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                  <text>Afto 2, No. 2, Noviembre 2012 · Abril 2013.

ISSN: 2007-3 100

REVISTA DE LA FACULTAD DE TRABAJO SOCIAL Y DESARROLLO HUMANO
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN

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Educación
Eql.lidtlcl Eóuoetlvo; Une oo,mpi,r&amp;ei6n entre Wt1Ci co y Argentln.f

�Vulnerabilidad en la adolescencia

Comentarios a datos sobre hábitos
personales y situaciones sociales
relacionados con la salud
y el bienestar de estudiantes
de quinto y sexto grado
de escuelas primarias del municipio
de San Nicolás de los Garza,
Nuevo León
Guadalupe Alemán Torres
María Angélica Rocha Valero
José Ricardo González Alcalá

Resumen

E

l presente artículo da a conocer algunos resultados derivados de un trabajo de investigación sobre hábitos personales
y situaciones sociales relacionados
con la salud y el bienestar de 224
estudiantes de quinto y sexto grados
de cinco escuelas primarias del municipio de San Nicolás de los Garza,
Nuevo León. Para comentarse en
este lugar, los autores eligieron los resultados del cuestionario que indagó
sobre los siguientes rubros: hábitos
alimenticios y de higiene personal;
adicciones a sustancias; familiares
con quienes los menores conviven
en el hogar; y violencia escolar.

En el aspecto alimenticio, dichos resultados muestran algunos
factores de riesgo tales como tendencias a la desnutrición, la obesidad, la bulimia y la anorexia. Entre
los hábitos alimenticios reflejados
en los datos destaca el consumo
de grandes cantidades de la denominada ‘comida chatarra’: muchas
grasas y azúcares, hamburguesas,
tocino con huevos, helados, gaseosas, papas fritas, etcétera, consumos considerados por los nutriólogos como dañinos a la salud.
Respecto al contacto de estos
niños y niñas con sustancias adictivas, la información reportó porcentajes importantes de tendencia al
consumo, en particular, de cerveza,
cigarros y drogas. Sobre higiene

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personal, las respuestas mostraron cierto grado de deficiencia en
la forma de operar algunos de los
hábitos más comunes a nivel cotidiano, como lavarse las manos, bañarse, etcétera.
A propósito de la situación social, se examinaron datos relativos
a la categoría de familiares con
quienes los menores entrevistados
conviven en el hogar, y a las conductas asumidas por éstos en las
relaciones de unos con otros dentro de la escuela, particularmente
conductas agresivas. Al respecto,
son importantes los porcentajes
de niños y niñas que no cuentan
en sus casas con sus dos progenitores, por una parte, y, por la otra,
de aquellos estudiantes que sufren
o causan violencia respecto de sus
pares.
Finalmente, se presentan algunas propuestas de intervención
para mejorar la salud y el bienestar
de los niños y niñas en situaciones
de riesgo, con medidas preventivas
y de alivio.
Palabras clave: salud, escuela,
niño(a)s, educación.
El derecho al bienestar
La Constitución de 1917 establece
que en los Estados Unidos Mexi-

canos todos los individuos tienen
derecho, entre muchas otras garantías, a la alimentación nutritiva,
suficiente y de calidad, a la protección de la salud, a recibir educación
por parte del Estado y a la organización y el desarrollo de la familia
(Cámara de Diputados, 2012). En
el estado de Nuevo León, la Ley de
Educación local promueve la alimentación saludable al señalar:
Artículo 21. Corresponde de
manera exclusiva a la autoridad educativa estatal las
siguientes atribuciones:...
XI.- Reglamentar la venta
o consumo de alimentos
en los establecimientos de
consumo escolar o en lugares donde ésta se realice,
dentro de los planteles de
educación básica, eliminando los alimentos con bajo
o nulo valor nutricional, así
como realizar la inspección
y vigilancia, para dar cumplimiento a esta medida… Artículo 120. Son infracciones
de quienes prestan servicios
educativos:… XIV.- Permitir la
venta de alimentos de bajo o
nulo valor nutricional, en las
escuelas de nivel básico (Gobierno del Estado de Nuevo
León, 2012).
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�Vulnerabilidad en la adolescencia

La educación pública en México,
leemos en el Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012, en particular,
ha tenido como fin fundamental
“preparar a las personas para enfrentar la vida en libertad, partiendo del valor cívico de la responsabilidad y desarrollando a plenitud las
facultades humanas” (Presidencia
de la República, 2007).
La salud, además, implica la práctica de hábitos de higiene. La higiene
“es el empleo de los medios para
conservar la salud ya que contribuyen a la prevención de enfermedades e infecciones” (El Liceo.com).
De acuerdo a Rodolfo de la Torre (2011: 1), en relación con la
educación y desarrollo humano,
“la libertad no sólo es el objetivo
primordial del desarrollo, también
es su medio principal. La educación
influye en la libertad del individuo
para elegir el tipo de vida que valora y resulta importante no sólo
para la vida privada sino para involucrarse en el entorno donde vive”.
El desarrollo, según el mismo
autor, tiene como objetivo básico
“ampliar las oportunidades abiertas a la gente para vivir una vida saludable, creativa y con los medios
adecuados para participar en su
entorno social” (2011:1). Particularmente, la educación es el motor
que promueve el desarrollo huma-

no, y lo hace estableciendo las bases de la acción humana autónoma
a través de la cual las oportunidades para ejercerlo se acrecientan.
Agrega el autor citado que, si
bien en las escuelas instruir fue la
función primeramente establecida,
los cambios históricos depositaron
en éstas, además, la responsabilidad de la educación, tradicionalmente concedida sólo a la familia
y a la Iglesia: “Actualmente, hablar
de educación es referirse no sólo
a la instrucción como información
sino también a la formación, como
conjunto de prácticas significativas
para la convivencia en una sociedad determinada. Y por lo tanto se
ha convertido en una institución
que ha remplazado gradualmente
a la familia y es una escuela de vida
y para la vida” (2011: 1).
La escuela, subraya De la Torre,
refuerza los buenos modelos de
vida que los padres transmiten a
sus hijos; es la mediadora en la formación de hábitos al actuar como
contexto inmediato del niño. Éstos
desarrollan hábitos saludables gracias a padres y a maestros.
Los hábitos son comportamientos realizados en forma continua
y son adquiridos en el contexto
sociocultural de la persona, mientras que “los hábitos de salud son
las actividades diarias que un indi-

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viduo realiza para cuidar su organismo y así tener salud y prevenir
la enfermedad” (Moral y Álvarez,
2009:279). Los hábitos de salud,
en especial, son adquiridos por los
niños primeramente en la familia;
posteriormente, el medio donde
ellos se desenvuelvan ejercerá su
influencia.
Bienestar y realidad
No obstante todo lo anterior, los
niños y niñas imitan, también y
desafortunadamente, los hábitos
dañinos a la salud en el ambiente
familiar, en el medio escolar y, en
general, en su contacto con pares
y adultos.
En el tema de adicciones, lo anterior queda claramente ilustrado
por la siguiente información. La
Encuesta Nacional de Adicciones
(Secretaría de Salud, 2008), en el
apartado de Tabaco, menciona que
14.9 por ciento de adolescentes ha
probado el cigarrillo alguna vez en
su vida. La edad promedio de consumo de tabaco por primera vez
fue de 17.1 años; en los adolescentes fue de 13.7 años. Las dos razones más importantes para el inicio
del tabaco fueron curiosidad y la
convivencia con fumadores. El 29.8
por ciento de los hombres y 26.9

por ciento de las mujeres iniciaron
el consumo y convivieron con familiares, amigos o compañeros fumadores. En los adolescentes, 68.6
por ciento inició el consumo por
curiosidad y 24.1 por ciento por
influencia de familiares, amigos o
compañeros fumadores.
En la misma encuesta, pero en
relación con disponibilidad y uso
de drogas en el entorno, se encuentra que una proporción importante notificó problemas de
consumo de alcohol en el padre
—22 por ciento— y de consumo de
drogas en el mejor amigo —12.9
por ciento— y en algún miembro
de la familia —6.51 por ciento—.
Dos de cada 100 notificaron sobre
un problema de consumo de alcohol en la madre. El consumo en la
familia y en el entorno inmediato,
particularmente de alcohol y dada
su frecuencia, constituye un factor
de riesgo importante para la oportunidad de consumo y para el consumo efectivo.
En relación con las consecuencias en la salud del uso de drogas,
Liveandworkwell plantea:
El abuso de sustancias también coexiste con muchas enfermedades mentales, como
depresión,
esquizofrenia,
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trastorno bipolar y trastornos de ansiedad. Además, el
abuso de sustancias puede
tener consecuencias graves
en personas con otras condiciones, como enfermedades
cardiacas, diabetes y asma.
Las personas a las que se les
diagnostica adicción y trastornos mentales tienen altos
índices de hospitalización,
funcionamiento deficiente e
incluso la muerte. Las consecuencias de las sustancias adictivas en el alcohol
son: depresión, enfermedad
cardiaca,
envejecimiento
prematuro, daño hepático,
dependencia física, convulsiones de abstinencia, de la
memoria, alucinaciones. En
la nicotina (tabaco de mascar, cigarrillos, cigarros): dependencia física, depresión,
cáncer de pulmón, ataques
cardiacos, enfisema, presión
arterial alta, ulceras, cáncer
oral y muerte.
La investigación sobre violencia e
intimidación entre pares dentro de
la escuela de nivel elemental ha caracterizado con detalle cómo suele
presentarse tal conducta (Cobo, P.
y R. Tello, 2008; Esquivel, R., 2011;
Magendzo, A., 2001). Este tipo de

violencia suele presentarse en forma de “tortura, metódica y sistemática en la que el agresor asume
a la víctima a menudo con el silencio, la indiferencia o la complicidad
de otros compañeros” (Esquivel,
R., 2011). Por lo tanto, se trata de
una reiterada intimidación hacia
la víctima, de un abuso de poder
ejercido por un agresor más fuerte
y/o percibido de esta manera por
aquélla. “El sujeto maltratado queda, así, expuesto física y emocionalmente ante el sujeto maltratador,
generándose como consecuencia
una serie de secuelas psicológicas”
(Esquivel, R., 2011). En términos
generales, “los estudios realizados
en diferentes países… han revelado
que la intimidación existe en todos
los establecimientos escolares y se
está convirtiendo en un grave problema educacional: un porcentaje
no despreciable de estudiantes,
cercano a 15 por ciento, ha sido
intimidado alguna vez o ha presenciado situaciones de intimidación”
(Magendzo, A., 2001).
El contraste entre el derecho al
bienestar y los hechos y tendencias
que en contra de éste muestra la
investigación social —particularmente en el caso de niños y niñas—
expuesta en los apartados anteriores, estimula, especialmente en los
docentes, el deseo de escudriñar al

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respecto en el ámbito microsocial,
en el que éstos cotidianamente desarrollan su práctica profesional.
En consecuencia, los autores de
este artículo presentamos a continuación los pormenores, resultados y propuestas de un ejercicio de
investigación realizado a propósito
de dicha inquietud por maestros
y estudiantes universitarios en los
escenarios de prácticas profesionales sobre los temas mencionados.
Metodología
Los participantes en la parte del
estudio aquí propuesto fueron 108
alumnos de quinto grado de primaria y 116 alumnos de sexto grado.
En total, 224 alumnos de cinco escuelas primarias públicas del municipio de San Nicolás de los Garza,
Nuevo León, de los cuales 119 son
mujeres y 105 son hombres. Para
recabar los datos se utilizó un cuestionario estructurado, conformado
por 43 preguntas cerradas sobre el
perfil sociodemográfico, alimentación, salud, sustancias tóxicas y violencia entre pares dentro de la escuela. Veinticinco encuestadoras,
todas ellas alumnas de la Facultad
de Trabajo Social y Desarrollo Humano de la Universidad Autónoma
de Nuevo León (UANL), levantaron

los datos en los salones de clase,
en horas hábiles, en cada una de
las escuelas participantes. Para el
procesamiento de datos se utilizó
el paquete estadístico SPSS y para
elaborar las gráficas, el programa
Excel.
Resultados
Los resultados obtenidos en este
estudio se presentan en dos partes; la primera se refiere al quinto
grado y la segunda al sexto grado.
Resultados del quinto grado
Se interrogó a 108 alumnos, 61
mujeres y 47 hombres, cuya edad
oscilaba entre los 10 a 12 años: 10
años, 31 por ciento; 11 años, 64
por ciento; y 12 años, 5 por ciento. Con respecto a la composición
familiar, 66 por ciento vive con sus
dos progenitores; 29 por ciento
con su mamá; 2 por ciento con su
papá; 2 por ciento con sus abuelos; y 1 por ciento con un hermano.
En cuanto al número de hermanos
que tienen, 10 por ciento no tiene hermanos; 30 por ciento tiene
uno; 32 por ciento cuenta con dos;
20 por ciento tienen tres; y 8 por
ciento, cuatro o más.

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En relación con la alimentación,
31 por ciento de los alumnos trae
lonche de su casa; 51 por ciento a
veces trae lonche de su casa; y 18
por ciento no trae lonche (gráfica
1). Del total de alumnos que siempre y a veces llevan lonche a la escuela —89—, 15 llevan tacos; 25,
papitas; 10, frutas; 19, sándwiches;
y el resto una variedad de alimentos. Los alimentos que los alumnos
consumen normalmente son: carne, pollo, sopa, frutas y verduras,
pizza y hamburguesa.
Gráfica 1. ¿Traes lonche a la escuela?

guntó si conoce algún compañero
que consuma cerveza, cigarros o
drogas: 23 por ciento mencionó
que sí y 77 por ciento, que no. El
58 por ciento de los niños manifestó que ningún miembro del hogar
consume cerveza y cigarros dentro de la casa, mientras que en 30
por ciento de los casos se consume
cerveza y en 12 por ciento, cigarros. Respecto a la propia conducta
de los niños encuestados, 18 por
ciento han probado cerveza; 5 por
ciento, cigarros; y 77 por ciento,
ninguna de las anteriores.
Gráfica 2. ¿Alguna vez te han ofrecido cerveza, cigarros o drogas?

Fuente: elaboración con base en datos de campo.

Por lo anterior, podemos darnos
cuenta de que si bien no existe un
alto porcentaje, los padres aún no
procuran en sus hijos una alimentación saludable.
Tocando el tema de las sustancias tóxicas, se preguntó a los estudiantes si alguna vez se les ofreció
cerveza, cigarro o drogas: 15 por
ciento contestó que sí y 85 por
ciento, que no. También se les pre-

Fuente: elaboración con base en datos de campo.

Estos resultados nos muestran un
bajo consumo de cerveza, cigarros
o drogas, lo cual corrobora los resultados de la Encuesta Nacional
de Adicciones, donde la edad promedio del consumo de estas sustancias es 13 años.

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En lo concerniente a la higiene
personal y salud, se encontró que
96 por ciento de los alumnos se
baña antes de ir a la escuela y 4
por ciento, a veces. El 66 por ciento
de los alumnos considera que sus
compañeros tienen siempre buena higiene personal y 7 por ciento
que no, en tanto que 27 por ciento manifestó que veces sí es buena
(gráfica 3). El 80 por ciento de los
alumnos se lava las manos antes de
comer; el 3 por ciento, no; y 17 por
ciento, a veces. En la higiene bucal, 50 por ciento se lava los dientes después de cada comida; 8 por
ciento no lo hace; y 42 por ciento lo
hace a veces.
En cuanto al padecimiento de
enfermedades, 79 por ciento de los
alumnos no padece ninguna y el 21
por ciento sí padece alguna, siendo
el asma la más frecuente —13 por
ciento del total de niños—.
Gráfica 3. ¿Consideras que tus compañeros tienen higiene personal?

Tomando en cuenta las respuestas
de los estudiantes, sí existe una
buena higiene personal y nos lleva
a corroborar lo que se afirma: que
los medios para conservar la salud
contribuyen a la prevención de enfermedades e infecciones, y esto
se refleja en que 79 por ciento de
estudiantes no padece ninguna enfermedad.
Los datos sobre violencia entre
pares dentro de la escuela protagonizada por estos niños muestran
que 62 por ciento de éstos no han
recibido agresión verbal o física
por parte de sus compañeros y que
38 por ciento sí la han recibido. Se
preguntó a los estudiantes si alguna vez habían recibido burlas de
sus compañeros: 53 por ciento que
contestó que sí y un 47 por ciento,
que no. Y en sentido contrario, al
preguntarles si alguna vez habían
agredido a algún compañero física
o verbalmente, 39 por ciento contestó que sí y 61 por ciento, que no
(gráfica 4).

Fuente: elaboración con base en datos de campo.

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Gráfica 4. ¿Alguna vez has agredido a algún compañero física o verbalmente?

Gráfica 6. Edad de los encuestados
70%
67

60%
50%
40%
30%
20%
10%
0%
11 años

12 años

13 años

Fuente: elaboración con base en datos de campo.

Por lo aquí visto podemos reforzar
los resultados de investigaciones
anteriores (Magendzo, A., 2001),
en donde se ha encontrado que
15 por ciento ha sido intimidado o
ha presenciado una intimidación,
ya que 39 por ciento se reconoce
del grupo de los agresores y 38 por
ciento como agredido verbal o físicamente.
Resultados de sexto grado
La población encuestada fue de
116 alumnos, 50 por ciento del
sexo masculino y el otro 50 por
ciento del sexo femenino. La mayoría de ellos, 67 por ciento, tiene
12 años, en tanto que 24 por ciento
alcanza los 11 años y 9 por ciento,
los 13 años (gráfica 6).

Se decidió encuestar a niños en
edad escolar por la importancia
que tiene en ese periodo de su
vida la prevención de conductas
que dañen su salud y bienestar, y
como menciona Rodolfo de la Torre
(2011), la escuela refuerza los modelos que los padres transmiten a
los hijos, por lo tanto, éstos desarrollan hábitos saludables gracias a
padres y a maestros.
En relación con la composición
familiar, 81 del total de niños viven con sus dos progenitores; 21,
con su mamá; nueve, con su papá;
cuatro, con sus abuelos; y uno con
hermanos (gráfica 7). El número
de hermanos que tienen es el siguiente: 13 no tiene hermanos; 32
tiene un hermano; 40 tienen 2 hermanos; 23 tienen tres hermanos; y
ocho más de tres hermanos.

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Gráfica 7. ¿Con quién vives en tu
casa?

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Gráfica 8. ¿Qué comes normalmente?
¿Que comes no rmalmente?

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Fuente: elaboración con base en datos de campo.

Fuente: elaboración con base en datos de campo.

En el tema de familia, nos encontramos que un alto número de estudiantes vive con sus padres, lo
que permite inferir que prevalece
la familia nuclear, y esto ya representa una ventaja o beneficio para
los niños, sobre todo si aquélla
cumple con su función de transmisión de valores y pautas de comportamiento.
Con respecto a la alimentación,
se les preguntó qué alimentos
traen de lonche a la escuela: ocho
mencionaron que traen tacos; 18,
papitas; 14, frutas; 14 sándwiches;
44 no llevan lonche; y 18, diversos
alimentos.
La alimentación que consumen
normalmente en su casa es: carne,
pollo, sopa, frutas y verduras, pizza
y hamburguesa (gráfica 8)

Por los datos arrojados, nos damos
cuenta de que los estudiantes tienen una buena alimentación en el
hogar, aunque haciendo referencia
al “Plato del Buen Comer”, es importante aumentar el consumo de
frutas y verduras y disminuir el de
carne, pues Nuevo León se distingue de otros estados del país por
su gusto por este alimento. Entonces aquí hay una oportunidad para
cambiar algunos hábitos alimenticios en las familias con el propósito
de prevenir enfermedades y mejorar la calidad de vida.
En referencia a las sustancias
toxicas, se les preguntó si alguna
vez les han ofrecido cerveza, cigarros o drogas, y 90 por ciento
contestó no, y 10 por ciento, que
sí. Otra de las preguntas fue si conocían a algún compañero que consumiera cerveza, cigarros o drogas:
81 por ciento contestó que no y 19
por ciento, que sí. Acerca de si los
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miembros del hogar consumen cigarros y cerveza en casa de los niños,
en 30 por ciento de los casos mencionaron que se consume cerveza;
en 13 por ciento se fuman cigarros;
y en 57 por ciento no se consume
alcohol ni cigarros. Las respuestas a
la pregunta sobre si habían probado cerveza y cigarros fueron: 14 por
ciento, cerveza; 3 por ciento, cigarros; y 83 por ciento, ninguna de las
dos cosas (gráfica 9).
Gráfica 9. ¿Qué has probado?
100%

83%

80 %
60%

sario reforzar los buenos hábitos y
prevenir o eliminar los que representan un daño en su salud.
En cuanto a violencia entre
pares dentro de la escuela, las
respuestas a la pregunta sobre si
habían recibido agresión verbal o
física por parte de tus compañeros
fueron: 69 por ciento, no y 31 por
ciento, sí (gráfica 10). En relación
a si alguna vez los alumnos habían
recibido burlas por parte de alguno
de sus compañeros, 53 por ciento
contestó que sí y 47 por ciento,
que no. A la pregunta sobre si alguna vez habían agredido a algún
compañero física o verbalmente,
35 por ciento de los niños dijo que
sí y 65 por ciento, que no.

40%
20%

3%

0%
Cerveza

Cigarros

Ninguna de
las anteriores

Fuente: elaboración con base en datos de campo.

Aunque los datos anteriores muestran un bajo porcentaje en el consumo de cerveza y tabaco, también
las edades de los encuestados están
por debajo del promedio de edad
de inicio del consumo de estas drogas legales, que es de 13.7 años, según la Encuesta Nacional de Adicciones (Secretaría de Salud, 2008).
Los niños encuestados están en una
edad de riesgo, por lo que es nece-

Gráfica 10. ¿Has recibido agresión
verbal o física por parte de tus
compañeros?
/

70%

/
69%

60%
50%

-

40%
✓

/

30%
20%

10%
0%

-

-

31%

-

/ -----::;,

/
Sí

-

No

Fuente: elaboración con base en datos de campo.

Como ya se mencionó, los datos
encontrados superan los de investigaciones anteriores respecto a la

18

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violencia o intimidación en los adolescentes, ya que representan más
de la cuarta parte quienes han sufrido de agresión física o verbal por
parte de sus pares.
En el aspecto de higiene personal, se baña antes de ir a la escuela
97 por ciento de los encuestados,
mientras que 1 por ciento no lo
hace y 2 por ciento lo hace a veces
(gráfica 11). A la pregunta sobre
si consideraban que sus compañeros tenían higiene personal, 49
por ciento mencionó que sí; 15 por
ciento, que no; y 36 por ciento, a
veces. El 89 por ciento se lava las
manos antes de comer, en tanto
que 11 por ciento lo hace a veces.
Se lava los dientes después de cada
comida 69 por ciento de los interrogados; 2 por ciento no lo hace;
y 29 por ciento lo hace a veces.

La información recabada sobre la
percepción que tienen los encuestados en relación con la higiene
personal de sus compañeros señala que casi la mitad manifiesta que
sí encuentra a sus compañeros “higiénicos”, pero los que nos interesan son la otra mitad, los que sólo
a veces o que no perciben a sus
compañeros aseados, pues tenemos aquí otra oportunidad de fortalecer hábitos de higiene personal
en los niños.
A la pregunta si padecían alguna enfermedad, 9 por ciento de los
encuestados contestó que sí; y 91
por ciento que no padecía enfermedad (gráfica 12). Al interrogar
por enfermedades específicas, 4
por ciento señaló asma; 1 por ciento, presión alta o baja; 4 por ciento,
otras enfermedades.

Gráfica 11. ¿Consideras que tus
compañeros tienen higiene personal?

Gráfica 12. ¿Padeces alguna enfermedad?
100%

50%

80%

40%

60%

30%

40%

20%

20% 0%

10% -

SÍ

No

Fuente: elaboración con base en datos de campo.

0%

Sí

No

Aveces

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Se encontró un bajo porcentaje en
los niños que padecen alguna enfermedad; además, al detectarse a
tiempo el éxito en su recuperación
es alto. En general, los niños encuestados son saludables.
Conclusiones y recomendaciones
Los datos derivados del estudio
que —de acuerdo a los autores del
presente artículo— merecen reflexión y comentarios propositivos,
se exponen a continuación.
En lo concerniente a la alimentación, el hecho de que 23 por
ciento de los niños encuestados
de 10 a 12 años consuma todavía papas fritas como lonche en la
escuela, indica que tanto padres
como maestros siguen enfrentando dificultades para cumplir con las
recomendaciones oficiales sobre
una alimentación saludable, cuestión que debe ser revisada, ya que
tal vez se deba a falta de conciencia de padres y mentores sobre lo
perjudicial que es para la salud de
los niños el consumo de alimentos
‘chatarra’.
Si consideramos que en cuanto
a sustancias tóxicas, 76 por ciento
de los estudiantes mencionó conocer a algún compañero que consume cerveza, cigarros o droga, así

como también que 30 por ciento
de los alumnos comentó que alguno de los miembros de su hogar consumen cerveza en la casa,
asumimos que se hace necesaria
la intervención preventiva ya que,
como vimos, los hábitos que desarrollan los niños son influidos por
su contexto familiar, los medios de
comunicación y el grupo de pares.
En lo que a la higiene personal
se refiere, el hecho de que sólo 66
por ciento de los niños encuestados
ha desarrollado buenos hábitos generales de higiene, y sólo 50 por
ciento practique la higiene bucal,
requiere igualmente de atención
inmediata, tanto por parte de los
niños como de los padres, ya que
a esa edad depende en gran medida de éstos últimos el que sus hijos
se laven los dientes diariamente, y
si no lo hacen es por comodidad y
negligencia de sus padres.
Por otra parte, es muy importante considerar también como
área de oportunidad para la intervención la información encontrada
en lo referente a la violencia entre
iguales protagonizada por estudiantes dentro de la escuela, ya
que las dos categorías de agresión
incluidas en la encuesta, la infringida y la recibida, aparecen dimensionadas con el mismo porcentaje
de 40 por ciento, medida muy por

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encima de la que ha alarmado a los
estudiosos e investigadores de dicho fenómeno, citados más arriba.
Los datos obtenidos invitan a padres, maestros y a los propios alumnos a la reflexión y participación
conjunta para evitar que los niños y
niñas de entre 10 y 12 años se inicien
en conductas de riesgo, así como a
buscar alternativas creativas para
que los menores adquieran una formación adecuada en el proceso de
toma de decisiones, en el que desarrollen habilidades para comunicarse
asertivamente, poner en práctica
hábitos valiosos y no involucrarse en
comportamientos que dañen su salud física y emocional.
Como lo reitera la literatura, los
padres desempeñan un papel muy
importante en materia de higiene
y salud. Asimismo, el contexto familiar y los amigos son factores
determinantes en el consumo de
sustancias tóxicas por parte de los
menores particularmente, en especial cuando en el interior de dichos
grupos se acostumbra dicho consumo. Es importante destacar que
los maestros también juegan un rol
fundamental en la formación de
hábitos y en el comportamiento de
los niños, por lo que la implementación de proyectos en las escuelas
dirigidos a prevenir conductas de
riesgo es crucial.

Debe intensificarse la implementación de programas educativos que informen y orienten a
maestros, alumnos y padres de
familia, de manera focalizada y
específica, acerca de los temas relevantes relativos a alimentación,
salud y violencia. Los hallazgos
de la exploración que sobre estos
asuntos se expuso en este artículo,
motivan a continuar acercándose a
estas realidades mediante instrumentos de diagnóstico diseñados
específicamente para aplicarse a
grupos de clase de diversas escuelas primarias, con el fin de detectar e identificar tendencias y casos
particulares que requieran de acciones de prevención y alivio. La investigación en materias como éstas
(Olweus, D.) ha encontrado que un
modelo de intervención eficaz es
aquel en el que participan, desde
su diseño, todas las partes involucradas en el problema: alumnos,
maestros, directivos escolares y
padres y madres de familia.
Desde luego que las instituciones públicas diversas a la escuela
tienen un papel protagónico importante en la problemática aquí
tratada. Reformas legales recientes
y programas en marcha, tanto de
divulgación como de capacitación e
intervención, promovidas e implementadas particularmente por las
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dependencias federales y locales
encargadas de la salud y la seguridad públicas, son ejemplos de herramientas útiles complementarias
de los esfuerzos de indagación e
intervención directos e inmediatos
que aquí hemos propuesto.

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Somos únicos y estamos cambiando:
El bullying entre niños y jóvenes
J. Jesús Pérez López
Rebeca Guerra Orona
Juan Manuel Gutiérrez

Resumen

R

eflexionando sobre el problema del acoso escolar con
base en las ideas vertidas por
algunos estudiosos de la conducta
humana, los autores de la presente
contribución proponemos que el
comportamiento inherente a la relación de violencia vivida por algunos niño(a)s y adolescentes dentro
de la escuela, es producto, principalmente, del estado de maduración que caracteriza a esas etapas
del desarrollo psicológico y social
de toda persona; estado en el cual
las relaciones de conducta violenta
se presentan, inexorablemente, de
manera natural. Esta relación de
causalidad, además de explicar, en
parte, el fenómeno de la violencia
entre iguales aquí planteado, sugiere que, dada la inconveniencia
de éste para una convivencia social civilizada, el mismo debe ser
controlado por padres y maestros
a través no sólo de estrategias específicas enfocadas, sino, y sobre
todo, de acciones ordinarias y co-

tidianas de formación humana de
niño(a)s y adolescentes dentro de
la vida y dinámica de la familia y en
la escuela.
Palabras claves: niños, violencia,
familia, educación, escuela.
El estudio de la violencia sucedido
entre niños y jóvenes dentro de la
escuela tiene ya una trayectoria
consolidada En él, podemos abrevar sobre las características, causas
y consecuencias de tal fenómeno
social (Tamar, F., 2005). De hecho,
éste ha sido bautizado con un término específico que lo identifica
inconfundiblemente: bullying, y, al
respecto, la investigación y las medidas de intervención preventivas y
correctivas han experimentado un
considerable desarrollo en los últimos 60 años (Olweus, D.). En esta
reflexión no nos detendremos en
el análisis y discusión del concepto
y características específicas del bullying. Más bien consideraremos el
fenómeno insistiendo en el carác23

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ter natural del comportamiento en
él involucrado.
La frecuencia y gravedad del
comportamiento violento existente entre niños y/o adolescentes
dentro del ambiente escolar han
llevado a una intervención enfocada y certera con base en un modelo teórico altamente acabado y en
modelos de intervención finamente constituidos y precisos (Ángeles,
M.; Olweus, D.). La eficacia que estos últimos han mostrado en países
como Noruega y Estados Unidos de
Norteamérica ha sido experimentada en otros más, incluyendo México (Gobierno del Distrito Federal,
2010).
Pero si bien la investigación en
materia de bullying ha permitido
instituir una intervención exitosa reductora de la incidencia de
éste, tarea que, desde luego, debe
continuar, es necesario no perder
de vista que, en el fondo, las conductas violentas, como también
las que tienden a la ayuda y apoyo
en beneficio de otros, además de
ser consecuencia de factores culturales, tienen su origen primario
—como veremos más adelante—
en la propia naturaleza humana.
Hacer esta consideración es importante, porque el sentido patológico-social que el término bullying
obviamente encierra, reduce a los

sujetos participantes en el fenómeno, la gran mayoría menores de
edad en estado de maduración, a
un estatus social significativamente
patológico, lo cual puede resultar
injusto e inconveniente en algunos
casos.
En este espacio, en torno a este
fenómeno se plantearán centralmente tres ideas. Primero, la idea
de que el bullyng está constituido
por actos socialmente inconvenientes de niños y jóvenes que se
encuentran en un momento de su
vida en el que no han alcanzado
el desarrollo necesario para tener
conciencia plena de que tales actos causan daño a sí mismos y a
los otros. La segunda idea es que
los comportamientos involucrados
en el bullyng han existido siempre,
y que es propio de los niños y jóvenes vivir esa etapa de transición
en la cual diversos factores culturales formativos van, poco a poco,
controlando los impulsos hostiles.
La tercera idea es que el bullyng
puede reducirse sólo cuando los
padres de familia en sus hogares,
y los profesores en las escuelas, generan ese tipo de intervención que
privilegia la educación por sobre la
represión, modelando la personalidad a fin de lograr en niños y jóvenes los comportamientos basados
en los valores de tolerancia y de

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respeto a la dignidad humana, y el
aprendizaje de la responsabilidad
de los propios actos.
Cuando los niños y jóvenes
acosan a, o son acosados por, sus
iguales, lo que nos están diciendo
es que viven un desarrollo social
incompleto, y, por lo mismo, un desarrollo moral en proceso. Un niño
o un adolescente es un ser humano
en desarrollo que todavía no tiene
claro el valor de las reglas o normas que permiten la convivencia
respetuosa; es una persona que no
sabe bien cómo debe comportarse,
y aunque su comportamiento puede causar daños moral o físico, no
puede afirmarse que lo hace por
maldad; su comportamiento es la
expresión de una conducta inmadura que debe ser comprendida y
guiada por los adultos.
Todas las sociedades humanas
establecen normas o reglas socioculturales para la convivencia. Esas
reglas son licencias o prohibiciones
que tienen como fin la protección
de los miembros para su supervivencia; se van aprendiendo desde
la niñez, y, al llegar a la edad adulta,
se espera que quienes las cumplan
practiquen un comportamiento social civilizado.

Una de las características de
la persona humana es su sociabilidad. De allí, entonces,
que no podamos vivir solos
sino que acompañados, rodeados de otras personas
formando sociedades. Fuera
del grupo es difícil conservar
y desarrollar la vida. Las personas tenemos necesidades
de distinta índole que solos
no podemos satisfacer. El
sabio Aristóteles decía: “El
hombre aislado o es un bruto o es un dios”. Es en el medio social donde hombres y
mujeres nos desarrollamos
como personas humanas.
Cada individuo forma parte
de numerosas agrupaciones sociales: la escuela, el
club deportivo, la junta de
vecino, el sindicato, la empresa, el grupo religioso, el
partido político, el centro
de alumnos, etc. Tanto en
las sociedades como en las
comunidades existen normas y reglas que facilitan la
convivencia, de no ser así, la
vida entre varias personas
con distintas características,
intereses, ideas, etc., es difícil de llevar, especialmente cuando se debe respetar
los derechos y deberes que
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cada uno tiene por igual (Biblioteca del Congreso Nacional de Chile).
Los seres humanos somos únicos y
pasamos por un proceso de ser, de
formarnos como personas maduras y conscientes, para aprender a
moderarnos en nuestras relaciones
con los demás. Cuando Aristóteles
dice que el hombre es un ser social,
no indica que nacemos ya socializados: lo que nos dice es que nacemos entre los demás de nuestra especie y que nos desarrollamos con
ellos en un proceso largo y complejo de socialización.
Dice el psicólogo danés Dan
Olweus que hay
tres motivos para que un
alumno intimide: la ambición de poder, la hostilidad
hacia el ambiente como resultado de la manera en que
ciertos alumnos han sido
educados, y la recompensas de los actos agresivos.
Esto es, el niño que intimida
lo hace para dominar a los
demás y obtener de ellos lo
que desea. Hay quienes sienten cierta satisfacción al herir o lastimar a alguien, y hay
también quienes obtienen

reconocimiento o retribución (objetos, dinero,…) con
sus actos (citado por Rincón,
M., 2011: 42).
Debe tenerse en cuenta que cada
niño o joven es una persona, y
como tal
es un absoluto, en el sentido
de algo único, irreductible a
cualquier otra cosa. Mi yo no
es intercambiable con nadie.
Este carácter único de cada
persona alude a esa profundidad creadora que es el
núcleo de cada intimidad: es
un “pequeño” absoluto. La
palabra yo apunta a ese núcleo de carácter irrepetible:
yo soy yo, y nadie más es la
persona que yo soy. Nadie
puede usurpar mi personalidad (Yépez, R.).
Sea como sea, ese ser yo único es
lo que hace mi dignidad, porque no
hay otro como yo.
Algo es digno cuando es valioso de por sí, y no sólo ni
principalmente por su utilidad para esto o para lo otro.
Esa utilidad es algo que se le

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añade a lo que ya es. Lo digno, porque tiene valor, debe
ser siempre respetado y bien
tratado. En el caso del hombre su dignidad reside en el
hecho de que es, no un qué,
sino un quién, un ser único,
insustituible, dotado de intimidad, de inteligencia, voluntad, libertad, capacidad
de amar y de abrirse a los
demás (Yépez, R.).
Somos iguales y somos profundamente diferentes, iguales porque
“todos somos dueños de nuestros
actos, tomamos las decisiones que
creemos mejor nos convienen y
nadie puede alterar eso. Todos tenemos derecho a pensar por nosotros mismos. Eso es libertad, y para
respetar esta libertad en todos
debemos de considerar que todos
somos iguales” (Instituto Oxford,
2004); y diferentes, porque cada
quien se va formando con experiencias que sólo son suyas y de nadie más; somos iguales en el sentido de que cada quien tiene su vida
y su propia dignidad como un valor
universal, todos tenemos derecho
a la vida y a la felicidad, se agregan
a estos argumentos el hecho de
que el ser humano está en proceso
de cambio y cuando se cambia, generalmente esperamos saber más
poder más y ser mejores.

Si el ser humano es único, está
en proceso de cambio y no se conduce con sus instintos, sino con su
saber, entonces le queda el aprendizaje como único recurso. Para
hacerse valer en su vida, el hombre
tiene que aprender para ser.
El hombre es el único animal que debe aprender a
ser. El tigre nace tigre; es
cierto que deberá aprender
algunos comportamientos
específicos para poder sobrevivir, pero su vida está
programada instintivamente para ello. El hombre en
cambio, no nace humano,
se hace humano; su existencia precede a la esencia;
no nace como debe ser; él
debe hacerse y construirse.
Lo hace no instintivamente,
sino mediante proyectos y
opciones, mediante el seguimiento de ideales y toma
de decisiones. Los animales
obran según su instinto y
sus quereres, los humanos
lo hacemos a través de proyectos y deberes. Sólo los
humanos somos capaces de
proyectos, de decisiones, de
mirar hacia adelante, porque
no solamente existimos sino
que nos damos cuenta que
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somos y, por lo tanto, asumimos la vida como un problema, un reto, una responsabilidad (Suárez, R., 2002: 24).
Somos únicos y estamos en camino
de ser, ésta es la explicación que le
da a la vida del ser humano toda la
filosofía existencialista; existir es
estar siendo, por eso parece que en
ese sentido la educación es la mejor respuesta para quienes quieren
ser mejores, para quienes quieren
aprender cómo ser consigo y con
los demás.
Si nuestros niños y jóvenes
que asisten a las escuelas tienen
comportamientos agresivos o de
maltrato a los demás, lo que se
requiere es que se les ayude, que
se les oriente y nadie mejor que
los padres y los maestros. Éstos, y
nadie más, son los que van a enfrentar esta tarea; no van a resolver plenamente el problema, sino
a remediarlo hasta donde sea posible, porque al cabo no existe una
solución final por la naturaleza misma del ser humano; pero, además,
porque el entorno donde el ser humano opera es histórico y también
cambiante.
Aristóteles da una extraordinaria importancia a la di-

mensión social del ser humano. El hombre es un ser
social por naturaleza, … Con
ello quiere indicar que la
disposición humana a vivir
en sociedad no es una consecuencia de circunstancias
históricas, económicas o
culturales, sino de algo más
profundo y fundamental, de
su propia naturaleza o esencia. Otros animales pueden
vivir aislados, pero no es el
caso de los hombres que,
para realizar las actividades
que les son propias y a las
que aspiran y constituyen
sus fines y perfección, necesitan de la sociedad. La
ciudad (polis) o comunidad
es un fin natural del ser humano. Por ser el fin natural,
la perfección humana y la
felicidad sólo puede sobrevenir en la vida social (Torre
de Babel).
Esta visión social de la condición
cambiante del ser humano nos
conduce a entender el fenómeno
bullyng como el resultado de un
comportamiento inacabado que
vivimos las personas, particularmente y con mayor intensidad en
la en la niñez y adolescencia. Por lo
mismo, es difícil concebir que las

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consecuencias naturales de este
proceso de maduración humana puedan erradicarse; más bien,
pueden minimizarse con la ayuda y
participación de los padres y de los
profesores.
Para los niños y jóvenes que viven este fenómeno, generalmente
se cuenta con una familia; nadie
mejor que los padres pueden estar
al lado de los hijos para aconsejarlos, orientarlos, convivir con ellos,
para formarlos en las reglas de la
convivencia civilizada. Francisca R.
Quiroga, comentando a Robert Coles, dice:
Coles destaca mucho la influencia de los padres en la
formación moral de los niños, porque sostiene que la
fuente principal de enseñanza moral es el ejemplo, lo que
se ve vivir día a día. Los niños
son testigos de nuestra vida,
y este testimonio es lo que los
forma o los destruye. Los niños y los adolescentes necesitan tener a su lado adultos
en los que realmente puedan
apoyarse, en los que puedan
confiar, con valores que sean
creíbles, deseables y que les
facilitan compartir su experiencia de vida (2008).

Es allí, en el seno de la familia, donde los hijos aprenden las nociones
de lo que es bueno y lo que es
malo; es allí también donde tienen
que aprender que en ese convivir
diario hay reglas y normas que nos
indican cómo comportarnos, que
no podemos tener siempre todo lo
que queremos, que las cosas buenas tienen un costo en trabajo, en
disciplina, en orden.
La familia, al ser el primer
núcleo básico de la sociedad, en la que se establecen
relaciones interpersonales
entre sus integrantes, entre
los padres, entre los padres
y los hijos, se convierte en el
lugar donde se va a iniciar su
desarrollo, tanto física como
psicológica y mentalmente;
a la vez que los niños(as) van
adquiriendo algunos de los
rasgos culturales, como sus
hábitos, costumbres, y allí
aprenderán su rol en la familia, y su forma de ser y actuar diariamente, donde se
va a formar el espíritu de su
comportamiento humano,
de ahí que se dice que esas
relaciones interpersonales
que se establezcan serán el
factor clave del desarrollo
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del niño (a) en la familia.
Siendo correcto afirmar que
la familia es un valor, porque
la familia permite establecer
normas de comportamiento
de sus miembros “la moral
familiar” y estas normas, al
tener un contenido, poseen
valores (Rosas, D.).
También cuentan los niños y los
adolescentes con el gran apoyo, el
prestigio y la experiencia histórica
de la escuela como institución social. Es importante recordar que la
escuela, más que una institución
trasmisora de conocimientos, es,
especialmente en sus primeras
etapas, una institución socializadora donde los niños y jóvenes
aprenden a vivir y ser con los demás, aprenden reglas y normas de
comportamiento, de higiene, de
puntualidad, de orden y de respeto
hacia los demás.
Pero ese cuidado que reciben
esos niños desde los primeros años
debe continuar en los demás niveles de su formación escolar, en
la escuela primaria y en la secundaria. Los profesores y profesoras
cuidan la formación normativa de
sus alumnos a través de estrategias
tendientes a afianzar en éstos las
ideas, sentimientos y acciones pertinentes y adecuadas a las circuns-

tancias personales de cada edad y
nivel de desarrollo.
En este tenor, cuando Howard
Gardner (citado en Guerrero, F.)
habla de las inteligencias múltiples,
deja entrever que la inteligencia se
puede moldear y desarrollar; eso le
da a la educación y a los profesores
un papel clave para ayudar a niños
y jóvenes a aprender a convivir y
desarrollarse con los demás. Entre
las ocho inteligencias que Gardner
menciona están las que denomina
interpersonal e intrapersonal: “La
inteligencia interpersonal permite comprender y trabajar con los
demás; la intrapersonal, permite
comprenderse mejor y trabajar
con uno mismo. En el sentido individual de uno mismo, es posible
hallar una mezcla de componentes
intrapersonal e interpersonales”.
Es importante comprenderse uno
mismo para comprender a los demás, en esto pueden participar los
profesores y, principalmente, los
padres de niños y adolescentes.
Es importante que en la escuelas haya reglamentos, y que éstos
deben ser explicados a los niños
y jóvenes para que comprendan
que las disposiciones son en provecho de ellos mismos, que cada
norma o regla contiene un valor,
por eso es necesario ajustarse a tales reglas, pues éstas no son para

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castigar, sino para ayudar a niños y
adolescentes a regular su comportamiento en las comunidades o sociedades de estudiantes. Así, el reglamento es una especie de ensayo
para aprender y debe ser orientado
con un sentido de guía de comportamiento y no tanto como un instrumento para penar a quienes lo
infrinjan; debe incluso premiarse a
quienes guardan dicho reglamento
para que sirva como una inducción
a su cumplimiento.
Apunta Reinaldo Suárez:
La educación es un proceso personal y social de
permanente crecimiento y
aprendizaje para la vida. Lo
específico de la educación
es el “aprender”, el crecer
permanentemente a partir
de sí mismo y en relación
armoniosa con el entorno
natural y social. Se trata de
aprender y crecer gratificantemente y de sembrar felicidad en el mundo. La meta
es llegar a ser personal y
colectivamente aquello que
estamos llamados ser, es
decir, excelentemente humanos, en armonía con el
mundo de la vida. El objetivo
de la educación es aprender

a vivir en un proceso nunca acabado, desarrollando
nuestras potencialidades en
vista del bienestar personal
y colectivo y en armonía con
el mundo. Este aprendizaje
comporta, en resumen, las
siguientes ramificaciones:
Aprender a ser, aprender a
convivir, aprender a conocer,
aprender a hacer, aprender a
tener o administrar, y aprender a disfrutar (2002).
El malestar que nos causa el bullyng
estará allí porque el fenómeno no
es transitorio, por ello debemos estar al lado de nuestros niños y jóvenes para minimizar lo más posible
este lastre que deviene de nuestro
mismo proceso de ser. Es además
una tarea permanente y comprometida de padres y maestros, porque somos los más interesados y
los que más podemos intervenir;
no es campo de autoridades ni del
uso de fuerza, es consejo, orientación, apoyo, educación.
Ayudar a los niños y jóvenes en
el problema que crea el acoso tiene
mucho que ver con el manejo de
los estados emocionales y con lo
que expresa Daniel Goleman cuando dice:

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Las normas que gobiernan
el mundo laboral están cambiando. En la actualidad no
sólo se nos juzga por lo más
o menos inteligentes que
podamos ser ni por nuestra
formación o experiencia,
sino también por el modo en
que nos relacionamos con
nosotros mismos y con los
demás… el hecho es que estas normas tienen muy poco
que ver con lo que en la escuela nos dijeron que era
importante porque desde
esta nueva perspectiva las
actividades académicas son
prácticamente irrelevantes…
por el contrario, centran su
atención en cualidades personales como la iniciativa, la
empatía, la adaptabilidad o
la capacidad de persuasión
(1998: 7).
Aunque este autor habla de adultos en el trabajo, sin duda sus ideas
son aplicables a los niños y jóvenes en esta etapa de su formación.
Tampoco es el caso que este autor
minimice el saber académico, pues
a la vez que lo académico otorga el
mismo valor a la inteligencia emocional que se traduce en competencias para relacionarse y convivir
con los demás, facilita no sólo el

aprendizaje académico, sino toda
la comunicación y la toma de decisiones de equipo y nos ayuda para
vernos iguales entre los iguales.
Cuando Piaget habla de las etapas del desarrollo de los niños y jóvenes, no sólo refiere el cambio en
lo físico, sino que pone énfasis en
su desarrollo intelectual pero también moral. El comportamiento de
los niños con sus pares tiene como
soporte su desarrollo moral, más
exactamente la noción que tenga
sobre las normas o reglas que la sociedad se ha impuesto.
A propósito del desarrollo moral de los niños:
Los estudios de Piaget … comienzan por el análisis de
las reglas del juego social en
cuanto que son obligatorias
para cualquier jugador normal. En una segunda etapa
estudia la mentira infantil y
el juicio que de la misma tienen los niños de diferentes
edades. Para Piaget, en el
desarrollo moral se pueden
distinguir dos fases: la fase
de heteronomía moral, en
la que las normas le vienen
al niño impuestas desde fuera. En esta etapa las normas
morales son como fuerzas

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reguladoras en sí mismas,
que funcionan con independencia del niño, el cual las
cumple por la fuerza, generalmente, de la autoridad
que representan. Acatarlas
y cumplirlas lleva consigo
recompensas; incumplirlas,
castigo. La fase de autonomía moral, en la que el niño,
después de un periodo de
interiorización de las reglas,
comienza a actuar basándose en criterios propios y no
en imposiciones exteriores.
Piaget insiste en que la conciencia de lo que es bueno
o malo llega al niño a través
de la cooperación mutua con
los demás (Barrio, A.).
Sobre este tema del desarrollo moral de niños y jóvenes, Lawrence
Kohlberg
realiza a partir de 1955 investigaciones con chicos varones de edades comprendidas entre los 10 y los 17
años y de clase social media
y baja. De estos estudios y
de las revisiones realizadas
posteriormente, Kohlberg
concluye que el desarrollo
moral se realiza a lo largo de

seis estadios secuenciados
lógicamente,
universales
(validos para todo tiempo
y cultura) e irreductibles.
Estas etapas o estadios van
apareciendo a partir de la
interacción del niño con el
entorno social. Los estadios
son lineales, es decir, forman
una secuencia invariante en
el desarrollo de cada individuo, y no son acumulativos,
ya que nadie puede pertenecer a dos estadios a la vez.
Cada uno de ellos es, pues,
un todo estructural (Barrio,
A.).
Lawrence Kohlberg dice que:
En un principio los individuos comienzan asimilando las reglas de conducta
como algo que depende de
la autoridad externa. Posteriormente perciben dichas
reglas como elementos indispensables para lograr la
recompensa de satisfacer las
propias necesidades. En un
tercer estadio las considera
como un medio para alcanzar la aprobación social y por
tanto la estima de los demás.
Después las reglas se con33

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�Vulnerabilidad en la adolescencia

vierten en soportes de determinados órdenes ideales
y finalmente se transforman
en elementos articuladores
de principios sociales que se
le manifiestan como imprescindibles para poder vivir al
lado de los demás (Barrio,
A.).
Otros autores hablan también de
ese dilema que enfrentan los niños
y jóvenes en su proceso de inserción en la sociedad:
El conocimiento es resultado de la interacción social,
en la interacción con los demás adquirimos consciencia
de nosotros, aprendemos
el uso de los símbolos que,
a su vez, nos permiten pensar en formas cada vez más
complejas. Para Vygotsky,
a mayor interacción social,
mayor conocimiento, más
posibilidades de actuar, más
robustas funciones mentales. El ser humano es un ser
cultural y es lo que establece
la diferencia entre el ser humano y los animales (García,
H.).
No se trata entonces de evitar el
acercamiento y la convivencia en-

tre niños y jóvenes: procurar y
promover ese acercamiento es lo
mejor que les podemos hacer, pero
deben estar orientados, para evitar los problemas de relación entre
ellos y evitar el bullyng. En estos
tiempos que estamos viviendo
muchas personas han puesto atención sobre el fenómeno bullyng, el
acoso de niños y jóvenes; muchos
han hechos estudios profundos y
otros los han compartido a través
de charlas y conferencias, todo ello
es saludable porque es importante
atender a nuestros niños y jóvenes
en su proceso de desarrollo, darle
la dimensión correcta a este fenómeno y no hacer como que nada
pasa.
Por lo que aquí se ha expresado se puede afirmar que los niños
y jóvenes que participan en el fenómeno del bullyng, en tanto seres
humanos que viven su proceso de
desarrollo y que por lo mismo no
tienen claridad cómo comportarse,
requieren la ayuda de sus mayores;
si el problema está allí en la realidad de nuestros niños y jóvenes es
indispensable hacer algo, no cerrar
los ojos como si nada pasara; además de que no va desaparecer porque está esencialmente en la naturaleza de nuestros niños y jóvenes.
Los padres y maestros son los que
habrán de intervenir, los primeros
con su celo de padres y los segun-

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�Vulnerabilidad en la adolescencia

dos, con su buena formación profesional y compromiso, sabrán hacer
lo necesario para aminorar lo más
posible esta situación que resulta
desagradable y se convierte en un
problema de vida para niños y jóvenes. También es importante que
las autoridades educativas se interesen por este fenómeno, aunque
finalmente los que deberán participar son los maestros. A su vez, los
medios de comunicación habrán
de apoyar lo más posible en la lucha contra el bullyng para facilitarles a nuestros niños una formación
feliz.
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�Desarrollo urbano. Población, vivienda y cambio urbano

Vivienda y migración, dos políticas
en reconciliación.
El caso de Michoacán
Salvador García Espinosa

Resumen

L

as políticas gubernamentales
sobre construcción y mejoramiento de viviendas en Michoacán, así como de otras entidades del país, se concentran en las
principales localidades como una
respuesta ante el crecimiento poblacional. Sin embargo, en el ámbito rural se identifica un proceso
acelerado en acciones de mejoramiento en la vivienda tradicional
a partir de la disponibilidad de recursos económicos producto de las
remesas que envían los trabajadores migrantes a sus familiares. De
forma simultánea a la insistencia
del gobierno porque los habitantes canalicen los migradólares hacia proyectos productivos, no se
logra contrarrestar el rol asignado
a la vivienda como escenario de
autorrealización. Por el contrario,
las mejoras habitacionales parecen incrementar las demandas en
servicios e infraestructura básica,

situación que ha obligado a buscar
nuevos esquemas de participación
ciudadana.
Palabras clave: vivienda, migración, remesas.
¿Localidades rurales o urbanas?
Michoacán, como gran parte de
las entidades del país, presenta un
patrón de distribución poblacional
disperso, con una gran cantidad de
pequeñas localidades menores a
los 2 mil 500 habitantes y una tendencia a la concentración de sus
habitantes en sólo cuatro ciudades
principales, situación que de inicio
plantea un escenario de desigualdad y polarización de condiciones
de bienestar y desarrollo. Desde
una perspectiva demográfica, en
1980, la población en la entidad
que se consideró como urbana representaba 53 por ciento, porcentaje que aumentó a 62 por ciento

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�Desarrollo urbano. Población, vivienda y cambio urbano

en 1990, llegando a representar en
el año 2010 poco más de 75 por
ciento.
Pese al enfoque anterior, que
permitiría considerar a Michoacán
como urbano, desde un enfoque
territorial de la distribución de la
población, hoy en día 90 por ciento
de las localidades del estado se considera como rural por contar con
una población inferior a los 2 mil
500 habitantes. Esta situación ilustra un patrón de dispersión poblacional significativo, que al igual que
en el resto del país puede asociarse
con un atraso productivo, grandes
déficits en servicios básicos debido
al difícil acceso y a los altos costos
de introducción en la infraestructura —factores que generan pobreza
extrema y marginación—, así como
a altas tasas de mortalidad infantil
y fecundidad (Consejo Nacional de
Población, 2003).
Para el caso particular de la vivienda en Michoacán, el contar
con un gran número de pequeñas
localidades permite inferir un escenario de grandes rezagos relacionados con la infraestructura y servicios básicos indispensables para
el impulso al desarrollo. Muestra
de ello es que pese a los esfuerzos
gubernamentales, al año 2010, tan
sólo 75 por ciento de las viviendas disponía de drenaje; en 19 por

ciento del total de casas se utilizaba leña y carbón para cocinar; y se
concentraba el mayor porcentaje
a nivel nacional de viviendas con
sólo dos cuartos.
Tal vez por estos factores y otros
más relacionados con un desarrollo
desigual entre las zonas urbanas y
las rurales, Michoacán ocupe el segundo lugar, después de Zacatecas,
en el número de emigración hacia
los Estados Unidos, con casi 5 por
ciento de michoacanos viviendo en
el extranjero. Este hecho ahora se
manifiesta en el enfoque económico de la migración, que tanto auge
ha cobrado en los últimos 10 años,
importancia por demás manifiesta por los más de 500 millones de
dólares que ingresaron por trimestre durante 2012 por concepto de
remesas a la entidad michoacana,
que de forma anualizada y global la
ubican como la entidad de mayor
captación de remesas, con 13 por
ciento del total nacional (Banco de
México, 2012).
La perspectiva macroeconómica reafirma la relevancia de las remesas en virtud de que las divisas
que llegan al estado por concepto
de exportaciones representarán
apenas 53.4 por ciento de lo que
envían los migrantes michoacanos.
Para el año 2004, los recursos captados por remesas representaron
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�Desarrollo urbano. Población, vivienda y cambio urbano

casi 80 por ciento del presupuesto
que ejerció el gobierno estatal durante ese año (La Jornada, 2004).
A nivel macroeconómico, 30 mil
hogares michoacanos dependen
exclusivamente de los ingresos por
remesas y representan poco más
de 37 por ciento del total de hogares que recibe ingresos por esta
vía. Los ingresos en aquellos hogares que dependen totalmente de
los migradólares llegan hasta 300
dólares mensuales en promedio
(García, S., 2010).
Las cantidades mencionadas
han modificado la dinámica social
en las comunidades, obligando no
sólo a los gobiernos locales, sino al
estatal y al federal, a instrumentar
políticas de participación ciudadana tendientes a buscar la aplicación
de las remesas en el financiamiento de obra pública, así como en
proyectos productivos que impulsen el desarrollo de comunidades
rurales. Sin embargo, las investigaciones sobre remesas indican que
los recursos son aplicados en primera instancia al consumo directo
y en segundo término a acciones
de mejoramiento o construcción
de nueva vivienda, lo que no necesariamente impulsa el desarrollo
de su comunidad, sino, por el contrario, incrementa las demandas en
servicios y equipamiento.

Vivienda y bienestar social
De entre las variables que conforman las condiciones de vida
—alimentación, salud, educación,
ingreso, etcétera— destaca el papel de la vivienda como indicador
de evaluación del bienestar de la
población (Torres, F. y J. Delgadillo 1990), basado en una serie de
necesidades que han sido englobadas bajo el rubro de condiciones de
vida y que representan estándares
establecidos como mínimos necesarios para garantizar que el individuo viva y se reproduzca, en gran
medida por el impacto que tienen
las condiciones materiales de la
vivienda en aspectos relacionados
con la salud de sus habitantes.
Conviene recordar que si bien
una necesidad es entendida como
un satisfactor imperativo que es
preciso satisfacer, esto necesariamente implica una referencia comparativa con respecto a una norma
o parámetro previamente establecido, de lo contrario, tal aspiración
por satisfacer algo sería considerada tan sólo como un deseo (Smith,
D., 1980: 63). En este sentido, la
valoración de la vivienda como
sustento de las políticas sociales
se realiza preponderantemente en
términos cualitativos a partir de
cinco aspectos:

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�Desarrollo urbano. Población, vivienda y cambio urbano

—Disponibilidad de agua entubada. En virtud de que su
falta propicia la utilización
del líquido vital en condiciones perjudiciales para la salud, además de que obliga a
los habitantes de la vivienda
a invertir tiempo y esfuerzo
físico en el acarreo.
—Disponibilidad de drenaje y sanitario exclusivo. La
falta de estos servicios en
la vivienda aumenta la vulnerabilidad al incrementar
el riesgo de contraer enfermedades trasmisibles como
las gastrointestinales y respiratorias. La defecación al
aire libre o la carencia de
sistemas para el desalojo
aguas negras y sucias genera
grandes problemas de salud
pública.
—Disponibilidad de energía eléctrica. La carencia
de electricidad excluye a la
población del disfrute de
bienes culturales, de la participación de los sistemas
modernos de comunicación
y entretenimiento, así como
de la utilización de aparatos
electrodomésticos.
—Piso de tierra en viviendas.
La carencia de algún tipo de
recubrimiento en el piso de

la vivienda eleva sensiblemente en los menores de
edad el riesgo de fallecer de
contagio de enfermedades
gastrointestinales y respiratorias.
—Hacinamiento. Conforme
lo establecido por diversos
organismos internacionales,
se considera que existe hacinamiento cuando en una vivienda duermen más de dos
personas en cada cuarto.
Sin embargo, una de las teorías
más influyentes al respecto de la
jerarquía de necesidades, propone
cuatro niveles (Maslow, A., 1954):
—Un inferior en el que ubica las correspondientes a la
lucha por la supervivencia,
como obtención de comida,
vestido, abrigo, etcétera.
—El segundo nivel corresponde al de seguridad e incluye la protección ante el
medio ambiente, así como
en contra del peligro físico
que representa una catástrofe.
—Un tercer nivel es la necesidad de pertenencia y de
amor; las necesidades de
afecto, de relaciones inter41

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personales satisfactorias, de
conformidad a las normas
del grupo, etcétera.
—El cuarto es la estima o la
necesidad de reconocimiento, del prestigio, de la posición social y de la dominancia. Finalmente, el nivel más
alto de necesidades corresponde a la autorrealización
o el deseo de satisfacerse a
sí mismo.
Bajo el marco anterior, los factores
cualitativos mencionados como
norma de evaluación corresponderían al segundo nivel en virtud de
su función y confort de protección
al medio ambiente. Sería preciso
ubicar a la vivienda como satisfactor del tercer nivel, al propiciar la
pertenencia y relaciones interpersonales familiares básicas para el
desarrollo de todo individuo; pero
de manera particular, en el caso
de las comunidades de alta emigración, la vivienda es vista como
escenario de autorrealización del
individuo, de prestigio y estatus.
Políticas de vivienda
Pese a la relevancia de la vivienda
como indicador de bienestar, su impulso como política social enfrenta

una contradicción que toma relevancia desde una perspectiva territorial en donde se observa gran
cantidad de comunidades rurales
de alta marginación y tiene que
ver con el hecho de que —al menos para el caso de Michoacán— la
canalización de inversiones gubernamentales a través de programas
y subprogramas de vivienda muestran un clara correlación entre el
monto invertido y el tamaño poblacional de la localidad. Es decir, a
mayor población, mayor inversión.
Situación que si bien encuentra explicaciones en las economías de escala, deja de lado en buena medida
a aquella población en condiciones
de marginación extrema, ampliando la brecha entre los ámbito rural
y urbano al acentuar los desequilibrios regionales.
Ahora bien, existe una correlación directa entre los parámetros
de evaluación señalados para la vivienda y las políticas gubernamentales en la que, a partir de los programas para el caso de Michoacán,
es factible identificar tres vertientes:
—Construcción de viviendas
nuevas: en donde programas como Tu Casa y VIVAH
propician la construcción

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�Desarrollo urbano. Población, vivienda y cambio urbano

de viviendas de crecimiento progresivo, así como de
los llamados “pies de casa”,
atendiendo al déficit cuantitativo.
—Mejoramiento de viviendas existentes: de manera
puntual se busca disminuir
los índices de hacinamiento
a través del programa denominado Crecemos Tu Casa,
mientras que con programas como el de Suministro
de Cemento, Mejoramos Tu
Casa, Piso-Techo, etcétera,
se atacan aspectos de índole
cualitativo del sistema y los
materiales utilizados en la
vivienda. A este respecto, es
preciso señalar que en este
rubro las características de
la vivienda tradicional predominante en la entidad se
ven amenazadas por la aplicación de dichos programas.
—Mejoramiento de infraestructura y servicios: a través
del programa de Microrregiones se realizaron obras y
acciones como reconstrucción de caminos, ampliación
de las redes de energía eléctrica y agua potable, obras
de infraestructura social básica, etcétera.

En el contexto estatal michoacano,
las tres vertientes anteriores de
programas sociales relacionados
con la vivienda adquieren connotaciones particulares que no deben pasarse por alto: la primera de
ellas no se aborda en el presente
texto, pero tiene que ver con las
características de la arquitectura
habitacional tradicional, en donde
predominan materiales como madera, adobe y teja, todos ellos considerados dentro de los déficits cualitativos de la vivienda, pero que en
su conjunto conforman la imagen
urbana tradicional de gran parte de
las comunidades rurales y sobre las
cuales se sustenta en buena medida
el atractivo turístico de Michoacán,
el cual llega a ser del orden de 7.7
por ciento del PIB estatal. En otras
palabras, el mejoramiento de la vivienda en muchas de las comunidades rurales atenta contra el potencial turístico del estado.
El segundo aspecto, objeto del
presente texto, corresponde al fenómeno de la migración, que si
bien puede atribuirse a los altos
índices de marginación, sus efectos
en términos del dinero que ingresa
a las comunidades rurales —remesas— ha modificado no sólo el papel de la vivienda tradicional en el
desarrollo rural, sino los mecanismos de concertación entre autoridades y sociedad civil.
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La transformación de la vivienda tradicional por efectos de las remesas
que envían los trabajadores que emigran hacia Estados Unidos parece cubrir una demanda no atendida por las políticas públicas de vivienda.

Migración y remesas
De entre las características que
presenta el proceso migratorio actual entre México y Estados Unidos
cobran relevancia, por su incidencia sobre el concepto de remesa,
los siguientes aspectos:
a) Disminución de los mecanismos de circularidad. Se
estima que en el año 2002

residían en Estados Unidos
alrededor de 4 millones de
emigrantes mexicanos en situación irregular, lo que significa un incremento de 67
por ciento en relación con
los 2.4 millones registrados
en 1996 (Consejo Nacional
de Población, 2004: 296).
		 El hecho de que el inmigrante busque permanecer
en Estados Unidos puede
explicarse en términos de

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�Desarrollo urbano. Población, vivienda y cambio urbano

su adaptación social e integración económica, ya que
bajo la perspectiva “asimilacionista” su ingreso se verá
incrementado en función
del tiempo y al adquirir la
experiencia necesaria para
responder de manera más
adecuada al mercado local
(Chiswick, B., 1977; Hirsman,
C., 1978). Sin embargo, la
estancia del inmigrante determina en gran medida la
cantidad de dinero que enviará (Díez-Canedo J., 1980):
los inmigrantes permanentes rara vez envían dinero,
mientras que aquellos que
visualizan su temporalidad
corta, procuran enviar la
mayor cantidad a fin de disminuir su permanencia en el
extranjero.
b) La dispersión del proceso
migratorio. En la actualidad, junto con las causas
tradicionales de pobreza,
marginación y carencia de
fuentes de empleo, el Tratado de Libre Comercio como
instrumento de apertura e
intercambio hacia Estados
Unidos, principalmente, ha
propiciado que los flujos migratorios aumenten y su ori-

gen se disperse por todo el
territorio nacional y no sólo
en aquellos estados origen
tradicional de los migrantes como Zacatecas, Jalisco,
Guanajuato y Michoacán.
		 En el ámbito estatal, en
1980, 84 por ciento de los
municipios
michoacanos
presentaba características
de expulsión y fuerte expulsión; para 1990, dicho porcentaje aumentó a 85 por
ciento y a 86 por ciento en
2000; ello representa que,
en ese mismo año, en 14.58
por ciento de los hogares
michoacanos se recibieron
remesas.
		
c) Incremento en la magnitud
e intensidad de los flujos
migratorios, pues resulta innegable el hecho del incremento cuantitativo en el flujo neto anual de inmigrantes
mexicanos en Estados Unidos, al pasar de 235 mil en el
periodo 1980-1990 a 390 mil
en 2000-2003.
		 Se observa una tendencia
a la masificación de la migración mexicana a Estados Unidos, toda vez que la población de origen mexicano en
ese país se ha incrementado
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�Desarrollo urbano. Población, vivienda y cambio urbano

en casi tres veces entre 1980
y 2003, desde alrededor de 9
millones a 26.7 millones. De
estos últimos, se estima que
9.9 millones corresponden a
la población nacida en México y cerca de 16.8 millones a
la nacida en Estados Unidos.
A la vez se registra un ostensible incremento de personas sin experiencia migratoria —29 por ciento entre
1993 y 1997; y 72 por ciento registrado entre 2001 y
2003—. Este incremento en
la magnitud e intensidad de
los flujos migratorios permite explicar en buena medida
porqué, a pesar de la permanencia de los inmigrantes
mexicanos, la percepción de
remesas cada vez es mayor
(Carriles R. 1991)
d) Una mayor heterogeneidad
del perfil de los migrantes
por la incorporación de una
mayor proporción de migrantes de origen urbano, una
creciente presencia femenina y en ambos casos con
una mayor escolaridad. En la
actualidad, los inmigrantes
mexicanos residentes en Estados Unidos se caracterizan
por una mayor diversidad en

cuanto a sexo y edad; contrariamente al patrón tradicional —predominantemente
masculino y joven—, la migración mexicana en Estados
Unidos asume cada vez más
un carácter familiar.
		 Para el caso de Michoacán, reviste importancia
el hecho de que cada día es
mayor el número de indígenas que participa en el proceso migratorio, contrario a
la visión tradicional que consideraba que los individuos
indígenas se encuentran más
restringidos por las ataduras
culturales y normas sociales
que les dan coherencia y estabilidad social, además de
su limitado acceso a la información; esta nueva dinámica podría explicarse incluso
en términos de la alta marginación que presentan los
municipios indígenas.
Impactos de remesas
Si bien el ingreso de capital puede
considerarse como uno de los beneficios para el país expulsor de
población, para el caso de México
dicho ingreso, más que incentivar
el desarrollo de una base producti-

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�Desarrollo urbano. Población, vivienda y cambio urbano

va, acentúa la dependencia de buena parte de los habitantes hacia
tal ingreso. De ahí que existe una
marcada intención por parte de
los diferentes niveles de gobierno
por canalizar dichos recursos hacia
proyectos y actividades productivos que permitan sustentar una sinergia que impulse el desarrollo de
las entidades con altos índices de
migración, así como el de las localidades en particular.
Una prueba de lo anterior es el
denominado programa 3x1 del gobierno federal, destinado a ampliar
y fortalecer proyectos productivos,
al igual que impartir diversos talleres de capacitación para esposas
y familiares de emigrantes con el
objetivo de ofrecer alternativas de
desarrollo económico sobre el uso
de las remesas. Sin embargo, investigaciones recientes (Aguirre, J. y J.
Bonales, 2004) demuestran que no
existe un nivel de asociación ni de
causación estadísticamente significativa entre el ingreso de remesas
y la creación de microempresas; es
decir, que los ingresos por remesas
no han incidido en la creación de
microempresas formales, lo que podría explicarse por su uso destinado
fundamentalmente para consumo.
Las principales encuestas nacionales y estudios de caso disponibles (Carriles, J., 1991) señalan

que, de forma predominante, las
remesas tienen como destino final
el gasto en satisfactores de necesidades básicas, es decir, el consumo diario. Es de hacer notar cómo
en estimaciones menos globales
(Gamboa, E., 2001) se identifican
que el segundo rubro de inversión
—16 por ciento— se presenta en la
mejora cualitativa de la vivienda,
además del patrocinio de fiestas
patronales en sus comunidades de
origen, así como el financiamiento
de obras públicas de interés social,
aspectos que invitan a cuestionar
más a fondo la falta de éxito en las
políticas de canalización de remesas a inversiones productivas. Pero
más allá de argumentos como la
desconfianza generada por la corrupción y falta de una visión empresarial del emigrante y sus familiares, conviene destacar que aun y
cuando el porcentaje destinado a
la vivienda pareciera sumamente
inferior en relación con el destinado al gasto familiar, aquél adquiere
relevancia bajo tres vertientes:
—El rol que se le asigna a la
vivienda como escenario de
autorrealización. De entre
los aspectos intangibles que
sobre la vivienda gravitan y
se relacionan con el proce47

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�Desarrollo urbano. Población, vivienda y cambio urbano

so de migración, destaca el
hecho de que el trabajador,
ante la imposibilidad de contar con oportunidades de
desarrollo en el país al que
inmigró, buscará y obtendrá
su autorrealización en su comunidad de origen a través
de las mejoras a la vivienda
y/o la construcción de una
vivienda nueva, que manifieste el progreso adquirido
o el éxito obtenido (Tienda,
M. y L. Neidert, 1980). Bajo
esta dimensión de la vivienda como concreción de aspectos intangibles, puede
comprenderse el poco éxito
que ha tenido la insistencia
del gobierno por impulsar
una lógica económica que
reorienta la inversión de
remesas en proyectos productivos que generarían un
mayor desarrollo familiar,
comunitario y regional.
—El carácter rural de las localidades. Debido a la condición rural de gran parte
de las localidades de Michoacán, el habitacional representa el uso predominante, de ahí que aun y cuando
se considere menor el porcentaje destinado a la transformación de la vivienda a

partir de la incorporación de
nuevos materiales, aspectos
formales y emplazamientos
espaciales, su impacto sobre
la estructura e imagen urbana a nivel de localidad es significativo, según lo demuestra el cambio en la imagen
urbana que presenta en la
actualidad un alto porcentaje de las localidades.
—Desfase entre la vivienda y la localidad. Es preciso
señalar que un factor sine
qua non para llevar a cabo la
transformación físico-constructiva de cualquier tipo de
vivienda es la disponibilidad
de recursos económicos; en
este sentido, el origen de
dichos recursos constituye,
en nuestra opinión, una diferencia radical en el patrón
urbano que presentará el
desarrollo en gran número
de las localidades rurales.
Cuando el excedente de recursos que se destina al mejoramiento de la vivienda es
producto de las actividades
económicas desarrolladas
en la propia localidad, como
lo sería el comercio, agricultura, industria o turismo, se
presenta un proceso “paulatino” de transformación en

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�Desarrollo urbano. Población, vivienda y cambio urbano

la vivienda de forma simultánea al urbano, en términos
de la inversión pública destinada a la infraestructura,
servicios y equipamientos,
etcétera. Caso contrario se
presenta cuando los recursos destinados al mejoramiento —cualitativo o cuantitativo— de la vivienda son
producto de una dinámica
económica ajena a la localidad, como es el caso de las
remesas, lo que propicia un
proceso de mejoramiento y
transformación de la vivienda desfasado respecto del
entorno urbano. Es decir,
que la vivienda presenta un
“aislamiento” con respecto a
los demás componentes de
la estructura urbana como
vialidad, transporte, infraestructura básica, equipamiento, etcétera, lo cual se aprecia por la proliferación de
viviendas con características
arquitectónicas netamente
urbanas insertas en contextos eminentemente rurales.
Reflexiones finales
Si se asume que los mayores déficits de vivienda se encuentran en la

zona rural y son, a la vez, los sitios
de mayor intensidad migratoria, los
programas de mejoramiento de vivienda impulsados por el gobierno
en sus diferentes niveles enfrentan
el reto de lograr que los apoyos logren canalizarse necesariamente a
localidades rurales de mayor expulsión poblacional.
En este mismo sentido, lo que
se observa en las localidades rurales de alta migración es que la
transformación que presenta la vivienda tradicional en comunidades
no sólo modifica la imagen urbana,
sino que incrementará a corto plazo la demanda de infraestructura
y servicios básicos como agua entubada, drenaje, pavimento, etcétera, sin que los gobiernos locales
puedan hacer frente a dichas demandas, por lo que es preciso incentivar la canalización de recursos
producto de las remesas a obras de
infraestructura social básica.
Otra forma de interpretar el
“rompimiento” de la homogeneidad urbano-arquitectónica que
manifiestan muchas de las localidades de Michoacán es el reflejo
de un sentido de comunidad fragmentada, en donde si antes la voluntad individual estaba sometida
al beneficio social, hoy en día tal situación ha cambiado. Basta juzgar
la transformación que ha tenido la
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�Desarrollo urbano. Población, vivienda y cambio urbano

vivienda en términos de sobresalir del entorno, lo que manifiesta
un cambio en el paradigma de actuación comunitaria, aspectos que
parecen ignorarse al momento de
buscar la aplicación de remesas en
obras de beneficio social.
En el contexto anterior, la proliferación de un gran número de viviendas deshabitadas o, en sentido
estricto, habitadas sólo por unos
cuantos días al año, sólo se explica bajo el paradigma de la vivienda
como elemento protagónico en la
realización del emigrante.
En este sentido existe una doble
actitud con respecto a la vivienda:
el gobierno busca la conservación
de la vivienda tradicional como recurso turístico, tal es el caso de los
llamados Pueblos Mágicos; en contradicción con ello, los propietarios
buscan transformar su vivienda
como muestra de modernidad y
progreso, aunque en el interior de
la casa continúen las carencias básicas.
Finalmente, es preciso destacar que el desenvolvimiento de las
áreas rurales plantea un desafío en
términos de integración y recomposición territorial, en donde los
actores sociales y las políticas públicas apenas inician nuevos escenarios de concertación con la finalidad de transformar comunidades

rurales de contraste y marginación
en unidades espaciales coherentes
de ordenación, tanto en su dimensión espacial como administrativa,
para un desarrollo económico sustentable y no dependiente de las
remesas.
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�Desarrollo urbano. Población, vivienda y cambio urbano

Tendencias demográficas
y físico-espaciales
de la zona metropolitana de
Monterrey
G. Gerardo Veloquio G.

Resumen

E

n este documento se analiza la evolución del proceso de urbanización del área
metropolitana de Monterrey con
el propósito de establecer las tendencias según los datos históricos
de sus nueve municipios. Considerando a la densidad de población
como variable independiente del
crecimiento demográfico y urbano,
se ha calculado aquí el grado de
crecimiento urbano por municipio
y los coeficientes de densidad de
población por grupos de edad de
0 a 4 años y de 60 años y más. A
su vez, mil 116 áreas geográficas
estadísticas básicas —105 del centro del área y mil 11 de la periferia— aportan los datos correspondientes. El análisis transversal de
éstos se hace mediante el Cociente
de Localización de Phillip Sargant
Florence; el análisis longitudinal
se realiza con base en los cálculos
del Consejo Estatal de Población

(2000) y del Consejo Nacional de
Población (2000).
Los resultados muestran una
disminución del ritmo de crecimiento poblacional —y una concentración de la población adulta— en el centro del área, y un
aumento de dicho ritmo —con
una concentración de la población
infantil— en la parte periférica;
patrón que contrasta con el tradicional de concentración-dispersión
iniciado en los años cuarenta del
siglo pasado. Los datos revelan,
además, un cambio en la forma de
la estructura urbana, que va de un
crecimiento concéntrico en 1990 a
otro policéntrico en 2000.
Estos cambios modifican las necesidades sociales y la demanda
de equipamientos urbanos, lo cual
requiere la atención e intervención
focalizadas de los sectores público,
social y privado.
Palabras clave: Crecimiento demográfico, Densidad de población, Desarrollo policéntrico

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�Desarrollo urbano. Población, vivienda y cambio urbano

Introducción
Entre los dilemas de que se ocupa la ciencia regional, dos son de
suma relevancia. Por una parte, los
problemas relativos al funcionamiento del sistema de ciudades en
el territorio, y por la otra, las cuestiones intraurbanas que tiene que
ver con la situación actual que prevalece en el interior de la estructura urbana de las ciudades.
Los estudios refieren que, en
México, el número de ciudades
mayores de 15 mil habitantes pasó
de 227 en 1980, con un grado de
urbanización de 55 por ciento, a
367 en 2005, con un aumento en
la urbanización a 69.2 por ciento
(Garza, G., y M. Schteingart, 2011).
Por primera vez en la historia,
las grandes metrópolis constituyen
la mayoría absoluta de la población urbana. En esa línea, México
emerge como un país altamente
urbanizado, pero con una creciente concentración en una nueva estructura caracterizada por un policentrismo de un conjunto de 14
grandes urbes.
La evolución del sistema de
ciudades en México se ajusta a la
ley tendencial de concentración
espacial de la población y de las
actividades económicas, propia de
las principales metrópolis de los

países capitalistas, con diferentes
variantes de tipo geográfico, social,
demográfico o, incluso, político.
Las metrópolis y las megalópolis encuentran nuevas formas de
representación de su dimensión
espacial en el contexto de la mundialización de las urbes y de las
zonas metropolitanas como tipos
característicos de concentración
de la población y de las actividades
económicas. Esta nueva geografía
provoca la emergencia de nuevos
complejos de desarrollo territorial
tales como las regiones polinucleares, ciudades- Estado, metroplexes,
regiones nodales y megalópolis
(Garza, G. y M. Schteingart, 2011).
En este documento se analiza la
evolución del proceso de urbanización de la ciudad de Monterrey
en tres periodos: de 1596-1940,
de 1940-2005 y de 2005-2030. El
objetivo es establecer las tendencias según el análisis histórico de
los datos. Se presenta la evolución
de la población centrada en nueve
municipios de la zona metropolitana de Monterrey (ZMM), cuyo objetivo final es esclarecer las formas
hacia la convergencia o divergencia
en la distribución de la población y
las perspectivas del desarrollo urbano en el sistema metropolitano.
La regionalización utilizada corresponde a la delimitación pro53

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puesta por el Instituto Nacional de
Estadística Geografía e Informática
(INEGI), ya que tiene la ventaja, entre otras, de incluir tanto al municipio central como al resto de municipios conurbados y las entidades
periféricas que le rodean, integrando todo esto en una sola unidad,
permitiendo así la comparación
con otras regiones metropolitanas
del resto del país.
Se calcula el grado de crecimiento urbano por municipio del
área y se analizan los coeficientes
de densidad de población por grupos de edad, principalmente de 0 a
4 años y de 60 años y más, que no
es otra cosa que la relación entre la
población de esos grupos de edad
y la superficie medida a partir de
los datos censales, para posteriormente obtener la tendencia que
hace posible la predicción a 2030.
Los datos han sido tomados de
los censos de población y vivienda
de los periodos analizados. Para los
análisis transversales de los datos
obtenidos, se utiliza la técnica del
Cociente de Localización propuesto
por Phillip Sargant Florence (1948),
que aquí nos ha sido de gran utilidad para obtener la información
de la situación actual y su patrón
de comportamiento físico-espacial
de la población. Para el análisis
longitudinal y la visión del futuro,

nos hemos basado en los cálculos
de Consejo Estatal de Población
(2000) y del Consejo Nacional de
Población (2000).
Los resultados sugieren, a partir
de 2005, una tendencia de crecimiento poblacional de los municipios centrales y de aumento de los
municipios localizados en el segundo anillo de la zona metropolitana.
El nuevo patrón de crecimiento y
de localización de las actividades
productivas sugiere, además, un
cambio en el paradigma tradicional
de concentración-dispersión que
se había venido presentando desde 1940.
Se define, igualmente, un patrón de localización de las actividades y de la población de tipo diferenciado; por un lado, la población
adulta se concentra en el centro,
en tanto que la infantil lo hace en
la periferia.
Además, los municipios de
Monterrey, San Nicolás, Guadalupe
y San Pedro, cuya población había
crecido de manera exponencial
desde 1940 (Instituto Nacional de
Estadística Geografía e Informática, 1941), en el conteo de 2005
(Instituto Nacional de Estadística
Geografía e Informática, 2006) presentan una disminución, experimentado un crecimiento negativo,
contrastando con los municipios de

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�Desarrollo urbano. Población, vivienda y cambio urbano

Apodaca, Escobedo y Juárez, que
repuntan hacia un crecimiento urbano sostenido.

Figura 1. Evolución de la población
de Monterrey 1596-2005

Antecedentes
Tal tendencia demográfica del
Área Metropolitana de Monterrey
(AMM) va, en un primer periodo,
desde los primeros 34 habitantes
registrados en 1596 hasta los 26
mil de 1850, que marcaron una
pauta de crecimiento moderado,
pasando a un segundo periodo
que inicia en 1950 con 339 mil 282
habitantes, alcanzando 3 millones 598 mil 597 en 2005 (Instituto
Nacional de Estadística Geografía
e Informática, 2006). Esta última
tendencia, experimentada de manera especial en algunas ciudades,
implica, por un lado, la necesidad
de un tratamiento integral —y no
fragmentado como actualmente
sucede— de la planeación urbana
de los municipios del área, y, por
otro, su consideración como ciudades globales para el intercambio de
experiencias con las de otras latitudes.

Fuente: Censos de población y vivienda, Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática.

En la figura 1 se observa una tendencia de crecimiento bajo desde
su fundación en 1596, un ligero repunte en 1850, y no es sino hasta
1940 que se produce el inicio del
gran crecimiento de población y
con ello el aumento de densidad y
de expansión hasta experimentar
la aparición de nuevas zonas caracterizadas por una estructura urbana policéntrica.
El exponencial crecimiento periférico de las ciudades globales,
dice Carlos García Vázquez, “ha
situado las cuestiones de la escala
y las infraestructuras en el centro
del debate de la visión sociológica”
(2004: 8). Allen J. Scott y Edward W.
Soja (1996), por su parte, comentan que los vocablos tan expansivos
como megalópolis o megaciudad
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�Desarrollo urbano. Población, vivienda y cambio urbano

se han quedado cortos para definir
esos inmensos territorios urbanos
fragmentados y policéntricos donde se ha perdido todo foco y todo
límite, dando lugar a ser identificados como ‘metápolis’.
Cronología de sucesos
La siguiente cronología de sucesos
da cuenta del origen (ver figura
2) de la ciudad metropolitana de
Monterrey:
•

•

•

Primera fundación por Alberto
del Canto: 1577. Villa de Santa
Lucía, en lo que hoy existe un
obelisco que recuerda el primer asentamiento.
Segunda fundación por Luis
Carvajal y de la Cueva: 1582.
Villa de San Luis Rey, localizada
al oriente por lo que hoy es la
calle Zaragoza.
Tercera fundación por Diego
de Montemayor: 1596. Localizada en unos predios cercanos
a donde hoy se localiza el Palacio de Gobierno, para luego
mudar el asentamiento debido
a una creciente del río a donde
hoy conocemos la traza de origen medieval caracterizada por
la plaza, el ayuntamiento y la

iglesia catedral, entre las calles
de Zaragoza y Morelos. Los primeros pobladores la denominaron en su acta de fundación
con el nombre de Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora
de Monterrey.
Figura 2. Origen y génesis de la
Zona Metropolitana de Monterrey

Fuente: Joseph Urrutia, de 1712; Trazo: Ojos de
agua y ríos Santa Lucia y Santa Catarina

Figura 3. Crecimiento de la población de la Zona Metropolitana de
Monterrey 1766

Fuente: Archivo del Gobierno del Estado de
Nuevo León.

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�Desarrollo urbano. Población, vivienda y cambio urbano

En el plano de la ciudad propuesto
hace 255 años, se aprecia la traza
urbana de origen medieval, donde
se localiza, al centro, la plaza, en
su primera retícula la iglesia y el
palacio municipal, en una superficie aproximada a las 50 hectáreas
donde habitaban cerca de 5 mil
pobladores, y el convento de Santo Domingo que fue demolido para
dar paso a la calle Zaragoza y la
casa del gobernador, hoy utilizada
como un espacio de las comunidades campesinas y de agricultores
del estado (figura 3).
Figura 4. Crecimiento urbano en
2008

Fuente: Imagen satelital Google, 2010.

Unidades de observación y de
análisis
La zona de estudio es el área metropolitana de Monterrey, a través

de sus manzanas y de la estratificación en áreas geoestadísticas
básicas (AGEB) del INEGI. Aquélla
se ubica en el norte de la República
mexicana, a 200 kilómetros al sur
de la frontera con Estados Unidos,
y está localizada entre el corredor
del Tratado de Libre Comercio —
de Canadá al sur de México— y
el corredor Matamoros-Mazatlán
—oriente-poniente del territorio
nacional—. En total se examinaron
mil 116 AGEB. Las 105 AGEB
—29 colonias— del área central
metropolitana y las mil 11 del resto
de la periferia de Monterrey son
analizadas tomando en cuenta
los indicadores de bienestar
social del año 2000. En cuanto
al área periférica, la información
disponible permitió definir los
límites entre colonias —la vialidad
y/o los bordes entre ellas—, el
tamaño en superficie de la colonia
y el uso de suelo actual.
Las variables demográficas aquí
consideradas fueron dos grupos
de edad: el de población infantil y
el de 60 años y más. La información de los Censos de Población y
Vivienda 1990 y 2000 sirvió para
observar el comportamiento de las
variables a través del tiempo.
La densidad de población es
considerada por los especialistas
como la principal variable indepen57

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�Desarrollo urbano. Población, vivienda y cambio urbano

diente del crecimiento demográfico y urbano:
Los modelos de densidad
tienen una sólida base teórica consistente con la teoría
microeconómica de mercados urbanos que datan de
Von Thünen (1826), hasta
los nuevos argumentos de la
economía urbana. Por otro
lado, el concepto de densidad representa el más simple de los modelos de interacción espacial (Batty, M. y
Y. Xie, 1995: 300).
Por densidad de población entendemos: “término demográfico que
significa el número de personas en
relación con el espacio disponible
de éstas” (Last, J., 1989: 38). Mide
la proporción de habitantes por
hectárea: en general, según la teoría, una densidad alta da cuenta de
un mejor aprovechamiento del espacio; la densidad baja es sinónimo
de dispersión y costos excesivos de
traslado. Densidades mayores a
120 viv/ha., e inferiores a 30 viv/ha.
“conllevan graves disfunciones…50
a 65 viv/ha., es la referencia ideal”
(Higueras, E., 2006: 134). Los investigadores buscan saber, también,
qué grupo de edad es el de mayor

peso. En el caso de los adultos mayores, la teoría dicta que éstos tienen propensión a la no movilidad
en las áreas centrales, mientras la
mayor movilidad se presenta en el
grupo de la población activa con hijos pequeños de 0 a 4 años.
Base de datos, información cartográfica y medición
La recolección de los datos procede de los informes censales, del
plan estatal metropolitano y de los
correspondientes planes municipales, además de un cuestionario
acerca de la percepción de los habitantes en relación con la propensión a la movilidad residencial, que
se aplicó en diferentes barrios y/o
colonias localizadas en el área central metropolitana. Se utilizó el paquete Arc Gis para generar pruebas
de hipótesis a través de los cálculos
de regresión múltiple.
La planimetría aplicada tiene
como proyección la transversa de
Mercator y como dato horizontal el norteamericano de 1927. Se
consideraron las mil 116 AGEB del
AMM, y las unidades cartográficas
fueron codificadas para referenciar la información estadística al
procesarla mediante el sistema de
información geográfica Arcview.

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�Desarrollo urbano. Población, vivienda y cambio urbano

Las manzanas, agrupadas en áreas
geoestadísticas, fueron tomadas
como primer nivel de medición.
Técnicas estadísticas
A partir de los indicadores propuestos en este estudio, obtuvimos el Cociente de Localización
(CL) (Sargant, P., 1948), el cual compara el número de personas que viven en una determinada manzana
que realiza o posee la actividad o
el atributo x, y la superficie de esa
manzana o AGEB. Se generan, así,
referencias para obtener el gráfico
de la densidad de población de los
grupos de 0 a 4 años y de 65 años
y más. El valor del cociente expresa el grado de concentración de la
densidad en la manzana en relación con el territorio de referencia.
Por lo tanto, el resultado de este
cociente también puede traducirse
en el grado de concentración de la
densidad en determinada área de
estudio del AGEB con respecto al
conjunto de ésta. La aplicación del
cociente de localización en forma
territorializada nos permitió obtener distintos patrones espaciales,
según las diferentes características
de la población que habita en la
zona, y principalmente el patrón de
asentamiento residencial a través

de la expresión grafica de la densidad de población en el año 2000.
Resultados
Carlos Garrocho y Jaime Sobrino
afirman que “la perdida de población no es un problema en sí misma, pero si la migración es selectiva la población más valiosa tenderá
a abandonar la ciudad central dejando atrás a la población menos
dinámica y más vulnerable” (1995:
68). Ésta, sin embargo, juega un
importante rol de control social y
de reproducción de la convivencia
entre la comunidad.
En el centro del AMM, la población mayor de 65 años aumentó sólo
0.51 por ciento, Es notable que algunas colonias del centro metropolitano, tales como Aceros Planos y Mitras Norte, presentan un crecimiento
mayor: 6.3 por ciento y 3.3 por ciento, respectivamente. Por otra parte,
el mayor número de adultos mayores de 60 años y más habita actualmente en las colonias Mitras y Fierro, que en conjunto suma más de 5
mil 300 personas. Por consiguiente,
la necesidad de equipamientos sociales, centros asistenciales, centros
geriátricos y, en general, servicios a
la población mayor, se concentra en
tales colonias.
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�Desarrollo urbano. Población, vivienda y cambio urbano

Como vemos, los adultos mayores se localizan, en su gran mayoría, en el área central; es notorio
cómo los municipios de Santa Cata-

rina, Escobedo y Apodaca apenas si
cuentan con una pequeña proporción de adultos mayores.

Cuadro 6. Tendencias y cambios de la población mayor de 65 años
Tendencias y cambios de la población
mayor de 65 años

Año Censal

Diferencia
ABS.
1206.00
46749.00
47955.00

Cambio en el número de habitantes
de 65 años y más

1990

2000

Centro de Monterrey

22933.00

24139.00

0.512406526

Resto de la Zona
Metropolitana

69533.00

116282.00

5.03177892

Total

92466.00

140421.00

4.118306303

El cambio en el número de habitantes de 0 a 4 años por colonia en el
resto del ZMM, es más dinámico, y
demanda el equipamiento que una
comunidad requiere: recreativo,
educativo, de salud y asistencial.

TCMA

Figura 8 Cociente de localización
de la población de 0 a 4 años en
la ZMM

Fuente: Aplicación de Arc Gis y datos de XII Censo de Población y Vivienda, (Instituto Nacional
de Estadística Geografía e Informática, 2000).

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�Desarrollo urbano. Población, vivienda y cambio urbano

Los cambios en el tamaño de la
población de 0 a 4 años explican,
en términos estadísticos, el crecimiento demográfico y urbano del
AMM, ya que mientras la tasa de
crecimiento media anual de la población de 0 a 4 años disminuye en
el centro en 2.01 por ciento, ésta
aumenta en la periferia en 2.81 por
ciento, de manera casi inversamente proporcional. Esta expansión
de la población infantil se localiza,
principalmente, en los municipios
de General Escobedo, Apodaca,

Santa Catarina y B. Juárez; San Pedro, no experimenta esta tendencia.
En términos relativos, las manzanas que conforman la avenida
Colón y la colonia Asarco, presentan los mayores índices negativos
de crecimiento: -4.1 por ciento y
-2.7 por ciento, respectivamente;
sin embargo, en términos absolutos, quienes están expulsando un
mayor número de niños de entre
0 y 4 años son las colonias Fierro y
Moderna.

Cuadro 9. Tendencias y cambios de la población de 0 a 4 años
Cambio en número de
habitantes de 0-4 años
por unidades de análisis
local UAL y resto de la
ZMM.

AÑO CENSAL

DIFERENCIA

1990

2000

ABS.

TCMA

Centro de Monterrey

271423.00

218915.00

-52508.00

-2.14170633

Resto de la Zona Metropolitana

258327.00

342770.00

84443.00

2.809629727

Total

280803.00

363368.00

82565.00

2.563449767

Fuente: Consejo Estatal de Población en Nuevo León (2005).

En relación con las tendencias de
crecimiento demográfico de la población 2005-2030, la base de datos de proyecciones para los municipios del estado de Nuevo León
elaborado por el Consejo Nacional
de Población (2005) muestra un

crecimiento urbano tendencial, es
decir, un crecimiento estadístico
promedio simple. De aquí se puede inferir que los municipios de
Monterrey, San Nicolás, Guadalupe
y San Pedro Garza García disminuyen en el tamaño de su población,
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�Desarrollo urbano. Población, vivienda y cambio urbano

mientras que Apodaca, General Escobedo, Juárez y García aumentan
aquélla de manera significativa. Se
trata de un fenómeno de desconcentración del crecimiento urbano
del centro a la periferia en el AMM,
congruente con el relieve topográfico de de toda el área.
Conclusión
Un examen preliminar de los datos mencionados muestra un cambio significativo en la forma de la
estructura urbana, que va de un
crecimiento concéntrico en 1990 a
otro policéntrico en 2000.
Uno de los problemas principales encontrados en el estudio
ha sido la abdicación del Estado
mexicano en la planeación, bajo el
criterio erróneo de que será la lógica del mercado la que propicie los
usos del suelo adecuados, erróneo
porque ni en la teoría, ni en la práctica, el mercado a podido resolver
el problema.
La creciente socialización de las
condiciones y los servicios generales de la producción hacen imposible que las leyes del mercado
se apliquen a la producción del espacio urbano y metropolitano. Sin
embargo, dentro de las políticas
mercantilistas sólo se observa una

especulación febril y un crecimiento anárquico de la trama urbana,
problemas de dotación de la infraestructura y del funcionamiento
mismo de las ciudades.
El principal reto nacional será
impulsar un nuevo modelo que
se caracterice por dos aspectos:
emplear, productivamente, a la
creciente fuerza de trabajo en las
aéreas metropolitanas del país
en los próximos años; y reactivar
el planeamiento metropolitano
como guía hacia la consecución de
objetivos de desarrollo y calidad
de vida; todo esto en contra de la
improvisación, la casualidad y la inmediatez, que han caracterizado a
las políticas neoliberales apoyadas
únicamente en el factor mercado.
El siguiente paso, entonces, será
elaborar un convenio de colaboración entre la comunidad académica, el sector laboral y la ciudadanía
organizada, para llevar ante los gobiernos federal, estatales y municipales las propuestas pertinentes en
materia de crecimiento urbano.
Se estima que la ZMM seguirá
creciendo tendencialmente hasta
encontrar el equilibrio de 95 por
ciento de su población urbana y
5 por ciento de la rural; que se
aproximaría a lograrlo en los próximos años, para luego experimentar los nuevos paradigmas: el de la

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�Desarrollo urbano. Población, vivienda y cambio urbano

multiculturalidad y la multidiferenciación físico-espacial.
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�Desarrollo urbano. Lo urbano popular

El imaginario urbano del barrio de
San Luisito:
Imagen y memoria del espacio vivido
en los tejabanes
Eduardo Loredo Guzmán
José Ricardo González Alcalá

Resumen

E

l presente artículo muestra
las principales etapas y vicisitudes por las que ha pasado
el planteamiento de un problema
de investigación específico. La idea
inicial consistió en describir la historia y significado del tejabán, vivienda precaria con paredes de madera y empleando hojas de lámina
como techo, que proliferó durante
la primera mitad del siglo pasado
en algunas colonias de la ciudad de
Monterrey, Nuevo León, México,
y de la cual todavía encontramos
buen número de ejemplares de esa
época, de pie y aún ocupadas. Para
ello se consideró indispensable ubicar el estudio dentro de un área urbana que le proporcionara al objeto
a estudiar un contexto histórico-estructural. Así, el lugar elegido fue el
tradicional barrio de San Luisito, localizado al sur de la ciudad de Monterrey, en la colonia Independencia.

Estas páginas resumen los aspectos teóricos y metodológicos
preliminares, y se narran los primeros acercamientos al campo y
las contribuciones de todo esto al
proyecto, en marcha desde hace
un año. Desfilan ideas, definiciones y puntos de vista acerca de
diversos tópicos: aspectos sociales
estructurales (Castells, M., 1978,
1980); comprensión de lo urbano
(Narváez, A., 2003, 2006); haceres
y saberes (García García, A., 2004);
formas de hacer (Mier, 1999); actividad artesanal (Juez, F., 2002);
casas real e imaginaria (Ortiz, V.,
1984); significados de la casa (Bachelard, G., 1965); y, desde luego,
como telón de fondo inmediato, el
barrio (De Certeau, M., 1999, 2000;
Joseph, I., 2002).
En el campo, pasan revista
también: informantes adultos mayores; carpinteros coetáneos a la
época; visitas a lugares estratégicos
del barrio; amas de casa; cronistas;
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�Desarrollo urbano. Lo urbano popular

charlas al aire libre; redes sociales
focalizadas, etcétera.
Palabras claves: tejabán, barrio, informantes, autoconstrucción.
Introducción
El crecimiento demográfico de la
ciudad de Monterrey en las primeras décadas del siglo XX respondió
a la lógica de proletarización del
centro urbano. La industria solicitaba mano de obra; esta situación
prometía mejoras salariales a la
incipiente clase obrera que emergía entre los migrantes del campo,
pues el artesanado de los estados
vecinos a Nuevo León
—en su
mayor parte—, pese a carecer de
especialización alguna, se incorpora a esta tendencia (Cavazos, I.,
1994). “A principios de la década
1930-1940 la ciudad desbordaba
apenas los viejos límites de las actuales avenidas Madero al norte,
la avenida Venustiano Carranza al
poniente, la avenida Félix U. Gómez al oriente y el antiguo barrio
San Luisito al sur” (García Ortega,
R., 1988: 100-101). En este punto
álgido de la explosión demográfica en el área, empiezan las formas
desmedidas y la expresión de migración que en los siguientes treinta años dan origen a la metrópoli.

El barrio de San Luisito se erigió
con base en los migrantes artesanos de San Luis Potosí
—principalmente— que trabajaban la
cantera y el sillar, los materiales
que se usaron para la construcción
de edificaciones monumentales y
viviendas.
El problema de la vivienda en la
ciudad de Monterrey fue llevado
a las discusiones de la administración pública, con mayor resonancia, en la década de los sesenta del
siglo pasado (Pozas, M., 1990). En
nuestra búsqueda de información
sobre el barrio de San Luisito, localizamos una reseña de un informe
sobre la escasez de la vivienda en
dicha época:
Entre sus hallazgos encontrados como demostrativos
sobre... la escasez de vivienda popular se acentúa con
cierta gravedad. El sector
contaba con 15,900 viviendas, de las cuales 970 eran
jacales, 8270 tugurios, 4,930
en estado decadente, 1,210
antiguas y sólo 510 nuevas.
Llamaron jacales a formas
de habitación con gran movilidad aunque a veces son
de hecho habitaciones temporales; los tugurios son viviendas tipo vecindad en las

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�Desarrollo urbano. Lo urbano popular

que predomina los llamados
cuartos redondos, es decir,
en dónde la familia residente tiene una recámara, comedor, sala y hasta cocina en
un solo cuarto; las decadentes son aquellas que requieren urgente reparación, el
complemento de servicios,
etcétera; las antiguas son casas vetustas, mantenidas en
condiciones adecuadas para
hacerlas habitables y las casas nuevas son aquellas que
cuentan con todas las condiciones necesarias, recientemente construidas (De León,
M., 1968: 164).
Lo anterior sirve de antecedente
para describir un proceso social
que, caracterizado históricamente,
mostrará mejor su trascendencia.
Las viviendas precarias fueron predominantes al inicio, pero en nuestro vagar por las calles de la colonia
Independencia, en los albores del
siglo XXI, el panorama no ha sufrido cambios sustanciales. Es por eso
que, al cavilar sobre las bases de
partida de la presente indagación,
observamos un eje inhóspito en los
estudios previos.
Básicamente, el proceso de habitar en un barrio popular procura
otro atractivo: la autoconstrucción
de la vivienda con elementos pri-

marios. La arquitectura vernácula
da valor a nuestro planteamiento,
llevándolo a su última expresión
(García García, A., 2004; Tamez, A.,
2006). Las primeras viviendas del
área de estudio, que fueron en su
tiempo una respuesta inmediata a
la problemática habitacional, son
los llamados tejabanes, con paredes de madera y empleando lámina
como techo. Aunque se reconoce
su similitud con las diversas tipologías de la vivienda precaria —como
jacal, choza, bungalow, chabola,
slum—, el tejabán no se confunde
con ellas. Nuestro trabajo en el rescate del concepto tejabán consistirá en describir las formas, procesos
y elementos característicos de tal
objeto de estudio.
Algunos tejabanes comparten
una similitud en sus formas debido
a que fueron obra de carpinteros de
la zona que, en consenso con los habitantes, edificaron esas obras que
aun ahora siguen proveyendo morada. Aún preservan su estructura original, la misma edificada inmediatamente después de la apropiación de
la tierra, y cuyos aposentos tienen
un carácter provisional. Lo efímero,
entonces, visto en la perspectiva del
tiempo transcurrido, resulta un término que cae en la desfachatez: sucede que algunas construcciones de
madera en el área de estudio han
cumplido ya más de ochenta o más
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�Desarrollo urbano. Lo urbano popular

años de pie. Sus habitantes explican
cómo sus casas resisten las exigencias de las necesidades inmediatas
y de sus sueños, llegando aquéllas a
ser refugio de hasta cuatro generaciones.
Al momento de cuestionarles sobre la procedencia de su vivienda como parte de sus bienes
patrimoniales heredados, nuestros informantes se ensimisman
y tornan cautelosos, sin prometer
una respuesta, con miedo a desconocer, pero sabiendo que son sus
muertos los que viven allí, en esa
casa imaginaria, y a los que nunca
querrán enterrar. Algunos entonces, con orgullo de artista, nos relataron el método artesanal de alzar
un tejaban, de conservarlo y de ser
los primeros en habitar el barrio.
Ésta es otra versión de análisis
de este tipo de construcciones,
como elemento de subsistencia en
lo precario, como el único material
posible para levantar su cobijo de
la intemperie. El tejabán
����������������
es acompañado de algunos materiales de
desecho, como viejas mantas y lonas promocionales de los partidos
políticos; algunas láminas o maderas la hacen de parche para evitar
que se cuelen el agua y el frío.

Marco de análisis
La conceptualización del problema destina preferencia a las herramientas metodológicas propias
del paradigma cualitativo y de los
trazos iniciales de la designación
del espacio físico como campo de
estudio.
En el presente acercamiento, la
configuración de un modelo teórico se encausa con diversas ramas
de las ciencias sociales. Principalmente se retoman algunos lineamientos de la escuela francesa de
urbanismo; igualmente, se pretende seguir a detalle los postulados
de las propuestas generadas de los
aspectos teóricos de estudiosos
locales —Narváez, A., 2003, 2006;
Aragón, J., 2006, 2010; García García, A., 2004—, quienes a su vez
retoman una serie de avances en
materia de arquitectura y urbanismo en México —Juez, F., 2002—.
Las iniciativas del urbanismo
—y la arquitectura— que se desarrollan en el presente trabajo
están enfocadas en la tendencia
ligada a “una aproximación a una
antropología de la arquitectura y la
ciudad” (Narváez, A., 2003). Se fundamenta en este tipo de estudios
de intenciones empíricas que han
producido teoría desde las contradicciones regionales y las acreditaciones internacionales de teorías

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ya consolidadas. Las diversas áreas
a estudiar, ya sea la arquitectura, el
urbanismo, el diseño y la sociología
urbana, representan el argumento
conceptual teórico en relación con
los aspectos técnicos que serán tratados en la presente investigación.
Estas áreas del conocimiento se
ubican en un tiempo donde renuevan sus tendencias iniciales configuradas en un positivismo racionalista, y ahora se han impregnado de
un espectro ecléctico que permite
el vendaval de ideas concatenadas en diversas posibilidades. Es el
caso, por ejemplo, del impredecible Gaston Bachelard (1965) con su
obra La poética del espacio, donde
expresa elementos imprescindibles
para analizar el “imaginario urbano” desde el enfoque del habitar y
las formas de hacer:
Hay que decir, pues, cómo
habitamos nuestro espacio
vital de acuerdo con todas
las dialécticas de la vida,
cómo nos enraizamos, de
día en día, en un “rincón
del mundo”. Porque la casa
es nuestro rincón del mundo. Es —se ha dicho con
frecuencia— nuestro primer universo. Es realmente
un cosmos. Un cosmos en
toda la acepción del térmi-

no. Vista íntimamente, la
vivienda más humilde ¿no
es la más bella? Los escritores de la “habitación humilde” evocan a menudo ese
elemento de la poética del
espacio. Pero dicha evocación peca de sucinta. Como
tienen poco que describir
en la humilde vivienda, no
permanecen mucho en ella.
Caracterizan la habitación
humilde en su actualidad,
sin vivir realmente su calidad
primitiva, calidad que pertenece a todos, ricos o pobres,
si aceptan soñar (1965: 36).
El apartado anterior está enfocado
desde la visión fenomenológica,
pero abre una serie de discusiones
filosóficas y de corte antropológico
entabladas en dinámicas que, al
aplicarse a nuestro trabajo, permiten ensamblar el discurso enunciativo y la practicidad para analizar
dichas manifestaciones vinculadas
a la vivienda y a las formas de hacer de los habitantes.
Intenciones de definiciones
En las discusiones sobre la ciudad
y sus espacios, solemos desarticular la cuestión de la vivienda,
siendo ésta el vértice indicativo de
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pautas identitarias. En el presente
proyecto se empleará un discurso
que desvinculará, unas de otras, las
preguntas recurrentes sobre lo evidente. Se buscará encontrar factores y propuestas que den amplitud
a la observación. Por lo tanto, hacemos referencia a Manuel Castells
para postular nuestros esquemas
estructurales:
La vivienda, por encima de
su escasez global, es un bien
diferenciado que presenta
toda una gama de características en lo concerniente a
su calidad (equipamiento,
confort, tipo de construcción, duración, etcétera), su
forma (individual, colectiva,
objeto arquitectural, integración en el conjunto de
habitaciones y en la región)
y su estatuto institucional
(sin titulo, en alquiler, en
propiedad, en co-propiedad,
etcétera) que determinan
los roles, los niveles y pertenencias simbólicas de sus
ocupantes (1980: 179).
Aunque el concepto de imaginario urbano es objeto de opiniones
diversas, y más si se trata de sus
particulares propuestas al usarse

como sinónimo de representaciones sociales o un símil de imaginario social, para el presente trabajo
se elabora una definición operativa, pero con la propuesta ligada
al concepto de imaginario desde
la psicología, ello tomado desde el
trabajo de Juan Milton Jair Aragón
Palacios (2010).
Los imaginarios de la ciudad se
presentarán en el nivel de lo simbólico/significado sin la mediación del significante para dotar de
sentido la comunicación entre los
observadores, pues se construye
a partir de la imagen que se tiene
sobre los espacios de la ciudad y no
es necesario estar inmerso en los
significantes urbanos —característica morfológica del sitio— para llevar a cabo una narrativa. Así, será
posible que el significado de ciudad
se pueda construir a través de la
palabra —oral o escrita— dejando
a un lado la imagen que se tenga
en la realidad, generando discursos
que puedan pertenecer al orden de
lo imaginario y lo fantástico, según
sea la relación que guarden con la
realidad a la cual hacen referencia
al ubicarse en lo imaginario o de la
cual se alejen al entrar en la fantasía. De ahí que el imaginario de la
ciudad use metáforas y analogías
en su narración; éstas permiten la
descripción de espacios y lugares

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sin haber estado en ellos —sean
ciudad-realidad, ciudad- imaginario o ciudad-fantasía—.
Los imaginarios urbanos hacen referencia a la representación
que emerge de la morfología de
la ciudad, por tanto, su narrativa
esta subsumida al significante y su
relación con el significado, describiendo una realidad de primer orden donde lo perceptual delimita
el campo de la imaginación a partir de lo objetual. Lo que describe
el imaginario urbano pertenece
entonces al orden de la realidad,
representando espacios y lugares
vivenciados por el observador que
en sus quehaceres cotidianos los
recorre con sus sentidos; de este
modo va construyendo el imaginario por medio de la diferenciación
de su cuerpo con el espacio, el cual
ha sido subjetivizado a través del
significado que, al momento de diferenciar, vuelve comprensible lo
incomprensible.
Con lo anterior queda descrito
que, para llegar a los imaginarios
urbanos, es necesaria una serie
de derivados teóricos-técnicos establecidos por algunas otras especialidades de las ciencias sociales.
Es el caso de Contribuciones para
una antropología del diseño, de
Fernando Martín Juez (2002), donde se exploran los aspectos cualita-

tivos de la naturaleza de las cosas
que fueron negadas desde el funcionalismo fundante de la antropología clásica y la intención mecanicista del diseño industrial. Para la
recolección de datos, en este caso,
se muestran las entrevistas a profundidad con informantes clave y
una serie de observaciones de los
participantes, así como la creación
de grupos focales; técnica cercana
a la llamada descripción densa del
campo de estudio y las interpretaciones de los actores sociales.
En el proyecto de investigación presente están unidas varias
iniciativas teórico-metodológicas
para intentar abordar los imaginarios urbanos de los habitantes
del barrio de San Lusito; ello en el
contexto de habitar una vivienda
con bases en la autoconstrucción.
Coexisten posturas: la sociosemiótica de García García (2004), explicada en La casa campesina y el
lugar de lo sagrado; el urbanismo
clásico e histórico regional de Roberto García Ortega (1988); la iniciativa de una perspectiva marxista
en La cuestión urbana (1980), de
Manuel Castells; la disertación filosófica de Michel de Certeau (2000)
en La invención de lo cotidiano; y el
estudio de un caso de movimientos
sociales enfocados en la demanda
de una vivienda digna, en Empapa71

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�Desarrollo urbano. Lo urbano popular

dos de sereno, de José Manuel Valenzuela Arce (1991).
Es necesario plantear algunas
definiciones básicas, desde la literatura, relacionadas con los tópicos
siguientes: la comprensión de las
cosas a través de su propia historia
basada en experiencias emocionales personales, en rituales y en su
relación intrínseca con los lugares,
está vinculada con las representaciones y las imágenes concretas de la complejidad del habitar
(Narváez, A., 2004). Así, pues, la
casa asemeja un orden de haceres;
para edificarla se emplean saberes.
Alejandro García García (2004: 21)
establece: “La casa es un arquetipo
universal saturado de derivaciones
existenciales (centro, envoltorio,
refugio, templo) y es constante la
presencia de sueños de nuestras
viejas o actuales casas, presenciadas como atmósferas fundantes de
nuestra personalidad”. Al revisar la
literatura sobre el tema, observamos una convergencia entre algunas definiciones y perspectivas con
alusión al concepto de casa que, en
el proyecto, particularmente nos
servirán como concepto operativo
de las formas de hacer.
Son también parte de una interrogante constante las formas de
hacer que se articulan en relación
con los habitantes de las distintas

tipologías de construcciones de las
viviendas. Las formas de vida —de
hacer— se refieren no a los hechos
mismos, a lo que se manifiesta
como evidencia o como lo ineludible, sino a las condiciones intrínsecas del actuar humano, las cuales
definen las fisonomías singulares
de la expresión; la red de relaciones entre lo dado traza la figura
aprehensible, inmediata, de los hechos (Mier, 1999)‫‏‬.
El arte de hacer, con relación al
modo de construcción y modificación de los espacios, puede verse
como un proceso que influye en los
quehaceres artesanales con trasfondo totalmente tradicional.
La artesanía suele ser considerada como un producto folclórico, elaborado a
mano, artístico o con alta
connotación cultural, y realizado con materias primas
locales sobre la base de habilidades tradicionales. (...)
A la artesanía se le relaciona
con la producción de series
pequeñas, sin estándares,
para mercados locales; con
manufacturas
desiguales
y una producción irregular
(Juez, F., 2002: 41).

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La casa, como elemento y como objeto de estudio, plantea la problemática sobre sus formas y contenidos.
Se dice que hay dos casas: una real y
otra imaginaria (Ortiz, V., 1984):
La casa es un objeto significante, un producto cultural
frente al que se aprende a
reaccionar de una determinada manera. La relación
de significación entre significante (objeto arquitectónico concreto) y significado
(función), está regida por
un código. (...) En toda casa
ocurre algo semejante. El
lugar donde se asienta, la relación de sus elementos, no
son ni isótropos ni neutros.
Materializan un campo de
valores referido, en última
instancia, a los elementos
específicos que delimitan el
espacio: muro, techos, puertas, ventanas, piso, etc. Cada
uno de los elementos podemos imaginarlo como un
plano que implicará variaciones bruscas en un punto
dado de alguna dimensión
perceptiva; visión, audición,
tacto, etc. Límites de mi yo
frente a los otros. (Ortiz, V.,
1984: 71, 132)

La casa encierra el mito en la cápsula ambiental de lo temporal, es
sin duda una quimera infinita en su
forma y en su contenido; no podría
ser menos que el delirio que exonera de toda entelequia.
La casa es un cuerpo de imágenes que dan al hombre
razones o ilusiones de estabilidad. Reimaginamos sin
cesar nuestra realidad: distinguir todas esas imágenes
sería decir el alma de la casa;
sería desarrollar una verdadera psicología de la casa.
Creemos que para ordenar
esas imágenes, hay que tener en cuenta dos puntos
de enlace principales: 1) La
casa es imaginada como un
ser vertical. Se eleva. Se diferencia en el sentido de su
verticalidad. Es uno de los
llamamientos a nuestra conciencia de verticalidad; 2)
La casa es imaginada como
un ser concentrado. Nos
llama a una conciencia de
centralidad. Estos puntos
están sin duda enunciados
de un modo bien abstracto.
Pero no es difícil reconocer,
por medio de ejemplos, su
carácter
psicológicamen73

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�Desarrollo urbano. Lo urbano popular

te concreto (Bachelard, G.,
1965: 51).

Preguntas de investigación y objetivos

El barrio es una categorización del
urbanismo que plantea lo apropiado de una comunidad con su entorno, en cuestión de lo físico y lo subjetivo, su imaginario y su habitar.

Desde los barrios marginales de
París, El transeúnte y el espacio urbano, de Isaac Joseph (2002), describe las formas en que se habitan
los barrios de migrantes musulmanes, ejemplos que nos dan luz
para realizar una investigación con
un enfoque holístico. Las políticas
sociales actualmente responden a
un discurso hegemónico y homogeneizador que desde hace tiempo
pretende resolver el problema de
la vivienda desde la visión crediticia para su adquisición (Presidencia
de la República, 2007; González, J.,
2006), y desde la vertiente acostumbrada que promueve la construcción y el mejoramiento de la
vivienda con el carácter único de
materiales constructivos que pertenecen a procesos industrializados, como cemento, block y varilla,
principalmente. De aquí un punto
a favor de este proyecto de investigación: plantear la diversidad de
los modos de “financiamiento” y
construcción, y asumir el emprendimiento de revalorizar los saberes
autoconstructivos que son generados desde el margen urbano de los
barrios populares.
Al reconocer ciertos modos
representativos de los imagina-

El barrio aparece como el
dominio en el cual la relación espacio/tiempo es la
más favorable para un usuario que ahí se desplaza a pie
a partir de su hábitat. Por
consiguiente, es ese trozo de
ciudad que atraviesa un límite que distingue el espacio
privado del espacio público:
es lo que resulta de un andar, de la sucesión de pasos
sobre una calle, poco a poco
expresada por su vínculo orgánico con la vivienda (De
Certeau, M., 1999: 9).
El barrio está en relación directa
con el imaginario colectivo. Son las
formas de tipificar lo habitado con
su espacio físico. Arropa una historia como si fuera —y en parte lo
es— una comunidad nómada que
deja rastro y vestigios borrosos de
su pasado.

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�Desarrollo urbano. Lo urbano popular

rios urbanos, se puede distinguir
con pertinencia las adquisiciones
y transmisiones de saberes; esto
desde la discordia constante que
presenta la “degradación” de formas de construir. En las primeras
incursiones al campo de estudio,
se comentó con los colonos la antigüedad de varios tejabanes y resulta impresionante que algunos
alcanzan los ochenta años de edificados. Esto abre una pauta para
reconocer las aplicaciones de mantenimiento de la vivienda como
verdaderos aspectos técnicos que
explican las maneras en que sus
mismos habitantes, a través de la
experiencia, han logrado mantener
de pie las viviendas.
En el transcurso de estas reflexiones, va surgiendo la veta que
llevará a responder a las siguientes
preguntas de investigación, desde
luego preliminares:
—¿Cuáles con las características de las viviendas en el
barrio (materiales, técnicas,
modos de edificación)?
—¿Cuáles son los conocimientos y técnicas para la
conservación de las viviendas autoconstruidas, específicamente los tejabanes, en
el barrio?

—¿Qué imaginarios prevalecen en los pobladores del
barrio en referencia a su
vivienda, las dinámicas comunitarias y la construcción
sociohistórica del espacio
vivido?
—¿Qué diferencias existen
entre las viviendas en relación con la apropiación del
espacio? Ello también en relación con las redes sociales
que permiten completar la
tarea de obtener un techo y
un sustento.
—¿Qué diferencias existen
entre las viviendas en relación con la redes sociales
que permiten completar la
tarea de obtener un techo y
un sustento.
Para intentar solucionar estas cuestiones, se cuenta con un objetivo
general de la investigación: analizar
las formas de vida de los habitantes
del barrio de San Luisito para describir el imaginario urbano a través
de la construcción sociohistórica
del espacio vivido en relación con
las viviendas autoconstruidas, en
este caso los tejabanes.
Desprendemos objetivos y actividades particulares que desglosan
la función principal de dar cabal
respuesta a nuestras conjeturas:
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�Desarrollo urbano. Lo urbano popular

—Construir un mapa social
del barrio.
—Construir un mapa geográfico de la ubicación de tejabanes y vecindades.
—Hacer un mapeo de los
puntos de mayor concurrencia por los pobladores, con el
fin de explicar la expansión
demográfica de la zona.
—Dar una descripción densa sobre las viviendas autoconstruidas en relación
con los usos de materiales
constructivos, en especial
la madera. Complementar
el análisis con una recopilación gráfica de las viviendas
en particular y del barrio en
general.
—Describir las representaciones en torno al barrio en
general y a la vivienda en
particular. Hacer una etnografía detallada de las dinámicas del barrio.
La categoría que como gran telón
de fondo histórico orienta el planteamiento de la presente indagación es la industrialización. Es de
fama pública que Monterrey, ciudad ubicada en el noreste de México, es emblema del desarrollo industrial de este país. El tradicional
barrio de San Luisito, en la colonia

Independencia, se localiza al sur
de la referida ciudad, en la ladera
norte de un pequeño cerro alargado de donde éste toma su nombre:
Loma Larga, que sirve de “valla”
divisoria entre dos áreas urbanas
de valores económicos y sociales
contrapuestos. Habremos de detallar la conformación —y transmutación— de dicho barrio, mismo que
será el centro de radiación de los
diferentes módulos y estructuras
que derivarán de la metodología
destinada a dar respuesta a nuestras preguntas de investigación.
En orden estricto de importancia,
los actores sociales en que recae
esta investigación son los propios
habitantes del barrio de San Luisito, la mayoría, adultos mayores
que han permanecido allí al paso
de más de medio siglo. Se cuenta
con informantes clave como los
carpinteros que hace varias décadas se dedicaban a construir tejabanes. Los colonos, en cuya calidad
de informantes participarán como
sujetos en una serie de entrevistas
a profundidad, se encuentran entre los grupos de adultos mayores
que con regularidad se reúnen en
algunos puntos estratégicos del barrio.

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�Desarrollo urbano. Lo urbano popular

Estrategias y herramientas de la
investigación
El trabajo lleva camino recorrido: a
lo largo de un año se han desarrollado diversas actividades para facilitar algunos puntos a cumplir. Para
realizar el mapa social del barrio se
estableció contacto con amas de
casa; algunas, al mostrar interés
por el proyecto, nos contactaron
con algunas jefas de manzana para
facilitar la ubicación de tejabanes.
El mapeo consiste en una recopilación gráfica de más de 800 fotografías de tejabanes, en un área de
10 cuadras por 10 cuadras, en el
“centro histórico del barrio”. El siguiente trabajo que se desprende
de esto es una clasificación arquitectónica según la técnica utilizada. Se obtuvo el contacto directo
con el historiador Daniel Sifuentes,
cronista de la colonia Independencia, lo que ha permitido hacer una
consideración histórica inusual en
algunas investigaciones de este
mismo corte. En el marco de los
100 años del cambio de nombre
del barrio de San Luisito a colonia
Independencia, se ha logrado contar con el apoyo de la comunidad
para hacer charlas al aire libre y
discutir la historia del barrio, compartir vivencias, escudriñar en los
recuerdos y desarticular discursos
hegemónicos que se limitan a ob-

servar este espacio como un sector
conflictivo. En las primeras entrevistas a profundidad, emergieron
técnicas útiles que no habían sido
planeadas, como el compartir un
taller exprés sobre el cuidado de
la madera y las principales nociones para el mantenimiento de las
viviendas. Lo anterior fue iniciativa
propia de algunos adultos mayores, quienes de tiempo atrás compartieron la pasión por el oficio de
carpinteros. Esto mismo propició,
como resultado inexorable, la formación de redes sociales muy focalizadas, lo que permite dar mayor
amplitud al estudio al detallar dinámicas del barrio. Podemos decir,
entonces, aunque no en términos
muy estrictos aún, que se ha generado la discusión grupal sobre la
importancia histórica del barrio.
Alcance y límites de la propuesta
Sin pretender encajar lo observado en lo teóricamente considerado
verdadero, como acto inaugural del
proyecto iniciamos la configuración
de un cierto respaldo empírico, de
algo que en presentaciones posteriores permita dibujar un problema
con mayor claridad. Este modo de
proceder, entonces, trata de no seguir a pie juntillas esquemas definitivos para acceder a la búsqueda
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�Desarrollo urbano. Lo urbano popular

de resultados. Asimismo, se está
constituyendo una base teórica y, a
la par, se efectúa una observación
constante para contrarrestar los
evidentes huecos que surgen en la
contrastación de hechos y teoría.
Para explicar las relaciones entre los procesos de urbanización y
la constitución de espacios de convivencia de una población, se deben especificar las formas de vida
que llevan a la apropiación del espacio. Vemos que estos sentidos de
pertenencia pueden ser detallados
en una perspectiva que conjugue
las percepciones de los habitantes
del barrio a través del tiempo.
Finalmente, se asume el compromiso del manejo responsable
de la información proveniente de
colonos clave muy sensibles a su
condición de habitantes de una
zona frecuentemente criminalizada desde antaño y con alto índice
de marginación social, en el entendido de que la recopilación y análisis de los datos así obtenidos tiene
como propósito aportar al estudio
de los barrios populares una perspectiva como modelos de autogestión desmitificadora.

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�Desarrollo urbano. Lo urbano popular

La urbanización popular
en la literatura: Un esbozo de teoría
José Ricardo González Alcalá

Resumen

E

n este artículo se describe la
trayectoria de la literatura sobre la urbanización popular
en América Latina, especialmente
en México, y el papel jugado por las
diferentes concepciones sobre el
asunto en el desarrollo teórico y en
las propuestas prácticas. La urbanización popular es un proceso por
causa del cual algunas ciudades de
países no desarrollados experimentan un rápido crecimiento debido a
la migración y mediante la creación
de asentamientos espontáneos.
La literatura sobre el tema data
desde los años cincuenta del siglo
pasado hasta la actualidad, y consiste en trabajos del sector público
y académico —investigaciones de
enfoque marginalista y perspectivas histórico-estructurales— que
abordan la producción social de vivienda urbana y los asentamientos
espontáneos.
La “teoría” de la urbanización
popular es un conjunto articulado
de proposiciones que explican el
desarrollo y funcionamiento del
proceso por medio del cual los gru-

pos sociales urbanos de escasos
recursos gestionan la ocupación de
espacios de tierra para construir
ellos mismos sus viviendas y promueven la intervención del gobierno para regularizar la tenencia de
los terrenos, mejorar las condiciones de sus viviendas e incorporar el
asentamiento al conjunto de servicios y equipamiento básicos.
La orientación teórica marginalista-funcionalista postula la libertad y autonomía para construir una
vivienda posible y la participación
estatal regularizadora y urbanizadora; el análisis histórico-estructural define el consumo de vivienda
como parte de la reproducción de
la fuerza de trabajo social; la perspectiva de género parte de la íntima y permanente relación que la
mujer establece con las condiciones de la casa y con el estado de
la vialidad, servicios y equipamiento básicos, que le permite ejercer
el liderazgo y organización de la
comunidad en la demanda de los
mismos.
Los ingredientes cuya conjugación nutren la conceptualización
oficial de la urbanización popular
son: crecimiento de la población;

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bajos ingresos familiares; financiamiento inaccesible; alto precio de
la tierra; el desarrollo económico
como base del social; y las políticas
sociales neoliberales.
Palabras claves: Urbanismo, Vivienda, Autoconstrucción, Teoría
urbano-popular
Introducción
La urbanización popular es un proceso a causa del cual algunas ciudades de países no desarrollados
experimentan un rápido crecimiento (Turner, J., 1970), debido especialmente a la migración campociudad y mediante la creación de
asentamientos espontáneos, ilegales en su mayoría, marginados y
de bajos recursos (Duhau, E., 1998;
Pradilla, E., 1987). Puesto que los
procesos de urbanización popular
tuvieron su mayor impulso durante
los años sesenta y setenta del siglo
pasado, es en dichas décadas y a
principios de los ochenta cuando
se publica en América Latina gran
diversidad de trabajos, reduciéndose después considerablemente
el número de éstos, aunque nunca
al punto de desaparecer. En el caso
de México, en un estudio realizado por Martha Schteingart (1988)
para describir la evolución que la

investigación social sobre vivienda
había alcanzado hasta 1988, se definen tres etapas fundamentales.
El primer periodo se ubica de los
años cincuenta a los setenta y en él
aparecen trabajos del sector público centrados en la planificación y la
acción habitacional, e investigaciones de enfoque marginalista realizadas por especialistas norteamericanos. Entre los años setenta y los
ochenta, académicos de los sectores público y privado abordan críticamente el problema de la vivienda
bajo una perspectiva estructural.
La tercera etapa se abre durante
los ochenta y en ella participan,
junto con los esfuerzos académicos
institucionales, trabajos individuales y de nuevos centros de investigación que tocan el problema de
la producción social de vivienda y
los asentamientos espontáneos. La
exposición de esta trayectoria de la
investigación sobre vivienda concluye afirmando que existe “poco
desarrollo de aspectos explicativos,
e incluso la misma generación de
información necesaria es aún limitada” (Schteingart, M., 1988: 38).
En la década de los noventa aparecen trabajos interesantes realizados en torno del fenómeno de
la urbanización popular en México,
presentando algunos de ellos nuevos análisis en materias de política
social de vivienda (González Alcalá,
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J., 1998; Ruiz, 1994: Catalán, 1993);
de relaciones estructurales de algunas variables específicas y manejo
clientelar de los procesos urbanopopulares (Duhau, E., 1998; Pozas,
M., 1990); de análisis enfocados
desde el punto de vista del genero (Chant, 1994; Massolo, 1994;
Ortiz, 1994); y de estudios comparativos en áreas geográficas fronterizas (Richardson, 1996; Ward,
1999); enriqueciendo todos ellos el
acervo sobre el tema, aunque sin
llegar a cubrir todavía suficientemente ni los niveles deseables de
información, ni los propiamente
explicativos. Cuando algunos de
los estudiosos clásicos o modernos
aluden a la situación del fenómeno
urbano-popular-vivienda precaria,
en los últimos años siguen destacando la importancia social que el
mismo conserva (Pradilla, E., 2011;
Rojas, 2004). De cualquier manera,
el conjunto de hallazgos y puntos
de vista contenidos en la investigación sobre la vivienda precaria
realizados hasta ahora ha proporcionado material suficiente para
desarrollar ideas congruentes en
torno del sentido y naturaleza del
fenómeno urbano-popular.
Entendemos la “teoría” de la
urbanización popular como un
conjunto articulado de proposiciones que explican el desarrollo

y funcionamiento del proceso por
medio del cual los grupos sociales
urbanos de escasos recursos gestionan la ocupación de espacios de
tierra para construir ellos mismos
sus viviendas y promueven la intervención del gobierno para regularizar, cuando es el caso, la tenencia
de los terrenos, mejorar las condiciones de sus viviendas e incorporar el asentamiento al conjunto
urbano mediante la introducción e
instalación de los servicios y equipamiento básicos (Duhau, E., 1998;
Pradilla, E., 1987; Schteingart, M.,
1981). Las perspectivas teóricas
elaboradas hasta ahora acerca de
los procesos de urbanización popular son tan diversas en contenido y enfoque metodológico, que
intentar clasificarlas bajo criterios
lógicamente fundados y coherentes se antoja una tarea inacabable.
Sin embargo, bajo líneas muy generales, y siguiendo los criterios establecidos por la propia interacción
de la literatura cuando confronta
y critica puntos de vista, intentaremos aquí definir algunos espacios
dentro de los cuales puedan engranar las perspectivas más relevantes
construidas hasta ahora.
En el estudio de los temas directamente integrados al fenómeno de
la urbanización popular, podemos
distinguir así cuatro orientaciones

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teóricas generales: dos de ellas,
las concepciones marginalista-funcionalista —entre cuyos expositores más destacados encontramos
a John Turner y sus colegas— y
los análisis histórico-estructurales
—bien representados por Emilio
Duhau, Emilio Pradilla y Martha
Schteingart—, han ocupado un lugar central en las discusiones, debido en particular al contraste de
los supuestos epistemológicos que
sustentan a una y a otra —evidenciados en los términos que las designan—, y en especial por la gran
influencia que la primera ha ejercido en los hacedores de la política
social del tercer mundo. En cierta
forma, el resto de los estudiosos se
distingue en razón del grado de su
identificación con cada una de dichas orientaciones, formándose de
este modo un espacio aparte con
aquellos que se alejan sustancialmente de ambas. Este grupo de autores no forma un todo compacto
e identificable, manteniendo consecuentemente cada uno su propia
originalidad. A él pertenecen un
sinnúmero de investigadores, tales
como Cortés Rocha, Bazant, Garza,
Ward, y muchos otros que serán citados a lo largo del presente estudio. La perspectiva de género, que
ha influido en todos los campos de
la investigación social, ha aportan-

do también hallazgos importantes
en materia de urbanización popular, ubicando a la mujer como elemento medular de los mismos. A
esta corriente pertenecen estudios
realizados por Craske, Chant, Chalita, Durán, Espinoza, González Cruz,
Laguna, Sánchez, Massolo, Mogrovejo, Rangel, Torres, entre otros.
Finalmente, la conceptualización
oficial de los procesos de urbanización popular y la problemática
correspondiente están contenidas
en documentos tales como la legislación y los planes, programas e
informes gubernamentales, y se reducen, generalmente desde el punto de vista teórico, a una variante o
mezcla de las cuatro orientaciones
mencionadas.
La concepción marginalista-funcionalista y su propuesta práctica
La concepción marginalista-funcionalista contiene una perspectiva
teórica del problema de la vivienda
de escasos recursos, con base en
la cual se formula una propuesta
práctica. Las críticas más severas
a los puntos medulares de la parte
teórica provienen de autores más
o menos alineados a los conceptos
fundamentales del enfoque histórico-estructural. Es en el marco de
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esta polémica donde los aspectos
básicos que identifican a cada punto de vista cobran su sentido más
peculiar, resaltando los contrastes
existentes entre ellos. A continuación presentamos un resumen de
los aspectos medulares de la teoría elaborada por John Turner y sus
colegas, siguiendo la exposición
original y los análisis y críticas que
de la misma hacen sus principales
adversarios.
La forma como a partir de los
años setenta del siglo XX el Estado
latinoamericano tendió a intervenir el fenómeno de la urbanización
popular coincide acentuadamente,
en líneas generales, con las propuestas de política social derivadas
de algunas de las variantes marginalistas-funcionalistas. Fueron Turner y sus asociados y seguidores
quienes, bajo los principios de libertad y autonomía, y en particular
con base en estudios cualitativos
de casos particulares, influyeron
fuertemente en la orientación de
la política social urbana latinoamericana (Schteingart, M., 1981).
Estos autores desarrollaron la hipótesis de que los asentamientos
irregulares tenderían a superar sus
condiciones de marginación, tanto individual como colectiva, si el
Estado, respetando el desempeño
autónomo de los colonos, sustituía
las reglamentaciones y prescripcio-

nes habitacionales referidas a los
mínimos por otras que destacaran
lo posible, y actuaba favoreciendo
la legalización de la tenencia de la
tierra y la introducción de los servicios urbanos básicos (Fichter, J.,
Turner y Grenell, 1976).
El concepto de marginalidad
es un presupuesto importante en
la tesis turneriana de la vivienda
precaria, y está directamente relacionado con el nivel de desarrollo
alcanzado por una sociedad en un
momento y lugar determinados.
Bajo esta visión, podría afirmarse
que las economías latinoamericanas habían superado ya la etapa
preindustrial, sin haber alcanzado
aún la fase propiamente industrial.
Eran por ello sociedades en transición, dentro de las cuales existían
grupos sociales “marginados” del
contexto capitalista. El conjunto
de estos grupos forma el sector
“popular” de la sociedad, el cual
alterna junto a los sectores público
y privado en la arena de las cuestiones sociales (Pradilla, E., 1987;
Turner, J., 1970).
La vivienda se define como un
sistema de relaciones —ubicación,
calidad y tenencia— existentes entre personas —los habitantes— y
objetos —las habitaciones—. Es
decir, lo primordial aquí es la actividad de habitar (Pradilla, E., 1987;
Turner, J., 1970), o sea, la funciona-

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lidad de la vivienda, la medida en
que ésta satisface las necesidades
especificas en proceso de adaptación a los cambios de los ciclos
domésticos y económicos de los
usuarios. En general, esto conduce a la consolidación paulatina de
los asentamientos espontáneos
(Schteingart, M., 1981). Consecuentemente, más que hablar de
vivienda buena o mala, según estándares previamente establecidos, debemos atender al concepto
de la vivienda posible, al cual se
subordina el de vivienda adecuada, constituyendo así la vivienda
“mejor” posible. El sector popular
desarrolla, entonces, actividades
de vivienda —especialmente la
autoconstrucción— en forma autónoma, “marginal”, sin quedar
subordinado a los sectores público
y privado, los cuales producen viviendas que satisfacen básicamente intereses comerciales a través de
sistemas centralizados y burocráticos, a diferencia del primero, que
satisface los intereses de los usuarios mediante sistemas autónomos
generados localmente. Estos últimos sistemas presentan enormes
ventajas en mano de obra, capacidad de ahorros, tiempo disponible,
tecnologías apropiadas, habilidades administrativas y manuales,
que superan a lo ofrecido por el
sistema burocrático centraliza-

do. El autoconstructor tiene así la
oportunidad de elegir y la libertad
para construir (Fichter, J. Turner
y Grenell, 1976; Turner, J., 1970).
Este sector autónomo —frente a
los otros dos— es el “dominante
en el proceso que gobierna la producción y mantenimiento de las
nuevas viviendas en las economías
de escasez” (Turner, J., citado por
Pradilla, E., 1987: 88).
La solución del problema de la
vivienda popular salta entonces a
la vista. El Estado debe promover,
mediante reformas legislativas, la
libre iniciativa individual de los colonos en materia de autoconstrucción, y adaptar a este principio los
sistemas de producción y comercialización de vivienda (Fichter, J.
Turner y Grenell, 1976; Turner, J.,
1970), o como más recientemente
se ha experimentado, dado el impulso del neoliberalismo y la globalización, a través del concepto
tradicional de vecindario (Álvarez,
2012). El Estado debe limitar entonces su actuación en materia urbana popular a acciones de regularización de la tenencia de la tierra e
introducción de servicios básicos, y
a medidas que faciliten a los pobres
la accesibilidad al suelo urbano, al
crédito y a la tecnología, y abolir
al mismo tiempo los mínimos de
vivienda legalmente requeridos,
a fin de contribuir a la realización
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de la “mejor” vivienda posible. De
esta manera se crean las condiciones ideales para la realización de la
hipótesis turneriana:
Cuando los moradores controlan las decisiones capitales y son libres de hacer sus
contribuciones al diseño, la
construcción y la administración de su vivienda, tanto
este proceso como el medio
ambiente creado estimulan
el bienestar individual y social. Cuando las personas no
tienen control ni responsabilidad en las decisiones clave
del proceso habitacional,
por otra parte, los medios
habitacionales pueden por
el contrario convertirse en
una barrera para la realización personal y en una carga
para la economía (Fichter, J.
Turner y Grenell, 1976: 237).
La perspectiva histórico-estructural y su propuesta práctica
La anterior tesis despertó fuertes
críticas por parte de autores de
orientación histórico-estructuralista, los cuales afirmaban que los
procesos de urbanización popular
se alimentaban en forma natural

de la dinámica económica capitalista, que propiciaba en los países
en desarrollo la creación de un
ejército industrial de reserva que
provenía en especial de la migración campo-ciudad. La parte más
radical de esta crítica centra especialmente su atención en el análisis de los momentos esenciales del
proceso económico global aplicado al proceso de producción de la
vivienda popular. A la afirmación
turneriana de que la vivienda es un
conjunto de relaciones existentes
entre el usuario —habitante— y el
objeto —vivienda—, Emilio Pradilla contrapone la idea de que estas
relaciones se articulan, además,
con todo el proceso social de producción, intercambio y consumo
de la vivienda en un contexto de
relaciones sociales de dominación
imperantes en la estructura urbana. El consumo de la vivienda es,
además, parte importante de la
reproducción de la fuerza de trabajo social “y, en el régimen capitalista, por tanto, de la reproducción del capital, articulándose así
al funcionamiento de la economía
en su conjunto y a los intereses de
clase que en ella se mueven” (Pradilla, E., 1987: 81). Por otra parte,
la función de la vivienda como medio de reproducción de la fuerza de
trabajo implica lógicamente, por
lo demás, el concepto de vivienda

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socialmente necesaria y, en consecuencia, también la definición
de estándares habitacionales mínimos, que Turner, por su lado, aconseja utópicamente desaparecer
(Pradilla, E., 1987).
A la visión marginalista se reprochaba, enfáticamente además,
el haber definido la forma precaria de autogestión por la tierra y la
vivienda como una opción válida
asumida por los pobres en ejercicio
de su libertad individual, cuando
en realidad una situación de marginación no ofrecía al poblador
alternativas diferentes. Se decía
asimismo que la promoción de la
autogestión urbana marginal como
un instrumento válido en la lucha
por la tierra y la vivienda por parte de los pobres, no hace más que
mediatizar la verdadera lucha política en favor de la igualdad (Pradilla, E., 1987). Estas discrepancias,
sin embargo, fueron matizadas por
enfoques de la misma orientación
pero menos radicales, los cuales
aducían, por ejemplo, que la autoconstrucción de la vivienda por
parte de familias de escasos recursos, si bien era el resultado de
la acumulación capitalista asistida
por programas estatales derivados
de las luchas sociales podía —además de proporcionar algún alivio
a las carencias inmediatas de los
pobres— inscribirse válidamente

en el nivel táctico de la lucha política progresista como un objetivo
a corto plazo capaz de contribuir a
la conquista final a largo plazo de
una sociedad más igualitaria (Duhau, E., 1998) y, por ende, de una
vivienda digna y decorosa.
En realidad, tanto para el punto
de vista marginalista-funcionalista
como para el histórico-estructural,
la urbanización popular se caracteriza esencialmente por la escasez
de recursos de sus principales actores, los colonos; las inadecuadas
condiciones del hábitat donde éstos se establecen; la situación de
precariedad física y legal de sus
viviendas y el asentamiento; la actividad colectiva e individual en la
gestión de los terrenos, servicios,
equipamiento básicos y legalización de la posesión; y la actividad
autoconstructora de los colonos.
Concebir la urbanización popular
como una auténtica opción o como
una realidad impuesta por la dinámica del capitalismo a los grupos
sociales de más bajos ingresos; o
considerar a dicha urbanización
como una realidad al servicio de
la función mediatizadora estatal o
como una oportunidad aprovechable en favor de la construcción de
una sociedad más igualitaria; son
alternativas teóricas que pueden,
desde luego, dar luz en la interpretación del sentido general del fenó87

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meno, pero que, además y como
veremos líneas más adelante, si no
son expuestas a la prueba contrastante de los hechos concretos, pueden retardar, y aún obstaculizar, la
formulación de propuestas de solución efectivas. Lo realmente cierto
fue que los gobiernos latinoamericanos, en concordancia con las
resoluciones surgidas en eventos
mundiales sobre asentamientos
humanos y programas lanzados
por organismos internacionales,
reconocieron la necesidad de incorporar formalmente a la mancha
urbana de las ciudades los espacios
urbanos populares cuyas dimensiones e importancia económica y
política así lo exigían. Sin embargo,
los programas gubernamentales
en cada país, en diferente medida,
privilegiaron la legalización de la
tenencia de la tierra y la introducción de servicios e infraestructura
básicos, dejando a la suerte de las
fuerzas del mercado el proceso
particular, de primerísima importancia para los colonos (Ziccardi,
1985), de autoconstrucción de las
viviendas.
La teoría basada en el género
La participación de las mujeres “en
los espacios no domésticos contribuye a hacer un replanteamien-

to analítico de la sociedad: de la
estructura social y del papel que
cumplen dentro de la misma” (Mogrovejo, 1994: 63). De postulados
como éste nace una posición teórica sobre la urbanización popular
basada en el género, la cual, de una
u otra forma, queda inscrita también en cualquiera de las posiciones arriba expuestas. Este punto de
vista, relativamente reciente, aporta al conocimiento del proceso de
urbanización popular una serie de
hallazgos que muestran la relevancia de la presencia femenina —muchas veces mayoritaria y cualitativamente más destacada frente a la
participación masculina (Mogrovejo, 1994)— en las diferentes etapas
por las que transita la obtención de
tierra y vivienda por parte de los
pobres.
Así, en su quehacer cotidiano, la mujer de las colonias
populares, al librar una lucha constante para acceder
al suelo urbano, la vivienda,
los servicios y equipamiento
público, no sólo juega un papel importante y activo en la
reproducción de los miembros de la familia, sino también en la construcción del
espacio urbano (Sánchez y
Torres, 1994: 127).

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Aspectos de carácter cultural relacionados con la división del trabajo
de acuerdo al género, y otros que
rodean a la mujer en su calidad de
tal y como “ama de casa” (Laguna,
1994), han contribuido enormemente a modelar la forma de ser
de los procesos latinoamericanos
de urbanización popular, destacando la labor femenina en actividades
comunitarias cotidianas relacionadas con el ejercicio del liderazgo
y organización de la comunidad
(Massolo, 1997; Mogrovejo, 1994;
Sánchez y Torres, 1994) para la demanda de tierra y servicios y equipamiento urbanos básicos como
agua, electrificación, drenaje, pavimento, escuelas y centros de salud,
abasto de alimentos, guarderías,
principalmente (Espinoza, 1994),
sin carecer de presencia en cualquiera de las labores diarias de la
autoconstrucción (González y Durán, 1994).
Ligadas a organizaciones afiliadas a esferas oficiales o a movimientos urbanos contestatarios,
lo cual desde luego influye en la
orientación política de su actuación (Espinoza, 1994), las mujeres
que forman parte de los asentamientos populares urbanos centran su atención básicamente en
las carencias inmediatas sufridas
por sus familias, buscando el remedio más práctico y eficaz.

El más importante sustento explicativo de tan trascendental presencia femenina en los procesos de
urbanización popular lo constituye
el papel de “ama de casa” tradicionalmente jugado por la mujer latinoamericana. Lo fundamental aquí
es la íntima y permanente relación
que la mujer establece con las condiciones de la casa y con el estado
de la vialidad, servicios y equipamiento básicos con que cuentan
—o de los que carecen— su comunidad y los alrededores (Chant,
1994; Sánchez y Torres, 1994). Esta
situación, en alguna medida, prevalece aún en el caso extremo de familias monoparentales con cabeza
femenina (Chant, 1994), donde las
labores domésticas suelen alternar
con actividades laborales ejercidas
muchas veces fuera del hogar. Si
bien en general es el hombre quien
más contribuye a los gastos familiares (Chant, 1994), la mayor permanencia de éste fuera del hogar en
razón de sus funciones laborales e
intercambios sociales que la cultura le asigna, lo hacen menos sensible a las dificultades e incomodidades que trae consigo la falta de
una vivienda y ambiente comunal
materialmente adecuados (Chant,
1994). En consecuencia, el interés
por consolidar la vivienda y la comunidad, nacido del roce cotidiano
con las carencias e insuficiencias
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habitacionales, es mayor en la mujer que en el hombre. Esto es lo que
hace posible encontrar con mayor
frecuencia mejores niveles de consolidación habitacional en familias
compuestas o monoparentales
con cabeza femenina —en las que
por lo común la mujer contribuye
económicamente y participa en las
decisiones sobre la distribución de
los recursos—, que los encontrados en familias nucleares donde
es más frecuente que los varones
sean la única o la más importante
fuente de decisiones e ingresos,
aun cuando estos últimos llegasen
a ser comparativamente superiores (Chant, 1994).
Lo anterior sugiere entonces
que la variable de género perfila
los procesos de urbanización popular de una manera muy específica.
La participación de la mujer en la
gestión de la tierra, los servicios y
equipamiento básicos, y en buena
medida también en los procesos de
autoconstrucción, ha sido crucial
en la obtención de mejores niveles
de consolidación de las viviendas y
de la comunidad (Laguna, 1994).
El punto de vista oficial. Su diagnóstico y su propuesta
Al contrario de cómo eran percibidos los fenómenos urbanos en

épocas remotas, el conocimiento
obtenido en las últimas décadas
en materia de urbanización popular permite pronosticar en algunos
renglones del proceso urbano la
dirección probable que tomarían
los acontecimientos bajo circunstancias dadas. Ello ha permitido
a los políticos, empleados y funcionarios públicos y otros grupos
interesados dotar al Estado de
modelos conceptuales capaces de
establecer previsiones, confeccionar planes e institucionalizar soluciones (Duhau, E., 1998), siempre
bajo la orientación de una o varias
de las perspectivas hasta ahora desarrolladas por la teoría. Por otro
lado, la intervención estatal en los
procesos de urbanización popular
ha contribuido al surgimiento de
análisis críticos bastante relevantes
de autores no necesariamente alineados del todo a las perspectivas
marginal-funcionalistas e históricoestructurales, aun cuando el tema
del Estado está siempre presente
en éstas. En consecuencia, incorporaremos resumidamente en esta
parte algunas de las aportaciones
críticas más significativas hechas
por dichos autores al conocimiento
del fenómeno de la urbanización
popular.
La causa fundamental del problema de la vivienda, según la
concepción oficial sustentada por

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los gobiernos y agencias de los
estados latinoamericanos y de la
Organización de las Naciones Unidad (ONU), está constituida por
la combinación de cuatro factores
fundamentales: a) el acelerado crecimiento de la población (Aguilera,
1988; Pradilla, E. 1987), experimentado sobre todo hasta los años
sesenta y aún vigente, aunque con
tasas más bajas; b) los ingresos
siempre insuficientes de la mayoría de las población nacionales
(Bazant, 1985; Garza y Schteingart,
M., 1978; González Salazar, 1990;
Pradilla, E., 1987); c) la carencia de
recursos para otorgar suficientemente financiamiento accesible en
especial a la demanda de vivienda
de las clases populares (Pradilla, E.,
1987; Chakravarthi, 2002; Consejo
Nacional de Vivienda, 2012); d) el
crecimiento constante del precio
de la tierra derivado de la valorización debida principalmente a las
inversiones en infraestructura aplicadas por el Estado (Neira, 1990;
Pradilla, E., 1987) y las provenientes del mismo desarrollo urbano
general (Pradilla, E., 1987; Schteingart, M., 1982). Con base en estos
supuestos se han implementado
planes y programas de control natal, de otorgamiento de subsidios
a la demanda de tierra y vivienda,
y de reservas territoriales y tierra a
bajo precio acompañada de crédi-

tos blandos. Muchos de estos programas han mejorado ostensiblemente la situación habitacional de
las clases medias y muy pocos han
servido realmente para aliviar las
carencias de las familias de escasos
recursos (Chant, 1994; Garza y M.
Schteingart, 1978). En general, los
esfuerzos estatales más recientes
en este sentido se han concretado
en programas de legalización de la
propiedad y de obras de infraestructura, servicios y equipamiento
básicos.
Es así que la posición oficial
frente al problema de la urbanización popular, si bien se ha nutrido en alguna medida de todas las
corrientes de pensamiento, se ha
mantenido en términos generales,
como más arriba apuntamos, al
lado de la perspectiva marginalistafuncionalista y ha asumido diferentes formas, dependiendo de la historia particular de cada país, bajo
el supuesto de que las políticas
de desarrollo económico crearían
empleos suficientemente remunerados y en el número requerido
por el crecimiento de las ciudades
a fin de incorporar a los pobres al
desarrollo (Candia, 1998) y propiciar con ello la consolidación de las
viviendas y comunidades sujetas
a procesos de urbanización popular (Garza y M. Schteingart, 1978).
En ningún caso se ha abolido el
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�Desarrollo urbano. Lo urbano popular

sistema de normas mínimas de vivienda como propone John Turner,
aunque para algunas ciudades latinoamericanas sí se han tipificado
en las leyes de desarrollo urbano
situaciones de excepción (Duhau,
E., 1998), en especial con el fin de
facilitar la legalización de los asentamientos irregulares y permitir su
consolidación. Se ha abierto así un
abanico de soluciones que va desde la intensa acción urbana estatal
regularizadora de las barriadas limeñas, no sin desalojos y represión
en algunos casos (Duhau, E., 1998;
Turner, J., 1970), y la decidida erradicación de las favelas cariocas (Ziccardi, 1981); hasta la indiferencia
oficial frente a la irregularidad de
los barrios de rancho en Caracas,
no obstante el alto nivel de consolidación material alcanzado por su
pobladores (Duhau, E., 1998); pasando por situaciones intermedias
como los mexicanos, en Ciudad de
México (Duhau, E., 1998; González
Salazar, 1990), Guadalajara (López, 1987) y Monterrey (Pozas, M.,
1990; Villarreal, 1988; Villarreal y
Castañeda, 1986).
La tendencia a “normalizar” situaciones urbanas marginales, prohijada ahora por las políticas sociales
neoliberales de combate a la pobreza, ha facilitado y acelerado el cumplimiento de los programas de regu-

larización de la tenencia de la tierra
en los asentamientos populares, ya
sea municipalizando los instrumentos de solución —Lima—, institucionalizando normas —Bogotá y La Paz
(Duhau, E., 1998) —, o emprendiendo acciones en masa a nivel nacional
—México (Catalán, 1993; Duhau, E.,
1998; Ruiz, 1994) —.
Las acciones gubernamentales
han sido objeto de críticas constantes especialmente por parte
del sector académico, el cual ha
centrado su desacuerdo particularmente en los siguientes puntos.
Primero, se destaca lo que los autores histórico-estructuralistas consideran el principal error de la concepción estatal sobre el problema
de la vivienda, a saber: ubicar al fenómeno de la urbanización popular como un problema aislado del
contexto total de la estructura social, para ser explicado en el marco
de ciertas variables críticas seleccionadas bajo criterios puramente
empiristas y estadísticos (Pradilla,
E., 1987). En razón del anterior
equívoco, se consideran como causas del problema de la vivienda lo
que en realidad son síntomas del
desarrollo social desigual producto de la lógica de la acumulación
y de las relaciones de dominación
clasista propias del capitalismo
(Schteingart, M., 1981). En el fon-

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�Desarrollo urbano. Lo urbano popular

do, para esta crítica el problema de
la vivienda es sólo uno de tantos de
los desajustes sociales a que da lugar el desenvolvimiento contradictorio de las relaciones económicas,
sociales y políticas característico
del capitalismo, de modo que ni
ése ni ningún otro “problema” social tendrá solución definitiva bajo
los criterios sustentados por el Estado burgués al servicio de las clases y fracciones de clase dominantes (Pradilla, E., 1987). Cualquier
problema social estará en camino
de solución sólo cuando el régimen
de dominación cambie de manos
en favor de las clases populares.
Segundo, independientemente
de que el Estado burgués sea o no
capaz de mejorar la situación habitacional de los pobres, un factor
de primera importancia que limita considerablemente el éxito de
los programas gubernamentales
de mejoramiento urbano-popular
está relacionado con la concepción
político-pragmática que subyace
al papel de control de demandas y
necesidades sociales jugado por los
medios institucionales que el Estado emplea para calificar, tolerar y,
en su caso, regularizar la tenencia
de la tierra e introducir los servicios básicos (Cortés Rocha, 1985;
Duhau, E., 1998; Pozas, M., 1990;
Villarreal, 1988; Gilbert y Ward,

1987). Esto propicia el establecimiento de un sistema de relaciones basado más en el intercambio
de beneficios entre gobierno y colonos que en el reconocimiento y
validación mutua de atribuciones y
derechos (Duhau, E., 1998).
Una última categoría de desacuerdos con la concepción oficial
de la cuestión habitacional se refiere a una diversidad de puntos
específicos relacionados con criterios de solución vigentes en países
del primer mundo o en culturas y
economías muy particulares, que
los gobiernos latinoamericanos imponen o intentan “adaptar” a sus
sociedades, a pesar de la especificidad y originalidad que caracteriza a
éstas en lo económico, lo político y
lo social. Nos referimos a acciones
tales como desarrollar programas
de vivienda basados en modelos
de familia existentes en sociedades
desarrolladas, pero en alguna forma distintos a los prevalecientes en
las zonas rurales y pequeñas ciudades latinoamericanas, de las cuales
se han nutrido la gran mayoría de
las migraciones a los asentamientos urbano-populares (Bazant,
1985); presupuestar el ahorro en
costos imponiendo diseños de autoconstrucción normalizados por
completo ajenos a las costumbres
y concepciones habitacionales de
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�Desarrollo urbano. Lo urbano popular

los colonos inmigrantes (Bazant,
1985); programar subsidios para
aplicarlos a créditos blandos que
aún siendo tales escapan con mucho a la capacidad de los pobres
para llenar los requisitos de otorgamiento o para garantizar su amortización (Garza y M. Schteingart,
1978); el efecto perverso de encarecimiento de la tierra, resultado
de los costos de la regularización
de la propiedad y de los servicios
básicos, del monto para el pago
del impuesto predial generado y
de los nuevos valores producidos
por el estado de consolidación
de las colonias, ya que todas estas cargas, o parte importante de
ellas, son transferidas a los colonos
(Gilbert y Ward, 1987); el casi nulo
apoyo estatal en algunas ciudades
a los procesos de autoconstrucción (González Alcalá, J., 1999), a
pesar de que éstos, conforme a la
evidencia generalizada, son la única forma como los pobres pueden
poco a poco, con grandes dificultades y dentro de plazos muy largos, levantar sus viviendas (Currie,
1979; Bazant, 1985; Gilbert y Ward,
1987). Muchas otras objeciones
del tenor de las mencionadas se
han planteado respecto de planes,
programas y acciones formulados y
emprendidos por los gobiernos.
Todos estos enjuiciamientos y,
en general, la evidencia empírica

recogida por los estudios y trabajos de campo emprendidos por
investigadores de diversas instituciones públicas y privadas parecen
no sustentar conceptualmente la
perspectiva oficial del problema de
la vivienda, ni el éxito en la consecución de sus objetivos de muchos
de los programas gubernamentales de vivienda y urbanos dirigidos
a los pobres (Bazant, 1985; Duhau,
E., 1998; Garza y M. Schteingart,
1978; Pradilla, E. 1987; Schteingart,
M., 1982).
Este breve repaso de las principales concepciones teórico-doctrinales construidas en torno del
tema de la urbanización popular ha
tocado solamente los puntos críticos más generales del problema.

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�Intervención social

Estrés en el trabajo:
Práctica especializada del trabajo
social ocupacional
Guillermina Garza Treviño

Resumen

E

l presente artículo expone el
contenido de los principales
estudios realizados acerca
del estrés (estrés bueno) y el distrés (estrés malo), y de la contribución del trabajo social ocupacional
a la promoción de acciones estimulantes del primero y a la prevención
y curación de las consecuencias en
la salud producidas por el segundo.
Se exponen los resultados de estudios teóricos y empíricos relativos
a la naturaleza (estrés bueno: energía, y estrés malo::distrés), causas
(externas: medio ambiente, emergencias y retos en el trabajo, etc.,
e internas: ansiedad, insatisfacción, preocupaciones, etc.) y consecuencias (medicas, psicológicas
y de comportamiento), especialmente del estrés ocupacional. Se
describen las fuentes de éste (condiciones físicas, estructura de actividades, roles, conflicto, incompatibilidad de valores, ambigüedad,

etc.) y los estresores interpersonales (incongruencias de estatus,
densidad, personalidad, estilos de
dirección y trabajo en equipo).
Se comentan, igualmente, las
formas como el trabajo social profesional interviene en esta materia (empoderar y enlazar a los
empleados con recursos, servicios
y programas educacionales) y los
roles que al respecto desempeña
(organizador, consejero, mediador,
educador, facilitador, negociador,
planificador, administrador, evaluador, etc.)
Finalmente, se concluye que la
estrategia de intervención por parte del trabajador social en el campo del estrés ocupacional, requiere
considerar los métodos preventivos y curativos tanto para las personas como para la organización.
Introducción
El Trabajo Social es una profesión
en la que existe un fuerte deseo
de ayudar para mejorar la vida de
las personas. Este tipo de ayuda

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�Intervención social

toma forma a través de programas sociales que, junto con valores, conocimientos y habilidades
de los profesionales, provee a las
personas, grupos, comunidades y
organizaciones una versatilidad de
servicios. Su acción se orienta desde la prevención hasta problemas
sociales que afectan la calidad de
vida de la población a través de su
intervención con distintos modelos
de práctica.
Un factor que hace que el Trabajo Social sea diferente a muchas
otras profesiones es la oportunidad
de ayudar a las personas a enfrentar un amplio rango de problemas
humanos en diferentes escenarios
en los que el trabajador social puede, dentro de un comprensivo repertorio de conocimientos y técnicas, identificar las necesidades de
los clientes y tomar acciones que
cambien y mejoren su funcionamiento social.
Dentro de los modelos de intervención existe un enfoque dirigido
a la práctica especializada, que se
caracteriza por la aplicación de
conocimientos selectivos y habilidades especiales para un área de
práctica en particular que sirve a
la población con una determinada
necesidad (Morales, A., B. Sheafor y M. Scott, 2012). El Trabajo
Social Ocupacional definido como
un campo de especialización de la

práctica del Trabajo Social enfocada a las necesidades humanas y sociales en el campo laboral requiere
de una intervención con conocimientos y habilidades especiales
(Straussner, S., 1989). Generalmente funciona con el modelo de servicio a los empleados y se enfoca en
implementar programas y proveer
servicios que tengan un significante impacto en la salud física y mental (Lewis, B., 1990).
Los retos que enfrentan las personas en el lugar de trabajo crean
problemas y tensiones en su vida
que dan por resultado la presencia
de estrés. Éste se ha identificado
como un desorden o distrés entre
los 10 riesgos más importantes de
la salud ocupacional en los Estados
Unidos y se considera como parte del dominio de la salud pública
(Campbell, J., T. Wright, J. Adkins,
D. Nelson y J. Quick, 1997). En México desconocemos los datos que
nos muestren el nivel de riesgo, sin
embargo, es muy probable que, en
la actualidad, estemos a la par con
Estados Unidos de Norteamérica
en las zonas geográficas más industrializadas de nuestro país.
El fenómeno de estrés en el
trabajo como campo de especialización de la práctica del Trabajo
Social puede ser explicado desde
diferentes perspectivas. En el presente artículo se enfoca en dos
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dimensiones: la primera se refiere
a los conocimientos sobre la naturaleza, causas y consecuencias del
estrés ocupacional; y la segunda
como una práctica especializada
en Trabajo Social donde su importancia radica en que se asocia con
riesgos en la salud que afectan a la
fuerza laboral.
Conceptualización del estrés ocupacional
a) Desde una perspectiva histórica:
La historia del estrés es rica en
contribuciones científicas: desde
hace muchos años, fisiólogos, neurólogos, endocrinólogos y de las
ciencias del comportamiento han
tratado de explicar este fenómeno.
En 1867, el fisiólogo francés Claude
Bernard señaló que los cambios en
el medio ambiente pueden desbalancear el organismo y en respuesta a esta disfunción, aquél trata
de estabilizar y lograr de nuevo el
balance del milieu intérieur (Bernard, C., 1867) Hans Selye (1974),
endocrinólogo de la Universidad
de Montreal, descubrió una directa relación entre estrés crónico y el
desgaste en la vida del organismo.
En 1922, el médico fisiólogo Walter
Cannon introdujo el término ho-

meostasis para designar el mantenimiento del milieu intérieur contra
el colapso del mecanismo homeostático causado por el estrés.
Por otra parte, John M. Ivancevich y Michael T. Matteson (1980)
encontraron que desde la mitad
del siglo XIX el interés por los estudios médicos y su relación con el
estrés fueron disminuyendo, para
dar pie al surgimiento de importantes estudios entre las ciencias
del comportamiento. Actualmente,
las investigaciones sobre el estrés
tienden a dominar en este campo.
b) El estrés en el contexto ocupacional
Lo más relevante de la literatura
revela que el estrés es parte de la
vida. Cada persona enfrenta numerosas situaciones estresantes
día a día, y en este sentido es considerado como una forma de energía humana. El estrés es pues una
característica inevitable de la vida
profesional y personal (Campbell,
J., D. Nelson y J. Quick, 1990). Sin
embargo, su estudio como factor
de riesgo en las enfermedades comenzó a ser cuestionado a mediados de los años cincuenta del siglo
pasado debido a que no podían
explicar el rápido incremento de

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algunas las enfermedades cardiovasculares.
El estrés tiene varias connotaciones y definiciones basadas en
diferentes perspectivas de la condición humana. Desde la perspectiva
oriental, es considerado como la ausencia de paz interior; en la perspectiva occidental es descrito como una
pérdida de control. Psicológicamente es entendido como la respuesta
del organismo a un estímulo interno como ansiedad, insatisfacción o
preocupaciones; fisiológicamente
es definido como la respuesta del
organismo a cualquier demanda o
estímulo que no encuentra el modo
de adaptarse a él, ya sea de placer o
dolor. John M. Ivancevich y Michael
T. Matteson (1980) señalaron que el
estrés es una fuerza por encima de
las personas que resulta de una tensión, y que da como resultado una
deformación fisiológica, psicológica

o de comportamiento.
c) Cuando el estrés se convierte en
distrés
Aun cuando el estrés es una respuesta inevitable y potencialmente
saludable —es altamente funcional
y eleva el desempeño—, cuando
no es bien conducido se convierte en el llamado distrés, que no
es saludable ni inevitable. Estos
tipos de estrés se conocen como:
eustrés, cuya raíz griega significa
EU de euforia o buen estrés —euphoria + estrès= eustres—, que es
saludable, positivo y constructivo,
responde a legitimas emergencias
y retos en el trabajo; y el distrés
con el prefijo DIS, que en latín significa malo y se refiere al estrés no
saludable, negativo y destructivo y
que puede ser causa de numerosas
consecuencias.

Dinámica del estrés
Estímulo estresante= causas internas y/o externas
=
Respuesta individual al estrés
De comportamiento
Respuesta estresante =
Distrés
= Consecuencias =
Psicológicas
Médicas
Respuesta estresante =
Eustrés
= Bienestar individual

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d) Causas del estrés en el trabajo
James Campbell Quick, Thomas A.
Wright, Joyce A. Adkins, Debra L.
Nelson y Jonathan D. Quick (1997)
hacen referencia al estrés ocupacional como la movilización inconsciente de la energía individual que,
cuando es confrontada con cualquier demanda en el trabajo, busca
una respuesta personal que genera
estrés. Los autores explican las cuatro principales categorías que son
fuente fundamental del estrés en
el trabajo:
—La primera se refiere a las
condiciones físicas que no
hacen confortable el área
de trabajo o son peligrosas,
como permanecer en espacios confinados, sin ventilación, ninguna o poca iluminación, con polución, mal
funcionamiento del clima,
mala calidad del aire, temperatura inadecuada, ruidos,
vibraciones, malos olores y
diseño del lugar.
—La segunda categoría se
relaciona con las actividades
y tareas que de acuerdo a su
estructura generan estrés en
las personas en los distintos
niveles de trabajo, como son
la categoría ocupacional, la

rutina, inseguridad en la permanencia en el trabajo, la interacción insatisfactoria con
colegas y clientes, sobrecarga de trabajo y largas horas
dedicadas al trabajo.
—La tercera causa de estresores está compuesta por el
desempeño en los roles en el
trabajo. Existen dos tipos de
roles que han sido asociados
al estrés: el conflicto, cuando se padece de un liderazgo
inadecuado en el equipo de
trabajo, por la imposibilidad
o dificultad de entender el
cumplimiento de lo que se
espera o cuando reconoce
que existe incompatibilidad
entre la organización, sus valores y creencias; y la ambigüedad, que resulta cuando
es inadecuada o confusa la
información sobre qué comportamiento se espera sobre
su rol en el trabajo.
—En cuarto lugar están las
relaciones interpersonales
que se dan en el trabajo y tienen origen en la supervisión
punitiva, las presiones sociales y del medio ambiente
laboral. Se reconocen cinco
estresores interpersonales:
incongruencia entre su estatus personal, educacional
o familiar y el que cree que

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debería tener; densidad, que
se refiere al espacio y distancia que cada persona necesita; tipo de personalidad que
cada compañero, supervisor
y jefes tienen y causan estrés
cuando su espacio es violentado con personalidades
orientadas al alto desempeño y al razonamiento, mientras que otras son mas emocionales y pueden intimidar
a cierto tipo de personalidades; los diferentes estilos
de dirección considerados
fuente de estrés; y las presiones del trabajo en equipo
cuando existen conflictos,
ambigüedad y dominio de
los jefes.
—Otra fuente de estrés, tal
vez la principal, es el cambio, caracterizado por la
competitividad individual,
por el conocimiento, las habilidades, la capacidad y el
esfuerzo influenciado por la
tecnología (Campbell, J., T.
Wright, J. Adkins, D. Nelson
y J. Quick, 1997).
Consecuencias en la salud: cuando
el estrés se convierte en distrés
La respuesta al estrés puede contribuir a lograr un óptimo estado

de salud y bienestar, estimulando la productividad y apoyando el
desempeño de la vida diaria, pero
cuando se convierte en distrés
como resultado de un manejo deficiente del estrés o cuando se vuelve
permanente se pude manifestar en
alguna o varias consecuencias. Los
referidos James Campbell Quick,
Thomas A. Wright, Joyce A. Adkins, Debra L. Nelson y Jonathan D.
Quick (1997) distinguen tres clases
de consecuencias cuando el estrés
se convierte en distrés: médicas,
de comportamiento y psicológicas,
expresadas comúnmente en desordenes en el funcionamiento de una
persona.
Consecuencias médicas
Desde el punto de vista fisiológico,
Hans Selye (1974), endocrinólogo
de la Universidad de Montreal y a
quien se le ha llamado “padre del
estrés”, señaló que el organismo
entero reaccionaba al estrés cuando el flujo sanguíneo podía desviarse desde el tubo gastrointestinal
hacía el corazón, cerebro y musculatura; durante el proceso, esta
adaptación ayudaría al organismo
a afrontar el estrés a corto plazo,
pero si aquél se prolonga, la adaptación podría desencadenar la movilización del sistema nervioso que,
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a su vez, estimula el sistema endocrino cuyo mensajeros clásicos son
las hormonas, las más importantes
de las cuales son la adrenalina y la
noradrenalina que sirven de transmisores mensajeros del sistema
nervioso simpático.
El sistema nervioso simpático
y el sistema endocrino trabajan
juntos movilizando actividades del
organismo, resultando en efectos
principalmente cardiovasculares y
metabólicos que ocasionan consecuencias adversas a la salud, además de la hipertensión con los clásicos síntomas del dolor de cabeza,
dolor de espalda, fatiga generalizada, entre otros.
El estrés no es causa directa de
cáncer, sin embargo, puede contribuir a su aparición, así como de úlcera péptica y problemas gastrointestinales, entre personas que se
exponen a factores de riesgo, como
es el caso de fumadores, bebedores de alcohol y consumidores de
dietas con grasa animal. El doctor
Stewart Wolf (1953), de la Universidad de Cornell y pionero de la medicina psicosomática, encontró en
sus investigaciones una asociación
entre ulceras y conflictos emocionales debido al estrés.
Uno de los efectos predominantes de la respuesta del estrés
son los cambios hormonales cómo

éstos incrementan la glucosa en
sangre; por otro lado, no podemos
decir que el estrés causa diabetes,
pero sí hay evidencias de que predispone e induce a la diabetes.
La hipótesis de que podían
existir características individuales
que favorecieran la aparición de
problemas cardiovasculares y más
específicamente de enfermedades
coronarias surgió de las observaciones clínicas de los cardiólogos
Meyer Friedman y Ray H. Rosenman (1974), quienes describieron
un patrón de comportamiento y
características emocionales que
parecía ser común a sus pacientes
debido al estrés y los llamaron: Patrón Tipo A y Patrón Tipo B de comportamiento
Consecuencias en el comportamiento
Cuando las personas no toleran la
frustración, no saben como estimular su desempeño en su vida y
no han encontrado redes afectivas
y sociales de apoyo, generalmente
buscan satisfactores en actividades que les ayudan a resolver sus
preocupaciones y acaban por decidirse por comportamientos adictivos como:

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—El uso del tabaco, el abuso
de alcohol, drogas y el juego, que constituyen los más
devastadores efectos del distrés.
—Predisposiciones a los accidentes: un reciente estudio de 833 empleados encontró que la frecuencia de
accidentes en el trabajo se
incrementó asociada con estresantes eventos de la vida,
especialmente en combinación con baja satisfacción en
el trabajo.
—Violencia: incluye asaltos,
homicidios, abuso infantil,
violaciones y abuso de personas mayores. Algunos señalan que la violencia crece
con la frustración y ésta se
torna en agresión.
—Desordenes alimenticios:
el distrés puede incrementar o disminuir el apetito; las
personas pueden responder
al estrés consumiendo alimentos con altos niveles de
grasa.
Consecuencias psicológicas
Numerosos estudios médicos avalan que los problemas en el trabajo
están más fuertemente asociados

con quejas de salud que con cualquier otro estresor, incluso más
que los problemas financieros o
de familia. Las vías a través de las
cuales los factores emocionales o
los estilos conductuales específicos pueden llegar a causar daños
orgánicos han sido ampliamente
investigadas. En el caso particular
de la relación entre el estilo conductual del Tipo A y la aparición de
enfermedades coronarias, una de
las hipótesis que se ha manejado
por más tiempo y que ha sido exhaustivamente investigada es la de
la hiperactividad del sistema cardiovascular ante estímulos específicos. Esto significa que en presencia de estímulos definidos como
estresantes, las personalidades
Tipo A muestran un aumento de
distintos indicadores de actividad
cardiovascular, como, por ejemplo,
la presión arterial y la frecuencia
cardiaca (Campbell, J., D. Nelson y
J. Quick, 1990).
Este estilo conductual denominado patrón de conducta Tipo A
comprende, en líneas generales,
características como: impaciencia,
alta competitividad y motivación
al logro, hostilidad en la comunicación, habla rápida, tensión en la
musculatura facial, así como una
actitud de alerta, estilo vocal enfático, ritmo acelerado de actuación,
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respuestas emocionales de irritabilidad, hostilidad, rabia y malestar (Friedman, M. y R. Rosenman,
1974).
De acuerdo a James Campbell
Quick, Thomas A. Wright, Joyce A.
Adkins, Debra L. Nelson y Jonathan
D. Quick, entre los efectos psicológicos del estrés se consideran el:
—Burnout o agotamiento:
se refiere a un crónico patrón de respuestas afectivas
—agotamiento emocional—
que reducen la satisfacción y
la productividad en el trabajo e incrementan el ausentismo; ocurre en profesionales
caracterizados por un alto
grado de compromiso al trabajo, altas expectativas de
desempeño y altas demandas emocionales en situaciones interpersonales. Generalmente se presenta en
profesiones de ayuda como
médicos, enfermeras, trabajadores sociales, maestras,
terapistas de varias disciplinas, policías y otros.
—Problemas
familiares:
los investigadores han encontrado que el estrés está
asociado con el detrimento
de la satisfacción en las rela-

ciones matrimoniales, ya sea
por el impacto del trabajo
en su vida familiar o por el
incremento de los síntomas
psicosomáticos.
—El uso del alcohol de uno
o ambos cónyuges: el incremento en niveles de estrés
es un fuerte predictor del
incremento en el abuso del
alcohol.
—Desordenes de ansiedad:
el término ansiedad es muchas veces utilizado para
describir la reacción al estrés
y otras veces como aprensión, malestar, inquietud,
intranquilidad y preocupación, en contraste con los
desordenes de ansiedad que
incluyen pánico, agorafobia
—miedo a espacios abiertos—, fobia social, desordenes obsesivos-compulsivos y
otros. El término desórdenes
de estrés agudos se refiere a
características de patrones
de ansiedad que ocurren
durante o inmediatamente
después de un evento traumático y posteriormente se
resuelve; son generalmente
situacionales o espontáneos.
—Desordenes del sueño: frecuentemente los problemas
del sueño se deben al estrés

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ocupacional, al excesivo uso
de cafeína y nicotina; pueden también ser agravado
con la ingesta de alcohol que
tiende a interrumpir los ciclos del sueño, incrementa
la adrenalina que hace que
la persona despierte y tenga dificultades para volver a
dormir.
—Desórdenes sexuales: otra
consecuencia del estrés es
la disfunción sexual que comúnmente causa la inhibición del deseo sexual y la
impotencia. El estrés puede
reducir las hormonas sexuales tanto en hombres como
mujeres.
—Depresión: es la más común condición psicológica,
acompañada de ansiedad.
Eventos estresantes como
la promoción o terminación
del trabajo, así como enojos
no resueltos, culpas, miedos
pueden ser precursores de la
depresión.
Costo del estrés
El fenómeno del estrés ocupacional es reconocido como un factor
asociado a problemas de salud.
En Norteamérica, Northwestern

National Insurance
Company
(1991) reportó que 40 por ciento
de los empleados y trabajadores
sintió que su trabajo era extremadamente estresante; cerca de 27
por ciento reportó que sus trabajos eran fuente de estrés en sus
vidas y cerca de 72 por ciento experimentó estrés en relación con
sus condiciones físicas y mentales.
En 1990, The California Worker’s
Compensation Intitute reportó que
durante la década de 1979 a 1988
la frecuencia del estrés mental se
incrementó 540 por ciento por
cada 1 mil trabajadores. En 1997,
la Asociación Americana de Cardiología en Estados Unidos de Norteamérica publicó que los costos de
las enfermedades cardiovasculares, muchas de ellas causadas por
estrés, ascendían a 259 billones de
dólares anuales.
En los Estados Unidos de Norteamérica existen estudios que estiman que el costo del estrés anda
entre 50-90 billones de dólares
anuales, principalmente originado
por el estrés ocupacional. Se habla
de un rápido crecimiento en el estrés emocional.
El reporte de investigación sobre niveles de estrés en una empresa de Monterrey, Nuevo León,
México (Garza, 1997) no resultó en
una replica de los estudios hechos
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en Estados Unidos, sin embargo,
reveló que el estilo de vida tuvo
una relación directa con el patrón
de conducta Tipo A. Se encontró
evidencia de que la conducta Tipo
A se relaciona con estilos de vida
menos saludables. En el caso de
estilos de vida más saludables, los
administradores y trabajadores
perciben ser mejor escuchados.
Los estilos de vida pueden también
desarrollar problemas que impactan en la salud cuando el estrés no
es controlado.
Estrés en el trabajo: practica especializada del trabajo social ocupacional
Roles de los trabajadores sociales
ocupacionales
El lugar de trabajo y el Trabajo Social Ocupacional juegan un importante rol con los empleados y sus
vidas. Autores como Allen Pincus y
Anne Minahan (1973) consideran
el rol que contribuye a la efectividad individual y organizacional.
McCathy y Steck (1990) señalan
que produce cambios dentro de la
organización que impactan en el
desempeño positivamente y mejora la calidad de vida de los empleados.

El mercado global, la competitividad y los cambios hacen del lugar de trabajo una fuente de altos
niveles de estrés y sus efectos son
claramente manifestados en la vida
de los empleados.
El Trabajo Social Ocupacional
junto con el de otros profesionistas
procura el bienestar y puede implementar una variedad de programas
para los empleados (Straussner, S.,
1989), además de que es un servicio que apoya con empoderar a
las personas que sufren estrés, han
sido lastimadas y vulneradas psicológicamente.
El trabajador social ocupacional
puede desarrollar programas dentro y fuera de los centros de trabajo
que coadyuven a la solución de problemas mediante sistemas de promoción, enlazando a los empleados
con recursos, servicios y programas
educacionales que contribuyan al
desarrollo y mejora de las políticas
sociales en el lugar de trabajo
El lugar de trabajo puede servir
para varios propósitos a los empleados en relación con sus necesidades, entre ellos fungir como
una comunidad funcional, ya que
muchos empleados pasan una buena parte de su vida en el trabajo y
éste se convierte en una segunda
familia, facilitando la seguridad
personal y el crecimiento social, así

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como un sentido de pertenencia
con un fuerte impacto en sus vidas.
Los roles aceptados por los trabajadores sociales en el lugar de
trabajo son de: organizador, consejero, mediador, educador, facilitador, negociador, planificador, administrador y evaluador. Estos roles
se pueden cruzar con todos los
métodos de intervención. Los trabajadores sociales son capacitados
para intervenir donde las personas
y su medio ambiente interactúan.
Este enfoque es muy adecuado
para el mundo del trabajo, ya que
puede instrumentar ayuda a los
empleados, sindicatos y servicios
directos e implementar una variedad de programas, desde consejería individual, con familias y grupos
de trabajo; brindar capacitación,
planeación e implementación de
programas preventivos, consultoría organizacional y participación
en acciones legislativas; crear apoyos sociales y educación para el retiro, entre otros.
La mayoría de la población está
ahora necesitada de servicios ocupacionales diferentes a la intervención
tradicional, y se requiere pues implementar nuevos enfoques como programas preventivos que estén ligados a problemas como el abuso del
alcohol y drogas, violencia doméstica, estrés y conflictos familiares.

La práctica especializada del
trabajador social ocupacional deberá estar dirigida a empoderar
al personal para que dé el primer
paso hacia adelante, esto es, ofreciéndole servicios concretos a fin
de prepararlos para la toma de decisiones. En el caso del estrés en el
trabajo, donde su importancia radica en que se asocia con riesgos en
la salud física y mental que afecta
la fuerza laboral, examinaremos
algunos aspectos relevantes para
el proceso de intervención. En lo
que toca al estrés organizacional es
conveniente incluir un diagnóstico
para identificar sus causas. Existen
dos formas de conducirlo: como
proceso dentro de la organización
con procedimientos específicos
e instrumentos para determinar
la causa de la disfunción actual y
desarrollar un perfil individual de
los empleados para recomendar y
evaluar un programa preventivo; y
a través de la medición del distrés
individual.
Métodos específicos e implementación de estrategias para minimizar
el distrés
Se refieren a un conjunto de ideas
básicas, métodos específicos y estrategias para ayudar al personal
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de la organización a enfrentar las
causas, intensidad y duración de
los estresores.
Identificamos dos niveles de acciones orientadas a la prevención y
curación del estrés: el primero se
refiere a los métodos preventivos e
inicia con técnicas como la asertividad, reconocer lo inevitable, comunicación constructiva, discutir las
distorsiones cognitivas y cambiar
ciertos patrones de comportamiento como en el caso de personalidad
Tipo A, introducir programas que
tengan significante impacto en
la salud, y la espiritualidad como
fuente de fortaleza, es otra estrategia de apoyo. Existen investigaciones incluidas en las revistas de
Trabajo Social (Moore, 2003) que
han presentado evidencias de que
la espiritualidad y la fé son importantes para la salud y el bienestar
y proveen poder para controlar el
estrés.(Rankin,2007). Cuando son
utilizados en Programas de prevención del estrés proporcionan
optimismo, control interno y dan
seguridad que trasciende a las relaciones humanas. Su conexión con
la salud y bienestar es impresionante. (Quick y col.1997).
La segunda comprende métodos
curativos para problemas mayores
cuando el estrés permanece por
largo tiempo, y acude a profesio-

nales especializados en consejería
psicológica, psicoterapia, terapia de
comportamiento, terapia de grupo,
consulta médica en los casos de
enfermedad por estrés físico —cardiovasculares, úlceras gastrointestinales y otros— y/o mental —ansiedad, depresión, desordenes del
sueño y otros—.
El Trabajo Social Ocupacional
como práctica especializada requiere de mostrar maestría en técnicas, conocimientos y habilidades
en el área específica de la práctica
que se quiere intervenir. Los trabajadores sociales juegan un rol
central en los servicios al personal en su trabajo y deben mantener una práctica de alta calidad,
monitoreando su propio trabajo
y trabajando continuamente para
mejorar su desempeño. Cumpliendo estas metas, el trabajador social
debe procurar regularmente que
su práctica tenga fortaleza para ser
más efectiva y expandir su competencia profesional, así como evaluar sus acciones cuando sirve a
sus clientes. Otras tareas incluyen
la asistencia a seminarios y talleres
o la obtención de otros grados, al
igual que lecturas de libros y revistas académicas y profesionales.

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Conclusiones
En conclusión, es claro que existe
una relación entre el Trabajo Social
Ocupacional y los servicios a los
empleados, estos dos campos de
estudio pueden ser una especialidad que nos prepara para los retos
y las oportunidades en la promoción de la salud física y mental en el
lugar de trabajo. La estrategia para
su implementación requiere considerar los métodos preventivos y
curativos tanto para las personas
como para la organización. Cambio
y estrés nos ofrecen la oportunidad de crecer, aprender y explorar
acciones para que las personas expandan sus recursos dentro y fuera
de ellos y simultáneamente mejorar el entorno en que vivimos.

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Prevención social del crimen:
Nuevas perspectivas de intervención
Wael Hikal

Resumen

P

ara los desarrolladores de
políticas de seguridad pública es importante tratar de
remediar aquellas situaciones que
generan inseguridad; por ejemplo:
desempleo, pobreza, falta de educación, consumo de drogas, prostitución, robos, lesiones, etcétera.
Esto se puede realizar mediante
una estrecha colaboración entre las
autoridades responsables en materias de desarrollo de la ciudad, los
propietarios de bienes inmobiliarios y las autoridades encargadas
de la seguridad de la comunidad.
Así, en el presente trabajo se expondrán diversos temas referentes
al control social, la prevención y represión del delito y el tratamiento
penitenciario, todos ellos deficientes y con alcances pobres en cuanto a su finalidad prometida en las
leyes y políticas que les sustentan.
También se muestra una pequeña
propuesta haciendo énfasis en la
aplicación de determinados postulados.

Palabras clave: políticas de seguridad pública, factores de riesgo,
estudio multifactorial, rediseño de
estrategias, ciencia.
La represión y ¿prevención? del
delito en la actualidad
En la actualidad, la legislación penal mexicana considera como penas propiamente dichas: la prisión,
la sanción pecuniaria —monetaria—; la suspensión o privación de
derechos; la inhabilitación, destitución o suspensión de funciones
o empleos, entre otras (Cámara de
Diputados, 2005, 2009). “La pena
es la sanción impuesta por el ‘Estado’ a quien, por haber cometido
un delito, ha sido sujeto a un juicio
por el órgano competente” (Hikal,
W., 2011a: 258).
Es forzoso que la pena esté establecida por la ley con anterioridad a la comisión del hecho: no
hay delito sin ley; no hay delito sin
tipo; no hay pena sin tipo; no hay
pena sin delito, y no hay pena sin
ley (Becaria, C., 2006). Según el artículo 7 del Código Penal Federal,

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�Intervención social

delito es: “el acto u omisión que
sancionan las leyes penales” (Cámara de Diputados, 2005). También la Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos en el
artículo 17 apunta que “ninguna
persona podrá hacerse justicia por
sí misma, ni ejercer violencia para
reclamar su derecho” (Cámara de
Diputados, 2009).
Ineficacia de la cárcel y el trato
científico-humanista
Históricamente, los centros penitenciarios tienen, al igual que muchas otras cosas en la vida, un origen religioso: por su similitud con
penitencia, se pretende que el individuo purgue y elimine sus males;
por otro lado, pena es una acción
impuesta para corregir y avergonzar.
Sin embargo, en un modelo actual,
el sistema de readaptación social o
reinserción pretende “en apariencia” curar al individuo sujeto a una
pena, por lo que el establecimiento debe cumplir con características
que den lugar a la misma. “La pena
tiene varios objetivos dentro de los
cuales supone que con sus características logrará la prevención del
delito y la rehabilitación del sujeto
criminal” (Amuchategui, I., 2005:
114). A saber: intimidatoria, doloro-

sa, ejemplar, legal, correctiva y justa
(Amuchategui, I., 2005: 114).
En síntesis, la pena y el tratamiento penitenciario tienen como
objetivo la reducación, rehabilitación y reincorporación del interno a
la sociedad. Lo anterior debería ser
el resultado de la pena, pero desgraciadamente no ha existido una
pena y un tratamiento que reduzcan
el hecho criminal; se ha visto que la
pena y el tratamiento penitenciario
son ineficaces (Peñaloza, P., 2007).
Los centros de readaptación social están sobrepoblados y no cumplen con su función curativa: al contrario, sirven sólo como centros de
“represión” social sin más fines. En
el ámbito penitenciario es frecuente
observar las carencias de la cárcel,
la suciedad, las enfermedades, la
prostitución, corrupción, promiscuidad homosexual y heterosexual, los
escapes, la dominación por parte de
los internos, las extorsiones desde
adentro, entre muchas otras conductas negativas. La pena supone
una curación, pero, como muchas
otras cosas más, sus intenciones exceden de sus reales alcances.
Prevención del delito
Para poder llevar a cabo la prevención, hay que definir el concepto
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de ésta: es imaginar con anterioridad un hecho criminal y preparar
los medios necesarios para impedirlo. En la prevención se emplean
otros términos a manera de sinónimos como: control, intimidación
y predicción. La política criminológica puede ser entendida como la
puesta en práctica del conjunto de
medidas preventivas y de acción
posdelictiva; ha de comprender
todo lo que esté a disposición para
tratar y reducir la criminalidad.
Los medios que conducen a reducir el fenómeno antisocial son
necesariamente aquéllos que puedan oponerse a los factores criminógenos que la ocasionan o favorecen. Siendo la criminalidad, en
parte, un producto de la miseria,
de la ignorancia y de la enfermedad
mental y social, los medios hábiles
para limitar en lo humanamente
posible son aquéllos que combaten
esos factores; el Estado, por medio
de sus instituciones, debe ayudar a
reducir los factores criminógenos.
Se ha de entender lo anterior como
prevención social del delito, para lo
cual Naciones Unidas define la que
Engloba las estrategias y medidas encaminadas a reducir
el riesgo de que se produzcan delitos y sus posibles
efectos perjudiciales para

las personas y la sociedad,
incluido el temor a la delincuencia, y a intervenir para
influir en sus múltiples causas (Oficina de las Naciones
Unidas contra la Droga y el
Delito, 2007: 303).
Por otro lado, Eduardo Martínez
Bastida describe muy adecuadamente el concepto de prevención
social del delito:
Se basa en intervenciones no
penales sobre delincuentes
potenciales orientadas a atenuar su propensión criminal,
sustentándose en las teorías clásicas de la etiología
del delito, según las cuales
la acción criminal se explica
por la existencia de diversos
factores (familia, escuela,
amigos, pareja, empleo, drogas, alcohol, etc.). Es decir,
se pretende actuar sobre
las causas más significativas
de la criminalidad y la creación de lazos de solidaridad
social que, favoreciendo la
prevención de conductas ilícitas, incrementen la calidad
de vida de los ciudadanos y
sus resultados sólo podrían
darse en el mediano y largo
plazo (2007: 91).

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En muchos países del mundo entero, las estadísticas de la criminalidad
han aumentado en forma rápida,
fuerte y degenerada; la criminalidad
se ha convertido en un fenómeno
normal que cada vez más personas
adoptan y “evolucionan”. Hay dos
factores que contribuyen principalmente a esta situación. En primer
lugar, el Estado no se dio cuenta
a tiempo de las limitaciones de la
justicia penal tradicional como la
policía, los tribunales, las cárceles,
etcétera, para responder a ella; en
segundo lugar, se presta un apoyo
mínimo a la política criminológica
y a la Criminología, que tienen por
objeto conocer las causas y reducir
la cantidad de víctimas y de criminales.
De acuerdo con el mismo autor,
la política criminológica puede consistir de los siguientes pasos:
1. Buscar datos para identificar
patrones en los incidentes que
enfrentan rutinariamente.
2. Someter a un profundo análisis las causas de esos patrones o problemas.
3. Encontrar nuevas soluciones
de intervención previniendo
la cadena de causas para reducir los efectos negativos
de esos problemas en el futuro. Estas nuevas estrate-

gias no están limitadas a los
esfuerzos para identificar
y perseguir delincuentes.
Más bien, sin abandonar el
uso de la aplicación de la
ley cuando ésta sea la mejor
manera de enfrentar los problemas, las políticas orientadas a los problemas busca
encontrar otras respuestas
potencialmente efectivas —
que podrían requerir aliarse
con otros actores— dando
una máxima prioridad a la
prevención.
4. Evaluar el impacto de las intervenciones, y si no funcionaron, iniciar nuevamente el
proceso (Clarke, R. y J. Eck,
2005: 33).
La prevención debe ser considerada como herramienta básica para
la reducción de la criminalidad, la
violencia y la inseguridad.
El deber ser: ¿qué nos muestran
las legislaciones?
En su documento Recopilación de
reglas y normas de las Naciones
Unidas en la esfera de la prevención del delito y la justicia criminal
y en el apartado de Política Social,
la Organización de las Naciones
Unidas apunta:
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�Intervención social

Los organismos gubernamentales deberán asignar elevada prioridad a los planes y
programas dedicados a los jóvenes y suministrar suficientes fondos y recursos de otro
tipo para prestar servicios
eficaces, proporcionar las instalaciones y el personal para
brindar servicios adecuados
de atención médica, salud
mental, nutrición, vivienda1
y otros servicios necesarios,
en particular de prevención y
tratamiento del uso indebido
de drogas y alcohol, y cerciorarse de que esos recursos
lleguen a los jóvenes y redunden realmente en beneficio
de ellos (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y
el Delito, 2007: 85).
Los programas de prevención de la
delincuencia deberán planificarse y
ejecutarse sobre la base de conclusiones fiables que sean resultado de
una investigación científica, y periódicamente deberán ser supervisados, evaluados y readaptados en
consonancia con esas conclusiones.
Por otro lado, la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos indica en el artículo 18:
1

Al respecto véase González, J., 2012.

El sistema penitenciario se
organizará sobre la base del
trabajo, la capacitación para
el mismo, la educación, la salud y el deporte como medios
para lograr la reinserción del
sentenciado a la sociedad y
procurar que no vuelva a delinquir, observando los beneficios que para él prevé la ley.
Las mujeres compurgarán sus
penas en lugares separados
de los destinados a los hombres para tal efecto (Cámara
de Diputados, 2009: 11).
Por otro lado, la Ley que establece
las norma mínimas sobre readaptación social de sentenciados señala en el artículo 3:
En dichos convenios se determinará lo relativo a la creación y manejo de instituciones penales de toda índole,
entre las que figurarán las
destinadas al tratamiento de
adultos delincuentes, alienados que hayan incurrido en
conductas antisociales y menores infractores, especificándose la participación que
en cada caso corresponde a
los Gobiernos Federal y Locales (Cámara de Diputados,
2009c: 1).

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�Intervención social

Y en el artículo 5:
Los miembros del personal
penitenciario quedan sujetos a la obligación de seguir,
antes de la asunción de su
cargo y durante el desempeño de éste, los cursos de
formación y de actualización
que se establezcan, así como
de aprobar los exámenes
de selección y permanencia
que se implanten. Para ello,
en los convenios se determinará la participación que en
este punto habrá de tener el
servicio de selección y formación de personal, dependiente de la Secretaría de
Seguridad Pública (Cámara
de Diputados, 2009c: 2).
Y la “máxima penitenciaria” se describe en el artículo 6:
El tratamiento será individualizado, con aportación
de las diversas ciencias y
disciplinas pertinentes para
la reincorporación social del
sujeto, consideradas sus circunstancias personales, sus
usos y costumbres tratándose de internos indígenas, así

como la ubicación de su domicilio, a fin de que puedan
compurgar sus penas en los
centros penitenciarios más
cercanos a aquél, esto último, con excepción de los sujetos internos por delincuencia organizada y de aquellos
que requieran medidas especiales de seguridad.
Para la mejor individualización del tratamiento y
tomando en cuenta las condiciones de cada medio y las
posibilidades presupuestales, se clasificará a los reos
en instituciones especializadas, entre las que podrán
figurar establecimientos de
seguridad máxima, media y
mínima, colonias y campamentos penales, hospitales
psiquiátricos y para infecciosos e instituciones abiertas (Cámara de Diputados,
2009: 2).
Lo anterior hace reflexionar sobre
los sucesos en los que se ven involucrados sicarios, asesinos a sueldo
que matan a más de uno. Por estos
hechos, se opina que los sujetos
que sobrepasan a los delitos que
ponen en riesgo solamente el patrimonio, son individuos que nunca
podrán ser readaptados; además,
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se les impondrá pena privativa de
la libertad que durará 40 años.
Hay que pensar si en realidad en
40 años de ¿tratamiento? se irán a
rehabilitar: suponiendo que un sujeto comete dos o más homicidios
a los 30 años de edad, se le aplicará la pena ya señalada y se supone
que saldrá a los 70 años, ¿rehabilitado? ¿Qué va hacer en la sociedad
a esa edad?
Propuesta: un nuevo modelo de
prevención del delito
En casi todos los libros que llevan
por título “Criminología”, “Prevención del delito”, “Política Criminológica”, “Penología” o similares
—entre ellos de Derecho Penal y
Penitenciario—, la importancia de
los factores criminógenos radica
en prevenir el delito, así como a
nivel internacional la recomendación siempre ha sido diagnosticar
los factores de riesgo (Baratta, A.,
2004; Beristain, A. y E. Neuman,
2004; Elbert, C., 1996a y 1996b;
Elbert, C., 1999; Márquez Piñero,
R., 1999; Reyes Calderón, J., 2001;
Reyes Echandía, A., 1987; Reynoso,
R., 2004; Restrepo, J., 2002; Tieghi,
O., 2004; Zaffaroni, E., 2003; Hikal,
W., 2011a y 2011b).

Al respecto, Jorge López Vergara señala que:
Para el estudioso del complejo fenómeno criminal es
indispensable el análisis de
las circunstancias que originan la conducta antisocial.
Sólo conociendo los diversos
factores que contribuyen a
que un hombre integrado a
una sociedad realice determinados actos —que esta última no puede permitirle—,
se podrán sentar las bases
para el análisis científico de
la conducta antisocial y de su
prevención (2006: 131).
La propuesta básica de quien esto
escribe consiste en lo siguiente:
—Estudio multifactorial de
las causas de la criminalidad.
—Más inversión en la prevención social del delito.
—Aumentar la capacidad de
personal e infraestructura
penitenciaria para un correcto diagnóstico y tratamiento
penitenciario.
—Disminuir las penalidades
de acuerdo a las características del delito y de la personalidad.

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—Reinserción social.
—Mayor uso de los métodos
alternos de solución de controversias (Hikal, W., 2011b:
22).
Cada día se sabe más que los factores que desarrollan las conductas antisociales son endógenos y
exógenos. El análisis debe ser a
todo tipo de conductas, y no sólo
a las criminales, ya que la prevención comienza por las conductas
normales que son propensas a las
anormales y desviadas.
Planeación para la prevención del
delito
La prevención del delito se debate entre dos contrastes: reprimir y
estudiar las causas de la criminalidad; a niveles globales, se tiene
bien identificado que hace falta
multiplicar la segunda opción, pero
poco se ha hecho sobre el tema. La
fuente de información más precisa
para obtener dichos datos proviene de la Organización de las Naciones Unidas, organismo internacional que reúne a representantes de
múltiples países —llamados Estados Parte de la ONU— y se analizan
las antiguas formas de prevención,
las actuales y las propuestas a futu-

ro inmediato. Así, los congresos de
las Naciones Unidas sobre prevención del delito y justicia penal, que
se han venido celebrando cada cinco años desde 1955, han resultado
una fuente muy valiosa y una fuerza impulsora para este proceso.
La Oficina de las Naciones Unidas
contra la Droga y el Delito detalla
(2007: 291-293):
a) Un diagnóstico local de los
fenómenos delictivos, sus
características, los factores
que los propician, la forma
que revisten y su alcance.
b) La determinación de todos
los agentes pertinentes que
podrían participar en la recopilación del mencionado
diagnóstico y en la prevención de la delincuencia, así
como en la lucha contra el
delito, por ejemplo: instituciones públicas —nacionales o locales—, autoridades
locales elegidas, sector privado —asociaciones y empresas—, sector voluntario,
representantes de la comunidad, y otros.
c) Cuando proceda, la institución de mecanismos de
consulta que promuevan un
mejor enlace, el intercambio
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de información, una labor
conjunta y la elaboración de
una estrategia coherente.
d) La elaboración de posibles
soluciones a estos problemas en el contexto local.
Para que el plan de acción integrado
para la prevención del delito sea amplio y eficaz, sus autores deberán:
a) Definir:
1. La naturaleza y los tipos de
problemas delictivos que
se vayan a abordar, como el
hurto, el robo, (…), los ataques raciales, los delitos relacionados con las drogas, la
delincuencia de menores y la
posesión ilegal de armas de
fuego, teniendo en cuenta
todos los factores que puedan generar directa o indirectamente esos problemas
o contribuir a ellos.
2. Los objetivos que se hayan
fijado y los plazos en que deban alcanzarse.
3. La acción prevista y las responsabilidades respectivas
de los que intervengan en
la ejecución del plan (por
ejemplo, si se han de movilizar recursos locales o nacionales).

b) Considerar la posibilidad de
hacer intervenir a una gama
de actores que representen
en particular a:
1. Los trabajadores sociales y
de la educación, el sector
de la vivienda y la salud,
además de la policía, los
tribunales, los fiscales y los
servicios encargados de la
libertad condicional.
2. La comunidad: autoridades
elegidas, asociaciones, voluntarios, progenitores, organizaciones de víctimas, y
otros.
3. El sector económico: empresas, bancos, comercios,
transportes públicos, y otros.
4. Los medios de comunicación
social.
c) Examinar el interés que revisten para el plan de acción
de prevención del delito factores tales como:
1. Las relaciones familiares,
entre generaciones o entre
grupos sociales, y otros.
2. La educación, los valores religiosos, éticos y cívicos, la
cultura, y otros.
3. El empleo, la capacitación,
las medidas para combatir el
desempleo y la pobreza.

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4. La vivienda y el urbanismo.
5. La salud, las drogas y el abuso del alcohol.
6. La ayuda gubernamental y
comunitaria a los miembros
más desfavorecidos de la sociedad.
7. La lucha contra los factores
que promueven la violencia
y la intolerancia.
d Considerar la adopción de
medidas a diversos niveles.
De lo mostrado se puede confirmar
que la mejor estrategia para prevenir el delito es conocer a profundidad sus causas. Y sobre todo con
un adecuado intercambio de información y formación de grupos de
trabajo para lograr el éxito. El presente deberá servir como modelo
para la articulación de las políticas
públicas.

Planeación para el tratamiento
penitenciario
Respecto el trato al delincuente o
criminal, se sugiere:
—No ver al sujeto como
“uno más”.
—Calidad y cantidad en la
obtención de información.

—Rigor científico.
—Comprobar con la realidad
la información que el paciente da.
—De preferencia visitar el
área de donde proviene el
paciente.
—Intercambiar información
con el área de prevención
del delito.
—Desarrollar un plan de tratamiento de acuerdo a las
áreas de oportunidad en el
paciente.
—Si el paciente está condenado a pasar toda su vida
en el centro penitenciario,
analizar aún más a fondo los
motivos de su delito.
—De ser posible, tener información de la víctima por
medio de entrevistas.
—Discutir los resultados con
los demás profesionistas
para conocer sus percepciones y alimentar el conocimiento.
—Finalmente, lo más conveniente será compartir la
información con el área académica (...) de una escuela,
para que ahí se procesen los
datos y se den a conocer a
los estudiantes y demás comunidad de investigadores y
científicos (Hikal, W., 2011b:
148).
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La administración penitenciaria
escogerá cuidadosamente el personal de todos los grados, puesto
que de la integridad, humanidad,
aptitud personal y capacidad profesional de este personal dependerá la buena dirección de los establecimientos penitenciarios. La
administración penitenciaria se
esforzará constantemente por despertar y mantener, en el espíritu
del personal y en la opinión pública, la convicción de que su función
constituye un servicio social de
gran importancia y, al efecto, utilizará todos los medios apropiados
para ilustrar al público.

ricanos, entre otros— y responder
de forma coordinada en el plano
local, de conformidad con un plan
de acción integrado para la prevención del delito. La seguridad se logra a través de la investigación de
las conductas criminales desde sus
etapas iniciales, siendo así cómo se
previenen; por consecuencia, debe
darse la prevención de que éstas no
se desarrollen con actos que dañen
a la sociedad, y si se manifiestan,
reprimirlas por medio de la persecución, el tratamiento en el centro
social dedicado a la rehabilitación,
así como el tratamiento después
de salir para prevenir que vuelvan
a cometer otros delitos.

Conclusiones
La delincuencia urbana se caracteriza por una multiplicidad de
factores y formas. Con frecuencia
será útil adoptar un enfoque interinstitucional —apoyarse de las
dependencias de gobierno en sus
tres niveles: federal, estatal y municipal, además de organismos internacionales como: la Secretaría
de Seguridad Pública, Secretaría
de Desarrollo Social, Secretaría
de Obras Públicas, Instituto de la
Juventud, Instituto de la Mujer,
agencias de las Naciones Unidas,
Organización de los Estados Ame-

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de construcción y mantenimiento de la vivienda”, Realidades. Revista de la Facultad
de Trabajo Social y Desarrollo Humano, año
1, vol. 1.
Disponible en internet: http://ftsydh.uanl.
mx/revista-realidades/ano-2-volumen-1/
etapas-del-proceso-de-autoconstruccionde-vivienda-en-comunidades-de-escasosrecursos-una-reflexion-en-torno-a-la-importancia-de-estudiar-la-relacion-que-guarda-el-tiempo-libre-tie/ (fecha de consulta:
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�Educación

Equidad educativa:Una comparación
entre México y Argentina
María Cecilia Losano
José Baltazar García Horta

Resumen

L

a equidad se ha transformado
en la actualidad en un elemento central dentro de las
políticas educativas, junto con las
demandas de cobertura, eficiencia
y eficacia (GERESE, 2005; Meuret,
D., 2006). Se procura caracterizar
la equidad en el sistema educativo
de nivel medio y medio superior de
México y Argentina con respecto
a poblaciones marginales mediante un estudio de casos comparado, utilizando datos cualitativos
y cuantitativos. En esta ocasión,
se analizan los resultados de los
procesos educativos en pos de la
equidad. Se sostiene que ambos
países muestran una base fundacional y legal común: la defensa
de la educación como una estrategia democratizadora, de progreso
social y autonomía; el interés por
otorgarle una unidad a este nivel,
uniéndolo a la educación básica y
estableciendo, para ambos países,
una obligatoriedad de 10 años. Del
mismo modo, enfrentan desafíos
similares entre los cuales destaca

la reducción de la transmisión de
la desigualdad entre generaciones.
Las fortalezas de México residen en
su relativa equidad de sexo, en el
crecimiento de matrícula secundaria y el crecimiento en el empleo a
nivel educativo. Por su parte, Argentina se destaca por su bajo índice de probabilidad de caer en la
pobreza en comparación con México y el efecto de la escolarización
en empleo, considerando que la
primaria tiene acceso prácticamente universal.
Palabras clave: equidad, México,
Argentina.
Introducción
La ética de las instituciones sociales se caracteriza por cuestionar la
manera en que debe organizarse
colectivamente la sociedad (Arnsperger, C. y P. Van Parijs, 2002). El
modo en que aquéllas estructuran
los principios que regirán la distribución de los bienes que proveen,
habla de cómo se entenderá la jus125

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�Educación

ticia social. William Daros (2005)
señala los efectos que tienen sobre
el sentido de pacto social las crisis
económicas y sociales que finalmente son, para el autor, crisis morales. La crisis estaría configurada
por el desconocimiento de lo justo
y por ignorar el bien común que
constituye el contrato social.
No obstante, las soluciones a dichas crisis tienen sus dificultades: el
Estado de Bienestar nace y se constituye en una contradicción —al decir de Claus Offe (1984)—, donde
confluyen intereses libertarios y solidarios, comunitarios e individuales
que llevan a constituir a la sociedad
como el lugar “natural de la igualdad, de la desigualdad y de la diversidad” (Daros, W., 2005: 8).
¿Cuál son las responsabilidades
éticas de las instituciones sociales
en este contexto? ¿Qué valores
asumen y cómo los implementan?
La educación parece tener al
respecto un rol particular: como
institución social está permeada de
estas contradicciones, pero también
se la vislumbra como la institución
plausible de modificar esta
situación. Ya sea que se asuma una
postura mercantilista del proceso
de enseñanza-aprendizaje o que
se procure fomentar la libertad y la
autonomía, se ha depositado sobre
la institución educativa la esperanza
de un cambio.

Los argumentos en torno a la
equidad y la justicia social se ponen
de manifiesto en la operacionalización de las políticas educativas y los
diversos programas de inclusión de
grupos marginales. Sin embargo, la
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y
la Cultura (UNESCO) (2010a) argumenta que la marginación escolar
tiene, en la actualidad, un carácter
informal “arraigada en procesos
sociales, económicos y políticos
que restringen las oportunidades
vitales de determinados grupos o
individuos” (153).
La democratización en el ingreso y la mayor conciencia de los
efectos sociales de la escolarización ha vuelto el tema de la equidad un tema político, lo que a su
vez se suma a las demandas de la
distribución, la eficiencia y la eficacia (GERESE, 2005). La creencia
de que la educación llevaría a un
mayor bienestar la ha convertido,
según Denis Meuret (2006), en un
bien demandado socialmente y, en
consecuencia, en un elemento central de la política educativa.
En lo que respecta a la educación
secundaria en específico, Claudia
Jacinto y Flavia Terigi (2007) plantean que este nivel ha enfrentado
el desafío de la masificación cuando históricamente ha sido pensado
para la selección y la clasificación.

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�Educación

Hasta reciente época, los estudios
secundarios se han convertido en
obligatorios, lo que ha llevado a
determinar que, en materia educativa, uno de los mayores problemas
de Latinoamérica es la retención y
conclusión de este nivel (Organización de las Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la Cultura,
2010b), siendo una de las poblaciones aún excluidas de este proceso
los jóvenes de clases desfavorecidas (Maimone, M. y P. Edelstein,
2004: 36).

General:

Formulación del problema

Marco teórico

La línea de exploración que se propone el presente artículo es la de
caracterizar comparativamente la
equidad en los sistemas educativos
de México y Argentina en poblaciones marginadas, formulándose
la siguiente pregunta de investigación: ¿qué características posee la
equidad educativa en los sistemas
educativos mexicano y argentino en
lo que respecta a poblaciones marginales?
En función de lo mencionado anteriormente, se proponen como objetivos de investigación los siguientes:

En lo que respecta a la incorporación de poblaciones históricamente marginadas de los procesos
educativos, los discursos oficiales
proponen su inclusión positiva en
pos del cumplimiento de una promesa moderna. Sin embargo, diversos autores (Duru-Bellat, M., 1996;
Bourdieu, P., 2002; Bourdieu, P. y
J. Passeron, 2003; Maimone, M. y
P. Edelstein, 2004) advierten sobre
las estrategias a implementar en la
inclusión educativa, al remarcar el
efecto de reproducción de los privilegios de clase que poseen los sistemas escolarizados.
Para estos autores, la escuela reproduciría las desigualdades

—Caracterizar la equidad educativa en el sistema educativo mexicano y argentino, con respecto a las
poblaciones marginales.
Específicos:
—Identificar indicadores de equidad educativa en ambos países de
poblaciones marginales.
—Establecer semejanzas y diferencias entre el sistema educativo argentino y mexicano.

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sociales de cada contexto. Marie
Duru-Bellat (1996) sostiene que la
reproducción de la inequidad en la
escuela es reflejo de la inequidad
en la sociedad y que, a pesar de las
intenciones “uniformadoras” de un
currículum común, “los actores implementan estrategias en el sistema.
En este caso, las familias reaccionan
en contra de la estandarización y
buscan diferenciación” (1966: 348).
En consecuencia, el brindar mayor
autonomía a las escuelas y las familias deviene en mayor inequidad,
porque las elecciones personales
que realizan las familias tienen efectos sociales de reproducción del estatus social y por su posibilidad real
de brindar elecciones.
Los estudios de Vincent Dupriez
y Xavier Dumay (2006) confirman
las hipótesis de que una mayor uniformidad escolar reflejaría resultados más equitativos, aunque su
población no sea homogénea. Con
mayor cautela, también sostienen
que un sistema educativo único favorece la homogeneidad, aunque
no en todos los casos esta afirmación aplicaría.
Por su parte, Claudia Jacinto y
Flavia Terigi distinguen tres niveles
de inclusión educativa: la posibilidad
de acceder al sistema secundario,
de permanecer en él y de aprender.
Las autoras enfatizan que “el acce-

so en la escuela secundaria no sólo
implica los niveles de matriculación
en el nivel, sino también preguntarse a quiénes se incluye” (2007:
43). GERESE (2005), por su parte,
consideran otros tres niveles más:
la igualdad de tratamiento, entendida como la capacidad de realizar los
mismos aprendizajes y de beneficiarse de una enseñanza de base; la
igualdad de resultados, esto es, de
garantizar un cierto nivel de conocimientos; y, finalmente, la igualdad
de realización social, definida como
la posibilidad de que todos tengan
la misma oportunidad de explotar
las competencias adquiridas, que
sean valoradas socialmente y de
realizarse como persona.
Metodología
Jean Blondel sostiene que la comparación “es el único modo por el
cual uno puede moverse más allá
de la especificidad de la vida política de los países individualmente y
llegar a generalizaciones realistas”
(2004: 184). La comparación, para
este autor, es central para el estudio de las políticas públicas, ya que
permite elaborar conceptos y teorías y validar sus conclusiones.
El enfoque que se asumirá es el
de estudio de caso comparado, en

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la medida en que interesa describir a profundidad la problemática
de la equidad educativa, siendo la
comparación un elemento que favorecerá este objetivo.

A fin de caracterizar la equidad
en el sistema educativo se identificó una serie de indicadores que se
presentan en el siguiente cuadro:

Tabla 1. Indicadores de equidad educativa
Elemento
a considerar

Concepto
englobado

Descripción

Equidad en el ingreso según género
Resultados

Igualdad de
realización
social

Porcentaje de población activa con estudios secundarios o
superiores
Ingresos salariales por nivel de estudio
Índices de pobreza según nivel educativo
Tasa de desempleo según nivel educativo

Fuente: elaboración propia.

Dada la diversidad de datos que se
recolectaron, la presente propuesta
combina información de carácter
cualitativo como cuantitativo. El
motivo de este enfoque se debe a
la fortaleza que provee tanto teórica como metodológicamente. Tal
como lo afirman Arnold J. Heidenheimer, Hugh Heclo y Carolyn Teich
Adams: “en años recientes, ha habido un creciente reconocimiento
que los análisis necesitan utilizar
tanto datos cuantitativos de gran
escala que muestran las similitudes
y diferencias como estudios de caso
contextuales y ricos” (1990: 12).

Resultados
Equidad en el ingreso según género. Para el primer aspecto, en el
caso de Latinoamérica, el Informe
Regional de Revisión y Evaluación
del Progreso de América Latina y el
Caribe hacia la Educación para Todos (Organización de las Naciones
Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, 2008) señala que
se ha observado una disminución
en las brechas en lo que respecta
a la equidad de género a nivel secundario e incluso pareciera exponerse una tendencia a la reversión,
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poniendo en desventaja a la población masculina.
Tanto México como Argentina
muestran una relativa paridad en el
ingreso, teniendo México una paridad en los tres niveles —educación
inicial, primaria y alta y baja secundaria2—, mientras que Argentina
tiende a favorecer más a las mujeres que a los hombres en este
último nivel. El comportamiento
es similar en el caso de la conclusión de los estudios. Es importante
destacar que el caso de México es
sobresaliente en toda América Latina, junto con otros siete países —
Dominicana, Ecuador, Perú, Bolivia,
Cuba, Jamaica y El Salvador—.
Porcentaje de población activa
con estudios secundarios o superiores. En todos los países de Latinoamérica se ha observado un
crecimiento de su población con
estudios secundarios, pero dentro de este grupo destacan México y Argentina —junto con Chile
y Perú— por presentar tasas más
altas al promedio. Argentina muestra un valor de 48.42 por ciento de
su población económicamente activa con estos estudios para el año
1999, mientras que México para el
año anterior fue de 47.4 por cien-

to. Si se relacionan estos indicadores con el quintil de ingreso, se
obtiene que Argentina sería un país
más igualitario, junto con Venezuela y Chile, México ubicándose en un
lugar intermedio, junto con Perú, y
Brasil se ubicaría en el extremo de
la desigualdad (Sistema de Información de Tendencias Educativas
en América Latina, s/f).
Ingresos salariales por nivel de
estudios. Si bien este indicador pudiera mostrar diferencias debido a
otros factores no relacionados con
los estudios, se observa que en Latinoamérica las diferencias entre
educación universitaria y básica redundan de manera significativa en
diferencias salariales. En la siguiente figura se muestra el comportamiento tanto para México como
para Argentina:

2 Correspondiente a secundaria y preparatoria
respectivamente en el caso de México y EGB y
Polimodal en Argentina.

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Tabla 6. Diferenciales salariales por nivel educativo3
País

Género

Inferior a
primaria

Secundaria

Superior

Argentina
(1999)

Hombre

78

146

282

Mujer

84

177

277

México
(1998)

Hombre

72

163

512

Mujer

66

183

385

Fuente: Sistema de Información de Tendencias Educativas en América Latina (s/f).

Índices de pobreza según nivel educativo. Es entendido por el Sistema de
Información de Tendencias Educativas en América Latina (s/f) como un
indicador con el cual se mide la incidencia de la pobreza de dos maneras
diferentes: la primera, denominada FGT0, corresponde a la tasa resultante
del cociente entre el número de personas que se encuentran por debajo
de la línea de la pobreza y el total de la población considerada; la segunda, FGT1 hace referencia a la brecha (o déficit) de la pobreza, es decir, la
,
distancia media que separa a la población pobre de la línea de la pobreza
o, alternativamente, los recursos necesarios para eliminar la pobreza mediante transferencias totalmente eficaces (40).
Tabla 7. Índices GFT0 y FGT1 según nivel educativo
Índice FGT0

Índice FGT1

País

Argentina 1999

México 1998 Argentina 1999

México 1999

Inferior a
primaria

0,42

0,64

0,17

0,27

Primaria

0,29

0,46

0,10

0,17

Secundaria

0,09

0,28

0,03

0,09

Universidad

0,03

0,03

0,01

0,01

Fuente: Sistema de Información de Tendencias Educativas en América Latina, s/f (41-42).

3 El nivel primario de educación es igual a 100, por lo que los datos deben leerse en proporción a ello.
Ejemplo, un hombre en Argentina con secundaria terminada gana 14.6 veces más salario que alguien
sin primaria terminada.

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Siguiendo los índices de décadas
anteriores, pudiera afirmarse que
el índice ha mostrado una paulatina baja, pero la probabilidad de
caer en la pobreza es más significativa en México y, en menor medida, en Argentina. Lo mismo en lo
que respecta a los ingresos medios,
en tanto que a medida que se aumentan los estudios disminuye la
brecha de la pobreza, aunque si
se observa los cambios en el tiempo, una década antes Argentina
no muestra cambios mientras que
para México se observa una reduc-

ción de 5.26 por ciento (Sistema de
Información de Tendencias Educativas en América Latina, s/f).
Finalmente, las tasas de desempleo según nivel educativo diferencian a México y Argentina en dos
grupos: Brasil, Chile y Venezuela
junto con Argentina muestran un
crecimiento al pasar de “inferior
a primaria” a “primaria”, descendiendo luego con los restantes niveles, mientras que México y Perú
denotan un crecimiento constante,
señalándose una correlación entre
el nivel educativo y el empleo.

Tabla 8. Tasas de desempleo según nivel educativo
País
Inferior a primaria
Primaria
Secundaria
Universidad

Argentina

México

Hombre

18

2

Mujer

12

1

Hombre

15

3

Mujer

19

2

Hombre

11

4

Mujer

17

3

Hombre

6

4

Mujer

7

4

Fuente: Sistema de Información de Tendencias Educativas en América Latina (s/f).

Argentina presenta tasas más altas
de desempleo que México, incluso
comparando con Brasil Chile, Perú
y Venezuela, mientras que México
muestra mejores tasas a nivel grupal.
En lo que respecta a los resultados

escolares, llama la atención la relativa homogeneidad de los datos
para los dos países, destacando
México en la equidad de sexo, en
el crecimiento de matrícula secundaria y el crecimiento en el empleo

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a nivel educativo. En el caso de Argentina, sus fortalezas están en su
bajo índice de probabilidad de caer
en la pobreza en comparación con
México y el efecto de la escolarización en empleo, considerando que
la primaria tiene acceso prácticamente universal.
Reflexiones finales
En el presente trabajo se caracterizó la equidad en los sistemas
educativos mexicano y argentino,
procurando mostrar una imagen
contextual. Si bien no se pueden
abstraer conclusiones definitivas
—en tanto la implementación de
estrategias tiene efectos a corto y
largo plazo—, pueden señalarse
una serie de reflexiones que pueden servir para pensar en torno a
la equidad educativa.
En primer lugar, no puede afirmarse que México ni que Argentina
sean más equitativos uno que otro.
Esta pregunta debe especificar en
torno a qué. Del mismo modo,
ambos países presentan particularidades que hacen que los desafíos sean diferentes. Por ejemplo,
podemos mencionar la dispersión
poblacional en Argentina y la diversidad en México.
Si bien en el discurso Argentina
muestra una preocupación mayor

por este tema, México ha mostrado mayor iniciativa en combatirlo
mediante la construcción de organismos y programas claros, evaluables y con apoyo e intervención
de organismos internacionales.
Argentina posee indicadores “duros” que muestran una mayor intervención histórica en educación,
pero se requeriría de un análisis de
largo plazo (Pierson, P., 2009) puesto que, desde esta perspectiva, pudiera verse su avance relativo comparado con el avance de décadas
anteriores y con ello determinar
los puntos de mejora o para desarrollar.
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        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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            <description>A name given to the resource</description>
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                <text>Realidades. Revista de la Facultad de Trabajo Social y Desarrollo Humano es una publicación semestral que reúne las contribuciones académicas de cualquier interesado en dar a conocer su trabajo de investigación acerca de temas relacionados con el desarrollo social, desarrollo humano, familia, género, salud, educación, vivienda, comunidad, desarrollo urbano y rural, pobreza, bienestar social y, en general, tópicos de políticas sociales, programas y proyectos sociales, mediante artículos de investigación, ensayos, reseñas, informes, entre otros.</text>
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                <text>2011</text>
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              <text>Realidades. Revista de la Facultad de Trabajo Social y Desarrollo Humano es una publicación semestral que reúne las contribuciones académicas de cualquier interesado en dar a conocer su trabajo de investigación acerca de temas relacionados con el desarrollo social, desarrollo humano, familia, género, salud, educación, vivienda, comunidad, desarrollo urbano y rural, pobreza, bienestar social y, en general, tópicos de políticas sociales, programas y proyectos sociales, mediante artículos de investigación, ensayos, reseñas, informes, entre otros.</text>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Facultad de Trabajo Social y Desarrollo Humano</text>
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              <text>González Alcalá, José Ricardo, Editor Responsable</text>
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              <text>García Horta, José Baltasar, Coordinador</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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