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                  <text>Revista (ont~Rlforáneo
CIENc1,s. IIRTES. Poesia, TESTRO. NOVELO
HISTORln Y CRITICO.

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Dlfi?CTOR.

Lic. VIRGILIO GI\RZ/1.
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SUMARIO

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Apariencias Arquitecrónícas, ptirJ. T. ACEVF.nO .
Nocturno en Si Bemol, por CARLOS BARRF..!V..,
Ellos, po,' AMADO NERVO .

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A!gunos Frógmentos. por RICARDO ARENAt:F..S.
lngcnuKiad, por SAMUEL-VELASQUEZ . •

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El Critnen de Julitm ltnsor, por ALFONSO HER·
NANDEZ CATA-

Solcd.edes, por EDllARDÓ MARQUlNA.
De Viaje; pqr F. LOZAÍIIQ.
En la desnuda Tierra, por ANTONIO MA:CHAOO.
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Confesión de Pocsle. j,(Jr JUAN MARAGALI. . .

Libros recientes: "La Car11.vana", Jx,r R. A.

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TOMO 1-NUM. 5
MARZO 5-1909
EDITOR PROPIETARIO,
J. CANTU LEAL

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OFICll'MS E IMPRENTA
ESCOBEDO 93.
MONTERREY, N, L.
MEXICO

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C©J ~ lt~ m pó iró n@a '

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PUBLICAGfON UNIVERSAL 'y ECLECT!CA DE ClENCfAS
ARTES, POESIA, TEAl'RO, NOYELA,, HISTORIA Y CR!Tlci'..:' __',

DIRECTOR,
l¡.IC. VlRGIUO G-ARZA.

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AO.MlNIS,TRAD9R,
GERQN¡MQ GURENA.

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E0JTOR P'ROPJETAR!O,

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J. CANTU LEAL

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E-:.m pubik3Ción satdrá·á ruz lós días éinco y ve/rrte de cada mes, en
entregas·' de sesenta páginas próximamente. Formará al año cuatro·
magníficos tomos de cootrodentas páginas cada uno.

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Es la única revistd eF1 la República oue pa~3. co!abonlción de los más
eminentes escritores de España y América, tales cor;no Rubén Darío,

Juan Marng'all, EnriQue Gómez Carrillo, Manuel Uga-rte,' Tomás Carrasquillá, VíclÓr M. L,onctoáo, Me.x. Grillo, Benito Pérez Galdós, C(&lt;:"=
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México.

Rxterior.

Por un año,
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Número sueho ,,0.40
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Dirijase la Correspondencia al Aparrado No. '277, :r~léfono 5'7 8,

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. REPUBLICA MEXICANA.- -,L
MONTF,~REY, N. L..

,.

lm1&gt;. J. Crn,tfl · l .~Í,\. --)l&lt;""e""··

1

�APARIENCIAS AROUITECTONICAS
A todos mis amigos.
SEKOitAS y SE~ORES:

Voy á ocnp:.Lr vuestra atención esta noche acerca de un asunto de la
mayor import:mcia y que deberfa tener un lugar selecto en el entendimiento de todos, si nuestro amor por la vida no fuera un vano juego de palabras sino la esencüi misma de nuestro positivo afecto. Quiero hablaros del
estilo de nuestra a.rquitectur:1 doméstica,y os participo desde luego que no
será cnestión de profecías que ti fuerza de querer acertar rcsÚlten escépti-·
("as y que sólo serían buenas en boea, de un anciano. Yo no vengo sino ñ.
Pxpon.er mis esperanzas en favor de la arquitectura nacional, que lleganí á
ser un hecho si lo queremos ardientemente; porque este noble arte, lo mismo que sus hermanos menores, no cristaliza si no es ayudado por el concurso de todas las voluntades unificadas. La verdad proclamada por el
maestro de Bayrenth resulta en el pre~ente más significativa y má.s lm11i~
nosa. Decfa el inmortnl: «Para que el artista realice una obra grande, es
necesario que todos colaboremos con él». Y en efecto, si trntamos de santifkn.r nuestra vida. diaria por el estudio del universo y las creacion&lt;:lS de los
elegidos de \n, inteligencia, porque de este modo llegarnos tí descubrir y luego á perfeccionar los tesoros de nuestro reino interior, bueno es que sepamos qne en las creaciones miíximas del arte siempre ha existido una colaJ'()raeión de contemporáneos y antepasa&lt;los,que habrá sido callada ó ruido- .
sa según Jas circunstancias, pern efectiva y claramente manifiesta para toda "lni rada escruta.dora.
Por eso actualmente nadie puede creer en la posibilidad de que las 24'
innwrtales rapsodias griegas hay:in sido producto de una sola . inteligencia
aislada _Y Rjena á los sentimientos é ideas . de su épo_c a. Ahora sabemos '
que Homero realizó épica y por lo tanto definitivamente los ideales de las_
generaciones que le precedieron y acompañaron. ·Así es como encontra,mos en la rn:uavíl.Josa obra del poeta la participación del pueblo en todas
sus actividades religiosas, ·guerreras, estéticas· y ·domésticas. Homero pla&amp;"
tificó p¡i,ra_ el encanto de los ojos humanos, con verba líri.cµ. excepcional;
todos .los gestos be11Ós- y beróicos &lt;le su pueblo,· todos los decires piadosos ó

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UEVISTA CONTDII'ORÁNEA

sutiles ele sus abuelos, quienes al dcsbm:tar los gmnues lJloqucs de la leyenda, :mtieip1u·on á los futuros cantores la silueta inmortal de la obra de
arte. Así Ci! como en la. divina Hélutle, tndos contribuyen activamente á
n•alizar el conjunto de la IliaLla y tal parece que todos sus habitantes se
proponen desfilar en maravilloso cMtejo nnt.e los ojos extasiados de sns lH'tistas, de mo,lo qnc á tl'avés de los ai"'lof;, lejos de disminnír, munentn. el
sentimiento trá:,,'1co del duelo memorable entre Aquiles y Héctor, en tanto
que el relien1 ele los lmtws blm1cos &lt;le la blanca Nansicaa es cada '\'"ez más
luminoso cuando lanza ],i pelota por encima del florido prado, en medio
de las jubilosas carcajadas de sus cornpañcrns. De otro modo no podrfantos explicarnos la admirable variedad de csttt obrn.
El mejor elogio que de la, vida. poda.mas hacer, dados nuestros citadinos modos de vivir, consistirá desde luego en el aspecto y en el espíritu de
nuestrn ciudad, que sení luminosa. y alegre, variada, rica en color, expresiva y solemne, si nosotros somos cnpaces de vivir luminosa, alegre y solemnemente. Ya vGis pues, Señores , que cuando solicita.ha de todos vosotros el do1111tin&gt; cordial de vue:;tras all1las para preparar el ndvcnimic1Jto
de nuestra mansión ideal, no ktda mi.í s q_ne reclamar como arquitecto, los
materiales irn palp;tblos, y por lo tanto los rn:ís valiosos, con los que h1s
rnanos venenthles ele los artistas de utros t icmpo8 solían trahajiu· en el silencio do su. c\lrazón antes de pnsa.r á la llanurn ó á ht 11'.10ütafüt que los
dioses elegían para que en ella se ec.lificase el rumoroso IJido de los hombres.
Pero antes de que definamos el contorno general de la casa fnt11ra, os
invito ii que 121c acompañ.éis á. través de otras edades para· que a.nalisornos
la relación que ha existido c11tre el sistema dll vida de la lrnma.niLlad y el
e:-;t.ilo do su arqnitedura.; pues siempre e:,; bnen) para la jt1Yentud empolvarse los tidoncs rccuniendo las agriet.adas ruinas tle civilizaciones que ya
110 existen.

Han muerto ya los hombres primitirns para quienes todo el arte se
reclujo :í glorifiear con procedimientos cmbriona.:rios los liechos sangrientos
de sn existencia. brntal. El nnt.ivo &lt;le h montn:ñ:l qne colgó ií la hora del
crcpdsculo la. 1lesga1Tatla piel de oso en la entrnda ele su cuern., :í la. vuelta.
del súl grnbó con su pica ele sílex en el seno de la. roea, l:t silueta de sn haz:1füt memorable; y desde este instante su mansión deja de f:.Cr el quiebro.
accidental de la montafia y se convierte en arquitectur;1. porque la materia
expresa yá la emoci6n interna de su dueño. Sus hijos y los hijos de sus
hijos se detendrán ¡Í contemplar en el trauscmso del tiempo, h1 trnza blanqueeirrn que d istingue esta. er.\'erna de la otra que fué habitada por el rna.t.ulor de leones y que á su Yoz es distinta de aquella otra, en ml.}' O arco de
entrada una mano paciente dibujó f:igurillns geométricas &lt;lignas del candor

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de nn nifio. Al mismo t,iempo, el p:ilido lacustre teje trenzas de hierb:1s
eorreosas en torno de los juneos ele 1,n elevarla choza y la. corona con los
despojos agonizantes de sn ca.za y de su pe,;ea,cle modo qne eau1:;:1 envidi:uilu lnna, m¡is 1ne el 1·eJlejo mcüílico de diez guirnaldas de patos silYestres,
el to!do nacarado que un haz de peces forma, sobre la, puerta. Así empieza
b humanidad su marcha por los en,minos del arte, y estos sus primems ·
pasos son tan vigomsos, que, á pesar de los siglos, riosotros no hemos en- _
c&gt;ontrado símbolo mejor para anune.iar los pórticos de nuestros palacios,que
plantar dos bellos leones tlesm~lenados y ruguicntes sobre los soclos üo
m:írmol que ncnsnn las CSPn!inntns triunfales !
Varnns ií Egipt o i la 18ª dinastía. florece pomposamente . P onet:-emos
en los bu.rrios a rist.ncr:íticos de l\Iempr1is 6 de Tebas. Grnn dos murallas
protegen y aislan cada. min de h1s cnf'ns, y filas intenninablcs de palmeras
dan sombm :í los paseantes. Si noR detonemos frcn+,¡i á una de éstas C,l- '
i;as, lo primero que nos sorprende es la. Rnsencia de ventanas en sús facha&lt;lns. B s que el egipcio, .rico 6 pobre,no quiere ser till'bado en sus alegrías
ni en sus dolores por la vida exterior. Ademíís, su divino sol envía. luz y
ealor con una prntligalidad tan grn,.nde, qne sns hijos, para no ser devora- ·
&lt;his por sn celeste padre, necesitan ocultari,r: de su presencia. Pasemos
por la 1í.nicn pnerta que ostenta dos columnatas con cnpi.teles de loto ql1c
lucen banderolas multicolores. El nomlre del propietario cst:í inscTito en
la, plafo.-barnfa. ' Abajo leemos nna sentc11cia hospitalaria: 1'Pasud, esta
es h1, lmena morncla.·; aquí so diecn suaves canciones." En el interior, un
verjel refresca y emhalsnma. S n perírndro que(1a lirnitiulo por el grupo
tle ·pabellones destinados :í los diversos servicios de fa casa: desde luego el
"selnmlik", en donde el jefe dol hoga,· rcr~ihc tí ::us visitnntesy huzsp cd es ;
después viene el"harern", exclusivament e dcstinndo ti Jn familia, y por último el"klrnn" en donde se ngrnpan todas lns dependencias:· caballcriz::is,
cstn.blos, talleres, :cilmncenes y alojamientos pnm esclavos: I-fay t erraza:::,
c:1 las que también existen jardines, pa.nt contemplar &lt;le n()che el más eons telndo de los cielos. Dentro de las piezas, quedamos sorprend·idos por ln.
ric¡ncza dé hi aecoraci6n: esteras sobre los pnvimentos; en los frisos, cscc•nas religiosas y guencras entrcs:wadns de los cantos de Pcnfaur, el Homero cgipcinco; plnfoncs esmaltados, muebles que recuerdan curvas de gacelas y ele pa lomas, vasos d e alaht.stw, cofres donde se gnanla.n los juguet es
para los muertos y qne , por ser para, ellos, t ienen ]ns mtís Yi,·as tonnlidn&lt;les . Esta éa~a, emhcl lecitla con tOLlas lns elegancias J e umt. ornamentac-ión que es pr6cliga en figurns y en colores, forma un todo homogéneo, snjeto á la más sabia tl0 las distribuciones, y rnanificsta clammcnte que Slr
duciío grn;t:i de habitarla . Y este pucb!o que lm creado obm. tan superior,'
ha del,ido tener un alma cxtl':IOrr.linaria mente apta pnra gozar de los m:ís·
raros placel'es e~:tciticos, y por eso llega hasta desea,r la. muerto, la muerte
que contempla á lo lejos como el únieo fin de todo esfuerzo y de t oda cosa,
:í semejanza del gaYihin telmno que, clespné:1 &lt;le haber rc-flcjarlo en f!US pupi.las de oro toda h lu1. &lt;lel sol dm:inte el día., al atarclceer se detiene inmÓ,'il en medio del cielo y,nbsort ü, triste, carn;aclo, quiere proyectar el Eix-

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REVISTA CONTE:\'IPORÁNEA

tremo de su pico sobre el vértice de una pirámide que abaJo yace inexorablemente geométrica.! Considerad esta mornda, en su absoluta unidad,
eomo el producto de los esfnerzos combinados de numerosos artistas, llamados á colaborar bajo la presicl':mcb y alta dirección del arquitecto . A_
orillas del padre Nilo, hl evolución de la facultad plástica ha guardado
hnsta el último instante un desa,rrollo verdaderamente normal, orgánico,
como diría un fisiólogo. Por eso de sus artes, y especialmente de su arquitectura, deducimos una certiclnmbre que no podremos tener en los pueblos venideros. Egipto funda el tipo de la habitación adecuada á los climas cálidos y templados; por eso toda.s las arquitecturas domésticas de
Oriente, son sus hijas legítimas. Y cuando sus aventajados discípulos, los
moradores de la Hélade, pretenden imaginar un lugar de reposo, recuel'dan la lección elocuente de las nwgistrales arquitectnraf:I egipciacas, porque
éstas fueron fruto de una penetración inaudita de todos los misterios existentes entre Lt luna. y el mar .... .. .
En Grecia est..imos: los hombres de este país no amn,n la vida del hoga.r; _prefieren el pórtico, !a plaza pública, el c~t.adio y el teatro á la soño•
lienta estancia en donde las mujeres hilan interminablemente. E l joven
ateniense, contemporáneo de Pericles, es un ser cuyos músculos, ávidos de
f'ol y de elegantes movímientos, sólo encuentran felicidad al aire libre. S1i
inteligencia clara, magnífica y atre\'Ída, tiende á escudriñar los encantos
del mundo visible para inmortalizarlos en bellas formas, y también suele
entretenerse sutilmente acerca. de lo invisible, que no en vano corre por sus
venas sangre de Odisseus.
Pnetle levantarse cuando ((Ja santa claridnd del cielo» argenta los palpitantes frontones del Parthenon, y saliendo por las puertas de la. ciudad
reunirse con sus amigos y bajar al mar, en donde se bafüÍ.rtí alegremente, para después ir al estadio, en cuya blanca arena imprimirii j,~dcante
las huellas de su sand:11ia. En el pórtico civil, esgrimirá con íJ.g ilidad pas•
mosa un haz de argumentos que desgajan y ca,rcomen la legendaria omnil)Otencia. de Zeus, y su anciano maestro sonrci11í al ver cómo su discípulo
ha sabido ir tan lejos. Todo Jo cual, no le impide tomar parte en la.s cabtilgatas que cierran la procesión .panathenéica, pues es para él un placer
indescriptible domeñar al pujante potro de la 1,blanca Colona», po.ís rico en
Mrceles que se encabritan y :u:quean el cuello en curvas nerviosas dignas .
del trazo de Fidim;! Si en una de esas campiñas qne el rocío refresca cada mañana y en donde suministra coronas para Demeter y Perséfone el
narciso que crece junto al azafnín dorado, el efebo se entretiene departiendo amablemente con un vüi.jero, hasta que la luna. los sorprenda, podni ese-alar la ciudadela y llegar al fin 1i la casa de su amiga para. cuyo amor no
es tarde nunca,
Veis, pues, Señores, que pam este afortunado y ejemplar ateniense la
vida no es posible entre los cuatro muros ele una casa. Además, la arquitectura oficial es tan bella en toda, la confederación helénica, que ningún
ciudadano puede :mibicionar un palacio que compita con el templo dedica.do ií lii virgen Athenea, ni con el Prectheion, ni siquiera con la dól'ica y

�RF.\'ISTA CO)!TE)IPORÁ:-EA

I'

233

sencilh ordenanim. de los Propilcos. Sin 01.11bargo, fncrza es que tenga un
lngar en donde repose de lns fatigas d iumas, y le sel'ii !ticil, dlllht l:i cl:1ridad J e su ·espfritu ,lmcer evoluciona!' el t ipo t'gipcio, adiipbindolo á las condicion es del clima y creamlo al mi:omo t iempo detnlles dccorntivos que le
i:;on perfectamente pmpios. T raspuest11 la sonom puerta. ele bronce $e halln un jardín en torno del cual r;e levantan pórticos de mármol cuyos capiteles ya. no KOll lot ifor mes sino resueltamente d6rk os, es decir, helenos.
Paralehunente se nlinean las habitacion es: la sa.ln. de recepción para lo,1
d ías solemnes, un gin eceo pitrfl- la fam ilia y dependencias pura, el serv icio.
Toda esta arquitec:tum. e:, 1·ica ment1: colol"ida, y en los grnndes m uros, tormentosas hacanales d estacan sus siluctos sobre ~1 rojo estuco. H ay estatuas de mií.nnol en los corredores y pequeñas )iik:eés crísoelefantinns, en h
sala común ; a rmas dorndns, lámpara.e! de plntt,, pes.'\&lt;los cortinajes teñidos
c-on la púrpura de Tiro, lechos de maderns preciosas con incrustaciones de
nácar y espejos de electroón que a.l dorso mUP.5tmn infort unios humanos
por causa de Eros. Si h1 casa es la de un p obre, guardará, no obstante, ln.
misma disposición y sení red ncida á sus cscasus necesidades ; como decomción, el mismo espíritu distinguido su bsiste y si bien es CÍ!i)I-to que n o
tiene lujosos m uebles, siempre posee algo más que la vnr,ija de barro que le
concede 'l'aine. Más tarde, cuan do el griego ya no guste de las fiestas, ni
de los bellos discursos, ni de la vida exterior, ampliará los diversos departamcnws del hognr y hará lo.bor obscura. Para entonces ya estnrá pró;,.imo
nl vui,,.'lllaje &lt;le Roma. Un dhi comcrómtes venidos del p;~ís por donde se
hunde el sol, llegarán á m utila r lns obras cult!simas de Grecia y sus hijos
marcharán como escl,wns á la ciudad h,irhn,1·n de la Lol,1\, en drmde hace
frío, y cuyo cielo se nubla t odas las tardes con las polmredas que leva.ntan
pest ilenle1-1 vientos.
Sobre la. clomda colina del Acrópolis, todo ha terminado: solamente
«c:l olivo salvaje, ese á r bol desconocido pnrn In. tierra de Ai'! ia. y también
para la gran isln dórica ele Pelops ; ese á r bol que no fué plant ndo por la
m ano del hombre y que no r echimn cultivo alguno- espanto de las lan zas
enemigas-nquí prospera. E l olivo de pálidas ramas cnyas hojas S.'l.iudan al
niño cunndo n ace: jamás jefe enemigo,. joven ó viejo, podrá estirpar lo del
suelo, porque crece bajo lns miradas protectoras de Zcus Morius y de Athe•
nea la de los ojos a zules» ... . --. -.
Todos vosotros sabéis m ejor que yo que en la historia del arte, el romano es con11iderado como un t raficante. 'l'ouas las civilizaciones anterior es y también sus contempcmíncas, le suminist rnn ideas y formus, porque
él es presa de los má.'! Yehementes im pulsos de conquista y de lucro y 8610
puede pensar en expediciones guerrerns q ue le produzcan t ierras fértiles y
cscln.vos sumisos. Y si bion es cierto q ue un dfa discurr e el arco de medio
-punto y la bóveda esférici., poi· medio de !os cun.les c.'\ractcriza su gigantesca arqtútecturn civil , en lo que so refiere ü. la arquitectura. privada no ha&lt;'e m ás que utilizar nmpliándolo, el plano griego. Sólo que el romano anhela deslumbrar ; falto de aristocracia intcleetnnl, q uiere que se Je admire
por los cuantioso,; bienes mntcri:iles q ue posee y por la elevada posición so-

�234

REYISTA CO~TE'.\IPORÁNEA

cial que le ha sido fácil alcanzar, y por eso finge desdenes ' lÍ los raros qne
l:'e de&lt;lic.an al cultivo del espíritu. f;i su casa está constrnída con granito, ·
es solamente porque dicho material resulta muy caro, ya que es preciso
hacerlo venir de Egipto. Si en ::;ns pnrques hay estatuas, es porque tos ar. tistas griegos que las ejecutan son escasos y cuesta tmbajo conseguirla~ . En
sus frontones reproduce escenas mitológicas que para él son extranjeras;
los capiteles de sus columnas no han sido fruto de la imaginaci6n ele sus
artífices,. y ~;n cuanto á los muebles, telas, decoraciones y utencilios de que
se sirve,que ni siquera. es capaz de imaginar y menof! de pngar debidamente, podernos asegurar que los importa de sus colonias. En aquitcr,tum dornéstica,ningm1a palahrn nueva dijo el romano; pero es bueno recordar que
en arquitecturn civil es un maestro consumado que r esuelve con sencillez
maravillosa los conjuntos monumentales de sus edificios, cuyas ruinas son
nhora el mejor blasón de la Ciudad Eterna.
La Europa Occidental ha producido un tipo de arquitectura que por más
ele nn motivo es digno de nnestm profunda veneración. Durante los siglm:1 XII, XIII y XIV, la honda neurosis acumulada por la rgos sufrimicntoe·hnlla al fin su modo de cxprcsi6n , determinado por una crisis tn11 luminosa como la raya. de fuego que desgarra inmensa nube de tempc,tad .
La humanidad ha pasado por dolores sin fin: está próxima á tfosfallecer
y l'Í bon;ar su hnelln sobre la. superficie de nuestra eelestc patl'ia, la tierra,
tnantlo he aquí. que hornhres que han tenido por confidentes á los bosques
solemnes de ias regiones brumosas, realizan la sinfonía. arquitect6ni.cn que
opem el milagro portentoso de retener 11 los huma.nus en este suc:o que dc1,c,1.ban abandonar pa.rn sicmp:-e.
A Francia cabo el honor de haber iniciado, protegido y al fin visto esplender e,;te art.e admirnble, que no toma nada de Eiipto, n.i de Grccüt, ni
üe Roma., corno que tiene t~n si mismo todos lo:=&lt; e1€'mentos necesarios pam
friunfar. Las corporaeion•JS mnsónicas establecidas en ht j,.Ja de J?nmcia,
en Picard-la, Champagne, Borgofi.a y Korrnandía y qne se dedican nl estutli,) do !ns bellull artes, encienclen las siete lámpnr:1s de fo, cultura, bajo cuya
luz dom.da los pueblos nieken tí -la ac~•ión, á la tlivin:t a cción, savia fccnndante de tolla hazañ:t digna de holocaustos !
·
Sin ocuparnos del periodo de ern,iiyo,1 de estn nrquitcetlm1, coloquémonos en el illstante rle su ¡;lorfa. Cuando el Snnto Rey Lnis de Franeia empuña el cetro de oro qne rnits bien e,5 signo do arnor entre sns h'lanos qnc
no de m1mdo funesto, sns súbclitcJS viven en las cntédralcs. Para, las eiudadcr; que han enti-aclo en posesión de sus franquieias, la catedrnl no es solallH:mte el edificio del culto :'&lt;'Í11◊ fomhién un lugar de asambleas públicas.
Reuniones rnnniciprdc·s, fiest.ns eiviles, representaciones de misterios, todo
esto se verifica bajo sus naves: In cntcr.lral es el centro único de la vida popnb.r, es el corazón de la Cindnd . Este mnplio y liberal criterio que asocia
b cateclml ti. todos los regoeijos profanos, c(imo también :í los se,1eros senti111ientos de la fe, hizo de ella el monumento público por exed eneia. Lo
&lt;1ne no impide qnc en torno 1.myo se agrupe el pintoresco corrillo de habibciones ptivadas que•, romo nn campo de violetas sile:wiosas, &lt;::recen L&gt;ajo

..

�1u-:vrsTA CONTJ,~IPOR.,i.l\IU.

la somhn1. gigantesca tlel. cedro lx1tido p01· el viento. ¿Pem estas casas c6mo son? B:tste saber qnc todas s m di-;tint:1s entres[, pues cad,1. umi h,1.
sido construída p a.m u .1 hombre qne no s~ p:ire,:e á lo;:; tlem,í,;;; sino en
que todas sas ener6 í:1s 1nilitmites eHttin puestns al servi,:io del 111.onumentu
rcligi0F10 que h,, ele tla1· n ombr e :í la cimla.d. La cns:1, tlura.nte la Edn&lt;1
J.iíedin., es tota.hncnte opuesta en sus tenden cias n, la J-uihitación &lt;le nuestros díMi qne es vulgm·, llllly vulgar y nn iformemente l'onfortable; corno
si la vida del n egociante, su~ eosturnlircs y S\18 ne,;esilladc!:l focran iguahl,;
ú, las del sold:ido; comu si d aloja.1uient&lt;l parn un 11ott1.rio pudiese convenil'
:t la mujer de mod11..
Todns vivimos mal en la casa que alquilamosy
los paseantes no rnn sino fachadas casi idénticas que ya nús hrtbrían hecho morir de splecn si en nuestro país putliérrunos cncr bajo el imperio de
tal enfermedad. m p1·opiet:Lrio &lt;le la, Edad Media., si desea construír su casn, llama :i uno de los sabios entre lús más sabios arquitcctrn, tlc su t iempo,
quien ,con la cola,boración de a rtcs,1110s que s0:1 verdaderos príncipes del arte,
ejecuta, la. obra cuidadosamente in-.aginada en vist,a de los gustos y profesiones de su ducf'w y Uamach á testificar la s inceridad de sns autores.
El estilo de estas mnt·adas, es una continuación clel de la catedral; talparc::e como si de c,;a ma.nsi6n di\rina d ~iscendiese, pa.n1 luego esparcirse y penetrar en to&lt;Lts lus pequeñas arquitectmas, sus hijas, u u efluvio de su a rmonfa impondera ble. P ero debo iusistii·: la catedral es la cas..1. tlel pueblo; él r.,s quien la hi~ con&amp;truído bajo la n oble dirección de sus arquitectos
que ambicionan edificar eo11 la. piedra cxtra.ídn del lugar mismo de la con strucción, un monumento. tan ~lito y espacioso que pueda. contener 1í todos ,
un edificio que produzca. ii la vista la grata impresión de solidez que el razonnmiento garnntiza.; y todo sin emplear nn t iempo excesivo _qne cons11miría demush&lt;los recursos y mucha.s vidas hum:mas. Una ele sus grandes
tenclenria.&lt;J consis tirá. e n admitir toda la luz que sea compatible con la estabilidad del monumento, sin que :m estl'llctum deje de ser sen sible 1í h
razón y mngnífica, aunque sin tratar de singularizarse. La potencia de
&lt;lichri estructura es realznda por una ornamentación suficientemente bella,
s in qne llegue jn.nds id entusiasmo d esordenado que exagera la riqueza y
q ue, en u11 momento &lt;le insolente embriaguez ó de egoísmo, podda acusar
d emasiada luibili&lt;fad. Cun la escultura de sus muros y de sus puertas form,, un alfabeto y un epítome de la religión, &lt;le cuyo conocimiento puede
estar orgulloso, p orque le pern1ite inscribir en majestuosas líneas el encan_t-&gt; doláro50 de la vida y d e la muerte de Cristo. Considerad, Señores, ht
magnificencia de este gran movimiento de arte que., tenieudo á Francia como núcleo, irradia con t:11 pujanza, que llega hasta Inglaterra, se instala
en A.lema.nin, Flan des y España, y traspasa luego _la frontem de Italia. ·
En todas estas naciones los hombres se dedican á la edificación y en cada,
pueblo se producen ohms que llevan el sello de la raza y á veces surgen monumentos que como el Campanille del etrusco Giotto, en Sta. María de
las Flores de Florencia, resultan piedras angulares de fa bellt&gt;za. Y este
sentir general de la época preeipita por entre el bosque de andamios de sus
constrnccioncs, un enjambre de voluntades rampantes que anónimas tra-

�236

REVI STA CONTE~rPOllÁN"J&lt;~A

ba.jan ain desc.·mso, hasta el instante en que la cima del monumento trns•
pasa el círculo celeste, en &lt;londe las cigüeñas giran y giran infatigablement e\
Parecerfa. qne esta bella floración a1t.ística no dehfa. terminar nunca;
mas con el tiempo, l:i. lrnmanidad i-igne otrns rutas y abumlona aquellas en
las que encontró fuer1~, é ideal. Sólo en Yonecia signe esta. arquitectura
·su cmnino : fund:uht sobre e l mosaico y la greca. do los bi1,:mtinos y poniendo :i u n Indo sus ornatos para fijar sns form as según leyes cada vez
más severas, :-e ofrece al fin corno el m odelo del gótico doméstico tan grn.nJioso, tan completo, tan noblemente disciplin~do, que ja.más existió arquitectura p rfrada que reclnmase con tn.nta justicia nuestro respeto. Ni i,;.
quiera exceptúo al dórico gl'iego: el veneciano dd siglo XIV b:1.bía desechado uno á uno, tlurnnte siglos, todos los esplend ores que el arte y la riquez:t podían da1·lc. H al.,fo. depuest-0 su corofüt y sus alhajas; sus oros y
i;u color, como un rey que se desviste; había renunciado id ejercicio como
un atleta que reposa. Cnprichow y fan tástico cn11mlo comenzó, se sujeta
l,nego ,í leyes t:m inviolables y scre,m::; cnmo las de la naturaleza. mis1mt.
Xo qujso m:ís que rete11c1· su belleia y sn fue17,a , ambas supremas pero
sieri1prc cnnteni&lt;.hifl. L1s c:mahtdura.c; dóricas varfa n en cantidad; !n,s m olduras ,·cneciana:s fnomn inmuti~bles . El modo dórico decorativo no admití;~ tentaciones, cnt el ayuno d el mrn.coreta; laomarnenta.c:ión veneciana,
en tanto que rninó, a bmz6 todas las formas d e l,t flora y de la fauna. F né
fa, temperanda del hombre, el imperio de A&lt;l1ín en In. creación . No conoztlO signo tan magnífic,,
autoríthtll h umann que pueda comparnrse con
este omnipotente irnµel'io tlel 1nte vcn1~&lt;,iano sobre su propia. exuberancia.
&lt;le imngina(:ión y con esa trnnquil:t y solemne prndencia. con la qne, ú pe,;a.r de su eripfritu colmado tle fantásticos follajes nn&lt;lulosos y de vida a r&lt;lionte, tla :í. sus pensamientos una expresión momcnMnea y luego se retim ií sus h,irms macizas y 1i sus Jobos de pie&lt;lrn. uniforme ...
l\Ias el Renacimiento llega: se hahla ya ele retorno ií. los estilos de
G recia y Roma; el momento es &lt;lccisivo, h1 h umani,hul no haní mns arte
gótico. L[t gran palpitación mctlioeval , ,a tÜsminuyendo á medida que
anmont..'L el hielo del acaclcmi:-mo en emhrión . "Una de las cosas que m1ís
me entristc,:&lt;'ll en el trnnscurso de la h istoria-&lt;lcda el noble forzado de la.
cárcel de Rei,.,1i11g--es el hecho de que el verdu&lt;lero renn.cimiento de Cristo, que produjo 1n. ,~'l.tcdral ele Chnttres, el cielo &lt;le las leyendas :uiurianns ,
l:t vida de San Fmnt.ii8co de A.sis, el arte de Giotto y la Divina Comecli:t
lle Dante, no haytt p,,dklo clesnrrollarsc libremen te según sus propias línens, sino que, por el contrnrio, haya sido interrumpido y desvirtuado por
el fnsti&lt;lioso ren,\cimiento clllsico que nos clió los frescos de Rafael, la arquitectura d e P.1.lladio, la tragedia frnnccsa fol'lnal , la Basílic.'L d e S. Pedro,
la poesía de P ope y todo lo que está hecho c.on superficialidad segi.in r eglas
muertas y que no surge :í merced del inspirador soplo mmánticol "
J&lt;;I pretendido renacimiento chisico hn. p l'odncülo en Italia una ar•
quitcctura dómésticit verdaderamen te ilógic.'L. Con formas que, si hien es
cierto, recuerda n las lle l:t Roma pagana, n o deja de subsistir su error que

ue

�'

REVISTA CON'J'E)IPOlt.i;:,;1~,\

consistió especialmente en hf1ber dado dimensione"&lt;,; exhorbitantes :t todn,;
sus órganos y ha her n,currido con frecuencia 1i proce&lt;limientos de constnrneión que son esca.motens in&lt;lignrn; (le quienes llecínu e&lt;mO~'.e!' profundnmcn te el espíritu razonable ele h Greci:1. inmortrll. Est:uw is acostum hrn.dos ,.;,
oír decir :í nuestros amigos que vneh·en de lt:d ia, qne n ida es comparnlile
con la magnitud tle los palacins tll::l ci11quecenlo é involunt11iame:1te acusan
sn defecto capital. Que sus masas son imponentes, qne sns moldu1·as son
variadísimas, que sus decoraciones interiores esfain finnaclas por nombres
ilustres en la historia de ln pintura, todo esto es cierto y por eso justamente es m:ís visible Ju, desproporción de estns arquitecturas que cvo&lt;mn en
nuestra mente los nombres de Lombanli, Calergi, Los Sforza y los l\fodici&gt;'.
En vano Bra.mante imaginad recursos pa.rn animar los órdenes chisicos. Y :Miguel Angel, el mismo :Miguel Angel, ese Jtí.pitcl' que en vez de
rayos empuña cinceles acerndos, caerá con todo su genio, en tales a berrncioncs, que en la nctualidad todo arquite&lt;:to extraño ~í prejuicios, cu:rnclo
estudia las crea.ciones :1rqnitectónícns del i1111101tnl escultor no pl1ede nrnnos de lamentar sus t eatrales exageracion es.
Cuiíri distint:i es la evolución &lt;le la a."(J_nitednra en Frnncia. En ItnJia no encontramos más que palacios con fochaclas rígidas, uniformes, cnsi
sin salicntei; y con ventanas iguales. Edificios cuyas distri buciones se engloban y se disimulan bajo nna techumbre únka que sin chirnenens aparentes ni lnca.rnns se pierde tras de las comisas. En Francia nl contrario:
la distribución se acusa completamente al exterior; ca.dn, cuerpo del edificio t iene su estruct ma especial, Cfl,d:i esca.lera su cul.Jo aparente, eada techo
la vertiente necesaria para el eseurrimiento de la nieve y de la llnvin,; y sm'
ventanas, ·repartidas sin nuís ley que la sancionada por una sabia distribución, no ofrecen ritmos monótonos ni petnl:mcias inmotlvndns, pues to(lo
revela un completo desprecio á las ideas de simetría que rigen la arquiteet ma. de allende los Alpes. Chat.eau de Blois, H otel d'Eccoville en Cuen,
Fontaincbkau, SaintGermain, Mansion de Jacqucs Coenr y Hotel de Villc
de Cambray atestiguan la exactitud de mi aserto. Se os dice á menudo qne
estas obrns son fruto del rena.cimiento itn,liauo, porque nadie se preocup.t
&lt;le sondear el libera,] espfritu que las anima. En cambio, á fines del siglo
XVII sí se rnanifiesta la influeneía italian:1. Como que entonces Col bert,
el hombre de las precauciones imitiles, funda la Academia. de arq niteeturn
dizque para rennimar el decaído espíritu de los :uquitectos, con lo cunl eonsigue alcarizar el fin contrario al que se habfa propuesto. Y viene el estilo
oficial que pretende manifestar solemnidad y deeoro, y las pla.zns dan ca.biela á interminables faehadas uniformes que presentan de un extremo :í otro
la repetición de los mismos motivos, y tras de esta sÍlnetrfa, la distrilmción
se tlisimula de ma.nera que al exterior tienen un mismo semblante y una
misma expresión , una capilla, una escalera y una sala de baños, Y esta arquitectura que no parece que pudiera servir para nJojar mortales sino 1rnis
bien para guardar series de objetos idénticos, ngrnda al rey, y por eso 1\fonsieur l\fansard la adopta sin vacilaci6n en una parte del P,1lacio de Versalles. Y parece increíble : ese pueblo fmn cés cxccpcio11almc11tc dotitclo parn

�:238

REVIS'f.-\ CO)lTE)íPOR.{N EA

representar por los siglos de los siglos un arte verdadero, se estanca ba,jo el
reinado de los Luises, hasta el día en que la Revolución destruye esta
ap:uatos,t y falsa arquitectura. Más üu-de, la expedición tí Egipto reveló
otra civilización; la, a.rqnitectn rn, se hizo egipciaca cuando Napoleón iué
Cónsul, y npenas el Cónsul se !tizo p roclamar Emperador, los arquitectos
cayeron de nuevo bajo la tutela de Roma. Los románticos del año 30 imaginaron que las a.rte::l lleberían volver al siglo XIII: vano intento que fué
efi cazmente satirizado por los serenos scpíritw, ele la época.
Desde ento1,ces la 1úadre de las artes v11ga tocando á todas las puerta:-; sin encontrar ningurrn que se d ign ifique abriéndose ante su paso. El
a,lma. universal h.1 huído dejando desierto el santuario de ln. Diosa; la liternt11ra , ]a, Cf,cnltma, !.t pintura, y sobrn todo la música, se h:tn adueñaclo d~·l sentimiento popular. La religión de Jn. orquest{1 hace cada día m:ís
prn,;fütos ; la. sinfonía, divina señora con ardor de walkiria }' mirar de sircrni, se apodera &lt;fo to(las !ns rnluntades y arrnstníndose en los ve1'tiginosos círculos de su armonía. parndisiaca, fomenta en nuestros espíritus la ·vaguedad, el arnoi al n1i:oterio, y por lo tanto nos coloca en situación anormal poeo propicüi pa.m gustar de objetos m ateriales. Las abstracciones arquitectónicas justamente porque son resultantes d e necesidades m aterialesé
imprecindibles, requieren m1 vigo1· phístieo, una san:t compnmsión de las
fonnas y sobre todo una justa estima de lus dimensiones en vista de los
fines á que son d estinadas.
Y para que t och,s .:stas cosa:-; sean posibles, senecesita, como os decía al
principio uc esta, conferencia, del concurso de todas la.s voluntades unific;tdas. Y eu:tndo e,;to no acontece, la arquitectura cae forzosamente en la
me&lt;liocric:lad, es desacreditada ·p or sus arcRismos y repeticiones ele antiguos
lllodelos. La cul ¡xi no la t ienen los a rquitectos sino los pueblos, porque éstos son en vel'da.d quienes dan el carácter it los monumentos. Un arquitecto no puede edificar sino en el estilo qne esté de acuerdo con el sistema
,le vida ele su propittarin, porque es absoluta la verdad que dice que los pueblos t ienen las a.rquitecturas que se merecen. El progreso lle la arquitectura llepende, adcm;is, de la introducción d e un nuevo procHdimiento técnico
en su cicnci:i constructiva. En la ad.ualid:td existe: hablo del hierro. La.s
necesidades dd comercio lo ex.igcm; las graneles industrias y sobre todo 1as
empresas fon;ocaniloras necesitan de superficies exubern,ntes. El fierro,
snsceptible de form:1s que acusan sus funciones, ha entrado de lleno en la
práctim (foirin. clP- la construcción. El cemento armado es el perfeccionamiento último de los constructores. L fL ciudad de Viena h:t refrescado sus
marchitas sienes con la, corona de p rimaverales chalets del estilo nuevo en
tanto que D:nmst.\dt legishi los p rincipios estéticos que d eberán regirlo en
lo sucesivo. E l gran mérito de estas arquitecturas consiste en que n o emplean el cemento armado para reproducir viejas formas. Eso equivaldría :í
usar instrumentos wagnerianos para toc1u· sonatinas de Mozart; porque en
verdad nacb repugmt tanto tí la mirada del hombre que analiza, como en.contrarse con un pórtico qne recuerda :í Grecia y cuyas columnas están
constituí&lt;las por \·ignctas de acero, alnmbrcs y gris coménto. Desgraciada-

,.

�1
REVISTA COXTD!J&gt;OH,\'.\EA

239

mente esto acontece con frecnencia, por lo cual en vez de que di&lt;..: ho procc-·
&lt;limiento sirva para rnnacteriznr la nrquitcctma &lt;le lit éprwa, sólo ayuda ii
la ignornncia y ñ. In. avaricia lle IM hombres pam llcnn r &lt;le-ridículo h s uve-·
nülns y plazns do nuestro pa í~.
'

Kada miís ngmdnbl_e pnrn mi espíritu, qne la evncnción .sík•1H:Íoi-;a que
atrn.vesnndo rantb el desierto de mis recnc;-uos rnc tr:msporta :í. las 111¡1finnas de mi vid¡¡, estumlinntil, cuawlo, en unión de un grnpo &lt;le rompafü:ros
alegres y a rdorosos como una bandada ele gorriones francos, departía con
ellos aceren, de la arqnitectnnt rrntn l. Entonces, como uisponíamos :i nuestro arbitrio de las terrazas e.le ht vicjn, Academia, allí pnsiíbamos una lmcrn1, parte d el día contemplando una :í una y dibujándolas 1í ycces, todas las
torres y mípnlas de los monumentos religiof-los que lit dominación cspañob
edificó en nuestro suelo. Y ningún espectcículo terrestre tenía pam la d elicht 1le nuestros ojos, el encanto verdaderamente sugestivo que nos ofreeía
la Metrópoli rica cm linternillns decoradas con azulejos, cnnmlo éstos ardía; 1, espejeantes bajo las rnil flechns de oro del sol mat.innl. Grabado est.í
en mi mente cual si en este monrnnto lo mirase, el case!'ío gl'is y misterioso: quebrado, bajo é irregular en los barrios npa.rtados, geométrico y bl:mquecino en los aristocníticos y centrales. 'l'odas las modernas constmccion e:; abdicaban d '3 su expresión; se confundían, se nglomera,ban ntolondrn.das y medro:;as. Y en aquel laberinto cita(lino que se extendía ceniciento
hasta perderse de vista, únicos los rnonumentos colonirt.1cs triunfaban pcir
Jns deci&lt;lidas curvas ele sus duomos, por los ondulosos pcrfi!es de sus muros en piñón, por sus remates, caquetcs esféricos y campanarios que inscribfan en el sereno cielo, sus múltiples contornos vigorosos y rcsueltrn, !
En esos dfas en qne una trnnqnilidad incomparable fué el mejor blasón de mi alma, dos problemas se repartieron mi mayor empefio. Desde
luego, si nuestros mayoreB se hubiesen preocupado por com,ervar primero
y después hacer evolucionar h arquitectura colonial de mane ra que la, hubieran adaptado á las neecsidades del progreso Riempre constante, lcontaríamos en la actualidad con un arte propio? Yo creo que si. Todos los
ejemplos de la historia me permiten hacer ante vosotros esta afirm ación.
Parn alcanzar ese resultado, se habría exigido un lento ascenso, una adapt ación progresiva, natural, espo11hínea, de modo que la trndición habría
presidido al movimiento haski el instante en qne los creadores, complctitmente dueflos de sus procedimientos, diesen liberta&lt;.l :i las formas y excelsitud :í. las iclens. Pero nuestros nlmelos no se cuidaron del porvenir y :í
consecnencin de su &lt;lescuido lamentable la tr::tdición arquitectónica. !in quedado int.erruinpida pa.rn siempre. Kad~, signifiht ,~1 qne un arquitecto de

¡.

�210

REVISTA. CO'STEMPOR..\.Nli:A.

nuestros días constrny,i h}íuilmente segt'm las tendencias de er::te sistema.
muerto; el pncblo continúa indiferente sn camino, extrafio á cualquier diletantismo retrm;pectivo. Pero si nuestros antepa...-,ados hubieran amado
realmente sus vetustas arquitectura,'J historiadas con aspecto de relicario y
trabajadas como si fuernn joyas, su piedad estética hubiera pa.sado de padres
l\, hijoi; de modo que en b actualidad nues tra ciudad tendría una expresión
p'.Htieular, porque todos sus edificios civiles, industriales y privados ostentarían un est ilo propio,nna singularidad individual y simpática.Si ellos hubieran estima.do dignamente las puertas con inscripciones, las rejas de hierro forjado que en más de una ocasión super:uon en fantasía ií !ns enredaderas ducales que se prerlllen en los rojizos muros de tezontle y que hacían de la ciudad
feél'ico p:i.isnjc simbólico, entonces, las euca.rrujadas· arquitecturas se habrían
p erpetrado hasta nuestros días, ennegrecidas y poJvosas por el trabajo de los
siglos, pero elocuentes y venerables al fin . Y alternando con estas construceiones auténticns, cnú,n gratas nos serfon las producciones novísimas
umtinuando y perfeccionando los bellos principios tradicionales. Así,
al anchuroso patio castellano destartalado y grave, en cuyos corredores
perfumados por los naranjos en flor rmís de un corazón 1,encillo calmó_ su
angustia meditando en máximas ele Kempis, habría sucedido el patio modcrnn, menos i;olernne pero más humano. Constituído por elementos mns
delicados: baiecnc.illos auda&lt;;cs, pilastras airosas y cornisas ejemplares, de
ningún modo habrfo. excluído ri. lns tiernas flores de azahar, ni ií las alegrC&gt;S golondrinnE&lt;, y se habrfa conservado el gusto por el patio, ese núcleo
vital de t oda distribución annónic,,, ese cuadrado luminoso bien amado
del sol y de la luna , por cnyo amor no habríamos llegado al desgraciado
extremo de adoptar el /11:,Jt herméticamente cerrado, como el egoísmo de sus
dueños, á toda 8omh;a &lt;le! cielo y á t odo prest igio floreal.
Corno no faltaría quién se preguntase por qué no tomo en considera1;ión las eml&gt;rionarius construcciones ind ígenas, os diré que sólo pueden
1,cr motiYos de lucubraciones arqueológicas porque ni SllS planos, ni su m•
quitica dccornción, ni ln idea que los nativos tenían de la habitación, son
elementos capaces de evolucionar coadyuvando en un movimiento de trascendnntal irnportaneia. He demostrado que no poseemos arquitectura di•
rcc-triz; por lo tanto, ti. nosotrm; corresponde iniciarln.
Pero si :mhela.mos ardientemente que un estilo nuevo anime á nuestras art es •plásticas y e8pecialmcnte á la arquitectura, debemos empezar por
interesar direc,tamente al pueblo, 1í la nación entera. Que los artistas dekl'mincn ln orientación de la tiena prnmetidn por la colaboración de su
ee1estc concordin ; que Dante vncln" ií ser el arnigo de G-iotto y Vcliísquez
el admirador de Rubens; que el obrero destinado inv.iriablemente á labor
maquinal como consecuencia de nuestro triste régimen social, ocupe de
nuevo su pue8to de maestro, de creador, de artista! Y cuando miréis deJic,aclas y concisa;, formas en vuestros edificios; cuando miréis en ]¡~ calle
bellos vestidos que expresen y acentúen la gracia de aquellas que t ienen el
r crfurnc de lus flores ; cuando comprendú.is que debe existir un sentido de
relación y anuonía en la decomción interior, esteras, frisos y muebles de

�r

241

RIWISTA co:sTg1JPORÁNEA

,.

vne:;tras casas, por modestas que sean; cuando encontréis sobre vuestra
mesa los Ji bt'os que fueron con'lideraclos por sus impresores é ilustradores
con sagrada veneración, pues que son destina.dos ií suscitar en las inteligencias una flama inextinguible, entonces pensaréis que algo aconteció, que
nn espíritu nuevo ha debido soplar sobre el pais para. que tales refinamientos estén nl alcance del más humilde ciudadano,ya que en otros tiempos no
podían obtenerse ni con oro ni con amor.

J.

·.r. ACEVEDO
Arq\\itecto

Lectura hecha eu el Casino de Sta. ~'lar[a la
uoche del 31 de Julio de: r907 l que hahfa perma.ne..
c:-ido inMita hasla hoy_

�NOCTURNO EN SI BE~IOL

PRELUDIO

Es la noche poesía:
impregnada de lnna y de perfume
y de melancolía.
:tl:li coraz6n presmnc,
y el viento en el follaje
estudia una nneva sinfonía
salw,je.

i Qué raro es el viento !
Cómo me entristece
su continuo acento
que llorar parece.
iQné rnro es el viento !
También es rara la luna,
y 1rnis que rara envidiosa ;

pues opa.ca presurosa
las estrellas una á una.
ILa luna es muy envidiosa !
Oigo de nuevo mover
las fronchts. Sin dnda el ,dento
está est udiando otro acento
y no lo puede aprender.
i Qué torpezn la del viento!
.Me hallo en un jardín
enfern~o de spleen.

�243

1tE\'lST,\ COM'fl~MPORÁ::!IIU.

lii razón turba y entume
un jazmín &lt;'On sus olores.
;.Xo se &lt;.alllHanín las flores
de dar fliempre su perfume?
¡ Ta mbién son raras lns flores!
Mas esto es una obsesión
&lt;le mi cerebro. ¿Estudia
t"I viento otro nuevo fl6n'l
.\h nó! Ahora preludia
Un nodumo en sí bemol.

II\TERMEZZO

La noche anmza,
:tvnnza la luna,
,en mí anmza. una
◄lcscspernnza.

·1

l

El viento ya no gime,
la flor ya no perfuma,
y en la calma aparente de la n och e, se esfmna
1ma tristeza sublime.
Percibo confusam ente
como al través de la bruma
y un algo dentro m e oprime,
me oprimo constantcment&lt;"~
Divino misterio
&lt;le la noche serena:
íinge el jn.nlfn un grrm cementeriCl
y ro una alrr..a en pena.
~Iiro en lo alto con vivo fulgor
una luz brillar.
¿ Me estar(¡ mirando n.caso con amor?
¿ Podrán las estrella!! amar?
Se a pagó la luz ...
1Cuándo m e dobleganí el dolor ...
cuándo concluirá mi cruz... !

�244

REVIS'l'A CONTEMPOR.{NJ~A

FINALE
La fuente murmura
quejum brosamente;
casi con t ernura
murmura la fuente.
N otus cristalinas
modulan sus gotas,
y surgen divinas
cristalinas notas.
Murmura la fuente
q uejum brosamente.

Y surgen divinas
notas cristalinas.

¿Es acaso una obsesión
de mi cerebro? No sé.
:i\fas escucho el mismo són
sin explicarme el porqué.
Encuentro cierta igualdad
entre la fnet1te y el viento,
modulan el mismo acento
con diversa intensidad.
El viento gime y suspira,
la fuente llora, y murmm·ft,
y en la cadencia que gira
produciendo el mismo s6n,
se percibe la ternura
del Nocturno en sí bemol.
ü ARLOi;

?!Ionter rey, 1909.

BARRERA

�ELLOS
De un tibro en p1e11sa

Todos los dins pasan frente á mi ,,entana, dos terneras.
Va.n al matadero, llevarlas por sendos rapa.ces.
Tienen aún e.&lt;ie gracioso atmdimicnto de las Lestias jóvenes ; se repegan ln una á la otra, saltn,n, miran á todas partes con sus grandes y apacible,.; ojos glaucos y curiosos.
L1egani.n á su destino; les lig:rnín las piernas y con lmi, gran maza
les darán un certero y terrible golpe en el testuz.
Luego..... la nada.
Pero ellas no lo saben , y un minuto, un segundo antes de recibir ese
golpe definitivo, su embrionario espíritu tranquilo se asomflní á sus ojos
pnr!l bafünse en luz, ajeno ti toda inquietud.
i Van á morir, pero no 1o saben!
No lo sabeu, he aquí el celeste y mi:,;cricordioso secreto.
No lo sabc1t, en tanto que nosotros vivimos acosados sin picdn&lt;l por el
fantasma de ht muerte.
To&lt;lal:' las noches, al acostarnos, nos preguntamos :
-¿Será hoy? ¿11fo leva,nta,ré aún J e este lecho?
Y por la mafütna , al despertar, exclamamos con un suspiro:
-iUn día más!
En cuanto la enfermedad nse con su gana acerada nuestras entrañas
y nos enciende en fiebre, murmuramos con inquietud:
- ¿Será esta dolencia la última?
Y 1,n la convalecencia, al invadirnos la suave y tibia oleada de vida
1rne,·a, p ensn.mos :
-Todavía... ..
i Oh tenible, oh espantoso pri\'ilcgio de la vida consciente 1
¿Qué hemos hecho para merecerlo?

\

�:.i.rn

Todos: ese que canta, aqncl qne baila; el otro que atesoi-a; el de más
n.ll:í que ama; el de rru4s ad que se envanece; todos estn,mos co1H.lenados ii
muerte ...... i Y lo sabemos!
P3ro he ahí ií las dos ternerns qne pasan: sus padres no las han engendrado sino para el matadem. Su vida ha sido breve como una 1rni,fü:1na.
La especie ;i que pcrtenece11 , al obedecer al poderoso inst into de perpetuarse, que es el más grnnde instinto de su alma colectiva, no hace sino
llar al homl&gt;re individuos pnra que se los coma.
Todo Sll esfuerzo de siglos viene ,í parar en chuletas, solomillos y puchero.
La especie no vence, no hrt. vimcido en los m ilenarios los obsüículos
que se h:in opuesto á sn vida., sino p ,1,m que nos la comamos.

Y quién te dice, exclama alguien dentro de mí, cierto alguien que
gustn mucho tle di-sentir conmigo: ¿quián te dice que ,i 1n humanidad no
se h comen tiunbién como tí.los bueyes, 1i las vacas y á las terneras? .....
V nmos á ver: i quién te asegurn á tí que no se 1n com en !
- ¡ ......... , ...... ..... !
- Sólo que tampoco ella lo siibe.
- ¡ ..................... !

iSí! Yr, adivino lo que vas á preguntarinc: lquiénes se la comen :
no es eso?
- ¡ ................... .
-Pues se la comen unos seres diáfanos, y, por lo tanto, invisibles para no,,otros los hombres; unos seres translt'icidos, que viven en el aire, que
Jmn nacido en el aire, cuyo mundo es la vasta m,pa atmosférim-i que recubre el globo. Unos seres 1rnis viejos que vosotros, m:is perfectos, más sabios, más dnnÍderos; que realizarán un día, que empi.ezan á realizar ya, el
tipo definitivo de la humanidad. H-Ias leído el Horla de lVfaupassant·?
Pues algo por el estilo.
-Bueno, lpero y la mnerte;?
-La muerte es nna apariencia, tal como vosotros la concebís. No
hay enfermedades; cuando creéis quy enfermáis, es que ELLOS empiezan 1i
comeros, ó bien que os preparan, que os adoban , que os mnccrnn, para el
diario festín. Hecho esto, os matan, á menos que no estéis a.tí.n ií punto,
en cuyo caso os dejtmín pam más tarde, y entonces sa.naréis!

�217

,.

Una vez muertos , KLJ.os van convirtiendo vuestro cuerpo en snsfrtncias
asimilahles para sus org,mismos casi inmateriales. Lo disgregan sabiamente, hasta que os aspiran, como si dijéramos en forma de emanaciones.
Vosotros, estúpidos, penris que os puckís en vuestro ataü&lt;l , hastft q uedn ros en huesos, hast a desvaneceros en polvo.... i Mentira!
i Es que ELLOS os van comiendo poco á poco!
No son los gusanos lo qne os devoran . La carne que no e:, profanad;¡
por las m oscas qne en ella depositan sus gérmenes, no cría gusanos . Y
sin embargo, se descompone, se pudre, se acaba!
lA dónde ha ido?
"Ha restitnído todos y cada. uno de sus elementos nl grnn laborat orio
de la naturaleza", dicen los subios pedantes.
i l\Ientira! ha ido :í nutrir lús organismos esos, misteriosos, del aire,
en la forma idónea p:mi qne ellos se la asimilen.
- i ................... 1
- i La vejez no existo 1 Es otra engnñ ifa; otra apar iencia . Son ELLOS
quieiies os van poniendo as.í.
Se trata de una simple preparación culinarin .. ... de nn civet; ií nlgunos
de esos seres les gustáis frescos ; otros, m ás gourmets , os prnfieren añejos ....
como el queso!
- ¡ ..................... !
-iClaro! i~o me lo crées! iCómo habías de creérmelo! Keccsifarfas un esfuerzo mental superior á t us aptitudes. Tn pobre y ridículo
seutido común :-;e subleYfl, .. .. .
iTarnpoco la ternera créc que nos la com emos ! Si pudiéramos decírselo rnoverfa burlona la cabeza. El golpe de rnnz,i , en sn obscuro cerebro,
de :1sumir a lguna fo rma, sería la de alguna enfermedad fulm inante,de nna
especie de atnque apoplético ; no de otra suerte que vosotros llamáis muerte r epentina, proycniento do la aorta, del aneurisma, de la. congestión, 1i
lo que no es, en suma, sino el golpe de mu.za que os ascstnn ELLOS en est&lt;:
mn ta.clero de la \'ida. !
- ¡ .. .................. !
-Sí, repito que ya sé que no pnedes creerm e. Ni falta que me hace.
Uu día d l! estos te com eriin á tí como 1i los otros, y en pnz .. . .. .

11.?,IADO

NERVO.

�ALGUNOS FRAGMENTOS DE LAS "TRAGEDIAS
EN LA OBSCURIDAD", POEMA DE PUBLICACION
INMINENTE
A la memoria de aquel amigo silencioso
con q uien depnrlí una vez en Kingsto·n ,
sobre las ruinas ele la ciurlad y en una
p laya del Océano; que no pide lógica á. la
emoción y sabe que la unidad del ~ns&gt;\miento pertenece exclusivamente al Poeta.
R. A.

Quiero exprernr mi desazón suprema
y florecer en la virtud del verso:
yo soy Maín, el héroe del poema,
que vió desde los círculos del día
lügnbre y pavoroso el Universo.
Y se que aún mi corazón es puro
como el sagrado corazón de un monte;
y á pesar de la sombra y de la nada,
voy á buscar en medio de mi daño
una calle de luz abierta al horizonte...
Y afano así ln, marcha con la intensa
y mortal inquietud del asesino;

un rayo del Señor abre la dens11,
noche que me circuye, y se derrama
snttvemente á lo largo del camino ...

Tengo la sensación de que discurro
en medio de los pórticos sagrados:
alguien dice mi norn bre á la distancia;
brota un dulce jardín de los collados
y voy á deleitarme en su fragancia ...

#

�REVISTA CONTmIPOitÁNEA

i Cla.ridad del Sefior, templo encendido,
voz que surge en la. noche sempite111a.,
snave j:i.-din de pazl ¿,Yazgo en olvido,
y fué tal vez en la inquietud engafio
el Líen fugaz que con la duda, alterna'?

Sólo un saher escondo claro y justo :
llévole como antol'cha y como daga
en medio del sinuoso laberinto;
en su enorme amplitud mi fe naufraga
y dentro de él hallo estrecho recinto ...

Oh, menguado saber, pobre riqueza
que entra por los sentidos y alucina,
que cada noche en el silencio empieza
y cada vez bajo del sol culmina!

Oh, menguado saber de la fecunda
vida que ante mis ojos se renueva.,
temblorosa y cruel, vasta y profunda ;
madre de los mil part os y el misterio
que á el alma la engrandece ó la subleva!

Aspera cruz en duro cautiverio
que el hombre á su pesar porta y sopor ta;
jugo de miel y vino y dulce almendra
que en la mudez de la campaña absorta
la fe reanima y el amor -engendra.
Por quien el bien de la heredad natía
cantó el viajero de ideal retorno
en la ingenua parábola temprana;
el azul de los cielos desleía
su dulce paz en la primer mañana.

Por quien suspira entre los viejos pinos
á ht tr~í.gica hora del ocaso,
y al hablar deja la palabra trunca.;
el tiempo es breve y el vigor escaso,
y la hermana ideal no vino nunca!

�REVISTA CONTEMPORÁNEA

Por quien canta el camino que á la tarde
se pinta en la montaña evocadora,
ó :í la vívida luz del sol temprano,
corno una obsesión conturbadora
de sangre y sangre en el azul lejano.

Yo soy aquel viajero t ransitor io,
sombra no 1mis en la florida, tierra,
d e fe sediento y de virtud avaro.
El cr epüsculo gris la noche cierra.
El cielo es hondo, y opalino, y claro . ..
Y una inquietud magnífica y terrible,
y un gran t emblor, mi':l manos acobardn
y tm huracán mi juventud doblega.

iSoy esa sombra que cruzó el camino,
de amor dolient,e y de lujuria ciegtd
Soy esa sombra entre la red cautiva.
de un fuerü! halago en el misterio oculto;
la carne como el nlma sensitiva
siente fluír de los a biertos campos
la fe del mal y la virtud del culto.
Gust é al errar por sobre el agrio monte
y la campifia y los maduros cármen es

cuya atracción mi voluntad reclama,
secreta voz y trino de sinsontc
qne al aire tibio su canción derrnma .
Tal descendí de la antioquefüt cumb rnfl orido suelo qne el maizal decorael alma en paz y el cornzón en lumbre ;
y el claro sortilegio ele b aurora
brmió mi lira y la libró de herrumbr e,
Y el Mar divino ií mí divinamente
su grnn virtud hizo afluír entera;
gusté su yodo y la embriaguez ignota
de no se crnil sagrada primaverfi
bajo la pal de una ciudad remota:

�.REVISTA CONTJIMPORÁNEA

ciudad de bien, fastuosa, legendaria.,
ciudad de amor y encanto y t1rmonía
y de recogimiento y de plega.ria;
nna ciudad azul, egregia, fuerte,
¡ una Jerusalcm de poesía!
p

Y como los guerreros animosos
puse en mi pecho una triple corazr1
y fnirne en pos de la ciudad cantiv1J.
bmlando los azares de la muerte
y b fortuna, á mi querer esquiva .

.. .La afanosa, odisea reconstruyo
con deleitable horror: paisaje vago,
de súbito sangriento ó ya cetrino .. ,.
Ah del barrio y ht playa y ht hembm dura,
y el tono de la voz, y el pan, y el vino ,., ..

Y aquel milagro azul y transpart&gt;nte
de las noches de Junio, y la fragancia
de algún jardín al pié ele los alcores,
y aquella levadura de mis cantos
hecha ele mezquindad y sinsabores;
y mi nue,a consciencia en el precario
vivir, y los laureles del ensueño,
y la sagrada vocación interna
que transfigura el cerco de la frente
con una claridad de luz eterna!

Arbol en plenitud, tentó mi alma,,
hundiendo sus raíces en la muerte,
dominar el secreto de la vida
y extender su ramaje puro y claro
hacia la eternidad estremecida ......
Verti6 la noche en mi dolor heroico
el misterio caudal ele sus estrellas
y una absoluta comprensión del día;
y el aire de los montes di6 sus alas
á mi desamparada poesía.

251

�252

RE VISTA CONTF:71IPORÁNJ~A

Y dije mis parábolas entonces
con aquel orgulloso patrimonio
de sencillez, al símbolo propicio;
&lt;le mn.n en1 que echando mi demonio
soportaba el ayuno y el cilicio.

1~1 tiempo, cuyos círculos concentran
t ou:1 la voluntad, i ba gira,ndo,h enorme a spiración circunscribía. . .
¿Cuándo fijé mi clara certidumbre,
y mi consciencia y mi esperanza cuándo?

Regr eso de tal suerte haci:i la playa.,
realizado m i afrín. La Tierra invoca
i,u iey, que rnis empeüos desvirtúa .
Oigo el grito del mar que me penetra
y el hambre de la vida me extenúa!

iitl. mar! el mar! el mar, eterno y sordo !
::in voz ejerce en mi rnindad su imperio
y ú. crímen es salvajes me convidti.
Llegan ,í. mí &lt;lel horizonte o\)scuro
todas las asechanzas del misterio .....

Y mi ciudad'? y mi cindad, &lt;;u,il era,?
Rn bs lucñcs ren1eltas del camino
rn enyentlo en las fau ces de la sombra,
d crrníd.'ls sus torres, y rni espíritu
on su vust:i tragedia ni la nombra!
El soplo d e la noche cautelosa

rnc cfoj:i en Ju riuer,1. entelerido
y pone en mí ht desazón suprema ... . ..
EL t.ní.gico d olor h a condnído.
Yo soy Mnín, el héme dd p oema!

Oh, n o decir, oh, no tener palabras
hrn llenas de virtud y del divino

niilngro que fecunda tus insü111tes,
(•.ampe:,;ino, cerc:rno campesino
que pa;;:,s con tus rnnos recliinuntes ...

..

�253 ·

RJ•:VI.STA co::.TE~IPORANEA.

Y por toJa verdad saber ahora
que brilla el sol y e:l monte se estremeec
y Venus arde en el jardín lejano,
y que muy cerca de mi propia vida
la Vida exhala u11 :fuerte olor hurnano ...

. . . . En la pávida orilla, mientras ruge
odio cordial y fra.ternal y ciego
que empuña. como un vaho el hotizonte ,
dame ioh Sciior ! la, chritlnd interna
y dulce miel y trino de sinsonte;
y que cuente mis pasos en ln sorda

y mortal inq uietud que me circuya
cual una som brn. comrwi mida y &lt;lens:1,
y al resona r los pa,sos de la muerte
tu sacrn voz en mi eonscicncia íluya;

y que olvide la bregit transitoria
y el no ser más, y el no ser menos nunc}t,

y ol viaje á las abie1-tas extensiones
con el miedo cerval de un asesino,
mientras que en el c.lesmayo de la tarde
rueda sobre los ásperos terrones
el carro del campesino .. ..

mcARno ARENALI{:S.

Monterrey, Julio, 1908~

�INGENUIDAD

La retóri1:,t a1.11l de fuego fatuo que nos g11,sta el vecino que torna ,¡: la.
parrúquia, la. inquietan ti~ ligereza de los cronistas y la gravedad de los historiadores, se qnedan chiquititas en coloración Yivnz d elante de la ingenua y cmu pcsina scne;ill~z de nn m i contcrní.n co, el cual , al preguntarle q ué
i1npn,sión le había hech o la Ven ns de :'lfih&gt;, contestó con honrnda franqueza. y así, ni nuturnl:-H ijo mí,,, ií. t res ti rones 111116, m o h uhiera pucirto las
peras á &lt;·uart(I la, ,lanrn aquell:1, ,·un tollo y los diarna ntcs que llevaba yo
llll los dedos y ')Cntir junto :11 corazón el pc:;o n&lt;lornble d e una cartera llcn:t , le billetes .
~ucerlió qne llegó td ·L ouvre tan ancho y ei:;p011Ja&lt;lo, porque iba 1i ver
In. crinturn HHis bella J e la tien;l y tle la cual ha hía oído hablnr desde qne
viera la luz. 8c prep:i1·ó par:t reci bir aquel golpe dnlcisi.mo, como el que
va.~ fanzrir:;c de repen te :í 1m· uafio d e agua frfa; esti ró las solapas del ;;aco, :warició el nudo ,le li~ corbata. y entró :,1 salón de los damascos rojoid il'ienclo (·011 grnn s11ficic11da: ...,...·\' q11e hay..1, quién n.segurc que el &lt;linero
110 ci; el c•o1Tosirn üe· todos lns incon venientes; t1.quí me k néis &lt;lclantc de•
1111 est:án&lt;lulo tic belleza que no verán jamtís los de mi .Jugar.
Y se puso·al frcnte de la, maravillosa escultura.
l-1:In 8oñn,do nstccl que vuela · alguna vez? m e preguntó. ¿Recuerda
que ,le repente se le acaba á uno ~11 vuelo y quc&lt;l~L parado en seco preguntando ¿qué fué, por qué desperté'?
Cabnl: no vió otra cosa qne una mnjm· &lt;le márn1ol verd oso de puro
viejo, manen, .de los &lt;los brazos, ligcrntnente inclinnd.t la cabeza, y colgu,la
en mitllll de u n salón atardecido d e mt\&lt;lius tintas sanguineas.-J!);ta no
puede ser! excht11ó en voz alta, mirando ;-i t-mlas p n.rtc:; en b usca &lt;fo 1:,
a nsiadn i::orprci-a.
-Rila es, le respondió con los ojos llenos d e li~grimas nnn. ingle¡,;¡~qur
parecfa ma,gnet,i::iada p or la estatua.
-Perdón , señnrn .. . ...,;,i tuviera usted la a 11lid.&gt;ilidatl de d ecirme dónck cst:'í el encanto !le .. ... .
Ella lo lllir6 írí,un&lt;mte y to::nó a l divino idiutismn con q ue la f(' :igrnprt. los ángeles en torno de la Divinida.d.
Y es ei,to, pernmba t•I visitante, :í lo que n o se h n. al.rcvit..lo ningún 1·srultor m oderno :i ponerle los braios, por miedo ií. profanar tantu. bellew ·t

�255

f-

Dios mío, con qué !a.cifülaLl se aeamellan los ho111bre:,,! Dijo un guasón
que esto era rnny he1lo, y ahí tenemosii la l1um:widad entera repitiéndolo.
Guardó nn rato de silencio.
·
¿Qué hago?
Resolvió entrar á :rnaliznr por partes, _ya que _el efecto del conjunto
había sido poco menos que el de doloroso tropezón. A ver los ojos . . . .
¿que tenían de raro esos ojos? . . . . . Quía, como todos; menos aún, porque les faltan las pupilas, donde vintJ ti bañarse el a.lma en la luz del día.
;~a frente . . . . . . ah, pues cornn la mayor parte de las que él conocía,
ni ancha, ni angosb. La boca no sonrefa, ni estab:1 seria; se le calumniaba diciéndole lo del ru bí por gnJa partitlo en dos; tampoco se le encontrabnn amagos á tlcsastre. Bonití1 lu nariz, sí, la pura verdad; recta,• reposa.da, pero . . . . . . así había visto él muchas por esas calles.
De repente le asaltó un pe1isamiento ele justicia al desilusionado viajero; era imposible que llO huuiera entre todos los seres que habían visitado el Louvre uno deddidamente h onrndo que hubiese salido gritando ii todos los vientos: mentira, mentirn; la. Venus de .Milo no es otra cosa que
un f:ilua.to ó señuelo conque los pastores :ttraen ¡Í los piíjaros bobalicones!
Y clepués de largo pensnr convino en que la falta estaba en él y no en la
estatua; ahí de las melancolías del dinero ¿para qué si no era capaz &lt;le orear
aquel desamparo?
Hizo esfuerzos mortaJes por darse cuenta del sortilegio que á tantos había hecho llorar; resolvió fingir en b estatua tm fanal de seducción , levantarle caritativos testimonios, estremecerse, alelarse, como la inglesa, pero
aquello no le resultaba, ni él sentía ftbrirse una sola margarita de pasión
en los arenales africanos de su pecho. Le faltaba el sexto sentido. Casi
maldijo la hora en que naciera, viéndose solo, absolutamente solo entrn
tantos que hab-fan l.JOrdauo frases con hihis de sol para la Venus sobre el ra~
so blanco de la sinceridad. Llol'Ó al fin, convencido Je que había llegado
demasiado tarde a.1 festín de los seleccionados.
Cansado ue pedirle á la esta.tua una partícula siquiera de la hostia de
su hechizo infinito, salió desesperado del salón y se metió á otro donde hauía un bosque de es1.:nlturas, nuevas, radiantes, expresivas,y gritó : -Gracias á Dios, que no soy, como pensé, el Judas que ha vendido á Nuestro Señor el Sentimiento! He aquí belleza que se deja encontrar y sentir.
Rápidamente vió una mujer delante de cuya belle1.a la de todas las de
carne y hueso que conocía crn la ronda ele un cocuyo en tomo al sol. Un
hombre torturado más allá por hondo dolor de alma lo paralizó de angustia. Era tan lindo un ángel que snrgfa en misteriosa penumbi•a, y había
tanto cielo en su mirada, que no podía irá ningún lugar de tormento el
que muriera debajo de sus alas. Un niño tembloroso ele frío preguntaba
por su madre aunque no hablara; y esto, horrible, y aquello, fascinador.
Que venga, el autor de la decantíula diosa :i aprender belleza aquí; no me
habléis ele encantus que cuando uno los encuentra estií desencantado de
buscarlos.
Y siguió embelesado con la cándida muche&lt;lum bre, f.eliz porq_\1e se sen

�REVISTA CO~Tf:MPOnÁNEA

tía cnpaz de llevar la batuta entre la nívea armonía de nereidas, gigantes,
serafines y m:.ulonas. Mas, fué el Ci'ISO q ue á poco empezó á notar que se
burlaba de su entusiasmo uno como bosquejo de sonrisa, un dojo de rcsign:1.Ci6n, algo indefinible que iba borrando de su memoria lo qt1c acababa
de ver. Era como uno de esos aires musicales que se queda, uno tarareondo todo el dfa, por más ocupado que esté en otro oficio; un perfume de
los que nos persignen aunque nos frotemos con otro más atrevido.
-¿y bien?
-Qne á poco la mujer que le había pa.reoido tan bella á la ent.radti,
dió en el extraño capricho de descntona1· su belleza, y, quieras que no, logró parecerle regular, y en nn pelo estuvo que no se presentara fea de remate. E l á ngel fué bajando, bajo..ndo de su mágica cumbre hasta q u('
qncd6 en una escultura de o.las abiertas, y el visitante retir6 aquello &lt;le fa
snlvi,ción muriendo á sus pies. Después se convenció de que el hombre
de la, tortura no moriría de ese dolor y &lt;le que el chico no manifestaba clarnmente si era ti. su madre ó á su niñera á q uien llamaba. Y todo se le
tornó igunl á la Venus, inexpresivo, afono, piedra labrada.
A to&lt;lo e!:ito, la sonrisa en botón, la vaga coloración de melancolía, eso
no definible que había dado en martirizarle la memoria, triunfaba tan
ampliamente en su recne1·do, que al .fin se asustó él de t anta franqueza y
de tanta dulzura., y vuelta á repasar las estatuas que tenía. delaute, en busca del enigma. E ra la esencia de una amalgama de sentimientos, liga de
la t risteza y la 11,Jegría, la compasión y el desdén , un crepúsculo en que la
luz y la sombra so fundían como al caer la tarde en un beso de misteriosa
sugestión. i.Dónde he visto yo, se preguntaba el visitante, esa mujer tan
bolla, ese ángel, esa flor , ese demonio, ó lo que sea? Nada, que aquella
crei'lción era un embeleco de su m ente y no el recuerdo de algo visto¡ porque lo que cm en el sal6n no había sino un ejército polar uniformado por
el color y por el silencio. ¿C61110 arrancn.rse, entonces, ese dolor ideal que
lo mortifiCílba'l ¿ Dónde est.tiba, pues, el panal que había destilado sohre
su;; labios la inmarcesible gota de miel cuyo paladeo le em tan dolorosamente grnto?- Qné tonto, c:cclamó al fin; es la suma de muchos l'ecuerdor,;, el componclio de muchas impresiones; Cfü.fa uno de estos personajes
J1a puesto u n átomo ele belleza, y yo he modelado con t odos ellos esto que
lievo dentro de mí.
Y sali6.
Al posar por el sal&lt;Sn de damascos rojos donde esh\ba la Venus do
Milo solitaria en el abismo de sí misma, la miró con profunda indiferencia, y le iba á decir: no eres ot.rn cosa que una far&amp;'l, tolera.da y sostenida
por inciiutos ¡)l'o,incianos que quieren llevnr cirio de belleza encendido ti
s n parroquia ,-cuando le dn un salto el corazón y se detiene como i'lturdido
por un rayo; lús ojos se le llenal'on de lágrinrns y di jo con la solemnidad
del que empieza urm oración: Yo, prcador, me conficso .... ,¿Por qu6,
Señora, no me ttrrodillé ií la entrnd11 '?
Y vió ent@cc:=: ahiertn ti pleno c.~píritu Ju fuente del delicioso martirio
do su memoria.

�257

RE\'[STA CO~TE)tPORÁNEA

Después ele un largo rato de mutismo salió llevándose tí la Venus dentro de sí mismo, como !ns amapolas de oro que se quedan navegando en
lns pupilas después de haber mirado el sol, ó el r uido abismático que se
sigue oyendo como con todo el cuerpo, á medida que nos alejamos del Niúgnrn.

Y lo del segundo salón? Una selva nevada, borrosa, muerta .

SAMUF:L

VELÁSQUEZ.

�EL CRI\1 EN DE JULIAN EN SOR
A Rirardo Arevales,
fra!en,o ca.riño J'
admiraci6n entusiasta.

CcJJl

H. C.
J nlián Ensor, lo mismo que el seüor Parcnt y que 1.-:piscopo, era, un
cobarde, incapaz ele intentar na.da en contra de la nrnjer qne siendo suya
por convenio legal y divino, la sabía él ajena por cotlici;t y por liviandades.
La conoció en mm "Brasserie" alcjatla del centro de la población, á la
cual iba pttra rehuir la tiranía de varios compañeros de oficina, que, n o
con ten tos con hacerle pagar todas sus faltas y realizar todos HlS traba.jos,
le buscaban por las noches pa.m reírse tle sn simplicidad y zaherirte con
procaces burlas . En el rincón menos concurrido, m ientras l::t espuma iba,
d eshaciéndose con tenue chispear sobre el oro líquido y t ransparente de h
cerveza, se res:ircía de las pi-~rnilidadcs sufri1las en las ocho horns ele trabajo. Solo, libre de sus amigos , sin pensar en nada, Julián Ensur era foliz.
Allí nadie le hablabn,; nadie, sospechando su cn.dcter d ébil, le hacfa blanco de invectivas. La cervecería llegó á ser par:t él una nc,;esiclacl, una volnptnosidad, t:Ll vez la única de su vida de claudicaciones. Por las m.iñanas, al esmcr:wse en copiar con su elegante lctrn, inglesa ofieios y disposidones ministeria.les que haLían de v,~ler phicemes ,í, otros, pensaba en la
!legada de la noche, en h luz cruda d~ los focos eléctricos, en los amplios
divanes tapizados d e verde y en los espejos luminosos y profundos. Ya
por las tardes, todo su cuerpo enflaquecido tremaba de dolorosa impaciencia, y luego comía aceleradamente, dejando muchas veces el postre para,
ir, con las precauciones de un malhechor que se cree perseguido, tí sentarse intranquilo y dichoso ante el vaso de cerveza , cuyo amargor penetnmte
no concluía de ser grato tí su paladar.
Conocía de vista, :i todos los parroquianos asiduoR, y siempre que los
hallaba en la calle crnzaba con ellos una mira.da familiar, casi misteriosa,
una de esas miradas qne forman el hilo de un secreto. Y :tllí conoció á su
mujer. Era joven, morena; en su .rostro, bajo el complicado artific.io de
sn cnbellem opulenta y obscura, dos manchas bermejas contrastaban con
la tenebrosa profund:dad ele sus ojos, agrandados por sendos círculos azu-

�HF.\ºJSTAco:,,'fF.~(POR,(:KEA
les, y con la. cm·va const antemente húmeda y roja de su boe1\, que fingía
llrn\ heritla.
l,Que cómo fué el c:.1so? Concretam ente nadie puede d ecirlo. T u vo
t'í'fl cncndenación incsperad¡t y fatu.l q ne eslabona los hechos, uniendo tér11ti11os tan di1;tantes que la perspicacia 1mís aguda no soi-pech ara verlo,;
acerc:ulos jamtis. Durante muchas noches él la vió con el mismo manso
11mor conque vo[a todas las cosas d el est.\lilecim icnto: los divn.nes, las mc~m;, lns cafeteras humcn.ntes, las uotellas de opaca. cliafoniclad, ol rnpnr.,
c;ranuja precor., que pregonaba con voz i11~;in unnte cerillas y p eriódicos ilustrados. L a Yefa ambular p or entre las mesas, inclinari-e aute lus parroquian os .r reeor1·er, con la diversidad de sns sonrisas, una. extensa, gnmn.,
C'11da uno de cuyos matices hubiera sen·ido á otro ol,serv11clor mns saga:,:
para clasificar la esplendidez de las propinas. L a vefa como á una co!'a,
y nunca. pensó en el cn cn.nto sensual d e aquel cuerpo, que muchas ,·ecos,
nl l1t11tarse rápid o en un esguince á la solicitud de una mnn o ndcsa, chocaba contrn los vela.dore.·, alzando de ellos un sonoro temblor &lt;le cristalci'.
C,1si n o advc-rtfa que ella era la más joven y la más hermosa de las camareras, cnsi no ncln,n tht que ella era la m.is agasajada. P ara él, era uno do
0 s objetos de In cervecería ... Y sin e111h.1rgo.... ,¿Cómo fué aquello? U nn
110C'he, ella no le cobró 1n, C'en·ezu; otra, pasadas algunas, le trajo un vaso
i,,in él p cllírsclo y tn.mpoeo se lo quiso cobr:1.r ; varías semanas dc;;pués lo
dió ,parn, qnc cnmlJiase un billete ele veinticinco pc•setas y ella no volvió con
el cnrnbiu; y la noche d e u n viernes, por fin, le dijo que fa esperara y saliernn junto:,. F.n Ju e:illo se les unió un dujo de cn.beza inton sa y brillante mirnda suspicaz. ElJa le elijo que era sn padre.
-Mi Junnita ya. nos hahíu hnblndo de usted. En easn. tienen m u chn~
gana,1 de con ocerle.
-¿De mí? ... .. ,¿Jma les h:\ hablado de mí? ... ..
- Kosntros no somos d e esos p::tdl'cs que se oponen á que sus hijas ten gan no,·io, lsabc usted? Siendo, como ustt&gt;d, persona h onrada ...... Desde
hoy yn, cuenta con nue~tro permiso.
Y fné m;Í. Después, unu sucesión de h echos a.bs\.lrdamentc Jógicor-1:
rn1·ios paseos, &lt;lo~ jiras al c ai11110, algunos viajes á lll vicaría, nna ceremonia gl'otesca; un Yclo bhtnco, un ramo (quizás demasiado grande) ele azahal'cs, u n frac de lx1zar, algunos latines i·ituales tnrtnmucleados por \111
cun1. o\Jeso. Y Üe3pni,..... tlespu5s la. dcsdich:t.

Y la. dc,;didia iné t enazmente cruel. Desde la t:u·de de la boda, Juliún Ensllr sabía que era un prcdestin a.clo, os más, lo sabía desde antes ; Y
(:U:rndo el sacerdote Je pregnntó si la aceptaba, por esposa, él hubiera respondido que no, si nquelb irrcmcdiublc cohardfa qne pesaba sobre todos
los gémtcnes de f ll at·ción, 1c hubiera pPrmiticlo el transcendental acto de

�:2(W

REYIS'l'A CO:'\'J'lmPOR.-C:S-JsA

hn.cer, por ún ica vez en la vidn, su volunh id, en vez de someterse ti la de
los otros.
Slls amigos com enzaron á hacerle visitns in jus tific:idas . l◄'ué manda&lt;ln por su mujer ,í. recados de premio~L tramitación. Una. tanlo, yendo de
paseo escoltado por a.lgunos jóvenes que sin recatarse de él fa miraban con
eilas miradas (lile lmbltin de una historia, de un con venio ó de lllHI procaz
;;ulicitutl, oyó una voz grosern decir: &lt;(\lira qllé gracioso el marido de la
Jn:mit,Ln, Y algunas veces encontraba sobl'e sn pupitre, dibujados por manos r udimentarias y arteras, ciervos, tauros y unicornios, que él rompía en
P&lt;-'Q nc11os fragm entos para dn.rlos uno á uno á. la purificación del fuego de
la estufa, mientras rnedit:tblL frínmm1te que 861o una explosión colérica podría. redimirle tlc aquellns torturas.
Y tuvo que agn:udü1• en la. escalera 1í que, después de una mal disimul1ula inquictml interior, la puertrL se auriesc, para. cncontmr en la sal.\
:í. su mujer y ú cualquie1· a migo en actitudes harto comedidas. No empromediado el segundo mes ele matrimonio, cuando tuvo q nl.! servirse la. cena,
porque su esposa había salido siil siquiera. a.&lt;lvertil'le, dejámlolc dicho que
iha al teatro. Y al finalizar el quinto mes, una deformación mtüemal era
en Juanita una ucusación, y una promesa pcrentorin. ue alumbramiento.
J ulián Ensor sufría. todo pacientemente. Por las n1111ianw, , al entrar
en la oficina, sus compañeros le p regunta.han , uno después &lt;le otro, con
voces entrecortadas por toses y por risas 1.m rlonas :
- ¿Cuámlo nace tu hijo'/
Y tiun otro, el miis dcsvt1rgonz:ulo, a.fia&lt;lía:
-Es preeiso que In buena t:stirpc de los Ensor se perpetúe.
Y Juli:in hunJ fa el ncerado raspador en la carpeta, y al hacerlo, pensaba en los corazones de aquellos que t11.n despiadadamente her ían el suyo,
aterrorizado por la d sión sangrienta que en su imaginación, cándida y pacífica, se fija.ba con el burocnitico aspecto de un frasco &lt;le tinta roja dcrrn11m&lt;lo.

Fné en abril, una tarde, al volver del ministerio embriagado con la
fragancia ,í.spera de un ramo tle geranios que le obligase á comprar una flori::;t.a, cuando el viejo de c,ibcza intonsa. le recibió con acongoj1L&lt;lo chLmor:
-iJuanita está grave .... . Conc, ve ó. ca.sa de don Luis ..... La. coma&lt;lrona ya no puede hacer nntb !
Cnsi sin consciencia, descendió la eSCiLlera, y con pasos inciertos de
beudo t1irigiose á casa del doctor. Al ir :í. t raspon er la acera, un hon.1 hre
Be le acercó d ecidido y tmbado: era un antiguo parroquiano de lu eervecería:
-HJstcd es el m:nitlo de Juttnita? ..... lCómo estti.? .. ... l Es cierto que
puede morirse?
_
-Bien... . Ko sé .... .No, no se muere.
Julíán Ensor comprendió; en un instante se hizo cargo de aquella abominable vergüenza. Y en tanto, sin detenerse, t ropezando con los t ranseúntes, seguía su rnta, pensaba que él se debiera volver y mata r, con la
mhmia glacial indiferencia lxírbnra conque pensamos trágicas soluciones á

�RT&lt;:\'fS'fA COXTF.~fPOit,CKEA

2GI

un drama visto (m el teatro. El doctor le recibió con lchb cortesía, ha·
ciéndole, á la vez que se ponfa parsimonioso el abrigo y el sombrero, prn¡;untns que él contestaba maquinnlmente.
-¿Tiene convulsiones'? ...... ,¿No la hmummeticlo durante quince días
ií alimentación láctea? .... .'fal vez sea la albúmina el motivo .... ¿Cuánto,
meses llevan de matrimonio?
Julián Ensor, afrentado y cobarde, respondió hasta la última pregunta, sin mentir. En el coche, mecido por el blando vaivén, una idea terrible comenzó ií rondarle; una idea tan pavorosa que él en vano la tratnli:i
de esquivar, mirando la calle en apariencia fugitiva por el cristal turbio
del carrrn1je. Era una idea tenaz, diabólica, que nada ele algo desconocido en él, de algún centro de recónditas energías. "iSi ella muriese!" Y
la-idea se desarrollaba, se precisaba hasta concretar todos sus tt·árnitc:-::
un féretro, una noche de vela, un paseo tras un carro fúnebre en una mafürna asoleada, y después ...... después la libertad, la soledad, los ratos felices en otra cervecería donde no hubiera mujeres, viéndose todas las noches en la hondura luminosa de los espejos, y no pensando ni temiendo
nada ante el o.r o transparente y líquido de la cerveza que se irfo. deshaciendo eon tenue chispear.
El doctor penetró en la habitación, volviendo 1t salir poco después,
(lesnudos los brazos, para buscar en un maletín algo que .Juliáu vió brillar
con argénteas fulguraciones. Antes de volver á la alcoba, le elijo:
-Mtis vale que usted se quede afuera.
-Sí, yo estaré aquí, junto á la venta.wt.
Sujeto á los barrotes, casi convulso, escuchaba, curioso de los menores
ruidos de adentro. Las vecinas piadosas salían ó entraban con vasijas y
trapos. De tiempo en tiempo percibíunse las frases imperativas del doctor.
Y por las rendijas, en un instante de audacia, pudo ver el rostro exangüe
de la esposa junto al cual una mano sostenía. un frasco azul. Sin repa,rnr
en J ulhín comentaron algunas vecinas que salían:
-Vaya un trance duro, mi sefiora! Uno de los dos tiene que quedar. ..... :E:J doctor lo ha dicho.
Y entraron. Solo, sujetándose á. la ventana para no caer, la ideil terrible vol.vió á hacer presa en sn cerebro. Ahora se concretaba más: "Oh,
si ella muriese!" Y con una rapidez de alucinación se sucedían en sus
ojos cerrados las visiones de una caja grande galoneada de oro y de una cajita blanca muy pequeña, casi tanto como la caja del papel del jefe de su
negociado. "i Si fuera ella la que muriese!. .... " La idea se agigantaba, se a poderaba de su voluntad y la dirigía hecha un voto maléfico haci:~
dentro del cuarto, donde la anestesiada articulaba con torpeza frases incoherentes, y llamaba á alguien, 1í alguien que él ya odiaba.. iOh, tanto
tiempo sin sospechar! Al recuerdo de aquel antiguo conocido, visto con
simpatía innumerables veces, al recuerdo ele la pregunta audaz, al recuerdo de su plácida dicha trnncacla, la idea pe.i·fecciona.ba su maleficio, hacfase más claramente perversa: "iQue sea ella, que ,:ca. ella aunque virn s1t
hijo! .... " Y hubo un murmullo dentro. 1\':1 comprcndi6 que n.lgo deL:isivo

�:2G:2

HEVIS'l'A CO:NTBMPOR.-bmA

ocnrrfa y se ,tforró con convulsa, fuerza 1i los barrotes..... ¿A cnál de los dos
tendrfa que :tcompafiru· ·en lít mn.fiarrn nsoleada que siguiese :i la intcrminalJle noche del velorio! ....... Sobre el murmullo compasivo, unos vagidos gango$oS é intermitentes vibraron en la. habitación.
Y ur,it de las vecinas que salían trémulas, retratado en los rostros ese
horror inconfundible de los que han visto pasar :í la. muerte cercit de sí,
exelamó al vel' á :Jufüí.n exánime junto rí, la ventana:
-iPobrn!. ... iTtrn poco tiempo de casadosl.. ... .Mira cómo, tan débil,
ha podido doblar los barrotes: la fuerza del dolor ! . . .. . i Que Dios nos libre
sefi.ora , Dios nos libre!. .....

ALFONSO

HERNANDEZ-C}i.TÁ.

�SOLEDADES

Las manos ele la Amael,1
tienen toda energía aprisionada .
¿No s1tli0s ele las mozas campesinfll-1
cuando, al cuidado de 1n, cas.1, atentas,
echan grano en el suelo y, parlanchinas,
llaman tí loi; polluelos y gallinas
y viéndoles picar están contentas'?
Ríe junto al hogar ht madre anciana,
derrama por el suelo
sn floreciente carne el pequefiuelo,
canta en h~ lejanía una campana.,
vuelve el viejo del campo y, rodeado
de tanta paz, se encuentra bien ha.liado ....
Las manos de la Amn.da.
tienen aprisionada
cski paz, esta calma, esta hora bella:
dijérais que se extienden gcnero&lt;;as
tí ordenar y nutrir todas las cosas
y que est6n todas tÜ cuidado de elb.

Los brazos de la A.machi
f'on una doble senda perfumada.
Toda icle,t en la m ente concebida.
baja por ellos ri ordenar la vida.
Si la mente á ocuparlos no es bastante,
por ser premiosa 6 por estar distante,
el eorazón, que está :í m edio cmnino,
brija por ambas sendas peregrino.

EDUAIWO

I\JARQUIKA

�DE VIAJE ·

I

co~

RUMBO A FRANCIA

Son las cl,B (le la tanlc. Puede afirmarse, n.unque no ,i boca llena, qne
el i]fa es claro. (Rara avis i1t Lo11don.) El sol, un sol de er:;tm1o, un tant,, p.ífühi qtal deslu~t ra&lt;lo medallón de pbta, camim&lt;) del oc:tso va imp:tciente, por tnm \J,m,e en el lecho ele espumas que ha (le prepararle, aynda
t!e c:imal'a snyo, d viejo y amoroso Atlante.
El &lt;(ca!J» se ha c.lete11itlo ,í nuestrn puerta. Listo :í la propina, un mozo rob11sto y ágil se ha heeho de nuestros equipajes y los ha anojado
ti la t echümbre del Ycliículo. Por fin, a comodados, partimos :í b estación.
Con no poco tmlJ:ijo H•)S ,d)rimos p:iso pot entre In, arrolladora mnltitituJ que corre ~í nnestrn lado con ruido oceánico, hasta que nos halhtrnos, al cabo de a.lgunos millutos, bajo los aforrados portales de Charing
Crnss .
Una mu&lt;.:iH~,lumbre horrnigea cn los correclores y se dá prisa por tomar
enanto a.n tes los carros que esperan sumisos al pié de los nndenes, como rotundos elefantes que se dis¡msie1':m á devorar las angustiosas distn.ncias del
desierto.
No hay tiempo qne perder, la bestia ruge, lanza. prnlongados y penetrn,ntcs úlbillos, eshí impaeiente 1&gt;or d esentumecer sus músculos de acero.
El I nspeetor pa:;a revista de porterneht en portezuela agujerando los tickets
,le los pas.i.joros. Un t'iltimo silbido miis prolongado y más agudo aú.n, rompo la, posada atmósfera. q110 nos rodea, y nos hacernos á la rut:t cn.utelosamente.
Hemos burlado la ennegrecida, jau!a. de la estación, ha quedado atrás el
embarazoso cmpn.rrillado de los rieles: ya podemos goza.r 1i nuestra guisa,
del majestuoso pm1mmmt del Tiírnesis.
Es nna vista regia., animada mise en scene ele este coliseo sin igual. Entre la interminable valla qnc le forman los so1nbríos palacios, discurre pesadamente el soberano d e los ríos de Albión. Aquí se desliza y allí rebota;

�265
1

1

ora lame con sus linfas el limo tle los barrancos, ora azota con sus t umbos los
gruesos pontones que ca becenn sobrn lns ondaR cual fubulosos cocodrilos
que se hicieran ti la, orilla pura desca11sar de sus fatigoi'as rondas por las
diliitadas galería,; de crist.al .
La actividad impera. Aquí las gnía.s suben y bajim sus brazos rígidos,
nfüí. sobre el dorso de los puentes la caravana pasa, por el estuario clel río ;
t ridente en mano, entrn Neptuno despertando el sosegado oleaje; y las ligcrns canoas y las ventrudas !tinchas, los airosos navíos y los vapores arrogantes :wnnza.n y retroceden , cruzan y se entrecruzan tejiendo con sus proras esos scdel'i.os cne,1,jes con que se engalana la vestiduni verde cobn.lto de
las aguas,

Alhi lejos, tras el plomizo cenefa! del horizonte, se ha. perdido ya, envuelto en sombras y pesadillas, el mundo negro y tedioso de la ciudad hec.ttonquem. Un mimje nuevo se abre á nuestros ojos. Es la campiña, la
dilatndii campifül inglesa, uniforme, llena, repleta de verdum, y queseantoj:i, por lo cenada y por lo inmensa, monstruosa alfombra tendida sobre
un peñasco del Athintico.
m tren corre, eone desespetwlamente llenr1ndo n uestras pupilas de
una visión esmemlda. Por dos horas más, el t raquet eo monótono é ingrato
lm ametrnllu.do sin compasión nuestros oídos, pero henos ya frente al maL
Un mar ceniciento, un mar sucio, revoltoso, inquieto.
1'Iiro la.,; b:lrca.s de los peseadores subir y bajar sobre ]a onda pa.lpitante, creo que de uno :í. otro momento ha de envolverlas un golpe de ola., y
las tengo Iüslima. Me parece, aunque sin haberlas visto antes jamás, que
las agu.1sdel Canal se agitan de un modo inusitado, y no hablo con sincericlacl i-;i &lt;ligo qne me siento del todo tranquilo.
H emos llegado á Folqu&lt;&gt;stone, simpático puerto inglés que tiene su
asiento en nna eorta ensenada; ú derech:1 6 izquierda, se le,,antl:in austeros
los macizos cantiles que abaten los golpes de la furia neptúnica.
Apenas nhmdonamos el tren, nos dirigimos al muelle, donde nos
ngi.uu·da el pequeño vapor en que hemos de hacer la travesía. ¿La travesía elije? Sí, así la llamo, con toda la solemnidad de la palabra; pues aunque corto, este paso ha sido teatro de mil averías dolorosas. No se ha pensado alguna vez en practicar un túnel ó en tender un puente para poner á
cubierto ~í los viajeros de los peligros de t:'s te ma1·, tan de consumo enfurecido·? Tenía razón al condolerme de las frágiles barcas que ha poco veía
bambolear desde la ribera. Y ahora, que vamos ya en pleno ole:ije, renuévanse en mí los recuerdos alarmantes. ¿A qué contarlos'r iHan sido tantos y tan llenos de aventuras desgraciadas!
Para deshacerme de estos pensamientos, abro un libro de Amicis [*] que he sacado de mi faltriquera. iEstoy de malas! Tropiezo,
(*) ¡Duenua en paz el amado de los niños!

�2G6

REVISTA CO}l'l'EMPOR.{NEA

como llevallo por misterioso m aleficio, con h narración tle las torturas que
Ji.ir.o sufrir al autor italfano un terrible marco, aqní, sobre estas mismas
ondas qne azotan furiosamente los f.lancos del navío.
liJsa lectura rne h;i, hecho dni'io, me ha sugerido la idea de que he de
r;oportar por scgumla \7ez lo. escandalosa hue]g¡, clel estómago. Sin embargo, una causa inesperada vien e en mi aymb con:inrando de golpe la agrcSlOll que me arncrn1-za . Tras_el lomo crinado de Jns r.guns, veo ya los perfiles de la cost:i, y los precursores clesílln ccimientos del mareo h uyen de
mí corno por cn8almo.
Bolofia abre el seno dd so::;cgntl o c:rnal, y arribamos al p uerto.
La, Fnmc:ia, país de cm;uefío v de quimerri, aparece con todo su encan
to :í ln vista del Yiajero, á quien parece decir con mudo lenguaje : hés bien.
LoB nrnchachos cantan ú coro la Marsellesa.

II
i\IAG?,A

PECCATRIX.

Vedla! Alhí. v:i! Arrogante y altírn, seductora y rítm.ica. E s ln,
g ramle, la, excelsa, la soberann de las pecadoras del m undo, es la, cocotle.
fa] la llaman los parisienses.
l~n simplejtarre ó en coupf nristw:nitico, por doquiem aparece domin:indolo todo, ntraycndo b voluntad de sus eternos ndmirndores.
'
En las funciones teatrales, en k,s entretenimientos do los ca:fé-concierhls ó en la.c; veladas ()l'giústicas del Bonlcnml, ella es ln n ota que domina,
ht icletb viva, en redor de la cnal gr~n-itan los ruidosos actos de la vida galante.
Gusta de aparecer tnmbién , durante los grandes estrenos ele la Opera
&lt;5 ele la CumeLlia Francesa, d el Vaudcvi/lc ó del Re11aissa11se. Pero su lugar favorito, el sitio donde se da t"ita noche ti noche con las otras del gremio, es el T eatl'O Mnrigny. Allí hace la sol&gt;erbia mu1Hhna sus conquistas : y :;on, c;:i~i siempre, amantes setl'ntones , n aba bs cosmopolitas qnecon
puñados tle riibios luiseg ó con rolios de i'lmnantcs billetes d el fümco ele
Francia, compran en e~e mer&lt;·ntlo de pon ·ersi&lt;hdes los ,·einte abriles frescos y loz,inos d e las alegres ~fagcfalcr:as.
A eso vn. allí la excels:t, la soberana, h rítmica. A ser valorizada,
medida, tasada según las exigcrl('i:1s del mmlcrno Sulhin y Señ or, Don Dinero. ¿y de lns obras de la, escena? Poco le ,·a, le son tan C\)llOcidas corno á los m ismos. artistas á quienes suele acompaliar, aunque á medía voz,
en la. ejt·cución ele sus papeles.
El caso es curioso. E l obserr,idor, desde sn bnt a.ca , SE' 11e solicitado,
ii h vez, pm· do~ r ep resentacion es ~i t·unl m.is interesante : la de los verdatkros nctorcs y la de los no menos \·enla\lc:ros que asnmc11 galantes y cocofas en el promeaoir.

"

�2G7

RJ~VISTA CO~TJ~31POHJ~EA

La vida de ]a ,· endedMa, de caricias es sol&gt;remanern espl{ntfüla. 'l'odo
es en ella suntuoso, opulento, regio.
La carrera cocotil es tan nipida como luerntiva. Bi la aspirante es mor.a., graeios'.1, esheltn,, y hay además en su cnerpo indicios &lt;le fat urns morbideces , la. ascensión , si así puede llamarse la de est as trh;te;; rnrí,quinm; de
amor, es nna cosa segura. Hay, sin embargo, quienes, sin reunir en grado sumo estas cualida.Lles, y sin müs recursos que su iniciativa, llega,n :i haeer::'e interesantes, favorecidas, y hasta solicit:ulas parn puncr t érmino 1t la
azarosa profesión , rindiendo la. cerviz al yugo nrntrimonial. A falt a de
hermosurn, audacia.. ¿RsconHis la heroína. de que nos ha.b!a Ensefütt en
uno de sus libros? He ahí el símbolo Je las que triunfan por tales mellios.
Ya os dije, la vithi. de hi mundaun. parisiense es espléndida,. Crnmd,l eshí: en el n.pogeo de sus glorias , no hay mnjel' que la iguale en magnificencia: sns trajes vrtlen nntt fortuna, sns joyas un tesorn.
No c reeréis, empero, que su grandeza es sin Mrmino, que sn vid,t es tm
,;empiterno encanto, un perenne ernmeüo de rosas; y hacéis bien. Porque
si es soberana, también es escla.va, escla va de su destino, esclava do sus
gustos, esclava de sus pasiones; y si es reina, su reinado sólo d u.ra ]o que
su hennosura. Apenas la mano de los nfios rompe la armonfo: clel rostro,
y pone, sobre hi hrnnn. 6 blonda cabellHrn, sus primeros hilos de nieve, la
escarcha de la vida, la. dceau.encia empieza.
Iniciase, entonces, el fat:11 descendimiento que va de orgía en orgía, y
de desenfreno en desenfreno, y hace &lt;letencrsq en la rígida cama de u n h ospital.
Así termina la ruidosa C!trrcra de l::t gran mundaua.; y mientra¡.; ella
:tgoniza, mientras cae la. sombra del olvido y de la-,muerte sobre h que foé
astro ele vivos resplandores, allá en el Ter~tro Ma ngny, entre los aires dionisíacos de una orquesta loca," pasa el rebaño gorjean te atrayendo las golosas m iradas de los nababs cosmopolitas.

1905.

FOH-TUNA'rü

LOZAN o.

�POESIA PURA

IV
EN LA DESNUDA TIERRA .. .

En la. d e'!nnda. tierrn llel camino,
la. horn florida brota.,
espino solitario
del valle humilde en la revnclti~ umliro11a.
El salmo Yerdadcro
de tenue Yoz hoy toma
al corazón, y al labio
la palabra quebrada y tcml,lorosa..

l\:Ii:, viejos roa.re:½ clnermen ~ se apaganm
sus espumas sonorns
snbre la playa estéril. La tormenta
camina lejos ~n la nube torva.

Vuelve la pnz al ciclo;
la bris:1 tutel:tr esparce arorrn1s
ot.ra vez sobre el camp0, y aparece
en la bendita solcllacl tu sornlirn ...
ANTONIO

l\IACH.ADO

�CONFESION DE POESIA

)

L

l'uesía es el arte de la palabra; cntencliemlo por a.rte la belleza trashu1t1a1nHla, y por bellem la, revelación del ser por la. fornm. Forma es la
huella del ritmo creador en la materia creada; porque consistiendo la cre,1.&lt;:ión en el esfuerzo de Dios á trn..vés del caos, por ser esfuerzo es rítmica.
H e aquí cómo me figuro yo el mundo, parn el caso. Dios, pt·incipio
.Y fin de todas lns cosas, vn. revelándose ,i sí mis1110 ii tnwés del caos por h
1,re;1.ción, en cuyo esfuerzo ha lJegaclo á nparecer el hombre en la tierra.
El hombre es, puc,;, ln. tierra en el estado de conciencia divina que ha podido lograr hasta ahora,; es la Natm a1m:a. sintiéndose á sí mifm1a y espiritnaliY.lindose parn volver toda :í Dios. Esta. vuelta ni Padre es con esfuerzo y dolor, porque el caos se resiste ri, ser vencido por la creación : lie
aquí el mist erio del mal qne es el .m isterio m ismo del caos, y el d e la creación mi"nut.
Dios buseándose á sí mismo con amor y dolor 1i través del mundo: 011
esta figura y ÍTiajcstail, CC&gt;rno Ul1,l , divina tmgedia, se me representa á mí
toda la vi&lt;fa universal, desde el esfuerzo 1x1r nacer tlc lo más humilde de
lit tierra, h:,stít el sublime misterio de fa Redención. Tal y tanta siento la
dignidad del espíritu l1umano que iL&lt;,;mne toda esta inmensa acción en h
t ierra en tantos grados y nwnerns.
H e nquf el hombre colocado en la Katuraleza, sintiéndose un grado de
ella hn,cia Dios, que siendo sn origen es tarn bién su fin. Todo viene de
Dios y todo lia, d e volver :í. Dios con esfuerzo. Y héme aquí para e.llo en
esta tierra. que ecsumo desde la aparente insensibilidad de su barro basta
la consciente sens ibilidad de mi persona que de él fué hecha.
::liento, an te todo, el instinto de vivir en esta persona mía, y me apo. dcro para ello &lt;le ctrnnto me cnn viene ; y como presiento sü disgregación,
la muerte personal terreno,, acude ti mí el amor, instintivo también, pn.ra
perpetuar mi especie, y con elln. la infinita n.sce11si6n del espírit u humano.
hacia Dios. Frate/Li a un tempo stesso amore e morte-ingener6 La sorte.
Pern estos instintos que r cconozeo t ambién en otros grados inferiores
(le animación de la Naturaleza se proporcionan en mí al grado mío en ella,,
:í. mi dignidad humana. Mi egoísmo es ya inteligente; mi amor, sentimental: soy nn hombre sobre la Naturnlcza y entre mis semejantes. Y
me apodero de aquélla diestmmente (soy trabajador), y ayudo y me ayu-

�270

REVISTA GONTEMPOH.\NJ•:A

do de mis herrnnnos en dignidad, todm; solidarios comnigo en el esfuNr.o
humano para el fin espiritual : he aquí ln sociedad. T engo una nrn;ier mía
ii J:1, que quiero, n o simplemente corno macho, sino como homhre engendrador de hombres ; y tengo con ella hijos en quienes perpetuar ascendiendo mi p er~oua misma. Soy esposo, padre y ciudadano.
Pero simultiincamentc con e,-ti~ a cción mía. exterior sohrc la Naturaleza, sobre la especie y snbrn la sociedad, hay una acción interior, un divino
reflejo de todas estas cosas dentro de mí, un:i conciencia : contemplo y 111c
rnntemplo : y Dios se mueve en mi altua.
Hémc aqní solo, una tarde, :í orilh del ma r. La Katuralcza :,e &lt;.:&lt;&gt;11t empla 1Í sí 1n-isma en mí. Veo llls olns ve11ir y r omper en h plnya ilen:i
de sol. El intcnnilial,lc movimiento de sn inmensidad brillante foS(_·i;m
mis ojos, y el ritmo con que suenan mece mi sentillo; la brisa a caricia 11Li
freiite con su frescot, y aspiro con deltcia los o!orns m arinos que me trae.
Siento un Liencstai· pac ífico y g1·r111de, nn éxtasis en el seno d e la Naturaleza: en nada pienso todada.
De pronto, D:o;; se mueve en mi alma, y empiezo ti sentir fa marnülla de que totlo esto haya sido creado, me invttde el sentimiento d e nn
Creador, mi eomzón se ngita rn1i~ vivamente, alzo los ojoH al ciclo, y el
¡;ermen de la nració11 l,rota tm mi alma. E s mi momento rc~ligioso.
]i;n seguicla rne pongo :i pensar en el por qué y pnra qué esto ha sido
c reado, y In qm1 yo mism ,&gt; rcpresPnto ante ello. Mis ojos se bajan y ('l1tnrnan, mis ·cejas é'c frunl;!en y mi pensamiento pugna poi' producir fa fórmula i&lt;leal &lt;le Dios , de la Naturaleza y del hombl'e. Es nü momento filo sófico.
l\Ias este csfnerzo mismo m e lle,·a á considera r el cómo todo ha sido
hech o y á buscar la ley que rige el movimiento del mar, y la ley de la lu;1,
clel sol , y de los cuerpos celestes ; la ley d e mis sentidos que todo esto perc:iben, y la del trnba.jn mismo de r.::ii pensamiento al nplicarse ri ello:' es
una, grnn curiosidad ele Dios y ücl niun&lt;lo, de mi cuerpo y de m i alma, lo
que nrn ator menta ; es la ciencia que busca en mi definiciones, clasifieacioues, cleseorupoi;itión en térrninos, recomposición en leyes.
Pero he nqní que nna harca con sus pescadores sale al mar, i&lt;e balan cea, levanta la vela qne se hincha. al viento y lleva la barca con la, gente ;
y _ya m e interesa la clisposieión tle esta barca que la, permite flotar, b fuerza de la vela que l¡¡, lleva, y el arte del timon ero que la dirige. La imlnatria del hombl'e ocupa entonces mi entendimiento .
Entretanto hl bm·ca se aleja con sn,i hombres, y ya son ellos, los pobres pescadores, su vida azarosa, la eventual gllnancia., las mujeres y los
nifios que qnc&lt;.l an en tierra. cs_pcnrnrlo el pan, los p eligros del m a r, lo que
inq11iet!i nii cora zón: aq uellos hom bres son mis h ermanos, sieI1to piedad
por ellos, nrnor, quisiera hacerles bien: Dios se mncve en mí corno amor y
bien : es rni momento mornl.
La barra es un punto en el horizonte, ya no ln veo. Anoch ece. ]\fe
lc\·anto y me \'Oy mcd it:indo sobre l:t varia suerte tlc los hombres y su de-

K

�REVISTA CO~TEoIPOflÁNEA

271

rccho al pan corporal y espiritual y de cómo regir las sociedades en justicia ...
1fas en medio de todos r&gt;stos momentos hubo segur.unente alguno en
(lllC el mar, la tícna., el cíelo y los hom brcs me interCBm·on solamente por
s 11 forma: el cielo por gra.nclr, azul y claro ; el mar por su rumor, mtwirniento y brillo; los hombres por sn figura y actitml; la harca por su cortu
lxdaneco entre dos inmensidades; y hastti tle mí mismo me hm1 interesado
sóln la1&gt; figuraciones ele 1ni sentimiento evocadas por las que se me pusieron
delanto. Y también Dios se ha movidu en mí s61o por esto. He aquí la
emoción est ética, que no ha trast:eudido 1í, oración , ni ií rnflexi6n, ni :í. cnrio:;ichJ , ni 6, piedad ; sino simplemente ií nn afán de expresión, sin otrn
interés que la expresión en sí: he aquí la emoción artística; y, naciendo
de ella, el arte, la. belleza pasada tí través del homl)l'e, la, forma humana
de la fOl'nm natural.
Y como la forma nat ural es la manifestación materirtl del divino esfuerzo de la creación, y como en la naturn.leza del esfuerzo está d ser dtmico, la forma artística no puede ser más que el ritmo hurnano desperta(lo poi· d naturnl del cual procede y mo\'ifmlose en :1finidatl con él, yaqnc
el holubre es sólo nn grndo de la. )fatnrnleza hachi Dios. Así la emoción
estética y su expresión artística son esencialmente formales, rítmicas: un
ritmo &lt;le líneas, un ritmo de colores, de sonidos puros, de sonidos de ideas,
de palabras.
}&lt;:;J arte es, pues, la belleza, trnshumanadn., devuelta. á, Dios de más ccr(:lt por la lmrnaua expresión del ritmo revelado de la forma natural .
Y
he aquí la. virtud redentora del nrte: que mientras com,idera.mos la. mr,tcria &lt;le las cosas sin notar aquella luz divina que su forma transparenta, ó
nos &lt;lejm1 indiferentes ó nos mueven respecto :t ellas b~ijos intereses ó pa,:-;iones turbulentas; pero nsí que l1w,; sentimos nrtí~tieamcntc, corno se, nos
revelan dentro del ritmo universal y del esfuerz.o crct,&lt;lor,. y, por tanto, relaciona.das con su principio y fin divinos, ya no puede turbarnos su materia y quedan purns, sagra.da~, en no..«otros , y en nuestrn obrn rec.limidas así
de frialdad como de temor ó bajo apetito. Conipa rad vnestrnemooíón ante
una Dauae del Tizinno, con la que sentiríais ante lit cruda mujer desnuda;
el horrible trance del conde Ugolino con los versos del Dante ; las tempestades lle.una vida con las sinfonías de Becthoven.
Pero para que el arfo contenga toda su propia virtud, es menester que
nos venga directamente de su divino origen, que se uos mantenga puro en
el camino de la cmocíón, y que su expresión H!&lt;'t absolntarnente sincera.
Así la contempladón de l:i forma natural ha de ser espontiínea en nosot rns, porque la espontaneidad es la seña l de la volnntn.d divina y la medida de la. proporcionalidad de ésta á nuestra capacidad y ú. nuestro momento; 'la pureza de la emoción e~ la condición ele su mayor intensidad, por
que entonces apro~·echa t&lt;&gt;&lt;la. la Íller:r..a del espíritu humano; .Y la sincet·i.Jad ele la expresión es la ga,ra.ntfa de que su ritmo se,i, trashnmanado, el
mismo que por la forma natural nos es revelado del esfuerzo de Dios atrayendo toda la creación hacia sí ¡)()r órgauo nuestro.

�27:2
Nunca se dign., pues , el poeta, reflcxivn111e11tc :-Ahom-ó mafi:\11avoy 1t contcrnpbr el n1ar ó la. n1011t.afl.1 Jmrn. expresarlo¡:; po(;&gt;ticnmcnte-;

I&gt;Orqne en la magia de las afinidades entre la i\aturaleza y el homl,ro, el
tínico conjuro del lied1izo crcnclor es el hechizo nii;m)(); y fueríl de él toda
volunta.J es va.na. E n esb csfcm ele nd.ivi&lt;lad, la \'oluntad, en otras tn.11
podl·rosu., no puede e1\:n1· uu.ís &lt;J.LW engañosos fn.ntasmus d e expresión, 11tmca expresione;; co11 virtud de vidn : est:, virt,u d sólo puede Yen ir rle la vich
m isma.,. prodncié11dos0 espont.ínemnent.e en el rnii;terio de la creación. H crnos de a pr·ender tí ;;cr -pacientc;; a11te la realidad: que ya viene el rnon1c11to-bl vez rnu,r lejallo; tal yez 111uy diferente &lt;ld de la presencia rnnterial
ilc h forma vint-011 qne, quiz1is ,Í cansa de esta m it&lt;ma leja.nía. y opusiciá11,
nor; sentinlOs poseídos por Ja belkz:t de nquella visión pnsada : hay un e~trnmccirniento interi(&gt;t" que nunca cngafü1, nna impensada ,•uz que di(·t•;
i Ahora l Es el linico signo: y la cmoci6n se prodnce entonces por sí soia.
Cuidad qne sen. pura, es dctiir, puramente a1'tí8tica; y conoceréis ('~t,t
purez;l en vnestrcJ desinterés por toda otrn cosa que no sea la forma inipre~iva. y la expres'il·a.. f'orqtm si en mi sentimiento de la belleza de b harl'a
que sali6 ul rnnr con los pescadores se mezcla mi compasión-6 ta[ vnz n1i
envidia-por la. suerte de iquellos hombres, podré ser ciertamente mu,y huJ11nno en ello, pero no seré enton &lt;:es nn buen arti;;ta .
Y 110 nie fü•11,;iSis nhora do predicar un arte fríu é inhumano; porqc.e
el ,11-tc pu:-o trae co11;.;igo sn }nunani(lad y su calor, que valen pnr sí cu,w-

tn Pi&lt;os nombres pued,m signifiear en etrnlquiern otra esfera . L,l pum rmíHi&lt;·a de un llcelluwe11, lm vcr;;o rlel Dante, simple refüijo de un gc:,;to ó de
1111 pnis,de, SOll cosas dcfiniti,·as en ¡;Í que contienen toda moralidad y to&lt;.b.
,iuteligencia sin nnm\mi rla:::. Porque todo está en todo, á condición de que
en eacla cosa eoté u1 su rnanern. Cada estado humano, emu1do es pleno,
HO biÍstu. 1:Í sí mismo: todos son calllinos de Dios, necesarios á nuestra com plejidad de hombres ; pcrn en e0gien&lt;lo bien uno &lt;le ellos no hay que rodearlo. L;i mnyor eficacia de las cosas está en la pureia de su naturaleza
ret:\pectiva. Atended, pnes, :í la pnrezn. de vub,tra ·emoción poética..
Siendo tal, ella misma f'C os volverá e xpresiva en palabras rítmicns.
La sincerillnd 1lel poeta ha ele consistir en saber ngnardar la :iparicfríu esponMnca de cstns palabras ell su sentido, y Cll deeirlas tales cuales ellas
rompen 11 hnlilar. Porque hay tres grados de s'ilrnericla&lt;l : el primero estd,
en d ecir lo que se piensa por vol.untnd de decirlo; el segundo, en lrnblar
p,w una neeesidad de expresión muy fuerte, pero no tanto que traiga consigo determirmJa la expresión mi;.;ma: este es s6lo el principio del pleno estado expresivo, 1lcl poético , pend muchos engaña, haciendo que llOl" él se
crean ya, poetas y se prc\;ipitcn :í la busca de palabras: es el aborto de poe¡;íu; s6lo en el tl.'n.;er grm1o e:;t:í la sinceridad verdaderamente poét.ica,ó sea
uque! divino balbuceo espo11t:í.ne:1111ente, hrotndo ií. tr:tYés del poeta con el
ritmo origina.río (lllC sintió en la forma natural c,tando re\·cladora k&gt; hethi,.~·m1., que le pPnetr6 y se hizo suyo en la pureza de sn emoci6n, y que
rompe al fin l)ür sí mismo su:c entrañas, brotando c&gt;n pnlabrn viva, heeho

�'1

poc,:ía, hecho hom bre, hecho Dios en In medida del poeta y d e sn mo111en to.
\'ed ahora qué delicia y qué t.on11C11to e;; el de la poesía ; ved :diorn
cmínto os dnmos si o,; d11n1&lt;1s una. púcsía pnm; ved también cuánto en¡;aña111os si ns ofrec·emos pnr tal un prurito de rumor rítmico, u n aborto de
ei11oeión ó unn estéril e xc itnr;i611 vohrntaria con el disfraz de uno versos
bien compu c~tns, s,wrí!cg/) reinetlo del ritmo Yivo y santo, del esf1 u~rno divino creador hecho verbo humano. Y11 veis cu.into bien y cu:into mal porlemo1:- haeer en ese que os parcct) frívolo juego de los versos, y es juego de
,·ida 6 nrncrte.·..

H

¡:,

Dije &lt;lel poct.n y Lle la poosfa i&lt;lcales: hal.,lé del orn puro para eonneerlo en la tierra donde est:í. fCn ln. tiel'ra, no hny canternsde oro, sino rninas eon rceón dit.os filon es; ó ta.! vez se cncuc11t.ra 011 polvo y en arenas¡ pcl'O siempre l1uy qnc an-anea rlo Je la p efüi, ó lrnsra r!o entre impurezas; .Y
d e~pnéi:; es tr,1baj,1du en nw;ic!as y uJeacioncs eon metales y otrn~ cuerpos .
.Asimis mo la p,H:;;ia en !u;; hombres y en sus obras. Hay h ombres que
:,:on mina. rnuy ríen, ha.y uhnis en Cll);O tmba.jo se contiene mucho de e·11a;
r,ern el puet,t puro, la obra mitciza de p oesía. no existen más que en aquel
ideal qne horno;; ele poner siempre delante ele nosotros para ir acerciíndorius 1í. él indcfi11irlarnentc. Es la ley ele la co111plc xid:1d d el c,1os tendiendo
:-í la nnid:ul d e Dios ti tni. vés de la creación.
A.si, JJlles, nnrnstra poesfa :rnelc brotar entre prop6s it-Os de la razón (que
t:.~ lú m1í,-, opuesto 1í !:'U naturaleza de emoción intuitiva); entre pruritos &lt;le
v,:r;;ilicn.c•.ión , de un ritmo exterior sin a.lma (que es lo más peligroso
por sn semejama con la inspiraei6n poética verdadera, siénd ole lo más
enemigo, porque, con ]n, fncil icb&lt;l, brotan las pala.bms s in presión y sin
t iem po parn llenarne de scntillo, y, por tanto, tan vacías como a bundantes
y sonora.~) ; entre intereses humanos ajen os ri la form a. viva, que cornunic,1n
:í la pa.labrn ·un ealOI' confnndibl.e con e l ele la einoeión poética., pero que no vin icndn tle ht forma re,·ehulorn n o trae con:,igo la palabra el ritmo treador ;
y tmnbién c-nandü, J-u1bien,lo logrado tal vez un m omento de po,:,sía venladera, pretcndemc,s difa tarlo parn redondea r el concepto que é l misrno nos
ha sitnplenie11te sngcrido, y lo n:do11dca111of&lt;, en efeeto, pem en palabr:,s
&lt;h· nn ritmo ya frío, muerto para la beileza .
Entre estas y muchas ot.ras impurcz:u; suele hrotar en n osotros la verdadera poesía, 1n flo r d e la pa lahrn, &lt;•a::;i r,imprc accidentahuente y en la. sola mcdicb, de la riqner.a puétíca natu ra l de quien 1n husca artificio;;nrncnte
c-n ei prnpó~ito, en el prurito ó en la docucncia debida a l ealo r de otrns int e reses ; cstimn hida, cierb1111('ntc, ii vece::;, pur la ae:tivi&lt;l,ul e:-piritu:tl que
aqnellos rst,t(l0s prnmnevcn en el pocb1; pero siempre diferente &lt;le ellos rnisllHJ3, impcn"nda eDtrc· los p,:,usamicutos, casnal entre lof' propó:;lt\&gt;R, slÍbit.a

�uparieiún &lt;lcl recuerdo de mui Iorma viva entre los fantasmas ycrbales, ptLnt entre impurezas.
Las cuales dan lugar á. los llanmdos géneros de poesía. No hay tales
géneros; no hay mtís que una poesía. La epopey:~, el dram;1, la oda, la.
s.í.tirn. y tantos otros géneros literarios son simplemente la m:iqnina, 1:i
ocasión,la ticrm y polvo, el lugar d e nacimiento ue la pocsía quee!:I una
:-iola en todos ellos, In, palabra entro cien palabras, la flor entre ho ja!!, el ritlHO entre ,i deas.
P ero h ombres como somoi:;, ¿podemos renegar d e toda. impm oza? Condenaremos el propósito, el plan, ln máquina, y se nl:.mrán a nte nosotros
La Divilla Comedia , La Eneida, con su mnjestuosa. mole prcfüula d o bellew.; rechazaremos el prurito vorsificmlor ó el artificio, y se nos presentani con su especial encanto la poesía cortesana de 101:; trovadores d e ProYenza ; separaremos por impum la oratoria, versificada, y senin cruelmente
:,huy entatlos Sehillcr y tanil&gt;S rom iinticos que eantaron ideales tan n.l.,stractos en tan be1lm; estrofas. No ; n o pode rnos negar t-0&lt;ln 1n gran truclición d e
pocsfa humana. Pero tampoco hay que rendirse, entendedlo J,ien. Ni \ ·irgilío, ni el Da nte, ni los troYadores, ni los míst.k·oi:, ni lus románticos, ni
los parnasiouos, v:ilen t-0davfa por el aparato tle sus obras, Hi por el prurito de sus n i1·sos, ni por el color &lt;le sus ideales, ni poi· el refinado nrtífü·ío
dé sn téeniea, sino por el oro, por el úro dispcr::1u en fa mole de sus obras,
púr cada momen to de pnra emoción poética que pren&lt;li6 en ellos cut.re mil
1i10mont-0s, por el rel.impago tlc la palabra vivo.. en el nublado de ahstrncciunes ; porque fueron poetas á p es.ar tic todas las naíquinas que se p uf(Íeron encima, y un rnyo de su luz de poei-Jía penetró de cuamlo en cuando ii
través d el cHp esor de la ohm wuerta.
Séannos el D nnte y su Comedia el gran rjcmplo,porque allí e.it:t tod n.
La invención del poema es bien a.bstm.cta, aunque la a ustracción fné ,iviticada por el recuerdo tlc aquella BPatriz tan :::rnscntc . . .. y t,1.11 presento.
E l plan es un moro concepto teológico; pero 1i llen iu·lo se alza all í t odo d
l1onibre; con supuro ainor por guía, sí, pero también con todassus pnr-;ioncs religiosns, científien.s ; con sus 01l ios personales y sus amistades, con sus
iras d e rondo y sus inuignacion es de moralist,i. y sus doctrina:; d e estudiante, sus amargura..'! tle desterrado, 1:ms fantasías , sus debilidades; con toda
r,;u vida, hi. mái:; pública y Ju. miis íntima : nllá va. todo, todo va ií fundición ;
a lht va todo el h ombro; y corno este hombre es un grn11 poeta, h e aquí que en
lit, amalgama entra m ucha p ocsfo, p oesía por en cima de tod o; y en la gmn&lt;lioso. m ole de tan diferente.-; metales compuesta. y con tantns irnpnrczas,
serpea, sin embargo, espe:,ísimo el oro : de modo que contcmpl;índola os
dc.~lumbrn y ftícilmente la re.putáis por l,Joque &lt;le oro puro.
Dice un comentador de la. Divina Comedia que con ella el Dante se
propuso cscribit· un poema &lt;lid1í.ctico y le resultó u n a cpopeyit. Y es esü,
lo impensado, In. ley de la poesia. Es segurn que cuando el D,mtc se metió
en el Infierno llevado por sus odios de gihelino, no pensó encontrar allí los
dos amantes ; pero he aquí que de pronto se le ponen delante o.quellos

�REYISTA OCNTIDJl'OHÁ:SEA

27/1

clu;_ per l' aer va11110

e cite paion si al vmto tsscr feggcri
y hrot.n el ep isodio palpitante ele :,mor, de -poc:::ía .
No k1y poema rmís fuera del m undo por su nsnnto , q11e esté , ,;in embargo, más lleno de luz de estft tierra y de gestos h mmwos , de carne y de
sangre, do voces , bnltos y visiones corporales, que In, Divina Coml'dia,
Querr:í, el Dante explicar el Purgatorio teológico y el místico paso al Paraíso, y todo se le volverlÍ, visiones de montniías y caminos y ríos y luces y
:-mmbras , y cuando llegue :í la cima de un monte , místico en su inten ción,
St) le impon clrii, quizás á pcsn.r SU,)'O, la. vistít que un día gozara del ma r lejano desde las montañas d e su tierra: Comwbbi il tremolar della manna,
i Adiós simbo.lo, concepto, ab:;trncción ! Salió el poeta, el oro del p oeta, la imagen viva, la expresión sencilla y popular, la forma de la forma.
L,tos ,;on lo;; esp esos hilos do oro que hacen apa recer d e orn todo el poema.
Observ:1cl cómo todas aquellas sut iii&lt;lad cs t eológicas que tanto nos
velan d el P ara'Ístl, quedan viva mente coloreadas por el refl ejo d e aquella
:;oberl,ia enhwla de luz:

La gloria di colui ch.e lutto muovc
Per l' U niverso penetra e ríspleude
/11 una parte piu, e nemo al/rOV&lt;!

E:;to, qne pod r ía sri- un m ero ('Oncepto escol:ístico, dicho por e1 p ocb~
&lt;~s form¡\ palpitante, es rit mo de vida , poesfa.
¿Qu:i m,is? Si hasta ele sus d cri\r;\cion c~ d e m era elocu en cia hacia. la
pr,lítiea se levanta con p oJtico vuelo, parque t odo se le vucJye alas, todo
se le n wlvc forma:

A/ti/ serva Italia di do/ore ostdlo
N,wc sen,;a 11occkier iie g-ran tem/)esta
Noll do1ma di provincie, 11ta bordcllol
Y ar;í le va brobmdo la ep opeya, todo en imngen, todo en gesto , en
forma viva, con s u:; altos y bajos, naturnlm ente , según la inspiración d e
(.'.fl l!a insta11te. Fueron su mundo y sn t iempo los que dieron vicb ií nqucl
u ltra-mundo y aqnclultrn-ticmpo qtie él qui::-o significar.
·y si no, dcciJ rrw: aquella fil osofía y aq nella moral y aquella política
y aquella, Italia, y todo el sentido oculto y ' toda la trascendencia que en fa,
intención del Ihntc fueron quiz1ís lo principal del poema, y sn orgullo
y ,m propósito, ¿Liónclc que(lan ni qué signifiean p ara n osotros? Toda nqucllit mole sistcm:ítica trabajada por el pensamiento ele un siglo podrá ser tal
vez objeto m u erto de L'L aten ción y el estudio del lfrct,Jrianor ó rlel fil.ósofo,
que la contemplanín como reliq uia respetable d el esfuerzo de t oda un a épo&lt;·.1; n,a,~, de totla ella , l-q ué es lq inmorta l, qué es lo siempre fuerte y ver&lt;hdero, qu é es lo vfro y lo activo nyei: y hoy y sic1n¡1re? l Cuál es la gloria
&lt;le] Da11te, cu.í.l fóu grandeza , y por qné colocarlo entre !.os genios de 1n hu-

�276
ma.nidad, a.l ln.rlo de los más altos, si no p•)r aquellas imágenes vivas, aquellas gesticulaciones y gr itos apasionados, aquellas luces y somhras telldida::;
sobrn el mar y l:u; rnontnñas, ·aquellas p itla hras inmm·ta les que sólo ::wc,itlentalmente brotaron ,Ü oalol' ele la actividad espirit ual &lt;lel poeta, y qne
para él fueron q uizás ;;ólo el medio, la manera ocasional de d ecir, el episodio lanzado al pa.so de sn discurso'? i,Y qué quechría, sin embargo, de lit
Divina Comedia., si 110 fuesen nquellos torrentes de llamas y de t orbellinos
1Ie humo del infierno, el amor de Pablo .Y F rancisc1i, la tragedia del conde
Ugolino,-poscia piu die il dolor poté il di.giúno!-]a fuga,z aparición de un
semblante amigo ó euernigo , I)] i:;ublime volver de ojos de Beatriz con sns
sonrrise paro/cite brevi, aquel leja.no /remolar della mari11a, el evocado soni&lt;lo de la. campana rlc la aldea che paia al giorno pianger che si more, y tantas otras fonnns inrnunera.ble:;, reveladoras, llenas de ritmo universa l:tn11to oro com0 abrillanta b enonne maM. obscurn., q11e sin él fuera tiempo hü
olvidada. b,ljo el pc)lvo de los siglos'?
i Ah! si el Dante puede vivir en el espíritu d e las edades, en el sen t ido
de cnnnt&lt;&gt;s leen y lecnín su obm, inmortal, icómo debe son reir de todos
aquellos sistemas y planes y fin es que tanto le ocuparon, y cómo debe rceonoeerse ·eterno sólo en sus momentos de poeta puro, espo11t:ineo, i11ocm1tc 1i semcj:tnza del p,1s_torcillo que en el momento de su inspira.ción de past.orcillo nom lmt á sus ovejas simplem ente p or el color del Yello ele ellas ó
el sonar de su ha lid o ! ..
-Puéil ¿qué?-rnc ohjeta.réi::1-¿ent,mce1; In condición del poeta h a ,le
~er la ignornneiit, la ausencia de entendimiento y d e idea; y su excelen cia.
Jebe consistir en incultura y grof!ería?
- i Oh l i no! - os repl it:aré ; -yo lo q uiero el mií.s sabio y m¡Ís sutil hjjo de la tierra, !Í, condici6n de que, en el momento de poesía, olvidado &lt;le
toJa, otm cosa, se abandone :i la revchción de la forma que tiene delante ,
:í, su em oción pura, á su expresión sincem é inocente; que sn inocencia no
:,cní ciertamente la Llel que gua rda los reba.fios, porque en su simple intui_
eión :;e e1mfondrá también todo lo qne reflexivamente estii ya en él; y nsí
:-erá ht suya nna superior inocencia q ue, nctuando enmo tal en la emoción
divina de la forma pura, prrnlueid una expresión tan nRtnrnl é impensada
eolJlo la J e] rústieo, pero mueho m:is cerca del fin divino.
El hornbre de espíritu más elevado en sus m omentos de pasión b:-Lllmcea corno el m:ís pequefio ; y, :;in embargo, su balb uceo es mny otro que
el del niño que 110 sabe hablar. Quiero decir, en suma, que el hombre, en
sus 111&lt;is fuertes momentos de comunicución con el misterio de la vidn,, tm
de ser todo Jo contrario del hierro; q ue, así como éste es tra,bajado en caliente y luego él t rnbaja en frío, a.L contra.río el poeta (y t~l ver.. no sólo el p oeta) qne ha. de t-raba.ja.rse en frío y a.ctuar en calient e ; entonces en fa fusión
entra poéticamente todo lo que est,i en él ; pere él no puede rep arnr en ello,
qne si repa.ra, y se d etiene , 1.t masa, se enfría., y la efusión d ivimt del ritmo en la forma, queda frust.ra.da..
Pnes ¿qué cosa es la que en La Divi,JLa Comedia salva mucho de lo q ue
moriría en el frío de lns intenc iones extmpoéticas·? Es el ardor de aqnella

,

�277

forma siempre presente y sobornna de totlo en el espíritn del poeta : es el
amor de Bentriz.
La Divina Comedia íué el palacio que el D:mte alzó pam alberga1· el
gl'an ainor de su vickt; y Bcat ri:t. eskí p1\~se11te de uno ú otro m otlo en todas las estancias . Así la presencia const¡inte ele aquel a.mor en el :üma del
Dante, logra que los ojos y la voz del poeta. nunca :,;e eytrn.víen del todo ;
que el rccucrc~o ele u.qndla for¡na tan amada comnnique fÍ t odas las p1t!alm1s,
cligan lo que dig,m, alttº de la crnoc16n formal reveladora. Así el amor che
muove il so/e el' altre c;tellc con;;titnye La Divina Comedi_a en obra esencialmente poética.
Y esa trascendencia del amor al arte y it la poesía es muy generalmente
obi:iervada. Porque el móvil inmedhüo del a.mor es el mismo que el del arte : la forma. El enamorado arna muchas cosas en la amada ; pero todas,
si bien se mira, al través ele la fonmi natural. Y el fin último de uno y
otro es también el 1nismo: iumortaliz:n la forma, cada uno ;Í, su manera..
Así el amor que obliga al amtrnte fÍ t ener los ojos fijos en la, amr1da, predjspone al arte y ti la poesía,; y el artista y el poeta suelen ser ena morad izos; pero así como el amor del enamontdo que no posee don artístico se
resuelve en el i;olo dt'Seo de perpetuar la mnteríali&lt;la.d ele la forma :1.1nada,
porque otra cosa no sabe hacer con ella, la vocaci6n del artista se resuelve
principalmente en perpetuar el espiritu de l:t fornm, que es la revelación de l
ritmo creador, por medio de l:ltl expresión humana. Así el amor es como
un arte ciego, y el arte un amor iluminado: ambos inmortalizan, pero erlcla uno á su manera..

IH

H,1sta aquí most-ré-ante aquella poesía 'ideal primeramente contcmplacla--:--c6mo se solfa ongendr~r humanarnent~ la poesía por estados tm1
complejos é imperfectos. Ahora diré del último resultado ele todo ello:
de la expresión poética que, propiamente, es por sí sola la poesía.
No es verdadera aquí la distinción entre fcndo y forma : poesía no es
mtis que la forma, el ye~so: la poef&lt;ía no está en lo que se dice, sino en
{:6mo se dice: en ell!¡. no precede la id1::a á. la palabra, sino que ésta se trae
la idea.: el concepto 1.'i¡ene por el ritmo: este el signo y el misterio de ll,1, poesía, y así está en eila la revelación del ser por la forma, la belleza. .
Mud10s hrin hablado del infierno, y lo han (ixplicado fuera de poesía:
sólo el Dante puso en su entrada aquellas palabras: Lasciate ogni speranza
voi che entra.te: La idea de ~ternidad que e)las contienen todos la sa1&gt;famos: el Dante no nos dijo con ello nada nuevo: el poeta no suele decir
nada nuevo; pero hace que brille á nuestros ojos l:1 iuz de la forma en cu,'ln
to dice: y esto es lo nuevo, y siempre nuevo, l¡¡, luz de sus pala bras, ht luz
del ritmo sobre la idea.
Ppr eso dije que las palabras para ser ,•ivas 1:¡aqÜLl). de Yenir ritma.da

�REVISTA (l())¡TJ':~I P OB.\'.'ll~A

ya de sí, l'S decir, ,·ivíc11&lt;lo el rit1110 tmivcr~:il en la. emoción del pocfa an1&lt;! la form:t reveb &lt;lOJ"a. Pero as( corno hemos visto cuiin enturhiath era
&lt;•sta cmot.i&lt;i11 en la rcalidatl humnna, miremm1 nltom 1.a ml,ién en quó p;ira
lim11:111:1menh• aqucll:1 idenl sirn·cr idad de la expresión; y huhremos de rec•onocct que en nuestra poétin1 real el verso esgcncrnlmen te una mern imibtt:ió11, y toda nncstrn métrirn nirn trn.dic-ión que va evolurion n.ndo m u,r
lcnt:1111tmte. -:-- uc.,.tra inspiración trahnj:t en viejos moldes r emen dad os, r
las p ,1 lalJrns ardiente¡¡ en fusión ele poesía so derrarnnn pnr los &lt;:antes seculnrcs que encuen tran n,biertos á ¡;u pnsv. Lle~amos impresa en nuestro
~ent ido una n11~igu a tonada, y tmla ctmción ¡;(• no:, pon e al com p::Ís de ella.:
s11mrns corno nifl&lt;1s de ln escuela que se confaginn la rn.ntile,m en la lección .
Para rchc&gt;lnrno::- rC:-itH·lta.mentc coll lra ella y romper de u na \·cz lo!l
nwlde:- traditionalc:; cm un cip1ín&lt;lonos d r, c~c instinto de imihtción por n11w1'
ele ll11:1 ah:&lt;olufa f-itwcridad poétir-a, proch1nundo en HU nombre ln. nna.r(!UÍU métrica. y la i111provisac1611 pur:;onal dd ritmo en cad:i rnon1 unt o de
la i11~p'Íra(,ión; ó pnrn ¡,¡omekrnofs, al contrario, estri&lt;:.ta y dcliheratlamcntt&gt; :í. los rit me&gt;:-- 1rac.lido11:dcs, forza11rlo ií. ellos toda palabi·a , por libre q11e
en 1:t imipirnc:iü11 nos a.pm·cz&lt;·a, sel"Ín m en c;;ter dotcrn 1in:n :-;i las V(trindHlfornrns tic la m0trin1 nsunl son nna nwra rutina, una conYeneión, mm lt•.v
Pxtcrna que por &lt;lchiiidad ó pcn.'1.a dejamos im poner al ritmo interno 1h:
In pala\Jm ,·i\'a; 6 hiun 1-i aquellus formas tl'ndicionulc•H H1m ya en sí inspirneioncs comunes del l'itmo natur,tl en el sentido poético del hom hre y,
11&lt;1r tanto, co1110 leyes internas &lt;lol rnnto poétil'O cvolucionnnclo en el tiempo r ~cgún el t,l'(&gt;nio de ,,adn. lengua.
l'orque tanto peligrnrfa el &lt;livino fin de la poesía al :.bandon ai-r-:c ol
poetn tt las sugestiones de una métrica a rtifü·ia l en Ja q nc la expre:-;ión frn~ra. torturada y m ucr1.n al eutrarh, por fneru1, eorno &lt;l&lt;ij:mdo caer ul n.zar en
luz difu,;n por el aire informe h1s pal:iuras cn.n&lt;lcntcs pnrn ::;u strnerla,; a l 1·i¡:,1r ele u n metro secular , cuy,. nalural virtrnl misteriosa fuera tal vez n::;í
frni,;trnla .
.\l ientras c~tn no puedn. d etcnuinarse, el poeta debe procetler simplemente &lt;:orno !ton1brc que va (1 tientnH h::wi:t la lnz. Sen, pues, &lt;le hombre
rn si n&lt;·&lt;.&gt;rida&lt;l; y c11 el ni omento &lt;le :m insp irnción nll"h:tl ten1,'"ll. ante todo
present e que nada que pnecfa &lt;lecir naturalmente en prosa debe deeirlo 011
verso. El vcn,o es un estado térrrrico del lcngtrnjc : y mient ras ese estadü
no se 11roduc;e en el alnm &lt;lcl poda es fen. cos:L, y YHllft, remcdarlo de labios nfuenl: que agitar el ngua fría para d arle aspecto h irviente sin·e sólo
pn.l'a cnturbi:1r lu; cna.n do hie rve en n'aliclad, muóvl!se de sí misma , y cnnta: a;;imi:;mo hs Tll~la bras en o! verso.
Dig:imoslas, {)Ut&gt;S, según cllns vengan ií nuestro scnt.ido ; y , Yinicndo
&lt;' ll los metros tradicionales, acojámonos á. ellos-ya que tal a pa rición es
1111n, ~dia l qne i&lt;ólo una vana soheruia p odría &lt;lf'sdcfiar - ; pase y repase el
vaiYén de h inspiración por nqucl m etro de modo que dentro de su molde
qucllc cuan to pnecla quedar sin detrimento d e vida . ... pero 1rncfa 1mís qne
.-.~1~1. Porq u e si hi p;tlabm fue1·te rompe el m olde, mejor elhi lo rompe
que uo~ot.1·os la p :ú d.,ra-nsí es jrn~tam ente como se ren uevan los m oldes

�279
eon el tien1po-; si la frMe viva salta en su viveza por encima del canal
seeular, salte antes que perczta su tracia-así cmpie;:an :í abrirse los sn1·cos del porvenir. Y que nnnc:1 la cl:ísica eadenciit an :1stre consigo huecas
~onoridades, ni el molde se rellene con palabra.s mncrt:.1s cuundo bs ,·i,,a:no bastan á cumplirlo &lt;lcjando el verso incorrecto. Porque, cicrt.1111cnk,
vale más un verso correct o q ue otro incorrecto; pero incomparal&gt;lmccntu
más vale una incorreeción viva que nna c01Tecc·i ón muerta . Bnskt con qnc
sobre !ns incorrecciones de ln. pala.lira viva, única poética, reine, a brigándola. indulgente y sonriente con sn miinto de pliegues hieráticos, pero anchos
y flotantes , la majestad misteriosa del ritmo ehisico que vino con la inspiraci6n, en ~,J que tal vez r esuena el. natural en mm de sus fonwts madre,;,
y por el que siempre el eco de grandes voces lejanas nos i.llfllmliní rc:-petu y modcrnción, lílmíndonos de toda d cst rnctora soberbia .
Porque yit veis ele cwinta humikhc.l necesifarno;;. \'inicndo de tan
noble o rigen corno 1ios lie nios reconocido, habiendo aspiratlo ii mantenerlo
con tal pureza en nuestro arte y ii baecr do él un recto camino tle Dios,
liemos debido, sin embargo, confesar tí c:ula puso b impurcia 0 11 que la
¡1oesía hmnana. :;e va generando y los rndeos que tal camino necesita, hasta
llegar últimamen te :i sorneternos en cierto m odo tí la es&lt;.:ue1a &lt;le la imitac ión com.o h mi-; human:1 , y por tanto 1:-t m:ís segt1l'a : y si atendemos IÍ
las olxas poátiens que rnüs conocemos , tfo las qne el espíritu huma.no hn,
producido li,1sta al10ra, no!:' cnntirmará.1, en nnestni sumisión á tal escuela,
porque de ella han salido la:,; mayores : Virgilio imitando ri Homero; el
n ante hac.iemlo do Virgilio su maestro, Lu is de León tradu.,iendo ii Hornc-io, Shakespcure refundi endo d rnmas ó leyendas ajenas
}Jara su teatro, el teatro rom1íntieo volviendo ,í, Shakcspc:ire , nos han dado
obras de inmortal poesfa más fuertemente propias que pudic:rn darlas tn!
vez n n:i pura invenci6n.
Ko par&lt;:'Ce sino que en la vel'lladum imitaeión--qne no es rem edo-el
talento poético, librndo de b egoística pn;ocupaci6n do originalidad, del
P&lt;'SO d e una soberbia crcadorn desproporcionada á la. naturaleza h ummia,
cobra. con la humildad imitadora una graciosa libertad y confianza que Je
deja lw:Llar con m:ís pura, inspiración y producirse 1rnís verdadera,menk
poético que de ningun.n otrn malle ra. F.I poeta, parece entonces creador en
i,;u justa n rnll.ida de lwmbre ei1trc hombres qne se van pasando de mano en
mano la divina antorcha avi,·andu ca.da cual la llama común con el propio
soplo.
El mejo!' ejemplo de ello es sin eluda la poesía popular, que por esto
me parece la st1prenia escuela.
La esencia de la poesía popula r yo la encuentro, no 0 11 qne el 11rime1·
inventor de nn,, eaneión, por ejemplv, sea éste ó aqut'í l, culto ó grosero
de altn 6 b:1.ja ínspimeión, sino en que la obra nazca por imitación de las
de su género, y tlespnés va.ya pnsamlt1 por í rndición, d e memoria, de boca
en hr)('a; y que m;Í, por .lo que cae d e la memoria al paso, y por las nuevas
inve'neiones que v,lll supliendo lo eaído, se va adaptando al e:-:píritu comün
d el p ueblo, t omando su íhonom ía genérica., y al mismo tiempo cmhel!c-

�280
ciéndose; pues c:ub nno pone en tilh la inspiración del momento en que
la canta; y nqnellos momentos d e genio poético que no hny hombre que
no tenga, van aglutinárnlose en la c:uwión, al par que llC va horrando de
ella lo qne no es fuet'te y poi' esto no queda , y Sli vri variando d e boca en
hoca hasta, llegar á, la que, en su niomento de gracia, llena el hueco pa,i-á
siempre de oro puro. Y a:,(, aglutinándose el oro, hay canciones que eon
el largo tiempo llegan tí ser todas de oro.
:;:,a esencia y h excelencia, pnes, ele la canción popnla,r consistiría. de
este modo en 8Cr de inspirnción imit:ida, colectiva y sucesiva . Y l1ast.a me
ntrevo :í nfirnwt· qui': cuando ~e dice el pueblo, en cualquier r especto, pern
en el mejor genti&lt;lo de b p[dabra, es ei't o fo que se quiere decir: esto e~,
.la snma d e los mon1entos (le grru;i:1 indivi(hml de la humildad a nónini:t
(1Jrodúzc:isc en el pa.lncio 6 en la cabafia, e11 el sabio o en el pastor) filtrnda por el t iempo de la trivialidad ó grosC'ría que arrastran\ tal \'C7. a 1
pnsn,

Y notemos ahorn e6rno dentro tle esa humildad popular imitadora se
l'Calizan mejor ::quellos elementos que hemos dicho de la poesía ideal: l:i,
espontaneidad, porqne e l pueliJo en su vida normal sólo canta cuando le
sale de adentro; l:i ptll'eza, porq ue c:111ta ¡xir puro esparcimiento 6 por mecct: su cnsm:fio simpfoment.e; la sinceridrl\l, porque se abandona ingcmrnllafüte á la imit:ición ó :"i la mera rcpetieión, variando y afiadiendo impenHadamentcy con gracia. De modo que el poeta-pueblo es el qucm1ísse acerca nl mullltmto ideal de la pocsí,1, 1;nmando los m ejores de tantos.
H'or qué, pnes, no n Q,; h,1Cl',mos todos pueblo? ¿Por qné ese afiin de
inrnorb.lizar la pobreza y Ju impnreza ele nuestras inspiraciones pel'soüales,
fij:imlolas en múltiples hojas estampadas que las cierran para siempre :i
t.odiL penetración y enaltecimiento? '¡ Ah! i es que nsí aquello es 1luestro;
nuestro y d e nadie uuís! iOh! imisterio de la vi&lt;la individual! Pues bien,
sí, respondamos ú. su instinto , que algo divino debe contener c:uando ta n
fuertémente nos solicita. Derrios t ambién nuéstrn poesía personal , propia,
exclus"iva . Pero salvémosla de vanidad al menos, poniendo ante nuestros
ojos esii verdad innegable: que la poesía anónima, la coleetiva, la popular,
es hl que m:i,: :::e acerca á lo que poesía ha, de ser: el re;-/lna.,· del ritmo crea;,.
dor ,í tra;,fs de la tierrn e-it la palabra húma,w . Un camino de Dios, entre

tantos ... .. .

J'UAK

MARAGALL,

�'
LIBROS RECIENTES

La Cara'vana, por F. ,JARAM. t.LLO M.1rnrNA.-Medellín, (C&lt;llombia)
1909. -Si este pnern,i lmbicse aparecido diez ó doce afios atrtís, fuera ent.Jnces mm de esm; obrns que por sí solas bastan para labrar una rep11t1tl;ióu entre h juventud entusiastá y i'enovadorn. Hay r.qhí, efectivamente, no sólo e l corte de hi frase y la manel'a expl'esiva de entonces, siho
t:imbién c;;c género de extrao1·dinaria décade•ice que no corresponde á lás
tendencias d e 111 poesfa contemponínea. · La revoluci6n se ha efcetuado ctm
demasiada premnrn, mas no tanta, que escape ií los que seguimos de cerca
las actitudes del c;,j)íritu en todos los pueblos. Este poema es ra.ro, y aquel
aforiemo de q tw "lo raro es lo bello" no responde á nuestra concepción
adnal de hl belleza poétic:1. ltste poema revela una fucrt~: individualidad
que se desborda, y ahorn v,rnios en pos de un dominio cada vez int:Í.'l absoluto de nue~trns emociones. No se trata precisamente &lt;le imponer un
nco-p:nnasianismo, ni d e proscribi1~ J;i emoción pet·sonal, que será eterna
como re:-01-te lírico &lt;le vigorosas y profundas raíces; sino de ex.presar
ritmo interiol' con arreglo ¡Í una d isciplina más estricta, más verd1tdern y m:fa fecunda.
Al ha.blar así, en algún modo revelo mi concepción íntima con respcct.-0
lilas n ecesidades de la poesfa y el poeta. Aun más, si se me preguntase qutí ·
e,; lo que á muchos dti nosotros nos hace falta pam conseguir la pleiiitud
en ln, ex1)rcsión del espíritu, cont.cstaría s·in vm:ila.r: la pnü:tica de l::t virtud. Estamos conoídos por una. ext!'Cin:i fllojedad de 1í.nimo, no somos diligentes, ni tr,naces, ni sobrios, ni ordenados; fiiunos en el poder d e m1..
sensnálismo sin freno, confundimos lastimosamente nuestras propias sens,~cioncs; y cu,mdo otl'os se curan á t iem.po, nosott·os pel'tnanecemos obstifü1dos en la. falta d e auto-dominio, y así nuestra obra no acusa de ningún
Illoclo la suficiencia del poeta sino el desbordamiento sensual del hombre
nuis ó menos cull-0 y rmis 6 menos literato.
De todo rn,to echo la culpa á dos cansas primordiales: nn falso amor
á la na.tnraleza, y una corrupci6n absoluta d el sentido religioso. No sé si
se comprenderá con exactitud mi p ensiimiento, creo qne no. De todos
modos, lo expreso con libertad, sin preocuparme de ulteriores responsabilirbdl's ante los que leen y juzga n lo que llevo escrito en mis veinticinco
años. Sin embargo, qn:icro insistir. S i reconocernos (porqne es ch1,ro que

el

�282

REVISTA CONTEMPOR,\KEA

muchos poetas contemponíncos participan &lt;le estas ideas) si r e1:onocomos
que hemos perdido el camino del arte ¿por qué ese empeño &lt;lo continuar
t·scríbiendo y publicando lo que no tiene aún la neccsrHi,t madurez y sazón ,
Jo que sale á la superficie tocado por el mal que reduce nuestrm; obras ti
un mero juego de pal.abras de efectismo transitorio ó inútil'? No sé. Prnlmblemente porque, a.1 seguir en ht brega., cada, poeta va busL:arnlo en el
ejer~icio el acercamiento á prácticas m!ÍS saJudahle8. Uno e.,; incapnz de
renovarse en un solo día., en u nos pocos meses.-O porque nos do:,;lnmbrn
el atrayonto elogio d e las multitudes, que rs lo más probable y, en tmlo
mso, lo peo1·. No somos capaces de substracrnos á la moda, pnr lo cun.l
no hacemos arte de verdad, sino de ego-ísmo; y el arte, pa.ra llcn:u su objeto trascendental é importantísimo, ha de ser desinteresado .
"Lt Caravana." a.cnsrL mm falta de disciplina del espfriLu que no m{~
pal'ece laudable ele ninguna manera. Este pocrnn, es hermoso eon una. hermosun1 incompleta.; c:Lreee de aquella particular armonía que distingue las
obras puras y renlza las más sencilla:; ex.presiones del pensarniento. F,11
cuanto ii la forrna, cabe también hablar de la indisciplina. Hay nna mnrcada. tendencia al verso libre; se int1·odncen sistemá.tica mente los c011sonantes más inesperados, las metrificaciones más raras, no siempre con lnten
gusto. Las palabras eztán ií veces fuera de su significación, cosa muy de
nosotros los modernistas sistem1iticos, que no qneremos entender el encanto
de lo que estú. sobria y exactamente dicho. Como que nos han trastornado el juicio con el embeleco de "la pala.bra sugeridora." Y la verdadera
sugei:;tión esM en las itmígenes claras, tlrn claras que se hacen transparentes y la clari&lt;lau las brufle , y ya brnñidas reflejan el m!Ís vasto panoraiw~
del espíritu.-:-Tienen t ambién los vcrrns &lt;le Jara.millo un exceso &lt;le expresi.611 qne produce rngnedad de las ideas, cuyo contorno es difícil apreciar
jnstamcnte. Pero en cambio, no es de todos los días encontrar, como eu
este poema, una gnm intensidad de las sensaciones y un gran vigor de la
pala.brn, privilegio de los grandes artistas. A mi m e gusta especialmente
ver aquí 0sn, hbor que prei:;upnne esfnerzo, ií travás de la vida y do 101:1 libros,
por alcanzar una cabal consciencia del universo visible y de sus relaciones,
de nuestro destino, de lo que es pasajel'o y cambi11 y se renueva, y d€ lo
que permanece dentro de los círculos inconmensurables del tiempo . Entre cien poetas, yo prefiero iiquel que mib ha pensado en su propio vnler
unte la magnitud del misterio, y que nHÍS claramente me da sus propias
certiclnmhres en versos puros y acabados. De aquí el placer q11e experimento al leer e,;ta "Caravana," que harto muestra el ánimo de emplear
la8 fuerzas en aquel generoso empeñ o.
Hay versos felices, y aun trozo¡.: enteroi:i de un grande y subido valor.
Ejemplos :

; Sáíor, quién me dirá si aquella testa
que he visto al pié del muro,
es la ·misma que erguiste entre la fiesta

�RTc\'I:,l'A CO~TE)ÍPOIL\Nli:A

de l,i Vida-..:·:fatal de poderío
bajo el la1wo de oroy !Í CltJ'º movimiento de reproche,
con el alma de c6tent inflamada
se arrojaban los liéroes eu Stlencio
sobre la punta de su propia espada!
¡ Quién 1,u dirá, guerrero, si aquel blanco

!meso que miro ahora,
,es et escombro de tu brazo fuerte;
de fzt brazo, que 01 luchas fratricidas,
enireg-6 !aulas vidas
,í las oscuras iras de la lvluerte!
¡ Quién me dirá, g1terrero, si es1t cosa

es tu trágica garra 11idoriosa
ó el br azo de fu vfdima . ..... ?

Señor, guerrero, mtstico, poeta:
,:í{uales sois en la conciencia oscura
de la 1Vaturaleza, como &lt;ccosas)i,
así de vuestra rarne
se.formen llamas 6 se form en rosas;
así setífr en estos campos .fríos,
coronados de hiedra,
simbo/os de volcados poderíos
cuya le;ana gloria
,eternizó el buril sobre la piedrnl
A sí tengáis en la memoria humana
un elevado pedestal;• la Afadre
de entrañas duras y de pechos duales,
.funde las vidas y las torna iguales.
La errabunda luciénzaga que corta
el .fon,Jo g ris de ~a neblina, es una

pequeña hermana de la eshella absorta:
sou dl'S pmdos de luz en el vacío,
alJin emblemas del Dolor y el.frío ..... .
Mis ojos estáu hz,medos. ¡ Es triste
este pafs de los silenáos/ ....... Nada
se mueve aquí, mi carne solamente .. ...
¡Jfi carue, que al cruzar las avenidas
de esta tierra sagrada,
se mueve toda pavorosamente ......

�284

RE\'IS'f A CO.N'J'EMPORÁ SEA

Como lo véis, se trata de un poema np recinble por nHis dt1 un concepto,
d o uno. obra original, trascendente, don de hay cierto panteísmo realizado
con sinceridad. Quitin ha escrito versos tfo cst~l laya, es u n p oeüi de cx:traor diua.do vigor, lleno de una potencia mil veces favorable á lus más a.udn.ces y grandes empresa,; del ttrte. No es nn coplero, ni sohiment.e u n
raro; y en todo &lt;·aso, puede ser algo mtís quo un modernista.; puede echar
lejos &lt;le sí esa cn.noña d el modemii;mo sistem:itico que á todos 1101; vien e
pervirtien do grandemente .
Mi simpatía por el nucrn poctn colombiano es n.horn nuii,; &lt;lesintcrcsada y más vasta. H ijo él de una noble familia que t uvo p reeminencia. en
e l afecto de mis m,tyores ; compañero mío ele mi níiiez y &lt;le mi mocedad ,
:.imigo el más len! y generoso &lt;le cuantos he conoeülo, yo le t~prccinha por
:1quollas circunstancias y estas prendas; y aun t anto así por su t fl.lc11to &lt;:111ro y firme. De hoy más, le admiro como ti. poetn de vc1·1lad, corno ií futuro
crea.&lt;lor de \~a:;tisimiio obras; p orque yo creo con todo mi corazón ~que ,faramillo Medina, hoy en d miente de su juventud, se hará m ás comprensivo, busca.ni la ncccs:uia libertad y, disciplinando i;us pod erosai- energías,
clnni una cose&lt;•ha Lien ma.dura, bien rica. de mieles, bien abundante.
Cr eo ta.mbién que volviendo los ojos lmciii la })O&lt;.'Sfo. chísica, sacará de
ella más pronicho que si se empeñ a en seguir ''la rutin a &lt;'le pasa'1o maiiana.". Puede que alguien le diga hurlonamcntc: "regresi vo, consernt&lt;lor'',
ó cosas de ese jae?.. Pero ya cstií dich o &lt;1,ne el arle debe s1}1· &lt;ll..-sinterc~ndo.

f

,

�</text>
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                <text>Revista propiedad de J. Cantú Leal y dirigida por Virgilio Garza, en Monterrey, Nuevo León, México, durante los primeros años del siglo XX. Contiene información sobre ciencia, arte, poesía, teatro, novela, historia y crítica. Además, incluye noticias sobre política y publicidad de las principales empresas y casas comerciales de la ciudad</text>
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              <text>Revista Contemporánea, 1909, Tomo 1, No 5, Marzo 5</text>
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              <text>Revista propiedad de J. Cantú Leal y dirigida por Virgilio Garza, en Monterrey, Nuevo León, México, durante los primeros años del siglo XX. Contiene información sobre ciencia, arte, poesía, teatro, novela, historia y crítica. Además, incluye noticias sobre política y publicidad de las principales empresas y casas comerciales de la ciudad</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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