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�VALOR, FACULTAD DE LA AUDACIA Y DEL

SUFRIMIENTO

fl.Bushldo: el Alma de/Japón,» la i11.teresa11le obra que lnazo Nitob éconipusiera en inglés, acaba de ser traducida lÍ la lengua española. Pocos libros
más opor!tmos, á la hora en que todas los aspectos del gran pueblooriell!al se real.-::an á nuestros l!fos y solicitan preferentemente nuestra atención.
Y además,
/;,ocos libr-os de la cr-ítica japonesa que atesoren tan alta caudal de mfrito intrfn,eco. Para el co11ocimie11to de la caballería en el archipiélago de tan sorpre11,le11te a1Uí!oga á la de' los pueblos europeos, estas p ,tgi11as nas dan ,{a más bella
uportunidad. Por esto, la RrwisTA CoNTEMPOR.{NEA reproduce lwy dos
capítulos de la obra; y aun es probable que reincida, con g ran regoci;o de
los lect01rs. Habla lnazo Nitobé. de este modo:

m valor se consideraba apenas digno de contarse entre las vil'tudes, si
se ponfa al servicio de la Justicia. Confucio, en sus «Analectas», define
,,1 Valor explicando, como es costumbre, qué es lo contrario. ((Conocer lo
que es justo, dice, y no ejecutarlo, arguye falta de valor». Poned esta definición en forma positiva y tendremos: ((El valor consiste en hacer lo
que es justo». Correr toda clase de peligros, ser tirano de sí mismo, hn1.arse á las ga.rra.s de lt1 m11crte,,cosas son que muchas veces se identifican ton
ol valor, y en la profesión de las armas tales violencias-lo que Shakcspcru:e
1lama «vaJor bastardoi•-se aplauden injustamente, pero no en los Preceptos de Caballel'ía. La muerte por causa indig1fa ó sin .,;ausa se llamaba
((muerte de perro)&gt;, «Liinzarse á lo mris encarnizado de la. batalla y pen~cer
o.m e1ll1 (.dice un príncipe de Lito), es cosa fácil y al alcance de cualquier
quidam, pero el verdadero valor está en vivir cuando es jt1sto vivir, y morir cuando es justo morir»; y, sin embargo, este príncipe no había oído ni
aun el nombre de Platón, que define el valor como el ({conocimiento de las
(\Osas que un.hombre debe temer y de las que no debe temer)&gt;. La distindón que se hace en Occidente entre valor moral y valor físico, se ha reoonoeido de antiguo entre nosotros.
¿Qué samurai joven no ha oído hn1,lar del «Gran valor» y del «Valor de un villano?»
Valor, Fortaleza., Bravura, Impav~dez, las cualidades del espíritu qut:
11.0

�178

HEVISTA COMTl~Ml'ORÁNEA.

más ftí.cilmente penetran en las aln1as juveniles, y que pueden dcsarrol.la.rse por el ejercicio y el ejemplo, fueron, pnr decirlo así, las virtudes miís populares, las primeras emuladas entre los jóvenes. Las narraciones de haZ.'lñas guerreras se repetían casi delante de niñ.os que acababan de dejar el
pecho de sus madres. Si un niño llora por algún dolor, la madre le reprende en estos tér minos: ((iQué niño ki.n cobarde, que llora por un dolm·
insignificante! ¿Qué harás cuando te corten lm brazo en batalla? ¿Qué
cuando te veas obligado á cometer harakiri?" Todos conocemos la patética
fortaleza de un hambriento niño, príncipe de Sendai, á qnien un drama
pone en boca las siguientes pala bms: «Mira esos gonioncillos en su nielo, cómo abren sus picos amarillos; mira ahoru.:su madre llega t rayendogusanillos para. alimentarlos. iCon qué precipitaci6n y alegda c0men los peq11en.uelos ! Pero, para un s:unurni , cuando sn estómago est á vacío es una vergiienza sentir hambre» . Las anécdotas de fortaleza, y bravura abundan en
los cuentos infantiles, aun cuando las narraciones de este género no son,ni
mucho menos, los únicos medios de imbuir en el espíritu el valor y li intrepidez. Los padres, con austeridad rayana ú veces en la crueldad, imponían sus hijos tareas que requerían todo su valor. &lt;1Los osos arrojan á sus
oseznos por los precipieiosi&gt;, decían. Los hijos de los samurai eran arroja.dos por los abruptos valles de los más duros trabajos y obligados á tareaE'
propins de Sísifo. Una oportuna privaci6n de alimentos _ó la exposición al
frío se con~dernban muy eficaces para endurecerlos en el sufrimiento. Lof
niños de tierna edad eran enviados con recados fÍ gentes completamente extrañas·, debían levantarse antes que el sol, y sin desayunarse, asistir á sos
clnses de lectura, dirigirse ií casa de su maestro con los pies descalzos, en lo
m1is frío del invierno ; frecuentemente....:....una ó dos veces al mes, como para .
festejar al Dios del estudio-se reunían en pequeños grupos y pasaban la
noche sin dornJir, leyendo por turno en voz alta. Las peregrinueiones á.
toda clase de espectáculos temerosos, lug~res de ejecución, cementerios, casas que se suponían visitadas por espíritus, eran pasatiempos fa.vorito6
de los jóvenes. En los tiempos en que las decapitaci0nes emn públicas.no
aólo se envhtba á los niños pequeños á presenciar la lúgubre escena, · sino
que se les obligaba á visitar solos, y dtirant&lt;&gt; la noche, el lugar de la ejeeución,y á dejar en la cortadn. cabeza una señal de su visita. Ante este sistema
ultra- _espartano de «domar los nesvios» ¿asalta al pedagogo moderno el horror y la duda, la duda de si no se produciría la tendencia á brutalizar, á
destruir en germen las tiernas emociones del cornzón? Veamos qué otro11
oonceptos tenía. el Bushido del valor.
El aspecto espiritual del valor se rniinifiesta en la. compostura, la .
tranquila presencia de espíritu. . La tranquilidad es el valor en reposo ; es
un::i, manifestación est~ítica del valor, asi eorno los actos audaces son una
manifestación dinámica. Un hombre verdnr.leramente valeroso está siempre sereno; jamás es cogido por sorpresa; nada perturba la ecua.nimich&lt;l el"
in espíritu, En lo más reñido de la bata!Ja permanece frío; en medio de
las catástrofes mantiene su espíritu en reposo: los terromotos no le sacuden ,
ríe ante la tempestad. Admiramos como verdaderamente grande á qüien,

,,

�179

l!TWIS'fA CO}:'fl,:MPORÁNJ.~A

•

l:ln presencia inmediata de un peligro ó de la muerte, conserva. el dominio
~obre sí mismo ; ú. quien puede, por ejemplo, componer un poem:i estando
a.menazado de un g·r an peligro, ó tara rear nna canción frente á la mnerte.
Lleva.r á cabo una de csta8 acciones sin que tiemble la p luma ó la voz, se
considera como prueba infalible de u na naturaleza fuertc-tle lo que 11osotros llamamos un espíritu cnpaz (yoyú), que, fojos d e llenarse hasta rebo8,lr, tiene '&gt;Íemprc lugar pfcra algo más.
Pasa corno historia auténtica entre nosotros que cuando Ota. Doka.n,
t,l gran fundador del c·astilJo de Tokyo, fné atravesa do eon una lanza , su
RSesino, conociendo bs a.fü:iones poéticas de su víctima , acompafió el gol pe con estos versos:
"¡Ah! Cuán cierto es que er, mornentos como é~le
11uestro coraz611 llora la fragili,lad ,k la \"ida";

y que en el mismo instante, el héroll expiran te, sin acobarda,rse Jo rnií.s mínimo por ln herida mortal qne recihiera en el costado, aii.adi6 estas líneas :
" S i es que, en )ns horas ,le pa?.,
h a apremlido á mi rar la vida con iudiforencia ,"

110

Hasta laty un elemento de sport en una naturaleza vitlerosa. Cosalil
que son serias para los demás ntórt.ales pueden ser con sideradas como juego por un valiente. De aquí que en hu, antiglrns guerras no fuese cosa rani que las partes bel igcrrmtes cambiasen un torneo d e palabrns 6 iniciasen
una discusión r etórica. Un combate no era snbmente un asu11to dt~ fuerza
bruta; era, 1i la vez, una lucha intelectnH.l.
Este cantcter tuvo la bata,lla que se di6 }Í orillas del río K.oromo, á
fines del siglo XI. Derrotado el ej~rcito oriental , su jefe, Sadato, se d ió
:í la fuga. Perseguido' de cerca poi· el general enemigo, y habiéndole gritado éste: "Es vergon wso par,1 un gnenero dar la esp alda al enemigo, "
Sadato refrenó su caballo: en el acto el jefe victorioso improvisó un vel'so:

•

"Hecha girones está la unlimbn: del pafio" ( Koromo)

Apenas habían salido estas palabras de st1s labios, cuando el gucrrer'i•
vencido, sin conmoverse, corn.pletó la c;;;trofa :
_"Porque en uso de la.rgo10 aiios lut .gastado. la trama"

Yoshiie, cuyo arco había estado tendido durante todo este t iempo, ¡.,

desarmó rcpentinament,e y, volviendo riendas, dejó á su supuesta víctima

�1.80

REVIS'fA CONTEMl'ORÁNEA

que obrara á su placer. Cuando le preguntaron la razón de tan extrafia
conducta, contestó que no podía □ata,r vergonzosamente á quien había sabido conservar la presencia de espíritu cuando le perseguía encarnizadamente el enemigo,
La tristeza que se apoderó de Antonio y Octavio por la muerte de
Bruto, ha sido cosa común entre nuest ros valientes. Kenshin, que luchó
durnnte catorce afios contra Shingen, cunndo supo la muerte de este ú1timo, lloró públicamente la pérdida del "mejor de sus enemigos." El
mismo Kenshin había dado á todas la..'! edades un noble ejemplo en su manera de tratítr á Shingen, cuyas provinciar; se hallab1tn enclavadas en una
región montañosa, dependiendo, por consiguiente, su prnvisión de sal de
las provincias de 1-Iojo, en el 'fokaido. El príncipe de Hojo, deseando
quitar fuerzas á. Shingen, y no eo,tando en guerra al,iertrt con él, le había
privado de todo tráfico en tan indispensable artículo. Kenshin, al sabet
esk-i situación del enemigo, y pudiendo obtener la s:ü en la co¡;,ta. de sus dominios propios, escribió ii Shingen que,en su opinión, el señor de Hojo ha,.
bía cometido una acci6n muy b-aja, y que aunque ellos (Kenshin y Shingen) estaban en guerra, había ordenado (Keshin) á sus súbditos que }t-&gt;
propnrciona,gen(1i Shingen) cmrnta sal xiecesitara,y añadín: ''Yo no peleo eon
la sal, sino con la espada" ,con lo cual hizo UfüL frase rniís que semeja,1,t.e á
lns palabras de Camilo: "Los romanos no peleamos con oro, sino con hierro». Nietzsche hahla al corazón de los samurai cuando dice: "Debéis estar
orgullosos de vuestro enemigo: porque entonces el tríunfo de vuestro enemigo será ta.mbien vuestro.'' En efecto, Pl valor y el honor piden :i una que
no seamos enemigos en la guerra sino de quien m erezca ser nuestro amigo
en la paz.Cuando el valor alcanza su mayor altura se hace equivalente á la

.,,

,
• BENEVOLENCIA,

~entimiento de compasión amor, magnitud, afecto hacia los demtís, simptttía y que fué siempre cor,siderada como la virtud Buprema, como el mtb
alto atributo del alma ht\mana. La benevolencia se estimaba corno una
virtud regia en un doble sentido: como el primero entre los varios atributos de un uoble espíritu, y como particularmente esencial en la profesión,
de los príncipes. No necesitábamos de nn Shakespeare para sentir-aunque, quizás, como el· resto del mundo, lo necesitásemos para expresarloqüc la clemencia sienta mejor á nn monarca que la corona, y que está mái:;
alta que su cetro. iCon cuántít frecuencia, tanto Confucio como Mencio,
repiten que el requisito de un domidador de hombres está en su benevolencia! Dice Confucio: «Que un príncipe cultive la virtud y el pueblo en
masa acudirá tí su alrededor; con el pueblo irán á él las tierras; las tiemu;
le darán riquezas; las riquezas le permitirán hacer buenas obras. La virtud es la raíz y la riquem el fruto». Y en otro lugar: «Jamás ha ocurrido
el caso de que. amando el soberano la bP-nevolencia., no amasen sus súbdi-

�REVISTA CONTEMPORÁNEA

181

tos la justicia». Mencio sigue sus mismos pasos y dice: ((Se registran ejemplos de individuos que alcanzaron el poder supremo de un Estado privado
sin tener benevolencia; pero jamás he oído que todo un Imperio cayese en
las manos &lt;le quien careciese de aquelhi virtudn. Y en otra parte: «Es
imposible que nadie pueda regir m1 pueblo sin someter antes sus corazones». Ambos definieron este requisito imlispensable en el soberano, tliciendo; .«Benevolencia: la Benevolencia es el Hombre». Bajo el régimen del
feudalismo, que con facilidiul puede degenerar en militarismo, á la Benevolencia debimos el vernos libres (le un despotismo del peor género. Una
mayor sumisión del gobermulo «en cuerpo y a.lnrn)i no hubieran uejadu al
gabernante m1is que el autoritarismo, y éste tiene 001110 &lt;·oneecuencia natu_
ral el &lt;lesarrollo &lt;le ese iibsulutismu llamado con tanta frecuencü1 (&lt;despotismo oriental.., .ll i Como si 110 se encontraran déspotas en la historia del
Occidente!
Lejos de mi 1inin10 defender ninguna especie de despotismo; pero es
un error identificar el feudalismo con él. Cuando Federico el Grande escribió que ((\os Reyes son los primeros servidures del u:,,tado», con rnz6n
pensaron los jnrist.'ls que se hn,bht llegado á nna nueva Era en la evolución
de la liberta&lt;l. Conincidiendo en tiempo de un modo cn1;ioso, Yozan de
Yonezawa, en el fondo de los bosque del Japón del Noroeste, hizo exaetamente la misma declaración, demu~trnndo que el feu&lt;lalii,mo no era tudo
tiranía y opresión. Un príncipe feudal, a!un sin pensHr que tenía obligaciones reeíprocas con sus vasallos, tenía un eentimiento más alto de resposn.bilidad para con sus antepasados y con el cielo. Era un padre de sus
stíbditoe, encomendauos ii su cuidado por el cielo. En un sentido que
no se suele dar ii la palabra,el Bushido acept-aba y practicab,1 el gobierno paternal-paternal, también como opuesto al menos interesado gabierno avuncular ( idígalo si no el Une/e Saml) La diferencia entre un gobierno
despótico y un gobierno paternal, está en que, en el primero, el pueblo
obedece con repugnancia, mientras que en el segundo lo hace con «esa orgullosa sumisión, esa obedienci11 digna, esa subordinación cordial que mo..ntiene vivo, aun en la misma servidurn.bre, el espíritu de la más exaltada libercad» (l.) No es enteramente falso el dicho que llamaba al Rey de In1

(1)

Burke. Revolciór1 Francesa,

glaterm «Rey de diablos, por las frecuentes insurrecciones y cambio de
Príncipes realizados por sus súbditos», y al Rey de Franch1 «Rey de asnos,
por sus infinitas contribuciones é imposiciones)); pero que daba el título de
»Rey de hombresn al soberano de España, ((por la voluntaria obedie11cia de
sns súbditOS)), i Pero basta de esto!. ...
Virtud y poder absoluto pueden parecer al espíritu anglo-sajón como
términos imposibles de armonizar. Pobyedonostseff nos ha mostrado bien
claramente el contraste que ofrecen Inglaterra y los demás Estados europeos en sus fundamentos, á saber: que los segundos se organizaron sobre la
base del interés común, mientras que aquélla se distinguió por U11a personalidad independiente y sumamente desarrollada. Lo que el estadista -:-11BO dice de la dependencia personal de los individuos en cierta alían 'Las so-

�182

.REVIST.A CONTE~f PO!tÁNF,A

chl,.~ y en e1 fin ,le los fines del E::1tn&lt;lo, enti·e h~l'I n:iciones continentnles
!ÍC Europa y especialmente entrt, los pueblos esclavos, es doblemente cierto
para el pueblo japonés. D0 aquí qae n11,;o t,·o,; no sintamos tan pesadamente como r,e siente en Europa ol libre ejercicio del poder mornirquico, el cu d
est:i genera ]mente moderado por cierta considernción patcrnnl hada los se1timientos del pueblo. «El absolutismo, dice Bismark, exige, ante todo, e -1
el soberano impa.rcialidad, honradez, devoción al dcher, energía y humildad interior». Si se me permite hacer una cita nds sobre este asunto, tomaré algunas paln.bras del discurso del Emperador de Alemania en Coblenzr1: «El poder real, por la gracia de Dios, con ,-us graves deberes, sn tremenda responsabilidad ante el Crea&lt;lor ,.,,Jo, de 1:1 cual ninglin hombre,
ningún ministro, ningún Parlamento, puede revelar al ~1onarca...... »
8 ·, hemos o n :~ la henevolencia era una virtud tierna, rnater1rn1. Si In.
inflexible virtud y la a.nstern, Justicia eran peculiarmente mascnlin:1s, la
Grndn tenia la amabilidad y persuasividnd de una nn.turale;m. femenina. Se
nos advertía. ·para que no incurriésemos en una caridad indiscreta., sin
sazonarla eon justicia, y rectitud . Masamune expresó esto muy bien en su
citado aforismo: «La rectitud llevada al exceso se petrifica en rigidez; la
benevolencia, practicada sin medida, se funde en debilidad».
Por fortuna,la Clemencia. no era tan rara como bella, porque es tmiveri.almente cierto que «los mtfa bravos son los más tiernos; los más ama.ntes
son los más audaces». ''Bus/ti 110 11-asaké"-la t ernura de un guerrero-tenía un sonido que hablaba inmediatamente al a.lma de todo lo que en nosotrns hay de noble; no porque la clemencia de nn samurai fuese específimente distinta á la de cualquier otro sér, sino porquesuponín la exist.encín
de esa virtud donde no eri.L un impulso ciego, sino donde estaba debidamente subordinada á la justicia; donde la clemencia no constituía sohunente cierto estado de espíritu, sino que la aconipafüioo la facultad de pcl'donar ó matar, Así como los economistas hablan de demanda retd y demanda ficticia, nosotros podemos decir que la clemencia del busbi era real ,puesto que implicaba el poder de obrar en bien ó en perjuicio del que la, recib.ía.
Aunque orgullosos de su fuerza hrnt.a y íle los privi1egios que por elh.
obtenían, los samurai realzaban lo que Mencio ensefió con respecto n.l PO•
iler del amor. ((La benevolencia, dice, sornete á su dominio cuanto se opone á su poder, como el a.gua domina el fuego: s61o ponen en duda el pode1·
del agua pa.ra apagar las llamas los que tratan de extinguir con un vaso de
. ella el fuego de una carreta de lefü1ll. Dice también que «el sentimiento &lt;le
conmiseración es la raíz de la benevolencia; por éonsiguiente, un homhre
benévolo piensa siempre en los tristes y misernblcs&gt;l. De este modo Mencio
\-le anticipó con mucho á Adam Srnith, que fu.nda su filosofía. moral en Jn
simpatía..
Es ~almente chocant.e cómo el código de honor caballeresco de un
¡mis coincide con el de otros; et\ otras palabras: cómo las tan mal entcnüida1:1 ideas morales de Oriente tienen sus semejantes en las má&amp; noble1:,

�REVISTA CON'fl~MPORÁNl':A

n :í.ximas de la literatura europea.
h s conocidos versos:

183

Si se mostraran á un caballero japonr1-1

Hae tibi erunt artes: pacisque imponere morem,
Parccre subjectis, ac debellare superbos,

podría. acusar al bardo mantuano de plagiar ,la literatura de su priís.
La benevolencia, con el débil , el oprimido ó el vencido, fné si e1n1 ►re
alabada, como particularmente digna de un s:imurai. Los amanteB del arte japonés deben estar familiarizndos con la representación de un siwerdote monta.do sobre una vaca, dando la espaJda á, la cabeza del n.niqml. El
jinnte fué un guerrero de otros tiempos, cnyo nombre llegó IÍ ser un síml(llo &lt;lcl terror. En la terrible batalla de Sumano-Ura (año de 1184), que
fné nna de las más decisivas en nuestra, historia, venció IÍ. un enemigo
tm combatf' singular y lo aprisionó en sus gigantescos brazos. La etiqueta
de la, guerra exigía que en tale:; ocasion&lt;"s no se del'rnn,ase ~angre si el venciJo no resulta.ha ser de igual rango ó cflpaeida.d que··el vencedor. E1 feroz combatiente quiso saber el nombre del que yacía. bajo él; más negiíndose el último á deelararlo, aquél le arrnncó el casco sin piedad; pero la
,•ista de un rostro juvenil, bello é imberbe, obligó al asombmdo caballero
lÍ soltar su presa. Ayudando al joven ií levantarse, invitó francamente
que huyera. «l Cone, joven príncipe, al lado de tu ma.&lt;lre I La esp¡.ttla de
Kmnagaye no se empafiani jamás con una gnt¡~ de tn sangre. Apresúrate
y hnye por aquel desfiladero antes de que el enemigo este á la vi!:1ta 1» El
joven _guerrero se negó á hufr y suplicó !Í Kumagaye, por el honor de ami os, que le matase en el acto. Brill,1, la hoja fría de la espada sobre la
t•abeza. gris del veterano, la hoja que tantas vidas había segado; pero sn
enérgico corazón flaquea; ante su espíritu flota la imagen de su propio
hijo, que en aquel mismo día marchó al sonido del clarín para ensayar su!:irmas vírgenes; la fuert" ma.no del guerrero tiembla; de nuevo suplicn, á
im vfot.ima que busque su salvación en la huida. Viendo que t-odos sus esfuerzos son vanos, y oyendo los pasos de sus camaradas que se acercan,
exchuna: uSi te descubren, perecerás á manos más indignas que las mías.
-1 Oh, tú, Infinito, recibe su alma! n Un instante la espada ~entellea
en el aire y, al bajar, est,i teñida en la sitngre del adolescente. Cuando
acaha la guerra vemos á nuestro soldado volver t&gt;n triunfo; pero poco le
importan ahora el honoró la fama: renuncia á su vida guerrera, afeita
1u raheza, viste el hábito sacerdotal y dedica el resto de sus días á la santa peregrinación, sin volver jamiis la espalda al Oeste, porque allí está el
Paraíso de donde viene la salvación y á donde el sol corre 'cada día para
buscar reposo.
Los críticos hallarán puntos flacos en esta historia, que es casuísticamente vulnerable. l Qué importa! No por eso deja de enseñar que la
ternura, la compasión y el amor, eran rai,gos que adornaban lae hazaña1;

�l8 t

Rl'!VlSTA CONn:MPORÁNEA

má:;; e..1.nguinarias de los samurai. H abfa. entre ellos la mií.xima de que
~no está bien en el cazador mata r al pájaro que se refugia en su pecho».
Esto explica en gran parte por qué el movimiento de la Cruz Rojn, considerado como esencinlmente cristitmo, arrnig6 tan nípiclnm ente entre nosotros. Varias décac\Hs antes ele que oyér amos hablar del Convenio de Ginebrn, Bakin, n uestro mayor novelista, nos había familiarizado con el tratainien to médico ele un e1H•.migo caíd o.
En el p rincipado de S11tsuma, con ocido por su educación y espíritu
marcial, se hallahft ex tenrlida. entre los jóvenes la costumbre de practi&lt;·n.r
la m úsica; no el clamo!' 1.fo las trompetas ó el i-e&lt;loble de 1011 tambo1·ea
( «esos clamorosos pregoneros de s:1ngre y muertell que nos instig:m á emuiar los actos del tigre, sino melrm cólicas y dulces melodías cu b wiba (1) ,
que smivizan nuestros instintos fieros, u,partn.ndo nue:;tras i&lt;le11.s del olor ele
la s,~ngre y de las escenas de carnicerín. Poli"ío nos habla d e la Constit ución de la Arcadia, que exigfa u todos los jóvenes men ores ele trcint.,
:~fios que practicasen la músir.a., para que este a.mable Arte hiciese llevaderos los rigores Je aqnellit inclemente región . A su influjo atribuye la a usencia de crnl!ldud en aquella parte de las montañas arcadianas.
Y no fué Satsumn la ú nic:i. comarca del J aJJÓll donde st1 inculcaba l:t
,tmilhilidad á la dase guerrem. Un príncipe de Shirn.kawa escri bín sus
pensamientos sueltos, y entre ellos está el siguiente · «Aunque lleguen ocultamente á vuestra cabecera en el silencio de una noche de insomio, no
.-tpn.rtéis de vosotros, sino recibid con rariño , la fragan cüt de las flores, el
,;onido lejano de las campanas y el canto de los inscd;os en una noche de invierrn1». Y rmis adelante: «Aunque h ieran vuestros sentimientos, debéis
perdonar e1,1,:ts ti-es coi-as : la bristc que esparce vuestras flores, la nube
que os oculta la luna y al h ombre que trata de t:ntablar d isputa con vosotros.»
I~st as duk-ca emociones eran las q ue d escritor d 3 ver.508 debía, en
,tparíeneia., expresar_; pero, en realidad, p racticar. Nuest.-a. poesía tiene,
por esto, un inmenso fondo ele emoción y ternura. Una conocidísima
,tnécdota. de un samurai rústico es un ejemplo oportuno. Encargironle d e
aprender ver~ficación, y habiéndole do.do como tema de su pl"imcr ensayo
\!El canto de la a londra» (2), su fiero espíritu se reveló, y arrojó á los piés
&lt;ie su maestro um~ in correcta producción , que clecía :

~]J.:\ guerrero valiente debe huir
d el oído que puede escuchar
el canto de h alondra.n
Su maestro, sin impacientarse nnte tan rudo sentimiento, continuó
;,!entando al joven, hasta que un día la músicn de su alma. se despertó
para responder ií las dulces notas del uguisu, y escribió:
(] )

(2)

ln!ilrumento m usical. 1entcja.ntc á la guitarra..

.El u gufsu, l1a 111ado por algun08 Tul9eñor del Japón.

�REVISTA CON1'EMPORÁNEA

Detiénese el guerrero, armado y fuerte,
á oir el canto del uguisu,

modulado dulcemente entre los árboles».
Nos ad m; ra y cunm ueve el heroico ínci&lt;lente de la corta vida de
Korner, cuando, cayendo herido en el campo de batalla, escribió su famoso ._Adiós á la vida&gt;i. Incidentes como éste no eran raros en nuestras guerras. Nuestros poema~, enérgicos y epigramáticos, se adaptaban especialmente á lá improvisación de un sentimiento único. Todo hombre, cualquiera que fuese su educación, era un poeta ó un poetastro. No era poco
frecuente ver á un soldado, durante una marcha, detenerse, sacar de su
faja los utensilios de escribir y componer una oda; y esos papeles se encontrabas desp1Jés en los cascos ó bajo las corazas, al quitar éstas de lo,cuerpos exánimes que los vestían.
Lo que en Europa ha hecho el Cristianismo para despertar la compasión en medio de los horrores de la guerra, lo ha hecho en el Japón el
amor á la música y á la literatura. El cultivo de los sentimientos tiernos
produce In. consideración hacia los dolores ajenos.

IN AZO

NITOBF~.

�HERCULES Y LOS CENTAUROS
.DE

"r..os

TROFEOS" DE JOSfü MARÍA DF, AERl!'.DlA .

Cuando el gran domador, de a,lto y :fornido pecho,
entró al bosque, siguiendo la formidable huella,
8Ólo un rugido enorme contó la luchrt aquella.
Después callóse todo. El sol s1-~ hundió en sn lecho.

A través del ~spino, el jaral y el barbecho,
c.l pastor que á Tirinto huye corno centella
ve, con ojo que a.granda el pavor que destella,
á orillas de los bosques el gigante en acecho .

Lanza un grito. Es que ha visto el terrnr de Nemeu.
el de siniestras garras, el de crin que llamea,
abrir su fauce ingente en la bóbeda astral.

Pues al crecer la sombra crepuscular, r emcd:1
bajo la piel horrible que con I-Iércnles rueda,
mezclando fiera y hombre,-un héroe colosal!

�REVI[l'l'A CONTEMPORÁNEA

ESTINFALIA
Y en la fangosa orilla, de entre el negro ramaje,
-al llegar el Arquero, las a ves, brnscam cnte,
•
se elevaron cual ráfaga impetuosa y ardiente
sobre el fúnebre lago de p2rfido oleaje.

r

Otras, á bajo vuelo, con su blnnco plumaje
rol.aban la mejilla qne ungieron dulcemente
las caricias de Onfalia. El H éroe, de r epente,
ajustnndo su flecha, dió un paso entre el herbaje.
Entonces, d e la nube espantarfa y ter rible,
entre g1·itoi, salwjcs, cay6 nna. lluvia horrible
,londe el rayo mortifern surcos ígneos dejó.

Y bajo el sol radioso, venciendo las hmneantel!
nubes, donde su a rco t rn.zó huellas brillantes,
baiiado en sangre, Hércules, sonriendo apn.reci6.

NESO
Cuando cual mis hermanos vivfo., y como ellos
ignoraba un destino mtís clemente 6 aciago,
los montes de Tesalia eran mi imperio vago
.y en sus torrentes fríos lavé mis rojos vellos.
Tal crecí: libre, hermoso, feliz, 11 los destellos
del sol; sólo el perfume, --en cuyo ardor m e embriago,de las yeguas de Epiro, turbaba con s u halago
mi sueño 6 mi carrerit i tan agrestes y bellos!
Pero después que de H ércules entre los brazos veo
á la triunfal Esposa sonrcir, el deseo

que mis crines crizll, m e tiene cautivado.
Puesto que un Dios i maldito por siempre sea au nombre t
al. celo de la bestia en mi sangre ha mezclado
el amor que doblega y martiriza al hombre!

187

�REVIS'l'A OONn~Ml'O t,\N l~A

.'

Antañ o, entre los bosques, en rápida cam.: m,
de innúmeros centauros la manada vagó;
su negm crin mezclaban á nuestra cabellera.
con la sombra jugaba en sus flancos el sol .
Hoy tan sólo nosotras hollamos la pradera.
El antro, de maleza se cubre, pue.c:; q uedó
desierto; y en las noches, en inútil espera,
oigo de los caballos la ardiente incitación .
Pues la raza,-que vemos disminuir cada día,_de los hi jos heroicos que el nublado engendró,
nos deja y loen.mente á la mujer ansia:
En ln. mnjcr en&lt;'nentm el fuego clel amor.
en un relincho estalla nuestra pnsión bravía
y el celo de la yegua palpita en nuestro ardor!
j Que

CEN:TAUROS Y LAPITAS

Centauroa y guerreros audaces, se han mez ·fo.do
en el nupcial convite, donde hermanarse pudo
la joven carne heroica con el enero velludo
-..y a rdiente de los hijos que engendrara el Nublado.
Risas, tumulto ....Un grit.o! El Cllerpo mancillarln
de la Esposa, forceja bajo un t.ón1 x peludo;
1\el bronce y las pezuña¡, óyese el choque rudo .... .
J.a m esa, con estruendo brutal, se ha desplomado.
Levántase el que mira los hombres ctml pigmeos.

J1:s Hércules. Corónanle recias crines de oro,
1&gt;ues en su cráneo ostenta de un león los arreos.
Y do un extremo al otro del recinto, domatlu
por su mirar colérico, la S..'Llvajc manada
retrocede, gruñ endo, cual un monstruoso coro!

�REVIS'rA,.CONTJo~MPORJ\ NF:A

FUGA DE CENTAUROS

Hacia el monte escarpado que esconde su guaridt\
huyen y huyen, ebrios de sangre y rebelión;
el miedo los azuza, la muerte los convida,
y en la noche olfatean el tufo del león .
.Matorrales , torrentes, barr::uwos, en ,,u huidn.
:1.traviesan , pisando la hidra, el estelión;
y ya surge t:n los cielos In. cimera encendida.
de la Osa, el Olimpo, ó del negral Pelión.
Uno de los agrestos fugit ivos, en tanto,
i-:c c11eaht·itn y se vuelve, por mirar :i lo lejos,
y de un salto incorpórase á. la manada erní,nca .
Pnf\s ele'\,. Luna llena á los claros r etlejos
tras e llos vió alargarse, como supremo espant~) ,
el horror gigantesco de la somhra herculánea.
MAX,

HENRIQUEZ URKÑA .

�DE SAI NT LOUI.S Á CHICAGO.
Arri bamos á Unioo Depot después de h aber de~filado al trote largo
por frente á las hermosas avenidas en donde la aristocru.cia hn. alineado sua
m:msioncs soherbias, y mientras me decía, ,il apearme del antiestético
arm atostr.," i Dios mío ! , así serán losfiacres de París?"manos listns, manos ágiles, se apoderaron de mi ticket-una larga tira de papel con muchas
dentelladas al margen-y lo ckekaron; y otras manos gordas, desmesuradas,
unidas á brazos gruesos "pertenecientes' ' á hombres altos, eolorndotes, rellenos de m anteqnirnt y de jamón, me enfilaron, me hicieron franquear nna
estrecha puerta de hierro y empujándome por un angosto pasillo alumbrado por la fija claridad de las bujías eléctrictts, me detuvieron ante el el:ltribo del smocking room. Un negro señalaba la entrada con rígido índice :
obedecí .
Dentro, mucha gente, muchas pipas, mucho humo y r uido incesante
de mandíbulas atareadas en mascar tn.baoo. Maldije por centésima vez
ese sucio hábito de los ya11l.:ees y tomé asiento. Pronto In. reducida a tmósfera de aquel vagón cerrado se cargó &lt;le olores asfixiantes, nauseabundos,
mientrns las alfombras y el terciopelo de los respaldos se fueron cubriendo
de escupitajos sanguinolentos que, arrojados por bocas torpes, no llegaban
á. alcanzar las el:cupide1·as. Sentí asco, parccióme estar entre una manada
de cerdos...... Me instalé en el cano inmediato donde, arrellanados en los
sillones reclinntol'ios, dormitaban gnrndcs trozos de carne.
Estrépito de puertas, precipitados pnsos de viajeros retrasados, ahogadas interjecciones de los dormilones á quienes un advenedizo re.clamabn
asiento, campanadas, silbidos, humo dentro, m1ís humo fuera, y por fin
un choque seco, un brusco estremecimiento, un ruidoso rodar J e carrosesos eslabones de la. gran cadena que arrastra la locomotora- y resoplidos
de monstrno satisfecho que sale de su caverna tenebrosa.
Allí quedaron, bajo la dilatada techumbre del depot, doce flamantes
máquinas,cle aceros bruñidos, de cobres pabonados con su prolongada cauda de furgones, limpias, lust rosas, nlineadas como en una revie¡ta, viendo
á In tiniebl:t con su oj0 de cíclope, conteniendo ln respiración, sumisas,
espernndo que la inflexible m anecilla señalo.ro. el momento ele la partida.

�101

JU.:\"ISTA CONTKMPORÁNEA

Dejam os li Saint Louis en una rnadrngacb triste, brumosa. Sutil llovizna. hn.ce chm-r(~Hr penor-mmente en los cristales algo así como nn sucio
sudor. La locomotorn, metida en intrincnc.la red de cintas de acero, bnsca
salida. Con lento paso ele ta.rdo pa.quidermo avanrn, retrocede, ora tuerce
á la deredia, orn á
izquierda ....... ,. ... Tres, l.matro, seis ...... .....muchas
linternns de colores, como en jambre de luciérnagas, vuelan de acá para
all:i, almnbrnnclo solícitas el c:imino velado por las sombrns crcpuseulares,
y en esta pneicnte labor de afar hilos y deshacer nudos nos sorprende el
dm, qne sin permiso de nadie hace su francn. entradtL
En tanto doy mi último vistnzo ¡Í la, bclia ciudad y pienso en que éHta,
como todas las grandes ciudades, tiene su despertar muy falto de poesía.
Aquí no se saluda la luz del amanecer con el regocij,ido parloteo de las
cmnpa.nas, ni la alegre diana de los gallos se oye rodar de tejado en tejado,
ni el eco de las aves sacude el amodorrn,miento rnatinal, ni hay pensiles
que difundan gratos arornas: el estridor de los silbatos interrumpe bruscamente el sueño y nos hace sal.trir del lecho, y el zumbido del street-car, el
vocerío de h, multitud, el estrépito de los almacenes que abren sus puertas
y descorren las cortinas de fierro de los escaparates, el ruido de los mil
vehículos que pasan arrastrados por rápidos corceles, que van dejando en
los aires el eco sonoro de su plaf plaf, al patear en el asfalto, forrnnn la
desacorde sinfonía que hiere nuestros oídos todas las mafianas. Además,
el bostezo de la ciudad es malsano, ma.l oliente: fétidt, respiración de entrafias poclridas. De los mil hogares, por hts innúmeras puertas, ele cimtinas,
pocilgas, groceries y restaura.nts se escapa. un aire viciado, saturado con el
aliento de millares de organismo.8. Al pasa.r por las r,ombrfas callejas, por
los húmedos malecones, se sienten bocanadas de emanaciones infectas, como si al calor del sol naciente cobraran nuevo vigor los gérmenes que
duermen en los acervos de basura,en los albañales y en el cieno.
Por fln el tren , ~Iespués de muchas vacilaciones, de impetuosas emhestidas :í las que se sucedfan súbitos movimientos retrógrados, ha encontrado
su camino, y corre á grandes trancos por la recta pauta de cintas de acero.
Todavía estamos
el perímetro de la ciudad y vamos por sus calles
con un estrépito que acrece en presencia de esos muros altos, de esos enormes edificios &lt;le fachadas ennegrecidas por la patina del tiempo, y de esos
otros, prematuramente envejecidos por el humo de las fábricas. Pero aquí,
por lo visto, la policía municipal tolera todos los escándalos cometidos irreverentemente por el progreso que, en fonna de locomotora, pai;ea en
pleno día por parques y avenidas, despertando al pacífico ['?] vecindario,
metiendo más ruido que cien energúmenos que fueran jinetes en cien caballos desbocados.
Y á propósito lay! lector amigo, cuántos desatinos comete el decantado progreso sin ::¡ue nadie le diga oxte ni m('xfe, ya sea que se les encare á
los sencillos alcaldes de pueblo, ó bien que ba.ga sus locuras en presencia

J,.

'

en

..

�REVISTA CONTE MPORÁNEA

de los mát! linajudoo funcíonarios, y aun en lns mismísimas barbas de lo"
inonarcas1

Avistanw1:1 el m uelle y corremos á moderada velocidad por el ribazo.
El tren va en acecho: se acerca, oe retira luego; busca. con cautela un vado .
. \] fin lo enccmtmní. y saltaremos resueltamente sobre el gran río.
El Mississippi, a l llegar á las goteras de la ciud:ui recoge sus aguas y
las encajona. gallardamente. Se pono su corsé_y camina con el gentil d(l11aire Je un enamorado. Allá por la llanura viene culebreando descuidada.mente, desaliíiado, pero cuando advierte la presencia de las primer11ibarcas y escucha el apagado rumor de la multitud, se cnderer..a., arregla su
tocado y pasa rozando la mampostería de los puent es, los bardn.les de regia:;
mansiones, los austeros basamentos de alma.eones, los muros de gr u.nit-o
rosa, y se entrega á cnllados placeres sibi~ríticos estrechnndo a morosa.mentl'
tm su seno el mórbido cuerpo de las tra viesas barquillas que resbalan cha•
poteando ruidosamente.
Ama.rradas á gruesas a.rgollas cabecean multitud de lanchas que paret,en dormitar el último sueño de la mafüma. Pero muchas otras, madrugadoras, surcun airosamente las aguas en su cuarto 6 ouinto viaje conduciendo cmga. Las hay diligen tes y per ezosas, bonitas y feas, sucias, con
a.sq nerosas chorreaduras, y limpiccitas, con su vestido blo.nco de domingo,
Y esa. muchedumbre femenina, de naves que se escurren veloces, atareadaien transmitir mensajes, y esas otras que con la vanidad de mu jeres hermosas no hacen más que pasar triunfalmente luciendo sus csbeltece.-;, y aquc1llns otras, m odestas y no desprovist.A.s de gracia, que llegan aquí y se detienen allá, y vienen y van como activas dependientillas de almacén, todas,
8e codean at revidamente eon esos.grandes vapores, con los ventrndos barcos repletos de m ercancÍlls, con los pailebots y los yatcbs, esos elegante,:;
que flirtean sobre las aguas; sí, frente á ellos desfila n, con ellos se t ocan.
sin timidez, sin miedo, hasta creo que con provocaciones impúdicas, p uei:-:
que algunas, las más coquet as, imprimen á su cuerpo meneos exagerados,
mientras que se enarcan dejando ver bajo los cuellos de cisne el nacimien to de la quilla y balanceándose con ritmo acompasado.
,JOEL

ROCHA

�MAL ETERNO
No muy lejoi, de la pompa de las selvns y los prados
qne saturan el ambiente con sus voces y sus hálitos,
hay un campo
desolado.

Cierta vez junto d ::i aquel paisaje extraño
detuviéronse mis pafios,
y me dije con asombro: , lQué Pandora derramando
el diluvio de sus males hri°cruzado
desgraciadamente por el }ermo solitario?
lQmí terribles cataclismos con sus látigos
implacables y heridores fustigáronlo?
lQué impie&lt;lad ha puesto allí su sello trágico?
Mis demandas no encontraron
,eco alguno. Fuí después el más devoto parroquiano
de ese sitio funerario:
y me he envuelto en su letal silencio pánico,
he sentido dé los seres y las cosas el cansancio,
y he eseuchado
las fatídicas quejumbres de aquel páramo.
1Lo que en sus ingenuas confesiones me ha contado1
Allií en épocas remota.s sus entrañas se agitaron
con lus mil trepidaciones jubilosas de los partos.
Un vergel paradisíaco asomaba sus encantos:
y las auras nmñaneras prometieron sus halagos,
y los soles estivales la opulencia de sus rayos,
y bandadas de aves líricas soñaron
en rimar perennemente sus canciones bajo el claro
de una luna que, cual nave silenciosa, fuése en blando
balanceo por las ondas del espacio.
Mas he aquí que el infortunio en sus ingratos
des(•nfrenos, desató sobre aquel palio
de verdores edcni9:lea el turbión de sus agrarios:

�19-l

REVISTA CONTEMPORÁ~l~A

y á los q-,)lnr·s [uribundos abatieron sus penncho 1
los corimbos florecidos, y rodaron

premnturamcnte sus despojos ii los ímpetus del n.brcgo.

Y los años sucediéronse á los años,
y los siglos á los siglos aucediéronse ...y en vano,

porque nunca más volvió la vida sobro el campo
desolado!
FORTUtfATO

LO½ANO

,

�DISCURSO PRONUNCIADO EL 5 DE FEBRERO
EN LA INAUGURACIONDE LA ESCUELA
NORMAL DE COAHUILA.

SEÑOR GOBl.:RNADOR:
ST~ÑORAS Y SE~ORES:

En el mundo helénico, piira fundar una ciudad se llevaba el fuego de
ta patria y ]a¡, inuígenes de los dioses ::1 sitio en que habfa de erigfrse la
nueva comunidnd política. El suelo no es patria y las piedras no son ciu-

-da.dela ó santuario sino cuando se incorpora en ellos el alma de los antepasados. Así en esta fiesta qub presiden los Poderes Públicos del Estado,
creeríais venir sólo á visitar un edificio nuevo, si en el acto de su dedic.a dón solemne no nos sintiéramos protegi&lt;los por las almas de los muertos,
y persuadidos de que continuamos, sin el esfuerzo heroico de ellos, es verdad, humildemente, pero con fe, una misma obra de patriotismo nacional
y loca1. El arquitecto ha concluíclo este palacio destinado á la niñez: comienza el pedagogo. Vamos 1i poner en sus manos nuestra esperanza.
J.Por qué le hacemos deposita.rio de este bien? u;¡ momento tiene una solemnidad que no admite cálculos basados en lo que se ha.ya. imertido paro.
levantar estos muros. Los vrdores que aquí e.'&gt;timamos no son reducibles
á cifras. Es una generación que se desprende y cae del regazo materno
para qne vucstm disciplina, oh maestros, nos la devuelva cnpnz de tomar
un puesto en la vida. Ya esto sólo es imponernos una responsabilidad
incalculable; pero aun hay miis. 1~1 maestro no recihe nifios pimi devolver efebos; no recibe anidfo.hetos para devolver una. cifra igtuLI que pasa. á
la columna de los que saben leer en las estadístiras de la instrucción. Esto
no es nada. Lo importante, lo vital, es que se le entreguen niños y nos
dé ciudatlanos: que se le entreguen mexicanos coahuilenses y noi;; devuelva
\ n número igual Lle mexicanos cnalrnilcn.,;es. No tendría rnzón la escuela
con.lrnilem,e si no fuern por e;;to. Pediríamos nrnestrns como se pide uua
cult vadora ó una trillatlorn. La. nuiquina de l'ittburgh tmbaj;~ lo mismo
en México que en Aust.mlia. En \:icrto modo, el maestro puede ser tam-

�196

RE\'TSTA CON'l'f~MPOH,\Nl~A

bién pura.mente útil. :El maestro &lt;le idiomas, u.l lle c;cncías abs!r:u.:tas, en&amp;➔fía lo mismo en México qne en Australia: es corno la máquina de Pittburgh. Pe1·0 la parte miís noble, i11lis deliciida, mtís trascendental de .ia
tarea encomendada nl magisterio, no e&gt;s una ohrn de en,-.ei"i"r.za, es una
obra de educación, y la educación es un.~ obra lle amor, de amor excelso
que no se inclina n.l niño put ser niño, por sn sonrisa y su tlebifülad, sino
al niño como germen de hombre futuro, como virtualidad maravillos::1 incomprensible para quien desconozca el :-. lma ancestral y colectiva que se
Je.senvuelve, bajo la cnpa de la edtwación, en e:;te sér frágil y adorable entre todos los sel'eS frAgiles y adorable:; de la vi&lt;la,-flor por el perfume,
mariposa por la inquietun., ave por el cant11 que ruoduh su instinto.
Este amor al niño &lt;lebc ser, puc:;;, nú u11 simple amor 1í. las cosas bellas, sino un amor intele;,tualizado, el amor triste y serio d el mentor exµerto que ha de alYa.ndonar ú. su jllven a111igo justamente cuando éste com.iem,¡1 á sentir el salx&gt;r am:irgo de la vi1la. Y m:il podrá ser así, amante
como p,1dre, si no se sien1,e uniÜú á fü disdpulo por la c:1dena ele la raza.
En esto, señores, debo ser insistente si m.e pedís que t:umpla el deber &lt;le la
alta representación que traigo. En la crisis pedagógica que pasamos, no
es el menor desasosie6"0 que tenemos el que 11us taus,~ la violenta. emupaña
de difamación iniciada ya hace largos afios y seguida con encarnizamiento
contra 11uestra. sangre y nuedtra raza. Antes de que fuese molla confesarnos inferiores y arrodillarnos ante pueblos extraños, diciéndonos impotentes para la. civili7.ación, un conjunto fune:;to &lt;le errores que al c11bo se han
conve1·tido en imposturas, quiso que nosotros mismns diésemos en llamarnos pueblo conquistado. Y &lt;le esta suet'te, ni por la formación ét,iica ni
por la historia de nuestra unidad política, nos concedemos el valer que tenemos y que debiera ser declarado con orgullo. No; no somos pueblo con&lt;iuistado; no somos pueblo inferior. Evocad todas las grandes oleadas de
expansión civilizadora, desde la &lt;le los fen icios hasta la que dominó el Far
f,Vest americano, y si contempláis los siete siglos de la colonización helénica, la romanización que abarcó un mundo desde la Dacia hu.sta las columnas de D.'ircules, el esplendol'Oso imperio irnibigo, las rep1í.blicas &lt;le Génova
y Venecia qne resucitaron las plutocracias púnicas henchidas de riqueza y
desbordnntes de cultura, el imperio colonia.1 inglés y la actividad me:-cu,ntil de Holanda, veréis que todo esto es grande; pero que en la er,,1pey,1 de
la humanidad tienen también derecho á un canto los portugueses de Vasco
de Gama y los espafioles de Núñez de Balboa.
Hijos de los nuevos argonautas, nuestros antepasados llegaron á esta
tierra con el arma al brazo. Yo no encuentro inferior en interés emocionante la ocupación de los vastos territorios mexicanos del norte por nuestros padres, á la ocupación de los vastos territor ios del oeRte norteamericano por el pueblo vecino. La voz de Prcscott nos ha dicho que en Corté1:1
la humanidad anglosajona admira. á un héroe colosal; pero no se nos ha
dicho todavía por la. voz de otro gran historiador como Prescott, que lOt&lt;
fundadores de nuestra nacionalidad fueron de la estatura del cautlillo extremeño. Pudieran decírnoslo, sin embargo, con la misma justicia con

�REVI:;TA CON'rE~n•on.(rmA

197

que encarecen fas haz;H"ías de los cumbittientes que enrojeciernn de sangre
guerrern el lago de T ezcoco .
I&gt;. Frnn,:isco &lt;h: ll&gt;;trra., vizeaíno calificado por Mota Padilla como flltivo, v,tliente y and,a.ta&lt;l,l, ínte6 rn y gr,ncruso, ::ialió &lt;le Zncatccas ií, Dul"llll¡;O, que llamó mwva Vizcay,-.., !llientras D. Francisco de Urdiñoln el
V1eJi, eolll¡u.i:;t:ü,a la prnvüwia &lt;le Chn,rcas. Estos dos rnovi111ienü,s d iH,rgente;; ttwie.ron un contacto en los puestos avauzados de Parra.s y el Snlt.illo. De l!;;te mudo, :;i por una parte F1·ancitlt:O de Ii&gt;arrn pcrtcl!eee ii nue:;tra. hi:;toria local, por la otra reclamnn1&lt;&gt;S al conqui:;üHl0t· de Chn.rC'as, ,:uyo
pane6 íricu hace el b,iebiller Fuellte:,;, curn del ~altillo á fines dei siglo
XV f.Il, diciendo quH Urdiñohi "no fné jamás derrotado por ln nación chichinieea, pues ante:, la denotó 11nwhas veces put· centro, l:!Ur y puni,mte
fund,rnJo las villas de esos rnmbos. "
Aun el indígena es aquí couquist adur y civilizMlor. D. Buenaventura Paz, nieto de i:'.ihic..tencalt, :u·11111 pa11adu de Unliñola el mozo, r;ac·&lt;S ,·ua.trocientas familias Je 'l'lascaia y las foé colm~111c.lo en diven;os pueblos desde ::;,m Luil:i Putusí lrnsta e1 Venado. L:-18 últi111a.:,; ,;etent,t familias q ue le
quedaron fuero11 lns fumht&lt;lorns de e;.,te pnehlo c-nya. ticna snstenta el eclificiu que nos abriga. Lu:,; fü()añole:,; avccinc.lados eu el pue:;tu del Saitillo
rec\ihieron á los tlaseal.tecns viendo en ellos :diados na,t urnlcs , y como en
los añu1i que llevaban de re~klii- nquí yu, cuntaban doce estancias con 111.ís
P] Molin(J de Juan Na:i;ra.rrn, íranquearon parn los tlasC'altecas de San Esteban una parte tl" sus aguas y tierras. Conquista&lt;lores sumos, por tant&lt;&gt;,
y hermanos, los de raza esr,añola y los de mza indígena.
Todo esto que es la conciencia de la vida naeion., l, ucbe formar para
el niiio coahuilense el silah,irio &lt;le su educíldón dvicn: parn el rnnest ro,
incukarlo, constituya su &lt;leher m:is estrk,to, el primero de sus. d eberes.
Despu¿s dll la patria loe:\.], no hay nada que interese tanto corno la patria
grnnde, y por último, coronamiento de un cultivo para. formar el sér social,
vieuen las humanid,tde,; que nos hacen c-0ntemponincs de todos los siglos y
hermanos de todos los pue blos. Un localismo intenso en la base y un humanitarismo luminosn en la, cumb1·e de toda edueación, forman el hombre
fuerte y generoso. Localismo he dicho, y no lo retrncto; localismo intenso y no localismo estrecho. El amor intenso ií todo lo que nos envueive
es un srntimiento filial. Maldito el que no ame :i su suelo: maldito el
que reniega de los suyos, y mil veces maldito d que desarraiga impfamente estos amores arrancándolos del alma infantil. El amor estrecho, sin
perspectivas, es digno de los pueblos que se preparnn ii morir en un agrio
repliegue de su histoda; porque las patrias, como ha dicho Anat,.ile Fmnce, han de entrar vivas, no muertas, en la, gran fusión de todas las ra7.as.
El ideal de un sistema pedagógico para las democrncias estriba en que la
euseñanza pueda interrumpirse en cualquier momento sin truncarse.
La
educación &lt;'.8 como la vida crea&lt;lorn: el :irbol estii contenido en la sernifüt.
El desarrollo in temo, la individuación, es la característica que marea la
superioridad de los organismos sobre la materia inorgií.nica. Tal es también la superioridad de la educLción sobre la. instrucción.
Una. roca es

�198

más 6 menos grande: una flor no necesita acudir íi. lii m11sa pn.ra indicarnos la pedección Je ,m &lt;i:,trnctura. Así en el mundo de las ideas, un erudito vale pot' los años que lleva estudia.nclo, por los libros que lec y por lo
que se le adhiere de las ideas ajenas; pero un espíritu a\'-tivo vive Je :;í mismo. Sórratcs enseña lo mismo 1í. J enofonte reflexivo y estudio~o que á Platón
lírico y utopista. P()r eso fuá verdadero maestro. lHabéis enseñado á leer?
Os falta. ensefiar á contar, y luego enscfüu· k&gt;das lm: habili&lt;lu&lt;le'l del a.rte,todas
las leyes de los fenómenos, todas l:is causas conocidas,todo el desarrollo cósmico y S()cial. E:;ta sería la inútil é imwabable t..·u-e.'\ del maestro, si en vez
de fonnn.r una alma para h luz, hiciera de su Jiscípulo un almacén de nocimws. Si no huy sabio que agot,e la ciencia,, ¿dónde se detemlr:í el maestro en :m enseñ:1nza para el niño que no ha de ser un sabio? Cada cual
contestan~ e:;ta. prngun,ta según su antojo. Lo que n l admite :irbitrio caprichoso es que de la eseuela salga el alumno inedur,rido. En esto no hay
discrepancia. Todos pedimos tí una para todos un:i facultad que nos ponga en &lt;·ont..u::to con la vida, 1í. fin de ama.rla, comprenderla y sentirl:t. Esta no e..,; obrn de Hifabetos. Sin denigrar el instrumento de una alta eomnuü~1ción mental por la. escritura., creo que Ruskin tuvo la intuición de nna
verdad suprema cmrndo felicitó al joven urtcs:u10 analfabeto que conocía
su oficio y lü prnctieahn. con inteligente nmor. Este artesano era un educado, un exquisito y selecto, superior ti loe lectores asiduos que absorl1en
dhtri:unente el material nauseabundo que sirve la baja prensa en las ('O]umnas de su noticierismo. l~l mundo y e! arte no llegan al espíritu uecesariamente por el intermediario del escritor. Cuando el poeta no era escritor sino cantor el'rante y anónimo que llevaba de pueblo en pueblo EtllS rapsodias, sus sagas, sus purnnas y sus romances, la humanidad encontró el
método insustituíhle para educar el sentido pofüco. Antes que ser lectores, los niños deben formar auditorios como los que tuvieron las primicias
de la Iliada, de l,1s canciones de gesta y del romancero . Nada como la voz,
cafümte, sabiamente mnaestruda, de un recitador, parn comunicará las almas infantiles la primera vihrac·ión del arte. Y cuando del mundo de las
armonías auditivas pas.'1mos al de lns nrmonfos visuales, las historia humana nos oblil,111, otra Yez ii que rcpit.-'lmos sus milenarios desnrrollos en la
formacMn de la:,; almas nuevas. Acierta la pedagogía cuando rcchnza el
orden anticiéntifko de la enseñanza, que nos imponía primero el conocimiento de ht ta,rdfa invención del alfabeto, para silabear después y csci·il1ir
por último. Pero yo &lt;ligo con los que han observado cuánta utilidad educativa hay en el &lt;libujo: antes que to&lt;lo, dibujad . En los primerns r:1sgos
ten&lt;lení ~í. re:ipal'é&gt;&lt;.\et· la figura simple trazad}t por el hombre de las caYcrnas;
pero continua.n&lt;lo este ejercicio 1i través de todo el ciclo eseolar, ir:í conf'tituyendo la penetrnción nuis honifa en el conjunto de las emociones que se
despiertan por color, forma y rnovimienu1. Dibujar es abrazará la. nntura1cm y seguirla amorosamente en el íntimo secreto de sus formas . Los
que no dibujamos somos como el niño que quiere imita.r la carerra de adulto y se lanza con paso vacilante. Tenernos en nuestra mcnta.lidad nna ntaxia que nos obliga á marchar en silla mec1ínica de inválido. ICllií.nto me-

�nr,;v1sTA

CO:'.'i''fgMPORÁNE:A

199

jor nu es copiar un convólvulo que Hscril,ir nna fras1-d La utilidml de la
eseritura, variedfü _ muerta d el di bujo, e:; utilidad externa, no edun1tiv11.
Mud, ..s que nú dehi1mm haher cflCrito jarn,is, pmliewn haherclibuj:ulo. La
oLservnción es tic Ruski11, y en una par:itloja eondensa un progrn nia. La!cadio Hearn pm- su parte confinna la senh,n,,ia del solitario &lt;fo Brn11hvood
con la observadón que hiw en el Japón del prodigioso desarrollo ií que llegan los nific,s, en la ellucaei611 del sentic.lu de las formas, por el ejercici11 de
copiti de su vnriadísima signifkación de ideogramas que encierran toda una
cultma. pictogr.ífica
~o hablo de las otrns ramas &lt;•onvergentes para el completo ejerci1·io de
tmla aC'tividad vil"nal , auditiva, motriz y humana, tales eomo la mú~ic-ii ,
asl)eiada directa de la puesía; la naturnlcza. vi,111 y el pah,aje, ascwiadns &lt;lel
dihuJo; In gimn11si:1 (fo la IT':nán y &lt;lE&gt;l lupir eerrndo, Jn rec·itnción y r,or
ú ltimo la ex periencia. diri¡;ida 1i la acción purnmcnte social, como el 1-u~tivo de h1s virtudes que hrm culminll!lo en lfls disciplinas verdacler:nnento
creadoras tl'3 hombres: la sumi,,dón al J efo, la frnternidad entre los iguales,
la &lt;fov1JC'i611 al tr:1bajo. ARt se forma el n~spcto á la per;,orn~ humana y la
piednd para el cléhil, punto de mira de todos ]as grandes pedagngfos.
Como se ve, la educación estátira es :funrlamental -µara el de:-arrollo:
no es un elemento pmamente ornnmental. El psicólogo Sergi lo diee per•
suasivamente. ((Por su aplicación y su desarrollo, los sentimientos estéticos llevan al perfeccionamiento funcional y por consiguiente al perfeccionamiento individual; sirven tambir-ín para perfeccionar todos los sentimientos, y sobl'e todo, los sentimientos simprítieos. Si se adquiere el sentido efo
In euritmia como ('anir.ter de cada fu11 ci6n y de cada acción, éstns no se pueden desviar de lo normal sino en condidom•s ex cepcionales y anormales».
Con mucha razón este psicólogo eminente lla ma gimnástica de loB sentimientos al cultivo &lt;le los sentimientos estfücos.
Da.da esüt importnneia. del l'lllt.irn estétieo, no 0xtrr-iñnréis qne pida
una dedieaeión especinlmcnte 1·elosa. pnm la formación ele la literatura escular, y muy cspeciahnentc, de !ns colecciones poéti&lt;·ns destinn&lt;lm; lÍ la ensefü-rnzn. Sea cual fuere la fmwión n1&lt;ignnda a 1 libro, no ca be eluda que su
influencia deciele en grnn parte &lt;le la edueaeión estética. Cuando la. humnnidad &amp;'l-le del aualfahetismo, y esto es nplieable n.l niño, se ind iddualiza la. palabra que va ii tomn.r su sitio en la memoria. v.i sual con el signo
gráfi&lt;'o que la expresa.. Toda pnlahra, toda frase que leemos es m on eda
que acufia la memoria pnra nuestra circulneión rnenta l. Si la palabra es
impropia 6 la frnse clesgnrhada., n os hn,eemos tributarios de quien las troqnda y por ende, circnladonis d e moneda falsa. Sea cnal iuere el tema
qne trntc nn libro mnl cscrito,-a.ritméti&lt;•a 6 gcograffa,-su reson:mcfa se
encuentra en el cultivo ele! sentimiento de la armonía en la palabi-a. Hny
que pr,,scribir el libro mal escrito, sin que esto signifique una exigencia de
estilismo que no cab(' en la obra. didiictic:a. Me refi ero .i la corrección austera y senr·i\Ja del nutor doc~nte.
Si es de atenderse ií la buena forma de los libros escolares, aunque el
fin de quien los· escribió no sea la educación estética; cuando se trata dt

�200

Rl'!VISTA C();'(TEMlºOl!.\XEA

obras d e~tinadas á la 1&lt;'1·'.urn, l:\ p rec:mei6n que recomiendo, debo pnsar los
!í111ite:,; el-: la orclinaria pru&lt;lencin . Aquí es donde li~ verdadera educación
reclama exqui~itos cnid,Hl1)S, p orque si hi pro~n del lil,1-0 do it·cturn el:! de
la qne se de.~1-ana en mrn 1:1intaxis 1mprCl'.ÍSa y si ci Vl· t·:-o es de aquel que
prostituye la, n1nno inex perlti de un rin 1:11 ·or salitlo tlel ~•ulgo, mih1 valiera,
no em;eíiar á leer qno pon er literatura de bl proet.'llencia en tlon&lt;le los niñ.us pne&lt;lan a propiársela.
Preveo b objeción que pneJe ha.&lt;--ér1,emc. No lwy libt·os. Efectivamente, n o los hay. Otrus pueblo:, (•011s11grn n ií l:1. nifiez lns ohras nrncstrns
de su liternturn. l\fe basta rccor&lt;laros 108 rwml&gt;res inmort a les de La ll'ontainc, Foe, Dickens, Arnlerscn, Jfawt hornc ; el nom bre q ue d dn de Amid s
y el g loriosísiuw de l\fork 'l'wain -:. España y ln Amchica c.spnñula no
piellf'an tanto en loi:1 n1f10s: su:; aut.or~,-, cuando escriben , ran1.s ve(·es bnscnn el público i nfantil q ue premie con el sufragio ele un:i ilusión sin d udas.
i\fos no abult1.Jmos la dificn lt id. Coahuiln , que eucutii con grandes
ing-.:11i11..; c11 lns lt·tras, µ11d r i,, in teg rar 1ma comisión mixta de literutos y
pecl1i¡,:ogos pnrn. adapt a r 1í. la. cn scfümza. libros q u e, si e:.cusean, no fnltnn,
como /.:,1 ,11oro, del colombi::i.no lVfarroquín, y pn.ra formar a ntologías escoL11.rcs. ('o :10 ctt la tragedia danunz;ana, hi poesía es entre tollas la menos
exigente de !ns asignn.tmas. E mn siete hermanas, &lt;li&lt;'e el poeta; todas bcUas se mi raban rctratad,1s en lns íucnles: In primera hiJal.m y q uería un
h uso d e ol'O; la segunda tejía y qnería una lanzadern. de orn; la ter&lt;'era cosfa y quería ngujns de oro; ln. cuarta cocinaba y q11erí1i vasijas de oro; la
quinta dormfa y q1mrfa u n lecho de oro ; la sextn soñ aba y quería sueños
ele oro: la &lt;;?ptima &lt;·antaba, y como sj'o &lt;·antuba., nada pedía.
Con 0sto resumo lo que es h educación : si como Sergi creemos que lo
mejor de In educación, tod1\ la P.cluc:u,i6n, Cf'tá en el sentimiento, d eclaremos que lo m ejor del sen t i micn to estit en el amor ií la belleza y qtte la m1Ú!
ingente expresión de ln. belleza C.'-l:Í en la poesfa. L"l cducaci6n es una obm
sencilhi, fácil , t ouo sonrisa, como lo demo:;tró aquel p ueblo devoto de la
d iosa q11e señol'eaha las &lt;'Olinns del At ica, y cuyos ojos claros miran nun,
lllCn.riciadores y t iernor;, :i los que buscan como rcgl:i en ln. vida la S11l&gt;itlurfa, es decir, la ponderación.
Gocth e , el poeta más grande qui1.á de n\H.'Stro siglo, puesto que se le
en &lt;·ncn trn on h interr,ec&lt;:ión &lt;le los caminos de la ciencia y del arte-del
i111&gt;tinto de la vida y del instinto del conocimiento ; Goethe supo, y por saherlu fué tan gra nde en ln. cicncin t'omo tm el arte, que no había sino un
medio de llegar Hl fon d o &lt;le lns cosas y de &amp;1tisfacer tí ln. vez, lo poco que
JHw&lt;lr ~ntisfacerse de la curio~ida&lt;l y 111 mt1c11n que pn ede satisfarerse de la
,iensihilid11d: ver la n ntm ale1.n. El q ue la ve la conoce y el que no la conoce no Ja admirn.. Ahora b ien , &lt;&lt;admíral' es el goce principal de la vida.».
Lo dijo el a utor d e un ev::rngelio, con c:uyns palabras pued o acahar, &lt;liri
giénclome i fa juventud conhuilense. ((Tened cnt rn::insmo, tened roRpeto,
tened yeneradón : entusrnsmo por todo lo que es brillante rn vuestra proµi a ju ventud; respeto por t ntlo Jo que signifiq ue expericnera en la edad
,le los otros ; ven eración por todo lo que es buen o en los vivient es y g ran de

�REVISTA CONTEMPORÁNEA

:!01

~11 Jos muertos y maravilloso en los poderes inmorbtles•.
Y yo, humilde
,unigo vuestro, por mi parte os digo: Seguid á. vuestros maestros, que
por algo son vuestros maestros. H a ced de esta escuela que el gobierno destina para vuestro desarrollo integral, el campo ele un esfuerzo incesante, ,¡
'fin de que el nuevo barco escolar encuentre nuevos tesoros de saber, de belleza y de virtud. llnauguráis un nuevo edificio? Hacéis algo más, alumnos: abrís una historia. Grabad en ella acciones generosas para que vuestros sucesores encuentren bajo el techo de esta casa el fuego inextinto de Is,
patria y el dol alma inmortal de los antepasados,

....

l

�DE MI VILLORRIO
CUARTO DE HORA
La cigüefi:1, la clásica cigüeña
&lt;le la hortaliza, ordefia
la ubre del ca njilón. Y mi almi\, 1,ucñ:1
nerviosamente, hija del molinero.
Con tu ~estido á cuadros , tu som hrcro
&lt;le mimbre y tus pupilas de gita na,
sospechosas como un desfiladero,
}mees de mí lo que te da la gana . ...

Me impaciento, fumando cigarrillos,
:i.&lt;losado á la alberca de ladrillos,
porque tú no vendrás. El cielo a rde
y tal parece que chisporrot ea
la antorcha vesperal. Y silabea
el agua en el silencio de la tarde . .. ,
VERSOS ltURALF.,S
... . Prímavern que ríe, Primavera que pierde
la:; almns ....Los pastores cantan coplas senci!ia.."
sobre los tamboriles, porque todo está vet·de
y porque ya se fueron las hoja s amarillas .

lts el tiempo del vino, de los vinos afiejos.
Y por tí, Primavera., sobre u.legres pollinos
nos echamos al campo para, cazar conejos,
pa ra comer tus frutos, pa ra libar tus vinos.
Al fr('.scor de la tarde, cuando en la leja.nía
tiembla el tinte ceni1,0 de m1 rektzo d e invierno,
dan1.amos con las mozas de la vieja alqnerfa,
mozas de carne dura, de comzón muy tierno .. .
Oye, amada. muy mía : m e voy tornando obe!4l
&lt;·omo nn abad.-El bruto del Alcalde asegura
que me tiene rollizo lo sabroso del queso ;
y, ponte niuy contenta: soy amigo del cura ... .

�REVISTA C0NTEMPORÁ!O:A

DE C.lZA
Una fragilidad de mariposa ,
tornasolada en abanico. El cielo
de un rosado impoluto, de sedosa
tonalidad, como de terciopelo.
Una garza, por el dombo de rosa,
rima la aristocracia de su vuelo,
y en esa blanca fuga silenciosa
flujo el último adiós de su pañuelo ...
Doy al olvido la escopeta, olvido
mi nuevo amor. Apoyo á un á.rbol ido
mi juventud, soñando cosas viejas,
con el galgo á mis pies, un galgo lmc1rn
de grandes ojos tristes, ojos de Nazare11(l,
y que tiene caídas las orejas ...

MITIN
Se salió de plomada
la colectiva estupidez, camino
del rebenque, del tajo y la picota.
Apóstol del Derecho, un petardisfa
de frac y cubilete,
volcó sobre la t-urba
de los desea.misados
todo nn cajón de frases ...
Su vibrante discurso
úansa fué de apoplético entusiasmo,
que tuvo que sangrar tranquilamente
la científica gua.rdia pretoria.na,
eon el cañón y con la bayoneta.
Y yo, del caballete de un tejado,
miré la rebujiña,
-como no soy Apóstol del Derechocon toda la frialdad de un erudito.

203

�REVISTA CONTEMPORÁKEA

HONGOS Dli; LA RlBA

El bi\l'hero del pueblo, que usa gorra de pnja,
zapatillns de hílile,"chuleco do piqué,
es un apnsionado jugadur de baraja.
que oye rni11a de hinojos y habla bien de Volt.aire.
Lector iníatigable de El Liberal.-Trabaja
alegre como nn vaso &lt;le vino moscatel,
zurciendo, m ientras limpia la cortan te n:naja,
chismes, tudos los chismes de la mL,Lica grey .
Con el sefwr Alcnlde, con el veterinario,
unas buemu; 11ersonas que rezan el rosario
y hablan de los milagros de San Pedro Claver,

en

departe en la rnntinn, disrute
ln gallero ,
sacando de h~ vi&lt;la recortes de tijern,alcgrc como m1 vnso de vino moscatel.

BARRIO ABAJO

Y el cochero de punto, &lt;le chistera
apnlmllndn, con

la camisa por fue1·a
y lM polaim1s en In bigotera
del coche, }1ostiga su rocín trotón .

Flemático, grotesco, exnhernnte
como un enorme pr,quidcm10, si
medita !'l buen amiga en sn pef.;('ante,
¿quÁpens.'lní, much acha , este elefante,
qué pensaní de ti?

Y de mi, que temiendo los defa.lles
de la vidn. rul'lll,
no me atrevo á cefíir o.menos tallea,
que ando por esas ctillc.s
con una serie&lt;lad eph;copal .. .

�r

NON PLUS ULTRA

Mis vecinos, bur&lt;los vecinos
del campo, buenos-inquilinos,
de manos tosrns, de cetri nos
r ostros y de cuadrado!:! pies,
crui,\.n por e.sta vicht n.niurga,
panHlójieamente largn,
corno v;111 los bueyes de carga
Laju el pincho, uaju el amé!:! ...

llfas son fclice,; :í. su modo,
puesto que ii somhra de tejado,
comiendo mal, aman ¿Í. Dios.
i Y sobre todo, sobre todo,
nuncn, nnnc.'\ h an necesitado
las píldoras &lt;lel doctor Rossl

'fARDE DE VERANO
'' El rico es un ban iido. "
SA.N JUAN

CmsosTOMet

La somhra, que hace un remanso
sobre la p inza rural,
·con vida para el descnnso
sedante, dominica.!.. ..
Canijo, cuello de ganso,
cruza leyendo un misal,
dueño absoluto &lt;lel mn.nso
pueblo intonso, pueblo asno.L
•

&gt;

Ciñendo rica sotana
de paño, le importa un higo
la. miseria del redil.
Y yo, desde mi ventann,
limpiando un fusil, me digo:
J.Quá haré con este fusil?

�206

' ..
Dl~ SOBREME SA

Se vive, amada mía,
segttn y cómo.. . Yo
por In mañnna tengo hipocondría
y por hi noche bailo un l'igoclón .
Y qué? Pura ironfo
del hígado, muchacha. En·el amor
y en otras cosas de mayor cuantía
todo depende de la digestión .

Que no fume, que olvide lu le&lt;:t11rn,
ttuc 110 maldigA- en ratos de a.margum
:y m il con sejos mtí.s de este jaez,

corno si se pudiera
vivit· I.Í la manera
•lo lag calles t iradas á cordel...
LVIS

Carlagena . Colombia.

c.

LOPl~Z

.,

�EL ESPIRITU DE INDEPENDENCIA Y LA
REPUBLICA DE ESTADOS UNIDOS (1)
III
Tomemos como ejemplo la división &lt;le las opiniones cntrn los colonos
mis1n-Js,-división mucho más seria que lo que de ordinario se ha supuesto, y que los separ6 en dos ca.mpos mucho menos desigmiles de lo que se
ha creído. Los historiadores populares de la Revolución nos han acostumLrado rila afirmaci6n de que todo el valor, toda la prudencia, toda la virtud y
toda la honradez se encontraron por un lado, y toda la cobardía, y todo el
egoismo, toda la bajeza y toda la mentira estaban por el otro: esto no es
verdad . Quizá había fantn. sincerirfacl y fuerza entre los llamados legalistas como entre los patriotas. De eeguro que la inteligencia y la
educa,ción eran iguales entre unos y otros. La diferencia consistía en
esto: el partido legaHsta se formaba de familias é individuos unidos
por la,¡,,&lt;1s sociales ó indust riales al principio de realeza del poder y
del orden, por intermedio de los Gobernadores y de otros oficiales
superiores provenientes de Inglaterra ó nombrados de este lado del Atlántico. Tenían el sentimiento bien natural de que la protección , la dirección y el sostén de Inglaterra eran indispensables á. las nacientes colonias. Los patriotas representaban en su mayoría familias é individuos ligados con estrechas relaciones á las Asambleas coloniales, á los esfuezos populares de desarrollo autonómico y de gobierno libre, tí los movimientos
que tendían tí fortifica.r su confianza en sus propias fuerzas. Tenían éstos
el natural sentimiento de que la libertad de acción, el desprendimiento de
cualquiera sujeción exterior y una la.titnd absoluta para dirigirse por sí solos eran indispensables á las colonias. Los nombres escogidos por los dos
partidos: -leales J' patriotas-eran a.m hos honorables y á primera vista parecían sinónimos. En el fondo hay diferencia entre las dos significaciones
y es necesa.rio percibir el matiz de eSi~ diferencia. El leal reconocía sinceramente la obligación que lo ligaba i:i. un poder soberano que puede
residir por completo fuera de él pero sintiéndose obligado á serle fiel. El

(1)

Véase et numero 3 d e 1n RV.VJSl' A C0~Tl~MP0itÁ.Nl-~A· Pág 16r.

�203
j&gt;alriola abriga, por el contrario, el sentimicuto d&lt;.i h:1hcr encontrado su patria, de constituir u n a parte ele ella, y estií r esue!to á morir y á vivir por

ella. Precisamente p orque el partrido patriot a n.pchtba tmte todo al espíritu tle independencia fuá por lo qnc unió ,i RUS filaR h\ m nyoría del pueblo
¡une1icano y conquistó la vil-torh,, n o solnmente en la guerra civil sino
~ambién en la guerra nacional sohre Inglntcn:i.
No ignoro ni quiero olvidar lu p arte que co1Te.'3ponde á los filóMfos
em opeos y á los politicos teórico;; q ue pmrnyernn 1i lns patriotns americanos d e argumentos lógicos y de l'a.1,0ne8 fil osóficiu, p:tra justificar 1,u cnusa,
eminentemente política.. L:i,; ,h.:trin,t,i d..i J0hn L:d rn y de Algernon Sydncy levant,'l.b:tn y sostenían h r)rn•ire'3 que h 'l.hín.n ya re~ue1 to t,•ohernaso por si
mismos. H olttmla ,es envió ánimo y ityudtt e11 las ol,rns de G rotius. I talia
.los in11pir6 y loi; sostuvo con los Jibn)S &lt;le Bcccaria y de .Burlamgui sobre
los principios esenciales de la libert:ul. L as inteligencias france&amp;1s que
preparaban ya. la Rew,lución m su país , hicieron mucho para esclarecer el
pensamiento americano y da rle el aspectv nwionalist1J debido á los escritoll
de Mnntesqnieu,y toLhivía. 111:ü, q_uiz,i pa.ra su ministrarle entusia!!fa elocuencia con los ditirambos de Rousseau. Leyes naturales, d erechos del hombt•e,
persecución de la diclm, fum·on frases &lt;le que usa.ron a mpliamente los oradores pntriotalól para robu,;te•·er sns lla.mauos al pueblo. Es imposible no
conocer la voz d el famoso cimla&lt;lano de Ginebm en las palabras de Alejandro Hamilton : «Los d erechos sagrados del hombre no tienen que ser sacados de viejos pergaminos ó de emnohecid11s a.n:hivos; están escritos, como
un rityo ele Sol, en t odas las p ií.ginas lle! Lihro ele la Humanidad por !ns
man os de las divinidad m ii¡mn,, v ninguna mano mortal puede bon arlos».
Pero n o es menos cierto que la independencia americana no tiene su
origen ni en un si:.tema filos5fico ni en u na. teorín. político.. Ha micido ele un
impulso vital, del sentimiento hu1rnmo ele un pueblo con sciente y resuelto,
que quería reafü:ar por sí mismo sus negocios; no siguió otl'a lógira que la
dt1 !ns acontc.:imient os y rlc lo8 t·esttltados. F ué pra1;niatista como se diría
hoy. El espíritu de imle penJencia enea.minó lentamente e1,e m ovimiento,de
u·1:\ mnnera inevitable y p·1so á pMo, á tra vés de las p rntest.as,de lm1 op0si•
cioncs y de las re.;i;;tencrn.-,, h itcíti la. República. P ermitidnos ser t an libres
como vosotros mismos, decía al pueblo gobernante de la Gran B n•tnii:l, y
d i.lb:!remos estim u· siempre una unión con vosotros como nuestm gloria má11
grnrnle y nuo.:;trit m,tyor fortuna.-No, l'espondía el Parlamento.-Protege'l no;; como p:irlre amant e, decfa,n nl Rey, y prohibid á Vll(~tros 11werectm(los ministrni:! sus orgiásticos excesos sobre las ruinas de la h u manidtld.
- :~fo. rc~¡xm,lííl. el Rey.-Pues bien: ontone.es, dijeron los colonos, n nsotrns
:i&lt;nuos, y es du t od1i j usticia que seamos ,libres é independient es: nos hemos
gdbernado por nosotros mismos , sumos ca.paces de gobernarnos á nosotrol'!
mi1&lt;mos, y continuaremos gobern.íntlonos sólo por n osotros mistnof\, según
los fol'mns que h emos ya establecido, y donde ellas no sean suficientes estableceremos otras que en la opinión de los representnntes del puehio puedan nrnjor asegurar la dicha y la prosperidad de los iniciadore.s en pnrtic\llar y Je Améric:a en general.

�I

In~VISTA (X)N'l'E)IPOR.-\NEA

20U

1

E,;ta rcssoluc:ión del Congreso continental, votada el 10 de Mayo de
17í6, da la clavo de toda la historiá subsecuente de América. Así, no es
que se 11.doptarn. la forma republicana porque no se consiguió otra ó porque
se Je eneontrase la única racional ó la. úniea legítima. No, sino que ella
fué una consecuencia natural, un en&amp;'Lnchamiento, una fórmula organizada.
y consolidada de ese universal espíritu de independencia que se encontraba
eon ella más cómodo, m:ís seguro, mií.s en su propio sitio. La unión federal de los Esta&lt;los quedó establecida después de disputas prolongadas y ardorosas, bajo la presión de la necesidad, pues que ern evidentemente la única manera de resguardar la permanencia y la libertad de estos Estados, así como «de establecer la justicia, de asegurar la t ranquilidad privada, de proveer á la defensa común, de promover el bienestar general y
de garantizar los beneficios de la libertad para nosotros mismos y para nuestra posteridad». Las enmiendas ú la Constitución que fueron adoptadas
en 1791-y que debieron ser prometidas para conseguir que se aceptara el
proyecto original,- reservaban expresamente á los Estados respectivos ó al
pueblo todos los poderes no delegados á la Unión. La división del Gobierno Federal en tres ramos, el legislativo, el ejecutivo y el judicial; la estricta delimitación de estos tres poderes; el cuidado conque se había arreglado
su funcionamiento de mahera de impedir el predominio de uno cualquiera
de ellos sobre los otros dos, son providencias que sufrieron y sufren todavía las críticas que los teóricos y los filosófos políticos les dirigen con más
ó menos sólidos argumentos: «que tal organización impide una acción pronta
y efectiva; que abre el camino á lof:l conflictos de autoridad; que da motivo á grave desventaja en la diploma('ia interna-eional». Pero en verdad co
rresponde bien á los propósitos de un pueblo qne confía en sí, que está resuelto á no dejar que la re1tlidnd suprema del poder se le esrape para ir á
dar ii ctuilquiera otro de los instrumentos qne él ha creado. Desde este
vunto de vista e.~tií. uno obligado á reconocer que el aparato ha funcionado
bien y que hoy todavía. mantiene bion el orden social.

Pero quier&lt;&gt; hacer sabc1· con toda cbri.dad que al &lt;lecir yo que la forma
republicar;a en América no ha surgido de debates filosóficos, ele teorías ahsti-adas ni &lt;le opiniones razonadas, no quiero decir que no sea, entre los
ambricanos, el eco y resonancia de una convicción. No. Sucederá. quizá de
Ycz en cuando que se oiga á un americano decir que es preferible para él
un gobierno mmuírquico ó aristocrático; pero se puede estar seguro de que
ese tal es un ente excéntrico ó que tiene sus motivos de queja contra la
Aduana, á no ser que se considere ya miembro de la familia real 6 cuando
menos de la nobleza. Se le puede hacer á un lado sin temor alguno cuando se trate de comprender el verdadero espíritu de América. El pueblo, en
su conjunto,cree muy fi.rmemente,-y á las veces muy o.pasiona.damente,en la república. Y la razón esencial de esta creencia es que surge de las
profundidades mismas de la vida, donde tiene sus raíces. Procede de ese
espíritu de independencia y de iniciativa, de esa tendencia natural á determinerse por sí solo y á dirigirse por sí mismo, que ha sido y sigue sien-

�210

REVISTA CONTE~IPORÁN}:A

do, bajo el nombre de sel/ relia1lc~, el rasgo americano por excelencia , en
el individuo, en la comunidad ~len la nación .

IV

Si no se ha comprendido amplia y completamente lo que precedc,creo
que es imposible comprender algunos rasgoe esenciales de la vida y del carácter americanos. Me permitiré indicar unos cuantos y scfialar en qué
manera proceden de esta cualidad fundamental: self reliance.
Tomemos como ejemplo la estructura política de la, Nación . Es una
a rmazón originalísima: cada uno de los Estados tiene su existencia distinta
y su personalidad y su autonomía que procura guardar con celoso empeño.
Massachusetts, Nueva Yor, Virginia, Illinois, Texns, California, todos,
hasta los m ás pequeños como Rhode Island y el Ma.ryland, son entidades polít icas tan reales y tan conscientes de su propia cxistenciti como la
Unión misma de que cada una de ellas forma parte: tienen sus leyes, sus
tribunales, sus impuestos regionales, su bandera, su milicia y hasta sus escuelas y Universidades. «El-ciudadano am ericano, dice con justicia el Profesor Münsterberg, pertenece en primer término y en sn vida diaria á su
ll:sta.do en particularn. Si la vida local permanece así diferenciada no se
vaya á creer que sea porque hubiera habido en su origen diferentes amos y
sefiores, un Duque ele Saboya ó de Borgoña, un Rey de Prusia ó ele Sajoma. Aquella distinción no se _parece en nada á la de las provincias ele la,
República Francesa ó á la de los E shidos del I mperio Alemán . Porque es
en primer lugar el resultado que un espíritu local de inde pendencia , de
una costumbre de dirección individnal en todas laa gentes que trabaja ron
unidas para edificar aquellos Estados y para desarrollar sus recursos, para
hacerles tomar cuerpo y vida reales. He aquí la verdadera explicación del
sentimiento particularista de las ReplÍblicas-commonweal!hs-que com ponen la nación. Ni hay necesidad de recordar que este sentimiento ern y:i
tan fuerte inmediatamente después de la revolución,que estuvo al pnnto de
hacer la Unión imposible. l&lt;]ra t an fuerte á mediados del siglo diecin neve,
también lo sabemos; que estuvo á punto de romper la Unión. Perc también se sabe que ese sentimiento no ha dejado de existir, que no hn · crdido nada de su eficacia y que es i.m factor poderoso y esencial en la Y·· t política de los Estado Unidos. La guerra civil resolvió de una sola vr r pa.ra siempre la cuestión mucho tiempo discutida acerca de la n:'1 dem
tlel lazo federal. La Unión no es miís que un pacto, pero no un ¡ . o in.
disoluble . Los E stados Unidos no s011 nna Confederación, sino 1·
Nación. Y sin embargo cada uno de los E~.tndos que reune guarda i
ta su
soberanía local. El espíritu de indcpendeneia en tada cNnmo11wen1
1antiene celosamente sus dercehos protegidos por _la Ley de la Nncit
,\foy
recient emente hubo en el C" ngr eso nru1 prupmiición para agrega r
erritorios de Arizona y Nnevo :i\l(xico que hubiesen fomrn,do en 1a 1-:
:1 n n

�1

211
Súlo E~tado. l'ero los habitantes de Arizcma protestaron: no querían mezela rnc con los de N11crn :11éxiro que les in!&lt;pir:iban an tipatía ; querían mejor qned:ir fuera que cntrnr en tales condiciones. Esa protesta fué suficiente para s11~pornler todo procedimiento .
En cstns últimas fcchns he leído un a serie tlo resolucione!l de la C'-ort.c
Suprem:i. sol&gt;rc cuestiones diversas, p or ejemplo, el &lt;ltrecho do un Estadn
p:1m trnt:n ó &lt;·on si&lt;lemr co1110 delito la importación de whisky &lt;le un Estado it ot ro, y el derecho de los Esuidos Unidos para intervenir con el l~stado
de Colorado en llL nt ilización del agua. del Arkansas para trabajos de riego.
E n todas c,;tns decisiones, ya se trate de whisky ó de ag11a, encuentro
que cstii clarnmcntc admitido y sostenido el gran principio enun ciado por
d prime r P rc~iuente :Marshall: ((El gobi1&gt;rno de los E stados Unidos es uno
d e lrn; poderes emmmeradosil . Para qut&gt; pueda tener poderes más extensos es
nl'ccsario que el pueblo mismo se los conceda,.
c1Unn regla cardinal, dice
el Juez Bre\Yer, que tlumina en todas las rela.ciones ele los Esta.dos, es la d e
ltt igualclad &lt;le derecho; cada E:;tu,&lt;lo está constituído en igualdad con todos
los otros y con el conjunto: no puede imponer su legislación á ninguno, y
110 esM. obligado ú ceder en sus propias con sideraciones ante ninguno.~
E s también &lt;:ieru.), por Jo demás, que tal estructura particular de In.
Nación h ace posibll! y quizá incvitr~ble un perpetuo conflicto ent re las dos
formas del espíritu de independen cia: la forma local y la forma nacional . .
l~xagerad una y veréis una tendencia de la opinión á :-ea.Izar, ií. fortifica r y
:11m ii. exteuder los poderes del Gobierno central: exagerad la otra y t en~
,Jréis la. tendencia contraria, es decir,la. opinión pública. opuesta á toda extr:tmilitación contraria ii los poderes reservados ¡i, los gobiernos locales é inelin:u la á fortificnr el conjunto dando más fuerza tí !ns partee que lo componen. Estos son prccisamen te los doR grandes partidos políticos en los
E~tados Uni&lt;los. Se les llama hoy partido Republicano y partido Demót"ra ta; p&lt;'ro k,s nom urcR 110 significan nada. De hecho el partido que se lla-

uw nhom f&gt;cmócrata llev6 el noml,re de Repulilicano hasta el añode 1832;
sucesivamente Federalistas y Whigs no to1:1arm1 el nombre d e Repuhlil:anos sino tí datar de 1860. E n realidad la
opinicín polítiea,-y tal vez sería más exacto decir el sentimiento políticoi'C Mparn respeeto de esa gran cuestión d e la centralir.ación del poder por
una pa.rte , ó de su dihlsión poi· la otra. El debate con siste en las dos form11,; del e.&lt;tpídtu ele sel/ rclia11ce: Jor; dernocrií.tas representan el principio
teniendo con&lt;:iell(•ia. d e sí mismo en cada comunidad; los republicanos lo
r&lt;'prcsentan tal corno se reconoce y se afirma eu la unidad nacion al.
Naturalmente lns necesícla&lt;les de la. luch a electoral vienen áobscureccr
y :í embrollar el sentido propio de esa distinción . Los problemas que se
pln.ntean y las disputas q ue surgen no siempre dejan discernir de una ma11cm clara Jns respectivas posiciones. Los partidos h::l,JJ llega.do á ser graneles organizaciones materiu.les, con intereses que defender y una vida exterior que p erpetuar. Como todas las humanas instituciones, tienen los dos
el instinto de la ('onservación : quieren uno y otro seguir la oleada del sent imiento popular; uno y otro quieren ajustará su plataformo. electoral nue-

s aquellos it quienes se llnm6

�212

REVISTA CONTEMPORÁNEA

vos soportes para que suban nuevos electores. Algunas veces se combaten
en el mismo terreno y es muy difícil reconocer el propietario de éste. Actualmente por ejemplo,los grandes Truts y corporaciones de la industria y
del comercio son muy impopulares. Los demócratas y los republicanos so
ostentan igua.Imeute decididos á destruírlos 6 á sujetarlos. Cad:1 partido
reivindica para r;í la ventaja de estar destinado á ser el amigo del pueblo,
el verdadero San Jorge que mate al dragón. Así, se ha tenido últimamente el espcctticulo de Mr. Bryan apresurado á felicitar ií Mr. Roosevelt por
su conversión ií los verdaderos principios democráticos, añadiendo que los
demócratas son los hombres que por su situación están encargados de aplicarlos. Y duraiit.e esto, l\fr. Taft, sostiene que las medidas populares son
esencialmente republicanas y que su parti&lt;lo es el único con el que se pueda
conta,r para asegurar la. buena ejecución de ellas.
Pero no obstante tales confusiones pasajeras, se encontrará en resumen
que los republicanos se inclinan hacia la centralización y que p&lt;&gt;r lo mismo procuran favorecer los Bancos nacionales, las tarifas proteccionistas, fa.
extensión de las funciones ejecutivas,la expansión colonial, el aumento-del
ejército y de la marina y por lo mismo el aumento también de los gastos
})úblicos; en tanto que los demócratas, por regla · general, opinan por la
1lescentra,lizaei611 y tienden á favorecer h ::nn plia competencia, el libre
cambio, la, est ricta interpretación de fa Con~titución, un ejército y nna marina, reducidos, un impuesto progresivo sobre h1 rent,a y una política de
economía. nacional.
Mas lo que debe recordarse es qne estas dos formas del espíritu de scif
1·elia11ce continúan existiendo 1rna al lado ele otra en la vida política americana, y c:ue conviene mucho el que estén representadas por dos grandes
partidos de manera de ser maateniclas en equilibrio. Tcmlencia centralizadora. ha prev:1lecido sin duda alguna, en el curso de los lí.lt-irnos cuarenta
años. Esto va de acuerdo con el espíritu de los tiempos. Pero la otra.
t-enclencia es todavfa profunda y fuerte en América;-más fuerte, creo,que
en euaJquiem otra parte, fuern de ella. Los derechos más preciosos del
ciudadano, ( excepto en los territorios y en las colonias), liberu1d individual, condiciones de la familia y de la prop·iedad, todo esto eshí aun protegido, no por h Nación sino por el lrstaclo :i que pertenece el ciudadano;
-un Estado que políticamente es desconocido para cualquier otro Estfido
ext ranjero, y que no existe sino para los de1mís Estados unidos con él. Situación curiosa y sin embargo exacta; pero que se explica históricamente.
Está dé acuerdo con el espíritu de América porque el pueblo de este pa.ís
piensa lo mismo que 'l'ocqueville: «Que aq uc1lús que temen los desbordamientos populares y los que temen faimbién el poder absoluto deben desen,r de
fa misma ma.n~m el desarrollo gmdu2.l de las libertades provinciales.» Fué
el caHo de América: tal es su verdadero origen y los americanos desean que
.les perrn,mezca fi el. Si uno de los dos partidos quisiera aprovecharse de}
poder pa.ra dcst,ruír los principios sostenidos por el otro, caería sin duda al_
abismo. El dfa en que se pudo creer posible que la Unión se disolviera.
ha pasar1o ya. El dfa en que la Unión absorba y aniquile :i los :Estados

�R~:vtaTA CONTE~lPOR,Í:~EA

...

..

no se vi.;lumlmt alÍn en los horizontes. La gran frase de Daniel ·w ebster
(;ncontrar:.í sie1nprn 1111 eco en el alma del pueblo: "Libertad y Unión,
ahora y para siempre, no son sino mrn y son inseparables.''
Pero no e~ únicamente en esas rolnciones do los Estados y de In Na ('i6n donde Ro puede ver en activ.i dad ese espíritu de independencia &lt;le qu o
venimos hablando. Dentro de los límifos de cada Estado, el espírittt de
independencia tiene por teatro ll\ ciuuad, el condado, el distrito urbann
(township). Las mejoras de utiÚdad pública, los caminos y hts "~~lle.,;, h
policín. y la cdncación son negocios importantísimos que por lo general tlcjit
el Estado :i cargn de la comuna loc:d. A ellos debe pro\·eer el presupnt~st1&gt;
privado de hi lo{'alidad; y hay como una et1pecie de competencia. y habilidad especial que se reconoce entro los ciudadnnos para administrar esos ramos. Algnnar- veces se hace hion esto; otras veces se hn.ce ma.l; pero el
t11ismo hecho de ocnpa.rse de olio es un privilegio que el pueblo independiente no quiere ja.miis abdicar. Cada cunl pretoncle tomar parte en J.~
lliscusión. Todos tienen 11~ costumbre de argumentar. Y no.die duda tlt
que la comnnidml nea.be por juzgar bien. :Muchos se com;ideran cap,we~
&lt;le conclncil'b; y la función local, 111 tarea modesta, abren la vía ií má¡;
eon,iidcrnl,les clt-bet·cs y encamino.n hacia mús n.ltas funciones en el Estado
y en la Nación. Xo es cierto que cualquier voceador de periódicos naci1l1t
en este país piense y crea que puede llegar á ser presidente; pem sabe qu0
tiene el permiso de ser si es qne tiene tal poder. Y tal vez por esa conYicei6n,""""ilni1.:i ta.mbién por instinto que tiene en la sangre,-se ani1n:~ con
frecuencia á ensnyar sus fuerzas en esn vía. Creo en verdad que hay tfüis
pilluelos ambiciosos en América que en cualquiera otro pa.is del mundo.
E.&lt;1tc espíl'itu de independencia laboru al mismo tiempo en otra muy
1lifercntc direcci6n . En modio de tndas ceas instituciones políticas : mi.is
llfwionales, otras propins de cada Estado y otrns munieipfdes, nn amcric~t110 verdadero c·onserva tocln su inclivi.dualiclad, tiene cuidado de sí mismo,
f!igue su inspiración propicia y administra. sus negocios privados. No estli.
de ninguna mane.nt inclinado á referirse en todo al Estado ó á esperar de
él ayU&lt;l,t y consuelo. Lo que desea es que se le gobierne lo menos posible:
lletesta la intervención y algunas veces le irrita la vigilancia. Es un individuo, una. persona, un alguien, y tiene el sentimiento y la, viv1t c:reenci:~
&lt;le que la libertad persona.! es la priniera. de sus necesidades y de que 61 es
c,tpaz de hac-er buen uso de elfo. sin que sea necesario medírsela.
Es cvido1tte también , por otra parte, que tal principio activo adolece &lt;le
1lebifülndes iisí como tiene su fuerza. Porque conduce fácilmente á un cx &lt;;cso ele confianza on sí mismo, á la, t1uficiencia ignorante, á la tcrncridiul
en los empresas, tí lii negligenCÍil. en las ejecucione.'&gt;. Es bueno ser persona:
pero no es bueno que toda, persona se considere un personaje. Es lmeno
t•ntar listo á todas las obligacione.9, pero no es bueno adelantarse á cllM y
t1xtralimiturlas si no se esúi bien preparado pnra cumplirlas. Hay muchos
.unericanos que tienen muy poco respeto por la preparo.ci6n especial y dcmasia&lt;la. confianza en su facultad de encontrar, para t odos los problema!'&lt;
de filosofía y eicncia política, soluciones improvisadas. No se podría r:: ·

�J 14-

REYTSTA co::-.TE'.\fPOR,{::-.¡:;A

gar qno hay una tcrnlcnci:t popular ií dostlefía.1· los dones ó conocimientos
excepdonales, y ,t pensar que un hom hrc vale tanto como cualquiera otro
h ombre y quizií más. Xo se podría du&lt;l:i.r tnmpoco de que el c.&lt;Jpirítu d e
i1ufopcmlcncin está en nlgunos &lt;·asos hipertrofiado en tre ]os americanos
lia~ta. com•c1·tir;,,e en imprudencia. hu&lt;:i:t l:xs leyes del Universo.
T odo esto es muy dcsngradablc desde el punto de vista social; peligro~º dcstlc el punt.o &lt;le vi~tit político y deplorable desde el punto ele vista
moral.
P t't'O 110 por ello debe olvidarse el aspecto favorable.
El espíritu de
sclj rcliancc no &lt;lcbc jnzgarse por sus faltas sino por sus buenos éxitos. Ha
pl'rmiti&lt;lo ií Jn. Améric:t reivimlicn.r u na independencia que el r esto del
mmnlo,- oxccpto F rnncia.,- juzg.1ba imposible ; const.ituír nn gobierno que
l'i r&lt;&gt;sto &lt;lcl mun,lo,- sin cx(·optuar Fmncia,-ju7,gaba impracticable; solwevidr ~í tormcntof( ch·ilc:; y :i peligros que el m undo entero considemb:t
mnrtnlcs; ha imlmído en el alma del pueblo americano eseamp1io optimis1110 que com·íc1w en que las grnnlles cos:is merecen relcaliz..1,rse y que pro,·nra haccrl:1;;. H a facilitn.clo la t.n rca de n.r rancar n n continente al aalvaji~tno pl'irnitirn y de edifin.r , sobre 1 m teneno nuevo, un Estado civilizado
que 8e basta ,t 1:,í mismo. Ho. po&lt;lido caer en errores p ero h a evitado mud 1as dcrrotns y mnchns dc1:,cf(pernciorn.,'8. Ha en gendrado explomdores, ciYilizadvrc11, inventorc;;. Ha form.ulo mn.estros de ln. industrüt en la escuela
·de acl'i&lt;Sn. H a prcser\'Hdo :i los pobres d el desprecio lle su pobreza y ha lilll'a&lt;lo á los lnnnil&lt;lc;; &lt;le la prisión d e su obscuridad. H a ech ado á perder
lns makrin.lc8 malos, pero utiliza.(lo maravillosamente los m ateriales mcdianrn; y l111. lllcjurado los buen os. H a desarrollado en cerebros como Frank lin, Wn."hington, .Jefferr&lt;nn , Lincoln , Lee y Grant una humanidad snperior y cmincntcrncnte n oble, t r:111q11iht, fuerte, ecuánime ante todas lns
fortun,1s. J-fo h cdio i-imgir en fin , y en cierto modo, ele! tumnlt.o de los
:ieont ecimientm, y &lt;lo lt)f( t•o11fiictoP., ol almn de un pueblo viril, diHpuesto á
. p on er su 1·onli:111r.a &lt;'11 si m i:;:mo, ií obedecer sin temor n Ju. voz ele la divi11:1 Prnvi&lt;lc1wi11 y ;Í. nilel:tntarsc sin nprehem:ión hacin. los nuevos tiempos.

IIENHY \' A~

DYKE.

( l)

Traducido por V. 6'.

(1) fTenry Ynn l&gt;.rke- c(·ll•~iií,i4ieo, profesor y poctii amer icnno, nació en
(-}ermantowa, (Pensilvm,in ,E. U.) el 10 de Noviembre rle 1852. H ijo d el
revercm1o Hemy J. Van J)yke, ministro presbiteriano y descendiente de
una farn ili.~ ílamc11ca it la que p erteneció Van Dyke; h izo sns estudios en
el Instituto P olitécnico &lt;le Brooklyn y princip almente en la U niversidad y
::Ít'minMio Teológico de l'rinccto n. f'ué }Í Europa y permnncció algún
t iempo en Alemania. Doctor en 'l'eologfo. de Princeton , d o Harvard, de

�1

¡

Jale, de Washington y de Jdfo1·son. Con sus prédicas y co11ferenci11s en
Harvad, en Jale y eu la Universidad de Hopkins se ha hecho notar por su
elocuencia ardiente y penetrad:.. de poesía ; pero obligado li snstl'aerse 1í lus
fatigas de su profesión , aceptó la c:í.tedra de liten. t:ira. in .;:h ¡¡ ~ en la Universidad de Princcton.-ltn Noviemhre de 1908 fué delegado de la Univeri,iuu.d de H arvard, para dar en la Sor bon,l una serie de Conferencias sobre
el espíritu americano en la Iihm1tura y las instituciones.
Orador, cr ítico, literato, poeta--sobrc todo poeti.1.-Henry Van Dykc
e;; uno de los m,is notorios representantes lle la actual literatura americana.
Eu sus narmciones cortas, r principalmente en sus tres volúmenes de vor:,111l-1-«The Buslders and Othcr Poeins», ((The ToilingoI Felix~, 1(\iusie and
Other Poems»-revela una alma atraída hacia las contemplaciones do la
vida. interior y á la meditación mística,al mismo tiempo que a m pliamente accesible :i las voces de b naturaleza-del campo,dc los ríos y de las selvas. La.s estancias que ha hecho en países nuevos, han dejado en él profundas y siempre frescas impresiones, con el gusto por una vidti sana, scnma, simple y contenta. Salida do esas impresiones, 6lJ poesía, por un
don natlll'al del símbolo,hace hermosamenth surgir del fondo &lt;le las almas
ideas y sentimientos intensos y profundos. Un optimismo elevatlo, una
trimpatía amplia, una ternura. tranquila y sonriente: confianza en la vida,
tal es 1n inspi ración general tfo su poesfa.
Deben citarse entre sus principales producciones, el hel'moso pocnia
"De la :Música'' en que se ex.pl'es1i una correspondencia íntima entre la
música y la vida interior; "Vera.", poema de un bello simbolismo religioso; "Piiz» , "El Enjambre de las abejas Blancas", "Confian:u\", " La.
l•'lor azul" y otr:1s muchas dignas de mención.-

J . B.

�DON JUAN DE COVADONGA

1

¡1

Don Juan de Covadong-.1., un calavera
sin Dios, ni rey, ni ley, y cuyo hermano
H ernando el mayor, era,
despnés de ha ber llevado airada vida,
Prior de cierto convento en 'falavera:
Don Juan el poderoso, el cortesano,
lhandc de Espafia y seductor de oficio,
el hombro en cuya mano
,,
t uvo g1·ande1,a excepciono.l el vicio,
después de mnar, de odiar, de lo¡p:ar todo
cuanto es posible é imposible, un dfo.
i;intió el cansancio de la vida, el lodo
tic cuantos goce!! le ofreció b suerte,
y mezcló á su tenaz meluncolia
el ansia tle consuelos superiorcl:! ;
pensó en Dios, pensó en Dios, pensó en la muerte,
pensó en la eternicfad, y desprendido
del lujo, del amor, de los honores,
escribió :i la &lt;luquesa de Vilorte
diciéndole nn a&lt;li6s definitivo ;
:1t'l'cgl6 t odo, abandonó la Corte,
y sin un escudero, al paso \"Ívo
tle su yegua andaluza, macilen to,
huyendo del pasado, fugitivo
por ignorach vía,
llegó íÍ. 11'1.° portería
silenciosa y oscnra del convento.
-¿Nucf-!tro Padre Prior?-ptoguntó al legú.
- En omción, J1ermano.

- Por la vídn
lo llamant vncsamcrce&lt;l ...
- Ahoni
es imposible, hermano.. . Vuelva luego,
es imposible ahora . .. }:xtasis santo

�I
217
c·1rnndo rezn lo embargn.
- } fns le ruego .. .
·:úi esto.}' aq uí pel'&lt;liéndorne entretanto;
sic11to la angustia del infierno, el fuego ...
-8írvn.sc entrar al locutorio . . .
- Van os
ph.:ereí:&lt;, del Sefior sonó la hora,
don Juan dijo a l entrar: l mur,do, .hasta lttl'gol
Y por fi n se encontraron los hennanos ...

D 0 11 Jnan perdido en crápulas y nxccsos ,
t emh!á.ndolü a s rnnnos ,
eon el aire de un pobre arrepentido
~- l.t boca rnarchita por los besos,
y H ernamlo, el Prior, brillándole en los OJOS
un fuego juvenil siempre encend ido,
y sllnves y rojos
lo~ lahios p or las san tas oni.cion es
y el olvido del mundo y lns pasiones.

-¿Orando tú? ... le dijo
don Jn:1n con voz monótona y cansadri.
J,cjos de todo, en la quietud su premrt
d e la vida del claustro, cuando :lijo
t em hlando una mirada
en el a bismo actual d e mi miseria,
«nel1o también en el retiro.
-¿Cómo,
intenn mpió el Prior- la cosa es seria?
l'fü anuínaste por fin? La ele Yi1ortc,
h a rchiduquesa, de cabellos rnbios . ..
La dmmi, 1mis hermosa ele la Corte,
la rival de la, Reina en el dona ire ...
aun de sns besos gunnlas lo:; efluvio~....
,r,Qné p nsa por allá? .. . . !Si traes un aire!
Oye, J uan; mira, hermano; aquí en la triste
,·ith eonventual, todo reviste
nn aspecto satánico ; mif! horas
t ienen angustias indecibles; mira.:
un enjambre ele formas tentadoras
('ntre mi celda por la noche gira
y huye .. .• De la oración con los cmpeiios

�JlE\'IST.\ CO!XTE)ll'0fl.~:mA

1a d i~ipo por fin ... .Ansío el oro,
11ucnai1 choques de a rmas en mis suciins,
tlot:i nn rumor do besos en t'I &lt;·orn,
y es mi vida mm lncha prolongada
ele rucios sacrificios
en que d omo la la ca.rne alborot.acla,
con ayunos :,' rezos y eilicios....
n: :rn llegué al ('OIH'ento , pobre ]o('o,
~oii:imlo nl fin en desca nsar nn poco
y· en nnRic&lt;l:tdcs mír;ticafl penlido !

1'&lt;-ro di me, d qné viene:&gt;'?
-Yo .. . por ,·erte,
dijo &lt;lon Juan, por Yertc :i toda pri~,~
y por darte not.i&lt;.:i¡i de la muerte
üc ....&lt;lon Sancho de Téllc1.; t ú, mi santo ,
por :;u cturno dcscnnso cli u nu. mis.1.
Y al s1.Jir 11ot· el n egro camposanto ,
t.n quu el convento oscui·o se prolongn,
an~innrlo la quietud ele lm; que fueron,
por la primera vez se humedecieron
lo::: ojos de don .Tnan de Covnclonga .

�,..,

ALGO ACERCA DE CRITICA

Ko !los proponemos hacer en estns líneas un estudio técnico de Crílira
literaria ó artística ó científica, contenido, según particulares gustos y escuelas, en tratacl9s especirtles, en que se fijan y determinan los principios
&lt;.le que se derivan los preceptos ó ciinones qúe rigen la producción, y gnían
el criterio en ln, apreciación de las obrn.'l rcspectivas,en cacb, género que ene
\mjo el dom.inio de la libre adivitla.cl del espíritu. Solo es nuestro pro1J6sito-yn, que para nn técnico estudio, ni el ex iguo espa,cio ni los endebles conocimientos propios lo pcrmiten,-clar expresión y forma inteligibles 1i los
pl'opios pensamientos, que 1i las veces resultan vulga.rísimos, cuando es
materia, como la presente, vasta y delicada; y que sólo trnsciende, y s6lo
suele ser conocido y asimilado, y convertido en Jn, propia substancilt, aquello que se mezcla al ambiente intelectual en que uno vive, y se mueve y
respira, y en que se mantiene el tra.t o con todos los demás humanos.
Eso no obstante, i1un siendo vulgar lo que digamos,puede ser útil: porque lo es aquello en que todos, ó todo el mundo, según la consagrada seinécdoque, están ó est1i, de acuerdo, esto que forma y (,l-~termini1 las corrientes &lt;le
la actividad literaria ,artística ó científica, en un punto cualquiera del espacio, y en un período cualquiera ele la, sucesión en el tiempo. Por lo dem:cts:
los graneles principios; las primordiales reglas de la producción y de aniilisis de obras liternrias, artísticas, ó científicas; los corola,rios importantes
que ele aquellos principios se derivan : todo ello debe ser el previlegio &lt;le
esos príncipes de las letras, de las o.rtes, de las ciencias, que desmenuzan
en profundo análisis, ó recornponen la.sobras, re-creándolas,en síntesis, por
grandiosa.s, admirables; cuyo poder semeja,, en lo intangible, al luminoso
mundo de la idea, del pensamiento puro, al Creador en su faena eterna, inacabable, de ereacción y 1e-creación del Universo.
Habrá pues, dos corrientes, 6 centros, ó lugares, de prnducción, ó de
jui.cios 6 aserciones, en las letras, en las artes y en las ciencias; dos puntos
de filtración de las ideas, del producto de la actividad intelectual humana,
de las fuerzas, en fin, que a.gitan y mueven el mundo inextenso y luminoso del pensamiento puro 1 Una de estas corrientes, ó centros, ó lugares de
filtración de las ideas, reside en las cumbres del intelecto, semejantes ~í esas
fuentes de linfa cristalina que refleja en sus cristales y quiebra en ellos el rayo dorado del sol naciente; y ello sin estorbos,frente á frente ele la techumbre

�REVISTA COXTEMPOTI.\NlU

ar.ni, y de nn ambiente puro roclcada .. .La, otra corriente-que: lkmarem,&gt;,-:,
también, centro, ó lugar de filtración, para continuar siendo consecucnk~
1;on la primitiva tríplice met:ífora,-domina en h ba.ja y común intd,:ciualidad; y contiene: ya las aguas pnms, cristalinas, ya. el pantano ele estancadas aguas, cenagoso¡ yi1 el torrente, ya el anchuroso y manso río ....
yil ]a niidu:m &lt;·atarnt.a !
CmiJquiera n,l ver estas dos corrientes¡ la. de aquellas itleas que pertenecen á todo el /J,fmido-6 sea á Jlfonsieur tout le moude, de quien se cuenta
que fué d único que llegó lÍ tener m:ís ingenio que Volktirc;-csto es, b
corriente genera.], en la que yo, ht, él, etc, somos, vivirnos, y nos movcmoB, ó somos movidos,-in qua sumus, virimur et movomtr,-es en :iparieJJcia dominante, y está en absoluta interdicción, ó incomunicación, con la
privilegiada, con la a.lta; la que forma aquellos serenos y tra.sparenles jui·
cios de los sabios, de los genios: semeja.ntes á lagos y corrientes crist::llinas
que se forman en las alta.s mesetas del Himalaya, del Popocatepctl y de
Jog A.ndes.... Pero .... no es así! La, corriente baja, la fuente, el río, el bgo;y
el pa.ntano,-,1no de t odo hay en ella, eomo en la tra.íth y llevada. y mn.1ti-echit Viña del .5eñor,- se form:ty se deriva de la serenit linfa de las alt:u,
&lt;:nmbres, que se filtra, y que por ocultog caminos misteriosos, viene it dar
,t ht Llanura; pues que, ií la, manera del citballern ii quien excitfL el ~faü~tro Fr. Luis, ... . "Traspasa el aJt:1 sierra, y ocup,1 el llano" .... Son, /\SÍ, las
mism,1.s ideas : sólo que h::m sufrido un retardo ó dem.om, en tanto qnc se
li!tnin y corren y llcgan . ... y, 6 penrnmecen y se corrompen, como Jrr..,
nguas u.el panfo u o ; ó se dirigen al mar y en él se pierden : que es como el
a bisrn::i de 1a.s pas1tdas ideas y tn1dicioncs, inmenso, scrnno 6 ternpestuoso;
como inngen fiel de los tiempos que pasaron; y que , en parte-crnrndo
menos-puede volvers~ fecuncla.nte, alimentando nuevns corrientes en perpetuo ciclo, conforme lo verernog,
P,irque .... es verdad! ¿Do dónde proceden aquellas altas corrientes
&lt;le itfoas que forman como el patrimonio de esclarecidos genios, que desm enuzan, en sn aruílisis, y crean y recrean el Universo en sn yo espiritual y
lmmano? De dónde proceden, en efecto,esas claras, trasp:ncntes aguas que
reflejan en ln,s 1dtas cumbres los dorados rayos del sol naciente, y que filtnindose, "traspasan el alta sierra, el llano ocupan," y que corriendo ....
eoniendo sin cesas, se pierden en el Océano inmenso? Pues bien, se sahe
qne ele ese mismo Océano, esto es: del abis m o de los tiempos pasados ... .
ele la tradición; de lo que han pensado y sentido los hombres de todos los
tiempos y &lt;le todos los países! . .. Y así como el agua &lt;le los nmres y pan t a.no~ necesita el calor del nuevo clfa parn elevarse en la atmósfera, purifie:índose del sedimento que l:i, enturbiaba, por la nnbc ligera que Yenga., al resolverse en lluvia abundante, á alimentar las corrientes altas y las bfLjns,
qu~ de otro modo en breve tiempo quedarían agota.das, ... de la misma nmn ern: lo pasado, la tmdición, más ligero y más leve aún que la nube, que
el vapor qne se eleva y se condensa, y se resuelve en lluvia .... ün !ns altas
ctmlln·es a.limenta las corrientes superiores de la producción literaria, a,r-

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)

1

,,.

2:21
tí1-;fa:a ó científica, juntamente con ht cdticít ó arnilisis de l:is ourns tle1
ingO\iio.
T,1 l cs,ii nuestro juicio, la ra.zón ele e5e ir y i•eJ1ir de las i&lt;lcas, y eontin uo Y:triar de gustos y tcnrlcncias, y de los d ivet·sos ritmos, y eolorcs, y at titn&lt;lcs, y 1110\·irniento:,, y &lt;le cnm l1inacio11('s ele sonido!', y de formas de gchierno; y de tn1lo aquello, en fin, que.cae bajo el domillio &lt;le b libre act.iYid:,d del ('spíritu, en el inta.ngib!c y vasto mundo del pensamiento y de
la dela.
Quecln., no obstante lo &lt;licho,-::rnnque no sabemos si claramente cxpli&lt;•.aclo,-queda, decfamos, la duda de quién tiene la razón en oso íiujo y re flujo do pensa.111icntos é ideitS que provot:an la protluc:ción y la critica en el
tl'Íplice aspecto,tantas veces enunciado . I'arécenos haber imlicado, ó dado
:í. entender con nuestro prolongado y vulgarísimo símil, que todos tienen algo de todos; y cada uno de todos, y todos de cada m:o: q uc las corrientes p11n1s, crbtalinas, de las ll1!ÍS a.ltas cumbt·cs,reciben abundante ysubstnncioso
.•.dimcnto do las que ocupan los lugares nds bajos; quc,ti su vez, aunqucretardadas- redprncas-las que vienen de los má.s alto:;: que el abismo de 1n
t.rn.tlición y r1.el tiempo se t.rag:i tudas esas corrientes; pero que, ii su vez,lns
devnelveal. bosoard icnte clol sol tlel modio día,ya puras,traepurentesy liinpias rí las altas cumbres ! De otro modo : ¡msado ,y presente tienen cada
(·mil su rn.;,:ón y sn rnnlad. }fai-, á ca.da uno tle ellos les falta una parte de
rnzón y de verdad, cuya llave, ó secreto, se encuentra en lo porvenir ! Fi11almc11t.e; parn concretarnos ,í, un solo asunto de esta complexit cuestión .
l,Quiénes tienen razón? Clti.-;icos, rorn:inticos, ó moderni~tas? Ello ser:í.
,,sunt.o de otro artículo.

RAFAEL

GARZA CANTU

�P OESIA PUR A

rrr
iESTA füEX !

Porque contemplo aún alLas radioi-n:,
Rn que tiembla el lucero de Belén ,
i Y hay rosas, muchos rosas, m uchas ro~a:,!
i G ni.cins, t.!Sttí Lién !
Porq ue en las t:tnlcs, con sntil dcfl11:1yo,
l'iadosa,men te h~a el sol 111i sien,
Y a un la transfigura con su rayo,
1Gracias, está. bien l

Porque en las noches una voz m e nom linL
( iVoz de q uien yo me sé!) y hay un edén
.JJ:scondido en los p liegues de m i soml,ra,
1Gracias, está bien !
Porque hasta el mal e1 1 111 í dón e:,; del ciclo,
P ues que al minarme, va., con r udo celn,
Desmorona ndo mi prisión también;
Porque se acerca ya m i p rimer vuelo,
¡ G-raci::u,, cst:i bien 1

/1. ~l,\f)O

.,

KRRYO

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1

1

.,

LIBROS RECIENTES
LAS CIEN l\:IE.JOR.ES POESIAS

~
1

1

- nins visto el tomito ele Las cien mejores poesías castellanas publicaJo pur la. misma casa cditoria.l de Londres qne nos ha &lt;lado ya las cien
m ejores poesías de la lengua inglesa y las cien Ínejores francesas'?
- No ; t e debo a lbricia1,.
- Pues hizo b compilación no menor persona que Don wfarcclino
Menéndez y Pelayo.
- Miel sobre ojucb8 . Es Je suponer que estará mejor hecha que la
selección de !ns francesas y por lo menos al nivel de 1:1 inglesa.
-Y así ocurre, pues Don Marcelino es hombre de m:i.,; atinado juicio
que el poeta Dm·chain, que no siempre son los poetar; hombres de buen
gusto.
-¿Est:i limitac\ll, la colección ti los autores muertos?
:-Sí, como las anteriores.
- Y á poesía estr-ictamente lírica?
-Lo lírico predomina.; pero hay no poco de géneros que en otro tiempo
r;c consillerahm1 diversos de aquél ( punto de controversia que ya se ha de~ecl1ado por fortuna, gracias á la Estética simplifica.dora): lll poesía satírica,
la Lucólica, la descriptiva y Jn, narrativn. Ni faltan, por supuesto, las odas
de cntonneión heroica, que la ignorancia común suele Jlama.r épicas; y ha.y
también romances escogidos entre los que más se apartai:t de su tradición
vcrdadcrnmcnte épica..
- Deleitables han ele ser los rom ances espigados por Don Ma.rcelino,
que conoce el carnpo maravillosamente. . ¿]\gura el de la Rosa Fresca?
-iAh sí! Y el de ronte-Frida y el de Blanca-Niña, y ...
-A mi ver, uno ele los 1mis bellos romances y uno propio piu-:1 talcolección, pero poco manoseado todavía, es el de La h{ja del Rey tfe Francia.
¿Lo incluye por aeaso Don :Nfarcelino'?
- Sí tal, y también el del Conde Amaldos,y el de Doña Alda, y el de
Abeiuimar, y el del Rey moro que perdi6 Alhama. En total, ocho romances.
- ¿Figuran poetas anteriores á lo~ siglos de oro?
-Sólo dos del siglo XV: Jorge ~fanrique con las Coplas ... ..
-Y el Marqués de Sa.nti'llarn1 con su müs famosa Serranilla.
- Justo.

•

�2:H

IlEYISTA COXTD!POil.-Í:KEA

-í.GarciJ.aso debo de habol' entrado con las é¡;logas primcrn, y tercera'?
-Sólo con la, primera, pern también se le dió entrada con la eanción
A la flor de (;mdo.
-Dulce y sabrosa., aunque haya echado fucrn á I•'lérida. Fignrnr,fo
allí, ::ulc1mís, las seis grandes canciones de Fray Luis do León, el cfüílogo
esp~ritual do San Juan de la Cruz, el son eto m í!::tico que anduvo de santo
en s,rnto á busca Lle autor, las d os canciones ma¡;,,,rns de H enera, por Lepanto y por el Rey Don Schasthín, el rniulrigal de Cetina ii los Q_¡os claros,
screJ1os, la silva de Rioja A la rosa,\a canoi6n A las ruinas de Itálica, La
h)ístola, moral á Fabio , los sáfirrJs do Villc:;as ....
- Todas ellas, es olnrn. Hny algo m ás de Frny Luis : lat'l coplas á h
tirana exención y el soneto en que la rienda suelta la1;g-amcnte al lloro.
-Digno de preferen cias es el nmestro León, y la admiración que le d e::;:;;na como la más pum gloría líric:t espiiola d ebe haber siclo la que guió /.Í,
J\Ienéndez y Pelayo. ¿Pei·ó cómo estiin representados los otro grandes poetas clásicos? No estoy mny seguro ele mi conocimiento de los Argcnsobs,
pero creo que Lupernio h::tlmi entrado con el soneto al Sueíío cruel y con el
(le] color de Doña Elvira.
-No con ést e, pero sí con el quc comionzu: Llevó tras si los pámpanos
Octubre, y la canci6n A !ti l!.speram:a. Bartolorné nparece con aquel soneto que t ermina : C."i:ego ¡,es la tierra el ceutro de las almas?
-De Quevedo estarán la letrilht de Don Dinero y la E pístola. !Í Oiivares .
-Y' así. mismo I-./ sueño, y tres de los mejores sonetos. Con cuatro
:,;onetos figura Annijo.
-¿Ko es demasiado?
-Tal vez. De Góngora 110 est:i lo m:is gongorino, sino los dos romn,necs sobre e1 episodio ele Orin, y el de Ang"élir:a y il'/edoro , y los de Ande yo
caliente y Dejadm e llorar. Do Lopo hay r:inco sonetos, uno de ellos el místico qi.1c comienza: ¿Qué tei~rro yo q1te m. a1msma p1·,,c1tras?
, - iE.•p1émlido ! ¿y el romance ele las soledades?
- Sí, y el ele la barquilla, y la canción á la libertad preciosa. C,1lllerón .. .
- Con el soneto á b muerto de las flores.
- Ju~to. Los cÜsieos de la gran época q nedan com pletos con La sier7.'a,clc Frnneisco de la Torre, las quintillas de Gil Polo ií Galatea desdeños:,,
y b Canci6;1 do Mira ele :.foscu!l. que comic,1za con el verso célebre : Ufano,
altgre, alti,:o, e11a111orado. ,,
-¿Es todo?
-¡ Ahí es nadal La mitad de la colot"ción la ocupan poetas d el siglo
ele Ol'O .
-Pero J,i.ure.~ui, Fernando d e Acufü1 , el Ol)ispo Valbuena, Crist6bal
(1e Ca,;tilt0j,,, Balta,'.tr do Aldzilr ,, ..
- Olvidé m encionar la regocijadf.1 Cena de Alciír.ar. De la omisión de
los otros se ex.cusa Don 1\fareelino en el prólogo.
-Pues menos habrá que pensar cm el Vivo sin vivir en 11lÍ cfo Santa
Tercs:, y en otras cos,is d e rne\10r cuantía. Pero estns omisiones ¿so hallan
suplidas por algo de mayores quilates en lo que sigue?

�!

,

I'

REVISTA CONTE~H'ORÁNEA

225

-No simpre. Sin embargo, el siglo XVIII no ocupa demasiado espacio.
-Ni lo vale. Pero estará la Fiesta de loros ele Nicolás Mora.Un , ln,
Elegía á Las llfusas, de su hijo Leandro, algün romance de Melémlcz ....
-El de Rosaua en losjitegos. La Epístola ú Anfriso, de J ovcllanns .. .
-¿y Cienfuegos?
-No, aunque hubiera podido s ust ituir al gran prosista que cité antes. En cambio figura. Arjona con La Diosa del bosque, art.ificiosa y lánguida, y el semi-francés l\fanry con algo del mismo sabor. No se olvidó á Lis~1.
- Quintana figurará con la, oda A lii invenci6n de la Imprenta'?
-No; con la oda A España. Y tampoco esltt Gallego con el Dos de
111a)'o, sino con los versos ú, la muerte de la Duquesa Frías. Puede ser CJ.118
así gane la calidad,aunque á la popularidr.d se haya atendido menos. Aparece también un atildado soneto de José Joaqu:[n de Mora, reminiscencia de
Virgilio.
-De Esproncecla no ha de faltar el Canto á Teresa.
- No, ni la canción del Pirata y el Himno á la inm01 taLidad, saca&lt;lo
de El Diablo .IVÍundo,vencedor &lt;m este caso del canto de La 1'fueite. De Zorrilla están las profusas octavas que ~irven de introducción :i los Cantos dd
trovadm' .....
-Y los aleja.¿drinos de La Tempestad?
-No, pero sí la leyenda del C1·isto de la Vega. Del Duque de Rirns,
el romance del Castellano leal.
- ¡ Castellanísimo 1
-Lo demás de esta época, y del siglo XIX en b'&gt;'CneraJ , andarevuclto:
el mismo Duque en los versos Al Faro de i1fa lta, que no entusiasman: Pastor Díaz con su himno A la Luna.....
-Pase por sn su fama de un día.
-García Tassara, Enrique Gil, Selgas ....
- ¡ Selgas ! Tolerancia es.
·
-El catalán Piferrer con la graciosa Canción de la P,ima1.1era; el padre Arolas ....
- ¿Con algiín romance?
-No: con una trivial poesía de·álbum.
-Florentino Sanz, López de Ayaia....
-No hacía mucha falta ese dramaturgo en una colección líca.
-Ruiz Aguilera ... ..
-¿Con la Elegía por la muerte ele su hija?
-No, con una epístola. Luego Balart, Mmrnel &lt;lel Palacio, Vicente
Quorol con dos poesías ... .
-¿Dos?
-Una de las cuales sobra. En este arenal sólo nos consuelan Bécquer,
Campoamor y NÚI1ez de Arce, con dos poesías cada uno i como Querol! Y
0 uent.:1, que IÍ. estos poetas es difícil apreciarles por tan reducidas muestras!
Habría sido preferible que entraran el Raimundo L11/io de Núíiez ele Arce ,
y a1gúnpequeño poema de Campoamor. lNo figuran Narraciones de ZonL
lla y Angel Saavedra?

�226

RB \'tS'fA CONTEMPORÁNEA

- ¿Y Gabriel y Galán?
-No figura., con ser superior á cinco ó seis poetas del siglo pasadoqne
alli He pavonean. Bien dijo la Pa rdo Bazán: el poeta de las Castellanas y
las Extremeñas, 1í pesar del entusiasmo que despertó por un momento, será
pronto un olvidado .
-Injusta.mente olvidado . ¿y l\'fanuel Reina?
-Desterrado, quizás por pre-modenlisfa,
-Hfan sido proscritos los americanos?
-No del todo: nos representan Bello, con la oda A la agricultura áe
la zona:tórrida; H eredia con la del Niágara (aunque Don Marcelino en
otra ocasi6n declar6 preferir la del T'cocalli de Cholula), y la Avel1anedn,
con su m ejor, annqne sern, poesín. erótica.
-Ohidns dccirrne con qné poesía figura Sor Juana Inés de la, Cruz.
-No está allí. Debió &lt;le ptu-ecer injusto á 1\Ienéndez y Pelayo hacerla fi gurar enhe los cl:isieos, falumdo otros más insignes.
- Pero puesto que figura. La Cena ele Alc1izar, bien pudieron entradas
rcd,mdillas de nuestra monja, que no son de menor calidad. Y puesto que
figura h Avclhrne&lt;.la, dehió figurar su rival.
-Acn.S&lt;) Don Ma.rcelino estime ft la cubana como mayor poetisa.
-Cuesti611 diffoil, y al cu,bo inútil, es esa. Pero no debfadecidirsecon
t:na supresión. A juicio de los rorminticos, la Avellanada fue hi mayor
poctis:i , no sólo ele la lengua castellana, sino del mundo entero, con mc:cepeión de S::fo y de la ignota Corina. Pero estos entusiasmos murieron c0n
la época, y hoy sabemos que ta.nto la Avellanada como Sor Jmma están
marca.das por.gnn-es defectos ele sus escuelas respectivas. Como el gusto 1110denzista de h oy tiene más afinidades con e1 culteranismo del siglo XVII qne
con el roma.nticismo de hace cincuenta años, muchos leemos ahora con má~
gusto ií Sor Jua na que á fa, Avellaneda. Pero IÍ fin de cuentas, no hay ning:ín otro hispano-americano?
-Kingún otro. Y no eahe decir que Menéndez y Pelayo desconozca
:í nuestros grnndes poetas rnuNtos, Olmedo, Batres Montúfar, José Euse,
hio Caro, .Andrade, Párcz Bonalde, Jos6 .Asunción Silva, Cns rd , Gutiérrez
1\lijcra, Othón, y otros dos ó tres m.ás dignos de mem o11a que cualquier
Selgns.
-Pet·o l1ay t)nc resignarse al olvido de lo;; españoics . K, cosa tradieionul, y ni aun los que m ejor nos conocen y estiman , como el prnpío Don
i\Inrcelino, se sobreponen á ella. l\Iientras tanto, reconozcamos que la co!cceión publieada por la casa londinense serviní. para populariza1· de nuevo
las poesías clásicas de nuestra lengua, ya que en • los últimos años habfa
(:nm&lt;mzndo á perderse la costumbre de renovar las antologfos españolas. Y
{1ue esto va1g:. por ltt menos cuidada selección de las poesías rormínt icas y
eont em poní,neaf;; en n1:tlicfa&lt;l, si hubiera que hacer alteración en el volun wn, no 1lcg,n:fo,,n á quinte las poesfas sustitníbles.
-1\foy c-ic rto, y ya r.s mucho, pue:;; en la colecció11 fra ncesa deberínn
snst'it nírs~ treint a cirnn&lt;lo menos.
rwno HENRlQUEZ lJREÑA

.,.

�RRVISTA CONTJ,MPORÁNEA

227

ACERCA DE UN NUEVO LIBRO

Los Fracasados, por MAIHANO AZUELA. Méxieo , Tipografía Miiller
Hermanos, Hl08.-Desearía yo conocer otra obra del señor Azuela para
poder juzgarl'-" con acierto. Es difícil formarse un concepto justo de los
méritos de un autor por uno solo de sus libros. De suerte que estas palabras no se rcfirir:in rle ningún modo al novelista, sino á la novela que ahora. tengo deliuite de mi, que he leído con deleite y cuy11 madurez incompletH &lt;leploro wn h más gr.inde sincerid1td.
Ko só si el título me predispuso en favor del argumento. Esto &lt;le la
sugcsti6n es un fenómeno que se cumple con demasiada frecuencia . . Ya
sa.béis que una sola palabrn- y es el cuso, jrn;tamente-sirve :í veces para
gradnnr una tendencia. y hasta un orden de ideas. Al me.nos yo encuentro en este Ji bro lo q uc hu be creiído que eneontraría: el desenvolvimiento
lle una Yitla que se frn;;t.ra en un medio poco propicio y que, una vez frustn-1.da irrnparn blemcntc, mueve tí piedad y deja en el ánimo cierta desaz6n
clo101·ns,1 y tenaz.
m Licendado Res6ndez, hombre de ingénito orgullo, que acaba de
g:·adnar,;e, sn.le de Ja capital para una ciudad de provincia. Le guía el pensam iento de hnír á !ns intrigas de metrópoli p1tra buscar en la lucha genern,;a una rnn.nern lle pros¡mrar, así sea con el t iempo y la dureza
de la brega. Es ingenuo y cree que realizará su designio·: no ha pensado
e:1 el vivir provinciano, tejido, lo mismo que el de la ciudad, de pequeñas
11,i;;ei'i:.s, \'Ulg:n· y rastrero, que corroe los espíritus y afloja las voluntades
l1asta lo inverosímil. YR en Ala mos, le rodean gentes sin enjundia, coma(1rc•s habladorns, hombres presuntuosos, carncteres equívocofl. Bajo la aparicn&lt;'ia de una sencillez miserable, Ete esconde algún enredo traidor. Se
t,n:unor:i de Consuelo, muchacha graciosilla y simpática, de espírtu generoso. Pero l:ts ci rcunstanc-ias lo t raicionan. Las intrigas se desencadenan
&lt;,1mtea él. Todos los beneméritos de la pnrroquia se conjman hasta perderle. rn dfa le da el oclio su tributo de sangre y dolor. Todo su esfoer-zo ha fraca~ do. Consuelo desaparece del pueblo, en seguimiento de su
padre, qut: es un saC"erdote. Dícese que ha huído con el sacristrin. Y el
liecnciado Reséndci q_uiere ir á buscarla. Aun en este momento, después
de la derrota en la lucha, ucs todavía el mismo, el incorregible soñador.
r.ras ahora su ideal ~e conc!'eta. en algo muy sencillo : buscar á Consuelo,
rs · S:Pa un punto perdido en el Universo. Es obrafácilparasualma de gigante:
y t:i ha gastado la 1nitad de una vida buBcando al¡,,o imposible: la justicia,
liicn va.le la pena de que se gaste la otra mitad en buscar algo posible :
d hogarl&gt;.
Ji:! argumento de la obra es acerta.do, de un realismo de huena ley.
l'or ahí t.soma la mano dd observador inteligente en muchos detalles, en
d estudio ele v:i.rios caracteres, en la oportunidad de las situaciones de la
tragl·dia espiritual. F.stri muy hil,n conseguida. la expresión de esa carro-

�,)
228

· RKVIS'l'A CONTJ,~IPOH.Ü; RA

fm que corroe al curn- nJma, de ardorosa potencia-y al le¡,;ule,yo X, y n.l
cncique de pueblo. Hay energías parn, obra. de más acn.b:tL1o sabor, ya que
no es necesario pedir m:ís novedad Lle asunto ni más arrnonín en el desem pefio.
U11 lamentable desafüi.o del lenguaje manchn, :í veces, la" páginas de
la, novela: desalifio que n o es hijo de la incapacidad, sino de cierta pereza,
del autor, que parece no füu sino en la ohrn como mallircst.nción de la
vida., no como valedera por su procedimiento independiente y c,:t ricto.
Ahora se me dice que el mismo autor
Los F'racnsndos ' ' pl'epara.
nn nuevo libro, novela también. Oja.hi, sea cit:rto. Y ojalá, uds lu6go pne&lt;la yo h ablar de este buen artistr~ con menos breve&lt;lrt&lt;l. Quie r:t él ver en
estas palabras una mtinifcstaci6n de aprecio, de altísimo :1pl'edo pnr ~usen vidiables dotes d e novelador,

de ''

R.. A.

�f

r

LIBROS RECIBIDOS
~os p roponemos publicar caJ a vez algo :i ma11e1·:i de resoiía sobre !ns
últimas obras del pe11sa micnto modemo, en beneficio de 101, lectores, q_ue
tendrán en las páginas de la. l'Cvisl.t una fuen te de inform11ción, y en beneficio de los editores, que por lll()&lt;lio &lt;le nosot ros, y sin ,,t.ra cr0'6 aci6n qne
un ejemplar do cada volumen, tcndnin un ,rnuncio oportuno y :;cguran1ente fructuoso. Kosotros nos rcscrrnmos e! derncho de 11ar noticia ct'Ítica
más ó menos extcns.1. de las obmH que se nos envíen y que, 1í nuci,trn j11icio, m erezcan estudio cspccifll , ya sea por :ms méritos litcrnrioi, 6 científicos, ya por ln. actualidad de los asuntos que t raten. En todo caso, creemos contribuír tle esta m:mera li la difusión d e la enltum general.
H e aquí algunos de los libros recibidos recientemente 1.:011 1lrstino :í la
Biblioteca de la REVI ST,\ Co:.-·mMPonÁ.:-EA:

FRANCESES
Los Poétcs du Terroir, du XVe siecle au XXc siecle. A. van Bever.
Pa rís, Delagnwe, 1909.
H. Taine. Charles Pic.u·d, París, 1008.
La P hilosoph ie socia.lo ele Renouvier. Rogol' Pica.re!. PiHís t!l08.
Essai sm la dialectique du dessin . .Jean de Boflschcre. Hruxolles,
Librairie Nntionitlc d' art et d 'h istoiro. 1ü0S.

INGLESES
'fhe ma.itl oI F ranco, bein g the story of tho life :in&lt;l death of J ean ne
Lon&lt;lon. Longmans, Green and Co. 1908.

u' Are.

ESP AÑOLES
Novela E rótica., por Alfonso H ernándoz Catú .

:\faclrid, H/08.

�·SUPLEMENTO
..

1II día. 17 de estt~ Fe.1,rero pnrtió
1rncstro Director, el Lil'1)nci1ulo \'irgifio G111-z&lt;1, en x·i:1je de negocios á
h,s Estados Un:ido~.
Fnern e~tn la oc11sión d e tri butnrle poi· nncstrn parte un hnmenn,j,~ de
,..;impatía y 11e c·nriño, (fo altísimo
=aprecio .i su~ facult.n&lt;.l es, puestns nl
:sc1·yicio d e las lct rns con tal tlcsinterés y tan laudnble pmYecho pnrn
11uestrn cultura; pero el natt1rn l fo111or de n o ]1accrlo éon toda compctc-ncia por ln t iranfa &lt;'r1,si :rn1:,ri.1stinsa
{\e los minutos, nos veda, hoy el
•cun1plimiento 1lc t.tn grnto tfoher.
Qm,' (1e :te.¡ ní, c mpern, la constan &lt;eia d e aque1la sirnpatfa.y :iqncl ap1-c'l'in. Bien saben nuestros lettores
:t1nsht c¡t·té punto hay sinceritlad en
&lt;il tributo y cnántn lo m erece un
lmmbre que, como el. J..icenciatlo
\ 'irgilio , ha ]1ccho d e su vida una.
:l,e lln, ohrn. de :ute ; ohra fecunda,
n :pos:uin, suficiente título :i la ndmirnci6n (le cnant.os en.ben cstimax
'la reetitn d d el c~nidcr, k, ;1ctidclacl
•de las fuerzn:;: y la. h-0nmdez &lt;lel
·('jc 111plo.
Cuando se mrn11ció. la ,qmrición
-&lt;.le Revist:.z C()11t·111porá11ea, él p1íhli·l'C&gt; de l\Irmtcrrcy, que harto conoce
lo;; obstáculos lle etnpeiios semejantuvo h innedulidnd qne era de
rigor. Sólo d prestigio d el eminent e hombre que to111alm, la empresa
l,ajo su cuiclado pnn,. guiar nuc~tras
voluntades pudo a{·ttlhi r l.as vnees de
(lesconfin nza. Hay la seguritlacl d e
(lne el esfuerzo 1·endini todo el fruto
qnc rs rntmeste1·. Ya, en la mndurnz de la vida y en toda la p)-enitud
1\c 8US en ergím; mentales, nu-0,:tr,o
Director garantiza e.cm Sll prestigio
•PI éxito d e ln Co1demporánca.. Sn
espíritu, hic;i nutl'itln en d estudio

tes,

de :U't&lt;:&gt;s y cien cias, s ujeto Á, ese gén ero d e d isciplina que p ermite nprecinr las iclens en su justo nt!or, arn ¡,lia y generosamente abie rto ii toda s
las nuevas ~enden cias, ha triunfado
de nm.n cra laudable. En nuestra
farnilia i11tclectna.l, el Señ or Garza
ocupa un lugar preeminente '. no
sólo es precursor y hernklo, sino ya
ln rea.liz,i,ci(Sn de nna gran fuerza.
Como sociólogo, él t.iene d erech o fÍ
un alto p uesto al nivel de los más
eo11s pi0uos en nuestro país. Por
otra parte h a encontrn.&lt;.lo ya el equiJibrio·m oral sin cuya posesión t och1
victoria es imposible . H a librado
s11 pro¡)ia batalla, y ele ésta nos trae
nn sentido optirnist fl, una grnn confianza en la focundidatl del esfuer zo.,
Ul11.L fo inquebrantable en el debe r.,
suma. de estimulos panl nucstr:i
en ergía vaci lante.
S6lo así se compren de l:n nmplituci de su cr~terio. A.un en cstns enestiones de art e, que á más d-e 1111 ilmnlm.1 d esazonan y hacen aparece r siu
1~1. justa &lt;",omprensi6n de los fenómenos intelectuales, el Liceneiado G ar·
ia representa una capa.c icfad directiva &lt;fo enYidfo.ble aciert o. No gusta de que el campo se restrinja cH .
1w mhrc d e un purismo externponín eo en nt1c1:,' tm edad. S nbe que la
bnt:tlla clefinitiv.a en tre las diversas
escuelas noes pa ra d ecidirse en nn
afio ni por una sola generación; que
la actit ud del espíritu cambia y se
renueva 0011 los ti&lt;:!mpos ; que todo
fenómeno de la fuerza es apreciable,
y Que sie1npre que nuestros Retos
sc•ai1 presididos por In voluntad 1oint(m1, de crear no ser:in fact-0res inútiles.
Aparte ele sus ,,r.1stos cor¡.ocirnientos {'1~ lo que ntniie á la ,jurisprudeH-

�cín., posee mncf1os y mny sóliclos on
lilo:soHa; signe con :ttención el a,,~1n(·e de las ideas científicas; llintingue
y apreci.1. loR nne,·os rum bos en esto
.v en el al'te, y así C8Ca.pa de prejnidos y conserva su indivklualitlad
fuerte, con1prcn~iva, )" ecuan1rne.
.\fiadid á esto un gran saber de lenguas cxtrni'ins y nn íntesantc buscn.r
:i travé:. de todos los t extos y de todas las mejores obrus d el espíritu
humano, y habréis h{.'\:ho una aprn«·inción justn. y renl.
!'ero es oportuno callar cmt11llu el
t iempo no permite que las palabrn,i
,ligan tocfa justicia y lmgan todo elogío. Sean estos p1innfos 1.i nmnifestn.e ión del c-ariño agmJecitlo. Tenga un feliz snceso en sus negocios el
&lt;listingnido \iajoro, y regre:::e pron to á RU ciudad y ¡Í esl:w de nuevo ni
frente ele 'la Revi~ta y clc nosotros,
que htu'to habemos menc~ter tic su
rlirecci6n .

Tina di Lorenzo. H ace pocos &lt;lías
tleleittdm á. la m ultitud en un teatrn
de San Luis, ya de regreso llcspués
de Stl corta te1uporada e"!l esta einilad. Y qué? X:ula, aiuo que le
queda 1í uno la trister,a tlel bien pet"d ido. Pe rdido fatalmente. Y á.
más do esto, como que se encona 1·l
dolor de vivir en p1·ovi11cias, donde
1w ,,emot:1 ii Borriís, ni á Lh6vinnc,
cusí á ninguno de los grandes. Qué
le va mos ti h acer.
Y como si quisiérnmos al menos
,;eguir en his crónicas o! gran espíritu &lt;le Tina, en esto&gt;i dím; hemos leí-

&lt;lo «J;':l Contemponí.neo&gt;&gt;, y 1c:i,_:1 J!':,;t.ancla rte Católicon, cotólico no, «El
E standarte» ,l secas, donde lofl escritorc:s ele 8an Luis dicen lodavfa C'O~a.s entusim1tM.
~El gran gei\io ele Victoriano Aar&lt;lott .. . »comienza uno 1le ellos. iQné

\'11 ií: se1· el genio de ese &amp;'íirn· Snrdou ! Lo que fo 1l~jó' un pcrfmlu! eil
el al111n es ht bellew lle 11qudla 111 uie1 tan :mnoniosa, de t a l pureza tk~
línens, y totla el la ta11 di;:crctH, y en
:ms nclcmant,; y pal.il1r:t,i tan iereladorn lle st1pr em:u; ,·i rtu dt•:-&lt;. Y .. l.\
hclll'-1,n ,~;; ü e por sí lll1n {.'Tl\l\ virtud.
Pono&lt;iln. en nlnjunción con d talc11to y la ingénita gracia, y :t ,·c r sil

habé ii:i r ed ondl.'1\UO compl t:'tamcntc l,\

!igum e1ninenle do la g rnn tnigk:t,
.\quí, el t.ca.tro :-&lt;ü \'ió l'(111cmTi&lt;lo,
tn,l (•omo no o.--1 )eníh:1mos. Alguna ·
rnz, en JTuttcrias ele Arto, ha l ►ía11 H1,­

dc ser cmcrdoi;.

El pe,,imismo sos.pL&gt;chaba por
ele! en re&lt;lo en extraño lenguaje .... J,t:&gt;Í hay 1n,i1; de eicn
¡.&gt;01'80nns q ue fle;;:ccn co1npr4&gt;ndcd
Las hay, y muehafl 11uts; y pnrn hls
ntras alli t'::it:i el libreto del argu-

eso

mento.

:Ko l:lÓ]o llega en ()l)oi·tun í-

da&lt;l, sino qne ln ohtc11onms por mm
b'ltfo.niería. Ya !-'.-1.b:fo; que e1:1 de In.
aristocnicia e:;o d e ser genc ro~o y
oportuno, y a.nn eoo de estn r al tanto de las ocasiones solemnes 11ani
que se ,·ea h\ inmincm·ia dC' u n:~
bondad . ...
Y nquí en l\fon terr(•y, lo 1111Íf\ flris-t o,;ráli(·o dcs&lt;lc este punto d o Yis!a,
y desde otros inucho;;, es In {'ervci..:ería Cnauhtcmoc. ~ o c 11 balde llern el nombre del grnn emperador
q ue la cl\l}l'c como u n ma.nto rt:'al de
fa usto sorprend()nte. Y esto, qlll•
L'í&gt; un tributo de justicia, d ebería escrilJirse con ea.ractercs m uy elnros.
R ecordad lo que hace la (;cnec()rfa
en cml.L ocasión, lo que hizo en Puehla. cua11J.o el ('ongrc,:o &lt;k: Pedodi~tas, [,&gt; que h iw aquí en el gran ba nquete do la i,rcnsa, lo q ue lm hecbn
en cua.nto se trut.n de 1.l c nlturn,
la filantropía. gn todn bella obra
.veréi1:1 qnc os ncompafüt el est ímulo
de esta biza rra y n ohle potencio. de
nuestra imlns~ria. ]~n t oda labor·

ue

�trásccndental :r Lenéfica sentiréis En ese día hicieron uso &lt;le la i)alal.mt
que viene á as0cia.rse.
personalidades tan conspicuas en el
Por eso ha prosperado; .r por eso mundo &lt;le las letras, romo Jo son
sn renombre salva la comarca y lit sin disputa el sabio hist0t·iógrafo y
mwi&lt;Ín y se extiende, tierras adelan- conecto .litercrato Lic . Don Carlos
te, por todos los eonfines de nuestra Pcreyra, y el inspiradísimo escritor
.\.mérica. Y al pa::;o que tle tan her- Lic. Don Alfredo Rodríguez. El nommosa m,uicnt se conquista las sim- bre del primero es ya perfectamente
patías, venee todas las cornpetenefas conut'iLlo en Arnti.rica .Y E uropa, y en
con la calida&lt;l de sus productos. Y kis columnas de este ntímern ele la
se ha nutrido tan Lien ele la neces!t- r~vista, pad nin ver los lectores el
ria. fuerza, que ahorn la. derram a por hello discurso, de académica estrnctodos los rincones de la pittria . Nos tura., que el mismo autor pronunció
hacen frtlta otras empresas así: pro- en la hermosa fiesta que ii grande~
videncia parn el periodismo, que de rn.sgos resefirunos. Sentimos 110 teellas r ecibe sirnpat.ía; providencia ner en nuestras manos la magnífica
parn el teatro, que de ella obtiene pieza oratoria del Lic. Rocl ríguci,
desinteresa.do provee ho; providen - que gustosos darfarnos á conocer á
ci.t para los conciertos tle la be- n uestrns lectores.
nefieencia ............ Nos hacen falta
La serie de conferencia:. pedagóotras entpresas como ésta. Es l:is- gicas que siguiernu á este rtcto, hls
tima que no las haya en el país. inauguró el insigne educacionistn.
Ni quién se atreva íÍ Jlensar en ellas ... nucvoleonés D. Miguel F. l\Iartínez,
Ii:s fácil realizal' una obra y darle ns- actualmente Director Geneml &lt;le In::-pecto de cosa decente y aun agnich- trucción Primaria en el Distrito y
ble y saludable; pero alcanzar esfa Territorios Federa.les. La conferenperfección, y esta p.lenitud, y esti~ cia del Ing. l\fartínez versó sobre
fuerza, francamente ...... .
«La Unión ele! Magisterio Nacional»,
y resultó verdaderamente notable,
por la gran cantidad de claros y HtiComo lo anunciamos en nuestro 11adísimos razonamientos que Hg1'nnúmero anterio1·, el el ín cinco del m es pó n,l rededor de su tesis y por la
en curso fneron soler'nncmcnte inau- verdad y convicción con que fueron
gmadas las Escuelas Nonrndes de Sal expuestos. El señor l\Iartínez, cotillo, con una serie, ó rnejor dicho, mo hombre sabio y práctico, hizo de
·eon varias series de actos litera.ríos su trabajo· una completa. y bien acay pedngógicosquc result-0rou brillan- bada obra de propaganda.
tísimos y que hicieL"on que los cm~En el curso de las demás confetrn rlías que que se destinann tí los renciar;, hicieron· uso de la pah1 bra,
festejos, se deslizaran de llll modo de nn modo magistral y ·elocuentíagradable y ameno, en medio del simo, el Profesor don And1·és Osumayor entusiasmo y del regocijo nní:; na, Director &lt;le la ensafianza normal
intenso.
en Coahuila,, Don Emilio Rodríguez,
El acto de la inauguración fué.pre- Director de la J~scuela Normal de
sidiuo por el Gobemador del Esta- Profesores de 1\fonterrey, D. Joel
do Don :Miguel Cárdenas, acompaña- Rocha, I'refesor del Colegio Ch-il de
do por varios personajes ele los miís esta mismo ciudad, D. Fortuna.to
salientes en la sociedad saltilleuse. Lozano. Inspector de las escuelas re-

�g'Íomontanas y otros muchos maestros y maestras que serfo m11y largo
ennumernr. J~l día ocho terminó esta serie de importnn t es tmbajosqüC
rlejarii rc•cncnlos imhuITables en el
ánimo de totlos los coálrnilcnscs.
Los nnmernsos p1·ofesorcs que de
fuera de nquella h ermosa. c-apita1 eon
curricJ"On á los fest ejo8, fuero~ ngai,njarlos expléndidamente por sus colegas do 8altillo, despert:í.ndose tal
espíritu de solidaridnd, fraternidad
y compnlle1·ismo, sobre tu(lo entni
los m.aestros de Nuevo Le6n y Conl1uila, que sin du&lt;la nlguna trnerá
beneficios sin C'nento parn ambos im .
porta ntes grupos ele cdnt"adores
Del eélificio ina.ugmado con tan
hermosas fiestas, n ada diremos, porque neeesita rímnos nnw h o e&gt;1pacio,
del cual no podemos dispon er C'n este r educido snplem ento. SSlo direm os que la, obra es tan grandiosn,
que en su gSllero no hay otra. igual en
nunstl'O paú;, y que viene ii constituir el 1rnfa gn.mde de los esfuerzos
q ne se hnn hed 10 hasta a hora en México, en beneficio d e la enscfüin,m
pri111nrin.
I~I cdifido e,; una verdadera uni\"ersídad.

nlgnnos días 1í. 1a en ervante fi cLr0
c:.lel t rabajo ; abandona su cm;a, sn

fam ilia, sns amigos y todos sus afocfos ele por nll:i, y viene á esta ~n bendita t icrrn., por l:~ cua l siente el
l\faestrn nna tlevoci6n inmensa , y
en los brazos de s u madre y h er mano&gt;' y entre los puro,: afoctos de sus
di1'dpulos, pni:;a este Gran Proscrito
momentos de verdadera felicidad, Y
siente que en su espíritu, casi doblegado ya por el t:ansnnc-io &lt;le) trnhajo y &lt;le los afios, se levn.ntan ocultns fnerzrn;, energías nuevas, impulsos juveniles, alientoH primaverales,
y goza. hondamente, íntimamente,
reconl.rndo 11que]k,s hermosos tiempos para siempre idos en que era un
atleta de cuerpo y de alma, en que
ern el jefe y d a.p6stol d e un gwn
m ovimiento &lt;le rcgenerneión social,
y en que est:t gra!l ciudad, nhora vigornf'a y pujitnte, 110 era 1rnísqnc un
cuerpo casi mnerto,y en qllc la m;cuela e rn, llll campo crin 1 é iJJfec-undo donde la. niflez 1-(C cnn snmía faltn
tk medíos con qué nutrir s u cspfrit u a.teri(lo y cxuhnsto.
La not;da se propagó con extraor&lt;lina rin rapidez por toda la ciudad ,
y Joi; amigos y discípulos d('l 'i\faestl'O ncud iernn cn oleadns, todos (leseosns de nlirazar e fusivmnentc al
El fog. D. :',íignel F, ;\[:lrtínez rPeih1 lÍegado .
Rl ,lí,t lf1 e n la. tarde, t odos los
(ltW, como fl c1·imm; ·en otrn lug:1 1·,
rino de la l\kt1·ópoli ií ina ngnra1· In pl'ofcsores &lt;le :;vrontel'l'P.Y organizaron
una merienda en el Café Centro-Alnsel'ie de coi1forenci:u; pcdngógic-ns eon
q ue se ('(-:le lwó In apcl'tnra de !ns E,;- rncda, con el fin de ngnsnjar al
c.nelas i\nrmalc&gt;s del Saltillo, npro- Maestrn. La conviviali&lt;l:ttl resu ltó
1·celtando la oportnnic.lad de e."-tnr c~plémlida, pues se sentnrnn ií la
la11 &lt;:e ren del hognr don ch: vi ve su m esa 1mch mcmmi que n oyentn. y
:rneiann madre, llegó :í est,1 (·ti pita 1 (·ttatro prnfcsora&gt;' y profesore::s, que
en ht noche d el día &lt;who, dando nna forma ha.11 u n cuadro atrayente y arugrn.cla lile sorprc,m á los mrn ic rosos
m6ni&lt;'o.
A la ]1ora de los brill(]i~, tom&lt;S la
discípnlns .r amigos eon que enentn
palal,rn el distinguido Profef'o,· n,
¡m esta s u :1 mac\n. tienn, nn tn l.
Car!,, afw efectúa D. Jlfigucl est.ns Emilio Rodrígm'%, qnicn con in~pi(lulces e:&lt;cap,1das . Se ~nh:-&lt;trne por rnrb. y H cil l):llabra ofreció la m,,-

�rienda :i D. ::\Iignel , quP pen u anci-ía \' o Yerifl,·ati\·,i l'n la pintm·e:&lt; ·a llHindo pie. Tuvo e l ~r. Ro&lt;il"Íguez \ 011 - ta d e Uitkkrón,quc :t L)Ci'lll l' d e la c]e:&lt;&lt;·eptos ,erd:uicmnJenlt· felkes y frn.- tructorn, :wción tlcl invi&lt;?rno, cfojaix1
!'cs a ltamen te c•on11 un-cdorns, que 1w acli,·ina1· los &lt;'t1&lt;:antos qlll' o:atc11ta
pmlic··1m m eno,; de' hacer :-nlt:1r la:&lt; · g:ly:ndamcnt(, eUall(lo ]o¡.: f1•ctrn,hrnhigrim:18 :í lo¡; ojo:-. ,lcl l\fm•;;t1·n. r:,.__ ks nlic11to:- 11,• la l'ri1111wem h1H·c•11
t e tomó ií su n•z la paln l1rn para qt11' las y1'mns se re:auclvan en poli&lt;"r11contestar al orn11or , .r el dii:cnrso d1•l 111as r&lt;'vcntnzo1i,•,- dt· l1njns, ,le Jlort':s
Sr. :.'lfartí11cz, más qtH· c·on los la - .,- nrntic:cs.
bios, fué pronuJ!('iaclo ton el coral-1111 nxelentc orquesta cntren:m,
zón. Í..:t:4 Iucnte;-&lt; dcl l'cntin1 i l'I 11.o :&lt;e :&lt;tts nlcgres J11ChHlín:- e11tre los d nk&lt;'"
1lesliimlaron; las pnlabrn:; &lt;lc•l ::\laes- r11111orcs d t• laconYiviali&lt;lacl , y el fatr. ►, cnt1:ccortmla:; y t t·é11111 lnR por la 11 1oso Cunrt&lt;&gt;lo-.\ cufi n cj¡•cutó magi:&lt;{•111oción , (•:iínn sobi·c el cspíritn th• tr:1,lrncntl' a lguno:; trnz11s Lle F&lt;'l1·c·l:1
]u,-; l'Olll"l\ lTCnte.~ COlllO ro\'Ío ('1•!P:4&lt;•,
musit·n, q nc fllT:1n1·:1ron n1idoso:&lt; :r
y euanclo jnnto ;í su ,·ompafiern d e cntusi:1:-t:1!-' aplau:-os de los ~011cufat:gas D. l-iernñn l'ofüi, recordó b
n entcs.
~p0t:a clifícil j" nci11ga en q no ambos
);'ada tk• hrimlis, iwro t·n cmnhio
infatigables _lud111clores cmprPnclie- se lrnhl6 111twhn y con &lt;·reciente but•n
m11 1111a formida l,le cru.m,ln contra. li u mor. S&lt;&gt; comiC'roll &lt;.'Xqllif'itos \),tl.i rutin a y el cncrnu1tl• L1·a1ii&lt;"ion:1 - 11cs y a petitoso:; ,r lih•n c·oníCHio11ali1-;mo q nc 011 aquellos tiem pos i111- d0s d ulc·e!-' ; ~ es1•an cia ron cxclentcf;
p craha, 1•] llantn m111pi1í sus d iquvs, ,·inos y superiore:-1 rcft·e:-t•o;,; :-(C ha is aquel hombre, Lodo c&gt;n ergía ,Y todo ló alcgremm1t.e hnjo la:&lt; írond a.~ &lt;11•
n ervio, lloró, llor6 (•orno un niño, y ioH coput!o~ :tl'holes y pntrc las ti l,im,
c·o11 él toclos los t¡uc lo ci,eud1n h:1n . hri~as cll'I damlil·m 11&lt;! i1H"iemo, 110
Ko pu&lt;lo co11ti11uar. La 1•nt0ció11 h- d isoh·iündo~c el 1il:1&lt;lu.r jubi]&lt;¡so gnt&lt;1!&gt;strny6 la garganta y i-:c i:ent6 1·11si po.l,Ri-11:t q ue las i-omhras de la n o;1olloza11tc .. ...8iguió la ciomivi:i\id:Hl Plie 110 ,inicron :í tl.ir 1•1 toque dc&gt;
&lt;'11 nwrlin lle] regoc·ijo m:ís inü-nso.
diRpc nüón.
,\dc1wí:- d1•! :\b1cRtro, r(t' ltallahan
no dlTil,Y&lt;'IHlo lial&lt;t:1 que 1•! :,J iw,-tru
lt• pu:-o término.
l)l'csc11tc:&lt; (:11 la reu11i1í11, l'ro fo:&lt;01•11 :,;
Una orqllcl'la a !(•g r6 l:1 rc•1111i6n l'.t&gt;ll t:111 csti111a hlc:,; 1·1111m las sciioritnf-\
1•:=:nlgidn" pi(•1~1:-, y n la liiwn de ,li- Pa111:ltita. y &lt;.'arlot.itn .Ma.rtínez, P:m"ºl\"C' ri;e 1•1 grnpo se to11tarn11 :tlgn- chita Hnmírcz .'\11guia110, Carlota
nas fotogrnfías por PI al'tista .fr&gt;&lt;tÍ.,- (: nrw , 111argmita \'alMi-, l)nmitiln
lfoc·hn, Ronifoc·ia F.. (;,dintlo, PctriH. ~an&lt;lcl\'al.
El' :\l:wst ro Fe rct.i t·6 profunda- t.a y 8oledatl Znmbrano, ísahcl de• la
llH'nte' :::atifdc,·hll.
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im•it,ó fÍ un gnm ~11í111crn tlt• l'roh•- los sPJiorc•;.; f-:C podrían e ita r :1 l Dr.
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Eusebio Guajnrdo, lng. Porfirio T 1·cC'OI\ que correspondfa galantemente
,·iflo ,\ rreoln. l'rnícsorcs D. Rcri1lin
ú !illl' discípulos, la 1nu_y &lt;·:tri iinsa l'eiia . non En,ilio Hod1·Íl-(ll&lt;?Z, n on
q ue ellos le lmlií:1 11 ofrecido días an- F'nrl unato Loznno, f&gt; .•Torl Bodia,
te:; c11 nl Café ('cntro- A ln111cd:1.
I&gt;. ::\fariano ele h1 (im-zn., D. K11111twl
-;,:i íntimn y l1crn10:,;;1 fir.4a. arrt'- .J. T rev iilo, D. .\11a,:!.11;.;io .-\. T 1°&lt;.'\·iglada y ofnJ&lt;•ici:, po r d .11.nestrn, tu- 11&lt;, :\f:1rt í11ez, !&gt;. ~.r:wnrin p ,:rez, D.
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�Gcrónimo Gorena,D. Fidel Treviiio , t rucción Prima.ria, qni~n salió :-11y m uch os má.s qn c no sería posible mamente complacido por el brillante resultado d e los exá men es, y la,
consigna.r en eetos lijeros apuntes.
La fiest a termin ó en medio de las numer osa con curren cia que asistió á.
más ruidosas man ifestaciones d e jú- presenciar esta significat iva fi esta,se
retiró p oseída de la srüis facción mris
bilo y de satisfacción.
El 19, tí las primeras h oras d e la completa .
El Señor Treviüo Nf:'.1,r tínez mero- .
noche, el bien am ado :Maestro, de
ce
nuestros más calurosos aplausos,
en tre un gran número de sns d iscípulos qu e lo acompa.ñ a ron hasta In, porque con su benéfica y bien
E stación, emprendió su viaje d e re- . organizada institución, está h aciengreso á la Capita l, p a ra •311trega.rse do un señalaclísirno ~ervicio á la. jude nuevo tí su intensa y ardua labor Yent ncl de toda esto front era.
Váyanle , pues, nucstrns ginccrus
d e edncacionista infatignh le .
H a llevado consigo impresiones felicitacion es.
muy dulces y rnny h ondas.
OPIXlOXEs.- «Hernos r ecibido los
dos p1·imeros números d e In (&lt;RevisEn la Academia de Come rcio «Geta Con temporrine,t&gt;l, que comienz:t rí.
neral ZaragozaiJ, sin duda aJgnna la.
publicarse en Monterrey, bajo ht d imejor en sn gén ero en tod,1 la región
recei&lt;5n del Lic. Virgilio Garza. El
septent rional de la Rep ú blica , t uvo
rnateria.l d e am bos números no p overificativo en la ta.rde de • h oy un
día, ser rmis escogido , y acusa el buen
lucido acto d e exámen es profesion a gusto y los talen tos literarios de sn
les, suiltentado por los a lumnos Gua direct or. Los nomb res de ~faeter- ·
dalupe R. Ancirn, .Jor;é B. Gonzá lez,
linck, de Marnga.ll, d e l~ugmiio de
l\Iannel Alanís , hijo·, Samuel E.
Castro , d e Asunción Silva, aelarnn
Cantú y :José 'l'. Alvarez.
las p i'i.g ina.s·de la, ((Con temp 01·:í.nea11 ·
La répliea versó sobre Ten ed¡¡ría
con sus interesa.ntestrabajos; la 1xu·d e Libros y T aquigrafía, y los jóvct e tipognífica es Íl'I'Cp l'Ocba bie .
·n es sustentantes d em ostraron u n do((Mucho n m; satisface la m an i fos- '
minio comp leto en ambas materias tación &lt;lo estos e;furw;,,os, y cerrn.rno:-;
y un empeJio decidido y man ifiesto
este breve ptirrafo, deseando nn a larpor d ejar bien pnesto el no1nbre d e ga vida á la. &lt;iRcvista 0ontemponí.la acreclital1a Escue la. y el ele su dig- n ean, d igntl Lle ten er sm tóreulos en •
n o Direetor,D . Anasu1sio A. 'l.'reviño la :i\fot rópoh, y de cuyos t ra bajos ha.l\fa rtínez.
Presidió el ac·to el l'l'of. D. Sera- remos frecu e11 tes reprod uccion esn.

......

fín P eñ a , Direetor Gen eral d e [ns-

"Revista J/1/ odem a de ;11éxic_o."

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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