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                  <text>�Estrés, Síndrome Down, Salud Oral

Artículo Original

ESTRÉS, ANSIEDAD Y DEPRESIÓN DE LOS PADRES Y MANIFESTACIONES ORALES
DE SUS HIJOS CON SÍNDROME DE DOWN
Rullan Jones Francheska1, Cruz Fierro Norma1, Quiroga García Miguel Ángel1, Elizondo Elizondo
José1, Zaragoza Magaña Valentín2, Martínez González Gustavo Israel1, 2*
1 Universidad Autónoma de Nuevo León, Facultad de Odontología, Posgrado de Odontología Avanzada. 2 Cuerpo Académico UANL-CA352 Microbiología Oral.

RESUMEN
Introducción: Los pacientes con síndrome de Down presentan regularmente una mala higiene oral y alta incidencia de
enfermedad periodontal. En los primeros años de desarrollo se observa que la presencia de dificultad de habilidad cognitiva,
lingüística y de comportamiento, son contribuidas a los cambios de los niveles del estrés en las madres. En el presente trabajo
se analizó la relación de las manifestaciones orales, como el índice de higiene oral simplificado, así como los índices CPOD y
CEOD de los pacientes en relación al estrés, ansiedad y depresión de la madre o padre. Metodología: Estudio observacional,
analítico, descriptivo y transversal en pacientes con síndrome de Down menores de 17 años, se les realizó un examen
bucodental a través de una ficha epidemiológica oral y la aplicación de cuestionarios de datos generales, ansiedad, estrés y
depresión de los padres. Resultados: De los pacientes de 3 a 5 años, el 41.18% tienen buena higiene oral, con regular higiene
oral el 57.14%. Existe relación entre la edad y la higiene oral de los pacientes (p=0.015). Se analizaron los niveles de estrés
(p=0.342), ansiedad (p=0.796) y depresión (p=0.620) de los padres en relación a la higiene oral. No existe diferencia entre los
niveles de ansiedad, estrés y depresión y la higiene oral de los pacientes con piezas temporales (p&gt;0.05) ni en piezas
permanentes (p&gt;0.05). Conclusiones: La ansiedad, depresión y estrés de los padres no son factores relacionados con las
manifestaciones orales de sus hijos con Síndrome Down.
Palabras claves: Manifestaciones orales, higiene oral, ansiedad, depresión, estrés, síndrome Down
ABSTRACT
Introduction: Patients with Down syndrome have regularly poor oral hygiene and a high incidence of periodontal disease. In
the early years of development of these patients, it is observed that the presence of difficulty of cognitive, language and
behavioral skills, are contributed to changes in the levels of stress in mothers. In this paper, the relationship of oral
manifestations, such as simplified oral hygiene index, the CPOD and CEOD rates of patients in relation to stress, anxiety and
depression of the mother or father was analyzed. Methodology: An observational, analytical, descriptive cross-sectional study
was conducted in patients with Down syndrome under age 17 who underwent a dental examination through an oral
epidemiological investigation and application of questionnaires of general data for the anxiety, stress and parental depression.
Results: The group of 3 to 5 years of age have a good oral hygiene with an average of 41.18 %, while those who had regular
oral hygiene, 57.14 % were in this same age group. It was possible to see that there is a relationship between age and oral
hygiene of patients (p=0.015). Stress levels (p=0.342), anxiety (p=0.796) and depression (p=0.620) of parents regarding oral
hygiene were analyzed . It also was determined that there is no difference between the levels of anxiety, stress and depression
and oral hygiene of patients with temporal parts (p&gt;0.05) or permanent teeth (p&gt;0.05). Conclusion: Anxiety, depression and
stress of parents are not factors related to oral manifestations of children with Down syndrome.
Key words: Oral manifestations, oral hygiene, anxiety, depression, stress, Down syndrome.
Citation: Rullan Jones F., Cruz Fierro N., Quiroga García M.A., Elizondo Elizondo J., Zaragoza Magaña V., Martínez González G.I. (2016) Estrés,
Ansiedad y Depresión de los Padres y Manifestaciones Orales de sus Hijos con Síndrome Down, Revista de Salud Pública y Nutrición, 15(1), 17
Editor: Esteban G. Ramos Peña, Dr. CS., Universidad Autónoma de Nuevo león, Facultad de Salud Pública, Monterrey Nuevo León, México
Copyright: ©2016 Rullan-Jones et al. This is an open-access article distributed under the terms of Creative Commons Attribution License [CC
BY-ND 4.0], which permits unrestricted use, distribution, and reproduction in any medium, provided the original author and source are
credited.
Competing interests: The authors have declared that no competing interests exist.

Revista de Salud Pública y Nutrición / Vol. 15 No.1 enero – marzo, 2016

�Estrés, Síndrome Down, Salud Oral

*Email: gustavo.martinezgn@uanl.mx

Revista de Salud Pública y Nutrición / Vol. 15 No.1 enero – marzo, 2016

Artículo Original

�Estrés, Síndrome Down, Salud Oral

Introducción
En los primeros años de desarrollo de los pacientes
con Síndrome de Down, se observa que la presencia
de dificultad de habilidad cognitiva, lingüística y de
comportamiento, es contribuido a los cambios de los
niveles del estrés en las madres (Most, 2006). La
discapacidad intelectual es vista en todas las personas
con síndrome de Down y puede tener impacto más
significativo en la calidad de vida (Busciglio, 2013).
El síndrome de Down es la causa congénita más
común de retraso mental (Alldred, 2013). Se estima
que 1 de cada 732 recién nacidos en los Estados
Unidos presentan síndrome de Down, sin embargo,
puede variar entre grupos raciales / étnicos
(Hamilton, 2016).
Los niños con síndrome de Down presentan una mala
higiene oral y alta incidencia de enfermedad
periodontal. Por lo tanto, la educación en salud oral
debe adaptarse a las necesidades de estos niños con
el apoyo de sus maestros y padres (AL-Sufyani,
2014).
Los pacientes con Síndrome de Down presentan una
deficiencia en el desarrollo de la cara media , siendo
así, la anomalía orofacial más común que se observa
en estos niños, seguido por el labio inferior evertido
y retención de los dientes primarios (Asokan, 2008).
La prevención en pacientes con Síndrome de Down
es el servicio más frecuente proporcionada por el
dentista (Descamps, 2015).
En 1990, se realizó un estudio donde se describe que
los pacientes con Síndrome de Down presentan
infecciones de las vías aéreas superiores y problemas
de audición, asociando la deficiencia de salud de
estos
pacientes
con
los
problemas
de
comportamiento del paciente y los niveles altos de
estrés de las madres (Turner, 1990).
Las madres de los niños con síndrome de Down
parecen experimentar peor salud mental y pueden
requerir un mayor apoyo y servicio para mejorar las
habilidades de manejo de conducta de su hijo y su
propio bienestar psicológico (Descamps, 2015).
En un estudio realizado en 2007, se observó que la
enfermedad periodontal puede ser considerada como
una condición de alta prevalencia en pacientes con
Síndrome de Down, que puede verse afectada a una

Artículo Original

baja o mala calidad de vida. Por ende, estos efectos
agravan la salud periodontal de dichos pacientes
(Loureiro, 2007).
Por lo anterior, se realizó un estudio en pacientes con
síndrome de Down con el propósito de analizar la
relación de las manifestaciones orales del paciente
con el estrés, ansiedad y depresión de la madre o
padre.

Material y Métodos
Se realizó un estudio observacional, analítico,
descriptivo y transversal en 30 pacientes (1-α: 0.95)
con síndrome de Down menores de 17 años a quienes
se les realizó un examen bucodental a través de una
ficha epidemiológica oral y la aplicación de
cuestionarios de datos generales, así como ansiedad,
estrés y depresión de los padres.
El examen clínico y la recolección de datos se
realizaron en un Centro de atención especializado
para éstos pacientes ubicado en el municipio de
Guadalupe N.L., los pacientes fueron acompañados
de sus respectivos tutores, profesores o psicólogos,
posterior a la firma del consentimiento informado por
parte de los padres, se les condujo a un espacio
reservado, previamente adecuado para la realización
del presente estudio.
El paciente estuvo sentado en una silla con la cabeza
reclinada hacia atrás, se examinó su cavidad bucal
apoyada por instrumentos dentales como espejo,
pinzas y explorador.
Una vez realizado el examen clínico se procedió al
llenado de las fichas de recolección de datos
respectivas a cada uno de los ítems que se analizaron
en este estudio; se empezó por la hemiarcada
superior derecha y se terminó por la hemiarcada
inferior del mismo lado.
Después de concluida la evaluación, se procedió a
acompañar a cada grupo de pacientes a sus
respectivas áreas de trabajo. Todo esto en constante
coordinación y presencia de sus profesores y tutores.
Evaluación del estrés, ansiedad y depresión
La medición del estrés, ansiedad y depresión se
realizó por medio de una metodología de autoreporte denominada DASS–21 (α=0.88). Consiste en

Revista de Salud Pública y Nutrición / Vol. 15 No.1 enero – marzo, 2016

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�Estrés, Síndrome Down, Salud Oral

un cuestionario en escala tipo Likert para la
evaluación de nivel de la salud mental: depresión,
ansiedad y estrés
Índice CPOD
El índice CPOD fue desarrollado por Klein, Palmer
y Knutson (1938) durante un estudio del estado
dental y la necesidad de tratamiento de niños
asistentes a escuelas primarias en Hagerstown,
Maryland, EE. UU., en 1937. Se ha convertido en el
índice fundamental de los estudios odontológicos
que se realizan para cuantificar la prevalencia de la
caries dental. Señala la experiencia de caries tanto
presente como pasada, pues toma en cuenta los
dientes con lesiones de caries y con tratamientos
previamente realizados (Fernández y cols, 2009)
El CPOD es el índice odontológico más utilizado y
tiene la ventaja de medir el índice de prevalencia de
caries en piezas permanentes, en un grupo amplio de
población. Se obtiene de la sumatoria de los dientes
permanentes Cariados, Perdidos y Obturados,
incluyendo las Extracciones Indicadas, entre el total
de individuos examinados, por lo cual es un
Promedio. Se consideran sólo 28 dientes.12
Índice ceod
El índice ceod se utiliza para conocer la salud dental
en niños con dentición temporal. Se obtiene de igual
manera pero considerando sólo los dientes
temporales cariados, extraídos y obturados. Se
consideran 20 dientes (Higashida, 2000).
Índices CPOD y ceod
La Organización Mundial de la Salud utiliza el
CPOD como indicador para la comparación del
estado de salud dental entre poblaciones distintas y
definió el valor &lt;3 como meta para alcanzar en el año
2000 (Higashida, 2000).
Se estableció la gravedad de caries, determinando los
siguientes niveles (Higashida, 2009): Muy bajo (0.00.1), bajo (1.2-1.6), Moderado (2.7-4.4), Alto (4.56.5) y Muy Alto (mayor a 6.6)
Índice de Higiene Oral Simplificado (IHOS)
En 1964, Greene y Vermillion crearon el índice de
higiene oral simplificado, que permite valorar
cuantitativamente los diferentes grados de higiene
bucal.

Artículo Original

Se debe de registrar los valores del índice de dentritos
y el de cálculo dentario. Para calcular el Índice de
Higiene Oral Simplificado debe registrarse dos
sextantes. El promedio de dentritos se obtiene
sumando las lesiones y dividiendo entre el total de
dientes examinados. El mismo método se utiliza para
obtener el promedio del cálculo dentario. El IHOS es
la suma del promedio de detritos bucales y del
cálculo dentario.
Los resultados se valoran según la siguiente escala
propuesta por la Organización Mundial de Salud
(Higashida, 2009): Buena higiene bucal (0.0-1.2),
Higiene bucal regular (1.3-3.0) y Mala higiene bucal
(3.1-6.0)
Ubicación espacial
Pacientes que adscritos al Centro de Educación para
éste tipo de pacientes, del municipio de Guadalupe
N. L.
Marco muestral
Pacientes menores de 17 años de edad, género
indistinto seleccionados de manera aleatoria del total
de pacientes, la muestra fue determinada con un 95%
de confiabilidad tomando valores de referencia del
artículo “Aggressive and acute periodontal diseases.
Periodontolgy. Albandar (2014)”
Los datos fueron capturados en una base de datos con
Microsoft Excel 2011 con el que se realizó el modelo
estadístico descriptivo, mediante el uso de filtros,
clasificación y manejo de base de datos se detallaron
para su aplicación en el análisis estadístico. (Daniel,
2003)

Resultados
Se observó que del total de los pacientes evaluados,
el 56.7% presentaron buena higiene oral 56.67%. El
66.67% de los pacientes del género masculino
presentan buena higiene oral y en las pacientes del
género femenino la proporción de buena higiene oral
fue de 41.67%. Se observó que existe relación entre
el género y la higiene oral de los pacientes (X2=5.87,
p=0.015).
Con respecto a la edad, se determinó que el 23.53%
de los menores de 3 años presentan buena higiene
oral y solo el 14.29% presentan una higiene oral
regular. Los pacientes de 3 a 5 años presentaban un

Revista de Salud Pública y Nutrición / Vol. 15 No.1 enero – marzo, 2016

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�Estrés, Síndrome Down, Salud Oral

Artículo Original

41.18% de buena higiene oral, así como el 57.14 %
de los pacientes de 3 a 5 años presentan higiene oral
regular del 36.67% del total de la muestra. Mediante
una prueba de chi cuadrada fue posible determinar
que existe relación de la edad e higiene oral de los
pacientes (X2=33.30, p=0.015).
La media de dientes sanos en pacientes con síndrome
Down de este estudio fue de 13.7 en temporales y
1.73 en permanentes (tabla No.1)

Tabla 1. Estadística descriptiva de las piezas en dentición temporal y
permanente, enero de 2016
Piezas

n

Media

DE

Var

Mín

Máx Rango

Temporales
Cariados
Obturados
Ausentes
Extraidos
Total CEO
Sanos
Totales

30
30
30
30
30
30
30

0.67
0.07
0.63
0.03
0.77
13.17
13.93

1.32 1.75
0.37 0.13
1.97 3.90
0.18 0.03
1.38 1.91
8.04 64.70
8.28 68.62

0
0
0
0
0
0
0

4
2
10
1
4
20
20

4
2
10
1
4
20
20

0
0
0
0
0
0
0

0
1
0
0
1
20
20

0
1
0
0
1
20
20

Permanentes
Cariados
Obturados
Ausentes
Extraídos
Total CPO
Sanos
Total

30
30
30
30
30
30
30

0.00
0.03
0.00
0.00
0.03
1.73
1.77

0.00 0.00
0.18 0.03
0.00 0.00
0.00 0.00
0.18 0.03
4.91 24.13
5.02 25.22

Tabla 2. Estrés de los padres e higiene oral de los pacientes, enero
de 2016
Buena
n
%
2
11.8
0
0.0
10
58.8
2
11.8
3
17.6
17 100.0

Estrés
E. Severo
Severo
Normal
Moderado
Leve
Total

Regular
n
%
0
0.0
1
14.3
2
28.6
2
28.6
2
28.6
7
100.0

No
n
0
0
5
1
0
6

%
0.0
0.0
83.3
16.7
0.0
100.0

n
2
1
17
5
5
30

Total
%
6.7
3.3
56.7
16.7
16.7
100.0

Fuente: Entrevista
X2=9.00, p=0.342

Respecto a la ansiedad y la higiene oral en estos
pacientes, los mayores porcentajes se también se
observan en ansiedad severa e higiene oral buena y
regular, le siguen ansiedad severa (Tabla No. 3).

Tabla 3. Ansiedad de los padres e higiene oral de los pacientes, enero de
2016

Ansiedad
A. Severa
Severa
Normal
Moderada
Leve
Total

Buena
n
%
3
17.6
2
11.8
10
58.8
1
5.9
1
5.9
17
100.0

Regular
n
%
1
14.3
2
28.6
3
42.9
1
14.3
0
0.0
7
100.0

No
n
1
0
3
2
0
6

%
16.7
0.0
50.0
33.3
0.0
100.0

n
5
4
16
4
1
30

Total
%
16.7
13.3
53.3
13.3
3.3
100.0

Fuente: Entrevista
X2=6.22, p=0.796

Fuente: Entrevista

Los mayores porcentajes de pacientes con higiene
oral buena y regular se dan cuando los padres tienen
depresión normal y le siguen cuando tienen
depresión leve (Tabla No. 4).
En cuanto a la higiene oral en los pacientes y el estrés
de los padres, el mayor porcentaje se presente en la
ansiedad normal de los padres y los diferentes grados
de higiene oral, le siguen la ansiedad moderada y el
leve (Tabla No.2).

Tabla 4. Depresión de los padres e higiene oral de los pacientes,
enero de 2016
Buena
Depresión n
%
Severa
1
5.88
Normal
12 70.59
Moderada 1
5.88
Leve
3
17.65
Total
17
100

Regular
n
%
2
28.57
4
57.14
0
0.00
1
14.29
7
100

No
n
0
5
0
1
6

%
0.00
83.33
0.00
16.67
100

Total
n
3
21
1
5
30

%
10.00
70.00
3.33
16.67
100

Fuente: Entrevista
X2=4.41, p=0.620

El análisis de varianza realizado permitió identificar
que no existe diferencia estadísticamente
significativa entre los distintos niveles salud oral con
el estrés ni en piezas temporales (p=0.884) ni en

Revista de Salud Pública y Nutrición / Vol. 15 No.1 enero – marzo, 2016

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�Estrés, Síndrome Down, Salud Oral

permanentes (p=0.952). Así mismo se determinó que
no existe diferencia entre los niveles de ansiedad y la
higiene oral de los pacientes con piezas temporales
(p=0.687) ni en piezas permanentes (p=0.939).
Con respecto a la evaluación de estrés y la salud oral
en piezas temporales se observa que no existe
diferencia significativa en ninguno de éstos grupos
(p=0.558), así mismo se observa que éstas variables
no están relacionadas en los pacientes con piezas
temporales (0.941)

Discusión
Las personas con algún tipo de discapacidad,
requieren apoyos formales e informales desde el
nacimiento para lograr y mantener una alta calidad
de vida. En los resultados obtenidos se observó la
relación de género y la higiene oral de los pacientes,
siendo que los hombres presentan una mejor higiene
oral que las mujeres, en concordancia con el estudio
realizado por Marshall y cols (2015).
Así mismo, se apreció que el 28.57% fueron
pacientes que presentan higiene oral regular y tienen
padres de familia que presentan niveles de estrés
normal a moderado. En éste sentido se observó la
necesidad de tratamiento extensos entre los niños con
Síndrome de Down debido a la mala higiene oral y
estado periodontal del paciente, donde se encuentra
relacionado con el nivel coeficiente intelectual del
paciente, educación de los padres y situación
económica, estos resultados concuerdan con lo
descrito por Temtamy y cols (1994) y Kumar y cols
(2009).
Por otra parte los resultados de este estudio señalan
que de los padres que presentan extrema ansiedad, el
17.65% de sus hijos presentan buena higiene oral y
solo un 14.29 % presentan higiene oral regular. Los
pacientes que presentan un 17.65% de buena higiene
oral, la depresión presentada en su familia es leve,
siguiendo en concordancia con los resultados
presentados por los autores antes mencionados.
Un estudio realizado por Oliveira y cols (2010),
refiere que las limitaciones financieras, el tiempo y
el acceso a los servicios de atención dental
especializada para personas con necesidades
especiales, fueron alguno de los factores vinculados
para el cuidado de la salud oral de sus hijos, situación

Artículo Original

que fue similar a lo encontrado en este estudio en
donde se encontró que
no existe diferencia
significativa entre los distintos niveles salud oral con
el estrés, ansiedad y depresión ni en piezas
temporales ni en permanentes. Esto en contraste con
el estudio realizado por Barrett y Fidler (2008) en el
cual observaron resultados consistentes con la
posibilidad de que la protrusión de la lengua sirve
como una función de regulación emocional para las
personas con síndrome de Down.
Con respecto a la evaluación de estrés y la salud oral
en piezas temporales se observa que no existe
diferencia significativa en ninguno de éstos grupos
(p=0.558), así mismo, se observa que éstas variables
no están relacionadas en los pacientes con piezas
temporales (p=0.941) en discordancia con los
resultados obtenidos en un estudio realizado por
Mathias y cols. (2011). Para comparar las
manifestaciones orales de pacientes con síndrome de
Down con un grupo control de pacientes que no
presentan Síndrome de Down. En este estudio se
concluye que la edad, el índice gingival modificado
y los niveles de Streptococos Mutans si se encuentran
relacionados con la caries dental y los Índices de
CPOD, no encontrando diferencias significativas
entre ambos grupos.
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�Estrés, Síndrome Down, Salud Oral

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Revista de Salud Pública y Nutrición / Vol. 15 No.1 enero – marzo, 2016

7

�Estrés, Síndrome Down, Salud Oral

Artículo Original

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Revista de Salud Pública y Nutrición / Vol. 15 No.1 enero – marzo, 2016

8

�Calidad Patrón Consumo Alimentario

Artículo Original

CALIDAD DEL PATRÓN DE CONSUMO ALIMENTARIO EN POBLACIÓN DEL
NORESTE DE MÉXICO
Ramos Peña, Esteban Gilberto1*, Ramírez López, Erik2, Salas García, Rogelio1, Núñez Rocha,
Georgina Mayela 3, Villarreal Pérez, Jesús Zacarías4
1 Universidad Autónoma de Nuevo León, Facultad de Salud Pública y Nutrición Laboratorio de Nutrición en Poblaciones. 2 Universidad
Autónoma de Nuevo León, Facultad de Salud Pública y Nutrición Laboratorio de Laboratorio de Composición Corporal. 3 Universidad
Autónoma de Nuevo León, Facultad de Salud Pública y Nutrición, Coordinación del Programa de Maestría en Ciencias en salud Pública.
4 Universidad Autónoma de Nuevo León, Hospital Universitario, Departamento de Endocrinología.

RESUMEN
Introducción: En el Noroeste de México no se dispone de datos representativos de la calidad del patrón de consumo
alimentario en distintos grupos de edad, regiones. Objetivos: Analizar a través del Índice de Calidad del Patrón de Consumo
Alimentario (ICPCA) la calidad del patrón de consumo alimentario de la población de 10 a 50 años diferenciados por grupo de
edad, género y región del noreste mexicano. Métodos: Estudio transversal, polietápico y estratificado y probabilístico en
cuatro regiones geopolíticas del Noreste de México donde se encuestaron 4,438 individuos de 10 a 59 años de edad.
Resultados: Los adultos tienen mejor puntaje medio del ICPCA que los jóvenes. En los adultos, el género femenino tiene mayor
puntaje medio, mientras que, en los jóvenes el género masculino tiene mayor puntaje medio. El ICPCA está asociado a las
variables sociodemográficas: edad, región donde habita la persona. Conclusiones: Este estudio aporta evidencia acerca de la
asociación del índice de Calidad del Patrón de Consumo Alimentario con la edad, el género y la región donde se habitan.
Palabras Clave: Calidad Patrón consumo alimentario

ABSTRACT
Introduction: In the Northwest of Mexico is not available representative data of quality food consumption pattern in different
age groups, regions. Objectives: Analyze through Quality Index Food Consumption Pattern (ICPCA) the quality of the food
consumption pattern of the population aged 10 to 50 years differentiated by age group, gender and region of northeastern
Mexico. Methods: Cross-multistage, stratified and probabilistic four geopolitical regions of northeastern Mexico where 4,438
people were surveyed 10 to 59 years old study. Results: Adults have better average score ICPA young people. In adults, the
female gender has a higher mean score, while in the male youth has highest average score. The ICPCA is associated with
sociodemographic variables: age, region where the person lives. Conclusions: This study provides evidence for the association
Quality Index Food Consumption Pattern with age, gender and region where they live
Key words: Quality food consumption pattern.

Citation: Ramos Peña E. G., Ramírez López E. Salas García R., Núñez Rocha G. M., Villarreal Pérez J. Z. (2016) Calidad del Patrón de Consumo
Alimentario en población del Noreste de México, Revista de Salud Pública y Nutrición, 15(1), 8-15
Editor: Esteban G. Ramos Peña, Dr. CS., Universidad Autónoma de Nuevo león, Facultad de Salud Pública, Monterrey Nuevo León, México
Copyright: ©2016 Ramos et al. This is an open-access article distributed under the terms of Creative Commons Attribution License [CC BY-ND
4.0], which permits unrestricted use, distribution, and reproduction in any medium, provided the original author and source are credited.
Competing interests: The authors have declared that no competing interests exist.
Email: esteban.ramosp@uanl.mx

Revista de Salud Pública y Nutrición / Vol. 15 No. 1 enero – marzo, 2016

�Calidad Patrón Consumo Alimentario

Introducción
La alimentación es de los principales determinantes
(proximales) en la salud y se sabe de su asociación
con enfermedades en las poblaciones, agregados a
este determinante se encuentran otros como lo son el
sedentarismo, aumento en el ingreso monetario,
cambios en el estilo de vida, aumento en la
producción de la industria alimentaria, cambios
culturales alimentación. (Carcamo &amp; Mena, 2006).
Una de las formas para caracterizar la calidad de la
dieta es la medición través del Healthy Eating Index
que tiene múltiples aplicaciones, algunos estudios lo
utilizan en la evaluación de la dieta de mujeres con
cáncer, costo de la dieta, niveles socioeconómico en
madres y sus familias, análisis para mejorar la
calidad de los alimentos para niños de guarderías
(Rehm, Monsivais, &amp; Drewnowski, 2015; Rauber, da
Costa Louzada, Feldens, &amp; Vitolo, 2013; Arem, y
otros, 2013; Erinosho, Ball, Hanson, Vaughn, &amp;
Ward, 2013). Los antecedentes, justificación e
importancia de centrarse en el Healthy Eating Index
como una medida de la calidad de la dieta ha sido
bien documentada en numerosos estudios llevados a
cabo para medir la relación de la dieta con la
obesidad y enfermedades asociadas, así como la
asociación con una alta concentración de
biomarcadores plasmáticos (Guo et al, 2004;
Freedman et al, 2008).
La evaluación de los hábitos y patrones alimentarios
en una población es una herramienta básica para el
desarrollo de políticas de salud pública y promover
hábitos alimentarios saludables con evidencia
procedente de la investigación epidemiológica. La
repetición periódica de esta evaluación nos permite
ver las tendencias en el cumplimiento de las guías
alimentarias establecidas para la población y también
para evaluar la eficacia de las políticas y la
promoción de campañas de alimentación y nutrición
para aumentar la salud entre los habitantes de una
región o de un país (Salas R, et al, 2013). En México,
a través del Instituto Nacional de Salud Pública, se
ha llevado a cabo desde 1986 la Encuesta Nacional
de Salud y Nutrición (ENSANUT) que tiene varias
ediciones y son referente nacional para la planeación
y evaluación del desempeño en el sector salud, al
documentar la cobertura de los programas y acciones
del sector, y las condiciones de salud y nutrición de
la población. En Nuevo León, en el año 2000, se
desarrolló un diagnóstico nutriológico en 7,716

Artículo Original

familias en donde se encontró que los diez alimentos
que consumía el mayor porcentaje de la población
fueron: huevo entero, tortilla de maíz, bebida de cola,
frijol, leche, aceite de cártamo, jitomate, cebolla,
papa u azúcar morena (Ramos P., y otros, 2005), en
el 2011 se ha desarrollado por primera vez la
EESNL- 2011 (Secretaria de Salud Nuevo León,
2012), en ella se reportan, además de otros
determinantes de la salud, los porcentajes de la
población que consume los alimentos, caracterizando
así el patrón general de consumo de alimentos, es así
que la tortilla de maíz, el arroz, el agua sola, frijol,
jitomate, leche, huevo, pollo, carne de res y queso,
son los alimentos que consume el mayor porcentaje
de la población de Nuevo León y la información no
es diferentes de los alimentos consumidos en el año
2000. Sin embargo, dado que no es el espíritu de las
encuestas poblacionales desarrollar el análisis de la
alimentación saludable se deben hacer estudios a
posteriori.
Nuevo León, es una entidad federativa que se
encuentra en el noreste de México, colinda con la
frontera sur de Estados Unidos de Norteamérica.
Tiene 4;653,450 habitantes distribuidos en 51
municipios (INEGI, 2010), se considera una entidad
industrial (concentra a más de 213 grupos
industriales, contribuye con el 7.5% del PIB nacional
equivalente a 62.5 mill. dólares), las actividades
secundarias y terciarias aportan el 99.18% del PIB
estatal, sin embargo como toda entidad federativa,
tiene zonas deprimidas (INEGI, 2011).
El objetivo de este estudio es analizar la calidad del
patrón alimentario de la población de 10 a 50 años
diferenciados por grupo de edad, género y región
donde habita de una entidad federativa del noreste
mexicano.
Material y Métodos
Como fuente de información se utilizó la EESNL2011 (Secretaria de Salud Nuevo León, 2012) que se
aplicó a la población de Nuevo León. La EESNL2011 es un estudio transversal, polietápico y
estratificado, toma en cuenta todas las edades. Consta
de cuestionario hogar y cuestionarios por grupos de
edad, en ellos se contemplaron variables
sociodemográficas, alimentación (a través del
cuestionario de frecuencia alimentaria CFCA),
estado nutricio, vacunación, diabetes, HTA,
servicios de salud, entre otras. Con fines geopolíticos

Revista de Salud Pública y Nutrición / Vol. 15 No. 1 enero – marzo, 2016

9

�Calidad Patrón Consumo Alimentario

y económicos la EESNL-2011 se dividió en cuatro
regiones: Metropolitana (9 municipios), Centro (14
municipios), Norte (21 municipios) y Sur (7
municipios).
Para el caso de este estudio, se analizaron a 4,438
habitantes de Nuevo León de 10 a 59 años de edad,
ambos géneros, como criterio de eliminación se
consideró que tuviera la información completa de los
alimentos seleccionados. Se establecieron dos grupos
de edad, 10 a 19 años y 20 a 59 años que son los que
están determinados en la EESNL-2011, se respetaron
las regiones geopolíticas que se utilizaron en la
encuesta.
Alimentación
La medición de la calidad alimentaria se concretó a
través del Índice de Calidad del Patrón de Consumo
Alimentario (ICPCA), se utilizó la propuesta del
índice de Alimentación Saludable (IAS) que sugieren
Norte-Navarro y Ortiz-Moncada (Norte &amp; Ortiz,
2011). El IAS utiliza las categorías “saludable,
necesita cambios y poco saludable”, se decidió
denominar a las categorías “Adecuado, necesita
cambios, inadecuado”, los grupos de alimentos que
se utilizaron en el análisis fueron: Cereales, verduras,
frutas, leche y derivados, carne, leguminosas,
embutidos, dulces y, refrescos. Los puntajes de corte
para estimar el diagnóstico de ICPCA para cada
individuo (&gt; de 80 “adecuado”, &gt;50 - ≤80 “necesita
cambios”, ≤50 “inadecuado”). Para establecer lo que
sería el ICPCA por grupo de alimento, se utilizaron
puntajes de corte (&gt; de 8 “adecuado”, &gt;5 - ≤8
“necesita cambios”, ≤5 “inadecuado”).
Para el análisis estadístico se utilizaron pruebas no
paramétricas (Mann-Whitney U y Kruskall-Wallis,
prueba de independencia de Chi2, diferencia de
proporciones para dos poblaciones. El software
utilizado fue el NCC9 (Hintze, 2013)
Resultados
La tabla 1 muestra los resultados en base a
puntuación media y desviación estándar del ICPCA.
Los puntajes medios del ICPCA de los adultos de 20
a 59 años tienen una media superior a la media del
grupo de 10 a 19 años (p&lt;0.0001). En los habitantes
encuestados del grupo de 10 a 19 años, aunque
diferencias mínimas, los hombres tienen mejor
puntaje medio (&lt;0.0001), mientras que en habitantes
encuestados de 20 a 59 años por género, se observa

Artículo Original

que las mujeres tienen mejor puntaje medio que los
hombres (&lt;0.0001). El análisis de los puntajes
medios del ICPCA en relación a la región donde
habitan dentro de la entidad federativa muestra
diferencias entre ellos. La región metropolitana es la
región que tiene el puntaje medio más alto, mientras
que, la región sur tiene el puntaje medio más bajo.
Tabla 1. Frecuencias, medias y Desviación
estándar del ICPCA en la población de Nuevo
León por edad, género, y región donde habita.
ICPCA
n

Media

Edad
10 A 19
20 A 59

DS

1319
3119

64.9
67.1

10.4
10.2 &lt; 0.0001

10 A 19
Hombre
Mujer

653
662

64.9
64.8

10.4
10.5 &lt; 0.0001

20 A 59
Hombre
Mujer

1096
2023

66.12 10.1
67.6 10.2 &lt; 0.0001

1027

65.9

10.9

1249

69.2

10.3

1038

65.6

9.9

1124

64.5

9.5 &lt; 0.0001

p

Región
Centro

1
2

Metropolitana
3

Norte
4

Sur

Fuente: EESNL-2011/2012
Kruskall-Wallis p ≤ .0001
1.- Diferencias con: Metropolitana, Sur
2.- Diferencias con: Centro, Norte, Sur
3.- Diferencias con: Metropolitana, Sur
4.- Diferencias con: Centro, Metropolitana, Norte

Respecto a los porcentajes de individuos según las
categorías del ICPCA, en general, el 6.1% de los
encuestados tienen patrón de consumo alimentario
inadecuado, el 84.0% necesita cambio y el 9.6%
saludable. Cuando se diferencian a los encuestados
por grupo de edad, se observa que las categorías del
ICPCA se encuentran asociadas a la edad
(p&lt;0.0001). Al estratificar a los encuestados por
grupos de edad y diferenciarlos por género, se
encuentra que en los del grupo de 20 a 59 años las
categoría del ICPCA están asociadas al género
(&lt;0.0001), condición que no sucede en el grupo de
edad de 10 a 19 años (p&gt;0.05).Al analizar las
categorías del ICPCA en relación a la zona de la
entidad federativa donde viven, los resultados
muestran que están asociadas (p&lt;0.0001). El menor
porcentaje de encuestados con calidad inadecuada
del patrón de consumo se encuentra en la zona

Revista de Salud Pública y Nutrición / Vol. 15 No. 1 enero – marzo, 2016

10

�Calidad Patrón Consumo Alimentario

Artículo Original

metropolitana, asimismo, ésta zona tiene el mayor
porcentaje de encuestados con calidad adecuada del
patrón de consumo (Tabla No.2).
Tabla 2. Frecuencias, medias y Desviación estándar del ICPCA y
porcentajes e intevalos de la población de Nuevo León por edad,
género, marginación y región donde habita según categoria del
ICPCA

Inadecuado
No.
%

ICPCA
Necesita cambio
No.
%

Adecuado
No.
%

Edad*
10 A 19
20 A 59

107
163

8.1
5.2

1115
2629

84.5
84.3

97
327

7.4
10.5

10 A 19**
Hombre
Mujer

60
47

9.2
7.1

546
565

83.6
85.3

47
50

7.2
7.6

20 A 59*
Hombre
Mujer

67
96

6.1
4.7

930
1699

84.9
84.0

99
228

9.0
11.3

Región*
Centro
Metropolitana
Norte
Sur

88
34
70
78

8.6
2.7
6.7
6.9

839
1029
883
993

81.7
82.4
85.1
88.3

100
186
85
53

9.7
14.9
8.2
4.7

Tabla 4. Población por ICPCA según grupo de alimentos en cada
región*

Región

* Chi2 p≤ 0.001
** Chi2 p ≥ 0.05

En la tabla 3 muestra los resultados porcentuales de
los encuestados que de acuerdo a las categorías del
ICPCA según a los grupos de alimentos que
consume. En la categoría “Adecuado”, los grupos de
alimentos que tienen el mayor porcentaje de
población que cumple con el indicador son los
cereales (86.7%), carne (73.4%) y dulces (71.4%), en
la categoría “necesita cambio” embutidos (29.9%) y
dulces (15.4), en la categoría “Inadecuado” los
mayores porcentajes se reflejan en frutas (83.9%) y
refrescos (87.6%).

Tabla 3. Porcentaje e intervalos de confianza de población que consume
grupo de alimento por categoria del ICPCA
ICPCA
Necesita cambio
5.0 (4.4-5.6)
9.4 (8.5-10.3)
6.4 (5.7-7.1)
7.5 (6.7-8.3)
2.3 (1.9-2.7)
0.9 (0.6-1.2)
29.9 (28.6-31.2)
15.4 (14.3-16.5)
6.6 (5.9-7.3)

ICPCA por grupo de alimento
Inadecuado Necesita cambio
Adecuado
No.
%
No.
%
No.
%

CENTRO (n=1024)
Cereales
123
Verduras
448
Frutas
888
Leche y derivados 525
Carne
234
Leguminosas
613
Embutidos
156
Dulces
133
Refrescos
869

Fuente: EESNL-2011/2012

Gpo. Alimentos
Inadecuado
Cereales
8.3 (7.5-9.1)
Verduras
36.3 (35.9-37.7)
Frutas
83.9 (82.8-85.0)
Leche y derivados 52.9 (51.4-54.4)
Carne
24.4 (23.1-25.7)
Leguminosas
58.7 (57.3-60.1)
Embutidos
18.2 (17.1-19.3)
Dulces
13.2 (12.2-14.2)
Refrescos
87.6 (86.6-88.6)
Fuente: EESNL-2011/2012

La tabla 4 muestra los grupos de alimentos por región
geopolítica donde residen los encuestados. En un
análisis general, se encontró asociación entre cada
grupo similar de alimentos y la zona de residencia
(p&lt;0.0001). En todas las regiones los grupos de
alimentos de las frutas, los refrescos, leche y
derivados, leguminosas son los que tienen los
mayores porcentajes de personas en la categoría de
inadecuado. Los cereales son el grupo que tiene el
mayor porcentaje de personas en la categoría de
adecuado.

Adecuado
86.7 (85.7-87.7)
54.3 (52.8-55.9)
9.3 (8.4-10.2)
39.6 (38.2-41.0)
73.4 (72.1-74.7)
40.5 (39.1-41.9)
51.9 (50.4-53.4)
71.4 (70.1-72.7)
5.8 (5.1-6.5)

12.0
43.8
86.7
51.3
22.9
59.9
15.2
13.0
84.9

57
80
47
56
12
6
368
162
104

5.6
7.8
4.6
5.5
1.2
0.6
35.9
15.8
10.2

847
499
92
446
781
408
503
732
54

82.7
48.7
9.0
43.6
76.3
39.8
49.1
71.5
5.3

METROPOLITANA (n=1249)
Cereales
112
9.0
Verduras
441 35.3
Frutas
948 75.9
Leche y derivados 509 40.8
Carne
165 13.2
Leguminosas
622 49.8
Embutidos
339 27.1
Dulces
249 19.9
Refrescos
1085 86.9

93
129
103
125
21
8
413
187
60

7.4
10.3
8.2
10.0
1.7
0.6
33.1
15.0
4.8

1044
679
198
615
1063
619
497
813
104

83.6
54.4
15.9
49.2
85.1
49.6
39.8
65.1
8.3

NORTEe (n=1038)
Cereales
71
Verduras
369
Frutas
906
Leche y derivados 602
Carne
182
Leguminosas
632
Embutidos
244
Dulces
125
Refrescos
933

6.8
35.5
87.3
58.0
17.5
60.9
23.5
12.0
89.9

37
95
52
67
41
0
356
182
52

3.6
9.2
5.0
6.5
3.9
0.0
34.3
17.5
5.0

930
574
80
369
815
406
438
731
53

89.6
55.3
7.7
35.5
78.5
39.1
42.2
70.4
5.1

SUR (n=1124)
Cereales
62
Verduras
354
Frutas
980
Leche y derivados 713
Carne
501
Leguminosas
737
Embutidos
70
Dulces
77
Refrescos
1000

5.5
31.5
87.2
63.4
44.6
65.6
6.2
6.9
89.0

36
112
84
85
26
24
188
153
79

3.2
10.0
7.5
7.6
2.3
2.1
16.7
13.6
7.0

1026
658
60
326
597
363
866
894
45

91.3
58.5
5.3
29.0
53.1
32.3
77.0
79.5
4.0

p&lt;0.0001 de cada grupo de alimento por región

Revista de Salud Pública y Nutrición / Vol. 15 No. 1 enero – marzo, 2016

11

�Calidad Patrón Consumo Alimentario

Artículo Original

Discusión
Para este estudio se analizaron a 4,438 individuos de
10 a 59 años de edad que cumplieron con los criterios
de inclusión, se seleccionaron indicadores de edad,
género, región donde habitaban.

los refrescos lo tiene en perjuicio a la salud, se sabe
que México es uno de los países con mayor consumo
de refresco, en siete años ha tenido un aumento de 12
puntos porcentuales (Secretaría de Salud Nuevo
León, 2014).

La salud de la población depende de múltiples
determinantes sociales (desde proximales hasta
estructurales), sin embargo, es principalmente en los
proximales, entre ellos la alimentación, la cual como
se sabe, está asociada a la presencia y prevención de
ciertas enfermedades crónicas no trasmisibles como
la diabetes, hipertensión y obesidad. La
alimentación, como determinante social, puede tener
efecto nocivo, sin embargo, es en cual la población
general puede actuar de manera directa y
participativa para coadyuvar en la prevención de
tales enfermedades.

La ESSNL 2011/2012, estimó la prevalencia de
diabetes mellitus tipo 2 en adultos mayores de 20 a
59 años en 14.9%, hipertensión arterial en el 16.9%,
obesidad y sobrepeso en el 71.7%. En el grupo de 10
a 19 años, la obesidad y el sobrepeso pueden estar
entre 33.9% y el 39.3%, otro dato que se debe agregar
al panorama de salud en Nuevo León, es la
prevalencia de síndrome metabólico entre la
población de 16 años o más es de 45.3% en hombres
y 59.4% en mujeres del 54.9% (Salas, y otros, 2014).

Norte-Navarro y Ortiz-Moncada (2011) refieren que
el Índice de Alimentación Saludable (IAS) que
desarrollaron a partir de un cuestionario de
frecuencia alimentaria comporta de manera similar
que el HEI (Guentther el al, 2012) dado que los datos
tomados de la Encuesta Nacional de Salud en España
contempla la frecuencia semicuantitativa de
consumo alimentario. En el caso de la ESSNL
2011/2012 solo contempla el cuestionario de
frecuencia consumo alimentario, por esta razón se
consideró llamarlo Indice de Calidad del Patrón de
Consumo Alimentario con las categorías adecuado,
necesita cambios o inadecuado conservando los
puntos de corte.
El estudio del patrón de consumo alimentario a través
del ICPCA puede ser la primera aproximación para
el análisis de Normas y políticas sociales
alimentarias. El patrón de consumo alimentario
puede ser sensible a cambios debido a determinantes
como el acceso a los alimentos, pobreza,
marginación, cultura alimentaria. La Norma Oficial
Mexicana 043 (Secretaria de Gobernación, 2013)
marca las orientaciones en cuanto al consumo de
grupos de alimentos, en este sentido, los resultados
muestran que el consumo de los grupos de frutas y
refrescos por región tienen diferencias marcadas
entre las categorías “Inadecuada” con “necesita
cambios” y “Adecuada”, estas diferencias deben
establecer la preocupación entre el gobierno y la
población, dado que el grupo de las frutas tiene
reconocimiento por sus beneficios en la salud y el de

Ante este panorama epidemiológico, podremos
sumar, que los resultados de este estudio muestran
que el 89.5% de la población muestra ICPCA que
necesita cambios o es inadecuado lo podría aumentar
el riesgo de incrementar las prevalencias de las
enfermedades descritas en la ESSNL 2011/2012.
Estudios muestran la asociación entre enfermedades
crónicas no trasmisibles y el IAS (Arem, y otros,
2013; Grimstvedt, Woolf, Milliron, &amp; Manroe, 2010;
Schwingshackl &amp; Hoffmann, 2015; Tande, Magel, &amp;
Strand, 2010) lo que demuestra la aplicabilidad del
IAS para prevenir, en los diferentes niveles de los
modelos de prevención, las enfermedades referidas,
Los resultados de este estudio difieren de manera
importante con lo descrito por Muñoz-Cano y cols.
(Muñoz, Córdova, &amp; Valle, 2015) en cuanto a los
porcentajes de individuos según los resultados de las
categorías del IAS, ya que, en sus resultados
muestran los mayores porcentajes de individuos
situados en la alimentación poco saludable mientras
que en este estudio los mayores porcentajes se
encuentran en situación de necesidad de cambio,
seguido de porcentajes bajos en las categorías
saludable y poco saludable, sin embargo, los
resultados tienen mayor consistencia con lo descrito
por Norte-Navarro y Ortiz-Moncada (Norte &amp; Ortiz,
2011) en cuanto a la distribución porcentual de los
individuos en base a las categorías de análisis de la
alimentación, es decir, los mayores porcentajes se
encuentran en la categoría de necesita cambios,
asimismo, muestra semejanzas con los puntajes
medios por edad y género
.

Revista de Salud Pública y Nutrición / Vol. 15 No. 1 enero – marzo, 2016

12

�Calidad Patrón Consumo Alimentario

Entendemos claramente que la población debe
empoderarse con la resolución de las enfermedades
abordando los determinantes sociales, ambientales y
económicos, sin embargo, el Estado debiera
enfocarse a que en todas políticas y estrategias
estuviera incluida la salud para así evitar o al menos
minimizar problemas futuros de salud poblacional
(OPS, 2013). Tanto el gobierno federal, que ha
generado la Estrategia Nacional para la Prevención y
el Control del Sobrepeso, la Obesidad y la Diabetes
(Secretaría de Salud, 2013) y el gobierno estatal que
ha generado la Estrategia Estatal para la Prevención
y el Control del Sobrepeso, la Obesidad y la Diabetes
en Nuevo León (Secretaría de Salud Nuevo León,
2014) han mostrado preocupación por la situación en
esas enfermedades crónico no trasmisibles, además
de lo anterior, Ramos et al, (2010). Han propuesto
una política social alimentaria nutricional para
Nuevo León para impulsar, mejorar y vigilar la buena
alimentación y nutrición en Nuevo León.
Conclusiones
La alimentación es un asunto de salud pública y en la
resolución del problema alimentario deben participar
tanto la población al empoderarse de la problemática
como el Estado en su papel de guía al incluir la salud
esté involucrada en todas la políticas e iniciativas
gubernamentales. El Estado debe ser proactivo y
dejar de ser reactivo, como reacción a la pandemia de
obesidad se han propuesto estrategias para resolver
el problema, en donde más que prevenir a la
enfermedad está previniendo los altos costos que
pudiera generar la atención, tanto de la enfermedad
como de las comorbilidades. Este estudio aporta
evidencia la asociación del ICPCA con los
determinantes proximales importantes como la edad,
el género, la marginación y la región donde habitan.
La información, que debiera ser utilizada de manera
puntual en estrategias y acciones para prevenir en
todos los niveles del proceso salud enfermedad.

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Revista de Salud Pública y Nutrición / Vol. 15 No. 1 enero – marzo, 2016

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�Dieta y Alzheimer

Artículo de Revisión

FACTORES DIETÉTICOS Y NUTRICIONALES EN LA PREVENCIÓN DE LA
ENFERMEDAD DE ALZHEIMER
González Rodríguez Liliana Guadalupe1, Palmeros Exsome Carolina2, González Martínez Maria
Teresa3, Pérez Ávila María de la Luz3, Gutiérrez López Miriam3.
1 Departamento de Nutrición Humana y Dietética. Facultad de Ciencias de la Salud. Universidad Alfonso X El Sabio. Madrid. España, 2 Centro
de Estudios y Servicios en Salud. Universidad Veracruzana. Veracruz. México, 3 Centro de Investigación en Nutrición y Salud Pública (CINSP).
Facultad de Salud Pública y Nutrición. Universidad Autónoma de Nuevo León. Monterrey. México.

RESUMEN
La prevalencia de la demencia incluyendo la enfermedad de Alzheimer ha aumentado de forma alarmante en los últimos años.
La enfermedad de Alzheimer es uno de los problemas sociosanitarios más importantes actualmente y una de las principales
causas de discapacidad y dependencia entre las personas mayores. Las causas que la originan no han sido del todo elucidadas.
Algunos factores de riesgo que se asocian con la enfermedad de Alzheimer son factores genéticos, eventos vasculares, historia
de traumatismo en la cabeza, estrés oxidativo, disminución de la producción de óxido nítrico a nivel endotelial,
hiperhomocisteinemia, hipertensión, resistencia a la insulina, diabetes, hipercolesterolemia, obesidad, alteraciones
hormonales, factores del estilo de vida y factores psicológicos. Dentro de los factores del estilo de vida, la alimentación tiene
un papel esencial en la prevención y desarrollo de la enfermedad. El consumo de frutas, verduras, pescados, lácteos y
derivados, frutos secos, vino tinto, aceite de oliva y té verde en cantidades adecuadas y la ingesta de ácidos grasos omega 3,
folatos, vitamina A, E, C, D, B6 y B12, colina, magnesio y selenio pudieran ayudar a frenar el deterioro cognitivo y disminuir el
riesgo de desarrollar la enfermedad. De forma contraria, el exceso de la ingesta de energía, grasas saturadas y trans parece
estar relacionado con el aumento del riesgo de desarrollar la enfermedad. Pese a toda la evidencia científica disponible, se
requiere realizar más estudios sobre la relación entre los factores dietéticos y nutricionales y la prevención de la enfermedad
de Alzheimer.
Palabras claves: alimentación, nutrición, enfermedad de Alzheimer
ABSTRACT
The prevalence of dementia including Alzheimer's disease has increased dramatically in recent years. Currently, Alzheimer's
disease is one of the most important social and health problems and one of the leading causes of disability and dependence
among the elderly. The causes of the disease have not been fully elucidated. Some risk factors have been associated with
Alzheimer's disease such as genetic factors, vascular events, history of head trauma, oxidative stress, the decrease production
of nitric oxide in the endothelium, hyperhomocysteinemia, hypertension, insulin resistance, diabetes, hypercholesterolemia,
obesity, hormonal disorders, lifestyle and psychological factors. Among the lifestyle factors, diet plays an essential role in the
prevention and development of the disease. Consumption of adequate amounts of fruits, vegetables, fish, dairy products,
nuts, red wine, olive oil and green tea, and the intake of omega 3 fatty acids, folate, vitamin A, E, C, D, B6 and B12, choline,
magnesium and selenium may help curb the cognitive decline and reduce the risk of developing the disease. Conversely,
excessive intake of energy, saturated and trans fats could increase the risk of developing the disease. In spite of all the available
scientific evidence it requires further studies on the relationship between dietary and nutritional factors and the prevention
of Alzheimer's disease.
Key words: food, nutrition, Alzheimer's disease
Citation: González Rodriguez L.G., Palmeros Exsome C., González Martínez M.T., Pérez Ávila M.L., Gutiérrez López M., (2016) Factores
Dietéticos y Nutricionales en la Prevención de la Enfermedad de Alzheimer, Revista de Salud Pública y Nutrición, 15(1), 27- 37
Editor: Esteban G. Ramos Peña, Dr. CS., Universidad Autónoma de Nuevo león, Facultad de Salud Pública, Monterrey Nuevo León, México
Copyright: ©2016 González et al. This is an open-access article distributed under the terms of Creative Commons Attribution License [CC BYND 4.0], which permits unrestricted use, distribution, and reproduction in any medium, provided the original author and source are credited.
Competing interests: The authors have declared that no competing interests exist.
Email: liligoro@uax.es

Revista de Salud Pública y Nutrición / Vol. 15 No. 1 enero – marzo, 2016

�Dieta y Alzheimer

Introducción
En las últimas décadas la esperanza de vida ha
aumentado de forma considerable tanto en países
desarrollados como en países en desarrollo, y con
ello también lo ha hecho la prevalencia de la
demencia (Imtiaz, Tolppanen, Kivipelto, &amp;
Soininen, 2014). Dicha enfermedad es un síndrome
causado por diversos padecimientos y lesiones que
afectan al cerebro, usualmente de naturaleza crónica
y progresiva, en la que se presenta una alteración de
las múltiples funciones corticales superiores,
incluyendo la memoria, el pensamiento, la
orientación, la comprensión, el lenguaje, la
capacidad de aprender y de realizar cálculos, y la
toma de decisiones (Amemori, Jendelova, Ruzicka,
Urdzikova, &amp; Sykova, 2015; World Health
Organization, 2012).
Entre las enfermedades demenciales se encuentran la
enfermedad de Alzheimer (EA), la demencia
vascular, demencia con cuerpos de Lewy y la
demencia frontotemporal (Prince &amp; Jackson, 2009).
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló
en 2015 que a nivel mundial había alrededor de 47.5
millones de personas que padecían demencia de las
cuales más de la mitad (58%) vivían en países de
nivel económico bajo y medio. Asimismo, se estima
que la cifra de personas con demencia casi se
duplicará cada 20 años, 65.7 millones en 2030 y
115.4 millones en 2050 (Prince &amp; Jackson, 2009).
La prevalencia de EA ha aumentado de forma
alarmante en los últimos años y representa el 50 al
70% de los casos de demencia (Amemori et al.,
2015). Cerca de la mitad de la población de más de
85 años padece esta enfermedad (Amemori et al.,
2015). Actualmente la EA es uno de los problemas
sociosanitarios más importantes y una de las
principales causas de discapacidad y dependencia
entre las personas mayores. La enfermedad tiene un
alto impacto físico, psicológico, social y económico
en los cuidadores, familias y en la sociedad en
general (Prince &amp; Jackson, 2009).
Las causas que originan la enfermedad no han sido
del todo elucidadas. Algunos factores de riesgo que
han sido asociados con la enfermedad de Alzheimer
son los factores genéticos, eventos vasculares,
historia de traumatismo en la cabeza, estrés
oxidativo, disminución de la producción de óxido
nítrico a nivel endotelial y su consecuente

Artículo de Revisión

inflamación, hipertensión, hiperhomocisteinemia,
resistencia
a
la
insulina,
diabetes,
hipercolesterolemia,
obesidad,
alteraciones
hormonales, factores del estilo de vida (alimentación,
actividad física, etc.) y factores psicológicos
(Barnard et al., 2014; Berrino, 2002).
En relación con los factores genéticos, algunas
formas de la enfermedad de Alzheimer son causadas
por la presencia de mutaciones en los genes que
codifican la síntesis de la proteína precursora
amiloidea (PPA), presenilina 1 (PS1) o presenilina 2
(PS2). Sin embargo, estas mutaciones representan
sólo el 5% de los casos de Alzheimer, en los que el
inicio de la enfermedad se presenta de forma
temprana en la edad media (Prince &amp; Jackson, 2009).
En los casos de enfermedad en que su aparición se
presenta de forma tardía, los cuales representan la
gran mayoría, están relacionados tanto con factores
genéticos como con factores ambientales. Un
importante factor genético de riesgo es la presencia
del alelo ε4 de la apolipoproteina E (ApoE) (Kim,
Yoon, Basak, &amp; Kim, 2014). El 60 a 80% de los
pacientes con Alzheimer tienen el polimorfismo
apoE4. En relación con ello, se ha observado que los
adultos con apoE4 tienen mayores concentraciones
de β-amiloide en el cerebro lo que sugiere que la
ApoE juega un papel en la eliminación del péptido βamiloide (Hanson et al., 2013; Kim et al., 2014).
Cabe destacar que la predisposición genética no
conduce necesariamente al desarrollo de la
demencia, ya que tal y como se ha mencionado
anteriormente, también están involucrados otros
factores modificables entre los que se encuentran la
alimentación, el sedentarismo y otros factores
relacionados con el estilo de vida.
Por otra parte, el cerebro se caracteriza por tener una
actividad metabólica sumamente alta y por tanto,
altamente vulnerable al daño oxidativo (Engelhart et
al., 2002). A este respecto, se han observado niveles
elevados de forma significativa de ácidos nucleicos,
proteínas y lípidos oxidados en el cerebro de sujetos
con EA y con deterioro cognitivo leve (Nunomura,
2013). De tal forma que se cree que el estrés
oxidativo y el daño celular consecuente ocurre en
etapas tempranas en la cascada patológica de la EA.
Por lo anterior, el riesgo de la EA pudiera reducirse
con el seguimiento de una dieta rica en antioxidantes
que ayude a contrarrestar los efectos perjudiciales del
estrés oxidativo (Engelhart et al., 2002).

Revista de Salud Pública y Nutrición / Vol. 15 No. 1 enero – marzo, 2016

28

�Dieta y Alzheimer

Factores dietéticos
El seguimiento de una dieta equilibrada es un
elemento esencial del estilo de vida y constituye un
factor protector de muchas de las enfermedades
crónico-degenerativas que aquejan actualmente a la
población, como por ejemplo, las enfermedades
cardiovasculares, diabetes tipo 2, algunos tipos de
cáncer asociados con la alimentación y nutrición,
obesidad y demencias. En relación con lo anterior,
cada vez hay un mayor número de evidencia
científica que indica que la inclusión de ciertos
alimentos en la dieta puede ejercer un efecto
protector en relación con el desarrollo de la EA
(Roberts et al., 2012).
Se ha constatado, por ejemplo, que el seguimiento de
la dieta mediterránea que está caracterizada por la
abundancia en el consumo de alimentos de origen
vegetal, tales como cereales, legumbres, frutas,
verduras, frutos secos y aceite de oliva como la
principal fuente de grasa, y un consumo moderado de
pescados, aves, lácteos, huevos, café y vino, se ha
asociado con una disminución del deterioro de la
función cognitiva, reducción de la progresión del
deterioro cognitivo leve y EA, reducción del riesgo
de EA y disminución de la mortalidad por todas las
causas en pacientes con EA (Feart, Samieri, Alles, &amp;
Barberger-Gateau, 2013; González-Rodríguez,
Perea-Sánchez, &amp; Ortega-Anta, 2015; Rigacci, 2015;
Solfrizzi et al., 2011). Esto debido a que este tipo de
patrón de alimentación contiene una gran cantidad de
nutrientes (vitaminas del grupo B, antioxidantes,
ácidos grasos poliinsaturados) que probablemente
juegan un papel destacable en la prevención de la
enfermedad (Wyka, 2012).
Diversos estudios sugieren que la EA está asociada
con el seguimiento de la dieta occidental la cual se
caracteriza por una ingesta excesiva de azúcar,
alimentos con alto índice glicémico, el consumo en
exceso de productos de origen animal (con alto
contenido en grasas saturadas) y un consumo bajo de
cereales de grano completo, legumbres, oleaginosas,
semillas y otros vegetales (con alto contenido en
fibra, vitaminas, polifenoles y otros compuestos
bioactivos) (Kanoski &amp; Davidson, 2011).
La EA podría teóricamente ser prevenida o al menos
retrasar su aparición y progreso a través de ciertos
componentes de la dieta. A continuación se presentan

Artículo de Revisión

algunos de los alimentos que han sido descritos en la
literatura científica como alimentos que pueden
desempeñar un papel esencial en el desarrollo de la
EA.
Frutas y verduras
Algunos estudios han constatado que las personas de
edad avanzada con una dieta rica en frutas y verduras
tienen concentraciones sanguíneas de sustancias
antioxidantes más elevadas e inferiores de
marcadores de estrés oxidativo, así como mejores
puntuaciones en las evaluaciones neuropsicológicas
(Lara et al., 2015; Solfrizzi et al., 2011). Esto es
posible que sea debido a que las frutas y verduras
contienen una gran diversidad de nutrientes y
compuestos bioactivos con función antioxidante
(Lara et al., 2015). En general las personas que
consumen una mayor cantidad de frutas y verduras
de forma regular presentan un menor riesgo de
desarrollar EA (Lara et al., 2015; Wyka, 2012). Por
ejemplo, en el estudio prospectivo de salud de las
enfermeras [Nurses’ Health Study] se apreció que las
mujeres que consumían una mayor cantidad de
verduras crucíferas y de hoja verde experimentaron
un deterioro funcional más lento a lo largo del
estudio en comparación con aquellas mujeres que
consumían una cantidad menor (Kang, Ascherio, &amp;
Grodstein, 2005).
Pescados
El consumo frecuente de pescado puede tener un
efecto favorable en la función cognitiva, así como
también puede ayudar a disminuir el riesgo de
desarrollar demencia, principalmente se ha
observado este efecto beneficioso en aquellos
individuos sin el polimorfismo ApoE4 (M. C.
Morris, Evans, Tangney, Bienias, &amp; Wilson, 2005;
Pallauf, Giller, Huebbe, &amp; Rimbach, 2013). Esto es
posible que sea debido principalmente a su alto
contenido en ácidos grasos omega 3, particularmente
ácido
docosahexaenoico
(DHA)
y
ácido
eicosapentaenoico (EPA) (Fotuhi, Mohassel, &amp;
Yaffe, 2009; Solfrizzi et al., 2011).
Lácteos y derivados
En relación con el consumo de lácteos y derivados,
se observa que un bajo consumo se asocia con una
peor función cognitiva y con un incremento en el
riesgo de demencia vascular (Solfrizzi et al., 2011).
En relación con lo anterior, un estudio prospectivo de
17 años de seguimiento llevado a cabo en ancianos

Revista de Salud Pública y Nutrición / Vol. 15 No. 1 enero – marzo, 2016

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�Dieta y Alzheimer

sin demencia, concluyó que el riesgo de desarrollar
demencia y EA fue menor en las personas de los
cuartiles superiores de consumo de lácteos en
comparación con los participantes del primer cuartil
(Ozawa et al., 2014). Asimismo, un estudio reciente
llevado a cabo utilizando un modelo murino con la
enfermedad de Alzheimer, constató que la ingesta de
productos lácteos fermentados con el Penicillium
candidum tenía un efecto preventivo sobre la
enfermedad mediante la reducción de la acumulación
del péptido β-amiloide y de la inflamación del
hipocampo (Ano et al., 2015). La función
antiinflamatoria ha sido atribuida a la presencia de la
oleamida, un compuesto activo que es sintetizado en
lácteos fermentados con el p. candidum como el
queso camembert (Ano et al., 2015). Sin embargo, el
consumo de lácteos enteros puede estar asociados
con el deterioro cognitivo en la vejez (Solfrizzi et al.,
2011). Por ello, es necesario realizar un mayor
número de estudios en relación a este elemento de la
dieta que permitan establecer recomendaciones
dietéticas orientadas a la prevención de la EA.
Frutos secos
La evidencia en relación con el consumo de frutos
secos y las enfermedades del sistema nervioso es más
bien escasa. Algunos estudios sugieren que las
nueces pueden ejercer un efecto protector frente al
deterioro cognitivo leve y la EA (Barbour, Howe,
Buckley, Bryan, &amp; Coates, 2014; Grosso &amp; Estruch,
2016). Esto posiblemente sea debido a que se ha
observado que los frutos secos ayudan a reducir la
presión arterial, a mejorar el metabolismo de la
glucosa y la función vasodilatadora endotelial y a
reducir la inflamación (Barbour et al., 2014). Lo que
a su vez está relacionado con su contenido en fibra,
vitaminas con función antioxidante, magnesio y
ácidos grasos insaturados (Bullo, Juanola-Falgarona,
Hernandez-Alonso, &amp; Salas-Salvado, 2015).
Vino tinto
El consumo leve a moderado de bebidas alcohólicas
(especialmente de vino tinto) ha sido vinculado con
una disminución del riesgo de desarrollar demencia
y EA (Solfrizzi et al., 2011). Mientras que en relación
con el desarrollo de demencia vascular, deterioro
cognitivo y estados predemenciales el efecto
protector parece ser mucho más débil (Brust, 2010;
Solfrizzi et al., 2011). Por el contrario el exceso de la
ingesta de alcohol está asociado con un aumento del
riesgo de presentar deterioro de la función cognitiva

Artículo de Revisión

(Brust, 2010). Los beneficios asociados al consumo
de vino tinto están relacionados con su contenido en
resveratrol, un polifenol presente en las uvas, que
tiene la capacidad de hacer frente a la neurotoxicidad
producida por la acumulación del péptido β-amiloide
(Savaskan et al., 2003). Además también se ha
observado que aquellas personas que beben
cantidades moderadas de bebidas alcohólicas
también suelen tener un estilo de vida más saludable
en términos de actividad física y alimentación
(Weyerer et al., 2011).
Aceite de oliva
La evidencia procedente de estudios in vivo y en
vitro señala el gran potencial de los componentes
fenólicos presentes en el aceite de oliva extra virgen
(AOEV), en concreto de la oleuropeína-aglicona y el
oleocantal. A este respecto, se ha observado que
dichos compuestos son capaces de contrarrestar la
agregación amiloide y la neurotoxicidad producida
por éste, por lo que el consumo de aceite de oliva
pudiera ser de utilidad en la prevención de la
enfermedad (Rigacci, 2015). Asimismo, un estudio
murino, observó que tras suministrar una dieta
enriquecida en AOEV por seis meses, los niveles de
β-amiloide disminuyeron, sin embargo, no se
observaron modificaciones en los niveles de la
proteína tau, ni en la función cognitiva (Qosa et al.,
2015).
Té verde
El principal constituyente del té verde con relevancia
clínica es el epigalocatequina-3-galato (EGCG)
(Afzal, Safer, &amp; Menon, 2015). Se ha observado que
este polifenol tiene actividad antitumoral y
antienvejecimiento, además modula el estrés
oxidativo, posiblemente previniendo el daño
estructural y confiriendo cierta protección contra la
EA (Afzal et al., 2015; Lara et al., 2015). Un estudio
murino constató que el EGCG reduce la generación
del péptido β-amiloide y las isoformas de la proteína
tau (Rezai-Zadeh et al., 2008).
Factores nutricionales
A continuación se presentan algunos de los factores
nutricionales que están involucrados con la EA.
Ingesta de energía y macronutrientes
La ingesta de energía en exceso se ha asociado con el
aumento del riesgo de desarrollar alteraciones de la
función cognitiva y EA (Luchsinger, Tang, Shea, &amp;

Revista de Salud Pública y Nutrición / Vol. 15 No. 1 enero – marzo, 2016

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�Dieta y Alzheimer

Mayeux, 2002; Roberts et al., 2012). Mientras que la
restricción de energía se ha relacionado con la
reducción del depósito del péptido β-amiloide
(Roberts et al., 2012). A este respecto, un estudio
longitudinal realizado en 980 personas libres de EA
al inicio del estudio, constató que aquellas personas
que estaban en el quintil superior de ingesta
energética tuvieron mayor riesgo de desarrollar EA
en comparación con aquellos que estaban en el
quintil más bajo de ingesta. Además, únicamente se
vio dicho efecto de forma significativa en aquellos
sujetos que tuvieron el polimorfismo ApoE4
(Luchsinger et al., 2002).
La ingesta de energía está determinada por la ingesta
procedente de los macronutrientes. Parece lógico
pensar que su distribución respecto a la energía total
pudiera estar relacionado con el desarrollo de la EA,
en relación con ello, un estudio prospectivo realizado
en 937 adultos mayores con una función cognitiva
normal al inicio del estudio y después de un
seguimiento de 3.7 años, observó que el riesgo de
desarrollar alteraciones en la función cognitiva fue
mayor entre aquellos sujetos que tuvieron una ingesta
de energía procedente de los hidratos de carbono
elevada, mientras que el riesgo fue menor en aquellos
que tuvieron un porcentaje de energía procedente de
las grasas y proteínas elevado(Roberts et al., 2012).
Lo que en el estudio pudo haber sido debido a que los
adultos mayores que tenían una ingesta de energía
procedente de los hidratos de carbono superior
también eran los que tenían un consumo mayor de
azúcares y frutas, no obstante el consumo de verduras
era bajo. Situación que puede alterar el metabolismo
de la glucosa y la insulina en las personas mayores y
generar resistencia a la insulina lo que a su vez está
relacionado con el deterioro de la función cognitiva
(Meneilly &amp; Tessier, 2016; Stolk et al., 1997). La
hiperglicemia y la diabetes pueden contribuir a
incrementar la formación de productos finales de
glicación avanzada (PGA) y generar estrés oxidativo
y por consecuencia, el incremento de la formación de
PGA. Los PGA y el estrés oxidativo han sido
asociados con un mayor deterioro de la función
cognitiva y EA a través de efectos en el metabolismo
del β-amiloide y proteína Tau (Roberts et al., 2012).
En general el equilibrio en la energía procedente de
los hidratos de carbono, grasas y proteínas pudieran
ayudar a mantener la integridad neuronal y la óptima
función cognitiva en la etapa de la vejez (Roberts et
al., 2012). Sin embargo, se requieren más estudios

Artículo de Revisión

para esclarecer los mecanismos que explican dicha
asociación, así como para poder establecer unas
recomendaciones con fines preventivos.
Grasas saturadas y trans
En relación con las grasas, se ha observado que la
ingesta en exceso de grasas totales está asociado con
un mayor riesgo de desarrollar EA en individuos con
ApoE4 (Luchsinger et al., 2002). Sin embargo,
parece ser que esto no depende únicamente de la
cantidad, sino también del tipo de grasas que se
ingieren. Respecto a esto, una revisión sistemática de
estudios prospectivos ha constatado una asociación
positiva entre la ingesta de grasas saturadas y trans y
la incidencia de EA (Barnard et al., 2014; M. C.
Morris et al., 2003). Asimismo, los resultados de un
ensayo clínico aleatorizado realizado en 47 adultos
mayores mostraron que los individuos que siguieron
una dieta rica en grasas saturadas y con un alto índice
glucémico tenían un mayor nivel de péptido βamiloide en el líquido cefalorraquídeo en
comparación con aquellas que tenían una dieta más
saludable en donde se observó una disminución de
estas fracciones(Hanson et al., 2013). Al mismo
tiempo otro estudio observó que los individuos en el
quintil más alto de ingesta de grasas saturadas
tuvieron el doble de riesgo de desarrollar la EA
durante un periodo de seguimiento de cuatro años,
comparado con aquellos participantes que se
encontraban en el quintil más bajo (M. C. Morris et
al., 2003). Uno de los mecanismos por el cual parece
explicarse la relación entre la ingesta de grasas
saturadas y trans con la demencia, es por el hecho de
que el alelo ApoE4, que está fuertemente vinculado
con la EA, produce una proteína que juega un papel
clave en el transporte del colesterol y ya que los
alimentos con alto contenido de grasas saturadas y
trans elevan el colesterol sérico, pueden contribuir a
la producción y acumulación del péptido β-amiloide
(Barnard et al., 2014).
Ácidos grasos omega-3
Las grasas insaturadas pueden tener un papel
protector contra la enfermedad (M. C. Morris et al.,
2003).
En
concreto,
algunos
estudios
epidemiológicos han observado que la ingesta de
ácidos grasos poliinsaturados omega 3 tiene un papel
protector en el mantenimiento de la función cognitiva
(Chew et al., 2015). Particularmente, se ha observado
que el ácido docosahexaenoico (DHA) que es un
componente estructural esencial de las neuronas, es

Revista de Salud Pública y Nutrición / Vol. 15 No. 1 enero – marzo, 2016

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�Dieta y Alzheimer

esencial para el mantenimiento del sistema nervioso,
específicamente para el aprendizaje y la memoria.
Además, se ha mostrado que el tener concentraciones
bajas de este tipo de ácidos grasos a nivel cerebral se
asocia con el envejecimiento (Chew et al., 2015). A
este respecto se ha visto que personas con EA
presentan concentraciones bajas de este ácido graso
(Chew et al., 2015). Sin embargo, la ingesta óptima
de estos ácidos grasos para prevenir la EA aún es aún
controversial (Zhang et al., 2015).
Folato, vitamina B6 y vitamina B12
El folato, vitamina B6 y B12 son vitaminas esenciales
para el funcionamiento del sistema nervioso
(Mitchell, Conus, &amp; Kaput, 2014). El déficit de estas
vitaminas está relacionado directamente con una
peor función cognitiva y demencia en ancianos (de
Jager, 2014; Mitchell et al., 2014; Ramos et al.,
2005). Dichas vitaminas participan en la metilación
de la homocisteína, por lo que la deficiencia de las
mismas produce hiperhomocisteinemia, situación
que está asociada con el deterioro cognitivo mediante
neurotoxicidad, lo que se asocia con un mayor riesgo
de presentar EA (M. S. Morris, 2012). También se ha
observado que los pacientes con EA suelen tener
mayores concentraciones séricas de homocisteína
que aquellos pacientes que no presentan la
enfermedad por lo que sería importante vigilar la
ingesta dietética de estas vitaminas.
Vitamina E
La vitamina E es un potente antioxidante y además
contribuye al adecuado mantenimiento de la función
inmune y cognitiva (Shinohara &amp; Yamada, 2015). A
este respecto, se ha constatado que una ingesta
elevada de alimentos con un alto contenido de
vitamina E se ha asociado con una modesta
reducción del riesgo de desarrollar la EA a largo
plazo en personas sin el polimorfismo de la ApoE4
(Devore et al., 2010; Engelhart et al., 2002;
Shinohara &amp; Yamada, 2015). También se ha
constatado que la vitamina disminuye el daño
oxidativo neuronal lo que ayuda a atenuar la
progresión del daño en la función cognitiva.
No todas las formas de vitamina E parecen tener los
mismos efectos neuroprotectores. Por una parte, de
entre los diferentes componentes de la vitamina E
(tocoferoles y tocotrienoles), solo él α-tocoferol es
captado de forma activa por el cerebro y está
directamente involucrado en la protección de la
membrana neuronal (Bourre, 2006). Por otra parte,

Artículo de Revisión

se ha observado que el γ-tocoferol y los tocotrienoles
y en concreto el α-tocotrienol tienen propiedades
antioxidantes y antiinflamatorias superiores a las del
α-tocoferol (Peh, Tan, Liao, &amp; Wong, 2015; Usoro &amp;
Mousa, 2010). La evidencia científica en relación al
punto anterior es escasa por lo que es necesario
realizar más investigación en relación con la
vitamina E y la EA considerando las diferentes
formas de la vitamina.
Vitamina C
Las terminaciones nerviosas del cerebro contienen
las mayores concentraciones de vitamina C en el
cuerpo humano (después de las glándulas
suprarrenales) (Bourre, 2006). Se han observado
resultados dispares en función del tiempo de
exposición. El estudio Rotterdam que es un estudio
longitudinal que tiene como finalidad investigar
determinantes relacionadas con la aparición de
enfermedades en ancianos, encontró que la ingesta
elevada de vitamina C estaba relacionada con un
menor riesgo de demencia y EA tras un seguimiento
de 6 años (Engelhart et al., 2002). Sin embargo,
cuando el periodo de seguimiento se extendió a 10
años, la ingesta de la vitamina no se asoció con un
menor riesgo de EA (Devore et al., 2010). Pese a sus
diferencias, parece que la vitamina C puede conferir
cierta protección frente a la EA a corto plazo.
Vitamina A
La vitamina A se ha considerado tradicionalmente un
compuesto antioxidante, además juega un papel
importante en el mantenimiento de la función del
sistema nervioso central. Se ha demostrado in vitro
que la vitamina A (retinol, ácido retinoico y de la
retina) y el β-caroteno inhiben la formación, la
extensión y los efectos desestabilizadores de las
fibrillas β-amiloide. Por lo tanto, es posible que la
vitamina A y β-caroteno sean nutrientes claves para
la prevención y control de la EA (Ono &amp; Yamada,
2012).
Vitamina D
Los últimos hallazgos científicos sugieren que la
vitamina D puede tener un efecto beneficioso en la
fisiología del cerebro, por ejemplo, en la promoción
de
la
neurotransmisión,
neurogénesis
y
sinaptogénesis, así como también puede ayudar a
evitar la acumulación del péptido β-amiloide y a
prevenir la apoptosis celular (Brouwer-Brolsma &amp; de
Groot, 2015). Además también se ha observado que

Revista de Salud Pública y Nutrición / Vol. 15 No. 1 enero – marzo, 2016

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Artículo de Revisión

los individuos que tienen mayores concentraciones
séricas de vitamina D tienen una mejor función
cognitiva que los que presentan deficiencia de la
vitamina (Hanyu, 2015).

debido al estrés oxidativo (D. R. Morris &amp; Levenson,
2012). Se necesitan más estudios para entender las
cantidades óptimas que no representen un riesgo para
desarrollar la EA.

Colina
La colina es precursor del neurotransmisor
acetilcolina. La pérdida de las neuronas colinérgicas
se asocia con el deterioro de la función cognitiva, en
particular con la pérdida de memoria y la EA (Poly
et al., 2011). Por otra parte, la evidencia acerca de los
cambios sobre la epigenética producidos por los
nutrientes de la dieta cada vez cobra mayor interés en
relación con la prevención de enfermedades
neurodegenerativas (Sezgin &amp; Dincer, 2014). En este
sentido, se ha observado que la colina al igual que
otros nutrientes como el folato, vitamina B12, zinc,
selenio y algunos polifenoles son capaces de
interactuar con algunos mecanismos epigenéticos y
modular la expresión de los genes (Sezgin &amp; Dincer,
2014). En general, se ha observado que las personas
que tienen una ingesta elevada de colina tienen una
mejor función cognitiva en comparación con
aquellos que tienen una ingesta baja (Poly et al.,
2011).

Selenio
Las alteraciones en el sistema de defensa
antioxidante endógeno del organismo están
asociadas con el deterioro de la función cognitiva. En
concreto, la enzima glutatión-peroxidasa que es una
enzima selenio dependiente tiene como función
principal proteger a las células del daño oxidativo
producido por los radicales libres generados durante
el metabolismo (Santos, Gois, Mendonca, &amp; Freire,
2014). Un estudio realizado en ancianos utilizando
como indicador del status nutricional de selenio a
largo plazo las concentraciones eritrocitarias
constató que la deficiencia de selenio contribuye al
deterioro de la función cognitiva (Rita Cardoso, Silva
Bandeira, Jacob-Filho, &amp; Franciscato Cozzolino,
2014).

Magnesio
La deficiencia de este mineral ha sido vinculada con
el desarrollo de la EA lo que podría estar relacionado
con las múltiples funciones que ejerce dicho
nutriente en el control de la densidad y plasticidad
sináptica, presión arterial y en el metabolismo de la
glucosa e insulina (Li et al., 2014; Volpe, 2013).
Respecto a esto, se ha observado que las personas
con un deterioro cognitivo leve o moderado
presentan unas concentraciones de magnesio
inferiores a las observadas en pacientes sin deterioro
cognitivo (Barbagallo, Belvedere, Di Bella, &amp;
Dominguez, 2011).
Zinc
El cerebro tiene el mayor contenido de zinc y es
esencial para su normal funcionamiento (Hancock,
Finkelstein, &amp; Adlard, 2014; Loef, von Stillfried, &amp;
Walach, 2012). Este mineral ha sido señalado
muchas veces como uno de los nutrientes implicados
en el deterioro de la función cognitiva y en la
patogénesis de la EA cuando sus niveles están
deficientes (Hancock et al., 2014; Loef et al., 2012).
De forma contraria, el exceso de zinc ha sido
implicado en los procesos que producen daño celular

Conclusión
Actualmente no existen tratamientos disponibles
para curar la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo,
es evidente que la alimentación y el estado
nutricional de un individuo pueden ejercer un papel
esencial en la modulación de la aparición de
enfermedad de Alzheimer. Parece ser que el exceso
de la ingesta energética, grasas saturadas y trans está
relacionado con el aumento del riesgo del desarrollo
de la enfermedad, mientras que el consumo de frutas,
verduras, pescados, lácteos y derivados, frutos secos,
vino tinto, aceite de oliva y té verde en cantidades
adecuadas y la ingesta de ácidos grasos omega 3,
folatos, vitamina A, E, C, D, B6 y B12, colina,
magnesio y selenio pudieran ayudar a frenar el
deterioro cognitivo y disminuir el riesgo de
desarrollar la enfermedad. Sin embargo, se requiere
un mayor número de estudios que establezcan y
describan los mecanismos por los cuales los
elementos de la dieta están involucrados en el
desarrollo de la enfermedad de Alzheimer y
sobretodo que permitan establecer las cantidades
óptimas de ingesta con fines preventivos.

Revista de Salud Pública y Nutrición / Vol. 15 No. 1 enero – marzo, 2016

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�Equidad en Salud

Artículo de Revisión

EQUIDAD EN SALUD PARA EL DESARROLLO SOSTENIBLE1
Becerra Posada Francisco 1, J Mújica Oscar1
1 Organización Panamericana de la Salud, Washington DC, USA
RESUMEN
Los notables logros del Programa Ampliado de Inmunizaciones en las Américas —a lo largo de cuatro décadas de arduo trabajo
de control, eliminación y erradicación de enfermedades, discapacidades y mortalidades prevenibles— han demostrado que la
universalidad en salud es alcanzable y la equidad en salud es posible. Transformar estos objetivos aspiracionales en metas
realizables y sostenerlas en el tiempo demanda estratégica y explícitamente centrar la atención en la distribución justa de las
oportunidades para la salud y el bienestar, incluyendo el acceso a las vacunas y sus determinantes proximales y distales. Las
desigualdades sociales en salud son ubícuas, profundas y persistentes en la Región y la evidencia disponible muestra que tales
gradientes en salud se reproducen en el acceso a los servicios de inmunización y las coberturas de vacunación. La noble
aspiración por la equidad en salud es el soporte moral y político de toda propuesta por el desarrollo sostenible; la
sostenibilidad misma del desarrollo dependerá del grado de equidad social logrado. Es imperativo fortalecer la acción sobre
los determinantes sociales de la salud, mediante el alcance progresivo de acceso y cobertura universales en salud, la aplicación
del enfoque intersectorial de salud en todas las políticas y el fortalecimiento de capacidades institucionales para generar
evidencia sobre determinación social de la salud y reducción de desigualdades sociales en salud. Dos inconfundibles lecciones
regionales han de iluminar este camino: las vacunas como elemento ecualizador en la salud pública y los programas de
inmunización como práctica exitosa de universalidad en salud.
Palabras claves: Equidad, Salud, Desarrollo Sostenible
ABSTRACTThe remarkable achievements of the Expanded Programme on Immunization in the Americas —across four decades
of hard work in the control, elimination, and eradication of diseases, disabilities, and preventable deaths— have shown that,
indeed, universality in health is attainable and equity in health is possible. Transforming these aspirational objectives into
achievable goals and sustaining them over time demand an strategic and explicit focus on the fair distribution of opportunities
for health and well-being, including access to vaccines and their proximal and distal determinants. Social inequalities in health
are ubiquitous, deeply entrenched, and persistent in the Region; the available evidence shows that such gradients in health
are reproduced in access to immunization services and vaccination coverage. The noble aspiration for equity in health is the
moral and political support of any proposal for sustainable development; actually, the very sustainability of development will
depend on the degree of social equity achieved. It is imperative to strengthen the action on the social determinants of health,
through the progressive realization of universal health access and coverage, implementation of the intersectoral approach to
Health-in-All-Policies, and by building institutional capacity to generate evidence on social determination of health and
reduction of social inequalities in health. Two distinct regional lessons shall illuminate this path: vaccines as an equalizer
element in public health and immunization programmes as a successful practice of universality in health.
Key words: Equity, Health, sustainable development.
Citation: Becerra Posada F., J. Mujica O., (2016) Equidad en Salud para el Desarrollo Sostenible, Revista de Salud Pública y Nutrición, 15(1),
16- 26
Editor: Esteban G. Ramos Peña, Dr. CS., Universidad Autónoma de Nuevo león, Facultad de Salud Pública, Monterrey Nuevo León, México
Copyright: ©2016 Becerra et al. This is an open-access article distributed under the terms of Creative Commons Attribution License [CC BYND 4.0], which permits unrestricted use, distribution, and reproduction in any medium, provided the original author and source are credited.
Competing interests: The authors have declared that no competing interests exist.
Email: becerraf@paho.org

1

Ensayo basado en el discurso del primer autor en la Cátedra Dr. Carlos Canseco de la Facultad de Salud Pública y
Nutrición de la Universidad Autónoma de Nuevo León (México; Octubre 12, 2015)

Revista de Salud Pública y Nutrición / Vol. 15 No. 1 enero – marzo, 2016

�Equidad en Salud

Artículo de Revisión

Introducción
Desarrollo sostenible y equidad en salud son dos
aspectos contemporáneos cruciales en la salud
pública global y regional. En este ensayo se propone
que, en realidad, el asunto fundamental para la
sostenibilidad del desarrollo es la equidad en salud,
expresión toral de la justicia social. (Becerra, 2015)
En este contexto, es oportuno iniciar esta
presentación haciendo el breve recuento de una
historia conocida, exitosa y familiar para las
Américas: una experiencia que ha demostrado que,
en la Región, la equidad y la universalidad en salud
no solo son objetivos aspiracionales sino metas
alcanzables.
La historia de la universalidad alcanzable y la
equidad posible en las Américas es la historia del
Programa Ampliado de Inmunizaciones (PAI)
establecido mediante Resolución del Consejo
Directivo de la OPS en septiembre de 1977: hace
exactamente
38 años (Tambirú,
Andrus,
Fitzsimmons, 2006). A lo largo de estas casi cuatro
décadas se han cumplido hitos trascendentales hacia
la universalidad de la vacunación en las Américas.
Entre esos hitos se destacan la consolidación de los
programas ampliados de inmunización nacionales y
la erradicación de la poliomielitis en la Región,
internacionalmente certificada en 1994 tras una
ardua labor de investigación al cabo de tres años del
último caso, cuatro años de haberse declarado dicha
meta y una década después de haber registrado casi
mil casos anuales (Robbins, de Quadros, 1997). Las
Américas se constituyó en la primera región en el
mundo en alcanzar ese logro, tal como había
acontecido con la erradicación de la viruela (Fenner,
Henderson, Arita, Ježek, Ladnyi, 1968). Ha quedado
demostrado que las vacunas son un elemento
ecualizador en la salud pública y el PAI una práctica
exitosa de universalidad en salud, generando
igualdad de oportunidades de vida para todos los
niños y niñas de crecer libres de las temibles
enfermedades prevenibles por vacunación (Hinman,
McKinlay, 2015). Esta lección es digna de elogio y
reconocimiento y es el producto de abnegados
pioneros y visionarios, entre quienes se distingue el
Dr. Carlos Canseco, emprendedor formador de
instituciones y a quien se le debe, por su labor a
través de Polio Plus con Rotary International, la casi
erradicación global de la poliomielitis; por ello, la
Organización Panamericana de la Salud (OPS) lo

distinguió como Héroe de la Salud Pública de las
Américas.

La ubiquidad del gradiente de salud
No obstante los notables logros alcanzados en la
protección contra enfermedades prevenibles por
inmunización en las Américas, la provisión de
vacunas a la población y sus indicadores asociados
no están exentos de un fenómeno prevalente y
deletéreo en nuestra Región: la desigualdad de su
distribución en grupos sociales. Existe un claro
gradiente en la proporción de población menor de 1
año de edad viviendo en municipios de las Américas
con coberturas de DTP3 sub óptimas (esto es, menos
de 80%) a lo largo de la jerarquía social definida por
cuartiles de países según ingreso per cápita (Figura
1).

Revista de Salud Pública y Nutrición / Vol. 15 No. 1 enero – marzo, 2016

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�Equidad en Salud

Artículo de Revisión

A pesar que el promedio poblacional mejoró
modestamente entre 2008 y 2012 (bajó de 22.2% a
19.7%), las brechas de desigualdad absoluta y
relativa entre los cuartiles extremos prácticamente no
se modificaron en ese periodo (de 18.6% a 17.4% y
de 2.2 a 2.4, respectivamente). Los países en el
cuartil de menor ingreso continúan teniendo un
exceso de casi 20% de población menor de 1 año
viviendo en municipios con coberturas de DPT3 sub
óptimas respecto de los países en el cuartil de mayor
ingreso. Tal exceso de riesgo de exposición (a tres
enfermedades prevenibles por inmunización) es
atribuible a la desigualdad económica imperante
entre los países de la Región. (Mújica, Velandia,
Kurtis 2014)

últimas rondas de encuestas de demografía y salud en
países de las Américas (disponibles en el Monitor de
Equidad en Salud de OMS), es posible constatar la
presencia de los cuatro patrones estándar de
desigualdad (WHO, 2013), cada cual vinculado a una
intervención pro-equidad diferenciada. (Figura 2)

De hecho, a partir del análisis exploratorio de los
datos sobre coberturas de inmunización en las

Revista de Salud Pública y Nutrición / Vol. 15 No. 1 enero – marzo, 2016

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�Equidad en Salud

Artículo de Revisión

Por ejemplo, en 2005 la cobertura de DPT3 en Haití
presentó un patrón de deprivación en masa, en donde
solamente el quintil de ingreso más alto -es decir, el
segmento poblacional socialmente más aventajadoexhibe coberturas relativamente altas, mientras que
el resto de la población exhibe coberturas
inaceptablemente bajas, demandando igualmente
una intervención global de enfoque poblacional. En
República Dominicana, la cobertura DPT3 en 2007
mostró un patrón de alineamiento gradual y en el
mismo sentido de la gradiente social: a mejor
posición económica, mejor cobertura, demandando
una intervención basada en el llamado universalismo
progresivo. En Perú, la cobertura de BCG en el año
2011, exhibió un patrón de exclusión marginal, en el
cual solamente el quintil socialmente más
desaventajado (es decir, el más pobre) quedó
rezagado en sus coberturas; ello demanda una
intervención de focalización. Por último, en 2011

Honduras alcanzó un patrón de cobertura completa,
universal e independiente de la posición
socioeconómica, patrón que requiere una estrategia
de mantenimiento. (Mújica, 2015)
La magnitud y profundidad de las desigualdades
sociales en salud en las Américas se extiende a muy
diversas dimensiones de la salud poblacional. Por
ejemplo, en la Figura 3 se ilustra la desigualdad
social en el riesgo de muerte infantil (i.e., la tasa de
mortalidad infantil) tanto por terciles de acceso a
agua como a lo largo de la gradiente social definida
por este determinante ambiental que, además, es un
derecho humano amparado por una resolución de las
Naciones Unidas. (United Nations General
Assembly, 2010) Conforme mejora la posición
social (esto es, se tiene mayor acceso a agua),
ilustrado en las gráficas en un desplazamiento hacia
la derecha, la mortalidad infantil cae marcadamente.

Revista de Salud Pública y Nutrición / Vol. 15 No. 1 enero – marzo, 2016

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�Equidad en Salud

Artículo de Revisión

La buena noticia es que, entre 1990 y 2010, se ha
constatado una reducción considerable de la
desigualdad en la mortalidad infantil: el índice de
desigualdad de la pendiente se redujo de 34.5 a 14.7
muertes infantiles por cada 1,000 nacidos vivos entre
los extremos de la gradiente social definida por
acceso a agua, una ganancia ciertamente atribuible al
empeño de los países y las comunidades en el marco
de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).

Lo mismo se puede afirmar respecto al riesgo de
muerte materna en las Américas, que exhibe intensas
y aún persistentes desigualdades en los gradientes
sociales definidos por acceso a agua entubada entre
países. En el estudio exploratorio de OPS sobre los
gradientes ambientales de acceso a agua y
saneamiento y las desigualdades en salud (Pan
American Health Organization , 2015), se pudo
constatar que tanto en 1990 como en 2000, más del

La otra noticia, la mala, es que, a pesar de estos
esfuerzos, la desigualdad persiste: aún al 2010, hay
un exceso de casi 15 muertes infantiles por cada
1,000 nacidos vivos atribuible a la desigualdad en el
acceso a agua, ese derecho humano fundamental.
(Pan American Health Organization, 2015).

50% de las muertes maternas ocurridas en la Región
se concentraban en el quintil poblacional de países
con menor acceso a agua; felizmente, entre el 2000 y
el 2010 ocurrió una reducción apreciable de esta
desigualdad relativa; aun así, en el año 2010 no
menos de 30% de todas las muertes maternas seguían
concentradas en el 20% poblacional de menor acceso
a agua. Por otra parte, la Región redujo, en promedio,

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�Equidad en Salud

Artículo de Revisión

su razón de mortalidad materna apenas de 87 a 59
muertes maternas por 100,000 nacidos vivos entre
1990 y 2010 -muy lejos de la meta del ODM 5.
Mientras algunos países avanzaron apreciablemente
en la reducción de la mortalidad materna, otros
muestran aún un rezago muy importante: este rezago
habla, en su esencia, de la inequidad.
Igualmente preocupante es la magnitud de la
desigualdad en el riesgo de enfermar (incidencia) por
tuberculosis pulmonar en las Américas. Por ejemplo,
en el año 2009, el cuartil de países con menor
desarrollo humano (medido por el índice de
desarrollo humano del PNUD) concentraba 60% de
los casos incidentes de TB: entre este cuartil,
socialmente más desaventajado, y el cuartil de países
con mayor IDH había una diferencia absoluta no
menor a 50 casos de TB en exceso por cada 100,000
personas. Aunque se comprueba -y celebra- una
significativa reducción en la tasa regional promedio
de incidencia de TB (de 65 a 45 por 100,000 entre
2000 y 2010), la magnitud de la desigualdad absoluta y relativa- prácticamente no se modificó en
el periodo. (Munayco, Mújica, León, del Granado,
Espinal, 2015)

Y, finalmente, para ilustrar la diversidad de
dimensiones de la salud poblacional en las que se
reproduce el llamado “gradiente de salud de
Marmot” con que se expresan las desigualdades
sociales en salud, la Figura 4 permite apreciar el
efecto perverso de éstas en la prevalencia de uso de
combustible sólido y, por lo tanto, en la nociva
exposición a biomasa, determinante proximal de las
neumonías y otros problemas respiratorios sobre
todo en población infantil, según la jerarquía
poblacional definida por el índice de desarrollo
humano (IDH).
En 2007, la prevalencia de
exposición a biomasa en el cuartil de países de menor
desarrollo humano de las Américas fue 11 veces la
prevalencia en el cuartil de mayor desarrollo
humano. (Soares, Meyer, Mújica, 2013) Quienes
tengan interés en explorar con más detalle el estado
de la desigualdad en la Región, pueden consultar la
publicación La Salud en las Américas (Organización
Panamerica de la Salud, 2012) así como la reciente
Serie Temática sobre Equidad en Salud y Desarrollo
Sostenible de la Revista Panamericana de Salud
Pública. (Becerra, 2015).

Revista de Salud Pública y Nutrición / Vol. 15 No. 1 enero – marzo, 2016

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�Equidad en Salud

Artículo de Revisión

Las repercusiones de la inequidad
En palabras de la Prof. Ilona Kickbusch, directora del
programa de salud global del Instituto de Graduados
en Estudios Internacionales y Desarrollo de Suiza y
asidua colaboradora de la OMS, “la desigualdad
socioeconómica es un determinante social de salud
crítico porque define las condiciones en las que
crecemos, vivimos, trabajamos y envejecemos”
(World Health Organization, 2015). La dura verdad
es que las desigualdades en salud son ubicuas,
profundas y persistentes; las situaciones descritas en
los párrafos previos son meros ejemplos, muy
dramáticos, de la magnitud y extensión de las
desigualdades en salud en las poblaciones de nuestra
Región, a la cual se le atribuye la dudosa distinción
de ser una de las más inequitativas del mundo.
Décadas de investigación pionera en epidemiología
social han puesto en evidencia la determinación
social de las desigualdades en salud: son las injustas
y evitables desigualdades en las circunstancias y las
oportunidades para la vida -en lo social, lo
económico, lo laboral, lo cultural, lo ambiental, lo
político- las que determinan, dan forma y
profundidad a las desigualdades en salud observadas
y sentidas.
En tiempos recientes, los grandes foros políticos,
económicos y científicos mundiales tienden a hacer
explícita una alarmante e incómoda realidad: la
desigualdad de ingreso y, por extensión, la
desigualdad social se empiezan a apreciar como una
verdadera amenaza a la sostenibilidad. Como
ejemplo de ello se destacan los siguientes: en su
panorama sobre la agenda global, el Foro Económico
Mundial de Davos declara la ampliación de la
desigualdad de ingreso como la segunda amenaza
mayor en significancia global (y primera en las
Américas) (World Economic Forum,2014); el
Informe Oxfam International documenta la
ampliación de la desigualdad de ingreso y denuncia
el secuestro democrático que produce gobernar para
las élites (Oxfam International, 2014); la iniciativa de
economía progresiva del Parlamento Europeo
declara la ampliación de la desigualdad el reto del
siglo (Wilkinson, Pickett, 2014); el Nobel de
Economía Joseph Stiglitz hace un llamado para
eliminar la desigualdad extrema de ingreso como
objetivo de desarrollo sostenible al 2030 (Doyle,
Stiglitz, 2014); el economista Thomas Piketty
publica su célebre obra El Capital en el Siglo XXI,
argumentando que el empeoramiento de la

desigualdad es un producto inevitable del modelo
económico de libre mercado (Piketty,2014); la
prestigiosa revista Science dedica una sección
especial, con 12 artículos originales, sobre “la ciencia
de la desigualdad” (Chin, Culotta, 2014); la
Comisión Lancet-Universidad de Oslo sobre la
Gobernanza Global en Salud reconoce los orígenes
políticos de la desigualdad en salud (Ottersen,
Dasgupta, Blouin, Buss, Chongsuvivatwong, Frenk,
et al 2014). Todos estos trabajos y tesis han sido
presentados –todos- solamente en los primeros 6
meses de 2014.
Y es que, desde un punto de vista más político y
estratégico, la desigualdad de ingreso y la
desigualdad social se empiezan a percibir como una
seria amenaza a la gobernabilidad: a la estabilidad
política, a la institucionalidad democrática, a la
credibilidad en la autoridad. Göran Therborn, de la
Universidad de Cambridge, uno de los sociólogos
contemporáneos más ilustres ha señalado que “los
ciudadanos han estado más impacientes” pues “desde
2011 la protesta por la desigualdad se ha hecho
presente en las calles […] en las rebeliones árabes
contra la libertad y oportunidad desiguales […], en
la oposición mediterránea a la austeridad desigual
[…], en el rechazo de los estudiantes chilenos a la
educación superior desigual […], en el Occupy
movement (los Indignados) de Estados Unidos, Gran
Bretaña, España y otros lugares, contra la
dominación del uno por ciento […]” (Therborn,
2013)
Así que el verdadero asunto aquí es la desigualdad
social. De ahí que -como lo ha subrayado la Dra.
Carissa Etienne, nuestra Directora- se empiece a
proponer el alcance de la equidad social como la
aspiración universal más crítica para la salud global
en el escenario post-2015 para el desarrollo
sostenible (Etienne, 2015). La Dra. Etienne ha hecho
palmario, con meridiana claridad, un imperativo
institucional desde que asumió su cargo en la
Organización Panamericana de la Salud: no podemos
continuar ciegos a la gradiente social.

La primacía del principio de equidad
Históricamente, en la evolución del discurso y la
agenda del desarrollo en el ámbito regional y
mundial, primeramente se reconoció a la salud como
condición sine qua non para el desarrollo; más

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recientemente se reconoce a la equidad como
condición sine qua non para la justicia social (y, con
ello, para el buen gobierno). Si esto es así, entonces
la consecuencia lógica es reconocer la equidad en
salud como condición sine qua non para la
sostenibilidad del desarrollo: sin equidad social en
salud no es posible hacer sostenible el desarrollo: la
equidad es su sustento —de ahí la primacía del
principio de equidad en las agendas de desarrollo
contemporáneas.
Para poder desarrollar una actuación política,
estratégica, científica y socialmente consistente con
el principio de equidad -y, por lo tanto, abordar la
agenda mayor de la equidad en salud en el desarrollo
sostenible- es imperativo adoptar ciertas premisas
axiológicas (i.e., valorativas) cardinales a la práctica
racional de la salud pública reconociendo, en
particular, la transición paradigmática actual, según
la cual la explicación racional de las observaciones
sobre la salud poblacional (i.e., su causalidad) exige
abandonar la práctica de una salud pública de
“factores de riesgo”, basada en el individuo y
centrada en su comportamiento y adoptar un enfoque
de política pública, multidisciplinario y más amplio
que tome en cuenta la interdependencia de los
individuos y sus conexiones con los contextos
biológicos, físicos, sociales e históricos en los que
nacen, crecen, trabajan, viven y envejecen (Mújica,
2015). Bajo este paradigma causal, la equidad es un
objetivo de política y ese objetivo consiste en crear
oportunidades iguales para la salud.
La gran pregunta, la propositiva, es: ¿cómo eliminar
las desigualdades sociales en salud? Actuando en
nombre de los Estados Miembros de la OMS, en
2005 el Director General Dr. LEE Jong-wook
comisionó la respuesta a esta pregunta al Prof. Sir
Michael Marmot, del Reino Unido. Tres años
después, el 2008, la Comisión sobre los
Determinantes Sociales de la Salud emitió su
celebrado Informe Final (CSDH, 2008).
La
respuesta a la crucial pregunta del Dr. LEE quedó
plasmada en la mera portada del Informe: actuando
sobre los determinantes sociales de la salud.
Equidad en Salud y Determinantes Sociales de la
Salud son, pues, dos conceptos, dos constructos
inextricablemente ligados entre sí: la equidad en
salud es una expresión toral de la justicia social y se
consigue cuando cada persona tiene la oportunidad

de alcanzar su pleno potencial de salud y nadie es
excluido o queda en desventaja para alcanzar tal
potencial por razón de su posición social u otras
circunstancias socialmente determinadas.
Para
mejorar la equidad en salud (incluyendo el acceso y
cobertura universal en salud) es necesario cambiar la
distribución subyacente y rol de los determinantes
sociales de la salud. Los determinantes sociales de la
salud son las circunstancias en las cuales las personas
nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, así como
el conjunto más amplio de fuerzas y sistemas que
afectan tales circunstancias: e.g. las políticas
económicas y de desarrollo, las normas sociales, las
políticas sociales y los sistemas políticos (la
distribución de riqueza, poder y recursos a niveles
mundial, nacional y local). El llamado central de la
Comisión sobre los Determinantes Sociales de la
Salud (CDSS) es precisamente éste: alcanzar la
equidad en salud actuando sobre los determinantes
sociales de la salud. (CSDH, 2008)
Si la preocupación legítima es por la falta de equidad
en salud -y sus consecuencias adversas para la
sostenibilidad del desarrollo: injusticia social y
debilitamiento de la gobernabilidad- entonces,
trascendiendo la retórica, se tiene que actuar sobre
los determinantes sociales de la salud. Y si
realmente se quiere actuar sobre los determinantes
sociales de la salud entonces, tal como lo informó la
CDSS y otras evidencias acumuladas hasta hoy, hay
tres grandes recomendaciones a poner en práctica
desde el sector salud: 1) priorizar la universalidad en
salud; 2) aplicar el enfoque de salud en todas las
políticas; y, 3) comandar las evidencias.
Primero, la realización progresiva de la universalidad
en salud, esto es, el acceso y la cobertura universal
en salud, es una prioridad de la mayor magnitud y es
fundamentalmente una tarea sectorial de salud. La
OPS y sus Estados Miembros han sido pioneros en
adoptar una Estrategia para el Acceso Universal a la
Salud y la Cobertura Universal de Salud. (Pan
American Health Organization [CD53.R14], 2014)
Esta estrategia tiene cuatro líneas estratégicas, todas
esenciales para conseguir la universalidad y
necesarias para la equidad en salud: 1) acceso
equitativo a servicios; 2) rectoría y gobernanza; 3)
financiamiento con equidad y eficiencia; y, 4)
determinantes sociales e intersectorialidad.

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Segundo, el enfoque de Salud en Todas las Políticas
(SeTP) es el brazo de abogacía de la acción sobre los
determinantes sociales
de
la
salud,
la
intersectorialidad, la gestión del territorio, el
involucramiento del gobierno entero y la
participación comunitaria y social en la movilización
por la equidad y la justicia social. La Región de las
Américas, nuevamente, ha sido pionera en adoptar un
Plan de Acción sobre la Salud en Todas las Políticas
(Pan American Health Organization [CD53.R2],
2014). Inspirado en la Declaración Política de Río
sobre los Determinantes Sociales de la Salud (World
Health Organization, 2011) y sus cinco pilares
(mejor gobernanza intersectorial, participación
social en políticas, reorientación sectorial proequidad, cooperación y solidaridad y vigilancia del
progreso y rendición de cuentas), el Plan de Acción
regional sobre SeTP propone seis líneas estratégicas
de acción: 1) necesidades y prioridades; 2) marco
para la acción planificada; 3) estructuras y procesos
complementarios; 4) evaluación y participación; 5)
monitoreo, evaluación y reporte; y, 6)
fortalecimiento de capacidades.
Tercero, comandar las evidencias: la OPS plantea
aplicar un lente de la equidad –precisamente para no
continuar ciegos a la gradiente social, como lo
demanda nuestra Directora. Este lente consiste
esencialmente en monitorear la salud poblacional (y
el impacto que sobre ella tienen las políticas,
programas e intervenciones) desde dos ángulos a la
vez: por un lado, y como siempre, evaluar la salud
poblacional en función de la tendencia poblacional
promedio: si la salud está mejorando o está
empeorando (tal como lo demandó, en su momento,
Salud para Todos y luego los Objetivos de Desarrollo
del Milenio) pero, por otro lado y simultáneamente,
evaluar la salud poblacional en función de los
cambios en la desigualdad social en salud: si el
gradiente y/o la brecha de desigualdad social en salud
se está estrechando o se está ensanchando. Este
enfoque dual exige adoptar metas y métricas de
desigualdad objetivamente cuantificables. Bajo el
lente de equidad, el mejor resultado -expresión del
buen gobierno, de la buena política de salud- solo
tiene una opción éticamente justificable: mejorar el
promedio poblacional reduciendo a la vez las
desigualdades. (Minujin, Delamonica, 2003)
Consecuentes con este pregonar, la OPS y sus
Estados Miembros han sido pioneros también en esta
tercera recomendación del Informe de la CDSS (por

ejemplo, comandar la evidencia), pues han adoptado
explícitamente objetivos, indicadores y metas
cuantificables de impacto sobre equidad en salud en
su Plan Estratégico 2014-2019. (Pan American
Health Organization, 2013) A través de este Plan
Estratégico, la OPS y los Estados Miembros, han
hecho explícito su compromiso de trabajar
conjuntamente para lograr la reducción de las
desigualdades sociales en salud, convencidos que la
equidad en salud es una condición esencial para el
desarrollo sostenible.

Consideraciones finales
En el documento final de la Conferencia de Naciones
Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Río + 20) se
concede que la salud es una condición previa, un
resultado y un indicador de las tres dimensiones del
desarrollo sostenible: la social, la económica y la
ambiental. (United Nations, 2012) Se reconoce así la
determinación social, económica y ambiental de la
salud poblacional y, con ello, se admite la necesidad
de abordar la salud desde estos tres pilares del
desarrollo sostenible. En el marco de la Agenda al
2030 “Transformar nuestro Mundo” con sus 17
Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el gran
desafío para la Región y el mundo está en cómo
alcanzar los mismos, y en especial, el Objetivo 3,
sobre salud, con equidad y justicia social. (United
Nations, 2015)
Tal desafío hace oportuna una reflexión final, a
propósito de las lecciones aprendidas del PAI en las
Américas, pues en los nuevos desafíos que enfrenta
el PAI quedan reflejados también los grandes
desafíos de la equidad en salud y el desarrollo
sostenible en el escenario regional y mundial
posterior al 2015. Garantizar la universalidad en las
coberturas de inmunización, incluyendo las nuevas
vacunas para la protección poblacional con un
enfoque de curso de vida y sus positivas
externalidades; aplicar el enfoque de salud en todas
las políticas para fortalecer la vital intersectorialidad,
gestión territorial y gobernanza local que faciliten el
aseguramiento de las oportunidades y las
condiciones para una vida sana, plena y digna, sobre
todo para los grupos y colectivos humanos que viven
en situaciones de vulnerabilidad y postergación, y
comandar la evidencia útil para informar políticas e
intervenciones en pro de la equidad, son imperativos
impostergables del sector salud para poner en

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práctica el principio de equidad. Y, desde luego, la
diligencia total a la perspectiva de derechos
humanos, el enfoque y la igualdad de género y la
construcción social de la etnicidad y otras
identidades culturalmente relevantes (Etienne, 2015)
no solo son temas transversales a todo programa de
cooperación técnica; son misiones superiores en
nuestra búsqueda de la equidad social en salud.

Agradecimientos
FBP agradece a la Facultad de Salud Pública y
Nutrición de la Universidad Autónoma de Nuevo
León la invitación a presentar la Cátedra Dr. Carlos
Canseco, en homenaje a una de las personalidades
ilustres y más influyentes en la salud pública del
continente americano durante el Siglo XX, así como
al Sr. Rector de la Universidad Autónoma de Nuevo
León, Dr. Jesús Áncer Rodríguez, promotor de este
homenaje. FBP felicita a la comunidad Universitaria
en su 82° aniversario de vida institucional y a la
Facultad de Salud Pública y Nutrición en su 41°
aniversario, destacando su rol de formadoras de
recursos humanos preparados para un México mejor.

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                <text>La Revista Salud Pública y Nutrición, inicia en el 2000 y es una publicación universitaria con periodicidad trimestral, producida por la Subdirección de Investigación, Innovación y Posgrado de la Facultad de Salud Pública y Nutrición y la valiosa colaboración de la Dirección de Tecnologías de Información de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Tiene como finalidad publicar y divulgar la productividad científica al ofrecer un espacio con visibilidad global para difundir toda aquella información sobre salud pública y nutrición que se genera en los ámbitos académico y científico tanto en el entorno local, regional, nacional e internacional.</text>
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              <text>Respyn Revista de Salud Pública y Nutrición, 2016, Vol 15, No 1, Enero-Marzo</text>
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              <text>La Revista Salud Pública y Nutrición, inicia en el 2000 y es una publicación universitaria con periodicidad trimestral, producida por la Subdirección de Investigación, Innovación y Posgrado de la Facultad de Salud Pública y Nutrición y la valiosa colaboración de la Dirección de Tecnologías de Información de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Tiene como finalidad publicar y divulgar la productividad científica al ofrecer un espacio con visibilidad global para difundir toda aquella información sobre salud pública y nutrición que se genera en los ámbitos académico y científico tanto en el entorno local, regional, nacional e internacional.</text>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Facultad de Salud Pública y Nutrición</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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