<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="21465" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/21465?output=omeka-xml" accessDate="2026-05-30T10:41:22-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="17756">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/471/21465/Respyn_Revista_de_Salud_Publica_y_Nutricion_2012_Vol_13_No_2_Abril-Junio.pdf</src>
      <authentication>3465b62c841792d58f889ff4f0d528fb</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="599668">
                  <text>�AUTOCUIDADO EN DIABETES GESTACIONAL: ASOCIACIÓN CON
FACTORES CLÍNICOS Y SOCIOECONÓMICOS
Bernarda Sánchez-Jiménez,1 Alejandra Hernández-Galván,2
Courtois,4Otilia Perichart-Perera.5

Chelsea Erin Graham,3

Mayra Chávez

1

Subdirección de Investigación en Salud Pública. Instituto Nacional de Perinatología. Subdirección de
Investigación en Salud Pública. Instituto Nacional de Perinatología “Isidro Espinosa de los Reyes”. México,
D.F; 2Universidad Iberoamericana, plantel León Guanajuato, México; 3 Becaria ““Fulbright-García Robles” del
programa de investigadores. Comisión México-Estados Unidos para el Intercambio Educativo y Cultural. México,
D.F.; 4. Subdirección de Investigación en Salud Pública. Instituto Nacional de Perinatología “Isidro Espinosa de
los Reyes”. México, D.F.;5 Subdirección de Investigación en Salud Pública. Instituto Nacional de Perinatología
“Isidro Espinosa de los Reyes”. México, D.F.
E-mail: emiberna20@yahoo.com.mx
Introducción
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en
todo el mundo hay mil millones de adultos que presentan
sobrepeso y unos 300 millones son considerados
obesos. El sobrepeso y la obesidad se asocian con
varias comorbilidades de gran importancia para la salud
pública, como es la hipertensión arterial, enfermedad
cardiovascular, la depresión, el cáncer de mama y la
diabetes, entre otras. (1) La prevalencia de sobrepeso y
obesidad en mujeres en edad reproductiva (mayores de
20 años de edad) es de 71.9%, lo cual es un problema
de salud pública, dado que durante la gestación la
obesidad produce varias alteraciones fisiológicas, donde
se ven comprometidos el sistema respiratorio, el
cardiovascular y el gastrointestinal de la mujer; además
de presentarse complicaciones fetales, neonatales y
obstétricas como la diabetes gestacional. (2) En este
sentido, en México, la Diabetes Mellitas 2 (DM2) fue la primera causa de muerte en mujeres en el año 2000, la
prevalencia en adultos de 20 y más años de edad fue 7.0%. (3) Durante el embarazo, la Diabetes Mellitus
Gestacional (DMG) se define como cualquier grado de intolerancia a la glucosa detectada por primera vez
durante el embarazo y es una de las principales causas de morbilidad y mortalidad perinatal y materna a largo
plazo. La prevalencia es de 8 a 11% de todos los embarazos en México y en el Instituto Nacional de
Perinatología (INPer) hasta 12% en datos aún no publicados. Las complicaciones maternas por la DMG son la
preeclampsia y elevada incidencia de cesáreas; repercute en traumas perinatales y complicaciones neonatales
como la macrosomia, las malformaciones congénitas, distocia de hombros/trauma obstétrico, mortalidad
perinatal e hipoglucemia. (4) De acuerdo a A Zgebor JC y Toljamo M, en los siguientes cinco años, 50% de las
mujeres con DMG desarrollarán DM2 y tienen mayor probabilidad de presentar DMG en un siguiente embarazo,
además, sus hijos tendrán un riesgo más alto de tener sobrepeso y sus problemas concomitantes. (5, 6)
La Asociación Americana de Dietética y la Asociación Americana de Diabetes plantean que todas las mujeres
con DMG deben recibir Tratamiento Médico Nutricio (TMN). El TMN incluye la evaluación nutricia, el cálculo de
requerimientos de energía y nutrimentos, el diseño y recomendación de un plan de alimentación individual, el
automonitoreo de glucosa capilar, el establecimiento de metas personales para cambios en el estilo de vida,
educación intensiva y monitoreo. No se conocen las recomendaciones específicas en cuanto al esquema de
automonitoreo de glucosa capilar. Una opción es iniciar cuatro veces al día, una vez en ayuno y 1 ó 2 horas
después de haber consumido alimentos, durante dos días a la semana. Es muy importante el registro de este
automonitoreo para poder hacer ajustes al tratamiento médico y nutricio. Uno de los aspectos básicos dentro
de las recomendaciones es la realización de actividad física, en caso de no existir contraindicaciones. (7) Existen
diferentes estudios que promueven realizar ejercicio como el caminar de 20 a 30 minutos diariamente para
mejorar el control de la glucemia. Un estudio realizado por Jovanovic-Peterson en mujeres con DMG que
recibieron recomendaciones de dieta y ejercicio mostró menores niveles de glucosa en ayuno y de hemoglobina
glucosilada, en comparación con el grupo que solo recibió la intervención dietética. También se ha reportado

�que el ejercicio de resistencia reduce los niveles de glucosa postpandrial y disminuye el uso de insulina. (8) Otro
punto importante en el autocuidado es recibir un control prenatal eficaz, oportuno, continuo, integral y extenso,
(9) mediante el cual se puede reducir la morbilidad y la mortalidad materna, con buenos resultados en el recién
nacido. Recordemos que el autocuidado en salud, es la base de la pirámide de la atención primaria y por lo
tanto, es el componente primordial en el manejo de la DMG. Se dice que la población es responsable del 95%
de su cuidado. Por lo que el personal de salud, en especial de enfermería y nutrición debe motivar al individuo
para que adopte y complete las tareas de educación sanitaria para cuidarse así mismos. Recordando que el
único camino es aprendiendo acerca de sus formas culturales de la población y planificando estrategias a partir
de ellas. En este sentido, la herramienta más valiosa son los programas educativos, mismos que han
demostrado efectividad mejorando significativamente los patrones del autocuidado al término de cualquier
intervención educativa con población diabética en general y gestacional. (10-12) Por otra parte, también se debe
considerar el acceso físico a los servicios de salud desde el lugar de residencia de las mujeres, esto es, el
tiempo de traslado, ya que el resultado puede ser una mayor probabilidad de acudir o no a las consultas y
existir adherencia o no al TMN. La finalidad de este estudio fue describir a través de tres variables, el
autocuidado de un grupo de mujeres con Diabetes Mellitus Gestacional que reciben tratamiento médico y
dietoterapia, así como identificar algunos factores demográficos, socioeconómicos y antropométricos que
afectan el autocuidado.
Material y Métodos
Este es un estudio transversal, descriptivo y analítico, realizado en el Instituto Nacional de Perinatología (INPer).
Se seleccionó por conveniencia, y de manera consecutiva, una muestra de pacientes embarazadas que
acudieron a consulta externa durante un periodo de cuatro meses -noviembre 2008 a febrero 2009- que
consintieron en participar firmando carta de consentimiento informado. El proyecto general fue aprobado por los
Comités de Investigación y Ética del INPer. Se invitó a mujeres asistentes a la consulta prenatal del INPer que
cursaban con embarazo dentro de las semanas 30 a 34 de gestación, con diagnóstico de diabetes gestacional
y que tenían por lo menos tres semanas siguiendo un plan de alimentación proporcionado por una dietista del
INPer. Se incluyeron mujeres entre 18 y 43 años de edad, alfabetizadas y que radicaran en el área metropolitana
de la Ciudad de México. Se excluyeron del estudio a gestantes con diagnóstico de diabetes mellitus tipo 1, 2, o
que utilizaran insulina como parte del tratamiento.
Se aplicó un cuestionario de salud adaptado de la escala Diabetes Care Profile validada por la Universidad de
Michigan , obteniendo un Alfa de Cronbach de 0.60 a 0.95. Es uno de los instrumentos que el Michigan Diabetes
Research and Training Center; ha desarrollado para los pacientes con diabetes. El cuestionario evalúa entre
otros factores, los sociales, demográficos, comorbilidades, las actitudes de los pacientes, creencias, la
dieta, consejos de nutrición, auto-reporte y dificultades para el autocuidado de la diabetes. (13) Consta de siete
apartados: 1) Datos sociodemográficos (edad, estado civil, escolaridad, religión, tiempo de traslado de casa al
Instituto), 2) Nivel socioeconómico, 3) Salud reproductiva (semanas de gestación, número de embarazo, número
de hijos, peso al nacer y edad de los mismos), 4) Información médica (edad gestacional en que se detectó la
diabetes, peso pregestacional, peso actual, estatura, antecedentes familiares de diabetes), 5) Adherencia a la
dieta (tiempo con la dieta, número de consultas con la dietista, horarios fijos de alimentos, uso de equivalentes,
días a la semana que siguió el plan de alimentación, que respetó las raciones recomendadas, que consumió
alimentos ricos en grasa y alimentos ricos en azúcares concentrados y almidones), 6) Adherencia al
automonitoreo (posesión o no de glucómetro y número de mediciones a la semana), 7) Actividad física (tiempo,
frecuencia y tipo de ejercicio). Igualmente, se obtuvieron número de consultas prenatales y peso del recién
nacido mediante el expediente clínico.
El autocuidado fue evaluado cuantitativamente a través de tres variables: 1) La adherencia al plan de
alimentación: Se evaluó en dos partes, la primera, medida a través de cuatro reactivos: frecuencia con la que
seguía un plan de comidas; si pesaba o media sus alimentos; el uso de lista de intercambios o grupos de
alimentos y horarios fijos de comida y colación. Las respuestas fueron de opción múltiple, cada una con diferente
valor. La segunda parte, compuesta también por cuatro preguntas: días a la semana que la paciente seguía las
recomendaciones otorgadas por la dietista, al igual que el número de días que no lo hacía; días en que consumió
alimentos altos en grasa y alimentos con azúcares concentrados o almidones. En general a esta variable se
otorgó un puntaje máximo de 1.5 que equivalió al 100% de adherencia. 2) La realización de actividad física:
Abarcó tres preguntas, cada una con valor máximo de 0.5. El realizar ejercicio contaba automáticamente como
0.5. La duración y días a la semana que la paciente se ejercitaba fueron las otras dos variables que se tomaron
en cuenta. Si realizó ejercicio 30 o más minutos el puntaje fue 0.5 y efectuarlo por más o igual a tres días a la
semana, se otorgó el mismo valor. Si los criterios anteriores no se cumplían la paciente no obtenía valor alguno
por su respuesta. El puntaje máximo fue de 1.5 equivalente al 100% el valor máximo. La gestante que se
reportaba no realizar ejercicio tenía cero puntos. 3) El automonitoreo de la glucosa capilar: Se consideraron tres

�aspectos con un valor de 0.5 cada uno. El contar con glucómetro valió 0.5; el automonitoreo dos días o más en
una semana (0.5), para valorar cuando la paciente lo realizaba por un menor número de días se sacaba por
proporción, al igual que el número de veces que la gestante se monitoreo en el día, siendo cuatro veces el valor
máximo. Igualmente se concedió puntaje máximo de 1.5 a esta variable, que corresponde al 100%.
El autocuidado general se evaluó contabilizando el puntaje máximo para las tres variables descritas, siendo el
puntaje máximo de 4.5, que se traduce al 100% y se consideró como autocuidado bueno. También se evaluó
el autocuidado cualitativamente, en donde se clasificó a las mujeres de acuerdo a tres categorías del puntaje
de autocuidado general: bueno (&gt;75 percentil), regular (entre el percentil 25 a 50) y malo (&lt; 25 percentil). De
acuerdo al número de consultas prenatales durante la gestación, se consideró un control prenatal adecuado
cuando la participante acudió a 5 o más consultas de obstetricia. El Índice de Masa Corporal (kg/talla m2)
pregestacional de las embarazadas, fue evaluado con el peso pregestacional reportado por la mujer y se
clasificó de acuerdo a los criterios propuestos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1998. El nivel
socioeconómico utilizado en este estudio es el asignado a todos los pacientes por el Departamento de Trabajo
Social, según varios indicadores (el número de salarios, los dependientes económicos, el tipo de empleo, entre
otros).
Los cuestionarios fueron aplicados por una Lic. en Enfermería y obstetricia y una Lic. en Ciencias Bioquímicas.
Para la estandarización del personal, primero se efectuaron reuniones de grupo, en la que se evaluaron la
técnica de la entrevista y la forma de llenado de los formatos. En una segunda etapa se aplicaron los
cuestionarios con mujeres asistentes a la consulta externa del Instituto, previa prueba piloto a fin de verificar la
información y corregir de ser necesario, errores presentados en el interrogatorio.
Análisis Estadístico: La información obtenida fue capturada en una base diseñada para el estudio y los datos
se analizaron en el paquete estadístico SPSS 14.0 para Windows. Se calcularan medidas de dispersión y
tendencia central, ji cuadrada, correlación de Pearson para variables categóricas y T de Student para
comparación de medias.
Resultados
De 39 gestantes que cumplieron los criterios de inclusión y aceptaron participar, la muestra quedo conformada
por 30 mujeres, ya que se descartaron nueve cuestionarios por estar incompletos. En la Tabla 1 se presentan
las características generales de las participantes. Se observa que el 60% de la población se encontraba en un
rango de edad entre 25 a 34 años. El 90% estaban unidas, con relación a la escolaridad, la frecuencia más alta
(60%) fue igual o menor a secundaria, la mayoría se dedicaba al hogar (80%) y al menos ya contaban con un
hijo vivo (87%). El 87% de las gestantes presentaron sobrepeso u obesidad pregestacional. El 90% de las
embarazadas llevaron un control prenatal adecuado (≥ 5 consultas obstétricas).
Tabla 1. CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LAS PARTICIPANTES
n= 30
INPerIER, 2009
%
60
40

EDAD (años)

25-34
35-43

Fx
18
12

ESTADO CIVIL

Unidas
No unidas

27
3

90
10

TIPO DE FAMILIA

Nuclear
Extensa

20
10

67
33

ESCOLARIDAD

≤ Secundaria
≥ Preparatória

18
12

60
40

OCUPACIÓN

No remunerada
Remunerada

24
6

80
20

�NIVEL SOCIOECONÓMICO

Bajo
Medio

16
14

53
47

PESO PREGESTACIONAL

Normal
Sobrepeso/obesidad

4
26

13
87

GESTACIONES

Primigestas
Multigestas

4
26

13
87

CONTROL PRENATAL

Adecuado *
Inadecuado

27
3

90
10

* ≥ 5 consultas en la gestación
En la Tabla 2 se observan las características socio-demográficas de la población divididas por nivel de
autocuidado. Independientemente de la edad de las mujeres, 23 de ellas (77%) tuvieron un autocuidado de
regular a bueno. De acuerdo al estado civil, encontramos que de las 27 mujeres que estaban unidas, 6 de ellas
(22%) tuvieron un autocuidado malo. La población que se dedicó al hogar mostró una tendencia a un mejor
autocuidado (79%) en comparación con las gestantes que trabajan fuera de casa (67%) (p=0.200).
Tabla 2. CARACTERÍSTICAS SOCIODEMOGRÁFICAS DE LAS PARTICIPANTES SEGÚN
AUTOCUIDADO EN LA GESTACIÓN
n= 30
INPerIER, 2009
AUTOCUIDADO (percentilas)
MALO
REGULAR
BUENO
&lt; 25
25 a 75
&gt; 75
Fx. %
Fx.
%
Fx. %
p*
EDAD (años)
25-34 (n=18)
6 33
7
39
5 28 0.274
35-43 (n=12)
1
8
7
58
4 33
ESTADO CIVIL

Unida (n=27)
No unida (n=3)

6
1

22
33

12
2

44
67

9
0

33 0.489
0

ESCOLARIDAD

≤ Secundaria (n=18)
≥ Preparatoria (n=12)

5
2

28
17

7
7

39
58

6
3

33 0.586
25

OCUPACIÓN

No remunerada (n=24)
Remunerada (n=6)

5
2

21
33

10
4

42
67

9
0

38 0.200
0

NIVEL SOCIOECONÓMICO

Bajo (n=16)
Medio (n=14)

4
3

25
21

5
9

31
64

7
2

44 0.138
14

TIPO DE FAMILIA

Nuclear (n=19)
Extensa (n=11)

5
2

26
18

9
5

48
46

5
4

26 0.803
36

HIJOS VIVOS

Ninguno (n=11)
1 a 4 (n=19)

2
5

18
26

7
7

64
37

2
7

18 0.353
37

* X² de Pearson

�En la Tabla 3 se muestra el autocuidado de las mujeres de acuerdo a sus antecedentes de salud. La mayoría
de las gestantes (83%) tenían por lo menos un familiar con diagnóstico de diabetes mellitus, de las cuáles el
80% efectuaron un autocuidado de regular a bueno durante el embarazo. Cabe resaltar que del total de las
gestantes, 7 (23%) ya habían padecido DMG en un embarazo previo y más de la mitad de ellas (57%) presentó
un autocuidado malo. Además, las mujeres que no tenían antecedentes de DMG realizaron más actividad física
que las que contaban con antecedentes (p=0.053).
Tabla 3. ANTECEDENTES DE SALUD, PRESENCIA DE OBESIDAD EN MUJERES ESTUDIADAS DE
ACUERDO AL AUTOCUIDADO EN LA GESTACIÓN
n= 30
INPerIER, 2009
AUTOCUIDADO (percentilas)
MALO REGULAR
BUENO
&lt; 25
25 a 75
&gt; 75
Fx. %
Fx. %
Fx. %
p*
SDG¹ AL DIAGNÓSTICO
6 29
11 52
4 19
0.310
DE DMG²
&lt; 24 (n=21)
24 a 32 (n=9)
1 11
3
33
5 56
CLASIFICACIÓN DEL IMC³

Normal (n=4)
Sobrepeso (n=16)
Obesidad
(n=10)

DMG² EN EMBARAZO
PREVIO

Si (n=7)
No (n=23)

FAMILIARES CON D.
MELLITUS

Si (n=25)
No (n=5)

CLASIFICACIÓN
FREINKEL

Clasificada
(A1, A2) (n=19)
No clasificada (n=11)

0 0
3 19
4 40

3
8
3

75
50
30

1 25
5 31
3 30

0.445**

4 57

2

29

1 14

0.053

3 13

12

52

8 35

5 20

12

48

8 32

2 40

2

40

1 20

4 21
3 27

9
5

47
46

6 32
3 27

0.615

0.921

¹ Semanas de gestación
²
Diabetes
Gestacional

Mellitus

³ Índice de Masa Corporal

* X² de Pearson
** Entre sobrepeso y obesidad

En la Tabla 4 se puede observar que un mayor número de gestantes fueron diagnosticadas antes de la semana
24 (21vs 9). El puntaje de autocuidado en general fue mayor en las mujeres sin antecedentes de DMG; misma
población que mostró mayor tendencia a realizar actividad física (0.77).
Tabla 4. CARACTERÍSTICAS IMPORTANTES QUE TUVIERON LAS PARTICIPANTES PARA
MANTENERMAYOR PUNTAJE EN LA ADHERENCIA A LA DIETA , EJERCICIO Y AL
AUTOMONITOREO EN CASA
n= 30
INPerIER, 2009
Dieta

Actividad

Automonitoreo

Puntaje total de

�(puntaje 0
a1.5)
Media ± DE

física ( 0
a1.5)
Media ± DE

(n=21)
(n=9)

1.19±0.21
1.29±0.13

DMG² EN EMBARAZOS
PREVIOS
Si
(n=7)
No
(n=23)

1.21±0.15
1.22±0.21

SDG¹
DIAGNÓSTICO
DMG²
&lt; 24
24 a 32

Media ± DE

Autocuidado ( 0
a4.5)
Media ± DE

0.71±0.65
1.07±0.64

0.05±0.15
0.05±0.15

3.44±0.71
3.85±0.73

0.161

0.37±0.65
0.95±0.62

0.09±0.24
0.03±0.11

2.14±0.69
2.74±0.54

0.023

capilar ( 0 a1.5)

p³

AL
DE

¹ Semanas de Gestación
²
Diabetes
Mellitus
Gestacional
³ T de Student
Al analizar otros datos, encontramos que para la población que vivía más cerca del Instituto, (menos de una
hora de camino) el 60% llevó a cabo un autocuidado considerado como malo con relación a las que se
trasladaban en un tiempo mayor a una hora. La satisfacción expresada por la mayoría de las mujeres (97%)
hacia su tratamiento médico-dietético por el personal de salud fue buena y además consideraban benéfico
adherirse a este tratamiento por el bienestar de ella y su feto. Por último, el autocuidado que tuvieron las
participantes durante la gestación, no se relacionó con el peso del recién nacido, ya que 27 neonatos tuvieron
un peso menor a 3,500 gramos y sólo hubo tres recién nacidos macrosómicos, de los cuales, cada mujer tuvo
un autocuidado diferente (malo, regular y bueno).
Discusión
Lo primero que llama la atención es que, la mayoría de la población estudiada en esta investigación tuvo
sobrepeso u obesidad (87%) porcentaje mayor a lo reportado anteriormente en la población del INPer (64%),
(14) y a la prevalencia a nivel nacional (70%). (15) Además, más de la mitad de las mujeres estudiadas tenían
un nivel académico menor o igual a secundaria. Esto confirma lo reportado en otros estudios, que a menor nivel
de escolaridad mayor prevalencia de sobrepeso y obesidad. (16) Asimismo, a menor escolaridad, menor
cumplimiento de las recomendaciones dietéticas y menor seguimiento de indicaciones de los profesionales de
la salud. Las mujeres participantes tuvieron un nivel socioeconómico medio y bajo (menor o igual a tres salarios
mínimos) y sólo una tercera parte vivía inserta dentro de familias extensas; quizás por ello, gran parte de las
gestantes no tuvieron suficiente apoyo social por parte de su familia, no pudiendo completar las actividades del
autocuidado, ya que una de las características de las familias mexicanas tanto rurales como urbanas es vivir en
familia extensa. La bibliografía menciona que una de las ventajas al permanecer dentro este tipo de familia es
el contar con los diferentes tipos de apoyo y ayuda, independientemente de su estado civil.
El autocuidado está relacionado con las actividades conscientes que las personas deben realizar para alcanzar
y mantener un adecuado estado de salud durante la vida. Específicamente en las mujeres con DMG es
importante el cumplimiento de algunas acciones durante el embarazo, a fin de evitar y/o controlar algunas
complicaciones relacionadas con la enfermedad. Estas acciones incluyen el llevar una alimentación correcta;
realizar actividad física; realizar automonitoreo de glucosa capilar y asistir a sus consultas prenatales.
La adherencia a las indicaciones médicas y nutricias por parte de la población adulta con diabetes mellitus tipo
2, oscila entre el 30 y 80% según Toljamo M, (17) lo cual concuerda con lo obtenido en el presente estudio
(77%). Creemos que éste se encuentra cerca del límite superior debido a que la mayoría de las participantes
creía en los beneficios de la adherencia al régimen indicado; lo que implica que las personas no actúan a favor
de su salud, si no están convencidas de que su esfuerzo las llevará a resultados favorables.(18) Existen
estudios que refieren la adherencia a la dieta como la parte más difícil del tratamiento, (19) afortunadamente,
en este estudio se encontró una adherencia a la dieta del 81%, superando a otro estudio que reporta el 65%
(20) y a pesar de las barreras que se han mencionado en la literatura. (21-22) Las diferencias pueden deberse

�a las diferentes formas de definir el concepto de adherencia adecuada. Se encontró que la adherencia a la
actividad física fue del 66%, igual al porcentaje encontrado en un estudio realizado en Estados Unidos con
diabetes mellitus2 y cifra superior al documentado en la Ciudad de Veracruz, donde la adherencia fue menor al
10%. (23) Con relación al automonitoreo de glucosa en sangre que se realizaban las mujeres en su hogar, la
adherencia fue baja, debido a que la gran mayoría de ellas no contaban con glucómetro en casa, tal vez, porque
la mitad de la población correspondió a un nivel socio-económico bajo y el glucómetro y las tiras
reactivas representan un gasto extra que muchas veces las mujeres no pueden solventar. ($ 2,600 mensuales
aprox. más el glucómetro) (24) En otras investigaciones, se ha asociado un nivel socioeconómico bajo con un
menor uso del automonitoreo, (25) reflejándose en baja retroalimentación de sus propias acciones y por tanto,
a veces no llevan a cabo las recomendaciones propuestas por el profesional en salud. Respecto al control
prenatal, con excepción de tres casos, la mayoría de las gestantes tuvieron un control adecuado, con cinco o
más consultas en el INPer, cumpliendo con lo recomendado a nivel internacional y de acuerdo a la Norma Oficial
Mexicana. (26)
Contrario a lo esperado y reportado en la literatura, las gestantes que tenían hijos cumplieron con un mejor
autocuidado comparadas con las mujeres primigestas; a pesar de que las mujeres con hijos invierten un mayor
tiempo en el cuidado de los mismos y en responsabilidades del hogar; quizá se deba a que las mujeres sienten
la necesidad de cuidarse para estar bien y atender a los demás. También, llama la atención que las participantes
que emplearon mayor tiempo en trasladarse de su hogar al Instituto, tuvieron mejor autocuidado sin importar el
costo del transporte, esfuerzo físico, entre otras cosas. Por último, a pesar de que la mayoría de los recién
nacidos tuvieron un peso adecuado, no podemos inferir que las participantes tuvieron un apropiado control
glucémico, debido a que se desconocen estos valores durante todo el embarazo, al no tener cifras de
automonitoreo de glucosa capilar.
Estos resultados convierten en una prioridad el fortalecer las
recomendaciones y la educación por parte de los profesionales de la salud para lograr que todas las mujeres
con diabetes gestacional se realicen el automonitoreo de glucosa capilar.
Este trabajo refleja de alguna manera que las mujeres están interesadas en cuidar su salud, utilizando los
servicios médicos durante la gestación, independientemente de su nivel socioeconómico y demográfico. Motivo
por el cual, es necesario el conocimiento de estos factores para que el equipo de salud conozca hacia dónde
dirigir sus recomendaciones y asegurar una mayor adherencia al tratamiento. De acuerdo al modelo
transcultural, el único camino para que el personal de salud y en especial la enfermera o nutrióloga puedan
motivar a la usuaria para asumir su autocuidado, es considerando su contexto cultural. En otras palabras, el
autocuidado también está permeado por las percepciones culturales, que determinan el comportamiento de las
personas para lograr o no un buen estado de salud.
Cabe señalar que este estudio está inserto dentro de nuestras investigaciones sobre modelos de atención de
salud con enfoque de autocuidado orientado exclusivamente a gestantes. La información obtenida en este
estudio es valiosa para desarrollar programas educativos y de atención, basados en el autocuidado para las
gestantes, ya sea antes, durante y después de la gestación.
Una limitante de esta investigación es que fue un estudio descriptivo, en un grupo pequeño de mujeres, en el
cual no se realizó intervención de ningún tipo. En segundo lugar, no se exploró el estado emocional de las
mujeres y mucho menos se brindó atención psicológica, considerando que la presencia de depresión puede
afectar el autocuidado y aumentar el riesgo de complicaciones en el embarazo. Además, la sobrecarga
emocional y miedos influyen durante esta etapa, aumentando el estrés. Otra limitante fue que para el cálculo
del IMC pregestacional se utilizó el peso reportado por la mujer, aún cuando existe controversia al respecto, sin
embargo, se ha visto que es útil en la práctica clínica y epidemiológica como un aproximado del peso medido o
real.(27-28) Se recomienda diseñar e implementar intervenciones educativas, de salud y psicológicas en
diferentes niveles de atención a la salud, que promuevan el autocuidado en las mujeres embarazadas con
obesidad y diabetes gestacional, tomando en cuenta factores clínicos y sociodemográficos, a fin de evitar las
complicaciones perinatales asociadas con la enfermedad.
Conclusiones
El sobrepeso y la obesidad al inicio del embarazo son problemas de alta prevalencia en nuestra población. En
mujeres con primer diagnóstico de DMG se encontró una mayor tendencia a la actividad física. Estas mismas
mujeres obtuvieron el puntaje más alto en el autocuidado durante todo el embarazo. Las gestantes que tenían
otros hijos y que vivían más lejos del Instituto, mostraron un mejor autocuidado comparadas con las mujeres
primigestas y las que vivían cerca. Aunque un alto porcentaje de las participantes llevó un control prenatal

�adecuado, el automonitoreo de glucosa capilar aún no es una práctica frecuente en estas mujeres. Es importante
establecer estrategias que promuevan un mejor autocuidado en mujeres embarazadas con obesidad y diabetes.
Agradecimiento
Nuestra gratitud al Dr. Francisco Cabral Castañeda, Jefe de la Consulta Externa del Instituto Nacional de
Perinatología, por su apoyo incondicional para la realización de este estudio.
Resumen
Describir el autocuidado de un grupo de mujeres con diabetes mellitus gestacional (DMG) que reciben
tratamiento médico y dietoterapia y su relación con algunos factores demográficos y socioeconómicos. Estudio
transversal y descriptivo, realizado en 2009. Se invitó a mujeres asistentes a consulta prenatal del Instituto
Nacional de Perinatología, con embarazo entre las semanas 30 a 34 de gestación, con DMG y que tenían por
lo menos tres semanas con dieta indicada en el Instituto. El autocuidado fue evaluado a través de la adherencia
al tratamiento dietético; automonitoreo capilar y actividad física. Se calcularon medidas de dispersión y
tendencia central, ji cuadrada de Pearson y T de Student. Participaron 30 embarazadas, de ellas, el 87%
presentaron sobrepeso u obesidad pregestacional. La adherencia a la dieta fue de 81%, a la actividad física
66% y al automonitoreo 3%. El 83% tenían familiar con antecedentes de diabetes mellitus. Del 23% de mujeres
con DMG, 57% de ellas realizó un autocuidado malo. Mujeres sin antecedentes de DMG realizaron más ejercicio
físico que las que tenían antecedentes (p=0.053), ellas mismas obtuvieron puntaje más alto en autocuidado. El
60% de participantes que vivía cerca del Instituto llevó autocuidado malo. Las embarazadas sin antecedentes
de DMG obtuvieron en general mejor autocuidado que las mujeres con antecedentes y mostraron una mayor
tendencia a realizar actividad física. Las gestantes que vivían más lejos del Instituto, mostraron mejor
autocuidado. Aunque hubo alto porcentaje de adherencia a la dieta, la práctica del automonitoreo de glucosa
capilar fue muy poco común.
Palabras clave: Embarazo, diabetes gestacional, autocuidado, adherencia.
Abstract
To describe self-care behaviors of a group of women with gestational diabetes mellitus (GDM) receiving medical
treatment and diet therapy and its relationship with demographic and socioeconomic factors. Cross-sectional
study conducted in 2009. Women were invited to participate in the outpatient prenatal care at the National
Institute of Perinatology, if they were pregnant (30-34 weeks of gestation), were diagnosed with GDM and had
at least three weeks with a prescribed diet. Dietary, physical activity, self-monitoring of capillary glucose
behaviors and prenatal visits were assessed with a specific questionnaire. .Descriptive statistics, Chi square test,
Pearson correlation and Student t-test were used for analysis. A total of 30 pregnant women participated in the
study; 87% were overweight or obese before pregnancy. Diet adherence was 81%, physical activity 66% and
capillary glucose self monitoring was 3%. Most women (83%) had familiar history of diabetes mellitus and 23%
had personal history of GDM. More than half of the women with history of GDM (57%) were classified as having
inadequate self-care behaviors. Women without history of GDM reported to do more exercise than those with
previous GDM (p=0.053), and obtained the highest score in self-care behaviors. Living near the hospital (60%
of women) was related with worse self care behaviors. Women without personal history of GDM showed better
self-care behaviors than women with previous GDM, with higher levels of exercise. Even though, diet adherence
was acceptable, capillary glucose self-monitoring was not a common behavior in this group of women.
Key words: Pregnancy, gestational diabetes, self-care behaviors, adherence
Referencias
1. Morin, K., and L. Reilly. 2007. Caring for Obese Pregnant Women. Journal of Obstetric, Gynecologic and
Neonatal Nurses. Vol. 36 No. 5: 482-89.
2. Siega-Riz, AM., and BA. Laraia. 2006. The implications of maternal overweight and obesity on the course de
pregnancy and birth outocomes. Matern Child Health J. No.10: 153-56.
3. Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2006 (ENSANUT 2006) México, 2007.

�4. Reader, DM. 2007. Medical nutrition therapy and lifestyle interventions. Vol. 30 No. 2): 188-93.
5. Zgibor, JC., and TJ. Songer. 2001. External barriers to diabetes care: addressing personal and health systems
issues. Diabetes spectrum. Vol.14: 23-28.
6. Toljamo, M., and M. Hentinen. 2001.Adherence to self-care and social support. J Clin Nursing. Vol.10 No. 5:
618-27.
7. Perichart, O., P. Alonso, C. Ortega. 2006. Fisiopatología y atención nutricia de pacientes con diabetes
gestacional. Ginecol Obstet Mex. Vol. 74: 218-23.
8. Jovanovic-Peterson, L., E.P. Durak, C.M. Peterson. 1989. Randomized trial of dier plus cardiovascular
conditioning on glucose levels in gestational diabetes. Am J Obstet Gynecol. Vol.161: 415.
9. Kroeger, A., and R. Luna. 1992. Atención Primaria de la Salud. OPS. En Tezoquipa, I., et al. 2002. Boletín
de Información Científica para el Cuidado de Enfermería. Cuidados Prenatales. Instituto Nacional de Salud
Pública. Vol. 1 No. 1: 1-4.
10. Guerra, A.C., A. Evies, A. Rivas, L. García. 2005. Educación para el cuidado de pacientes diabéticas
embarazadas. Universidad de Sta. Catarina, Brasil. Texto &amp; Contexto Enfermer. Vol. 14 No. 2: 159-66.
11. Martín, E., M.T. Querol, C. Larsson, M. Renovell, C.Leal. 2007. Evaluación psicológica de pacientes con
diabetes mellitus. Av Diabetol. Vol. 23 No. 2: 88-93.
12. Martínez, M., B. Coco, P. Fraile, A. Casado, J. Domíguez, A. Ramos. 2007. Eficacia de un taller de
habilidades de afrontamiento en pacientes diabéticos. Universidad de la Rioja, Revista Metas de enfermería.
Vol. 10 No. 1: 23-30
13. Michigan Diabetes Research and Training Center.1998. Diabetes care profile. [Online]
from: http://www.med.umich.edu/mdrtc/profs/documents/svi/dcp.pdf

Available

14. Perichart, O., M. Balas, E. Schiffman, E. Serrano, F. Vadillo. 2006. Impacto de la obesidad pregestacional
en el estado nutricio de mujeres embarazadas de la Ciudad de México. Ginecol Obstet Mex. Vol.74: 77-88.
15. Encuesta Nacional de Salud y Nutrición., Op. cit.
16. Madrigal-Fritsch, H., J. Irala-Estévez, M.A. Martínez-González, J. Kearney, N. Gibney, J.A. MartínezHernández. 1999. Percepción de la imagen corporal como aproximación cualitativa al estado de nutrición. Salud
Pública Mex. Vol. 41 No. 6: 479-86.
17. Toljamo, M., et al, Op. cit.
18. Lange, I., M. Urrutia, C. Campos, E. Gallegos, LM. Herrera, S. Jaimovich, et al. 2006. Fortalecimiento del
autocuidado como estrategia de la Atención Primaria en Salud: La contribución de las instituciones de salud en
América Latina. Organización Panamericana de la Salud. THS/0506/7.
19. Travis, T. 1997. Patient perceptions of factors that affect adherence to dietary regimens for diabetes mellitus.
Diabetes Educ. Vol. 23 No. 2 :152-56.
20. Kurtz, S.M.S. 1990. Adherence to diabetes regimens: Empirical status and clinical applications. Diabetes
Educ. Vol.16: 50-6.
21. Delamater, AM. 2006. Improving patient adherente. Clinical Diabetes. Vol. 24 No. 2: 71-7.
22. Hill, A., and J. Roberts. 1998. Body mass index: A comparison between self-reported and measured height
and weight. J Public Health Med. Vol. 20: 206-11.

�23. Amador-Díaz, MB., F.G. Márquez-Celedonio, A.S. Sabido-Sighler 2007. Factores asociados al auto-cuidado
de la salud en pacientes diabéticos tipo 2. Archivos en Medicina Familiar. Vol. 9 No. 2: 99-107.
24. Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco). 2007. Costo mensual para control de la diabetes. México,
D. F. Disponible en: http://www.profeco.gob.mx (consultado en mayo 2010).
25. Amador-Díaz, MB., et al, Op. Cit.
26. Diario Oficial de la Federación. Norma Oficial Mexicana para la atención de la mujer durante el embarazo,
parto y puerperio y del recién nacido.1994. NOM-007-SSA2-1993. Criterios y procedimientos para la prestación
del servicio. 14 de julio de 1994. 1ª. Secc: 48-68.
27. Wada, K., K. Tamakoshi, T. Tsunekawa, R. Otsuka, H. Zhang, C. Murata, et al. 2005. Validity of self-reported
height and weight in a Japanese workplace population. Int J Obes. Vol. 29: 1093-99.
28. Gondim, M.R., M.E. D'Aquino, P.C. Brandão. 2006. Validity of self-reported weight and height: the Goiânia
study, Brazil. Rev Saúde Pública. Vol. 40. No. 6: 1-8.

�DIFFERENCES BETWEEN AGAR DILUTION, BROTH
MACRODILUTION (CLSI M27-A3) AND E TEST (AB BIODISK) FOR
FLUCONAZOLE RESISTANCE IN CLINICAL CANDIDA
ALBICANS ISOLATES.
E Robledo-Leal 1, JM Adame-Rodriguez 1, GM González 2, ET Aréchiga-Carvajal1*.
1Unidad

de Manipulación Genética, Laboratorio de Micología y Fitopatología, Facultad de Ciencias Biológicas,
Universidad Autónoma de Nuevo León (San Nicolás de Los Garza, N.L., México); 2Departamento de
Microbiología, Facultad de Medicina, Universidad Autónoma de Nuevo León (Monterrey, N.L., México).
E-mail: elva.arechigacr@uanl.edu.mx
Introduction
Reliable lab tests must be installed in order to monitor the incidence of in vitro antifungal resistance. There are
currently multiple options for testing in vitro antifungal drug susceptibility of Candida albicans. Reference
standard tests remain to be few and resource consuming, such as those from the Clinical and Laboratory
Standards Institute (CLSI) and the European Committee on Antimicrobial Susceptibility Testing (EUCAST). E
test (AB BIODISK) offers more simplicity and celerity in the application of the test, being its cost a disadvantage
particularly for small or newly started laboratories. Another factor that could represent a disadvantage especially
in the case of vulvovaginal candidosis is the fact that colonization occurs in the tissue surface and not in a
planktonic suspension, reason why CLSI reference method and other commercially available ones could not
simulate entirely the growth conditions at which the drug will have to act. We believe that antifungal response
of C. albicans seems affected by the way the organism colonizes tissues, cellular density and metabolism
changes due to the organism’s cellular age. Results obtained from susceptibility tests based on planktonic fungal
growth does not certainly indicate the behavior of the infection in the living tissue thus opening the possibility of
mis-correspondence between the minimal inhibitory concentrations (MIC) and the real susceptibility of the
organisms in an infective state. In consequence, therapeutic schemes based on susceptibility tests could be
imprecise suggesting ineffectively low doses or unnecessary high ones.
To test this theory, we decided to employ agar dilution assays such as the widely used for salt tolerance (1,2,3)
in order to submit C. albicans inocula to different concentrations of fluconazole (FLC) and analyze the possible
differences in the isolates’ susceptibility compared with results obtained with M27-A3 protocol and E test.
Materials and Methods
Isolates: 40 isolates of C. albicans (CA01-CA40) were obtained from patients with vulvovaginitis sampled from
the Hospital Universitario at Universidad Autónoma de Nuevo León. Strains included in the study were obtained
from patients who met the conditions of not being pregnant, not being cursing any antibiotics treatment at the
moment of the sampling and not being in the age of menopause according to Mexican Society of Nutrition and
Endocrinology, all these in order to ensure as much as possible that the infection didn’t occur due to a predisposal
factor. Strains were identified by biochemical, physiological and morphological tests.
Susceptibility tests: CLSI reference method (M27-A3): Broth macrodilution (BMD) assays were performed
according to CLSI guidelines (4). C. albicans strains were cultured in potato dextrose agar (PDA) for 24 h at 35°C.
The inocula were adjusted afterwards to a final concentration of 0.5x103 to 2.5x103 cells per ml in RPMI 1640
medium (Sigma). For each strain a set of 10 test tubes was previously arranged containing 100 μl of FLC in
concentrations ranging from 1.25 μg/ml to 640 μg/ml. 900μl of each adjusted inoculum was added to each of the
tubes containing the drug resulting in final drug concentrations ranging from 0.125 to 64 μg/ml. An extra tube
without antifungal drug was added for each set as a positive growth control.
Results were determined visually after 48 hours of incubation and MIC (minimum inhibitory concentration) was
defined as the lowest drug concentration which resulted in a reduction of 80% in the turbidity compared to the
drug-free growth control. As quality controls, C. krusei ATCC 6258 and C. parapsilosis ATCC 22019 strains were
used in accordance with CLSI document M27-A2.

�E test (AB Biodisk): The E test was performed in accordance to the manufacturer’s instructions (AB Biodisk,
1993). Briefly, 24h old cultures were adjusted to the turbidity of a 0.5 McFarland standard sterile saline solution.
The medium used was RPMI 1640 agar supplemented with 2% glucose. The plates were inoculated by pouring
500μl of the adjusted inoculums and then streaking across the entire surface of the agar in three directions using
a sterile cotton swab. The plates were dried at room temperature for 20 minutes before the E test strips were
applied (Figure 1B), then they were incubated at 35°C and read after 48 h. The E test MIC was determined as
the drug concentration at which the border of the elliptical inhibition zone intersected the scale on the antifungal
test strip. Any growth throughout a discernible inhibition ellipse was ignored. C. parapsilosis ATCC 22019 was
used as a quality control.
Agar dilution assays: For agar dilution assays we applied a modification to the Gaxiola et al method (5). Solidified
RPMI 1640 medium was mixed with FLC to final concentrations of 0.5, 2, 8 and 64 μg/ml. Plates without
antifungal drug were used as positive growth control. Inocula were obtained by incubating strains in YPD broth
medium for 48h. Each inoculum was adjusted to a final concentration of 1x106 cells per ml in RPMI 1640 medium
and 5 μl of each strain were deposited in drug containing plates. Fungal growth was registered after 48 h of
incubation at 35°C. MICs were defined as the minimum concentration at which growth was 80% inhibited
compared to the positive growth control (Figure1A). MICs were determined visually. As quality controls, C.
krusei ATCC 6258 and C. parapsilosis ATCC 22019 strains were used.
Analysis of results: Results were compared to determine the agreement between each of the three susceptibility
methods for each strain individually. Agreement was defined as results falling within ± 2 dilutions of the MIC
results. Because E test strips contain a continuous gradient instead of the log2 drug dilution scheme, E test MICs
were elevated to the next drug concentration that matched the macrodilution scheme to make the comparison
of the results easier
Results
Table 1 shows the MICs of the C. albicans isolates produced by each of the three methods. All 40 isolates
showed agreement between E-test and BMD. 19 isolates showed agreement between all three methods. 20 out
of 21 unagreed MICs were higher in AD and 15 of those MICs were ≥64 μg/ml. Only 1 (CA36) of the un-agreed
MICs was lower for AD than the other two tests. Although it agreed with the other tests, the MIC for strain CA12
was the only other result that was lower for AD. CA35 and CA40, both considered resistant according to their
MIC were also resistant in AD.

Table 1. MICs of all three methods and agreement between them at 48
h.
Strain
BMD
E test
AD
Agreement
CA01
0.25
0.125
0.5
*
CA02
0.5
1
2
*
CA03
0.25
0.25
0.5
*
CA09
0.125
0.125
0.5
*
CA11
2
2
8
*
CA12
2
2
0.5
*
CA17
0.25
0.125
0.5
*
CA19
0.25
0.25
0.5
*
CA22
0.5
0.25
0.5
*
CA27
0.125
0.125
0.5
*
CA28
0.125
0.125
0.5
*
CA31
0.125
0.125
0.5
*
CA32
0.5
0.5
2
*
CA33
2
1
8
*
CA35
64
32
64
*
CA36
8
4
8
*

�CA37
0.5
0.25
CA38
0.5
0.5
CA39
0.5
0.5
CA40
64
64
CA04
0.25
0.125
CA05
0.25
0.25
CA06
0.25
0.25
CA07
0.25
0.125
CA08
0.25
0.25
CA10
0.25
0.5
CA13
0.5
0.5
CA14
0.5
0.25
CA15
0.5
0.25
CA16
2
1
CA18
0.5
0.5
CA20
0.125
0.125
CA21
0.125
0.125
CA23
1
2
CA24
1
0.5
CA25
0.125
0.125
CA26
0.125
0.125
CA29
0.125
0.25
CA30
0.125
0.125
CA34
0.125
0.125
* Agreement between the three methods

2
2
2
64
2
8
2
64
2
8
64
64
64
64
64
64
64
64
64
64
64
2
2
64

*
*
*
*
**
**
**
**
**
**
**
**
**
**
**
**
**
**
**
**
**
**
**
**

** Disagreement between AD and the other two methods, with higher AD MIC

Figure 1 exemplifies the comparison made between AD and E test. While some strains exhibited accordance
between all methods, such as CA35 in this figure, others like CA34 didn’t agree between E test and neither AD
or BMD. Strain CA33 shows a ≥80% inhibition at 8 μg/ml compared to the drug-free control in the AD and for the
E test it shows a MIC of 1 μg/ml, for it is that value the one that intersects with the inhibition halo. Following this
rubric, strains CA34, CA35 and CA36 show MICs of 64, ≥64 and 8 μg/ml respectively in AD and 0.125, 32 and
4 μg/ml respectively in E test.
Figure 1. Sample images of the results obtained with agar dilution (A) and E test (B). In agar dilution
assays, 5µl of each inocula were placed in plates with different fluconazole concentrations (A). E test
MICs were determined as the drug concentration at which the border of the elliptical inhibition zone
intersected the scale on the antifungal test strip. Any growth throughout a discernible inhibition ellipse
was ignored (B).
Table 2 shows the distribution of the MICs for the different methods. BMD and E Test exhibit very similar MIC
number in their concentration range overall, while AD MICs locate mostly at the highest concentration used.
MIC90 for BMD and E Test resulted in 2 μg/ml while for AD it dramatically increases to 64 μg/ml.

Table 2. Distributions of fluconazole MICs for different susceptibility methods.
Method

No. of isolates for which indicated MIC (μg/ml) was:

�0.125

0.25

0.5

1

2

BMD

11

10

10

2

4

E Test

14

10

7

3

AD

10

3
10

4

8

16

32

1
1

2
1

5

64
1
15

Discussion
It could be suspected that the big differences between MICs obtained with AD compared with BMD were being
caused by the way in which cells are grown, i.e. planktonic in BMD and sessile in AD but in E test however, cells
are grown conceptually in the same way as in AD and E test agreement with BMD is absolute for this study.
Although both AD and E test target cells in agar based growth, there is a greater ratio of cells per area in AD
than in E test which could mean that the a bigger concentration of cells are exposed to the same drug
concentration. The roll of cell density has been studied before (6,7) with results that support and reject the idea
of cell density as a contributor for antifungal resistance. In the present study there is an overall tendency
suggesting that cell density could indeed have contributed to fluconazole resistance although almost half of the
results agreed among the three methods tested. There could be several explanations for strains that showed
notorious increase in fluconazole resistance. Enjalbert and Whiteway demonstrated the quick and significant
induction of drug resistance genes in medium containing farnesol, particularly drug efflux components and stress
response genes (8). Since farnesol is produced depending only on cell growth and not on a particular carbon or
nitrogen source and it is produced in equivalent amounts by cells growing in either yeast or mycelial modes (9),
it is possible that the strains in our study that showed an increased resistance to fluconazole may have had a
series of upregulated drug efflux pumps and/or activated stress response mechanisms conferring them with the
remarked resistance. However, it has been proven that drug efflux pumps are not required for the development
of resistance associated with cell density (10) and it’s suggested that this increased resistance is produced by
factors others than molecular mechanisms or biofilm architecture. From this perspective it becomes equally
interesting to discover the reason for which the other strains did not develop resistance and even more the
reason for which one strain was more susceptible in this higher cell density conditions.
Microbiological and molecular biology tests need to be done to further research this. AD has been proved to be
useful in antifungal resistance evaluations for scientific works (11,12,13,14,15). Although it may not be reliable
as a substitute for neither E test nor the CLSI reference method, because of its cost and efficiency it can be
considered to be used as a preliminary resistance test, and it could be used to classify and/or search specific
and possibly undescribed sources of resistance and susceptibility in Candida isolates under a condition not
considered before.
Acknowledgements
We acknowledge the personnel of Centro Regional de Control de Enfermedades Infecciosas in Nuevo León for
their technical help and support.
Abstract
Susceptibility assays performed by agar dilution (AD) were compared to M27-A3 broth macrodilution (BMD)
methodology (Clinical Laboratory and Standards Institute) and E test (AB BIODISK) in order to determine the
feasibility and reliability of agar dilution as an unexpensive test for fluconazole (FLC) susceptibility assays against
Candida albicans. A total of 40 strains were used. All of the isolates resulted in agreement for BMD and E test.
19 isolates showed agreement between all three methods. Of the 21 divergent results, 20 resulted in higher MIC
for AD and 15 of those were ≥64 μg/ml. Cell density due to proportional contact of cells with the drug in medium
may be responsible for the results obtained and the divergence of AD compared to the other tests. AD can’t
reliably substitute neither BMD nor E test, but it may be helpful as a preliminary resistance test for strain
susceptibility classification in laboratory research.
Key words: Candida albicans, fungal, drug resitance
Resumen

�Ensayos de susceptibilidad realizadas por dilución en agar (AD) se compararon con M27-A3 macrodilución de
caldo (BMD) metodología (Clinical Laboratory Standards Institute y) y la prueba E (AB BIODISK) con el fin de
determinar la viabilidad y la fiabilidad de dilución en agar como una prueba de unexpensive para ensayos de
susceptibilidad a fluconazol (FLC) contra Candida albicans. Un total de 40 cepas fueron utilizados. Todos los
aislamientos resultaron en un acuerdo para la DMO y la prueba de evaluación. 19 aislados mostraron
concordancia entre los tres métodos. De los 21 resultados divergentes, 20 resultaron en una mayor MIC para
la EA y 15 de ellos fueron ≥ 64 mg / ml. La densidad de células debido a un contacto proporcional de las células
con el fármaco en el medio puede ser responsable de los resultados obtenidos y la divergencia de AD en
comparación con las otras pruebas. AD no son capaces de sustituir ni la DMO ni prueba E, pero puede ser útil
como una prueba de resistencia a la tensión preliminar para la clasificación de susceptibilidad en la investigación
de laboratorio.
Palabras clave: Candida albicans, hongo, resitencia de drogas
References
1. de Nadal E., F Calero, J Ramos, and J Arino. 1999. Biochemical and genetic analyses of the role of yeast
casein kinase 2 in salt tolerance. J. Bacteriol; 181:6456-6462.
2. Gaxiola R, IF De Larrinoa, JM Villalba and R Serrano. 1992. A novel and conserved salt-induced protein is an
important determinant of salt tolerance in yeast. EMBO Journal; 11:3157–3164.
3. Ruiz A, L Yenush and J Arino 2003. Regulation of ENA1 Na+-ATPase Gene Expression by the Ppz1 Protein
Phosphatase is Mediated by the Calcineurin Pathway. Eukaryotic Cell; 2: 937-948.
4. National Committee for Clinical Laboratory Standards. 2002. Reference method for broth dilution antifungal
susceptibility testing of yeasts. Approved standard, 2nd ed. M27-A2. National Committee for Clinical Laboratory
Standards, Wayne, Pa.
5. Gaxiola R et al, Op. cit.
6. Seneviratne CJ, LJ Jin, YH Samaranayake and LP Samaranayake 2008. Cell Density and Cell Aging as
Factors Modulating Antifungal Resistance of Candida albicans Bioﬁlms. Antimicrob Agents Chemother;
52(9):3254-66.
7. Palani P, M Satish, and W LaJean 2007. Role for Cell Density in Antifungal Drug Resistance in Candida
albicansBioﬁlms. Antimicrob Agents Chemother; 51(7):2454-63.
8. Enjalbert B and M Whiteway 2005. Release from Quorum-Sensing Molecules Triggers Hyphal Formation
duringCandida albicans Resumption of Growth. Eukaryot Cell; 4(7): 1203–1210.
9. Nickerson, KW, AL Atkin, and JM Hornby. 2006. Quorum sensing in dimorphic fungi: farnesol and beyond.
Appl. Environ. Microbiol. 72:3805-3813.
10. Jia XM, ZP Ma, Y Jia, PH Gao, JD Zhang, Y Wang, YG Xu, L Wang, YY Cao, YB Cao, LX Zhang and YY
Jiang 2008. RTA2, a novel gene involved in azole resistance in Candida albicans. Biochem Biophys Res
Commun; 373(4):631-6.
11. Dunkel N, TT Liu, KS Barker, R Homayouni, J Morschhäuser and PD Rogers 2008. A gain-of-function
mutation in the transcription factor Upc2p causes upregulation of ergosterol biosynthesis genes and increased
fluconazole resistance in a Eukaryot Cell;7(7):1180-90.
12. Ferrari S, F Ischer, D Calabrese, B Posteraro, M Sanguinetti, G Fadda, B Rohde, C Bauser, O Bader and D
Sanglard 2009.Gain of function mutations in CgPDR1 of Candida glabrata not only mediate antifungal resistance
but also enhance virulence. PLoS Pathog; 5(1):e1000268.
13. Jia XM, et al, Op.cit.

�14. Shukla S, SV Ambudkar and R Prasad 2004. Substitution of threonine-1351 in the multidrug transporter
Cdr1p of Candida albicans results in hypersusceptibility to antifungal agents and threonine-1351 is essential for
synergic effects of calcineurin inhibitor FK520. J Antimicrob Chemother; 54(1):38-45.
15. Vandeputte P, G Tronchin, G Larcher, E Ernoult, T Bergès, D Chabasse et al 2008. A nonsense mutation in
the ERG6 gene leads to reduced susceptibility to polyenes in a clinical isolate of Candida glabrata. Antimicrob
Agents Chemother; 52(10):3701-9.

�FORMACIÓN NUTRIOLÓGICA EN UN PROGRAMA DE MEDICINA
DESDE LA PERSPECTIVA DEL ESTUDIANTE
Rebeca
Monroy-Torres1
y
Jaime
NavesSánchez2
1Departamento de Medicina y Nutrición, Campus León, de la Universidad de Guanajuato; León, Guanajuato,
2Hospital
México;
Materno
Infantil
de
la
SSG,
León,
Guanajuato,
México.
E-mail: rmonroy79@yahoo.com.mx
Introducción
La medicina es una “ciencia es la ciencia dedicada al
estudio de la vida, la salud, las enfermedades y
la muerte del ser humano, e implica el arte de ejercer
tal conocimiento técnico para el mantenimiento y
recuperación
de
la
salud,
aplicándolo
al diagnóstico, tratamiento y prevención de las
enfermedades y surge para explicar y tratar a los
enfermos” (1). Desde sus inicios ha sido una actividad
encaminada a resolver los problemas de salud de los
sujetos. Ha utilizado como principal parámetro la
observación de la eficacia terapéutica. El médico ha
adquirido una imagen de su profesión desde esta
concepción como principal responsable de la salud
humana. El médico recibe una formación científica y
humanística (2-4)
La influencia de la alimentación sobre la salud ha sido reconocida desde la antigüedad, sin embargo, la
nutriología como disciplina, aparece apenas en el siglo XIX. A pesar de que en los textos de Hipócrates ya se
mencionaba la importancia de la enseñanza de la nutrición en la formación de los médicos en el siglo V a.C.,
por ejemplo, elCorpus Hippocraticum señala esta afirmación, donde ya se menciona a la nutrición como un
elemento fundamental para alcanzar y conservar la salud, pero la nutriología apenas el siglo pasado ha sido
reconocida en el proceso de la salud-enfermedad (5,6). Ante nuevos retos a la salud en 1959 se fundó la
Sociedad Americana para la Nutrición Clínica, donde surgió el primer interés por integrar la nutrición al currículo
de la carrera de medicina y la Asociación Americana de Dietética recomendó la incorporación de la nutrición en
todos los niveles de la educación médica (7).
En México, en 1944 se funda el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, el cual
tiene este nombre desde el 2000, ya que refleja más adecuadamente las actividades de atención médica,
investigación y enseñanza que se desarrollan en el Instituto. Desde la visión y concepción de su fundador, Dr.
Salvador Zubirán, la enseñanza y la investigación de la nutrición se inició en el país de manera formal. Otros
trabajos realizados en el Hospital General de México, en los años 40, en torno a la desnutrición, llamaban la
atención sobre la importancia de la Nutrición para conservar o recuperar la salud (8,9). La situación en México
presentaba las mismas inquietudes y en 1990 se detecta que los conocimientos básicos de nutrición que tienen
los médicos residentes, mostraron que sólo uno de cada diez tenía conocimiento de los temas de nutrición que
se les preguntaron. Los resultados de esta encuesta motivaron en 1991 a la Fundación Mexicana para la Salud
(FUNSALUD), en coordinación con la Asociación de Escuelas y Facultades de Medicina (AMFEM), para iniciar
un programa con objeto de promover la enseñanza de la nutrición (10,11).
El estudio de la nutrición tiene su origen a partir de la definición de la desnutrición, considerada como una
condición de enfermedad. La nutrición deriva y surge de la medicina, como una especialidad m ás. La
enseñanza de la nutrición en las carreras de medicina así como la creación y desarrollo de la licenciatura en
nutrición, se dio y ha dado gracias a los esfuerzos incansables de investigadores y visionarios de la nutrición:
Dr. Cravioto, Dr. Jurado-García y Dra. Esther Casanueva, Dr. Ch ávez, Dr. Bourges, A pesar de estas visiones,
aún los programas de medicina y nutrición no están articulados (12). El crecimiento y evolución del conocimiento
en la formación del médico, desde el análisis de la historia natural de la enfermedad, la terapéutica, la medicina
preventiva, el enfoque psicosocial, la ética, etc., genera y obliga a la especialización de la profesión, llevando
a situaciones contradictorias aún, como lo es la evolución a desnutrición en pacientes hospitalizados.

�Como agente en el primer contacto con el paciente, el médico, es el pilar para la orientación alimentaria, donde
el apoyo y participación del nutriólogo y otros profesionales de la salud se hacen deseables.
Desafortunadamente, ha sido deficiente la intervención primaria y la interacción con el equipo multidisciplinario.
Esto en parte como consecuencia de una lenta y difícil incorporación de la nutriología como un área del
conocimiento en la educación de los profesionistas de la salud (13,14,15,16). En nuestro país se ha buscado la
implementación de la enseñanza de la nutrición como parte de la formación de los médicos (17, 18,19).
La Facultad de Medicina de la Universidad de Guanajuato desde 1972, en que se realizó la reforma curricular,
se incluyó los aspectos teóricos de la enseñanza de la nutrición de una manera integrada en el módulo de
Endocrinología, Nutrición y Reproducción. La enseñanza de los casos clínicos sobre nutrición se diseñó para
la fase II, que correspondiera al trabajo hospitalario y el trabajo comunitario. Esta enseñanza la venía
proporcionando sólo médicos y en 1996, a raíz de la incorporación de la Licenciatura en Nutrición, en la
Facultad, se realizaron actualizaciones y modificaciones en el programa de educación en nutrición para los
estudiantes de la licenciatura en medicina, dirigido por licenciados en Nutrición parea la fase II. En la fase II, los
alumnos de la Licenciatura en Medicina cursan cuatro módulos, con duración semestral: Medicina interna,
cirugía, pediatría y ginecología. El módulo de Medicina interna aborda temas de mayor prevalencia en el país
(nutrición en diabetes, enfermedades cardiovasculares, nefropatías y cáncer). Para el módulo de cirugía, los
temas son: obesidad, soporte nutricio, enfermedades hepáticas. Los aspectos de mayor importancia nutricia
para el módulo de pediatría y ginecología. En todos los módulos, se revisan casos clínicos (Fuente: Rediseño
curricular 1972, archivos de la Facultad de Medicina).
Para la edición 2007, se decidió realizar un estudio piloto con alumnos que recién iniciaban el primer contacto
con los casos clínicos de nutrición, de fase II. Se realizaron tres preguntas exploratorias y abiertas, en 50
alumnos. Un 50% de los alumnos, a quienes se les preguntó los motivos por los que recibían educación en
nutrición, refirieron que era “para poder suplir al nutriólogo”, cuando este no estuviera presente. Las respuestas
fueron los que motivaron este estudio, cuyo objetivo principal fue conocer la percepción y opinión de los
estudiantes de medicina sobre la educación en nutriología, así como del profesional de la nutrición.

Metodología
Se realizó un estudio descriptivo, transversal y prospectivo, de enero a junio de 2007, mediante la aplicación de
encuestas prediseñada por los autores, donde se incluyeron preguntas exploratorias relacionadas con la
enseñanza de la nutrición. La encuesta estuvo conformada por ocho ítems y fueron los siguientes:
1. ¿Tiene importancia que se incluyan temas de nutrición en el programa educativo de medicina?
¿por qué?
2. ¿Considera de utilidad tener los conocimientos y recibir la enseñanza de la nutrición al egresar? ¿por qué?
3. ¿Tiene importancia el tratamiento nutricio en el proceso salud enfermedad? ¿por qué?
4. ¿Qué espera aprender en los casos clínicos de nutrición este semestre?
5. ¿El contacto semestral previo con los casos clínicos de nutrición, despertaron interés o indiferencia? ¿Por
qué?
6. ¿Con este primer contacto de los casos clínicos de nutrición, considera que podría realizar las actividades
que realiza un nutriólogo?
7. ¿Los contenidos y el tiempo destinado a los casos clínicos de nutrición son adecuados? ¿por qué?
8. Señala un comentario general a los casos clínicos de nutrición
Se aplicó a 60 estudiantes, que cumplieron con los siguientes criterios de inclusión: ser estudiante del tercer
semestre de Fase II y haber tenido un primer contacto por un semestre, con los casos clínicos de nutrición, en

�los ciclos clínicos de medicina interna y cirugía. En el apartado de resultados, en las tablas 1 y 2, se presentan
las preguntas.
El muestreo fue de casos consecutivos. No se realizó tamaño de muestra, debido a que se aplicó la encuesta
a todos los estudiantes de ese semestre.
El protocolo fue aprobado por el Comité de Investigación de la Facultad de Medicina de la Universidad de
Guanajuato así como el consentimiento informado de participación a los estudiantes. Se aplicó estadística
descriptiva y porcentajes. Se utilizó el paquete estadístico NCSS® versión 2.0, 2006.

Resultados
Se estudiaron 60 alumnos con una edad promedio de 21 ± 1 años; el 52% del sexo femenino y el 48% masculino.
A continuación se presentan las respuestas a cada una de las preguntas, tanto las de opción múltiple como las
preguntas abiertas.
Respecto a la primer y segunda pregunta 1.¿Tiene importancia que se incluyan temas de nutrición en el
programa educativo de medicina? ¿por qué? El 100% contestó de manera afirmativa y las principales razones
que dieron fueron en un 35% “ para proporcionar un tratamiento integral” y, un 25% “para proporcionar un
tratamiento integral”, el resto de las respuestas se presentan en la tabla 1. De los siete alumnos que señalaron
que el enseñanza era para el “tratamiento de enfermedades crónico degenerativas”, señalaron a las siguientes
enfermedades: diabetes, hipertensión y ateroesclerosis. A continuación se mencionan otras razones que no se
presentaron en la tabla 1:“Mejorar el sistema inmunológico”, “Prevenir enfermedades”, “El médico es educador
al igual que el nutriólogo” y“Porque el que sólo sabe medicina no sabe nada”
Tabla 1. Número y porcentaje de razones que dieron los 60 estudiantes para la segunda pregunta y
que contestaron de forma afirmativa, sobre la importancia de llevar la enseñanza de la nutrición
Respuestas
Porque los médicos no tienen los conocimientos
Para la prevención de enfermedades
Tratamiento de enfermedades crónico degenerativas
Entendimiento del proceso salud enfermedad
Parte de los conocimientos básicos
Proporcionar un tratamiento integral

N (%)
2 (3.3)
7 (11.6)
7 (11.6)
8 (13.3)
15 (25)
21 (35)

Para la pregunta 2. ¿Considera de utilidad tener los conocimientos y recibir la enseñanza de la nutrición al
egresar? ¿por qué? El 92% consideró que ser ían de utilidad. El otro 8% que no la consideró de utilidad, dio
los siguientes motivos: “Es pérdida de tiempo ya que la prioridad son los contenidos de medicina” y “Debido a
que se destina muy poco tiempo a la enseñanza de la Nutrición, no será suficiente para aplicarlo al egresar de
la carrera”.
Para la pregunta 3. ¿Tiene importancia el tratamiento nutricio en el proceso salud enfermedad? ¿por qué? El
100% contestó afirmativamente, con los siguientes argumentos: “Es de importancia el tratamiento nutricio para
la prevención, tratamiento y reparación de los procesos patológicos como desnutrición”, “Para ayudar a reforzar
el estado inmunológico de los pacientes desnutridos”, “En las enfermedades crónicas” y “Ayuda en la mejor
evolución de la enfermedad”.
Pregunta 4. ¿Qué espera aprender en los casos clínicos de nutrición este semestre?, cinco estudiantes
opinaron que el cálculo de las dietas y, sólo tres de los estudiantes relacionaron el aprendizaje con una mejoría
en el estado de salud de pacientes y sus afirmaciones fueron las siguientes “Para mejorar las decisiones en el
tratamiento de la nutrición en los pacientes”, “Manejo del paciente diabético” y “Trastornos de la alimentación
como anorexia y bulimia”, el resto de las respuestas se presentan en la tabla 2.

�Tabla 2. Número y porcentaje de respuestas que dieron los estudiantes para la pregunta cuatro, acerca
de cuáles eran los principales contenidos de los temas de nutrición que esperaban aprender.

Pregunta 5. ¿El contacto semestral previo con los casos clínicos de nutrición, despertaron interés o indiferencia?
¿Por qué? Un 90% contestó que tenía aún interés y resto mostró indiferencia. Los estudiantes que mencionaron
que los temas de nutrición les eran indiferentes fueron los mismos que contestaron desinterés en que el
programa educativo de medicina presentara los casos clínicos de nutrición.

Pregunta 6. ¿Con este primer contacto de los casos clínicos de nutrición, considera que podría realizar las
actividades que realiza un nutriólogo? Un 25% contestó que sí podrían llevar a cabo las actividades de un
nutriólogo; el resto contestó que no podría. Los que contestaron de forma afirmativa, en su mayoría coincidieron
con las siguientes respuestas: “En la mayoría de los hospitales, centros de salud donde se practica el servicio
social profesional no se cuenta con un nutriólogo, por lo que el médico puede intervenir”, “Si se estudia y capacita
más, se puede dar tratamiento nutricio”, “Ya prescribo dietas desde el semestre pasado” y “Sí porque en la
carrera llevamos muchos temas de nutrición”.
Para los 45 (75%) estudiantes que contestaron que no se podía sustituir al nutriólogo, dieron los siguientes
motivos:
“Por eso existe la profesión de nutrición”.
“Los nutriólogos están más capacitados”.
“Hay que trabajar como equipo multidisciplinario”.
Finalmente, de estos 45 estudiantes, 23 señalaron que se podría sustituir al nutriólogo sólo en actividades
básicas como orientar o educar, excepto para los padecimientos más complejos como enfermedad renal y
cáncer, donde el nutriólogo es el que estaba capacitado.

�Pregunta 7. ¿Los contenidos y el tiempo destinado a los casos clínicos de nutrición son adecuados? ¿por qué?
El 95% puntualizó que no eran adecuados, porque se les destinaba poco tiempo y los contenidos se revisaban
de forma rápida. Las opiniones fueron las siguientes: “El horario por la tarde no es el adecuado y no se presta
toda la atención a los contenidos”, “Tienen mucha carga teórica” y “No se deben dar fórmulas o calcular dietas.
Para eso están los nutriólogos, es para los nutriólogos”
Pregunta 8. Señale un comentario general a los casos clínicos de nutrición. Las respuestas más frecuentes
fueron las siguientes: “Los casos son de interés y se ha dado a conocer la importancia de la Nutrición”, “No se
aprovechan porque se dan en poco tiempo y son pocos los temas”, “Se debería dedicar más tiempo en enseñar
al cálculo y prescripción de dietas”, “Se debería dar una guía o manual para los estudiantes de Medicina donde
vengan fórmulas y prescripción para los pacientes”, “Deberían incluirse más temas desde fase I para llegar con
más herramientas a fase II”, “Son muchos cálculos qué hacer y eso es tedioso” y “Los temas que se dan son
adecuados pues están basados en prevalencia en el País”.
Discusión
Este estudio refleja la perspectiva de los estudiantes de Medicina hacia los contenidos de la nutrición en su
licenciatura y el papel del nutriólogo. Se observa una contradicción en las opiniones de los estudiantes ya que
no muestran claridad en el papel de la nutriología para la práctica médica; el estudiante conoce los
temas relacionados con la nutrición a través de su formación pero la mayoría de los programas no están
estructurados. De ser así entenderían que con un curso semestral, no es suficiente para la planeación de dietas,
como fue alguno de los argumentos de los alumnos; y que para el diseño de menús y planes de alimentación
se requiere de fórmulas y cálculos específicos, que son parte básica de las herramientas de trabajo del
nutriólogo.
Respecto a las respuestas de los estudiantes, donde señalaron que los temas se impartían de forma insuficiente
(20), un estudio enr 126 escuelas de medicina en Estados Unidos de América, señalan que la preparación de
los estudiantes de medicina en materia de nutrición es insuficiente y escasa y, por tanto los estudiantes siguen
solicitado formación en nutrición, lo cual concuerda con algunas de las respuestas y sugerencias de los
estudiantes. Otro estudio Kahn RF. (21), menciona que los estudiantes de medicina se perciben con una
formación insuficiente en nutrición y un entrenamiento inadecuado para proveer asesorías óptimas sobre
nutrición. Con la aplicación de un cuestionario, Makowske M. y Feinman RD. (22), también concluyeron que los
conocimientos de los estudiantes de medicina sobre nutrición son deficientes. En este estudio un 75% señaló
que no podían realizar las actividades de un nutriólogo ya que los temas que se ven durante la formación como
médicos no son los suficientes. Por otro lado, Krebs NF, documentó que el médico llega a sustituir algunas de
las actividades que son propias del nutriólogo ( 23).
Este estudio descriptivo, permitió explorar la probable percepción que tienen los estudiantes de medicina, ya
que algunas de las respuestas reflejan que ven al nutriólogo como necesario en actividades de toma de
decisiones desde la Medicina y la Nutrición, pero a la vez se observaron opiniones de sustitución de las
actividades del nutriólogo. Por un lado aceptan la importancia de conocer y aplicar la Nutrición en todo el proceso
salud-enfermedad y en el abordaje de sus pacientes y por otro lado, muchos perciben que el Médico es quien
debe hacer nutrición. Hay que subrayar que la nutrición es parte indispensable en el proceso salud-enfermedad
del sujeto y por tal magnitud requiere de personal calificado y especializado en el área, motivo por el que la
Licenciatura en Nutrición fue creada, después de existir ya la enseñanza de la nutrición en el país (24).

Los temas de Nutrición que les atraen a los estudiantes de Medicina son los de mayor prevalencia y los que se
incluyen en los contenidos de los casos clínicos de nutrición, con excepción del interés por el diseño de menúes.
Con estos primeros resultados se deben buscar estrategias de enseñanza de la nutrición, ya que esta no se
reduce a temas como trastornos de la conducta alimentaria, diabetes y obesidad, si bien es cierto que son los
problemas de salud con mayor prevalencia nacional, no son los únicos de interés y que necesitan atención
desde la Medicina y la Nutrición. Por otro lado, la extensión del programa educativo de medicina no permite
cubrir con extensión suficiente los temas relacionados con la salud del ser humano. Solo el posgrado y la
práctica médica subsanarán la preparación intensiva. Se entiende que el contenido del programa educativo en
medicina no pretende agotar todos los contenidos de las especialidades, sino lo básico para a atención de
primer contacto, ya que la misma queja es constante sobre otros conocimientos como la epidemiología, ética,
estadística, biología molecular, atención primaria de la salud, medicina conductual, procedimientos de
diagnóstico, diabetes, etc. (25-28).

�Este trabajo deja varias posibilidades para seguir haciendo investigaciones, desde lo cuantitativo y lo cualitativo,
por ejemplo con la perspectiva de género con respecto a un mayor interés en “las” estudiantes que en “los”
estudiantes de medicina por estos tema, el estudio de factores socioculturales en relación a dimensiones de la
salud y de los profesionistas, el enfoque multidisciplinario de la salud (29). Permite además la reflexión acerca
del futuro y las posibilidades del nutriólogo como parte del equipo de salud, así como en el sentido de la
formación que recibe el médico desde las aulas. Conocer la forma de pensar de los alumnos de medicina es de
gran utilidad puesto que ellos son los futuros médicos. Este estudio se suma a los que contribuyan a fomentar
cambios de los sistemas de ense ñanza del programa de medicina, porque la contradicción y la ambigüedad,
reflejan una necesidad de trabajar en un equipo de salud conformado por varias disciplinas. Finalmente, es
posible, que estos primeros hallazgos, dejen bases para hacer estudios comparativos de la evolución del
pensamiento médico conforme al papel del nutriólogo y del resto del equipo interdisciplinario, en el contacto
directo durante las sesiones de nutrición.
Una de las limitaciones del estudio es la falta de una encuesta validada, por ser un estudio descriptivo, por lo
que el siguiente paso será contar con un instrumento validado para contar con datos más duros.
Conclusiones
La opinión y percepción de los estudiantes de medicina sobre los temas de nutrición, fue que la consideran de
importancia para su formación, pero el tiempo es insuficiente para comprender y conocer todas las patologías.
Un pequeño porcentaje, pero de impacto, consideró que los casos clínicos de nutrición se imparten para poder
sustituir al nutriólogo cuando este no esté presente.
Como un primer hallazgo y en concordancia con algunas publicaciones, se puede concluir que la ense ñanza
de la nutrición debe ser revisada y actualizada constantemente, con una evaluación de su impacto a largo plazo
y tomando en cuenta la opinión de los estudiantes que son los receptores de la información. Por tal motivo
deben recibir una formación en nutrición dentro del programa educativo de medicina, con una estructura
adecuada con el perfil de egreso del médico y dentro de sus competencias, para que con certeza conozca lo
que harán con el conocimiento de nutrición dentro de un equipo multidisciplinario.
Agradecimientos
A la Lic. Nut. Diana Ortega Sandoval, a la Dra. Sara Elena Pérez Gil y al Dr. Luis Humberto López Salazar, por
sus valiosos comentarios al manuscrito.
Resumen
La enseñanza de la Nutrición se imparte de manera breve y dispersa en los cursos de Medicina. No existe un
curso formal que sintetice e integre dicho conocimiento. Conocer la percepción sobre la enseñanza de la
Nutrición. Se aplicaron ocho preguntas a 60 estudiantes. Los criterios de inclusión: ser estudiante de medicina
del tercer año y, haber cursado los casos clínicos de nutrición durante un semestre. El 100% señaló que era
importante que se incluyeran temas de nutrición en el programa de Medicina, debido a la importancia en el
proceso salud enfermedad. De este 100%, un 25% consideró que podría sustituir al nutriólogo con los
conocimientos adquiridos. El 8% señaló que no le sería de utilidad el conocimiento al egresar, ya que la duración
de los temas era muy corta. Las respuestas de los estudiantes pueden ser explicadas por el corto tiempo en el
que tienen contacto con los casos clínicos de nutrición y esto lleva a dar poca importancia al aprendizaje de la
nutrición. Otra razón, es la falta de estrategias que indiquen los conocimientos de nutrición que debe recibir el
médico durante su formación y que evite una subestimación del rol del nutriólogo.
Palabras clave: Estudiantes de medicina, enseñanza, nutrición, percepción
Abstract
Teaching of nutrition is giving in shortly way in medicine courses. It doesn´t exist a formal course for integrating
this course. To understand the perception of students about nutrition education. A questionnaire was applied in
60 students, whose received nutritional clinic cases at third year of medicine degree. Inclusion criteria were:
being a student of third year medical career to be student of medical carrier; having studied clinical cases of
nutrition for a semester. 100% of students answered that are important nutritional issues during their medical

�career, the principal reasons were: promotes the teaching of nutritional care in population and a 25 % considered
that with this knowledge they could replace to the nutritionist; 8% of students said they are not important
nutritional knowledge. Finally, another percentage of students thought that not enough time spend to clinical
cases of nutrition in their careers. These students' responses may be because clinical nutrition cases are short
and why not come to give importance to the nutrition knowledge. Another reason is the lack of strategies that
reflect that knowledge must be doctors and nutritionists, to avoid underestimating the role of the nutritionist.
Key words: medical students, teaching, nutrition, perception
Referencias
1. Definición de medicina. WIKIPEDIA. Disponible en: http://es.wikipedia.org/wiki/Medicina
2. Ávila C. 1993. Hambre, Desnutrición y Sociedad. La Investigación epidemiológica de la desnutrición en
México. Guadalajara, Jalisco, México. Guadalajara, Jal., editorial Universidad de Guadalajara, p. 53-72.
3. López S. 2003. Agenda para el fortalecimiento de la enseñanza de la nutrición en la Facultad de Medicina
de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL). Nutr Clínica; 6 (2): 153-5.
4. Arroyo P, E Casanueva, M Kaufer-Houwitz, AB Pérez-Lizaur, JA Córdova-Villalobos, E Polo. 1998. Formación
nutriológica en las escuelas de México. Rev Inv Clin; 50( 6): 517-24.
5. Ávila C., Op.cit.
6. UNAM. 1991. Hipócrates. De la medicina antigua. México: Universidad Nacional Autónoma de México,: 1-22.
7. Galdston, L. 1960. Human Nutrition: historic and scientific. New York: International Universities. Press, 98110.
Ávila C., Op.cit.
9. Historia del Instituto. Instituto Nacional de Ciencias Médicas y de la Nutrición Salvador Zubirán. Fecha de
acceso: Agosto 2010. Disponible en: http://www.innsz.mx/opencms/contenido/conoce/historia_instituto.html
10. Vega- Franco L. y MC. Iñárritu 2001. La enseñanza de la nutrición en la carrera de medicina. Rev Fac Med
UNAM ; 44(5): 224-9
11. Casanueva E y R. Valdés 1991. El conocimiento nutriológico de médicos residentes. Rev Inv Clín;43(3):
211-214.
12. Ávila C., Op.cit.
13. López S., Op.cit.
14. Arroyo P, et al, Op. cit.
15. Casanueva E, R. Valdés Op.cit.
16. Calzada LD. 2003.Enseñanza de la nutrición en Costa Rica. Nutr Clínica; 6 (2): 143-4.
17. Arroyo P, et al, Op. cit.
18. Casanueva E, R. Valdés Op.cit.

�19. Arroyo P y P. Herrera 2003. Programa de fortalecimiento de la enseñanza de la nutrición en escuelas y
facultades de medicina 1991-2002. Nutr Clínica; 6 (2): 133-136.
20. Adams KM, KC Lindell, M Kohlmeier and SH Zeisel. 2006. Status of nutrition education en medical schools.
AJCN; 83 (4): 941S-944S.
21. Kahn RF. 2006. Continuing Medical Education in nutrition. Am J Clin Nutr; 83 (4): 981S-984S.
22. Makowske M and RD Feinman. 2005. Nutrition education: a questionnaire for assessment and teaching.
Nutr J;13 (4): 2.
23. Krebs NF and LE Primak. 2006. Comprenhensive integration of nutrition into medical training. Am J Clin
Nutr; 83 (4):945S-950S.
24. Perdiguero E 2000. Estudios entre la antropología y la medicina. Cuidados profanos: una dimensión ambigua
en atención de la salud. Medicina y cultura, ed.: Haro –Encinas J.A. Barcelona, Editorial Bellaterra,. p. 103114.
25. Conroy MB, HK Delichatsios, JP Hafler and NA Rigotti. 2004. Impact of a preventive medicine and nutrition
curriculum for medical students. Am J Prev Med; 27(1): 77-80.
26. Hark LA. 2006. Lessons learned from nutrition curricular enhancements. Am J Clin Nutr: 83 (4): 968S-970S.
27. Endelvent R, DR Shahar and Y Henkin. 2006. Development and implementation of a nutrition education
program for medical students: a new challenge. Ed Health; 19 (3): 321-30.
28. Spencer EH, E Frank, LK Elon, VS Hertzberg, MK Serdula and DA Galuska. 2006. Predictors of nutrition
counseling behaviors and attitudes in US medical students. Am J Clin Nutr; 84 (3): 655-62.
29. Perdiguero E., Op. cit.

�Volumen 13 No. 2
Abril-Junio 2012
Salus cum propositum vitae

IMPACTO DE LAS ESTRATEGIAS DE ENRIQUECIMIENTO Y
FORTIFICACIÓN DE ALIMENTOS CON HIERRO EN NIÑOS DE
DOS COMUNIDADES CENTINELA DEL MINISTERIO DE SALUD
DE COSTA RICA.
María del Pilar Salas Chaves1 y Eugenia Ma. Quintana Guzmán 2
1 Departamento

de Microbiología, Facultad de Microbiología, Universidad de Costa Rica, San José, Costa Rica;

2 Departamento

de Análisis Clínicos, Facultad de Microbiología, Universidad de Costa Rica. San José, Costa Rica.

E-mail: maria.salas@ucr.ac.cr
Introducción
La deficiencia de hierro es un desorden nutricional de alta
prevalencia y la causa más común de anemia en todo el
mundo (1). Constituye un problema pediátrico debido a
su alta frecuencia durante la infancia (2-5) y su severidad
está relacionada con una condición socioeconómica baja
(6-9). Para la Organización Mundial de la Salud (OMS) la
población mundial presenta anemia en un 30% y la mitad
de los casos se debe a deficiencia de hierro (10).
A partir de 1966 se han realizado varias encuestas nutricionales representativas del nivel nacional con el propósito
de conocer la situación nutricional de la población costarricense y orientar adecuadamente la toma de decisiones en
el campo alimentario nutricional.
En 1996 se realizó la última Encuesta Nacional de Nutrición la cual condujo a la implementación de intervenciones
especialmente en lo relacionado con la fortificación de alimentos con micronutrientes y con la educación nutricional
mediante el uso de guías alimentarias (11). Esta encuesta mostró un deterioro en la situación alimentaria nutricional y
corroboró el diagnóstico de varios estudios sobre la existencia en Costa Rica del “hambre oculta” causada por la
deficiencia de micronutrientes. Además se encontró que el 26% de los pre-escolares tenían anemia y más de la
mitad de los niños pre-escolares (56,3%) presentaron reservas de hierro deficientes (12). A partir de estos resultados
se desarrollaron diversas estrategias como la de establecer por norma la profilaxis con hierro en lactantes como
grupo más vulnerable de presentar esta deficiencia, así como la suplementación con hierro en embarazadas y en
niños pre-escolares, la educación nutricional y la fortificación de alimentos (13).
La encuesta de consumo de alimentos en esta última Encuesta Nacional de Nutrición mostró que la población tiene
una dieta poco variada y que un alto porcentaje de familias no llenan sus necesidades de hierro (14,15). Debido a
que en Costa Rica las anemias nutricionales continúan representando un problema de Salud Pública, el Ministerio de
Salud dentro de la Política Nacional de Salud 2004-2006 ha desarrollado estrategias que fortalecen tanto las
acciones orientadas a la disminución de las deficiencias de micronutrientes, como de los programas de alimentación
complementaria con especial énfasis en la zona rural y urbano marginal (16).

�A partir de 1999 se desarrollan estudios de investigación sobre salud y nutrición en sitios centinela urbanos
(Desamparados) y rural (Nicoya) con el propósito de definir políticas, estrategias, planes, programas y proyectos en
el campo de la seguridad alimentaria y nutricional. En ese mismo año se monitoreó la calidad de la fortificación con
micronutrientes de consumo básico en áreas urbanas y en el 2000 en el área rural.
Los sitios centinela se definen como la forma de investigación de hogares, adecuada para planificar sistemas
administrativos descentralizados, con los cuales se puede medir el impacto y la cobertura a nivel local (17).
El presente estudio se llevó a cabo con el objetivo de determinar el impacto que han tenido las estrategias de
enriquecimiento y fortificación de alimentos con hierro en la prevalencia de anemia ferropriva y reservas bajas de
hierro en niños pre-escolares, comparando la información existente más actualizada sobre la prevalencia de anemia
reportada por el Ministerio de Salud de los años 1999- 2000 con nuestro estudio actual en dos sitios centinela de
Costa Rica.
Metodología
Se seleccionaron grupos de población por su grado de representatividad de un área determinada, en donde se
concentran recursos para obtener periódicamente información que se considere prioritaria (18).
Las comunidades centinela estudiadas fueron la zona urbana del distrito de Damas de Desamparados, situada a 10
Km al sur de la ciudad de San José y para la zona rural el distrito de San Antonio en el cantón de Nicoya provincia
de Guanacaste.
La muestra de niños pre-escolares (1-6 años) se obtuvo mediante muestreo aleatorio sistemático del marco muestral
de viviendas con niños de ese grupo de edad. Como marco muestral se utilizó el listado de viviendas en donde
habitan niños en edad pre-escolar. Para lo anterior se actualizó la cartografía de las comunidades sujetas de estudio
existente en el Instituto de Estadística y Censos (INEC). Esta actualización incluyó el mapeo de segmentos y el
listado de viviendas, establecimientos y comercios, con la identificación de la existencia del grupo de estudio. Se
propuso un tamaño muestral de 250 viviendas en cada comunidad, tal como lo determinó en el año 2000 el
Ministerio de Salud, con el fin de tener comparabilidad entre los datos.
A 159 niños se le obtuvo una muestra de sangre total sin anticoagulante y con EDTA con material nuevo y estéril
descartable. Las muestras se obtuvieron por punción venosa y se les realizó la determinación de hemoglobina y
hematocrito por el método de la cianometahemoglobina usando un contador hematológico automatizado y la ferretina
sérica por un método inmunoradiométrico (IRMA) de fase sólida. Además se les solicitó muestras de heces a cada
niño y su evaluación coproparasitológica se realizó utilizando las técnicas de análisis al fresco y Kato Katz.
Se solicitó por escrito el consentimiento informado de los padres para que los niños participaran en el estudio, el cual
fue aprobado por el Comité Etico-Científico de la Vicerrectoría de Investigación de la Universidad de Costa Rica.
Se utilizaron como valores de referencia para hemoglobina 11,0 g/dl, hematocrito 33 ml/dl y ferritina sérica 12 ng/dl.
Los puntos de corte utilizados concuerdan con los recomendados por la Organización Mundial de la Salud (19). La
OMS define anemia en niños menores de cinco años de edad como aquellos valores inferiores de hemoglobina de
11 g/dl y de hematocrito de 33% (20).
Resultados
La Tabla 1 muestra que el promedio de la población estudiada es de cuatro años de edad en ambas comunidades,
con un predominio de varones en Desamparados y niñas en Nicoya. Los resultados de anemia y reserva bajas de
hierro en Nicoya según sexo del presente estudio se observan en la Tabla 2. En Desamparados no se encontró
ningún niño o niña ni con anemia ni con deficiencia en las reservas de hierro.

�Tabla 1. Distribución de la población por sitio centinela según sexo y edad (2006)

Tabla 2. Anemia y reservas de hierro bajas en Nicoya según sexo (2006)

La Tabla 3 compara los resultados de anemia y reservas bajas de hierro de los últimos estudios nacionales y de
nuestra investigación.
Tabla 3. Cuadro comparativo de anemia y reservas bajas de hierro según estudios nacionales
de los años 1996/2000 /2007

La prevalencia de parásitos fue muy baja en ambas comunidades con predominio de protozoarios, solo un caso en
Nicoya con uncinarias. El porcentaje de parásitos fue para Nicoya de 19% y para Desamparados de un 10% de la
muestra estudiada.
Discusión
En América Central y Sur los grupos más afectados por la deficiencia de hierro son niños especialmente menores de
dos años de edad y mujeres en edad reproductiva, incluyendo mujeres embarazadas.

Este mismo perfil es

�observado a nivel mundial, sin embargo en la regi ón centroamericana la anemia tiene diferentes características que
las observadas en África y Asia y la diferencia es en cuanto a la severidad ya que la anemia es menos frecuente en
América Latina, probablemente debido a la baja prevalencia de enfermedades endémicas como malaria y el SIDA
(21).
A pesar de que nuestro estudio (2008) se llevó a cabo en los mismos sitios centinela evaluados anteriormente se
encontró una baja prevalencia de anemia en relación a lo informado tanto en la última Encuesta Nacional de
Nutrición (1996) como en el estudio de sitios centinela del Ministerio de Salud 1999-2000. En estos dos últimos
estudios, los niños de la zona rural presentaron la mayor prevalencia de anemia y reservas de hierro depletadas,
mientras que en la zona urbana se encontró con más frecuencia la deficiencia de hierro sin anemia.
La última Encuesta Nacional de Nutrición realizada en 1996 mostró un a prevalencia de anemia en pre-escolares del
26% y la Encuesta Basal de Comunidades Centinela en Alimentación y Nutrición de 1999-2000 del 13.6% (22, 23).
Ya en este lapso de 3 años aproximadamente se observa una mejoría importante en el número de casos con
anemia.
En el presente estudio se encontró una prevalencia de anemia del 2,5% con reservas bajas de hierro en el 8,8% de
la población rural estudiada y no se encontró ni anemia ni depleción en las reservas del hierro en la zona
urbana.Esto demuestra que en el lapso aproximado de 10 años, desde la última encuesta y el estudio actual, se
mejoró considerablemente el perfil de hierro en la población pre-escolar de los mismos sitios centinela evaluados, es
más la condición de anemia en la población pareciera ser que dejó de ser un problema de Salud Pública.
El comportamiento de la ferritina en nuestro estudio indicó una prevalencia de deficiencia de hierro menor a lo
encontrado anteriormente en niños pre-escolares en el país, por lo que la anemia por deficiencia de hierro dejó de
ser la causa principal de esta por lo que se deben de realizar estudios donde se relacione anemia a otras deficiencias
de micronutrientes que afectan la eritropoyesis.
Se encontraron algunos pre-escolares afectados por parasitismo intestinal, en la mayoría de tipo no-patógeno. El
parasitismo hallado no se asocia con anemia ya que en su mayoría fue dado por protozoarios.Durante los últimos
años los índices de parasitosis en Costa Rica han venido disminuyendo marcadamente, en especial aquellas que
originan pérdidas importantes de hierro o asociadas al desarrollo de anorexia. En la última Encuesta Nacional de
Nutrición también se incluyó un modelo parasitológico y se encontró una prevalencia de parasitismo intestinal total de
5,4%.
Podemos concluir que los datos nacionales y los encontrados en nuestro estudio más recientemente, ambos
llevados a cabo en los mismos sitios centinela con un lapso de tiempo aproximado a los 10 años, son muy distintos
debido en gran parte a las políticas de fortificación de alimentos que se han implementado en Costa Rica desde el
año 1997.
En 1953 se estableció la fortificación de la harina de trigo con hierro. Sin embargo considerando que la dosificación
era muy baja, en 1997 mediante decreto ejecutivo, este nivel fue aumentado y además se le agregó ácido fólico (24).
En el año 2000 se da la fortificación de la harina de maíz con hierro y ácido fólico y vitaminas del complejo B (25) y
en el 2002 la fortificación de la leche con vitamina A, hierro y ácido fólico (26). En el 2003 se inició la fortificación del
arroz con hierro, ácido fólico y vitaminas del complejo B (27) y se modificó el tipo de hierro que se agrega a la harina
de trigo para una mayor absorción (28). En 1998 (29) y en el 2002 (30) además se fortifico el azúcar con vitamina A.
Sin embargo, a pesar de todos estos esfuerzos realizados, es necesario seguir fortaleciendo los programas
orientados a mejorar la situación nutricional de la población costarricense y las estrategias a seguir deben incluir
vigilancia epidemiológica y la promoción de estilos de alimentación saludable.

�Agradecimiento
Nuestro agradecimiento a los niños, padres de familia y al personal de los Equipos Básicos de Atención Integral en
Salud (EBAIS), el Hospital de La Anexión y la Clínica Marcial Fallas de la Caja Costarricense del Seguro Social de
Nicoya y Desamparados por la colaboraci ón brindada en el estudio. Además agradecen el apoyo financiero y
logístico del Ministerio de Salud, Vicerrectoría de Investigación de la Universidad de Costa Rica, el CONICIT y al
Organismo Internacional de Energía Atómica bajo el proyecto RLA/6/053.
Resumen
El presente estudio se realizó con el objetivo de determinar el impacto que han tenido las estrategias de
enriquecimiento y fortificación de alimentos con hierro en la prevalencia de anemia ferropriva y reservas bajas de
hierro en niños pre-escolares costarricenses. Se estudiaron 169 niños en edad pre-escolar pertenecientes a dos
comunidades centinela, una rural y otra urbana. La última Encuesta Nacional de Nutrición realizada en 1996 mostró
una prevalencia de anemia en pre-escolares del 26% y la Encuesta Basal de Comunidades Centinela en
Alimentación y Nutrición de 1999-2000 del 13.6%. En el presente estudio se encontró una prevalencia de anemia del
2,5% con reservas bajas de hierro en el 8,8% de la población rural estudiada y no se encontró ni anemia ni depleción
en las reservas del hierro en la zona urbana.

Se encontraron algunos pre-escolares afectados por parasitismo

intestinal en la mayor ía de tipo no-patógeno, el parasitismo hallado no se asocia con anemia ya que fue dado por
protozoarios. Podemos concluir que los datos nacionales más actualizados y los encontrados en nuestro estudio más
recientemente son muy distintos debido en gran parte a las políticas de fortificación de alimentos que se han
implementado en Costa Rica desde el año 1997. Sin embargo es necesario seguir fortaleciendo los programas
orientados a mejorar la situación nutricional de la población costarricense y las estrategias a seguir deben incluir
vigilancia epidemiológica y la promoción de estilos de alimentación saludable.
Palabras clave: anemia, hemoglobina, ferritina, niños, niñas, pre-escolares, hierro
Abstract
To determine the impact of the strategies of enrichment and food fortification with iron in the prevalence of iron
deficiency anemia and low iron reserves in pre-scholar children of Costa Rica was the objective of the present study.
We analyze 169 samples of children in pre-scholar age of two centinel communities, one rural and another urban.
The last National Survey of Nutrition made in 1996 demostrated a prevalence of anemia in pre-scholars of 26% and
the Basal Survey of Centinel Communities in Feeding and Nutrition of 1999-2000 was of 13,6%. In the present study
the prevalence of anemia was of 2.5% and with low iron reserves in 8.8% of the studied rural population and it was
neither anemia nor depletion in the reserves of the iron in the urban zone. Some pre-scholar children were affected
by non intestinal pathogen parasitism, which one is not associated with anemia because was given by protozoas. We
can conclude that the more updated national data and the recently found in our study are very different because of
the extent policies of food fortification that has been implemented in Costa Rica since 1997. Nevertheless it is
necessary to continue fortifying the oriented programs to improve the nutritional situation of the Costa Rican
population and the strategies to follow must include epidemiology monitoring and the promotion of healthful feeding
styles.
Key words: anemia, hemoglobin, ferritin, boys, girls, pre-scholars, iron
Referencias
1. Cunningham L, A. Blanco, S. Rodríguez, M, Ascencio 2001. Prevalencia de anemia por deficiencia de hierro y
folatos en ni ños menores de siete años, Costa Rica, 1996. Arch. Lat. Nutr. Vol. 51 No. 1: 37- 43

�2. Bernztein R. 2003.

El hierro, la anemia y el uso racional en el Programa REMEDIAR.

Boletín PROAPS-

REMEDIAR. Vol 4: 4-5.
3. O`Donnell A 2003. Consecuencias de la carencia de hierro y anemia. Boletín PROAPS-REMEDIAR Vol. 4: 7.
4. Olivares M, T. Walter 2003. Consecuencias de la deficiencia de hierro. Rev. Chil. Nutr. Volumen 30 No. 3.
5. Olivares M, T. Walter 2004. Causas y consecuencias de la deficiencia de hierro. Rev Nut. Vol.17 No. 1.
6. Ehrhardt P. 1986. Iron deficiency in young Bradford children from different ethnic groups. Brit. Med. J. Vol. 292:
90-93.
7. Picciano M, R. Deering 1980. The influence of feeding regimens of iron status during infancy. Am. J. Clin. Nut.
Vol. 33: 46-753.
8. Karp R, W. Haaz, J.Starkok 1974. Iron deficiency in families of iron-deficient inner-city school children. Am. J. Dis.
Child. Vol. 128: 18-20.
9. Katzman R, A. Novack, H. Pearson 1972. Nutricional anemia in an inner-city comunity. JAMA Vol. 222 No. 6:
670-673.
10. López L, J. García, M. Giralt 1990. Ferropenia, ayer, hoy y siempre. Sangre. Vol. 35 No. 4: 299-305.
11. Ministerio de Planificación 2000. Plan para el Mejoramiento de los Servicios de Salud.
12. Idem.
13. Caja Costarricense del Seguro Social, Gerencia División Administrativa, Dirección de compra de servicios de
salud 2000. Informe de Evaluación. CCSS.
14. Ministerio de Salud 1996. Encuesta Nacional de Nutrición. Fascículo 2: Micronutrientes. Ministerio de Salud,
Instituto Costarricense de Investigación y Enseñanza en Nutrición y Salud.
15. Rodríguez S, A. Blanco, L. Cunningham, M. Ascencio,

M. Chaves, L. Muñoz 1996. Prevalencia de anemia

nutricional en mujeres en edad reproductiva, Costa Rica, Encuesta Nacional de Nutrición. Ministerio de Salud.
16. Ministerio de Salud 2003. Pol ítica Nacional de Salud 2002-2006.
17. Ministerio de Salud, Instituto Costarricense de Investigación en Nutrición y Salud, Caja Costarricense del Seguro
Social, Ministerio de Educación Pública 2000. Encuesta Basal Comunidades Centinela en Alimentación y Nutrición
1999-2000. Convenio de Cooperación Ministerio de Salud-UNICEF.
18. UNICEF 1997. A UNICEF guide for monitoring and Evaluation. UNICEF headquarters: New York.
19. Organización Panamericana de la Salud 1996. Plan de acción para el control de la anemia por carencia de hierro
en las Américas.
20. Ministerio de Planificación, Op. cit.
21. Barón M A, L. Solano, M. Páez, M. Pabón 2007. Estado nutricional de hierro y parasitosis intestinal en niños de
Valencia, Estado de Carabobo, Venezuela. Ar. Venez. Nutr. Vol. 20 No.1: 5-11.
22. Ministerio de Salud 1996, Op. cit.

�23. Ministerio de Salud, Instituto Costarricense de Investigación en Nutrición y Salud, Caja Costarricense del Seguro
Social, Ministerio de Educación Pública, Op. cit.
24. República de Costa Rica 1997. Decreto Ejecutivo No. 26371-S: Reglamento para el enriquecimiento de la harina
de trigo de calidad alimentaria. La Gaceta No.208.
25. República de Costa Rica 1999. Decreto Ejecutivo No. 28086-S: Reglamento para el enriquecimiento de la harina
de ma íz con hierro aminoquelado. La Gaceta No.184.
26. República de Costa Rica. 2001. Decreto Ejecutivo No.29629-S: Reglamento para la fortificaci ón de leche de
ganado vacuno con vitamina A, hierro y ácido fólico.
27. República de Costa Rica 2002. Decreto Ejecutivo No.30021-S: Reglamento para el enriquecimiento del arroz. La
Gaceta No.1.
28. República de Costa Rica 2002. Decreto Ejecutivo No. 30030-S: Modificación al decreto ejecutivo No. 26371-S
del enriquecimiento de la harina de trigo de calidad alimentaria. La Gaceta No.1.
29. República de Costa Rica 1998. Decreto Ejecutivo No. 27021-S: Reglamento para la fortificaci ón de azúcar con
vitamina A. La Gaceta No.108.
30. República de Costa Rica 2003.

Decreto Ejecutivo No.30140-S: Modificaci ón decreto No.27021-S de la

fortificación del azúcar con vitamina A. La Gaceta No. 1.

Revista de la Facultad de Salud Pública y Nutrición
Ave. Dr. Eduardo Aguirrre Pequeño y Yuriria
Col Mitras Centro, Monterrey, N.L. México 64460
Tels. (8)348-4354, 348-6080, 348-6447
respyn@faspyn.uanl.mx

Universidad Autónoma de Nuevo León
webmaster@uanl.mx

�LA TOMA DE DECISIONES EN SALUD PÚBLICA: UNA REVISIÓN
DEL PROCEDIMIENTO DESDE EL ENFOQUE RACIONAL
Igor Martín Ramos Herrera1, Miguel Ernesto González Castañeda2 y Carolina Tetelboin Henrion3
1

Universidad de Guadalajara, Departamento de Salud Pública, Cuerpo Académico Geografía de la Salud.
(Guadalajara, Jal., México). 2 Universidad de Guadalajara, Departamento de Geografía y Territorio, Cuerpo
Académico Geografía de la Salud. (Guadalajara, Jal., México). 3 Universidad Autónoma Metropolitana, Maestría
en Medicina Social. (México, D. F.)
E-mail: iramos@cucs.udg.mx
Introducción
Casi a finales del año 2005 “Stan” y ”Wilma”, dos
de los más poderosos huracanes en la historia
de México, se alinearon cronológicamente para
dar lugar a uno de los desastres naturales más
severos que hayan afectado al país. Estos
colosos provocaron lluvias, inundaciones,
cuantiosos daños materiales y cobraron muchas
vidas humanas al afectar los estados de
Chiapas, Quintana Roo, Campeche, Oaxaca,
Yucatán y Tabasco, al sur del país (1). Ante esta
situación, y con base en el estado de la situación,
el gobierno decretó activar el programa DN3
(Desastre Nacional Categoría 3) con la intención
de que las fuerzas sanitarias, civiles y militares,
respondieran inmediatamente a la prioridad de
poner a salvo a la población afectada y minimizar
el daño en las personas y sus bienes. En su primera fase, todas las acciones se orientaron a mantener la
integridad de la población y por tanto, las decisiones debieron ser tomadas de forma rápida y efectiva (2). Aún
así, la pérdida de vidas humanas se elevó a varios cientos de personas en ambos eventos y el número de
lesionados generó cifras de hasta cuatro dígitos.
Una vez que los huracanes se disiparon, las autoridades sanitarias cambiaron sus prioridades y entraron en
una segunda fase de respuesta, orientada a evitar el surgimiento de enfermedades epidémicas por efecto de la
contaminación de las fuentes de agua potable, la falta de alimentos y de higiene de los mismos, la carencia de
agua potable, la contaminación del ambiente por los restos humanos y animales en descomposición y la
carencia de medicamentos para la atención a las enfermedades preexistentes, entre muchos otros aspectos.
Las disposiciones a tomar, en esta fase, se orientaron a movilizar todos los recursos y ayuda disponibles para
mantener la salud de las poblaciones afectadas, hacer llegar servicios médicos de primer nivel a las zonas de
desastre y a movilizar a los enfermos a sitios donde puedan recibir servicios médicos de segundo o tercer nivel
de atención.
En la tercera fase, una vez restablecido el orden y sofocado el estado de emergencia, las autoridades y la
población se dedicaron a la restauración de las condiciones previas a los desastres. En la actualidad y por la
gravedad de los eventos citados, aún se trabaja en muchas partes de las zonas devastadas; parte importante
de las labores en esta fase se orientan a continuar con la vigilancia epidemiológica y en salud pública, así como
a poner nuevamente en funcionamiento los servicios locales de atención a la salud.
De acuerdo al reporte de las autoridades, el saldo general de estos operativos fue positivo y sin brotes
epidémicos (3). Quienes participaron en las acciones de atención a la salud durante estos eventos utilizaron su
juicio y experiencia para tomar las decisiones que consideraron más pertinentes, sin embargo, no se sabe si
estas personas habían recibido formación alguna para la toma de decisiones, menos aún si se evaluaron sus
habilidades en ese sentido o si siguieron una pauta preestablecida que orientó su acción.

�Las situaciones en las que se enfrentan disyuntivas en el ámbito de la salud pública, tan importantes como la
que aquí se relata, son motivo de interés para quienes se dedican a la formación de recursos humanos en salud,
en particular cuando se pretenden desarrollar habilidades para una toma de decisiones efectiva y eficiente. Este
artículo se enfoca principalmente en la descripción de las habilidades cognoscitivas que han de desplegar los
individuos para la toma de decisiones así como los instrumentos para evaluar tales habilidades en el ámbito de
la salud pública. Al final de éste se identifican problemas derivados de este análisis.
El objetivo del presente artículo es contextualizar y definir el uso de las habilidades cognoscitivas para la toma
de decisiones dentro del campo de la salud pública, así como identificar la forma en que éstas se pueden
desarrollar en el ámbito de la formación de recursos humanos en salud.
Para ello, se llevó a cabo una investigación documental de la literatura sobre el tema, teniendo como directriz
el seguimiento a los principales autores y sus referencias hasta el año 2005. Los documentos encontrados
fueron sujetos a un proceso de selección por pertinencia del tema y fueron sujetos a análisis de contenido.
Además, este trabajo es el producto de una revisión exhaustiva realizada durante un estudio mayor en el que
se desarrolló un instrumento para su evaluación y cuyos resultados se reportan en otro lugar (4).
La necesidad de un proceso racional
¿Qué llevó a las autoridades mexicanas a actuar de la forma en que lo hicieron en las distintas fases de la
contingencia ambiental y sanitaria durante estos huracanes? Supongamos que una acción importante al inicio
debió ser el acopio de toda la información posible respecto al problema que enfrentaban, lo cual dependía de
la confianza en el personal de atención a desastres, quienes deberían reportar datos confiables y oportunos,
además de la certeza de que mientras mejor información se obtuviera, mucho más fácil sería generar
alternativas de solución. Por otra parte, el tiempo de respuesta de las autoridades y del equipo de salud fue
crucial para el éxito de las acciones efectuadas, ya que la búsqueda de información debía ser oportuna y
expedita. Todo lo anterior en el marco de los lineamientos de respuesta del programa de atención a desastres.
Con la información a la mano y confiando en su veracidad, las autoridades y su equipo de trabajo debieron
diseñar una serie de alternativas de respuesta al problema, basándose en la evaluación de la magnitud del
problema, analizando la posible capacidad del gobierno y del Sector Salud para atender casos como estos;
quizá también consideraron la gran capacidad de trabajo así como las experiencias previas para el manejo de
estas situaciones e hicieron un análisis meticuloso de los riesgos, las posibilidades de éxito o fracaso y las
consecuencias de cada alternativa. Con las alternativas de atención propuestas, debieron seleccionar aquella
que consideraron daría una respuesta más efectiva al problema, en este caso, dividir la respuesta por fases y
disponer los recursos civiles, militares y de salud disponibles. Finalmente, permitieron que el plan DN3 del
ejército nacional implementara un Plan de Atención, el cual se ejecutó con buenos resultados de acuerdo a los
reportes oficiales.
Este caso refleja la enorme importancia que tienen las decisiones de los funcionarios y operativos del sector
salud sobre las acciones sanitarias en la población. Por lo anterior cabe preguntarnos ¿se podría repetir el
proceso con los mismos o mejores resultados?
El caso presentado sirve de pretexto para llamar la atención ante la necesidad de conocer y reconocer el
enfoque racional de toma de decisiones. Ciertamente en el ámbito de la salud pública no siempre se presenta
la oportunidad de tomar decisiones de manera tan aplastante como en una situación de desastre, pero si se
cuenta con personal que aplique el Proceso de Toma de Decisiones (PTD), se podrían incrementar las
posibilidades de éxito, dicho en otras palabras, reducir la incertidumbre y las posibilidades de fracaso.
La toma de decisiones
Se dice que la toma de decisiones es un proceso de análisis que permite elegir de entre varias alternativas
aquella que más se ajusta a las necesidades o metas de una situación determinada (5) y en el que deben
conjugarse los siguientes componentes: información, conocimientos, experiencia, análisis y juicio (6, 7).
También se le ha ligado a los objetivos educativos formulados por Benjamín Bloom (8), Robert Gagne (9), así
como con los procesos de razonamiento que requieren de distintas habilidades del pensamiento (10).
El intelecto de los individuos posee, entre otras capacidades, dos grupos de funciones: las habilidades del
pensamiento y los procesos de razonamiento. Las habilidades del pensamiento, son aquellas capacidades

�básicas del individuo que le permiten extender y refinar el conocimiento que posee, entre ellas están las
habilidades de comparación, clasificación, inducción, deducción, análisis de errores, abstracción, construcción
de fundamentación y análisis de perspectivas. Los procesos de razonamiento son más complejos y permiten
que el individuo utilice el conocimiento disponible de manera significativa con la finalidad de desempeñar tareas
específicas. Entre estos se encuentran la toma de decisiones, la investigación experimental, la inventiva, la
investigación y la solución de problemas (11, 12). Estos procesos se realizan a través las llamadas habilidades
cognoscitivas, las cuales se definen en la siguiente sección.
En este sentido, la toma de decisiones como proceso de razonamiento, hace uso del conocimiento de forma
significativa con la finalidad de diseñar alternativas de solución a un problema determinado y de elegir aquella
que más convenga. Herbert Simon (13 ) describió el PTD por primera vez hace casi ya medio siglo, lo identificó
como un proceso dinámico que consta de cuatro fases consecutivas: inteligencia, diseño, selección e
implementación. En la fase de inteligencia el individuo se enfoca en recolectar y procesar la información
necesaria para definir y comprender el problema que se presenta, es decir, qué, por qué y dónde ocurre, quiénes
lo están experimentando y cuáles son sus efectos, así como la definición de la meta o metas a lograr. Durante
esta fase se sugiere aplicar el pensamiento crítico (14), de forma que se adopte una actitud abierta, creativa,
sin prejuicios, cuestionando lo que parece obvio a simple vista y tratando de ir más allá de los límites usuales.
En la segunda fase del PTD, conocida como de diseño, el individuo se enfoca en concebir algunas alternativas
de solución para el problema identificado. No siempre es posible diseñar todas las alternativas posibles, pero
con base en la información que se obtenga, en la experiencia, el estilo cognitivo y en los recursos con que se
cuente, se podrán establecer dos o tres alternativas viables a la vez que deberán compararse entre sí. Además,
se establecen los criterios que le permiten seleccionar una de ellas.
La tercera fase del proceso, la de selección, es cuando formalmente se toma una decisión, ya que el individuo
elige de entre las alternativas diseñadas en la etapa anterior aquella que mejor responde al problema o situación
que se enfrenta. Para ello, refieren Laudon y Laudon (15.) el responsable se puede apoyar en sistemas de
información, otras personas y en materiales a la mano, que le permiten conocer los costos, consecuencias y
oportunidades de cada una de las alternativas.
La última fase del proceso de toma de decisiones es la de implementación. Aunque algunos autores (16) señalan
que la implementación ya no forma parte del PTD, en ocasiones se incluye dadas las implicaciones que tiene
para los resultados. Durante esta fase, el individuo pone en práctica la alternativa de solución seleccionada y
se reportan los progresos logrados.
A partir de las consideraciones teóricas previas se reconocen dos paradigmas: el descriptivo y el normativo (17).
El paradigma descriptivo se basa en la observación empírica y en los experimentos conductuales, mientras que
el paradigma normativo asume a un individuo que sigue un proceso definido de preferencias que obedecen a
conductas racionales. Para el presente trabajo se la perspectiva de este último paradigma para enmarcar y
describir el PTD en los individuos, por considerar que se adecua mejor a los supuestos teóricos reales.
Por otra parte, las decisiones pueden ser hechas bajo dos modelos: el individual y el grupal (18). El modelo
individual establece que el ser humano toma decisiones de forma racional con base en cálculos congruentes
racionales y de maximización de valor, lo que le permite establecer metas, generar y clasificar todas las
alternativas posibles de acuerdo a su aportación a esas metas y elegir aquella que más aporte. Aunque también
se considera una racionalidad limitada de los humanos que les impide establecer todas las alternativas posibles
y que por ello tienden a elegir la primera que esté disponible (19,20). El modelo grupal será revisado en otro
momento.
De acuerdo con el modelo individual, el PTD puede seguir dos rutas: la irreversible y la reversible o heurística.
La primera marca un camino lineal y unidireccional, en la que no se hacen repeticiones innecesarias de fase
previas del proceso (21). Por el contrario, aquellos individuos que siguen la ruta heurística, regresan a fases
previas, en un proceso de evaluación práctica de cada alternativa, donde la repetición de las fases y la
evaluación de los posibles desenlaces permiten experimentar los resultados de la solución sin haber tomado la
decisión definitivamente.
Algunos investigadores han encontrado que quienes adoptan el paradigma racional bajo el modelo irreversible
individual usualmente llegan a decisiones más eficientes (22,23). Debido a que el proceso heurístico es poco
consistente y produce una pérdida de nitidez en los límites de las soluciones y se reduce la confiabilidad y la
calidad de las decisiones (24). En el modelo irreversible la alternativa a seguir se selecciona en función de las

�probabilidades de éxito percibidas por los individuos, a esta actividad se le conoce también como toma de
decisiones probabilística (25, 26). También se señala que para tomar una decisión probabilística se requiere de
ciertas habilidades cognoscitivas que permiten comprender y elegir de entre las alternativas formuladas aquella
que más se acerque a las metas identificadas (27).
Las habilidades cognoscitivas para la toma de decisiones
La palabra habilidad significa destreza para hacer algo y además significa el desarrollo de esa destreza (28). El
término habilidad se usa también como sinónimo de competencia, que habla de una maestría y excelencia en
el desempeño de tal destreza. En párrafos anteriores, se comentó que las habilidades del pensamiento son
destrezas básicas de la inteligencia humana. También se mencionó que el PTD es un proceso de razonamiento
que busca aplicar el conocimiento de forma significativa. Para lograrlo el PTD hace uso de ciertas habilidades,
llamadas habilidades cognoscitivas, que si son usadas de manera efectiva, permitirán alcanzar las metas
propuestas (30).
Klein menciona que las habilidades cognoscitivas que facilitan el PTD se les denomina “habilidades
metodológico-estadísticas, donde lo metodológico del término da cuenta de la secuencia e integridad de las
fases para llegar a una decisión y lo estadístico del término se refiere al grado de probabilidad de la decisión”
(31, p. 324). Sin embargo, para los fines de este trabajo se usará el término de Habilidades Cognoscitivas (HC)
que es más común en la literatura. A pesar de que muy pocos autores se han preocupado por identificar aquellas
HC que entran en juego durante el PTD, aún no se ha llegado a un acuerdo. Sin embargo, es posible apreciar
algunas comunes, según se describe a continuación.
Argudín (32) identifica las siguientes habilidades: jerarquizar, asentar prioridades y asumir consecuencias,
donde la primera permite a los individuos clasificar distintos elementos, objetos u opciones a través de un criterio
determinado, y el elemento que cumpla mejor dicho criterio será el más importante y viceversa. La segunda
habilidad referida por este autor, es asentar prioridades, que permite distinguir aquellas acciones que deben ser
realizadas en primera instancia, dada su jerarquía, de aquellas que no requieren atención inmediata y pueden
ser efectuadas posteriormente. La tercera habilidad es asumir consecuencias, la cual tiene que ver más con los
valores del individuo y se refiere al grado de responsabilidad y compromiso frente a la situación en juego.
Por su parte, Pozo (33) identifica dos habilidades para el PTD, llamadas también habilidades profesionales
transversales. La primera es la habilidad para identificar alternativas que permite razonar los distintos cursos de
acción que se pueden seguir para dar solución a una situación problemática. La segunda es la habilidad para
hacer elecciones racionales, es decir, con base en el modelo racional y en la capacidad de los individuos para
seleccionar aquella alternativa que tenga más posibilidades de lograr un objetivo determinado, el individuo
realiza un análisis de cada alternativa con base en la información disponible y su juicio personal.
El Ministerio de Aprendizaje de Saskatchewan en Canadá, identifica tres niveles para el PTD: el primero se
refiere a la ampliación de la base de conocimientos a través de la información disponible; el segundo es tomar
una decisión informada que logre las metas planteadas y que establezca un compromiso con la situación
analizada; el tercero es desarrollar un plan de acción en el que se establezcan las actividades a seguir para
ejecutar la decisión tomada (34). Se aprecia en estos tres niveles una gran similitud con las anteriores
propuestas de HC.
Klein, Orasanu y Calderwood (35), preocupados por la ausencia de una definición clara y puntual, establecen
las siguientes HC para el PTD: 1) el manejo del proceso de toma de decisiones, enfocado en sus tres fases
iniciales, 2) la capacidad de clasificación y análisis independiente de los componentes subjetivo y objetivo de la
decisión, y 3) la evaluación de la importancia del problema así como la intensidad con que será manejado, lo
cual se basa en el compromiso que haga el responsable de la decisión hacia el problema (véase la Tabla 1).
Esta clasificación concuerda con la opinión de otros investigadores en el hecho de que las habilidades no sólo
tienen que ver con el PTD en sí, sino con el contexto en el que se decide (36), ya que mientras más importancia
le otorgue el responsable de la decisión a cada uno de estos tres aspectos, mayor será la calidad de la decisión
que se tome.
Tabla 1. Habilidades cognoscitivas que se aplican durante el proceso de toma de decisiones.
Habilidad Cognoscitiva

Definición conceptual

�Manejo general del proceso de toma de decisiones Es el manejo del proceso de razonamiento con el fin de
basado en el modelo racional
elegir de entre varias alternativas aquella que más se
ajuste a las necesidades o metas de una situación
determinada.
Capacidad para distinguir los aspectos subjetivos y Es cuando se logra una clara distinción entre los
objetivos de la decisión
componentes tácitos, observables y medibles del
problema, y los componentes subjetivos, sutiles e
implícitos del mismo.
Evaluación de la importancia del problema y de la Es cuando se manifiesta el ejercicio de un juicio
intensidad con que será manejado
sistemático, precavido y racional en el proceso de
formulación de las alternativas y la selección de aquella
alternativa para la cual siente un compromiso.
Fuente: Klein, Orasanu y Calderwood (37)
Así, Klein et al. establecen que la primer habilidad para el manejo del PTD se manifiesta por la formulación de
una solución en un orden jerárquico, es decir, el responsable de la decisión lleva a cabo un proceso racional e
irreversible donde primero busca información, identifica el problema y la meta a lograr, luego diseña las
alternativas y los criterios para evaluarlas y finalmente selecciona la más conveniente a las metas definidas. La
carencia de esta habilidad puede manifestarse de varias maneras: un paso muy superficial por las distintas
fases del PTD, la ejecución del proceso sin un orden específico o la eliminación de una o las dos fases iniciales
del proceso, con la consecuente selección de una alternativa de acción sin haber pasado por las previas (38).
La segunda HC, que es la capacidad para distinguir los aspectos subjetivos y objetivos de la decisión, se basa
en el hecho de lograr una clara distinción entre los componentes tácitos, observables y medibles del problema
y los componentes subjetivos, sutiles e implícitos del mismo. El hecho de no lograr establecer esta distinción o
que los límites sean difusos entre estos dos aspectos, se debe a que esta capacidad no está bien desarrollada
en los tomadores de decisiones. La tercera habilidad, la evaluación de la importancia del problema y de la
intensidad con que será manejado, se manifiesta a través del ejercicio de un juicio sistemático, precavido y
racional en el proceso de formulación de las alternativas y la selección de aquella alternativa para la cual siente
un compromiso personal o social, a diferencia de aquellos individuos que llevan a cabo juicios rápidos, poco
analizados y arriesgados, por lo que manifiestan un compromiso personal muy bajo.
De acuerdo con Klein (39), si en verdad existen diferencias en la calidad de las decisiones que llevan a cabo
las personas, estas serán manifestadas a través de las diferencias entre algunas o todas las habilidades
mencionadas. Además, si es posible clarificar estas HC y señalar sus diferencias, será entonces posible evaluar
las capacidades para la toma de decisiones, sea que estén en proceso de formación, que estén ejerciendo ya
una profesión, o bien, una actividad laboral.
No obstante, las HC no se manifiestan de forma aislada, sino que pueden verse afectadas por una serie de
variables personales y del grupo tomador de decisiones. Por ejemplo, se menciona que el nivel académico (40),
la disciplina de especialización (41), el coeficiente intelectual (42), la edad (43), el sexo (44) la experiencia de
trabajo (45,46) y el nivel de éxito profesional previo (47) son factores que de una manera u otra inciden en el
desarrollo de las habilidades para la toma de decisiones. Sin embargo, aún existe controversia respecto a la
contribución de algunas de estas variables, especialmente respecto a la experiencia de trabajo.
Con el fin de conocer el nivel de desarrollo de las HC que poseen los individuos entonces, es necesario definirlas
en términos operacionales, someterlas a evaluación y controlar las variables antes mencionadas. Para ello
algunos autores han propuesto varias formas de hacerlo.
Las habilidades cognoscitivas en términos operacionales
Para facilitar la evaluación y el manejo de estas HC se hace necesario establecer definiciones operacionales y
aplicarlas a través de instrumentos de medición que “registren valores observables de los conceptos abstractos
una vez operacionalizados” (48, p. 345). Stanovich y West (49), reportan que es posible evaluar las habilidades
para tomar decisiones partiendo de los modelos normativos, sin embargo refieren que no se ha logrado
uniformizar los componentes del proceso. No obstante, Randel, Pugh y Reed (50) así como Lipschitz y Ben
Shaul (51) sugieren que si se comparan las diferencias en la toma de decisiones entre expertos y novatos, es

�posible identificar cómo se llevan a cabo los procesos. Pese a esto, ninguno de ellos sugiere definiciones
operacionales, dejando un hueco en la discusión.
En un esfuerzo por establecer definiciones operacionales, el Gobierno de Saskatchewan (52), elaboró una
propuesta operacional para evaluar las HC. Con base en los tres niveles conceptuales por ellos mencionado,
se establecen nueve habilidades organizadas de la siguiente forma: para la primera habilidad se encuentran las
evidencias de reflexión sobre el tema en cuestión, investigación del tema y hallazgo de hechos relacionados.
Para la segunda se encuentran las evidencias de la exploración de alternativas y sus consecuencias, y la toma
de una decisión y el establecimiento de una meta personal. Finalmente, para la tercera habilidad, se encuentran
las evidencias del diseño y aplicación de un plan de acción y la evaluación del progreso. No obstante lo sencillo
de este esquema operativo, su aplicación no se detalla totalmente en el reporte encontrado, lo que hace
necesario revisar otras propuestas.
Las HC identificadas por J. Klein (53) y por Wang, Liu y Ruhe (54) sirven mejor a este fin y establecen un marco
de referencia que considera no sólo al proceso en sí, sino que amplía su campo de evaluación a los aspectos
sociales y personales de las situaciones (véase Tabla 2). Para ello, se hace valer de la habilidad para identificar
los aspectos subjetivos y objetivos de cada fase. Es decir, para la fase de inteligencia Klein sugiere que el
aspecto objetivo debe mostrar la comparación de los resultados de pruebas validadas con la situación, mientras
que el aspecto subjetivo se manifiesta a través de la evidencia de consulta con los involucrados en la situación.
Los mismos autores señalan para la fase de diseño que el aspecto objetivo se manifiesta mediante la consulta
de fuentes profesionales de información respecto a las posibles soluciones a problemas similares, mientras que
el aspecto subjetivo se manifiesta a través de la intención de consulta con los involucrados en busca de
sugerencias de cursos de acción. Por último, el aspecto objetivo de la fase de selección se manifiesta con la
evidencia del uso de la información recolectada para determinar la probabilidad de éxito relativo de cada una
de las alternativas sugeridas, para entonces seleccionar la más favorable. El aspecto subjetivo de esta fase se
hace evidente con la intención de consulta con las personas involucradas respecto a la posible mejor alternativa.
Además de revisar cada uno de los elementos del PTD a la luz de los aspectos subjetivos y objetivos, es
indispensable presentar situaciones en las que exista una baja posibilidad de compromiso frente a otras
situaciones en las que el compromiso sea mucho mayor. Ello permitirá evaluar la tercera habilidad del modelo
de Klein (55) mencionada como la habilidad para evaluar ambos aspectos del problema.
Tabla 2. Dimensiones y definiciones operacionales de las habilidades cognoscitivas identificadas.
Habilidad Cognoscitiva
Dimensiones
Manejo general del proceso Integridad
de toma de decisiones
basado en el modelo Orden
racional
Irreversibilidad

Manejo de la fase de Dimensión
inteligencia del proceso de objetiva
toma de decisiones
Dimensión
subjetiva

Definición operacional
El individuo ejecuta todas las fases del proceso de toma de
decisiones sin omisión alguna.
Las fases del proceso se realizan de forma unidireccional y
lineal, es decir, el individuo ejecuta las fases en el siguiente
orden: inteligencia, diseño, selección e implementación.
El individuo sigue las fases del proceso de toma de decisiones
en el orden previsto, sin regresar o repetir fases previas en
momento alguno.
Búsqueda de información: El individuo busca reportes de
situaciones similares y los compara con la situación que
enfrenta, asimismo revisa los procedimientos o normas
oficiales
Definición del problema: El individuo utiliza la documentación
y normatividad para realizar un análisis sobre la situación que
enfrenta, identifica el problema y lo define

�Definición de las metas: El individuo utiliza la documentación
y normatividad para establecer claramente los objetivos
pretendidos y definir la meta o metas a alcanzar
Búsqueda de información: El individuo solicita mayor
información de quienes recibe la notificación y/o de sus jefes
y compañeros
Definición del problema: El individuo hace un proceso de
reflexión individual e identifica el problema en cuestión

Manejo de la fase de diseño Dimensión
del proceso de toma de objetiva
decisiones
Dimensión
subjetiva

Definición de las metas: El individuo hace un proceso de
reflexión individual en el que identifica la meta o metas que
desea lograr con la decisión que se tome
Diseño de alternativas: Con base en el análisis de reportes, la
normatividad y la documentación disponible, el individuo hace
explícito un juego de posibles alternativas de solución a la
situación que enfrenta.
Definición de criterios: Con base en el análisis de reportes, la
normatividad y la documentación disponible, el individuo
formula los criterios que le permitirán evaluar las alternativas
formuladas
Diseño de alternativas: El individuo consulta con quienes le
reportaron la situación actual y con sus compañeros o
superiores en busca de sugerencias de cursos de acción.

Manejo de la fase de Dimensión
selección del proceso de objetiva
toma de decisiones
Dimensión
subjetiva

Capacidad para distinguir
los aspectos subjetivos y
objetivos de la decisión

Definición de criterios: El individuo consulta distintas fuentes
de información y a quienes le reportaron la situación actual
para generar los criterios de selección.
El individuo usa toda la información recolectada y los criterios
establecidos para determinar la probabilidad de éxito relativo
de cada una de las alternativas formuladas, entonces
selecciona la que más se ajuste a la meta o metas predefinidas.

El individuo consulta con las personas involucradas en la
situación respecto a la posible mejor alternativa
Dimensiones
Esta distinción se aprecia en cada una de las fases del
objetiva
y proceso de toma de decisiones que son descritas en esta
subjetiva
misma columna para cada una de las fases de inteligencia,
diseño y selección.
Elevado nivel de El individuo manifiesta un alto nivel de juicio y raciocinio en el
compromiso
proceso de toma de decisión.

Evaluación
de
la
importancia del problema y
de la intensidad con que
será manejado
Bajo nivel
compromiso

de El individuo manifiesta un bajo nivel de juicio y raciocinio en el
proceso de toma de decisión.

Fuente: Klein, 1999 (56).
El papel de la formación educativa en la toma de decisiones
Las actividades orientadas a la formación educativa tienen, entre otras, la finalidad de tomar en cuenta las
experiencias y conocimientos previos para que este obtenga o desarrolle el nivel de conocimientos, habilidades
y competencias requeridos para las actividades profesionales (57). Cuando se recibe capacitación para tomar
decisiones, el desempeño es más efectivo y eficiente en las situaciones de la vida real (58). Por tal motivo, el

�desarrollo de esta habilidad ha sido incorporado en un sinnúmero de programas educativos alrededor del
mundo, debido a su singular trascendencia en situaciones científicas, económicas y administrativas, así como
en la vida diaria.
Tradicionalmente, las instituciones educativas se han enfocado en transmitir a los estudiantes los conocimientos
disciplinares correspondientes a un área específica del quehacer profesional. Desde hace varias décadas, esta
acción se ha complementado con la intención de desarrollar habilidades y actitudes (59), llamadas por otros
“competencias profesionales” (60, 61). Algunas de las habilidades que se promueven en los estudiantes son: el
aprendizaje autodidacta, el pensamiento crítico, el dominio de otros idiomas, la identificación y resolución de
problemas, la toma de decisiones y el trabajo en equipos.
La formación educativa orientada al desarrollo de habilidades o competencias intenta responder a los retos que
impone la nueva sociedad del conocimiento y “se basa en las necesidades laborales, resaltando la importancia
del acercamiento entre la escuela y el mundo del trabajo” (62, p. 17). Este tipo de formación considera que los
individuos se capacitan a partir de identificar lo que debe ser capaz de hacer al concluir sus estudios. En otras
palabras, la educación basada en competencias se enfoca en la aplicación de los conocimientos, más que en
su adquisición, por lo que fomenta con gran énfasis el desarrollo de habilidades y actitudes y evalúa los logros
con la demostración del desempeño (63).
El ámbito de la salud en general, y el de la salud pública en particular, no es la excepción en términos de
formación de recursos humanos. Además, esta actividad exige de profesionales altamente capacitados (64),
dada su trascendencia para la integridad de la población. Con la intención de mejorar el estado de salud de los
grupos poblacionales, algunas instituciones educativas de salud se han sumado a esta corriente de promoción
de habilidades o competencias y han incorporado en sus planes educativos distintas actividades que les ayudan
a lograrlo (65, 66).
Existe actualmente una gran cantidad de propuestas educativas para desarrollar las habilidades para tomar
decisiones, desde aquellas cuyo énfasis está puesto en las corrientes teóricas que las soportan, hasta las que
se enfocan en elementos específicos de la práctica profesional; asimismo las habilidades se han incorporado
en distintos métodos, orientaciones, unidades de estudio o en cursos completos. Un ejemplo de ello es el
programa educativo desarrollado por el Gobierno de Saskatchewan (67) que ha implementado un curso
denominado Proceso de Toma de Decisiones en Salud cuyo objetivo principal es que los estudiantes practiquen
la planeación del compromiso individual hacia una acción sanitaria responsable; otro ejemplo es el que utilizan
las tecnologías educativas en el salón de clase, en relación a la toma de decisiones. Su efecto benéfico ha sido
comprobado en el desarrollo de las competencias profesionales (68). En el siguiente apartado se comenta sobre
algunos esfuerzos hechos para evaluar las habilidades para tomar decisiones en distintos ámbitos
profesionales, incluyendo el de la salud.
La evaluación de habilidades para la toma de decisiones
La evaluación del desempeño es uno de los cinco componentes del modelo educativo basado en competencias
(69) y quizá uno de los más importantes, ya que permite asegurar que quienes están siendo formados
adquieran, desarrollen o posean las habilidades suficientes para el quehacer profesional. A diferencia de la
evaluación de conocimientos, que pretende emitir un juicio relevante respecto a la información adquirida por los
estudiantes (70), el logro en el desarrollo de habilidades se evalúa a través de la manifestación de evidencias y
con base en ciertas normas predefinidas (71).
Sin embargo, se reporta que no ha sido fácil evaluar las HC dado que muchas de las decisiones se toman con
base en juicios de probabilidad, además de que se han hecho recomendaciones para que no se evalúen las
habilidades personales de forma independiente sino en conjunto (72), lo cual implica una serie de
consideraciones respecto a los recursos con que se cuenta para su ejecución. Por ello, se acepta que los
instrumentos tipo cuestionario o entrevista permiten evaluar las habilidades en los individuos (73), pero deben
diseñarse una vez que se han identificado aquellas sobre las que se desea indagar y las grandes dimensiones
o categorías de las mismas (74). Complementariamente, los instrumentos evaluadores deben reunir tres
requisitos: confiabilidad, validez y comprensión (75,76).
Con la finalidad de identificar la existencia de propuestas que permitan evaluar las HC para las decisiones, se
realizó una búsqueda en la literatura existente y se encontró que a pesar de la enorme discusión sobre los PTD,
y la menor discusión sobre las habilidades cognoscitivas, existen muy pocos instrumentos desarrollados para
tal fin. La Tabla 3 presenta las principales características de los instrumentos encontrados.

�Tabla 3. Instrumentos desarrollados para evaluar HC para la toma de decisiones.
Autor y fecha
Área de aplicación
Ventajas
Desventajas
McGuire y Babbott Ciencias de la Salud, Compara
la No evalúa HC.
(77)
estudiantes
capacidad individual
universitarios
con la de los expertos No reporta pruebas de validez
McGuire, Solomon y Ciencias de la Salud, Define estilos para la No evalúa HC.
Bashook (78)
Estudiantes
solución
de
universitarios
problemas
No reporta pruebas de validez
Trosset (79)

Educación, estudiantes Evalúa
intuición No evalúa HC, evalúa pensamiento
universitarios
versus método
crítico.

Peri,
Mosticoni, Científicos
Mosticoni y Barbarito
(80)
Klein (81,82)
Educación,
de escuela

Evalúa la capacidad
para
decisiones
eficientes
directores Evalúa HC de forma
particular.
α de
0.86.

Cronbach

No reporta pruebas de validez
No reporta pruebas de validez. Las
habilidades reportadas no concuerdan
con la literatura
Requiere análisis por parte de asesores
externos

=

Evidencia de validez
Greybeck, Orozco y Educación, estudiantes α de Cronbach = No evalúa HC, evalúa pensamiento
Olarte (83)
universitarios
0.87.
crítico.
Evidencia de validez Sólo evalúa conocimientos sobre
habilidades
Gestiopolis (84)
Administración,
Rápido y breve
No reporta pruebas de validez ni
directivos
confiabilidad
Minister of Learning Ciencias de la Salud, Evalúa las etapas del Interpretación subjetiva por parte del
of Saskatchewan (85) Estudiantes
PTD
profesor.
universitarios
No reporta pruebas de validez
Fuente: elaborado por los autores.
En la Tabla 3 muestra que la mayor parte de los instrumentos disponibles en la literatura han sido diseñados
para su aplicación en el ámbito educativo y específicamente en la formación para salud, a excepción de los
instrumentos desarrollados por Peri et al. (86) y Gestiópolis (87) que se abocan al área administrativa. Destacan
particularmente los instrumentos desarrollados por McGuire y Babbot (88), McGuire et al. (89) y el Gobierno de
Saskatchewan (90), los cuales fueron creados para aplicarse específicamente en el nivel de educación
universitaria.
Con la intención de definir cuáles de estos instrumentos serían los más apropiados para evaluar las HC para la
toma de decisiones en el ámbito de la educación sanitaria en México, se incorporaron dos columnas la Tabla 3
con las ventajas y desventajas de cada instrumento. La principal desventaja encontrada en los tres primeros
instrumentos y en el de Greybeck et al. (91), es que no evalúan directamente las HC, sino que asumen que el
PTD es una habilidad genérica. Tampoco desglosan las habilidades que han sido identificadas en la literatura,
además que los dos primeros se enfocan más en evaluar conocimientos sobre pensamiento crítico como una
habilidad inherente para la toma de decisiones.
Por otra parte, a reserva de ser verificado para cada uno de los autores de otros modelos, no se reportan
resultados de pruebas de validez y confiabilidad que demuestren la calidad científica de la mayor parte de estos
instrumentos, a excepción de Greybeck et al. (92) y de Klein (93, 94) que reportan niveles aceptables de

�confiabilidad, además de haber realizado algunas pruebas de validez de constructo y de contenido, así como la
revisión del formato y claridad de sus reactivos.
En la misma Tabla 3 se aprecia también que los instrumentos de McGuire y Babbott (95) y McGuire et al. (96),
fueron diseñados para evaluar los PTD en general y no hacen un análisis independiente de las HC para tomar
decisiones. Además se enfocan a hacer una comparación con lo que marcan los expertos y en establecer estilos
de toma de decisiones, lo cual no se acerca al punto central de búsqueda de este trabajo. Se considera entonces
que esos instrumentos tampoco son apropiados para evaluar las HC.
Aun cuando los instrumentos de Peri et al. (97), Klein (98, 99) y el Ministerio de Educación de Saskatchewan
(100), sí evalúan las HC para tomar decisiones, el primero tiene la limitante de que las habilidades identificadas
no concuerdan con las que existen en la literatura sobre los PTD, ya que hace una adaptación para una
aplicación específica con científicos, lo cual limita su uso para los fines de este trabajo.
En síntesis, en virtud de su contenido científico, sólo el segundo y el tercer instrumentos parecen ser los más
apropiados a los objetivos del presente trabajo, no obstante la limitación del segundo cuyo análisis se hace a
través de la interpretación de una tercera persona de las respuestas individuales, lo que podría restarle
objetividad, o que el tercer instrumento está limitado sólo a la primer HC señalada por Klein (101), es decir, el
manejo general del proceso de toma de decisiones. Por ello, el instrumento desarrollado por Klein (102, 103)
parece ser el más apropiado si se corrigen sus deficiencias de subjetividad en la interpretación, ya que evalúa
las HC y sigue fielmente las etapas del PTD manejado en la literatura.
Un último punto a considerar es la influencia de la ética y la responsabilidad social que imprime cada individuo
a sus decisiones, aunque este asunto se enfoca más al estilo que a las habilidades, también se ha considerado
en este estudio. Al respecto, las teorías modernas de la ética, utilitaria, egoísmo, deontología, justicia y
relativismo, establecen varias premisas éticas operacionales que influyen en el estilo de toma de decisiones de
los individuos (104). Por ejemplo, que cualquier acto es egoísta, que cualquier acción lleva a la máxima
eficiencia, que cualquier acción viola la idea de equidad, etc. Aunque este acercamiento surge de las disciplinas
administrativas o de la filosofía, desde el punto de vista sanitario, el tema se ha orientado al manejo de una
relación de transparencia hacia los pacientes y las comunidades y sus derechos (105).
Conclusiones
Hasta este punto ha quedado claro que el PTD coincide más con un proceso de orden racional que de orden
heurístico o casual. Al inicio de este trabajo se señaló la necesidad de tener una referencia clara y objetiva de
las competencias que poseen las personas para la toma de decisiones, también se comentó sobre el impacto
que pueden tener los resultados en los planes y programas de estudio en las instituciones educativas, así como
en las instituciones que ofrecen servicios de salud a la población. Dado que no se encontraron reportes sobre
la evaluación de HC en nuestro medio, los autores se han dado a la tarea de diseñar y validar un instrumento
que permita establecer con claridad el nivel de competencia que poseen los distintos grupos seleccionados y
que ha sido aplicado en un estudio realizado en la Universidad de Guadalajara, México (106).
En suma, la toma de decisiones en el área de la salud no sigue un proceso lineal y absoluto, sino que es tan
complejo y dinámico como cada una de las situaciones que se presentan en el mundo real (107), donde cada
situación es diferente a otras, el medio es sumamente dinámico, existe un gran componente de incertidumbre,
el tiempo es un factor determinante, las metas no están claramente definidas, las acciones y la retroalimentación
son altamente dependientes, las expectativas son muy elevadas, existen múltiples personas involucradas, el
personal de salud opera bajo normas organizacionales y culturales muy estrictas y el resultado afecta de manera
directa a la salud e integridad del ser humano y su ambiente (108). Esto se observa claramente con el caso
mencionado al inicio de este trabajo con respecto a la respuesta de las autoridades sanitarias en caso de
desastres naturales.
Es importante mencionar que existe una fuerte limitante en cuanto a la bibliografía existente en nuestro medio
y a nivel global con respecto al teme de la toma de decisiones, específicamente en lo que respecta a la que se
hace de forma colectiva. Por ello se trató de presentar el tema de la forma más detallada posible. Además, el
cada vez mayor impacto de los efectos de la naturaleza y de las epidemias en la salud y la seguridad de las
poblaciones demandan decisiones oportunas y eficaces. Ejemplo de ello son las recientes epidemias de
Dengue, influenza AH1N1 y gripe aviar, o bien, el reciente huracán Karl que azotó las costas de Veracruz de
forma devastadora.

�Finalmente, en nuestro medio, es poco conocido el PTD y consideramos que debe incluirse en la formación del
personal de salud. En este sentido, estamos de acuerdo con Drucker (109) cuando declara que no importa que
tan hábil sea un individuo para tomar decisiones, es un hecho que si observa e identifica claramente la situación,
será capaz de afrontarla de manera eficaz (110).
Resumen
Se presenta una revisión que contextualiza y define el uso de las habilidades cognoscitivas para la toma de
decisiones dentro del campo de la salud pública, y analiza cómo éstas se pueden desarrollar en el ámbito de la
formación de recursos humanos en salud. Se llevó a cabo una investigación documental de la literatura sobre
el tema, teniendo como directriz el seguimiento a los principales autores y sus referencias hasta el año 2005.
Los documentos encontrados fueron sujetos a un proceso de selección por pertinencia del tema y fueron sujetos
a análisis de contenido. A partir de la propuesta de Herbert Simon en 1956 la teoría de la toma de decisiones
es definida y posteriormente se encuentra a una serie de autores que analizan el proceso e identifican y
operacionalizan las habilidades cognoscitivas que lo generan. El proceso de toma de decisiones coincide más
con un proceso de orden racional que de orden heurístico o casual. Los autores coinciden en que la toma de
decisiones es un proceso intelectual que debe ejercitarse y evaluarse en el personal que trabaja en el ámbito
de la salud pública, debe formar parte de las competencias del personal de salud.
Palabras Clave: Toma de decisiones, habilidades, competencias, salud pública.
Abstract
A review that contextualizes and defines the use of cognitive skills for decision-making within the field of public
health, and discusses how they can be developed in the field of training of human resources in health. Was
conducted documentary research literature on the subject, taking as a guideline to follow the lead authors and
references to 2005. The documents found were subject to a selection process by relevance of the topic and were
subjected to content analysis. Since the proposal of Herbert Simon in 1956 the theory of decision making is
defined and is subsequently a number of authors who analyze the process and identify and operationalize
cognitive skills that generate it. The decision making process coincides with a rational order processing heuristic
or random order. The authors agree that decision making is an intellectual process that must be exercised and
evaluated in the staff working in the field of public health, should be part of the skills of health workers.

Keywords: Decision making, skills, competencies, public health.
Referencias
1. Agencia de Noticias Notimex 2006. Mantendrá SSA hasta fin de año medidas sanitarias en Quintana Roo.
Hallado en http://www.notimex.com.
2. Presidencia de la República Mexicana 2010. Coordina gabinete ayuda por Stan. Hallado en
http://fox.presidencia.gob.mx/buenasnoticias/?contenido=21122&amp;pagina=186. Acceso.
3. Presidencia de la República Mexicana 2010. Concluyó sin brotes epidémicos emergencia por "Stan": Julio
Frenk.
Hallado
en
http://fox.presidencia.gob.mx/buscador/index.php?contenido=
21944&amp;pagina=1&amp;palabras=stan.
4. Ramos, H. I. 2010. Evaluación de las habilidades cognoscitivas para la toma de decisiones: un estudio
comparativo entre los estudiantes y los profesionales de la salud pública. Editorial Centro Universitario de
Ciencias de la Salud, Universidad de Guadalajara 130 pp.
5. Laudon, K. y J. Laudon 2004. Sistemas de información gerencial. Prentice Hall 380 pp.
6. Klein, J. 2002. Prediction of success for school principal candidates by means of a decision-making test. J
Educ Adm. Vol. 40 No. 2/3: 118-35.

�7. Wang, Y., D. Liu G. Ruhe 2005. Formal description of the cognitive process of decision making: Tercera
Conferencia Internacional sobre Informática Cognitiva de la IEEE. Calgary: IEEE.
8. Bloom, B., M. Engelhart, E. Furst, W. Hill y D. Krathwohl 1956. Taxonomy of educational objectives: The
classification of educational goals. Handbook 1: Cognitive domain. New York: David McKay.
9. Gagne, R 1996. The Conditions of Learning. Forth Worth: Harcourt Brace College.
10. Marzano, R., D. Pickering y J. McTighe 1993. Dimensiones del Aprendizaje; 1990. Traducido por: L. F.
Gómez. Guadalajara, México. ITESO.
11. Idem.
12.
Area
Education
Agency
267
2005.
http://www.aea267.k12.ia.us/cia/framework/thinking.

Introduction

to

thinking

skills.

Hallado

en

13. Simon, H. A. 1976. Administrative behavior: A study of decision making processes in administrative
organizations. Nueva York: Free Press 189 pp.
14. Laudon, K. y J. Laudon, Op.cit.
15. Idem.
16. Newell, A. y H. Simon 1972. Human problem solving. Nueva Jersey: Prentice Hall.
17. Wang, Y.,et al, Op. cit.
18. Laudon, K. y J. Laudon, Op. cit.
19. Wang, Y.,et al, Op. cit.
20. Lindblom, C 1959. The science of muddling through. Public. Adm. Rev. No.19: 8-18.
21. Simon, H. A. Op. cit.
22. Frey, D. 1981. Reversible and irreversible decisions: Preference for consonant information as a function of
attractiveness of decision alternatives. Person. Soc. Psych. Bull. No. 7: 621-6.
23.Frey, D. y M. Rosch 1984. Information seeking alters decisions - The roles of novelty of information and
decision reversibility. Person Soc Psych Bull. No.10: 91-8.
24. Klein, J. 1999. The relationship between level of academic education and reversible and irreversible
processes of probability decision-making. High. Educ. No. 37: 323-39.
25. Idem.
26. Klein, J. 2002,Op. cit.
27. Pozo, J. 1992. Teorías Cognoscitivas del Aprendizaje. Madrid: Morata.
29.Argudín, Y. 2005. Educación basada en competencias. Nociones y antecedentes. México, D. F.: Trillas. 140
pp.
30. Boyatzis, R. 1982. The competence manager. A model. Nueva York: Wiley 231 pp.

�31. Klein, J. 1999
32. Argudín, Y. 2005, Op. cit.
33. Pozo, J. 1992, Op. cit.
34. Minister of Learning of Saskatchewan 2005. Health education: Decision making process. Hallado en
http://www.sasked.gov.sk.ca/docs/health/health6-9/g7dec.html.
35. Klein, J., J. Orasanu y R. Calderwood 1993. Decision making in action: Models and methods. Norwood:
Ablex.
36. Orasanu, J. 1993. Decision-making in the cockpit. En: Weiner, E., R. Helmreich, y B. Kanki, eds. Cockpit
Resource Management. London: Academic Press. Pp. 145-70.
37. Klein, J., J. Orasanu y R. Calderwood 1993, Op. cit.
38. Klein, J. 2002
39. Klein, J. 1993. The relationship between level and type of education and the use of a comprehensive
approach to decision making. (Disertación doctoral no publicada). Israel: Bar Ilan University.
40. Lehman, R., R. Lempert y R. Nisbett 1998. The effects of graduate training on reasoning: Formal discipline
and thinking about everyday-life events. Am. Psych. No. 43: 431-42.
41. Lehman, R. y R. Nisbett 1990. A longitudinal study of the effects of undergraduate training on reasoning.
Dev. Psych. No. 26: 952-60.
42. Houts, J., R. Denmark, S. Rosenfield y J. Tanenbaum 1980. Problem solving and personality characteristics
related to differing levels of intelligence and ideational fluency. Contemp. Educ. Psych. No. 5: 118-23.
43. Cornelius, S. W. y A. Caspi 1987. Everyday problem solving in adulthood and old age. Psych. Aging. No.2:
144-53.
44. Heyn, J., J. Barry y R. Pollack 1978. Problem solving as a function of age, sex, and the role appropriateness
of the problem content. Exp. Aging. Res. No. 4: 505-19.
45. Hartman, S., O. Lundberg y M. White 1990. Effect of background and organizational position on executive
planning. J. Soc. Psych. No. 130: 801-11.
46. Lipshitz, R. y O. Ben Shaul 1997. Schemata and mental models in recognition-primed decision making. En:
Zsambock, C. y G. Klein, eds. Naturalistic decision making, expertise: Research and applications. Mahwah:
Lawrence Erlbaum Associates. Pp. 293-303.
47. Klein, J. 2002. Op. cit.
48. Hernández, R., C. Fernández y P. Baptista 2003. Metodología de la investigación. México, D.F.: McGrawHill/Interamericana, 587 pp.
49. Stanovich, K. y R. West 1998. Individual differences in rational thought. J. Exp. Psych. Vol. 127 No. 2: 16188.
50. Randel, J., H. Pugh y S. Reed 1996. Differences in expert and novice situation awareness in naturalistic
decision making. Int. J. Hum. Comp. Studies. Vol. 45 No. 5: 579-97.

�51. Lipshitz, R. y O. Ben Shaul 1997. Op. cit.
52. Minister of Learning of Saskatchewan 2005, Op. cit.
53. Klein, J. 2002 Op. cit.
54. Wang, Y., D. Liu G. Ruhe 2005. Op. cit.
55. Klein, J. 1999, Op. cit.
56. Klein, J. 1999, Op. cit.
57. Rouse, W. B 1991. Design for success. Nueva York: Wiley.
58. Drucker, P 2002. La decisión eficaz. 2001. (Traducido por Bengoechea I). Bilbao: Ediciones Deusto.
59. Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey 2004. El modelo educativo del Tecnológico de
Monterrey. Hallado en http://www.sistema.itesm.mx/va/dide/inf-doc.
60. Conczi, A. 1994. Perspectivas internacionales sobre la educación basada en competencias; Conferencia
Internacional sobre Educación Basada en Competencias. Prince Edward Island.
61. Argudín, Y. 2005, Op. cit.
62. Idem.
63. Crawford, D., D. Glendenning y W. Wilson 1996. La educación basada en competencias, tres comentarios
sobre Canadá. En: Argüelles, A., comps. Competencia laboral y educación basada en normas de
competencia. México, D.F.: Noriega. Pp. 221-43.
64. Argudín, Y. 2005, Op. cit.
65. Centro Universitario de Ciencias de la Salud 2005. Plan de estudios de la Maestría en Gerencia de Servicios
de Salud. Documento no publicado. Guadalajara: Universidad de Guadalajara.
66. Instituto Nacional de Salud Pública 2005. Plan de estudios de la Maestría en Ciencias de la Salud
Pública.Documento no publicado. Cuernavaca: Instituto Nacional de Salud Pública.
67. Minister of Learning of Saskatchewan 2005, Op. cit.
68. Bates, A. y G. Poole 2003. Effective teaching with technology in higher education. Foundations for success.
San Francisco: Jossey-Bass.
69. Conczi, A. 1994, Op. cit.
70. Martínez, F. y O. Tello 2004. Vigilancia en salud pública: una perspectiva histórica. En: Martínez, F. N. et
al., eds. Vigilancia epidemiológica. Madrid: Interamericana. Pp. 1-14.
71. Crawford, D., D. Glendenning y W. Wilson 1996. Op. cit.
72. Harrington, T. 1995. Assessment of abilities. Greensboro: University of Boston (No. de servicio de
reproducción de documentos ERIC ED 389 960).
73. Fraenkel, J. y N. Wallen 2003. How to design and evaluate research in education. Boston: McGraw-Hill.

�74. Ramírez, M. 2005. Elaboración de instrumentos. (Documento no publicado). Guadalajara: ITESM.
75. García, H., A. Faure, A. González y C. García 1999. Metodología de la investigación en salud. México, D.F.:
McGraw-Hill/Interamericana. 108 pp.
76. Zorrilla, S., M. Torres, A. Luiz y P. Alcino 1997. Metodología de la investigación. México, D. F.: McGraw-Hill.
156 pp.
77. McGuire, C. y D. Babbott 1967. Simulation technique in the measurement of problem-solving skills. J. Educ.
Meas. Vol. 4 No. 1: 1-10.
78. McGuire, C., L. Solomon y P. Bashook 1976. Construction and use of written simulations. New York:
Psychological Corporation.
79. Trosset, C. 1998. Obstacles to open discussion and critical thinking. Change. Vol. 30 No. 5: 44-9.
80. Peri, A., R. Mosticoni, S. Mosticoni y M. Barbarito 2005. ITER: A computerized test to assess the decision
making skills. Preliminary applications. Hallado en http://www.internationalmta.-org/1998/9804.html.
81. Klein, J. 2002. Op. cit.
82. Klein, J. 1999, Op. cit.
83. Greybeck, B., M. Orozco y S. Olarte 2003. Análisis del impacto del modelo educativo del ITESM sobre las
HAV’s en los alumnos del Campus Guadalajara. (Documento no publicado). Guadalajara: ITESM.
84.
Gestiópolis
2005.
Toma
en http://www.gestiopolis.com/recursos/checking/ prueba27.asp.
85. Minister of Learning of Saskatchewan 2005, Op. cit.
86. Peri, A., R. Mosticoni, S. Mosticoni y M. Barbarito 2005, Op. cit.
87. Gestiópolis 2005. Op. cit.
88. McGuire, C. y D. Babbott 1967 Op. cit.
89. McGuire, C., L. Solomon y P. Bashook 1976, Op. cit
90. Minister of Learning of Saskatchewan 2005, Op. cit
91. Greybeck, B., M. Orozco y S. Olarte 2003, Op. cit.
92. Idem.
93. Klein, J. 2002, Op. cit.
94. Klein, J. 1999, Op. cit.
95. Ramos, H. I. 2010, Op. cit.
96. McGuire, C., L. Solomon y P. Bashook 1976, Op. cit
97. Peri, A., R. Mosticoni, S. Mosticoni y M. Barbarito 2005, Op. cit.

de

decisiones.

Hallado

�98. Klein, J. 2002, Op. cit.
99. Klein, J. 1999, Op. cit.
100. Minister of Learning of Saskatchewan 2005, Op. cit.
101. Klein, J. 1999, Op. cit.
102. Idem.
103. Klein, J. 2002, Op. cit.
104. Kujala, J. y T. Pietiläinen 2004. Female managers’ ethical decision making: A multidimensional approach.
J. Busin. Eth. No. 53: 153-63.
105. Huang, S. L. 2006. Ethical decision making on truth telling in terminal cancer: medical students' choices
between patient autonomy and family paternalism. Med. Edu. Vol. 40 No. 6: 590-8.
106. Ramos, H. I. 2010, Op. cit.
107. Klein, J., J. Orasanu y R. Calderwood 1993, Op. cit.
108. Gaba, D., S. Howard, K. Fish, B. Smith y Y. Sowb 2001. Simulation-based training in anesthesia crisis
resource management (ACRM): A decade of experience. Simulat. Gaming. Vol 32 No. 2: 175-93.
109. Drucker, P 2002, Op. cit.
110. Simon, H.A. 1960. The new science of management decision. Nueva York: Harper &amp; Row.

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="471">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="597150">
                <text>Respyn Revista de Salud Pública y Nutrición</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="597151">
                <text>La Revista Salud Pública y Nutrición, inicia en el 2000 y es una publicación universitaria con periodicidad trimestral, producida por la Subdirección de Investigación, Innovación y Posgrado de la Facultad de Salud Pública y Nutrición y la valiosa colaboración de la Dirección de Tecnologías de Información de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Tiene como finalidad publicar y divulgar la productividad científica al ofrecer un espacio con visibilidad global para difundir toda aquella información sobre salud pública y nutrición que se genera en los ámbitos académico y científico tanto en el entorno local, regional, nacional e internacional.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="597152">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Facultad de Salud Pública y Nutrición</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="597153">
                <text>2000</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="598575">
            <text>Respyn Revista de Salud Pública y Nutrición</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="598577">
            <text>2012</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="52">
        <name>Volumen</name>
        <description>Volumen de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="598578">
            <text>13</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="598579">
            <text>2</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="598580">
            <text>Abril-Junio</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="598581">
            <text>1</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="100">
        <name>Periodicidad</name>
        <description>La periodicidad de la publicación (diaria, semanal, mensual, anual)</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="598582">
            <text>Trimestral</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="598576">
              <text>Respyn Revista de Salud Pública y Nutrición, 2012, Vol 13, No 2, Abril-Junio</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="598583">
              <text>Cantú Cantú, Pedro, Fundador</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="598584">
              <text>Nutrición</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="598585">
              <text>Salud</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="598586">
              <text>Salud Pública</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="598587">
              <text>Ciencias de la salud</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="598588">
              <text>Alimentos</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="598589">
              <text>Transtornos alimenticios</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="598590">
              <text>La Revista Salud Pública y Nutrición, inicia en el 2000 y es una publicación universitaria con periodicidad trimestral, producida por la Subdirección de Investigación, Innovación y Posgrado de la Facultad de Salud Pública y Nutrición y la valiosa colaboración de la Dirección de Tecnologías de Información de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Tiene como finalidad publicar y divulgar la productividad científica al ofrecer un espacio con visibilidad global para difundir toda aquella información sobre salud pública y nutrición que se genera en los ámbitos académico y científico tanto en el entorno local, regional, nacional e internacional.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="598591">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Facultad de Salud Pública y Nutrición</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="37">
          <name>Contributor</name>
          <description>An entity responsible for making contributions to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="598592">
              <text>Ramos Peña, Esteban Gilberto, Editor Responsable </text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="598593">
              <text>Rocha Flores, Alejandra Berenice, Editor Técnico</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="598594">
              <text>2012-04-01</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="598595">
              <text>Revista</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="598596">
              <text>text/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="598597">
              <text>2021060</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="598598">
              <text>Fondo Universitario</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="598599">
              <text>spa</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="46">
          <name>Relation</name>
          <description>A related resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="598600">
              <text>https://respyn.uanl.mx/index.php/respyn</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="38">
          <name>Coverage</name>
          <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="598601">
              <text>Monterrey, N. L.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="598602">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="598603">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="15615">
      <name>Anemia</name>
    </tag>
    <tag tagId="26845">
      <name>Diabetes</name>
    </tag>
    <tag tagId="34068">
      <name>Embarazo</name>
    </tag>
    <tag tagId="38609">
      <name>Ferritina</name>
    </tag>
    <tag tagId="38532">
      <name>Hemoglobina</name>
    </tag>
    <tag tagId="2552">
      <name>Niños</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
