<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="20867" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/20867?output=omeka-xml" accessDate="2026-05-30T04:55:55-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="17270">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/317/20867/Interfolia_2022_Ano_3_No_5_Enero-Junio.pdf</src>
      <authentication>52bf8b46e104669e41949c835bbccf85</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="581455">
                  <text>�Editorial
Grata compañía
Carlos Drummond de Andrade / 6
Universidad Autónoma de Nuevo León
Santos Guzmán López
Rector
Juan Paura García
Secretario General
José Javier Villarreal
Despacho de Secretaría de la Extensión
y Cultura
Director de la Capilla Alfonsina
Biblioteca Universitaria
José Javier Villarreal
Editor Responsable
José Vela
Diseño Editorial
Rodrigo Alvarado
Nancy Cárdenas
Carlos Lejaim Gómez
Alfredo Iván Mata
Martha Ramos
Equipo Editorial
El diseño de portada y contraportada de
este número de Interfolia es de José Vela
a partir de un detalle del tríptico De dónde
venimos, qué somos y a dónde vamos, de Gerardo Cantú (1993).
Interfolia, Año 3, número 5, enero-junio
2022, es una publicación semestral, editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través de la Capilla Alfonsina
Biblioteca Universitaria. Avenida Universidad s/n, Ciudad Universitaria, San Nicolás de los Garza, Nuevo León, México, C.P.
66451. Teléfono: +52 8183294015, www.
capillaalfonsina.uanl.mx,
cabuanl@uanl.
mx. Editor Responsable: José Javier Villarreal. Número de reserva de derechos al
uso exclusivo del título Interfolia otorgado por el Instituto Nacional del Derecho de Autor: 04-2021-081621213700203, de fecha de 17 de agosto de 2021.
Las opiniones expresadas por los autores
no necesariamente reflejan la postura del
editor de la publicación.
Prohibida la reproducción total o parcial de
los contenidos e imágenes de la publicación
sin previa autorización del Editor.

Cortesía
A Ronald de Carvalho / 8
Alfonso Reyes

Calendario
Palabras en homenaje a Alfonso Reyes / 10
Liliana Weinberg
Discurso de George Steiner en la entrega del Premio
Alfonso Reyes 2007 / 14
Traducción de Adolfo Castañón
Homenaje a Adolfo Castañón en su 70 aniversario
Mi deuda con Adolfo Castañón / 18
José Javier Villarreal
Mística y erotismo en Minerva Margarita Villarreal / 21
Evodio Escalante
Los libros del deseo y las dimensiones del cuerpo
en la obra de Minerva Margarita Villarreal / 27
Carlos Lejaim Gómez
Reyes y el modernismo no-vanguardista de la
poesía brasileña / 32
Claudia Dias Sampaio
Alfonso Reyes y la lengua portuguesa / 42
Eduardo Langagne
Apuntes sobre la traducción poética:
Alfonso Reyes y Nuno Júdice / 47
Blanca Luz Pulido
Concordia entre la imaginación y la exactitud
(Presentación de Sólo puede sernos ajeno lo que ignoramos,
de Javier Garciadiego) / 55
Víctor Barrera Enderle
Mal de libros: mar de amores / 61
Arcelia Lara Covarrubias
A la mesa con Reyes / 66
Alfredo Iván Mata

El oro de los tigres
Cuaderno de un retorno al país natal (fragmento) / 72
Aimé Cesaire
Traducción de José Luis Rivas y Lorraine Karnoouh

�Nú m ero 5

�Editor ial

Este número 5 de Interfolia, boletín de la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria, da fe
de una gozosa dimensión que delata y subraya uno de los frentes más sensibles de nuestro devenir cultural y académico. Por una parte, el Premio Internacional Alfonso Reyes;
por la otra, su consecuencia más señera, el Festival Alfonsino, que se desarrolla durante
el mes de mayo a partir del día 17, aniversario de nuestro Regiomontano Universal. Esta
vez la recipiendaria de tan prestigioso premio que convocan la Sociedad Alfonsina Internacional, el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura y nuestra Máxima Casa de Estudios: la Universidad Autónoma de Nuevo León, fue la doctora Liliana Weinberg, por su
trayectoria y valiosa aportación intelectual. La celebración de dicho evento tuvo lugar en
el vestíbulo principal de la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria durante los festejos
de aniversario de la propia biblioteca que se celebraron en el mes de noviembre de 2021.
En el acto solemne se dieron cita las autoridades convocantes. El rector de nuestra Universidad, el doctor en medicina Santos Guzmán López, acompañó a la doctora Weinberg
durante la premiación y develación de la placa. Meses más tarde, precisamente durante
las actividades académicas del Festival Alfonsino 2022, que realiza nuestra Universidad a
través de su Secretaría de Extensión y Cultura, la conferencia inaugural estuvo a cargo de
la propia doctora Liliana Weinberg. Durante el Festival Alfonsino se llevaron a cabo jornadas académicas que enaltecen la figura y obra de Alfonso Reyes y ponderan la vocación
humanística de nuestra Alma Mater. Escritores, académicos, investigadores y profesores
expusieron sus reflexiones y avances en los distintos espacios de la biblioteca. Entre los
numerosos protagonistas que disertaron y expusieron en el Festival Alfonsino este quinto
número del boletín Interfolia recoge trabajos de Liliana Weinberg, Adolfo Castañón, Evodio Escalante, Carlos Lejaim Gómez, Claudia Dias Sampaio, Eduardo Langagne, Blanca
Luz Pulido, Víctor Barrera Enderle, Arcelia Lara Covarrubias e Iván Mata. Así mismo,
incluimos, como ya es toda una tradición, una breve muestra de la colección de poesía
internacional El oro de los tigres, que la Universidad, a través de su Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria, edita en honor a Alfonso Reyes desde 2009. El boletín da noticia del
acontecer cultural y académico que se desarrolla dentro de nuestra muy querida Capilla
Alfonsina Biblioteca Universitaria de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

José Javier Villarreal
Director de la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria

4

Ciudad Universitaria, agosto de 2022

��Grata C o m pañía

Ao claro espírito de Alfonso Reyes.
Carlos Drummond de Andrade
B. Horizonte, julho 934.
Carlos Drummond de Andrade. Alguma poesia.
Bello Horizonte, Edições Pindorama, 1930.
FAR PQ9697.D7A5

6

�Ao sr. Alfonso Reyes,
com a cordial homenagem de
Carlos Drummond de Andrade
Belo Horizonte, julho 1934
Rua Silva Jardim, 117.
Carlos Drummond de Andrade. Brejo das almas. Belo Horizonte, Os Amigos do Livro, 1934.
FAR PQ9697.D7 B7

7

�Cort e sía
A Ronald de Carvalho 1
Alfonso Reyes

H

ombre dos veces feliz —digan lo que quieran— el sitiado entre
dos hermosos deberes, como entre dos asedios de cortesía; cada
una de sus palabras por fuerza tendrá un peso doble, y —propia

imagen de un samurai del sentimiento— ha de adelantar con don espadas.
De un lado me toca ofrecer a Ronald de Carvalho, en nombre de la Comisión, este cordial homenaje que no siente la soledad (la saudade) de una
despedida, sino que alimenta en sí la confianza de los que vemos partir al
poeta y al amigo, predilecto de la simpatía, con destino a nuevas alegrías y
a nuevas victorias. De otro lado, tengo que agradecer a mis amigos brasileños el haberme escogido para llevar la voz en su nombre, mezclando en
graciosa naturalidad las dos lenguas de la antigua Romania que siempre
han sabido acompañarse y fecundizarse tan bien por el contacto. Lo que
prueba que mis amigos me consideran, con razón, como uno de los suyos;
y, sobre todo, que han comprendido la obligación de afecto que asiste al
último de los escritores mexicanos, siempre que se trate de señalar con cálculo blanco una fecha de la inteligencia brasileña. Pero, como no es el caso
de hablar de mí, de este último deber me desempeñaré como entre líneas
y sin insistir demasiado.
Me propongo ser breve. Cambacérès, archicanciller del Imperio (y rara
flor del gusto junto a un Emperador apresurado y nervioso cuyos conocimientos culinarios me han dicho que se limitaban al triste pollo frío), dijo
una vez, estando a la mesa, ante el barullo excesivo de los comensales:
“Por favor, señores, menos ruido. ¡No puede uno oír lo que está comiendo!” Gran lección para los que abusan de la palabra, perturbando el dulce
y parsimonioso proceso gastronómico. No he de importunaros, pues, por
mucho tiempo.
Hace años, aportó por México un joven poeta. Paseaba su mirada por
nuestros valles y montañas, y había en su alma aquel temblor de sorpresa
que acompaña siempre a la juventud. La experiencia, con igual fruto, se
alargó por otras tierras americanas. Complacíase la delicada retina en la
visión de nuestra naturaleza y de nuestras cosas; y una intuición, que es
gracia del arte, le hacía percibir poco a poco la profunda hermandad en
la variedad. Hasta llegar así, por sucesivos ensanches platónicos, a la concepción, robusta y despojada a un tiempo, de esa armonía natural que él

8

En Alfonso Reyes, "De viva voz [1922-1947]", en Obras completas, tomo Vlll, Letras Mexicanas, México, Fondo de Cultura
Económica, 1996, pp. 157-159.

1

Ronald Carvalho
por Cândido Portinari (1929).

�supo llamar Toda-la-América. Toda-la-América sea una palabra nueva en nuestros labios y
un estímulo igual en nuestros corazones; un santo y seña de acción y de trabajo; un trazo
poético de la pirámide que debemos construir entre todos. ¡Oh brasileños! ¡El poeta que
enviáis a París en —con todo honor y derecho— un mensajero continental!
Mientras nos aseguraban que los pueblos sólo se entienden para el cambio de mercancías, nos quedaba poco que hacer. Cada una de nuestras repúblicas trocaba intereses
materiales con los mismos mercados extranjeros de siempre. Siguiendo rutas paralelas,
nunca se encontraban nuestros barcos. No sabíamos que éramos unos, y los pueblos americanos vivíamos tan alejados unos de otros como tal vez de nosotros mismos —porque la
ignorancia de lo semejante supone siempre, en mucho, el desconocimiento de lo propio—.
Pero la curiosidad de los poetas rompió el funesto sortilegio. Son los poetas —es decir: las
fuerzas desinteresadas del Espíritu— quienes están devolviendo su coherencia y su unidad a Toda-la-América. No son los mercados de Río de Janeiro, de Buenos Aires, La Habana
o México; no son los sesudos poseedores del algoritmo o los escamoteadores avezados de la
oferta y de la demanda: son las juventudes universitarias las que se sacuden a un tiempo
con el entusiasmo o la inquietud de una sola; son las revistas literarias escritas por gente
de veinte años que se inclina anhelosamente hacia el espectáculo del pueblo vecino; son
los muchachos sin experiencia pero llenos de adivinación; son los soñadores; son los que
—en el sentido vulgar— no sirven para nada, quienes han levantado entre las veinte repúblicas la más que provechosa cruzada de la cordialidad y el entendimiento mutuos, obra
de elemental decoro humano, cuando no fuera de eficacia evidente en todos los órdenes
sociales. Las manos se atan con las manos, y nuestro mundo pesará un día sobre la tierra
en proporción con el espacio que ocupa. Ya circula una misma alma. Ya no se puede tocar
a un sitio de América sin que seis o siete más respondan a un tiempo. El dolor y la alegría
de unos van a producir entre los otros efectos inesperados.
¿De suerte que la poesía, la Cenicienta; de suerte que la imaginación, la loca de la casa,
han venido a ser de más provecho que los conciliábulos del político o las mil y un artimañas de que se precia el mercader? ¡Oh triunfo de veras latino, que ha de dar un día a
nuestra América un carácter único en la historia! Nunca conocimos mayor fuerza que la
fuerza de la belleza. Entre la teoría y la acción corría, para nosotros, el hondo río del sentimiento. Poesía una y otra vez, y siempre poesía. Nuestra América es la tierra donde salir a
disfrutar de la luna es más importante que dormir, y donde cantar y pelear son la misma
cosa. Algún día hemos de encauzar este torrente de energía vital, y yo sólo conozco a unos
ingenieros capaces de reducirlo a fórmula asimilable, y esos ingenieros son los poetas. El
caos llega hasta ellos en acometidas violentas como la ola a los pies del faro. Pero arriba de
la torre, al castigo de tanto embate, se enciende y gira una corona de luz. Nuestra América
está recibiendo de sus poetas las mejores orientaciones. El poeta es, en nuestros pueblos,
el organizador de la esperanza.
Poeta Ronald de Carvalho, Caballero Andante de Toda-la-América y precursor de la
hora americana: arda con rayo seguro la estrella que te guía; júntese el mar y ábrase el cielo sobre la derrota de tu barco; palpite, sobre el palo mayor, el feliz presagio de San Telmo.
Río de Janeiro 3-VI-1931.

9

�Calendar io
Palabras en homenaje a Alfonso Reyes
Liliana Weinberg

A

lfonso Reyes, regiomontano universal, mexicano para el mundo, embajador de
nuestra cultura, creador de alto estilo, ensayista de admirable prosa, pensador
de grandes alcances éticos, imaginador de mundos mejores, logró llevar siem-

pre consigo, en su sonrisa y en su cortesía, el sol de Monterrey. Nació en ésta, su ciudad
materna, el 17 de mayo de 1889 y falleció en la Ciudad de México el 27 de diciembre de
1959. Reyes comenzó a ver el mundo a través de la amplia biblioteca paterna. La guía
del general Bernardo Reyes lo hizo asomarse al ámbito de las armas y las letras. Es así
como desde pequeño empezó a leer el mundo como si fuera un libro y leer el libro como
si fuera un mundo. La muerte de su padre fue un momento decisivo en su vida, a partir
del cual se vio obligado a elegir entre un destino trágico obsesionado por la venganza
o un camino de libertad orientado por el respeto a la vida. Optó por el segundo, y logró
convertir el dolor ante la violencia en el animador de su defensa de la existencia.
Recordemos que tocó a Reyes vivir en épocas turbulentas: el fin del porfiriato y los
comienzos de la Revolución mexicana, su salida a Europa en vísperas del estallido de

10

la Primera Guerra Mundial, sus trabajos diplomáticos en los difíciles años de guerra
y posguerra, cuando el hambre, el dolor, las enfermedades, la precariedad de muchas

�vidas arrojadas a la intemperie asolaban al mundo. Le tocó también tender puentes con
sectores republicanos durante la Guerra Civil y asistir a los no menos terribles acontecimientos de la segunda conflagración mundial, sensible a ese clima de angustia y
desesperación en que se ponía en peligro el destino de la humanidad. También vivió el
reacomodo de los distintos bloques en los comienzos de la Guerra Fría.
De este modo, el humanismo de Reyes —un nuevo humanismo—, su generosidad, su
sensibilidad, su atención de filólogo por la lengua, su capacidad para traducir la experiencia en palabras y meditar sobre el destino de la cultura, representan su respuesta
ejemplar, su voto por la vida y la condición humana ante los avatares de un mundo
conmovido.
A través de sus obras y su capacidad de diálogo y escucha nos condujo a la posibilidad
de considerarnos integrantes de una amplia comunidad de lengua, de saberes, de valores y de cultura. En una labor titánica y prometeica logró abrir para muchos un acervo
de conocimientos que todavía estaba en manos de unos pocos. Logró también impulsar
en los jóvenes el amor al trabajo, el deslumbramiento hacia las obras de la imaginación
y el compromiso ético por el propio quehacer y por la vida en sociedad.
Sus dotes como autor de cartas y tejedor de redes de encuentro y celebración de la
cultura letrada lo convirtieron en un modelo de la sociabilidad intelectual para nuestra
América. De allí que sea posible pensar a Reyes como un escritor en diálogo, cuyo estilo
cordial, generoso e incluyente de escribir traduce ni más ni menos que un estilo cordial,
generoso e incluyente de vivir y convivir. De allí que leer
a Reyes, estudiar a Reyes, buscarlo a través de su biblioteca y de sus libros, se convierta siempre en una
invitación a conversar con él y pensar su grata compañía.
Mediante sus obras de crítica y creación, sus aportes como filólogo y ensayista, su visión de adelantado

11

�en el mundo de las letras, su destino de viajero —intelectual y diplomático incansable—,
Reyes tendió puentes entre México, América, España y la cultura universal. Si algo podemos afirmar sobre este embajador eminente de nuestra inteligencia es que planteó a lo
largo de su obra una búsqueda de lo universal a partir del reconocimiento de lo propio,
así como, inversamente, mostró que “la única manera de ser provechosamente nacional
consiste en ser generosa y apasionadamente universal”: algo que consiste en respetar,
en contraste con cualquier forma extrema de localismo, nacionalismo, aldeanismo o fanatismo, la participación de cada pueblo y cada tempo en la historia compartida. Su
carácter incluyente y generoso se prodigó en distintas esferas, desde las iniciativas por
organizar proyectos culturales, educativos o editoriales que resultaron siempre distintas
formas del diálogo y la celebración del talento y la inteligencia, hasta el cultivo de la
amistad a través del trazado de puentes que se traducen en ricos epistolarios o en proyectos de lectura compartidos, así como el encuentro intelectual y las diversas formas de
la hospitalidad, la generosidad y la cortesía que siempre lo caracterizaron.
Enlazó pueblos, tejió redes de sociabilidad intelectual, tradujo experiencias, imaginó
proyectos editoriales, educativos y culturales, hizo de sus escritos un espacio de encuentro, fundó instituciones, estimuló vocaciones, ayudó a rescatar vidas de la intemperie del
dolor, derrotó pesimismos, abrió horizontes. Le tocó atravesar climas de paz y atmósferas de guerra, momentos de encuentro y desencuentro, de esperanza y desesperanza, a
los que siempre respondió con una enorme capacidad de sentir y entender, de traducir e
interpretar, de responder al diálogo del mundo con su alta prosa, con un trabajo creativo
y constructivo capaz de ordenar el caos, salvar la vida y sembrar el optimismo. Compartió provincianismos y estrecheces mentales, creyó en un mundo mejor construido a través de la palabra y el libro, el amor a la lectura y el saber, la educación y la elaboración
de proyectos compartidos, el diálogo y la participación plena en la cultura. Defendió la
idea de una ciudadanía por el conocimiento, de una vida dignificada por el respeto a
los otros y enaltecida por la experiencia ética y estética, de una inteligencia americana
capaz de ofrecer respuestas de nuevo mundo a una sociedad sumida en la violencia, el
desencuentro y la desesperación. Nos enseñó el camino para transitar de un viejo a un
nuevo humanismo a la altura de los tiempos. A través de sus obras de creación y de crítica, de sus grandes ensayos labrados en prosa impecable, de su pensamiento en libertad,
de sus epistolarios y reflexiones, de sus hazañas editoriales, de su labor diplomática, de
su gentileza y capacidad de diálogo y escucha, nos fue mostrando un camino constructivo para salir de las dificultades, las contradicciones y los momentos de desesperanza.
Alfonso Reyes hizo del libro, de la educación y la lectura, un modelo para la multiplicación de personas íntegras y ciudadanos del conocimiento, para la comprensión y la
intercomprensión. Hoy descubrimos en sus desvelos la invitación a alcanzar lo mejor
de nosotros mismos, hoy reconocemos en el espejo de su obra nuestra propia condición

12

humana.

�José Javier Villarreal y Liliana Weinberg

Liliana Weinberg con alumnos de la Preparatoria 16

13

�Discurso de George Steiner en la entrega del
Premio Alfonso Reyes 2007
Traducción de Adolfo Castañón

Palabras pronunciadas por George Steiner en su domicilio, en Cambridge, Inglaterra, Gran Bretaña, ante el
Embajador de México, el Lic. Juan José Bremer, el martes 9 de octubre de 2007, y publicadas posteriormente en
el Boletín Bibliográfico de El Colegio de México, núm. 129, septiembre-octubre 2007, pp. 3-5. Discurso compartido por Adolfo Castañón en el marco del Festival Alfonsino 2022, en la mesa redonda Alfonso Reyes y George
Steiner, el 18 de mayo en la sala Minerva Margarita Villarreal de la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria.

Su Excelencia, señoras y señores:
Estoy profundamente emocionado y honrado por el Premio. Antes que nada, debo presentar a ustedes dos excusas necesarias. La primera es que no estoy en México, a donde
he ido tres veces, y cada viaje ha sido para mí del mayor y más apasionado interés. Pero
lo más importante es que no les estoy hablando a ustedes en español. Estoy muy apenado
por ello. Debo decir que leo en español con gran alegría, aunque no tengo el suficiente
dominio de este idioma para atreverme a hablarlo con cierta solvencia. Acepten, por
favor, mis más sentidas excusas.
En esta misma casa tuve el privilegio de dar la bienvenida a Octavio Paz, y con motivo
de la reciente recepción de un Doctorado Honoris Causa en esa gran y antigua universidad que es la de Alcalá de Henares estuve, no hace mucho, con Carlos Fuentes. Así, pues,
siento que estoy en contacto directo con el genio de la literatura mexicana. Sin embargo,
debo decir cuán limitado, cuán absurdamente limitado me siento al considerar las Obras
completas de Alfonso Reyes y su inmensa correspondencia que, como ha dicho mi tra-

14

ductor y amigo, el crítico mexicano Adolfo Castañón, es tan vasta como la de Erasmo y
la de Voltaire.

�Cuando se intenta ser un comparatista, es decir, alguien dedicado al estudio comparado de la literatura y de la filosofía, el vasto campo de referencias de Reyes lo deja a
uno con un sentimiento de enorme humildad. Su horizonte abarca desde la Antigüedad
clásica hasta la modernidad, desde la literatura picaresca hasta la erótica, desde el orden
de lo político hasta las esferas de la crítica y la estética. En un solo ensayo —y se podrían
citar mucho otros— en la colección titulada El suicida, Reyes cita en un solo texto a Herodoto, Tomás Moro, Flaubert, Ibsen, Azorín, Cervantes, Zola, Anatole France, Goethe, William James y Schopenhauer. Unas páginas más adelante cita cómodamente a Rabelais.
Llama a sus maravillosas expresiones “divagaciones”. El suicida es un libro muy difícil
—y que valdría la pena traducir— y que expresa la alegría del viajero de grandes alcances. Páginas adelante, Reyes se da el asombroso lujo de reflexionar, con autoridad, sobre
el empleo del tango en la obra de Marinetti y en la estética del futurismo.
En la obra de Alfonso Reyes aparecen voces que funcionan como un talismán, como
espacio de reunión y de reconciliación, una maravillosa frase.
Góngora y Mallarmé fueron sus constantes compañeros. Esto resulta muy interesante: los dos son poetas difíciles, herméticos, y, en contraste, Reyes mismo era el diplomático más mundano y abierto. ¿Cómo compaginar esta aparente contradicción? Góngora y
Mallarmé le dieron una intimidad privada, un espacio de silencio y meditación en medio
de su vida fantásticamente pública.
Pero nada me ha conmovido tanto como su Homero en Cuernavaca (1948-1951):
la soberbia de Aquiles resplandece
y el viento gime con la voz de Helena.

Soneto tras soneto, Reyes nos va trayendo la voz elocuente del anciano Néstor hablando
en español y haciéndose casi profundamente mexicano, como cuando habla de
la “fatal inquietud” de Casandra.

Homero en Cuernavaca es un asombroso acto de traslado imaginativo desde Troya hasta
las playas del Pacífico. Se encuentra aquí el credo de Reyes, su fe universalista:
A siglos de distancia la sangre es siempre una, [...]

Más allá de la distancia y de la irreversible separación impuesta por la historia, a través
de los siglos hay —nos dice Reyes— una sangre común, una historia compartida. Y él volverá una y otra vez a esta idea como un leitmotiv. Como ustedes saben, él no pudo visitar
la Grecia homérica, así que nos dice deliciosamente: mi pluma hará las veces del bastón
del peregrino; con mi pluma haré el viaje. Y él lo hizo. Con su traducción de la Ilíada, por
supuesto, con su trabajo constante, con su devoción inquebrantable hacia Virgilio, el
poeta más amado por él, por encima de todos los poetas latinos.

15

�Alfonso Reyes fue un embajador, como usted mismo, su Excelencia [Sr.
Juan José Bremer], un embajador como Paul Claudel, un diplomático-viajero como Saint-John Perse; pertenece a esa familia extraordinaria de poetas-diplomáticos, de diplomáticos-poetas y peregrinos letrados que han recorrido el mapa del mundo. Reyes nos dice que una frontera debería ser
una invitación. Ésta es una de sus frases más espléndidas, particularmente
en estos momentos difíciles en que vivimos. Pero él todavía tenía esperanza
en que las fronteras no debían ser muros sino invitaciones. Nada puede
cruzar o atravesar una frontera mejor —nos dice él— que la poesía, y es ella
la única capaz de cruzar la “frontera del dolor”.
En uno de sus mejores momentos (y, de nuevo, no es fácil traducirlo,
pues Reyes era un maestro de la concisión, y tenía el genio y el arte de condensar la experiencia en poderosas fórmulas) se pregunta: ¿Qué es mi poesía?, y responde: Es un “misticismo activo”. Esto merece reflexión. Cuando
pensamos en san Juan de la Cruz, en Góngora, en la gran tradición mística
española que Reyes conocía tanto y tan bien, tendemos a olvidar que puede
darse, en efecto, un misticismo dinámico, activo… y que él, Reyes, ciertamente lo representaba.
En ese triunfo de la inteligencia que se llama melancolía —y lo cito repitiendo esa maravillosa frase—: en ese triunfo de la inteligencia que se
llama melancolía, Alfonso Reyes compone los dos polos definitivos de su
vasto cuerpo textual: los dos textos en que cristalizan la vida y el genio de la
literatura mexicana moderna: Ifigenia cruel y Visión de Anáhuac. Se trata de
dos obras seminales. De ellas surge un atisbo cardinal: la historia de México
—nos enseña él— es la del conquistador conquistado. México mismo es la demostración de que “La humanidad es
como un solo hombre”.
Por conflictivos que sean sus orígenes, por más
compleja que sea la dialéctica de las religiones y de
las culturas, de lo cual México es un ejemplo tan
singular, finalmente sólo hay un ser humano,
una humanidad.
Muchas cosas en sus ensayos, en
sus retratos, en sus acotaciones y comentarios críticos y culturales pueden sorprendernos como algo radicalmente distinto de nuestros propios
hábitos profesionales, de nuestras heladas técnicas y cobardes costumbres.

16

Adolfo Castañón en el Festival Alfonsino 2022.

�Casi me atrevería a decir que él era, en un sentido maravilloso, un amateur, si recordamos lo que la palabra significa: amatore, un amante. A partir del Renacimiento, el
amateur no era un crítico sino algo complementario de la universalidad y el ecumenismo
del amor y de la simpatía. Vivimos ahora en un clima mucho más amargo y mucho más
estrecho. Hoy en día, ya sólo a muy pocos les está permitido ser amateurs, pues éstos son
castigados por sus pasiones. Reyes sabía mucho mejor que nosotros que incluso la mejor
de las críticas —y él era un gran crítico— es un, y lo cito, “remedio desesperado”, si se
compara con el acto de la creación. Y así escribe a Valery Larbaud —otro trotamundos,
otro viajero, poeta, crítico, traductor, uno de sus grandes amigos franceses—: seul le poète, saven tarler des poètes: les comprendre, les expliquer, les juger: sólo los poetas pueden
hablar realmente de la poesía, juzgarla, dilucidarla y entenderla cabalmente. Sus intercambios con Valery Larbaud, Cocteau, con los grandes poetas de todo el orbe, su relación con
Borges, constituyen una lección continua de lo que Goethe llamó “afinidades electivas”:
relaciones elegidas de alma a alma, de corazón a corazón en un plano muy elevado de
mutuo respeto.
Entre los estudiantes de Monterrey, en una maravillosa tarde, hace algunos años, tuve
la experiencia —y déjenme tomar prestada la frase de Dante— de un motto spirituale: de
un movimiento del espíritu, un dinamismo del alma, que para mí define a México. Nunca
lo olvidaré. La sala estaba llena, pero se abrieron las puertas para que la gente que también llenaba el vestíbulo y que estaba afuera pudiese entrar a oír la conferencia. Era uno
de esos prodigiosos días asoleados de Monterrey, y los estudiantes llegaron a sentarse en
el suelo, justo rodeando la base de la plataforma desde donde yo impartía mi lección. Fue
una impresión única, irrepetible, de entusiasmo generoso: la sobrecogedora presencia
de un pasado inmensamente antiguo y complejo como el que tiene México y la extrema,
apremiante, proximidad del futuro.
Me gustaría ser capaz de formular con mayor claridad esta impresión: cuando el pasado está muy cerca del futuro, como sucede entre los jóvenes en México, se da una experiencia que, al menos yo, no he tenido casi en ningún otro lado. Por formidables y complejos que sean los problemas económicos, sociales y aun étnicos —y sería una locura negar
que los hay—, en México el mañana tiene un sabor, la saveur: el sabor de la esperanza.
Cuando uno está entre todos esos jóvenes en una universidad mexicana —y yo di varias conferencias tanto en Monterrey como en México mismo—, se llega a sentir que la esperanza tiene sonido, que es audible y que está en el aire, a pesar, lo repito, de las grandes
dificultades circundantes. Se trata de una suerte de maravilla de la cual la obra de Alfonso
Reyes es un testimonio constante.
Quiero agradecer a ustedes de nuevo, desde lo más hondo de mi corazón, señor embajador, la oportunidad de compartir esta experiencia.
Cambridge, Inglaterra, 6 de octubre de 2007.

17

�Homenaje a Adolfo Castañónen su 70 aniversario
Mi deuda con Adolfo Castañón
José Javier Villarreal

M

e parece que la literatura mexicana tiene perfiles, agudos rincones donde las paredes se juntan.

Estos cantos van en vertical, hacia arriba y
hacia abajo. No sólo delimitan un espacio,
lo crean. La presencia de Adolfo Castañón
es una conciencia, una huella que delata un
tiempo; tal vez se trate de una tradición, de
una manera de afrontar un legado, de una
escuela que recibe un bagaje. Un orden que
establece un juego; una mesa donde se colocan las fichas de una herencia; un árbol
que se mira desde el interior del bosque; un
presente que obliga a una lectura de la literatura, del acopio, de los dioses tutelares que
nos ofrecen un panorama, un espacio único.
Se ha dicho que el siglo XX mexicano, en
su literatura, ofrece dos grandes alamedas:
la de Alfonso Reyes y la de Octavio Paz. Hay
ranuras, grietas que acentúan un rostro.
López Velarde, en un caso; Carlos Fuentes,
en el otro. Pero Adolfo es un lector nervioso
que va y viene, se detiene, parece olvidarse,
pero siempre incide, da, de muchas maneras, su opinión, la versión de los asuntos que
le competen.
Yo lo conozco de hace tiempo, cuando
aún no había cruzado palabra con él. Era
otro momento hace más de cuarenta años.
Cuando lo vi aparecer en el aeropuerto de
la ciudad de Monterrey tenía una edición

18

Adolfo Castañón en el homenaje que la UANL le brindó la tarde del 18 de mayo en el Patio Sur
del Colegio Civil Centro Cultural Universitario, en el marco del Festival Alfonsino 2022.

�de las Soledades, de don Luis de Góngora, en sus manos; era un regalo que me hacía,
un afán por establecer una sólida complicidad. Por esos años, también, se forjaba la
literatura que ahora reconocemos y admiramos. El Fondo de Cultura Económica era su
trinchera, el escritorio, la dimensión que lo acercaba a los protagonistas, los hacedores
que marcaban y señalaban el corpus de la literatura mexicana.
Cuando pienso en Adolfo Castañón, pienso en un sextante, en un agudo y preciso
instrumento que nos conduce por las riesgosas corrientes del mucho pensar y del más
imaginar. La curiosidad es uno de sus reinos más preciosos. Pero gusta de acercarse, de
establecer una justa y amorosa distancia con aquello que nos es fundamental: lo etéreo,
lo que no tiene nombre, lo invisible que nos conmueve, la inteligencia y la emoción, la
sorpresa, el hallazgo que nos hace ser lo que somos y no tiene data. Entonces, la tradición, el pasado, la memoria de la tribu, se reparte en racimos desde
el francés, el inglés o el portugués; pero su continente es la lengua
española, aquello que llega con su sedimento y nos da patria, terreno propicio donde edificar.
El presente le fascina, pero el pasado le da una perspectiva, la procedencia, el lugar de origen. Cuando pienso en la obra de Adolfo
Castañón me viene a la cabeza una frase de Marina Tsvetáyeva:
“Caminar hacia el frente, pero mirando el atrás”.
Me parece que la lección de
Reyes, en Castañón, ha sido lenta y continuada. Los años de estudio y lectura se han multiplicado en
una escritura que va de la poesía a
la prosa, de la reflexión al estado de
epifanía de la ficción. Siempre con
la rienda tensa, el brazo seguro, la
mano firme. Me asombra su placer,
su rumiar la literatura toda. Ahora
sí, debo y quiero decir que Castañón va por la misma senda, o muy
parecida, a la transitada por espíritus como Terencio o fray Luis; es
decir, que están en soledad consigo,
y que nada de lo humano les es ajeno. Me encandila su información,
su hacer suyo el cuerpo vibrante
del quehacer literario. La escritura
José Javier Villarreal, director del la
Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria.

19

�como constatación de vida, como tránsito, huida y encuentro, fuga y revelación. Su mundo tiene múltiples ventanas, asideros desde donde levantarse, ajustarse los cordones de
los zapatos y echar a andar.
Castañón ha vivido muchas vidas, ha leído muchos libros, se ha retirado al centro de
la vida pensada, aquella que se devana como una cebolla o una lechuga, con la misma
frescura, con esa tierra y agua que lo hace reconocerse en el surco de una tradición plural, entendida e informada. Me pasma y cautiva su sabiduría, la inteligencia y ternura, la
agudeza e ironía de la que es capaz. Creo que su amistad ha sido para mí un alto ejemplo,
un impulso que hoy celebro desde el deslumbramiento de la amistad y la admiración.
Una presencia, la suya, que nos refresca y exige, que nos obliga a una atención que nos
radicaliza. Leer y sufrir el legado incesante de Adolfo Castañón ha sido para mí una vara,
una medida de altísimo vuelo.
Monterrey, mayo de 2022.

20

Adolfo Castañón recibiendo el reconocimiento a su trayectoria por parte de la Universidad Autónoma de Nuevo León, lo acompañan José Javier Villarreal y
estudiantes de la Preparatoria Pablo Livas.

�Mística y erotismo en Minerva Margarita Villarreal
Evodio Escalante

M

e pregunto si Minerva Margarita Villarreal estaba predestinada a ser poeta.
Su nombre forma ya por sí mismo un endecasílabo, con acentos en la segunda, la sexta y la décima sílabas. Tenemos un endecasílabo hecho y derecho,

con los acentos en su justo lugar y además con una música sugestiva que corona un
significado. Margarita es Minerva, la diosa que en este caso se ha vuelto una flor, con
aliteraciones, es decir, con música de por medio. Esta armonía del nombre, repetido y
escuchado una y otra vez desde los días de la infancia, quiero suponer que ha producido
un hermoso efecto. En dado caso, los resultados están a la vista: más de una docena de
libros de poesía, varios de ellos premiados en diferentes certámenes, incluyendo el Nacional de Aguascalientes en 2016, parecen comprobarlo. Por supuesto, esta destinación
nominal tiene que estar acompañada de otras cosas: yo agregaría de inmediato imaginación e intensidad de vida. Desde sus primeros libros, Minerva Margarita Villarreal
se caracterizó por ser una escritora libérrima, que montaba sin pausa en el potro de la
imaginación para tramar unos versos que sorprendían por su factura y por sus atrevidas
imágenes donde el sexo, la finitud y la muerte podían trenzarse del modo más espontáneo posible. ¿La base de ello? Yo diría que, a menudo, un instinto surrealizante en el
manejo del lenguaje, al que acompaña un temperamento intenso, una inclinación por las
situaciones extremas, por las situaciones límite. Hice alusión a la intensidad. Con ello no

21

�quiero referirme tanto a la persona de la poeta, sino a la calidad de sus textos. Son textos
intensos, a veces desbordados de tan libérrimos. Para dar una mejor idea de lo que quiero decir con la palabra intenso, recurro al Diccionario de autoridades: “Intenso. Término
físico que se aplica a la calidad aumentada por grados o de otro modo. Ordinariamente
significa el último grado de aumento a que puede subir”.
Me parece inmejorable. Minerva Margarita suele manejarse en los últimos grados
de aumento a que llega la escala. Aludo en este caso a algo físico, por supuesto, pero
también emocional y sensible. Encuentro huellas de lo anterior en uno de sus primeros
libros, Dama infiel al sueño (1991). Vean de qué manera retoma la historia de Penélope
en este poema titulado “La espera”, y que deja leer:
Clavé la navaja en su cuerpo
Bebí su sangre
Padezco insomnio y mi túnica aún está manchada
Con ansia y miedo busco los hilos del amor todas las noches
Busco el camino de regreso
Pero he perdido el punto
Y mi tejido es hoy una labor inexplicable
Como también lo sería
Mostrarle a Ulises mi amor por otro

¡Qué final sorprendente! Lo que emerge en el último verso no es sólo una Penélope violenta, capaz de enterrar cuchillos, sino también infiel, lo que rompe con el esquema que
le debemos a Homero. La subversión continúa y tiene varios nombres. Me gustaría citar
“La labor de Penélope”, que dice así:
Un cristal precioso,
una pequeña caja que destella figuras marinas.
Al fondo, pedazos de tus ojos
cortados por el viento.
Tu mirada es un hilo
y mis manos lo tejen
hasta cubrirlo todo.

Este poema, por cierto, está dedicado a la poeta Enriqueta Ochoa, a quien Minerva Margarita admiró y de quien fue amiga.
Todavía hay otra imagen, esta vez más escalofriante, de la misma figura de Penélope.
Veamos este apretado poema que lleva su nombre:
Durante veinte años he tendido una soga
donde prefiero colgarme todas las noches

�a estar entre tus brazos
enteramente tuya
enteramente muerta

Cualquier exégesis sería parcial e insuficiente. Estamos ante uno de los poemas de
amor, o de desamor, más violentos de que tengamos conocimiento. Yo no recuerdo uno tan fuerte como éste. Por su fuerza, por su intensidad, y por asociación de
ideas, me hizo pensar en un poema de la gran Rosario Castellanos que quisiera
citar aquí. Tiene el título de “Elegía”:
Nunca, como a tu lado, fui de piedra.
Y yo que me soñaba nube, agua,
aire sobre la hoja,
fuego de mil cambiantes llamaradas,
sólo supe yacer,
pesar, que es lo que sabe hacer la piedra
alrededor del cuello del ahogado.

A fin de cuentas, no es el amor sino la muerte lo que impera en estos dos poemas
análogos y a la vez distintos. El erotismo y la pulsión de muerte serían las dos caras
de una misma moneda con la que siempre bajamos al mercado. Con esas monedas
adquirimos la vida.
Me parece que también hay lugar en Dama infiel al sueño para el erotismo positivo, logrado en su carnalidad. Qué mejor ejemplo que “De madrugada”, poema que abre esta selección:
Entro en tu cuerpo como quien camina sola por la noche.
Entro en tu cuerpo desde que desabrocho tu camisa,
desde que el pantalón cae hasta quedar sin vida.
Y cuando mi lengua te recorre,
cuando tu piel es abarcada, mordida, ensalivada;
cuando me deleito en la calidez de tu dureza…
Temblorosa de súbito:
¡Cómo penetras de entero
tú en mí!

Pérdida, ganador del Premio Alfonso Reyes 1990, es otro de
mis libros favoritos. Uno de los versos de este libro nos sitúa, como ella dice, “en el deseo inabarcable, ingobernable,
inmortal”. El texto habla de “La desesperación, la ira, / el
desdén que emerge de tu sexo como un monstruo cautivo.”

�También refiere:
Cabezas de cabellos lacios penden de la noche,
cuerpos deambulan hacia la nada;
y yo,
desde la ventana,
me ofrezco.

El torbellino de la destrucción se diría que casi siempre está presente:
La noche se puebla de alimañas.
Del cortinero desciende un firme y apoltronado vientre marino,
un devorador que atraviesa los muros,
un tiburón con alas y quijadas voraces.

En efecto, esto es tanto como una pesadilla. Son las imágenes que habitan en lo oscuro y
que acaso no permiten que nos desvanezcamos en el sueño y seamos por un rato felices.
Lo corrobora la autora:
Intento conciliar el sueño
y no son ovejas sino cabríos y no son cien sino cientos
y no es la calma el tiburón que desciende a desgarrar mi sueño.

Esta búsqueda intensa del erotismo que traspasa las lindes de la moralidad y de la muerte tendría que confluir de algún modo en el éxtasis místico, es decir, en la absoluta
pérdida del yo que ama y escribe. Pero a este éxtasis se llega a través de un trabajo de
resistencia. No es una gracia, es una conquista, una conquista libidinal, si me permiten
la expresión. Minerva Margarita Villarreal detectó alguna vez este estado especial en
los poemas de la uruguaya Ida Vitale. Encuentra que los exiliados, como lo fue Vitale,
trabajan “una singular forma de resistencia”, y que estos extraños, estos arrojados y
despojados de todo, “entrenan su anatomía.” Me detengo en esta frase singular, la paladeo, y sigo: “entrenan su anatomía y algunos logran, quizá sin proponérselo, que sus
acciones empaten con las de los místicos españoles del siglo xvi” (lo cito de las “Palabras
preliminares” que escribió Minerva Margarita Villareal en el libro de Ida Vitale, Sobrevida. Antología poética. México, Ediciones Era, 2015).
Adamar (1998), otro de los libros de Minerva Margarita Villarreal, lo sintetiza en
dos apretados renglones: “Es la asunción, / es Él quien llama”. No resisto la tentación de
transcribir un poema completo de este libro en el que la búsqueda de lo divino, como
ya lo hiciera en otra época Concha Urquiza, se convierte en ejercicio carnal, acaso no
exento esta vez de algún tinte sadomasoquista. Dice así:

�Mi señor es montaña
mi señor es jauría
es montaña
cima de montaña
y mentira que ha de bajar
porque el cielo es puro rapto
pura mentira
duro de escalar está el cielo
Besa mis labios, anda, baja
Mi señor es montaña
mi señor es jauría
es montaña
cima de montaña
y mentira que ha de bajar
porque el cielo es puro rapto
pura mentira
Anda, baja, azótame
Mas Él
flotando entre las nubes
sonríe
se aleja
Mi señor es mañana.

Aunque la respiración es completamente moderna, se adivinan en Adamar a veces como
trasfondo cuadros de la religiosidad barroca: suplicios, degollaciones, tormento, sangre
y lágrimas. Véase este ejemplo:
Ágil movimiento de manos que atan las piernas de ella; vitrales trasvasados
de relámpago, yeso, paredes sudando al jadeo de la oración primera.
Concupiscible, lúbrica, signaria; fiel a la tradición de Pitágoras, uncida al
yugo de la negación, la belleza resplandece tras el martirio.

¿Cómo no recordar en este contexto esos Cristos de pueblo que fascinaban a
Siqueiros, esos Cristos sufrientes, llenos de llagas y escurriendo sangre?
En este prisma de religiosidad y erotismo abunda la poesía de Adamar:
Medrar medrar bajo la sangre de la cruz
andar en círculo con el centro vacío
y en añicos el cristalino verbo […]
Vaciabas en la copa pulida tus dedos glaciales y líquidos
eras el mismo cáliz
Medrar medrar bajo la sangre de la cruz
beber beber hasta embriagarme.

�Me gustaría decir que estos son los prolegómenos que conducen a Las maneras del agua,
su libro maestro —Premio de Poesía Aguascalientes 2016—, un libro tensado de misticismo del que me gustaría hablar en otra oportunidad. Sólo diré que Minerva Margarita
abre este volumen con un significativo epígrafe de Santa Teresa de Jesús. Pienso, por lo
demás, y para concluir, que en la obra poética de Minerva Margarita Villarreal se cumple
un dístico filosófico que hubiera agradado a Heráclito, el pensador del devenir y de la
interconexión de los contrarios, y que a la letra dice: “todo lo que se mueve sosegado es /
y lo que calmo está, por dentro en furia fluye.” —Este dístico lo escribió la autora en otro
de sus libros más afortunados: La paga común del corazón más secreto, que se publicó
en 1995.
				

�Los libros del deseo y las dimensiones del cuerpo en
la obra de Minerva Margarita Villarreal
Carlos Lejaim Gómez

L

a noticia de que la obra de Minerva Margarita Villarreal sea difundida en una
de las colecciones más emblemáticas de la tradición editorial nacional, como es
Poemas y Ensayos, de la Universidad Nacional Autónoma de México, es alenta-

dora porque pone en circulación una obra rica, vigorosa y que a los universitarios nos
es sumamente entrañable. Además, porque la inteligencia editorial de Villarreal desde
hace tiempo acariciaba una publicación que aglutinara su poesía erótica. Los libros del
deseo reúne los títulos Dama infiel al sueño, Pérdida, La condición del cielo, Herida luminosa, Tálamo y De amor y furia. Epigramísticos, seis obras fundamentales de la poeta
regiomontana y que son sustantivas para la poesía mexicana actual.
Cuando pensamos en el deseo —a propósito de Los libros del deseo—, pensamos necesariamente en el cuerpo, cuya presencia es definitoria en la obra poética de Minerva
Margarita Villarreal, mas no sólo en su dimensión erótica —como han señalado la mayoría de sus críticos— sino también escatológica. Es a partir de Tálamo donde la ambivalencia semántica entre el cuerpo como vehículo de placer y como víctima de la patología
y la muerte se vuelve más evidente —el tálamo es espacio tanto para la sexualidad como
para la convalecencia. Mientras que el tálamo cautiva en un cautiverio como el que nos
proponía Cernuda en sus placeres prohibidos —“Libertad no conozco sino la libertad de
estar preso en alguien / Cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío”:1

1

Luis Cernuda, La realidad y el deseo (1924-1962), México, Fondo de Cultura Económica, 1970, p. 70.

27

�Cautiva
De madrugada
vuelves a ser
pasto
Pasto fresco
para ser
comido2

También cautiva en el sufrimiento de la enfermedad y la aplicación de fármacos:
Desde la niebla el silencio me cerca
sobre un barco que parece ser cama en un mar que congela
Este cuarto es la cárcel
la boca del estómago
la nublazón en su círculo oscuro
que desde el muelle arrastra
Se me doblan las piernas
se me viene la náusea
se me quiebran los huesos
y el silencio me llama
mas su aliento es palacio
es ventana
la luz de los relámpagos
dentro de la catástrofe
demonios al interior del vientre
todos los colores
el miedo la fuerza de no poder estar
No pude darte el viento
el viento que por ahora no alcanzo
a ver tras la ventana
El cielo
y el amor pasa
atraviesa mi carne
Velaré por ti así sea la carne devorada
Éste es el círculo:
una anciana el desierto
el testamento y su definición
su pañoleta
el fuego en sus manos
Sin poder levantarme
un ardor
como si le hablara a la piedra
al derrumbe de piedras
que se vuelcan encima

28

2

Minerva Margarita Villarreal, Los libros del deseo, México, Universidad Nacional Autónoma de México, p. 277.

�de la cama o el barco
que se nubla
de polvo
Tú venido de la tierra
también en este hoyo
brilla una señal
porque dos polos la nutren
hasta formar un pensamiento
Desde esta luz te llamo
como si le hablara
a la piedra
En algún sitio me oirás
y volverás para que ella florezca
Éste es el círculo
algo estaba por llegar
niebla de todos los días3

Sin embargo, la aparición de la dimensión escatológica del cuerpo no se inaugura
en Tálamo (aunque, como ya se mencionó, es ahí donde se vuelve más evidente).
En Herida luminosa, por ejemplo, el cuerpo aparece en su condición de cadáver
fundiéndose orgánicamente con el paisaje; como Federico García Lorca profetizó
sobre su propio cuerpo desaparecido por la tiranía del franquismo —“Así hablaba
yo cuando Saturno detuvo los trenes / y la bruma el sueño y la muerte me estaban
buscando, / me estaban buscando / allá donde mugen las vacas que tienen rojas
patitas de paje / y allí donde flota mi cuerpo sobre los equilibrios contrarios”4—, o
como en el desierto chileno en INRI, de Raúl Zurita, que grita —“El desierto grita, el
puerto reseco grita, el mar de / piedras grita azotado por el viento. Mireya le pone /
flores a la tripulación de un barco herrumbroso y / negro [...]”:5
Pero el demonio ha puesto nuevamente la trampa
los cuerpos cubiertos de maleza
el cielo oscurecido las bancas alejándose de la ruta inicial
donde los muchachos beben y conversan6

				
En una poética en la que el cuerpo cobra un papel privilegiado, es fundamental que
ésta no sólo se valga de la construcción de un edificio verbal, sino de un cuerpo que a
través del artificio de la palabra se nos vuelva sensible, como lo señala Jessica Nieto
en su aproximación a la obra:
Ibid., pp. 293 y 294.
Federico García Lorca, Poeta en Nueva York.Tierra y luna, Edición crítica de Eutimio Martín, Barcelona, Ariel, 1981, p. 201.
5
Raúl Zurita, INRI, La Habana, Fondo Editorial Casa de las Américas, 2006.
6
Ibid., p. 249.
3
4

29

�Lo más indicado para la poética de Minerva es otorgarle un cuerpo a la creación, con cabeza,
torso, brazos, piernas, ojos, labios. Algo que puede ser tocado, palpado; algo que puede a su
vez tocar y palpar.7

Y en una poética que se reconoce deudora de la mística española (cuya interlocución con
santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz y fray Luis de Granada es constante) el paisaje
se torna un recurso imprescindible en la corporeidad de lo ignoto, del misterio y de la
incertidumbre; y el “amor se hace bosque, ola, hemisferio, mundo, esfera”,8 como señala
Luis García Montero en su prólogo a Tálamo, y que apreciamos en “El sacrificio del reino”, en El corazón más secreto:
Crece contra corriente el trópico de los sentidos,
la franja del vergel invadiendo el desierto,
las percusiones golpeando al ritmo de la lluvia;
peñas de musgo estampa la cascada,
constelaciones llaman
y eres tú quien hace ruido entre las sombras de los eucaliptos
cercándome en los latidos del quebranto.
Tú, en señal y misterio del verano; 9

En ocasiones, en la búsqueda de nombrar lo inefable, el paisaje se trueca en imágenes
enrarecidas al grado de la sinestesia, donde lo visual/territorial se vuelve no sonido —lo
que efectivamente pudiera configurar un paisaje— sino música:
Quiso traer el viento los soles el paisaje
fugarse con el viento
dentro de una región que sólo es música
al fondo del océano amarte siempre mi bien al aire al amarillo10

					
En Pérdida, la transformación —o transubstanciación— es del cuerpo en el paisaje, o en
elementos botánicos del mismo, con lo que además recupera la naturaleza eucarística de
los ritos en torno al peyote:
Pero este es el mundo
donde las cactáceas irradian para abrirte;
deja que las minúsculas flores broten en tu vientre.
[...]
…éste es el mundo

Jessica Nieto, “Tejiendo mares de ausencia. El tránsito de la escritura en la poesía de Minerva Margarita Villarreal”, en Ludivina Cantú Ortiz (editora),
El erotismo y el lenguaje en la poética de Minerva Margarita Villarreal, México, Ediciones Sin Nombre/Universidad Autónoma de Nuevo León, 2016, p. 59.
8
Luis García Montero, “La negación afirmativa”, prólogo de Tálamo, Monterrey, Hiperión/Universidad Autónoma de Nuevo León, 2013, p. 10.
9
Minerva Margarita Villarreal, El corazón más secreto. México. Editorial Aldus/Universidad de Ciencias y Artes del Estado de Chiapas, 1996, p. 47.
10
Minerva Margarita Villarreal, op. cit., p. 240.
7

30

�		

donde el peyote reverdece

deja que las minúsculas flores broten de tu sueño.11

Quisiera concluir con un poema —terriblemente vigente para la realidad de nuestro
país— que, aunque no aparece en Los libros del deseo, nos revela el profundo entendimiento poético del cuerpo en la obra de Minerva Margarita Villarreal. El fragmento es
parte de Vike. Un animal dentro de mí, un libro en el que el cuerpo es el protagonista y
éste se asocia a la sexualidad, pero a una sexualidad en la que se anula el erotismo y el
placer en el ejercicio de la violencia:
En algún lado se pudre la carroña
pero yo no estoy muerta
les grito
y mi voz se me atora en la alambrada12

José Javier Villarreal, director de la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria; la académica y ensayista Arcelia Lara Covarrubias; el poeta, crítico literario y
ensayista Evodio Escalante; el editor Carlos Lejaim Gómez; y Ludivina Cantú Ortiz, coordinadora de la Facultad de Filosofía y Letras al finalizar la presentación
de Los libros del deseo, de Minerva Margarita Villarreal, en el marco del Festival Alfonsino 2022.

11
12

Minerva Margarita Villarreal, ibid., p. 131 y 132.
Minerva Margarita Villarreal, Vike. Un animal dentro de mí. Benito Juárez, Nuevo León, Editorial An.alfa.beta, 2018, p. 59.

�Reyes y el modernismo no-vanguardista
de la poesía brasileña
Claudia Dias Sampaio

E

mpiezo por agradecer a la Universidad Autónoma de Nuevo León, a la Capilla
Alfonsina Biblioteca Universitaria y, en especial, al doctor José Javier Villarreal
por la invitación para participar en un evento de esta magnitud para la cultura en

México, que es el Festival Alfonsino.
Entre los meses de marzo y abril de 2022 se realizó en la Ciudad de México el Ciclo de

Estudios y Debates. 100 años del Modernismo Brasileño, promovido por la Embajada de
Brasil en México con ocasión del Centenario de la Semana de Arte Moderno de 1922 y del
Bicentenario de la Independencia de Brasil, que tuve el honor de coordinar. Las actividades —que incluyeron un taller de poesía con el poeta brasileño Carlito Azevedo, conferencias y mesas de debates, publicaciones de libros, minicursos y la exhibición de la película
Macunaíma de Joaquim Pedro de Andrade, en la Cineteca Nacional— tuvieron lugar en
las distintas instituciones con las que la Embajada de Brasil en México colabora a través
de las cátedras João Guimarães Rosa (Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México), Machado de Assis (Universidad del Claustro de Sor Juana) y
Florestan Fernandes (El Colegio de México). Participaron investigadoras e investigadores
de México y de Brasil, entre los cuales se encontraba el doctor José Javier Villarreal, con
quien tuvimos el placer de dialogar y nos dio a conocer el interesante y productivo panorama de los estudios sobre la literatura brasileña en Nuevo León, que tiene en Villarreal
a uno de sus colaboradores más relevantes. Este encuentro en la Ciudad de México sin

32

duda ha sido un momento muy especial para las reflexiones acerca de uno de los hechos
más significativos de la cultura de Brasil: la Semana de Arte Moderno de 1922.

�Realizada entre los días 13 y 17 de febrero de 1922 en el Teatro Municipal de São
Paulo, la Semana de Arte Moderno reunió a artistas de diferentes áreas, entre ellos, los
pintores Anita Malfatti, Lasar Segall y Di Cavalcanti, el dramaturgo y poeta Guilherme
de Almeida, el músico Heitor Villa-Lobos y el escultor Victor Brecheret. La idea de sus
participantes era que la Semana fuese un marco simbólico de transformación y ruptura.
Durante la realización de los eventos por primera vez se escuchó la música de Heitor
Villa-Lobos, se presentaron al público la revista Klaxon y el poemario sobre la ciudad
de São Paulo que lanzaba las bases estéticas del modernismo: Pauliceia desvairada, de
Mário de Andrade, cuya publicación ha sido imprescindible para la construcción de la
cultura y del arte en Brasil.
Las discusiones en torno a la Semana de 1922 se explican, pues involucran, nada más
y nada menos, que el debate sobre la identidad cultural de Brasil. Guiados por la síntesis
de las vanguardias —la búsqueda de lo nuevo: un nuevo lenguaje, una nueva poesía, una
nueva cultura que estableciera un diálogo entre las referencias de las vanguardias europeas de la década de 1920 y la herencia cultural indígena y africana—, los modernistas de
1922 generaron muchas de las discusiones estéticas que movieron a la cultura brasileña
y sentaron las bases para las vanguardias de los años posteriores, como el concretismo
(1956), el tropocalismo y el cinema novo en las décadas de 1960 y 1970. El concepto de
antropofagia, creado por Oswald de Andrade en la década de 1920, sigue en el escenario
de las reflexiones teóricas-críticas en torno a la identidad cultural en América Latina.
Hoy, a la luz de su centenario, muchas reflexiones han sido construidas en torno a los
hechos de la Semana de Arte Moderno de Brasil. Críticas que empezaron a surgir luego de
algunos pocos años desde sus mismos participantes, como muestra el célebre texto que
Mário de Andrade escribió en 1942, “El movimiento modernista”, que se encuentra en la
antología Yo soy trescientos, soy trescientos cincuenta, recién publicada en México por la
Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, a través de la Cátedra João Guimarães Rosa,
con el apoyo de la Embajada de Brasil en México.
El discurso programático construido por Mário de Andrade, basado en la búsqueda de
una concepción de brasilidad construida a partir de los diálogos críticos entablados con
las vanguardias europeas (que para sus amigos Cecília Meireles y Manuel Bandeira significó el sacrificio de su producción artística), alcanzó, sin embargo, a convertir a la Semana
de 1922 en uno de los momentos más significativos de la cultura de Brasil.
Actualmente vemos un movimiento de la crítica por visibilizar las producciones realizadas, por ejemplo, en Minas Gerais, Río de Janeiro y Belém do Pará, al poner artistas
en escena, principalmente en las artes plásticas, que se quedaron al margen del discurso
mítico alrededor de la Semana de 1922 en São Paulo, como las pintoras Zina Aita, Fédora
do Rego Monteiro y el poeta Agenor Barbosa, entre otros.

33

�Tomando como horizonte estos otros modernismos, en el ámbito del modernismo brasileño, propongo este reflexión acerca de la idea de un “modernismo no-vanguardista en la
poesía brasileña”, desde el cual se conectan las obras de Manuel Bandeira, Cecília Meireles
y Ribeiro Couto que, de diferentes modos, convivieron y compartieron sus creaciones poéticas con el también poeta mexicano Alfonso Reyes.
Pensar el modernismo brasileño a partir de perspectivas críticas que nos posibiliten
ampliar los horizontes desde los cuales podamos profundizar las reflexiones acerca de
la cultura de Brasil, pensar, pues, más allá de la cuestión de la identidad nacional, suena
como una propuesta muy contemporánea. Sin embargo, ciertas producciones que antecedieron a la Semana de 1922 y que maduraron en sus años posteriores parecen dirigirse
hacia estas perspectivas. Se trata de ciertas poéticas que dialogaron con el modernismo de
1922, incluso fueron parte de él, como la de Manuel Bandeira, pero que se mantuvieron en
un lugar excéntrico al de sus contemporáneos modernistas.
La idea de un modernismo no-vanguardista surge a partir de una poesía que encuentra resonancias en la modernidad baudelaireana en su relación con la antigüedad, como
observó Walter Benjamin: “Entre todas las relaciones que la modernidad pueda tener, la
mejor es la relación con la antigüedad, y Baudelaire encuentra esta idea presentada en
Victor Hugo”.1 También por sus lazos con el simbolismo, que estaría en la base de la poesía
moderna, como observó Otto Maria Carpeaux: “El simbolismo es la base de toda la poesía
moderna, incluso de aquella que luego la rechazó”.2 Vera Lins en su investigación sobre
la ensayística de Gonzaga Duque y Nestor Vítor, en el artículo titulado “Os simbolistas: virando o século”, explica que en la autonomía del arte defendida por los simbolistas estaba
su política “ligada a la separación radical del mundo de la mercadoría”, y plantea que “el
simbolismo es una corriente melancólica, spleenética, baudelaireana, que señala la pérdida que la modernidad provoca”3. Poco que ver con la efusividad celebratoria de la Semana
de 1922. La investigadora llama la atención sobre el problema que hay en la historiografía
de la literatura brasileña al tratar el simbolismo, que, al llegar a Brasil, padeció en su recepción crítica debido a la coincidencia temporal con el parnasianismo, lo que acabó por
generar análisis confusos, sobre todo por el ambiente positivista que dominaba la escena
crítica en aquel entonces. Según Vera Lins, el simbolismo no fue una continuidad del parnasianismo, sino una reacción a él. Dichos análisis, que tomaban en cuenta apenas la coexistencia temporal, no consideraban a los lectores de Mallarmé. Como Manuel Bandeira,
por ejemplo, que así se refiere al poeta francés en su autobiografía Itinerário de Pasárgada:
“Comprendí todavía antes de que conociera la lección de Mallarmé, que en literatura la
poesía está en las palabras, se hace con las palabras y no con ideas y sentimientos”.4
Walter Benjamin, A modernidade e os modernos, Rio de Janeiro, Tempo Brasileiro, 2000, p. 16. Ésta y las demás traducciones de las citas de las ediciones
brasileñas son propias.
2
Otto Maria Carpeaux, História da Literatura Ocidental, vol. VI, Rio de Janeiro, Edições O Cruzeiro, 1964, p. 257.
3
Vera Lins, “Os simbolistas virando o século”, O eixo e a roda, Revista de Literatura Brasileira, UFGM, vol. 14, 2007, p. 8. Disponible en: www.letras.ufmg.
br/poslit/08_publicacoes_pgs/publicacao002307.html Consultado en: 4 de abril de 2022.
4
Manuel Bandeira, Itinerário de Pasárgada, São Paulo, Nova Fronteira, 1984, p. 23.
1

34

�La idea de un modernismo no-vanguardista en la poesía de Brasil se incrementa a partir de cuestionamientos acerca de lo que sucedió con la producción de la literatura brasileña anterior al marco de la Semana de 1922. “¿Cómo convive la literatura premodernista
con el modernismo?”, “¿Cuál es el espacio ocupado por el simbolismo en la literatura
brasileña?”, interroga Júlio Castañon Guimarães en el artículo “Manuel Bandeira: aprendizagem modernista”. Al abordar la relación de este poeta brasileño con el modernismo
de 1922, el investigador observa que: “El modernismo en Bandeira no surgió por medio
de actitudes ostensivas o de manifiestos. Su Carnaval, de 1919, es una poesía melancólica,
no se refiere a la fiesta, a la alegre efusividad, es antes angustia, cuando mucho amarga
irreverencia”.5 Aunque dicho poemario haya sido un marco para la Semana de 1922 (fue
leído por Ronald de Carvalho durante los eventos de la Semana), y muestre aspectos concretamente modernistas —el uso de rimas asonantes y del verso libre—, como observó
Júlio Castañon Guimarães, los poemas de Carnaval cargan una melancolía que no encaja
con la alegría solar que irradiaba de las propuestas de los modernistas. Y aunque haya
recibido abucheos durante su lectura en el Teatro Municipal de São Paulo, por su burla
al parnasianismo, la idea de choque, tan cercana a las vanguardias europeas, no es un
aspecto presente en los poemas de Carnaval, tampoco en la poética de Bandeira de un
modo general.
La poesía de esto que llamo modernismo no-vanguardista se aleja de los principios de
las vanguardias europeas, tanto respecto a la dimensión utópica de transformar el mundo
con el arte, como de su categoría central: el choque. En su lugar, vemos una disposición
distinta en sus diálogos con la tradición de la poesía occidental. Ni Bandeira ni Ribeiro
Couto acudieron a los eventos de la Semana de 1922. Bandeira cuenta: “Jamás atacamos
públicamente a los maestros parnasianos y simbolistas, nunca rechazamos el soneto, ni los
versos metrificados y rimados en general”.6 Sin embargo, reconoce lo mucho que colaboró
el modernismo con la construcción de su poética: “poco me debe el movimiento (modernista), lo que debo a él es muchísimo. Por medio de él vine no sólo a tomar conocimiento
del arte de vanguardia que se hacía en Europa, como me encontré siempre estimulado por
el aura de simpatía que me llegaba del grupo paulista”.7
Alfonso Reyes conoció a Mário de Andrade en el período en que él fue embajador de
México en Brasil, entre 1930 y 1936, también convivió con Cecília Meireles y fue amigo
cercano de Manuel Bandeira, amistad que se mantuvo a la distancia cuando Reyes regresó
a México y que perduró hasta sus años finales, como muestran las últimas cartas entre Reyes y Bandeira que se encuentran en la Capilla Alfonsina de la Ciudad de México: la última
carta de la cual tenemos noticias es de 1958, un año antes del fallecimiento de Reyes.

5
Júlio Castañon Guimarães, “Manuel Bandeira: aprendizagem modernista”, en Travessia, UFSC, vol. 5, n. 13, 1986, p. 64. Disponible en: https://periodicos.
ufsc.br/index.php/travessia/article/view/17518 Consultado en: 16 de abril de 2022. Consultado en: 22 de abril de 2022.
6
Ibid., p. 64.
7
Ibidem.

35

�Escribir cartas era un ejercicio frecuente entre estos poetas, como también lo era entre
los modernistas; y Mário de Andrade fue el personaje central de muchos de estos intercambios. Acerca de las cartas y del lenguaje poético de Cecília Meireles, trabajé hace algunos
años en mi tesis doctoral la hipótesis de que las cartas, en su obra, fungieron como un
espacio autobiográfico de ejercicio de construcción ficcional y de diálogos interculturales.
Uno de los capítulos de esta tesis titulada Diálogos, afetos e pensamento lírico: a poesia de
Cecília Meireles está dedicado a los intercambios que la poeta mantuvo con Alfonso Reyes
entre los años 1930 y 1940. Las cartas enviadas al poeta mexicano y a la amiga Gabriela
Mistral, quien vino a México por primera vez justo en 1922 —invitada por el gobierno de
México para participar del programa educativo dirigido por José Vasconcelos, en aquel
entonces ministro de Educación en México—, representan uno de los momentos más significativos de la labor política-estética-cultural llevada a cabo por Cecília Meireles, que tuvo
en la educación y en la cultura de México ejemplos para la construcción humanista que
anhelaba para América Latina y una referencia para los intentos de diálogos entre Brasil
y este continente.8
Sobre las cartas de Manuel Bandeira y Alfonso Reyes, destaco el artículo “Alfonso Reyes y Manuel Bandeira: Una amistad mexicano-brasileña” (1987), de Fred Ellison, autor
de Alfonso Reyes e o Brasil. Um mexicano entre os cariocas (2002). Ellison también trabajó
con las cartas entre Reyes y Ribeiro Couto, poeta y diplomático brasileño quien probablemente presentó a Bandeira a Reyes. El poeta melancólico y diplomático, Ribeiro Couto,
autor de la novela Cabocla, que se volvió célebre por sus versiones para la televisión y
que buscaba mostrar el cotidiano de los anónimos de los suburbios de Río de Janeiro, fue
quien también presentó a Mário de Andrade a Manuel Bandeira. En Itinerário de Pasárgada, Bandeira cuenta: “cuando Mário de Andrade vino a Río para leer en casa de Ronald
de Carvalho y luego en casa de Olegário Mariano a su Pauliceia desvairada, aún inédita,
yo ya estaba bien listo para recibir de buenas los delirios de Mário, porque Ribeiro Couto,
gran husmeador de novedades en la literatura de Italia, España y de Hispanoamérica
(convivía con Alfonsina Storni, entre otros argentinos), me prestaba sus libros”.9
En un mundo donde no había las conexiones que en nuestro escenario globalizado
ocurren a través de la Internet, los deseos de intercambios, de escritura, de producción
de conocimiento, de los afectos, se desarrollaban a partir de las cartas y de los encuentros construidos desde los intereses en común. No quiero decir que, porque hoy tenemos
las facilidades de una comunicación global, nuestros intercambios sean más o menos
potentes. Me gustaría pensar con ustedes que la potencia del humanismo que conectó a
esta red de poetas y sus cartas, como Cecília Meireles, Gabriela Mistral, Alfonso Reyes,
Claudia Dias Sampaio, Diálogos, afetos e pensamento lírico: a poesia de Cecília Meireles, Tesis de doctorado, Programa de Posgraduación en Ciencias
de la Literatura, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Federal de Río de Janeiro, UFRJ, 2013. Disponible en: https://posciencialit.letras.ufrj.
br/2021/07/28/teses/ Consultado en: 18 de abril de 2022.

8

36

9

Manuel Bandeira, op. cit., p. 59.

�Manuel Bandeira, Ribeiro Couto y Mário de Andrade, tuvo que ver con la curiosidad, el
interés hacia el otro, que se expresaba, principalmente, a través del arte del lenguaje.
Pensando las relaciones entre Brasil y Latinoamérica, en este contexto entre los años
1920 y 1940, los vínculos que establecieron con las y los poetas los diplomáticos que también eran poetas, como Alfonso Reyes, Ribeiro Couto y João Cabral de Melo Neto, fueron
estratégicos tanto para el desarrollo de la poesía en Brasil, como para la apertura de diálogos fundamentales entre Brasil e Hispanoamérica. La dimensión internacional en que
se movían estos diplomáticos y sus intereses personales por el arte del lenguaje posibilitaron la construcción de las bases que les permitieron apoyar y promover estos diálogos.
Tanto Cecília Meireles como Manuel Bandeira tuvieron en la tradición de la poesía
iberoamericana una importante fuente para sus obras. Es conocida la relación entre la
poesía de Cecília Meireles y la tradición de la poesía portuguesa y también su interés por
Oriente; ella tradujo, por ejemplo, al poeta indio Rabindranath Tagore. Bandeira tradujo
al persa Omar Khayyam, el Rubaiyat (probablemente desde el inglés o del francés). En
1954 publicó, bajo el título Poemas traducidos, una coetánea de sus poemas favoritos:
los poetas traducidos forman un conjunto absolutamente personal y que
no sigue de ninguna manera el patrón del buen gusto establecido por
críticos e historiadores de la literatura. Bandeira buscó en poetas
extranjeros ciertas “afinidades electivas” y al parecer su trabajo de
traducción —entendido en el transcurso de los años— cumplió la función
de posibilitarle el desarrollo de sus propios medios expresivos.10

La aclaración es del profesor de la Universidad Federal de Santa Catarina, Walter Carlos
Costa, planteada en el artículo “Bandeira, importador de poesia”. Los poemas pertenecen
a 54 poetas diferentes, entre los cuales la mayoría son hispanoamericanos.
El particular interés por la poesía hispanoamericana se confirma con el estudio que
Bandeira hace de la obra poética de la mexicana sor Juana Inés de la Cruz, que introduce
su traducción de El divino Narciso, de 1949 (Estrela da tarde). Giuseppe Carlo Rossi, en
“Manuel Bandeira, traductor e intérprete de Sor Juana Inés de la Cruz” analiza lo que representó este trabajo de Bandeira en el ámbito de las relaciones entre las dos literaturas
más importantes de la península ibérica: la española y la portuguesa. Según Rossi, dichas
relaciones “nunca fueron ni numerosas ni mucho menos sistemáticas, a excepción de
ciertos momentos particulares, consecuencia de determinadas circunstancias históricas
que influyeron también en la cultura”.11 El interés de Bandeira por sor Juana es visto
por Rossi como un momento destacado en las relaciones entre la literatura española y la

Walter Carlos Costa, “Bandeira importador de poesia”, Travessia, UFSC, vol. 5, n. 13, 1986. Disponible en: https://periodicos.ufsc.br/index.php/travessia/article/view/17526/16103 Consultado en: 18 de abril de 2022.
11
Carlo Giuseppe Rossi, “Manuel Bandeira, traductor e intérprete de Sor Juana Inés de la Cruz”, en Revista de Filología Española, vol. LIV, n.1/2, 1971,
p. 107.
10

37

�portuguesa que recupera “el episodio en torno a las relaciones entre los mundos culturales representados por ambas lenguas en el siglo XVII y la polémica que mantuvieron el
portugués padre António Vieira y sor Juana Inés de la Cruz”,12 por la cual resultaron las
célebres Carta Atenagórica (comentario crítico de sor Juana al Sermão do mandato, de
Vieira, 1650) y la Respuesta a sor Filotea de la Cruz, en respuesta a la Carta de Sor Filotea,
seudónimo del obispo de Puebla.
En el artículo de Fred Ellison sobre las cartas entre Reyes y Bandeira mencionado anteriormente, el autor destaca el comentario del biógrafo de Bandeira, Ștefan Baciu, quien
se refiere a este poeta brasileño como el hispanista más destacado de Brasil: “mentor de
la primera generación de especialistas en el campo de las letras hispanoamericanas”.13
Bandeira impartió clases de Literatura hispanoamericana en la Universidad de Brasil,
actual Universidad Federal de Río de Janeiro, y publicó en 1949 el libro Literatura hispano-americana, que sigue siendo una importante referencia para los estudios de la literatura hispanoamericana en Brasil.
Tanto la reflexión introductoria y la traducción de El divino Narciso realizada por
Bandeira, tomadas como unos de los episodios más destacados en las relaciones entre las
literaturas en lengua española y portuguesa, como todo el desarrollo de la labor del poeta
brasileño con relación a la investigación que emprendió sobre las literaturas en lengua
española; seguramente resultan de su interés personal por la poesía hispanoamericana,
pero también del apoyo fundamental que le brindó su entrañable amigo Alfonso Reyes.
La amistad que duró casi tres décadas incluyó colaboraciones mutuas en revistas literarias dirigidas por ambos (como Monterrey: Correo Literario de Alfonso Reyes y Literatura, que Bandeira dirigió con Augusto Frederico Schmidt y Sabóia de Medeiros), además del intercambio de ideas y de libros de ellos y de otros autores. Para Fred Ellison, los
esfuerzos de Reyes por hacer más apreciada y notable la cultura brasileña no encuentran
paralelos entre los otros intelectuales hispánicos interesados en Brasil en aquella época. Es
lo que vemos en las cartas que intercambiaron: “Bandeira le escribió varias veces a Reyes
en México haciéndole consultas bibliográficas relativas a sus proyectos literarios hispanoamericanos, pidiéndole libros como los de Carlos Pellicer y Salvador Novo”.14 En carta
de 6 de julio de 1953 vemos la disposición con la que Reyes acoge el pedido que le hace
Bandeira en su carta anterior para que le ayudara a conseguir un estudio sobre sor Juana:
“Ahora mismo solicito para Ud., de la librería universitaria el envío directo de la Revista
Universidad de México, 1936, II, n. 9, dónde está el estudio sorjuanesco que le interesa”.15

Ibid., p. 109.
Fred P. Ellison, “Alfonso Reyes y Manuel Bandeira: Una amistad mexicano-brasileña”, en Hispania, vol. 70, n. 3, septiembre de 1987, p. 490. Disponible
en: https://www.jstor.org/stable/343401 Consultado en: 21 de abril de 2022.
14
Ibidem.
15
Carta consultada en el archivo documental de Capilla Alfonsina del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura.
12
13

38

�Durante los años en que Reyes estuvo en Brasil, Bandeira frecuentó la célebre casa
que abrigó a la Embajada de México en Brasil en el barrio Laranjeiras, inmortalizado en
Historia natural das Laranjeiras, que se encuentra en el volumen IX, “Norte y Sur”, de las
Obras completas de Reyes.
Quizá el primer encuentro entre los poetas haya ocurrido en el bohemio barrio de
Santa Teresa, que queda muy cerca de Laranjeiras, más exactamente en el Curvelo (donde
el tranvía hacía la curva en la subida del cerro de Santa Teresa, por la calle hoy conocida
como Joaquim Murtinho). La vista para la Bahía de Guanabara desde la placita del Curvelo
es algo verdaderamente entrañable. Santa Teresa fue el local de encuentro de los amigos y
poetas. Ahí vivieron Ribeiro Couto y Manuel Bandeira. Bandeira reconoce la importancia
que tuvieron aquellos años para su formación como poeta: “No sería exageración decir
que fue en la calle del Curvelo donde reaprendí los caminos de la infancia. Ahí escribí
Ritmo dissoluto, Libertinagem, Estrela da Manhã y Crônicas da Província do Brasil”.16
La belleza de Río de Janeiro inspiró a Reyes a dedicarle el poemario Romances del Río
de Enero (1933), lo que él no hizo con ninguna otra gran ciudad donde vivió, como París o
Buenos Aires. Sin embargo, ya es bastante conocida la queja de Reyes por la escasa recepción que tuvo su poemario entre las escritoras y los escritores brasileños.
Sin embargo, las cartas de Meireles y Bandeira a Reyes muestran la atención que ellos
dieron al poemario y lo mucho que lo apreciaron. En su reseña crítica de 1933, Manuel
Bandeira comenta: “Por fin surgió un poeta, un gran poeta, para cantar a la ciudad sin
quedarse en esa cosa aburrida como la literatura de la publicidad de turismo: el elogio al
esplendor escenográfico”.17
Bandeira subraya la “finura de sensibilidad” y la “rica vida interior” que dieron a Reyes la virtud de “conocer los aspectos más sutiles, más intelectuales, del paisaje carioca”,
y señala: “muchos poetas extranjeros naufragaron en el agua y en el sol de la Guanabara.
Alfonso Reyes es el primero que vence la difícil prueba, y ¡con una incomparable distinción de espíritu!”.18
El encuentro entre las poesías de Bandeira y de Reyes va más allá de los comentarios
del brasileño acerca del poemario que el mexicano consagró a Río de Janeiro: el poema
“Rondó dos cavalinhos”, que Bandeira dedicó a Reyes, se volvió un ícono de la relación de
amistad entre los dos poetas. Según se cuenta fue escrito a partir de un encuentro en el
Jockey Club de Río de Janeiro, con ocasión de la despedida de Reyes de esta ciudad. Y hay
también un pequeño poema que Bandeira dedica a Reyes en el libro Mafuá do malungo
(1948), en el que menciona el poemario Cortesía, publicado por Reyes en el mismo año.
Sobre esa coincidencia, Bandeira se refiere así, en la carta de 12 de julio de 1948: “¡Qué
bonita coincidencia! Tuvimos al mismo tiempo la misma idea, pues acabo de recibir de
Barcelona mis poemas de circunstancia impresos por João Cabral de Melo Neto. Él es
Manuel Bandeira, op. cit., p. 65.
Manuel Bandeira, “Reseña de Romances del Río de Enero”, en revista Literatura, 5 de julho de 1933.
18
Ibidem.
16
17

39

�vicecónsul de Brasil ahí. Parece que anduvo neurasténico y el médico le recomendó un
trabajo manual. Él optó por la tipografía. Compró el material y sin lección de nadie empezó a componer y a imprimir”.19
En su estudio sobre las relaciones poéticas entre Manuel Bandeira y Alfonso Reyes y
sus “poemas de circunstancia”, Luciana di Leone, profesora en la Facultad de Letras de la
Universidad Federal de Río de Janeiro, propone una reflexión en torno a una concepción
de poesía que valore al pasajero, el contacto, el convivio, pero que, por su precariedad,
tradicionalmente es rechazada por la crítica y por las ediciones consagratorias. Presentando un cuidadoso análisis del “Rondó dos cavalinhos”, al que llama “consecuencia más
conocida de la relación literaria y de amistad entre el poeta y diplomático mexicano
Alfonso Reyes y el poeta y no diplomático Manuel Bandeira”,20 Luciana di Leone plantea la importancia de ese tipo de poesía considerada menor. Ella recuerda que el propio
Bandeira se construye como el poeta menor de la poesía brasileña. Mientras Reyes, al
momento de dar la versión de su misma trayectoria, eligió un camino más monumental.
“Cortesía sufre cortes significativos explicados por Reyes en la presentación de sus Obras
completas”.21 Para la investigadora, el hecho de la escasa recepción de la poesía de Reyes
en Brasil se debe a que “el contacto humanista, demasiado humanista, opera como una
especie de barrera o contradicción para una poesía que, sin dejar de ser cortés, cordial y
diplomática, necesita de un ímpetu corporal y desaliñado para ser efectiva en el contacto
con la vida”.22
Hay una discusión en la crítica de poesía en México que gira alrededor de la idea de
que a la poesía mexicana le falta calle. Quizá lo demasiado formal, culto y bien educado
de la poesía de Reyes (así como la de Cecília Meireles) sea lo que dificulta la lectura y la
recepción de su obra; sin embargo, me parece que el humanismo de ellos tiene que ver
también con la idea de encontrar al otro a través del lenguaje, lo que se refleja, por ejemplo, en el esfuerzo que vemos por parte de Reyes y de Bandeira de deconstruir los puentes
literarios entre el mundo ibérico y el hispánico.
Quizá podamos leer la poesía de Reyes más allá de los lugares en los cuales la crítica la
ubica hoy si la acercamos a esta idea que les propuse de un modernismo no-vanguardista:
por sus conexiones con la tradición hispanoamericana, con el simbolismo y con el principio de que la poesía es el arte del lenguaje. Así, es posible reflexionar sobre la dificultad
de la recepción de la poesía y de la obra de Reyes en Brasil, y también se puede analizar
con el problema que enfrenta la crítica brasileña cuando las poéticas no encajan en las
circunstancias históricas, cuando no coinciden con las expectativas de lectura de ciertos

Carta consultada en el archivo documental de Capilla Alfonsina del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura. Traducción de la autora.
Luciana di Leone, “Poesia de Roda. Notas a partir do convívio poético entre Alfonso Reyes e Manuel Bandeira”, en Sociopoética, EDUEPB, vol. 1, n.
16, 2016, p. 25.
21
Ibid., p. 40.
22
Ibid., p. 41.
19
20

40

�momentos de la crítica. Por supuesto, hay que tomar en cuenta las elecciones estéticas
y políticas de cada quien. Mário de Andrade, al construir su proyecto estético, se basó
en una concepción de brasilidad y en los diálogos críticos con las vanguardias europeas;
para Reyes las expectativas monumentales de su lugar como diplomático no daban lugar
a una poesía considerada menor; y Bandeira se regocijó en su lugar de poeta menor. Cada
uno supo desarrollar sus actividades intelectuales y dar cabida a sus elecciones estéticas
de acuerdo con el lugar social y sus intereses personales que no nos cabe poner aquí en
juicio.
Lo que sí es que estos diálogos poéticos marcan la historia de las relaciones entre Brasil y México y entre las literaturas en lengua portuguesa y española, y nos dejan un legado
entrañable para repensar los vínculos con la tradición, reflexionar sobre los momentos
claves en las relaciones culturales entre Brasil e Iberoamérica, así como buscar, de algún
modo, dar continuidad a sus construcciones.

�Alfonso Reyes y la lengua portuguesa
Eduardo Langagne

C

on su llegada a la Embajada de México en Río de Janeiro en 1930, Alfonso Reyes
inició su convivencia cotidiana con la lengua portuguesa.
Sus lecturas ya habían atendido la obra lusitana de Camões, aunque el acerca-

miento a este clásico se habría dado en alguna traducción española o argentina. Si bien
hay datos para estimar que don Alfonso consiguió hablar con cierta soltura en la rica
forma dialectal del portugués que se expresa al sur de nuestro continente, sus discursos, sus conferencias, sus participaciones orales, fueron expresadas en el español que
le admiramos. Las colaboraciones de Reyes en revistas y periódicos brasileiros fueron
siempre traducidas. En sus cuadernos de apuntes de aquellos años existen breves notas
en portugués y se sabe de sencillos mensajes para algunos amigos escritos directamente
en esa lengua.
La sorpresa de don Alfonso al conocer la casa de la Rua das Laranjeiras, que había habitado el ingeniero Pascual Ortiz Rubio como embajador antes de volver a México para
ser presidente de la República, no resultó agradable. Su estadía en la entonces capital
del Brasil, de 1930 a 1937, se fue animando con su encargo diplomático y con el estímulo
intelectual que le ofreció la amistad con notables personajes de la comunidad cultural
como Ronald de Carvalho, Cecília Meireles, Manuel Bandeira y el polémico Carlos Lacerda, quien era veinticinco años menor que Reyes y fue, sobre todo, un activo participante

42

en la vida política del Brasil en los años cincuenta y sesenta.

�A Ronald de Carvalho le había correspondido leer el provocador poema “Los sapos”,
de Manuel Bandeira, durante la Semana de Arte Moderno celebrada en São Paulo en
febrero de 1922, que ya ha cumplido su primer centenario. Ronald de Carvalho fue un
animado participante de la vida cultural del Brasil; había codirigido con Luís de Montalvor, y organizado desde Brasil, el número 1 de Orpheu, publicada en Lisboa en el primer
trimestre de 1915, compartiendo créditos con Fernando Pessoa, Sá Carneiro y Almada
Negreiros; le correspondió también ser un distinguido visitante de México hacia 1924,
donde ofreció una serie de conferencias. Además de con Alfonso Reyes, Ronald mantuvo
amistad con Carlos Pellicer, que había acompañado a José Vasconcelos al Brasil en ese
mismo año 1922.
En los diarios de Reyes parece no haber claras alusiones a su amistad con Cecília Meireles, aunque se conserva una parte de la correspondencia con esta importante poeta
que da cuenta de la calidad de mentor que la escritora le reconocía.
A Manuel Bandeira lo consideraba una de las voces más singulares de la poesía del
Brasil. A su regreso a México pudo gestionar en el Fondo de Cultura Económica la publicación del Panorama de la poesía brasileña, que Bandeira había escrito en 1945.
Carlos Lacerda siguió carteándose con Reyes, aun en medio de su intensa vida política envuelta en disputas ideológicas en el Brasil.
Alfonso Reyes llega a Río de Janeiro en 1930 y se encuentra con un clima cultural
influido por los modernistas de esa primera etapa. La Semana consiguió impulsar y difundir a una nueva generación de artistas, escritores e intelectuales que pugnaban por
la renovación del arte brasileño y por la actualización de su expresión cultural. Representa sólo uno de los momentos de la historia del modernismo del Brasil, que ya se había
iniciado antes de aquélla y proseguiría después en varias direcciones para consolidarse
como un fecundo movimiento cultural.
Es en ese momento, apenas ocho años después de la famosa Semana, cuando Alfonso
Reyes inicia sus conversaciones y convivencia con algunos de los participantes del movimiento, que se había suscitado como una actitud de oposición a la literatura conservadora y académica que ―según los nuevos creadores― estaba presente aún al inicio del
siglo XX. Corroborando con el valioso libro de Fred P. Ellison, Alfonso Reyes e o Brasil,
podemos observar que no fue especialmente amigo de dos de los más señalados modernistas: Mário de Andrade, de quien refiere no haber recibido acuse de sus envíos; ni
tampoco de Oswald de Andrade, a quien había conocido en París cuando la exposición de
Tarsila do Amaral, la extraordinaria artista plástica, esposa de Oswald en ese tiempo. Reyes tenía reticencias por el movimiento antropofagia de Oswald; no obstante, lo recibió
en más de un convivio en la embajada con su nueva esposa, Patrícia Galvão, Pagu, cuya
figura e importancia ha sido resaltada en un libro reciente publicado en Brasil: Pagu no
metrô, de Adriana Armony; una biografía novelada escrita con excelente pluma a partir
de un profundo trabajo de investigación.

43

�Reyes tuvo un contacto cercano con artistas plásticos como Di Cavalcanti y Candido
Portinari. En esos años, la influencia cultural de nuestro país se manifestaba principalmente en el trabajo de nuestros muralistas. Portinari realizó en 1936 un retrato de Manuela Mota de Reyes.
Prácticamente, a su arribo a Río de Janeiro, Reyes buscó conocer lo más importante de la literatura del Brasil y, adicionalmente, una buena imprenta que le permitiera
imprimir Monterrey, el correo literario que había planeado siendo todavía embajador
en Buenos Aires. Henríquez Ureña discutió por carta con don Alfonso esa decisión que,
supuso, le tomaría un tiempo que podría dedicar a otras actividades. Reyes encontró
dificultades para la edición, sobre todo para la captura tipográfica tan fácilmente contaminada por causa de la fertilización mutua de ambas lenguas, la famosa cercanía y la
paradójica lejanía.
La ortografía del nombre de Alfonso Reyes aparecerá continuamente en las menciones brasileiras como Reys, Reis y Reix pronunciado de igual manera, pero con esas
variantes de escritura. Inclusive el Rondó dos cavalinhos, poema de Bandeira que lo homenajea, tiene en su primera publicación la escritura Reis. No sabría si atribuirla al
poeta o al tipógrafo. También Alfonso fue escrito numerosas veces Affonso con doble efe
o Afonso, con una.
Monterrey, con su concepto de correo literario, estaba publicado en español; así, con
el espíritu de hacer un número de interés especial para el Brasil, le propuso al propio
Ronald de Carvalho una nota sobre Cobardía, de Amado Nervo, que era un poeta reconocido en todo nuestro continente. La nota apareció en portugués en el número cinco:
“Cobardía', de Amado Nervo contra los
tradutores brasileiros".
En la colaboración se da cuenta del
concurso convocado en Brasil a la muerte de Nervo para traducir el poema. Las
evidentes dificultades de la traducción
se anotan para concluir que el portugués y el español se parecen tanto que
no tienen equivalencia.
Se ha citado ya en numerosas ocasiones la idea expresada por Paz en el
sentido de que Reyes no nos hizo conocer la literatura del Brasil. Lo cierto
es que don Alfonso no nos legó traducciones de autores brasileños, pero nos
dejó poemas propios que muestran la
transfusión que esa literatura consumó

44

en su propia naturaleza.

�En todo caso, se trata de una respetable decisión de nuestro polígrafo. De las dificultades de traducir de una lengua tan engañosamente cercana podemos recordar que durante mucho tiempo las ortografías del portugués peninsular y las del portugués africano
fueron diferentes entre sí y también distintas a la del portugués del Brasil, que tal vez
tuvo un desarrollo más extenso. El portugués de África, Asia y Oceanía estuvo desde sus
primeros años cercanamente homologado con el de Portugal. Hay que tener en cuenta
que la lengua fue diseminada en los cinco continentes a partir del siglo XV por los navegantes portugueses.
Para mí es posible que, ante su facilidad para la lectura de los autores del Brasil, Reyes no considerara su traducción como una tarea pendiente. Fue siempre relevante la
actividad que Alfonso Reyes realizó fuera de nuestro país; combinar tareas diplomáticas
y de creación literaria tiene una complejidad en la que reflexionó:
el literato se ensaya en decir, en precisar. Y el diplomático debe hacer lo contrario muchas
veces: esfumar, eludir. Porque precisar es comprometer ―no comprometerse a sí mismo,
sino, lo que es peor, a su país―. Precisar es poner el dedo en la llaga; es, pues, lastimar, herir
la cuerda sensible. Y, en efecto, conozco algún caso en que la literatura o hábito de expresiones precisas le ha jugado una mala pasada a algún diplomático.

45

45
Eduardo Langagne

�Ya hemos leído que “La rúa Laranjeiras le permitía una linda vista de los morros del
Corcovado y de Santa Marta”; se ha dicho también que esos cerros son “no menos espléndidos que el Cerro de la Silla”. Al final de la calle Laranjeiras el nombre cambia a Cosme
Velho, donde vivió hasta principios del siglo XX el impulsor de la Academia Brasileira de
Letras Joaquim Maria Machado de Assis, el más importante autor brasileiro de finales
del XIX, cuya influencia permanece hasta nuestros días.
Río de Janeiro le ofreció al poeta Alfonso Reyes una etapa muy inspiradora para su
obra poética. “Río de Janeiro tiene tantas montañas como Monterrey”. En la magnífica
colección editorial de la Universidad Externado de Colombia apareció en 2017 Romances
del Río de Enero y otros poemas, una muestra de su poesía preparada por Paola Velasco.
Sorprende percatarse que los poemas que la integran fueron todos escritos en Río de
Janeiro, entre ellos Sol de Monterrey y aquel hermoso y conmovedor soneto titulado † 9
de febrero de 1913, dedicado a su padre, el general Bernardo Reyes. En palabras de Paola
Velasco son “poemas de un Reyes íntimo, que incorpora la sintaxis, la respiración del
Brasil, y que al mirar el horizonte de esa tierra se mira a sí mismo; al recuerdo de la vida
en México”.
En los Romances del Río de Enero y otros poemas podemos apreciar la más cercana
apropiación de Alfonso Reyes de la cultura del Brasil y de la lengua portuguesa. En ellos
se estampa la huella del portugués del Brasil y resuena entre sus líneas. Poemas que le
permitieron recordar la infancia, la muerte de su padre, el dolor de las pérdidas, pero
también la alegría de hallar versos que le exprimieron sus más profundas sensaciones.
Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria, UANL, 25 de mayo de 2022.

�Apuntes sobre la traducción poética:
Alfonso Reyes y Nuno Júdice
Blanca Luz Pulido
el arte, como la sabiduría y la dicha,
sólo nos dejan tocar el extremo de su manto.
Alfonso Reyes1

E

n la Enciclopedia de la Literatura en México, vasto y necesario proyecto de la Secretaría de Cultura en coordinación con la Fundación para las Letras Mexicanas,
hay una sección llamada Cultura de la Traducción, en la cual Lorena Ventura rea-

liza un cuidadoso recorrido por la trayectoria, las vicisitudes, las escalas, el limbo y la expansión del conocimiento, de la difusión y traducción de las letras lusófonas en México.
Afirma Ventura que, en general, escritores y editoriales en México (y en Latinoamérica,
incluso) mostraban interés por la tradición inglesa, francesa o italiana, o incluso rusa,
pero muy poco por la tradición lusófona, ya sea brasileña o de Portugal. Alfonso Reyes,
en este sentido, fue un precursor, pues aunque directamente no tradujo muchos textos
del portugués, incluyó en el número 5 del Monterrey. Correo Literario de Alfonso Reyes,
elaborado desde Río de Janeiro, correspondiente a julio de 1931, en la primera plana,
un delicioso texto de Ronald de Carvalho, donde este autor habla de una dificultad muy
específica de la traducción, del español al portugués, del poema “Cobardía” de Amado
Nervo.2

Citado en Alfonso Rangel Guerra, Las ideas literarias de Alfonso Reyes, México, Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios, El Colegio de México,
1989, p. 9.
2
Ronald de Carvalho, “‘Cobardía’ de Amado Nervo contra os traductores brasileiros”, en Monterrey. Correo Literario de Alfonso Reyes, núm. 5, Río de
Janeiro, julio de 1931, p. 1.
1

47

�Se trata del famoso poema que empieza, en español, con el siguiente verso: “Pasó con
su madre. ¡Qué rara belleza!” En lugar de traducir partes del texto de Carvalho sobre el
principal escollo que los traductores brasileños encontraron para traducirlo, preferí citar la traducción que hizo el mismo Reyes de la parte final del texto del brasileño dentro
de su ensayo “Sobre la reforma de la ortografía portuguesa”, publicado en el libro Norte
y Sur, que se puede leer en el tomo IX de sus Obras completas. Al hablar de la reforma
de la ortografía del portugués que tuvo lugar en 1931, Reyes afirma que, por medio de
ella, “la lengua portuguesa se ha acercado más a la castellana”,3 a pesar de que siempre
persistirán dificultades de traducción de una lengua a otra. El portugués, anota, es una
lengua “tan cercana y tan parecida a la nuestra”; sin embargo, continúa:
Siempre marcarán la frontera [entre una y otra] otros fenómenos morfológicos y sintácticos
más profundos, y aun esas pequeñas costumbres de la lengua a que se refiere Ronald de
Carvalho […] El poema de Nervo, Cobardía, ofreció a los traductores, en el primer verso, un
escollo insuperable para un brasileño: Pasó con su madre.

Y sigo con la cita de Reyes, traduciendo ahora él mismo a Carvalho:
‘En portugués del Brasil ―dice Carvalho― ningún poeta lírico se atrevería a escribir: Passou com sua mae. No hay extranjero que pueda imaginarse el sabor de ironía que brota del
régimen de posesivo junto al nombre de madre…’ Y concluye ingeniosamente: ‘He aquí una
prueba física de que los dos idiomas fundamentales de la Península se parecen tanto, que no
se equivalen. El teorema de las paralelas encuentra, aquí, la mejor demostración.’ 4

En la nota de Carvalho, éste anota las alternativas que los acongojados traductores brasileños proporcionaron al problema:
Corrompieron [afirma], unos tras otros, la maravillosa simplicidad del poeta mexicano, traduciendo así el verso:
Pasó con su mamita
Pasó con su mami
Pasó con la mamá. 5

Es curioso notar cómo en ocasiones, en la traducción entre portugués y español, en uno
u otro sentido, lo más simple puede ser lo más complejo.

Alfonso Reyes, “Sobre la reforma de la ortografía portuguesa”, en Norte y Sur, en Obras completas de Alfonso Reyes, México, Fondo de Cultura Económica,
1996, tomo IX, p. 59.
4
Ibid., p. 60.
5
Ronald de Carvalho, idem. Las alternativas portuguesas, que mal intenté traducir aquí, son: “Passou com a mãesinha / Passou com a mãe della /
Passou com a mamãe”.
3

48

�Reyes: traductor, teórico y crítico de la traducción
Independientemente de la atención que Reyes prestara a los problemas concretos de
la traducción del español al portugués o viceversa en su vastísima obra, desde mi punto de vista, lo que a la postre resultó más importante es lo que nos dejó escrito sobre
los problemas que en general nos plantea la traducción, ya que su gran conocimiento
de varios idiomas (francés, inglés, italiano, latín y griego), y su manejo del español con
una precisión, elegancia e inteligencia que no tienen igual, de este y del otro lado del
charco, le hicieron desmenuzar con gran agudeza los principales retos a los que nos
enfrentamos los traductores.
En su magnífico ensayo “Alfonso Reyes y la traducción en México”,6 Herón Pérez Martínez habla de la necesidad de elaborar
una historia de la traducción en México. Evidentemente, ha
habido grandes traductores en nuestro país, pero la reflexión
sobre la traducción misma, o sea, la teoría de la traducción, aún
no tiene muchas páginas en su haber. En este sentido, el trabajo
pionero de Lorena Ventura, enfocado en los siglos XX y lo que va
del XXI, muestra que, en las últimas décadas, diversos escritores y
editoriales han empezado a conformar un núcleo cultural interesado seriamente en la traducción de las letras lusófonas. Y viendo hacia
atrás, no podemos olvidar lo que Reyes contribuyó a este movimiento,
al abrir, con su interés por la crítica de la traducción, a esta expansión
cultural que tuvo una de sus épocas más señaladas a través de la llegada
a México de los intelectuales del exilio español. De esta manera se refiere
Pérez Martínez al papel de Reyes en la conformación de una cultura de la
traducción en nuestro país:
Con Alfonso Reyes se abre un importante capítulo para la historia de la
traducción en México: él reúne en sí, al mismo tiempo y de manera sobresaliente, las credenciales de traductor, de teórico de la traducción,
de crítico de la traducción que también lo fue y, sobre todo, de catalizador del fenómeno de la traducción en México; él, en efecto, de ninguna manera es ajeno a la llegada y asentamiento de esa pléyade de
excelentes traductores del exilio español entre nosotros; tampoco
es ajeno al brillante programa de traducción emprendido por el
Fondo de Cultura Económica; de una u otra manera, Alfonso
Reyes es el portero del boom de la traducción en el México
contemporáneo.7

Herón Pérez Martínez, “Alfonso Reyes y la traducción en México”, en Relaciones. Estudios de historia y sociedad vol. 25, núm. 56 (1986), pp. 27-74.
7
Ibid., p. 30.

6

�Cuando leemos los detallados, morosos, agudos comentarios de Reyes y de algunos de
sus ilustres corresponsales literarios en las páginas del multicitado Monterrey, por ejemplo, los que se refieren, en el número 6, a distintas versiones de El cementerio marino de
Paul Valéry,8 que en los años treinta del siglo pasado fue traducido nada menos que por
Jorge Guillén y Mariano Brull, no nos queda sino disfrutar del resumen que cuidadosamente elabora el regiomontano de cada variante, cada inquietud de los dos traductores,
cada posible giro de algún pasaje difícil, etc.
Esa es otra herencia, respecto a la traducción, que Reyes nos ha dejado, y que tal vez
no hemos desarrollado suficientemente: la crítica y comentario de la traducción. En las
páginas de su conocido ensayo sobre la traducción, publicado en el libro La experiencia
literaria, toca los puntos cruciales de esta disciplina que es un arte que es una práctica
que no ha dejado de cambiar con el paso del tiempo, las corrientes literarias, los enfoques diversos de traductores diferentes, etc. Es en este famoso ensayo donde Reyes habla
del “balancín del gusto”.
La traducción: ejercicio creador, pero no libre
Escribe Reyes al principio de su texto De la traducción:
En punto a traducción es arriesgado hacer afirmaciones generales. Todo está en el balancín
del gusto. Y si este elemento de creación, incomunicable y difícil de legislar, no entrara en
juego, la traducción no hubiera tentado nunca a los grandes escritores. Sería sólo oficio manual, como el trasiego de vino en vasijas.9

Reyes se mueve como pez en el agua en este ensayo, disfrutando, haciendo bromas
incluso, por ejemplo, de la tendencia que había en esa época de castellanizar hasta los
nombres de los autores en las traducciones españolas. Sin embargo, sobre el famoso
“balancín del gusto”, puesto que es imposible de legislar, como él mismo apunta, siempre habrá opiniones encontradas. ¿Acercar la lengua extranjera a la propia, o la propia
a la extranjera? ¿Intentar traducir las rimas, aunque ello nos aleje a veces violentamente del sentido del texto original?
Nótese que aquí estoy hablando ya de mis propias preocupaciones, como traductora
del portugués y, principalmente, de poetas portugueses. Muchas de las cuestiones de las
que habla Reyes sobre ese delicado equilibrio, que debe replantearse de un autor a otro,
de un libro a otro, incluso de un poema a otro del mismo libro de un autor, son las que
Alfonso Reyes, “El ‘Cementerio Marino’ en español”, en Monterrey. Correo Literario de Alfonso Reyes, núm. 6, octubre de 1931, p. 1.
Alfonso Reyes, “De la traducción”, en La experiencia literaria, en Obras completas de Alfonso Reyes, México, Fondo de Cultura Económica, 1997, tomo
XIV, p. 142.
8

50

9

�producen, en algunos traductores, el deseo de buscar siempre otra posible versión, la
idea, que no nos abandona, de encontrar una mejor posibilidad, un giro más feliz, más
adecuado.
Mariano Brull, uno de los traductores que conversa por escrito con Reyes en el referido número de Monterrey, a propósito de la traducción del Cementerio marino de Valéry,
confiesa: “Lo que inquieta siempre de toda traducción son sus posibilidades casi infinitas
de mejora. Seguramente cuando ya esté esto impreso [dice, refiriéndose a su traducción]
se me ocurrirán nuevas soluciones”.10
Todo problema de traducción ejerce un singular atractivo sobre la mente literaria.
Igualmente, cuando terminamos de traducir un poema, o un libro entero, quisiéramos
tener más tiempo para seguir revisando eternamente nuestras versiones. Lo cual es imposible.
El reto: traducir la musicalidad
Para concluir estas notas, me gustaría referirme a algunas ideas sobre la traducción del
poeta Nuno Júdice, de quien he tenido la fortuna de traducir varios libros de poesía.
Creo que uno de los temas que desata más controversia entre los traductores es si debe
o no procurarse, cuando el poema original sigue una forma métrica y musical específica,
con rimas, buscar un equivalente de esas rimas en la traducción. En la poesía, en especial, el traductor prácticamente es el encargado de crear en su lengua un nuevo poema,
equivalente (mutatis mutandis) al traducido. El traductor, así, pasa a ser una especie de
alquimista, que realiza la transfiguración de un poema en otro.
Una fuente importante de ideas sobre este traspaso lingüístico ha surgido precisamente de la pluma de los poetas traductores, pues nadie como ellos conoce las aristas de
esa labor, que tiene un pie en el deseo de trasladar el sentido del poema lo más fielmente
posible, y otro en la necesidad de restituir también algo de los otros aspectos que atraviesan o completan el sentido, como la sonoridad y la textura rítmica de los versos.
Afirma Héctor A. Murena, en Visiones de Babel:
Traducir: trans-ducere, llevar más allá. Llevar algo más allá de sí. Convertir una cosa en otra.
Pero convertirla a fin de que sea más plenamente lo que era, es. Se traduce un libro de un
idioma a otro, y para quien ignoraba el idioma original, el libro, siendo el mismo, sólo ahora
pasa a existir de verdad. 11

Así, el traductor es una especie de Mercurio, de viajero de un idioma a otro. Por su labor, se acercan culturas, ideas, emociones. Pienso que esto mismo fue lo que realizó
10
11

Op. cit., p. 2.
Héctor A. Murena, Visiones de Babel, México, Fondo de Cultura Económica, 2010), p. 447.

51

�Reyes en toda su vida, y es también lo que realiza la colección de libros de poesía traducidos por escritores, concebida por Minerva Margarita Villarreal y José Javier Villarreal.
Nuno Júdice, traductor él mismo de varios idiomas al portugués, ha vertido en la
parte final de su libro de ensayos Las máscaras del poema, en el apartado “Poesía y traducción”, varios textos sobre este asunto. Me detendré en el primero de ellos, llamado
“Traducir poesía”.
El primer problema que enfrenta el traductor, afirma Júdice, es la dificultad de separar el nivel del sentido del nivel del sonido en el poema original, dado que ambos están
inextricablemente unidos en éste. Señala:
La especificidad del poema reside en su lenguaje, es decir, en el nivel trans-semántico, en
donde el dominio que el poeta tiene sobre el sonido y las imágenes del poema hacen de éste
un objeto único e irrepetible, por estar estrechamente ligado al universo que le da forma, es
decir, la lengua original en la que el poeta escribe.
Desde el punto de vista teórico, ésta es la gran dificultad que enfrenta el traductor de
poesía. De hecho, la traducción de poesía separa irremisiblemente las dos entidades que
son indisociables para la creación del poema: el nivel fónico y el nivel sémico, dado que no
es posible transportar a la lengua de llegada la música, las aliteraciones, los juegos sonoros
que son fundamentales en la creación del poema. Lo único que se transporta es el sentido, o,
cuando más, se logra dar un efecto aproximado de la música del poema, ya que una traducción no puede aspirar a transmitir ese nivel con fidelidad.12

52

12

Nuno Júdice, As máscaras do poema, Lisboa, Aríon, 1998, p. 245. La traducción de las citas que se toman de este libro es mía.

�Entonces, ¿ese obstáculo que se presenta al traductor desde un principio, impedirá su
intento? Definitivamente no, no es eso lo que se plantea. El traductor deberá tomar siempre como base el sentido del poema, pero tratando, a la vez, de que el nivel musical y
rítmico no se pierdan del todo, haciendo trasposiciones, buscando equivalencias, etc. En
una entrevista realizada a Júdice en España, Ángel Manuel Gómez le pregunta por qué
los poetas portugueses actuales no son más conocidos en el ámbito español (y bien podríamos decir, también en México y en Latinoamérica). Y la respuesta fue:
La dificultad, en primer lugar, [es] de la traducción. Traducir poesía no es lo mismo que
traducir ficción. […] en la poesía el traductor tiene que hallar la sensibilidad del lenguaje, la
música, para que el poema pase por español y pueda ser leído por el lector español como si
fuese un objeto poético, y así permitirle sentir lo que transporta la propia poesía, que es, al
fin y al cabo, musicalidad, ritmo. 13

En realidad, un poema que se transporta a otro idioma requiere de complejas operaciones de alejamiento y de acercamiento, es decir: nos alejamos de la letra del original para
acercarnos mejor a su espíritu, a su sentido profundo, ese que va más allá de las palabras
concretas que lo expresan, pues reside en la combinación entre ellas y los efectos y sugerencias que el poema, en su totalidad, origina. Afirma Júdice:
En poesía […] no tiene mucho sentido el asunto de traduttore/traditore: la traducción, para
ser fiel, implica necesariamente la traición. Y no es necesario tener un dominio absoluto de
la teoría de la traducción: existe un alto grado de intuición y de empirismo en el trabajo de
traducir poesía, que se relaciona con la conciencia lingüística del traductor. […] No estamos
ante un proceso pasivo, en que basta aplicar un esquema léxico para trasladar un texto de
una lengua a otra. Cada palabra, expresión, verso o estrofa van a desencadenar reacciones
que ocasionan respuestas diferentes, según la subjetividad del sujeto/traductor, en el sentido de encontrar soluciones para un mismo texto original, que serán muy distintas en diversas épocas y para otro tipo de traductores. 14

La traducción: viaje al interior de las lenguas
Una traducción nos remite siempre al texto original, al poema en que se basa. Por más
afortunada que sea, y aunque funcione con autonomía del texto fuente, tiene que contener sus marcas significantes y de sentido, pues no olvidemos que una traducción “es,
finalmente, una transformación/recreación del texto original”.15 Y ésta es una de las
grandes aristas del proceso: si quedan muchas marcas del poema original, el resultado
no se dejará leer con fluidez ni naturalidad; mas, por otro lado, el traductor tampoco
debe apropiarse del poema ajeno y olvidar que el sentido de la traducción es siempre
www.elcoloquiodelosperros.net/numero17/olfateando17.htm, 23/08/13.
Júdice, op. cit., pp. 247-248.
15
Idem, p. 248.
13
14

53

�retroactivo, como bien señala Júdice, es decir, que no es posible leer ésta como si
fuera un poema original, pues la “lengua del traductor” será siempre un intermediario entre el lenguaje del poema que se traduce (donde significado y significante están
plenamente unidos) y el poema traducido, que debe desdoblar, digamos, la forma y
el contenido del original y dar una mayor importancia a la dimensión semántica, por
encima del nivel de la forma.
La labor del traductor, por tanto, no tendrá nunca la libertad del creador de la obra
original. En esto coinciden, sin duda, ambos autores, de ayer y de hoy, Alfonso Reyes y
Nuno Júdice.
El placer de ser portadores de mensajes de otras tierras, en otras lenguas, de emociones e ideas cristalizadas por el idioma, es lo que
nos mantiene realizando, una y otra vez, esa tarea misteriosa,
difícil y necesaria.
De la teoría a la práctica
Dado que la teoría es acéfala sin la práctica, para concluir estos
apuntes, incluyo un poema del mismo Nuno Júdice, del libro El misterio de la belleza, que traduje para el volumen II de la colección El
oro de los tigres (2010) de la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria
de la UANL.
La manifestación del absoluto se reveló en un vaso
de agua, cuando el sol salió detrás de una nube
y de pronto lo hizo brillar, en medio de la mañana
más gris. A veces, piensa el agnóstico,
lo inverosímil nace de una pura explicación
lógica, como si la casualidad no existiera. Sin
embargo, su posición es la de un hombre
que no acepta que la belleza pueda surgir de la nada,
cuando descubre que está en la frontera entre lo que
sabemos y lo que ni siquiera necesitamos
comprender. Por eso, al beber el agua, sentí
el brillo de la mañana llenándome el alma, como
si el agua fuera algo más que un líquido incoloro
y sin olor. Sin embargo, al ver el vaso vacío
y sentirlo ya sin la luz que lo había llenado, pensé
en lo frágil de esa pequeña belleza, y en que,
tal vez, hubiera sido mejor seguir con sed.

54

�Concordia entre la imaginación y la exactitud
(Presentación de Sólo puede sernos ajeno lo que ignoramos,
de Javier Garciadiego)
Víctor Barrera Enderle

D

esde hace mucho tiempo he considerado los géneros biográficos (también
llamados autorreferenciales o referenciales, según el caso) como una de las
manifestaciones más imaginativas de la literatura. Esto podría parecer una

contradicción; no lo es, o no lo es totalmente: el contrato que subyace aquí consiste
en decir la verdad sobre uno mismo o sobre alguien más. Memorias, diarios, autobiografías, epistolarios, vidas y biografías evocan el pasado individual desde la recreación
y la reinvención de los acontecimientos. Las variaciones dependen, por supuesto, de la
voz que enuncia y de la intención que la impulsa y alienta a la escritura. Y ahí está como
muestra el famoso pacto autobiográfico donde el autor cuenta su propia vida y selecciona y recrea los momentos más importantes o significativos de su existencia, convirtiéndose en el personaje principal de la narrativa. Por otra parte, tenemos la biografía:
este modo de escritura destruye ese pacto al presentar la resignificación del pasado de
otra persona mediante un ejercicio de diálogo que se realiza de manera retroactiva: el
biógrafo indaga, investiga y, también, cuestiona y desmiente lo que el biografiado había
colocado, de manera consciente o inconsciente, como relevante.

�Entre paréntesis, y para establecer un

y la consecuente divulgación y publica-

deslinde, debo advertir que hoy en día

ción, en los últimos años, del archivo y de

experimentamos, y no hace falta ahondar

los papeles privados de Reyes (llamados

mucho en ello, el auge de algunas mani-

por José Emilio Pacheco como “escritos de

festaciones relacionadas con los géneros

sinceridad”), y tendremos una panorámica

autorreferenciales; y como prueba está

mayor del esfuerzo escritural de Sólo pue-

la explotación comercial y editorial de

de sernos ajeno lo que ignoramos.

biodramas, biopics y de la llamada auto-

El diálogo entre el biógrafo y el bio-

ficción. El modelo predominante parece

grafiado no necesariamente es armónico,

ser el del mundo del espectáculo: hacer

al contrario, muchas veces resulta desa-

de la vida un drama o una tragicomedia

fiante: “Estoy seguro de que la lectura de

(dependiendo del personaje retratado) y,

algunas páginas de esta biografía le hubie-

si se puede seccionar en capítulos de una

ra provocado enojos y dolores a Reyes; sin

hora, mucho mejor.

embargo, confío en que serán útiles a los

Nada más lejano de esas modas que el
ensayo biográfico: un peculiar registro que

lectores”, nos advierte el autor en el portal
de su libro.

incorpora el estudio de una vida en parti-

Nada queda fuera de lugar en esta

cular con la reflexión crítica y cultural del

obra. El recorrido cronológico no le impide

entorno que la ha envuelto. Javier Garcia-

al biógrafo la ramificación temática y for-

diego propone en Sólo puede sernos ajeno

mal. Árbol de papel y tinta que muestra las

lo que ignoramos un retorno a la biografía

raíces (esa parentalia alfonsina que se re-

de Alfonso Reyes. Digo retorno porque,

monta hasta los ancestros en Nicaragua y

hace algunos años, ya había dado a la im-

el posterior asentamiento en Jalisco) y los

prenta una biografía alfonsina (titulada de

frutos (la labor literaria e intelectual de Re-

manera escueta Alfonso Reyes); y se había

yes desde una perspectiva que es, a la vez,

interesado, desde 1989, por los aspectos

histórica y cultural). Garciadiego contem-

personales del escritor, como el floreci-

pla, así, el bosque y las hojas. Despliega la

miento de su vocación literaria. El retorno

genealogía de la familia Reyes y al mismo

no es, pues, un simple regreso, sino una

tiempo nos otorga el devenir histórico del

revisitación: nueva lectura que devela otra

México decimonónico, esto es, el paso de

geografía vital del personaje. Dividida en

la conformación del estado nación hacia la

seis apartados que responden a momentos

implantación del porfiriato, y de ahí (del

decisivos en la vida del escritor regiomon-

brazo del escritor regiomontano), el sinuo-

tano, este ensayo biográfico parte de una

so camino hacia el México moderno. Nadie

detonación estética: el goce de la lectura.

proviene de la nada, y como bien explica

Sumemos a eso el extraordinario traba-

Garciadiego: “La vida y la obra de Alfonso

jo de rescate editorial (empresa en la que

Reyes no pueden ser comprendidas sin co-

Garciadiego ha sido agente fundamental)

nocer la biografía de su padre”.

�Pero el linaje no es determinación, y

su vocación literaria. En este apartado re-

este libro deja en claro algo fundamen-

sulta de suyo interesante el contraste que

tal: la vocación literaria de Reyes es más

remarca Garciadiego entre la lectura del

bien algo propio que cosa heredada. Pro-

entorno que realizó el joven Alfonso y las

ceso íntimo de autoafirmación que se de-

que llevaron a cabo, con trágicas conse-

sarrolló a la par del ocaso del porfiriato,

cuencias, su padre y su hermano Rodolfo.

del auge y de la decadencia del reyismo,

Así, Reyes demostró su aguda percepción

del declive modernista, de la emergencia

de los asuntos públicos y de las transfor-

de movimientos políticos y sociales y de

maciones que se avistaban en el panora-

la crisis del positivismo como metodolo-

ma internacional. (Resulta notable, y lo

gía de enseñanza. Ese contexto, que tiene

menciono al vuelo por falta de tiempo,

como centro gravitacional la configura-

el rastreo hemerográfico que realiza el

ción del Ateneo de la Juventud, es estudia-

biógrafo: proeza documental que ayuda a

do a fondo por Garciadiego (conocedor

la recreación de la atmósfera y a la com-

como pocos del tema); y, como consecuen-

prensión de las decisiones que el joven

cia, nos describe, con una claridad pocas

escritor tomó en aquellos momentos tan

veces alcanzada, la conversión del poeta

cruentos.)

en ciernes al joven escritor. Son los famosos y breves “Días alcióneos”.

Garciadiego divide en cuatro etapas
la estancia europea de Reyes (la inicial y

Esos pocos años en los que Reyes pudo

la final ocurrieron en Francia; y las dos

dedicarse al estudio y a la escritura litera-

intermedias, en España), abarcando los

ria, y cuyo fruto mayor fue la publicación,

años que van de 1913 a 1927. “Cada una

en 1911, de Cuestiones estéticas, su primer

de estas etapas ―explica a continuación―

libro y, en muchos sentidos, la puesta en

tuvo características propias, ninguna se

escritura de muchas de sus preocupacio-

parecerá a otra, sus diferencias fueron

nes y querencias más vitales. Javier Gar-

mayores que sus similitudes; sin embar-

ciadiego establece a continuación otra

go, todas fueron decisivas en la confor-

periodización fundamental: la llegada de

mación de la persona que luego sería don

los “días aciagos”: “estos abarcaron desde

Alfonso Reyes”. Sobre su formación litera-

el regreso del padre a México, cuando dio

ria, es rotundo al afirmar que, tras la sa-

por terminado el exilio europeo al que le

lida de México, Reyes estaba “en un claro

había enviado don Porfirio Díaz para ale-

proceso de definición como escritor”.

jarlo de la contienda sucesoria, hasta la

Por las páginas de este ensayo biográ-

Decena Trágica, cuando su padre murió,

fico vemos el devenir literario del autor

lo que acabó de convencerlo de trasladar-

de Visión de Anáhuac: sus pesquisas bi-

se a Europa”. Aquí inicia lo que el biógra-

bliográficas en París, su paso por las pren-

fo denomina como la “terrible orfandad”,

sas madrileñas, sus trabajos editoriales

y también principia la confirmación de

(donde no faltan ni las traducciones ni

�58

En la mesa: Víctor Barrera Enderle, José Javier Villarreal, Javier Garciadiego y Ludivina Cantú Ortiz

�el análisis textual); también el cambio de

de las acusaciones de ser poco mexicano,

fortuna y de destino (por aquellos días de-

en el proceso de reorganización del campo

bió empezar de cero). La necesidad y las

literario moderno).

dificultades agilizaron su pluma, la cual

El retorno definitivo a México en 1939

“dejó la prosa desbordada de Cuestiones

es descrito aquí como el inicio de un pro-

estéticas y empezó a escribir de forma li-

ceso civilizador. Reyes tenía por fin casa

gera y transparente, al grado de que pron-

propia y la compañía definitiva de sus li-

to se convirtió en su estilo característico,

bros. Esto representó “un cambio de profe-

en su sello”. La reinstalación del ensayista

sión y oficio. Si antes había sido útil al país

regiomontano en el cuerpo diplomático re-

como su representante diplomático, ahora

volucionario (vía la ayuda de Vasconcelos)

lo sería como educador y difusor de la cul-

significó, como bien apunta y describe el

tura.” Y como prueba tenemos la gestación

biógrafo, un “cisma familiar” y un cam-

y concreción de instituciones como El Co-

bio en el voltaje de su energía creativa. De

legio de México (primero Casa de España)

1920 a 1938 la vocación alfonsina se com-

y de El Colegio Nacional. Fue también, en

paginó con las labores de funcionario de

su producción literaria, el “periodo más

los gobiernos emanados de la revolución

fértil de su existencia”: los años de su pro-

(en esa diplomacia dual que bien describe

yecto teórico y de su larga y enriquecedora

Garciadiego: política y cultural). Su prosa

reflexión sobre el fenómeno literario, el

adquirió una nueva profundidad conti-

ordenamiento de sus interpretaciones de

nental (sobre todo durante sus estancias

la cultura griega y la edición crítica de su

en Argentina y Brasil); y su poesía, un cariz

propia obra.

filosófico. Así, atestiguamos a lo largo de

Esos veinte años finales de su vida es-

estas páginas el transitar político de Reyes:

tuvieron signados por el trabajo constan-

el vástago de un destacado militar y políti-

te, pero también por la enfermedad y el

co porfirista (y, por ende, de un reconocido

deterioro físico. El reconocimiento llegó

antimaderista), el exfuncionario huertista

finalmente. Garciadiego describe sus últi-

de medio pelo, para más señas, se convier-

mos años en estos términos: “Cinco hechos

te, gracias a sus dotes diplomáticas, en el

marcaron ese tramo de su vida: su identifi-

mejor representante en el exterior de la

cación como poeta; la celebración pública,

ideología del México posrevolucionario.

nacional e internacional, con motivo de sus

Y algo similar acontece con su carrera li-

bodas de oro como escritor, en 1955; el éxi-

teraria: del benjamín ateneísta y escritor

to del relanzamiento de Visión de Anáhuac,

extranjerizante e intelectualizado pasa a

al grado que terminó por convertirse en su

protagonista de la modernización letrada.

único libro popular, de lectura amplia; la

(Notable resulta, por ejemplo, la descrip-

realización del anhelado proyecto de pu-

ción y contextualización en esta biografía

blicar sus Obras completas; y su elección,

de un texto como A vuelta de correo, escri-

dos años antes de morir, como director de

to por Reyes desde Brasil para defenderse

la Academia Mexicana de la Lengua”.

�Este ensayo biográfico se ha convertido, así, en diálogo y resignificación del pasado.
Estudio exhaustivo, agotamiento de las fuentes, pero también: florecimiento de la imaginación y de la recreación (evocación de esa “ficción explicativa” aludida por Reyes en La
experiencia literaria para describir el esfuerzo creativo de escribir sobre el pasado). Verdadero maridaje entre imaginación y exactitud. Sólo puede sernos ajeno lo que ignoramos
(título tomado, como sabemos, de A vuelta de correo) transita de lo privado a lo público,
y de lo público a lo privado. Nos presenta a un Alfonso Reyes cercano, de carne y hueso,
dando fe del papel protagónico que desempeñó en la modernización cultural y educativa
de nuestro país. Pero, sobre todo, confirma la premisa del título: conocer la vida y obra de
Alfonso Reyes significa certificar su vigencia y constatar su compañía.

�Mal de libros: mar de amores 1
Arcelia Lara Covarrubias

A

un siglo de haber escrito su Visión de Anáhuac (1519), en 2015 la Universidad
Autónoma de Nuevo León, su Facultad de Filosofía y Letras, la Secretaría de Producción Editorial y la Capilla Alfonsina de Monterrey convocaron a un grupo de

estudiosos de la obra de Alfonso Reyes para comentar esta obra con la que se inauguró
la serie Una Lectura Crítica en 2016. A partir de entonces, cada año fue sumándose un
libro más. En el 2017 aparece Ifigenia cruel; en 2018, El plano oblicuo; en 2019, Cartones de

Madrid; en 2020, Calendario; y en 2021, la Oración del 9 de febrero.
Estas obras, también con algunas salvedades, pertenecen al que denominamos período madrileño. Estamos hablando de la época que Reyes caracterizó como la “edad de
plata” porque en ella se conjuntaban los escritores de las generaciones del 98, los del
novecentismo y los primeros vislumbres de la promoción del 27. Para nuestro autor esta
etapa abarca una década, que va de 1914 a 1924; éste fue un período de intensa productividad textual en la que el mismo Reyes se caracteriza como “galeote literario”, pues entre
sus trabajos en la Escuela de Altos Estudios dirigida por Ramón Menéndez Pidal, ciertas
colaboraciones en la Revista de Filología Española, la Revue Hispanique y el Boletín de la
Real Academia, así como sus colaboraciones regulares en los periódicos España, Imparcial
y El Sol, su pluma no tenía asueto. A este trajín había que sumarle que, por encargo de
Calleja, traducía y preparaba algunas ediciones populares de los clásicos. No pensemos,
sin embargo, que la maldición bíblica de ganar el pan con el sudor de la frente adulteraba
su ánimo porque, aunque indudablemente fueron días difíciles, parecía que la abrumadora carga del trabajo que a veces le hacía escribir a vuelapluma sirvió de acicate a su
Texto leído el 1 de junio de 2022 en la Capilla Alfonsina de CDMX como parte de los eventos de colaboración "De Capilla a Capilla", dentro del marco
del Festival Alfonsino.

1

�ingenio, pues, además de sus ya muchas ocupaciones, siempre se dio tiempo
para atender su obra creativa. Gracias a esa incansable labor han sido posibles numerosas páginas de delectable lectura y estudio, como éstas que ahora
presentamos.
Visión de Anáhuac (1519) es, como lo definiera Minerva Margarita Villarreal, un poema en prosa que “genera un sentimiento múltiple, entre la adoración y el duelo, que mana de la contemplación”. O también podemos asirnos
de la cita del poeta francés Saint-John Perse, que Alicia Reyes traduce y con la
que cierra su ensayo: “En el punto sensible de mi frente en donde el poema
se establece, inscribo este canto de todo un pueblo”. Este texto fue escrito en
1915, año que, nos apercibe Adolfo Castañón, establece un juego capicúa con
el indicado en el título, funciona como puerta de entrada a los pueblos originarios de América; en él asistimos a un emparejamiento de
dos visiones del mundo, la propiamente americana con sus
mitos cosmogónicos que quedan en su cotidianidad y la de la
religión cristiana conquistadora. Como nota al calce he de decir que al juego detectado por Castañón habría que sumarle,
pienso, el año en que comienza a gestarse esta serie: 2015, que
es, también, una puerta abierta y que nos permite entrar a
los que hemos colaborado comentando alguna de estas obras.
Ifigenia cruel es una pieza dramática en la que Alfonso
Reyes cultiva el antiguo interés por la tragedia ática que manifestara en “Las tres Electras del teatro ateniense” desde su
primera obra publicada: Cuestiones estéticas. Si en aquel entonces el ensayo le garantizaba participar del “banquete de
la civilización”, entrando a la discusión que iniciara Walter
Pater y que continuaría Nietzsche; ahora, en un acto más intrépido que arrojar sus cuartos al as de Eurípides, compone
este poema dramático en el que, de acuerdo con la lectura de
Alfonso Rangel Guerra, la acción es el evento en que el acontecer se manifiesta, enfrenta la revelación y el destino. No se trata, sin embargo, de una mera reelaboración del mito; Ifigenia cruel, la obra que captaría a
Reyes de cuerpo entero, según Borges, aventaja un tanto al dramaturgo, pues,
como observa Carlos García Gual, en la propuesta alfonsina a los mandatos
divinos se enfrenta la decisión humana. Reyes apunta: “Por más que Orestes
se presente como portador de una orden de Apolo, el dios de Delfos, tan garante del orden patriarcal, no se inmiscuye en el asunto”. La actualización del
planteamiento de la tragedia clásica tiene resonancias que nos transportan a
un referente no expresado pero fácilmente detectable. No es extraño, entonces, que casi todos los comentaristas identifiquen a Reyes con Ifigenia, porque

62

igual que la protagonista, el escritor podría decir: “Huyo de mi recuerdo y
de mi historia, / como yegua que intenta salirse de su sombra”; y, así, ante la

�invitación que Vasconcelos le hiciera de regresar a México, contesta con un contundente
“No quiero”, como el que Ifigenia dio a Orestes.
El plano oblicuo es una de esas obras cuya factura no es totalmente madrileña; de los
relatos que se reúnen bajo este título, según el repaso que hace Ernesto Lumbreras, tres
de ellos, los fechados en 1910, se escribieron en México, y de cuatro más, los de 1913, no
se sabe si se escribieron acá o en París, aunque, como el mismo Reyes registra en la Historia documental de mis libros, la obra en su totalidad fue retocada y preparada para su
publicación en Madrid. Varias de las colaboraciones se centran en “La cena”, el relato con
el que Reyes abre y que suele emparentarse, según cinco de los textos de la lectura crítica,
con Aura de Carlos Fuentes porque se perciben, dice Ludivina Cantú, “murmullos o voces
textuales” que van del cuento a la novela delatando el aire de familia. Sobre el texto en su
conjunto, hay que señalar que uno de los rasgos que más destaca es su vanguardismo; ya
lo señala Georgina García Gutiérrez Vélez: “Reyes indaga en la forma del cuento y en la
percepción de la realidad. Se sitúa lejos del realismo decimonónico, de la mímesis clásica
y se aproxima a la écfrasis”.
Cartones de Madrid y Calendario son obras que por su tipología textual, su estilo de
concisa potencia expresiva y la intención derivada del “prejuicio de la retina” que delató
Reyes, podemos presentar juntas. Cierto que el corte de los textos es de muy diferente índole. El primero, los Cartones, se nutre de la enciclopedia viva de la calle; aquí Reyes, dice
Héctor Perea, ha “caído desde el principio en el caldero donde mejor se cuece el espíritu
del pueblo”. Los retratos o cartones presentan a un madrileño más cercano al Lazarillo con
sus penurias y picardías que a un escudero envarado en la pretensión de honorabilidad.
En esta obra domina la vista, el trazo goyesco que lleno de —nuevamente cito a Perea—
“las sombras más grotescas e intemporales” alterna con la luminosidad de la expresión.
En Calendario, en cambio, se decanta por una perspectiva más estética, pues, como sostiene Evodio Escalante, Reyes es “un hombre entregado de modo preferente al cultivo y
disfrute de la belleza” y, líneas adelante, “el esteta se asume, de modo consciente o no,
como un disruptor”. Al privilegiar la belleza como valor supremo, frente a la verdad o el
bien, no evade lo real sino que lo pondera desde la distancia, como materia prima del arte,
pero renunciando a cualquier folclorismo sentimental. En Calendario el registro artístico
es amplio; José Roberto Mendirichaga y Julieta Yascara Leo dan cuenta de las referencias
arquitectónicas, dancísticas, musicales, pictóricas, escultóricas, teatrales, fílmicas y, por
supuesto, literarias. Con esta obra se cierra el período madrileño que se constituye como
“bitácora de un largo viaje geográfico y simbólico”, como apunta Víctor Barrera Enderle.
Finalmente, la obra con que concluye la serie es la Oración del 9 de febrero, que podríamos caracterizar, con Antonio Colinas, como un “canto fúnebre”. Aunque el texto fue
escrito en Buenos Aires, podemos suponer que, desde sus años en Madrid, había estado
fraguando la idea de elaborar la imagen de su padre, retrato que en intención y acento
se deslinda del que su hermano Rodolfo presentó en sus Memorias publicadas en 1929,
según la esclarecedora reconstrucción de los hechos que nos regala Javier Garciadiego en
su comentario. Esta fragua en el caldero de las “cuentas pendientes” había estado cercada

63

�por el silencio, ni siquiera en su Diario don Alfonso la menciona, pero sin duda había estado trabajando esa “poética de la memoria”, como la llama Beatriz Saavedra
Gastélum, y no fue sino hasta 1930 que se dio a la tarea de concretar esa obra tan
personal, una de las más conmovedoras de la pluma alfonsina. A pesar de que en
estas páginas las líneas se enclavan por la emoción, eligen una puerta atemperada
para salir, pues, como bien indica Alberto Henríquez Perea, a nuestro autor “no le
gustaba alzar el velo de lo íntimo, de lo privado, aunque sabía del interés que había
en ello”. Quizás por este motivo, la Oración durmió el sueño de los justos durante
más de tres décadas y no fue sino hasta 1963 que conoció la luz gracias a Manuelita,
la esposa, que la salvó del olvido.
En las obras de Alfonso Reyes consideradas para la serie Una Lectura Crítica nos
apercibimos del dispendioso ejercicio del discurso. Aquí convive la crónica con las
memorias y el relato, el drama con la poesía, la prosa poética con la nota histórica,
la recreación lúdica con ribetes que señalan un análisis riguroso previo, la crítica de
arte impresionista con el señalamiento teórico de profundo alcance y, por supuesto,
el ensayo, género que renuncia al espejismo del texto cerrado y que nuestro autor
cultivó con insistencia y del que nos muestra sus matices, sus variedades en un juego caleidoscópico delirante.
En uno de los ensayos que se incluye en Calendario, Reyes nos dice que así como
hay un mal de amores, hay también un mal de libros, esa morbilidad que tiene a
los lectores de claro en claro y de turbio en turbio gastándose los ojos ante manojos
de hojas impresas. Evidentemente don Alfonso habla de un afecto profundamente
arraigado en él, eso se nota en su fecunda textualidad. Habrá que añadir que ese
mal de libros se contagia: así me explico que 52 autoras y autores se hayan dado cita
para hablar de este sexteto alfonsino.
Reparemos en ciertas características de los colaboradores: por su formación se
encuentran lingüistas, estudiosos de literatura, historiadores, filósofos, abogados,
politólogos, helenistas, comunicadores; por oficio hay traductores, poetas, narradores, ensayistas, maestros, críticos, investigadores, académicos de la lengua, periodistas, editores y artistas visuales. Además de diferentes latitudes mexicanas, las
colaboraciones llegaron de España, Brasil, Estados Unidos, Canadá, Chile, Colombia
y Argentina. Y así como son variados los perfiles de las y los ensayistas, así también
son varios los puntos de inflexión desde los que cada quien comenta la obra de
Reyes, aunque esto no impide que, con cierta frecuencia, los textos se enlacen y
establezcan un diálogo en el que se nota continuidad, simpatías y también a veces
diferencias. En la lectura crítica que presentamos encontrarán ensayos de crítica,
estudios literarios, notas biográficas e históricas, recreaciones e, incluso, poemas,
como en el caso del comentario a la Oración del 9 de febrero que hace José Javier
Villarreal quien, a manera de antiestrofa, luego de leer a un Reyes que construye la

64

imagen de su padre, con sus versos hace una prolongación transitando, ahora, hacia
los hijos.

�Más allá del lujo discursivo que supone el comentario en forma de un texto, cualquiera, en el caso de quienes nos reunimos en torno a Reyes, el mal de libros se convierte en
mal de amores, y es que el atractivo estético y el amplísimo registro de la voz alfonsina es
capaz de constelar a un grupo tan nutrido como diverso de reyófilos. Evidentemente este
proyecto no se hubiera concretado sin el generoso concurso impulsado por las dos Capillas
alfonsinas, la de Monterrey y ésta de la Ciudad de México, sin el entrañable entusiasmo de
los dos javieres, el de allá y el de acá, y sin la tutela que desde la inmensidad ejercen sus dos
antecesoras: Alicia Reyes y Minerva Margarita Villarreal, así como la de Alfonso Rangel
Guerra, trío o trinidad cuyo aliento nos alienta.
Me gusta pensar que los reunidos en estas obras nos sentimos congregados más que
por un interés académico, por una vocación, por un afecto. Hace años, en un evento semejante a éste, aquí mismo, algún participante dijo que el ensayo era la práctica textual
propicia para la camaradería; estaba hablando de la amistad que don Alfonso había entablado con artistas e intelectuales españoles desde sus años de Madrid, pero que se había
continuado y nutrido acá en su (nuestro) país, cuando fue presidente de la Casa de España
en México. Con esta lectura crítica ensayamos un acercamiento a Reyes, pero también
nos reconocemos entre nosotros, formamos una especie de cofradía alfonsina que es la
indicación de que nos sentimos imantados por la misma causa, de que nuestras cuerdas
lectoras se tensan de manera semejante y vibran con un tempo que se acompasa al calor
de la letra de don Alfonso. Nuestro mal de libros se rebosa y nos instala en un mal, o mejor,
en un mar de amores.

65

�a la mesa con Reyes
Alfredo Iván Mata

E

ntre el 16 y el 31 de mayo se llevó a cabo el Festival Alfonsino, una tradición dentro
de nuestra Universidad Autónoma de Nuevo León. En esta edición, en la que se
volvió a la modalidad presencial, la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria aco-

gió un número récord de eventos, los cuales convocaron un total de 755 asistentes, además de otras 7,371 personas que siguieron las transmisiones por nuestras redes sociales.
Un programa muy nutrido de conferencias, mesas redondas, presentaciones y exposiciones, que comenzó con la ponencia “Los albores de la modernidad”, a cargo de José
Javier Villarreal, director de este recinto, sobre la estancia de Alfonso Reyes en Brasil, en
los años treinta del siglo pasado; su contacto con los intelectuales y artistas de aquellos
lares que en ese momento fraguaban lo que a la postre se convertiría en el modernismo
brasileño.
Al día siguiente, el vestíbulo principal se engalanó con la presencia de Liliana Weinberg, la más reciente recipiendaria del Premio Internacional Alfonso Reyes, prestigiosa
ensayista que nos compartió la charla titulada “Un diálogo con Alfonso Reyes”, en la que
dejó una serie de reflexiones sobre el quehacer intelectual y académico, siempre equiparándolo con la obra literaria de Reyes.
Adolfo Castañón, Coral Aguirre y Sebastián Pineda intercambiaron una serie de opiniones sobre las semejanzas y encuentros entre Alfonso Reyes y George Steiner, en una
mesa moderada por Víctor Barrera Enderle. Steiner, quien recibió el Premio Internacional Alfonso Reyes en 2007, fue una figura indispensable para el humanismo de finales del
siglo XX, como Reyes lo fuera para la primera mitad del mismo. Adolfo Castañón, también
Premio Internacional Alfonso Reyes en 2018, nos compartió algunas anécdotas de su relación con Steiner, así como el discurso que aquél leyó en la recepción del premio, de cuya
traducción él se encargó.

�El día jueves 19 de mayo se realizó una amena e interesante conferencia impartida por
Georgina García que tituló “Alfonso Reyes y Carlos Fuentes. Simpatías y coincidencias”, en
la que hizo un repaso de la cercana relación que hubo entre estos dos personajes protagonistas de las letras mexicanas, la influencia que tuvo la obra e ideas de don Alfonso en la
obra de Fuentes, así como su vital amistad y numerosos tributos.
Aprovechando el tema de Carlos Fuentes, al finalizar el evento de Georgina García, se
inauguró en el vestíbulo posterior de nuestra biblioteca la exposición titulada Fuentes:
La mirada de las letras, que consta de una serie de retratos del escritor tomados en 2007
por César Saldívar, fotógrafo regiomontano radicado en Madrid, quien estuvo presente
para cortar el listón junto a nuestras autoridades universitarias, guiar el recorrido inicial
de las fotografías y contar un par de anécdotas personales de su encuentro con el gran
novelista mexicano.
El viernes 20 de mayo fuimos anfitriones de la presentación de una recopilación de
trabajos de la Red Nacional de Mujeres Alfonsinas, titulada “Voluntad y representación.
Perspectivas críticas sobre la obra de Alfonso Reyes”. Sus editoras, Beatriz Saavedra Gastélum y Ludivina Cantú Ortiz, prestigiosas académicas quienes además forman parte de
dicho proyecto, nos hablaron de la importancia que tiene el concentrar la voz de mujeres
en torno a los estudios alfonsinos para abrir nuevas sendas de estudio y perspectivas
críticas.
Los libros del deseo, título que recopila versiones revisadas de seis obras de Minerva
Margarita Villarreal, fue presentado el lunes 23 por el crítico y poeta Evodio Escalante,
Ludivina Cantú Ortiz y Carlos Lejaim Gómez. Los textos que cada presentador leyó se
incluyen en este número de Interfolia, así como también la conferencia de Claudia Dias
Sampaio, titulada “Alfonso Reyes y el modernismo no-vanguardista en Brasil”, que acaeció al día siguiente; y los trabajos de los poetas y traductores Eduardo Langagne y Blanca
Luz Pulido, que dieron pie a una muy nutrida e interesante conversación sobre la traducción y la lengua en general, titulada “Alfonso Reyes y la lengua portuguesa”, moderada
por José Javier Villarreal, que se ofreció el miércoles 25.
Al día siguiente se presentó el más reciente libro de Javier Garciadiego: Sólo puede
sernos ajeno lo que ignoramos. Ensayo biográfico sobre Alfonso Reyes. Su autor, el capellán
de la Capilla Alfonsina de la Ciudad de México, ilustró a los asistentes sobre su vasto conocimiento de la vida del Regiomontano Universal, en una mesa en la que lo acompañó
su homólogo de nuestra Capilla Alfonsina de la UANL, José Javier Villarreal, además de
Ludivina Cantú Ortiz y Víctor Barrera Enderle, todos ellos reconocidos reyistas. Las palabras de Víctor Barrera se incluyen en esta Interfolia.
El viernes 27 de mayo nos acompañaron de nuevo Beatriz Saavedra Gastélum, Ludivina Cantú Ortiz y la escritora Coral Aguirre, junto a Rosa Guadalupe García, en una
mesa que presentó el libro Alfonso Reyes y las mujeres de su tiempo, el cual recopila las
memorias del coloquio del mismo nombre, llevado a cabo del 8 al 13 de marzo de 2020 en
múltiples sedes. Se trata de una revisión de Reyes como ateneísta, helenista, humanista,
poeta, traductor, crítico y diplomático, desde una perspectiva de género, además de un

67

�José Javier Villarreal

Georgina García

José Javier Villarreal, Sebastián Pineda, Adolfo Castañón, Coral Aguirre y Víctor Barrera Enderle con estudiantes y profesoras de la Preparatoria 9.

68

68
Beatriz Saavedra Gastélum, Ludivina Cantú Ortiz, Rosa Guadalupe García y Coral Aguirre con estudiantes y profesores de la Facultad de Filosofía y Letras.

�esfuerzo conjunto entre la UANL y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, a través de la Coordinación Nacional de Literatura, quienes hicieron posible tanto el coloquio
como dicha publicación.
Una nueva edición de la Oración del 9 de febrero, texto emblemático de Alfonso Reyes,
con ilustraciones del artista oaxaqueño Darío Castillejos, fue presentada el lunes 30 por
la directora del Fondo Editorial Nuevo León, Carolina Farías, el director de publicaciones
de la UANL, Antonio Ramos Revillas, y el crítico y escritor Héctor Perea, quien aprovechando el motivo de la publicación dio un repaso por la historiografía alrededor de la
Decena trágica y sus protagonistas, y las consecuencias que tuvo en el devenir de Alfonso
Reyes, comenzando por su exilio, así como la influencia posterior de ese momento en la
personalidad de Reyes y en sus letras.
El evento que cerró la participación de nuestra Capilla en esta edición del Festival Alfonsino fue la presentación del poema “Sol de Monterrey” en un cuaderno con ilustraciones
obra de los artistas plásticos Rufino Tamayo, Alfonso Reyes Aurrecochea, Juan Carlos
Merla, Armando López, Saskia Juárez y Elvira Gascón, en una edición cuidada por el
artista regiomontano Alfonso Reyes Martínez, quien estuvo acompañado en la mesa por
Antonio Ramos Revillas y la editora Jessica Nieto. Esta edición incluye, además, la traducción al inglés del mismo poema, la cual se le atribuye al célebre escritor Samuel Beckett

69

y que fuera una encomienda para una antología ideada por Octavio Paz a mediados del
siglo pasado. La publicación se distribuyó de manera gratuita entre los asistentes.

69

�Reyes visto desde nuevos horizontes, desde nuevas perspectivas; Reyes dialogando con
otros autores, otras figuras; el Reyes humano, familiar, con el mítico, el escritor, el diplomático, el poeta, el periodista, el joven y el viejo. Esta edición del Festival nos dejó
múltiples y enriquecedores diálogos que acrecentaron el legado de don Alfonso, en aras
de su misión y labor humanista que debemos mantener vigente y continuar.
Durante esos doce días de intensa actividad nos acompañaron maestros y estudiantes de
las preparatorias 1, 9, 15, 16 19, 20 y 22, así como de las Facultades de Ciencias Físico Matemáticas, Trabajo Social y Desarrollo Humano, y Filosofía y Letras. La Capilla Alfonsina
Biblioteca Universitaria se siente agradecida con la presencia de todos ellos. En algunas
ocasiones otras dependencias se sumaron a nuestro quehacer alfonsino, como fue el
caso de la Facultad de Filosofía y Letras y de la Editorial Universitaria, que nos dieron la
oportunidad de acoger sus actividades en sinergia con nuestro equipo de trabajo.
Como ya se mencionó, algunas de las palabras presentadas se recopilan en este número
especial de Interfolia que, por cuestión de espacio, no pudo incluirlas todas. Sin embargo,
la Capilla Alfonsina agradece una vez más a cada uno de los participantes, asistentes y
colaboradores, su trabajo, tiempo y dedicación para mantener vigente la obra y figura de
don Alfonso Reyes, nuestro Regiomontano Universal.

70

Jessica Nieto, Alfonso Reyes Martínez y Antonio Ramos Revillas

�César Saldívar y José Javier Villarreal

Carolina Farías, Héctor Perea y Antonio Ramos Revillas

�El oro de los tigres

Cuaderno de un retorno al país natal
(Fragmento)
Aimé Cesaire
Traducción de José Luis Rivas y Lorraine Karnoouh
El oro de los tigres X

Lo que es mío
es un hombre solo encarcelado de blanco
es un hombre solo que desafía los gritos blancos de la
muerte blanca
(toussaint, toussaint louverture)
es un hombre solo que fascina al gavilán blanco de la
muerte blanca
es un hombre solo en la mar infecunda de arena blanca
es un viejecito negro sublevado contra las aguas del cielo
La muerte describe un círculo brillante encima de este hombre
la muerte siembra estrellas suavemente encima de su cabeza
la muerte sopla, loca, en el cañamelar maduro de sus brazos
la muerte galopa en la prisión como un caballo blanco
la muerte brilla en la sombra como los ojos de los gatos
la muerte hipa como el agua bajo los Cayos
la muerte es un pájaro herido
la muerte decrece
la muerte vacila
la muerte es un tajasú espantadizo
la muerte expira en una blanca balsa de silencio.

��</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="317">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="3246">
                <text>Interfolia</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="479084">
                <text>Interfolia difunde ensayos e investigaciones del área de humanidades (arte, literatura) y ciencias sociales (filosofía e historia), así como creación literaria. Sobre todo, y continuando con el perfil inicial que la revista tenía en la década de los cincuenta, publica estudios especializados sobre la obra de Alfonso Reyes, análisis de obras literarias y da a conocer el acervo de la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria de la UANL.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="581427">
            <text>Interfolia</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="581429">
            <text>2022</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="53">
        <name>Año</name>
        <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="581430">
            <text>3</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="581431">
            <text>5</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="581432">
            <text>Enero-Junio</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="581433">
            <text>1</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="100">
        <name>Periodicidad</name>
        <description>La periodicidad de la publicación (diaria, semanal, mensual, anual)</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="581434">
            <text>Semestral</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="581451">
            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1751858&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581428">
              <text>Interfolia, 2022, Año 3, No 5, Enero-Junio</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581435">
              <text>Cavazos Garza, Israel, 1923-2016, Director</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581436">
              <text>Poesía</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="581437">
              <text>Literatura</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="581438">
              <text>Publicaciones periódicas</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="581439">
              <text>Bibliotecas</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="581440">
              <text>Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="581441">
              <text>Cultura</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581442">
              <text>Interfolia difunde ensayos e investigaciones del área de humanidades (arte, literatura) y ciencias sociales (filosofía e historia), así como creación literaria. Sobre todo, y continuando con el perfil inicial que la revista tenía en la década de los cincuenta, publica estudios especializados sobre la obra de Alfonso Reyes, análisis de obras literarias y da a conocer el acervo de la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria de la UANL.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="37">
          <name>Contributor</name>
          <description>An entity responsible for making contributions to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581443">
              <text>Villarreal, José Javier, 1959, Director</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="581444">
              <text>Cárdenas Pérez, Nancy, Edición</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581445">
              <text>01/01/2022</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581446">
              <text>Revista</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581447">
              <text>text/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581448">
              <text>2020971</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581449">
              <text>Fondo Universitario</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581450">
              <text>spa/por</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="38">
          <name>Coverage</name>
          <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581452">
              <text>San Nicolás de los Garza, N.L., México</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581453">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581454">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="27858">
      <name>Adolfo Castañón</name>
    </tag>
    <tag tagId="6178">
      <name>Alfonso Reyes</name>
    </tag>
    <tag tagId="27673">
      <name>Minerva Margarita Villarreal</name>
    </tag>
    <tag tagId="35378">
      <name>Poesía brasileña</name>
    </tag>
    <tag tagId="29281">
      <name>Premio Internacional Alfonso Reyes</name>
    </tag>
    <tag tagId="37968">
      <name>Ronald de Carvalho</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
