estudios Humanísticos de la UANL. Este
trabajo forma parte de las actividades de difusión y gestión de conocimiento científico y
humanístico. Correo electrónico: jose.cisnerosarl@uanl.edu.mx.
Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022,

�Los horizontes de la lógica
y su filosofía

- Is this the right room for an argument?/ - I’ve told you once.
- No you haven´t./- Yes I have.
- When?/- Just now.
- No you didn´t./- Yes I did.
- Didn´t/- Did
Leo A. Groarke &amp; Christopher W. Tindale3

Una de las discusiones contemporáneas más interesantes en el
campo de la Lógica y su filosofía se relaciona con la fundamentación
de las ciencias demostrativas: ¿de qué trata la lógica?, ¿en qué
consiste el conocimiento matemático?, ¿qué relación tiene con la
filosofía de la ciencia? ¿cuáles son sus horizontes posibles?
Ofrecer una respuesta constructiva y fundacional de las
lógicas y de las distintas estructuras matemáticas, con el apoyo
de la perspectiva filosófica, implica por lo menos detenerse en
el fenómeno de la aplicabilidad de estas ciencias en distintos
contextos de argumentación científica. Esto es, no podríamos
ofrecer respuestas integradoras sobre la cientificidad de la Lógica
y las Matemáticas si no consideramos cómo estas se aplican sobre
campos particulares de conocimiento, incluso sobre distintos
modos cotidianos de representarnos la realidad.
La aplicabilidad de las ciencias demostrativas puede
analizarse, como una alternativa, mediante el tipo de argumentación
y razonamiento que desde la ciencia y la filosofía se usan para
modelar hechos de distinta naturaleza ex. gr. matemáticos,
propios a las ciencias particulares, ordinarios. El Dossier que
ahora presentamos contribuye al análisis de la fundamentación
del conocimiento lógico y matemático considerando cómo operan
3
Leo A. Groarke y Christopher W. Tindale, Good Reasoning Matters! A
Constructive Approach to Critical Thinking (Ontario: Oxford University Press, 2008), 2.
Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022,

�Los horizontes de la lógica
y su filosofía

distintas teorías de la argumentación o tipos de argumentaciones
subyacentes a la práctica lógica y matemática en contextos
informacionales plurales, dinámicos e inciertos.
Bajo el presupuesto en torno a la posibilidad de esclarecer
la dimensión fundacional de las ciencias demostrativas mediante
el vínculo aplicabilidad-contextos-argumentación hemos
coordinado este Dossier integrado por cinco (5) artículos, los
cuales desde diferentes enfoques trazan contribuciones sofisticadas
sobre i. las lógicas y la argumentación y, ii. el funcionamiento
del razonamiento lógico y matemático en contextos inciertos de
información y prueba. A continuación presentamos de manera
general cada artículo.
En “Supervenience, Entailment, and Vague Objects”, Dmitry
Zaitsev4 propone una definición formal de la relación de
superveniencia distinta a la definición estándar proveniente
de la semántica de mundos posibles. Para ello Dmitry analiza
la naturaleza lógica de esta relación. En este caso, al autor
le interesa especialmente aclarar en qué términos existe una
correlación entre la logicidad subyacente a la superveniencia y
la relación de vinculación. Esta propuesta novedosa se sostiene
al vincular concepciones de semántica intensional, descripciones
de objetos imposibles y relación de consecuencia. De acuerdo
con Dmitry, la noción de incertidumbre surge al considerar desde
este marco teórico consecuencias indeseables i. e. afirmaciones
contradictorias e incompletas de objetos. Este escenario permite
no sólo identificar la necesidad de una definición no estándar de
la superveniencia sino, como señala el autor, un respaldo a su
propuesta definicional.
En el segundo artículo, de Hubert Marraud5, titulado “Una
modesta proposición para clasificar las Teorías de los Argumentos”,
4

Profesor-investigador, Lomonosov Moscow State University, Russia.

5

Profesor-investigador, Universidad Autónoma de Madrid, España.

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022,

�Los horizontes de la lógica
y su filosofía

se propone una clasificación de lo que el autor, desde su original
enfoque denomina Teorías de los Argumentos o Teorías Lógicas.
Esta contribución surge a partir del análisis de dos oposiciones
provenientes de la teoría de las razones normativas: i. atomismo
vs. holismo; ii. generalismo vs. particularismo; y de una oposición
elaborada por Hubert: iii. inferencialismo vs. razonismo. En
primer lugar, Hubert explica qué entiende por argumentos y por
Teoría de los Argumentos. En segundo lugar, localiza el análisis de
las tres oposiciones en la clase de las Teorías de los Argumentos.
Finalmente, el autor describe un modelo holista, particularista y
razonista de la dialéctica de los argumentos con la finalidad de
contrastarlo con modelos atomistas, generalistas e inferencialistas
predominantes, esclareciendo cada una de las alternativas.
Por su parte, Franklin Galindo6 y Randy Alzate7 en, “El
Axioma de Elección en el quehacer matemático contemporáneo”,
muestran la importancia que ha tenido el Axioma de Elección
para ofrecer una respuesta constructiva y fundacional del
conocimiento matemático. En esta línea, los autores presentan en
primer lugar, los diferentes aportes que ha tenido el axioma de
elección en diversas áreas fundamentales de la matemática. En
segundo lugar, aclaran la relevancia y aplicación de este axioma
en la Lógica de Primer Orden. En tercer lugar, ofrecen una breve
descripción de las pruebas de consistencia de acuerdo con Gödel
y Cohen, pruebas que establecieron su independencia del sistema
axiomático Zermelo-Fraenkel. En consecuencia, Franklin y Randy
proponen un ajuste entre la práctica matemática contemporánea
y un platonismo matemático en los términos de Bernays y
Ferreirós. Finalmente, a partir de una revisión de los argumentos
de Zermelo y Cantor, así como desde una justificación del uso
del axioma de elección en la práctica matemática contemporánea,
los autores argumentan a favor de una dimensión constructiva de
6

Profesor-investigador, Universidad Central de Venezuela, Venezuela.

7

Profesor-investigador, Universidad Central de Venezuela, Venezuela.

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022,

�Los horizontes de la lógica
y su filosofía

las matemáticas la cual supone una relación de equidad entre la
matemática y la filosofía.
En “Logical Uncertanty: Logical Pluralism and Logical
Consequence”, Otávio Bueno8 argumenta a favor de la dificultad
para aceptar que la Lógica no deja lugar a la incertidumbre.
Particularmente pone en duda consentir sin más la validez de los
argumentos lógicos y la verdad lógica como una verdad estática.
El autor ofrece dos razones para sostener estas afirmaciones: i. A
la luz de un pluralismo lógico existen desacuerdos significativos
sobre la validez de los argumentos; ii. Es difícil reconciliar la
opinión de que la Lógica es cierta con el hecho de afirmar en
términos relevantes dudas sobre la naturaleza misma de la
consecuencia lógica. Otávio ofrece ejemplos para apoyar (i).
Adicionalmente, analiza un dilema (y, sus implicaciones) sobre
la adecuación de cualquier análisis conceptual o definicional de
la relación de consecuencia lógica, en apoyo de (ii). Finalmente,
el autor reflexiona sobre por qué este escenario dinámico
característico en el pluralismo lógico no es indeseable ni se trata
de un mal resultado.
Por último en este Dossier, el artículo escrito por
Raymundo Morado,9 “Ventajas y desventajas de la argumentación
epidíctica en situaciones de incertidumbre” muestra importantes
consecuencias sobre los modelos normativos de la argumentación
al incorporarse en los procesos de prueba y acuerdo, estados de
incertidumbre. A partir del discurso epidíctico, tomado como
ejemplo, Raymundo sostiene que la argumentación no requiere
ser vista como rivalidad. El autor elabora cómo la coincidencia
de opiniones no es garantía de cooperación al considerar una
separación o independencia entre el carácter cooperativo del
discurso epidíctico y el acuerdo o desacuerdo en las premisas
8

Profesor-investigador, University of Miami, USA.

9

Profesor-investigador, Universidad Nacional Autónoma de México, México.

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022,

�Los horizontes de la lógica
y su filosofía

y conclusiones. De acuerdo con Raymundo, en situaciones de
incertidumbre, no existe ventaja o desventaja automática entre
distintas formas de hilvanar y ejecutar prácticas argumentativas,
de hecho, de acuerdo con el autor, ningún modelo normativo de
la argumentación, incluso el epidíctico donde se considera la
cooperación y el consenso, será automáticamente apropiado o
inapropiado en situaciones de incertidumbre.
El Dossier viene acompañado de dos artículos interesantes
y una traducción inédita. El primero es “Hermenéutica de
la cosmovisión. Una estrategia de cambio en la consultoría
filosófica” de Omer Buatu Batubenge10 de la Universidad de
Colima, en donde señala que las y los filósofos que se dedican
a la consultoría filosófica observan una dimensión amplia de
la misma, en donde, el pensamiento crítico se hace presente,
acompañado de una visión del cuidado y la creatividad de la
persona consultante. El objetivo es claro, lograr la autonomía
de decisión; no obstante, señala el autor, no es claro el proceso
en el que se enlaza dicha visión amplia compartida con quien
consulta, con las herramientas y los procesos mismos de la
consulta, de tal forma que el proceso se vuelve turbio en virtud
del aparente aislamiento al que conduce la reflexión guiada, que
además obstaculiza la actividad transformadora. El autor propone
una aproximación hermenéutica de todo el proceso para lograr
exponer con énfasis el entramado complejo de todo el proceso de
la consulta filosófica.
El siguiente artículo, elaborado por Juan Carlos Hernández
Pineda11 y titulado “Filosofía de la Embriaguez. Sobre el (no)
registro de lo femenino en la experiencia ebria”, se exploran los
criterios de aproximación al fenómeno de la embriaguez y su
vínculo con la reflexión no lineal y, por tanto, marginada. Para el
10

Profesor-investigador, Universidad de Colima, México.

11

Profesor-investigador, Universidad Autónoma de Chihuahua.

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022,

�Los horizontes de la lógica
y su filosofía

autor, esto es una sugerencia hacia la consideración de este tipo
de punto de partida para la reflexión filosófica tiene antecedentes
mucho más antiguos y, con alta probabilidad, ligada con la
presencia femenina, altamente ignorada en el canon filosófico.
Esta posibilidad abre la crítica explícita hacia el modo racional en
el que se ha desarrollado la filosofía.
Por último, el artículo titulado “¿Son los derechos
humanos imperialistas?”, original de Emmanuel Levinas, es una
traducción inédita en español hecha por Luis César Santiesteban
Baca,12 que rescata una pregunta –y su correspondiente reflexión–
por demás urgente y actual. La problematización de los derechos
humanos hoy es un ejercicio prudente de reflexión que no nos
dejará indiferentes.
Agradecimientos. En primer lugar queremos expresar nuestro
profundo agradecimiento al equipo editorial de la Revista AITÍAS.
Revista de Estudios Filosóficos por tomar las providencias
académicas para atender la solicitud de dedicar un Dossier al
estudio de la lógica y su filosofía. Agradecemos también al comité
editorial y al comité científico internacional de la revista por su
importante apoyo para el desarrollo de esta empresa. Finalmente,
agradecemos a la Universidad Autónoma de Nuevo León, a la
Universidad Autónoma de la Ciudad de México y a la Universidad
Nacional Autónoma de México por su respaldo académico.

12

Profesor-investigador, Universidad Autónoma de Querétaro.

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022,

�Superveniencia, Implicación
y Objetos Vagos

DOSSIER

Superveniencia, Implicación y Objetos
Vagos
Supervenience, Entailment, and Vague
Objects
Resumen: Aunque su uso común sólo ha comenzado
recientemente, la relación de superveniencia se está haciendo
muy conocida. No obstante, su naturaleza lógica, en particular
sus posibles correlaciones con la relación lógica fundamental de
implicación, sigue siendo desconocida y necesita clarificación.
En este artículo, comparo estas dos relaciones y defino un nuevo
acercamiento a la explicación formal de superveniencia. Con
esto, utilizo dos concepciones como fuentes principales: sobre la
semántica intensional y las descripciones de objetos imposibles
como núcleo de aquélla, presentadas en la sección 3; y sobre la
relación de consecuencia relevante, descrita brevemente en la
sección 4, donde también establezco una nueva interpretación
de superveniencia como implicación. Luego, de manera natural,
llegamos a descripciones contradictorias e incompletas de objetos,
y así, pasa a tomar parte la incertidumbre. De igual manera,
permite proponer una definición tentativa de superveniencia sin
hacer referencia a la terminología de la semántica de los mundos
posibles.
Palabras clave: Superveniencia, descripción de objetos,
vinculación, semántica intencional, incertidumbre.
Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 1-20

1

�Superveniencia, Implicación
y Objetos Vagos

Abstract: Although it’s only recently come into common use, the
relation of supervenience is rapidly gaining in popularity. At the
same time, its logical nature, in particular its possible correlations
with such fundamental logical relation as entailment, remains
unresolved and needs clarification. In this paper, I compare these
two relations and outline a new approach to formal explication
of supervenience. In so doing, I employ as main sources two
conceptions: of intensional semantics, and impossible object
descriptions as its core part, introduced in section 3, and of
relevant consequence relation, briefly described in section
4, where I also delineate a new entailment interpretation of
supevenience. Thus, quite naturally we arrive at contradictory
and incomplete descriptions of objects, and that way, uncertainty
comes into play. Equally, it allows to propose a tentative definition
of supervenience without referring to the terminology of the
possible worlds semantics.
Keywords: Supervenience, object description, entailment,
intensional semantics.

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 1-20

2

�Superveniencia, Implicación
y Objetos Vagos

1. Motivation and Preliminary Considerations
Supervenience is one among key notions in modern analytic
philosophy and philosophy of mind. It is a kind of determination
or dependence relation, which was aphoristically characterized
by David Lewis’s1 oft-quoted saying: “supervenience means
that there could be no difference of one sort without difference
of the other sort”. Such a sophisticated dependence relation is
involved in an impressive number of philosophical issues, when
it is needed to clarify the relation of some higher-level properties
to lower-level ones. For example, some people think that:
• aesthetic, moral and mental properties supervene upon
physical properties;
• future supervenes on the past and natural laws;
• modal truths supervene on non-modal truths;
• general truths supervene on particular truths, etc.
In their zeal to explicate the concept, highly-rated researches
proposed different definitions of the term as well as discerned
varieties of supervenience. Thus a distinction is made between
individual, regional, global, similarity-based, multiple domain
versions of supervenience, all in weak and strong forms. For most
of its short, but eventful and rich in ideas history, supervenience
is associated with the contexts of uncertainty and vagueness.
In his seminal paper2 B. P. McLaughlin proposed to examine
supervenience in the context of uncertainty, more precisely, the
idea was to “consider supervenience relations involving vague
properties and/or predicates”3. That said, in the next sentence, he
comments that this is not some special case of supervenience,
but the typical one: in fact, all predicates are vague. Though
there are a variety of opinions on the ratio of uncertainty and
1
David K. Lewis, On the plurality of worlds (Oxford: Blackwell, 1986), 15.
2
Brian
P.
McLaughlin,
“Supervenience,
vagueness,
and
determination,” Philosophical perspectives 11 (1997): 209-230.
3
McLaughlin, “Supervenience,” 219.
Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 1-20

3

�Superveniencia, Implicación
y Objetos Vagos

vagueness, for the purpose of this paper, these differences are not
so fundamental. Here it may just be noted that it is quite justifiable
to interpret vagueness as a kind of uncertainty, when the agent’s
lack of knowledge is due to the specifics of the concepts (and
corresponding objects) under consideration. One way or another,
whether an object is inherently vague (as, for example, quantum
objects4), or our knowledge of it contains gaps and contradictions,
ultimately, in an epistemological perspective, we always face an
ambiguous description of the object of cognition. A good example
of philosophical meditations on non-standard descriptions
of objects in the context of finite individuality and objective
uncertainty is presented in the recent paper by M. Ryabkov5.
I would like to preface further consideration with the following
important note. My task here is not to formally explicate different
types of supervenience, but rather to propose a new general
approach to such explication. That way, in this paper, I choose
one of the most common definitions of supervenience and
demonstrate the possibilities of the developed approach with this
example. Thus, presented below, there is a preliminary version
deliberately simplified to highlight the very idea of formal
presentation of supevenience relation without possible worlds by
means of impossible objects descriptions.
In what follows I will present a new interpretation of supervenience
relation (1) by means of relevance entailment (consequence
relation), (2) substantially exploiting the ideas of the semantics
of object descriptions. In the next second section, I will continue
with traditional firm views on interrelation between supevenience
and entailment. The third section will be devoted to a short
overview of the semantics of object descriptions to the extent that
it is appropriate, and on this basis I will introduce the preliminary
version of supervenince entailment relation. The final section
4
Steven French and Décio Krause, “Quantum objects are vague
objects,” Sorites, no. 6 (August 1996): 21-33.
5
Maxim Ryabkov, “Paradox of the duplication of physical information,” Humanities
&amp; Social Sciences Communications 8, no. 143 (June 2021): 1-8, https://doi.org/10.1057/
s41599-021-00803-z.
Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 1-20

4

�Superveniencia, Implicación
y Objetos Vagos

presents a brief semantical characteristic of relevant entailment,
which allows developing relevant interpretation of supervenince.

2. Supervenience and Entailment at first Glance
In the context of current research, I will adhere to the
interpretation of supervenience, going back to the well-known
formulation of J. Kim6:
“a set F of properties is supervenient upon a set G of properties
with respect to a domain D just in case any two things in D
which are indiscernible with respect to G are necessarily
indiscernible with respect to F (that is to say, any two things in
D are such that necessarily if they differ with respect to F then
they differ with respect to G)”.
Summing up, one can say that G-indiscernibility necessarily
implies F-indiscernibility.
Before going ahead, it should be fixed what the term
‘necessarily’ refers to in Kim’s formulation. The explanation
proposed by him in parentheses in the above quote, to my way of
thinking, clearly indicates that what is meant here is the entailment
relation. Literally the linguistic construction ‘necessarily if…
then…’ denotes necessary implication. There are different
interpretations of the relationship between logical implication
as a semantic consequence relation and entailment. The simplest
option is to identify them completely, but the position expressed
by M. Dunn and G. Restall7 seems more farsighted and fruitful:
“Thus we tend to differentiate ‘entails’ from ‘implies’ on precisely
the ground that ‘entails’, unlike ‘implies’, stands only for
6
Jaegwon Kim, “Psychophysical supervenience,” Philosophical studies: An
International Journal for Philosophy in the Analytic Tradition 41 (January 1982): 51.
7
J. Michael Dunn and Greg Restall, “Relevance logic,” en Handbook of
philosophical logic, ed. Dov M. Gabbay and F. Guenthner (Dordrecht: Springer,
2002), 5.
Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 1-20

5

�Superveniencia, Implicación
y Objetos Vagos

necessary implication”. That is, ‘A entails B’ means (1) that under
any interpretation of non-logical terms, if A is true then B is true;
and (2) this connection is necessary. There is a long tradition in
logic to consider the consequence relation as a necessary relation
based on the meaning of propositions. For example, for Abelard,
“[a]n inferentia holds when the premises (or, in Abelard’s case the
antecendent) necessitate the conclusion (consequence) in virtue
of their meaning”.8 I also adhere to this tradition in the formal
interpretation of supervenience being developed, avoiding at this
point direct appeal to modal operators.
Keeping in mind that entailment as a necessity consequence
relation can be represented via implication (→) as its objectlanguage counterpart, formal explication goes as follows:
DEF 1.
A set of properties B supervenes upon a set of properties A ⇔
ⱯxⱯy (ⱯF (F ∈ A → (F(x) ≡ F(y))) → ⱯG (G ∈ B → (G(x) ≡
G(y))))
To make this definition easy-to-read (that is, first of all to
make it easy-to-see), define indiscernibility with respect to any
set of properties A (x ≈A y) in Leibnizian tradition.
DEF 2.
x ≈A y ⇔ ⱯF (F∈ A → (F(x) ≡ F(y))
Now the DEF 1 can be presented in a more readable way.

8
Conrad Asmus and Greg Restall, “A history of the consequence relations,” in
Logic: a history of its central concepts, vol. 11 of Handbook of the history of logic, ed.
Dov M. Gabbay, Francis Jeffry Pelletier and John Woods (North-Holland: Elsevier, 2012),
22. Besides, this chapter contains interesting considerations of the concepts of necessity,
analytic and a priori in a context of the consequence relation.
Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 1-20

6

�Superveniencia, Implicación
y Objetos Vagos

DEF 1*.
A set of properties B supervenes upon a set of properties A ⇔
ⱯxⱯy (x ≈A y → x ≈B y)

There are at least two considerations that stimulate a
comparison of entailment and supervenience. First of all, the
former relation in the form of universal implication is presented in
the above definition of the latter. Secondly, both of them express
certain kinds of dependence (between premises and conclusion
or two sets of properties, respectively), which are interesting
to compare. I am far from being the first to consider these two
relations. For an exhaustive information on the subject consult
subsection of SEP entry ‘Supervenience’, entitled ‘Supervenience
and Entailment’ by McLaughlin and Bennett.9 he main theses are
as follows:
1. both relations are reflexive transitive and non-symmetric;
2. consequence relation does not suffice for supervenience;
3. supervenience does not suffice for consequence relation.
To begin with, it is non-symmetry of entailment (or
consequence) relation, what gives rise to doubt. I used to consider
entailment (at least in a standard case) as an instance of partialordering relation that is reflexive, transitive and antisymmetric.
In particular, if A ╞ B and B ╞ A, these formulas are truthfunctionally equivalent, and hence for any assignment their truthvalues coincide, thus A = B. Judging by the text, it is no more
than an inaccurate word-usage: ‘non-symmetric relation’ means
for the authors that “sometimes it holds symmetrically. … And
9
Brian McLaughlin and Karen Bennett, “Supervenience,” in The Stanford
Encyclopedia of Philosophy, Stanford University, 1997-, article published July 25, 2005;
last modified January 10, 2018, https://plato.stanford.edu/archives/sum2021/entries/
supervenience/.
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�Superveniencia, Implicación
y Objetos Vagos

sometimes it holds asymmetrically”. One way or another, to this
extent both supervenience and entailment instantiate the same
abstract binary relation.
The second thesis is illustrated by a well-known example of
disjunctive property, namely being a sibling. For any person, being
a brother entails being a sibling, but the latter does not supervene
on the former. The same holds for conjunctive properties. Let B
= {P ∧ Q}, A = {P , Q}, and the following holds: P(a), Q(b),
¬P(b), ¬Q(a). Then a and b are B-indiscernible without being
A- indiscernible.
To show that A can supervene on B, even though B-properties
do not entail A-properties, it is instructive to consider negative
properties (if one accepts their existence). It is evident that B =
{¬P } supervenes on A = {P }, while ¬P does not entail P .
As a result of their consideration the authors of above mentioned
SEP entry come to a conclusion that “the logical supervenience
of property set A on property set B will only guarantee that
each A-property is entailed by some B-property if A and B are
closed under both infinitary Boolean operations and propertyforming operations involving quantification”. In accordance with
this upshot I would like to accept certain commitments concerning
the linguistic framework for my approach.
1. Atomic properties are unquatified literals (positive and
negative properties).
2. Compound properties are constructed by means of
propositional connectives.
3. For a set of properties A including a finite number of
properties C1, C2, … Cn, thereinafter A stands for a compound
conjunctive property C1 ∧ C2∧ … ∧ Cn.

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�Superveniencia, Implicación
y Objetos Vagos

3. Semantics of Object Descriptions
The underlying ideas of object descriptions can be found in
early book by Vladimir Markin10. Subsequently, this approach
applied to syllogistics was further developed in the more recent
papers of him11 and his students12. In a sense it can be considered
as formal realization of Leibnitz’ idea of intensional interpretation
of the traditional syllogistic. Though, there are some more direct
attempts to formalize precisely Leibnizian intuition regarding
categorical propositions in form of intensional semantics13, in
this paper, I will follow genuine interpretation of intensional
semantics coined by Markin.
The core idea of Markin’s intensional semantics is to associate
with each term not its extension being a set of objects but rather
its intension – a set of (positive and negative) properties. At
this rate, an arbitrary object can be determined by infinite set
of properties, where a unique set corresponds to every object. It
is this characteristic set of properties, what is labeled as ‘object
description’.
To introduce formally the idea of object description α, consider
a set of literals L.
DEF. 4 Let W = {α | α ⊆ L}, where
ⱯPi ∈ L (Pi ∈ α or ¬Pi ∈ α)
ⱯPi ∈ L (Pi ∉ α or ¬Pi ∉ α).
10
Vladimir Markin, Syllogistic Theories in Modern Logic [in Russian]
(Moscow: MSU, 1991).
11
Vladimir Markin, “What trends in non-classical logic were anticipated by
Nikolai Vasiliev?,” Logical Investigations 19, no. 1 (2013): 122-135.
12
Antonina Konkova and Maria Legeydo, “Intensional Semantics for
Syllogistics: what Leibniz and Vasiliev Have in Common,” Logic and Logical
Philosophy (2022). To appear.
13
Klaus Glashoff, “An intensional Leibniz semantics for Aristotelian
logic,” The Review of Symbolic Logic 3, no. 2 (June 2010): 262-272.
Robert van Rooij, “Leibnizian intensional semantics for syllogistic reasoning,” en
Recent Trends in Philosophical Logic, ed. Roberto Ciuni, Heinrich Wansing and
Caroline Willkommen (Cham: Springer, 2014), 179-194.
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�Superveniencia, Implicación
y Objetos Vagos

Conditions (1) and (2) mean that object descriptions are
complete and consistent, correspondingly. Hence, these conditions
prevent the existence of impossible objects. The formal explication
proposed above may be easily extended to compound statements.
For a set of singular terms N, define interpretation function d,
Ɐkn ∈ N, d(kn) ∈ W, and truth (falsity) for arbitrary statement A
inductively:
DEF 5.
A := P(k)
|P(k)|d = t ⇔ P ∈ d(k);

|P(k)|d = f ↔¬P ∈ d(k).

|¬B|d = t ⇔ |B|d = f;		

|¬B|d = f ⇔ |B|d = t.

A := ¬B

A := B ∧ C

|B ∧ C|d = t ⇔ |B|d = t and |B|d = t;
|B ∧ C|d = f ⇔ |B|d = f or |B|d = f.

Now ⱯA Ɐd |A(x)|d = |A(y)|d may be interpreted as an
appropriate form of indiscernibility, because it asserts that two
individuals x and y equally possess (or do not possess) all relevant
properties.
All the above makes it possible to introduce supervenient
(cosequence) relation (╞S) in terms of object descriptions
semantics.
DEF 6.
A ╞S B ⇔ Ɐd Ɐx Ɐy (|A(x)|d = |A(y)|d ⇒ |B(x)|d = |B(y)|d)
However such consequence relation is not free from paradoxes,
which arise due to classical treatment on implication. If any two
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�Superveniencia, Implicación
y Objetos Vagos

objects equally exhibit or do not exhibit certain property, then the
consequent of the definiens is true and, hence, the conditional is
also true. For example, consider the following: ⱯA (A╞s B ∧¬B).
Evaluated via complete and consistent object descriptions a
compound property B ∧¬B is inherent to no object at all. It leads
to |B (x) ∧¬B (x)|d = |B (y) ∧¬B (y)|d = f, and hence the consequent
of the definiens is true, thus in turn, A╞s B ∧¬B.
To avoid such paradoxes, one is committed to delete
conditions (1) and (2) in the characteristics of object description,
and as a result arrive at the idea of generalized object description
being a description of impossible (vague) object. Indeed objects
introduced by means of incomplete and inconsistent descriptions
may be contradictory, as the rejection of the second conditions
permits possessing B and not-B at the same time, or uncertain in
the sense that for some property B and for some object k, neither
B nor not-B is shared by k.
Such a small refinement had serious consequences – now an
arbitrary statement may be only true, only false, both true and
false, and neither. These four new values are compound and
represent all possible combinations of initial atomic values t and
f, so DEF 5 needs minimal relevant adjustment:
DEF 5*.
A := P(k)
t ∈ |P(k)|d ⇔ P ∈ d(k);
A := ¬B

f ∈|P(k)|d ⇔ ¬P ∈ d(k).

t ∈|¬B|d ⇔ f ∈|B|d ;		

f ∈|¬B|d ⇔ t ∈|B|d .

A := B ∧ C

t ∈|B ∧ C|d ⇔ t ∈|B|d and t ∈|B|d ;
f ∈|B ∧ C|d ⇔ f ∈|B|d or f ∈|B|d.
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�Superveniencia, Implicación
y Objetos Vagos

Condition for disjunction is a trivial combination of conditions
for negation and conjunction , where B ∨ C ≡ ¬ (¬B ∧ ¬C).
Summing up, at the moment we have a paradoxes-free definition of
supevenience in a form of consequence relation. However, to the
best of my knowledge, there is no logical system axiomatizing this
consequence relation. At the same time, the idea of contradictory
and incomplete assignments evokes famous Dunn and Belnap’s
usefull four-valued logic14 with equally famous axiomatizations
known as EFDE and RFDE (where FDE stands for First Degree
Entailment) being two deudctively equivalent formulations of the
first-degree fragment of all relevant logics. To clarify the properties
of so defined consequence relation, we proceed furhter and, first,
briefly introduce the idea of generalized state descriptions and
based on it semantics of FDE, secondly, express supervenience
relation in turms of relevant consequence relation.

4. Supervenience and Relevant Entailment
An informational semantics of the first degree relevant logic
was proposed and developed independently of each other by
M. Dunn15 and E. Voishvillo16. It is based on a machinary of
generailized state descriptions. ‘Generalized’ when applayed to
state descriptions means exactly the same as the result of rejection
conditions (1) and (2) for object descriptions but now with respect
to statements. We start with DEF.4, (1) and (2) omitted. It is quate
14
Nuel D. Belnap, “A useful four-valued logic,” in Modern uses of multiplevalued logic, ed. J. Michael Dunn and George Epstein (Dordrecht: Springer, 1977),
5-37.

J. Michael Dunn, “Intuitive semantics for first-degree entailments and ‘coupled
trees’,” Philosophical Studies 29, no. 3 (Mar., 1976): 149-168.

15
J. Michael Dunn, “An intuitive semantics for first degree relevant
implications,” Journal of Symbolic Logic 36, no. 2 (1971): 362-363.
16
The first mention of such semantics is contained in the paper of Voishvillo
published in 1976, in Russian. In the final form, information semantics is presented in
E. K. Voishvillo, “Semantics of Generalized State Descriptions,” in Logic, methodology
and philosophy of science VI, vol. 104 of Proceedings of the Sixth International
Congress of Logic, Methodology and Philosophy of Science, ed. L. Jonathan Cohen, et
al. (Amsterdam: Elsevier, 1982), 315-323.
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�Superveniencia, Implicación
y Objetos Vagos

natural to formulate truth values assignment for forumalas not
in terms of corresponding four-valued function, but rather via
relations connecting formula and generalized state description:
TA/α – A is true in α, and FA/α – A is false in α.
DEF 7.
Tp/α ⇔ p ∈ α;		

T¬B/α ⇔ FB/α ;		

Fp/α ⇔ ¬p ∈ α;

F¬B/α ⇔ TB/α ;

T(B ∧ C) /α ⇔ TB/α and TC/α;
F(B ∧ C )/α ⇔ FB/α or FC/α.

The definition of consequence relation coincides with a
classical one.
DEF 8.
A ╞FDE B ⇔ Ɐα (TA/α ⇒TB/α)
Now DEF.6 may be rewritten in terms of first-degree
entailment as follows:
DEF 9.
A ╞SE B ⇔ Ɐα Ɐβ (((TA/α and TA/ β) or (FA/α and FA/ β))
⇒((TB/α and TB/ β) or (FB/α and FB/ β)))
What we need now to establish correspondence between two
semantical considerations, are straightforward Principles of
Propositional Reduction:
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�Superveniencia, Implicación
y Objetos Vagos

ⱯA(( t ∈ |A(k)|d and d(k)= α) ⇔ TA/α)

ⱯA(( f ∈ |A(k)|d and d(k)= α) ⇔ FA/α).

These principles validate the
Correspondence Proposition: A ╞SE B ⇔ A ╞S B

Back to DEF.9, now we are in a position to present it as a
conjunction of two conditions.
DEF 9*.
A╞SEB ⇔ ∀α ∀β ((TA/α and TA/ β) ⇒((TB/α and TB/ β) or
(FB/α and FB/ β)) and
∀α ∀β (FA/α and FA/ β) ⇒((TB/α and TB/ β) or (FB/α and
FB/ β)).

If considered independently, these two conditions conjunct in
definiens may be interpreted as Positive Supervenience (PS) and
Negative Supervenience (NS) correspondingly. To the best of my
knowledge, they have never been differentiated before. However,
it may be sometimes useful to make more sharp distinction
between two situations: (PS) if any two things equally possess
A-properties, then they are indiscernible with respect to B; and
(NS) if any two things equally do not possess A-properties, then
they are indiscernible with respect to B. For a moment let me
consider them separately.
DEF 10.
A ╞PSEB ⇔ ∀α∀β ((TA/α and TA/β) ⇒((TB/α and TB/β) or
(FB/α and FB/β))
It can be easily shown that A ╞PSEB↔A╞FDEB or A╞FDE¬B,
reducing positive supervenience to relevant entailment relation.

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�Superveniencia, Implicación
y Objetos Vagos

DEF 11.
A ╞NSEB ⇔ ∀α∀β ((FA/α and FA/β)⇒((TB/α and TB/β) or
(FB/α and FB/β))

In its turn, for negative supervenience holds the following
equivalence:
A ╞NSEB ⇔ ¬A╞FDEB or ¬A╞FDE¬B.

Thus, we have at our disposal everything we need to combine
all the above into a final definition.
DEF 9**.
A ╞SEB ⇔ A╞FDEB or A╞FDE¬B or ¬A╞FDEB or ¬A╞FDE¬B.

Some interesting properties of supervenience entailment
relation can be clarified and illustrated by considering disjuncts
in the definies. The first disjunct validates such characteristics
of conjunction and disjunction as commutativity, associativity,
distributivity and idempotence. Due to the second disjunct
DeMorgan laws are valid as well as odd entailments of the form
A ╞SE¬A and ¬A ╞SEA. Finally, last two disjuncts serve as a
safeguard against invalid principles of Conjunction Introduction
and Disjunction Elimination discussed above.

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y Objetos Vagos

5. Conclusion
The proposed interpretation of supevenience as a specific
(relevant) entailment relation though presumptive, demostrates
that cetrain symplified version of supervenience may be formaly
explicated via consequence relation, and, what is more important,
in so doing one does not need to fall back on such essenses as
possible worlds. Instead I exploited an idea of vague objects and
their descriptions, which turns us back to oldy but goldy state
(and object) description device.
It is well known that possible worlds semantics are often
criticized for appeal to formal concepts lacking informal (first
of all, philosophical) interpretation. To name but a few, in The
Stanford Encyclopedia of Philosophy, entry Possible Worlds by
Menzel17 one can find the following passage:
Unfortunately, the semantics leaves the most interesting –
and difficult – philosophical questions largely unanswered.
Two arise with particular force:
QW
What, exactly, is a possible world?
And, given QW:
QE What is it for something to exist in a possible world?
From my point of view, corresponding questions resulting from
the previous by replacing the expression ‘possible world’ with
word-combination ‘vague object’ are easier to answer, because
appropriate answers step from scientific research practice patterns.
Besides, bringing in philosophical discourse logical concepts
like possible world or accessibility relation rises issues of what
are the corresponding conditions on accessibility relation or
what modal principles they validate and so forth. In a sense,
17
Christopher Menzel, “Possible Worlds,” in The Stanford Encyclopedia
of Philosophy, Stanford University, 1997-, article published October 18, 2013; last
modified February 8, 2016, http://plato.stanford.edu/archives/fall2016/entries/possibleworlds/.
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�Superveniencia, Implicación
y Objetos Vagos

such logical concepts purified from corresponding logical theory
become opaque.
Definitely, current version of entailment interpretation of
supervenience is only a touchstone of future work and should be
considered as a request for further discussion.

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17

�Superveniencia, Implicación
y Objetos Vagos

References
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consequence relations.” In Logic: a history of its central concepts.
Vol. 11 of Handbook of the history of logic, edited by Dov M.
Gabbay, Francis Jeffry Pelletier and John Woods, 11-61. NorthHolland: Elsevier, 2012.
Belnap, Nuel D. “A useful four-valued logic.” In Modern uses
of multiple-valued logic, edited by J. Michael Dunn and George
Epstein, 5-37. Dordrecht: Springer, 1977.
Dunn, J. Michael. “An intuitive semantics for first degree
relevant implications.” Journal of Symbolic Logic 36, no. 2
(1971): 362-363.
Dunn, J. Michael. “Intuitive semantics for first-degree
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Glashoff, Klaus. “An intensional Leibniz semantics for
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2010): 262-272.
Kim, Jaegwon. “Psychophysical
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for Philosophy in the Analytic Tradition 41 (January 1982): 5170.
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philosophical essays. New York: Cambridge University Press,
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Konkova, Antonina, and Maria Legeydo. “Intensional
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Common.” Logic and Logical Philosophy (2022). To appear
Lewis, David K. On the plurality of worlds. Oxford: Blackwell,
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Russian] Moscow: MSU, 1991.
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anticipated by Nikolai Vasiliev?” Logical Investigations 19, no.
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McLaughlin, Brian P. “Supervenience, vagueness, and
determination.” Philosophical perspectives 11 (1997): 209-230.
McLaughlin, Brian, and Karen Bennett. “Supervenience.”
In The Stanford Encyclopedia of Philosophy. Stanford University,
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10, 2018. https://plato.stanford.edu/archives/sum2021/entries/
supervenience/.
Menzel, Christopher. “Possible Worlds.” In The Stanford
Encyclopedia of Philosophy. Stanford University, 1997-. Article
published October 18, 2013; last modified February 8, 2016. http://
plato.stanford.edu/archives/fall2016/entries/possible-worlds/.
Ryabkov, Maxim. “Paradox of the duplication of physical
information.” Humanities &amp; Social Sciences Communications 8,
no. 143 (June 2021): 1-8. https://doi.org/10.1057/s41599-02100803-z.
Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 1-20

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�Superveniencia, Implicación
y Objetos Vagos

Van Rooij, Robert. “Leibnizian intensional semantics for
syllogistic reasoning.” In Recent Trends in Philosophical
Logic, edited by Roberto Ciuni, Heinrich Wansing and Caroline
Willkommen, 179-194. Cham: Springer, 2014.
Voishvillo, E. K. “Semantics of Generalized State
Descriptions.” In Logic, methodology and philosophy of science
VI. Vol. 104 of Proceedings of the Sixth International Congress
of Logic, Methodology and Philosophy of Science, edited by L.
Jonathan Cohen, Jerzy Łoś, Helmut Pfeiffer and Klaus-Peter
Podewski, 315-323. Amsterdam: Elsevier, 1982.

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Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 1-20

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�Una modesta proposición para clasificar
las teorías de los argumentos

DOSSIER

Una modesta proposición para clasificar las
teorías de los argumentos1

A modest proposal for classifying theories of
argument

“Nomina si nescis, perit et cognitio rerum”.
Carl Linnaeus, Philosophia Botanica (1751).

Resumen. Propongo clasificar las teorías de los argumentos
(o lógicas, en un cierto sentido) atendiendo a tres oposiciones:
atomismo vs. holismo, generalismo vs. particularismo, e
inferencismo vs. razonismo. Las dos primeras provienen de la
teoría de las razones normativas y la tercera es de elaboración
propia, aunque la necesidad de hacer alguna distinción similar
ha sido defendida por varios autores. Finalmente, describiré
el modelo holista, particularista y razonista de la dialéctica de
los argumentos, contrastándolo con los modelos atomistas,
generalistas e inferencistas predominantes.
Palabras clave: garantías, holismo, inferencias, modelo de
Toulmin, razones.

1
Esta investigación ha sido financiada por FEDER/ Ministerio de Ciencia,
Innovación y Universidades, Agencia Estatal de Investigación, dentro del Proyecto
Prácticas argumentativas y pragmática de las razones (Parg_Praz), número de referencia
PGC2018-095941-B-I00.
Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 21-47

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�Una modesta proposición para clasificar
las teorías de los argumentos

Abstract. I propose to classify the theories of argument (or
logics, in a certain sense) according to three oppositions: atomism
vs. holism, generalism vs. particularism, and inferencism vs.
reasonism. The first two come from the theory of normative
reasons and the third is of my own, although the need to make
some similar distinction has been defended by many authors.
Finally, I will describe a holistic, particularist and reasonist
model, contrasting it with the dominant atomist, generalist and
inferentialist models.

Keywords: holism, inferences, reasons, Toulmin model, warrants.

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 21-47

22

�Una modesta proposición para clasificar
las teorías de los argumentos

Introducción
Voy a discutir y proponer algunos criterios para clasificar las teorías
de los argumentos. Esos criterios resultan de tres oposiciones:
− atomismo vs. holismo,
− generalismo vs. particularismo,
− inferencismo vs. razonismo.
Las dos primeras provienen de la teoría de las razones normativas,2
y la tercera es de elaboración propia, aunque la necesidad de hacer
alguna distinción similar ha sido defendida por autores como
Gilbert Harman o John Woods,3 si bien la variación terminológica
de unos autores a otros puede confundir.
El plan del artículo es el siguiente. Primero explicaré qué
entiendo por argumento y por teoría de los argumentos y después
iré exponiendo y explicando cada una de esas oposiciones,
refiriéndolas a las teorías de los argumentos. Finalmente, esbozaré
un modelo holista, particularista y razonista de argumento, y
describiré sus diferencias con los modelos atomistas, generalistas
e inferencistas predominantes.
Aunque mis simpatías están con el holismo, el
particularismo y el razonismo, mi exposición será relativamente
neutral, puesto que mi propósito es esclarecer las distintas
opciones, sin debatir en profundidad las ventajas o inconvenientes
de cada alternativa.4
2
Vid. Jonathan Dancy, Ethics without Principles (Oxford: Clarendon Press,
2004), y Ralf Bader, “Conditions, Modifiers and Holism,” en Weighing Reasons, eds.
Errol Lord y Barry Maguire (Oxford: Oxford University Press, 2016).
3
Gilbert Harman, “Internal Critique: A Logic is not a Theory of Reasoning
and a Theory of Reasoning is not a Logic,” en Handbook of the Logic of Argument
and Inference, eds. Dov M. Gabbay, R. H. Johnson, H. J. Ohlbach y John Woods
(Amsterdam: North Holland, 2002), y John Woods, “The fragility of argument,” en The
Psychology of Argument, eds. Fabio Paglieri, Laura Bonelli y Silvia Felletti (Londres:
College Publications, 2016).
4

Sobre las ventajas e inconvenientes de esas opciones vid. Hubert Marraud,

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
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23

�Una modesta proposición para clasificar
las teorías de los argumentos

Teoría de los argumentos
El objeto de la teoría de la argumentación son las prácticas
argumentativas; es decir, las prácticas en las que pedir, dar y
examinar razones es una parte fundamental. Según una definición
ampliamente aceptada, una razón es una consideración que
favorece una determinada posición. Argumentos y razones están
estrechamente ligados porque argumentar es presentar, para su
examen, algo a alguien como una razón para otra cosa.
Cuando existen concepciones enfrentadas de una
disciplina, como aquí sucede, es difícil dar definiciones neutrales
de las nociones centrales. La definición previa de argumentar es
razonista, por más que sea citada, de forma poco congruente,
por muchos autores inferencistas. Para evitar una toma de
partido prematura, se podría definir argumentar como aducir
consideraciones destinadas a apoyar una conclusión.5
La teoría de los argumentos es la parte de la teoría
de la argumentación que estudia los argumentos. Según
una caracterización bastante extendida, los argumentos son
productos de la acción o del proceso de argumentar. Aunque
esta caracterización puede resultar engañosa, ver la teoría de
los argumentos como una parte de la teoría de la argumentación
supone analizar los argumentos como componentes de esas
prácticas, o, por lo menos, hacerlo en el contexto de esas prácticas.
“La teoría de los argumentos es un componente de la teoría de la
argumentación, del mismo modo que el argumento es una parte
de la práctica de la argumentación”.6
La definición anterior de la teoría de los argumentos está
“Holismo y atomismo en teoría de los argumentos,” Diálogo filosófico, no. 111 (2021):
401-418, y “Cuatro modelos de argumento,” Quadripartita Ratio 6, no. 11 (2021): 17-40.
5
Como hace Simon Blackburn en la entrada ‘Argument’ de The Oxford
Dictionary of Philosophy, 2a ed. (Oxford: Oxford University Press, 2005).
6
Ralph H. Johnson, Manifest Rationality. A Pragmatic Theory of Argument
(Mahwah, NJ: Lawrence Erlbaum, 2000), 31; (traducción propia).
Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
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24

�Una modesta proposición para clasificar
las teorías de los argumentos

tomada casi literalmente de Ralph H. Johnson.7 Si la comparamos
con la descripción de la perspectiva lógica que hace Joseph Wenzel,
podemos concluir que la teoría de los argumentos coincide con la
teoría de la argumentación vista desde la perspectiva lógica.
La lógica trata de los argumentos como productos. Piense en un
argumento como en una mercancía: alguien la produce y se la
ofrece a otro. La persona a quien se la ofrece elige ‘comprarla’
o no. Del mismo modo que evaluamos los productos que
nos ofrecen en el mercado comercial, evaluamos también
los argumentos y las ofertas que nos ofrecen en el mercado
de las ideas. Aquí es donde entra en juego la lógica en el
campo de la argumentación, para ayudarnos a evaluar los
argumentos como construcciones intelectuales ofrecidas para
su aceptación. […] La pregunta última en cada caso particular
es: ¿debemos aceptar esta tesis por las razones aducidas para
sustentarla?8

Para responder a la pregunta lógica por excelencia de Wenzel es
necesario segmentar la argumentación, separando unas razones
de otras, y es entonces cuando aparecen las razones simples ―
“una razón simple es la mínima cantidad de información que por
sí misma confiere alguna credibilidad a una posición”9―, y los
argumentos simples ― que son la mínima unidad autónoma de
argumentación, formada por una consideración y aquello para lo
que aparece como una razón.10
La afirmación de que los argumentos son los productos de
7

Johnson, Manifest Rationality, 30.

8
Joseph Wenzel, “Three Perspectives on Argument. Rhetoric, Dialectic,
Logic,” en Perspectives on Argumentation: Essays in Honor of Wayne Brockriede,
eds. Robert Trapp y Janice Schuetz (Nueva York: International Debate Education
Association, 2006), 16; (traducción propia).
9
J. Anthony Blair, Groundwork in the Theory of Argumentation (Dordrecht:
Springer, 2012), 148; (traducción propia).
10
Hubert Marraud, En buena lógica (Guadalajara: Editorial de la Universidad
de Guadalajara, 2020), 31.
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�Una modesta proposición para clasificar
las teorías de los argumentos

la argumentación se puede interpretar de dos maneras distintas.
Según la primera, quien presenta algo como una razón para otra
cosa, produce un argumento, de manera que los argumentos
son el resultado de un determinado tipo de movimiento en un
intercambio de razones. Según la segunda, el argumento es el
producto de todo el proceso de pedir, dar y examinar razones. Una
razón es una consideración aducida dentro de un intercambio, que
favorece, en ese contexto, una posición sobre la cuestión debatida.
Podemos extraer de ese entramado la consideración y la posición
que favorece, y el resultado de esa operación es un argumento en
el sentido lógico tradicional. Pero eso no debe hacernos olvidar
que la consideración en cuestión solo favorece esa posición en
el contexto del intercambio en el que es aducida. Si es así, los
argumentos resultan más bien del examen crítico conjunto de las
pretensiones de razonabilidad. Una diferencia significativa es
que conforme a la primera interpretación es el proponente quien
produce el argumento como respuesta a una petición del oponente,
mientras que conforme a la segunda el argumento captura, como
una especie de instantánea, un momento en la interacción del
proponente y el oponente.
Atomismo vs holismo
Entenderé por propiedades lógicas aquellas propiedades de los
argumentos que son pertinentes para responder a la pregunta
de Wenzel y pueden describirse sin aludir ni a los efectos de
la consideración aducida sobre el auditorio ni a las reglas
convencionales de los intercambios argumentativos. Esto no
pretende ser una definición de las propiedades lógicas, sino tan
solo una aproximación que pueda servir como punto de partida
para la discusión. Entre otras, son propiedades lógicas las
siguientes:
•

Un argumento es deductivamente válido si y solo si por la
disposición de sus partes es imposible que sus premisas
sean verdaderas y su conclusión falsa.

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�Una modesta proposición para clasificar
las teorías de los argumentos

•

Un argumento es sólido si y solo si es deductivamente
válido y sus premisas son verdaderas.

•

Un argumento es inductivamente fuerte si y solo si la
verdad de sus premisas hace improbable la falsedad de su
conclusión.

•

Un argumento es compelente (cogent) si y solo si sus
premisas son aceptables, pertinentes para la conclusión y
le dan suficiente apoyo.

•

Un argumento correcto es el que resiste a las objeciones
y recusaciones.

•

Un argumento válido es el que resiste a las recusaciones y
a las refutaciones.

•

Un argumento concluyente es el que el que resiste a
cualquier posible contraargumento.

Las nociones de argumento correcto, argumento válido y
argumento concluyente remiten a la distinción de tres formas
básicas de contraargumentación.11
•

Una objeción a un argumento A es un argumento B cuya
conclusión es incompatible con alguna de las premisas de A.

•

Una recusación de un argumento A es un argumento B
cuya conclusión es incompatible con el condicional
asociado del argumento A. El condicional asociado del
argumento P1,…,Pn por tanto C es ‘si P1 y…y Pn entonces
C’, que interpreto como ‘P1 y…y Pn es una razón para C’.

•

Un argumento B es una refutación de un argumento A si
los dos argumentos son tenidos por correctos, en el sentido
anterior, y B se considera tan o más fuerte que A.

Mientras que las objeciones y las recusaciones señalan defectos en
el argumento, y por tanto tienen que ver con la pregunta ‘¿Es ese un
11
Marraud, En buena lógica, 73-97, y “On the Logical Ways to Counter an
Argument: A Typology and Some Theoretical Consequences,” en From Argument
Schemes to Argumentative Relations in the Wild, eds. Frans H. van Eemeren y Bart
Garssen (Cham: Springer, 2020).
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las teorías de los argumentos

buen argumento?’, las refutaciones comparan argumentos correctos,
y tienen que ver con la pregunta ‘¿Es ese el mejor argumento?’.
Para el atomismo las propiedades lógicas de un argumento
quedan completamente determinadas por las propiedades de sus
partes y las relaciones entre ellas (relaciones intraargumentativas),
mientras que para el holismo dependen también de elementos
contextuales que no forman parte del argumento. En este sentido,
se puede decir que para el atomismo las propiedades lógicas son
propiedades intrínsecas de los argumentos, mientras que para
el holismo son propiedades extrínsecas. Así, en principio y con
arreglo a las definiciones precedentes, ser deductivamente válido,
sólido o inductivamente fuerte son propiedades intrínsecas de
los argumentos, mientras que ser concluyente es una propiedad
extrínseca, ya que depende de la relación del argumento evaluado
con otros argumentos (relaciones interargumentativas).
Un ejemplo ayudará a entender lo que aquí está en juego.
Esteban José Paños, portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento
de Toledo, argumentaba en una entrevista el julio de 2018 que
la alcaldesa, Milagros Tolón, del Partido Socialista, tendría
que haber diseñado en el primer año de su mandato un plan
de renovación del Polígono industrial, porque lo prometió.12
Parece que la promesa de Milagros Tolón de diseñar un plan de
renovación del Polígono en su primer año de mandato solo apoya
la conclusión de que debería haberlo hecho si, entre otras cosas,
la promesa no fue hecha bajo coacción y, en las circunstancias del
año 2015, era factible hacerlo. Eso quiere decir para un atomista
que o bien son premisas implícitas en el argumento de Paños,
o bien no lo son y el argumento es deficiente. Por su parte, un
holista puede mantener que no son premisas del argumento de
Paños, sino factores contextuales pertinentes para evaluarlo, sin
que eso lo invalide.
12
“Paños: «¿Dónde van los impuestos? ¿A aumentar el superávit?»,” La
Tribuna de Toledo, Julio 8, 2018, https://www.latribunadetoledo.es/Noticia/zcde7ad5ca843-6183-bd227813af417e84/201807/Panos-Donde-van-los-impuestos-A-aumentarel-superavit.
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las teorías de los argumentos

La noción de parte de un argumento tiene que ver, ante
todo, con la identidad de los argumentos, puesto que parece
razonable asumir una especie de principio de extensionalidad,
conforme al cual A es el mismo argumento que B si y solo si A
y B tienen las mismas partes dispuestas del mismo modo. Este
principio expresa una intuición básica sobre las partes de un
argumento: las partes de un argumento son aquellos elementos
que lo diferencian de los demás argumentos. El atomismo vincula
además las partes de un argumento con su evaluación por medio
de otro principio:
Principio atomista. Toda la información contextual
pertinente para determinar si se puede sacar la conclusión
de las premisas de un argumento se refiere a las propiedades
de sus partes.13
Como ya se ha dicho, el principio atomista convierte a las
propiedades lógicas de los argumentos en propiedades intrínsecas.
Otra consecuencia del principio atomista es que las propiedades
lógicas de un argumento son las mismas en cualesquiera dos
situaciones en la que las premisas tengan las mismas propiedades.
En esa medida, las propiedades lógicas pueden considerarse
independientes del contexto.
Generalismo vs particularismo
Esta segunda distinción se refiere a cómo pueda justificarse
que entre las premisas y la conclusión de un argumento se da la
relación apropiada. En ética el generalismo es la tesis de que los
razonamientos y juicios morales son posibles porque disponemos
13
El principio atomista es similar al requisito PC (Premisas-Conclusión)
criticado por Don Levi, que exige que todos los aspectos del contexto retórico que
sean relevantes para determinar lo que se está argumentando se incorporen en la
reformulación del argumento como partes de una secuencia premisas-conclusión (Levi,
“The Case of the Missing Premise,” Informal Logic 17, no. 1 [Winter 1995]: 80.)
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las teorías de los argumentos

de un surtido de principios morales, tesis que el particularismo
rechaza. Trasladado a la teoría de los argumentos, el generalismo
mantiene que la posibilidad de los juicios lógicos sobre la
calidad de los argumentos depende de la existencia de principios
generales. El paradigma de tales principios generales son las
garantías de Toulmin: “enunciados generales, hipotéticos, que
pueden funcionar como puentes y autorizar pasos como aquél con
el que nos compromete nuestro argumento particular” y funcionan
como “estándares prácticos o cánones de argumento”.14 Toulmin,
de hecho, se declara explícitamente generalista:
A menos que en un campo de argumentación determinado
estemos dispuestos a trabajar con algún tipo de garantías,
será imposible someter en ese campo a los argumentos a
evaluación racional.15

Como la asunción de que, en última instancia, la relación entre
las premisas y la conclusión de un buen argumento solo puede
explicarse recurriendo a algún principio general no obliga a incluir
ese principio entre las partes del argumento, el generalismo puede
ser atomista u holista. En el primer caso, los principios generales
que conectan las premisas con la conclusión se consideran partes
del argumento y en el segundo no.
La analogía y el precedente son las principales alternativas
a los principios generales para dar cuenta del paso de las premisas
a la conclusión.16 En el caso de la analogía, la idea es que los
argumentos parecidos se comportan lógicamente de maneras
parecidas y que, por ello, lo único que necesitamos para distinguir
los buenos de los malos argumentos es captar ese parecido. La
14
Stephen E. Toulmin, The Uses of Argument, ed. rev. (Cambridge: Cambridge
University Press, 2003), 91.
15

Toulmin, The Uses, 93.

16
Vid. Grant Lamond, “Precedent and Analogy in Legal Reasoning,” en The
Stanford Encyclopedia of Philosophy, Stanford University, 1997-, artículo publicado
Junio 20, 2006, https://plato.stanford.edu/archives/spr2016/entries/legal-reas-prec/.
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las teorías de los argumentos

identidad de forma lógica puede entenderse como una forma
extrema y sistematizada de semejanza. Si fuera así, las teorías de
los argumentos inspiradas en la lógica formal serían particularistas
y atomistas, puesto que las propiedades lógicas de los argumentos
quedarían totalmente determinadas por su forma lógica.
Generalismo y particularismo interpretan de maneras
distintas la analogía entre argumentos. Para el generalista
la analogía es una manera de descubrir o señalar una garantía
implícita común en varios argumentos. Esto es, para el generalista
dos argumentos son análogos porque tienen una garantía del
mismo tipo. Para el particularista, las garantías aparecen cuando
se intenta explicar las semejanzas que los hablantes perciben
entre los argumentos. Dicho de otro modo, para el particularista
dos argumentos tienen el mismo tipo de garantía porque son
análogos, y por tanto las analogías preceden y son independientes
de las garantías. En ética, uno de los argumentos de los defensores
del particularismo es, precisamente, que el generalismo no puede
explicar cómo distinguimos los principios válidos de los inválidos.
Desde luego no podemos esperar que los principios salgan de
nuestros juicios sobre casos particulares, porque se supone
que ese tipo de juicios se basan en principios. Si el juicio
es subsuntivo, necesita partir de principios, que no pueden
proceder de ulteriores juicios so pena de regreso. Pero ¿de
qué otra manera podemos distinguir los principios verdaderos
de los falsos? No resulta atractivo suponer que los principios
verdaderos lo llevan impreso en la cara, de modo que basta con
mirarlos fijamente para darse cuenta de que son verdaderos.
Tampoco es atractivo suponer, como hacen las opciones
subsuntivas, que los casos particulares nunca pueden servir
para contrastar los principios.17

En teoría de la argumentación jurídica, la argumentación basada
en reglas (o subsunción) se opone a la argumentación basada en
17

Dancy, Ethics without Principles, 5; (traducción propia).

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las teorías de los argumentos

la ponderación de todas las razones pertinentes (o ponderación),
asociando así así el particularismo con el razonismo a través
del concepto de ponderación. Eso le permite a María Cristina
Redondo trasladar la distinción generalismo vs particularismo a
la argumentación jurídica y explorar sus consecuencias (aunque
ella prefiere ‘universalismo’ a ‘generalismo’).18
Inferencismo vs razonismo
Ahora la discrepancia se refiere a la naturaleza del vínculo entre
las premisas y la conclusión de un buen argumento logico sensu.
Para el inferencismo esa relación consiste en que la conclusión
se sigue o infiere lógicamente, de las premisas, mientras que para
el razonismo consiste en que las premisas expresan una buena
razón para la conclusión o la favorecen. Como ya se señaló en su
momento, definir argumentar como presentar, para su examen, algo
a alguien como una razón para otra cosa es obviamente razonista.
Una definición inferencista diría más bien que argumentar es
presentar algo como una consecuencia lógica de otra cosa.
Si seguirse de y ser una razón para son cosas distintas,
el inferencismo va en contra de la intuición ―que expresa la
pregunta lógica por excelencia de Wenzel― de que un buen
argumento es el que da una buena razón para la conclusión para
la que se ha aducido. Como es bien sabido, que la conclusión
se infiera lógicamente de las premisas no es ni una condición
necesaria ni una condición suficiente para que estas expresen una
razón para aquella. Pero lo que me interesa destacar ahora es que
el hecho de que A sea una razón para B no autoriza, dado A, a
concluir B, puesto que puede haber otras razones para no B, por
lo que extraer una conclusión depende de un proceso complejo de
escrutinio y ponderación de razones.
El término ‘conclusión’ se usa tanto para referirse a
una parte de un argumento, como para referirse a la decisión
18

María Cristina Redondo, “Razones y normas,” Discusiones, no. 5 (2005): 29-66.

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a la que se llega en un proceso de escrutinio y ponderación
de razones. En una deliberación, por ejemplo, se consideran y
discuten las consecuencias probables de varios cursos de acción
alternativos para elegir el más conveniente. Que una acción
tenga probablemente consecuencias positivas o negativas es
una razón para elegirla o para rechazarla, respectivamente. La
fuerza del argumento Si se hace A, probablemente sucederá B,
por tanto es aconsejable hacer A depende de la probabilidad de
que la realización de A tenga esos efectos, y de la intensidad y
beneficencia de esos efectos. Sin embargo, la conclusión de la
deliberación no puede ser Es aconsejable hacer A, puesto que la
deliberación tiene una pretensión de determinación o efectividad
resolutiva,19 sino más bien Debemos hacer A o Hagamos A,
que no coincide, por tanto, con la conclusión de ninguno de los
argumentos examinados en su curso.
Antes de seguir delante conviene distinguir entre razones
prima facie, razones pro tanto y razones concluyentes.
Una razón prima facie es una consideración que se presenta
como una razón para algo, y que por consiguiente parece
una razón, aunque después pueda no serlo.
Una razón pro tanto favorece una determinada posición, y por
ello es digna de consideración, aunque puede ser superada
por otras razones opuestas.
Una razón concluyente es una razón no superada por otras
razones opuestas.

19
Luis Vega Reñón, “Deliberando sobre la deliberación. Una revisión,” Lógoi.
Revista de Filosofía 22, no. 38 (julio-diciembre 2020): 172.
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Cuando argumentamos presentamos algo como una razón para
otra cosa, y por ello ese algo se convierte en una razón prima
facie. Cuando alguien aduce que hacer A tendrá probablemente
una consecuencia positiva C, está dando una razón prima facie
para hacer A. Si comprobamos que, efectivamente, es probable
que tenga esa consecuencia y que es significativamente benéfica,
será una razón pro tanto. Si finalmente concluimos que la
probabilidad de que se dé esa consecuencia y el balance entre
sus efectos positivos y negativos es más favorable que el de las
acciones alternativas, será una razón concluyente. De este modo,
la finalidad del examen crítico de una razón prima facie por medio
de argumentos y contraargumentos es establecer, sucesivamente,
si es una razón pro tanto y si es una razón concluyente.
Una buena razón puede ser una razón pro tanto o una razón
concluyente, dependiendo de en qué fase de la evaluación nos
encontremos. Obsérvese que cuando se trata de determinar si una
razón prima facie es una razón pro tanto los contraargumentos
relevantes son las objeciones y las recusaciones, mientras que
cuando se trata de determinar si es una razón concluyente son las
refutaciones.
También se puede decir que la principal diferencia entre las
razones (favorece) y las inferencias lógicas o implicaciones (se
sigue) es que las razones son ponderables y las inferencias lógicas
no. Si C se sigue de P, dado P, podemos concluir C, aunque esa
autorización sea provisional y revisable. Pero si P es una razón
para C, no podemos concluir C directamente de P, puesto que
puede haber razones de peso para concluir lo contrario. Esta
manera de hablar puede inducir a error, puesto que sugiere que
cada argumento tiene un determinado peso y que la argumentación
es un proceso de escrutinio y ponderación de razones que tiene
por objeto elegir el argumento más fuerte de los aducidos. Como
veremos a continuación, esa no es una posición razonista.
Finalmente, si un buen argumento es el que da una razón
concluyente y una razón pro tanto es concluyente dependiendo de
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que no concurran otras razones pro tanto en contrario tan o más
fuertes, el razonismo lleva naturalmente al holismo. Para evitarlo
habría que asumir que entre que las premisas del argumento
figuran tanto las consideraciones como las contra consideraciones
relevantes. Así lo hace, por ejemplo, Wellman, el padre del
razonamiento conductivo:
Una premisa es cualquier consideración (es decir, cualquier
cosa que se pueda considerar o entender) que cuenta o se piensa
que cuenta. a favor o en contra de la conclusión. La conclusión
es algo que aparentemente debe aceptarse sobre la base de las
premisas.20

Inferencias revisables y razones ponderables
Las inferencias pueden ser revisables, pero una inferencia revisable
no se comporta exactamente igual que una razón ponderable.
Recurriendo al consabido ejemplo de las lógicas por defecto,
de Piolín es un ave se puede concluir Piolín vuela mientras no
se pueda inferir de la información disponible que Piolín es un
pingüino. Cuando se puede inferir de la información disponible
que Piolín es un pingüino, no se puede inferir Piolín vuela de
Piolín es un ave. Así, Piolín no es un pingüino es una condición
necesaria de la inferencia de Piolín vuela a partir de Piolín es
un ave. Aquí no hay ninguna comparación o elección entre dos
argumentos con conclusiones opuestas, y por consiguiente no hay
ponderación.
En un planteamiento razonista, Piolín es un ave es
una razón para creer que Piolín vuela, mientras que Piolín es
un pingüino es una razón para creer lo contrario. El fin de la
ponderación es determinar cuál es la conclusión que puede
extraerse de la consideración conjunta de esas dos razones, no
cuál de ellas es una razón genuina y cuál es tan solo una razón
aparente. No obstante, la revisibilidad puede funcionar como
una alternativa a la ponderación, si se incluye sistemáticamente
20
Carl Wellman, Challenge and Response: Justification in Ethics (Carbondale, IL:
Southern Illinois University Press, 1971), 90; (traducción propia).
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la condición mientras no haya ninguna razón de más peso para
pensar otra cosa. Esta maniobra, en el mejor de los casos, permite
dar cuenta de los intensificadores, pero no de los atenuantes (ver
sección siguiente).
En algunas lógicas del razonamiento por defecto se intenta
modelizar el razonamiento introduciendo reglas de prioridad.
Por ejemplo, adaptando y adoptando el requisito de máxima
especificidad de Hempel, podríamos atribuir mayor peso a la
razón Piolín es un pingüino que a la razón Piolín es un ave, puesto
que la categoría pingüino es más específica que la categoría
ave. De esta manera, la mayor especificidad funcionaría como
una regla de segundo orden. Los modelos con reglas variables,
que no establecen una jerarquía fija de reglas de inferencia por
defecto, pueden parecer razonistas, ya que. “las conclusiones
sobre prioridades entre reglas por defecto también pueden
variar, dependiendo de las conclusiones que saque el agente
que razona”.21 Pero hablando con propiedad, los modelos de
razonamiento por defecto de prioridad variable son holistas con
respecto a la ponderación, que depende de factores contextuales.
Incluso en los modelos de razonamiento por defecto de
prioridad variable hay una diferencia importante con respecto a
la ponderación de razones. He argumentado que ‘conclusión’ se
refiere tanto a una parte de un argumento como a la decisión o
determinación que se alcanza en un proceso de argumentación
y contraargumentación. En los modelos inferencistas ―y entre
ellos en los modelos de prioridad variable―, la conclusión del
proceso es siempre la conclusión de uno de los argumentos que
aparecen en él. Son muy reveladores de esta manera de pensar los
sistemas de argumentación abstractos:
Un sistema de argumentación abstracta es un conjunto de
“pruebas rebatibles”, llamadas argumentos, que está parcialmente
ordenado por una relación que expresa la diferencia de fuerza
21
John Horty, “Reasoning with Precedents as Constrained Natural Reasoning,”
en Weighing Reasons, eds. Errol Lord y Barry Maguire (Oxford: Oxford University
Press, 2016), 200; (traducción propia).
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conclusiva. […] La incompatibilidad y la diferencia de fuerza
conclusiva provocan la derrota de los argumentos. El objetivo
de la teoría es averiguar qué argumentos resultan finalmente
invictos. Estos argumentos se consideran vigentes.22

En los modelos razonistas, por el contrario, la conclusión del
proceso puede no coincidir con la de ninguno de los argumentos
considerados, como ya he mostrado.
Un modelo holista, particularista y razonista
Para dar una idea más precisa de las diferencias entre las
distintas variedades de modelos de argumento voy a analizar
una argumentación usando el modelo de la dialéctica de los
argumentos.23
Los modelos de argumento premisas-conclusión,
inspirados en la lógica formal, son atomistas, inferencistas y,
según he argumentado, particularistas. Los modelos basados en
el modelo de Toulmin son holistas, generalistas y probablemente
inferencistas, como argumentaré más adelante. El modelo
de la dialéctica de los argumentos es holista, particularista y
razonista, y en él se distinguen cinco elementos en la evaluación
de un argumento: premisas o datos, conclusión o tesis, garantía,
condiciones y modificadores (intensificadores y atenuantes). Solo
los dos primeros se consideran partes del argumento; el resto son
consideraciones contextuales relevantes para su evaluación.
En el 2018, [el excongresista fujimorista] Reátegui declaró
como testigo protegido que Fujimori creó una contabilidad
falsa de su campaña electoral del 2016 simulando aportes
individuales de simpatizantes para ocultar grandes donaciones
de empresas que no declaró.
22
Gerard A. W. Vreeswijk, “Abstract Argumentation Systems,” Artificial
Intelligence 90, no. 1-2 (February 1977), 225.
23
Vid. Hubert Marraud, En buena lógica, y Fernando M. Leal y Hubert
Marraud, How Philosophers Argue. An Adversarial Collaboration on the RussellCopleston Debate (Cham: Springer, 2022).
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El testimonio corrobora la hipótesis del fiscal, que logró
identificar un presunto donativo no declarado por Fujimori de
un millón de dólares de la constructora brasileña Odebrecht
y otro de US$ 3.65 millones de Credicorp, la mayor entidad
financiera de Perú.
Según contó Reátegui como parte de su colaboración
eficaz (delación premiada), Fujimori estaba al corriente de
las operaciones para crear una contabilidad ficticia y fue
presuntamente ella quien le ordenó blanquear dinero de
supuesto origen ilícito.24

En este pasaje podemos identificar, siguiendo el modelo de la
dialéctica de los argumentos, los elementos siguientes.
(1) Premisa: Rolando Reátegui declaró que Keiko Fujimori
creó una contabilidad falsa de su campaña electoral de
2016 simulando aportes individuales de simpatizantes
para ocultar grandes donaciones de empresas que no
declaró.
(2) Conclusión: Keiko Fujimori creó una contabilidad falsa
de su campaña electoral de 2016 simulando aportes
individuales de simpatizantes para ocultar grandes
donaciones de empresas que no declaró.
(3) Modificador (intensificador): La declaración de Reátegui
es consistente con los presuntos donativos no declarado
por Fujimori de un millón de dólares de la constructora
brasileña Odebrecht y de 3,65 millones de dólares de
Credicorp.
(4) Modificador (atenuante): La declaración de Rolando
Reátegui es una declaración eficaz (delación premiada).
24
Agencia EFE, “Poder Judicial desestima pedido de Keiko Fujimori que
pretendía anular testimonio de Rolando Reátegui,” Gestión Política, Octubre 26,
2020, https://gestion.pe/peru/politica/keiko-fujimori-caso-odebrecht-poder-judicialdesestima-pedido-de-keiko-fujimori-para-desestimar-testimonio-de-rolando-reateguinoticia/.
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las teorías de los argumentos

A estos cinco elementos podríamos añadir otros dos, que, aunque
no están presente en el pasaje, se pueden entender a efectos de la
exposición que están sobreentendidos:
(5) Condición: Por la posición que ocupaba en Fuerza
Popular, Rolando Reátegui puede tener conocimiento de
la financiación de la campaña electoral de Fujimori.
(6) Garantía: La declaración de un testigo es un medio de
prueba.
Con arreglo a la dialéctica de los argumentos, dado que solo (1)
y (2) son partes, el argumento contenido en el pasaje analizado es
el siguiente:
A1

Rolando Reátegui declaró que Keiko Fujimori creó una
contabilidad falsa de su campaña electoral de 2016 simulando
aportes individuales de simpatizantes para ocultar grandes
donaciones de empresas que no declaró
Por tanto
Keiko Fujimori creó una contabilidad falsa de su campaña
electoral de 2016 simulando aportes individuales de
simpatizantes para ocultar grandes donaciones de empresas
que no declaró

La dialéctica de los argumentos distingue la consideración que se
presenta como una razón prima facie de aquello que explica por
qué es una razón. En el modelo de Toulmin, lo primero corresponde
a los datos y lo segundo a la garantía (de la que Toulmin dice
que es accesoria y explicativa.25 El modelo de la dialéctica de
los argumentos es particularista, porque (6) es solo una de las
posibles respuestas a la pregunta “¿Por qué (1) es una razón para
creer que (2)?”. No se trata solo de que pudieran invocarse otros
principios para conectar las premisas con la conclusión, sino de
que también podría responderse “Rolando Reátegui tiene buenas
razones para decir la verdad” o “Porque los jueces lo creen”, sin
remitir a ninguna regla o principio general. Cualquiera que fuera
25

Toulmin, The Uses, 93

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las teorías de los argumentos

la respuesta, se estaría analizando el mismo argumento.
(5) no es por sí misma una razón para creer que (1) sea
una razón para (2), aunque es una condición para que lo sea. Si
Reátegui no hubiera ocupado una posición desde la que podía
tener conocimiento de la financiación de la campaña electoral de
Fujimori, su declaración de que esta fue irregular no sería una
razón para creer que lo fue.
En el modelo de Toulmin tienen cabida las condiciones,
que él explica en términos generalistas como condiciones de
aplicación de las garantías: “puede que la garantía se aplique a
casos como el actual solo en ciertas condiciones”.26 Por otra parte,
en ese modelo, las excepciones o condiciones de recusación
parecen ser consideraciones contextuales que no forman parte del
argumento.
En segundo lugar, nos fijaremos en cómo se deja margen para
las condiciones y las excepciones en la presentación crítica y la
discusión de tesis o argumentos. […] En particular, tendremos
que prestar una atención especial a la noción de recusación.27
Muy a menudo presentamos argumentos que tenemos razones
para creer que son fuertes, pero no enunciamos explícitamente
todas las condiciones y asunciones en las que se apoya esa
seguridad. Simplemente por tener razones para creer que
las condiciones se dan, tenemos derecho a presumir que la
conclusión de nuestro argumento es verdadera.28

Si fuera así, el modelo de Toulmin sería generalista, por el papel
atribuido a las garantías, y holista, por el estatus de las excepciones.
Finalmente, la presencia de los modificadores convierte
al modelo de la dialéctica de los argumentos en razonista.
26
Stephen E. Toulmin, Richard Rieke y Allan Janik, Una introducción al
razonamiento, trad. José A. Gascón (Lima: Palestra, 2018), 131.
27
Traduzco ‘rebuttal’ por recusación, apartándome solo en este punto de
la traducción de Gascón (quien lo traduce como salvedad) en consonancia con mi
clasificación de los tipos de contraargumento.
28

Toulmin, Rieke y Janik, Una introducción al razonamiento, 131.

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 21-47

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�Una modesta proposición para clasificar
las teorías de los argumentos

Los modificadores son consideraciones que, sin ser razones,
afectan al peso de una razón. Hay dos tipos de modificadores:
los intensificadores, que aumentan el peso de una razón, y los
atenuantes, que lo disminuyen. Como es fácil que esta manera de
hablar induzca a error, conviene aclarar que eso quiere decir que
(1) es una razón de más peso para creer que (2) en una situación
en la que se da (3) que en una situación en la que no se da, ceteris
paribus.
Según la dialéctica de los argumentos en el pasaje
analizado solo hay una razón, y por ende un argumento, y la
función de consideraciones como (3) y (4) es mostrar cuál
es la fuerza de ese argumento en esa situación específica. En
concreto, los intensificadores (3) y (4) muestran que el argumento
basado en la declaración de Reátegui es más fuerte o más débil,
respectivamente, de lo que podría parecer a primera vista. La
alternativa a esta manera de entender los modificadores sería
mantener, como hace Ralph Bader, que hay tres argumentos
distintos, que corresponden a una razón no modificada y a dos
razones modificadas:29
A1

Rolando Reátegui declaró que Keiko Fujimori creó una
contabilidad falsa de su campaña electoral de 2016 simulando
aportes individuales de simpatizantes para ocultar grandes
donaciones de empresas que no declaró
Por tanto
Keiko Fujimori creó una contabilidad falsa de su campaña
electoral de 2016 simulando aportes individuales de
simpatizantes para ocultar grandes donaciones de empresas
que no declaró

29
Bader, “Conditions, Modifiers and Holism,” 40-42. Quizá, desde los
presupuestos de Bader, habría que añadir una cuarta razón modificada, que resulta de
combinar los dos modificadores con la razón no modificada.
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�Una modesta proposición para clasificar
las teorías de los argumentos

A2

Rolando Reátegui declaró que Keiko Fujimori creó una
contabilidad falsa de su campaña electoral de 2016 simulando
aportes individuales de simpatizantes para ocultar grandes
donaciones de empresas que no declaró. La declaración de
Reátegui es consistente con los presuntos donativos no declarado
por Fujimori de un millón de dólares de la constructora brasileña
Odebrecht y de 3,65 millones de dólares de Credicorp
Por tanto
Keiko Fujimori creó una contabilidad falsa de su campaña
electoral de 2016 simulando aportes individuales de
simpatizantes para ocultar grandes donaciones de empresas
que no declaró

A3

Rolando Reátegui declaró que Keiko Fujimori creó una
contabilidad falsa de su campaña electoral de 2016 simulando
aportes individuales de simpatizantes para ocultar grandes
donaciones de empresas que no declaró. La declaración
de Rolando Reátegui es una declaración eficaz (delación
premiada)
Por tanto
Keiko Fujimori creó una contabilidad falsa de su campaña
electoral de 2016 simulando aportes individuales de
simpatizantes para ocultar grandes donaciones de empresas
que no declaró

La idea de que la adición de un modificador genera un nuevo
argumento, con un peso mayor o menor que el del argumento
original, es el resultado de una confusión. En primer lugar,
convierte a los modificadores en partes del argumento, puesto que
lo único que diferencia a los argumentos A1, A2 y A3 entre sí son
los modificadores. En segundo lugar, esa interpretación desfigura
la noción de ponderación y es incompatible con la idea de que la
evaluación de razones y argumentos es siempre contextual, como
deja claro el siguiente pasaje:
La razón no modificada puede ser evaluada abstrayendo
del contexto, mientras que es la razón modificada la que
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Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 21-47

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�Una modesta proposición para clasificar
las teorías de los argumentos

identificamos cuando evaluamos la consideración en cuestión
en el contexto en el que la encontramos.30

Bader intenta salir del atolladero declarando que abstraer del contexto
es situar a la razón no modificada es un contexto peculiar, pero esto
me parece poco más que un juego de palabras. Que la declaración de
Reátegui sea consistente con los presuntos donativos y que sea una
delación premiada muestra cuál es el peso de esa declaración como
razón para creer que Keiko Fujimori creó una contabilidad falsa de
su campaña electoral de 2016. Mi posición es que los modificadores
vienen a cuento cuando se compara, implícita o explícitamente,
la fuerza de dos o más argumentos, y el “aumento del peso”
mencionado en su definición debe entenderse, figuradamente, en ese
contexto. Dicho de otro modo, un modificador es una respuesta a una
refutación, actual o potencial, o a un intento de refutación.
Cuando se distingue entre condiciones y modificadores
resulta más fácil entender la diferencia entre revisabilidad y
ponderabilidad. Las condiciones dan cuenta del carácter revisable del
razonamiento, mientras que los modificadores lo hacen del carácter
ponderable de las razones. He argumentado en la sección precedente
que las condiciones pueden formar parte de una teoría inferencista de
los argumentos, a diferencia de los modificadores, que están ligados
a la ponderación, y por tanto al razonismo.
Los inferencistas podrían sentirse tentados a tratar los
modificadores como condiciones. Eso obligaría a mantener que
solo puede inferirse de las declaraciones de Reátegui que Keiko
Fujimori creó una contabilidad falsa de su campaña electoral de
2016 a condición de que esas declaraciones sean consistentes con
los presuntos donativos no declarados identificados por el fiscal. Esa
maniobra resulta todavía más forzada con los atenuantes, puesto que
habría que mantener que solo podría inferirse de las declaraciones
de Reátegui que Keiko Fujimori creó una contabilidad falsa de su
campaña electoral de 2016 a condición de que la suya no fuera una
declaración eficaz, lo que contradice abiertamente los procedimientos
penales peruanos.
30

Bader, “Conditions, Modifiers and Holism,” 40; (traducción propia).

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�Una modesta proposición para clasificar
las teorías de los argumentos

Conclusión
La finalidad declarada al presentar el modelo de la dialéctica
de los argumentos y mostrarlo en funcionamiento era permitir
al lector hacerse una idea más cabal de las diferencias entre los
distintos modelos de argumento. Partiendo del modelo de la
dialéctica de los argumentos, que acabo de pergeñar, se pueden
formular tres reglas prácticas (y por tanto sujetas a excepciones)
de clasificación de los modelos de argumento.
-

Los modelos que admiten condiciones, y por tanto
excepciones, son holistas.
Los modelos que admiten modificadores, y por tanto la
ponderación de argumentos, son razonistas.
Los modelos en los que cualquier argumento presupone
una garantía son generalistas.

Según estos criterios, como ya se ha dicho, el modelo de
Toulmin sería holista y generalista. ¿Es además razonista? Es
decir, ¿contempla algo parecido a los modificadores? Creo que
no hay una respuesta concluyente. Desde luego ni en Los usos
de la argumentación ni en Una introducción al razonamiento
se mencionan elementos cuya función sea alterar la fuerza de
un argumento. Sin embargo, Toulmin parece distinguir dos
tipos de calificadores modales. Por un lado, están los que, como
presumiblemente, indican que la aplicación está sujeta a ciertas
condiciones, y, por otro, los que, como probablemente, indican
que lo está a la fuerza de la correlación entre los datos, la garantía,
el respaldo y la tesis.31 Los calificadores del primer tipo parecen
apuntan a las condiciones, mientras que los del segundo tipo
parecen apuntar a los modificadores. En todo caso, Toulmin no
profundiza mucho más en este contraste, y dada la ausencia de
cualquier mención a las relaciones interargumentativas, tanto
en Los usos de la argumentación como en Una introducción al
razonamiento, me inclino a pensar que su modelo no es razonista.

31

Toulmin, Rieke y Janik, Una introducción al razonamiento, 82, 87, 96.

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�Una modesta proposición para clasificar
las teorías de los argumentos

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�Una modesta proposición para clasificar
las teorías de los argumentos

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Toulmin, Stephen E., Richard Rieke y Allan Janik. Una
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�Una modesta proposición para clasificar
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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

DOSSIER

El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

Resumen: Para matemáticos interesados en problemas de
fundamentos, lógico-matemáticos y filósofos de la matemática,
el axioma de elección es centro obligado de reflexión, pues ha
sido considerado esencial en el debate dentro de las posiciones
consideradas clásicas en filosofía de la matemática (intuicionismo,
formalismo, logicismo, platonismo), pero también ha tenido
una presencia fundamental para el desarrollo de la matemática
y metamatemática contemporánea. Desde una posición que
privilegia el quehacer matemático, nos proponemos mostrar los
aportes que ha tenido el axioma en varias áreas fundamentales
de la matemática, su aplicación en la lógica de primer orden,
así como una breve descripción de las pruebas de consistencia
relativa debidas a Gödel y Cohen, las cuales establecieron su
independencia del sistema axiomático Zermelo-Fraenkel (ZF).
Con todo lo anterior mostraremos cómo el quehacer matemático
contemporáneo se adscribe al platonismo matemático en los
términos de Bernays y Ferreirós. Revisaremos también los
argumentos de Zermelo y Cantor para permitir el uso de asunciones
en la matemática, los cuales se acercan a los planteamientos de la
investigación científica y esbozan relaciones con la filosofía de la
práctica matemática. Finalmente, justificamos el uso del axioma
de elección en la contemporaneidad, abogando por unas relaciones
de equidad entre la matemática y la filosofía, presentando además
su plena vigencia, a través de la referencia a algunos problemas
abiertos en la actualidad que vinculan el axioma de elección con
la teoría de Ramsey.
Palabras Clave: Axioma de elección, quehacer matemático,
Gödel, Cohen, platonismo matemático.
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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

The axiom of choice in contemporary
mathematical work

Abstract: For mathematicians interested in problems of
foundations, logical-mathematicians and philosophers of
mathematics, the axiom of choice is an obligatory center of
reflection, since it has been considered essential in the debate
within the positions considered classic in the philosophy of
mathematics (intuitionism, formalism, logicism, platonism),
but it has also had a fundamental presence in the development
of contemporary mathematics and metamathematics. From a
position that privileges the mathematical task, we intend to show
the contributions that the axiom has had in several fundamental
areas of mathematics, its application in first-order logic, as well
as a brief description of the relative consistency tests due to
Gödel and Cohen, who established their independence from the
Zermelo-Fraenkel (ZF) axiomatic system. With all of the above,
we will show how contemporary mathematical work is ascribed
to mathematical platonism in the terms of Bernays and Ferreirós.
We will also review the arguments of Zermelo and Cantor to
allow the use of assumptions in mathematics, which are close
to the approaches of scientific research and outline relationships
with the philosophy of mathematical practice. Finally, we justify
the use of the axiom of choice in contemporary times, advocating
for equitable relations between mathematics and philosophy, also
presenting its full validity, through reference to some currently
open problems that link the axiom of choice with Ramsey theory.
Keywords: axiom of choice, mathematical work, Gödel, Cohen,
mathematical platonism
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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

Introducción
El axioma de elección1 ha representado para la comunidad
matemática interesada en problemas de fundamentos así como
la de filósofos de la matemática, el ejemplo por excelencia de
un enunciado cuya clasificación como axioma estuvo en sus
inicios rodeada de debate y polémica. En efecto, connotados
matemáticos indicaron que considerarlo un axioma implicaba
legitimar su uso para la matemática de la época, entrañando
varias dificultades, a saber: 1) La justificación de la existencia de
un conjunto considerado no intuitivo, en el sentido de no expresar
una verdad básica o evidente sobre conjuntos; 2) Dicho conjunto
es postulado, sin referir un procedimiento efectivo, paso a paso,
que permitiese construir al conjunto en cuestión; 3) Su aceptación
conlleva algunas consecuencias contrarias al sentido común
(paradoja de Banach-Tarski por ejemplo), así como contrarias al
modo de hacer matemática de aquel momento, ya que trabajar
con entidades matemáticas no construibles se entendía “riesgoso”
para la matemática “aceptable”.
Estas dificultades son comprendidas siendo colocadas en la
época en la que surge el axioma (1904), época de la denominada
crisis de fundamentos y, sobretodo, época en la que las distintas
áreas de las matemáticas (álgebra, análisis, topología, etc.)
se encontraban en proceso de consolidación de sus objetos
propios de estudio, precisando sus problemas fundamentales
y requiriendo del axioma en algunos de sus resultados. Más
aún, comenzó a hacerse patente un modo de hacer matemática
denominado “abstracto”, diferenciándose del modo constructivo
hasta entonces utilizado. Ante este panorama era de esperarse la
reticencia observada en sus inicios para aceptarlo.
1

Existen varias presentaciones del axioma. Una es: Si K es una colección de
conjuntos no vacíos y K es el conjunto de todos los elementos pertenecientes a los
conjuntos de la colección K (K = UK), entonces existe una aplicación f: K→ K tal que,
para cada k K, f (k) ∈ k. Roberto Torretti, El paraíso de Cantor. La tradición conjuntista
en la filosofía matemática (Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 1998), 64.
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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

Así, el axioma de elección se encontraba inmerso en
un ambiente en el que las distintas áreas de la matemática se
abrían camino propio, la metamatemática no aparecía aún, y las
posiciones clásicas en filosofía de la matemática (intuicionismo,
platonismo, logicismo y formalismo) se consolidaban años
después. En consecuencia, matemática, metamatemática y
filosofía de la matemática son tres (3) ámbitos que para aquel
momento no se encontraban claramente diferenciados, pero en las
que el axioma, tal y como el desarrollo histórico lo evidencia, ha
tenido y tiene participación, como se mostrará más adelante.
Por supuesto hoy día no existe tal debate, ya que en los
referidos ámbitos en términos bien precisos se han definido sus
respectivos objetos de estudio, así como sus problemas específicos.
En efecto, el axioma de elección es utilizado sin problema alguno
por la gran mayoría de los matemáticos contemporáneos si así
lo requiriesen, habida cuenta de la demostración metamatemática
(Gödel) que legitima su uso y lo pone a disposición sin peligro
de contradicción alguna (siempre que ZF sea consistente). Podría
suponerse entonces que el debate sobre el axioma de elección
está concluido. El matemático podría así decidirlo sin mayor
inconveniente, pero desde la filosofía de la matemática y en
particular desde una filosofía que valore el recorrido histórico,
matemático y metamatemático del axioma de elección, y que
tome en consideración los modos de hacer matemática de los
matemáticos, según los problemas que aborden (esto es, su
práctica matemática cotidiana), se ha considerado conveniente
colocar sobre la mesa tanto consideraciones epistemológicas y
gnoseológicas sobre el tratamiento y naturaleza de las entidades
matemáticas, así como también el estudio sobre la práctica
cotidiana del matemático cuando -entre otras actividades- hace
cálculos, demostraciones o elabora teorías matemáticas, actividad
que englobamos bajo la denominación quehacer matemático2.
2

El término recoge algunas de las características de la actividad del matemático

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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

Esto conllevó una reflexión en primera instancia desde la
matemática y luego sobre ella.
Esta perspectiva de análisis ha sido trabajada por
investigadores contemporáneos dentro de lo que se conoce
como filosofía de la práctica matemática (Mancosu, Kitcher,
Maddy, Ferreirós, etc.) y será el lente bajo el cual se darán
algunas reflexiones en este artículo. En consecuencia, el recorrido
que presentaremos del axioma de elección comenzará en la
matemática, continuará en la metamatemática y finalizará en la
filosofía, siendo este recorrido cónsono con la perspectiva antes
indicada. Con esto no afirmamos que los aspectos matemáticos y
filosóficos sigan caminos separados; por el contrario, mostraremos
que a lo interno de la matemática existen elementos que permiten
la reflexión filosófica.
Al respecto, es oportuno indicar que nuestra investigación
considera, siguiendo a Haack, a la filosofía de la matemática
como el estudio de los problemas filosóficos suscitados por la
matemática.3 Se estudia entonces el quehacer matemático para
reflexionar respecto a lo que se puede encontrar dentro de la
ciencia matemática, así como observar el tratamiento que se le
dan a las entidades matemáticas, junto con las características de
la actividad matemática contemporánea. Por lo tanto, el axioma
de elección tendrá una mirada matemática, metamatemática y
cuando hace matemáticas pero también cuando piensa respecto a ella. En la literatura
especializada aparecen términos similares tales como: pensamiento matemático, formas
de pensar matemáticamente, modos de hacer matemática, razonamiento matemático,
etc. que pudieran confundir al lector y pretender separar el hacer matemático del pensar
matemático. En nuestro caso, tanto el hacer como el pensar se considerarán parte del
quehacer matemático.
3
“La tarea de la filosofía de la lógica [...] es investigar los problemas filosóficos
suscitados por la lógica [...] y la de la filosofía de la matemática [es] investigar los problemas
filosóficos suscitados por la matemática.” Susan Haack, Filosofía de las lógicas, trads.
Amador Antón y Teresa Orduña (Madrid: Ediciones Cátedra, 1991), 21. Algunos problemas
propios son: ¿Cuál es la naturaleza de las entidades matemáticas? ¿Cuáles son las leyes que
las rigen? ¿Cómo podemos hacer para conocer tales leyes?, etc.
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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

filosófica como camino metodológico de reflexión fundamental,
cuya integración dará una visión holística de su papel en los
ámbitos en cuestión, y permitirá también sustentar una propuesta
de filosofía de la matemática que valore el quehacer matemático,
la práctica matemática cotidiana. Este camino considerará varias
aristas, a precisarse en el siguiente apartado.

1. Camino metodológico: Desde la matemática hacia la filosofía
La investigación sobre la naturaleza de las entidades matemáticas
ha sido tradición en la filosofía clásica de la matemática, y en
ellas aparece el axioma de elección como una asunción platonista.
Ahora bien, consideramos que este modo de filosofar, el cual ha
realizado aportes importantes, pudiese restringir miradas más
amplias de la naturaleza del objeto matemático, ya que lo estudia
individualmente, aislándolo del contexto matemático en el que
surge, esto es, sin considerar el quehacer matemático que hace
uso de tal o cual entidad matemática, en este caso, del axioma de
elección.
Es decir, la reflexión tradicional respecto al axioma (u otras
entidades matemáticas) se hace desde la filosofía como rectora
de la reflexión, con sus modos de pensar y sopesar de manera
crítica lo objeto de su análisis, privilegiando consideraciones
epistemológicas, gnoseológicas y ontológicas en su mayor
parte. Se tiene entonces una reflexión que va desde la filosofía
hacia la matemática y no desde la matemática hacia la filosofía,
que es lo que expondremos en este artículo4. A nuestro juicio,
la perspectiva tradicional podría limitar otras aristas del tema
que consideramos pertinente valorizar. Entre ellas, la referida al
4
Esto es fundamental para comprender la presentación que aquí ́haremos.
Varios autores han desarrollado aspectos similares: Mancosu (2016), Tymoczko (1997),
Maddy (1997), etc.
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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

hecho de que el axioma de elección aparece como necesario en
resultados fundamentales en varias áreas de las matemáticas, lo
que permite poner en evidencia al platonismo matemático dentro
de la matemática, como es de uso corriente en el análisis, álgebra
y topología contemporáneos.
Esta presencia del axioma a lo largo de la matemática
actual, requerido a tal punto que la gran mayoría de los matemáticos
lo consideren indispensable, invita a indagar respecto a su
naturaleza particular, pues su presencia no parece accidental sino
fundamental para el avance de la matemática contemporánea y,
como veremos más adelante, también para la metamatemática.
En consecuencia, su estudio se hará no solamente desde las
posiciones tradicionales en filosofía de la matemática, sino desde
lo inherente a la actividad matemática concreta -que hemos
denominado quehacer matemático-.
Esto justifica la referencia que haremos de algunos
resultados fundamentales matemáticos en los que el axioma
es requerido. De este análisis y desde la perspectiva expresada
arriba -que va de la matemática hacia la filosofía- consideramos
que surgen elementos que dan sustento a las posiciones del
platonismo matemático como parte integrante de la actividad
matemática concreta contemporánea. Sostenemos que un análisis
filosófico adecuado del axioma de elección debe considerar
las características particulares de la actividad matemática. No
es usual encontrar trabajos en la literatura especializada que
atiendan como tema específico al axioma de elección que unan
las discusiones matemáticas con las consideraciones filosóficas,
de acuerdo con la revisión bibliográfica realizada, considerándose
esto un aporte para el ámbito latinoamericano de la filosofía de la
matemática.
En el mismo orden de ideas, también describiremos el
proceso que conllevó a determinar la independencia del axioma de
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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

elección de la teoría axiomática de conjuntos Zermelo-Fraenkel
(ZF). Gracias a las pruebas metamatemáticas de los conjuntos
constructibles de Gödel (1938) y el método de construcción de
modelos de forcing de Cohen (1963) se poseen procedimientos que
son hoy día estándar para resolver problemas de independencia
o consistencia relativa5. El análisis de estos procedimientos de
construcción de modelos se justifica en tanto que todo axioma
objeto de análisis pasa en la contemporaneidad necesariamente
por pruebas de consistencia relativa. Destaquemos el hecho que
tales métodos son considerados platonistas.
Ahora bien, como consecuencia de los resultados de
Gödel y Cohen, tanto el axioma de elección como su negación se
pueden utilizar sin riesgo de contradicción alguna, verificándose
dos matemáticas existentes -una con el axioma, otra sin ella. Ambas legitimadas, queda la interrogante sobre los posibles
criterios para seleccionar a la matemática “adecuada” o si tal
pregunta es conveniente. El seleccionar a la que admite al axioma
de elección nos llevará a considerar el punto de vista platonista
matemático de acuerdo con Bernays y Ferreirós, tomando en
consideración los planteamientos de Zermelo respecto al papel
de los principios matemáticos para la ciencia y para la filosofía6.
De igual forma estudiaremos los argumentos esgrimidos contra el
axioma y veremos que las posiciones intuicionista y platonista no
son incompatibles, privilegiándose la actividad matemática y lo
que el matemático necesite para trabajar.
Así, el lector podrá apreciar que el estudio que mostraremos
del axioma de elección permitirá englobar el desarrollo concreto
del axioma del siguiente modo: 1) Verificando su aparición y
5

También ha sido usado para probar teoremas matemáticos: Robert M.
Solovay, “On the cardinality of sets of reals,” en Foundations of Mathematics.
Symposium Papers commemorating the sixtieth birthday of Kurt Gödel, eds. Jack J.
Bullof, Thomas C. Holyoke y Samuel W. Hahn (Berlin: Springer, 1969), 58-73.
6
E. Zermelo, “Untersuchungen über die Grundlagen der Mengenlehre. I,”
Mathematische Annalen 65, (June 1908): 261-281.
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uso en cuatro áreas claves de las matemáticas: análisis, álgebra,
topología y teoría de conjuntos, evidenciando la presencia
del platonismo matemático en la matemática; 2) Verificando
cómo hace presencia en la metamatemática, determinando en
buena medida la división entre la metamatemática finitaria y la
infinitaria, y 3) abriendo las compuertas para la aparición de -al
menos- dos matemáticas, lo que conlleva discusiones importantes
en la filosofía de la matemática. Comenzaremos por mostrar en
primer lugar el ambiente predominante en el que surge el axioma.

2. Axioma de elección: Orígenes
El axioma de elección hace su aparición en 1904, presentado por
Ernst Zermelo, matemático alemán, el cual lo eleva a categoría
de axioma, ya que lo consideraba un enunciado usado de manera
implícita por los matemáticos. Más aún, a su juicio, “se aplica
sin titubeos en el razonamiento matemático.”7 Lo presenta para
justificar su demostración del Teorema del Buen Orden, haciéndolo
como matemático que es y encontrando oposición principalmente
de matemáticos; ahora bien, el contenido del debate generado se
fue tornando metamatemático y posteriormente filosófico. Esto
se debe a que, como Ferreirós apunta, el axioma de elección es
un “caso paradigmático de planteamiento abstracto”8 refiriéndose
con esto a un axioma que evidencia su no constructividad,
describiéndose un modo de hacer matemática planteado como
“una investigación de relaciones que se dan entre objetos o
elementos que se asumen existentes con independencia de nuestro
pensamiento.”9 Sobre el axioma de elección recae entonces la
7

E. Zermelo, “Beweis, daß jede Menge wohlgeordnet werden kann,”
Mathematische Annalen 59, (1904): 516.
8
José Ferreirós, “Matemáticas y platonismo(s),” La Gaceta de la Real Sociedad
Matemática Española 2, no. 3 (1999): 459.
9
Ferreirós, “Matemáticas y platonismo(s),” 450. Esto se corresponde con el
término platonismo matemático que asumiremos en este trabajo. Sostenemos, como
hipótesis de trabajo, que es adecuado referirse a una filosofía realista de la matemática
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matemático contemporáneo

discusión entre lo que se construye en matemáticas y lo que se
postula, debate que comienza a hacerse vigente en la actividad de
matemáticos interesados en problemas de fundamentos.
Queremos advertir el hecho que el axioma emerge y se
hace explícito de manera individual, no enmarcado en un sistema
axiomático, siendo utilizado para justificar una demostración.
Visto así se realza su génesis dentro de la actividad matemática. Es
decir, apareció como justificación de una demostración -siendo el
demostrar la actividad por excelencia del matemático- y, dada su
naturaleza no constructiva, se comienza a enfatizar la distinción
entre demostraciones constructivas y no constructivas, lo que es
uno de los elementos centrales de las discusiones en filosofía de
la matemática.
Como se dijo anteriormente, Zermelo refiere que varios
matemáticos ya habían usado implícitamente al axioma. En
efecto, Cantor en 1895, Borel en 1898 y Russell en 1902 -entre
otros- lo usaron en algunas de sus demostraciones10. El único
que consideró de manera explícita el axioma antes que Zermelo
fue el matemático italiano Giuseppe Peano en 1890, juzgándolo
inadmisible11. Posteriormente, en 1902, otro matemático italiano
-Beppo Levi- dejó la cuestión por resolver, indicando que
quedaba por realizar su demostración y agregando que si se tienen
conjuntos bien ordenados entonces existe el conjunto que postula
el axioma12. Ninguno de los matemáticos antes mencionados le
más que a una filosofía platonista. Algunas revisiones se pueden ver en: Michael
Dummet, “El platonismo,” en La verdad y otros enigmas, trad. Alfredo Herrera Patiño
(México: Fondo de Cultura Económica, 1990), 282 y Ferreirós, “Matemáticas y
platonismo(s).”
10
Ellos usaron el axioma de elección numerable, de manera implícita. Véase:
Gregory H. Moore, Zermelo’s Axiom of Choice. Its Origins, Development, and
Influence (New York: Springer, 1982), 9.
11
G. Peano, “Démonstration de l’intégrabilité des équations différentielles
ordinaires,” Mathematische Annalen 37, (1890): 210.
12
Obsérvese aquí la relación entre el Teorema del Buen orden y el axioma de
elección que Zermelo probara años después (son proposiciones equivalentes).
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dio el estatus de axioma y, por ende, consideraban natural intentar
demostrarlo de manera constructiva. Así, tanto Peano como Levi
actuaron acorde con el modo mayoritario de hacer matemática
para la época, esto es, construyendo paso a paso las entidades
matemáticas necesarias para sus investigaciones. Postular a
dichas entidades y averiguar las consecuencias derivadas de ello
no era el modo en la que la mayoría de los matemáticos realizaba
su actividad para ese período en particular.
Consideramos que esto se debe a que la matemática no
había alcanzado el alto nivel de abstracción característico de la
teoría de conjuntos cantoriana. La aritmetización del análisis
y los avances en topología aún no se habían consolidado. La
abstracción y la generalización son dos características que se
le adscriben a la matemática13 y en la contemporaneidad ambos
aspectos han alcanzado niveles aún mayores debido al tratamiento
que dan, entre otros, al infinito matemático14. Pero para el período
que estamos considerando -antes de 1904- el tratamiento usual
del infinito en el quehacer matemático corresponde al infinito
potencial y es solo en los trabajos de Cantor donde se le da
rigurosidad matemática al infinito actual.
Ya antes, con la aparición de las geometrías no euclidianas,
la matemática comenzaba a “mirarse a sí misma”, separando sus
objetos de estudio de la realidad física, lo que se puede considerar
un avance importante hacia la abstracción completa. El camino
establecido por Cantor creó algunas dificultades por el uso,
entre otros, del principio de comprensión intuitiva -surgieron las
paradojas- que minaron la base de confianza tradicional en las
matemáticas, poniendo en cuestión sus alcances; pero también
estableciendo una nueva manera de trabajar con los objetos
13
Daniel Solow, The Keys to Advanced Mathematics: Recurrent Themes in
Abstract Reasoning (Mansfield, OH: BookMasters, 1995).
14
Considérese la existencia de cardinales inaccesibles, quienes hacen uso in
extremis del infinito. De hecho, desde ZFC no puede demostrarse la existencia de
cardinales inaccesibles. Thomas Jech, Set Theory (Berlin: Springer-Verlag), 2006.
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matemáticos: la platonista. Alrededor del ambiente antes descrito
es cuando aparece el axioma de elección.
Es muy posible que Peano rechazara clasificar el
enunciado como axioma por no considerar plausible aceptar la
existencia de un conjunto sin un procedimiento efectivo que lo
construya15. Esto va en consonancia con el espíritu del razonar
matemático de la época y se confirma por la objeción que años
después el mismo Peano le hiciera a Zermelo luego que postulara
al axioma de elección, exigiéndole una demostración del mismo.
Que este último respondiera que “indemostrabilidad no significa
invalidez”16 y que “en matemática no todo se puede demostrar”17
muestra dos posiciones respecto al quehacer matemático bien
definidas: matemática constructivista -Peano- y la matemática
platonista -Zermelo-. Aquí se evidencia cómo el axioma de
elección se convierte desde sus orígenes en centro de disputa
entre lo que se puede o no hacer en matemáticas, obligando a
los matemáticos a comenzar a reflexionar sobre su quehacer, así
como asumir posición sobre la existencia o no de ciertas entidades
matemáticas y sus posibles justificaciones.

3. Ontología de las entidades matemáticas: Constructivismo y
Platonismo
Ni en el caso de Peano ni en el de Levi, la aceptación o rechazo
del axioma pasaron por razones que no fueran a lo interno de
la actividad matemática que habían estado desarrollando. De
hecho, las argumentaciones de Zermelo frente a Peano parten del
modo en el que él entiende que se debe trabajar la matemática.
15
“But as one cannot apply infinitely many times an arbitrary rule by which
one assigns to a class A an individual of this class, a determinate rule is stated here.”
Moore, Zermelo’s Axiom, 5.
16

Torretti, El paraíso de Cantor, 67.

17

Torretti, El paraíso de Cantor, 67.

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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

Como matemáticos que son reflexionan, pero el alcance de
sus reflexiones evidencian consideraciones metamatemáticas
y filosóficas. Una de ellas, característico de la actividad del
matemático, es su capacidad para demostrar. Desde este punto
de vista, parecería obvio que si se hace referencia a un objeto
matemático, se pida su definición a través de algún procedimiento
constructivo. Es interesante observar cómo, años después, Levi,
en un libro dedicado a los Elementos de Euclides, apuntara lo
siguiente:
En el lenguaje matemático moderno se hizo
frecuentemente cuestión entre proposiciones
existenciales y proposiciones constructivas; la
distinción se vinculó esencialmente con la llamada
aritmetización de la matemática, la cual con Kronecker,
Weierstrass, Dedekind, parte del lema de edificar todo el
análisis del concepto de número entero, debiendo todo
lo demás depender de este por definiciones nominales.
Muchas veces esta limitación fue considerada, por
pioneros o por secuaces demasiado entusiastas, como
la afirmación de una verdad, circunscribiendo el
dominio total de la matemática aceptable18.

Levi distingue entre lo dado -proposiciones existencialesy lo construido -proposiciones construidas-. Luego agrega:
Pero, en una visión más justa, la aritmetización no
es más que una limitación que voluntariamente nos
imponemos acerca de los instrumentos de nuestras
deducciones; es imposible no admirar lo mucho de
bello y de profundo que ésta y otras limitaciones han
producido en el campo de la matemática. Sin embargo,
no podemos inclinarnos a dar tales limitaciones un
valor dogmático: la construibilidad es relativa a los
medios que se conceden a la deducción, lo existente
18

Beppo Levi, Leyendo a Euclides (Buenos Aires: Libros del Zorzal, 2003), 100.

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es lo concebible sin contradicción dentro de cierto
sistema lógico que debe entenderse determinado a
priori,-negritas añadidas- dentro de ciertos límites,
con un acto de nuestra voluntad dirigido, desde luego,
por las condiciones propias de nuestro pensamiento19.

Es importante apreciar como el autor le va dando fuerza a las
consideraciones del platonismo matemático. La existencia de los
objetos matemáticos no queda restringida a su posible construcción,
sino condicionada al hecho de no generar contradicciones.
¿Cómo garantizar esto? Una respuesta se intentó dar a través del
programa metamatemático formalista de David Hilbert, el cual
buscaba establecer un sistema axiomático completo, consistente y
recursivo que permitiese la existencia de cualquier tipo de objetos
matemáticos, construibles o no. De lograr Hilbert su objetivo, la
existencia de los objetos matemáticos quedaba garantizada sin
contradicción alguna. Como bien sabemos, los resultados de
Gödel (193120) minaron (parcialmente) esta posibilidad, pero no
así el desarrollo y fortalecimiento de los sistemas axiomáticos y
de la metamatemática actual.
De acuerdo con las consideraciones que hemos estado haciendo,
esto sucede porque las características de la actividad matemática
concreta así lo requerían. El quehacer matemático platonista
comenzaba a establecerse y a consolidarse con la axiomatización. Es
decir, la actividad del matemático que comenzaba a hacerse presente
requería aceptar los planteamientos del platonismo21, en los
19

Levi, Leyendo a Euclides, 100.

20
Conocidos como Primer y Segundo teorema de Incompletitud. Una prueba
contemporánea de ellos se puede revisar en: Herbert B. Enderton, Una Introducción
Matemática a la Lógica, trad. José Alfredo Amor Montaño (México: Universidad
Nacional Autónoma de México, 2004).

21

Veamos lo que Hilbert consideraba que debía ser un “supuesto mínimo”
indispensable para hacer matemáticas: “Algo nos está ya dado de antemano en la
representación; ciertos objetos concretos extralógicos que preceden como vivencia
inmediata a todo pensamiento. Para que la inferencia lógica sea segura, estos objetos
tienen que dejarse abarcar con la mirada en todas sus partes, y su presentación, su
distinción, su sucesión o concatenación está dado directa e intuitivamente junto con los
objetos como algo que no se deja reducir a otra cosa ni requiere una reducción.” Torretti,
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términos que mostraremos posteriormente.
¿Cuál es el papel que el axioma de elección tiene en estas
consideraciones? Como haremos evidente, el axioma de elección
acompañará el desarrollo de la matemática y metamatemática
del siglo XX. Tal acompañamiento se da, tanto por su fuerte
presencia en diversas áreas de las matemáticas como por ser
objeto de estudio para resolver su independencia -Gödel (1930) y
Cohen (1963)- además de su uso como herramienta fundamental
en la metamatemática contemporánea. Inclusive, años después
(1930) Zermelo presenta una versión mejorada de su sistema
axiomático, y no aparece como axioma el de elección pues, a su
juicio, posee una categoría distinta, considerándolo inherente a
cualquier investigación en matemáticas. Brindar elementos que
permitan sustentar esta última consideración de Zermelo es uno
de los aportes de nuestra investigación.

4. El axioma de elección y su impacto inmediato
Como bien indica Torretti22, desde Aristóteles se comienza a
utilizar la palabra axioma como sinónimo de principio, postulado
o hipótesis usada en la ciencia. En los Segundos Analíticos,
Aristóteles dice que “un axioma es una aseveración que enuncia
uno de los principios evidentes de la ciencia”23 y luego indica
que “toda ciencia debe edificarse sobre principios que se
acrediten por sí solos.”24Así, hacer ciencia consiste en axiomas
(principios que no se demuestran) y teoremas (demostrados por
inferencia deductiva a partir de aquellos). La inferencia deductiva
Aristotélica es harto conocida. Lo que se ha prestado a discusión
El paraíso de Cantor, 306. Creemos que esta cita alude a algunas consideraciones del
platonismo matemático.
22
Roberto Torretti, “El Método Axiomático,” en La Ciencia, estructura y
desarrollo, ed. César Ulises Moulines (Madrid: Editorial Trotta, 1993), 89.
23

Aristóteles, Tratados de Lógica (El Organon) (México: Editorial Porrúa, 1993).

24

Aristóteles, Tratados de Lógica.

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es en qué se fundamenta la elección de ciertos principios. He aquí
donde surge el interés por el estudio de los axiomas, contexto en
el que se enmarca la presente investigación.
Las matemáticas no escaparon a esto. La discusión tomó
relevancia durante la llamada crisis de fundamentos, acaecida a
finales del siglo XIX e inicios del XX, generada por la asunción
de algunos principios del platonismo matemático como, por ejemplo, el principio de comprensión intuitiva. Zermelo presentó un
sistema axiomático motivado -en parte- por la necesidad de evitar las contradicciones que aparecieron en la teoría de conjuntos
cantoriana, y en dicho sistema aparece como uno de sus axiomas
el de elección, el cual había sido enunciado de manera explícita
cuatro años antes, en la parte final de su prueba del Teorema del
Buen Orden. A la par, varios programas de fundamentación se
fueron desarrollando para superar las antinomias y ofrecer una
base incontestable a la matemática. Frege, Russell y Whitehead
(Logicismo), Brouwer y Heyting (Intuicionismo) y Hilbert (Formalismo) son considerados los fundadores de tres corrientes hoy
clásicas en filosofía de la matemática, las cuales comenzaron a
atender a la matemática como objeto de estudio. En este marco,
la posibilidad de derivar a partir de unos principios los teoremas
matemáticos conocidos, guiaban en buena parte a la mayoría de
dichos programas.
Frege intentó hacerlo a partir de axiomas lógicos, pero
su intención fue frustrada por la conocida paradoja de Russell
(1902). ¿Qué hacer? Parecería adecuado entonces derivar los
principales teoremas de la matemática desde la propia matemática.
Consideramos que Zermelo así lo creyó conveniente, tomando
como base la teoría de conjuntos, pues es conocido que toda
teoría matemática se puede interpretar en términos de la teoría
de conjuntos. ¿Cuáles principios elegir? Zermelo presentó siete,
siendo el último el axioma de elección. Este fue objeto de ataques
por parte de eminentes matemáticos (Borel, Peano, Lebesgue,
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Skolem, Poincaré) quienes apuntaban sus acusaciones a dos
aspectos: su carácter no constructivo y algunas consecuencias -a
juicio de ellos inverosímiles- que tiene su aceptación, por ejemplo,
que todo conjunto se pueda bien ordenar, lo que implicaría que
los números reales se pueden bien ordenar, a pesar de que no se
ha podido dar un orden explícito.
Desde entonces, el axioma de elección dejó de ser
considerado un “principio indubitable” lo que ha puesto en tela
de juicio algunas consecuencias derivadas de ella. Pero también
se observó que de no utilizarse se producía una reducción
considerable de las matemáticas, pues muchos resultados
fundamentales requieren del axioma. Ante este panorama, el
axioma comenzó a tener partidarios y detractores y -al menosdos matemáticas comenzaban a desarrollarse: la que tiene a
su disposición al axioma de elección y la que no. Junto a esto,
al menos dos posiciones filosóficas respecto a la actividad
matemática emergen: la intuicionista y la platonista.
Establecidas todas las consideraciones anteriores, se
puede apreciar como la matemática (con diversos matemáticos
opinando sobre el axioma con el lente de sus modos de hacer
y pensar la matemática), la metamatemática (a través de sus
programas de fundamentación) y la filosofía de la matemática
intentan responder los tres, a la vez, cierto desconcierto ocasionado
por la aceptación o negación del axioma. Entendible esto pues
como indicásemos con anterioridad los tres ámbitos se hallaban
en proceso de consolidación. Solo ahora, en retrospectiva, es
que podemos organizar el debate generado y, más aún, ver cómo
se consolidaron cada uno de ellos e incorporaron al axioma de
elección. Importante es entender que esto no representa un
recorrido histórico solamente (que solo en ese sentido ya es de
gran valía) sino que permitirá nutrir a la filosofía y en particular
a la filosofía de la matemática desde la práctica matemática,
el quehacer matemático, como concepto central de nuestras
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matemático contemporáneo

reflexiones. En consecuencia, explicitada ya nuestra brújula
metodológica, comenzaremos nuestro recorrido identificando la
presencia del axioma de elección en la matemática contemporánea.

5. El axioma de elección en las matemáticas contemporáneas
La presencia del axioma de elección en las matemáticas
contemporáneas se puede evidenciar en las al menos trescientas
ochenta y tres (383) formas en las que aparece, según refieren
Howard y Rubin. Más aún, los autores precisan que cada
una de las formas tiene al menos un enunciado equivalente o
consecuencia estricta, y algunas formas tienen varios enunciados
equivalentes o consecuencias estrictas de dicho axioma. Las
formas fueron clasificadas según las distintas áreas matemáticas
a las que pertenecen: Formas Algebraicas, Formas de Análisis,
Formas de números cardinales, Formas de elección, Teoremas
de punto fijo, Formas de Teoría de Grafos, Formas Lógicas,
Principios maximales, Formas que involucran medidas sobre
conjuntos, Formas diversas, Principios ordenadores que
incluyen propiedades de ordenes parciales y Formas topológicas
(incluyendo propiedades del conjunto de los números reales).25
Lo referido en el párrafo anterior pudiese ser argumento
suficiente para indicar la presencia no accidental sino
fundamental del axioma de elección en el desarrollo matemático
contemporáneo. A pesar de ello, hemos considerado de relevancia
mostrar su presencia, aplicación y justificación en tres (3) áreas,
consideradas hoy clásicas, pero que al momento en que apareció
el axioma se encontraban en boga, a saber: teoría de conjuntos,
topología y análisis. Cada una de ellas se ha consolidado, con
un cuerpo de conocimientos sólido, así como especialistas
25
Paul Howard y Jean E. Rubin, Consequences of the Axiom of Choice (Providence,
R.I.: American Mathematical Society, 1998).
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�El axioma de elección en el quehacer
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atendiendo sus principales y peculiares problemas. Por ende,
existen entre los matemáticos aquellos que se identifican como
conjuntistas, analistas, topólogos, algebristas, etc. Así, dentro del
área particular existe acuerdo respecto a las nociones y resultados
fundamentales sobre las que descansa. Verificaremos que el
axioma de elección forma parte no accidental sino central en
algunos de esos resultados y, más aún, contribuye al desarrollo
del área en cuestión.
Al respecto se ha objetado que es posible hacer teoría de
conjuntos, análisis, topología y álgebra sin el axioma de elección,
lo cual es cierto, pero la matemática resultante queda disminuida
considerablemente en comparación con la que se obtiene con
elección. Que sea necesario el axioma de elección en estas áreas
no refiere a la necesidad lógica, sino a la que forma parte del
modo contemporáneo de hacer matemáticas, que, como veremos
posteriormente, se adscribe a algunos aspectos del platonismo
matemático y de la investigación científica. Postular entidades
matemáticas es aceptable para la mayoría de la comunidad
matemática hoy día, mas no lo era cuando surgió el axioma de
elección. ¿Qué elementos contribuyeron a su posterior aceptación?
Uno de los principales tiene que ver con la gran cantidad de
resultados que se sustentan en el axioma, los cuales no pueden
soslayarse pues son pilares fundamentales en cada área estudiada.
Presentaremos a continuación tales resultados, indicando el área
al cual pertenece y su relevancia dentro del mismo.
6. Teoría de conjuntos: Teorema del Buen Orden
La teoría de conjuntos es considerada hoy la teoría base de las
teorías matemáticas contemporáneas. Y se denomina “teoría
base” en un sentido bien específico. Jané al respecto nos dice:
Que una teoría T sea interpretable en la teoría de
conjuntos significa que es posible tratar los objetos de
que T se ocupa como conjuntos, y los conceptos, las
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�El axioma de elección en el quehacer
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operaciones y las relaciones que le son propias como
conceptos de conjuntos, operaciones con conjuntos
y relaciones entre conjuntos, y ello de modo tal
que a cada una de las proposiciones expresables en
el lenguaje de T se le asocia de manera sistemática
una proposición conjuntista y que las proposiciones
conjuntistas asociadas a los teoremas de T son teoremas
de la teoría de conjuntos. Brevemente, interpretar una
teoría matemática en la teoría de conjuntos equivale
a reformularla como un fragmento de la teoría de
conjuntos. Esto le da a la teoría de conjuntos una
peculiaridad digna de análisis y especial atención.26

Así el estudio de la teoría de conjuntos cobra relevancia
dentro del área de fundamentos. Más aún, ha influenciado
el desarrollo de las distintas áreas de las matemáticas. Esto se
puede apreciar en la obra monumental de Bourbaki, con su efecto
orientador y uniformizador del trabajo matemático en el período
1950-1980, siendo expresión de la preponderancia de la teoría
de conjuntos a un nivel más sofisticado. En el Congreso de la
Association for Symbolic Logic de 1948, decía Bourbaki:
Como todos sabemos, todas las teorías matemáticas
pueden ser consideradas como extensiones de la teoría
general de conjuntos.27

En consecuencia, estudiar si la presencia del axioma de
elección en la teoría de conjuntos es accidental o necesaria,
podría informarnos acerca de su influencia en las demás áreas
de las matemáticas. ¿Cómo verificar esto? Es conocido que
las investigaciones de Cantor las cuales llevaron a lo que más
adelante sería la teoría de conjuntos, se originaron producto de su
atención sobre ciertos conjuntos de puntos de la recta, llevándolo
luego al estudio de los conjuntos en general. Para ese momento
26
Ignacio Jané, “¿De qué trata la teoría de conjuntos?,” en Filosofía de la
lógica, eds. Raúl Orayen y Alberto Moretti (Madrid: Editorial Trotta, 2004), 247.
27
José Ferreirós, “El enfoque conjuntista en matemáticas,” La Gaceta de la
Real Sociedad Matemática Española 1, no. 3 (1999): 389.
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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

no existía una presentación axiomática de la teoría de conjuntos
(el primero en hacerlo fue Zermelo en 1908), pero comenzaba
a desarrollase el denominado enfoque “conjuntista” el cual
posteriormente dominó el desarrollo de la matemática.
Durante sus investigaciones, Cantor definió lo que es un
conjunto bien ordenado en su escrito número cinco denominado
Sobre variedades lineales infinitas de puntos, publicado en
1883. Naturalmente, como buen matemático que aprecia la
generalización, se preguntó sobre la posibilidad de bien ordenar a
todo conjunto. Al respecto afirmaba:
El concepto de conjunto bien ordenado resulta ser
fundamental para la teoría de las variedades. Que
siempre es posible reducir cada conjunto bien definido
a la forma de un conjunto bien ordenado es una ley del
pensamiento, a mi modo de ver, básica y fecunda, y
especialmente notable por su universalidad, a la cual
retornaré en un trabajo posterior.28

La importancia de poder bien ordenar un conjunto estriba
en el hecho de que gracias a ello se establece el concepto de
número cardinal de un conjunto. Así lo dice Cantor:
Una de las tareas más importantes de la teoría de
conjuntos, que creo haber resuelto en lo principal en
[el escrito Nro. 5 de 1883], consiste en la exigencia de
determinar las distintas valencias o potencias de las
variedades presentes en la totalidad de la naturaleza, en
la medida en que ésta se abre a nuestro conocimiento.
Lo he logrado mediante la formación del concepto
general del enumerador de un conjunto bien ordenado,
o lo que es lo mismo, del concepto de número ordinal.29
28
George Cantor, Gesammelte Abhandlungen mathematischen und
philosophischen Inhalts (Berlin: Springer-Verlag, 1932), 169, citado en Torretti, El
paraíso de Cantor, 35.
29

Torretti, El paraíso de Cantor, 36.

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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

Se desprende que para poder determinar el cardinal de un
conjunto debe este poderse bien ordenar. ¿Es posible hacerlo para
todo conjunto? Cantor consideró que sí, pero no pudo probarlo.
Fue Zermelo en 1904 quien da la prueba, la cual requiere hacer
uso en ella del axioma de elección. Llegamos entonces a lo
central: para poder definir el cardinal de un conjunto es necesario
que pueda bien ordenarse, pero esto último solo sucede si
asumimos el axioma. Así, estamos mostrando específicamente en
cuál parte de la teoría de conjuntos hace su aparición. Es tal su
importancia que en la presentación estándar en libros de texto
matemáticos actuales sobre teoría de conjuntos es usual encontrar
los siguientes conceptos que conducen a la definición de conjunto
bien ordenado.
Definición: Una relación binaria R en un conjunto A (A ⊆ R × R)
es una relación de orden parcial débil si:
(1) ∀ x ϵ A(xRx),

(2) ∀ x ϵ A ∀y ϵ A(xRy ∧ yRx → x = y),
(3) ∀ x, y, z ϵ A(xRy ∧ yRz → xRz)

(Esto es, R es una relación del tipo ≤).

Definición: Decimos que R es una relación de orden
parcial estricto en A si:
(1)∀x ϵ A¬(xRx),
(2) ∀x, y ϵ A(xRy → ¬yRx),

(3)∀x, y, z ϵ A(xRy ∧ yRz → xRz)

(Esto es, R es una relación del tipo &lt;).
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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

Se llamará orden parcial a una relación de orden parcial
débil o de orden parcial estricto. La notación usual para R es &lt;.
Dado un orden parcial estricto &lt; se define x ≤ y ↔ x &lt; y ˅ x = y,
y se llama a la relación ≤ orden parcial débil. Al par (A, ≤) donde
A ≠ ø se le llama orden parcial débil mientras que al par (A,
&lt;) se le llama orden parcial estricto. Las definiciones anteriores
son de capital importancia ya que en el tratamiento matemático
cotidiano es usual encontrar órdenes parciales. Veamos algunos
ejemplos:
1) Dado un conjunto X, consideremos el orden dado por ⊆ en
P (x): Si x = {a, b}, P (x) = {ø, {a}, {b}, {a, b}} Tenemos, por
ejemplo: ø ⊆ {a}, {b} ⊂ {a, b}, pero no {a} ⊆ {b}.
(2) A = R y R = &lt; (el orden usual de los números reales).
(3) A =N, R la relación “es divisor de”.
Definición: Una relación de orden R es un orden total (o lineal)
si R es una relación de orden parcial tal que ∀x,y ϵ A (xRy ˅ yRx
˅x = y). El ejemplo por excelencia de un orden total es R con el
orden usual. También Q es un orden total.
Definición: Consideremos &lt; un orden parcial y sea D un conjunto.
Un elemento m de D se dice un elemento minimal de D si y sólo
si no existe x en D tal que x &lt; m. Y m es el mínimo elemento de
D si y sólo si m ≤ x para todo x en D. Todo elemento mínimo es
también minimal. Para un orden total en un conjunto que incluya
a D los dos conceptos coinciden, ya que ~(x &lt; m) → m ≤ x.
Las definiciones presentadas permiten caracterizar las
propiedades fundamentales que podrían tener conjuntos
determinados. En particular, es de interés saber si existen
estructuras parcial o totalmente ordenadas para determinados
conjuntos y si poseen elemento mínimo. Todo lo anterior es
natural si consideramos que Cantor, al dar estas definiciones,
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Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 49-126

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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

buscaba caracterizar a los conjuntos en general, partiendo de los
conjuntos de puntos de la recta real que iba estudiando, tratando de
determinar cómo se comportan N, Z, Q, R y varios subconjuntos
de ellos, los cuales son utilizados por todos los matemáticos en su
actividad cotidiana.
Definición (Buen orden): Un buen orden en A (A≠ ø) es un
orden parcial en A donde cada subconjunto no vacío de A tiene
elemento mínimo.
Existen conjuntos que poseen un buen orden y otros que
no. Por ejemplo, el orden usual en N es un buen orden pero en Z
no hay buen orden, ya que no tiene elemento mínimo. Los buenos
órdenes son importantes porque se pueden utilizar para indexar
construcciones que proceden de “abajo hacia arriba”, donde
en cada etapa de la construcción (excepto el último) existe un
próximo paso único. Esta construcción se puede evidenciar en
la jerarquía acumulativa del sistema axiomático de Zermelo y la
presentación del universo V de Von Neumann30.
Esto reviste importancia debido a que si un conjunto no
posee un buen orden, no es posible definir su cardinalidad. Como
todo conjunto bien ordenado es isomorfo a un único ordinal,
entonces es posible asignarle a cada conjunto un número cardinal.
De no ser bien ordenados, se impide la realización de -entre otrostoda la aritmética cardinal transfinita de Cantor y los resultados
metamatemáticos de Gödel (1938) y Cohen (1963). Así explicado,
es entendible el interés por determinar si todo conjunto posee un
buen orden. Torretti indica que:
Para su programa -el de Cantor- el Teorema del
Buen orden era indispensable: la sucesión de los
ordinales alcanza para enumerar todo lo que se presente
30
Vale la pena resaltar que un artículo clásico sobresaliente sobre el quehacer
matemático es el siguiente de Von Neumann: “El matemático,” en Sigma: El mundo de
las matemáticas, vol. 5, ed. James R. Newman (Barcelona: Ediciones Grijalbo, 1976),
443-453.
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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

a la naturaleza corpórea y espiritual si -y solo si- cada
conjunto puede ordenarse bien31.

La cita nos permite hacer algunas consideraciones sobre
los compromisos y la posición de Cantor frente a las entidades
matemáticas. Al respecto, el hecho de que se enumere “lo que
se presente a la naturaleza corpórea y espiritual” nos habla de
un evidente platonismo. En este sentido, las propiedades de los
conjuntos son descubiertas por el matemático, es por ello que
“se abre a nuestro conocimiento.” El concepto de buen orden
es requisito indispensable para definir uno de los conceptos
fundamentales de la teoría de conjuntos: el concepto de ordinal.
Sin él, es imposible definir la clase de los ordinales y no podrá
desarrollarse toda la aritmética cardinal de la teoría de conjuntos,
lo que limita severamente varios resultados que en él se soportan.
Ahora bien, la propiedad de tener un buen orden para
todo conjunto no pudo ser demostrada por Cantor. Sí lo hace
Zermelo en 1904 y he aquí cuando hace su entrada en el quehacer
matemático de manera explícita el axioma de elección. Somos
reiterativos en destacar la importancia del teorema del Buen
Orden para el desarrollo de la teoría de conjuntos cantoriana:
gracias a ella es posible definir el cardinal de un conjunto y con
ello el infinito actual se hace manejable matemáticamente. La
robustez que esto ofrece al desarrollo de la teoría de conjuntos y
a la matemática por extensión se pierde de vista. Por lo tanto, la
presencia del axioma de elección en la teoría de conjuntos no es
accidental sino necesaria para el completo desarrollo de la misma.
Todo lo anterior ratifica en consecuencia la presencia del axioma
de elección como aspecto capital para la teoría de conjuntos.32

31

Torretti, El paraíso de Cantor, 35.

32
Una demostración del Teorema del Buen Orden se puede ver en: Jech, Set Theory,
48 y Carlos A. Di Prisco, Una introducción a la teoría de conjuntos y los fundamentos de la
matemática, vol. 20 (Campinas: Coleção CLE, 1997), 54-55.
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matemático contemporáneo

7. Teoría de Conjuntos: Lema de Zorn
El lema de Zorn es posiblemente la forma más común en que es
usado el axioma de elección en la matemática contemporánea.
En efecto, rápidamente llegó a formar parte de la literatura
matemática estándar y es usual encontrarlo en libros de texto
matemáticos. La siguiente cita corrobora lo que hemos planteado:
A pesar de la fuerza de la oposición inicial contra ella,
el axioma de elección de Zermelo poco a poco fue
aceptado principalmente porque era necesario para, en
una etapa temprana, el desarrollo de varias ramas de
las matemáticas, no solo en teoría de conjuntos, sino
también en topología, álgebra y análisis funcional,
por ejemplo. Hacia el final de los años treinta, se
había establecido firmemente y se hizo parte del
currículum estándar en matemáticas en la forma del
lema de Zorn33.

Conocer la equivalencia entre el axioma de elección y el
lema de Zorn nos permite evidenciar su cada vez mayor utilización
del axioma en las matemáticas. Daniel Crespin afirma que:
La equivalencia entre el axioma de elección y el lema de Zorn es
un requisito indispensable para desarrollar las partes más útiles de la
teoría de conjuntos. Al igual que otros tópicos que fundamentan áreas
extensas de las Matemáticas, los planteamientos deben tener la mayor
amplitud posible. Así no se imponen restricciones a la cardinalidad de
los conjuntos y salvo algunos ejemplos ilustrativos pero totalmente
prescindibles en el desarrollo teórico, tampoco se utilizan los números
naturales34.

El lema de Zorn posee tal caracterización. Además, se
describe lo que es común a las matemáticas contemporáneas:
33
Sten Lindström, et al., Logicism, Intuitionism, and Formalism: What has
become of them? (Dordrecht: Springer, 2009), 210.
34

Daniel Crespin, “Axioma de Elección y Lema de Zorn,” en Cartillas Matemáticas
(Caracas: Escuela de Matemáticas, Univesidad Central de Venezuela, 2007), 1.

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generalización y amplitud. En particular, se refiere la utilización
del infinito actual como dado, a tal punto que infinitos superiores
a son los más usuales en el quehacer matemático cotidiano. La
descripción que el autor hace es evidencia del platonismo en las
matemáticas actuales.
Es interesante observar como el lema de Zorn, a pesar de ser
equivalente al axioma de elección, es preferido por los matemáticos
en su actividad matemática cotidiana. Lo anterior se debe a que,
como bien indica Paul Halmos “Muchos teoremas de existencia
pueden ser formulados (o, si es necesario reformulados) de modo
que el conjunto subyacente esté parcialmente ordenado y tiene la
determinante propiedad de la maximalidad.”35 De esta manera,
los matemáticos “evitarían” explícitamente nombrar al axioma,
aún siendo equivalente al mismo. En atención al desarrollo del
quehacer matemático veamos lo que el propio Max Zorn refiriese.
Él publica su lema como un “axioma cierto sobre conjuntos de
conjuntos” con el objetivo de sustituir “al teorema del buen
orden y la teoría que lo soporta.”36 Siendo equivalentes ambas
proposiciones llama la atención que haga esa consideración. Lo
que sucede es que para él, la teoría que sustenta al buen orden,
“está prohibida, desde un punto de vista algebraico”37, por lo
que se entiende que luego indicase que su propósito es “hacer
las demostraciones cortas y más algebraicas”38 objetivo que
considera posible con el lema.
El lema de Zorn, aunque es equivalente al axioma de elección,
en el trabajo matemático cotidiano es preferido porque no requiere
la utilización de ordinales e inducción transfinita, elementos
asociados con el Teorema del buen orden, por ejemplo. Esto en
las primeras décadas del siglo XX era visto como importante
35
36
37
38

Paul R. Halmos, Naive set theory (New York: Springer, 1974), 62.
John L. Bell, The axiom of choice (London: College Publications, 2009), 20
Bell, The axiom of choice, 21.
Bell, The axiom of choice, 21.

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�El axioma de elección en el quehacer
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para varios algebristas, quienes lo privilegiaban ya que se centra
en la maximalidad y no en funciones de elección que, aunque
imprescindibles, no parece tener especial relevancia para ellos.
Esto nos muestra que el matemático utilizará las nociones y
conceptos que les sea más fáciles de trabajar, sin importar si la
misma es platonista o intuicionista.
No se debe entender lo anterior como una desventaja
sino parte del desarrollo natural del quehacer matemático. En
consecuencia, la naturaleza de lo que se investiga será la guía
fundamental del matemático para su actividad. Lo que hemos
referido nos muestra ya la discusión entre un quehacer matemático
constructivista y un quehacer abstracto, este ultimo aún no
consolidado para inicios del siglo XX. La mayoría de los algebristas
de aquella época ve en el axioma de elección la utilización de
transfinitos, que consideraban “aparatos trascendentales, extraños
al progreso de las matemáticas.”39 Esto es entendible para aquella
época, pues el planteamiento platonista no se había consolidado
aún en la actividad matemática cotidiana. En efecto, obsérvese a
continuación cómo se presenta el Lema de Zorn en la literatura
estándar de matemáticas
Definición: Sean (P, R) un orden parcial y D ⊆ P. x ϵ P es un
elemento maximal de D si x ϵ D y no existe ningún y D tal que
y ≠x ∧ xRy. x es una cota superior de D si ∀y ϵD(yRx ˅ y = x)

Lema de Zorn: Sea (A, R) un conjunto parcialmente ordenado
tal que cada X ⊆ A totalmente ordenado tiene una cota superior
en A. Entonces A tiene un elemento maximal.

Se puede verificar entonces que para enunciar el lema
de Zorn se trabaja con orden parcial y dos conceptos más:
cota superior y elemento maximal. Para efectos del camino
metodológico que hemos recorrido, resaltemos cómo a pesar
39

Bell, The axiom of choice, 21.

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�El axioma de elección en el quehacer
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de su aparente no relación del lema con el axioma de elección,
resulta que son equivalentes40.
8. Topología: Teorema de Tychonoff
Courant y Robbins ofrecen una excelente presentación del
surgimiento de la topología en la matemática. En efecto, los
autores refieren que:
A mediados del siglo XIX comenzó un desarrollo
enteramente nuevo de la geometría que pronto se
convirtió en una de las fuerzas más potentes de la
matemática moderna. La nueva disciplina, llamada
analisis situ o topología estudia las propiedades de
las figuras geométricas que subsisten aún si esas
figuras se someten a deformaciones tan radicales que
las hagan perder todas sus propiedades métricas y
proyectivas41.

En efecto, la topología estudia tales propiedades de forma
rigurosa y definida. Una de ellas, la compacidad, es de uso
fundamental y una propiedad de mucho interés para los topólogos.
Esto se debe a que hay una serie de resultados y nociones que
dependen directamente de ella. Por ejemplo, teoremas tales como
el Teorema de Tychonoff, Teorema de Cech-Stone, Teorema de
Ascoli y el Teorema de categoría de Baire, junto con conceptos
tales como filtros, ultrafiltros, subespacios de, etc. de mucha
utilidad en el quehacer matemático contemporáneo.
Como plantea Herrlich, la definición de compacidad original
fue presentada por Alexandroff y Urysohn en 1929, la cual muestra
40
La demostración de la equivalencia se puede hallar en: Di Prisco, Una
introducción a la teoría de conjuntos, 55-56.
41
Richard Courant y Herbert Robbins, ¿Qué es la matemática? Una exposición
elemental de sus ideas y métodos, trad. Luis Bravo Gala (Madrid: Aguilar, 1962), 247.
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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

tres (3) condiciones para que un espacio sea compacto. Lo que
interesa para los propósitos de nuestra investigación es que dos de
las condiciones presentadas por ellos serán equivalentes si y solo
si se acepta el axioma de elección, mientras que la otra condición,
si no acepta elección será -a juicio de Herrlich- “ligeramente
antinatural e impracticable.”42 Se verifica nuevamente como
la presencia del axioma de elección se hace necesaria para el
completo desarrollo de un área matemática.
Nuestras consideraciones se enfocarán en uno de los teoremas
topológicos más utilizados y que equivale al axioma objeto de
estudio. En 1935, el matemático ruso Andrei Nykolaievich
Tychonoff demostró que el producto arbitrario de espacios
topológicos compactos es a su vez compacto, si se le dota de la
topología producto. Existe acuerdo entre los topólogos respecto a
la importancia de este teorema43. Es tal la relevancia que Rubin y
Rubin lo coloca como el primer teorema en forma topológica que
depende del axioma de elección44.
Es importante indicar el hecho de que Tychonoff realiza su
prueba usando el axioma de elección, y en 1950 el matemático
estadounidense John Kelley demostró la equivalencia
estableciendo la implicación faltante (Si vale Tychonoff entonces
vale elección). En 1962, L.E.Ward demostró que una versión
más débil del Teorema de Tychonoff es equivalente al axioma
de elección. También se ha demostrado que puede ser válido sin
necesidad del axioma de elección, si se entiende por topología
un concepto no supeditado a un conjunto de puntos, sino que se
parte de un retículo de abiertos como noción primitiva y no de la
de punto como es habitual.45
42

Horst Herrlich, Axiom of choice (Berlin: Springer, 2006), 33.

43

Herrlich refiere tres opiniones autorizadas. Véase Herrlich, Axiom of choice, 32.

44
Herman Rubin y Jean E. Rubin, Equivalents of axiom of choice (Amsterdam:
North-Holland Publishing Company, 1970).
45
Al respecto se puede consultar P. T. Johnstone, “Tychonoff’s Theorem without
the axiom of choice,” Fundamenta Mathematicae 113, no. 1 (1981): 21-35. La demostración
de la equivalencia entre el axioma de elección y Tychonoff se puede ver en: Juan Antonio
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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

El recorrido que hasta ahora llevamos del axioma en las
matemáticas contemporáneas nos ha permitido observar en las
dos áreas analizadas hasta ahora (teoría de conjuntos y topología)
como dicho axioma sustenta resultados de capital importancia,
lo que ha contribuido a la expansión de las mismas. Esto ratifica
el camino metodológico presentado y su importancia para la
reflexión filosófica. En efecto, el quehacer matemático es nuestra
mirada central y desde ella filosofamos. Ahora bien, queremos
destacar cómo a pesar de la utilización del axioma, durante el
desarrollo y consolidación de cada área se tuvo el cuidado de
determinar las condiciones estrictamente necesarias para la
utilización del mismo.
Es decir, siempre que los matemáticos puedan trabajar sus
entidades matemáticas constructivamente así lo harán, mas si
no es posible postularán las entidades que necesiten para sus
investigaciones. Esto se evidencia en lo referido sobre el Lema
de Zorn (que fuera postulado para sustituir al axioma, probándose
luego que son equivalentes) y en el Teorema de Tychonoff (el
cual no requiere del axioma de elección si la noción primitiva son
retículo de abiertos). Así, el quehacer matemático cotidiano posee
en su desarrollo aspectos que se identifican con el constructivismo,
pero a su vez el platonismo matemático se fue consolidando, lo
que permite evidenciar que no hay en el quehacer matemático
cotidiano contraposición entre tales posiciones, privilegiándose lo
que el matemático necesite para trabajar. Veamos como también
esto se aprecia en el análisis y en la teoría de la medida, tal y
como se muestra a continuación.

9. Análisis: Teorema de Hahn-Banach
El Teorema de Hahn-Banach es un teorema de extensión de
funcionales que se debe independientemente al matemático Hans
Pérez, “Los Teoremas de Tychonoff y de los productos conexos son equivalentes,” Revista
de Matemática: Teoría y aplicaciones 23, no. 1 (2016): 1-10.
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Hahn (1927) y Stefan Banach (1929), quienes aparentemente
generalizaron ideas del Edward Helly (1912). El teorema se
presenta de variadas maneras, tanto analíticas como geométricas.
Su utilización es de capital importancia y es considerado uno de
los cuatro pilares del análisis funcional, junto con el Principio de
la Acotación Uniforme, el Teorema de la Aplicación Abierta y
el Teorema del Grafo Cerrado. Antes de enunciarlo presentamos
una definición necesaria.
Definición: Sea E un espacio vectorial real. Una función p: E →
R es un funcional sublineal o subnorma si cumple las siguientes
propiedades:
(1) p(x + y) ≤ p(x) + p(y)
(2) p(αx) = αp(x) para todo x ϵ E y todo α ϵ R con α &gt; 0
Teorema (Hahn-Banach46): Sean E un espacio vectorial real y M
un subespacio de E. Supongamos que p es un funcional sublineal
sobre E y que f: M → R es una aplicación lineal tal que f(x) ≤ p(x)
para todo x ϵ M. Entonces existe una aplicación lineal g: E → R
tal que g | M = f y g(x) ≤ p(x) para todo x ϵ E.
Es importante hacer algunas consideraciones respecto
al Teorema de Hahn-Banach. Así como refiriéramos que es
posible una demostración del Teorema de Tychonoff sin elección
(haciendo las salvedades correspondientes), se ha planteado
lo mismo para Hahn-Banach. Al respecto, es conocido que el
Teorema de Hahn-Banach implica el axioma de elección para
familias de conjuntos convexos cerrados en espacios reflexivos y
para familias más generales de convexos en espacios localmente
convexos47. Sin esas condiciones específicas, se puede hacer la
demostración de manera constructiva.
46
Véase: Luis Bernal González y Tomás Domínguez Benavides, Nociones
de análisis funcional (Sevilla: Universidad de Sevilla, Departamento de análisis
matemático, 2010), 52-54.
47
Xavier Caicedo y Germán Enciso, “El Teorema de Hahn-Banach como
principio de elección,” Revista de la Academia Colombiana de Ciencias 28, no. 106
(Marzo 2004): 11-20.
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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

Además, se sabe que Hahn-Banach es estrictamente más
débil que elección, ya que se sigue del principio de existencia de
ultrafiltros (UF). Esto último no implica elección . Y además, Pincus
en 1974 probó que Hahn-Banach es más débil que el principio
de existencia de ultrafiltros . Se tienen entonces las siguientes
implicaciones (en ZF sin elección): AE → UF → HB. Todo lo
anterior nos muestra que, dentro del quehacer matemático cotidiano,
hay cabida para las demostraciones constructivas. Esto no niega al
platonismo sino que, tal y como queremos enfatizar en el desarrollo
de la presente investigación, siempre que pueda el matemático hará
demostraciones constructivas pero si no puede y debe recurrir a
asunciones platonistas, procederá sin inconveniente.
Deseamos agregar que existe una relación entre el Teorema
de Hahn-Banach, el axioma de elección y la Teoría de la medida,
otra área fundamental de las matemáticas contemporáneas. No
se explicará aquí la participación del axioma de elección en la
teoría de la medida48. Aun así, podemos indicar que en 1905 Vitali
demostró la existencia de un conjunto que no es susceptible de ser
medido con la medida de Lebesgue, usando en su demostración
al axioma de elección. El resultado de Vitali fue el primero de
una serie de resultados matemáticos que dependen de elección
publicados después de 1904.
Además es conocido que si ZF es consistente entonces
también lo es ZF + ¬ AE + L(R) ≠ P(R) lo que significa que el
axioma de elección no equivale a L(R) ≠ P(R). Además, Solovay en
1970 probó que si ZF + existe un cardinal inaccesible es consistente
entonces también lo es ZF + Todo A ⊆ R es medible-Lebesgue. En
ese caso, el Teorema de Hahn-Banach será falso. Podemos apreciar
entonces que nuestros resultados dependerán de lo que se acepte
como existente. En particular, que la existencia de un cardinal
inaccesible (entidad matemática platonista que no se puede probar
48
Carmen Martínez-Adame, “¿Es necesario el Axioma de Zermelo para
comprender la Teoría de la Medida?,” Methateoria – Revista de Filosofía e Historia de
la Ciencia 3, no. 2 (2013): 37-64.
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en ZFC) pueda hacer falso Hahn-Banach deja la puerta abierta a
mayores investigaciones.
Hecho nuestro recorrido por la teoría de conjuntos, la
topología y el análisis (así como una breve referencia a la teoría de
la medida) se ratifican las siguientes consideraciones: 1) El axioma
elección tiene una presencia no accidental sino fundamental para
el desarrollo de cada área estudiada, 2) Su presencia ha ayudado
a los matemáticos a precisar bien aquellas demostraciones que
requieren del axioma de las que no y 3) Como matemáticos
que son (que no metamatemáticos, que no filósofos) su guía
fundamental ha sido generar conocimiento matemático y para
ello no han tenido inconveniente en postular entidades cuando de
manera constructiva no pueden obtenerlas. Desde una posición
metodológica que privilegia el quehacer matemático, lo anterior
nos permite sustentar una filosofía de la matemática que respeta
este desarrollo.
10. Una aplicación del axioma de elección a la lógica de primer
orden
Siguiendo nuestra ruta metodológica, mostraremos cómo el
axioma de elección también está presente en la lógica de primer
orden, la cual es considerada la lógica base de las matemáticas.
En 1923 Skolem propuso que se escribiera la teoría de conjuntos
en primer orden y luego Quine apoyó esta propuesta, siendo
aceptada después por la comunidad de lógico-matemáticos.
¿Cuáles elementos contribuyeron a su aceptación? Principalmente
al hecho de que toda lógica con mayor capacidad expresiva que la
lógica de primer orden no satisface la propiedad de Compacidad o
la Propiedad de Lowenheim-Skolem y por lo tanto es incompleta,
ya que dichas propiedades (que tienen sobresalientes aplicaciones
metamatemáticas) son consecuencia de completitud49.
49
Y también se debe a los teoremas de incompletitud de Gödel de 1931, entre
otras razones.
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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

Por lo tanto, se observa una relación de vital importancia
entre la lógica de primer orden y el Teorema de Completitud
de Gödel, específicamente, en la demostración del Teorema
de Completitud de Gödel para la Lógica de primer orden con
lenguajes de cualquier cardinalidad debida a Henkin (1949), la
cual consiste en la demostración de tres lemas, y se hace uso del
axioma de elección. El mismo no es necesario si se tratase con
lenguajes numerables, que es lo más encontrado en la literatura
sobre lógica matemática. Esta generalización del teorema se
corresponde por un lado con lo que es usual en el quehacer
matemático de buscar la mayor amplitud posible y, además se
consolida por las consecuencias que trae tal generalización. El
Teorema de Completitud de Gödel nos informa que, en primer
orden, todo lo que sea lógicamente válido se puede demostrar.
Es allí donde se podrá evidenciar la necesidad de usar el axioma
de elección cuando la cardinalidad del lenguaje es no numerable.
La formalización del teorema y los lemas se presentan a
continuación50.
Teorema (Gödel): Sea Σ un conjunto de sentencias de un lenguaje
L y φ una sentencia de L. Entonces:
Σ ⊨φ ⇒ Σ ⊢φ

Definición: Sea Σ un conjunto de sentencias del lenguaje L y C
un conjunto de constantes de L. Decimos que C es un conjunto de
testigos para Σ en L si para toda fórmula de L con a lo sumo una
variable libre (digamos, x) existe una c ϵ C tal que:
Σ ⊢¬∀x φ(x) → ¬φ(c)

Lema 1: Sea Σ un conjunto de sentencias de L y C un conjunto
de nuevas constantes tal que | C |=| L |. Sea L´ = L ∪ C. Entonces
Σ se puede extender a un conjunto consistente de sentencias Σ´ en
L´ tal que C es un conjunto de testigos para Σ´ en L´.
50
La demostración del teorema y de los tres lemas se pueden ver en: Franklin
Galindo, “Tres tópicos de lógica,” trabajo de ascenso no publicado (Caracas:
Universidad Central de Venezuela, 2012), 74-83.
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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

Lema 2: Todo conjunto de sentencias Σ posee una extensión
maximal consistente.
Lema 3: Si Σ es un conjunto consistente de sentencias de L y
tiene un conjunto de testigos C, entonces Σ tiene un modelo de
cardinalidad a lo sumo | L |.
		 El disponer de la versión generalizada del Teorema de
Completitud de Gödel tiene una importancia capital ya que permite demostrar resultados fundamentales en Teoría de Modelos,
tales como el Teorema de Lowenheim-Skolem-Tarski hacia abajo
y hacia arriba, que implica (entre otros) la existencia de modelos
no estándar de cualquier cardinalidad para la aritmética, así como
también el hecho de que no existen teorías categóricas en primer orden que tengan un modelo infinito, a lo sumo pueden ser ‫א‬
α-categóricas, para algún ordinal . Sin el axioma de elección, no
son posibles las realizaciones anteriores.

11. El axioma de elección en la metamatemática contemporánea
Nuestra ruta metodológica nos ha llevado a la revisión
de algunos resultados matemáticos fundamentales en los que ha
sido suficiente usar el axioma de elección. Además, lo hemos
utilizado en la lógica de primer orden, a través de un resultado
metamatemático de gran calibre. Observemos pues su versatilidad,
ya que se encuentra dentro de las matemáticas pero también es
utilizada fuera de ella51. Consideramos que esto muestra la certera
intuición de Zermelo en 1930, cuando expresara que el axioma es
un principio-guía para toda investigación en matemáticas.
51
El ser utilizado fuera de la matemática alude al hecho de que todo resultado
metamatemático -o lógico-matemático- se puede entender de al menos dos formas: 1.
Como un resultado matemático a secas - sin ningún valor agregado- y 2.Como resultado
metamatemático que se puede usar para estudiar los fundamentos de las matemáticas. Tanto
en el caso 1 como en 2, el axioma de elección está presente.
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84

�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

A pesar de esto, bien puede objetarse que su utilización no
es garantía de necesidad para las matemáticas. Ante tal situación,
se ha considerado que un argumento de mayor peso para decidir
su necesidad para las matemáticas es responder si su aceptación
podría generar alguna contradicción. De verificarse esto, todos
los resultados que se sustentaban en él serían desestimados y
el axioma estaría condenado al ostracismo. Gracias a Gödel
sabemos que no es así. Por ello, a diferencia de los apartados
anteriores, colocaremos al axioma ahora como objeto de estudio
metamatemático, buscando legitimar su uso. Esta carta de
legitimidad se obtiene a través de las pruebas de consistencia
relativa de Gödel y Cohen, que establecieron su independencia
de ZF.
Los métodos utilizados para la prueba de la independencia
del axioma de elección son hoy estándar para el desarrollo de
la metamatemática contemporánea, siendo de tal complejidad
que su estudio forma parte de tratados en la literatura
especializada. Por ello, la presentación que haremos será a nivel
descriptivo, asumiendo algunos resultados necesarios. Nuestro
objetivo fundamental es describir la estructura general de las
demostraciones de Gödel y Cohen, logrando, al recorrerlas,
identificar el tratamiento platonista que necesariamente poseen
los conceptos involucrados.
12. Consistencia relativa e independencia
En general, para determinar la consistencia de una proposición
determinada se muestra que la misma no se puede refutar en un
sistema axiomático dado -probando que el sistema en sí mismo
no es contradictorio-. Usualmente se da una interpretación o
modelo del lenguaje del sistema, en la cual todos los axiomas son
verdaderos junto con la proposición objeto de estudio. En nuestro
caso, el sistema axiomático ZF ha sido considerado la referencia
estándar en este sentido.
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Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 49-126

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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

Por los resultados de Gödel, sabemos que no podremos
determinar si todo ZF acarrea contradicción o no. Más aun,
ningún sistema axiomático (recursivo) lo suficientemente fuerte
para describir la aritmética de Peano puede probar su propia
consistencia. Por ende, aún cuando agreguemos el axioma de
elección a ZF, conformándose ZFC, no podremos determinar
su propia consistencia - la de ZFC-. Queda entonces hacer una
prueba de consistencia relativa: Si ZF es consistente entonces ZF
+ AE es consistente. La misma fue hecha por Gödel a través de
lo que se conoce como el método de los conjuntos constructibles.
Mostraremos que también es consistente negar el axioma de
elección: Si ZF es consistente entonces ZF+ ¬ AE es consistente.
Este resultado se debe a Cohen y utiliza el método de construcción
de modelos llamado forcing. Con ambos resultados se establece
la independencia del axioma de elección de ZF. Lo anterior se
formaliza de la siguiente manera
Definición: Sea T una subteoría de ZFC; por ejemplo la misma
ZFC o ZF y consideremos φ una proposición del lenguaje de T
(1) Se dice que φ es independiente de T (o es indecidible en T) si
y sólo si T ⊬φ y T ⊬¬φ.

(2) T + φ es consistente relativa a T si y sólo si: Si T es consistente,
entonces T + φ es consistente.
Para probar que AE es independiente de ZF se debe
demostrar que ZF ⊬ AE y ZF ⊬¬AE siendo ambas pruebas nada
sencillas. En ambos casos se construirán modelos, en el primero
valdrá el axioma, mientras que en el segundo no. Describiremos
los aspectos esenciales de la primera demostración.
13. Universo de los conjuntos constructibles de Gödel
El concepto fundamental sobre el que descansa la demostración
de la consistencia del axioma de elección es la de conjunto
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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

constructible. La constructibilidad tiene varias maneras de
relativizarse, en este artículo se describe una de ellas, la cual
permite, a través de la construcción de la clase de los conjuntos
constructibles -usualmente llamada L- establecer la consistencia
relativa del axioma de elección de ZF, pues dicha clase es un
modelo del axioma. Más aún, es el modelo transitivo más pequeño
que contiene a los ordinales, siendo esto fundamental ya que se
puede encontrar un buen orden para L. Así, como el axioma de
elección equivale al buen orden, vale en dicho modelo.
El procedimiento para la construcción del modelo L se
presenta de manera resumida en los siguientes términos: En primer
lugar se establece la noción de relativización, el cual permite
mostrar el concepto de definibilidad, siendo este último esencial
para construir a L. De seguidas, se establece la noción de función
de dos variables Df (A, n), que se puede entender como el conjunto
de las relaciones n-arias de A las cuales son definibles por una
fórmula con n variables libres relativizada a A. Posteriormente se
define D(A), el cual es el conjunto de los subconjuntos de A que
son definibles a partir de un número finito de elementos de A por
una fórmula relativizada a A. Todo lo anterior permite construir a L
usando recursión transfinita sobre los ordinales. Más adelante, se
establece cuando una fórmula es absoluta. Hecho esto, se muestra
que L es un modelo de ZF y un modelo del axioma de elección.
Ambas demostraciones permite mostrar que vale el siguiente
teorema: Si ZF es consistente entonces ZF + AE lo es también52.
La demostración utiliza herramientas que son identificadas como
platonistas.
Por lo tanto, estamos en posición de garantizar el uso del
axioma sin riesgo de contradicción alguna. En los términos en los
que se ha desarrollado la presente investigación, podría ́pensarse
que este último resultado le da carta de ciudadanía, siendo
52
Los detalles de la demostración se pueden ver en: Kenneth Kunen, Set Theory.
An introduction to Independence proofs (London: College Publications, 2011).
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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

́toda discusión posterior estéril. En efecto, desde la perspectiva
mediante la cual hemos privilegiado el quehacer matemático así
sería, pues es de mayor importancia el hecho de no conllevar
contradicción que ser no-constructivo. Aún así, es de interés
verificar la independencia del axioma de elección de ZF y para
ello describiremos la prueba debida a Cohen.

14. Forcing de Cohen
El forcing es una técnica de construcción de modelos que inventó
Cohen para hacer pruebas de consistencia relativa, con la cual
demostró ́ que ZFC + ¬ HC53 es consistente relativa con ZFC;
y que ZF + ¬AE es consistente relativa con ZF. Esto permitió
culminar la prueba de independencia de ambas proposiciones
de ZFC y ZF respectivamente. El procedimiento que guía la
utilización del forcing es el siguiente: Si se desea probar que ZFC
+ φ es consistente relativa con ZFC se supone la existencia de un
modelo transitivo y numerable M de ZFC y luego se extiende M
a otro modelo transitivo y numerable M [G] de ZFC+ φ tal que
M [G] es el menor modelo transitivo de ZFC que contiene a M
∪ {G}, donde M [G] y M tienen los mismos ordinales. M [G]
se llama la extensión genérica de M correspondiente a G, donde
G es un P-genérico sobre M. En resumen, dado un (P, ≤, 1) ϵ
M y un G P-genérico sobre M, se define M [G] = {τG: τ ϵ Mp}
donde Mp es el conjunto de todos los P-nombres de M y τG es la
interpretación de τ en G. La demostración utiliza herramientas
que son identificadas como platonistas54.
53
HC es la hipótesis del continuo. A saber: No existe un cardinal intermedio
entre el cardinal de los números naturales y el de los números reales.
54
El desarrollo de la demostración de manera rigurosa se puede ver en: Franklin
Galindo, “Algunos métodos de la lógica y una revisión crítica de los mismos en relación
con los fundamentos de las matemáticas,” trabajo de ascenso no publicado (Caracas:
Universidad Central de Venezuela, 2014), 80.
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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

15. El axioma de elección en la filosofía contemporánea
El desarrollo que hemos seguido ha permitido evidenciar la
participación que el axioma de elección tiene en las matemáticas
y las metamatemáticas contemporáneas. En efecto, hemos
mostrado que no se puede bien ordenar a todo conjunto, probar
la existencia de un elemento maximal para un conjunto ordenado
no vacío tal que todo subconjunto bien ordenado del mismo
tenga cota superior, probar el teorema de Tychonoff y probar
el teorema de Hahn-Banach sin aceptar el axioma de elección.
Así, privilegiando lo que cada área necesita, apreciamos como
efectivamente la topología, la teoría de conjuntos y el análisis
hacen uso del axioma, para los resultados que estimaron
pertinentes. Por ende, el quehacer matemático cotidiano tiene en
el axioma de elección un aliado fundamental.
Con el desarrollo de técnicas metamatemáticas y la
descripción hecha de las pruebas de Gödel y Cohen, evidenciamos
que el axioma es independiente de ZF. Por lo tanto, aunque la
metamatemática nos garantiza poder usar el axioma sin riesgo
de contradicción, también nos informa que prescindiendo de
ella se puede hacer matemática también. Así llegamos a un
punto de no retorno en el que recorrido el camino matemático
y metamatemático no tenemos una respuesta concreta sobre la
necesidad o no del axioma. Se nos plantea una encrucijada: Si se
puede usar o prescindir del axioma, ¿qué podemos hacer? ¿Cuál
opción tomar y por qué? ¿Cuáles criterios pueden ayudarnos? El
axioma parece que no puede ser atrapado ni por la matemática,
ni por la lógica, y ni siquiera por la metamatemática, pues es
independiente de ZF, el sistema axiomático considerado estándar
para explicar a toda la matemática conocida. Visto así ́ y, siguiendo
el camino metodológico presentado hasta ahora, consideramos
que es el momento oportuno de adentrarnos en el terreno de la
filosofía. Es pertinente al respecto citar a Savater, quien plantea
lo siguiente:
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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

Cuando el número de preguntas y su radicalidad
arrollan patentemente la fragilidad recelosa de las
respuestas disponibles, quizás sea hora de acudir a la
filosofía. No tanto por afán dogmático de poner pronto
remedio al desconcierto sino para utilizar este a favor
del pensamiento: hacernos intelectualmente dignos de
nuestras perplejidades es la única vía ṕ ara empezar a
superarlas55.

A estas alturas, es importante referir las posibles relaciones
que se pueden establecer entre la filosofía y las matemáticas. En
particular, cómo la filosofía atenderá los problemas suscitados
por la matemática. Como se ha dejado sentado, nuestro recorrido
procede de la matemática hacia la filosofía. Tanto la matemática
como la metamatemática han dejado abiertas preguntas que por su
naturaleza invitan a ser analizadas por la filosofía, considerando
que el quehacer matemático no se detiene si aún no han sido
respondidas.
En este sentido, sostenemos la posición según la cual,
las relaciones entre la matemática y la filosofía no pueden ser de
dependencia, ya sea que la filosofía dependa de la matemática
o a la inversa. A veces, por las características peculiares de la
matemática, algunos matemáticos, como matemáticos que son,
son proclives a hacer filosofía. Esto es loable y respetable, pero
se corre el riesgo de hacer, al decir de Torretti, una “filosofía
matemática de la matemática”, pues usan herramientas y métodos
de análisis propios de la matemática en la filosofía56.
Estamos de acuerdo con Kripke respecto al hecho de
55

Fernando Savater, El Valor de Educar (Barcelona: Editorial Ariel, 1997), 8.

56
Torretti lo plantea así: “Movidos por la misma riqueza y audacia de sus
invenciones, algunos matemáticos notables se ponen a reflexionar sobre la naturaleza y
alcance de su actividad. Su reflexión es lo que se llama filosófica, y así la entienden; pero
la conducen como matemáticos que son, aunando libertad y rigor, fantasía ubérrima y
precisión pedante, en el estilo propio de su disciplina.” Torretti, El paraíso de Cantor, 11.
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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

que “no hay sustituto matemático para la filosofía57” ́pero esto
no justifica que algunas posiciones filosóficas no consideren
las características del quehacer matemático. La filosofía posee
métodos propios que aplicará al estudio de la matemática, pero
la matemática seguirá desarrollándose con sus recursos propios.
Abogamos por establecer unas relaciones de equidad entre
la matemática y la filosofía, por lo que hemos privilegiado el
quehacer matemático por sobre las consideraciones ontológicas y
epistemológicas. Esto concuerda con algunas consideraciones de
la filosofía de la práctica matemática, en los términos planteados
por Paolo Mancosu58. Peirce resume lo que hemos planteado de la
siguiente manera:
En el sexto libro de la República, Platón sostiene que
el carácter esencial de la matemática consiste en la
naturaleza y grado peculiares de su abstracción, que es
mayor que la de la física, pero menor que la abstracción
de lo que hoy llamamos filosofía y Aristóteles sigue a
su maestro en esta definición. Desde entonces ha sido
costumbre de los metafísicos el enaltecer sus propios
razonamientos y conclusiones como muchos más
abstractos y científicos que los de los matemáticos.
Y sin duda parece que los problemas acerca de Dios,
la Libertad y la Inmortalidad son más elevados, por
ejemplo, que la cuestión de cuántas horas, minutos
y segundos pasarán, antes de que se encuentren dos
correos que viajan en determinadas condiciones; de
todos modos, no sé ́que se haya demostrado nunca esa
mayor dignidad59.

Esta clasificación, al parecer, ha condicionado los estudios
57

Citado en Haack, Filosofía de las lógicas, 21.

58
Su estado actual se puede revisar en Paolo Mancosu, “Algunas observaciones
sobre la filosofía de la práctica matemática,” Disputatio, Philosophical Research Bulletin 5,
no. 6 (Dic. 2016): 131-156.
59

Charles S. Peirce, “La esencia de la matemática,” en Newman, Sigma, 162.

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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

clásicos en filosofía de la matemática, y la mayor generalización
(que Peirce llama abstracción) es guía para la misma. Consideramos
que esto por sí solo no explica la complejidad de las relaciones
entre las matemáticas y la filosofía. El propio Peirce pone en duda
la mayor abstracción de los razonamientos filosóficos por sobre
los matemáticos. Lo que deseamos destacar es que el quehacer
matemático es el sustento de las consideraciones sobre el axioma de
elección, sin dejar de lado lo que la filosofía puede aportar. Peirce
cierra su observación así:
Pero la idea de que los métodos intelectuales de los
metafísicos no son, como hechos históricos, muy
inferiores en todos los aspectos a los de la matemática,
no es más que vana fatuidad. Una curiosa consecuencia
de esa noción que ha prevalecido durante gran parte de
la historia de la filosofía y según la cual el razonamiento
metafísico debe ser como el matemático, pero en más,
ha sido que varios matemáticos se han creído, por el
hecho de ser matemáticos, calificados para discutir de
filosofía y no hay peor metafísica que la suya60.

Es por ello que hemos respetado el trabajo que los
matemáticos han desempeñado y, a partir de allí hemos ido
avanzando, sin suponer una relación de subordinación, sino un
camino que nos permita aprovechar lo mejor de cada área del
saber: de las matemáticas, de la metamatemática y ahora de la
filosofía. Este abordaje se observa en la filosofía de la práctica
matemática, corriente contemporánea que ha cobrado auge
recientemente. Teniendo en cuenta las apreciaciones anteriores,
presentaremos el principal argumento desde la filosofía a favor
del axioma de elección: el platonismo matemático. Junto con
ello algunas conclusiones y perspectivas de desarrollo del axioma
de elección y del quehacer matemático en lo que va de siglo XXI.

60

Peirce, “La esencia de la matemática,” 162.

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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

16. Argumento a favor: Platonismo matemático
Tal y como lo planteara Mancosu (2016), la filosofía clásica
de la matemática se desarrolló alrededor de los programas
de fundamentación. A juicio del autor, dos artículos de Paul
Benacerraf marcaron la dirección de los estudios en filosofía de
la matemática en los últimos cincuenta años. Tratar de explicar
cómo, si existen objetos abstractos, tenemos acceso a ellos ha sido
desde la perspectiva de Mancosu, lo principal de las discusiones
filosóficas contemporáneas. Es decir, tanto la pregunta ontológica
(la existencia de tales objetos) como la gnoseológica (el acceso a
su conocimiento) se privilegian.
Lo anterior es entendible, pues al pensamiento filosófico
le ha interesado sobremanera la particularidad de los objetos con
los que trabaja el matemático. A diferencia de los objetos con
los que trabajan las ciencias naturales, que se encuentran en la
realidad física, los del matemático no se manifiestan en la realidad
accesible a los sentidos sino que, en principio, se encuentran en
el dominio del pensamiento del matemático61. En consecuencia,
es natural para la filosofía preguntarse por la existencia de tales
entes, y, con mayor razón, cuando ellos no pueden identificarse
como abstracción de lo que se observa en la realidad física (por
ejemplo, los conjuntos infinitos). ¿Cómo el matemático sabe
que tales objetos existen realmente? Si no existen en la realidad
física, ¿dónde existen? Y, en caso de que el matemático afirme
que sus objetos no poseen relación con la realidad física, entonces
¿con qué la tienen? ¿El matemático puede postular objetos a su
arbitrio? ¿O hay criterios racionales que guíen su postulación?
Estos cuestionamientos asoman la discusión que Ferreirós
apuntase entre lo dado y lo construido en matemáticas, lo que
enmarca al platonismo como posición filosófica.
61
Y decimos en principio pues, dependiendo del compromiso platonista que se
asuma, se puede pasar de la existencia de los objetos matemáticos en el pensamiento a su
existencia en una realidad trascendental, tan real como la espacio-temporal o superior.
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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

Ahora bien, tal y como se ha presentado, la noción de
existencia cobra relevancia. Así desde la filosofía se pide alguna
justificación racional para aceptar la existencia de las entidades
matemáticas. Es importante destacar que el quehacer matemático
durante todo el siglo XIX fue constructivo. Pero, como Ferreirós
advierte, el desarrollo y consolidación de una matemática abstracta
bajo un enfoque conjuntista ya iba apareciendo a finales del siglo
XIX, con matemáticos eminentes como Riemann, Dedekind,
Noether, Klein, etc., los cuales se encontraban agrupados en su
mayoría en la Universidad de Gotinga. Esta perspectiva Ferreirós
la explica de la siguiente manera:
Desde Euclides, la matemática había tenido que ver con
construcciones realizables explícitamente, ya fueran
construcciones geométricas o analíticas. Con la nueva
tendencia se trata, como ya vimos, de la preferencia por
los conceptos en lugar de las notaciones, las formas de
representación o las construcciones62.

Fueron algunos matemáticos de la época, quienes, para
poder desarrollar sus investigaciones, se impusieron la necesidad
de postular entidades para las cuales no se tiene un procedimiento
efectivo de construcción. Así, el platonismo matemático forma
parte de un hacer que iba surgiendo a finales del siglo XIX e
inicios del XX, definido como enfoque abstracto o conjuntista
por Ferreirós. En el caso que nos atañe, el autor refiere como la
teoría ́de conjuntos representa la máxima expresión del enfoque
abstracto, y muestra al axioma de elección como ejemplo
paradigmático de este enfoque. Veámoslo:
La tensión entre un planteamiento de definición o
construcción explícita y uno de análisis abstracto explica
las dificultades que encontró el enfoque conjuntista en
su implantación progresiva. Ya la noción de función
62

Ferreirós, “El enfoque conjuntista,” 402.

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�El axioma de elección en el quehacer
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propuesta por Dirichlet y Riemann avanzaba claramente
en la dirección abstracta, pero puede decirse que la teoría
de conjuntos se convirtió en epítome del planteamiento
abstracto. El ejemplo más característico de ello es el
axioma de elección introducido por Zermelo [1904],
que, dada una familia infinita cualquiera de conjuntos,
postula la mera existencia de cierto tipo de conjunto. El
axioma se usa de modo esencial precisamente cuando no
hay ningún medio de especificar o definir explícitamente
este tipo de conjuntos de elección63.

Así, las observaciones de Ferreirós nos permiten poner
en contexto el surgimiento del platonismo matemático -sin
ese nombre aún- entre finales del siglo XIX y principios del
XX, representando una nueva manera de hacer matemática.
Destacamos esto porque, aunque la noción de existencia
(ontológica) es vital en el platonismo entendido como filosofía,
no lo es entendida como quehacer matemático. Su aparición no
se debió a consideraciones ontológicas sino metodológicas: se
postulan tales entidades pues son necesarias para la investigación
matemática. Y la necesidad se deriva del cada vez mayor nivel de
abstracción que las teorías matemáticas iban teniendo. Es a partir
de la tercera década del siglo XX cuando de manera explícita
se le da un nombre a este nuevo quehacer matemático, siendo
caracterizado en una conferencia por Paul Bernays. Como esta
conferencia fue la primera en la que se inicia la discusión sobre el
platonismo matemático, reviste especial consideración su análisis,
pues la mayoría de las consideraciones filosóficas posteriores
toman como base lo planteado en ella por el autor.

63

Ferreirós, “El enfoque conjuntista,” 404.

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17. Bernays y el término platonismo
Paul Bernays (1888-1977) fue un matemático y filósofo suizo
que dedicó gran parte de su vida a la investigación en torno a
los fundamentos de la matemática. Junto con David Hilbert,
desarrolló el programa formalista, ensanchando las bases de la
teoría hilbertiana de la demostración. El 18 de junio de 1934 dicta
una conferencia en la Universidad de Ginebra, en el marco del
Ciclo de conferencias internacionales de Ciencias Matemáticas
que se desarrollaban en aquella oportunidad. Es allí donde se
permite utilizar el término platonismo para caracterizar “ciertos
modos de razonar peculiares al análisis y a la teoría de conjuntos”
mediante los cuales:
…los objetos de una teoría se tratan como elementos
de una totalidad tal que permite razonar como sigue:
Para cada propiedad expresable usando las nociones
de la teoría es un hecho objetivamente determinado
si hay o no un elemento de la totalidad que posea tal
propiedad. Asimismo, se sigue de este punto de vista
que o bien todos los elementos de un conjunto poseen
una determinada propiedad, o bien hay al menos un
elemento que no la posee64.
La cita anterior alude a lo que es central del platonismo
matemático: se consideran a los objetos matemáticos libres de
cualquier vinculación con las reflexiones del sujeto cognoscente.
Bernays indica que “Dado que esta tendencia se basó especialmente
en la filosofía de Platón, me permito llamarla platonismo.”65
Desde entonces, el uso -y abuso- del término se ha extendido a
lo largo de la reflexión sobre el modo usual de hacer matemática,
64
Paul Bernays, El platonismo en matemática, trads. Vincenzo P. Lo Monaco y
Benjamín Sánchez (Caracas: Universidad Central de Venezuela, Ediciones de la Biblioteca,
1982), 15 y ss.
65

Bernays, El platonismo, 15 y ss.

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�El axioma de elección en el quehacer
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llevada a extremos: ya sea asumiendo la existencia de la totalidad
de las entidades matemáticas en algún mundo (tan real como el
nuestro) o desechándola de plano, abogando por una construcción
efectiva de los objetos matemáticos. Como deseamos mostrar, y
el propio Bernays así lo hace, lo adecuado es considerar niveles
de platonismo, los cuales serán reflejo de los compromisos que
asume el matemático para desarrollar su hacer.
Bernays clasifica al platonismo en dos tipos: platonismo
absoluto y platonismo moderado. El platonismo absoluto
asume la totalidad de las entidades matemáticas y los conceptos
generales de conjunto y función, totalidad para la que se cumple
el principio del tercero excluido, esto es que, aún en el caso de no
poder demostrarse, se tiene la convicción de que ciertos elementos
de la totalidad cumplen o no una propiedad determinada. De no
alcanzar a decidirse la proposición objeto de estudio, se promueve
la introducción de nuevas asunciones que permitan decidirla.
El utilizar asunciones no-constructivistas no supone dificultad
alguna, y en nuestro caso, el axioma de elección será aceptado
por un platonista absoluto.
El platonismo moderado o metodológico mantiene
las características señaladas en el párrafo anterior acerca del
platonismo absoluto, pero, a diferencia de éste, evita el principio
de comprensión intuitiva, es decir, que para toda propiedad
exista el conjunto que cumpla con la propiedad en cuestión. El
quehacer matemático contemporáneo se adscribe a un platonismo
moderado y, en este sentido, Zermelo es considerado un platonista
moderado, siendo Cantor un platonista absoluto. Bernays presenta
su clasificación como consecuencia del dominio de objetos que
el matemático considere necesario para trabajar. Esto concuerda
con lo central de nuestro tratamiento del platonismo: el quehacer
cotidiano del matemático y lo que necesite para desarrollar su
teoría determinará el nivel de compromiso platónico a asumir.
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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

Más adelante, Bernays indica que el análisis no se limita
a la totalidad de los enteros sino que maneja dos nociones que
asume como dadas de manera abstracta, es decir, sin atender a
sus posibilidades efectivas de definición: conjunto y función.
Ambos los define con la palabra cuasi-combinatorio, queriendo
decir al respecto que se puede, por analogía ́con lo finito, asumir
subconjuntos arbitrarios para el caso infinito. Inmediatamente el
autor coloca como ejemplo de esto al axioma de elección, veamos:
El axioma de elección es una aplicación inmediata
de los conceptos cuasi-combinatorios en cuestión
Se emplea generalmente en la teoría de los números
reales en la siguiente forma particular.Si M1, M2, ...
es una secuencia de conjuntos no-vacíos de reales,
hay entonces una sucesión a1, a2, ... tal que para cada
índice n, an es un elemento de Mn. El principio resulta
expuesto a objeciones al exigirse la construcción
efectiva de la sucesión de números66.
Ferreirós, tomando como referencia lo planteado por
Bernays, refiere que “el polémico Axioma de Elección puede
verse, simplemente, como una consecuencia natural de emplear
las nociones de infinito actual y de conjunto (arbitrario o cuasicombinatorio).”67 En consecuencia, desde la perspectiva de
ambos, el axioma es una asunción platonista que usa las nociones
de conjunto y función en sentido abstracto. Bernays coloca al
platonismo dentro de una consecución creciente de ámbitos
de acción, la cual da los nombres de teoría de números, teoría
aritmética de funciones y teoría geométrica del continuo. La
primera de ellas no asume la totalidad de los enteros, la segunda
sí, pero evita el uso de conceptos cuasi-combinatorios, mientras
que la tercera se corresponde con el platonismo ordinario.
Dummett sigue una línea similar de razonamiento cuando
66

Bernays, El platonismo, 19.

67

Ferreirós, “Matemáticas y platonismo(s),” 460.

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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

afirma que “la existencia de las estructuras estudiadas en la teoría
́ de los números, en el análisis y en la teoría de los conjuntos,
juega un importante papel en las pruebas de todas las ramas de
las matemáticas. Estas tres teorías son básicas en el sentido de
que son el origen de nuestra aceptación de las totalidades de
cardinalidad creciente.68” Apreciemos la similitud entre esto y lo
planteado por Bernays:
el sistema de los números naturales es el origen de
nuestro concepto de número infinito. De manera similar,
el continuo de los números reales representa el origen de
la noción de una infinidad no numerable y la teoría d́ e
conjuntos un origen más reciente de nuestra noción de
infinitos superiores69.

Queremos llamar la atención al hecho de que, al parecer,
Bernays consideraba privilegiada la relación entre el axioma
de elección y el conjunto de los números reales. Como hemos
mostrado a lo largo de esta investigación, el axioma no limita
su ámbito de acción a los números reales sino que va más allá,
considerándose como necesaria para toda investigación en
matemáticas. Bernays resume las consideraciones que hemos
estado haciendo de la siguiente manera:
Podríamos decir, un tanto toscamente, que el
intuicionismo se ajusta a la teoría de números; el método
semiplatonista, que hace uso de la idea de la totalidad de
los enteros pero evita conceptos cuasi-combinatorios, se
ajusta a la teoría aritmética de funciones, y el platonismo
ordinario es adecuado para la teoría geométrica del
continuo. Nada hay de sorprendente en esta situación
pues es un procedimiento familiar al matemático
contemporáneo limitarse en cada dominio de la
ciencia a aquellas asunciones que son esenciales70.
68

Dummet, “El platonismo,” 286.

69

Dummet, “El platonismo,” 286.

70

Bernays, El platonismo, 25.

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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

Resaltamos lo último pues concuerda con las reflexiones
que hemos venido haciendo respecto a cómo el platonismo va
surgiendo en la escena matemática para sustentar a sus teorías.
En este sentido, el platonismo aquí tratado se corresponde con
el platonismo interno de Ferreirós. Pero se puede ir más allá, y
Bernays lo cree posible pues afirma que:
Hemos caracterizado solo un platonismo restringido
que no pretende ser mas que, por así decirlo, una
proyección ideal de un dominio de pensamiento. Pero
ahí no queda el asunto. Varios filósofos y matemáticos
interpretan los métodos del platonismo en el sentido
del realismo conceptual, postulando la existencia de
un mundo de objetos ideales que incluye todos los
objetos y relaciones de la matemática71.

En la cita anterior podemos ver un platonismo en el que
las entidades existen en el pensamiento y otro en la que existen
con independencia de su concepción por parte del matemático.
La caracterización se centra en la noción de existencia, lo que
es usual en las presentaciones tradicionales que se hacen del
platonismo. Observemos que existe una fuerte asociación
platonismo-matemática, la cual se ha consolidado durante el
siglo XX y se mantiene vigente en lo que va de siglo XXI, junto
con el desarrollo exponencial del conocimiento matemático en
todas sus áreas; aspectos que han justificado nuestro interés en
ahondar sobre las posibles relaciones, alcances y limitaciones de
tal asociación.
Por supuesto, la presente investigación limita sus
consideraciones al axioma de elección y no al platonismo en sí,
pero se reitera que el axioma es consecuencia natural del modo
en el que se iba entendiendo la actividad matemática a principios
del siglo XX, la cual es abstracta, bajo un enfoque conjuntista
y platonista. Bernays entendía al platonismo relacionado con el
ámbito del trabajo matemático, considerándolo por niveles, cuya
71

Bernays, El platonismo, 20.

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Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 49-126

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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

fuente emanaba de los dominios de objetos que el matemático
usaba en sus investigaciones. Ferreirós también establece, a nuestro
juicio, observaciones similares que referimos a continuación.
18. Ferreirós: Platonismo interno y platonismo externo
Para Ferreirós, el platonismo interno es aquel en el que “se hace
referencia a elementos cuya existencia se postula y se considera
dada.72” Desde esta perspectiva, al matemático le es indiferente
dónde existan tales entidades, sin representar problema alguno
el hecho de no poder construirlas. Un platonismo interno acepta
que las entidades matemáticas existan en el pensamiento del
matemático. Aquí la existencia es entendida como la posibilidad
de ser concebido. Y esto es entendible en ese contexto, pues lo que
le interesa al matemático es utilizar lo que considere necesario
para desarrollar con mayor fuerza su teoría. Siempre que pueda
concebir en su pensamiento a tales entidades son bienvenidas.
En el caso del platonismo externo o filosófico, las
entidades matemáticas poseen una existencia real, independiente
de su postulación por parte del matemático. Ferreirós advierte
que el platonismo filosófico ha desarrollado varios enfoques
(por ejemplo, el platonismo de Gödel, el de Quine o el de
Maddy) los cuales no serán abordados aquí. La realidad a la que
hacemos referencia no se corresponde a la realidad física sino a
otra realidad, no perceptible por los sentidos. El autor indica al
respecto que “el platonismo filosófico postula una bifurcación de
la realidad: existe una realidad física perceptible por los sentidos,
y una realidad matemática perceptible a la intuición, a un supuesto
ojo de la mente.”73
Las características de tal facultad intuitiva que nos permite
acceder a las entidades de esa realidad matemática ha sido objeto
72
73

Ferreirós, “Matemáticas y platonismo(s),” 446-447.
Ferreirós, “Matemáticas y platonismo(s),” 461-462.

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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

de complejas discusiones, y se corresponden con los caminos
seguidos por la filosofía clásica de la matemática, tal y como
muestra Mancosu (2016). Al respecto, nuestro acercamiento al
platonismo se ha generado a través de la práctica matemática,
restringiendo nuestro análisis al axioma de elección. Así la
existencia real del conjunto que postula el axioma no se considera
necesaria para la actividad matemática cotidiana; bien puede
aceptarse una existencia ideal del conjunto.
Esta dualidad de la realidad fue ya establecida por Gregor
Cantor, el padre de la teoría de conjuntos, quien, en respuesta a
sus críticos, indicó que el matemático:
atiende única y exclusivamente a la realidad
inmanente de sus conceptos, es decir, a su aceptabilidad
en el dominio del pensamiento puro; se despreocupa
completamente de la realidad trasiente de los objetos
matemáticos, es decir, de su existencia real o su
capacidad de representar relaciones o procesos del
mundo externo [Cantor 1883, 181].

Cantor nos habla de dos tipos de realidad: la inmanente que
correspondería al matemático en activo, teniendo como campo
de validación el pensamiento (existe lo que es concebible por la
razón humana) y la trascendente (existe independientemente de
ser concebido por la razón humana). La relación entre la realidad
inmanente y el platonismo interno, así ́como la realidad trasiente
y el platonismo externo es evidente. Cantor tenía la convicción
de que las entidades matemáticas poseían no solo una realidad
inmanente sino una realidad trasiente, por lo que es posible
encontrar matemáticos que se adscriban al platonismo externo o
filosófico74. Pero la matemática que se desarrolla cotidianamente
se hace aceptando un platonismo interno y es la que se ha
74
Es importante observar que las famosas paradojas de la llamada teoría
ingenua cantoriana no eran vistas por Cantor como tales, puesto que las inconsistencias
eran producto de la limitada capacidad de la razón humana para aprehenderlas.
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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

desarrollado en el quehacer matemático contemporáneo.
Por lo tanto, lo que guía al platonista interno (o
platonista matemático) es suponer que la existencia de lo que
postule no conlleve alguna contradicción. Ferreirós llama a este
platonismo interno ya que toma como referencia la actividad
cotidiana del matemático. Así, el interés del matemático reside
fundamentalmente en conocer las relaciones posibles entre
los objetos que postula y el desarrollo de su teoría. Nuestro
platonismo acepta la clasificación hecha por Ferreirós y advierte
como en Bernays y Cantor se encuentra presente. Para el caso
del axioma de elección, el matemático cotidiano lo acepta como
existente idealmente, siempre que no conlleve contradicción. Es
decir, un platonismo interno, el cual consideramos legítimo, en
atención al desarrollo del quehacer matemático.
Al respecto, es oportuno reflexionar sobre las razones
que Cantor esgrimiera para justificar la actividad del matemático.
Él consideraba que la introducción de nuevos conceptos en la
actividad matemática se guiaba por tres elementos
(1) Los conceptos elaborados por los matemáticos deben “estar
libres de contradicciones internas.”

(2) Los nuevos conceptos deben estar relacionados con
los antiguos conceptos matemáticos, y si es posible dar
cuenta de ellos.
(3) El concepto debe impulsar la ciencia hacia un nuevo
nivel, haciéndolo enriquecedor para la teoría75.

Cantor, un platonista absoluto, no deja al libre arbitrio
la introducción de nuevas entidades en la matemática. La teoría
que el matemático ha desarrollado y su utilidad para la misma
son prioritarias también. No deja de lado lo que el matemático
ha desarrollado o deseé desarrollar. Esto es evidencia de una
75

Jesús Mosterín, Los lógicos (Madrid: Editorial Espasa Calpe, 2000), 116.

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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

posición pragmática, y como veremos luego, Zermelo también
actuó en dichos términos. Se puede resumir lo anterior en las
siguientes palabras de Mosterín ́“mientras uno no se contradiga y
mientras lo que uno haga sirva para algo, todo está permitido en
la matemática.”76
Si analizamos el axioma de elección bajo las tres
condiciones cantorianas verificaremos que se cumplen en su
totalidad. El axioma de elección está libre de contradicciones,
aunque es importante referir que cuando Cantor lo plantease no
existía ́la prueba de su consistencia relativa. Su afirmación se
centraba en pedir que el concepto no produjera alguna paradoja.
En este sentido, el axioma no parece producirlo. Además, el
axioma se relaciona con otros conceptos antiguos tanto de la
teoría de conjuntos como de otras ramas de la matemática.
Finalmente, el axioma enriquece a la teoría matemática como
hemos evidenciado. En consecuencia, el axioma de elección es
fácilmente aceptado en los términos que plantease Cantor.

76

Mosterín, Los lógicos, 116.

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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

19. Conclusiones
Sostenemos que tanto los resultados matemáticos presentados, la
descripción de la prueba de independencia del axioma de elección
de ZF y las consideraciones filosóficas sobre el platonismo
matemático, en los términos que hemos referido, son argumentos
sólidos que nos permiten afirmar la pertinencia del axioma
de elección para el quehacer matemático y metamatemático
contemporáneo. Es decir, nuestra posición filosófica acepta un
platonismo interno para el quehacer matemático cotidiano, siendo
suficiente esto para usar el axioma de elección en el ámbito
matemático. Todo lo anterior se refuerza dentro de una práctica
matemática considerada como privilegiada y en la que, dada
su cada vez mayor nivel de abstracción, es natural el postular
entidades para las que no se les puede dar medio de construcción.
Así nuestras justificaciones se pueden entender a lo interno de la
actividad matemática y fuera de ella. Sobre esto Maddy ha hecho
un análisis sucinto que permite fortalecer las consideraciones
previas y que analizamos a continuación.

20. Maddy: Justificaciones extrínsecas e intrínsecas
La autora, en su libro Naturalism in Mathematics (1998), realiza
un análisis de los axiomas que denomina estándar, los cuales
son los axiomas de ZF con elección. Su objetivo es presentar los
argumentos usuales a favor de ellos. Al respecto considera que se
puede hacer una distinción entre dos tipos de justificaciones: la
intrínseca y la extrínseca. Afirma que:
Algunos observadores, siguiendo la tradición, han
dictaminado que las únicas justificaciones legítimas
son las intrínsecas. Mi propia conclusión es que esto
último es incorrecto77.
77

Penelope Maddy, Naturalism in Mathematics (Oxford: Clarendon Press, 1997),

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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

Por los ejemplos que Maddy refiere, se infiere que
las consideraciones intrínsecas son aquellas que justifican al
axioma por sí mismo, mientras que las extrínsecas precisan las
consecuencias que su aceptación tiene para la teoría matemática.
Que las justificaciones intrínsecas hayan sido favorecidas por
la tradición analítica por sobre las extrínsecas, es evidencia de
la preponderancia que se da a las consideraciones filosóficas
sin atender el contexto matemático en el que se desarrollan los
axiomas. Acompañamos la conclusión de Maddy y este artículo
brinda elementos que abonan el terreno para una reflexión
filosófica que toma en cuenta consideraciones matemáticas.
En este orden de ideas, recordemos que Zermelo postuló
sus axiomas en 1908 para “recuperar en su totalidad la teoría creada
por Cantor y Dedekind.” Basando la defensa de sus axiomas en
que son “necesarios para la ciencia.”78 Así su postulación de los
axiomas (entre ellos el de elección) tuvo como norte el tomar lo
que considerase necesario para hacer matemática, en especial un
hacer matemático para la teoría de conjuntos cantoriana (sin las
paradojas). En consecuencia, el axioma de elección es de natural
aceptación en ese contexto y así sostenemos que lo entendía
Zermelo.
Más aún, Torretti, analizando la teoría de los tipos lógicos
de Russell, hace una consideración similar a la del párrafo anterior,
pues refiere que “Zermelo postula la existencia de un mínimo de
conjuntos que le parecen imprescindibles para hacer matemáticas,
y presume que su teoría es inocente de contradicciones hasta que
no se le demuestre culpable.”79 Y en una nota al pie agrega:
Subrayo que los axiomas de Zermelo no se eligen,
como en la teoría russelliana del zigzag, solo con vistas
a prevenir las contradicciones conocidas. Zermelo
37.
78

Citado en Maddy, Naturalism in Mathematics, 36.

79

Torretti, El paraíso de Cantor, 186.

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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

tiene un cometido -hacer matemáticas- y postula lo que
necesita para eso. Su selección se ha probado duradera.
En cambio, Russell, que buscaba certificar -como si
hiciera falta- las matemáticas hechas por otros, daba
solamente con axiomas implausibles, inspirados por
un principio que él mismo juzgaba insuficiente80.

Como se puede apreciar, Torretti sigue una línea similar
de razonamiento al de Maddy y se complementa con nuestro
tratamiento del tema, pues somos reiterativos en no dejar de lado
la actividad del matemático, sino incorporarlos a la reflexión
filosófica. Entendido en estos términos, el axioma de elección es
justificable tanto por sí mismo como por sus consecuencias y es
por ello que la clasificación de Maddy nos parece apropiada. Más
aún, ambos aspectos consolidan las conclusiones a las que hemos
arribado. Démosle finalmente la palabra al propio Zermelo y
analicemos sus consideraciones a favor de la asunción del axioma
enmarcadas en lo planteado.

21. Zermelo: Respuesta a sus críticos
Para analizar las justificaciones que Zermelo diera sobre el axioma
de elección, debemos considerar tres momentos: cuando enuncia
el axioma como parte de la demostración del teorema del buen
orden en 1904, cuando presenta su primer sistema axiomático en
1908 (formando parte el axioma de elección), y cuando elabora
su segundo sistema axiomático en 1930, en el que de manera
explícita prescinde de postular el axioma en tal sistema.
Torretti refiere que Zermelo afirma que no puede forzar
a nadie a aceptar al axioma pero que, a su entender, reúne los
tres requisitos que justifican la adopción de un postulado en
matemáticas, a saber:
80

Torretti, El paraíso de Cantor, 186.

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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

(a) con frecuencia ha sido utilizado tácitamente en
diversos campos de las matemáticas y especialmente
en teoría de conjuntos.
(b) es evidente de suyo
(c) responde a una necesidad científica pues son
muchas las proposiciones importantes que se ́lo
pueden demostrarse invocándolo81.

Siguiendo la clasificación de Maddy, los argumentos (a) y
(b) son justificaciones intrínsecas mientras que (c) es ́extrínseca.
Torretti sostiene que sólo el tercer argumento ha demostrado tener
verdadera fuerza mas no explica el porqué de ello. A continuación
presentaremos una interpretación que sustentará la referida
afirmación.
22. El axioma de elección y su autoevidencia
En el caso del argumento (b), la autoevidencia o naturalidad del
axioma de elección es, a nuestro entender, difícil de sostener, pues
no es fácil explicar en que podrá consistir tal naturalidad. Si es
necesario explicarlo entonces no es tan evidente como pareciese.
Zermelo la sustenta apoyándose en el argumento (a), explicando
lo siguiente:
Es un hecho indisputable que este axioma, aunque
nunca ha sido presentado al estilo de los libros de
texto, ha sido usado antes, y además con éxito, en los
más diversos campos de la matemática, especialmente
en la teoría de conjuntos, por Dedekind, Cantor, F.
Bernstein, Schoenflies, J. Konig y otros...Un uso tan
extenso del principio puede explicarse únicamente
por su autoevidencia82.
81

Torretti, El paraíso ́de Cantor, 67.

82

Maddy, Naturalism in Mathematics, 54.

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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

Así, para Zermelo, el hecho de que el axioma se haya
usado de manera tácita es evidencia de su naturalidad. Hasta que
punto esto es suficiente para dar fuerza al argumento es lo que
se pone en duda. Consideremos al respecto lo que sucede con
la mayoría de la comunidad de matemáticos que trabaja en las
áreas de lógica matemática y teoría de conjuntos actualmente.
Para decidir si incorporan o no un candidato a axioma (luego
de realizarle pruebas de consistencia relativa o independencia)
estiman si el mismo es intuitivo, natural o evidente. Bagaria se
pregunta: “¿Qué debe ser tenido como un axioma natural de la
teoría de conjuntos?”83 Y responde: “Ciertamente cualquier hecho
intuitivamente obvio acerca de los conjuntos.”84 En este sentido,
considera que los axiomas de ZF son intuitivos, y con respecto
al tema que nos ocupa, observa la reticencia que el axioma de
elección genera en algunos matemáticos que lo rechazan -a su
juicio- por las consecuencias contraintuitivas que conlleva más
que por su propia naturaleza, la cual considera, por cierto, muy
natural.
Llama la atención que Bagaria no indicase de manera
directa por qué considera al axioma de elección natural85. Más
aún cuando, si seguimos su criterio, no parecería a primera vista
que el axioma de elección proveyera algún hecho obvio acerca
de los conjuntos. Se podría considerar -hasta cierto punto- obvio
a axiomas que permitan la existencia de un conjunto vacío, de
un conjunto infinito, de un subconjunto de un conjunto dado, del
conjunto de los subconjuntos de un conjunto dado, que la unión
de conjuntos sea un conjunto y que se acepte que dos conjuntos
con los mismos elementos sean iguales. Pero, a nuestro entender,
83
Joan Bagaria, Natural Axioms of set theory and the continuum problem
(Barcelona: Universidad de Barcelona, 2004), 3.
84

Bagaria, Natural Axioms, 3.

85
Tan solo refiere que una posición distinta se puede consultar en: Kai Hauser,
“Is Choice Self-Evident?,” American Philosophical Quarterly 42, no. 4 (Oct. 2005):
237-261.
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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

no parece obvio que exista un conjunto -infinito- formado por la
elección de un elemento de cada conjunto de una familia -infinitade conjuntos no vacíos. Esta caracterización tan particular del
conjunto que postula el axioma pone en cuestionamiento la
obviedad del mismo.
Por todo lo expuesto, los argumentos (a) y (b) no se
han podido sostener en el tiempo y el propio Zermelo admite
su debilidad pues “esa autoevidencia es hasta cierto punto
subjetiva,”86 Así, emprende su justificación extrínseca (la
necesidad del axioma para la ciencia). Para dar mayor fuerza a lo
planteado, observemos que, en la actualidad, existen candidatos
a nuevos axiomas (axiomas de grandes cardinales, axioma de
Forcing propio, axioma de Martin máximo, etc.) que siguen sin
ser aceptados como axiomas, mientras que el de elección sí. ¿Por
qué sucede esto? La poca naturalidad de los candidatos a axiomas
es lo que -se dice- impide su aceptación. Pero ese criterio no se
impuso sobre el axioma de elección pues sí es aceptado a pesar de
no ser obvio, al menos no en el sentido de Bagaria. Lo que ha sido
determinante para su aceptación es su presencia activa dentro del
quehacer matemático a través de toda una serie de resultados en
diversas áreas matemáticas. Esto no es otra cosa que su necesidad
científica, el argumento (c) de Zermelo.
23. El axioma de elección y su necesidad para la ciencia
Zermelo postuló sus axiomas buscando lo mínimo necesario
para hacer matemáticas, justificando el axioma de elección
“objetivamente” por su necesidad científica. Veamos:
Pero la cuestión que puede ser decidida objetivamente
es si el principio es necesario para la ciencia. Ahora
quisiera someterlo a juicio presentando un número de
86

Maddy, Naturalism in Mathematics, 55.

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

teoremas y problemas elementales y fundamentales
que, en mi opinión, no podrían resolverse sin el
principio de elección87.

A estos resultados se han agregado muchos más, que
sustentan el desarrollo matemático contemporáneo. Que el
axioma no sea constructivo no fue limitativo para Zermelo, pues
consideraba más importante la riqueza en resultados que ofrece.
Así, desde la perspectiva que hemos analizado, Zermelo actuó de
manera coherente con el enfoque abstracto o platonista, aceptando
un platonismo interno y privilegiando lo que el quehacer
matemático necesitase. Observemos esto en lo siguiente:
...nadie tiene derecho a impedir que los representantes
de la ciencia productiva continúen usando esta
“hipótesis”- pueden llamarla así ́si quieren- y llevando
sus consecuencias lo más lejos posible... Simplemente
necesitamos separar los teoremas que requieren del
axioma de los que pueden ser probados sin él para poder
delimitar la totalidad de la matemática de Peano como
una rama especial, como una ciencia artificialmente
mutilada, por decirlo así...los principios deben ser
juzgados desde el punto de vista de la ciencia, y
no la ciencia desde el punto de vista de principios
fijados de una vez por todas. (Zermelo, 1908a)88.

El extracto nos permite afirmar que, para Zermelo, no hay
primacía de la filosofía por sobre la ciencia. Así el punto de vista
de la ciencia fue la guía principal de Zermelo para defender la
pertinencia del axioma de elección. Podemos concluir diciendo
que de los tres argumentos presentados por Zermelo, sólo el
tercero parece ser defendible con mayor propiedad, y además
refleja la coherente posición de él.
87

Maddy, Naturalism in Mathematics, 55.

88

Maddy, Naturalism in Mathematics, 56.

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�El axioma de elección en el quehacer
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24. Zermelo y el axioma de elección en 1930
En 1930 Zermelo presenta en su artículo titulado Sobre númeroslímite y dominios de conjuntos un nuevo sistema axiomático,
tomando como referencia el de 1908 pero sin incluir al axioma
de elección en su lista de axiomas, arguye que lo excluye porque
“tiene otro carácter que los demás y no sirve para delimitar los
dominios de los modelos”89 y agrega que el axioma es “un principio
lógico universal presupuesto por toda nuestra investigación.”90
Nos preguntamos: ¿Cuál es ese carácter que lo diferencia
de los demás axiomas? Si es un principio lógico universal, ¿Posee
un estatus superior al de axioma? De ser así, ¿por qué?, ¿Qué lo
hace universal? ¿A cuál lógica se refiere Zermelo? Hemos estimado
pertinente establecer como posible carácter diferenciador, dentro
de lo que Zermelo argumentara, lo que sigue: los axiomas que se
postulan son los que permiten determinar lo mínimo necesario
para hacer matemáticas. Ahora bien, el axioma de elección difiere
de ellos pues no permite delimitar los dominios de los modelos,
ni el conjunto que postula es estrictamente necesario para hacer
matemática finitaria, pero sí permite hacer uso de lo que hay
con mayor potencia, sobre todo porque involucra al axioma del
infinito, el cual Zermelo no declara al inicio pero que se ve forzado
a admitirlo como “postulado metateórico.” En consecuencia, para
hacer matemática infinitaria con todas las posibilidades que
conlleva es requerido necesariamente el axioma de elección. El
surgimiento de la nueva forma de hacer matemática (platonista)
requiere del axioma y en este sentido se entiende que Zermelo lo
“presuponga” para toda su investigación.
Así hemos analizado el recorrido hecho por Zermelo en
tres momentos: 1904, 1908 y 1930. Es relevante resaltar, sobre la
génesis del axioma de elección, la siguiente cita de Ferreirós:
89

Torretti, El paraíso de Cantor, 102.

90

Torretti, El paraíso de Cantor, 102.

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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

Zermelo (1904, 516) era explícito al afirmar que la
idea de basar la demostración en el axioma de elección
se debe a Schmidt. Al final de su vida, Zermelo se
quejaría ́de que muchas de sus contribuciones en
lógica y teoría ́de conjuntos no eran tenidas en cuenta,
mientras que su nombre aparece sólo asociado a un
axioma cuya autoría nunca había reclamado91.

Y refiere que su aparición se debe a los debates surgidos
entre Zermelo y Erhard Schmidt (1876-1959) una semana
antes del 24 de septiembre de 1904, fecha de la carta que envió
Zermelo a Hilbert (donde prueba el teorema del Buen orden),
siendo Schmidt quien le hiciera la sugerencia de usar el axioma
de elección en la prueba. Después de 1930, Zermelo no publicó
más hasta el día de su muerte. Fraenkel, citado por Torretti, refiere
que en algún momento, seguramente de los años 1940 o 1950,
le preguntó a Schmidt por qué su buen amigo Zermelo ya no
publicaba; la respuesta fue que no lo hace “porque ya no podía
enfadar a nadie con sus publicaciones.”92 Así el axioma de elección
fue polémico y al parecer el hombre que lo enunció era amante de la
polémica también.
Para finalizar, queremos advertir que Maddy analiza la
llamada concepción reiterativa (también llamada iterativa, teoría
de niveles o jerarquía acumulativa) la cual, a su juicio, es la base
del sistema axiomático presentado en 1930. Hay diferencias entre
el sistema axiomático de 1908 y el de 1930. Maddy afirma que
“la concepción reiterativa subyace a la jerarquía ́acumulativa de
Zermelo (1930) como un principio que fundamenta los axiomas
con más firmeza que la mera justificación extrínseca presentada
en 1908.”93
91
José Ferreirós, “Un episodio de la crisis de fundamentos: 1904.” La Gaceta
de la Real Sociedad Matemática Española 7, no. 2 (2004): 462.
92

Ferreirós, “Un episodio de la crisis de fundamentos,” 462.

93

Un análisis de esto se puede apreciar en Maddy, Naturalism in Mathematics, 42.

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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

Maddy confirma que la justificación principal en Zermelo
para los axiomas en 1908 es la extrínseca (necesidad para la
ciencia) pero le da a la concepción iterativa mayor fuerza que
lo extrínseco. Entendiéndose la concepción iterativa como una
justificación intrínseca, en la medida en que intenta explicar la
naturaleza de los conjuntos, valdría la pena preguntarse si el axioma
de elección también se puede describir bajo esa concepción. Al
respecto, George Boolos, quien ha desarrollado con fuerza la
teoría de niveles, ha probado que “el axioma de elección no se
puede deducir de la teoría ́de niveles”94 lo que nos confirma la
certera intuición de Zermelo al no colocarlo como parte de sus
axiomas de 1930 y muestra, además, el “otro caracter” del axioma
de elección.
A modo de resumen podemos referir lo siguiente: El axioma
de elección no se restringe a un área particular de las matemáticas,
siendo su aplicabilidad alta y variada. Además, aparece en la lógica
de primer orden. Esta particular “independencia” del axioma
respecto a algún área se confirma con los resultados de Gödel
y Cohen que establecen su independencia lógica de ZF. A nivel
filosófico, el axioma es una clara asunción platonista que hace uso
de las nociones de conjunto y función abstractas, trabajando con
el infinito actual. Y como hemos visto, se diferencia sobremanera
de los restantes axiomas por no delimitar los dominios de los
modelos y ni siquiera reflejarse bajo la concepción iterativa tal
y como Boolos mostrase. El ser tan esquivo en su explicación
realza su caracter único y se entiende la polémica generada.
El camino que hemos recorrido, primero matemático, luego
lógico, posteriormente metamatemático y finalmente filosófico se
ha hecho con la intención de respetar y rescatar los aportes de lo que
hemos denominado quehacer matemático. Lo que el matemático
tenga a bien utilizar para su actividad y las razones para hacerlo,
94
Véase: George Boolos, “The Iterative Conception of Set,” en Logic, Logic, and
Logic, ed. Richard Jeffrey, (Cambridge: Harvard University Press, 1971).
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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

dentro de su contexto, han sido fundamentales para la reflexión
filosófica. Con esta posición, nos acercamos a los planteamientos
de la filosofía de la práctica matemática, en los términos de
Mancosu (2016) y Tymoczcko (1997). Así, la pertinencia del
axioma de elección para la matemática y la metamatemática
contemporánea queda justificada, y esta justificación nos permitió
además proponer una revisión de las relaciones existentes entre la
filosofía y la matemática. Esto nos permite afirmar que el axioma
de elección se mantendrá vigente hasta tanto las condiciones de
la actividad matemática no cambien, y que el desarrollo de la
práctica matemática será acicate fundamental para la filosofía de
la matemática en este siglo XXI.

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�El axioma de elección en el quehacer
matemático contemporáneo

Epílogo: Problemas abiertos sobre el axioma de elección
Para finalizar, y como muestra de la vigencia a la que hacemos
referencia en el párrafo anterior, queremos referir algunos focos
de investigación actuales sobre el axioma de elección, vinculados
con la teoría de Ramsey. En efecto, algunos hechos y problemas
abiertos sobre la relación entre versiones débiles del axioma de
elección (“Existen ultrafiltros no principales sobre N”, “Existen
ultrafiltros sobre N”, “Principio de elecciones dependientes”, etc.)
y Propiedades de Ramsey (Bernstein, Polarizada, Subretículo,
Ramsey, Ordinales flotantes, etc.) están en pleno desarrollo en
la actualidad95. Ellos son muestra de la plena actividad, vigencia
y pertinencia del axioma de elección, el cual, aún en medio del
debate, se ha ganado su puesto dentro del quehacer matemático,
metamatemático y filosófico contemporáneo.

95
Se pueden revisar dichos problemas abiertos en: 1) Carlos Augusto Di Prisco,
“Mathematics versus Metamathematics in Ramsey Theory of the real numbers,” en
Logic, Methodology and Philosophy of Science Proceedings of the Twelfth International
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Publications, 2005), 171-188; 2) Franklin Galindo, “Tópicos de Ultrafiltros,” Divulgaciones
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“Perfect set propiertes in models de ZF,” Fundamenta Mathematicae 208, no. 3 (2010):
249-262; 4) Carlos A. Di Prisco y James M. Henle, “Doughnuts, Floating Ordinals, Square
Brackets and Ultraflitters,” The Journal of Symbolic Logic 65, no. 1 (Mar. 2000): 461473; 5) Carlos Augusto Di Prisco y James M. Henle, “Partitions of the reals and choice,”
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Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 49-126

126

�Incertidumbre Lógica: Pluralismo Lógico
y Consecuencia Lógica

DOSSIER

Incertidumbre Lógica: Pluralismo Lógico y
Consecuencia Lógica

Logical Uncertainty: Logical Pluralism and
Logical Consequence

Resumen:
Tradicionalmente se piensa que la lógica no deja lugar a la
incertidumbre. La validez de los argumentos y si un enunciado
sea una verdad lógica o no, por lo general, no son temas que
inviten a tener motivos para dudar. En este artículo argumento
que, a pesar de su amplia aceptación, este punto de vista es
difícil de mantener. Ofrezco dos razones principales para esta
conclusión: (a) A la luz de la pluralidad de lógicas, existen
desacuerdos significativos sobre la validez de los argumentos. (b)
Es igualmente difícil reconciliar la opinión de que la lógica es
cierta con consideraciones en el sentido de que la consecuencia
lógica, posiblemente el concepto central de la lógica, no puede
analizarse. La naturaleza misma de la consecuencia lógica está,
por lo tanto, abierta a dudas. Después de dar algunas ilustraciones
en apoyo de (a), discuto un dilema sobre la adecuación de cualquier
análisis conceptual de consecuencia lógica, en apoyo de (b), y
respondo a algunas posibles objeciones. Al final, la lógica es lo
que es independientemente de toda certeza. Cierro con algunas
reflexiones sobre por qué esto no es un mal resultado.
Palabras clave: Lógica, incertidumbre, pluralismo lógico,
consecuencia lógica.
Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 129-161.

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�Incertidumbre Lógica: Pluralismo Lógico
y Consecuencia Lógica

Abstract:
It is traditionally thought that logic leaves no room for uncertainty.
The validity of arguments and whether a statement is a logical
truth or not are typically not issues that invite reasons for doubt.
In this paper, I argue that, despite its widespread acceptance,
this view is difficult to maintain. I offer two main reasons for
this conclusion: (a) In light of the plurality of logics, there are
significant disagreements about the validity of arguments. (b) It is
similarly difficult to reconcile the view that logic is certain with
considerations to the effect that logical consequence, arguably the
central concept of logic, cannot be analyzed. The very nature of
logical consequence is, thus, open for doubt. After giving some
illustrations in support of (a), I discuss a dilemma for the adequacy
of any conceptual analysis of logical consequence, in support of
(b), and respond to some possible objections. In the end, logic
is what it is independently of any certainty. I close with some
reflections as to why this is not a bad outcome.
Keywords: Logic, Uncertainty, Logical Pluralism, Logical
Consequence.

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 129-161.

130

�Incertidumbre Lógica: Pluralismo Lógico
y Consecuencia Lógica

1. Introduction
Logic is traditionally thought of, together with mathematics, as
an enterprise where certainty rules. Whether an argument is valid
or not, whether a statement is a logical truth or not are issues it
is thought don’t lead to doubts. No uncertainty should emerge
when determining whether a statement follows or not from some
premises: either it does or it does not. No uncertainty should
emerge when determining whether a statement is a logical truth:
either it is or it is not.
Interestingly, with the development of mathematical logic,
metatheoretical results about logical systems could be formulated:
these gave precision to some limitative results about logic. In
particular, first-order logic is not decidable in general, that is,
there is no effective procedure to determine whether a statement
is a theorem or not of such logic.1 This is in contrast with
propositional logic, which is decidable (the truth-tables provide
the relevant procedure). Despite this, the point still stands that
for any statement of first-order logic, either it is a theorem of
the logic or it is not. There is no uncertainty about that. Whether
we know that the statement is a theorem, however, is a separate,
epistemological matter. That’s not a matter regarding logic but of
our knowledge of it.
This traditional conception of logic is inadequate. The metalogical
results are correct, but the philosophical gloss that is offered based
on them is less so. In particular, I argue that considerations based
on the plurality of logics and on the difficulty of analyzing the
concept of logical consequence, arguably the central concept of
logic, offer a very different picture than the one advanced by the
traditional conception.2 As will become clear, analyses of logical
1
George Boolos, John P. Burgess and Richard C. Jeffrey, Computability and Logic, 5th
ed. (Cambridge: Cambridge University Press, 2007).
2

Otávio Bueno and Melisa Vivanco, “La Lógica y Sus Aplicaciones: ¿Platonismo

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 129-161.

131

�Incertidumbre Lógica: Pluralismo Lógico
y Consecuencia Lógica

consequence either provide a sharp distinction between logical
and non-logical notions, or they do not. If a sharp distinction
is not provided, it is not possible to characterize properly the
concept of logical consequence, given that, in this case, the
concept cannot be sharply distinguished from mathematical or
physical consequence. If a sharp distinction between logical and
non-logical notions is provided, then the account of consequence
will end up presupposing the concept of logical consequence.
After all, it is ultimately in terms of the latter that the distinction
is drawn. But in this case, the analysis is clearly circular, since it
presupposes the very concept that needs to be characterized. As a
result, in either case the analysis would be inadequate.
But, I conclude, not everything is lost. The fact that logical
uncertainty exists—that is, the fact that there is uncertainty
and disagreement about whether arguments are valid and about
whether statements are logical truths—does not undermine two
central traits of logic: its objectivity and the determination of
logical form. In the end, certainty is unnecessary to secure what
is really needed from logic.

2. Logical Pluralism
Logical pluralism has been developed, in different versions, for
many decades. It only became a genuine philosophical possibility
with the emergence of non-classical logics and the realization
that specific features of particular contexts may undermine the
validity of certain logical inferences.3 The version of logical
o No-Platonismo?,” Andamios 16, no. 41 (Septiembre-Diciembre 2019): 19-41; Otávio
Bueno, “Is Logic A Priori?,” The Harvard Review of Philosophy 17, no. 1 (Fall 2010): 105117; Otávio Bueno, “Revising Logics,” in Logic in Question. Talks from the Annual Sorbonne
Logic Workshop (2011- 2019), eds. Jean-Yves Béziau et al. (Dordrecht: Birkhäuser, 2022).
3
See Otávio Bueno and Scott A. Shalkowski, “Modalism and Logical
Pluralism,” Mind 118, no. 470 (April 2009): 295-321; Bueno, “Revising Logics.”
Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 129-161.

132

�Incertidumbre Lógica: Pluralismo Lógico
y Consecuencia Lógica

pluralism I will advance here emerges from Newton da Costa’s
work, especially his groundbreaking Essay on the Foundations
of Logic4 that offers a sophisticated defense of logical pluralism,
although one that seems to endorse the idea that each context has
its own logic rather than the acknowledgement that pluralism
about logic applies even when restricted to a given context. The
extended form of pluralism is something that da Costa eventually
embraces.5
There are a number of reasons for logical pluralism. In what
follows, I consider briefly a few of them. (a) The development
of non-classical logics is arguably one of the most significant
contributions to logic in the 20th century: intuitionistic logic,
paraconsistent logic, quantum logic, deontic logic, temporal
logic, among so many other logics, have dramatically changed
the landscape of logical research. It is a significant fact about
logic that a variety of perfectly coherent logical systems can be
developed. In this sense, logical pluralism is a fact.
This is no trivial aspect of logic, in contrast with what Priest6
insists. Clearly, logical pluralism would not get off the ground
had the plurality of logics been nonexistent. The fact that there are
so many logics requires explanation. What is it about logic that
allows for the formulation of different logical systems, despite
the fact that, for most of its history since Ancient Greece, there
has been primarily one logic? The proliferation of non-classical
logics is clearly a 20th-century phenomenon.
It seems to me that it is the mathematization of logic that allowed
for the development of a plurality of logical systems, similarly
4
Newton C. A. da Costa, Ensaio sobre os Fundamentos da Lógica, 2nd ed.
(São Paulo: Editora Hucitec, 1994).
5
See Newton C. A. da Costa, Otávio Bueno and Steve French, “Is there a
Zande Logic?,” History and Philosophy of Logic 19, no. 1 (1998): 41-54.
6
Graham Priest, In Contradiction: A Study of the Transconsistent, 2nd ed.
(Oxford: Clarendon Press, 2006).
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�Incertidumbre Lógica: Pluralismo Lógico
y Consecuencia Lógica

to what happened in mathematics with the developments of nonEuclidean geometries and various systems of set theory. Once
logic is mathematized, and explicit axioms and logical principles
are formulated in a system, the question of which of them should
or could be revised becomes salient. Note that the revision
becomes relevant in light of motivations for implementing them:
the need to accommodate inconsistencies without triviality
(paraconsistent logics), the recognition of objects with incomplete
properties (constructive logics), the lack of existential import of
the existential quantifier (free logics), violations of distributivity
in quantum systems (quantum logics), and so on.
(b) Logical pluralism plays an important role in making sense
of certain inferential practices. One cannot make sense of
intuitionistic mathematics without constructive logic, nor can
inconsistent mathematics be implemented without paraconsistent
logic.7 Certain interpretations of quantum mechanics are
unintelligible without non-reflexive logics (logics for which
identity is not defined for every object in the domain).8
The fact that certain inferential practices require distinct logics
calls for a logical pluralist view. A logical monist, who insists that
there is only one logic, is unable to make sense of this issue. In
fact, the monist does not even recognize this to be an issue in the
first place.
(c) Logical pluralism allows one to accommodate the scope of
various logical principles and rules. Understanding the limits
of the scope of logical principles illuminates their strength and
the extent to which they apply. We should recognize that there
is something odd that from a contradiction everything follows
7
da Costa, Ensaio sobre os Fundamentos da Lógica; Newton C. A. da Costa
and Otávio Bueno, “Paraconsistency: Towards a Tentative Interpretation,” Theoria 16,
no. 1 (January 2001): 119-145.
8
See Steven French and Décio Krause, Identity in Physics: A Historical,
Philosophical, and Formal Analysis (Oxford: Oxford University Press, 2006).
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�Incertidumbre Lógica: Pluralismo Lógico
y Consecuencia Lógica

(principle of Explosion). Understanding why the principle
does not hold in general and why some contradictions may not
trivialize a theory illuminates classical logic. We understand that
it is an artifact of classical logic’s consequence relation that it is
explosive.
The situation is not significantly different from what happens in
the sciences: we understand Newtonian physics better when we
realize the limits to its application conditions. With the perihelion
of Mercury, relativity theory is able to account for something
that cannot be accommodated by Newtonian theory, and one
understands why: huge gravitational fields alter the structure of
spacetime.
Moreover, the logical consequence relation is arguably the main
concept in logical theorizing. Understanding that this concept
has significant plasticity and allows for multiple instantiations
highlights one of its important traits: its multiple realizability.
An argument is valid provided that the conjunction of its premises
and the negation of its conclusion is impossible. Depending on the
possibility involved, different logics emerge: (a) If what is possible
is what is consistent and complete, classical logic emerges. (b) If
what is possible is what is consistent and incomplete, constructive
logics result. (c) If what is possible is what is inconsistent and
complete, paraconsistent logics emerge. (d) If what is possible
is what is inconsistent and incomplete, non-alethic logics result.9
In this way, despite the plurality of logics, there is a way of
systematizing them in modal terms, given what is possible or not
in various domains.
9
Bueno and Shalkowski. “Modalism and Logical Pluralism”; Otávio Bueno,
“Modality and the Plurality of Logics,” in The Routledge Handbook of Modality, eds.
Otávio Bueno and Scott A. Shalkowski (London: Routledge, 2021), 319-327. For a
quantificational account of logical pluralism in terms of cases, see J. C. Beall and Greg
Restall, Logical Pluralism (Oxford: Clarendon Press, 2006).
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y Consecuencia Lógica

Given this plurality, the validity of certain arguments depends on
some contexts (or some domains of inquiry, broadly understood).
If inconsistent situations are considered, that is, those in which
inconsistencies are possible, there are reasons to question
the validity of Explosion. Otherwise, in consistent contexts,
paraconsistent and classical logics sanction the same inferences
as valid. If incomplete situations are considered, that is, those in
which incompleteness is possible, there are reasons to question
the validity of Excluded Middle. Otherwise, in complete contexts,
constructive and classical logics sanction the same inferences as
valid.
What this suggests is an interesting form of logical uncertainty.
Rather than being applicable indiscriminately to any domain,
logics are context-sensitive. Logical principles and inferences
hold in some context and fail in others. But the determination of
the contexts to which they apply, or fail to apply, is an objective
matter, which depends only on the context in question and
the relevant logical principles and inferences. As a result, the
certainty that has shaped so much of the received view about
logic vanishes. Logical objectivity, however, when restricted to
particular contexts, still remains.

3. Logical Consequence: A Dilemma
Any conceptual analysis should satisfy two conditions: (i)
There is a pre-theoretical notion whose analysis we are trying
to provide. (ii) The analysis invokes―or is developed in terms
of―notions that do not presuppose the very notion under
consideration. Moreover, the goal of a conceptual analysis is to
provide necessary and sufficient conditions to characterize a given
concept, and the hope is that the concepts invoked in the analysis
are better understood than the concept being analyzed. After all,
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y Consecuencia Lógica

the program of philosophical analysis involves a genuine search
for understanding, and ideally, analyses should be insightful and
explanatory.
As an example, consider the analysis of modality in terms of
possible worlds: P is possible if, and only if, there is a world
in which P; and P is necessary if, and only if, at all worlds P.10
In this case, (i) there is a primitive notion of modality regularly
found in ordinary language, and (ii) worlds (at least as conceived
of by David Lewis) arguably do not presuppose that notion.
Whether Lewis succeeds or not in providing an analysis of
modal discourse11, the project he embarks on clearly provides a
systematic approach to the metaphysics of modality.
Whatever the fate of the possible worlds analysis, I argue, in
what follows, that the notion of logical consequence cannot be
analyzed, indicating along the way why this is the case. For
brevity’s sake, I will focus, in particular, on modal and modeltheoretic accounts of logical consequence. But the conclusion of
the main argument can be easily extended to other accounts as
well. In the end, logical consequence is too basic a notion to be
analyzed.
The main argument I will advance here explores the contribution
played by the distinction (or lack thereof) between logical and
non-logical notions to the characterization of logical consequence.
The crucial point is that whether such a distinction is assumed or
not, the attempt to analyze the notion of logical consequence fails.
In a nutshell, the argument can be expressed as the following
dilemma:
10

See David Lewis, On the Plurality of Worlds (Oxford: Blackwell, 1986).

11
See Scott A. Shalkowski, “The Ontological Ground of the Alethic Modality,”
The Philosophical Review 103, no. 4 (October 1994): 669-688; John Divers, Possible
Worlds (London: Routledge, 2002).
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(P1) Either analyses of logical consequence provide a sharp
distinction between logical and non-logical notions, or
they don’t.
(P2) If a sharp distinction is not provided, it’s not possible to
characterize properly the notion of logical consequence.
(After all, in this case, the latter notion cannot be sharply
distinguished from mathematical, metaphysical or
physical consequence.)
(P3) If a sharp distinction between logical and non-logical
notions is provided, the account of consequence ends up
presupposing the notion of logical consequence, and so
it is inadequate. (After all, ultimately it is in terms of the
notion of logical consequence that the distinction between
logical and non-logical notions is drawn. But in this case,
the analysis is clearly circular, since it presupposes the
very notion that needs to be analyzed.)
(C) Thus, in either case, the analyses are inadequate.

The argument above is logically valid, so the question is whether
we have reason to believe in the truth of the premises. I will
consider this issue next.

4. Defending the Premises of the Dilemma
4.1. Defending (P1). Why is (P1) true? The quick response is that
(P1) is a logical truth: it’s an instance of excluded middle. So, the
argument goes, it had better be true.
It might be objected that this response presupposes an account
of logical truth―and hence of logical consequence―in order to
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�Incertidumbre Lógica: Pluralismo Lógico
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characterize excluded middle as a logical truth. And this simply
begs the question, given that what is at issue is whether there is an
acceptable notion of logical consequence in the first place.
I don’t think, however, that the quick response begs the question.
The point in question is not whether an adequate notion of logical
consequence exists. The issue here does not concern skepticism
about logic. The point is to determine the possibility of analyzing
the notion of consequence (in the technical sense above). It is
accepted that there are logical truths and logical consequences;
the trouble is whether we are in a position to analyze them.
This gives a dialectical advantage to the current proposal over a
skeptical view about logic.
However, a further objection could be raised at this point. (P1)
invokes a vague term; namely, a sharp distinction between logical
and non-logical notions. And excluded middle arguably fails in
vague contexts. In response, it’s important to note that “sharp”
is used in a metaphorical sense in (P1). It’s not clear that (P1)
fails due to the vagueness of “sharp”. After all, the crucial issue is
whether the distinction between logical and non-logical notions
is made, rather than whether the distinction is sharp. And whether
such a distinction is made or not, (P1) comes out true.
It may be objected that since (P1) is an instance of excluded
middle, it is incompatible with a logical pluralist perspective. But
this is not the case. After all, a logical pluralist is not a logical
nihilist, who denies that anything is logically valid. The pluralist
just acknowledges the constraints on the scope of the relevant
logical principles, since they fail in particular contexts. However,
they work perfectly well elsewhere. And this is precisely what
happens with excluded middle in this context, as just indicated.

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4.2. Defending (P2). Why is (P2) true? Suppose that no distinction
is made between logical and non-logical notions. How could we
then distinguish logical consequence from mathematical, physical
or metaphysical consequence?
A vigorous response is provided by the modal account of
consequence: α is a logical consequence of Γ if, and only if, it is
not (logically) possible for every member of Γ to be true and α
false. We are here talking about logical possibility. If we were to
consider mathematical, physical or metaphysical possibility, we
would obtain the corresponding notions of consequence.
There are two problems with this response, though. First, the
response presupposes a logical notion of possibility to provide
an analysis of the notion of logical consequence. But logical
possibility is too close to logical consequence to be taken as an
adequate starting point for the analysis. After all, to determine
whether P is logically possible, we typically have to establish that
no contradiction logically follows from P. In other words, what
is logically possible seems to depend on what logically follows
from what. Thus, it’s not clear that the proposed account satisfies
condition (ii) of a conceptual analysis, given that it ultimately
invokes the notion that the account is trying to analyze.
Second, the modal account will be able to distinguish logical
consequence from mathematical, physical or metaphysical
consequence only if there is a distinction between logical and
non-logical notions in the first place. After all, it’s in terms of
the notions of physical, mathematical or metaphysical possibility
(which are arguably non-logical notions) that the modal account
distinguishes logical consequence from non-logical consequence.
But it was presupposed that no such distinction between logical
and non-logical notions was made (see (P2), above). In other
words, without distinguishing between logical and non-logical
notions, the modal account fails to characterize adequately the
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notion of logical consequence. Therefore, we have (P2).
Here is another way of supporting this point. Consider Gila
Sher’s model-theoretic characterization of logical constants12:
C is a logical constant iff C is a truth-functional connective or
C satisfies the following conditions:
(A) A logical constant C is syntactically an n-place predicate
or functor (functional expression) of level 1 or 2, n being
a positive integer.
(B) A logical constant C is defined by a single extensional
function and is identified with its extension.
(C) A logical constant C is defined over models. In each
model A over which it is defined, C is assigned a
construct of elements of A corresponding to its syntactic
category. Specifically, C should be defined by a function
fC such that given a model A (with universe A) in its
domain:
(a) If C is a first-level n-place predicate, then fC(A) is
a subset of An.
(b) If C is a first-level n-place functor, then fC(A) is a
function from An into A.
(c) If C is a second-level n-place predicate, then fC(A)
is a subset of B1 x … x Bn, where for n ≥ i ≥ 1, Bi =
A if i(C) is an individual, and Bi = P(Am) if i(C) is
an m-place predicate (i(C) being the ith argument
of C).
12
Gila Sher, The Bounds of Logic: A Generalized Viewpoint (Cambridge,
Mass.: MIT Press, 1991), 54-56; “A Characterization of Logical Constants Is Possible,”
Theoria 18, no. 2 (May 2003): 189–190.
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(d) If C is a second-level n-place functor, then fC(A)
is a function from B1 x … x Bn into Bn+1, where for
n+1 ≥ i ≥ 1, Bi is as defined in (c).
(D) A logical constant C is defined over all models (for the
logic).
(E) A logical constant C is defined by a function fC which
is invariant over isomorphic structures. That is, the
following conditions hold:
(a) If C is a first-level n-place predicate, A and A′
are models with universes A and A′ respectively,
〈b1,…,bn〉 ∈ An, 〈b′1,…,b′n〉 ∈ A′n, and the structures
〈A, 〈b1,…,bn〉〉 and 〈A′,〈b′1,…,b′n〉〉 are isomorphic,
then 〈b1,…,bn〉 ∈ fC(A) iff 〈b′1,…,b′n〉 ∈ fC(A′).

(b) If C is a second-level n-place predicate, A and A′
are models with universes A and A′ respectively,
〈D1,…,Dn〉 ∈ B1 x … x Bn, 〈D′1,…,D′n〉 ∈ B′1 x … x B′n
(where for n ≥ i ≥ 1, Bi and B′i are as in (C.c)), and
the structures 〈A, 〈D1,…,Dn〉〉 and 〈A′, 〈D′1,…,D′n〉〉
are isomorphic, then 〈D1,…,Dn〉 ∈ fC(A) iff 〈D′1,…
,D′n〉 ∈ fC(A′).
(c) Analogously for functors.

Note that there is a shift between (A) and (B). In (A), a logical
constant is an expression, an item of language. In (B), however,
we have the constant identified with its extension, which typically
is not an expression. On Sher’s account, expressions such as
finitely many and most turn out to be logical constants. Since
these are quantifiers that have significant mathematical content, a
sharp distinction between logical and mathematical consequence
is not provided.

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4.3. Defending (P3). Why is (P3) true? Suppose that a
distinction between logical and non-logical notions is provided.
The model-theoretic account of logical consequence yields
one way of developing an analysis of logical consequence that
presupposes the distinction between logical and non-logical
notions. On this account, α is a logical consequence of Γ if, and
only if, α is true in every model in which every sentence of Γ is
true. Ultimately, the truth of the sentences of Γ guarantees the
truth of α in virtue of the meanings of the logical constants alone.
This approach can be traced back, of course, to Tarski. He
emphasized that logical consequence should not depend on
empirical knowledge, and cashed this out by insisting on the
fact that we could permute all the objects in the domain of
interpretation without affecting the consequence relation. As he
points out:
Since we are concerned here with the concept of logical, i.e.
formal, consequence, and thus with a relation which is to be
uniquely determined by the form of the sentences between
which it holds, this relation cannot be influenced in any way
by empirical knowledge, and in particular by knowledge of
the objects to which the sentence [α] or the sentences of the
class [Γ] refer. The consequence relation cannot be affected
by replacing the designations of the objects referred to in these
sentences by the designations of any other objects.13 (Emphasis
added, except for the italics in ‘formal’.)
The description above implicitly assumes an account of the
nature of logical notions that Tarski would fully develop some
years later. According to this account, logical notions are those
that are invariant under all the permutations of the objects in the
13
Alfred Tarski, “On the Concept of Logical Consequence,” in Logic,
Semantics, Metamathematics, papers from 1923 to 1938, trans. J. H. Woodger and ed.
John Corcoran, 2nd ed. (Indianapolis: Hackett, 1983), 414-415.
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domain of interpretation.14 And with this account in place, it’s then
possible to develop fully the model-theoretic characterization of
logical consequence.
The problem with the model-theoretic account is that it
ultimately presupposes that logical notions are not open to
reinterpretation. But this means that the distinction between logical
and non-logical notions is assumed from the start, namely, logical
notions are not open to reinterpretation; non-logical notions
are. But why is it that logical notions cannot be reinterpreted?
If this was the case, the model-theoretic account wouldn’t be
extensionally adequate.15 For example, consider the sentence ‘Fa
∨ ¬Fa’. If we were to interpret ‘∨’ by ‘whenever’, and ‘Fa’ by
‘Graham is in Melbourne’, what would follow is a sentence that
is obviously false. Thus, ultimately it is in terms of the notion of
logical consequence that the distinction between logical and nonlogical notions is drawn. To avoid an extensionally inadequate
account of logical consequence, logical notions have to be taken
as fixed. But in this case, the analysis presupposes the very notion
that needs to be analyzed (the notion of logical consequence), and
so it is circular. Once again, the proposal fails to satisfy condition
(ii) of a conceptual analysis.
But there is an additional way of reaching the same conclusion.
This comes as a response to a criticism of Tarski’s account of logical
consequence voiced by Vann McGee.16 According to McGee, it is
only with heavy metaphysical assumptions that Tarski’s account
of logical consequence is extensionally adequate.17 In McGee’s
14
See Alfred Tarski, “What are Logical Notions,” History and Philosophy of
Logic 7, no. 2 (1986): 143-154; Sher, The Bounds of Logic.
15
John Etchemendy, The Concept of Logical Consequence (Cambridge, Mass.:
Harvard University Press, 1990).
16
Vann McGee, “XIII-Two Problems with Tarski’s Theory of Consequence,”
Proceedings of the Aristotelian Society 92, no. 1 (June 1992): 273-292.
17

See also Etchemendy, The Concept of Logical Consequence.

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view, Tarski’s thesis is the claim that “a sentence of a formalized
language is valid just in case it is true in every model (using our
current notion of model)”.18 Tarski’s thesis can be easily extended
to encompass the concept of logical consequence, given that α
is valid if, and only if, α is a logical consequence of the empty
set. Following McGee and Etchemendy, I will run the discussion
in terms of validity (rather than logical consequence). Nothing
hangs on that. As McGee points out:
Intuitively, the statement that φ is logically valid implies that
there couldn’t be any model in which φ is false. Thus, for
Tarski’s thesis to be plausible, we shall have to show
If there might be a model in which φ is false, then there
actually exists a model in which φ is false.19
To provide an argument for this conclusion, McGee first recalls
the theorem to the effect that “for any model, there exists an
isomorphic model which is a pure set”.20 He then continues:
Suppose that there is a possible world w in which there is a
model M in which φ is false. Since the theorem [mentioned
above] is true in every world, there exists in w a model L,
isomorphic to M, which is a pure set. Being an object of pure
mathematics, L exists in every world, and it is, in every world,
a model in which φ is false. In particular, L bears witness to
the fact that, in the actual world, there is a model in which φ
is false.21
Hence, McGee concludes that if there might be a model in which
φ is false, then there actually exists a model in which φ is false.
18

McGee, “XIII-Two Problems,” 273.

19

McGee, “XIII-Two Problems,” 276

20

McGee, “XIII-Two Problems,” 276.

21

McGee, “XIII-Two Problems,” 276.

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Note, first, that McGee assumes Tarski’s thesis in the above
argument. Why is it that the theorem about pure sets “is true in every
world”? Because it is valid, and hence―by Tarski’s thesis�true in
every model. But why is it that what is true in every model is true
in every world? That’s a version of the problem that McGee’s
argument is meant to solve. After all, for Tarski’s account to go
through one would need to establish that: if something is true in
every model, then it is true in every world. This result would, of
course, allow one to move from truth in every model to truth in
every world. But to make this move, one needs to invoke Tarski’s
thesis, which is precisely what allows McGee to justify the claim
that the crucial theorem about pure sets is “true in every world”.
As a result, the overall account becomes circular, given that
Tarski’s thesis is assumed in an argument meant to support it―
well, at least support it given “heavy metaphysical assumptions”.
It might be objected that all that McGee needs in order to justify
the claim that the theorem about pure sets holds in every world is
to invoke the fact that objects of pure mathematics exist in every
world. Hence, given the existence of such objects, the theorem in
question will be true in every world. In fact, this is precisely part
of the metaphysical assumptions made by Tarski’s account that
McGee highlights.
But this response doesn’t quite work. Even if mathematical
objects exist in every world, to justify the assertion that the
theorem about pure sets is true in every world, one needs to show
that in every world the right sorts of objects exist. That is, one
needs to establish that, in every world, for any model, there exists
an isomorphic model that is a pure set. And it’s not clear how
one could establish that without assuming that the validity of a
theorem entails its truth in every model (via Tarski’s thesis), and
hence its truth in every world (via McGee’s argument). But, in
this case, once again, Tarski’s thesis has to be assumed.

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Now, I’m not claiming that Tarski’s account of consequence
doesn’t work. My point is that the account fails to provide
a conceptual analysis of the notion of logical consequence,
given that it presupposes the very notion that is being analyzed.
The point is beautifully illustrated in McGee’s argument―an
argument meant to show that Tarski’s account of validity only
works with strong metaphysical assumptions. In the end, McGee’s
argument only works by presupposing the adequacy of the very
notion of validity one is trying to characterize (namely, Tarski’s
thesis). And exactly the same point applies to the notion of logical
consequence.
This illustrates (and supports) the third premise of the
dilemma: the fact that the notion of consequence is presupposed
in the characterization of this very notion. Interestingly enough,
this feature can also be used to illustrate (and support) the
dilemma’s second premise: without presupposing the notion of
logical consequence, no definition of logical consequence can be
adequate. Consider again McGee’s case. It’s only by invoking
the very notion of validity that Tarski was trying to analyze (plus
some heavy metaphysical assumptions) that McGee was able to
establish the adequacy of Tarski’s account. Without assuming the
notion in question, the proposed analysis doesn’t work, given
that there’s no reason to believe that the relevant models exhaust
the logical space. (Of course, given that the analysis assumes
the notion under consideration, ultimately it fails as a piece of
conceptual analysis, given that it then becomes circular.)
Could we overcome this problem by avoiding unnecessary
metaphysics? Sher’s account, which relies on the notion of formal
possibility, could be invoked for this task. Gil Sagi, however,
raised a concern:
Sher attempts to use formally possible constructions to
circumvent possible worlds, or any metaphysical import
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for that matter. Sher’s circumvention is only superficial:
the most plausible way to understand Sher’s use of
formally possible constructions is as possible worlds
under interpretations of the nonlogical terminology. Thus,
the alternative Sher offers to metaphysical and to linguistic
semantics is ultimately a combination of both.22
If Sagi is right, metaphysical assumptions are still being
dragged in through the backdoor once it is specified what formally
possible constructions require. Is there an alternative?
I think there is: modalism.23 Although this is not the place for
a defense of the proposal, it is important to highlight a few of its
significant features: (a) Modalism (at least in the version I favor)
involves very little metaphysics. In particular, no commitment to
possible worlds, abstract objects, or universals is to be found—
especially when modalism is combined with ontologically neutral
quantifiers.24 (b) A proper account of logical consequence—a
modal conception—that reflects the modal character of the logical
consequence relation is advanced. (c) No reductive analysis of
logical consequence is advanced: primitive modality is assumed
throughout (for further details.25

22
Gil Sagi, “Models and Logical Consequence,” Journal of Philosophical
Logic 43, (2014): 957.

Otávio Bueno and Scott A. Shalkowski, “Logical Constants: A
Modalist Approach,” Noûs 47, no. 1 (2013): 1-24; Bueno and Shalkowski.
“Modalism and Logical Pluralism.”
23

24
Jody Azzouni, Deflating Existential Consequence: A Case for Nominalism (New
York: Oxford University Press, 2004); Otávio Bueno, “Dirac and the Dispensability of
Mathematics,” Studies in History and Philosophy of Science Part B. Studies in History and
Philosophy of Modern Physics 36, no. 3 (September 2005): 465-490.
25

See Bueno, “Modality and the Plurality of Logics.”

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 129-161.

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�Incertidumbre Lógica: Pluralismo Lógico
y Consecuencia Lógica

5. Objections and Replies
To clarify the overall argument put forward above, let me consider
some possible objections, and indicate my replies.
5.1. A purely syntactic analysis of consequence? According to
a purely syntactic account of consequence, α is a consequence
of Γ if, and only if, α is derivable from Γ given certain syntactic
rules of derivation. A soundness and completeness theorem then
establishes the adequacy of such rules.
Why is it that a purely syntactic analysis of consequence
doesn’t work? Ultimately, because the notion of derivation
presupposes the adequacy of the rules invoked in the analysis.
Why is it that certain rules are introduced rather than others?
Because, one could say, they yield the right consequence relation
(or, at least, they yield an extensionally adequate account of that
relation). And how do we know what is the right consequence
relation? By determining what is provable and what isn’t, by
the inferences that are made in practice. In the context of pure
logic, some indication is given by a soundness and completeness
theorem, it might be argued. The trouble here is that the soundness
and completeness result for a deductive system only addresses the
connection between the syntactic and semantic components of the
formal language. This result is silent with regard to the relation
between the formal language and the pre-theoretical notion of
consequence. And this is the point where conceptual analysis
becomes relevant.26 But nothing in the syntactic account even
begins to address the connection between the pre-theoretical and
the formal notions. In fact, it’s not clear that the account has the
resources to address that connection, given that it simply focuses
on the syntactic rules of derivation.
It could be argued that the adequacy of inference rules can only
26

See Etchemendy, The Concept of Logical Consequence.

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 129-161.

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y Consecuencia Lógica

be determined in application conditions, and that such applications
are highly context-sensitive and require no pre-theoretical notion
of consequence. What matters, in the end, is what goes on in the
relevant contexts. In response, it is quite right that to determine the
adequacy of a logic in applied contexts, one needs to engage with
the details of such contexts. Moreover, in these contexts, logical
adequacy ultimately depends on the relevant relations among
objects; something that is indeed context-sensitive. It does not
follow, nevertheless, that no pre-theoretical notion is involved.
If distributivity fails in quantum contexts, it is because of the
relations among quantum objects and the quantum-mechanical
features they display, e.g., being subject to Heisenberg’s
uncertainty relations and spin properties.27 The specification of
inferential relations presupposes a notion of consequence, which
is pre-theoretical relative to the first formulation of any quantum
logic.
Jody Azzouni has vigorously defended a syntactic approach
to logical consequence, and challenged the adequacy of a modal
account.28 I think his charges can be resisted, as I’ll indicate now.
(a) Unrestricted syntactic account of logical consequence.
Azzouni argues that, on his favored syntactic approach, there are
virtually no restrictions on what counts as a consequence relation,
and this includes a tonk operator.29 This shows that his “account”
is clearly not even minimally adequate. After all, there is an
intuitive notion of consistency that is used to guide judgments of
what follows from what. Not every relation counts as a relation of
27

da Costa and Bueno, “Paraconsistency: Towards a Tentative Interpretation.”

28
See, for instance, Jody Azzouni, Metaphysical Myths, Mathematical
Practice: The Ontology and Epistemology of the Exact Sciences. (Cambridge:
Cambridge University Press, 1994); Tracking Reason: Proof, Consequence, and
Truth (New York: Oxford University Press, 2006); “Why Deflationary Nominalists
and Logical Conventionalists Should Adopt Syntactic Characterizations of Logic and
Consequence,” accesed May 2022, https://jodyazzouni.com/articles/.
29

Azzouni, “Why Deflationary Nominalists.”

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 129-161.

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�Incertidumbre Lógica: Pluralismo Lógico
y Consecuencia Lógica

logical consequence. The binary relation ‘x is a parent of y’ clearly
is not a consequence relation. A central feature of a consequence
relation is that it is not possible to have the conjunction of the
premises of a valid argument with the negation of its conclusion,
since this amounts to a contradiction. Unless this condition is
preserved, what emerges is not a relation of logical consequence.
(b) Model theory, representation of possibilities, and the role
of the completeness theorem. Azzouni30 also rejects the idea
that model theory should be engaged at all in the representation
of possibilities. It should secure the correspondence between
derivation and semantic consequence via the completeness
theorem.
But this is not correct either. Without a proper representation
of possibilities, the model-theoretic apparatus would be entirely
inadequate to the task at hand, namely, of guaranteeing the
impossibility of having the conjunction of the premises of valid
arguments and the negation of their conclusion coming out true.
If too many possibilities are introduced, relative to those assumed
in classical logic, such as allowing for inconsistent or incomplete
situations, the resulting account will under-generate, given that
explosion or excluded middle are violated, respectively. If too few
possibilities are advanced—for instance, if all color predicates
are identified as having the same extension in every model—
the account will over-generate, given that falsehoods, such as
‘Everything is red and green all over’, will come out as logical
truths. This clearly shows that representation does matter for the
model-theoretic account, as it should.
(c) Modal concepts, unanalyzed notions, and explanatory
limitations. Azzouni31 also complains that the proposal advanced
30

Azzouni, “Why Deflationary Nominalists.”

31

Azzouni, “Why Deflationary Nominalists.”

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 129-161.

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y Consecuencia Lógica

in Bueno and Shalkowski32 is inadequate, since it involves an
unanalyzed notion of possibility. As a result, he claims, it has a
significant explanatory limitation.
But this charge also misses the mark. The modalist account
defended in Bueno and Shalkowski does have a primitive notion
of modality, but this is something that even the syntactic approach
needs. After all, the introduction of logical inferences via syntactic
rules only advances a piece of pure logic. But it is applied logic
that needs to be invoked in the assessment of reasoning, and
this requires an interpretation of the rules so that they connect
properly with their corresponding features in natural language.
One may introduce modus ponens purely syntactically as: P, P
→ Q ⊢ Q. Suppose that someone then offers the following as
an instance of this rule: “Peter was hanged. If Peter died, then
Peter was hanged. Therefore, Peter died”. In order to deny that
this argument is an adequate instance of modus ponens, one needs
to insist that the same propositional variables should be assigned
to the same natural-language sentences in the same context.
Otherwise, clearly invalid arguments, such as the one formulated
in natural language just referred to, would count as valid. This
means that possible substitution instances need to be taken into
account in order to make sure that proper use of the syntactic rules
is in place. A suitable notion of modality is, thus, presupposed.
Azzouni33 also claims that Bueno and Shalkowski34 rely on
an assumption about the independence of the model-theoretic
formulation of possibilities, regarding what follows from what
from, the proof-theoretic formulation of logical truths. But
this assumption, for the reasons just discussed, is central to the
adequacy of the model-theoretic approach, since it is required
32

Bueno and Shalkowski, “Logical Constants.”

33

Azzouni, “Why Deflationary Nominalists.”

34

Bueno and Shalkowski, “Logical Constants.”

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�Incertidumbre Lógica: Pluralismo Lógico
y Consecuencia Lógica

for the proper representation of the relevant possibilities. Absent
this feature, the approach doesn’t generate the appropriate
characterization of logical consequence.
(d) Our knowledge of Gödel sentences. Azzouni35 also
complains that the account offered in Bueno36 of the way in
which we have knowledge of the Gödel sentence is not adequate.
According to Azzouni, the proposed account relies on the meaning
of the Gödel sentence and on an account of intuition that can be
problematic for a nominalist. But this is not right. The meaning
of the Gödel sentence is not relied on. It is just by understanding
what the Gödel sentence states and the diagonal way in which it
was constructed—roughly, a formalized version of the statement
‘this sentence is not provable’—that we can see that it is true.
No problematic notion of meaning is required for that. Moreover,
the account of intuition at issue does not depend on the existence
of mathematical objects. In fact, it was designed precisely to be
acceptable to nominalists.37

5.2. Does the dilemma prove too much? It might be argued
that the dilemma establishes too much. In fact, the argument
goes, the dilemma seems to be perfectly general and, with
suitable adjustments, could be used to prove that no notion could
be analyzed. For either the proposed analysis (whatever it is) is
extensionally adequate or it isn’t. If it is extensionally adequate,
it presupposes what is being analyzed—in terms of which the
extensional adequacy is established—and thus, given the resulting
circularity, it fails. If the analysis is not extensionally adequate, it
35

Azzouni, “Why Deflationary Nominalists.”

36
Otávio Bueno, “Nominalism in the Philosophy of Mathematics,” in The Stanford
Encyclopedia of Philosophy, Stanford University, 1997-, article published September 16,
2013, http://plato.stanford.edu/archives/fall2013/entries/nominalism-mathematics/.
37
For details, see Otávio Bueno, “Nominalism and Mathematical Intuition,”
ProtoSociology. An International Journal of Interdisciplinary Research 25 (2008): 89-107.
Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 129-161.

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�Incertidumbre Lógica: Pluralismo Lógico
y Consecuencia Lógica

also fails, for in this case it is not a proper analysis. Either way,
the analysis fails.
There are two responses to this worry. First, I don’t see how
the dilemma, as formulated earlier in this paper, could be used to
establish the impossibility of any conceptual analysis. As we saw,
the dilemma depends crucially on the distinction between logical
and non-logical notions, and it’s not at all clear that that distinction
has any bearing on, say, whether the notion of mathematical
consequence could be analyzed or not. The distinction between
logical and non-logical notions is simply not relevant there. The
version of the argument just presented, however, is a formulation
of a different, more general, argument against the possibility of any
conceptual analysis. If the most general argument goes through,
then, of course, the analysis of logical consequence would not
go through either. But that doesn’t mean that the more particular
argument discussed earlier in this paper has been generalized.
These are distinct arguments.
Second, even if it turned out that the dilemma could be used to
establish the impossibility of any conceptual analysis, I wouldn’t
take this as a reductio of the argument. I would actually welcome
the result. In this case, the dilemma would highlight an interesting
difficulty for a particular philosophical project, the project of
philosophical analysis, which although philosophically fruitful,
is certainly not without its problems.
Before closing, I’d like to highlight that the primitive notion of
modality favored here enters at two crucial points in the discussion
of logical consequence. On the one hand, it is found among the
various informal arguments in the vernacular, which are the
basis for the eventual identification and regimentation in formal
inferential patterns. A primitive notion of modality (in this case, of
what follows from what) is invoked to bring together the various
informal arguments. The fact that there is some relative constancy
Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 129-161.

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�Incertidumbre Lógica: Pluralismo Lógico
y Consecuencia Lógica

regarding which arguments are intuitively valid and which aren’t,
despite some disagreement, suggests that a primitive notion does
play such a role. Of course, as formal tools are developed, the
primitive notion is refined, argument patterns are made explicit,
and a justification for which inferences are allowed and which
aren’t, given a logic, is articulated. Once different logics are
formulated, such intuitive notion, with its indeterminacies and
imprecisions, is refined further.
On the other hand, a primitive notion of modality is also used
to keep in check the adequacy of the various formal frameworks
(logics) that are employed to formulate the concept of logical
consequence. Central to this task is the fact that each formal
framework (each logic) is supposed to represent appropriately
the relevant possibilities, so that the resulting views adequately
capture the informal arguments that are thought to be intuitively
valid. Otherwise, the resulting accounts will characterize as
invalid inferences that are intuitively valid, or will characterize
as valid inferences that are intuitively invalid. Once again, in
light of the development of different logics, the primitive notion
that one started with is revisited and polished. It then becomes
clear that, depending on the context under consideration, different
possibilities are in place and, thus, different logics. Logical
pluralism then emerges.38

6. Conclusion: Objectivity and Determination of Logical
Form without Certainty
For the reasons indicated above, it is not clear that the concept of
logical consequence can be analyzed. Although the considerations
above focused mainly on modal and model-theoretic accounts of
logical consequence, the main argument―the dilemma―seems
38

See Bueno, “Modality and the Plurality of Logics.”

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Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 129-161.

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�Incertidumbre Lógica: Pluralismo Lógico
y Consecuencia Lógica

to be general enough to be easily applied to other accounts. Thus,
in the end, by highlighting the role played by the distinction
between logical and non-logical notions, the above dilemma not
only indicates that the notion of logical consequence cannot be
analyzed, but also suggests why this is the case.
Together with the considerations acknowledging logical
pluralism and disagreements about validity and logical truth,
the fact that logical consequence cannot be analyzed challenges
the unquestioned and alleged certainty of logic. Similarly to
what happens in the case of other human endeavors, including
mathematics,39 logic is not immune from doubt. This is not
a problem, however, given that two crucial features of logic,
its objectivity and (the determination of) logical form, can be
obtained independently of certainty.
Certainty is not necessary for objectivity, for logics can be
objective even in uncertain contexts. Once a logic is adopted, the
issue of whether a conclusion follows or not from some premises
does not depend on us. It is a fact about the logic in question
and the relevant premises and conclusion. The result is, thus,
objective.
Certainty is not necessary for the determination of logical form
either. One can determine that the conclusion follows from the
premises, since the argument in question exhibits the relevant
logical form. This does not prevent disagreement as to whether the
relevant logical form is indeed satisfied. Consider, for instance,
modus ponens. Despite clear cases in which the logical form of
particular arguments displays this rule, other cases may be open to
interpretation, especially if embedded conditionals are involved.
It is not surprising that the arguments used to undermine modus
39
Otávio Bueno, “Contingent Abstract Objects,” in Abstract Objects: For and
Against, eds. José L. Falguera and Concha Martínez-Vidal (Cham: Springer, 2020), 91-109.
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Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 129-161.

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�Incertidumbre Lógica: Pluralismo Lógico
y Consecuencia Lógica

ponens involve embedded conditionals40 and invite disagreement
as to whether modus ponens is indeed instantiated.41 This does not
change the fact that in contexts in which embedded conditionals
are not in place, the logical form of the inference is not an issue
at all.
These considerations illustrate that the loss of certainty, if
certainty was ever present, is not a significant loss for logics. With
objectivity and the determination of logical form still operating,
logics can be used without problem even in contexts of uncertainty.

40
See Vann McGee, “A Counterexample to Modus Ponens,” The Journal of
Philosophy 82, no. 9 (September 1985): 462-471; Bueno, “Revising Logics.”
41
See E. J. Lowe, “Not a Counterexample to Modus Ponens,” Analysis 47, no.
1 (January 1987): 44-47.
Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 129-161.

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�Incertidumbre Lógica: Pluralismo Lógico
y Consecuencia Lógica

Acknowledgements: For extremely helpful discussions, my
thanks go to Holger Andreas, Jody Azzouni, Erik Curiel, Newton
da Costa, John Divers, Ole Hjortland, Chris Menzel, Arthur
Paul Pedersen, Matthias Schirn, Scott Shalkowski, Timothy
Williamson, Greg Wheeler, Todd Wilson, and Ed Zalta.

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 129-161.

158

�Incertidumbre Lógica: Pluralismo Lógico
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Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 129-161.

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�Ventajas y desventajas de la argumentación
epidíctica en situaciones de incertidumbre

DOSSIER

Ventajas y desventajas de la argumentación
epidíctica en situaciones de incertidumbre

Advantages and disadvantages of epidictic
argumentation in situations of uncertainty

Resumen: La bondad de nuestra argumentación puede ser afectada
por la misma incertidumbre que trata de reducir. En este trabajo,
veremos cómo el carácter cooperativo del discurso epidíctico es
independiente del acuerdo o desacuerdo en las premisas y las
conclusiones y que el carácter consensual por el que se inclina
este tipo de argumentación puede tener ventajas y desventajas.
Concluiremos diciendo que ningún tipo de argumentación es
automáticamente ventajoso o desventajoso y por ello ningún
modelo normativo de la argumentación en situaciones de
incertidumbre es automáticamente apropiado o inapropiado.
Palabras clave: Argumentación, Incertidumbre, Adversarialidad,
Desacuerdo, Discurso Epidíctico.

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 163-184.

163

�Ventajas y desventajas de la argumentación
epidíctica en situaciones de incertidumbre

Abstract: The soundness of our argumentation may be impacted
by the very uncertainty it is trying to decrease. In this paper, we
shall see how the cooperative aspect of epideitic discourse is
independent of the agreement or disagreement with respect to the
premises and the conclusions, and that the consensual character
favored by this kind of argumentation is has both advantages
and disadvantages. We conclude that no kind of argumentation
is automatically advantageous or disadvantageous and, therefore,
no normative model of argumentation in situations of uncertainty
is automatically adequate or inadequate.
Keywords: Argumentation, Uncertainty,
Disagreement, Epideictic Discourse.

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 163-184.

Adversariality,

164

�Ventajas y desventajas de la argumentación
epidíctica en situaciones de incertidumbre

Introducción
Mientras más incierta es una situación, más crucial es que
podamos argumentar nuestras opiniones y nuestras decisiones.
Es decir, que podamos fundamentar el creer o actuar de cierta
manera. La bondad de tal argumentación puede ser afectada por
la misma incertidumbre que trata de reducir. Para combatir este
efecto nocivo de la incertidumbre sobre nuestras argumentaciones,
la adversarialidad ha sido propuesta. Se espera que ella sea una
manera eficaz de reducir la incertidumbre tanto de las premisas
como de la conclusión. En este artículo recordaremos que también
podemos usar discursos no adversariales y que ambos tipos de
argumentaciones ofrecen tanto ventajas como desventajas.
Yo he sostenido desde hace una década que la
argumentación no requiere ni adversarialidad ni diferencia de
opinión,1 utilizando el ejemplo del discurso epidíctico para sostener
que la argumentación no requiere ser vista como rivalidad. En
este trabajo me gustaría elaborar sobre estas ideas y señalar que
el hecho de que haya coincidencia de opiniones no es una garantía
de cooperación. Haremos notar que el carácter cooperativo del
discurso epidíctico es independiente del acuerdo o desacuerdo en
las premisas y las conclusiones. Aún más, el carácter consensual
por el que se inclina este tipo de argumentación puede tener
ventajas y desventajas, igual que otros tipos de argumentación en
situaciones de incertidumbre.
Concluiremos diciendo que ningún tipo de argumentación
es automáticamente ventajoso o desventajoso y por ello ningún
1

Por ejemplo, en Raymundo Morado, “Seis Usos de la Argumentación,” en
Proceedings of the VII Conference of the Spanish Society for Logic, Methodology
and Philosophy of Science, ed. Concha Martínez Vidal (España: Universidad
de Santiago de Compostela, 2012): 746-754; en Raymundo Morado,
“Funciones básicas del discurso argumentativo,” Revista Iberoamericana
de Argumentación, no. 6 (2013): 1-13; o en Raymundo Morado, “Estilos de
Argumentación Occidental,” Innovación Educativa 14, no. 64 (enero-abril
2014): 57-72.

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 163-184.

165

�Ventajas y desventajas de la argumentación
epidíctica en situaciones de incertidumbre

modelo normativo de la argumentación en situaciones de
incertidumbre es automáticamente apropiado o inapropiado.
La bondad argumentativa en situaciones de incertidumbre
Un argumento contiene tanto premisas como inferencias, es
decir, creencias en que nos basamos y cierto modo de procesar
esa información. Puede ser un argumento bueno o malo debido
a la incertidumbre de las premisas o a la incertidumbre de sus
inferencias. Ambas clases de incertidumbres pueden darse en
al menos dos sentidos importantes: uno que podemos llamar
ontológico porque tiene que ver con la fluidez de la situación,
independientemente de cómo la percibamos, y uno que podemos
llamar psicológico porque tiene más que ver con la manera en que
percibimos la situación. Empezaremos analizando qué es lo que
hace que una situación sea argumentativamente de incertidumbre
por las premisas o por la conclusión y cómo eso se relaciona con
la bondad del argumento en base a si es cooperativo o consensual.
Cuando hablamos de qué tan seguras son nuestras premisas,
podemos estar hablando sobre una incertidumbre de la realidad
o sobre dudas que nosotros tenemos. Con respecto al tránsito a
las conclusiones, puede haber incertidumbre en el sentido de una
dificultad objetiva de evaluar la suficiencia de las premisas, es decir,
de estimar con qué tanta necesidad se sigue la conclusión cuando
asumimos esas premisas. Pero también puede haber incertidumbre
por la naturaleza misma del tránsito inferencial ya que nuestras
inferencias pueden ser infalibles (deductivas, explicitando algo
contenido en las premisas) o falibles (ampliativas, añadiendo algo
nuevo).
¿Qué es, entonces, razonar en una situación de
incertidumbre? El término “incertidumbre” tiene una ambigüedad
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Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 163-184.

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que oscila entre la inseguridad de una situación y la inseguridad
de nuestra percepción de ella. Podemos estar hablando tanto de la
inseguridad objetiva de una situación como de nuestra percepción
de ella. Después de todo, hay vidas inciertas pero vividas con
total convicción y hay vidas muy resguardadas pero vividas entre
terribles dudas.
Ya sea que la situación sea realmente peligrosa o que
estemos tan sólo imaginando amenazas, es natural, en tales periodos
de incertidumbre, refugiarnos en las creencias colectivas incluyendo
meros prejuicios. Refugiarnos en las premisas compartidas con una
comunidad epistémica puede ser tranquilizador. Puede hacernos
sentir protegidos. Esto es bueno en el sentido de que pasamos de
una situación de incertidumbre a una en la cual podemos tener
creencias firmemente arraigadas y obtener conclusiones sólidamente
fundamentadas. Desgraciadamente, puede significar reemplazar una
incertidumbre real y justificada por una falsa certidumbre que nos
aleje de la realidad.
Hay muchas ocasiones en que la incertidumbre no se
refiere meramente a una falta de consenso o convicción sino a
la falta de suficientes fundamentos para sostener la conclusión
de manera completamente segura. En estos casos no queremos
refugiarnos en los prejuicios de nuestra comunidad, dado que no
hay suficiente garantía de ninguna conclusión.
Esto solamente nos da la base común desde donde
empezar. Continuar nuestras reflexiones puede introducir nuevas
incertidumbres si nuestras reglas de inferencia permiten el error.
De igual forma que la incertidumbre en las premisas puede ser
ontológica o psicológica, la incertidumbre en el salto inferencial
puede ser real o meramente percibida. La característica principal
de los razonamientos falaces es que parecen ser inferencias
impecables. Una elevada proporción de la gente cree que la
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Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 163-184.

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falacia de negación de antecedente es lógicamente correcta. En
cambio, muchos expresan desconfianza hacia el legítimo Modus
Tollendo Tollens porque, aunque es una forma correcta de inferir,
nos confunde psicológicamente con sus negaciones.
La propiedad de que una inferencia sea deductivamente
correcta no depende de nuestra cambiante percepción. Aunque
como humanos fallemos en la famosa tarea de selección de Wason
para inferencias condicionales, la lógica sobrevive en su reino
celeste. Desde Parménides reconocemos que no es la opinión de
los mortales sino la voz imperecedera de la razón la que tiene la
última palabra.
Sin embargo, el reino de la deducibilidad, infinito como
es, es pequeño y limitado, pues “infinito” no significa “ilimitado”.
Como sabía Leibniz, hay infinitos en granos de arena, confinados
en el cuenco de una mano. Y los límites de la deducibilidad
están marcados por la deducibilidad misma. Nuestra metateoría,
también deductiva, puede señalarnos campos de aplicación
para nuestra teoría; también puede indicarnos sus límites. La
perfección hace bien todo lo que hace, pero no lo hace todo. Por
ello, necesitamos lógicas no deductivas que completen, amplíen
nuestras creencias en áreas en que necesitamos dar una respuesta,
así sea provisional.
Lo natural es favorecer formas de razonamiento
infalibles, es decir, deductivas. La inferencia deductiva tiene una
autoridad epistémica especial que, al menos en algunos casos,
se traduce en una autoridad psicológica. A menudo tenemos la
ingenua esperanza de que quien se da cuenta de la necesidad con
que una conclusión se sigue a partir de premisas compartidas
sentirá una compulsión psicológica a reconocer la compulsión
epistémica de tal conclusión. En esta idealización, aceptaremos
las consecuencias deductivas de aquello que creemos. Si la
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otra persona es consciente del tipo deductivo de argumentación
empleado debe compartir las conclusiones.
En este modelo, nuestras creencias forman un conjunto
cerrado bajo la relación de consecuencia deductiva. Creemos las
consecuencias deductivas de lo que creemos. Es decir, nuestro
estado doxástico es una clausura deductiva del subconjunto de
creencias base del que partimos. En tal idealización, con una
clausura lógica al menos sustancial sobre nuestras creencias,
si compartimos de antemano las premisas, entonces también
debemos compartir de antemano la conclusión. El consenso del
que partimos en nuestras premisas se transforma en un consenso
al que arribamos en la conclusión.
Es un mundo ideal con grandes ventajas para la
comunicación de ideas y la coordinación de actividades. Por
ello, en los contados casos dentro de la lógica o las matemáticas
en que basta usar métodos deductivos, nos conviene apoyarnos
en ellos. Desgraciadamente, las formas infalibles de procesar
la información a menudo no bastan para completar nuestras
creencias. Es común que falten datos para poder obtener las
conclusiones que necesitamos urgentemente. La infalibilidad
no funciona si no tenemos suficientes premisas para generar las
respuestas que buscamos o si su uso requiere un gasto en recursos
que excede nuestra capacidad. Es un pobre consuelo saber que
hay una respuesta en principio cuando generarla tomaría más
tiempo y espacio del que tiene el universo conocido. Es mejor ser
honestos y aceptar que no tenemos a nuestro alcance una solución
infalible. En esos casos, la mayoría de los que enfrentamos en
la vida diaria, debemos aceptar el uso de métodos falibles de
razonamiento.
Estos no son los límites de nuestra razón; tan sólo son los
límites de la razón infalible. Cuando no está a nuestro alcance
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una seguridad completa, lo razonable es continuar buscando
soluciones con la seguridad mayor asequible. Aunque no sea la
mayor posible, puede ser una seguridad justificada y suficiente.
Mientras sea la mayor a nuestro alcance, será la seguridad
preferible en situaciones de incertidumbre.
La ciencia tiene un método que le permite auto-corregirse
precisamente porque sabe de su falibilidad. Debemos aceptar
nuestras limitaciones y el hecho de que la perfección puede ser
inalcanzable en nuestras circunstancias, y aun así exigirnos la
mayor seguridad asequible. Ni nos damos por vencidos al no
tener la seguridad absoluta que los escépticos demandan para
el conocimiento, ni aceptamos cualquier supuesto. Quienes
no reconocen grados de certeza y de conocimiento, no pueden
conceptualizar más que la ignorancia supina y el conocimiento
total. El método científico tiene dos caras. Por un lado, evita dar
como dado algo solamente postulado. Esa es su cara escéptica. La
cara complementaria es reconocer qué cosas conocemos, aunque
sea imperfectamente.
Saber vivir en la incertidumbre sin perder nuestros
estándares y exigencias es importante. Reconocer cuándo
necesitamos hacer conjeturas es una actitud autocrítica necesaria
para el método científico, tanto como la exigencia de apoyar
nuestras conjeturas con la mejor evidencia posible. Lo sensato
es buscar las soluciones más aproximadas que demanden gastos
aceptables de recursos.
¿Es la adversarialidad la única vía para reducir incertidumbre?
En la escuela pragmadialéctica, se ha considerado al antagonismo
como un ingrediente indispensable en la argumentación. Para esta
escuela, un argumento presupone dos papeles de participantes
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diferenciables, el de un “protagonista” de un punto de vista y el
de un “antagonista” real o imaginado.
Hay la peligrosa tentación de identificar la cooperación
con el acuerdo (y, contrapositivamente, identificar la falta de
cooperación con la divergencia de opiniones). Pero, aunque
a menudo hay un rechazo a la cooperación por diferencia de
opiniones, lo uno no es condición ni necesaria ni suficiente de
lo otro. Gensollen tiene razón al hablar de “un salto injustificado
entre una situación epistémica (el desacuerdo) a una dialéctica (la
adversarialidad)”.2
Ciertamente, una lucha entre los argumentos en pro y los
argumentos en contra de una tesis no implica una lucha entre
argumentadores. Después de todo, derrotar un argumento no
es derrotar a una persona. Entre las personas que discuten, no
tiene que haber perdedores. “Perder” una discusión puede ser
provechoso: cognitivamente, psicológicamente, socialmente. Es
extraño que consideremos que la persona que logra corregir a
otros, sin ninguna mejoría epistémica propia, ha ganado. ¿Qué
ha ganado? Tal vez gane el rencor de aquellos a quienes ha
refutado o la fama de ser insoportable socialmente. Gana poco
epistémicamente si busca enseñar sin aprender.
La metáfora de igualar una derrota con “recibir una
lección” presenta al aprendizaje como derrota. Quienes no
entienden que el conocimiento es poder, lo descuidan en favor de
alimentar nuestro ego o de calmar nuestros temores. Ello revela
que no estimamos el conocimiento lo suficiente. No nos parece
más precioso que rubíes, más importante para nuestra felicidad
que la fama, las riquezas o el poder. Pero es justo lo contario.
2

Mario Gensollen, “¿Oponentes o colegas? Desacuerdo y adversarialidad
en la teoría de la argumentación,” Quadripartita Ratio 5, no. 10 (juliodiciembre 2020): 42.

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Como ha insistido Daniel H. Cohen, son los “perdedores” quienes
pueden mejorar su estado cognitivo si se les dieron buenas razones
para cambiar de opinión.
Se nos puede decir que el antagonismo no es entre personas
sino entre argumentos, luchando por probar tesis diferentes. Pero
quienes cooperan o luchan argumentativamente son las personas.
Las armas o los instrumentos cooperan o luchan en sentido
derivado cuando apoyan o debilitan los fines argumentativos de
los agentes. Por eso, en este artículo hablaremos de antagonismo
o cooperación entre agentes y, por extensión, de los argumentos
que empleamos dentro de esta dinámica.
Ahora bien, aunque a menudo hay un rechazo a la
cooperación por haber una diferencia de opinión, lo uno no es
condición ni necesaria ni suficiente de lo otro. Puede haber un
rechazo a cooperar con correligionarios por un deseo de ser
diferente, por un temor a que cooperar nos reste poder, porque los
otros nos desagradan. Puede ser que desconfiemos de aquellos que
aceptan nuestras ideas fácilmente. Nietzsche decía que cuando
alguien nos acepta totalmente, nos decepciona. Y es famoso el
chiste de Groucho Marx quien decía que no querría pertenecer a
un club que aceptara a miembros como él.
Conversamente, puede haber una inclinación a trabajar
con gente que piensa distinto porque nos resulta más interesante
tal desafío. Puede ser que estemos inclinados a estar de acuerdo
con aquellos que no solicitan nuestra ayuda porque nos parecen
más autosuficientes y nosotros admiramos ese individualismo.
A veces la mejor manera de cooperar es mediante el
desacuerdo. Es común que las personas inteligentes busquen a
alguien que pueda estar inteligentemente en desacuerdo con
ellas para no anquilosarse en sus prejuicios. Apreciamos cuando
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epidíctica en situaciones de incertidumbre

alguien, de manera cortés y amistosa, trata de encontrar defectos
en nuestros argumentos.
Por ejemplo, la persona que hoy los católicos llaman
“promotor de la justicia” (promotor iustitiae), fue llamado antes
de las reformas de 1983 Advocatus Diaboli o Promotor Fidei.
Desde 1587 la función de esta persona ha sido exigir buenas
pruebas de la beatitud o la santidad de alguien. No importaba si
coincidía o no con que tal persona merecía ese honor.
Esto recuerda la interesante idea en el Talmud de
Babilonia3 de que si los 23 o más jueces del tribunal rabínico
(Beth Din) condenaban unánimemente a alguien, debían dejarlo
ir. La unanimidad era una señal de que el tribunal estaba mal.
Tengo entendido que después de la sorpresiva Guerra de Yom
Kippur, las fuerzas armadas de Israel (IDF) crearon un equipo de
trabajo cuya función era ir en contra de los supuestos compartidos
unánimemente por los servicios de inteligencia. Se le dio a este
grupo el nombre arameico “Ipcha Mistabra” usado comúnmente
en el Talmud en el sentido de “Por otro lado, hay evidencia en
contra”.
La función de estos abogados del diablo es ayudar,
cooperar, discrepando. Nos muestran que podemos trabajar
cooperativamente aunque discrepemos. Tener diferentes puntos
de vista les es enriquecedor y les ayudar a examinar los problemas
desde diversos ángulos. Precisamente porque no se comparten
todas las ideas es por lo que puede ser valiosa su cooperación. Estos
ejemplos muestran que puede haber divergencia de opiniones
sin oposición y nos señalan que debemos tener cuidado de no
confundir la aquiescencia con la cooperación o la adversarialidad
con el desacuerdo.
3

Tractate Sanhedrin, página 17a. Cfr. Maimónides, Mishneh Torah,
Sanhedrin, capítulo 9.

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epidíctica en situaciones de incertidumbre

Ayudar no es coincidir. Podemos cooperar a pesar del
desacuerdo y, en casos especiales, precisamente, a través del
desacuerdo. Podemos ser adversarios en nuestras metas, conductas
y argumentos aunque coincidamos en nuestras opiniones.
Hay, pues, buenas razones para argumentar en consenso,
a partir de premisas comunes y hacia conclusiones compartidas.
Esto puede parecer paradójico a quienes tienen solamente modelos
argumentativos que parten de divergencias de opinión. En tales
modelos se cree que la única razón para argumentar es tratar de
disminuir una diferencia de opinión. Sin discrepancia, no tiene
utilidad de defender una opinión que nadie pone en cuestión.
Afortunadamente, hay por lo menos una forma de
discurso que se basa precisamente en suponer que el auditorio
vive dentro de nuestra burbuja de opiniones. Es una forma de
argumentación que se da en el discurso epidíptico. Este discurso
tiene lugar, por ejemplo, en los discursos celebratorios, cuando
exponemos las razones por las que, alguien o algo merece ser
celebrado. Puede ser un brindis en una boda, el panegírico para un
difunto, el encomio de un héroe reconocido. En estos casos no hay
diferencia de opinión ni adversarialidad pues el género epidíctico
se caracteriza no sólo por una coincidencia en las opiniones sino
también por una coincidencia en las intenciones, las metas, los
valores.
El defender las opiniones que se comparten puede tener
la utilidad, por ejemplo, de reforzar la adhesión o de explicar y
fundamentar mejor las ideas compartidas. Esto es muy importante
en los procesos sociales y educativos. Defender los valores comunes
es una función primordial de la educación y de la socialización.
Argumentamos más con quienes comparten nuestra opinión que
con quienes discrepan. Se ha comprobado experimentalmente
que gran parte de lo que hacemos al argumentar es predicarle al
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epidíctica en situaciones de incertidumbre

coro.4 Esto ayuda a reforzar, estructurar, refinar las razones de
apoyo para nuestra visión del mundo.
En palabras de Perelman y Olbrechts-Tyteca, el orador
epidíctico “presentaba un discurso al que nadie se oponía, sobre
temas que no parecían dudosos”.5 En situaciones de incertidumbre
es especialmente importante el estado de consenso para revisar
a partir de él tanto el valor epistémico de las premisas como el
mérito lógico de los tránsitos a las conclusiones.
En tales situaciones, la argumentación epidíctica puede
presentar tanto ventajas como desventajas por su naturaleza
cooperativa y consensual. Tiene muchas ventajas discutir en la
burbuja. El discurso epidíctico nos ayuda a reforzar, estructurar
y refinar nuestras razones. El uso de la argumentación epidíctica
reduce la incertidumbre y aumenta la persuasión a costa de perder
la novedad.
Por otro lado, si buscamos argumentos que amplíen
nuestro estado epistémico total, tendremos que admitir premisas
no compartidas, o falta de clausura lógica, o formas inferenciales
no deductivas.
Aquí hay que eliminar dos ideas sobre las situaciones de
incertidumbre. Una es que lo ideal es que todos pensemos igual.
La segunda es que lo ideal es que todos pensemos diferente.
Ciertamente, puede haber casos en que uno de esos dos extremos
sea útil. Pero eso es la excepción, más que la regla. Lo sensato
en situaciones normales es desear cierto grado de comunidad en
4

Cfr. L. Weng, A. Flammini, A. Vespignani y F. Menczer, “Competition
among memes in a world with limited attention,” Scientific Reports 2, no.
335 (March 2012): 1-8.

5

“présentait un discours auquel personne ne s’opposait, sur des matières qui
ne semblaient pas douteuses.” Chaïm Perelman y Lucie Olbrechts-Tyteca,
Traité de L’argumentation. La nouvelle rhétorique (Bruxelles: Éditions de
l’Université de Bruxelles, 1958), 63.

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epidíctica en situaciones de incertidumbre

las opiniones y cierto grado de desacuerdo. Identificar las formas
preferibles de la concordancia y el desacuerdo sobre diferentes
temas que afectan a la situación presente es una habilidad que
forma parte del difícil arte de vivir con prudencia.
Se dice a menudo que lo ideal es, en situaciones de
incertidumbre, empezar con creencias compartidas y avanzar
deductivamente. Esto es atractivo pues con comunidad de
creencias es fácil evitar el desacuerdo y encontrar una base
suficientemente amplia de creencias en las que estamos de
acuerdo con nuestro auditorio. Esto facilita convencer excepto en
casos muy recalcitrantes y este convencimiento a su vez ayuda a
salvar otros problemas coyunturales para lograr coordinar la toma
de decisiones. Y, al avanzar deductivamente, queda garantizada la
preservación de verdad.
La idea conductora de esta idealización es que se necesita
un trasfondo común de creencias para construir una mejor
argumentación. Aristóteles enfatizaba la necesidad de encontrar
una base de acuerdo con nuestro auditorio para que nuestros
razonamientos fueran convincentes. Tal apoyo en el acuerdo
colectivo tiene ventajas prácticas y, a veces, incluso epistémicas.
En las condiciones apropiadas, puede aparecer cierta sabiduría
de las multitudes. La intuición, en muchas ocasiones confirmada,
es que los errores individuales tienden a cancelarse mutuamente
y un grupo tiende a presenta una visión moderada de la realidad,
en la que los extremos implausibles se compensan mutuamente.
Por lo tanto, refugiarnos en creencias comunes tiene, en tales
condiciones apropiadas, un alto valor heurístico.
Pensar diferente a veces es bueno y a veces es malo.
Discordar con las opiniones recibidas es atractivo pero, tanto en
la vida diaria como en ciencia, es recomendable no aceptar ideas
extrañas simplemente porque sean nuevas. La novedad no es un
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epidíctica en situaciones de incertidumbre

valor epistémico. Hay una sana desconfianza hacia lo que no ha
pasado la prueba del tiempo. Los aspectos positivos y negativos
de una propuesta no pueden ser todos percibidos inmediatamente.
Por ello es prudente cierto conservadurismo. Igual que debemos
ser críticos frente a los dogmas anquilosados, también debemos
serlo hacia las opiniones apresuradas cuyo atractivo resida más
en la originalidad que en la confirmación. Los “últimos adelantos
de la ciencia” a menudo no son científicos, ni adelantos, ni los
últimos.
La exigencia crítica de corroboración antes de aceptar
nuevas ideas no significa ir al otro extremo y aceptar acríticamente
cualquier idea por el mero hecho de ser antigua. Que algo
aparezca en culturas milenarias no lo hace confiable. Ninguna
cultura sabía hace milenios de física subatómica, genética, hoyos
negros o trasplantes de riñón. La familiaridad tampoco es un valor
epistémico.
Lo que deseamos es evitar pre-juicios, es decir, opiniones
anteriores a cualquier examen de la evidencia. Podemos aceptar lo
nuevo pero debe mostrarse más fuerte que lo viejo. Y, suponiendo
que lo viejo haya pasado por esa prueba de la confirmación,
podemos ser sensatamente conservadores y preferir las opiniones
mejor confirmadas, estando siempre abiertos a nuevas hipótesis.
No abiertos a aceptarlas sino abiertos a ponerlas a prueba.
En ciencia hay cierto conservadurismo positivo. No es
tanto el prejuicio contra cualquier novedad sino la exigencia
de que nuevas divergencias tomen en consideración el trabajo
anterior. Tienen que mostrarse al menos tan fuertes como aquellas
opiniones que tratan de desplazar; se requiere que al menos estén
tan bien fundadas como lo que intentan desbancar. En ciencia no
aceptamos lo nuevo simplemente porque es nuevo, ni lo viejo
simplemente por ser viejo. Lo aceptamos, provisionalmente,
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cuando está tan bien o mejor apoyado. Como no tiene sentido
exigir al trabajo del pasado que tome en cuenta trabajos que todavía
no existían, le toca al trabajo presente no ignorar el trabajo ya
conocido. Es una asimetría justificada por la unidireccionalidad
del tiempo.
Otra razón para ser epistémicamente conservadores es que
el mundo tiende a repetirse, a que el tiempo da la impresión de ser
circular. Lo que ha funcionado en situaciones normales previas
tiende a funcionar en nuevas situaciones. Esta regularidad que
nos permite conjeturar el futuro no es la causa de la normalidad
sino su efecto. Dado que muchas situaciones son normales, a falta
de información en contra podemos asumir que nos encontramos
ante una situación normal y buscar un consenso desde el cual
construir un análisis con mejores probabilidades de éxito en casos
de incertidumbre. La idea es que todas las situaciones, incluyendo
las de incertidumbre, tienden hacia la normalidad. La realidad
gusta de las regresiones al medio. Si un jugador mediocre tiene
un partido excelente, extraordinario, lo más probable es que sus
siguientes partidos vuelva a ser normal, desilusionando a sus
seguidores. Y si un jugador excelente tiene un partido mediocre,
lo probable es que mejore su actuación en las siguientes ocasiones,
desilusionando a sus detractores. No hay nada mágico en esta
tendencia hacia lo normal cuando lo normalidad es lo que más
comúnmente ocurre. Igual que las sustancias con virtud dormitiva
son las que nos adormecen, los fenómenos normales tienden a
ocurrir la mayor parte del tiempo.

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Bondades y riesgos de coincidir
Cuando nos enfrentamos a una realidad incierta (en sí misma
o para nosotros), lo que procede es analizar racionalmente la
situación, recabar datos adicionales que puedan ayudarnos a
decidir, argumentar entre nosotros para entender mejor hacia
qué direcciones puede apuntar la evidencia. Lo que no podemos
hacer es confundir el descubrimiento de la verdad con un mero
comprobar la popularidad de una opinión o refugiarnos en el
autoritarismo de una fe en personas o doctrinas sin corroboración
de sus credenciales epistémicas. Para buscar el conocimiento
debemos desconfiar de las votaciones y del dogma. Para cuestiones
epistémicas debemos preferir la meritocracia y el imperio de la
evidencia.
Cuando los “expertos” o las multitudes nos indican
un camino para salir de la incertidumbre, debemos evaluarlo
críticamente, sin prejuicios a favor o en contra. Debemos hacernos
la pregunta epistémicamente óptima cada vez que se habla de
algo importante: “Eso, ¿cómo lo sabemos?”. Sin credulidad ni
incredulidad, sin escepticismo ni fe ciega, debemos revisar las
bases para creer las cosas importantes. Y esa revisión debe ser
más minuciosa mientras más extraña sea la opinión que nos
ofrecen, prefiriendo corroboraciones que puedan reproducirse
públicamente, y sin importar que lo que descubramos no sea bello
o moralmente preferible.
Si esa es la manera correcta de razonar, entonces el
método cooperativo no puede limitarse al género epidíctico.
Ese género nos muestra la importancia y utilidad del acuerdo
doxástico, pero no agota sus beneficios. La cooperación también
es útil en situaciones en que, compartamos o no las premisas,
avanzamos de manera insegura. La cooperación no requiere la
coincidencia total de nuestras creencias base. Podemos trabajar
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�Ventajas y desventajas de la argumentación
epidíctica en situaciones de incertidumbre

cooperativamente aunque discrepemos. Tener diferentes puntos
de vista es enriquecedor y puede darnos la capacidad de examinar
un problema desde diversos ángulos, lo cual es muy valioso en
situaciones de incertidumbre.
Precisamente porque no compartimos todas las ideas es por
lo que puede ser valiosa la cooperación a partir de la divergencia.
La divergencia no requiere ser oposición. Tener puntos de vistas
diferentes no significa que no podamos combinarlos para tratar de
encontrar respuestas y explicaciones. Por supuesto, la cooperación
no nos exige que aceptemos de manera acrítica las ideas ajenas.
Puede ser más cooperativo mantener una actitud crítica hacia
ideas no compartidas y una exigencia de estándares científicos.
Exigir a nuestros aliados epistémicos que fundamenten
sus creencias, que las clarifiquen y apoyen suficientemente puede
ser la verdadera cooperación. La persona que nos exige exhibir
altos niveles de comportamiento puede ser nuestra mejor aliada;
puede ser quien más nos ayuda a que perfeccionemos nuestro
estado cognitivo.

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�Ventajas y desventajas de la argumentación
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Conclusiones
La argumentación puede tener mil funciones distintas. Es
importante la discrepancia que enfatiza la pragmadialéctica y
también es importante la comunidad doxástica manifiesta en
el discurso epidíctico. Pero ésas no son las únicas formas de
entender la argumentación, que puede tener funciones que no son
ni antagonistas ni epidícticas. Y para esas otras funciones de la
argumentación necesitaremos otras metáforas además de la guerra
de los discursos o la predicación al coro. Como propone Cohen,6
podemos complementar las metáforas que usamos comunmente
para imaginar la argumentación con muchas otras metáforas
también fructíferas.
Igual que sostenemos que la adversarialidad no es la única
vía para la discusión racional, debemos aceptar que el modelo de
coincidencia de opiniones del discurso epidíctico no es la única
manera de cooperar. Ni siquiera es seguro que quien coincide
con nosotros nos está ayudando. La argumentación epidíctica,
basada en la coincidencia de valores y creencias, no es garantía,
en situaciones de incertidumbre, de que los agentes tengan una
actitud cooperativa o de que reflexionen correctamente. Igual
que la práctica adversarial, la argumentación epidíctica puede
encubrir vicios argumentativos importantes.
Hemos mencionado cuatro de los ejes para la evaluación
de la argumentación. A saber, si es buena o mala, si es deductiva
o no, si es cooperativa o adversarial, si parte de un acuerdo o un
desacuerdo. Un razonamiento puede ser bueno o malo, infalible o
incierto, cooperativo o adversarial, consensual o discrepante. Estos
ejes generan un espacio conceptual donde cada aspecto es ortogonal
a los otros tres aunque todos tengan importantes relaciones entre sí.
Es importante reconocer que estos ejes son independientes.
6

Daniel H. Cohen, “Argument is war... and war is hell: Philosophy, education,
and metaphors for argumentation,” Informal Logic 17, no. 2 (Spring 1995):
177-188.

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�Ventajas y desventajas de la argumentación
epidíctica en situaciones de incertidumbre

El modelo en que se equipara un buen argumento con un
argumento adversarial, discrepante y deductivo, debe ser ampliado
para poder dar cabida a otros tipos de buenos argumentos,
incluyendo los epidícticos cooperativos, falibles y consensuales.
En situaciones en que las premisas o la inferencia
son inciertas, aun así la argumentación puede beneficiarse o
perjudicarse por ser cooperativa y consensual. Para ser bueno,
un razonamiento no requiere ser deductivo, ni adversarial
ni discrepante. La bondad y pertinencia de cada una de esas
características debe ser evaluada contextualmente. Saber que
estamos en una situación de incertidumbre, no nos exime de
revisar cada eje por separado; nos compromete a ello.
Creo que los argumentos cooperativos que parten de
acuerdos tienden a ser los mejores pero no hay garantía de
ello. Ser cooperativo y consensual tiende a ser ventajoso en la
argumentación epidíctica pero es solamente una tendencia que
deja espacio para que sea desventajoso. En algunos casos las
ventajas de la adversarialidad y el desacuerdo hacen que valga
la pena desarrollar discursos y argumentos de ese tipo. A fin de
cuentas, aunque tengamos puntos de vista diferentes o seamos
opositores, esto no significa que no podamos cooperar hacia un
fin mayor. No celebrar epidícticamente o denigrar, no ganar o
perder un argumento, sino fortalecer nuestra situación cognitiva.
Y partir de puntos de vista diversos no significa que no puedan
ser compatibles. En los afortunados casos en que la divergencia
surge tan sólo por aportar perspectivas diferentes, lo ideal es
poder combinar las distintas opiniones para construir una imagen
más completa de la realidad.
Aunque el aspecto cooperativo no es privativo del género
epidíctico, recurrir a estas formas de argumentar puede ser un
auxiliar valioso para coordinar ideas, estrategias y valores.
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�Ventajas y desventajas de la argumentación
epidíctica en situaciones de incertidumbre

Pero queremos celebrar a ojos abiertos. Buscamos formas de
cooperación que no exijan aceptar ideas ajenas de manera acrítica.
Buscamos los beneficios de cooperar mediante una exigencia de
estándares científicos, pidiendo a nuestros aliados epistémicos
que clarifiquen y fundamenten sus creencias. No debemos exigir
que todos los que nos rodean piensen igual que nosotros, pero sí
podemos impulsar, con cortesía y respeto, que todos tengamos,
incluyéndonos a nosotros mismos, bases científicas para pensar
así. Para el método científico lo importante no es lo que pensemos
sino el camino (“odós” en griego) por el que llegamos a ello. No
debemos temer que otros piensen diferente, pero sí que lo hagan
sin fundamento.
Unas últimas palabras sobre la comunidad en ciencia.
Frege escribió que cuando la empresa científica se antoja
excesiva para nuestras fuerzas, debemos recordar que desarrollos
paulatinos gracias a muchos agentes son una gran vía para el
avance. La comunidad científica puede y debe ser una comunidad
de amigos porque nos une un amor al conocimiento. El amor es
un gran antídoto para el ego desbordado que oscurece la visión
científica. El ego consciente y crítico es un gran antídoto contra
el amor ciego que sacrifica nuestro robusto sentido de la realidad
en las aras del deseo. La comunidad científica los es por ser una
comunidad de fines, no de ideas. Eso nos permite una unidad que
nos auxilia frente a los diarios embates y tentaciones que rodean
a toda comunidad científica; eso nos permite tener los brazos
abiertos a la diferencia racional de opiniones. En situaciones
de inseguridad el estilo epidíctico nos recuerda lo mucho que
tenemos que celebrar juntos. Nada humano nos es ajeno; nada
racional nos está prohibido.

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 163-184.

183

�Ventajas y desventajas de la argumentación
epidíctica en situaciones de incertidumbre

Bibliografía mencionada:
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education, and metaphors for argumentation.” Informal
Logic 17, no. 2 (Spring 1995): 177-188.
Gensollen, Mario. “¿Oponentes o colegas? Desacuerdo y
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Talmud de Babilonia. “Tractate Sanhedrin.” Página 17a. Vilna,
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Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 163-184.

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�Hermenéutica de la cosmovisión.

Hermenéutica de la cosmovisión.
Una estrategia de cambio en la consultoría
filosófica

Resumen
Los consultores filosóficos actuales están de acuerdo que el
objeto de estudio de su subdisciplina filosófica es la cosmovisión
del consultante. De manera general, piensan también que su
trabajo consiste en proveer de herramientas críticas, cuidantes
y creativas al consultante, a fin de que éste tome decisiones
adecuadas para su propia felicidad y la de las comunidades en las
que está insertado. Sin embargo, su manera de enfocar este objeto
de estudio parece promover más el aislamiento del saber y de las
estrategias de consultoría que la plenitud del ser que se busca. Por
otro lado, no es claro el modo cómo se accede a la cosmovisión
para entenderla y propiciar una reflexión transformadora. Por
tal motivo, este ensayo hace una aproximación hermenéutica
en torno a la cosmovisión en consultoría filosófica con miras
a articular e integrar las relaciones del contexto de vida del
consultante, el significado de esas relaciones y sus símbolos, así
como la intencionalidad o visión del consultante. De este modo,
se promueve pensar la consultoría como un proceso complejo que
abarca la plenitud de la vida del consultante.
Palabras clave: consultoría filosófica, cosmovisión del
consultante, hermenéutica, contexto de la vida cotidiana e
intencionalidad.
Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.

Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 185-214.

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�Hermenéutica de la cosmovisión.

Abstract
The current philosophical counselors agree that the object of
study of their philosophical subdiscipline is the worldview of the
consultant. In a general way, they also think that his job consists
of providing critical, caring, and creative tools to the client, so
that he or she makes adequate decisions for his own happiness
and that of the communities in which he is inserted. However,
his way of approaching this object of study seems to promote
more the isolation of knowledge and counseling strategies than
the fullness of being that is sought. On the other hand, it is not
clear how the worldview is accessed to understand it and promote
a transformative reflection. For this reason, this essay makes a
hermeneutical approach around the worldview in philosophical
counseling to articulate and integrate the relationships of the
consultant’s life context, the meaning of those relationships and
their symbols, as well as the intention or vision of the consultant.
Therefore, this dissertation promotes thinking of counseling as a
complex process that encompasses the fullness of the consultant’s
life.
Keywords: philosophical consulting, consultant’s worldview,
hermeneutics, context of daily life and intentionality.

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Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 185-214.

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�Hermenéutica de la cosmovisión.

1. Introducción
La consultoría filosofía puede concebirse como un proceso
dialógico y reflexivo durante el cual una persona, guiada por otra
llamada consultora, pone un paro en su vida personal, convivencial
o laboral con miras a transformar y mejorar la concepción de
las interrelaciones en la vida propia o de una institución. Como
proceso, es un conjunto de etapas coordinadas y concertadas
mediante el diálogo animado por las preguntas que sirven de guía
para comprender lo que es una persona y lo que hace. Al mismo
tiempo que este proceso le permite conocerse mejor, confronta la
persona consigo misma cuestionando lo que se ha logrado y lo
que falta por lograr, evaluando tanto las experiencias vividas y
por vivir, como los supuestos que sustentan este despliegue de la
personalidad en la comunidad.
Como cualquier quehacer filosófico, lo que importa en la
consultaría filosófica no son los resultados observables directo
y empíricamente, sino más bien la mejora de las habilidades
humanas de creatividad, de cuidado de sí mismo y de crítica
hacia nuestra existencia como individuo y como comunidad.
En este sentido, la consultoría filosófica desarrolla a la persona
humana, esto es, la extiende, la amplía como algo enrollado que
ahora necesita desplegarse, revelarse en toda su esencia, en toda
su magnitud. La dimensión total del ser humano de la que se trata
aquí abarca toda su existencia con todas sus facultades sensible
y racional, personal y convivencial, material y espiritual, y por
supuesto la dimensión de acciones, de experiencias de vida y la
de supuestos o concepciones en las que yacen las acciones.
Sin embargo, en una consultoría filosófica, el consultante
expresa sus vivencias cotidianas a partir del lenguaje verbal
o mímico. Por lo que el consultor no tiene acceso, al menos
directamente, a la cosmovisión y los supuestos de su interlocutor;
no puede saber lo que es el interlocutor en su totalidad, ya que
tal conocimiento requiere que penetre también la cosmovisión
Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.

Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 185-214.

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�Hermenéutica de la cosmovisión.

desde donde se expresa y actúa ese interlocutor. Por otra parte, los
expertos en las prácticas filosóficas tales como Mónica Cavallé
y Peter Raabe piensan que la consultoría es filosófica cuando
llega a afrontar la cosmovisión del consultante y a modificarla.
En este sentido, conciben que la consultoría es un proceso de
transformación de la visión del mundo del consultante. Por lo
tanto, en este ensayo me pregunto: ¿Cómo el consultor puede
acceder a la visión del mundo que sustenta las experiencias de
vida de su interlocutor?
Dado que la expresión de esas vivencias por el consultante
es la única vía de la que dispone el consultor para aprehender la
totalidad de la magnitud humana, el proceso dialógico y reflexivo
requiere una metodología hermenéutica, la cual contempla, en
primer lugar, la comprensión de las reglas que contribuyen a la
construcción del espacio y de las acciones afirmativas del ser
humano; en segundo lugar, el descubrimiento del sentido que yace
en lo que hacemos y lo que somos; y en fin en la aprehensión de
la intencionalidad, esto es, de los supuestos y cosmovisiones que
fundamentan nuestra existencia. Considero que es sólo cuando
el consultor haya penetrado la cosmovisión de las vivencias del
consultante que el proceso que él dirige puede desembocarse en
una transformación sustancial y vital. En otras palabras, parto del
postulado de que los estilos de vida, así como el conocimiento
que de ellos emerge están inducidos por cosmovisiones cuya
modificación puede mejorar sustancialmente el modo cómo nos
miramos y nos relacionamos con los demás, esto es, el modo de
enfocar y orientarnos hacia la felicidad.
Por lo tanto, el objetivo principal de este ensayo consiste
en comprender a la hermenéutica como una estrategia de
articulación y conjugación del contexto de vida del consultante,
del significado de las acciones y creencias realizadas en este
contexto, así como de la intencionalidad del consultante.

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�Hermenéutica de la cosmovisión.

A fin de alcanzar ese objetivo, este trabajo tendrá un
enfoque cualitativo. En efecto, lo que busco es la reconstrucción
de la realidad del consultante a partir de lo que él mismo expresa
en consultoría y que refleja su ser y el sentido de sus acciones. En
este sentido, esta reconstrucción conlleva un trabajo de refinar más
que contestar preguntas susceptibles de hacer penetrar al mundo
del consultante a partir de la descripción y observaciones de las
vivencias. Estas últimas actividades confieren a mi investigación
una dimensión etnográfica en la recaudación de la información, ya
que tendré que observar al menos cinco consultas y realizar otras
cinco para darme cuenta del modo cómo se expresa un consultante
y el que debe usar el consultor para aprehender una cosmovisión
y modificar o potencializarla. Por otra parte, siendo un trabajo
de filosofía, éste será también de tipo documental para reforzar
la objetividad de mi interpretación, así como la recolección de
la información necesaria para una consultoría. Serán de gran
valor entonces las obras de expertos en consultorías filosóficas
y los archivos audiovisuales que permitan entender el trabajo de
consultor.
Por lo anterior, en primera instancia, describiré la
relevancia de las cosmovisiones en la vida humana; en segundo
lugar, explicaré las estrategias de búsqueda del contexto de la vida
del consultante; enseguida, enfoco en esa explicación la búsqueda
del sentido de los patrones y símbolos del contexto; luego, en
cuarto lugar, analizo brevemente el modo cómo se puede lograr
el acceso a la visión de acción del consultante.

2. Relevancia de las cosmovisiones en la vida humana
La mayoría de los filósofos expertos en consultoría filosófica
reconocen que el objeto de estudio de esa práctica filosófica es
la cosmovisión. Mónica Cavallé, por ejemplo, considera que este
objeto de estudio consiste en las concepciones sobre sí, mientras
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�Hermenéutica de la cosmovisión.

que Achenbach y Peter B. Raabe aluden a las teorías sobre la
vida y a la cosmovisión respectivamente. Por su parte, Roxana
Kreimer refiere para este mismo objeto a las falsas creencias. La
unanimidad sobre el objeto de la consultoría filosófica se debe a la
fuerte influencia que las cosmovisiones ejercen sobre la conducta
del ser humano y el modo de entenderse y su entorno. Si bien el
ser humano puede entenderse suficientemente considerando a la
vez su individualidad y su aspecto social, resulta que el entramado
de redes sociales en las que se inserta una persona determina en
gran medida su calidad de vida y, por consiguiente, su felicidad.
En efecto, los comportamientos humanos están
estructurados bajo la forma de ideas antes de concretarse.
Esas ideas les dan fundamentos y aseguran el actuar humano
ante la comunidad y ante la persona misma. Esa seguridad no
implica que habrá siempre éxito con respecto a las aspiraciones
personales o sociales; ni que en la toma de la decisión que
llevará a la realización del acto no habrá dudas para elegir una
de las propuestas presentes; tampoco significa esa seguridad que
habrá siempre una reflexión ética antes de la acción, esto es, una
reflexión comprometida con el bien y con la felicidad duradera de
los involucrados en el acto, incluyendo a su autor.
Las ideas como fundamentos de un comportamiento
funcionan como elementos justificativos de cualquier acto. Sirven
de base de sustento a un comportamiento determinado sin importar
el modo de su ejecución ni los resultados esperados. Esas ideas
son también un repertorio de soluciones preconcebidas al que el
ser humano acude cada vez que enfrenta un reto en la vida. Las
sociedades humanas las institucionalizan, es decir, las constituyen
en reglas de acción, sin importar cuan lejanas están de la persona
ni cuán incomprensibles son para ella. Con el tiempo y por hábito,
nos referimos a esos sistemas de ideas para actuar sin pensar, pero
con bastante seguridad ante la comunidad que las hizo viables.

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�Hermenéutica de la cosmovisión.

Tal es el caso de las ideologías cuando coordinan e
inspiran las acciones humanas y sobre todo cuando manipulan a
las personas para obtener beneficios, a veces, insospechadas por
esas personas. Es también el caso de muchos modos de vida en los
que actuamos imitando a los demás, aunque el comportamiento
parezca genuino y personal. Por eso, con base en esa explicación,
F. Rossi-Landi afirma: “… a la luz ya sea del materialismo
histórico o de la semiótica, los estilos de vida son socialmente
inducidos y como tales muy condicionados y delimitados …”.1
En el mismo sentido, G. Therborn asigna a la ideología la misión
de constituir y moldear la forma en la cual los seres humanos
viven sus vidas de manera consciente y reflexiva.2
Estos dos autores consideran en sus afirmaciones que
nuestro actuar individual y social no depende completamente de
nosotros, sino que está inducido e incluso moldeado por ideologías
a partir de la cosmovisión que ellas representan e impulsan.
Convencido de esta tesis, Rossi-Landi precisó que existen dos
sentidos principales de la ideología que trascienden la polisemia
perceptible en diferentes autores filósofos y politólogos. Se
trata de la ideología como visión del mundo y de la ideología
como falsa conciencia.3 No es el momento aquí de escrutar esos
sentidos de la ideología, ya que el análisis de Rossi-Landi es tan
erudito y completo que me gustaría que cualquier se diera cuenta
por sí mismo de estos dos conceptos leyendo directamente a este
filósofo inspirador.
Por mi parte, quisiera destacar que son esos dos conceptos
que los expertos en consultoría filosófica consideran como objeto
de su disciplina o subdisciplina. Al respecto, en el preámbulo
a su sitio de Internet “Feminismo científico”, Roxana Kreimer
escribe: “…Me dedico a la filosofía científicamente informada
1

Ferruccio Rossi-Landi, Ideología (Barcelona: Editorial Labor, 1980), 33.

2
Göran Therborn, La ideología del poder y el poder de la ideología, trad.
Eduardo Terrén (Madrid: Editorial Siglo XXI, 1987), 13
3

Rossi-Landi, Ideología, 29-34.

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�Hermenéutica de la cosmovisión.

(www.filosofiaparalavida.com.ar), publiqué varios libros y en
los últimos años investigué temas tales como las diferencias de
género en ética, en creencias pseudocientíficas (el énfasis es
mío) y religiosas y en el humor…”.4 Puse énfasis en las creencias
pseudocientíficas como parte de la falsa conciencia. Se observa
eso en un cuestionamiento de Kreimer al patriarcado profesado
por los feministas, a la violencia de género, a la pobreza entre las
mujeres, y de manera general a la información dudosa que ella
cree haber encontrado en numerosos sitios de corte feminista. Se
puede decir que es su actitud escéptica, la que la llevó a postular
las creencias falsas como objeto de la consultoría.
Por su parte, Mónica Cavallé rechaza esta idea de falsas
creencias porque, para ella, la filosofía es una búsqueda libre de
la verdad, irreductible a resultados extrínsecos y subordinados a
intereses tal como ocurre con las ideologías o las religiones.5 Sin
embargo, en su explicación de la filosofía como terapia considera
que la filosofía tiene “un potencial transformador y liberador”.6
Unifica en el saber terapéutico el conocimiento y la transformación
del sujeto cognoscente. Enseguida, diferencia a este quehacer de
las demás ciencias por lo que ellas son descriptivas, mientras que
la filosofía es explicativa por buscar respuestas argumentadas
a preguntas esenciales. Como la descripción sólo traduce la
estructura del objeto o proceso en un leguaje técnico, subyace
en un sistema de explicaciones, el cual da sentido a su modo de
aproximación.
Al respecto, Cavallé menciona: “Así, cada modelo
4
El texto es extraído del sitio de Roxana Kreimer, “Objetivos,” Feminismo
científico, consultado Septiembre 5, 2021, https://feminismocientific.wixsite.com/misitio.
No encontré la fecha de su publicación, pero por el uso de la primera persona, se intuye que
es una autobiografía de la filósofa argentina. Creo que el texto está escrito en este nuevo
siglo XXI, ya que subraya en él la idea de la década de los 90 del siglo pasado que es el siglo
XX. Su email: Email: filpractica@yahoo.com.ar.
5
Cf. Mónica Cavallé, La sabiduría recobrada. Filosofía como terapia (Barcelona:
Editorial Kairos, 2012), 30.
6

Cavallé, La sabiduría, 39.

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�Hermenéutica de la cosmovisión.

descriptivo suele presuponer – consciente o inconscientemente –
toda una explicación o sistema explicativo. En otras palabras, toda
descripción científica se sustenta en una determinada concepción
del hombre y el cosmos, lo sepa o no lo sepa, lo reconozca o no”.7
Esta afirmación es una aceptación por parte de la consultora de la
importancia de la concepción del mundo, esto es, de la cosmovisión.
Ésta da coherencia y sentido a las descripciones científicas, y las
justifica. Sin embargo, cabe puntualizar que este entendimiento
del modo de hacer de las ciencias descriptivas permite entender
igualmente todo el conjunto de los comportamientos humanos,
los cuales subyacen en una visión del mundo.
A mi parecer, en el terreno de la terapia o de la
potencialización de las capacidades humanas para alcanzar la
felicidad y la plenitud, ya no es tan importante para la filosofía
su veracidad (filosofía como cosmovisión), sino más bien su
capacidad creativa, liberadora, transformadora. No se trata de
saber si la cosmovisión es verdadera o falsa como en el caso de
Roxana, sino que qué tan liberadora es, qué tan transformadora
es. En otros términos, la filosofía terapéutica es aquella que
provee de herramientas de liberación de sí, es la que hace emerger
la dinámica que humaniza, que potencializa la plenitud humana
poniendo el ser humano en contacto consigo mismo y con los
demás.
Por eso, cambiar al ser humano consiste en transformar
su sistema de creencias, sean esas últimas falsas o verdaderas,
hacia una concepción que lo dignifique y no hacia la que lo
esclaviza, lo domina ni lo deshumaniza. Creo que la diferencia
entre el planteamiento terapéutico y el ideológico descansa en
que este último toma a la cosmovisión como justificadora de
intereses propios ocultos pertenecientes a una persona o un grupo
de personas. A la consultoría filosófica le interesa la cosmovisión
ya que ella configura nuestra conciencia y condiciona la
comprensión que tenemos de nuestra realidad y, por lo tanto, de
7

Cavallé, La sabiduría, 47.

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�Hermenéutica de la cosmovisión.

nuestra felicidad. De este modo, revelar a la conciencia nuestro
sistema de creencias, es decir, los supuestos que ocultan nuestros
comportamientos, es un camino abierto hacia la realización de la
humanidad entre nosotros.
En efecto, las cosmovisiones son como brújulas
orientadoras, cuyos conocimiento y modificación, posibilitan
igualmente la transformación del ser de la persona o comunidad
que se identifica con ellas. Esta modificación es también posible
porque una cosmovisión, al igual que una identidad, encierra
una función conservadora y otra adaptadora. Las dos funciones
son a la vez opuestas y complementarias8. Si bien la función
conservadora constituye un referente permanente para tener la
mirada fijada en los objetivos por alcanzar, en ello está su función
orientadora, la dimensión de adaptación configura la flexibilidad
para enriquecer el núcleo conservador, modificar estrategias, sufrir
cambios a través de la historia entendida como circunstancialidad
y temporalidad que nos tocan convivir.
De lo anterior, podemos afirmar que si el conocimiento
de una cosmovisión es transformador y liberador tal como lo
afirma Mónica Cavallé, es porque todas las visiones del mundo
tienen este aspecto histórico adaptador, el cual es flexible en la
medida en que puede enriquecerse o empobrecerse con miras a
la consecución de objetivos planteados. Considero que el papel
de la consultoría, a diferencia de las ideologías y los sistemas de
creencias dogmáticas como en las religiones, consiste en hacer
consciente los supuestos de la actuación humana y en emerger
la humanidad a partir de la potencialización de las habilidades
de pensamiento crítico, cuidante y creativo. La consultoría como
quehacer filosófico no analiza una cosmovisión para adormecer
al individuo ni su comunidad, sino más bien para construir un
proyecto ético de liberación, del despertar. En este proyecto
consiste la historicidad de la filosofía como capacidad de liberación
8
Heinz Dieterich, Identidad nacional y globalización. La tercera vía. Crisis en las
ciencias sociales (México: Editorial Nuestro Tiempo, 2000), 129.
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�Hermenéutica de la cosmovisión.

de las ataduras de todo tipo, es decir, de todos los sistemas de
opresión y dominación externas, así como los sistemas mentales
y espirituales que condicionan y obstaculizan la felicidad de
personas y la armonía de las comunidades.
En suma, las cosmovisiones son brújulas que orientan tanto
a las personas como a sus comunidades. Su función conservadora
posibilita la estabilidad tanto personal como comunitaria, mientras
que la función de adaptación les confiere una dimensión histórica
desde donde es posible ejercer la consultoría para producir
cambios profundos que liberen al ser humano y potencialicen su
felicidad. Por eso, su importancia, en consultoría filosófica, no
radica en que sean verdaderas o falsas, sino en su susceptibilidad
de ser modificadas para el bien de la humanidad. En este sentido
la consultoría puede definirse como un proceso por el cual el ser
humano accede o emerge a la humanidad en el mundo presente.9
Esta connotación es un llamado a los consultores filosóficos
para buscar estrategias que dinamicen la función liberadora y
transformadora de las cosmovisiones.

2. Búsqueda del contexto de la vida cotidiana y sus principios
El entendimiento de las cosmovisiones y los supuestos en el
discurso de un consultante permite esclarecer los orígenes
del sufrimiento existencial e idear estrategias y competencias
adecuadas para alcanzar la felicidad en la vida. Sin embargo, no
es fácil acceder a esos supuestos dado que el consultante puede
ser inconsciente de ellos o de algunos de sus aspectos. Por otra
parte, el único material a disposición del consultor es la expresión
oral, mímica o sonora de su consultante, la cual siempre envuelve
el contexto espacial y temporal desde donde se presenta el
consultante. Podemos considerar, por último, que esos supuestos
9
Cf. Fabien Eboussi Boulaga, “Race et identité en Afrique,” Bulletin du
CODESRIA, no. 1 (2000): 66.
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�Hermenéutica de la cosmovisión.

del consultante pueden ser falsos o verdaderos, sin embargo,
posibilitan con toda fuerza comportamientos hacia uno mismo y
hacia los demás.
Estas consideraciones demuestran que al proceso de
consultoría le importan las cosmovisiones porque ellas son el
fundamento de los actos humanos personales y grupales. No es
necesario aquí que la visión sea verdadera o falsa, lo que importa
es su fuerza para producir actos humanizadores. Ello implica que
nuestros actos no son meramente individuales; a menudo, son una
apropiación de las visiones políticas, religiosas y éticas existentes.
Así, por ejemplo, la decisión de una novia para casarse con un
vestido blanco o beige; la de un alumno para abandonar o no
una carrera, de cualquier persona para vivir o no con una pareja,
etc., esas decisiones no dependen totalmente de sus autores, sino
que a menudo obedecen a un modelo preestablecido al cual nos
referimos consciente o inconscientemente. Entender este modelo,
compararlo con otros existentes y ampliarlo puede ser benéfico
para una persona en busca del bienestar social y personal.
Como el modelo surge desde un contexto social
determinado y sobrevive en él, es importante tener acceso a ese
contexto y comprender los principios que lo rigen y rigen al
comportamiento humano. Al respecto, Roxana Kreimer considera
que la ventaja de la filosofía con respecto a otras formas de
consultoría como la psicológica consiste en que no se limita a las
explicaciones personales. Al contrario, la consultoría filosófica
“toma en cuenta el contexto social en que surgen nuestras
formas de pensamiento, nuestros hábitos y nuestras conductas”.10
Desde este punto de vista, toda cultura, así como sus diferentes
componentes sociales como las asociaciones civiles, políticas
y religiosas, constituyen modos de vivir de una persona o de
toda una sociedad. Su conocimiento es importante, porque esos
contextos moldean las creencias, los hábitos, las emociones hasta
10
Roxana Kreimer, Artes del buen vivir. Filosofía para la vida cotidiana (Buenos
Aires: Editorial Anarres, 2002), 8.
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�Hermenéutica de la cosmovisión.

convertir los individuos en agentes sociales, los cuales actúan
para responder a intereses de esos grupos y no necesariamente a
sus propios intereses ni su propio bienestar.
En efecto, una acción aparentemente individual puede
estar inducida desde las ideas, los supuestos o las visiones que
fundamentan la estabilidad de esos contextos a los que pertenece
el consultante. Por eso, un asesor filosófico debe estar atento no
sólo a esos contextos sino sobre todo a los principios que los
establecen como estables, es decir, a las ideas y las estrategias
con las que esos grupos sociales interpelan a las personas, las
cualifican y las someten para actuar de un modo determinado.
Este conocimiento permitirá el diálogo con las visiones filosóficas
para proveer al consultante de herramientas adecuadas para su
posible transformación o la transformación de los supuestos.
El contexto social y temporal del consultante no es
solamente su espacio de vida, es sobre todo un sitio desde donde
toda consultoría filosófica parte y al cual debe hacer constantemente
referencia para manifestar este vínculo de la filosofía con la
vida cotidiana. Desconocerlo es volver a traicionar la filosofía y
anclarla en una especulación desconectada de los problemas que
aquejan a la humanidad. Por eso, al inicio de una consultoría y
cuando el consultante haya expuesto sus dificultades o las haya
formulado en una pregunta, es importante identificar el mundo de
la vida del consultante. De este modo, las preguntas iniciales sobre
lo que hace el consultor, sus rutinas diarias, sus preocupaciones,
su jobi, sus alegrías, etc., esas preguntas son idóneas para conocer
el contexto espaciotemporal del consultante. También es posible
estar atento a los conceptos que usa el consultante durante el
proceso de consultoría, compararlos, inferir este mundo de vida y
confirmarlo con el consultante.
La importancia del contexto de vida es explicada de
manera clara y abundante por Ran Lahav quien menciona:
“Siempre comenzamos el proceso filosófico con un autoexamen,
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�Hermenéutica de la cosmovisión.

autoexploración. Si queremos salir de nuestra prisión
perimetral, debemos primero investigar cómo es nuestra prisión.
Desconociendo nuestras limitaciones es difícil superarlas”.11 Esta
afirmación es una invitación para empezar la consultoría con el
entendimiento del perímetro del consultante, de su estructura
y de las leyes que lo rigen. Esta cárcel muy limitada puede ser
superada, extendida o incluso destruida sólo si somos capaces de
entenderla y entender cómo condiciona nuestra vida.
Una vez conocido el lugar de vida del consultante, el
consultor puede interesarse a su estructura y organización, a sus
interrelaciones con otros mundos para encontrar influencias y
así determinar si las dificultades de su huésped son internas a su
mundo de vida o son externas. Ran Lahav considera que nuestro
perímetro está constituido por tres componentes esenciales:
los patrones de comportamientos, emociones, pensamientos
y actitudes; enseguida está el poder de estos patrones, el cual
manifiesta su resistencia cuando queremos cambiarlos; y en fin
está la concepción que el patrón expresa.12 Considero válido tal
inicio de la consultoría filosófica, ya que la estructura del contexto
es uno de los elementos a contemplar en la reflexión posterior
sobre una posible superación del contexto.
Enseguida, es necesario saber dónde este contexto o
perímetro obtiene los recursos necesarios para su funcionamiento,
cómo esos recursos están distribuidos, quién es la central de decisiones
y en función de qué se toman esas últimas o si esas decisiones son
autónomas, cuáles son las sanciones previstas para los logros y para
los fracasos de los miembros, etc. De este modo, el consultor puede
determinar el tipo de relaciones que se desarrollan en el contexto y
sus posibles influencias sobre el consultante.
11
Ran Lahav, Saliendo de la caverna de Platón. Consejería filosófica, práctica
filosófica y autotransformación, trads. Carmen Zavala y Gon Jorge (Vermont: Loyev Books,
2016), 42.
12
Cf. Ran Lahav, Curso de práctica filosófica, trad. Carmen Zavala (México:
CECAPFI, sin fecha), 7-8, https://stream.docer.com.ar/getpdf/6197124/s0vc81x/
MjAyNTA2OTM0Nzg3LDU,/.
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Lo anterior, no es la profundización de la pregunta ni
tampoco la problematización de las dificultades del consultante.
Se trata sólo del conocimiento del modo de vida del consultante,
el cual necesita de cierta conceptualización y sobre todo de
concientización por parte del consultante. Tal conocimiento, le
ayudará al consultante a saber si es realmente autónomo o si
sus acciones obedecen a intereses ajenos a él. La morfosintaxis
permite entender la estructura y las reglas de los contextos
cotidianos en los que nos desenvolvimos, determina el origen de
nuestros comportamientos y sus variantes como respuesta a un
contexto bien definido. Nos permite también establecer relaciones
entre comportamientos y, de este modo, el consultor puede inferir,
aunque de manera todavía preliminar, la visión del mundo que
subyace debajo del actuar humano.
Por consiguiente, en la consultoría, el quehacer
filosófico como pensamiento crítico, creativo y transformador no
puede darse el lujo de desarrollarse al margen de la realidad que
vive el consultante y de la cual surgen sus dificultades. Este mundo
de la vida es un referente necesario para el uso de las herramientas
con las que cuenta el consultor tales como la problematización, la
profundización o la conceptualización. Es también indispensable
porque, a menudo, es el sitio desde donde los conceptos que usa el
consultante se cargan de significados y de símbolos que facilitan
la comunicación y la institucionalización de los comportamientos.
Así, por ejemplo, una respuesta a un arreglo de flores obedece
mucho más al sentido que una comunidad determinada le ha dado
a este arreglo que a un significado extraído del diccionario o de
cualquier concepción filosófica sin anclaje social.
Por tal razón, es importante no sólo conocer el contexto
espacio temporal al que pertenece el consultante, sino también,
los significados que este contexto y sus interrelaciones imprimen
a los comportamientos, a los objetos de la vida cotidiana. Este
estudio se llama semántica de la cosmovisión.
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3. El significado de los patrones y símbolos del contexto de la
vida
La semántica, en lingüística, refiere al estudio del significado
de las palabras como signos de comunicación verbal o escrita
en un determinado contexto. Esta connotación descansa en que,
dependiendo del universo del discurso, una misma palabra podría
tener varios significados. De allí, la necesidad de encontrar el
sentido aproximado que utilizó el interlocutor para transmitir
su mensaje se debe al vínculo existente entre la palabra usada
en la comunicación y el contexto al que refiere, o, de manera
general, la relación entre el discurso y el contexto para su mejor
entendimiento. Así, por ejemplo, la palabra filosofía usada en
el ámbito de la carta magna de una institución social alude al
conjunto de comportamientos, creencias e ideas que fortalecen
las relaciones dentro de dicha institución, así como con sus
interlocutores o clientes. Sin embargo, sabemos que la misma
palabra filosofía significa amor a la sabiduría, una búsqueda
incesante del conocimiento verdadero sobre el ser humano y su
entorno.
Lo mismo puede ocurrir con la palabra “hermano/a”
que puede significar persona considerada como hijo o hija de la
misma madre o mismo padre; sin embargo, puede referir también
a un religioso perteneciente a una misma religión o congregación
o a un miembro de un grupo de amigos. Este caso ocurrió en
una consultoría en la que un consultante hablaba del cuidado
sanitario de su hermano en relación con la observancia de la
dieta prescrita por el médico. Después de un tiempo, resultó que
su hermano no era hijo de sus papás, sino un miembro de una
comunidad religiosa. Por consiguiente, en función del contexto
aludido de manera implícita o explícita, una palabra puede referir
a conceptos o significados diferentes que habría que distinguir
y explicar en un dialogo con una persona consultante, a fin de
evitar malentendidos, interrumpir la fluidez y la armonía entre
interlocutores.
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No es entonces casual que, en la presentación de “Aspectos
de semántica lingüístico-textual” de Estanislao Ramón Trives,
Antonio García Berrio mencione: “El significado lingüístico
es un resultado sin duda poliédrico que recubre convenciones
genéticas y operaciones ad hoc, que incardina constantes lógicas
y variables emociones, que articula valores lexémicos (…); y
que, en fin, relativiza definitivamente toda pretensión de valor
estable…”.13 Esto significa que el sentido de un texto o un discurso
emerge sólo cuando seamos capaces de articular las reglas de la
sintaxis con los signos usados en una situación determinada, las
emociones que esos signos expresan y la intencionalidad del autor
del discurso.
Por otra parte, varias palabras pueden referirse a una
misma área de la vida cotidiana, la cual reviste de cierto
significado para el interlocutor. A menudo, el interlocutor no es
consciente de tal significado o no lo tiene claro. En este caso,
la búsqueda del significado correcto contempla la estrechez de
relaciones que existen entre las palabras, la cual constituye lo
que se llama el campo semántico, esto es, el área del significado.
Así, las palabras tareas, ensayos, procrastinación, calificación,
reprobación pueden ceñir un mismo campo de significado, esto es,
el campo semántico, al referirse todas a controles y actitudes en el
ámbito de la educación. La estrategia de interpretación consiste
en asociar esos conceptos, vincularlos, ordenar o jerarquizarlos a
fin de entender el concepto general que los engloba o el supuesto
en el que se fundamentan.
Estas estrategias semánticas se utilizan en la mayoría de
las propuestas de consultoría filosófica vigentes en la actualidad.
Sin embargo, no parecen prestar atención al contexto de la vida
cotidiana del consultante y algunas estrategias menosprecian
el manejo de las emociones del consultante consideradas no
racionales. En efecto, un examen cuidadoso de las metodologías
13
Antonio García Berrio, presentación a Aspectos de semántica lingüístico-textual,
por Estanislao Ramón Trives (Madrid: Ediciones Istmo, 1979), 4.
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usadas por diversos consultores filosóficos actuales muestra
que ellas se circunscriben en la semántica de los conceptos del
consultante de los que extraen supuestos que serán contrarrestados
o puestos a discusión. Roxana Kreimer, por ejemplo, presta
más atención al examen de los argumentos del consultante y
a la clarificación de los conceptos que a las reglas que rigen el
contexto en el que se desarrolla el consultante,14 aunque se refiera
a la situación planteada en el discurso del consultante.
Por su parte, Mónica Cavallé es convencida de que
la filosofía y la vida son inseparables y que el camino a la
transformación pasa por el “tao”, entendido como vía profunda de
la filosofía perenne. Sin embargo, la explicación de esta relación
nos parece todavía más abstracta, ya que habla de la escucha
hermenéutica o del yo profundo,15 del despertar a una nueva
visión sin la cual no existe una autentica filosofía, de recrear
posiciones y puntos de vista en los que el consultante se reconoce
y se compromete con la veracidad16 antes de aplicar la mayéutica,
sin precisar cómo se acede a esas visiones ni a los significados de
conceptos usados por el consultante.
Oscar Brenifier se inspira, por su parte, de esa misma
mayéutica socrática en la medida en que cuestiona al consultante,
incitándolo a descubrir su propia incoherencia e ignorancia en
un proceso que siempre da a luz nuevos conceptos,17 pese al
sufrimiento que se puede experimentar. Se trata de una filosofía
anclada en la vida cotidiana cuyo objetivo es comprendernos
mejor, ver con mayor claridad y vivir bien. Para ello, parte de
la hipótesis del consultante y de la justificación por parte del
consultante de esa hipótesis antes de aplicar la antítesis con el
objetivo de ampliar el pensamiento y abrir vías alternas. Sin
14

Cf. Roxana Kreimer, Arte del buen vivir, 17.

15

Cavallé, La sabiduría, 118.

16

Cavallé, La sabiduría, 175, 183.

17
Oscar Brenifier, Filosofar como Sócrates. Introducción a la práctica filosófica,
trad. Gabriel Arnaiz (Valencia: Diálogo, 2011), 12.
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embargo, no hay aquí ninguna referencia al mundo de vida del
consultante ni a la expresión gestual de sus sentimientos.
En cuanto a Peter Raabe, para dar condiciones y habilidades
al cliente o consultante de lograr en la vida, comprendiendo
el mundo en que vive, propone examinar la cosmovisión del
cliente, esto es, “the client’s worldview”.18 Para él, la tarea de la
consultoría filosófica debe ser la interpretación de la cosmovisión
del cliente usando habilidades del pensamiento crítico y creativo.
Metodológicamente, considera que antes de interpretar la
cosmovisión, el consultor debe primero analizar y resolver el
problema inmediato presentado por el consultante. Sólo después
de resolver ese fenómeno, podemos modificar o ampliar la visión
del consultante. Todo parece como si el fenómeno que aqueja al
consultante estuviera desconectado de su cosmovisión.
Resulta de esas estrategias que la comprensión del
problema que trae el consultante a partir de la asociación de
palabras o connotaciones es importante. Sin embargo, este
análisis no agota la interpretación en la consultoría ni tampoco
puede considerarse como la cúspide dónde se encuentra la
cosmovisión del consultante. Ayuda a comprender el discurso,
instituye la armonía comunicativa entre los interlocutores, sin
embargo, sola la semántica no puede dar acceso a la cosmovisión
real del consultante ni asegurar que la hayamos encontrado para
oponerle otras concepciones de la vida en general y de la filosofía
en particular.
En efecto, de acuerdo con las teorías de Ran Lahav y Peter
B. Raabe, hay filosofía cuando el consultor busque o encuentre
patrones que hablen de visiones profundas, de supuestos ocultos19
en el discurso del consultante, y cuando actúe sobre ellos para
ampliarlos o modificarlos. Sin embargo, con la semántica estamos
18
Peter B. Raabe, Philosophical counseling. Theory and practice (Connecticut:
Praeger, 2001), 206.
19

Raabe, Philosophical counseling, 206.

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todavía en el descubrimiento y entendimiento del “perímetro” o de
la estructura de vida del consultante y no en lo que este perímetro
oculta, esto es, su cosmovisión. Por otra parte, es preciso hacer
notar que estas eminentes teorías refieren al trabajo del consultor
en tanto investigador de los supuestos ocultos detrás del discurso
del consultante. Por su carácter oculto, éstos últimos pueden
permanecer latentes al consultor. Por consiguiente, me pregunto:
cuando el consultor no encuentra los supuestos, ¿esta situación
implicaría que no hubo filosofía durante la consultoría? Y, si los
encuentra sin mucho esfuerzo de indagación, ¿ello sería el signo
de la excelencia de su filosofar?
Esas preguntas me permiten evocar a Karl Jaspers, para
quien la filosofía no es un cúmulo de saberes o supuestos, los
cuales tenemos que encontrar. Su esencia se encuentra en la
búsqueda de ellos, en el preguntar sobre ellos de modo que cada
supuesto encontrado se constituya en un nuevo problema que
investigar. Eso implica que hay filosofía en la medida en que
sepamos preguntar al consultante, esto es, cuando la pregunta es
entendida como “una forma específica de movimiento o actitud
creativa y abierta”,20 porque hace pensar al consultante y éste, en
el preguntar, hace pensar al consultor. En este sentido y de acuerdo
con Sumiacher, lo filosófico de la pregunta en la consultoría se
caracteriza por mover a la persona más allá de lo cotidiano, por
transcender este último, y por posibilitar varias inferencias. Eso
implica que la clarificación y comprensión de los conceptos son
insuficientes mientras no somos capaces de movernos hacia lo
que oculta la vida del consultante.
Este filosofar en la consultoría debe rebasar, como lo dice
Raabe, el reto concreto que trae el consultante, su discurso, los
contextos de vida, así como las visiones desde donde se moldea
esa vida. Tal superación es posible sólo si nos adentramos más en
el terreno de lo oculto en el consultante, allá donde puede haber
20
David Sumiacher, comp., Prácticas filosóficas comparadas (Buenos Aires:
Novedades Educativas, 2019), 6.
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conflictos de visiones o de puntos de vista entre los interlocutores,
donde todos nos sentimos inseguros cuando el consultante no
confirma lo que creemos que es su visión del mundo. Se trata
de pasar de la semántica a la pragmática, a la búsqueda de la
intencionalidad del discurso y de los contextos de vida del
consultante.

4. Visiones y supuestos como intencionalidad del discurso del
consultante
Este trabajo surge de mi estado de turbación provocado por
el hermetismo intelectual o la falta de explicación sobre las
estrategias de acceso a los supuestos del consultante. Es un
tributo a la prioridad identificada por Peter Raabe de interpretar la
cosmovisión del consultante. En junio de 2018, asistí en la UNAM
de la ciudad de México al taller de consultoría del noruego Anders
Lindseth sobre el diálogo en la práctica filosófica; sin embargo, la
sesión fue dedicada a explicar lo que se tenía que hacer durante
la consultoría; por lo que no hubo práctica del diálogo. El taller
dirigido por alumnos de Ran Lahav se enfocó más en la meditación
de un texto que en la búsqueda de la cosmovisión de una persona.
El único taller de consultoría realmente realizado fue el de
Oscar Brenifier, quien ofrecía sesiones públicas de consultoría
a cualquier que quisiera. Luego cursé clases impartidas por él
con realización de varias prácticas. Sin embargo, como él era un
carpintero experimentado o un verdadero mago, no había no sólo
posibilidad de corregirle, sino tampoco la de saber cómo lograba
identificar los supuestos del consultante.
Por eso, pensé que sería indispensable revisar la mayoría
de las propuestas reales de consultoría para penetrar la visión
desde la cual actúa un consultante. De mis observaciones y de
mi pequeña experiencia de consultoría, creo que el supuesto del
consultante es encontrado como la intencionalidad que anima el
discurso y los comportamientos. Esta percepción, la extraigo de
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Oscar Brenifier. En efecto, cuando Brenifier pregunta: “¿Ves que
tu pregunta tiene una hipótesis, un supuesto? ¿Cuál es? ¿Eras
consciente de eso?”, está haciendo observar al consultante uno
de los supuestos incluido en su discurso. Pero, este discurso y los
comportamientos que de él emanan, ¿realmente se fundamentan
en esta hipótesis inicial? La respuesta a esta pregunta necesita del
conocimiento no sólo del discurso, sino también del contexto de
vida, de modo que, el pensamiento problematizador o crítico que
amplía la visión o la modifique pueda empezar cuando realmente
hayamos encontrado la visión de nuestro huésped.
Observé que el supuesto referido encierra uno o varios
conceptos clave para la consultoría. El consultor los identifica, los
profundiza con su huésped uno tras otro en un proceso de apertura
y cierre de cortos ciclos. Luego, los relaciona comparándolos u
oponiéndolos para encontrar su sentido junto con el consultante.
Durante este proceso, aparecen otros supuestos, otras visiones
parciales, las cuales se someterán al mismo proceso de
profundización, problematización y evaluación. Este quehacer es
realmente semántico, ya que permite entender mejor el sentido
del discurso del consultante, agiliza la comunicación con él y
esclarece sus objetivos.
Para encontrar o confirmar la visión real del consultante,
haría falta relacionar ese sentido ya entendido con el contexto
sociopolítico del consultante. El consultor debe pasar de la
asociación de puros conceptos a la asociación de los conceptos
con las circunstancias temporales y espaciales que determinan
su uso por el consultante. El consultor debe relacionar los
elementos lingüísticos del discurso con todo lo que posibilita
su uso. El tiempo y el espacio de vida del consultante son
evocados de manera general; sin embargo, son también
importantes las expresiones corporales como los gestos y
movimientos, las lágrimas o sonrisas que pueden expresar
la alegría o la tristeza, símbolos y actitudes culturales, etc.
Todos esos elementos contextuales sugieren al consultor una
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buena interpretación del discurso de su interlocutor, y, por
consiguiente, la captación de la visión del mundo que se busca.
El consultante que estaba preocupado por la salud de su
hermano con respecto de la dieta prescrita por el médico declara:
“Llegué a pensar: ¿no será fácil darle el veneno para que acabara
una vez por todas con su vida?” Luego se enrojecieron su cara y
sus ojos, y se podía observar algunas lágrimas. Al no formar parte
del contexto de vida de esos hermanos, podemos considerar esa
declaración como una expresión de la mala fe de su autor. Sin
embargo, al escucharlo describir su contexto de vida, uno se da
cuenta que los hermanos valoran mucho la solidaridad y la ayuda
mutua; la vida del otro pasa delante de la propia vida, el amor
al prójimo es el valor principal en su comunidad y fundamenta
todas sus acciones. La expresión de la cara connota claramente un
sentimiento de empatía.
Y al asociar todas esas circunstancias, pudimos entender
que el consultante tenía una visión de convivencia armónica con
los demás hermanos, una convivencia aprendida a partir de su
religión. Cada vez que usaba la palabra hermano, se veía que lo
amaba mucho y temía por su muerte, quizás acelerada por falta
de obedecer a las prescripciones médicas. De este modo, pudimos
identificar esta búsqueda de armonía sobre la cual descansa la
vida de los hermanos, así como el miedo o la ansiedad de perder
a un hermano. No cabe duda aquí que la armonía y la ansiedad
se enfrentan delante de la felicidad individual y comunitaria de
los hermanos. Este resultado puede discutirse como cualquier
interpretación, pero es fruto de la asociación de los significados
con los contextos de vida de una persona. Es el resultado de la
pragmática. Por eso, creo que tiene razón Mauricio Beuchot
cuando afirma: “La pragmática busca el significado del hablante…,
y no el significado como tal. De manera parecida, la hermenéutica
busca la intencionalidad del autor… Es decir, ninguna de estas
dos disciplinas se queda en el significado como tal (que quizá ni
existe), sino que van al significado que surge del uso”.21
21

Mauricio Beuchot, “Hacia una pragmática analógica,” Revista Acta Poética 33,

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Esta afirmación demuestra que, en la consultoría, hay
que prestar atención sobre la manera cómo el contexto, esto es,
todo lo que no es lingüístico, condiciona el uso del lenguaje e
influye en la vida humana. Es así porque el consultor filosófico
usa el lenguaje, el diálogo, como un instrumento heurístico, el
cual le permite buscar y encontrar junto con el consultante las
visiones del mundo de este último. Si no se considera el contexto
y sólo el significado del término como tal, no sólo se empobrece
el discurso del consultante, sino que también nos cerramos
la puerta de acceso a la cosmovisión de nuestro huésped. Esta
función de la consultoría envuelve la específicamente filosófica
que consiste en hacer pensar al consultante sobre su situación o
la de su comunidad. Por lo tanto, el descubrimiento de la visión
desencadena todo el proceso de la consultoría y lo define como
una permanente búsqueda del sentido de las interrelaciones entre
el concepto, su uso y el contexto.
Y es el entendimiento y el compromiso con esas
interrelaciones los que distinguen el quehacer filosófico de las
demás consultorías de mismo tipo. El filósofo no da la solución
a su interlocutor, sino que lo ayuda por medio del razonamiento
a encontrar la solución que le convenga, a superar su perímetro
entendido como “mi mundo tal como lo vivo y como me relaciono
con él”.22 Al respecto, Ran Lahav es más claro que cualquier otro
consultor cuando afirma:
El rol del filósofo práctico es guiar al consultante en ese
proceso y observar de qué forma sus comprensiones
funcionan como un perímetro – en otras palabras,
cómo limitan la vida dentro de confines automáticos,
rígidos y superficiales. Una exploración exitosa de las
comprensiones perimetrales puede ayudar más tarde al
consultante a embarcarse en la segunda etapa importante
no. 1 (enero – junio 2012): 52.
22

Ran Lahav, Curso de práctica filosófica, 7.

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del proceso filosófico, la de explorar caminos para
abandonarlas.23
Hacer pensar al consultante y al consultor, es una
actividad que puede lograrse sólo cuando nos ponemos
a buscar la intencionalidad del consultante y sobre todo
cuando ésa es más latente que nunca. Sólo a partir de la
confrontación de varias alternativas, todas resultantes de
la relación entre el contexto y los significados, podemos
pretender llegar a la visión desde donde actúa y discurre
el consultante.

23

Ran Lahav, Saliendo de la caverna de Platón, 49.

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Conclusión
Toda estrategia hermenéutica de un texto escrito u oral es una
articulación de las reglas o relaciones que configuran y delimitan
el contexto, del sentido que revisten los patrones y símbolos de este
contexto, así como de la relación entre el contexto y el significado.
No es por lo tanto un análisis unilateral de uno de esos tres
factores que constituyen su pertinencia, ya que se considera que
la interrelación entre el contexto, el sentido y la intencionalidad
del discurso agrega más información al entendimiento de ese
discurso, es decir que, al relacionar el contexto, el significado y
la relación entre ambos se obtiene más información imposible de
alcanzar si sólo se considera uno de los aspectos de la estrategia.
Por eso, la subdivisión de nuestro ensayo en tres pasos de la
hermenéutica, es sólo metodológico y no debe entenderse como
una exclusión de un estilo de consultoría filosófica ni tampoco su
separación.
En efecto, todos los estilos de consultoría filosófica son
pertinentes, porque visualizan un aspecto importante de la vida
humana al focalizar su atención en el contexto directo de la vida,
en el sentido de los patrones de este contexto o en la cosmovisión
sobre la cual yacen esos patrones de comportamiento, creencias y
pensamientos. Sin embargo, para aprehender y conceptualizar la
visión del consultante, es preciso relacionar los tres aspectos de
la estrategia, ponerlos en diálogo y comunicarlos. La prioridad de
esta interrelación descansa en que la consultoría busca dialogar
con la realidad de la vida cotidiana en la que se desempeña
el consultante, negocia con esa realidad a fin de proveer de
herramientas a la persona deseosa de la felicidad o de la mejora
en su vida emocional, espiritual, material, esto es, en la plenitud
de su vida.
Por este motivo, este trabajo empezó por mostrar la
importancia de las cosmovisiones en la vida humana. Mostró,
a partir de Ferruccio Rossi Landi y de Goran Therborn, que
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las cosmovisiones moldean los comportamientos; influyen en
nuestras decisiones que, a menudo, aparentan ser personales;
inducen prácticamente todos los estilos de vida y su comprensión.
Son la guía, la brújula de las personas y comunidades. No es
entonces casual que la política o la administración de las masas
o de las comunidades se haya interesado en las cosmovisiones.
En este mismo sentido de las cosmovisiones como brújula de las
personas y considerando que la filosofía es un arte del buen vivir
asociado a los problemas más inmediatos de la vida cotidiana, no
es tampoco casual que la consultoría filosófica se haya interesado
a las mismas cosmovisiones.
A fin de encontrarlas y aprehenderlas, me propuse
de esclarecer, a partir de Peter B. Raabe, la importancia de la
estrategia hermenéutica. Es desde este camino que comprendí y
resalté que la aproximación en torno a la consultoría filosófica de
Ran Lahav enfatiza mucho el perímetro de la vida del consultante,
mientras que Oscar Brenifier presta mucha atención al significado
del discurso de ese consultante. Por otro lado, aunque de manera
general, la dinámica de Mónica Cavallé, Roxana Kreimer y Peter
Raabe apunta directamente al estudio de las cosmovisiones que
ellos perciben en el consultante. Para este ensayo, concebimos
como idónea la estrategia hermenéutica, la cual permite conjugar
a la vez las reglas y relaciones del contexto, el significado de esas
relaciones y símbolos de comunicación para el consultante, y la
intencionalidad del autor del discurso. Es esta intención, la que
podemos conceptualizar como el presupuesto, el supuesto o la
visión desde donde el consultante siente el sufrimiento y define
su felicidad.
Por lo tanto, la compleja articulación de las formas de
consultoría filosófica existentes actualmente es el camino correcto,
aunque lleno de conflictos de interpretaciones, para entender
mejor al consultante y empezar una posible transformación de su
cosmovisión. Con ello, me inscribo en la línea abierta por Carmen
Zavala para quién los diferentes aspectos de la consultoría que
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realizan los filósofos prácticos sirven para enriquecer a la práctica
filosófica y abren nuevas perspectivas para su desarrollo24. Por
eso, la consultoría filosófica debe concebirse como un área
compleja en la cual la interrelación es una clave imprescindible
para entender y ampliar el mundo del consultor.

24
Carmen Zavala, “La consultoría filosófica de Ran Lahav, Oscar Brenifier y Ora
Gruengard: ¿aproximaciones incompatibles?,” Revista Haser. Revista Internacional de
filosofía aplicada, no. 1 (2010): 93.
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Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 185-214.

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�Filosofía de la Embriaguez

Filosofía de la Embriaguez
Sobre el (no) registro de lo femenino
en la experiencia ebria

Philosophy of Drunkenness
On the (non) register of the feminine in the
drunken experience
Resumen: El presente artículo realiza una breve exploración de
las consideraciones que en torno al fenómeno de la embriaguez
han dominado en la reflexión filosófica. Así se descubre que
la tradición del pensamiento, tomando de modelos a filósofos
como Platón, Descartes y Nietzsche, ha sostenido una posición
paradójica al respecto: por un lado, la ebriedad abre una vía hacia
el descubrimiento de la verdad, pero por el otro, se la rechaza
como vicio, experiencia irracional y signo de degeneración. De
aquí se propone que la embriaguez pertenece a otro campo que
no es propiamente el de la filosofía ordenada por el hombre, sino
que se encuentra estrechamente vinculada con la representación
del cuerpo y el saber de la mujer, la cual remite a un origen
sin registro. Por último, esto posibilita vislumbrar la privación
simbólica que ha padecido la mujer para adueñarse de un lugar
en la historia.
Palabras clave: verdad, dionisíaco, origen, extranjero, das Ding.
Abstract: This article makes a brief exploration of the
Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 215-236.

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�Filosofía de la Embriaguez

considerations that have dominated philosophical reflection
around the phenomenon of drunkenness. Thus, it is discovered
that the tradition of thought, taking philosophers such as Plato,
Descartes and Nietzsche as models, has held a paradoxical
position in this regard: on the one hand, drunkenness opens a
path towards the discovery of truth, but on the other, it is rejected
as a vice, irrational experience and sign of degeneration. From
here it is proposed that drunkenness belongs to another field that
is not properly that of the philosophy ordered by the man, but
that it is closely linked with the representation of the body and
the knowledge of the woman, which refers to an origin without
register. Finally, this makes it possible to glimpse the symbolic
deprivation that women have suffered in order to take over a
place in history.
Keywords: truth, dionysian, origin, foreigner, das Ding.

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Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 215-236.

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�Filosofía de la Embriaguez

Introducción: el ideal filosófico de la sobriedad
Acaso sean pocos los asideros que desde la filosofía tengamos
para hablar, con la seriedad que se merece, del tema de la
embriaguez. Todo el peso de la tradición del pensamiento occidental
ha conjurado en su contra, ya que si no es relegada al ámbito de la
poesía y la chanza picaresca, se la utiliza como el contraejemplo
del ejercicio de la razón, como lo opuesto a la práctica de la virtud
y como algo que, en sí y por sí mismo, no tiene la importancia
suficiente para ingresar al terreno de la interrogación filosófica.
Porque ciertamente el modo de ocuparse en la investigación
filosófica exige, en su mayor parte, de sobriedad,1 de un carácter
metódico que aprenda a dominar la formulación de juicios. Por
lo mismo, aún y cuando sea una caricatura, una buena dosis de la
descripción que hace Heinrich Heine de la mecánica rutina de Kant
se actualiza en la vida de quien decide tomar el rumbo del filósofo:
«levantarse, tomar café, escribir, impartir sus lecciones, comer,
dar un paseo… todo tenía asignado su tiempo, y los vecinos sabían
con precisión que eran las 3.30 de la tarde cuando Kant salía
por la puerta envuelto en su abrigo gris y con un bastón español
en su mano…».2 Tal cumplimiento de tareas, con la gravidez del
compromiso kantiano, es inconciliable con ciertos usos que tengan
por efecto la divagación, la dispersión, el desorden, la disgregación,
como ocurre en el consumo de las sustancias embriagantes.
1
Del latín sobrietas que deriva del griego σωφροσύνη [sophrosyne], concepto
que respecto a su definición y propiedades se centra el diálogo Cármides de un joven
Platón. Aunque no se arriba a una conclusión definitiva en relación al significado de la
virtud, este diálogo abunda en una de las principales preocupaciones que acompañarán
a su autor a lo largo de toda su obra y marca el derrotero que se seguirá para su
delimitación: describir a la virtud a partir de «algo así como hacer las cosas ordenada
y sosegadamente, lo mismo si se va por la calle, si se dialoga, o si se hace cualquier
cosa», es decir, establecerla en una conexión directa con los rasgos de moderación,
prudencia, sensatez y templanza. Platón, “Cármides,” en Diálogos, vol. 1, trad. Emilio
Lledó Íñigo (Madrid, España: Gredos, 2008), 336.
2
Heinrich Heine, Lyrik und prosa, vol. 2 (Fráncfort del Meno, 1962), 461,
citado en Pedro Ribas, en introducción del traductor a Crítica de la razón pura, por
Immanuel Kant (México: Taurus, 2013), xviii.
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Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 215-236.

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�Filosofía de la Embriaguez

Por ende, la relación del filósofo con la borrachera ha de estar
impregnada desde el principio de recelo y suspicacia, si no es que
de franco rechazo. Si se entra en contacto con ella, lo consecuente
es gobernarse a la manera en que Sócrates es alabado, a la vez
que increpado, por Alcibíades en el Banquete: «sólo él era
capaz de disfrutar, y especialmente en beber, aunque no quería,
cuando era obligado a hacerlo vencía a todos; y lo que es más
asombroso de todo: ningún hombre ha visto jamás a Sócrates
borracho».3 El hombre sabio, a semejanza de Sócrates, tiene el
deber de mantenerse impertérrito ante las influencias de lo que
pudiera comprometer su capacidad de razonamiento. El sano
juicio del filósofo es una suerte de organización del pensamiento
lo suficientemente fuerte como para resistir todo embate que
provenga de su interior o del exterior, sea que se presente en
la esfera de las pasiones y los afectos, sea que se cause a partir
del contacto con una cosa que tenga el poder de trastornar a la
persona común.4 Detrás de la exigencia de equilibrio y mesura,
se halla un ideal de pureza que ha de tornarse inherente a la
razón. No habría razón sin pureza ni pureza sin razón. Por
tanto, la embriaguez queda excluida y se convierte en uno de
sus antagonistas. Sus miasmas podrán infiltrarse temporalmente
en el cuerpo del virtuoso, pero nunca con la penetración
suficiente como para pervertir su independencia racional.5
3
Platón, “El banquete,” en Diálogos, vol. 3, trad. M. Martínez Hernández
(Madrid, España: Gredos, 2008), 279.
4
No sobra agregar que el cumplimiento de la virtud mediante la moderación
no es privativo de la filosofía griega, sino que pareciera desprenderse de un arquetipo
que se ha repetido en diversas culturas. Así, acerca de la afición de beber, se dice que
«cuando Confucio bebía, no escatimaba, pero siempre se mantenía dentro de ciertos
límites; esta es la lección de sus conversaciones: hacer lo que a uno le plazca y
moderarse siguiendo el camino intermedio, ¿no es acaso el Tao del sabio?». Jacques
Pimpaneau, Celebración de la embriaguez, trad. Alicia Sánchez (Barcelona, España:
José J. de Olañeta, Editor, 2004), 41-2.
5
Puede identificarse con facilidad el esquema dualista que se anticipa al atribuirle
una inmunidad a la razón frente a los efectos de la ebriedad, en tanto que, diría después
Descartes, «yo, es decir, mi alma, por la cual soy lo que soy, es entera y verdaderamente
distinta de mi cuerpo, pudiendo ser y existir sin el cuerpo», que por su naturaleza es materia
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�Filosofía de la Embriaguez

La relación sin medida entre vino y verdad
Por el contrario, en las antípodas del filósofo platónico, se
nos presenta la ebriedad encarnada en el personaje de Alcibíades,
como una representación de lo vulgar que pueden resultar las
inclinaciones pasionales que no se domeñan, y que tiene por
función didáctica en el diálogo la del contraste: tras una serie de
discursos que se elevan en su esfuerzo por definir a Eros, ligado
con diferentes matices a las nociones de verdad, belleza, unidad,
virtud y felicidad, irrumpe en la escena alguien medio borracho,
excedido, vociferando a gritos, en una suerte de denegación de lo
planteado con anterioridad por los convidados, que, por cuanto se
encuentra precisamente bajo los influjos del vino, tanto más de
su boca emana la verdad. De ahí que invoque el viejo proverbio
de que los niños y los borrachos dicen la verdad. Así, Alcibíades
podrá carecer de la elocuencia de un sabio ponente, podrá serle
inaccesible el estatus de filósofo, podrá ser un joven avasallado por
los celos, quizás un gran político en ciernes que, no obstante, por
cuanto está ebrio, se adjudica un grado de verdad en lo que habla,
mostrando en su radicalidad, mediante una ilustración satírica,
el presupuesto que mantiene en cohesión el dispositivo de un
simposio como lo es el del banquete platónico:6 in vino veritas,7 tal
extensa, terrena, dependiente y corruptible. De este modo, la agitación que pudiera provocar
la bebida alcohólica recaería estrictamente sobre el cuerpo, mas nunca sobre el alma que
detenta la razón. Véase René Descartes, Meditaciones metafísicas, trad. Manuel García
Morente (La Plata, Argentina: Terramar Ediciones, 2004), 165.
6
Simposio, del griego συμπόσιον [symposion], que constituía una estructura social
de gran relevancia para la Antigua Grecia, pues veía en la conversación entre bebedores de
vino una modalidad para el desarrollo del pensamiento y la consolidación de su sistema
político democrático (del que estaban excluidos mujeres y esclavos), así como un símbolo
de sofisticación cultural que les distinguía de los pueblos bárbaros que solían consumir
principalmente cerveza. Conformaba todo «un ritual aristocrático y exclusivamente
masculino que tenía lugar en una “sala de hombres” especial, o andron. Sus paredes a
menudo estaban decoradas con murales o motivos relacionados con la bebida, y el uso de
una habitación especial acentuaba la separación entre la vida cotidiana y el simposion,
durante el que regían unas reglas diferentes». Tom Standage, La historia del mundo en seis
tragos, trad. Gabriel Dols Gallardo (México: Debate, 2007), 64.
7
Kierkegaard retoma el proverbio latino para titular así una de sus obras. En esta
se pone de manifiesto que el consumo de vino es un factor condicionante sin el cual no
sería posible la realización del banquete ni, por consiguiente, la búsqueda de la verdad. In
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como reza otro antiquísimo proverbio de la tradición oral, que en
su versión original y aislada no hace alusión a ninguna categoría de
medida ni cantidad, sino a una relación directa entre la verdad y el
brebaje alcohólico. En la búsqueda de la verdad se necesitaría, en
un principio, sólo de la bebida embriagante. Las consideraciones
de la cantidad conveniente para ello vendrían a posteriori.
Por tanto, lo destacable aquí es la relación existente entre
la verdad y el vino que causa embriaguez, es decir, entre un
saber que encierra una verdad y un estado alterado, inducido,
de la consciencia como vía de acceso. Idea que se va a sostener,
a pesar de su problematicidad, a través de los siglos en la
filosofía. A propósito Hegel llegará a decir que «lo verdadero
es, de este modo, el delirio báquico, en el que ningún miembro
escapa a la embriaguez, y como cada miembro, al disociarse,
se disuelve inmediatamente por ello mismo, este delirio es, al
mismo tiempo, la quietud translúcida y simple».8 El concepto
hegeliano, como la máxima realización del espíritu racional que
trabaja mediante la facultad de análisis, de discernir y volver
divisible lo que pareciera indivisible, tiene como destino último
de su actividad la disolución de sí mismo en un delirio absoluto.
El asunto se muestra por demás paradójico: de un lado, la
bebida alcohólica salpica todo el largo de la cadena asociativa
entre verdad, saber, virtud, felicidad, y del otro se vuelve su propia
negación. Proceso ambivalente en que el intelecto pareciera
escindirse, neurotizarse en una formación de compromiso:
por una parte, desea hacer las libaciones de la bebida, quiere
vino veritas es un lema que dispone que para la reunión de un banquete «se debía no sólo
conversar, sino pronunciar sendos discursos. Y estos discursos, según el lema, deberían estar
hechos y ser pronunciados in vino, de la misma manera que cualquier verdad proclamada
en ellos no podría ser diferente de la que reside in vino, puesto que el vino es la defensa
de la verdad, como ésta es la apología del vino». Søren Kierkegaard, In vino veritas, trad.
Demetrio Gutiérrez Rivero (Madrid, España: Ediciones Guadarrama, 1975), 32.
8
G. W. Friedrich Hegel, Fenomenología del espíritu, trad. Wenceslao Roces
(México: Fondo de Cultura Económica, 1966), 32.
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emborracharse y, por la otra, de manera simultánea, expresa
en una racionalización su repudio. Conflicto de un saber que
se debate entre deseo y razón que queda sintetizado en lo que
Descartes confía en una carta dirigida a Isabel de Bohemia:
Si yo opinase que el bien supremo es la alegría, no
me cabría duda de que hay que intentar estar contento a
cualquier precio, y aprobaría la zafiedad de quienes ahogan
sus contrariedades en el vino, o las aturden con el rapé. Pero
establezco una distinción entre el bien supremo, que consiste
en el ejercicio de la virtud, o (lo que es lo mismo) en la posesión
de todos los bienes, cuya obtención depende de nuestro libre
albedrío, y la satisfacción espiritual consecutiva a dicha
obtención. Y por ello, al ver que supone mayor perfección el
conocer la verdad, aun cuando vaya en desventaja nuestra,
que ignorarla, reconozco que vale más sentirse menos alegre
y tener mayor conocimiento. Y no siempre coincide el estado
de mayor alegría con la mayor satisfacción espiritual. Antes
bien, las grandes alegrías suelen ser circunspectas y serias, y
sólo las mediocres y pasajeras van acompañadas de la risa.9
En un primer momento se puede leer que Descartes vincula la
alegría con la embriaguez para de inmediato reprobarla y desligarla
del bien supremo que sería un tipo de conocimiento menos alegre.
La contradicción vuelve a aparecer: no hay banquete sin vino
como tampoco habría diálogo ni descubrimiento de una verdad
sin embriaguez, como dictan las reglas del symposion griego (una
reunión de bebedores), aunque tampoco, según el ideal cartesiano,
habría consecución de la virtud y conocimiento de la verdad si
las contrariedades de la vida fueran ahogadas en la bebendurria.10
9
René Descartes, “Correspondencia con Isabel de Bohemia,” en Descartes, trad.
María Teresa Gallego (Madrid, España: Gredos, 2012), 605-6.
10
En Descartes los vapores del vino, «entrando rápidamente en la sangre,
suben del corazón al cerebro, donde se convierten en espíritus que, al ser más fuertes y
más abundantes que los que allí hay de ordinario, resultan capaces de mover el cuerpo
de varias extrañas maneras». René Descartes, Las pasiones del alma, trad. Francisco
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Por supuesto que sería sencillo resolver semejante contrariedad,
o como dice Descartes, ahogarla,11 aludiendo a la sentencia
proverbial métron áriston, que va a determinar un aspecto básico
de la ética de los griegos y alcanzará su más clara expresión en
Aristóteles, quien ve en el lógos, entendido como proporción, o en
el mesótes, traducido como término medio, el fundamento de una
vida moral, al tiempo que el principio de las funciones sensoriales
de percepción que presuponen la facultad de inteligir del alma
racional.12 No obstante, este recurso no resolvería la cuestión,
pues estaría burlando la pregunta en torno a la relación del saber
de una verdad y un estado del cuerpo denominado embriaguez.
¿Para qué necesitaría la razón, en su ejercicio y desarrollo, de
una sustancia que tendría el poder de cancelarla? ¿Por qué verse
tentada de acercarse a un estado en donde se niega a sí misma?

El acercamiento de Nietzsche a partir de lo dionisíaco
Quizás quien nos pone sobre la pista de la clase de saber y verdad
que están implicados en la embriaguez es el joven Nietzsche, al
recuperar la dimensión dionisíaca del pensamiento trágico de
los griegos. El elemento dionisíaco, revelado en el estado ebrio,
Fernández Buey (Barcelona, España: Ediciones Península, 1972), 23.
11
Otro expediente que ofrece una posible conciliación, de índole teológica,
al discordante nexo entre la verdad y el vino enervante es la doctrina cristiana de la
transustanciación, a la cual recurre Descartes para explicar que el vino es portador de la
verdad, no por las cualidades que accidentalmente pudiera poseer como ente material,
sino porque es receptáculo de una sustancia que Dios ha tenido a bien sustituir por otra:
«no hay nada incomprensible o difícil en que Dios, creador de todas las cosas, pueda
cambiar una sustancia en otra, y que esta última sustancia permanezca precisamente
bajo la misma superficie bajo la cual se hallaba contenida la primera». Estos es, que
Dios operaría una sustitución entre sustancias, supliendo el vino por la sangre, bajo
la misma apariencia de un líquido rojo. René Descartes, “Meditaciones metafìsicas
seguidas de las Objeciones y respuestas,” en Descartes, trad. Jorge Aurelio Díaz
(Madrid, España: Gredos, 2012), 339.
12
Véase Aristóteles, Acerca del alma –De anima–, trad. Marcelo D. Boeri
(Buenos Aires, Argentina: Colihue Clásica, 2015), 102, 110, 127, 141.
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sería una fuerza instintiva, prácticamente incontrolable, que tiene
como su meta el desprendimiento de placer y que, asociada en
una dialéctica con la fuerza apolínea, comprendería un valor
estético en el desarrollo del arte. Es de notar que en Nietzsche
lo dionisíaco adquiere un carácter primordial que se pierde en
sus orígenes y no puede atribuirse propiamente a los griegos,
de ánimo más represivo, según el filósofo alemán. La fuerza
dionisíaca es extranjera, proviene de afuera, del otro continente
del mapa antiguo que sería Asia. Su despliegue está en la melodía,
en el sueño, en la juventud, en la orgía y en el aguardiente:
En todos los confines del mundo antiguo –para dejar
aquí de lado el mundo moderno–, desde Roma hasta
Babilonia, podemos demostrar la existencia de festividades
dionisíacas, cuyo tipo, en el mejor de los casos, mantiene
con el tipo de las griegas la misma relación con el sátiro
barbudo, al que el macho cabrío prestó su nombre y sus
atributos, mantiene con Dioniso mismo. Casi en todos
los sitios la parte central de esas festividades consistía en
un desbordante desenfreno sexual, cuyas olas pasaban
por encima de toda institución familiar y de sus estatutos
venerables; aquí eran desencadenadas precisamente las
bestias más salvajes de la naturaleza, hasta llegar a aquella
atroz mezcolanza de voluptuosidad y crueldad que a mí me
ha parecido siempre el auténtico “bebedizo de la brujas”.13
Es de esta manera que la embriaguez sería el tiempo de la
festividad que se desborda en el desenfreno, de un intervalo de
olvido en donde se transgreden las instituciones sociales. Y sería
también la potencia creadora principal en el arte si tiene la fortuna
de ser enmarcada por Apolo. En el contexto del vitalismo y la teoría
estética de Nietzsche se entiende la importancia del concepto de
13
Friedrich Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, trad. Andrés Sánchez Pascual
(Madrid, España: Alianza Editorial, 2012), 58.
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�Filosofía de la Embriaguez

lo dionisíaco, que nos abre un campo novedoso y alternativo del
pensar en la filosofía. Dioniso se hará una figura con ayuda de la
cual el autor dedicará constantes críticas y burlas al estereotipo de
la erudición, a los exponentes de la filosofía de aulas y academias,
como Kant y Hegel, en quienes Nietzsche veía el desarrollo de un
modelo de filosofía enferma, pesada, que se había formado a base
de malentendidos en relación al cuerpo y al carácter afirmativo
que integra la esencia de la vida misma: «no pocas veces me he
preguntado si la filosofía no habrá sido hasta ahora, hablando
en general, lisa y llanamente una interpretación del cuerpo y un
malentendido del cuerpo», confiesa en el prefacio de unos de sus
libros más lúdicos.14 Sin embargo, subsiste algo paradójico en
Nietzsche que lo emparenta con aquellos que fueron blanco de
sus ataques. Si bien logra una recuperación de un pensamiento
y una experiencia otra, mayormente vinculados con el arte y la
dimensión inmediata y concreta de la existencia, que escapa al
concepto y a la teoría, que se sale del marco lógico de la filosofía
tradicional; si bien pone el acento en lo desbordante, en la fuerza
que no habla pero actúa, Nietzsche termina por desnaturalizar
a la bebida embriagante, hacerla herramienta conceptual y
condenarla, en lo que atañe a sus efectos espontáneos, evidentes
en el cuerpo, como una sustancia narcótica de la misma calidad
aborrecible que el cristianismo: «¿qué es lo primero que los
pueblos salvajes toman ahora de los europeos? Aguardiente
y cristianismo, los narcóticos europeos. ¿Y qué es lo que los
hace sucumbir más rápidamente? Los narcóticos europeos».15
El filósofo de Röcken no deja de ver en el consumo de alcohol
un signo de degeneración, un motivo para lamentarse acerca de
«cuánta enfadosa pesantez, parálisis, humedad, batín de estar
por casa, cuánta cerveza hay en la intelectualidad alemana».16
14
Friedrich Nietzsche, La gaya ciencia, trad. José Carlos Mardomingo (Madrid,
España: Edaf, 2014), 35.
15

Nietzsche, La gaya ciencia, 199.

16
Friedrich Nietzsche, El crepúsculo de los ídolos, trad. José Carlos
Mardomingo (Madrid, España: Edaf, 2016), 99.
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¿Por qué rescatar a Dioniso al tiempo en que se reprueba la
borrachera que causa? ¿Cómo enaltecer la figura del pensador
bailarín y errante, de pies ligeros, y a la vez esperar de él un
carácter abstemio? No es que Nietzsche se haya equivocado y
sostenido una posición, ética y política, en torno al aguardiente,
que fuera contraria a su proyecto de una transvaloración de
todos los valores, así como a su actividad de psicólogo que
diagnosticaba los síntomas espirituales de su época. Si veía en
la embriaguez un fenómeno de anestesia sobre el cuerpo y, por
ende, una manifestación humana con que se niega a la vida, es
obvio que iba a cargar en contra de ello. Pero en su ideal alciónico
no deja de trascender el mismo resultado de desnaturalización,
emprendido ya por sus antecesores, respecto a la sustancia
alcohólica que físicamente ingresa al cuerpo y lo altera, con el
fin de utilizarla como el soporte de una elaboración abstracta que
acaba por tener una ligazón floja con aquello de lo que se trataba
en términos reales: de algo tan sensible, tan inmediato, ora trágico,
ora cómico, como lo es la ebriedad. Es decir, aún con Nietzsche,
la embriaguez conserva su estatuto de lo ajeno, segregada a una
zona ignota en donde descansa una verdad inefable que sólo
puede ser tema de poesía y música, y le es contrapuesta cierta
postura ascética que critica, paradójicamente, el ideal ascético de
la existencia que alimentó durante siglos la religión y la filosofía.
La mujer como origen fértil y experiencia foránea de exceso
Lo que nos es útil con Nietzsche en lo que concierne a lo
dionisíaco es aquella designación que lo califica como algo
extranjero, algo que viene de afuera. Esto significaría no
únicamente que la borrachera se introduce en el cuerpo como
algo extraño, como un intruso17 que perturba todas sus funciones
17
Conforme a Nancy, la llegada de lo extranjero implica el advenimiento de
una intrusión «que se introduce por fuerza, por sorpresa o por astucia; en todo caso,
sin derecho y sin haber sido admitido de antemano», condición que la embriaguez no
cumple del todo, dado que su entrada es casi siempre esperada y recibida. Al ser materia
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�Filosofía de la Embriaguez

orgánicas, sino también como algo cuyo lugar de procedencia es
motivo de desconocimiento y temor. En la reconstrucción histórica
puede localizarse en Asia, si todavía se sigue a Nietzsche en esto,
pero quizás tal asignación se justifica sólo en la medida en que se
sabe, de modo general y poco preciso, que esa es la región que
dio asiento al origen de la civilización; que de allí, por ejemplo,
proviene Ninkasi, la diosa de la cerveza y el alcohol en la mitología
mesopotámica. La vaguedad, la incertidumbre, las experiencias
de incomprensión y extrañamiento, inspiradas por todo lo
relativo a la embriaguez, estarían fundadas en su determinación
temporal: remiten al acontecimiento inmemorial de un origen.18
La embriaguez entonces pertenece al origen que es previo al
registro con que se le pudiera nombrar. Aquí radica su condición
de extranjera y su naturaleza escurridiza que fuerza al filósofo
a negarla, a ahogarla, cuando intenta otorgarle un fundamento
y, más complicado aún, un valor. Se encuentra en el principio
de los asentamientos humanos que comienzan a organizarse
alrededor de la agricultura y experimentan los influjos de un
cereal que naturalmente fermentó. O inclusive antes, en los
tiempos de nómadas que recogían fruta en un avanzado estado de
maduración y un ligero porcentaje de alcohol entraba a su cuerpo.
de absorción y acostumbramiento por parte del cuerpo, se naturaliza hasta investirse
de familiaridad. Esta demarcación que del intruso hace Nancy vale la pena recuperarla
para proponer que el espectro de lo ajeno que despierta la embriaguez se debe menos a
su carácter intrusivo, que a la (lejana) cercanía y familiaridad que evoca lo que ha sido
olvidado y pertenece a un origen impronunciable. Véase Jean-Luc Nancy, El intruso,
trad. Margarita Martínez (Buenos Aires, Argentina: Amorrortu, 2006), 11.
18
En esos lances intuitivos que caracterizan al poeta, dentro del gremio de
escritores no han faltado quienes relacionaron los principios de la sociedad humana
con el descubrimiento de la bebida embriagante. Es famosa la frase atribuida a William
Faulkner con la que dijo que “la civilización empezó con la destilación”; o también
la de John Ciardi en cuanto a que “fermentación y civilización son inseparables”.
Históricamente la ocurrencia de Ciardi es más atinada, debido a que la destilación
necesita antes de cierto conocimiento y dominio sobre el proceso espontáneo de la
fermentación, así como del desarrollo de la tecnología compleja del alambique que se
dio mucho tiempo después.
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�Filosofía de la Embriaguez

El hecho de que la embriaguez se encuentre en el origen tiene
repercusiones diversas. Una de ellas es que está íntimamente
ligada a la idea de mujer en la diferenciación cultural entre los
sexos. La experiencia a la que alude es en el fondo femenina,
en el sentido telúrico, de Madre Tierra.19 Habría que recordar
a este respecto que antes de ser asociada a imágenes de
desenfreno y de exceso ―que no dejan de tener una relación
con la voluptuosidad de la mujer―, el alcohol se significaba
en ritos religiosos de fertilidad. Antes que vicio y disipación,
la ebriedad presupondría abundancia y prosperidad de la vida,
puesto que es connatural a la producción del alimento. El etanol,
así, constituiría un ingrediente básico en la dieta del ser humano.
Cuando el campo significante de la embriaguez se extiende a
su faceta excedente, en la que se torna orgía y libertinaje, la mujer
continúa desempeñando una función importante. Dioniso podrá
ser el patrono de las fiestas, pero quienes le acompañan y sostienen
las solemnidades de la liturgia son aquellas «devotas humanas, las
mujeres conocidas como ménades (literalmente “mujeres locas”),
bacantes (Bakchai en griego, Bacchae en latín) o Thyiades
(mujeres poseídas, inspiradas)»,20 que se caracterizan por su
irresistible fuerza de seducción, lo mismo que por su brutalidad
en la violencia y el derramamiento de sangre de las danzas y los
sacrificios. En realidad, en lo que toca a la orgía, la mujer constituye
la entidad visible que marca la orientación de la experiencia de la
sinrazón. Dioniso, al ser deidad, no se ve, pero la mujer sí. Ella
19
El lazo entre la fecundidad de la Tierra y la fermentación del alimento que
obsequia se vuelve evidente. Empero, este sentido de fertilidad, dádiva y abundancia
se puede simbolizar de igual forma en el mecanismo de la destilación que replica, a
pequeña escala, un ciclo natural del planeta consistente en la «evaporación del agua,
difusión de su vapor en la atmósfera, condensación del vapor en gotas o cristales de
hielo, lluvia, granizo o nieve, y retorno del agua a la superficie de la Tierra». José Luis
Otero de la Gándara, Notas para la historia de la destilación (Madrid, España: Tébar,
2006), 20.
20
Robin Hard, El gran libro de la mitología griega, trad. Jorge Cano Cuenca
(Madrid, España: La Esfera de los Libros, 2017), 238.
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Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 215-236.

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�Filosofía de la Embriaguez

es el cuerpo visible que puede conducir a ese saber corporal de la
intoxicación y la locura. En Las ménades de Julio Cortázar es una
mujer vestida de rojo la que atrae la mirada del narrador, es la que
dirige la procesión que acaba con el cercenamiento del maestro
de orquesta y es la que regala la imagen final del relato: «la mujer
vestida de rojo iba al frente, mirando altaneramente, y cuando
estuve a su lado vi que se pasaba la lengua por los labios, lenta y
golosamente se pasaba la lengua por los labios que sonreían».21
La ingesta etílica oscilaría en el acontecimiento, entre el
germen de la vida y el exceso de su propia destrucción, siendo
su representante el cuerpo de la mujer. Comprende un dominio
en que no rige la palabra, pues la bebida «parece esparcirse
inmediatamente por el cuerpo. Es una impregnación, una
irrigación, una difusión y una infusión»22 que fluye y se apodera,
hasta diluirlo, del control de aquello que se creía sólido. El curso
del alcohol dentro del organismo arrasa con el efecto de fijación
que sobre la cosas tiene el lenguaje. Tan claro es que no se puede
hablar cuando se bebe. Es algo primario, que pertenecería, como
experiencia de satisfacción, a la primera etapa del desarrollo
psicosexual en la que el lactante tiene por su zona erógena predilecta
la de la boca, embelesada de leche materna, de acuerdo con Freud.23
21
Julio Cortázar, “Las ménades,” en Final del juego (1956), https://ciudadseva.
com/texto/las-menades/
22
Jean-Luc Nancy, Embriaguez, trad. Nicolás Gómez (Lanús, Argentina:
Ediciones La Cebra, 2014), 15.
23
En la teoría freudiana de la sexualidad infantil, la primera etapa del desarrollo
que se presenta en la organización pregenital del niño, una vez instaurado el narcisismo,
es la que corresponde a la oralidad, durante la cual la experiencia de satisfacción
sexual se centra preponderantemente en la boca. La razón de la que se sirve Freud para
sustentar su propuesta es que el valor erógeno de los labios se tiene que establecer en
un inicio por necesidad, por mera supervivencia filogenética, pues mantiene un vínculo
muy estrecho con el alimento, la nutrición y la conservación de la vida. Según este
modelo, las pulsiones parciales, como la oral y la anal, tendrán posteriormente que
madurar y concentrarse en la zona genital. No obstante, en el proceso pueden darse
estancamientos libidinales denominados fijaciones, mediante las cuales se persiste en
los modos de satisfacción perversa e infantil. Resulta divertido que Freud asocie la
etiología del alcoholismo, o al menos la propensión a buscar placer en la bebida, a una
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Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 215-236.

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�Filosofía de la Embriaguez

Cuerpo femenino, fluido y embriagante, sin inscripción
Beber implicaría una regresión a la infancia. A una infancia del
bebedor, de la civilización y de su lenguaje. Vinum, lac senum, el
vino es la leche de los ancianos, reza el adagio latino que resume
el retorno de un antes y un afuera de la razón y evoca la imagen
indefinida de un origen, de una infancia marcada por el olvido
que, con todo, conserva la huella de la presencia de un cuerpo del
que manaba el líquido. Es la madre y, por extensión, la mujer. Es
un cuerpo fluido, que se escurre y se amolda a todas las formas,
que por tanto parece borracho, no sujeto a las leyes del orden
y que vaga más por las regiones del deseo. La embriaguez se
cifra en lo femenino y, acto seguido, lo femenino se torna agente
del deseo y diosa de la locura24. Su llegada se vuelve ominosa,
en apariencia extranjera, porque resulta demasiado familiar. La
mujer, portadora de la embriaguez, inspira la idea del nacimiento
a la par que la de la ruina del fundamento. Si la sociedad nació
estando borracha, por ese idéntico motivo puede destruirse.
El cuerpo femenino, de constitución acuosa, se impone
como vector causante de la embriaguez que, en consecuencia, se
engarza con fenómenos tales como la locura, el abuso, el vicio y
el libertinaje.25 El libertino no puede serlo si no es sobre el fondo
fijación de índole oral que se niega a renunciar a la satisfacción que el lactante obtuvo
gracias al pecho materno: «tales niños, llegados a adultos, serán grandes gustadores
del beso, se inclinarán a besos perversos o, si son hombres, tendrán una potente
motivación intrínseca para beber y fumar». Sigmund Freud, Tres ensayos de teoría
sexual, trad. José Luis Etcheverry, vol. 7, Obras completas (Buenos Aires, Argentina:
Amorrortu, 2010), 165
24
Sería conveniente recordar a Erasmo y su elogio hecho en voz femenina
a la personificación de la Locura, como soberana absoluta del género humano, que
presume altivez respecto a cualquier otra deidad: «ciertamente no envidio al poderoso
hijo de Cronos la cabra que le amamantó, puesto que a mí me dieron sus pechos dos
encantadoras ninfas, Meté [Embriaguez], hija de Baco, y Apedia [Ignorancia], hija
de Pan». Erasmo de Rotterdam, Elogio de la locura, trad. Teresa Suero Roca (Madrid,
España: Sarpe, 1984), 45.
25
Indica Foucault que «el agua y la locura están unidas desde hace mucho
tiempo en la imaginación del hombre europeo». Michel Foucault, Historia de la
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�Filosofía de la Embriaguez

de la mujer que, con el desarrollo de las técnicas de dominio
sobre el cuerpo y su enmarcamiento dentro de fronteras de índole
moral, se volverá, además del eje de los motivos del poeta y las
condenas del moralista, el núcleo de las enfermedades nerviosas;
de forma paradigmática, el cuerpo femenino es delineado como el
cuerpo histérico por antonomasia. La histeria delata, a la mirada
del médico ilustrado, un cuerpo permeable, poroso, blando,
torcido, demasiado curvo, que se desvía de las metas culturales
más elevadas y se deja llevar por una fuerza primitiva en la que
reina con mayor tiranía el deseo26. Aún y cuando dicho cuerpo
no caiga en la patología, su predisposición oscura y esponjosa
se percibe latente. Así lo suscribe Freud cuando explica cómo la
resolución del complejo de Edipo en la mujer tiene por resultado
la incorporación de una ley interna más laxa que no responde a los
mismos parámetros estrictos y juiciosos que caracterizan al varón:
El nivel de lo éticamente es otro en el caso de la mujer. El
superyó nunca deviene tan implacable, tan impersonal, tan
independiente de sus orígenes afectivos como lo exigimos
en el caso del varón. Rasgos de carácter que la crítica ha
enrostrado desde siempre a la mujer ―que muestra un
sentimiento de justicia menos acendrado que el varón, y
menor inclinación a someterse a las grandes necesidades
de la vida; que con mayor frecuencia se deja guiar en sus
decisiones por sentimientos tiernos u hostiles― estarían
locura en la época clásica, trad. Juan José Utrilla, vol. 1 (México: Fondo de Cultura
Económica, 2015), 27.
26
La histeria adscrita al cuerpo de la mujer conformaría también un síntoma de
la sociedad, un fracaso, o por lo menos un rezago, en la consecución de los fines del
progreso y de los efectos que sobre el cuerpo ha de ejercer la educación y la instrucción
moral fundada en la razón: un cuerpo duro, resistente, de una densidad que se comunica
a su vez con la densidad moral y lógica de los pensamientos. «Así se explica que muy
pocas mujeres acostumbradas a la vida dura y laboriosa se pongan histéricas; en
cambio, son muy inclinadas a serlo aquellas que llevan una existencia blanda, ociosa,
lujosa y relajada, y lo mismo les sucede cuando alguna pena destruye su valor».
Foucault, Historia de la locura, 447.
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�Filosofía de la Embriaguez

ampliamente fundamentados en la modificación de la
formación-superyó que inferimos en las líneas anteriores.27
La sobriedad y sensatez, el dominio sobre el estado anímico, la
maestría sobre la elaboración de juicios, el sentido de ley y justicia,
de acuerdo con lo planteado antes, serían atributos adoptados con
mayor proclividad por el hombre. Inclusive estaría insinuándose
que la filosofía y las actividades del pensamiento que se fundan
en la razón son propias del género masculino. Mientras que la
disposición dionisíaca, caprichosa, desordenada, voluptuosa,
inmoral, tendiente a la ebriedad, estaría encarnada en el cuerpo de
la mujer, prácticamente como una tara genética que se ha estancado
en el origen o en una infancia que sería mejor olvidar o superar.
Si hay un saber del que ella puede hablar o actuar, pertenece a
la dimensión de la embriaguez que se halla en el origen del que
no hay registro puntual. El filósofo, por el contrario, típicamente
hombre, tiene que verse en la necesidad de reducir a un lógos,
a una medida, el tema de la embriaguez, desnaturalizándola
del cuerpo y convirtiéndola en un concepto que termina por
alejarse de la experiencia de la absorción e impregnación de la
que habla Nancy. De ahí el movimiento pendular, ambivalente y
contradictorio que ha distinguido al filósofo, por más nietzscheano
y subversivo que pretenda ser, por cuanto ve a la cuestión ebria.
Si se sigue esta línea de significaciones y fantasmas que
históricamente le han sido enajenadas al cuerpo femenino, se puede
arribar finalmente, con el apoyo de una formulación lacaniana, a
una conclusión que no deja de motivar pasmo. Lacan habla del
plano de lo real, del que deriva la idea de la Cosa [das Ding], como
aquello en lo que a nivel de las representaciones «no solo no es
nada, sino literalmente no está ―ella se distingue como ausente,
27
Sigmund Freud, Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica
entre los sexos, trad. José Luis Etcheverry, vol. 19, Obras completas (Buenos Aires,
Argentina: Amorrortu, 2010), 276..
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Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 215-236.

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�Filosofía de la Embriaguez

como extranjera―».28 Se reitera aquí la cualidad de algo que no
se halla inscrito (en la cadena significante del lenguaje) pero se
encuentra presente, como algo simplemente dado. En lo relativo
a la distribución tradicional de roles entre géneros, especialmente
en lo que toca al amor cortés, Lacan postula que es justo la mujer
quien históricamente ha sido colocada en el lugar de lo real, como
sucedáneo, en el centro del agujero al que no alcanzan las palabras
y, sin embargo, las succiona todas. El denominado registro, que
en realidad no es registro, de lo real es lo fuera-de-representación
que, empero, rige y organiza el mundo de representaciones. La
mujer, en mucho mayor medida que el hombre, estaría, y no, ahí.
Si esto se lo toma de manera ingenua, como lo sugiere el
psicoanalista francés, el hombre comenzaría a escribir poesía
en torno a la belleza indescriptible de la mujer, a su pureza
e inocencia, al mismo tiempo que se dolería de su carácter
insondable, corruptible y potencialmente siniestro.29 En esa
oscilante ambivalencia que ha predominado en la literatura
durante siglos. En esa misma fluctuante contradicción del filósofo
respecto al asunto de la embriaguez y el cuerpo femenino. Si se
lo toma, por el contrario, desde una perspectiva más histórica y
existencial, se estaría asomando algo más penoso: si se propone
que la mujer ha sido ubicada en el (des)orden de lo real, en
28
Jacques Lacan, La ética del psicoanálisis, trad. Diana S. Rabinovich, libro 7, El
seminario de Jacques Lacan (Buenos Aires, Argentina: Paidós, 2015), 82.
29
Se trataría aquí de la dinámica de sublimación, común en el arte, que tiene
por efecto elevar un objeto a la dignidad de la Cosa irrepresentable. La consecuencia es
que el objeto es rodeado de un aura de privación, de inaccesibilidad, pues se lo construye
como algo despersonalizado, indiferenciado, vaciado de contenido, que sólo cumple una
función simbólica. La mujer, disminuida así de tal suerte, se vuelve un ente enloquecedor,
inhumano, recipiente de toda significación. Recuperando una imagen que utiliza Lacan para
ilustrar su noción de das Ding, evidentemente retomada de Heidegger, el ente del vaso como
tal encarna una función simbólica pura, creada en torno al vacío, que posibilita su llenado
de sentido. No deja de ser afortunado para el tema que en el presente texto se aborda, que
la mujer pueda asimilarse a un vaso, como recipiente líquido de todas las significaciones,
como precisamente un receptáculo indefinido de exceso que tiene el poder de inducir a la
embriaguez. Lacan, La ética del psicoanálisis, 151.
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Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 215-236.

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�Filosofía de la Embriaguez

donde no hay palabra, a lo sumo una fisura ocasionada por la
misma, entonces la mujer ha tenido que callar, no ha tenido una
inscripción clara en el registro de la historia ni un lugar establecido
en el destino de la humanidad. Ha sido un cuerpo informe, fluido,
borracho, centro magnético de todo el discurso sin derecho de
poseerlo en su imaginación. La mujer ha tenido todas las palabras
al tiempo que ninguna. Únicamente de lo que ha podido saber
hasta ahora de modo preponderante es de angustia, de locura,
de sinrazón, de embriaguez. De esos temas es de los que ella ha
tenido que saber a través de su experiencia corporal, como en
una borrachera que le fue inducida, y de la que quizás, el sujeto
contemporáneo, sin definición de sexo, ya está teniendo resaca.30

30
Hélène Cixous denuncia algo análogo en relación a la función simbólica a la
que es condenada la mujer a partir del esquema edípico: «al final de ese “destino”, las
mujeres tienen una actividad simbólica reducida: no tienen nada que perder, que ganar ni
que defender». En otros términos, tienen que verse privadas de la palabra. Su falta real por
no tener falo se continuaría por una falta simbólica por no tener palabra. Hélène Cixous, La
risa de la Medusa: ensayos sobre la escritura, trad. Ana María Moix (Barcelona, España:
Anthropos, 1995), 40.
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Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 215-236.

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�Filosofía de la Embriaguez

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�Filosofía de la Embriaguez

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Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 215-236.

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�¿Son los derechos humanos
imperealistas?

¿Son los derechos humanos imperialistas?1
Emmanuel Levinas

Henos aquí lejos de todo imperialismo. A la noción de derechos
humanos pertenecen en adelante- inseparables y en número
siempre creciente- todas las reglas legales que condicionan el
ejercicio efectivo de estos derechos. Estos son, detrás de los
derechos a la vida y a la seguridad, la libre disposición de sus
bienes y a la igualdad de todos los hombres ante la ley, a la
libertad de pensamiento y de expresión, a la educación, y a la
participación del poder político, todos los otros derechos que los
prolongan y los hacen posibles concretamente: los derechos a la
salud, a la felicidad, al trabajo y al descanso, a la permanencia y a
la libre circulación, etc. Pero también más allá de eso, el derecho
a oponerse a la explotación por el capital- los derechos sindicalesy hasta el derecho al progreso social; al refinamiento- utópico o
mesiánico- de la condición humana, el derecho a la ideología así
como el derecho a la lucha por el derecho integral del hombre y
el derecho a asegurar las condiciones políticas de esta lucha. ¡La
modernidad de los derechos humanos llega ciertamente hasta ahí!
Ciertamente, es necesario también preguntarse cuál es la urgencia,
el orden y la jerarquía de estos derechos tan diversos y si no
comprometen los derechos fundamentales cuando se exige todo
1
Traducción del francés hecha por Julio César Santiesteban Baca de la
Universidad Autónoma de Chihuahua, México, del original “Les grands penseurs
d´aujourd´hui,” hors-série, Le Nouvel Observateur, Les essentiels, no. 3 (Décembre
2013-Janvier 2014): 112-115.

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Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 237-242

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�¿Son los derechos humanos
imperealistas?

indiscriminadamente. Pero eso no significa reconocer un límite a
la defensa de estos derechos; no significa objetar, es plantear un
problema nuevo a propósito de un derecho incontestable y, sin
pesimismo, consagrarle una reflexión necesaria.
En este sentido, la plenitud, y dinámica siempre
creciente de los derechos humanos se mostraría inseparable
del reconocimiento mismo de los derecho humanos llamados
fundamentales, de su exigencia de trascender, de alguna manera,
lo que la naturaleza pura puede comportar de inhumano y el cuerpo
social de necesidades ciegas. La unicidad y la irreductibilidad de
la persona humana se ven respetadas y se afirman concretamente
por la atenuación de la violencia a la cual ellas se hallan expuestas
en el orden o el desorden del determinismo de lo real.
Pero el desarrollo de la ciencia y la tecnología antes
de hacer posible el respeto efectivo de los derechos humanos
ampliados puede, a su vez, introducir obstáculos para ello.
La técnica misma puede comportar exigencias inhumanas
constituyéndose un nuevo determinismo, que amenaza el libre
movimiento que, por otra parte, debería hacer posible. En
una sociedad enteramente industrializada o en una sociedad
totalitaria- que precisamente resulta de las técnicas sociales
que se quieren perfeccionadas-, los derechos humanos se
hallan comprometidos por las prácticas mismas, las cuales han
proporcionado la motivación. ¡Mecanización y servilismo!
Y eso sin evocar el tema banal de la concomitancia del
progreso técnico y del progreso de armamentos destructivos
y de la manipulación abusiva de las sociedades y de las almas.
De ahí una dialéctica que se podría llevar tranquilamente
a la contestación o a la condena de la técnica, sin esperar una
posibilidad de equilibrio de un eventual regreso de la ciencia y la
técnica hacia sí mismas. Problemas que no se pueden silenciar ,
pues del progreso técnico depende no sólo un desarrollo nuevo de
los derechos humanos en los países “civilizados” sino el respeto
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Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 237-242

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�¿Son los derechos humanos
imperealistas?

de los derechos humanos elementales en los países del “tercer”
y “cuarto” mundo amenazados por la enfermedad y la muerte.
¿Pero los derechos del hombre- es decir la libertad de cada
uno, la unicidad de la persona- no corren también el riesgo de
ser desmentidos u ofuscados por los derechos del otro hombre?
Lo que Kant llama “reino de los fines” es una pluralidad de
voluntades libres, unidas por la razón Sin embargo, ¿no es una
libertad, para otra voluntad, su negación posible, y así, al menos,
una limitación? Principio de guerra entre libertades múltiples o
conflicto que, entre voluntades razonables, debe resolverse por
la justicia: un derecho justo, conforme a las leyes universales,
se podría desprender de la oposición entre voluntades múltiples.
Queda la cuestión de saber si la limitación del derecho por la
justicia no habrá ya sido una forma de tratar a la persona como
un objeto, sometiéndola – como única e incomparable- a la
comparación, al pensamiento- al pasaje sobre la famosa balanza
de la justicia- y así al cálculo. De ahí la duración esencial de la ley,
que ofendería en la voluntad a otra dignidad que accede al respeto
de las leyes universales. ¡La dignidad de la bondad simplemente!
Limitado de esa manera por la justicia, el derecho del
hombre ¿no permanece como derecho reprimido y la paz que
instaura entre los hombres una paz incierta y siempre precaria?
¡Mala paz, mejor ciertamente, que una buena guerra! Pero
paz abstracta, buscando estabilidad en los poderes del estado,
en la política que asegura por la fuerza la obediencia a la ley.
Desde entonces, la justicia tiene que recurrir a la política, a sus
estratagemas y astucias: orden racional obteniéndose al precio
de las necesidades propias del estado, que están implicadas en
ello. Ellas constituyen un determinismo tan riguroso como el de
la naturaleza indiferente al hombre, debió la justicia- el derecho
de la voluntad libre del hombre y su acuerdo con la voluntad
libre del otro- haber servido, al principio, de fin o de pretexto
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Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 237-242

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�¿Son los derechos humanos
imperealistas?

a las necesidades políticas. Finalidad pronto desconocida en las
desviaciones que se imponen en la práctica del estado. Finalidad
pronto perdida en el despliegue de los medios puestos en obra.
Y en la eventualidad de un estado totalitario, he aquí el hombre
reprimido y los derechos del hombre ridiculizados y la promesa de
un regreso final a los derechos del hombre aplazados sin término.
El marxismo, del cual sería injusto desconocer la original amistad
por el otro hombre, desconfiado en relación a una filantropía de
inspiración pura- sin deberes, sin obligaciones, sin los derechos del
otro hombre-, ha puesto toda su confianza en los cálculos de una
política. El estalinismo se encuentra desmentido con lo inolvidable.
La defensa de los derechos humanos responde a una
vocación exterior al estado, gozando, en una sociedad política,
de una especie de extraterritorialidad, como la de la profecía
ante los poderes públicos del viejo testamento, vigilancia
diferente a la de la inteligencia política, lucidez que no se
limita a inclinarse ante el formalismo de la universalidad, sino
que sostiene la justicia misma en sus límites. La posibilidad
de garantizar esta extraterritorialidad y esta independencia
define el estado liberal y describe la modalidad, según la cual
es de suyo posible la conjunción de la política y de la ética.
Pero desde entonces, en la defensa de los derechos humanos
convendría no comprenderlos ya exclusivamente a partir de
una libertad que sería virtualmente la negación de toda libertad
diferente, y donde un arreglo justo, entre la una y la otra, llevaría
a una limitación recíproca. ¡Concesión y compromiso! Le es
necesario a la justicia, lo que es inevitable, otra “autoridad”
diferente a la de las proporciones que se establezca entre
voluntades opuestas y susceptibles de oponer. Es necesario
que estas proporciones sean acordadas por las voluntades libres
en razón de una previa paz que no sería la no-agresión pura y
simple, sino que comportaría, si se puede decir, una positividad
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240

�¿Son los derechos humanos
imperealistas?

propia, cuya idea de bondad sugiere el desinterés que procede
del amor, para el cual lo único y lo absolutamente otro pueden
solamente significar su sentido en lo amado y en sí mismo.
En la humanidad, de individuo a individuo, se establece una
proximidad que no toma sentido a través de la metáfora espacial
de la extensión de un concepto. De entrada uno y otro, son uno
de cara al otro. Soy yo para el otro. La esencia del ser razonable
en el hombre no designa solamente el acontecimiento en las
cosas de un psiquismo a manera de saber, a manera de conciencia
que se rehúsa a la contradicción, que englobaría a los otros bajo
conceptos desalienándolos en la identidad del universal; designa
también la aptitud del individuo resurgiendo , para empezar, de
la extensión de un concepto- del género hombre- para plantearse
como único en su género, y así, como absolutamente diferente de
los demás, pero, en ésta diferencia- y sin reconstituir el concepto
lógico del que el yo se ha liberado – de ser no-indiferente al
otro. No-indiferencia o socialidad – bondad original, paz o
voto de paz, bendición, Chalom- acontecimiento inicial del
encuentro. Diferencia-no-indiferencia, en que el otro – a pesar
de absolutamente otro , “más otro”, si se puede decir, entre
ellos, los individuos del mismo género, de los que el yo se ha
liberado- en que el otro me “ importa”; no para un “percibir”, sino
“concerniéndome”, “ importándome”, como alguien a quien tengo
que responder. El otro que-en este caso- me “importa” es rostro.
Bondad en la paz que es también, ejercicio de una
libertad, en la que el yo se desprende de su “regreso a sí”, de
su autoafirmación, para responder al prójimo, para defender
precisamente los derechos del otro hombre. No-indiferencia
y bondad de la responsabilidad, no son neutrales, entre amor
y hostilidad. Es necesario pensarlas a partir del encuentro
en que el voto de paz – o bondad- es el primer lenguaje.
Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 237-242

241

�¿Son los derechos humanos
imperealistas?

Esta libertad en la fraternidad en que se afirma la
responsabilidad de uno por el otro, a través de la cual, en lo
concreto, los derechos humanos se manifiestan a la conciencia
como derecho del prójimo, y del que debo responder. Manifestarse
originalmente como derechos del otro hombre y como deber para
un yo, como mis deberes en la fraternidad, es la fenomenología
de los derechos humanos. Mi deber respecto del prójimo que
interpela mi responsabilidad es una investidura de mi propia
libertad. En la responsabilidad que, como tal, es irrecusable e
intransferible, estoy instaurado como no intercambiable: soy
elegido como único e incomparable. Mi libertad y mis derechos
antes de mostrarse en mi respuesta de la libertad y de los
derechos del otro hombre se mostraron precisamente a manera
de responsabilidad en la fraternidad humana. Responsabilidad
inagotable, pues no se podría estar a mano hacia el otro.

Aitías.Revista de Estudios Filosóficos.
Vol. II, N° 3, Enero - Junio 2022, pp 237-242

242

�</text>
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