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                  <text>�Transdisciplinar
Revista de Ciencias Sociales
El estatus transdisciplinario de las Ciencias Sociales
The transdisciplinary status of the Social Sciences
Jorge Francisco Aguirre Sala
IINSO UANL Monterrey, México
https://orcid.org/0000-0002-5805-4082
Fecha entrega: 04-3-2022 Fecha aceptación: 04-4-2022
Editor: Beatriz Liliana De Ita Rubio. Universidad Autónoma de
Nuevo León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey,
Nuevo León, México.
Copyright: © 2022, Aguirre Sala Jorge Francisco. This is an
open-access article distributed under the terms of Creative Commons Attribution License [CC BY 4.0], which permits unrestricted use, distribution, and reproduction in any medium,

provided the original author and source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-1
Email: jorgeaguirresala@hotmail.com
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�Presentación editorial
Presentamos el segundo número de Transdisciplinar. Revista
de Ciencias Sociales del Centro de Estudios Humanísticos de la
UANL (enero-junio 2022), en el que compartimos una diversidad
de contribuciones realizadas desde distintas disciplinas. Por
medio de una metodología, de tipo hermenéutico, del análisis
crítico conceptual, Jorge Francisco Aguirre Sala analiza la
condición transdisciplinaria de las Ciencias Sociales, que en
su opinión, se orienta a la toma de decisiones y resolución de
problemas y la distingue de la inter y multidisciplinariedad.
Concibe a la primera como un estatus epistemológico cuyo
conocimiento orienta la acción bajo principios y valores éticos.
Con una metodología que vincula historia; estudios del
desarrollo económico; demografía; geografía, territorialidad y
ecología, principalmente, Gerardo Pantoja, Omar Moreno y Carlos
Saldaña, llevan a cabo un trabajo de análisis de la conformación
del municipio de Anáhuac en el estado de Nuevo León, México,
con la intención de delinear un modelo sustentable de acción
territorial. También en relación con el estado de Nuevo León, Luis
Enrique Pérez Castro y César Morado Macías ofrecen un análisis
de las élites políticas que combina las perspectivas sociológica;
politológica e histórica y las examina desde su conformación,
organización y axiología, sus formas de socialización e interacción
social. El estudio se concibe fundamental para comprender el
sistema político contemporáneo.
Víctor Manuel Zamora nos ofrece un análisis de la
importancia de la evaluación en la educación preescolar para

�proporcionar información orientada a la mejora continua de
dicho nivel. A pesar de formar parte de la educación obligatoria
en el Sistema Educativo Nacional, se examina la complejidad
de factores que dificultan la tarea, principalmente porque es un
nivel de enseñanza concebido y diseñado para operar de manera
abierta y cualitativa, que en términos de evaluación se traduce en
dificultades para sistematizar los resultados.
Dos artículos están orientados al análisis de problemas
relativos a los pueblos originarios y sus integrantes. Ernesto
Guerra García, comparte resultados de una investigación realizada
desde los Yoreme Mayo de Sinaloa, con enfoque multi-método que
prioriza el histórico, en el cual sostiene que el neoindigenismo
mexicano surgió de manera paralela con la gobernanza como
forma de administración pública y con la interculturalidad en
la educación y cuestiona que este enfoque ha minimizado la
cuestión indígena y ha generado el surgimiento de diversas leyes,
organismos e instituciones que han operado como medios para
su control. Con un enfoque transdisciplinar, Félix Enrique López
Ruiz nos brinda la historia de vida de un indígena zoque residente
en Nuevo León, que desde los estudios de género de los hombres y
la perspectiva analítica de las masculinidades va entretejiendo con
el imaginario sociocultural de la obra Nada menos que todo un hombre
del filósofo Miguel de Unamuno y construye categorías analíticas
interseccionadas acerca de los conflictos que se generan ante la
diversidad de posibilidades y exigencias en la construcción de la
masculinidad ante las que se encuentran los indígenas residentes
en el estado.
Cultura, Modernidad y camp: resistencia sin agenda
de Alexa Rosales Rivera y Eleocadio Martínez Silva, analiza el

�fenómeno del camp como un tipo de sensibilidad y forma de
expresión que al reproducir la estética de los ideales hegemónicos
en una forma exagerada, conduce a su cuestionamiento y funciona
como una forma de resistencia.
Ponemos también a consideración de lectores y lectoras,
la reseña que Alan Arturo Hernández García lleva a cabo acerca
de la obra Historia y literatura. Tres contextos: Conquista, Reforma y
Revolución. Monterrey, coordinada por: Ludivina Cantú; Óscar
Tamez; José Luis Cavazos y Celso José Garza.
Juan José Muñoz reseña el conversatorio titulado
“Wirikuta: un acuerdo de vida”, dentro del marco de “Las Fronteras
del Medio Ambiente”, emisión 2022 mediante el cual la academia
de la Universidad Nacional Autónoma de México propició el
diálogo entre los actores que luchan por la preservación del medio
ambiente quienes expusieron los problemas medioambientales
que presenta la región sagrada de Wirikuta en Real de Catorce,
municipio de San Luis Potosí, México.
Beatriz Liliana De Ita Rubio
Directora

�Equipo editorial CEH / Manifiesto por la seguridad y la justicia en Nuevo León, México

Manifiesto por la seguridad y la justicia en Nuevo
León, México
El equipo editorial del Centro de Estudios Humanísticos de la
Universidad Autónoma de Nuevo León, ante el feminicidio de
Debanhi Escobar, -estudiante de nuestra institución-, y de la
gran cantidad de víctimas de este crimen y de las desapariciones
forzadas, -que en el caso de las mujeres generalmente concluye en
feminicidio-, manifestamos nuestra indignación y preocupación,
-compartida con la ciudadanía-, por la situación de inseguridad
que se vive en nuestro estado y país, así como la falta de atención
y solución a estas problemáticas por parte de las autoridades.
Exigimos a las autoridades de todos los niveles que se lleven a
cabo investigaciones de acuerdo a los protocolos establecidos, con
total respeto, transparencia y apego a las leyes, que desemboquen
en el esclarecimiento de los hechos y resolución de los casos
sin impunidad, la impartición de justicia para las víctimas y la
sociedad en general, así como garantizar la seguridad de todas las
personas.

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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, julio-diciembre, 2022

El estatus transdisciplinario de las
Ciencias Sociales1
The transdisciplinary status of the
Social Sciences
Jorge Francisco Aguirre Sala2
Resumen: Las Ciencias Sociales, por su variedad, fragmentan las
percepciones del fenómeno social. Pero el propósito final es coincidente:
explicar los fenómenos sociales, diagnosticar las problemáticas que
causan y proponer soluciones. Este texto se propone mostrar la vía
transdisciplinaria de las Ciencias Sociales; distinguirla del estatus
interdisciplinario y multidisciplinario y mostrar que la condición
transdisciplinar se enfoca hacia la toma de decisiones y solución de
problemáticas. La toma de decisiones se puede concebir en el esquema
de dilemas. Se utiliza una metodología, de tipo hermenéutico, del análisis
crítico conceptual de las nociones que se establecen y/o construyen en
la literatura al tema. Los resultados muestran la transdisciplinariedad
como un estatus epistemológico deseable, que aporta conocimiento
para actuar y que dicha actuación se hace bajo la rectoría de principios
y valores éticos.

1 Una versión parcial de este texto, con un enfoque exclusivo a las ciencias de la seguridad, fue realizada en 2017, en Archivos de Criminología, Seguridad Privada y Criminalística, 7 (1): 59-84.
2 Profesor-investigador de tiempo completo adscrito al Instituto de Investigaciones Sociales. Universidad Autónoma de Nuevo León, México.

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�Jorge Francisco Aguirre / El estatus transdisciplinario de las Ciencias Sociales

Palabras clave: Ciencias Sociales, transdisciplina, dilemas, toma de decisiones, principios.
Abstract: The Social Sciences, due to their variety, fragment the
perceptions of the social phenomenon. But the ultimate purpose is the
same: to explain social phenomena, diagnose the problems they cause
and propose solutions. This text intends to show the transdisciplinary
path of the Social Sciences; distinguish it from the interdisciplinary and
multidisciplinary status and show that the transdisciplinary condition
focuses on decision making and problem solving. Decision making can
be conceived in the scheme of dilemmas. A methodology is used, of a
hermeneutic type, of conceptual critical analysis of the notions that
are established and/or constructed in the literature on the subject. The
results show transdisciplinarity as a desirable epistemological status,
which provides knowledge to act and that such action is done under
the guidance of ethical principles and values.
Key words: Social Sciences, transdisciplinary, decision making,
dilemmas, principles.

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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-1

�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

Introducción
Un objeto de estudio como “los fenómenos sociales” involucra
a muchos tipos de ciencias. El conjunto de las Ciencias Sociales
incluye métodos y disciplinas que históricamente se ejercieron
de manera aislada y en busca de una propia especialidad. Sin
embargo, los problemas sociales poseen factores múltiples
y para abordarlos es necesaria una agrupación estratégica.
Estrategia de organización y enfoque que, entre otras cosas,
debería aportar conocimiento para la toma de decisiones en
el caso de problemáticas sociales y, por ende, las soluciones
son transversales y sus estudios han de ser transdisciplinarios.
Ésta es la hipótesis principal del presente ensayo. Además, para
orientar con facilidad la toma de decisiones, en muchos casos, las
Ciencias Sociales tienen que adoptar el enfoque de dilemas y por
tratarse de asuntos humanos la transdisciplinariedad hace uso de
principios y valores éticos.
Para validar la hipótesis sobre la transdisciplinariedad de
las Ciencias Sociales es necesario responder al cuestionamiento:
¿En qué consiste la condición transdisciplinaria a diferencia de la
interdisciplinaria y multidisciplinaria?
El método que permite validar la hipótesis de este
ensayo obedece al análisis crítico conceptual de las nociones
que se establecen y/o construyen en la literatura al tema. Por
tanto, corresponde a una metodología cualitativa, de tipo
hermenéutico bajo el enfoque del interaccionismo simbólico.
Dicho método plantea para este caso el siguiente itinerario:
análisis de la fragmentación del fenómeno social dentro de las
Ciencias Sociales con la distinción del propio objeto formal;
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-1

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�Jorge Francisco Aguirre / El estatus transdisciplinario de las Ciencias Sociales

el complejo proceso interdisciplinario y multidisciplinario de
inclusión de datos con la consecuente caracterización de lo
unidisciplinario, interdisciplinario, multi o pluridisciplinario y
lo transdisciplinario; la adopción de la condición o metodología
transdisciplinaria en las Ciencias Sociales, la reorganización de
los problemas que abordan las Ciencias Sociales en el esquema de
dilemas, y la necesidad de principios y valores éticos en Ciencias
Sociales a la luz de las discusiones conclusivas.
Análisis de la fragmentación del objeto dentro de las disciplinas y distinción del propio objeto formal
En la división del saber, advierte Wallerstein (1996), se está
borrando la demarcación entre las Humanidades, las Ciencias
Naturales y las Sociales. De igual manera ocurre al interior de las
Ciencias Sociales, pues su pluralidad deja obviado que se rebasa
la unidisciplinariedad.
Por tanto, las Ciencias Sociales se están consolidando
por la convergencia de varias disciplinas, aunque no debe
desconocerse que Giddens considera a la Sociología como una
disciplina generalizante (2000, p. 26). No obstante, puede
postularse: las Ciencias Sociales son el conjunto de disciplinas
que, agrupadas, procuran el estudio transdisciplinar de la conducta
humana en el campo social referido a la vinculación entre sí de
diversos agentes y cuyo estudio se orienta a la luz de los valores
(sustentabilidad, respeto al derecho de terceros, etc.) y principios
jurídicos, morales y culturales. En esta descripción existen tres
elementos que es preciso destacar: 1) el estudio transdisciplinar
para abordar adecuadamente los factores múltiples que presenta
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-1

�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

la conducta humana respecto a la sociabilidad, 2) la orientación
de la conducta humana social en los marcos jurídicos y sociales
y 3) el juicio (también jurídico, moral y social) que podría recibir
dicha conducta.
Para ilustrar la diferenciación de las Ciencias Sociales se
puede hacer uso de la distinción entre los objetos materiales y
formales de las ciencias.
El objeto material de una ciencia es el objeto de estudio
en sí mismo, tal y como “se encuentra en la realidad” o “aparece”
al investigador. En las Ciencias Sociales es el comportamiento y
las actividades de los humanos. Pero la diferenciación se da, por
ejemplo: en el caso de la criminología por la conducta criminal;
en el caso de la psicología es la conducta aprendida y adaptada;
en la Sociología es la conducta en la escala social, es decir, los
comportamientos colectivos o comunitarios; en Derecho es la
conducta conforme al canon de lo legal; en Moral desde el canon
de lo legítimo; en Antropología son las formas públicas y privadas
de organización, costumbres, ritos, etc. Y así podría construirse
un larguísimo etcétera de disciplinas que estudian la conducta
en diversas determinantes y variantes. Por tanto, cada disciplina
requiere precisar la formalidad o perspectiva, (el punto de vista),
desde el cual se estudia el objeto material de estudio. A dicha
perspectiva se le denomina objeto formal.
El efecto de precisar el objeto formal fue la especificación, es
decir, el carácter reduccionista, la pérdida de una visión y tratamiento
integrales de los problemas que cada ciencia pretende resolver. Dicha
especificación, con el perfeccionamiento del saber, se convirtió en
especialización. Toledo, hace dos décadas, ilustró ese devenir:
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-1

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�Jorge Francisco Aguirre / El estatus transdisciplinario de las Ciencias Sociales

“La ciencia que domina hoy en día, es aquella establecida bajo
los paradigmas del siglo XVII, autores como Bacon, Newton,
Descartes, etc. Y es fundamentalmente una ciencia de las partes: analítica y de carácter mecanicista, monodisciplinaria, es
decir, especializada o sobre especializada, experimental y finalmente de carácter reduccionista” (2003, p.104).

En el sentido anterior, las ciencias que están fuera de
un contexto transdisciplinario son insuficientes para resolver
problemas fuera de su ámbito específico por dos razones: la
complejidad multifactorial de los problemas que estudian y la
exigencia de una gran cantidad de perspectivas sobre el mismo
problema, no necesariamente sobre el mismo objeto de estudio.
Pero la dificultad no sólo corresponde al conocimiento
científico, sino también a la visión reducida de éste. Nicolescu
advirtió al respecto que:
Las ciencias monodisciplinares ignoran perspectivas y factores
distintos de un contexto más amplio y ocasionan polémicas reduccionistas y errores al estar basadas en una sola racionalidad.
El cientificismo nos ha legado una idea persistente y tenaz: la
de la existencia de un único nivel de Realidad (1996, p. 19).

La advertencia de Nicolescu pesa sobre la idea previa de
un único nivel de realidad, es decir, no se asume la complejidad
de la propia naturaleza, ni se asume el desafío de la complejidad
científica, (Wallerstein, 1998). Ello ha conllevado a complicaciones
que provocan cambios de paradigmas (del geocéntrico al
heliocéntrico, de la física mecánica a la cuántica, del genetista
enfrentado al naturalista, de la geometría de Euclides a la de
Riemann y Lobachevski). En otros casos, esas complicaciones
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-1

�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

derivaron en falsacionismos o revoluciones científicas, como lo
explicaron Popper y Kuhn respectivamente.
Una prueba ilustrativa de las complicaciones del
reduccionismo se halla en el manejo de la pandemia SARS-CoV2
cuando fue atacada sólo desde la perspectiva de la medicina clínica.
Para controlar las cadenas de contagio y abatirla, se requiere
desde la Farmacobiología hasta la Demografía alimentada con los
algoritmos del big data.
Al no adoptar una visión multidisciplinaria para elaborar
soluciones transdisciplinarias los problemas corren el riesgo
de ser discutidos bajo sólo una perspectiva, o al momento de
encontrarse con otros puntos de vista no se generarán soluciones
sino más conflictos
La complejidad multifactorial, la división y diferenciación
formal de los objetos de estudio y las diversas metodologías
científicas son, en última instancia, adecuadas para conocer una
realidad compleja que se manifiesta en varios niveles y que no
siempre obedece a un mismo sistema teórico o metodológico. Por
tanto, el “fenómeno social” debería transitar hacia una condición
transdisciplinaria. Una experta en ciencias advirtió: “mucho se
discute sobre interdisciplina, quizás porque se presenta como
un intento de superar el estado actual de abstracción de las
ciencias” (Casas, 2008, p. 98). La discusión epistémica, dentro de
los fundamentos y alcances de una misma ciencia, es innecesaria,
pues como argumentó Wallerstein (1998), el análisis de la realidad
social debe ser holístico y al cambio de paradigma lo denominó
“impensar”. Es decir, la reformulación de las Ciencias Sociales
no es una refundación. Si bien la reformulación atraviesa por la
interdisciplinariedad y la multidisciplinariedad, éstos son meros
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-1

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�Jorge Francisco Aguirre / El estatus transdisciplinario de las Ciencias Sociales

insumos epistemológicos para nutrir la reformulación: alcanzar la
condición transdisciplinar. Wallerstein visualizó esta necesidad
cuando abogó por programas de investigación que cortaran
transversalmente las líneas tradicionales y reconoció que las
Ciencias Sociales han avanzado en dirección hacia un respeto
cada vez mayor por la naturaleza, al mismo tiempo las Ciencias
Naturales han ido desplazándose hacia una visión del universo
como inestable, puntos de intersección que corresponden a un
movimiento transdisciplinario (Wallerstein, 1998). En pocas
palabras, obtener saberes plurales para tomar decisiones fundadas
en los conocimientos científicos especializados y también más allá
de ellos.
El complejo proceso interdisciplinario y multidisciplinario
de inclusión de datos con la consecuente caracterización
de lo unidisciplinario, interdisciplinario, multi o
pluridisciplinario y lo transdisciplinario
El saber sobre los fenómenos sociales implica la necesidad
de la información interdisciplinaria y de posterior adhesión
multidisciplinaria, para derivar en alternativas transdisciplinarias;
pues la mayoría de las soluciones exigen acciones transversales.
Por tanto, es pertinente distinguir la secuencia y jerarquización
de estas nociones.
Guy Palmade (1979) define a la disciplina como:
“Conjunto específico de conocimientos que tiene sus
características propias en el terreno de la enseñanza, de la
formación, de los mecanismos, métodos y materias” (p. 21). Si se
agrega el prefijo uni, se hace énfasis en que la unidisciplinariedad
versa sobre cuestiones delimitadas y hace uso de herramientas y
procesos también delimitados, esto conlleva a que el fenómeno
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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

estudiado por la disciplina sea visto desde la única perspectiva
de su objeto formal.
Puede agregarse a la definición de Palmade que el conjunto
de conocimientos tiene como objetivo conocer las causas de los
fenómenos y aplicarlo a resolver sólo ciertos problemas definidos
o delimitados por la misma disciplina debido a la estandarización
de sus herramientas y metodología.
En contraste, la interdisciplinaridad se refiere a la transferencia
de métodos entre disciplinas. Como si las disciplinas dialogaran
entre sí profundizando temas a partir de varias miradas. Aunque
todavía no generen nuevos conocimientos trasformadores. Por
ejemplo, la Informática que es utilizada en Sociología, Epidemiología,
Demografía, etc. Pero cuando los conocimientos apuntan a las
transformaciones, por ejemplo, en el caso de la prevención de la
pandemia por SARS-CoV2, entonces el saber es claramente de
índole transdisciplinario, pues la mayoría de las veces terminan por
involucrar los presupuestos económicos de las políticas públicas, las
dinámicas sociológicas de mayor cohesión social, los aspectos de la
psicología comunitaria para organizar jerárquicamente a los agentes
sociales y hasta los liderazgos exitosos.
Así, según el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología
(CONACYT) de México,
Interdisciplina, la que se da cuando se combinan dos o más disciplinas para generar un nuevo nivel de integración donde las
fronteras disciplinares empiezan a desdibujarse. La interdisciplina no es la simple adición de partes, sino el reconocimiento
que la incidencia de una disciplina y sus lógicas de indagación
afectan el resultado de la investigación de la(s) otra(s) disciplina(s). (CONACYT, 2021, Art. 2, XIII, DOF, p. 234)
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-1

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�Jorge Francisco Aguirre / El estatus transdisciplinario de las Ciencias Sociales

En consecuencia, en la interdisciplina existe la
transferencia de métodos que provoca la cooperación de varias
disciplinas para encontrar soluciones y rutas de acción ante los
problemas.
La interdisciplina, por ende, no tiene por misión convertir
a las Ciencias Sociales en un conjunto de ciencias panópticas,
sino poseer la información suficiente para construir de manera
correcta los conceptos que expondrán de manera adecuada
el problema. En otras palabras, antes de buscar soluciones, las
Ciencias Sociales acopian perspectivas para plantear de manera
conceptualmente correcta el problema con el propósito de no
generar pseudoproblemas. En este sentido, debe suscribirse
lo que ha denunciado Paquet al constatar los límites de la unidisciplinariedad impuestos por el lenguaje mono-especializado:
Los científicos sociales perdieron interés por encontrar soluciones para los nuevos “problemas retorcidos” (wicked problems) que
enfrentaba la sociedad, y están más interesados en promover el
poder heurístico de los lenguajes disciplinares para la definición
de los problemas […] La investigación de los académicos no parece hacer una contribución significativa a la gestión de la turbulencia: se prefieren respuestas elegantes a preguntas sin sentido,
en lugar de respuestas no elegantes a buenas preguntas. Como
resultado, la capacidad para comunicar ha disminuido al grado
de que ha sido distorsionada por lenguajes que sólo son la provincia de los expertos. (Paquet, 2009, pp- xi y 29).

La interdisciplinariedad entonces es necesaria para
concebir correctamente los problemas que los fenómenos sociales
presentan, evitar pseudoproblemas y discusiones estériles. Si
una disciplina pone su método, fundamento epistémico y saber
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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

al servicio de las demás, entonces podrá mostrar un verdadero
problema y evitar una confusión. Así, cabe concebir que, desde
la multiplicidad de factores analizables de una misma realidad,
se exija la interdisciplinariedad de las ciencias que intervienen
en la investigación. Ello no resta autonomía a ninguna ciencia
y las enriquece a todas, pues como apuntó Wallerstein (1998),
las separaciones artificiales de las disciplinas del siglo XIX son
actualmente ignoradas de facto por los científicos sociales.
Ignorar las separaciones artificiales es una condición que
constató Giddens (2000) al describir que el pensamiento
sociológico se transforma para profundizar las implicaciones
prácticas y de decisión política. En términos categóricos: las
Ciencias Sociales no sólo constatan, describen o explican
fenómenos sociales, también abordan sus problemáticas y deben
apuntar a soluciones, aunque éstas constituyan respuestas no
elegantes.
Se pueden distinguir, según Nicolescu (1996, p.37) tres
grados de interdisciplinariedad: a) un grado de aplicación; b) un
grado epistemológico; c) un grado de generación de nuevas disciplinas. En
el primer grado, corrigiendo a Nicolescu, puede decirse que se
aplican técnicas y no métodos de una disciplina a otra. Nicolescu
ejemplifica con los métodos que de la física nuclear transferidos
a la medicina conducen a la aparición de nuevos tratamientos
del cáncer, pero eso no es una transferencia de método, sino
de técnica, pues el método es para descubrir nuevo saber y la
técnica para hacer uso del saber. La medicina no renuncia a su
autonomía indagatoria para recuperar la salud humana cuando
aplica técnicas químicas, físicas. Del mismo modo el conjunto de
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-1

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�Jorge Francisco Aguirre / El estatus transdisciplinario de las Ciencias Sociales

las Ciencias Sociales no condesciende a una sola disciplina del
grupo cuando indagan y proponen soluciones.
El segundo grado de interdisciplinariedad puede
ejemplificarse de una manera distinta al ejemplo tautológico que
aporta Nicolescu (la transferencia de los métodos de la lógica
formal en el campo del derecho genera análisis interesantes
en la epistemología del derecho), si puede concebirse que las
aportaciones de la psicometría son útiles para las ciencias de
la educación, la pedagogía, las ciencias de administración de
recursos humanos, la psicología del deporte y hasta para los
programas de rehabilitación en los centros penitenciarios. O
que los aportes de la informática son imprescindibles para el
almacenamiento, manejo y predicción estadística de cualquier
investigación cuantitativa. En estos dos ejemplos no es notoria
que la transferencia de métodos genere una relación fundacional
entre la disciplina emisora y la receptora como en una relación
fundamento-fundamentado. No así, por ejemplo, en el caso donde
la ingeniería civil, sin el saber o fundamento del cálculo, carecería
de garantías para construir y sostener una edificación. Así mismo
el derecho, si careciera de las nociones básicas de la moralidad
como son la justicia y la proporción equitativa, quedaría reducido
a una técnica retórica de alegatos.
El tercer grado de interdisciplinariedad parece la fusión
bien asimilada de aspectos materiales y formales cuando se
ejemplifica con la física matemática o el arte informático. Es
decir, la materia o contenido de saber propio de una disciplina
es tratado bajo la formalidad o estructura de otra disciplina,
tal ocurre con la matematización no sólo de la física (física
matemática que expresa las leyes de la física en fórmulas
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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

algebraicas y no en enunciados del lenguaje común), sino de la
psicología (psicometría), de la sociología (la estadística social),
de la medicina misma (las coordenadas cartesianas de los electroencefalogramas o cardiogramas).
En definitiva, son fácilmente aceptables los dos primeros
grados de interdisciplinariedad propuestos por Nicolescu, pero el
tercero requiere de mayor innovación. Obedece a lo que Jacques
Maritain denominaba ciencia media. Maritain la definió como
una ciencia intermedia, que en una jerarquización ascendente
de abstracción se encuentra sobre las ciencias empíricas de
la naturaleza, cuya materia la proporciona la realidad física, y
debajo de las matemáticas, cuyo objeto formal y procedimiento
de conceptualización siempre es cuantificacional. En pocas
palabras, es una “ciencia materialmente física y formalmente
matemática” (Maritain, 1978, p.80). En todo caso el tercer nivel
de interdisciplinariedad se parece más a la multidisciplinariedad.
Y cualquiera de las dos versiones no es propia para las Ciencias
Sociales.
Porque si bien es cierto que la interdisciplinariedad y la
multidisciplinariedad desbordan la unicidad de las disciplinas de
las Ciencias Sociales, éstas están más allá de tal desbordamiento,
puesto que no sólo aplican técnicas, indagan los fundamentos
científicos y asimilan objetos materiales de estudio con las
perspectivas formales de diversos modos de estudiarlos, sino
que además orientan decisiones que habrán de ser evaluadas con
criterios distintos a los cánones epistemológicos de las ciencias
individuales. El todo del conjunto llamado Ciencias Sociales es
un todo más grande que la suma total de sus partes.
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-1

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�Jorge Francisco Aguirre / El estatus transdisciplinario de las Ciencias Sociales

Además de los grados, también se han establecido tres tipos
de interdisciplinariedad: la lineal, la restrictiva y la estructural. En
la primera se da, nuevamente, el intercambio de una o más leyes
tomadas de una disciplina para explicar fenómenos de otra; sólo
se requeriría alguna redefinición de las variables y parámetros
para ajustarla al nuevo contexto disciplinario. En la tercera, las
interacciones entre dos o más materias llevan a la creación de un
cuerpo de conocimiento que forman la estructura básica de una
disciplina original, la cual no puede ser reducida a la coordinación
formal de sus generadoras, lo cual es muy parecido al tercer grado
expuesto arriba. Pero el segundo tipo, el restrictivo, consiste en una
aplicación a un campo específico y hacia un objetivo concreto. Y
podría aventurarse que las Ciencias Sociales constituyen un cuerpo
de saber de este tipo porque reciben aportaciones con el propósito
de orientar decisiones que buscan ubicarse estrictamente en el
campo del “fenómeno social” y sus áreas afines.
Si bien es cierto que existe la integración de saberes para
constituir el fenómeno social y sus áreas afinas, las estrategias de
alineación a pesar de la diferenciación no siempre pueden lograr
un mismo objetivo. Las ciencias tienen como objetivo conocer,
pero sus indagatorias no tienen el mismo objeto formal de estudio
ni los mismos procedimientos metódicos. Por ello es que, en el
caso de las Ciencias Sociales, se ha requerido la agrupación de
saberes que tienen como objeto una parcialidad o alguna de
las aristas que llevan a la realidad del fenómeno social desde la
perspectiva multi y transdisciplinar.
En lo que respecta a la multidisciplinariedad o
pluridisciplinariedad (que se considerarán como sinónimos con
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-1

�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

objeto de no multiplicar los entes lingüísticos sin necesidad)
ésta representa el estudio de un objeto perteneciente a una única
disciplina pero abordado por varias disciplinas al mismo tiempo
cada una con su enfoque. El conocimiento del objeto en su propia
disciplina se profundiza y la investigación pluridisciplinaria
aporta un plus a la disciplina en cuestión, en opinión de Nicolescu
(1996, p.37). Pero más que profundizar, debería decirse que el
conocimiento se extiende o complementa.
Cabe advertir, en primer lugar, que las disciplinas tienen
un objetivo, proyecto o tarea común de manera parcial, es decir,
todas buscan conocer al propio objeto de estudio. No parece
entonces que el estudio de un mismo objeto desde diversos
ángulos sea multidisciplinario si no se comparte un mismo
problema a resolver. En este sentido, el ejemplo de Nicolescu
(que un cuadro de Giotto puede estudiarse a través de la mirada
de la historia del arte cruzada con la de la física, la química, la
historia de las religiones, la historia de Europa y la geometría) no
resultan muy ilustrativos. La química estudiará los componentes
físicos del lienzo de Giotto y eso puede generar admiración,
pero no auxilia a una experiencia estética, motivo para el cual el
lienzo fue pintado. La historia de las religiones podrá aportar el
contexto del autor, de los receptores de su época y del mensaje,
pero si el espectador pertenece a otra tradición, religión y cultura,
no obtendrá la misma intuición privilegiada de la experiencia
estética que busca el autor de la obra.
Es decir, la multidisciplinariedad es útil para entender,
pero limitada para comprender (distinción que se caracterizará
más adelante). La multidisciplinariedad parece ser un mero acopio
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�Jorge Francisco Aguirre / El estatus transdisciplinario de las Ciencias Sociales

de información y saber sobre un mismo objeto de estudio general
y eventualmente hace emerger la construcción conceptual de un
problema o dilema, por ello –aunque valiosa- es insuficiente para
los propósitos prácticos (prescriptivos y de juicio) que podrían
poseer las Ciencias Sociales. El CONACYT mexicano postula:
Se entiende como multidisciplina al contraste de perspectivas
disciplinares en una forma aditiva: cuando dos o más disciplinas independientemente y de forma limitada interactúan para
proveer un punto de vista a un problema desde sus propias
perspectivas. (CONACYT, 2021, Art. 2, XIII, DOF, p. 234)

Así, por ejemplo, en el conjunto de las Ciencias Sociales
se encuentra la Antropología Social y las Ciencias Políticas; en la
primera pueden estudiarse conductas presentes en algunas etnias,
pero no en todas las civilizaciones (por ejemplo, la poliandria),
mientras que en las segundas se hallarán formas históricas de
organizar el poder de una comunidad (por ejemplo, patriarcados
monárquicos). La mera suma de ambos saberes no aporta un
problema, sin embargo, pueden generar un dilema (¿qué forma
debe promoverse, la poliandria o el patriarcado?) o plantear la
necesidad de defender un derecho humano universal (bajo el
supuesto de que una de las dos es la correcta) al añadir saberes de
otras Ciencias Sociales.
Por último, la transdisciplinariedad, con el peso que le
da el prefijo trans, que quiere decir ‘al otro lado’ o ‘a través de’,
y por ello, pretende ver más allá de las mismas disciplinas, busca
la integración teórica y práctica: “lo que está a la vez entre las
disciplinas, a través de las diferentes disciplinas y más allá de
toda disciplina” (Nicolescu, 1996, p. 37). Por ende, apunta a una
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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

práctica: la solución de un problema o dilema, toda vez que se han
integrado múltiples ideas, principios, perspectivas y postulados
de áreas muy distintas.
El término transdisciplinariedad ha sido promulgado por
la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la
Ciencia y la Cultura (UNESCO) y el Centro Internacional para la
Investigación Transdisciplinaria (CIRET) (Rivas, 2010), también
por el CONACYT de México, que apunta:
Se entiende por transdisciplina cuando las perspectivas de dos
o más disciplinas trascienden entre sí para formar una nueva
aproximación holística; el resultado será completamente diferente o nuevo a lo esperado de la suma de las perspectivas
individuales de las disciplinas. (CONACYT, 2021, Art. 2, XIII,
DOF, p. 234).

Es decir, es la cualidad que se desarrolla a través de las
disciplinas (y por ello implica la multidisciplinariedad), pero a su
vez va más allá porque conceptualiza de modo integral problemas
y toma decisiones para resolverlos. Quienes la han pensado y
ejecutado, la consideran el producto de una investigación referida
a un problema definido conceptualmente de manera inter y multi
disciplinaria y, por supuesto, como algo más allá que la simple
suma de disciplinas porque promueve nuevos conocimientos
(Casas, 2008, p. 98; Garrafa y Osorio, 2009, p. 85). Es un concepto
avanzado y dinámico que está, al mismo tiempo, “entre”, “a través”
y “más allá” de las disciplinas y que, como se ha dicho: constituye
un todo mayor a la suma de sus partes.
Las
la

consideraciones

manifestación

de

anteriores

Nicolescu

quien

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coinciden
agrega

que

con
la
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�Jorge Francisco Aguirre / El estatus transdisciplinario de las Ciencias Sociales

transdisciplinariedad posee tres pilares: los niveles de Realidad,
tal y como se encuentra en el Artículo 2 de la Carta de la
Transdisciplinariedad (1996) [y Nicolescu ejemplifica con la física
mecánica y la física cuántica y los cambios de paradigmas], la
lógica del tercero incluido [ejemplificados con casos que rebasan
la lógica, en especial el Teorema de Gödel] y la complejidad
[generada por el objeto y sus abordajes pluri o multi disciplinarios
y reconocida también como un desafío para las Ciencias Sociales
por Wallerstein (1996, 1998)]. Entre estos tres pilares se
determina la metodología de la investigación transdisciplinaria
(Nicolescu, 1996, p. 37-38).
Los niveles de Realidad y la lógica del tercero incluido
(consistente en un modelo o nivel coherente en sí mismo, pero
inconsistente en otro), sirven a Nicolescu para discurrir sobre la
posibilidad de pasar de un nivel de Realidad a otro. Ello puede
implicar el deseo de un modelo de conocimiento completo, pero
más que nada, implica un modelo de realidad coherente y abierta
donde desde la interdisciplinariedad y la multidisciplinariedad
se acaba por construir un conjunto de saber globalizador. Tal
caso puede postularse para las Ciencias Sociales con el amplio
tema del desarrollo sustentable, pues lo mismo abarca tópicos
biológicos, ecológicos, económicos, que culturales, sociales,
históricos, éticos y hasta de bioseguridad, etc.
Ahora bien, la lógica de un tercero incluido, en vez del
tradicional lógico y metafísico del tercero excluido, nos muestra la
validez de ciertos conocimientos dentro de un modelo y su invalidez
dentro de otros. Nicolescu, como se ha dicho, refiere el Teorema
de Gödel al respecto, pero también puede ejemplificarse con casos
indubitables: los principios de la física mecánica inválidos en las
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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

áreas de la física cuántica; la geometría euclidiana improcedente en
el espacio elíptico o hiperbólico, y para ejemplificar en las Ciencias
Sociales se podrían enumerar ejemplos en diversos tópicos, como
el caso de la globalización versus el regionalismo, el universalismo
versus el comunitarismo, la economía de desarrollo extraccionista
versus la ecología de la conservación, y un larguísimo etcétera.
Con ello quiere ejemplificarse que la transdisciplinariedad es la
única condición de posibilidad para plantear conceptualmente
problemas bajo la fórmula de dilemas. Asunto que se explicará en
el siguiente apartado.
Por lo pronto, las consecuencias de una transdisciplinariedad
que reconoce diversos niveles de realidad y su respectiva
complejidad implican reconocer diversos niveles de percepción. Es
decir, si existe una ciencia transdisciplinaria es porque el objeto
de estudio de dicha ciencia posee material suficiente para requerir
y exigir un tratamiento transdisciplinario y, consecuentemente,
también para requerir y exigir diversos niveles de percepción. Es
decir, la transdisciplinariedad pone en evidencia la necesidad del
Sujeto transdisciplinario (Nicolescu, 1996, p. 44).
Y todavía más allá, desde la perspectiva del sujeto
cognoscente, que no es uno solo y abstracto, sino el cúmulo
de investigadores abocados a la indagatoria de los objetos de
estudio. Y dadas las diversas percepciones de los investigadores
y la multiplicidad de paradigmas de conocimiento que
corresponden a diversos niveles y complejidades de la realidad
a estudiar transdisciplinarmente, se requiere de la teoría de
la interpretación (hermenéutica) para poder comprender las
variaciones de significados de datos e informes en las múltiples
perspectivas; tanto de las disciplinas como de sus investigadores.
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-1

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�Jorge Francisco Aguirre / El estatus transdisciplinario de las Ciencias Sociales

Es decir, la teoría de la interpretación se requiere para trasladar
la significación de las nociones de una ciencia a otra de manera
que también resulten significativas. Por tanto, el servicio
de la hermenéutica ante las diferencias conceptuales de las
ciencias, por donde transita transversalmente la metodología
transdisciplinaria, es invaluable.
Por estas razones puede coincidirse con el Manifiesto
de la Transdisciplinariedad de Nicolescu (1996) y con los ilustres
firmantes de la Carta de la Transdisciplinariedad (1994) cuando
afirman: a) se generan diferentes grados de transdisciplinariedad
(Nicolescu, 1996, p. 38); b) la unidad abierta son dos facetas de una única
y misma Realidad (Nicolescu, 1996, p. 43); c) Artículo 4. La clave
de la bóveda de la transdisciplinariedad reside en la unificación
semántica y operativa de las acepciones a través y más allá de
las disciplinas. Ello presupone una racionalidad abierta, a través
de una nueva mirada sobre la relatividad de las nociones de
«definición» y «objetividad» (Carta, 1994).
Este último punto puede ilustrarse perfectamente en la
unificación semántica del traslado de significaciones lingüísticas.
Así, por ejemplo, al hablar de “fenómeno social”, algunos
científicos pueden considerar estrictamente lo que acontece
exclusivamente con la conducta, mientras otros toman en
consideración los recíprocos impactos ecológicos entre humanos
y su medio ambiente. Por tanto, “fenómeno social” resulta una
noción por encima de la univocidad, pues es análoga y, por ende,
aplicable transdisciplinariamente.
Para evitar equívocos el “fenómeno social” debe abordarse
con la transdisciplinariedad y apertura de su semiótica analógica. El
lenguaje transdisciplinario, en opinión de Nicolescu, fundamenta
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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

la inclusión del tercero (1996, p. 87). Ello, como es obvio, permitirá
la apertura, entendida como la aceptación de lo desconocido o
imprevisible. Para las Ciencias Sociales la inclusión de un tercero
y la imprevisibilidad es fundamental, porque posibilita plantear
su tarea en forma dilemática.
Otros expertos (Instituto Transdisciplinar de Estudos
Criminais, Porto Alegre, Brasil. http://www.itecrs.org/) han
querido caracterizar a la transdisciplinariedad como la intención
de superar la fragmentación del conocimiento provocada
por el positivismo. Obrando más allá del enriquecimiento
de las disciplinas con diferentes saberes (multidisciplina)
y del intercambio epistemológico y de métodos científicos
de los saberes (interdisciplina), desean concebirla como
una ciencia interactuante y totalizadora (Pérez y Setién,
2008) y también como integradora (Martínez, 2007). En ese
sentido, la transdisciplinariedad puede adoptar el modelo de
la interdisciplinariedad integradora sistémica, pues ésta se
considera un fenómeno transdisciplinario.
La interdisciplinariedad integradora sistémica es definida
como “varias disciplinas interactúan dialécticamente hacia una
disciplina” (Pérez y Setién, 2008) y como ejemplo cabe citar los
aportes de todo tipo de ciencias ante la problemática del SARSCoV2. En el caso de las Ciencias Sociales, los aportes provienen,
al menos, de la Antropología, la Economía, la Historia, la
Lingüística, la Política y la Sociología. Y no debe confundirse con
la interdisciplinariedad sistémica común en donde “una disciplina
desemboca en varias”, como por ejemplo de la matemática surgen
la sociometría, infometría, optometría, etc., es decir, la forma
matemática de hacer las cosas, de formalizar o tratar a diversos
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�Jorge Francisco Aguirre / El estatus transdisciplinario de las Ciencias Sociales

objetos de estudio, según la expresión de Maritain utilizada
más arriba. Un esquema de la llamada interdisciplinariedad
integradora sistémica como transdisciplina es otorgado por Pérez
y Setién (2008)
en la Figura 1 “Figura de procedimiento de
gestación transdisciplinario”:

Esta figura explica lo estipulado en el Artículo 3 de La
Carta:
…hace emerger de la confrontación de las disciplinas nuevos
datos que las articulan entre sí, y nos ofrece una nueva visión de
la naturaleza y de la realidad. La transdisciplinariedad no busca el dominio de muchas disciplinas, sino la apertura de todas
las disciplinas a aquellos que las atraviesan y las trascienden
(Nicolescu, 1996, p. 106).

Por tanto, la transdisciplinariedad, en efecto, rebasa las
aportaciones interdisciplinarias y multidisciplinarias, no sólo
porque supera la fragmentación del objeto de estudio, sino
porque integra las formalidades de la metodología, investigación
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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

y saberes hacia los propósitos de la disciplina transdisciplinaria:
cumplir con el reconocimiento e integración bien discernida de
varios niveles de realidad, estructura del conocimiento complejo
y la apertura para la inclusión de un tercero dilemático. Y, sin
embargo, debe quedar claro que la transdisciplinariedad “no
constituye una ciencia de las ciencias”, como lo declara el Artículo
7 de La Carta. Pues, en efecto, más bien persigue, y en eso estriba
precisamente su condición de trascendente, “la unidad de acción
como una correlación del conocimiento científico, pragmático y
moral…” (Hadorn, 2004, s/p).
Así, los rasgos fundamentales de la transdisciplinariedad
derivan acciones no sólo con carácter pragmático (conocer para
actuar), sino también de índole moral por los beneficios que persigue
la trascendencia del saber transdisciplinario (actuar para mejorar).
La transdisciplina se encuentra propicia a constituirse como un
elemento esencial y comprometido en las Ciencias Sociales, uno de
los aspectos que la hace mayor a la suma de sus partes.
La adopción de una metodología transdisciplinaria en las
Ciencias Sociales
A pesar de la fragmentación de los objetos de estudio y la
incomunicabilidad de los niveles de realidad, cuando se debe
aportar conocimiento para tomar decisiones, cabe recordar la
advertencia de Nicolescu: “un verdadero decisor debería poder
dialogar con todos a la vez”. (1996, p.36). Pues siempre se desea
que las decisiones adoptadas sean las mejores posibles.
La transdisciplinariedad, como se ha visto, intenta retomar
la comunicación entre las diferentes disciplinas tras haber
pasado por un periodo de fragmentación y especialización, lo que
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�Jorge Francisco Aguirre / El estatus transdisciplinario de las Ciencias Sociales

provocó una incapacidad de comprensión de las problemáticas
y de cómo se pueden postular soluciones. A partir de ahí es
preferible agrupar en un modelo transdisciplinario al grupo de
las Ciencias Sociales en vez de tergiversar cada una de dichas
ciencias. Parafraseando a Palacios (2014, p. 416) se podría decir:
las Ciencias Sociales podrían ser una transdisciplina juntamente
con otras ciencias tanto naturales como sociales. Sin embargo,
antes de serlo primero deben lograr que sus corrientes internas
dejen de conflictuarse entre sí y comiencen a colaborar en la
búsqueda de respuestas a la complejidad. Así las cosas, sin duda
es preferible construir el conjunto de las Ciencias Sociales de
manera transdisciplinaria en vez de esperar a un consenso de las
ideologías epistémicas de cada una de las ciencias del grupo.
Como la transdisciplinariedad abarca una unidad de
conocimiento y también la trascendencia del tomar decisiones
más allá del simple conocer, entonces postulamos que las
Ciencias Sociales deben definirse como transdisciplinarias por el
solo hecho de su interés: explicar el fenómeno social y aportar
soluciones a las problemáticas humanas. Es decir, no sólo es una
integración de diferentes disciplinas, sino que además tiene como
prioridad y compromiso que puedan proponerse soluciones
ejecutables.
Una ciencia transdisciplinaria, en sí misma o de manera
pura (en el sentido kantiano), puede definirse como “el proceso
por el cual los límites de las disciplinas individuales trascienden
para tratar problemas desde perspectivas múltiples con vistas
a generar conocimiento emergente. Es la transformación e
integración del conocimiento desde todas las perspectivas
interesadas para definir y tratar problemas complejos” (Pérez y
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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

Setién, 2008, p. 5). Pero si añadimos la intencionalidad axiológica,
entonces deben sumarse las orientaciones y obligaciones morales
inherentes.
Las Ciencias Sociales, en tanto un conjunto de saberes
transdisciplinarios juzgará las decisiones que aporta cada
disciplina de acuerdo con lo más conveniente, a la mejor bondad
moral. De esta forma, recaudan cualquier tipo de información
de cada área, validándola de acuerdo con sus pros y contras, e
integrando una visión que irá más allá de la que implican las
ciencias uni-disciplinares y también más allá de la construcción
multidisciplinar o pluridisciplinar, pues, finalmente, busca
orientar o regular la acciones conforme a lo que se considera como
bueno. Para conseguir el éxito de este método, es importante
conocer y mantenerse abierto a las aportaciones de cada una de
las disciplinas que pueden estar involucradas, ya que ésa es la
única manera de percatar cómo cada decisión tiene un impacto
en otro ámbito o corre el riesgo de caer en la dinámica del doble
efecto. Por ejemplo, si se pone un muro perimetral para que una
zona quede resguardada de la SARS-CoV2, este consejo generará
la criminalización de cualquier sujeto “ajeno” al área limítrofe y
con ello también degenerará la cohesión del capital social.
Puede

entonces

proponerse

que

las

Ciencias

Sociales, con su característica transdisciplinaria, busquen la
transformación e integración del conocimiento de todas las
perspectivas interesadas, y se constituyan en el medio orientador
imprescindible para regular las acciones científicas, tecnológicas,
económicas, políticas, jurídicas, sociales, etcétera, que toma en
cuenta los diversos impactos axiológicos en esos mismos ámbitos.
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-1

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�Jorge Francisco Aguirre / El estatus transdisciplinario de las Ciencias Sociales

Por lo tanto, las Ciencias Sociales, en tanto
transdisciplinarias, no se basan en una deontología del derecho,
de la economía o de la educación. Tampoco establecen un
lineamiento reduccionista aplicable a los científicos de sus propias
disciplinas, sino que, al reunir distintas áreas de conocimiento,
indican con criterios axiológicos el campo de las decisiones.
Debe hacerse hincapié entonces que las ciencias que
conforman el conjunto de las Ciencias Sociales tienen como
objetivo conocer; que sus indagatorias no tienen el mismo objeto
formal de estudio, ni los mismos procedimientos metódicos. Que,
cognitivamente considerado, el método y sus logros o alcances
cognitivos son moralmente neutrales. Y que corresponde a la
dimensión transdisciplinar decidir por el bien o beneficio y,
por ende, su misión es orientar la ejecución de las aplicaciones
técnicas de los demás conocimientos científicos.
La transdisciplinariedad de las Ciencias Sociales da pauta
para recordar la diferencia entre entender y comprender establecida
por Dilthey3, donde el sujeto cognoscente tiene diferentes roles.
En el entender el sujeto cognoscente no se involucra con lo que
conoce. En el comprender, el sujeto cognoscente está involucrado
en la indagatoria al grado que el sentido de sí está en juego en la
misma indagación y comprensión, pues comprende y se comprende
también a sí mismo. Wallerstein (1996, 1998) insistió en establecer
la relación entre el investigador y la investigación. No es lo mismo
admirar la estética gótica de una catedral medieval cuando se posee
3 Dilthey, W. (1970) La estructura del mundo histórico en las humanidades, Fráncfort del Meno: Suhrkap, después ampliamente retomada por K.O.
Apel, K.O. (1979) Die Erklären-Verstehen-Kontroverse in Transzendental-pragma-

tische, Frankfurt, Suhrkamp.
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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

una profunda devoción católica que cuando se visita como turista
desde el budismo asiático. El primero comprende y se comprende,
el segundo entiende, pero no se encuentra a sí mismo reflejado en
el quehacer de su indagatoria.
En

consecuencia,

las

Ciencias

Sociales

con

la

caracterización de transdisciplina pertenecen al comprender,
dado que el sujeto está requiriendo una orientación para actuar
y está involucrado en la calificación de responsabilidad social,
jurídica y moral que recibirá su actuación. La eticidad irrumpe
en su existencia a diferencia de la neutralidad epistémica que se
patentiza en las demás ciencias cuando proceden exclusivamente
en su quehacer cognitivo. No es igual, por ejemplo, obtener
una estadística de crímenes de lesa humanidad, que tomar las
acciones para mejorar con mayor eficiencia la prevención de
éstos; así las Ciencias Sociales tienen como objeto de estudio la
conducta humana en relación con el respeto, la conservación y
la promoción del humano y deben caracterizarse como ciencias
transdisciplinarias de un acto cognitivo de comprensión y no de
mero y ajeno entendimiento de datos.
Respecto al científico social que ejerce dichas disciplinas,
éste deberá cumplir con la percepción de diversos niveles de
realidad, comprender la circunstancia del conocimiento complejo
y sobre todo la estipulación del tercero incluido que se traduce en
no-resistencia. Es decir, el investigador no debe racionalizar al
objeto de estudio dentro de un solo marco lógico o un único y
exclusivo modelo o paradigma de conocimiento.
Las

Ciencias

Sociales

entonces

son

un

saber

privilegiadamente transdisciplinario porque, como explica
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-1

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�Jorge Francisco Aguirre / El estatus transdisciplinario de las Ciencias Sociales

Hadorn (2004): “la investigación transdisciplinaria implica ver
un problema en un nivel descriptivo, normativo e interactivo”
(párr. 22).
Las Ciencias Sociales cumplen estas tres condiciones
sumadas a los tres pilares de la transdisciplinariedad. De donde
los diversos niveles de realidad y las condiciones hermenéuticas
para comprender dicha diversidad, aún desde perspectivas
diversas, son efectivamente abordados.
Nicolescu aporta un ejemplo donde asoma el carácter
transdisciplinario de las Ciencias Sociales, si se consideran éstas
en su sentido más básico como Ciencias de la sobrevivencia: dice
sorprenderse por la multiplicidad de enfoques que requiere el
acompañamiento a los moribundos. Para él
El acompañamiento a los moribundos no puede ahorrarse una
investigación transdisciplinaria en la medida en que la comprensión del mundo actual pasa por la comprensión del sentido de la
vida y de la muerte en este mundo que es el nuestro (1996, p.39).

Este ejemplo no postula a las Ciencias Sociales
como el conjunto de ciencias con mayor gradación y calidad
transdisciplinarias. Quizá la tanatología, la medicina, la geriatría
(en el mejor de los casos para el moribundo), la psicología de
los cuidados paliativos, tendrían prioridad como arquetipos de
disciplinas que requieren la transdisciplinariedad.
Por otra parte, Nicolescu afirma que “existen grados de
transdisciplinariedad, pero no pueden existir disciplinas con carácter
transdisciplinario, [porque] la metodología transdisciplinaria
no remplaza la metodología de cada disciplina” (1996, p.89).
Sin embargo, desde la mirada a las Ciencias Sociales no puede
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-1

�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

compartirse esta opinión. Es cierto que la finalidad de las
disciplinas es obtener descubrimientos verdaderos y que éstos
pueden hilarse y sumase a diversas disciplinas para que, a su
vez, obtengan nuevos descubrimientos. No obstante, lo “trans”
de la transdisciplinariedad en las Ciencias Sociales reside en que
el quehacer transdisciplinario va más allá de la metodología de
indagación, está en la normatividad e interactividad de la toma
de decisiones que incluye la adhesión a principios y el respeto
a valores.
Así entonces, las Ciencias Sociales son un corpus
transdisciplinario no sólo en el sentido de que su indagatoria
es transversal a diversas disciplinas, sino que trasciende en su
información hacia la normatividad y la acción a tomar. Es decir,
las Ciencias Sociales en la tarea de la descripción recogen los
niveles de realidad y complejidad; en la normatividad establecen
el tercero incluido en forma de dilemas, pues no existen modelos
únicos para garantizar la conducta deseable que anhelan los
humanos, ni protocolos de actuación infalibles o de aplicación
de recetario por encima de la discrecionalidad y la prudencia
aplicada a los casos concretos. Y en la interacción apunta a la
ejecución de actos que deben ser orientados por la normatividad,
la valoración y, eventualmente juzgados por los cánones de la ley
(los códigos) y los principios de la moralidad.
A pesar de que Pérez y Setién (2008) consideren que
la esencia de la transdisciplinariedad “no sea una disciplina
sino un enfoque”, no debe coincidirse en esta apreciación
cuando de las Ciencias Sociales se trata. La interactividad, las
decisiones, las ejecuciones en materia social no se reducen a
enfoques, opiniones o cosmovisiones. Las Ciencias Sociales
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-1

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�Jorge Francisco Aguirre / El estatus transdisciplinario de las Ciencias Sociales

son transdisciplianarias porque están fundadas en principios,
argumentos y jerarquizaciones axiológicas que rebasan los
meros enfoques descriptivos precisamente por su capacidad
para abordar problemas con demostraciones y otorgamientos de
evidencias (tanto con metodologías empíricas como lógicas).
Discusiones conclusivas
Se ha mostrado que la noción de “fenómeno social” es análoga
(puede atribuirse el adjetivo “social” a variados sustantivos:
trabajo, economía, medicina, seguridad, condición, interacción,
etcétera). En consecuencia, reducir las Ciencias Sociales sólo a
funciones interdisciplinarias o multidisciplinarias, provocaría,
parafraseando a Baratta: que el adjetivo social estrangule
a los sustantivos (Baratta, 1997, p. 21). Pero la propuesta
transdisciplinar busca lo contrario: que “lo social” amplíe y
expanda a los sustantivos y sus correspondientes sustancias.
Reducir “lo social” a exclusivo objeto de una disciplina
o interdisciplina o multidisciplina implicaría una reducción del
objeto de estudio. Por ende, “lo social” requiere de la apertura
y la tolerancia epistémica de la transdisciplinariedad, pues
sus problemas constituyen lo que Paquet denominó, como se
citó arriba, “los problemas retorcidos” que requieren buenas
respuestas, aunque no sean elegantes.
No obstante los riesgos epistemológicos anteriores,
las Ciencias Sociales se superan con el tránsito hacia la
transdisciplinariedad a través de una mayor integración de
temáticas, ciencias y metodologías parcelarias con el itinerario:
Diversos Niveles de Realidad, la Complejidad del Conocimiento
ante esos niveles de Realidad, el Orden Descriptivo que implica
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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

en sí mismo la descripción constatativa, la normatividad y la
interactividad.
Para completar el itinerario debe recordarse que la
propuesta transdisciplinaria se caracteriza por la toma de
decisiones y ello requiere dos condiciones más: la reorganización
de un problema a abordar en forma de dilema y la respectiva toma
de decisión bajo la tutela de principios y valores. Por ello, ha de
insistirse en parafrasear la idea referida de Paquet: es preferible
obtener respuestas no elegantes, pero sobre problemas en verdad
pertinentes.
Finalmente, pero no menos importante, cabe recodar
cuáles son esos principios que tutelan las Ciencias Sociales:
el orden social, la paz y el bien común. En este sentido, los
principios, precisamente en razón de ser principios y detentar la
cualidad de universalidad, son exigibles a todos los miembros del
conjunto social.
Bajo la tutela de dichos principios se pueden operar los
valores. Debe recordarse que los valores son realidades inteligibles
comprendidas como bienes; que poseen efectos tanto materiales
como intangibles y que resultan auténticamente valorados cuando
se pone interés en conseguirlos. Los valores pueden enlistarse y
jerarquizarse según diversos criterios (cronológicos, lógicos,
jurídicos, pertenecientes a una tradición o moralidad y, también
según una escala de preferencias). Será tema de otro ensayo
exponer y argumentar los mejores criterios y sus consecuentes
listados y jerarquizaciones, baste por lo pronto enlistar los
valores referentes a la interactividad de las decisiones tomadas en
función del saber que aportan las Ciencias Sociales: la dignidad
humana, las garantías que protegen los derechos humanos, el
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�Jorge Francisco Aguirre / El estatus transdisciplinario de las Ciencias Sociales

respeto, la tolerancia, el bien común, la solidaridad, la justicia,
la honestidad, la veracidad, la independencia y autonomía. Sin
duda, la presencia transversal de los principios y valores de las
Ciencias Sociales también avalan su condición transdisciplinaria.

Referencias bibliográficas
Baratta, A. (1997). “Entre la política de seguridad y la política
social en países con grandes conflictos sociales y políticos”, Instituto Nacional de Ciencias Penales. Conferencia, México, noviembre. Editado en E. Carranza (coord.)
La situación del delito y de la seguridad de los habitantes en América Latina. México: Siglo XXI.
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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, julio-diciembre, 2022

Anáhuac, Nuevo León, México.
Oportunidad y Desafío
Anáhuac, Nuevo León, México.
Opportunity and Challenge
Gerardo Macario Pantoja Zavala1
Omar Alejandro Moreno Garza2
Carlos Emmanuel Saldaña Villanueva3
Resumen: El desarrollo socioeconómico de los municipios constituye
parte de las fuerzas productivas de un estado y de una nación. El objetivo de este trabajo es analizar la conformación del municipio de Anáhuac, Nuevo León, desde su fundación, para obtener elementos evaluativos encaminados a configurar una plataforma de proyección hacia el
desarrollo regional considerando la naturaleza operativa del área y su
espacio geográfico. Los aspectos examinados permitirán delimitar la
implementación de un modelo sustentable y de acción territorial con
el propósito de desarrollar industrias, empresas de servicios o negocios
agropecuarios donde los entornos ecológicos sean preservados o recuperados para futuras generaciones.

1 Profesor/Investigador. ESCUELA PREPARATORIA Núm. 25. Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), Escobedo, Nuevo León, México.
2 Profesor. ESCUELA PREPARATORIA Núm. 25. Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), Escobedo, Nuevo León, México.
3 Universidad Autónoma de Nuevo León, México.

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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

Palabras clave: Historia, territorialidad, geografía, recursos naturales,
demografía.
Abstract: The socioeconomic development of the municipalities constitutes part of the productive forces of a state and of the nation. The
objective of this work is to analyze the conformation of the municipality of Anáhuac, Nuevo León, since its foundation, to obtain evaluative elements aimed at configuring a projection platform towards
regional development considering the operational nature of the area
and its geographic space. The aspects examined will allow defining the
implementation of a sustainable model and territorial action with the
purpose of developing industries, service companies or agricultural businesses where ecological environments are preserved or recovered for
future generations.
Keywords: History, territoriality, geography, natural resources, demography.

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-2

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�Gerardo Pantoja; Omar Moreno; Carlos Saldaña / Anáhuac, Nuevo León, México

1. Introducción
El inicio del municipio de Anáhuac, integrado al resto de los
municipios del estado de Nuevo León en México, se considera
de manera oficial desde la promulgación del “Decreto 115 de la
H. XLV Legislatura del Estado de Nuevo León, el 29 de mayo de
1934” (Secretaría de Gobernación México, 2020). Esa perspectiva
proporciona una historia muy corta, pero interesante. Ante el
contexto y los hechos históricos de la época, la fundación del
municipio es un efecto de la Revolución mexicana, se fundó
en la posrevolución, durante la etapa del Maximato. En la
cúpula mexicana admiraban el progreso liderado en el mundo
por Norteamérica, Europa y la Unión Soviética: reflejado en
gigantescas obras de infraestructura, algunas de naturaleza
agropecuaria. Historiando desde esa época permite adentrarnos
en la edad contemporánea y así lo haremos. Pero tendremos
que dedicarle letras a épocas más lejanas como a las etapas de
la historia moderna, colonial y prehispánica, con el objetivo de
encontrar tendencias a largo y mediano plazo.
Para dotar al trabajo de varios ángulos de observación,
Anáhuac será estudiado también desde la perspectiva de la
historia ambiental, entendida en este caso como la que se encarga
de la interacción de los humanos con los espacios ecológicos, no
sólo su fauna y vegetación, también sus suelos, su clima y como
producto de dicha interacción suelen reproducirse condiciones
socioeconómicas y políticas marcadas por esa dinámica.
La historia agraria y la social proporcionarán objetos
y sujetos de estudio; de la primera, elementos como la tierra, el
agua, los ranchos, así como los rancheros, ejidatarios, entre otros;
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-2

�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

de la segunda, grupos como terratenientes, rancheros, peones,
ejidatarios, asalariados, burócratas, patrones y sindicatos. En
la época colonial la zona fue influenciada por misiones, villas,
burocracia virreinal, indios, entre otros, ya mencionados.
Para estudiar la frontera, aparentemente despoblada,
hasta finales del siglo XIX será considerado el estudio de
colonizadores, ejércitos y grupos fuera de la ley como gavilleros,
indios, revolucionarios, prófugos y contrabandistas. En el siglo
XX y todavía en el XXI se siguen presentando -en la zona- grupos
al margen de la legalidad.
Por justicia es necesario hacer historia del papel de los
habitantes originarios americanos del espacio de estudio o que
en algún momento llegaron a asentarse de manera temporal; es
decir, los grupos étnicos prehispánicos de América del Norte y
presentes en el territorio del actual Anáhuac hasta poco antes del
Porfiriato, cuando menos.
Los mexicanos del siglo XXI deben de tener claro que
Anáhuac, además de formar parte fundamental de un proyecto
agrario iniciado en el siglo XX, pasó a integrarse en el siglo XXI a
un proyecto aduanero y de comercio exterior, cuando la época del
libre comercio se cristalizó. Por lo tanto, el municipio hoy es más
complejo. En cierto punto, los dos grandes proyectos –y otros de
menor envergadura- se han cruzado y serán estudiados.
Hoy se necesita un proceso evaluativo y de diagnóstico de
necesidades de mejora; que integre características sustentables
ecológicamente, con claro sentido social y cultural, apoyadas o
basadas desde la productividad. El modelo deberá gestionar esos
recursos con el propósito de desarrollar industrias, empresas de
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�Gerardo Pantoja; Omar Moreno; Carlos Saldaña / Anáhuac, Nuevo León, México

servicios o negocios agropecuarios donde los entornos ecológicos
sean preservados o recuperados para futuras generaciones.
Pensamos que para generar una plataforma adecuada
para desarrollar el presente y el futuro es necesario un estudio
que analice la creación del municipio desde una perspectiva
histórica; se localicen momentos históricos con altibajos en el
desarrollo económico y social; se observe reflejada la teoría de
la territorialidad, seleccionada por su pertinencia para lograr un
entendimiento de la conformación del citado municipio.
2. Metodología
En cuanto a la elaboración de este trabajo, se retomarán en
primera instancia para el apartado teórico, los escritos de
Robert Sack, Raúl Prebisch junto a Pedro Vuskovic, textos
referentes a la territorialidad y a la perspectiva centro-periferia,
respectivamente. Correspondiente a la comprensión de los
recursos naturales de la zona de estudio, específicamente la flora
y fauna, se recurrió a consultar los datos del Instituto Nacional
de Estadística y Geografía4 (INEGI) y del portal de la Comisión
Nacional del Agua (CONAGUA) para valorar la climatología. La
sección histórica del territorio se elaboró considerando textos
antiguos como los de los cronistas del siglo XVII Juan Bautista
Chapa y Alonso de León; del siglo XVIII se estudiaron las visitas
de los gobernadores, la de Don Joseph Antonio Fernández de
4 Nota de la editora. El INEGI fue creado en 1983 como Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática y en el año 2008 cambió su personalidad jurídica y su denominación por Instituto Nacional de Estadística y
Geografía, aunque conserva las mismas siglas. Fuente Instituto Nacional de
Estadística y Geografía - INEGI (Quienes somos).

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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-2

�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

Jáuregui Urrutia dio luz sobre el territorio; del siglo XIX se
consideraron las memorias de la Comisión de Límites 1827,
cuando el contingente cruzó el territorio de estudio; algunas
Memorias de Gobierno del siglo XIX y otros documentos del
archivo histórico de Nuevo León. También fueron consultados
historiadores como Israel Cavazos Garza, Eugenio del Hoyo,
Hortencia Camacho Cervantes y Antonio Peña, quienes
mantienen grandes aportaciones historiográficas, entre otros.
Para el apartado demográfico se consultaron documentos
de archivo y censos poblacionales, así como algunos datos
del contemporáneo INEGI que son indispensables porque
proporcionaron la materia prima para una interpretación de
los números y variantes de población que permiten una mejor
interpretación del estudio.
Además, como última instancia, se recurrirá a entrevistas
con pobladores que participaron en algunas actividades de la
zona en cuestión, esto para explicar la constitución del municipio
como un ente vivo, que goza de cierto sentido regional –propioaunque de carácter irregular, entre su población.
3. Marco teórico: geografía humana y territorialidad
Como parte del método de comprensión de la conformación
de un municipio, en este caso Anáhuac, se utilizará la teoría
de la territorialidad de Robert D. Sack (1983). En términos
generales posee las siguientes características:

los contextos

sociales, políticos, económicos y culturales impactan sobre
un determinado territorio, condicionando el comportamiento
del ser humano; la conformación del territorio es generada por
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�Gerardo Pantoja; Omar Moreno; Carlos Saldaña / Anáhuac, Nuevo León, México

propósitos específicos; esta teoría determina la importancia
del área geográfica, sus límites y las relaciones sociales. En esta
lógica, la territorialidad “no es la simple circunscripción de las
cosas en el espacio. No es igual a una región, área o territorio en
el sentido antiguo. Es una circunscripción con la intención de
influir, afectar o controlar” (Sack, 1983, pág. 56).
A continuación, se aplicarán las aportaciones de Sack en
el desarrollo histórico de Anáhuac. Es decir, por cada elemento
considerado como rasgo de lo que el autor concluyó como propio
de la territorialidad se mencionará un ejemplo, al menos, de
los hallazgos empíricos del devenir de Anáhuac. Cada hallazgo
escrito, es enunciativo, no limitativo. A través del resto de los
segmentos del presente estudio, se observarán más ejemplos, más
casos o más situaciones que reflejarán empíricamente los rasgos
encontrados por el autor cuando se forja un territorio. Después
de aclarar, continuamos con este segmento.
Históricamente, una comunidad es imposible de
contextualizar si no existe una territorialidad. El territorio
depende generalmente de un control político para hacer sentir
pertenencia, entre otros elementos; ésta es una aportación de
la teoría de la territorialidad: es “extremadamente eficaz en
determinadas circunstancias. La territorialidad clasifica al
menos en parte por área, más que por tipo” (Sack, 1983, pág.
58). En nuestro caso, podremos observar como el área ha sido
parte de uno o más municipios o incluso de uno o varios estados.
Una segunda consideración “la territorialidad puede ser fácil de
comunicar porque sólo requiere un tipo de marcador o signo: el
límite” (Sack, 1983, pág. 58).
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La tercera y cuarta propuestas teóricas de la territorialidad
enuncian que lo mejor es ejercer el control de un territorio
cuando en el tiempo y en el espacio de estudio los recursos son
imprevisibles (Sack, 1983, pág. 58). En el caso de Anáhuac ha
sido difícil gestionar aspectos muy complejos como el agua, la
población y la inseguridad, entre otros; pero cuando se ha logrado
controlar el territorio se fortalece. En el elemento de análisis
“el territorio aparece como el agente que controla” (Sack, 1983,
pág. 59), en el caso de Anáhuac se observó que cuando el cuerpo
burocrático con leyes y planes de desarrollo ha funcionado
controlando el territorio se desarrolla.
Ese control podrá verse, nítidamente, en las actividades
económicas de los primeros habitantes, aunque Sack señala,
“las actividades que encierran [los territorios] pueden ser tan
complicadas que es prácticamente imposible desentrañar todas
las razones para controlar las actividades de manera territorial”
(Sack, 1983, pág. 59). Sin embargo, el presente estudio aporta
una panorámica donde se mencionan especificidades como el
problema generado por la gran evaporación del agua, aunque
también se demostrarán en el desarrollo de este trabajo, en
las principales actividades económicas y en las tendencias
poblacionales del municipio.
La octava tesis teórica: “la influencia y la autoridad de una
ciudad, aunque se extienda por todas partes, se asigna legalmente
a sus límites políticos” (Sack, 1983, pág. 59). En este caso, por más
que acumule poder y riqueza, aunque no sea el caso, Anáhuac
será acotada en su acción legal al territorio. Sin embargo, aunque
parezca contradictorio cuando se fijan límites, se robustece el
municipio.
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�Gerardo Pantoja; Omar Moreno; Carlos Saldaña / Anáhuac, Nuevo León, México

Otra perspectiva que llama la atención, es la novena, la
territorialidad “ayuda a crear la idea de un espacio socialmente
vacío. Toma la parcela de terreno baldío de la ciudad. Está vacío
porque carece de artefactos social o económicamente valiosos”
(Sack, 1983, pág. 59). En nuestro caso, el municipio de Anáhuac,
se asignaron recursos para generar proyectos de infraestructura
que atrajeron a personas a los territorios no ocupados y a
otros expropiados, finalmente, aunque de manera paulatina
configuraron el territorio.
La última tesis, “la territorialidad puede ayudar a generar
más territorialidad” (Sack, 1983, pág. 59). En el caso anahuaquense
fue observable como a medida que se ocupaba el territorio surgía
una sinergia que servía como plataforma a otros habitantes para
desarrollar lugares cercanos y también distantes, en una dinámica
de auto reproducción.
Otra teoría diferente a la de Sack, es la aplicada por
Raul Prebisch, él propuso las conceptualizaciones de “centro”
y “periferia” al observar la dependencia de las regiones hacia el
centro. Si bien se aplicó en un entorno global, puede ser más
versátil y capaz de reflejar entornos, incluso, locales. En la
dinámica más usual, las regiones cumplen la función de dirigir
todo el entorno productivo hacia las áreas centrales; así, las
regiones periféricas producían las materias para el centro,
generando una dependencia específica (Prebisch, 1950).
No necesariamente el direccionamiento iba sobre un área
determinada, sino buscaba áreas con especificaciones similares,
según Prebisch, como se citó en Vuskovic, “la periferia se
desenvuelve bajo un patrón esencialmente imitativo” (Vuskovic,
1987, pág. 410). Por ejemplo, el cultivo del banano en los territorios
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americanos circundantes al Mar Caribe; y en un caso más próximo,
el cultivo del algodón en América del Norte, tanto en la parte sur
de Estados Unidos de América, como en la parte norte de México,
ambos territorios son vecinos o es parte de un solo espacio, como
sea; pero, en esa lógica, se podría incluir, también, la producción
del algodón en Egipto - un área con resultados iguales- , al final
llegaba a las áreas industriales del norte de América y de Europa,
sobre todo; es decir, su centro.
Es importante considerar la intervención de múltiples
aspectos y factores que pueden alterar el proceso “hay
mutaciones estructurales, por ejemplo, que generan conflictos
en el desarrollo” (Vuskovic, 1987, pág. 411). Estudios de este tipo
pueden ser pertinentes y relevantes debido a que en los territorios
ha habido cambios, a veces desfavorables, desde el punto de vista
ambiental. Como ejemplos, de desarrollos mal planteados, en los
que predominó el enfoque de aumentar la producción sin hacerla
sustentable, tenemos tres; el Mar Aral de la antigua URSS
dañado de forma terrible, actualmente sigue así, además, los ríos
que lo alimentaban fueron, también, impactados para aumentar
la producción, algodonera; otro caso, en el norte de México, es
el de la región de la Laguna cuando con fines productivos se
afectó a los ecosistemas de forma irreversible; se sabe de impactos
ambientales de mucho menor daño en Anáhuac, no es casual que
sea para los mismos fines y el mismo producto.
4. Medioambiente y recursos naturales de Anáhuac
El territorio del municipio de Anáhuac colinda al norte con el de
los estados mexicanos de Coahuila y Tamaulipas, y con el territorio
estadounidense del estado de Texas; hacia el sur, es contiguo al
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�Gerardo Pantoja; Omar Moreno; Carlos Saldaña / Anáhuac, Nuevo León, México

de Tamaulipas y al de los municipios neoloneses de Vallecillo y
Lampazos, y con este último también limita al oeste. Su territorio
equivale al 7.1% de la superficie neolonesa (INEGI, 2009).
Fisiográficamente, se ubica en la Provincia de las “Grandes
Llanuras de Norteamérica” en concordancia las “topoformas”
superficiales son: “Llanura aluvial con Lomerío,” ocupa un 44%
del territorio; el “Lomerío de Laderas Tendidas con Llanuras”,
abarca otro 39%; y la “Llanura aluvial con Lomerío de Piso Rocoso
o Cementado” posee una extensión de un 17%. La mayor parte del
suelo es aluvial con poca presencia de piso rocoso y un 2% de suelo
lacustre (INEGI, 2009). El uso de suelo y vegetación de Anáhuac
se divide en 58% matorral, 36% agricultura y 1% zona urbana. Los
porcentajes de mezquital y chaparral no son mencionados, pero
están presentes (INEGI, 2009).
La fauna típica del matorral desértico predomina en
Anáhuac, se compone de “especies carroñeras, búhos, aguilillas,
halcones, jaguarundis, gato montés, cenzontle aliblanco, venado
colablanca y lechuzas, entre otras” (Contreras, 2007, pág. 60).
También, es el hábitat de palomas, codornices, jabalíes, marranos
de monte, perdices, según los datos de algunos ranchos cinegéticos
de Anáhuac (Federación Mexicana de Caza, 2020).
Durante 2019, según el director general de Parques y
Vida Silvestre de Nuevo León, la pieza de caza más importante
de Anáhuac fue el venado cola blanca texano, ya que esta área
cuenta con la ventaja, respecto a otros municipios, de poseer
una extensión territorial relativamente grande. Ese año el estado
incrementó su actividad cinegética, al empezar la década pasada,
hubo varios años malos; acerca de estos últimos, el director
concluyó “la realidad es que nos afectó más la sequía que cualquier
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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

otro evento aun considerando la inseguridad y la caza furtiva”
(Ortíz, 2020).
La disponibilidad de agua, efectivamente, es de crucial
importancia para el territorio de estudio. El municipio pertenece
a la región hidrológica “Bravo-Conchos”. El río Salado es el único
permanente, aunque existen ríos intermitentes, son casi tres
decenas. Cuenta con tres presas, la Salinillas destaca entre ellas
(INEGI, 2009). La presa Venustiano Carranza no forma parte
de la geografía del municipio. No es un embalse natural, pero
se vale de la naturaleza para proporcionar de forma adecuada
agua al distrito de riego 04, al que pertenece Anáhuac y a su
población; tiene una capacidad de 613.70 hectómetros cúbicos, la
Salinillas, que sí está en Anáhuac, es de 19.01 hectómetros cúbicos
(CONAGUA, 2020).
En general el clima es “seco muy cálido y cálido”, de
acuerdo a las clasificaciones pertinentes (INEGI, 2009). Un
panorama amplio de las temperaturas lo proporciona la estación
meteorológica 00019024 de la Comisión Nacional del Agua,
ubicada en la ciudad de Anáhuac.
La estación ha recopilado datos por un periodo mayor
a medio siglo, todos son expresados en grados centígrados: la
temperatura media de todos los meses es de 23º C, pero esta cifra
ofrece una perspectiva reducida. Cuando se observa la media
mensual, llaman la atención varios meses, como julio y agosto, los
de temperaturas más altas con 30.7, durante 57 años; o enero, con
la media más baja del año, 12.8, durante 59 años; pero ha sido un
clima aún más extremo, como julio de 1998 con 41.3 en promedio,
o los 5.8 en promedio –así es, cinco punto ocho- en enero de 1962
(CONAGUA SMN, 2020).
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�Gerardo Pantoja; Omar Moreno; Carlos Saldaña / Anáhuac, Nuevo León, México

La evaporación del agua, posiblemente sea el factor
climático de más alto impacto en Anáhuac, de acuerdo a nuestro
estudio. Ya que se evapora una media anual de 2091.7 mm, de los
doce meses del año, julio es el de evaporación más alta, con una
media de 303.3 mm; la menor es 16.9 mm, en diciembre; seguida
de enero, con 18.0 mm. (CONAGUA SMN, 2020).
El dato extremadamente elevado de la media de
evaporación anual coloca el problema al descubierto. De hecho, se
vivió por décadas en el suministro de agua a la ciudad de Anáhuac.
Se perdía agua al evaporarse y filtrarse cuando fluía por los canales
a cielo abierto, llamados “Principal” y “Camarón” trazados desde
la “laguna de Salinillas hasta la ciudad de Anáhuac.” A la solución
le llamaron “Acueducto Laguna de Salinillas-Anáhuac.” En 2003
se planeó una consulta pública y según su documento se disponía
“normalmente de un gasto de entre 440 y 500 l. p. s., de los cuales
sólo se aprovechaban 100 l. p. s. en la localidad” (Agua y Drenaje
N.L., 2020, pág. 2).
Es necesario considerar que ese riesgo de alta evaporación
afecta a todos los cuerpos de agua superficiales, por lo que el agua
extraída del subsuelo y entubada para su aprovechamiento es un
proceso más eficiente. Aunado a que en el norte de México llueve
poco y Anáhuac no es la excepción.
Las precipitaciones pluviales se presentan durante 46.2 días,
de acuerdo a los datos acumulados durante poco más de medio siglo.
Las precipitaciones anuales acumuladas dieron un total de 470.6
mm, el mes más lluvioso fue septiembre, 88.5 mm. El menos lluvioso
fue marzo con 15.5 mm, seguido de diciembre con 16.9 mm. Seis
días del año son impactados por tormentas, según la media anual,
durante poco más de medio siglo (CONAGUA SMN, 2020).
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La cantidad de tormentas es leve, sin embargo, sublima
pocas, pero grandes tragedias. El huracán Beulah en septiembre
de 1967, fue tan intenso que “el poblado Los Rodríguez quedó
devastado” (Fuentes, 2014, págs. 13-58). El 6 de julio de 2010
cuando impactó el huracán Alex, evacuaron el municipio ante
el riesgo inminente del desbordamiento de la presa Venustiano
Carranza (Informador , 2020, pág. 1).
En cuanto al uso potencial de la tierra como recurso
natural se encuentra que en Anáhuac para la agricultura
mecanizada continua es adecuado el 87% del territorio;
para la agricultura mediante tracción animal continua, sólo
es apta el 1% de la tierra; la no apta para la agricultura es el
12% de la zona de estudio. Es adecuado para la ganadería
mediante praderas cultivadas con maquinaria agrícola el
87% de Anáhuac; la vegetación natural diferente del pastizal
puede ser aprovechada únicamente en un 12% del territorio.
Si se proyectara “el aprovechamiento de la vegetación natural
únicamente por el ganado caprino” sólo es posible en un 1% del
área de estudio (INEGI, 2009, pág. 3). La zona urbana crece en
terrenos previamente ocupados por agricultura y matorrales,
así como en las llanuras. En el 2009, existían 795 localidades en
la totalidad del área territorial (INEGI, 2009, pág. 2). Pero es
necesario considerar que tres personas en un asentamiento son
tomadas como una localidad, y se cuenta igual que la población
más grande.
La afectación a las plantas degrada los espacios; Nuevo
León cruza por un severo problema en este sentido, tiene
sesenta y seis “especies ubicadas dentro de las categorías de
riesgo” (Alanís, 2004, pág. 212). La “degradación de tierras” es
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�Gerardo Pantoja; Omar Moreno; Carlos Saldaña / Anáhuac, Nuevo León, México

un problema en el país. El 54% del territorio presenta diferentes
niveles de ese fenómeno. Los estados donde se ubican “los
principales puntos de degradación extrema se localizan en
Veracruz, Tabasco, Tamaulipas y Nuevo León” (ONU, 2019).
Dada la aridez y otras condiciones del territorio de Anáhuac es
muy posible que sea parte del área estatal afectada, pero su gran
cantidad de tierra fértil, equilibra los elementos productivos y
propicios para el desarrollo.
El territorio anahuaquense carece de agua suficiente para
desarrollar esa tierra; el agua de la que dispone es proporcionada
por la presa Venustiano Carranza, pero este embalse se ubica
en el estado vecino de Coahuila y el líquido está comprometido
en un sistema de gestión del agua conocido como el distrito de
riego 04, que, a su vez, involucra a varios estados e incluso a dos
naciones. Quizás ser una pieza más del sistema hidrológico sea
un riesgo, dadas las presiones por ese líquido ante el cambio
climático.
Sin embargo, el agua y una vegetación profusa no son
factores de indudable desarrollo agropecuario. En un ejercicio de
contraste, los sentidos pueden engañar al comparar a Anáhuac
con el municipio, también nuevoleonés, de Santiago. El verdor
del paisaje, lo relativamente agradable de su temperatura y la
evidente disponibilidad de agua pueden conducirnos a pensar que
aquel municipio tiene más potencial agropecuario que Anáhuac.
Pero en realidad, Santiago no tiene potencial para el desarrollo
agrícola y ganadero. Ya que un 90% de su tierra no es apta para
la agricultura y es el mismo caso para la ganadería. Sólo un 10%
del territorio puede ser usado en el establecimiento de praderas
cultivadas con maquinaria agrícola (INEGI, 2009).
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La oportunidad latente se presenta con la posibilidad de
maximizar la producción agropecuaria optimizando sus recursos
mediante la tecnología adecuada para exportar una parte de sus
excedentes de producción al mercado vecino y contiguo, los
Estados Unidos de América, además de tener un enclave logístico
y aduanero de importaciones y exportaciones que podría
dinamizar la actividad agropecuaria.
5. Antecedentes históricos del territorio de estudio
El territorio del actual Nuevo León posibilitó la existencia de
sociedades con una economía que obtenía materias primas de la
naturaleza mediante la caza, pesca y recolección (Valadez, 2008,
pág. 365). En Anáhuac se vivió esa dinámica. Pocos grupos, de
los que poblaron el territorio nuevoleonés, sobrevivieron hasta
las primeras décadas del México independiente. A medida que
disminuían los grupos indígenas locales llegaban otros grupos
indígenas originarios del norte del río Bravo. Intentaron proseguir
con una economía parecida –era más de rapiña- hasta más allá de
la mitad del siglo XIX.
El principio del encuentro entre europeos y americanos
estuvo marcado por la violencia. En el territorio del actual
Anáhuac se desarrolló esa fricción muy tempranamente porque
el primer gobernador del Nuevo Reino de León, el portugués
Luis de Carvajal y de la Cueva, de 1579 a 1581 (Temkin, 2011,
pág. 4) capturó indios para esclavizarlos en las inmediaciones
del territorio. Eugenio del Hoyo menciona que eso estaba en
contra de las políticas del virrey. El gobernador y su gente
realizaron esa actividad prohibida de “tierra adentro al Río
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�Gerardo Pantoja; Omar Moreno; Carlos Saldaña / Anáhuac, Nuevo León, México

Bravo y al de las Palmas,” causando indignación (Hoyo, 2005,
págs. 166-167).
El proceso de fundaciones de poblaciones dirigido por los
españoles en el norte del Nuevo Reino de León se desarrolló lenta
y paulatinamente durante el siglo XVII. La iglesia fue el operador
principal del proceso a través del clero regular. La fundación de la
misión de Nuestra Señora de los Dolores de la Punta de Lampazos
en 1698, después de más de un siglo de fundarse el Nuevo Reino
de León, se acercó a nuestra zona de estudio. Cumplió parte de su
cometido, “ayudó mucho a contener las incursiones de los indios
de la región” sobre todo a los catujanes (Cavazos, 2000, págs. 3336). De acuerdo a la lectura elaborada a Juan Bautista Chapa, que
vivió en el Nuevo Reino de León en el siglo XVII concluimos: los
españoles sólo transitaron por el territorio estudiado para realizar
expediciones punitivas y de exploración (De León, 2005, págs.
206-214).
El siglo XVIII dejó más registros de la zona. Prosiguieron
los problemas. Entre 1734 – 1740, el gobernador Fernández de
Jáuregui visitó la misión de Lampazos, en donde le informaron
que los “enemigos” eran –otros indígenas– tobosos y apaches;
además algunos indios huían “a vivir con los que son gentiles,”
es decir con un grupo o grupos de indios en conflicto con los
españoles, su cantidad “pasa de miles” (Fernández, 2006, pág. 15).
Quince años después, en 1754, el gobernador Pedro de
Barrio Junco y Espriella también visitó Lampazos; su visita oficial
ofrece la oportunidad de saber quiénes eran los propietarios de
parte de las tierras de Anáhuac. Cuando la misión se transformó
en villa, llegó el momento de repartir las tierras del común,
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correspondientes al uso y aprovechamiento de sus vecinos,
entonces fue cuando surgió un impedimento que nos atañe. Las
tierras del norte, contiguas a la villa, tenían propietarios, estaban
“mercedadas y compuestas por Su Majestad, que competen a
unos Pérez” (Barrio, 2006, pág. 85).
Seguramente estos Pérez descendían de Fernán o Hernán
Blas Pérez a quien le mercedaron tierras entre 1703 y 1704, según
Israel Cavazos (2020, pág. 475). Otras tierras, que abarcaban
hasta el actual Anáhuac, estaban “en propiedad”, formaban parte
de El Carrizal, los de esta hacienda informaron estar con “legítima
posesión de tierras hasta las márgenes del río Grande del Norte”
(Barrio, 2006, pág. 83).
Más características del territorio de Anáhuac podemos
conocerlos por los relatos de la fundación de “Nuestra Señora de
la Candelaria de Azanza” a finales del siglo XVIII, la efímera villa
existió de 1798 a 1804, una inundación la devastó. Las autoridades
virreinales no enviaron recursos para su recuperación. Para la
historiadora Hortencia Camacho su fundación tenía por objetivo
ubicar un poblado en la frontera para contener a los indios
“bárbaros” que llegaban desde el norte del Río Bravo (Camacho,
1991, págs. 11-12, 73). “Nuestra Señora de la Candelaria de
Azanza” y en general el territorio de estudio estaba despoblado,
otro motivo para fundar la villa. En 1797 “más de 13 ranchos” se
abandonaron, la mayoría al norte de Lampazos y algunos por
el Río Salado. De nueve rancheros que “habían mantenido sus
bienes” cerca del río, en aquel año, sólo uno proseguía, y lo hacía
“a pesar de los grandes golpes del enemigo bárbaro” (Camacho,
1991, págs. 51-53).
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Se rescatan un par de descripciones del entorno de
nuestro territorio de estudio, los lugareños, “criadores de ganado”
y “españoles” proporcionaron testimonios a las autoridades. Ellos
mencionaron que había “todo terreno de caza” y “perlas de rico
oriente habidas en abundancia” del río Salado, así como gran
cantidad de caballos “mesteños” es decir salvajes (Camacho, 1991,
págs. 51-53).
La descripción del paraje para la ubicación de “Azanza”
era una zona con “una saca de agua” del río Salado, con quince
años de abandono y contiguo a un llano “espacioso” sin “lomerío
alguno”; estratégicamente ideal para luchar contra los indios, a
juicio de los lugareños. Las orillas del río eran adecuadas para
“todas clases” de árboles frutales mediante “aguas de temporal”.
Los pastos adyacentes servían para “ganado mayor” y “menor”
porque eran “sólidos, buenos y abundantes” (Camacho, 1991,
págs. 52-53).
Ante la falta de excedentes, pensar en el rescate de
“Azanza” por los lampacenses no era posible. En ese momento,
no tenían manera de poblar el norte de su territorio como era
debido y necesario, al menos, desde la perspectiva defensiva.
Décadas después la Comisión de Límites de 1827 describe,
parte del entorno, mencionaron un “gran número de venados”
y “partidas de caballos silvestres” que tenían como parte de su
hábitat las inmediaciones del Huisachito, actualmente existe un
paraje con ese nombre (Berlandier, 1850, págs. 90-91).
Cuando en 1827 el contingente se desplazó desde
Lampazos a Laredo por el rumbo al río Salado, comentaron que
aquellos caminos en época “de guerra,” eran de “horror” por
las acciones de guerra y rapiña de los lipanes y comanches. El
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problema era doble, en época de paz, los pastores “aún eran más”
extorsionados por los “bárbaros”. Para los escritores del diario,
en estos “estados tan retirados” sucedía eso porque la “autoridad
suprema” ellos no concretaban “acciones contundentes”
también era responsabilidad de los “aventureros que habitan las
fronteras” al venderles armas, a aquellos indígenas, según ellos,
“independientes y perezosos” (Berlandier, 1850, pág. 87).
Ante tales adjetivos hacia aquellos indígenas, no se
comparte la opinión. Pero lo cierto es que existió esa terrible
complejidad territorial; se heredó y se exacerbó al descuidarse
la línea defensiva antes de terminar la época colonial. Sumada,
al empuje hacia el sur que sufrían las tribus “bárbaras” por los
colonos y el gobierno estadounidense aumentada paulatinamente
a lo largo del siglo XIX.
Pero no todo era difícil o riesgoso en aquel territorio, la
naturaleza ofreció lo suyo -y fue maximizado- en el siglo XX.
Aunque se observara “siempre monótono”, afirmaban los de
la Comisión, el “desierto sin agua” con vegetación “reducida
a una gramínea corta, seca y sin flores”. Esa modesta planta, se
consideró un “excelente pasto para los animales” aunque “inferior
a la Raqueta espinosa” de otras zonas del estado. Todo indica que
casi no transitaban carruajes porque la “jornada fue muy lenta
y penosa: “los soldados tenían que abrir camino con sus sables,
cortando” (Berlandier, 1850, pág. 91).
La Memoria del Ayuntamiento de Lampazos en 1830
brinda una descripción del camino que atravesó Anáhuac hacia
el norte, trazado de dicha villa a la “de San Agustín de Laredo y
terrenos desiertos del Estado de Tamaulipas”. Eran 40 leguas en
un camino llano y de “de tierra muerta aunque de buena calidad,
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existen cuatro arroyos y dos ríos permanentes uno nombrado el
río Salado y el otro río Gde” (AGENL, 2019).
El territorio fue impulsado al recibir inversiones. Francisco
Naranjo, un general y político con área de influencia en la zona
norte del estado de Nuevo León realizó compras “de porciones de
terrenos de la merced de la Chancaca, en la margen izquierda del
río Salado” durante el primer lustro de la década de 1870 (Peña,
2002, pág. 74).
Se debe de considerar lo fuera de la ley en que seguía
manteniéndose la zona. Poco tiempo antes de las inversiones
mencionadas, cuando el gobernador neolonés y Francisco
Naranjo se unieron a Porfirio Díaz y su Plan de la Noria en 1871,
un grupo de hombres huyó de la leva “para los ranchos del río
Salado,” según el alcalde Villaldama o al menos eso decía “la voz
pública” (Peña, 2002, pág. 69).
6. El primer censo nacional en que se contó Anáhuac en 1940.
Una radiografía social del proyecto socioeconómico posrevolucionario
Anáhuac fue fundado en 1934, el censo más confiable, inmediato
y posterior a la fecha de su fundación fue el de 1940. Siete
años después de su fundación, Anáhuac contaba ya con 12,498
habitantes, de los cuales 6,380 eran varones y 6,118 eran del sexo
femenino. Los nativos del lugar eran 5,631 de los cuales 2,893 eran
hombres y 2,738 eran mujeres, quienes configuraban los oficios,
usos y costumbres del lugar (Secretaría de la Economía Nacional.
Dirección General de Estadística, 1943).
La plaza central era el espacio considerado importante
para desarrollar distintas actividades, aunque el régimen del
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Maximato no construyó una iglesia católica en la plaza central
como reflejo de la laicidad o del movimiento antirreligioso de un
segmento de los políticos revolucionarios y de la posrevolución.
La población letrada, es decir la que sabía leer y escribir
era de 7,525 de los cuales se registraron 4,018 hombres y 3,507
mujeres (Secretaría de la Economía Nacional. Dirección General
de Estadística, 1943). No es una sorpresa, que, en el campo, por
la época de estudio los hombres fueran alfabetizados más que las
mujeres, desafortunadamente.
Los extranjeros sumaron un total de 1,443 repartidos en
677 hombres y 766 mujeres (Secretaría de la Economía Nacional.
Dirección General de Estadística, 1943). Era un porcentaje alto de
extranjeros, un 8.6 % de la población de Anáhuac era extranjera.

Entre las nacionalidades de los pobladores de Anáhuac
se encontraban alemanes, árabes, británicos, cubanos, chinos,
españoles, guatemaltecos y libaneses. Algunos adquirieron
-posteriormente- la nacionalidad mexicana, un grupo de ellos
incentivaron parte de las actividades comerciales.
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La inmigración se debió en parte, a una etapa de
inestabilidad política mundial que ocurrió a finales del siglo XIX
y principios del siglo XX, coronada nefastamente por la crisis
económica mundial de 1929, así como de “deportaciones masivas
(1921, 1929-33 y 1939), fueron una respuesta selectiva en tiempos
de crisis y contracción del mercado de trabajo estadounidense”
(Durand, 2007, pág. 28). La esperanza de encontrar un lugar
donde trabajar y establecerse estaba presente. Además, Anáhuac
figuró como un área geográfica con recursos naturales, con futuro
económico promisorio y amplia relación con la capital mexicana,
por ser un proyecto de desarrollo federal. Además, a fines del
año de la década de los treintas, el poblado se caracterizaba
por el auge algodonero, el cual trajo consigo altas expectativas
económicas, inclusive con el paso de los años se establecieron
empresas como Almacenes Anáhuac, Algodonera del Norte y
Algodonera Longoria. En cuanto a los nativos de otras entidades
federativas, encontramos 2,810 hombres y 2,614 mujeres para un
total de 5,424.
6.1. Población por credo religioso
En el conteo de población, según su religión 11,942 habitantes
eran católicos, 354 protestantes, 4 budistas, 11 señalaron profesar
otra religión y 187 informaron no profesar ninguna (Secretaría de
la Economía Nacional. Dirección General de Estadística, 1943).
Pensamos que, en aquella época, subyacía en la mentalidad de las
personas que profesaban religiones, la esperanza permanente de
mejorar. Si bien no era un deseo o una meta exclusiva de ellos
–aún persiste- la religión era una fuente más de motivación.
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6.2 Actividades económicas por ocupación, oficio o profesión, y posición económica con divisiones y clases de la nomenclatura nacional de ocupaciones de 1940
Según el censo de 1940, las actividades económicas se
esquematizaron por divisiones. En el primer segmento resultó
que 2,808 habitantes se dedicaron a labores de agricultura, pesca,
silvicultura y ganadería; las labores agrícolas tenían preeminencia
sobre las demás, razón que fortalece la idea del proyecto
agropecuario de la posrevolución. En el segundo segmento, el de
minas metálicas y plantas metalúrgicas, plantas de tratamiento
e industrialización, petróleo y gas natural laboraron sólo 13
habitantes. Actividad que, según el relato de un habitante, se
incrementó cerca de la década de los años sesenta y setenta (PS,
2010).
En la tercera división laboraban 225 habitantes, era
dedicada a los textiles, manufactura, construcción y edificación,
artes gráficas, tabaco, productos alimenticios, trasformación
de la madera, indumentaria, cerámica de vidrio, cueros, pieles,
luz, química, papel, joyas e industria (Secretaría de la Economía
Nacional. Dirección General de Estadística, 1943).
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Estos artesanos proveían al pueblo de productos y bienes
necesarios en cualquier población.
En el cuarto segmento, dedicado a las comunicaciones
y transporte (marítimo, fluviales, aéreo, teléfono, telégrafo
y radiodifusora) laboraban 155 habitantes. Sabemos de la
importancia que significa este segmento en la logística de un
municipio que necesitaba transportar el algodón, así como
otros insumos y bienes de producción, además del transporte de
personas y de otros bienes y mercancías de consumo.
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En la quinta división, de labores de comercio, se
registraron 424 habitantes, eran trabajadores de instituciones
de crédito, hoteles, restaurantes, agencias comerciales y el
comercio en general, una división de suma importancia a la que
hoy llamamos prestación de servicios. De suma importancia fue
el desarrollo de actividades bancarias, debido a que este servicio
era delicado porque el país aún estaba algo convulsionado por
los resabios violentos de la Revolución mexicana y sobre todo
su recuerdo. Anáhuac se encontraba cerca del punto fronterizo
de Nuevo Laredo, razón que urgía una institución sólida que se
estableció en ese puerto tamaulipeco en la década de 1930, el
Banco Longoria, fundado por el empresario Octaviano Longoria,
el cual también se instaló en Anáhuac (EL, 2010).

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En la sexta división trabajaron 97 habitantes dedicados
al trabajo burocrático federal, estatal y municipal (Secretaría
de la Economía Nacional. Dirección General de Estadística,
1943). Era muy importante controlar el municipio. La mejor
manera es un aparato burocrático robusto y que responda a
los intereses más importantes. Unas decenas de trabajadores
federales representaban al régimen central, el principal
interesado en el desarrollo del proyecto agropecuario de
Anáhuac. Diseñaron y construyeron la ciudad de Anáhuac, la
principal sede de los poderes de acuerdo a su mentalidad, y al
papel y a la imagen que el régimen posrevolucionario deseaba
o necesitaba.

En el séptimo segmento dio por resultado que 8 habitantes
trabajaron específicamente en profesiones y ocupaciones
liberales; ellos eran abogados, médicos, contadores y personas
con actividades similares. Era un escaso número, el grueso de
los trabajadores estaban enfocados en la producción y servicios
esenciales.
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En la octava división, la cual se dedicaba a trabajos
domésticos, en 1940 laboraron 3,903 habitantes, si bien
generalmente eran las mujeres: madres, hijas, abuelas, seguramente
también había hombres de edad avanzada dedicados a algunas
labores domésticas asociadas con el campo. Trabajos rudos, con
temperaturas extremas, ya sea calientes o frías.

Mientras que en la novena división laboraron 97
habitantes, categoría definida como ocupaciones insuficientes
determinadas. Era imposible clasificar sus actividades, ello se
debía a que los ocupaban en todo, eran “ayudantes”. Cargaban
leña, ayudaban en los comercios de abarrotes, barrían calles,
lavaban vehículos de transporte, aseaban en los expendios de
pan, entre otras actividades (AZT, 2010).
En la última división, llamada ocupaciones antisociales,
sin ocupación e improductivos, se registraron 4,803 habitantes
(Secretaría de la Economía Nacional. Dirección General de
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Estadística, 1943). El gran número muy posiblemente, se deba
a que algunos habitantes estaban esperando el reparto o venta
de tierras, otros quizás eran peones estacionales, en época previa
o posterior al levantamiento de cosechas. Refuerza la idea lo
recopilado en entrevistas, el objetivo era sólo dedicarse a la
siembra y cosecha de algodón (AZT, 2010).

La investigación hemerográfica arrojó evidencia de
labores ganaderas al registrarse “el fierro de herrar” de “la
propiedad” de Juan A. Durón, que habitaba en la Congregación
Camarón de la “jurisdicción del Municipio de Lampazos, N.L.”
y otro fierro de Salvador Garza entre el 12 y 13 de junio de 1935
(Secretaría de Gobierno del Estado de Nuevo León, 1935, pág. 6).
Si bien desconocemos por qué aparece Camarón en Lampazos,
suponemos que los trámites del fierro de herrar empezaron antes
del nacimiento legal de Anáhuac.
7. Estadísticas sociodemográficas de 1950 a 2015
Las siguientes estadísticas aluden a movimientos poblacionales
en el municipio con tendencia a la baja, debido a la emigración
como efecto de los problemas en la agricultura y por la búsqueda
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del sueño americano. En el censo de 1940 Anáhuac tenía una
población de 12,498 habitantes, aumentó en 1950 a 20,001
habitantes, para 1960 se redujo un poco respecto a la década
anterior, a 18,116 habitantes y la tendencia fue a la baja, cuando
en 1970 se contaron 13,341 habitantes, en 1980 se recuperó un
poco y se contaron 16,479 habitantes, en 1990 siguió la tendencia
hacia la alza, se contaron 17,316 habitantes, en 1995 –un censo,
intermedio- contó 18,278 habitantes, el aumento en la última cifra,
quizás se deba a la inauguración de un puente transfronterizo en
la Congregación Colombia (INEGI, 1995-1996).
En el siglo XXI, más precisamente en el año 2000 la
población aumentó poco, a 18, 524; en 2010 se estancó, incluso
retrocedió a 18,480. En 2015 se contrajo, a 18,194, prácticamente
retrocedió al conteo de 1995, es decir, 20 años. Pero es concluyente,
después de 70 años, sigue sin alcanzar los 20,000 habitantes.
Si bien se recuperó de su punto más bajo en 1970 con 13,341
habitantes, hace 50 años (DATA Nuevo León, 2020).
En el periodo de los años noventa existían actividades
comerciales y agropecuarias que generaban flujo monetario en
la sociedad de Anáhuac, aquel flujo también era producto de
las remesas de los habitantes del municipio que emigraron a
Estados Unidos. Posiblemente, ese aspecto se reflejó entre 1990
y 1995 en un incremento poblacional. Pero a finales del siglo XX
y principios del siglo XXI, una sequía impactó a los municipios
nuevoleoneses de “Anáhuac, Vallecillo, China, General Bravo, la
ganadería se vino abajo y con ello la industria lechera (García,
2002)”, los años de 1999 y 2000 fueron claves en ese problema.
Quizás el número de pobladores del municipio se estancó por la
sequía.
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8. Triple fase histórica: Congregación Colombia, fundación
de Anáhuac e incursión industrial
En el siglo XIX, seis décadas antes de los dinámicos años treinta
del siglo XX, sucedieron hechos históricos importantes en
Anáhuac. Primeramente, la Congregación Colombia nació en
1892 (Gobierno del Estado de Nuevo León, 1899), su nacimiento
obedece a las negociaciones del general Bernardo Reyes por hacer
de Nuevo León un estado fronterizo.
La frontera se ganó al realizar negociaciones con el estado
de Coahuila para que éste cediera una parte de terreno de Candela,
Coahuila. Así surgió la congregación.
En la década de 1930 la Junta de escrutadores en Anáhuac
declaró abiertos los trabajos de una elección donde resultó electa
la planilla del Partido Social Democrático de Nuevo León, órgano
en el Estado del Partido Nacional Revolucionario (Pantoja, 2010).
Las figuras políticas de ese tiempo eran el C. Valentín Maldonado
como Alcalde 1º, por lo tanto, Encargado Político; para Alcalde 2º
o Judicial, el C. Pedro Lozano Rendón; y con el cargo de Alcalde
2º o Judicial Suplente, el C. Félix Salinas. Hasta 1937 se conformó
su primer cabildo (Secretaría de Gobierno de Nuevo León, 1933).
La Congregación Colombia y la manera en que Anáhuac
la absorbió para convertirse en municipio fronterizo no fue
inmediata. El artículo 3º del mismo decreto fundacional expresa
dónde quedó incrustado, teniendo “los límites del antiguo
municipio de Lampazos con Tamaulipas, con Congregación de
Colombia y Estado de Coahuila.” No menciona en este artículo ni
en ningún otro el límite con Estados Unidos de América o Texas
o con el río Bravo. Ceballos planteó como “supuesto principal”
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que la fundación “no se trató de una determinación de tipo
económico, sino que el asunto se inscribió en los mecanismos de
control político” (Ceballos, 2006, pág. 9).
La investigadora Hortencia Camacho nos dice que en
“1978 el territorio de la abandonada Congregación Colombia”
intentó ser una “villa fronteriza” en la margen mexicana del río
Bravo; cuando se fundó en 1892, era “una estrategia política para
convertir a Nuevo León en una entidad fronteriza” (Camacho,
1991, págs. 19-20).
En el siglo XX fue crucial que en octubre de 1930 se
inaugurara la presa “Venustiano Carranza”, con el objetivo de
suministrar agua para el riego y en el futuro brindar lo mismo a
un centro poblacional, el cual daría vivienda a los trabajadores
y agricultores del área. El 8 de junio de 1935 se publicó en el
Periódico Oficial de Nuevo León el decreto número 115 por el
gobernador Pablo Quiroga. El artículo primero y más importante
estableció “una nueva Municipalidad denominada ANAHUAC”
(Secretaría de Gobierno de Nuevo León, 1935). El preámbulo,
institucional y socioeconómico, de la fundación de Anáhuac fue
el 5 de mayo de 1933, cuando Ciudad Anáhuac “fue declarada”
como “cabecera política” del “Sistema Nacional de Irrigación No.
4” llamado “Proyecto del río Salado, Coahuila y Nuevo León” de
la “Comisión Nacional de Irrigación” o CNI (Camacho, 1991, pág.
19). El municipio se formó “con más de la mitad del hasta entonces
municipio de Lampazos de Naranjo y con una parte importante
del de Vallecillo” (Camacho, 1991, pág. 19).
La etapa de industrialización de Anáhuac principió en
1935, con la instalación de la planta despepitadora de algodón,
cuya creación se publicó en el Periódico Oficial de Nuevo León, el
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�Gerardo Pantoja; Omar Moreno; Carlos Saldaña / Anáhuac, Nuevo León, México

propietario era el señor Donaciano Echavarría y la puso en marcha
en la Ciudad Anáhuac para el despepite de algodón (Secretaría de
Gobierno de Nuevo León, 1935).
Este personaje inicia un empresariado en la zona de la
denominada pizca del algodón, la cual tuvo una larga y productiva
vida, como un elemento crucial de la producción algodonera del
prometedor municipio.
9. Destellos de progreso. Sistema de caminos – forestación –
transportes – Puente internacional
Como parte del programa de desarrollo gubernamental estatal
de Nuevo León, en 1974 dentro del rubro de sistema de caminos
se terminó el puente de la ciudad de Anáhuac, de la carretera
Monterrey-Colombia; construyéndose, además, 43.5 kilómetros
del tramo Anáhuac – Las Jaritas – límite de Estado (El Porvenir,
1974).
En 1978 se crearon grupos de apoyo para la reforestación
de algunas zonas del estado de Nuevo León, parte de un programa
implementado en zonas de Galeana, Aramberri y Anáhuac. Se
realizaron campañas de prevención de incendios forestales y
educación forestal en el medio rural, este programa benefició a
la conservación de zonas forestales con impacto positivo para la
agricultura y la precipitación pluvial, además de la conservación
general de la flora y fauna en el área de Anáhuac (El Porvenir,
1978).
Previo al Tratado de Libre Comercio de América del
Norte (TLCAN), en el año de 1991 se inauguró este importante
paso que une a Colombia con Dolores, Texas en Estados Unidos,
fue un suceso que marcó a Nuevo León y a su municipio de
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Anáhuac como la frontera más joven. Este emblema de conexión
transfronteriza internacional y tránsito económico mantiene tres
aristas esenciales: 1) la facilidad de transportar mercancías de
forma eficiente y segura por medio de más de 4,000 tráileres; 2)
reducir el tiempo de cruce de las mercancías; 3) gran capacidad de
acceso a través de sus múltiples sistemas de carriles de ingreso; por
último, su gran ubicación por la carretera Monterrey-Colombia a
poco más de 200 kilómetros de la ciudad de Monterey.
10. Conclusión
En un primer aspecto, la transformación de la historia a partir
del siglo XIX y los acontecimientos que originan la creación
de un municipio en el siglo XX permiten cumplir con cambios
y transformaciones en el mosaico de uno de los estados más
importantes de la República mexicana por la gran derrama
económica y laboral que genera. Destaca, además, que en
el transcurso de la formación de Anáhuac se adquiere una
funcionalidad hasta ahora limitada u operativamente errónea que
ha aletargado al sistema social, político, económico, ante la gran
ubicación geográfica y los recursos naturales que esta área posee.
Estos aspectos se resumen en una perspectiva de historización de
la propia zona: así puede ser entendida como triple fase histórica
que va de lo trascendental a lo contingente, esto se debe porque
depende de los manejos gubernamentales y las tendencias y
conceptos entendibles de desarrollo de cada responsable de
gobernabilidad en turno desde la esfera estatal y municipal.
El trabajo desarrollado hasta aquí ha buscado describir
las condiciones a partir de las cuales la historia pudo acceder a
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�Gerardo Pantoja; Omar Moreno; Carlos Saldaña / Anáhuac, Nuevo León, México

su propio engranaje desde el siglo XIX hasta lo contemporáneo
con destellos de progreso. Pero también aborda los procesos
por los cuales alcanza hasta el momento sus peculiares formas
de mantenerse vigente en el siglo XX y XXI. La triple fase
histórica cumple con la secuencia que va de finales del siglo
XIX, pasando por la primera mitad del siglo XX con alcances
en cifras poblacionales hasta 2015. Con esta larga configuración
se mantiene la base necesaria para esclarecer oportunidades
y desafíos vistos a través de la historia, siempre y cuando se
considere su naturaleza operativa y cómo ésta puede transformar
la vida de un espacio geográfico partiendo de sucesos cuya
importancia no se ha analizado como debiese.

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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, julio-diciembre, 2022

Abordajes sobre el análisis de las élites políticas de
México y Nuevo León
Approaches on the analysis of the political elites of
México and Nuevo León
Luis Enrique Pérez Castro1
César Morado Macías2
Resumen: En este trabajo se presentan los resultados de la examinación detallada sobre diferentes investigaciones relacionadas con las
élites políticas a nivel nacional y regional. Mediante la triangulación de
datos se identificaron las principales líneas temáticas y metodológicas
de los estudios más representativos del área en las últimas décadas; el
objetivo es reconocer las alternativas para posibles aproximaciones en
el ámbito local. A través de éste se reconoce la pertinencia de recuperar
a las élites políticas como un objeto de estudio para el contexto geográfico inmediato debido a su relevancia en la estructuración del sistema
político contemporáneo, a partir de criterios como su composición interna, formas de socialización, sistema de valores e interacción social.
Palabras clave: teoría de las élites, élites mexicanas, historiografía.
1 Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL). Monterrey,
México.
2 Profesor-investigador de tiempo completo. Facultad de Filosofía y
Letras. Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL). Monterrey, México.

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�Luis Pérez; César Morado / Abordajes sobre el análisis de las élites políticas

Abstract: This paper presents the results of a detailed examination of
different research related to political elites at the national and regional
levels. Through the triangulation of data, the main thematic and methodological lines of the most representative studies in the area in the
last decades were identified; the objective is to recognize the alternatives for possible approaches at the local level. Through it, the relevance
of recovering political elites as an object of study for the immediate
geographical context is recognized due to their relevance in the structuring of the contemporary political system, based on criteria such as
their internal composition, forms of socialization, system of values and
social interaction.
Keywords: Elite theory, mexican elites, historiography.

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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-3

�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

Introducción
Los estudios sobre las élites cuentan con una larga trayectoria
dentro de la sociología, la ciencia política, la antropología
cultural y la historia. Como objeto de estudio resulta sumamente
atractivo para diferentes investigadoras e investigadores
debido a, entre otros aspectos, su visibilidad pública, el rol
que desempeñan dentro del sistema político, su influencia en
el ámbito económico, así como su composición y dinámica
interna. Además de estos criterios, la disponibilidad de
fuentes representa una ventaja metodológica para su análisis, a
diferencia de otros sujetos sociales tradicionalmente asociados
a un contexto de marginación o subalternidad (Arellano Ríos,
2018; Imízcoz Beunza, 2009).
En América Latina se aprecia una tendencia similar en el
que se atienden las particularidades sociopolíticas y culturales
de la región, siendo un tema en constante actualización (Estrada
Álvarez y Puello-Socarrás, 2006; Mancilla, 2006; Busquets, Sarlo y
Delbono, 2015). En este trabajo se llevó a cabo una pormenorizada
examinación de diferentes estudios relacionados con el tema de
las élites políticas mexicanas, en general, y de Nuevo León en lo
particular en el transcurso del siglo XX.
Esta revisión busca responder a las siguientes
interrogantes: ¿las propuestas teóricas predominantes sobre las
élites han orientado los estudios a nivel nacional y local?, ¿cuáles
han sido los principales abordajes temáticos sobre las élites en
México y Nuevo León?, ¿qué aspectos metodológicos destacan
en estas propuestas?, ¿qué otras posibilidades analíticas pueden
desarrollarse?
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-3

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�Luis Pérez; César Morado / Abordajes sobre el análisis de las élites políticas

De esta forma, el presente trabajo se divide en tres
apartados. En el primero se plantean los postulados de las
principales teorías que han fungido de base para explicar el
fenómeno de las élites, mismas que han sido retomadas por los
trabajos latinoamericanos: clásica y neoelitista o contemporánea;
de manera conjunta se exponen los rasgos generales del concepto
de élite. Posteriormente, se lleva a cabo una aproximación
historiográfica en torno al tema de las élites en el México
contemporáneo.
Por último, se presentan los resultados obtenidos en
el proceso señalado con anterioridad; para ello se recurrió a
la triangulación de datos pues permite verificar y comparar la
información de diferentes niveles –temporal, espacial o personal-,
recabada a través de varias fuentes (Okunda y Gómez-Restrepo,
2005; y, Alzás, Casas, Luengo, Torres y Verissimo, 2016).
Una vez realizada la validación de información, se recurre
al agrupamiento de datos como auxiliar de la triangulación para
reconocer los rasgos comunes entre los datos y la vinculación
entre éstos. En relación con lo anterior, la triangulación permite
visualizar el fenómeno desde diferentes ángulos, reconociendo la
complejidad del mismo al no limitarse a una sola perspectiva.
Perspectivas teóricas y conceptuales sobre las élites
En términos generales, la teoría de las élites se constituye por
un conjunto de elementos que buscan explicar las formas de
distribución del poder político en las sociedades liberales
contemporáneas. Su principio básico es el de reconocer que a lo
largo de la historia siempre ha existido una minoría gobernante,
90

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-3

�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

pero los fundamentos de esa concentración de poder sobre
la mayoría han variado de acuerdo con diferentes momentos
históricos y contextos socioculturales. En este sentido, se
identifican dos grandes tendencias interpretativas: la escuela
clásica italiana y la norteamericana.
El contexto en que se desarrolló la teoría clásica para
el estudio de las élites fue particularmente significativo. Sus
máximos representantes –Mosca, Pareto y Michels (Bolívar,
2002)-, experimentaron una serie de cambios económicos y
políticos que influyeron en su percepción y explicación de la
realidad social. No sin un dejo de pesimismo, estos autores
percibían en el cambio de siglo una modificación elemental en
las formas de organización política y, por ende, en la disputa y
conservación del poder.
Los intelectuales italianos, y hasta cierto punto Michels
(alemán), provienen de una generación que fue incapaz “de
aprehender el verdadero sentido de las convulsiones de la Europa”
de finales del siglo XIX y principios del XX, “viven la decadencia de
la sociedad y civilización occidentales […] y el advenimiento de un
nuevo tipo totalmente distinto de sociedad: la sociedad industrial y
de masas” momento que consideraban “el fin de una época ‘dorada’
de la civilización occidental” (Morán, 1993, pp. 134 y 138).
Por otro lado, desde finales de los años treinta y hasta
principios de los setenta del siglo XX, surgieron diferentes
debates teóricos acerca de la distribución del poder político
en Estados Unidos, pues diferentes científicos sociales
norteamericanos consideraron que las propuestas de Mosca,
Pareto y Michels difícilmente podrían ser replicadas al pie de
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-3

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�Luis Pérez; César Morado / Abordajes sobre el análisis de las élites políticas

la letra en escenarios distintos a los que se desarrollaron: una
Europa en la que la aristocracia liberal se encontraba en plena
decadencia, la multiplicación de movilizaciones colectivistas
y devastada por la guerra (1914-1918). Del otro lado del océano,
Estados Unidos se mantuvo relativamente ajeno de lo sucedido
en Europa, desarrollando un orden radicalmente opuesto: un
sistema democrático consolidado y una economía en expansión.
Debido a la diversidad epistemológica con que se
desarrollaron ambas tendencias, y a las particularidades de
cada uno de los autores, su revisión se planteó a partir de tres
dimensiones analíticas -sociológica, politológica e histórica-,
con el fin de atender los diferentes elementos que constituyen
esta teoría y llevar a cabo su abordaje desde una perspectiva
transversal.
a. Dimensión sociológica
El desarrollo de la teoría de las élites, tanto la corriente clásica
como la neoelitista, parte del principio de asimetría social pues,
aparentemente, todas las sociedades están divididas entre un
sector dispuesto para gobernar y otro para ser gobernado. Para
Bobbio (2014), este argumento ha sido sostenido por diferentes
pensadores para diferenciar el orden político del natural,
asociados con los ámbitos público y privado, respectivamente.
El primero de los casos está definido por la relación subordinada
gobernantes-gobernados, convirtiendo prácticamente a cualquier
sociedad política en desigual (Bobbio, 2014, pp. 15-17).
Carasa (2001) identifica a Mosca y a Pareto como parte
de ese sector aturdido por la inminente caída del statu quo, por
lo que las interpretaciones de los autores fueron inspiradas por
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-3

�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

dicho proceso. Los califica como aristócratas de extracción
liberal interesados por llevar a cabo un análisis científico de la
realidad a partir de sus propias nociones culturales y políticas.
Insiste en que los trabajos de los sociólogos italianos eran una
advertencia para la sociedad europea frente a “las grandes utopías
igualitarias sociales del momento, bien fueran la socialista o bien
la democrática, en las que veían un peligro consistente en que la
masa acabará imponiéndose a la minoría” (pp. 213-214).
En primera instancia, la teoría clásica de las élites sostiene
la idea de que la desigualdad es natural e inherente a todas las
sociedades debido a las condiciones físicas y psicológicas
particulares de los seres humanos, lo que se traduce en una
dimensión material: riqueza y poder político. Guiados por el
evolucionismo social –aspirando a convertir la ciencia política
en otra ciencia natural-, estos autores sentenciaban que los más
aptos se encontrarían en condiciones de dirigir al colectivo en pro
de la supervivencia general. Así, históricamente se ha constituido
una división “entre grupos dominantes y subordinados como un
hecho universal e inalterable, ‘observación realista’ que conduce
de manera deliberada a la naturalización de la desigualdad del
poder” (Busquets, Sarlo y Delbono, 2015, p. 60).
Por tanto, a partir de esa división se establece un sector
minoritario de individuos considerados como “los más aptos
(‘mejores’) para dirigir y gobernar al resto” (Busquets, Sarlo y
Delbono, 2015, p. 57), denominado élite, que cuenta con diferentes
recursos, tanto objetivos (riqueza, acceso a estudios profesionales)
como subjetivos (inteligencia, vínculos familiares, etc.). Además de
las cualidades personales (liderazgo, carácter, iniciativa, etc.), esa
minoría cuenta, como conjunto, con una ventaja de tipo estratégico:
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-3

93

�Luis Pérez; César Morado / Abordajes sobre el análisis de las élites políticas

la organización. A diferencia de la masa amorfa, la élite identifica
entre sus miembros objetivos comunes que le permiten dirigir sus
esfuerzos en una misma dirección.
Para esta teoría, la élite es un grupo bien organizado que
“puede lograr lo que la mayoría no puede: comprensión mutua y una
acción concertada”, así “el éxito y el poder de la minoría dominante
radican en que es una minoría organizada en contraposición con
una mayoría desorganizada” (Bolívar, 2002, p. 388). Precisamente
por esa desestimación a las masas se ha calificado a la de las élites
como una teoría conservadora, no sólo por asegurar el dominio
de una minoría sobre el grueso de la población, sino también por
negar la capacidad organizativa, incluso intelectual, a las masas
para tomar decisiones en los asuntos públicos.
En ese sentido, es evidente la polarización entre una
minoría que “gobierna la cosa pública actuando con racionalidad
y autoorganización” y una “mayoritaria masa irracional, orgánica
y voluble” ante los cambios ocurridos en la sociedad (Busquets,
Sarlo y Delbono, 2015, pp. 56-57). Como parte de sus argumentos,
Mosca (1939) y Pareto (2018) refutan la posibilidad de una
sociedad igualitaria puesto que, como se señaló anteriormente,
concebían una división minoría-mayoría a lo largo de la historia.
Dentro de sus análisis “confesaban la imposibilidad de una
igualdad teleológica, del tipo de la propuesta por el marxismo” ya
que argüían “que siempre habrá una nueva élite o una diferente
clase política que suceda a la anterior” (Carasa, 2001, p. 216)
rechazando toda posibilidad de una sociedad igualitaria.
Finalmente, un aspecto que comparten los teóricos es la
idea de la circulación o renovación de las élites, entendida como
la sustitución periódica de quienes integran la élite. Aunque se
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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

profundizará más adelante en el sentido que cada autor asigna
al concepto, vale decir que consideran a este proceso como un
elemento fundamental en sus respectivos análisis, ya que la
renovación le permitirá a la élite seguir existiendo como grupo
dominante, pues nuevos miembros –que acceden desde adentro
o desde afuera-, ofrecerán nuevas herramientas y cualidades que
aumenten las posibilidades de mantener el poder.
Por otro lado, las teorías de las élites en Estados Unidos
trataron de dar explicación a los cambios políticos, ideológicos
y, principalmente, económicos experimentados tras el fin de la
Segunda Guerra Mundial, puesto que estaba en juego la hegemonía
mundial de dos proyectos, el capitalista y el comunista, mismos
que representaban dos relaciones diferentes entre el poder
político y el poder económico sobre la sociedad; estas teorías se
desarrollaron a partir de tres supuestos. Primero, la interpretación
relativamente optimista de que en Occidente “la convergencia
de la movilidad social en los países industrializados, que pone
el énfasis en la existencia de generalizados procesos de ascenso
social y progreso material por parte de distintas clases sociales”
y, por consecuencia, “la tendencia por parte de amplios sectores
de la población a justificar el desigual sistema de distribución de
recursos y recompensas” (Benedicto y Morán, 2009, p. 171).
En otras palabras, la organización social dependía
directamente del desarrollo industrial y económico en cada país,
siendo Estados Unidos el máximo representante, frente a una
economía estatizada y poco competitiva como la de la URSS,
donde la movilidad era prácticamente inexistente. El segundo
supuesto es que, derivado de la situación económica se genera
la distribución del poder político en sectores específicos de la
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�Luis Pérez; César Morado / Abordajes sobre el análisis de las élites políticas

sociedad, mismos que se autoproclaman como defensores del
modelo capitalista-liberal-democrático: empresarios, militares
y algunos intelectuales (economistas, ingenieros y abogados),
a diferencia, nuevamente, del sistema soviético en que la clase
política dictaba el rumbo de la economía.
Por último, el hecho de que cualquier proyecto económico
“primero debe ganarse a la élite en un solo país, luego este país
debe ejercer o tener la oportunidad de adquirir un grado de
liderazgo mundial y, finalmente, la élite del país debe estar
motivada y debe aprovechar la oportunidad para difundir el
nuevo mensaje económico” (Hirschsman, 2014, p. 316), ya fuera
capitalista o comunista. Los teóricos norteamericanos sobre
la élite se basaron en este discurso maniqueo, pero matizando
los supuestos mencionados, por lo que se generaron múltiples
perspectivas, distanciándose unas de otros en los años 50 y 60.
b. Dimensión politológica
Otro de los ejes articuladores de la teoría de las élites es el asociado
con la distribución y retención del poder político. En cuanto al
primer aspecto, ambas tendencias lo resuelven atribuyendo a
“los mejores” el acceso al poder político; sin embargo, sería en la
forma de permanecer en una posición preeminente en la que se
manifiestan diferentes perspectivas entre los teóricos.
Mosca (1939) planteó que, sin importar la forma de
gobierno siempre ha existido una minoría dominante que se
encarga de ejercer el poder político sobre una clase mayoritaria
que acata los mandatos de aquélla. A ese reducido sector lo
nombró clase política o gobernante, la cual
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[…] es siempre la menos numerosa, realiza todas las funciones
políticas, monopoliza el poder y goza de las ventajas que ello
trae consigo; mientras que la segunda [clase, la mayoría], más
numerosa, es dirigida y regulada por la primera, de un modo
más o menos legal, ya más o menos arbitrario y violento, y ella
le provee, al menos aparentemente, de los medios materiales de
subsistencia y de aquellos que para la vitalidad del organismo
político son necesarios (Mosca, 1939, p. 50).

Así, no todos pueden mandar, pero la mayoría tiene que
obedecer; la pregunta que naturalmente se desprende de este
postulado es ¿quiénes pueden gobernar y quiénes no? El autor
señala que cada sociedad a lo largo de la historia ha identificado
características especiales en algunos de sus miembros,
reconociéndoles la capacidad –moral, intelectual y/o material-,
de tomar decisiones por el resto.
Aunque Mosca hace referencia a sociedades tradicionales,
propone trasladar ese criterio a un contexto más contemporáneo
en el que la formación profesional es un medio regular para
acceder a puestos políticos. Además de tener cierto control sobre
la información y el conocimiento, la minoría dominante procura
generar herramientas que les permitan cumplir funciones
específicas en la administración pública. La educación formal,
entonces, se convierte en una ventaja estratégica para quienes
pretenden incorporarse o permanecer a la élite política de sus
respectivas sociedades (Mosca, 1939).
Pese a la identificación de cualidades específicas en sus
integrantes, la élite no pervive sólo por este único elemento. En
contraposición a las “masas”, esta minoría gobernante cuenta con
una capacidad de organización que le permite llevar a cabo metas
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�Luis Pérez; César Morado / Abordajes sobre el análisis de las élites políticas

comunes. Mientras que las mayorías se encuentran dispersas, la
élite logra encontrar puntos de acuerdo, para con ello establecer
estrategias, administrar recursos, alcanzar el poder y ejercerlo en
conjunto. La coordinación de la que habla Mosca se logra a través
de lo que denomina fórmula política, la cual permite afinidad entre sus
integrantes. Este postulado se entiende como “aquellas inspiraciones
culturales, religiosas, económicas, etcétera, de carácter ideológico”
que constituyen el “principio de soberanía y legitimación de una
clase política que se sustenta en ellas” (Mosca, 1939, p. 169).
Por su parte, Pareto (2013), además de poseer cualidades
psicológicas para dirigir a la sociedad –revisadas previamente con
Mosca-, hay otras condiciones que podrían tener los integrantes
de la élite. Detecta que los parientes, la riqueza y las relaciones
son elementos que permiten llevar a algunas personas a la cúspide
política. Debido a la heterogeneidad en su composición, la élite
requiere una estructura interna en que un líder o un comité que
establezcan la dinámica del grupo; en última instancia, este rasgo
les permite mantener la cohesión y aumentará sus posibilidades
de subsistencia (Pareto, 2013).
En este sentido, Pareto señala que el mejor vehículo que
tiene la élite prolongue su estancia en el poder es la circulación
entre sus integrantes, especialmente cuando entra en una etapa
de decadencia. Dicha circulación puede ser violenta o pacífica.
En el primer caso, la élite puede sentirse amenazada ante el
ascenso de líderes nuevos, ya sea que provengan de la masa o del
interior de la misma élite. Así, se genera una pugna entre líderes
jóvenes, externos o internos, y veteranos, valiéndose de diferentes
recursos en el enfrentamiento.
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Si la circulación es pacífica, también hay dos vías para
lograrlo. La primera es a través de los procesos electorales;
personas reconocidas por sus cualidades son seleccionadas por la
población para formar parte del gobierno y tomar decisiones en su
representación, aunque los divisionismos políticos corromperían
el procedimiento. La otra opción es el reclutamiento directo
de nuevos miembros; aunque no detalla el procedimiento para
realizarlo, sí especifica que deben ser los mejores en su área, y
deben aportar nuevas ventajas a la élite en la persecución del
poder. Pareto (2013) destaca la importancia de la circulación, ya
que permite la transformación lenta pero constante de la élite,
además de que reduce la posibilidad de revoluciones al fomentar
la movilidad social, y crea un clima de estabilidad que favorece a
los grupos dominantes.
A través de la formación y el funcionamiento de los partidos
políticos a principios del siglo XX, Michels (2001) sentenció una
ley de hierro de la oligarquía: en toda asociación de individuos se
forman líderes que dirigen las acciones colectivas. Esta ley tiene
tres componentes esenciales: la importancia de la organización al
interior de los partidos, la formación de liderazgos y la situación
de las masas, aunque sólo se hará referencia a los dos primeros.
En este sentido, la organización es entendida como
la distribución de tareas específicas al interior de un grupo,
así como la interacción entre individuos para que cumplan
con dichas labores. Sin embargo, en este proceso se forma una
distinción entre dirigentes y dirigidos, siendo los primeros los
responsables de que los subordinados realicen sus respectivas
actividades. Eventualmente esta división se agudiza conforme
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se expande y complejiza la organización, al grado que los fines
originales por los que fue creada la asociación pasan a segundo
término, priorizándose la necesidad de mantener la organización
como tal (Michels, 2001).
La formación de liderazgos está relacionada a diferentes
situaciones al interior de la organización política. En primera
instancia, a la monopolización del conocimiento técnico sobre
la dirigencia del partido, es decir, concentrar habilidades de
negociación, discursivas, de persuasión, que le permitan al
líder conducir la toma de decisiones (Morán, 1993; Bolívar,
2002). Por otro lado, el autor alemán identifica una “necesidad
psicológica” en las masas por el liderazgo, a las que califica
de “incompetentes”, “apáticas”, “sumisas” y propensas a la
sugestión (Michels, 2001, p. 98).
En la mayoría de los casos, los individuos que conforman la
oligarquía del partido acceden a esa posición a través de mecanismos
democráticos (elecciones) apoyados por la base militante. Sin
embargo, una vez instalados comienza una notoria separación entre
los líderes y las masas, situación que resulta peligrosa al existir
la latente posibilidad de convertir a la dirigencia en dictadura o
conducir a las masas a una rebelión. Al respecto, el autor insiste
en que dentro de cualquier organización debe existir un equilibrio
pues, aunque se requiere cierta continuidad en los liderazgos como
signo de estabilidad, también han de haber periodos regulares de
movilización, reduciendo así la presión social y la independencia
de los líderes (Carasa, 2001; Cisneros, 2014).
De esta forma, los líderes veteranos buscarán integrar
nuevos miembros en la burocracia a su cargo y subordinarlos a
su dirigencia; en el mismo sentido, líderes y aspirantes tratan de
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usar a su favor a las masas, ya sea para desprestigiar a su oponente
mediante la opinión pública, o movilizar el voto para acceder a
una posición en el partido o el gobierno. Sin embargo, aunque las
elecciones y el ascenso de nuevos prospectos promete mejorar el
escenario político, afirma que “es muy raro que la lucha entre los
viejos líderes y los nuevos termine con una derrota completa de
los primeros”, pues éstos buscan postergarse cuanto puedan en el
poder negociando con los aspirantes, o reclutándolos en cargos
burocráticos, por lo que el resultado “ya no es una circulation des
élites, sino una reunión des élites” (Michels, 2001, pp. 206-207), es
decir, una fusión de nuevos y viejos líderes.
En el caso de Burnham, postula que en Estados Unidos y
Europa se estaba desarrollando una revolución en la que el sistema
capitalista tradicional llegaría a su fin. Como parte del proceso,
la clase dominante, entendida como “un grupo de personas que,
en virtud de especiales relaciones social-económicas, ejerce
un grado especial de control sobre el acceso a los medios de
producción y disfruta de un trato preferencial en la distribución
de sus productos” (Burnham, 1967, p. 98), sería desplazada al
no adaptarse a los cambios -sociales, políticos, tecnológicos,
ideológicos-, de dicho proceso.
Así, la incorporación de personal especializado incluiría a
obreros de la construcción, universitarios de áreas como las ciencias
físicas y la ingeniería, así como administradores con conocimientos
técnicos, siendo estos últimos a los que Burnham (1967) reconoce
como supervisores, managers o gerentes de producción. Como
parte de este proceso, los propietarios de los medios de producción,
los burgueses, dejan en manos de los gerentes la administración
de las empresas, dedicándose a otras actividades -benéficas,
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�Luis Pérez; César Morado / Abordajes sobre el análisis de las élites políticas

culturales o al simple ocio-, por lo que los directores adquirieron
mayor relevancia que los propietarios mismos.
En su proyección destacó la importancia del manejo de las
fábricas y sus actividades, pues “los medios de producción son el
asiento de la dominación social; quien los controle no nominal,
sino realmente, controla la sociedad, ya que ésta vive gracias a
ellos”; consideraba que al momento en que planteó su teoría, 1941,
“el control de los grandes capitalistas, el control basado en los
derechos de propiedad privada sobre los medios de producción
y en el ejercicio de aquéllos es, aunque todavía real, cada vez más
tenue, indirecto e intermitente” (Burnham, 1967, p. 136).
Para Sweezy (1956), la clase capitalista es la que
históricamente, a través de su poder económico, ha definido
la estructura política de Estados Unidos ya sea porque sus
integrantes lograron ocupar importantes cargos en el gobierno,
o tuvieron la capacidad de contratar a personal especializado
que cumpliera dichas funciones. En este sentido, el autor
norteamericano insiste en que la democracia no es más que
otra forma de consolidar el dominio de un grupo selecto, de
hecho, consideró que los partidos políticos –específicamente
el Republicano y el Demócrata-, sólo servían a los intereses
de esta clase y funcionaban como canales de transmisión de
la ideología capitalista, y de esa manera controlar a las clases
obrera y media.
Pese a las diferencias entre la élite por el tipo de actividad
económica de la que procedían sus miembros –industrial, bancaria,
financiera-, ésta se mantiene cohesionada por lo que Sweezy
denomina “situación de clase”, es decir, se asumen como parte de
un sector diferenciado de la sociedad con algo en común: el control
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de los monopolios norteamericanos. Esta ideología se refuerza
con lazos matrimoniales, formación profesional en universidades
de prestigio, asociaciones formales e informales (clubes sociales,
cámaras de comercio, organizaciones empresariales, iglesias),
transmitiéndose de una generación a otra. Además de los partidos
políticos, también difundían su ideología a través de los medios
de comunicación masiva, principalmente los periódicos (como el
New York Times) y la radio (Sweezy, 2007; Ruiz, 2009a).
Hunter y Mills coincidieron en que el despegue económico
de los Estados Unidos permitió la formación de grupos compactos
capaces de regir los asuntos políticos del país. Aunque Hunter (en
Domhoff, 2005) se refiere exclusivamente al sector empresarial,
Mills (1957) detalla que existe una triangulación de intereses entre
los empresarios, los políticos y los militares a través del dominio
de las principales instituciones sociales. Debido a esta asociación
de intereses es que el sociólogo norteamericano prefirió utilizar el
concepto “élite del poder” y no “clase dominante”, puesto que no
se refiere exclusivamente a un sector en específico (Mills, 1957).
Además de ocupar lugares institucionales preeminentes,
los miembros de la élite también tienen en común formas de
vida que garantizan su homogeneidad: escuelas, clubes sociales
y la riqueza material, lo que los coloca en un círculo social
diferenciado. Estas características permiten la socialización
entre grupos al interior de la élite, al punto que constituyen “una
entidad social y psicológica más o menos compacta, y tienen
conciencia de pertenecer a una clase social” (Mills, 1957, p. 18);
por ello tienen una perspectiva similar sobre el rumbo social, así
como formas de trabajo con las que puedan alcanzar sus objetivos.
A decir de Mills, la situación socioeconómica es la que determina
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las posibilidades de ascenso al poder, lo que refleja la desigualdad
existente en Estados Unidos en los años cincuenta.
c. Dimensión histórica
Bobbio (2014) refiere que uno de los principios de legitimidad
política a los que tradicionalmente han apelado las
interpretaciones sobre el poder es la historia, tanto desde una
perspectiva pasada como futura. En el primer caso, la tradición
juega un rol fundamental en las teorías de tipo conservador
para explicar el ejercicio del poder por una o varias personas
desde tiempos remotos; por su parte, la segunda acepción se
asocia por una fase revolucionaria que busca instituir un nuevo
orden sociopolítico a partir de la expectativa en el cambio (pp.
121-123).
En este sentido, la noción histórica adquirió un papel
fundamental en las construcciones teóricas sobre las élites, pues
permitió explicar y, ocasionalmente, justificar sus fundamentos
principales, es decir, la asimetría social y la preeminencia de
una minoría en el gobierno. Así, se entiende a la historia no
como método, sino como forma de interpretación de lo social y
lo político a partir de acontecimientos temporalmente situados.
En otras palabras, la comprensión de esta teoría “no depende
de la naturaleza de los ‘datos’ que usaron para sostener sus
generalizaciones”, pero sí de “sus respectivas visiones del campo
histórico” (White, 1992, p. 15).
Para la tendencia clásica europea, como se afirmó
previamente, existe una noción en el que el curso de la historia ha
estado y seguirá siendo marcado por las minorías gobernantes, y
únicamente cambiarían los criterios de acceso y permanencia al
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poder. Mosca (1939), por ejemplo, buscó establecer un modelo
que permitiera el análisis social buscando “leyes generales”
sobre el comportamiento humano a partir de casos específicos,
concluyendo que la humanidad ha transitado por diferentes
estados -en dos sentidos, etapas y organización política-, y en cada
uno ha dominado un tipo específico de cualidades reconocidas
socialmente para conformar la élite: el valor guerrero, la riqueza
monetaria o el sacerdocio.
En la antigüedad, quienes poseían la capacidad militar con
mayor facilidad accedían al poder político puesto que, en teoría,
responderían de forma acertada frente a los problemas colectivos.
Eventualmente, esta minoría guerrera adquirió prácticamente
el control sobre las tierras y sus productos, transformándola
en un sector privilegiado económicamente. Ahora la riqueza,
asociada a un sentido de responsabilidad, buena administración
y prosperidad, sería el factor decisivo en la integración de la élite
(Bolívar, 2002; Morán, 1993; Blacha, 2005).
En esa etapa de transición, la propiedad privada se
vuelve el eje fundamental de la vida social, por lo que las leyes,
la justicia y la autoridad girarán en torno a los propietarios. Así,
“la organización política, que nosotros conocemos como Estado
feudal” muta a uno “esencialmente diferente, que para nosotros
será denominado Estado burocrático” (Mosca, 1939, p. 57). En
forma similar, pero mucho más difusa, la ley de hierro de la oligarquía
planteada por Michels (2001) sostiene la inevitabilidad de los
liderazgos en cualquier colectivo social; aunque su estudio se
centra en los partidos políticos, particularmente los socialistas,
el autor alemán infiere que este proceso es la manifestación
institucionalizada de lo que ocurre a escala social.
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Pese a las divergencias dentro de la tendencia
norteamericana, los diferentes autores coincidieron en que
Estados Unidos estaba experimentando una revolución
económica y social. Para Burnham (1967 y 2019), un síntoma era
el ascenso de los “managers” en el control de las fábricas, proceso
que tomaría cerca de ochenta años completarse, periodo durante
el cual ocurrirían profundas modificaciones en el sistema político
y económico de Europa y Estados Unidos.
En consecuencia, advertía la inevitable disolución de los
parlamentos pues aseguraba que únicamente estaba representada
la clase burguesa, misma que regulaba la actividad de partidos
políticos. En la nueva sociedad, los directores ocuparían los
principales puestos públicos, desplazando el centro de la
soberanía nacional –el rey o el parlamento- hacia las oficinas y
agencias administrativas como parte de la monopolización del
poder político.
Desde su vocación marxista, Sweezy (1956) criticó la
idea de Mills respecto a que Estados Unidos era una sociedad
en la que el poder político está perfectamente equilibrado
entre representantes de las diferentes esferas sociales -política,
económica y militar-; si bien reconoce la diversidad dentro
de la élite, cuestiona el que realmente exista un equilibrio de
poder entre las esferas sociales. Para Sweezy pervive una clase
dominante homogénea “con sus raíces profundamente hundidas
en […] el sistema corporativo” (1956, p. 147). Más tarde, la recesión
económica de las décadas de 1970 y 1980 permitió a Sweezy
corroborar sus postulados de que el sector empresarial dominaba
la política estadounidense.
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Profundizando en los postulados de Mills, éste afirma que
en Estados Unidos existen asociaciones, sindicatos y partidos
que representaron a sectores obreros y de pequeños propietarios,
tanto rurales como urbanos. Aunque llegaron a tener alguna
influencia en la política nacional, especialmente entre 1776 y
1850, la concentración de poder económico de los monopolios en
la revolución industrial anuló la presencia de estas agrupaciones.
Eventualmente, apareció una nueva clase intermedia, la
burocracia de “cuello blanco” que sirve al Estado; sin embargo,
esta clase no se encuentra organizada políticamente, pese a que
cuenta con una situación económica relativamente desahogada
(Fernández, 2012, pp. 319-321).
(Des)centralización de la “Familia Revolucionaria”
Dentro de la historiografía mexicana ha predominado la idea de que
durante el siglo XX (1920-2000) la política nacional estuvo liderada
por una élite política que compartía ciertos rasgos culturales: tener
a la Revolución mexicana como referente histórico, pertenecer al
Partido Revolucionario Institucional (PRI) en sus distintas facetas
desde 1929 y, más importante, asumirse como detentores legítimos
del poder político del país. Esta agrupación fue denominada
“Familia Revolucionaria” (Krauze, 1997; Aguilar y Meyer, 2000;
Medina, 2010; Knight, 2013).
Esta categoría podría interpretarse simultáneamente
como histórica y de análisis. En el primero de los casos, se
derivó de la propia experiencia de la etapa revolucionaria y años
subsecuentes en México (1910-1940), en el que se transitó entre
el sistema oligárquico porfiriano a un Estado que pretendió
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establecerse como moderno, democratizando los medios para
acceder al poder político y desligándolo del poder económico.
Este fenómeno se vio acompañado de un grupo que aspiraba a
cumplir con este y otros objetivos; los líderes militares, primero,
y los civiles, después, encabezaron una serie de proyectos legales,
sociales y económicos que pronto los llevarían a dominar la escena
pública nacional (Aguilar y Meyer, 2000; Knight, 2013).
Las generaciones de políticos que participaron en la guerra
civil y también las posteriores, comenzaron a ocupar los diferentes
puestos públicos a nivel federal y estatal. Durante la década
de los veinte, los contendientes recurrieron constantemente a
la violencia como medio para posicionarse en el gobierno; ello,
sin embargo, aumentaba las posibilidades de diluir los avances
que la Revolución había legado. Rápidamente se buscó unificar
a todo el sector revolucionario, incluso si hubiera dado muerte
a otros contendientes en el pasado, llegando a acuerdos para
definir la sucesión de poderes políticos. En 1928, luego de la
muerte de Álvaro Obregón y el recrudecimiento de la violencia
por la sucesión presidencial, el presidente Plutarco Elías Calles
se refirió a este conglomerado como la “Familia Revolucionaria”
(Medina Peña, 2010, pp. 54-56).
Para Mosca (1939) toda élite se vuelve, con el tiempo,
hereditaria; a través de la sangre, en los sistemas aristocráticos,
o mediante el dominio de las elecciones en los contextos
democráticos (p. 51). Igualmente, Michels (2001) afirma que una
minoría puede convertirse en hereditaria, no necesariamente
por lazos sanguíneos, sino por su perpetuación a través de las
elecciones o de la construcción de una legitimidad basada en
orígenes metafísicos o históricos.
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La “Familia Revolucionaria” bien se podría identificar con
el último caso, pues era indispensable para cualquier aspirante a
un cargo público pertenecer a ella, de lo contrario no sólo reducía
considerablemente sus posibilidades de acceder a cargos públicos,
sino que además se estaba en contra del gobierno. En todo caso,
como familia política desarrolló un conjunto de prácticas y
normas asociadas con la disciplina y la organización que rigieron
gran parte de la dinámica política en el México posrevolucionario
(Ruiz Sánchez, 2009b).
Inicialmente fue encabezada por caudillos militares
auxiliados en las labores administrativas y públicas por
profesionistas urbanos (maestros, periodistas y algunos
abogados). En los años posteriores la organización de este grupo
fue refinada, integrando jóvenes universitarios a la élite mexicana
a través de los vehículos institucionales establecidos en la década
de los treinta: un puesto municipal, afiliándose a un sindicato o
al partido hegemónico. Esta tendencia se mantuvo, con matices,
hasta fines del siglo (Krauze, 1997, p. 110; Knight, 2013).
La segunda connotación a la que se hizo referencia, la
“Familia Revolucionaria” como categoría de análisis, ha sido
recurrente para referirse a los políticos que operacionalizaron la
centralización del poder político y sus respectivos mecanismos.
Pese a que dentro de la historiografía contemporánea permanece
aún el debate de si se logró ese cometido, se reconoce que los
gobiernos posteriores a 1920 tuvieron un éxito “técnico” mediante
el establecimiento y desarrollo de diferentes instituciones (leyes,
organizaciones y estructuras sociopolíticas) que permitieron
la supervivencia, matizada a través de los años, del régimen
revolucionario (Knight, 2013, pp. 211-251).
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La organización del poder disperso luego de la guerra
se realizó de manera gradual a lo largo del siglo XX, a través
de la adopción de modelos administrativos y políticos que,
paralelamente, buscaron ser legitimados por el discurso
revolucionario. Como parte de la reconstrucción del Estado, los
gobernantes mexicanos desarrollaron un sistema centralizado y
basado en la toma de decisiones racionales –es decir, el despliegue
de políticas e instituciones que respondieran a las necesidades
sociales- (Medina, 2010, p. 75).
De forma paralela a la centralización institucional, la
“Familia” construyó su propio sistema de valores y prácticas para
permanecer en el poder; en cuanto a su renovación, sus miembros
[…] se sirven, por ejemplo, de procedimientos convencionales,
como los lazos familiares y regionales, las amistades de vieja
data, las dotes carismáticas [por lo que] el proceso de democratización ha generado notables edificios institucionales que
coexisten en curiosa simbiosis con costumbres ancestrales y
prácticas cotidianas premodernas, particularistas y hasta irracionales (Mancilla, 2006, s/p).

Gradualmente, para mediados del siglo, los integrantes
de la élite posrevolucionaria se profesionalizaron en las
instituciones de educación superior a las que anteriormente sólo
tenían acceso algunos integrantes de las oligarquías, aplicando
sus conocimientos técnicos en las áreas administrativas de
instituciones públicas y privadas. Sin embargo, para Mancilla
(2006) la transición entre oligarquías y élites modernas no
fue un proceso completo pues, aunque aumentó el número de
profesionistas –abogados, médicos e ingenieros-, dentro de
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los gobiernos, muchos elementos tradicionales permanecieron
vigentes. El acceso al poder se realizó a través de medios
considerados democráticos, pero una vez constituidos favorecen
recursos personales para mantenerse en el puesto y extender su
influencia política.
Así, diferentes conclusiones revisionistas coinciden
en el carácter pragmático de la Revolución mexicana en la
que convivieron diferentes proyectos de reestructuración
sociopolítica después de 1920. En este proceso se había asumido
que la “Familia” era un bloque monolítico e inamovible que
concentró el poder político en México durante varias décadas.
Sin embargo, a finales de los años 60 la multiplicación de los
estudios regionales -siendo los de González (1968) y de Womack
Jr. (1969) los más representativos-, comenzaron a reconocer una
amplia gama de versiones y dinámicas del sector gobernante
(Padua y Vanneph, 1986; Knight, 2013).
De esta forma, es posible llevar a cabo un contraste entre
las tendencias analíticas que han tenido como eje principal el
estudio de las élites políticas, tanto del nivel federal como de los
regionales. Igualmente, partiendo de los cuestionamientos hacia las
interpretaciones unilaterales respecto a la “Familia Revolucionaria”,
resulta pertinente atender las características socioculturales de
las élites nuevoleonesas, en lo particular, con el fin de establecer
posibilidades temáticas y metodológicas de análisis.
Abordajes temáticos y metodológicos
En la fase exploratoria se identificaron cuatro líneas temáticas las
cuales se detallan a continuación.
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1.

Élite federal

Cabe aclarar que se habla de federal y no nacional, en el sentido
que sus respectivos objetos de investigación se centran en
diversos personajes que ocuparon cargos públicos en aquel nivel
de gobierno: presidente de la república, senadores, diputados
federales, líderes sindicales, presidentes de partidos políticos
(Revolucionario Institucional y Acción Nacional, especialmente)
y, ocasionalmente, menciones a algunos gobernadores de
diferentes entidades federativas, miembros del Poder Judicial y
del ejército (Smith, 1981; Camp, 1981 y 2006; Hernández, 2015).
En términos generales, los autores indagan aspectos
tales como la formación educativa, los antecedentes familiares,
el interés de los sujetos en cuestión por la actividad política, las
redes de amistades y la experiencia profesional, tanto dentro como
fuera de la esfera pública. La búsqueda de esta información es
fundamental para la reconstrucción de las formas de socialización
entre los miembros de la élite, los medios de reclutamiento de
nuevos miembros, así como tendencias en la circulación de los
integrantes de la élite en diferentes puestos como funcionarios.
Los investigadores coinciden en que la élite política en
el México posrevolucionario, es decir, aquella que se comenzó a
integrar después de terminada la fase armada del conflicto (1920),
estuvo integrada principalmente por personas procedentes de la
clase media urbana, que recibió instrucción formal universitaria
–especialmente abogados-, razón por la que la califican como
“élite educada”.
Respecto a este último punto, la universidad aparece como
un espacio propicio para el estudio parcial de la élite política mexi112

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cana por, al menos, tres razones: en primera instancia, porque es
en esa etapa en que surge con mayor fuerza el interés hacia la actividad política, especialmente por la influencia que los estudiantes
recibieron de sus maestros, así como por las diferentes actividades
realizadas a lo largo de la formación (lecturas, debates, periódico
escolar, participación en comités estudiantiles, etc.). Segundo, la
universidad es entendida como un espacio de socialización profesional y fraternal en la que los estudiantes forjaron vínculos que, en
años posteriores, les permitieron integrarse a la burocracia federal.
Finalmente, destacan la importancia de estudiar el Alma
Mater de los políticos ya que indica algunos aspectos de su
situación socioeconómica; al centrarse en la Universidad Nacional
Autónoma de México (UNAM), los investigadores detectan que
muchos de los sujetos son foráneos, de una clase media que pudo
costear, total o parcialmente, la educación de su(s) hijo(s) en una
universidad pública en la capital del país.
Todas estas características se tornan importantes cuando
se desea identificar la tendencia ideológica de algunos políticos
en particular, su desempeño al frente de un cargo público, la
forma de ingreso y la permanencia dentro de la élite política.
Cabe señalar que estos investigadores destacan, sin profundizar
en ello, la importancia de analizar las formas de vinculación
informal (clientelismo, padrinazgos, corrupción, etc.) para
ampliar la comprensión sobre las élites.
2. Élites regionales
Estos trabajos de investigación se dedicaron al análisis de la
composición y actividades de las élites en los estados de México,
San Luis Potosí, Jalisco, Puebla, Yucatán (Hurtado, 1996; Falcón,
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1984; Hernández, 1998; Ruiz, 2009b; Sauri, 2016; Sánchez, 2018).
Como en el primer caso, también les interesa la formación
académica y la experiencia política como elementos de análisis,
sin embargo, profundizan en las élites “hereditarias”, ya fuera
en un sentido literal (clanes familiares con lazos sanguíneos)
o a grupos que giraban en torno a un personaje específico que
controlaron la actividad política en diferentes momentos del
siglo XX.
Lo anterior se ha atribuido a dos motivos esenciales. En
primer lugar, a los vínculos de diferentes personajes del ámbito
local con miembros de la élite nacional: diputados locales que
generaron amistad con senadores o miembros del gabinete, o
incluso con el propio presidente de la república, por ejemplo. De
regreso en sus lugares de origen contaban con el suficiente apoyo
desde la capital para establecer un sistema de organización basado
en los compromisos informales, mencionados anteriormente.
En otros espacios, la formación y composición de la
élite dependió del desarrollo económico, ya fuera tradicional
(agricultura o ganadería) o moderno (industria mecanizada).
Algunos grupos propietarios ganaron suficiente credibilidad
social como para ocupar cargos públicos; en otros casos, utilizaron
su poder financiero para incorporarse a la vida pública, ya fuera a
través de negociaciones, sobornos o chantaje.
En este sentido, los estudios regionales pueden profundizar
más sobre aspectos anecdóticos o íntimos de la vida política en
sus respectivos espacios, puesto que disponen de fuentes en que
se aprecian esos detalles: diarios personales o memorias, tradición
oral, crónicas municipales y genealogías familiares. A partir de
la información recuperada por estos investigadores, es posible
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reconstruir una parte de la cultura política desde las prácticas de
sujetos en diferentes espacios del país.
Caso particular es el relacionado con el estado norteño de
Sonora, pues su estudio va de la dimensión local a la nacional,
desde la revolución mexicana con la participación de una élite
económica y militar que se llegó a posicionar en las altas esferas
políticas del país durante las décadas de los veinte y treinta del
siglo XX, y no se limitaron sólo a su espacio inmediato (Aguilar
Camín, 1977; Radding, 1985; Vázquez y Hernández, 2001).
Algo similar ocurre con los trabajos relacionados con los
vecinos estados de Coahuila y Tamaulipas. En el primer caso, se
ha considerado que la fuerte influencia política desde la Ciudad
de México, derivado de la oposición entre facciones políticas
(particularmente el carrancismo imperante en Coahuila frente al
Grupo Sonora), imposibilitó la consolidación de uno o varios grupos
que representaran los intereses locales (Santoscoy, Gutiérrez,
Rodríguez y Cepeda, 2000). En lo que respecta a Tamaulipas, las
interpretaciones apuntan hacia una transición entre un cacicazgo
liderado por Emilio Portes Gil, desmantelado durante la presidencia
de Miguel Alemán para dar paso a un sistema influido directamente
por el gobierno federal. Aunado a ello, en aquella entidad
predominaron grupos regionales con perfiles muy diferentes que
tuvieron cierta influencia en sus respectivas zonas geoeconómicas,
pero no a nivel estatal (Alvarado, 1992; y Alonso, 2016).
3. Élite empresarial de Nuevo León
Al respecto, el interés por parte de los historiadores ha girado
en torno a la relación entre diferentes agentes que transitaron de
la acumulación previa de capital –originada por el comercio, la
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�Luis Pérez; César Morado / Abordajes sobre el análisis de las élites políticas

minería, la ganadería y la producción agrícola-, hacia la inversión
en la industria mecanizada desde mediados del siglo XIX y las
primeras tres cuartas partes del siglo XX. Estas investigaciones se
desarrollan a partir de diferentes criterios. Uno de ellos tiene que
ver con la “naturaleza” de la élite, es decir, ubicar a sus integrantes
y las razones que los llevaron a relacionarse, tanto familiar como
económicamente.
Los estudios de Cerutti (1983) y Saragoza (1988)
indagan al respecto; el primero lo aborda desde la historia
económica, señalando que los lazos matrimoniales fortalecieron
las asociaciones de capital, constituyendo una élite económica
que permitió ampliar las inversiones y las ganancias. De forma
pormenorizada, Cerutti (1983) establece el sistema de redes
familiares y financieras surgidas en la década de 1880 y que se
extendieron por los siguientes decenios, haciendo una genealogía
de familias empresariales con los apellidos más connotados de
la localidad: Garza, Sada, Muguerza, Ferrara, Milmo, Rivera,
Hernández, Zambrano, entre otras.
Igualmente, detecta la participación de este sector en
diversas áreas de inversión, diferenciándose de otros estudios pues
no sólo por evitar una recopilación reduccionista de nombres y
apellidos, sino que se enfoca en la formación de redes previamente
señaladas. La intención de su trabajo no sólo era analizar las formas
capitalistas de producción en el noreste de México a finales del
siglo XIX y principios del XX, pues “simultáneamente se pretende
observar el nacimiento y articulación de su principal beneficiaria:
Una burguesía con base regional, de Monterrey, que se estructuraría
como fracción de la moderna clase dominante mexicana en los
veinte años previos a la Revolución” (Cerutti, 1983, p. 11).
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Por su parte, Saragoza (1988) se interesa por la influencia
sociocultural y la participación política de este sector social.
Además de retomar el modelo de redes propuesto por Cerutti,
Saragoza (2008) propone voltear a ver la presencia de la élite en
áreas diferentes a la económica, tales como el diseño de instituciones
educativas, el papel activo de las mujeres, la relación de los miembros
de la élite con el clero. Sin embargo, el punto central de ese estudio es
la situación de la élite empresarial con el Estado posrevolucionario,
tanto los conflictos generados por desacuerdos sobre la legislación
laboral, así como medidas en torno a la inversión. Del mismo
modo, se preocupa por estudiar la participación de la élite en la
política local, tanto como funcionarios electos, así como parte de la
oposición política a través de asociaciones y posteriormente con el
Partido Acción Nacional.
Sobre el papel político de este sector, arguye que
La densidad de estos lazos da una extraordinaria coherencia a
la fachada pública del grupo, así como sus puntos de vista de
políticos que motivaban una percepción de uniformidad monolítica entre la élite de Monterrey [...]. De este modo, a medida
que los industriales de Nuevo León enfrentaban al Estado, los
choques contribuyeron al apretar la red de recursos a su disposición. Asimismo, opuestos con el gobierno desarrollaron un
carácter ideológico que acentuó su unicidad y ocultó cualquier
discordia interna. (Saragoza, 1988, pp. 20-22).

En un sentido similar se encuentra la actuación de la
élite empresarial en momentos específicos del siglo XX en el
ámbito político, particularmente en los años revolucionarios, así
como los inmediatos al término de la fase armada del conflicto.
Tal es el caso de Flores (1991), cuyo trabajo analiza la presencia
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directa e indirecta de este sector en el gobierno, pues algunos
de sus miembros ocuparon provisionalmente la gubernatura,
algunas alcaldías y diputaciones con el fin de mantener activa la
administración pública y, con ello, reducir las posibilidades de
ver afectado su patrimonio a causa de la inestabilidad política.
Como ejemplo ilustrativo describe que
En enero de 1915, el grueso de las tropas carrancistas entraba
en la ciudad [...] los socios de la Cámara de Comercio y los cónsules extranjeros, acordaron crear un centro urbano de decisiones, una especie de ‘comuna empresarial’, en sustitución del
gobierno nuevamente errante de Antonio I. Villarreal. [Y aclara que] el término ‘comuna empresarial’ fue utilizado durante
1915 para definir la administración municipal por parte de los
empresarios (Flores, 1991, p. 133).

Igualmente, Pérez Daniel (2013) considera que la élite
empresarial tuvo una injerencia indiscutible en los asuntos
públicos, definiéndola como “modernizadora” al influir en la
toma de decisiones de diferentes gobernadores en las décadas de
los veinte y los treinta, a través del establecimiento de la agenda
pública y la administración del erario.
4. Clase política de Nuevo León. Siglo XIX
Este sector social del ámbito local se mantuvo como parte del
legado colonial, la renovación de los cargos públicos se limitó
a una clase política integrada por individuos que compartían
intereses ideológicos y económicos. En última instancia, las
diferencias entre los grupos “no eran de carácter estructural,
tenían que ver con el deseo de perpetuarse en las posiciones de
poder de los miembros más destacados de la élite y, en menor
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medida, con la impaciencia de algunos por acelerar las medidas
liberalizantes [sic]” en favor de un sistema que promoviera el
desarrollo y protección de la propiedad privada (Galindo, 2005,
pp. 141-142).
La élite agrupó a agentes de diferentes ámbitos
–comerciantes, terratenientes, abogados, miembros del clero
secular-, que ocupó los puestos en los ayuntamientos, la
gubernatura, el congreso y el ejército; además, encabezaron
las juntas electorales y patrióticas. Es decir, prácticamente
regularon la vida política del estado durante la primera mitad
del siglo XIX. Este éxito se debió a diferentes factores; primero,
por la estrechez de sus vínculos familiares. Aunado a ello estuvo
la acumulación de la riqueza, pues los clanes procedían de zonas
económicamente activas: Valle del Pilón (Montemorelos),
Linares y Cadereyta, lugares que albergaban sus propiedades
agrícolas y ganaderas (Galindo, 2005; Martínez Wong, 2012; y
Domínguez García, 2016).
Dado que los poderes políticos y religiosos se asentaban
en Monterrey, que aún no destacaba económicamente, los
grupos familiares mantuvieron lazos con el sector ilustrado
de la capital del Estado. Finalmente, “la ausencia de una
clase media en la región evitó que se suscitaran molestas
discusiones en cuanto a la composición del congreso del estado
y de los representantes enviados al congreso Federal”; por
otro lado, “tampoco se observa una disociación entre la clase
propietaria, los integrantes de la terratenencia rural y urbana
también desarrollaban las principales actividades mercantiles y
crediticias” (Galindo, 2005, p. 162).
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En este sentido, la élite o los notables, según el vocabulario
de la época, eran “personas que poseen influencias y poder por
su sólida base económico-social reforzada políticamente por
apoyos interesados y clientelares”; dichas familias “buscaban el
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progreso económico y la modernización de sus ciudades; para
lograr sus metas construyeron redes económicas, familiares y
políticas” (Domínguez, 2016, p. 227). Al mismo tiempo, asegura
que en estudios previos “habíamos percibido a la élite de Nuevo
León como un grupo altamente cohesionado por sus relaciones
de parentesco y mayormente endogámico. Al menos para este
periodo, se conoce poco sobre los nexos de este grupo fuera del
estado”; considera que “puede hablarse de algunos nexos de
carácter económico y comercial con gente de Tampico, San Luis
Potosí, Guanajuato y Querétaro” (Domínguez, 2016, p. 228).
En lo que respecta a las metodologías de análisis, se
identificaron al menos cinco propuestas diferentes, algunas
señaladas explícitamente por los/as investigadores/as o se
infirieron a partir del desarrollo del trabajo. Estos métodos
son: estadístico-secuencial, descriptivo-lineal, descriptivocomparativo, de redes y mixto.
1.

Estadístico-secuencial

Implica un método sumamente complejo y especializado, puesto
que se basa en el uso de fórmulas estadísticas –de ahí su nombre-,
para “descubrir tendencias y regularidades en el reclutamiento
de las élites” con un “enfoque implacablemente empírico” (Smith,
1981, p. 19). Smith (1981), parte del supuesto de que “en términos
operativos en el grueso de este estudio la élite política del siglo
XX estaría definida como el grupo de personas que han ocupado
un cargo público de importancia a nivel nacional [presidencia,
secretarios de Estado, senadores, etc.] en cualquier momento del
periodo comprendido entre 1900 y 1971” (p. 19).
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Como parte de su proyecto, el investigador no sólo
enumera las razones que lo llevaron a utilizar este método, sino
que explica el procedimiento al respecto:
Al incluir un número tan elevado de personas [6,302] traté de
superar las simples generalidades y las anécdotas de incidentes que giran en torno al tema, buscando descubrir a través de
métodos cuantitativos (y con la ayuda de una computadora)
patrones recurrentes y regularidades. Más aún, he tratado de
indicar fenómenos particulares no sólo si es que los ha habido,
sino que también he tratado de determinar cuestiones de grado: cuántos, qué tanto, qué tan frecuentemente y por cuánto
tiempo. Así pues, mi objetivo ha sido introducir un nuevo nivel
de precisión en las discusiones en torno a la formación de las
élites en México en el siglo XX (Smith, 1981, p. 19).

En el mismo sentido se encuentra la investigación de
Hurtado (1996) el cual se basa en índices y categorías numéricas
para identificar la regularidad de circulación, permanencia y salida
de miembros de la élite en el estado de Jalisco. Adicionalmente,
recurre al modelo descriptivo-lineal con el fin de rastrear los
datos numéricos en una trayectoria de, por lo menos, 45 años,
definiendo las características de los participantes en cada periodo
gubernamental encontrado en ese lapso.
Se trata, pues, de estudios muy especializados pero
que corren el riesgo de caer en reduccionismos, puesto que
prácticamente reconstruye el escenario histórico sólo a partir de
datos numéricos. Sin embargo, esa información constituye una
base de datos elemental para el estudio de las élites, pues no puede
descartarse la información arrojada por el trabajo en cuestión.
Aunque las otras investigaciones consultadas para este trabajo
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no señalan con claridad el método al que recurrieron, muestran
algunos recursos que sirven de base para su clasificación.
2. Descriptivos lineales
Detallan la composición de grupos específicos en periodos que
varían entre la corta y media duración, pero no profundizan en
las relaciones existentes entre los individuos que los conforman.
En no pocas ocasiones, únicamente se limitan a enlistar nombres,
cargos, lugar de origen o edad de los sujetos investigados, casi
siempre en forma cronológica (Hernández, 1998; Galindo, 2005;
Martínez, 2012).
3. Descriptivo comparativo
Si bien coincide con el anterior en el hecho de que se preocupa
por puntualizar la composición de élites políticas, empresariales
o de otra naturaleza, lleva a cabo un esfuerzo por contrastar las
características recopiladas respecto a otro grupo. La intención
de esta metodología es identificar semejanzas y diferencias en
un mismo o diferente plano geográfico o temporal, y entender la
diversidad de sistemas existentes. En el caso de Sauri Riancho
(2016), se realiza una comparación entre Yucatán y Nuevo
León, pues le interesa profundizar sobre “el proceso histórico de
formación de las desigualdades regionales”; en él “asigna un papel
explicativo de las desigualdades actuales a las relaciones entre
el Estado y las élites de las respectivas regiones: su naturaleza y
las características específicas de su conformación, así como a las
instituciones que dieron origen” (Sauri, 2016, s/p).
Recurriendo al “enfoque y el método de la historia
comparativa, se analizan los valores, actitudes, tradiciones y
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prácticas culturales de las élites de las regiones de Yucatán y
Nuevo León, que definieron y a la vez, fueron influidas por las
formas, ritmos, tensiones y resistencias de estas relaciones”
(Sauri, 2016, s/p).
4. Análisis de redes
Ésta se preocupa por comprender las interacciones entre
individuos involucrados en el ámbito político. Retomada de otras
disciplinas, como la antropología y la sociología, “ha demostrado
ser útil para los estudios históricos sobre el ejercicio del poder, el
desarrollo de la economía y la historia de la familia. Los trabajos de
este tipo pueden ser de dos tipos: el análisis relacional, vinculado
al método deductivo y el análisis de redes vinculado al método
inductivo” (Domínguez, 2016, p. 243).
En cuanto al análisis relacional, éste utiliza generalmente
en grupos, entendidos como un “conjunto estructurado de
individuos vinculados por una serie de relaciones personales,
efectivas y más o menos duraderas, de parentesco, de amistad, de
patronazgo, de vecindad y paisanaje, profesionales, confesionales,
asociativas” (Domínguez, 2016, p. 243). Siguiendo esta lógica,
los análisis “son cualitativos, y permite observar los distintos
tipos de vínculos entre los actores sociales [y] es muy útil para
el estudio de grupos de poder, facciones políticas, oligarquías
locales, clientelas, grupos mercantiles y financieros, entre otros”
(Domínguez, 2016, p. 243).
Por otra parte, en lo que respecta al análisis de redes, se basa
en una propuesta de tipo sociológico para reconstruir y examinar
diferentes conjuntos de asociaciones entre sujetos; como parte de
las ventajas de usar este método es que “permite llevar a cabo un
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análisis efectivo de las redes sociales, entendiendo a la red como
‘un conjunto específico de conexiones entre un definido grupo
de personas, [mismas que] pueden usarse para interpretar el
comportamiento social de las personas implicadas’” (Domínguez,
2016, p. 244). Adicionalmente, “con este tipo de trabajo se puede
reconstruir y analizar el conjunto de relaciones de un personaje
en un periodo determinado, es decir, una red ego-centrada”
(Domínguez, 2016, p. 244). En la mayoría de los casos se optó
por el primer modelo, puesto que la información disponible para
abordar el objeto de estudio fue reducida (Cerutti, 1983; Saragoza,
2008; Ruiz, 2009b; y Domínguez, 2016).
5. Estudios mixtos
En estos casos recurrieron a por lo menos dos de los métodos
descritos con anterioridad. En este sentido, hay autores que
para profundizar acerca de la formación de grupos, así como
identificar las características de sus integrantes se pueden
recurrir a diferentes métodos (véase Camp, 1981). Otra de las
alternativas para los investigadores es recurrir a “una metodología
tomada en parte la tradición de la historia oral, conversar con
muchos sobrevivientes que participaron en este drama social y
político, procurando registrar y analizar sus opiniones sobre sus
actividades y valores, así como sobre las decisiones que tomaron”
(Camp, 1981, p. 11).
Y aunque “ningún enfoque es en esencia mejor que el otro”
(Camp, 1981, p. 11), la combinación de ellos puede derivar en una
comprensión más integral de los fenómenos en cuestión. Camp
(1981), en particular, en un primer momento un sistema mixto,
puesto que lo consideraba que era poco usual en su época, pero
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lo cierto es que se apoya en el modelo estadístico para detallar
algunos aspectos como los índices educativos o de la situación
socioeconómica, pero no llega a un nivel tan especializado como
los hicieran Smith (1981) y Hurtado (1996).

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Consideraciones finales
Los trabajos aquí revisados no son los únicos existentes, sin
embargo, se dio cuenta de las principales propuestas desarrolladas
en los últimos 40 años sobre el tema de las élites. Un aspecto por
resaltar es el hecho de que ninguna de las dos corrientes teóricas
resulta dominante como marco referencial, pues dentro de las
discusiones de los diferentes estudios -al menos en los que las
explicitan- resaltan las debilidades de cada una de ellas; esta
situación es atribuida a los contextos socioculturales en los
cuales fueron producidas. Sin embargo, resulta viable vincular
preceptos de ambas tendencias para establecer una definición
conciliatoria, o por lo menos operativa, de la élite que permita
comprender su composición interna tanto como su relación con
el sistema en el que participan (Smith, 1981; Camp, 2006; Sauri,
2016; Domínguez, 2016; Arellano Ríos, 2018).
En este sentido, los estudios revisados retoman de
las tendencias teóricas sobre las élites el priorizar la idea del
asociacionismo por interés común el cual es el poder político.
Dentro de este grupo selecto predomina una organización interna
semiestructurada la cual establece criterios para la incorporación
y permanencia de sus integrantes, hasta cierto punto ajena a la
colectividad. Por otro lado, las “cualidades” que los miembros de
la élite deben poseer constan de recursos materiales y metafísicos
percibidos, por la sociedad o la misma élite, como fundamentales
para encargarse de los asuntos públicos.
Debido a lo anterior existe una constante pugna entre
agentes para ocupar un lugar dentro de la élite, estableciendo
alianzas, compromisos y otras formas de colaboración.
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Finalmente, apelar a la historia como recurso de legitimidad se
identifica como fuente de sustento en la “Familia revolucionaria”;
cabe destacar se registran las dos acepciones de legitimación
histórica, tanto pasada como futura, dando como resultado una
asociación entre lo tradicional y lo moderno dentro del clan
posrevolucionario.
Por su parte, la variedad de los procedimientos
metodológicos evidencia no sólo los objetivos particulares
planteados por las y los investigadores, sino también las
posibilidades de estudio. Los estudios de tipo descriptivo-lineal
han representado la ruta más frecuente para abordar a las élites
mexicanas, mientras que otras propuestas cuentan con una
preferencia menor y esporádica. De la misma forma, se detectó
una tendencia a la especialización disciplinar pues únicamente
en escasos ejemplos existe una relación trans o interdisciplinaria,
especialmente entre la ciencia política, la sociología y la historia.
Sobre esta última área del conocimiento, también resulta
pertinente señalar que ha tenido un rol ambivalente, que va
desde una perspectiva central como complementaria para la
contextualización del fenómeno estudiado.
En cuanto a los estudios del ámbito local, resaltan
aquellos centrados en el sector empresarial organizado durante
el Porfiriato y sus respectivas transformaciones en el periodo
posrevolucionario y en la clase política de origen aristocrático
colonial que dominó el ámbito público por lo menos hasta
mediados del siglo XIX. En este sentido, no se detectó ningún
trabajo sistemático de investigación en torno a la élite política
nuevoleonesa del siglo XX.
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Si bien el de Pérez Daniel (2013) ofrece algunos rasgos
concluye a principios de la década de los treinta, aunque en una
investigación previa (Pérez Daniel, 2002) reconstruye parte
de la dinámica política a través de los integrantes del Partido
Acción Nacional, ligados al ámbito empresarial, entre 1939 y
1946. Esta situación representa una veta para el abordaje del
sector gobernante en Nuevo León pues, como evidencian las
investigaciones consultadas para otras latitudes, estos grupos han
tenido amplia influencia en la vida política y social, especialmente
en centros poblacionales clave del México contemporáneo.
¿Cuáles han sido los principales abordajes temáticos
sobre este agente social?; ¿qué aspectos metodológicos destacan
en estas propuestas?; ¿qué interpretaciones se desprenden de los
trabajos existentes?, ¿qué otras posibilidades analíticas pueden
desarrollarse?

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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, julio-diciembre, 2022

La evaluación en educación preescolar:
El dilema docente
Evaluation in preschool education:
The teaching dilemma
Víctor Manuel Zamora1
Resumen: Dentro del Sistema Educativo Mexicano se encuentran articulados los niveles iniciales de educación básica como preescolar, primaria y secundaria. En el caso específico de la educación preescolar,
a más de diez años de su implementación obligatoria, la efectividad,
los avances, así como los niveles de aprendizaje que desarrollan los
alumnos en este estrato educativo son hasta cierto punto imprecisos,
debido a que el carácter abierto y cualitativo del programa de estudio
permiten que las y los educadores implementen actividades de aprendizaje según lo consideren pertinente en concordancia con las necesidades de sus alumnos, situación que hasta este punto se considera
razonable y académicamente productivo, la naturaleza de este nivel
educativo lo exige de esa manera. Los resultados muestran que los docentes se debaten entre el cumplimiento de los aprendizajes marcados
en el programa de estudio y la práctica cualitativa que se vive dentro de
las aulas. Esto desencadena una serie de conflictos que son más visibles
durante el proceso de evaluación, el cual, debido a lo anterior, se percibe como un trámite administrativo y no como un elemento formativo
de mejora continua.
Palabras clave: Preescolar- Evaluación - Aprendizajes esperados.
1

Universidad Autónoma de Nuevo León. Monterrey, México.

138

�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

Abstract: The educational system in Mexico is mainly made up of basic education, higher secondary education and higher education. Within basic education are the initial levels such as preschool, primary
and secondary. In the specific case of preschool education, ten years
after its mandatory implementation, the effectiveness, progress, as well
as the learning levels developed by students in this educational stratum are to some extent imprecise, due to the fact that the open and
qualitative nature of the study program allows educators to implement
learning activities according to their criteria in accordance with the
needs of their students, a situation that we consider reasonable and
productive to this point, the nature of this educational level demands
it in this way. The results show that educators debate between achieving the expected learnings set out in the official curriculum and the
qualitative teaching that prevails within the classrooms, as a result, the
assessment process is seen as an administrative procedure and not as a
tool for ongoing improvement.
Keywords: Preschool- Assessment – Expected learning

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-4

139

�Víctor Zamora / La evaluación en educación preescolar: El dilema docente

Introducción
En este artículo se exploran y analizan las dificultades que
atraviesan las y los educadores de educación preescolar en
Nuevo León, México, para desarrollar el proceso de evaluación
cualitativa y al mismo tiempo cumplir con los estándares
curriculares que demanda su programa de estudios. Con el
propósito de contextualizar dicha problemática, se presentan los
apartados siguientes: Antecedentes de la educación preescolar en
México; Los aprendizajes esperados en educación preescolar, La
evaluación cualitativa, así como El dilema de evaluar en educación
preescolar.
Los docentes orientan su planeación y práctica docente
hacia los aprendizajes esperados por medio de situaciones
didácticas o de aprendizaje, sin embargo, la evaluación en este
nivel educativo, debido a su carácter cualitativo, toma un rumbo
distinto, esto dificulta la identificación del cumplimiento de los
aprendizajes esperados marcados en el programa de estudios de
educación preescolar.
Después de muchos años de no figurar entre los niveles
preceptivos de educación básica en México, la educación
preescolar ha conseguido consolidarse como un eslabón
imprescindible en la formación de los miles de niños y niñas
que año con año se integran a las filas de este nivel educativo.
Fue a partir del ciclo escolar 2004-2005 que se implementó
la obligatoriedad del tercer año de preescolar (SEP, 2017), de
este modo, todos los niños y niñas con 5 años cumplidos deben
transitar por las aulas del último grado de este nivel educativo
antes de su ingreso a la educación primaria.
140

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-4

�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

En el ciclo escolar 2008-2009, la educación preescolar se
levantaba con una nueva conquista académica y administrativa,
el segundo grado de ese nivel educativo adquiría la obligatoriedad
dentro de la educación básica del país, fortaleciendo con ello
el temprano desarrollo académico de los niños y niñas del país
(Barrera, 2009).
De acuerdo con diferentes estudios como el de la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos
(2018), el Perry Preschool study (2015), la Organización
Internacional del Trabajo (2012), la UNESCO (2007), la Comisión
de las Comunidades Europeas (2006), entre otros, cuanto más
temprano se acerque a los niños a la educación, existen más
probabilidades de que desarrollen habilidades, procedimientos,
valores, actitudes y aprendizajes que les servirán para sobresalir
en su vida profesional y personal. Aquí en palabras de Escobar:
Durante los primeros años de vida se produce la mayor parte
del desarrollo de las células neuronales, y la estructuración de
las conexiones nerviosas en el cerebro; este proceso depende de
diversos factores tales como: la nutrición y salud; no obstante,
también influye en gran medida la calidad de las interacciones
con el ambiente y la riqueza y variedad de estímulos disponibles (Escobar, 2006:6).

En ese sentido, la interacción positiva a la que los alumnos
se ven expuestos durante la educación preescolar puede aportar
valiosos elementos académicos, sociales y emocionales que
contribuyen de manera significativa en el desarrollo de los niños
y niñas en todos los campos formativos.2 Es por esta razón que
2 Lenguaje y comunicación, Pensamiento matemático y Exploración y
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-4

141

�Víctor Zamora / La evaluación en educación preescolar: El dilema docente

cobra importancia la labor de los docentes dentro de las aulas
de nivel preescolar, hablamos de establecer bases cognoscitivas
sólidas en los primeros años de los estudiantes que les permitan,
de manera progresiva, acceder a más y mejores formas de aprender.
En este contexto, la intervención docente y la evaluación
se convierten en los insumos más importantes en el avance
educativo de los alumnos, esto debido a que la labor de los
educadores en esta etapa desencadenará en los estudiantes
una serie de fenómenos de aprendizaje que serán en lo sucesivo
identificados por los docentes al realizar el proceso de evaluación
pertinente. Estos cambios (aunque de manera empírica),
también serán percibidos por las personas que forman parte del
contexto inmediato de los estudiantes, no podemos olvidar que
en esta etapa de la educación ocurren cambios relevantes en la
formación de los preescolares, en ese sentido Seefeldt y Wasik
(2005) mencionan que: “Los niños de cuatro años manipulan
su ambiente de manera activa y construyen el significado de
su mundo. Uno de los cambios cognitivos más importantes
de los tres a los cuatro años es el desarrollo del pensamiento
simbólico” (p. 69).
Debido al carácter abierto del programa de estudio de
preescolar y a la evaluación cualitativa que se establecen en
este peldaño educativo, las y los docentes poseen la libertad
para elegir, planear, diseñar e implementar las actividades de
enseñanza que consideren apropiadas para sus alumnos, así como
decidir el orden en el que se abordan las competencias propuestas
comprensión del mundo natural y social, además de los campos formativos
incluidos en las tres áreas de desarrollo personal y social: educación socioemocional, artes y educación física.

142

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-4

�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

para este nivel escolar. Las herramientas para la evaluación de
dichas actividades también deben ser diseñadas, implementadas
y analizadas por los propios docentes.
En este sentido, el programa tiene un carácter abierto, lo que
significa que la educadora es responsable de establecer el orden
en que se abordarán las competencias propuestas para este nivel educativo, y seleccionar o diseñar las situaciones didácticas
que considere convenientes para promover las competencias y
el logro de los aprendizajes esperados. (SEP, 2011, p. 15)

De acuerdo con lo anterior, los educadores se apoyan
en, al menos, uno de los siguientes instrumentos para recabar
información acerca del progreso de sus educandos: expediente
personal de los alumnos, diario de trabajo y portafolios de
evidencias. No obstante, los educadores y directivos presentan
dificultades para definir cuál es el grado de avance de los
alumnos en los campos formativos que se trabajan en el aula,
esto es palpable cuando se quiere obtener información acerca
de los aprendizajes de sus estudiantes, está, de acuerdo con la
libertad del propio programa de estudios, suele ser subjetiva
y supeditada al criterio de cada educador. Los docentes se
basan en el desempeño, asistencia y comportamiento general
de los niños, así como en las evidencias de trabajo que son
archivadas en el portafolio de los mismos, para emitir una
valoración acerca del nivel de logro de sus alumnos, siendo
difícil determinar de manera confiable o al menos objetiva el
alcance que tienen, el diseño de las actividades de aprendizaje
implementadas, la intervención docente y la evaluación
durante el desarrollo del proceso de enseñanza aprendizaje en
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-4

143

�Víctor Zamora / La evaluación en educación preescolar: El dilema docente

este nivel educativo. De esta forma, la libertad consustancial,
que por razones pedagógicas, debe otorgarse a los docentes
para operar en la etapa de desarrollo preescolar, ha provocado
que en algunos contextos educativos la práctica dentro de las
aulas se caracterice por la implementación de actividades poco
desafiantes para los niños, en este contexto Escobar (2006) lo
expone como sigue:
…en el nivel de educación inicial he evidenciado que la gran mayoría de docentes de preescolar son afectuosas con los niños,
se esmeran en preparar los ambientes y en realizar actividades
para favorecer parte de su desarrollo motor, se observan acciones orientadas a que los niños y niñas realicen actividades
de recortar, pegar, delinear, pespuntear, modelar y copiar. No
obstante, aquellas actividades inherentes a promover desarrollo del lenguaje, el cognoscitivo, físico, moral, social, emocional
y sexual son muy limitadas o inexistentes. (p. 8)

Es relevante comentar también, que la evaluación con
características cualitativa que ciñe a esta primera etapa de
formación descarta el uso de parámetros rígidos, inflexibles,
estandarizados u objetivos. Sin embargo, el mismo programa
de estudios que inviste de libertad operativa a los educadores,
también guarda un aspecto controlador que forma parte de
la institucionalización y estandarización de la educación
en nuestro país, con esto nos referimos a los aprendizajes
esperados, estos exigen, a su vez, cumplir con ciertos estándares
académicos al final de cada ciclo escolar, lo que también
obligaría a los docentes a evaluar de manera objetiva, para poder
identificar el grado en el que dichos aprendizajes esperados han
sido alcanzados.
144

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-4

�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

Antecedentes de la educación preescolar en México
La educación básica en su conjunto ha sido impulsora indiscutible
en materia de cobertura y universalización de este nivel educativo.
En la actualidad, se trabaja para que todos los mexicanos desde
los tres años de edad puedan acceder sin costo ni discriminación
alguna a la educación básica en el nivel que les corresponda, según
lo establecido en el Artículo Tercero de la Constitución Política
de los Estados Unidos Mexicanos.
Con el marco anterior, nos centramos en el comienzo
de la educación formal, misma que, en la mayoría de los casos,
tiene lugar en las aulas de nivel preescolar. Año tras año miles de
niños entre los 3 y cinco años de edad hacen su aparición oficial
en el sistema educativo mexicano (SEM) para emprender una
aventura académica que en el mejor de los casos durará hasta
finalizar sus estudios profesionales. La educación preescolar
fue el último nivel educativo en aparecer en las vitrinas de los
sistemas educativos internacionales, y como ya mencionamos
en los apartados anteriores, la idea de un espacio académico
pensado para que los niños y las niñas desarrollaran habilidades
en total libertad como en un jardín, fue concebida por el alemán
Friedrick Fröebel, este espacio abriría la puerta para que niños
de temprana edad, contaran con un lugar especial adaptado a sus
características y necesidades que sirviera como antesala al inicio
de la educación primaria:
Friederik Fröebel (1782-1852) abrió el primer jardín
de niños en Alemania en 1837. El alemán concebía al jardín
de niños, como un lugar en el que los niños de tres a seis años
podían crecer de manera tan natural como las flores y los árboles
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-4

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�Víctor Zamora / La evaluación en educación preescolar: El dilema docente

crecen, echan brotes y florecen en un jardín. Desde el principio
se reconoció el jardín de niños como un tipo de escuela muy
diferente y pertinente para los niños pequeños (Seefeldt y
Wasik, 2005).
La influencia de Fröebel y sus ideas acerca de la formación
de escuelas como jardines de niños, no tardó mucho en hacer
eco en el mundo, en América, se inició en Estados Unidos y en
nuestro país. El inicio de la educación preescolar en México se
remonta al 5 de mayo de 1886 en la ciudad de Veracruz, donde se
forma la primera “Escuela auxiliar primaria” en una casa de clase
media acondicionada para recibir a niños de entre 4 y 5 años
de edad que eran atendidos con juegos, cantos y actividades
académicas propias de una “escuela de párvulos” (Arteaga,
2012).
El éxito de la implementación de este primer ensayo
educativo con niños y niñas, derivó en el establecimiento del
primer “Kindergarten Normal” (llamado así por depender de la
escuela Normal) el 7 de marzo de 1887 (Arteaga, 2012).
Así, entre ensayo y error por parte de docentes y
autoridades educativas, se enfrentaban retos en temas de
infraestructura, así como pedagógicos, sin embargo, la educación
preescolar crecía y se consolidaba como parte del servicio
público de nuestro país en la última década del siglo XIX. Entre
los datos estadísticos más significativos se encuentran aquellos
que mostraban el avance de la formación de instalaciones
preescolares cercanas a donde se ofrecía educación primaria. “En
1926 apenas se contaba con 25 planteles; en 1942 este número
ascendió a 480, que atendían un total de 24,924 alumnos en
todo el país” (Barrera, 2005:31).
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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

A la par de la pobreza y del ingreso de las mujeres
al mercado laboral,3 la demanda del servicio de planteles
preescolares crecía de modo exponencial, y con ella los desafíos
en materia de cobertura y calidad educativa para los gobiernos
en turno. No fue sino hasta el año 2002 que se reforma el artículo
3° de la Constitución (DOF, 12 noviembre, 2002), mismo que
estableció las bases para la posterior obligatoriedad del tercer
grado de educación preescolar.
La educación preescolar ha tenido una notable
expansión en nuestro país, de hecho, fue el nivel educativo con
mayor incremento de matrícula en la década de los noventa; de
2 millones 734 mil 54 inscritos en el ciclo 1990-1991, aumentó
a 3 millones 423mil 608 alumnos para el ciclo 2000-2001, es
decir, cerca de un millón más, de alumnos atendidos en diez
años, según las estadísticas históricas de la propia Secretaría de
Educación Pública.
De acuerdo con Consejo Nacional de Población
(CONAPO), la población de niños y niñas en el 2022 alcanzaría
casi los 30 millones, de estos, casi el 50% se ubican entre los 0
y 5 años de edad, lo que nos habla de que cada vez más de estos
niños y niñas solicitarán su ingreso a la educación preescolar. En
el 2021 el sistema educativo mexicano albergó a casi 5 millones
de alumnos preescolares, todos distribuidos en correspondencia
a su edad, en los tres grados que se ofrecen en los planteles de este
nivel educativo.

3 La educación preescolar se convierte en un espacio para el ingreso y
desarrollo de las mujeres en el mercado laboral.
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�Víctor Zamora / La evaluación en educación preescolar: El dilema docente

La evaluación cualitativa
No obstante que, en palabras de House (1994), “el enfoque más
popular de la educación es el cuantitativo” (p. 85), el proceso
de evaluación en educación preescolar, a diferencia de los otros
niveles educativos es en esencia cualitativo. A los preescolares se
les evalúa con este enfoque, así, los padres de familia, docentes y
alumnos se han familiarizado y entienden de manera general este
término. No obstante el conocimiento empírico de este concepto,
es importante preguntarnos ¿qué significa en realidad evaluar de
manera cualitativa?
Comenzaremos refiriendo que en las ciencias sociales es
necesario valorar situaciones que no son posibles de abordar
desde las estadísticas o métodos de medición objetivos. En
este sentido, acercarse de forma cualitativa a los estudiantes en
el mismo contexto donde se desarrollan de manera natural y
espontánea, además de darle fluidez, enriquecer y fortalecer la
tarea de evaluar, permite que este proceso se acerque más a la
realidad que viven los estudiantes.
Con base en lo expuesto con anterioridad, se puede
afirmar que, cuando se habla de evaluar con enfoque cualitativo
se refiere al acercamiento de las relaciones humanas y lo que de
ellas emana, es decir, lo subjetivo, lo impredecible, lo que no
es posible de entender o explicar a simple vista. Es pertinente
entonces, enfatizar en la importancia que tienen la experiencia
y saberes del evaluador o evaluadora en este rubro, ya que es
él o ella quien habrá de dar cuenta de todos los fenómenos
que ocurren en la práctica docente. Es así que en el enfoque
cualitativo, debido a que está muy relacionado con el pensamiento
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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

constructivista (Sandin, 2003), habrá de enriquecerse nuestra
práctica profesional con información viva, dinámica, activa
y variable, en lugar de datos duros y fríos. Es decir, al utilizar
este enfoque obtendremos referencias de nuestros estudiantes
basadas en sus experiencias, mismas que estarán enmarcadas
y enriquecidas por la respuesta de estos al clima, al ruido, a
los aromas, al horario, entre otros elementos que modifican el
comportamiento, y por asociación, la interacción de los actores
involucrados en este proceso. Por lo anterior, la información
obtenida de manera cualitativa, provendrá de un medio natural,
espontáneo y no manipulado, lo que simboliza la inédita y muy
particular situación de cada contexto para elevarlo al carácter
de único, por lo tanto, los datos y experiencias ahí recabadas
para su análisis e interpretación no estarán disponibles en
ningún otro ambiente, entorno social o individuo.
No olvidemos comentar que, la evaluación cualitativa ha
de encontrar su base en el contexto habitual de los estudiantes,
en sus características propias, sus gustos, sus afectos, fortalezas
y áreas de oportunidad, así como en los fenómenos que surgen de
la interacción entre ellos.
En el contexto de educación preescolar, es muy recurrente
escuchar de manera articulada las palabras “evaluación
cualitativa” como referencia a un proceso formativo orientado a
la mejora de los aprendizajes. Este constructo de palabras y el
mismo proceso, han formado parte de la comunidad educativa
de preescolar desde que se creó de manera formal, y aunque, es
habitual encontrarlas en cualquier otro contexto educativo; es
en preescolar, donde tienen un arraigo muy particular debido a
la singular característica de los alumnos. En ese sentido, todos
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149

�Víctor Zamora / La evaluación en educación preescolar: El dilema docente

los procesos educativos que ahí se desarrollan adquieren por su
naturaleza una acentuación cualitativa.
Evaluar, según López (1999) es “conocer para mejorar
y conocer los hechos y los factores que lo condicionan” (p.22).
De este modo, es relevante encontrar herramientas efectivas,
eficientes y pertinentes que nos permitan acceder a la información
que habitualmente no tenemos de manera espontánea en nuestra
práctica diaria. Esta información, debe arrojar pistas sólidas de
lo que ocurre en nuestro proceso de enseñanza – aprendizaje.
Así, “…una evaluación tiene sentido en la medida que satisface
cada una de las cuatro cualidades: idoneidad, eficacia, fiabilidad,
y generadora de un plan de mejora” (López, 1999:40).
De acuerdo con lo anterior, todo proceso de evaluación
cualitativa, debe ser orientado a la mejora de los aprendizajes, de
la enseñanza y del programa en sí. Conviene, por ello, resaltar lo
expresado por Pérez (2014), en relación a que “El salto cualitativo
se produce cuando a la evaluación se le asigna, o se le reconoce, la
función de mejora” (Pérez, 2014: 24).
En resumen, la evaluación cualitativa es subjetiva y está
supeditada a la habilidad y maestría de los que evalúen bajo este
enfoque, así, si no se está entrenado para esta tarea, “el evaluador
puede perderse en las complejidades de la vida real; puede carecer
de habilidades interpersonales y perceptibilidad individual, por
lo cual puede terminar haciendo afirmaciones poco significativas,
basadas en meras impresiones” (Picado, 2002:48). Otro argumento
relevante, con el que cerraremos este apartado y que también se
relaciona con lo anterior, es el siguiente: The evaluation focus, then,
becomes a question of understanding under what conditions programs get
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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

into trouble and under what conditions programs exemplify excellence4
(Patton, 1990, p. 170). En este mismo hilo de ideas, la evaluación
cualitativa ha de contribuir en gran medida a la mejora de nuestro
proceso de enseñanza-aprendizaje y del programa educativo que
estamos desarrollando.
Las primeras experiencias con la evaluación
Evaluar en el ámbito educativo constituye un desafío de grandes
proporciones, esto se debe, quizás, a que la sola palabra encierra
diferentes matices y contrastes, algunos la consideran un elemento
importante para el crecimiento y mejora de su labor profesional,
otros la perciben como un requisito obligado e ineludible que
deben cumplir para evitar tribulaciones de carácter institucional.
Algunos, escuchan la palabra evaluación con temor y la perciben
de manera negativa, someterse a este proceso les causa estrés,
angustia y ansiedad. Muchos de los docentes que reconocen los
beneficios de la evaluación, también consideran que es una tarea
compleja. Álvarez (2003) lo describe así:
El tema de la evaluación es considerado por una buena parte
del profesorado, como uno de los aspectos más problemáticos
tanto desde el punto de vista de su diseño como de su práctica, debido, entre otras razones, a la complejidad del proceso
evaluador y a la confluencia de intereses, intenciones, valores,
ideologías y principios muy distintos entre sí e incluso contrapuestos. (p. 124)

4 El enfoque de la evaluación, entonces, se convierte en una cuestión de
entender bajo qué condiciones los programas representan una problemática y
en qué condiciones son ejemplo de excelencia.
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�Víctor Zamora / La evaluación en educación preescolar: El dilema docente

Tal vez, la connotación negativa que ha acompañado
a la evaluación por muchas décadas, está ligada a nuestros
primeras experiencias como estudiantes, en aquellos años (y
aún en nuestros días), someterse a cualquier tipo de evaluación
era causa de preocupación por parte de todos los participantes,
así, los estudiantes eran sometidos a periodos exhaustivos de
estudio por parte de los docentes y padres de familia, cada quien
desde su trinchera pero unidos con un mismo fin, se ejercía en los
estudiantes una desgastante presión para que estos alcanzaran
buenas notas al final del curso, “el fin justifica los medios” reza
un dicho muy conocido, la calificación final, después de todo, era
lo que importaba, de ella dependía y depende aprobar o reprobar
(Diez, 2007).
El temor a ser evaluado, es producto de nuestras
experiencias previas con un tipo de evaluación centrado en la
promoción; la obtención de un beneficio palpable, un diploma, un
ascenso o un título son claros ejemplos de ello (Ornelas, 2004).
Obtener un resultado negativo, es ya de por sí un duro flagelo
para el evaluando, representa el fracaso, el desconocimiento
a su desempeño y el señalamiento por parte de la comunidad
educativa que excluye y rechaza a quienes presentan dificultades
para adaptarse a un sistema de medición centrado en el grado de
avance o estancamiento académico (Ornelas, 2004). Si el fin de la
evaluación es obtener el “sí” o el “no”, aprobar o reprobar, titularse
o no; en ese caso, el temor por ser examinado está justificado,
ningún estudiante ingresa al sistema educativo con miras a la
desesperanza, ¡NO! ni siquiera aquellos que son conscientes de
sus limitaciones académicas.
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Los aprendizajes esperados en educación preescolar
En preescolar, primaria y secundaria existen aprendizajes
esperados que contribuyen al cumplimiento del perfil de egreso
de la educación básica, estos muestran, -como su nombre lo
indica-, lo que se espera que los alumnos logren al final del
ciclo escolar. El grado de complejidad de estos aprendizajes
versa en relación al propio nivel educativo donde se desarrollen.
En todos los contextos escolares, los aprendizajes esperados
cumplen funciones de carácter institucional, es decir, cumplen
con un interés público. Berger y Luckman (2003) destacan en
ese sentido, el papel de la institucionalización como medida de
control social, ya que “…las instituciones implican historicidad
y control” (p. 74). Se entiende entonces, que el cumplimiento de
estos objetivos obedece al carácter de rendición de cuentas a la
que están sometidas las instituciones de índole oficial.
Las instituciones, por el hecho mismo de existir, también
controlan el comportamiento humano estableciendo pautas
definidas de antemano que lo canalizan en una dirección determinada, en oposición a las muchas otras que podrían darse
teóricamente. Importa destacar que este carácter controlador
es inherente a la institucionalización en cuanto tal, previo o
aislado de cualquier mecanismo de sanción establecido específicamente para sostén de una institución. (Berger y Luckman,
2003, p. 74)

El control, como lo mencionan Berger y Luckman, va de la
mano con la institucionalización, razón por la cual, los mecanismos
de evaluación emergen como una herramienta indispensable para
conocer no sólo en qué medida se han cumplido los aprendizajes
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�Víctor Zamora / La evaluación en educación preescolar: El dilema docente

esperados; sino cuáles sí se alcanzaron y cuáles no. Asimismo, la
evaluación nos permitirá conocer la pertinencia y efectividad del
programa de estudios implementado. En ese sentido, conviene
aterrizar este siguiente enfoque: Therefore a key factor for success (and
thus for evaluation) is the ability of the program to be responsive to change5
(Vanclay, 2012, p. 2).
En educación preescolar encontramos aprendizajes
esperados para tres campos de formación académica, tales
como: Lenguaje y comunicación, Pensamiento matemático y Exploración y
comprensión del mundo natural y social, además de los incluidos en las
tres áreas de desarrollo personal y social: educación socioemocional,
artes y educación física.
De acuerdo con el programa de estudios de educación
preescolar (SEP, 2017, p. 158), los aprendizajes esperados en
la etapa preescolar cuentan con cuatro características que
enunciamos a continuación:
a. Respetan las características de los niños y se centran en el
desarrollo de sus capacidades.
b. Su presentación no obedece a una secuencia lineal.
c. Están planteados para ser logrados al finalizar la educación
preescolar.
d. Están organizados en congruencia con los de la educación
primaria y secundaria.
Los aprendizajes esperados definen el rumbo que debe
tomar la práctica profesional de los educadores, éstos, deben
5 Por lo tanto un factor determinante para el éxito (y por ende para la
evaluación) es la habilidad del programa para poder responder al cambio.

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orientar y moldear los procesos de planeación, intervención
académica, así como el de la evaluación, en otras palabras, son
el puerto al que debemos dirigir nuestro barco de la práctica
educativa. Y no obstante que su cumplimiento está supeditado
a distintos factores, debemos tener en claro que alcanzar estos
objetivos significa cumplir con la tarea que como docentes nos fue
encomendada, de ello depende la contribución ética y profesional
que cada docente desde su trinchera realiza para mejorar la
calidad de la educación en México.
El proceso de evaluación juega un papel sustancial en el
reconocimiento del progreso conseguido, de ello depende que
reflexionemos, moderemos, direccionemos, metamos freno,
reversa o acelerador a nuestra práctica docente.6
Es preciso considerar, que al cumplir o no los
aprendizajes esperados se revisa también su actualización,
pertinencia y efectividad dentro del programa de estudios,
esto también le otorga validez y fiabilidad, al mismo programa,
ya que, de otra forma, el avance del conocimiento científico en
educación, las tecnologías, así como las crecientes necesidades
y demandas sociales, provocarían el debilitamiento y la
6 Cabe recordar que en la educación preescolar se pretende que los
niños aprendan más de lo que saben acerca del mundo, que sean seguros,
autónomos, creativos y participativos a su nivel mediante experiencias que
les impliquen pensar, expresarse por distintos medios, proponer, comparar,
consultar, producir textos, explicar, buscar respuestas, razonar, colaborar con
los compañeros y convivir en un ambiente sano. Para conocer cómo avanzan
los niños en su proceso formativo y poder orientarlo, es indispensable contar
con información confiable y clara acerca de su desempeño en las situaciones
didácticas en que participan con su grupo. Por ello la evaluación tiene un sentido formativo con las siguientes finalidades: valorar los aprendizajes de los
alumnos, identificar las condiciones que influyen en el aprendizaje y mejorar
el proceso docente y otros aspectos del proceso escolar. (SEP, 2017, p.174)
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�Víctor Zamora / La evaluación en educación preescolar: El dilema docente

progresiva extinción de cualquier plan y programa de estudios
(Roldán, 2005).
Es por lo anterior, que el cumplimiento de dichos
aprendizajes es relevante, esto orienta, pero sobre todo obliga
a los docentes a encontrar un proceso de evaluación efectivo,
pertinente e integral que marque el camino hacia la mejora de
los aprendizajes en los estudiantes. Sin embargo, en la práctica,
como lo muestran los informes de las autoridades educativas, el
proceso de evaluación es, todavía, el talón de Aquiles de este nivel
educativo (INEE, 2010). Esto debido a que, como ya mencionamos,
los docentes se encuentran con muchas tareas académicas y
administrativas que deben cumplir dentro de las 4 ó 5 horas que
integran su jornada de trabajo, ocasionando con esto, el traslado
de dichas actividades al contexto familiar del propio docente, ahí,
habrán de concluir los procesos académicos y administrativos
que iniciaron y quedaron inconclusos en el aula. Esto a su vez,
permite que la evaluación quede relegada y reducida a un proceso
administrativo, forzado, agobiante y monótono que hay que
cumplir en el papel en su debido tiempo y forma.
Evaluar o no evaluar: el dilema docente
En el contexto del Sistema Educativo Mexicano, como ya lo hemos
señalado, la educación básica está integrada por los niveles de
preescolar, primaria y secundaria, cada una con sus características
propias de acuerdo con la naturaleza y edad de los estudiantes,
en ese sentido, la formación docente, la estructura curricular, la
planificación, la didáctica y el proceso de evaluación, varían de
acuerdo con el nivel educativo donde éstas se implementen.
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Para ofrecer una mejor perspectiva del tema en este
apartado, es importante centrarnos en el espacio donde comienza
todo andar educativo, ahí donde la aventura escolar y nuestras
primeras experiencias académicas pueden ser determinantes
en nuestro futuro como estudiantes, hablamos de la educación
preescolar, esta “…puede, además, influir para reducir el riesgo
de fracaso cuando accedan a niveles posteriores de escolaridad”
(SEP, 2017, P. 58). En este horizonte, y a diferencia de la educación
primaria y secundaria, los procesos académicos se llevan a cabo
de manera cualitativa; la naturaleza y características de los
alumnos, el creciente conocimiento científico que existe en el
área de desarrollo infantil, así lo demandan. Por esta razón la
planificación, la intervención docente y la evaluación, se realizan,
según el nuevo modelo educativo, sin una secuencia lógica, “De
ahí que no exista un programa de estudio, en el sentido de una
secuencia de temas” (SEP, 2017, p. 65).
Como ya hemos mencionado con anterioridad, el tema
de la evaluación representa un enorme desafío tanto para el
evaluador como para el evaluando sin distinción del nivel
educativo en la que ésta se realiza (Canales, 2007; INEE, 2010),
sin embargo, los docentes de preescolar parecen tener un reto aún
mayor: el carácter cualitativo (generoso en esencia) que abraza a
este primer estrato de la educación y que encuentra su punto más
sombrío en el proceso de evaluación.
Lo anterior obedece a que, en este peldaño de la educación
básica, las y los educadores se convierten en planificadores,
diseñadores, ejecutores y evaluadores de su propia práctica dentro
del aula, situación que puede ser poco productiva si no se cuenta
con la capacitación, asesoría y actualización en esos rubros.
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�Víctor Zamora / La evaluación en educación preescolar: El dilema docente

No obstante la característica cualitativa que tiene la
evaluación en este peldaño de la educación, existe la exigencia de
cumplir aprendizajes esperados hacia el final del ciclo escolar, por
lo tanto, en esa lógica, y como contrasentido a la particularidad
cualitativa que también se promueve en el mismo programa, el
proceso de evaluar también adquiere tintes objetivos, lo anterior
para poder identificar qué aprendizajes fueron alcanzados y
cuáles no.
Esta situación enfrenta a los docentes a una gran
encrucijada educativa, ya que por una parte, la naturaleza del nivel
exige buscar un acercamiento cualitativo a la hora de planificar,
implementar actividades y evaluar; pero también, producto de
la institucionalización y exigencia del programa de estudio, hay
que hacerlo de modo objetivo, para conocer el grado en el que se
alcanzaron los estándares de aprendizaje.
Para los docentes, coexistir con estas dos características
representa uno de los desafíos más significativos, las multitareas
asignadas, la diversidad de criterios que existe entre ellas, la
escasa orientación, así como la falta de tiempo durante su jornada,
promueven en muchos casos, el distanciamiento entre la práctica
real dentro del aula y los aprendizajes que se espera adquieran
los niños al final de cada periodo. De ahí la importancia de una
evaluación reflexiva y autocrítica, debido a que “Cuando evaluamos
no lo hacemos únicamente en relación con la evolución del niño,
sino que también evaluamos nuestro programa, nuestro proyecto, y
nuestra intervención educativa” (Bassedas y Huguet, 1998, p. 190).
De acuerdo con la SEP, en la educación preescolar
“la evaluación tiene un sentido formativo con las siguientes
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finalidades: valorar los aprendizajes de los alumnos, identificar
las condiciones que influyen en el aprendizaje y mejorar el
proceso docente y otros aspectos del proceso escolar” (SEP,
2017, p. 174). En este sentido, “qué evaluar” y “cuándo evaluar”,
es tema muy recurrente en la bibliografía de la SEP, tal vez el
conocimiento e implementación de estos dos rubros no sea motivo
de preocupación para los educadores, esos son campos que ellos
dominan. Las pregunta principales, y el desafío más grande, no
obstante, sigue siendo, ¿cómo evaluar de manera cualitativa en
educación preescolar y cómo en el mismo proceso identificar el
grado en el que se alcanzaron los aprendizajes esperados?
Conclusión
El presente artículo nos permitió explorar el proceso de evaluación en educación preescolar, un tema que se mantiene como una
condición sombría dentro de una atmósfera de resplandor como lo
es el nivel de educación preescolar. En ese contexto, los docentes
se enfrentan a un panorama poco alentador, toda vez que el cumplimiento de los aprendizajes esperados7 al final del ciclo escolar

7 Al iniciar el trabajo con los aprendizajes esperados de todos los campos de formación y áreas de desarrollo, comenzará el proceso de valoración de
lo que saben y pueden hacer los niños, ya que la información que vaya obteniendo será fundamental para planear su trabajo docente a lo largo del ciclo
escolar, conducir el proceso de aprendizaje de sus alumnos y proponer situaciones que de manera permanente favorezcan que los niños aprendan más de
lo que ya saben y dominan. Será también información de inicio que le permitirá
responder qué hacía y qué sabía al inicio del ciclo escolar, así como qué hace y
qué sabe al final del ciclo en relación con los aprendizajes esperados planteados en los campos y áreas del programa de educación preescolar (SEP, 2017, p.
170).
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�Víctor Zamora / La evaluación en educación preescolar: El dilema docente

es un aspecto que todavía no se alcanza a identificar, esto debido
a que la visión estandarizada de dichos aprendizajes llevaría a los
educadores a utilizar herramientas de evaluación más objetivas
y estandarizadas, contraponiéndose así a la naturaleza cualitativa de este nivel educativo. Además de que faltan elementos en la
práctica de las autoridades educativas, directivos y de los propios
educadores, que contribuyan a orientar y promover el logro de los
mismos. Es innegable la poca claridad que existe al respecto del
cumplimiento de los aprendizajes esperados y debido a la característica del nivel educativo, tampoco parece haber exigencia para
ello. En opinión de quién esto escribe, todo indica, que el cumplimiento de los aprendizajes esperados tiene poca relevancia para las
autoridades educativas y por ende, en la práctica de los docentes.
No es intención de este artículo promover la estandarización o
el uso de herramientas objetivas para la evaluación en este nivel
educativo, sólo se subraya que existe cierta contradicción entre
la operación cualitativa que se lleva a cabo en las aulas y el logro
de los aprendizajes esperados que se indican en el mismo programa de estudio. De este modo, y debido a la disyuntiva de evaluar
cualitativamente (como también demanda el programa) o dirigir
su operación al cumplimiento de los aprendizajes esperados, los
docentes se ven obligados a mover la balanza y tienden a orientar
su planeación y su práctica docente hacia el cumplimiento de los
aprendizajes esperados, no así el proceso de evaluación, este importante aspecto de la práctica docente queda huérfano y en poca
medida es relacionado con el cumplimiento de los aprendizajes
o con la identificación del avance de los alumnos.8 Por lo tanto,
8

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Por su parte, la evaluación tiene como objetivo mejorar el desempeño
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conocer si los aprendizajes esperados en educación preescolar se
cumplen o no, se quedará, al menos por ahora, en incógnita.

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factor que impulsa la transformación pedagógica, el seguimiento de los aprendizajes y la metacognición. La planeación y la evaluación se emprenden simultáneamente; son dos partes de un mismo proceso. Al planear una actividad o
una situación didáctica que busca que el estudiante logre cierto aprendizaje
esperado se ha de considerar también cómo se medirá ese logro. Dicho de otra
forma, una secuencia didáctica no estará completa si no incluye la forma de
medir el logro del alumno. Un reto clave para el profesor es tener control de
ambos procesos. Por ello ha de lograr que ni la planeación ni la evaluación sean
una carga administrativa, sino verdaderos aliados de su práctica, vehículos
para conseguir los fines educativos (SEP, 2017, p. 125).
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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, julio-diciembre, 2022

Gobernanza e Interculturalidad del Neoindigenismo
Mexicano, desde los Yoreme Mayo de Sinaloa
Governance and Interculturality of Mexican
Neoindigenism, from the Yoreme Mayo of Sinaloa
Ernesto Guerra García1
Resumen: Se presenta, en el contexto de la etno-región yoreme mayo de
Sinaloa, un análisis del neoindigenismo mexicano que surgió a la par de
la incorporación de la gobernanza como estrategia de administración
pública y la intensificación de la interculturalidad, principalmente en
la educación. A través de un desarrollo multi-método con predominio
del método histórico cronológico se describen a) la interculturalidad y
la comunidad gubernamentales como supra-conceptos que minimizan
la cuestión indígena, b) los cambios en la legislación nacional y estatal,
c) el aumento de organismos e instituciones de control indígena, d)
la diversidad de sistemas educativos atendiendo las comunidades.
Además, se determinan las estrategias que esta gobernanza ha
presentado.
Palabras clave: neoindigenismo, gobernanza, interculturalidad,
yoreme mayo, comunidad

1 Profesor-investigador. Universidad Autónoma Indígena de México.
Mochicaui, Municipio de El Fuerte, Sinaloa, México.

166

�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

Abstract: In the context of the Yoreme Mayo ethno-region of Sinaloa,
It is presented an analysis of Mexican neo-indigenousism. This
emerged at same time as the incorporation of governance as a public
administration strategy and the intensification of interculturality,
mainly in education. It is described through a multi-method
development, with a predominance of the chronological historical
method, a) interculturality and the governmental community as
supra-concepts that minimize the indigenous question, b) changes
in national and state legislation, c) the increase of indigenous control
agencies and institutions, d) the diversity of educational systems
serving communities. In addition, the strategies that this governance
has presented are determined.
Keywords: neo-indigenousism, governance, interculturality, yoreme
mayo, community

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-5

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�Ernesto Guerra / Gobernanza e Interculturalidad del Neoindigenismo Mexicano

Introducción
El neoindigenismo en México surge en el periodo posterior al
levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en
1994, donde hay un cambio en el Estado con el establecimiento del
neoliberalismo y la relación de éste para con los pueblos originarios
(Korsbaek y Sámano, 2007; Bretón, 2007). De forma paralela la
gobernanza, un concepto propio de la administración, se ha ido
introduciendo en las políticas públicas mexicanas hace apenas
algunas tres décadas. Los preceptos teóricos de la gobernanza
se orientan a incluir la participación de todos los actores, pero
sin discutir los pesos ponderados de su poder político. En este
contexto, el gobierno ‘no indígena’ ha jugado un papel central,
único y definitivo en el desarrollo del interculturalismo del país,
entendido esto, como lo que ha deseado hacer, tanto en el discurso
como en la práctica, con su diversidad étnica y cultural, ya que
ha sido el único que ha tenido voz y voto para crear políticas
públicas, así como el marco de acción legal que ha requerido
(Zurbriggen, 2011).
De esta forma el neoindigenismo mexicano en el contexto
de la etno-región yoreme mayo se ha caracterizado por al menos
cinco elementos que lo han configurado en más de dos décadas de
su proceso histórico: 1) el esquema de gobernanza implementado
por los gobiernos en turno; 2) cambios en la legislación nacional
y estatal para estipular formas de inclusión; 3) el aumento de
organismos e instituciones de control indígena; 4) la diversidad
de sistemas educativos atendiendo las comunidades y 5) la
interculturalidad y la comunidad gubernamentales como supra
conceptos que minimizan la cuestión étnica. Particularmente la
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-5

�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

gobernanza ha desplegado una serie de estrategias que han sido
características de las organizaciones del Estado: a) la motivación
del diálogo y la participación, para luego generar compromisos y
finalmente incumplirlos; b) la fragmentación y diversificación de
los recursos; c) el manejo asincrónico de los tiempos, de tal forma
que las acciones lleguen tardías o incompletas, entre otras.
A partir de lo anterior las preguntas de investigación son:
¿Con qué intenciones se ha aplicado gobernanza por el gobierno
mexicano en la línea de tiempo del indigenismo, en el contexto
de la etnoregión yoreme mayo?, ¿cuáles han sido las estrategias de
control que ha buscado implementar mediante esta pretendida
gobernanza?, en este marco ¿qué implicaciones negativas han
tenido estas estrategias en la educación indígena de este pueblo?
A continuación, se describe el marco teórico - contextual
donde se desarrollan elementos del neoindigenismo, la
gobernanza, la interculturalidad y la comunidad gubernamentales,
posteriormente se explica el marco metodológico empleado y los
resultados que se obtuvieron en dos aspectos: el análisis en la
línea del tiempo del neoindigenismo y lo que ha acontecido con el
pueblo yoreme mayo, principalmente en la práctica de la educación
indígena.
Marco teórico – contextual
Neoindigenismo
La mayor parte de los países latinoamericanos comenzó a
configurar la política neoindigenista mediante trasformaciones
institucionales y desarrollos legislativos (Giraudo y MartínSánchez, 2008), al mismo tiempo que iban adquiriendo los
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�Ernesto Guerra / Gobernanza e Interculturalidad del Neoindigenismo Mexicano

preceptos de una gobernanza para modificar el indigenismo
institucional que había operado previamente y así tratar de
incluir a todos los actores involucrados, tanto en la normatividad,
como en formas particulares de participación, con la intención
de que los pueblos indígenas perciban que pueden formular y
proponer su propio indigenismo. Dentro de esta perspectiva
neoliberal, el Estado se va despojando de responsabilidades y
las va transfiriendo a los mismos actores, a la sociedad misma
(Korsbaek y Sámano, 2007).
Se trata de la introducción de nuevos matices en la postura
gubernamental en relación con los pueblos originarios cuyo
objetivo ha sido mantener su subordinación. De las diferentes
estrategias que se siguen en esta postura han sido: a) la postura
integracionista que busca incorporar al indio a la dinámica
capitalista, b) la redefinición de conceptos para usarlos de
acuerdo con los intereses del Estado, c) visibilizar e invisibilizar
según la conveniencia, d) la participación de intermediarios
‘no indígenas’ en las negociaciones y toma de decisiones
relevantes, e) la presencia de agentes alineados con los intereses
gubernamentales en los organismos de control indígena, f) la
contratación de militantes de los movimientos indígenas para
integrarlos a puestos directivos, g) el uso de instancias amañadas
de consulta que desvían las genuinas demandas de los pueblos,
entre otros (Cerda-García, 2007; Hernández, Paz y Sierra, 2004).
Gobernanza
Con la implementación de las políticas neoliberales, la
organización gubernamental se fue reduciendo hasta el límite
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en que se aceptó abiertamente su incapacidad de hacer frente
a problemas cada vez de mayor magnitud. Dada la complejidad
de la cuestión indígena, a partir del zapatismo, el Estado ha ido
considerando la participación de todos los involucrados, pero sin
perder el poder. Las prácticas y escenarios han ido cambiando
paulatinamente en la medida en que se ha ido incorporando la idea
de la gobernanza que considera la vinculación entre el gobierno,
los actores sociales, la política e incluso el sector privado, en la que
se generan procesos de toma de decisiones, acciones colectivas,
responsabilidades compartidas, con una intervención estratégica
de los actores gubernamentales (Vegas-Meléndrez, 2017).
La gobernanza supone la participación de actores
estatales y no estatales en la formulación e implementación de
políticas públicas. De esta manera los resultados dependen, en
gran medida, de la interrelación de todos los actores, pero en una
disposición administrativa con el predominio del grupo de poder,
en este caso ‘no indígena’ (Canto-Chac, 2008).
Se debe entender que la gobernanza aquí es un modelo
gubernamental que implica un comportamiento diferente de
parte de todos los actores involucrados; se toma en cuenta el
papel que juega y ‘debe jugar’ cada uno de ellos, en la planeación,
coordinación, ejecución y en general en toda la gestión pública;
se genera un sistema formal e informal de reglas, leyes, normas,
procedimientos y políticas y se crean espacios y condiciones
adecuadas para que todos los implicados se interrelacionen,
negocien, discutan y cooperen; pero el juego siempre se arma con
los ‘dados cagados’ a favor de los intereses gubernamentales ‘no
indígenas’ (Zurbriggen, 2011).
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�Ernesto Guerra / Gobernanza e Interculturalidad del Neoindigenismo Mexicano

Es necesario aclarar que la gobernanza es un constructo
que se presenta como positivo en las disciplinas económico
administrativas, pero que en este contexto, se trata de una forma
del ejercicio del poder que se legitima a través de organizaciones,
instituciones, normas y legislación que regulan y sancionan
prácticamente todas las esferas de la vida utilizando aparatos
político-administrativos, en donde se pone a prueba la capacidad
de las clases dominantes para imponer su supremacía (Korsbaek
y Sámano-Rentería, 2007).
Puesto que la propia estructura social es desigual
entonces, siguiendo a Foucalult (1971), el racismo debe formar
parte de la racionalidad política para mantener el poder del
Estado (no indígena) (Gómez, 2014); pero se presenta como
estrategia: negarlo, tergiversarlo, ocultarlo, invisibilizarlo,
confundirlo, o en el sentido contrario naturalizarlo, legalizarlo o
legitimarlo (Illicachi, 2015). De esta manera operan de forma sutil
los mecanismos de dominación social.
Es por esto que en las instituciones orientadas a la atención
de los pueblos originarios frecuentemente se encuentran ‘no
indígenas’ en el poder, que como grupo se resisten a compartirlo y
mucho menos dejarlo; éstos impulsan leyes, normas, reglamentos,
una organización y una estructura jerárquica que les permite
continuidad en los cargos de dirección y en la toma de decisiones
para su beneficio grupal.
Como parte de esta gobernanza se encuentra que se han
realizado cambios en las instituciones existentes de control
indígena y nuevas organizaciones orientadas hacia aspectos
específicos. En la primera estrategia se quiere dar el mensaje
de renovación y de mayor atención a las comunidades, pero
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como mencionan Hernández, Paz y Sierra (2004), se sigue
reproduciendo el carácter vertical y asistencialista. En la segunda,
aparenta que se atienden todos los aspectos de los reclamos de
los pueblos, pero en realidad se fragmentan y se dispersan las
demandas, de tal manera que se confunde a la oposición indígena
y se minimizan los intentos de empoderamiento (Bretón, 2007).
Aparejado con lo anterior la filosofía2 de la gobernanza
orienta cambios legislativos que incorporan conceptos que
simulan dar solución a las problemáticas, pero que en la práctica
permiten operar nuevos mecanismos de dominación. Por ejemplo,
la agenda neoindigenista, intenta “desplazar, invisibilizar los
aspectos de autonomía y autogobierno en las políticas orientadas
hacia los pueblos indígenas” (Llanes-Ortiz, 2008, p. 57).
En esta gobernanza queda pendiente aún la autonomía
de los indígenas sobre la totalidad de su etnoregión en cuanto
a su gente y su cultura y en la que la educación tendría un papel
relevante (Gatica, 2015).
Interculturalidad gubernamental
Es importante advertir que la interculturalidad, como
elemento de la gobernanza es uno de los emergentes símbolos
nacionales, incorporada el 15 de mayo de 2019 en el artículo 3º
de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos,
en la lógica de su retórica busca la emancipación de los pueblos
indígenas, pero en la forma de operar, reproduce esquemas

2 El término filosofía se utiliza en sentido coloquial y no para hacer
referencia a la disciplina ni a la forma de razonamiento y análisis que la
caracteriza.
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colonialistas, aculturadores y en general etnofágicos; los
discursos, mencionan Baronnet y Morales-González (2018) sólo
sirven “para ocultar, tergiversar o legitimar las consecuencias del
neoliberalismo y la discriminación racial” (p. 22). Como teoría,
pone un velo en las relaciones de poder desplegadas en contextos
postcoloniales etnificados (Dietz, 2005), consecuentemente, no
logra abordar –de manera objetiva y ética – la complejidad en
contextos de diversidad social, cultural y étnica.
Haciendo uso de la gobernanza, la interculturalidad
gubernamental mexicana promueve una visión reduccionista, en
la que sustituye las demandas indígenas por ‘diálogos’, en los que
simula la participación de todos los implicados, cuyo resultado se
aleja de las aspiraciones de los pueblos, sin que haya la verdadera
intención del Estado de atender sus demandas, a menos que estas
no impliquen riesgos políticos (Cerda-García, 2007).
Bretón (2007) destaca tres aspectos de este
interculturalismo: a) asume y apoya a través de modificaciones
constitucionales determinadas demandas de carácter cultural,
redactadas de tal forma que no afecte o más bien beneficie
al neoliberalismo, b) deja en un segundo plano o invisibiliza
las propuestas que ponen en entredicho al capitalismo y c)
profundiza la vía asistencialista (proyectista) de intervención
sobre las comunidades, pero con un carácter más cosmético que
efectivo. Estos aspectos convenientemente manejados, pueden
permitir coartar las expectativas indígenas.
De esta forma el interculturalismo, que favorece al ‘no
indígena’, se convierte en un proceso de violencia, de continua
confrontación de los diferentes, pero en circunstancias
desventajosas para las minorías étnicas y de privilegio para
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el grupo opresor. El discurso de la retórica de la educación
intercultural trabaja cotidianamente en el inconsciente
resaltando la “interculturalidad” como característica totémica
identitaria por encima de lo indígena y se presenta como algo
indiscutiblemente bueno y noble para disimular la intención
racista (Pineda, 2016). Se orienta a la subordinación a la cultura
nacional y está orientada a la adquisición de los contenidos
culturales de la sociedad dominante.
Como mencionan Baronnet y Morales-González (2018),
actualmente las formas etnoculturales son minorizadas y
devaluadas, ya que la política educativa intercultural del Estado
en la práctica, lanza atractores como la lucha contra el bulling y la
violencia, el desarrollo comunitario, la certificación de programas
educativos, los cursos de lengua materna, etc., con los que arroja
una cortina de humo sobre la problemática de los pueblos. Desde
su creación, la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha buscado
la castellanización y la des-indianización, a través de diferentes
formas educativas: educación indígena, bicultural e intercultural,
con estrategias asimilacionistas.
En este sentido, menciona Bazán (2014), la interculturalidad es un posicionamiento ideológico que se da principalmente en los discursos oficiales encaminados a mantener el control
a partir de diversas estrategias como, por ejemplo, el establecimiento de políticas asistenciales vinculadas a la integración subordinada de grupos excluidos, el mantenimiento de las estructuras que no cuestionan las relaciones de poder, etc., en un plano
de igualdad simulada.
Los efectos de esta política educativa han representado
violencias reales y simbólicas, a través de la sistematización
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�Ernesto Guerra / Gobernanza e Interculturalidad del Neoindigenismo Mexicano

de formas habituales de afectar las identidades indígenas. Aun
la práctica de la educación intercultural sigue impulsando el
eurocentrismo legitimado por el universalismo ontológico y
epistemológico, reduciendo la posibilidad de entender el mundo
desde filosofías alternativas, como aquellas que se producen en
cada etnia (Baronnet y Morales-González, 2018).
Con el uso del enfoque de la gobernanza, como menciona
Nussbaumer (2014), luego de varias décadas, son pocos los
avances y más los retrocesos en los procesos autonómicos
vivenciados por los pueblos originarios en su territorio; si bien
la invisibilización y el paternalismo fueron políticas fallidas en
el antiguo indigenismo institucional mexicano, la aplicación de
las políticas del interculturalismo neoliberal parecía permitir, a
principios de este siglo, la apertura de espacios de participación,
pero al mismo tiempo generaron límites que han impedido el
desarrollo de acuerdo con la cosmovisión indígena.
Comunidad
El rescate del término comunidad como parte de la gobernanza,
ha servido como menciona Bretón (2007), para generar “los
imaginarios colectivos de todos, de quienes ejecutan y de
quienes se benefician con las mieles del proyectismo” (p. 110).
De acuerdo con esta filosofía gubernamental y con las políticas
neoliberales se presenta lo comunitario como una estrategia para
hacer ver que se toma en consideración a los indígenas, pero
como menciona Nussbaumer (2014): “no se debe confundir el
comunitarismo indígena que promueve el Estado, para mantener
control y dominio, con la defensa de la comunidad que hacemos
los pueblos indígenas” (p. 493).
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Se busca el desarrollo de toda la comunidad, pero para
el caso del norte de Sinaloa, como en cada localidad hay sólo un
porcentaje de población yoreme mayo, los proyectos se orientan
más desde la perspectiva ‘no indígena’.
Un asunto relevante es determinar la importancia que
tienen las comunidades en las políticas públicas. Para el caso de
México, los artículos 2º y 3º de la Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos (2021), mencionan aspectos sobre la
comunidad indígena.
En el artículo 2º (Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos, 2021), se establece un modelo territorial con
pueblos indígenas constituidos por comunidades. Pero en el caso
de Sinaloa y de muchos otros estados de la República no existe
uniformidad cultural en los territorios; en una misma comunidad
pueden coexistir una, dos o más etnias y además mestizos y ‘no
indígenas’, de tal manera que la definición de comunidad de la
Constitución no ajusta con la realidad. Las históricas intenciones
de aculturación y de integración nacional de todas las culturas
han tenido como consecuencia, en la mayoría de los casos, la
desarticulación de los pueblos indígenas. De tal manera que en
el norte de este Estado las comunidades no son yoreme mayo, sino
interculturales, donde se observan diferentes usos y costumbres
que corresponden a identidades diferenciadas compitiendo en el
mismo espacio y tiempo por el uso de los recursos.
Esta falta de correspondencia con la realidad nacional se
observa en los siguientes apartados de la Constitución pues en
términos generales se otorgan derechos bajo condiciones difíciles
de cumplir, por ejemplo, tienen derecho a preservar sus lenguas,
cuando una gran mayoría presenta bajos niveles de vitalidad
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lingüística, como el caso del yoremnokki, la lengua de los yoreme
mayo, en el que sus hablantes no pueden hacer mucho para su
rescate debido a que su desplazamiento sociolinguístico se debe
más a las relaciones interculturales con los ‘no indígenas’ que a las
propias dinámicas intraculturales. Otro ejemplo lo tenemos con
el derecho a mejorar el hábitat y preservar la integridad de sus
tierras, pues el despojo histórico de sus tierras los imposibilita
decidir sobre las mismas; más bien son víctimas de las decisiones
de los actuales dueños de las tierras, que no son ellos. Además,
esta legislación, con sus aparentes nobles intenciones, llega
fuera de tiempo, tardía a los efectos etnofágicos de las políticas
indigenistas previas.
En el artículo 3º (Constitución política de los Estados
Unidos Mexicanos, 2021) se establece la educación intercultural
con carácter comunitario y no se menciona la educación indígena;
aun cuando se declara el reconocimiento a las diferencias, no se
considera que en los pesos ponderados la cultura dominante
de la sociedad mexicana desplaza a las dominadas y presenta
serios problemas de aculturación. A fin de cuentas, este artículo
sigue las políticas vasconcelistas de aniquilación de las culturas
originarias. Como mencionan Dietz y Mateos (2019), la aplicación
de la educación intercultural, genera tensiones debido a las
contradicciones y a las asimetrías.
Método
El abordaje multi-método es una estrategia de investigación
en la que se utilizan diferentes enfoques metodológicos y
procedimientos para la indagación sobre el fenómeno mencionado
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a través de los diferentes momentos del proceso (GallardoPérez, Vergel-Ortega, Villamizar-Araque, 2017). El método de
investigación utilizado básicamente es el histórico cronológico,
en el que se utilizan aspectos de los métodos analítico-sintético,
el heurístico, el hermenéutico, el deductivo – inductivo, el
geográfico y el etnográfico (Delgado-García, 2010).
El método analítico-sintético fue necesario para
descomponer las cuestiones históricas seleccionadas en sus
partes para conocer sus principales raíces económicas, políticas,
educativas; el análisis se entiende como la separación de un
fenómeno en sus elementos constitutivos; desatar, desliar,
defragmentar, desarmar, entre otros (Lopera, Ramírez, Zuluaga,
Ortiz, 2010); el enfoque heurístico permitió realizar inferencias
en procesos investigativos a través de las fuentes escritas y orales
(Fonseca-Patrón, 2016). Posteriormente se llevó a cabo la síntesis
que permitió reconstruir y explicar lo que sucedió (DelgadoGarcía, 2010); el enfoque hermenéutico tuvo como fin darle
sentido al texto en relación con el tema estudiado.
La investigación también fue de carácter deductivainductiva. Deductiva porque fue de lo general a lo particular,
de lo nacional y estatal a lo particular, e inductiva porque se
aprovechó la posibilidad de pasar de los hechos específicos a las
proposiciones generales. Situarse en la etnoregión yoreme mayo
implica también un enfoque geográfico, la territorialidad implica
en sí misma un enfoque metodológico (Delgado-García, 2010).
Por último, se utilizó la etnografía que “es considerada una rama
de la antropología que se dedica a la observación y descripción
de los diferentes aspectos de una cultura, comunidad o pueblo
determinado, como el idioma, la población, las costumbres y los
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�Ernesto Guerra / Gobernanza e Interculturalidad del Neoindigenismo Mexicano

medios de vida” (Peralta, 2009, p. 37).
De manera más específica se realizó una microetnografía,
que de acuerdo con Álvarez (2008) se centra en el análisis de los
patrones de aspectos específicos y no de manera holista; en este
caso de los aspectos territoriales de las comunidades y localidades
indígenas de Sinaloa. Este método se aplicó aprovechando la
oportunidad de que el autor ha sido observador participante en
la etnoregión yoreme mayo desde hace 30 años.
Resultados
Gobernanza en la línea de tiempo del Neoindigenismo desde los yoreme mayo
Es importante resaltar algunos sucesos que han marcado el
periodo histórico del neoindigenismo. A finales del indigenismo
institucional las políticas agrícolas y agrarias en México cambiaron
radicalmente, para entrar al neoliberalismo. El ejido parecía ser
la principal causa de la crisis del campo y de la pobreza rural
e indígena. Uno de los problemas que más preocupaban era la
prohibición de venta de las tierras, pues se trataba de justificar (sin
lograrlo) que las parcelas privadas eran más productivas (De Ita,
2019), así fue como el 6 de enero de 1992 se publicó el decreto que
reformó el artículo 27 constitucional, dando fin a la base jurídica
que había regulado la relación del Estado y los campesinos del
México posrevolucionario. Las modificaciones a dicho artículo se
apegaron a la recomendación del Banco Mundial para América
Latina, de que los países adoptaran el modelo neoliberal, donde
se redujera el aparato gubernamental y predominaran las fuerzas
del mercado. Entre las principales medidas legales aprobadas
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podemos señalar: 1. La conclusión del reparto agrario; 2. La
apertura del campo a asociaciones y sociedades mercantiles; 3. La
enajenación y renta de los derechos agrarios, y 4. La posibilidad
de cambiar de régimen de propiedad. Con estos cambios se dio
certeza jurídica a los grandes inversionistas, a las inmobiliarias
y trasnacionales. Este cambio en la legislación se instrumentó
a partir del establecimiento de los programas PROCEDE
(Programa de Certificación de Derechos Ejidales y Titulación de
Solares) que funcionó de 1993 a 1998 y marcó el inicio del periodo
neoindigenista en México (Ventura, 2008).
A partir de ser decretada la modificación a la Ley, los
indígenas recibieron fuertes presiones para despojarlos de sus
tierras y territorios considerados necesarios para la modernización
neoliberal del campo, de aquí que un gran número de ellos
malbarataron sus derechos y se quedaron en peores condiciones
de pobreza. Los mayos de Sinaloa ya habían perdido su territorio
y con la entrada del PROCEDE acabaron de vender las tierras que
les quedaban (Santos, 2015).
…la desamortización de los bienes comunes, los proyectos energéticos y extractivos, los megaproyectos de infraestructura e
incluso la conservación de la naturaleza, consideran como punto de partida la desposesión de las tierras y bienes comunes de
los pueblos indígenas y campesinos. (De Ita, 2019, p. 95)

Las manifestaciones de rechazo se hicieron presentes
desde un inicio (Ventura, 2008); diversas organizaciones
campesinas e indígenas se pronunciaron en contra, diversas
coaliciones regionales y El Barzón como movimiento nacional
que aglutinó a los afectados, principalmente por la especulación
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de las instituciones bancarias formaron parte de la trama donde
el gobierno se replegó y mostró ya su franco posicionamiento
neoliberal; los miles de afectados no pudieron revertir la grave
situación que se vivió (García-García, 1993).
De manera paralela a la modificación agraria, el 1º de enero
de 1994 el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN),
integrado en su mayoría por mayas y por intelectuales socialistas
‘no indígenas’, declaró la guerra al gobierno de México. Los
zapatistas eligieron ese día para levantarse en armas porque fue
cuando entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América
del Norte (TLCAN), lo que en su opinión agravaría su ya precaria
situación (Antón, 2010).
En marzo de 1995 se emitió la Ley para el Diálogo, la
Negociación y la Paz Digna en Chiapas y se acordaron las bases
para la negociación con el EZLN que derivó, el 16 de febrero de
1996, en la firma de los acuerdos de San Andrés. De esta experiencia
política se propició la creación del Congreso Nacional Indígena
el 12 de octubre de 1996. Dichos acuerdos, no se cumplieron en
su totalidad pues en términos prácticos la agenda económica
siempre ha estado por encima de la de las culturas (Gómez,
2015). Esta ha sido la estrategia fundamental de la gobernanza:
motivar el diálogo y la participación, generar compromisos y
luego incumplirlos o generar alternativas que disimulen o desvíen
la atención de lo que el gobierno no está dispuesto a hacer.
En el área educativa apareció en los noventa la
interculturalidad en el discurso oficial, de esta forma en 1997 se
introdujo en la Dirección General de Educación Indígena (DGEI)
y el cambio de la orientación bilingüe bicultural al de la educación
intercultural bilingüe (EIB), en ausencia de explicaciones a
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profundidad (Aguilar, 2004). Sin haber hecho un análisis sociolingüístico a profundidad, se trató del cambio de una educación
basada en la instrucción del español a otra basada en el discurso
de la enseñanza de la lengua materna. Se creía ahora que, sin
considerar los procesos de aculturación, la modalidad bilingüe
intercultural ofrecería aparentes ventajas académicas y sociales
sustantivas a las niñas y niños indígenas.
Para el caso de Sinaloa este hecho se ha aplicado con dos
problemáticas: a) la cobertura de la educación indígena no ha
sido completa, de tal forma que algunas comunidades sí reciben
este tipo de programa, mientras que otras reciben educación
convencional (estatal o federal) o rural, lo que debilita aún más
la cohesión cultural; b) la enseñanza del yoremnokki se ofrece
con criterios de segunda lengua a grupos biculturales (yoremes y
mestizos), donde una minoría habla la lengua, generándose así
más desprestigio y desplazamiento lingüístico, que reivindicación
cultural. Esta es otra estrategia de la gobernanza, la fragmentación
y diversificación de los recursos: a unos sí y a otros no, cuyo fin es
desmantelar el empoderamiento.
En este mismo sentido surge también en el área
educativa un fenómeno que alteró la lógica de evolución de la
educación indígena, pues en lugar de promoverse secundaria y
bachillerato, empezaron a aparecer Instituciones de Educación
Superior orientadas a la atención de este sector de la población;
desde 1997, la Universidad Comunitaria de San Luis Potosí
(UNICOM), en 1998 la Universidad Autónoma Indígena de
México (UAIM) y posteriormente las Instituciones creadas
bajo la supervisión de la Coordinación General de Educación
Intercultural y Bilingüe (CGEIB).
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La operación de las políticas de la interculturalidad
resaltó el vacío legal en lo referente a pueblos y comunidades
indígenas; de esta forma se llevó a cabo la reforma constitucional
mexicana de 2001 y así fue como la interculturalidad se formalizó
como estrategia de gobernanza en materia de control indígena
(Rodríguez y Núñez, 2016).
El 2 de noviembre de 2001 se emitió la declaración de la
UNESCO sobre la diversidad cultural, tema que se convirtió en una
preocupación de la comunidad internacional; su importancia creció
en el contexto de la globalización cuando las políticas apuntaban
a proteger y respetar la diversidad y al mismo tiempo garantizar
la interacción armónica entre las culturas (Rodríguez, 2008). De
manera congruente en este mismo año, se modificó el artículo
2º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos
dando reconocimiento a los pueblos indígenas, pero como parte de
la gobernanza, sin permitir asomar esquemas de autonomía ni de
empoderamiento; es decir, se trató del reconocimiento dentro de
los límites del producto histórico de la colonización.
Con la misma sinergia el 16 de enero de 2001 se creó la
CGEIB, cuyo fin fue promover e incluso imponer el discurso oficial
de la diversidad cultural y lingüística en las políticas y propuestas
educativas para todos los tipos, niveles, servicios y modalidades
educativos (Coordinación General de Educación Intercultural
y Bilingüe [CGEIB], 2015). En la práctica, su función principal
fue la de impulsar las políticas interculturales gubernamentales
en la educación. Sus esfuerzos más grandes se orientaron a la
creación y control de las Universidades Interculturales como
parte del neoindigenismo en México. En este clima de época el
5 de diciembre de 2001, se formalizó la UAIM, institución que
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se convirtió en pionera en la educación superior orientada a la
atención de estudiantes indígenas en el país, pero especialmente
de la cultura yoreme mayo de Sinaloa.
De manera tardía, el 13 de marzo de 2003 se publicó en
México la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos
Indígenas, en la que se dio el mismo reconocimiento nacional a
las lenguas originarias que al español. Esta Ley hubiera sido de
gran beneficio antes de que la mayoría de las lenguas en el país
se encontraran en un fuerte riesgo de desplazamiento. En 2003
también se creó el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas
(INALI) pero no fue sino hasta 2005 cuando comenzó a operar.
Con este hecho se dio un giro a la política lingüística en
el país, la que desde la época colonial pretendió erradicar las
culturas indígenas y sus lenguas con el pretexto del progreso
y la civilización (Canuto, 2013). Aquí se refleja otra estrategia
de la gobernanza, el manejo de los tiempos. Se resalta el logro
de la creación de una Ley o una Institución, pero se oculta su
asincronía, de tal forma que, aun cuando se aplique la legislación,
las condiciones son tan adversas que es imposible revertir las
tendencias. Incluso cualquier acción pudiera acelerar procesos
desfavorables si no se analizan con mayor detenimiento.
El 21 de mayo de 2003 se aprobó la Ley de la Comisión
Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) que
entró a substituir al Instituto Nacional Indigenista (INI). A
diferencia del esquema centralizado de intervención del INI, la
nueva comisión se propuso como un organismo descentralizado y
autónomo en materia técnica, administrativa y presupuestal, que
permitió darle forma a la gobernanza y una mayor participación
a los indígenas sin que se perdiera el control gubernamental.
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Aquí es donde la estrategia se reveló claramente: substituir las
instituciones por otras más acordes con las nuevas políticas
y crear más instituciones y organismos, para fragmentar los
intereses y minimizar los conflictos.
En este sentido, el 4 de diciembre de 2018, se publicó en el
Diario Oficial de la Federación la Ley que promulga la creación del
Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), sustituyendo a
la CDI, con la intención de articular nuevas formas de gobernanza
de acuerdo con el nuevo gobierno en turno (García, 2019).
En Sinaloa, el 28 de febrero de 2018 se publicó la Ley
de los Derechos de los Pueblos y Comunidades Indígenas, que
ha permitido dar el marco legal para el establecimiento del
Catálogo de Pueblos y Comunidades Indígenas del Estado de
Sinaloa, reconocido por su Congreso el 7 de marzo de 2018, en
el que se incluyeron sólo 245 de las más de 800 localidades con
presencia indígena (Quintero, 2018). Anteriormente, como parte
de la estrategia de invisibilidad, muchas comunidades con un
porcentaje significativo de esta población no eran reconocidas y
por lo tanto no recibían ciertos beneficios de los gobiernos. Esta
es otra de las estrategias de la gobernanza, realizar concesiones
parciales a las demandas para dar el mensaje de que se tiene la
disposición de hacerlo y de que se está avanzando.
Es de resaltar que en el artículo 1 de este Catálogo, se
establece el criterio para declarar a una comunidad indígena:
Artículo 1. Los pueblos y comunidades de la entidad que tengan
una población residente de 40 por ciento o más de sus habitantes de origen indígena, serán considerados como poblaciones
indígenas para los efectos del desarrollo social.

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Se debe agregar aquí que en el norte de Sinaloa son muy escasas
las localidades con una población de este tipo mayor al 40%, la
conformación intercultural de las comunidades apunta a que
aún las más representativas tienen menos de este porcentaje.
La pregunta es ¿cómo atender a una comunidad como si fuera
indígena cuando la mayoría de la población no se adscribe como
tal, sin tener tensiones y conflictos de interés?
De manera muy tardía, como parte de la estrategia de
gobernanza, ante la circunstancia de una lengua con poca vitalidad
y alto riesgo de desaparición, el INALI presentó el 6 de diciembre
de 2019 la norma de escritura del yoremnokki, que otrora pudiera
haber permitido ayudar en los procesos de enseñanza formal del
idioma, pero que su operatividad se observa ya lejana de alcanzar
(Universidad Autónoma Indígena de México, 2019).
Los yoreme mayo y la educación indígena
En Sinaloa en el año 2020, de los 3,026,943 habitantes (Instituto
Nacional de Estadística, y Geografía [INEGI], 2020) había
alrededor de 78,600 indígenas (Instituto Nacional de los Pueblos
Indígenas [INPI], 2020); es decir, menos del 2.6% de la población.
Como minoría, su fuerza política es más bien simbólica, pues
en cuanto a cantidad es mínima. Los de mayor presencia en la
entidad son yoreme mayo (37%), náhuatl (20%), rarámuri (8%),
mixteco (8%), zapoteco (6%) y el resto corresponde a otros veinte
grupos de menor población.
La mayor densidad de población yoreme mayo se encuentra
dispersa en el norte de Sinaloa en una región conformada
por tres zonas fisiográficas: la serrana, los valles y la costa
(Carpenter-Slavens, 2009). El yoreme ocupa un territorio común
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�Ernesto Guerra / Gobernanza e Interculturalidad del Neoindigenismo Mexicano

que comparte en mayor o menor medida con el mestizaje local,
con otros grupos étnicos y con otros ‘no indígenas’; actualmente
sus comunidades se distribuyen de acuerdo con la referencia
geoestadística del INALI (2010) en Sinaloa en los municipios
de El Fuerte, Choix, Guasave, Sinaloa de Leyva, Angostura y
Ahome.
En la actualidad, muchos de los yoreme mayo no hablan
su lengua materna, muy pocos lo alternan con el español y ya
no quedan ancianos totalmente monolingües de yoremnokki
en Sinaloa. De hecho, este idioma se encuentra amenazado y
la tendencia es su desaparición por asimilación a la sociedad
mestiza (Moctezuma y López, 2007).
En las actuales comunidades yoreme mayo, la composición
intercultural de maestros y padres de familia, facilita el esquema de
gobernanza que favorece el dominio no indígena y la aniquilación
(integración) de las culturas; actualmente en una sola familia de
la comunidad se pudiera encontrar que sólo algunos miembros
se adscriben y tienen cierto dominio de la lengua y otros no;
sucede lo mismo con los docentes, adscritos o no a la cultura, sus
capacidades lingüísticas son muy variadas. Este hecho facilita la
orientación gubernamental hacia el interculturalismo y tomar
a la comunidad como unidad de operación, invisibilizando o
minimizando las problemáticas y las demandas indígenas, pero
rescatando sólo el inofensivo folklor.
En este interculturalismo los ‘no indígenas’ destacan el
ideal del mestizaje. La creencia básica en Sinaloa es que todos
tuvieron en algún momento histórico algún ancestro yoreme,
algunos de manera reciente y otros de tiempos inmemoriales. De
esta forma la identidad del indígena se considera como proto188

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mexicana (París, 2002). Es común la expresión “uno de mis
abuelos fue yoreme, pero yo ya no lo soy”.
La idea del indígena es contradictoria, se admira su
pasado y su contribución al mestizaje, pero se desdeña a los que
actualmente existen, de ellos se aceptan sólo los aspectos de
carácter folklórico. Como menciona Velasco-Cruz (2016), por
un lado, se elogia el mestizaje, la raza de bronce como fusión
del indígena prehispánico con lo blanco europeo, pero al mismo
tiempo se niega, se invisibiliza, se minimiza o relativiza, -algunas
veces en forma atenuada, pero otras de manera tajante- a los
actuales indígenas y afrodescendientes, a los que se descalifica
y se denigra. Pero, por cuestiones políticas ahora, bajo el
neoindigenismo, sólo en el discurso se ensalzan, aun cuando en
la práctica es otra realidad, esto último también es una estrategia
de gobernanza.
El efecto directo de este fenómeno es la desarticulación de
su cultura, el desplazamiento lingüístico y el establecimiento de
barreras de empoderamiento de su pueblo, alejando aún más la
posibilidad de autonomía.
La educación indígena en Sinaloa es atendida en el nivel
básico desde 1975 en algunas localidades, cuando se creó la
Dirección General de Educación Indígena; en el nivel medio sólo
por el pequeño Bachillerato Intercultural Villa Benito Juárez, que
inició en 2018 en el centro de la entidad y en el nivel superior, en
el norte del estado por la UAIM y por el Programa de Apoyo a
Estudiantes Indígenas de la Universidad Autónoma de Occidente
(UADEO), en Los Mochis, a partir de 2001. En todos estos niveles,
la cobertura es mínima y la demanda también es atendida por otras
opciones educativas que facilitan las estrategias de gobernanza.
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�Ernesto Guerra / Gobernanza e Interculturalidad del Neoindigenismo Mexicano

Incluso al interior de las instituciones la balcanización es
parte de la estrategia de gobernanza. Por ejemplo, en la UAIM,
antes del fenómeno del Covid19, para el ciclo 2018-2019 había
4,774 estudiantes, de los que 658 (14%) eran indígenas, (ahora es
menor el porcentaje). Lo que da prueba de la superioridad de la
matrícula ‘no indígena’, lo que justifica la educación intercultural
e impide los intentos de los yoremes por realizar endo-educación.
Como parte de las estrategias de gobernanza la UAIM
no ha atendido a los estudiantes de todas las etnias que se han
asentado en Sinaloa, tarascos, popolucas, tlapanecos, huastecos, amuzgos
y totonacos, no han registrado matrícula en esta institución. Pero
sí ha atendido a jóvenes de algunas etnias del sur del país que
no tienen presencia en la región, tales como chatinos, mam, mocho
y zoque, entre otros y de América del sur, lo que da muestra de
cierta inconsistencia, pues la institución no ha hecho explícitas
sus políticas en cuanto a la matrícula indígena. De hecho, parte
de esta estrategia es el no tener una atención focalizada a un sólo
pueblo y atender a muchos grupos a la vez, lo que permite instalar
el uso del español y el dominio del gobierno no indígena.
La orientación intercultural de esta institución invisibiliza
la problemática e incluso tiende a justificar que existen pocos
estudiantes indígenas; aplica una política de restricción tanto de
expansión institucional como de recepción de estudiantes, de tal
manera que trata de mantenerlas restringidas.
Si bien la matrícula total se ha ido incrementando en los
veinte años de vida de la institución, el porcentaje de estudiantes
indígenas ha disminuido. Muchas estrategias de crecimiento han
provocado su des-indianización. En la Unidad Los Mochis, por
ejemplo, se implementó un programa sabatino que tuvo mucho
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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

éxito y que incrementó la matrícula ‘no indígena’, de tal manera
que el crecimiento de esta Unidad ha reclamado una mayor
atención institucional.
El éxito de la postura intercultural en la UAIM radica
en la “mestizofilia’; la interculturalidad se percibe más desde
lo mestizo, que desde alguna perspectiva étnica. La Institución
se auto-adscribe como indígena sólo en cuanto al mestizaje
y trata de mantener pocos estudiantes y profesores de los
pueblos originarios para legitimarse como tal. Su actual Ley
orgánica es un ejemplo de ello, pues les concede muy poco;
existe plena resistencia a usar la cuestión étnica como unidad
de análisis y en su lugar se usan conceptos, orientados a la
gobernanza, en donde la postura ‘no indígena’ pueda prevalecer:
la interculturalidad, la comunidad, la calidad educativa, entre
otros.
Regresando a la distribución de todos los sistemas
educativos el resultado es una radiografía de como la gobernanza
ha desarticulado a las culturas indígenas. La distribución de
los planteles de las distintas modalidades educativas, los poco
asertivos materiales educativos, y las campañas de desprestigio
forman parte de una estructura racista que daña, de manera
ingenua, o magistralmente planeada, las bases identitarias de los
yoreme mayo.
Por otro lado, como parte de la gobernanza, el recurso de
la interpretación de las leyes sigue siendo una estrategia efectiva.
Como mencionan Riedmann y Stefoni (2015), si los indígenas no
tienen un buen ‘argumento’ legal, la acción racista se legitima; ha
sido difícil abandonar las inercias del espíritu de las legislaciones
anteriores que privilegiaban a la sociedad ‘no indígena’.
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�Ernesto Guerra / Gobernanza e Interculturalidad del Neoindigenismo Mexicano

En este proceso de gobernanza han participado
intensivamente las instituciones de control indígena: el INPI, la
CGEIB en su momento, la actual Dirección General de Educación
Indígena, Intercultural y Bilingüe (DGEIIB), los subsistemas
educativos indígena, comunitario e intercultural, el sistema de
gobernadores tradicionales y recientemente la UAIM. Éstas y
la influencia del Convenio 169 de la Organización Internacional
del Trabajo (OIT), las modificaciones de los últimos 20 años a
la Constitución Mexicana, los efectos de la lucha del EZLN, la
elaboración del Catálogo de las Lenguas Indígenas Nacionales
(INALI, 2010), entre muchos otros aspectos, han generado de
manera dialéctica más presiones hacia la aniquilación de la
cultura yoreme mayo que hacia su rescate.
Discusión
El neoindigenismo mexicano en el contexto de la etno-región
yoreme se ha caracterizado por un esquema de gobernanza
implementado por los gobiernos que al menos presenta los
siguientes elementos que lo han configurado en más de dos
décadas de su proceso histórico: la interculturalidad y la
comunidad gubernamentales como supra conceptos que
minimizan la cuestión étnica; cambios en la legislación nacional
y estatal; el aumento de organismos e instituciones de control
indígena y la diversidad de sistemas educativos atendiendo las
comunidades. Específicamente este esquema se ha presentado, a
lo largo del tiempo, con las siguientes estrategias:
a. Motivar el diálogo y la participación, para luego generar
compromisos y finalmente incumplirlos o presentar
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alternativas que disimulen los incumplimientos o desvíen la
atención de lo que el gobierno no está dispuesto a hacer.
b. Fragmentar y diversificar los recursos, tanto de manera

c.

d.
e.
f.

g.
h.

interinstitucional como al interior de las instituciones, para
otorgarlos discrecionalmente solo a algunos con el fin es
desmantelar el empoderamiento.
Manejar asincrónicamente los tiempos, de tal forma que las
acciones lleguen tardías o incompletas y no sólo coadyuvar
a la imposibilidad de revertir los procesos previos, sino
ayudar a acelerar los procesos desfavorables a los intereses
indígenas.
Substituir las instituciones por otras más acordes con las
nuevas políticas.
Crear más instituciones y organismos, para fragmentar los
intereses y minimizar los conflictos.
Realizar concesiones parciales a las demandas para dar el
mensaje de que se tiene la disposición de hacerlo y de que se
avanza en los intereses indígenas.
Ensalzar los discursos de emancipación indígena, pero
mantener en la práctica realidades adversas.
Atender a muchos grupos indígenas a la vez, para diluir el
poder individual de cada uno.

Estas estrategias de Gobernanza no se presentan con un
carácter comprensivo ni totalitario, pudiera haber otras de gran
relevancia que no han sido mencionadas. A fin de cuentas, el
neoindigenismo coincide con la incursión del neoliberalismo en
México y el desarrollo de una administración pública diferente,
no en el sentido de promover objetivos disímiles a las anteriores
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�Ernesto Guerra / Gobernanza e Interculturalidad del Neoindigenismo Mexicano

administraciones, sino en la forma en cómo es que éstos se han
mantenido en más de tres décadas.
La realidad del pueblo yoreme mayo evidencia los efectos
de los procesos del neoindigenismo y de las estrategias de
gobernanza, no solamente en el sentido social en cuanto a su
condición de pobreza sino en cuanto al desarrollo de su cultura,
pues el desplazamiento lingüístico, elemento primordial de sus
repertorios culturales, se presenta con un alto nivel de riesgo,
con poca vitalidad lingüística. El decaimiento de su cultura, en
el norte de Sinaloa es evidente. Esto da muestra de que los planes
‘aculturadores y etnofágicos del neoindigenismo’ (sic), están
funcionando ya sea si estos fueron perversos o si han fallado
considerando que fueron implementados de manera ingenua.

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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, julio-diciembre, 2022

Todo un hombre. Historia de vida de un indígena
zoque residente en Nuevo León, desde una
perspectiva transdisciplinar
All a man. Life story of an indigenous zoque
resident in Nuevo León, from a transdisciplinary
perspective
Félix Enrique López Ruiz1

1 Es filósofo e investigador social. Licenciado en filosofía y maestro en
Trabajo Social con orientación en Proyectos Sociales por la UANL y Doctorando en Ciencias y Humanidades para el Desarrollo Interdisciplinario por la
Universidad Autónoma de Coahuila y la Universidad Nacional Autónoma de
México. Desde 2011 se desempeña como docente en la Facultad de Filosofía
y Letras de la UANL, y desde el 2016 es Secretario Técnico del Instituto de
Investigaciones Sociales de la UANL. Actualmente es miembro del Cuerpo Directivo de la Comunidad Filosófica Monterrey A. C., y del Grupo de investigación “Identidad y diferencia desde el pensamiento filosófico: debates sobre la
sociedad, la cultura y la política contemporáneas”. Sus áreas de especialización
e interés social: los estudios de género de los hombres y las masculinidades, la
educación filosófica, la ontología social, la interculturalidad, los derechos humanos y la participación ciudadana. Dirección postal: Ruperto Martínez 1901,
edificio 13, departamento 12, Desarrollo Urbano Reforma, Monterrey, Nuevo
León. C.P. 64010; Correo electrónico: felr_1999@yahoo.com

202

�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

Resumen: El texto que aquí se presenta narra la historia de vida de
un indígena zoque radicado en el estado de Nuevo León. Esta historia
es religada a un imaginario sociocultural que está presente en la novela Nada menos que todo un hombre del filósofo Miguel de Unamuno. En la
parte final se integra una breve síntesis analítica de esta historia interseccionada a partir de categorías derivadas de la lectura antes descrita
y de las masculinidades y estudios de género de los hombres. Este trabajo pretende incitar, mediante un recurso transdiciplinar, una serie de
reflexiones respecto a la situación que los hombres indígenas viven en
la ciudad y de las vicisitudes existenciales que implica el ver conflictuadas sus masculinidades en contextos donde no se organizan ni de la
misma manera ni bajo los mismos preceptos culturales.
Palabras clave: transdisciplina, masculinidades, historia de vida,
indígenas.
Abstract: The text presented here tells the life story of a Zoque indigenous living in the state of Nuevo León. This story is related to a
sociocultural imaginary that remains in the novel Nothing Less than a
Whole Man by the philosopher Miguel de Unamuno. In the final part,
a brief analytical synthesis of this intersected story is integrated from
categories derived from the reading described above and from the masculinities and gender studies of men. This work aims to incite, through
a transdisciplinary resource, a series of reflections regarding the situation that indigenous men live in the city and the existential vicissitudes
involved in seeing their masculinities conflicted in contexts where they
are not organized in the same way or under the same cultural precepts.
Keywords: transdiscipline, masculinities, life history, indigenous.

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-6

203

�Félix López / Todo un hombre. Historia de vida de un indígena zoque residente en N.L.

Introducción
En México la mayor parte de las personas indígenas que migran lo
hacen en busca de mejores oportunidades para vivir. Al contrario
de tales expectativas, en las ciudades esas personas suelen vivir en
contextos precarios y de vulnerabilidad; sus necesidades no son
del todo satisfechas, sufren discriminación por su origen étnico
y son estigmatizadas como intrusas. Esta adversidad implica no
sólo desarraigo con su entorno social, sino desagrado, frustración
y desesperanza. Sin embargo, y a pesar de tal panorama, es de
destacar la voluntad de muchos individuos por tratar de superarlo
y vivir de la mejor manera posible.
El texto que aquí se presenta tiene el propósito de relatar
la vida de un sujeto que, a partir de su singularidad, comparte
con otros una determinada forma de ser hombre indígena en una
sociedad que le conflictúa sistemáticamente y que, por ende, ve
pasivamente resignificada su masculinidad de manera constante.
En principio, se aborda la presencia de indígenas
en Nuevo León para la que se despliegan señaléticas que
indican y configuran en el imaginario social su situación ahí.
Posteriormente se relata la vida de un hombre zoque de mediana
edad que personifica características identitarias compartidas con
muchos otros que, como él, han salido de su lugar de origen y
por distintas razones (entre ellas las antes enumeradas) llegaron
a asentarse en el Área Metropolitana de Monterrey (AMM). La
recuperación de su propia voz signa con su particularidad el
destino de este documento circunscribiéndolo a su existencia
y realidad. Así, la orientación metodológica es cualitativa: más
que intentar obtener información generalizable, pretende re204

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conocerle a él en específico. También en razón de eso es que el
abordaje recurrido fue la historia de vida (HV). La selección del
sujeto se efectúo discrecionalmente, a partir de su relevancia y
correspondencia con cierta caracterización común (aunque no
con fines de generalización) de un fenómeno que se sustrae de
distintos individuos en condiciones similares, lo que permite
conocer el impacto que tales condiciones tienen en sus vidas.
En el apartado final se anuda la narrativa biográfica
aquí presentada con la perspectiva metodológico-teórica
que antes se ha descrito y se extienden resultados, lejos de la
intención de ser conclusivos pero sí tendientes a presentar este
documento como una investigación transdisciplinar científica,
útil y pertinente para estudios similares y como insumo de
información para los procesos de visibilización de las personas
indígenas en Nuevo León.
Indígenas en Nuevo León
El estado de Nuevo León de la República Mexicana es una región
de alta recepción migrante, del total de su población actual
compuesta por 5,784,442 habitantes, el 23 %, correspondiente
a 1,319,964 habitantes, es originario de otro lugar (INEGI,
2021). Así también representa el tercer polo urbano nacional
más significativo en recepción de migrantes indígenas y su tasa
de crecimiento anual (10 %) es de las más grandes en el país
(CDI, 2010). En este contexto, la población indígena también
ha aumentado significativamente en las últimas décadas en este
estado (CDI, 2010; CONAPO, 2014; INEGI, 2014; INEGI, 2016;
INEGI, 2021).
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Con base en los datos de la Encuesta Intercensal 2015 del
INEGI (2016), se conoce que, en términos de autoadscripción, las
personas que se asumían totalmente como indígenas en Nuevo
León serían 352 mil 282, lo que, para ese año, representaba el 6.88
% de su población total (5,119,504); parcialmente se autoadscribían
como indígenas 58 mil 874, lo que significa 1.15 % del total en la
entidad. En suma, y en estos términos, tenemos que en Nuevo
León, total o parcialmente, 411 mil 156 personas, se autoadscribían
como indígenas, lo que representa el 8.03 % de la población total
del estado. Bajo otros términos de identificación (población
hablante de lengua indígena mayor de 3 años) y con base en los
datos del Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI (2021),
tenemos que, en el estado de Nuevo León, habitan 77,945 personas
indígenas, lo que representa el 1.34 % de su población total.
En su proceso migratorio, la mayoría se ha asentado en
alguno de los municipios del Área Metropolitana de Monterrey
(CDI, 2010; CONAPO, 2014; INEGI, 2014; e INEGI, 2016), aunque
recientemente comienzan a ubicarse en municipios periféricos
como Zuazua, Pesquería, El Carmen y Marín (CDI, 2016); migran
principalmente en busca de mejores oportunidades de desarrollo
social: vivienda, seguridad, empleo, educación, salud, entre otras
(López, 2021). La mayor parte vive en Nuevo León en condiciones
de marginación, pobreza y discriminación (CONAPRED, 2011).
Aunque estas condiciones son desfavorables, en general se
descarta el regreso a su lugar de origen, en tanto que en éste
tampoco existen suficientes oportunidades para su desarrollo
y en Nuevo León ya cuentan con un determinado patrimonio;
además, en muchos casos, sus hijos e hijas han nacido y hacen ya
su vida en Nuevo León (López, 2021).
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Las lenguas indígenas más habladas en el estado de Nuevo
León son el náhuatl, el huasteco, el zapoteco y el otomí (INEGI,
2021). En el caso específico de las personas hablantes de zoque u
O’ de püt, como los propios hablantes nombran su idioma (INPI,
2020), su presencia en el estado es apenas observable: datos
recientes identifican alrededor de tres centenas (INEGI, 2021).
Ser hombre indígena en la ciudad
La condición étnica y de género de nuestro sujeto de estudio
requiere una comprensión por lo menos sucinta de las
determinaciones, construcciones y adaptaciones que él y otros
como él han debido transitar. Para ello se presentan las siguientes
circunspecciones teóricas.
Los seres humanos como sujetos genéricos configuran
sus identidades, prácticas y relaciones a partir de construcciones
sociales y no de determinaciones naturales (Núñez, 2017); dichos
constructos son simbolizados por cada sociedad organizada
desde su subjetividad, estableciendo así el tipo de relación y
convivencia que tal sociedad instituye entre y para sus miembros.
Así, los individuos personifican los papeles y atributos sociales
impuestos y asignados para cada quien, entre ellos se encuentran
los de género (Huerta, 1999). Tales roles se traducen en conductas
específicas: los hombres desempeñan actividades en las que el uso
de la fuerza, la racionalización y la agresividad están implícitas
y, por otro lado, las mujeres se ocupan de las responsabilidades
destinadas al cuidado del hogar y de los hijos, de la tutela de
las emociones y de los sentimientos (Garda, 2006) –entre otros
aspectos.
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La masculinidad se interioriza en los hombres a lo largo de
un proceso de socialización en el que se fomentan comportamientos
y convicciones pertenecientes a un colectivo que ostenta fuerza,
poder y autoridad, y se les prepara para ejercerlas a su vez
(Ramos, 2006). Así, los hombres se reconocen pertenecientes
a contextos y realidades con diversidades culturales, clasistas,
étnicas, lingüísticas, etarias, sexuales, laborales, territoriales
(Serrano &amp; Pacheco, 2011). En este proceso, en el que intervienen
distintos actores sociales: padres, familia, escuela, amigos, medios
de comunicación, etcétera (Keijzer, 2001), la masculinidad es
grabada en los cuerpos de los hombres, en sus relaciones y en
todas sus prácticas (Rosas, 2008): ser hombre es resultado de un
proceso formativo (Guiza, 2010).
Ahora bien, tal masculinidad no es una sola ni estática
y no tiene “un significado fijo ni trascendente” (Núñez, 2017:
37). En lo cotidiano perviven diferentes tipos de masculinidad
(Connell, 2010), éstos se edifican a lo largo de la trayectoria
de vida y van ajustándose según vicisitudes propias de cada
individuo y de su entorno social. En concreto, la identidad
masculina es el resultado de significados, normas, valores
y códigos de conducta que se imputan a los hombres en una
sociedad y tiempo determinados.
De manera similar al ámbito identitario de lo genérico, las
identidades étnicas refieren a valores y prácticas que describen
a los sujetos que las autoadscriben y distinguen, en general,
a sus grupos culturales o comunidades. En este ámbito tal
identificación involucra aspectos tangibles como el territorio,
alimentación, vestimenta, por mencionar algunos; e intangibles:
lengua, tradiciones, usos y costumbres, etcétera. Así, la etnicidad
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es una herencia donde cada uno de sus componentes reafirma su
patrimonio cultural (Segato, 2002).
Pero esta herencia no sólo deviene en riqueza, sino
también, en el mundo en general, se encuentra sujeta a problemas
de marginación, exclusión y discriminación. Estas dificultades
se acentúan en las personas que migran de territorio. En el caso
de quienes migran a la ciudad, ser indígena implica una lucha
constante contra una posible muerte cultural.
En síntesis, las identidades humanas son subjetividades
inacabadas, las personas se adscriben a ellas ―libremente o
no, conscientemente o no― por lo que les tipifican singular
y grupalmente y les diferencian de los demás. Como procesos
constituyentes, son dinámicas, cambiantes. Los hombres
indígenas, socializados en contextos tradicionales, cuando
migran se insertan en una cultura ajena que transforma, en mayor
o menor medida, su identidad.
En el caso que se presenta, para este zoque migrante el
reconocerse como parte de un grupo étnico implica una serie de
vulnerabilidades que, desde la adversidad y bajo el hábito de la
masculinidad, son vivenciadas a través de los distintos saberes,
voluntades, adscripciones y preferencias que se han adquirido
―y siguen adquiriéndose― a lo largo de la vida. Quizá ser
hombre indígena en una ciudad no sea el espectro de mayor
vulnerabilidad social que una persona pueda vivir: la condición
de mujer, discapacidad, cárcel e infancia podrían ser otras que, en
casos específicos y bajo enfoques problematizadores concretos,
adquirirían mayor urgencia de atención. Sin embargo, al no ser la
pretensión de este trabajo el jerarquizar así el complejo entramado
social, no deja de ser sumamente interesante el describir, conocer y
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�Félix López / Todo un hombre. Historia de vida de un indígena zoque residente en N.L.

aprehender las experiencias que ha vivido, interseccionado por tales
condiciones, un sujeto como él. Las dimensiones étnica y de género
se constituyen como transversales al entendimiento fenoménico de
lo que involucra existir siendo zoque en Nuevo León.
Metodología
La planeación de este trabajo, la construcción de la narrativa
biográfica y la perspectiva que orienta su posterior análisis se
sostuvieron desde un enfoque cualitativo y transdisciplinar. Es
cualitativo porque se centra en el entendimiento del significado
de las acciones de los seres humanos (Cuenya &amp; Ruetti, 2010);
explora la comprensión de los fenómenos y la experiencia
subjetiva (Tarrés, 2008); y tiene por objeto el reconocimiento
de la complejidad de sus hábitos: “cómo las personas viven,
experimentan, interpretan y construyen los significados del
mundo social, y cómo estos son integrados en la cultura, el
lenguaje y las acciones de los actores sociales” (Flick, 2007, p. 41).
Y es transdisciplinar porque, tomando “en cuenta que todas las
disciplinas científicas tienen relaciones con otras” (Flax, 2014,
p. 33), partimos de la consideración de que tales articulaciones
disciplinares permiten, y legitiman el traslado de herramientas
conceptuales entre esas disciplinas (Flax, 2014).
En este marco, la estrategia de abordaje que se utilizó es la
Historia de Vida (HV), porque la intención se finca en “resaltar la
dimensión temporal de los procesos sociales, comprender cómo
la realidad se construye socialmente a partir de la dotación de
significados a las experiencias de vida, y reflexionar sobre el papel
de la memoria en la construcción de las identidades sociales”
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(Chávez, 2014, p. 18). La HV es un método que intenta resolver
interrogantes de investigación, el término se utiliza también
para referirse a los textos elaborados usando dicho método. Para
el antropólogo Guillermo Núñez (2009) las HV no sólo son un
vehículo de recolección de información, sino también funcionan
como resultados concretos del proyecto de investigación y
deben asumirse como documentos de valor intrínseco “por ser
testimonios de una persona y de un momento histórico y social
y porque permiten a las y los lectores ampliar sus conocimientos
sobre otras realidades humanas” (Núñez, 2009, p. 19).
Este enfoque narrativo no sólo trabaja con los datos vitales
de cada individuo, sino que a partir de ellos incluye experiencias
“desde los sentidos y significados que tienen para los que las viven.
(…) Lo que cada sujeto enuncia está articulado por los recuerdos,
lo cual implica olvidar, seleccionar y establecer secuencias,
causalidades y reiteraciones; estos recuerdos nos hablan de la
percepción que de sí mismo tiene cada uno de ellos” (Chávez,
2014, p. 18). Este método implica una fuerte intromisión en la
vida de las personas pues remueve estos “recuerdos y emociones
y suscita una reflexión profunda sobre la propia existencia”
(Núñez, 2009, p. 459). Por tanto, y por no ser de interés más que
anecdótico, se tuvo la precaución de procurar la confidencialidad
e intimidad del sujeto lo que condujo a ocultar no sólo su nombre
sino incluso algunos de los detalles y entornos que le volviera
identificable.
Así, la HV permite tender, por un lado, distintos hilos
conductores o ejes temáticos y “su entramado complejo en la
vida de una persona y, por el otro, visualizar la manera en que
la estructuras sociales condicionan determinadas situaciones y
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acciones en la vida” (Núñez, 2009, p. 17). Por lo tanto, son también
“historias sociales que permiten conocer las fuerzas familiares,
comunitarias, regionales y nacionales que condicionan las vidas
de los sujetos” (Núñez, 2009, p. 18). Es por ello que la HV forma
parte de un proyecto más amplio de conocimiento que no sólo
es útil para comprender los orígenes sociales de los problemas
del entrevistado, sino que tal conocimiento también aporta
información para superarlos o trascenderlos (Núñez, 2009).
Para la construcción de esta HV se asoció esta perspectiva
metodológica con un imaginario cultural que se revela en la novela
corta Nada menos que todo un hombre (obra escrita por el filósofo
bilbaíno Miguel de Unamuno y Jugo).2
Miguel de Unamuno vivió entre los años 1864 y 1936, su
labor académica y política reflejó sus orientaciones intelectuales: formado en un contexto positivista, desfiló por una juvenil
adscripción al socialismo y al final se decantó por un vitalismo o
existencialismo agnóstico (Urrutia, 1997). Fue un filósofo español que vertió gran parte de su pensamiento a través de distintos
dispositivos; su obra escrita se extiende por igual en ensayos, novelas ―o nívolas, como él les asumió-, (Unamuno, 1958), poesía,
teatro, artículos periodísticos, cartas, discursos, etcétera.3
2 Miguel de Unamuno. (1958). Obras completas. Tomo IX. Novelas, II y Monodiálogos. Barcelona: Afrodisio Aguado &amp; Vergara.
3 Además de las innumerables ediciones de sus libros y de distintas
selecciones y compilaciones, sus obras completas han encontrado hasta ahora
preservación en, por lo menos, cuatro ediciones distintas: Publicaciones de la
Residencia de Estudiantes (7 volúmenes impresos de 1916 a 1918), Afrodisio
Aguado &amp; Vergara (16 tomos impresos de 1950 a 1963), Editorial Escélicer (9
tomos impresos de 1966 a 1970) y Biblioteca Castro (10 tomos impresos y publicados en 1995).

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Su pensamiento, al ser tan extenso, puede considerarse de
difícil clasificación; sin embargo, las dificultades de aprehenderlo
no estriban tanto en su extensión como en la condición de cambio
y contradicción implícita en toda su obra. Tales mudanzas
no sugieren dispersión sino más bien una clara intención de
permanecer en tal diversidad, por lo que para un estudioso suyo
como Julián Marías (1997), la obra de Unamuno constituye en su
diversidad literaria y filosófica “la más perfecta unidad” (18).
Para este filósofo español los seres humanos somos, en
esencia, cambiantes, contradictorios y agónicos: “Sus agonistas,
es decir, luchadores ―o si queréis los llamaremos personajes―,
son reales, realísimos, y con la realidad más íntima, con la que se
dan ellos mismos, en puro querer ser o en puro querer no ser, y
con la que le den los lectores” (Unamuno, 1958, p. 415). Su obra es
claro ejemplo de esta constante metamorfosis agónica.
Los personajes que diseña Unamuno no son enteramente
invención,4 son una extensión de su realidad íntima, de una
realidad que surge en su mente, que es parte de una intrahistoria
que se configura en lo común, por ello sus “agonistas” no son
personajes de ficción, sino reflejo de su ser individual y colectivo.
Para Julián Marías (1997) estas vidas ficticias “son historias,
tienen una leyenda, algo que acontece —y no simplemente
está— en el tiempo, algo que se puede contar, que puede ser tema
de una narración; tienen, pues, biografía” (31). Así, estos entes
4 Lo que bien visto, incluso en aquellas fantasías que se supondrían
tan distantes de la realidad, los personajes siempre poseen algo de ella, de la
realidad que se cuela en la obra a través de las anécdotas, de los conflictos, de
los afectos, de las interacciones sociales, o incluso de la realidad íntima vivida
que se muestra deducida, filtrada y expresada por el autor a través de las emociones que impregnan su obra, ¿cómo podría ser de otra manera?
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literarios, en tanto tienen una estructura y una lógica interna que
los determinan e individualizan (Marías, 1997), tratan siempre de
un personaje en el que el individuo importa, pero que en el fondo
es lo de menos: “lo que constituye su núcleo es un ‘caso’, y un
modo de reaccionar ante él, un ‘papel’ (Marías, 1997, p. 42)” que
los define, a su vez, como un “caso” con valor genérico, universal.
Así nos lo cuenta:
Si quieres crear, lector, por el arte personas, agonistas-trágicos,
cómicos o novelescos, no acumules detalles, no te dediques a
observar exterioridades de los que contigo conviven, sino trátalos, excítalos si puedes, quiérelos sobre todo, y espera a que
un día —acaso nunca— saquen a luz y desnuda el alma de su
alma, el que quieren ser, en un grito, en un acto, en una frase, y
entonces toma ese su momento, mételo en ti y deja que como
un germen se te desarrolle en el personaje de verdad, en el que
es de veras real. Acaso tú llegues a saber mejor que tu amigo
Juan o que tu amigo Tomás quién es el que quiere ser Juan o el
que quiere ser Tomás o quién es el que cada uno de ellos quiere
no ser. (Unamuno, 1958: 420)

En este marco puede extenderse este puente entra la novela
y la HV. Aunque en la segunda, sin duda, la mayor pretensión sea
la de conocer la historia de una persona, en la novela el enfoque
“en su sentido más riguroso viene exigido imperiosamente por
el tema” (Marías, 1997, p. 46). En un relato biográfico podemos
localizar una crónica de los hechos que acontecen al personaje en
sucesión temporal como sucesos ocurridos en el mundo, y nada
más. Así, se ignora al personaje mismo porque “aunque sepamos
todo lo que le ocurrió; en rigor, lo que no sabemos es a quién le
sucedió todo aquello; el hombre biografiado aparece sólo como
el punto de enlace de todos esos acontecimientos; no es más que
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una simple localización” (Marías, 1997, p. 46). Aprehendemos del
personaje sólo “una multitud de cosas que se dieron en su vida.
Pero de esta vida, de lo que hizo con ellas y éstas lo hicieron, de
eso, repito, no sabemos nada. Es perfectamente vacío cuanto se
nos diga de un hombre entendido como cosa” (Marías, 1997, p.
46). Es aquí donde la novela adquiere su mayor utilidad en tanto
que lo esencial no es ya la atención exclusiva sobre una persona,
sino “el modo de esa atención, en el que se nos dé la narración
viviente de su historia, de ella misma, conforme se va haciendo,
movida por las raíces de su personalidad, en su vida” (Marías,
1997, p. 47).
De esta manera, y por estos medios, el ser humano real
deviene en símbolo, pero entendiendo y aceptando que también
un símbolo puede devenir en un ser humano real ―quiera serlo
o no―. Así, hasta un “concepto puede llegar a hacerse persona”
(Unamuno, 1958, p. 419). Y todo esto es porque a “un hombre de
verdad se le descubre, se le crea, en un momento, en una frase,
en un grito. (…) Y luego que le hayáis así descubierto, creado, lo
conocéis mejor que él se conoce a sí mismo acaso” (Unamuno,
1958, p. 419). Y de esto es de lo que se trata, de descubrir a un
hombre de verdad, quizá no para conocerle a él del todo, y quizá ni
siquiera para reconocer en él a uno mismo, pero sí para identificar
en él, algo del sedimento que nos queda al pasar-siendo y que, por
ende, nos da continuidad.
Respecto a cómo utilizaré esta obra, espero explicarme
mejor tras presentar una breve síntesis de ella. Es este un relato
trágico que presenta un conflicto profundamente existencial:
Julia Yáñez es una hermosa mujer a quien su padre, para evitar
la bancarrota, obliga a contraer matrimonio con Alejandro
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Gómez, un hombre rico y mayor que ella. Alejandro, aunque “se
ha hecho a sí mismo”, es un hombre misterioso, no se conocen
ni sus antecedentes ni el origen de su riqueza. Al casarse, Julia
empieza a sentir una especie de amor obsesivo, o más bien,
empieza a surgir en ella una incertidumbre sobre la naturaleza
de sus emociones hacia él y una enorme frustración ante el
desconocimiento de los sentimientos de Alejandro hacia ella. A
él le gusta presumir la belleza de su esposa, así que la rodea de
lujos, se instalan en una gran casa y empiezan a frecuentar a las
personas de clase acomodada. Julia queda pronto embarazada
y se convierte en madre de un varón. Ella esperaba que, con la
paternidad, Alejandro fuera menos hermético con sus emociones,
pero no sucede así. Derivado de las tertulias con la alta sociedad,
Julia empieza a ser cortejada por un conde, quien, desafortunado
en su vida conyugal, se convierte poco a poco en su confidente y
consigue seducirla. Para Alejandro, este conde no representa un
mayor peligro, apenas lo llega a considerar como un animal de
compañía. Cuando empiezan las habladurías, Alejandro estalla
en furia y ve inadmisible que esto le suceda a quien se considera
“todo un hombre”. En medio de todo un conflicto marital donde
Julia se ve incluso obligada a “curarse” en un manicomio, ella sigue
desplegando un amor obsesivo por Alejandro. Al retractarse de
cualquier tipo de falta marital, Julia salé del sanatorio y Alejandro,
en un arrebato emocional le declara a ella su amor profundo
y su entrega total. Todo esto quebranta la salud de Julia y cae
gravemente enferma. Alejandro, desesperado, busca por todas
las vías posibles, incluso las religiosas, alguna posibilidad que la
sane. Pero no sucede así, ella muere entre lamentos de su marido
y él, tras despedirse de su hijo, termina con su vida.
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Alejandro Gómez, protagonista de esta obra, con
algunos reajustes y adaptaciones, podría ubicarse sin embozos
en cualquier contexto contemporáneo de nuestras distintas
realidades sociales iberoamericanas. Ahora bien, que se preserven
estas características masculinas en nuestro presente, y que en
este trabajo se destaquen, no implica la condición moral de que
estas masculinidades sean óptimas o deseables en un contexto
sociocultural que ―en efecto― demanda mayores igualdades
y libertades para el ejercicio de convivencias mejores. No es
una intensión glorificadora ni socializante la que me mueve a
incorporar esta narrativa. Tampoco la censura. Simplemente
es por el reconocimiento de una condición común que, entre
hombres, pueda ser considerada como una condición constante,
como un sedimento que permanece y sea parte de lo que a un
hombre lo hace ser lo que es “uno y no otro, el que es y no el que
no es” (Unamuno, 1958, p. 265). Escudriñar en los interiores
de la subjetividad masculina y en todo aquello que les hace ―
consciente e inconscientemente― ser lo que son, me parece
también importante (aunque quizás menos urgente) que la
orientación de los trabajos de intervención realizados para la
atención, prevención y eliminación de la violencia que se ejerce
desde la hombría. En todo caso, y sin menoscabo de las enfoques
que otros realicen en los entendimientos de las masculinidades,
este tipo de transdisciplinariedades resultan pertinentes, en tanto
que lo literario no sólo es un mecanismo de socialización, sino un
depósito donde se concentra ―también― nuestro ser humanos y
―para este caso― evidencian las maneras como, en lo cotidiano,
se intersectan nuestras identidades masculinas preservando un
tronco común.
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Más que categorías analíticas, en esta obra literaria es
posible reconocer tradiciones e identificaciones de una época
distante5 que asimila a sus hombres con características no sólo
afines a las cualidades masculinas predominantes en nuestra
actualidad, sino también registra aquellas que se encuentran
profundamente inscritas en nuestro imaginario sociocultural.
Después de un análisis exegético de la obra, y desde la perspectiva
metodológica propuesta, se desprenden (en tanto resultan
relevantes y pertinentes para el enfoque de este trabajo) las
siguientes categorías (Unamuno, 1958):
Hombría:

En la obra existe la consideración femenina
de que sólo los hombres tienen talento (en
menoscabo de ellas): “—¡Y qué le voy a
hacer, Victorino! Ilústrame tú, que eres aquí
el único de algún talento” (473). Por ello se
abandonan a las voces interiores intrahistóricas
que ordenan lo que un hombre de verdad es:
“Miró entonces a aquel hombre, mientras una
voz le decía: ‘¡Este es un hombre!’” (482).
Esta voz interior la estremecía ante la
figura idealizada de ser hombre: “(…) ante
él sentíase sobrecogida, mientras una voz
misteriosa, brotada de lo más hondo de sus
entrañas, le decía: ‘¡Este es un hombre!’ Cada
vez que Alejandro decía yo, ella temblaba. Y
temblaba de amor, aunque creyese otra cosa o
lo ignorase” (484).
Para Julia, los hombres rudos y herméticos
(los hombres de verdad) generan al mismo

5 Nada menos que todo un hombre es una novela que fue escrita en 1916
como parte de un conjunto (Tres novelas y un prólogo).

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tiempo amor y terror en una mujer, un
hombre no enamora ni compra a una mujer:
la conquista. “Julia, no quería querer a aquel
aventurero, que se había propuesto tener
por mujer a una de las más hermosas, y hacer
que luciera sus millones; pero, sin querer
quererle, sentíase rendida a una sumisión que
era una forma de enamoramiento. Era algo
así como el amor que debe encenderse en el
pecho de una cautiva para con un arrogante
conquistador. ¡No la había comprado, no!
Habíala conquistado” (483).
Cosificación
de la mujer:

Para los padres de Julia, a la belleza femenina
debe sacársele todo el provecho que en un
hombre como Alejandro puede conceder:
“¿Pero y qué quieres que haga? (…) Pensar
con juicio, y darse cuenta, de lo que tiene con
su hermosura, y saber aprovecharla” (473).
La honra femenina, travestida en valor y
tesoro familiar, debe capitalizarse: “¡No, no
lo entiendes! La honra, ¿lo oyes?, la honra
de la familia depende de su casamiento. Es
menester que se haga valer” (473).

Jerarquía sexual:

Se establece una jerarquía entre los géneros
donde el hombre posee a la mujer. Él deja
claro que su voluntad es absoluta, que lo que
se propone lo consigue. Ella se asume como
salvadora de él: “‘Usted acabará siendo mía.
Alejandro Gómez sabe conseguir todo lo que
se propone’. Y al leerlo, se dijo Julia: ‘¡Este es
un hombre! ¿Será mi redentor? ¿Seré yo su
redentora?’” (480).
Alejandro se vestía de una forma monótona,
humilde, “borrosa, [le] “costaba cambiar de

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vestidos, [podría decirse que el día] en que
estrenaba un traje se frotaba con él en las
paredes para que pareciese viejo. En cambio,
insistía en que ella, su mujer, se vistiese con la
mayor elegancia posible y del modo que más
hiciese resaltar su natural hermosura. No era
nada tacaño en pagar; pero lo que mejor y más
a gusto pagaba eran las cuentas de modistos y
modistas, eran los trapos para su Julia” (485).
Ella era su objeto, la joya fruto de su esfuerzo,
con la que él sólo relucía por el logro de su
posesión. La ostentaba, y como su dueño, no
temía perderla: “Recreábase en que las gentes
se quedasen mirando a su mujer, y si ella a su
vez, coqueteando, provocaba esas miradas”
(486). Él era su amo y ella su esclava: “alma de
esclava de harén, de esclava favorita, de única
esclava, pero de esclava al fin” (486).
Autoconciencia
del yo:

Su conciencia de yo es tan fuerte que
estructura toda su identidad a partir de la
autoridad e importancia que delega para sí:
“¡Y había que oír cómo pronunciaba yo! En
esta afirmación personal se ponía el hombre
todo.” 479.
Su regocijo mayor era haberse construido
a sí mismo venciendo a la adversidad de un
contexto precario y de un futuro incierto.
Era tal su fuerza que, habiendo roto con el
mundo, se declaraba a sí mismo totalmente
autónomo: ¿Familia? -dijo Alejandro-. Yo no
tengo hoy más familia que tú, ni me importa.
Mi familia soy yo, yo y tú, que eres mía. (…)
Mi familia empieza en mí. ¡Yo me he hecho
solo!” (486).

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Un hombre que es dueño, no cela, por lo
menos no un hombre que se siente totalmente
seguro de sí mismo, como Alejandro: “Los
celos son cosa de estúpidos. Sólo los estúpidos
pueden ser celosos, porque sólo a ellos les
puede faltar su mujer. ¿Pero a mí? ¿A mí? A mí
no me puede faltar mi mujer” (488). “Después
de haberme conocido y de saber, gracias a mí,
lo que es un hombre, no puedes ya querer a
otro, aunque te lo propusieras” (500).
Trabajo:

Alejandro era un hombre que se ha hecho
a sí mismo a base de voluntad y de trabajo:
“Nada que de veras me haya propuesto, he
dejado de conseguir” (479). Era un hombre
de proyectos ambiciosos. Provenía de cuna
humilde y le gustaba alardearlo. Su dinero le
habría puertas, no sólo porque para eso sirve,
sino porque sabía utilizarlo: “Con dinero se
va a todas partes—solía decir. —No siempre,
ni todos—le replicaban. — ¡Todos, no; pero
los que han sabido hacerlo, sí! Un señoritingo
de esos que lo ha heredado, un condesito o
duquesín de alfeñique, no, no va a ninguna
parte, por muchos millones que tenga; ¿pero
yo? ¡Yo! ¿Yo, que he sabido hacerlo por mí
mismo, a puño? ¿Yo?” (479).

Masculinidades:

Hay distintos tipos de hombres; ser todo un
hombre como Alejandro no es algo habitual,
abundarían más los hombres incompletos,
mequetrefes a los que “es muy natural que
le engañe su mujer” (491). Y aunque de
Alejandro no pueda decirse sino que sea
del tipo de hombres duros, “incapaces de
querer, pero que exigen que se les quiera, y

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�Félix López / Todo un hombre. Historia de vida de un indígena zoque residente en N.L.

Homosocialización:

creen tener derecho al amor y a la fidelidad
incondicionales de la pobre mujer que se les
rinda” (494), desprecia a los otros distintos
a él que viven con su hombría mutilada y que
su completitud la sustituyen con títulos y
abolengos: “Ustedes son de un mundo y yo
de otro. Ustedes vienen de padres ilustres, de
familias linajudas... Yo, se puede decir que no
he tenido padres ni tengo otra familia que la
que yo me he hecho. Yo vengo de la nada, y no
quiero entender esas andróminas del Código
del honor” (497). No era esa hombría la propia
de su mundo, y la despreciaba por insulsa:
“—¿Caballero yo? ¿Yo caballero?—exclamaba
él—. ¿Yo? ¿Alejandro Gómez? ¡Nunca! ¡Yo no
soy más que un hombre, pero todo un hombre,
nada menos que todo un hombre!” (498).
Su amor a sí mismo construido sobre una
férrea voluntad basada en el olvido de un
“recuerdo [de su] vida toda, aquella vida que
ocultó a todos, hasta a sí mismo. Y llegó a su
niñez terrible y a cómo se estremecía bajo los
despiadados golpes del que pasaba por su
padre” (517). No, a él no podía fallarle nadie.

Amor:

222

Julia tenía todo lo que él le daba pero no
tenía certidumbre de su amor: ‘¿Me quiere
o no me quiere?—se preguntaba—. Me
colma de atenciones, me trata con el mayor
respeto, aunque algo como a una criatura
voluntariosa; hasta me mima; ¿pero me
quiere?’ Y era inútil querer hablar de amor,
de cariño con aquel hombre. Para Alejandro
esas cosas eran necedades: “Esas son cosas
de novelas” (484), “ya te he dicho que no
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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

me gustan frases de novelas sentimentales.
Cuanto menos se diga que se le quiere a uno,
mejor” (487). Un hombre se construye como
tal desde la realidad concreta, sin las fantasías
e irrealidades propias de los atributos
que considera femeninos: “¡Yo no vivo de
apariencias, sino de realidades!” (496).
Paternidad:

Trascender en un hijo varón es fundamental
para un hombre así. Con su arribo, el lazo
de la vida se extiende más allá del cuerpo
individual y se sigue siendo en el otro que
le desciende: “Lo esperaba. Ya tengo un
heredero y a quien hacer un hombre, otro
hombre como yo. Le esperaba” (489). Él,
siendo padre, ya no estaría solo: “Ahora tengo
ya familia, y quien me herede y continúe mi
obra” (490). Y lo amaba, aunque la expresión
de ese amor se la guardaba para sí, o mejor
dicho, la silenciaba porque la considera
inapropiada: “El padre rehusaba besar al hijo.
‘Con eso de los besuqueos no se hace más que
molestarlos’, decía. Alguna vez lo tomaba en
brazos y se le quedaba mirando (489)”. Y si
tal amor estallara en un beso, tal expresión
sería respondida con asombro, cuando no
con cierta dosis de rechazo: “el niño, que no
estaba hecho a los besos de su padre, que
nunca recibiera uno de él, y que acaso adivinó
la salvaje pasión que los llenaba, se echó a
llorar” (517).

Muerte:

Alejandro, el hombre fuerte, creador de su
propio mundo, no puede controlar su creación
porque éste no es una acción unilateral sino
un proceso de adaptación mutua del que él

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�Félix López / Todo un hombre. Historia de vida de un indígena zoque residente en N.L.

no es consciente hasta el final. Y cuando la
muerte llega, exigiendo la vida de la amada,
se revela indefenso, destituido de su poder
y dado por completo a un amor que siempre
estuvo ocultando: “Bueno, y al fin, dime,
¿quién eres, Alejandro?—le preguntó al oído
Julia. —¿Yo? -¡Nada más que tu hombre..., el
que tú me has hecho! (517). Su solidez no era
inquebrantable, frente a la muerte inminente,
Alejandro apreció la erupción descontrolada,
viva, de “algo que nunca antes en él viera;
[se] le descubrió un fondo del alma terrible
y hermética que (…) guardaba celosamente
sellado. Fue como si un relámpago de luz
tempestuosa alumbrase por un momento
el lago negro, tenebroso de aquella alma,
haciendo relucir su sobrehaz. Y fue que
vio asomar dos lágrimas en los ojos fríos y
cortantes como navajas de aquel hombre.
Y estalló: ‘iPues no he de quererte, hija mía,
pues no he de quererte! ¡Con toda el alma, y
con toda la sangre, y con todas las entrañas;
más que a mí mismo! Al principio, cuando
nos casamos, no. ¿Pero ahora? ¡Ahora sí!
Ciegamente, locamente. Soy yo tuyo más
que tú mía (508-509). Y aun cuando siempre
se habría creído autosuficiente, poderoso,
clamó por ayuda para salvar la vida de ella:
“¡Sálvemela usted, sea como sea! ¡Toda mi
fortuna, todos mis millones por ella, por su
vida! (…) —¡Mi vida, mi vida por la suya! ¿No
sabe usted hacer eso da la transfusión de la
sangre? Sáqueme toda la mía y désela a ella.
Vamos, sáquemela” (514-515). “No; mi mujer
no puede morirse. Antes me moriré yo. A ver,
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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

que venga la muerte, que venga. ¡A mí! ¡A mí la
muerte! ¡Que venga!” (515-516).
Y no pudo soportarlo, ante su impotencia,
desvió su fuerza hacia la violencia, y, en un
acto de dolor, ultimó su existencia, no podía
permitirse más, y a una gesta heroica, de esas
en las que los hombres se conmueven, dedicó
su muerte: “Mi sangre por la tuya – le dijo,
como si le oyera, (…). La muerte te llevó. ¡Voy
a buscarte!...” (518).
En la parte final, integro una breve síntesis analítica de
esta historia interseccionada a partir de estas categorías. Esta
síntesis pretende inducir a una reflexión a la luz de la situación
que las personas indígenas viven en la ciudad y las vicisitudes
que implican para el ejercicio existencial de un hombre que ve
conflictuada su masculinidad en contextos donde ella no se
organiza ni de la misma manera ni bajo la misma pretensión.
Historia de Humberto: un indígena zoque en la ciudad
“Hola, mi amigo”. Estas fueron las primeras
palabras que me dirigió Humberto. Lo conocí
hace diez años en una tarde de sábado en
la Alameda6. Me encontraba parado a la
6 La Alameda Mariano Escobedo se encuentra en el primer cuadro
del centro de Monterrey. Es un espacio público a donde, entre otras, suelen
acudir personas desempleadas entre semana y personas indígenas los fines
de semana. Respecto a la importancia de este espacio y de las vicisitudes
que implica su apropiación por parte de las personas indígenas en Nuevo
León. Cfr. Adela Díaz (2009). Migración indígena y apropiación del espacio
público en Monterrey. El caso de la Alameda. Monterrey: Centro de Estudios
Históricos de la Universidad de Monterrey, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, Facultad de Filosofía y Letras de
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�Félix López / Todo un hombre. Historia de vida de un indígena zoque residente en N.L.

sombra de un viejo árbol, observaba a la
distancia a unos predicadores que solían
acudir a evangelizar ahí los fines de semana;
les escuchaba atentamente, asombrado por
sus habilidades de manipulación discursiva,
por lo que me encontraba un poco distraído
de mí entorno. En cierto sentido me molestaba
lo que decían, pensé (con cierto prejuicio)
que no era justo la apropiación que hacían de
ese espacio, y que su mensaje y las artimañas
de que se valían para captar atenciones, eran
tramposas, que tergiversaban su doctrina e
irradiaban ignorancia. “Esos no son modos
naturales de amor”, “no son cosas de Dios
esas marimachas”, “se irán todos ustedes al
infierno si no hacen caso”, expresiones así
se engarzaban una tras otra, ya intentando
exponer algo de su doctrina o criticando algo
de lo que veían a su alrededor.
No me encontraba muy atento de mis
gesticulaciones y expresiones corporales -a
veces se cree uno invisible-, por eso quizás
éstas delataron mis opiniones al respecto.
-Hola, mi amigo. ¿Qué pedo con estos güeyes?,
han de creer que estamos pendejos, -me dijo
al acercarse.

Homosocialización

Tardé un poco en entender que era a mí a
quien se dirigía, pensé que tal vez le hablaba
a alguien más, pero al no ver a nadie más
cerca, lo asumí. Le dije que sí, que a mí me
causaban un poco de risa, pero que al mismo
tiempo me molestaba que fueran groseros.
Supuse que era indígena por el contexto y la

la Universidad Autónoma de Nuevo León

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fisonomía, pero igual podría no haberlo sido.
Me generó curiosidad su interés por charlar
conmigo, porque regularmente las personas
indígenas no suelen ser tan afables en ese
lugar, y en general se encuentran inmersas en
sus dinámicas y suelen considerar a los demás
como intrusos. Pensé que tal vez me pediría
algo, pero no fue así, sólo estaba pasando el
tiempo y se puso a charlar; supongo que pudo
haber sido conmigo o con cualquier otro que
hubiera coincidido con él en ese momento.
Me dispuse a corresponder y me presenté:
-Mi nombre es tal. A veces paso los sábados
por aquí de camino a mi trabajo. Quería
comprarme un elote, pero me detuve a
escuchar a esta gente; casi siempre paso
rápido y les veo, pero no me quedo para
escuchar. Aunque respeto su religión, no me
gusta lo que dicen, creo que se equivocan.
Sin dejar de verlos, Humberto me contestó
más con tranquilidad que con molestia. -Ellos
no saben nada de la palabra de Dios, no han
entendido nada…, supongo que lo hacen de
buena voluntad, pero se nota que no les ha
llegado la verdadera palabra.
Comprendí que me encontraba entonces
con un hombre creyente y temí que empezara
a querer convencerme de su fe. Pero no fue así,
en realidad casi de inmediato cambió de tema.
Autoconciencia
del yo:

-Yo me llamo Humberto y soy de Chiapas,
aquí no habemos muchos de allá de donde soy
yo, pero me gusta venir aquí de vez en cuando.
Ya tengo casi veinte años acá, soy más de aquí,
pero sigo siendo de allá.

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�Félix López / Todo un hombre. Historia de vida de un indígena zoque residente en N.L.

Me empezó a preguntar cosas, como ¿a
qué me dedicaba?, ¿de dónde era?, ¿si estaba
casado y tenía hijos? No era muy insistente
pero sí intenso, parecía que le interesaba
más preguntar que esperar alguna respuesta.
Aunque aguda, su voz sonaba fuerte, sólida,
pausada. Transmitía tranquilidad aunque
no admitía mucho espacio para la réplica, se
notaba que le gustaba escucharse.
Creo que nos caímos bien. Le conté que
colaboraba con una organización que
trabajaba por los derechos de las personas
indígenas de Nuevo León. A lo que, aunque
no pareció muy asombrado, mostró cierto
interés; creo que más en por qué lo hacía que
en los beneficios que tal organización pudiera
brindarle a él o a su comunidad (que en
realidad tampoco eran tantos, por lo menos
ningún apoyo material). Luego de un rato
me dijo que tenía que irse, que lo esperaba su
familia. Es esposo de una mujer regiomontana
con quien tiene dos hijos gemelos que
entonces tendrían unos 8 años. Le comenté
que estaba interesado en volver a charlar con
él para saber su historia, así que le pedí que
nos visitara, y le indiqué que trabajaba cerca
de ahí. Me contestó que no tenía pensado
regresar pronto, pero que quizá luego
podría visitarme. Intercambiamos números
telefónicos.
Homosocialización:

228

No volví a saber de él por más de un año. Un
día me llamó, me preguntó que si sabía quién
podía ayudarle para pedir unos datos de un
amigo suyo que había muerto hacía unas
semanas. Quedamos en vernos para contarme

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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

un poco la historia de su amigo. En realidad
no necesitaba nada, así que pienso que sólo
quería charlar sobre esto y supongo que me
eligió a mí para eso.
Desde ese día, a lo largo de casi diez años,
nos hemos visto seis o siete veces, siempre
con la misma rutina: Charlamos sobre su vida,
por la tarde de algún sábado durante una
o dos horas. Al principio se intercalaba con
algunos comentarios de mi vida que parecían
de su interés, pero eso fue dejándose de lado.
Nuestra relación se empezó a tejer gracias a
una complicidad dialógica donde mi papel
era el de escuchar. Esto me pareció bien. En
la última de esas charlas le propuse redactar
una historia de su vida. Lo que aquí presento
es un ejercicio narrativo parcial de algo
que quizá demore más tiempo, pues, como
resulta evidente, se encuentra en constante
reescritura.
Hombría:

Humberto tiene actualmente 50 años, vive con
su esposa y sus gemelos en la colonia Lomas
de la Fama en el municipio de Santa Catarina.
Tiene ya alrededor de 30 años viviendo en el
estado de Nuevo León y desde hace 20 trabaja
en Alen, una fábrica de productos químicos y
de limpieza en la que espera quedarse hasta
su jubilación.

Autoconciencia
del yo:

Él es originario del municipio Simojovel que
se encuentra al norte del estado de Chiapas,
allá vivió hasta los 19 años. Aunque estudió
la primaria, desde los 10 años trabajó en las
minas de ámbar. Sobre esto él pensaba que
“no quería vivir así, cansado de comer sólo

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�Félix López / Todo un hombre. Historia de vida de un indígena zoque residente en N.L.

tortillas heladas, a veces sin sal, con todo
ese peligro, y tan mal pagado”. Sus padres
tuvieron otros dos hijos varones mayores que
él: el más grande se dedica a la venta de ámbar
en la Ciudad de México, por lo que mantiene
contacto constante con su lugar de origen; y
el otro vive en la comunidad.
-Él sí tuvo chance de estudiar. Allá es
maestro de la escuela; le va bien -me comentó
Humberto sobre su otro hermano que vive en
la comunidad de Simojovel.
Sus padres aún viven, pero, desde que
salió de Chiapas hace casi 30 años, los visita
muy poco. Pero no pierde contacto con ellos,
y les envía dinero de vez en cuando algo de
dinero.
Autoconciencia
del yo:

Humberto migró a Nuevo León junto con
su amigo Andrés, a quien conoció “desde
que estábamos chiquititos”. En realidad no
tenían motivo alguno para elegir este estado
como lugar de destino. A diferencia de otras
personas que migran porque ya cuentan con
redes de amistades o lazos familiares que
pueden facilitar su estadía, ellos no contaban
con nadie. A ambos se les ocurrió, les pareció
bien, y así lo hicieron.
-No hacía ni frío ni calor. Nos habían
dicho que el calor estaba fuerte, pero no
lo sentimos sino hasta después, pero como
éramos nuevos ni nos importó tanto -me
dijo Humberto al recordar que su amigo
y él juntaron para sus boletos y llegaron a
Monterrey un octubre.

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Como sabían hablar bien el español, no se les
dificultó comunicarse. Sin embargo, al llegar
sí fue complicado conseguir trabajo.
Trabajo:

-Andábamos en la obra; de garroteros en
un restaurante de allá por San Pedro, pero
duramos poco; luego trabajamos tres días
para un señor que traía un carretón de basura
en San Gilberto (colonia del municipio
conurbado de Santa Catarina), pero ese güey
maltrataba mucho al pobre animal, estaba
todo flaco y la verdad pues nos daba mucha
pena; allá en el rancho también trabajamos
con los animales, pero no es lo mismo, aquí
clarito se les nota que nomás no son felices;
luego fuimos jardineros en el municipio; hasta
nos ofrecieron trabajar en la construcción del
Metro, pero como decían que ahí se moría
gente a cada rato, pues mejor no entramos
ahí; luego yo me metí a una fábrica, y Andrés
ya no me siguió porque no quería atarse a los
turnos y no le gustaba trabajar de noche.

Cosificación
de la mujer:

En ese tiempo no teníamos obligaciones,
nos pasábamos las noches de fiesta, además
aquí hay muchas cosas que allá en el pueblo
pues ni imaginar; ¡un día hasta probamos la
coca! La mera verdad a mí no me gustó; en
ese rato sí, pero después ya no; además que
nos quedamos sin todo el dinero de la semana
que nos acababan de pagar. Yo mejor ya no le
metí a nada de eso; Andrés de repente. Lo de
nosotros era más ir a las cantinas, que luego
se hicieron teibols, por allá en Villagrán. Nos
metíamos a una, luego a otra, y así hasta que
amaneciera y pasaran los camiones para irnos

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Jerarquía sexual:

Cosificación
de la mujer:

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a dormir: esa era la rutina de cada viernes
durante casi diez años… A veces nos tocaba
suerte y pues amanecíamos con alguna mujer
en uno de los hoteles de por ahí. Una vez, sin
querer, nos metimos a un teibol de allá por
Félix U. Gómez. Se veía bien el ambiente y
entramos, pero adentro nos dimos cuenta que
era una onda de jotos. Yo nomás me reí y le dije
a Andrés que mejor nos fuéramos a otro lugar,
pero él quiso quedarse para ver. La verdad
no estuvo tan mal, nadie nos molestó. Hasta
estuvimos platicando un rato con unos jotos
vestidos como mujer, creo que hasta bailamos
con ellos, pero nomás eso eh, hasta ahí nomás.
Ya no volvimos allí, aunque creo que Andrés sí
volvió “a seguirle” en otras ocasiones, cuando
yo me tenía que ir a dormir porque trabajaba
temprano. Los domingos dábamos vueltas
por la Alameda, para ver con quien platicar,
para ver si conocíamos a alguna noviecilla.
Pero no, ni Andrés ni yo agarramos novia en
la Alameda. Yo conocí a Regina [su esposa]
porque es la hermana de un compadre del
trabajo. Un día me invitó a una fiesta de
quinceañera de su hija mayor, donde me la
presentó, y desde ahí empezamos a quedar.
A mí no me gustaba mucho ella, pero yo ya
era grande y un hombre debe tener a su mujer
que lo atienda. Ella lo ha hecho bien, es buena
y pues nos queremos a nuestra manera. A
Andrés no le gustó mucho que me juntara
con Regina; me parece que él quería seguir
en el desmadre, pero a mí ya me andaba por
tener mis hijos, mi mujer. A él como que no
le interesaba mucho eso. Cada vez que lo veía

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Amor:

Muerte:

Masculinidades:

parecía como si estuviera enojado conmigo. Y
un día se fue así nomás, dijo que iba a meterse
al ejército, que ya no quería vivir en Monterrey
ni andar batallando. Nunca había dicho que
quería algo así, pero no me asombró mucho
eso, ya que él tiene familiares que son sorchos,
pero como no los veía mucho que digamos,
y además él ya estaba grande, pues se me
hacía muy raro todo eso. Le perdí de vista
mucho tiempo, hasta que un día me avisó mi
hermano -el maestro-, que Andrés se había
regresado al pueblo nomás para morirse. No
me dijeron bien de qué, y la verdad ni siquiera
quise preguntar, me dio mucha tristeza, ¿qué
se le va a hacer? Cuando toca, pues toca. Ya de
eso hace como dieciocho años, mis gemelos
estaban por nacer. Me acuerdo todavía mucho
de él, ojalá se hubiera quedado aquí conmigo,
pero ya ves…”
Aunque desde que se juntó con Regina, su
familia era toda su prioridad, a partir de que
se enteró que murió Andrés se ha enfocado
más en su trabajo y en su grupo religioso.
Dejó de beber y desde hace cinco años es
parte de un grupo de adoradores nocturnos
en la iglesia de su colonia, grupo al que llegó
luego de que el sacerdote de ahí lo invitara un
día en el que, luego del bautizo de sus hijos,
Humberto se quedó a platicar un poco con el
cura. Le contó que no estaba casado (lo que
haría un año después en ese mismo lugar) y
que quería acercarse un poco más a la religión,
que él siempre había sido creyente pero que
nunca había tenido oportunidad de acercarse
a la iglesia.

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-Sentía que luego de lo que pasó con Andrés,
y después con el nacimiento de mis hijos
necesitaba tener más fuerza para ellos, no sé,
pensé que en la iglesia podía encontrarla y
creo que así fue -me confesó.
Para Humberto, este grupo ha representado
mucho más que una reunión para orar, ahí
encontró empatía y apoyo con otros hombres
que, como él, se necesitaban unos a otros.
-Cuando el padre Rubén me invitó a ese
grupo pensé que podía ser bueno para mí,
pero ¿rezar toda la noche?, además, rezar es
una cosa de mujeres. Me decidí y fui, ya que
fuera del trabajo no tenía mucho que hacer.
Humberto describe a su grupo de
adoradores nocturnos como un conjunto
de hombres que “habiendo jurado al Jesús
Sacramentado, le ofrecemos cada mes una
noche de sacrificio ante su presencia, con
ello no sólo reparamos nuestra faltas sino
también las del mundo entero. Y eso hace
falta ¿no?”. El grupo está conformado por
más o menos diez hombres habituales y
otros cinco o seis que van de vez en cuando a
las “vigilias nocturnas en las que no salimos
del templo imitando a Jesucristo que oró
así en el Sagrado Huerto”. Desde hace cinco
años esta actividad ha representado para
Humberto una salida donde consuela sus
emociones y sentimientos.
-No sé si por la fuerza de Dios o por otra
razón, pero no me siento cansado, salgo lleno
de energía -dijo Humberto al referir su estado
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de profundo impacto cada vez que salía de
tales experiencias grupales.
Hemos acordado que le acompañaría en
alguna ocasión, pero no hemos insistido
mucho en eso. Para él está claro que yo no
soy creyente, y supongo que eso le llevaría a
considerar ilegítima mi presencia en ese lugar.
En cualquier caso, aún no se ha concretado,
espero alguna vez poder hacerlo.
Trabajo:

Humberto no ha perdido su empleo y aunque
dice que “le va bien”, sí ha visto cómo la
pandemia por el SARS-CoV2 (Covid-19)
ha afectado su economía familiar, pues,
además de tener que contratar un servicio
permanente de internet y, aunque ya tenían
una computadora de escritorio que utilizaban
por turnos ambos hijos, tuvo que conseguir
en pagos una computadora adicional para
sus clases virtuales (uno de ellos cursa la
preparatoria en la Universidad Autónoma
de Nuevo León y el otro optó por ingresar a
la Universidad Tecnológica). Su esposa, que
trabajaba de empleada doméstica por horas
en una casa de una familia que se dedica a
la compraventa de autos en el municipio,
sí fue puesta en pausa por sus empleadores.
Al parecer temían que ella introdujera el
virus debido a sus traslados, por lo que le
propusieron trabajar de quedada y no salir
hasta que todo volviera a la normalidad o
esperar a que se resolviera todo. Regina no
tuvo más opción que dejar de trabajar ahí,
por lo menos “mientras pasaba todo esto del
virus”. Humberto fue entendiendo poco a

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poco sobre la gravedad de este virus (si acaso
la pandemia puede ser entendida de alguna
manera).
-Todo está muy cabrón. La verdad al
principio creí que las cosas se arreglarían
rápido. Por ahí tenía un guardadito y creí que
con éste saldríamos adelante porque sería
rápido todo esto. Como nosotros casi no nos
enfermamos, supongo que por nuestra raza,
pues no teníamos mucho miedo; eso es más
para los ricos que tienen tiempo de andarse
enfermando. Pero ya me di cuenta de que no
es así, que este asunto es para todos. Además,
a nosotros los jodidos nos iba a ir peor: los
ricos tienen dinero para atenderse, pero ¿y
nosotros?, apenas tenemos seguro y otros ni
eso tienen, como mi compadre Manuel que se
enfermó de esa chingadera.
Yo sí tengo prestaciones por el trabajo,
pero él trabaja en un taller mecánico, y
pues no le dan nada, antes y le pagan. Yo lo
aprecio mucho porque cuando llegamos a la
colonia él me echó siempre la mano, siempre
es muy parejo, y yo conozco a sus hijos desde
chiquitos y él a los míos; las viejas no se
llevan muy bien, apenas se tragan, pero como
quiera se aguantan cuando nos juntamos en
las fiestas. Cuando Manuel se sintió mal sí se
asustó, él está más chavo, pero como el güey
está gordo, y ya sabes que dicen que eso hace
que te enfermes peor, se asustó. Y, ándale, que
ahí vamos a buscar dónde lo podían curar.
Nos trajeron en vuelta y vuelta, hasta que
un amigo que escribió al feis del Bronco (¿tú
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crees que él conteste su feis?, yo digo que no,
pero igual sí te contestan) supo que debía ir
al Drive-thru del Paseo Santa Catarina. Eso
fue a mediados de julio. Lo lleve ahí, hicimos
una pinche fila de ocho horas y le hicieron la
prueba. Hubieras visto cómo se puso el pinche
chillón, ya después de una semana le dieron
el resultado, aunque él ya se sentía bien, y
¡pum! le dicen que sí tenía covid y se agüitó
de nuevo; se andaba desmayando. Fue cosa de
un rato, ya a los dos o tres días se alivianó y
ahora ahí anda el pinche gordo como si nada
le hubiera pasado. Yo no me sentí mal, por eso
no me chequé. Pero sí nos sacaron un pedo.
Autoconciencia
del yo:

Paternidad:

Yo he batallado mucho aquí en Monterrey
-continuó Humberto relatándome su vida
en esta ciudad-, pero ya no he pensado en
regresarme a Chiapas, ¿pa’ qué?, aquí estoy
bien. Tengo mi casa, mis hijos, mis amigos, mi
mujer. También tengo una camioneta que es
mi orgullo, fui ahorrando de a poco y la pude
comprar con las personas con las que trabajaba
mi señora; me costó cien mil pesos hace tres
años y por eso la cuido mucho. Después está
mi casa, que ya mero termino de pagar, y es
lo que más quiero, claro, primero está Dios
y mi familia. Pero mi camioneta es todo para
mí. Mírala, ¿a poco no está con madre? A
veces no tengo ni para echarle gasolina, pero
no me importa. No tengo dinero en el banco;
cada que podemos le vamos echando algo de
dinero a la cuenta de la caja de ahorro que hay
allá en la colonia. Esto le enseño siempre a mis
gemelos. Yo no tengo nada más que dejarles
que mi ejemplo. Cuando yo me muera ellos

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�Félix López / Todo un hombre. Historia de vida de un indígena zoque residente en N.L.

me representarán en esta tierra, y por eso
deben ser hombres cabales: deben ser fuertes,
ahorrar, trabajar, tener palabra. Un hombre
sin trabajo, sin ahorros, sin familia, no sirve
pa’ nada, ni es responsable, ni es hombre.
¿Que las cosas son duras? Pues sí ¿qué nadie
te ayuda?, pues casi no. ¿Que hay quien se
aprovecha de ti?, pues también. Pero de eso
se trata ser hombre, de salir adelante, de ser
fuerte y no caerse… aunque tenga uno muchas
ganas.
Muerte:

A veces extraño a Andrés. Dentro de unos días
él cumpliría años y me gustaría abrazarlo,
ése era un hombre de una pieza, una media
chueca, pero toda entera.

Conclusiones
En este apartado se añade un conjunto de reflexiones analíticas
que convergen entre las emergencias de las personas indígenas
que viven en la ciudad y las vicisitudes existenciales que se lían
en un hombre que ve conflictuada su masculinidad en contextos
donde no se emprende ni de la misma manera ni bajo la misma
forma. Estas reflexiones consideran, en primera instancia, los
retos y dificultades que implican la combinación de narrativas
y categorías de análisis que, trasladadas, resignificadas e
interseccionadas en un discurso común, recrean y son insumo
para el reconocimiento y aprehensión de una realidad que escapa
al dominio total de una sola disciplina. La transdisciplinariedad,
como se ha dicho anteriormente, se sostiene en la consideración
de que las fronteras disciplinares no son estáticas sino flexibles
y permiten, para la atención, comprensión o estudio de
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problemáticas o realidades complejas el préstamo de contenidos
teóricos que, en este caso, han sido de suma importancia.
Por ejemplo, para María Zambrano (2010) la palabra que
un autor le da al protagonista, la da dentro de los límites de su
situación, “sin romper el círculo mágico de un sueño” (103). Para
ella, como para Unamuno,
trascender no es romper sino extraer del conflicto una verdad
válida universalmente, necesaria de ser revelada a la conciencia
(…). El poeta aquí, como el personaje, ha cumplido por entero su acción trascendente: ha vertido su conciencia intacta –
tiempo-luz– en modo que diríamos transubjetivo. (Zambrano,
2010, p. 103)

Pero con tal transubjetividad no se trata “de aplicar
principios generales en casos concretos, ni tampoco de inducir
únicamente máximas desde las decisiones concretas, sino de
descubrir en los distintos ámbitos la peculiar modulación del
principio común” (Cortina &amp; Martínez, 2001, p. 159). Para cada
campo existe una innegable especificidad y por eso hay códigos
comunes a ellos, pero manifiestos en tantas diferentes versiones
como individuos puedan interpretarlos (Cortina &amp; Martínez,
2001). Por tal complejidad, atender a las innumerables versiones
nos obliga a hacerlo desde la transdisciplinariedad.
En Nada menos que todo un hombre, Unamuno nos relata el
objeto que ha de ser luego tema de su investigación metafísica.
Se podría argüir que ese objeto conseguido en la novela no
tiene realidad ninguna, que se trata de entes de ficción, de
personas puramente imaginarias, pero, aparte de que el ente
de ficción dista mucho de ser nada, sino que, por el contrario,

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tiene una peculiar realidad, basta recordar el principio fundamental de la fenomenología de Husserl —con la que tan honda relación tiene todo lo anterior—, según el cual la fantasía
o la intuición imaginativa son tan aptas como la intuición de
hechos reales para conseguir la aprehensión de las esencias, y
aun acaso ofrecen alguna ventaja(…); porque la aprehensión
de tales objetos ideales no implica en modo alguno la posición
de ninguna existencia individual ni la menor afirmación acerca de hechos. Por tanto, la novela puede servir, como la propia
experiencia de la vida humana, de la cual, en definitiva, deriva, para llegar a conocer las esencias de los modos de ser que
constituyen al hombre. Su sentido excede, pues, del plano de
una mera antropología, se entiende, en cuanto a sus posibilidades, y es capaz de llevarnos a una consideración ontológica.
(Marías, 1997, p. 73)

Para Unamuno, según Julián Marías (1997), la realidad
del personaje de ficción se parece a la concreta en que no está
hecha, en que se tiene que ir haciendo y en que se puede contar,
y en eso radica lícitamente su drama. Se podría decir que los
personajes de ficción no son reales, “pero esto requeriría ponerse
previamente de acuerdo sobre lo que se entiende por realidad [y
es] evidente que ésta les compete de algún modo (…)” (Marías,
1997, p. 33). Para Unamuno, en sus personajes él encuentra al
mismo ser humano, ese ser que para él “es la verdadera realidad
y a la vez el tema de su angustiada preocupación [por lo que
podría decirse] con perfecto sentido: «¿Ente de ficción? ¿Ente
de realidad? De realidad de ficción, que es ficción de realidad»”.
(Marías, 1997, p. 33)
Los personajes de Unamuno, sus pueblos, la descripción
de las cosas, son síntesis colectivas relatadas de lo que a esos
personajes les sucede, son recapitulaciones de muchos hombres
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a lo largo de los años. “Este es el sentido de esa excepción, que
tantos graves problemas suscita: (…), el del sentido de la vida
colectiva —expresión en extremo ambigua— y el del sujeto y la
personalidad de ese vivir. (Marías, 1997, p. 42)
Aunque “nos muestra al personaje viviendo en el mundo,
con otras personas, tratando con ellas, afanado en quehaceres, en
relación con su sociedad y los asuntos de su época” (Marías, 1997,
p. 47) en realidad, Unamuno configura esquemas, creaciones
simbólicas “en que el autor pone en juego figuras convencionales,
que representan problemas o afanes universales (…) [la anécdota]
es el pretexto para que se muestre el drama de la personalidad; lo
que importa no es que suceda tal o cual cosa, sino el ser yo de cada
uno de los protagonistas”. (Marías, 1997, p. 45-46)
Humberto es un hombre que se ha visto debilitado pero
que no es débil ni tiene temor a tal condición. Él no ha admitido
para sí más que un estrecho margen de fracaso. Se ha hecho
solo. Estimó a un hombre mucho más de lo que ha estimado a
cualquier mujer, pero se casó porque era un requisito, y porque
era necesario tanto moral, social como económicamente, pero
ella siempre queda al final de sus prioridades, al final de los
enunciados; tiene un carácter instrumental, ella es usada para
algo o por algo.
Por su heterosexualidad asumida, la improbable
materialización (o por lo menos explicitación) del amor
que Humberto sintió [y siente aún] por su amigo Andrés no
encuentra sustituto y le permanece fragmentado, astillado en sus
afectos presentes y futuros. Acaso, tal orientación es sustituida
con su participación en espacios de homosocialización (como
el grupo de adoradores nocturnos) que le brindan, si no la
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expresión de emociones sexuales, si fraternidades masculinas
que le suplantan. Pero ahora se encuentra acompañado y de tal
vínculo familiar se desprende lo más sólido de su hombría: debe
proteger a su familia.
Siendo críticos, tal mandato de protección familiar
podría considerarse como un constructo identitario que sesga
negativamente sus posibilidades existenciales y ubica en
posición de subordinación a las personas que dependen de él,
y aquí es donde radica la diferencia entre comportamiento e
identidad. La existencia sostenida de puntos de coincidencia en
comportamientos incesantes no significa identidad sino hábito. Y
para Humberto protección no deviene en ejercicio de poder sino
en ejercicio de amor. Y ello sí puede resignificarse en identidad:
la protección de a quién se ama (porque allí uno se da) y no dé a
quien se cree poseer (donde el yo tutor resulta en narciso). Sólo
así, mediante el darse colectivo, la protección como dispositivo
humano puede ser parte de lo que somos (identidad) y no sólo de
lo que hacemos (comportamiento).
Humberto es un hombre que, como tantos otros, migró y
vio reconfigurada su vida en un lugar distinto al de su nacimiento.
En el contexto adverso de rechazo, marginación, exclusión
y discriminación que le ha tocado vivir, tal vez su existencia
no se estime ejemplar, pero sí ejemplo de lo que enfrentan los
hombres indígenas en la ciudad, del conflicto que supone el
verse comprometidos a adaptar su identidad y de la voluntad y
fortaleza con la que responden ―o no― a todo ello. Quizá a ello
se refería el historiador italiano Carlo Ginzburg (2008) cuando
sostenía que el:
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ampliar hacia abajo la noción histórica de “individuo” no es objetivo de poca monta. Existe ciertamente el riesgo de caer en la
anécdota (...) pero no es un riesgo insalvable. (...) Se ha demostrado que en un individuo (…), carente en sí de relieve y por ello
representativo, pueden escrutarse, como en un microcosmos,
las características de todo un estrato social en un determinado
periodo histórico. (p.21).

Obrero en una ciudad industrial, Humberto ha percibido
cómo su vida es determinada o, mejor dicho, subjetivada a partir
de una jerarquización sociocultural en la que no ocupa más
que uno de los escaños inferiores. En tanto que nada se le ha
regalado, su existencia admite una rúbrica de trabajo, esfuerzo
y dedicación y, frente a ella, arroga para sí el derecho a ser
reconocido como nuevoleonés ―signifique lo que fuere. ¿Qué
otros valores culturales o marcas identitarias serían necesarias
para la concesión de tal reconocimiento? Si él lo asume así, ¿por
qué alguien habría de oponerse?
De voz más bien delgada, aguda, pero recia, camina
por el mundo pensándose digno de escucha pero, al mismo
tiempo, lamentándose por no haber encontrado ―aún― las
personas correctas que lo hagan. ¿Vale la pena escuchar esta
voz? La de Humberto, como la de muchos otros similares a
él, simboliza una melodía común que se expresa modulada
en las versiones organizadas de forma diferente por los
acontecimientos de la existencia individual. Es ésta una pieza
colectiva que puede ser sostenida hasta encontrar resonancia
y una vez ahí pueda manifestarse en interpretaciones nuevas.
Este escrito es un dispositivo que se suma ―y vibra― ante
tal reinvención.
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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, julio-diciembre, 2022

Cultura, Modernidad y camp
camp: resistencia sin agenda
Culture, Modernity and camp
camp: resistance without an
agenda
Alexa Rosales Rivera1
Eleocadio Martínez Silva2
Resumen: El siguiente trabajo tiene por objetivo pensar las expresiones actuales de la sensibilidad camp desde el marco de la cultura y sus
procesos dialécticos. Nos situaremos en el contexto de una Modernidad
tardía considerando sus vicisitudes como factores que explican la proliferación del camp. Así mismo, en su convergencia con las redes sociales, encontraremos que el camp ofrece suficiente material audiovisual en
el que se aprecia su carácter lúdico y hasta frívolo, así como un potencial político para responder a las interpelaciones de la hegemonía en
cuestiones de clase, género, gusto, entre otras.
Palabras clave: cultura, modernidad, camp, resistencia.
Abstract: The present paper aims to reflect on the current expressions
of camp sensibility in the framework of the dialectical processes of culture. To do so we will place ourselves in the context of late modernity
1 Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Autónoma de Nuevo
León (UANL). Monterrey, México.
2 Profesor-investigador de tiempo completo. Facultad de Filosofía y
Letras. Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL). Monterrey, México.

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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

considering its vicissitudes as factors that explain the proliferation of
camp. Taking into account its convergence with social networks, we
will find that camp aesthetics extend and offer enough audiovisual material in which its playful and even frivolous nature can be appreciated,
as well as its political potential to respond to the interpellations of the
hegemony in matters of class, gender, taste, among others.
Key words: culture, modernity, camp, resistance.

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-7

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�Alexa Rosales; Eleocadio Martínez / Cultura, Modernidad y camp: resistencia sin agenda.

Cultura y relaciones de poder
Muchos debates se han desencadenado alrededor del concepto
cultura. En sus inicios se le confinó al terreno espiritual y al de
las bellas artes (Thompson, 2002). No obstante, su peso en la
configuración de las sociedades, integrando creencias, valores,
actitudes y productos materiales, obligó a concebirla de manera
holística. La cultura se encuentra en los aspectos más mundanos
y constituye un conjunto de prácticas y significados que crean y
se recrean, desde los cuales fabricamos y asimos el mundo que
nos rodea (Echeverría, 2010). La dinámica de la cultura nos obligó
a cuestionar la posición de las personas en ella y su capacidad
de agencia: ¿somos marionetas que simplemente responden al
contexto histórico, o individuos cuyos deseos pueden expresarse
más allá de los parámetros establecidos por la cultura? No
podemos razonar si no se establece de antemano una identidad a
partir de un conjunto de preceptos aprendidos al llegar al mundo,
pero es imposible que esta identidad que nos es asignada desde
el exterior determine enteramente nuestro razonamiento (Sen,
1998), debe tomarse tan sólo como un punto de partida. De acuerdo
con Freire (2012), efectivamente, existen condicionantes, pero no
tienen que tomarse por destinos; se trata de un proceso dialéctico
entre la pretendida objetividad de instituciones legitimadas, y la
subjetividad de realidades particulares y diversas.
Las subjetividades son construidas en la actuación constante
de los discursos y las prácticas que interpelan a los sujetos.
Y, viceversa, estas subjetividades que se actúan, transforman
también esos lugares de sujeción, cambiando así paulatina o radicalmente los términos mismos de las nuevas actuaciones. O

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�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

sea, no es que por un lado esté ya definido el sujeto y por otro la
subjetividad, sino que ambos están desplegándose y troquelándose mutuamente a propósito de esos puntos de sutura que son
las identidades. (Restrepo, 2006, p. 150)

“Nadie puede darse la vida a sí mismo, y nadie puede,
tampoco, darse su propia identidad” (Meirieu, 1998, p. 21).
Nuestra identidad, ya que no es cien por ciento innata, puede
evolucionar con el paso del tiempo y las experiencias vividas;
estamos sujetas al cambio. Y esto es lo que nos da capacidad de
agencia, la “imposibilidad de clausura como prueba de una vida
que no sea destino” (Ema, 2012, p.100). Así, mujeres y hombres
son capaces de responder a una interpelación reconociéndose en
el nombramiento que otro hace de ellas y ellos, o bien, pueden
volverse contra ésta, superándola o negándola. Y es en este
proceso de negatividad que radica la posibilidad de ser, de la
libertad como posibilidad de transformación (Butler, 2012). La
negatividad constitutiva sería más bien un empuje productivo
para recrearnos (Ema, 2012). Es un proceso generador de opciones
que necesitan existir para luego ser negadas y superadas como
reflexividad de la consciencia, respondiendo a los discursos que
nos producen y cambiándolos (Butler, 2012).
De tal manera, “la desobediencia a la autoridad es uno de
los actos más sanos y naturales” (Hardt y Negri, 2000, p. 176) por
la ambivalencia que forma parte de la identidad, enmarcada en
procesos de opresión y liberación (Bauman, 2005). Son procesos
correspondientes al rechazo de los discursos externos que nos
construyen y a la necesidad que tenemos de ellos, pues, “yo soy
‘yo’ [...] pero no lo soy sino en la medida en la que estoy en la
relación, en la exposición a los otros y en la sorpresa por los otros
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-7

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�Alexa Rosales; Eleocadio Martínez / Cultura, Modernidad y camp: resistencia sin agenda.

–los otros humanos, los otros animales, vegetales, minerales...”
(Nancy y Moreno, 2013, p. 209). Tal dinámica impide llegar a
cierres definitivos. Lo único definitivo es nuestra existencia
en condición de devenir. Producimos prácticas y soluciones
contingentes posibilitadas desde el contexto histórico (Ema,
2012), lo cual rechaza la idea de una identidad o esencia original,
anteriores a los discursos que nos construyen (Butler, 2012).
Es en estos procesos que cada persona se va haciendo una
idea del mundo, de sí misma y su posición frente a los demás; se va
construyendo su realidad, y hay tantas realidades/subjetividades,
como personas en el mundo. A pesar de lo anterior, cada subjetividad
comparte un terreno común –una realidad objetivada– con
otras subjetividades (Berger y Luckmann, 2001), un espacio que
pretende mediar, en el que se prolongan las batallas posibilitando
consenso y fricción. Ampliando la escala, pasando de individuo a
colectividad, se forman sociedades que a su vez interactúan con
otras y son susceptibles de cambiarse en sus encuentros.
Sin embargo, a lo largo de la historia humana, los
encuentros entre culturas se han distinguido por la violencia y
el deseo de erradicar al otro. De abrirse una vía de comunicación,
frecuentemente encontramos que los intercambios no son
equitativos; ciertas voces logran tener mayor peso —en ese
supuesto terreno común, una realidad objetivada sin ser
necesariamente imparcial— que otras por el poder material
y simbólico que heredaron de una historia de dominación, que
queda plasmada en una jerarquía estética y cultural, donde
encontramos formas deseables y repudiadas, nobles y ordinarias.
Quien se invista con las formas más valoradas llevará ventaja para
hacer que el mundo escuche lo que tiene que decir; ya la estética
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-7

�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

inculcada nos predispone al hacer una valoración del contenido.
Mediante estos mecanismos culturales aún se puede alinear a
los desposeídos de poder simbólico a los designios de personas
cubiertas por signos de virtud y belleza; se ejerce una violencia
simbólica a través de la cultura oficial que las élites instituyen.
De acuerdo con Néstor García (1981), la cultura oficial
inculca los intereses de la hegemonía y legitima las estructuras
dominantes encubriendo su arbitrariedad, haciéndolas pasar por
naturales y por el único estado posible en el que pudo desembocar
la historia humana y el comportamiento de las personas. Desde
diversos flancos se inculca un modo aceptable para conducirse y
para aspirar. La estética y su clasificación de significantes fungen
como una guía inmediata, casi instintiva, que nos señala el camino
y las personas a las que se debe seguir e imitar por sus supuestas
virtudes en sintonía con la imagen que proyectan.
Es por ello que “la racionalidad requiere esencialmente
representación” (Rodríguez, 1998, p. 4), pues las representaciones
nos sirven para valorar la viabilidad de nuestras empresas. De
esta forma, al ser recibidos por un mundo ya trazado, resultará
más sencillo decantarnos por un camino en lugar de otro; ¿cómo
luce y se comporta la gente más valorada?, ¿qué debe hacer una
mujer?, ¿cuál es el papel de un hombre y qué rasgos físicos engloba
la noción de lo masculino?, ¿cuáles son las prácticas destinadas
para la clase alta, media y baja? Basta ver las formas, las puestas
en escena de nuestro entorno, para descifrar el script social y
darnos una idea de lo que debemos hacer y de cómo debemos
presentarnos frente a la sociedad, la cual ya ha delimitado las
opciones que cada persona tendrá a su disposición, de acuerdo
con su papel.
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Para lograr que cada persona se ciña a su posición en
la jerarquía, por medio de diversas autoridades, se realiza un
Trabajo Pedagógico (Bourdieu y Passeron, 1996); la familia inculca
por repetición la adhesión a posturas apropiadas, la escuela
hace otro tanto para que el individuo interiorice normas que,
aunque rompa, las reconozca como legítimas. El éxito de la
Acción Pedagógica como dominación radica en que el individuo
interiorice la legitimidad de las reglas y de las autoridades más
que en su fiel adhesión a lo que dictan las reglas, pues romperlas
no atenta contra las jerarquías instituidas, pero cuestionar su
legitimidad, revelar sus prácticas, sus ceremonias y atavíos como
arbitrariedades culturales, por otro lado, es más peligroso para
quienes detentan el poder. Por ello, la cultura dominante prefiere
predicarle al converso, pues se corren menos riesgos de que las
puestas en escena y despliegues de autoridad sean cuestionados.
Por lo tanto, la clase media es presa predilecta de la
dominación simbólica (Lagarde, 2016), mientras que la clase
obrera, más ajena a la idiosincrasia de la burguesía, podría ser
más reacia o, desde otra perspectiva, más racional y crítica, ante
la imposición de otras formas de vida que nada tienen que ver
con ellos ni con sus necesidades o sistema de valores. A pesar de
ello, aún es posible que termine interiorizando la legitimidad de
la hegemonía por la exclusión que ésta hace de ellos (Bourdieu y
Passeron, 1996), principalmente porque la exclusión, a lo largo
de la historia, conlleva represalias como la “muerte, reclusión,
aislamiento social, sanción económica, amonestación”, etc. (Sau,
1991, p. 179). Muchos han sido los intentos por arreglar estas
relaciones de dominación tan arbitrarias como absurdas. Pero
como señala Baudrillard, a menudo, cuestionarlas directamente
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o explotar contra ellas no hace más que resucitar su poder, pues
encuentran la manera de reencarnar en otras formas.
Por otro lado, cuando las autoridades simulan y las masas
se unen a la farsa, se produce un resultado inesperado, “una especie
de parodia, de hipersimulación [...] las masas, que no debían ser
más que el ganado de la cultura”, se transforman en “el agente
exterminador de esta cultura” (Baudrillard, 1978, p. 86). Si antes
los movimientos explotaban, ahora implotan. Cuando tratamos
de arreglar las incongruencias, pero el mundo es sordo ante los
reclamos, entonces dejamos que sus formas crezcan y choquen
entre ellas, provocando el más grande absurdo. Justo como las
mascaradas femeninas, mujeres que se interpretan y exageran a
sí mismas o, mejor dicho, que extreman el ideal hegemónico de la
femineidad, y que, a diferencia de los transformistas, la sorpresa y la
incongruencia se encuentra entre su identidad, conscientemente
enmascarada, y el papel exagerado que interpretan, rol del que
de todas maneras nunca se pueden desprender, pues la sociedad
no las concibe de otra forma (Robertson, 1996). Sólo a través de
la autoparodia existe la posibilidad de neutralizar la estética que
las somete, de despojarla de su poder. Así lo hacía el colectivo de
arte ASCO al reproducir y exagerar los estereotipos chicanos que
los marginaban (Flores, 2020).
En el mismo sentido, Baudrillard habla de la
hipersimulación como un mecanismo amenazante para la
autoridad, pues ‘explotar’, atacar directamente a la autoridad y
su cultura, no hace más que resucitarla; ‘implotar’, por otro lado,
‘simular’ como ellos lo hacen, conlleva a una hipersimulación,
la cual resulta más poderosa para vaciar las prácticas culturales
de todo sentido; se vuelven incongruentes y pierden el poder de
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volver a tomarse por serias o legítimas. La afronta no se dirige al
discurso que proponen las formas, va contra las formas mismas.
Barthes afirma que estas expresiones, las que comunican
más allá del nivel informativo y simbólico, corresponden a
un tercer nivel de análisis, sería hablar de un ‘tercer sentido’
o ‘significancia’ cuando las formas se exageran a sí mismas y
desbordan el significante. La principal cualidad del tercer sentido
es que borra “los límites entre expresión y el disfraz” (Barthes,
1986, p. 55). El tercer sentido, una cualidad que encontramos en
el camp, suele desbordar la forma y su significado. A partir de la
exageración estética, de su uso gratuito, termina transmitiéndonos
algo más, algo difícil de sujetar porque rebasa lo informativo y lo
simbólico, porque es algo que está fuera de la cultura y tan sólo lo
presentimos, no se aprehende inteligiblemente. De hecho, el camp
echa por la borda las herramientas hermenéuticas, enfatizando,
sin dar justificación alguna, las formas, las texturas y el estilo
(Cleto, 2019). Nos quedamos con una experiencia estética que,
aunque se niegue a aportarnos un mensaje claro, está ahí y debe
ser nombrada, es parte de la experiencia humana.
Hablando de hipersimulación, tercer sentido, o camp,
diversos autores coinciden en la dificultad de describir y analizar
esos sentidos “obtusos” que están “fuera del lenguaje” (Barthes,
1986, p. 61) y que no existen en sí mismos, sino que esperan ser
vislumbrados y completados por una audiencia capaz de apreciar
otras experiencias a partir de los significantes desligados de su
significado informativo y simbólico. La exageración y el absurdo
nos sacude, entonces, en lugar de decodificar el signo como
acostumbramos hacerlo, experimentamos sensiblemente la
arbitrariedad del lazo que une al significante con el significado,
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cualidad básica del signo (Saussure, 1945). Algo similar sucede
con la saturación semántica; después del uso desmedido y
repetitivo de una palabra, ésta deja de tener sentido y hasta nos
extraña su sonido. Entonces apreciamos tan sólo su conjunto
de significantes arbitrarios que, en muchos casos, por ninguna
razón vital llegaron a convertirse en los representantes de cierto
significado. Tal fenómeno hace que cualquier pretensión de
seriedad al volver a actuar bajo ciertas formas resulte graciosa,
pues ya no creemos en una esencia detrás de ellas.
De acuerdo con Fabio Cleto (2019), éste es uno de los
efectos más poderosos del camp, pues gracias a esta dislocación
entre significante y significado, en muchos casos, exhibe las
formas, las prácticas y estilos estéticos a los que recurre la vanidad
moral y su aspiración a la originalidad y autenticidad. Así, el camp
resulta interesante porque dentro de las posibilidades que ofrece
esta sensibilidad, tiende a reproducir la estética de los ideales
hegemónicos, pero exagerando sus formas. Esta exageración
desborda el sentido de los significantes y comenzamos a
apreciarlos por lo que son: disfraces frecuentemente arbitrarios.
Sensibilidad camp
Al hablar del camp es obligatorio remontarnos a la referencia de
base que corresponde a Susan Sontag y su célebre ensayo, Notes
on Camp, publicado por primera vez en 1964. En él describe una
sensibilidad estética cuyas principales cualidades suelen ser la
exageración y el artificio. El camp es una visión del mundo en
términos de un estilo particular que presenta cosas siendo lo que
no son. “El camp lo ve todo entre comillas. No será una lámpara,
sino una «lámpara»; no una mujer, sino una «mujer». Percibir el
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camp en los objetos y las personas es comprender el Ser-comoRepresentación-de-un-Papel” (Sontag, 2005, p. 360). Siguiendo
a la autora, si el camp percibe las cosas como un juego de roles,
entonces el camp es capaz de convertir a un hombre en mujer,
a una mujer en hombre, a una persona en cosa y a una cosa en
persona. Sólo es necesario abstraer la cualidad característica del
objeto o persona en cuestión para jugar con su rasgo distintivo
y reproducirlo en distintos contextos. A menudo, este juego de
asociación de formas que salen de sus campos para desplegarse
en los escenarios más impensables resulta en yuxtaposiciones
absurdas e irrisorias, por lo tanto, el humor es un resultado
común en el camp.
Esta sensibilidad pone especial énfasis en la forma
sobre el contenido, facilita una mirada divertida sobre todos
los artificios y puestas en escena desplegadas en la vida social,
revelando la cómica arbitrariedad de actuaciones que se toman
por serias. Sean los protocolos de la monarquía, las exhibiciones
de hipermasculinidad de Vladímir Putin montando a caballo sin
camisa, o la pose de lujo y glamour de María Félix, todos comparten
cierta exageración y teatralidad, y no pasan inadvertidos por
la sensibilidad camp. El camp puede ser totalmente ingenuo o
consciente de su exageración y comicidad resultante al tratar de
representar un papel.
También, en el camp la ambición suele ser desmesurada,
lo cual garantiza el fracaso. De forma ilustrativa, Sontag expone
que aspirar a lograr la estética cinematográfica y efecto dramático
de grandes producciones, pero contando con sólo tres pesos de
presupuesto, puede resultar en un buen camp; algo tan malo que
es bueno porque fracasa en su intento de ser serio. “El gusto camp
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[...] no menosprecia a quien logra ser seriamente dramático. Lo
que hace es encontrar el éxito en ciertos apasionados fracasos”
(Sontag, 2005, p. 375). Estos “fracasos” son apreciados porque
revelan “otra clase de verdad acerca de la situación humana,
otra experiencia de lo que constituye ser humano; en suma: otra
sensibilidad válida” (Sontag, 2005, p. 369) y legítima, aunque no
se manifieste a través de una imagen seria ni solemne.
Al tratar de identificar las formas del camp, sus creadores
y su público, diversos autores coinciden en su origen marginal.
La sensibilidad para captarlo suele surgir en grupos que no
encuentran un lugar acorde a las prescripciones sociales de
heterosexualidad, belleza, clase, educación, decoro, gusto,
etc. El ejemplo más ilustrativo es el fracaso de las drag queens.
Hombres que en un principio deseaban emular el lujo y belleza
de las divas del cine, encontraron que en su estrafalario intento
(exagerando los ademanes ‘femeninos’ y la opulencia con
extravagantes atuendos) quedaban expuestos como una copia
fallida y bufonesca del ideal de femineidad elegante. No obstante,
esta figura bufonesca tenía una perspectiva valiosa que ofrecer,
sin buscarlo, terminó desencializando las ideas de género; la
femineidad no está atada al sexo, como tantas otras cosas, se trata
de un acto performativo (McElroy, 2017), incluso las mujeres
tienen que actuar la femineidad.
A pesar de producir una reflexión que los liberaría de las
burlas, las drags continuaron celebrando y disfrutando de su figura
marginal e irrisoria, así como de sus puestas en escena, cuyo primer
objetivo es la subjetivación y goce del propio exponente, quien se
divierte escapando de las convenciones del mundo al exagerar las
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formas y afectaciones de personalidad hegemónicas. Éste es un
ejemplo de cómo la sensibilidad camp es propensa a resonar en
la sensibilidad de las personas cuyas biografías están marcadas
por grandes rupturas (Van de Port, 2012), personas que, por su
pobreza, orientación sexual, sexo, color, enfrentan un recorrido
vital más turbulento que el de la población bien adaptada (Core,
1984), que precisamente por estar bien adaptada es más raro
que cuestionen y encuentren vanas e irrisorias las formas que
los rigen. Incluso, asegura Van de Port (2012), en el corazón del
trauma se encuentra la comprensión de que los órdenes sociales,
morales y culturales que siempre se habían naturalizado estaban,
de hecho, fundados en fantasías o arbitrariedades.
Con la creciente precarización laboral y los efectos que
ésta desencadena, cada vez nos encontramos con más personas
cuyas identidades y realidades no encuentran ningún espacio
legítimo para existir dentro de los rígidos scripts sociales. En
estos tiempos se incita a toda la población a superarse, a ser
la mejor versión de sí misma, a ser exitosa y no conformarse
con nada, pero su capital material no da más que para pobres
reproducciones o imitaciones fallidas del éxito. Además,
presenciamos un narcisismo, un ego, una ambición alimentada
por la propia cultura que incita a los jóvenes a representarse
como sujetos saludables (física y mentalmente), atractivos y
prósperos. La cultura de ‘las mejoras continuas’, un proceso de
perfeccionamiento sin fin, (Giddens, 1994) ha proporcionado
un nuevo modelo a perseguir, no obstante, una gran parte de
la población carece de medios para cumplir con el ideal. Justo
como la película ambiciosa de bajo presupuesto, el resultado
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más probable para esta sociedad de ambiciones elevadísimas y
escasos recursos, es el camp.
Jóvenes inmersos en una cultura de masas más vertiginosa
que la que surgió en la postguerra, jóvenes que crecieron con
educación y oportunidades que quizá sus padres no gozaron,
se ven reducidos a la realidad de un futuro laboral incierto. Por
primera vez la calidad de vida va en retroceso para las nuevas
generaciones (Bauman, 2018). Todas las posibilidades que se les
prometían en la infancia se desvanecen en condiciones precarias
de trabajo que los sume en un estado de vulnerabilidad económica,
social, psicológica, ambiental, etc. Se les propone subsistir con
trabajos insuficientes para la subjetivación de su persona, trabajos
que no alcanzan para estructurar su vida y alargan el sentimiento
de infancia en jóvenes adultos aún necesitados del sustento de
sus progenitores.
Disminuye la probabilidad de que la nueva fuerza laboral
experimente la vida como un recorrido lineal y acumulativo en
el que van adquiriendo maestría y bienes materiales con la única
condición de ser constantes y disciplinados (Sennett, 2005).
La perseverancia ya no rinde frutos, constantemente hay que
empezar de nuevo. Esta incertidumbre “hace que los procesos
de subjetivación social deban confrontar y autoconfrontar la
amenaza de la pérdida de continuidad subjetiva, provocando
un alza de procesos reflexivos sobre sí mismos” (Aedo, 2017, p.
410) Sin embargo, ante la contingencia que enfrenta la sociedad
actual, las formas de ego que encuentra el individuo para resolver
sus problemas pierden vigencia rápidamente, y éste descubre que
ya no hay un rol estructural donde poder ejercerlas (Aedo, 2017).
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La inestabilidad de las gestiones en el mercado laboral genera
contrariedades sin la posibilidad de soluciones duraderas.
La autorreflexión surge de la necesidad de resolver
un problema (Malishev, 2002), y las sociedades modernas
continuamente confrontan al individuo con cambios en las
estructuras, desestabilizando su función e identidad en ellas. Estas
situaciones generan quiebres morales (Zigon, 2007), procesos de
cambio que nos obligan a evaluar nuestra situación en el mundo.
La resolución exitosa de los dilemas devolvería al sujeto al modo
automático de las disposiciones morales. Paralelamente, las teorías
de Margaret Archer consideran que estas reflexiones servirían
para que las personas desarrollen planes de acción que resuelvan
un problema y les permita volver a la rutina de la vida cotidiana.
No obstante, en la actualidad, inmersos en una secuencia de
cambios cada vez más vertiginosos, es común que estos procesos
de reflexión se detonen sin proveer una solución satisfactoria.
Así, una posible alternativa sería que estas cuestiones irresueltas
en el plano privado terminarían por desbordarse al plano público
(Aedo, 2017); provocarían la formación de colectivos luchando
por nuevas condiciones estructurales, activando su capacidad de
agencia en conjunto.
Pero ¿qué pasaría con todo el producto de nuestras
reflexiones si no podemos encontrar soluciones prácticas y si
se nos disuade, a través de diversos mecanismos, de tomar parte
en iniciativas colectivas en terreno político? ¿Estos residuos sin
propósito podrían rescatarse en el camp? Una estética que es
capaz de resistir sin luchar, que juega con todas las referencias
a su alcance y que exprime de situaciones desafortunadas o
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vergonzosas material para disfrutar. Nos atreveríamos a deducir
que así lo hace toda una generación de jóvenes adultos, asiduos
consumidores de entretenimiento e información, preocupados y
conscientes de las dificultades que les plantea la época, pero sin
encontrar una solución para el absurdo mundo que se impone;
terminan enfrentándose a una aflicción que los llena de nostalgia,
sentimiento que habla de una percepción de pérdida (Becker,
2018), pérdida de oportunidades para subjetivarse, prosperar y
ser valorados en sociedad. Esta pérdida:
...favorece los vuelos de la mente, en una nostalgia anclada en
el presente, pero perteneciente al pasado, un presente que se
revela como insatisfactorio, gris, tedioso, sin posibilidades de
futuro [...] y no deja otra opción que la deserción del presente,
deserción que, si se realiza con una furtiva mirada al pasado,
con una sobrecarga conscientemente irónica, se vuelve camp
(Hueso, 2012, p. 391).

La ironía, componente frecuente en el camp, es una
distanciación detonada por el “escepticismo más o menos
diletante debido a la desilusión, al cansancio” (Gramsci, 2017, p.
313). Así mismo, encontramos que la ironía es útil para depurar
el dolor, expresándolo con frivolidad en una desafección política
que caracteriza al camp, el cual, desertando de todo compromiso
de seriedad y rectitud moral, encuentra un espacio de libertad y
creación para jugar con los cánones que excluyen o descalifican
a ciertos grupos. Según Echavarren, los cánones pasan por la
relectura de “las minorías clandestinas, irreconocidas,” y son
contemplados o ejercitados “con la conciencia de su falsedad o
arbitrariedad [...] y resultan, por lo tanto, presa de la irrisión”
(2001, p. 208).
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Esta profanación de parámetros culturales desestabiliza
los signos y ofrece la posibilidad de cambiarlos, pero sin dictar
las guías que ayuden a establecer sus remplazos. En este sentido,
“la exacerbación y crispación camp llevan a una disgregación
o diseminación de «lo fragmentario y antiorganizativo»”
(Echavarren, 2001, p. 211). Sería una forma de responder con la
misma moneda: turbando las concepciones canónicas que han
desorganizado la vida de los grupos marginados en primer lugar.
Así, el camp podría considerarse como una resistencia y, a la
vez, expresión consecuente con las vicisitudes de la Modernidad,
definida por sus modos de producción y consumo, medios
masivos e innovaciones tecnológicas que terminan impactando
en las prácticas culturales y el pensamiento contemporáneo, cuya
principal cualidad parece ser una amalgama problemática entre
los conceptos de libertad, identidad e inseguridad.
Tomando en cuenta lo mencionado hasta el momento
proponemos trazar el impacto de una serie de factores en el
estímulo y proliferación de la sensibilidad camp. En el presente
panorama los jóvenes se enfrentan a una serie de cambios
económicos e ideológicos que desestabilizan el curso y merman
la calidad de sus vidas. Encima de ello, corren el riesgo de
culparse por los sinsabores de su realidad, experimentan un odio
internalizado como una nueva forma de vivenciar su pobreza.
Actualmente, desgracia como fortuna son responsabilidad del
individuo. Si eres pobre es tu culpa, si caes enfermo también es tu
culpa. Desde el abandono de la creencia de un Dios para depositar
nuestra fe en las capacidades humanas, hasta la psicología positiva
que acompañó y preparó el terreno para la exitosa asimilación de
las estrategias neoliberales que se pusieron en marcha desde la
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década perdida de 1980, está casi prohibido quejarse y culpar a
alguien más además de nosotros mismos por nuestras desgracias
(Cabanas e Illouz, 2019).
En las sociedades del «yes, we can» o del «sí se puede», hay un
problema con la negatividad [...] cuando «no se puede», el sujeto se culpa y se castiga a sí mismo. No se puede «no poder». El
resultado es que, mientras las sociedades cuya forma de control
y disciplinamiento producen sujetos que si no acatan la norma
se caracterizan como criminales transgresores frente a la ley o
alguna autoridad exterior, actualmente existe la sensación de
que, si no puedes cumplir con lo que se demanda de ti, la culpa
está en ti. Y los sujetos no se viven como transgresores, sino,
efectivamente, como fracasados (Yébenes, 2020, párr. 14).

En la Modernidad, los sujetos se convierten en sus propios
verdugos, se exigen y explotan a sí mismos para escapar de su
miseria, para escapar de la precariedad y sensación de inseguridad
que se generaliza por toda la sociedad occidental a través de sus
variados estratos. Ante tal panorama, Lorey señala que “el «arte
de gobernar» […] no consiste principalmente en las sociedades
modernas en ser represivo, sino en un autodisciplinamiento
«volcado hacia dentro»” (2016, p. 41). Siguiendo la idea anterior,
si antes la homofobia o el racismo se consideraban como las
principales o más obvias formas de discriminación propensas
a la internalización, hoy, el estigma hacia la pobreza, incluso la
tristeza y la enfermedad, también produce sujetos desmoralizados
que, además de ser despreciados por la sociedad, se desprecian a
sí mismos. Para sobrellevarlo, la población ha encontrado formas
de expresar su realidad, de controlar la narrativa que los presenta
ante el mundo y hacer de su situación una historia familiar y
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amigable, que no sea juzgada, sino comprendida.
Esta necesidad de legitimar otras realidades hace del
camp (con el humor que lo caracteriza) una expresión capaz de
dignificar lo ‘otro’ y de formar comunidades. Como explica Horn
(2017) el camp no sólo es exageración, también debe llevar una carga
emocional, busca resonar en otras audiencias que posiblemente
compartan y entiendan la “perspectiva perversa” del performer.
El camp es la estética de una comunidad diaspórica (Van de
Port, 2012), una vía para conectar con la audiencia correcta, con
aquellos que, pudiendo compartir los mismos referentes estéticos,
se identifican y encuentran placer al obviar su subordinación y
sus fracasos mediante una teatralización que extirpa el dolor de
sus infortunios para convertirlos en fuente de placer mediante la
priorización del juego estético por encima del significado, como
se observa en la siguiente publicación compartida en Facebook.

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El camp puede ser ingenuo o intencional. De acuerdo con
Sontag, su forma más pura sería la ingenua (cada vez más rara), sin
embargo, Eve Kososfsky Sedgwick rescata una función especial del
camp intencional. Ella asegura que la idea de intencionalidad puede
generar una comunidad imaginaria para el espectador, quien se
hace las siguientes preguntas: ¿y si la audiencia adecuada para esto
fuera exactamente yo?, ¿qué pasa si, por ejemplo, las inversiones
resistentes, oblicuas y tangenciales de atención y atracción que
puedo aportar a este espectáculo son en realidad una respuesta
asombrosa a las inversiones resistentes, oblicuas y tangenciales
de la persona o de algunas de las personas que lo crearon?, ¿y si,
además, otro a quien no conozco o no reconozco puede verlo desde
el mismo ángulo ‘perverso’? (Sedgwick, 1990, p. 156).
Esta lógica ha sido altamente fecunda en las redes
sociales, donde continuamente las personas crean y comparten
contenido audiovisual esperando resonar en la audiencia
adecuada al proyectar su visión desde lo subalterno sobre
distintas dimensiones de la vida. Igualmente, el camp converge en
perfecta sinergia con las posibilidades que ofrecen las plataformas
digitales, medio compatible en tanto permite adoptar una pose
con mayor libertad y ligereza. A través de una publicación las
personas pueden ser tan extravagantes y juguetonas como lo
deseen. Los aspectos más mundanos pueden convertirse en fuente
de placer y risa al contemplarlos bajo la metáfora de “la vida
como teatro”, una de las máximas del camp, la cual ofrece muchas
posibilidades lúdicas. Como se aprecia en la siguiente imagen, un
evento tan mundano se lleva hasta la exageración, dramatización
e incluso se le añade un toque de glamour; todos los significantes
que observamos son la razón de ser de la imagen, el significado
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pasa a segundo plano. Aquí no importa lo que se hace o dice, sino
cómo se expresa. Las formas son las protagonistas.

Esta falta de seriedad, tanto en las redes sociales como
en el camp, suele ser recriminada cuando no se aprecian virtudes
o contribuciones inmediatas contra los problemas que nos
aquejan como sociedad, más aún cuando los vacían de toda
urgencia y gravedad para transformarlos en fuente de placer y
entretenimiento frívolo. Mientras unos abogan por el camp como
una forma de resistencia frente a la cultura dominante, también
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es importante considerar sus reveses. Diversos autores afirman
que hay una delgada línea entre la revelación contra las normas
hegemónicas y la legitimación que el camp podría hacer de ellas.
Bergman (1993) menciona que, en el mejor de los casos, el camp
puede ser una estrategia para ganar terreno, libertad para vivir
de diferentes formas; y en el peor, puede ofrecer la ilusión de
libertad cuando de hecho sólo repite en distintos formatos las
viejas prescripciones. Nielsen (2016), por ejemplo, afirma que
los clásicos cinematográficos del camp suelen afianzar mensajes
antifeministas y, ahora que el camp se ha popularizado y deja de
ser una práctica discursiva específicamente gay o necesariamente
dirigida a los homosexuales, se torna más difícil identificar sus
cualidades redentoras.
Así, las nuevas expresiones y modalidades del
camp en su convergencia con la web 2.0 corren el riesgo de
aparecer como un simple entretenimiento indiferente a los
problemas de la sociedad. La expresión del camp deja de ser
la herramienta exclusiva de un grupo en opresión y, desde su
asimilación y apreciación por parte del público general, pierde
su carácter subversivo, convirtiéndose parte del consumo
de entretenimiento diario que busca el usuario ‘prosumidor’
(productor y consumidor de contenido) de redes sociales.
En el pasado, el camp convergió con los medios
tradicionales de comunicación y terminó siendo absorbido por
un capitalismo que se apropió de su creatividad para venderla
a las masas. La visión creadora que surgía principalmente de
una subcultura conformada por hombres homosexuales era
explotada en las producciones cinematográficas destinadas al
consumo de la misma sociedad que los marginalizaba (Tinkcom,
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2002). Ahora que el camp converge con las nuevas plataformas
sociales, una vez más esta creatividad vuelve a ser absorbida por
el mercado. Asimila estas expresiones culturales y las despoja
de su valor como resistencia, convirtiéndolas en productos que
se adaptan a las prácticas de consumo y entretenimiento. La
expresión o sensibilidad camp es transformada en un vicio, propio
de la debilidad del individuo moderno, caracterizado como un
monstruo consumista, derrotado y sin aspiraciones que se entrega
a los placeres instantáneos y vanos.
Frente a las acusaciones de superficialidad y
despolitización, Goriunova (2013) rescata una importante
función de las prácticas observadas en las plataformas digitales,
a las que ella nombra bajo el concepto de «creatividad idiota”.
Declara que no nos convierte en individuos más libres y felices,
ni nos lleva hacia un mejor sistema social o político, es una
creatividad procesual y performativa y, como tal, no tiene por
qué culminar en logros sobresalientes o en un producto de
ningún tipo; tal creatividad tiene una función individualizadora
y subjetivante.
En defensa del camp, Isherwood (1999) asegura que no
se puede hacer camp sobre algo que no se toma en serio. El camp,
siendo cómico, artificioso, exagerado, inverosímil y absurdo,
usualmente logra decir algo honesto a través de la mentira (Dyer,
2005), pues incluso a través de sus juegos y exaltación de lo
artificial, la sensibilidad sirve como un catalizador para lacerar
las instituciones de la sociedad y sus gustos (Cleto, 2019), los
desnaturaliza. De igual forma, el efecto de los videos y memes
que los usuarios generan y que frecuentemente convergen con
las cualidades del camp, resulta ligero y gracioso, pero también,
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entre algunos se lee una faceta muy obscura en lo que demandan
y revelan; ofrecen pistas sobre los problemas actuales de la
condición humana (Goriunova, 2013).
Dentro de estas relaciones de poder es necesario
analizar las formas y efectos del camp actual, y permitirnos
observar la verdad que arroja toda esta producción de
videos y memes como muestra de un mecanismo que no sólo
responde a la perspectiva de la violencia del Estado contra
las personas, sino que éstas también producen expresiones
que se moldean y convierten en moneda corriente para los
medios de comunicación y las redes sociales, funcionando
subordinadas a la lógica de la idiotez, en la que todo puede
ser capitalizado, incluso el sufrimiento (Goriunova, 2013). Por
ejemplo, en las figuras 3 y 4 se aprecian asuntos serios como la
precarización laboral y la salud mental. El humor aparece por
la desproporción dramática de los fotogramas que denotan,
en un caso, un excesivo dramatismo para una práctica común
como el trabajo malbaratado –aunque la precarización laboral
no deja de ser un tema serio, ser compensados con pizzas
no alcanza el grado de evento traumatizante que expresan
los fotogramas–; y en otro, demasiado desenfado para la
experiencia real de vivir con una enfermedad mental. Por
supuesto, no recibimos el mensaje de forma lógica y ordenada
como aquí se ha intentado exponer, sin embargo, incluso antes
de racionalizar las imágenes, esta lógica escurridiza logra
transmitirse de forma inmediata a través de lo estético, y lo
primero que produce esta instantaneidad, esta mezcla entre
drama y desenfado, es un brote de absurdo cómico.
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Por las dinámicas descritas anteriormente es fácil
desestimar la posibilidad de reflexión y el potencial político del
camp, no obstante, el camp juega con las nociones de seriedad y
absurdo no para negarlas, sino para redimirlas. Scott Long (1993)
asegura que su empeño particular es arreglar la naturaleza del
absurdo, demostrando que la sociedad que se ríe de lo incorrecto
se ha descarrilado, y que percibir lo absurdo es darse cuenta
de que dos ideas conjuntas no van juntas; detrás del camp está
la expectativa de que una vez que se reconoce adecuadamente
lo absurdo, le seguirá un sentido de seriedad. Y una vez que se
remarca la falsedad, se genera un deseo incontenible por lo real
(Van de Port, 2012).
Modernidad y espacios intermedios
En los últimos años hemos presenciado una mayor proliferación
de la sensibilidad camp, estimulada por una Modernidad
desarrollada y todas las vicisitudes implicadas. Factores como el
pensamiento que ha producido la época, modos de producción
y mass media trabajan en sinergia creando múltiples esferas, cada
una con sus normas, así como espacios intermedios entre los
que se mueven los sujetos, aprehendiendo y resignificando el
mundo con todas sus contradicciones y absurdos desde la
estética que produce. Como veremos a continuación, estas
características crean el ambiente idóneo para el desarrollo de
una sociedad ambivalente; existen más opciones y libertad
para confeccionarnos una identidad, somos más conscientes
de los procesos sociales que nos predeterminan, pero, al mismo
tiempo, nos enfrentamos a modos de producción y consumo
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precarios e inestables, cuyo objetivo es crear plusvalía, la cual se
traduce en una brecha de poder que aumenta la estratificación y,
consecuentemente, crea limitantes en sociedades que pregonan
discursos de libertad e igualdad de oportunidades. En esta
duplicidad, la lucha por un capital material y simbólico que
otorgue cierta distinción se vuelve un proceso más complejo,
en el que las personas adquieren la habilidad para crear y
leer matices en el juego de las apariencias. A continuación,
trataremos de describir y trazar a grandes rasgos cómo es que
estas variables inciden en la proliferación de la sensibilidad
camp.
Empecemos por analizar la identidad del individuo
frente a las turbulencias de la época. La nueva precarización
laboral y la autovigilancia, la obsesión por el perfeccionamiento
propio, producen más personas que, además de ser relegadas a
los márgenes, vivencian sus carencias como estigmas. Lo que
haría posible que desarrollen una sensibilidad hacia el camp es
el hecho de que sus estigmas a menudo pueden ser disimulados.
Esta posibilidad de ocultamiento hace que presten especial
atención a los detalles. Como menciona Erving Goffman (2006),
lo que para gente sin contrariedades al presentarse ante los
demás es el fondo, para el sujeto estigmatizado que trata de
ocultar su situación, es la forma. O en palabras de Dyer al hablar
sobre la relación entre la sensibilidad camp y la subjetividad queer:
“porque teníamos que esconder lo que realmente sentíamos [...]
desarrollamos un ojo y oído para las superficies, apariencias,
formas-estilo. Mirándolo de esta manera, la sensibilidad camp es
considerablemente producto de nuestra opresión” (Dyer, 2002,
p. 53). Bajo esta misma lógica de ocultamiento del estigma,
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podemos preguntarnos, ¿cuántos jóvenes pulcros y educados,
viviendo bajo el cobijo de sus padres, en una primera impresión
logran disimular su desempleo o las carencias de un trabajo
precario, sus ansiedades y estragos en la salud mental, su
continuo temor de aparecer como una persona fallida frente al
modelo ideal? El contexto histórico de transición que enfrentan
los millennials, así como sus características sociodemográficas,
hacen posible que habiten dos realidades: una de privilegios y
otra de marginación. A pesar de convertirse en seres marginales
pueden disimularlo a través del acceso a servicios y bienes.
Aunque no posean nada, por un breve instante puede parecer que
lo tienen todo, pues “los marginados también son articulados a
través de la subcontratación y el consumo” (De la Garza et al,
2008, p. 17).
De esta forma se crea un lugar intermedio, condición
necesaria para desarrollar la sensibilidad camp (Ross, 1993);
jóvenes que de pequeños tuvieron acceso a la educación y a una
variedad de bienes vivencian y moldean su perspectiva desde la
marginación y otro tanto de privilegio. Pero no sólo esto hace
surgir espacios intermedios donde se terminan relativizando
las normas de cada esfera en la que nos desenvolvemos –esferas
apartadas que atraviesan un mismo cuerpo; de la transición de lo
tradicional a lo moderno, lo rural y lo urbano, la familia, escuela,
trabajo, etc.–, el vaivén de los sujetos entre distintos campos
especializados que introdujo la Modernidad, compartimentando la
vida social, maximiza la existencia de espacios intermedios y con
ello, nuestra capacidad para leer el sutil cambio de códigos entre
campos, entre culturas, entre subculturas, entre clases, géneros,
generaciones, etc.
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Otro factor que posibilita la proliferación de la
sensibilidad camp es la velocidad exponencial de la Modernidad.
El camp converge con el rápido y corto ciclo de vida en el que
evolucionan las tendencias contemporáneas; aparece una moda,
nuevas actitudes o estilos, se esparcen rápidamente y se superan
para dar paso a lo siguiente. Las tendencias quedan rápidamente
digeridas y almacenadas en nuestro bagaje cultural; dejan un
rastro que se vuelve parte del pasado. Dado que el camp se nutre
de modas pasadas y ahora todo se convierte en pasado de un día a
otro, abundan las piezas de cultura y entretenimiento para nutrir
su fuente de inspiración. Estos continuos cambios son los que
marcan la velocidad del tiempo, y los que hacen que los productos
de un modo de producción pasado, que ha perdido su poder de
crear y dominar significados culturales, estén disponibles en el
presente para ser redefinidos de acuerdo con los códigos de gusto
contemporáneos (Ross, 1993). Y ya que “las distinciones no son
verdades eternas o categorías suprahistóricas, sino elementos
reales de un tipo de organización social” (Williams, 1994, p.121),
es que los sujetos y objetos campy cambian con el paso del tiempo.
Lo que era un ejemplo de sofisticación y elegancia, al siguiente día
puede convertirse en un signo preciado y cómico para los juegos
del camp. Igualmente, lo que antes era símbolo de vulgaridad
y simpleza, el camp puede rescatarlo desde la consciencia de su
vulgaridad cognoscenti y celebrarlo.
También es importante considerar que el camp podría
extenderse a partir de las reflexiones de la vida social moderna,
es decir, “las prácticas sociales son examinadas constantemente
y reformadas a la luz de nueva información sobre esas mismas
prácticas, que de esa manera alteran su carácter constituyente”
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(Giddens, 1994, p. 46), y en lugar de interiorizarlas podemos
percatarnos del despliegue escénico que suponen. Estos procesos
continuos de reflexión no eran comunes en las sociedades
premodernas, cuando las tradiciones y sus fronteras eran
seriamente protegidas. Contrariamente, hoy en día, el contacto
con distintas idiosincrasias permite transitar entre distintos
códigos, los cuales no se mantienen aislados, sino que en
nuestros procesos reflexivos se ven confrontados sin importar
su procedencia. La importancia de las fronteras, de los límites,
es que “circunscriben el poder” legitimando “su uso dentro del
grupo” (Benhabib, 2006, p. 32); conforme estos límites se han
vuelto menos severos en el paso de las sociedades tradicionales a
las modernas, las formas inculcadas pierden su carácter sagrado,
se disipa el temor simbólico y se introduce en los sujetos la idea
de otras opciones, contrastan códigos y prácticas de distintos
campos sin torturarse mentalmente por transgredir fronteras.
Es así que en el presente se mezclan figuras religiosas con
temas musicales electrónicos y luces estroboscópicas en videos
irreverentes que se comparten en redes sociales sin temor a un
castigo divino. “Ya no hay respeto”, reaccionan burlonamente los
internautas, conscientes de la disolución de las barreras morales
que mantenían las estéticas apartadas.
Así mismo, el generalizado acceso a las tecnologías
de la información facilita algunos de los procesos descritos
anteriormente; ha permitido extender el consumo de
información y entretenimiento, produciendo una creciente
cantidad de personas iniciadas, ‘conocedoras’, capaces de
apreciar el camp y sus referencias provenientes de múltiples
campos. Justo como Villanueva postula, “para consumir el camp,
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se requiere de un capital cultural en constante movilización
y que no es accesible a todos los públicos” (2019, p.177).
Cada vez son más personas las que a través de sus smartphones
tienen acceso a las últimas tendencias y acontecimientos, a los
últimos productos de entretenimiento, así como a los debates
y fricciones generados en redes sociales a partir de asuntos
de relevancia social. Al deambular entre significados y formas
provenientes desde distintos campos, desde los más frívolos
hasta los más serios, aprendemos que entre las distintas esferas
de producción y consumo cultural “hay sutilezas que se leen
diferente, y si las conocemos podemos jugar con ellas de forma
sugestiva y ser deliberadamente camp” (Yinka Shonibare, como
se citó en Pochamara y Wierzchowska, 2017, p.698). Por
ejemplo, en la imagen que se presenta a continuación se mezclan
significantes de terrenos distantes, y para que se produzca el
efecto estético deseado, primeramente, el espectador tendría
que estar familiarizado con ambas referencias; la foto captura
a un personaje de la política mexicana, Claudia Sheinbaum,
mientras que en la descripción de la imagen se inserta una línea
pronunciada por Miranda Priestly, personaje de la película,
The devil wears Prada (2006). El personaje ficticio es símbolo de
gracia y sofisticación, mientras que la jefa de gobierno de CDMX
denota cualidades ordinarias en comparación y, sin embargo, los
internautas juegan maliciosamente posicionándola en el lugar
de lo que no es. Entendiendo que cada figura es portadora de
diferentes grados de prestigio simbólico, podremos notar que
esta yuxtaposición de estéticas y el efecto cómico que produce,
lleva implícita una fuerte carga de dominación, en la que la
producción cultural estadounidense es mejor valorada.
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Como mencionamos en párrafos anteriores, el camp ha
encontrado un ambiente fértil en redes sociales para su expresión,
pero la razón de su popularidad quizá sea la misma que motivó su
gustosa acogida en la década de 1960, principalmente en Estados
Unidos; el camp prometía reírse de las restricciones de identidad,
de particiones de género y clase, brindando la oportunidad de
reinventarse y revaluarse dentro de una forma paradójica de
“meta-elitismo” (Cleto, 2019, p. 27). Mediante la exageración de
formas, se acepta la propia marginalidad y se celebra sin vergüenza
la falta de recato. A diferencia del kitsch, que busca ocultar su
marginalidad mediante guisas opulentas y afectadas, el camp
abre la posibilidad de dignificar, bajo una exhibición cognoscenti
del ‘mal gusto’, las formas de la vulgaridad y lo absurdo. Al ser
‘conocedores’ y tomar consciencia de la arbitrariedad entre lo
estético y los valores morales que se le adjudican, posibilitan una
perspectiva capaz de cuestionar la arbitrariedad de la jerarquía
estética. Un ejemplo actual puede encontrarse en el siguiente
meme. Conforme se vuelve más elegante su indumentaria, más
vulgares se vuelven sus expresiones.

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Paradójicamente, en el camp encontramos que, así como
desestabiliza y desenmascara los parámetros del gusto, también
busca cierta distinción –mostrarse por encima de los códigos
sociales con su creatividad y clarividencia–, incluso cuando su
gracia radica en la burla de dicha pretensión. Esta ambivalencia
se condensa en el siguiente meme que hace mofa de la vestimenta
de los asistentes de la Gala del Met (Museo Metropolitano de
Arte), cuyo tema en 2021 fue, precisamente, la estética camp.

Conclusión
Se observará que a lo largo de este trabajo se ha recurrido a ejemplos
muy diversos y conceptos provenientes de diversos campos, lo
cual podría hacernos dudar de la cohesión y pertinencia de los
mismos al discutir las expresiones contemporáneas del camp. Pero
hay una característica fundamental del camp que justifica nuestro
proceder: es una estética que funciona de forma rizomática y,
como tal, demanda asirse desde diversos flancos. Un rizoma es
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algo ‘acentrado’ que crece en todas direcciones y sin jerarquías.
El rizoma, como el camp, genera formas muy diversas, ya que
obedece a una multiplicidad del pensamiento; es “un tubérculo
que aglutina actos muy diversos, lingüísticos, pero también
perceptivos, mímicos, gestuales, cogitativos: no hay lengua en sí,
ni universalidad del lenguaje, tan sólo hay un cúmulo de dialectos,
de patois, de argots, de lenguas especiales” (Deleuze y Guattari,
2004, p. 13). Es decir, no hay cortes abruptos, es un modo de tomar
las impresiones del mundo como una experiencia continua que
no crea distinciones entre fenómenos que normalmente se nos
obliga a parcelar en distintos campos de acción y conocimiento.
Así, un modo rizomático del pensamiento se opone a estructuras
cognoscitivas que no reflejan necesariamente la forma más natural
y adecuada de pensar, pero que se usan y predican por disciplinas
con el poder dictatorial de regir la sociedad y su pensamiento
bajo categorías jerárquicas y dicotómicas (Deleuze y Guattari,
2004). El camp es una creatividad que se nutre de impresiones
continuas y conecta significantes provenientes de diferentes
áreas, es una estética que juega con las referencias creando
conexiones impensables gracias a este principio de multiplicidad
en el eslabón semiótico que funciona igual que un rizoma.
El principio de multiplicidad en el pensamiento no tiene
un objetivo, pero insiste en aparecerse; estamos más capacitados
para percibir el mundo de otra manera además de aquella que se
nos ha inculcado, siempre destinada a fines utilitarios. Entonces,
cuando el pensamiento múltiple parece no tener una función, sus
expresiones quedarían relegadas al juego, y el juego se opone al
razonamiento ordenado y utilitario impuesto a una gran parte
del mundo en su vida diaria. Por lo mencionado anteriormente,
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al discutir sobre el camp y su funcionamiento rizomático, más que
una corriente estética definida, tratamos con una sensibilidad que,
en su libre y espontáneo ejercicio, no se apega necesariamente a
un tema particular y tampoco pretende ser política. No obstante,
precisamente por dichas características, el camp se convierte en
una forma pre-política valiosa. Como asegura Rancière:
…la libertad del juego se opone a la servidumbre del trabajo. […]
Estas categorías

-apariencia, juego, trabajo- son, de hecho, categorías de división de lo sensible. Inscriben, en efecto, en el tejido mismo de la
experiencia sensible ordinaria las formas de la dominación o de
la igualdad (2011, p. 42).

Desde una perspectiva semiológica, “toda actividad
tiende a devenir juego en la medida en que pierde su función
inmediata” (Guiraud, 2017, p.124). Pero la actividad del camp,
con sus expresiones, en apariencia, absurdas y frívolas, viene
a construir una nueva forma de resistencia, pues esta “nueva y
extraña práctica [...] se afirma contra una práctica mayoritaria
(la de la significación)” (Barthes, 1986, p. 63). Por lo tanto, estas
prácticas lúdicas Barthes las describía como un lujo y resistencia
que, si bien aún eran difíciles de explicar inteligiblemente en su
época, encontrarían su lugar en la política del futuro. Y ese futuro
ha llegado con la ‘creatividad idiota’ que se encuentra en redes
sociales, desestabilizando las fronteras y significados de cada
esfera social que se empeña en jerarquizar y legitimar sus formas
por encima de otras.
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Poco importa si el camp no es solemne o incluso lógico,
esta sensibilidad estética da pie a la expresión y goce de
subjetividades. Las expresiones de estas visiones particulares son
sumamente importantes en los procesos de cambio social, pues
las subjetividades tienen el poder de deshistorizar, abriendo la
puerta hacia la reflexión e ideación de formas más satisfactorias.
Y si en un inicio diversos productos del camp parecerían una
respuesta sin sentido, pesimista y cínica respecto al presente
y futuro, recordemos que, como se mencionaba en párrafos
anteriores, detrás del camp está la expectativa de que una vez que
se reconoce adecuadamente lo absurdo, le seguirá un sentido de
seriedad (Long, 1993). Ésta es la mejor apuesta de una sensibilidad
estética cuyo principal objetivo es el juego y el goce.

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�Alexa Rosales; Eleocadio Martínez / Cultura, Modernidad y camp: resistencia sin agenda.

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292

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-7

�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, julio-diciembre, 2022

Ludivina Cantú; Óscar Tamez; José Luis Cavazos;
Celso José Garza (coordinadores). Historia y literatura.
Tres contextos: Conquista, Reforma y Revolución.
Revolución Monterrey:
Centro de Estudios Humanísticos, Universidad
Autónoma de Nuevo León, 2021, 240 pp. ISBN: 978607-27-1614-8
En el último siglo, la relación entre la historia y la literatura se
ha vuelto un tema de profundos análisis, tanto para quienes se
dedican al estudio metodológico de ambas disciplinas como
para los interesados en cuestiones prácticas de su investigación.
En este sentido, el debate, desde el estudio de la historia, versa
sobre el papel que la literatura tiene como fuente histórica y,
por otro lado, hasta qué punto la escritura de la historia es
una creación narrativa con elementos propios de la literatura.
La obra Historia y literatura. Tres contextos: Conquista, Reforma y
Revolución, creada a partir de las ponencias presentadas entre
el 6 y 7 de mayo del 2021 en el coloquio nacional del mismo
nombre, es un primer paso en la historiografía local para abrir
esta discusión.
Este libro es un esfuerzo conjunto por parte de la Sociedad
Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística; la Facultad de
294

�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León
(UANL) –así como de diversos cuerpos académicos–; y el Centro
de Estudios Humanísticos (CEH) para generar un espacio en
el cual la relación entre la historia y la literatura sea discutida y
revisada a través de tres momentos en la historia de México: la
conquista, la reforma y la revolución. Así, algunos de los trabajos
que lo conforman tratan cuestiones referentes al análisis del
discurso de obras biográficas y literarias de gran reputación y
el papel que las instituciones –tanto políticas y religiosas como
educativas– han tenido en la conformación de una narrativa
discursiva durante los contextos mencionados.
El comité editorial, en este sentido, se preocupó por el
carácter transdisciplinar de la obra en la medida en que cada
ponencia aporta elementos significativos para entablar una discusión no solo sobre la relación historia-literatura, sino también
sobre sus aportes, características y puntos en común a lo largo
de diversos momentos de la historiografía nacional. La coordinación de la obra, en todo caso, estuvo a cargo de académicos
de renombre: Ludivina Cantú, maestra en Letras Españolas
por la Facultad de Filosofía de la UANL1; Óscar Tamez, maestro en Ciencias Políticas por la Facultad de Ciencias Políticas
y Relaciones Internacionales de la UANL; José Luis Cavazos,
doctor en Filosofía con acentuación en Ciencias Políticas por la
Facultad de Ciencias Políticas y Administración de la UANL2;
1 “Ludivina Cantú Ortiz: Currículum Vítae”, Universidad Autónoma
de Nuevo León, acceso el 20 de abril de 2022, https://www.uanl.mx/funcionarios/ludivina-cantu-ortiz/
2 “Currículum vitae único”, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León, acceso el 20 de abril de 2022, http://fiDOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-8

295

�Alan Hernández / Historia y literatura. Tres contextos: Conquista, Reforma y Revolución

y Celso José Garza, doctor en Periodismo por la Universidad
Complutense de Madrid3.
Como coordinadores de la obra, el interés por incluir
ponencias que pudieran establecer un dialogo entre ambas
disciplinas desde diferentes puntos de vista académicos es
bastante marcado. Dado que el coloquio, en sí mismo, tenía como
propósito ofrecer un espacio donde la comunidad científica
pudiera exponer sus investigaciones y análisis para repensar los
procesos históricos desde las perspectivas interdisciplinarias
actuales, resulta atractivo para los lectores la multiplicidad
de voces con las que la obra permite abrir un debate entre
investigadores y académicos de la historia y la literatura, así como
de estudiosos del ámbito de las ciencias humanas4.
Los ejes sobre los que centra la obra, por tanto, refieren a
los sitios en los cuáles la historia y la literatura se han encontrado
–y en diferentes momentos distanciado– desde su tránsito a
disciplinas científicas hasta revisiones más actuales a partir de los
enfoques metodológicos posmodernistas. ¿Qué tipo de relación
mantienen, en la actualidad, la historia y la literatura?; ¿cuáles son
sus puntos en común?; ¿se han beneficiado la una a la otra?; y ¿en
qué contextos se puede señalar una mutua ayuda? son preguntas
losofia.uanl.mx/wp-content/uploads/2020/08/CVU-Cavazos-Zarazua-Jos%C3%A9-Luis.pdf
3 “Celso José Garza Acuña: Currículum Vítae”, Universidad Autónoma
de Nuevo León, acceso el 20 de abril de 2022, https://www.uanl.mx/funcionarios/celso-jose-garza-acuna/
4 Comité Editorial, introducción a Historia y literatura. Tres contextos:
Conquista, Reforma y Revolución, coord. por Ludivina Cantú; Óscar Tamez; José
Luis Cavazos; y Celso José Garza (Monterrey: Centro de Estudios Humanísticos, Universidad Autónoma de Nuevo León, 2021), 9.

296

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-8

�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

que sirven para comprender la naturaleza transdisciplinar de la
obra en su conjunto. La conquista española, la guerra de reforma
y la revolución mexicana son, entonces, momentos de la historia
mexicana en los cuales la historia y la literatura se han cruzado
debido al carácter de las fuentes documentales y al establecimiento
de narrativas discursivas desde distintos ámbitos institucionales.
El libro se encuentra divido en cuatro secciones: Historia
y Literatura; La Conquista; La Reforma; y La Revolución. En la
primera, los autores discuten la utilidad que tiene la literatura
como fuente para la historia y, posteriormente, las áreas de
oportunidad entre ambas disciplinas en ciertos contextos
históricos y hechos literarios. Aquí se encuentran las ponencias
“Hechos, estructuras y ficciones en la Historia” de José Luis
Cavazos Zarazúa; “La Literatura como fuente para la Historia” de
Óscar Tamez; “Historia y Literatura: una relación de copresencia
en un cuento de Juan Rulfo” de Ludivina Cantú Ortiz; “Historia y
Literatura. La imagen de Santiago Vidaurri en la novela Los confines
del fuego de Hugo Valdés” de César Morado Macías; y “Literatura
distópica de la posguerra en tres obras: 1984, Fahrenheit 451 y La
naranja mecánica (1948-1962)” de José Aldahir Castillo Rodríguez.
En la segunda sección, los trabajos realizados cuestionan
la influencia que tuvo la iglesia católica, como institución, en la
cosmovisión de los pueblos conquistados y la formación de un
pensamiento filosófico con bases en la religión cristiana. En este
sentido, los autores se preocuparon por mostrar el papel que la
religión tuvo en la creación de un sistema que permitiera, por
un lado, evangelizar a los indígenas y, por el otro, transmitir
sus conocimientos hacia los frailes recién llegados. “La Iglesia
durante y después de la conquista española” de Juan Carlos
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-8

297

�Alan Hernández / Historia y literatura. Tres contextos: Conquista, Reforma y Revolución

Tolentino Flores; “Filosofía de dependencia, una escolástica
medieval en la Nueva España en los siglos XVI-XVIII” de Mayra
Janeth Flores Ramírez; y “El nacimiento del purgatorio: Una
historia estructuralista de larga duración en la obra de Jacques
Le Goff” de Javier Rodríguez Cárdenas son los apartados que la
conforman.
Las ponencias que constituyen la tercera sección versan
sobre el impacto que tuvieron, en su momento, los proyectos de
nación: conservador y liberal en la implementación de un sistema
educativo nacional y los acercamientos que tuvo el gobierno
de Benito Juárez con Estados Unidos recuperados a través
de fuentes biográficas y hemerográficas. Los trabajos de esta
sección son “El proyecto educativo liberal durante la Reforma”
de Érika Armas Madrigal; y “La búsqueda del reconocimiento y
las amenazas europeas: Las bases sobre las cuales se negoció el
Tratado McLane-Ocampo” de Saúl López Bautista.
En la última sección de la obra, las investigaciones
realizadas se enfocan hacia la situación que transitaban diferentes
grupos y clases sociales que, aún en la actualidad, permanecen
como agentes marginados por los discursos historiográficos de
la Revolución Mexicana. A través de diferentes enfoques, como
el análisis del discurso y la hermenéutica, los autores muestran
una variedad de temáticas relacionadas con el ámbito educativo,
literario y político en un periodo de gran conflicto y trascendencia
para la sociedad mexicana moderna. Así, “La situación del ‘no-yo’
en autobiografías escritas por mujeres del noreste que abordan el
tema de la Revolución Mexicana” de Nora Elvia Cruz Camacho
y Rosa María Gutiérrez; “Las escuelas regiomontanas durante
las luchas revolucionarias” de Juana Idalia Garza Cavazos; “Las
298

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-8

�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

profesoras en las escuelas secundarias de Monterrey: Entre el
reconocimiento y el olvido” de Gabriela Guerrero Hernández;
“Discursos historiográficos sobre la violencia en la Revolución
Mexicana” de Enrique Pérez Castro; y “Lo que se dice y no se
dice del señor Reyes. Análisis del discurso de los periódicos
antirreyistas de 1903” de Juan Jacobo Castillo Olivares son los
trabajos presentados.
Historia y literatura. Tres contextos: Conquista, Reforma y
Revolución, como he mencionado, presenta una multitud de
trabajos que, gracias al carácter transdisciplinar de la obra,
permite obtener diferentes perspectivas sobre las áreas de
trabajo en que la historia y literatura han convergido durante los
últimos años. Estos contextos históricos son, pues, ventanas de
oportunidad para ambas disciplinas en la medida en que se nutren
la una a la otra de enfoques metodológicos, fuentes y recursos
para ampliar nuestros conocimientos sobre estos periodos de la
historia de México. Con un potencial interés para quienes estén
investigando o realizando proyectos sobre cualquiera de los tres
contextos presentados, cada ponencia aporta un grano de arena
a la discusión con la que abre el libro: ¿Cuál es la naturaleza de
la relación entre la historia y la literatura? Aunque es posible
que el debate nunca termine, el décimo número de la colección
Cuadernos del Centro de Estudios Humanísticos aporta los
suficientes elementos temáticos para proseguir, al menos durante
un tiempo, con este debate en la historiografía regional actual.
Alan Arturo Hernández García
Número ORCID: 0000-0001-7181-0383

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-8

299

�Alan Hernández / Historia y literatura. Tres contextos: Conquista, Reforma y Revolución

Fuentes utilizadas
Comité Editorial. Introducción a Historia y literatura. Tres contextos:
Conquista, Reforma y Revolución, coord. por Ludivina Cantú;
Óscar Tamez; José Luis Cavazos; y Celso José Garza,
9-11. Monterrey: Centro de Estudios Humanísticos,
Universidad Autónoma de Nuevo León, 2021.
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de
Nuevo León. “Currículum vitae único”. Acceso el 20
de abril de 2022. http://filosofia.uanl.mx/wp-content/
uploads/2020/08/CVU-Cavazos-Zarazua-Jos%C3%A9Luis.pdf
Universidad Autónoma de Nuevo León. “Celso José Garza Acuña:
Currículum Vítae”. Acceso el 20 de abril de 2022. https://
www.uanl.mx/funcionarios/celso-jose-garza-acuna/
Universidad Autónoma de Nuevo León. “Ludivina Cantú Ortiz:
Currículum Vítae”. Acceso el 20 de abril de 2022. https://
www.uanl.mx/funcionarios/ludivina-cantu-ortiz/

300

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-8

�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, julio-diciembre, 2022

“Wirikuta: un acuerdo de vida” El Aleph Festival
de Arte y Ciencia.
Ciencia Casa Universitaria del Libro
Universidad Nacional Autónoma de México.
Ciudad de México

De izquierda a derecha: Regina Lira, Alfonso Valiente, Eduardo Guzmán,
Óscar Carrillo. Fotografía: Juan José Muñoz Mendoza

El pasado 29 de abril se llevó a cabo el conversatorio titulado
“Wirikuta: un acuerdo de vida”, dentro del marco de “Las
Fronteras del Medio Ambiente”, emisión 2022, actividad del
Festival de Arte y Ciencia El Aleph y la Revista de la Universidad de
México, en la Casa Universitaria del Libro de la Universidad
302

�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

Nacional Autónoma de México con sede en la capital de nuestro
país. Con la moderación de la Dra. Regina Lira, investigadora del
Instituto de Investigaciones Históricas de esa misma institución,
los participantes: Óscar Carrillo en representación de El Consejo
Regional Wixárika A.C., Eduardo Guzmán del Comité por el
Cuidado y Defensa del Agua y la Tierra de Real de Catorce y
el Dr. Alfonso Valiente, especialista en ecología del desierto,
invitaron con su díalogo a que los asistentes cuestionásemos
nuestra posición, más allá de nuestras identidad de mexicanos,
como seres humanos, acerca de las problemáticas que presenta
este territorio del altiplano potosino considerado como sagrado
por el pueblo wixárika1.
Este evento fue organizado como respuesta de la academia
universitaria para dar voz a los distintos actores participantes
en la lucha por la preservación del territorio de “Wirikuta”,
vocablo destinado por el pueblo wixárika para nombrar a la gran
extensión de desierto ubicada en Real de Catorce, municipio del
Estado de San Luis Potosí, que desde hace un poco más de 10 años
se ha visto amenazada por la actividad de consorcios mineros,
mayormente canadienses, como la empresa First Majestic, que
buscan explotar la región con la extracción de metales como el
oro y la plata. Basta echar un vistazo a la historia del municipio
catorceño para conocer que su nacimiento y auge giró en torno
a la actividad minera; sin embargo, concordaron los ponentes
que, el impacto ambiental que causaría tal invasión sería de gran
devastación.
1 Nombre correcto del pueblo originario, comúnmente llamado huichol, que habita en los estados de Nayarit, Jalisco, Zacatecas, mayoritariamente, y que conservan gran parte de sus tradiciones.
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-9

303

�Juan José Muñoz / “Wirikuta: un acuerdo de vida”

En el año de 2012, por diversos medios manifiestos,
la Nación Wixárika, hizo un llamado, no solo local, sino que
también a la opinión internacional que fijó su mirada sobre este
pueblo originario de nuestro país, al externar su preocupación por
el peligro inminente dada la invasión, depredación y destrucción
de Wirituka, cuando el gobierno federal encabezado por el
presidente Felipe Calderón autorizó más de 80 concesiones a las
empresas mineras. Es entonces, que los wixáritari unificaron a la
sociedad civil para sumarse a su legítimo reclamo. Este territorio
representa un pilar para la cultura y cosmovisión de dicho
pueblo, mencionó Eduardo Guzmán, quien afirma que se han
encontrado vestigios ofrendarios en este altar natural datados
con un antigüedad de más de 2,500 años atrás, esto nos habla de la
permanencia y arraigo de estos indígenas a pesar de la conquista,
que sabemos dio lugar al exterminio y casi anulación total de las
tradiciones de las culturas precolombinas.
Además, no sólo se habla de la riqueza cultural que
representa este territorio, sino además es momento de destacar
la importancia biológica ya que ahí conviven gran variedad de
especies animales y vegetales endémicas, tales como la cactácea
lophophora wiilamsi, comúnmente conocida como “peyote”, o
“hikuri” como es llamado por la comunidad wixárika.
Aunque esta lucha ha dejado frutos, tales como la
obtención de amparos contra las mineras que ordenan la
cancelación de algunas concesiones, sin embargo hoy este lugar
nuevamente se encuentra amenazado, dado que a lo largo de
estos 10 años proyectos de agricultura industrial invadieron este
desierto, despojando miles de hectáreas de uno de los ecosistemas
con mayor biodiversidad del mundo y cubriendo la tierra con
304

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-9

�Transdisciplinar, vol. 1, núm. 2, enero-junio, 2022

granjas porcinas, productoras de huevo, grandes operaciones de
tomate y chile principalmente, junto a un enorme megaproyecto
de turbinas eólicas. Aunado a que los suministros de agua se han
secado y las lluvias han sido cada vez más escasas, esto propiciado
por la intervención de tales productores con bombardeos a las
nubes para disiparlas.
Ante lo anterior expuesto se presentan varios acuerdos,
entre los que se destaca, principalmente la exigencia a los
gobiernos estatales y federales para que a Wirikuta le sea otorgada
la mayor protección jurídica, la intervención de la comunidad
científica mexicana para diseñar proyectos sustentables, viables
y amigables con el entorno ambiental, de tal manera que se pueda
propiciar el progreso económico de los habitantes de la región.
“A diez años del peritaje tradicional, Wirikuta es la flor
de la conciencia universal de la vida, es el epicentro donde nacen
los acuerdos que renuevan el espíritu de todo lo creado, Wirikuta
es un espacio profundo repleta de libros que contienen de como
se origino el mundo, los libros medicinales que sanan el corazón
y fortalecen el lazo que nos aborda como flores en una gran
serpiente, río de luz que no tiene ni principio ni final”2. En estas
palabras se resume la importancia para este gran pueblo, mismas
que nos exhortan a reconocerles en la riqueza cultural que nos
configura como mexicanos.
Juan José Muñoz Mendoza
2 Pronunciamiento en voz de Citlali Carrillo Chino, presidenta de concertación agraria de Waut+a - San Sebastián Teponahuaxtlán, presidenta de
mujeres de Tutsipa (Tuxpan de Bolaños) y de la Comisión Estatal de Derechos
Humanos Jalisco, emitido el 19 de marzo de 2022 en la cima del Cerro del Quemado, Paritek+a, municipio de Catorce.
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar1.2-9

305

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                <text>Transdisciplinar: Revista de Ciencias Sociales, publica semestralmente en formato digital  artículos académicos con temáticas relevantes para las ciencias sociales, con especial interés por aquellos que presenten un enfoque transdisciplinario  imprescindible ante la complejidad de las organizaciones, sujetos, interacciones y problemáticas sociales actuales y en prospectiva. El propósito es ofrecer un espacio para lectores y autores en el que se dé el diálogo y el intercambio entre las disciplinas y propicie la construcción de conocimiento relacional (Edgar Morin), complejo, transdisciplinario e integral en el ámbito de lo social.</text>
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              <text>Morado Macías, César, Titular Centro de Estudios Humanísticos</text>
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          <name>Description</name>
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              <text>Transdisciplinar: Revista de Ciencias Sociales, publica semestralmente en formato digital  artículos académicos con temáticas relevantes para las ciencias sociales, con especial interés por aquellos que presenten un enfoque transdisciplinario  imprescindible ante la complejidad de las organizaciones, sujetos, interacciones y problemáticas sociales actuales y en prospectiva. El propósito es ofrecer un espacio para lectores y autores en el que se dé el diálogo y el intercambio entre las disciplinas y propicie la construcción de conocimiento relacional (Edgar Morin), complejo, transdisiciplinario e integral en el ámbito de lo social.</text>
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          <name>Publisher</name>
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              <text>Ita Rubio, Beatriz Liliana  de, Directora de la Revista</text>
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              <text>Muñoz Mendoza, Juan José, Editor Técnico</text>
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          <name>Access Rights</name>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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