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                  <text>�CONOCIMIENTOS DE NUTRICIÓN, HÁBITOS ALIMENTARIOS Y
RIESGO DE ANOREXIA EN UNA MUESTRA DE ADOLESCENTES EN
LA CUIDAD DE MÉXICO.
Reyna Sámano, María Eugenia Flores-Quijano y Esther Casanueva.
Departamento de Investigación en Nutrición. Subdirección de Investigación en Salud Pública.
Instituto Nacional de Perinatología. Ciudad de México, México
E-mail: ssmr0119@yahoo.com.mx
Introducción
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la
adolescencia es el período comprendido entre los 9 y 18 años
de edad, en el que se presentan cambios físicos y
emocionales, es un proceso de maduración psicosocial que
conlleva una serie de cambios en la identidad del individuo, en
esta etapa, el desarrollo emocional e intelectual es
relativamente rápido (1). La nutrición juega un papel
importante en el desarrollo, ya que influye sobre el crecimiento
mental y físico. Los hábitos alimentarios durante la infancia
pueden afectar las preferencias y prácticas alrededor de la alimentación en etapas posteriores
como la adolescencia (2,3).
La búsqueda de identidad en los adolescentes se acompaña de cambios en el estilo de vida y por
ende modificaciones en los hábitos alimentarios, por lo que es común que en la adolescencia se
afecten éstos últimos. En población norteamericana se ha documentado disminución en el
consumo de leche, verduras y frutas (4,5), así como un aumento en la ingestión de refrescos,
cervezas y otras bebidas alcohólicas (6).
Con respecto a los hábitos alimentarios yla adolescencia, las situaciones ambientales inadecuadas
que existen alrededor de la comida pueden ayudar a desarrollar los llamados transtornos o
desórdenes de la alimentación. Uno de los más comunes es la anorexia que por definición se
caracteriza por que los individuos dejan de comer hasta la inanición, mantienen un rechazo a la
conservación del peso mínimo normal para la edad y estatura, y muy frecuentemente tienen un
temor intenso a aumentarlo (7). Es importante señalar que la anorexia como otros transtornos de la
alimentación puede dejar secuelas graves si no se atiende oportunamente (8,9).
En México, los casos de anorexia y bulimia se han incrementado considerablemente. Los ingresos
de primera vez a la Clínica de Atención de los Trastornos de la Conducta Alimentaria del Instituto
Nacional de Psiquiatría pasaron de 1.9% a 67.9% en cinco años (10). El objetivo de este trabajo
fue identificar y describir algunas características sobre conocimientos de nutrición, hábitos
alimentarios y riesgo de anorexia entre adolescentes de una zona urbana que acuden a un
Colegio de Bachilleres.
Material y métodos.
Se realizó un estudio transversal de encuesta descriptiva en una muestra por cuota de alumnos de
un Colegio de Bachilleres ubicado en la delegación Cuajimalpa en la Cuidad de México (México)
en mayo de 2003.
El instrumento fue validado a través de una encuesta piloto. Se diseñó de tal forma que fuera
autoaplicable y contó con tres secciones:

�a) Características generales: edad, sexo, escolaridad y responsabilidad en la compra y preparación
de sus alimentos.
b) Conocimientos sobre grupos de alimentos; se evaluó la capacidad de establecer equivalencias
entre los alimentos considerando similitudes entre el mismo tipo de alimento (vgr frutas/frutas),
equivalencias entre el mismo grupo pero no el mismo tipo (vgr leguminosas/alimentos de origen
animal) y entre alimentos de diferentes grupos (vgr cereales/verduras). Esta sección contó con 10
preguntas, se consideró aprobatoria cuando la calificación fue ≥6 puntos, es decir 6 o más
respuestas correctas. También se incluyó el conocimiento y uso del Plato del Bien Comer.
c) Hábitos y conductas alimentarias. Se obtuvo información sobre el estilo de alimentación, número
de tiempos de comida y alimentos que consumen.
d) Adicionalmente se aplicó una encuesta estandarizada y validada para identificar el riesgo a
anorexia nerviosa, cuando la calificación fue ≥20 puntos de un total de 10 preguntas, las posibles
respuestas asignaban 1, 2 y 3 puntos, haciendo un mínimo de 10 y máximo de 30 puntos (11).
Para el análisis estadístico se realizaron medidas de tendencia central y c2 de Pearson mediante el
programa estadístico SPSS 11.
Resultados
En total participaron 69 adolescentes de los cuales 68% fueron mujeres, la edad promedio fue de
16.8±1.4 años en general, 16.6 ± 1.1 en mujeres y 17.2 ± 1.8 en hombres. El 20% de los
adolescentes fue responsable de comprar sus alimentos, el 16% se encargaba de preparar su
comida, siendo mujeres las que cubrieron estos porcentajes, es decir, ningún hombre se encargó
de comprar o preparar sus alimentos.
a) Conocimientos sobre alimentos
En la tabla 1 se observa que los adolescentes establecieron sustituciones más adecuadamente
cuando se trató de intercambiar alimentos de un mismo tipo, por ejemplo entre una verdura y otra
(64% de respuestas correctas), mientras que por grupos les fue más difícil reconocerlos, por
ejemplo sólo una tercera parte acertó al hacer equivalencias entre verduras y frutas o entre
leguminosas y alimentos de origen animal. Llama la atención que la proporción de aciertos
fue más alta cuando se trató de establecer diferencias entre grupos, vgr 62% indicó que es
correcto equiparar alimentos de origen animal con cereales.
Tabla 1. Conocimientos sobre tipos y grupos de alimentos. En porcentajes, n=69.
Sustitución de alimentos

Por tipo

Calificación

Correcta

Incorrecta

No sabe

Verdura – Verdura

64

29

7

AOA* - AOA

60

34

6

Leguminosa - Leguminosa

70

20

10

Cereal – Cereal

74

16

10

Promedio

67

25

8

Por grupo

�Verdura – Fruta

38

54

8

Tubérculo – Cereal

35

52

13

Leguminosa – AOA

26

58

16

Promedio

32

54

14

AOA – Cereal

62

24

14

Tubérculo – Fruta

48

38

14

Leguminosa - Cereal

36

58

6

Promedio

48

39

13

Entre grupos

*AOA - Alimento de origen animal
Cuando las respuestas se evaluaron en función del total de aciertos sólo 22% (15 casos) alcanzó
una calificación aprobatoria, sin diferencias por edad, sexo, responsabilidad en la compra y
preparación de sus alimentos.
Con relación a las sustituciones que se pueden realizar al interior de los grupos, se observó los
encuestados difícilmente hacen equivalencias intragrupo, por ejemplo más de la mitad afirmó que
el bistec no se puede sustituir por lentejas, en otro ejemplo la mayoría de los participantes
informaron que no se pueden sustituir los frijoles por queso. Sin embargo, es importante señalar
que también hubo adolescentes que manifestaron francamente no saber si se pueden sustituir o
no, no obstante el porcentaje de éstos fue alrededor del 10% la proporción de respuestas
incorrectas fue tres veces mayor (30%)
b) Conocimiento del Plato del Bien Comer.
El 84% de los estudiantes refirieron que ya habían visto la imagen del Plato del Bien Comer y de
éstos 40% indicó que vieron la imagen en envolturas de diversos alimentos; el 22% en consultorio
médico y 15% a través de una conferencia en el propio Colegio de Bachilleres. Acerca del uso del
Plato del Bien Comer, el 75% indicó que sirve para poder llevar una alimentación sana, correcta y
equilibrada, el resto para conocer los alimentos.
c) Hábitos alimentarios
En la tabla 2 se observa que una tercera parte o menos de los adolescentes consumió los tres
grupos de alimentos en los tres tiempos de comida. Dos de cada 10 individuos no cenaron y 13%
de la muestra no acostumbraba desayunar. Los grupos de alimentos de mayor consumo fueron los
cereales y alimentos de origen animal con 36, 42 y 51% en desayuno, comida y cena
respectivamente. Sólo el 28% de los adolescentes incluye los tres grupos de alimentos en el
desayuno, 34% en la comida y 10% en la cena. Por su parte el grupo de alimentos más omitido fue
el de verduras y frutas con 56% de exclusión en el desayuno, 50% en la comida y 36% en la cena.
En ninguno de estos indicadores se encontró diferencia estadística significativa según edad, sexo o
responsabilidad en la compra y preparación de sus alimentos.
Con respecto al número de tiempos de comida el 46% de las mujeres realizaron dos tiempos o
menos, mientras que 59% de los hombres realizó tres, diferencias estadísticamente significativas
(c2=14.836 p=0.001).

�La compra y preparación de alimentos no se asoció con el número de comidas realizadas, sexo o
edad de los consumidores. El tiempo de comida más omitido fue la cena con 20% de los
participantes.
Tabla 2. Grupos de alimentos que los adolescentes habitualmente consumen en los tres
tiempos de comida, en porcentajes. n=69.
Cereales Verduras y
frutas

Leguminosas y alimentos de
origen animal

-

-

+

Tiempo de comida
Desayuno

Comida Cena

-

13

1

20

-

-

1

6

6

-

+

-

4

1

0

-

-

+

6

1

9

+

+

-

4

3

1

-

+

+

7

10

4

+

-

+

36

42

1

+

+

+

28

34

10

+ Grupo incluido; - Grupo no incluido
d) Riesgo de anorexia
Al explorar el riesgo a anorexia se obtuvo un puntaje promedio de 15.83 ± 2.5, cifra que se
considera normal, ya que el puntaje de riesgo es ≥20. No obstante el 13% en mujeres presentó el
riesgo a desarrollar anorexia, por su parte, entre los hombres no hubo casos con riesgo. Sin
diferencia estadística significativa.
En la tabla 3 se muestran algunas de las conductas que los adolescentes practicaron alrededor de
los alimentos, en términos generales prevalecieron las conductas saludables, sin embargo llama la
atención que más de la mitad refirió que alguna vez o siempre se aterrorizan por tener sobrepeso;
sienten que otras personas preferirían que comieran más o prefieren comer carne que otros
alimentos, sin diferencia estadística significativa.
Tabla 3. Conductas que los adolescentes manifestaron practicar. En porcentajes. n=69.
Nunca o rara
vez

Algunas
veces

Siempre, casi
siempre

Conducta
1. Preparo mis alimentos pero no los
consumo

50

38

12

2. Me aterroriza tener so- brepeso

42

42

16

3. Corto mis alimentos en trozos muy
chicos

46

36

18

4. Siento que otros pre-firirían que
comiera más

46

36

18

�5. Me induzco el vómito después de
comer

94

4

2

6. Estoy preocupado (a) por estar
delgado

62

26

12

7. Realizo ejercicio extenuan-te para
gastar energía

39

49

12

8. Prefiero comer carne que otros
alimentos

32

51

17

9. No disfruto comiendo en
restaurantes

56

42

2

10. Siento que la comida controla mi
vida

70

18

12

Adaptada de Evers C (12).
Discusión
Antes de iniciar la discusión de resultados es importante señalar que se trata de un estudio
pequeño en un grupo seleccionado, sin embargo consideramos que la información es útil para
planear acciones de orientación alimentaria.
a) Conocimientos sobre alimentos. De acuerdo con los resultados la mayoría de los participantes
mostraron ser capaces de establecer equivalencias por tipo de alimentos, no así para las
equivalencias entre distintos alimentos de un mismo grupo o entre alimentos de diferentes grupos.
Es preocupante esta situación en un nivel de escolaridad medio superior, ya que se sería de
esperar que ya hubieran recibido orientación alimentaria a través de los medios de comunicación o
de la propia escuela. Para lo cual es necesario actualizar y elaborar programas de orientación
alimentaria que transmitan información adecuada acerca de los grupos alimentos y equivalentes
con el fin de dar mayores elementos que faciliten la elección de una correcta alimentación (13).
De ahí la importancia de conocer los diferentes grupos de alimentos y sus propiedades para saber
combinar y/o sustituirlos en caso de no contar con algunos de ellos.
b) Plato del Bien Comer. Más de tres cuartas partes de los estudiantes refirieron conocer la imagen
del Plato del Bien Comer. Lo relevante es que en la fecha en la cual se aplicó dicho instrumento no
había la difusión necesaria para justificar este resultado, lo que nos sugiere que posiblemente
muchos de los adolescentes confundieron el Plato del Bien Comer con otros iconos que
efectivamente se encontraban impresos en diversas envolturas de alimentos en esas fechas.
Con relación al uso del Plato del Bien comer, los participantes consideraron que es un auxiliar para
planear una alimentación correcta, esto apoya la idea de que la imagen es un buen instrumento
que puede ayudar a encontrar la forma de cómo alimentarnos correctamente y para conocer los
alimentos (14).
c) Hábitos alimentarios. Por su parte, el número de tiempos de comida que realizaron los
adolescentes mostró que con frecuencia se omiten tiempos de comida. Por otra parte, se presumía
que los participantes que aprobaran la sección de conocimientos realizaran más tiempos de
comida que aquéllos que no lo hicieran, sin embargo, no fue así, esto coincide con lo informado por
Bourges que indica que el tener el conocimiento no siempre implica practicarlo, debido a que el
consumo de alimentos es un fenómeno determinado por factores biosicosociales (15).

�Los adolescentes en estudio no incluyeron los tres grupos de alimentos en los tres tiempos de
comida, y el grupo que más se omitió fue el de verduras y frutas, situación que concuerda con dos
estudios realizados en Estados Unidos sobre el bajo consumo de tejidos vegetales entre
adolescentes (16,17). No obstante, en otra investigación llevada a cabo por Garbayo et al en
Balaguer España, los resultados fueron diferentes a los nuestros ya que se encontró que entre su
población adolescente (12-15 años) el consumo de verduras fue superior que los demás alimentos
incluyendo las frutas (18).
d) Riesgo anorexia. En cuanto al riesgo anoréxico en general y por sexo, no se concuerda con la
literatura que indica que es más frecuente la anorexia entre mujeres ya que no hubo diferencias
por género. En un estudio realizado en el Instituto Mexicano de Psiquiatría se observó que entre
adolescentes las mujeres mantienen tendencias de anorexia desde 4.5 hasta 16%, por su parte en
el grupo de los hombres la cifra correspondiente es insignificante (19). Vale la pena enfatizar que la
prueba aplicada sólo es un tamiz sin valor diagnóstico, por lo que los resultados deben ser
tomados con cautela.
Conclusiones
Se observo que entre los adolescentes de un Colegio de Bachilleres de la Cuidad de México, as
equivalencias entre el mismo tipo de alimento fueron correctas, pero no se establecieron
adecuadamente entre diferentes tipos alimentos de un mismo grupo. No se consumen todos los
grupos de alimentos, las verduras y frutas son las que se excluyen con mayor frecuencia. Se
omiten tiempos de comida y este hecho es más frecuente entre las mujeres. Y la mayoría de los
estudiantes que participaron piensa que la imagen del Plato del Bien Comer sirve para planear una
alimentación correcta y equilibrada. Se encontró un riesgo a anorexia en el Colegio de Bachilleres
de Cuajimalpa de más de 10%.
Resumen
La adolescencia es una etapa en la cual se pueden adquirir y en algunas ocasiones modificar
hábitos alimentarios. Al mismo tiempo que los adolescentes se van independizando,
son más frecuentes las comidas fuera del hogar, predominando las denominadas comidas
rápidas. Material y métodos. Estudio de encuesta descriptiva, con alumnos de un Colegio de
Bachilleres en la Cuidad de México. Se aplicó una encuesta que recabó datos generales tales
como edad, sexo, escolaridad y responsabilidad en la compra y preparación de sus alimentos,
datos de conocimientos sobre grupos de alimentos, el estilo de alimentación, número de tiempos
de comida y alimentos que incluyen. Se abarcó sobre el conocimiento y uso del Plato del Bien
Comer, hábitos y conductas alimentarias para determinar el riego de anorexia propuesto por Evers
en 1987. El análisis estadístico consistió en medidas de tendencia central y c2 de Pearson.
Resultados. Participaron 69 sujetos con una edad promedio de 16.8±1.4 años, 16.6±1.1 en mujeres
y 17.2±1.8 en hombres. El 68% (46 casos) fueron mujeres. La mayoría de los adolescentes (69%
de los casos) reconocieron equivalentes por tipo de alimentos (vgr fruta/fruta), no así entre mismo
grupo de alimento pero diferente tipo (35% de los casos) (vgr fruta/verdura). Menos de una tercera
parte de los participantes consume los tres grupos de alimentos en cada tiempo de comida, los
cereales y alimentos de origen animal son los que más se incluyen, sin embargo las verduras y
frutas es el grupo que más se omite en cada tiempo de comida. Los hombres acostumbran realizar
tres tiempos de comida y las mujeres dos o menos (p≤0.001), el tiempo de comida que más se
omitió fue la cena. El riesgo de anorexia se detectó en 0.13 de las mujeres, entre hombres no hubo
riesgo. Estos resultados muestran la necesidad de impartir desde etapas tempranas y en especial
en la adolescencia, educación en materia de orientación alimentaria para mejorar la calidad en su
alimentación.
Palabras clave: hábitos alimentarios, anorexia, educación nutricional, conocimiento, adolescencia,
México.

�Asbtract
Sixty-nine adolescents (age x = 16.8 + 1.4 years), from a public high school, completed a
questionnaire to gather demographic information, knowledge about food classification and
characteristics of a correct diet as well as nutrition practices, and a scale proposed by Evers C. to
identify risk for anorexia. More adolescents (69%) were able to recognize food of the same type (ei:
fruit-fruit); than to classify them into food groups (fruit-vegetable) (35%) or distinguish between
groups (animal product- cereal) (48%). Less than one third consumed a varied diet every day
(including all food groups at each meal); cereals and animal products were the most included while
fruits and vegetables were included only by 30% of the participants. Men usually made three meals
a day, while women made only two (p=0.001), dinner was the meal they more often skipped. 10%
had a score suggesting a risk for anorexia. These results show a need for an effort to bring
comprehensive nutrition education interventions to this population.
Key words: Behavior foods, anorexia, nutritional education, knowledge, adolescence, Mexico.
Referencias
1. Heald F and E. Gong 1999. Diet, Nutrition, and Adolescence. En: Shils M, Olson J, Shike M.
Eds. Modern nutrition in health and disease. 9a ed. Vol 1. Philadelphia: Lea &amp; Febiger. 857-64.
2. Pérez - Rodrigo C. And J. Aranceta – Bartrina. 2001. School-based nutrition education:lesson
learned and new perspectives. Public Health Nutr. Vol. 4. No 1A:131-9.
3. Kemm JR. 1987. Eating patterns in chilhood and adult health. Nutr Health. Vol. 4. No. 4: 205- 15
4. Heald F and E Gong, Op. cit.
5. Rees M., M Story, L Mahan–Kathleen y S. Escott–Stump. 2001. Nutrición y Dietoterapia de
Krause. Edit Mc Graw Hill - Interamericana. Cap. 13: 281-88.
6. Idem.
7. Mahan – Kathleen L. y S. Escott – Stump. 2001. Nutrición y Dietoterapia de Krause., Edit Mc
Graw Hill - Interamericana Cap. 21:466-93.
8. Casanueva E, M Morales 2001. Nutriología Médica, 2ª edic, 2001, Fundación Mexicana para la
Salud, Edit Médica Panamericana. Nutrición del adolescente: 94-95
9. Rees M., et al, Op cit.
10. Notimex. 6 de agosto de 2003, Aumentan casos de transtornos alimentarios en jóvenes
mexicanos, enhttp://mx.news.yahoo.com/030806/7/12qhu.html.
11. Evers CL. 1987. Control intake and symptoms of anorexia nervosa in female university dancers.
J Am Diet Ass; Vol. 87. No 1: 66-8.
12. Idem.
13. Pérez - Rodrigo C., et al, Op cit.

�14. Casanueva E., E. Durán, M. Kaufer, M. Plazas, E. Polo, G. Toussaint, H. Bourges, R.
Camacho. 2002. Fundamentos del Plato del Bien Comer. Cuadernos de Nutrición. Vol. 25 No.1:
21-28
15. Bourges H. 1990. Costumbres, prácticas y hábitos alimentarios. Cuadernos de Nutrición. Vol.
13 No. 2: 17-32.
16. Maldonado R. and JR Villalbi. 1993. Food preferences among students. An Esp Pediatr. Vol.
39, No. 1:10-4
17. Neumark-Sztainer D., M. Wall, C. Perry and M. Story. 2003. Correlates of fruits and vegetables
intake amoung adolescents. Findings form Projects EAT. Prev Med. Vol. 37 No. 3:198-208
18. Garbayo Solana J., R. Craviotto, M. Abelló, C. Gómez, M. Oliver, L. Maromón, J. Samaranch,
A. Armegol, L. Soler y J. Vidal. 2000. Consumo de nutrientes y hábitos alimentarios de
adolescentes en Balaguer. Revista Pediatría de Atención Primaria. Vol. II, No.7: 47-58
19. Unikel Santocini C. y G. Gómez Peresmitré. 2004. Validez de constructo de un instrumento
para la detección de factores de riesgo en los trastornos de la conducta alimentaria en mujeres
mexicanas. Salud Ment. Vol. 27, No. 1: 38-49

�MODULACIÓN DE LA EXPRESIÓN DE RECEPTORES EMPLEADOS
POR MICOBACTERIAS EN LEUCOCITOS POR Mycobacterium
tuberculosis Y SUS FRACCIONES
Alma Y. Arce-Mendoza*, Adrián G. Rosas-Taraco*, Mario C. Salinas-Carmona*, Carlos Orozco
Salas**.
*Departamento de Inmunología, Facultad de Medicina, Universidad Autónoma de Nuevo León
(Nuevo León, México)
**Facultad de Ciencias Químicas, Universidad Autónoma de Nuevo León (Nuevo León, México)
E-mail: aarce@ccr.dsi.uanl.mx
Introducción
La tuberculosis es una enfermedad considerada como un problema
de salud mundial causada por Mycobacterium
tuberculosis (Mtb). Actualmente se conoce que una tercera parte de
la población mundial se encuentra infectada con el bacilo de la
tuberculosis. La infección inicia con la entrada del bacilo de la TB en
el cuerpo, la bacteria ingresa a través del tracto respiratorio al inhalar
núcleos de saliva que contienen micobacterias, las cuales alcanzan
un tamaño entre 1–2 mm o menos. La enfermedad depende del
establecimiento y de la proliferación de bacilos virulentos y de la
propia respuesta del huésped. Una vez la bacteria en el pulmón,
pueden desencadenarse cuatro escenarios: 1) una respuesta inicial del hospedero que permite
matar a todos los bacilos efectivamente, por lo tanto la persona no desarrolla TB; 2) el
microorganismo comienza a multiplicarse inmediatamente después de la infección, causando una
TB primaria; 3) el bacilo llega y se establece pero no causa enfermedad, alcanzando un “equilibrio”
con el huésped; tales pacientes tienen una enfermedad latente; finalmente 4) estos
microorganismos latentes pueden eventualmente crecer y causar la enfermedad de TB reactiva
cuando se rompe ese equilibrio (1). Una vez que la micobacteria entra al organismo se encuentra
con el sistema inmune innato, principalmente, con los fagocitos mononucleares y componentes de
complemento; la micobacteria opsonizada por los componentes de complemento (C3b) o no
opsonizada interacciona con receptores expresados sobre la superficie de los fagocitos
mononucleares que reconocen patrones moleculares de la bacteria, los cuales median la
fagocitosis de la micobacteria (2). Lo anterior es un paso primordial en la activación de la respuesta
inmune celular y humoral (respuesta inmune adquirida).
Existen una diversidad de moléculas que pueden reconocer patrones moleculares de Mtb, entre las
cuales están: a) los receptores para componentes de complemento, b) receptores Fcg, c) CD14, d)
receptores de manosa, e) receptores para proteína surfactante A, f) DC-SIGN, etc (3,4). Un
receptor importante en la toma de la micobacteria por el macrófago es el receptor de complemento
tipo 4 (CR4) o CD11c, el cual puede mediar la toma de la bacteria de manera opsónica o noopsónica. La micobacteria forma un complejo con el componente de complemento C2a, este
complejo escinde al componente C3 del complemento, lo cual resulta en la opsonización de la
bacteria por C3b y su reconocimiento por el macrófago (5). Sin embargo, existen también
evidencias de que la unión a CD11c de M. tuberculosis, puede ser de manera no opsónica, esto
fue demostrado adicionando anticuerpos monoclonales anti-CD11c y observando un bloqueo en la
unión de la bacteria a macrófagos derivados de monocitos. Lo anterior fue corroborado por
experimentos de transfección de células de ovario de hámster chino (CHO) con DNAc de CR4, las
células transfectadas adquirieron la capacidad de expresar en su superficie el receptor CR4
permitiendo la unión de M. tuberculosis (6). El receptor CD14 es una proteína de membrana de 55
kDa unida a un fosfatidilinositol glucano, la cual se expresa sobre la superficie de monocitos,
macrófagos, células de microglía y leucocitos PMN. Esta molécula se considera un receptor de alta
afinidad para los lipopolisacáridos (LPS) de bacterias gram-negativas (7). Se ha demostrado la

�participación de CD14 en la unión de las micobacterias a las células de microglía, ya que al
adicionar CD14 soluble o anticuerpos monoclonales (Acm) anti-CD14 a un medio celular de
macrófagos, se impide la unión de la micobacteria al macrófago (8). El CD14 puede unir al
lipoarabinomanana (LAM) de M. tuberculosis (H37Ra) y dicha unión estimula al macrófago a
producir IL-8, también diversos investigadores describieron que tanto el residuo de arabinosa del
LAM (AraLAM) como el de manosa (ManLAM) induce una respuesta distinta en los receptores de
manosa y CD14 en células monocíticas humanas y dicha respuesta es dependiente del estado de
diferenciación celular (9,10,11). CD40 es una molécula de membrana que juega un papel
importante en la regulación de la respuesta inmune humoral y celular, así como también en el
cambio de swich de inmunoglobulinas (12), pero en los últimos años se ha reportado que la
proteína de choque térmico extracelular de 70 kDa de Mtb puede interaccionar con dicha molécula
e inducir la producción de quimiocinas, principalmente RANTES (13). Además, la expresión del
ligando CD40 (CD40L) se correlaciona directamente con la producción de INF-γ estimulada por
una infección con M. tuberculosis (14).
Por otro lado, los receptores de quimiocinas han sido ampliamente estudiados en los últimos años
debido a su papel como moléculas co-adyuvantes en la entrada de ciertos a su célula blanco, un
ejemplo clásico es el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) (15). Tanto ha sido la importancia
de estos receptores de quimiocinas que a finales de los 90´s el tropismos del VIH fue clasificado en
base al tipo de receptor de quimiocina empleado por el virus. Un virus M-trópico infecta al
macrófago a través del receptor de las b-quimiocinas o CCR5, mientras T-trópico infecta células T
CD4+ a través del receptor de las a-quimiocinas o CXCR4 y las cepas del VIH dual-trópicas
pueden infectar tanto a los macrófagos como a las células T a través de estos receptores (16).
Con todo lo anterior nuestro objetivo fue determinar el papel de Mtb y sus fracciones en la
modulación de la expresión de los receptores CD11c, CD14, CD40, CCR5 y CXCR4 en cultivo de
leucocitos de sujetos sanos PPD positivos.
Material y Métodos
El presente trabajo fue realizado en el Laboratorio de Inmunoinfectología del Departamento
de Inmunología de la Facultad de Medicina, UANL de Enero del 2003 a Enero del 2004.
Obtención de la masa bacteriana
La cepa de M. tuberculosis H37Rv fue donada por el Dr. Óscar Rojas Espinosa (Instituto
Politécnico Nacional de la Ciudad de México). La cepa fue sembrada en medio sólido de
Lowenstein-Jensen a 37° C durante 4 semanas y posteriormente se resembró en medios de cultivo
de Proskauer-Beck modificado por Youmans. La biomasa fue obtenida después de 6-8 semanas
de incubación, se esterilizó en autoclave a 121°C/1 lb /1hr.
Obtención de la fracción proteica extracelular de M. tuberculosis H37Rv
Los antígenos del filtrado de cultivo fueron separados de la biomasa por centrifugación a 7,000 rpm
a 4° C durante 30 minutos. Las proteínas extracelulares fueron concentradas por per-evaporación
a un volumen de 100 ml, posteriormente, fueron precipitadas con sulfato de amonio (v/v) a 4°C en
agitación constante. El precipitado fue obtenido por centrifugación a 5,000 rpm durante 30 minutos
y resuspendido en una solución amortiguadora de sales de fosfatos (PBS) a un pH de 7.2. El
material resuspendido se dializó contra agua destilada a 4° C hasta la eliminación de las sales de
sulfato de amonio. La concentración de proteínas fue determinada por el método de Bradford (17),
se liofilizaron y almacenaron a –20°C.
Obtención de lípidos de M. tuberculosis H37Rv

�A partir de la masa bacteriana seca, se pesó y se realizó una extracción con etanol-éter con
concentraciones crecientes de éter 1:1 (3 veces), 1:2 (dos veces), 1:3 (una sola vez) en agitación
constante por 10 minutos. La mezcla de etanol-éter obtenida se evaporó a temperatura ambiente.
La masa bacteriana deslipidizada se dejó secar hasta la evaporación total del éter.
Obtención de la fracción proteica intracelular de M. tuberculosis H37Rv
La masa bacteriana deslipidizada y seca se molió con polvo de vidrio (proporción 1:2) durante una
hora, las bacterias lisadas se resuspendieron en amoriguador de Tris-HCl acetato de Mg (0.01 M)
a pH de 7.4 y se dejó en agitación por 12 horas a 4° C. Esta mezcla se centrifugó a 12,000 rpm
durante 30 minutos a 4° C, el precipitado se eliminó y el sobrenadante se dializó contra agua
destilada a 4° C por 24 horas. Se separó una alícuota y se realizó la determinación de proteínas
por el método de Bradford (18).
Obtención de la fracción polisacárida de M. tuberculosis H37Rv
La masa bacteriana seca, deslipidizada y molida se resuspendió en 80 ml de KCl 3M y se dejó por
12 horas a 4° C en agitación constante y se dejó sedimentar. El sobrenadante se centrifugó en dos
ocasiones a 14,000 rpm por 30 minutos; se recupero el sobrenadante y se adicionaron 10
volúmenes de metanol, la mezcla se dejó 24 horas a 4° C en agitación constante. Posteriormente,
se centrifugó a 3,000 rpm durante15 minutos y el precipitado se dejó secar, se disolvió en 30 ml de
agua desionizada y se adicionó 10 ml de buffer Tris-HCl 0.01M, pH 7.8 el cual
contenía proteinasa K (1.22 μg/ml, Sigma), se incubó durante 1h a 55° C y la reacción se detuvo
con ácido tricloroacético 0.11M a 4° C por 1h. Se centrifugó a 10,000 rpm y se dializó contra agua
destilada. Por último se separó una alícuota y se determinaron azúcares por el método de Dubois
(19), se liofilizó y almacenó a –20° C hasta su uso.
Obtención del plasma rico en leucocitos
Se extrajeron 20 ml de sangre venosa periférica con heparina como anticoagulante de 10 sujetos
sanos PPD positivos. La sangre obtenida se transfirió a tubos cónicos estériles, se centrifugó
durante 30 minutos a 550 rpm, se recupero el plasma rico en leucocitos, se realizaron lavados y
cuenta de leucocitos.
Estimulación de leucocitos con M. tuberculosis y sus fracciones
Los leucocitos fueron ajustados a 1x106 leucocitos/pozo en placas para cultivo celular de 24 pozos
(Costar), las células se incubaron en presencia de Mtb (10 y 50 bacterias/leucocito), sus antígenos
(proteínas extracelulares e intracelulares, lípidos y polisacáridos, cada uno a una concentración
final de 1mg/pozo) y un control negativo sin estimulo. Las células se incubaron por 24 h en
presencia de CO2 (5%) y humedad (95%) a 37°C.
Expresión de CD11c, CD14, CD40, CCR5 y CXCR4 por citometría de flujo
Después de 24 h de estimulación con Mtb H37Rv o sus fracciones, las células fueron recuperadas
por centrifugación (1200 rpm/10 min) e incubadas con anticuerpos monoclonales específicos para
cada receptor celular: anti-CD11c humano, anti-CD14 humano, anti-CD40 humano, anti-CCR5
humano, anti-CXCR4 humano y un control de isotipo para eliminar la fluorescencia inespecífica.
Las células se incubaron durante 15 minutos a temperatura ambiente y en oscuridad,
posteriormente, se realizaron 2 lavados con amortiguador de fosfatos pH 7.2 y se centrifugaron a
1200 rpm/10 min en cada ocasión . Finalmente las células fueron resuspendidas en 1 ml de FACS
flow y fueron adquiridas y analizadas en el citómetro de flujo marca Beckton Dickinson modelo
Calibur empleando el software Cellquest. En el análisis se diferenciaron dos regiones celulares

�para su análisis individual (la región de linfocitos y monocitos) de la expresión de receptores y el
porcentaje relativo de células que expresan dicho receptor.
Análisis Estadístico
Los resultados fueron analizados empleando la prueba de “t de student” y el software SPSS
versión 10.0, considerando diferencias significativas aquella P &lt; 0.05.
Resultados
Expresión de los receptores empleados por M. tuberculosis (CD11c, CD14 y CD40)
La expresión de CD11c en la región de monocitos fue baja en aquellos cultivos estimulados con la
proteína intracelular (94.6±38.9, p&lt;0.05), lípidos (124.9±38.3, p&lt;0.05), polisacáridos (102.5±33.3,
p&lt;0.05) de Mtb y el bacilo completo con un efecto dosis dependiente, 10 bacterias/leucocito
(43.4±17.7, p&lt;0.05) y 50 bacterias/leucocito (31.6±8.9, p&lt;0.05) versus el control (149.9±70.9) (Ver
Figura 1).
Figura 1. Expresión in vitro de CD11c sobre macrófagos después de la estimulación de
leucocitos de sujetos sanos PPD-positivos con Mycobacterium tuberculosis H37Rv,
proteínas extracelulares, intracelulares, lípidos y polisacáridos. Los datos representan la
media ± la desviación estándar de la media (DEM). Se observa la disminución de la
expresión de CD11c después de la estimulación con Mtb, proteína intracelulares, lípidos y
polisacáridos (P &lt; 0.05)

Contrario a lo anterior, la expresión de CD14 se mostró elevada en aquellos cultivos estimulados
con lípidos (65.4±42.02, p&lt;0.05), polisacáridos (83.07±25.9, p&lt;0.05), mientras el bacilo completo
inhibió o bloqueo la expresión de CD14 (p&lt;0.05) (Ver Figura 2).
Figura 2. Incremento de la expresión in vitro de CD14 sobre macrófagos después de la
estimulación de leucocitos de sujetos sanos PPD-positivos con lípidos y polisacáridos; y la
disminución por el bacilo completo (P &lt; 0.05). Datos representan la media ± DEM

�El porcentaje relativo de monocitos portadores de CD40 (CD40+) fue disminuido cuando los cultivos
fueron estimulados con la bacteria completa (10 bacterias/leucocito) (Ver Figura 3), la intensidad de
la expresión de CD40/célula no fue significativa cuando los cultivos fueron estimulados con la
bacteria completa o sus fracciones
Figura 3. Se muestra la disminución del porcentaje relativo de macrófagos CD40+ después
de la estimulación de leucocitos de sujetos sanos PPD-positivos con Mtb (P &lt; 0.05). Datos
representan la media ± DEM

Expresión de los receptores de quimiocinas (CCR5 y CXCR4)
Nosotros observamos que el porcentaje de monocitos CCR5+ fue elevado en aquellos cultivos
estimulados con polisacáridos de Mtb (92.7±3.0, p&lt;0.05), así como, con el bacilo completo a una
concentración de 50 bacterias/leucocito (95.3±2.8, p&lt;0.05). Por el contrario, las proteínas
intracelulares de Mtb (70.4±9.3, p&lt;0.05) y el bacilo completo a una concentración de 10
bacterias/leucocito (81±6.8, p&lt;0.05) inhibieron el porcentaje de monocitos CCR5+ (Ver Figura 4).
Figura 4. Se muestra el incremento del porcentaje relativo de macrófagos CCR5+ después de
la estimulación de leucocitos de sujetos sanos PPD-positivos con Mtb a una dosis de 50
bacterias/leucocito y polisacáridos y disminución después de la estimulación con Mtb a una
dosis de 10 bacterias/leucocito y proteínas intracelulares (P &lt; 0.05). Datos representan la
media ± DEM.

�Por otro lado, el porcentaje relativo de linfocitos CXCR4+ fue incrementado por proteínas
intracelulares de Mtb (95.9±4.2, p&lt;0.05), mientras que las otras fracciones de Mtb y el bacilo
completo no afectaron el porcentaje de linfocitos CXCR4+ (Ver Figura 5).
Figura 5. Se muestra el incremento del porcentaje relativo de linfocitos CXCR4+ después de
la estimulación de leucocitos de sujetos sanos PPD-positivos con proteínas intracelulares
(P &lt; 0.05). Datos representan la media ± DEM.

Las fracciones de Mtb, ni el bacilo completo (10 bacterias/leucocito) no tuvieron efecto sobre el
porcentaje de monocitos CXCR4+ (p&gt;0.05), mientras que la dosis de 50 bacterias/leucocito si
incrementaron el porcentaje de monocitos CXCR4+ (95.2±5.9, p&lt;0.05) versus los controles
(85.7±10.7) (Ver Figura 6).
Figura 6. Se muestra el incremento del porcentaje relativo de macrófagos CXCR4+ después
de la estimulación de leucocitos de sujetos sanos PPD-positivos con Mtb a una dosis de 50
bacterias/leucocito (P &lt; 0.05). Datos representan la media ± DEM.

�Discusión
La tuberculosis es una enfermedad que se creía controlada en los 80´s, pero con la aparición de
cepas drogo-resistentes y del virus de inmunodeficiencia humana (VIH), nuevamente ha emergido
como una de las enfermedades más importantes, debido al aumento de casos anuales registrados,
por lo tanto ha sido considerada como un problema de salud mundial, En los últimos años se han
descubierto patrones moleculares de diversos patógenos capaces de reconocer una variedad de
moléculas expresadas sobre las membranas de los macrófagos llamadas receptores. Además, en
la interacción huésped-parásito generalmente se trata de establecer un equilibrio entre el parásitocélula para la sobrevivencia de ambos, pero cuando la balanza se inclina hacia el parásito, permite
la propagación del mismo y la muerte de la célula huésped. La muerte del parásito ocurre cuando
se activa el sistema inmune del huésped y con ello la resolución de la infección (20). Los
microorganismos y/o sus componentes ejercen efectos que pueden definir la ruta a seguir entre la
infección o resolución del problema, regulando la expresión de moléculas de membrana o
suprimiendo la activación del sistema inmune, por lo que en este trabajo se estudió el papel de Mtb
y sus fracciones en la expresión de los receptores CD11c, CD14 y CD40 para Mycobacterium
tuberculosis y los receptores de quimiocinas (CCR5 y CXCR4).
Estudios reciente han demostrado que cadenas simples de glicoproteínas y polisacáridos de Mtb
pueden unirse a CD11c (21). En el presente estudio se observó una disminución significativa del
CD11c (p&lt;0.05) al estimular las células con lípidos, proteínas intracelulares, polisacáridos, 10 y 50
bacterias por célula. Datos similares fueron encontrados por Desjardin L. et al. en el 2002, donde
observaron una reducción en la expresión de CD11c después de la infección de macrófagos con
Mtb cepa Erman y Mtb H37Ra, pero a diferencia de nosotros, ellos lo observaron a las 72 h y no a
las 24 h (22). Posiblemente, lo anterior se deba al tipo de cepas, cultivo celular o dosis empleadas.
Para explicar lo anterior nosotros proponemos tres hipótesis: a) Mtb y sus fracciones regulan
negativamente la expresión de CD11c para impedir la entrada a otros bacilos y conservar su nicho,
para seguir multiplicándose; b) Mtb y sus fracciones podrían estar uniéndose directamente con
CD11c e impedir su reconocimiento con el anticuerpo monoclonal; o c) Mtb completo podría estar
formando complejos con los componentes del complemento C2a y C3b, permitiendo la unión de
estos complejos a CD11c de forma opsónica.
El CD14 es el receptor de diferentes moléculas localizadas en la pared celular de diferentes
bacterias tales como el LPS y el LAM (23). En nuestros resultados mostramos que la expresión de
CD14 se incremento o fue regulada positivamente por los lípidos y polisacáridos de Mtb,
posiblemente mediada LAM y manosas, componentes presentes en la fracción de lípidos y
polisacáridos de Mtb. Dicho efecto generaría un microambiente que favorece la unión de la
micobacteria a los macrófagos, su posterior internalización y continuar en el foco de infección . Por

�otro lado, con el bacilo completo se disminuyó de manera dosis dependiente la expresión de CD14,
por lo tanto proponemos que el bacilo se encuentra unido CD14, lo cual impide el reconocimiento
por parte del anticuerpo monoclonal; o bien el bacilo produce señales intracelulares que inducen la
regulación negativa de CD14 impidiendo la entrada de más bacilos, conservando así su nicho para
asegurar su multiplicación.
CD40 es una molécula co-estimuladora cuyo papel es primordial para la activación del sistema
inmune y el cambio de expresión genética de las inmunoglobulinas (24). Actualmente, se conoce
que la interacción de CD40 con su ligando (CD40L o CD154) es imperativa para la activación del
sistema inmune celular en una infección por Mtb (25). El análisis por citometría de flujo nos permite
medir la intensidad de fluorescencia con que se expresa un receptor en las células, así como
también el porcentaje relativo de células portadoras de dicho receptor. En nuestros resultados
observamos que el bacilo completo disminuyó el porcentaje relativo de monocitos CD40+, esto
podría indicar que en una infección activa se requieren pocas células parasitadas y de esta manera
el bacilo desarrolle un mecanismo de sobrevivencia intracelular tratando tal vez de mantenerse vivo
(multiplicándose) dentro de su célula huésped (macrófago). Contrario a nuestros resultados fueron
reportados por Larkin R. et al. en el 2002, donde ellos observaron un incremento en los
macrófagos CD40+, cuando fueron infectados con un número menor de bacilos completo de M.
tuberculosis H37Rv (5 bacterias/célula) (26).
Los receptores de quimiocinas CCR5 y CXCR4 han adquirido gran importancia desde a mediados
de los 90´s debido a su participación como moléculas cofactoras o coreceptoras para el VIH (27).
Nosotros conocemos que la tuberculosis es una enfermedad muy frecuente en pacientes
infectados con VIH. En un estudio previo nosotros publicamos que los pacientes con tuberculosis
pulmonar tienen niveles elevados de CCR5 y CXCR4, lo cual crea un ambiente propicio para la
infección por VIH y su multiplicación (en prensa), por lo tanto nosotros en este estudio tratamos de
determinar cual fracción de Mtb induce el incremento de los receptores de quimiocinas.
Demostramos que los polisacáridos y el bacilo de Mtb a una dosis de 50 bacterias/leucocito
incrementaron el porcentaje de monocitos CCR5+, al igual que las proteínas
intracelulares incrementaron el porcentaje de linfocitos CXCR4+ y el bacilo completo (50
bacterias/leucocitos) incrementaron el porcentaje de monocitos CXCR4+. Por lo tanto, nosotros
proponemos que tanto el bacilo completo, así como, los polisacáridos, proteínas intracelulares son
los responsables del incremento de los receptores de quimiocinas en los pacientes con
tuberculosis pulmonar; los cuales permiten que los pacientes con tuberculosis pulmonar sean
altamente susceptibles a la co-infección por el VIH, por otro lado a los paciente infectado con VIH
que lleguen a contraer la co-infección por Mtb, ésta contribuirá a la diseminación viral. Similares a
nuestros resultados Wahl S et al en 1998 (28) y Juffermans en el 2000 (29) encontraron un
incremento en la expresión de CCR5 por el complejo M. avium-intracellulare y el componente LAM
de M. tuberculosis.
Los hallazgos encontrados en este trabajo, la regulación de la expresión de receptores usados por
Mtb y los coreceptores para el VIH por las fracciones de Mtb, son de gran importancia para la salud
pública ya que dentro de este crucigrama de la tuberculosis los avances en la investigación básica
son de gran importancia para desarrollar nuevas estrategias que puedan co-adyuvar en la
resolución de la enfermedad. En trabajos futuros en este campo se enfocarán en la búsqueda de
modulares negativos de la expresión de receptores para disminuir la posibilidad de infección por
Mtb y VIH.
Resumen
Existen receptores en las células hospederas que reconocen patrones moleculares que favorecen
la internalización de patógenos. Para Mycobacterium tuberculosis (Mtb) se encuentran CD11c,
CD14 y CD40. Los receptores para a-quimiocinas y b-quimiocinas (CXCR4 y CCR5) son moléculas
coreceptoras para el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y medían su entrada a células
CD4+. El objetivo del presente trabajo fue determinar si Mtb y/o sus fracciones pueden modular la

�expresión de CD11c, CD14, CD40, CXCR4 y CCR5 en cultivo de leucocitos de sujetos sanos PPDpositivos. Observamos una disminución en la expresión de CD11c por Mtb y sus fracciones
(p&lt;0.05), excepto por las proteínas extracelulares de Mtb. La expresión de CD14 fue incrementada
por los lípidos y polisacáridos (p&lt;0.05), sin embargo Mtb completo inhibió la expresión (p&lt;0.05).
Los monocitos CD40+ se ven disminuidos después de la estimulación con la bacteria completa
(p&lt;0.05). Por otro lado, monocitos CCR5+ fueron elevados después de la estimulación con el bacilo
completo y polisacáridos (p&lt;0.05). Finalmente, los linfocitos CXCR4+ fueron elevados después de
la estimulación con proteínas intracelulares. La bacteria completa incremento el porcentaje de
monocitos CXCR4+ (p&lt;0.05). En conclusión, la micobacteria y algunas de sus fracciones regulan la
expresión de receptores probablemente para asegurar su nicho y asegurar su multiplicación. Los
resultados con los receptores de quimiocinas demuestran que la infección por Mtb genera un
microambiente propicio para la co-infección por VIH.
Palabras clave: Receptores, Mycobacterium tuberculosis, Receptores de Quimiocinas, VIH.
Abstract
There are host cell receptors that recognize pathogen-associated molecular patterns (PAMPs) that
facilitates the entry of intracellular pathogens. In the case of Mycobacterium tuberculosis (Mtb) the
involved receptors are CD11c, CD14, and CD40. Alpha and beta-chemokine receptors (CXCR4 and
CCR5) are coreceptors that mediate human immunodeficiency virus (HIV) entry to CD4+ cells. The
purpose of this work is to determine if Mtb or its fractions can modulate the expression of CD11c,
CD14, CD40, CXCR4, and CCR5 in leukocytes culture from healthy PPD-positive volunteers. We
found a decrease in the expression of CD11c induce by Mtb and its fractions (p&lt;0.05). Extracellular
proteins from Mtb cultures induced not change. Lipids and polysaccharides (PLS) increased CD14
expression, but whole Mtb inhibited its expression (p&lt;0.05). CD40+ monocytes diminished after
stimulation with intact bacterial cell. On the other hand, CCR5+monocytes increased after whole
cell and PLS stimulation (p&lt;0.05). In addition, CXCR4+ lymphocytes increased after stimulation with
intracellular protein from Mtb, while complete bacilli (50 bacteria/leukocyte) increased
CXCR4+ monocytes (p&lt;0.05). In conclusion, Mtb and its fraction regulate the expression of host cell
receptors that favor bacterial multiplication. The results in the chemokine receptors demonstrated
that Mtb infection creates conditions that facilitates the co-infection by HIV.
Keywords: Receptors, Mycobacterium tuberculosis, Chemokine receptors, HIV.
Agradecimientos
Se agradece el apoyo para la realización de este proyecto al fondo PAICYT de la Universidad
Autónoma de Nuevo León (Proyecto SA978-04), así como a la QCB Nereida Méndez Ramírez y
QCB Rosario Salazar del Departamento de Hematología.
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23. Viriyakosol, S.,et al., Op cit
24. Foy, T.M., et al., Op cit
25. Samten, B., et al,. Op cit
26. Larkin, R., C. Benjamin, Y. Hsu, Q. Li, L. Zukoski, and R. Silver. 2002. CD40 Ligand (CD154)
does not contribute to lymphocyte-mediated inhibition of virulent Mycobacterium tuberculosis within
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27. Fauci, A. Op cit
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�SALUD BUCODENTAL EN ESCOLARES DE ESTRATO SOCIAL BAJO
Miriam Alveza Treviño Tamez*, Liliana Tijerina de Mendoza, Esteban Gilberto Ramos Peña y Pedro
César Cantú Martínez
*Jurisdicción Sanitaria No. 3, Secretaría de Salud en Nuevo León (Nuevo León, México)
Facultad de Salud Pública y Nutrición, Universidad Autónoma de Nuevo León (Nuevo León,
México)
E-mail: MTREVINOTAMEZ@aol.com
Introducción
La salud bucodental, en específico de la caries, es de excepcional
importancia entre los especialistas y autoridades de salud de diferentes
países, dado que es la patología más común en la sociedad,
esencialmente entre los niños en edad escolar (1). La prevalencia de
caries dental, en los últimos 20 años, ha advertido una disminución en
un gran número de las naciones industrializados y en algunos en vías de
desarrollo. El impacto mayor en esta reducción es imputable al empleo
generalizado de fluoruros. No obstante, numerosas naciones, y en
particular conglomerados sociales con escasos recursos económicos, no
disfrutan de los beneficios del empleo de estas prácticas preventivas.
(2,3,4)
En México, la salud bucodental ha sufrido una considerable mejoría, sin embargo, la caries dental
es la enfermedad dental más prevalente durante la niñez y se prorroga como la causa primordial
de pérdidas de dientes en adultos (5); México, de acuerdo con la Organización Mundial de la
Salud, se halla entre las naciones de alto rango de frecuencia en enfermedades bucales, de las
cuales la caries dental, aqueja a más del 90% de la población mexicana (6). La acometida por
parte de las autoridades de salud a este padecimiento, se frena en gran medida por condicionantes
sociales, de comportamiento y de los estilos de vida que llevan las personas. (7, 8, 9, 10).
La caries dental posee una causa heterogénea en la que participan rasgos del huésped (saliva y
esmalte dental), de la flora bucal (placa bacteriana) y del substrato sobre el que ésta se desarrolla
(higiene oral y dieta) (11). Sin embargo, los razonamientos diagnósticos que preferiblemente
vaticinan hasta ahora el riesgo de caries son: edad, prácticas inadecuadas de higiene oral, nivel
socioeconómico bajo, historia de caries previa, índice de caries actuales, niveles de factores
microbiológicos, dibujos de las caries familiares y deficiente exposición al flúor. (12)
Por lo tanto, el objetivo de esta investigación, fue conocer el estado de la salud bucodental de una
muestra de escolares de 6 y 12 años de un estrato social bajo, de la localidad de San Pedro Garza
García, N.L., México.
Material y Métodos
El presente estudio es observacional, transversal y analítico, en el cual se considera a escolares de
8 a 12 años de un estrato social bajo del Municipio de San Pedro Garza García (Nuevo León,
México). El número de escolares ascendió a 52, que fue una muestra por conveniencia. El estudio
se realizo de septiembre a diciembre del 2003. La recolección de los datos hizo se a través de una
entrevista estructurada a madres de familia, que retomo los hábitos de higiene del escolar, sus
asistencias a la consulta dental y su dieta mediante una frecuencia alimentaria de tres días, para
determinar el consumo alto de carbohidratos.. El levantamiento de la ficha epidemiológica oral, se
realizo en una salón de clases acondicionada para esta actividad. Para identificar las piezas
cariadas, obturadas, extraidas o con extracción indicada (CPO), así como para la valoración de la

�higiene oral de los escolares (IHO-S) se utilizo los criterios de la Organización Panamericana de la
Salud (13).
Resultados
Se estudio a 52 escolares de los cuales el 51.8% fueron del género femenino y 47.8 % del
masculino Considerando ambos géneros, frecuencia de mayor edad, se encontró en la edad de 6
años, con una frecuencia porcentual del orden de 23%, mientras la menor frecuencia porcentual
fue en 12 años, con un 3.8% (Ver Tabla No 1).
Tabla 1. Escolares estudiados entre 6 a 12 años de edad, de estrato bajo del Municipio de
San Pedro Garza García N. L. en el 2003
Femenino

Masculino

Total

Edad
Frecuencia

%

Frecuencia

%

Frecuencia

%

6

9

17.3

3

5.7

12

23.0

7

6

11.5

2

3.8

8

15.3

8

3

5.8

4

7.6

7

13.4

9

4

7.7

6

11.5

10

19.2

10

1

1.9

5

9.6

6

11.5

11

3

5.7

4

7.7

7

13.4

12

1

1.9

1

1.9

2

3.8

Total

27

51.8

25

47.8

52

100.0

(años)

Con respecto a los hábitos de higiene oral, se observo que las madres encuestadas respondieron
en su totalidad que sus hijos utilizan cepillo dental para la higiene de sus piezas dentales; de las
cuales el 98% respondió que utilizan pasta dental flourada. Con relación al cepillado dental, el
17.2% de las madres entrevistadas reportaron que sus hijos se cepillan los dientes tres veces al
día, el 40.4% informó dos veces al día y un 42.5% que solo se cepillan una vez al día (Ver Tabla
2). En lo que respecta a la frecuencia del cambio de cepillo dental el 1.9% de las madres contesto
que lo hace cada tres meses, el 47.2% cada seis meses y el 50.9% lo substituye una vez al año o
más.
Tabla 2. Frecuencia diaria de cepillado en escolares entre 6 a 12 años de edad, de estrato
bajo del Municipio de San Pedro Garza García N. L. en el 2003
EDAD

FRECUENCIA DIARIA DEL CEPILLADO DENTAL
Tres veces al día

Dos veces al día

Una vez al día

Frecuencia

%

Frecuencia

%

Frecuencia

%

6

4

7.7

4

7.7

4

7.7

7

1

1.9

4

7.7

3

5.8

8

1

1.9

3

5.8

3

5.8

9

1

1.9

5

9.6

4

7.7

�10

--

--

1

1.9

5

9.6

11

1

1.9

4

7.7

2

3.8

12

1

1.9

--

--

1

1.9

Total

9

17.2

21

40.4

22

42.3

En el rubro de consulta dental, el 5.7% de las madres entrevistadas respondieron que acuden a
revisión odontológica con sus hijos en un periodo menor a seis meses, el 37.7% demoran esta
consulta en un año y 56.6% toman más de un año para la revisión. Y solo el 3.8% de los madres
entrevistadas informaron que algunas piezas dentales de sus hijos habían sido tratadas con
selladores de fosetas y fisuras. Con respecto a los hábitos dietéticos, se observo que en una
frecuencia mayor de tres días a la semana reportan el consumo de: chocolate en polvo el 26.4%, el
37.8% consume azúcar, la mermelada solo el 11.3%, 3.8% respondió consumir miel con esta
frecuencia, 45.3% consume caramelos, las galletas 39.6%, papas fritas el 28.3% y los refrescos
embotellados el 71.6%.
El número de promedio de dientes permanentes cariados, perdidos y obturados por caries en la
población estudiada es de 3.9. Advirtiendo que el promedio de CPO va aumentando con la edad,
mientras que a los 6 años es de 2.7 a los 12 años es de 6 (Ver Tabla 3).
Tabla 3. Índice de CPO de escolares entre 6 a 12 años de edad, de estrato bajo del Municipio
de San Pedro Garza García N. L. en el 2003.
CPO
Edad Géner Total de Piezas
Piezas
Piezas Extracció CP Pieza Total de c
o
n
O
s
(año F M Escolare Cariada Obturad Extraída
Piezas CP
s)
s
s
as
s
Indicada
Sana
O
s
Presente
Piezas
s
6

9

3

12

33

--

--

--

33

43

76

2.7

7

6

2

8

21

--

--

--

21

46

67

2.6

8

3

4

7

25

--

--

--

25

62

7

3.5

9

4

6

10

44

--

--

--

44

86

130

4.4

10

1

5

6

31

1

--

--

32

70

102

5.3

11

3

4

7

37

1

--

--

38

103

141

5.4

12

1

1

2

9

3

--

--

12

27

39

6

Total 27 25

52

200

5

--

--

205

437

642

3.9

También se encontró que el promedio del índice de higiene oral simplificado es de 1.09 para la
población estudiada, observándose adicionalmente entre los grupos etéreos una tendencia
disminuir este índice con la edad (Ver Tabla 4)
Tabla 4. IHO-S de escolares de 6 a 12 años de edad, en el estrato bajo del Municipio de San
Pedro Garza García N. L. en el 2003.
Índice de Higiene Oral – Simplificado (IHO-S)

�Edad

Género

6

F

M

9

3

Total de Escolares

Total de Punto

No. de superficies

c

examinadas

IHO - S

12

72

55

1.3

7

6

2

8

47

45

1.04

8

3

4

7

46

42

1.09

9

4

6

10

56

60

0.93

10

1

5

6

35

34

1.02

11

3

4

7

52

42

1.2

12

1

1

2

9

12

0.75

25

52

317

290

1.09

Total 27

Discusión y Conclusiones
Es evidente que la caries dental en la población escolar de México ha declinado notablemente; se
encontró una reducción general de su prevalencia durante la década de 1988 a 1998 (14), que esta
coligado a los programas preventivos y educativos de salud pública. Sin embargo, las fuertes
desigualdades en la intensidad de la enfermedad, tienen relación directa con la condición
socioeconómica y estilo de vida (15, 16), así queda demostrado al encontrar elevados índices de
CPO por edad y grupal de 6 a 10 años en la presente investigación. Los cuales son
significativamente mayores que los referidos de Nuevo Leon, Distrito Federal y Tabasco, y
numeralmente superiores a los encontrados en el estado de Yucatán (17, 18). (Ver Tabla 5). Esto
coincide del mismo modo, al confrontar los valores de CPO encontrados por grupo etareo, con los
reportados en Medellín, Colombia, siendo diferentes también significativamente (19).
Por otra parte los resultados de la presente investigación, confirman observaciones previas acerca
del aumento de la prevalencia de caries en la dentadura con la edad (Ver Tabla 5), lo que conlleva
afirmar que todo adolescente ha experimentado alguna vez caries en su dentición.
Tabla 5. Índice de CPO de escolares entre 6 a 12 años de edad, de estrato bajo del Municipio
de San Pedro Garza García N. L. en el 2003 versus otros estudios.
Edad

CPO

(años) Presente
estudio

CPO
Encuesta
Nuevo León

CPO Encuesta
Distrito Federal
1997-1998*

CPO
Encuesta
Tabasco

1997-1998*

(21)

1997-1998*

CPO
Yucatán,
México,
1997

CPO
Medellín,
Colombia
1998*

(23)
(20)
6

2.7

0.11 (0.5)**

7

2.6

0.29 (0.8)**

8

3.5

0.44 (0.9)**

9

4.4

0.80 (1.3)**

(22)
0.4 (0.9)**
0.83 (1.3)**
1.32 (1.6)**
1.51 (1.7)**

(24)

0.13 (0.5)**

0.89

--

0.20 (0.6)**

2.18

0.28
(0.68)**

0.40 (0.9)**

2.93

0.47
(0.85)**

0.94 (1.4)**

2.72

0.86
(1.34)**

�10

5.3

0.88 (1.4)**

11

5.4

--

12

6

1.72 (2.2)**

6-10

3.7

0.50 (1.4)**

1.94 (2.2)**
-3.11 (2.6)**
1.20 (1.6)**

1.19 (1.7)**

3.55

1.08
(1.44)**

--

--

1.45
(1.63)**

2.67 (2.8)**

--

1.83
(1.97)**

0.60 (1.7)**

2.45

*media (desviación estándar): **estadísticamente diferentes
A pesar de estos datos desfavorables, no se debe restar importancia a la eficacia de las medidas
preventivas correctamente aplicadas, hasta ahora, sino potenciar, como coadyuvantes a las
acciones ya emprendidas, la aplicación de selladores en las consultas de odontología de atención
primaria, así como ampliar la asistencia actualmente proporcionada, a grupos sociales vulnerables
o con menores recursos económicos, como se evidencia, y no acceden a las ventajas de la
aplicación de estas métodos protectores de salud bucodental (25,26,27 )
Resumen
La salud bucodental, en específico de la caries, es de excepcional importancia entre los
especialistas y autoridades de salud de diferentes países, dado que es la patología más común en
la sociedad, esencialmente entre los niños en edad escolar. En México, la salud bucodental ha
sufrido una considerable mejoría, sin embargo, la caries dental es la enfermedad dental más
prevalente durante la niñez y se prorroga como la causa primordial de pérdidas de dientes en
adultos. El presente estudio es observacional, transversal y analítico, en el cual se considera a
escolares de 8 a 12 años de un estrato social bajo del Municipio de San Pedro Garza García
(Nuevo León, México). El número de escolares ascendió a 53, que fue una muestra por
conveniencia. El estudio se realizo de septiembre a diciembre del 2003. El número de promedio de
dientes permanentes cariados, perdidos y obturados por caries en la población estudiada es de
3.9. Advirtiendo que el promedio del índice de CPO va aumentando con la edad, mientras que a los
6 años es de 2.7 a los 12 años es de 6. También se encontró que el promedio del índice de higiene
oral simplificado es de 1.09 para la población estudiada, observándose adicionalmente entre los
grupos etéreos una tendencia disminuir este índice con la edad. A pesar de estos datos
desfavorables, no se debe restar importancia a la eficacia de las medidas preventivas
correctamente aplicadas, hasta ahora, sino potenciar, como coadyuvantes a las acciones ya
emprendidas, la aplicación de selladores en las consultas de odontología de atención primaria, así
como ampliar la asistencia actualmente proporcionada, a grupos sociales vulnerables o con
menores recursos económicos, como se evidencia, y no acceden a las ventajas de la aplicación
de estas métodos protectores de salud bucodental.
Palabras claves: salud bucodental, caries, índice CPO
Abstract
Bucodental health, specially caries, is really important among health specialists and authorities from
different countries, since it is the most common pathology in the society, particularly in school age
children. In Mexico, bucodental health has had a considerable improvement, however, dental caries
is the most prevalent dental illness during childhood and it is extended as fundamental cause of
teeth loss in adults. This study is observational, transversal, and analytic in which school age
children from 8 to 12 years old of low stratus from San Pedro Garza García ( N.L., Mexico) are
considered. There were 53 children, it was a sample by convenience. The study was done from
September to December, 2003. The mean number of permanent decayed, lost, and stopped up

�teeth by caries in the studied population is 3.9. It is noticed that the average of CPO index
increases with the age, while at 6 years is 2.7 at 12 years is 6. It was also found that the average of
simplified oral hygiene is 1.09 in the studied population, observing additionally among ethereal
groups a tendency to decrease this index with age. In spite of these unfavorable data, it should not
be reduced importance to the efficiency of preventive measures correctly applied up to now, but
strengthen as cooperator to the beginning actions, the sealer application in odontology consultation,
as well as increasing the provided assistance to vulnerable social groups or groups with low
economical resources as it is evidenced and they do not accede to the application advantages of
these protective methods of bucodental health.
Key words: bucodental health, caries, CPO index
Referencias
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�10. Nieto García, VM, MA Nieto García, JR Lacalle Remigio y LA-Kader Martín 2001. Salud oral
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13. Chaves, M. 1962. Odontología sanitaria. OPS/Publicación No. 53, Washington, D.C.
14. Velázquez Monroy, O., et. al,. Op.cit.
15. Baldan M. H, A.G. Godoi Vasconcelos y J.L. Ferreira Antunes 2004. Associação do índice
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16.Aurélio Peres, M, K Glazer Peres, JL Ferreira Antunes, S Rennó Junqueira, P Frazão and
Paulo Capel Narvai 2003. The association between socioeconomic development at the town level
and the distribution of dental caries in Brazilian children Rev Panam Salud Publica/Pan Am J Public
Health 14(3), 149-157.
17. Velázquez Monroy, O., et. al,. Op.cit
18. Tello de Hernández, TJ, et. al,. Op.cit
19. Franco, A., A. Saldarriaga, J. Yepes, J. Jaramillo y E. Kurzer 1999. Flourosis y caries dental en
escolares de 7 a 16 años, Medellín 1998. Memorias del X Encuentro Nacional y Latinoamericano
de Investigación. Asociación Colombiana de Facultades de Odontología. Sanya Fé de Bogota,
Colombia. 110-116 pp.
20. Velázquez Monroy, O., et. al,. Op.cit
21. Idem.
22. Idem.
23. Tello de Hernández, TJ, et. al,. Op.cit.
24. Franco, A., et. al,. Op.cit
25. José Battellino, L.,et. al. Op.cit.
26. Manji,F. and O. Fejerskov, Op.cit.
27. Kalsbeek, H. and G.H.W. Verrips, Op.cit.

�MEDICION DE LA SEGURIDAD ALIMENTARIA Y NUTRICIONAL
Dixis Figueroa Pedraza
Bolsista CAPES/CNPq – IELN – Brasil. –
Universidad Federal de Pernambuco
E-mail: dixisfigueroa@excite.com

Introducción
Se entiende por Seguridad Alimentaria el acceso de todas las personas
en todo momento a los alimentos necesarios para llevar una vida activa
y sana. Esto referido a los hogares representa la capacidad de las
familias para obtener, ya sea produciendo o comprando, los alimentos
suficientes para cubrir las necesidades dietéticas de sus miembros
(1,2).
El término Seguridad Alimentaria, que debe ser analizada desde un
entorno socioeconómico y político, puede comportarse de diferentes
formas en dependencia del nivel de organización humana. A escala
regional o nacional la Seguridad Alimentaria tiende a equipararse con la
suficiencia nacional de alimentos para cubrir las necesidades de la
población, por lo que presume igual acceso para todas las regiones o clases sociales; a escala
familiar se refiere a la capacidad de las familias para obtener los alimentos suficientes para cubrir
sus necesidades nutricionales donde el suministro de los alimentos se influencia por los precios,
capacidad de almacenamiento, influencias ambientales, etc. y en el ámbito individual la Seguridad
Alimentaria implica la ingesta y absorción de nutrientes adecuados que cubran las necesidades
para la salud, el crecimiento y el desarrollo (3,4,5).
En el plano nacional la Seguridad Alimentaria tiene tres componentes: disponibilidad, acceso y
estabilidad. Estos términos definen como asegurar suministros suficientes de alimentos, la
seguridad del acceso a los alimentos de todos los consumidores y la estabilidad de la producción y
de los precios (6,7,8).
El utilizar el núcleo familiar como la principal unidad analítica da la posibilidad de vincular
directamente la disponibilidad y acceso de alimentos, en el sitio donde se consumen los alimentos,
a otros procesos y factores que relacionan el acceso con la distribución intrafamiliar y la ingestión
dietética individual. Además permiten establecer vínculos con elementos determinantes
relacionados con la salud de manera que la ingestión alimentaria se traduzca en niveles
nutricionales en última instancia (9).
Como la dimensión familiar, nacional y global, la Seguridad Alimentaria para los individuos también
es una estrategia fundamental. El nivel de acceso a alimentos adecuados en el hogar es necesario
para satisfacer las necesidades nutricionales para todos los miembros de la familia, pero la
seguridad nutricional también depende de factores no alimentarios como la salud, las prácticas
sociales y la higiene, por tanto la Seguridad Alimentaria Familiar es una pero no la única
condición para lograr un satisfactorio estado nutricional de los individuos (10,11).
Con frecuencia, falta información sólida sobre la naturaleza de la Inseguridad Alimentaria y de la
desnutrición, sobre el lugar que ocupan las áreas con Inseguridad Alimentaria y las relaciones
causales entre las posibles intervenciones y los resultados de interés. Esta ausencia de
información afecta adversamente el diseño, implementación, seguimiento y evaluación de las
intervenciones para aliviar la Inseguridad Alimentaria y la desnutrición.

�La medición es necesaria para identificar las personas con Inseguridad Alimentaria, caracterizar la
severidad y naturaleza del problema, analizar las tendencias y para proveer una base para la
medición del impacto. En intervenciones para conseguir mejoras en el estado de la Seguridad
Alimentaria y Nutricional, la evaluación debe ser un processo gradual y continuo (seguimiento y
evaluación) que deve seguir estrechamente la secuencia cronológica y lógica del ciclo de un
proyecto. La participación del equipo de evalaución desde las etapas iniciales del diseño del
proyecto es la mejor manera de asegurar una evaluación apropiada y precisa, así como de permitir
un proceso de aprendizaje adecuado. El propósito de um esquema de seguimiento y evaluación
bin concebido es alimentar las diferentes etapas de desarrollo de un proyecto y contribuir a la
identificación correcta de los instrumentos y de los métodos, conociendo qué está bien y qué está
errado. Cuando se descubre un punto débil en la cadena, entonces la evaluación debe incluir una
revisión del diseño de la intervención y del modelo subjacente sobre la relación entre la
intervención y los impactos esperados.
El concepto de Seguridad Alimentaria ha evolucionado considerablemente a través del tiempo, de
la misma forma que lo han hecho los indicadores de Seguridad Alimentaria. Existen
aproximadamente 200 definiciones y 450 indicadores de Seguridad Alimentaria. Con esta
abundancia de indicadores, un problema metodológico importante es determinar cuales
indicadores son apropiados; dado el proyecto, tiempo, recursos humanos y financieros disponibles
y objetivos propuestos (12).
El estado de la Seguridad Alimentaria mundial, determinado a partir de varios indicadores, reveló
según la FAO un leve empeoramiento en 1993-1994 con respecto al año anterior, y declara que la
situación mundial de la Seguridad Alimentaria seguirá siendo problemática (13).

Métodos de medición de la seguridad alimentaria
Debido a las diferentes dimensiones de la inseguridad alimentaria (crónica, temporal o transitoria)
ésta no puede medirse con un solo indicador, para captarla en sus múltiples matices se necesitan
distintos indicadores. Existen diversas variables e indicadores que permiten seguir la evolución del
nivel de Seguridad Alimentaria de determinados grupos de población (14,15).
Varios países suelen medir la Seguridad Alimentaria mediante indicadores de oferta o
disponibilidad de alimentos y demanda (cantidades de alimentos disponibles con relación a
las necesidades), es decir, en términos de cantidades de alimentos disponibles con respecto a las
necesidades nutricionales y de necesidades netas de importación en comparación a la capacidad
de importación. Estos métodos de evaluación pueden concentrarse en datos del nivel nacional o
en la información por localidades del interior del país para distinguir grupos vulnerables, o sea,
estos Sistemas de Información sobre Seguridad Alimentaria pueden concentrarse en (16,17,18):
1.- Datos de ámbito nacional.



Disponibilidad.
Ingresos y su distribución.

2.- Comparaciones entre países.
3.- Información del país para distinguir y localizar grupos vulnerables (Niveles de focalización).
4.- En el ámbito familiar (Se miden los cambios y no los niveles).
En la medición de la Seguridad Alimentaria se utilizan básicamente tres tipos de información:

�I. Vigilancia alimentario - nutricional
II. Encuestas alimentarias sobre el consumo de alimentos
III. Encuestas rápidas y sistemas locales de información
Vigilancia alimentario - nutricional
Debemos entender por vigilancia alimentaria y nutricional como “el proceso permanente de
compilar, analizar y distribuir la información necesaria para mantener un conocimiento actualizado
de la producción y consumo de alimentos y el estado nutricional de la población; identificar sus
cambios causas y tendencias; predecir sus posibles variaciones y decidir oportunamente las
acciones preventivas o correctivas indispensables que el caso demande”
Se usa para determinar los cambios que se producen en un tiempo determinado en determinadas
variables en grupos vulnerables, tales como embarazadas, lactantes, mujeres en edad fértil etc. La
vigilancia alimentaria y nutricional facilita la identificación de las tendencias, la localización de los
problemas, su magnitud y algunas ideas de las causas que los originan. Estos datos pueden ser
usados para la evaluación del progreso e impacto de las intervenciones nutricionales y en la
predicción de crisis ya que pueden servir de alarma temprana de crisis alimentaria y para su
prevención.
En general los sistemas de vigilancia nutricional que se llevan a cabo actualmente consideran
información en tres áreas a saber: indicadores alimentarios (índices de disponibilidad y de
accesibilidad) que permiten dar seguimiento a los fenómenos económicos desde la perspectiva
de sus repercusiones potenciales en los niveles de bienestar de determinados grupos
de población, mediciones del estado nutricional (antropométricas y deficiencias de
micronutrientes) y mediciones del estado de salud(19,20,21,22).
Índices de Disponibilidad
Se elaboran utilizando los datos de las hojas de balance de alimentos, que son un instrumento
diseñado y elaborado por la FAO con información estadística confiable, para proporcionar un
marco para el registro continuo de parámetros que se pueden cuantificar relacionados con la
situación de la oferta y la demanda de los alimentos y a partir de la cual se pueden realizar
evaluaciones objetivas de los déficit o excedentes de alimentos, es decir, su información nos ayuda
a conocer desde el punto de vista operativo la disponibilidad de alimentos en un período en un país
determinado y de esta forma el estado nacional de la Seguridad Alimentaria y la vulnerabilidad.
La cantidad total producida de cada alimento, sumada a la importación, teniendo en cuenta los
cambios que puedan haber ocurrido en las existencias durante el período considerado y deducida
la exportación, equivale al abastecimiento disponible para su utilización interna en dicho período; si
de esta cantidad se deducen los volúmenes utilizados para alimentar al ganado, para semilla, para
utilización industrial, así como los desperdicios ocurridos a lo largo de la cadena alimentarla, el
saldo constituye el abastecimiento o disponibilidad para consumo humano (consumo aparente)
durante el período de referencia.
Según los datos sobre población, esa cantidad puede expresarse en términos de disponibilidad por
habitante y por día; a su vez, los valores de composición química de los alimentos, permitirán
traducir los volúmenes de disponibilidad en términos de su contenido energético y de nutrientes.
Una vez determinada la disponibilidad de cada alimento y expresada en calorías y nutrientes, la
sumatoria de todos configura la disponibilidad total o ración estadística media. El análisis
comparativo entre las disponibilidades de alimentos, calorías y nutrientes y las recomendaciones
medias (según la estructura de edades) de la población, permitirá establecer el grado en que las

�necesidades son cubiertas con la disponibilidad existente y determinar la magnitud de los
probables déficit o excesos de alimentos, sugiriendo alternativas que permitan, orientar la
producción o bien el rol del comercio exterior en determinados alimentos, según la situación
descripta.
Los datos de las hojas de balance como método de estimación resultan muy útiles pero tienen los
inconvenientes de que este tipo de información se refiere a la población en su totalidad y no puede
ser desglosada por subgrupos de población, además solo se elaboran anualmente. Actualmente ya
estas hojas de balance están automatizadas y pueden ser procesadas por un programa
informático.
En la medida que el análisis de las hojas se realice tomando series periódicas, podrán indicar
cambios o tendencias en el patrón alimentario medio de la población. Los índices de disponibilidad
permiten hacer estimaciones globales y sirven de alerta sobre las crisis alimentarias y para los
pronósticos agrícolas (23,24, 25).
Los índices que se pueden elaborar a partir de las hojas de balance son (26,27,28,29-30):
- Para cada alimento o grupo de alimentos
Producción, Importación, Exportación, Usos diferentes al consumo humano, Suministro total de
alimentos y Utilización interna en alimentación humana (kg / per cápita/ año y kcal/ per cápita / día)
- Nivel de suficiencia energética y proteica
Disponibilidad media de energía en Kcal. (O de proteínas en g) / Recomendación * 100
- Nivel de dependencia energética
Importación de alimentos en Kcal. / Disponibilidad de alimentos en Kcal. * 100
- Nivel de dependencia económica
Importación de alimentos en dólares/ exportaciones totales en dólares * 100
- Consumo aparente de energía kcal / persona/ día
Disponibilidad de energía kcal / día / población
- Consumo aparente de grasas (o proteínas) g / persona / día
Disponibilidad de grasas (o proteínas) en gramos por día / número de personas
- Aporte relativo de determinados productos a la ingestión nutricional total
Representa el aporte de alimentos básicos a la ingestión total
- Indicadores para caracterizar los componentes que un sistema alimentario debe reunir
para garantizar la disponibilidad de alimentos
La suficiencia, el nivel de autonomía, la estabilidad o fiabilidad, la sustentabilidad y la equidad son
requisitos que un sistema alimentario debe reunir para garantizar la disponibilidad nacional de

�alimentos, por tanto deben existir indicadores que permitan evaluar cada uno de esos
componentes. Dado las características de las Hojas de Balance de Alimentos la suficiencia, la
autonomía y la fiabilidad pueden ser medidas a través de ellas; pero no puede medir la
sustentabilidad, ya que se realizan en períodos de un año, ni la equidad, por tener abrangencia
macroeconómica (31,32,33).
De esta forma, las Hojas de Balance de Alimentos permiten:
a) Conocer en una visión macroeconómica general, el nivel y la estructura del suministro de
alimentos de un país durante un período de referencia determinado.
b) Saber como se comporta en términos físicos la cadena alimentaria desde la producción hasta la
disponibilidad final.
c) Conocer el grado de suficiencia de la oferta, de autonomía o dependencia de la disponibilidad de
alimentos, y de estabilidad o inestabilidad de la producción y las existencias alimentarias.
Y no permiten:
a) Conocer la equidad o inequidad de la distribución del consumo de alimentos por zonas
geográficas o según estratos socioeconómicos.
b) Proporcionar información sobre las variaciones estacionales del suministro de alimentos
(sustentabilidad).
Los indicadores que se usan para caracterizar los componentes de un sistema alimentario para
conseguir la disponibilidad son (34,35,36,37):
· Suficiencia
Indicador: Adecuación calórica y / o proteica agregando, a la norma o requerimientos, un margen
de seguridad para reflejar la distribución del consumo en los distintos segmentos de población.
El suministro alimentario nacional, expresado en energía, solo es suficiente cuando supera entre el
10 y el 20% la cantidad requerida en el ámbito nacional (recomendación promedia); esto permite
compensar la desigualdad de la distribución de los alimentos y los desperdicios y pérdidas que
ocurren antes de ser consumidos; como en los países subdesarrollados estas pérdidas son
mayores frecuentemente se toma margen de seguridad mayor del 20%, para los países
desarrollados un valor mayor del 10% es suficiente. Una forma de clasificar los diferentes países
sería como a seguir:
Suficiencia Plena: Suministro de Energía Alimentaria (SEA) &gt; 110% de la norma (120% si es país
en desarrollo);
Suficiencia Precaria: SEA entre 100 y 110%;
Insuficiencia: SEA &lt; 100%;
Insuficiencia Crítica: Aquellos países que están por debajo del 95% de la norma
· Estabilidad o fiabilidad

�Indicador 1: Niveles de "inestabilidad" de la producción y del consumo de alimentos básicos y de
cereales, el nivel expresado por valores de calorías percápita provenientes de estos alimentos. Es
factible ya que al estos alimentos provenir por lo general de la producción agrícola campesina
(sector con alto predominio de pobres) representa para ellos una fuente de ingresos ya sea por
autoconsumo o comercialización de sus productos y porque estos alimentos constituyen la dieta
mayoritaria de las poblaciones urbanas pobres.
Indicador 2: Medición de las desviaciones del consumo aparente (producción más importaciones
menos exportaciones) haciendo abstracción del grado de suficiencia o insuficiencia que implican
dichos niveles de consumo aparente. Como indicador se suele utilizar el coeficiente de variabilidad
de consumo aparente, expresado como la desviación estándar de las diferencias porcentuales
respecto a la tendencia. Idéntico procedimiento se sigue con la variabilidad de la producción, tanto
por ser ésta el componente principal de consumo en la mayoría de los países como para poder
apreciar, por comparación entre coeficientes, si las importaciones juegan o no el rol estabilizador
de las fluctuaciones impuestas por la producción.
Si vinculamos los valores de los coeficientes a la probabilidad de que el consumo o la producción
de un año sea inferior al 95% del valor tendencias, podemos definir como:
Estables: A probabilidades inferiores al 15% de que ocurra un evento de este tipo;
Moderadamente inestables: A probabilidades entre el 15% y el 25%;
Inestables: A probabilidades entre el 25 y 33%;
Críticas: Las que superan este último valor, pues suponen la ocurrencia de una producción o un
consumo inferior al indicado
· Autonomía
Indicador: Deben ser indicadores que intenten medir el grado de vulnerabilidad externa de los
sistemas alimentarios (Balance entre exportaciones e importaciones). Debe haber ingresos por
divisas provenientes de exportaciones que por ventajas comparativas permitan sustentar
importaciones de algunos alimentos básicos, este ingreso se mide como unidades físicas de un
cereal básico a importar (percápita). Aquí se debe destacar que las importaciones de alimentos no
son la única fuente de vulnerabilidad externa ya que hay otra muy importante que es las
importaciones de los insumos requeridos para la producción agropecuaria por lo que si se desea
evaluar la vulnerabilidad "integral" se deben incluir los insumos y medios de producción necesarios,
tanto para la producción agrícola, como para la industria agroalimentaria y algunas actividades
comerciales.
El Nivel de autonomía o dependencia representa cuan dependiente es un país del comercio
exterior, (dependencia alimentaria) y puede ser calculado y evaluado a través de la siguiente
fórmula:
Nivel de autonomía = Importaciones / Disponibilidad X 100%
Dependencia baja: Importaciones menores del 10% del consumo
Dependencia media: Importaciones entre 10 y 19% del consumo
Dependencia alta: Importaciones entre 20 y 30% del consumo

�Dependencia crítica: Importaciones mayores del 30% del consumo
Los valores de la autonomía se pueden aplicar en:
A) Dependencia Global
B) Dependencia en materia de cereales y productos básicos
C) Dependencia calórica o de suministro energético
· Sustentabilidad
Indicador: Los indicadores de sustentabilidad deben basarse en su concepto, que implica tener que
considerar la pérdida de terrenos laborables (por erosión, salinización, desertificación, etc.), de
variedades fitogenéticas, de vientres animales y la pérdida de deficiencia energética de los
sistemas alimentarios.
El análisis de los cambios en la composición de los alimentos por regiones puede proveer
información sobre este aspecto del sistema alimentario. Dicho análisis debe destacar tres
aspectos:
1 - La contribución relativa de los productos vegetales y de origen animal a los suministros totales
de energía, proteínas y grasas;
2 - El grado de diversificación de los alimentos que se observa en las diferentes partes del mundo;
y
3 - El cambio en la importancia de los alimentos básicos en el conjunto de los suministros
alimentarios.
Una alternativa de evaluación es la contribución al suministro de energía total del grupo de
alimentos que más contribuye en un determinado país (mientras más baja sea esta
contribución, más diversificada es la dieta del país) y / o la proporción de cereales, raíces y
tubérculos en el SEA total.
· Equidad
Indicador: Se puede estimar por la magnitud de la desnutrición (consumo inferior a 1,4 veces de su
Tasa Metabólica Basal) y/o del subconsumo alimentario y su relación con las líneas de indigencia y
de pobreza, por ser indicativos del consumo con relación al ingreso. Necesitan de encuestas de
gastos e ingresos. Según CEPAL:
Línea de indigencia: Ingresos percápita de la familia que no alcanzan a cubrir el valor de una
canasta básica de alimentos, que proporcione el mínimo de los requerimientos calóricos.
Línea de pobreza: Ingresos percápita de la familia que no alcanzan a cubrir el valor de dos veces
la canasta básica de alimentos, que proporcione el mínimo de los requerimientos calóricos.
Índices de accesibilidad
Para medir el acceso a los alimentos se pueden utilizar diferentes instrumentos, variables o los
cambios de las variables. Uno de los instrumentos más utilizados en América Latina es la llamada

�canasta de alimentos o canasta familiar, la composición de la canasta en muchos países de la
región se ha hecho teniendo en cuenta las necesidades alimentarias básicas, el acceso real a
los alimentos que la componen y los hábitos alimentarios predominantes. A pesar de las
limitaciones técnicas que puedan señalarse resultan muy útiles en la práctica si se realizan
teniendo en cuenta las necesidades alimentarias básicas, el acceso real a los alimentos que la
componen y los hábitos alimentarios predominantes, es decir, su elaboración debe basarse en
aspectos económicos, culturales y nutricionales.
El conocimiento y análisis del acceso real a los alimentos que poseen los diferentes sectores de la
población permiten determinar grupos más o menos vulnerables, precisar niveles de desnutrición y
conocer sus causas para orientar acciones concretas. La periodicidad de los índices de
accesibilidad depende de las fuentes de datos que existan en cada país. Si la información
está disponible estos índices pueden ser elaborados a intervalos relativamente cortos para
determinados grupos que sospechamos puedan estar en riesgo de Inseguridad Alimentaria
(38,39,40,41).
Los índices más conocidos de accesibilidad son (42-48):
- El costo de una canasta básica con relación al salario mínimo
El salario mínimo representa el nivel de remuneración por debajo del cual no se puede descender
ni de hecho ni por derechos cualesquiera sea su modalidad de remuneración o la calificación del
trabajador, este término tiene fuerza de ley. El costo de la canasta se calcula sobre la base de los
precios oficiales, obtenidos con una frecuencia prefijada, de los alimentos que ella incluye. Al
relacionar el costo de la canasta con el salario mínimo permite conocer el alcance del salario para
cubrir las necesidades alimentarias, y al comparar las tendencias se posibilita ver la evolución del
nivel de vida.
- Valor de los productos básicos y de una canasta en términos de horas de trabajo
equivalentes, remuneradas al salario mínimo
Una unidad de medida usada para este análisis es el tiempo de trabajo, es decir, las horas
pagadas al salario mínimo que se necesitan para comprar al por menor los alimentos. Se puede
conocer como suben o bajan los precios de los alimentos básicos medidos en horas de trabajo. Al
usar el tiempo se evitan los problemas de variabilidad de la moneda y permite la comparación.
- Porcentaje de gastos en alimentos en relación con los gastos totales
Se pueden obtener a través de las encuestas de presupuesto familiar o de las encuestas de
gastos e ingresos (esta última en sustitución de encuestas de consumo), puesto que los pobres
gastan gran parte de sus ingresos en alimentos. Es un indicador útil si se interpreta bien.
Este indicador está basado en la Ley de Engel, un economista que ha intentado clasificar el
comportamiento alimentario de acuerdo con el aumento de los ingresos, afirmando que al
aumentar el ingreso, disminuye el porcentaje de éste destinado a la compra de alimentos (el gasto
total en alimentos puede aumentar, pero disminuye su importancia relativa). Se ha observado que
a medida que aumentan los ingresos, inicialmente se mantiene estable la proporción destinada a
los productos alimenticios, que es con frecuencia hasta un 80%. En un determinado momento,
cuando empiezan a estar satisfechas las necesidades de alimentos, los gastos comienzan a
descender; se puede considerar que ese es el punto en que comienza la Seguridad Alimentaria.
Por último los gastos en alimentos tienden a estabilizarse alrededor del 30% cuando la
alimentación deja de plantear problemas.

�Los gastos proporcionales destinados a los productos alimenticios indican el costo de la
consecución de la Seguridad Alimentaria Familiar. Hay que distinguir tres tipos de hogares: a) los
que consiguen la Seguridad Alimentaria con un costo elevado b) los que la consiguen con un
costo menor, y c) los que, a pesar de destinar una gran proporción de los recursos disponibles a
los alimentos, siguen en situaciones de Inseguridad Alimentaria. Resumiendo podemos expresar
que los pobres son los más afectados por la Inseguridad Alimentaria ya que necesitan gastar gran
parte de su salario o ingresos en alimentos (más del 80%), comienza a mejorar la situación y
disminuyen los gastos en alimentos y se considera Seguridad Alimentaria cuando se gastan en
alimentos menos del 30% de los ingresos.
Lipton, otro estudioso del asunto, indica que hay grupos de población a los que tal vez no se aplica
la Ley de Engel. Él dice que los ultra pobres, como él los denomina, gastan alrededor del 80% de
sus ingresos en alimentos y aunque aumenten sus ingresos, seguirán gastando un porcentaje
similar en alimentos hasta que consigan satisfacer casi completamente sus necesidades
nutricionales. Lipton señala que si los datos relativos a los gastos de un hogar muestran que el
80% del ingreso familiar no basta para atender el 80% de las necesidades de calorías, la familia
debe clasificarse como ultra pobre con problemas graves de Seguridad Alimentaria.
Los datos complementarios de las encuestas de presupuesto familiar también sirven para evaluar
la variedad de los alimentos utilizados. Se puede, a partir de los gastos proporcionales en
alimentos básicos con respecto a los gastos totales en alimentos y de la contribución de los
alimentos menos apreciados, efectuar una evaluación parecida. Los estudios indican que a bajos
niveles de ingresos, casi el 75% de las calorías proceden de hidratos de carbono amiláceos como
el maíz, el arroz, el trigo y los tubérculos. Al aumentar los ingresos la alimentación se hace más
compleja y variada. Crece la ingestión de grasas, en particular de origen animal, y el porcentaje de
calorías procedentes de los alimentos amiláceos se reduce al 30%. Aumenta el porcentaje de
calorías procedentes de los azúcares, pero el aporte relativo de proteínas se mantiene
relativamente constante, aunque las proteínas de origen vegetal se sustituyen parcialmente por las
de origen animal. El total de proteínas aumenta con el incremento de la disponibilidad total (o
consumo) de calorías.
- Porcentaje de gastos destinados a los alimentos en relación con el ingreso familiar
Los datos sobre los gastos destinados a la compra de alimentos pueden ser obtenidos a través de
encuestas sobre gastos en alimentos o encuestas más abarcadoras que lo incluyan, también
pueden ser analizadas encuestas de orzamentos (planeamiento de gastos). El indicador, como el
nombre lo indica, se obtiene calculando el porciento de los gastos destinados a alimentos en
relación al ingreso familiar, las interpretaciones siguen las mismas orientaciones que las referidas
al indicador anterior.
- Régimen alimenticio y la elección de alimentos
Este indicador indica los principales alimentos consumidos por una familia o comunidad
(Apreciación). Su análisis no es tan fácil en términos generales. El régimen alimenticio se presta
particularmente a la observación cualitativa y semicuantitativa por métodos de evaluación rápida.
Quienes tienen mayor inseguridad se pueden definir en función de factores como: a) la compra de
alimentos más baratos y menos apreciados b) la compra de solo pequeñas cantidades de
alimentos apreciados, como los productos de origen animal. También pueden obtenerse con
tales métodos un indicador del número de comidas cocinadas y/o consumidas al día, pero
probablemente tiene mayor interés para introducir cambios en el seguimiento.
- Índice de precios al consumidor

�Se utiliza para medir los cambios en el tiempo del nivel general de precios de los productos y
servicios que un grupo de personas usa, adquiere o compra para su consumo por lo que es un
indicador económico y social muy objetivo de los cambios en el nivel general de los precios que el
consumidor paga, tomando como punto de partida un período base. Para su uso la población debe
ser definida ampliamente, especificando los grupos de ingreso y los grupos de edades que son
excluidos.
- Tasas de empleo y subempleo
Representa la razón entre las variaciones dadas por el análisis de los datos referentes a la
cantidad de personas empleadas (o subempleadas) en una población. Debe ser analizado junto a
otros indicadores, el hecho de tener un empleo repercute en la posibilidad de comprar alimentos
pero las personas pueden tener otras fuentes de entrada de dinero diferente a aquella proveniente
por un trabajo formal.
- Identificación de la línea de pobreza y % de la población en esta situación
Este indicador mide marginalidad social y riesgo nutricional. Se utiliza la clasificación del CEPAL,
anteriormente vista.
Relacionado a este indicador hay puntos que son importantes esclarecer. La relación existente
entre la pobreza y la Inseguridad Alimentaria es estrecha y significativa, siendo la pobreza la causa
básica y principal de la Inseguridad Alimentaria. Los grupos vulnerables o en situación de
Inseguridad Alimentaria son aquellos en situación de pobreza y pobreza extrema o en riesgo para
esa situación. Comúnmente se usa la renta para estimar la parcela de la población que no tiene
condiciones de alimentarse continuamente y que, por tanto, está propicia a pasar hambre. Pero,
estar debajo de la línea de pobreza no significa, necesariamente, persona con hambre ya que, por
ejemplo, en las áreas rurales familias pobres pueden tener agricultura de subsistencia y no pasar
hambre, también es muy posible encontrar familias pobres que consiguen alimentarse gracias a
beneficios públicos a través de programas sociales, beneficios de la rede privada de filantropía,
caridad de otras personas, etc. Otro aspecto puede ser que familias con una renta extremamente
baja en una región urbana más rica raramente sufre de desnutrición, y ya esa misma familia, en
una región rural muy pobre, está más amenazada por la posibilidad de no tener que comer. Un
municipio pobre no tiene como costear programas asistenciales, no consigue construir y mantener
una rede que impida que la familia pobre caiga en la desnutrición (49,50).
Todo eso indica que la línea de pobreza y de indigencia, a pesar de que pueden ser usados como
indicadores de riesgo de Inseguridad Alimentaria, no pueden ser evaluados de forma aislada y
tienen que ser analizados de forma bien cuidadosa. Discutir miseria o pobreza es diferente de
discutir insuficiencia alimentaria; los resultados talvez hasta reflejen la parcela de la población con
falta de renta, pero no la población con falta de alimentos.
Variables e indicadores nutricionales
Para una real comprensión de los problemas de Seguridad Alimentaria, aparte de la información
analizada anteriormente, también se requiere información sobre nutrición con el fin de elaborar
informes que abarquen la situación alimentario - nutricional y los factores que influyen sobre ésta.
El objetivo final de la Seguridad Alimentaria es el bienestar nutricional de la población, por lo que
para su análisis integral es necesario conocer el estado nutricional de la población. La información
antropométrica puede proporcionar complementos útiles, puesto que la medición se efectúa
individualmente, no obstante, tales complementos son resultado de cambios en los indicadores
anteriores, así como del entorno, de la salubridad y saneamiento y de otros factores y sobre todo
señalan la Inseguridad Alimentaria ya existente.

�Debido a que las repercusiones de los cambios económicos en el estado nutricional de la
población no son inmediatas y los individuos tienen diferentes mecanismos de adaptación a las
bajas ingesta, los indicadores nutricionales más adecuados son los indicadores de tendencias
históricas. Los indicadores nutricionales en su conjunto son una expresión reconocida de calidad
de vida, de la cual la Seguridad Alimentaria es solo una parte, de esta forma los indicadores
antropométricos de poblaciones infantiles reflejan problemas de salud y de medio ambiente junto
con problemas de alimentación. Estos indicadores, al permitirnos clasificar a los grupos de
población según la gravedad de los problemas nutricionales, nos permiten fijar prioridades de
intervención que serán de utilidad para los programas de Seguridad Alimentaria en la medida en
que los criterios de identificación usados en nutrición sean compatibles con los criterios relativos a
los sectores considerados.
La interpretación de los indicadores nutricionales, en sentido general, necesita de grandes
cuidados, planteando tres problemas principales: determinar si el problema señalado es
efectivamente un problema de Seguridad Alimentaria, en comparación, por ejemplo, con un
problema de salud pública; determinar el grado de importancia del problema; y determinar cuál
podría ser la intervención normativa correcta.
Como se ha dicho la utilización de una fuente de información única no proporcionará de forma
clara las causas del problema. Una forma factible de análisis se encuentra cuando se comparan los
datos nutricionales con los del consumo de alimentos, no tanto sobre la ingestión cuanto sobre el
gasto en alimentos, para determinar si hay un problema en el acceso a los alimentos. Los
indicadores sanitarios también pueden aclarar sobre las posibles causas del problema. Un ejemplo
característico es encontrar un problema causado por una enfermedad gastrointestinal crónica,
debida a un saneamiento inadecuado, o por una enfermedad como el paludismo que interactúa
con formas leves de desnutrición creando problemas nutricionales graves.
La pregunta ¿cuán grave es la situación?, puede ser interpretada de dos formas: relacionándola
con las cifras de otros países similares o en función de la tendencia existente en el propio país. Se
deben analizar las prioridades sociales y políticas, los costos económicos para hacer frente al
problema y los beneficios que se conseguirían con su disminución.
La respuesta correcta depende de la magnitud relativa y la concentración del problema nutricional
y de si se trata primordialmente de un problema de Seguridad Alimentaria. Si, por ejemplo, el 40%
de la población padece de un problema nutricional relacionado fundamentalmente con la
alimentación, se deberá dar una respuesta normativa amplia que probablemente influya sobre los
principales parámetros macroeconómicos, como los niveles de precio y el nivel general de la
actividad económica. Ya un problema que afecte gravemente el 5% de la población, puede
encararse desde una perspectiva rigurosamente selectiva (51,52,53).
Los indicadores nutricionales más frecuentemente utilizados, y como deben ser interpretados, son (
54-57):
- Porcentaje de niños con bajo peso al nacer (menos de 2500g)
Es un indicador útil en situaciones estables, en las que puede utilizar para medir cambios en la
malnutrición maternal al cabo del tiempo (el bajo peso al nacer está relacionado con mala nutrición
de las madres).
- Prevalencia de baja Estatura para la Edad en niños en edad preescolar o escolar (Retraso
del crecimiento o enanismo)
Indicador de crecimiento esquelético (lineal) comprometido debido a restricciones en un o más de
los siguientes factores: nutrición (la calidad de la dieta es una limitación más frecuente que l

�cantidad), salud, interacción madre-infante. Es el efecto acumulado de carencias nutricionales y / o
de salud por largos períodos o repetidos o durante períodos críticos del crecimiento. Indica
desnutrición crónica. Puede evaluarse en situaciones estables para medir mudanzas nutricionales
con el tiempo y también permite conocer diferencias regionales en el estado nutricional (lo cual se
mejora cuando combinado con Peso para la Edad).
- Prevalencia de bajo Peso para la Estatura en niños en edad preescolar o escolar
(Emaciación)
Es el resultado de déficit de energía y / o falta de apetito debido a alguna enfermedad, mal
absorción o pérdida de nutrientes. Indica desnutrición aguda. Clasifica como normales a los niños
con pobre crecimiento lineal. Se usa para identificar niños con estado nutricional más deficiente en
una población y para evaluar mejoras en el corto plazo.
- Prevalencia de bajo Peso para la Edad en niños en edad preescolar o escolar (Insuficiencia
ponderal o peso insuficiente)
Este indicador confunde los dos procesos anteriores (se influencia por el peso y por la estatura),
por lo que no debe ser usado solo para evaluar la Seguridad Alimentaria. Representa tanto un
crecimiento lineal insuficiente como malas proporciones corporales por causa de la desnutrición
global.
- Prevalencia de bajo Índice de Masa Corporal (IMC) en adultos o adolescentes
Los adultos sufren de bajo peso como resultado de ingesta inadecuada de energía, no
compensado en la actividad física o enfermedad (severa). Indica desnutrición aguda. Actualmente
se reconoce que el IMC es un indicador simple y objetivo del estado de salud y nutrición de la
población adulta y que parece estar muy estrechamente relacionado con el consumo de alimentos,
su utilidad fue analizada en los documentos elaborados por FAO/OMS en la Conferencia
Internacional sobre Nutrición celebrada en Roma en 1992.
Parámetros establecidos por la Organización Mundial de la Salud define como normal un
porcentual de 3 a 5% de personas abajo del límite estipulado; prevalencia de déficit energético
(hambre) leve, cuando el porcentual de personas con IMC&lt;18.5 Kg/m2 está entre 5 y 9%; alta,
cuando los valores oscilan entre 10 y 40%; y muy alta, cuando los valores representan más del
40% de la población. Esta clasificación indica que la presencia de números significativos de adultos
(digamos 10%) con IMC muy bajo, indica la necesidad de ayuda de emergencia más de que
rehabilitación o de desarrollo.
- Prevalencia de baja Circunferencia Media del Brazo en niños, adultos y adolescentes
Indicador alternativo cuando no es posible tener datos de peso y estatura, sobretodo en
situaciones de emergencia. Reducir las análisis al brazo tiene la ventaja de mostrar la masa de
apenas tres tejidos (hueso, músculo y tejido adiposo), los dos últimos de los cuales son
particularmente sensibles a la ganancia / pérdidas de peso corporal. Indica desnutrición aguda. No
permite discriminar entre la desnutrición leve y el bien nutrido.
- Prevalencia de bajo suero retinol en niños en edad preescolar
La deficiencia de Vitamina A es producida por baja ingesta en la dieta o por alta frecuencia de
infecciones que produce el secuestro de Vitamina A de la sangre.

�- Prevalencia de hemoglobina baja (anemia) en niños en edad preescolar, mujeres no
grávidas y no lactantes y hombres
La anemia es producto de baja ingesta o mal absorción de hierro, o como resultado de alguna
enfermedad. En el caso de las mujeres también puede ser por pérdidas excesivas de sangre. En el
caso de los hombres es rara, excepto en condiciones de deficiencia extrema de ferro. La
desnutrición proteico-energética severa y la deficiencia de Vitamina B12 / Ácido Fólico también
pueden producir anemia. La deficiencia de nutrientes en niños y adultos debe pensarse como un
problema de acceso a los alimentos.
- Prevalencia de mujeres embarazadas de 15 - 49 años con anemia
La anemia en mujeres embarazadas, como indicador de Seguridad Alimentaria, debe ser analizada
por separado y con cuidado ya que muchas veces la deficiencia se presenta por condiciones
biológicas una vez que las embarazadas presentan mayores necesidades de hierro para hacer
frente a las pérdidas basales, al creciente volumen sanguíneo de la madre y el rápido crecimiento
del feto y la placenta, predominando las necesidades del feto sobre las de la madre.
- Prevalencia de bocio en escolares
El bocio es producido por deficiencia de Yodo en la dieta.
Mediciones del estado de salud
Son datos necesarios por las interrelaciones indiscutibles entre la Seguridad Alimentaria, la
nutrición y la salud. Abarca datos clínicos y otros del sector sanitario que se relacionan con la
utilización biológica de los alimentos. En muchos casos, estos d8atos incluyen subconjuntos de
datos sobre indicadores de la nutrición obtenidos mediante encuestas nacionales sobre nutrición o
sistemas de vigilancia y supervisión a cargo de una dependencia de nutrición cuya sede se
encuentra, por lo general, en el ministerio de salud (58,59,60).
Los más comúnmente usados son (61-64):
- No de familias con problemas de saneamiento básico
- % da población (o familias) urbana y rural con abastecimiento de agua potable
- % de hogares a menos de 100 m de una fuente de agua
- % de la población que usa servicios públicos de rede de agua y de eliminación de excretas
- % de la población que colecta la basura
- Prevalencia de enfermedades infecciosas y epidemias (paludismo, cólera, SIDA y otras)
- Porcentaje de preescolares y escolares con problemas de Enfermedades Diarreicas Agudas e
Infecciones Respiratorias Agudas
- Porcentaje de preescolares con esquema incompleto de vacunación
- Tasa de inmunización contra el sarampión, tuberculosis, poliemelitis, difteria, tosferina y el tétanos
(niños de un año)

�- % de mujeres con atención prenatal
- Porcentaje de partos atendidos por personal de salud capacitado
- % de mujeres grávidas de 15 a 49 años con anemia
- % de mujeres grávidas inmunizadas contra el tétano
- % de cobertura de programas de suplementación alimentaria
- % de niños menores de 4 y 6 meses con lactancia materna y con lactancia materna exclusiva
- No de camas en hospitales, de consultas y de profesionales de la salud por habitantes
- Tasa de mortalidad infantil
Razón resultado del número de niños, menores de un año, muertos en un área y tiempo
determinado (un año) y el total de nacidos vivos en el área y año de estudio. El valor se expresa
por cada mil nacidos vivos.
- Tasa de mortalidad materna
Razón resultado del número de muertes femeninas por causa puerperal en un área en un tiempo
determinado (un año) y el número de nacimientos vivos en el área y año de estudio. El valor se
expresa por cada mil nacidos vivos.
Encuestas cuantitativas sobre ingestión alimentaria
Permiten conocer el problema alimentario y nutricional en un tiempo dado. Se realizan
generalmente en el ámbito familiar. La composición del consumo de alimentos es el resultado final
de una serie de factores como los hábitos alimentarios, el poder de compra de la familia (que
agrega la renta familiar y precio de los alimentos) y la oferta. Es justamente la participación relativa
del costo de la alimentación en la renta total que acaba determinando la cesta de alimentos de la
familia, y marcando las diferencias de consumo entre las diferentes clases de renta de la
población.
A nivel del hogar las encuestas son el método básico más utilizado para conocer el consumo de
energía alimentaria y para determinar el estado de la Seguridad Alimentaria y, por consiguiente, las
medidas normativas apropiadas. Estas encuestas son importantes pero miden situaciones de una
manera estática y no los riesgos subyacentes que se puedan presentar. Los resultados se pueden
expresar como promedio de ingestión de los miembros del hogar y se puede desglosar más la
información teniendo en consideración la composición por edad y sexo de los miembros del núcleo
familiar. Además permiten examinar las modalidades del consumo de alimentos por estratos de
ingresos, clases sociales, variables socioeconómicas y por zonas geográficas. Además pueden
ejecutarse de manera tal que sea posible establecer comparaciones entre las modalidades de
consumo de alimentos en diferentes períodos del año para poder identificar los problemas de
Inseguridad Alimentaria estacional.
Otros aspectos que pueden y deben ser vinculados en los estudios sobre el consumo de alimentos
son los análisis de desperdicios, sobras, alimentación fuera de la casa, donaciones, trueque de
alimentos y la influencia de los programas sociales. Además no debe dejarse de resaltar la
importancia de estos estudios para instrumentos de análisis económicos, como las curvas de

�demanda por alimentos específicos, relacionados a los precios; los índices de precios al
consumidor; y la construcción de las cestas básicas de alimentos (65,66,67,68).
Hay cuatro clases principales de procedimientos de reunión de datos para las encuestas sobre el
consumo en los hogares (69,70,71).
· El método del inventario, que mide las existencias de los hogares al comienzo y al final de la
encuesta y, además, registra todos los alimentos que entran en el hogar durante dicho período,
trátese de compras, regalos o producción familiar. El plazo abarcado normalmente se sitúa entre
tres y siete días.
· El método del recordatorio, que se basa en un cuestionario estructurado en que se enumeran los
alimentos para ayudar al entrevistado a recordar las cantidades y los precios de todos los
alimentos consumidos en el hogar. Por lo general abarcan un período de tres a siete días. Una
serie de consideraciones deben tenerse presente: es muy importante que la lista de alimentos
especificada sea detallada y exhaustiva (el uso de listas cortas conducen a una subestimación del
consumo de un 25 a un 75%); las preguntas deben distinguir sin ambigüedad entre la cantidad de
alimentos comprados, la cantidad preparada para el consumo y la cantidad de alimentos servidos;
expresar los valores en unidades de Kg. o Lt. Entre las fortalezas y debilidades del método
podemos mencionar que: i. el método, desde la hora que las preguntas son retrospectivas, reduce
la posibilidad de que los individuos cambien de comportamiento como resultado de la observación;
ii. la estimación del número de calorías disponibles para el consumo es cruda, no es obvio para los
que responden de que forma pueden ser manipuladas sus respuestas; iii. es útil en investigaciones
de grandes proporciones; iv. el método no es apropiado para captar los alimentos consumidos
fuera de la casa y no reporta con exactitud pues depende mucho de la memoria; v. no considera
las pérdidas ni permite analizar diferencias intrafamiliares.
· El método de contabilidad de los alimentos, que se utiliza sobre todo en los países
industrializados, en los que los hogares no suelen guardar grandes cantidades de alimentos. El
ama de casa lleva el registro de la cantidad de alimentos comprados durante el período de la
encuesta.
· El método de las anotaciones del peso de los alimentos consumidos en el hogar todos los días,
que resulta apropiado para encuestas en pequeña escala. Este método supone que el investigador
visite la casa todos los días y la FAO lo recomienda en particular para las zonas rurales en las que
la alimentación es simple, la producción familiar es importante y las medidas no están
estandarizadas.
Con las encuestas anteriores, o la implementación de un método específico, es posible recabar
información sobre el presupuesto familiar, para obtener las cifras sobre el costo de vida. En estos
análisis, muchas veces son más importantes las cifras relativas a los ingresos y gastos que el
consumo. Sin embargo, si se dispone de información sobre los precios, preferentemente reunida
en la encuesta misma, es posible hacer inferencias sobre las cantidades de alimentos que ingresan
en el hogar. El grado de precisión de esta aproximación sobre el consumo global de alimentos del
hogar dependerá de la importancia relativa de los alimentos comprados en la dieta total.
Las encuestas cuantitativas, además de ser usadas a escala familiar, se implementan en el ámbito
individual. Los métodos de entrevistas basadas en el recordatorio de 24 horas o en el registro de
tres días, pueden ofrecer un cuadro de las modalidades del consumo individual de alimentos por
grupos específicos, y por lo general requieren un elevado grado de colaboración por parte de la
persona entrevistada ya que suelen representar una tarea agobiante.
Hay dos enfoques básicos utilizados para la colecta de datos: la observación y la memoria. En el
primero (método más exacto pero más caro, demorado y difícil) un investigador reside en la casa a

�lo largo de un día entero, midiendo / pesando la cantidad de comida servida a cada persona y la
cantidad de comida preparada y no servida (“desperdicio en el plato”). En el método de la memoria
el investigador entrevista a cada miembro de la casa en relación con los alimentos consumidos en
un período previo de 24 horas. Por su parte, el entrevistado tiene que recordar, definir y cuantificar
su ingestión alimentaria para lo cual se pueden usar fotografías, réplicas de alimentos y kits con
medidas caseras que, además de ayudar a reducir los problemas de memoria, permiten
estandarizar las medidas y disminuir los errores de estimación de las porciones. Ambos métodos
evalúan también los alimentos comidos como refrigerios y las comidas fuera de la casa.
Las limitaciones se relacionan con la precisión del recuerdo (existe la tendencia de subestimar el
tamaño de la porción), la habilidad del entrevistador y al hecho de no permitir englobar las
variaciones estacionarias. Sin embargo, es el método que produce, cuando es implementado
correcta y repetidamente (para analizar variaciones día a día de la ingestión intra-personal e intrafamiliar), la medida más precisa de ingesta calórica individual. Por lo tanto también representa la
medida de consumo de alimentos más precisa con relación a la Seguridad Alimentaria y Nutricional
o riesgo del individuo. El método también permite determinar la distribución intrafamiliar de
alimentos.
Por último quisiéramos mencionar que existen dos métodos, que a pesar de que hay poca
experiencia en su uso en los estudios de Seguridad Alimentaria y Nutricional, tienen grandes
atractivos. El primero es el método de la “Diversidad de la Dieta”, el cual describe la frecuencia
(frecuentemente / semanalmente / mensualmente / nunca) con que un número de alimentos
diferentes son consumidos durante un período de tiempo especificado (por lo general 30 días). Los
resultados están correlacionados con los niveles de adquisición calórica, los cambios de estación y
la calidad de la dieta. El segundo método es todavía menos conocido y realmente tiene más bien
un abordaje más cualitativo, es el “Índice de Estrategias de Ajuste” que está basado en preguntas
relacionadas a como las familias se adaptan a la escasez de alimentos.
Encuestas rápidas y sistemas locales de información
Se utilizan con el fin de estudiar un fenómeno específico y medir la forma en que las personas
perciben la Inseguridad Alimentaria y el hambre. Estos sistemas de información sobre Seguridad
Alimentaria, deben proporcionar los datos para identificar los problemas de los grupos vulnerables
y seguir la situación alimentaria a lo largo del tiempo midiendo los cambios; parten de la premisa
de que la gente local tiene una enorme cantidad de conocimientos locales. Estas encuestas tienen
la ventaja de proporcionar en plazos breves y a costos no elevados una estimación de los hábitos
alimentarios de determinados grupos, o una caracterización geográfica y socioeconómica de los
grupos de mayor riesgo nutricional; requieren de un equipo de trabajo pequeño; y brindan detalles
que podrían perderse mediante métodos más convencionales. Sin embargo requieren de personal
altamente entrenado, no son apropiadas para los propósitos de la focalización, carecen de
procedimientos de validación claros y no permiten la generalización de los resultados. Las
estimaciones rápidas brindan aportes de interés a la Seguridad Alimentaria sobre todo en el marco
de la planificación descentralizada, cuando se carece de datos estadísticos desagregados en los
niveles deseados.
Existen diversos procedimientos, basados en el uso de información cualitativa, para estimular y
evaluar la participación comunitaria en la solución de sus problemas, debido a la diversidad de
fuentes de información que con ellos se pueden utilizar deben ser ajustados a las características
de cada país o región. Los antecedentes de hambre e Inseguridad Alimentaria se analizan a través
de Encuestas Cualitativas pues facilitan medir las percepciones.
Las técnicas de Evaluación Rápida (ER) y de Evaluación Rápida Participativa (ERP) con frecuencia
son consideradas iguales: ellas procuran el insumo local usando técnicas similares y suponiendo
actitudes similares por parte del personal del proyecto. Sin embargo, hay diferencias. La máxima
meta de la ERP es darle poder de decisión a la comunidad. Esto involucra la participación intensa

�de la comunidad (la gente local domina la agenda, decide como expresar y analizar la información,
planear y evaluar) y supone una agenda de investigación abierta. Los métodos de ER, por lo
contrario, son para suministrarles información rápida a los investigadores. La ER requiere de la
participación de los miembros de la comunidad pero la agenda de investigación está predefinida y
el período de tiempo es bien corto (72,73,74,75).
Los llamados Procedimientos Participativos de Apreciación Rápida o Apreciación Participatoria
Rápida han sido una metodología muy bien valorada. Estos pueden ser idóneos ya que en ellos se
vinculan los métodos científicos con mejores resultados para obtener este tipo de información,
porque además con ellos es posible elaborar planes de acción específicos para cada uno de los
problemas detectados, porque permiten tener en cuenta la muliticausalidad de la Inseguridad
Alimentaria, y porque posibilitan el alcance de las estrategias planteadas para el logro de la
Seguridad Alimentaria Familiar (76,77,78).

Una medida integral de la seguridad alimentaria
Dado lo complejo que resulta la medición de la Seguridad Alimentaria se han realizado numerosos
intentos para calcular índices que reflejen el nivel de Seguridad Alimentaria de una región o país,
abarcando los tres requisitos que deben cumplirse para su existencia: disponibilidad, acceso y
estabilidad. Pero ésta tarea no ha sido nada fácil ya que ese índice no podría ser reflejado por un
producto simple de sus tres componentes, si no que además debe reflejar los factores bajo los
cuales los componentes son influenciados y las interrelaciones entre ellos. Se basan
principalmente en los estudios de consumo de alimentos por lo que se refieren únicamente a la
situación alimentaria (miden la subnutrición osubalimentación), no refieren la situación
nutricional y de salud de las personas (no miden lamalnutrición, en especial su principal
manifestación que es la desnutrición).
El Índice Global de Seguridad Alimentaria Familiar (IGSAF)
Los índices integrales de Seguridad Alimentaria se basan en los conceptos
de brecha alimentaria(diferencia entre el consumo efectivo y el consumo necesario), brecha
relativa (cociente entre la brecha y las necesidades) y en el análisis de carencias de
alimentos. Se considera que existe brecha alimentaria cuando el consumo es menor que las
necesidades, caso el consumo ser mayor que las necesidades la brecha tiene valor 0. El análisis
de carencias implica analizar tres aspectos a los cuales un índice adecuado debe ser sensible:
· Incidencia (H): Porcentaje de la población que presenta brecha o carencia alimentaria
· Profundidad (G): Tamaño o magnitud promedio de las brechas (absoluta o relativa) de todas las
familias con carencia
· Severidad (U): Incidencia de las brechas más extremas dentro de la población con carencias o
grado de desigualdad entre las personas con carencias
Representando los conceptos anteriores de forma matemática obtenemos:
· H = Personas con insuficiencia / Total de personas
· G = Suma de brechas absolutas de las personas con insuficiencia/Personas con insuficiencia
· U proviene del índice de Gini, y por consiguiente de la curva de Lorenz, que mide la desigualdad
de una distribución, como muestra la figura siguiente

�Construyendo el indicador utilizando fórmulas matemáticas obtenemos:
· HG = Suma de brechas de las personas con insuficiencia / Total de personas. HG es
la insuficiencia alimentaria per capita. Si las necesidades están expresadas en calorías, indica
cuantas calorías adicionales por habitante serían necesarias para cubrir todas las brechas
existentes (suponiendo que esas calorías adicionales fuesen asignadas precisamente a las familias
con carencias alimentarias)
· 1-G es el complemento de la brecha relativa, o sea, es el consumo efectivo (como porcentaje de
las necesidades)
· H(1-G)U representa la severidad de la insuficiencia (en función de la desigualdad del consumo de
alimentos de las personas subalimentadas)

De esta forma hemos obtenido un índice sensible a cambios en la incidencia, la profundidad y la
severidad de las carencias de alimentos de la población, representando así las cuestiones
relacionadas con la disponibilidad y acceso a los alimentos. Falta considerar el problema de la
estabilidad en el tiempo, relacionado tanto a la disponibilidad como al acceso, lo cual resulta difícil
de estimar (contrario a los parámetros H, G y U que son fáciles de obtener a partir de encuestas de
consumo de alimentos) por lo que será mínima la atención que le daremos. Es razonable pensar
que el factor estabilidad (V) debe ser representado a través del coeficiente de variación promedio
que sufre la suficiencia de alimentos de la población. Dado que en algunos años la disponibilidad
estará en el promedio, otros años estará por encima y otros por debajo se utiliza la mitad del
coeficiente de variación (en promedio esa es la amplitud de la oscilación que podría presentarse).

�En definitiva, el IGSAF es igual a uno menos un índice integral de "Inseguridad Alimentaria" que
refleja simultáneamente la incidencia del bajo consumo de alimentos, la brecha promedio entre el
consumo y las necesidades, el grado de desigualdad en esas brechas entre las diferentes
personas afectadas, y la variabilidad de esa situación a lo largo del tiempo. Esto mismo expresado
con otras palabras significa que el IGSAF combina el indicador de disponibilidad de alimentos
percápita para el consumo humano, es decir, el suministro de energía alimentaria medida en Kcal,
y la información sobre la distribución de los alimentos disponibles para obtener una estimación del
% de población que por término medio durante el año no dispone de alimentos suficientes para
mantener el peso corporal y desarrollar una actividad física ligera; el nivel de desnutrición lo marca
el cálculo del déficit alimentario de las personas desnutridas con respecto a las necesidades
nacionales de energía; y el alcance de la desnutrición relativa se mide por medio del cálculo de la
desigualdad de la distribución de los déficit alimentarios.
El IGSAF ha sido utilizado a nivel mundial más que a nivel de los países, pues los indicadores
deben basarse en datos nacionales detallados por lo que sirve para estudiar la variación de la
Seguridad Alimentaria entre países. Los valores del IGSAF oscilan entre 0 y 100 donde cero
representa el hambre endémica total y 100 la Seguridad Alimentaria completa (79,80,81,82).
Índices FAO de prevalencia y magnitud de la subnutrición
En los últimos años la FAO presenta anualmente estimaciones de las tasas de prevalencia de la
subnutrición y de la magnitud promedio de la subnutrición, a partir de datos de consumo individual
o familiar de alimentos. Caso de no conocerse el consumo, la FAO estima los valores a partir de la
media de ingestión percapita (extraída de las hojas de balance de alimentos) y una estimación de
la desviación estándar de la ingestión entre los hogares a partir de la distribución del consumo, de
los gastos en alimentos o de la renta del país (obtenidos a partir de encuestas sobre gastos y renta
de las familias).
En los términos analizados más arriba, la tasa de prevalencia de la subnutrición equivale al
índice H, es decir, el porcentaje de personas subalimentadas, mientras que la "magnitud" de la
subnutrición equivale a la brecha alimentaria promedio en términos absolutos, es decir, el número
de calorías que le falta (en promedio) a la población subalimentada para llegar a cubrir sus
necesidades mínimas (valor referido a IMC = 18.5 que representa el 85% de las necesidades
energéticas promedio), detectando los niveles más graves de subnutrición . Para el cálculo se toma
la estatura efectiva de los adultos y la estatura normativa de los niños y adolescentes.
Los índices elaborados actualmente por la FAO no miden la severidad de la carencia de alimentos
(es decir la desigualdad entre los individuos subalimentados) ni tampoco la inestabilidad de esa
situación a lo largo del tiempo. Las estimaciones por países se encuentran en las publicaciones
anuales del Estado de la Inseguridad Alimentaria en el mundo (83,84,85).
Índices aditivos o descomponibles: la familia FGT (Foster, Greer y Thorbecke)
Un inconveniente de los índices anteriores es que no son aditivos o descomponibles. Un índice es
aditivo si su valor total es igual a la suma ponderada de los índices de sus partes componentes.
Por ejemplo, si un país tuviese tres regiones A, B y C, donde vive respectivamente un 50%, 30% y
20% de la población, el índice T del país sería igual a 0,50TA + 0.30 TB + 0.20 TC. Lo mismo
ocurriría si en lugar de regiones se tratase de diferentes grupos sociales, diferentes grupos étnicos,
etc. Esta cualidad es muy útil para el análisis de políticas, ya que permite medir directamente el
impacto que una mejora parcial tendría sobre el nivel general del índice.
Los índices de FGT son simplemente varias clases de promedio de las brechas relativas
individuales. La fórmula general para un índice FGT de orden α es la siguiente:

�En esta fórmula general, las brechas relativas individuales son elevadas al exponente α, y su suma
es dividida por el número total de individuos considerados, N, para obtener un promedio de las
brechas relativas (elevadas a un cierto exponente) por habitante. Nótese que la suma de todas las
brechas es equivalente a la suma de las brechas de los K individuos con carencia alimentaria, ya
que para el resto la brecha es cero. El valor que se dé al exponente es lo que permite generar
varios índices FGT para fines específicos.
Cuando α=0 todos los términos de la sumatoria (desde el individuo 1 hasta el individuo K) resultan
iguales a uno, pues cualquier número elevado a la potencia cero es igual a uno. En ese caso, la
sumatoria de brechas será igual a K. Por lo tanto, el índice FGT0 será igual a K/N, es decir, igual
a H, la incidencia de las carencias alimentarias. En efecto, K/N es simplemente la proporción de
individuos cuyo consumo de alimentos es inferior a los requerimientos normativos.
Cuando α=1, las brechas relativas simplemente no son alteradas al ser elevadas al exponente uno,
y por lo tanto la fórmula de FGT1 corresponde a la brecha relativa por habitante. Visto desde otro
ángulo, este índice es equivalente a HG, ya que equivale a la brecha relativa promedio de las
personas con carencia, multiplicada por la tasa de incidencia de esas carencias.
Cuando α&gt;1 se produce un efecto muy importante: cuando todas las brechas relativas son
elevadas a ese exponente α, las brechas más grandes terminan pesando más que las brechas
más pequeñas. Si bien cualquier exponente superior a uno tiene esta propiedad, cuanto más
grande sea el exponente α mayor importancia se le estaría dando a las brechas grandes respecto
a las pequeñas. Por convención el índice más usado es el que se basa en α=2.

Este índice es sensible a cambios en la incidencia, la profundidad y la severidad de las carencias
alimentarias (no incluyen una medición de la variabilidad o estabilidad de esa situación).
Aumentaría en cualquiera de las siguientes situaciones:
· Cambios en la incidencia: Si un sujeto bien alimentado pasa a consumir menos que sus
requerimientos
· Cambios en la profundidad: Si todos los sujetos con carencia disminuyen a la vez su consumo en
un determinado porcentaje
· Cambios en la severidad: Si un individuo con brecha pequeña pasa a tener una brecha más
grande de su consumo alimentario respecto a sus necesidades. (86,87)
Se conocen pocas experiencias de trabajo con el uso de los índices FGT en la evaluación de la
Seguridad Alimentaria. Sin embargo, dado que para sus cálculos solamente se necesita conocer la
distribución del consumo de alimentos respecto a las necesidades, se presentan como indicadores
de un grandísimo potencial. La estabilidad podría ser estimada de forma cualitativa.

Últimos avances relacionados con la información y medición de la
seguridad alimentaria

�El Método “Conjunto de Indicadores”
Método analizado recientemente en el Simposio Científico Internacional (ISS) sobre Medición y
Evaluación de la Carencia de Alimentos y la Subnutrición. El principal punto sobre el que se
alcanzó un consenso en el Simposio fue que ninguna medición puede captar por sí sola todos los
aspectos del hambre y dimensiones de la Seguridad Alimentaria.
Los cinco métodos examinados en el Simposio, que constituyen el conjunto de indicadores, fueron
los siguientes: i) el método de la FAO para medir la subnutrición mediante una combinación de
información procedente de hojas de balance de alimentos y de encuestas sobre gastos e ingresos
de los hogares; ii) el método para medir la Inseguridad Alimentaria utilizando datos de encuestas
sobre ingresos y gastos de los hogares; iii) el método para medir la suficiencia de la ingestión
alimentaria tomando como base encuestas sobre la ingestión individual; iv) el método para medir el
estado nutricional de los niños tomando como base encuestas antropométricas; y v) los métodos
cualitativos para medir la forma en que las personas perciben la Inseguridad Alimentaria y el
hambre. Los tres primeros métodos comparan la disponibilidad de energía alimentaria y la
ingestión con las necesidades energéticas, mientras que el cuarto mide los resultados nutricionales
y el quinto la forma en que las personas perciben el hambre. Referido a los componentes de la
Seguridad Alimentaria: el método de la FAO mediría la disponibilidad, las encuestas sobre gastos
de los hogares y sobre ingestión individual de alimentos medirían el acceso, el método
antropométrico mediría la utilización, y el método cualitativo mediría la estabilidad del acceso o la
vulnerabilidad a la Inseguridad Alimentaria.
Los principales criterios de selección de los indicadores fueron: validez (con que precisión el
indicador mide lo que pretende medir), fiabilidad (si la medición puede ser repetida en otras
muestras), utilidad (con que rapidez y frecuencia la información está disponible y si son razonables
los costos de la recopilación en cuanto al tiempo, equipo y capacitación del personal).
La principal conclusión del Simposio fue la necesidad de mejorar los métodos actuales de medición
y de elaborar nuevos, para poder disponer de métodos exactos, confiables y oportunos que midan
la prevalencia del hambre, la vulnerabilidad, y las mudanzas en el curso del tiempo. También se
ratificó la necesidad de centrar la atención en el análisis de las tendencias ya que su comparación
es muy importante para examinar las variaciones entre países, las mudanzas en el curso del
tiempo dentro de cada país y las posibles causas de la Inseguridad Alimentaria en términos de
disponibilidad, acceso, utilización y estabilidad. Las tendencias de los indicadores, al poder indicar
las causas probables del hambre, permiten ofrecer orientación a los encargados de formular
políticas. Por lo tanto, si las mediciones de la FAO en un país indican notables mejoras en un
determinado período de tiempo, mientras que las mediciones antropométricas muestran pocas o
nulas mejoras, los encargados de formular políticas pueden utilizar esta información para centrar
sus intervenciones en el ámbito de la higiene y la salud pública y no en el del aumento del
suministro de alimentos.
Los aspectos negativos de la propuesta también fueron analizados. Al abogar por el uso de un
conjunto de indicadores también es necesario tener presentes algunos posibles escollos. Por
ejemplo, las partes interesadas a nivel nacional expresaron su preocupación por las excesivas
peticiones de información de los organismos internacionales, en cuya recopilación se emplean a
menudo recursos nacionales escasos sin que el uso de la información reporte un beneficio
proporcional. En opinión de muchos, sería preferible ayudar a los países a utilizar mejor la
información que ya tienen, eliminar la duplicación o colmar las lagunas: éste es el criterio que
aplica el Sistema de Información y Cartografía sobre la Inseguridad Alimentaria y la Vulnerabilidad
(SICIAV). La demanda de información debe provenir de los propios países, y la creación de la
capacidad a nivel nacional para generar y utilizar información es fundamental para cambiar esa
demanda y, por ende, la calidad de la información generada (88).
EL SICIAV y la Vigilancia Alimentario y Nutricional

�Hasta el siglo XIX las fluctuaciones demográficas estaban asociadas a tres factores principales
(guerras, hambre, epidemias) con frecuencia asociados a las fluctuaciones de la producción
alimentaria. El desarrollo comercial e industrial cambió progresivamente esa situación en los países
industriales, donde la población se alimenta cada vez menos con lo que produce ella misma. El
seguimiento demográfico daba hasta entonces una idea (ex-post) de la Inseguridad Alimentaria. En
los países poco industrializados, donde la producción para auto subsistencia o la autosuficiencia
alimentaria seguía siendo la principal fuente de alimentos, los sistemas de seguimiento de la
alimentación se basaban principalmente en el conocimiento de las producciones agrícolas locales.
Luego después de los inicios relacionados con la información de la Seguridad Alimentaria, estos
sistemas han ido evolucionando marcados por diferentes etapas como las grandes escasezes de
alimentos del decenio de 1970 que organizó el seguimiento nutricional de los niños pequeños
como una base de información y asistencia a los más desfavorecidos, la Conferencia Mundial
sobre la Alimentación celebrada en Roma en 1974 que realizó hincapié en buscar el equilibrio
entre la oferta y la demanda de los alimentos básicos, la época del ajuste estructural y las
privatizaciones que concientizó los problemas de acceso (pobreza), la mundialización del comercio
y la rápida difusión de sistemas modernos de comunicaciones queconcretizó mayores facilidades
para estos sistemas, la rápida urbanización de los países en desarrollo que se destacó por la visión
hacia los grupos vulnerables, la etapa de la descentralización de las decisiones y la Cumbre
Mundial sobre la Alimentación en noviembre de 1996 en Roma que indicó la necesidad de reducir
el número de personas desnutridas lo cual exige la concertación de los distintos responsables de la
Seguridad Alimentaria y la descentralización. En dicha cumbre los representantes de los gobiernos
decidieron hacer todo lo posible para reducir a la mitad el número de personas desnutridas
(estimado entonces en 800 millones) no más tarde del año 2015. Es entonces que los sistemas de
información tratan ahora de completar sus bases de datos con indicadores concretos sobre el
seguimiento de los desnutridos. (89)
Es así que se concretiza la idea de que los responsables políticos necesitan de información exacta
y actualizada sobre la incidencia, el carácter y las causas de la Inseguridad Alimentaria crónica y la
vulnerabilidad para poder elaborar y poder poner en práctica políticas y programas tendientes a
alcanzar los objetivos de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación y es ahí que surge la iniciativa
conocida con el nombre de “Sistema de Información y Cartografía sobre la Inseguridad Alimentaria
y la Vulnerabilidad” (SICIAV) cuya secretaría se confió a la FAO.
El SICIAV se encarga de ayudar a mejorar la información sobre las personas vulnerables y que
padecen de Inseguridad Alimentaria, a nivel internacional y nacional; entendiendo la vulnerabilidad
como la presencia de factores (condiciones estructurales demográficas, ambientales, económicas,
políticas y sociales) por lo que las personas corren riesgo de sufrir Inseguridad Alimentaria, lo que
permitirá abordar la problemática de la Inseguridad Alimentaria con más eficiencia y eficacia
(90,91).
A nivel mundial funciona un grupo de trabajo interinstitucional que apoya a los sistemas nacionales
y busca crear una base de datos y una red de intercambio de informaciones comunes. Entre sus
miembros se encuentran organismos de las Naciones Unidas, organismos de cooperación bilateral,
organizaciones internacionales y no gubernamentales.
Como una manera sencilla para iniciar el desarrollo del SICIAV, los países de América Latina y el
Caribe, con el apoyo de la FAO, han elaborado los perfiles nutricionales, o están en ese proceso,
cuyo objetivo es proporcionar descripciones concisas de la información alimentaria y nutricional e
informaciones sobre las causas de esa situación. La información es desagregada (para lo cual
algunos países han elaborado perfiles provinciales, departamentales o municipales), poniendo
especial énfasis sobre las tendencias cronológicas y las diferencias subnacionales, y se presentan
bajo un formato estándar para permitir comparaciones entre países.

�A nivel nacional un SICIAV debe ser implementado aprovechando los sistemas nacionales de
información y cartografía existentes que sean relevantes para la lucha contra la Inseguridad
Alimentaria y la desnutrición, como por ejemplo: los sistemas de información sobre la agricultura, la
salud, la Seguridad Alimentaria y nutrición de los hogares, el comercio, el clima y los fenómenos
naturales adversos, los sistemas de información geográfica para evaluación de la vulnerabilidad, y
los Sistema de Información para la Seguridad Alimentaria y la Alerta Temprana (SISAAT). Se
constituye así, el SICIAV como enlace entre estos sistemas de información ya establecidos que
recogen y analizan la información pertinente, por lo que no es necesario crear un sistema especial
con la denominación SICIAV. Dentro de los anteriores sistemas de información el SISAAT se
constituye como el más novedoso y reciente. Por un buen tiempo antes de la Cumbre, númerosos
países habían comenzado a organizar redes multidisciplinarias al nivel nacional y local. Una de
estas, desarrollada inicialmente en África, es la metodología SISAAT. Este método puede ser un
instrumento esencial para los SICIAV nacionales, consiste en un sistema de análisis cruzado de
datos, en un proceso amplio y participativo, para obtener datos que reflejen la situación de la
Seguridad Alimentaria en el páis que sea aplicado. Ella debe ser implementada por los altos
responsables técnicos nacionales que trabajan en las oficinas centrales y las descentralizadas, así
como a sus colaboradores encargados de la asistencia técnica. Estos sistemas nacionales también
tienen que aportar informaciones para la comunidad internacional encargarse del seguimiento y
orientar los progresos tendientes al logro de los objetivos mundiales determinados durante la
Cumbre Mundial sobre la Alimentación (92).
De esta manera, el SICIAV constituye una herramienta de monitoreo y evaluación de los Planes
Nacionales de Acción para la Alimentación y Nutrición y de Seguridad Alimentaria, elaborados en
seguimiento a la Conferencia Internacional sobre Nutrición (Roma, 1992) y la Cumbre Mundial
sobre la Alimentación (Roma, 1996).
Otro aspecto bien importante para el establecimiento del SICIAV es el desarrollo de la vigilancia
alimentaria y nutricional a nivel nacional, provincial y municipal. Como fue analizado en los
primeros momentos de nuestro trabajo la vigilancia alimentaria y nutricional constituye uno de los
tres tipos de información usados en la medición de la Seguridad Alimentaria. El SISVAN fue
preconizado en la década del 70, en la Conferencia Mundial de Alimentación (Roma, 1974),
recomendado por la OMS, OPAS, FAO y UNICEF por lo que ya existen experiencias nacionales
satisfactorias en la conducción de estos. Entonces, siguiendo las perspectivas de lo que nos toma
la atención (últimos avances relacionados con la información y medición de la Seguridad
Alimentaria) el diseño y operación de un Sistema de Vigilancia Alimentaria y Nutricional (SISVAN)
local se constituye como algo novedoso y que responde a los objetivos de descentralización
(93,94,95).
El SISVAN local sigue la definición dada en el primer momento que fue tratado la vigilancia
alimentaria y nutricional del presente documento, solo que en los municipios, comunidades o
localidades este concepto adquiere un nuevo sentido dado el hecho que un SISVAN local
dependerá de las características de la población, el ambiente, historia y organización de cada
comunidad por lo que bajo ninguna circunstancia debe ser visto como una receta o manual para
ser usado mecánicamente.
El objetivo de crear un SISVAN local es generar información sobre la situación alimentaria y
nutricional de la población local, con la participación coordinada de todos los sectores sociales
relacionados con la alimentación y la nutrición de las comunidades y con los miembros de la
comunidad. Esta información debe servir para la toma de decisiones que, de acuerdo a los
recursos disponibles, permita la ejecución de acciones destinadas a mejorar la Seguridad
Alimentaria de los grupos en mayor riesgo nutricional. Un fin secundario, es satisfacer las
necesidades de los niveles superiores e intermedios. Relacionando los diferentes niveles queda
claro como el sistema de información debe partir de abajo hacia arriba, en lugar del tradicional

�desarrollo de arriba hacia abajo, esta es una de las causas de los problemas por los cuales
han pasado los SISVAN nacionales en muchos países (96,97).
Si analizamos profundamente lo ya expuesto sobre un SISVAN local, podemos ver como es un
sistema que puede, debe utilizar y abarcar, de forma sencilla, los tres tipos de información para la
medición de la Seguridad Alimentaria (local): la vigilancia de la situación de la producción y
consumo de alimentos y el estado nutricional de la población; las encuestas cuantitativas sobre
ingestión alimentaria que ahora adquieren un nuevo significado al facilitarse su realización en el
contexto de las comunidades; y las encuestas rápidas y sistemas locales de información que
también adquieren un nuevo significado pues el SISVAN local es irrealizable sin la participación
comunitaria.
No es nuestro objetivo referir a profundidad las características de un SISVAN local pero en sentido
general podemos mencionar que su realización necesita de decisión y apoyo político; de recursos
humanos y tecnología computacional; de organización técnica y administrativa; y de un
financiamiento mínimo. La metodología abarca 4 pasos fundamentales y la selección y uso de
indicadores apropiados. Los pasos son: promoción y organización; diagnóstico participativo de la
situación alimentaria y nutricional de la comunidad; formulación del plan de acción intersectorial y
comunal del SISVAN local; y la ejecución y evaluación de las actividades programadas (98).
A pesar de que se reconoce que un Sistema de Vigilancia Alimentario y Nutricional local, basado
en el uso de información cualitativa, puede ser desarrollado de forma efectiva con vistas a mejorar
la Seguridad Alimentaria a ese nivel, con la participación de sus miembros, aún no existe mucha
experiencia con este tipo de trabajo en el mundo. Como fue mencionado, en parte anterior del
texto, los Procedimientos Participativos de Apreciación Rápida (adaptados a las condiciones
concretas de las comunidades) han sido bien considerados para estos fines, lo cual se hace
explícito en la Conferencia Internacional de Nutrición en 1992 (99,100).
La experiencia más cercana y bien sucedida que nos llega en relación a este tipo de trabajo lo
constituye los avances realizados en Cuba, donde se aplicó la metodología anteriormente citada
con el objetivo de obtener información sobre los problemas que sirvan para señalar las
necesidades de salud en la comunidad y elaborar un Plan de Acción con el fin de mejorar la
Seguridad Alimentaria de los miembros de la comunidad. Tal vez los resultados más revelantes
están expresados por las Guías Metodológicas (pre)-elaboradas que pueden resultar un modelo
lógico de actuación, una vez analizado las condiciones concretas, para su aplicación en acciones
tendientes a vigilar y mejorar la Seguridad Alimentaria de los miembros de las comunidades, con la
participación de estos. En un principio se plantea que la experiencia puede ser desarrollada en
otros países de Latinoamérica (101).

Resumen
La medición de la Seguridad Alimentaria constituye la base fundamental en la toma de decisiones
para su mejora. Por la complejidad que este concepto encierra, para captarla en sus múltiples
matices y seguir su evolución, se hace necesario el uso de una variedad de indicadores. En el
presente trabajo se expone de forma amplia los diferentes aspectos relacionados con la medición
de la Seguridad Alimentaria, incluyendo los aspectos más recientes del tema. Se utilizan tres tipos
de información en la medición de la Seguridad Alimentaria y de los cambios en los grupos
vulnerables: la vigilancia alimentario – nutricional, las encuestas cuantitativas sobre ingestión
alimentaria y las encuestas rápidas y sistemas locales de información; cada una de las cuales
presenta sus objetivos y características específicas. La vigilancia alimentaria – nutricional permite
determinar los cambios producidos en un tiempo determinado para lo cual utiliza indicadores
alimentarios de disponibilidad (cuyo instrumento son las hojas de balance de alimentos) y de
acceso (cuyo instrumento principal es la canasta de alimentos); indicadores del estado nutricional,
siendo los de tendencia histórica de poblaciones infantiles los más apropiados; e indicadores del

�estado de salud. Las encuestas cuantitativas sobre ingestión alimentaria permiten conocer el
problema alimentario y nutricional en un tiempo dado. Las encuestas rápidas y sistemas locales de
información son métodos sencillos con el fin de estudiar un fenómeno específico y medir los
cambios en los grupos vulnerables. Por último se abordan los indicadores que intentan realizar
mediciones integrales de la Seguridad Alimentaria y se destacan los últimos acontecimientos
relacionados con la medición de la Seguridad Alimentaria: el “conjunto de indicadores” y la
constitución del Sistema de Información y Cartografía sobre la Inseguridad Alimentaria y la
Vulnerabilidad (SICIAV) y la importancia de SISVAN locales. El SICIAV permitirá abordar la
problemática con más eficacia y eficiencia por su abordaje de la vulnerabilidad y el SISVAN local
permitirá abordar la problemática en el ámbito donde acontece, facilitando las acciones.
Palabras Claves : Seguridad Alimentaria / Medición de la Seguridad Alimentaria / Indicadores de
Seguridad Alimentaria / Evaluación de la Seguridad Alimentaria

Abstract
Measures of Food Safety are fundamental in decision-making for its improvement. Because this
concept is very complex in order to understand all its nuances and follow its evolution, it is
necessary to use a variety of indicators. In this survey, different aspects related to measures of
food safety are shown fully, including the latest aspects of the subject. Three types of information
are used in measuring food safety and changes of vulnerable groups: food-nutritional surveillance,
quantitative studies on food intake and quick studies and local systems of information; each one
has its own objectives and specific characteristics. Food-nutritional surveillance can determine
produced changes in a specific time using food indicators of availability ( the tools are balance
sheets of foods ) and accesss ( the main tool is the food basket ); nutritional status indicators, the
ones of historic tendency of infantil population are the most appropiate; and health condition
indicators. Quantitative studies on food intake permit to know the food and nutritional problem in a
given period of time. Quick studies and local systems of information are simple methods to study a
specific phenomenon and to measure changes in vulnerable groups. Finally, the indicators that try
to do integral measures of food safety and the latest facts related to measures of food safety are
underline: the “set of indicators” and the Constitution of Cartography and Information System on
Food Unsafety and Availability (SICIAV) and the importance of local SISVAN. SICIAV will permit to
take the problem with more effectiveness and efficiency because of its vulnerability approach and
local SISVAN will permit to take the problem in the place where it happens making easy the actions.
Key Words: food safety, measures of food safety, indicators of food safety, evaluation of food
safety.

Referencias
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101. Idem

�NUTRICIÓN BASADA EN LA EVIDENCIA
Jorge Luis Doreste Alonso y Lluís Serra Majem
Departamento de Ciencias Clínicas. Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. (Las Plamas de
Gran Canaria, España)
E-mail: jdoreste@dcc.ulpgc.es; lserra@dcc.ulpgc.es
Introducción
¿Qué es, y qué no es, la nutrición basada en la evidencia?.
La Nutrición Basada en la Evidencia puede concebirse como
la aplicación en nuestra disciplina de los principios de la
Medicina Basada en la Evidencia (MBE), definida ésta como
la “aplicación consciente, explícita y juiciosa de la mejor
evidencia científica disponible para tomar decisiones sobre
la atención de los pacientes, y cuya práctica integra la
experiencia del clínico con la mejor evidencia externa
disponible procedente de una investigación sistemática (1)”
De este modo, la Nutrición Basada en la Evidencia incluiría, de un lado, la aplicación sistemática
de métodos científicamente rigurosos para evaluar la efectividad de las intervenciones sanitarias,
tanto terapéuticas como preventivas, a nivel individual, lo que permitiría juzgar su pertinencia y
decidir su aplicabilidad teniendo en cuenta las circunstancias y preferencias de los pacientes en las
decisiones clínicas (2). De otro lado, y de forma implícita, también estos principios son aplicables a
nivel poblacional, lo que se ha dado en llamar Atención, o Política, Sanitaria Basada en la
Evidencia (3), mediante los que debemos valorar la tecnología, la cartera de servicios y los
modelos de gestión más efectivos y eficientes, y sus resultados, y así por ejemplo las políticas
alimentarias (Ver Figura 1).
Figura 1. La práctica basada en la evidencia

�En uno y otro contexto, las decisiones deben adoptarse considerando la evidencia disponible, pero
también las circunstancias y preferencias del paciente o de la población, en otros términos sus
necesidades y valores. En definitiva, la Nutrición Basada en la Evidencia tiene que ver con hacer
bien las cosas adecuadas para las personas indicadas en el momento pertinente (4).
Si bien nadie negaría la lógica que subyace en la “integración de la mejor evidencia que proviene
de la investigación con la experiencia clínica y los valores de los pacientes(5) como guía de la
praxis clínica, y de hecho se ha argumentado que es esa y no otra la forma en que siempre se han
provisto cuidados de salud (6), el desarrollo de este nuevo paradigma para la práctica, y el
aprendizaje, es una respuesta a las grandes diferencias existentes en las decisiones que adoptan
los clínicos y en el grado en que integran los valores de sus pacientes.
Decidir lo que constituye la mejor evidencia científica es, sin duda, una de las mayores dificultades
que plantea este enfoque (7). Ciertamente, evidencia es cualquier observación empírica sobre la
relación aparente entre distintos eventos, y esto incluye la observación clínica, pero no es menos
cierto que la inferencia que se obtiene midiendo variables fisiológicas en condiciones
experimentales no está sujeta a las mismas distorsiones que la que puede realizar un nutricionista
que ve un limitado número de pacientes. Por ejemplo, son inevitables cuando solicitamos una
prueba para una patología muy infrecuente en un paciente influidos por haberla diagnosticado en
otro paciente recientemente, o en el modo en que recordamos al paciente que mejoró con un cierto
tratamiento que no fue eficaz en otros muchos que no recordamos tanto (8).
Pero esto no significa que la práctica basada en la evidencia tenga que ver sólo con ensayos
clínicos o con los metanálisis que agrupan los resultados de una serie de éstos, sin duda
insustituibles si nuestro objetivo es obtener información sobre el mejor tratamiento disponible. Así,
si lo que queremos es conocer el mejor método para diagnosticar el reflujo gastro-esofágico o el
alcoholismo lo que precisamos son estudios transversales sobre personas que tengan y no tengan
esas enfermedades, necesarios para determinar la validez de las pruebas diagnósticas:
Del mismo modo, si lo que pretendemos es saber la historia natural y los factores pronósticos de la
obesidad, será electivo obtener la evidencia a partir de un estudio de seguimiento de un grupo
amplio de pacientes con esta patología (9).
En ocasiones incluso habrá que recurrir a las ciencias básicas, como la genética, y puede haber
situaciones en que no sea siquiera aplicable este conocimiento ni el derivado de la investigación
clínica: más aún, se ha argumentado que la variabilidad biológica hace imposible extrapolar
cualquier tipo de evidencia a cada paciente considerado individualmente (10). Como réplica frente
a esta crítica, que en todo caso sería igualmente aplicable a cualquier paradigma de práctica de
cuidados de salud, debe hacerse hincapié en la importancia de integrar la mejor evidencia con la
experiencia del nutricionista: la nutrición basada en la evidencia no es un libro de recetas, y su
aplicación debe tener en cuenta las circunstancias del paciente (11), esto es, las decisiones se
basan en, pero no las dicta, la evidencia.
No obstante, es innegable que reunir la mejor evidencia disponible sobre diagnóstico, pronóstico,
tratamiento y prevención requiere preparación y tiempo (12), lo que sustenta la reflexión de que la
práctica basada en la evidencia es algo abstracto y academicista, una visión desde una torre de
marfil irrealizable en la práctica diaria (13). Indudablemente, es necesario que los profesionales
adquieran habilidades para la búsqueda de la literatura científica y su evaluación crítica, y en ese
sentido es crucial la ayuda que suponen los actuales sistemas de información y búsqueda
bibliográfica (14), del mismo modo que la divulgación de revisiones sistemáticas, ejemplarizadas en
la iniciativa Cochrane (15), en la que participa un centro iberoamericano radicado en Barcelona
(16), así como revistas de publicación secundaria, entre las que cabe citar:
- ACP Journal Club (http://www.acpjc.org/)
- Evidence-Based Medicine (http://ebm.bmjjournals.com/); en español, Evidence-Based

�Medicine (Edición Española) (http://ebm.isciii.es/)
- Evidence-based Healthcare &amp; Public Health
(http://www.harcourt-international.com/journals/ebhc/)
- Bandolier (http://www.jr2.ox.ac.uk/bandolier/); en
español, Bandolera (http://infodoctor.org/bandolera/)
- Clinical Evidence (http://www.clinicalevidence.com/ceweb/conditions/index.jsp); en
español, Evidencia Clínica (http://www.evidenciaclinica.com/)
- Journal of Family Practice - POEMs (Patient Oriented Evidence that Matters)
(http://www.jfponline.com/display_archives.asp?YEAR=POEMs)
- Effective Health Care Bulletins (http://www.york.ac.uk/inst/crd/ehcb.htm)
Con este fin, y como no todos estos recursos son gratuitos, existen importantes iniciativas para
generalizar el acceso, y entre ellas, en España, la posibilidad de suscripción a la Biblioteca
Cochrane Plus, edición en castellano de The Cochrane Library, a través del Ministerio de Sanidad
y Consumo (http://www.update-software.com/Clibplus/ClibPlus.asp), que sólo requiere un trámite
de registro e incluye, entre otras, versiones en nuestro idioma de su base de datos de revisiones
sistemáticas.
La consideración de que la práctica basada en la evidencia ignora los valores y preferencias de los
pacientes es una de las muchas ideas erróneas que han sido sometidas a debate (17). Es
indudable que éstos tienen diferentes expectativas y también varía entre ellos el grado en que
desean implicarse en la toma de decisiones, aspectos que ciertamente no se han desarrollado
convenientemente, tanto a nivel práctico como filosófico (18), pero no lo es menos que se han
enfatizado recientemente, 4 promoviendo el uso del término “evidence informed practice”, en
sustitución del de “evidence-based medicine” (19).
Un último aspecto controvertido es el peligro de que esta práctica dificulte establecer políticas que
reduzcan los gastos sanitarios, puesto que el objetivo de maximizar el bienestar de los pacientes
es, en sí, coste-ineficiente. Al contrario, podría también ocurrir que los gestores, asimilando,
interesada y erróneamente, ausencia de evidencia con ausencia de efectividad, utilizaran los
principios de la MBE para reducir servicios. Por esto es importante relacionar esta última con la
Política Sanitaria Basada en la Evidencia, en la que el planificador ha de tener en cuenta las
necesidades, en este caso de la población, pero también decidir la financiación en el contexto de
muchos otros problemas (20), de igual forma que a nivel individual se han de contemplar las
circunstancias del paciente, y sin olvidar los valores de la población, lo que tiene mucho que ver
con el principio de equidad del sistema sanitario.
Las etapas en la práctica de la nutrición basada en la evidencia, revisiones sistemáticas y la
jerarquía de la evidencia
La práctica basada en la evidencia es un proceso por etapas, que comienza cuando necesitamos
información para resolver cualquier problema en el proceso de atención sanitaria, de un paciente o
una población (Ver Figura 2). La primera etapa es convertir la información que necesitamos en una
pregunta que pueda ser contestada, y la segunda encontrar la evidencia que mejor nos permita
responder a esa cuestión. La tercera etapa es la valoración formal de ésta, lo que se ha dado en
llamar evaluación crítica (“critical appraisal”), e incluye la lectura y el análisis de la evidencia que
hemos encontrado, teniendo en cuenta la situación y circunstancias del paciente, o la población, tal
como las hemos considerado al plantear la pregunta. A continuación, es necesario integrar esta
evaluación con nuestra experiencia clínica y las preferencias de los pacientes, o los valores y
prioridades a nivel poblacional, y aplicar el resultado. En conjunto, en esta cuarta etapa, y en la
tercera, el objetivo es decidir sobre la validez, esto es, el grado en que se acerca a la verdad, y la
aplicabilidad, es decir, su utilidad en nuestro problema, de la evidencia, y en ellas nuestra
formación básica y experiencia son fundamentales.

�Por último, la quinta etapa, que con frecuencia, lamentablemente, se omite, consiste en evaluar
todo el proceso, con el objetivo de mejorar nuestras decisiones la próxima ocasión en que
repitamos de nuevo el ciclo en etapas de práctica basada en la evidencia.
Tal como se ha descrito, y especialmente a nivel clínico, no siempre los profesionales han de llevar
a cabo todas las etapas, es decir, “hacer” Nutrición Basada en la Evidencia. Este proceso, en el
que evidentemente hemos de invertir tiempo y energías, y que es en ocasiones incompatible con la
práctica diaria, puede llevarse a cabo para problemas específicos quizás dos o tres veces por
semana, de forma sistemática, de modo que podamos resolver las situaciones con las que nos
encontramos con más frecuencia.
Figura 2. Etapas de la práctica basada en evidencia

Alternativamente, es posible “usar” la Nutrición, o cualquier otra disciplina, Basada en la Evidencia,
restringiendo la búsqueda de información a aquellas fuentes de evidencia que ya han sido
evaluadas críticamente por otros, como las revistas de publicación secundaria, las bases de datos
de revisiones sistemáticas o las guías de práctica clínica, que se basan en las anteriores. Además
de la Biblioteca Cochrane Plus, ya mencionada, y sin olvidar revistas clínicas que publican con
frecuencia revisiones sistemáticas, como Ann Intern Med, BMJ y CMAJ, en estas dos últimas
categorías son destacables:
- AHRQ, Agency for Healthcare Research and Quality, Clinical Information
(http://www.ahrq.gov/)
- ARIF, Aggressive Research Intelligence Facility (http://www.bham.ac.uk/arif/)
- BestBETs, Best Evidence Topics (http://www.bestbets.org/)
- CDC Recommends, Centers for Disease Control and Prevention (CDC)
(http://www.phppo.cdc.gov/cdcrecommends/AdvSearchV.asp)
- CTFPHC, Canadian Task Force on Preventive Health Care, Evidence-Based
Clinical Prevention (http://www.ctfphc.org/)
- DARE, Database of Abstracts of Reviews of Effectiveness

�(http://www.york.ac.uk/inst/crd/darehp.htm)
- HSTAT, Health Services/Technology Assessment Text
(http://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/bv.fcgi?rid=hstat)
- NGC, National Guideline Clearinghouse (http://www.guidelines.gov/)
- NICE, National Institute for Clinical Excellence (http://www.nice.org.uk/)
- QUEST, Queensland University Evidence Search Trial
(http://www.sph.uq.edu.au/cgp/red/quest/index.asp)
En las revisiones sistemáticas se analiza, evalúa y sintetiza evidencia original, o primaria, publicada
en forma de artículos, o aún incluso no publicada, mediante un procedimiento científico estricto,
que debe hacerse explícito y divulgarse junto a los resultados y recomendaciones, de forma que
asegure que éstos pueden servir de base para tomar decisiones sobre el problema de salud
considerado (21).
Más allá de una mera revisión, que es un término general aplicable a cualquier intento de resumir
los resultados y conclusiones de dos o más trabajos científicos (“narrative review”), en una revisión
sistemática (“systematic review” o “overview”) se identifica exhaustivamente y valora toda la
información pertinente, por lo que deben especificarse los criterios de inclusión y exclusión. En
primer término, es posible usar más eficientemente los datos disponibles, comprobando su
consistencia, o explicando sus discrepancias. Además, la información agregada aumenta la
precisión, y reduce los sesgos, y puede cuantificarse mediante un metanálisis, denominación que,
estrictamente, se refiere a la metodología estadística específica que se emplea para combinar los
resultados en un único estimador (22).
Un punto crucial es la evaluación de la calidad de la evidencia en los estudios incluidos en la
revisión sistemática. En este sentido es necesario juzgar tanto su relevancia, en relación con la
pregunta que planteamos, como su validez interna, que puede, por deficiencias en su diseño, estar
afectada por sesgos o por factores de confusión, o incluso por azar. Este proceso debe ser
reproducible, válido y no sesgado, como los propios estudios que se revisan, y ha de hacerse
explícito, como el resto de las fases de la revisión. Una vez ordenados, o incluso puntuados, por
calidad y relevancia, el análisis puede ser únicamente interpretativo, o bien estadístico (“metaanalysis”), en cualquier caso dando más importancia a los estudios de mayor calidad.
El concepto de calidad de la evidencia va más allá, por tanto, de una mera jerarquía de los
estudios considerados. Los denominados niveles de evidencia, tal como se concibieron, pretendían
basar las decisiones clínicas en los estudios que, con menor probabilidad, estuvieran sesgados,
considerando que el ensayo clínico con asignación aleatoria, controlado y enmascarado, con
completo seguimiento y analizado por “intención de tratar”, es el mejor de los diseños.
Esta jerarquía, hoy modificada (Ver Figura 3), es, en cualquier caso, útil en términos de
tratamiento, prevención o daño, pero la categorización del nivel de evidencia de los estudios difiere
si nuestro objetivo es tomar decisiones diagnósticas o relacionadas con el pronóstico, asociándose,
en cada caso, a un determinado grado de recomendación. En el Centre for Evidence Based
Medicine de Oxford pueden consultarse los niveles y grados de recomendación más utilizados en
la práctica basada en la evidencia (http://www.cebm.net/levels_of_evidence.asp). En este punto
hemos de insistir en que, además, la evidencia debe ser igualmente considerada a la luz de otros
criterios para decidir sobre sus potenciales implicaciones clínicas en cada paciente, y que deben
tenerse en cuenta los valores de los pacientes, o de la población, para tomar decisiones.
No obstante, en la medida en que los resultados de los estudios incluidos en una revisión
sistemática sean homogéneos, será más factible poder generalizar las conclusiones a otros
pacientes diferentes a los estudiados, o a otras poblaciones, y sustentar en ellas guías de práctica
clínica. En esta situación, será posible “usar” la Nutrición Basada en la Evidencia recurriendo a las
revisiones sistemáticas, lo que excluye la tercera de las etapas que hemos descrito.

�Aún incluso es posible “replicar” la Nutrición Basada en la Evidencia, aceptando las decisiones
adoptadas por colegas y otros profesionales respetados ante las mismas preguntas que nosotros
planteamos al inicio, obviando tanto la segunda como la tercera etapa. Esta práctica es
perfectamente asumible incluso por profesionales sanitarios adiestrados y capaces de “hacer” su
propia práctica basada en la evidencia, especialmente cuando se plantean problemas para ellos
infrecuentes.
Figura 3. Jerarquía de la evidencia para tratamiento, prevención, etiología y daño

Aún más en esa situación el nutricionista debe dominar, en primer lugar, la terminología,
sintetizada por ejemplo en los glosarios de los Centros MBE
de Oxford (http://www.cebm.net/glossary.asp), Toronto(http://www.cebm.utoronto.ca/glossary/)
y Alberta (http://www.med.ualberta.ca/ebm/define.htm). Es igualmente útil el de la revista Clinical
Evidence(http://www.clinicalevidence.com/ceweb/resources/glossary.jsp), en tanto el de CASPe,
CASP España (http://www.redcaspe.org/herramientas/glosarioindex.htm), en castellano.
Pero, además, el nutricionista debe adquirir las habilidades para “hacer” Nutrición Basada en la
Evidencia. A través de Internet son accesibles muchos centros de recursos para la práctica basada
en la evidencia, que, junto con los libros relacionados en la bibliografía, todos ellos imprescindibles,
permitirán ampliar los conceptos. La que sigue es una relación de aquellos que consideramos más
útiles en la medida en que permiten sobre todo aprender practicando, incluyendo los más
relevantes con información en español, ordenados estrictamente de forma alfabética.
- Critical Appraisal Skills Programme (CASP), Public Health Resource Unit NHS
(http://www.phru.nhs.uk/casp/casp.htm)
- CASPe, CASP España (http://www.redcaspe.org/homecasp.asp)
- Centre for Evidence Based Medicine, Oxford (http://www.cebm.net/)
- Centre for Evidence Based Medicine, University of Toronto &amp; Toronto General
Hospital (http://www.cebm.utoronto.ca/)
- Centre for Health Evidence, University of Alberta &amp; University of Manitoba

�(http://www.cche.net/che/home.asp)
- Clínica Alemana, Santiago de Chile (http://www.alemana.cl/Mbe/Index.htm)
- Evidence-based Medicine, Duke University
(http://www.mclibrary.duke.edu/subject/ebm)
- Evidence Based Medicine Tool Kit, University of Alberta
(http://www.med.ualberta.ca/ebm/ebm.htm)
- Medicina Basada en la Evidencia en Gipuzkoa, Hospital Donostia
(http://www.donostiaospitalea.org/MBE/portada.htm)
- Medicina Basada en la Evidencia, fisterra.com (Atención Primaria en la Red)
(http://www.fisterra.com/mbe/index.asp)
- TRIAGE, Trent Institute for Health Services Research, Universities of Leicester, Nottingham and
Sheffield (http://www.shef.ac.uk/scharr/triage/)
1. Formular una pregunta
La capacidad de plantear preguntas que se puedan responder utilizando la información proveniente
de la investigación es fundamental para la práctica basada en la evidencia, y requiere método,
destreza y habilidades cognitivas (23). Imaginemos, por ejemplo, que estamos interesados en
saber si debemos, o no, recomendar la lactancia materna exclusiva durante los 6 primeros meses
de vida. La pregunta, en este caso, se refiere a una población e intervención concretas y fáciles de
precisar, pero es útil definir también una alternativa a esta última, como por ejemplo otro tipo de
alimentación. Finalmente, es necesario definir también los resultados en los que estamos
interesados. La pregunta podría ser: ¿en niños, la alimentación materna exclusiva durante 6 meses
tiene, frente a la alimentación materna exclusiva durante 3 meses y luego mixta hasta los 6,
efectos diferentes en términos de salud y crecimiento?
Estructurar la cuestión en términos de población -o pacientes- (“P”), intervención (“I”), control – o
alternativa- (“C”) y resultados - o “outcome”- (“O”) es el modelo PICO que permite responder
incluso preguntas sobre las que no tenemos ningún conocimiento previo. En las fases siguientes
del proceso deberemos buscar, y evaluar, la mejor evidencia disponible sobre los resultados que
tienen uno y otro tipo de alimentación en la salud y crecimiento del niño, que en este caso deberían
provenir de ensayos comunitarios, ensayos clínicos y estudios observacionales de seguimiento,
pero es relevante hacer constar ahora que no es cierto que, más allá de los 4 meses, la leche
materna sea insuficiente para garantizar los requerimientos energéticos y de nutrientes necesarios
para el desarrollo del niño, aún en sociedades no industrializadas, y que la alimentación materna
exclusiva durante 6 meses confiere ventajas adicionales en términos de menor morbilidad por
infección gastrointestinal (Kramer MS, Kakuma R. Duración óptima de la lactancia materna
exclusiva. En: La Cochrane Library plus en español. Oxford: Update Software. Disponible en URL
(previo registro): http://www.update-software.com/Clibplus/ClibPlus.asp)
Aunque la mayor parte de las preguntas, sobre todo en clínica, tienen que ver con tratamientos o
medidas preventivas, es decir, con intervenciones, es también posible plantear cuestiones PICO
sobre diagnóstico. En ese caso, el objetivo es decidir cuál es el mejor método para saber si una
persona tiene o no una enfermedad, o bien averiguar si un cierto procedimiento diagnóstico es útil
para cribado. En esta categoría podríamos plantear: ¿en pacientes que acuden a consulta en
Atención Primaria, la prueba CAGE es capaz de discriminar a las personas que tienen problemas
con el alcohol de aquellos que no los tienen?
En este caso, la “P” se refiere a un tipo de pacientes, que debe siempre especificarse (por ejemplo
según edad, clínica, estadio evolutivo o tratamiento -si son enfermos-, tipo de atención o
determinantes socio-económicos o culturales –si es pertinente-), para filtrar, como luego veremos,
la búsqueda. ¿Cómo describiría a un grupo de pacientes similar al mío? es una pregunta que nos
ayuda a identificar para qué tipo de personas buscamos evidencia. La “I” representa aquí un
indicador diagnóstico, el cuestionario CAGE, acrónimo de 4 preguntas sencillas sobre la relación
de un sujeto con el consumo de alcohol. Aunque en este caso no es necesario, siempre que sea

�posible es conveniente incluir un test diagnóstico alternativo a aquel en el que estamos
interesados, como comparación (“C”).
Finalmente, el resultado esta vez se refiere a la capacidad predictiva que tiene la prueba
diagnóstica, lo que en inglés se expresa también como “outcome” (“O”). Para aquellos interesados,
valga resumir que la prueba CAGE tiene una aceptable validez diagnóstica, y que teniendo en
cuenta las probabilidades que a priori tiene una persona de tener un problema con el alcohol, es
útil para su diagnóstico precoz (Buchsbaum DG, Buchanan RG, Centor RM, Schnoll SH, Lawton
MJ. Screening for alcohol abuse using CAGE scores and likelihood ratios. Ann Intern Med. 1991;
115:774-7).
Una tercera categoría de preguntas es la que se relaciona con la predicción sobre la historia
natural de un proceso y el pronóstico. Por ejemplo, en sujetos diabéticos, el control sistemático de
la hemoglobina glicosilada y de la microalbuminuria, ¿tienen relación pronóstica con la enfermedad
cardiovascular y las complicaciones microvasculares?, representando en este caso la “I” un
indicador pronóstico, midiendo el “O” en forma de cambios en la morbilidad o mortalidad (Use of
glycated hemoglobin and microalbuminuria in the monitoring of diabetes mellitus. Summary,
Evidence Report/Technology Assessment: Number 84. AHRQ Publication No. 03-E048, July 2003.
Agency for Healthcare Research and Quality, Rockville, MD. Disponible en
URL: http://www.ahrq.gov/clinic/epcsums/glycasum.htm).
También es posible utilizar esta estrategia para formular interrogantes sobre etiología, esto es,
revisar la evidencia sobre el efecto (“harm”) que un determinado factor de riesgo tiene en la
aparición de una enfermedad, como ocurre entre la hiperhomocisteinemia y la enfermedad
cardiovascular (Eikelboom JW, Lonn E, Genest JJ, Hankey G, Yusuf S. Homocyst(e)ine and
cardiovascular disease: a critical review of the epidemiologic evidence. Ann Intern Med. 1999;
131:363-75. Disponible en URL:http://www.annals.org/cgi/reprint/131/5/363.pdf).
Aunque en este caso es posible obtener de forma indirecta información con estudios de
intervención que han demostrado la protección que confiere suplementar la dieta con folatos, en
general, como ocurre con las preguntas relacionadas con el diagnóstico y con el pronóstico, en
esta situación la evidencia relevante proviene de estudios observacionales, por lo que, por tanto,
debe quedar claro que la importancia de los ensayos clínicos en la práctica basada en la evidencia
depende del contexto.
Esto es aún más obvio si nuestro interés son problemas de salud de naturaleza más general, es
decir, fenómenos que deben investigarse de forma cualitativa, relacionados con experiencias o
percepciones de los pacientes (por ejemplo, ¿por qué los pacientes diabéticos no siguen su
dieta?), o cuando nuestra pregunta tiene que ver con un diagnóstico diferencial, queremos conocer
la frecuencia o prevalencia de un problema o deseamos llevar a cabo un análisis económico. En
estos casos, incluso, la cuestión puede enunciarse únicamente en términos de “P” y “O”.
2. Obtener evidencia
Esta etapa es una de las que más tiempo exige, aún si únicamente queremos “usar” la práctica
basada en la evidencia, especialmente si no estamos familiarizados con las bases de datos de
revisiones sistemáticas, como la Biblioteca Cochrane Plus. El esfuerzo es aún mayor si lo que
pretendemos es localizar por nosotros mismos la evidencia primaria en bases de datos
bibliográficas, hoy en día accesibles por Internet, como ocurre con las cuatro más importantes en
Medicina -Medline, Embase, PsycINFO yWeb of Science-, a lo que hay que añadir la barrera
idiomática derivada de que es el inglés su idioma de búsqueda.
Ésta puede llevarse a cabo por materia, autor, revista o combinando estos y otros criterios, pero
ello requiere adiestramiento y práctica. Sea cual sea la base de datos, y el objeto de la búsqueda,

�lo primero es tener claro qué es lo que se quiere buscar: estructurar las preguntas de acuerdo al
modelo PICO permite definir los términos que utilizaremos, y también sus sinónimos, pues la mayor
parte emplean una combinación de texto libre y un tesauro, o vocabulario controlado, de palabras
clave (“keywords”), esto es, términos predefinidos mediante los que se ha clasificado cada artículo
al incorporarlo a la base de datos.
PubMed (http://www.ncbi.nlm.nih.gov/entrez/query.fcgi), una versión de Medline que da acceso
también a bases de datos de genética, emplea un tesauro denominado Medical Subject Headings
(MeSH®) que se estructura alfabéticamente y en 11 niveles de jerarquía, conteniendo en total
22.568 descriptores, y con decenas de miles de referencias cruzadas entre ellos, que ayudan a
encontrar el MeSH heading más apropiado, y mediante el que se indexan las casi 5.000 revistas de
Medline. Mediante el MeSH® se clasifica también la información de otras bases de datos de la
National Library of Medicine (United States National Institutes of Health), que es la institución que
mantiene PubMed, con la característica de que es de acceso gratuito, sin requerir siquiera un
trámite previo de registro.
Estos términos pueden combinarse, incluyéndolos o excluyéndolos para centrar o ampliar una
búsqueda, mediante operadores lógicos (“booleanos”). El término AND obliga a que los términos
que une hayan de estar, al tiempo, presentes, en tanto OR selecciona artículos con uno u otro,
y NOT aquellos que contengan el primero, pero no el segundo. Además es posible truncar los
términos, lo que es de gran ayuda para buscar palabras con la misma raíz o plurales, bien con un
asterisco o el símbolo “$”, dependiendo de la base de datos, y “explotar” (“explode”), a través de la
MeSH Database un término para ver los “subheadings” asociados, lo que permite estrechar –hacer
más específica- la búsqueda, y el lugar en la jerarquía de nuestra “keyword”, lo que permite
ampliarla –hacerla más sensible-.
Finalmente pueden también establecerse límites, por ejemplo según el idioma en que fue escrito
un texto, el año de publicación, el grupo de edad o el sexo de los sujetos incluidos en el estudio y
otros, para centrar aún más lo que queremos localizar. El más interesante es limitar la búsqueda
por tipo de artículo. PubMed Clinical
Queries (http://www.ncbi.nlm.nih.gov/entrez/query/static/clinical.shtml) es la herramienta
especializada de búsquedas clínicas. con filtros predeterminados para seleccionar los artículos de
Medline que contienen la mejor evidencia sobre tratamiento, diagnóstico, pronóstico y etiología,
tanto de un modo sensible (“sensitivity”), incluyendo incluso los menos relevantes, o específico
(“specificity”), que localiza menos artículos, pero más relevantes, y que es la opción por defecto.
Por último existe un filtro específico para localizar revisiones sistemáticas, metanálisis y guías de
práctica clínica. Además de las propias páginas de ayuda de PubMed existen varios sitios Web con
demostraciones prácticas, como los dos primeros que se relacionan a continuación, y son muy
útiles, para practicar, los filtros metodológicos elaborados por los centros y organizaciones que se
citan más abajo:
- Searching the Medical Literature for the Best Evidence, University of North Carolina
(http://www.hsl.unc.edu/Services/Tutorials/EBM_searching/pages/index.htm)
- Information Retrieval Skills for Medicine 4, University of Leicester
(http://www.le.ac.uk/li/clinical/LWMS/2ndyrtrain1.html)
- Centre for Evidence Based Medicine, Oxford
(http://www.cebm.net/searching.asp#filters)
- Centre for Reviews and Dissemination (CRD)
(http://www.york.ac.uk/inst/crd/search.htm)
- Evidence Based Medicine Tool Kit, University of Alberta, en este caso buscando en cada uno
de los dominios (http://www.med.ualberta.ca/ebm/ebm.htm)
- Evidence-based Medicine, Duke University
(http://www.mclibrary.duke.edu/subject/ebm/ebmfilters.html)

�- London Library and Information Development Unit, National Health Service
(http://www.londonlinks.ac.uk/evidence_strategies/ebm.htm)
Por último, una iniciativa de gran interés es Becoming ADEPT: (Applying Diagnosis, (a)Etiology,
Prognosis &amp; Therapy methodological filters to retrieving the evidence), School of Health And
Related Research (ScHARR), de la Universidad de Sheffield
(http://www.shef.ac.uk/scharr/ir/adept/), que combina formación práctica y recursos para la
búsqueda, y es absolutamente indispensable el libro de Ann McKibbon y cols (24).
3. Evaluación crítica
La evaluación crítica de las publicaciones es, simplemente, una disciplina de lectura más efectiva,
que nos permite excluir aquellos artículos cuya calidad es demasiado baja para ayudarnos a tomar
decisiones, y valorar de forma sistemática aquellos otros de los que es necesario extraer la
información relevante.
Aún más, este proceso es la única solución posible para poder sobrevivir a la ingente literatura
científica, si consideramos que las aproximadamente 20.000 revistas biomédicas que se publican
actualmente en el mundo hacen crecer en 6 millones cada año el número de artículos existentes,
de los cuales, en un cálculo probablemente optimista, a lo sumo un 20% son útiles para la práctica
diaria.
Si bien el proceso difiere según el tipo de artículo que se evalúa, los objetivos se pueden resumir
en tres:
- El mensaje: ¿Cuáles son los hallazgos de este artículo?
- La validez: Los resultados, y la metodología descrita, ¿justifican las conclusiones?
- La utilidad: ¿Puedo generalizar los resultados a mis pacientes? De otro modo: ¿son mis
pacientes, o mi población, lo suficientemente parecidos a los incluidos en el estudio como para
extrapolar a ellos, o a mi población, las conclusiones?
El mensaje se puede resumir en la conclusión más importante aplicable en nuestra práctica, de
acuerdo a la pregunta que hemos formulado, en tanto la validez se refiere al grado en que el
estudio evaluado se aproxima a la verdad. La utilidad es, sin duda, lo más difícil de juzgar
científicamente, pero es por eso por lo que la pericia clínica es fundamental en la práctica basada
en la evidencia.
Es crucial tener claro que, al juzgar la calidad de la evidencia, el modo en que se han analizado los
resultados NO es lo más importante. En ningún caso debemos agobiarnos tratando de decidir si el
uso de una regresión log-lineal está, o no, justificada, o si quizás deberían haberse usado pruebas
no paramétricas: de lejos, lo trascendente es el modo en que se han RECOGIDO los DATOS. Aún
cuando, ciertamente, en ocasiones –no demasiadas-, un análisis adecuado puede hacer variar las
conclusiones, lo que es incuestionable es que si los datos son erróneos, en nada ayuda un análisis
sofisticado.
Por esto, las cinco preguntas que deberíamos plantearnos al leer un artículo científico son:
1. ¿Existe un buen grupo de comparación? Gran parte de la investigación de interés en la práctica
basada en la evidencia implica hacer comparaciones, bien de un grupo expuesto o bien de un
grupo tratado en relación, en cada caso, a un grupo control, y lo que debe preocuparnos es que,
efectivamente, los grupos fueran comparables. En este sentido, deberemos asegurarnos de que

�los sujetos se asignaron realmente al azar, y que el resultado de la asignación nos permite
comparar manzanas con manzanas, o bien, cuando la asignación aleatoria no es posible, que se
usaron técnicas de apareamiento u otras para reducir las diferencias entre los grupos, y, siempre,
que en el análisis se controlaron aquellas que pudieran aún existir.
2. ¿Cómo se planificó la investigación? La lectura del apartado de metodología añade un plus de
calidad cuando es evidente que existía un objetivo antes de recoger los datos y analizarlos, y que
éste era congruente con la evidencia hasta entonces disponible, pertinente en el estado actual del
conocimiento, y, sobre todo, específico, para evitar los problemas que plantean los estudios que
tratan de contestar múltiples hipótesis o que realizan análisis de subgrupos. Una nota de
precaución debe adoptarse cuando el diseño se altera durante el estudio, y también cuando se
excluyen individuos en el análisis.
3. ¿Se desconocía el qué y cuándo? Siempre es problemático que los sujetos investigados, o los
investigadores, sepan quién pertenece a cada grupo, tanto antes como durante la recogida de
datos. En los estudios experimentales es posible enmascarar la intervención, y es esto lo que les
hace por principio superiores en jerarquía, si nuestro objetivo es valorar intervenciones, a los
estudios observacionales. En éstos, sin embargo, también es posible en ocasiones cegar para los
sujetos el objetivo de la investigación, aunque en salud pública y en nutrición el enmascaramiento
es más complejo, en particular en la esfera de la modificación del comportamiento.
4. ¿Quién se quedó por el camino? Es necesario considerar qué sujetos se excluyeron del estudio
desde su inicio, y también quiénes se retiraron o perdieron durante el mismo, en la medida en que
finalmente las conclusiones no sean aplicables a las personas que realmente tienen ese problema,
o, si es un fármaco, en la medida en que quizás no se haya obtenido evidencia sobre los efectos
en las personas en las que realmente vamos a utilizarlo. Hay que establecer reservas cuando los
estudios usan voluntarios, y esto no sólo en ensayos clínicos, pues por ejemplo si es un estudio
descriptivo con datos obtenidos por cuestionario, los sujetos que no responden pueden ser muy
diferentes de aquellos otros motivados.
5. ¿Qué, y cuánto, varió al final del estudio? Cualquiera que sea el tipo de estudio, hemos de
asegurarnos que los investigadores han medido adecuadamente el “outcome” de interés, sea el
consumo de grasa en un estudio de cohortes o de casos y controles en relación con el cáncer de
mama, sea una variable fisiológica que demuestre el efecto de una intervención. Siempre que se
trate de una medida cuantitativa, debería calcularse su intervalo de confianza, mejor que los
valores p, de forma que podamos ver si el tamaño del efecto se aproxima al que sería clínicamente
relevante en nuestra propia práctica: en esencia, se trata, una vez seguros de que los hallazgos no
se deben al azar, sesgos o factores de confusión, de que juzguemos si los potenciales beneficios
superan los posibles riesgos, o, en términos más generales, mayores costos, que tendría nuestra
decisión.
Existen múltiples guías de “critical appraisal” y libros que enseñan todo lo que hace falta saber para
hacer cada vez mejores evaluaciones críticas, alguno de ellos imprescindible (25), pero aún más
importante es su práctica. Las direcciones que aquí figuran son una referencia para empezar:
- Appraisal tools, CASP (http://www.phru.nhs.uk/casp/appraisa.htm)
- Critical Appraisal, Centre for Evidence Based Medicine, Oxford
(http://www.cebm.net/critical_appraisal.asp)
- Critical Appraisal of the Evidence, Centre for Evidence Based Medicine,
University of Toronto (http://www.cebm.utoronto.ca/practise/ca/)
- Evaluating the Evidence, University of North Carolina
(http://www.hsl.unc.edu/Services/Tutorials/EBM/Evidence.htm)
- Evidence Based Medicine Tool Kit, University of Alberta
(http://www.med.ualberta.ca/ebm/ebm.htm), de nuevo, por dominios
- Herramientas para Lectura Crítica, CASPe

�(http://www.redcaspe.org/herramientas/index.htm)
- How to read a paper, Trisha Greenhalgh
(http://bmj.bmjjournals.com/collections/read.shtml)
- Lectura crítica, fisterra.com (http://www.fisterra.com/mbe/index.asp)
- Users' guides to the medical literature, versión en Internet, Centre for Health Evidence
(http://www.cche.net/che/home.asp)
4. Aplicar el resultado en la práctica
Una vez que tenemos claras las conclusiones del estudio y hemos decidido que tiene validez
interna, es hora de tomar decisiones. De nuevo, la categoría, o dominio, de la pregunta influirá en
la información que debemos considerar (26). Por ejemplo, si nuestra pregunta era saber cuál era la
prueba más específica para diagnosticar una patología, a continuación será necesario comprobar
que está disponible, que técnica y económicamente es factible en nuestra práctica y que es capaz
de dar resultados, además de válidos, también precisos, algo fundamental para seguir la evolución
de la enfermedad. Además habrá que valorar cuál puede ser su rendimiento en nuestro paciente,
en la medida en que los valores predictivos dependen de cuál sea nuestra estimación previa de la
probabilidad de que éste tenga realmente la enfermedad.
En otros términos, habremos de tener en cuenta las circunstancias de nuestro paciente, quizás
diferentes a las de los pacientes incluidos en el estudio evaluado, y, de otro lado, el grado en que
su resultado, sea positivo o negativo, hará que cambie nuestra intención terapéutica. Por último, y
esto especialmente si es una prueba de cierto riesgo o dolorosa, habrá que discutir con el paciente
si acaso no es preferible una prueba menos específica.
Respetar las preferencias del paciente es, si cabe, aún más importante cuando se trata de una
decisión terapéutica. De nuevo hay que decidir si éste es, o no, diferente a los sujetos incluidos en
el estudio sobre la eficacia de la intervención, y debemos darle información sobre la magnitud del
beneficio que puede obtener. En cualquier caso, son sus expectativas las que le harán aceptar ese
tratamiento una vez asuma que compensa los posibles inconvenientes, entre ellos el riesgo de
efectos adversos. En ese sentido, habremos de plantearnos si acaso esas expectativas y
preferencias pueden satisfacerse mejor con otras alternativas terapéuticas.
Cuando se trata de dar información pronóstica, otra vez hay que plantear hasta que punto son
aplicables a nuestro paciente las conclusiones derivadas del grupo de población estudiada, y, muy
especialmente, decidir si esa información debe alterar, y de qué modo, nuestro tratamiento. Por
último, la aplicación de la evidencia en decisiones de política sanitaria debe considerar un complejo
entramado de valores, ideologías e intereses. Aunque cada vez son más utilizados los estudios de
efectividad clínica para definir los recursos de los que pueden disponer los profesionales, es poco
habitual considerar la evidencia en las decisiones sobre políticas de servicios y, aún menos, en las
decisiones sobre modelos de gestión. Si bien, con frecuencia, no existe información adecuada para
tomar esas decisiones, no es menos cierto que la evaluación crítica de la evidencia disponible es
más difícil, y que el contexto de cada población puede conducir a valoraciones muy diferentes,
sobre todo cuando los gestores no se han implicado en la obtención de la evidencia, o los
proveedores de ésta no entienden el proceso mediante el que han de adoptarse este tipo de
decisiones (27).
Aunque esta cuarta etapa debería, lógicamente, seguir a la tercera, el orden entre ellas es decisión
nuestra: evidentemente no parece lógico gastar tiempo en hacer evaluación crítica de un estudio
cuyos resultados es, de antemano, obvio que no serían aplicables en nuestra práctica, del mismo
modo que tampoco es razonable sentarse a discutir la aplicabilidad de un estudio si éste no es de
calidad.
5. Evaluar el resultado de la aplicación de la evidencia

�Pero lo que si debería ocurrir siempre es una evaluación formal del proceso. Para empezar,
deberíamos registrar por escrito nuestras preguntas, los resultados de la búsqueda y nuestra
evaluación crítica de la evidencia, y seguir a los pacientes en los que hemos aplicado nuestras
decisiones, o evaluar el cambio de intervenciones en la población, y publicar el resultado, cuando
sea apropiado.
En el Centre for Evidence Based Medicine de la Universidad de Toronto
(http://www.cebm.utoronto.ca/practise/evaluate/index.htm) puede obtenerse una guía rápida de
evaluación, en la que se insiste en que ésta debe llevarse a cabo sobre todas y cada una de las
etapas.
Sobre nuestra capacidad de hacer preguntas, una estrategia para mejorar es formar grupos con
otros colegas interesados en la Nutrición Basada en la Evidencia, y también podemos comparar
con ellos qué evidencia somos capaces de encontrar en nuestras búsquedas. Un indicador de
eficacia es comprobar si somos capaces de localizar las mismas referencias que se obtienen en
una revisión sistemática sobre las preguntas que nos planteamos, o bien si coinciden con las que
realizan los bibliotecarios.
El grado en que somos capaces de entender o deducir medidas, como el Número Necesario a
Tratar (NNT) o las razones de verosimilitud (“likelihood ratios”), fundamentales para tomar
decisiones en nuestra práctica, es un buen índice de que somos capaces de llevar a cabo una
buena evaluación crítica, y finalmente nos demostraremos a nosotros mismos que hemos integrado
el proceso en la medida en que seamos capaces de explicar nuestras decisiones, y de convencer a
los demás cuando exista incertidumbre.
Acceso a recursos en internet para la práctica basada en la evidencia
A lo largo de este capítulo hemos especificado el enlace directo en la World Wide Web a diversas
revistas de publicación secundaria, bases de datos y filtros para favorecer la búsqueda de la
evidencia, glosarios de definiciones y, entre otros, a centros de recursos para la práctica basada en
la evidencia. Estas direcciones son, al menos, tan sólo una invitación para que el lector construya
su propia red de información y navegación.
Aunque han sido cuidadosamente comprobadas en el momento de la edición de este libro, y
seleccionadas, además de por su utilidad, por su probabilidad de perdurar, lamentamos de
antemano su eventual desaparición de la WWW. Por esto hemos considerado conveniente
relacionar algunas direcciones Web centradas, fundamentalmente, en mantener al día los vínculos
de acceso a las organizaciones relacionadas con la práctica basada en la evidencia, incluyendo
cursos, congresos, bibliotecas virtuales, programas informáticos, revistas y, entre otras materias,
hojas de trabajo para la valoración crítica de temas científicos:
- Netting the Evidence (http://www.shef.ac.uk/scharr/ir/netting/)
Iniciativa de la School of Health And Related Research (ScHARR), en la Universidad de Sheffield,
de la que existe una versión en castellano, autorizada, como:
- Atrapando la evidencia: una introducción de la ScHARR a la práctica basada en
la evidencia en Internet (http://www.infodoctor.org/rafabravo/netting.htm) Traducida y adaptada
por Rafael Bravo Toledo, quién además mantiene una impagable página personal, con recursos
específicos sobre MBE, en:
- La Web de Rafael Bravo. Medicina basada en la evidencia
(http://www.infodoctor.org/rafabravo/mbe.htm)

�- Evidence-Based Medicine Resource List
(http://www.herts.ac.uk/lis/subjects/health/ebm.htm)
Parte de los “Learning and Information Services” de la Universidad de Hertfordshire.
- GIMBE – Gruppo Italiano per la Medicina Basata sulle Evidenze
(http://www.gimbe.org/Home.htm)
Contiene documentos en italiano, además de enlaces a recursos en inglés.
Cuánto se ha mencionado en relación a los sitios Web es igualmente aplicable a los enlaces
citados en la bibliografía. En este caso es posible, además, que el acceso pueda ser restringido, al
menos ocasionalmente. No obstante, encarecemos su consulta, y también la de las series de
artículos metodológicos publicados en JAMA (“Users' guides to the medical literature”), BMJ (“How
to read a paper”; “Meta-analysis”; “Understanding controlled trials”; “Getting research into practice”;
”Evidence base of clinical diagnosis”) y Ann Intern Med (“Systematic Reviews”), bien a través
de Netting the Evidence (Atrapando la evidencia), icono “Library” (“Biblioteca”), o GIMBE (Menu
principale Bibliografia EBM Serie di articoli).
Son, por último, de interés los Servicios de Listas de Distribución, mediante las que nos es posible
mantener contacto por correo electrónico y establecer un foro de discusión con otros profesionales
interesados en este tema, lo que no sólo mejora el flujo de información, compartiendo ideas,
recursos y experiencias, sino que también nos permite colaborar en proyectos de investigación de
forma activa.
EVIMED (http://www.rediris.es/list/info/evimed.es.html), que forma parte del Servicio de Listas de
Distribución de RedIRIS, la red académica y de investigación española, que colabora con otras
europeas y americanas, es el foro, de suscripción pública y en castellano, de discusión de los
profesionales sanitarios interesados en la MBE. De habla inglesa, la más importante
es EVIDENCE-BASED-HEALTH(http://www.jiscmail.ac.uk/lists/EVIDENCE-BASED-HEALTH.html).
Conclusiones
Hoy en día un gran número de fundaciones, asociaciones profesionales y organizaciones
gubernamentales, del mismo modo que las bases de datos de revisiones sistemáticas, generan
información relevante para la práctica de la Nutrición Basada en la Evidencia (NuBE) (28).
Esperamos que en un futuro se creen grupos de colaboración, recursos de formación y foros de
discusión específicos, que favorezcan el aprendizaje, práctica y difusión de la NuBE.
Resumen
La Nutrición Basada en la Evidencia puede concebirse como la aplicación en nuestra disciplina de
los principios de la Medicina Basada en la Evidencia (MBE), definida ésta como la “aplicación
consciente, explícita y juiciosa de la mejor evidencia científica disponible para tomar decisiones
sobre la atención de los pacientes, y cuya práctica integra la experiencia del clínico con la mejor
evidencia externa disponible procedente de una investigación sistemática. La Nutrición Basada en
la Evidencia tiene que ver con hacer bien las cosas adecuadas para las personas indicadas en el
momento pertinente. La práctica basada en la evidencia es un proceso por etapas, que comienza
cuando necesitamos información para resolver cualquier problema en el proceso de atención
sanitaria, de un paciente o una población. La primera etapa es convertir la información que
necesitamos en una pregunta que pueda ser contestada, y la segunda encontrar la evidencia que
mejor nos permita responder a esa cuestión. La tercera etapa es la valoración formal de ésta, lo
que se ha dado en llamar evaluación crítica; la cuarta etapa, contempla integrar esta evaluación
con nuestra experiencia clínica y las preferencias de los pacientes, o los valores y prioridades a
nivel poblacional, y aplicar el resultado. Por último, la quinta etapa, que consiste en evaluar todo el

�proceso, con el objetivo de mejorar nuestras decisiones la próxima ocasión en que repitamos de
nuevo el ciclo en etapas de práctica basada en la evidencia.
Palabras calve: nutrición basada en la evidencia
Abtsract
Evidence-based Nutrition can be considered as the application of evidence-based medicine
principles (MBE) to our discipline, it is defined as the reliable, explicit and wise application of the
best available scientific evidence to make decisions about patient’s attention whose practice forms
the experience of physician with the best available external evidence coming from a systematic
investigation. Evidence-based practice is a process by steps, it begins when we need information
in order to find a solution for any problem in the health care process of a patient or a
population. The first step is to change the information we need in a question that can be answered,
the second one is to find the evidence that can aswer this question in the best way. The third stage
is the formal valuation of this and it is called critical evaluation; the fourth one tries to integrate this
evaluation into our clinical experience and the patients’ preferences or the values and priorities at
population level, and to apply the outcome. Finally, the fifth stage evaluates the whole process with
the objective of improving our decisions the next time we repeat the cycle in stages of evidencebased practice.
Key words: Evidence-based Nutrition.
Referencias
1. Sackett DL, WM Rosenberg, JA Gray, RB Haynes and WS Richardson 1996.. Evidence based
medicine: what it is and what it isn’t. BMJ; 312:71-72. Disponible en URL:
http://bmj.bmjjournals.com/cgi/content/full/312/7023/71
2. Evidence-based Medicine Working Group. 1992.Evidence-based medicine. A new approach to
teaching the practice of medicine. JAMA; 268: 2420-2425. Disponible en URL:
http://www.cche.net/usersguides/ebm.asp
3. Muir Gray JA. 2004. Evidence-based policy making. BMJ; 329: 988-989. Disponible en URL:
http://bmj.bmjjournals.com/cgi/content/full/329/7473/988
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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