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                  <text>�D.R. 2022 © Sillares. Revista de Estudios Históricos, Vol. 1, No. 1, julio-diciembre 2021, es una
publicación semestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través del Centro
de Estudios Humanísticos, Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso
Reyes #4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290. Tel.+52 (81)8329- 4000 Ext. 6533. https://sillares.uanl.mx Editor Responsable: José Eugenio Lazo Freymann.
Reserva de Derechos al Uso Exclusivo 04-2022-020313502900-102, ISSN en trámite ambos ante
el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número:
Centro de Estudios Humanísticos de la UANL, Mtro. Juan José Muñoz Mendoza, Biblioteca
Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia Regina,
Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290. Fecha de última modificación de 07 julio de 2021.
Rector / Santos Guzmán López
Secretario de Extensión y Cultura / Celso José Garza Acuña
Director de Historia y Humanidades / Humberto Salazar Herrera
Titular del Centro de Estudios Humanísticos / César Morado Macías
Director de la Revista / José Eugenio Lazo Freymann
Autores

Javier Rodríguez Cárdenas
Oscar Israel Pizaña Grimaldo
Ana Ceballos Martínez
Pedro César Herrera Silva
Jesús de la Teja
Octavio Herrera Pérez
Jaime Sánchez-Macedo
Director Editorial / Reynaldo de los Reyes Patiño
Editor Técnico / Juan José Muñoz Mendoza
Corrección de Estilo / Francisco Ruiz Solís
Maquetación / Concepción Martínez Morales

Se permite la reproducción total o parcial sin fines comerciales, citando la fuente. Las opiniones
vertidas en este documento son responsabilidad de sus autores y no reflejan, necesariamente, la
opinión de Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Este es un producto del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo
Léon. www.ceh.uanl.mx
Hecho en México

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Secretario General
Celso José Garza Acuña
Secretario de Extensión y Cultura
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César Morado Macías
Titular del Centro de Estudios Humanísticos
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Director
Copyright: © 2021. Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional (CC
BY-NC-ND 4.0).
ISSN en trámite
Sillares. Revista de Estudios Históricos es parte de Revistas UANL, proyecto de la
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Derechos reservados. Se permite la reproducción parcial para fines académicos
citando la fuente.
Impreso en Monterrey, Nuevo León, México.

�Sillares
Revista de Estudios Históricos
sillares.uanl.mx
Mérito y honor en el Nuevo Reino de León
durante el siglo XVIII. El sacerdocio ministerial
en la familia Báez Treviño
Honor and Merit in the Nuevo Reino de León
during the XVIII century. The Ministerial
Priesthood in the Báez Treviño family
Javier Rodríguez Cárdenas
El Colegio de Michoacán
orcid.org/0000-0001-7994-014X

Recibido: 11 de diciembre de 2020
Aceptado: 11 de marzo de 2021
Publicado: 1 de julio de 2021

Copyright: © 2021, Cárdenas Rodríguez Javier. This is an
open-access article distributed under the terms of Creative
Commons Attribution License [CC BY 4.0], which permits
unrestricted use, distribution, and reproduction in any
medium, provided the original author and source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-1

�Mérito y honor en el Nuevo Reino de León durante el
siglo XVIII. El sacerdocio ministerial en la familia
Báez Treviño
Honor and Merit in the Nuevo Reino de León during the XVIII
century. The Ministerial Priesthood in the Báez Treviño family
Javier Rodríguez Cárdenas
El Colegio de Michoacán
orcid.org/0000-0001-7994-014X

Resumen: A través del estudio de los Báez Treviño, una familia del
septentrión novohispano, en este artículo expongo la importancia de la
historia de la iglesia para entender el desenvolvimiento de la monarquía
hispánica en una región de frontera. Utilizando archivos públicos y
privados, inicio con un análisis de las acciones y las redes políticas y de
parentesco que volvieron a esta familia una de las más poderosas del
Nuevo Reino de León; y posteriormente estudio la carrera sacerdotal de
cuatro de sus miembros. Concluyo que estas trayectorias ejemplifican
algunas de las formas más comunes en que los sacerdotes del periodo
novohispano aspiraban a ser exitosos: profundizando en los estudios
religiosos; preocupándose por su feligresía; aprovechando sus grados
académicos para aspirar a cargos más importantes; y siendo un hábil
negociante a partir de la acumulación de tierras y propiedades
familiares.
Palabras clave: Nueva España; septentrión; Nuevo Reino de León;
redes, religión.
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�Javier Rodríguez

Abstract: Through the study of the Baez Treviño, a family from the
north of New Spain, in this article, I expose the importance of the
church's history to understand the development of the Hispanic
monarchy in a border region. Using public and private archives, I begin
analyzing the actions and political and kinship networks that made this
family one of the most powerful in the Nuevo Reino de León. Then, I
focus on the priestly career of four of its members and concluded that
these trajectories exemplify some of the most common ways in which
the priests of the Novohispanic period aspired to be successful:
deepening in the religious study; being concerned about his
parishioners; taking advantage of their academic degrees to aspiring to
the highest positions, and being a skilful businessman from the
accumulation of land and family properties.
Keywords: New Spain; septentrion; Nuevo Reino de León; networks;
religion.

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�Mérito y honor

Introducción
El 19 de diciembre de 1727, en la iglesia catedral de la ciudad de
Guadalajara, en la Nueva Galicia, fue ordenado presbítero por el
obispo Nicolás Carlos Gómez de Cervantes el bachiller Juan Báez
Treviño, oriundo de la ciudad metropolitana de Nuestra Señora
de Monterrey, capital del Nuevo Reino de León.1 La información
vita et moribus (de vida y moral) describe al bachiller como un
sujeto “serio, recto, muy estudioso de las sagradas escrituras, la
teología y el derecho canónico; muy entregado a la vida religiosa
y con gran preocupación por la salvación de almas, deseoso que
contribuir con Dios y su majestad a la entrega del pasto
espiritual”.2 Las licencias para predicar en toda la diócesis de
Guadalajara para cuyo fin fue examinado y aprobado, las obtuvo
el 14 de marzo de 1728, al mismo tiempo que obtuvo los títulos
correspondientes, mismas que le fueron refrendadas por el Deán
y Cabildo Sede Vacante el 4 de abril de 1735, y por el obispo Juan

FamilySearch. “Guadalajara, diócesis de Guadalajara, órdenes 1703-1752, m.139”.
http://www.familysearch.com/México-Jalisco-CatholicChurchRecords15901979
2
FamilySearch. “Guadalajara, diócesis de Guadalajara, órdenes 1703-1752, m.142”.
http://www.familysearch.com/México-Jalisco-CatholicChurchRecords15901979
1

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�Javier Rodríguez

Gómez de Parada el 15 de marzo de 1737.3 Su ordenación
sacerdotal fue a título de dos capellanías: una fue fundada por el
capitán don Antonio Gómez de Castro y doña María Báez
Treviño con 3,500 pesos de principal y 125 de renta anual sobre
algunas casas que tenía en la ciudad de Monterrey, con la
obligación de 33 misas rezadas al año, y la otra también fue
fundada por el mismo capitán Gómez de Castro con 1,000 pesos
de principal y 150 pesos de renta anual sobre el agostadero de San
Agustín, también de la ciudad de Monterrey.4 Fue cura en
encomienda de la parroquia de la ciudad de Monterrey del 14 de
enero de 1734 al 25 de febrero de 1748 llevando a cabo una labor
pastoral intensa dentro de su curato, pues de ella derivaría una
reorganización de la nueva geografía parroquial y sin duda alguna
sin su labor administrativa frente a la parroquia no se pudiera
entender la historia social y de la Iglesia en el Nuevo Reino de
León.

FamilySearch. “Guadalajara, diócesis de Guadalajara, órdenes 1703-1752, m.132”.
http://www.familysearch.com/México-Jalisco-CatholicChurchRecords15901979
4
Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Guadalajara (AHAG), Parroquia de
Monterrey, Cofradías y capellanías del Nuevo Reino de León, 10 de
septiembre de 1753.
3

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�Mérito y honor

Comprender y revalorizar la figura del clero en la América
hispánica es de vital importancia, ya que cuando las estructuras
novohispanas son puestas en perspectiva, se puede caer en la
cuenta de cuán importante fue el papel social del sacerdote, como
lo han demostrado William B. Taylor, David Brading, Óscar
Mazín, Juan Carlos Ruiz Guadalajara, Rodolfo Aguirre Salvador,
María Teresa Álvarez, entre algunos otros autores. Y en un
territorio tan grande y heterogéneo como las Indias Occidentales,
y en el contexto de las enormes proporciones espaciales con las
que contaban las diócesis novohispanas —por lo menos hasta
inicios del siglo XIX—, el clero se convierte en un sujeto de
estudio atractivo e interesante, sobre todo en espacios de frontera
o en los confines de la monarquía, como en el Nuevo Reino de
León. Así pues, el objetivo de este artículo versa en tres ejes: 1)
entender cómo desde la historia de la Iglesia se pueden analizar
diversos acontecimientos de una población en particular en
materia de religión y sociedad, pues sin duda alguna la historia de
la Iglesia en la América hispánica septentrional es la historia de
la monarquía hispánica; 2) describir el desenvolvimiento de una
familia tan relevante en un ámbito eclesiástico local, como los
Báez Treviño, así como las aspiraciones de cualquier bachiller,
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�Javier Rodríguez

presbítero o cualquier miembro que ostentara las órdenes
sagradas en una doble dimensión: el servicio a Dios y al rey, su
majestad; y 3) caracterizar a esta familia como un actor social
producto de su época, considerando su contexto social.
En tanto a las fuentes empleadas para este trabajo, se
empleó documentación producto de diversos archivos, entre los
cuales se mencionan: Archivo Histórico de Monterrey (AHMM),
Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Monterrey (AHAM),
Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Guadalajara (AHAG),
Archivo General de la Nación (AGN) y el Archivo General de
Indias (AGI), además del portal de archivos en línea de
Familysearch de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los
Últimos Días.
El clero secular en el Nuevo Reino de León
El papel desempeñado por el clero en la monarquía hispánica fue
muy importante. Dado que la colonización y/o pacificación,
hispanización y cristianización fueron procesos largos y
complejos para asentar las estructuras hispánicas en las Indias
Occidentales, la corona española empleó todo un proyecto
misionero-evangelizador que contribuyera a efectuar por lo
menos una posesión del espacio efectiva, congruente a su visión
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�Mérito y honor

de reconocer y justificar su presencia en los territorios de ultramar
como una continuación de la reconquista española.5
Si bien la corona no contaba con milicias para poder
sostener una avanzada colonizadora, se apoyó en todos aquellos
particulares que a su costa realizaran labores de exploración y
conquista, tal como sucedió con Diego Velázquez, Hernán
Cortés, Nuño de Guzmán, Francisco Pizarro, entre otros, a
principios del siglo XVI. Para finales de este mismo siglo, ya
estaban instauradas las capitulaciones, que eran contratos con los
que los particulares se comprometían a realizar labores de
exploración a cambio, no de reconocerlo como señor de la tierra,
pero sí de algún título que ayudara a consolidar no solamente su
estatus político sino a tener una estirpe, ergo, acumulación de
prestigio familiar y social que fuese heredable.
En el caso de la América hispánica septentrional, si bien
el conflicto bélico entre españoles e indios nómadas conocidos
como chichimecas tuvo su máxima cumbre en 1550, con la
fundación de la Nueva Galicia dos años atrás, en 1548, se buscaba
Óscar Mazín Gómez, “La cristianización de las Indias. Algunas diferencias
entre Nueva España y Perú”, en Derecho, política y sociedad en Nueva España
a la luz del Tercer Concilio Provincial Mexicano (1585), ed. Andrés Lira
González, Alberto Carrillo Cazares, y Claudia Ferreira Ascencio (México, DF:
El Colegio de Michoacán; El Colegio de México, 2013), 59.
5

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�Javier Rodríguez

tener un mayor control por aquellas tierras inexploradas del norte.
Cada vez menos personas se arriesgaban a conocer más allá de
las delimitaciones del Pánuco, pues los ataques de los indios
estaban creciendo día con día y aventurarse evidentemente
representaba un serio peligro para los españoles que lo hicieran.
Algunos españoles militares de carrera decidieron tomar ese
riesgo y fundaron importantes asentamientos norteños: Alberto
del Canto fundó la Villa de Saltillo en 1577, al igual que la Villa
de Santa Lucía, en lo que diecisiete años después Diego de
Montemayor fundara la Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora
de Monterrey; Luis Carvajal y de la Cueva fundó el Nuevo Reino
de León en 1579; lo mismo para las fundaciones del Nuevo
México y las Nuevas Filipinas al final de la centuria. Sin
embargo, las avanzadas militares para nada se hubiesen
concretado sin la presencia de los religiosos, pues era necesaria
su conversión para poderlos adherir a la grey del rey católico.
Philip Powell en La guerra chichimeca demostró la importancia
de los misioneros franciscanos, además de los “indios aliados”
para conseguir la paz con los beligerantes.6
6

Según Philip Powell, el proceso pacificador tuvo cuatro ingredientes
principales: la diplomacia necesaria para atraer a las tribus nómadas al acuerdo
de establecerse la paz, un intensificado esfuerzo misionero que dio cohesión y
un objetivo espiritualmente loable a toda la empresa, el trasplante de indios
sedentarios a la frontera para poner ejemplo de un modo de vida civilizado y
el aprovisionamiento de los nómadas y de los colonos sedentarios con fondo
de la real hacienda, gradual proceso de sustitución de los gastos en que antes
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Por otro lado, la llegada del clero secular al Nuevo Reino
de León estuvo enmarcada en un contexto, tanto de exploración
de los territorios más septentrionales de la monarquía, como de
los intentos de consolidar el poblamiento y asentar las
instituciones hispánicas en la región; era un momento de
territorialización monárquica, pero también de la capacidad de
incorporación de los grandes obispados de los nuevos espacios
que iban surgiendo para consolidar a mayor escala su geografía
espiritual.7 Cabe mencionar que la primera parroquia erigida en
se había incurrido al intentar la subyugación militar. Philip W Powell, La
guerra chichimeca, 1550-1600 (México, DF: Fondo de Cultura Económica,
2014), 213.
7
Es de suma importancia definir los conceptos de espacio y territorio. Si el
Diccionario de autoridades (2da edición de 1739) define el primer concepto
como “la capacidad, anchura, longitud y latitud de un terreno, lugar o sitio
(tomado del latín spatium)”, y el segundo término como el “sitio o espacio que
contiene una ciudad, villa o lugar”, tenemos que matizar dichos conceptos para
una mejor comprensión de los mismos. El espacio como instancia parcial (y
de autonomía relativa) de una totalidad social es un concepto de la geografía
que involucra diversos elementos constitutivos de una región (elementos
naturales) como la vegetación, suelo, montañas y cuerpo de agua. Así, como
señaló José Alfredo Rangel, el espacio físico es un elemento más de una región
y no un escenario inerte, receptáculo de los elementos sociales. En cuanto al
territorio, dicha expresión se utiliza como referencia al espacio de la soberanía
o la jurisdicción de un país, o en este caso entidades de gobierno civil o
religiosa para el periodo novohispano. Dicha jurisdicción sobre el territorio
involucraba elementos naturales, espaciales y poblacionales. Diccionario de
Autoridades (2da edición, 1739), consultado el 06/08/18. http:
//web.frl.es/DA.html. Daniel Hiernaux y Alicia Lindon, “El concepto de
espacio y el análisis regional”, Secuencia, núm. 25 (1993): 89–110; Andrés
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el noreste novohispano fue en la Villa de Santiago de Saltillo —
curato espiritualmente perteneciente al obispado de la Nueva
Galicia, pero políticamente adherido a la Nueva Vizcaya— cuya
jurisdicción comprendió todo el incógnito espacio que
representaron estos territorios para finales del siglo XVI,
incluyendo la ciudad de Monterrey, la Villa de San Gregorio de
Cerralvo y la misión de Nuestra Señora del Río Blanco.8 En este
sentido, la crónica del obispo de Guadalajara, Alonso de la Mota
y Escobar, es muy sugerente para recrear el escenario:
Este reino con razón se puede llamar Reino de Anillo porque
aunque tiene mucha tierra y de muchas leguas de sitio, no hay
en todas ellas sino un lugarcito de españoles de hasta veinte
vecinos escasos, que llaman la Villa de Monterrey porque el
conde de este nombre, siendo virrey de la Nueva España, dio
Castiblanco Roldán, “Algunas observaciones teóricas al territorio y al
memorial: la dialéctica de la producción (creación) social del espacio”, Revista
Geográfica, núm. 145 (2009): 73–88; José Alfredo Rangel Silva, Capitanes a
guerra, linajes de frontera. Ascenso y consolidación de las élites en el oriente
de San Luis Potosí, 1617-1823 (México, DF: El Colegio de México, 2008), 35.
En cuanto a la territorialización, se puede entender la apropiación simbólica y
cultural de un espacio, que, aunque siendo inmaterial, se hace tangente cuando
hay un reconocimiento de pertenencia en el territorio por un grupo humano.
Rogeiro Habesbaert, “Del mito de la desterritorialización a la
multiterritorialidad”, Cultura y representaciones sociales 8, núm. 15 (2013):
13. Dicho concepto es aplicable también a los procesos de reconocimiento de
territorios eclesiásticos en la América hispánica.
8
José Antonio Portillo Valadez, Diccionario de clérigos y misioneros
norestenses (Monterrey: Edición de autor, 2011), 85.
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licencia y facultad para que se poblase por el año pasado de
noventa y cuatro. […] Es un difuso este Reino y todo
despoblado que hasta el día de hoy está bien andado ni trillado
de españoles, pero algunos que han entrado en él dicen que es
de temple muy apacible, de buenos valles, bien abastecido de
fuentes y ríos, y con suficientes montes y arboledas, que todo
esto lo hace apto para poblarla, pero por ahora no se abre
entrada para ello, porque en este mundo son de estima tierras,
aguas y montes, allende de lo cual como en este Reino no ha
habido noticia de minas ni metales, que son la piedra imán de
español, no los tira ni lleva para sí […] hay noticia de que en
esta tierra hay indios bárbaros gentiles, pocos en número, que
viven en rancherías pajizas de cuya conversión no se trata por
ahora hasta que venga el tiempo que Dios tiene determinado
para mover los corazones de los reyes que manden hacer éstas
y otras entradas. La gente de estos países es desnuda y muy
pobre y sumamente bárbara, en quien no se conoce rastro de
conocimiento, de idolatría ni de sacrificio, ni de temple porque
todos ellos viven pronos [muy propensos] e inclinados a la
tierra cual brutos, sin jamás alzar los ojos de ella, y así en su
total ocupación buscar de comer con la flecha, procrear y
hacerse la guerra unos a los otros. Querrá Dios nuestro señor
las cosas se vayan aquí disponiendo de suerte que se envíe la
luz de su nombre y fe para que amanezca sobre gente que vive
en perpetua tiniebla para que conociendo su autor lo
reverencien y sirvan como a su Dios verdadero a quien sea
gloria y alabanza eterna, así en la tierra como en el cielo.9

9

Alonso De la Mota y Escobar, Descripción geográfica de los reynos de Nueva
Galicia, Nueva Vizcaya y Nuevo León (México, DF: Instituto Jalisciense de
Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
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�Javier Rodríguez

Pero con la llegada del gobernador Martín de Zavala y su
proyecto de repoblación del reino, la cuestión eclesiástica
también fue de su injerencia. Así, en 1626 se erigió la parroquia
de Monterrey con su primer cura en administración, el padre
Martín Abad de Uría, con jurisdicción sobre las rancherías y
villas que se fueron fundando desde la época de Martín de Zavala
en adelante -incluyendo la villa de San Gregorio de Cerralvo, la
villa de San Juan Bautista de Cadereyta y el Valle de las Salinas
(sin que esto afectara la labor de los franciscanos, pues
técnicamente el clero secular tendría injerencia sobre españoles,
mestizos y mulatos, y el clero regular sobre los indios en los
conventos).10 De este modo, en la medida en que se iba
extendiendo la frontera hacia el noreste, con la fundación de
nuevas poblaciones, éstas se incorporaban a la única parroquia;
por consiguiente, la atención eclesiástica de estos lugares se hizo
por medio de los tenientes de cura. Sin duda alguna, la fundación
de misiones y parroquias en el Nuevo Reino de León durante el
siglo XVII, se dio en el contexto de la lucha y la “guerra viva”

Antropología e Historia; Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1989),
150.
10
Israel Cavazos Garza, Breve historia de Nuevo León (México, DF: El
Colegio de México, 1994), 104.
Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
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�Mérito y honor

contra los indios no sujetos al sistema español y provocaron que
el proyecto misional encontrara su freno en 1664 debido a la
propia inestabilidad política en la que entró el reino tras la muerte
de su gobernador Martín de Zavala.11
No obstante, el siglo XVIII fue un periodo de cambios, ya
que del curato de Monterrey se desmembraron nuevas
jurisdicciones parroquiales para erigir nuevas unidades de
atención diocesanas. En 1712 se desmembraron de Monterrey
Boca de Leones —la cual había fungido como ayuda de parroquia
de Monterrey desde que se fundó el Real— y el Valle de San
Mateo del Pilón; en 1714, la doctrina de San Pablo Labradores; y
en 1747, se erigió la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores
en la Punta de Lampazos.12 Todas ellas dejaron de ser misiones
para convertirse en curatos con curas beneficiados vicarios y
jueces eclesiásticos.

Eugenio del Hoyo atribuye el periodo de 1664 a 1715 como el “medio siglo
de inercia”, donde, tras la muerte del gobernador Martín de Zavala, el Nuevo
Reino de León entró a una crisis e inestabilidad de su política e instituciones
que la apoyaban. Eso auspició que la densidad demográfica bajara y que los
conflictos con los indios se incrementaran. Eugenio Del Hoyo, Historia del
Nuevo Reino de León, 1577-1723 (Monterrey: Al Voleo, 1979), 433–72.
12
Cavazos Garza, Breve historia de Nuevo León, 156; Cecilia Sheridan, El
yugo suave del evangelio. Las misiones franciscanas de Río Grande en el
periodo colonial (Saltillo: Universidad Autónoma de Coahuila, 2012), 53.
11

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�Javier Rodríguez

Además, en la segunda década del siglo XVIII se retomó
el proyecto misional, mismo que se vio reflejado en tres nuevas
fundaciones: la misión de Nuestra Señora de Guadalupe, la de
Nuestra Señora de la Concepción y Nuestra Señora de la
Purificación; todas fundadas en 1715 gracias al comisionado
Francisco de Barbadillo y Vitoria. La primera fue fundada a una
legua de la parroquia de Monterrey y perteneció a los frailes
franciscanos bajo el título de curas doctrineros hasta 1755, año en
que la misión se secularizó y se transformó en pueblo con
presencia predominantemente tlaxcalteca.13 En lo que respecta a
13

La secularización fue el traspaso de misiones y doctrinas pertenecientes a
los religiosos a manos del clero secular o diocesano. Dicho proceso se dio de
manera gradual y dependió del obispado su aplicación. En el obispado de
Puebla fue en 1640 gracias al obispo Juan de Palafox y Mendoza, en el
arzobispado de México fue en 1753 por el arzobispo Manuel Rubio y Salinas,
en Durango en 1753 por el obispo Pedro Anselmo Sánchez de Tagle, en el
obispado de Yucatán en 1721 por el obispo Juan Gómez de Parada y en el
obispado de Michoacán fue en 1767 también por el obispo Pedro Anselmo
Sánchez de Tagle. Para el caso del obispado de Guadalajara, el proceso de
secularización fue más pragmático y los obispos solían esperar a coyunturas
específicas para hacerlo, pero curato por curato y no como un evento a gran
escala. Para el caso del Nuevo Reino de León, el proceso de secularización de
misiones y doctrinas fue un proceso iniciado desde 1711 y concluido en 1804,
cuando se secularizó la doctrina del Río Blanco, que fue la última en hacerlo.
Óscar Mazín Gómez, Entre dos majestades. El obispo y la Iglesia del gran
Michoacán ante las reformas borbónicas, 1758-1772 (Zamora: El Colegio de
Michoacán, 1986), 12–20; María Teresa Álvarez Izca-Longoria, “La
reorganización del territorio parroquial en la arquidiócesis de México durante
Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
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18

�Mérito y honor

las otras dos misiones, éstas se fundaron cerca del Valle de San
Mateo del Pilón, y los franciscanos tuvieron bajo su cuidado y
doctrina a indios borrados, pelones, nazas, tlaxcaltecos, tortugas,
cacalotes y aguatinejos, que aparecen descritos en las partidas
sacramentales de la parroquia de San Mateo del Pilón.14
La familia Báez Treviño
No se puede pasar por alto en la historia del Nuevo Reino de
León, durante la primera mitad del siglo XVIII, la mención de
ciertos apellidos que fueron de suma importancia en el acontecer
histórico tanto político como económico y social. Y es que el caso
de la familia Báez Treviño es una referencia obligada, ya que su
participación en la región fue muy intensa. Desde el gran
patriarca hasta los nietos, los miembros de esta familia fueron
personajes muy activos por lo menos hasta 1780.

la prelacía de Manuel Rubio y Salinas (1749-1765)”, Hispania Sacra LXIII,
núm. julio-diciembre (2011): 508; David Brading, Una Iglesia asediada: el
obispado de Michoacán, 1749-1810 (México, DF: Fondo de Cultura
Económica, 1994), 123; Susan McClymont Deeds, “Rendering unto Caesar:
the secularization of Jesuit missions in mid-eighteenth century Durango”
(University of Arizona, 1981).
14
AEAM. Libros sacramentales, parroquia de San Mateo, libro 1, 1712-1725.
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�Javier Rodríguez

Mapa 1. División política del Nuevo Reino de León, finales del s.
XVII

Como punto de partida, se encuentra el general Francisco Báez
Treviño. Nació en Monterrey en 1648 y durante la primera década
del siglo XVIII se destacó por la adquisición de propiedades, sin
dedicarse a actividades comerciales o crediticias, según Antonio
Peña Guajardo.15 Fue hijo de Francisco Treviño (sargento mayor)

15

Antonio Peña Guajardo, La economía novohispana y la élite local en el
Nuevo Reino de León durante la primera mitad del siglo XVIII (Monterrey:
Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Nuevo León, 2004), 59.
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�Mérito y honor

y Lucía de Benavides, oriundos de la ciudad de Monterrey, y a su
vez, nieto del capitán Francisco Báez de Benavides (nacido en
1594, originario de Tenerife, en las Islas Canarias) y de Isabel
Martínez-Guajardo

Navarro-Rodríguez

(nacida

en

1593,

originaria de la Villa de Saltillo), primeros pobladores del Nuevo
Reino de León. Contrajo matrimonio con Catalina Treviño y
Maya, con la cual tuvo trece hijos: Ignacio Miguel (1682), María
(1685), Nicolasa (1687), Francisco (1691), Pedro Regalado
(1701), Xavier (1702), Matías (1703), Juan Bautista (1704),
Lucía (1706), Josefa (1708), Isabel (1709) y Antonia (1714).
Respecto a los oficios de los hijos varones, Francisco y Xavier
eligieron la carrera militar al igual que su padre; Matías fue
escribano público y tres de sus hijos eligieron la carrera
eclesiástica: el primogénito Ignacio Miguel lo hizo como
sacerdote religioso de la Compañía de Jesús y Pedro Regalado y
Juan Bautista lo hicieron como miembros del clero secular. En
cuanto a las hijas del General, cuatro se casaron con capitanes,
una con un escribano público, otra con el dueño de una hacienda
de ganado menor y dos más permanecieron solteras o bien no se
obtuvieron datos sobre sus nupcias, seguramente dedicándose al
cuidado de sus padres, pues para las labores domésticas la familia
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�Javier Rodríguez

poseía negros y mulatos esclavos. Y en el caso del matrimonio
del capitán Xavier Báez Treviño con Ana Montemayor Garza,
dentro de los cinco hijos que tuvieron, surgió otro sacerdote, José
Lorenzo Báez-Treviño Montemayor, nacido en 1730 en la ciudad
de Monterrey.
Pero, a decir verdad, uno de los aspectos más relevantes
de Francisco Báez Treviño fue que llegó a tener el grado de
general. Para finales del siglo XVII, encabezó una partida de 30
soldados que incursionó al interior de la Sierra de la Tamaulipa
para castigar a los indios que habían atacado una pastoría de
ovejas. Posteriormente, le fue otorgado el título de Sargento
Mayor, y en términos militares, como gobernador fue capitán
general del Nuevo Reino de León, por lo que Francisco Báez
Treviño fue el primer hombre, nacido en esta jurisdicción, que
tomó el cargo de gobernador y ocupó todos los grados militares,
desde alférez hasta general.16 Cabe señalar, que desde el siglo
XVII, y hasta 1728 —considerando que en este año inició el
cobro de alcabalas— el Nuevo Reino de León era considerado
como “tierra de guerra viva”.17 Esto implicaba que había focos de

16
17

Peña Guajardo, 71–72.
Del Hoyo, Historia del Nuevo Reino de León, 1577-1723, 311.

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�Mérito y honor

conflicto en distintos puntos del territorio entre españoles con
indios

negados

a

integrarse

al

sistema

europeo.

Los

enfrentamientos fueron duros y sumamente violentos, y
evidentemente causaron una gran cantidad de muertes, por lo que
la responsabilidad de la defensa del territorio cayó en las milicias
locales, con el peso de los gastos en los pobladores, por no existir
un ejército profesional en la Nueva España.18 Así fue como los
militares se adueñaron de la zona, pues el gobernador y capitán
general del Nuevo Reino de León era el mando supremo con
capacidad de organizar y coordinar las acciones.
Sin embargo, tal y como lo mencionó Peña Guajardo, el
estado general que se padecía en el Nuevo Reino de León era
conveniente para los miembros de esta élite local, afirmando que
ellos mismos promovían los enfrentamientos para justificar la

18

Peña Guajardo, La economía novohispana y la élite local en el Nuevo Reino
de León durante la primera mitad del siglo XVIII, 58. Por otro lado, José
Alfredo Rangel menciona que la defensa de las zonas fronterizas estaba a cargo
de los capitanes a guerra, quienes comandaban contingentes integrados en su
mayoría con los vecinos de los poblados interesados basándose el esquema en
la autodefensa que fue la modalidad más práctica al no existir un ejército
profesional. Rangel Silva, Capitanes a guerra, linajes de frontera. Ascenso y
consolidación de las élites en el oriente de San Luis Potosí, 1617-1823,
205–6.
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concesión de ciertos privilegios por ser “tierra de guerra viva”.19
Así, por mucho tiempo no se aplicó el cobro de alcabalas y a los
gobernadores se les eximió de la obligación de pagar la media
anata como una manera de apoyo a los pobladores y autoridades
de este lugar. Este régimen especial en materia fiscal —que era
aplicado en todo el septentrión novohispano— estaba destinado a
fomentar la economía y la colonización en una zona insegura que
por sí misma no atraía pobladores.20 Pero, por otro lado, en 1718
el general Francisco Báez Treviño —en su segundo periodo como
gobernador del Nuevo Reino de León— fue destituido por el
comisionado del Virrey duque de Linares, el alcalde de crimen
Francisco de Barbadillo y Vitoria, por comerciar indios a través
del sistema de congregas. Báez Treviño y otros miembros de la
élite local tuvieron que liberar a los indios capturados, y en su
defensa afirmaron que la captura fue hecha por ser prisioneros de
guerra, aunque estaban trabajando en sus haciendas personales.21
19

Mismo argumento utilizado por Sara Ortelli para el caso de la Nueva
Vizcaya. Sara Ortelli, Trama de una guerra conveniente. Nueva Vizcaya y la
sombra de los apaches, 1748-1790 (México, DF: El Colegio de México, 2007).
20
Peña Guajardo, La economía novohispana y la élite local en el Nuevo Reino
de León durante la primera mitad del siglo XVIII, 72.
21
Archivo General de Indias (AGI). Guadalajara 166, Expediente sobre la
pacificación de indios chichimecas del Nuevo Reino de León, 1714-1723, 14
de febrero de 1714.
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Así, mal que bien, este personaje logró consolidar un
poder y prestigio en la localidad, sobre los cuales sus hijos
clérigos Ignacio Miguel, Pedro Regalado, Juan Bautista y su nieto
José Lorenzo, se montarían para lograr la aceptación social de la
feligresía de Monterrey, siendo los únicos clérigos procedentes
de una familia de la vieja élite neolonesa. Recibió cristiana
sepultura a manos del Br. Bartolomé Molano en misa de cuerpo
presente y vigilia el 6 de julio de 1726 en la capilla de San
Francisco Xavier de la ciudad de Monterrey —lugar que fungía
como colegio jesuita, y cuyo rector era su hijo Ignacio Báez
Treviño— y dejó en testamento tres novenarios de misas
cantadas: uno en la parroquia de la ciudad, otro en la mencionada
capilla, y uno más en la parroquia del Señor del Perdón de la
Ciudad de México. Además, pidió que se pagaran dos pesos a las
mandas forzosas, 50 fanegas de maíz para los pobres, que toda su
ropa fuera subastada a partir de 50 pesos, siendo lo recaudado
para la educación de los niños en la escuela del Colegio seminario
de la capilla de San Francisco Xavier, 50 pesos para el altar de
Nuestra Señora del Nogal de la ciudad de Monterrey, y el entierro
a la voluntad de sus albaceas —quienes fueron sus hijos Juan
Bautista y Pedro Regalado— con la pompa que les pareciere
conveniente, los cuales mandaron se le hicieran tres pozas.22
FamilySearch. “Monterrey, Catedral, Defunciones 1668-1752; ms. 166-167”.
http://www.familysearch.com/México-NuevoLeónCatholicChurchRecords1667-1981
22

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Algo de los muchos aspectos interesantes a resaltar de la
familia Báez Treviño, fue el haber empleado las estrategias
matrimoniales y la dedicación a la Iglesia como mecanismos
alternativos reguladores del equilibrio entre los recursos
disponibles y el empaque que correspondía al prestigio del linaje.
Como una familia de élite hispano nueva, los Báez Treviño
habían elegido vivir confinados en la civitas capital del Nuevo
Reino de León, confiando en que ésta les proporcionaría los
medios para mantener su posición al amparo del gobierno del
reino. A decir de Pilar Gonzalbo, “los oficios de justicia daban
honra a quien la buscaba y la reafirmaba en los que la poseían
como patrimonio familiar”.23 Así, la ascendencia determinaba
enormemente el tipo de ocupación a la que aspiraban a dedicarse,
también influía en gran medida el enlace matrimonial previsible:
“la homogamia entre las estirpes de los conquistadores era regla
general”.24 Y también, como familia de élite, cuatro varones
miembros de ella eligieron el camino del sacerdocio que podía
proporcionarles acceso a dignidades acordes con su distinguido
origen. De este modo, la religiosidad hispano nueva no solamente
23

Pilar Gonzalbo Aizpuru, Familia y orden colonial (México, DF: El Colegio
de México, 1999), 136.
24
Gonzalbo Aizpuru, 137.
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�Mérito y honor

se manifestaba en oraciones, ceremonias o suntuosos rituales,
sino que estaba presente en los momentos de toma de decisiones
familiares: si bien el matrimonio y el ingreso al sacerdocio eran
caminos opuestos, podían llegar al mismo destino: la salvación
eterna y la felicidad terrena.25
Ahora bien, en primer término se encuentra Ignacio
Miguel Báez Treviño. Fue el primer hijo del Gral. Francisco Báez
Treviño y doña Catalina Treviño de Maya. Nació en la ciudad de
Monterrey en 1682 y no se encontró evidencia de su bautizo ni de
sus padrinos. Ingresó a la Compañía de Jesús y fue rector del
Colegio de San Francisco Xavier de Monterrey entre 1722 y
1723, siendo de los primeros jesuitas oriundos del Nuevo Reino
de León. Cuando testó en 1726, su padre ya había muerto, siendo
sepultado en la Iglesia del Convento de San Andrés de dicha
ciudad.26 A decir verdad, es el clérigo miembro de la familia Báez
Treviño de quien menos información se tiene, sin embargo, su
padre el Gral. Francisco Báez Treviño, quien había apoyado al
Br. Jerónimo López Prieto al establecimiento de un colegio
seminario en 1701, apoyó a su primogénito para adquirir la
dirección de dicho colegio una vez que aquel fue removido.
25
26

Gonzalbo Aizpuru, 136.
Portillo Valadez, Diccionario de clérigos y misioneros norestenses, 34.

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En segundo lugar se encuentra Pedro Regalado Báez
Treviño. Era oriundo de la capital del Nuevo Reino de León y fue
el quinto hijo del Gral. Francisco Báez Treviño y doña Catalina
de Maya. Pedro Regalado, bautizado en la parroquia de la ciudad
de Monterrey el 30 de marzo de 1701 por el padre Domingo
Guerra, tuvo como padrinos a Bernabé González y Aldonza
Guajardo.27 Estudió en la ciudad de Durango, en el Seminario de
la Compañía de Jesús, para luego pasar al Seminario de San José
de la ciudad de Guadalajara. Previo a su paso por el colegio
jesuita de Durango, en 1712, el obispo Diego Camacho y Ávila
—durante su visita pastoral por la ciudad de Monterrey— lo
señaló como estudiante de la cátedra de gramática que se impartía
en el colegio seminario instaurado en Monterrey por el Br.
Jerónimo López Prieto en el anexo a la capilla de San Francisco
Xavier que fungía como iglesia parroquial en ese momento.28 Fue
ordenado clérigo de menores órdenes en 1722 por el obispo Fray
Manuel de Mimbela, y presbítero a título de dos capellanías
FamilySearch. “Monterrey, Catedral, Bautismos 1668-1731, m.182”.
Bautizado el 30 de marzo del 1701. http://www.familysearch.com/MéxicoNuevoLeón-CatholicChurchsRecords1667-1981
28
FamilySearch. “Monterrey, Catedral, Bautismos 1668-1731, m.303”.
http://www.familysearch.com/México-NuevoLeónCatholicChurchsRecords1667-1981
27

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28

�Mérito y honor

fundadas por sus padres, el Gral. Francisco Báez Treviño y doña
Catalina Treviño: una de 2,100 pesos en la Villa de Saltillo, que
le producían 100 pesos anuales, y otra de 2,000 pesos sobre la
Hacienda de Santo Domingo en la ciudad de Monterrey.29 Fue
teniente de cura del Real y Minas de San Gregorio de Mazapil
entre 1726 y 1728. Fue vicario y juez eclesiástico, y teniente de
cura en la Villa de Saltillo de 1741 a 1755, donde también fungió
como comisario de la Inquisición.30 En la parroquia de la ciudad
de Monterrey también fue teniente de cura con atención a
Pesquería Grande, en 1745, y en el Huajuco en 1740 y de 1744 a
1748, sin descuidar sus labores en la Villa de Saltillo. Tuvo como
residencia y ocupación la asistencia de la Hacienda de Santo
Domingo, siendo dueño de la cuarta parte. En 1760 exhibió sus
licencias sin límite de tiempo al obispo Fray Francisco de San
Buenaventura Martínez de Tejada Diez de Velasco. Murió el 11
de febrero de 1767.

FamilySearch. “Guadalajara, diócesis de Guadalajara, Órdenes 1714-1737, m.98”.
http://www.familyseach.com/México-Jalisco-CatholicChurchsRecords15901979
30
Archivo General de la Nación (AGN). Inquisición, Vol. 869, fs. 2,
Nombramiento de comisario del Santo Oficio de la Villa de Saltillo a favor de
Pedro Regalado Báez Treviño. 14 de febrero de 1740.
29

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�Javier Rodríguez

En tercer lugar, se encuentra Juan Bautista Vicente Báez
Treviño, o bien Juan Báez Treviño —como solía firmar las
partidas sacramentales—, y es el personaje de quien se tiene más
información en la evidencia archivística. Su carrera sacerdotal
difiere un poco de la de Ignacio Miguel y Pedro Regalado. Fue el
octavo hijo del matrimonio del Gral. Francisco Báez Treviño con
doña Catalina de Maya. Fue bautizado en la parroquia de la
ciudad de Monterrey el 11 de febrero de 1704 por el padre Marcos
González Hidalgo y fue su padrino el capitán Francisco de
Albornos.31 Como ha sido referenciado al inicio de este trabajo,
cursó filosofía en el Colegio de la Compañía de Jesús de la ciudad
de Durango, desde donde pasó a la ciudad de México a estudiar
los sagrados cánones y recibió el grado de bachiller el 27 de abril
de 1725.32 Fue ordenado presbítero por el obispo de Guadalajara,
el Dr. Carlos Nicolás Gómez de Cervantes, del cual obtuvo las
licencias necesarias para predicar en toda la diócesis, a cuyo fin
FamilySearch. “Monterrey, Catedral, Bautismos 1668-1731, m.206”.
Bautizado el 11 de febrero de 1704. http://www.familysearch.com/MéxicoNuevoLeón-CatholicChurchsRecords1667-1981
32
Precediendo antes la lección de una hora de ampolleta con puntos y término
de 24 horas de la segunda asignación del capítulo 9 Christus 26, de jure jurado,
libro segundo título segundo, en que se leyeron varios facultados para lo cual
cursó y juró cinco concursos en la propia facultad de cánones e hizo diez
lecciones conforme a estatus.
31

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�Mérito y honor

fue

examinado

y

aprobado,

expidiéndosele

los

títulos

correspondientes el 14 de marzo de 1728, mismos que le fueron
refrendados por el Deán y Cabildo Sede Vacante de la catedral de
Guadalajara el 4 de abril de 1735, y por el obispo Juan Gómez de
Parada el 15 de marzo de 1737. Además, su ordenación sacerdotal
fue a título de dos capellanías: una fue fundada por el capitán don
Antonio Gómez de Castro y doña María Báez Treviño —su
hermana mayor— de 3,500 pesos de principal y 125 de renta
anual sobre algunas casas que tenía en la ciudad de Monterrey,
con la obligación de 33 misas rezadas al año, y la otra también
fue fundada por el mismo capitán con 1,000 pesos de principal y
150 pesos de renta anual sobre el agostadero de San Agustín,
también en la ciudad de Monterrey.33
Al ser opositor para algunos de los beneficios curatos, fue
examinado y aprobado en sínodo en la doctrina moral, y se le
propuso en primer lugar para el curato de Monterrey, en segundo
lugar para la provisión de la Villa de la Purificación, y en tercer
lugar para el Real y minas de San Pedro en Boca de Leones. Fue
teniente de cura de la ciudad de Monterrey y sus partidos,

33

AHAG. Parroquia de Monterrey, Cofradías del Nuevo Reino de León, 10 de
septiembre de 1753.
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�Javier Rodríguez

llegando a ser el cura en encomienda de dicha parroquia el 14 de
enero de 1734.34 Además, el Deán y Cabildo en Sede Vacante le
34

La categoría de los sacerdotes en la América hispánica era la siguiente: 1)
Capellán: dueño de una capellanía, no necesariamente tenía que ser adscrito a
una parroquia. Todos los curas tenían que ser capellanes para poderse ordenar.
2) Cura domiciliario: adscrito a una parroquia, era el cura que lleva el viático
a los enfermos y da la extremaunción sin facultades para celebrar, bautizar o
casar sin licencia del titular del curato. 3) Teniente de cura: ayudante del titular
del curato, equivalente al actual vicario con facultades de celebrar misa diaria
y mayor los domingos, predicar, bautizar, casar en ausencia del titular del
curato. Podía residir en la parroquia o en una capilla perteneciente a la
parroquia. 4) Cura beneficiado: titular del curato, actual equivalente al párroco.
Tenía facultades de celebrar misa diaria y mayor los domingos, administrar
todos los sacramentos, levantar el padrón anual de la cuaresma y remitirlo a la
curia episcopal. Para llegar a ser cura beneficiado se establecía un concurso de
oposición y tras un examen de sagrada escritura, teología cristiana y lengua
mexicana, los sacerdotes evaluadores le mostraban tres candidatos al obispo,
mismos que el prelado presentaba al vicepatrono y el designaba al ganador del
concurso. El concurso solía ser riguroso y podían existir elementos extraprotocolarios que influyeran en el ganador del concurso. 5) Vicario juez
eclesiástico: eran sacerdotes que fungían como representantes del obispo para
ciertas regiones del obispado y podía ser un cura domiciliario, teniente de cura,
pero en la mayoría de las ocasiones era un cura beneficiado. Podía haber un
vicario juez eclesiástico para un solo curato o para varios, dependiendo de la
naturaleza y extensión de la zona. Sin embargo, para el caso del Nuevo Reino
de León, la denominación de curato en beneficio no existía hasta 1748 cuando
se secularizó la misión de La Punta de Lampazos y el primer cura beneficiado
—Juan Antonio Flores Barbarigo— tomó posesión de ella. Lo que existía hasta
ese momento era curato en encomienda, que era equivalente al curato en
beneficio, con la única diferencia de que el obispo podía poner y quitar curas
a placer sin necesidad de ningún concurso, cosa que no estaba aprobada por el
concilio de Trento. La eliminación de los curatos en encomienda la concretó
el obispo Fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejada Diez de
Velasco en circunstancias específicas. El curato de Monterrey por primera vez
fue en beneficio en 1755 cuando el Br. Bartolomé Molano tomó posesión de
Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
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�Mérito y honor

dieron comisión a fin de que examinase a varios religiosos
franciscanos, y fue notario del Santo Oficio de la Inquisición de
la ciudad de Monterrey, su distrito y jurisdicción, gracias al título
que le dieron los inquisidores de la Ciudad de México el 3 de julio
de 1741. El obispo Juan Gómez de Parada le nombró vicario y
juez eclesiástico el 13 de enero de 1742 hasta que dejó el cargo el
25 de febrero de 1748. También lo nombraron comisario del
tribunal de la Santa Cruzada por el obispo Juan de Camargo de
1734 a 1748, concediéndole facultad para todas las causas y
negocios tocantes a cruzadas y para la ejecución de los demás
él. Y en ese mismo año los curatos del Valle de las Salinas y del Valle del
Guajuco dejaron de ser encomiendas para ser en beneficio. Las doctrinas de la
Villa de Cadereyta, de la Villa de Linares y Valle de Labradores fueron
secularizadas y también se convirtieron en curatos en beneficio. El curato de
Boca de Leones dejó de ser encomienda hasta 1760 tras la muerte del Br.
Rodrigo Flores Valdés. Como último dato, el vicepatrono en el Nuevo Reino
de León no estaba bien definido. Aunque en estricto sentido y de acuerdo con
las Leyes de Indias el virrey debiera serlo, en la práctica también consideraban
vice patronos al propio gobernador del Nuevo Reino de León e incluso al
presidente de la Audiencia de Guadalajara; este último caso era algo inusual,
pues como entidad política, el Nuevo Reino de León no era correspondiente a
esa audiencia, sin embargo, hubo casos donde el presidente de la audiencia
neogallega designaba curas para el Nuevo Reino de León, sobre todo cuando
eran curatos en encomienda. Todo este entramado jurisdiccional confuso fue
parte de las realidades políticas-eclesiásticas del Nuevo Reino de León por lo
menos hasta 1777, año de fundación del obispado de Linares. Javier Rodríguez
Cárdenas, “Territorialización y estructuras eclesiásticas en el Nuevo Reino de
León durante la visita pastoral del obispo de Guadalajara, 1753-1760” (Tesis
de maestría, El Colegio de San Luis, 2018), 160–250.
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�Javier Rodríguez

asuntos pertenecientes a este cargo. De 1748 a 1764, fue teniente
de cura y cura domiciliario en la misma parroquia de Monterrey,
falleciendo en esa ciudad en 1764.
Por último, del matrimonio entre el cuarto hijo del Gral.
Francisco Báez Treviño y doña Catalina de Maya, el capitán
Xavier Báez Treviño, con Ana Josefa Montemayor de la Garza,
nació en 1730 José Lorenzo Báez Treviño, de quien fueron sus
padrinos sus tíos Matías Báez Treviño e Ignacia de los Santos
Coy, siendo bautizado por el padre Matías de Aguirre. Su
testamento afirma que sus padres murieron mucho antes de que
él recibiese las órdenes mayores.35 Fue ordenado sacerdote a
título de cuatro capellanías: una fundada por su abuelo el Gral.
Francisco Báez Treviño sobre la hacienda de Santo Domingo;
otra fundada por su tía doña Josefa Báez “sobre la casa y viña que
posee en la Villa de Saltillo Manuel Ignacio de Irazabal [sic]”; la
tercera que fundaron su misma tía Josefa Báez y Bartolomé de
Cuellar, su esposo, sobre la hacienda de Guachichile; y la última
fundada por doña María Báez Treviño, su tía, y que el obispo de

35

Archivo Histórico de Monterrey (AHMM). Protocolos, Testamento de
bachiller José Lorenzo Báez Treviño, Vol.18, Exp.1, 12 de enero de 1780.
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�Mérito y honor

Guadalajara Fray Francisco de San Buenaventura Martínez de
Tejada Diez de Velasco removió y puso en la ciudad de
Guadalajara; todas ellas de 4,000 pesos de principal y de 200
pesos anuales.36 También se sabe que fue lugarteniente de vicario
de Monterrey, en donde se encontraba en 1760 al momento de la
visita pastoral del obispo de Guadalajara, quien le revisó sus
licencias ministeriales, las cuales no tenían límite de tiempo.
También fue capellán del presidio de San Agustín de Ahumada
en 1764, y fue teniente de cura en la ciudad de Monterrey de 1768
a 1780, año de su muerte.
Así, este cuarteto de religiosos pertenecientes a la familia
de los Báez Treviño demuestra las cuatro formas más comunes
en que los sacerdotes del periodo hispánico aspiraban a ser
exitosos: profundizando en el estudio; siendo un buen cura de
almas y preocupándose por velar y atender a su feligresía;
aprovechando sus grados académicos para aspirar a cargos más
importantes; o siendo un hábil negociante a partir de la
acumulación de tierras y propiedades familiares.
36

AHMM. Protocolos, Testamento de bachiller José Lorenzo Báez Treviño,
Vol.18, Exp.1, 12 de enero de 1780.
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35

�Javier Rodríguez

Tipologías sacerdotales de la familia Báez Treviño
A decir de William B. Taylor, la organización del clero secular
en la América hispánica septentrional dividía a hombres grosso
modo de acuerdo con un sistema de meritocracia. Sin embargo,
en la práctica, este sistema era la combinación de una serie de
factores entre los cuales se pueden enumerar los antecedentes
familiares,

medios

independientes,

educación,

honores

académicos y literarios, cargos de responsabilidad por
nombramiento del obispo y ejercidos con distinción, buenas obras
dignas de su vocación, y antigüedad y reputación de acuerdo con
la virtud profesional y personal; es decir, que dicho “mérito”, a
final de cuentas, era una cualidad en parte heredada y en parte
adquirida.37 Asimismo, el significado del mérito pudo variar con
el tiempo y de acuerdo con quienes lo juzgaron, pues el
sacerdocio hispano nuevo no se trataba de un sistema lineal en
forma de escalera al que todos accedieron desde el peldaño
inferior y en el que los de mayor mérito ascendieron rápidamente
en relación con el resto, pues los contactos personales y los lazos
familiares intervenían inevitablemente. Según Taylor, algunos

37

William B Taylor, Ministros de lo sagrado. Sacerdotes y feligreses en el
México del siglo XVIII. Vol. I (Zamora: El Colegio de Michoacán, 1999), 147.
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�Mérito y honor

curas no ingresaron desde abajo, otros jamás avanzaron y hubo
quienes alcanzaron la cima sin ocupar posiciones intermedias.38
Como se ha podido constatar, la familia Báez Treviño fue
de las más reconocidas al iniciar el siglo XVIII en el Nuevo Reino
de León, y evidentemente tanto José Miguel, Pedro Regalado,
Juan y José Lorenzo supieron aprovechar el pináculo del prestigio
social del que gozaba su familia gracias al patriarca de este linaje,
el Gral. Francisco Báez Treviño. Y es que en la monarquía
hispánica – como se ha mencionado anteriormente – el mérito va
íntimamente acompañado del linaje familiar, pues el simple
hecho de tener como tronco común un familiar procedente de los
reinos peninsulares, y más que haya sido de los primeros
pobladores, era suficiente prestigio para estar a la altura de
cualquier familia hispana nueva. Y si a esto se le añade la
participación en campañas bélicas, aportaciones económicas o
servicios especiales que contribuían a aumentar o consolidar el
territorio o la recaudación correspondiente a la Corona, el mérito
se incrementaba a tal grado que el prestigio social podía heredarse
a hijos y nietos para que compartieran el mismo reconocimiento
ganado por ellos. Incluso, afirma Pilar Gonzalbo, que cuando no
38

Taylor, 47.

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37

�Javier Rodríguez

podía demostrarse la ascendencia de los conquistadores, los
testimonios que refieren a “hijos de buenos padres” y tenido por
“principal persona” de “limpio linaje” y “familia honrada” eran
también válidos dentro del prestigio de la sociedad española.39
Fue así que, pese a tener linaje, es decir, ser un español-americano
de tercera generación de un peninsular de los primeros pobladores
del Nuevo Reino de León, el mérito del Gral. Francisco Báez
Treviño según su título de gobernador de 1703 otorgado por el
virrey duque de Alburquerque, fue haber servido “en dicho reino
en los cargos de capitán de los soldados de a caballo, arcabuceros
que se formó en el levantamiento de los reinos chichimecos del
cerro de Tamaulipa y reprimiendo el orgullo de los indios en el
Real de las Sabinas e inquietudes que causaron los indios de las
naciones cenizos y alazapas”.40
Y es que hasta ese momento, ni su padre Francisco
Treviño ni su abuelo Francisco Báez de Benavides habían
alcanzado ni el grado de General ni ser gobernador del Nuevo

39

Gonzalbo Aizpuru, Familia y orden colonial, 130.
AHMM, Actas de Cabildo, Título de gobernador y capitán general del
Nuevo Reino de León a favor de Francisco Báez Treviño, Vol. 002,
Exp.1703/002, 12 de junio de 1703.
40

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�Mérito y honor

Mapa 2. Curatos, misiones y doctrinas en el Nuevo Reino de León,
1753

Reino de León. Y una vez siendo gobernador, eran estos
personajes tan influyentes como otros que componían la
monarquía hispánica en espacios locales o regionales, lo que
permitía una solicitud como la del gobernador Báez Treviño, que
“postrado a las reales plantas de vuestra majestad con todo
rendimiento” solicitó que la Compañía de Jesús entrara a la
ciudad de Monterrey y fundase un colegio:
Con el que nuestros hijos tendrán la enseñanza y doctrina
segura desde los primeros rudimentos y porque serán
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�Javier Rodríguez

enseñados en cristianas y buenas costumbres con la buena
enseñanza que deseamos y finalmente porque tendrá todo el
reino el consuelo y doctrina que en todo el norte cristiano y
dominio de vuestra majestad acostumbra tan sagrada religión
con satisfacción y consuelo común de sus leales vasallos.41

Sobre esta sólida estructura familiar de prestigio social local y
mérito real ante su majestad, estaban insertos los curas José
Miguel, Pedro Regalado y Juan Bautista Vicente de cuarta
generación y José Lorenzo de quinta generación familiar con
respecto a los primeros pobladores. Y es que gran parte del
currículo de los aspirantes al sacerdocio en la monarquía
hispánica debían tener este tipo de estructuras familiares. William
B. Taylor menciona que el linaje familiar por sí mismo ya era
gran parte del mérito que necesitaban los futuros sacerdotes, ya
que reflejaba su propia comprensión del “mérito”, es decir,
aquello que los hacía dignos de su vocación y de la promoción,
siendo las calidades de los candidatos favorecidos ser hijo
legítimo de padres españoles nacidos en América, ilustres y
descendientes de antiguos y legítimos linajes de cristianos viejos:

41

AHMM, Actas de Cabildo, Petición del gobernador al rey para que la
Compañía de Jesús funde un colegio en la ciudad, Vol. 02, Exp.1715/002, 31
de enero de 1715.
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40

�Mérito y honor

eso era prácticamente todo lo que necesitaban.42 Ahora, el punto
en cuestión es cuáles fueron las aspiraciones, limitaciones y
función social de cada uno de ellos, y si el peso familiar fue
determinante en cada una de sus carreras sacerdotales, pues —
como afirma Pilar Gonzalbo— el valor simbólico de los apellidos
y de la proximidad a la jerarquía eclesiástica podía llegar a
proporcionar beneficios materiales inmediatos cuando en las
familias novohispanas se coordinaban intereses económicos y en
la vida religiosa se protegía el patrimonio o se obtenía acceso a
créditos y beneficios.43 Buena parte de los individuos del grupo
dominante o élites de una localidad o región, elegían el camino
del sacerdocio, que podía proporcionarles acceso a dignidades
acordes con su distinguido origen, siendo congruente con lo que
establecía el Concilio de Trento de no promover a ningún
individuo como clérigo que no sea idóneo “por sus costumbres,
ciencia y edad a las órdenes sagradas, a no constar antes
legítimamente que está en posesión pacífica de beneficio
eclesiástico que baste para pasar honradamente la vida”.44

42

Taylor, Ministros de lo sagrado. Sacerdotes y feligreses en el México del
siglo XVIII. Vol. I, 151.
43
Gonzalbo Aizpuru, Familia y orden colonial, 137.
44
Sacrosanto Concilio de Trento, 209.
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41

�Javier Rodríguez

Combinar linaje y mérito nunca fue sencillo para los sacerdotes,
y más porque, si por una parte el linaje era heredado a través de
los antepasados, el mérito era producto de valores como la
disciplina, constancia, buenas costumbres, entre otras cosas que
ya se han mencionado.
Como afirma Taylor, “tan importantes son los orígenes
sociales para la carrera de un sacerdote como también lo fueron
su formación y sus logros educativos”.45 El mérito de un
individuo destinado al sacerdocio iniciaba desde las primeras
letras pues para ser aceptado en un Seminario, los varones debían
tener por lo menos siete años de edad, aunque según Taylor
generalmente ingresaban de once años.46 El curso de estudios
para obtener el grado en bachiller en artes o estudios de filosofía,
era tras la aprobación de los cursos de gramática (lectura,
escritura y pronunciación latina), retórica (latín con español que
incluía el estudio de la sintaxis, traducción y obras selectas de
algunos autores romanos clásicos como Cicerón, Virgilio,
Ovidio, etc.) y filosofía (estudios de lógica, metafísica
aristotélica, física, filosofía moral, aritmética, geometría y
45

Taylor, Ministros de lo sagrado. Sacerdotes y feligreses en el México del
siglo XVIII. Vol. I, 125.
46
Taylor, 126.
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�Mérito y honor

álgebra). Al final, se tenían que someter a un examen oral sobre
preguntas de filosofía ante tres sinodales y de aprobar se obtenía
el grado de bachiller.47 El estudio completo solía durar de cinco a
seis años. Para alcanzar la ordenación como sacerdote que
pudiese celebrar misa, el individuo tenía que estudiar teología por
cuatro años. Dicho estudio se dividía en dos partes: teología
dogmática (estudio de la Suma Teológica de Santo Tomás de
Aquino) y teología moral (aplicabilidad de la teología dogmática
a la vida cotidiana). También se podían hacer cursos de derecho
canónico, sagradas escrituras, historia de la iglesia y elocuencia
sagrada, según Taylor.48
Cabe señalar que los estudios sacerdotales se enmarcaban
dentro de una jerarquía de grados que definían el estatuto del
individuo dentro de la propia Iglesia. El Concilio de Trento señaló
cuatro órdenes menores —ostiario, lector, exorcista y acólito— y
tres mayores que eran el subdiaconado, diaconado y presbiterado.
En las órdenes menores, el ostiario era el guardián del templo,
quien tocaba las campanas y guardián del Santísimo Sacramento;
el lector era quien tenía el oficio de leer o cantar públicamente en

47
48

Taylor, 127.
Taylor, 128.

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43

�Javier Rodríguez

el templo las Sagradas Escrituras, además de asistir al diácono; el
exorcista era quien podía imponer las manos sobre los posesos
del demonio y recitar los exorcismos aprobados por la Iglesia; y
el acólito era quien portaba las luces en el templo y presentaba el
vino y el agua para la celebración eucarística.49 Y respecto a las
órdenes mayores, una vez sometido y aprobado a una exhaustiva
investigación personal sobre su pasado y conducta moral por un
delegado del obispo, el bachiller obtenía el grado de subdiácono
que ayudaba al diácono a pasar los instrumentos para la misa; los
diáconos podían ser asistentes de los sacerdotes en la misa,
además de contar con aprobación de predicar, y los sacerdotes
podían decir misa pero no escuchar confesiones, impartir
bautismos dar últimos auxilios o casar sin licencia del ordinario
del lugar.50
Para el caso de los sacerdotes emergidos de la familia
Báez Treviño, definitivamente quien marcó la línea de camino en
cuanto a lugares de estudio fue el primogénito. Como ya se ha

49

Pablo VI, Ministeria Quaedam. [Consultado en línea el 21 de mayo del 2020]
http://www.vatican.va/content/paul-vi/la/motu_proprio/documents/hf_pvi_motu-proprio_19720815_ministeria-quaedam.html.
50
Taylor, Ministros de lo sagrado. Sacerdotes y feligreses en el México del
siglo XVIII. Vol. I, 147.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-1

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�Mérito y honor

referido, Ignacio Miguel fue miembro de la Compañía de Jesús y
realizó sus estudios en el Colegio de Guadiana de los jesuitas en
la ciudad de Durango, Nueva Vizcaya, mismo lugar donde sus
hermanos cursaron los estudios de filosofía. Por la gran diferencia
de edad entre Ignacio Miguel y el resto de sus hermanos de
familia y sacerdocio, para cuando Pedro Regalado nació en 1701,
Ignacio ya contaba con 19 años de edad, y para el nacimiento de
Juan Bautista tenía 22 años. En la visita pastoral de 1711 del
obispo de Guadalajara Diego Camacho y Ávila por el curato de
Monterrey, cuando el prelado renueva licencias y aprueba la
operación de un colegio seminario siendo el rector Ignacio
Miguel —gracias al apoyo y financiamiento de su padre, el
gobernador del Nuevo Reino de León— éste ya contaba con 29
años de edad y entre los alumnos que menciona el obispo
Camacho y Ávila que se encontraban tomando cursos de
gramática, se encontraba Pedro Regalado con 10 años de edad.51
Muy seguramente Ignacio Miguel debió haber influido mucho en

FamilySearch. “Monterrey, Catedral, Bautismos 1668-1731, m.303”
http://www.familysearch.com/México-NuevoLeónCatholicChurchsRecords1667-1981
51

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45

�Javier Rodríguez

la dirección que tomarían las trayectorias académicas de Pedro
Regalado y de Juan Bautista, al grado en que ambos fueron
enviados a estudiar filosofía con la Compañía de Jesús en la
ciudad de Durango. Como se ha mencionado anteriormente, son
escasos los datos que se tienen sobre Ignacio Miguel, pero tanto
por dicha influencia como por la dirección del colegio seminario
de Monterrey y su adscripción religiosa, este personaje debió ser
caracterizado por su preocupación por el saber y la enseñanza,
cualidad mediante la cual, según Óscar Mazín, la monarquía
hispánica también se proyectaba en los ámbitos locales.52
Una vez concluidos sus estudios en Durango, tanto Pedro
Regalado como Juan Bautista se trasladaron a la ciudad de
Guadalajara para estudiar teología en el Seminario de San José,
donde lograron concluir sus estudios y se ordenaron sacerdotes
en 1725 y 1728 respectivamente, ambos por el obispo Nicolás
Carlos Gómez de Cervantes. A partir de su ordenación sacerdotal,
la movilidad de ambos personajes va indicando los intereses que
tenían y que podían ser tanto familiares o personales; y dentro de
52

Óscar Mazín Gómez, Una ventana al mundo hispánico. Ensayo
bibliográfico. Vol.1 (México, DF: El Colegio de México, 2006), 45.
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�Mérito y honor

la rama de personales, de aspiración a prebendas mayores o a
dedicarse a los negocios eclesiásticos, todo válido en la forma de
ganarse la vida.
Por una parte, Pedro Regalado Báez Treviño —como ya
se ha referido en sus aspectos biográficos— fue ordenado
presbítero a título de dos capellanías fundadas por sus padres, el
Gral. Francisco Báez Treviño y doña Catalina Treviño de Maya:
una de 2,100 pesos en la Villa de Saltillo que le producían 100
pesos anuales, y otra de 2,000 pesos sobre la Hacienda de Santo
Domingo en la ciudad de Monterrey que le producía 200 pesos
anuales. Si una capellanía conseguía que el sacerdote viviera “al
día”, con dos podía vivir relativamente cómodo.53 A esto se le
53

Según Pilar Gonzalbo, las capellanías eran un medio de perpetuar la
memoria familiar y de establecer una relación armónica con el más allá. Una
vez tomadas las previsiones para asegurar, hasta donde fuera posible, la
situación económica de los herederos inmediatos, había que pensar en la
salvación del alma, y era natural que se recurriese a los parientes para un
negocio de tanta importancia. Las sutilezas de la teología católica permitían
eludir la fea sombra de la simonía y lograr, no obstante, que los bienes
naturales contribuyesen a la consecución de la bienaventuranza eterna. Podría
encontrarse un paralelismo entre mayorazgos y capellanías con variantes de
que aquellos requerían de un capital considerable, debían someterse a la
aprobación real y se destinaban a los descendientes laicos que conservarían el
apellido. La capellanía era una fundación de beneficio público, ya que la
promoción de vocaciones sacerdotales redundaba en la mejor asistencia de
almas; podía constituirse un pequeño caudal, generalmente entre 1,000 y 3,000
pesos, y no exigía trámites de aprobación: un simple documento ante escribano
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47

�Javier Rodríguez

añade que fue teniente de cura en los curatos del Real y Minas de
Mazapil entre 1726 y 1728 y en la Villa de Saltillo de 1729 a
1740, en la que además fue Comisario del Santo Oficio de 1741
a 1755. De 1740 a 1745 fue teniente de cura en varias capillas
jurisdicción del curato de Monterrey: con atención a la capilla del
Valle de Guajuco en 1740 y con atención a la capilla del Valle de
Pesquería Chica en 1745, además de apoyar en el curato de

público dejaba testimonio de su fundación. La persona designada como patrón
tenía la responsabilidad y el privilegio de proveer de candidatos idóneos a la
capellanía vacante, y el juzgado de testamentarías, capellanías y obras pías
vigilaba el cabal cumplimiento de la voluntad de sus fundadores. Gonzalbo
Aizpuru, Familia y orden colonial, 138; Taylor, Ministros de lo sagrado.
Sacerdotes y feligreses en el México del siglo XVIII. Vol. I, 183–205. Según
Gisela Von Wobeser, el fundador de la capellanía donaba una cantidad para el
sostenimiento de un capellán y dicho capellán quedaba obligado a decir cierto
número de misas en su memoria. La cantidad donada se invertía y el capellán
recibía la renta que producía la inversión. El fundador obtenía el beneficio
espiritual de que el capellán rezara por su alma y, además, tenía la posibilidad
de lavar algunos de sus pecados, ya que, mediante la donación del capital de
la capellanía podía “restituir” dineros obtenidos en forma usuraria. El objetivo
de la capellanía era la salvación del alma después de la muerte. Gisela Von
Wobeser, “Las capellanías de misas: su función religiosa, social y económica
en la Nueva España”, en Cofradías, capellanías y obras pías en la América
colonial, ed. Pilar Martínez López-Cano, Gisela Von Wobeser, y Juan
Guillermo Muñoz (México, DF: Universidad Nacional Autónoma de México;
Instituto de Investigaciones Históricas UNAM, 1998), 120. David Brading y
Óscar Mazín Gómez, eds., El gran Michoacán en 1791. Sociedad e ingresos
eclesiásticos en una diócesis novohispana (Zamora: El Colegio de Michoacán;
El Colegio de San Luis, 2009), 182; Pedro Gómez Danés, “Colegios y
capellanías en el Nuevo Reino de León”, Revista de la sociedad Neolonesa de
historia, geografía y estadística, 2008, 120.
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48

�Mérito y honor

Monterrey a su hermano Juan Báez Treviño, cuando este se
encontraba ausente entre 1743 y 1745. Después, de 1745 a 1755
volvió a ser teniente de cura de la Villa de Saltillo, de 1755 a 1761
regresó como teniente a la ciudad de Monterrey, y de 1761 a 1767
—año de su muerte— en su hacienda de hacienda de Santo
Domingo.
Por su movilidad, Pedro Regalado buscaba vivir más
cómodamente entre las principales parroquias de la región, pues
si por un lado el Real y Minas de Mazapil contaba con la
solvencia de un asentamiento minero —no sólo en diezmos sino
también en obvenciones parroquiales— la Villa de Saltillo
tampoco se quedaba atrás en ese aspecto. Pero si por alguna razón
la mayor parte de su carrera sacerdotal la pasó deambulando entre
los curatos de la Villa de Saltillo y de la ciudad de Monterrey —
el principal curato del Nuevo Reino de León— fue porque su
familia y sus propiedades residían en esa última ciudad. No
obstante, ser teniente de cura de la Villa de Saltillo era más
atractivo que serlo de la ciudad de Monterrey, pues el pago por
las obvenciones parroquiales era mucho mayor en el primer lugar
que en el segundo. En cuanto a su labor pastoral —descrita
anteriormente en su apartado biográfico— da constancia de que
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�Javier Rodríguez

era un cura comprometido con su trabajo y por ende, esperaba la
gratificación económica equivalente a sus servicios. Así, se puede
asegurar que Pedro Regalado Báez Treviño ingresó al sacerdocio
con el único objetivo de ganarse la vida, lo que así fue gracias a
su trabajo y a su familia.
A diferencia de su hermano Juan Bautista, el Br. Pedro
Regalado Báez Treviño fue menos rígido en el ejercicio de su
ministerio sacerdotal. Mientras residía en la ciudad de Monterrey,
apadrinó a 15 neófitos mientras que su hermano Juan no lo hizo
con ninguno. También, por algunos informes, se ha detectado en
él ser de una agradable personalidad y singular carisma, ya que
en sus testamentos, don Pedro de Fe, doña Gertrudis Rodríguez y
doña Ana Lucía Fernández, declararon que el Br. Pedro Regalado
era su “alegre padre espiritual”.54 Por otro lado, también tuvo
claras tendencias a creer en cuestiones que no precisamente eran
de ortodoxia cristiana. En 1740 —mientras sostenía el cargo de
vicario juez eclesiástico y comisario de la Inquisición en la Villa
de Saltillo— informó al Tribunal del Santo Oficio de la
Inquisición de la Ciudad de México varios aspectos para descargo

54

AHMM. Protocolos, Vol.14, exp.1, Memorias testamentarias, 30 de marzo
de 1745.
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�Mérito y honor

de su conciencia, entre lo que incluía ciertos recuerdos de hechos
sobrenaturales que vivió junto con su madre en la Ciudad de
Monterrey donde:
Se acercó a mi madre junto a la vela una palomita mariposa, de
vistosos colores y dijo mi madre que alguna feliz noticia
anunciara dicha mariposa y le dijo que no revelara nada de lo
que le había, la cual después se quemó por sí sola. La verdad
pudo ser ignorancia como lo dijo mi hermano Juan, pero tal vez
sea un mensaje de Dios nuestro señor, y que dicho mensaje
también fue dicho al gobernador de aquel Nuevo Reino de León
que era mi padre.55

Tal vez el hecho de que Pedro Regalado haya sido de
personalidad alegre haya sido un factor para ser más abierto a
creer cosas que bien pudieran ser supersticiones. Del caso anterior
hasta fue juzgado por su hermano Juan como “ignorante”. A decir
verdad, el Br. Pedro Regalado no aspiró a cargos más importantes
después de 1741, pues se conformó con ser teniente de cura de la
Villa de Saltillo, y de 1753 a 1764, ser teniente de cura de la
ciudad de Monterrey, aunque constantemente viajaba del primer
punto al segundo por la cercanía en que se encontraban esos dos
poblados.

55

AGN. Inquisición, Vol.912, exp.13, Pedro Regalado Báez Treviño hace
varias denuncias en descargo de su conciencia, 29 de noviembre de 1740.
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51

�Javier Rodríguez

Por otro lado, Juan Báez Treviño —ordenado sacerdote en
1728 como ya se ha referido— también se le confirió las órdenes
mayores a título de dos capellanías: la primera de 3,500 pesos con
una renta anual de 125 fundada por su hermana doña María Báez
Treviño y el capitán don Antonio Gómez de Castro, su esposo, y
otra también fundada por el mismo capitán con 1,000 pesos de
principal y 150 pesos de renta anual sobre el agostadero de San
Agustín de la ciudad de Monterrey. La renta anual que percibía
por cuestiones de capellanías era poco menos que la que recibía
su hermano Pedro Regalado, pero al igual que a él, le daba para
vivir relativamente cómodo. Y como se ha visto anteriormente,
su carrera sacerdotal fue totalmente ejercida en la ciudad de
Monterrey, siendo teniente de cura en esa ciudad de 1728 a 1734,
año en el que recibe la encomienda de la parroquia hasta 1748, de
la que continuó siendo teniente hasta el año de su muerte en 1764.
Al igual que su hermano, también fue Comisario del Santo Oficio
y de la Cruzada en Monterrey, y también por catorce años
consecutivos, sólo que él de 1734 a 1748. Esto debió significar
una enorme influencia regional para la familia Báez Treviño, pues
eran las máximas autoridades en cuestiones de ortodoxia
cristiana. Sin embargo, a diferencia de Pedro Regalado, Juan
Bautista tuvo mayores responsabilidades, pues él sí logró
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52

�Mérito y honor

conseguir la encomienda del curato de Monterrey y de hecho
realizó cosas muy importantes, entre las cuales se destacan las
siguientes.
En primer lugar, en 1745, por petición suya y autorización
del obispo de Guadalajara Juan Gómez de Parada, el curato de
Monterrey fue fragmentado para dar origen a dos nuevos centros
de administración parroquial: el de los Valles de las Salinas y
Carrizal, con sede en el primero, y el del Valle del Guajuco.56
Ambas habían fungido como capillas a las cuales acudía el cura
de Monterrey a celebrar los oficios y administrar sacramentos: en
el caso del Valle de las Salinas era la capilla de la Hacienda de
Nuestra Señora de Guadalupe que funcionó desde 1720, y en el
Valle del Huajuco era una capilla construida en el centro del Valle
desde 1734.57 Dicha división –refiere el obispo Gómez de
Parada– era:

56

AHAG. Otras parroquias, Parroquia de Monterrey, Autos para la
segregación y división de los Valles de las Salinas y Carrizal, y Huajuco de la
encomienda de Monterrey, leg. 3, exp. 2, folio 8, 1745. Por otro lado, en la
documentación de la época es muy común encontrar “Huajuco” y “Guajuco”.
El primer término es empleado en documentación eclesiástica y el segundo en
documentación de la administración civil y militar. Para esta investigación,
emplearemos la palabra “Huajuco” en referencia a dicho lugar localizado a 5
leguas al sur de la ciudad de Monterrey.
57
AHAG, Otras parroquias, Parroquia de Monterrey, Construcción de una
capilla en el Valle del Huajuco, leg. 1, exp. 1, folio 2, 1734. En referencia al
Valle de las Salinas, se toma como punto de partida el comienzo del primer
libro de bautizos de dicha parroquia. Archivo Eclesiástico de la Arquidiócesis
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53

�Javier Rodríguez

No solo por el crecido número de feligreses que residen en los
referidos valles y grave distancia, sino por un inminente
peligro, extorciones [sic] y muertes que en la mediana de los
referidos Valles y capital experimentan los moradores de ellas
de los indios bárbaros para socorrer y acudir a tan graves daños
y mejor facilitar la pronta administración de los santos
sacramentos.58

Así, la erección de dos nuevas parroquias como las del Valle del
Guajuco y el Valle de las Salinas no sólo significó mayor
capacidad de atención por parte de la Iglesia diocesana local, sino
que al expandirse, garantizaban y afianzaban un mayor control
territorial pues los franciscanos deseaban obtener más doctrinas
en el Nuevo Reino de León, y ante ese decreto, la orden de San
Francisco no podía hacer más que replegarse en las doctrinas que
ya poseían.
Y si toda su labor pastoral fue ejercida en la ciudad de
Monterrey, fue evidentemente por la cercanía para con su familia
y el arraigo a la tierra; no obstante, hay evidencia que indica que

de Monterrey, Fondo sacramental, Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe
de Salinas Victoria, libro 1, 1720.
58
AHAG. Otras parroquias, Parroquia de Monterrey, Autos para la
segregación y división de los Valles de las Salinas y Carrizal, y Huajuco de la
encomienda de Monterrey, 1745.
Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
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54

�Mérito y honor

Juan tenía mayores aspiraciones en su carrera sacerdotal.59 En
1745 envió su detallada relación de méritos a su majestad. Como
se demuestra, Juan Báez Treviño esperaba ser recompensado por
el monarca español, pues tenía un representante en los reales
consejos de Madrid —don Juan de Luengo— a quien otorgó
poder para que recibiere los reales títulos, cédulas, y despachos
necesarios del nuevo ascenso que según Juan Báez Treviño su
majestad se iba a dignar darle.60 Desgraciadamente y para su mala
fortuna, no pudo conseguir el tan anhelado ascenso. Se pudiera
inferir que debido a sus 43 años de edad, Juan ya pensaba en
aspirar a la dignidad episcopal, pues a diferencia de todos los
demás clérigos del Nuevo Reino de León, su carrera eclesiástica
59

El concepto de arraigo, en gran medida, tiene que ver con la identificación
y pertenencia a la tierra, porque arraigarse en el siglo XVIII es sinónimo de
avecindarse. Por otro lado, respecto a la movilidad social, Antonio Hepasha
afirma que ésta no podría resultar ni de la voluntad ni de los cambios
instantáneos pues solo el tiempo y la voluntad traducidos en obras adecuadas
y riqueza honestamente adquirida, pudieron modificar el orden social
establecido y escrito. Antonio Manuel Hepasha, “Las estructuras del poder
imaginario en la movilidad social del antiguo régimen”, en Poder y movilidad
social. Cortesanos, religiosos y oligarquías en la península ibérica, siglos XVXIX, ed. Francisco Chacón Jiménez y Nuno Gonçalo Moreira (Madrid:
Consejo Superior de Investigaciones Científicas; Universidad de Murcia,
2006), 37.
60
AHMM. Protocolos, Vol.14, Exp.3, Sobre la relación de méritos del
bachiller Juan Báez Treviño cura en encomienda y vicario juez eclesiástico de
la ciudad de Monterrey, 22 de septiembre de 1747.
Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-1

55

�Javier Rodríguez

junto con la de su hermano Pedro, era lo que los diferenciaba del
resto, además de creer ser merecedores de una recompensa por
los servicios prestados por su padre, el general Francisco Báez
Treviño.
Cabe señalar que, como cura, Juan Báez Treviño siempre
mantuvo una personalidad muy de acuerdo con su trayectoria
eclesiástica. En su relación de méritos, el Br. Ignacio Martínez
dio testimonio de que habiendo recibido la real cédula de 31 de
julio de 1746 con la funesta noticia de la muerte de Felipe V, el
Br. Juan Báez celebró por su alma en la Iglesia parroquial las
honras y exequias “con demostraciones de dolor y sentimiento y
el más posible aparato, asistencia y solemnidad cantó la misa
dicho Br., cuya fineza y liberalidad erogó todos los costos y
gastos de esta función”, también los de la gran cantidad de cera
que se hubo de encender en el luctuoso tumulto, y que se pusieron
en todos los altares, además de haber costeado igualmente de su
bolsillo la limosna de la oración fúnebre que predicó.61 Y en
contraposición, al tomar posesión Fernando VI, el Br. Juan Báez
Treviño:
61

AGI. Indiferente 254, Relación de méritos y servicios del bachiller Juan
Báez Treviño, presbítero, cura en encomienda y vicario in cápite y juez
eclesiástico de Monterrey, 9 de marzo de 1750.
Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-1

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�Mérito y honor

Hizo las demostraciones correspondientes de regocijo el día 24
de junio de 1747, en el cual después procedió la feliz
proclamación en el real y majestuoso trono que se hallaba en la
plaza principal de la ciudad de Monterrey inmediato al tablado
en que estaba mencionado don Juan Báez Treviño para
autorizar este acto con los demás eclesiásticos; arrojó cantidad
de dinero con generosa largueza, repitiendo a este tiempo los
repliques [sic] de campanas de la Iglesia parroquial, y
siguiendo luego el mismo cura el pasas y acompañamiento del
pendón real por las calles acostumbradas, y llegando a su
Iglesia parroquial, salió afuera del atrio a recibirle generoso,
haciendo uso en oficio de preste con capa pluvial, revestido
diácono y subdiácono siguiendo la Santa Cruz con
acompañamiento de otros sacerdotes seculares y regulares,
cantó Te Deum recibiendo el referido cura el real pendón de
manos del Real Alférez, lo abatió tres veces a las plantas de la
Purísima Concepción de Nuestra Señora, tutelar y patrona de
aquella ciudad, pusole debajo del altar prevenido a un lado del
evangelio, cantó las oraciones dispuestas por el pontifical
romano, y fue el primero que con mano franca arrojó monedas
de plata al tiempo de la salida del lúcido acompañamiento; y el
día siguiente en el altar mayor, adornado vistosamente de
muchas alhajas de plata y cera, dispuesto de propósito por su
cuidado y fervoroso celo, cantó solemnemente la misa de
acción de gracias y se predicó el sermón, siendo constante que
a expensas suyas se costeó también toda la función de la Iglesia,
por cuya loable demostración mereció que el gobernador y
capitán general de aquel Nuevo Reino de León, le diese como
le dio particulares agradecimientos de su distinguida lealtad,
fineza, y buen ejemplo de servicio al rey.62

62

AGI. Indiferente 254, Relación de méritos y servicios del bachiller Juan
Báez Treviño, presbítero, cura en encomienda y vicario in cápite y juez
eclesiástico de Monterrey, 9 de marzo de 1750.
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�Javier Rodríguez

Así, su gran amigo y mentor en la ciudad de Monterrey —el Br.
Ignacio Martínez— fue testigo de la gran lealtad y servicio que el
Br. Juan Báez Treviño tenía para con el monarca español, en la
clara búsqueda de un marcado ascenso en su carrera sacerdotal
garantizando la proyección de la monarquía hispánica en uno de
sus confines septentrionales. Sin embargo —como ya lo
sabemos— una vez terminado su periodo como cura en
encomienda, vicario juez eclesiástico de la ciudad de Monterrey,
y comisionado del Santo Oficio en el Nuevo Reino de León, el
Br. Juan Báez regresó a ser teniente de cura de la parroquia de
Monterrey, lugar donde fue encontrado en visita pastoral del
obispo Fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejada
Diez de Velasco. En cuanto a sus transacciones en Monterrey, en
1735 vendió a Mateo Lafita —español vecino del Real y minas
de Sabinas— un negro esclavo sujeto a servidumbre de 19 años
“de la nación congo” libre de vicios y enfermedades por 300
pesos oro, libre de empeño, hipoteca, o alguna otra deuda;63 y en
1747, junto con sus hermanos Pedro Regalado, Francisco, Ana,
Lucía y María, vendieron dos sitios de tierra colindantes al río la
Silla que heredaron de su padre, a José Antonio Rodríguez
63

AHMM. Protocolos, Vol.12, exp.1, Venta del bachiller Juan Báez Treviño
a Mateo Lafita de un negro esclavo, 22 de octubre de 1735.
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�Mérito y honor

—vecino de Monterrey— por 200 pesos oro.64 Así, se puede
afirmar que el Br. Juan Báez Treviño, fue de ese tipo de
sacerdotes académicos, que aspiraban a tener relevantes cargos
eclesiásticos pero tal vez por la poca movilidad que tuvo y el
haberse arraigado de lleno a su tierra, le impidieron haberlos
obtenido, por lo que la influencia y el peso que tanto él como su
familia llegaron a tener no rebasaron los límites locales o
regionales. Dicho sea paso, en ningún registro consultado se
encontró que fuese licenciado o doctor, pues de ser así la historia
de Juan Bautista hubiese sido otra. William B. Taylor afirma que
los logros académicos sí eran determinantes para la obtención de
una parroquia importante, pues no todos los curas en poder de las
mejores parroquias durante el siglo XVIII fueron doctores o
licenciados, pero casi todos habían superado el bachillerato en
artes o filosofía y contaban con entrenamiento básico en teología
moral. “Todo aquel cura o concursante que hubiese contado con
becas, que ganase premios en exámenes públicos, que escribiese
tratados o historia, o que enseñase unos cuantos cursos en la
universidad resaltaba ciertamente con hondura esas hazañas”.65
64

AHMM. Protocolos, Vol.14, exp.1, Venta de dos sitios de tierra de los Báez
Treviño a José Antonio Rodríguez, 18 de septiembre de 1747.
65
Taylor, Ministros de lo sagrado. Sacerdotes y feligreses en el México del
siglo XVIII. Vol. I, 151–52.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-1

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�Javier Rodríguez

Por último, en cuanto a José Lorenzo Báez Treviño, quien
fue ordenado sacerdote en 1759 por el obispo Fray Francisco de
San Buenaventura Martínez de Tejada Diez de Velasco, recibió
las órdenes mayores gracias a las cuatro capellanías fundadas por
diversos familiares, una fundada por su abuelo el Gral. Francisco
Báez Treviño, dos más fundadas por su tía Josefa Báez Treviño y
una última fundada por otra tía suya, María Báez Treviño, todas
con 4,000 pesos de principal y 200 de renta anual. Sin duda
alguna, por conceptos de capellanías, José Lorenzo tenía mayores
ingresos que sus tíos Pedro Regalado y Juan Bautista. Pero por si
fuera poco, siendo capellán del presidio de San Agustín de
Ahumada en 1764, su percepción fue de 225 pesos anuales.66
Además, tuvo grandes propiedades en el Nuevo Santander y sur
de Texas, entre las que se encontraban 150 sitios de ganado
menor, 45 de ganado mayor y 16 caballerías de tierra entre las
Villas de Camargo y Reynosa que vendió por 4,000 pesos.67
66

Portillo Valadez, Diccionario de clérigos y misioneros norestenses, 33.
Armando C Alonzo, Tejano Legacy. Rancheros and Settlers in South Texas,
1734-1900 (Alburquerque: University of New Mexico Press, 1998), 64; Rocío
González Máiz, Desamortización y propiedad de las élites en el Noreste
mexicano, 1850-1870 (Monterrey: Universidad Autónoma de Nuevo León;
Fondo Editorial Nuevo León, 2011), 28; Patricia Osante, Orígenes del Nuevo
Santander, 1748-1772 (México, DF: Universidad Nacional Autónoma de
México, 1997), 89. AHMM, Protocolos, Vol.16, exp.1, Venta de tierras del
67

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-1

60

�Mérito y honor

Fue así como el cuarto cura de los Báez Treviño, José
Lorenzo, fue alguien que se destacó por poseer una gran cantidad
de propiedades que le generaron negocios interesantes. Nunca se
comprometió en un curato a beneficio por un determinado plazo
de tiempo o por destacarse académicamente para la obtención de
prebendas catedralicias o incluso llegar a ser obispo. Y aunque
también le interesaba permanecer cerca de su familia, el arraigo a
la tierra nunca fue su prioridad. Sin duda alguna, y aunque con
José Lorenzo Báez Treviño no terminó la dinastía de curas de la
familia, sí lo fue la influencia directa del Gral. Francisco Báez
Treviño, que con sus hazañas militares al servicio de la Corona
española, expansión y dominio de los territorios de su majestad,
liderazgo y paternalismo familiar y prestigio social, logró
consolidar a sus hijos por prácticamente más de ochenta años
como los sacerdotes más influyentes en el oriente septentrional
durante el siglo XVIII.
Conclusiones
Pareciera un cliché dar por sentado que en las familias hispano
nuevas de alcurnia, cada miembro de la familia tenía un papel
capitán Xavier Báez Treviño y su esposa Ana Montemayor al bachiller Joseph
Lorenzo Báez Treviño por 4,000 pesos, 4 de febrero de 1759.
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61

�Javier Rodríguez

previamente asignado, prácticamente estamental, como el hecho
de afirmar que, en este tipo de familias, un hijo se entregaba a las
armas, otro al comercio y otro más al altar. No se puede
generalizar este argumento, pero para el caso estudiado en este
trabajo el cliché no solamente se cumple sino cobra otro sentido
al visualizar el impacto social que tuvo la familia analizada.
Y es que la familia Báez Treviño se aleja de aquellos
modelos de familia castellana del siglo de oro donde el primer
hijo era el que heredaba, el segundo era el hidalgo y el tercero era
el cura. Más bien es congruente con el tipo de familia
enorgullecida de su linaje ibérico, pero sobre todo de ser
descendientes de primeros pobladores, cristianos viejos y de
buena moral. Además, el mérito en las armas que llevó a
Francisco Báez Treviño a consolidarse como el gran patriarca de
la familia, gobernador del Nuevo Reino de León y referente de
capitanes a guerra para inicios del siglo XVIII, pusieron a esta
familia en la cumbre del prestigio social. Y si bien, gran parte de
los miembros de esta familia —hijos varones— son militares
(incluso las hijas también casadas con militares), no se puede
dejar de lado la influencia de los apellidos en el ámbito espiritual.
Ignacio Miguel, Pedro Regalado, Juan Bautista Vicente y
José Lorenzo Báez Treviño (éste último sobrino de los tres
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-1

62

�Mérito y honor

anteriores). Misma familia, credo, vocación, estatuto sacerdotal e
intereses diversos. Cada uno de ellos con la misma facultad de
convertir el agua y vino en el cuerpo y la sangre de Cristo, pero
humanamente tan diferentes: por sus vocaciones, al primero le
interesaba el saber y la enseñanza; al segundo simplemente
ganarse la vida con su trabajo ejerciendo su ministerio sacerdotal
discretamente; al tercero un potencial ascenso a mejores
posiciones dentro de la Iglesia, dada su familia y nivel de
estudios; y al cuarto, la solvencia de las capellanías para sumar a
la gran cantidad de propiedades que se le heredaron y a las
transacciones comerciales que realizó. Sin duda alguna, al ser el
templo el espacio de confluencia y socialización obligada en el
periodo hispano nuevo, estos personajes —sobre todo Pedro
Regalado y Juan Bautista— tuvieron tal prestigio en el Nuevo
Reino de León que raro era el poblador o vecino común que no
los conociera, ya que hasta vicarios jueces eclesiásticos y
comisarios del santo oficio de la inquisición fueron cargos que
tuvieron.68
68

Juan Carlos Ruiz Guadalajara, Dolores antes de la independencia.
Microhistoria del altar de la patria. Vol.1 (Zamora: El Colegio de Michoacán;
El Colegio de San Luis; Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en
Antropología Social, 2004), 162; Mazín Gómez, Una ventana al mundo
hispánico. Ensayo bibliográfico. Vol.1, 72.
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63

�Javier Rodríguez

Algunas reflexiones finales que se pueden establecer son
las siguientes. Primero, en el periodo hispano nuevo, para ser
sacerdote se requería conjugar linaje y preparación académica, ya
que sin esos dos elementos no se podían obtener las órdenes
mayores. Segundo, un buen apellido no siempre lo era todo, pues
se necesitaba establecer contactos desde los estudios en el
seminario

si

se

deseaba

aspirar

a

cargos

de

mayor

responsabilidad; de lo contrario, a lo mucho se podía estancar en
alguna localidad. Tercero, la manera de ganarse la vida
honestamente como sacerdote podía hacerse de tres maneras:
haciendo un buen trabajo como sacerdote parroquiano,
obteniendo el grado de licenciado o doctor para mejorar la
posición, o si se tenía las posibilidades, dedicarse a las capellanías
que se tuviera y con eso, a los negocios personales. Y cuarto, en
las zonas de frontera, o bien, en el oriente septentrional de la
América hispánica, era mucho más cómodo arraigarse a la tierra
y avecindarse en la ciudad que aspirar a mayores ambiciones si
se deseaba tener una vida tranquila sin tanto ajetreo.
Sin duda alguna, así como el caso de la familia Báez
Treviño pudieron existir en el Nuevo Reino de León, Nueva
Vizcaya y Coahuila-Texas, algunas otras familias con linaje y
mérito de cuyos miembros surgieron carreras sacerdotales
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64

�Mérito y honor

(aunque se desconoce si cuatro de sus miembros, ya que para ser
sacerdotes, cuatro es un número elevado). Y como lo exponen
Chantal Cramaussel para el caso de Parral en la Nueva Vizcaya y
José Alfredo Rangel para el caso del oriente de San Luis Potosí,
los sacerdotes por lo general eran parientes de las principales
familias de la localidad y esto afianzaba su influencia social desde
el punto de vista espiritual.69 Pero se desconoce si su
desenvolvimiento fue de manera similar a los Báez Treviño, al
grado de que de un simple bautismo y parentela espiritual puedan
surgir personajes tan relevantes en la historia de México como
Fray Servando Teresa de Mier (de la familia Mier y Noriega, con
gran protagonismo en la ciudad de Monterrey para finales del
siglo XVIII e inicios del XIX), bautizado por el Br. Juan Báez
Treviño el 26 de octubre de 1763 y siendo apadrinado por don
Salvador Lozano, compadre del cura que bautizó. Lo que sí se
deja en claro es que con el linaje y la dosis de mérito real
adecuado, militar en este caso, una familia norteña podía
construir todo un historial familiar del cual sus descendientes se
69

Chantal Cramaussel, Poblar la frontera. La provincia de Santa Bárbara en
Nueva Vizcaya durante los siglos XVI y XVII (Zamora: El Colegio de
Michoacán, 2006), 337; Rangel Silva, Capitanes a guerra, linajes de frontera.
Ascenso y consolidación de las élites en el oriente de San Luis Potosí, 16171823, 139–202.
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65

�Javier Rodríguez

sintieran orgullosos. Habrá que elaborar otro estudio donde se
demuestre cómo el arraigo, propiedad y tenencia de la tierra, y
sus réditos en el Nuevo Reino de León, pueden motivar e
incentivar los estudios sacerdotales al grado de poder obtener
puestos importantes, o bien garantizar un curato en beneficio, que
no era algo sencillo.
Referencias
Archivo
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Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Monterrey
Archivo Histórico Municipal de Monterrey
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-1

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�Inmigración y formación del empresariado libanés en
Tampico durante la primera mitad del siglo XX
Immigration and formation of Lebanese businessmen in
Tampico during the first half of the 20th century
Oscar Israel Pizaña Grimaldo
El Colegio de San Luis
orcid.org/0000-0001-7851-2936

Resumen: En este artículo examino la inmigración y la formación del
empresariado libanés en Tampico, Tamaulipas, durante la primera
mitad del siglo XX. Tomando en cuenta los factores endógenos y
exógenos que incidieron en esta migración, estudio los casos de
familias empresariales con participación en los sectores textiles, de
bienes raíces y de la industria naviera. A través de fuentes de archivo y
una serie de entrevistas con miembros de estas familias, analizo las
formas de acumulación de capital de la primera generación de
inmigrantes, y sugiero que la relación entre familia y empresa fue un
elemento indispensable para la organización, dirección, administración
y sucesión de la empresa familiar.
Palabras clave: empresariado libanés; capital; empresa familiar;
inmigración; Tamaulipas.

Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
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71

�Oscar Pizaña

Abstract: In this article, I examine the immigration and the formation
of the Lebanese business community in Tampico, Tamaulipas, during
the first half of the 20th century. Considering the endogenous and
exogenous factors involved in this migration, I study the cases of
business families in Tampico with participation in the textile, real
estate, and shipping industry sectors. Using archival sources and
interviews with members of these families, I analyze the forms of
capital accumulation of the first generation of immigrants and suggest
that the relationship between family and business was crucial in the
organization, management, administration, and succession of the
family business.
Keywords: lebanese businessmen;
immigration; Tamaulipas.

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capital;

family

business;

72

�Inmigración y formación

Introducción
La formación del empresariado libanés en Tampico es un proceso
que es

necesario analizar bajo

dos

ejes

estructurales

fundamentales: uno relacionado con las formas de acumulación
de capital y el otro con la organización empresarial. En el
primero, es menester estudiar cómo los libaneses utilizaron un
capital social basado en elementos identitarios de su cultura,
como el origen común, el idioma y la religión, para transformarlo
en capital económico como fuerza de trabajo con el objetivo de
acrecentar sus negocios. En el segundo, el análisis debe centrarse
en cómo la estructura familiar patrilineal y patrilocal, así como
los valores, marcaron la división del trabajo entre los integrantes
de ambos géneros; los roles que desempeñaron en el hogar tanto
hombres como mujeres fueron trasladados a la empresa familiar,
en donde la organización, dirección y sucesión estuvieron dotadas
de elementos de carácter patrilineal, con el objetivo de preservar
la empresa y el patrimonio por generaciones, dándole suma
importancia al apellido paterno.
De esta manera, el objetivo general del presente trabajo es
estudiar las formas de acumulación de capital y la relación entre
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73

�Oscar Pizaña

familia y empresa como dos elementos indisolubles en la
formación del empresariado libanés en Tampico durante la
primera mitad del siglo XX. No obstante, también es interesante
sumarse al análisis de la migración, explicando los factores
endógenos y exógenos que incidieron en la llegada de personas
de origen libanés a Tamaulipas, para entender el inicio de la
organización social y de trabajo de estos inmigrantes en el país
receptor, su manera de ganarse la vida a través de las primeras
formas de comercio como buhoneros, su ética enfocada en el
trabajo constante, el ahorro y el bajo consumo, como fórmulas
para la acumulación y adquisición de un tipo de movilidad social
ascendente pasando del comercio informal como vendedores
ambulantes al formal con el establecimiento, primero de tiendas,
almacenes y posteriormente de fábricas en el ramo de la industria
textil, bienes y raíces, así como en la industria naviera.
Con respecto a la estructura del texto, este se comprende
de cuatro apartados. En el primero no sólo se indaga sobre los
factores que impulsaron la migración, sino también se hace un
análisis cuantitativo sobre el número de inmigrantes que llegaron
al estado de Tamaulipas entre 1900 y 1930, así como también un
análisis sobre el perfil del inmigrante libanés. En el segundo
apartado, se explica el inicio de la acumulación de capital a través
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del éxito obtenido en el comercio ambulante, gracias a la
implementación de un innovador sistema de ventas; el crédito por
abonos, que incorporó a un sector de la sociedad nunca antes
tocado; el del campesino pobre y obrero del campo y la ciudad,
como sustitución a la tienda de raya en el periodo de la
posrevolución. En el tercer apartado, se indaga sobre el modelo
de empresa familiar libanés, estrechamente relacionado con la
estructura de la familia extensa, en donde la dirección,
administración y sucesión atienden a patrones patrilocales. Y, por
último, se identifican a partir de la década de 1930, los casos de
empresas familiares libanesas y su importancia en el sector textil,
bienes raíces e industria naviera en Tampico.
Inmigración y perfil de los primeros inmigrantes libaneses
El fenómeno migratorio libanés hacia México comenzó a finales
del siglo XIX, concretamente a partir de 1878. Es en esta fecha
cuando la revista Emir, realizada por la comunidad libanesa en
1938, y las tarjetas de migración, documentan la llegada de los
dos primeros libaneses que se insertaron en el país por el puerto
de Veracruz, de nombres Boutrous Rafoul1 y Antonio Budib,2

1

Archivo Libanés de la Ciudad de México (en adelante ALCM), Emir, número
20, 1938.
2
Archivo General de la Nación (en adelante AGN), Migración, Líbano,
Tarjetas de migración, 1934.
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para después presenciar la llegada de Santiago Sauma, José María
Abad y Pedro Dib en 1882, como se relata en el Directorio
Libanés realizado por Salim Abud y Julián Nasr en 1948.3 Sin
embargo, fue hasta 1887 que encontramos el registro del primer
libanés que llegó por el puerto de Tampico de nombre Juan
Stfen,4 un segundo inmigrante en 1894 registrado como Abraham
Hatem, para comenzar a tener mayor presencia libanesa en
Tamaulipas durante la primera década del siglo XX.
El lugar de procedencia de estos inmigrantes no
correspondía a la actual división política de Medio Oriente. Se
trataba de la región del Máshreq,5 una zona mediterránea que,
durante siglos, hasta 1918, estuvo conquistada y ocupada
militarmente por el Imperio otomano. Este territorio era conocido
como la Gran Siria y comprendía al actual Líbano, Palestina,
Israel, Transjordania y la República Árabe Siria. No obstante,
3

Julián Nasr y Salim Abud, Directorio Libanés: censo general de las colonias
libanesa-palestina-siria residentes en la República Mexicana (Talleres
Linotipográficos “Casa Velux”, 1948).
4
AGN, Migración, Líbano, Tarjetas de migración, 1938.
5
Máshreq o Máshrek es la palabra en el idioma español para la acepción árabe
Al-Masriq, lugar por donde sale el sol, el Levante, o la parte más oriental del
mundo árabe, en oposición al Magreb, la parte poniente del mundo árabe. De
esta manera, se podría hablar de una población mashrequi, como lo propone
Camila Pastor, The Mexican Mahjar: Transnational Maronites, Jews, and
Arabs under the French Mandate (Austin: University of Texas Press), 336.
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aunque Líbano se estableció como país independiente hasta 1943,
desde el siglo XIII a. C. los fenicios ya hablaban de la región del
Monte Líbano,6 caracterizada por sus cedros que eran utilizados
para las construcciones marítimas, por lo que en este artículo nos
referiremos a Líbano en términos geográficos sin implicar la
preexistencia de un país.
Los primeros libaneses que llegaron a México,
particularmente a Tamaulipas, emigraron en un contexto de
desigualdad, violencia, inseguridad, persecución y pobreza a raíz
de la guerra civil que se desencadenó entre musulmanes drusos y
cristianos maronitas7 en la región del Máshreq, suceso que formó
parte de la desintegración del Imperio otomano. Esta migración
ocurrió al inicio de manera indirecta, debido a las restricciones de
las políticas migratorias establecidas en los Estados Unidos en
1903, con respecto a la entrada de inmigrantes. La causa de estas

6

Muchos de los inmigrantes que llegaron a Tamaulipas se autodenominaban
sirio-libaneses o libaneses. Estos apelativos de sirio y libanés hacían referencia
al origen geográfico, ya que el territorio del Máshreq (parte oriental del mundo
árabe) también era conocido como la Gran Siria, mientras que el de libanés era
por la región que desde tiempos fenicios se denominaba Monte Líbano.
7
Los drusos son un grupo religioso cuya fe es procedente del islam; fue
fundado en Egipto a finales del siglo X y se extendió en el Máshreq; por otro
lado, la población maronita es cristiana de rito oriental y es reconocida por
Roma.
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restricciones fue la epidemia de peste bubónica que se desató
desde finales del siglo XIX, situación que obligó al Consejo
Superior de Salubridad estadounidense a tomar medidas con el
objetivo de revisar la entrada de personas provenientes de Asia y
Oriente Medio, aumentando en un 70% los casos de repatriación.8
Por esta razón, y gracias a que en México no había
restricciones para la entrada de inmigrantes debido al
establecimiento de una política porfirista de puertas abiertas,
muchos libaneses decidieron esperar en algún puerto mexicano
—como Tampico— el momento oportuno para introducirse a los
Estados Unidos,9 pues se pensaba que en el país norteamericano
existían, además de la tolerancia religiosa, mejores oportunidades
8

Theresa Alfaro-Velcamp, So far from Allah, so close to Mexico: Middle
Eastern immigrants in modern Mexico (Austin, University of Texas Press,
2007), 137.
9
Existían empresas de viajes que, al conocer las condiciones poco favorables
para entrar a los Estados Unidos, ofrecían a los migrantes la posibilidad de
buscar otro puerto en algún país en donde no existieran las mismas
restricciones para ingresar. Lo hacían con el objetivo de convencer a las
personas en Líbano de realizar el largo viaje mediterráneo y trasatlántico. Estas
agencias se encargaban de otorgar préstamos para financiar los gastos de
transporte, a cambio de hipotecas y altos intereses. De esta manera, no sólo
México comenzó a recibir inmigrantes libaneses, sino también Cuba, Brasil, e
incluso Argentina. Roberto Marín Guzmán, “Las causas de la emigración
libanesa durante el siglo XIX y principios del XX. Un estudio de historia
económica y social”, Estudios de Asia y África 31, núm. 3 (septiembrediciembre, 1996): 602.
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laborales. De esta manera, Tamaulipas fungió —durante la
primera década del siglo XX— como un lugar de paso y de
estadía temporal en el tránsito de la migración hacia la nación
estadounidense, ya que no era una entidad que mostrara un
desarrollo industrial importante, pues la industria petrolera
apenas comenzaba, a diferencia de la Ciudad de México o Puebla,
que fueron centros urbanos en donde se concentró la mayor
cantidad de libaneses debido al desarrollo de las manufacturas
como la industria textil,10 así como en Yucatán en dónde estos
inmigrantes tuvieron una participación muy importante en la
industria henequenera.11
La población libanesa que arribó a Tampico entre 1900 y
1917, fue identificada como turca por los oficiales aduanales,
debido a que sus pasaportes, durante esos años, eran expedidos
por las autoridades del Imperio Otomano. No obstante, a partir de
10

Una obra que explica muy bien el desempeño de los libaneses en la industria
textil en Puebla es Angelina Alonso Palacios, Los libaneses y la industria textil
en Puebla (México: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en
Antropología Social, 1983), 181.
11
Para conocer la labor de los libaneses en la península de Yucatán véase Luis
Alfonso Ramírez Carrillo, De cómo los libaneses conquistaron la Península
de Yucatán: migración, identidad étnica y cultura empresarial (México:
Universidad Nacional Autónoma de México, Centro Peninsular en
Humanidades y Ciencias Sociales, 2012), 58.
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1918, cuando finalizó la primera Guerra Mundial y la Sociedad
de Naciones formalizó el sistema de mandatos en el que Francia
resultó ser protectorado del territorio que, a partir de ese
momento, se le otorgó el título de El Gran Líbano, los inmigrantes
libaneses dejaron de identificarse como turcos para comenzar a
presentar documentos referentes a su lugar de origen. El apelativo
turco no sólo incluía a los libaneses, sino a la demás población
del Máshreq; es por esta razón que los censos oficiales de 1900 a
1921 no son una fuente confiable para precisar el número de
libaneses que llegaron a Tamaulipas a principios del siglo XX,
sin embargo, nos proporcionan datos significativos relacionados
con el aumento y la disminución de la población turca en la
entidad.
Según los censos nacionales, en 1900 existían en el país
949 turcos de los cuales sólo 13 se encontraban en el estado de
Tamaulipas. En 1910 el número aumentó a 4,463 en todo el
territorio nacional y 90 en el estado norteño. Sin embargo, en
1921 las cifras volvieron a descender danto un total de 836 turcos
en toda la república, mientras que en la entidad tamaulipeca se

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contabilizaron sólo 12.12 Esta disminución entre 1910 y 1921 se
debió, en parte, al estado bélico del país ocurrido durante la
revolución mexicana, suceso que repercutió en el declive de un
marco legal y de una política migratoria que pudiera mantener los
derechos de los inmigrantes, como lo había hecho la política
porfirista en los años anteriores a los movimientos armados.13 De
esta manera, dada la situación del país, muchos turcos decidieron
emigrar de México, estableciéndose la mayoría en los Estados
Unidos con el objetivo de obtener una mejor calidad de vida.
12

Censo general de la República Mexicana verificado el 28 de octubre de
1900, conforme a las instrucciones de la Dirección General de Estadística a
cargo del Dr. Antonio Peñafiel (México: Secretaría de Fomento, 1901);
Tercer censo de población de los Estados Unidos Mexicanos, verificado el 27
de octubre de 1910 (México: Secretaría de Hacienda, Departamento de
Fomento, 1918); México. Departamento de la Estadística Nacional, Censo
general de habitantes: 30 de noviembre de 1921 (México: Talleres Gráficos
de la Nación, 1925).
13
La Ley de Extranjería y Naturalización de 1886 estipulaba que “los
inmigrantes de toda clase, podían naturalizarse […] quedando equiparados con
todos sus derechos y obligaciones con los mexicanos […] transcurridos seis
meses y cuando el extranjero hubiera cumplido dos años de residencia en la
República podría pedir al Gobierno federal que le concediera su certificado de
naturalización” (art. 13). Se incluyeron, además, exenciones de impuestos, así
como transporte y agua gratuitos con el propósito de atraer extranjeros
interesados en invertir sus capitales y contribuir al anhelado y reiteradamente
mencionado “progreso de la nación”. El gobierno apostaba a la inversión
extranjera con el objetivo de impulsar la industria, el comercio y la banca en
México. Moisés González Navarro, Los extranjeros en México y los mexicanos
en el extranjero 1821-1970. Vol 2 (México: El Colegio de México, 1994), 508.
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Según registros de las aduanas, entre 1910 y 1921 salieron
del país por Nuevo Laredo, 30 turcos,14 sin embargo, el otro
margen numérico puede deberse a que muchos se internaron en
la nación norteamericana de manera irregular. Además, durante
esos años no se registraron entradas de turcos por el puerto de
Tampico, a diferencia del periodo de 1900 a 1909 que se
contabilizaron 107 entradas, esto fue debió, no sólo por el
conflicto bélico que ocurría en el país, sino también por la política
migratoria turca que intentó prohibir la salida de la población a
partir de 1909. La principal razón fue la fuerte emigración que
estaba causando el despoblamiento de las ciudades en Medio
Oriente, la cual estaba dirigida a Europa, Estados Unidos y, en
menor medida, a México, Cuba, Brasil y Argentina.
No obstante, una de las fuentes más importantes con las
que podemos identificar a la población de origen libanés que
entró al país en el periodo de 1900 a 1921, son las tarjetas de
migración en su forma F14, expedidas entre 1926 y 1950 por la
Secretaria de Relaciones Exteriores (SRE). Estas tarjetas se
crearon con la finalidad de tener un mejor control y registro de la

14

AGN, Aduanas Marítimas y Fronterizas, Tamaulipas, 1910-1921, exp. 334894, Informes aduanales.
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población extranjera en México. Durante el período presidencial
de Plutarco Elías Calles se implementó una ley migratoria donde
se estableció que las F14 funcionarían como el principal
documento de identificación oficial.15 Asimismo, en su artículo
32, la nueva ley anunció que quienes acudieran al registro se les
otorgaría una carta de naturalización con la que podrían traer al
país a sus padres, hijos, conyugues, e incluso a sus hermanos
menores, razón por la que muchos libaneses decidieron
registrarse y naturalizarse como mexicanos.16
Este tipo de tarjetas migratorias de identidad, contienen
datos específicos del inmigrante como su constitución física,
edad, nacionalidad, estado civil, idioma, religión, ocupación,
fecha de llegada y de registro, lugar de nacimiento, de entrada y
de residencia, nombre y domicilio en el país, además de contar
con una referencia, así como con la firma del portador y la firma
del funcionario de migración junto con el sello de la dependencia.
Es menester apuntar que como el registro de esas tarjetas se llevó

Víctor Hugo Morales Meléndez y Luis Ricardo López Figueroa, “La política
de inmigración de México. Interés nacional e imagen internacional”, Foro
Internacional XXXIX-1, núm. 155 (enero-marzo, 1999): 71.
16
González, Los extranjeros en México y los mexicanos en el extranjero 18211970. Vol. 2, 19.
15

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a cabo a partir de 1926, no podemos contar con los datos de los
libaneses fallecidos antes de esa fecha, tampoco de aquellos que
decidieron emigrar para dirigirse a Estados Unidos o algún otro
país. A pesar de estas limitantes, las tarjetas nos proporcionan
información valiosa para conocer el número de inmigrantes, al
menos registrados, que llegaron a México, en especial a
Tamaulipas, a principios del siglo XX ya que, a través de las
declaraciones de los inmigrantes sobre la fecha, el lugar de
entrada al país y el lugar de nacimiento, es posible realizar una
cuantificación del número de libaneses que llegaron a Tampico
entre 1900 y 1921. Según las tarjetas, en el periodo que va de
1900 a 1909 entraron al país por Tamaulipas 115 libaneses, para
después disminuir el número a 27 inmigrantes entre 1910 y 1921,
dando un total de 142 entradas de personas de origen libanés.17
Con la comparación de las fuentes, observamos que el
número de entradas que nos proporcionan las tarjetas de
migración, es mayor al que nos brindan los informes aduanales, a
pesar de que en estos últimos sólo existen registros con la
denominación de turco. Además, una variación interesante es que
en los documentos de las aduanas no hay registros de llegadas
17

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entre 1910 y 1921, mientras que en las tarjetas aparecen
27entradas en los mismos años.18 Para explicar esta diferencia, es
preciso tener en consideración que a pesar de que las autoridades
otomanas dejaron de emitir pasaportes en 1909, la migración no
se frenó totalmente, lo que indica que existió un porcentaje,
aunque bajo, de la población libanesa que entró al país mexicano,
de manera irregular, por el puerto de Tampico.
Asimismo, a través de las tarjetas de migración podemos
comprobar que el 75% de la población que entró por Tamaulipas
durante las primeras dos décadas del siglo XX, procedente del
Máshreq y con pasaportes turcos, era de origen libanés de las
ciudades de Biblos, Djezzin, Deir El Kamar, Zahle, Beirut,
Duma, Batrun, Akkar, Karaun, Bekaa y Kesruan. Otro 15% de
los migrantes eran sirio-libaneses; 5% se declararon sirios que
provenían de la ciudad de Damasco; mientras que el resto se
registraron como palestinos nacidos en Bethlehem. Asimismo, el
95% eran cristianos maronitas, es decir, católicos de rito
oriental.19 Otro dato interesante es que los inmigrantes fueron un
85% hombres, en su mayoría casados, con edades entre los 15 y

18
19

AGN, Migración, Líbano, Tarjetas de migración, 1926-1950.
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los 40 años y el resto mujeres entre los 12 y 18; ambos sexos
declararon dedicarse al comercio, particularmente de telas, ropa,
mercería y en algunos casos de zapatos.
Es preciso señalar que, durante las dos primeras décadas
del siglo XX, el estado de Tamaulipas fue sede de una
inmigración indirecta, de tránsito y de carácter individual. Según
relatos de la misma comunidad libanesa, que aparecen en la
revista Emir, los primeros migrantes viajaron a occidente con la
intención de encontrar una mejor calidad de vida, para una vez
instalados, llevar consigo a sus conyugues e hijos.20 Sin embargo,
esta migración de carácter familiar —ocurrida incluso desde
finales del siglo XIX en otras entidades del país como en
Veracruz, Puebla, México y Yucatán— no se presentó en
Tamaulipas hasta principios de la década de 1920, cuando el
crecimiento de la industria petrolera ya había dinamizado la
economía del sur tamaulipeco.
Durante la primera Guerra Mundial, México se convirtió
en el segundo exportador de petróleo a nivel mundial, siendo
Tampico el principal centro refinador de todo el territorio
nacional. De esta manera, la industria petrolera actuó como una
20

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fuerza de atracción que ocasionó el desplazamiento de extranjeros
—incluidos los libaneses— y nacionales de otras partes del país
como Veracruz, San Luis Potosí y Guanajuato, que llegaron a la
ciudad portuaria con el objetivo de invertir sus capitales o
conseguir empleo.21 Este fenómeno demográfico estimuló la
demanda de bienes y servicios; razón por la que Tampico recibió
inyección de capital directo de origen español, francés, inglés y
estadounidense al que más tarde se sumarían los libaneses. De
esta manera, se establecieron nuevas compañías mercantiles,
financieras, de bienes raíces y de servicios, ocupadas en cubrir la
demanda de máquinas y refacciones petroleras, así como de
vivienda, edificios, terrenos urbanos y rurales, telefonía,
electricidad, drenaje, transporte, salud, educación, seguridad,
alimentación y turismo.22
De esta manera, el dinamismo comercial que se suscitó en
la región petrolera del sur tamaulipeco, principalmente en
Tampico, es un factor fundamental que explica la continua
llegada de población de origen libanés durante la década de 1920.
21

Roberto Hernández Elizondo, Empresarios extranjeros, comercio y petróleo
en Tampico y la Huasteca (1890-1930) (México: Universidad Autónoma de
Tamaulipas, Plaza y Valdés S.A. de C.V., 2006), 87-88.
22
Hernández Elizondo, 103.
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Según las tarjetas de migración entre 1921 y 1930 entraron al país
7,096 libaneses de los cuales 783 ingresaron por Tamaulipas; la
mayoría lo hizo por el puerto de Tampico en donde se registraron
508 entradas. No obstante, un dato interesante es que durante ese
período aparece la aduana de Nuevo Laredo como lugar de
entrada con 278 registros, así como la de Reynosa con 5,23 lo que
significa que durante la década de 1920 hubo inmigración
libanesa proveniente de los Estados Unidos.
Además de la dinámica comercial en el sur de Tamaulipas,
otro factor que explica la llegada de personas de origen libanés
del país norteamericano, entre 1921 y 1930, es el establecimiento,
en 1921, de la Quota Law of may 19, como parte de las reformas
a la política migratoria estadounidense de 1917. Esta ley limitó a
un 3% la entrada de extranjeros provenientes de Asia, Medio
Oriente y Europa, con respecto al total de la población de esa
nacionalidad registrada en el censo de 1910. Asimismo, se exigió
que los inmigrantes mayores a 16 años supieran leer y escribir,

23

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�Inmigración y formación

así como el pago de una cuota de 8 dólares.24 Esta situación frenó
la migración directa de libaneses hacia los Estados Unidos y
disminuyó las probabilidades de que los inmigrantes allí
establecidos pudieran traer consigo a sus familias. Por esta razón
muchos decidieron trasladarse a Tamaulipas en donde existían
mayores oportunidades para ingresar a sus conyugues e hijos, así
como de llevar una mejor calidad de vida, aprovechando la
dinámica comercial que se vivía en el sur del estado.
La gran mayoría de la población libanesa en las ciudades
Tamaulipecas, en especial en Tampico, que era en donde
comenzó a establecerse una colonia más numerosa, se
concentraba en el centro de la ciudad, en las calles con mayor
flujo de personas y en donde se ubicaban la mayor cantidad de
negocios como la calle del comercio, hoy en día Salvador Díaz
Mirón, la calle aduana, la calle Muelle, la avenida Colón, la calle
Rivera, la avenida Francisco I. Madero, así como la calle del bajo
mercado hoy en día Héroe de Nacozari, avenidas que se
encontraban entre la Plaza de la Libertad y la Plaza de Armas.
Elisa Ortega Velázquez, “La consolidación histórica de la migración
irregular en Estados Unidos: leyes y políticas migratorias restrictivas,
ineficaces y demagógicas”, Norteamérica 12, núm. 1 (enero-junio 2017): 197231.
24

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�Oscar Pizaña

Asimismo, era una zona muy cercana al puerto y a la estación del
ferrocarril (un recorrido a pie de entre 5 y 10 minutos), ya que la
ciudad de Tampico creció a orillas del río Pánuco en su
desembocadura con el Golfo de México.
La ciudad de Tampico se encuentra aproximadamente a
10 kilómetros de la costa del golfo por lo que, basándonos en el
mapa 1, los barcos entraban por la parte nororiental hacia el sur
siguiendo la ruta fluvial del río Pánuco hasta llegar al puerto. La
ciudad fue creciendo de sur a norte hasta topar con la Laguna del
Carpintero, para después continuar su crecimiento hacía ambos
extremos. En la década de 1920 la ciudad portuaria mostró un
importante crecimiento demográfico y urbano, pasando de 23,450
habitantes en 1921 a 70,183 en 1930,25 lo equivalente a un
crecimiento del 300% de la población. No obstante, los libaneses
que llegaron a Tampico durante los primeros años de la década
de 1920, lograron instalarse muy cerca del puerto, al traer después
a sus familiares, amigos y conocidos de los mismos pueblos en
Líbano, la comunidad fue creciendo principalmente en el centro
de la ciudad, lo que en el mapa 1 está señalado en color azul.

25

Quinto censo de población, 15 de mayo de 1930. Vol. VII, Tomo XXVII:
Estado de Tamaulipas (México: Secretaría de la Economía Nacional, 1933).
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Es preciso anotar que durante la década de 1920 hubo
casos de libaneses que llegaron con suficiente capital para invertir
en Tampico, como fue el caso de la familia Appedole, de la cual
hablaremos más adelante. Sin embargo, la oleada migratoria de
libaneses a Tamaulipas, a partir de 1921, estuvo caracterizada por
la llegada de inmigrantes pobres que habían hipotecado sus casas
o vendido sus tierras en Líbano para costearse el viaje
trasatlántico.26 Muchos de ellos llegaron prácticamente sin
dinero, algunos lo habían gastado intentado establecerse en los
Estados Unidos. Eran en su mayoría analfabetas, de pocos
estudios, que se habían dedicado en su tierra natal al comercio y
a la agricultura, así como a algunos otros oficios como a la
carpintería, herrería o albañilería.27
Los precursores del sistema de ventas a crédito por abonos en
Tamaulipas
Los libaneses decidieron dedicarse al comercio al menudeo de la
forma ambulante,28 que no requería dominio del idioma español
Roberto Marín Guzmán, “Las causas de la emigración libanesa durante el
siglo XIX y principios del XX. Un estudio de historia económica y social”,
Estudios de Asia y África 31, núm. 3 (septiembre-diciembre, 1996): 602.
27
ALCM, Emir, número 26, 1945.
28
Muchos autores que se han dedicado al estudio de los libaneses en otras
regiones de México, como en Yucatán, Veracruz, Tabasco, Puebla o la ciudad
26

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91

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y en donde podían iniciar con un capital pequeño. Implementaron
un sistema de ventas, el crédito en abonos, que era una actividad
pionera, innovadora y nada practicada hasta entonces, salvo por
los judíos en Sinaloa.29 La opción de brindar pagos diferidos y

de México, coinciden en que la principal actividad económica en donde se
desempeñaron estos inmigrantes fue el comercio informal a través de la forma
ambulante. De esta manera, es preciso revisar los trabajos de Rebeca Inclán
Rubio, “Inmigración libanesa en la Cd. de Puebla 1890-1930: proceso de
aculturación” (Tesis de licenciatura, Universidad Nacional Autónoma de
México, 1978); Alonso Palacios, Los libaneses y la industria textil en Puebla;
Martha Díaz de Kuri y Lourdes Macluf, De Líbano a México: crónica de un
pueblo emigrante (México: Talleres de Gráfica, Creatividad y Diseño, 1995);
Carlos Martínez Assad, “Los libaneses inmigrantes y sus lazos culturales desde
México”, Dimensión Antropológica 15, vol. 44 (septiembre-diciembre, 2008):
133-155; Claudia Dávila Valdés, “Socio-Economic Trajectory and
Geographical Mobility of Lebanese and Koreans. From Motul to Mérida”,
Migraciones Internacionales 8, núm. 2 (julio–diciembre 2015): 103-131;
Raymundo Vázquez Soberano, “Los sirio-libaneses en Tabasco. La
conformación de un grupo dominante: 1910-1935” (Tesis de doctorado,
Universidad Veracruzana, 2016); Lorenza Petit, “El Mahyar mexicano.
Producción literaria y periodística de los inmigrantes árabes y sus
descendientes” (Tesis de doctorado, Universidad Autónoma de Madrid, 2017);
Oscar Israel Pizaña-Grimaldo, “Del Máshrek hacia México: la formación de la
colonia libanesa en Tampico, 1882-1948”, Revista de Filosofía y Cotidianidad
4, núm. 11 (junio 2018): 20-32; y Luis Alfonso Ramírez Carrillo, “Identidad
persistente y nepotismo étnico: movilidad social de inmigrantes libaneses en
México”, Nueva Antropología. Revista de Ciencias Sociales 31, núm. 89
(julio-diciembre 2018): 9-23.
29
María Eugenia Romero Ibarra, “Del pequeño almacén a los negocios
financieros. Tres sucesiones exitosas en una familia empresaria: Grupo
Coppel, 1940-2010”, en Familias empresariales en México. Sucesión
generacional y continuidad en el siglo XX, coord. Araceli Almaraz y Luis
Alfonso Ramírez (Tijuana: El Colegio de la Frontera Norte, 2018), 227-254.
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con tasas de interés bajas, significó una ventaja sobre los
comerciantes locales en relación con clientela y mayores ventas.
Procuraban ofrecer plazos de liquidación cortos, para que los
compradores adquirieran nuevos productos, además, manejaban
“abonos chiquitos” semana con semana —como la gente del
pueblo les llamaban— y otorgaban las mercancías sin pago
anticipado, porque sabían que a sus compradores les interesaba
conseguir los artículos sin tener la necesidad de descapitalizarse.
El éxito que tuvo la venta a crédito y el cobro en abonos
radicó en que este sistema incorporó a un nuevo sector de la
población que antes no se tocaba, el campesino y el obrero pobre
del campo y la ciudad. Significó el acaparamiento de un nuevo
mercado, mayor clientela y el aumento de la capacidad de venta.
Asimismo, la disminución de las tiendas de raya, con las que se
endeudaban los peones y agricultores, dio lugar a la liberación del
comercio y a una mayor circulación del dinero, ampliando el
mercado interno en todo Tamaulipas, con una población que pese
a sus bajos ingresos podía consumir bienes de subsistencia y
vestido. Esta coyuntura fue aprovechada por los buhoneros
libaneses para sustituir el crédito que otorgaba la tienda de raya
de las haciendas por la venta en abonos.30
30

Ramírez, De cómo los libaneses conquistaron la Península de Yucatán:
migración, identidad étnica y cultura empresarial, 168.
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La mercancía de estos buhoneros consistía en objetos de
bisutería, artículos para el cabello, hilos y enseres de mercería,
imágenes religiosas, telas, ropa confeccionada, incluso zapatos y
relojes. No obstante, a través de la socialización con el pueblo
pudieron conocer las necesidades de sus clientes e incorporar
nuevos productos a petición de sus compradores, como sandalias,
sombreros, herramientas para trabajar, colchas, mantelería,
sabanas y toallas.31 Todo esto lo ponían en cajas, cajones o
maletas. No sólo emprendían su recorrido por las ciudades, sino
también se internaban en los poblados más cercanos,
desplazándose en ferrocarril, en vehículos de muy malas
condiciones o a lomo de mula. También visitaban rancherías y
caseríos caminando por veredas angostas y peligrosas, como nos
cuenta Neder Nader Habib (de 93 años de edad, de ascendencia
libanesa, nacido en Tampico y fundador de la empresa de
uniformes UNITAM S.A. de C.V en 1956) sobre la labor de su
padre como buhonero:
Mi padre Juan [Nader] llegó a Tampico en 1918 para dedicarse
al comercio ambulante. Era soltero en aquel entonces y quien
le ofreció mercancía para vender fue un comerciante también
31

Nasr y Abud, Directorio Libanés: censo general de las colonias libanesapalestina-siria residentes en la República Mexicana.
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de origen libanés de nombre Damián Abad quien había llegado
de Veracruz y contaba con una tienda de ropa, telas y mercería
en la calle Rivera y Colón llamada “La Universal”. Mi padre
comenzó a vender hilos, botones, agujas, listones, cordones,
telas, ropa y sombreros para los campesinos, primero andaba a
pie, después le prestaron una mula para insertarse en las
comunidades y en el campo para ir ofreciendo los productos
porque tenía que cumplir con un mínimo de venta diaria. Mi
papá buscaba clientes y a veces se iba a las parcelas en donde
andaban trabajando los campesinos para ofrecerles
sombreros”.32

Para ofrecer estas mercancías, nos cuenta Neder, su padre y los
demás buhoneros necesitaron aprender palabras básicas en
español, pero lo más importante era conocer los nombres de los
productos, para poder ir anunciándolos por las calles, así como
familiarizarse con el uso de la moneda mexicana para no
equivocarse en los cobros y perjudicar a los clientes evitando
hacerse de mala reputación, aunque con el tiempo y el constante
diálogo con sus compradores comenzaron a dominar el idioma

32

Entrevista a Neder Nader Habib, 25 de noviembre de 2019. Neder Nader es
un empresario de ascendencia libanesa nacido en Tampico, Tamaulipas en
1927 por lo que en la actualidad cuenta con 93 años de edad, se encuentra en
perfectas condiciones de salud y fue fundador de la empresa UNITAM S.A de
C.V., creada en 1956, en la actualidad es una de las empresas de uniformes
más grandes en el país con sucursales en toda la república mexicana. A través
de la entrevista, nos brindó información muy valiosa sobre la vida de los
buhoneros libaneses, como lo fueron sus padres, en la década de 1920.
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local, sin perder su peculiar acento.33 Algunos buhoneros
conseguían un ayudante para los largos recorridos, pero en la
mayoría de los casos, ellos mismos eran los cargadores y
administradores de su mercancía, llevando la contabilidad en una
libreta pequeña que cupiera en sus bolsillos del pantalón en donde
marcaban la gestión de deuda, abonos e itinerarios de la semana.
Quienes no sabían escribir copiaban los números de las
casas de sus compradores o hacían una serie de rayas y círculos
para contar las cosas que vendían. Con el propósito de acumular
capital, hacerse de un local, establecer su propia tienda y traer a
su familia de Líbano, vivían bajo una ética de bajo consumo y
mucho ahorro.34 Gastaban sólo en lo indispensable para subsistir,
como en alquiler, despensa y en ocasiones ropa; el calzado lo
cambiaban hasta que se les rompía. Una vez que los inmigrantes
se lograban establecer en un comercio fijo, de manera formal,
logrando tener un sustento económico, se concentraban en traer
primordialmente a sus conyugues e hijos y en menor medida a sus
padres35 para, después, traer también a hermanos, cuñados,

33

Entrevista a Neder Nader Habib, 25 de noviembre de 2019.
Entrevista a Neder Nader Habib, 25 de noviembre de 2019.
35
El porcentaje de población inmigrante adulta (mayores de 40 años) fue muy
bajo, del 3%. Por lo regular decidían quedarse en Líbano porque no tenían
34

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primos y amigos muy cercanos o recomendados de sus parientes
dando paso a una migración escalonada o de tipo comunitario,
que tomó fuerza a finales de la década de 1920 y durante la
siguiente.
Los ya establecidos ofrecieron empleo a sus parientes y
amigos, ya fuera como repartidores de sus mercancías, es decir,
como buhoneros o se les otorgaba crédito, el cual consistía en
proporcionar una cantidad suficiente de artículos a un precio muy
por dejo de lo establecido en el mercado, con el propósito de que
surtieran su propia tienda. Asimismo, se les brindaba asistencia
comunitaria como alojamiento, comida, ropa, herramientas y
todo lo necesario para facilitarles el periodo de adaptación
inicial.36 La oferta de trabajo y el apoyo ofrecido por sus
connacionales en el país receptor, significaron un seguro de vida
para la población migrante, ya que muchos viajaban
prácticamente contratados. De esta manera, una vez que
interés en pasar el resto de su vida en otro país con elementos culturales
diferentes a los de su lugar de origen ya que, bien o mal, la mayor parte de su
vida estaba realizada. Se interesaban más en apoyar a sus hijos para que
salieran a buscar un mejor futuro, aunque estuvieran conscientes sobre la
posibilidad de no volverlos a ver. Entrevista a Carlos Martínez Assad,
sociólogo dedicado al estudio de la herencia cultural de los libaneses en
México, 12 de septiembre de 2019.
36
ALCM, Emir, número 26, 1945.
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desembarcaban en el puerto tampiqueño, no tardaban más de tres
días para ser asistidos por parientes, conocidos o amigos.
Algunos, en un par de días ya se encontraban trabajando como
buhoneros, vendiendo por las calles gran variedad de productos
en abonos, gastando lo mínimo y ahorrando lo máximo posible.
El modelo de empresa familiar
Si anteriormente solían viajar solos hacia occidente para
encontrar trabajo, ahorrar dinero y poder reunirse con la familia,
durante la década de 1920 los libaneses pudieron viajar a
Tamaulipas acompañados de familias enteras o incluso de amigos
y conocidos de los mismos pueblos de origen. La oferta de trabajo
generada por el crecimiento de los negocios de los primeros
inmigrantes hacía posible este fenómeno, lo que significó vencer
la incertidumbre de la migración que había permeado durante las
décadas anteriores. Fue así como terminó el período de las
migraciones individuales para dar paso a la migración
comunitaria. De esta manera, desde el momento en que se
arribaba en el puerto de Tampico, cada uno de los integrantes de
la familia desempeñaba un rol especifico, según su división del
trabajo.
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Eran más los hombres que se encargaban de salir a las
calles a vender y ofrecer la mercancía, con el objetivo de llevar el
sustento económico a su esposa e hijos, mientras que las mujeres
se quedaban en la casa desempeñando las labores del hogar, como
preparando la comida y haciendo el aseo.37 Sin embargo, hubo
casos de mujeres viudas que llegaron a Tampico con sus hijos e
hijas y que se dedicaron a trabajar como buhoneras para salir
adelante como sucedió con Salime Abi Rachid38 quien, tras la
muerte de su esposo en 1921, emigró a Tampico con 29 años de
edad, procedente de Jazzín, acompañada de sus dos hijos,
Antonio y Faustino, siendo recibida por sus dos hermanos, César
y Salomón quienes le brindaron alojamiento.39
Por lo regular las mujeres viudas no emigraron solas con
sus hijos, sino que venían acompañadas de sus hermanos —como
fue el caso de Salime—, lo que posibilitaba acortar el período de
trabajo en la calle porque gracias a los ahorros de todos era más
37

Entrevista a Max Appedole, nieto de José Appedole, fundador de Astilleros
de Tampico S.A., 5 de junio de 2020; entrevista a Neder Nader Habib, 25 de
noviembre de 2019; y entrevista a Carlos Martínez Assad, sociólogo dedicado
al estudio de la herencia cultural de los libaneses en México, 12 de septiembre
de 2019.
38
Tarjetas de migración, 1926-1950, AGN, Migración, Líbano.
39
Entrevista a Teresa Rachid, descendiente de la tercera generación de la
familia Abi, 15 de mayo de 2019.
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fácil adquirir una casa para vivir juntos y acondicionar su propio
local de venta. Una vez que lograban hacerse de su patrimonio e
instalar su propia tienda, continuaban ahorrando para que cada
uno de los hermanos y hermanas tuviera su propio negocio,
siendo el hermano mayor el que se quedaba con la primera tienda.
Se procuraba incorporar diversos giros; si se iniciaba con una
mercería, al paso del tiempo se ponía una zapatería o una tienda
de ropa, telas, artículos religiosos, entre otras cosas, ya que por lo
regular los locales se encontraban juntos debido a que todos
vivían en una misma casa y mientras continuaba creciendo la
familia, procuraban comprar las propiedades aledañas.40
Según fue creciendo la parentela, llevaron a cabo un
modelo de familia extensa en donde vivían por lo regular tres
generaciones o en algunos casos más, según la longevidad de los
abuelos. En este tipo de familia, estaban los inmigrantes
fundadores, sus hijos varones con sus esposas, su descendencia,
que eran nietos de los fundadores, y en algunos casos los hijos de
los nietos. Era patrilocal, pues las mujeres cuando se casaban se
40

Entrevista a Neder Nader Habib, 25 de noviembre de 2019; y entrevista a
Cesar Askille, descendiente de la tercera generación de la familia Askille, 14
de octubre de 2019.
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iban a vivir con las familias del esposo, a excepción de los casos
en que las fundadoras fueron mujeres.41 No obstante, y con
respecto a la herencia de los bienes familiares, ésta era patrilineal
ya que la empresa se heredaba a los hombres, principalmente al
primogénito, pues a través de los varones se garantizaba la
permanencia de los bienes y del apellido. Sin embargo, este
traspaso no se realizaba sino hasta la muerte del fundador, con el
objetivo de no arriesgar este tipo de patrimonio ya que el hijo, ya
fuera por falta de madurez, de compromiso o de tiempo, por
dedicación en la escuela u otras actividades, podría llevar a cabo
una mala administración y en el peor de los casos la venta o
traspaso de la empresa familiar.42
41

Muchos investigadores coinciden con el modelo de familia extensa que
adoptaron los libaneses durante las primeras tres generaciones en México.
Véase Inclán Rubio, “Inmigración libanesa en la Cd. de Puebla 1890-1930:
proceso de aculturación”; Alonso Palacios, Los libaneses y la industria textil
en Puebla; Díaz de Kuri y Macluf, De Líbano a México: crónica de un pueblo
emigrante; Martínez Assad, “Los libaneses inmigrantes y sus lazos culturales
desde México”; Vázquez Soberano, “Los sirio-libaneses en Tabasco. La
conformación de un grupo dominante: 1910-1935”; Petit, “El Mahyar
mexicano. Producción literaria y periodística de los inmigrantes árabes y sus
descendientes”; y Ramírez Carrillo, “Identidad persistente y nepotismo étnico:
movilidad social de inmigrantes libaneses en México”.
42
Entrevista a Max Appedole, 5 de junio de 2020; entrevista a Neder Nader
Habib, 25 de noviembre de 2019; y entrevista a Carlos Martínez Assad, 12 de
septiembre de 2019.
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En los pocos casos en que las mujeres fueron las
fundadoras, de igual manera se procuraba heredar al varón. Para
el momento en que el hijo mayor heredaba la empresa, ya habían
pasado por lo regular tres generaciones. Durante ese tiempo, el
abuelo fundador se encargaba de insertar en las redes clientelares
y de negocios a sus hijos y a sus nietos, dotándolos de experiencia
en la administración de la mercancía y el dinero, además de
enseñar una ética de trabajo que debía prevalecer por
generaciones en donde estaban involucrados ciertos principios
como la honestidad, la humildad, la lealtad y la perseverancia,
además del ahorro. Era una visión de superación y crecimiento a
largo plazo con el objetivo de garantizar la preservación de la
empresa. No obstante, las mujeres poco participaban en la vida
empresarial de la familia, al menos hasta la segunda generación,
porque la apuesta en la permanencia y continuidad de la empresa
estaba centrada en la figura del varón, pues las mujeres al casarse
recibían los bienes de su esposo.
De esta manera, las hijas y nietas no sólo se mantenían
distantes, sino que también se les confiaba poca información
sobre los negocios de la familia. Incluso, cuando se requería de
personal para echar andar un nuevo establecimiento, no se
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involucraba a las mujeres, se prefería contratar empleados, que
fueran hombres de confianza. Esto no significaba que las mujeres
estuvieran desprotegidas o que no heredaran ningún tipo de bien
material, pues heredaban propiedades como casas, así como
capitales,43 pero se tenía la idea de que la administración de la
empresa tenía que estar en manos de los hombres, entre otras
cosas porque el apellido era muy importante y eso permitía que
prevaleciera por generaciones. No se heredaba la propiedad de
una empresa a una mujer porque en la siguiente generación se
imponía el apellido del esposo y, por ende, se perdía la sucesión
generacional patrilineal.
De esta manera, la unidad y la continuidad de la familia
eran los elementos primordiales de estos inmigrantes. Una
manera de asegurar el bienestar familiar era a través de la
preservación de la empresa; de ahí nació la ideología empresarial
de los libaneses, pues no sólo importaba acumular capital para
enriquecerse, sino para garantizar la permanencia, estabilidad y
bienestar de las siguientes generaciones. Se trabajaba para
construir un patrimonio del que pudieran disfrutar los hijos y

43

Testamentos, Archivos particulares de las familias Nader, Appedole,
Askille, Abad, Chemaly, Schekaiban.
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nietos, y era también responsabilidad de éstos preservarlo y
heredarlo a sus descendientes. Por esta razón, se valoraba lo
construido con esfuerzo de muchos años e incluso de varias
generaciones. En este sentido, la preservación de la empresa
garantizaba, en gran medida, la continuidad de la propia familia.
No se trabaja y se aumenta el capital sólo por la razón de hacer
dinero, se trabaja para hacer familia.44 Es por esta razón que
familia y empresa fueron dos elementos indisolubles en la vida
intergeneracional de los libaneses.
El empresariado libanés
Es difícil establecer un período de tiempo exacto que marque la
pauta del comercio informal (ambulante) al formal (tiendas,
almacenes, fábricas y demás empresas) en Tamaulipas. Sin
embargo, es posible identificar que durante la década de 1930
aparecen en Tampico muchos comercios en los que están
involucrados los libaneses y en los que destacaban las tiendas de
ropa y telas como “El Mayorista”45 de Amín Askille, ubicada en

44

Entrevista a Max Appedole, 5 de junio de 2020; entrevista a Neder Nader
Habib, 25 de noviembre de 2019.
45
Archivo Histórico de Tampico (en adelante AHT), Artículos de folletería,
caja 18, exp. 104, Folleto de publicidad del almacén de ropa “El Mayorista”,
1937.
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la calle muelle, “El Colibrí” de Domingo Mennah, en avenida
Colón, “La Vencedora S. A.” de Juan Nader, en calle Olmos, “La
Universal” de Damian Abad, en Rivera y Colón, “Almacenes
Celia” de Salvador Musa, en calle Rivera, “La Colorada” de
Santos Nasta, en avenida Francisco I. Madero, los almacenes
“Miguel Saiman y Cía.” de Miguel Saimán en calle muelle,
“Almacenes La Estrella”, en la avenida Hidalgo, de los hermanos
Jorge Elías, José Elías y Juan Chemaly, los “Almacenes El
Porvenir” de Tovias Salúm, en calle Rivera y “La Esperanza S.
A.” de David Schekaiban, ubicada en calle Olmos.46
Asimismo, existían mercerías como “La Libertad” de José
Jalil, ubicada en Olmos y Madero, la “Mercería Kawache” de
Malek Kawache, en Muelle y Madero, “La oriental” de Enrique
Manzur, en la calle Muelle, la “Mercería Jazmín” de los hermanos
Nicolás y Eduardo Kuri, en la calle Rivera y Olmos, así como “El
Sol” de Daniel Haled en avenida Hidalgo.47 Aunque las tiendas
de ropa, telas y mercería eran los giros en los que más se

46

Archivo General de Notarías del Estado de Tamaulipas (en adelante
AGNET), Protocolos notariales de Tampico, 1930-1938, Boletín de la Cámara
Nacional de Comercio de Tampico, 1 de octubre de 1938.
47
AGNET, Protocolos notariales de Tampico, 1930-1938, Boletín de la
Cámara Nacional de Comercio de Tampico, 1 de octubre de 1938.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-2

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distinguían los libaneses, también encontramos algunos otros
comercios relacionados con la venta de calzado como “La
zapatería El Cairo” propiedad de Mina Andonié, en avenida
Francisco I. Madero, la tienda “Calzado Issa” de Juan Issa, en
calle Muelle, así como “Mayoristas de calzado” de Juan Warra.
También estaban los negocios relacionados con la maderería o
materiales de construcción como “La Continental, S. A.” de José
Appedole,48 ubicada en la avenida Carranza y “Materiales La
Ceiba S. A.” de Nalf Athié Massad, en calle Aduana.
Algunos otros invirtieron sus capitales en hotelería como
Abraham Abisulaiman que construyó su primer hotel “Alta
Vista”, ubicado en Rivera y Colón, al igual que Nasser Hage
quien compró una propiedad de tres plantas en la calle
Tamaulipas y Aurora con el objetivo de acondicionarla como un
hotel al que llamó “La Villa”. Además de los giros anteriores,
también se identificaron los negocios relacionados con la venta

48

El apellido real de José era Abdalláh, pero regularmente las autoridades
mexicanas registraban a los inmigrantes según entendían la pronunciación de
sus nombres en árabe, por esta razón Abdalláh se transformó en Appedole. Así,
muchos nombres y apellidos se cambiaron: Férez pasó a ser Pérez, Fares se
volvió Félix, Butros se convirtió en Pedro y Maryem en María. Zéraoui,
Zidane, “Los árabes en México: entre la integración y el arabismo”, Revista
Estudios, núms. 12-13 (julio-diciembre 1995): 13.
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de los alimentos, como los restaurantes “La Laguna” de Jorge
Kawache y “El Mundo” de Jorge Fayad en Díaz Mirón.49
De estos comerciantes y pequeños empresarios libaneses
que prosperaron en sus primeros negocios formales, hubo algunos
que se destacaron en la industria textil, naviera y de bienes raíces.
Aprovecharon las coyunturas de crisis económicas que se
vivieron en México, para hacerse de nuevas propiedades. Cuando
ocurrió la Gran Depresión a causa de la caída de la Bolsa de Wall
Street en 1929, el peso mexicano sufrió una fuerte devaluación
ocasionando que muchas empresas quedaran en quiebra,50
algunas de las cuales fueron adquiridas por libaneses que
contaban con el capital suficiente para poder comprarlas. Estos
extranjeros, muchos ya nacionalizados, no confiaban en la
moneda mexicana, por lo que procuraban utilizar el patrón oro, lo
cual era también un modo de ahorro que les otorgaba mayor
capacidad de liquidez. Este fue el caso de Juan Nader, quien,
después de establecer su propia tienda de ropa y telas, compró en

49

AGNET, Protocolos notariales de Tampico, 1930-1938, Boletín de la
Cámara Nacional de Comercio de Tampico, 1 de octubre de 1938.
50
Enrique Cárdenas, La hacienda pública y la política económica, 1929-1958
(México: Fondo de Cultura Económica, 1994), 90.
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1935 una fábrica textil dedicada a la elaboración de ropa, a la cual
también llamó “La Vencedora S. A.”.51
Juan era el accionista mayoritario de la empresa, aunque
también eran propietarios sus hermanos, Jorge y Enrique. La
fábrica contaba con alrededor de 65 obreros, pero también tenían
contratados cargadores, transportistas y personal para el aseo,
mientras que los mismos miembros de la familia como sus hijos
y sobrinos aprendían de Juan y de sus hermanos actividades
relacionadas con la administración y dirección de la empresa, así
como a realizar inventarios, llevar a cabo la contabilidad, los
itinerarios de entrega y atender los pedidos de sus clientes. La
familia Neder se posicionó rápidamente entre los principales
proveedores de las tiendas de ropa de la ciudad, muchas de ellas
de libaneses; por ejemplo, los almacenes “El Mayorista”,
propiedad de Amín Jaskille, les compraban 25 pacas de ropa por
semana, siendo uno de los principales clientes de los Nader.
Asimismo, al paso del tiempo fueron extendiendo su distribución,
vendiendo ropa a tiendas de otras localidades como Tuxpan y El
Ébano, en Veracruz, Matehuala y la capital potosina, así como en
Ciudad Victoria y Ciudad Mante, en el estado de Tamaulipas.
51

AGNET, Protocolos notariales de Tampico, 1930-1938.

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David Schekaiban fue otro empresario libanés que durante
la contracción económica pudo adquirir a un precio muy bajo una
antigua bodega de granos de unos comerciantes españoles, para
instalar su propia fábrica de zapatos, “Fabricantes de Calzado
S.A”,52 la cual estaba ubicada en la calle Cristóbal Colón. Otorgó
empleo a muchos libaneses que se insertaron en Tampico a
principios de la década 1930, pues muchos empresarios como
David aprovecharon la continua migración para utilizar un capital
social, basado en elementos identitarios de la cultura libanesa
como el origen común, la religión y el idioma, para
transformarlos en capital económico como fuerza de trabajo, con
el objetivo de acrecentar sus negocios y acumular mayor cantidad
de dinero.53 La empresa se convirtió en una de las principales
proveedoras de calzado no sólo a nivel local sino también

52

AGNET, Protocolos notariales de Tampico, 1930-1938.
Aunque el interés es acumular capital, se le tenía mayor confianza a un
libanés por compartir con éste elementos culturales, sociales y psicológicos
comunes, relacionados con lo simbólico, lo vivido, lo histórico, lo íntimo, lo
identitario y lo colectivo. Es decir, elementos culturales y sociales comunes
que marcaron la unión de la población libanesa y que generan relaciones más
estrechas entre la comunidad. La manera de preservar estas relaciones fue a
través de ciertos valores como la lealtad, el respeto, la sinceridad y la honradez,
que en su conjunto otorgan la confianza. Es por esta razón que se generaron
relaciones preferenciales en donde muchos empresarios como David
procuraban emplear libaneses.
53

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regional, distribuyendo sus productos a las zapaterías y tiendas de
otros municipios como Ciudad Victoria y Ciudad Mante y a otras
entidades como Veracruz y San Luis Potosí.
David y su familia habían comenzado como pequeños
comerciantes con el establecimiento de una tienda de ropa y telas
en 1926, sin embargo, después de fundar la fábrica de zapatos, se
concentraron en el negocio del calzado y comenzaron a abrir
nuevas zapaterías, para vender los productos que ellos mismos
fabricaban, las cuales quedaron a cargo de sus hijos Salomón,
Jacinto y Julián quienes, a su vez, las administraban apoyados de
sus familias,54 aunque es preciso decir que la empresa creció
gracias a las redes clientelares de carácter regional que fueron
creando para la venta de su calzado. Una de las razones por las
que muchos dueños de negocios preferían adquirir productos al
mayoreo de la fábrica de David y no de otros mayoristas locales,
fue por la especialización que fueron desarrollando en la
elaboración de su calzado, la cual estaba orientada a fabricar
zapatos y botas no sólo casuales sino también de trabajo, de una
larga durabilidad, razón por la que los Schekaiban se comenzaron

54

Entrevista a Jesús Schekaiban, descendiente de la tercera generación, hijo de
Salomón, 4 de marzo de 2019.
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a apropiar de un mercado en donde estaba involucrado el sector
obrero industrial y campesino.
Otro factor que incidió en la acumulación de capital de
algunos empresarios libaneses fue el cambio institucional de la
propiedad privada ocurrida en 1934, cuando el Estado mexicano,
a través de una nueva reforma agraria, decidió expropiar las
haciendas y grandes propiedades para crear nuevas unidades de
producción de la tierra, dando paso a la creación de los ejidos,
situación que generó no sólo el abaratamiento de la propiedad
rural, sino indirectamente también de la urbana, ya que muchos
hacendados —con el objetivo de recuperar parte de sus
capitales— decidieron vender muchas de sus propiedades en las
cabeceras de los pueblos y en las ciudades.55 Muchos de estos
bienes fueron también adquiridos por libaneses como fue el caso
de los hermanos Abraham, Pedro y Agustín Abisulaiman Kuri
quienes, gracias a la compra de muchas propiedades en los
territorios aledaños a Tampico, incluyendo de Veracruz, lograron

55

Jean Phillippe Colin, Christophe Blanchot, Enrique Vázquez y Hermilio
Navarro, “Reforma agraria, dinámicas organizativas y prácticas agrarias. El
caso de Graciano Sánchez, Tamaulipas, México”, coord. Éric Leonard y André
Quesnel (México: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores de
Antropología Social, 2003): 73-106.
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fundar en 1938 la Compañía Abisulaiman y Cía.,56 dedicada a la
compra y venta de bienes raíces, y donde el accionista
mayoritario era Abraham, quien contaba con mayor capital y
había logrado traer de Líbano a sus hermanos junto con sus
familias.
No obstante, es preciso mencionar que desde inicios de la
década de 1920 también hubo inyección directa de capital libanés,
como fue caso de José Appedole, quien llegó con su familia
después de vender su antigua fábrica de cigarros en Biblos (lugar
donde nació) a causa de las requisas que imponía el Imperio
otomano durante la Primera Guerra Mundial. Llegó al puerto de
Tampico en 1921 y fue hasta 1924 que creó “La Continental S.
A.”,57 que además de ser una empresa dedicada a la venta de
materiales de construcción y madera, estaba especializada en la
fabricación de chalanes, los cuales eran barcos planos de acero
que se utilizaban para que los autos cruzaran el río Pánuco y
conectaran por carretera la ciudad de Tampico con Veracruz.
Appedole era el único capacitado y habilitado para construir en

56

AGNET, Protocolos notariales de Tampico, 1930-1938.
Nasr y Abud, Directorio Libanés: censo general de las colonias libanesapalestina-siria residentes en la República Mexicana.
57

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México este tipo de embarcaciones, así como también era el único
con reconocimiento legal para fungir como perito responsable de
los planos constructivos,58 ya que su empresa era la única de su
tipo.
Al no existir otra empresa dedicada a la fabricación de
barcos, Appedole ideó la creación de una empresa más grande
que “La Continental” para la construcción y reparación de buques
de carga, hechos de acero y madera, que sirvieran para transportar
grandes toneladas de crudo y maquinaria pesada para las
compañías petroleras. De esta manera, fundó en 1938 “Astilleros
de Tampico, S. de R. L.,” ubicada en la 3ra avenida Isleta, con un
capital limitado de 2,500,000 pesos; ésta contó con 100 acciones,
de las cuales 94 eran de su propiedad, y el resto de particulares.
Fue así como Appedole se convirtió en el fundador y promotor de
la industria naviera en Tampico, teniendo tres turnos de
trabajadores y funcionando las 24 horas del día.
Este empresario prominente, conoció al presidente Lázaro
Cárdenas, desde que éste trabajaba como General en Jefe de la
zona militar de Pueblo Viejo, Veracruz.59 No obstante, la relación
58
59

Entrevista realizada a Max Appedole, 5 de junio de 2020.
Entrevista realizada a Max Appedole, 5 de junio de 2020.

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de ambos se hizo más estrecha cuando el libanés mostró con su
fábrica armadora la habilidad de reconfigurar y rediseñar,
trabajando el acero, las piezas indispensables para reestablecer la
capacidad de explotación de la industria petrolera mexicana
durante el embargo comercial producto de la expropiación
petrolera de 1938 hacia las compañías norteamericanas, inglesas
y holandesas.60 Fue así que gracias a “Astilleros de Tampico”, se
pudo sustituir la maquinaria extranjera para la excavación y
extracción del crudo siendo una labor muy importante para el
gobierno nacional. Además, a pesar del cierre comercial con las
potencias

europeas

y

norteamericana,

México

continuó

exportando petróleo a Alemania, Italia y Japón,61 salvando, de
esta manera, los primeros años de la empresa paraestatal
mexicana de petróleos.
El petróleo que llegaba a Alemania proveniente de
México era procesado en las refinerías de la ciudad de Hamburgo,
y la mayor parte del combustible producido era utilizado en la

60

Entrevista realizada a Max Appedole, 5 de junio de 2020.
Daniela Gleizer, “Las relaciones entre México y el Tercer Reich, 19331941”, Tzintzun. Revista de Estudios Históricos, núm. 64 (julio-diciembre
2016): 223-258.
61

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fuerza aérea, la Luftwaffe.62 De esta manera, a pesar del boicot
que realizaron los Estados Unidos, Inglaterra y Holanda hacia
México, exigiendo a sus aliados que no compraran crudo a
Petróleos Mexicanos (PEMEX), el país alcanzó una producción
de 38.8 millones de barriles anuales a partir de 1938, atendiendo
una fuerte demanda del exterior, mientras que de esa cantidad
total producida se exportaba alrededor del 70%, siendo los
alemanes los principales compradores con un 48%, los italianos
con el 17%, y en menor medida los japoneses.63 Sin embargo,
cuando se suscitó la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos
estuvieron interesados en derogar el embargo comercial para, por
un lado, dejar sin proveedor de petróleo a los alemanes y, por el
otro, solicitar a México su cooperación para el aprovisionamiento
de mano de obra y materias primas, entre ellas petróleo crudo,
con el objetivo de solventar el aparato productivo estadounidense
durante la guerra. Esto, a cambio de reducir a un 10 % la deuda
pública directa, lo equivalente a 49.6 millones de dólares, de
509.5 que se pedían inicialmente.64
Friedrich Katz, “México y Austria en 1938”, Revista Mexicana de Política
Exterior, núm. 20 (julio-septiembre, 1988): 18-23.
63
Katz, 18-23.
64
Cárdenas, La hacienda pública y la política económica, 1929-1958, 98-99.
62

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La intensificación del comercio entre México y Estados
Unidos durante esa guerra aumentó las importaciones en el país.
La demanda de productos generó la necesidad de construir
nuevos buques mercantes de mayor capacidad. Si en 1938 se
construían barcos que pudieran transportar un máximo de 250
toneladas, durante el conflicto bélico se fabricaron embarcaciones
con capacidad de 750 toneladas que recorrían todo el Golfo de
México.65 De esta manera, durante el conflicto bélico la
producción y reparación de barcos se intensificó, por lo que
Appedole se vio en la necesidad de aumentar sus empleados y
establecer tres turnos de trabajo divididos durante las 24 horas del
día, razón por la que el empresario libanés ordenó la construcción
de tres hoteles conectados a los jardines de su casa, para darle
alojamiento a todos sus trabajadores, muchos de ellos libaneses.66
Fue así que, gracias a la coyuntura de auge comercial, Astilleros
de Tampico se posicionó como la principal empresa en
construcción de buques que impulsó el desarrollo de la industria
naviera en México.

65

Nasr y Abud, Directorio Libanés: censo general de las colonias libanesapalestina-siria residentes en la República Mexicana.
66
Entrevista realizada a Max Appedole, 5 de junio de 2020.
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�Inmigración y formación

Para los años de la posguerra, Appedole ya había
acumulado grandes cantidades de capital que fueron heredadas a
sus hijos, quedándose el primogénito como el accionista
mayoritario de Astilleros. No obstante, lo mismo sucedió con las
otras familias de empresarios libaneses, ya que a raíz de la
devaluación del peso en 1948 se hizo presente un panorama de
inflación en el mercado internacional, lo que hizo más difícil la
compra de productos en el extranjero. Esto se tradujo en un tipo
de modelo de sustitución de importaciones y en un proceso de
defensa de las industrias nacionales, evidenciando la necesidad
de adquirir los productos que se fabricaban en el país, lo que dio
impulso a las compañías textiles y de calzado en México,67 en las
cuales estaban involucrados los libaneses. Fue un mecanismo
nacional en respuesta a una coyuntura internacional que permitió
que estos inmigrantes experimentaran un nuevo impulso en su
ascenso social y acumulación de capital, como fue el caso de los
Nader.
De esta manera, tanto la familia Nader como la Appedole,
Abisulaiman y Schekaiban, mostraron una sucesión generacional
en la década de 1950. Es durante estos años que se observa el final
67

Cárdenas, La hacienda pública y la política económica, 1929-1958, 92.

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�Oscar Pizaña

de la primera generación en cuanto a dirección empresarial, para
ser ocupada por las segundas generaciones. No obstante, hubieron
casos en que —gracias al capital familiar acumulado por
décadas— los hijos decidieron fundar su propia empresa como
fue el caso de Neder Nader Habib quien en 1956 funda en
Tampico la empresa UNITAM, S.A. de C.V, dedicada a la
fabricación de uniformes para trabajadores de empresas públicas
y privadas, primero de cobertura regional, para después
convertirse en una de las empresas más importantes de su ramo
en el país, contando actualmente con más de 42 sucursales
distribuidas a lo largo de la república mexicana, siendo Jesús
Nader Nasrallah (hijo de Neder, descendiente de la tercera
generación) quien actualmente está a cargo de la empresa
familiar.
Conclusiones
Son dos los ejes estructurales expuestos en el presente artículo
que es menester, a modo de conclusión, reiterar. El primero es el
relacionado con el proceso de acumulación de capital que fue
originado por diversos factores. En primer lugar, por la
implementación de un sistema de ventas que recurrió al crédito a
través del pago en abonos, el cual brindó facilidades de compra
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�Inmigración y formación

con productos a bajo costo para un nuevo mercado: el del
campesino y obrero pobre del campo y la ciudad. En segundo
lugar, podríamos mencionar la socialización del buhonero libanés
con el pueblo a través del comercio ambulante, aspecto que dotó
al migrante de conocimiento sobre las necesidades de sus clientes,
llevándolo a incorporar nuevos productos para atender la
demanda y obtener una mayor capacidad de venta. En tercer
lugar, se destaca una ética de trabajo constante enfocada en el
ahorro y el bajo consumo, con la visión de adquirir movilidad
social ascendente, pasando del comercio informal y ambulante al
formal, con el establecimiento de una tienda, almacén o fábrica.
Otros dos factores importantes que se pueden mencionar son el
generar empleo utilizando a los nuevos inmigrantes como fuerza
de trabajo para acrecentar los negocios; y aprovechar las
coyunturas de crisis económicas para acumular mayor capital.
Con respecto al segundo eje estructural, el de la
organización empresarial, este significó la manera no sólo de
administrar el capital, sino de preservarlo y heredarlo a las
siguientes generaciones. A través de la empresa, el capital
económico se transformó en un patrimonio familiar en donde la
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permanencia de la misma significó un seguro de vida para
garantizar el bienestar de la familia libanesa, no sólo de la
generación fundadora, sino de las siguientes, un elemento que
podemos observar hasta la actualidad. Es por ello que los patrones
éticos y la estructura patrilocal y patrilineal se trasladaron a la
dirección, administración y sucesión de la empresa familiar. De
esta manera, tanto las formas de acumulación de capital
anteriormente mencionadas, como la aplicación de la estructura
familiar en el manejo empresarial, constituyeron la ecuación que
dio como resultado a la formación del empresariado libanés en
Tampico durante la primera mitad del siglo XX.

Referencias
Archivo
Archivo General de la Nación (México)
Archivo General de Notarías del Estado de Tamaulipas
Archivo Histórico de Tampico
Archivo Libanés de la Ciudad de México
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�La mujer instruida. Las políticas educativas modernas
porfiristas y la formación de la Academia Profesional
para Señoritas en Monterrey, Nuevo León, 1892-1895
The educated woman. The modern porfirian educational policies
and the establishment of the Academia Profesional para
Señoritas in Monterrey, Nuevo León, 1892-1895
Ana Laura Teresa Ceballos Martínez
Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora
orcid.org/0000-0002-6129-8336

Resumen: Las políticas educativas jugaron un papel fundamental para
atender las preocupaciones laborales y sociales del Porfiriato. Dentro
de ellas, como muestra este artículo, la educación profesional femenina
destacó por incrementar la presencia de mujeres tanto en el magisterio
como en la administración pública. En este trabajo, analizo cómo la
Academia Profesional para Señoritas en Monterrey, iniciada en 1892,
se fundó dentro de esta lógica. A través del periódico La Voz de Nuevo
León, muestro cómo las autoridades promovieron la educación
femenina como una manera de contribuir al desarrollo económico del
país y de procurar la independencia económica de las mujeres, pero
también como una forma de control para garantizar los ideales sociales
del régimen.
Palabras clave: género; mujeres; educación; modernidad; Porfiriato.
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�Laura Ceballos

Abstract: Educational policies played a fundamental role in addressing
the labor and social concerns of the Porfiriato. Among them, as this
article shows, female professional education stood out for increasing
the presence of women both in the teaching profession and in the public
administration. In this work, I analyze how the Academia Profesional
para Señoritas [Professional Academy for Young Ladies] in
Monterrey, begun in 1892, was founded within this logic. Through the
newspaper La Voz de Nuevo León, I show how authorities promote
female education as a contribution to the country's economic
development and as a way to ensure the economic independence of
women, but also as a form of control to ensure the social ideals of the
regime.
Keywords: gender studies; women; education; modernity; Porfiriato.

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�La mujer instruida

Introducción
El 26 de octubre de 1895, Juana Pérez Moreno, Emerenciana
Guerra y Juana Panza, estudiantes para telegrafistas de la
Academia Profesional para Señoritas, hicieron un acto público
para demostrar cómo funcionaba ese novedoso dispositivo de
comunicaciones. Entre los espectadores estaba nada menos que
Bernardo Reyes, gobernador de Nuevo León y político liberal que
atestiguaba los adelantos modernos de la época: no sólo la
tecnología, sino las políticas educativas que ayudaron a formar
una escuela pública para la instrucción femenina profesional.1 En
el presente ensayo, estudiaré cómo y por qué las autoridades
porfiristas, y en particular el gobierno de Nuevo León, apoyaron
con vehemencia el fomento de la educación pública y la
formación de mujeres profesionistas.
La temporalidad elegida va de 1892 a 1895. Esto se debe
a que fue en 1892 cuando se creó en Monterrey la Academia
Profesional para Señoritas como una rama de la Escuela Normal
para Profesores. Además, como Norma Ramos Escobar sugiere,

“Las conferencias de la Academia Profesional para Señoritas”, La Voz de
Nuevo León, 26 de octubre de 1895, Capilla Alfonsina Biblioteca
Universitaria, Universidad Autónoma de Nuevo León (en adelante CABUUANL).
1

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�Laura Ceballos

es en este momento donde la feminización del magisterio
comienza a consolidarse. Termina en 1895 porque es cuando se
implementan las carreras profesionales de telegrafista y
contabilidad a la Academia. En este ensayo se analizará
brevemente por qué fue durante este periodo que las políticas
educativas encaminadas a la instrucción pública sustentada por el
estado se vieron cristalizadas. Las autoridades porfiristas
esperaban llevar a cabo una transformación social a través de la
educación, en especial, la profesional. De este modo, pensaban
que la población iba a poder insertarse en la vida laboral y
participar en el futuro desarrollo económico.2
A diferencia de las primeras décadas del México
independiente, el régimen de Porfirio Díaz representó un
momento de relativa estabilidad económica y política. Por mucho
tiempo, los estudios históricos se limitaron a ver el porfiriato sólo
como un antecedente de la Revolución Mexicana, pero en las

2

Norma Ramos Escobar considera que el periodo que va de 1870 a 1891 se
considera como el de la “integración” de las mujeres al magisterio y a partir de
1892 comienza la consolidación de la feminización con la fundación de la
Academia Normal para Señoritas; Norma Ramos Escobar, “Aspectos
profesionales y laborales de la docencia femenina en los procesos de fundación
de la educación pública en Nuevo León” (Tesis de maestría, El Colegio de San
Luis, 2006), 41.
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�La mujer instruida

últimas dos décadas del siglo XX este periodo comenzó a ser
revalorizado dentro de la historiografía, especialmente la de corte
económico. En términos generales, podríamos decir que existe un
consenso de que el régimen porfirista significó un progreso
económico con la creación de instituciones y la llegada de capital
foráneo. Mauricio Tenorio y Aurora Gómez-Galvarriato
sugieren, además, ver al porfiriato como el primer Estado
mexicano, con todos sus defectos y virtudes, y dejar de lado las
comparaciones con Inglaterra y Estados Unidos.3
Es importante repensar la periodización del porfiriato y no
sólo verlo como tradicionalmente se ha hecho: de 1875 a 1911.
Más bien, es necesario entender los cambios, crisis y
continuidades dentro del periodo y los acontecimientos a nivel
internacional que, sin duda, influyeron en el desarrollo histórico.
Como sugieren Tenorio y Gómez-Galvarriato, una periodización
más adecuada puede ser de finales de la década de los ochenta y
principios de los noventa hasta la segunda mitad de la década de
1910. Esto se debe a que representa el periodo en donde un grupo
de políticos y tecnócratas lograron instaurar una serie de reformas

3

Aurora Gómez Galvarriato y Mauricio Tenorio Trillo, El Porfiriato (México,
DF: Fondo de Cultura Económica, 2006), 7–14.
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129

�Laura Ceballos

para transformar al país conforme a sus visiones de Estado y
nación.4 Por otro lado, el tema de la paz porfiriana por lo general
no ha sido abordado con seriedad.
Los mismos autores proponen la importancia de estudiar
este tema con sobriedad y entenderla como concepto y práctica.
Aunque en el trabajo no abordaré tal tema, es importante tener en
cuenta la inestabilidad política que caracterizó al periodo anterior
al porfiriato. Por ejemplo, y como señala Mílada Bazant, no fue
sino hasta después de la “pacificación” del país que el estado
mexicano comenzó a destinar suficientes recursos económicos a
la educación. Al no tener que destinar el dinero a la Secretaría de
Guerra y Marina, este se utilizó para otros fines. De este modo,
otras reformas sociales y el impulso a las políticas educativas (que
llevaron a la introducción de las mujeres al campo educativo),
fueron creciendo.5
Asimismo, los estudios históricos con enfoque de género
se encuentran entre las nuevas revisiones y corrientes
historiográficas sobre el porfiriato. Los primeros acercamientos

4

Gómez Galvarriato y Tenorio Trillo, 14.
Gómez Galvarriato y Tenorio Trillo, 26; Mílada Bazant, Historia de la
educación durante el porfiriato (México, DF: El Colegio de México, 1993),
269–71.
5

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130

�La mujer instruida

al tema de la mujer comenzaron a gestarse cuando los
historiadores se dedicaron a estudiar a la clase obrera y a la
sociedad urbana. En un principio se estudió a las mujeres en
ciertos sectores laborales limitándose a solamente conocer cuáles
eran sus actividades. Sin embargo, más adelante se puso énfasis
en entender los límites de género y cómo éstos incidían en las
relaciones laborales y sociales.6 Por esta razón, en el presente
trabajo se analizará cómo la formación de carreras profesionales
para las mujeres fue parte también de la constante preocupación
por la transformación social y de la vida laboral del periodo.
Breves antecedentes y consolidación de la educación pública
durante el porfiriato
Desde el inicio de la vida independiente, el gobierno mexicano
comenzó a preocuparse por el tema de la educación pública. Sin
embargo, la inestabilidad política y económica, la carencia de una
estructura administrativa, más la incapacidad del gobierno
conservador de secularizar la educación y asumir el papel del
Estado en ella, no hicieron posible establecer un sistema
educativo público de calidad.7
6

Gómez Galvarriato y Tenorio Trillo, El Porfiriato, 34.
Javier Garciadiego, Autores, editoriales, instituciones y libros: estudios de
historia intelectual (México, DF: El Colegio de México, 2015), 11–12.
7

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�Laura Ceballos

Después de la terminación del Segundo Imperio, y con el
regreso de Juárez al poder, comenzó a cuestionarse la utilidad de
la instrucción pública funcional y el papel fundamental del Estado
en ésta. Además, en dicho periodo se adoptó una percepción del
maestro como aquel que no sólo “conoce todos los temas” sino
como también como el que sabe transmitirlos con base en los
fundamentos pedagógicos. A pesar del interés del gobierno
juarista por impulsar la instrucción pública, y la femenina
también, la inestabilidad política y económica impidió que fuera
posible llevar con éxito las políticas educativas.8
Durante el gobierno de Lerdo de Tejada, al ministerio de
Justicia se le agregó el de la Instrucción Pública. A partir de ese
momento, es notorio que el Estado mexicano comienza a tomar
con mayor seriedad la necesidad de hacerse cargo y de fomentar
la educación pública. Con la llegada de Porfirio Díaz al poder, y
de Joaquín Baranda a la Secretaría de Justicia e Instrucción
Pública, el impulso a la educación primaria fue primordial. Una
de las grandes políticas de Baranda fue el interés por crear un
sistema educativo nacional uniforme. Además, propuso que la
Mílada Bazant, “La educación moderna, 1867-1911”, en Historia de la
educación en la Ciudad de México, coord. Pilar Gonzalbo Aizpuru y Anne
Staples (México, DF: El Colegio de México, 2011), 252–53.
8

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�La mujer instruida

educación primaria debería de ser obligatoria, gratuita y laica.
También, los positivistas vieron la educación científica como
elemental para formación de profesionistas.9
Una de las políticas principales del porfiriato fue la
democracia educativa y, como menciona Mílada Bazant, era una
meta lejana pero posible. El periodo que va de 1876 a 1910 se
caracterizó por la introducción de la pedagogía moderna, la
multiplicación de escuelas normales y la formación de carreras
técnicas para obreros. Bazant menciona que este periodo puede
percibirse como una época de oro en la historia de la educación
en México, aunque el crecimiento haya sido más en calidad que
en cantidad. Díaz buscó establecer una unidad educativa nacional
a través de políticas reformistas. A pesar de que la Ciudad de
México era la que representaba por antonomasia el centro cultural
educativo, las entidades federativas fueron integrándose a estas
políticas unitarias. De hecho, se crearon congresos pedagógicos
con los representantes estatales para llegar a acuerdos y que los
estados establecieran metas conforme a sus principales
preocupaciones. Aquí es importante aclarar que, a pesar de los

9

Garciadiego, Autores, editoriales, instituciones y libros: estudios de historia
intelectual, 13–15.
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esfuerzos del gobierno federal por homologar la educación, ésta
no creció igual. Por ejemplo, en el norte del país, donde había
menos población campesina, mayores recursos y gobernantes con
mayor interés, los programas educativos tuvieron más éxito que
en algunos estados del sur.10 Es por ello que, en el presente
capítulo, abordaré cómo fueron impulsadas las políticas
educativas en Nuevo León, y, en especial, me centraré en estudiar
cómo estas políticas fueron claves para la introducción de las
mujeres en los estudios profesionales.
Una de las obsesiones educativas del porfiriato fue la
implantación de un método objetivo de enseñanza, en palabras de
Bazant, un “despertar de los sentidos”. Aunque el establecimiento
de la educación como laica, gratuita y obligatoria fue uno de los
principios liberales juaristas, no fue hasta el periodo de Díaz
cuando se estableció la escuela moderna mexicana con el cambio
de método de enseñanza. Por un lado, era necesario que los
estudiantes aprendieran algún oficio para que se integraran a la
vida laboral. Por otro lado, uno de los objetivos primordiales del
régimen fue la formación de buenos maestros y maestras. La
primera Normal se fundó en Ciudad de México en 1885 y es a
10

Bazant, Historia de la educación durante el porfiriato, 13–15.

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partir de ésta cuando en los estados comienzan a proliferar las
escuelas normales.11
Los miembros del gabinete porfirista, en especial aquellos
que se dedicaban al ramo de la educación, creían que ésta sería la
vía para llevar al país a la modernidad y democracia. Pensaban
que la educación transformaría la mentalidad de la sociedad y
que, al mismo tiempo, encontrarían bienestar y un trabajo digno.
Sin embargo, como menciona Bazant, la instrucción pública no
era suficiente para transformar al país. Por el contrario, era
necesario que ésta fuera acompañada de otros grandes cambios
estructurales como el reparto equitativo de tierras, mayores
empleos, entre otras cosas.12
Cuando Díaz resultó electo de nuevo en 1888, alcanzó
popularidad nacional e internacional. Es en este momento cuando
el régimen comienza con mayor determinación su intento por
centralizar el poder y limitar las autonomías políticas que muchas
zonas del país gozaban gracias al aislamiento geográfico en el que
se encontraban. Para ello, Díaz buscó crear una serie de políticas
entre las que, fundamentalmente, se encontraba la educación. La

11
12

Bazant, 17.
Bazant, 21.

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Ley de 1888 estableció entonces la educación elemental como
laica, gratuita y obligatoria. Sin embargo, uno de los grandes
cuestionamientos es qué significaba “uniformidad” en la
educación en un país tan desigual como México. ¿Cómo podía
sancionarse bajo los mismos preceptos a un estado con pocos
recursos económicos para proporcionar los materiales a las
escuelas? Para ello, se decidió que esa “uniformidad” sólo estaría
encaminada a establecer la educación como laica, gratuita y
obligatoria, y que los programas de enseñanza fueran iguales. Así,
cada estado de la República proporcionaría los materiales según
sus propias necesidades.13
Durante el Primer y Segundo Congreso de Instrucción
(1889-1890 y 1890-1891 respectivamente) se debatió sobre la
profesión del magisterio. Uno de los acuerdos importantes fue
establecer que cada estado del país tenía la libertad de organizar
la carrera normalista de acuerdo con las necesidades del estado,
pero que todas debían de llevar dos programas: elemental y
superior. Solamente debía de existir una diferencia de asignaturas
dependiendo de la diferencia de sexos. A partir de esos dos
congresos, se establecieron los tres principios elementales de la

13

Bazant, 22–24.

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instrucción pública en la Ciudad de México y, consecutivamente,
en varios estados de la república. Los congresos de instrucción
pública reflejan el esfuerzo por llevar a cabo las políticas
nacionales a nivel federal y estatal. Bazant menciona que, más
allá de la modificación de los planes de estudio, de textos
escolares, entre otras cosas, lo que es una característica
fundamental de la educación en el porfiriato es la utilización del
“método objetivo” o “de los sentidos”, un método moderno que
ponía a los maestros en un papel importante y priorizaba el
aprendizaje a través de los sentidos en lugar de la memoria.14
De igual manera, una de las constantes preocupaciones
sobre la instrucción pública fue la formación de maestros con
capacidad para transmitir la enseñanza. A pesar de que a lo largo
del siglo XIX se redactaron varios proyectos que buscaban la
creación de más escuelas normales, la constante inestabilidad
política y económica no permitió que fuera efectiva. Sin embargo,
es importante no ignorar que, desde antes del periodo porfirista,
el interés por impulsar la educación normalista para mujeres ya
había sido considerada frecuentemente en los distintos
gobiernos.15
Bazant, 26–31; Bazant, “La educación moderna, 1867-1911”, 259–66.
Ma. de Lourdes Alvarado Martínez, “La educación superior femenina en el
México del siglo XIX. Demanda social y reto gubernamental” (Tesis doctoral,
Universidad Nacional Autónoma de México, 2001), 249–60.
14
15

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Otro de los logros de los congresos de instrucción pública
fue la transformación de la Secundaria Nacional de Niñas en la
Escuela Normal de Profesoras. Justo Sierra fue uno de los
políticos de la educación más prominentes que, además, impulsó
la predominancia de las mujeres en el magisterio, pues
consideraba que poseían una capacidad natural para ejercer la
profesión. María de Lourdes Alvarado considera que la
admiración de Sierra, no sólo en las escuelas sino en la sociedad
en general, hacia Estados Unidos y el papel predominante de las
mujeres, lo llevó a darle suficiente importancia al rol femenino en
la educación.16
Por otro lado, también Sierra buscó impulsar los estudios
profesionales de las mujeres a través de reformas. A pesar de ello,
existieron muchas opiniones adversas sobre el papel que debían
desempeñar las mujeres en la profesión del magisterio. Los que
se opusieron pensaron que el objetivo era formar a las mujeres
como futuras docentes, pero no “masculinizarlas”. Él siempre
estuvo dispuesto a defender el que las futuras profesoras tuvieran
acceso a las asignaturas representativas de una educación
moderna y científica.17
16
17

Alvarado Martínez, 265–67.
Alvarado Martínez, 268.

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El rápido crecimiento económico en México entre 1884 y
1900 también significó un incremento del aparato burocrático del
gobierno. A partir de la década de 1890, las mujeres comenzaron
a ser contratadas para trabajar como empleadas públicas, lo que
se consideraba un empleo femenino respetable. Susie Porter
menciona cómo la cuestión del trabajo femenino y los debates
sobre este no eran nuevos a finales del siglo XIX en la Ciudad de
México. Lo que sí era algo innovador era cómo la educación,
trabajo y la capacidad de saber cuándo contraer matrimonio
comenzaron a identificarse como valores respetables de las
mujeres de clase media.18
Además, otra cuestión importante de añadir, para
comprender esto es que a finales del siglo XIX se experimentó un
fuerte cuestionamiento hacia la dependencia moral y material
femenina. Uno de los preceptos que más se argumentó era que, si
las mujeres tenían una independencia económica, esto les
permitiría salvaguardar su moralidad. Así, no tendrían que
escoger primero el camino del matrimonio para asegurarse el
sustento. Una solución era contratar a las mujeres para ejercer
18

Susie R Porter, From Angel to Office Worker. Middle-Class Identity and
Female Consciousness in Mexico (Lincoln: University of Nebraska Press,
2018), 4, 20.
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cargos en la administración pública, ejemplos tomados de
Estados Unidos y Francia.19
Existen diversos factores por los cuales las mujeres
comenzaron a suplir a los hombres dentro del magisterio.
Primero, era sabido que a las profesoras se les podía otorgar un
salario menor, lo que era conveniente para el Estado. Aunque
Mílada Bazant apunta que en algún momento de la federalización
de la instrucción pública se pretendió que los salarios fueran
iguales, esto no fue posible de realizar. Por otro lado, existió
durante este periodo la creencia de que las mujeres eran más
competentes para la profesión del magisterio. Como ya mencioné,
Justo Sierra —desde su cargo como Secretario de Instrucción
Pública y Bellas Artes— fue quien más impulsó la
profesionalización del magisterio femenino, y aunque no todas
sus pretensiones fueron llevadas a la práctica, es importante tomar
en cuenta el papel que tuvo.
Nuevo León y la educación profesional de las mujeres
Desde el periodo colonial y durante casi todo el siglo XIX, el
noreste de México permaneció aislado geográfica, económica y

19

Porter, 24–26.

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culturalmente del centro del país, lo que les permitió gozar,
durante un buen periodo de tiempo, de una mayor autonomía
política. Nuevo León, uno de los tres estados del noreste, estaba
experimentando un acelerado proceso de desarrollo económico.
El cambio de frontera en 1848, la adopción de políticas liberales
y el acercamiento progresivo con la dinámica economía del sur
de Estados Unidos, le permitió ir creciendo económicamente y
fortalecer su aparato administrativo.20
A finales del siglo XIX, y a pesar de que electoralmente
no contaba con suficiente peso, Nuevo León era un estado
políticamente influyente debido a su importancia económica. El
papel de Bernardo Reyes en el poder fue fundamental. Reyes fue
enviado por Porfirio Díaz para acabar con la autonomía política
de que gozaba el noreste, en especial Nuevo León, y para
contribuir así a la consolidación del Estado nacional. Su misión
más importante era limitar la influencia de los caudillos locales
(Jerónimo Treviño y Francisco Naranjo) e incorporar a Nuevo
León al proyecto porfirista de nación.21

20

Mario Cerutti, Burguesía y capitalismo en Monterrey, 1850-1910
(Monterrey: Fondo Editorial Nuevo León, 1983), 17–29.
21
Alicia Salmerón, “De redes de clubes y un partido político regional: el Gran
Círculo Unión y Progreso. Nuevo León, 1885-1892”, en Campañas, agitación
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Paulatinamente, Díaz, a través de Reyes, logró controlar a
los caciques regionales de Nuevo León y en su lugar, impulsó a
otros políticos locales y estableció fuertes alianzas con la
incipiente burguesía regiomontana mediante la implementación
de leyes que facilitaron el impulso de la gran industrialización de
Monterrey. Esta rápida transformación económica que vivió
Nuevo León durante el largo gobierno estatal de Bernardo Reyes
también provocó cambios sociales notables, un aumento
demográfico y un crecimiento urbano sin precedentes y, por
supuesto, una animada vida política que alcanzó a prácticamente
todo el estado de Nuevo León en el que las comunidades locales
tuvieron una fuerte conexión a la vida política estatal.22
La Voz de Nuevo León era el periódico oficialista y reyista
del estado que mantuvo gran influencia en la región. Como bien
indica Alicia Salmerón, el papel político que jugó La Voz de
Nuevo León fue fundamental. El periódico representa la

y clubes electorales: organización y movilización del voto en el largo siglo
XIX mexicano, coord. Fausta Gantús y Alicia Salmerón (México, DF: Instituto
Mora; Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de
México, 1998), 412–17, 450; Artemio Benavides, El General Bernardo Reyes.
Vida de un liberal porfirista (Monterrey: Ediciones Castillo, 1998), 137–39.
22
Salmerón, “De redes de clubes y un partido político regional: el Gran Círculo
Unión y Progreso. Nuevo León, 1885-1892”, 417–69.
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consolidación de una facción política.23 Por ello, aquí tomaré
como referencia los artículos publicados por dicho periódico
sobre el tema para analizar el impulso del estado a la educación
femenina. Dentro del periódico, constantemente se publicaba
información sobre la instrucción pública elemental hasta la
profesional. Publicaron los datos estadísticos de cuántas escuelas,
alumnos y profesores había en general en el estado, así como en
los municipios. También se encargaron de hacer conocer a la
población la información sobre los exámenes públicos y las
“veladas científico-literarias” de cada escuela sostenida por el
estado. En general, la importancia de la instrucción pública
propiciada por el gobierno se aprecia con las constantes
publicaciones y quehaceres de ésta. Aunque sin duda faltaría un
estudio amplio complementando con más fuentes, con las notas
de La Voz de Nuevo León puede hacerse un primer acercamiento
para entender cómo y por qué funcionó la educación moderna y
progresista en el estado norteño.
En Nuevo León, la instrucción pública, desde la elemental
hasta la profesional, fue asumida por el gobierno estatal a partir
de diciembre de 1891, aunque es importante tener en cuenta que
23

Salmerón, 411, 444–45.

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el gobierno de Nuevo León contó con la colaboración con los
ayuntamientos municipales. A través de inspectores, el gobierno
estatal conocía el estatus en que se encontraban las escuelas
públicas de los municipios, y asimismo, el estado comenzó a
adoptar las asignaturas y los libros de texto propuestos desde el
gobierno federal.24
En 1892, se creó la Academia Profesional para Señoritas
que dependía de la Escuela Normal del estado. Esto sólo fue
posible en un momento en donde las escuelas dejaron de ser
dependientes de los municipios y pasaron a manos estatales. La
Academia contó con todos los recursos económicos, lo que
posibilitó instruir a las mujeres a través de métodos nuevos,
“progresistas” y “científicos”. De todos modos, aunque llevaron
las mismas materias que se impartían en la Escuela Normal, una
diferencia notable de género fue la asignatura referente a la
economía doméstica. Esta última resulta interesante de analizar.
La enseñanza de una “economía doméstica” estaba destinada a
una organización económica, moral e intelectual adecuada dentro
del hogar. Pareciera que estaban tratando de entablar las normas
“Instrucción pública I”, La Voz de Nuevo León, 25 de febrero de 1893;
“Instrucción pública II”, La Voz de Nuevo León, 22 de abril de 1893; CABUUANL.
24

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científicas dentro de los hogares: ver a la mujer como una
gobernadora y profesora de los hijos. Por ello, era necesario que
la mujer también se instruyera dentro de la enseñanza moderna
para luego transmitir ese conocimiento. De este modo, en la casa
existiría una armonía moral e intelectual.25
Es notable la importancia social que el gobierno le daba a
la formación específica de las maestras. Una razón por la que el
gobierno decidió fundar una escuela normal especial para mujeres
fue que consideraba que el papel de la maestra era un elemento
social de suma importancia para la formación de futuros
ciudadanos. Además, las autoridades pensaban que las
estudiantes para el profesorado habían estado olvidadas por los
gobiernos anteriores. Esto sólo hacía que se complicara la
capacidad de las maestras para llegar a obtener el grado.

25

Además de las asignaturas modernas como ciencias físicas y naturales y
lengua nacional, mencionan un método “fonético-analítico-sintético” de
Claudio Matte. “Academia para las aspirantes al magisterio”, La Voz de Nuevo
León, 23 de enero de 1892, CABU-UANL; “Economía doméstica. Deberes del
ama de casa”, La Voz de Nuevo León, 26 de octubre de 1895, CABU-UANL;
Por otro lado, Norma Ramos Escobar menciona cómo la profesionalización de
las mujeres también implicó la experimentación en otras ramas características
de su género, como aseo personal, confección de vestimenta, conocimiento en
los artículos alimenticios y su conservación, entre otras cosas; Ramos Escobar,
“Aspectos profesionales y laborales de la docencia femenina en los procesos
de fundación de la educación pública en Nuevo León”, 45–46.
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Considero que otra razón por la que decidieron crear la Academia
fue para distinguirse del periodo anterior, y en particular, de las
deplorables condiciones en que se encontraba la educación
profesional antes de que ésta fuera recogida por el gobierno
estatal. Esto es importante de tomar en cuenta, porque justamente
reflejaba un resultado favorable con relación a las políticas
educativas modernas y progresistas que estaban creando desde el
gobierno central.26
La relación entre educación y trabajo fue un eje conductor
en las políticas modernas porfiristas, y el gobierno de Reyes fue
muestra de ello. En varias ocasiones La Voz de Nuevo León
publicó artículos sobre la dignificación del trabajo y sobre cómo
éste rescataba a la población civil de la “holgazanería”. Además,
se suponía que la única manera de llegar a tener un trabajo
honrado era a través de la educación, lo que me parece que es otra
razón importante por la que el estado nuevoleonés estaba
poniendo mucho empeño en la instrucción pública de mujeres y
hombres. De hecho, en un artículo se mencionaba cómo las
mujeres debían avocarse a la ley universal del trabajo. El trabajo,

“Academia para las aspirantes al magisterio”, La Voz de Nuevo León, 23 de
enero de 1892, CABU-UANL.
26

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creían los políticos nuevoleoneses, “crea, desarrolla y fecundiza
la vida y la producción”.27
Siguiendo con el tema del trabajo y la educación, en el
periódico se muestra cómo también entre los objetivos del
impulso a la instrucción pública profesional de las mujeres estaba
la creciente preocupación de que ellas se integraran a la vida
laboral. Paradójicamente, sugiere Bazant, el impulso a la
educación durante este periodo había provocado también que
muchos de los egresados tuvieran dificultades para conseguir
trabajos bien remunerados.28 Un caso similar puede observarse
aquí: dado el gran éxito que tuvo la Academia como formadora
de maestras, la matrícula de alumnas fue creciendo con gran
magnitud -superando por mucho la matrícula de la Escuela
Normal de hombres- al grado de volverse una preocupación.
Muchas de ellas pensaban, por ejemplo, que de qué servía que
obtuvieran un grado profesional si no encontrarían un empleo
respetable al finalizar sus estudios. En este sentido, en 1894 se
decidió por instrucción oficial crear nuevas formaciones
profesionales dentro de la Academia: la de telegrafista y la de
“De las ocupaciones de la mujer”, La Voz de Nuevo León, 30 de junio de
1894, CABU-UANL.
28
Bazant, Historia de la educación durante el porfiriato, 314.
27

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�Laura Ceballos

contabilidad. Es probable que esto también respondiera a las
necesidades del momento: debido a la mayor burocratización
gubernamental, característica del porfiriato, nuevas profesiones
como las de contabilidad pasaron a ser necesarias. Por otro lado,
las nuevas tecnologías, como el telégrafo, también necesitaban
quién conociera cómo usarlas. Además, estas profesiones, junto
con la del magisterio, se consideraban como respetables para una
mujer.29
Otro aspecto fundamental para la feminización del
magisterio, como analiza Norma Ramos Escobar, fue la
reducción de la presencia masculina en esta profesión. La
historiadora apunta una cuestión clave. La creciente formación de
otras

profesiones

“masculinas”

-como

medicina

y

la

jurisprudencia- producto de la industrialización y crecimiento
económico del estado, hizo que el magisterio comenzara a ser
29

Al comenzar la Academia para Señoritas en enero de 1892, tenían inscritas
a 26 alumnas. Para el año escolar de 1894, se inscribieron 78 alumnas. En este
mismo año, solamente se inscribieron 30 alumnos en la Escuela Normal. En
La Voz de Nuevo León constantemente se estuvieron publicando los datos
estadísticos y se observa cómo realmente fue creciendo la Academia
superando a la Escuela Normal. Tal vez, para un estudio más amplio, sería
interesante añadir más datos estadísticos para comparar. “Academia para las
aspirantes al magisterio”, La Voz de Nuevo León, 23 de enero de 1892;
“Instrucción Pública II”, La Voz de Nuevo León, 14 de abril de 1894; CABUUANL.
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�La mujer instruida

poco atractivo para los hombres, dejando que las mujeres
pudieran tener más acceso a éste. Además, otro tema que destaca
Ramos Escobar es que la diferencia salarial entre mujeres y
hombres era otro elemento fundamental para entender la
feminización del magisterio. Aunque la historiadora apunta que
existen pocas fuentes para entender mejor la cuestión salarial,
llega a la conclusión de que este aspecto puede considerarse como
elemental.30
El gobierno nuevoleonés llegó a señalar que la educación
era un patrimonio de la humanidad y que la instrucción superior
no debería de negársele a las mujeres, pero, como señala Susie
Porter para la Ciudad de México, otro de las motivos por los que
el estado la impulsó fue para que las mujeres pudieran adquirir
cierta independencia económica. Consideraban que de poco
serviría que se instruyeran en la educación elemental, si
posteriormente no iban a conseguir un trabajo digno al no tener
un grado profesional. Asimismo, afirmaban que no todas las
mujeres tenían un sostén económico seguro que procurara su
moralidad. Muchas se casaban pronto para asegurar una
Ramos Escobar, “Aspectos profesionales y laborales de la docencia
femenina en los procesos de fundación de la educación pública en Nuevo
León”, 40–41, 43–48.
30

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�Laura Ceballos

estabilidad

económica,

por

ejemplo,

“perturbando”

su

“estabilidad moral”. Por ello, creían necesario que la mujer se
instruyera y trabajara precisamente para evitar ese tipo de
problemas sociales. Consideraban que esta relación, educación y
trabajo, no haría más que un bien a la población y aumentaría la
riqueza pública.31
De todos modos, el acceso a la instrucción profesional
tenía sus límites. No buscaban que el trabajo que desempeñara la
mujer fuera equiparable al de los hombres, ni que compitieran por
algún puesto político. Además, relacionaban la instrucción o
“ignorancia” de la mujer con el papel que tenían como hijas o
esposas. Por ejemplo, una mujer educada sería capaz de ayudar al
sostén económico mediante el trabajo, en lugar de representar una
“carga” para la familia. Pero, como he sostenido anteriormente,
buscaban que la mujer se integrara a la vida laboral y, de este
modo, contribuyera al desarrollo económico del país.
Siguiendo bajo la misma línea, es interesante ver dentro
de las notas cómo se generaron debates sobre la independencia
que las mujeres podrían adquirir si se instruían y trabajaban. Al
“Academia profesional de señoritas”, La Voz de Nuevo León, 12 de enero de
1895; “La educación de la mujer”, La Voz de Nuevo León, 2 de junio de 1894;
CABU-UANL.
31

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�La mujer instruida

educar a las mujeres, no se pretendía que éstas dejaran de serlo, u
optaran por olvidar su papel como madres y esposas, más bien, se
esperaba que, al tener una forma de ganarse dignamente la vida,
no atentaran contra su “estabilidad moral”. Para promover estas
ideas, La Voz de Nuevo León tenía que hacer campañas en contra
del “ausentismo” escolar. Aunque este era un problema de ambos
sexos, el discurso que se dirigía a los padres de familia se centraba
especialmente en convencerlos de dejar estudiar a sus hijas un
grado profesional. Para esto, seguían empleando la relación entre
educación y trabajo; si las mujeres eran instruidas, podrían
encontrar

un

trabajo

que

las

ayudara

a

sustentarse

económicamente y no buscarían una salida en un matrimonio
forzado.
La respuesta femenina ante las políticas educativas
modernas puede medirse con la cantidad de alumnas que poco a
poco fueron ingresando a la Academia y en algunos testimonios
públicos. En 1894, La Voz de Nuevo León publicó un escrito de
Julia G. de la Peña, poetisa tamaulipeca con residencia en Nuevo
León, que exaltaba la labor del estado, pero, especialmente, la de
Reyes, al crear una “sólida base para el adelanto material de la
mujer”. De la Peña escribió que lo que buscaba la educación
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�Laura Ceballos

profesional femenina -y tal vez muchas mujeres pensaban igualera complementar el sustento económico familiar.32
Por otro lado, una cuestión interesante de analizar es cómo
el gobierno comenzó a emplear, cada vez con mayor frecuencia,
los datos estadísticos para conocer en qué condiciones se
encontraba el estado. Claudia Agostoni -aunque su trabajo está
enfocado en la salud pública- escribe cómo la estadística se volvió
una herramienta importante para las autoridades porfiristas. El
objetivo de ésta tenía una función doble: primero establecerla
como ciencia para estudiar a la sociedad, y luego como una
técnica con la que se justificaron, formularon e implementaron
políticas de salud pública.33 Siguiendo esta postura, y con base en
las notas que he analizado, considero que para poder llevar a cabo
las políticas de la educación femenina profesional fue necesario
un conocimiento estadístico sólido con relación a esta población.
Irma Beatriz Braña Rubio y Ramón Narcizo Martínez Sáenz, “Diccionario
biobibliográfico de escritoras nuevoleonesas, siglo XIX y XX” (Tesis de
maestría, Universidad Autónoma de Nuevo León, 1994), 50. “Paso al
mejoramiento social”, La Voz de Nuevo León, 22 de septiembre de 1894,
CABU-UANL.
33
Claudia Agostoni, Monuments of Progress. Modernization and Public
Health in México City 1876-1910 (Calgary: University of Calgary Press;
University Press of Colorado; Universidad Nacional Autónoma de México,
2003), cap. 2.
32

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-3

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�La mujer instruida

A través de la estadística, se analizó cuál era el mayor grado de
estudios con que contaban las mujeres, si trabajaban, y si era así,
en dónde lo hacían. En una nota se menciona cómo en 1894
existían 35 mil mujeres que no tenían ocupación. Esta cifra tan
alta causaba una seria preocupación entre las autoridades
estatales, orillándolos a buscar cómo incorporar ese sector de la
población a la dinámica económica y laboral. Para ello, educar a
estas mujeres era un paso fundamental para lograr su integración
a la vida productiva.34
¿A qué tipo de mujeres estaban dirigidas estas nuevas
políticas educativas y la educación profesional sustentada por el
estado? Una de las más recientes preocupaciones en la
historiografía con enfoque de género es entender las diferencias
socioeconómicas, culturales y religiosas que existen entre las
mujeres. Ver a las mujeres como un grupo en donde convivían las
procedentes de todas las clases, sólo hace que se malentienda su
situación. Aunque haría falta un estudio más minucioso para
conocer el contexto socioeconómico del que provenían las

“De las ocupaciones de la mujer”, La Voz de Nuevo León, 30 de junio de
1894, CABU-UANL.
34

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�Laura Ceballos

estudiantes profesionales, a través de La Voz de Nuevo León se
pueden inferir ciertas cosas. Me parece, por ejemplo, que el
gobierno reyista pensaba que, en general, toda la población
debería de ser instruida. Cuando hicieron la crítica de cómo las
mujeres que no trabajaban eran una carga para la sociedad,
hicieron referencia tanto a las “ricas” y a las “pobres”. Asimismo,
cuando hacían referencia a la importancia del trabajo y la
educación para la estabilidad social, la población obrera nunca
quedó fuera. Por ello, considero que la educación profesional para
las mujeres estuvo dirigida hacia todas, aunque haría falta
analizar otras fuentes para saber en qué grado esto llegó a
concretarse.
Con lo anterior expuesto, cabría hacerse otra pregunta:
¿por qué en Nuevo León las políticas educativas modernas
porfiristas pudieron establecerse factiblemente? Primero, porque
Nuevo León estaba experimentando un desarrollo capitalista y
viviendo un auge económico sin precedentes debido a su
acelerado proceso de industrialización y su fuerte vinculación
económica con el sur de Estados Unidos. Por otro lado, la década
de 1890 estuvo marcada por una estabilidad política derivada de

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�La mujer instruida

las buenas relaciones de Reyes con la clase empresarial
regiomontana, así como por su estrecha relación con el gobierno
central, específicamente con Díaz.35 Considero que, al tener
Nuevo León suficientes recursos económicos y tener un régimen
políticamente consolidado, el gobierno estatal permitió que se
priorizaran otros asuntos en su agenda política. La educación
pública fue la principal, porque se consideró una herramienta
fundamental para lograr la transformación social que buscaban.
Asimismo, y con todo lo expuesto anteriormente, es
posible sugerir que otra razón importante para el impulso a la
educación y profesionalización del magisterio de mujeres era
encontrarle utilidad y productividad a la población femenina para
que esta contribuyera al desarrollo económico del país. En
particular, La Voz de Nuevo León señalaba que con la educación
“moderna” y “científica”, se formaría una población “funcional”
dentro de la familia, la sociedad y el estado, de forma que los
mexicanos podrían encajar dentro de la dinámica económica que

35

Juan Mora-Torres, The Making of the Mexican Border. The State,
Capitalism, and Society in Nuevo León, 1848-1910 (Austin: The University of
Texas Press, 2001), 9–10.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-3

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�Laura Ceballos

llevaría a la prosperidad del país.36 Para lograr dicho objetivo,
entonces, era necesaria la formación de un magisterio amplio.
Entonces cabe realizarse la pregunta de ¿si las mujeres tenían
todos los requisitos para suplir a los hombres en el magisterio profesión socialmente aceptada y con capacidad de otorgar
menores salarios- no sería lo anteriormente expuesto una razón
suficientemente fuerte para entender el impulso al magisterio
femenino durante el porfiriato?
Consideraciones finales
A través de este ensayo se analizó cómo las autoridades federales
del porfiriato intentaron transformar al país socialmente a través
de la educación. Para ello, se crearon una serie de políticas
educativas en donde se entendió la importancia que tenía el papel
del estado como sostén de la instrucción pública. Asimismo, se
incorporaron asignaturas y métodos de enseñanza que eran
considerados “modernos” y “progresistas” para que la educación
fuera de una mayor calidad. Además, esperaban que con la
educación profesional de las masas, éstas se incorporaran
posteriormente a la vida laboral del país.
“Instrucción pública V”, La Voz de Nuevo León, 2 de septiembre de 1893,
CABU-UANL.
36

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�La mujer instruida

Nuevo León no fue la excepción en la implementación de
políticas educativas estatales con profundos matices en el interés
de la transformación social y laboral. Con la industrialización y
el crecimiento económico, sumado a la estabilidad política, la
preocupación por mejorar el sistema educativo estatal se tornó
viable. Un resultado de esto fue la fundación de la Academia
Profesional para Señoritas en 1892, posibilitando la inserción de
las mujeres en carreras profesionales y, posteriormente, en la vida
laboral del estado. Finalmente, la implementación de otras
carreras profesionales, como la de telegrafista, fue producto de
las nuevas necesidades modernas y el incremento de la
burocracia, así como de la preocupación de que las mujeres
tuvieran mayores opciones laborales al terminar sus estudios.
Por último, quedarían algunas cuestiones sin resolver que
pudieran abordarse en un estudio más amplio del tema. Por
ejemplo, comprender qué implicaciones tuvo la creación de la
Academia Normal para Señoritas justo en un año de crisis política
para el régimen porfirista y reyista. Asimismo, profundizar en los
orígenes socioeconómicos de las mujeres que ingresaron en la
Academia, y dilucidar de qué forma la inserción a las carreras
profesionales transformó sus vidas.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-3

157

�Laura Ceballos

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1885-1892”. En Campañas, agitación y clubes
electorales: organización y movilización del voto en el
largo siglo XIX mexicano, coord. por Fausta Gantús y
Alicia Salmerón. México, DF: Instituto Mora; Instituto
Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de
México, 1998.
Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-3

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�Desarrollo arquitectónico y poder político en
Monterrey, México, 1927-1935
Architectural development and political power in Monterrey,
Mexico, 1927-1935
César Herrera Silva
Universidad Autónoma de Nuevo León
orcid.org/0000-0001-5026-3771

Resumen: En este artículo propongo que la gubernatura de Aarón Sáenz
en Nuevo León (1927-1931) fue fundamental para estabilizar la
situación política y económica del estado e impulsar la construcción de
grandes edificios públicos en Monterrey. Señalo también que ese
despunte constructivo, que reflejó ideales modernizadores y
nacionalistas a través de nuevas tendencias arquitectónicas, se mantuvo
pocos años después de esa administración y tuvo su fin con la huelga
del Sindicato Industrial de Obreros de la Construcción en 1935. Con
base en memorias de gobierno y acervos de dependencias de obras
públicas y laborales, en este trabajo examino en primera instancia la
administración de Sáenz, después hago un repaso de los principales
edificios construidos durante el periodo, y finalizo con el impacto de la
huelga en esos planes y proyectos.
Palabras clave: infraestructura; desarrollo urbano; arquitectura;
movimiento obrero; Monterrey.

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-4

160

�Desarrollo arquitectónico

Abstract: In this article, I propose that the governorship of Aarón Sáenz
in Nuevo León (1927-1931) was crucial to stabilizing the state's
political and economic situation and supporting the construction of
large public buildings in Monterrey. I also propose that this constructive
boom, which reflected modernizing and nationalist ideals through new
architectural trends, continued a few years after the Sáenz
administration and finished with the strike of the Sindicato Industrial
de Obreros de la Construcción in 1935. Based on the analysis of
government reports and records of public works and labor offices, I
start examining the Sáenz administration, continue reviewing the main
buildings of the period, and end by analyzing the strike impact on those
plans and projects.
Keywords: infrastructure; urban development; architecture; labor
movement; Monterrey.

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�César Herrera

Introducción
Este trabajo tiene por objetivo analizar la infraestructura erigida
en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, durante el periodo
posrevolucionario. Particularmente, se estudian el Palacio
Federal, las Escuelas Monumentales y el Hospital Civil, cuyo
común denominador es el lenguaje arquitectónico del art déco.1
La temporalidad que comprende, por lo tanto, va desde de la
gubernatura de Aarón Sáenz (1927-1931), quien impulsó
notablemente la construcción de obras públicas, hasta la huelga
del Sindicato Industrial de Obreros de la Construcción en 1935,
acontecimiento que mermó esas labores durante la coyuntura del
rompimiento entre el presidente Lázaro Cárdenas y el
expresidente Plutarco Elías Calles.
Para abordar este problema, se parte del estudio de
algunos de los principales edificios públicos del periodo,
entendiendo estas edificaciones como instrumentos urbanos
1

En este trabajo se prefiere usar el término lenguaje, ya que no es posible
hablar de un estilo específico y bien definido. Como se señala en el catálogo
de arquitectura civil de Monterrey, a diferencia de estilo, en donde se sigue un
conjunto de normas de proporción y usos en el diseño, el término lenguaje opta
por utilizar varias claves estéticas y tendencias. Juan Casas, Rosana
Covarrubias y Edna Peza, Concreto y Efímero. Catálogo de arquitectura civil
en Monterrey (Monterrey: Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León,
2012), 17-24.
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162

�Desarrollo arquitectónico

ideados y ejecutados para cumplir con algunas de las necesidades
de la sociedad, pero también como formas de expresión del poder
político. De acuerdo con Miranda, debido a que el Estado toma
decisiones respecto a la población, la propiedad de la tierra, su
uso, la inversión, el diseño y la construcción de emplazamientos
públicos, sus acciones reflejan las políticas gubernamentales, las
respuestas de la comunidad y los intereses en que se apoyan.2
La exposición comienza con la descripción de la
gubernatura de Aarón Sáenz, quien, gracias al cabildeo político
con la élite regiomontana, aportó estabilidad a la situación
política neoleonesa. Se prosigue exponiendo la labor tributaria
del estado y cómo ésta impactó en la infraestructura en la ciudad;
y posteriormente centra su atención en la edificación del Palacio
Federal, las Escuelas Monumentales y del Hospital Civil. El
artículo termina explicando los detalles de la huelga de obreros
de la empresa Fomento y Urbanización, la principal constructora
durante este periodo.

Sergio Miranda Pacheco, “Por mi raza hablará la metrópoli: universidad,
ciudad, urbanismo y poder en la construcción de Ciudad Universitaria, 19291952”, en El historiador frente a la ciudad de México. Perfiles de su historia,
coord. Sergio Miranda Pacheco (México: Universidad Nacional Autónoma de
México, Instituto de Investigaciones Históricas, 2016), 184-185.
2

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�César Herrera

Las

fuentes

primarias

utilizadas

pertenecen

principalmente al Archivo Histórico Municipal de Monterrey, de
colecciones Civil, Misceláneo y Actas de Cabildo; en segunda
instancia, se recurrió al Archivo General del Estado de Nuevo
León, donde se consultó el Fondo de Monumentos y Edificios
Públicos, Memorias de Gobierno, Educación, así como la Junta
de Conciliación y Arbitraje; por último, se echó mano del
Archivo General de la Nación, del Fondo Comunicaciones y
Obras Públicas.
La reorganización política: La gestión de Aarón Sáenz y el
regreso a la estabilidad
Tras terminar el conflicto de la Revolución Mexicana, fue
necesario llevar a cabo el reordenamiento del país guiado por la
nueva élite política en turno. El grupo sonorense aseguró su
posición e inició el proceso de cimentar el nuevo estado
posrevolucionario, organizando el sistema político mexicano a
inicios del siglo XX a través de la creación de un partido oficial
que buscó controlar el mecanismo de sucesión presidencial. Su
afianzamiento fue primordial para crear un Estado fuerte que
interviniera y organizara el desarrollo industrial, las finanzas y la
infraestructura, con el fin de fincar la modernización del país.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-4

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�Desarrollo arquitectónico

Una vez sentadas las condiciones necesarias para asegurar
la pacificación, los gobiernos posrevolucionarios pusieron en
marcha un plan de reconstrucción nacional mediante la
intervención en sectores estratégicos. A través de la edificación
de obras públicas (escuelas, hospitales, carreteras, obras de
riego), los nuevos gobiernos esperaban impulsar el campo y la
industria creando un ambiente propicio para que los nuevos
capitalistas surgidos tras revolución aprovecharan dichas
condiciones para acrecentar sus fortunas con el respaldo del
Estado.
En el caso de Nuevo León, el ordenamiento político de la
entidad tuvo que esperar a causa de las intermitentes y desastrosas
administraciones posteriores. Las primeras administraciones
obregonistas no pudieron reanudar las relaciones con el
empresariado interrumpidas durante la Revolución. En el corto
periodo de 1920 a 1927, el estado de Nuevo León vio desfilar a
cerca de una docena de gobernadores que fueron defenestrados
por la incipiente corrupción, además de la existencia simultánea
de dos congresos locales y hasta tres gobernadores, hecho que
provocó el desapego de la iniciativa privada.3
César Morado Macías, “Introducción: Nuevo León, la experiencia de la
modernidad”, en Nuevo León en el siglo XX. La transición al mundo moderno:
3

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165

�César Herrera

Considerando lo anterior, la administración de Aarón
Sáenz (1927-1931) vino a sortear las deterioradas relaciones entre
la iniciativa privada y el Estado, generando el ambiente de
seguridad tan ansiado por los líderes empresariales desde la caída
de Bernardo Reyes en 1909. La influencia de Aarón Sáenz en este
proceso es un aspecto en el que coinciden autores como Alex
Saragoza, César Morado e Isabel Ortega; y aunque en la historia
nacional la figura de Saénz se ha dimensionado con relación al
surgimiento del Partido Nacional Revolucionario (PNR), su
injerencia en la entidad fue tal que es considerado “uno de los
gobernadores más destacados en la historia de Nuevo León”4.
En su momento, no sorprendió la elección del neoleonés
para la gubernatura, pues ya se había postulado en el periodo
anterior, cuando fue descalificado por el Tribunal de Justicia del
Estado. Sáenz mostraba una clara cercanía con el grupo
sonorense; estuvo encargado del Centro Director Obregonista y
fue Secretario del Comité Organizador del PNR, además de que

del reyismo a la reconstrucción (1885-1939), coord. César Morado Macías
(Monterrey: Fondo Editorial Nuevo León, 2007), XVII.
4
Isabel Ortega Ridaura y María Gabriela Márquez Rodríguez, Genesis y
evolución de la administración pública de Nuevo León (Monterrey: Fondo
Editorial Nuevo León, 2005), 169.
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�Desarrollo arquitectónico

su hermana, Elisa Saénz, contrajo nupcias con Plutarco Calles
Chacón.5 Una vez asumido el cargo, rápidamente hizo propuestas
para la reducción de otros impuestos en beneficio de los
empresarios y los convocó a una reunión para formular un nuevo
plan económico para el estado. El apoyo de los capitanes de la
industria al nuevo gobierno se fortaleció con la presencia del
General Andrew Almazán, nombrado jefe de operaciones del
cuartel regional en 1926, siendo integrado rápidamente a los
círculos sociales de la élite, y formando en contubernio con Aarón
Sáenz una mancuerna que haría rememorar al empresariado la
estabilidad y garantías del reyismo.6
La gestión de Saénz no tardó en llevar a cabo ajustes para
implementar las nuevas políticas. Hubo un avance importante en
el ramo de la educación, pues se expidió una nueva Ley de
Instrucción Pública bajo el esquema de la “escuela activa” que
5

Segundo hijo de Plutarco Elías Calles. Nació en Guaymas, Sonora, en 1901
y residió en Nuevo León desde 1921. En 1923 adquirió la Hacienda “La
Soledad de la Mota”, en General Terán, Nuevo León. Fue diputado local en
1927, gobernador interino en 1929, diputado federal de 1930 a 1932 y alcalde
de Monterrey de 1933 a 1934. Pasó a retirarse de la política tras postularse
como gobernador en 1935, dedicándose al cultivo de cítricos. Pedro Salmerón,
“Los orígenes de la disciplina priísta: Aarón Sáez en 1929”, Estudios, núm. 72
(primavera 2005): 101-131.
6
Alex Saragoza, La élite de Monterrey y el Estado mexicano 1880-1940
(Monterrey: Fondo Editorial Nuevo León), 168-170.
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�César Herrera

hacía hincapié en la formación de los maestros y la
profesionalización del magisterio, así como en la integración del
Consejo de Instrucción Pública al estado. Por otro lado, impulsó
la regularización del crecimiento de la capital con la creación de
la Dirección de Obras Públicas y la Ley de Planificación y
Construcciones. Así mismo, llevó a cabo el reordenamiento
financiero y fiscal mediante la nueva Ley de Hacienda del Estado
de 1927.
En el campo de la infraestructura, la administración
edificó nuevos proyectos como la Escuela Industrial Álvaro
Obregón, la Escuela Fernández de Lizardi (primera de las
escuelas monumentales), la pavimentación y ampliación de las
calles Morelos y Zaragoza, y la construcción de carreteras
mediante la creación de la Comisión de Caminos del Estado.7
Este fue el inicio de un despunte en la construcción de
infraestructura para la ciudad de Monterrey, cuyo precedente
sería retomado y desarrollado por sus sucesores.

César Morado Macías, “Los gobiernos de los generales de las Revolución
mexicana (1909-1943)”, en Del Reyno al Estado. Los gobiernos de Nuevo
León, 1579-2017, coord. Romeo Flores Caballero (Monterrey: Romeo Ricardo
Flores Caballero, 2019), 174.
7

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�Desarrollo arquitectónico

La modernización hacendaria
Para comprender la labor constructiva de estos años, es necesario
remitirse a la cuestión tributaria para dimensionar sus efectos y
entender los recursos invertidos en obras públicas. La nueva Ley
de Hacienda del Estado, aplicada a inicios de octubre de 1927,
comprendió

cuatro

principios:

generalidad,

uniformidad,

suficiencia y elasticidad en busca del equilibrio y reparto
equitativo del gasto público, además de dar un paso importante
en la uniformidad tributaria al armonizarla con la legislación
Federal y las disposiciones estatales y municipales. Los
principales añadidos a esta nueva ley, fueron la reforma al
artículo 138 para hacer coincidir el año fiscal con el natural, la
Ley de Impuestos sobre la Industria y el Comercio, la Ley
Económico-Coactiva, la modificación del impuesto predial, el
reajuste al gravamen sobre el comercio y la industria, el impuesto
adicional sobre los vehículos, así como la reorganización de las
oficinas recaudadoras y la capacitación de su personal, medidas
que aseguraron la mayor eficacia del nuevo sistema impositivo.8

8

Archivo General del Estado de Nuevo León (en adelante AGENL), Memorias
de Gobierno (en adelante MG), Aarón Saénz, 1927-1928.
Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-4

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�César Herrera

La gráfica 1 muestra el rendimiento de la ley de ingresos
en el ejercicio fiscal correspondiente a los años de 1924 a 1929.
En primer lugar, se aprecia una caída en los ingresos en 1925,
para manifestar un incremento constante en los siguiente tres
años; esta tendencia se acentúa hacia 1928, año en el que mejor
se refleja el resultado de la aplicación de la nueva Ley a inicios
de octubre de 1927, con una diferencia de 406,082 pesos con
respecto al periodo de recaudación anterior. Esta diferencia es
mayor en 1929, cuando se obtuvo una diferencia de 825,419
pesos con respecto a 1928, y de 1,231,501 con el año de 1927.
El éxito del sistema recaudatorio de Sáenz se debió a la
modernización del sistema hacendario, gracias a tres aspectos
primordiales: la reorganización de las oficinas recaudadores y de
su personal; la derogación del 25% federal sobre los impuestos
del estado; y la centralización y unificación de los impuestos. Los
resultados se reflejaron en la reducción del déficit fiscal y el
aumento en los ingresos del estado que repercutieron
directamente en el apoyo a la instrucción pública y la
infraestructura del estado, dándole importancia a la Comisión de
Caminos y a la Comisión de Irrigación, además de la edificación
de nuevos proyectos, como las ya mencionadas Escuela Álvaro
Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-4

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�Desarrollo arquitectónico

Obregón, la primera escuela monumental Fernández de Lizardi,
la pavimentación y ampliación de calles de la ciudad y la creación
de una nueva red de carreteras.9
Gráfica 1
Monto de los ingresos fiscales en Nuevo León (miles de pesos
corrientes), 1924-1929
2,500
2,000
1,500
1,000
500
0
1924

1925

1926

1927

1928

1929

Fuente: Elaboración propia con datos de AGENL, MG, Aarón Saénz.

Sin embargo, el triunfo de la reorganización hacendaria duró
poco, puesto que la tributación del Estado pasaría una situación
crítica en junio de 1931, al ver decrecer sus ingresos como
consecuencia de la crisis de 1929, que afectó el final de la

9

AGENL, MG, José Benítez, 1929-1930.
Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-4

171

�César Herrera

gubernatura de Sáenz y los inicios de la administración de
Francisco Cárdenas (1931-1933). Este último logró estabilizar la
crisis económica gracias a la autorización de una serie de
reformas y adiciones a la Ley de Hacienda, al aumentar dos
unidades el impuesto predial urbano de Monterrey y destinarlo a
la construcción de edificios escolares y obras de drenaje pluvial,
reactivando las labores de infraestructura en 1933 con la
continuación de las Escuelas Monumentales a iniciativa del
alcalde de Monterrey, Plutarco Elías Chacón.10
La nueva infraestructura pública
La década de 1930 es un periodo crucial para comprender el
desarrollo urbano de Monterrey, ya que en este periodo, de
acuerdo con Roberto García Ortega, “las tasas de crecimiento
demográfico, de urbanización y de industrialización alcanzaron
niveles sin precedentes”.11 Con relación a esto, Gustavo Herón
propone que el crecimiento de la ciudad se acentúa a partir de

10

AGENL, MG, Aarón Sáenz, 1930-1931; AGENL, MG, Francisco Cárdenas,
1931-1932 y 1932-1933.
11
Roberto García Ortega, “La conformación del área metropolitana de
Monterrey y su problemática urbana, 1930-1984”, en Nuevo León en siglo XX.
La industrialización: del segundo auge industrial a la crisis de 1982, coord.
Isabel Ortega Ridaura (Monterrey: Fondo Editorial Nuevo León, 2007), 40.
Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-4

172

�Desarrollo arquitectónico

1933 con tres tendencias centrales: “primero, la idea de demoler
lo antiguo y desgastado; segundo, construir nuevas obras
respetando las que ya estaban, y tercero, mantenimiento de la
ciudad antigua y construcción de nuevas estructuras fuera de los
límites territoriales”.12 Ese año coincidió igualmente con la
modernización de la esfera política en la administración
municipal, ya que durante la gestión de Plutarco Elías Calles
Chacón en la presidencia de Monterrey (1933-1934) se apoyó la
política de construcción de las “Escuelas Monumentales” y se
inició el nuevo Hospital Civil. Así, la política de “modernización
urbanística” que inició con el gobierno de Saénz fue continuada
por Calles, quien generó y aplicó reglamentos, emprendió
acciones de beneficio público, y efectuó “obras de salubridad,
vialidad, jardines públicos, sanidad, salarios y deportes”.13
Gustavo Herón Pérez Daniel, “La ciudad de Monterrey y los discursos
locales de modernización: reconstruyendo la esfera pública en 1933”, Estudios
de Historia Moderna y Contemporánea de México, núm. 42 (julio-diciembre
2011): 84, https://doi.org/10.22201/iih.24485004e.2011.42.30390
13
Pérez, 84. Para apoyar la idea de la modernización institucional iniciada
desde el periodo de Sáenz, puede mencionarse como ejemplo la aprobación de
la Ley de Planificación y Construcciones Nuevas para Monterrey en 1927, y
en 1931, la Ley de Servicios de Agua y Drenaje del Estado. Así mismo, un
reglamento complementario creó la Junta de Planificación, que actuaba en
compañía de la Junta de Mejores Materiales como un cuerpo consultivo
externo del ejecutivo y del ayuntamiento, intentando guiar y regular el notable
crecimiento que estaba sufriendo Monterrey con ayuda de las Juntas de
12

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-4

173

�César Herrera

En este sentido, una de las principales responsables de las
edificaciones de este periodo fue la empresa Fomento y
Urbanización (FYUSA), una constructora originaria de la capital
del país con gran participación en Monterrey. El surgimiento de
FYUSA fue producto del auge inmobiliario en la Ciudad de
México durante la presidencia de Álvaro Obregón (1920-1924) y
Plutarco Elías Calles (1924-1928), y no tardó en extenderse a
otras partes del país.14 En el noreste de México, el trabajo de esta
empresa puede verse reflejado en obras como la construcción de
la presa Don Martín o en obras del ingenio azucarero del Mante,
en 1928. De igual manera, ese mismo año comenzó en Monterrey
uno de sus

principales y más enigmáticos

proyectos

Mejoras Barriales. Las últimas dos fueron promovidas por el gobierno
municipal y sirvieron como instrumentos de modernización urbana. Ortega y
Márquez, Génesis y evolución de la administración pública de Nuevo León,
189-190.
14
En este periodo, como señala Valenzuela, “la industria de la construcción
recibió un considerable impulso al aumentar la población citadina de
manera exponencial, al facilitarse el cambio de uso del suelo de rural a
urbano, así como con la producción acelerada de insumos para
construcción”; esto se acompañó, además, de dos decretos del presidente
Obregón que otorgaban exenciones del impuesto predial y otras
contribuciones, factores que propiciaron el auge de los desarrollares
inmobiliarios. Alfonso Valenzuela, “Racionalidad y poder. Las élites en la
Ciudad de México, 1876-1940”, Iberoamericana 12, núm. 47 (2012): 19,
http://dx.doi.org/10.18441/ibam.12.2012.47.9-27
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-4

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�Desarrollo arquitectónico

arquitectónicos: la construcción del Palacio Federal, concluido en
1929. Así mismo, en 1930 la empresa continuó con la instalación
del drenaje pluvial y la construcción de la Escuela Industrial
Álvaro Obregón; en 1931 prosiguió con más labores de
pavimentación y con la construcción del Hotel Monterrey. En
1933 coincidieron la mayoría de los principales trabajos de la
empresa en la ciudad, pues inició la edificación del Círculo
Mercantil Mutualista, el proyecto de la Escuelas Monumentales,
la reconstrucción de escuelas como la Lázaro Garza Ayala,
Serafín Peña, Josefa Ortiz de Domínguez, el Aula Magna de la
Universidad de Nuevo León, entro otros proyectos.15
La reactivación económica a través del impulso a la obra
pública había sacado a la industria regiomontana del letargo en el
que se encontraba después de una serie de crisis en años
anteriores. Este esfuerzo requirió de la ayuda del empresariado
regiomontano, y por lo tanto, del reordenamiento del aparato
productivo, financiero y de servicios.16 En este sentido, la
15

Para la presencia de FYUSA en la infraestructura regiomontana, ver: El
Porvenir, 4 de mayo de 1930, 4 de junio de 1931, 4 de agosto de 1931 y 2 de
enero de 1933; así como Casas, Covarrubias y Peza, Concreto y efímero:
Catálogo de arquitectura civil de Monterrey 1920-1960.
16
Mario Cerutti, “Revolución, reconstrucción económica y empresariado en
Monterrey”, en Nuevo León en el siglo XX. La transición al mundo moderno:
del reyismo a la reconstrucción (1885-1939), coord. César Morado Macías
(Monterrey: Fondo Editorial Nuevo León, 2007), 198.
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�César Herrera

inversión en materia de construcción en Monterrey en los años
siguientes a 1930, puede ser apreciada en la siguiente gráfica,
elaborada con base en un oficio de la Cámara Nacional de
Comercio de Monterrey del 27 de noviembre de 1935, dirigida al
ingeniero de la ciudad Miguel Osuna y solicitando los datos
estadísticos de la valorización de las construcciones hasta ese
año.17
Gráfica 2
Valor de las inversiones en construcción (miles de pesos
corrientes), Monterrey, 1931-1934
4,500
4,000
3,500
3,000
2,500
2,000
1,500
1,000
500
0
1931

1932

1933

1934

Fuente: Elaboración propia con datos de AHMM, Civil.

17

Archivo Histórico Municipal de Monterrey (en adelante AHMM), Civil, vol.
632, exp. 30.
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�Desarrollo arquitectónico

Al interpretar los datos anteriores, sale a relucir en primera
instancia

el

descenso

de

presupuesto

que

sufren

las

construcciones debido a la reducción de los ingresos del estado
como consecuencia de la crisis de 1929. Una vez que éstos se
estabilizaron en 1933, fue posible erogar mayor presupuesto para
la reactivación de la obra pública en el año de 1934,
principalmente la destinada a las Escuelas Monumentales, con la
intención de reactivar la construcción y enfrentar el desempleo
masivo dando trabajo a los damnificados de los huracanes que
azotaron Tampico y Matamoros, así como a los repatriados de
Estados Unidos que llegaron a la ciudad.18
Gracias a esta inversión en obra pública, Monterrey
consiguió restablecer el ritmo de crecimiento que había tenido
antes de la Revolución Mexicana. El análisis de Mario Cerutti
sobre demografía empresarial, permite apreciar que hubo una
paulatina recuperación y que los empresarios habían arribado a la
Gran Depresión con relativa fuerza.19 Estas cifras en el ramo de
la inversión en obra pública permiten apreciar la importancia que

18

AGENL, MG, Aarón Sáenz, 1930-1931; y AGENL, MG, Francisco
Cárdenas, 1931-1932 y 1932-1933.
19
Cerutti, “Revolución, reconstrucción económica y empresariado en
Monterrey”, 200-201.
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�César Herrera

tomó la labor reconstructiva durante el periodo posrevolucionario
en Nuevo León y principalmente en su capital, creando una serie
de emplazamientos bajo el uso de nuevos materiales como el
concreto y el acero, que atendieron las nuevas exigencias
tecnológicas y mostraron un moderno lenguaje arquitectónico
que sirvió para distanciarse de los inmuebles edificados durante
el porfiriato con inmuebles como el Palacio Federal, las Escuelas
Monumentales y el Hospital Civil, en los que nos detendremos
brevemente en los siguientes apartados.
Palacio Federal
El edificio que inaugura el despunte constructivo de los gobiernos
posrevolucionarios en Nuevo León es el Palacio Federal, que se
construyó con recursos federales y es considerado el primer
rascacielos de la ciudad. Su objetivo fue albergar las distintas
oficinas administrativas dependientes de la Federación que se
hallaban desperdigadas por Monterrey, y cuyo antecedente se
remonta hasta la gubernatura de Porfirio G. González en 1920.20
Los preparativos del Palacio iniciaron tras el estudio de las
distintas dependencias que albergaría el inmueble, entre las
20

Archivo General de la Nación (en adelante AGN), Comunicaciones y Obras
Públicas (en adelante CyOP), Departamento de Edificios, c. 59, reg. 189740.
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�Desarrollo arquitectónico

cuales se encontraban las Oficinas de Correos, Telégrafos,
Hacienda, Ensaye, Verificadores de Pesas y Medidas, la Oficina
de la Cuarta Zona de Irrigación, además de las Secretarías de
Educación, Comisión Nacional Agraria, Contraloría, Agricultura
y Fomento, así como la Delegación del Departamento de
Salubridad, el Juzgado de Distrito, la Agencia del Ministerio
Público, el Tribunal de Circuito y una Bodega21.
Aunque el proyecto original era adaptar el Colegio Civil
para albergar las oficinas federales, esto no procedió; y fue hasta
el 20 de junio de 1928 en que el proyecto fue trasladado a un lote
anteriormente expropiado por el general Antonio I. Villarreal,
quien había adquirió el predio mediante permutas. El propietario
de la mayoría de este predio era el ayuntamiento de la ciudad,
mismo que fue adquirido por el estado mediante la permuta de
otras propiedades federales.22 El 26 de junio, durante una junta
21

AGN, CyOP, Departamento de Edificios, c. 59, reg. 189741.
Para este movimiento, el municipio cedió la Plaza de la República, y a
cambio de esto la federación regresó al estado dos de las seis cuadras cedidas
con anterioridad, las cuales se situaban al extremo poniente de la calzada
Madero, y que se habían destinado a la construcción de un cuartel y Plaza de
Armas. El acuerdo con la Secretaría de Hacienda fue que regresaran además
los lotes pertenecientes al Convento y Templo de San Francisco, así como el
edifico del ex-Arzobispado, para destinarlos a la ampliación de la Plaza
Zaragoza. A los antiguos propietarios de la Plaza de la República se les pagó
con ocho mil metros de ex-Seminario, cuyo predio pertenecía a FYUSA, y en
22

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�César Herrera

entre los representantes de FYUSA con el señor Ricardo Chavero,
Director de Bienes Nacionales, se acordaron las modificaciones
sugeridas por el Secretario de Hacienda y Crédito Público con un
contrato que ascendió a 645,000 pesos. Para el 4 de julio, la
empresa FYUSA remitió un oficio con las especificaciones para
la construcción del Palacio, en el que destacaba que la estructura
de fierro fue fabricada y armada por el Compañía Fundidora de
Fierro y Acero de Monterrey.23
El diseño del edificio advertía el carácter nacionalista y
modernizador de los nuevos gobiernos. Conforme a lo signado
por los directivos de la constructora, se especificaba que el
edificio debía “tratarse con carácter monumental dada la amplia
perspectiva que ofrece desde cualquier punto de la plaza”; y en
cuanto a su estilo, mencionaban que se habían adoptado
lineamentos arquitectónicos modernos “en virtud de que la
arquitectura Nacional de Monterrey carece de tradiciones de
importancia, y de que el carácter de la nueva y progresista Ciudad,
compensación por la cesión de este terreno, se le traspasaron a la empresa las
dos cuadras de la Calzada Madero situadas entre las calles Álvarez, Arteaga,
Las Flores y Reforma para construir sus almacenes. AGENL, Monumentos y
Edificios Públicos, Construcción del Palacio Federal, c. 3, exp. 1.
23
AGN, CyOP, Departamento de Edificios, c. 59, reg. 189741.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-4

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�Desarrollo arquitectónico

ya inicia su desarrollo dentro de estas normas”. Manuel Guerrero,
de la Sección Técnica y de Inspección de la Dirección de Bienes
Nacionales, sugirió que “el estilo que caracterice al Palacio
Federal […] se aparte del colonial, así como del que en la
actualidad se sigue en la mayoría de los edificios de los Estados
Unidos de América”24.
El contrato de la obra se celebró hasta el 17 de septiembre
y, nueve días después, se comisionó al arquitecto Jorge María y
Campos para trasladarse a la ciudad Monterrey e inspeccionar la
ejecución y cumplimiento de los trabajos. El 4 de octubre de
1928, durante la colocación de la primera piedra, se dieron cita
los jefes y personal de casi todas las dependencias durante la
ceremonia que, además, contó con la participación del
gobernador del estado, el Lic. Aarón Sáenz; el secretario de
gobernación José Benítez; el gerente de FYUSA, el sr. Federico
T. de la Chica; el presidente del ayuntamiento de Monterrey,
Jesús María Salinas y el Ingeniero de la Parra, ingeniero de la
constructora.25
24
25

AGN, CyOP, Departamento de Edificios, c. 59, reg. 189741.
AGN, CyOP, Departamento de Edificios, c. 59, reg. 189741.

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-4

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�César Herrera

Las labores fueron encabezadas por el arquitecto Manuel
Muriel, director de proyectos arquitectónicos de la referida
empresa, quien supervisó las labores de la obra según refiere
Carlos

Lupercio,

tomando

como

base

los

planos

y

26

especificaciones de Augusto Petriccioli, autor de proyecto. Los
trabajos en el edificio transcurrieron a lo largo de un año, durante
el cual solo fueron interrumpidos brevemente por el clima y por
acontecimientos militares como la Rebelión Escobarista.
Siguiendo con lo señalado por Lupercio, FYUSA, la contratista
encargada de la elaboración del edificio, conformó una de las más
altas cúpulas plutocráticas del momento, pues la labor
constructiva posrevolucionaria crearía un atractivo y lucrativo
negocio que involucraría a destacados políticos del periodo
gracias a la especulación del suelo urbano. En parte, esto explica
el interés de crear un nuevo edificio para las oficinas federales y
desechar el anteproyecto de adaptación del Colegio Civil,
atrayendo a personalidades como Aarón Sáenz, Plutarco Elías
Calles y su hijo, Plutarco Elías Calles Chacón, a la ejecución de
estas obras como un fructífero negocio.27
26

Carlos Alejandro Lupercio Cruz, La arquitectura posrevolucionaria del
noreste de México (1917-1940) (Monterrey: Centro de Documentación y
Archivo Histórico de la Universidad Autónoma de Nuevo León, 2016), 97.
27
Lupercio, 97.
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182

�Desarrollo arquitectónico

Política de las Escuelas Monumentales
Siguiendo los ideales posrevolucionarios, durante estos años
vieron la luz las referidas como “Escuelas Monumentales”, que
entre otras cosas sentaron la base y lineamientos de una moderna
infraestructura que inspiró a posteriores emplazamientos. A
finales de la década de 1920, la educación en Nuevo León se
encontraba bajo una reorganización producto de la primera Ley
de Instrucción Pública apoyada por el gobernador Aarón Saénz.
Durante esta época, hubo un notable cambio en la acción
pedagógica, transitando del positivismo decimonónico a la
escuela activa y los inicios de la educación socialista; se trató de
“un periodo de definición nacional, que culminó con una
reorientación del modelo económico y educativo hacia la Unidad
Nacional”.28
Dentro de la tipología de estas construcciones, es posible
identificar al menos cinco tipos de centros escolares
correspondientes a las distintas fases de las Escuelas
Monumentales influenciadas por el contexto político-económico
del momento. En primera instancia, se puede observar el primer
28

César Morado Macías e Ismael Vidales Delgado, La educación en Nuevo
León, 1927-1932. Volumen 4. (Monterrey: Colegio de Estudios Científicos y
Tecnológicos, Centro de Altos Estudios e Investigación Pedagógica, 2008), 8.
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�César Herrera

tipo de Escuela Monumental bajo lenguaje del academicismo
tardío expresado en la escuela Fernández de Lizardi (1928-1930),
planteada por Aarón Saénz. El segundo tipo de escuela, que no
vio la luz, fue el anteproyecto de la Escuela Plutarco Elías Calles,
cuyo diseño y planos fueron hechos por FYUSA; este edificio fue
una transición entre el proyecto de Aarón Saénz y el retomado
por Plutarco Elías Chacón, puesto que la crisis de 1929 y el déficit
en los ingresos del estado detuvieron momentáneamente la
construcción de nuevos centros escolares hasta 1933.
En ese último año continuaron los proyectos de Escuelas
Monumentales bajo la tutela del nuevo alcalde de la ciudad, quien
autorizó la construcción de tres escuelas (Abelardo L. Rodríguez,
Revolución y Francisco I. Madero), bajo un esquema de
construcción simple y austero que permite distinguir la tercera
tipología de escuela. Al terminar el periodo de Calles Chacón, su
remplazo, Heriberto Montemayor, continuó con el plan de su
antecesor al erigir un cuarto tipo de escuela (Nuevo León y
Monterrey) bajo una tendencia decorativista. Por último, estuvo
la nueva Escuela Plutarco Elías Calles, iniciada en 1933 y
terminada hacia 1942, con características decorativas aún más
estilizadas que su variante streamline; este sería el último tipo de
Escuela Monumental reconocible.
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�Desarrollo arquitectónico

De acuerdo con el Informe de actividades del
Ayuntamiento en el año de 1934, el programa de las Escuelas
Monumentales durante el periodo de Plutarco Elías Calles
Chacón consistió en la construcción de 4 planteles educativos
aprobados por la junta de Mejores Materiales, “edificios escolares
de amplia capacidad y que reunieran además los requisitos de
comodidad, higiene y salubridad”, según refiere. Durante el
primer año de la administración quedaron listos dos de los cuatro
edificios y fueron puestos al servicio del gobierno del estado; para
el año de 1934, aún quedaban pendientes dos edificios por
concluir, la Escuela Garza Ayala y la Escuela Francisco I.
Madero.29 Por otro lado, el plan de Gobierno para los años de
1935 a 1936, aprobado el 31 de octubre de 1934 por el Comité
municipal del PNR, reconoció la labor realizada por la
administración en la edificación de diversos planteles educativos,
e incentivaba a que el ayuntamiento “prosiga tan loable y
necesaria tarea, que viene siendo, por su magnitud, obra de varias
administraciones”, recomendando, también, la edificación de al
menos

“tres

escuelas

convenientemente”.
29
30

del

tipo

de

las

construidas

30

AHMM, Civil, v. 596, exp. 1.
AHMM, Civil, v. 601, exp. 1.

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�César Herrera

Para el emplazamiento de las escuelas, se localizaron
zonas de la ciudad donde la población escolar fuera muy
numerosa y careciera de planteles educativos. La primera de las
escuelas construidas fue la Presidente Abelardo L. Rodríguez, en
la colonia Independencia; la segunda fue la Escuela de la
Revolución, en la colonia Industrial; la tercera la Escuela Lázaro
Garza Ayala, modernizada y acondicionada con alberca, ubicada
en el primer cuadro de la ciudad; la cuarta fue la Escuela Plutarco
Elías Calles erigida por el estado sobre la Calzada Madero; y, por
último, la Escuela Francisco I. Madero, ubicada en la colonia
ASARCO. La administración del gobernador Francisco Cárdenas
reconoció esta nueva labor que en infraestructura escolar había
desempeñado el presidente municipal, mencionando:
[…] Plutarco Elías Calles Jr., ha emprendido una brillante labor
de construcción de edificios escolares tendiente a satisfacer una
exigencia social manifiesta desde hace tiempo. El programa
desarrollado en esta materia servirá de norma a los futuros
Ayuntamientos hasta dejar resuelta definitivamente esta
necesidad.31

Al terminar la administración de Plutarco Elías Calles Chacón, su
sucesor, el Lic. Heriberto Montemayor, continuó con el mismo

31

AGENL, MG, Francisco Cárdenas, 1932-1933.

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�Desarrollo arquitectónico

plan de infraestructura escolar. Durante su administración se
planteó la construcción de dos nuevas Escuelas Monumentales en
la ciudad, para lo que se acordó edificar la Escuela Monterrey en
la parte norte de la ciudad, a espaldas del Mercado del Norte; y la
Escuela Nuevo León recargada hacia el Oriente, en la manzana
formada por las calles Félix U. Gómez e Isaac Garza.
El lenguaje arquitectónico utilizado para los edificios
referidos se proyectó dentro del “estilo modernista de líneas
rectas y de sencilla arquitectura, pudiendo decirse que ante todo
se

construyeron

locales

útiles,

cómodos

e

higiénicos,

prescindiendo de todo motivo innecesario”. El informe del
Departamento de Obras públicas expone lo siguiente sobre estas
construcciones:
Las escuelas se proyectaron dentro del estilo modernistas, que
utiliza exclusivamente todos los motivos de construcción para
su arquitectura, rindiendo una gran economía, que en este caso,
facilitó el aprovechamiento íntegro del presupuesto dedicado a
este objeto, en locales útiles.32

Hacia 1940, el gobernador Bonifacio Salinas, en su informe de
gobierno del año correspondiente, recalcaba la política de las
Escuelas Monumentales que administraciones anteriores habían
32

AHMM, Civil, vol. 597, exp. 83.

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�César Herrera

mantenido. Mencionó que con ella se conseguía también la
cooperación más estrecha entre el magisterio, que reunido en
mayor número dentro del mismo edificio hacía más eficaz su
mutua ayuda en el desempeño de las labores escolares; además,
se lograba un mejor control en la Dirección, tanto de métodos
pedagógicos como de la doctrina filosófica que sustentaba la
Escuela de la Revolución. Destacó también que, para su
construcción, las escuelas contaron no sólo con el apoyo del
gobierno del estado, sino con la cooperación de las
administraciones Municipales y de los ciudadanos, que se
vincularon por medio de la Junta de Mejoras Materiales para
reunir dinero por medio de festejos con fines de cooperación.33
Hospital Civil
En cuanto al ramo de Salud, es esencial hacer alusión al moderno
edificio del Hospital Civil (luego Hospital Universitario), cuyo
primer proyecto quedó únicamente en el tintero hasta que en 1932
fue elaborada una nueva propuesta por el Gobernador Francisco
Cárdenas. Según el Dr. Hernán Salinas, exdirector del hospital y
considerado el cronista de la institución, la proyección de un

33

AGENL, MG, Bonifacio Salinas, 1939-1949.

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�Desarrollo arquitectónico

nuevo edificio data de 1928, cuando su entonces director, el Dr.
Jesús María González Flores, expuso la necesidad de edificar un
nuevo nosocomio con mayor capacidad para la ciudad. Este
proyecto llegó a oídos del arquitecto Jorge María y Campos,
oriundo de la Ciudad de México, quien fue comisionado a
Monterrey por la Dirección de Bienes Nacionales para supervisar
e inspeccionar la ejecución de las obras del Palacio Federal. El
arquitecto Campos, informado por la prensa de este plan, envió
un oficio al gobernador para proponer la realización de un
concurso nacional con la finalidad obtener las mejores tres
propuestas, pues la intención de proyectar este edificio era que
“no sólo fuese un buen alojamiento para los enfermos, sino un
sello de la arquitectura moderna mexicana”.34
Este primer proyecto no fue concluido, por lo que se tuvo
que esperar hasta la década de los treinta para ver la luz de una
nueva iniciativa. El antiguo Hospital Civil se encontraba en
34

Aunque el cronista aludido no cuenta con referencias pertinentes o
necesarias, cotejando la información obtenida hasta el momento con la
exposición de Salinas, se llegó a la conclusión de que los datos que suministra
son verosímiles, pues el Arquitecto al que refiere efectivamente tenía
relaciones y presencia en la ciudad de Monterrey, mismas que son
corroborados por lo encontrado en el AGN. Hernán Salinas, Visión histórica
del Hospital Civil de Monterrey “Dr. Gonzalitos”: centenario de su muerte,
1888-1988 (Monterrey: Ediciones Castillo, 1999), 66-69.
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�César Herrera

deterioro y sobrepasado, por lo que desde la toma de posesión del
gobernador Francisco Cárdenas, en 1931, éste expresó el
compromiso de edificar un nuevo edificio para el hospital que
correspondiera con la necesidad de la ciudad y en general del
estado. En este documento indica lo siguiente:
Si bien es verdad que la población, con el crecimiento y
desarrollo que en todos los sentido ha venido alcanzando en los
últimos años, demanda la construcción de un Hospital a la
altura de sus exigencias, lo cierto es, igualmente, que aun
careciendo de propiedades de acondicionamiento, nuestro
actual Hospital González ha venido llenando las funciones que
le corresponden con un celo y atingencia merecedor de todo
encomio […] El gobierno, atento a responder dentro de sus
posibilidades a las urgencias más esenciales de la población,
viene ya dando todos los pasos que convienen para dotar a la
ciudad de un Hospital que reúna las condiciones de suficiencia
de la época.35

Para esta labor, se formó un comité técnico para la asesoría y
elaboración del proyecto, conformado principalmente por
médicos como Francisco L. Rocha, designado presidente; el
director del hospital Serapio Muraira; el director de la Escuela de
Medicina, Procopio González; así como los doctores Ángel
Martínez, Francisco Vela y Telésforo Chapa. La primera
propuesta del comité fue solicitar a la Asociación Americana de
35

AGENL, MG, Francisco Cárdenas, 1931-1932.

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�Desarrollo arquitectónico

Hospitales un médico especializado como consultor del proyecto,
designando al Dr. Henry Walsh para esta tarea. Sus
especificaciones sirvieron al ingeniero Eduardo Belden y al
arquitecto Leopoldo Quijano para elaborar los planos del
Hospital, contratando además al ingeniero Alexander Smero para
la parte mecánica.36
El nuevo nosocomio, por lo tanto, quedó ubicado al oeste
de la ciudad, cerca del Cerro de las Mitras, particularmente
alejado del primer cuadro urbano pero muy cerca de la colonia
Vista Hermosa. Se eligió para este fin un terreno de 30 hectáreas
sobre la Calzada Madero, cuyos propietarios eran F. Armendáriz
Sucs. y Santiago T. Belden, que vendieron el terreno a un costo
de 55,455 pesos.37 Se eligió dicho lugar por indicación de Walsh,
previendo el futuro crecimiento del Centro Médico, además de
estar apartado del área conurbada de la ciudad, pues era fresco y
ventilado, alejado del ruido y del humo de las fábricas gracias a
los “aires reinantes en Monterrey”.38
Una vez concluidos los estudios preliminares, el 11 de
mayo de 1931 el Congreso expidió una ley en la que autorizaba
36

AGENL, MG, Francisco Cárdenas, 1932-1933.
AGENL, MG, Francisco Cárdenas, 1932-1933.
38
AGENL, MG, Francisco Cárdenas, 1931-1932.
37

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�César Herrera

la creación de un Comité Pro-Nuevo Hospital, liderado por el
gobernador Francisco Cárdenas y representantes de otras
instancias. Se designó al ingeniero Antonio Sava como jefe de los
trabajos para la proyección de un nuevo y moderno edificio,
preparando los estudios técnicos iniciales correspondientes en
espera de que la obra se hiciera “con todos los adelantos actuales,
como construcción, higiene, acondicionamiento y dotación”.39
La construcción comenzó el 3 de mayo de 1933 con una
ceremonia de inauguración en la estuvieron presentes el Comité
técnico, el gobernador, así como los estudiantes de medicina. Las
labores avanzaron rápidamente, ya que el 24 de mayo se había
hecho el primer vaciado de cimentación que terminó en agosto,
así como con las columnas subterráneas. El trabajo prosiguió para
que, a finales de 1934, estuviera concluida la obra gruesa del
edificio. Tras la renuncia de Francisco Cárdenas, el gobernador
sustituto, Pablo Quiroga, procuró continuar con las obras, pero
éstas se pospusieron por un tiempo debido a la inestabilidad
política que provocó el rompimiento entre el presidente Lázaro
Cárdenas y su antecesor, Plutarco Elías Calles.

39

AGENL, Salud, Hospital González, c. 3, exp. 3.

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�Desarrollo arquitectónico

Fue hasta la gubernatura de Bonifacio Salinas (19391943) cuando se le dio el impulso para su conclusión. Cuando
éste asumió el cargo, detalló que el nosocomio tenía únicamente
terminada la estructura del edificio, las paredes exteriores y sus
ventanas, teniendo, por decirlo, solamente el “cascarón”.40
Finalmente, el edificio se inauguró simbólicamente el 3 de
octubre de 1943. La recién fundada Universidad de Nuevo León
(1933) vio integrarse la Escuela de Medicina como una de sus
primeras facultades hacia 1944, uniéndose tanto el Hospital Civil
como la Facultad de Medicina en un solo organismo bajo la
dirección de esta última, lo que permitió estabilizar su
funcionamiento durante este periodo y lograr que los alumnos
realizaran sus prácticas en el Hospital, convirtiéndose así en una
de las primeras instituciones del país en implementar ese
sistema.41
La huelga de Sindicato de Obreros Industriales de la
Construcción
Las labores llevadas a cabo por la empresa Fomento y
Urbanización, encargada de buena una buena parte de las
40
41

AGENL, MG, Bonifacio Salinas, 1942-1943.
AGENL, MG, Bonifacio Salinas, 1942-1943.

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�César Herrera

construcciones durante este periodo, fueron interrumpidas por la
huelga llevada a cabo por sus trabajadores conglomerados dentro
del Sindicato Industrial de Obreros de la Construcción. Éstos se
manifestaron debido a las desavenencias que la mencionada
empresa tuvo con los trabajadores en lo referente a las exigencias
de saldos pendientes, vacaciones pagadas, desocupación y
despido injustificado de obreros, mismas que se demandaron en
un pliego petitorio el 23 de julio de 1935.42
Siguiendo con los hechos, el día 29 del mismo mes, la
Junta de Conciliación y Arbitraje invitó a ambas partes para limar
asperezas en una plática conciliatoria. Sin embargo, la Compañía
Fomento y Urbanización declaró las anteriores peticiones del
sindicato improcedentes, agregando que estas no eran causa de
huelga. Debido a que las exigencias de los obreros no se
cumplieron satisfactoriamente, el día 31 de julio se declaró el
movimiento de huelga aludiendo a la Ley Federal de Trabajo,
específicamente a los artículos 264 y 265. La huelga tomó lugar
en las obras realizadas por la constructora en ese momento, y sus
obreros tomaron lugares de trabajo como la Escuela Oriente, la
Escuela Plutarco Elías Calles, la Construcción del Lic. Pablo
42

AGENL, Junta de Conciliación y Arbitraje, c. 28, exp. 1.

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�Desarrollo arquitectónico

Quiroga, la Construcción de la Srita. Z. Rocha, la Universidad de
Nuevo León, el Almacén General y las Oficinas Generales.43 El
periódico El Porvenir confirmaba los hechos mencionados en la
nota del 4 de agosto, donde reiteraba los perjuicios que causaba
la huelga al municipio y aseveraba que las labores en la Escuela
Oriente estaban por acabar.44
La escalada del conflicto fue tal que ganó la atención de
diferentes sindicatos que apoyaron la causa obrera.
Organizaciones como el Sindicato de Obreros y Empleados de la
Compañía Mexicana de Petróleo el Águila, El Sindicato de
Trabajadores de la Industria Eléctrica de San Luis Potosí y La
Liga de Patrones, Motoristas, Marineros y Similares, pidieron al
Ayuntamiento y a la Junta de Conciliación y Arbitraje la
resolución rápida del conflicto. En un oficio del 27 de agosto de
1935, mencionan que:
El presidente municipal de Monterrey, N.L., siguiendo una
política antiobrerista, su política de colaboración con los
capitalistas ha lanzado amenazas diciendo que a la llegada del
Gobernador se tomaran las medidas se crean más convenientes
y que no está dispuesto a que las obras del Estado y del
Municipio.45
43

AGENL, Junta de Conciliación y Arbitraje, c. 28, exp. 1.
“La huelga de la Fyusa causa serios perjuicios al Municipio”, El Porvenir, 4
de agosto de 1935, 5.
45
AHMM, Civil, vol. 621, exp. 51.
44

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El 5 de septiembre, El Porvenir de nueva cuenta exponía del
estado de huelga a dos meses de haber estallado, mencionando
que el conflicto estaba a punto de revolverse, “pues tanto la
empresa como los trabajadores han estado mostrando un franco
espíritu

de

conciliación”;

además,

agregaba

que

las

desavenencias estarían resueltas a más tardar el viernes de esa
semana. Estas pláticas conciliatorias no resultaron como se
esperaba, por lo que el conflicto continuó por varios años más.46
Debido a que las labores quedaron suspendidas en la escuela
Monterrey y Nuevo León, el municipio de Monterrey se vio en la
necesidad de rescindir el contrato con FYUSA, pues a un mes de
estallado el conflicto, los propietarios de fincas en construcción
expresaban su interés de terminar sus contratos con la compañía,
“con el objeto de quedar libres de las banderas rojas y desligarse
del conflicto [ya] que no tienen necesidad de verse afectados en
sus intereses, por ese concepto”.47
La disidencia llegó a las puertas del gobernador del estado
Pablo Quiroga (1933-1935), quien también se vio inmiscuido y

“Arreglos entre huelguistas y patronos”, El Porvenir, 5 de septiembre de
1935, 4.
47
“Sin esperanzas de llegar a una pronta resolución. Siguen en pie las huelgas
del Casino Monterrey y de la FYUSA”, El Porvenir, 20 de agosto de 1935, 5.
46

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afectado por la detención de las obras de construcción en su casa.
Su papel fue el de mediador entre obreros y patrones, de lado de
La Junta de Conciliación. Sin embargo, después de cancelar los
contratos de construcción con la referida empresa para
deslindarse de la huelga, los obreros prosiguieron con la toma de
estas instalaciones retrasando aún más la inauguración de
edificios como la Escuela Calles y el Aula Magna del Instituto
Superior de Cultura.
La situación fue incierta los siguientes meses. En 1936, el
nuevo gobernador, Anacleto Guerrero Guajardo, expresaba su
compromiso para resolver el asunto con la compañía FYUSA.48
En marzo, gracias a la coyuntura política que representó la visita
de Lázaro Cárdenas a Monterrey, el presidente recibió en el
Palacio de Gobierno a numerosas comisiones de obreros y
campesinos, entre los que se encontraban los trabajadores de
FYUSA, enfrentados con sus patrones por más de un año. Al
parecer esta audiencia surtió efecto, ya que el mes siguiente
compañías como Vidriera y la mencionada Fomento y
Urbanización, tuvieron que indemnizar a sus obreros pagando

“Se resolverá el asunto de la FYUSA”, El Porvenir, 16 de noviembre de
1936, 4.
48

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�César Herrera

partidas de 25,000, de 500 y de 43,550 pesos con motivo de la
huelga de sus operarios.49
El caso anterior se puede situar en el contexto de la
política cardenista y su rompimiento con Calles, lo que avivó el
resurgimiento del movimiento obrero en todo el país. Es durante
este periodo que surge la Central Regional de Defensa Proletaria
(CRDP) en Nuevo León, que convocó a sus afiliados y
simpatizantes a manifestarse expresamente en contra del
callismo, representado por la figura de Plutarco Elías Calles
Chacón, presidente municipal en el momento. La escalada de la
situación llevó a los capitanes de la industria, la tercera
generación de la burguesía regiomontana, a desafiar al gobierno
realizando el primer paro empresarial en la historia de México el
5 de febrero de 1936. En palabras de Meynardo Vázquez, los
empresarios: “Extraviaron la brújula y perdieron la memoria
política que sus ancestros adquirieron […] esta nueva generación
opacó la capacidad conciliadora y oportunista que ejercieron en
la revolución sus padres y abuelos, quienes nunca rompieron sus
ligas con el poder público.50
“Los independientes y los rojos celebran juntos pláticas con el Gral.
Cárdenas”, El Porvenir, 11 de febrero de 1936, 4; y “La Vidriera pagó la
indemnización de 35 mil”, El Porvenir, 22 de marzo de 1936, 5.
50
Meynardo Vázquez Esquivel, “Los días previos a la CTM en Nuevo León,
1935-1936”, en Entre Montañas y Sierras. Resistencia y organización laboral
49

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�Desarrollo arquitectónico

Consideraciones finales
Como fue expuesto, la proliferación de nuevas construcciones en
la ciudad de Monterrey obedeció al plan de reconstrucción
nacional. Este esfuerzo requirió de la ayuda del empresariado
regiomontano y de su industria, por lo tanto, de una buena
relación entre el estado y el empresariado. En esta tarea, la labor
de Aarón Saénz fue primordial para estabilizar la situación
política de la entidad después de una serie de administraciones
convulsas. En este sentido, su gestión como gobernador fue más
allá de ser un mero conciliador de intereses, pues su labor
hacendaria permitió que el estado contara con los recursos
necesarios

para

invertirlos

en

una

serie

de

nuevos

emplazamientos.
El primer edificio que siguió estos lineamientos fue el
Palacio Federal que, si bien se construyó con recursos de la
federación, sentó un antecedente para la infraestructura y fincó la
presencia de FYUSA en la ciudad. Por otra parte, en las Escuelas
Monumentales y en el Hospital Civil es donde mejor se aprecia
la inversión de los recursos del estado y el municipio producto la
reorganización fiscal. Aunque se maneje el doble discurso de
en Monterrey en el siglo XX, coord. Lylia Palacios Hernández (Monterrey:
Universidad Autónoma de Nuevo León, 2017), 140-141.
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bonanza para el emplazamiento de nuevos edificios y, por otro
lado, la falta de solvencia de las administraciones para liquidar
los inmuebles ya erigidos, ambas posturas contradictorias pueden
explicarse debido a la mala gestión del erario público y sus
inversiones, particularmente por los intereses personales de
Plutarco Elías Chacón y su interés en proyectarse políticamente
para la gubernatura del estado durante las elecciones de 1935.
Este despunte constructivo no duró demasiado, ya que
obedeció a una coyuntura histórica dentro del proceso de
construcción del estado posrevolucionario. Los acontecimientos
políticos que experimentó la ciudad hicieron que fuera un periodo
delimitado en el que la obra pública de los gobiernos emanados
de la Revolución tuvo su esplendor. Aquí se propone que esa
tentativa periodización puede ubicarse a partir de la gubernatura
de Aarón Sáenz, hasta la huelga de obreros de FYUSA en 1935,
que coindice con el rompimiento de Lázaro Cárdenas con
Plutarco Elías Calles, marcando la transición del Maximato al
Cardenismo y el ambiente político que este generó.
Dicho suceso es esencial para comprender el proceso de
edificación, pues es necesario no solo remitirse a las políticas,
recursos y a la constructora que llevó a cabo los edificios
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�Desarrollo arquitectónico

referidos, sino a las docenas de obreros que participaron en estas
edificaciones, dicha perspectiva es de importancia considerando
que hasta ahora las investigaciones que ahondan sobre el tema,
han dejado de lado a actores sociales tan esenciales como lo son
obreros de las construcción, pasando a centrarse en figuras como
ingenieros y arquitectos dejando de lado el protagonismo de los
trabajadores en una etapa coyuntural para la construcción del
Estado mexicano como lo fue el conflicto obrero, puesto que, la
gran militancia de este movimiento y el apoyo que obtuvo por
parte de Cárdenas, afectaron las labores de construcción por el
estado de huelga de su sindicato que, en exigencia de sus
derechos, detuvieron los trabajos en los edificios anteriormente
mencionados obstaculizando su conclusión y abonando al fin del
despunte constructivo de este periodo.
Referencias
Archivo
Archivo General del Estado de Nuevo León
Archivo General de la Nación (México)
Archivo Histórico Municipal de Monterrey
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201

�César Herrera

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Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-4

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�Los mexicotejanos frente la Comisión de
Reclamaciones del estado de Texas, 1856-1858
The mexicotejanos in front of the Texas Court of Claims,
1856-1858
Jesús F. de la Teja
Regents’ Professor Emeritus
University Distinguised Professor Emeritus of Texas State University
orcid.org/0000-0003-3744-7968

Resumen: Después de la declaración de independencia de Texas (1836)
y del tratado de Guadalupe Hidalgo (1848), los mexicanos que
quedaron al norte del río Bravo tuvieron una posición ambivalente
frente a la ley. En este artículo, estudio la problemática de los
mexicotejanos ante la Texas Court of Claims a través de los procesos
de lotificación de terrenos y analizo los rechazos de reclamaciones
escritas y la desestimación de credibilidad hacia ellos. Hago tres
conclusiones preliminares: primero, que estos casos reforzaron los
estereotipos y el racismo; segundo, que el valor de la ciudadanía de los
mexicotejanos fue puesta en duda por los comisionados anglotejanos;
y tercero, que los especuladores de tierras se aprovecharon de ellos y
contribuyeron al deterioro de sus derechos. En un grado considerable,
los resultados de este proceso fomentaron la discriminación y
segregación que continuó hasta mediados del siglo XX.
Palabras clave: Mexicotejanos; racismo; Comisión de Reclamaciones;
Texas; frontera.
Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-5

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�Jesús F. de la Teja

Abstract: After the Texas declaration of independence (1836) and the
Treaty of Guadalupe Hidalgo (1848), Mexicans who remained north of
the Rio Grande had an ambivalent position before the law. In this
article, I address the problem of Tejanos before the Texas Court of
Claims through the land subdivision processes and analyze the
rejections of written claims and the denial of credibility towards them.
I made three preliminary conclusions. First, these cases reinforced
stereotypes and racism; second, the Anglo-Texan commissioners
questioned Tejano citizenship's value; and third, land speculators took
advantage of Tejanos and contributed to the deterioration of their rights.
To a considerable degree, the outcomes of this process added to the
increasing discrimination and segregation that continued until the mid
20th century.
Keywords: Tejanos; racism; Court of Claims; Texas; borderlands.

Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-5

206

�Los mexicotejanos

Introducción
La situación de los mexicotejanos dentro de la sociedad
angloamericana tejana se deterioró progresivamente en el
transcurso del siglo XIX. Las obras de Arnoldo De León, David
Montejano y otros estudiosos del tema han demostrado el alto
nivel de prejuicio racial confrontado por los mexicotejanos en
muchas partes del estado.1 Los anglotejanos “consideraban a los
mexicanos como gente de color, notaban su ascendencia indígena
y los identificaban como negros dentro de la sociedad. En
principio y efectivamente, a los mexicanos se le consideraba una
nación relacionada a la blanca, pero una raza aparte”.2 Aunque la
ley les concedía igualdad con los anglotejanos, los mexicotejanos
pronto se vieron, y se quedaron por más de un siglo, en
condiciones de inferioridad.
1

Ver, por ejemplo, William D. Carrigan y Clive Webb, Forgotten Dead: Mob
Violence against Mexicans in the United States, 1848-1928 (New York:
Oxford University Press, 2013); Robert J Rosenbaum, Mexicano Resistance in
the Southwest: “The Sacred Right of Self-Preservation” (Austin: University of
Texas Press, 1981); Jerry D Thompson, Cortina: Defending the Mexican Name
in Texas (College Station: Texas A&amp;M University Press, 2007); Elliott Young,
Catarino Garza’s Revolution on the Texas-Mexico Border (Durham: Duke
University Press, 2004).
2
Arnoldo De León, They Called Them Greasers: Anglo Attitudes Toward
Mexicans in Texas, 1821-1900 (Austin: University of Texas Press, 1983), 104.
[Nota del Autor: en este ensayo todas las traducciones son responsabilidad del
autor].
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�Jesús F. de la Teja

A pesar del considerable número de investigaciones sobre
los mexicotejanos del siglo XIX encaminadas durante las últimas
tres décadas, en particular sobre su aislamiento social,
marginalización económica y privación de derechos políticos,
poco se ha escrito sobre la posición de los mexicotejanos frente a
la ley. Aunque por mucho tiempo se han reconocido y hasta se
han aplicado ciertos aspectos del derecho español-mexicano
dentro de los sistemas legales tejano y estadounidense, se han
hecho pocos esfuerzos por examinar cómo la legislación tejana
trataba a los mexicotejanos.3 Tanto los motivos para intentar la
codificación de un tratamiento “equitativo”, por un lado, como la
discriminación abierta dentro del derecho tejano, por el otro,
necesitan todavía ser investigados.

3

Ver, por ejemplo, Mark M Carroll, Homesteads Ungovernable: Families,
Sex, Race, and the Law in Frontier Texas, 1823-1860 (Austin: University of
Texas Press, 2001); Jean Stuntz, Hers, His, and Theirs: Community Property
Law in Spain and Early Texas (Lubbock: Texas Tech University Press, 2005);
Betty Eakle Dobkins, The Spanish Element in Texas Water Law (Austin:
University of Texas Press, 1959); James P Hart, “Oil, the Courts, and the
Railroad Commission”, Southwestern Historical Quarterly 44, núm. 3 (1941):
303–20; Walace Hawkins, El Sal del Rey: Fixing Title to. (Austin: Texas State
Historical Association, 1947); Charles R Porter Jr., Spanish Water, Anglo
Water: Early Development in San Antonio (College Station: Texas A&amp;M
University Press, 2009).
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�Los mexicotejanos

Este ensayo presenta algunos hallazgos preliminares
sobre el tratamiento legislativo en relación a los mexicotejanos.
Escogí el tema de los mexicotejanos frente la Comisión de
Reclamaciones4 porque surge del trabajo que he hecho
previamente sobre la especulación del suelo en la época anterior
a la guerra civil norteamericana. Además, se dirige a cuestiones
sobre la ambivalencia de los anglotejanos hacia el status
sociolegal de los mexicotejanos durante aquella época. Mientras
que el objeto y carácter de la comisión serán discutidos en torno
a

los

reclamantes

mexicotejanos,

otros

aspectos

del

funcionamiento y jurisdicción de la comisión quedan fuera del
ámbito de esta obra. También me limito a los primeros dos años
de la comisión, el periodo durante el cual he examinado el mayor
número de fuentes. Este periodo cubre la comisión durante el
tiempo en el cual la mayoría de las reclamaciones originales se
presentaron y durante el cual la legislatura estatal estuvo
activamente involucrada en la adjudicación de los reclamos.
Los mexicotejanos y la especulación del suelo
La forma en la que más sufrió la población mexicotejana durante
el siglo XIX fue en la disminución de su acceso a la propiedad
4

Court of Claims.
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�Jesús F. de la Teja

del suelo. Como indica David Montejano en su ya clásico Anglos
and Mexicans in the Making of Texas, “no solo falló el nuevo
derecho americano en proteger a los mexicanos, sino que se usó
como el más importante instrumento en su despojo”.5 El aspecto
más estudiado de este despojo ha sido la pérdida de las mercedes
de tierras en el área de la cesión tamaulipeca, esto es, la parte de
Texas al sur del Río Nueces.6 Como Galen Greaser y yo
señalamos en nuestro artículo sobre la comisión estatal encargada
de investigar las concesiones de tierras españolas y mexicanas en
esa parte del estado antes que el estado de Texas estableciera su
control, el nuevo gobierno tenía un interés práctico en respetar
cuantos

títulos

fuera

posible.

Abogados,

ganaderos

y

especuladores ya habían adquirido sustanciales derechos sobre
terrenos mexicanos en la región y una invalidación llana de esos
títulos malograría esos nuevos intereses. El gobierno tejano
enfrentaría además no solo una insurrección de los terratenientes
mexicotejanos, sino también la enemistad de numerosos
5

David Montejano, Anglos and Mexicans in the Making of Texas, 1836-1986
(Austin: University of Texas Press, 1987), 52.
6
El primer estudioso que lidia con la cuestión del despojo de los mexicotejanos
en la región del Sur de Texas fue Paul S. Taylor. Para consultar en: Paul S
Taylor, An American-Mexican Frontier: Nueces County, Texas (New York:
Russell &amp; Russell, 1971).
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210

�Los mexicotejanos

angloamericanos influyentes que habían adquirido un interés
económico en la región. Así y todo, por muchos años la
legislatura se negó a aceptar la validez de aquellos títulos
emitidos por las autoridades mexicanas en el periodo entre la
declaración de independencia de Texas (1836) y el Tratado de
Guadalupe Hidalgo (1848), señalando que la jurisdicción
mexicana había vencido.7
El Sur de Texas no era el único lugar donde los
mexicotejanos enfrentaban despojo y deslocalización. Menos
estudiada ha sido la compraventa de derechos de suelo por
reclamantes mexicotejanos y especuladores durante la época de
la república. En un esfuerzo por cumplir con la promesa hecha
por el gobierno rebelde de respetar los derechos a tierras de todo
residente en pro de la república que había llegado a Texas antes
del 2 de marzo de 1836 (fecha de la declaración de
independencia), el congreso de la república organizó comisiones
de tierras en todos los condados. Estas comisiones locales estaban
7

Por una ley de diciembre de 1836, la República de Texas declaró el Río Bravo
la frontera con México, de tal modo que el estado de Texas no reconocía el
derecho de Tamaulipas o Coahuila de emitir títulos al norte del río. Galen D.
Greaser y Jesús F. De La Teja, “Quieting Title to Spanish and Mexican Land
Grants in the Trans-Nueces: The Bourland and Miller Commission, 18501852”, Southwestern Historical Quarterly 95, núm. 4 (1992): 464.
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�Jesús F. de la Teja

encargadas de repasar cada petición, tomar testimonio y emitir un
certificado por la cantidad correspondiente al aprobarse la
solicitud.

Los

especuladores

se

aprovecharon

de

los

mexicotejanos necesitados, quienes habían resultado más
afectados por las hostilidades entre México y Texas.
Desconociendo sus prerrogativas y tentados por el dinero en
efectivo que se les ofrecía, vendieron sus derechos tanto
poseedores legítimos como ilegítimos. Un residente anglotejano
de San Antonio, Lancelott Smithers, le reportó al comisario de la
Comisión de Tierras estatal8 que:
Los ciudadanos de Laredo (como buenos tejanos) son traídos al
rancho de Calvillo y otros puntos escondidos de estos contornos
para jurar frente un juez su ciudadanía y otras calificaciones y
para vender sus derechos, los cuales los comprantes le
presentan a la comisión.

Un gran número de reclamos ya obtenidos son notoriamente
fraudulentos. He visto a un mexicano recibir dinero por haber
jurado ante la comisión y probar su derecho; y cualquier hombre
puede ver lo mismo si abre sus ojos. Un platero de este pueblo,
8

Texas General Land Office. Este departamento del gobierno estatal se
estableció durante la guerra de independencia de Texas para centralizar el
proceso de distribución y documentación del territorio tejano. Sigue siendo
uno de los órganos más importante del gobierno estatal e imprescindible
acervo para el estudio de la época mexicana de Texas.
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�Los mexicotejanos

quien actuó de jefe político bajo Santa Anna y todos lo conocen,
recibió su sitio y labor. Conozco muchos mexicanos (tres dentro
de una hora) quienes se fugaron como enemigos y últimamente
han vuelto (dejando sus familias del otro lado del Río Grande) y
han recibido sus certificados de sitio y labor. Creo que todos los
soldados de Santa Anna han recibido certificados, aquellos con
esposas un sitio y labor y en algunos instantes las mujeres han
probado su derecho de nuevo en forma de viudas y han recibido
otro sitio.9
John Pitts, en su tesis de maestría sobre el tema de la
especulación en estos derechos, ha documentado la venta de
millones de hectáreas por reclamantes mexicotejanos, en gran
parte a especuladores angloamericanos (625,000 hectáreas sólo
en 1837).10 En la conclusión de su tesis, Pitts señala que la política
sobre el suelo tejano había sido un experimento en la democracia
de estilo Jefferson,11 pero una política que por razones
9

Citado en Jesús F. De La Teja, ed., A Revolution Remembered: The Memoirs
and Selected Correspondence of Juan N. Seguín (Austin: Texas State
Historical Association, 2002), 36.
10
John Bost Pitts III, “Speculation in Headright Land Grants in San Antonio
from 1837 to 1842” (Tesis de maestría, Trinity University, 1966), 14.
11
El presidente Thomas Jefferson mantenía que la salud de la república
norteamericana estaba basada en la distribución de la propiedad del suelo entre
el mayor número de habitantes posible.
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�Jesús F. de la Teja

económicas y raciales había excluido a los mexicotejanos. Ellos
habían escogido “regatear su interés en la república” impulsados
“por sus necesidades económicas”.12 El papel voluntario (aunque
inconsciente)

que

jugaron

los

mexicotejanos

en

estas

especulaciones tuvo amplias ramificaciones. Este episodio, en el
área de San Antonio, abrió las puertas a que los angloamericanos
desconfiaran de los mexicotejanos como participantes en futuros
esfuerzos legislativos para determinar sus Rights &amp; Benefits.
Sin embargo, la porción suroeste del estado no era la única
zona plagada por la corrupción. Hasta en Texas oriental, donde
no había mexicotejanos, el fraude y la especulación habían bajado
el valor de los certificados13 y, en consecuencia, de los baldíos.
La compraventa de certificados obtenidos fraudulentamente
creció de tal modo que el congreso se vio obligado a crear en 1840
dos comisiones ambulantes para la examinación sobre la
legitimidad de los certificados emitidos. El congreso autorizó a

Pitts III, “Speculation in Headright Land Grants in San Antonio from 1837
to 1842”, 51.
13
La distribución de tierras durante la república de Texas se basó en la emisión
de certificados que no solamente se podían usar para reclamar terrenos baldíos,
sino que también se podían vender, ya que el derecho existía en el instrumento
y no la persona. De tal forma, se creó un gran mercado en la compraventa de
todo tipo de certificados.
12

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�Los mexicotejanos

los jueces de distrito oír pleitos de aquellos a los cuales se les
había rechazado su certificado por las comisiones ambulantes y
la constitución estatal de 1846 denominó el primero de julio de
1847 fecha límite para emprender esa clase de demanda.
La distribución de tierras en Texas se formalizó primero
bajo el régimen mexicano. Los colonos cabeza de familia que
habían llegado legalmente a Coahuila y Texas tenían derecho a
un sitio (aproximadamente 1,800 hectáreas). Para apaciguar a
aquellos que no habían podido recibir sus terrenos antes del
comienzo de la rebelión, el congreso de la república estableció
que todos los que llegaron antes de la declaración de
independencia tenían derecho a la cantidad de un sitio y labor
(1,864 hectáreas). Al comprobar su elegibilidad, el reclamante
recibiría un certificado, con el cual podía buscar y reclamar la
cantidad expresada en él en cualquier parte de la república. Este
programa de headrights, aunque fue disminuyendo la cantidad de
tierra dotada, se mantuvo hasta los últimos días de la república.
Además, este no era el único programa de repartición de tierras
que se prestaba al abuso. Durante la guerra de independencia de

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Texas se había atraído a voluntarios de los Estados Unidos con
promesas de tierras. El gobierno rebelde les pagó a sus militares
a cosa de 130 hectáreas por cada enganche de tres meses. Después
de la guerra, la abundancia de baldíos dio ocasión para premiar a
los participantes en una de las importantes campañas de la guerra
con una “donación” de 260 hectáreas. Sin embargo, al gobierno
se le dificultó comprobar los servicios de gran número de los
supuestos militantes. Muchas compañías de auxiliares habían
participado en el conflicto sin plantilla, y había conflictos con la
documentación que sí existía para las unidades del ejército
permanente. Aparte de las reclamaciones sin mérito, también
había surgido para la década de 1850 una pequeña industria de
certificados falsos. En 1855, un incendio en el despacho del
ayudante general de Texas, quemó casi todos los archivos
militares de la época de la república. La culpa, por supuesto,
recayó

sobre

los

falsificadores,

quienes

nunca

fueron

aprehendidos.14

14

Thomas Lloyd Miller, The Public Lands of Texas, 1519-1970 (Norman:
University of Oklahoma Press, 1972), 127.
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�Los mexicotejanos

La Comisión de Reclamaciones
El fraude y la especulación estaban por todos lados. Los esfuerzos
por parte de la república de promover el asentamiento de sus
baldíos por medio de una política del suelo generosa crearon
problemas para los cuales no había remedios sencillos. Abogados
y especuladores intencionalmente confundían las cosas,
adquiriendo para sí mismos derechos de miles de hectáreas, al
mismo tiempo disminuyendo el valor de la tierra. En un esfuerzo
por acabar con los abusos, la legislatura estableció una comisión
de reclamaciones en Austin, la capital del estado, la cual sería
responsable de cerrar los libros de todas las reclamaciones en
contra de la república.
Se estableció la Texas Court of Claims o Comisión de
Reclamaciones15 de Texas, el primero de agosto de 1856. La ley
exigía el nombramiento de un comisario, que había de ser elegido
por el voto de las dos cámaras de la legislatura y que debía de
completar su obra el primero de enero de 1858. Él y un asistente
Court of Claims. En inglés, la palabra “court” se puede emplear tanto en
casos de instituciones de adjudicación de la ley como comisiones cuya tarea es
la administración de algún proceso. En tales casos, la “corte” puede no estar
bajo el cargo de un juez o magistrado, sino de un comisario o presidente. En el
caso presentado aquí, la Court of Claims era una Comisión de Reclamaciones
bajo el cargo de un comisario.
15

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�Jesús F. de la Teja

debían revisar la validez de todos los certificados todavía en
circulación, aceptar nuevas solicitudes para terrenos y dictaminar
sobre los méritos de las solicitudes para el reemplazo de
certificados perdidos y de certificados para la cantidad restante
cuando un reparto no completara la cantidad original. El trabajo
de la comisión fue tal que la legislatura autorizó un segundo
asistente y en enero de 1858 extendió la plaza del comisario hasta
el primero de septiembre de 1859. Aun con esto, la comisión no
había completado su trabajo cuando llegó la segunda fecha límite
y la legislatura restauró la comisión en febrero de 1860,
estableciendo como nueva fecha el 31 de diciembre de 1861.16
La parte más sencilla del trabajo de la comisión era la
aprobación o rechazo de los certificados en circulación. Aquellos
certificados presentados para examinación eran revisados contra
la documentación existente. Aquellos en posesión de certificados
que fuesen rechazados por el comisionado, podían intentar
validarlos emprendiendo una demanda en la corte de distrito del
condado en el cual el certificado se emitió. También se limitó la
capacidad de los compradores de certificados para poder
16

Miller, The Public Lands of Texas, 1519-1970, 29.

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�Los mexicotejanos

adquirirlos.17 Una revisión de cómo les fue a los reclamantes
mexicotejanos en esta parte de las actividades de la comisión será
parte de una futura investigación y queda fuera del ámbito del
presente trabajo.
Un aspecto mucho más espinoso de las responsabilidades
del comisario era la autoridad que tenía de aceptar solicitudes
para nuevos certificados. La ley de 1856 requería que el
comisario emitiera un certificado a cualquiera que presentara una
prueba adecuada. La prueba consistía en una declaración jurada
en la cual el reclamante demostraba que tenía residencia en Texas
desde antes del 2 de marzo de 1836, que no había salido del país
para evitar servicio militar, que no había ayudado al enemigo y
que no había recibido anteriormente tierras bajo los términos que
ahora reclamaba. También tenía que presentar dos testigos para
probar su residencia.18 En aquellos casos en los cuales el
comisario determinara que las pruebas no eran suficientes para
emitir un certificado, éste debía mandar la solicitud, la evidencia
y su dictamen a la legislatura para su resolución. La ley de enero

17

John Sayles y Henry Sayles, A Treatise on the Laws of Texas Relating to
Real Estate, and Actions to Try Title and for Possession of Lands and
Tenements (St. Louis: The Gilbert Book Company, 1890), 243–45.
18
Sayles y Sayles, 232.
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�Jesús F. de la Teja

de 1858 estableció el 1 de septiembre de ese año como fecha
límite para presentar reclamos originales e hizo responsable a la
legislatura de evaluar las evidencias. La ley de febrero de 1860,
por su parte, extendió los plazos hasta el primero de junio de 1861
para presentar una reclamación frente a una junta compuesta por
la Comisión de Tierras del estado, el contralor general y el
tesorero estatal.19
Las quejas de los comisarios y los debates en la legislatura
evidencian la incomodidad y divisiones ocasionadas por la
investigación de tales reclamaciones. Después de explicar cómo
tenían evidencia de que había solicitantes y testigos que firmaban
con sus nombres formularios en blanco, y que tales documentos
también se vendían notariados con los nombres de solicitantes y
testigos en blanco para ser llenados por el comprador, el
comisario James C. Wilson escribió en su reporte del 1 de junio
de 1857:
Se puede ver de lo ya dicho que en mi opinión el poder ahora
en manos de este departamento para otorgar certificados
originales se debe abrogar. Esa es mi cierta determinación.
Tengo confianza que el número de reclamantes justos es
extremadamente pequeño y mi razón no puede aceptar la
propuesta que la indolencia de unas pocas personas, quienes
19

Sayles y Sayles, 235–36.

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�Los mexicotejanos

por muchos años no hayan solicitado un don gratuito por parte
del gobierno el cual en cualquier momento podían haber
realizado solo cumpliendo con la ley sobre el don, constituya
razón suficiente para influir la legislación del estado, el
desperdicio de su hacienda y la desmoralización de sus
ciudadanos.20

Un miembro de la cámara de representantes comentó, durante la
discusión sobre un proyecto de ley en pro de Lázaro Garza, que
la Comisión de Reclamaciones no había hecho nada. “La ley se
promulgó con tan estrictas guardas en contra del fraude que un
reclamante honesto no puede recibir reparación”.21 Thomas
Lloyd Miller, historiador de la política del suelo de Texas,
concluye su capítulo sobre la Comisión de Reclamaciones con el
siguiente comentario: “Con excesivo cuidado, pero deseando
hacer justicia a todos, la Comisión de Reclamaciones de Texas
averiguó los reclamos monetarios y de tierras en contra de la
república y el estado de Texas”.22
Los mexicotejanos y la Comisión de Reclamaciones
Hay bastante evidencia, sin embargo, de que la Comisión de
Reclamaciones no deseaba “hacer justicia a todos”. Hasta la más
20

Texas General Land Office: Commissioner of Claims (GLO: CC). Report,
June 1, 1857, 10.
21
Austin State Gazette (ASG). “Legislative Proceedings”, Nov. 30, 1857.
22
Miller, The Public Lands of Texas, 1519-1970, 136.
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�Jesús F. de la Teja

ligera revisión de los documentos de la comisión, de las actas de
la legislatura y de los periódicos contemporáneos, revelan que
viejas prácticas de discriminación y abuso habían surgido de
nuevo. Por un lado, los mexicotejanos enfrentaban criterios más
estrictos de prueba frente a la comisión, y por otro, muchos
cayeron en manos de los mismos especuladores que la legislatura
intentaba correr del negocio de reparto de baldíos.
El primer comisario de la Comisión de Reclamaciones,
Wilson, miembro de la llamada expedición de Mier de 1842,
quien se había escapado de una prisión mexicana en julio de
1843,23 estableció el patrón discriminatorio en contra de los
mexicotejanos. De acuerdo con la constitución del estado y el
Tratado de Guadalupe Hidalgo, los tejanos de ascendencia
mexicana eran ciudadanos de los Estados Unidos. En
consecuencia, ni la ley de 1856 que estableció la Comisión de
Reclamaciones, ni alguna otra ley previa estableció los criterios
23

Inmediatamente después de la incursión del general mexicano Adrián Woll,
quien ocupó a San Antonio por una semana en septiembre de 1842, una fuerza
del ejército tejano y de auxiliares marcharon sobre el Bravo. Aunque el
presidente Houston dio orden de que regresaran, más de 300 hombres
decidieron cruzar el río y atacar las comunidades mexicanas. En un encuentro
con tropas mexicanas en Mier, Tamaulipas, la expedición fue derrotada y los
sobrevivientes fueron enviados a la Ciudad de México. Un fracasado intento
de fuga resultó en la ejecución de uno de cada diez prisioneros.
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�Los mexicotejanos

para probar los reclamos entre tejanos de origen angloamericano
o mexicano. Pero Wilson emitió sus propias reglas para presentar
y probar evidencia, incluyendo una que requería que la veracidad
de cualquier testigo “mexicano” se tuviera que comprobar con
testimonio de dos hombres “blancos”.24
Una mayor prueba de la actitud de Wilson hacia los
reclamantes mexicotejanos se encuentra en su reporte del primero
de junio de 1857. Aunque los mexicotejanos formaban un
pequeño porcentaje del número total de solicitantes de
certificados originales, ocho de los diez ejemplos que Wilson dio
de reclamaciones problemáticas eran de casos mexicotejanos.
Wilson intentó usar otro ejemplo, aunque lo tachó del borrador
del reporte: “De nuevo, en el caso de los herederos de Antonio
Chapa, uno de los testigos le era desconocido al comisario y no
se ofreció prueba de su verosimilitud”.25 No es sorprendente que,
de más de cien casos que Wilson le refirió a la cámara de
representantes, ninguno llevaba su recomendación. En sólo dos
ASG. “Legislative Proceedings”, Nov. 30, 1857. Mucho del trabajo del
comisario de reclamaciones se desconoce, pues aunque la ley requería que los
papeles de la comisión fuesen depositados en la oficina de tierras del estado,
ni las actas de la comisión ni las comunicaciones internas se encuentran en los
archivos de la oficina.
25
GLO: CC. Commissioner of Claims, Report, June 1, 1857.
24

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�Jesús F. de la Teja

de los casos, dictaminó la comisión en favor del reclamante.
Wilson no aprobó ni un solo reclamo original presentado por un
mexicotejano y solo emitió un solo certificado de reemplazo por
uno perdido. Cientos de casos quedaron abiertos cuando Wilson
se apartó de la comisión en julio de 1857.26
El 30 de noviembre de ese mismo año, Ángel Navarro,
diputado por el condado de Béxar en la cámara de representantes
del estado, hizo pública la actuación arbitraria por parte de
Wilson. Lo que trajo la situación a la vista del público, fue el
rechazo de Lázaro Garza en aceptar la regla del comisario de que
hombres blancos debían establecer la veracidad de los testigos
mexicotejanos. Según Navarro, el octogenario Garza había
acertado que:
Antes de someterse a la indignidad de que su carácter o el
carácter de sus testigos tuviera que ser probado por testimonio
de otros hombres, de cuales él se consideraba su igual bajo las
leyes, estaría dispuesto a perder hasta el último centavo y hasta
la última pulgada de tierra a lo cual pudiera tener derecho.27

Garza llevó su demanda directamente a la legislatura, la cual
refirió el caso a la misma comisión legislativa responsable de la

26
27

GLO: CC. Information gathered from Old Docket, 1857-1860.
ASG. “Legislative Proceedings”, Nov. 30, 1857.

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�Los mexicotejanos

Comisión de Reclamaciones. Navarro, uno de los comisionados,
esclareció que sabía de la regla de Wilson por uno de los
secretarios de la comisión, James O. Illingworth, quien de
momento servía de comisario interino. El diputado mexicotejano,
entonces, calificó la regla de arbitraria y señaló que “no [era]
requerida por la ley [y establecía] una injusta e imprudente
distinción, una insidiosa discriminación donde la ley no prescribe
clases”.28 El 19 de diciembre de 1857, Lázaro Garza recibió su
desagravio por parte de la legislatura en la forma de un sitio y
labor de tierra.29
La Comisión de Reclamaciones debía concluir sus
funciones para el primero de enero de 1858 y James Illingworth,
el sucesor de Wilson, tenía por delante la tarea de concluir miles
de casos que quedaban abiertos. De tal modo, estando la función
de la comisión por vencerse, la legislatura extendió su plazo hasta
el primero de enero de 1859. La extensión no vino sin un duro
debate en la cámara de representantes, en el cual varios miembros
argumentaron que lo único que se ganaba con la extensión era
“dar unas oportunidades a aquellas personas deseando especular
ASG. “Legislative Proceedings”, Nov. 30, 1857.
Gammel’s Laws of Texas. “An Act for the Relief of Lázaro Garza”, vol. 4,
pt. 3, 1189.
28
29

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�Jesús F. de la Teja

en el país, lo cual nunca hubieran pensado hacer si a la comisión
no se hubiera creado”.30 Otro diputado fue más directo, llamando
a la comisión “un chantaje sobre los derechos del pueblo”.31 En
un intento de satisfacer las quejas, por lo menos en parte, la nueva
ley cerraba la posibilidad de hacer nuevas reclamaciones el
primero de septiembre de 1858.32
Lo claro era que la mayoría de las reclamaciones, por
parte de los mexicotejanos, eran fraudulentas, y el resultado de la
especulación nunca se podría probar adecuadamente. Aunque los
legisladores no se dirigieron al asunto en términos raciales,
durante el debate sobre la nueva ley, el comisario interino
continuaba documentando las prácticas de los especuladores de
esa forma. Por ejemplo, G. H. Nelson, abogado de quince
reclamantes mexicotejanos, no pudo presentar ni una pieza de
evidencia que el comisario considerara aceptable en ninguno de
los casos. Además de la calificación inicial de “no hay prueba
legal” al margen del nombre de cada solicitante, todos los casos
aparecen como 'rechazados' por una de tres razones. Aparte de no

30

ASG. Mr. McKinney of Travis, Legislative Proceedings, Jan. 4, 1858.
ASG. Mr. Chilton.
32
Sayles y Sayles, A Treatise on the Laws of Texas Relating to Real Estate,
and Actions to Try Title and for Possession of Lands and Tenements, 236.
31

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�Los mexicotejanos

presentar prueba legal, Juana Sánchez Martínez no presentó
evidencia de que era cabeza de familia. A cuatro de los
reclamantes se les acusaba de haber firmado sus declaraciones
juradas en blanco. El comisario encontró “la evidencia todo en
blanco” en otros ocho casos. Los defectos en las reclamaciones
de Enatugre Ochoa [sic] y María Victoriana Villarreal eran los
más graves. En estos casos “las declaraciones juradas están en
blanco en cuanto el nombre del solicitante, sin embargo, se han
jurado solemnemente por dos testigos y verificado por un notario
público bajo su puño y sello”.33
Dos casos de especulación resaltan por su magnitud.
Antony Superviele, un francés sirviendo de senador por el
condado de Béxar en la sexta legislatura, también representó a
más de 120 denunciantes mexicotejanos que solicitaban
certificados originales. Ni en un solo caso el comisario o la
legislatura pudo actuar en favor de sus clientes. Las anotaciones
abundan acerca de que la evidencia estaba incompleta o de que
ninguna prueba se había presentado. Otro francés, Xavier B. De
Bray, quien se había establecido en San Antonio en 1852, tomó
ventaja de su origen para hacerse abogado de 65 mexicotejanos.
33

GLO: CC. Entries 336-345, Old Docket, 1857-1860.

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�Jesús F. de la Teja

Hasta 1856 había trabajado de intérprete y traductor en San
Antonio, donde había establecido el periódico El Bejareño. Para
1856 De Bray se había mudado a Austin, donde consiguió el
puesto de traductor de la Comisión de Tierras antes de abrir una
academia, que mantuvo hasta alistarse en el ejército de la
confederación al principio de la guerra civil norteamericana.34 A
pesar de todo, sus conexiones no le otorgaron un tratamiento
preferente en la comisión o la legislatura. No se le aprobó ni un
solo reclamo, incluyendo 22 que presentó el 30 de agosto de 1858
sin motivo aparente, dos días antes de la fecha límite.35 De
momento es imposible determinar cuáles casos son de
especuladores que trataban de presentar reclamaciones que
habían comprado y cuáles sólo buscaban estafar a inocentes,
cobrando por hacer trámites que sabían que no darían resultados.
En cuanto a los mexicotejanos, los resultados de este
primer periodo fueron desastrosos. De los 404 apellidos hispanos
que aparecen en el registro de la comisión, aproximadamente 228
no recibieron acción alguna al no haberse recibido ninguna

Handbook of Texas Online, Anne J. Bailey and Bruce Allardice, “Debray,
Xavier Blanchard” [Consultado en línea el 28 de marzo de 2017]
http://www.tshaonline.org/handbook/online/articles/fde02.
35
GLO: CC. Passim, including nos. 2038-2059, Old Docket, 1857-1860.
34

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228

�Los mexicotejanos

evidencia. El comisario desestimó 100 solicitudes, en la mayoría
de los casos por una de las razones analizadas arriba, y la
legislatura rechazó 57 solicitudes que llegaron a sus manos.
Según el registro de la comisión, durante este periodo el
comisario emitió doce certificados de reemplazo y tres
originales.36

El

verdadero

desastre

para

la

comunidad

mexicotejana no consistió en el rechazo de solicitudes sin mérito,
sino en que tuvo un efecto negativo sobre la reputación de los
mexicotejanos, considerándolos poco fiables.
Sin embargo, la conclusión es que existía un prejuicio en
contra de denunciantes mexicotejanos no está basada sólo en la
examinación del registro de la comisión. Anteriormente, en el año
de 1858, la comisión especial compuesta de senadores y
diputados nombrada para revisar las denuncias remitidas por el
comisario, dictaminó un proyecto de ley que miembros de la
cámara de representantes encontraron discriminatorio. El 6 de
febrero de 1858, Ángel Navarro reiteró las acusaciones, que había
declarado en noviembre anterior, referentes a la manera de
proceder del comisario, y agregó nuevos alegatos de prejuicio por
36

GLO: CC. Passim, including nos. 2038-2059, Old Docket, 1857-1860. La
laboriosa tarea de revisar cada anotación del registro contra los expedientes
individuales todavía no se ha emprendido.
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�Jesús F. de la Teja

parte de la legislatura.37 Declaró el dictamen de la comisión
especial como “la más palpable y flagrante injusticia en contra de
una clase de individuos”. Prosiguió señalando que desde que se
había fundado la Comisión de Reclamaciones, los mexicotejanos
habían sido un objeto de “gran injusticia”. Le atribuyó la
situación a un “quizás honesto, pero de todas maneras mal
fundado, prejuicio en contra de esta clase de individuos”.
Navarro continuó su discurso esbozando la injusticia con
la cual la comisión había tratado a los mexicotejanos. No arguyó
que no se hubiera cometido fraude, solo que eso no debía de
enturbiar las reclamaciones legítimas. En cuanto a los dos
primeros comisarios, ellos habían actuado arbitrariamente y de
manera “no autorizada por la ley, observando ciertas distinciones
de clases donde tales no se conocían ni en la constitución ni en
las leyes”. Además, incluso en los casos en que pruebas
adicionales se habían presentado por dos respetables hombres
blancos, “el comisario no había recomendado ni un solo
certificado original”.
El legislador mexicotejano entonces puso su mira sobre la
comisión especial. Navarro no podía entender cuáles reglas podía
37

ASG. “Legislative proceedings”, February 5-6, 1858.

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230

�Los mexicotejanos

haber adoptado la comisión para que la llevaran a aceptar sólo dos
reclamaciones de mexicotejanos. “Pareciera que la comisión, al
descubrir algunas reclamaciones palpablemente fraudulentas,
estuviera disgustada con esta clase de solicitante y [hubiera]
concluido rechazar el grupo entero en masa”. Siguió que esto se
hacía a pesar de que, hombres como Mirabeau B. Lamar y Joseph
Lee (el presidente de la misma comisión), habían respondido por
algunos de los testigos mexicotejanos. Quizás lo más irritante
para Navarro era su conclusión de que al revisar la lista de las
reclamaciones que esta comisión había rechazado, observó que
en muchas de ellas las razones de la comisión para hacerlo se
anotaban individualmente, pero en el caso de los reclamos de
origen mexicano, se había procedido de otra manera. En estos
casos, parece que la comisión no actuó después de examinar los
méritos de cada uno, sino que rechazó todo lo que parecía
mexicano por la sola razón de que habiendo falsas reclamaciones
entre ellos, no se veía capaz de diferenciar.
Jack Latham, otro diputado con un electorado que incluía
gran número de mexicotejanos, respaldó las quejas presentadas
por Navarro y agregó dos propias. Primero, Latham observó que
a los mexicotejanos sólo se les trataba de ciudadanos a la hora de
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votar o de pagar impuestos, “pero cuando piden derechos iguales
bajo nuestras leyes, son negados, aunque nacieron y muchos
siguen viviendo en Texas”. Segundo, no existía razón para negar
los reclamos de un grupo que había cumplido con la ley de la
misma manera que otros denunciantes y que había sufrido los
mismos altos costos para viajar a Austin a presentar sus
reclamaciones.
El día anterior, Hamilton P. Bee, representante de Laredo,
había hablado de otro tipo de discriminación en contra de los
mexicotejanos. Objetó que, aunque todas las reclamaciones de su
distrito se habían probado apropiadamente, habiendo respondido
por los testigos tanto él como el juez de distrito E. J. Davis,
ninguna de las solicitudes había sido aprobada por el comisario.
Además, la comisión especial había visto bien otorgar
certificados en casos procedentes de la parte oriental de Texas,
mientras que rechazaba todas las reclamaciones procedentes al
oeste del Río San Antonio.
Bee encontró ridículo que la comisión argumentara que
“puede que haya algunos reclamos válidos entre ellos, pero a la
comisión le es imposible distinguir”, y se quejó de discriminación
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�Los mexicotejanos

bajo dos formas. Primero, la comisión intentaba excluir a los
mexicotejanos de recibir un beneficio legítimo bajo el equivocado
argumento de que Texas no tenía jurisdicción sobre Laredo,
mientras que el gobierno de Texas había reclamado esa parte del
estado constantemente desde diciembre de 1835. Segundo, que,
si los residentes del Río Grande habían sido ciudadanos desde el
2 de marzo de 1836 y podían presentar pruebas legales, tenían
“tanto derecho a sus terrenos como cualquier otro ciudadano de
la República de Texas, a no ser que la legislatura hiciera una
distinción entre ciudadanos, algo que no se ha hecho y no se
puede hacer bajo la constitución”.38
Basándose en estos argumentos, Jacob Waelder, el otro
diputado por Béxar, propuso que el proyecto de ley se le
devolviera a la comisión “con instrucciones que lo cotejara de tal
manera que se traten igualmente a todos los reclamantes”. Sin
embargo, no fue así. Joseph Barnard, diputado por Goliad y
sobreviviente de la llamada “Masacre de Fannin”,39 sacó a la luz

ASG. Mr. Bee, “Legislative Proceedings”, February 5, 1858.
Ejecución de más de 300 rebeldes tejanos el Domingo de Palmas de 1836 en
Goliad. Se habían rendido unos días antes, suponiendo que se les transportaría
a Nueva Orleans. Sin embargo, a pesar de que varios oficiales mexicanos
38
39

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un tema que hasta ese momento se había evitado. No veía cómo
se le podía pedir a la cámara de representantes no observar una
distinción entre razas cuando “con muchos proyectos de ley para
el relievo [sic] de negros libres, en las acciones tomadas sobre los
voluminosos y hábiles dictámenes de sus comisiones sobre
Kansas, y sobre la cuestión de la esclavitud, esta cámara
enfáticamente ha reconocido distinciones entre las razas”.
Concluyó su discurso añadiendo: “¿ha de haber una distinción
entre las razas en . . . Texas oriental, pero ninguna en el oeste [de
Texas]? Espero que los señores reconozcan las consecuencias del
punto antes de que lo admitan”. En consecuencia, la propuesta
fue rechazada y el dictamen de la comisión fue aprobado
abrumadoramente por la cámara de representantes. Para la
mayoría de los diputados, tratar un asunto sobre los
mexicotejanos era tratar un asunto sobre otra raza.
No tardó en llegar a San Antonio la noticia de la acción de
la legislatura. El periódico San Antonio Texan comentó
favorablemente sobre la acción de la legislatura, usando vívidas
palabras al describir muchas de las reclamaciones. “Ni una en

pidieron clemencia por ellos, el general Santa Anna ordenó que se pasaran por
las armas.
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�Los mexicotejanos

veinte” hubiera sido otorgada al reclamante original, según el
editor, pues las reclamaciones habían sido “compradas en casi
nada por personas que buscan obtener su sustento de cualquier
manera menos por su esfuerzo personal”. En coplas, añadió que
los especuladores “Esperaban ser ricos / Estafando el estado”.40
Concluyó culpando a los especuladores por la pérdida de
confianza por parte de la legislatura hacia todos los reclamos,
privando así a los meritorios “de sus beneficios legales”.41
El San Antonio Ledger, que reprodujo el artículo del
Texan, defendió a los solicitantes argumentando que la mayoría
habían sido honestos, muchos de ellos viudas y huérfanos. La
mayoría de las reclamaciones todavía seguían en manos de los
reclamantes originales “y las excepciones se habían comprado a
precios justos, después de que el comisario había declarado que
estaba completamente satisfecho, no sólo con las pruebas sino
con la justicia de las reclamaciones”. Esto, por supuesto, era una
exageración, ya que hemos visto que desde el principio el
comisario se había negado a recomendar los reclamos de
mexicotejanos.

40
41

“Hoped to become great, by duping the state”.
San Antonio Ledger, February 27, 1858.

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Conclusiones
Aunque mi investigación sigue, me permito presentar unas
conclusiones tentativas. Primero, las actividades en torno a la
Comisión de Reclamaciones reforzaron estereotipos y le dieron a
los racistas angloamericanos herramientas para poder degradar el
estatus de los mexicotejanos. Para ellos, los mexicotejanos en su
conjunto no eran confiables y estaban dispuestos a participar en
el más siniestro fraude. Este parecer se aceptó a pesar de que
había evidencias considerables de un descontrolado fraude de la
misma índole en las porciones angloamericanas del estado. En
consecuencia, a pesar de una igualdad constitucional entre
anglotejanos y mexicotejanos, le fue permisible a los oficiales del
estado imponer una carga de prueba más onerosa a éstos que a
aquellos, y tratar a un grupo como conjunto, pero al otro de
manera individual.
Segundo, el valor de la ciudadanía de los mexicotejanos
fue puesta en duda. Aunque el derecho tejano y el Tratado de
Guadalupe Hidalgo hicieron ciudadanos a los mexicanos que
vivían al norte de la nueva frontera, esa ciudadanía estaba sujeta
a una interpretación arbitraria. La mayoría de los legisladores no
tuvieron problema en cambiar la fecha en la que la zona fronteriza
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entre el Nueces y el Bravo se incorporó a Texas, de manera que
podían negarle beneficios a los mexicanos de esa región mientras
se les extendían a los anglotejanos. Es decir, por un lado, los
títulos mexicanos emitidos después del 2 de marzo de 1836 no
eran válidos porque las autoridades mexicanas ya no tenían
jurisdicción al norte del Bravo, y por el otro lado, los mexicanos
residentes en esa zona no tenían derecho a beneficios en Texas
hasta después de la anexión de Texas a Estados Unidos.
Tercero, tanto los especuladores escrupulosos como los
que no lo eran tomaron ventaja de los mexicotejanos y
contribuyeron al deterioro de sus derechos. Al presentar
reclamaciones falsas o engañosas, y haciéndolo de manera
obviamente descuidada, le hicieron fácil a la legislatura argüir
que la reputación de los reclamantes mexicotejanos estaba
mancillada. Peor aún fue que algunos de los especuladores usaron
su posición de confianza dentro de la comunidad mexicotejana
para llevar a cabo sus planes. Desconociendo el nuevo idioma y
la nueva ley anglosajona, muchos mexicotejanos aparentemente
se convirtieron en socios involuntarios de un complot de fraude
en contra del estado.

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Los mexicotejanos todavía pudieron recibir justicia
individualmente

y

contaron

con

representantes,

tanto

mexicotejanos como anglotejanos, que defendieron sus intereses
enérgicamente. Sin embargo, es claro que tales casos
constituyeron una minoría y que la constitución y leyes del estado
no fueron absolutas. Así como en la economía y en las relaciones
sociales, las ideas de raza y cultura determinaron la posición legal
en la sociedad tejana. En un grado considerable, el trato injusto a
los mexicotejanos en la obtención de derechos de suelo
contribuyó al proceso de discriminación y segregación que se
siguió acrecentando hasta mediados del siglo XX.
Referencias
Archivo
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Texas General Land Office (GLO)
Bibliografía
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http://www.tshaonline.org/handbook/online/articles/fde02

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-5

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�Juan B. Tijerina: La obra política esencial de un
intelectual y su trascendencia en el paisaje cultural de
Tamaulipas
Juan B. Tijerina: The essential political works of an intellectual,
and its importance in the cultural landscape of Tamaulipas
Octavio Herrera Pérez
Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Autónoma de
Tamaulipas
Corresponsal de la Academia Mexicana de la Historia
orcid.org/0000-0001-6885-2486

Resumen: En este artículo hago un análisis biográfico de Juan B.
Tijerina (1857-1912), intelectual tamaulipeco que destacó por su
participación en el periodo de consolidación política e ideológica del
Estado Mexicano. Como mentor, influyó de manera decisiva para
sostener el principio de laicidad y defender la preeminencia de la
educación y el pensamiento liberal sobre la influencia del naciente
obispado de Tamaulipas. Las referencias de su actuación política,
narradas por la escasa bibliografía existente, lo señalan como un
personaje opositor al régimen de Porfirio Díaz, cuando en realidad, tras
un breve lapso como antagonista, abrazó estrechamente sus vínculos
con el poder. Explicar la creación de ese mito político-cultural en la
entidad es uno de los objetivos en este estudio, además de explorar las
diversas aristas de la sociedad tamaulipeca durante los complejos años
del porfiriato.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-6

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�Octavio Herrera Pérez

Palabras clave: liberalismo; laicidad; historia de la educación;
periodismo; Tamaulipas.
Abstract: In this article, I make a biographical analysis of Juan B.
Tijerina (1857-1912), an intellectual from Tamaulipas who stood out
for his participation in the period of political and ideological
consolidation of the Mexican State. As a mentor, he had a decisive
influence to uphold the principle of secularism and defend the
preeminence of education and liberal thought over the influence of the
nascent bishopric of Tamaulipas. The references to his political
performance, narrated by the scarce literature, pointed to him as a
character opposed to the Porfirio Díaz regime. Nevertheless, after a
brief period as an antagonist, he closely embraced his ties with power.
The objective of this article is to explain the creation of this politicalcultural myth in the state. Besides, it seeks to explore various aspects
of the Tamaulipas society during the complex years of the Porfiriato.
Keywords: liberalism; secularism; history of education; journalism;
Tamaulipas.

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�Juan B. Tijerina

Introducción
De entrada, cabría preguntar sobre la existencia o no de héroes
culturales en Tamaulipas durante la etapa formativa de la entidad,
que iría desde su establecimiento colonial, a mediados del siglo
XVIII, hasta el desmoronamiento del antiguo régimen porfirista.
En una acepción sociológica amplia, se podría considerar el
impacto que tuvieron las obras de esos personajes en su propio
tiempo, o bien, la huella que dejaron en el universo de las letras y
que permitió más tarde identificar y revalorar su legado. Hecho
un agudo repaso desde la perspectiva de la historia cultural, se
puede afirmar que sí los hubo, aunque en esta categoría hay que
considerar no única y necesariamente a oriundos del terruño
tamaulipeco (pues nos situaríamos en un reduccionismo
intolerable), sino a algunos personajes procedentes de otras partes
del país, y aun del extranjero, que han marcado las luces del
pensamiento, la ciencia y la cultura en Tamaulipas.
Bajo las anteriores consideraciones, he de hacer el
recuento de quienes se pueden situar en la categoría propuesta.
Fray Vicente de Santa María sería el primero, vallisoletano, quien
antes de concluir el Siglo de las Luces elaboró un texto que
representa la piedra angular de la cultura tamaulipeca, no solo por
cuanto a su alegato historiográfico en el que pondera y reivindica
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243

�Octavio Herrera Pérez

la figura y obra del colonizador José de Escandón, sino porque,
basado en el paradigma identitario del criollismo, resaltó la
naturaleza y sociedad novohispana presente en el Nuevo
Santander para anteponerlo a los conceptos eurocentristas que
denostaban a América como un continente enraizado en la
barbarie. Luego se situaría el coahuilense Miguel Ramos Arizpe,
cura de Real de Borbón (Villagrán) y Aguayo (Ciudad Victoria),
donde conceptualizó su célebre Memoria sobre el estado de las
provincias Internas de Oriente, que sirvió de base para que las
Cortes de Cádiz establecieran las Diputaciones provinciales en
todo el imperio español, incluido el ahora noreste mexicano. Por
otra parte, los primeros años de la vida independiente son
encarnados por las figuras encontradas de José Antonio Gutiérrez
de Lara y José Eustaquio Fernández, el primero exrector del
Seminario de Monterrey y visionario de la retención territorial del
septentrión mexicano, en tanto que el segundo, polemista político
y egresado del doctorado en teología en el colegio de San
Ildefonso de México, fue el autor de la nomenclatura de
“Tamaulipas”, así como de la ubicación definitiva de la capital
del estado en la villa de Aguayo.
Antes del parteaguas del siglo XIX, dos figuras cubren el
escenario del pensamiento, la ciencia y la observación social en
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�Juan B. Tijerina

Tamaulipas, lo que los ubica como héroes culturales. Ambos
extranjeros, pero mimetizados definitivamente con el terruño
tamaulipeco, donde radicaron y murieron. Uno de ellos fue José
Núñez de Cáceres, prócer de la independencia de la República
Dominicana, quien por sus méritos al servicio institucional de la
entidad sería distinguido en su tiempo como “benemérito del
estado”. El otro, franco-suizo, Jean Louis Berlandier, fue el
primer científico actuante en estos lares, cuya obra escrita sobre
el noreste mexicano es un clásico para entender la pérdida de
Texas, y cuyo legado documental está aún por abrir nuevos
horizontes de conocimiento. Ya en el arranque de la segunda
mitad del siglo XIX, la pluma del pensador político Luis García
de Arellano abarca con amplitud el horizonte de la cultura
tamaulipeca, lo mismo que el Instituto Literario de San Juan,
lugar del que emergería un semillero de personajes muy
distinguidos en diversos campos del conocimiento y la cultura,
entre ellos, nuestro hombre: Juan B. Tijerina.
Origen y formación inicial
Juan Bautista Tijerina Villarreal nació en Matamoros,
Tamaulipas, el 24 de julio de 1857. Su madre fue Dolores
Villarreal, y su padre el coronel Miguel Tijerina Goseascochea,
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�Octavio Herrera Pérez

quien tenía raíces en los primeros pobladores del Nuevo
Santander y estuvo emparentado con el célebre caudillo
fronterizo, Juan Nepomuceno Cortina.1 Juan Bautista fue el
segundo hijo de una familia norteña modesta, cuyo primer hijo
fue Francisco (n. 1856), el tercero Feliciana del Refugio (n.
1862), y el último, Carlos (n. 1863).
No existen referencias que hagan dudar que Juan B.
Tijerina permaneció durante toda su infancia y juventud en su
ciudad natal. Cuando estuvo apto para comenzar a cursar sus
primeras letras y estudios, Matamoros experimentaba el bullicio
de la bonanza algodonera producida por el impacto de la guerra
civil de los Estados Unidos, y casi enseguida fue ocupada durante
dos años por el ejército que sostenía el imperio de Maximiliano
de Habsburgo. Luego vendría la restauración republicana y con
ello la reestructuración del Instituto Literario de San Juan, cerrado
durante los momentos de conflicto, luego de su creación en 1857.
En efecto, este colegio –de corte estrictamente laico, a pesar de

1

El coronel Tijerina Goseascochea participó en la defensa de la ciudad de
Matamoros en 1851, cuando ésta ganó el título de Heroica, Leal e Invicta, y se
incorporó más tarde a las lides liberales en Tamaulipas en favor del plan de
Ayutla. En 1861-1862, se distinguió combatiendo de lado del bando amarillo
en la confrontación civil local entre los Rojos y Crinolinos.
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�Juan B. Tijerina

su nombre– fue creado el 15 de septiembre de ese año por el
gobernador Juan José de la Garza, motivado por el consejo del
doctor en filosofía Augustus Schinder, quien desde Nueva
Orleans le indicó al mandatario tamaulipeco la conveniencia de
establecer una institución al servicio de los “estados de oriente”
de México, bajo los patrones de los liceos prusianos y
francmasones de los Estados Unidos.2
Fue en el Instituto Literario de San Juan donde Juan B.
Tijerina continuó sus estudios, costeándoselos él mismo, al
trabajar como portero en la escuela “David Salinas Cantú”. Allí
cubrió el programa de estudios de la institución, que contemplaba
lógica, estética, ideología pura, gramática, psicología, teodicea y
filosofía moral, ciencias exactas, aritmética, teneduría de libros,
álgebra, geometría, cálculo diferencial e integral, física, química
elemental, meteorología, astronomía, geografía universal,
cronología, historia y derecho. Entre sus maestros de esta época
de estudios, figuró José Solernau, quien era toda una institución
en esta etapa formativa de la educación superior en Tamaulipas.

2

Raúl García García, Apuntes para la historia de la educación en Tamaulipas
(Ciudad Victoria: Universidad Autónoma de Tamaulipas, Instituto de
Investigaciones Históricas, 1980), 43-47.
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�Octavio Herrera Pérez

Adquirido el grado de maestro, se dedica a la enseñanza
de sus disciplinas predilectas: gramática y literatura, destacando
en ellas por su eminencia.3 Sin embargo, no puede ser indiferente
al acontecer político de su tiempo. Para la década de los años
setenta, el general Servando Canales era el hombre fuerte de
Tamaulipas, y como conocedor de la entidad y sabedor de que en
la frontera norte se encontraba el dinamismo económico y la
región geoestratégica frente al poderoso vecino del norte, hizo
trasladar la capital del estado a Matamoros en 1879. Dos años
más tarde, la muerte de Canales, la inercia de la tradición y el
vacío de poder hicieron que los poderes retornaran a Ciudad
Victoria. Fue el momento en que Juan B. Tijerina, imbuido de ese
ambiente de plena actividad pública en su ciudad natal, se
decidiera por participar en las lides de la política.
Primera participación político-administrativa
Para 1882, Juan B. Tijerina representa al partido de Matamoros
en la legislatura local, en cuyo desempeño demuestra rasgos de
entrega con su compromiso público, al donar 160 pesos de sus

El término “maestro” se utiliza en este trabajo como sinónimo de profesor
dedicado a la enseñanza, y no como un nivel del escalafón de los niveles
académicos que hoy se emplean.
3

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�Juan B. Tijerina

dietas para el fomento del fondo de instrucción pública de esta
ciudad.4 Dos años más tarde, aparece la noticia de que ha sido
nombrado como magistrado del Tribunal Superior de Justicia, en
compañía de los señores Manuel M. Canseco, Antonio Fernández
Rodríguez, Agustín González Morales, Francisco G. Galván y
Joaquín Caballero, actuando como fiscal el licenciado Juan Luis
Tercero.5 No obstante, a pesar de este dato de su paso por el
máximo tribunal de justicia del estado, no existe referencia
documental contundente que avale que tomó posesión del cargo
de magistrado.6
En 1886, el nombre de Juan B. Tijerina vuelve a figurar
en el quehacer público, esta vez como diputado electo, formando
parte en calidad de suplente de la mesa directiva de la legislatura
4

La Patria, México, diciembre 19 de 1882, Hemeroteca Nacional (en adelante
HN).
5
La Libertad, México, julio 17 de 1884, HN.
6
Cabe añadir que, si bien Juan B. Tijerina tenía una formación educativa
universal, que incluía el estudio del derecho, esto no lo capacitaba para asumir
una responsabilidad de tal naturaleza. Pero el caso es que el dato sobrevivió
incluso en las paredes de la Sala de Plenos del tribunal de justicia de la entidad,
y también es referido en el listado de magistrados vigentes entre 1871-1917.
José Rafael Sáenz Rangel, El Poder Judicial de Tamaulipas a través de sus
leyes y magistrados presidentes (Ciudad Victoria: Supremo Tribunal de
Justicia de Tamaulipas, 2012), 387. Una revisión exhaustiva de los libros de
acuerdos de la época en que se señala su presencia en el tribunal, realizada en
compañía de la directora del archivo histórico y administrativo del mismo,
Gabriela García, confirmó la inexistencia de su firma.
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249

�Octavio Herrera Pérez

local, presidida por Manuel González hijo, con Luis Guerra y
Guerra como vicepresidente y como secretarios los señores Juan
González Quintanillas e Ignacio Saldaña.7 Es decir, Tijerina se
codeaba con los representantes de las fuerzas políticas del estado,
que en algunos casos representaban también el poder económico
y contaban con influencia política a nivel nacional, como el caso
de Manuel González hijo, cuyo padre fue presidente de la
república entre 1880 y 1884.8 Ya para 1888, el propio Tijerina
preside la comisión permanente del congreso local, ante la
clausura del segundo y último período de sesiones, a acompañado
de los diputados Antonio Domínguez y Villarreal como segundo
vocal, Juan González Quintanilla como secretario y Guadalupe
Escobar como suplente.9
7

El Tiempo, México, octubre 5 de 1886, HN.
Radicado en Ciudad Victoria, aquel político comenzó a amasar una gran
fortuna, en buena medida gracias a la adquisición de extensas propiedades
rurales (entre ellas las haciendas de Tamatán, la Mesa, Dolores y El Cojo y
Anexas), además de pretender asumir el poder político local a primer nivel.
Gobernaba entonces el general Rómulo Cuéllar, cuñado del difunto hombre
fuerte de la entidad, Servando Canales, y sucesor en el gobierno del estado del
hermano de éste, Antonio Canales Molano, de quien, a pesar de pertenecer al
mismo núcleo familiar, se había distanciado en forma táctica, con la intención
de lograr una continuidad de su propia carrera política en el momento en que
el general Porfirio Díaz comenzaba a centralizar todas las redes de mando en
el país. Maribel Miró Flaquer, Historia de dos caciques y un proyecto de
nación: vida política en Tamaulipas durante la segunda mitad del siglo XIX
(Querétaro: Universidad Autónoma de Querétaro, 2010).
9
El Nacional, México, febrero 1 de 1888, HN.
8

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250

�Juan B. Tijerina

Cuando ya rebasa los treinta años, Tijerina es un hombre
maduro y políticamente actuante. En lo social no se queda atrás –
a pesar de que aún no ha contraído matrimonio, algo habitual para
aquella época–, máxime si se participaba de las reuniones del
Casino Matamorense, del que ya había formado parte desde antes,
y no se conoce la razón de su distanciamiento. Lo cierto fue que
en 1889 se da la noticia de su reingreso a este crisol de una elite
que vivía en la añoranza de un esplendor ya en pleno eclipse.10
Matamoros, para entonces, había dejado de ser el nodo
económico de la frontera de Tamaulipas, pues justo en ese año el
ferrocarril que enlazaba a México con Estados Unidos cruzaba
por los dos Laredos, muchos kilómetros río arriba del Bravo.
Un sólido vínculo político
Juan B. Tijerina y Guadalupe Mainero fueron contemporáneos,
habiendo nacido éste apenas un año antes que aquel; ambos eran
oriundos de Matamoros y fueron alumnos del Instituto Literario
de San Juan. De aguda inteligencia, Mainero destacó desde antes

10

Su reingreso al Casino Matamorense lo hizo en una ceremonia en la que el
general Emiliano Lojero fue admitido por vez primera, en tanto que Tijerina y
los señores Guadalupe Fernández, el doctor Carlos Macmanus, el licenciado
Cañedo, José R. Villalobos y Juan Cantú, se integraron nuevamente a esta
asociación. El Nacional, México, agosto 10 de 1889, HN.
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�Octavio Herrera Pérez

de recibir su título de abogado, al impartir clases en este mismo
colegio a varias generaciones en las áreas de filosofía, lógica y
ética. También ambos cultivaron una gran pasión por la escritura,
participando Mainero como colaborador del periódico El
Progreso, el principal órgano de prensa escrita en la frontera
tamaulipeca en tiempos de la república restaurada. Del mismo
modo, escribía en los periódicos El Bravo y El Cronista, donde
comenzó a perfilar una pluma crítica en los temas del acontecer
político de la entidad, actitud que lo llevó a ser conocido como
“Bayardo de la Prensa”.11
Del vínculo entre ambos personajes no queda la más
mínima duda, lo mismo que del mutuo apoyo que se prestaron,
tanto del político en los años difíciles para el poeta metido a
oposicionista, como del poeta mismo empuñando la armadura de
las palabras para defender al político. Su fuerte amistad y
compromiso fue motivo de una auto-rememoración hecha a
través de uno de los seudónimos al servicio del poeta, “Y Griega”,
11

Muy posiblemente este seudónimo le fue otorgado en honor del Caballero
Bayardo, Pier du Terrail, uno de los más grandes héroes de Francia en el
Renacimiento, conocido por su valor proverbial, al desempeñarse “sin miedo
y sin tacha”; y hasta es de presumirse que su amigo Juan B. Tijerina pudo
habérselo aplicado, pues ambos, en ese momento, estaban al abordaje de
ampliar las oportunidades para adquirir una posición firme en el escenario
público de Tamaulipas.
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�Juan B. Tijerina

bien como si fuera de él mismo, o bien por servir directamente a
sus directrices:
Juan B. Tijerina, Director de aquel semanario [El Progresista],
fue uno de los íntimos amigos de Mainero: nacieron en la
misma ciudad —Matamoros—; desde la infancia estrecharon
afectos, y juntos cultivaron el amor a las letras, dejando, en
cuantas hojas volantes se publicaban allá entonces, las huellas
de su talento y de su inspiración: el uso en estrofas candentes,
robustas, llenas de juvenil entusiasmo hacia todo lo grande y
hacia todo lo bello; el otro en amplios períodos de una prosa
que brotaba de su pluma con facilidad insuperable.
Tales antecedentes justifican de parte de Tijerina el homenaje
consagrado al tamaulipeco ilustre que desde la cátedra, desde
la prensa y desde el foro, donde puso de relieve sus
excepcionales facultades de educador, de periodista y de
jurisconsulto, escaló con aplauso de todos sus conterráneos, la
Primera Magistratura de su Estado natal. Ahí le sorprendió la
muerte, afectando intensamente a cuantos alcanzamos a
presenciar de cerca todo lo que valía aquel espíritu noble, alto
y enérgico, enamorado de la verdad y del derecho y con una
devoción ferviente por el credo liberal republicano.12

El texto anterior fue redactado en 1905, cuando ya muchas cosas
habían pasado en la relación entre ambos colegas matamorenses.
Su época de mayor encuentro estaría marcada con gran
fecundidad en poco más de un lustro –1895 a 1901–, pero, para
“Y Griega, Hermoso Tributo”, El Progresista, C. Victoria, agosto 27 de
1905, Hemeroteca del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad
Autónoma de Tamaulipas (en adelante H-UAT).
12

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llegar a ella, la senda de su actuación política previa los llevaría
por caminos diferentes. Hacia 1885, el crítico, periodista y
abogado Guadalupe Mainero fue cooptado por el gobernador
Rómulo Cuéllar, quien lo integró como secretario general de
gobierno.13 Por su parte, Juan B. Tijerina, en esta coyuntura,
pareció encaminarse hacia la abierta oposición.
Disidencia y exilio
Sin que por ahora se pueda disponer de la precisión documental
para detallar la secuencia y causas de los acontecimientos que
determinaron el breve exilio de Juan B. Tijerina, bastará hilvanar
con alguna coherencia los escasos y hasta imprecisos datos de
este episodio de su vida. En principio, se deben ubicar
cronológicamente en el momento en que el general Porfirio Díaz
se enfiló hacia su primera reelección, logrando que en 1887 el
Congreso de la Unión hiciera las modificaciones pertinentes para
que el siguiente año ésta se elevara a precepto constitucional,

13

Al cooptar a los intelectuales, Cuéllar se ajustaba a la práctica sistemática
del presidente Díaz ante la disidencia del país, al señalar respecto a las voces
críticas que “ese gallo quiere mais”. Y así fue como, a través de Justo Sierra,
operó para atraerse a los intelectuales opositores, integrándolos al gobierno,
como lo hizo con Francisco Bulnes, Salvador Díaz Mirón, Victoriano Salado
Álvarez, Federico Gamboa, Francisco G. Cosmes, Telésforo García y otros.
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contradiciendo así la máxima que había inspirado la rebelión del
plan de Tuxtepec: “Sufragio Efectivo, No Reelección”.
La virtual entronización de Díaz en el poder ya había sido
duramente criticada por el médico y general Ignacio Martínez,
quien fue su adepto en las lides tuxtepecanas, pero que se sintió
defraudado –como muchos otros, pero que aguantaron callados–
cuando en 1884 el oaxaqueño había vuelto al poder, y ni qué decir
en 1889 cuando inició el largo ciclo de sucesiones continuas en
la presidencia de la república. Martínez era oriundo de San
Carlos, Tamaulipas, y como discípulo en Monterrey del doctor
Eleuterio González, cultivó el amor por las letras; de ahí que la
expresión de su oposición política al temprano régimen porfirista
la hiciera a través de las páginas de El Mundo, un periódico que
publicó inicialmente en Brownsville a partir de 1884, y cuya
resonancia se dejaba sentir del otro lado del río Bravo.
La presencia del doctor Martínez y de su recia
personalidad, que encarnaba la pureza del pensamiento del
liberalismo mexicano aún no pervertido por los intereses del
poder político-administrativo, debió sin duda influenciar las
convicciones de Juan B. Tijerina y las acciones que se afirma que
tomó. Una de ellas fue oponerse a las restricciones que el
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gobierno de Díaz hizo a la libertad de expresión periodística; otra
más, el negarse a ocupar una curul en el Congreso de la Unión,
como le fue ofrecida; y, finalmente, el pronunciamiento de un
discurso tipificado por una “catilinaria” contra el régimen del
presidente Díaz,14 por lo que fue perseguido y obligado a buscar
el exilio.15 Radicó en Brownsville y San Antonio, Texas, donde
hizo publicar el periódico La Libertad, en el que expresaba
abiertamente

su

oposición

al

gobierno

mexicano.

Lamentablemente, no se conoce hasta ahora ejemplar alguno de
este periódico para valorar el grado de compromiso que adquirió
Tijerina con la causa disidente a Díaz, la que no debió de ser
absolutamente radical como para romper con todos los puentes y
ubicarse en un punto de no retorno,16 algo que sí le sucedió al
“Catilinarias” fueron cuatro discursos pronunciados por Cicerón en el año
63 a.C., luego de descubierta y reprimida una conjura encabezada por Catilina
para dar un golpe de Estado, lo que significa en lenguaje llano que se trata de
un escrito o discurso vehemente dirigido contra alguna persona.
15
Juan Fidel Zorrilla y Carlos González Salas, Diccionario biográfico de
Tamaulipas (Ciudad Victoria: Universidad Autónoma de Tamaulipas, Instituto
de Investigaciones Históricas, 1984), 466-467.
16
Una ulterior e imprecisa versión sobre esta etapa de la vida de Tijerina a la
que agrega elementos para mitificar su figura, muchos años después de
ocurridos estos hechos, fue de la autoría del escritor y periodista yucateco
Armando Trujillo Núñez, quien señaló erróneamente que su exilio ocurrió ¡en
1906!, y que se trataba de ‘una de las más recias personalidades tamaulipecas
14

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�Juan B. Tijerina

doctor Ignacio Martínez, que, habiéndose mudado a Laredo,
Texas, y luego de varios atentados infructuosos contra su vida,
finalmente fue asesinado el 3 de febrero de 1891.17
Aprehensión y peligro de muerte
El tiempo del exilio se agotó aún más para Juan B. Tijerina tras
la muerte de Martínez y la rebelión armada que poco después
emprendió su seguidor, Catarino Garza. Mantenerse en el sur de
Texas era aceptar tácitamente su adhesión a los opositores
radicales. Todo eso debió pasar por su cabeza y hasta pudo ser
advertido por quienes le tenían consideraciones. Lo cierto fue que
a principios de 1894 cruzó la frontera y de inmediato tomó el
empleo de preceptor de la escuela oficial de Nuevo Laredo, lo que
confirma los lazos de solidaridad con los que contaba. Al saberse
de esta decisión y con el ánimo de llevar agua al molino del
régimen de Díaz, un periódico de la capital del país publicó una
breve gacetilla editorial dando cuenta de este hecho:
[…] por su postura ideológica, en cuyo carácter no cabía actitud lacayuna ante
los poderosos, combatió con rudeza al dictador Porfirio Díaz […]’. Citado en
Carlos González Salas, “Juan B. Tijerina: el hombre y su obra”, en Páginas
escogidas, Juan B. Tijerina. Introducción y selección de textos de Carlos
González Salas (Ciudad Victoria: Gobierno del estado de Tamaulipas,
Dirección General de Educación y Cultura, 1987), 21.
17
Zorrilla y González, Diccionario biográfico de Tamaulipas, 303-305.
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Eso prueba que el Sr. Tijerina y todos los oposicionistas allende
el Bravo, no tienen razón al atacar al Gobierno de México o si
la han tenido, no son firmes en sus convicciones. Nos
alegramos, como quiera que sea, que el Sr. Tijerina haya vuelto
sobre sus pasos y que haya dejado de comer el amargo pan del
destierro voluntario.18

La tácita actitud de sometimiento al orden porfirista no le valió
por lo pronto a Juan B. Tijerina. Los agentes federales que
pululaban en Nuevo Laredo seguían todos sus movimientos y
estaban al pendiente de las acciones que tomara. Y lo hacían con
tanta aplicación que sobredimensionaban su importancia. Porque
se dio el caso, de acuerdo con una versión de la época, que
Tijerina estuvo presente en una reyerta entre su acompañante,
Arturo Martínez Cáceres, “amante de la riña y los escándalos”,
con un “abogado distinguido”, de lo que resultó la aprehensión de
ambos.19
Otro testimonio asegura que la aprehensión, girada por el
juez federal situado en este puerto fronterizo, tenía un trasfondo
más profundo, es decir, la sospecha de subversión política. Y se
publicó de la siguiente manera:

18
19

La Patria, México, marzo 8 de 1894, HN.
Otra versión, en La Patria, México, mayo 22 de 1894, HN.

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�Juan B. Tijerina

Nuestros estimados amigos los Sres. Lic. Antonio Martínez
Cáceres, Juan B. Tijerina y Antonio Bustamante fueron
reducidos a prisión en esta ciudad, por orden del Sr. Juez de
Distrito, como a las cinco y media de la tarde del miércoles
último, y dos días después fue también aprehendido por
disposición de la misma autoridad el joven empleado de esta
Aduana José Núñez de Cáceres.

El Sr. Martínez es un abogado inteligente y activo, apenas ayer
llegó a Laredo y recomendado por personas muy respetables; el
señor Tijerina tenía a su cargo la dirección del primer
establecimiento Público de Niños de esta Municipalidad, y por su
amable y franco carácter, gozó de numerosas relaciones; además
¿quién no conoce y quién no quiere a Tijerina, el vate popular de
esta frontera? […]
La causa que se les instruye es, según sabemos, por sospechas
de rebelión y parece que estas sospechas nacieron de una falsa
coincidencia entre ciertas expresiones que se dice manifestó en
público una de las personas que ya dejamos citadas, y lo que en
varios párrafos vino después declamando el [periódico] Amigo
del Pueblo, que se edita en Laredo Texas.
Como la policía sediciosa ha sido siempre la vena enferma del
país, y por tal razón lo que más vigilan nuestras autoridades, no
es de extrañarse el celo desplegado por el C. Juez de Distrito.20

“Los Estados. Las aprehensiones en Laredo”, La Voz de México, México,
mayo 29 de 1894, HN.
20

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�Octavio Herrera Pérez

Pero más allá del celo que pudo haber tenido el funcionario de la
judicatura federal, estaba atrás la figura del general Bernardo
Reyes, gobernador formal del estado de Nuevo León, pero
verdadero procónsul del general Díaz, encargado de vigilar el
álgido y estratégico sector de la frontera norte a nivel de la región
del noreste mexicano, donde él mismo se había movilizado en
1876 enarbolando el plan de Tuxtepec, después de recibir cobijo
y apoyo en el sur de Texas, como ahora lo pretendían hacer sus
opositores.
Al general Reyes se atribuye, en una confusa referencia
sin sustento documental comprobable (pero que se ha repetido en
todas las biografías del mentor), que mandó llevar a Monterrey al
maestro Tijerina, con la intención de aplicarle en el camino la “ley
fuga”; incluso se dice que un homónimo de él había sido
asesinado equivocadamente.21 Por el contrario, lo que sí puede
inferirse, fue que Tijerina estaba perfectamente al tanto de que

Sigue siendo la versión de Armando Trujillo Núñez, en González, “Juan B.
Tijerina: el hombre y su obra”, 21; agregando su juicio subjetivo (que
magnificaba la figura de Tijerina), Trujillo señala que debido a la “babeante
actitud de adulación” de Reyes con Díaz, ‘lo persiguió con saña y no obstante
estar refugiado en el extranjero, hasta él llegaron los tentáculos del dictador y
fue secuestrado por órdenes de Reyes’, lo que es completamente falso, pues
como se ha visto, Tijerina cruzó la frontera voluntariamente.
21

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Guadalupe Mainero se encontraba al frente del Supremo Tribunal
de Justicia de Tamaulipas, de ahí su decisión y hasta su inmediata
reinserción laboral en Nuevo Laredo. Con lo que no contaba –
aunque lo sabía–, era con la sensible atención que le tenía el
gobierno federal a cualquier oposición radical y el contundente
castigo al que se exponían los trasgresores de la pax porfiriana.
Pero aun en esos momentos de complicación legal, Mainero
intercedió por él para sacarlo del escollo.
Un par de años más tarde, cuando palpitaban todavía en
su ánimo los difíciles momentos en los que llegó a peligrar su
vida, quiso hacer una equivalencia hiperbólica de su situación en
forma de poema,22 comparándola con la figura de André Chenier,
a quien dedicó los versos.23 El poema fue publicado en el
periódico La Patria de México, cuyo editor era Irineo Paz, abuelo
del Nobel mexicano, Octavio. Y dice así:
La época es del Terror: la luz divina
Que un momento brilló, muere entre horrores.

Hipérbola deriva de la palabra griega ὑπερβολή (exceso), y es cognado de
hipérbole (la figura literaria que equivale a exageración).
23
Chenier fue un poeta francés, precursor del romanticismo, ejecutado en 1794
durante el período del Terror de la Revolución francesa, acusado de crímenes
contra el Estado.
22

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�Octavio Herrera Pérez

Sucede a la legión de pensadores
La fanática turba que extermina.
Andrés Chenier sus pasos encamina,
Llena el alma de eternos resplandores,
A do, símbolo de odios y rencores,
Alzase la tremenda guillotina.
Llega, y de pie en la máquina imponente
“Aun algo queda aquí”, con voz doliente
Dice, y su frente pálida golpea.
Sobre él fulgura la cuchilla insana,
Y al rodar su cabeza soberana,
El pueblo alborozado palmotea.24

Nueva acogida institucional
Tras recuperar su libertad, Juan B. Tijerina pasó a radicarse en
Ciudad Victoria, bajo el amparo de su amigo solidario,
Guadalupe Mainero, quien a la sazón se encontraba encaminado
a convertirse en el candidato a ocupar el poder ejecutivo del
gobierno del estado de Tamaulipas para el período 1896-1900,
tras la culminación de los dos períodos a los que tuvo derecho de
ejercer el ingeniero Alejandro Prieto. Este límite constitucional a
la permanencia en el cargo de gobernador solo durante dos
cuatrienios, fue resultado de una reforma que hizo el propio Prieto

“Poesía a Andrés Chenier”, La Patria de México, México, julio 10 de 1898,
HN.
24

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del artículo 61 de la Constitución local, que había sido
intransigente en 1887, en tiempos del gobierno de Rómulo
Cuéllar, a no alinearse a los cambios constitucionales que a nivel
federal permitieron la reelección de Díaz. La decisión de Cuéllar
era una velada y sutil protesta contra la creciente centralización
política que el presidente estaba ejerciendo en Tamaulipas, con el
argumento de que violaba el espíritu del plan de Tuxtepec, pero
que al final le resultó contraproducente al propio gobernador, que
se vio impedido de continuar en el gobierno.25
Ya establecido en la capital, Tijerina fundó el periódico El
Progresista en 1895, que se presentó al público como órgano de
difusión política del Club “Guadalupe Mainero”; es decir, fue un
ariete para afirmar la candidatura de su viejo amigo, con el que
afianzó sus lazos. Y vaya que hubo que hacer uso de las páginas
de este medio de prensa para abrirse camino, como se observó en
el contra-ataque a las críticas que le propinaba Manuel de León a
la postulación de Mainero.26 Este personaje era un terrateniente
de Soto la Marina, donde había sido autoridad local; además, fue

25

Miró, Historia de dos caciques y un proyecto de nación: vida política en
Tamaulipas durante la segunda mitad del siglo XIX, 205-212.
26
“Puesto que Vd. lo quiere, sea”, El Progresista, Ciudad Victoria, mayo 3 de
1895, H-UAT.
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postulado a la gubernatura en 1887, diputado en el Congreso de
la Unión al año siguiente, nuevamente mencionado como
candidato a la gubernatura en 1891, estuvo una vez más en la
cámara baja de la nación en 1892, y en 1894 volvió a ser diputado
federal propietario, pero por el partido de Lerma, Estado de
México,27 aunque sin perder el interés de volver a ser postulado a
gobernador en Tamaulipas, como en efecto lo fue en 1895,
compitiendo con Mainero.28
En estos tiempos, década de 1890, florecía la organización
masónica en todo el país, como resultado del triunfo ideológico
del liberalismo. Tamaulipas en especial era un territorio donde la
masonería había arraigado desde los primeros días de la vida
independiente, debido a que, dada su tardía colonización
novohispana, en esta entidad la iglesia no había desplegado una
significativa presencia en la vida pública e institucional. Fue el
rito yorquino el primero en tener una expresión en el estado,
interesado en la propagación del pensamiento liberal y del
régimen político federalista. Se fundaron así, desde 1826 en
Tampico, la logia “Iris de la Paz”, a la que siguieron “Brillo de
27

Diario del Hogar, México, diciembre 19 de 1891; El Siglo XIX, México,
septiembre 12 de 1892; y La Patria, julio 10 de 1894, HN.
28
“Tamaulipas. Gobierno del estado y los candidatos”, y “Las Elecciones en
Tamaulipas. El Sr. D. Manuel de León”, El Diario del Hogar, México, marzo
12 y abril 16 de 1895, respectivamente, HN.
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�Juan B. Tijerina

Luz Mexicana”, en Tula, “Fanal de Tamaulipas”, en Ciudad
Victoria, y “Valor”, en Matamoros. Luego de la reforma liberal y
de la restauración de la república, las logias masónicas cobraron
plena carta de naturalización en el país. En Tamaulipas, en esta
etapa se distinguió de manera significativa el ingeniero Alejandro
Prieto como un líder masónico. Y aunque no se posee el dato del
momento en que Juan B. Tijerina se incorporó a la masonería, su
pertenencia a este tipo de organización fue indiscutible. Incluso,
tras su muerte, se organizó en Ciudad Victoria una logia que
llevaba su nombre. Su adhesión o reincorporación activa a la
masonería, debió sin duda apuntalar y arropar la reinserción
política y social de Tijerina luego de su autoexilio y problemas
judiciales.

Imagen 1. El profesor Juan B.
Tijerina durante su juventud, cuando
su temperamento como .opositor
editorial lo enfrentó al régimen
porfiriano. Colección IIH-UAT.
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�Octavio Herrera Pérez

Impronta de la laicidad educativa
Instruir es emancipar, es engrandecer, es casi crear;
por esta razón, siguiendo los consejos de la experiencia
y el ejemplo de las naciones civilizadas, debemos hacer
de la instrucción la palanca poderosa de la regeneración
de la patria.
José María Vigil

Después de los turbulentos años de confrontaciones políticomilitares y del ejercicio caciquil del poder a lo largo de las
décadas de 1850 a 1870, entrada ya la década de los ochenta se
comenzaron a establecer las bases de la formación de un sistema
educativo organizado en Tamaulipas, cuando el gobierno del
estado comenzó a dar apoyo técnico y financiero a las juntas de
instrucción pública de la entidad, a la vez que las dotó de un
marco de referencia jurídica. Era el tiempo de instrumentar la
educación laica, pública y gratuita, el gran ideal del pensamiento
liberal, a pesar de que el país era una masa demográfica
mayoritariamente analfabeta, pobre y ubicada en el mundo rural,
sujeta a las enormes desigualdades impuestas por el sistema
económico vigente, que aún se agudizó más con la modernización
capitalista y el acaparamiento de la tierra y con una incipiente
proletarización urbana carente de los más mínimos derechos
laborales.
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�Juan B. Tijerina

Aun así, la educación se planteó como uno de los
paradigmas del progreso en marcha, siendo un fuerte incentivo
para la dinámica gubernamental a todos los niveles, que por vez
primera pudo desplegar todo un programa educativo en forma.
Como soporte de este proyecto estuvieron las ideas del
positivismo en boga, que sostenían que el único conocimiento
auténtico era el derivado de las teorías apuntaladas en el método
científico. Sobre esa base fue que, desde el inicio de su gobierno
en 1888, el ingeniero Alejandro Prieto se propuso establecer una
institución educativa que impartiera la enseñanza necesaria para
la formación preparatoria y normal, de lo que resultó la creación
del Instituto Literario del Estado (dividido en dos ramas:
Preparatoria y Escuela Normal de profesores), a cargo del
ingeniero Luis Puebla y Cuadra. Más tarde, ya durante el
gobierno de Guadalupe Mainero, el horizonte educativo se
expandió, añadiéndose entre otros conceptos la educación preescolar, la educación rural y la realización de un primer congreso
pedagógico nacional, así como la creación de la Dirección
General de Instrucción Pública, que normó y unificó los esfuerzos
oficiales en la materia.
Fue en este caldo de cultivo en el que incursionó Juan B.
Tijerina desde que radicó en Ciudad Victoria a partir de 1895,
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�Octavio Herrera Pérez

tanto en la escuela primaria municipal que dirigía, como en la
Escuela Normal y Preparatoria, donde era profesor en diferentes
cátedras y fue mentor de varias generaciones, entre las que se
formaron algunos de los cuadros de intelectuales y políticos
actuantes en el acontecer de la entidad, como Emilio Portes Gil,
Lauro Aguirre, Candelario Reyes y otros. Como docente, se le
recuerda como un gran disertador de sus cátedras, llenas de
erudición y elocuencia, ya que asumía varias asignaturas que iban
desde las matemáticas a la literatura, pues su formación originaria
como profesor de carrera lo acreditaba ampliamente en las aulas,
aparte de sus profusas lecturas, ya que se proveía de textos tanto
para su estantería personal de libros como para la Biblioteca
Pública del Estado que fue creada durante la administración del
ingeniero Prieto.
Pero sin

duda,

una

de

las

aportaciones

más

significativas de Juan B. Tijerina a esta fase formativa de la
educación en Tamaulipas fue el propalar con gran enjundia el
principio laico en la enseñanza, es decir, crear una impronta
indeleble en este sentido, como bien lo proponía el célebre
escritor mexicano José María Vigil. Esto constituía un
principio del pensamiento liberal, que en las numerosas
páginas impresas dedicadas por este mentor, se convirtieron en
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�Juan B. Tijerina

la huella que marcó el ethos ideológico, es decir, remarcó el
conjunto de rasgos de la laicidad en los modos de
comportamiento

institucional

del

sector

educativo

en

Tamaulipas; de ahí que su libro Poesías Escogidas fuera
publicado por el gobierno del estado en 1921, para uso de libro
de texto, en el que se incluían piezas con un claro sentido
edificante de corte laico. Un texto suyo, El Laicisismo,
publicado en 1905, da cuenta de este posicionamiento:
Los padres de familia deben pensar que sobre ellos pesa una
responsabilidad enorme: la instrucción y educación de sus
hijos; que el único medio para llegar a este fin, es poner a sus
hijos en las escuelas laicas. El maestro laico no enseña al acaso,
sino por el contrario, para llenar cumplidamente su misión
civilizadora, recibe especialísima preparación, y solo tras
largos años de afanes y estudios llega a obtener el título que lo
autoriza para ejercer el Magisterio.
[...] en las escuelas oficiales no puede darse enseñanza
religiosa, pues esto sería un atentado sin nombre a la tolerancia
religiosa y a la libertad de conciencia, ya que se pretendiera
enseñar tal o cual religión, con exclusión de las demás; y en
segundo, porque, no nos cansaremos de repetirlo, aún a riesgo
de incurrir en el vicio de tautología, la educación e instrucción
que se recibe en los planteles oficiales, no influye poco ni
mucho en las creencias religiosas, y católicos y protestantes
pueden mandar a ellos a sus hijos, los cuales, sin dejar de ser
protestantes o católicos, podrán adquirir aquella suma de
conocimientos indispensables para entrar mañana a la ruda e
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�Octavio Herrera Pérez

incesante lucha de la existencia y ser miembros útiles a la
sociedad en que viven.29

Anticlerical recalcitrante
A la par de su posición laica en el frente educativo, en la palestra
pública abierta Juan B. Tijerina no tuvo recato alguno en expresar
su anticlericalismo, aunque se confesara respetuoso de un Ser
Supremo, o del Gran Arquitecto del Universo, desde la
perspectiva masónica que practicaba. Dentro de esta última, se
mostraba inclinado a la postura filosófica del deísmo, en el que
aceptaba la existencia y naturaleza de Dios, pero a través de la
razón y la experiencia personal, en vez de aceptarlo como
símbolo de fe religiosa. Así lo refleja en varios de sus textos, y
aun llega a ser duro y radical en sus conceptos, como lo señaló en
la refutación hecha en 1906 a Juan Pedro Didapp, al disentir con
sus ideas sobre la existencia o no de la religión, particularmente
el credo católico. De esta forma se expresó Tijerina:
No, estimado colega: para ludibrio de la razón, para escarnio de
la verdad y vergüenza del género humano, la Religión católica
no ha muerto por desgracia, pero morirá, como tiene que morir
todo cuanto se opone al empuje arrollador e irresistible del
progreso, como tiene que morir lo anacrónico, lo absurdo, lo
“El Laicismo”, El Progresista, Ciudad Victoria, octubre 22 de 1905, HUAT.
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que es incompatible con la libertad y racionalidad humanas,
con las lágrimas y eternas aspiraciones del hombre hacia su
perfeccionamiento intelectual y moral. 30

Imagen 2. El Instituto Literario del Estado de Tamaulipas, donde Juan B.
Tijerina afianzó su laicidad y los valores y principios del liberalismo, situado
en Ciudad Victoria, justo frente al solar de su competidor natural: el obispado
de Tamaulipas. Colección Gilberto Gómez.

Pero a contrapelo del anticlericalismo de Juan B. Tijerina, en
Ciudad Victoria tenía lugar una intensa actividad por parte del
clero católico, como sede que era del Obispado de Tamaulipas,
instaurado por el Papa Pío IX en 1861 en forma de Vicariato
Apostólico, con lo que se hizo la separación jurisdiccional de la

“Un periódico fronterizo y La Patria”, La Patria, México, enero 27 de 1906,
HN.
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mitra de Nuevo León. Finalmente, el proceso culminaría en 1870,
cuando el mismo pontífice expidió la bula Apostolicam in
Universa Orbis Ecclesis, por la que se erigió la mitra tamaulipeca.
No obstante, en Tamaulipas ya había existido una decidida
oposición liberal contra los intereses de la iglesia. Así lo hizo el
gobernador Francisco Vital Fernández hacia 1833, al asumir una
suerte de patronazgo de estado, especialmente en el cobro del
diezmo y el remate de las ex misiones de indios, afectando la
influencia del Obispado de Nuevo León. Más tarde, durante la
Guerra de los Tres Años, el clero tamaulipeco, bajo la influencia
imperativa del gobernador Juan José de la Garza, reconoció los
principios de las Leyes de Reforma. Un elemento más en los
avatares de la iglesia en Tamaulipas sería la figura del padre
Ramón Lozano, párroco de Santa Bárbara, quien pretendió en
1861 crear la denominada Iglesia Católica Apostólica Mexicana;
fue también diputado ante el congreso del estado, quien lo
autorizó a legitimar con su apellido a tres hijos que tenía con
Cesárea Quintero.31 Y peor aún para la iglesia en Tamaulipas,
cuando en 1896 estalló un escándalo a nivel nacional debido a
“Expediente relativo a la legitimación de los hijos naturales del presbítero
don Ramón Lozano, Congreso del Estado de Tamaulipas”, El Siglo XIX,
México, mayo 26 y 27 de 1861, HN.
31

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que el segundo obispo de esta diócesis, Eduardo Sánchez
Camacho, se pronunció contra las supuestas apariciones de la
virgen de Guadalupe en el Tepeyac, lo que derivó en la
intervención del propio nuncio apostólico Nicolás Averardi,
resultando al final su remoción y renuncia del obispado.32 Pero a
pesar de todo, como ha sucedido en casi dos mil años, la iglesia
volvió a erigirse venturosa en Tamaulipas, al ganar un terreno
antes no conquistado, de la mano de las elites locales y del pueblo
llano,

quienes

desconocían,

pensamiento liberal.

ambos,

los

principios

del

33

A diferencia del maestro, poeta, periodista, liberal y
masón Juan B. Tijerina, el político Guadalupe Mainero, su
mancuerna solidaria, como hombre público, no se podía sustraer
al signo de los tiempos que impuso el propio presidente Porfirio
Díaz al instaurar un trato conciliatorio con la iglesia.34 Así las
José Miguel Romero de Solís, “Apostasía episcopal en Tamaulipas, 1896”,
Historia Mexicana XXXVII, núm. 2 (octubre-diciembre 1987): 239-282.
33
Así vemos, por ejemplo, que durante la Semana Santa de 1902, el obispo
Simón del Fierro encabezó la culminación del adorno interior de la iglesia
catedral de El Refugio. La descripción de un contemporáneo puede leerse en
“Tamaulipas”, El Tiempo. Diario Católico, abril 11 de 1902, HN.
34
En esto influyó el sacerdote y primer arzobispo de Oaxaca, Eulogio Gillow,
quien en 1881 casó al general Díaz con la tamaulipeca Carmen Romero Rubio.
Para el Vaticano, y especialmente para el Papa León XIII, uno de los objetivos
importantes para la América Latina era llegar a un concordato con el gobierno
republicano de México, lo que Díaz eludió con el artilugio de que el país se
32

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cosas, Mainero no quiso quedarse atrás, como lo hizo al firmar
una manifestación de apoyo y reconocimiento a la labor del
exobispo Sánchez Camacho, o como cuando afirmó que las Leyes
de Reforma habían servido para moralizar al clero mexicano, lo
que le acarreó severas críticas, pues se mostraba “más papista que
el Papa”35 (lo que no podía en el fondo ser posible, ya que el
gobernador pertenecía al culto protestante, como lo consigna su
acta de defunción). Y sin hacer caso de sus detractores, el
gobernador siguió dando los pasos que él consideraba para hacer
efectivas unas buenas y cordiales relaciones con la iglesia, aunque
no oficiales, pero sí oficiosas:
Don Guadalupe Mainero sigue prestando su coche para el
Obispo Fierro y para que pase el viático por las calles de Ciudad
Victoria. ¿Qué es más de admirar, que Fierro no tenga coche, o
que Mainero le preste el suyo? Lo segundo no me admira,
porque hoy está de moda la conciliación.36

Un hombre de letras y crítico literario
No se pretende en estas líneas hacer un análisis acerca de la obra
literaria de Juan B. Tijerina, ya que no son propiamente las letras

fundamentaba en la laicidad del Estado, cuando en realidad la mayoría de la
sociedad era católica y guadalupana.
35
“Difícil Tarea”, La Zona Libre, Nuevo Laredo, reproducido en El Diario del
Hogar, noviembre 16, 1895, México, HN.
36
El Hijo del Ahuizote, México, noviembre 26 de 1899, HN.
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en un sentido literario el hilo conductor de este ensayo, sino la
actuación política e ideológica de nuestro personaje. Aun así, es
tal el compromiso con su causa, que no deja de estar presente en
muchos casos de su trabajo literario la alusión política, la
metáfora crítica a un émulo, o el sarcasmo sin remitente contra
algunos de sus detractores. Y ni qué decir de su crítica literaria,
que, si bien en ocasiones se ciñe al mundo de las letras, en otras
es simplemente también una vía para el pugilismo político. Su
seudónimo de lucha fue Harmodio, nombre propio del griego
antiguo Ἁρμόδιος /Harmodios, muerto en el 514 a.C., y quien
junto a Aristogitón fueron un par de tiranicidas, considerados
como héroes y mártires de la libertad en la Atenas clásica.37
37

De ambos personajes dan cuenta Heródoto y Tucídides, al decir que
Aristogitón era un ateniense de clase media vinculado con su joven amante,
Harmodio, de familia noble, quien estaba ofendido por Hiparco, uno de los
Psistrátidas (gobernantes de Atenas), que impidió que su hermana formara
parte de las canéforas (jóvenes vírgenes portadoras de canastos de flores y de
mirtos) en la procesión de las Panateneas (fiestas religiosas dedicadas a
Atenea). Por tanto, ambos se unieron para derrocar a este tirano y a su hermano
Hipias. Lograron matar a Hiparco, pero al final fueron muertos los dos,
provocando por último el derrocamiento por el pueblo ateniense de Hipias.
Calistrato, un sofista y retórico del siglo III a.C., les cantó: “Yo llevaré mi
espada/de mirto coronada/como Aristogitón y Harmodio hicieron/cuando al
fiero tirano/mataron y en Atenas/la igualdad de la ley establecieron./¡Oh
Harmodio! Tú no has muerto:/tú estás, según se dice/en la isla de los
bienaventurados/do están los esforzados/Aquiles el ligero/y Diomedes, hijo de
Tideo. Yo llevaré mi espada/de mirto coronada/como Aristogitón y Harmodio
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Ernesto Higuera y Carlos Gonzáles Salas han sido quienes han
hecho un abordaje analítico de la trascendencia literaria de
Tijerina. Ambos coinciden en las múltiples facetas que tuvo y en
la realización y plenitud que alcanzó en cada una de ellas, y a sus
análisis sobre la valoración de su obra yo remito al lector.38
En suma, señala González Salas, puede en parte
identificarse su obra con autores del romanticismo, tales como
Espronceda, Byron, Bécquer y Núñez Arce, algo muy natural
dada su afinidad con el pensamiento liberal. No obstante, debido
a su propia preparación profesional y manejo de los recursos
mitológicos, se mantuvo conservadoramente situado como un
neoclásico.39 Por tanto, antagonizado con la corriente modernista
que ya se expresaba, como una transición desde el romanticismo
y que estaba presente en la época en la que le tocó vivir, como
Manuel Gutiérrez Nájera, Manuel José Othón, Salvador Díaz
Mirón, Luis G. Urbina, Amado Nervo, José Juan Tablada y
hicieron/cuando al tirano Hiparco/en las solemnes fiestas/de la sacra Minerva,
muerte dieron./Será entre los mortales/eterna vuestra gloria,/caro Aristogitón
y Harmodio amado,/porque al tirano airado/matasteis y en Atenas/la igualdad
de la ley establecistes”.
38
Ernesto Higuera, Páginas selectas (Ciudad Victoria: Gobierno del estado de
Tamaulipas, Dirección General de Educación y Cultura, 1987), 73-86; y
González, “Juan B. Tijerina: el hombre y su obra”, 9-25.
39
González, “Juan B. Tijerina: el hombre y su obra”, 22-23.
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Ramón López Velarde, de quienes publicó algún poema en su
periódico El Progresista, pero con los que no se incorporó,
manteniéndose en su raya, lo que seguramente influyó para que
se le soslayara del pleno reconocimiento nacional a su obra.
Respecto a su talante como crítico literario –retomando a
González Salas–, solo se dedicaba a fustigar, sin analizar o
interpretar. Es decir, gustaba de hacer de la crítica el ataque
continuo, de los que no se libran escritores y poetas de la talla del
colombiano Julio Flórez Roa, el nicaragüense Rubén Darío, el
peruano José Santos Chocano (el “cantor de América”), y los
mexicanos Rafael Sayas Enríquez (jurisconsulto y poeta), Amado
Nervo y Juan José Tablada (ambos diplomáticos y hombres de
mundo), a los que llamó “decadentistas”, por su abierta oposición
a la moral tradicional. Cabe subrayar que en ningún caso entabló
una polémica con ellos, sino que el propio Tijerina publicaba las
interpretaciones de sus obras en las páginas de la prensa a su
disposición. Y desde allí también hizo crítica ejemplarizante a los
noveles e inexpertos literatos de su época, a veces con tanta
brusquedad que rayaba en una agresión abierta o satírica:
Ni el Sr. Profesor Don Gregorio Torres Quintero en sus fábulas
[…], ni Don Rodolfo Menéndez, ese campeón de los
despropósitos métrico-escolares, autor de la Lira de la Niñez y
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otros excesos; ni, en fin maestro de escuela alguno, han
producido en sus períodos álgidos de inspiración tantos y tales
desatinos como los que contiene un Sainete en verso que tengo
a la vista, titulado El Pacto Fundamental, y cometido por un
Sr. Mariano Sánchez Santos, poeta dramático andante, cuyas
hazañas hasta hoy llegaron a mi noticia. [...] El argumento del
sainetito en cuestión no puede ser más sencillo ni más tonto...40

Caso de una crítica literaria muy especial, es el discurso
apologético oficial que se hace y se repite incesantemente, cuando
se menciona en la actualidad en público al poeta Tijerina, es su
“catilinaria” contra el obispo José María Ignacio Montes de Oca
y Obregón. En primer término, hay que recordar que este
personaje de la iglesia fue el primer obispo de Tamaulipas, en
cuya diócesis se mantuvo a lo largo de casi toda la década de
1870, al lado del “Tío” Servando [Canales], de donde pasó
después a la mitra de Nuevo León y finalmente a la de San Luis
Potosí. De que Montes de Oca era un individuo arrogante y
petulante no cabe duda, en buena medida por su linaje de origen,
como miembro de una de las familias más aristocráticas de
México, con residencia en Guanajuato. De que era buen escritor
–su seudónimo “Apando Acaico”–, tampoco se puede decir lo

“El Pacto Fundamental”, El Progresista, Ciudad Victoria, febrero 19 de
1905, H-UAT.
40

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contrario por un observador objetivo, al tener una formación
humanista y religiosa adquirida en Inglaterra, en la Universidad
Gregoriana de Roma y en la Academia de Nobles Eclesiásticos
también situada en la Santa Sede, donde se doctoró en ambos
derechos. De su conocimiento de los clásicos, no hay incógnita,
incluso leídos en sus lenguas originales, al dominar el griego,
latín, francés, italiano y castellano. Y de su lista de obras, basta
hacer una ligera pesquisa para dar con ellas en las referencias
bibliográficas de la literatura mexicana. Entonces: ¿Cuál fue la
motivación de Tijerina para irse contra el obispo potosino y
extamaulipeco? Ideológica, sería la respuesta, pues desde 1900
Montes de Oca, desde París, había expresado que en México la
iglesia católica había avanzado a pesar de las Leyes de Reforma,
a la vez que denunció la separación de la Iglesia-Estado, como un
acto violento a la naturaleza, como separar al alma del cuerpo.
Naturalmente esto provocó la hilaridad de los liberales
mexicanos, por cierto, ya con bastante pólvora mojada en sus
alforjas, entre los que se contaba, abastionado en Ciudad Victoria,
el implacable Harmodio, éste en cambio con bastante parque,
quien dijo:

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Y voy a hablar del Sr. Montes de Oca. Y emplearé el estilo
bíblico. Que es lo mismo que cualquier otro estilo. Y empiezo,
y digo: El Sr. Montes de Oca es un hombre de mucho talento.
Y un consumado escriturario. Y un humanista de libras. Y un
literato insigne. De los dos elementos que integran al poeta, la
vanidad y el numen, no le falta más que este último. Por eso no
es un poeta. Lo que no impide que tenga sus originalidades. Y
sus salidas imprevistas. Y sus golpes inesperados.
Historiemos.
En aquel tiempo fue el Sr. Montes de Oca Obispo de
Tamaulipas. Y le pareció que un obispo estaba en la obligación
de hacer versos. Y se creyó poeta. Y compuso un soneto. Y vio
que era bueno. Y lo publicó. Y lo censuró. Y el Sr. Montes de
Oca defendió su obra diciendo que era excelente. Por razón
muy sencilla: porque el censor era un perro. Y por otra no
menos obvia: porque él, Montes de Oca, era un planeta muy
limpio y muy alto.41

El bardo en la madurez de su vida
Ahora tratémonos de acerca al hombre de carne y hueso que fue
Juan B. Tijerina. Esto solo lo podemos hacer con los testimonios
de quienes lo conocieron, preferentemente algunos de sus
alumnos. Julián Terán, Artemio Villafaña, Ernesto Higuera y
hasta Emilio Portes Gil se encuentran entre los que dejaron un
testimonio escrito sobre su persona.

“Originalidades del Sr. Obispo Montes de Oca”, El Progresista, Ciudad
Victoria, marzo 12 de 1905, H-UAT.
41

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De entrada, las proporciones de su anatomía, descritas
cuando ya estaba en su etapa madura: “Era un hombre de
cincuenta años, de cuerpo mediano, de apariencia robusta, andar
pesado, enérgico, altivo y rostro rubicundo, amplio bigote entero
y perilla corta; su cabellera entrecana y revuelta y su mirada noble
y altiva”.42 Otra descripción de Tijerina agrega, luego de repetir
los rasgos sobre su apariencia mediana y robusta, y también a los
cincuenta años:
Ataviado con traje completo, aunque no acicalado, tocado con
sombrero […] cara casi redonda terminada en piocha entrecana
a lo Justo Sierra, mirada penetrante, aunque no severa, con el
hombro derecho un poco caído, asimetría ésta que ocasionaba,
al caminar, cierto balanceo y un paso un poquito más largo del
bagaje intelectual y artístico de la última hora. Para los
estudiantes era ejemplo vivo de sapiencia, de probidad, de
espíritu liberal, de carácter, de tribuno, de poeta; de ahí nuestra
veneración.43

Tal vez por su carácter, Juan B. Tijerina nunca se casó. Tampoco
cantarle a la mujer o construir composiciones líricas de corte
erótico fue lo suyo. Se sabe que llegó, por encargo, a redactar
Julián Terán, “Reseña literaria de Tamaulipas”, El Mundo, magazine
dominical, Tampico, enero 30 de 1968, en González, “Juan B. Tijerina: el
hombre y su obra”, 13.
43
Artemio Villafaña, “Discurso sobre la poesía de Don Juan B. Tijerina”, II
Encuentro de Poesía Tamaulipeca, Tampico, septiembre 14 de 1976, en
González, “Juan B. Tijerina: el hombre y su obra”, 13-14.
42

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algún discurso enalteciendo la superación de la mujer, pero hasta
allí. En este sentido, otro de sus alumnos aseveró: “Fue un
misógamo, a pesar de las galanterías prodigadas a la mujer en
algunas improvisaciones y páginas de álbum. Su gran amor fue el
estudio, porque vivió en frecuente trato de los libros”.44
Eso sí, lo de disfrutar la vida no lo perdonaba, algo
bastante explicable en un hombre de letras, lector consumado y
creador de imágenes textuales. Tenía que haber un estímulo, un
elixir que hiciera fluir las ideas:
Gustaba mucho de la buena mesa y de los vinos fuertes.
Sócrates hubiera podido beber muchas horas en su compañía
sin rendirse a los efectos de la embriaguez. Fumaba cigarrillos
de hoja de maíz. Muy personal era su forma de succionar el
humo: lo retenía en la boca sin darle “el golpe”, con los carrillos
inflados, para arrojarlo después de impregnarse con aroma del
tabaco.45

Metódico, se metía a la cama temprano y se levantaba al
amanecer. Enseguida se enfundaba en uno de sus trajes gruesos,
generalmente oscuros, y andaba una cuadra desde su casa situada
en el callejón de Morelos, que daba a la antigua Plaza de Armas,
para llegar a la Calle Real (Hidalgo), donde tomaba el tranvía –

44
45

Higuera, Páginas selectas, 83.
Higuera, 84.

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�Juan B. Tijerina

perteneciente a su amigo el potentado Manuel González, hijo–,
que lo llevaba hasta la hacienda de Tamatán, también propiedad
de aquél, por lo que al bajarse se acomodaba su amplio sombrero
negro de copa elevada y anchas alas, para enseguida dedicarse a
caminar, rompiendo así el sedentarismo y las largas horas de
concentración y de lectura, preparación de clases o revisión de
exámenes, así como elaborando planes de estudio, toda una tarea
continua. Y ya en las horas de descanso, tenemos una estampa
que nos da una imagen del bardo:
Acostumbraba a sentarse en una amplia mecedora de las tejidas
con palma que hacen en Tamaulipas, en mangas de camisa, de
aquellas camisas de colores vivos que siempre lucía
pulcramente planchadas, lustrosas y almidonadas, sosteniendo
en su mano el volumen que estaba en turno. Los pocos estantes
de su biblioteca se urgían adosados a los muros de una pieza
grande que le servían de recibidor. Dejaba su retiro solamente
para concurrir a sus cátedras a la Escuela Preparatoria y
Normal, y en la escuela municipal que dirigía.46

La oratoria y disertación pública de sus poemas y composiciones
en prosa fueron otras de las grandes inclinaciones de Tijerina.
Para ello tenía toda la autoridad, el escenario y hasta el poder en
la capital de Tamaulipas, especialmente en el lustro de oro en que
Guadalupe Mainero se mantuvo al frente del gobierno del estado.
46

Higuera, 83-84.

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�Octavio Herrera Pérez

El flamante Teatro Juárez era el coso para este gladiador literario,
cuyas obras estaban presentes, o bien en viva voz de su persona,
o por interpósitas personas o alumnos que las declamaban y
leían.47 Su presencia personal era todo un espectáculo, que
alcanzaba la dimensión de una interpretación escénica
grandilocuente, de verdadero carácter político, como no pudo
pasar por alto a la observación de un niño que, al pasar el tiempo,
asumiría la presidencia de la república, Emilio Portes Gil:
Recuerdo la presencia desafiante de don Juan, en la velada que
para despedir el siglo se llevó a cabo en el teatro Juárez. El acto
lo presidía don Guadalupe Mainero Gobernador del Estado. El
coliseo estaba pletórico. Se esperaban con ansiedad las 12 de la
noche, hora en que el gran tribuno habría de tomar la palabra.
Al levantarse de su asiento, una estruendosa ovación se oyó en
el recinto. Todos nos pusimos de pie. Yo tenía nueve años de
edad y sentí que mi cuerpo vibraba como si fuera un dínamo.
Al terminar la atronadora demostración, don Juan pronunció
una de las más bellas poesías que he escuchado en toda mi
vida.48
47

Un ejemplo de las lecturas que se hacían de las composiciones de Juan B.
Tijerina, fue cuando el coronel Gonzalo Ríos del 4° Batallón del ejército que
guarecía ciudad Victoria, organizó un acto en el Teatro Juárez para la entrega
de premios a los alumnos de la escuela de tropa, acompañado del director de
Instrucción Pública del estado, Silverio de J. Zamudio y del gobernador
Argüelles, en el que el joven González Salinas dio lectura a las palabras del
maestro Tijerina, amenizando la velada la Banda del Estado. La Patria, enero
9 de 1906, HN.
48
Emilio Portes Gil, Raigambre de la revolución en Tamaulipas:
autobiografía en acción (Ciudad Victoria: Gobierno del Estado de
Tamaulipas, 2008), 39.
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�Juan B. Tijerina

Política y contraataque periodístico
Capacitado en la beligerancia de las letras cuando éstas se
involucran con la política, una de las facetas que sus alumnos no
pudieron comprender –porque ninguno dejó testimonio de ello–,
fue el tiempo cuando Tijerina se convirtió en la materia gris, en
el segmento periodístico del “cuarto de guerra” del que debió
echar mano el gobernador Mainero en el difícil cuatrienio de su
primera administración gubernamental que arrancó en 1896. Por
tal razón ahora El Progresista se declaraba como un “periódico
político, literario, comercial, agrícola, de variedades y anuncios”,
es decir, para cubrir todos los frentes posibles de refriega. Por otro
lado, el nuevo gobernador, en un acto de concentración de poder
–que le fue duramente criticado–, colocó en la dirección del
Periódico Oficial del Estado a su secretario general (“particular”,
como se decía entonces), Gustavo Caballero. En tanto Víctor
Pérez Ortiz, quien se había responsabilizado del órgano oficial
del gobierno en la administración de Prieto, fue rescatado por
Tijerina, que entendía que la tipografía no era una cuestión
política, a diferencia de los nuevos acólitos oficiosos del
gobernador que veían por doquier “moros con tranchete”.
Tijerina mismo en este momento le fue recordado por los
críticos a Mainero que “tenía cola que pisar”, por una supuesta
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�Octavio Herrera Pérez

vinculación con la rebelión de Catarino Garza en la frontera norte,
uno de los seguidores del difunto y mártir doctor Ignacio
Martínez. Pero era cosa probada que él se había desentendido del
radicalismo anti-porfirista y había pagado su penitencia casi con
su pellejo en las fauces del procónsul Bernardo Reyes. Entonces,
de momento, había que nadar sin hacer olas, porque casi
coincidentemente la propia candidatura y el gobierno inicial de
Guadalupe Mainero, estuvieron a punto de irse al traste. El
problema fue que su hermano Antonio, un oficial a nivel de
coronel pero con delicadas responsabilidades en la frontera norte,
cometió numerosos abusos entre la tropa a su mando, incluso la
muerte de un soldado castigado a palos, lo que originó que el
ministerio de guerra, sin consideración de la influencia política
de su hermano (cuyos amanuenses del Periódico Oficial
intentaron defender), sometiera a este individuo a una corte
marcial, y lo sujetara a prisión en Monterrey y luego en San Juan
de Ulúa.49
A pesar de que el gobernador Mainero tenía el ánimo y
buena intención de hacer bien las cosas, continuó siendo muy

“Mainero en San Juan de Ulúa”, Diario del Hogar, México, mayo 20 de
1899, HN.
49

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criticado en la prensa nacional y por varios intelectuales
orgánicos del sistema, por incursionar en temas bastante
delicados. Uno de ellos fue el introducir una opinión de corte
internacional –con el pretexto de que era una recomendación de
paz y concordia solo para consumo estatal–, en el tema de las
convulsiones revolucionarias que se experimentaban en Cuba en
la víspera de la invasión norteamericana. Por tanto, la andanada
no se dejó esperar.50 Otra iniciativa que también dio pie a las
críticas de la prensa fue la propuesta que hizo el gobernador de
aplicar severas penas a los reincidentes en el “delito” de la
embriaguez, modificando para tal efecto el código penal del
estado.51
Pero el tema que pegó durísimo a la administración
gubernamental de Mainero, en términos de críticas de prensa, fue
su iniciativa de adquirir el solar donde había tenido lugar en la
villa de Padilla la ejecución del exemperador Agustín de Iturbide
en 1824. Esta acción era en esencia un acto de plena congruencia

50

Un ejemplo elocuente de tales críticas está en El Popular, México, enero 7
de 1897, HN.
51
Y la prensa nacional se preguntaba si con esa medida se iba a lograr la
temperancia de los tamaulipecos. Un ejemplo editorial se observa en el
influyente periódico El Imparcial, México, julio 14 de 1897, HN.
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liberal, ya que por esos días un particular de corte conservador y
del interior del país, pretendía adquirir dicho predio, con miras a
erigir allí, de su propio peculio, una capilla religiosa
conmemorativa, similar a como había ocurrido en Querétaro en
el Cerro de las Campanas. Y no solo eso, la adquisición del
terreno se hizo con todo el protocolo del caso, ya que pasó a ser
un bien público, cuyos trámites fueron debidamente dados a
conocer en una publicación, que se hizo acompañar de un
razonamiento histórico a cargo del prestigiado doctor Ernesto de
Kératry, por entonces titular del Instituto Literario del Estado.52
Sin embargo, nada de esto representó una justificación para los
críticos externos, presentes “en casi toda la prensa de la
república”. Solo el Periódico Oficial de Tamaulipas y El
Espectador de Monterrey hicieron frente al vendaval.53
Y ¿dónde queda Juan B. Tijerina en todo este intenso
tráfago de críticas contra la máxima autoridad de Tamaulipas?
Pues atrás de las letras, su especialidad, embozado ahora con el
seudónimo de “Y Griega”, tratando inútilmente de quitarle los
52

El Monumento de Padilla.
A este periódico Irineo Paz lo tildaba “de tener cinco suscripciones pagadas
por el Tesoro de Tamaulipas, porque de otro modo, ni el mismo Mainero
comprende que se le defienda…”. La Patria, México, abril 24 de 1901, HN.
53

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�Juan B. Tijerina

golpes a Mainero, en los temas de Cuba, la embriaguez, el
monumento de Padilla y en cuanto fuera necesario, porque
también coadyuvaba sin duda en forma anónima a la redacción
de los posicionamientos que hacía el Periódico Oficial de
Tamaulipas.54
Para 1899, cuando se acercaba el fin del cuatrienio del
gobierno de Guadalupe Mainero, las condiciones que lo rodeaban
hacían previsible que ya no siguiera gozando de la confianza del
presidente Díaz, el gran elector, por lo que los diversos grupos
políticos locales opuestos a su administración comenzaran a
movilizarse. Esto debido a que, como táctica de abrir camino, el
Periódico Oficial se comenzó a convertir en un vehículo de las
fobias contra los posibles competidores a la reelección del
gobernador. Uno de estos líderes de oposición era el licenciado J.
de Jesús Peña, que de manera privada se quejó de esta situación
con el ingeniero Alejandro Prieto, el exgobernador, quien podía
estar en capacidad de volver a ocupar la primera magistratura del
estado. Le decía así Peña al ingeniero Prieto:

“Y Griega, Los Honrados y los Púgiles”, El Espectador, Monterrey, en
Periódico Oficial del Estado de Tamaulipas, Ciudad Victoria, abril 27 de
1901, Archivo General e Histórico del Estado de Tamaulipas (en adelante
AGHT).
54

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�Octavio Herrera Pérez

Algunas personas aseguran que es cosa resuelta la reelección
de Mainero, pero como no puedo creer en cosa tan poco
deseada por nuestro pobre Estado y tan inmerecida de parte de
quien personifica actualmente una verdadera decepción,
aquella noticia me ha hecho pensar en la oportunidad que Vd.
se acerque al Sr. Presidente haciéndole conocer que es general
y motivado el descontento que rodea a nuestro joven
gobernante […]
Carece el señor Mainero de méritos para con el Estado para
continuar en el Gobierno, carece de simpatías y representa una
decepción para las muchas esperanzas con que fue recibida su
promoción al puesto que ocupa. Este es el sentimiento más
general en el Estado [...].55

Pero en tanto las imputaciones negativas al gobernador se
hicieran desde el ámbito de lo privado, esto no tenía mayor
significación, más que la propia subjetividad del individuo que
las generaba, el licenciado Peña. El problema para Mainero fue
cuando desde la primera página del Periódico Oficial se trató de
justificar el déficit financiero por el que atravesaba la
administración estatal, atribuyéndoselo a los gobiernos anteriores
y casi con dedicatoria al mandato del ingeniero Alejandro Prieto,
tratando, en el fondo, descalificarlo de la carrera electoral por

55

University of Texas at Austin, Nettie Lee Benson Latin American
Collection, Alejandro Prieto Papers (en adelante UT-NLB-APP), caja 5, f. 2,
J. de J. Peña a Alejandro Prieto, Ciudad Victoria, enero 31 de 1899.
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�Juan B. Tijerina

venir.56 Y la respuesta no se hizo esperar, también desde la esfera
de lo privado, pero entre los dos personajes políticamente más
relevantes

de

Tamaulipas

en

esos

momentos,

cuyas

recriminaciones, aclaraciones y negociaciones epistolares sí
tuvieron al final una expresión políticamente tangible. Le escribió
de esta manera el ingeniero Prieto al gobernador:
¿Qué objeto pues se lleva en ejercer la saña más cruel en contra
mía hasta el grado de afirmar que mi periodo de Gobierno fue
peor en malos resultados que los administrativos
constitucionales transcurridos, de 1876 a 1880, y de 80 a 1884,
de triste recordación? No puedo adivinarlo y en esa
imposibilidad entro en el incierto campo de las presunciones
para fijarme en la que me parece más adecuada a las
circunstancias actuales, y es la de que los aludidos escritores
temen o suponen que mi nombre podrá tal vez volver a figurar
entre los de los candidatos a ese Gobierno al terminar Vd. su
presente periodo constitucional.57

Ante esta misiva Guadalupe Mainero no pudo quedarse
impasible. Prieto representaba a una influyente fuerza política en
el estado y continuaba moviéndose en las altas esferas nacionales,
ejerciendo su profesión como contratista del gobierno y
56

Una explicación para las gentes sensatas e imparciales del Estado, Periódico
Oficial de Tamaulipas, Victoria, mayo 28 de 1898, AGHT.
57
UT-NLB-APP, caja 5, f. 1, Alejandro Prieto a Guadalupe Mainero,
Tacubaya, julio 14 de 1898.
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�Octavio Herrera Pérez

conservando las amistades claves de la política que lo pudieran
volver a relanzar al poder, aunque tácticamente lo negara. De ahí
el tono mensurado y conciliador del gobernador con el
exmandatario:
[...] desde el primer día de mi advenimiento al poder, los que
son o se dicen más amigos de Vd., tanto entre los que figuraban
en la nueva administración, como algunos que estaban fuera,
advertí con pena que una encubierta pero incesantemente, y
otros de una manera descubierta me hostilizaban de palabra y
también de obra cuando se podía.
[...] Por la razón que Vd. mismo me dice y creyendo que no ha
de rolar Vd. como candidato en el próximo periodo, según
también lo he dicho a mis amigos y a los que más lo son de Vd.
cuando se ha tratado incidentalmente de eso, supongo que no
tendrá Vd. inconveniente en recomendar a estos últimos, que
no me continúen hostilizando y si figuraren aún en la
administración, sean puestos del Estado o locales, que me
ayuden con cabal buena fe. Si así se sirve Vd. hacerlo, mucho
se lo he de agradecer.58

Y como políticos que ambos eran, integrantes del régimen
porfirista, de inmediato llegaron a un arreglo. De momento,
estando Prieto a punto de dejar el Senado de la república, el
gobernador Mainero le ofreció un viático de 300 pesos mensuales
y más tarde le permitiría ser el contratista del gran proyecto de
58

UT-NLB-APP, caja 5, f. 1, Guadalupe Mainero a Alejandro Prieto, C.
Victoria, julio 18 de 1898.
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�Juan B. Tijerina

inversión federal para las obras de saneamiento del puerto de
Tampico.59 Incluso hasta con el licenciado Peña llegó a un arreglo
el gobernador, al contratarlo para que llevara a cabo una
recopilación documental de las leyes de la entidad, dándole cien
pesos mensuales en siete entregas por parte de la tesorería
estatal.60
Orfandad política
Arreglado el escenario y con la bendición del presidente Díaz, en
1900 fue reelecto el licenciado Guadalupe Mainero para un
segundo período al frente del gobierno del estado de
Tamaulipas.61 Sin embargo, pronto presentó un quebranto en su

59

UT-NLB-APP, caja 5, f. 1, Guadalupe Mainero a Alejandro Prieto, C.
Victoria, julio 22 de 1898.
60
“Borrador de nuevo contrato sobre Colección de leyes”, UT-NLB-APP, caja
5, f. 3 bis. La presencia de este documento entre los papeles de Prieto, revela
que Peña era uno de sus alfiles en Tamaulipas; también es conveniente recordar
que una recopilación de esta naturaleza se hacía necesaria, debido a la quema
del archivo del estado que hizo en 1864 Charles Dupin, e incluso cabe deducir
que dicha colección es la misma que se encuentra en los Alejandro Prieto
Papers en Austin, ya que la obra, debido a la muerte de Mainero, no se publicó.
61
No se cuenta hasta ahora con una historia académica propiamente política
sobre la actuación de este mandatario y el acontecer político de Tamaulipas en
esa época. Hernández publicó, luego de años de elaborado, el libro Guadalupe
Mainero. Gobernador de Tamaulipas. Vida y obra 1856-1901; que, como su
nombre lo indica, es un recuento biográfico lineal, acrítico, y un informe
secuencial de las actividades gubernamentales de ese período, referidas
directamente en un extenso apéndice documental del Periódico Oficial del
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�Octavio Herrera Pérez

salud que lo obligó a ausentarse del gobierno. Finalmente, y tras
una penosa agonía, murió el 10 de julio de 1901. Una versión
aseguró que murió de “una violenta enfermedad”, que en efecto
se confirmó en su acta de defunción, al anotarse a la fiebre
tifoidea como la causa del deceso.62
La muerte de su amigo, colega y protector no pudo haber
sido más trágica para Juan B. Tijerina. Pero de momento había
que enterrar con honores al amigo y contribuir con las letras a
consolidar la imagen de Mainero como el adalid liberal e
impulsor del progreso y las luces del saber, paradigmas todos de
la época, que muy bien encarnaron en la figura del mandatario
muerto. Porque la muerte en esas condiciones de estar en la
cúspide del poder es generalmente en la inercia de las
colectividades humanas, la vía segura para mitificación y
elevación al Monte del Olimpo. Bajo esa tesitura, fue muy sentida
su participación en las exequias del gobernador, en donde

estado. Laura Hernández Montemayor, Guadalupe Mainero: gobernador de
Tamaulipas: vida y obra, 1856-1901 (Ciudad Victoria: Instituto Tamaulipeca
para la Cultura y las Artes, 2001).
62
El Mundo Ilustrado, México, agosto 11 de 1901, HN; y FamilySearch,
Libros del Registro Civil, Ciudad Victoria.
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�Juan B. Tijerina

pronunció una Oración Fúnebre.63 Enseguida le compuso un
poema:
Tú, ardiente apóstol, incansable obrero,
de la verdad y de la luz ahora
has en la lucha sucumbido austero,
más de tu muerte surgirá la aurora.
El progreso y la luz fueron tu lema,
el deber inflexible fue tu guía;
hacer doquier el bien fue tu alegría
y la verdad tu aspiración suprema.
Partiste, si gran dios; pero las palmas
que conquistaste de esplendor y gloria,
no se marchitarán, y tu memoria deja
huella imborrable en nuestras almas
y una estela de luz en nuestra historia.64

Muerto Mainero, Tijerina quedó descobijado, vulnerable a los
enemigos, que sí los tenía, y que pronto le reactivaron una causa
penal

por

difamación

periodística,

lo

que

motivó

su

encarcelamiento. Y si bien pudo salir airoso con el pago de una
fianza, el hecho le demostró que requería urgentemente arrimarse
a la sombra del nuevo gobernador.65 Porque el tiempo apremiaba

63

Periódico Oficial del Estado, Ciudad Victoria, agosto 17 de 1901, AGHET.
Hernández, Guadalupe Mainero: gobernador de Tamaulipas: vida y obra,
1856-1901, 86.
65
“Tamaulipas”, El Tiempo, México, febrero 22 de 1902, HN.
64

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�Octavio Herrera Pérez

y sus émulos estaban entusiasmados por la nueva coyuntura de
oportunidades que se abría. El licenciado J. de Jesús Peña lanzó
abiertamente la careta y rápido convocó a la organización del
llamado Club Victorense, a fin de fijar su posición política, y al
que se unieron con sus firmas decenas de personajes notables de
la capital. Para entonces ya se sabía que Pedro Argüelles había
sido designado por el presidente Díaz como el nuevo gobernador
del estado, a quien rindieron pleitesía y externaron su apoyo. Y
como nunca hay piedad para el que se va, se deslindaron del
pasado reciente:
Acaba de descender al sepulcro la persona que ejercía la
dirección de nuestra pequeña y pobre república tamaulipeca
[...]Su sistema de trabajar aislado, y de aceptar sobre sus
hombros el trabajo material de todos los ramos administrativos,
condujo a la inevitable consecuencia de que su obra intelectual
quedase trunca, tocándonos la desgracia de que quedase así
precisamente en la situación más grave para el Estado, esto es,
cuando el gravoso déficit de nuestro presupuesto esperaba el
fruto de ignoradas combinaciones sepultadas ahora en lo
desconocido de la muerte, para ser saldado, como
probablemente lo hubiera sido en el tiempo que faltaba para
terminar el actual periodo constitucional.66

66

Centro de Estudios de Historia de México, Fundación Carlos Slim (en
adelante CEHM), Colección José Y. Limantour, CDLIV, 2ª.1901.8.22854,
“Acta de Instalación del Club Victorense”, Ciudad Victoria, agosto 20 de
1901.
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�Juan B. Tijerina

Por supuesto que este posicionamiento político extendía en los
hechos la mortaja de Mainero hacia los miembros de su círculo
cerrado de colaboradores, entre quienes estaba Juan B. Tijerina,
denunciado por Peña de convocar una manifestación en la Plaza
de Armas de Ciudad Victoria, tras conocer el acta de instalación
del club político en cuestión, a fin de celebrar un acto de
desagravio a la memoria de Mainero, “tan denigrada en una hoja
suelta que se publicó ayer”, según decía el poeta.67
Un intelectual orgánico
Y aunque la pendiente estaba muy cuesta arriba para el maestro
Tijerina, pareció que los hados, si es que existen, actuaron a su
favor, logrando trascender en la administración gubernamental
que continuó el coronel Pedro Argüelles. ¿Cómo fue posible su
supervivencia pública? Varias son las respuestas hipotéticas que
se pueden esgrimir en este sentido. Una, indiscutible, pésele a
quien le pese, tirios y troyanos, era el propio prestigio labrado por
Tijerina como hombre de letras e imprescindiblemente pensante
en el estrecho horizonte intelectual de la capital de Tamaulipas

67

CEHM, Colección José Y. Limantour, CDLIV.2ª.1901.8.22853, Misiva
impresa de J. de Jesús Peña a quien corresponda, septiembre 9 de 1901.
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�Octavio Herrera Pérez

porfiriana. Otra, posiblemente, fue que apeló a su gentilicio
fronterizo, similar al del nuevo mandatario, como también al
lobby matamorense de sus colegas José Arrense, a la sazón
director del Instituto Científico y Literario Juan José de la Garza
(el antiguo Colegio de San Juan), y a Celedonio Junco de la Vega,
prestigiado dramaturgo, poeta y periodista, quien colaboró con
Guadalupe Mainero en su periódico El Cronista y más tarde, ya
instalado en Monterrey, lo defendió con el tema del monumento
de Iturbide desde las páginas de El Espectador. Y, finalmente,
cabe destacar la necesidad que tuvo Pedro Argüelles para armar
un equipo de gobierno en un escenario en el que nunca había
actuado, y en el que el sector educativo era uno de los pilares de
la política del momento, por lo que no había que improvisar:
Tijerina tenía currículum, prestigio y presencia, y además era,
como él, oriundo de la Heroica Matamoros.
En esta nueva etapa de su actuación pública Juan B.
Tijerina asumió a plenitud el rol de lo que hoy se tipifica como
intelectual orgánico, es decir, bajo el enfoque de Antonio
Gramsci, aquellos “hombres de letras” que además de generar
producción de orden cultural, actúan privilegiadamente en
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�Juan B. Tijerina

función del lugar que ocupan en el seno de una estructura social
o político-administrativa.68 De esto tenía plena conciencia
Tijerina, como también lo sabían sus detractores, los que lo
criticaban, más por su involucramiento con la política, que por ser
un pensador, como se lo recriminaba la columna anónima de los
“Varios Tamaulipecos”:
El Progresista, seminario subvencionado que se publica en esta
capital, bajo la dirección de D. Juan B. Tijerina […] se ocupa
de nosotros de una manera inconveniente […] tan solo porque
desde hace tiempo hemos venido haciendo grandes y sinceros
esfuerzos porque se establezca el orden y la moralidad de la
Administración pública que nos ha hundido en el desprestigio
más bochornoso.
El Sr. Tijerina es perfectamente conocido en esta Ciudad, por
la conducta que ha observado en los empleos públicos, que ha
desempeñado indebidamente como profesor de instrucción
pública y director y redactor del semanario antes expresado.
En el primer empleo se olvida por completo de la juventud que
tiene a su cuidado. En el segundo cargo, se ocupa solamente de
tributar elogios a todas las autoridades.
Es triste, profundamente triste, que un hombre de las
condiciones de éste, tenga a su cargo la defensa de las
Autoridades del Estado y la instrucción de la juventud, a quien

68

Antonio Gramsci, La formación de los intelectuales (México, Grijalbo,
1967).
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�Octavio Herrera Pérez

debe el Gobierno grande y merecida atención, supuesto que de
ella depende el porvenir de la sociedad.
Ya seguiremos ocupándonos de la conducta de este dómine.69

Las columnas periodísticas de los “Varios Tamaulipecos”,
publicadas como remitidos en la prensa nacional, representaban
obviamente el parecer de un grupo político local que no fue
llamado a la mesa del señor, tras el abrupto desamparo sufrido
por la muerte de Mainero y el súbito ungimiento de Argüelles.
Identificar los nombres y apellidos de los personajes que estaban
tras el telón de letras, o bien, de la corriente política afectada, es
naturalmente un reto historiográfico que lamentablemente, por
ahora, no es posible descifrar. Lo que sí se puede afirmar es que
se erigieron en un cierto tipo de “observatorio ciudadano”, muy a
su estilo y no en la acepción moderna del concepto, embozado,
siguiendo el patrón periodístico decimonónico, en que los
seudónimos (“Varios…”) tenían plena carta abierta para la
discusión política, encumbramiento o derrocamiento de tal o cual
personaje o facción. Y es que, desde su arribo al poder, Agüelles
recibió las recomendaciones públicas de los “Varios hijos del

“Tamaulipas. Remitido”, Diario del Hogar, México, julio 11 de 1903, HN.
Dómine= del latín domĭnus, señor, que en uso despectivo es “persona que, sin
mérito para ello, adopta el tono de maestro”.
69

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�Juan B. Tijerina

Centro

de

Tamaulipas”,70

“Varios

Metropolitanos

Tamaulipecos”71 (es decir, los paisanos radicados en el Distrito
Federal deseosos de participar en la política estatal) y finalmente,
los más constantes, los “Varios Tamaulipecos”. Todos querían
enmendarle la plana al gobierno del estado, con las más diversas
propuestas y críticas, las que no son tema del presente texto y allí
se dejan. Ante esta avalancha, el maestro Tijerina debió calzar
nuevamente su ya abollada armadura, y salir a enfrentar a los
molinos de viento:
[...] afirma el anonimista que Harmodio se llena de santa
indignación porque él (“Varios Tamaulipecos”) expresa sus
opiniones políticas. Esto es enteramente falso: lo que indigna a
Harmodio; lo que Harmodio censura; lo que censurará todo
hombre honrado, cualquiera que sea su credo o partido político,
no es precisamente que se manifiesten por la prensa o por
cualquier otro medio, éstas o aquellas opiniones, pues para ello
está cada hijo de vecino dentro de la esfera de su derecho, sino
la conducta por extremo vituperable del que se esconde tras un
pseudónimo para insultar, mentir, difamar y calumniar, lo que
a mi juicio nada tiene que ver con las opiniones políticas. Pero
en fin, cada cual entiende a su modo la política. Ésta, para los
verdaderos políticos es el arte de gobernar; y para los
politicómanos, el arte de medrar, aunque para ello hayan de
emplearse los medios más reprobados.72
70

La Patria, México, septiembre 21 de 1901, HN.
El Diario del Hogar, México, septiembre 28 de 1902, HN.
72
“Otra vez Varios Tamaulipecos”, El Progresista, Ciudad Victoria,
diciembre 13 de 1903, H-UAT.
71

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�Octavio Herrera Pérez

Imagen 3. El maestro Juan B. Tijerina
en su edad madura, cuando dominaba el
escenario educativo y cultural de
Tamaulipas, en plena etapa de
consolidación del porfirismo en la
entidad. Colección IIH-UAT.

Polemista como se había caracterizado, en esta etapa las lides del
maestro Tijerina se hicieron más ásperas en la medida que
escalaba a las esferas situadas fuera de Tamaulipas. Allí ya no
había nichos cómodos ni espectadores complacientes o
atribulados por sus diatribas de papel. La prensa en México para
esa etapa del porfiriato, si bien no se enfrentaba abiertamente
contra el régimen de Díaz, hacía un amplio uso de los paradigmas
liberales para hacer acuciosas observaciones sobre la marcha del
acontecer público en el país, especialmente desde los periódicos
situados en la capital de la república, porque en las entidades
generalmente los medios estaban bastante “maiceados” o bien
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�Juan B. Tijerina

imposibilitados a realizar una verdadera crítica, con el riesgo
hasta de perder la vida al intentar cruzar la línea del Rubicón que
imponía el poder. Por eso el consejo editorial aludido por Tijerina
no se quedó quieto ante el desafío del tamaulipeco:
[...] sepa su señoría de una vez por todas que entra en nuestro
programa acoger las quejas justas de todos los que sufren los
atropellos de tales o cuales personalidades, y por eso
insertamos esas correspondencias que tanto escozor le causan
al señor Harmodio y que no son anónimas, como El Progresista
(partidario del progreso), se atreve a asegurar.73

Pero la guerra de papel no cesó, al contrario, subió de tono. Ahora
tenía Tijerina ante sí la horma de su zapato, porque si algo ha
producido este país en el campo del periodismo, es el uso
indiscriminado de la sátira, que ahora se enfilaba sobre el bardo
tamaulipeco. Los “Varios Tamaulipecos” no dejaron de atacarlo
por un buen tiempo, mofándose de su seudónimo, al que
intencionadamente hacían confundir con Petronio, escritor de la
antigua Roma que se desplegó en la corte del emperador Nerón,
autor de la célebre novela El Satiricón (ca. 60 d.C.). Y así le
plantaban los golpes:
“Don Harmodio, El Progresista y Varios Tamaulipecos”, Diario del Hogar,
México, julio 23 de 1904, HN.
73

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303

�Octavio Herrera Pérez

En cuanto a las mejoras materiales que D. Harmodio o
Petronio, poca o ninguna importancia se les puede conceder, si
se atiende a otras exigencias que tiene el Estado de positivo
interés público […] La prisión del Estado, a la cabeza de
aquella el cabo de rurales, cuyo sueldo de éste es de 50 pesos
mensuales, que pagamos los contribuyentes, continúa a la luz
del día, ocupándose en trabajos particulares del Gobernador y
del Secretario de éste; cuyo hecho el varón ilustre, el denodado
campeón de la mentira, de D. Harmodio o Petronio, había de
negarlo, no sin dirigirnos improperios dignos de tan gran
personaje.74

Pero de repente los “Varios Tamaulipecos” callaron, ante la
sorpresa de sus puntillosos seguidores, muchos de ellos sin duda
atraídos por el morbo que generaba aquel circo de letras. Otros,
por su parte, trataron de enfilar sus críticas más directamente a
cuestionar

el

funcionamiento

estructural

de

toda

la

administración pública en la entidad, pero sin olvidarse del
maestro Tijerina. Habían aparecido en la palestra, para descalabro
del gobierno local, los “Varios Constitucionalistas”, que así
expresaron su criterio:
El Progresista, periódico vendido, a cargo del valiente y
abnegado Harmodio, quién siempre está en lucha abierta con
los indefensos sacerdotes, solo ha conseguido y conseguirá
“Tamaulipas, Varios Tamaulipecos”, Diario del Hogar, México, abril 9 de
1904, HN.
74

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304

�Juan B. Tijerina

elevar más a los “Varios Tamaulipecos” con sus ataques
injustos y apasionados, sirviendo éstos también para esclarecer
más el desprestigio y la inmoralidad del vanidoso Harmodio,
digno defensor de la administración actual.75

No es el caso traer en este momento a colación un balance de la
administración de Pedro Argüelles, porque merece una
investigación de largo aliento, pero lo que sí se puede inferir,
dadas las numerosas evidencias documentales y hemerográficas,
es que, a diferencia de su antecesor, envuelto en el idealismo
liberal, el coronel, completamente pragmático, se dedicó a poner
la casa en orden sin mayores aspavientos. Su largo desempeño en
la principal aduana terrestre del país, Nuevo Laredo, lo tenía
perfectamente capacitado para el manejo de los números, que se
habían hecho engrudo en las cuentas de antaño. Y también,
sabedor del valor y peso del dinero, así como el uso del capote en
el coso público, amansó notablemente a la presa nacional. Ahora,
por ejemplo, el incisivo periódico La Patria, de Irineo Paz, que
había mortificado contantemente al buen Mainero, era casi el
órgano oficial del gobierno de Tamaulipas en la capital.

“Tamaulipas, Varios Constitucionalistas”, Diario del Hogar, México, julio
23 de 1904, HN.
75

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305

�Octavio Herrera Pérez

Pero con quienes no tuvo tranquilidad el gobernador
Argüelles fue con los anarquistas. Eso sí era un tema grave.
Porque además estos señores –Ricardo Flores Magón y su
hermano Enrique, Juan Sarabia y otros–, se había exiliado en los
Estados Unidos y desde allí disparaban sus dardos envenenados
hacia el régimen de Díaz y sus apoyos en los estados. En
particular, los anarquistas se le fueron a la yugular al coronel al
acusarlo de encubrir el asesinato del periodista Vicente Rivero
Echeagaray, ocurrido en Tampico el 31 de agosto de 1902, quien
era director del periódico independiente La bala rasa, y cuyo
autor intelectual, decían, fue el diputado Antonio E. Longoria,
quien había sido absuelto de toda responsabilidad. Extensísimo
sería detallar las graves imputaciones que le hizo este grupo de
exiliados al mandatario tamaulipeco y al conjunto de su gobierno;
eso es tema de otra tesis, libro o investigación profunda.76
Lo que sí no podía faltar era la autodefensa oficial desde
Tamaulipas, encabezada por el caballero andante de mil batallas,
el maestro Juan B. Tijerina, presente en su respuesta a los
Este caso fue ventilado en los artículos “Injuria a la Democracia y ultrajes a
la justicia”, “El cinismo de Argüelles”, “El Asesino de Rivero Echeagaray” y
“La lepra de Tamaulipas”, en el periódico Regeneración, Saint Louis Misouri,
diciembre 12 de 1904; y enero 14, agosto 19 y septiembre 30 de 1905, HN.
76

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306

�Juan B. Tijerina

anarquistas en su artículo “Los canallas de la prensa”, publicado en
primera plana en El Progresista con la firma de Ego, otro de sus
seudónimos. Sin embargo, en sus líneas, Tijerina no escapó de
tener un Lapsus memoriae (“resbalón de la memoria”), aflorado
desde los rincones del inconsciente, ese estado de la memoria en
vigilia que, desde la perspectiva freudiana, expresa un
comportamiento que un sujeto desarrolla inadvertidamente. Y es
que al criticar a los anarquistas y sobre todo su modus operandi, se
ubicaba frente al espejo, como cuando él mismo publicó su
periódico La Libertad en el sur de Texas, en aquellos pasados y ya
conscientemente olvidados años de oposicionista. Y les dijo así:
Alguna vez estuvimos de parte de Regeneración mientras el
entonces viril colega se publicaba en México, pues en sus
informaciones usaba de un lenguaje mesurado, y alguna vez
también atendió su deseo; pero desde que atraviesa la frontera
de la patria para ir a escarnecerla, deja una hoja periódica de ser
viril y meritoria, y se convierte en cobarde y canalla. […] Con
pesar hemos usado un lenguaje que no cuadra con nuestro
modo de ser, pero que ha sido necesario así para contestar al
cúmulo de calumnias e insultos gratuitos dirigidos al Jefe de
nuestro Estado, por esa califa de rezagados o modernos
redentores de nuevo cuño, que con su ingrata labor creen que
solo ellos pueden hacer la felicidad de la patria, y que ésta no
lo puede ser bajo la égida de la paz y el trabajo. 77

77

“Los canallas de la prensa”, El Progresista, enero 22 de 1905, H-UAT.

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�Octavio Herrera Pérez

Fin de una vida intensa
Cuando se llegaba el tiempo del primer centenario de la
independencia nacional, para lo cual el gobierno del presidente
Porfirio Díaz y el país entero se preparaban para festejarlo por
todo lo alto, el maestro Juan B. Tijerina ya tenía acrisolada una
sólida figura en la cultura tamaulipeca. También en lo
estrictamente institucional había consolidado su carrera, al ser el
director del Instituto Científico y Literario del Estado. Expresión
tangible del cenit alcanzado eran los continuos honores a su
nombre, obra y figura. Entonces comenzó la broncificación del
vate,78 como así se expresa:
La mano del señor Gobernador Argüelles ha sabido dirigir con
admirable tino todas las energías al desenvolvimiento;
desenvolvimiento que hemos visto brillas en una sociedad
altamente moralizadora que lleva por nombre el del conocido
poeta tamaulipeco Juan B. Tijerina. No podía haberse elegido
mejor hombre para guía porque si el señor Gobernador Pedro
Argüelles sintetiza el progreso social en Tamaulipas, Juan B.
Tijerina representa el progreso intelectual. Juan B. Tijerina es
un poeta de grandes vuelos que hace palpitar, por su poderosa
rima, todas las almas tamaulipecas al unísono de su armoniosa
lira.
Luis González, “De la múltiple utilización de la historia”, en Historia ¿para
qué?, ed. Carlos Pereyra et al (México: Siglo XXI Editores, 1998), 55-74.
78

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�Juan B. Tijerina

[...]Alcanzará, indudablemente, grandes triunfos, porque sus
miembros abarcan su misión, el modo de llenarla, la grandeza
de su ideal, y porque antes de ellos ha habido dos grandes
fuerzas iniciadoras del actual movimiento y que ahora lo
apoyan, son: la del inteligente gobernante y la del modesto
cincelador de almas; la de Juan B. Tijerina.79

Cuando finalmente llegaron las fiestas del centenario, el maestro
Juan B. Tijerina no podía faltar en la primera fila. Así se plasmó
en el Álbum del Centenario que el estado de Tamaulipas publicó
incluyendo su “Himno a Hidalgo” y una larga poesía épica, ad
hoc para el

momento.80

Pero cuando todo

marchaba

aparentemente sobre ruedas, estalló la revolución y el anuncio
incuestionable del próximo derrumbe del Antiguo Régimen.
¿Qué pensamientos pasarían por la mente de Tijerina en
esos momentos? No fueron de ánimo, por las acciones que tomó.
Más bien fueron de desolación, al decidir, abruptamente, dar
término con su añorado proyecto de El Progresista, porque el
paradigma de la era del progreso se había evaporado.81 Y

“La sociedad artística ‘Juan B. Tijerina’”, La Patria, octubre 31 de 1906,
HN.
80
Agradezco al arquitecto Carlos Rugerio Cazares (†), ex titular del AGHT, el
proporcionarme una copia digital del álbum, en una de sus continuas y amables
cortesías.
81
“Afectuoso adiós”, El Progresista, 23 de julio de 1911, en Saldívar, Historia
Compendiada de Tamaulipas, 269.
79

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�Octavio Herrera Pérez

entonces, ¿qué seguía, la muerte? Ese estado de la nada cuyo
umbral todos los hombres cruzaremos, como alguna vez se los
expresó a sus entrañables colegas Arrese y Junco de la Vega, al
hablar de la Parca:
Yo soy tras los gemidos el cántico sonoro;
Yo soy tras las sombras el inmortal claror;
Mi nombre es la Esperanza, y soy el lampo de oro
Que flota entre los negros celajes del dolor!!
Yo soy la Fuerza Cósmica, yo soy el Dinamismo;
¡Soy águila y soy cumbre, vorágine y turbión!
Y mi potente mano suspende en el abismo
La escala de los Orbes para llegar a Dios.
Yo soy de las esferas el giro formidable;
Soy la Ascensión sin término por la Espiral sin fin;
Y en los eternos surcos del éter insondable
Arrojo las simientes de humanidades mil.
La vida de los seres resurge en mis crisoles;
Mis ojos son estrellas, mis alas son de azur;
¡Soy vórtice en los mundos, y llamas en los soles
Que tienden por los cielos su coruscante tul!
Yo soy el sacro Numen, yo soy el fuego interno,
Que anima el organismo de la inmortal Creación;
Y en el espacio ilímite yo soy el Soplo eterno;
Yo soy la eterna Lira, yo soy la eterna Voz!82

“La Vida Humana. A Celedonio Junco de la Vega y José Arrese”, El
Progresista, Ciudad Victoria, enero 29 de 1905, H-UAT.
82

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�Juan B. Tijerina

Y la muerte llegó, con su guadaña bien afilada y dirigida justo
donde estaba todo el borbollón de sus pensamientos: el cerebro.
Corría apenas el mes de julio, el séptimo del año en el calendario
gregoriano cuyo nombre evoca la figura de un grande: Julio
César. Como lo consigna el libro del registro civil –porque de los
libros de defunciones parroquiales imposible que hubiera una
mención a su deceso–,83 murió de un “derrame cerebral”, es decir,
que debió tener un lapso en el que pudo salvar la vida o bien
profundizarse en la agonía y al final la muerte, como ocurrió. Pero
el caso es que no recibió asistencia médica, como lo consigna
Ernesto Higuera:
A raíz de su muerte, corrió la versión de que ninguno de los
médicos radicados en Ciudad Victoria había querido responder
al llamado que se les hizo para que atendieran a Don Juan en la
madrugada del 26 de julio de 1912, quien yacía en su lecho, en
estado comatoso, víctima de una congestión cerebral. Esta falta
de atención, ocasionada seguramente por resentimientos
acumulados de los facultativos, precipitaron el deceso del bardo
matamorense, del bardo tamaulipeco por antonomasia.84
83

FamilySearch, Libros del Registro Civil, Defunciones, Parroquia de Nuestra
Señora del Refugio, Defunciones 1859-1920. No existe constancia de que
Tijerina haya sido bendecido por un cura al momento de ser sepultado, como
tampoco se sabe si dejó de ser católico y profesó algún culto protestante. En
las constancias parroquiales de la capital solo se consigna la muerte de Julia
Tomasa Hernández, de 93 años, el 17 de julio de 1912, y de allí se brinca el
registro hasta el 29 del mismo mes, cuando se consigna la muerte de María de
Jesús Martínez, de 70 años.
84
Higuera, Páginas Selectas, 86.
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�Octavio Herrera Pérez

O sea, ni aun en el trance de su partida final dejó de luchar contra
los egoísmos de una sociedad cerrada, que no se acababa de abrir
genuinamente a los vientos de libertad. Aun así, comenzaba a
emerger la imponente figura del héroe cultural por excelencia del
Tamaulipas contemporáneo.
Oficialización de un mito cultural
Conforme el hilo conductor de este trabajo, de tratar de interpretar
la figura del profesor Juan B. Tijerina como un auténtico héroe
cultural que crearon las circunstancias políticas y culturales, sin
demérito de su activa actuación intelectual, política y docente del
personaje histórico, cabe ahora realizar un acercamiento, como
epílogo, sobre la manera en que se forjó dicha imagen. La
cuestión está documentada conforme lo divulgado muy al
principio del año 1922 por el semanario liberal El Derecho, que
se publicaba en Linares, Nuevo León, acerca de preguntar “sobre
el proyecto de inmortalizar la figura del insigne maestro Dn. Juan
B. Tijerina”, cuyo título mismo anunciaba la movilización social
que se estaba dando en este sentido en Tamaulipas. La
información divulgada en este medio hacía eco a la iniciativa
hecha en la capital de Tamaulipas por profesores y alumnos ante
los diputados del congreso local, a fin de erigir una estatua del
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�Juan B. Tijerina

profesor, de declararlo benemérito del estado y además de colocar
un retrato suyo en el salón de sesiones de la legislatura. Se
aseguraba que esta iniciativa contaba con la adhesión “de todos
los elementos pensantes”, tanto más que el desaparecido mentor
había legado a las generaciones futuras “un raudal de bella
literatura”. Dicha iniciativa, se informaba, había sido incluso
apoyada por el periódico El Cronista del Valle, publicado en
Brownsville, Texas. A esta propuesta se sumaba el apoyo del
licenciado nuevoleonés Héctor González, prologuista de las
Poesías Escogidas de Tijerina, y del licenciado guanajuatense
José Macías, quien prologó la Miscelánea del mismo autor, al
igual que la simpatía de Gonzalo Mota, inspector escolar en
Tamaulipas.85
La promoción de este proyecto escaló enseguida hasta las
páginas del periódico capitalino El Universal (“El Gran Diario de
México”, según su eslogan), cuando apenas tenía unas semanas
de aparecer con mucha expectativa pública. Así, en sus páginas
“Se honrará la memoria del Prof. Dn. Juan B. Tijerina?”, La Raza, Ciudad
Victoria, marzo 12 de 1922. Archivo del Supremo Tribunal de Justicia de
Tamaulipas (en adelante ASTJT). Agradezco al maestro Francisco Ramos
Aguirre, cronista de Ciudad Victoria, poner a mi disposición los periódicos
que se exponen en este apartado, producto de sus investigaciones en el archivo
del poder judicial.
85

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�Octavio Herrera Pérez

se consignó la idea de “honrar la memoria de un ilustre
tamaulipeco”, según se había ventilado en la propia capital del
estado. También se dijo que entre los firmantes de aquella
iniciativa estaba el profesor Juan Rincón, quien al elaborarse el
ocurso petitorio figuraba al frente de la Dirección General de
Educación Pública del Estado, y por tanto se sumaron a su firma
los inspectores escolares de la entidad y los directores de las
escuelas de la capital. Todo indicaba que trataban de imponer una
visión cultural a las autoridades estatales, al insistir en que
esperaban una resolución positiva sobre todo de la legislatura
local, instancia en la que deseaban que se legitimara su propuesta.
Se citaba la propaganda que en esta cuestión había realizado el
periódico La Raza de la capital tamaulipeca, un medio a cargo de
la dirección editorial de Francisco Arreola Rosales. Y para avalar
la solicitud, los promotores del homenaje hicieron ventilar la
opinión del profesor Adalberto J. Argüelles, “un viejo maestro
que está separado del servicio”, pero cuya palabra era muy
respetada, porque durante su largo trabajo de “impartir enseñanza
a los hijos del estado”, su único propósito había sido “el
engrandecimiento de esta entidad”. De ahí que El Universal
reflexionara que la posición del gobernador, el general César
López de Lara, no podía ser otra que apoyar la iniciativa (o bien
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�Juan B. Tijerina

se le condicionaba a aceptarla), al anotarse que “todos” los
tamaulipecos no solo admiraban al extinto mentor, sino que
sentían “verdadera veneración por el maestro”, al cual, se
afirmaba, podía calificarse como el “padre intelectual de
Tamaulipas”, nada menos.86
La propuesta de homenaje al profesor Juan B. Tijerina se
expresó igualmente en la revista Alma Joven, que se publicaba en
el pueblo de Popotla (Distrito Federal), bajo la dirección de la
profesora Guadalupe Uribe, quien manifestó en un artículo que
con esta iniciativa se pondría de relieve que en el “culto Estado
de Tamaulipas” ya se habían dado pruebas “de que allí se glorifica
no solamente a los héroes de las épicas jornadas y los bélicos
triunfos” (léase la honra al general Pedro José Méndez, o la más
politizada figura del general Servando Canales), “sino también a
los que en la penumbra de la ruda existencia marchan llevando en
alto la antorcha del saber para iluminar la sombría noche de la
ignorancia y no temen luchar en la tribuna, en el periódico, en el
libro por defender la justicia y el derecho” (pero cuya distinción
concreta en algún personaje, estaba por ocurrir).87
“El Universal de México y el extinto Prof. Don Juan B. Tijerina”, La Raza,
Ciudad Victoria, marzo 19 de 1922, ASTJT.
87
“Alma Joven secunda una noble iniciativa”, La Raza, Ciudad Victoria, mayo
15 de 1922, ASTJT.
86

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�Octavio Herrera Pérez

Las razones para saber por qué el general López de Lara
no apoyó aparentemente la iniciativa de honrar a Juan B. Tijerina
las desconocemos. Esto resultaba un tanto extraño, si se considera
que se trataba del primer gobernador constitucional electo tras la
etapa turbulenta de la revolución, lo que pudo haber prestigiado a
su gobierno. Sin embargo, y sobre el enfoque de una explicación
hipotética, las formas en que se intentó llevar a cabo esta acción,
soportada por una evidente movilización de voluntades de
diversos sectores, pudo tener una condicionante política que no
convenía a los intereses del mandatario, quien, por otra parte,
estaba más interesado en apostar su suerte al futuro proceso
presidencial, que en la realización de un evento cultural que, si
bien legítimo, representaba una potencial competencia o hasta
rivalidad política como en esos tiempos lo hacía cualquier acción
social organizada. Y en eso tenía razón el gobernador, quien en
diciembre de 1923 debió abandonar su cargo al adherirse a la
postulación del candidato políticamente equivocado para las
fuerzas dominantes del país —Adolfo de la Huerta—, y sumarse
posteriormente a la rebelión Delahuertista que se desató y que
acabó en un completo fracaso.
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�Juan B. Tijerina

Finalmente, la mitificación oficial del maestro Tijerina
ocurriría cuando llegó al poder el grupo conformado por sus
antiguos alumnos, entre quienes estaba el que en ese momento
ostentaba nada menos que el cargo de presidente interino de los
Estados Unidos Mexicanos y que poco tiempo atrás había fungido
como gobernador del estado de Tamaulipas, Emilio Portes Gil, a
quien se asignó como presidente honorario del comité, lo mismo
que al licenciado Francisco Castellanos, mandatario en funciones
de la entidad. Para tal efecto se formó en la primavera de 1929 el
Comité Central de Propaganda Pro “Juan B. Tijerina”, una
organización que había permutado el concepto un tanto idílico de
glorificación, por una categoría más acorde con los nuevos
tiempos, dirigida a la movilización social corporativa, como era
el término propaganda, más aún cuando en el trasfondo estaba la
estructura organizativa del Partido Socialista Fronterizo, así
como los conductos oficiales del gobierno del estado. De ahí que
el comité organizador sugiriera a los ayuntamientos de la entidad
que formara un comité municipal y éste a su vez a otros comités
locales en cada centro de población de su jurisdicción, para
“vulgarizar el conocimiento del Maestro”, así como realizar
colectas de fondos, suscripciones de donaciones individuales,
jamaicas, conciertos y fiestas de todas clases. Sin especificar, se
dijo que esos fondos se emplearían en la realización de “la más
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�Octavio Herrera Pérez

valiosa obra que sea posible construir para perpetuar la memoria
del repetido Maestro Tijerina”. Por otro lado, el comité central
procuró la organización de comités propios en los centros
ejidales, centros educativos y comités municipales dependientes
del Partido Socialista Fronterizo, es decir, en todas las
organizaciones vigentes en el escenario social y político de
Tamaulipas al finalizar la década de los veinte.88
Luego de aquellas iniciativas emprendidas en la década de
1920 para acrisolar la figura del maestro Juan B. Tijerina, el mito
cívico de este personaje pasó a formar parte de la impronta
cultural de la entidad en la era posrevolucionaria, a pesar de
tratarse de un personaje que esencialmente había estado al
servicio de los intereses del antiguo régimen porfiriano.89 Esto se
88

Archivo Histórico de Camargo, Tamaulipas, Fidencio Trejo Flores al
presidente municipal de Camargo, Ciudad Victoria, marzo 20 de 1929.
89
Un testimonio periodístico publicado a casi dos décadas de la muerte de
Tijerina redactó una narrativa sobre su muerte que ya estaba en la línea de
acrisolar un homenaje cívico permanente a su figura, al señalar: “Cuando el
día 26 de Julio de 1912, a la edad de cincuenta y cinco años exhaló su último
suspiro, todavía el maestro estaba fuerte, todavía el fuego que animaba el
motor que hacía funcionar su cerebro, no se extinguía; él siempre sonriente,
siempre alegre, tuvo desde cinco o seis horas antes de su muerte, el sentimiento
de la proximidad del fatal desenlace, y cuando llamó a sus amigos y les explicó
que su muerte estaba próxima, les dijo que no era necesario llamar al médico.
¿Para qué, si la recia columna que sostenía la vida de aquel grande y verdadero
hombre se desmoronaba, para qué insistir en reformarla cuando sería inútil?
Murió, y el Estado de Tamaulipas se cubrió de luto, perdió un hombre como
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�Juan B. Tijerina

explica por la continuidad de un afecto educativo que se
transmitió generacionalmente y de manera solidaria más allá de
las turbulencias políticas, por la exaltación de los valores del
liberalismo y hasta por el soporte de la liturgia masónica, pero
sobre todo, por la necesidad de la presencia de un héroe cultural
en el escenario público y educativo de Tamaulipas en los nuevos
tiempos modernos y cuya resonancia llega hasta nuestros días.
Referencias
Archivos
Archivo General e Histórico del Estado de Tamaulipas
Archivo del Supremo Tribunal de Justicia de Tamaulipas
Centro de Estudios de Historia de México, Fundación Carlos Slim
FamilySearch (familysearch.org)
Hemeroteca del Instituto de Investigaciones
Universidad Autónoma de Tamaulipas

Históricas,

Hemeroteca Nacional (México)
University of Texas at Austin, Nettie Lee Benson Latin American
Collection
no lo ha tenido hasta la fecha, y un solo instante bastó para segar la vida del
que con sabia paciencia instruyera a la niñez y a la juventud. “Justo homenaje
al Maestro Juan B. Tijerina”, El Heraldo, Ciudad Victoria, junio 28 de 1931,
ASTJT.
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González Salas, Carlos. “Juan B. Tijerina: el hombre y su obra”.
En Páginas escogidas, Juan B. Tijerina, 9-25.
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Tamaulipas, Dirección General de Educación y Cultura,
1987.
Gramsci, Antonio. La formación de los intelectuales. México:
Grijalbo, 1967.
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gobernador de Tamaulipas: vida y obra, 1856-1901.
Ciudad Victoria: Instituto Tamaulipeca para la Cultura y
las Artes, 2001.
Higuera, Ernesto. Páginas Selectas. Ciudad Victoria: Gobierno
del estado de Tamaulipas, Dirección General de
Educación y Cultura, 1987.
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nación: vida política en Tamaulipas durante la segunda
mitad del siglo XIX. Querétaro: Universidad Autónoma
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��Fotografía, ciudad y sillares: el centro de Monterrey en
la lente de Fausto Tovar Martínez1
Jaime Sánchez-Macedo
El Colegio de Michoacán
orcid.org/0000-0001-6231-7204

Para inaugurar esta sección de la revista Sillares se eligió
comenzar por la reseña de un documento fotográfico doblemente
pertinente. Por un lado, se trata de una toma con el aura particular
que identifica las fotografías del centro de Monterrey, capital del
estado de Nuevo León en México, antes de la edificación del
megaproyecto de espacio público conocido popularmente como
Macroplaza.2
Al
mismo
tiempo,
esta
fotografía
1

El presente artículo se elaboró a partir de la investigación realizada para el
texto Donde habita el olvido. Conformación y desarrollo del espacio público
en el primer cuadro de la ciudad de Monterrey, 1980-2007, publicado por el
Consejo para la Cultura y las Artes en 2019. Se agradece el apoyo brindado
por Roberto Ortiz Giacomán en la reprografía de las fotografías y la realización
de entrevistas con los hijos de Fausto Tovar.
2
Oficialmente, el nombre del proyecto es Gran Plaza, aunque prácticamente
desde su inauguración fue nombrada por los medios de comunicación y la
población en general como Macroplaza. En su momento el nombre Macroplaza
fue rechazado por las autoridades gubernamentales y ciertos grupos intelectuales
debido al barbarismo resultante de la conjunción de un prefijo griego “macro”
con una palabra de origen latino “plaza”. Actualmente es común referirse a este
espacio público simplemente como La macro. Véase José Emilio Amores,
“Monterrey: una cultura propia”, en Nuevo León en el siglo XX. La
industrialización. Del segundo auge industrial a la crisis de 1982, coord. Isabel
Ortega Ridaura (Monterrey: Fondo Editorial Nuevo León, 2007), 101.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-7

323

�Jaime Sánchez-Macedo

constituye un de los documentos fehacientes acerca de la
destrucción de inmuebles de sillar que lamentablemente ha
devenido en una práctica común desde hace tiempo, siendo este
uno de los elementos más importantes de la arquitectura
vernácula del noreste mexicano. Por si fuera poco, de entre los
cientos de edificios que fueron arrasados para dar paso a la Gran
Plaza, el que aparece parcialmente demolido en la imagen
fotográfica no era uno cualquiera. Se trata de un edificio que bien
podría haberse considerado parte del patrimonio urbano de
Monterrey, no sólo por su temporalidad y sus características
arquitectónicas, sino por quien fuera su huésped a finales del siglo
XIX.
La historia de la fotografía que nos atañe comienza hacia
1980, cuando el gobernador en turno Alfonso Martínez
Domínguez (1979-1985) impuso para la ciudad uno de los
procesos de transformación urbana de mayor relevancia en el
país, proyectando la erección de una enorme plaza sobre las seis
manzanas que separaban el edificio de gobierno municipal de
Monterrey con respecto a la sede del ejecutivo estatal. Este
proyecto fue enarbolado no solo por la construcción del espacio
público, sino también –y más importante aún– porque a partir de
dicha plaza se conformaría un distrito financiero que serviría
como sede para los corporativos de la burguesía local y para los
Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
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324

�Fotografía, ciudad y sillares

nuevos inversores que arribaran a la urbe regiomontana.
Abiertamente se dijo que el propósito era sustituir “lo viejo y
decadente”,3 que era como los agentes privados y del gobierno
que gestionaron el proyecto concebían el centro de Monterrey. En
total, la Gran Plaza –el espacio público y el área reservada para
el distrito de negocios– abarcó 40 hectáreas, lo que significó la
tabla rasa de la mayor parte del casco antiguo, la traza histórica,
los comercios, barrios centrales, un manantial, un río y tres
puentes históricos, además de la aniquilación de un sinfín de
prácticas y representaciones asociadas con el habitar de esa
porción neurálgica de la ciudad.
Fue en este contexto que el fotógrafo Fausto Tovar
Martínez decidió asirse con su cámara para registrar el estado de
las calles del centro de Monterrey, antes, durante y después de la
construcción de la Gran Plaza.4 Tovar Martínez legó así un
3

Archivo General del Estado de Nuevo León (AGENL), La Gran Plaza. La
nueva cara de Monterrey, 1984, 8-13.
4
Es importante aclarar que a la fecha se desconoce el número exacto de las
fotografías sobre el centro de Monterrey realizadas por Fausto Tovar. En la
Fototeca Nuevo León fue posible localizar sólo 31 impresiones en opaco de
gran formato, todas a color, sin que se haya logrado consultar el resto del fondo
documental que contiene, además de impresiones, negativos y otros procesos
fotográficos. Por su parte, el usuario de Facebook identificado como Hernán
Bastian colgó al grupo virtual Monterrey viaje al pasado un total de 39
fotografías atribuidas a Fausto Tovar, entre las que incluyó las mismas tomas
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�Jaime Sánchez-Macedo

conjunto de al menos 38 documentos imagéticos5 que podemos
contrastar con el discurso difundido por los promotores del
proyecto, ya que permiten conocer el estado previo a la
devastación como ningún otro registro visual de la época.
Por lo común, cuando es referido aquello que se echó
abajo por la Gran Plaza se suelen utilizar fotografías de épocas
anteriores que no corresponden con la imagen de la ciudad a
finales de la década de los setenta,6 ya que al parecer no hubo un
esfuerzo institucional por crear y/o conservar un registro
pormenorizado de las calles y edificios que finalmente fueron

resguardadas en la Fototeca del estado. A estas habría que sumar la serie sobre
el Cine Elizondo reproducida en el libro Monterrey en 400 fotografías
publicado por el Museo de Arte Contemporáneo (Marco) en 1996.
5
Siguiendo a Roca y Aguayo, se utiliza la locución portuguesa imagético para
referir a la generalidad de documentos que, entre sus múltiples especificidades,
tienen la de ser portadores de una imagen. En ese sentido, se considera que la
fotografía es un soporte documental no sólo por la imagen que contiene, sino
también por el soporte –o soportes– que la integra. Fernando Aguayo y
Lourdes Roca, coord., Investigación con imágenes. Usos y retos
metodológicos (México: Instituto Mora, 2012), 8.
6
Muestra de ello son los trabajos de Casas y Prieto, en cuyos textos refieren
ampliamente a la Gran Plaza aunque la mayor parte del corpus de imágenes
que utilizan en su análisis son de una temporalidad anterior y más bien alejada
a la del proyecto. Véase Juan Manuel García Casas, Imaginarios
interrumpidos. Ensayo sobre el patrimonio perdido de Monterrey (Monterrey:
Conarte, 2015); José Manuel Prieto González, Patrimonio moderno y cultura
arquitectónica en Monterrey: claves de un desencuentro (Monterrey: Fondo
Editorial Nuevo León, 2014).
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-7

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�Fotografía, ciudad y sillares

demolidos, más allá de iniciativas personales como la de Fausto
Tovar. Aunado a ello, el acervo completo de este fotógrafo local
se desconoce debido a que permanece en su gran mayoría sin ser
procesado como parte de los fondos históricos de la Fototeca del
estado de Nuevo León.7 Por otro lado, la fotografía como la que
aquí se reseña cobra una relevancia mayúscula toda vez que al día
de hoy no se ha encontrado rastro alguno de la documentación
asociada con la realización de la Gran Plaza más allá de los
decretos legislativos, notas periodísticas de la época, unos pocos
planos y una publicación para difundir el proyecto una vez
concluido. Las fotografías de Fausto Tovar constituyen así una
fuente primaria fundamental para estudiar el cambio de imagen
del centro de Monterrey, así como la transformación de los modos
de habitar el espacio urbano.
Antes de hablar del contenido de la fotografía de Fausto
Tovar, se retomarán algunos datos biográficos de su autor y de la
naturaleza del proyecto de la Gran Plaza, esto como parte de una
metodología de investigación social con imágenes centrada en

7

La fotografía que aquí se reseña en conjunto con otras piezas de la misma
serie fueron obtenidas en su versión digital gracias al invaluable apoyo de
Roberto Ortiz Giacomán, quien realizó la reprografía de las impresiones de
gran formato que resguarda la Fototeca Nuevo León.
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profundizar acerca del contexto de producción de este tipo de
fuentes primarias.8 Es importante subrayar que el empleo de
imágenes –fijas o en movimiento– en la investigación en ciencias
sociales requiere del acopio de elementos que permitan
comprender de dónde y cómo surgen estos documentos
imagéticos, ya que no necesariamente y por sí misma “una
imagen dice más que mil palabras”.
A la fecha se ha recuperado poca información biográfica
de Fausto Tovar Martínez,9 quien nació en San Luis Potosí el 15
de septiembre de 1926. Por lo que se ha podido constatar, en su
ciudad natal, previo al oficio de fotógrafo, Fausto Tovar se

8

Lourdes Roca et al., Tejedores de imágenes. Propuestas metodológicas de
investigación y gestión del patrimonio fotográfico y audiovisual (México:
Instituto Mora, LAIS, Conacyt, 2014), 108.
9
Existe una semblanza biográfica de Fausto Tovar en el volumen Monterrey
en 400 fotografías, así como una emisión del programa Entre historias
conducido por Elvira Ramos del canal de internet Regioenvivo.Tv en la cual
participa Marta Tovar, hija de Fausto Tovar. Recientemente el mismo Roberto
Ortiz Giacomán ha llevado a cabo una serie de entrevistas con por lo menos
tres de los hijos de Fausto Tovar: Imelda, Julio y Fausto. Parte de la
información de estas entrevistas es referida a lo largo del texto con la
autorización de Ortiz Giacomán. Véase también Ricardo Elizondo, José
Antonio Rodríguez y Xavier Moyssén, Monterrey en 400 fotografías
(Monterrey: Museo de Arte Contemporáneo, 1996); programa Entre historias
en Regioenvivo.Tv, 23 de enero de 2020, disponible en
˂https://www.facebook.com/RegioEnVivo.TV/videos/188087359258906˃
[última consulta enero 2021].
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convirtió en aprendiz del pintor Felipe Moreno, quien lo instruyó
en la realización de paisajes y retratos, así como en el retoque de
las pinturas de las iglesias de la localidad.10 Ya con una
instrucción en la pintura al óleo, cerca de los veinte años de edad,
entre 1945 y 1946, migró a Monterrey para alcanzar a su madre
que unos años antes se había mudado a esta ciudad.
Para mediados del siglo XX, la urbe regiomontana
contaba ya con una sólida tradición fotográfica con grandes hitos
como Desiderio Lagrange, Jesús R. Sandoval, Refugio Z. García,
Eugenio Espino Barros y Alberto Flores Varela, entre otros,11
gracias a la existencia de una gran demanda de fotografías
alimentada en parte por el desarrollo industrial del estado de
Nuevo León. Aunque antes que en la fotografía, Tovar Martínez
trabajó en un taller de anuncios luminosos llamado “Rótulos
eléctricos”, recién llegado a Monterrey tuvo contacto con algunos
de los fotógrafos locales gracias a que su medio hermano era

María del Pilar Pérez Cruz, “La obra del pintor Felipe Moreno Díaz, en la
ciudad de San Luis Potosí: 1950-1970” (tesina de especialidad, Universidad
Autónoma de San Luis Potosí, 2002), 25.
11
Véase Roberto Ortiz Giacomán, “Unión, arte y progreso”, Alquimia. Revista
del Sistema Nacional de Fototecas 18, núm. 54 (mayo-agosto 2015): 52-58;
José Antonio Rodríguez, “Testimonio de la fotografía”, en Elizondo,
Rodríguez y Moyssén, coord., Monterrey en 400 fotografías.
10

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-7

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�Jaime Sánchez-Macedo

asistente en el estudio Foto Selecta de Alberto Flores Varela y a
que la familia Espino Barros era cliente del negocio de anuncios
luminosos. Con estos últimos entablaría una relación de
admiración y amistad una vez en el oficio fotográfico.12
Es lógico suponer que, derivado de la competencia
profesional entre el gremio de fotógrafos establecidos en Nuevo
León, cada uno buscara destacarse de entre los demás por algún
medio. En ese sentido, el catálogo ofertado por Fausto Tovar desde
su estudio-taller, ubicado en la calle Agustín Melgar de la colonia
Terminal,13 sobresalía por al menos tres servicios: la fotografía
publicitaria de productos, las impresiones fotográficas de gran
formato, también conocidos como fotomurales, y las fotografías
aéreas oblicuas.14 Fue precisamente la fotografía aérea lo que
vinculó a Tovar Martínez con el proyecto de la Gran Plaza.

12

Entrevista con la familia Tovar realizada por Roberto Ortiz Giacomán, enero
de 2020.
13
Antes de 1970 Fausto Tovar tuvo su estudio en la calle 5 de mayo núm. 830,
el cual compartía con Cástulo Medina. Entrevista con la familia Tovar
realizada por Roberto Ortiz Giacomán, enero de 2020.
14
Sobre la dinámica del taller-estudio de Fausto Tovar sabemos que en su
administración se involucraba toda la familia Tovar, sus cinco hijos y su
esposa. Entrevista con la familia Tovar realizada por Roberto Ortiz Giacomán,
enero de 2020.
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La decena de tomos que componen la colección de notas
periodísticas acerca del desarrollo de la Gran Plaza resguardados
en el Archivo Histórico de Monterrey (AHM)15 dan cuenta del
sigilo y la rapidez con la cual se inició el proyecto, fenómeno que
se replica también en otras partes del mundo con iniciativas de
intervención urbana de gran escala.16 Mientras que, por un lado,
la población más directamente afectada por los trabajos de
demolición se quejó constantemente por la falta de información
oficial,17 por otro, el decreto oficial aprobatorio de la Gran Plaza
por parte del poder legislativo no se dio sino hasta finales de
1981,18 cuando el proyecto llevaba ya un considerable avance en
los trabajos de demolición. Por lo tanto, no es un aspecto menor
el que la notificación a Fausto Tovar sobre la inminente
realización de la Gran Plaza le permitiera realizar un registro con

15

Nos referimos al fondo documental clasificado como Colección Libros Gran
Plaza que compilan el seguimiento mediático al desarrollo del proyecto.
16
Marshall Berman, Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de
la modernidad (México: Siglo XXI Editores, 1989), 307-308.
17
Archivo Histórico de Monterrey (AHM), Colección Libros Gran Plaza, t. II,
p. 104, María Belmonte, “Dudas, desalojos y demoliciones”, en Tribuna
Diario, 23 de octubre de 1981.
18
Congreso del estado de Nuevo León, expediente núm. 199, decreto núm.
156, 25 de noviembre de 1981. Documento obtenido mediante solicitud a la
unidad de transparencia del Congreso de Nuevo León.
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la anticipación suficiente para documentar el centro todavía
inalterado por los buldóceres.
Ángela Alessio Robles, primera directora del órgano
ejecutor del proyecto (Prourbe), comisionó a Tovar Martínez la
realización de una serie de fotografías aéreas del terreno donde se
erigiría la Gran Plaza.19 Al respecto, existen importantes
diferencias entre la realización de un registro fotográfico aéreo y
uno a nivel de calle, ya que, si bien ambos pueden documentar la
misma porción del espacio urbano, el grado de detalle y los
aspectos que cada uno nos permite visualizar resultan sumamente
distintos. De inicio, las tomas aéreas dan una visión general del
espacio y posibilitan una rápida identificación de sus principales
elementos constitutivos, en especial los edificios de mayores
dimensiones, vialidades y la traza urbana. Es por ello que, como
en el caso que ahora nos ocupa, antes que existieran las imágenes
satelitales, la fotografía aérea se utilizó recurrentemente en la
planeación urbana; una de las tomas aéreas de Fausto Tovar, por
ejemplo, sirvió para hacer un fotomontaje de los edificios que
supuestamente se construirían en el centro de Monterrey como

19

Entrevista con la familia Tovar realizada por Roberto Ortiz Giacomán, enero
de 2020.
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parte del distrito financiero.20 Por su parte, en los estudios
históricos la comparación entre distintas fotografías aéreas
permite observar el conjunto de elementos urbanos que han
permanecido o que se han transformado con el paso del tiempo.21
En cambio, la fotografía a nivel de calle transmite una
experiencia visual más cercana a la del transeúnte, brinda también
una mejor idea de las dimensiones de los inmuebles con respecto
a la escala humana y, finalmente, muestra con detalle los
elementos arquitectónicos de cada edificio. Es probable que tales
diferencias entre las tomas aéreas y a nivel de calle llevaran a
Fausto Tovar a realizar un registro fotográfico propio, que
documentara con mayor finura la transformación del centro de
Monterrey más allá de la exigencia de las autoridades gestoras de
la Gran Plaza. En ese sentido, el escueto registro fotográfico a
nivel de calle utilizado por el gobierno para sustentar el discurso
de decadencia del centro de Monterrey se incluyó en dos
publicaciones realizadas para enaltecer la administración de
20

El negativo de este fotomontaje con la superposición de los edificios sobre
la toma aérea oblicua forma parte del Fondo Fausto Tovar de la Fototeca
Nuevo León, sin embargo, se trata de una pieza aún sin catalogar.
21
Roca, “La fotografía aérea en México para el estudio de la ciudad: el crucero
de El Caballito”, Anais do Museu Paulista: História e Cultura Material 19,
núm. 2 (diciembre de 2011): 73-82.
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Martínez Domínguez: se trató de la revistilla La nueva cara de
Monterrey, así como del libro firmado por Mario Santoscoy
Monterrey. Área metropolitana. Ambos contienen la misma serie
de tomas a nivel de calle del centro de Monterrey,22 así como dos
fotografías aéreas del estado previo y posterior realizadas por el
propio Fausto Tovar.
La comparación entre las fotografías de las calles de
Monterrey difundidas por el gobierno con respecto a las de Tovar
Martínez muestra importantes diferencias. En las primeras se
destacan dos aspectos que los agentes urbanos detrás de la Gran
Plaza repitieron una y otra vez como justificación del proyecto:
la estrechez de las calles y el giro comercial de una parte de los
negocios asentados en el centro de la ciudad. Para ello se
utilizaron encuadres cerrados que en primer plano muestran
vehículos ocupando la mayor parte de la composición. Asimismo,
para reforzar el sentido de las imágenes, éstas se acompañaron

22

Si bien el texto La nueva cara de Monterrey no incluyó el crédito fotográfico
de ninguna de las numerosas imágenes que aparecen en la publicación, en
Monterrey. Área metropolitana se menciona que el conjunto de fotografías de
aquel volumen fueron realizadas por Camilo Garza y Garza, Eduardo D’Regules,
Xossé de Sade y Miguel Vera bajo la dirección de Mario Casasola. No obstante,
por lo menos la toma aérea que se incluye en ambos fue realizada por Fausto
Tovar. AGENL, Monterrey. Área metropolitana, 1984.
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con pies de foto como el siguiente: “Asfixiado por manzanas de
edificaciones viejas y decadentes, el centro de la ciudad se había
convertido en una de las zonas más deprimidas y rezagadas de la
metrópoli, donde predominaban los edificios decadentes como
comercios, viviendas y talleres”.23 Empero, las fotografías
difundidas

por

el

gobierno

pudieran

no

corresponder

estrictamente con el momento previo a los trabajos de demolición
para la Gran Plaza, ya que en por lo menos una de las tomas se
aprecia claramente una pancarta con la leyenda “Prourbe.
Monterrey se moderniza” cubriendo la entrada de un inmueble
aparentemente desocupado, lo cual indica que ya había dado
inicio el proyecto.24
En tanto, Fausto Tovar prácticamente realizó una labor
opuesta utilizando un lente gran angular y posicionándose en
muchas de las bocacalles que serían afectadas por el proyecto.
Así, logró captar las arterias del centro con una amplitud que está
lejos de apreciarse en las tomas realizadas por el gobierno. De
entre los aspectos a destacar del conjunto de fotografías hechas
por Fausto Tovar está la diversidad de negocios que aparecen en

23
24

AGENL, La Gran Plaza. La nueva cara de Monterrey, 1984, 9.
AGENL, La Gran Plaza. La nueva cara de Monterrey, 1984, 9.

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su registro, y no solamente las cantinas y los talleres de reparación
automotriz que fueron denostados en la propaganda para la Gran
Plaza. Tovar Martínez fotografió además el interior de una
vecindad anteriormente ubicada en la manzana de las calles 15 de
Mayo y Escobedo, así como una de las entradas al río Santa Lucía
convertido en desagüe desde el siglo XIX. Otra característica de
las fotografías del estado previo a la Gran Plaza consiste en que
se trató de una serie que no se realizó en un único día. Así lo
muestran dos tomas de la esquina de las calles Ignacio Zaragoza
y Juan Ignacio Ramón: una en la que se observa el cruce con poca
afluencia peatonal, y otra que se realizó en el transcurso de un
populoso desfile; la segunda deja ver además los primeros
avances de las demoliciones por la desaparición de una sección
del edificio que albergaba el restaurante-bar “Fornos”, la cual sí
aparece en la toma sin el desfile. Todo lo cual nos da indicio de
un registro del centro de Monterrey sistemático y bien pensado.
De entre los referentes urbanos retratados por Fausto
Tovar, sin duda el más conocido es el Cine Elizondo, inmueble
dedicado al séptimo arte que se caracterizó por su profusa
decoración de inspiración asiática. Este edificio fue sin duda el
que

mayor

polémica

causó

cuando

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se

determinó

su
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derrumbamiento, siendo defendido por una parte de la población
con motivo de sus peculiares elementos arquitectónicos.25 No
obstante, en la erección de la Gran Plaza, el Cine Elizondo sólo
adquirió valor histórico por ser uno de los primeros edificios
demolidos en Monterrey con dinamita y porque además esta
acción fue llevada a cabo por una de las primeras mujeres
egresadas de la carrera de ingeniería de la Universidad Autónoma
de Nuevo León (UANL), Leticia Ruvalcaba.26
Otro sitio sacrificado por el proyecto fue la Fuente de
Monterrey, un espacio público ubicado en el cruce de las calles
Allende e Ignacio Zaragoza. La fuente tenía de fondo decorativo
el mural Fundación de Monterrey, obra del arquitecto y ex rector
de la universidad, Joaquín A. Mora, siendo este uno de los pocos
elementos que se conservó tras la construcción de la Gran Plaza
y que fue recolocado en un sitio cercano a su ubicación original.
Desde antes de la construcción de la Fuente de Monterrey,

25

AHM, Colección Libros Gran Plaza, t. I, p. 99, Ricardo Espinosa Cárdenas,
“Demolerán el Cine Elizondo”, El Norte, 20 de junio de 1981; Prieto,
Patrimonio moderno y cultura arquitectónica en Monterrey: claves de un
desencuentro, 80.
26
Daniel de la Fuente, “La demoledora”, en Perfiles e historia, El Norte, 6 de
febrero de 2005.
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�Jaime Sánchez-Macedo

históricamente este cruce de calles se había caracterizado por la
presencia del vital líquido, ya que debajo se localiza uno de los
manantiales que existen en el centro de la ciudad. Por tal motivo,
antes que existiera la fuente, en el sitio se localizó durante algún
tiempo la Alberca Monterrey, una piscina natural de uso público
bastante popular entre la población durante la primera mitad del
siglo XX.27
Finalmente, la fotografía de Fausto Tovar motivo de la
presente reflexión, documenta un tercer referente urbano
devastado por causa de la Gran Plaza; se trata de la casa del
connotado médico e historiador José Eleuterio González,
conocido en Monterrey como “Gonzalitos”.28 La importancia del
inmueble localizado sobre la calle Dr. Coss, entre Matamoros y
Padre Mier, consistía en que precisamente ahí murió el galeno el
día 4 de abril de 1888. Como sucedió con el resto del centro de
Monterrey y los demás referentes urbanos echados abajo por la
Gran Plaza, simpatizantes de la transformación urbana
27

Casas, Imaginarios interrumpidos. Ensayo sobre el patrimonio perdido de
Monterrey, 102.
28
Véase Édgar Iván Espinosa Martínez, “La cultura nacional desde las
regiones en el siglo XIX. El caso de José Eleuterio González (1813-1888) en
Nuevo León”, Nóesis. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades 24, núm.
48 (julio-diciembre, 2015): 198-225.
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comenzaron por denostar el valor histórico de la finca,
argumentando en este caso que la casa nunca fue propiedad de
Gonzalitos. Por su parte, el cronista oficial de Monterrey, José P.
Saldaña, afirmó que la casa no era un edificio que mereciera la
conservación, ya que una placa era más que suficiente para
rescatar el valor histórico del lugar; de lo contrario, se corría el
riesgo de terminar con una “mini plaza” en lugar de una Gran
Plaza, según afirmó el mismo cronista ante la prensa. Cabe
mencionar que poco tiempo antes el alcalde de Monterrey entre
1980 y 1982, Pedro Quintanilla, había prometido en campaña
hacer un museo de la medicina en aquel sitio que ahora quedaba
destinado a la picota.29 Aunado a todo esto, la responsable de la
ejecución de la Gran Plaza, Ángela Alessio Robles, negó que el
proyecto a su cargo fuera el motivo de la demolición del edificio,
ya que no se tenía contemplada la demolición de los inmuebles
de la acera oriente de la calle Dr. Coss.30 Sin embargo,
coincidentemente con el arranque de la Gran Plaza la casa se echó
abajo, ya fuera por decisión de sus propietarios que aprovecharon

29

AHM, Colección Libros de la Gran Plaza, t. 1, p. 111, Víctor S. Canales,
“Nadie puede parar la demolición de la casa”, El Norte, 24 de junio de 1981.
30
AHM, Colección Libros de la Gran Plaza, t. 1, p. 104, ¡Demuelen Casa de
Gonzalitos”, El diario de Monterrey, 23 de junio de 1981.
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�Jaime Sánchez-Macedo

que en todo el sector se realizaban trabajos de demolición, o bien,
por la acción del gobierno.
La destrucción de la casa de Gonzalitos llamó la atención
de Fausto Tovar, por lo menos para la realización de dos tomas
del inmueble. La primera de estas retrata la fachada parcialmente
demolida y vista desde un punto cercano al cruce de las calles
Padre Mier y Dr. Coss. Esta toma nos deja ver además que la casa
parece ser el único inmueble en proceso de demolición en todo
ese lado de la acera, lo cual podría sustentar los dichos de la
ingeniera Alessio Robles.
Llegamos así a la fotografía que es motivo de todo este
análisis y que además ilustra la portada de la nueva época de la
revista de historia del Centro de Estudios Humanísticos de la
UANL. En ella observamos la primera habitación de la casa de
Gonzalitos, con el marco de la entrada principal en primer plano;
a pesar de la leve deformación de la imagen provocada por el tipo
de lente, mediante el primer plano es posible hacerse una idea del
grosor de los muros de la fachada. Por el suelo del inmueble que
se aprecia en una elevación superior a la de la vía peatonal, que
es el punto desde donde apuntó su cámara Fausto Tovar,
observamos bloques de sillar, algunos con los elementos
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decorativos del inmueble –ya fueran de yeso o estuco–, los cuales
podrían haber correspondido con alguna cornisa o capitel. El más
notorio de éstos por su localización al centro de la imagen, lleva
un motivo floral de estilo rococó; las decoraciones constituyen un
indicio de la calidad constructiva del inmueble, así como de la
clase social a la cual estaba destinado. La única figura humana en
toda la toma es la de un niño que posa sin camisa, apoyando su
mano derecha en una puerta de madera también con detalles
decorativos.
De entre todas las fotografías del centro de Monterrey
elaboradas por Tovar Martínez que se han podido observar, sólo
hay otra en la cual posa también un niño; no obstante, se trata de
alguien de menor edad que fue retratado en una parte de la Gran
Plaza a punto de ser concluida. En ambos casos, los infantes nos
dan una idea clara de las proporciones del espacio con relación a
la escala humana. Por último, el plano posterior de la toma
muestra la amplitud del inmueble, así como la dimensión de la
demolición. El considerable número de habitaciones que se
aprecia al fondo –el acercamiento a la imagen digital de la
fotografía permite identificar al menos cinco habitaciones– opera
como el efecto provocado por la contraposición de espejos, como
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si se tratara de un reflejo infinito de la demolición del centro de
Monterrey, delante y detrás del fotógrafo. Las notas periodísticas,
producto de la polémica generada por el derrumbe del inmueble,
nos dan la certeza del año de las dos tomas de la casa de
Gonzalitos, 1981, así como un posible rango de meses, entre
mayo y julio.
Al final, el anhelado distrito financiero que acompañaría
la Gran Plaza quedó lejos de concretarse por diversos motivos
que se han destacado en investigaciones previas,31 dejando el
terreno de la finca en espera de hallar un uso más lucrativo para
sus propietarios. El único criterio de conservación patrimonial –
si es que se puede llamar así– para el sitio, fue aquel propuesto
por José P. Saldaña y que consistió en la colocación de una placa
en el lugar que hoy en día funciona como un estacionamiento
privado. En tanto, Fausto Tovar utilizó las dos tomas de la casa
de Gonzalitos y el resto de las fotografías del centro de Monterrey

31

Jaime Sánchez-Macedo, Donde habita el olvido. Conformación y desarrollo
del espacio público en el primer cuadro de la ciudad de Monterrey, 1980-2007
(Monterrey: Conarte, Museo de Historia Mexicana, 2019); Patrice Melé, La
producción del patrimonio urbano (México: Ciesas, 2006), 243; Rodrigo
Fernando Escamilla Gómez, “De la industria a los servicios, la macroplaza y
los primeros indicios de la servicialización de la ciudad de Monterrey (19791986)” (tesis de maestría, Universidad Nacional Autónoma de México, 2014).
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para hacer por lo menos una exposición de su obra. Para este
propósito se produjeron las impresiones en opaco de gran formato
que hoy en día están en custodia de la Fototeca Nuevo León. Cabe
mencionar que a pesar de las óptimas condiciones de resguardo
de la institución, la calidad de las impresiones policromáticas ha
generado una importante pérdida de color en algunas de las
fotografías, situación que se podría agravar en los años venideros.
A manera de conclusión basta decir que para muchos de
los habitantes de Monterrey, que además conocen cuál fue el
destino final del terreno de la finca, la fotografía del interior de la
casa de Gonzalitos posee un punctum en los términos argüidos
por Barthes; es decir, se trata de una imagen que por uno o varios
de los elementos que contiene la imagen fotográfica “hiere” al
observador como una pulsación.32 Los sillares derruidos y el niño
que posa en la fotografía de Fausto Tovar generan una afección
en la sensibilidad de quien mira esta imagen, ya sea por la extraña
belleza de la toma, o bien, porque desde hace un par de años los
martilleos han vuelto a ser un eco constante por todo el centro de
Monterrey. Sin embargo, hoy día la suplantación del patrimonio

32

Roland Barthes, La cámara lúcida. Nota sobre la fotografía (Barcelona:
Paidós, 1989), 58-85.
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urbano no es por la construcción de espacio público, sino por el
flujo de capitales financieros sumados a la especulación
inmobiliaria que demanda una nueva tabla rasa en el espacio
urbano.
Por otro lado, en una lectura a nivel iconográfico del
documento imagético,33 la fotografía de Fausto Tovar representa
la picota del “progreso” que se yergue sobre el patrimonio urbano
de Monterrey. Se vuelve necesario entonces voltear a ver
nuevamente las fotografías de Fausto Tovar sobre el centro de la
ciudad para reflexionar sobre los costos de las transformaciones
urbanas de gran escala. Asimismo, el legado de este fotógrafo
invita a tomar nuestras cámaras digitales y registrar todos
aquellos edificios de la ciudad que parecen nuevamente a punto
de desvanecerse en el aire. De lo contrario, sólo quedarán los
discursos de abandono y decadencia que, antes y ahora, han
servido de justificación para echar abajo el patrimonio urbano.

33

Roca et. al., Tejedores de imágenes. Propuestas metodológicas de
investigación y gestión del patrimonio fotográfico y audiovisual, 100-106.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-7

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Referencias
Archivo
Archivo General del Estado de Nuevo León
Archivo Histórico de Monterrey
Bibliografía
Aguayo, Fernando y Lourdes Roca coord. Investigación con
imágenes. Usos y retos metodológicos. México: Instituto
Mora, 2012.
Amores, José Emilio, “Monterrey: una cultura propia”, en Nuevo
León en el siglo XX. La industrialización. Del segundo
auge industrial a la crisis de 1982, coord. por Isabel
Ortega Ridaura, 73-108. Monterrey: Fondo Editorial
Nuevo León, 2007.
Barthes, Roland. La cámara lúcida. Nota sobre la fotografía. Trad.
por Joaquim Sala Sanahuja. Barcelona: Paidós, 1989.
Berman, Marshall, Todo lo sólido se desvanece en el aire. La
experiencia de la modernidad. Trad. por Andrea Morales
Vidal. México: Siglo XXI Editores, 1989.
Casas García, Juan Manuel. Imaginarios interrumpidos. Ensayo
sobre el patrimonio perdido de Monterrey. Monterrey:
Conarte, 2015.
Elizondo, Ricardo, José Antonio Rodríguez y Xavier Moyssén.
Monterrey en 400 fotografías. Monterrey: Museo de Arte
Contemporáneo, 1996.
Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-7

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�Jaime Sánchez-Macedo

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              <text>Sillares: Revista de Estudios Históricos,  2021, Vol. 1, No. 1, Julio-Diciembre</text>
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              <text>Sillares. Revista de Estudios Históricos, es una publicación semestral que busca la divulgación de investigaciones que representen un aporte significativo para conocer la historia de México y América Latina. Además de la publicación de artículos originales e inéditos, la revista procura la promoción, difusión y debate de investigaciones históricas a través del análisis de acervos documentales, documentos y reseñas. Todas las colaboraciones son sometidas a procesos de evaluación por pares. La revista Sillares es heredera de la sección de Historia del Anuario Humanitas, publicado por el Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León entre 1960 y 2020. En línea con esta dependencia, que es el centro de investigación más antiguo de la UANL, la revista busca incentivar el diálogo entre la Historia y otras áreas de las ciencias sociales y las humanidades. Esta nueva era va con el ciclo de la transformación digital y sus estrategias, reestructurando sus procesos bajo el Open Journal Systems y siempre con las metas de la comunidad investigadora.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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