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                  <text>�D.R. 2022 © Humanitas. Revista de Teoría Crítica y Estudios Literarios, Vol. 1, No. 1, juliodiciembre 2021, es una publicación semestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo
León, a través del Centro de Estudios Humanísticos, Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías,
Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey, Nuevo León, México.
C.P. 64290. Tel.+52 (81)83-29- 4000 Ext. 6533. https://revhumanitas.uanl.mx Editor Responsable:
Víctor Barrera Enderle. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo 04-2022-020212344100-102, ISSN
en trámite ambos, ante el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última
actualización de este número: Centro de Estudios Humanísticos de la UANL, Mtro. Juan José
Muñoz Mendoza, Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000
Norte, Colonia Regina, Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290. Fecha de última
modificación de 19 agosto de 2021.
Rector / Santos Guzmán López
Secretario de Extensión y Cultura / Celso José Garza Acuña
Director de Historia y Humanidades / Humberto Salazar Herrera
Titular del Centro de Estudios Humanísticos / César Morado Macías
Director de la Revista / Víctor Barrera Enderle

Autores
Alberto Enríquez Perea
Aleida Alexandra Argueta Castañeda
Nora Elvia Cruz Camacho
Rosa María Gutiérrez
Mónica Torres Torija
Michelle Monter Arauz
Nínive Vargas de la Peña
Coral Aguirre
Ana Patricia Torres Vázquez
María Fernanda Martínez Quintanilla
Carlos Rutilo
Editor Técnico / Juan José Muñoz Mendoza
Corrección de Estilo / Francisco Ruiz Solís
Maquetación / Concepción Martínez Morales

Se permite la reproducción total o parcial sin fines comerciales, citando la fuente. Las opiniones
vertidas en este documento son responsabilidad de sus autores y no reflejan, necesariamente, la
opinión de Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Este es un producto del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo
Léon. www.ceh.uanl.mx
Hecho en México

�HUMANITAS
Revista de Teoría,
Crítica y Estudios
Literarios

El Maestro. Revista de Cultura Nacional:
en el origen del universo educativo y cultural vasconcelista
“El Maestro. Revista de Cultura Nacional:
at the origin of José Vasconcelos's the educational and cultural
universe”
Alberto Enríquez Perea
Universidad Nacional Autónoma de México
orcid.org/0000-0002-5870-7231
Fecha entrega: 25-1-2021 Fecha aceptación: 30-3-2021

Editor: Víctor Barrera Enderle. Universidad Autónoma de
Nuevo León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey,
Nuevo León, México.
Copyright: © 2021, Enríquez Perea Alberto. This is an open-access
article distributed under the terms of Creative Commons
Attribution License [CC BY 4.0], which permits unrestricted
use, distribution, and reproduction in any medium, provided

the original author and source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-1
Email: enriquezperea@yahoo.com

�Artículos
Humanitas, vol. 1, núm. 1, 2021

El Maestro. Revista de Cultura Nacional:

en el origen

del universo educativo y cultural vasconcelista
Alberto Enríquez Perea
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México
enriquezperea@yahoo.com

Fecha de entrega: 25-1/-2021 / Fecha de aceptación: 30-3-2021

Resumen. El presente artículo narra y analiza uno de los aspectos más
importantes de la vida de José Vasconcelos, hacer de la educación un elemento sustantivo de la vida nacional y tener los elementos para hacerla
realidad. Asimismo, se rememora su pasado convencionista, sus reflexiones sobre la educación, la idea maderista que la hizo suya: con educación
el hombre es libre y en libertad puede construir y defender un Estado
democrático y de derecho. A Vasconcelos se le presentó con el triunfo de
los sonorenses la oportunidad de llevar a cabo sus ideas y para ello, como
rector de la Universidad Nacional, las impulsó para que fueran una realidad. Entre esas tareas que eran sustantivas de su pensamiento educativo
estaba la creación de El Maestro. Revista de Cultura Nacional. Y como todo
lo que emprendía el oriundo de Oaxaca la revista la pensaba en grande.
Grande por el número de ejemplares, grande por lo que contenía, grande
por su diseño y sus ilustraciones, grande por el mensaje que llevaba. La
anunció como parte de su gran proyecto educativo, sin olvidar los libros
de “pastas verdes”, y la concibió para que a través de ella dar a los mexicanos elementos de información y de cultura nacional y universal. Para ello
reunió a un grupo de intelectuales mexicanos para que le dieran forma y
contenido tal como él la había diseñado. Así pues, en torno a la revista se
reunieron todos aquellos que tenían un espíritu reformista o regeneracionista,
pues El Maestro. Revista de Cultura Nacional era un símbolo de esta etapa
que Vasconcelos quería y ahora inspiraba e impulsaba. Colaboraban los

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espíritus más finos y de mayor raigambre de nuestra América y de Europa.
Páginas que se rescataron o se tradujeron de los autores dilectos del educador y filósofo mexicano. Por fin se tuvo la revista y fue uno de los medios
que acompañaron a Vasconcelos en esta odisea transformadora y generosa por la educación y la cultura de todos los mexicanos. En este recuento
de esos días se podrá observar el ánimo y ambiente que prevalecía en esta
gran cruzada por la educación pública en México.
Palabras claves: revista, libros, lectura, educación, democracia.
Abstract. This article narrates and investigates one of the most important aspects of José Vasconcelos´s life, making education a fundamental
element of national life. Likewise, his “conventional past” is reminded,
his reflections on education he made it his own the Maderista idea: with
education, man is free and in freedom can build up and defend a democratic rule of law. Vasconcelos was awarded with the opportunity to
carry out his ideas, due to the achievements of the “sonorenses”, as the
Universidad Nacional rector, he endorsed them, so they became a reality.
Among those tasks that were fundamental of his educational thinking was
El Maestro. Revista de Cultura Nacional. Everything that the native of Oaxaca
undertook, the magazine was profitable. The magazine was part of his
terrific educational project, without forgetting the books known as “pastas
verdes”, and he envisioned it so that through it he would give Mexican’s
elements of information and national and universal culture. The magazine
was a symbol of this phase. The brightest and most deeply rooted spirits
of America and Europe collaborated. Pages were rescued or translated
from the favorite authors of the Mexican educator and philosopher. Finally, the magazine come with Vasconcelos in this odyssey for the education
and culture of all Mexicans. In summary, you might see the attitude and
the environment that prevailed in this great struggle for public education
in Mexico.
Key words: magazine, books, reading, education, democracy.

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La hora de Vasconcelos.
El año de 1920 fue en la vida de José Vasconcelos uno los más
importantes. Al fin tenía la posibilidad de hacer algo que, por los
menos desde hacía una década deseaba tener, una alta responsabilidad para realizar una obra educativa de alcance nacional y un medio
para expresar sus inquietudes y su pensamiento. Para llegar a este
momento clave en la vida del país y de la biografía del oaxaqueño
recorrió un largo camino. Mas la hora llegó. El aprendizaje que
tuvo a lo largo de los años fue fundamental en su pensamiento al
dotarlo de los instrumentos que necesitaba y que los puso en inmediato ejercicio cuando asumió las responsabilidades que le asignó el
gobierno mexicano.
Ese camino largo, sinuoso, paradójico, acaso empezó, como
dice uno de sus estudiosos, Benito Guillén Niemeyer, cuando la madre de Vasconcelos le daba “enseñanza religiosa”, que las vivía “con
pasión” así como la “instrucción en la historia y el cariño por la
tierra” (2008: 41). Efectivamente, cuando el ex maderista escribía
Ulises criollo. Vida del autor escrita por él mismo tuvo una “visión imborrable” sobre ese episodio que hubo en su infancia. Lo dejó por
escrito para que nunca olvidara sus orígenes ni los renegara:
Mi madre retiene sobre las rodillas el tomo de la Historia Sagrada.
Comenta la lectura y cómo el Señor hizo al mundo de la nada,
creando primero la luz, enseguida la tierra con los peces, las aves
y el hombre. Un solo Dios único y la primera pareja en el Paraíso.
Después, la caída, el largo destierro y la salvación por la obra de
Jesucristo; reconocer al Cristo, alabarlo; he allí el propósito del
hombre sobre la tierra. Dar a conocer su doctrina entre los gentiles, los salvajes; tal es la suprema misión (1936: 10).
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Vasconcelos, en su sacerdocio laico, hizo cosa parecida a las
enseñanzas cristianas: exaltaba la obra de Dios y la de Atenea porque su “suprema misión” era llevar el nuevo evangelio: el alfabeto
a una nación para liberarlo de la esclavitud que daba la ignorancia.
Guillén Niemeyer (2008: 46) también apunta una fecha axial en la
vida de Vasconcelos que fue la de 1909. Tres cosas le sucedieron
que le cambiaron la forma de ser y el pensar del joven y próspero
abogado: nació su primer hijo, asumió la dirección del semanario
El Antirreeleccionista y se fundó el Ateneo de la Juventud. Tres momentos claves en la vida personal y nacional. Y, sin embargo, fueron
Francisco I. Madero y el maderismo los que hicieron posible que
redefiniera su vida y sus propósitos. Cuando tomó la determinación
de lanzarse a la lucha política lo hizo con toda su energía, con toda
su voluntad y su pensamiento para tener un país diferente al porfirismo; es decir, un país democrático.
En esta etapa aprendió mucho: organizó a los “ciudadanos”,
hizo todo lo que tenía a su alcance para que los hombres y mujeres abandonaran la “indiferencia” ante los problemas nacionales,
redactó el lema Sufragio Efectivo y No Reelección, aprendió a ser buen
orador, a hacer discursos, y de sus fracasos: obtuvo múltiples lecciones. Como aquel día que frente a su auditorio expresó: “antes” de
“intentar democracia y actividad política, el pueblo necesitaba emprender la campaña del agua y del jabón” (1936: 356-366); y le llovieron las críticas. Y, en el semanario bajo su orientación, logró que
tuviera suscritores en casi toda la República, además, “en ella vaciamos nuestro encono contra el régimen” y apareció en la misma publicación “un talento inédito de no pocos compañeros” (1936:366).
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Por otra parte, Madero ponía toda su atención en los escritos que
Vasconcelos publicaba en El Antirreeleccionista. Susana Quintanilla,
a quien se le deben estudios sobresalientes sobre los ateneístas, nos
dice que el “autor preguntó al líder, por intermediación de un tercero, qué opinaba de sus escritos. Madero respondió lo siguiente:
‘Todo lo que él escribe me gusta por la serenidad y el reposo que
revela […]. Al leer esos artículos no parece que vienen de un joven como Vasconcelos, sino de una persona de edad’” (Quintanilla,
2008: 283).1
Desde el Ateneo de la Juventud, dice Roberto Lasa Cavonia, Vasconcelos se opuso al positivismo con “un ideal, una mística, el alma y la música, la literatura, el arte” (2008: 22). Y en esta
línea, Leticia Padilla Arriaga abundaba al decir que la “belleza, el
amor, la libertad, la voluntad fueron valores que siempre privilegió”
(1987:20). Es decir, que empezaba a germinar esa “visión humanística
y no sólo humanitaria” en el abogado oaxaqueño.2 A partir de los
años ateneístas adquirió su “nihilismo nietzscheano y la metafísica
bergsoniana” de acuerdo con Kevia Aréchiga del Río (2019: 29); y
del “espiritualismo francés elaboró la idea de una educación para la
democracia”, según Berenice Amador Saavedra (2013:119). Para redondear estas opiniones, con palabras de Miguel Enrique Morales:
“los ateneístas enarbolaban el humanismo, el afán de saber, la fe en
la educación” (2020). En resumen, como lo dijo otro de sus estu1 Véanse también estos otros estudios sobre ateneístas de Susana Quintanilla: A salto de mata. Martín Luis Guzmán en la Revolución Mexicana, México, Tusquets Editores, 2009; “¿Por qué importa José Vasconcelos?”, en Revista
Mexicana de Investigación Educativa, vol. 22, núm. 75, octubre-diciembre de
2017.
2 Los adjetivos son de Roberto Ernesto Lasa Cavarria (22).
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diosos, José Joaquín Blanco, fue aquí donde “dio su primer grito de
guerra, de rebeldía totalizante, con una convocatoria al intelectualismo. Un intelectualismo muy intelectual: el de Nietzsche, Schopenhauer, Wagner, Bergson, sus inspiraciones de toda la vida” (2020).
Vasconcelos conoció los pormenores de la lucha electoral
maderista, su triunfo, el desconocimiento del resultado electoral, el
exilio, la revolución de 1910-1911 y también el gesto de Madero
cuando venció a las fuerzas federales y la rendición del porfirismo:
el alto grado de civilidad al no querer derramamiento de sangre sino
construir un Estado democrático y de derecho. En los quince meses de gobierno maderista igualmente observó que el presidente aumentaba el gasto para la educación en un cincuenta por ciento más
que el porfirismo. Se pasó, tomando en cuenta el gasto más alto que
se hizo en esa época de cerca de ocho millones de pesos, a doce
millones y así se establecieron las “primeras escuelas rurales sostenidas por la Federación”. También Vasconcelos recordaba en su Ulises
Criollo que la Universidad le era “antipática” a Madero por ser positivista y deseaba sustituirla “con un espiritualismo libre”. Pero ¿por
qué tanto interés de parte de Madero de “difundir la enseñanza”?
Porque la “enseñanza respondía al deseo de cimentar la democracia”, de acabar con el “sistema de sacrificios humanos” y terminar
de una vez por todas la época de la “supremacía del bruto armado”.
Madero deseaba un país “civilizado constructor” para que cambiara
el “sentido de la historia nacional” (Vasconcelos, 1936: 505).
Mas esta experiencia democrática maderista terminó con el
retorno del “sistema de sacrificios humanos”. Así pues, Vasconcelos tomó el derrotero de los seguidores y simpatizantes de Madero:
destierro, secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes por brevísimo tiempo en la era de la Soberana Convención Revolucionaria,
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colaborador de Venustiano Carranza y posteriormente su acérrimo
adversario. Arreola Martínez nos recuerda que el oriundo de Cuatro Ciénegas nombró al de Oaxaca director de la Escuela Nacional
Preparatoria, “pero lo cesó después de una semana, ante su negación de pronunciarse contra Villa y Zapata”. Más tarde, cuando el
oaxaqueño estuvo en la Soberana Convención dio “forma jurídica
a la voluntad de Villa y Zapata al desconocer a Carranza” (Arreola
Martínez, 2009: 6).
Martha Robles, por su parte, con documentos en la mano,
señala este episodio que nos permitirá conocer otro perfil de Vasconcelos. Mientras el antiguo director de El Antirreeleccionista deseaba, ante la invasión estadounidense al Puerto de Veracruz, la conciliación, Carranza quería sentar un precedente contra la intervención
extranjera en nuestro país. Esta “lección moral” que le dio el primer
Jefe del Ejército constitucionalista nunca se la perdonó3 y se convirtió desde entonces en su más acérrimo contendiente. Como prueba
de ello tenemos: La caída de Carranza. De la dictadura a la libertad
(1920) y su exaltación al obregonismo.
Y, sin embargo, Vasconcelos dejó este reconocimiento de la
obra del presidente de la República asesinado en medio de artificios
verbales que sólo nos indican lo que le pesaba reconocer los aciertos
de sus antagonistas. He aquí sus palabras:
con Agua Prieta triunfó el carrancismo sin Carranza; la plebe
sin su jefe; con ella, una doctrina o seudo doctrina canalla, […]:
Carranza había sido un gran hombre, un estadista, un patriota,
pero había cometido un error; la imposición de Bonillas; o sea,
oponerse al triunfo de Obregón; o sea negarse a que una fac3 Véase la tesis de Martha Robles, Entre el poder y las letras: Vasconcelos
en sus memorias (1988).
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ción de los suyos se quedase con todo el botín… Lo demás, el
crimen verdadero, quedaba absuelto, era perfecto…” (Vasconcelos, 2011: 21)

La hora de Vasconcelos llegó en 1920 dotado de una gran
experiencia política, educativa, periodística y de divulgación de su
obra que era conocida en buena parte del mundo hispanoamericano: Pitágoras. Una teoría del ritmo (1916), Monismo estético (1918), Divagaciones literarias (1919), Artículos (libros que leo sentado y de pie) (1920),
Estudios indostánicos (1920). Muy bien sabía cómo movilizar las conciencias: con la palabra y la letra impresa. Pero se daba a querer.
Según él, al triunfar los sonorenses, caído y asesinado el presidente
de la República, se quería dedicar a su “trabajo profesional”. Pero ya
sostenía pláticas con los emisarios de los triunfadores. Vasconcelos
mismo era y pertenecía a esas fuerzas que derrotaron y sacrificaron
a Carranza. Los emisarios o mensajeros de los sonorenses se acercaban y la preguntaban qué deseaba. Y en entre sus anhelos germinaba
aquella idea que pronto fue realidad: “me obsesionaba -confesaba
en La tormenta- la idea de la Universidad, como base para crear el
Ministerio, que acaso transformaría el alma de México” (1936: 507).
Su anhelo se logró al ser nombrado rector de la Universidad
Nacional de México. Su discurso de toma de posesión de la Rectoría, lo reconoce muy bien Álvaro Matute, es un “manifiesto, es anuncio de una actividad en el cual el ciclo iba a cumplirse. Él tenía que
llevar la Revolución a la Universidad. Las vías paralelas que había
transitado desde 1910 tenían que juntarse. Eso comenzó a suceder
desde junio de 1920” (1983: 11).
Recordemos las palabras del rector Vasconcelos dichas en
ese mes de junio:
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Yo soy en estos instantes, más que un nuevo Rector que sucede a
los anteriores, un delegado de la Revolución que no viene a buscar
refugio para meditar en el ambiente tranquilo de las aulas, sino a
invitaros a que salgáis con él a la lucha, a que compartáis con nosotros las responsabilidades y los esfuerzos. En estos momentos
yo no vengo a trabajar por la Universidad, sino a pedir a la Universidad que trabaje por el pueblo. El pueblo ha estado sosteniendo a
la Universidad y ahora a menester de ella, y por mi conducto llega
a pedirle consejo (1950: 9).

Desde este primer día de su rectorado Vasconcelos se propuso que, para combatir la ignorancia y la pobreza, había que hacerlo a través de reformas constitucionales, es decir, elaborar una
la Ley para crear lo que hoy se denomina Secretaría de Educación
Pública y que esta Ley saliera de la Universidad. Además, lanzó una
convocatoria para que las mujeres hicieran “compaña contra el analfabetismo” y creación de comedores para alumnos, entre otros proyectos. Para hacer posible toda esta tarea se necesitaban los sabios
y los artistas mexicanos. Llamaba a todos ellos porque deseaba que
México fuera país de “hombres libres”, para impulsar la educación
y la enseñanza y no olvidar a los indígenas (Vasconcelos, 1950: 1112). El rector trabajó incansablemente desde ese día sin dejar de
atender las propias responsabilidades que tenía con la Universidad
y, a tal grado se involucró en una reforma universitaria que le dio
escudo y lema: Por mi raza hablará el espíritu, que “significa[…] la
convicción que la raza nuestra elaborará una cultura de tendencias
nuevas, de esencia espiritual y libérrima. Sostendrán el escudo un
águila y un cóndor apoyado todo en una alegoría de los volcanes y
el nopal azteca” (en Sicilia, 2001: 125). Y con este acto, de acuerdo
con lo que dice Eva Hernández Avilés, “inmortaliza su convicción
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más profunda, que expresaría ampliamente en La raza cósmica: la idea
que toda América Latina debe trabajar junta hacia el bienestar y la
unidad espiritual, para crear una nueva sociedad de hombres verdaderamente libres” (2014: 58).
Mas no sólo llamó sino buscó y se hizo de un equipo que lo
entendió y lo siguió en sus proyectos culturales, educativos y editoriales. Este grupo fue el que dio impulso, vigor y fortaleza a los proyectos vasconcelistas: Daniel Cosío Villegas, Samuel Ramos, Eduardo Villaseñor, Julio Torri, Mariano Silva y Aceves, Pedro Henríquez
Ureña, Jaime Torres Bodet, Rafael Martínez, Eulalia Guzmán, Miguel Bernard, Adolfo Best Maugart, entre otros. Aunque en el camino algunos se separaron por discrepancias y malentendidos.4 Mas la
plaga de la ignorancia había que extinguirla con la vacuna de la letra
impresa y que los signos alfabéticos circularan por todo el cuerpo de
México para lograr un país vigoroso y dispuesto enfrentar los más
grandes desafíos. El Estado y la Universidad estaban listos para emprender esta campaña en contra del mal endémico. Y el hombre que
era puente entre estas dos grandes instituciones nacionales estaba
listo, se llamaba Vasconcelos.5
Ejemplo sin igual se dio en el México de la Revolución
Mexicana. El propio rector de la Universidad reconoció el apoyo
que le concedieron, primero, Adolfo de la Huerta, en su carácter
de presidente provisional (1920) y, después, como secretario de Hacienda (1920-1923), así como del presidente constitucional, Álvaro
4 Véanse Enrique Krauze: “Vasconcelos: libros, aulas, arte” (en Matute
Aguirre, 2011: 3-16), Javier Garciadiego: Autores, editoriales, instituciones y libros. Estudios de historia intelectual (2015), y Federico Lazarín Miranda, “José
Vasconcelos: Apóstol de la educación” (2009).
5 Título del libro de José Joaquín Blanco, que tomo prestado.

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Obregón (1920-1924).6 Gracias a esos esfuerzos compartidos y a las
altas responsabilidad del Estado y de la Universidad Nacional, pronto circularon miles de libros, ediciones de clásicos mexicanos y universales, creación de bibliotecas y también, una revista. Revista que
siempre fue anunciada por Vasconcelos como uno de los proyectos
culturales más importantes en su gestión como rector y secretario
de Educación Pública.
El Maestro. Revista de Cultura Nacional
El año nuevo de 1921 trajo noticias alentadoras para la “educación
del pueblo”. El 19 de enero se dio a conocer la creación de la editorial universitaria. Por disposición del presidente de la República,
Álvaro Obregón, los Talleres Gráficos de la Nación pasaban a depender de la Universidad Nacional. Así pues, “sin demora”, el rector
José Vasconcelos ya tenía sus planes para ejecutarse al instante. En
tres secciones dividió las tareas de los Talleres: 1) la de “ejecutar los
trabajos de imprenta de los distintos departamentos del Gobierno”,
2) la “edición de libros de textos de las escuelas oficiales”, y 3) la que
el rector consideró la más importante: la edición de “obras de cultura general”. Ocasión para anunciar la colección llamada de “pastas
verdes”. Este plan era ambicioso. Más de treinta autores, y algunas
de sus obras en varios volúmenes, con un tiraje de “por los menos”
treinta mil ejemplares. Más diez “obras notables que serán designadas por el público” y todo el proceso editorial se cuidaría para tener
libros de calidad: desde la selección y traducción a la creación de una
comisión y colaboraciones remuneradas (en Sicilia, 2001: 118).
6 Véase Hombre, educador y candidato, introducción, selección y notas
de Guadalupe Lozada León (1998).
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El rector explicaba la importancia y selección de los siguientes títulos y autores en donde estaba toda su huella, sus autores preferidos, sus dilectas lecturas. Así Vasconcelos explicó: “Se comienza
con la Ilíada de Homero que es la fuerte raíz de toda nuestra literatura y se da lo principal de los clásicos griegos, los eternos maestros. Se incorpora después una noticia sobre la moral budista que es
como anunciación de la moral cristiana y se da enseguida el texto de
los Evangelios que representa el más grande prodigio de la historia
y la suprema ley entre todas las que norman el espíritu; y la Divina
Comedia, que es como una confirmación de los más importantes
mensajes celestes”. El rector también manifestó que el “anuncio de
tal feliz acuerdo” hacía que la Universidad declare este día como el
“más importante en toda su historia” en que se puso “a sus órdenes
una casa Editorial”. Confiaba en que recibiría “ayuda” y “colaboración de todo el pueblo mexicano en la noble empresa” (en Sicilia,
2001: 119).
Y poco tiempo después hizo otro anuncio, la “Fundación de
una gran revista educativa”. Por acuerdo del presidente de la República la Universidad Nacional debería “fundar muy próximamente
una Revista con los más altos propósitos educativos”. La revista
completaba la labor que ya se estaba haciendo de editar y distribuir
libros y folletos y, como estos, debería llegar a todos los “habitantes
de la República”. En esta revista el público encontraría “el dato
útil, la información aprovechable, en una palabra, les permitirá sentir las palpitaciones que producen los más avanzados movimientos
de ideas en el mundo, ampliando los horizontes del obrero y del
campesino, estimulando el estudio de profesionistas y escolares, animando con sugestiones prácticas a los industriales y explotadores
de la tierra y vigorizando el espíritu de todos” (en Sicilia, 2001: 121).
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El tiraje de la revista debería tener un número “máximo”
para llegar a los que sabían “leer y escribir y se interesen por su
propio cultivo”. Porque el gobierno mexicano ponía “al servicio de
todas las clases sociales del país, un órgano de divulgación con las
ideas más nuevas, que servirá a la vez de vehículo para la difusión
de las actividades pensantes mexicanas”. La revista, además, estaba
abierta a todos los mexicanos que quisieran y deseaban escribir y,
sobre todo, “contribuir a esta obra de cultura que aportará las máximas enseñanzas extranjeras y llevará fuera del país la vibración de
nuestra sociedad con las más altas aspiraciones de mejoramiento”
(en Sicilia, 2001: 121).
La Universidad Nacional era la encargada de la distribución
de la revista, era gratuita y se llamaría El Maestro, cuyas oficinas estaban en la calle de Gante, número 3, y sus directores eran Enrique
Monteverde y Agustín Loera y Chávez. Para Francisco Monterde,
Vasconcelos la “puso bajo la guía de dos hombres con caracteres
complementarios”, es decir, uno “estático” y el otro, “dinámico”
(Monterde, 1963: 124), respectivamente.
Evidentemente, este último, hidrocálido, nació el 10 de marzo de 1893 y tenía una larga experiencia editorial y funcionario de
probidad. Fue subdirector de la Biblioteca Nacional (1915-1916).
Fundó y dirigió la Escuela Nacional de Bibliotecarios y Archivistas
(junio de 1916-noviembre de 1917). Al lado de Julio Torri fundaron y dirigieron Cvltura. Antología quincenal de buenos autores que, para
septiembre de 1919, había publicado VIII tomos, 48 títulos, entre
otros, Cartones de Madrid, de Alfonso Reyes; poesías de Sor Juana
Inés de la Cruz, Ignacio Altamirano y Manuel José Othón; cuentos
de Micrós, Manuel Gutiérrez Nájera, Voltaire, y a Selma Lagerlöf,
Premio Nobel de literatura (1909). En ese mismo año de 1919 creó
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con Enrique González Martínez la editorial México Moderno, casa
que editó la revista México Moderno, dirigida primero por el poeta
jalisciense, después por Manuel Toussaint y el citado Loera y Chávez, que fue “presencia cenital de la incipiente cultura posterior a la
Revolución”, de acuerdo con Sheridan (2021); la Revista Musical de
México de Manuel M. Ponce y Rubén M. Campos (tomo I, 12 números, 15 de mayo de 1919 a 31 de mayo de 1920), Boletín Bibliográfico,
y la colección Biblioteca de Autores Mexicanos Modernos.7 Sobre
Monteverde, no hay muchos datos.
Por último, hay que hacer notar que el Boletín de la Universidad anunció el advenimiento de la revista de esta manera: “Nunca
como ahora el Gobierno de la República pone al servicio de todas
las clases sociales del país, un órgano de divulgación con las ideas
más nuevas, que servirán a la vez de vehículo para la difusión de las
actividades pensantes mexicanas” (en Ortega Ibarra, 2004: 63).
Pero, por si no era suficiente lo que el rector de la Universidad Nacional estaba haciendo por la revista, personalmente se dirigió a escritores para solicitarles colaboración para la publicación
recién anunciada porque estaba ya en proceso de edición su primer
número. Tal fue el caso de Carlos Pellicer que Vasconcelos, en carta
de 14 de febrero de 1921, le informó, primero que, por acuerdo del
presidente de la República, la Universidad a su cargo iba a fundar El
Maestro, “con los más amplios propósitos educativos”. Se deseaba y
se quería hacer una “publicación de máxima importancia por su cir7 Véanse Carlos Rubio Pacheco: “Agustín Loera y Chávez (1893-1961)
(en Aurora Ocampo, 2003: 396); y el Archivo Carlos Pellicer. Sección
Correspondencia General (1906-1976). Serie: Léveillé, Charles H. – Loryeus,
Nino. Carpeta: Loera y Chávez, Agustín (1916-1953). Documento 8. Biblioteca Nacional de México.

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culación” y que fuera al mismo tiempo “una obra de cultura intensa
y eficiente”. Y último, que el propósito del gobierno mexicano era
“estimular la educación de todas las clases sociales del país creando
un órgano capaz de interesar al mayor número de personas, así por
su texto cuidadosamente dirigido como por la forma breve, sencilla
y clara de sus escritos”. Lo invitaba pues, a escribir un artículo sobre
Congresos estudiantiles latinoamericanos, pues Pellicer era uno de
los más distinguidos miembros de la Federación de Estudiantes de
México que estuvo en Colombia y Venezuela difundiendo la doctrina internacional de la Revolución Mexicana y fundó la Federación
de Estudiantes de Colombia. Por lo tanto, Vasconcelos le pidió que
su artículo lo debería entregar el 20 de este mismo mes, pues la
revista saldría el primero de marzo de 1921.8 Empero, el primer número de El Maestro. Revista de Cultura Nacional apareció el 1º de abril
de 1921, bajo la dirección de Monteverde y Loera y Chávez.
Los investigadores y tesistas que se han dedicado al estudio
de esta revista, en forma parcial, por temas o en lo general, coinciden en que esta publicación era para “fomentar la obra educativa”
que el rector Vasconcelos estaba impulsando, como lo señala Luis
de la Peña Loredo (2017: 73). A su vez, Ileana Casasola Ruiz Pérez
cree que era para “brindar un espacio al magisterio” (2006: 102).
Berenice García Arteaga asegura que fue la más “relevante” de este
periodo vasconcelista, “planeada como pequeño manual de cultura
general” e “integral, útil para el público más culto, como para los
alumnos de escuelas e incluso funcionó como revista familiar, por
8 Carta de José Vasconcelos a Carlos Pellicer. México, 14 de febrero de 1921,
consultada en el Archivo Carlos Pellicer de la Biblioteca Nacional de México.
Sección Correspondencia General (1906-1976). Serie: Varios (III). Vázquez Gómez, Elena. Carpeta: Vasconcelos, José (I) (1921-1924). Documento 2.
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su amplitud temática” (2006:108). Coincide Leticia Padilla Arriaga
en esa visión y agrega que, en El Maestro se encontraban artículos
“con contenidos educativos […] y era al mismo tiempo informativo,
cultural y de conocimientos prácticos” (1987: 30). Tienen toda la
razón los autores anteriormente citados. El Maestro. Revista de Cultura
Nacional se convirtió en una de las mejores cartas de presentación de
Vasconcelos para realizar su obra educativa, cultural y difusión donde se encontraban herramientas básicas para el quehacer cotidiano
del mexicano y que circuló ampliamente por nuestro país y se envió
a varias repúblicas americanas.
Y como se hizo con los libros de los “clásicos” o de “pastas
verdes” su tiraje fue algo nunca visto en México. El responsable
de la política educativa, en la conferencia que dictó en Washington
en 1922, dijo que se tiraban sesenta mil ejemplares y se repartían
“gratuitamente entre escuelas, maestros de México y de la América
Latina” (en Sicilia, 2001: 155-156). Sin embargo, María del Rocío
García Rey (2006: 30), tomando nota de las cantidades estimadas
por Claude Fell y José Joaquín Blanco, quienes opinaban que la edición de El Maestro. Revista de Cultura Nacional oscilaba entre 50 y 60
mil ejemplares, arriesga una cifra más impactante: 75 mil; lo mismo sugiere Basila Delgado (1983: 67-68). En contraparte, Engracia
Loyo (2020) y Carlos Ortega Ibarra (2004: 54) sostienen que fueron
50 mil ejemplares los que se publicaron.
Gracias a las investigaciones que hizo el último autor citado
en el Archivo de la Secretaría de Educación Pública y al acopio de
documentos del Departamento de Bibliotecas también sabemos que
el costo de la revista fue de $9,190,50. Y de este monto, $4,940.70
fueron para el papel, $4,030.80 para pagar los sueldos de empleados y $220 para gastos generales y de colaboración. Así pues, por
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un tiraje de cincuenta mil ejemplares la revista costó $0.18 (Ortega
Ibarra, 2004: 77).
Si se compara el número de ejemplares de los “clásicos” con
los de la revista se observará todavía más su importancia como obra
de difusión y divulgación de la educación, la enseñanza y la cultura.
Ortega Ibarra, estudioso minucioso de estos menesteres, nos dice
que de las Vidas ejemplares de Romain Rolland y los Evangelios se editaron 25 mil ejemplares; de las Eneadas, de Plotino, cinco mil. Loyo,
interesada también en estos aspectos, señaló que de La Ilíada se hicieron 38,940 ejemplares; de Esquilo, 15 mil; y de La divina comedia
de Dante, 6,300. El costo de cada libro de los clásicos era de “$0.95
aproximadamente y se vendían a un peso, pero se repartían gratuitamente en escuelas y bibliotecas” (2020). Hubo otras ediciones de
gran tiraje como la Historia Nacional de Justo Sierra: 100 mil volúmenes y La muerte de Juan Hidalgo de Lope de Vega: 50 mil. Mientras
que Ezequiel Castillo Braun señala que, en el caso especial de El
Quijote, como no se pudieron adquirir los derechos para una edición
popular, “en su lugar se compraron en España 50,000 ejemplares”
(2008:36).
Un lujo para una revista contar con el siguiente personal para
todo el proceso de edición. Vicente Lombardo Toledano era el jefe
del Departamento de Bibliotecas y veló por ella hasta 1921; a partir
de 1922 lo fue Carlos Pellicer y, por último, Jaime Torres Bodet. El
Departamento Editorial, de julio de 1921 a febrero de 1922, estuvo
en manos de Julio Torri. En la redacción estuvieron, en diferentes
momentos, José Gorostiza, Juan José Tablada, Atenógenes Pérez
y Soto, que también fue administrador. Salomón de la Selva, poeta
nicaragüense, uno de los traductores, como también lo fue Torri. Y
entre los ilustradores y dibujantes que dejaron su huella y que sus
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trabajos en la revista han ameritado señalamientos importantes están Antonio Gómez, Gabriel Fernández Ledezma y Diego Rivera.
Justamente uno de los estudiosos del pintor guanajuatense,
Ricardo Pérez Escamilla, nos dice que, en esa revista, en el tomo II,
número 1, de octubre de 1921…
…Rivera muestra una tipografía que, inspirada en los glifos y estelas mayas, nos remite al tablero de Cruz de Palenque y que se
constituye por méritos propios, en una obra de arte en sí. De
hecho el dibujo ya pone al descubierto el conocimiento que Rivera tenía del mundo prehispánico y su versión estética moderna,
elementos que estarían presentes en toda su obra. (2007: 66)

Además, este estudioso consideraba que, a partir de este año
de 1921, “las ilustraciones de Diego Rivera empezaron a constituirse
en códices visuales de un México recién emanado de la Revolución y
que se hallaba sumido en la encrucijada de encontrar una identidad
política, social, económica y cultural propia” (67).
El universo americano y europeo estaban presente en El
Maestro, y páginas de los escritores favoritos del rector. He aquí algunos de tantos nombres que aparecieron en la revista vasconcelista
iniciando por la del propio Vasconcelos, Ezequiel A. Chávez, Alfonso Cravioto, Antonio Caso, Alfonso Teja Zabre, Jaime Torres Bodet, Ramón López Velarde, Loera y Chávez, Pedro de Alba, Ernesto
Martínez de Alba, Heriberto Ruiz Stanford, Gabriela Mistral, Francisco García Calderón, Pedro Prado, Juan Ramón Jiménez, Miguel
de Unamuno. Traducciones de León Tolstoi, Bernard Shaw, Anatole
France, Romain Rolland, Henri Barbusse. Mención y atención especial merecen dos grandes educadoras mexicanas, con posiciones
diferentes en cuanto a la enseñanza en el Jardín de niños y el papel que
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debería tener y tomar la profesora en la educación: Rosaura Zapata
y Estefanía Castañeda.9
Así pues, entre 1921 y 1923 salieron tres tomos. El primero,
con cuatro números sencillos, del 1 al 4; y uno doble, 5 y 6; de periodicidad mensual, regular, que van del 1º de abril al 1º de septiembre
de 1921. El segundo tomo: cuatro sencillos, del uno al 3, y 6; y uno
doble 4 y 5, de octubre de 1921 a marzo de 1922. Y el tercero, tres
sencillos, 1 al 3 y uno doble, 4 y 5, entre 1922 y 1923 (Leines Mejía,
2020). A partir de este último tomo se hizo cargo de la dirección
Monterde y la periodicidad fue irregular. Por otra parte, en el interior
de la revista, en la página legal, se puso esta leyenda en los números
que aparecieron en tomo I: Departamento Universitario // Talleres
Gráficos de la Nación. - Filomeno Mata Núm. 8; y en los tomos II
y III se modificó por Secretaría de Educación Pública. – Talleres
Gráficos de la Nación. - Filomeno Mata Núm. 8. El cambio era el
tránsito de Vasconcelos de la rectoría de la Universidad Nacional de
México a la secretaría de Educación Pública. Hubo ese movimiento,
pero no se modificaron los propósitos, sino que se redoblaron (Fell,
2009: 485). Por eso, en el primero número, del tomo II, quedó en la
portada de la revista, como testimonio de esa continuidad y de esos
propósitos, el escudo y la leyenda de la Universidad.
Con buenos presagios apareció El Maestro. Revista de Cultura
Nacional en el horizonte mexicano. Los que estaban haciendo posible esta revista querían que en sus páginas quedara el mejor ejemplo
de ese empeño y referencia para el futuro. Todos, pues, listos para
participar en esa gran odisea vasconcelista.
9 Sobre este aspecto, véase el artículo de María Eugenia Reyes Jiménez,
“Estefanía Castañeda Núñez de Cáceres (1872-1936)” (2016).
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El Maestro: Vasconcelos
Como bien lo señalan los estudiosos de El Maestro. Revista de Cultura
Nacional el artículo de Vasconcelos, en su primer número, intitulado,
“Un llamado cordial” era “agudo y reflexivo”, justificaba la revista
y “su proyección” que tendría “a nivel nacional”, como lo señala
Leines Mejía (2020). Y, por su parte, Ortega Ibarra, apunta que este
texto vasconcelista “tenía como objetivos, antes que cualquier otra
cosa, difundir conocimientos útiles entre toda la población de la
República y ser una tribuna libre y gratuita para ideas nobles y provechosas, ninguna de éstas al servicio de un grupo ni de un partido,
sin limitarse a un credo o a una época” (2004: 83).
Pero no sólo hubo tales propósitos en este texto vasconcelista que apareció en este primer número de la revista. También
estaban su pensamiento, sus preocupaciones y sus anhelos de redención del pueblo de México a través de la educación y la cultura.
Estaba, asimismo, la crítica a la situación pasada pero no se quedaba
en criticar sino señalar sus proyectos, algunos en marcha, como esta
revista. Era un texto fundacional donde expresaba claramente que
en esta fecha su propósito era publicar y difundir libros y revistas,
herramientas de papel y tinta, para que se dispersaran por todo México como las semillas del sembrador. Así se empezaba esta gran
campaña para la liberación del mexicano de su ignorancia a través
de la lectura puesta al alcance de sus manos y con toda libertad.10
Efectivamente, el primer número de El Maestro. Revista de
Cultura Nacional lo abrió el rector José Vasconcelos con “Un llamado cordial” al público en general e interesados en colaborar en la
10 Cf., Felipe Garrido: “Lectura, escritura y desarrollo” (2015: 69-71)

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revista. Al primero, reiteraba lo que en otros momentos había dicho,
que esta revista tenía como uno de sus objetivos “difundir conocimientos útiles entre toda la población” mexicana; no costaba un
solo centavo; no iban a pagar por ella a quien le interesara. Era para
servir a “un país entero”. Y a los segundos, les dirigió este mensaje:
deberían tener la
… convicción de que no vale nada la cultura, de que no valen
nada las ideas, de que no vale nada el arte, si todo ello no se inspira en el interés general de la humanidad, si todo ello no persigue
el fin de conseguir el bienestar relativo de todos los hombres, si
no asegura la libertad y la justicia, indispensables para que todos
desarrollen sus capacidades y eleven su espíritu hasta la luz de los
más altos conceptos (Vasconcelos, 1921: 5).

Mientras haya un hombre en el mundo y este mundo sea
infeliz y haya una “criatura” “víctima de injusticia” nunca se debe
dejar de luchar. Por eso, Vasconcelos estaba convencido de que sólo
con “la justicia absoluta, la justicia amorosa y cristiana puede servir
de base para reorganizar a los pueblos” y anhelaba que, “antes de
propagar la alta cultura” se tenía que “hacer llegar a todas las mentes
los datos más elementales de la civilización”. La alta tasa de población analfabeta le aterrorizaba y ansiaba que esta situación cambiara
por el bien de México y de los mexicanos. Con un pueblo analfabeto
no era posible llevar a cabo los empeños de los gobiernos de la Revolución Mexicana. Así pues: “Educar a la masa de los habitantes, es
mucho más importante que producir genios, puesto que en realidad
el genio no vale sino por la capacidad que tiene de regenerar a una
multitud además de su propia persona”. Entregar a todos los “datos
del saber” era un requisito para los que quisieran instruirse.
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Vasconcelos no se quedó con este mensaje cargado de humanismo, sino que entró en polémica con los intelectuales positivistas
que aún quedaban y que aseguraban que “nuestro pueblo” no tenía
“remedio, que este mundo” era de los “aptos, y que los ineptos”
carecían “de todo derecho”. El rector consideraba estas ideas como
“perversas” y “cobardes doctrinas” a las que había que “desacreditar y destrozar al comienzo de nuestras labores educativas”. Esta
“falsa ciencia” todavía nos tenía “invadidos”. Era “menester volcar
el entusiasmo arrasador de la fe en nuestros destinos y de la fe en el
triunfo definitivo de una justicia sin transacciones, de un bien grande, generoso y absoluto” (Vasconcelos, 1921: 5).
El talante de Vasconcelos, sus experiencias políticas, sus estudios filosóficos y pedagógicos, todo ello se muestra, se comprueba y se expone en este pasaje al decir, que: “No sólo la razón nos
dice que todos los hombres tienen derecho al bienestar y a la luz”
también “las más poderosas corrientes del pensamiento contemporáneo proclaman esa verdad”, igualmente “la historia, el pasado
mismo”. Todo ello lo hacían pensar que “cada pueblo” se distinguía
y alcanzaba su “poderío, únicamente cuando ha logrado organizarse
conforme a bases de justicia; sólo cuando todos o casi todos sus habitantes han sido libres y fuertes, igualmente libres y fuertes, no sólo
en los derechos teóricos, sino también en las posesiones materiales
y en la educación personal”.
Además, decía algo que ya estaba tan arraigado en su pensamiento, producto de lecturas, vivencias y modelos que fue construyendo y reconstruyendo a lo largo de su vida: que podemos ser
“libres e iguales” como lo fue Grecia y Roma. La “desigualdad y
la injusticia”, las “facultades excesivas” de los gobernantes, el acaparamiento de la tierra en pocas manos hizo posible la corrupción
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del imperio romano. Roma entonces “se convirtió en la presa fácil
y codiciada de los invasores bárbaros”. Sin embargo, los romanos
eran “libres y fuertes y orgullosamente igualitarios” y con estas conquistas espirituales supieron defenderse del invasor y resistir y cambiar sus gobernantes (Vasconcelos, 1921: 5-6). Esta situación debería ocurrir en México: sólo con justicia los pueblos organizados
crecían; sólo con libertad adquirían conciencia de sus obligaciones
y deberes; sólo iguales podían hacer cosas jamás vistas; sólo con
educación se podría crear y tener Atenas o Roma. Justicia, libertad,
igualdad y educación es la cuadratura vasconcelista perfecta para
fundar un México nuevo.
Mas al rector Vasconcelos le interesaba destacar la educación pública. Era su más alta responsabilidad y desde la Universidad
quería hacer cosas nunca vistas. Entre ellas, atender a “las antiguas
razas conquistadas” que pululaban en la República mexicana, es decir, a los indígenas. Por ello dijo, que la “ciencia encerrada en las
cuatro paredes de unos cuantos colegios” era “vana y servil” sino
iba a esas “antiguas razas”. Los indígenas era también nuestros hermanos. No había que desatenderlos, no había que ignorarlos. Había
que educarlos y hacerlos fuertes, porque siendo educados y fuertes
“su fortaleza sumada a la nuestra nos hará invencibles” (Vasconcelos, 1921: 7).
El indigenismo de Vasconcelos estaba en sus convicciones
que venían de su época de maderista cuando ya tenía arraigada la
idea que la educación era también liberación. El indígena educado
podría decidir más adelante qué hacer con su vida y su proyecto
de vida. Pero si no tenía esas herramientas básicas cómo iba a salir
de esa soledad y de ese abandono que estaba y que al Estado no le
había importado ni tomado en cuenta. Ahora se le reconocía. Era
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nuestro hermano. Juntos, todos los mexicanos, lo decía muy bien
el rector, seremos invencibles ante cualquier adversidad. Y, además,
como lo advierte Zavala, en Vasconcelos también estaba esa cara
idea que postulaba en La raza cósmica: “la creación de una nueva raza
y una nueva cultura” que no significaba una “regresión a lo indígena”. Y aquí la interesante observación de Jacinto Zavala a lo que nos
pide pongamos atención: que esa nueva raza y cultura será posible
“sobre las bases sólidas de nuestra castellanidad, que ya es ilustre
síntesis de la más fecunda antigüedad” (2020).
Y Elba Lira García nos pide reparar cómo veían, en esta
época de los años veinte, los extranjeros a México en su “diversidad
étnica”. Se auxilia del ensayo de Ramón Eduardo Ruiz: México 19201958. El reto de la pobreza y el analfabetismo, y nos señala que en esos
años había más de cuatro millones de indígenas, “más de ochenta
grupos” con diverso número y lenguas. Y estas palabras que parecían que no se erradicaban: los indios eran “nómadas”, “bárbaros”,
“salvajes”, pobres, desnutridos, enfermos, supersticiosos (2020).
El llamado de Vasconcelos, por lo tanto, de prestar atención
a este asunto era relevante porque lo hacía desde la Universidad y
porque lo que se llamaría Secretaría de Educación Pública estaba a
punto de ser una realidad y obrar en consecuencia. Así pues, desde
este momento el indigenismo vasconcelista entraba en la agenda
federal. El primer paso estaba dado. El indígena estaba en la política
educativa de José Vasconcelos.
Otro punto importante que se señala en “Un llamado cordial” era que la edición de El Maestro. Revista de Cultura Nacional era
gratuita y su gratuidad la defendió contestando a los que estaban
contra esta política porque la consideraban un derroche de dinero.
Asimismo, aquella otra que andaba de boca en boca de los adver40

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sarios de la educación pública. Un pueblo analfabeto cómo iba a
leer y ya ni se diga leer a los clásicos. En defensa de su política
educativa y cultural, Vasconcelos dijo que “la verdadera luz” no
tenía “precio, y luz será lo que procuremos difundir, ofreciéndola,
dándola aún a los que no la pidan”. La revista era gratuita porque
deseaba que entrara en “todos los hogares”, y si había “perezosos”
en la familia que no se dignaban “hojearla, no faltará algún niño o
algún sirviente que aproveche la dádiva”. Además, había una razón
elemental para que esta revista fuera gratuita: “nuestro pueblo es
pobre”; y una verdad absoluta, este pueblo no tenía el “hábito de
gastar en lectura”.
Que la revista llegara a todos los rincones de México, a los
hogares, escuelas y bibliotecas, que ya también se estaban construyendo, era crear una necesidad, “la necesidad de leer”.11 La revista era
una simiente más que dejaba caer sobre la tierra y convencido estaba “que al cabo de algunos años ya él sólo podrá fundar y pagar
sus propios órganos de publicidad”. Mientras no llegara ese día era
“necesario y perfectamente legítimo que el gobierno invierta una
pequeña parte de los impuestos, una pequeña parte del dinero del
pueblo, en lo que el pueblo más necesita: en propagar hechos que lo
instruyan, datos que le informen e ideas nobles que aviven el poder
de su espíritu” (Vasconcelos, 1921: 7).
Esta política la siguió defendiendo Vasconcelos a lo largo
de su vida. Cuando escribió la tercera parte de Ulises criollo, recordó
ese capítulo y señaló que, “nadie ha explicado por qué se ha de privar al pueblo de México, a título de pueblo humilde, de los tesoros
del saber humano que están al alcance de los más humildes de las
naciones civilizadas”. No tomaban en cuentas sus “detractores” que
11 Las cursivas son mías.
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donde no había, “precisa crear”; y, les informaba, que hasta en “la
más humilde biblioteca de Norteamérica cuenta con su colección de
clásico” (1938: 56-57).
Roberto Bergés recuerda la evocación de Pedro Henríquez
Ureña, colaborador de Vasconcelos en esta etapa, he aquí sus palabras:
La instrucción es necesaria para todo hombre. la naturaleza educa
por sí sola, a su modo, pensaba Huxley; su educación es ‘obligatoria’; pero dura y larga con exceso. La educación artificial debe ser
una anticipación de la natural. En la vida moderna, ser ciego no es
mayor limitación que no saber leer; ser cojo es menos grave que
no saber escribir. Supuesta la necesidad práctica de la educación,
el primer deber del Estado es exigirla a todos; el segundo deber
es darla a los que no tengan recursos para proporcionársela a sí
mismos (2020).

En “Un llamado cordial” también encontramos la línea editorial que debería seguir aquellos que quisieran publicar sus textos
en esta revista. Es decir, no quería escritores que hicieran “literatura
vana o bien ironía mordaz y destructiva” sino quería aquellos que
supieran hacer una “Obra constructiva”. ¿Qué quería decir esto? Lo
que ya había reiterado muchas veces: no quería escritores que estuvieran sólo en su mundo de cristal y ajenos al mundo y se burlaran
del resto de la humanidad por su pobreza y su ignorancia. Quería
con esta política editorial, reformar. Reformar la mentalidad de los
intelectuales que en su opinión “había perdido su influencia en el
pueblo”. Estaban apartados, no quería la “renovación” y la “regeneración” de México y los mexicanos (Vasconcelos, 1921: 8).
El Maestro. Revista de Cultura Nacional buscaba precisamente el tipo de escritores reformadores o regeneracionistas. Porque si esta
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publicación estaba “libre de la fórmula, libre de la moda, libre de la
retórica y libre del estilo, y así, sin más normas, que un inmenso anhelo de regeneración […] se regocijará cada vez que una idea noble
pueda ser acogida en sus páginas, así proceda del más humilde, del
más ignorado de los hombres, y aunque esté expresada con la sencillez elemental de las verdades profundas” (Vasconcelos, 1921: 9). El
último párrafo fue contundente en este aspecto. Podemos decir era
la síntesis de su pensamiento. Quería y buscaba la regeneración del
mexicano, su educación y cultura, y agregó esta palabra: pero igualmente no debería estar exenta de belleza. Así lo dijo Vasconcelos,
como si fuera una proclama y la lanzara a los cuatro vientos:
Publicaremos los hechos que interesan a la generalidad, las verdades que son la base de la justicia social, las doctrinas que se proponen hacer del hombre el hermano del hombre y no su verdugo, y
daremos a conocer las expresiones de la belleza que es eterna y no
de la belleza pueril que los hombres fabrican y las modas cambian,
¡Verdad, Amor y Belleza, Belleza Divina, tal sea el lema radiante
de los que en esta publicación escriban!” (Vasconcelos, 1921: 9).

Y en este primer número, para demostrar lo que se quería,
tenemos al escritor francés, Romain Rolland, con “Una declaración
de independencia intelectual” que, en el último párrafo, declaró:
Es por la humanidad por la que trabajamos, por la humanidad
entera. No conocemos nacionalidades. Conocemos una nación
universal y es la nación de la gente que sufre, lucha y cae para
levantarse otra vez, regando con su propia sangre y sudor ese
tortuoso camino. Luchamos por la unión de todos los hombres,
todos hermanos, y por el conocimiento de esta verdad, de esta
hermandad sublime, es por lo que nosotros levantamos sobre esas
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horrendas batallas el arca de la alianza. ¡El pensamiento perenne,
firme, siempre eterno! (Rolland, 1921: 12)

En este número inaugural encontramos en la sección “Sugestiones Sociales”, “El trabajo”, por León Tolstoi y “El espanto
ruso” por Bernard Shaw; en la llamada “Pláticas Instructivas”, vieja
y nueva generación: “Los rasgos definitivos de la educación moderna”, por Ezequiel A. Chávez; “Recordando a los humildes”, por
José Gorostiza; “El Emilio de Juan Jacobo Rousseau”, por Jaime
Torres Bodet; “A los estudiantes”, por Carlos Pellicer; en “Conocimientos Prácticos” y “Sección de los Niños”, dos mujeres, Estefanía
Castañeda y Rosaura Zapata, respectivamente. Y un trabajo que cierra este breve repaso de algunos colaboradores del primer número
de El Maestro. Revista de Cultura Nacional que hay que rescatar.
El título del artículo de Ramón López Velarde fue la señal
de lo que se estaba haciendo en México y no hacía mucho tiempo, y
por eso la llamó, “Novedad de la patria”, cuando dice: “El descanso
material del país, en treinta años de paz, coadyuvó a la idea de una
Patria pomposa, multimillonaria, honorable en el presente y epopéyica en el pasado. Han sido precisos los años del sufrimiento para
concebir una Patria menos externa”. Y las siguientes palabras son
el colofón de los anhelos lopezverdianos al señalar que deseaba tener una Patria “Más modesta y probablemente más precisa” (López
Velarde, 1921: 61).
En esa estaban todos los que estaban haciendo posible El
Maestro. Revista de Cultura Nacional, desde José Vasconcelos hasta el
repartidor de la revista, desde los articulistas a los diseñadores, de
los formadores y correctores, todos participando en esta gran odisea vasconcelista.
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Conclusión
Cuando hay voluntad política y altas miras del gobernante, así como
el idóneo encargado de llevar a cabo un proyecto educativo y cultural, los resultados son generosos, permanentes y definitivos. José
Vasconcelos desde hacía años pensaba que uno de los grandes problemas que había que resolver era el de la educación y abatida la
ignorancia habría hombres y ciudadanos libres, capaces de construir
y sostener un Estado democrático y de derecho, como lo vio en la
época maderista. Pero este proyecto lo hicieron fracasar. Pasó algún tiempo. Ahora con el triunfo de los sonorenses esos designios
de inmediato se pusieron en marcha y se invitó a Vasconcelos a
concretarla. Desde la Universidad Nacional empezó a trabajar para
hacer ley la educación y poner las bases de ese edificio que llevaría la
enseñanza y la cultura a todos los mexicanos.
Entre las muchas tareas que se impuso el rector era la de
tener una imprenta para hacer diferentes tipos de publicaciones
como fueron los clásicos de “pasta verde”, obras de interés general y El Maestro. Revista de Cultura Nacional. Esta revista estaba en el
origen de su proyecto educativo y cultural y tenía para ella un lugar
privilegiado. Deseaba renovar la edición de las revistas, aprovechar
las plumas de los poetas y escritores mexicanos como la de Carlos
Pellicer, Ramón López Velarde, Jaime Torres Bodet, los escritores
tan entrañables para él como Roland, difundir páginas como las de
Tolstoi, y americanos como las de la gran Gabriela Mistral, dibujantes, diseñadores e ilustradores como Rivera y Fernández Ledezma y
tantos otros que hicieran posible hacer realidad la regeneración del
alma nacional.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-1

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�Alberto Enríquez Perea / El Maestro

En esta cruzada educativa El Maestro. Revista de Cultura Nacional estaba destinada a ocupar un lugar trascendental, como los
libros de “pasta verde”. Por eso Vasconcelos señaló las reglas y las
características que deberían tener los poetas y escritores que colaboraran en esta revista, así como las secciones que la integraba. Quería
una revista que además de las plumas antes mencionadas también
hubiera todo de información para que los mexicanos se informaran,
meditaran y pudieran obrar en consecuencia. Esta revista fue pensada para que se distribuyera en toda la República mexicana y llegara
a varios países americanos. Era la carta de presentación de Vasconcelos y también los anhelos de redención que estaba poniendo en
marcha. Abatir el analfabetismo para que, libres de la ignorancia, los
mexicanos en libertad construyeran y defendieran un Estado democrático y de derecho. Esta era la gran aspiración vasconcelista y El
Maestro. Revista de Cultura Nacional era uno de sus medios más importantes para realizar esa tarea. Lo que se logró en esos años fue una
gran odisea por la educación y la cultura para todos los mexicanos.

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�Artículos
Humanitas, vol. 1, núm. 1, 2021

El suplemento sábado del unomásuno: Breve panorama de la hegemonía cultural en México durante el
XX a través del periodismo cultural
Aleida Alexandra Argueta Castañeda
Universidad Autónoma de Nuevo León
aleidaarguetac@gmail.com

Fecha de entrega: 1-4-2021 / Fecha de aceptación: 13-6-2021

Resumen. Este artículo describe, a través de la reconstrucción del campo
cultural mexicano durante el siglo XX, la lucha del suplemento cultural
sábado, del periódico unomásuno, por el monopolio de la legitimidad en el
periodismo cultural en el México moderno. Muestra, asimismo, el proceso
de configuración de la hegemonía cultural en el país haciendo uso del concepto de ‘’naciones intelectuales’’ y abordando las dimensiones intelectual
y política de las producciones culturales. A través de una revisión histórica,
se explica el papel de las publicaciones periódicas para demostrar (y desmontar) las posturas políticas e intelectuales dentro del campo, retomando
el concepto de ‘’autonomía relativa’’ para hablar del suplemento sábado
como un medio donde predomina la ausencia del Estado y su poder coercitivo dentro de sus publicaciones.
Palabras clave: Periodismo cultural, campo cultural, naciones intelectuales, suplemento sábado, publicaciones periódicas, hegemonía.
Abstrac. This article describes, through the reconstruction of the Mexican cultural field during the 20th century, the struggle of the cultural supplement sábado, of the unomásuno newspaper, for the monopoly of legiti-

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macy in cultural journalism in modern Mexico. It also shows the process
of configuration of cultural hegemony in the country by making use of
the concept of ‘’ intellectual nations ’’, and addressing the intellectual and
political dimensions of cultural productions. Through a historical review,
the role of periodicals to demonstrate (and dismantle) political and intellectual positions within the cultural field is explained, taking up the concept of “relative autonomy” to speak of sábado as a predominant medium.
the absence of the State and its coercive power within its publications.
Key words: Cultural journalism, cultural field, intellectual nations, sábado
supplement, periodicals, hegemony

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El propósito de este artículo consiste en brindar una base histórica
del periodismo cultural mexicano a lo largo del siglo XX, y mostrar
de qué forma éste evidencia las estructuras de poder y dominación
dentro del campo cultural. Todo ello a través el posicionamiento
del suplemento cultural sábado del periódico unomásuno. Por tanto, se
partirá desde la siguiente premisa: entender la producción cultural
como el resultado de un conjunto de fuerzas dentro de un contexto
determinado; partiendo, claro está, de la idea de que el campo cultural se encuentra inmerso dentro del campo del poder.
Hasta el momento hemos encontrado y revisado diversas
investigaciones sobre sábado, todas ellas realizadas desde la academia
(en concreto: desde las aulas de la Universidad Nacional Autónoma
de México). En primer lugar, consultamos la tesis de licenciatura, defendida durante el año 2001, titulada El suplemento cultural sábado de
unomásuno, elaborada por Adriana Catalina Miranda Gasca y dirigida por Huberto Batis. Esta investigación se enfoca en el proceso de
elaboración del suplemento; específicamente, en la estructuración,
diseño y contenido. Revisamos igualmente la tesis de Alejandro Román Rivera (también presentada durante el 2001): Literatura erótica
en los suplementos semanales sábado y La Jornada Semanal 1992-1994.
El estudio de Rivera pone el acento en la estructura y las categorías
éticas y estéticas del suplemento, incluyendo, además, una entrevista
a Huberto Batis. Esta entrevista nos permitió vislumbrar la posición
del suplemento dentro del campo cultural y regresaremos a ella un
poco más adelante.
Por otro lado; en 2004, Ariana Noemí Reyes Llamas realizó
la investigación: La cultura mexicana en el suplemento cultural sábado del
unomásuno (1977-1988), donde abordó la situación política, social y
cultural de México durante esos años, y cómo estos ámbitos reperDOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-2

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�Aleida Argueta / El suplemento sábado

cutieron tanto en el periodismo y en las manifestaciones culturales,
ya sea las artes plásticas, el cine, la literatura y el teatro. En el área
de la bibliotecología, existe una tesis del año 2006 que presenta la
indización de la publicación de un año de dicho suplemento; el título es “sábado, suplemento cultural de unomásuno. Índice del año 1999”
de Celia María Licona López. Todos estos trabajos fueron de gran
utilidad a la hora de acercarnos al corpus de investigación, aunque
sus enfoques daban prioridad al contenido y la estructura del suplemento, y no al rol de éste dentro del campo cultural.
La perspectiva teórica de este artículo retoma a Pierre Bourdieu y sus planteamientos sobre el campo artístico y literario expuestos tanto en su ensayo emblemático Las reglas del arte (2002) como en
su artículo “El campo literario. Prerrequisitos críticos y principios
del método” (1990). Bourdieu define al campo como un espacio
en el que se establecen relaciones de lucha entre los agentes; dicha
lucha consiste en la obtención de un capital simbólico que brinda
autoridad, legitimidad y prestigio. Para él, cada campo tiene sus instituciones y reglas específicas de funcionamiento; además, dentro del
territorio literario, existen un conjunto de fuerzas que actúan sobre
todos lo que entran en él; así, dichas determinaciones externas se
ejercen sobre la producción cultural. Dicho en sus propias palabras:
[…] se trata de comprender a la obra de arte como una manifestación del campo en su conjunto, en la que se hallan depositadas
todas las potencias del campo, y también todos los determinismos
inherentes a la estructura y funcionamiento de éste (Bourdieu,
1990: 11).

De acuerdo con Bourdieu, lo que está en juego en las luchas literarias es el monopolio de la legitimidad. Al mismo tiempo,
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se despliega, al interior del campo literario, la contienda entre dos
principios de jerarquización. Por un lado, la jerarquización heterónoma, la cual es favorable a los que dominan el campo política y
económicamente; por el otro, la jerarquización autónoma, desprovista de capital específico y, por lo tanto, independiente respecto a
la economía.
Así, partiendo de una reconstrucción similar de la producción cultural, hemos retomado también el concepto de “naciones
intelectuales’’ propuesto por Ignacio Sánchez Prado, y las cuales
podrían definirse como aquellas enunciaciones discursivas que proponen, dentro de un contexto hegemónico, proyectos alternativos
de nación. Sánchez Prado menciona que “las ‘naciones intelectuales’
resultan, en parte, de los desplazamientos discursivos e ideológicos
hacia adentro del campo intelectual como resultado de un reacomodo discursivo del campo del poder’’ (2009:18). Finalmente, para
abordar el posicionamiento del suplemento sábado dentro del campo intelectual, tenemos que hacer uso, igualmente, del concepto de
‘’autonomía relativa’’, pues las publicaciones emergentes permiten
mostrar articulaciones al espacio público sin el Estado como mediador coercitivo.
La hegemonía cultural en México
Para hablar de producciones culturales, dentro del campo literario
mexicano, necesitamos inscribirlas previamente dentro de un marco
nacional hegemónico, ya que en éstas se articulan posturas que legitiman la hegemonía o, en el caso contrario, se le oponen. Raymond
Williams retoma el concepto de hegemonía y menciona que:
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�Aleida Argueta / El suplemento sábado

Gramsci planteó una distinción entre «dominio» (dominio) y «hegemonía». El «dominio» se expresa en formas directamente políticas y en tiempos de crisis por medio de una coerción directa
o efectiva. Sin embargo, la situación más habitual es un complejo entrelazamiento de fuerzas políticas, sociales y culturales; y la
«hegemonía», según las diferentes interpretaciones, es esto o las
fuerzas activas sociales y culturales que constituyen sus elementos
necesarios (2000:129).

Esto quiere decir que las formas de subyugación constituyen
procesos de organización social, y la hegemonía, por tanto, se puede
entender también como un proceso por el cual se ejerce una coerción política, intelectual y moral que tiene como fin la preservación
del poder de los grupos dominantes, articulando los intereses de
aquellos en posición de subordinación.
Una vez definido el concepto de hegemonía, podemos aterrizar en el caso de la hegemonía cultural del país. Ignacio M. Sánchez Prado explica, en su ensayo ya citado, que existen producciones
discursivas que se enuncian como proyectos alternativos de nación,
a estas producciones el autor las definió, según referimos hace un
momento, como “naciones intelectuales”.
El concepto de naciones intelectuales es importante puesto
que abre pauta para comprender a la literatura (o a una parte de
ella) como una articulación de resistencia a sistemas hegemónicos,
asimismo, se le asimila como una toma de posición dentro de un
campo de poder. Sánchez Prado aborda el concepto de hegemonía
para hablar de la relación entre la literatura y los poderes del Estado, en el caso de México tiene que ponerse el acento, sobre todo, en
el periodo posrevolucionario (cuando se reconfiguran de manera
profunda el campo literario y sus relaciones con las instancias de
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�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

poder). Continuando con el concepto de hegemonía el autor menciona que éste
[…] permite comprender la manera en que las construcciones estético-literarias de la nación, así como los proyectos alternativos
de nación que agrupo debajo de la noción de ‘ʻ naciones intelectuales’’, constituyen no sólo posturas intelectuales, sino políticas, dado que el contenido ideológico de las narrativas, ensayos y
poemas escritos en la época que me ocupan mantienen siempre
relaciones particulares con la construcción del campo del poder
(2009: 17).

Pierre Bourdieu, en Las reglas del arte, define al campo del
poder como: “el espacio de las relaciones de fuerza entre agentes o
instituciones que tienen en común el poseer el capital necesario para
ocupar posiciones dominantes en los diferentes campos (económico y cultural en especial)’’ (2002: 319-320). Desde esta perspectiva,
resulta conveniente concebir a las producciones culturales o artísticas como una manifestación del campo en su conjunto, en el cual se
hallan depositadas las potencias del campo, pero también las cualidades inherentes de su estructura y funcionamiento.
Ahora bien, en este punto es importante mostrar brevemente el panorama histórico de los principios de constitución de la
hegemonía cultural nacional. Sánchez Prado aclara que ‘’El periodo que va desde la constitución de 1917 al debate sobre la cultura
revolucionaria de 1925 constituye un espacio abierto en el cual se
desarrolla una pugna entre los diversos grupos intelectuales por la
definición del discurso hegemónico’’ (2009: 19). Esta etapa se llevó
a cabo bajo las presidencias de Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, y se caracterizó, básicamente, por el debaDOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-2

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�Aleida Argueta / El suplemento sábado

te en torno a la naturaleza de las instituciones culturales del régimen
emanado por la revolución.
Unos cuantos años antes se había creado el Ateneo de la
Juventud, primea asociación intelectual moderna en México, constituida por un grupo de intelectuales y escritores emergentes, y bajo
la tutela de Justo Sierra, ministro de Instrucción Pública durante
la última etapa del porfiriato. El Ateneo contaba entre sus socios
a figuras como José Vasconcelos, Alfonso Reyes y Antonio Caso,
entre otros. Esta institución fue pensada y diseñada para trabajar
por la cultura con el propósito de renovación y creación de un proyecto cultural de completa reconstrucción del país, vía la búsqueda
de la universalidad de saberes. Sánchez Prado describe – retomando
a Héctor Aguilar Camín – los esfuerzos de estos agentes por elaborar una cultura nacional, con base en la educación como forma de
redimir al pueblo, y haciendo ver a la historia nacional como obra
inconclusa (ante la falta del “desarrollo espiritual”). Finalmente, expone cómo la universidad y los intelectuales terminaron siendo vistos como figuras ajenas a las necesidades del pueblo. Movimientos
como el muralismo nacionalista y los colonialistas también forman
parte en la escena de esta lucha por el poder simbólico y la hegemonía cultural.
De acuerdo con Sánchez Prado, fue a inicios de la década de
los veinte que entró a la lucha por la hegemonía literaria otro grupo
de escritores y artistas: los estridentistas: ‘ʻel estridentismo proviene
de una cultura urbana que se asume como tal y que busca el establecimiento de la cultura en la base de la modernidad tecnológica’’
(2009: 24).
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En tercer lugar, hay otro movimiento que consolidó la constitución de la hegemonía cultural en México: la vanguardia posmodernista, la cual inicia con la obra de Ramón López Velarde y termina con la irrupción de los Contemporáneos. En este movimiento
heterogéneo se reescribe el significado de lo nacional en la literatura
y se desemboca en una concepción cosmopolita de lo poético en
oposición a la literatura nacional. Estas etapas concluyen con la idea
acerca de que “el vacío hegemónico permitió la construcción de
proyectos imaginados de nación desde la literatura, que permitirán
dar cuenta de las distintas ideologías y estéticas en contención en la
época’’ (Sánchez, 2009: 25). En otras palabras, fue:
En las primeras décadas del periodo revolucionario cuando el
campo literario desarrolla un aparato más amplio de publicaciones y casas editoriales que proveen articulaciones de la literatura
al emergente espacio público, sin la intervención directa del rol
pedagógico promovido por el Estado (Sánchez, 2009:27).

El ensayista menciona que ‘’la noción del ‘campo literario’
acarrea la idea de configuración institucional’’ (2009:28). Esto es importante puesto que todos los discursos tienen una base institucional
que puede ir desde instituciones educativas a revistas, de espacios
alternativos como Casa del Lago a movimientos políticos; así las naciones intelectuales pueden tomar una postura concreta de oposición
dentro del campo del poder. En general, estas instituciones funcionan como plataformas para el intercambio cultural dentro del campo
literario. En el caso de las publicaciones periódicas, como pueden ser
las revistas, funcionan como mediación cultural: su publicación contrasta la existente diversidad ideológica y estética de los agentes sociales que se encuentran en lucha por el monopolio de la legitimidad.
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Periodismo cultural en México
Una parte de los impulsos intelectuales dentro del país ha sido manifestada a través de publicaciones periódicas y, al igual que la historia
política mexicana, los productos intelectuales se seccionan en distintas etapas. De acuerdo con Francisco Paoli Bolio, la historia de México en el siglo XX se caracteriza por cinco en específico: la revolución
mexicana en 1910 y el derrocamiento de la dictadura porfiriana; la
primera etapa posrevolucionaria con figuras como José Vasconcelos
o Alfonso Reyes; la segunda etapa posrevolucionaria que se ubica
entre la década de los treinta y los cincuenta; así, estas etapas anteriores tienen como resultado una serie de producciones intelectuales,
políticas o culturales que se divulgan por medio de portales como la
prensa o revistas especializadas. Con respecto al periodo posterior
que abarca de los sesenta a los noventa, Paoli Bolio menciona que:
En esta etapa hay que ubicar publicaciones como el periódico
Excelsior (dirigido por Julio Scherer) y la Revista Proceso (en la que
el equipo de Excelsior continúa una tarea crítica y promotora de la
cultura democrática), el periódico La Jornada (que da espacio en
sus páginas a muchos intelectuales). Se fundan revistas dirigidas
por Octavio Paz (Plural, Vuelta), Nexos, Este País y Letras Libres, en
las que hay impulsos notables a la cultura política activa (2014).

Al hablar, entonces, de campo literario, debemos considerar
su funcionamiento como un espacio donde existe un entramado
de relaciones entre los actores sociales, quienes, desde su propio
posicionamiento, luchan por la obtención de los distintos capitales,
que, según Bourdieu, serían: el económico, el simbólico, el social
o el cultural. Y, como expone Martha Zapata Galindo, “Una de
sus características principales radica en la autonomía relativa que
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puede alcanzar frente a otros campos y ante todo frente al político’’
(2003:191).
Para Bourdieu el campo cultural está ubicado dentro del
campo del poder, pero como menciona Zapata Galindo en la cita
anterior, el campo cultural tiene cierta autonomía relativa respecto
a él, específicamente en los principios económicos y políticos de jerarquización (Bourdieu, 1990). Zapata Galindo también afirma que:
La autonomía relativa se expresa mediante la facultad de traducir
planteamientos sociales, políticos y económicos externos en tal
forma que las coerciones que vienen del exterior desaparezcan y
no sean reconocibles dentro de la lógica específica de las disciplinas científicas y las prácticas culturales (Zapata, 2003:191).

Esta autora retoma a las instituciones que se encargan de la
elaboración y consagración de las obras literarias, de esta manera,
elaborar una división temporal-histórica de las etapas de institucionalización en México: la primera abarca de 1930 a 1970. Zapata Galindo menciona que esta etapa se caracteriza por la injerencia en los
procesos de institucionalización de la cultura, y aunque las instituciones dependían del poder del Estado, los agentes sociales podían
desempeñarse con libertad, actuando de acuerdo con los parámetros establecidos (Zapata, 2003).
De manera posterior a la revolución en México se fortaleció
el sistema político autoritario y central basado en el poder ejecutivo
del presidente, que dominaba el poder legislativo y judicial, obstaculizando otras formas de acumulación de capital económico. Debido
a ese sistema de monopolización de los recursos y la centralización
del poder político es posible explicar la falta de autonomía relativa
de los actores intelectuales dentro del campo. En consecuencia, los
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�Aleida Argueta / El suplemento sábado

productores culturales se convirtieron en una suerte de legitimadores del Estado.
En relación con esto, y retomando el tema del periodismo,
Berenice Rojas menciona que:
Los periódicos nacionales en el siglo XX respondieron en sus inicios a reproducir la ideología de la clase en el poder, contribuyeron a la formación de una opinión pública favorable al sistema
social imperante legitimándolo, haciéndose la prensa un instrumento de control político (2011: 64).

Es en esta época, a finales de la década de los treinta, que
Fernando Benítez, agente fundamental en el periodismo mexicano
del siglo XX y creador del suplemento sábado, comenzó a adentrarse
en el mundo del periodismo cultural. Al hablar de su temprana vocación periodística, la investigadora Teresa Férriz apunta: “La creación de un suplemento semanal similar al de los grandes periódicos
argentinos La Nación o La Prensa era un proyecto hondamente acariciado por Benítez desde muchos años antes’’ (Férriz, 1998: 235)
Benítez inició su labor en el periódico El Nacional en 1936, once
años después se convertiría en su director. En este espacio Benítez
colaboró habitualmente con autores españoles (Juan Rejano o José
Moreno Villa) y otros escritores e intelectuales nacionales. Poco
tiempo después, en 1949, emprendió la creación de uno de sus proyectos más ambiciosos: el suplemento cultural México en la Cultura
del periódico Novedades, que luego (en 1961) trasladaría a la revista
Siempre! con el título de La Cultura en México.
Berenice Rojas define al suplemento cultural como ‘’un cuadernillo semanal inserto en el periódico con propia numeración y
con la posibilidad de tener otro formato que lo diferencie del diario
en el que se incluye’’ (Rojas, 2011, p. 66). Un suplemento cultural es,
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de esta manera, un agregado que se divide en secciones como teatro, música, literatura, arte, pero que construye su propia identidad
editorial. Otro aspecto importante de los suplementos culturales es
el hecho que en la noticia no figuran los intelectuales y productores culturales como protagonistas, sino que son los mismos intelectuales quienes toman diversos temas y los comparten a través
de reseñas, ensayos, poemas o crónicas, en el caso de los primeros
suplementos culturales como los de El Nacional y Novedades se especializan en temas de literatura.
Fernando Benítez representó una figura importante dentro
del periodismo cultural, ya que amplió y mostró una visión más
extendida de las manifestaciones culturales, su equipo de trabajo
de La cultura en México fue uno de los mejores del siglo XX, ahí se
abrió senda para la crítica, la narrativa y la entrevista. Colaboraron
en sus suplementos escritores como Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco, Juan Rulfo, Juan García Ponce, entre muchos otros,
pues “Los suplementos culturales de periódicos y revistas ofrecieron empleo a los escritores, un público para sus ensayos, poemas
o cuentos más amplio que cualquiera de las revistas pequeñas’’
(King, 2011, p. 51).
El periodista dejó a un lado el nacionalismo, característico
de la época, y apostó por la pluralidad para hacer llegar nuevos conocimientos a la sociedad mexicana y demostró que en un país tan
institucionalizado los temas culturales formaban parte del primer
orden. Ahora bien, en lo que respecta a la siguiente etapa de institucionalización del país, Martha Galindo plantea que esta:
… va de 1970 a 1988 coincide con el momento en que el Gobierno intenta dar una solución a la crisis de legitimidad y a la pérdida

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�Aleida Argueta / El suplemento sábado

de hegemonía del partido de estado y su sistema político después
de 1968, a través de una intervención y un control de la economía
y de una inversión masiva en la expansión del sector educativo.
(Zapata, 2003:196)

La autora menciona que en esta época hubo un mejoramiento de la infraestructura educativa y que como consecuencia impulsó el establecimiento de la investigación e intensificó la producción
científica, así como fomentó el desarrollo creativo y artístico. Una
cualidad determinante es que durante esta fase se desarrolla por primera vez en el campo intelectual una conciencia acerca de la necesidad de una autonomía relativa, sin que se genere un cuestionamiento o una ruptura de los vínculos concretos que se tienen con el
Estado (Zapata, 2003).
Es en este periodo cuando aparece uno de los suplementos
culturales más importantes de la segunda mitad del siglo XX. El 19
de noviembre de 1979 se publicó, bajo la dirección de Fernando
Benítez, el primer número de sábado suplemento cultural del periódico capitalino unomásuno. Desde las primeras páginas era posible
advertir esa conciencia de autonomía relativa (con respecto al orden
político y económico) descrita por Bourdieu, pues “mientras más
autónomo es el campo literario y artístico, más suspendida se halla
en él la eficacia del principio de jerarquización dominante, es decir,
el económico y político’’ (1990, p.16). El suplemento no tardó en
posicionarse como el más controvertido de la época.
Suplemento cultural sábado del periódico unomásuno
Estamos hablando de una época de convulsión política no sólo para
México, sino para toda América Latina. En 1973 se había llevado a
cabo el golpe de Augusto Pinochet al gobierno de Salvador Allende en
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Chile. En Argentina, tres años más tarde, ocurriría una acción militar
semejante, creando otra dictadura en el Cono Sur. Ese mismo año, el
gobierno de Luis Echeverría dio el famoso “golpe” al periódico Excelsior, provocando una diáspora de periodistas, intelectuales y escritores.
Julio Scherer, exdirector del diario, creó, junto con Vicente Leñero,
el semanario Proceso. Octavio Paz, otrora director de la revista Plural,
tomó a sus colaborados y fundó Vuelta. Pero no fueron los únicos…
Otro grupo de desterrados de Reforma 18, con Manuel Becerra
Acosta al frente, fundó en noviembre de 1977 el diario unomásuno,
que desde el primer día salió con varias páginas dedicadas a la cultura, las que estaban bajo la conducción de Rodolfo Rojas Zea, al
que sustituyó Jorge Hernández Campos, quien optó por dejar en
manos de Roberto Vallarino, hasta que el autor de estas líneas se
hizo cargo de la sección’’ (Mussacchio, 2007:53).

Posteriormente nació el suplemento que, siguiendo una fórmula de
pluralismo, crítica de calidad y el constante debate de ideas logró
posicionarse en la vanguardia cultural del momento: “El suplemento del diario fue sábado, creado y dirigido por Fernando Benítez,
con Huberto Batis y José de la Colina como jefe y secretario de
redacción, respectivamente’’ (Mussacchio, 2007: 153). También Pablo Rulfo estuvo encargado del diseño y en las primeras entregas
contaron con la participación de los mejores escritores, dibujantes y
fotógrafos (Miranda, 2012).
De acuerdo con la entrevista realizada a Huberto Batis por
Catalina Miranda, incluida dentro del libro Huberto Batis: 25 años en
el suplemento sábado de unomásuno (1977-2002) publicado en el año
2012, Batis cuenta que: “Se decidió que el suplemento saliera el sábado y que se llamara sábado porque queríamos que la gente tuviera
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�Aleida Argueta / El suplemento sábado

tiempo de leer el fin de semana, para ganarles a todos los demás
periódicos que publican sólo suplementos dominicales’’ (39). Esa
primera etapa duro un lustro.
Con la escisión de 1983, el periódico entró en una gran y marcada
decadencia y con él la sección cultural, que había sido una especie
de bitácora del mundillo intelectual mexicano. Fernando Benítez
salió meses después y Héctor Aguilar Camín le cedió la dirección
de La Jornada Semanal, donde se mantuvo Benítez hasta su muerte,
en tanto que Huberto Batis, quien quedó al frente de Sábado, fue
abandonado por sus colaboradores de mayor renombre y a guisa
de compensación dio mayor espacio a la polémica entre los que
se quedaron y abrió la sección Desolladero que alguien, tal vez
espantado por las cosas que allí se decían, calificó como los bajos
fondos del ámbito literario (Mussacchio, 2007: 153).

Tras la partida de Benítez a La Jornada Semanal, correspondió
a Huberto Batis la tarea de buscar nuevas colaboraciones y mantener en marcha a la publicación. Sus primeras estrategias: ampliar el
repertorio de temas hacia la política y buscar mayor injerencia en
la opinión pública. Las funciones de Batis se dividieron, entonces,
entre trabajar en el diario, pero también ocuparse de la edición del
suplemento. Poco después se fundó el suplemento de El Universal
a cargo de José de la Colina y Eduardo Lizalde, dejando sólo a Batis
en los talleres del unomásuno.
Sin Benítez, quizá habría llegado la oportunidad de hacer de sábado un suplemento libre de facciones. Al unomásuno las derechas y
las izquierdas lo daban por liquidado y muerto; quedó como un
fantasma y, sin embargo, lo sacamos a flote dirigidos por Manuel
Becerra Acosta y luego por Luis Gutiérrez, y logramos que sobreviviera estos 22 años (Miranda, 2012: 46).

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En sábado se trataba de llevar a cabo un periodismo audazmente crítico, siempre al pendiente de los temas actuales, además de
ser un suplemento sin favoritismos ni inclinaciones por conveniencia, puesto que su fin no era precisamente el dinero. Huberto Batis
menciona en la entrevista de marras que en varias ocasiones escritores que comenzaron a publicar en sábado mientras consolidaban
su talento e iban adquiriendo mayor reconocimiento terminaban en
revistas como Vuelta, Nexos, otras revistas universitarias o grandes
editoriales; pues a final de cuentas el unomásuno era un periódico pequeño con salarios bajos.
Así, menciona que Octavio Paz, a través de buena paga
y oportunidades como becas o viajes al extranjero y exigiendo la
exclusividad absoluta de los escritores, condicionaba a autores a
terminar sus colaboraciones con el suplemento sábado, logrando así
llevarse consigo a figuras de la cultura como Guillermo Sheridan y
Fabienne Brandu, entre otros. Muchos escritores reconocidos formaron parte de sábado usándolo como un medio para obtener mejores oportunidades dado que el periódico no podía darles el mismo
nivel de beneficios a sus colaboradores. Se entiende así que el medio
se desarrolla en un marco englobante de relaciones de poder que
funciona sobre una base económica, por tanto
Debido a la jerarquía que se establece entre las relaciones entre
las diferentes especies de capital y entre sus poseedores, los campos de producción cultural ocupan una posición dominada, temporalmente, en el seno del campo del poder. Por muy liberados
que puedan estar de las imposiciones y de las exigencias externas,
están sometidos a la necesidad de los campos englobantes, la del
beneficio, económico o político. (Bourdieu, 2002: 321)
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�Aleida Argueta / El suplemento sábado

Así en su entrevista, Batis menciona:
Me tocó estar en un periódico de salarios magros, con pobres
emolumentos para los escritores, consiguiendo textos de mis
alumnos en la Universidad, trayendo escritores de provincia, a
quienes nadie les publica, y tratando de llenar un hueco con sentido del humor y chispa, lo que afortunadamente se logra ya sea
por el lado de la irreverencia, del erotismo, de decir la verdad, por
el lado de no ocultar los juicios adversos hacia nosotros, echándonos enemigos por poderosos que sean, dando a conocer opiniones de la más elemental política diría: ‘’No publiques esto porque
vas a pagarlo caro, porque te lo van a cobrar a la corta o a la larga’’
(Miranda, 2012: 101).

Dentro del campo cultural el reto de sábado fue, sin duda,
su posicionamiento. En un comienzo la figura de Fernando Benítez
hizo posible que este suplemento se volviera el centro y escenario
donde importantes debates sobre la cultura y la literatura se llevaban a cabo. Después de su partida y la de muchos colaboradores de
renombre en el año 1983, fue Huberto Batis quien quedó al frente
del suplemento. La autonomía relativa del suplemento dio lugar a
los dos puntos claves en la dirección de Huberto Batis: la polémica
y la visibilidad a las producciones culturales de autores aún no institucionalizados. Al suplemento cultural sábado se le consideró en su
tiempo como el más controvertido del país y demostró la importancia de centrarse en la actualidad y utilizarla como un medio que
permite reflejar las inquietudes de los nuevos escritores del país.

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�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

Referencias
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Bourdieu, P. (2002). Las reglas del arte: génesis y estructura del campo literario. Barcelona: Anagrama.
Férriz, T. (1998). Fernando Benítez, la prensa cultural mexicana y el
exilio republicano. Arrabal, número(1), pp. 235-242.
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López-Mijares, A. (2004). La vida política de México y la revista Plural
de Octavio Paz (1971-1976) (tesis de maestría). ITESO, Tlaquepaque.
Paoli, F. (2014). Los intelectuales y la formación de la cultura política
en México. Razón y palabra, numero (89). Recuperado de
http://www.revistarazonypalabra-.org/index.php/ryp
Rojas, B. (2011). Los suplementos culturales en la prensa mexicana: 19451965 (Tesis de licenciatura). BUAP, Puebla.
Sánchez, I. (2009). Naciones intelectuales. West Lafayette: Purdue University Press.
Williams, R. (2000). Literatura y marxismo. Barcelona: Ediciones Península.
Zapata, M. (2003). “Modernización, poder y cultura: cambios en la
relación de los intelectuales mexicanos hacia la política, el
gobierno y el Estado”. Awal, número(27-28), pp. 191-208.
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�Artículos
Humanitas, vol. 1, núm. 1, 2021

Luz Corral y Pancho Villa: análisis de una fotografía
Nora Elvia Cruz Camacho
Universidad Autónoma de Nuevo León
necruz1990@gmail.com

Rosa María Gutiérrez
Universidad Autónoma de Nuevo León
rosgutig@yahoo.com.mx

Fecha de entrega: 4-2-2021 / Fecha de aceptación: 4-5-2021

Resumen. En el presente trabajo, se proponen a la fotografía y a los
textos escritos en una autobiografía de una mujer como opciones para
evidenciar y para profundizar la situación femenina en el Norte de
México la primera parte del siglo XX. Al respecto, se observa que tal
situación es de subordinación femenina con respecto a la figura masculina como resultado de las prácticas sociales de esa época. Se elige
como corpus de estudio elementos que están en el texto Pancho Villa
en la intimidad (1948) de la norteña Luz Corral, la primera de las esposas del general revolucionario. Para el análisis, se utilizarán conceptos
de semiótica propuestos por Roland Barthes en su investigación La
camara lúcida. Nota sobre la fotografía, que se relacionarán con lo que desarrollan sobre la historia de las mujeres Cano (2010), Nash y Tavera
(1995), entre otros; así como, lo que explica Michel Foucault (2002)
y Sheila Benhabib.
Palabras clave: fotografía, situación de las mujeres, subordinación

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�Nora Cruz / Luz Corral y Pancho Villa

Abstract. In the following study we propose that picture and writtings in a woman autobiographyis an option to prove and to study
about women situation in the North of Mexico the first half of the
twentieth century. We observe that the situation is of subordination
as a result of the social practices of that period. In order to do this,
we select elements found at the text Pancho Villa en la intimidad (1948)
of the northern Luz Corral, who is the first of the Pancho Villa´s
wives. We will use Roland Barthes concepts that can be found at at
his investigation Camera Lucida: Reflections on Photography, that will be
relate with what Cano (2010), Nash y Tavera (1995) among others that
developed investigations about women history as well, we will also use
what Michel Foucault (2002) and Sheila Benhabib sugest.
Keywords. picture, women situation, subordination

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�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

Introducción
Estudiar y conocer la historia de las mujeres nos lleva al descubrimiento de una serie de protagonistas que se han sido dejadas de
lado por el predominio de la visión masculina sobre el pasado. En
ese sentido, y de acuerdo con Mary Nash y Susana Tavera (1995), la
historia de las mujeres surgió y tomó forma a partir de la década de
los sesenta, con una aproximación que ellas denominaron “tradicional”, y en la que se incluyeron temas como los roles femeninos, la
educación, el control de la natalidad, entre otros. Este tipo de roles
correspondían con el tipo de actividades que realizaban las mujeres, pues, hasta hacía muy poco, las tareas femeninas se llevaban a
cabo casi exclusivamente en la esfera privada. En otras palabras, a las
mujeres les correspondía el cuidado del hogar y de los hijos, asuntos que no solían valorarse y que, de acuerdo con Henrietta Moore
(2004), repercutían en la invisibilidad de lo que ellas realizan (60).
Esta circunstancia, desfavorable para el género femenino,
incita a cuestionar la percepción que se tienen en los hogares en
cuanto a las actividades familiares y a las prácticas sociales que la
sustentan; sobre todo, estimulan los cuestionamientos, sobre todo
188), el poder se ejerce por grupos y no por individuos. Llama particularmente la atención la problemática de género que se presenta
día a día y la aceptación de cuestiones recurrentes, en las que parece
evidente la discriminación y la violencia hacia las mujeres, entre las
que se puede mencionar la falta de remuneración al realizar sus actividades en la esfera privada (Samaniego y Ochoa, 2009: 36).
Ante tal contexto, hemos elegido investigar a las mujeres que

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�Nora Cruz / Luz Corral y Pancho Villa

jaron las costumbres de su época, logrando, además, participar en
la esfera pública que les estaba negada. Por el especial interés en el
tema de la subordinación de la mujer, hemos seleccionado para este
análisis el texto Pacho Villa en la intimidad escrito por Luz Corral y
publicado por primera vez en 1948. En esta obra la autora recuerda
sus experiencias como la primera esposa de Pancho Villa y como
testigo de la Revolución mexicana. Como dicho libro es una autobiograía nos brinda la posibilidad, a través del análisis, de indagar las
percepciones y las ideas en torno a la situación femenina de acuerdo
a la autora.
Así, nos enfocamos en conocer aspectos de Luz Corral
como la esposa del revolucionario mexicanao Pancho Villa: una
con más de cuarenta años, escribió el texto en cuestión. La lectura
nos proporciona, de entrada, algunos datos básicos que aquí consignamos: su nombre completo era María Luz Fierro Corral de Villa;
nacida el 2 de julio de 1892 en San Andrés, Chihuahua, y muerta el 6
de julio de 1981 a la edad de 89 años en Chihuahua, Chihuahua. De
las trece esposas de Pancho Villa, como ya hemos mencionado, Corral fue la primera y, segú
quien el Centuario del Norte contrajo matrimonio tanto por la iglesia católica, como por lo civil: en 1911 en San Andrés, Chihuahua.
A la chihuahuense le tocó ser testigo de cambios sociales,
económicos y políticos, especialmente los concernientes a la mujer.
Entre los eventos que acontecieron en ese tiempo destacaban los
inició como resultado de la inconformidad de los mexicanos por el
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�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

falta de alternativas para que otros interesados en llevar las riendas
del país tuvieran posibilidades de ocupar ese puesto, teniendo como
consecuencia inconformidades a lo largo y ancho del territorio nacional. Como se sabe, Díaz fue presidente de 1877 a 1880 y después
de 1884 a 1911.Tras el estallido, el general se exilió del país y el
movimiento reformista de Francisco I Madero triunfó llevándolo a
la presidencia. Resulta importante recordar que Madero era originario de Coahuila, estado donde vivía como un próspero hacendado
hasta antes de incursionar en la política (Rosas Sánchez, 2012). El
te derrocado dos años después, en la llamada Decena Trágica que
abarcó del 9 al 22 febrero de 1913 (y que culminó con el asesinato del presidente y de su vicepresidente: José María Pino Suárez).
Después de este hecho sangriento, Victoriano Huerta se instauró
como dictador, provocando el alzamiento de revolucionarios como
Venustiano Carranza, Francisco Villa y Emiliano Zapata entre otros.
todo por su intervención en el Norte del país, zona en donde este
militar contaba con un gran número de simpatizantes. Este hombre
fue quien desposó a Luz Corral. Ella, como tantos otros ciudadanos, se vio ve trastocada en su cotidianidad por los embates de la
lucha armada.
El complejo (y muchas veces contradictorio) proceso revolucionario trajo una serie de transformaciones drásticas en el país.
Surgieron, entre otras, propuestas de cambios sociales, algunas de
índole feminista, por parte de quienes creían que era necesario geDOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-3

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�Nora Cruz / Luz Corral y Pancho Villa

nerar cambios para incorporar a las mexicanas en el ámbito de lo
público. Por ejemplo, en Yucatán, durante el gobierno del general
Salvador Alvarado (1915-1918), se plantearon escenarios que contemplaban cambios en la situación laboral de las mujeres, en especial, se buscaba que sus empleos les permitieran llevar a cabo las labores domésticas y familiares (Cano, 2010). Pero, así como Alvarado
se percató de la problemática de género, también surgieron mujeres
que alzaron la voz sobre este asunto, como es el caso de Hermila
Galindo, quien defendió la educación igualitaria para hombres y mujeres; y presentó la demanda del sufragio feminista ante el Congreso
Constituyente en 1916. La decisión a la que se llegó en la Constitución de 1917 fue negar a las mujeres estos derechos del ciudadano,
resolución que se tomó bajo dos supuestos: la falta de educación de
686-687). Es decir, prevaleció la idea de Locke en cuanto a que la
mejor alternativa para la participación de la mujer en la política era
a través del padre, hermano o marido. Sin embargo, en el hogar, la
mujer adquirió poder, ya que se estableció en la Ley de Relaciones
Familiares en 1917, y con ello se les permitió decidir sobre la educación de los hijos y sobre la administración de los bienes familiares.
En suma, aunque se dieron pautas para equilibrar la condición de
las mujeres en ese período, sus tareas siguieron encaminadas hacia la
permanencia de la esfera privada.
De ahí la importancia de recurrir a materiales como los ya
señalados (una fotografía y fragmentos de texto de la autobiografía
Pancho Villa en la intimidad que escribe Luz Corral Vda. de Villa) para
indagar más en este tema poco explorado. No existen, hasta donde
hemos podido explorar, muchos trabajos críticos sobre el libro de
Corral. La autora incorporó a su escritura algunas fotografías, apor80

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tando con ello un contenido visual a sus recuerdos. Hemos querido,
en este ensayo, recalcar que la fotografía constituye una evidencia
de cierta situación y que eso puede relacionarse en el análisis con
los textos escritos para profundizar y averiguar un poco sobre la
situación de las mujeres en el norte de México. He aquí la fotografía
seleccionada:

En cuanto al análisis de esta investigación, partimos del hecada de los cuarenta y que la fotografía fue tomada en 1914: durante
ese periodo la cultura era predominantemente patriarcal en México,
lo que se traducía en prácticas sociales aceptadas por hombres y
mujeres del país, y que pueden ser explicadas con los conceptos
desarrollados por Michel Foucault (2002), y cuya premisa podría ser
la siguiente: las sociedades controlan los discursos. El discurso con
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�Nora Cruz / Luz Corral y Pancho Villa

centro masculino repercute en lo que percibe de sí misma la mujer;
al respecto, Sheila Benhabib, propone que la conciencia de sí mismo
se constituye por la unidad de la narrativa que tiene que ver con lo
que yo puedo hacer, he hecho y lo que se espera de mi (2005: 5). Al
primera mitad del siglo XX vivían, descubrimos que se visualizaban
a sí mismas dentro de la esfera privada, sin más responsabilidad que
las labores del hogar y la educación de los hijos. Esto podría ser la
respuesta a la escasez de textos escritos por mujeres.
Objetivos
En este trabajo hemos planteado dos objetivos. El primero: establecer el estudio de la fotografía como alternativa para evidenciar
aspectos de familiaridad entre parejas de hombres y mujeres. Segundo: pretendemos hacer notar que las imágenes en una autobiografía
(complementándolas con fragmentos escritos en ese tipo de textos)
es una opción para indagar sobre la situación femenina que acontece
en el transcurso de la Revolución mexicana.
Metodología
Recurrimos a la semiótica para llevar a cabo el presente estudio. En
el análisis de la fotografía de Corral utilizamos especialmente conceptos desarrollados por Roland Barthes en su clásico ensayo La
camara lucida. Nota sobre la fotografía (1990), esto para establecer que en
esa imagen es posible observar evidencias y aspectos de las mujeres
que vivían a principios del siglo XX, cuyas actividades correspondían a la esfera privada, y que, en ocasiones, como ya se mencionó,
la sociedad no las considera como iguales a los hombres.
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Para realizar esta tarea, buscamos las imágenes que cubrieran las características antes marcadas para llevar a cabo lo planteado.
Análisis y conceptos de Barthes
Tomando en cuenta lo anterior, el material que capta la atención en
aras de lograr lo que se pretende despierta atracción para investigar
cierto corpus de estudio, es decir, profundizar en ese objeto de estudio se relaciona con lo que Roland Barthes llama “aventura” (1990:
54). Ese proceso de búsqueda culminó con la elección de la fotografía que se considera adecuada y que se estima que es en la que
se puede ver lo que enfrentan las mujeres en cuanto a su situación
Prisionera de mi marido del texto escrito por Corral. Se considera que
esa fotografía posibilita conocer la situación de las mujeres del periodo que se determinó: principios del siglo XX, objetivo que, de
acuerdo con Barthes, es el “stadium”, el cual “está en función de mi
saber y cultura cuya emoción es impulsada racionalmente por una
cultura moral y política” (64). Si bien es cierto que la selección de la
fotografía para este trabajo involucró en primer lugar ver varias de
ellas en el texto de Corral, la que se eligió despertó la curiosidad por
saber más de ella, no en sí del objeto o el proceso de la fotografía,
sino de las impliciones de la imagen.
Al observar la imagen de la fotografía visualizamos una
pareja hombre-mujer, en la que destaca Pancho Villa y que remite
a otra, cuestión que será relevante para el análisis y que se explicará
más adelante en este artículo.
En cuanto a las posibilidades que tiene este análisis de la fotografía, hemos subrayado su utilidad como una herramienta crítica
para profundizar en el conocimiento de la historia de las mujeres
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�Nora Cruz / Luz Corral y Pancho Villa

se convierte en una evidencia para establecer que efectivamente
existió una relación familiar (y sentimental) entre Pancho Villa y
Luz Corral, sobre todo si se toma en cuenta que de acuerdo a Barthes, con la fotografía “no se puede negar que la cosa haya estado
muestra en la imagen, se puede conjeturar que esas dos personas se
conocen de manera cercana.
Es impresindible, entonces, proseguir con la descripción de
la fotografía para comprender sus caracteristicas. Hay varios aspectos involucrados en esta imagen: se puede mencionar, en primer
lugar, que corresponde a un retrato, en resolución blanco y negro,
en donde se aprecian dos personas. Otro aspecto relevante en este
Pancho Villa está situado a la izquierda y Luz Corral a la derecha.
Con respecto a la indumentaria y apariencia de la pareja: por un lado,
Pancho Villa porta un traje militar, condecoraciones y sombrero.
En contraparte: Luz Corral lleva como joya una gargantilla; aparentemente la blusa es de cuello redondo, su cabello está peinado con
raya a su izquierda, con un recogido no completamente restirado: el
cabello tapa casí por completo ambas orejas, y, por lo mismo, no es
posible saber si porta o no aretes. En cuanto a sus rostros, la imagen
Por el contrario, Corral sin asomar una sonrisa, sino con un gesto
serio mira al frente directamente a la camara.
Otro elemento a tomar en cuenta: el fondo, que si bien es
muy difuso, permite advertir que la pareja de esposos se encuentra
en el exterior, porque a sus espaldas es posible contemplar las rejas
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de una ventana o puerta tras la imagen de Pancho Villa, mientras
detras de Luz Corral se observa una pared clara.
El dato sobre la locación al exterior es importante en este
análisis, ya que a inicios del siglo XX los retratos que se solicitay acondicionaban para recibir a los clientes interesados en contratar los servicios de los fotográfos. Estos sujetos, a los que Roland

al hombre de pie y a la mujer sentada. Otra pose frecuente en las
fotografías de la primera mitad del siglo XX era la de los varones
posando su mano sobre el hombro de la mujeres. Todas estas fotos se realizaban en el interior de los estudios. Tomando en cuenta
lo antes expuesto, si la fotografía que se analiza en este trabajo, se
tomó en el exterior, entonces es probable que haya sido capturada
de manera espontanéa. Ante esta aseveración, destaca que la mano
de Pancho Villa este sobre el hombro de Luz Corral, es este detalle
el que, siguiendo el análisis de Barthes en su investigación sobre la
fotografía en La cámara lucída, representa el punctum del análisis, es
decir: “el que sale de la escena y viene a punzarme” y que va más
allá de la foto. El punctum tiene que ver, aquí, con la mano de Villa
sobre el hombro de Corral: es lo que ha llamado nuestra atención
para decidir realizar esta investigación en relación a la situación de
la mujer. Esto, en un inicio, lleva a pensar que esa imagen de la pose
de la pareja puede ser el resultado de una práctica social arraigada a
inicios del siglo XX.
Como comentamos anteriormente, seleccionamos esta fotografía de Villa y Corral porque la misma remite a otra, que es la de
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�Nora Cruz / Luz Corral y Pancho Villa

una pareja de pintores destacados en el mundo de las artes plásticas
mexicanas contemporaneas constituida por Diego Rivera y Frida
Kahlo. En esa fotografía como en la de Villa y Corral; Rivera, el
esposo, reposa la mano sobre el hombro de Kahlo, la esposa, es una
foto en el exterior, no en un estudio.
Observar los retratos de ambas parejas y de otras, sugiere
que la pose de la mano del hombre sobre el hombro de la mujer podizar en el análisis de la fotografía y relacionar las prácticas sociales
con el papel de la mujer de inicios del siglo XX, la mano del hombre
puede tener otra interpretación.
Discusión
Si se toman en cuenta los antecedentes de la situación de la mujer
en México a inicios del siglo XX y el texto de Corral al analizar la
fotografía seleccionada, la interpretación del puctum, es decir de la
mano Villa sobre el hombro de Corral, puede ser de sometimiento
de la mujer por parte de su marido, ya que la mano del esposo parece
detener a la esposa. Más aún, Luz y Villa posaban ante el operator
como lo hacían otras parejas dentro de los estudios de acuerdo a las
instrucciones del fotográfo. Es decir, podría ser que esa pose fuera
en esa época una práctica social que traspasó el espacio del estudio
percepciones sobre la fotografía que se elige, ya que es evidente en
el escrito por dicha mujer que se sometía a las ordenes de su marido
voluntariamente y que otras personas eran testigos de que eso ocurría, cosa que se puede constatar en este fragmento de la autobiografía en cuestión: “Señora, yo me resisto a cumplir con esta orden;
¿Por qué no se va Ud. a El Paso, Tex. Mientras se le pasa el coraje a
mi General?” (Corral, 1948: 90)
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Estas lineas del texto Pancho Villa en la intimidad, las envió
Villa en un telegráma a Corral y como su esposa no se encontraba
en casa para recibir el mensaje, la amonestación a la que se hizo
acredora por esa “falta” que cometió fue la de sufrir por la furia de
su marido, quien ordena su encarcelamiento. El militar, a quien se
le ordena arrestarla, se niega a seguir la disposición, pero Corral lo
exhorta a cumplir con la orden de Villa.
Con el análisis de la fotografía y la lectura de este fragmento se puede comprender la práctica social con respecto a la mujer
objeto (Corral), propiedad del hombre (Villa), quizas no aprobados
pero si aceptados por la sociedad. En el texto, Corral aceptó su situación aún y cuando se le presentaba la alternativa de cambiarla, de
la misma manera, la pose de la fotografía también podría haber sido
otra. En ambos casos, Corral siguió las costumbres de la época, de
posar y de obedecer a su marido, pero la posibilidad de cambiar las
prácticas sociales estaban presentes.
Es importante recordar, que, como se mencionó anteriormente, a inicios del siglo XX la sociedad en México era predominantemente patriarcal, cuestión que se relaciona con la conciencia sobre
el “yo” que las mujeres tenían, que era la del “otro masculino”. En
relación a este asunto, Michel Foucault propone que la disciplina
trae consigo “cuerpos dóciles” que pueden ser sujetos para ser usados, transformados o mejorados (2002: 198), el discurso central era
el masculino y por lo tanto las prácticas sociales se traducíann en
mujeres dóciles que aceptaban la situación prevaleciente. El orden
establecido en México a inicio del XX, probablemente invisibilizaba
la situación de la mujer no solo para los hombres, sino para ellas
mismas.
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�Nora Cruz / Luz Corral y Pancho Villa

Siguiendo con las propuestas de Foucault, quien relaciona el
orden social con la subjetividad e identidad (2002: 198), podemos
decir que una práctica social que exalta el poder masculino puede
generar que lo femenino sea subestimado y que la misma mujer se
sienta inferior, cuestión que está latente en la fotografía y en el texto
en los que Corral está involucrada.
Los análisis con respecto a la situación de las mujeres puede generar cuestionamientos para cambiar ciertas prácticas sociales
que la afectan negativamente. Estar inmersos en ciertas situaciones
repercute en la falta de visión sobre las problemáticas que se presencostumbres que afectan al “otro” (que por lo general son la minoría), con expectativas de un futuro mejor. En este mismo orden de
ideas, de acuerdo a Judith Butler: “es necesario formar y construir
2014: 76-77). Revisar la historia de la mujer con una mirada crítica
probablemente se convirtieron en prácticas sociales aceptadas por
hombres y mujeres y que eran recurrentes. De acuerdo a Barthes la
fotografía “es subersiva si se piensa”, por lo que un medio para alcanzar ciertos cambios sociales es confrontar a los espectadores con
la imagen como evidencia de cuestiones negativas, lo cual conlleva
la posibilidad de observar con detenimiento y a detalle cuestiones
que de otra manera no tomaríamos en cuenta y proseguiríamos sin
reparo cometiendo los mismos errores.
Conclusiones
En este artículo presentamos cuestiones relativas al papel femnino,

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la cual afecta a las mujeres de diverssa manera, como la falta de remuneración y vida independiente. Revisamos diversos aspectos de
la biografía de Luz Corral vda. de Villa, una de las trece esposas del
general revolucionario Pancho Villa, para establecer ciertas pautas
de conductas femeninas de la época.
Realizamos, posteriormente, un análisis semiótico, utilizando para ello las propuestas de Roland Barthes en su investigación La
camara lucida. Nota sobre la fotografía
tografía que se encuentra dentro del libro Pancho Vila en la intimidad,
y establecimos que esa es una alternativa para mostrar evidencias
de una situación femenina y profundizar, así, en la historia de las
mujeres. Entre otras cosas, pudimos percbir y describir prácticas
sociales que propician la subordinación femenina. De tal manera,
hemos hecho notar que la fotografía es un medio con el que es
posible observar y corregir circunstancias desfavorables en el caso
de esta investigación para las mujeres, que son sujetos que tienen
desventajas en la sociedad.

DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-3

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�Nora Cruz / Luz Corral y Pancho Villa

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. Madrid: An-

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�Artículos
Humanitas, vol. 1, núm. 1, 2021

La violencia del machismo en Adiós, Tomasa de
Geney Beltrán Félix
Mónica Torres Torija G.
Universidad Autónoma de Chihuahua
mtorrestorija@hotmail.com

Fecha de entrega: 15-3.2021 / Fecha de aceptación: 30-5-2021
Resumen. Geney Beltrán Félix propone en Adiós, Tomasa una revisión
a los patrones de violencia que son inculcados desde la niñez y que afectan a los seres más vulnerables como las mujeres y los niños. En un área
serrana, donde las comunicaciones y la presencia del gobierno se caracterizan por su ausencia, impera la proliferación de actividades ilícitas
que están promovidas por la presencia del narcotráfico y la corrupción
del Estado, lo que va convirtiendo el Triángulo Dorado mexicano en
un espacio geográfico donde abundan experiencias trágicas provocadas
por las violaciones, los crímenes y los actos delictivos de esta zona de
clivaje. En este trabajo se analizará la irrupción de la violencia en el
seno familiar y social que prevalece en el pueblo de Chapotán derivado
del machismo cultural y que, junto a las amenazas intimidantes del crimen organizado, trastocan la vida de las personas que intentan subsistir
pese al peligro y de otros que desisten y se aferran al sueño americano optando por la aventura migrante. El elemento autobiográfico y la
focalización infantil serán los recursos con los cuales el autor nos sumergirá en un México con un escenario crudo y grotesco de la realidad
contemporánea que finca su territorio imaginario sobre el desasosiego y
la violencia de la sociedad mostrando cómo la violencia y el odio generado por el negocio del narco han cambiado gradualmente la dinámica
social del norte del país.
Palabras clave. violencia, narcotráfico, machismo, corrupción, migración.

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�Mónica Torres / La violencia machista

Abstrac. Geney Beltrán Félix proposes in Adiós, Tomasa a review of the
patterns of violence that are instilled from childhood and that affect the
most vulnerable beings such as women and children. In a mountainous
area, where communications and the presence of the government are characterized by their absence, the proliferation of illicit activities prevails
that are promoted by the presence of drug trafficking and State corruption, which is turning the Mexican Golden Triangle into a space geographical area where tragic experiences caused by rapes, crimes and criminal
acts in this cleavage zone abound. This work will analyze the irruption of
violence in the family and social that prevails in the town of Chapotán
derived from cultural machismo and that, together with the intimidating
threats of organized crime, disrupt the lives of people who try to survive
despite danger and others who give up and cling to the American dream
by opting for the migrant adventure. The autobiographical element and
the child focus will be the resources with which the author will immerse us
in a Mexico with a crude and grotesque scenario of contemporary reality
that establishes its imaginary territory on the restlessness and violence of
society, showing how violence and hatred generated by the drug business
have gradually changed the social dynamics of the north of the country.
Key words: violence, drug trafficking, machismo, corruption, migration

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DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-4

�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

La violencia nunca puede ser
un espectáculo porque resulta imposible mantenerse al
margen, no hay espacio mental para la existencia de un testigo, de un público mudo, un
pueblo que se diga neutral.
Nadie puede contemplar la violencia
desde una distancia segura. (Chávez,
2011: 133)

Indudablemente, la literatura mexicana contemporánea está permeada por la ola de violencia que se ha desplegado por todo el
territorio nacional y la narrativa ha dado muestras de ello al expresarlo de manera explícita propugnando por un nuevo realismo que
ha suscitado el debate de la crítica por considerar si estamos frente
a una estética que pudiera relacionarse con una narconarrativa, o,
dicho de otra manera, con una estética de la violencia. Lo que es un
hecho es que el escritor mexicano de hoy en día, como lo expresa
Silvia Ruiz Otero…
… es contestatario, irónico, indiferente, transgresor, apático, rebelde, fragmentario, honesto y pretencioso […] tiene una voz
propia que se alimenta de las voces de su región y, al mismo tiempo, pretende elevarse por encima de regionalismos […] responde
con la crítica feroz a su mundo globalizado (2013: 38)

Tales actitudes reflejan el compromiso del novelista por plasmar la realidad en su total desnudez y compaginarlas con un agudo
sentido crítico que pone en tela de juicio la falta de gobernabilidad
de un Estado que ha sido presa fácil de la corrupción, fomentando
la violencia en diferentes zonas del país, en particular en aquellas
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�Mónica Torres / La violencia machista

donde se está más desprotegido de los avances de la civilización y en
donde los patrones culturales refuerzan los mecanismos de control
de la masculinidad dominante, lo que perjudica la vulnerabilidad de
los seres más indefensos como lo son las mujeres y los niños.
Tal dilema ante las circunstancias que delinean el panorama
atroz que sacude a la sociedad, lleva a cuestionarse el papel que la
literatura enfrenta al recurrir a la ficción para narrar un mundo tan
agresivo. ¿Es posible, entonces, subsistir en una cotidianidad que
constantemente nos estruja con las irrupciones violentas y nos deja
impávidos al grado de perder el asombro, corriendo el grave peligro de normativizar este desenfreno violento? ¿Cuáles son los efectos que se producen a través de esta experiencia desoladora de la
violencia tanto a nivel personal, como de la colectividad y del país?
Por último, habría que reflexionar lo que la literatura asume como
reto ante la ficción. Como lo expresa Ramón Alvarado Ruiz: “¿puede la literatura comunicar esas experiencias o nos enfrentamos a lo
indescriptible, a lo inenarrable?” (2016: 53). Invariablemente hay
una especie de seducción del escritor por narrar esta literatura de la
violencia, que implica no sólo el abordaje de un contenido lleno de
crudeza y testimonios de una realidad casi aberrante, sino también
el trabajo de una composición narrativa, el uso del lenguaje como
materia primordial para construir un discurso que fincado en las
voces coloquiales y regionales se erija como un rasgo estético más
allá de un tinte costumbrista. Narrativas del dolor que se fincarán
en función de la voz y la mirada de sus personajes testigos de una
realidad que los agredes, los confronta y en ocasiones los aniquila.
Testimonio, relato autobiográfico e historias que mediante el pacto
de ficción revelan la sordidez que nos ha envuelto y que ha propi96

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�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

ciado los altos índices de la violencia en todas las esferas de la vida
pública.
¿Cómo representar esta materia de la violencia, este cuerpo que
tiene menos valor que la moneda? Algunos artistas y escritores
parecen creer que directa e inmediatamente, esto es, en toda su
crudeza. […] Los novelistas, dijo Vargas Llosa, son como buitres:
se alimentan de carroña. [...] Por eso, construir una mirada sobre
la violencia es el dilema ético actual, porque supone asignarle un
lugar a quien encarna la exclusión y desencarna el sistema; esto es,
darle un valor a su agonía. (Ortega, 2012)

De esa carroña que desafortunadamente nos topamos día
con día en las noticias, en nuestro cotidiano andar por este agitado
México, se llega a comprender que la literatura de la violencia es un
intento por acercar la mirada del lector a una realidad que propicie
una reflexión crítica de su entorno para comprender y poder reaccionar a lo acontece a nuestro alrededor y quizá, en alguna medida
posible, hacer algo por cambiar el escenario.
Geney Beltrán Félix, hombre polifacético en el ejercicio de
las letras (editor, traductor, ensayista, crítico literario y narrador) ha
logrado forjarse un perfil literario que ya lo distingue como una figura señera dentro la literatura mexicana contemporánea. Una narrativa caracterizada, a juicio de algunos críticos como Eduardo Antonio
Parra, por “un realismo brutal como una estrategia para reflejar el
caos de nuestro tiempo. Un paso por el infierno muy difícil de olvidar” (2014), o Vicente Alfonso quien la considera una “literatura
compleja cuyos personajes no son sólo víctimas ni sólo verdugos,
sino complejas estructuras sicológicas en precario equilibrio” (2011)
y “la descripción minuciosa del aire de apocalipsis que reina en México y sus efectos en el alma”, según Verónica Murguía (2010).
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�Mónica Torres / La violencia machista

La violencia ha sido un tema ya recurrente en la narrativa
de Geney Beltrán Félix, escritor duranguense quien en 2015 fue
ganador del Premio Bellas Artes de Narrativa Colima por su obra
Cualquier cadáver (2014), donde aborda sus efectos en la sociedad
mexicana contemporánea, a partir de la reflexión ¿qué hacer ante
el dolor y la culpa en el ánimo de las víctimas de la violencia? Un
compromiso asumido por el autor que también se palpa en textos
anteriores como Habla de lo que sabes (2009) y Cartas ajenas (2011),
por desarrollar una sensibilidad y una preocupación para que la
escritura otorgue una voz a aquellos personajes silenciados por la
violencia. En los cuentos de Habla de lo que sabes (2009), se muestra una galería de personajes que son devorados por la vorágine
urbana tanto por sus impulsos, como por su ignorancia o por
malas decisiones. Un mundo absurdo donde la ciudad irascible
surge como un ente que devora y somete a sus habitantes. Por
otro lado, en Cartas ajenas (2011) se puede observar como línea
central de la novela el desencanto, que lleva al protagonista en
su vicio de abrir cartas ajenas, a involucrarse con los remitentes
y rebelársele ante sí un violento trasfondo social, que lo llevará a
planear el estallido de una Nueva Revolución para cambiar desde
raíz tanta injustica y abuso. Se puede señalar entonces, que algo
que ha prevalecido en el universo narrativo de Beltrán Félix es
el escenario crudo y grotesco de la realidad contemporánea que
finca su territorio imaginario sobre el desasosiego y la violencia
de la sociedad mexicana actual. Es interesante conocer la opinión
del autor ante la controversia de la violencia como leitmotiv en la
literatura mexicana:
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No entiendo por qué se les reprocha a muchos [escritores] que
aparezca [en sus obras] la violencia asociada al narcotráfico, al estado, al ejército o a la policía (que muy frecuentemente son la misma violencia), cuando es algo que está definiendo muchas otras
cosas de nuestra actualidad como la vida económica, la contienda
política… la violencia está ahí, permeando todo eso. Se trata, entonces, de una literatura que es muy importante porque dejará un
registro de cómo estamos lidiando con esto. Más allá de la precisión histórica (que es algo que en realidad no se le puede exigir
a la literatura de la misma manera que a la investigación histórica
o al periodismo), queda como un registro muy importante. Y es
que hablemos de lo que hablemos siempre estamos hablando de
nosotros mismos, de nuestro tiempo. (Herrera, 2014, como se
citó en Valencia Badillo, 2017: 28)

Aun y cuando Adiós, Tomasa no es una narconovela, opinión
que también ha sido expresada por el autor, sí pueden encontrarse
en ella algunos elementos que podrían vincularse con ese “nuevo
realismo” que todavía está en un proceso de definición. La presencia
del narcotráfico en la novela de Beltrán Félix se convierte no solo en
un elemento antagónico, sino también en una fuerza temática y en
un motor de la acción, aunque la obra gira en torno de los efectos de
la violencia que sufre la mujer, en este caso Tomasa, y Flavio, el niño
que es testigo de esta realidad que estruja y zarandea la vida familiar
y social del pueblo de Chapotán ante la presencia del crimen organizado en la zona serrana de Durango. Por ello considero conveniente
referir lo que Herlinghaus argumenta en torno al género de la narcoliteratura y el vínculo que sostiene con la obra de Beltrán Félix:
Las narconarrativas (y ahí deberíamos incluir novela, testimonio
y narrativas etnográficas, periodismo literario-investigativo, cine
documental, cines de ficción, teatro) nos interesan como lente

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�Mónica Torres / La violencia machista

que permite captar, intensificar, descentrar o refocalizar asuntos
claves de la vida y sociedad contemporáneas desde territorios de
experiencia dolorosos y anacrónicos. Una definición tentativa de
narconarrativas […] podría apuntar en la siguiente dirección. Designan una multiplicidad de dramas expresados en lenguajes anacrónicos y articulados, en América Latina y en espacios de la frontera hemisférica, a través de fantasías que se mueven alrededor de
la depravación y desterritorialización de ámbitos individuales y
comunitarios por diversos factores. Entre esos factores encontramos el deterioro de las relaciones tradicionales de carácter social
y al mismo tiempo de las reglas democrático-civiles, las nuevas
escalas de movilidad y experiencia espacial de la gente común,
junto con el crecimiento drástico de economías informales, especialmente el ascenso de la economía trasnacional del tráfico de
estupefacientes. (Herlinghaus, 2016: 248)

Lo que se propone Beltrán Félix a través de una narrativa
elaborada a partir del recuerdo y la vivencia autobiográfica, es captar
y sobre todo de “refocalizar” la vida social de un pueblo serrano que
ha estado padeciendo experiencias terribles por la violencia desatada
en la región. Debido a esto, se percibe el deterioro de las relaciones
tradicionales de carácter social, lo que repercute en la movilidad de
la gente que opta por la migración como una tabla de salvación a sus
miserias. Todo este cambio generado en la vida que en otro momento se llevaba a cabo en ese lugar, se ha trastocado por el crecimiento
drástico de economías informales, como sería el narcotráfico. Por
ello, Adiós, Tomasa, sin ser propiamente una narconovela, está en
una zona colindante que incorpora la problemática del narcotráfico,
pero se centra más en la vulnerabilidad de los personajes que son sometidos por la violencia que se genera a partir de éste. Silvia G. Alarcón Sánchez (2018) propone un “nuevo realismo” que incorpora lo
100

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que ella denomina una estilística gore por la representación explícita de
la violencia al describir los crímenes vinculados al narcotráfico; personajes que suelen ser víctimas y victimarios, personajes violentos
y violentados y con narradores testigos; una estética traqueta donde
el lenguaje tiende a mimetizar el usado por el narcotraficante o las
voces regionales; la deslegitimidad del estado y la nación criminal, ya que
el gobierno que debe proteger es el encubridor y coadyuvante de
las prácticas de los narcotraficantes; hay una falta de gobernabilidad
sostenida por una falta de reglas o normas desiguales para todos los
individuos y por último, un pacto de lectura: donde el lector tiene a la
mano muchos recursos informáticos y de los medios que sostienen
la “verdad” de lo narrado (Alarcón Sánchez, 2018: 79).
Algo que es claro en la novela Adiós, Tomasa es la extremada violencia explícita que se da derivada en primera instancia
del machismo, de esa masculinidad dominante que se ve reforzada
por la supremacía del narcotráfico. Violaciones, vejaciones, raptos, golpizas y asesinatos serán plasmados como muestra de esta
violencia desplegada en el Triángulo Dorado de la zona serrana.
De igual manera, Beltrán Félix reproduce muchas de las voces y
de las expresiones propias de lenguaje serrano, lo que le otorga al
discurso narrativo una riqueza invaluable. El gobierno se convierte en un personaje más, un ente escurridizo que se confabula con
los capos del narco para hacer proliferar el Negocio en esa zona,
fomentando la corrupción y evitando la impartición de justicia.
Tales acontecimientos traen a colación para el lector sucesos que
han salido a la luz pública, ya sea por los medios informativos o
incluso pueden llegar a verificarse por medios electrónicos. Esta
verosimilitud de lo narrado fortalece el pacto de ficción y el comDOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-4

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�Mónica Torres / La violencia machista

promiso del escritor no solo con la literatura sino también con la
función social del arte.
“¿Cómo se puede narrar la violencia, sobre todo cuando alcanza niveles de desmesura y horror que arrasan con todo lo que de
humano hay? pero comprometiéndose a producir efectos de verdad” (Foucault, 1996: 137-138). Detrás de una historia vivida que es
traída al presente por el autor a través del recuerdo, se abordan los
temas “del machismo, el narcotráfico, la violencia contra las mujeres
y contra los niños” (Maristain, 2019). Como lo expresa Geney “...
me interesaba recuperar la épica de puertas adentro, el mundo intimista y doméstico de la familia” (En Alfonso, 2020). Esas historias
de familia, esa épica como él menciona, que resalta lo que pudiera
considerarse la heroicidad de esos personajes que, en su inocencia,
se enfrentan a la adversidad y desafían lo abominable. Un mundo
interior que se verá reforzado por el espacio privado, el doméstico
de la familia, sobre todo el mundo de las mujeres, será el campo de
cultivo en el cual Beltrán Félix narrará la historia de Tomasa y de la
familia Carrasco del pueblo de Chapotán.
Adiós, Tomasa aborda con crudeza la brutalidad de la realidad
en los pueblos anclados en la sierra y muestra cómo la violencia y el
odio generado por el negocio del narco han cambiado gradualmente
la dinámica social del norte del país. “Beltrán Félix interna al lector
en lo más recóndito de la Sierra Madre Occidental, donde el crimen
organizado y la rudeza del sistema heteropatriarcal son asuntos que
las personas han asimilado con naturalidad y resignación” (Cruz,
2019). Más allá de la historia de Tomasa, Geney Beltrán parece advertirnos que la encrucijada por la que atraviesa México, cuyo origen
es impreciso, ha sido detonada en silencio. Los principales testigos
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de esa metamorfosis son personas ordinarias como la familia de los
Carrasco y otras tantas que fueron desplazadas o que, sin otra opción, se integraron a la nómina de los grupos delincuenciales. Los
hechos nos llegan contados por las voces de distintos personajes,
donde predomina la mirada de Flavio, el hijo menor de la familia,
cuya vida se ve trastocada cuando irrumpen en el pueblo narcotraficantes protegidos por el ejército. Así, el libro reflexiona en
torno a fenómenos como la migración forzada, el abuso infantil,
la trata de personas y la ausencia del estado de derecho. Adiós,
Tomasa exhibe el machismo y la no existencia de un sistema legal que
provocan la aparición de arbitrariedades como las desapariciones y violaciones de mujeres, entre otros crímenes.
Adiós, Tomasa trata de una manera general las formas de la
“masculinidad dominante” en Chapotán, un pueblo duranguense
asentado en el “Triángulo Dorado” de la droga, en las estibaciones
de la Sierra Madre Occidental, donde confluyen los estados de Sinaloa, Chihuahua y Durango. (“Adiós, Tomasa no es una narconovela:
Geney Beltrán en el Cecut”, 2019). Un pueblo enclavado en la sierra,
donde dos cosas son incuestionables: el hombre manda en la casa y
la única salida a la pobreza es volverse narco o emigrar al Gabacho.
En ese pequeño lugar, que no es más que un microcosmos del gran
universo del país, una joven es raptada por dos narcotraficantes ante
el pasmoso silencio de una familia y un niño de nueve años.
La novela aborda las formas de la masculinidad dominante
en el pueblo de Chapotán, donde un par de hermanos con fama de
narcotraficantes raptan a Tomasa, una adolescente que sufre la violencia del machismo en un estado de excepción donde no hay ley y
donde los habitantes ven esto como normal.
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Ocurre en uno de esos confines patrios del todo olvidados, ajenos
a la justicia de cualquier clase y a todo tipo de progreso, surtidores
de migrantes a los Estados Unidos, los cuales sólo han ingresado
a la geografía nacional por garantizar seguridad, silencio, terror y
complicidad al narco, gracias a la población sometida, abastecedora del sicariato y a las escasas autoridades en connubio con el
ejército. (Domínguez, 2019)

La novela inicia con una escena brutal que es el rapto de
Tomasa. La violencia se rebela con toda la crudeza cuando se narra
la violación de El Chalío a la joven Tomasa. Insultos y golpes van
cayendo en tropel en la figura de la muchacha que es ultrajada sin
piedad y de la que nos enteramos de que ha sido víctima de estupro
en varias ocasiones, que ha tenido tres embarazos, dos abortos y
solo se le logró el tercer bebé. Este encuadre macabro será el marco
narrativo de este entorno donde la violencia hacia la mujer vilipendiada constantemente por el hombre será la constante que se recrudecerá con las fricciones y rivalidades que afloran con la presencia
del narcotráfico. Beltrán llegó a comentar respecto a los hechos que
sirvieron como referente del argumento de la novela lo siguiente:
No todos los días se encuentran cadáveres, ni se oyen balaceras,
pero hay otras formas de violencia que hoy en día se llamarían
micromachismos, que tienen que ver con la utilización del habla
para trasmitir una educación machista a niños y niñas desde que
están en la primaria. (“Adiós, Tomasa no es una narconovela: Geney Beltrán en el Cecut”, 2019)

La historia de Tomasa es el parteaguas de un mundo que
se ve cimbrado por un machismo, en donde la figura del hombre
tiene que ejercer el control desde el dominio del ámbito familiar y
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del social. De ahí que las relaciones familiares se establezcan mediante el sometimiento y la obediencia ciega al yugo que se ejerce
no solo hacia las mujeres, sino también frente a los plebes. En
el ámbito social, hay que establecer quién es el que manda en su
territorio y establecer, bajo las formas de coerción e intimidación,
quién ostenta la autoridad y el mando para ganarse el respeto y
ser temido por ello, como lo es la figura del Eutimio, el padre de
Flavio.
Los hechos narrados en el pueblo de Chapotán nos muestran a través de sus descripciones a “una novela triste, pero también
un acto de reivindicación y de denuncia ante la vorágine de una
violencia interiorizada en el lenguaje” (Rojas, 2019). Es también un
relato fidedigno acerca de las contrariedades sociales “que emanan
de la desigualdad y de la deuda pendiente del Estado con las víctimas” (Rojas, 2019: 4). No en balde, Maruca, la mamá de Flavio,
al narrarle el encuentro que tiene con el ejército, lo describe de la
siguiente manera:
¡Cuándo el gobierno se iba a hacer cargo de eso! ¡El gobierno sólo
está para robar, mijo!
-Pero ma, ¿quién es el famoso gobierno? ¿Son los guachos?

-Eso decimos siempre, mijo, pero no nada más ellos. (Beltrán Félix, 2019: 113)
Los personajes más indefensos, las mujeres y los niños viven
inmersos en un mundo donde las amenazas, no sólo son la pobreza,
la ignorancia, el aislamiento del pueblo, la migración de los jóvenes
al Gabacho, sino también el secuestro y asesinato por parte de El
Negocio y de la corrupción de los Guachos. Frente a este contraste
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2019). La mirada de Flavio recorre el diario acontecer de la vida
familiar y social; testigo ocular al que los hechos le van arrebatando
paulatinamente su inocencia, transitan frente a él tanto las imágenes
del asombro como del horror: “el descubrimiento gozoso de la escuela, la tensa y amarga relación de sus padres, el dominio creciente
del negocio de la siembra de droga, la migración al Otro Lado como
única alternativa para los chicos del pueblo y la, en apariencia, inmutable vida en la sierra, que termina trastocada por los asesinatos”
(Cruz, 2019).
La infancia de Flavio se desenvuelve en un mundo donde
su padre representa una autoridad intimidante, incapaz de mostrar
afecto y cuya presencia tan solo le produce ansiedad y temor, incluso
sin poder sostenerle la mirada. Por eso se refugia en el espacio que
ocupa la madre, que es la cocina o en la tienda de abarrotes. Es en el
mundo de la mujer, donde Flavio puede mostrar la sensibilidad que
en el mundo del varón se le reprime. Ve en la figura de su padre, un
patrón de comportamiento con el cual le es difícil empatizar, además de que suele ser una figura ausente con el cual conversa poco
y cuando lo llega a hacer, es para acatar las órdenes recibidas. Con
sus pares, Flavio observa y reconoce la manera en que los chicos y
jóvenes van reproduciendo los patrones machistas y anhelan pese a
sus años mozos tener ya sus primeras experiencias sexuales para ir
probando su hombría y presumir de ello; que se conozca y se sepa
que ya son “muy machos”.
Tomasa, por otro lado, es una adolescente que sufre la violencia del machismo. Joven serrana del pueblo Del Toro, las adversidades la llevaron a vivir con Maruca y pareciera que por más que
se le trata de proteger de las amenazas, las calamidades la persiguen.
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de violencia normalizada en los pueblos de la sierra, Geney Beltrán
muestra especial interés al retratar los aspectos de la ternura, del
apego, de la esperanza porque cuando se habla de la violencia rural
se crea la idea de que en los pueblos se piensa todo el tiempo en
muerte y dinero.
Yo quise mostrar que hay ternura en el infierno, que no hay
balaceras todas las tardes, pero sí hay hombres que siembran droga
y se convierten en los machos alfa en un pueblo sin ley que creen
que tienen el derecho de raptar a una muchacha. Por eso la mirada
infantil es importante, es la que permite cuestionar una violencia
que en los adultos es normal. (Piñón, 2019)
Para lograr evitar en una narrativa que bien pudiera caer en
los confines de las ambigüedades de la narcoliteratura, Geney Beltrán utiliza la voz y la mirada de sus habitantes y en particular, la de
Flavio, quien es el hijo menor de ese núcleo familiar de los Carrasco,
el pequeño varón que está abierto al descubrimiento de la otredad,
esos seres que lo rodean y no termina por comprender, que vive un
momento en el que todavía no se ha endurecido y su identidad se
está formando, tanto así que se siente reprobado por la mirada de su
padre y que cuestiona constantemente el mundo que lo rodea.
La historia es contada a través de la mirada de Flavio, un personaje que le permite al autor cuestionar la violencia normalizada.
“Con una educación muy dura, muy de forjar a todos los varones
como futuros machos” (Quiroga, 2019). Identifica en ese tipo de
educación, “tan brutal, indiferente a las emociones y a la sensibilidad
de un niño, como el momento en el que se siembra la semilla de
la futura violencia que esos niños ya adultos van a cometer contra
mujeres a quienes se les educa como objetos de placer” (Quiroga,
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Habiendo quedado huérfana de madre al nacer, fue criada por su
tía Gertudris quien la cuida y protege y le enseña labores propias
del campo. Entre la inocencia de Tomasa y la de Flavio surgirá una
especie de complicidad pues ambos son víctimas en un mundo que
los confronta y que irá interrumpiendo violentamente su inocencia.
Pese a la diferencia de años, pues Tomasa tiene alrededor de unos
catorce o quince años cuando llega la casa de la familia Carrasco y
Flavio tiene unos nueve, la solidaridad que surge entre estos dos
personajes que se comprenden, reconfortan e ilusionan en un amor
idílico al pretender Flavio protegerla de cualquier peligro o amenaza
que pueda lastimarla. Los años mostrarán que este candor infantil
tendrá que desaparecer al igual que la forma en que Tomasa será
secuestrada de manera violenta cuando Flavio se queda dormido en
la tienda de abarrotes. Muchos años después, tendrá la oportunidad
de volver a verla, con su hijo, cuando ya radican en Culiacán, pero
será un encuentro fugaz; la vida misma los ha curtido al grado que
ya no son los mismos.
Se ha dicho que la fatalidad perseguía a Tomasa. Su juventud y lozanía la habían convertido en una atracción y objeto sexual
deseado para los hombres que querían hacer gala de su hombría.
Desde pequeña había sufrido el abuso de su tío sin poder decir nada
al respecto, primero empezó como un manoseo hasta que terminó
con una violación brutal y salvaje:
Él aplastó su cuerpo sobre el de ella. Con una mano le jaló la
pierna izquierda hacia un lado, con la otra velozmente le juntó
las muñecas y las apretó contra el borde del catre. Ella sintió una
quemazón en la entrepierna. Una víbora reseca y con hambre devorándole el adentro. Volvió a intentar un grito, abrió la boca tra-

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tando de jalar aire, él la aplastaba, le hundía la víbora quemante,
le dio un golpe más en la cara cuando ella intentó morderlo en
un hombro, él siguió sacudiéndose, jadeando, y le soltó las manos
para fijarla en un abrazo denso que le impedía finalmente todo
movimiento, hubo un instante en que dejó de convulsionarse, soltó un gruñido y se salió de ella. (Beltrán Félix, 2019: 306)

Ésta no será la única violación que padezca Tomasa, sufrirá
más delante otra, cuando sea secuestrada por El Chalío, cuando se
fue a trabajar con la familia Carrasco.
La novela nos ubica en el México de la década de los ochenta, en el contexto rural, concretamente en el ámbito de la sierra de
Durango. Flavio es un niño que está siendo educado para ser un futuro macho, lo que escucha de los adultos respecto de la sexualidad
es procaz, pero también va a la cocina, lo que puede considerarse el
mundo de la mujer, en donde se relatan historias de familia que para
Flavio representan muchas de las respuestas a las interrogantes que
se plantea ante el mundo que pone en cuestión. El personaje Flavio
es una especie de puente para crear una novela que revindique la
vida en esos pueblos sin énfasis panfletario, ni didáctico, sino para
hacer que el lector pueda estar ahí y entender estos hechos desde la
subjetividad y la sensibilidad infantil. De ahí que el autor compagine
la proliferación de El Negocio con la cotidianeidad en el ámbito de
lo familiar a la luz de la óptica de los seres más vulnerables. Beltrán
Félix ha comentado:
Desde ahí quería yo relacionar lo que es la emergencia de un poder económico como el narcotráfico a nivel micro, como en esta
región, con la situación de las mujeres y los niños. (“Adiós, Tomasa
no es una narconovela: Geney Beltrán en el Cecut”, 2019)
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Indudablemente quienes salen perdiendo en primer grado
al emerger el narcotráfico son las mujeres, porque las pone en una
condición de vulnerabilidad, no solo porque los principales representantes del narco, quienes ejercen el poder en estos núcleos son
varones, sino por la violencia extralegal, de ahí que haya una mayor
desprotección en ese ámbito. ¿Qué instituciones pueden proteger
a mujeres violentadas por narcotraficantes? (“Adiós, Tomasa no es
una narconovela: Geney Beltrán en el Cecut”, 2019). Para el autor
es una gran incógnita que sigue sin resolverse y la brutalidad de la
violencia del machismo es que lo que se muestra en la trama de la
novela, como es en el caso de Maruca cuando se da cuenta de que
tiene que tolerar las infidelidades de su marido, aunque sea algo que
no consiente y peor aún, porque no cuenta ya con el apoyo de su
padre, así es que, si quisiera rebelarse, pues estaría sin apoyo alguno
y estaría totalmente sola.
Sabe que, si lo confronta, en una de esas él y hasta la viene agarrando a reatazos. Si no conocerá historias así de sus vecinas….
Y de arriendarse a vivir con su padre, Eutimio podrá ir a buscar
y su tata Don Gumersindo le dirá te aguantas mijita, tu marido es
bien macho y con el horno caliente cualquiera es panadero, cállese
mujer. (Beltrán Félix, 2019: 83)

Otro ejemplo es cuando la Prócora va al pueblo y quiere hacerle alboroto a Eutimio y éste rápido la pone su lugar, recordándole
quién está al mando:
Tú te aguantas y te callas o te arriendas a Los Mayos y a ver cómo
le haces para criar a los mocosos. Ni me armes argüendes. La llevé
de vuelta a Sahuaténipa y ya no vendrá a querer joder. (Beltrán
Félix, 2019:159)

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Beltrán Félix ha señalado que más allá de hacer denuncia
social a través de la ficción, es una posibilidad del escritor de dar una
imagen compleja de la experiencia humana sin enjuiciar. Asegura
que ése es un aprendizaje que coloca al lector ante la posibilidad de
cuestionarse, con una visión oblicua e íntima a través de la cual se
puede ver una relación con el mundo real.
El reto es no caer en la trivialización y tratar de que lo que uno
represente tenga la sensibilidad para no comerciar con el dolor
de las víctimas. Si eso logra llegar a la conciencia del lector, creo
que la ficción habría cumplido un propósito que es no cambiar
el mundo, sino cambiar la visión que del mundo tiene el lector.
Ahí es donde creo que está el espacio de combate del escritor.
(Quiroga, 201913)

Es sabido que la presencia del narco se agudizó en el llamado
Triángulo Dorado en la década de los ochenta creando un clima en
el ámbito nacional de inestabilidad y de continuas luchas armadas,
no solo entre los carteles y el ejército, sino también entre las mismas
rivalidades entre carteles que se fueron creando por ejercer el control en diferentes zonas del país. El territorio nacional se convirtió
entonces en una continua zona de conflicto que fue perfilando las
áreas donde se fueron fincaron las áreas de dominio, particularmente en las zonas serranas de difícil acceso, pero de fácil control para
la siembra de la droga. Esto contribuyó a cambiar la fisonomía del
país: ¿Qué era México a fin de cuentas? Un país de pura inflación y
crisis, de mentiras y matones (Beltrán Félix, 2019: 288).
Esta descripción que se da de la realidad de nuestro país
es lacerante. Es inevitable dejar de lado el referente del México de
los ochenta y constatar lamentablemente que sigue siendo un vivo
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retrato de lo que todavía acontece actualmente y no solo en el norte
del país. Inflación y crisis, mentiras y matones. Se suscita una debacle imposible de detener, peor aún, una batalla contra el crimen
organizado que no ha podido ser vencida y todavía continúa como
constelación de esta mórbida realidad, la preservación de este machismo recalcitrante que fomenta la violencia atroz, particularmente
contra las figuras más vulnerables, como el caso de Tomasa.
¿Cuál es la relación entre el narcotráfico y el machismo? Los
que se dedican al trasiego de la droga son la manifestación de una
violencia posible, del poder que viene de una práctica a la que muchos aspiran. Dedicarse a sembrar mariguana es mucho más rentable que sembrar maíz y forma parte de un fenómeno progresivo
que ejerce presión para que se respete el poder del narcotraficante.
“Como una manifestación extrema del capitalismo, el narco parte de
que lo que importa es el dinero y que si los cuerpos son utilizables
no importa traficarlos, asesinarlos o violarlos” (Rojas, 2019, párr.13).
En la novela, Maruca tratando de evitar que sus hijos caigan en la
trampa de la seducción de El Negocio, les describe claramente la
otra cara del narcotráfico con miras a evitar que no sean arrastrados
por el narco.
El Negocio era una trampa: al principio te forras de billetes verdes, compras una troca del año, le pones antena parabólica a tu
santa madre para que vea las telenovelas que se le antojen y lo mejor: te la puedes pasar pisteando hasta reventar, sacando a bailar
a las morras más güeritas sin temor a que te hagan el feo, pero al
poco tiempo te pasa lo que le pasó al Ventura, terminas balaceado
por la espalda, aquí no hay lealtades, los mondaos de tu propia
clica te van a querer andar baleando mijo, o te puede pasar lo que
a tu primo el César, que está en las Islas Marías desde hace tres

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años, y sus plebitos, tus primos, pasan las hambres más flacas….
(Beltrán Félix, 2019: 175)

Pero, así como también se da la incidencia de El Negocio en
el ámbito de la sierra, también se da el fenómeno de la migración.
La vida en el campo y las posibilidades de desarrollar una actividad
económica sin los riesgos que puedan eludir el crimen organizado
o la corrupción del ejército propicia que los jóvenes emigren a Estados Unidos a cumplir el sueño americano. Paradójicamente, también este anhelo está construido bajo una falsa concepción pues no
es ni la Jauja, ni de cerca la Tierra prometida.
¿Qué era El Otro Lado exactamente? Parecía no un sitio ubicado
en quién sabe qué región de los mapas, sino una esfera aparte,
casi una pura irrealidad. Algo así como un paraíso envenenado en
que todo es azaroso: te pueden matar a la mala o igual te vuelves
milloneta. (Beltrán Félix, 2019: 173)

Flavio es la voz y la mirada hegemónica del relato y será
quien con su candidez nos revela la crudeza del mundo en que vive
y que se deleita con aprender de los libros en la escuela “lejos de los
pleitos de sus padres, en un sitio distante de las historias de balaceras, guachos, matones y raptos que luego iban y venían por los pueblos de la sierra” (Beltrán Félix, 2019: 174). Es un niño que alterna
sus ilusiones, sus sueños y sus miedos de manera cotidiana. Disfruta
correr por la huerta, bañarse en el río, atender a sus amigos en la
tienda de abarrotes, escuchar las historias en la cocina de su casa…
pero todo se turbia cuando aparece la figura de Eutimio su padre.
Pero ahora que está sentado en la sala, esa voz del padre, enemistosa y ruda como suele dejarse ir y venir por los surcos del aire, esa
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voz lo hace temblar. En una parte del estómago hay un martillo
que golpea, haciendo eco de cada palabra paterna, azuzando inestables, mínimos apocalipsis. (Beltrán Félix, 2019: 15)

Flavio crece a la sombra de un padre rígido al que teme y no
comprende. La timidez del niño lo orilla a una introspección que deviene en una rica vida interior y un agudo sentido de la observación.
Para Héctor, su hermano es un personaje débil y coyón.
Se la vive siempre bajo las faldas de mi amá. Capaz que está escondido debajo de la cama el muy coyón. ¿Por qué salió muy miedoso? El Flavio le parecía el colmo de la debilidad. Lo avergonzaba
con su voz titubeante, las flacuchas facciones de quien salió tan
mal para comer y una expresión (todos los días) de no saber dónde está poniendo los pies. De no confiar siquiera en la realidad del
aire que respira. (Beltrán Félix, 2019: 131)

El machismo en la novela lo vemos reflejado también en
la forma como constantemente se maneja en el discurso que se
dirige a los niños en situaciones en que se les priva de mostrar
debilidad por mostrar públicamente sus emociones. Hay patrones y códigos de comportamiento que hay que seguir si se quiere
demostrar que es “muy hombre”. Estos sentimientos reprimidos
en la infancia por una madre que inhibe la expresión de las emociones, es como si fuera una especie de castración emocional que
en un futuro detonará la violencia extrema hacia las mujeres evidenciándola en el sometimiento que se les exigirá bajo el yugo del
macho.
Deje de llorar, mijo, usted es varón y los varoncitos nada de que
lloran. (Beltrán Félix, 2019: 118)

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… un hombre parrandero que no se cansó de insultarlo y tundirlo
a golpes, a él, ante el silencio de la madre, que le decía así te vuelves hombrecito más pronto, mijo, no lo tomes a mal… (Beltrán
Félix, 2019: 143)

Antes de que rapten a una muchacha, tuvo que haber una
violencia en la educación y sensibilidad de los varones. Tuvo que haber una educación machista que se transmite y refuerza en la palabra,
que obliga a pensar el mundo desde esa palabra. Es fundamental exhibir esa violencia verbal, observar que no son fenómenos aislados,
sino que la violencia de la palabra es el antecedente de la violencia
en los hechos, puesto que legitima al varón con un derecho natural a
agredir a una mujer porque infiere que ser mujer es ser inferior. Bajo
la óptica del sistema patriarcal en el que Chapotán está inmerso, la
realidad funciona así y el único camino para salir de ello es volverse
narcotraficante o emigrar a los Estados Unidos. Porque se piensa
que como el pueblo es un lugar de pobreza, la única forma de salir
de eso es irse a los EU, comprarse una camioneta que al regreso
se presume a los vecinos, pero la explotación laboral en Oregon o
Idaho y la brutalidad de la migra no forman parte de la leyenda americana. “Lo gringo es asumido como naturalmente superior y eso va
de la mano con lo que es la imagen de autodenigración de lo propio.
Hay una dualidad de despecho y admiración por lo gringo que va
de la mano con la desconfianza ante lo gringo que no responde al
universo de masculinidad del mexicano” (Rojas, 2019).
Conclusiones
La literatura aparece como un espejo de la vida que se convierte a la
vez en fuente de respuestas y de interrogantes. La filósofa española
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María Zambrano afirma que cuando la filosofía perdió contacto con
la realidad, la literatura ocupó su lugar. Las obras literarias muestran
una filosofía de vida que es utilizada por el lector. “Con frecuencia
los personajes de papel le ofrecen una compañía donde encuentra
una explicación y vía de salida a las propias situaciones existenciales” (Viñuela, 2010: 5-6).
Con la finalidad de saldar una memoria con su pasado, Beltrán Félix escribió Adiós, Tomasa con una particular observación
mordaz al México olvidado por las instituciones, aquel que persiste en la lejanía del campo y que es controlado por la violencia y
el crimen organizado. El pueblo duranguense de Chapotán tiene su
propia ley. Corren los años ochenta y Tomasa trabaja para la familia Carrasco Heras. Tímida y hermosa, la empleada doméstica es
objeto de disputa entre los varones del lugar. Alrededor de ella se
desdoblan los códigos de una comunidad donde la violencia está tan
normalizada que es difícil reparar en ella.
El asesinato era ya en la sierra una cosa normal; pero esto era
romper a un ser indefenso. Y esa era la palabra que estuve buscando en aquellos tiempos sin nunca discernirla: era Tomasa una
morrita indefensa. (Beltrán Félix, 2019: 314)

Tomasa es un personaje emblemático que vive en el silencio
y que representa el silencio en que viven la gran mayoría de las mujeres cuya educación está subordinada al sistema patriarcal como en
el que está inmerso el pueblo de Chapotán. Sabe que no tiene la voz
para dar cuenta de sus agravios, por eso su silencio es el silencio de
las víctimas que forma parte de la pervivencia de la injusticia. De ahí
que la novela intente rescatar del silencio y del olvido las historias
que las víctimas no han podido transmitir. El silencio de Tomasa es
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el silencio de la madre de Flavio; es el silencio de Flavio, que toman
partido por las mujeres.
La figura de Tomasa encarna el sujeto del placer y los habitantes de Chapotán proyectan en el cuerpo de Tomasa, en su esplendorosa juventud, sus deseos y frustraciones; hay un halo de misterio
que cautiva aún más y que terminará atrayendo la fatalidad que la
persigue, pues es el objeto de deseo sexual de todos los muchachos
del pueblo y de los narcos que transitan por Chapotán. Uno de los
personajes, amigo de Héctor, el Seco es quien al final se convierte
en el narrador de la historia quien reflexiona en todo ese torbellino
de violencia que los vio crecer y reflexiona en ese rememorar de la
infancia:
¿Acaso tengo el derecho a contar la historia de alguien que vivió
en el infierno?… ¿Cómo puedo creer que, desde la sordera de mi
experiencia, tengo el derecho de imaginar lo que ella sintió? ¿Es
posible contar, sin traicionarlas, todas estas historias de vidas desfavorecidas? ¿De qué manera es un acto de justicia el rescatar del
olvido el dolor de los olvidados? (Beltrán Félix, 2019: 324)

Adiós, Tomasa aspira a recuperar el lado íntimo, sensible, de la
violencia machista que destruye la vida de las mujeres. Tomasa es un
personaje vigente lamentablemente. La pregunta que surge entonces
es el cómo enfrentar el problema de la violencia machista ¿Cómo
se crea en el alma de un agresor esa condición violenta? ¿Qué es
lo que ocurre con los lazos afectivos? El móvil de Beltrán Félix ha
sido presentar el todo para que haya una toma de conciencia de
cómo se crea la violencia machista. Esa educación que reciben los
varones desde la infancia, desde la voz de las figuras de autoridad y
que luego deriva a que de la misma manera y con la misma dureza
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hay que tratar a las mujeres; es una agresión al mundo emocional
de los niños, pues se transmite que la forma de relacionarse con las
mujeres es a través de la violencia y no como iguales. No se respeta
la sensibilidad de un niño, alguien que descubre el mundo, cómo
reacciona ante las cosas violentas que ve. Se le impone un machismo
que fomenta la violencia sistemática contra la mujer o las figuras
vulnerables. La novela va cerrando con el narrador que se convierte
en cierta manera en un alter ego del autor que sigue cuestionando la
realidad convertida en ficción:
¿Vale la pena escribir si no es para aspirar a que haya en mi escritura el don de sanar lo que Tomasa vivió en la indefensión? ¿Y
si de nada sirve? Llevamos tanto tiempo dando excusas para que
la imaginación se adentre en el mal, y nada: la vileza y la violencia siguen y siguen no obstante en nuestro mundo… ¿Y si acaso
escribir ficción no es ningún acto de justicia sino una forma hipócrita de servirse del dolor ajeno? ¿De hacernos posar como
insobornables guerrilleros de la verdad? No sólo basta con ocultar
los apellidos de Tomasa… (Beltrán Félix, 2019: 325)

¿Puede entonces la ficción ser un vehículo para incidir sobre la realidad?, cuestiona la escritora Atenea Cruz (2019). La literatura de la violencia incita al lector a crear un puente de empatía
con las víctimas y señala que no podemos cerrar los ojos ante
aquellos personajes que han sido víctimas de asesinato, de violación o que han sido desaparecidos, pues cada uno de ellos tiene
una vida propia, una historia vinculada con la otros, así es el daño
que se produce no solo es con las víctimas, sino también con sus
familiares y la comunidad a la que pertenecen. Por eso hay que
no hay que refugiarse en el silencio “alguien tiene que seguir contándolas para que hablemos. Para no decir adiós y olvidar” (Cruz,
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2019).
Orfa Alarcón por su parte, al mencionar también a las víctimas, enfatiza la importancia de la memoria que debe permanecer
diáfana sin obstrucción alguna. Pero el miedo provoca que la gente
calle y no cuente las historias impregnadas de dolor, por lo que calla
en público por el temor de que “aquellos” puedan estar escuchando
y puedan arremeter contra uno. “Se les nombra «aquellos» porque
queremos sentirlos lejanos, cuando, en realidad, están junto a nosotros en la fila del banco” (Beltrán Félix, 2017). Es en la literatura
donde se puede nombrar y hablar de esos otros que atosigan la existencia y aunque cause estupor la literatura de la violencia requiere
hacerlo explícito para poder lidiar con aquello. “La ficción nos ayuda
a entender que aquellos no son tan lejanos, que los otros no son tan
aquellos” (Beltrán Félix, 2017).
Según Ignacio Sánchez Prado, el autor “construye con ética,
inteligencia y talento una escritura comprometida y de gran fuerza
que vislumbra un camino para representar y pensar nuestros atroces predicamentos” (2019). Geney Beltrán Félix nos sumerge en
un México que quisiéramos no contemplar. Adiós, Tomasa recorre el
velo de la realidad encubierta por la historia oficial, por las víctimas
silenciadas no sólo por la violencia normalizada por el crimen organizado y la corrupción del gobierno, sino también por el machismo
imperante en la sociedad mexicana. Una mirada que no deja de ser
cruda y agresiva como el mismo escenario contemplado. El papel
del lector entonces será el de asumir el compromiso de reproducir
las voces víctimas de la violencia que merecen ser escuchadas y erradicar los patrones de comportamiento machista tan arraigados en
nuestra sociedad que son detonadores de violencia atroz.
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�Mónica Torres / La violencia machista

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�Artículos
Humanitas, vol. 1, núm. 1, 2021

The Monterrey News: la ciudad novelada de Hugo
Valdés
Michelle Monter Arauz
Universidad Autónoma Metropolitana- Azcapotzalco
monter.michelle@gmail.com

Fecha de entrega: 6-4-2021 / Fecha de aceptación: 20-6-2021
Resumen. En este artículo argumento mi lectura de The Monterrey News
de Hugo Valdés como una obra que privilegia la reconstrucción de la urbe
regiomontana. El análisis de la novela de efectuará por medio de tres ejes:
“mito fundacional”, “ciudad sin estilo” y “espacios subversivos”. El objetivo es desentrañar las diversas representaciones de una ciudad norteña
que, si bien se ha construido particularmente en oposición a la visión centralista de la Ciudad de México, contiene diversas similitudes respecto a lo
caótico de la urbe moderna.
Palabras calve: The Monterrey News, literatura urbana, espacio, ciudad.
Abstract. This article argument is that The Monterrey News by Hugo Valdés is a novel that privileges the reconstruction of Monterrey city. The
analysis is made through the following axis: “foundational myth”, “city
without style”, and “subversive spaces”. The objective is to unravel the
several representations of a northern city that has been constructed as an
opposition to the capital of Mexico, but that also contains similarities as
in the chaos of the modern city.
Keywords: The Monterrey News, urban fiction, space, city.

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�Michelle Monter / The Monterrey News

The Monterrey News como literatura urbana
Lo más ordinario para todos, la
calle, fue la que llevó a
cabo
esta revolución del lenguaje.
Mediante los nombres de las calles,
la ciudad es un cosmos lingüístico.
Libro de los pasajes, Walter Benjamin

Este artículo parte de la concepción de que la literatura urbana funciona como un espacio de representación donde el autor
modeliza tanto la ciudad física y sus habitantes, así como las múltiples ficciones que se imbrican en la diégesis. De esta forma, en el
estudio de la literatura urbana1 no se puede prescindir del análisis de
la representación del ámbito social puesto que en ella se encuentra
un registro que da cuenta de las transformaciones de una ciudad paradigmática. Así, la transformación incesante de la ciudad se vuelve
una cualidad para su tratamiento narrativo. Muchos de los estudios
sobre el panorama de literatura urbana en México se fincan en el tratamiento literario que se le ha dado a la capital del país, dejando de
1 Según la entrada sobre ‘Literatura urbana´ en la Enciclopedia para la
literatura en México es “a partir de La región más transparente, de Carlos
Fuentes, publicada en 1958, [que] la ciudad no se conquista, sino que pertenece a
los escritores. En esta novela, Fuentes aborda alrededor de la consolidación de
la burguesía y la ruina de las clases trabajadoras. El sitio físico que elige para
ello es la ciudad de México. En un país que deja de ser presidido por militares
para dar paso a los civiles, Fuentes descubre la vida de los citadinos que han
dejado atrás la Revolución y el antiguo régimen, para insertarse de una vez
por todas en el nuevo orden. Esta obra es considerada, por la mayoría de los
críticos, como la novela que origina la literatura urbana”. Disponible en: http://
www.elem.mx/estgrp/datos/42

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�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

lado las representaciones literarias de otras ciudades. Una de esas representaciones corresponde con The Monterrey News (Grijalbo, 1990)
de Hugo Valdés Manríquez,2 obra que, si bien contiene elementos
del género de la novela histórica, es unas de las primeras novelas
urbanas donde se retrata a la ciudad moderna de Monterrey.3
Cuando hablo de representaciones en TMN,4 me refiero al
proceso de percepción, interpretación y reproducción que Hugo
Valdés efectúa en la novela. El autor, al hacer una reconstrucción de
un cuerpo social, presenta su propia representación de Monterrey.5
Además, recupero la definición de ‘espacio vivido’ de Henri Lefebvre en la cual alude a los espacios de representación “a través de las
imágenes y los símbolos que lo acompañan, y de ahí, el espacio de
los habitantes, de los usuarios, pero también el de ciertos artistas y
2 Hugo Valdés nació en Monterrey en 1963 y en su obra confluyen tanto
la novela, el cuento y el ensayo. Además de la novela a tratar en este estudio,
también ha publicado El crimen de la calle de Aramberri (Ediciones Castillo,
1994), Días de nadie (Fondo Editorial Tierra Adentro, 1992) La vocación insular
(Ediciones Castillo, 1999), Breve teoría del pecado (Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Nuevo León, 2013), El asesinato de Paulina Lee (Tusquets,
2016), y Los confines del fuego: diarios de Santiago Vidaurri (Analfabeta, 2020).
3 Con respecto al título de la novela, está tomado del periódico del Coronel J. A. Robertson The Monterrey News cuyo primer número apareció el 23 de
abril de 1882. La característica principal de este periódico es que estaba escrito
en inglés, indicio de que posiblemente estaba dirigido a un público extranjero
en Monterrey. Así como el periódico, la novela da cuenta de los hechos históricos que conformaron la ciudad de Monterrey, así como de las relaciones
sociales de sus habitantes. La publicación en español comenzó a realizarse
hacia 1902 y finalizó hacia 1911. (González citado Bennett, 2007: 14).
4 De aquí en adelante se usarán las siglas TMN.
5 En el Diccionario de estudios culturales se plantea que “la representación constituye la estructura de comprensión a través de la cual el sujeto mira
el mundo: sus ‘cosmovisiones’, su mentalidad, su percepción histórica” (Szurmuk y McKee, 2009: 252).
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quizá de aquellos novelistas y filósofos” (2013: 98). Estas premisas
se concatenan con las ideas de Alex Matas Pons quien propone que
el análisis de la literatura urbana debe tomar en cuenta la relación
entre la creación artística y la práctica material que estructura el espacio, de tal suerte que “su densidad semiótica [de la ciudad] incluye
tanto la imaginación del progreso y la tecnificación encargada de su
realización como su contrapartida crítica, revela la falacia del poder
de las representaciones. La ciudad-concepto de la modernidad no
es imaginable […] sin sus contradicciones” (2010: 17-20). Por otro
lado, García Canclini en Imaginarios Urbanos plantea que “debemos
pensar en la ciudad a la vez como lugar para habitar y para ser imaginada. Las ciudades se construyen con casas y parques, calles, autopistas y señales de tránsito. Pero las ciudades se configuran también
con imágenes […] La urbe programada para funcionar, diseñada
en cuadrícula, se desborda y se multiplica en ficciones individuales
y colectivas” (1999:107). Los autores citados hacen hincapié en la
cuestión de las imágenes con las cuales se construye la ciudad. Estas
imágenes están cargadas de significados sobre la ciudad y sus habitantes. Las múltiples ficciones individuales y colectivas que plantea
Canclini nacen de las interacciones del cuerpo social que habita la
ciudad. Esta característica visual está íntimamente relacionada con la
capacidad imaginativa que es el impulso de la creación literaria. Entonces es posible argüir que cuando un escritor reconstruye una ciudad invariablemente reconstruye también el entramado social que
la habita, logrando desentrañar las diversas capas que conforman
un cuerpo social.6 Un ejemplo del ejercicio de reconstrucción de la
6 Es José Manuel Prieto en Poéticas urbanas: representaciones de la ciudad en la literatura quien define a la ciudad como “un sitio, un lugar que acoge
una serie de construcciones e infraestructuras que dan servicio a una pobla-

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ciudad que plantea TMN es visible en el siguiente apartado:
Gilberto Salas se encaminó al estacionamiento donde lo esperaba
su automóvil recién afinado. Tomó avenida Constitución luego
de haber dejado el Monterrey añoso de la colonia Obispado […]
Antes de llegar a Zaragoza, vio los picos de concreto del nuevo
santuario de Guadalupe, y junto a ellos la mole gris del viejo santuario, en cuya planicie fue siempre un niño mimado por el amor
de un padre que se esforzó hasta lo último por no vivir en la pobreza del barrio de San Luisito (Valdés, 2006: 110).

Gilberto Salas es un personaje que pertenece a la clase media trabajadora, pero como podemos observar en el pasaje anterior, proviene del barrio de San Luisito, también conocido como la
colonia Independencia. Para entender el marcador de clase social
es necesario saber que San Luisito es uno de los barrios más antiguos de la ciudad, inclusive se encuentra descrito en el Corrido
de Monterrey.7 Se localiza al sur de lo que ahora es la Macroplaza
y divide el centro de la ciudad del municipio de San Pedro Garza
García. Su antigüedad va de la mano con el desarrollo industrial
de la región a finales del siglo XX. Con la fundación de Cerveción” y que lo urbano “apela a lo social y antropológico; no es la ciudad, sino
el espacio social o urbano donde se genera la vida urbana” (Prieto, 2012: 382-383).
Su libro es una cartografía de la ciudad de Monterrey a través de los espacios
representados en la literatura regional, es decir, el arquitecto usa la literatura
como herramienta para describir la ciudad como espacio físico, a través de sus
calles y sus edificios.
7 “Tengo orgullo de ser del norte, del mero San Luisito, porque de ahí es
Monterrey, de los barrios el más querido, por ser el más reinero, ¡sí señor!,
barrio donde nací”. Este corrido fue escrito por Severiano Briseño Chávez
originario de San Luis Potosí. Se cree que pudo haber sido compuesto entre
1939 y 1941. Ver: https://www.info7.mx/seccion/el-corrido-de-monterrey-es-cantado-con-orgullo-pero-pocos-saben-su-origen/1514748
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cería Cuauhtémoc y la Fundidora de Fierro y Acero se produjo
una ola de migración debido a la gran cantidad de empleos que se
generaron. Gran parte de los migrantes que llegaron a trabajar a
las empresas regiomontanas provenían de San Luis Potosí, lo que
originó que a su lugar de asentamiento se le conociera como Barrio de San Luisito. En 1910, en la celebración de los 100 años de
la Independencia de México, el Gobierno del Estado, encabezado
por Bernardo Reyes, nombró al barrio como se le conoce hasta
ahora: colonia Independencia.
El marcador que tiene esta colonia en particular corresponde con su historia, es decir, es un barrio de migrantes que llegaron
a Monterrey para trabajar como obreros. Así como Valdés muestra
la ficción colectiva en la cual el barrio de San Luisito es un barrio
marginal, aún en la actualidad los habitantes de la colonia Independencia siguen bajo el estereotipo de la pobreza y la delincuencia,
cuestiones que han generado la discriminación de otros sectores de
la población en conjunto con la estigmatización de la zona. Mientras
que el personaje de Gilberto Salas logró salir del barrio, la mirada de
otro personaje, un empleado de mediana edad subordinado de Salas llamado Francisco Cavazos, sirve como muestra del estereotipo
planteado anteriormente:
Para qué cambiar lo que uno es, se dijo don Pancho, lo que uno
nunca va a dejar de ser; Gilberto Salas, un muchacho lleno de
ambiciones, siempre sería para él alguien sin más futuro que aquél
que le impusiera el licenciado Milmo. Aunque odiaba tener razón
sobre ese tema, Francisco sabía bien que Gilberto no llegaría más
lejos, aun con el engaño de creerse una especie de secretario personal de Mario, y que nada iba a ganar copiándole los modos y
hasta la marca de cigarros que fumaba (Valdés, 2006: 116).

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Aunque Gilberto Salas tenga la capacidad y la ambición
como para subir desarrollarse profesionalmente, el personaje de
don Pancho logra ver que Salas está a merced de su jefe, el licenciado Mario Milmo, empresario miembro de la élite regiomontana. La
vida de Gilberto Salas no está bajo su control, sino que alguien de
una clase social más alta es quien podrá decidir sobre su futuro. En
este apartado el autor realiza una crítica hacia la falta de movilidad
en la sociedad regiomontana, donde la meritocracia no es una opción para el desarrollo: Gilberto Salas es un personaje marcado por
el signo del barrio de San Luisito.
El origen de la ciudad como articulación
Anzaldo González indica que es una falacia creer que las ciudades
modernas se crean de la nada porque se tiene el antecedente de
las grandes civilizaciones prehispánicas (2003: 35). La idea general
que enfatiza el autor es muy común dentro del imaginario social:
las ciudades prehispánicas como antecedente de las grandes ciudades de la modernidad mexicana. En Nuevo León no existe este
antecedente de la gran ciudad a la manera del canon prehispánico mesoamericano en el que se encuentran las grandes ciudades
de Tenochtitlán, Chichén Itzá, o Tzintzuntzan. Lo anterior está
relacionado con la concepción del indígena del noreste construida en oposición al indígena mesoamericano; mientras el primero
era nómada, el segundo fue capaz de erigir ciudades. Además, los
grupos indígenas del noreste no tenían una religión como en el
canon mesoamericano, por lo que no construyeron templos. Este
hecho fue un obstáculo al momento de la evangelización ya que,
a diferencia de las culturas mesoamericanas, no existían figuras o
elementos con los cuales realizar un sincretismo. Estos factores
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ayudaron en su momento a crear el estereotipo del “bárbaro del
norte” o del “indígena incivilizado”, el cual condujo a las prácticas de segregación que desembocaron en el etnocidio sufrido por
los indígenas nómadas del noreste (Ramírez, 2006: 23-25). Este
etnocidio fue gradual si tomamos en cuenta que la fundación de
Monterrey se realizó en 1596 y los últimos sobrevivientes fueron
registrados en los albores del siglo XIX. Durante más de dos siglos los grupos indígenas del noreste estuvieron sometidos a las
crueldades de los españoles que se asentaron en la zona. Según
Ramírez, “los indios potencialmente eran una manada que el español podía salir a capturar o un rebaño al que se le podía explotar.
De igual forma en que se hacía para reconocer la propiedad del
ganado, los españoles colocaron marcas corporales a los indígenas
para su identificación” (2006: 34-35).8 Fue la crueldad de los mecanismos con los que los españoles intentaron someter a los indígenas, que éstos terminaron por adoptar acciones de resistencia que
fueron catalogadas como agresiones. Este factor también ayudó a
que se formara la concepción del indígena bélico del norte. Aún en
la actualidad el término “indio bárbaro” es utilizado dentro de la
academia para referirse a los grupos indígenas del norte por lo que
se continua con la estigmatización que justificó el etnocidio. En
8 La figura de las encomiendas era el sistema por el cual se utilizaba a la
población indígena a través del trabajo forzado y funcionaba como un dispositivo de dominación del espacio que se conquistaba. La encomienda dio lugar
a tal nivel de esclavitud que la corona mandó a Francisco Antonio de Barbadillo y Vitoria para regular la situación de las encomiendas. Reproducimos una
propuesta de un encomendero en 1675 en Nuevo León: “antes se marcaba a los
indios para saber con una seguridad de que eran de ellos y no de otros… unos
usaban cuchillo al rojo vivo […] otros usan su marca de ganado […] pero eso
hoy no se usa y es necesario volver para evitar las confusiones que hay […]”
(Montemayor citado en Ramírez, 2006: 35).

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el contexto del folklore nacional el término “bárbaros del norte”
alude a quienes habitan el norte del país.9
En TMN encontramos, sobre todo en la línea narrativa histórica, una perspectiva crítica hacia el hispanismo que ha dominado
la investigación regional.10 Las menciones hacia la esclavitud y el
maltrato de los grupos indígenas en Nuevo León se realizan desde la
voz de los fundadores de la ciudad, Diego de Montemayor, Alberto
del Canto y Luis de Carvajal y de la Cueva, en el diálogo que comparten en el capítulo “Nuestra Señora de Monterrey (1526-1723)”:
Mientras que los españoles, en constante desobediencia de su majestad, seguían llevando indios en abundancia a los duros trabajos
de las estancias de labor, y los naturales se alzaban una y muchas
veces para llevarse consigo yeguas, vacas y cabras; mientras los
gobernadores se sucedían, y el último cronista vivo de Zavala tra-

9 Ver Luis Medina Peña, Los bárbaros del norte. Guardia nacional y política en Nuevo León, México, Fondo de Cultura Económica, 2015. En este libro,
Medina Peña aborda la conformación de la clase política nuevoleonesa durante
el siglo XIX, caracterizada por las batallas con comanches y lipanes, el ejército
estadounidense y por la gran actividad comercial que se desarrolló en el territorio fronterizo. Por otro lado, es de sobra conocida la frase de José Vasconcelos:
“Donde termina el guiso y comienza la carne asada, comienza la barbarie”
(Vasconcelos, 2011: 186). En ella podemos rastrear el estereotipo con el que aún
se habla de los habitantes del norte del país, relacionados con lo salvaje, lo
bárbaro y lo incivilizado.
10 Respecto a este punto Ramírez Almaraz indica que “existían otras prácticas que colocaban al indígena en igualdad de circunstancias que los animales,
prueba de ello es una de las ordenanzas de quien irónicamente ha sido llamado
el ‘defensor de los indios’, el gobernador Barbadillo, quien decretó ‘prohíbese
que a los indios se les eche lazo corredizo por el pescuezo, y sólo se amarren
en manos y brazos’[…] El historiador regiomontano Israel Cavazos describe a
Barbadillo como “pacificador y fundador de pueblos[…] libertador y padre de
los indios” (Ramírez, 2006: 35). Cabe mencionar que Israel Cavazos es una figura
fundamental en el estudio de la historia en la región.
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bajaba para todos ellos, a Juan Bautista Chapa11 se le veía siempre
con un revoltijo de hojas donde, de tanto en tanto, garrapateaba
alguna idea que le venía a la cabeza. Se la pasaba así anotando
[…] perpetuando acusaciones de sublevación y desorden, y proclamando aunque con letra muy queda, anuncios de azotes para
los lomos de los indios. Pero la gente era tan desbaratada y tan
necia a mal usar de aquéllos, que al cronista Chapa no le quedaba
sino lamentarse en silencio (Valdés, 2006: 47).

Una vez que el licenciado Barbadillo calmó con sus gestiones la
violencia de los ánimos, se retiró satisfecho del Reyno, sin saber
hasta algunos años después que los españoles en nada se habían
calmado, y que era necesaria su presencia vigilante en ese lugar
para que los ultramarinos dejasen ya de provocar a los indios que
no podrían sino defenderse con el ataque (Valdés, 2006: 49).

Como podemos observar, el mito fundacional de la ciudad
de Monterrey es una construcción que califica su pasado prehispánico como bárbaro, salvaje e incivilizado a diferencia del de la Ciudad
de México cuya identidad realza ese pasado, cargado de una exotización que también tiene sus bemoles, pero que a fin de cuentes rinde
un homenaje a la civilización que habitó ese espacio desde tiempos
prehispánicos. Al contrario, en Nuevo León poca gente tiene conocimiento de las poblaciones indígenas que hubo en la región y
ese vacío identitario fue llenado con la herencia industrial que dejó
el auge fabril de la ciudad a finales del siglo XIX. Después, cuando
ese auge industrial fue destruido con la declaratoria de quiebra de la
11 Juan Bautista Chapa (nacido Giovanni Bautista Schiapapria, 1627-1695) fue
un conquistador y escritor de origen italiano, llamado El Cronista Anónimo
debido a su crónica de la vida del Nuevo Reino de León en el siglo XVII, cuya
autoría permaneció en secreto por más de 300 años. Escribió el libro Historia
del Nuevo Reino de León de 1650 a 1690.

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Fundidora de Fierro y Acero en la década de 1980, la identidad de la
ciudad se configuró alrededor del discurso empresarial con base en
el trabajo y el hábito emprendedor como emblemas de la sociedad
regiomontana.
Monterrey como una ciudad sin estilo
Fue Alejo Carpentier quien puso sobre la mesa la idea de la ciudad
latinoamericana como “ciudad sin estilo”:
La gran dificultad de utilizar nuestras ciudades como escenarios
de novelas está en que nuestras ciudades no tienen estilo. Más o
menos extensas, más o menos gratas, son un amasijo, un arlequín
de cosas buenas y cosas detestables -remedos horrendos, a vecesde ocurrencias arquitectónicas europeas. Nunca he visto edificios
tan feos como lo que pueden contemplarse en ciertas ciudades
nuestras (Carpentier, 2003: 124).

Aunado a Carpentier, Manuel Delgado ha aludido a los inconvenientes que supone crear ciudades literarias a partir de ciudades “sin chiste”, mientras que José Manuel Prieto planteó la siguiente pregunta: “¿Es Monterrey una de esas ciudades?” (2012: 383).
Monterrey es una ciudad que, como vimos anteriormente, a razón
de negar el pasado indígena de la región, construyó su identidad a
partir de la idea del progreso modernizador de la mano del desarrollo de la industrial hacia finales del siglo XIX. No obstante, es
justamente ese desarrollo industrial el que caracterizó a Monterrey
como una ciudad hostil, contaminada y gris. Respecto a la arquitectura, Monterrey no cuenta con edificios coloniales y no posee
muchas construcciones históricas ya que, como vimos en el capítulo
1, durante la década de 1980 se destruyó el centro histórico. Por lo
anterior consideramos que, en efecto, Monterrey es una ciudad sin
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estilo a la manera de Carpentier, pero también el escritor cubano ve
una oportunidad para los novelistas americanos en la falta de estilo
de las ciudades:
El pasado siempre deja unas decoraciones magníficas, cuya descripción nos sugiere “buenos trozos de bravura” … Pero cabe
preguntarse si el verdadero papel del novelista no consistirá, precisamente, en prescindir de ciertos escenarios demasiado vistosos,
demasiado ricos en sugerencias, para conferir categoría humana y
universal a lo que se ofrece sencillamente a nuestra visión […] Es
precisamente en valorizar lo que carece de estilo propio, en hallar
la poesía donde no pareciera que existe, en valerse de elementos
pobres, donde está el genio de quienes saben elevar lo local y circunscrito a una categoría universal (Carpentier, 2003: 118).

El autor plantea que en el ejercicio de escribir una novela es
importante desarrollar la capacidad de universalizar una representación particular y de brindarle el ámbito humano a lo representado.
La ciudad sin estilo en sí misma no es un impedimento para el trato
narrativo, pues es en el genio del escritor donde reside la capacidad
de novelar.
Existe un carácter monstruoso de la ciudad que se enaltece
en la obra de Valdés a partir de pasajes como el siguiente en el que
el sol, a diferencia del conocido poema de Alfonso Reyes,12 resulta
ser una representación de la hostilidad de la ciudad a partir de la voz
de Rogelio Villarreal, personaje de la línea narrativa contemporánea
que entra en conflicto con Mario Milmo debido a la compra de un
terreno:
12 “No cabe duda: de niño, / a mí me seguía el sol. Andaba detrás de mí/
como perrito faldero; /despeinado y dulce, /claro y amarillo: /ese sol con sueño
/que sigue a los niños […]”

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Pinche Monterrey: pinche Monterrey […] lo dijo cuando dejaba atrás
la calzada Madero para enfilar por Zaragoza. […] Sol enfermo,
rabioso el de la ciudad, el de este cielo tan azul. Lo detuvo un semáforo, casi al alcanzar el verde para seguir, en la calle Espinosa.
Rogelio dejó que su vista corriera hasta la iglesia del Perpetuo Socorro que se alzaba con sus campanarios y sus cúpulas sobre los
locales del mercado. Oyó los pitazos constantes, el golpeteo de un
martillo hidráulico que abría una parte de la calle Zaragoza. Oyó
la radio, oyó que le pitaban y que le mentaban la madre porque
no avanzaba, y se oyó a sí mismo reprochándose por tratar una
vez más con Mario Milmo: pareciera que no escarmiento. Siguió por
un lado del Palacio de Gobierno y vio el color de la cantera vieja
de los muros del edificio […] Entró a las vías de sombra bajo la
Gran Plaza, se olvidó del sol y del calor […] Dejó Padre Mier y
miró de reojo el monumento en homenaje a los obreros asesinados en 1936, y vio el faro anaranjado del Comercio, y detrás de él
el Casino y la catedral, y su vista regresó al encallar en la estatua
cercana de Ignacio Zaragoza. Luego vio las altas paredes del Palacio Municipal que le daban paso a un trabajo de Rufino Tamayo:
el Homenaje al Sol (Valdés, 2006: 85).

En este pasaje la monstruosidad de la ciudad sin estilo es aumentaba por la enumeración caótica a la cual se somete al lector. Los
diversos edificios y la rapidez con la que son nombrados, uno detrás
de otro, dan la sensación de ir por una ventana viendo cada uno de
estos objetos pasar a nuestro lado sin lograr entender del todo su
orden. La relación del sol de Monterrey con la escultura de Rufino
Tamayo funciona como una ironía ya que, en los veranos, Monterrey puede alcanzar temperaturas de hasta 40 grados centígrados,
lo cual le otorga al sol la característica de “rabioso”. También en
este pasaje podemos observar a la ciudad siendo “abierta” por un
martillo hidráulico, justo sobre la calle Zaragoza que cruza el centro
de norte a sur. Anteriormente mencionamos que la capacidad de
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transformación de las ciudades paradigmáticas resulta ser una cualidad al momento de representarla en una obra literaria. Esta idea
podría no contraponerse sino complementar a la “ciudad sin estilo”
de Carpentier y el reto narrativo que implica. En efecto, Monterrey
no es una ciudad estática, está en constante transformación y son
justo estas transformaciones urbanas tan radicales las que la inhiben
de la armonía de un estilo.
Siguiendo con la categoría de ciudad sin estilo, en este pasaje
se describen diversos edificios y monumentos que no guardan relación alguna más allá de que comparten el mismo espacio. El Palacio
de Gobierno fue un proyecto arquitectónico llevado a cabo durante
el gobierno de Bernardo Reyes; es un edificio de cantera rosa cuya
construcción comenzó en 1895 y concluyó en 1908. Por otro lado,
la Gran Plaza, mejor conocida como la Macroplaza, se inauguró en
1987 y es una placa de cemento que cubre casi 40 hectáreas en donde se encuentran, entre otros monumentos, el Faro del Comercio de
70 metros de altura, de color naranja y que por las noches enciende
un láser verde que se puede ver desde varios puntos de la ciudad. Su
autoría se le atribuye a Luis Barragán, pero él jamás lo reconoció.
Este bastardo del diseño es uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad. Recuperamos una crónica de Guillermo Sheridan
que narra la inauguración del monumento:
Desde nuestro concepto del urbanismo hasta los nombres de las
tiendas, pasando por las ideologías, siempre nos las arreglábamos
para atinarle a lo más feo. Los monumentos son tan espantosos
que no se sabe si están allí para adornar a la ciudad o son su sistema de control de plagas […] Pero lo más macro de la Macroplaza
es el Faro del Comercio. Se trata de un monolito como el de 2001
pero cien veces más grande y no negro sino anaranjado y de estilo

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abstracnaco. Está erigido en el mismo lugar donde hace apenas
unos lustros algunos industriales jugaron al tiro al blanco con una
manifestación obrera desde las ventanas del Casino. […] Yo estuve ahí el día en el que fue inaugurado el macrofaro del comercio.
Martínez soltó un macrodiscurso tan elegante como la fuente de
Neptuno. Después conectó el interruptor que debería encender
los treinta millones de pesos de rayos láser que, encendidos en
la parte más alta del monumento, harían saber al paseante que
había llegado a la tierra de la libertad empresarial. Miles de gentes
volteaban hacia las torres esperando ver los rayos láser. El gobernador apretaba una y otra vez el interruptor y… no pasó nada.
Absolutamente nada (Sheridan, 1988: 107).

En esta crónica de Sheridan es posible visibilizar de nuevo el
proceso de encubrimiento de un evento infame con un instrumento
que diera otro significado al espacio. En este caso, Sheridan se refiere a la masacre del 29 de julio de 1936 cometida por miembros del
grupo de corte fascista Acción Cívica Nacionalista en contra de la
Federación Trabajadores de Nuevo León. Para 1936 los conflictos
entre el presidente Lázaro Cárdenas y la burguesía regiomontana
habían alcanzado un punto álgido que culminó con la llegada a la
gubernatura de Nuevo León del general Anacleto Guerrero. Una
de las primeras declaraciones de Guerrero hacia los dirigentes de
las organizaciones obreras de Monterrey fue la siguiente: “Funestos
logreros de la revolución […] zánganos que viven a expensas del
proletariado, escudados en el pomposo nombre de líderes” (Gutiérrez citado en Vázquez: 2017: 169). Después de tal declaración,
el ambiente en Monterrey se polarizó gracias a la afrenta que tanto la prensa como los empresarios a través de sus sindicatos blancos iniciaron. A través de la Asociación Cívica Nacionalista, cuyos
miembros pertenecían a la burguesía regiomontana y donde se enDOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-5

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contraban personajes como Eugenio Garza Sada, Roberto Garza
Sada, José Saldaña, Manuel L. Barragán, y Joel Rocha, se gestó un
atentado en contra de las organizaciones obreras.
El 29 de julio de 1936 la Federación de Trabajadores de
Nuevo León organizó un mitin para exigir la disolución de grupos
fascistas como Acción Cívica Nacionalista y Acción Revolucionaria Mexicanista, el cese de los sindicatos blancos en los cuales el
patrón seguía liderando y la creación de una ley de inquilinato que
protegiera de los abusos de los casatenientes. Después del mitin, los
trabajadores fueron atacados con ladrillos que eran lanzados desde
las alturas de los edificios que rondan la Plaza Zaragoza y atacados
con armas de fuego que eran disparadas desde las alturas del Casino
Monterrey por los miembros de Acción Cívica Nacionalista. Los
burgueses asesinaron a tres obreros: Feliciano Alcocer, José Guadalupe Palacios y José Bárcenas, e hirieron a una veintena más, entre
ellos Tomás Cueva, secretario general de la Federación de Trabajadores de Nuevo León. Según Meynardo Vázquez, “el presidente
Cárdenas ordenó al gobernador desaparecer la Asociación Cívica
Nacionalista, lo cual acató, pero los agresores nunca fueron juzgados ni sentenciados, su arresto fue de sesenta horas y no en la cárcel
municipal, o en el penal del estado; sino en las cómodas instalaciones del Campo militar. Los expedientes de ese asunto desaparecieron y a los agredidos nunca se les tomó declaración por parte de la
Procuraduría del Estado” (2017: 170).
No es azar que el Faro del Comercio se encuentre justamente en el mismo lugar donde ocurrió la masacre de trabajadores. Más
aún, la intervención que se hace del espacio no implica solo una imposición del gobierno sobre la población, sino que es también una
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imposición sobre la memoria y la identidad. Ya no son los obreros
antaño los que construyen la ciudad, sino los empresarios junto con
los gobernantes, y el poder económico que representan.
El centro de la ciudad como espacio de marginación
Desde la fundación de Monterrey en 1596 pasaron tres siglos en los
cuales las dimensiones de la ciudad permanecieron muy similares al
encuadre del centro. Su desarrollo a finales del siglo XIX se vincula
con el progreso de su industria. Monterrey comenzó a desbordarse
gracias a la oferta de empleos brindados por las nacientes fábricas.
Incluso para 1900, año de creación de la Fundidora de Fierro y Acero, ésta se encontraba en la periferia de la ciudad. Actualmente el
Parque Fundidora, situado en los terrenos de la fábrica, está considerado dentro del centro de la ciudad. Es decir, el corazón urbano
de Monterrey también ha sido sometido a diversas transformaciones a lo largo del siglo XX. Como en toda ciudad, el centro ocupa
un lugar privilegiado en la dinámica urbana. Por ejemplo, la principal
razón del proyecto de la Gran Plaza estuvo relacionada con la mala
imagen del centro relacionada con el tipo de establecimientos que
abundaban: cantinas, burdeles, vecindades y la gente que habitaba
o frecuentaba estos lugares. En este sentido, el objetivo del proyecto fue desmantelar las estructuras comerciales (en el caso de las
cantinas y burdeles) y habitacionales (en el caso de las vecindades),
también alterando el tejido social que se construía a partir de esos
espacios.
Según Anzaldo, “en la ciudad siempre han existido espacios
negados o ignorados por la sociedad en los cuales los seres humanos
han dado rienda suelta a sus preferencias y conductas sexuales. En el
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caso de los homosexuales, esta población distanciada de la represiva
dicotomía genérica es casi siempre relegada a los suburbios bajos y
a la clandestinidad, oculto ante la mirada de las buenas conciencias”
(2003: 33). En TMN, mucha de la experiencia narrativa situada en
el centro durante la década de 1980 corresponde con espacios subversivos. Valdés enfrenta dos realidades al incorporar estos espacios
de ruptura, ya que los clientes asiduos a este tipo de lugares son los
personajes masculinos de clase alta, como podemos observar en los
siguientes extractos de la novela:
Ahora se dirigía [Julio Villarreal] al Manolo’s para acostarse con la
muchachita que cobraba una moneda por pieza bailada […] Las
puertas del mercado Victoria seguían abiertas; más que la mercancía de sus frutas apiñadas, bajo la amarillenta luz de los focos el
local mostraba el desafío y la miseria de un grupo de prostitutas
tristes que tomaban su café con leche hasta que eran empujadas
de nuevo a la cama prestada (Valdés, 2006: 117).

Recién ingresado, el diputado Luis Orozco permaneció solo en
una de las mesitas […] un travestido se ocultó a un lado, cerca
de los focos de una de las columnas, y se reacomodó un sostén
que ceñía sus senos falsos […] El ayudante que conducía a veces
el auto del diputado advirtió en la sonrisa complacida de su jefe
el preludio de lo que pasaba siempre: las primeras definiciones
sociológicas como un reconocimiento del lugar y luego, con una
presa joven a la vista, la petición de hacerle traer a ese o el otro
muchacho de la barra para platicar a solas con él (Valdés, 2006:
119).

Además de la clandestinidad en la que se enmarcan los actos narrados por Valdés, el caso del diputado Luis Orozco contiene
otros factores que llaman la atención. Orozco, al estar dentro de un
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establecimiento se encuentra fuera del espectro público, pero aún y
con este nivel de ocultamiento Orozco no es capaz de manifestar su
deseo. Su chofer tiene que entrar a cuadro para realizar el ritual de
buscar un acompañante para el diputado. En el mismo tenor, Valdés
como narrador tampoco expresa el acto sexual de manera directa,
sino que lo disfraza con eufemismos como “platicar a solas”. En
este caso, el proceso de ocultamiento atraviesa no solo la capa de lo
público y lo privado, sino que también pasa por la capa del lenguaje
al no ser nombrado.
Por otro lado, la representación que hace Valdés de estos
espacios subversivos, al menos en la literatura regional de la época,
es una cuestión innovadora, aunque en esa misma época, otro exponente literario de la marginalidad regiomontana corresponde al
ámbito de la poesía. Samuel Noyola (1965) publica en 1986 Nadar
sobre mi llama, libro que contiene uno de los poemas más grandes
hacia la ciudad de Monterrey, “Nocturno de la calzada Madero”,
donde a través del recorrido sobre la calzada Madero, que cruza de
oriente a poniente el centro de la ciudad, revela los espacios ocultos
que, de manera paradójica, es en la noche cuando son más visibles:
Porque mis días se han levantado
contra una ciudad enjoyada de mendigos,
circos donde la razón atraviesa aros de fuego,
pirámides con sacerdotes adorando la cifra y el puñal, […]
Allá donde la puta, el califa y el maricón
se deslizan orgullosos de su techo de estrellas,
como una corriente afiebrada que va puliendo las mesas,
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el vidrio turbio de las botellas
donde respiran rumorosas abejas,
y levantan burbujas hasta el ojo ebrio,
que revientan con el tambor y las maracas
si dos bailarines se tallen entre el viento dorado de una cumbia.
(Noyola, 2011:77)

Esta similitud en cuanto al tema de la marginalidad no es
arbitraria. Existe una relación directa entre TMN y “Nocturno de
la Calzada Madero” en tanto que la primera edición de TMN en
1990 contiene el siguiente verso como epígrafe: “Porque mis días se
han levantado contra una ciudad enjoyada de mendigos”. Esta relación también se hace evidente a través de la representación de los
personajes marginados que habitan los espacios subversivos. Tanto
Noyola en la poesía como Valdés en la narrativa posicionan a la
puta, el califa y el maricón como personajes que viven la ciudad nocturna. La calzada Madero en conjunto con las calles de Guerrero,
Reforma y Arteaga, además de algunas partes de la Avenida Colón
y Cuauhtémoc, poseen en conjunto este marcador de zona roja. Las
cantinas, burdeles y comercios que se encuentran en esta zona aún
en la actualidad corresponden a los mismos narrados por Valdés en
TMN. En este sentido, es irrelevante si Valdés nombra los lugares
sobre los que escribe, es suficiente saber que esta parte de la diégesis se desarrolla en el centro de la ciudad para entender qué tipo de
sitios son los descritos en la novela. Mientras que los sitios que pudieran ser catalogados como patrimonio histórico de la ciudad han
sido demolidos o transformados, la cartografía de la marginalidad
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ha permanecido vigente a pesar de los casi 30 años que separan la
publicación de TMN.
Consideraciones finales
En este artículo argumento que la identidad de la ciudad en constante transformación es el gran tema de The Monterrey News. La tesis de
Valdés sobre Monterrey proviene de la vileza de los cimientos sobre
los cuales se ha construido la ciudad y que han quedado ocultos a
través de estas transformaciones identitarias que van de la mano
con sus cambios físicos, no en balde el autor concede amplios pasajes a la reflexionar sobre ello. Además, es posible sostenes que
la principal característica de Monterrey como ciudad sin estilo es
el proceso de trasformación que se realiza constantemente en los
espacios cargados de memoria (el Faro del comercio, la Macroplaza)
despojándolos de una armonía estética. Estos espacios son también
cimientos de la diégesis que, aunados al tratamiento del origen de
Monterrey, funcionan como ejes articuladores de la novela.
Dado que la novela se finca en la representación de la ciudad
a través de las múltiples capas del tejido social, la narración logra
imbricar las características de la ciudad contemporánea con los aspectos históricos que le dieron origen, develando una fuerte crítica
hacia Monterrey. A través de las categorías de análisis propuestas el
mito fundacional, la ciudad sin estilo y los espacios marginados fue
como logré definir que el motivo en la novela resulta ser la vileza
primigenia de la ciudad que se plantea en los pasajes históricos y se
reafirma en la línea narrativa contemporánea.

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�Michelle Monter / The Monterrey News

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�Artículos
Humanitas, vol. 1, núm. 1, 2021

“It’s not Art, It’s State”: Rethinking the Feminist
Interventions into the Mexican Monument of
Independence through the Post-Aesthetic Concept
of Emptiness and Leerraumkunst 1
Nínive Vargas de la Peña
Columbia University
nmv2124@columbia.edu

Fecha de entrega: 29-4-2021 / Fecha de aceptación: 30-6-2021

Resumen. Después de la intervención feminista sobre el Monumento a
la Independencia, aunado a otras acciones históricas en contra de comisiones del Estado, se ha vuelto crítico el cuestionamiento sobre la “profanación” de monumentos identitarios y obras de arte para actualizarlos
históricamente a través de un proceso de violencia creativa. Basados en
el concepto post-estético de Raum o espacio, expuesto por Heidegger,
entendido tanto como presencia, así como el vacío para convenir significado, aunado al nuevo concepto de “arte vacío” (Leerraumkunst), esta
investigación realiza un estudio filosófico e historiográfico del monumento a la independencia, junto con la intervención feminista sobre el mismo.
Teniendo en cuenta el término Heideggariano de “preservación” en el
1 This research could only be achieved through the invaluable guidance
of Professor Diane Bodart, from Columbia University for whose research into
the interaction between public monuments and spaces stands as an exemplary
work into the projection of power in Imperial Spain and its colonies. Equally
indebted is this study to the philosopher and Professor John Rajchman whose
philosophical understanding of art strives for the creation of a new understanding of its importance within post-modern thought.

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�Nínive Vargas / “It´s not art…”

arte, esta investigación vendrá a demostrar cómo actos de intervención en
el arte del estado pueden ser equivalentes a tal concepto. Esta discusión
nos permitirá cruzar el puente de la singularidad de este evento histórico, a
una verdad ontológica que pueda cuestionar la sacralización totalitaria del
arte identitario del estado.
Palabras clave: feminismo, Heidegger, Leerraumkunst, Raum, arte,
postestética
Abstrac. Leading the feminist intervention on the Mexican Monument of
Independence, and further historical actions into commissions of the State,
question have risen upon the “desecration” of identitarian monuments
and artworks as to historically actualize them through a process of creative violence. Grounded upon Heidegger’s post-aesthetic concept of Raum
or space, understood both as presence and emptiness in which to imprint
meaning, along the newfound concept of Leerraumkunst, this research
conducts a philosophical and historiographical study of the Monument of
Independence, along with the feminist intervention upon it. Taking into consideration Heidegger’s term of “preservation” within art, this research will
come to demonstrate how acts of intervention into the art of the State
might become akin to such concept. This discussion will let us cross the
bridge from the singularity of this historical event and monument, into
an ontological truth that might question the mindless sacralization of the
State’s identitarian art.
Keywords: feminism, Heidegger, Leerraumkunst, Raum, art, postaesthetics

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�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

“Solo
tante
ción
mos

durante el fugaz insde nuestra participacon lo absoluto podeafirmar que existimos”.
José Vasconcelos

Sculpture: the embodiment
of the truth of Being in its
work of instituting places.
-Martin Heidegger, Die Kunst und der
Raum

After four policemen in Mexico raped a 17-year-old girl a massive feminist protest was convoked on August 16, 2019. As part of
the historical strike in Mexico City, the monument commemorating
Mexico’s Independence was vandalized, or shall we say ‘intervened’.
The Angel of Independence, as it’s commonly known, a golden statue of
a female allegorical Victory standing in a column with a mausoleum
at its base, was set partly on fire and covered in feminist mantras and
cries of rebellion at its foundation, such as: “Ni una más” (Not one
more), “Amigas, se va a caer” (Friends, it shall fall), “México Feminicida” (Mexico, murderer of women) and the phrases “No es Arte”
and “No es Arte; es Estado” (It isn’t art, it’s the state) surrounding
its base.2 As the state decided to pardon the women who intervened the monument—along with any vandalization occurred during
the protest—questions have risen regarding the validity of acting
2 Los Angeles Times (2019)  Vandalizan Ángel De La Independencia Durante Marcha De Mujeres. [Video].
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�Nínive Vargas / “It´s not art…”

upon established identitarian monuments and artworks as to re-signify and historically actualize them through a process of creative
violence. This research aims to discuss this predicament, along with
its occurrence in any future acts of intervention aimed towards the
art of the State. Grounded upon Heidegger’s post-aesthetic concept
of Raum or space, understood both as presence and vacuum, along
the newfound concept of Leerraumkunst, this research will conduct
a philosophical and historiographical study of the Monument of Independence itself, along with the feminist intervention upon it. Ultimately, this research pursues the Heideggerian conviction that thinking
through art can guide us into the future and can help us demonstrate a genuine understanding of the being, as well as his creations
within history.3
Furthermore, as the feminist intervention wasn’t a simple
destruction, or iconoclastic action against the monument but they
imprinted on its surface mottos and phrases in a rebellious act of
“poetic intervention”; a concept underwritten through the covering
of the pedestal (and its surrounding statues) with symbols that rephrased and recontextualized the monument as a landmark of resistance along with a memorial to the fallen women, this study, will
rather contemplate the post-aesthetic validity of its desecration as
an act of reassertion of the self and being—in this case that of
Mexican identity—through Heidegger’s own writings. Therefore,
this research will not only revisit the history of the memorial itself
to understand its contradictory origins and significance, but contrast
3 As Heidegger himself would say in his defense of art as an ontological
tool: “The essential nature of art would then be this: the setting-itself-to-work
of the truth of beings. Yet until now art has had to do with the beautiful and
with beauty—not with truth” (Heidegger, 2002: 16)

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it along with post-aesthetic concepts that might lead us to understand how this memorial, along with any art of the State, has become
susceptible to be actualized when they turn into a Leerraumkunst or
empty art; be it through preservation, as Heidegger envisions, but
also through intervention—a concept he never considered but will
be grounded in his philosophical reflections on creation and preservation, as they both actualize the being across history. In this
way we aim to cross the phenomenological bridge that allows us to
move from an interpretation of a particular work of art or historical
action—the feminist intervention—into an ontological truth that
concerns other interventions into the art of the State.
However, this study sets itself aside of the discussion of
Heideggerian aesthetics (or anti-aesthetics),4 and rather takes on an
approach based upon his famous essay The Origin of the Works of
Art, for which artworks shape and express our historical reality while considering the concept of “preservation” through interaction as
a new origin for the artwork.5 Only through such a post-aesthetic
thinking can we recognize art’s true purpose, helping us understand
4 Through his “Afterword” (late 1930’s) and later “Addendum”(1957) to “The
Origin of the Work of Art”, Heidegger criticizes the modern aesthetic focus
into the beauty of an artwork rather than its potential to create history through
the confrontation of beings with ontological truths of themselves and their realities. Therefore, the philosopher called for its surpassing in what has been
called by posterior thinkers, such as Lan Thomson, post-aesthethics.
5 “The Origin of the Work of Art”, is the essential source to understand the
philosophers attempt to overcome aesthetics through an understanding of the
work of art in relationship to history. Delivered repeatedly between 1935 and 1936,
the essay was held closely by Heidegger himself who added an “Afterword”
in the late 30’s and a further “Addendum” in 1957, making us believe in the
continued importance of his conclusions through his lifetime. Please refer to,
Heidegger, M. (2002). The Origin of the Work of Art. In J. Young &amp; K. Haynes,
Heidegger:Off the Beaten Track. Cambridge University Press.
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�Nínive Vargas / “It´s not art…”

the inconspicuous way in which its creation and further contact with
the work of art—be it as an act of conservation or intervention—
unveils the truth of the artwork and actualizes its essence within
history. Furthermore, as we concern ourselves with the notion of
art, we will inevitably deal with the concept of Dasein or being, Raum
or space (both as presence and absence), and history, and thus, his
foundational work Being and Time would be attentively held in this
study, alongside his late-life lecture of Kunst und Raum where all the
aforementioned concepts will be joined. Finally, while this exercise
emphasizes upon the intervention to the Monument of Independence,
the truth uncovered could apply to any historical art produced by
the State. As we will come to see, such works expressly depend on
their interaction among beings as to gain meaning, and not through
their pristine existence without any connection to its surrounding
context.
Emptiness within Presence: Understanding the Leerraumkunst
In ages past the vandalization or damage of a monument, especially one pertaining to the image a figure of authority, would have
had the perpetrator executed or heavily penalized. As mentioned
by Gabriel Paleotti, the statue acted as a replica or extension of
the persona, therefore wounding its image was a crime tantamount
to hurting the person itself, and so a crime of lèse-majesté.6 Nevertheless, the Angel of Independence, as we will explore in our next
section, does not stand in for a figure of authority but as an unclear
commemoration of Mexico’s Independence from Spain—while still
6 Paleotti, G., McCuaig, W., &amp; Prodi, P. (2012). Discourse on sacred and
profane images (191-201). Getty Publications.

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being constructed by the implementation of iconography from Imperial Rome along with other European models of remembrance.
Furthermore, its construction was consistently attempted to glorify and serve authoritarian leaders in Mexican history and not as a
genuine celebration of the liberation of European interventionism.
Thus, in the contradiction of its own existence in accordance with
its ‘intended’ essence other rules might apply to its desecration and
the intervention done upon its plastic presence.
Grounded on Heideggerian metaphysics, when monuments
and statues become empty of meaning they lend themselves to be
rethought. Not as a defect, but rather as an opening; being that truth
can only exist within the possibility of an unveiling and meaning can
only be obtained where there is an empty space to project it into. As
said in Kunst und Raum, “Emptiness is not nothing. It is also no deficiency. In sculptural embodiment, emptiness plays in the manner
of a seeking-projecting instituting of places” (Heidegger, 1969: 7).
This nothing will come to be as the mouth in the Genesis in Judaic
thought that suddenly opened, and sound was born; as it is from the
silence that everything emerges. Heidegger says, “Does truth arise
out of nothing? It does indeed, if by nothing is meant the mere not
of beings ” (Heidegger, 2002: 44). This sort of reflection is made
explicit with his early phenomenological analysis of Van Gogh’s
representation of a pair of tough farmer’s shoes, in which he would
emphasize the nothingness surrounding it as the space in which
meaning is projected. Heidegger says, “There is nothing surrounding this pair of shoes to which and within which they could belong;
only an undefined space. […] A pair of peasant’s shoes and nothing
more. And yet. From out of the opening of the well-worn shoes the
toil of the worker’s tread stares forth” (Heidegger, 2002: 14). In his
Introduction to Metaphysics, the philosopher examines once again the
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painting, and delves even further into the nothing that it contains
along with the potency that that fact encompasses.7 As he says, “The
picture really represents nothing [Das Bild stellt eigentlich nichts dar].
Yet, what is there, with that you are immediately alone, as if on a
late autumn evening, when the last potato fires have burned out, you
yourself were heading wearily home from the field with your hoe”
(Heidegger, 2002: 37-38). For Heidegger, this visible “nothingness”
exists as an entity and not merely a no-thing or no-being at all; after all,
the concept of emptiness, by embodying itself through art as a medium, comes to being. For the philosopher, the encounter with the
void conditions our experience rendering us able to project our Dasein within the painting and uncover an ontological truth of the self.
It is from the experience of nothingness where beings can come
to inhabit an artwork, and thus create an act of historical meaning.
Accordingly, with the dilution of significance and within the
absence of truth, we might be in need of a new term to describe
such state when it comes to inhabit the artworks from within for
which Leerraumkunst, being ‘art of emptiness’ or ‘empty art’ could
be of service. Building upon Heidegger’s concept of Raum, the term
allows to convey both the temporal displacement suffered by the
monument, along with it becoming devoid of meaning while bringing forth an opportunity to be actualized. Furthermore, the term
let us rehabilitate Heidegger’s colonial gaze, not as an ‘art of space’
(Raumkunst) but rather ‘an art of emptied space’ as Leerraumkunst
exists as literally “vacuum art”.8 It is then that when form and con7 Please refer to Heidegger, M. (2000). Introduction to Metaphysics. Yale
Nota Bene.
8 Leerraum also brings forth other sorts of associations such as Leerraum
a space that has been emptied through an act of aggression, be it genocide or

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tent, intent and existence, coming-into-being and actual being occurs in a state of self-contradiction, and the artwork comes close
to the nullification of its essence creating a condition of voidness,
it becomes subject to being resignified; as the basket that has been
cleared in Heideggerian thought, and it is within this emptiness that
it holds potency of carrying fruit once again.9 Therefore, the Leerraumkunst exists as formed matter whose being has become devoid
of meaning and is essentially contested through its own history or
conflicting relation to its contemporaneity for which the art of the
State, due to the ever-changing waters of time and political power, is
more susceptible to fall into. If art is truth made manifest, in the Leerraumkunst the essence of the work will not abide to the occurrence
of truth, informed by its political purpose along with its manner
of interaction with the people of its contemporaneity. This is why
we must emphasize its relationship to this sort of art, and not any
simple artistic creation, as it should inherently belong to the people
that conform it, along with an understanding that this condition of
emptiness tends to occur within this category of art as a more palpable phenomena as it is a being existing through time connected to
the ever-changing identity of a Nation. After all, art is the “Being of
Beings”. 10 Thus, this emptiness should be understood not as a fault,
but rather a condition that brings forth an opportunity.
complete nullification.
9 “To empty the collected fruit in a basket means: To prepare for them this
place.” Heidegger. 1969
10 Heidegger refers to it as such both in in his Introduction to Metaphysics
(p.38), as well as in The Origin of Art. A similar discussion of art as an entity is
developed in Die Kunst und der Raum.
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While Meyer Shapiro saw this self-projection into the nothing as a fault of Heidegger’s interpretation—a vision contemporary commentators do not share—when applied to the art of the
state, this act of projection of the self becomes essential as to position an artwork within its contemporaneity, and thus, in history.
11
Thus, in this developed concept of space, both as presence but
also as the emptiness, such as the nothingness surrounding Van Gogh’s painting but that now inhabiting the artwork from within, is
what the Leerraumkunst conceptualizes. It is through its usage and
comprehension that we might come to understand how an act of
intervention done into a commission of the State, comes to be an
actualizing act upon the essence of the artwork. These new associations will make themselves clearer once we immerse in a brief
exercise of historiography using the “Monument of Independence”
as our object of study, along with its intervention, as to understand
how the memorial since its inception was ultimately created for the
glorification of authoritarian figures within the nation, and not for
the combatants of Independence or the inhabitants of such state.
Thus, its name and identity, along with its chosen iconography and
placement—and displacement from “El Zocalo” to the promenade
of Reforma—, generated a void in which the women of Mexico
could activate the monument, imprinting meaning upon the already
existent vacuum.

11 Please refer to Meyer Schapiro, “The Still Life as a Personal Object – A
Note on Heidegger and van Gogh (1968),” in Schapiro, M. (1994). Theory and
philosophy of art. George Braziller. For a critic into his view, please refer to the
third chapter in Thomson, I. (2012). Heidegger, art, and postmodernity. Cambridge University Press.

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A Conflicting History: The Creation of the Vacuum 12
Once the fight for sovereignty had been won, the ever-changing
governments of the Mexican territory considered building a monument in the Plaza de Armas that would commemorate Mexico’s
independence from Spain. This strategic location not only represented the heart of the colonial cosmos, but also the center of the
Aztec empire, marking itself as a ‘lieux de memoire’, a place where
the society could rally around to assert a common past.13 The creation of an identitarian monument following the experience of the
war, fell in line with an artistic trend firmly established in Europe;14
and so, between 1821 and 1843 several competitions were called but
the project never came to fruition due to the constant conditions of
political instability (Martínez Assad, 2005: 13). However, after the
loss of the territory of Texas in 1836, the fraught experience of the
first French Intervention in 1839, and the increasing tensions with
the American government that anticipated a bigger conflict on the
horizon, Mexico finally decided upon the building of a war monument in Mexico’s main square that would help serve as a reminder
12 This historiographical study is made possible due to the extraordinary
research of Martinez Assad, C. (2005). La patria en el Paseo de la Reforma.
Universidad Nacional Autónoma de México.
13 The term was developed by Nora, Pierre (1997) Realms Of Memory.
Rethinking The French Past.. New York, NY: Columbia Univ. Press and was
found in Rausch, H. (2007). The Nation as a Community Born of War? Symbolic
Strategies and Popular Reception of Public Statues in Late Nineteenth-Century
Western European Capitals. European Review Of History: Revue Européenne
D’histoire, 14(1), 73-101.
14 Please refer to Rausch, Helke (2007) “The Nation As A Community Born
Of War? Symbolic Strategies And Popular Reception Of Public Statues In Late
Nineteenth-Century Western European Capitals”.
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of Mexico’s unification within the increasingly unstable geopolitical
situation. And thus, this monument could stand as a symbol of a
novel republican consensus on political organization as well as a
connection to the building of a new state with a self-defined identity apart from Spain; as the Mexican needed not only to project a
coherent identity to the nations abroad, but also render it visible to
its own citizens who had been continuously hit by foreign entities.
Therefore, by 1843 the Mexican President Antonio López
de Santa Anna—the same man that had signed for Texas’s Independence in 1836 and who had tackled the first French Intervention—
convoked an art contest with the support of the former Royal Academy of Arts of San Carlos. Be it as strategy to help consolidate his
decaying authoritarian image, or as a message of union in a clearly
divided political panorama, he led the efforts for the creation of
the artwork.15 As part of the endeavor, he formulated a series of
requirements for the monument, which will impact and remain into
the final design of 1910. Conforming to his petitions, an honorary
column with a minimum height of 42 m, topped by a statue of Victory, among other requests for the pedestal were established.16 This
structure was meant to act on direct referentiality to the July Column,
15 As part of the design of the column contemplated the inclusion of three
scenes that enhanced the persona of Santa Anna in correlation with the creation
of the Mexican state: el Grito de Dolores, Mexico’s first call for independence;
the triumphant entry of the “Ejercito Trigarante” into Mexico City, marking
the beginning of Independence; and finally, the battle of Pueblo Viejo, a minor
struggle that happened in Tampico for which Santa Anna was responsible for
its victory.
16 At the base of the column the pedestal was meant to be adorned with
statues and bas-reliefs, that would be surrounded by a fence and other minor
statues that would adorn the square as to create a monument within an artificial
public square inside the Plaza the Armas.

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a European monument located in Paris commemorating the French
Revolution. And while the election of its design might have responded to the overall taste for French culture that existed among the
population,17 as well as the increasing influence of that said culture
in Mexico’s ruling classes,18 it was certainly an odd choice considering the Napoleonic intervention that had occurred some years
prior, and the supposed intent of the war monument to commemorate its independence from the European forces.19 By September of
1843, in the frame of national celebrations, the first stone was laid in
the Plaza de Armas. However, when roughly a meter and a half of
the pedestal, or ‘zocalo’, had been constructed the project was abandoned for lack of resources aimed toward its erection (Martínez
Assad, 2005: 13-23). This ‘zocalo’, now long lost, ended up granting
its nickname to the Plaza de Armas now known as “El Zócalo”.20
17 “Las modas y usos franceses han dado tono a la sociedad mexicana
que estaba muy dispuesta a recibirlos, por la conformidad con los que habian
cimentado la educación dada por los españoles que en ésta, como en todas materias, reciben cuanto les viene del otro lado de los Pirineos” (Luis Mora [1836]
in Flores, Torres, 2003: 111).
18 About a third of the population in Mexico City, as well as an important majority of the ruling class, was supposed to have been French or Italian
speakers at the time. As stated by one of Mexico’s first historians José Luis
Mora: “La inteligencia y uso de los idiomas cultos de la Europa, lo mismo que
el gusto y conocimiento por su literatura clásica, son ya demasiado comunes
en México, antes de la Independencia pocos entendían y menos hablaban el
francés, en el día es un ramo necesario de educación; y muy pocos o ninguno
de los que constituyen la generación que va reemplazando a la actual dejarán
de poseer este idioma” (104).
19 Let us be reminded that the first intent of Independence wasn’t even
from Spain itself but from the French intervention in the Spanish territories,
recognizing Ferdinand VII as the only true monarch of New Spain, and not
José Bonaparte who had been appointed by Napoleon to lead Spain.
20 This name has had such an influence in Mexican culture that the word
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The second serious attempt in the construction of the monument will fall once again in the hands of authoritarian figures, but
now from European origin. On September 16, 1865, during the Second Mexican Empire—a monarchy established by the French, with
an Austrian leader, made to restrain the growing power of the United
States—, the new founding stone laid by Empress Carlota was set.
The production of this artwork celebrating Independence, but now
being done by an interventionist force, responded to the need of
unifying the country’s morale through the appointment of a common enemy for both the French and Mexican culture: the Spanish.
However, it will prove to be unsuccessful owing to the fall of the
Empire some years later (Martínez Assad, 2005: 23-32). And so, with
this second attempt, any actual individual that would have participated in the Independence would have been long deceased before the
third and final successful attempt would have been realized.
By the end of the XIX century, a series of real estate developments aimed towards the high class in Mexico City began to
develop in the Paseo de la Reforma. These exclusive neighborhoods
needed public art that would justify its elevated cost of living, therefore the promenade needed to be beautified by statues of heroes,
cobbled sidewalks, groves, and ultimately one of Mexico’s most important public artwork, the long-planned Monument of Independence
(Martínez Assad, 2005: 33-76). And so, its intended original location
in the axis of popular gathering—along with the association that it
entailed— was foregone in favor of this great project of re-urbanization. In regard to its design, in 1884, an international contest
was convened and the American firm Cluzz and Shultze, based on
has come to signify public square.

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Washington D.C., was the winner for the project. But, as it became
temporary postponed, the firm sold its rights to the Mexican government (Martínez Assad, 2005: 77-98).
Therefore, in 1910, 100 years after the Independence, the
monument was finally inaugurated: miles away from its original location, now with a more urbanistic purpose, and maintaining the
European influence on its design that had existed since its inception. However, there weren’t any of the associations to the past before colonial rule, other than a small eagle in one of the sides of the
pedestal, alongside a snakeskin surrounding the base of the column.
Furthermore, more than celebration of Independence from foreign
influence the monument served as a testimony of the power of
the reigning leader, the general Porfirio Diaz who had been leading
the nation for the last 35 years, and who was a known francophile
and lover of European culture himself. Attesting to this fact was
not only the Winged Victory who was based in the small statue of
Victory held by Athena in the Pont Alexandre III in Paris, alongside
phrygian caps in the interior of the monument, but the inclusion
of other questionable symbols through the bas-relief in its pedestal
with figures such as the shield of Medusa, a battle baton with the
initials SPQR, along with other Roman imperial motifs that appear
everywhere throughout the monument. A plausible artistic liberty
taken by the Italian Enrique Alciati, as he was in charge for the
sculptures and bas-reliefs of the memorial. Therefore, the monument acted symbolically as a continuation and celebration—as well
as a house-warming gift—for the European-descending oligarchy
that had come to live and govern in Mexico, along with the commemoration of power being held by Porfirio Diaz, a man with the
uncontested authority of an emperor.
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Years later, once the Mexican Revolution had been won, but
a new authoritarian leader had been established in the period known
as Maximato, the monument will be twice intervened by the standing presidents under the orders of the “Jefe Máximo”, or Supreme
Leader, Plutarco Elias Calles. The first intervention will occur in
1923, with the creation of three niches to house the remains of
the heroes of Independence, further transforming the monument
which was now being converted into a mausoleum (Martínez Assad,
2005: 99-115). And, in 1929 the last modification will occur with the
addition of a niche to add a votive gas lamp with clear pre-Hispanic
style which was meant to be kept always aflame (Martínez Assad,
2005: 115-126). The heavy design of the lamp greatly contrasted
with the rest of the monument, making it stand as the only direct
allusion to a more “authentic” pre-colonial identity, in a sea of European symbols.
Both of these interventions can be interpreted as an attempt
of the current power to appropriate the monument into a symbol
of the—short-lived—glory of the Maximato, as well as a venture
for a more profound connection with the Mexican identity by sacralizing the space through its usage as a mausoleum, along with the
nascent pride of the pre-Hispanic past, palpable within the art of
the beginning of the century. Nevertheless, this endeavor will prove
unsuccessful with time, as the monument became an urban landmark rather than a space of reverence. Categorically, throughout its
history, the monument of Independence has acted as an exercise of
self-reassertion of power rather than identity or being, what is left
then appears merely as a simulacrum of the truth. At least, until the
reactivation of the memorial through the historical feminist inter162

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vention.
“It’s not Art, It’s State”: Rethinking the Feminist Intervention
The female motto inscribed upon the pedestal, “It’s not art; It’s state” can speak to us about the desacralization that this monument
has suffered throughout the years, as well as its difficulty to install itself as an actual reassertion of Mexican identity. However, the
disconnection from the general population has existed prior to the
protest, as well as the need to implement meaning upon it through
acts of ‘non-apparent’ intervention. It is only natural, as Koselleck
mentions in The Practice of Conceptual History, numerous memorials
have fallen into oblivion, and if they are maintained and visited, it is
rarely done to reassert their original political sense (Koselleck, 2011:
324). Attesting to this, nowadays the monument is widely experienced as a desacralized landmark meant for any type of social gathering, ranging from wild football celebrations, quinceañera photoshoot
locations and even a site for Mexico’s Fashion Week. Following the
Heideggerian critique of modern aesthetics, the monument stands
only for its ‘beauty’ and not within a real interaction that withholds
the meaning of Independence, or at least a memorial to the death
that holding within.
As this war monument tried to become an icon that would
celebrate the Mexican Independence from foreign European intervention, and that would therefore assert national identity, it did so
through the appropriation of European symbols that didn’t necessarily connect with the iconographical language of the Mexican population. Corroborating this fact, the Victory has had the need to
be rethought into ideas that pertain to Mexican visual culture, transDOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-6

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forming itself from a winged Greco-Roman Victory into a Christian angel to create an actual connection with the core beliefs of
the population. Furthermore, the exclusion of the Roman inspired
figures in the collective memory existed even before the feminist
intervention, as the elimination of these components is so patent
in Mexican visual culture that the majority of pictures displaying
the monument, as well as the visual propaganda, mostly included
the column and the Victory, or just the pagan icon, nullifying the
rest of the structure. The monument has even been renamed in the
collective memory from “Monumento de la Independencia” to the
interpretation of the figure at its top, the “Angel de la Independencia”, or just “El Ángel”, its most distinguishable figure (if it were an
angel). These proceedings could in themselves be interpreted as acts
of intervention upon the “pure” identity of the moment, an inevitable phenomenon within this storm of circumvoluted meaning. Ultimately, the monument has been understood and interacted with as
if it were empty of meaning and reverence long before the historical
feminist intervention, so much so, that most of the structure has
had the need to be rethought from a mausoleum to a landmark, and
its pagan iconography and name converted into Christianity. Again,
not as a fault but simply as the phenomena of the Leerraumkunst at
work, as the art of the State needs to resonate within the people that
it comes to represent, and it is only natural that the being will strive
as to implement meaning upon its world.
Most importantly, alongside its resignification, the pagan
icon has suffered from the asexualization that comes from the
change of identity in the Spanish language, as it has been trans164

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formed from the female winged Victory, or “la Victoria alada”, into
an asexual or even male angel by naming it “el ángel”. Moreover,
even if we didn’t pay any regard into the gender change through language, we can just refer ourselves to its iconology, as Victories tend
to be female, while angels are generally asexual or male-presenting.
Furthermore, the intervention that occurred in the monument was
a dire reminder of the empty symbolism and political implications
that any female allegorical statue contains at its core. As mentioned
by Warner, while female figures are often used to represent abstract
concepts such as liberty, justice, or victory, their gendered form only
serves as an aesthetic choice but not one that actually permeates reality, as women will be often disadvantaged in the claims on liberty,
victory, or justice (Warner, 1985: 17). Thus, “interventionist” acts
upon the identity and into the emptiness carried within the monument had existed prior to the feminist involvement, what is singular
about this historic event is that for the first time since its inception
the monument actually pertained to a being reminiscent of a contestatory memorial that actually celebrated Mexican identity from
an oppressive authority, thus, a true Monument of Independence.
Most significantly, it will be through the usage of symbols and poetic hymns that actually pertain to national culture.
Attesting to this phenomenon, during the Feminist intervention on the monument, while the pedestal and its Europeanized
bas-relief were completely covered and nullified by feminist mottos,
the eagle at the entrance of the monument was colored with pink
painting, respecting and highlighting the outline and the figure itself in an act of hergestellt or setting forth. As Heidegger would say,
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“when a work is brought forth, out of this or that work-material—
stone, wood, metal, color, language, tone—we say that it is made, set
forth [hergestellt] out of it” (Heidegger, 2002: 23). Therefore, the
symbol was reappropriated but not negated or nullified as the rest
of the monument’s pedestal. It was rather emphasized—a meaningful action that speaks not only to the recognition of a common
identity, but to a rejection of the other symbols. In addition, the Europeanized bas-relief acted as an ‘empty’ canvas for poetic intervention, demonstrated through their covering in mottos that nullified
and blocked the view of any iconography while stressing the cries
for justice and dispute against the State. Through the addition of
mottos, alongside the emphasis of the eagle, the work of art started
to make itself anew, while underlining the condition of emptiness
of representation being held not only throughout the pedestal, but
within the walls of the monument itself.
In addition, pictures of the desacralized monument
went around social media with a modified stanza of the Mexican
anthem: “Y tus templos, palacios y torres se derrumben con hórrido estruendo, Y sus ruinas existan diciendo: de mil heroínas la patria
aquí fue.” Or may your temples, palaces, and towers collapse with
horrid clamor, and may their ruins continue on, saying: of one thousand she-roes, here the Motherland was. For the first time since its inception the monument was effectively reaffirming the self, through
elements of poetry and art pertaining established Mexican identity
and framing it through the use of female citizen action; instead of
existing as a monument reaffirming authoritarianism or European
intervention, with the usage of a language—both visual and written—unrecognizable to the nationals. Therefore, this act of namely
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‘creative destruction’ done to the unmistakably Europeanly inspired
monument acted then as the reaffirmation of the self. This was both
an act of independence and the creation of an artwork. As “whenever art happens, whenever that is, there is a beginning, a thrust enters history and history either begins or resumes […] History is the
transporting of people into its appointed task (Aufgegebenes) as the
entry into its endowment (Mitgegebenes)” (Heidegger, 2002: 49).
Art in itself is origin, as Heidegger discussed, and a distinctive way
in which truth manifests itself. The monument covered in mantras,
was as much—or even more—than was existent beforehand, or the
pristine monument that now stands thereafter. As said by Heidegger, when analyzing Hegel’s conception of time and spirit, the progress of the spirit in history carries within a principle of exclusion,
which is meant to surpass the former being (Heidegger, 2021: 467).
As the philosopher would later criticize, if works are to be presented
and enjoyed merely as ‘art’, that is for their beauty, then, it is not yet
established that they actually stand in essence as real works of art
(Heidegger, 2002: 42).
In this act of seeming violence the setting-into-work of the
monument’s intended essence came to be, and thus transformed
itself into art through a process of nullification, that existed in
simultaneity as an act of creation and restoration of essence (2002:
47). As Heidegger would say, “for a work [of art] actually is a work
when we transport ourselves out of the habitual and into what is
opened up by the work so as to bring our essence itself to take a
stand within the truth of beings” (2002: 47). If it is only through
strife that truth might be born, the pink highlighting of the figure
manifests that identitarian conflict, along with its resolution and
coming-to-being of this renewed graffiti covered monument that
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brought itself into a more genuine understanding of contemporaneity. Furthermore, the response of society as to contextualize
it within the national hymn, along with evocative photographs of
the event, created the Mexican Gesamkuntswerk or the total artwork,
even if it was short-lived. This temporary work of art, came to
be aligned with the intended true essence of the memorial along
with the historical reality faced not only by these women, but any
other civilian standing within a position of helplessness and anyone who must face a systemically oppressive system; thus, this action
constructed a genuine artwork that reflects upon the concept of
Independence and contextualized to Mexican motifs, maybe for
the first time since its inception. Desecration suddenly becomes art
creation.
As Thomson compiles in Heidegger, Art, and Postmodernity
(2011), art according to the Heidegger should first give to things
their look, that is, they help establish an historical community’s
implicit sense of what things are in essence, but most importantly
“they give ‘to humanity their outlook on themselves,’ that is, they
also help shape an historical community’s implicit sense of what
truly matters in life (and so also what does not), which lives are most
(or least) worth living, which actions are noble (or base), what
in the community’s traditions most deserves to be preserved (or
forgotten), and so on.” (Thomsom, 2012: 43). The encounter with
the work of art confronts us with the unveiling of a truth for the
individual. Art seen through a post-aesthetic’s lens, should convey
to the community the necessary truths for a more engaged existence within its contemporaneity, while implicitly understanding
himself further through the light of this artwork. As Heidegger
would say, “in the [art]work, the happening of truth is at work”
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(Heidegger, 2002:19). Art, and great art, is capable of setting the
wheels of history into motion, transforming the understanding of
our world and place within it, “Whenever art happens – that is,
when there is a beginning – a push [Stoß] enters history, and history either starts up or starts again”(2002: 49) As said by Heidegger,
“Art is history in the essential sense: it is the grounding of history”
(2002:49).
Finally, as Koselleck mentions, war memorials not only commemorate the dead, but also compensate by rendering survival meaningful (2011: 287). This holds especially true in a country where femicides exist as a looming threat. While the monument as any other
combat memorial, stands as a reminder of the maxim mortui viventes
obligant (the living are obliged to the dead), the feminist intervention is a reminder that the living are also obliged to the living. And
every woman that conveyed that day, was a survivor of the systemic
violence and exists in confrontation to her own plausible death. In
regard to the concept being, the Dasein is incapable of withstanding
the possibility of its death (Heidegger, 2021: 274). The feminist intervention then also acts as an explicit manifestation of the being
trying to dodge its own finite existence, as it is intended (2021: 278).
The reminder and anguish expressed through the slogans of “Estado feminicida” (Feminicide State), set up a theme that was indeed
befitting of the mausoleum existent within the monument and gave
a more profound reflection on death than the usual gatherings that
occur within the memorial since its origin. Through this cumulative
set of actions is that the artwork suddenly became anew, actualizing
itself within history and bringing forth a more profound understanding of both beings within their contemporaneity.
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�Nínive Vargas / “It´s not art…”

From Intervention to Restoration: Crossing the Ontological
Bridge
This research has throughout referred to the activists’ demonstrations in the monument as interventions, rather than vandalizations.
However, we can go even further and understand it as an act parallel
to the concept of “preservation” that Heidegger examined and pursued within his post-aesthetics. This discussion will let us cross the
bridge from the singularity of this historical event into an ontological truth that might question the mindless sacralization of the art of
the State, along with aiding in any future argumentation regarding
its intervention. As it has been claimed, the legitimacy and artistic
value of an art intervention may vary, depending on the perception
and the standpoint of the viewer. The following statement, entitled
Stuckism Handy Guide to the Artworld (2011), presented in the Tate
Museum in London, is an interesting take on this discussion:
An act by an individual which interferes with an existing artwork
is termed an “intervention” and the individual termed an “artist”
if they are endorsed by a Tate curator or are dead. The same, or
similar, act by an individual interfering with the same artwork (or
even interfering with the interference to the artwork), if they are
alive and are not endorsed by a Tate curator, is termed “vandalism”, and the individual termed a “criminal”.

Aside from our own individual motivations, we need to
accept that the interaction with the monument gave it emotional
and political value parallel to its intended essence, where before laid
mainly its aesthetic worth and a (mostly unknown) contradicting
history. As mentioned, while Heidegger didn’t contemplate the con170

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cept of intervention, when existent within the Leerraumkunst it is
tantamount to his idea of preservation, as it creates meaning and
historical significance were beforehand the artwork stood as empty.
In no moment preservation, as discussed by Heidegger, resembles its common usage as the maintenance of appearance, but
rather focuses on the interaction of beings across time along with
a return to their historicity. What the philosopher actually tells us is
that the act of preservation is as much of a genesis, as the creation
of the artwork itself and dependent of such.21 Just as a work cannot
exist without being created and creators, “so what has come-to-being cannot also exist without preservers” (Heidegger, 2002: 40).
This notion of art preservation might become more complicated
within the framework of any art produced to honor the State, as it
has a diverse group of owners with an equally shifting set of political ideas. However, if we focus our attention into art’s intended
purpose to bring us back to this “engaged level of existence”, and
how our experience with it must exist within the un-concealment
of truth among beings, when falling into the Leerraumkunst, intervention becomes the only action akin to preservation. As said by
Heidegger, “Preservation of the work does not individualize human beings down to their experience but rather, brings them into
a belonging to the truth that happens in the work. By doing it, it
founds their being-with-one-another as the historical standing out
of human existence. Beings from out of the relation to the unconcealment [of truth]” (2002: 41). When art exists within a state of
disconnection with is contemporaneity it is only through the inte21 As said by Heidegger, “It is not only the creation of the work that is
poetic; equally poetic is the preservation of the work” (2002: 47).
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�Nínive Vargas / “It´s not art…”

raction of beings that truth can be produced once again. However,
who is to decide who is allowed to preserve the monument and its
intended manner of preservation? The philosopher establishes that
the correct form is set to be decided in accordance with the subjects
of its contemporaneity and the artwork in itself; as “the manner of
proper preservation of the work is created and prefigured for us
only and exclusively by the work itself ” (2002: 42). Thus within this
set of ideas, is that the notion of intervention can exist as preservation, being that ultimately preservation comes to be defined by its
power to become origin, its meant virtue of providing an interaction among beings, and it is permanently open to interpretation as
who is to interact with it and its intended manner.
Monuments, as any other creation, are vulnerable to be redefined. As authorities attempted to build a monument attesting to
“Mexican identity” in the Monumento a la Independencia, it is within
its own desacralization that we have come to find an actual assertion of Mexican identity. It is through the actualization of beings
through intervention where the truly poeticizing projection in “the
opening up of that in which human existence [Dasein], as historical,
is already thrown [geworfen].” Therefore, it will be through these
and other interventionist acts where we are able to reconsider the
history of our monuments, as well as the inherent state of emptiness in which they exist when they do not interact with contemporaneity in a historical way. Furthermore, it invites us to strive instead in the construction of meaning through active interaction that
understands any artwork as a being, susceptible to falling into the
voidness of the Leerraumkunst; while also, through this condition,
opening the possibility of actualizing itself through history. While
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the origin of the Monument of Independence had always been associated
with the reassertion of authoritarian figures of power, by an act of
“poetic annulment” and “destructive creation”, the monument then
re-emerged and was “preserved” as a work of art, that while being
temporary it was no less meaningful in its demonstration of a true
essence of Independence, as well as a landmark of resistance within
the political panorama.
Heidegger’s postmodern hope is that we come to understand art as a medium to encounter the truths of our own beings,
and thus we cannot preconceive and assume any work posing as art
as an artwork, and we should rather strive for creations that bring
forth the truth of beings. However, when encountered with art that
time has been rendered empty, as in the Leerraumkunst, interaction
through intervention comes to be a possibility that lets us transition from a modern world where meaning-bestowing subjects stand
against an objective world, into a world where beings bestow meaning into the world while aiming to generate another being that will
return to them and their community a sense of historicity through
the unveiling of truth. It is then that intervention can become preservation and a new beginning within history. Never forgetting that
meaning is produced through the collaboration of beings, rather
than vehement acts of mindless sacralization. Meanwhile, we are
convoked to constantly question ourselves of the works that come
to inhabit our world as art, especially when pertaining creations assumed to commemorate the State, its inhabitants, and their history.
If we are meant to cultivate memory, let it be through a careful observation of the tempests and emptiness that comes to inhabits all
beings within the waters of time.
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173

�Nínive Vargas / “It´s not art…”

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DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-6

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�Notas
Humanitas, vol. 1, núm. 1, 2021

Creación y memoria
Coral Aguirre
Fecha de entrega. 7-2-2021 / Fecha de aceptación: 9-5-2021

Qué impulsó a nuestros antepasados a levantar esas piedras informes la mayoría de las veces y sin embargo cargadas de algo misterioso que no sabemos cómo calificar. Esos dólmenes, esos menhires y
tantos túmulos. Me he plantado frente a ellas con la rara sensación
de rozar el infinito. Piedras albatros, donde su asentamiento en la
tierra las hace torpes y ajenas a este tiempo de hoy en que reinan
no las mariposas sino los artefactos, feos artefactos cuadrados, rectangulares, opacos. Ellas, las piedras no me remiten al simulacro de
la vida, a la prótesis en que los humanos hemos venido a parar. Me
acercan a la Muerte. Muerte con mayúscula, Muerte de persistencia,
Muerte rotunda hecha de granito y laja, mármol y obsidiana. Porque
ellas se levantan, se levantaron para eso, a causa de la Muerte, para
honrarla, para retrotraerla de tal modo que los rostros que esconden
no pudieran ser olvidados.
Nuestra primera creación no es a causa del juego ni del ocio,
ni por hacer cualquier cosa bonita que nos entretuviera del miedo o
del frío. Nuestro impulso estético viene de la Muerte. De la Muerte
de quienes amamos y no queremos olvidar. Las piedras acumuladas
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�Coral Aguirre / Creación y memoria

de todos los sitios del mundo, en todos los rincones de la tierra,
esos torpes amontonamientos pedregosos que uno ve al borde de
los caminos y los senderos, en la profundidad del bosque y en las
colinas y las costas, significa la ausente presencia de alguien que fue
amado por su clan, o su familia o su amante o sus hijos. Se prolijeó el
hombre al hacerlos, acuñó recursos, reflexionó con las manos, soñó
lo imposible: el lento regreso de los seres queridos. Acaso entonces
levantó un altar con las mismas piedras que señalaban la pérdida
para procurarse el vuelo de la esperanza, de los milagros, del eterno
retorno. Entonces la muerte creó los primeros dioses con las caras
de lo que habían partido inexplicablemente.
Luego de la acumulación de piedras llegaron los primeros
monumentos, toscos e informes, representaban a algún valiente, a
algún padre comunitario, algún defensor del clan y su tierra, que
había sido amado por su pueblo o sus huestes, o tal vez temido. Antes, los tiempos habían grabado manos en todas las cuevas. Manos,
dedos, palmas, huellas de la existencia de un aliento que estuvo allí
y deja su marca. Mucho después la primera pintura que denunciaba
una cara, significó también, aunque no lo advirtamos, un perfil en
particular, el hálito de un ser que quedó grabado a causa de un contorno y unos colores. El retrato fue alguna vez sólo la recuperación
de ese hálito que se había agotado.
Es verdad que en el principio todos los retratos se parecían,
todas las esculturas se parecían; sin embargo, estaban encarnando
la diversidad de seres humanos que hubieron de ser amados y cuya
partida había producido tal desolación como para querer retenerlos
a través de unos rasgos grabados, que implicaban todos los rasgos
de la tribu, y que por eso mismo, para sus herederos, era único e
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�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

inconfundible.
Vale decir la obra de arte nace a causa de la Muerte. Como
forma de retener lo que se ha perdido. Será después cuando lleguen
las palabras que iluminarán las arenas y los matorrales y cubrirán
de vida el páramo o el valle que alguna vez fue habitado como si
fuera el jardín de las delicias. Piedras, pigmentos, yesos, monumentos, manos y rostros grabados, y por fin la palabra iluminando sus
contornos, son la conciencia que hay un más allá de “el gran universo oscuro del que la literatura puede definir sólo una parte, lo más
cercano, reconociendo sin embargo que es parte de la noche general
circundante” según confiesa José Donoso en sus memorias.
A causa de la Muerte estoy hablando de la Memoria. Muerte y Memoria se entrelazan en una mórbida espiral inacabable. Me
atrevería a decir que todo el Arte es Memoria consentida o inconsciente. Pero la literatura… ¡ay la literatura! Esa recuperación de las
imágenes más allá del olvido. Ese empecinamiento del que escribe
en querer hacer del pasado el presente y proyectarlo más allá de él,
arrojándolo al futuro.
No obstante, lo que conmueve y agobia es que la mayoría
de nuestra literatura latinoamericana, pienso en la sureña particularmente, está hecha en el olvido. Quiero decir en el exilio que lleva a
ver lo que hemos perdido con una suerte de aura que nos propone
el ejercicio de la memoria como un juego de las escondidas. Está,
pero no está, es pero no es. Memoria que se va por las entretelas del
realismo mágico, que se pierde en las fronteras de los cuerpos libidinosos, que se arranca la cara en el momento del reconocimiento.
Los que nos fuimos de nuestra tierra, los que nos exiliamos,
apelamos a la memoria como si ella pudiera devolvernos un mundo
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�Coral Aguirre / Creación y memoria

que, desde nuestra partida, es infinitamente extraño. Muchos de nosotros nos pusimos a escribir, o mejor aún no podemos dejar de escribir porque somos marginales. En alguna parte tenemos que vivir
por cierto, entonces vivimos en la reconstrucción de mundos que
se nos han vuelto inaccesibles. Los de nuestra patria. Lo que fueron
nuestros, los que en el presente parecen añorarnos y sin embargo
uno llega, porque a veces uno llega, quiero decir regresa, con el oculto ánimo de reconocer y ser reconocido y ambos movimientos se
tergiversan, se trastocan, operan en sentido contrario y entonces lo
que es peor, uno sigue escribiendo de aquellos pagos en la propia
tierra o por el contrario en la tierra ajena que ahora es la suya tergiversando los datos, los nombres y retorciéndolos en este único lugar
que es el presente y que es el aquí. No sabe cuál, porque ya no los
reconoce y cree estar siempre en otra parte.
Sin embargo, se ha hecho la tarea, se ha puesto la memoria
en la proa y se han recuperado miles de leguas y de lenguas que
no tienen su lugar en el presente. El escritor ahíto de nostalgias ha
provisto a pesar de ello, el rostro que había partido. Se enseñorea
en los retratos de los desaparecidos, los idos, los perdidos, los que
no volverán. EL escritor, quien de alguna manera es siempre un
exiliado, atrapa al vuelo el aire de aquella pianola, el blue de aquel
bar, las puertas destrozadas de aquella universidad, los gritos de los
muchachos o la soledad de las mujeres viendo pelear a sus hombres, y toda la Muerte que ello conlleva se cifra en la letra que ha
sabido parir.
También el escritor exiliado o no respira por las ropas y las
modas, se aloja en las calles y su despilfarro, se acerca al transeúnte
común, ese que no pelea por nada sino por sobrevivir y de un trazo
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�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

lo perfila entero y nos lo regala como quien ofrece un caramelo a
un niño o una flor a una muchacha. Y así nos deja la memoria de lo
pueril y cotidiano, que también es memoria trascendente.
La memoria está presente en un cuadro de Orozco o de Izquierdo o de Herrán, como está presente en la fuente de Lola Mora
en la Universidad del Sur. La Memoria se pasea cabronamente por los
cuadros de Goya y se ampara detrás de la sabiduría popular de Sancho Panza. Esa Memoria que es alusión de la Muerte.
Memoria y Muerte, hermanitas gemelas que nos acompañan
desde que venimos a ser gente.

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�Notas
Humanitas, vol. 1, núm. 1, 2021

La voz y la armadura. Revisión de Armas y Letras
Andrea Gorgonia Treviño
Karina Lizeth Tirado Alcalá
Ana Patricia Torres Vázquez
Fecha de entrega: 21-2-2021 / Fecha de aceptación: 25-5-2021

Primeros ecos como escudo: La formación y contexto
histórico de Armas y Letras
Su nombre viene de la mediación y del equilibrio de dos acciones
diferentes: la que remite a la fuerza y lo práctico; y, por otra parte,
la que se enfoca al sentido y lo intelectual. La revista Armas y Letras
ha procurado, desde su nombre, ser un espacio de carácter íntegro
horaciano; un foro donde se medie el fondo y la forma y lo útil con
lo gustativo cuyo fin es instruir a quien se acerque a sus páginas.
Al ser una revista que ha buscado alcanzar cada capa social
en sus publicaciones, ha logrado irrumpir en el ámbito social, en un
contexto donde se ha ponderado la importancia de lo empresarial
y lo industrial en el noreste del país. Armas y Letras, con una autonomía que incita a la reflexión, se ha constituido como un medio
que trata, recibe y promueve las artes, la literatura y la cultura. Ha
sabido explorar un espacio, un tiempo y diversas perspectivas re185

�Ana Torres / La voz y la armadura

flexivas desde su nombre hasta la manera en que está constituida. La
emisión de su voz significó la creación y organización de un público
universitario interesado en las humanidades.
De acuerdo con los públicos y contrapúblicos, todo lector
se constituye a partir de su relación con un discurso y la manera
en que este circula. Esta relación ha sido vital para entender cómo
una revista ha logrado permanecer durante el paso del tiempo a lo
largo de 70 años de historia. En la medida en que dicha publicación
cambia y se adapta, su público lo hace también. Debido a la circulación y construcción de la revista, Armas y Letras ha promovido una
evolución histórica aun cuando su esencia horaciana se mantiene,
pues construyó un mundo poético en el cual el lector pudo formar
parte. Puede decirse que esta publicación ha entendido que escribir
para un público implica no solo dirigirse a él, alzar la voz y encontrar
a alguien que parara el eco, sino que debe moldear un espacio para
que funcione como punto de encuentro, espacio donde la difusión
y la crítica puedan coincidir sí.
Es por eso que cada etapa que ha tenido Armas y Letras ha
sido vital para comprender sus objetivos y la caracterización del público lector. Al hacer un recuento histórico, lo podemos entender
mayormente. Pensemos en el primer modelo de Armas y Letras, fundada por Raúl Rangel Frías en 1944, como parte de las actividades
del recién creado Departamento de Acción Social de la Universidad
de Nuevo León. Apareció como un boletín-folleto de formato sencillo (tipo tabloide), con un tiraje aproximado de 2500 ejemplares,
periodicidad mensual y con un propósito bien definido: ilustrar,
acompañar e instruir al lector universitario en un repertorio de temas de carácter universal, nacional y regional.
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�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

Desde su comienzo en la década de los cuarenta, y durante
su primera etapa hasta 1957, la revista recordó el sentido de la Ars
poética, premisa donde se rescata la idea de instruir al lector mediante
dos niveles: la producción escrita y la agregación de elementos poéticos a su publicación. Al mismo tiempo, en sus páginas se exponía
literatura clásica y poesía del siglo de oro. Armas y Letras aportaba
también extractos editoriales de las obras comentadas. En tanto que
la revista hacía un recuento sobre las novedades literarias en el país,
recurría a recursos interiores como crónicas, reflexiones o perfiles
para dar a conocer su centro de interés, de manera que su primera
fase mostró la importancia de crear un espacio característico para
también formar lectores con estas cualidades.
Esta revista se transformó y durante dos décadas siguientes emigró a otro formato. Armas y Letras evolucionó en tamaño
e intereses extendiéndose en cuanto a temas y públicos; sus medidas pasaron de un boletín a una publicación con formato de libro
y orientado a un público cada vez más especializado (formado en
las carreras humanísticas de la recién creada Facultad de Filosofía y
Letras). Su orientación cambió y por añadidura su propósito también. La periodicidad se hizo más constante, siendo una de las pocas
revistas en México en publicarse de tal manera. Esta vez no contó
con la ayuda de ilustraciones o textos que la acompañaran como en
su inicio, pues su carácter era meramente formal y concreto sin grabados ni elementos de ilustración, pero eso no significó que Armas
y Letras, durante su segunda época, se volviera más rígida (aunque
sí más académica); nada ocasionó que su público también cambiase
debido a su sentido de historicidad, pues mostró que el concepto de
circulación resultó crucial en su cambio, ya que constataba que los
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�Ana Torres / La voz y la armadura

lectores se mantenían vigentes según la manera en que se publicara
para ellos. La revista se mantuvo, con algunos cambios y algunas
dificultades, hasta 1976. Durante dos décadas no se publicó.
Formación poética: la vestidura como artefacto
Saber dirigirse y acercarse al público según el contexto es una tarea
compleja, pero si hay una revista que lo sabe hacer bien es Armas y
Letras de la UANL.
En este recuento histórico llegamos, por último, a la Armas
y Letras contemporánea, que inició en 1997 y se extiende hasta la
actualidad. El principal cambio en esta etapa ha sido que la revista se ha hecho más atractiva visualmente: presenta un juego entre
imágenes, colores y tipografías que la hace más fascinante al público
actual. Pero ¿por qué este juego con la forma se dio hasta la tercera
etapa?
Nos arriesgamos a presentar una respuesta: Armas y Letras
conoce a su público cambiante y al contexto en el que se desarrolla y sabe que, en este, la forma lo es todo. La revista sabe que los
públicos tienen una vida vigente, cuarenta años y su público es,
en teoría, el mismo. Sin embargo, -los universitarios- crecen, se
gradúan y así siguen entrando nuevos lectores potenciales, cuya
generación es atraída por distintas características. Su público es,
entonces, cambiante: estos jóvenes están interesados en diferentes aspectos de lo humanístico que las generaciones anteriores y
prestan especial atención en la forma en la que se presentan los
contenidos.
Es verdad: vivimos en una época en la que el estímulo visual
es primordial. Entre videos, series, películas todo se trata de lo que
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�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

vemos y en los textos el juego con las imágenes pasa a ser, más que
un complemento, una parte fundamental del escrito. Así, en la tercera etapa de Armas
y Letras, el diseño ya
no es un acompañante o algo pragmático, sino otro
mensaje que configura a la poética de
la revista. Cuando
me refiero a que el
diseño es ahora un
mensaje, pienso en
la principal característica del medio actual: lo visual.
Hoy en día
nos movemos con
imágenes, y la literatura junto con toda la tradición escrita se adapta
a esta forma; surgen los libros álbum, se atrae al nuevo público con
portadas interesantes, las revistas incluyen como parte importante de
su construcción el juego editorial. Y es justo lo que distingue a este
periodo de Armas y Letras con el anterior: es consciente de esta importancia visual y une los discursos con una propuesta estética que
atrapa al lector desde los juegos con la forma, y lo mantiene ahí con
el contenido. Pienso en el número 95-96 que se centra en Juan Rulfo
y tiene como invitada a Ana Fabiola Medina, cuyo arte va incluido en
la mayoría de los ensayos de la revista. Así, acompañado de una paleta
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�Ana Torres / La voz y la armadura

de colores monocromática en azul, títulos adornados con diferentes
formas y de fotografías del trabajo de la artista invitada, el lector se
mueve por lo que parece una galería de arte de la mano del ensayista,
quien lo guía mediante el texto hacia sus descubrimientos e ideas.
La revista comprende el peso de lo visual y se adapta al marco actual. Aunque su discurso es esencialmente el mismo, el contexto no es igual que hace dos o cuatro décadas e incluso, ante la nueva
presentación de Armas y Letras en su versión en línea, dígase, su
último cambio, este aspecto contextual sigue cambiando para reinventarse dentro de nuestros días.
La evolución de las armas para la permanencia de las letras
Aunque Armas y Letras ha mantenido su público desde su inicio y
ha sabido resolver las necesidades, el reto ahora ha sido mayor, pues
también se ha creado una distancia entre la revista y el lector debido
a su formalidad.
Recordemos que las revistas de divulgación enfocan su propósito en facilitar la recepción de información mediante el estilo y
el contacto con los receptores, en este caso los universitarios. La
misión inicial de Armas y Letras, al ser una revista universitaria, es
ejercer como marco histórico de la universidad, así como visibilizar
el pensamiento universitario. Sin embargo, la universidad actual es
diferente a la que se refería Rangel Frías en su comienzo, pues tiene
ahora más matices y públicos dentro de ella como consecuencia del
contexto histórico de la humanidad. La actualidad y sus medios son
parte de ese marco histórico que Armas y Letras pretende establecer;
por lo tanto, sería un error evitarlos para llegar a otros públicos, así
como también lo sería delimitarla a los ya letrados.
190

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�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

Fue Alfonso Reyes, quien habló en su momento de la
prensa oficial como una enorme máquina de noticias y anuncios
que impone obligaciones al espíritu, así, Armas y Letras cumple
el otro lado de la moneda: se consolida como la prensa libre que
redacta de manera congruente, con ideales definidos y está lejos
de imponer obligaciones. La cualidad principal de esta revista es
ser una voz que reclama el bienestar y la dignidad del hombre,
que busca cambiar al público y, a través de la reflexión, asegurar
su libertad; es decir, busca incidir sobre el público un pensamiento que ayude a los hombres en sus actividades, y así, la manera
de ejercer un cambio político y ético. Armas y Letras es práctica
e intelectual, y justamente tuvo el propósito inicial de contrapeso ante los ideales de los empresarios de Nuevo León, que en la
actualidad se traslada al cambio de ideas ante el pensamiento imperante y la visibilidad de las humanidades ante un contexto cada
vez más positivista.
Dicho todo esto, era necesario otra transformación dentro
de Armas y Letras: tenía que dar un paso adelante para presentar las
humanidades y atraer otro tipo de público, la respuesta y modalidad
fue, entonces, cambiar dentro de lo actual por el recurso estilístico. La revista cambió como los medios de circulación lo hicieron,
evolucionó hasta su integración al espacio digital, lo que superó la
barrera formal entre la revista y el lector y presentó entonces una
nueva plataforma para su difusión. Armas y Letras, ahora, mantiene
un diseño tan intuitivo que permite que las ideas plasmadas dentro
de estas ediciones lleguen a una diversidad de personas que enriquecen al público ya creado en su lectura, y, por lo tanto, a la revista
como medio de difusión.
DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-9

191

�Ana Torres / La voz y la armadura

Nuevos métodos de defensa
Aunque se denomina a sí misma como una publicación trimestral,
ahora con la nueva evolución y el salto del papel impreso a las nuevas plataformas de internet dentro de su versión en línea en la web,
podemos decir que, aunque las entradas de Armas y Letras son esporádicas, su contenido está siempre vivo en el tiempo. La publicación
ha dado un paso hacia adelante al marcar una nueva era dentro del
espacio digital, mientras responde a los cambios de la distribución,
publicación y formato para seguir siendo la plataforma del lector
interesado en las humanidades y la cultura que, si bien se enuncia
desde la universidad y la institución educativa pública, puede llegar a
nuevos públicos de diferentes edades y contextos.
Si bien su base siempre ha estado centrada en los abordajes para la crítica literaria, del arte y cultural desde la transmisión y
ensayo de la palabra y la imagen, Armas y Letras como revista sigue
transformándose desde la suma de voces diversas y creatividad con
su publicación en línea: armasyletrasenlinea.uanl.edu.mx, donde recrea su línea histórica desde el comienzo y sigue dejando una huella
en la perdurabilidad con nuevos métodos de batalla.
Con un cambio que emerge desde las profundidades de la
armadura, esta publicación emerge desde las ya sabidas secciones
que giran en torno a letras de Armas tomar, una Anatomía de la crítica,
Andamios a la redonda de textos que integran la política, crónica o
filosofía seguida de otra parte dedicada a Artes y espejismo, pero sobre
todo, abogando por nuevas formas de presentación que tengan que
ver con una contextura de temas diversos y la bien sabida sección
de Caballería con una selección de obras que permanece desde su
comienzo hasta el día de hoy.
192

DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-9

�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

Podemos concluir entonces, con nuestra espada y pies firmes en tierra, cargando la misma caballería de siempre, pero con
una nueva visión, que Armas y Letras sigue demostrando que conoce
a sus lectores y aquellos públicos en potencia que pueden pasar a
formar parte de su lectura, al mismo tiempo que evoluciona al ser
fiel a sí misma.
La existencia de una dialéctica enriquecedora por su diversidad permite que el marco y pensamiento universitario que Armas y
Letras sea más fidedigno, además que se convierte en una herramienta de cambio social, más que permanecer solo como patrimonio y
memoria.
Como conclusión, con el recuento histórico de esta revista,
sumado a su más reciente cambio virtual, se puede decir que. Armas
y Letras tiene materia para llegar a ser aquella revista de accionaria
que cambie a una sociedad sumergida en la inmediatez y el orden
desde el fondo y la forma, o bien, desde la voz y la armadura.

DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-9

193

�Reseñas
Humanitas, vol. 1, núm. 1, 2021

Víctor Barrera Enderle:
Ahora colecciono miradas,
Monterrey: UANL; 2021, pp.
Fecha de entrega: 28-5-2021 / Fecha de aceptación: 30-6-2021

Cuando leí el título del nuevo libro de Víctor Barrera Enderle, lo
primero que vino a mi mente fue una cita del escritor francés Pascal
Quignard: “Existe una mirada que no resistimos”, lo escribió en su
novela ensayística La vida secreta y esa imagen me sedujo desde el
primer momento. Una mirada es capaz de someternos, motivarnos
o inclinarnos hacia una acción, un nuevo impulso; una mirada que
podemos percibir en el rostro de otros, o mejor, una mirada nueva
con la que hemos de observar el mundo.
Quiero destacar cuatro elementos importantes de lo que estos ensayos nos ofrecen: el primero, como lo sugiere el título, las
miradas alfonsinas que nutrieron la escritura de Reyes en su época
de autoexilio; la segunda, entender que el discurso ensayístico puede tomar múltiples formas que escapan a la estructura clásica que
conocemos y la que pensamos cuando se dice ensayo; lo tercero, la
capacidad que tiene el lenguaje para atravesar fronteras geográficas y
literarias; por último, la manera en que el autor revisa la producción
literaria de Reyes, cómo logra concretar una visión homogénea de
la simultaneidad en la que se gestó y nació la escritura de Alfonso
197

�María Fernanda Martínez / Ahora colecciono miradas…

Reyes en Madrid mientras en México continuaba la Revolución y
surgían sus consecuencias: el desarrollo de la literatura mexicana,
la institucionalización de la cultura; en América Latina las discusiones que partieron del ensayo con Rodó, Mariátegui y otros sobre
la literatura, su tradición, cuál es su característica principal que vale
la pena decir es su heterogeneidad. La literatura latinoamericana se
une por sus diferencias. Y es importante señalar este panorama de
la discusión literaria en América Latina durante el siglo XX porque
una cuestión con Reyes es que nació en Monterrey, pero se autoexilió joven y escribió en España, pero quería un lugar en la literatura
mexicana, pero reconoció su tradición occidental, y sí, todo eso es
cierto, mas no por eso su escritura no ocupa un lugar en las letras
mexicanas, hispánicas y en las Letras en general.
El libro inicia con un ensayo acerca de Oración del 9 de febrero,
texto que escribe Reyes en 1930 en la fecha del aniversario luctuoso
de su padre y termina en la fecha de su nacimiento; este libro de
ensayos inicia con la pérdida, un texto sobre la muerte del general, y
termina con el regreso y reencuentro de una identidad, Ifigenia Cruel
y Calendario.
Alfonso Reyes se exilió de México después del 9 de febrero
de 1913, fecha trágica en la que su padre, el general Bernardo Reyes,
fue asesinado. Su hermano se quedó en México, pero Alfonso decidió partir a Francia, primero, y después a España con el estallido de
la Gran Guerra. El primer ensayo de este libro inicia con esta huida
y con el texto Oración 9 de febrero en el que Reyes, más que alabar
la figura del padre que perdió muy joven, interpreta la ausencia y
conjura el dolor. Víctor Barrera señala muy bien la Carta al padre del
escritor checo Kafka y Oración… como dos textos que conjuran dis198

DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-10

�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

tancias, pero que tienen como destinatario final a ellos mismos, ya
que la persona a quien va dirigida no leerá estas palabras. Yo agrego
el libro colombiano El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince,
que se une al lenguaje para escribirle a una sombra. Reyes recurre al
lenguaje para salvar(se). La imaginación, lo retoma Barrera del Diario
de Reyes, acudió en su auxilio: “Consuélate. Acuérdate que, después
de todo, allá en Monterrey, te queda algo sólido y definitivo: Tu casa,
tu familia, tu padre”. Sabemos que no es cierto, la casa familiar y
el padre están perdidos, pero los espacios no son sólo físicos, y las
distancias pueden salvarse con la palabra. La memoria también es
una casa. Y Reyes se refugia en la memoria de sus recuerdos y en la
memoria que la literatura guarda, encontrando así su casa en Monterrey, su patria chica. De esto ya nos da un atisbo Barrera en su libro
Reyes. La conquista de una vocación: “Reyes, sin embargo, evoca (y de
paso reinventa) su nacimiento como un acontecimiento simbólico:
el lazo de unión entre su ser y el suelo que lo recibió al mundo”
(Barrera, 2018: 43). Por esta tierra, desde Madrid, Reyes busca la
vida y obra de Fray Servando Teresa de Mier, inconscientemente,
en un primer momento, su vida se ve espejeada en la vida de Mier,
y después, consciente, reconoce que quiere ser visto como el otro
gran regiomontano.
En este libro encontramos una relectura de distintos textos
de Reyes como Oración del nueve de febrero, Visión de Anáhuac, Cartones
de Madrid, reseñas de cine que hizo Reyes, Plano Oblicuo, Cuestiones
Estéticas, Ifigenia Cruel, entre otros. Textos que van de la narrativa, el
poema dramático a la crítica e incluso a la biografía, así que no nos
inclinemos con la falsa idea de que aquí se ensayan ensayos, sino que
se escribe sobre el discurso ensayístico que es argumentativo a la vez
DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-10

199

�María Fernanda Martínez / Ahora colecciono miradas…

que seductor, intelectual, creativo y poético; ningún ejemplo más
claro que Visión de Anáhuac. Como señalé más arriba, el lenguaje
atraviesa fronteras literarias, eso incluye los géneros:
Comparar, intuir, apostar por la razón misteriosa de la literatura y
no dar por sentado nada. Porque aquí no hay cosa segura, y cada
libro puede, a la vez, ser todos los libros (…). Reyes hacía del
ensayo un continente nuevo (…) el ensayo es el ensayo y siempre
algo más. (Barrera, 2021: 57).

Esto nos lleva a pensar dos cosas: al decir Barrera que cada
libro puede ser todos los libros, nos cuestionamos sobre la originalidad de la escritura. ¿Qué poema que se haya escrito no es reescritura
de otro? Soy una fiel creyente que la escritura es consecuencia natural de la lectura, al tomar la pluma se refleja los autores que hemos
leído, la forma en que nos hemos nutrido de ellos y ellas y hemos
de establecer un diálogo, por lo tanto. Otro asunto es que el ensayo,
muy generosamente nos recuerda Barrera, y Reyes es gran ejemplo,
escapa a la estructura académica, cuadrada y fríamente metódica
para convertirse en creación literaria; nos han abierto las puertas
para ensayar literariamente.
Siguiendo con el proceso de escritura de Reyes y con su búsqueda literaria en Madrid, en Visión de Anáhuac nos damos cuenta
que ya no persigue la consolidación de su escritura, sino el reconocimiento: “Cada texto es una prueba de fuego: demostrar la pertenencia a la tradición occidental, pero dejar en claro su procedencia particular” (2021:59). En el discurso ensayístico de Reyes encontramos
una autoafirmación, un reconocimiento de la identidad que también
se ve en Ifigenia cruel, poema dramático que retoma a la literatura clásica —acción nada moderna y que Reyes la vuelve a insertar en Oc200

DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-10

�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

cidente—, pero la transforma en otra cosa, en un texto donde hay
conciencia, crisis existencial y una nueva identidad, acto moderno de
Reyes y con el que deja también en claro su procedencia. Y esto lo
logra Reyes “al volver la mirada, luego de adentrarse firmemente en
la cultura occidental”.
En el ensayo “Primeros prejuicios de la retina” Barrera escribe acerca de Cartones de Madrid, del primer filtro que la vista es
para pasar a la escritura. “La pintura rompía con la referencia directa
a la realidad. La literatura comenzaba a hacer lo mismo” (2021:66),
y aquí es donde aparece una cuestión: cómo lo hace el ensayo si, en
primera instancia, siempre se piensa en él como una prima de la literatura, solo que mucho más seria, más formal, y que se le había conocido con otros nombres: erudición, filología, historiografía. Pero
Reyes transforma su escritura ensayística en una expresión literaria,
lejos de la disección de ideas, de ese tratamiento casi quirúrgico de
las ideas, ajeno a la visión que Ortega tenía del ensayo, como una
“meditación privada que se volvía pública”. Para Reyes, el ensayo
es materia viva que habla, y la mirada es el vehículo para llegar a la
traducción: Barrera se pregunta si hoy, con el registro fehaciente
de las imágenes que los celulares pueden hacer, valdrá la pena escribir nuestras impresiones. Yo, como él, me inclino a pensar que
sí: “nuestras retinas aún podrán albergar un espacio exclusivo para
las primeras impresiones: nuestro desafío será, entonces, encontrar
la manera de expresar tales imágenes en prosa literaria. Tendremos
que aprender a leer de nuevo” (2021: 80).
María Fernanda Martínez Quintanilla

DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-10

201

�Reseñas
Humanitas, vol. 1, núm. 1, 2021

Luis García Montero: Almudena,
México: Valparaíso, 2015
Fecha de entrega: 29-5-2021 / Fecha de aceptación: 30-6-2021

Aunque tú no lo sepas también me he inventado los sonidos de tu
nombre, mis manos también han pasado por los bordes de la playa
de tus labios y hemos hablado de los sueños que se construyeron
a partir de los espejos limpios del amor hasta en una infinidad de
ocasiones. Aunque tú no lo sepas también hemos aprendido a caminar
juntos desde la distancia de nuestras respectivas soledades, vimos
las mismas películas chinas de amores frustrados, releímos los
mismos libros de poesía hispanoamericana, escuchamos las
mismas canciones, desempolvadas con el tiempo, junto a las ideas
de nuestros primeros amores caídos y comentamos cada uno de
los poemas que hallamos en Almudena (Valparaíso México, 2015)
del poeta, narrador y ensayista español, Luis García Montero
(Granada, 1958); y aunque tú no lo sepas, hemos hecho esta
reseña con la esperanza y la necesidad de que algún día la tierra
vuelva a conmoverse en medio de un abrazo.
Tal vez no sea un secreto, y tampoco un atrevimiento, pensar
en la obra poética de Luis García Montero como una de esas obras
fundamentales dentro la poesía contemporánea que trascienden
nuestro tiempo y con una mirada directa, y sincera en particular, nos
203

�Carlos Rutilo / Almudena

cuestione y nos hable sobre temas y asuntos cotidianos, pero necesarios como el amor, para volver a aprender a caminar por el mundo
sin la necesidad de solemnizar el lenguaje de su propio discurso poético: “Porque a veces el mundo, // cabe entre dos palabras”. En este
sentido Almudena no es solamente una antología poética en el cual
se recopilan varios poemas de Luis García Montero publicados
anteriormente en Habitaciones separadas (Visor, Madrid, 1994), Completamente viernes (Tusquets, Barcelona, 1998), Vista cansada (Visor,
Madrid, 2008), Un invierno propio (Visor, Madrid, 2011) y A puerta
cerrada (Visor, Madrid, 2017), que ya de por sí ocupan un lugar
especial dentro de la poesía española actual, además de contar con
un prólogo entrañable de la gran escritora, y compañera de vida
del poeta, Almudena Grandes (Madrid, 1960); más bien busca
ser un libro enteramente nuevo, independiente y dedicado a cada
una de las distintas etapas del amor que nos ayuda a comprender
la realidad a través de las raíces del diálogo que logran construir
con el lector: “Yo estoy donde tú estás, pero en la vida//hay cosas
que no pueden compartirse.//Por eso sigo aquí y voy contigo,//
cercano y lejanísimo,//en busca de otro mundo que no es mío,//
aunque está junto a mí”.
¿Cabe el amor en un mundo tan asfixiante, instantáneo
y caótico como el nuestro donde la realidad tiende a ser más
relacionada con el dolor y la desesperanza? Nos cuestionamos
a lo largo de la lectura y los poemas de García Montero parecen
responder con un rotundo sí y la armonía universal, de la que tanto
nos habló Octavio Paz en El arco y la lira, también logra resonar y
ser comunicado en cada uno de los versos de este libro como un
infinito caracol de ecos azules.
204

DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-11

�Humanitas, vol. 1, núm. 1, julio-diciembre, 2021

El lector mexicano que no se haya acercado jamás a la obra
de Luis García Montero encontrará que, en cada uno de los versos recogidos en este libro de voz firme, y poderosa, se atreven a
mirarnos desde la otra orilla de la experiencia literaria y a dialogar
con nosotros mismos sobre varios asuntos relacionados al amor visto como una manera más de experimentar al mundo: “Que no me
lea//quien no haya visto nunca conmoverse la tierra//en medio de
un abrazo”. Y el amor no es para nada un tema desconocido para la
tradición poética de nuestro país que cuenta con enormes representantes como Efraín Huerta, Alí Chumacero, Rubén Bonifaz Nuño,
Jaime Sabines, José Carlos Becerra y Homero Aridjis entre otros
tantos.
Es probable que también encuentre algo más en Almudena que la sencilla dedicatoria de toda una vida, y más bien termine
por encontrar esa revelación poética que tanta falta nos ha hecho
en estos tiempos de encierro e incertidumbre, donde es fácil
cansarse de uno mismo y no ver que detrás de la puerta de un
nombre también pueda albergar la deseable señal de una posible
esperanza y ediciones como este emblemático libro de Luis
García Montero solamente pueden ser celebradas en los nobles
actos de la lectura y de la relectura que tanto merecen.
Carlos Rutilo

DOI https://doi.org/10.29105/revistahumanitas1.1-11

205

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              <text>Heredera del Anuario Humanitas, publicación emblemática del Centro de Estudios Humanísticos de la UANL creada en 1960, Humanitas. Revista de Teoría, Crítica y Estudios Literarios responde ahora a la necesidad de la diversificación de enfoques y acercamiento a la literatura en y desde el ámbito latinoamericano.</text>
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              <text>Barrera Enderle, Víctor, Director de la Revista</text>
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              <text>Muñoz Mendoza, Juan José, Editor Técnico</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Periodismo y hemonía cultural en México</name>
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      <name>Vasconcelos Revista El Maestro</name>
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