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                  <text>REVISTA DE LA FACULTAD DE TRABA.JO SOCIAL Y DESARROLLO HUMANO
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN

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Orgalizadonn de la Sociedad Civil(OSC) en gnlion depoliticas
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�Desarrollo social: Sociedad Civil y Estado

Organizaciones de la Sociedad Civil
(OSC) en gestión de políticas
sociales
Silvia Rivero

Resumen

E

ste ar culo ene por objevo analizar a las Organizaciones de la Sociedad Civil
(OSC) en su relacionamiento con el
Estado para la ges ón de polí cas
sociales en el Uruguay. Se parte de
cues onar la definición de ‘Tercer
Sector’ a la hora de conceptualizar
este po de organizaciones, dada
la par cularidad que adquieren al
realizar convenios con el Estado.
Se desarrolla brevemente el proceso histórico que permite ver el
contexto actual respeto a la heterogeneidad de las OSC en Uruguay.
Finalmente, se analizan los problemas y desa os que se les presentan a estas organizaciones en su
ar culación con el Estado para la
ges ón de polí cas sociales.
Palabras claves: polí cas sociales,
organización de la sociedad civil,
ges ón, ar culación sociedad civilEstado.

Abstract
This ar cle aims to analyze the Civil Society Organiza ons (CSO) in
its rela onship with the state to
manage Social Policy in Uruguay. It
starts to ques on the defini on of
Third Sector when conceptualizing
these organiza ons that acquire
given the par cularity to perform
with the State. It develops briefly
the historical process that looks at
the current context respect to the
heterogeneity of the Civil Society
organiza ons in Uruguay. Finally
we analyze the problems and challenges that are presented to these
organiza ons in coordina on with
the State for the management of
social policies.
Key words: Social policy, organization of civil society, joint civil
society-State.

Introducción
A pesar de la heterogeneidad que
presenta la sociedad civil organi9

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zada, las definiciones enden a resaltar las caracterís cas comunes
que las reúne como actor social. En
este sen do trataremos de analizar
estas caracterís cas para luego señalar las diferencias internas de las
Organizaciones de la Sociedad Civil
(OSC), lo cual nos permite acercarnos a una categorización de las
mismas.
Entendemos que el pensamiento dicotómico, predominante en el
siglo XX, entre intereses privados e
intereses públicos se ve problemazado con el surgimiento de una
nueva posibilidad: el ‘Tercer Sector’. Según Rubem César Fernandes (1994: 7), el Tercer Sector deriva de una alterna va lógica que
puede ser idealmente concebida
como una de tres posibles alternavas:

—Cuando los agentes y los fines
son públicos, estamos frente al Estado.
—Cuando los agentes y los fines
son privados, estamos frente al
mercado.
—Cuando los agentes son privados
y los fines son públicos, estamos
frente a lo que se ha denominado
como Tercer Sector.
Fernandes lo define como “un
conjunto de organizaciones e ini-

cia vas privadas des nadas a la
producción de bienes y servicios
públicos” (1994: 7). Estas organizaciones presentan similitudes y
diferencias respecto a los otros dos
sectores:

—En cuanto al Estado, el Tercer
Sector se asimila en tanto enen
una función pública orientada hacia lo colec vo. Pero se diferencia
en tanto no ene el poder coerci vo del Estado.
—En lo que refiere al mercado, el
Tercer Sector se le asemeja dado
que son autoges onados y enen
independencia tanto en la toma
de decisiones como en el manejo
financiero. La diferencia fundamental entre ambas es que las organizaciones definidas como Tercer
Sector no enen fines de lucro y,
por lo tanto, su ac vidad no puede
generarlo.
Estas formas organiza vas, en general, se financian por dos vías:
subvención del Estado y donaciones de terceros. Esto supone, también, una diferencia frente a los
dos actores —Estado y mercado—,
ya que se implementan formas de
financiamiento que involucran tanto recursos públicos como privados. Respecto a la diferencia con

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el Estado en cuanto a no poseer
poder coerci vo, podemos afirmar
que la condición de no lucra va y
no gubernamental no significa necesariamente estar más allá de los
esquemas de poder o indiferente a
los condicionamientos sociales. Sin
embargo, el poder de estas organizaciones no ene las mismas caracterís cas que el poder ejercido
por el Estado, pues éste se basa,
fundamentalmente, en la coerción
moral e ideológica. En estas organizaciones existen elementos de su
propio funcionamiento que generan diferentes espacios de poder,
de los cuales podemos señalar los
siguientes:

—La dedicación voluntaria genera
recursos y, consecuentemente, disputas por su distribución.
—Forman un mercado de trabajo
específico.
—Influyen en la legislación.
En América La na, la sociedad civil
se organiza teniendo en cuenta dos
caracterís cas: son organizaciones
no gubernamentales y no lucravas. Esto refirma la posición de
Antonio Camou (2004: 71), quien
señala que teórica y prác camente
la sociedad civil se nos manifiesta
como una constante oposición a

otro ya cons tuido —mercado, Estado, par dos, etcétera— y del que
se sabe o se quiere diferente, aunque tenemos más dificultades para
definir en posi vo lo que es.
En este sen do, la caracterísca “no gubernamental” implica
la existencia de un aspecto en común: tanto estas organizaciones
como el gobierno deben cumplir
una función pública. De ahí que
la condición de no-gubernamental
marca la diferencia existente con lo
gubernamental en el cumplimiento
de la función pública. De igual forma, al definir a estas organizaciones como no-lucra vas se plantea
la diferencia con las empresas en
el mercado. Es decir, se enmarcan
en la órbita privada por lo cual enen la condición de independientes y autoges onadas, pero al no
generar lucro se las separa del funcionamiento propio del mercado
(Fernandes, R., 1994: 7 y ss).
Por tanto, podemos considerar
que en contraposición a la lógica
del poder que predomina en las
relaciones establecidas por los Estados y la lógica de lucro que orienta la acción de las empresas en el
mercado, las inicia vas realizadas
por ciudadanos afirman el valor de
la solidaridad como forma de insertarse en el ámbito de lo público no
estatal.
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Sin embargo, en estas formas
organiza vas de la sociedad civil
podemos iden ficar elementos
que generan su propia problemáca de funcionamiento. En este
sen do, Rubem César Fernades
plantea que “estas organizaciones
absorben las problemá cas rela vas al poder y al interés, pero constuyen una esfera ins tucional
diferente cuyas caracterís cas propias le son dadas justamente por la
negación del lucro y del poder del
Estado” (1994: 11). Esta situación
genera en las organizaciones una
par cular condición que cues ona
la propia definición del actor.

Las organizaciones sociales entran
en escena
En el contexto la noamericano,
podemos ubicar el surgimiento de
las OSC en la década de los años
sesenta del siglo pasado. En esta
década se combina una serie de
factores: los progresos materiales
—los deseos de desarrollo tomando como ejemplo el primer mundo— y la generosidad román ca y
voluntarista de la época. Esta mezcla de sueños, deseos y fantasías se
contrapone con la opinión pública
mundial que considera a ésta la
década perdida para la economía,

donde se producen las mayores devastaciones ecológicas, se inicia el
tráfico de drogas, aparecen graves
problemá cas sociales
—especialmente los niños en la calle— y
donde se hace público el fenómeno
de la corrupción. Esta combinación
de factores compuso la imagen estereo pada de América La na sentando las bases para la conformación de los diferentes actores de la
sociedad civil. Este proceso histórico de formación de las OSC, puede
sinte zarse de la siguiente manera:

—Década de los setenta: en gran
parte de América La na se producen golpes de Estado, dando
lugar a dictaduras militares o cívico-militares. Algunas se inician
anteriormente en la década de los
sesenta y se con núan durante la
década siguiente, construyéndose
un mapa polí co del con nente
marcado por la presencia mayoritaria de estas dictaduras que se
con nuarán hasta la década de los
ochenta. En este periodo, la forma
de nombrar a los modos de organización de la sociedad civil fue a
par r del trabajo en comunidades
—comisiones barriales o de base—
y también movimientos sociales,
cuya modalidad difiere de la anterior.

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—Década de los ochenta: en la
mayoría de los países la noamericanos se inician los procesos de
democra zación, en los cuales las
OSC tuvieron un papel importante
en la problema zación de diferentes derechos humanos. En este periodo se comienza a definir a los actores de la sociedad civil asociados
a la construcción de ciudadanía.
—Década de los noventa: una vez
reinstalados los sistemas democrá cos y más allá de las diferentes debilidades de los mismos, se
re ra la cooperación internacional
en el apoyo a las organizaciones
sociales. A su vez, se inicia una polí ca general en todo el con nente,
orientada por las definiciones del
Consenso de Washington, donde
se impulsa la transferencia de recursos a las OSC para la implementación de las polí cas sociales. Es
así que comienza a nombrarse a
estas organizaciones como no-gubernamentales y sin fines de lucro.
La primera generación de organizaciones, en América La na, surgió en el marco de la instalación de
las dictaduras, como una solución
a la falta de alterna vas de inves gadores, técnicos, profesionales de
diversas disciplinas. Esta solución
fue imaginada como coyuntural
al sistema ins tucional existente.
Sin embargo, una vez retornada la

democracia, los fundadores encontraron razones para con nuar con
este po de propuesta organizacional debido a que encontraron que
el tamaño pequeño ene sus ventajas:

—Aproxima los instrumentos instucionales a la escala de las decisiones individuales.
—No ene el peso, la inercia y la
complejidad burocrá ca.
—Las OSC no enen un carácter
representa vo, hablan en nombre
propio, no dependen del complejo
juego polí co implícito en los sistemas representa vos para legi mar
las decisiones.
Para Rubem César Fernandes
(1994), el principal instrumento
de este proceso de innovación es
el proyecto. El financiamiento por
proyectos, generalmente de la cooperación internacional, significó,
entre otras cosas, asimilar la lógica
pragmá ca. Este financiamiento
proviene fundamentalmente de
las agencias de cooperación internacional, las cuales necesitan, para
la implementación de sus obje vos
ins tucionales, una contraparte local con personería jurídica, con un
mínimo de estructura administra va y con una afinidad de obje vos.
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En este sen do, Luis Murias plantea que las

ins tuciones se amoldaron
organizacionalmente a los requerimientos de las Agencias
Internacionales. La estructura organiza va, la estructura
programá ca, la estructura de
financiamiento y la estructura
administra va, se establecieron para dar cumplimiento a
los compromisos asumidos en
los proyectos con la Cooperación Internacional y en beneficio de los grupos meta. Esta
situación generó un conjunto
de normas y costumbres que
conforman una cultura ins tucional. El pensamiento estratégico de sostenimiento de las
OSC se centró en la conquista
de espacios de la cooperación
internacional (1997, i).

Durante el periodo de retorno a
la democracia era de esperar una
baja en el número de propuestas
de OSC debido a que los mo vos
de su formación tenían un carácter
coyuntural. Sin embargo, se produjo un importante crecimiento
tanto en el número de las mismas,
como en su diversidad temá ca.
También, en este periodo, que llega hasta 1990 aproximadamente,
aumenta el número de agencias

privadas de financiamiento que
concretan proyectos en el Uruguay.
Seguramente éste puede ser llamado el periodo de auge de la cooperación internacional privada en el
país. Cuando comienzan a vislumbrase los primeros síntomas de la
disminución del financiamiento internacional, aproximadamente en
la década de los noventa, se inicia
un periodo de competencia por los
recursos externos de la cooperación internacional, así como la búsqueda de otras fuentes de financiamiento. Para Luis Murias,

este proceso de las ONG trascendió el área financiera. Muchas organizaciones se plantearon problemas de iden dad
ante diferentes alterna vas de
financiamiento posibles. Otras,
se cues onaron si su razón de
exis r y sus acciones, deberían ser financiadas por otros
mecanismos que no fuera la
cooperación internacional. Casi
todas, entendieron que sus acvidades seguían siendo necesarias en la sociedad uruguaya.
Y así cada organización fue implementando estrategias de supervivencias nuevas y variadas
según su perfil ins tucional.
(...) Comenzó a pensarse en la
venta de servicios, la recuperación de costos, el intento por

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recaudar algunos recursos en el
sector privado y en el financiamiento del Estado (1997, ii).

Esta búsqueda de diferentes fuentes de financiamiento supone una
serie de problemas para estas organizaciones, las cuales estaban
habituadas a una forma de funcionamiento y de control.

Los mecanismos de rendición
de cuentas —que siempre exiseron con la cooperación internacional—, requieren de mayor ajuste y visibilidad para un
actor cercano como puede ser
el Estado o el sector privado.
El desarrollo de indicadores de
impacto y de procesos será más
exigente. Como todo proceso
de cambio, requiere de capacitación, de empo de adaptación, de ensayo y error (aprendizaje) y de evaluación. Y estos
elementos representan costos
que la cooperación internacional en su re ro, no siempre financió (Murias, L., iii).

Luego de más de 25 años de recuperada la democracia en Uruguay,
las OSC han ido mutando, acompasándose a la realidad y a las diversas coyunturas. Los perfiles de
las organizaciones, sus áreas de
trabajo, el abordaje de los temas,

sus relaciones y su impacto han
cambiado notoriamente. Es un
universo creciente y de gran dinamismo, que se caracteriza por su
diversidad. Si bien en Uruguay no
se cuenta con datos cuan ta vos
que puedan ilustrar la dimensión
de todo el sector de la sociedad
civil, estudios parciales dan cuenta
de un crecimiento sostenido en las
úl mas décadas. (Comisión Económica para América La na, 2005, citado en CIVICUS, 2010)

Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) y Estado: una compleja
relación
Según Rodrigo Villar (2003), las
organizaciones han par cipado
y aportado de diversas maneras
en las polí cas públicas; a su vez
han abierto nuevas expecta vas y
oportunidades, han generado retos, preguntas y cues onamientos
en torno a su papel en las polí cas públicas. Sin embargo, cabe la
pregunta acerca de cuáles son las
fuentes de legi midad para realizar
esta tareas de incidencia en las polí cas públicas. Y otras interrogantes como: ¿a nombre de quién hablan estas organizaciones cuando
tratan de influir en la deliberación
pública y la orientación de los pro15

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gramas gubernamentales?; ¿cómo
rinden cuentas a las bases sociales que buscan defender?; ¿son
tan eficaces en la tarea de ges ón
como suele creerse?
¿Cuál sería entonces la fuente
de legi midad de las organizaciones para realizar esta tarea pública? Según Brown (citado en Villar,
R., 2003), serían cuatro posibles
fuentes de legi midad para la incidencia pública de las OSC:

—Legi midad moral: basada en valores que pueden tener la suficiente aceptación y fuerza para legi mar la acción de las OSC. Procesos
de incidencia y campañas contra el
hambre, la violación de derechos
humanos, el maltrato infan l, la
violencia domés ca, suelen acudir
a este po de legi midad. El reto
en este caso es que los diferentes
involucrados y afectados acepten
los términos valora vos en los que
se basa la acción polí ca.
—Legi midad técnica: se deriva
del conocimiento, experiencia,
competencia o información que
enen las organizaciones involucradas en las tareas de incidencia.
Es u lizada por aquellas organizaciones cuya autoridad se basa en la
calidad de sus inves gaciones, en
su capacidad para el desarrollo de

programas, en su experiencia en el
manejo de información o su competencia en áreas específicas del
conocimiento.
—Legi midad polí ca: derivada de
la representa vidad democrá ca,
la transparencia y el proceso de
rendición de cuenta a las “bases” o
a los cons tuyentes por los cuales
hablan y actúan. Esta legi midad
involucra el proceso de toma de
decisiones y la forma en que parcipan los miembros de la organización en la orientación y seguimiento de las ac vidades. En este
caso, puede haber procesos de democracia interna de los miembros
de las organizaciones involucradas,
como de democracia externa con
el conjunto de los contribuyentes,
los aliados y los miembros de la
coalición. Este po de legi midad
se erosiona cuando hay poca o nula
par cipación de aquellos por los
cuales se está hablando o cuando
éstos cri can la acción de sus supuestos representantes.
—Legi midad legal: basada en el
cumplimiento de los estándares y
expecta vas legales, tanto internos —existencia de juntas direcvas responsables, de informes al
público, de manejos transparentes
de cuentas—, como externos —
cumplimientos de la ley o de las
polí cas trazadas por las ins tucio-

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nes sobre las cuales se orientan los
procesos de incidencia—.
La incorporación de las OSC en la
implementación de polí cas públicas se fundamenta, en gran medida, en el potencial para el cambio
social y la democra zación que
ofrece la par cipación de aquéllas.
Sin embargo, no siempre es posible
equiparar par cipación de OSC en
polí cas públicas con ampliación
de la democracia, ni con fortalecimiento de la sociedad civil (Villar,
R., 2003: 15).
Las formas de relacionamiento
entre las OSC y el Estado varían según el campo específico de acción y
la fortaleza o debilidad de la propia
organización. Rodrigo Villar (2003)
parte de un supuesto básico: el
reconocimiento de la heterogeneidad de las OSC. Heterogeneidad en
los campos de acción, niveles de
capacidad y po de funciones que
desarrollan, así como la diversidad
de valores que promueven. Una de
las implicaciones de esto es que
sólo puede pensarse la relación
en términos sectoriales, porque lo
que está en juego no es una relación general y uniforme entre los
sectores gubernamental y no gubernamental, sino entre intereses
estratégicos y preferencias polí cas heterogéneas. La variedad de

metas y de medios que orientan
la acción de las OSC y la de los gobiernos crea diversos patrones de
relaciones estratégicas, los cuales
a su vez determinan las estrategias y el po de acciones u lizadas por las OSC para incidir en la
polí ca pública. El autor plantea el
modelo clasificatorio desarrollado
por Adil Najam. Este modelo u liza como criterio diferenciador la
convergencia o divergencia entre
metas y medios en las relaciones
estratégicas entre OSC y gobiernos, produciéndose una matriz de
cuatro posibilidades: cooperación,
confrontación, complementación y
cooptación (Villar, R., 2003)

—Cooperación: metas y medios
son similares. La deliberación pública por parte de las OSC no sería
un elemento fuerte en el proceso
de desarrollo de la polí ca y más
bien se tendería a crear un po de
relación instrumental centrado en
la implementación de la polí ca.
—Confrontación: metas y medios
divergentes. Es más probable que
el papel de las OSC sea el bloquear,
oponerse o cambiar las polí cas
propuestas por el gobierno a través
de la protesta, las manifestaciones
callejeras, el llamado a la deliberación pública, etcétera, para llamar
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la atención sobre los impactos nega vos de la polí ca.
—Complementación: metas convergentes y medios divergentes.
Suele requerirse la generación de
consensos al menos en lo que a los
medios se refiere y, por tanto, la
persuasión, la presentación de opciones innovadoras de polí ca se
pueden conver r en parte esencial
del proceso.
—Cooptación: metas divergentes
y medios similares. Ambas partes
buscarán cambiar las preferencias
polí cas del otro para lograr metas
compar das.
En términos generales, acordamos
con Bernardo Sorj (2005) cuando
señala algunos de los problemas
que se han generado en la construcción de la relación entre OSC y
el Estado:

—La exigencia, cada vez mayor, de
equipos especializados se contrapone a la imposibilidad para consolidar y mantener equipos, así como
para pagar salarios compe vos.
La realización de transferencias a
través de proyectos de corta duración no permite consolidar equipos
estables, ya que los contratos se
realizan en función del proyecto. A
su vez, y en general, los salarios son

definidos por el proyecto o programa, por lo tanto, no existe la posibilidad de compe r a través de la
oferta salarial.
—Además, la profesionalización de
las organizaciones y el reclutamiento de equipos técnicos provoca una
tensión entre las demandas de un
ethos moral —llamado a atraer
personas dispuestas a aceptar salarios por debajo del mercado, pero
siempre muy calificadas—, y un
ethos profesional —que requiere
personal altamente calificado cuyas expecta vas de salarios son
más altas y cuya visión de las OSC
las asimila a una estructura empresarial—.
—Esto, unido al diferente poder
entre las organizaciones, plantea
además la cues ón del eventual
monopolio de su campo de acción
de algunas pocas, que como todas
las grandes organizaciones enden
a la centralización, a la burocra zación y a la disminución de la creavidad.
—Paradójicamente, el espacio público interno de las OSC ene un
alcance muy limitado; el debate
entre ellas y el intercambio de experiencia es rela vamente limitado. El mundo de las OSC está extremadamente poli zado en cuanto a
su relación con el ambiente externo, pero extremadamente despoli-

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zado en relación a su propia vida
interior. Una de las razones de esta
situación reside en la inclinación de
las OSC a plantear demandas al Estado, al mercado o a las ins tuciones internacionales, sin confrontar
sus propias posiciones. Esto ende
a abonar el mito de una sociedad
civil unitaria, compenetrada con
los mismos valores frente al Estado
corrupto y al mercado inhumano.
Para que existan coaliciones de OSC
eficaces, éstas tendrán que enfrentar sus diferencias y descubrir sus
verdaderas afinidades, permi endo una representación heterogénea en los fórum internacionales.
Volver explícitas esas diferencias
es fundamental para fortalecer los
vínculos de las ONG con el sistema
polí co.
Un poco diferente es el caso de las
OSC que realizan convenios con el
Estado para la ges ón de servicios
sociales (Rivero, S., 2006):

—En la medida que estas organizaciones pasan a u lizar recursos públicos para atender a las demandas
sociales, los problemas presentes
en las organizaciones burocrá cas
estatales tenderán a presentarse también en ellas, por ejemplo:
evitar la apropiación de recursos

públicos por parte de privados; evitar que los recursos se orienten en
beneficio de grupo de intereses o
en beneficio de la propia organización. Esta condición genera un problema común y relevante a todas
las formas asocia vas de la sociedad civil: cómo lograr el equilibrio
entre la necesidad de autonomía y
la responsabilidad por el uso de recursos públicos.
—A su vez, las organizaciones comunitarias o de base se apoyan
fundamentalmente en la solidaridad y la autoayuda. Como en general su relación con el Estado es
fortuita, una relación permanente
de base contractual con aquél podría significar su desfiguración de
sus caracterís cas iden tarias.
—Para las OSC el desa o está en
mantener su misión ante los requerimientos de producción con nua de servicios públicos, así como
preservar su flexibilidad frente a
las presiones de rigidización de su
organización interna. Mantener
su misión y su forma de funcionamiento aparece como un posible
problema, especialmente porque
para lograr mantener el funcionamiento de estas organizaciones es
necesaria la búsqueda constante
de fuentes de financiamiento, siendo el Estado una alterna va. Por lo
tanto, el desa o se centra en cómo
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lograr un financiamiento de sus acvidades compa ble con su iden dad y su é ca.
—A estas asociaciones no sólo se
les transfiere el dinero para la implementación de estas polí cas,
sino que también se le transfiere el
mandato social, que anteriormente asumía el Estado. La transferencia de responsabilidad del Estado
hacia la sociedad civil ante la cuesón pública, exige la conformación
de OSC con determinadas caracterís cas legales, las cuales implican
la formación de un actor polí co
muchas veces débil como organización y, posiblemente, sin el manejo
técnico requerido para la implementación de polí cas. Esta situación pone a las OSC en el lugar de
un actor polí co, pero cuya función
principal pasa a ser instrumentar y
ges onar.
—Tradicionalmente, cuando las
asociaciones de vecinos o asociaciones de voluntarios contrataban
al personal técnico, su función se
concentraba en el trabajo con la
propia asociación —formación,
asesoramiento, etcétera—. Existen
ejemplos claros en Trabajo Social:
el trabajo con coopera vas, con comisiones de vecinos, la formación
de voluntarios, etcétera. Sin embargo, en esta situación la función
cambia sustancialmente: ya no se

contrata a los técnicos como asesores de las OSC para trabajarse a
sí mismos y organizarse como actores, sino que se contrata a técnicos
como personal dependiente para
implementar las polí cas sociales
transferidas.
—La función que históricamente
desempeñaron las OSC como actor
social, es un papel polí co vinculante entre la población y el Estado. Este rol social, aparentemente,
queda subsumido a un espacio de
toma decisión poco claro. ¿Cuál sería el ámbito de decisión que efecvamente asumen las asociaciones
civiles?
—Desde el punto del funcionamiento de estas organizaciones
como espacio ocupacional, las
asociaciones civiles cuentan como
ingreso regular más relevante las
transferencias del Estado. Esta
dependencia del financiamiento
regula los aspectos contractuales
respecto al personal, especialmente el monto del salario. El acuerdo
contractual está basado en la suposición de cumplimiento de parte del Estado respecto al monto y
periodicidad de las transferencias.
Esta suposición de cumplimiento
no siempre se concreta en la forma
acordada. El Estado muchas veces
retrasa las transferencias —a veces
en días y otras en meses— y en al-

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gunos casos entrega incompleto
el monto total por diversos mo vos, en algunos casos devolviendo
el faltante de una par da muchos
meses después de realizado dicho
descuento. Ante esta situación, las
organizaciones no pueden hacer
frente a las obligaciones contraídas
—sueldos, servicios, impuestos, etcétera—, lo cual les genera un mayor gasto por el pago de multas, y
por supuesto se ven obligadas a no
abonar el salario a su personal en
el empo deseado o acordado.
—Es importante recordar que por
ley se exige que las tareas de la comisión direc va de la asociación
civil deben realizarse sin remuneración. Llevar adelante la implementación de servicios sociales que
requieren de regularidad y con nuidad agudiza los problemas propios de la ac vidad del voluntario
social: por un lado, surgen problemas para conciliar el trabajo voluntario con las ocupaciones laborales
y personales; por otro lado, y relacionado con lo anterior, se constata
cada vez más la disminución de la
par cipación de los voluntarios en
general.
—A su vez, para la ges ón de estas
polí cas sociales, el Estado exige
cada vez más a las comisiones direc vas que se especialicen. Esta
formación específica es dada tan-

to por ac vidades de capacitación
—muchas veces financiada por el
propio Estado— y por la experiencia de trabajo. Sin embargo, el reglamento de funcionamiento de
las asociaciones civiles presupone
la rotación de los miembros de la
comisión direc va. Por lo tanto,
cuando las personas —voluntarias— logran especializarse en la
ges ón del servicio, seguramente
deberán dejar la comisión direc va
por haber terminado el plazo de su
mandato.
Según Bernardo Sorj (2005), cuando la transferencia se realiza en
plazos acotados a un proyecto, surgen dificultades específicas, tanto
en lo que refiere a su relación con
el Estado, como a otras fuentes de
financiamiento:

—La principal dificultad para las
OSC orientadas a proyectos sociales es la duración limitada de la
sustentación de sus proyectos. Los
proyectos sociales de las organizaciones normalmente enen un
ciclo vital equivalente al periodo
de financiamiento externo. Existe
una creciente presión de los financiadores para que los proyectos se
vuelvan autosustentados después
de un corto periodo; en la mayo21

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�Desarrollo social: Sociedad Civil y Estado

ría de los casos esa demanda no es
realista.
—La mayoría de los proyectos sociales consisten en acciones locales
ad hoc, sin duda relevantes para las
comunidades receptoras, pero que
no enen impacto social de larga
escala, por la sencilla razón de que
no son reproducibles dados los recursos locales disponibles. En lugar
de actuar como pioneras en el terreno de la ac vidad gubernamental o como complemento de ésta,
las acciones de las organizaciones
terminan operando como casos
irrepe bles.
—La frecuente crí ca dirigida a las
OSC como mecanismos sus tu vos de las polí cas del Estado, en
el marco de la agenda neoliberal,
carece de sen do. Las OSC no pueden ofrecer ni seguridad ni jus cia,
ni tampoco pueden suministrar
servicios urbanos, educa vos o sanitarios en gran escala. En el mejor
de los casos, pueden ser usadas
por el Estado como complemento
o como apoyo de sus polí cas.
—Dada la rigidez y la naturaleza burocrá ca del Estado, las OSC
pueden cumplir un importante
papel como laboratorios o como
fuentes de innovación social, y
eventualmente como apoyo en la
implementación de las acciones
gubernamentales. Pero la capaci-

dad de innovación de las mismas
será relevante en la medida en que
los experimentos que desarrollen
sean transformados en polí cas
públicas, atraigan la atención de la
empresa privada y fortalezcan las
capacidades produc vas, de consumo y de creación de puestos de
trabajo de las comunidades de bajos ingresos.
—Existe una presión creciente de
los financiadores y de ciertos sectores crí cos respecto al trabajo de
las OSC. Se trata de un reclamo de
mayor transparencia y responsabilidad. El principal método propuesto es el monitoreo y la evaluación
de impacto de sus ac vidades.
—La dependencia de las fuentes
de financiamiento contribuyó a
distorsionar las agendas de las organizaciones. Si bien estas agendas, impuestas por los principales
centros de apoyo financiero de los
países desarrollados, alentaron diversas formas de asociación con
partenaire domés co y, en algunos
casos, tuvieron en cuenta las demandas de las organizaciones locales, no dejaron de evidenciar su
poder de dirección. Pero aún peor
es la posición de algunas OSC que
muchas veces actúan como poderes coloniales, absorbiendo algunos de los mejores cuadros na vos
para trabajar en proyectos que no

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�Desarrollo social: Sociedad Civil y Estado

coinciden necesariamente con las
prioridades de la localidad a la que
se supone a enden.
—La mayor parte de la inves gación realizada por las OSC internacionales sobre los países en
desarrollo está principalmente
orientada a la confirmación de sus
supuestos, mientras que la mayoría de las OSC del Tercer Mundo enen muy poca o ninguna capacidad
de inves gación propia. La principal debilidad de las OSC de los
países subdesarrollados proviene
de su fragilidad intelectual, de su
limitada capacidad para absorber
lo mejor de las agendas de polí ca
internacional y, a la vez, mantener
un pensamiento autónomo y creavo. El desa o para las sociedades
civiles del sur es aumentar su capacidad de reflexión o fortalecer centros autónomos de reflexión.

transcurrido varias décadas desde
el inicio de esta forma de ges ón
de polí cas sociales, y eso nos permite realizar una mirada en la cual
sea posible evaluar el proceso.
Desde la perspec va de las OSC
han sido varios los problemas y desa os a los que se han enfrentado,
no siempre con buena resolución.
Tal proceso ha generado cambios
importantes en este actor social:

a) por un lado, se especializan en
la temá ca y en los aspectos
rela vos a la ges ón; esta gesón no refiere sólo respecto al
manejo del servicio o proyecto
específico, sino también a cómo
ar cular con el Estado;
b) por otro lado, se produce un
proceso de despoli zación de
su ac vidad, debilitándose
como actor polí co.

En síntesis
Bibliograİa
Las OSC han mostrado una gran
capacidad de adaptación a los requerimientos tanto de la sociedad
en su conjunto como del Estado. A
par r de la década de los noventa
se instala, como forma de implementación de polí cas sociales,
la tercerización de las mismas por
parte del Estado a las OSC. Han

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�Desarrollo social: Sociedad Civil y Estado

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�Desarrollo social: Problemá ca hídrica y Trabajo Social

Dimensiones conceptuales de
sustentabilidad para la construcción
de una agenda pública y la
reconceptualización del trabajo
social
Cruz García Lirios
Javier Carreón Guillén
Jorge Hernández Valdés
Miguel Bau sta Miranda
Agus n Méndez Mar nez

Resumen

E

n el año 2025, la disponibilidad hídrica per cápita disminuirá a 150 litros diarios,
en el mejor de los casos, para las
comunidades cercanas a algún
acuífero. La situación hídrica se
agravará conforme la densidad poblacional se agudice y el desabasto
exacerbe la insalubridad, principal causa de muerte en niños con
enfermedades hidrotransmi das.
Tal panorama requiere de planteamientos teóricos que permitan
reconceptualizar las polí cas públicas, las agendas ambientales,
la opinión pública y el Trabajo Social. En este sen do, el obje vo del
presente ar culo es exponer las
situaciones hídricas para conceptualizarlas desde el pensamiento

de Enrique Leﬀ (2002; 2004; 2008)
y analizar su transformación en
agenda pública. La comprensión
de las relaciones existentes entre
las situaciones hídricas, opinión
pública, inicia vas polí cas, diagnós cos cien ficos, innovaciones
tecnohidrológicas y cobertura mediá ca serán fundamentales para
los profesionistas del Trabajo Social
en un futuro próximo.
Palabras clave: sustentabilidad, disponibilidad, agenda, saber y racionalidad.

Abstract
In 2025 per capita water availability will decrease to 150 gallons per
day in the best for the communi es

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�Desarrollo social: Problemá ca hídrica y Trabajo Social

near any aquifer. The water situaon will worsen as the popula on
density and the shortage becomes
acute exacerbate unsafe, leading
cause of death in children with
diseases hidrotransmi das. Such
a scenario requires theore cal reconceptualiza on enabling public
policies, environmental agendas,
public opinion and social work.
In this sense, the objec ve of this
paper is to present water situa on
to conceptualize from the thought
of Enrique Leﬀ (2002, 2004, 2008)
and analyze their transforma on
into public agenda. Understanding
the rela onship between water
situa ons, public opinion, poli cal ini a ves, scien fic diagnoses,
tecnohidrológicas innova ons and
media coverage will be cri cal for
social work professionals in the
near future.
Keywords, Sustainability, Access,
Knowledge and Ra onality Agenda
Introducción
Las problemá cas hídricas implican
tres aspectos: escasez, desabasto e
insalubridad, pero al ser difundidas
por los medios de comunicación,
recibidas por la opinión pública y
legisladas por la clase polí ca, son
reducidas o ampliadas según los

intereses de los actores mediá cos, sociales y polí cos. En tal panorama, las situaciones hídricas
son desvirtuadas y sus tuidas por
temas colaterales en la agenda pública. En este sen do, el concepto
de sustentabilidad de Enrique Leﬀ
(2002; 2004; 2008) permite no sólo
la explicación, sino la comprensión de las problemá cas hídricas.
El pensamiento leﬀniano sos ene
que la sustentabilidad requiere
ser abordada desde los saberes y
las racionalidades inherentes a las
comunidades que durante siglos
preservaron los recursos naturales,
principalmente los energé cos e
hídricos.
Precisamente, el obje vo del
presente trabajo es exponer las
problemá cas hídricas rela vas
a la escasez, desabasto e insalubridad para después discu r dos
fundamentos esenciales del pensamiento leﬀniano: saberes y racionalidades. La inclusión de este arculo en el debate contemporáneo
de la sustentabilidad consis ría en
la exposición de las polí cas públicas para la sustentabilidad a parr del concepto leﬀniano sobre el
tema, así como el contraste entre
la agenda étnica, cien fica, tecnológica, mediá ca, ciudadana y políca en torno al establecimiento de
una agenda universal sustentable.
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�Desarrollo social: Problemá ca hídrica y Trabajo Social

En este contexto, el Trabajo Social requerirá de nuevas competencias, habilidades y conocimientos
que le permitan analizar la interrelación entre las agendas a par r de
los planteamientos leﬀnianos.
En suma, el desequilibrio entre
la disponibilidad hídrica y las necesidades humanas es explicable
desde la relación entre los actores
sociales, polí cos, económicos,
cien ficos, tecnológicos y mediá cos. La construcción de una agenda pública sustentable se llevaría
a cabo desmembrando los temas
mediá cos, ciudadanos y polí cos
del diagnós co cien fico y tecnológico, así como de los usos y costumbres étnicos que consideran a
la naturaleza como parte de una
iden dad universal inexorablemente ligada a la historia de las comunidades.

ProblemáƟcas hídricas
En su informe correspondiente al
año 2010, la Agencia de Estadís ca Europea del Agua (Aquastat, por
sus siglas en inglés) advierte que
97.5 por ciento del agua es salada,
2.24 por ciento es dulce y sólo 1
por ciento está disponible en ríos,
lagos y acuíferos para el consumo
humano. A su vez, 113 mil kilóme-

tros cúbicos de agua se precipitan
anualmente. En el mundo, 7 mil 100
kilómetros cúbicos se evaporan, 42
mil kilómetros cúbicos regresan a
los océanos y se filtran a los acuíferos. Anualmente, 70 por ciento
de entre 9 mil y 14 mil kilómetros
cúbicos man enen los ecosistemas
y sólo 4 mil 200 kilómetros cúbicos
—30 por ciento— están disponible
para irrigación, industria —23 por
ciento— y uso domés co —8 por
ciento—.
En su informe correspondiente
a 2010, la Organización de Naciones Unidas (ONU) señala que 23.8
millones de kilómetros cúbicos de
agua se encuentra congelada; 74
mil 200 kilómetros cúbicos se evapora; 119 mil kilómetros cúbicos
se precipita en los con nentes;
458 mil kilómetros cúbicos se precipita en el mar; 502 mil 800 kilómetros cúbicos se evaporan de los
océanos; 10.4 millones de kilómetros cúbicos están depositados en
acuíferos; 900 mil 900 kilómetros
cúbicos se encuentran disponibles
en lagos; y 1 mil 350 millones de
kilómetros cúbicos están depositados en los océanos. Anualmente,
el ciclo hidrológico en los océanos
implica la evaporación de 502 mil
800 kilómetros cúbicos de agua, de
los cuales 458 mil kilómetros cúbicos regresan en precipitaciones;

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�Desarrollo social: Problemá ca hídrica y Trabajo Social

42 mil 600 kilómetros cúbicos, en
derrames superficiales; y 2 mil 200
kilómetros cúbicos, en derrames
subterráneos. En los con nentes
—que con enen 23 millones 800
mil kilómetros cúbicos de agua en
hielo y nieve, 10 millones 400 mil
kilómetros cúbicos en acuíferos
y 901 mil en lagos y ríos—, 119
mil kilómetros cúbicos de agua se
precipitan y 74 mil 200 kilómetros
cúbicos se evaporan al año (OECD,
2010).
El desequilibrio entre la explotación —se es man 4 mil 600 kilómetros cúbicos— del recurso y
su recarga natural afectará su disponibilidad para el consumo —2
mil 400 kilómetros cúbicos aproximadamente— en la agricultura, la
industria y las ac vidades domés cas. Se es ma que una quinta parte
de la población mundial sufre escasez del vital líquido y que 5 millones de personas mueren cada año
por beber agua contaminada.
La situación hídrica global afectaría al Desarrollo Humano definido como “el grado de salud,
educación e ingreso medido a
par r de capacidades, recursos y
oportunidades”, establecido por el
Programa de las Naciones Unidas
para el Desarrollo (PNUD). Los tres
indicadores del Desarrollo Humano ubican a los Estados Unidos de

América como el país con mayor
desarrollo (PNUD, 2011). En contraste, Indonesia ocupa la úl ma
posición. En el caso de México, en
términos generales, su nivel es intermedio.
México es el onceavo país con
más población —101.7 millones
de personas—, con una densidad
de 52 personas por kilómetro cuadrado en promedio; una población
menor de 15 años que representa 33 por ciento, la cual contrasta
con 5 por ciento de personas que
son mayores de 60 años; 74 por
ciento vive en zonas urbanas y su
ingreso per cápita al año es de 8
mil 790 dólares norteamericanos,
trabajando 40 horas a la semana.
Además, su población crece anualmente a un ritmo de 2.1 millones
(Ins tuto Nacional de Estadís ca,
Geogra a e Informá ca, 2010).
El 27.7 de la población infan l
mexicana es extremadamente pobre y está concentrada en 4 millones en el Estado de México, los cuales contrastan con los 8 millones
de personas entre 15 y 64 años, el
resto de la población. Ambos grupos coexisten en la zona con mayor
densidad poblacional aproximada
de 12 millones 472 mil 648 habitantes.
La Comisión Nacional del Agua
(2010) señala que más de 11 kiló29

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�Desarrollo social: Problemá ca hídrica y Trabajo Social

metros cúbicos anuales han sido
concesionados en la zona del centro occidente; 53 por ciento se extrae de acuíferos y 47 por ciento de
lagos, ríos y manan ales. El 82 por
ciento está des nado a la agricultura, 15 por ciento al abastecimiento
público y 3 por ciento a la industria.
La zona de mayor industrialización y comercio ha sido clasificada
con un índice de disponibilidad extremadamente bajo, con menos de
1 mil metros cúbicos por habitante
al año. Respecto a las zonas centro y norte del país donde el crecimiento económico es significa vo,
la disponibilidad del recurso está
clasificada como muy baja, con mil
a 2 mil metros cúbicos por habitante al año. Sólo el sureste de México,
que ha tenido un crecimiento económico poco significa vo, ha sido
clasificado con una alta disponibilidad de 10 mil metros cúbicos por
persona al año. Las zonas norte,
centro y noreste que contribuyen
con 85 por ciento del PIB y enen
77 por ciento de la población, sólo
cuentan con 32 por ciento de la
disponibilidad de agua, aproximadamente 1 mil 874 metros cúbicos
por habitante al año. En contraste,
la zona sureste que contribuye con
15 por ciento del PIB y concentra
23 por ciento de la población, ene
una alta disponibilidad de 66 por

ciento de los recursos hidrológicos, aproximadamente 13 mil 759
metros cúbicos por persona anuales. De este modo, el promedio de
disponibilidad de agua nacional es
de 4 mil 573 metros cúbicos por
individuo al año. Se es ma que 28
por ciento del agua disponible es
consumida por 77 por ciento de la
población que contribuye con 84
por ciento del PIB y, en contraste,
72 por ciento del agua disponible
es consumida por 23 por ciento de
la población que contribuye con 16
por ciento del PIB.
Mientras que el Distrito Federal
y Nuevo León ocupan los primeros
si os de desarrollo humano con
respecto a los estándares internacionales, Chiapas, Guerrero, Oaxaca y Veracruz se ubican en los úl mos lugares de desarrollo humano.
La delegación Benito Juárez del
Distrito Federal y el municipio de
San Pedro Garza, Nuevo León, son
las demarcaciones con mayor nivel
de desarrollo humano, en tanto
que los municipios de Metlatónoc,
Guerrero, y Tehuipango, Veracruz,
ocupan los úl mos lugares de desarrollo humano (PNUD, 2011). Los
primeros casos alcanzan niveles
semejantes a Noruega, aunque los
dos úl mos municipios se encuentran en una situación semejante a
Sierra Leona en África.

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�Desarrollo social: Problemá ca hídrica y Trabajo Social

Se es ma que en 2025, 80 por
ciento de la población mundial
estará en alta escasez. La Organización de Naciones Unidas (2010)
pronos ca para el año 2050 un rango de aumento de la temperatura
de 1.4 a 5.6 cen grados, causando
un incremento de 44 cen metros
del nivel del mar, 5 por ciento más
de las precipitaciones y la ex nción
de una cuarta parte de las especies. Se prevé así una crisis mundial
de abasto irregular e insalubre de
agua en la que 2 mil millones de
individuos no dispondrán de agua
bebible.
En su informe de 2010, la Comisión Nacional de Población
(Conapo) espera que en 2050 la
población de México aumente 48
por ciento, es mando su población para 2030 de 131.7 millones
de habitantes. En el año 2030 se
espera un crecimiento poblacional de 32 ciudades con más de 500
mil habitantes, destacando la Zona
Metropolitana del Valle de México (ZMVM) con 22.5 millones de
habitantes; la Zona Metropolitana
de Guadalajara (ZMG) con 4.8 millones de habitantes; y la Zona Metropolitana de Monterrey (ZMM)
con 4.9 millones de habitantes. La
problemá ca de distribución de
los recursos hídricos se enfocaría en aquellas ciudades con una

población mayor a los 500 mil habitantes. Si se consideran las proyecciones poblacionales, las zonas
metropolitanas de Guadalajara,
Monterrey, Cuernavaca, Tlaxcala,
Veracruz, Puebla, Aguascalientes,
Toluca, San Luis y Cancún estarían
en una crisis de disponibilidad hídrica esperada para el año 2025
(Ins tuto Nacional de Estadís ca,
Geogra a e Informá ca, 2010).
Debido a esta situación hidrológica, económica, polí ca y social,
en el año 2025 la Comisión Nacional del Agua (2010) pronos ca una
extremadamente escasa disponibilidad de agua para la ZMVM.
El concepto leﬀniano de sustentabilidad
Las problemá cas hídricas globales y locales, enfocadas desde la
escasez, desabasto e insalubridad,
pueden ser analizadas a par r del
planteamiento de saberes y racionalidad sustentables de Enrique
Leﬀ (2002; 2004; 2008).
En principio, la sustentabilidad
implica una hibridación de los saberes y las racionalidades (véanse
tablas 1, 2 y 3). Es decir, la economía y la tecnología se perfeccionarían en función de las iden dades
comunitarias. Leﬀ (2002) sos ene
que la economía y la tecnología,
al estar en función de las leyes del
mercado, reducen la sustentabili31

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�Desarrollo social: Problemá ca hídrica y Trabajo Social

dad al excluir las visiones diversas
del mundo. El sociólogo plantea un
proceso de reconversión capitalista con fundamentos étnicos que
ajustan sus necesidades a la disponibilidad percibida de los recursos
y sus ciclos naturales. Tal ajuste es
entendido por Leﬀ (2002) como
internalización de la ecología en la
economía.
La naturaleza, principalmente
los recursos energé cos e hídricos, al ser considerados externos
al mercado, pueden ser incorporados a través de fundamentos étnicos de respeto y convivencia moral
con la naturaleza. En el caso de las
urbes, el reordenamiento de las
edificaciones, los espacios públicos
y las zonas naturales, sería la tendencia de planificación urbana. La
reducción de las diferencias entre

los espacios naturales y las edificaciones incen varía el equilibrio
entre disponibilidad de recursos y
consumo per cápita.
Leﬀ (2008) menciona que la renovación del capital natural estaría
en función de la innovación del capital tecnológico y el control del capital financiero. La vulnerabilidad
de las comunidades, en el marco
que propone el autor, estaría comprome da con el equilibrio entre
los capitales.
En síntesis, el concepto de sustentabilidad del Leﬀ (2002; 2008)
se refiere a la hibridación de sistemas étnicos, económicos y tecnológicos, la internalización de valores
y principios comunitarios, así como
la ar culación y equilibrio entre los
capitales financiero, económico,
tecnológico, social y natural.

Tabla 1. Definiciones de sustentabilidad
Ano
2002

AUtor

EXtracto
"Es el tiem po de la hlbrldaolón del mundo -la 1e1;nolosl:mlón de la vida y la eoonom!zadón de la

P~glna
11

naturaleza-, de mestizaje de culturas. de diilloBO de saberes, de d'ispersión de subjetividades, donde se está
deconstruyendo y reconstruyendo el mundo, doncle se est.án resignificando identidades y sentidos

v

2002
2002
2006

existenciales a contraoorrlente con el pr-0vecto unitario
o
e el!
. de la modernidad."
"Implica la lntemaclonall?aelón de las oondlcl-0nes eoológl&lt;as de soporte del proceso eoon&lt;lmloo."
"Implica el reordenamlento de loo asentamientos urbanos v el establecimien to de nuevas relaciones
fun cionales entre el cam po v la ciudad."
·un prlnclplo que pone oomo oondlclón la oonservaolón de un stock ~,loo de rewrsos y la renovadón del

l1
55
19

capital natural."

El concepto de sustentabilidad
de Enrique Leﬀ (2002; 2008) está
sustentado en dos principios esenciales: saberes y racionalidades. El

primero, rela vo a los usos y costumbres de comunidades, y el segundo, referido a los capitales, su
funcionamiento y acoplamiento,

32

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�Desarrollo social: Problemá ca hídrica y Trabajo Social

reúnen los elementos de su concepto de sustentabilidad.
Los saberes sustentables aluden
a la reapropiación de la naturaleza
a par r de las tradiciones y los valores de los pueblos originarios que
durante siglos conservaron los recursos hasta la llegada del capitalismo. Por reapropiación, Leﬀ (2002;
2004; 2008) considera que el nivel
discursivo incidirá en las acciones
mediante un proceso dialéc co
de contradicción. En efecto, la reapropiación discursiva y opera va
de la naturaleza es la síntesis de
las contradicciones entre disponibilidad de recursos y necesidades
humanas que fueron desarrolladas
por el capitalismo y terminaron por
desequilibrar la relación, hasta el
surgimiento de la crisis ambiental
en la que los recursos cada vez son
más escasos.
La crisis ecológica, en tanto causa de la injus cia social por la redistribución sesgada de los recursos,
homogeniza a las culturas porque
confronta a éstas compe r por los
recursos en situaciones de escasez.
La fragmentación de la naturaleza
implica la irrupción de conflictos a
par r de los cuales podría emerger
la reapropiación de la naturaleza.
Para tal propósito, habría que reivindicar tanto a los ac vistas sociales como a los ecologistas, las

tecnologías verdes y los rituales,
los saberes y las racionalidades. Se
trata de una coyuntura en la que
los sistemas antagónicos se unen
para reorientar a la humanidad
en su relación con la naturaleza.
La disponibilidad de recursos y las
necesidades humanas, fusionadas
a par r de principios étnicos universales, serían el preámbulo para
el diseño y la construcción de un
sistema universal sustentable.
El pensamiento interdisciplinar
de Enrique Leﬀ (2002; 2004; 2008)
está conformado por leyes termodinámicas, principios étnicos y acciones sociales que enmarcan un
planteamiento de sustentabilidad
a par r de la sus tución paula na
del sistema capitalista por uno sustentable.
Si el capitalismo es un instante
en referencia a la historia del universo, la sustentabilidad aspiraría
a ser una eternidad ante la crisis
provocada por la humanidad, sin
importar que un sector o grupo
hegemónico haya sido el autor intelectual, pues las generaciones
precedentes que permi eron el
desequilibrio natural y la crisis consecuente también serían señaladas
como responsables del deterioro
ambiental. De esta forma, el discurso leﬀniano se desmarca del
discurso marxista al señalar que la
33

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�Desarrollo social: Problemá ca hídrica y Trabajo Social

crisis ecológica no sólo es responsabilidad del capitalismo, sino también lo es de la humanidad, ya que

en su transitar devastó especies
animales y vegetales.

Tabla 2. Dimensiones de los saberes sustentables
Afkl

Autor

E:xtracto

P~glna

2002

leff

"Problem.atiza el conocimiento par.a reíuncionalizar los procesos económicos y tecnolóBicos, ajustandotos .a

253

los objetivos del equilibrio ecoléfilco, la justicia social v la diversidad cultural (- ,1 emerge como un proceso
de revalorlzadón de la• Identidades culturales, la• pr.lctlca• tradldonales v los procesos productivos de la•
poblaciones urbanas, campesinas e indígenas; oírece nuevas perspectivas par.a 1.a re.apropiación subjetiva de
la racionalidad; abre un diillo8o entre conocimiento y saber en el encuentro de lo tr.adiciona1 y lo moderno.

{...) reoon-0ce las Identidades de los pueblos, sus cosmoloafas v sus saberes tradicionales como parte de su,
forma• culturales de apropiación de su pa trimonio de recursos naturales {- ,1 emergen allí nuevas formas de
subjetividad en la producción de saberes, en la definición de los sentidos de la e:icistencia y en la calidad de
vid,a de los individuos en diversos conterlos culturales."

"Es la construcción de un concepto que enlaza lo material y lo simbólico. el ente y el ser, lo económico y

2002

334

ecolóBico, lo interno y lo externo, lo objetivo y lo subjetivo. lo sido y el porvenir."

2004

leff

2004

"Se inscribe en las formaciones ideológicas del ambientalismo y en las practicas discursivas del desarrollo
sustentable, Incorporado nuevos prlnolplos y valores; de diversidad cultural, sustentabllldad ecológica,
equidad social y solidaridad r;i e ;ido a ."
"Se desmarca del pensamiento de lacomplejldad como un proceso de auto-organlzaolón de la materla, de la
que emerge una conciencia ecológica que 1Jendrla a completar y a recomponer el mundo fragmentado y

233

242

alienado, heredado de esta civilización en. crisis, a través del pensamiento sistém ico. Implica un proceso de

deconstrucolón de lo pensado para pensar lo aán no pensado, para desentranar lo m.J., entra~able de
nuestros saberes y para dar a ,conocer el ourso del futuro por venir. Es un saber que se sostiene en ta
incertidumbre y en el aún no del sa ber, movido por el deseo de vida que se proyecta hacia la construcción
de lo Inédito, a traves del pensamiento y la acción, en la perspectiva del Infinito, la diferencia v la alteridad."
2008

leff

"La construcción de sentidos colectivos e identidades compartidas que constituyen significados culturales

191

diversos en la prospectiva de una complejidad emergente y de un futuro susten table (- ,1 constituye
estrategias de reaproplaclón del mundo v la naturaleza."

En resumen, desde el pensamiento
leﬀniano los saberes son principios
valora vos, norma vos y afec vos
en los que las visiones del mundo
observaron a la naturaleza como
un elemento esencial de la vida y la
comunidad.
No obstante, al igual que el
pensamiento marxista, el concepto
leﬀniano de sustentabilidad evoca
al capital tecnológico y económico
como pilares de un nuevo sistema
de transacción entre humanidad y
naturaleza.
Precisamente, el concepto leﬀniano de sustentabilidad incluye

a la racionalidad como su fundamento. Leﬀ (2002; 2004; 2008)
sos ene que la racionalidad es un
instrumento para equilibrar el desbalance ecológico. En tanto principio rector, la racionalidad sería
u lizada para desmembrar la injus cia capitalista que estriba en
la concentración de recursos y la
ex nción de las especies excluidas.
Leﬀ (2004) observa en la inmoralidad capitalista el problema que
inhibe la sustentabilidad, mientras
legi ma a la economía y la tecnología como instrumentos esenciales de un nuevo orden produc vo.

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�Desarrollo social: Problemá ca hídrica y Trabajo Social

Se trata, en primera instancia, de
reducir la influencia de los enfoques u litaristas que consideran a
la naturaleza como un instrumento y a las necesidades de progreso
humano como un fin. Por ello, el
problema de la sustentabilidad, se-

gún el pensamiento leﬀniano, es la
inmoralidad u litarista, entonces
la solución debiera ser una nueva
racionalidad que contemple a la
humanidad y a la naturaleza como
un fin más que como instrumentos.

Tabla 3. Dimensiones de las racionalidades sustentables
Ano
2004

Autor

EXt ra&lt;:to

"Una nueva teoría de la producción orientada a establecer un balance entre la produ,clón ===== de

P~glna
225

biomasa y recursos remo,.,ables '( la ineluctable degr.adación entrópica e n la tr.ansíormación product iv;a de 1:a

nat uraleza ."

"Implica la necesidad de J!~ASJ.!l!lt los conceptos y métodos de diversas ciencias y campos dls,lpllnarlos

2004

v

235

del saber. asl como los sistemas de valores y las creencias en que se fund:a que promueven la racionalidad
económic.a e instrumental en la que descansa el orden socia l y productivo sustenta ble."

2004

"Forma de entendimiento de los procesos actuales de raolonallzación socia l, en cuan to a su poslbllldad de

300

2004

conducir hacia la construcción de un consenso social que oriente la acción social para alcanzar un futuro
común sustentable."'
"Puede referirse a los rasgos que dan identidad a una cultura, su lengua, sus costumbres y prticticas que

356

confisuran un estilo étnico."
"Impl ica la oonsecu,lón metódl&lt;a de determinado fin pra&lt;tlco a través de un c.llculo preciso de medios fines

203

lell

2004

eficaces { ... ) elaboración y uso de técnicas eficientes de produccicin v e n fo rmas eficaces de cont rol de 1:a
nat uraleza, asf como e n la racionalización del comport:amiento social para :alcanzar cierto:s fi nes."'

2004

"Estableoe los medios que confieren su eficacia a la sestlón ambiental, Incluyendo lao
tecnologí:a:s limpias, los instrumentos legal es

v lo:s arreglos institucionales de

y

218

las políticas :ambientales, así

como las formas de orsanlzaclón del movimiento ambiental de donde su rsen las fuer,as sociales y las
estrategias de poder par:a t ransformar la racionalid:ad económica dominante."

2008

Lell

"Entendid:a como el reordenamie nto de un conjunto de objetivos e:icpllcitos e implicitos; de medios e

158

Instrumentos; de prlnclplos étloos, reslas sociales, normas Jurídicas y valores culturales; de sistemas de
slsnlfica~os y de conocl miento; de teo~as y conoeptos; de métodos y técnleas de producción:

En síntesis, la racionalidad se refiere al conjunto de normas, principios, valores, instrumentos,
técnicas, métodos y tecnologías
orientadas al equilibrio entre la
disponibilidad de los recursos y las
expecta vas humanas de progreso,
crecimiento y desarrollo.
Sin embargo, Leﬀ (2008) advierte que la racionalidad está más
orientada a la ciencia y la tecnología, ya que es indispensable la innovación produc va para lograr el
equilibrio entre la disponibilidad

de recursos y las necesidades o expecta vas humanas. En este sendo, la función de las ciencias sociales es facilitar el aprendizaje de
la racionalidad, discu r sus bases
jurídicas y ges onar sus los procesos que den forma al nuevo orden
sustentable.
En el caso de las polí cas públicas, el concepto leﬀniano de
sustentabilidad permite deducir algunos ejes aplicables a las problemá cas hídricas de escasez, desabasto e insalubridad.
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�Desarrollo social: Problemá ca hídrica y Trabajo Social

Polí cas públicas y Trabajo Social
para la sustentabilidad hídrica
La sustentabilidad requiere de
un mecanismo de legi midad para
conver rse en un tema de la agenda pública. A par r de la par cipación ciudadana y la opinión pública,
la agenda sustentable podrá transformarse en una agenda universal.
Es menester considerar que el Estado construye su agenda polí ca a
par r de la agenda ciudadana que,
a su vez, es influida por la agenda
mediá ca ya que es a través de
los medios donde la ciudadanía se
informa de las problemá cas ambientales.
La sustentabilidad es, de acuerdo al pensamiento leﬀniano, el resultado de la unión entre saberes
y racionalidades, pero las polí cas
sustentables son un producto de
los temas ciudadanos, mediá cos y
polí cos en torno a la escasez, desabasto e insalubridad derivados
de la disponibilidad de los recursos
hídricos. A medida que la cobertura ecológica de los medios de comunicación se intensifica, propicia
un aumento en los temas de opinión pública y los contenidos de la
agenda polí ca. De este modo, las
polí cas públicas tendrían en sus
contenidos las problemá cas ambientales enfocadas por los medios,
la ciudadanía y la clase polí ca.

En el caso de las polí cas sociales orientadas a la sustentabilidad,
los medios impresos se han erigido
como las fuentes informa vas más
influyentes en los lectores con vocación ecologista, ya que son ellos
quienes buscan fehacientemente información que corrobore sus
creencias respecto a la escasez de
agua o el aumento de sequias.
Tales factores, la cobertura mediá ca, la opinión pública y las inicia vas polí cas son filtros que reflejan la situación hídrica y a par r
de ellos se construye una agenda
pública sustentable. De allí que el
Trabajo Social, como disciplina de
inves gación y ges ón sustentable,
requiera de competencias documentales que le permitan inferir la
incidencia de la agenda mediá ca
en la agenda ciudadana y ésta en
la agenda polí ca. Se trata de habilidades y conocimientos para
el análisis del establecimiento de
la agenda sustentable. Es decir, la
escasez, el desabasto y la insalubridad derivadas de la crisis hídrica son reducidos o amplificados
según los intereses de los medios
de comunicación, la opinión pública y la clase polí ca. Tales sesgos,
siguiendo el concepto leﬀniano de
sustentabilidad, deben ser reba dos por la agenda étnica, cien fica
y tecnológica.

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�Desarrollo social: Problemá ca hídrica y Trabajo Social

El Trabajo Social, en sus orígenes, se desarrolló a par r de la
industrialización de la naturaleza
(Barriga L. y Á. Mar nez, 2011), por
lo que la sustentabilidad pudo ser
reconceptualizada desde el marxismo como un escenario de contradicción entre las necesidades
humanas y la disponibilidad de los
recursos. Sin embargo, Leﬀ (2002)
advierte que el marxismo no desarrolló un concepto de sustentabilidad a par r de transformación de
la producción industrial ya que pregonaba el conflicto, pero el cambio
de externalidad a internalidad de la
naturaleza no tenía cabida en la totalidad del modo de producción. En
efecto, los medios de producción
seguían siendo los mismos para obtener los mismos resultados a parr de la dictadura del proletariado.
De allí que el concepto leﬀniano de
sustentabilidad permi ría más fehacientemente reconceptualizar la
historia del Trabajo Social ya no a
par r de la beneficencia (Falla, U.,
2010), la filantropía (Lera, C., 2008)
o el altruismo (Morales, M., 2011),
sino a par r de los conflictos entre
expecta vas humanas y disponibilidad de recursos.
En un sistema de contradicciones entre escasez de recursos y
diversidad de necesidades, la historia del Trabajo Social podría ser

replanteada si se considera que los
recursos hídricos serán fundamentales para preservar a las especies
vegetales y animales. En un esquema de conflictos hídricos, el Trabajo Social emergerá como una disciplina para la sustentabilidad más
que para la industria, la polí ca o la
ciudadanía.
Piénsese en la sistema zación
de los datos a par r de un enfoque leﬀniano: los archivos de los
profesionistas del Trabajo Social
incluirían información rela va al
impacto de la escasez y el desabasto sobre la población vulnerable,
marginada y excluida de los servicios públicos hídricos (Ribeiro, M.,
R. López y S., Mancinas, 2007). La
intervención del Trabajo Social sería entendida como la promoción
de conflictos para la generación
de cambios a nivel local (Repe ,
G., 2011), comunitario (Riveiro, L.,
2011) o personal (Oliva, A., 2008).
Si el marxismo planteaba que
las relaciones de producción determinaban la superestructura
ideológica (Parra, G., 2008), el concepto leﬀniano de sustentabilidad
plantearía que las relaciones de
producción están ma zadas por
factores intrínsecos tales como los
saberes y las racionalidades, cuya
interrelación permiten yuxtaponer la ideología antropocentrista,
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�Desarrollo social: Problemá ca hídrica y Trabajo Social

aquella que implica exención de la
humanidad de la escasez de recursos, a las relaciones de producción.
Es decir, el desabasto de agua en
una comunidad implica considerar
ya no la disponibilidad de agua, ni
las necesidades básicas humanas,
mucho menos las relaciones económicas orientadas al abastecimiento, sino el establecimiento de
la agenda hídrica local.
La reconceptualización del Trabajo Social, desde el concepto leﬀniano de sustentabilidad, inicia
a par r del análisis de los medios
de comunicación en referencia a la
opinión pública encargada de legimar, validar y evaluar las agendas
y polí cas hídricas. La ciudadanía,
usuaria del sistema de abastecimiento, desvirtúa sus usos y costumbres para trasponer la información circundante en los medios
de comunicación y, a par r de ella,
construir una agenda personal sobre la escasez o abundancia de
agua. En consecuencia, las contradicciones entre disponibilidad hídrica y expecta vas de usuarios se
diluyen ante la cobertura mediá ca de escasez y desabasto de agua.
No obstante, a nivel psicológico,
el conflicto en torno a la disponibilidad de agua, aun a pesar de los
medios de comunicación, se manifiesta en la opinión pública dividida

entre la escasez y la abundancia de
agua, el ahorro y el derroche. Tales
contradicciones son el resultado de
un proceso complejo que va de la
disponibilidad en los acuíferos hasta las inicia vas polí cas para legislar el derecho al agua, pasando por
los cierres de avenidas por parte de
usuarios inconformes con el desabasto y la venta de agua. Tal proceso implica un reto para el profesionista del Trabajo Social, ya que
supone el análisis minucioso de la
agenda cien fica, gubernamental,
mediá ca, ciudadana, global, local
o comunitaria en referencia a la
construcción de una agenda hídrica sustentable.

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�Desarrollo urbano: Estudios de caso

Perspectivas y tendencias del ejido
en conurbación del municipio de
Ciudad Victoria, Tamaulipas, México
Pedro Carlos Estrada Bellmann
María Cecilia Montemayor Marín

Resumen

L

a conurbación de erras ejidales trae consigo una serie de
problemas y beneficios. Este
trabajo presenta un breve análisis
de las tendencias de urbanización
del ejido en el municipio de Ciudad
Victoria, Tamaulipas, esbozando
puntos crí cos de conflictos sociales durante el proceso. En las úl mas décadas, en el agro mexicano han ocurrido grandes cambios
producto de la crisis económica
estructural de los años setenta
del siglo XX, dejando como resultado estancamiento y baja rentabilidad del campo. Dicha crisis es
atribuida al efecto de globalización
mundial, al cambio climá co con
la consecuente descapitalización y
empobrecimiento del sector social
agrícola, así como a la irremediable
pérdida de los recursos naturales.
Las modificaciones al ar culo 27
de la Cons tución Polí ca Mexicana de 1992 han favorecido el crecimiento de la mancha urbana en las

ciudades medianas, cuyo primer
sector es predominante en su economía. Existe poca inves gación y
conocimiento sobre el impacto que
ocasiona la urbanización de erras
ejidales a nivel regional, y para tal
efecto se toma el caso de Ciudad
Victoria, Tamaulipas. En la búsqueda de un desarrollo sustentable es
indispensable que la planeación y
ordenamiento territorial se realicen con fundamento y conocimiento de fenómenos socioeconómicos
locales, así como del impacto en el
cambio de propiedad y uso de suelo en el referido municipio tamaulipeco.

Palabras clave: erras ejidales, crecimiento urbano, planeación, Tamaulipas.

Abstract
The conurba on of erras ejidales
brings with it a series of problems
41

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�Desarrollo urbano: Estudios de caso

and benefits. The paper presents
a brief analysis of the trends of
urbaniza on of el ejido in the municipality of Victoria, Tamaulipas,
outlining cri cal points of social
conflicts during the process. In the
last decades big changes have occurred in the agro mexicano, movated by the structural economic
crisis of the years 70’s, which has
le stagna on and low profitability in the field. Also, a ributed to
the eﬀect of world globaliza on,
climate change with consequent
undercapitaliza on and impoverishment of the agricultural social
sector as well as the irremediable
loss of natural resources. Amendments to ar cle 27 of the Cons tución Polí ca de los Estados
Unidos Mexicanos in 1992, have allowed the growth of urban sprawl
in medium-sized ci es, whose first
sector predominated in its economy. There is li le research and
knowledge on the impact caused
by the urbaniza on of erras ejidales at the regional level. In the
quest for sustainable development
it is essen al that planning and
land use, be done with basis and
knowledge of local socio-economic
phenomena, as well as impacts on
the change of ownership and use
of land in the municipality of Ciudad Victoria, Tamaulipas.

Key words: erras ejidales, urban
growth, planning, Tamaulipas.

Antecedentes
Las ciudades generan, en su crecimiento acelerado, un cambio
de valor en el suelo. Las ciudades
que nacieron a orillas de fuentes
de agua permanente, generaron
áreas de cul vo en erras profundas y fér les. Los grandes cambios
en la rentabilidad agropecuaria y
cambio climá co han sido la causa
del abandono de esta ac vidad. El
gran dilema que surge con el cambio de uso y propiedad del suelo es
el de la polí ca alimentaria contra
la de servicios básicos de asentamientos.

El campo y sus actores
En la década de los años setenta
del siglo pasado, el agro mexicano
sufrió una crisis de rentabilidad. En
una competencia injusta, las polícas internacionales de mercado
permi eron que el alto subsidio de
productos agropecuarios en países
desarrollados se transfiriese como
precio sombra, resultando di cil
hasta la fecha obtener u lidad en
los productos nacionales y sobre

42

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�Desarrollo urbano: Estudios de caso

todo al querer ofertarlos a nivel
internacional. Esto repercu ó seriamente en la can dad de reinversión de la empresa o productor
agropecuario. Aunado a lo anterior, una descapitalización acelerada por venta de ac vos semifijos
durante los años de 1985-1988 se
manifestó como una terrible inflación. Durante la crisis de 1994 recayó nuevamente la rentabilidad del
campo, prevaleciendo empresas
que maquilaban para exportación
o bien que tenían buen precio en el
mercado nacional.
Durante el periodo de gobierno
del presidente José López Por llo
(1976-1982) se implementaron
algunos cambios que pretendían
la integración de la producción en
erras ejidales a la dinámica económica. Sin duda, los alcances no
fueron los esperados por la poca
cer dumbre de los procesos legales que garan zaran seguridad en
la incursión de capital privado a
erras ejidales.
Los acontecimientos económicos de crisis coyuntural favorecieron el empobrecimiento del sector
social y los cambios hacia la privazación de las erras ejidales a través de la modificación al ar culo
27 de la Cons tución Mexicana en
1992. Su repercusión hizo que el
escenario de las polí cas mexica-

nas hacia el agro fuese indiscu blemente de mercado, con el consecuente abandono del sector social.
Las estructuras agrarias son determinadas principalmente por su
organización social, sistema de posesión y uso de erra, además del
po y forma de producción, basado
en la capacidad y condiciones para
la regeneración del recurso natural. El punto medular en la relación
espacial que se da entre los grupos
sociales campesinos se encuentra
en los términos ‘propiedad’ o ‘usufructo’ —derecho a uso— de los recursos naturales
—especialmente del agua—, comprendidos
en la unidad denominada suelo.
El mercado del recurso ‘ erra’
ene su punto crí co, antes que en
el espacio en sí, en la disposición
y calidad de agua. En la región, la
precipitación errá ca o la inexistencia de ella disminuye su valor
produc vo y, por ende, el de mercado.
De allí la importancia del apoyo
del gobierno a diferentes niveles
e instancias para dotar de infraestructura, valor que hace aumentar
la especulación y precio en el mercado formal e informal.
La dicotomía en el obje vo de
la erra ejidal se da en el conflicto
del concepto mercan l o social de
la misma. La reforma agraria, como
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�Desarrollo urbano: Estudios de caso

norma va, sólo es una parte del
contexto general de la misma: ninguna es fac ble si no existen apoyos paralelos a través de polí cas
económicas y judiciales adecuadas
para llevarla a buen fin. Si el Estado
desa ende al sector social y a sus
apoyos, tendrá como lógica consecuencia la incursión de la erra
ejidal en la dominante economía
capitalista —polí ca neoliberal que
sigue vigente— de la oferta y demanda.
El mercado de la erra está en
función de las necesidades del ejidatario y su unidad económica familiar (Maning, 1990) define como
funciones principales de la familia
a nivel de grupo de personas:

—La transferencia de los recursos
disponibles para sa sfacer sus necesidades.
—Asegurar el seguimiento de las
metas múl ples establecidas.
—La producción de bienes y servicios.
—El consenso y toma de decisiones sobre el uso de ingresos para el
consumo y producción.
—La regulación social de sus relaciones con el exterior.
—La reproducción social y material, así como el respaldo de sus
integrantes.

En todas ellas está presente el
costo de oportunidad —valor al
que uno renuncia al escoger una
opción excluyendo otra—. Para la
unidad económica de la familia ejidal, la migración pendular es una
de las formas de integración más
rápidas a las ciudades o centros de
población cercana, siempre y cuando el costo no demerite el ingreso
requerido para sobrevivir. Esto va
paralelo a que la inversión en capital humano que realizan sea una
forma de transferir sus recursos a
un sector más seguro y rentable.
El riesgo de depender del “temporal” —irrigación por lluvia— y el
bajo ingreso del sector agrícola o
ganadero suburbano hacen que el
principal ingreso familiar no proceda de su dotación de erras en el
ejido.
Los intereses del cambio de uso
de suelo bajo la perspec va gubernamental, sobre todo a nivel municipal por la demanda de espacio
para vivienda social, entran en conflicto con el ejidatario poseedor del
recurso. La concertación de estos
actores es fundamental; normalmente en ello se pierde mucho del
ideal u obje vo de la polí ca del
bienestar social.

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�Desarrollo urbano: Estudios de caso

Datos del municipio de Ciudad
Victoria
Está ubicado geográficamente en la
región centro oeste del estado de
Tamaulipas, entre las coordenadas
norte a 23º 59’, al sur 23º 24’ de
la tud norte; al este 98º 55’ y al
oeste a 99º 26’ de longitud oeste;
con altura media de 321 metros sobre el nivel del mar. Se halla sobre
la cuenca hidrológica del río Purificación, entre las estribaciones de la
Sierra Madre Oriental, cuya altura
va de los 1 mil 700 a 1 mil 850 metros sobre el nivel del mar. Colinda
con los municipios de Güémez al
norte, Llera y Jaumave al sur, Villa
de Casas, Güémez y Llera al este y
Jaumave y Güémez al oeste.
Su extensión territorial de 1 mil
634.08 kilómetros cuadrados representa 2.05 por ciento del territorio estatal; alberga a 42 ejidos. El
municipio des na 4.72 por ciento
del suelo para uso urbano; 15.27,
para ac vidades agrícolas, y de
este universo 12.66 por ciento son
erras de temporal, lo que disminuye significa vamente su posible
aprovechamiento, ya que sólo 2.61
por ciento es de riego. El 28.22 por
ciento se emplea para la cría de
ganado; 22.44 por ciento son erras de agostadero —sólo puede
aprovecharse la vegetación o pas-

tos naturales— y únicamente 5.78
por ciento lo cons tuyen praderas.
El 37.77 por ciento es de uso forestal. Para la ac vidad industrial el
porcentaje es menor al 2 por ciento, quedando el resto para otros
usos. Al sur de la cabecera municipal, Ciudad Victoria comparte con
Jaumave una zona especial sujeta
a la conservación ecológica denominada “Área Natural Protegida de
Altas Cumbres” (Ayuntamiento de
Ciudad Victoria, 2005a; 2005b).
De la población total del municipio de Ciudad Victoria, 94.4 por
ciento habita en la zona urbana
y 5.6 por ciento en comunidades
rurales —4 mil 43 habitantes—,
con menos de 2 mil habitantes.
Por edad predomina la población
joven; el grupo menor de 15 años
representa 32 por ciento; 60 por
ciento integra a mayores de 16
hasta los 64 años; y 8 por ciento
corresponde al sector de personas
mayores a 65 años o con edad no
especificada (Ins tuto Nacional de
Estadís ca Geogra a e Informá ca,
2000).
La población económicamente
ac va (PEA) es de 102 mil 516 personas —52.41 por ciento—, encontrándose desempleadas 1 mil 376
de ellas —1.34 por ciento—; aunque el porcentaje no es muy alto,
se debe considerar el incremento
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�Desarrollo urbano: Estudios de caso

anual del grupo que se incorpora a la vida laboral al concluir sus
estudios, por lo que se requiere
incrementar las fuentes de empleo
(Ayuntamiento de Ciudad Victoria,
2005a).
El 69.4 por ciento de la PEA está
incorporado al sector terciario, por
ser la capital el principal centro
polí co-administra vo donde se
ubican los tres niveles de gobierno
—federal, estatal y municipal—,
además de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), tanto
sus áreas administra vas como
diversas en dades académicas.
El 22 por ciento de la PEA se encuentra incorporado al sector secundario —minería, manufacturas
y construcción—; 5.6 por ciento al
primario —agricultura, ganadería
y silvicultura—; y 3 por ciento en
ac vidades que no están especificadas.
El 20 por ciento de la PEA percibe ingresos menores a un salario
mínimo; 38 por ciento ob ene entre uno y dos; 35 por ciento entre
dos y cinco; y sólo en 7 por ciento es
superior a cinco salarios mínimos.

Distribución de la población
En la cabecera municipal, Ciudad
Victoria, radica 94.66 por ciento
de la población; 2.5 por ciento en

si os que oscilan entre 500 y 2 mil
499 habitantes; 2.84 por ciento
vive en lugares de menos de 500
pobladores. El municipio está integrado por 279 localidades entre las
que destacan: Ciudad Victoria cabecera municipal, Alianza de Caballeros, Altos de Caballeros, Benito
Juárez, La Misión, Santa Librada, La
Libertad, Lázaro Cárdenas, Aquiles
Serdán, El Fuerte de Portes Gil, Laborcitas, Loma Alta, Congregación
Caballeros, Manuel Ávila Camacho
y Tierra Nueva (Ayuntamiento de
Ciudad Victoria, 2005a).

Grafica 1. Crecimiento poblacional de Ciudad Victoria Tamaulipas,
1856-2000

,..
,,.

....

CREC I MIENTO

DE

PO BLACIO N

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hu111hn2$ llio,IC1tol ln'1,Ul~J ~Ol5~07,~~"l9ISI

Fuente: Ayuntamiento de Ciudad Victoria,
2005b.

La presión sobre la erra ejidal ocasionada por el crecimiento económico y poblacional de la cabecera
municipal corresponde a la tendencia manifiesta en la grafica 1. La
PEA se ha concentrado en el sector

46

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�Desarrollo urbano: Estudios de caso

servicios debido a su condición de
capital del estado, concentrando su
importancia en educación y dependencias gubernamentales. Durante
la segunda mitad de los noventa, la
presencia de las maquiladoras en
la ciudad representó un polo de desarrollo que acrecentó la migración
del campo hacia la ciudad; sin embargo, las maquiladoras se vieron
en crisis a mediados de la primera
década de este siglo. No obstante,
su crecimiento económico requirió
en su momento la promoción de
créditos habitacionales y aparición
del concepto de fraccionamientos.

Cambio de uso de suelo para servicios públicos urbanos
El ritmo, formas de crecimiento y
distribución de la población, aunados a los patrones de producción y
consumo, inciden rápidamente en
la disponibilidad y deterioro de los
recursos naturales y el bienestar
humano.
El proceso de movilidad urbana
temporal, así como la migración del
campo a la ciudad en busca de mejorar sus condiciones de vida, han
ocasionado que la mancha urbana
cada vez se ex enda mas, afectando las reservas territoriales rurales.

Debido a este proceso de urbanización, los rápidos cambios demográficos e impactos ambientales
a nivel mundial, nacional, estatal y
local se dan necesariamente en las
ciudades.
El Ins tuto Nacional de Estadísca Geogra a e Informá ca (2002)
señala que en la actualidad más
de la mitad de la humanidad vive
en áreas urbanas, es mándose un
incremento para 2025 de 62.5 por
ciento —8 mil millones de habitantes— que seguramente afectará las
áreas y recursos naturales por el
impacto de la ac vidad del hombre
y los requerimientos para sa sfacer sus necesidades. Ello obliga a
que las municipalidades urbanicen
grandes extensiones de terrenos
de erra generalmente agrícola
para brindarles vivienda y servicios
básicos a los nuevos habitantes.
El concepto de uso de suelo
puede ser visto integralmente a
través de la evaluación social —
económica—, instrumento básico
para la planificación de obras públicas y de sus consecuencias —
costo-beneficio—.
En el planteamiento de cambio
de uso de suelo en el ejido Guadalupe Victoria, del municipio de Ciudad Victoria, podríamos mencionar
la construcción de un hospital de
especialidades, centro comercial
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�Desarrollo urbano: Estudios de caso

y nuevas viviendas, cuyo costo de
oportunidad mejorará sin duda
los sectores de la construcción,
infraestructura, vivienda, empleos
directos e indirectos —básicos y de
especialidad—, comercio local, recaudación fiscal, mantenimiento y
servicios, entre otros.
Para quien se encuentra especializado en el área agropecuaria,
este cambio del uso original de
suelo se asume con ma ces más
sen mentales por la ex nción de
una ac vidad considerada de seguridad nacional —alimentación—,
pero bajo el lente social y redistribu vo, la opción de cambio de uso
de suelo parece ser la mejor.

La conurbación de áreas ejidales
El ar culo 27 cons tucional le otorga al gobierno del municipio, en
primera instancia, seguido por el
estado y la federación, la capacidad
para decidir el cambio de tenencia
o uso de suelo. Esto crea en ocasiones una aparente disconformidad
por el nivel de toma de decisiones
y de los derechos que por costumbre se otorgaban al usufructuario.
Esta situación tan peculiar provoca
que la mecánica de las transacciones a nivel informal por parte de
los ejidatarios se dé en la forma
de ceder derecho de uso de suelo

fuera de la ley, con asentamientos
humanos que en ocasiones manenen ciertos nexos, familiares o
polí cos, con invasiones premeditadas para invalidar toda posible
decisión y ges ón gubernamental,
obligando por presión polí ca a la
regularización de este derecho a
los nuevos pobladores, con la consecuente dotación de servicios públicos (Casas, S., 1994).
La tendencia clara sobre la expansión urbana en los próximos
años se ve manifiesta en los mapas
1 y 2: Ciudad Victoria ha mostrado una expansión hacia el norte y
oriente de la ciudad. Los ejidos conurbanos han sido los preferidos
para asentamientos irregulares y
después de1996, ante el fenómeno de la compraventa de erras,
se tramitó para transformarlos en
erras de propiedad privada.
La superficie expropiada en su
gran mayoría se ha des nado a
nuevos asentamientos humanos
e infraestructura urbana. Estrada
P. (1994) comenta la problemá ca
durante la primera etapa de privazación del ejido:

—Los cambios internos sufridos en
las organizaciones ejidales con su
alternancia con asentamientos humanos marginados.

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�Desarrollo urbano: Estudios de caso

Tabla 1. ProblemáƟca de la conurbación de ejidos en Ciudad Victoria
hasta 1993
Ej ido

Probl e mática

7 de novi e mbr e

Tres expropiaciones (dos por asentam ie ntos humanos y otra
por la construcción de l li brami e nto)

La Presa

Construcción de librami ento Naciones Unidas; expropiación

para estación de bombeo de Petróleos Mexicanos (Pe me x);
insta laciones Fe rtim ex
Pante ón Mun icipa l
Rastro Municipa l
Invasiones de a se ntam ie ntos humanos
Extracción de mate ria l compactante
Benito Juár ez

Expropiación para e l li bram ie nto Naciones Unidas
Insta laciones SEC. de Comunicaciones y Transporte
Policía Fede ra l de Cam inos

Guada lupe Victoria

Invasiones de ase ntam ie ntos humanos
Basurero Municipa l
Libram ie nto Naciones Un idas
Insta laciones Petróleos Mexicanos (Pe mex)

Santa Li brada

Insta laciones de la Facultad de Medicina Veter inar ia
Li bram ie nto Naciones Un idas
Insta lacion es de Petróleos Mexicanos (Pe mex)

Loma Alta

Invasiones de ase ntam ie ntos humanos

Fuente: Secretaria de Reforma Agraria, 1993, citado por Casas S., 1994.

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�Desarrollo urbano: Estudios de caso

—El uso de suelo actual y uso potencial, sobre todo desde el punto
de vista de impacto ecológico urbano, su evolución e impacto social.
—Cambios en las estructuras y acvidades económicas de familias
de ejidatarios y de los asentamientos humanos conurbados.
—Los cambios internos sufridos en
las organizaciones ejidales con su
alternancia con asentamientos humanos marginados.

Mapa 1. Área urbana, Ɵerras ejidales y orografia de Ciudad Victoria, Tamaulipas

Fuente: Ins tuto Nacional de Estadís ca Geograa e Informá ca, 2005.

Mapa 2. Crecimiento de la mancha
urbana de Ciudad Victoria, Tamaulipas

fTAP'AS OE CilECIMHltTO
JI •VTuR.O 10Cl1- 1020.
ASO USO • 1DOO

AitOl!KIO-l9:MI ■
Aio1~0-u111
Afil011t71&gt;-U9'0

AAO l.PfO •1:001

■

A ,uruR.O J002 - NN

■

Fuente: Ayuntamiento de Ciudad Victoria,
2000b.

La eficiencia en la aplicación de la
norma y la ley no dará resultados
posi vos o de alcances esperados
si no se proponen y adecuan mecanismos para integrar y beneficiar a los ejidatarios asentados y
sus familiares con los cambios sociales, polí cos y económicos que
origina la urbanización. De lo contrario, caerán en la especulación y
despojo de erras a las cuales les
une tradición e historia, además de
enfrascarse en una lucha de poder
que tan sólo menguará los pocos
recursos que poseen dichas clases
marginadas.

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�Desarrollo urbano: Estudios de caso

Tabla 2. Expropiaciones realizadas por la Comisión para la Regularización de la Tenencia de la Tierra (CoreƩ) a ejidos conurbanos de Ciudad
Victoria entre 1996 y 2004
Diario

Oficial

de

Núcleo agrario

la

Monto
Superficie

Federación .

indemnizatorio

La Presa

18 abril 2000

* 308-36-21.10

18 501 726.60

La Presa

22 abril 2002

52-79-13.00

977 078.80

7 de Noviembre

15 mayo 1996

14-61-88.00

197 353.80

7 de Noviembre

4 de octubre 2004

14-03-62.00

269 996.97

Área de Pajaritos

24 septiembre 1999

3-94-64.73

69 539.18

22 mayo 1997

58-72-25.00

1 203 811.25

Guadalupe
Victoria

Fuente: Secretaria de la Reforma Agraria, 2005.

51

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�Desarrollo urbano: Estudios de caso

Tabla 3. Relación de ejidos conurbanos de Victoria superficie y uso, 2005

Área pa1c,1:, ada

Pob ado

La Presa

401,397231

40&amp;.353034

7 de Novismbre

67,4li327

449,016757

übert:ad,

Misión P,roceso

y sabino unidos

Procede

Lom,a Alta

208.94~66.1

A.senta miem:o

~ rva

hurnaoo

crecimiBrrto

35.21191!15

7,104227

Uso comúm

de

Total

852,143647

516 ,432084

De

ZZZ,931783

29,813050

4.,546867

466 ,234361

Gi,adall,pe
Victoria

antes 394,490685

25.2932316

4 19,783921

Área de P.ajarnos

s .a,mta úbr:ada

347.727700

27.727100

375.454800

Aqi,iies Serdán

382,364178

21,385145

403,749323

625.3064.1 9

22, 135344

4.,615!175

652,077638

1462. 129749

53,230642

5 . 1&gt;8322

lSW .518713

49.,043957

11,328787

715 ,602818

24. 198750

4 .942249

1578.451098

15,774755

2 ,67668.1

474 ,449832

23,023238

1,180748

358,859070

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ito Ji,árez

Ello ilío
Olmo y Ranmo

de!! 655,230074

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984.999563

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Capitán
Gerusral
cárdenas

Lá:z;a10

ames 455,998396

El Llaoo
Las La borcitas

334,655084

Fuente: Secretaria de Reforma Agraria, 2005.

52

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�Desarrollo urbano: Estudios de caso

Conclusiones
Las tendencias muestran que los
ejidos conurbanos seguirán siendo
erra de reserva para abastecer el
crecimiento constante de la mancha urbana de Ciudad Victoria.
Las erras ejidales que se encuentran hacia la sierra enen
mejores condiciones para una
edificación más económica por la
necesidad de hacer poco cimiento, comparada con la parte plana,
donde los perfiles de suelo son
profundos.
Las ac vidades económicas
causadas indirectamente por la urbanización han sido en lo general
más posi vas que nega vas, considerando la mano de obra exigida
en el sector de salud, construcción
y servicios públicos en empos en
que la ac vidad agropecuaria es
poco rentable a baja escala.
El impacto social es mayormente distribu vo con el cambio de uso
de suelo de agropecuario a urbano.
Existe un mayor número de beneficiarios directamente en forma de
viviendas e indirectamente con la
diversificación de ingresos de sus
habitantes.
Un mayor apoyo en infraestructura suburbana propiciará un
incremento en el valor de suelo
ya priva zado y, por consiguiente,

propiciará una mayor recaudación
municipal.
El crecimiento urbano deberá
de estar sujeto, más que a un simple cambio de propiedad, a una
buena planeación urbana considerando en detalle el impacto que
ocasiona cada nuevo asentamiento
humano, y así poder prevenir, más
que lamentar, en vista de la velocidad como se dan estos cambios de
uso de suelo que, inevitablemente,
ponen a prueba la capacidad de
las autoridades para proporcionar
servicios públicos suficientes a los
nuevos pobladores.

Bibliograİa
Ayuntamiento de Ciudad Victoria, 2005a, Plan
de Desarrollo Municipal, Ayuntamiento de
Ciudad Victoria, Tamaulipas.
Ayuntamiento de Ciudad Victoria, 2005b, Ayuntamiento de Ciudad Victoria, Tamaulipas.
http://www.ciudadvictoria.gob.mx
Casas González, S., 1994, “El ejido conurbado en
Ciudad Victoria, Tamaulipas. Su problemá ca”, Momento Económico, núm. 73, mayojunio, Ins tuto de Inves gaciones Económicas, Universidad Nacional Autónoma de
México, pp. 14-19.
Estrada Bellmann, Pedro Carlos, 1994, Gobierno
de Tamaulipas, 2005, Mapa Interac vo.
Disponible en: http://www.tamaulipas.gob.mx
Ins tuto Nacional de Estadís ca Geogra a e
Informá ca, 1960, Censo General de Población y Vivienda del Estado de Tamaulipas,
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Informá ca, 1970, Censo General de Población y Vivienda del Estado de Tamaulipas,
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�Desarrollo urbano: Estudios de caso
Ins tuto Nacional de Estadís ca Geogra a e
Informá ca, 1980, Censo General de Población y Vivienda del Estado de Tamaulipas,
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Ins tuto Nacional de Estadís ca Geogra a e
Informá ca, 1990, Censo General de Población y Vivienda del Estado de Tamaulipas,
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Disponible en: http://www.inegi.gob.mx
Secretaria de la Reforma Agraria, 2005, Información de la Delegación Ciudad Victoria,
Tamaulipas.
Universidad Autónoma de Tamaulipas, 2002,
Diagnos co Ecológico del Gobierno del Estado de Tamaulipas.

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�Desarrollo urbano: Estudios de caso

Análisis de los espacios públicos en
el polígono Edison y revisión de la
legislación actual
Rafael Alejandro Tavares Mar nez
Eduardo Sousa González

Resumen

L

a inves gación que se presenta a con nuación se realizó
con la finalidad de hacer un
análisis de los espacios públicos
y con mayor enfoque en las áreas
verdes en el polígono Edison, un
examen de la comunidad y de
cómo se genera la ciudadanía, así
como también la legislación actual.
Para esto se define claramente lo
que es espacio público. Esto llevará
a una mayor comprensión del término y así entender de qué forma
pudiera mejorarse el ámbito legal
para un cuidado óp mo y aprovechamiento de las áreas verdes y de
los espacios urbanos en general.
El caso de estudio a tomar es
el polígono Edison, formado por el
polígono de pobreza núm. 66 de
acuerdo al libro Mapas de pobreza
y rezago social en el Área Metropolitana de Monterrey (Consejo
de Desarrollo Social/Universidad
Autónoma de Nuevo León, 2009),
junto con algunas colonias más,

que en total forman ocho muy bien
marcadas por estos límites urbanos
invisibles, pero que afectan a la traza urbana y la vida social.

Palabras clave: espacio público,
ciudadanía, legislación.

Abstract:
The research presented here was
conducted in order to make an
analysis of public spaces and with
greater focus on the green areas in
the Polygon Edison, an analysis of
community and ci zenship as it is
generated, as well as the current
legisla on. For it is clearly defined
what is public space for some authors. This will lead to a greater
understanding of what is a public space and so understand how
the legal environment could be
improved for be er care and use
of green areas and urban areas in
general.
55

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�Desarrollo urbano: Estudios de caso

The case study is taking Polygon Edison, which is formed by the
poverty Polygon # 66, according
to the book Maps of poverty and
social backwardness in the metropolitan area of Monterrey (Consejo
de Desarrollo Social/ Universidad
Autónoma de Nuevo León, 2009)
and a few colonies in total formed
eight well marked by these invisible city limits but that aﬀect the
urban and social life.

Key words: public space, ci zenship, legisla on.

Contexto
Las ciudades actuales presentan
una mayor diversidad de culturas,
formas de pensar, estratos socioeconómicos y también descentralizaciones de los asentamientos
humanos. Sumado el aumento de
población, esto conlleva a que las
manchas urbanas crezcan en forma
horizontal, como es el caso de la
ciudad de Monterrey, Nuevo León,
México.
Este crecimiento horizontal genera nodos aislados de infraestructura: equipamiento sico y equipamiento social. Con ello provoca
que el centro natural de la ciudad
vaya siendo abandonado por sus

habitantes, quienes se mudan a las
orillas de la mancha urbana.
Estas áreas o barrios con decremento de habitantes se vuelven vulnerables en varios ámbitos:
educa vo, recrea vo, de empleo,
de seguridad, de ac vidades humanas destruc vas, demandando
ayuda por parte del gobierno.
En el Área Metropolitana de
Monterrey (AMM) existen 69 polígonos de pobreza detectados, de
los cuales uno de ellos será el objeto de estudio de esta inves gación.
El ar culo se enfocará en el polígono de pobreza núm. 66, de acuerdo
al libro Mapas de pobreza y rezago
social en el Área Metropolitana de
Monterrey (Consejo de Desarrollo
Social/Universidad Autónoma de
Nuevo León, 2009). Tal polígono
está conformado por ocho barrios
de grupos vulnerables que ordenados de sur a norte son: Talleres, 10
de Marzo, Tijerina, Jaramillo, Progreso, Benito Juárez, Fomerrey 47
y Garza Nieto.
El polígono posee una extensión territorial de 200 hectáreas,
es decir, está compuesto de 10 por
20 manzanas. La población total
de estos barrios es de 24 mil 144
personas (Ins tuto Nacional de Estadís ca, Geogra a e Informá ca,
2001) distribuidas en diferentes
edades, tal como lo muestra la siguiente gráfica.

56

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�Desarrollo urbano: Estudios de caso

1. Gráfica comparaƟva entre la pirámide de edades a nivel nacional y en el polígono

■

Nivel Federal

5,. ""·
10 ·&amp;4

75-79

t

70 • 7◄

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.. . ,

1027

1491

1134

1313

1374

S.1 1231
SA 1304
5.1 1231

5.3

657
748
786

1069

• .2 1014

4,2

521
657

1404

1128
876
1085

1096
972
1056

0...-_._.u~..a•::!·•~ - - - - - -- - - - -,t..;•:;·º::...!1~20~1~_..¡ ~-_,1,!2S4
~----------""'-.!1.!i198
~ .,¡

1

113 millones de personas

24,144 personas

Fuente: Ins tuto Nacional de Estadís ca, Geogra a e Informá ca, 2001.

Definiciones
En opinión de Marshal (1998), la
ciudadanía consiste esencialmente en asegurar que cada cual sea
tratado como un miembro pleno
de una sociedad de iguales. La manera de asegurar este po de pertenencia consiste en otorgar a los
individuos un número creciente de
derechos de ciudadanía.
En esta época vivimos empos
adversos a los derechos sociales, a la iden dad ciudadana, a la
conciencia de ciudadanía. A pesar
de lo cual —o precisamente por
ello—, la categoría de ciudadanía
ha suscitado un interés que no se
percibía hace 20 años, adquiriendo

una capacidad de resonancia no
alcanzada hasta ahora en su propia
historia, y ello por razones tanto de
orden teórico como político.
El interés teórico del término
puede deberse a la capacidad de
la ciudadanía para integrar las exigencias de jus cia y pertenencia.
Polí camente, se señala como escenario del resurgimiento del interés que comentamos: por un lado,
la tendencia observada de creciente indiferencia de los ciudadanos
en su calidad de votantes; por otro,
el pluralismo en aumento, concomitante con el florecimiento de
múl ples ejes de diferenciación
social, en medio de exigencias cada
vez mayores de adaptación a las
57

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22/05/2013 12:59:49 p.m.

�Desarrollo urbano: Estudios de caso

nuevas reglas de juego impuestas
por la globalización, lo cual provoca una crisis en las iden dades polí cas.
La ciudadanía, por consiguiente, aparece como preocupación
polí ca en medio de un proceso de
desiden ficación polí ca y de pérdida de confianza en las ins tuciones democrá cas (Kymlicka, 1996;
Paranio, 1998). Preocupación que
nos atañe a nosotros mismos como
ciudadanos; de ahí la dificultad
adicional que se presenta en el
abordaje de este tema, en tanto
requiere un esfuerzo mayor de separación analí ca entre la mirada
teórica y la mirada polí ca, entre lo
que encontramos y lo que desearíamos encontrar.
De manera que dis ntos autores
le otorgan, teóricamente, significados muy dis ntos y le imprimen,
polí camente, valores muy divergentes. Sus componentes centrales
—pertenencia, jerarquía, igualdad,
virtud, derechos, deberes— adquieren mayor o menor relevancia
según el momento histórico en que
se inscriba el análisis de la ciudadanía. Con esto decimos que no hay
una “esencia” atribuible a la ciudadanía, sino que la misma con ene
todos estos elementos, a la vez que
no con ene a ninguno de manera
par cular y defini va.

La idea de ciudadanía con fuerte predominio de los derechos ha
sido cues onada desde dis ntos
ángulos, tanto teóricos como polí cos. Pese a su procedencia tan
diversa, tales crí cas apuntalan la
necesidad de incorporar las obligaciones, responsabilidades y virtudes como cons tu vas de la ciudadanía. Los crí cos provenientes de
la llamada Nueva Derecha atacan
los derechos sociales de ciudadanía por considerarlos incompa bles con las exigencias de libertad
nega va y con los reclamos de la
jus cia con base en el mérito.
Desde distintos ángulos, y salvo los conservadores modernos,
que han reafirmado el rol del
mercado, el resto del espectro reconoce a la ciudadanía como una
condición política y social que
confiere un estatus independientemente de la posición económica. Ahora bien, la ciudadanía
también es problemática desde
otro ángulo: asistimos a un momento de ruptura entre ciudadanos y dirigentes, enmarcada en
un proceso de crisis de representación, de las palabras, de identidades individuales y grupales; en
el escenario actual viene perdiendo entidad el ciudadano, dotado
a su vez de las mismas capacidades y derechos.

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�Desarrollo urbano: Estudios de caso

De cualquier modo, se cree que
la cues ón no se resuelve adscribiendo simplemente a la idea de
ciudadanía diferenciada, sino que,
hoy más que nunca, es preciso
pensar en la construcción de un espacio público que pueda acoger las
múl ples pertenencias comunitarias, traspasándolas a un orden que
permita la convivencia, lo cual exige
la recons tución de ciertas ideas generales o universales que acojan en
su seno a las diferencias y, a la vez,
impidan la fragmentación.
La ciudadanía se genera en los
espacios públicos, pero ¿qué es un
espacio público? Es la esencia misma del territorio y de los asentamientos humanos. Todos nosotros
jugamos, circulamos, nos entretenemos y nos iden ficamos con
determinados lugares en diferentes momentos de nuestras vidas.
Todos recorremos a diario paseos
peatonales, calles y avenidas hacia
los cuales desarrollamos algún po
de afinidad, aunque muchas veces
deseamos que sean más atrac vos,
mejor cuidados, más seguros (Delamaza, 2011).
Todo lo aquí mencionado debe
ser implementado en las áreas
urbanas donde existen grupos socialmente vulnerables. En el AMM
existen 69 polígonos de pobreza
detectados por el Gobierno del Es-

tado. Estas áreas o barrios con decremento de habitantes se vuelven
vulnerables en los ámbitos educavo, recrea vo, de empleo, de seguridad, de ac vidades humanas
destruc vas, y demandan ayuda
por parte del gobierno.
Existen diversos ejemplos que
dan pie a un marco de referencia,
como el urbanismo social en Medellín, Colombia. En esa ciudad, dicha disciplina es un claro ejemplo
de regeneración urbana y social
debido al gran impacto que ene
el diseñar arquitectura de gran renombre y construirla en los lugares
con población más desprotegida y
necesitada como la que habita los
barrios vulnerables. Esto conlleva
a que los ciudadanos se sientan
atendidos y valorados por la comunidad, el gobierno y las empresas.

El urbanismo social es el componente más impactante.
Consiste, básicamente, en el
direccionamiento de grandes
inversiones en proyectos urbanís cos puntuales hacia los sectores populares de la ciudad.
Argumentando que la ciudad
ene una deuda histórica con
estos sectores olvidados, se
ha apostado a cancelarla mediante la construcción de obras
infraestructurales y arquitectónicas de alta calidad y fuerte
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�Desarrollo urbano: Estudios de caso

impacto tanto esté co como
social (Brand, P., 2010).

También existe otra inves gación,
“Efectos diferenciales de la comunidad sobre la percepción y uso
de áreas verdes urbanas” (Lo, A.
Y. y Jim, C. Y. 2010), en donde se
estudió la diversidad de la percepción del público hacia los espacios
verdes urbanos en Hong Kong. Se
hicieron muestras al azar y fueron
seleccionados hogares de cuatro
comunidades residenciales dominantes: la an gua central de vivienda pública (OP); el viejo núcleo
residencial (OR); los suburbios residenciales (SR); y la nueva ciudad
de viviendas públicas (NP). Se realizaron entrevistas usando un cuesonario estructurado; la ac tud de
los residentes, el patrón de visita,
la preferencia de los espacios verdes y la evaluación de la calidad del
barrio también se inves garon.
Los suburbios residenciales presentaron resultados peculiares en
comparaciones con lo demás. Las
diferencias moderadas entre las
otras tres comunidades fueron vinculadas principalmente a las caracterís cas locales en los alrededores
del parque. OP hizo más hincapié
en la función de los lugares comunes de interacción vecinal asociado
con una mejor relación social de
una población de más edad.

Los parques en OP fueron los
más visitados, a pesar de que sus
habitantes eran sensibles a los impactos nega vos de los espacios
verdes urbanos, algo que se relaciona con deterioro urbano en los
alrededores. Los encuestados en el
SR aprecian las áreas verdes como
un ambiente acogedor para las acvidades de la familia y el goce esté co. En el NP los residentes fueron visitantes menos frecuentes a
pesar de la provisión generosa de
parques, debido a la población
juvenil, la cohesión social débil y
escasa integración de los nuevos
inmigrantes. Factores de calidad de
la comunidad tales como relación
de vecindad y la densidad urbana
pudieron haber influido en la percepción.
“Las cualidades sociales fueron
más importantes que los aspectos
sicos de los parques en influir a
que lleguen visitantes” (Lo, A. Y.
y Jim, C. Y. 2010). También según el
Censo de población y vivienda 2010
(Ins tuto Nacional de Estadís ca,
Geogra a e Informá ca, 2011), en
1990 exis an 74 personas dependientes por cada 100 en edad de
trabajo; de estas 74, siete personas
eran de la tercera edad y 67, niños;
en 2000, eran ocho personas de la
tercera edad y 56 niños, dando un
total de 64 personas dependientes;
y en 2010, 10 personas eran de la

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�Desarrollo urbano: Estudios de caso

tercera edad y 55, niños, dando un
total de 55 dependientes por cada
100. Con estos datos se ve claramente que existe un alto porcentaje de grupos vulnerables, en este
caso niños y adultos mayores.
Es por ello que los espacios públicos, desde un parque, plaza, camellón, banqueta o cualquier otro
transitado por el peatón, deben ser
diseñados de forma que un adulto
mayor pueda recorrerlos y usarlos
sin dependencia de nadie, al igual
que un niño.
“El espacio urbano ene nuevos procesos de concentración y
complejidad de ac vidades y usos
para op mizar las sinergias”, dice
Jordi Borja en el ensayo Ciudadanía y espacio público. Se debe
generar cohesión social y apoyo a
los grupos vulnerables mediante la
regeneración de centros y áreas urbanas con mejora en la movilidad
y visibilidad, y con la promoción de
nuevos productos que vuelvan a
ac var el tejido social y económico
y así generar autoes ma y ciudadanía en los habitantes del entorno
urbano.

Espacio público y legislación
Los centros urbanos son los lugares
polisémicos de la ciudad, excepto

cuando se homogenizan y especializan. El desa o urbano es crear
nuevos centros metropolitanos,
otorgando la movilidad, accesibilidad y visibilidad de los mismos. El
espacio público es un desa o políco, urbanís co y cultural referido
a toda la ciudad (Borja, J., 2001)
El espacio público es aquel que
se u lizaba para compar r con extraños, con personas que no son
nuestros parientes, amigos o compañeros de trabajo (Cohen, 1986).
Es el espacio para la polí ca, la
religión, el comercio, el deporte y
la coexistencia pacífica e intercambio impersonal. Por otro lado, Carr,
(1992) lo definen como el espacio
común donde la gente lleva a cabo
ac vidades funcionales y rituales
que vinculan a la comunidad, donde se despliega el drama diario de
la vida comunal.
También el espacio urbano público es considerado como aquel
que no es controlado privadamente por individuales: es abierto al
público en general y es controlado
por la autoridad pública, concierne
a la comunidad entera, es disponible para todos y usado o compardo por todos los miembros de la
comunidad. Por lo tanto, se caracteriza por la posibilidad de permi r
la entremezcla de diferentes grupos de gente sin importar su clase,
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�Desarrollo urbano: Estudios de caso

género o edad (Madanipour, 2013).
El espacio público, además de
integrar, vincular y promover la
socialización, con su existencia
concede al poblador el derecho a
desarrollarse e integrar su vida en
la comunidad y así sa sfacer necesidades humanas de vida colec va.
Se deben de considerar los espacios públicos como oportunidades de regenerar y rehabilitar el
ámbito urbano, al igual que de generar la movilidad y accesibilidad
del ciudadano. La par cipación ciudadana es considerada una forma
de expresión polí ca y cultural y de
suma importancia en la generación
de comunidad en dicho ámbito.
En la época actual, el tema del
espacio público ha adquirido un
reconocimiento especial dentro de
la ges ón de la ciudad. En un gran
número de ciudades se han impulsado diversas estrategias y polí cas
para el mejoramiento y desarrollo
de calles, avenidas, plazas y parques, así como también la construcción de edificios emblemá cos.
El uso del espacio público en las
ciudades la noamericanas sigue
considerado con aprecio, aun cuando no cuenten con el equipamiento
adecuado y otras cosas. Es por ello
que el espacio público en nuestras
la tudes es muy importante y hay

que desarrollarlo y cuidarlo, ya que
en él se realizan ac vidades públicas y de comunidad, así como de
convivencia y relaciones sociales y
de ciudad.
Dentro del polígono Edison —
mostrado a con nuación— existe
una limitación clara de la traza urbana y que de forma invisible influye en que la comunidad sólo mire
hacia adentro y no a la ciudad o
entorno en general, y a su vez que
la ciudad no mire hacia adentro y
se preocupe por lo que sucede en
su entorno inmediato. Claramente
se observa cómo las avenidas son
cicatrices urbanas y aíslan una parte de la ciudad. Al norte la avenida Ruiz Cor nes con sus amplias
calles; al sur la avenida Colón con
su alto flujo vehicular; al oriente la
avenida Venus ano Carranza y los
pa os y an gua estación del tren,
que no permiten el acceso directo
a la colonia inmediata, la Industrial;
y al poniente la calle Jordán que sirve de división entre dos niveles sociales y divide una traza urbana de
cuadricula y una rectangular y en
diagonal, como pareciendo que no
se quisiera que hubiera interacción
entre estas dos partes de la urbe.

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�Desarrollo urbano: Estudios de caso

2. Mapa de generalidades del polígono Edison, formado por ocho colonias

el espacio público construido. El total de metros cuadrados existentes
de espacio público fueron 20 mil.
Comparando este dato con el parámetro mínimo que ene la Organización Mundial de la Salud (OMS),
que es de nueve metros cuadrados
por habitante, el polígono debería
de contar con 192 mil metros cuadrados; para alcanzar este cifra le
falta 172 mil. Esto es un ejemplo de
la falta de importancia que le dan
los planes de desarrollo y el propio
gobierno a los espacios públicos.
3. Mapa de ubicación de parques, canchas y plazas en el polígono Edison.

Fuente: Presentación polígono Edison.

Ya dentro del tema de espacios
públicos, en el polígono Edison se
hizo un levantamiento de las áreas
públicas y se dividieron en tres categorías —en parque, cancha y plaza—, cada una con sus definiciones
para poder dis nguirlas. El parque
es el espacio público verde de uso
y derecho público; la cancha es el
espacio público “verde” de uso instucional, ya sea escuela o cancha
con control de acceso; y la plaza es

Fuente: Presentación polígono Edison.

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�Desarrollo urbano: Estudios de caso

4. Gráfica comparaƟva de metros
cuadrados existentes en el polígono Edison y los metros cuadrados
ópƟmos, tomando como número
de habitantes los consignados en
el XII Censo general de población y
vivienda 2000 (InsƟtuto Nacional
de EstadísƟca, Geograİa e InformáƟca, 2001)

250000 ~-------------15 0 0 0 0 + - - - - - - - - 100000 + - - - - - - - - -

50000 +---------m2 óptrros

M2 existente

Según una inves gación del entorno social (IES) realizada por el
doctor Luis Béjar en áreas del polígono Edison, mediante encuestas, entrevistas a profundidad y un
método hibrido de inves gación
social y mercadotecnia, denominada Inves gación de Entorno Socio
Ecológico (IESE)®, la composición
familiar está dividida en jefe de familia, ama de casa, hijo adulto, hijo
menor y otro; y en donde el adulto
joven —de 18 a 35 años— compone a la familia en 30.3 por ciento
y el adulto mayor —de más de 65
años— compone a la familia en
17.1 por ciento.
Según este método, la edad de
la composición familiar es:

Fuente: Presentación polígono Edison.

5. Grafica de composición familiar con base en la edad
386

3. Composición Familiar en base a la edad.
PORCENTAJES
Minlm~

1).$

...

De Inmediato se nota una srtuaci6n
demográfiea totalmente atipiea,
mostrando dos aspeclos
interesan tes:

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Fuente: Inves gación del Entorno Socio Ecológico por el doctor Luis Béjar.

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El estudio considera la pregunta: si
estuviera en sus manos, ¿qué mejoras le haría a su comunidad?, a la
que 20 por ciento de los encuestados mencionó construir un centro
depor vo o construir o mejorar los
parques.
6. Grafica de mejoras que harían los
habitantes a su comunidad

L
...
Arreglaf bBAqlN!IM. Generar empleos, mejorar comunklad, menos

OOffl.Jpdón,, planl:ir érboles.. ?rog. vs. Orogadlcaón y AJcohDiismo. No
can1lna1, Negocios. Predicar, hacer pnvads 1a colonia, No Ur• baswa
en la calle. No ..,ag.abundos, Cortar lllirboil&amp;s: secos. A)'Uda a los.
necesrtados.. Limpieza.

Fuente: Inves gación del Entorno Socio Ecológico por el doctor Luis Béjar.

En las entrevistas a profundidad de
12 personas, los temas en los que
estuvieron más de acuerdo fueron
parques —ocho puntos—, vigilancia —siete puntos— y generar empleos —siete puntos—.
En síntesis verbalizada, lo que se
obtuvo es que:

Lo que más se requiere son espacios abiertos como parques
y plazas, centros depor vos y
recrea vos que jalen a nuestros jóvenes; incrementar la vigilancia y establecer programas
para la capacitación, formación
y educación —especialmente
orientados a los jóvenes— para
sacarlos del pandillerismo y vicios; además de mejorar la calidad del equipamiento y servicios urbanos con que se cuenta.

Los programas de desarrollo
urbano vigentes en nuestro
país han mostrado ineficiencias
como instrumentos de planeación urbana. Jan Bazant (1996)
opina que el enfoque tradicional de la planeación urbana de
asignar un uso e intensidad al
uso del suelo urbano y ambiental ha sido poco efec vo como
instrumento regulador de la
expansión urbana. En la ciudad
de México esta inefec vidad ha
sido una constante en la regulación urbana a lo largo de casi 35
años, es decir, desde que se llevó a cabo el primer plan maestro urbano.
Uno de los problemas actuales de la planeación urbana, así
como el desarrollo y mantenimiento de equipamiento urba65

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�Desarrollo urbano: Estudios de caso

marco jurídico para expandir la ciudad de forma irregular e informal.
Por ello es importante la forma en
que el desarrollo urbano puede
consolidarse cada vez más en los
reglamentos y marcos jurídicos del
desarrollo; el ir cerrando los espacios abiertos o espacios vacíos en
las norma vidades y reglamentos
llevará al desarrollo urbano a un
nuevo futuro, a una nueva etapa
en el desarrollo social y de equipamiento público.

no, es que la planeación urbana
es una moda polí ca y no una
necesidad: “el interés actual de
los planificadores es obtener resultados a corto plazo que polí camente pueda ser cosechados”
(Bazant, J., 1996).
Esto lleva a que, en la actualidad, la ciudad con núe sin estar
claramente delimitada. Se siguen
aprovechando las inconsistencias
de los reglamentos, las normas y el

7. Tabla de concentración de necesidades senƟdas por tesƟgos privilegiados de la comunidad, en relación con la problemáƟca socioeconómica de las cuatro colonias
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Clavo: Pa • Parq ues ; PI • Pl¡iius; Gd• G imna s io/Deporto; Vl• Vig ila ncia ; G e • Ge ne rac ión d o Empleo s ;

Fe • Formac ión/Educación ; Va • Va lores ; A a • A ten ción Adultos ; An• Ate n c i ón N li"llo s; In• Infraestructura/Equ i p am iento.

Fuente: Inves gación del Entorno Socio Ecológico por el doctor Luis Béjar.

Es necesaria una recomposición
conceptual de la relación derecho
y territorio, en la qie se propone
rehacer no sólo desde el concep-

to de la pluralidad jurídica, sino
también desde las territorialidades
múl ples. Considero que la ley de
asentamientos humanos, ya sea la

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�Desarrollo urbano: Estudios de caso

actual o la anterior, ene todavía
muchos espacios en blanco, ambigüedades y ausencia de lineamientos que revisen y evalúen sistemácamente los planes de desarrollo
urbano y, más allá de eso, revisen,
evalúen y mejoren los espacios
públicos y la calidad de vida de la
comunidad.

Conclusión
Es por esto que la legislación debe
contener normas y propuestas de
derecho que salvaguarden a los habitantes de las comunidades, otorgándoles el derecho al espacio público, a las áreas verde, recrea va y
depor va.
Es aquí donde ene un papel
clave la legislación mexicana, al
dictar normas o leyes que propicien la inicia va de las empresas,
de la comunidad o de gobierno, ya
sea municipal o estatal, en regenerar comunidades de grupos vulnerables, dotándolas de espacios
para su uso.
En el contexto internacional,
tenemos el caso de Medellín, Colombia, donde el gobierno, dentro
de su plan de regeneración urbana, tomó como punto principal el
desarrollo de espacios públicos y
de comunidad como un detona-

dor de bienestar social. Esto es, el
desarrollo de plazas, áreas verdes,
centros comunitarios, centros del
emprendimiento, bibliotecas, etcétera.
La idea principal de esta intervención es que se debe de poner lo
mejor de la ciudad en estos polígonos de pobreza o grupos vulnerables, para que estos grupos en verdad vean cambios en su comunidad
y, al mismo empo, se propicie en
ellos un sen do de pertenencia a
fin de que respeten y mantengan
sus espacios, sin endo el barrio
como propio.
También hace falta una mayor
profundidad de términos en la legislación, por ejemplo “espacio
público” o “espacio urbano” y también “digno y decoroso”, ya que
se enuncia que la población ene
derecho a “una vivienda digna” en
el obje vo cuatro del Plan Sectorial
de Desarrollo Social.
Por úl mo, se considera que las
leyes aún no están a la par del desarrollo urbano, desarrollo social o
del desarrollo humano, por lo que
es importante ir disminuyendo la
diferencia entre las leyes y la vida
actual. Así, en un futuro próximo,
las leyes y reglamentos estarán al
día con lo que sucede en la vida
diaria y con lo que es mejor para la
comunidad.
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�Desarrollo urbano: Estudios de caso

Los espacios públicos aún son
menospreciados por la comunidad
en general, y hasta que esto no
cambie o esté en vías de mejora,
no se le podrá exigir al gobierno y
a la legislación normas, derechos
y obligaciones más aptas para un
mejor aprovechamiento de dichos
espacios. En el caso del municipio
de Monterrey, se han hecho programas en donde incluyen a la comunidad para generar la par cipación ciudadana y con esto integrar
a los usuarios del espacio urbano
en su desarrollo y mejora.
Por ello, la legislación debe ayudar a lograr estos ideales colec vos, promoviendo reglamentos o
leyes en donde se dicten obligaciones y derechos que deben ser
observados por la comunidad en
general, ciudadanos, empresas,
gobiernos, organizaciones no gubernamentales, entre otros, y puedan contribuir así a la mejora de los
espacios públicos.

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�Desarrollo urbano: Acercamiento teórico

Elementos y sus relaciones del proceso de urbanización popular
José Ricardo González Alcalá

Resumen

E

n el presente ar culo se idenfican todos y cada uno de
los elementos caracterís cos
del fenómeno urbano-popular y se
muestra la forma cómo aquéllos
están enlazados. Se describen, primero, las coincidencias en la percepción de los hechos —pobreza,
informalidad, tenencia ilegal, papel
relevante de la mujer, etcétera—
por parte de las cuatro perspec vas iden ficadas por el autor en la
literatura; y se señalan, después,
las diferencias de opinión sobre el
asunto. De esta discusión surgen
los aspectos más caracterís cos
del fenómeno objeto de estudio,
permi endo definir los elementos
en cues ón: ingresos familiares,
par cipación familiar, comunal y
de redes de ayuda mutua, apoyo
estatal, intereses de organizaciones, par dos, asociaciones e individuos involucrados, par cipación
del hombre y la mujer colonos en
las decisiones y aportación de recursos, calendario y jornadas laborales, etcétera.

Finalmente, estos elementos
se relacionan unos con otros, por
ejemplo: los altos precios —de
la erra y materiales— llevan a la
intervención del Estado —regularización, erra barata, paquetes de
materiales—; la obtención legal de
erra, de servicios e infraestructura, se debe a la par cipación de
las familias, redes y comunidad; tal
par cipación es es mulada, a su
vez, por la inclusión y presencia femenina; la intervención de organizaciones, par dos, asociaciones e
individuos afectan la par cipación
de los colonos, y/o es mulan acciones gubernamentales; el empo
inver do en la autoconstrucción
resulta del nivel del ingreso familiar
y del empo “libre”; éste, a su vez,
está determinado por las jornadas
laborales de los empleos de los colonos..

Palabras clave: urbanización popular, Estado, autoconstrucción, parcipación femenina.

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�Desarrollo urbano: Acercamiento teórico

Abstract
This ar cle iden fies each and every one of the characteris c elements of popular urban phenomenon and shows how they are linked.
It describes, first, the similari es
in the percep on of events (poverty, informal, illegal possession,
role of women, etcétera.) from the
perspec ves on the subject, and
points out, then, the diﬀerences
of opinion on the ma er. From this
discussion derive the most characteris cs of the phenomenon under
study, allowing to define those elements: family income, family involvement, community and mutual
support networks, state support,
interes ng organiza ons, poli cal
par es, associa ons and individuals involved, se lers women and
male involved in decisions and providing resources, labor day calendar, etc.
Finally, these elements relate
to each other, for example: high
prices (land and materials) lead
to state interven on (regularizaon, cheap land, materials packages), the legal acquisi on of land,
infrastructure and services, is due
to the involvement of families and
community networks; such par cipa on is s mulated, in turn, by
women’s par cipa on, the invol-

vement of organiza ons, poli cal
par es, associa ons and individuals aﬀect the par cipa on of
the se lers, and / or s mulate acons government, the me spent
on the self, it’s household income
level and ‘free’ me, which will, in
turn, is determined by the working
hours of employment of the se lers, etcétera

Key words: popular urbanisa on,
State, autoconstrucción, female
par cipa on

Introducción
Desde mediados del siglo XX en
México, las ciudades se han venido
expandiendo en virtud de diversos factores económicos y sociales. Destaca especialmente, en las
grandes urbes, “la implantación de
las viviendas precarias, en asentamientos irregulares de los sectores más pobres de la población,
sin capacidad de acceder a ningún
proyecto de vivienda público o privado” (Pradilla, E., 2010: 527). No
obstante la pérdida de vitalidad experimentada actualmente en algunas áreas metropolitanas de México por esta forma de urbanización
(Ramírez, J. y P. Safa, 2011), la im-

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portancia del asunto queda ilustrada en la siguiente apreciación:

El estado de la cues ón apunta… a las previsiones de la ONU,
que afirma que en el año 2050
el 50% de la población mundial
vivirá en “ciudades autoconstruidas” en forma de asentamientos informales descontrolados. De hecho, este po de
viviendas pueblan ya gran parte
del territorio tanto de los países
en desarrollo como de sus hermanos supuestamente más enriquecidos (elisaltarina, 2009).

La observación sistemá ca de los
hechos y el sen do que a éstos le
confiere la especulación teórica en
el tema de la urbanización popular
—todo ello ampliamente expuesto
por la literatura (Álvarez, N., 2012;
Pradilla, E., 2010; elisaltarina,
2009; Lafuente, M. y C. Gena os,
2005 ; Duhau, E., 1998; Massolo,
A., 1997; Chant, S., 1994; Espinoza,
G., 1994; González, M. y R. Durán,
1994; Laguna, Z., 1994; Mogrovejo, N., 1994; Sánchez, M. y M. Torres, 1994; Ziccardi, A. y A. Mier y
Terán, 1985; Schteingart, M., 1982;
Fichter, R., J. Turner y P. Grenell,
1976; Turner, J., 1970)—, permiten
conjeturar algunas ideas en torno a
la construcción de un modelo que
determine los elementos carac-

terís cos del fenómeno urbanopopular y muestre la forma cómo
aquéllos están enlazados.
En el presente ar culo, la literatura sobre el tema se clasifica en
cuatro categorías: a) la perspec va
teórica marginalista-funcionalista,
que resalta la par cipación libre y
autónoma del colono en la construcción de una vivienda posible,
y la par cipación concomitante del
Estado en la regularización de la
tenencia de la erra y realización
de obras de urbanización (Fichter,
R., J. Turner y P. Grenell, 1976; Turner, J., 1970); b) el punto de vista
histórico-estructural, que define a
la vivienda como un bien de consumo indispensable en la reproducción de la fuerza de trabajo social
al servicio del régimen económico
de producción capitalista (Pradilla,
E., 2010; Duhau, E., 1998; Ziccardi,
A. y A. Mier y Terán 1985; Schteingart, M., 1982); c) los estudios de
género, los cuales subrayan la ínma y co diana relación que las
mujeres man enen con la situación y condiciones de la vivienda
y el entorno urbano —vialidad,
servicios y equipamiento— que la
llevan a emprender la organización
de la comunidad y a encabezar las
demandas de atención ante los entes públicos relacionados con los
asuntos de referencia (Massolo,
A., 1997; Chant, S., 1994; Espinoza,
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G., 1994; González, M. y R. Durán,
1994; Laguna, Z., 1994; Mogrovejo,
N., 1994; Sánchez, M. y M. Torres,
1994); y d) la conceptualización
oficial de la urbanización popular,
misma que enumera como factores
principales que originan el fenómeno los siguientes: crecimiento de la
población; alto precio de la erra;
bajos ingresos familiares y financiamiento inaccesible; considera al
desarrollo económico como base
del social; y enfrenta las demandas
populares de vivienda aplicando
las polí cas sociales neoliberales
(Plan Nacional de Desarrollo, 1995;
2001; 2007).
Dos maneras de considerar estos cuatro enfoques pueden contribuir a describir el fenómeno
urbano-popular a través de sus elementos y las relaciones que entre
éstos se establecen Por una parte, se presentan las formas como
los hechos son vistos y explicados
por cada uno de dichos enfoques,
y, por otra, se muestran los resultados de las prác cas derivadas de
tales formas; esto permite encontrar conexiones hipoté cas entre
aquellos elementos. A con nuación presentamos una propuesta
derivada de tales consideraciones.

Percepciones coincidentes
En primer lugar, la percepción de
los hechos por parte de cada una
de las corrientes de opinión arriba
mencionadas sobre la urbanización
popular, dejan ver coincidencias
muy simples aunque no por esto
de menor importancia. La escasez
de recursos —desempleo, subempleo, muy bajos ingresos— de los
colonos autoconstructores, en parcular durante las primeras etapas
del proceso, es un hecho básico,
esencial, de todo proceso de urbanización popular. Uno de los
puntos fundamentales que entrarían en juego aquí es el rela vo al
lugar que una unidad domés ca o
una comunidad entera o parte de
ella ocupen en el abanico de la pobreza —extrema o moderada—. La
necesidad de hacer más eficiente
la aplicación de subsidios escasos,
por parte de la polí ca social neoliberal, supone iden ficar puntualmente a quienes forman parte de
la población obje vo de los programas de reducción de la pobreza. De acuerdo al criterio más generalizado, los programas oficiales
de oferta de erra para familias de
escasos recursos establecen como
requisito básico límites máximos al
ingreso familiar.
Otras coincidencias entre la mayoría de los estudiosos del fenó-

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meno de la urbanización popular
arriba citados se refieren a las condiciones habitacionales y del hábitat donde los colonos establecen
sus asentamientos, y a la situación
legal de la posesión en virtud de la
cual aquéllos suelen, generalmente, cons tuirse. Las inadecuadas
caracterís cas sicas de las viviendas y topogra a del terreno, la carencia o insuficiencia de servicios
públicos, infraestructura básica y
transporte, en par cular durante
las primeras etapas de vida de la
comunidad, y la posesión ilegal de
la ocupación, son los puntos neurálgicos básicos donde la presencia
ac va de los colonos —clientelar
o contestataria, individual o en
grupo— acostumbra manifestarse
(González, J. 2003). Las estrategias de intervención estatal frente
a tales caracterís cas y carencias
o insuficiencias dependen, generalmente, de la percepción que de
las mismas tengan las autoridades
tomando a la comunidad como un
todo, en tanto que los programas
de legalización de la tenencia de la
erra están sujetos tanto a intervenciones individuales como colecvas (González, J., 2003).
Los estudios dedicados a iden ficar el papel que el género juega
en los dis ntos campos de la ac vidad social, han delineado un claro
perfil dentro del cual la presencia

femenina ocupa un lugar relevante (González, J., 2003). En materia
de urbanización popular, los autores pertenecientes a esta corriente (Laguna, Z., 1994; Mogrovejo,
N., 1994; Sánchez, M. y M. Torres)
coinciden en que la par cipación
ac va de la mujer puede hacer la
diferencia en el grado de desarrollo
alcanzado por una comunidad bajo
determinadas circunstancias, aun
cuando la aportación de recursos
al proceso por parte del hombre
siga siendo preponderante. Resulta
indispensable, entonces, asignar a
los roles femenino y masculino un
lugar dentro del conjunto de elementos caracterís cos de la urbanización popular.

Interpretaciones diversas
Si los estudios coinciden en la
existencia y formas de los hechos
descritos, el desacuerdo se presenta una vez que éstos son interpretados para sustentar una propuesta de solución. Para algunos,
la ges ón de la erra, servicios y
equipamiento y la ac vidad autoconstructora, aun cuando se realicen en condiciones marginales,
son efec vas en tanto que reflejan
la libre elección de los colonos, y,
en consecuencia, deben ser respetadas y promovidas por los pro75

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gramas estatales de consolidación
urbana dirigidos a asentamientos
precarios (Turner, J., 1970). En el
extremo opuesto, todo el proceso
urbano-popular está a expensas de
ineludibles y paralizantes determinaciones económicas, polí cas y
sociales, de modo que el colono no
ene más alterna va que sujetarse
a ellas. Sólo “el control estatal sobre los medios financieros para la
vivienda y una planificación global
del crecimiento urbano desarrollada y controlada democrá camente
por las masas” (Pradilla, E., 1987:
195) permi rá, en algún momento,
la acción eficaz y la libre elección
entre opciones habitacionales.
La realidad, por su parte, parece
ubicarse en el justo medio: la autoges ón, acompañada del apoyo gubernamental, efec vamente
ha permi do en algunos casos la
consolidación de las viviendas y
de las comunidades (Plan Nacional
de Desarrollo, 1995). Sin embargo,
en otras ocasiones, tal cosa no ha
sucedido, o se ha presentado en
medida insuficiente. ¿Cuál sería la
causa de estas disparidades? ¿Qué
es lo que facilita o dificulta la obtención y consolidación del estatus
habitacional de los grupos sociales
de escasos recursos? La inves gación ha encontrado una diversidad
de relaciones entre elementos claves del proceso de urbanización

popular que sugieren respuestas
interesantes a dichas interrogantes
(González, J., 2003). Exponemos a
con nuación brevemente las relaciones más recurrentes que podemos encontrar en los escritos de
los diversos autores que tratan el
tema.

Los elementos claves y sus relaciones
a) Es probable que la respuesta
más contundente tenga que ver
con la relación que guarden entre sí el nivel de ingresos familiares y las mejoras a la vivienda
y al hábitat (Bazant, J., 1985).
Pero la par cipación de los colonos, el apoyo estatal efec vo,
los intereses involucrados, y la
par cipación de la mujer colono, como quedó ya explicado,
juegan también, cada uno por
su lado, un papel determinante.
b) Así, el grado y duración en el
que los miembros de la comunidad permanecen par cipando en torno a metas comunes,
contribuye a aumentar el nivel
de consolidación, pero sólo hasta el punto en el que, quedando
sa sfechas ciertas necesidades,
la par cipación inicia una tendencia descendente (Bazant,
J., 1985; Gilbert, A. y P. Ward,

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c)

d)

e)

f)

1987; Pozas, M., 1990; Ward, P.,
1989).
Tratándose de comunidades
demandantes altamente par cipa vas no asociadas a esferas
oficiales, la respuesta gubernamental puede ser más rápida y
eficaz que cuando las demandas
provienen de comunidades afiliadas a organizaciones ligadas
al gobierno (Rangel, A., 1994).
La consistencia y magnitud del
apoyo gubernamental a la parcipación comunal está posivamente relacionada con la
intensidad como esta par cipación se lleve a cabo (Bazant, J.,
1985).
Cuando las comunidades asociadas a organizaciones oficiales man enen un alto grado de
par cipación en las demandas
frente a las dependencias del
gobierno encargadas de cumplimentar los programas de
apoyo, pueden recibir por parte de éstas mejor atención que
cuando prevalece un alto grado
de media zación de demandas
comunales por parte de líderes
cooptados en alto grado por el
sistema clientelar (Pozas, M.,
1990, Rangel, A., 1994).
Si el desarrollo de las comunidades se ha alejado en extremo de
los requerimientos mínimos de
habitabilidad, seguridad y/o du-

rabilidad de las construcciones
y el hábitat citadino, el interés
del poder público por inver r
recursos en dichas áreas tenderá a reducirse al mínimo (Duhau, E., 1998).
g) La pertenencia de una comunidad a la red jerárquica corpora va de carácter clientelar
asociada a los intereses de organizaciones y par dos, subordinará la par cipación que dicha
comunidad pudiera tener en
los proyectos oficiales de consolidación urbana, a las decisiones, empos y oportunidades
acordados desde el gobierno en
función de tales intereses (González, J., 2003).
Finalmente, h) las familias en las
que la mujer contribuye económicamente y par cipa en las decisiones sobre la distribución de los
recursos, alcanzan mejores niveles
de consolidación habitacional que
las familias donde son sólo los varones la única o la más importante fuente de decisiones e ingresos
(Chant, S., 1994).
Desde luego que cada una de
las relaciones que acabamos de exponer está rodeada de circunstancias determinantes que no siempre
se presentan en la misma forma y
medida, por lo que el sen do de
tales relaciones pudiera por tal
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mo vo cambiar de rumbo en un
momento y lugar dados. Por ejemplo, en un momento crí co en la
economía de un país, “el poder de
negociación de una comunidad altamente par cipa va pudiera caer
a un nivel muy bajo en relación con
otros centros de demandas insertos también en la competencia por
recursos públicos escasos” (González, J., 2003). Así como ésta pueden
presentarse muchas otras posibilidades para todas y cada una de las
relaciones mencionadas. La literatura citada en este estudio es ciertamente profusa en esta materia,
de manera que lo hecho por nosotros ha sido sólo seleccionar las
proposiciones que aquélla muestra
más reiteradamente y que encierran elementos claves del proceso
urbano-popular. Muchos de estos
estudios son de corte cualita vo en
tanto que otros acentúan un carácter cuan ta vo, de modo que los
hallazgos allí mostrados cuentan
con las virtudes y limitaciones a
que dan lugar dichos enfoques
de investigación. Debido a la
complejidad del fenómeno urbanopopular, la diversidad de unidades
domésticas,
comunidades
y
asentamientos, en relación con los
grados y formas de consolidación
habitacional, no permite elaborar
tipos acabados, antes bien sugiere

la construcción de modelos flexibles (Turner, J., 1970).

Conclusiones
Las proposiciones —relaciones entre elementos— de que venimos
hablando, sugieren que respecto
a la libertad para construir señalada por la perspec va marginalfuncionalista y los determinantes
económicos, polí cos y sociales
enfa zados por la corriente histórico-estructural, éstos se conjugan
de alguna manera para formar un
sistema que, en úl ma instancia,
man ene en equilibrio dinámico
al conjunto de los elementos que
componen el proceso de consolidación de la vivienda de escasos
recursos (González, J., 2003). Los
aspectos crí cos que juegan aquí
son: los ingresos familiares, la parcipación familiar, comunal y de las
redes de ayuda mutua, el apoyo estatal, los intereses de organizaciones, par dos, asociaciones e individuos involucrados en el proceso, y
la par cipación rela va del hombre
y la mujer colonos en las decisiones
y aportación de recursos al proceso. Estos elementos, además de ligarse unos con otros, se relacionan
con su medio ambiente económico, polí co y social en constante

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movimiento (González, J., 2003).
Los ingresos familiares provienen
de la inserción del colono en el
medio laboral, formal o informal,
que generalmente trasciende la
comunidad de residencia e impone diversas condiciones de entre
las que destacan el calendario y
la jornada laborales (González, J.,
2003). La par cipación, si bien se
forma principalmente a par r de
las carencias y metas comunes de
la gente originadas en el interior de
la comunidad, suele estar conectada a impulsos provenientes del
exterior, ya tengan aquéllos su origen en “par dos polí cos, organizaciones populares, dependencias
gubernamentales,
asociaciones
privadas e individuos” (González,
J., 2003). La ac vidad estatal y
los intereses económicos y polí cos radican, generalmente, fuera
del ámbito comunal (González, J.,
2003); y los arreglos de par cipación social de acuerdo al género
dependen fundamentalmente de
factores histórico-culturales más
amplios (Massolo, A., 1997; Chant,
S., 1994; Espinoza, G., 1994; González, M. y R. Durán).
La condición laboral del colono —es decir, su nivel de ingreso,
su calendario y horario de trabajo,
el carácter formal o informal de su
ac vidad económica, o, en su caso,

su condición de desempleado—; la
forma como el gobierno, par dos,
organizaciones, asociaciones privadas e individuos influyen en la
comunidad; la forma y nivel en que
aquélla y las redes de ayuda mutua
y las unidades domés cas desarrollan su par cipación; y el peso
rela vo en el que hombre y mujer
colonos par cipan como sujetos
ac vos del proceso, dependen,
entonces, de un ambiente mayor
formado por la estructura económica, polí ca y social vigente en
un lugar y momento determinados
(González, J., 2003). Entre los aspectos más crí cos que en materia
de urbanización popular definen
ese ambiente se encuentran: las
polí cas de empleo; la polí ca
urbana en relación con el estado
que guarden los procesos urbanopopulares, y los efectos que la polí ca económica y la polí ca social
neoliberales producen en el empleo; los procesos urbanos, incluidos los mercados del suelo, de los
materiales para construcción, de la
mano de obra y de la urbanización;
las ac vidades de género y la intervención de las organizaciones, pardos, asociaciones e individuos.
De todo lo anterior, asumiendo lo expuesto aquí respecto de
las diversas corrientes de opinión
arriba detalladas, podemos des79

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prender un conjunto de relaciones
crí cas entre los elementos básicos
del proceso de urbanización popular. Tenemos así que los precios
del suelo, de los materiales para
construcción, de la mano de obra
correspondiente y de la urbanización, son considerados por la literatura como los aspectos económicos más influyentes en el proceso
aquí estudiado. Por otra parte, el
hecho mismo de que los pobres estén al margen del mercado formal
de vivienda ha contribuido a que
el poder público implemente programas de apoyo. A fin de que el
proceso habitacional sea accesible
a los grupos sociales de escasos recursos, el Estado interviene disponiendo de reservas territoriales de
su propiedad ofertándolas a precios bajos, o legalizando la posesión de erra adquirida u ocupada
irregularmente. En algunos casos,
las dependencias gubernamentales desarrollan programas de impulso a la autoconstrucción que
subsidian los costos de materiales
y/o de mano de obra, incluida la
asesoría técnica. Es frecuente, además, la realización de obras de infraestructura urbana con cargo a la
hacienda estatal y, algunas veces, a
aportaciones mínimas solventadas
por los propios colonos (González,
J., 2003).

La par cipación de las unidades domés cas, de las redes de
ayuda mutua y de la comunidad,
ha sido considerada siempre una
variable importante para el éxito
de los esfuerzos dirigidos a mejorar
el proceso habitacional de escasos
recursos. Esta par cipación es de
par cular relevancia en la ges ón
de la regularización de la tenencia
de la erra y la obtención de los
servicios e infraestructura básicos (González, J., 2003; Pozas, M.,
1990).
Cuando el Estado responde posi vamente a los requerimientos
del proceso habitacional de escasos recursos, la par cipación de la
gente suele mantenerse en el nivel
adecuado (Bazant, J., 1985), en tanto los resultados de tal respuesta
no hayan sa sfecho razonablemente las demandas. Por otra parte, la
par cipación femenina co diana
en los procesos de consolidación
de la vivienda es mula fuertemente la par cipación comunal, de las
redes y de las unidades doméscas. Esto sucede así por el solo
hecho de la presencia ac va de las
mujeres y, además, a través de los
apoyos estatales logrados gracias a
la ges ón emprendida por ellas.
Las organizaciones, par dos,
asociaciones e individuos que por
razones polí cas, económicas o

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humanitarias enen interés en los
procesos habitacionales de escasos
recursos, intervienen en éstos directamente, afectando de dis ntos
modos el nivel de par cipación de
los colonos, y/o es mulando acciones gubernamentales. El Estado, a
su vez, no deja de contactar directamente con estos intermediarios
en función de su propio interés,
influyendo, a través de aquéllos, en
la par cipación de los colonos (Pozas, M., 1990).
Los ingresos familiares y el
empo que las unidades doméscas, las redes y la comunidad —
destacando en los tres grupos la
inclusión femenina— dedican al
proceso habitacional son, junto
con el precio del suelo y la par cipación, variables que reflejan directamente el contenido y forma
del proceso a través del cual los
pobladores controlan y asumen las
decisiones habitacionales de escasos recursos. Por otro lado, la parte
de los ingresos familiares provista por la mujer ene la virtud de
orientar cualita vamente el po y
nivel de par cipación femenina en
el proceso. Finalmente, el empo
inver do por los colonos en la autoconstrucción es el resultado del
nivel de ingresos familiares y del
empo dedicado por los miembros
de la unidad domés ca y las redes

a cumplir con el calendario y la jornada laborales correspondientes a
sus empleos (Bazant, J., 1985).
En síntesis, las diversas corrientes de análisis cuyos enfoques hemos venido exponiendo a lo largo
del presente estudio, vistas globalmente, destacan los elementos
y relaciones crí cos arriba señalados que reflejan el modo de ser del
proceso habitacional de escasos
recursos (González, J., 2003). La
concepción marginal-funcionalista
destaca el proceso de control de las
decisiones y la libertad para construir por parte de los colonos, así
como la intervención estatal para
la regularización de la tenencia de
la erra y el establecimiento de
los servicios e infraestructura básicos. Los puntos de vista históricoestructural y de autores diversos
subrayan la importancia de ciertos factores económicos, polí cos
y sociales. Entre los primeros tenemos los precios de la erra, de
los materiales para construcción,
de la mano de obra y de la urbanización; los escasos ingresos familiares, y el calendario y jornada
laborales cumplidos por el colono
en el mercado de trabajo. Los factores polí cos más influyentes son
la intervención del Estado y la que
enen las organizaciones, par dos,
asociaciones e individuos en el pro81

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ceso de urbanización popular. Los
aspectos sociales más destacados
enen que ver con la par cipación
desplegada por los miembros de la
unidad domés ca, de las redes de
ayuda mutua y de la comunidad
(Pozas, M., 1990), y con el empo
que los colonos dedican a las labores de la autoconstrucción (Bazant,
J., 1985). Por úl mo, el punto central de la teoría de género se refiere a la par cipación de la mujer en
todas las etapas del proceso urbano-popular.

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�Familia: Adulto mayor

La respuesta familiar al adulto
mayor en torno a sus necesidades
de apoyo
Blanca Mirthala Tamez Valdez
Manuel Ribeiro Ferreira

Resumen

L

a población de adultos mayores en México presenta un
acelerado incremento en números absolutos y porcentuales, situación que se agravará en la próximas décadas, lo que aunado al
incremento en la esperanza de vida
implica nuevas y mayores necesidades de apoyo hacia este grupo
etario, abriendo así nuevos retos
para la sociedad en general, pero
de manera par cular para la familia y la polí ca social. El presente
documento muestra los resultados
de un estudio realizado en Monterrey con un total de mil 57 adultos
mayores de ambos sexos, en torno
a las necesidades enfrentadas por
el adulto mayor y los apoyos recibidos de parte de su familia, en especial de sus hijos.

The older adults popula on in
Mexico presents an accelerate increment in absolute numbers and
percentages, situa on that will be
worse in the coming decades, in
combina on to the increase in life
expectancy implies new and higher support necessi es to this age
group, which implies new challengers in general for the society, but
par cularly for the family and the
social policy. The present document
indicate a study result realized in
Monterrey with a total of 1057 older adults of both sexes, around
iden fied needs by the older adult
and the received supports from his
family, especially their oﬀspring.

Key Words: ageing, ageing populaon, dependence, family support.

Introducción
Palabras clave: envejecimiento,
dependencia, apoyos familiares.
Summary

En México, las necesidades del
adulto mayor han adquirido par-

100

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�Familia: Adulto mayor

cular relevancia, ello debido
principalmente al proceso de envejecimiento poblacional, el cual
consiste en un fenómeno social
cuyos primeros rasgos se muestran en nuestro país a par r de las
úl mas décadas del siglo XX, pero
cuyas principales repercusiones serán observadas durante la primera
mitad del presente siglo. Las manifestaciones más notorias de dicho
fenómeno son el incremento de
la población de adultos mayores,
tanto en números porcentuales
como absolutos, especialmente de
quienes presentan 75 o más años
de edad, resultado principalmente
de una transición sociodemográfica caracterizada por el descenso
en las tasas de mortalidad y de natalidad, aunado al incremento en
la esperanza de vida poblacional
(Ham-Chande, R., 2003; Par da, V.,
2005).
Este proceso de envejecimiento
poblacional ocurre de manera verginosa en nuestro país; de acuerdo con las proyecciones demográficas, nos llevará menos de 50 años
enfrentar la transformación de
población que los países desarrollados tuvieron a través de dos siglos —alcanzar niveles superiores
a 14 por ciento de población envejecida— (Ham-Chande, R., 2003;
Romero, M., 2004). De esta forma,

las personas de 60 años y más que
cons tuían 6.8 por ciento de la población total en el año 2000 y 9 por
ciento en 2010, conformarán 28
por ciento en 2050; es decir, para
mitad del presente siglo, uno de
cada cuatro habitantes será adulto
mayor (Ham-Chande, R., 2003; Instuto Nacional de Estadís ca, Geogra a e Informá ca, 2011).
En el caso de Nuevo León, este
fenómeno presenta caracterís cas demográficas de una etapa de
transición muy avanzada —con bajas tasas de fecundidad así como
de mortalidad— y un incremento
pronunciado en la esperanza de
vida —por encima de la media nacional—, lo cual conlleva a un ver ginoso proceso de envejecimiento
poblacional, notorio en la transformación de su pirámide poblacional
(Cas llo, D., y F. Vela, 2005).
Por las caracterís cas del envejecimiento poblacional en nuestra
región, aquél plantea una serie
de retos importantes a la polí ca
social y a la sociedad en general,
especialmente para el transcurso
de las próximas décadas. Tras el incremento de la población de adultos mayores, especialmente de
quienes enfrentan mayor edad, las
necesidades de este grupo etario
adquieren una mayor dimensión,
surgiendo con ello nuevas y mayo101

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�Familia: Adulto mayor

res demandas hacia la familia en
par cular y la sociedad en general.
Familia y seguridad social son las
dos ins tuciones básicas de apoyo
en la atención de las necesidades del
adulto mayor (Ribeiro, M., 2000).
En el caso de México, la mayor responsabilidad recae en la familia, en
tanto la seguridad social brinda cobertura a menos de la mitad de las
personas de 65 años o más —52 por
ciento de adultos mayores no accede a la seguridad social, careciendo
también de una pensión económica
por jubilación— (Ins tuto Nacional
de Estadís ca, Geogra a e Informáca, 2000).
La familia, por tanto, cons tuye
la principal red de apoyo para el
adulto mayor; sin embargo, aquélla
enfrenta una serie de transformaciones en su interior, mismas que
se encuentran ligadas a los cambios económicos, sociales y demográficos ocurridos en la sociedad,
y desde los cuales se observa una
disminución en el número de hijos,
un aumento en la escolaridad, principalmente de las mujeres, las cuales además se han incorporado en
mayor medida al mercado laboral.
Esta situación complica el brindar
los apoyos y cuidados necesarios al
adulto mayor, especialmente cuando la dependencia de este grupo se
ve incrementada.

Además, el envejecimiento demográfico en México presenta un
complejo panorama, puesto que
aunado al incremento de la población de adultos mayores, se
observan en este grupo etario dificultades y problemas como bajos
ingresos, insuficiente cobertura de
la seguridad social, alto costo de
los servicios de salud, alimentación
y vivienda; deterioro de su salud al
surgir problemas de po crónicodegenera vo, lo que incrementa
su nivel de dependencia y deterioro, demandando cuidados sicos y
afec vos que implican una mayor
dependencia del apoyo otorgado
por las redes familiares. Por lo anterior, se considera primordial el
estudio tanto de las necesidades
enfrentadas por esta población, así
como de la respuesta obtenida por
ellos, par cularmente desde la solidaridad1 intergeneracional —apo1 Definimos la solidaridad como una cualidad
de la acción en la que un individuo contribuye al
bienestar de otro, par cularmente cuando éste
se encuentra vulnerable o presenta una carencia
o necesidad. De tal suerte se considera la solidaridad como la presencia de ayuda —transferencia de bienes o servicios— que recibe el adulto
mayor para cubrir su necesidad. El estudio se
enfoca en la revisión de los siguientes pos de
solidaridad: a) económica: apoyo económico en
efec vo, bonos o la renta de algún bien; b) en
especie: vivienda, alimentación, ves do, servicio
médico, medicamentos, etcétera; c) funcional:
cuidados especiales, ayuda para caminar, para
bañarse, ves rse, cocinar, tomar medicamentos,
tomar sus alimentos, etcétera; d) domés ca:

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yos de hijos a padres—, la cual parece ser el principal referente para
las personas adultas mayores.

Situación del adulto mayor
Para analizar la situación enfrentada por el adulto mayor en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, se
retoman los principales resultados de un estudio cuan ta vo, de
po descrip vo, realizado en 2005
con un total de 1 mil 57 personas
mayores de 64 años, de ambos
sexos, elegidos de manera aleatoria. El estudio estuvo centrado en
la solidaridad intergeneracional,
par cularmente la recibida por el
adulto mayor de parte de sus hijos,
especialmente en torno a las dependencias que los primeros presentan, tanto de po económico y
material, como de po instrumental y funcional —necesidades de
cuidados especiales—.
El estudio se realizó en la ciudad de Monterrey, que ene en su
haber la mayor concentración de
adultos mayores de Nuevo León:
reciben apoyo para realizar los quehaceres domés cos, como preparación de alimentos, limpieza del hogar, lavado de ropa, etcétera; e) instrumental: ayuda para sus traslados al médico,
comprar alimentos u otras ac vidades externas
al hogar; f) afec va: interés en sus problemas y
necesidades, contacto sico y/o telefónico.

68 mil 503 personas de 65 años y
más de edad (Ins tuto Nacional de
Estadís ca, Geogra a e Informáca, 2001). Se eligió un diseño de
po transversal, no experimental,
o ex post facto. El instrumento elaborado consis ó en una cédula de
entrevista con 190 preguntas, con
un empo promedio de aplicación
de 40 minutos. Los cues onarios
fueron aplicados entre los meses
de marzo a julio de 2005.

Perfil sociodemográfico del adulto
mayor
Entre las caracterís cas observadas
en los par cipantes, destacan el tener una edad promedio de 74 años
en ambos sexos; siendo 532 mujeres —50.3 por ciento del grupo—
y 525 hombres —49.7 por ciento
del mismo—; con una escolaridad
promedio de cinco años en las mujeres, entre las cuales 14 por ciento
son analfabetas, mientras que en
los hombres el promedio de escolaridad es de 6.4 años cursados, con
un analfabe smo de 7 por ciento.
Esta situación diferencial entre los
sexos se encuentra relacionada con
el acceso desigual que tuvieron a la
educación hombres y mujeres en
la generación estudiada, el cual fue
restringido para las segundas.
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�Familia: Adulto mayor

Gráfica 1. Estado civil de acuerdo al sexo del adulto mayor
80%
70%
60%
50%
40%
30%
20%

5%

10%

4ºo

0%
Solteros

Casados o en pareja

Divorciados o

Viudos

separados
■ M uj eres

■ Hombres

Fuente: Elaboración propia.

La situación conyugal de los par cipantes también muestra diferencias entre los sexos, observándose
que los varones viven generalmente en pareja, mientras que las
mujeres lo hace una de cada tres;
además de que son viudas en mayor medida (véase gráfica 1). Dicha
situación se explica mediante tres
aspectos dis ntos: los hombres,
tras enviudar, se vuelven a casar
con mayor frecuencia que las mujeres; los varones, por lo general,
se casan con mujeres más jóvenes; la esperanza de vida es mayor
en las mujeres: 78.5 años para las
mujeres contra 73.7 años para los
hombres en Nuevo León (Ins tuto
Nacional de Estadís ca, Geograa e Informá ca, 2001; Kalish, R.,
1996; Mota, R., 2000; Scout, A. y C.
Wenger, 1996).

Respecto a la situación familiar
en que vive el adulto mayor, se observan también diferencias significa vas entre los sexos. Los varones
viven en mayor medida en familia
nuclear o con su pareja, mientras
que las mujeres lo hacen regularmente en familia monoparental,
al ser viudas. Asimismo, llama la
atención la proporción de adultos
mayores que vive solo(a), situación
presente en mayor medida en las
mujeres (véase cuadro 1).
Resalta que 10 por ciento de los
par cipantes no ene hijos vivos al
momento del estudio, siendo mayor en las mujeres —12 por ciento—, mientras que en los varones
corresponde a ocho de cada 10.
Esta situación se relaciona con algunos aspectos: en primer lugar, 9
por ciento de los adultos mayores

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Cuadro 1. Tipo de familia en que vive el adulto mayor de acuerdo con
su sexo
Tipo de fam ilia
Persona sola
Pareja sola
Nuclear
Compuesta o extensa
Monoparent al
Ext ensa
Unidad fam iliar atípica
Unidad de corresidencia

M ujeres
16%
12%
12%
19%
36%
15%
4%
1%

Hombres
7%
25%
26%
22%
17%
15%
3%
0.4%

Total
12%
19%
19%
20%
27%
15%
3%
0.8%

Fuente: Elaboración propia.

no tuvo hijos; 1 por ciento sobrevive a sus hijos; la mitad de los parcipantes sin hijos permanecieron
solteros, situación mayor en las
mujeres —7.8 por ciento—, mientras que los hombres corresponde
a 4.7 por ciento (véase gráfica 1).
El número promedio de hijos
es seis, mientras que los hijos vivos al momento del estudio son
en promedio cinco, lo que indica la
existencia de una proporción significa va de par cipantes que ha
perdido al menos un hijo: 36 por
ciento en el caso de las mujeres
y 28 por ciento en el de los hombres. Las caracterís cas familiares
reseñadas muestran una evidente
diferencia con las familias actuales, en tanto que las primeras, al
ser más numerosas, brindan mayores posibilidades de apoyo de
parte de los hijos. De acuerdo con
las estadís cas oficiales, en Nuevo

León el número promedio de hijos
por mujer se ha visto disminuido
de seis en 1970, a 3.2 en 1985, y a
dos en 2008 (Ins tuto Nacional de
Estadís ca, Geogra a e Informá ca, 2008). Un aspecto que ha sido
señalado por diversos estudios
(Mota, R., 2000; Rivera, J., 2001;
Rubalcaba, R., 1999) como relevante en torno a la recepción de apoyos, es el número de miembros en
el hogar del adulto mayor, observándose que en nuestro estudio el
promedio corresponde a 3.4, inferior al promedio observado en los
hogares de Monterrey, correspondiente a cuatro en el año 2000. La
mayor parte de los adultos mayores cohabita sólo con una persona,
siendo 30 por ciento hombres y 29
por ciento mujeres.
En el aspecto económico resalta que 59 por ciento de los adultos
mayores ene pensión económi105

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ca; agregándose 12 por ciento en
que sólo su pareja cuenta con ella;
lo que implica que 71 por ciento
de los par cipantes cuenta con
pensión por vejez, sea de manera
directa o indirecta. Este dato contrasta con el observado a nivel nacional: en 2000, 34 por ciento de
los hombres mayores de 64 años
recibía una pensión, en tanto que
las mujeres sólo 7 por ciento (Romero, M., 2004); mientras que en
el estudio realizado la enen 44
por ciento de las mujeres y 74 por
ciento de los varones. Otro aspecto
que resalta en el grupo estudiado
es la proporción de adultos mayores que ene seguridad social,
correspondiente a 87 por ciento,
misma que casi duplica la de adultos mayores con seguridad social a
nivel nacional: 48 por ciento de las
personas de 65 años y más de edad
(Ins tuto Nacional de Estadís ca,
Geogra a e Informá ca, 2001).

Principales necesidades de los
adultos mayores
Respecto a las necesidades enfrentadas en mayor medida por el
adulto mayor, se indagó en torno
a las ac vidades o situaciones en
las que aquél requiere de apoyo,
por no ser capaz de realizarlas o

cubrirlas por sí mismo, con sus
propios recursos, conceptualizándose como pos de dependencia
que se clasifican como: ac vidades
básicas de la vida diaria (ABVD) o
dependencias de po funcional, las
cuales implican apoyos o cuidados
especiales, relacionadas en ocasiones con la sobrevivencia del adulto
mayor; y ac vidades instrumentales de la vida diaria (AIVD), relacionadas con necesidades materiales,
de labores domés cas y/o traslados del adulto mayor. De acuerdo
con las evidencias, la dependencia
económica se presenta en mayor
medida, siendo mayor en las mujeres y conforme a lo esperado pues,
como se señaló, aquéllas cuentan
con menores recursos —pensión,
educa vos—; cabe señalar que
esta condición se presenta sobre
todo en los estratos bajo y medio
bajo (véase cuadro 2).
También en proporción significa va presentan necesidad de
ayuda para realizar labores doméscas y ayuda material o en especie,
sin embargo, la primera es mayor
en los varones, especialmente en
el estrato alto. En una menor proporción aparece la dependencia de
po instrumental, sin diferencias
entre los estratos. Las dependencias que se muestran en baja proporción son las de po funcional,

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mismas que en conjunto aparecen
solamente en 18 por ciento del
grupo estudiado, sobre todo en las
mujeres y principalmente en los
estratos bajo y medio bajo; la más
común de ellas es la necesidad de
ayuda para caminar, mientras que

las de menor proporción, de acuerdo a lo esperado, son algunas necesidades básicas para la vida diaria
como: necesidad de ayuda para ir
al baño, acostarse o levantarse de
su cama y tomar sus medicamentos (véase cuadro 2).

Cuadro 2. Datos sobre dependencia y solidaridad según género del adulto mayor
Tipo de dependencia
Económica

Labores
domést icas
Funcional
para
caminar
Funcional
para ir
al baño
Funcional
para
bañarse
Funcional
para to mar
medicamentos
Funcional para
levanta rse o acostarse
en su cama
Funcional
para
alimentarse
En especie

Inst rumenta l

Situación
Dependencia
So lidaridad
Sin ayuda
Dependencia
Solidaridad
Sin ayuda
Dependencia
Solidaridad
Sin ayuda
Dependencia
Solidaridad
Sin ayuda
Dependencia
Solidaridad
Sin ayuda
Dependencia
Solidaridad
Sin ayuda
Dependencia
Solidaridad
Sin ayuda
Dependencia
Solidaridad
Sin ayuda
Dependencia
Solidaridad
Sin ayuda
Dependencia
Solidaridad
Sin ayuda

Femenino

Masculino

Total

78%

73%

84%
16%

68%
74%
26%

54%
87%

70%
94%

13%
15%
67%

6%
10%

62%
91%
9%
13%

34%
7%
79%
21%
8%

63%
34%
4%
70%
30%
5%

65%
34%
5%
75%
25%
7%

85%
15%

86%
13%

85%
15%

10%
90%
10%

6%
90%
10%
4%

8%
90%
10%

6%
93%
7%
6%
96%
4%

80%
20%

86%
15%
4%
94%
6%

5%
90%
10%
5%
95%
5%

68%
78%
22%

55 %
75%
25%

61%
77%
23%

56%
94%

43%
95%
5%

48%
94%

6%

6%

Fuente: Elaboración propia.

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Solidaridad observada hacia el
adulto mayor
Respecto a los apoyos recibidos
por el adulto mayor para cubrir
su necesidad o superar su dependencia, se observa que aquéllos
son obtenidos principalmente
por quienes muestran una o varias necesidad(es) para cubrir las
ABVD, implicando algunas veces
la sobrevivencia del adulto mayor
(véase cuadro 3). Dicho apoyo se
concentra principalmente en quienes muestran dependencia para
alimentarse, recibiendo la ayuda
principalmente de las hijas, sobre
todo en los estratos alto y medio
alto, mientras que los varones la
reciben especialmente de su cónyuge o pareja, por permanecer casados o unidos. También en amplia
proporción se recibe ayuda de po
instrumental para realizar labores
domés cas, así como funcional
para acostarse y/o levantarse de
su cama y tomar medicamentos.
Cabe señalar que tanto la ayuda
instrumental como para labores
domés cas son recibidas en mayor
proporción por los hombres, sobre
todo en los estratos alto y medio
alto, ayudándoles por lo general
la esposa o cónyuge, así como las
hijas.
La ayuda funcional para bañar-

se o asearse no presenta diferencias entre los sexos, estando presente sobre todo en los estratos
alto y medio alto y recibiéndose
generalmente de las hijas y/o una
empleada domés ca, así como de
la cónyuge en el caso de los hombres. En la dependencia económica
y material —en especie—, es ligeramente menor la proporción de
adultos mayores que recibe ayuda,
siendo principalmente las mujeres.
Al discriminar la ayuda que proviene exclusivamente de los hijos, se
advierte que aquélla es mucho mayor hacia las madres —67 por ciento—, mientras que es recibida por
el padre en 45 por ciento de los dependientes. El apoyo que se recibe
en menor medida es la ayuda para
caminar, la cual es brindada por todos los hijos, pero especialmente
por las mujeres, observándose que
quienes no ob enen la ayuda señalan recurrir por lo general al uso de
un bastón u otro implemento mecánico.
En general, se observa que la
ayuda es recibida principalmente de las mujeres, especialmente
en los apoyos de po funcional
(ABVD), así como en los de po
instrumental, es decir, traslados
y labores domés cas. Un aspecto
que resalta es que en los apoyos
brindados para cubrir las AIVD, es

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�Familia: Adulto mayor

común encontrar la presencia de
una red de intercambio entre el(la)
adulto(a) mayor y su(s) hijo(s), lo
que confirma lo señalado por la
teoría del intercambio social en
torno a que los apoyos fluyen acorde con los recursos de los par cipantes (Levi-Strauss, C., 1969, citado en Ritzer, G., 2001; Hidalgo,
J., 2001). No obstante, en el caso
de las ABVD relacionadas con la
dependencia funcional que se desarrolla tras el deterioro sico del
adulto mayor, los apoyos recibidos adquieren otra caracterís ca,
que no es acorde con los recursos
de los par cipantes, ni tampoco
con la presencia de intercambio
entre las partes, sino que parecen
estar más en función del grado de
dependencia en el adulto mayor,
es decir, como respuesta de una
corresponsabilidad o solidaridad
familiar señalada por diversos autores (Aranguren, L., 2000; Artola,
A. y R. Piezzi, 2000; Barg, L., 2003;
Coronado, M., 1941; Durkheim, E.,
1967; Ribeiro, M., 2000; Rorty, R.,
1991). Este po de respuesta se
observa en mayor medida dirigida
a las mujeres, especialmente por
su(s) hija(s).

Conclusiones
De acuerdo con lo discu do, la situación del adulto mayor es bastante heterogénea, variando en
función de la situación de deterioro y recursos con que cuenta
aquél para cubrir sus necesidades
por sí mismo, o bien a través de
un intercambio de bienes y servicios con sus familiares, o incluso
dependiendo totalmente del apoyo de quienes le rodean. Podemos
señalar entonces que las necesidades del adulto mayor están relacionadas tanto con aspectos sociales
—redes sociales y familiares establecidas— como de po individual
—edad, estado de salud, nivel de
funcionalidad, dependencias desarrolladas—.
De acuerdo con la evidencia
obtenida en torno a la ayuda que
recibe el adulto mayor para cubrir
sus necesidades y la reciprocidad
de aquél para con su(s) hijo(s), es
posible señalar que existe, por un
lado, una relación de intercambio de bienes y servicios entre el
adulto mayor y su(s) hijo(s) en una
proporción importante —poco más
de la mitad de los que reciben ayuda—, sobre todo en quienes reciben ayuda económica —dinero y
especie— e instrumental. Por otro
lado, y en una proporción aún más
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�Familia: Adulto mayor

importante del grupo de estudio,
se observa la evidencia de una respuesta solidaria, generalmente de
los hijos, hacia las necesidades del
adulto mayor, brindándole ayuda,
principalmente cuando esas necesidades son de po funcional, sin
evidencias de reciprocidad. Esto
úl mo parece indicar que la solidaridad de los hijos hacia el adulto mayor se ve incrementada conforme éste avanza en deterioro y
presenta necesidades de po funcional que comprometen su sobrevivencia, denotándose una ac tud
de corresponsabilidad familiar.
Sin embargo, también se observa que existen adultos mayores que no sólo carecen del apoyo
para cubrir su necesidad y atender
su dependencia, sino que, además, enfrentan el desinterés y, en
ocasiones, incluso el abandono de
alguno(a) de sus hijos(as). Situación que es por demás grave, si
coincide con el deterioro sico y
mental del adulto mayor
—
dependencia funcional—, así como
si carece de recursos económicos
que le permitan obtener de manera segura un apoyo, aun cuando se
reciba de manera condicionada.

Reflexiones y recomendaciones
Es importante considerar que el
envejecimiento poblacional en México presenta caracterís cas muy
par culares —aumento ver ginoso en el número de adultos mayores, insuficiente cobertura de seguridad social, monto insuficiente en
pensiones de re ro y viudez— que
conllevan a serias dificultades para
la atención de este segmento, recayendo gran parte de la responsabilidad de esta atención en la familia.
Asimismo, se denota que la familia
realiza un esfuerzo por cubrir las
necesidades del adulto mayor, aun
cuando ella enfrenta una visible
transformación en su estructura
como ins tución social —disminución del número de miembros,
cambios en roles y funciones—,
tanto como en su interior —papeles de la mujer y de los niños,
importancia de la pareja—, que
contrasta en ocasiones con las demandas de atención y recursos de
los abuelos, lo que puede ahondar
los conflictos y dificultades enfrentados en el interior de su dinámica
y funcionamiento.
Por ello, se torna relevante el
diseño y ampliación de polí cas
y programas sociales dirigidos de
manera específica al adulto mayor, considerando la diversidad de

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necesidades y situaciones enfrentadas por dicho grupo etario, que
además ofrezcan servicios y apoyos diferenciados de acuerdo al
género y la situación — po y nivel
de dependencia— enfrentada; así
como polí cas y programas dirigidos a las familias que enen entre
sus miembros a uno o más adultos
mayores para su atención, par cularmente cuando los apoyos requeridos son de cuidados especiales para realizar las ABVD, en tanto
comprometen la sobrevivencia del
adulto mayor, a la vez que impactan fuertemente la situación familiar.

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Desarrollo humano
en el adulto mayor
Jorge Ramírez Chávez
Rocío Isabel Ramos Jaubert
Julio César Alvarado Cortés

Resumen

E

l obje vo de esta inves gación es conocer la relación
de incidencia en el desarrollo
humano del adulto mayor en su entorno personal, familiar y de salud,
aunado a posibles situaciones de
violencia.
La metodología se centró en
procesos observacionales por medio de un estudio de po sincrónico, transversal, analí co y prospecvo; el diseño es preexperimental;
las unidades de análisis fueron 105
adultos mayores atendidos en una
Unidad Médico Familiar (UMF); en
la teoría del muestreo, éste es indeterminís co de po accidental;
se diseñó un instrumento con escala de intervalo de po centesimal,
procesando su confiabilidad con un
Alpha de Cronbach, y el manejo del
análisis estadís co de po correlacional y análisis factorial.
Se concluye la dualidad acerca
del desarrollo humano del adulto
mayor: la dependencia genera ac-

tos, situaciones y formas de violencia —55.09 por ciento varianza,
≥±0.31—. Se propone sensibilizar a
la población de que la familia es un
negocio al mostrar un esquema de
inversión de capital variable con retorno, es decir, los padres requieren
ver a sus hijos como un “producto
de inversión” que se retribuirá correla vamente en la misma medida de proporción directa cuando
los padres sean viejos, mostrando
entonces la necesidad de un cambio cultural e intergeneracional.

Palabras claves: adulto mayor, desarrollo humano, familia, violencia.
Abstract
The aim of this research is to understand the rela onship of human
development impact of the elderly
in their personal, family and health,
together with possible violence.
The methodology focused on
observa onal processes, being a
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synchronic study, transversal, analy cal and forward, the design is
pre experimental analysis units
were 105 seniors a ended a Family Health Unit; in sampling theory,
this is type indeterminis c accidental an instrument was designed
with interval-type scale centesimal, processing reliability with a
Cronbach Alpha management and
sta s cal analysis of correla onal
and factor analysis.
We conclude the duality of human development of the elderly;
dependence generates events, situa ons and forms of violence (55.09
por ciento variance, ≥ ± 0.31). It is
proposed to raise awareness that
the family business is a diagram to
show a variable capital investment
return, ie require parents see their
children as an investment product
which correspondingly remunerated in the same propor on as direct when parents are old, showing
then, the need for cultural and intergenera onal change.

Key words: elderly, human development, family, violence.

Introducción
El filósofo Veblen (1918, referido
por Membrillo, A. et al, 2008) predijo que de acuerdo al crecimiento
de la población, al finalizar el siglo
XX habría 7 mil millones de habitantes. Sin embargo, sólo tuvieron
que pasar 11 años para que esta
can dad de seres humanos habitara el planeta, y con ello vendrían
otras transformaciones y variaciones, entre ellas la vejez de la misma
población, aun y cuando al finalizar
el siglo XXI —año 2100— falta que
el crecimiento poblacional alcance
los 14 mil millones para iniciar su
curva de decremento; con esto se
anuncian la crisis alimentaria, los
problemas de pensiones, las enfermedades crónicas, entre otras
situaciones, principalmente de orden ambiental.
México no es la excepción. La
tasa de crecimiento poblacional en
nuestro país se incrementó a par r
de los años cincuenta del siglo XX
y se acrecentó aún más a par r de
los años setenta. En el sector salud
se ha observado una falta de apoyo a nivel familiar al adulto mayor
en relación con su persona, control
médico y posible problemá ca de
violencia, todo ello debido probablemente a una falta de cultura,
en general, y concien zación hacia

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el viejo, en par cular. El de familia
es un concepto complejo aún; muchos autores la delimitan como la
ins tución, el núcleo o la médula
espinal de la sociedad. Sin embargo, aún se sigue estudiando y
analizando, brindando la acepción
de relevancia como el elemento
más importante de la naturaleza
humana. La familia es el eje fundamental para el funcionamiento
de la sociedad aunado a las creencias, los valores y los mitos, mismos
que determinarán la conducta del
sistema, contribuyendo a la transformación de las ac vidades co dianas del individuo, de la ciudad,
del país e incluso del mundo entero. Flaquer (1998) sos ene que “la
pérdida de peso de la familia en la
organización social ha acompañado su importancia cada vez mayor
como fuente de iden ficación emocional”. Carlos Pérez Testor (2008,
citando a Font, Pérez Testor, Romagosa, 1995) dice que

la familia es el grupo donde se
nace y donde se asumen las
necesidades
fundamentales
del niño. Es un grupo en el cual
los miembros se cohesionan,
se quieren, se vinculan, y así
se ayudan recíprocamente a
crecer vitalmente, a vivir como
personas en todas sus dimen-

siones: cogni va, afec va, relacional, etcétera.

Desde estas perspec vas, se ene
claro que la familia implica no sólo
los lazos de sangre que en determinado momento existen, sino que
va más allá de tener hijos.
Por otra parte, la Organización
Mundial de la Salud (OMS) indica
que

una revolución demográfica está ocurriendo en todo el
mundo. Actualmente hay alrededor de 600 millones de personas de 60 años y más; esta
cifra se duplicará hacia el año
2025 y llegará a casi dos mil
millones hacia el año 2050 —la
mayoría de ellos en países en
vías de desarrollo.

El ncremento mayor ocurrirá en el
primer cuarto de siglo; se mul plicará por 15 en países como Bangladesh, Brasil, México y Nigeria;
el número de personas mayores de
60 años se habrá mul plicado por
cuatro entre 1955 y 2025; y la proporción frente a la población total
será de 10 por ciento. El Caribe es
la región en desarrollo más vieja del
mundo (Kornblit, A., 1984; Organización Mundial de la Salud, 2003).
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Lo anterior esboza la necesidad
de conocer el tejido del ambiente
familiar y cómo se relaciona o, en
su caso, si es que existe o ha prevalecido un desarrollo a favor de
estas personas proponiendo un
diagnós co social médico completo y seguir con un enfoque de apoyo y de sensibilización para propiciar una mejor calidad de vida en
su ambiente y dinámica familiar;
así como detectar la incidencia de
la problemá ca de violencia, ya sea
sica, psicológica o social, y cómo
interfiere en el desarrollo que
como personas aún pueden tener
y, por ende, mejorar el conocimiento sobre esta etapa y las necesidades básicas para preponderar la
organización en el sistema familiar
y personal.
La presente inves gación está
dirigida esencialmente hacia el medio social que se preocupa o desconoce la situación actual de los adultos mayores, pero haciendo énfasis
en la familia, ya que es el medio
o el contexto que ene relación o
contacto directo con el adulto mayor. Su obje vo es tener una mejor perspec va sobre la familia, el
cuidador o la misma persona, educando a las próximas generaciones
para convivir de la mejor manera,
sin condiciones de violencia hacia
los adultos mayores, y puedan re-

conocer que a futuro ellos mismos
vivirán también esa etapa vital.

Material y métodos
El estudio fue realizado en una Unidad de Medicina Familiar (UMF)
de la ciudad de Sal llo, Coahuila.
Se empleó un enfoque cualita vo-cuan ta vo, con una pología
de la inves gación observacional,
transversal, sincrónico, analí co y
prospec vo; el diseño de la invesgación en la perspec va metodológica fue preexperimental, al conformarse El estudio con un grupo y
una sola medición XO (Campbell,
D. y J. Stanley, 1969, referido por
Ramos, R., 2004), fundamentada
en una inves gación de campo, ya
que para su desarrollo se recurrió a
la recopilación de datos —consultas, variables e instrumento—, tomando criterios para el desarrollo
de la inves gación e instrumento
desde la perspec va metódica cualita va y cuan ta va (Ramos, R. y J.
Ramírez, 2012).
Las variables maestras del estudio fueron: el desarrollo humano,
ambiente familiar, entorno médico social y violencia, medidas de
forma ordinal con una escala intervalar de po centesimal de 0 al
100, donde el 0 es la ausencia del
atributo y el 100 el máximo valor

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que le otorga el respondiente. La
operacionalización de las variables
cons tu vas se midió de manera
similar.
Según la pirámide poblacional
adscrita a medicina familiar, en 37
UMF del estado de Coahuila de
Zaragoza se hallan registrados 114
mil 268 adultos mayores hombres
y mujeres ≥60 años derechohabientes. La población se determinó
según el censo nominal de la UMF
en Sal llo, en donde dicha unidad
médica actualmente cuenta con 13
mil 496 adultos mayores, hombres
y mujeres, como derechohabientes
≥60 años (IMSS, 2010) El estudio
por observación se realizó en la
afluencia de personas adultas mayores en el servicio de Prestaciones
Económicas por los trámites de
pensión y supervivencia. Con base
en el registro del censo mensual
de tal departamento, se a enden
por mes a 110 adultos mayores
(IMSS,2010
El po de muestreo fue: indeterminís co por su nivel de incer dumbre; accidental; abarcando un
total de 105 sujetos (censo).
Los criterios de selección o inclusión de los sujetos para este estudio fueron tomados con el discernimiento necesario para evitar un
probable sesgo muestral:
Pacientes mayores de 60 años,
afiliados —pensionados, jubila-

dos y beneficiarios—, de ambos
géneros, sin afectación del área
cogni va, que lean y escriban, que
formen parte de un núcleo familiar, que acepten voluntariamente
par cipar en el estudio. Los criterios de exclusión se refieren a que
los miembros de la familia tengan
enfermedades psiquiátricas —síndrome ansioso depresivo, alcoholismo, entre otros—, y los criterios
de eliminación se centraron en
respuestas incompletas en la encuesta que impidan una valoración
adecuada del caso.
Se diseñó un instrumento que
metódicamente aporte un nuevo
enfoque en perspec va, comprensión y análisis en la aplicación exclusivamente a la persona adulta
mayor que comparte o vive con
una familia (Alvarado, J., 2011), ya
que se observan áreas como ambiente familiar, desarrollo humano,
entorno médico social y violencia,
u lizando la escala mencionada
debido a que contribuye con una
mejor compresión en su percepción en el nivel familiar.
El desarrollo fue medido de forma induc va por el po de estudio
y diseño; las lecturas estadís cas
de acuerdo a Rocío Isabel Ramos
Jaubert y Jorge Ramírez Chávez
(2012) en el presente estudio emplearon tres análisis de la estadís ca sin números, donde se u lizaron
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las frecuencias absolutas y rela vas
para describir la población objevo, la correlación Producto Momento de Pearson y el análisis de
factores modelo r2 múltiple, con
criterio de corte sigmá co r≥±.31,
para obtener una lectura con una
estructura subyacente y obje va
de acuerdo a los datos crudos, con
sus respec vos niveles de confianza de 95 por ciento, lo que equivale
a 0.05 de nivel de error.

Resultados
En el estudio, el género que predominó fue la mujer con 65 sujetos,
que representan 62 por ciento;
en el estado civil, 37 respondientes son casados, lo que es 32 por
ciento; los de ingreso económico
medio fueron 41 encuestados —41
por ciento—; y 30 respondientes,
mujeres adultos mayores, son ama
de casa, con 32 por ciento. Asimismo, predominaron las que se dedican al hogar con 52 respondientes
—52 por ciento—; en la religión
predominaron los católicos con 80
sujetos, explicando 81 por ciento;
predominó la escolaridad primaria
con 57 sujetos —59 por ciento—;
77 sujetos manifestaron su entorno vital en el medio urbano, formando 80 por ciento; 95 sujetos viven en una familia propia —93 por

ciento— y 27 sujetos son de grupo
sanguíneo O+ —47 por ciento—.
En la tabla 1 sobre las relaciones
entre el desarrollo humano y el ambiente familiar —siendo la síntesis
del análisis correlacional determinado por un nivel de confianza de
95 por ciento y un nivel de error
de .05, u lizando el coeficiente de
correlación Producto-Momento de
Pearson— se explica la relación entre desarrollo humano y el ambiente familiar en el que está inmerso
el anciano, donde la convivencia en
el nivel familiar conduce hacia una
buena calidad de vida y confort,
por el buen manejo de la enfermedad generada por su envejecimiento, fomentando las relaciones que
establece con un trato posi vo, lo
que le da pie a una mejor comprensión del ambiente que lo rodea.
Los valores establecidos promueven la educación en la equidad con
inteligencia y con amabilidad, y el
sen rse con libertad aunado al confort y a la sa sfacción de su calidad
de vida, conduce a ser una persona
tolerante y disciplinada, caracterizada por el respeto y orden.
La armonía lo conduce al confort, mejorando su calidad de vida
en su senectud por sen rse una
persona libre, así como a preservar una buena comunicación por
considerarse todavía una persona
estable y apegada a su familia. Se

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infiere que el adulto mayor siente
un alto grado de sa sfacción en su
desarrollo personal y se percibe
cobijado por el apoyo familiar en la
etapa de envejecimiento —r≥ .29,
p≤.05—.

En el gráfico 1 se refleja el análisis integracional con el análisis de
factores donde se empleó el Método de Extracción de Comunalidades de R2 Múltiple, tomando como
variables significa vas aquellas

Tabla 1 Relaciones entre desarrollo humano y el ambiente familiar del
anciano
EnvajRCimi ■nto

C;alid';ad

Enf■rm ■d;ad

C;ap;acid;ad

Confort

Educ;a,dón

Equid;ad

l.nh1lig•m::i;a

Libarbd

de vida
Conviv11tncla

0.33

0.36

Relac~es

0 ,A9

0.56

0,58

Trato pos itivo

0.43

0,47

o.so

Afectci

0 .42

0.36

0 ,44

D,35

0.34

V.il&lt;wes

0,36

Gene&lt;Midad

0,31

Ain;abilid.ad

0 ,29

T~erand a

º·'°

0.39
0.38

0.36

O.S2

0,62

0.57

0,36

0, 33

0,42

o.s1

0,31

0,39

0,63

0 ,S9

0 , 54

0 .44

0,43

0 ,57

0 ,44

0,S6

0,47

0 , 56

DiKipllna
Ru.peto

0.34

0 ,29

0,31

O&lt;d&lt;n

Atmonla

0,53

o ,sg

0.60

Comunicaci6n

0,51

0.S4

D.57

ht.ibllld.id

0.51

0 ,52

0..64

Apego

0.43

o.40

0,45

0.34

0 ,2g

0 ,28
0 ,28

0,33

0 ,42

0 ,41

0 ,31

0 ,28

Basado en un Análisis de Correlación Producto - Momento de Pearson, p ≤ 0.05, r ≥ 29, n ≥ 100

que presentaron un valor de r≥±.31
—criterio de corte sigmá co—. Se
obtuvo del procesamiento un total
de 15 factores extraídos a través de
maximizar la varianza compar da
que explica 55.09 por ciento del total del fenómeno estudiado.
La lectura interfactorial estructuró los 15 factores que se presentaron en el procesamiento, mostrando las relaciones existentes entre
los mismos y que integraron el fenómeno estudiado.

Se observó que el desarrollo humano alcanzado por el adulto mayor en la familia lo hace una persona
íntegra y feliz por medio de valores
interpersonales como el esparcimiento y la intervención sa sfactoria en la prevención de enfermedades, estableciendo que con núa
con la dependencia psicoac va hacia el consumo del café, pero con
el apoyo familiar en los programas
educa vos en salud dirigidos específicamente al adulto mayor.
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El anciano ende a ser dependiente en la familia por considerarse una persona caprichosa y a pesar de sen rse feliz e íntegra, está
expuesto a cualquier po de vio-

lencia de índole psicológica, sica
o económica. Aunque la familia le
brinde apoyo moral en la intervención o prevención de enfermedades, precisamente por situaciones

Gráfica 1 Relación y análisis Interfactorial del fenómeno.

Extracción Comunalidades del R2 Múl ple valor r≥0.31 (criterio de corte sigmá co).
Se obtuvieron del procesamiento un total de 15 factores extraidos a través de maximizar la varianza
compar da que explican el 55.09 % del total del fenómeno estudiado

de salud o presencia de algún po
de padecimiento, generan diversas
formas de violencia hacia su persona y por ende el deterioro de
su salud. De lo anterior se infiere
que existe una dualidad acerca del
desarrollo humano de la persona
adulta mayor, porque a pesar de
sen rse una persona íntegra en
lo familiar, completamente feliz y
estable, está latente la violencia

tanto de parte de su familia como
de personas externas, y que la educación que recibe para beneficio
de su salud es benefactora siempre
y cuando reciba el apoyo familiar
adecuado, lo que a la vez se vuelve
ambivalente cuando lo olvidan por
conveniencia o desatención, en
perjuicio del anciano por el po de
dependencia que exista.

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Conclusión y discusión
De acuerdo a los hallazgos en la inves gación, se concluye de forma
general que el longevo caracteriza
el ambiente familiar en la asociación de los valores, la convivencia
y la comunicación, así como redes
de apoyo a través de las reuniones familiares, el esparcimiento
por medio de la asistencia al cine,
la moderada ac vidad sica; pero
a la vez no se siente integrado al
sistema familiar por su edad y por
ende es dependiente; en menor
grado son independientes al recibir prestaciones económicas como
una pensión o jubilación. La dependencia genera actos, situaciones y
formas de violencia por miembros
como los hijos, los nietos y los sobrinos, estos úl mos por el hecho
de descuidarlo, si bien no cometen
la agresión. La violencia desencadena que la persona mayor no
tenga una recuperación en su enfermedad, pero si es integrado a un
programa educa vo de salud posiblemente mejore y le ayude cuando deje de fumar y la dependencia
de la cafeína; su desarrollo humano
es favorecido por su envejecimiento con calidad, confort y libertad,
pero por su edad padece algún po
de enfermedad. Se integraron elementos como el ser feliz e íntegro

en el nivel familiar, pero también
cómo la violencia interfiere en sus
enfermedades y, sobre todo, cómo
la religión es desencadenante de
violencia intrafamiliar, aunado al
impacto de los programas educavos de salud; asimismo, hay diferencias entre las mujeres y varones
en la comprensión familiar.
Una inves gación que apareció en la revista Avances Médicos
de Prensa La na (Muchinik, 1987,
referido por Espín, A., 2003), con
respecto al fenómeno acerca de la
moral de los viejos, encontró una
fuerte asociación entre frecuencia
de interacción con la familia y senmiento de bienestar en la vejez.
El estudio encontró que también
existe una fuerte asociación entre
el desarrollo humano y la etapa
como adulto mayor, ya que el anciano sobrelleva su etapa cronológica de forma tranquila y sana, de
manera independiente y con libertad; se integran a nivel familiar sus
formas de iden dad, valores, costumbres, funcionando como red de
apoyo, y el fomentar la unión por
lógica eleva su moral.
José Manuel Pérez Álvarez,
Héctor D. Bayarre y Gema Quintero
Danauy (1996) presentaron una inves gación realizada en Cuba en la
que se demostró que la dimensión
familiar es la que más contribuye
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a la percepción de alta calidad de
vida y que cons tuye la principal
fuente de ayuda, compañía, cuidado y respeto para las personas de
edad avanzada. Dada la observación, se menciona que esta invesgación encontró evidencia similar
cuando la convivencia fortalece el
ambiente familiar.
Alberta Durán Gondar y Ernesto Chávez Negrín (1998), también
referidos por Ana Margarita Espín
(2003), han considerado a la familia
como un grupo social fundamental para ayudar al adulto mayor a
desempeñar sus roles. El longevo
considera sen rse desintegrado,
no le gusta ejercer obligaciones a
nivel familiar y a la vez desea estar
integrado para ejercer su iden dad, derechos y costumbres; no
se siente adaptado del todo en su
contexto familiar, prevaleciendo inconformidad con la mayoría de su
familia, con lo que pone en riesgo
la dinámica familiar o fuerzas internas, demostrando que la familia no
siempre lo apoya en el desempeño
de los roles.

Propuesta
El estudio demostró que el ambiente familiar en donde está inmerso
el adulto mayor como integrante,
enriquece sus valores en la expe-

riencia de convivencia y comunicación como persona longeva dentro
de tal sistema; pero en su etapa
de adultez mayor se manifiestan
como personas independientes
por sen rse aún libres, con decisiones propias, ya que cuentan con
una pensión y/o jubilación que los
hacen económicamente independientes, por tal mo vo su familia
no los abandona o los hace sujetos
periféricos, lo que paradójicamente mejora su desarrollo humano.
Por otro lado, se requiere sensibilizar a la población de que la familia es un negocio al mostrar un
esquema de inversión de capital
variable con tasa de retorno, es decir, los padres requieren ver a sus
hijos como un “producto de inversión” que se retribuirá correla vamente en la misma medida de proporción directa cuando los padres
sean viejos, mostrando entonces la
necesidad de un cambio cultural e
intergeneracional.

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�Educación

Desarrollo de un cuestionario para
evaluar las actitudes y percepciones
de docentes de educación
secundaria en relación con
las actividades experimentales
María Teresa Guerra Ramos
José Baltazar García Horta
Dulce María López Valen n

Resumen

E

l propósito de este trabajo
fue diseñar un cues onario de autorreporte con 100
reac vos de escala Likert que explorara: a) los propósitos cogni vos
y afec vos atribuidos a las ac vidades experimentales; b) ac tudes
posi vas y nega vas; c) percepciones de involucramiento y control; y
d) experiencia subje va. La idea es
contar con un instrumento válido y
confiable para es mar las ac tudes
y percepciones de los docentes de
educación secundaria relacionadas
con las ac vidades experimentales.
El contexto es un renovado interés
por la inclusión sistemá ca de tales
ac vidades en el currículum oficial
vigente en México. El cues onario,
después de ser probado en estudios piloto y el refinamiento posterior, demostró en efecto ser un

instrumento válido y confiable para
iden ficar tendencias grupales e
individuales. Las respuestas de los
docentes sugieren una buena disposición y ac tudes benevolentes
en general, pero esto contrasta con
cierto rechazo por parte de algunos
hacia las ac vidades experimentales, falta de confianza y percepción
de control. Estas tendencias servirán como base para inves gaciones
subsecuentes sobre las formas más
efec vas de apoyar a los docentes
para desarrollar habilidades y reconocimiento sobre el potencial y las
limitaciones de las ac vidades experimentales.

Palabras clave: educación secundaria, ac tudes y percepciones
docentes, ac vidades experimentales, desarrollo de cues onarios.

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�Educación

Abstract
This study aimed to design a selfreport ques onnaire with 100 Likert scale items which explores: a)
cogni ve and aﬀec ve purposes
a ributed to prac cal work, b) posi ve and nega ve a tudes, c) percep on of engagement and control, and d) subjec ve experience.
The idea is to develop a valid and
reliable ques onnaire to assess science teachers’ a tudes and percep ons related to prac cal work.
The context is a renewed interest
for the systema c inclusion of such
work in the current science curriculum in Mexico. The ques onnaire
a er trialing in two pilot studies
and subsequent refinement has
proven to be a useful research instrument to iden fy general and
individual tendencies. Teachers’
responses suggest good predisposi on and benevolent a tudes in
general; however these contrast
with some teachers, reluctance to
conduct prac cal work, lack of confidence and sense of control. These
tendencies will serve as a star ng
point for further research on eﬀecve ways of suppor ng teachers
to develop skills and awareness
on the poten al and limita ons of
prac cal work.

Keywords: secondary science educa on, teachers’ a tudes and percep ons, prac cal work, test development.

Introducción
La introducción en 2006 de nuevos
programas de estudio de ciencias
en México ha dado un renovado
énfasis a la enseñanza basada en la
inves gación, lo cual es notorio en
el discurso pedagógico oficial. A los
maestros se les pide que incorporen ac vidades experimentales en
su prác ca de manera sistemá ca,
tal y como ocurre en otros países
(Anderson, R., 2007). Esto impone
una demanda significa va en el
profesorado dada la modesta formación en ciencias de muchos de
ellos, así como las pocas oportunidades disponibles para involucrarse en ac vidades experimentales
y llevar a cabo procesos inves gavos durante su propia formación
como docentes. Los docentes de
ciencias de secundaria enen que
lidiar además con un currículo amplio y demandante. Los formadores
de docentes en todo el mundo siguen enfrentando el problema de
cómo apoyar, durante la formación
inicial y la actualización en servicio,
el desarrollo de conocimientos bá-

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�Educación

sicos, al igual que las estrategias y
habilidades que requieren quienes
enseñan ciencias.
Desde una perspec va de la
cognición situada (Brown, Collins
y Duguit, 1989) reconocemos que
varios elementos contextuales y
sociales se encuentran involucrados en las interacciones humanas
complejas como los procesos de
enseñanza-aprendizaje. Los docentes inevitablemente desarrollan sus propias percepciones y
ac tudes hacia las ac vidades experimentales que, eventualmente,
interactúan con las demandas del
currículum. Más aún, tales percepciones y ac tudes pueden verse reflejadas en su discurso y acciones,
e influir en el po de ac vidades
que eligen para trabajar con los estudiantes, la manera en que organizan el trabajo en clase, el papel
que ellos mismos adoptan, el equipo y materiales que usan e incluso los criterios que emplean para
valorar el éxito de las ac vidades
experimentales (Abrahams, I. y M.
Saglam, 2010). En este trabajo, por
ac vidades experimentales nos
referimos a cualquier ac vidad de
enseñanza-aprendizaje que involucra a maestros y estudiantes en la
observación o manipulación de objetos concretos y materiales. Este
término se usa en lugar de “traba-

jo de laboratorio”, a fin de incluir
aquellas ac vidades que implican
observar o manipular algo, pero
que se realizan fuera de la escuela.
Como una forma de explorar
sistemá camente las percepciones y ac tudes de los docentes de
secundaria, relacionadas con las
ac vidades experimentales, se reporta aquí el diseño y desarrollo de
un cues onario. Éste se desarrolló
en el contexto de un proyecto más
grande orientado a realizar un estudio diagnós co sobre el uso de
las ac vidades experimentales en
la enseñanza de las ciencias en
escuelas secundarias públicas de
Nuevo León. Dicho proyecto intenta informar la elaboración de materiales didác cos centrados en el
trabajo experimental para apoyar
el currículum oficial. Consecuentemente, los propósitos fueron:

—Desarrollar un cues onario de
autorreporte, válido y confiable,
para explorar las ac tudes y percepciones docentes relacionadas
con las ac vidades experimentales.
—Aplicar el cues onario a muestras de profesores de ciencias de
secundaria y aportar información
para una amplia caracterización de
sus ac tudes y percepciones.

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�Educación

Metodología
El uso de un cues onario se considera sólo como un medio para
obtener información y un recurso
cuyos resultados deben ser complementados con información de
otras fuentes, como entrevistas,
notas de campo, observaciones de
clase.
Se desarrolló un cues onario
que incluye reac vos po Likert,
agrupados en secciones para explorar cuatro aspectos:

—Propósitos atribuidos a las ac vidades experimentales: 20 reac vos.
—Ac tudes hacia las ac vidades
experimentales: 20 reac vos.
—Percepciones sobre involucramiento y control: 20 reac vos.
—Experiencias subje va durante la
implementación de ac vidades experimentales: 40 reac vos.
Los siguientes ejemplos ilustran la
naturaleza de los reac vos:

En el desarrollo y aplicación del
cues onario se siguieron las siguientes fases:
—Diseño: elaboración de reac vos, revisión por jueces externos.

—Primer estudio piloto: aplicación
del cues onario, primer análisis de
reac vos —pruebas de validez y
confiabilidad—, integración de una
versión afinada del cues onario,
análisis de tendencias grupales en
las respuestas.
—Segundo estudio piloto: aplicación, segundo análisis de reac vos
—pruebas de validez y confiabilidad—, integración de una versión
final del cues onario
Se seleccionaron 41 docentes para
par cipar en el primer estudio piloto. La muestra para el segundo
estudio piloto estuvo cons tuida
de 44 docentes. Ambas muestras
incluyeron mujeres y hombres de
entre 23 a 56 años que tenían entre dos y 34 años de experiencia
docente. Todos eran maestros de
ciencias en servicio en secundarias
públicas. La versión del cues onario usado en el primer estudio piloto tenía 96 reac vos. La versión
afinada y usada en el segundo estudio piloto tuvo 100 reac vos.
En el primer estudio piloto, el análisis se centró en las evidencias estadís cas relacionadas con el poder
de discriminación de los reac vos
y la consistencia interna de las secciones a fin de valorar la validez
y confiabilidad del cues onario
como un instrumento de inves gación. Para este fin, se realizaron

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�Educación

pruebas t y coeficientes Alfa de
Cronbach con ayuda de Sta s cal
Package for Social Sciences (SPSS)
v. 20. Adicionalmente se realizó un
análisis preliminar para iden ficar

patrones y tendencias grupales.
Los datos del segundo estudio piloto también se procesaron estadís camente para confirmar la validez y
confiabilidad de los reac vos.

Tabla 1. Ejemplos de reacƟvos de cada sección
Sección 1: Propósitos atribuidos a las actividades experimentales

En la enseñanza de las dendas, las actividades experimentales sirven para que los alumnos y alumnas ..
Totalmente
En
Neutral
De
Totalmente
en
desacuerdo
acuerdo
de acuerdo
(TA)
desacuerdo
(TO)
Aprendan a usar instrumentos o

herramientas (por eje mplo un
termómetro) .
Colaboren entre ellos y tr abajen en
equipo.
Sección 2: Actitudes hacia

las

actividades experimentales
Totalm e nte

En

en
desacuerdo
(TO)

desacuerdo

Neutral

De

Totalm e nt e

acuerdo

de acuerdo
(TA)

De

Totalment e

acuerdo

de acuerdo
(TA)

Al hacer activ idades experimentales, los
estu di ant es preguntan cosas que

uno no sab e y lo hacen sentir mal.
Las actividades exp eri mental es s:al en

bien si un o las prepara bien.
Sección 3: Percepciones sobre involucramiento y control
Totalment e

En

en
desacuerdo
(TO)

desacuerdo

Neutral

Sólo hago las actividades del libro de
texto porque no t engo tiempo de
buscar otras.

Cu ando una actividad experimental sale
mal puede ser que yo no haya dado
la5 instrucciones.claramente.

Sección 4: Experiencias subjetiva durante la implementación de actividades experimentales

Cuando hago actividades experimentales me siento
Totalmente

En

en
desacue r do
(TO)

desacuerdo

Neutral

De

Totalmente

acuerdo

de acuerdo
(TA)

Organizado la)
Dominante

Estresada lo)

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Resultados
Estudio piloto 1
El análisis de los datos del primer
estudio piloto indicaron que 84 de
97 reac vos —86.6 por ciento—
tenían un adecuado poder de discriminación —prueba t, p &lt; 0.05—.
La tabla 2 ejemplifica los resultados
obtenidos para una parte de la sección 2 del cues onario, y la tabla 3
presenta un resumen de los resultados para todas las secciones del
cues onario. A par r de los valores
t obtenidos, se determinó la necesidad de afinar 13 reac vos en total.
En relación con la consistencia
interna (ver tabla 4), en el inte-

rior de cada sección se obtuvieron
coeficientes Alfa de Cronbach altos
y significa vos —p &lt; 0.05—, para
las secciones 1 propósitos— y 2
—ac tudes—, con todos los reacvos correlacionados y señalando
buena consistencia interna. Para
las secciones 3 —involucramiento
y control— y 4 —experiencia subje va—, los coeficientes no fueron
significa vos y fue posible iden ficar 19 reac vos no correlacionados
en sus secciones. Dado que ambas
pruebas estadís cas —t y Alpha—
señalaron deficiencias en prác camente los mismos reac vos, se
procedió a revisarlos y refinarlos.
Tal revisión resultó en la restructuración de las secciones 3 y 4.

Tabla 2. Resultados de la prueba t en relación con el poder discriminaƟvo de los reacƟvos relacionados con acƟtudes posiƟvas de la sección 2
(estudio piloto 1)
Puntajes a ltos
ReactlllOS

-

Puntajes bajos

X

s

bl

4,73

b3

bS

-

X

s

T

0.467

2.45

1.572

4.59;•

4.91

0.302

3.27

1.679

3.m•

4.82

0.405

3,00

1.265

4.S41º

b7

4.27

0.647

3,00

1.414

2.714°

b9

4.91

0.302

3.82

1.401

2.s24•

bll

4,45

0.820

2.91

1.578

2.882º

b13

4.36

0.809

3.36

1.748

1.722

blS

4.91

0.302

4.18

1.471

1.606

b17

4,82

0.40S

3,91

1.37S

2.104'

b19

4.55

0.522

3.45

1.368

2.A7'

* Significancia p &lt; 0.05).

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Tabla 3. Resumen de resultados de la prueba t en relación con cada sección del cuesƟonario (estudio piloto 1)
Total de

cantidad de reactivos NO

Reactivos con valor

reactivos

si1nificativos

t NO si1nific1tivo

Sección 1

Cognitivos
Afectivos

10
10

-

---

10
10

-

2

bl3, bl5

---

Sección 2

Positivas
Negativas
Sección 3
Po.s ltlvos

Negativos

...

7
14

-

...

8

c2, c4, c8, c9, c14, et 5, et 7, c19

18
18

1
2

d33
dl0, dl4

Sección 4

Positivos
Negativos

Tabla 4. Coeficiente Alfa de Cronbach que señalan correlaciones entre
los reacƟvos del mismo Ɵpo, como indicador de consistencia interna (estudio piloto 1)
Total de
reactivos

Alfa de Cronbach

Reactivos NO correlacionados con el tota l

-

Sección 1
Cognitivos
Afectivos

10
10

0.782
0.79 1

Sección 2
Positivas
Negativas

10
10

0.857
0.867

Negativos

7
14

0.758
0.459

c21
c2, c4 1 es, c9, cl O, cl l, c12, c13, c14, c15 1 c16, et7,
c19

Sección 45
Positivos
Negativos

18
18

0.881
0.901

d l , d5, d28, d3.3
d31

Sección 3
Positivos

-

131

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Estudio piloto 2
La versión afinada del cues onario
se probó en el segundo estudio piloto. Encontramos que 78 de 100
reac vos —78 por ciento— tenían
un adecuado poder de discriminación —prueba t, p &lt; 0.05—. La
tabla 5 ejemplifica los resultados
obtenidos para una parte de la
sección 2 del cues onario, y la tabla 6 presenta un resumen de los
resultados para todas las secciones
del cues onario. A par r de los valores t obtenidos, se determinó la
necesidad de volver a revisar 22
reac vos en total. Creemos que

los resultados del segundo estudio
piloto fueron peores que los del
primero, par cularmente en la sección 4 —experiencia subje va—,
posiblemente porque en la muestra par ciparon profesores con
muy poca o ninguna experiencia
docente y esto pudo tener efecto
en los resultados.
En relación con la consistencia
interna (ver tabla 7), en el interior de cada sección se obtuvieron
coeficientes Alfa de Cronbach altos
y significa vos —p &lt; 0.05— para
cinco de ocho subsecciones. Las
secciones 1 —propósitos— y 2 —
ac tudes— nuevamente mostra-

Tabla 5. Resultados de la prueba t en relación con el poder discriminaƟvo de los reacƟvos relacionados con acƟtudes posiƟvas de la sección 2
(estudio piloto 2)
Puntaje5 altos
Reactivos

-

X

Puntajes bajos

s

-

X

s

T

b1

4.44

0. 726

3.56

1.509

1.592

b3

5.00

0.000

3.89

1.537

2.169*

bs

4.78

0.441

3.56

1.590

2.222*

b7

4.67

0.500

2.89

1.537

3.301•

b9

5.00

0.000

3.78

1.641

2.234*

b11

4.33

1.323

3.33

1.581

1.455

b13

4.33

1.000

2:11

1.45"3

3.780·

blS

5.00

0.000

3.89

1.616

2.063

b17

4.89

0.3 33

3.56

1.667

2.353·

bl9

4.67

0.500

3.22

1.716

2.425*

* Significancia p &lt; 0.05).

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ron mejor consistencia interna que
las secciones 3 —involucramiento
y control— y 4 —experiencia subjeva—, para los cuales los coeficientes no fueron significa vos y fue
posible iden ficar 22 reac vos no
correlacionados en sus secciones.
Los resultados del segundo piloteo
señalaron los puntos a mejorar del
cues onario y esta información
está siendo ú l en la preparación
de la siguiente versión, que deberá ser probada nuevamente hasta
obtener evidencia suficiente para
poder u lizarla como herramienta
confiable de inves gación.
El análisis de las tendencias
grupales, a par r de los datos del

primer estudio piloto, señaló que
los profesores tendieron a atribuir
tanto propósitos cogni vos como
afec vos a las ac vidades experimentales, lo que sugiere que a
nivel grupal perciben que tales
ac vidades son ú les para práccamente cualquier propósito de
enseñanza. Interesantemente, evitaron el acuerdo o desacuerdo total en cuanto a que las ac vidades
experimentales fueran ú les para
mantener la disciplina en el salón.
El 68 por ciento de los docentes
—28 de 41— reportó ac tudes
posi vas hacia la implementación
de ac vidades experimentales.
Como grupo, expresaron acuerdo

Tabla 6. Resumen de resultados de la prueba t en relación con cada sección del cuesƟonario (estudio piloto 2)
Total de

Cantidad de reactivos NO

Reactivos con valor

readillOS

,s tanifkat~

t NO ,stanifkativo

Se«ión 1

Cognl!lve&gt;.s
Afe-ctlVM

10
10

--

--

-

-

10
10

3
2

b1, b11, b1S
b8, b14

Positivos

9

Ne¡ativos

9

--2

c7, cl7

Se«iónl

Posl!lvas
Negativas
Se«ión3

--

Se«ión4

Positivos
Negativos

20
20

4

11

d9, d 20, d24, d 39
d6, d12, d21, d23, d2S, d27, d29,
d32, dl9, d38, d40

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�Educación

con ac tudes nega vas sólo en el
caso de dos reac vos relacionados
con la posibilidad de que las ac vidades no funcionaran o pudieran causar accidentes. A pesar de
que a nivel individual los docentes
diferían significa vamente en sus
tendencias, un número importante
de ellos —79 por ciento— tendía a
percibirse a sí mismo involucrado y
en control de la situación al realizar ac vidades experimentales. De
manera similar, en 71 por ciento de
los docentes la tendencia fue reportar experiencias subje vas posi vas durante la implementación
de las ac vidades experimentales
como parte de la enseñanza.

Conclusiones e implicaciones
Este estudio se centró en aspectos seleccionados de las ac tudes
y percepciones docentes relacionadas con las ac vidades experimentales. Sólo puede aportar una
caracterización de los principales
rasgos y tendencias en la muestra y
a nivel individual. Esta información
es ú l en la elaboración de una descripción diagnós ca de cómo los
docentes están posicionados para
enfrentar las demandas curriculares asociadas al uso de las ac vidades experimentales y sus finalidades educa vas. Se está siguiendo el
procedimiento convencional para

Tabla 7. Coeficiente Alfa de Cronbach que señalan correlaciones entre
los reacƟvos del mismo Ɵpo, como indicador de consistencia interna (estudio piloto 2)
Tota l de

AlfadeC

ba1

Reactivo5 NO ~orrelacionado5 wn el total

reactlvt&gt;s

Se(lctónl
Cognitivos
Afectivos

10
10

o.a.so

al

0.849

--

10
10

0.870
0.755

--b8, b14

9
9

0.675
OA54

el, cll, c6, c20
c7, cl5, cl7, clS

20
20

0.816
Oi;.78

d9, d20, d24, d28, d33
d2, d6, d8, dlO, d16, d19, d23, d25, d27, d29, d31,
d3Z, d37, d3B, d39

Se,«lón 2
Positivas
N"'g&amp;tlv&amp;s

Se«tón3
Positivos
Neiativos

Se,cdón4
Positivos
N"'g&amp;tlvos

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el diseño del cues onario y se espera obtener, al final del proyecto,
un instrumento válido y confiable.
El cues onario de autorreporte
elaborado privilegia el punto de
vista del docente. Para hacer sendo de estos puntos de vista, es
importante explorarlos en conjunción con información sobre la formación docente y las condiciones
en las escuelas para llevar a cabo
ac vidades experimentales. Otros
aspectos relevantes a incorporar
en nuestro estudio diagnós co incluirán entrevistas a una muestra
de profesores para explorar los
retos y oportunidades que enfrentan al usar ac vidades experimentales para desarrollar conceptos
y habilidades en sus estudiantes.
Una aproximación más cualita va, como la discusión de dilemas
adoptada por Yoon Hye-Gyoung y
Kim Mijung (2010), podría ser ú l
para tal propósito.
Aspiramos a que el cues onario, después de ponerse a prueba
en los estudios piloto necesarios y
con el consecuente refinamiento,
se convierta en un instrumento de
inves gación ú l para iden ficar
tendencias grupales e individuales. Las tendencias iniciales idenficadas en las respuestas de los
profesores sugieren una buena
predisposición y ac tudes benevolentes en general, sin embargo,

esto contrasta con la falta de confianza y falta de percepción de control de algunos docentes. El tamaño de las muestras en los estudios
piloto no nos permite generalizar
las tendencias iden ficadas a nivel
estatal o nacional. Esta exploración
inicial de las ac tudes y percepciones docentes servirá como un punto de par da para inves gaciones
subsecuentes orientadas a la idenficación de formas efec vas de
apoyar a los docentes a incorporar
ac vidades experimentales como
recursos pedagógicos y a reconocer el potencial y las limitaciones
de las mismas. Algunos esfuerzos
deberán orientarse al desarrollo de
estrategias docentes para propósitos pedagógicos diferenciados e
intervenciones crí cas durante la
implementación de las ac vidades
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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