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                  <text>���UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN
Santos Guzmán López

RECTOR
Juan Paura García

SECRETARIO GENERAL
José Javier Villarreal

SECRETARIO DE EXTENSIÓN Y CULTURA
Antonio Ramos Revillas

DIRECTOR DE EDITORIAL UNIVERSITARIA
Nohemí Zavala
armasyletrasuanl@gmail.com

EDITORA RESPONSABLE

CONOCE NUESTRAS SECCIONES:

Verónica Rodríguez
veronica.rz@gmail.com

Poesía, narrativa, ensayo literario, textos

DISEÑO EDITORIAL

ÍNSULA
dramáticos, ensayo fotográfico,
ilustración, videoarte, etc.

Karen Villeda
karenvilleda@gmail.com

EDITORA DIGITAL EN ARMASYLETRASENLINEA.UANL.MX
María Melissa Ramírez

COMMUNITY MANAGER
Cinthia Soto

CORRECCIÓN DE ESTILO
ARMAS Y LETRAS, Año 27, No. 110, enero-abril de 2023, es una publicación cuatrimestral,
editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través de la Editorial
Universitaria de la UANL. Casa Universitaria del Libro. Padre Mier 909 Pte., esquina
con Vallarta, Centro, Monterrey, Nuevo León, México, C.P. 64000, Tel. +52 81 8329 4111,
http://www.armasyletras.uanl.mx armasyletras@uanl.mx Editora Responsable: Nohemí
Zavala Castrellón. Reservas de Derechos al Uso Exclusivo: 04-2022-110410165600102, ISSN en trámite, ambos otorgados por el Instituto Nacional de Derechos de
Autor, Licitud de Título y Contenido No. 14,918, otorgado por la Comisión Calificadora
de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. Registro de
marca ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual, en trámite. Impresa por
SEPRIM-HEUA730908AM1 calle Siembra #1 Bodega S-5, Colonia San Simón Culhuacán,
C.P. 09800, Alcaldía Iztapalapa, Ciudad de México. Este número se terminó de imprimir
en abril de 2023 con un tiraje de 1,500 ejemplares.

LETRAS DE ARMAS TOMAR
Múltiples abordajes sobre
un tema en específico.
ANATOMÍA DE LA CRÍTICA
Textos críticos que, a partir de un autor,
obra o corpus, reflexionan sobre
el fenómeno literario y su
incidencia estética y social.
ANDAR A LA REDONDA
Temas que rodean el quehacer artístico: la
cultura en general, la historia, la filosofía, la
política y todo aquello que
repercute en el panorama de la creación.
DE ARTES Y ESPEJISMOS
Ensayos acerca de la obra del artista
invitado y trabajos críticos sobre arte
plástico, los medios audiovisuales y de comunicación.
TOBOSO

Las opiniones expresadas por los autores no necesariamente reflejan la postura del
editor de la publicación.
Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos e imágenes de la publicación
sin previa autorización del editor.
Impreso en México
Todos los derechos reservados
Copyright 2023

Columnas dedicadas a la reflexión crítica
sobre la situación actual de la literatura
y del arte de escribir.
CABALLERÍA
Reseñas de libros de actualidad,
editados por la UANL y otras editoriales
de dentro y fuera del país.

�En portada: Glaciar negro 2 por Ximena Aguilar Vega/
Serie: Testigos de hielo /Fotografía digital / 2019-2021

En esta página: Roca de agua por Ximena Aguilar
Vega / Escala de grises / Serie: Testigos de hielo /
Fotografía digital / 2019-2021

ÍNDICE

ARTISTA INVITADA XIMENA AGUILAR VEGA
EDITORA INVITADA MELISSA GARCÍA AGUIRRE

DE ARTES Y ESPEJISMOS

ÍNSULA
4
6

Practicar un pensamiento / Arturo Cerda
Líneas de caliza y Montañas / Paula Cortázar

48
54

Testigos del hielo / Diego Olavarría
Yo trabajo con la tierra / Paloma Mayorga

ANDAR A LA REDONDA

LETRAS DE ARMAS TOMAR
8

“Antártica es una hoja en blanco”. Conversación con
Ximena Aguilar Vega / Melissa García Aguirre

59

Soy miope y salí a andar en bici sin lentes /
Gamaliel Figón

14

Sacrificio y liberación de la mitocondria. Conversación
con Mariana Pérez Bobadilla / Melissa García Aguirre

61

Escribir es adentrarse, escribir es descubrir(se),
escribir es pensar con el otro / Marelene Mata

19

Esta fusión humano-máquina. Conversación con Anni
Garza Lau / Melissa García Aguirre

27

El lenguaje de las montañas. Conversación con Mónica
Nepote / Melissa García Aguirre

64

[Letras al margen] Las mudanzas y los libros /
Eduardo Antonio Parra

68

[La materia no existe] Una novela de nuestro
tiempo / Alberto Chimal

Las nuevas constelaciones nacionales. Sobre Minga
del cielo oscuro, de Cecilia Vicuña et al. / Héctor
Hernández Montecinos

71

[Plumas al vuelo] Ese aparecer y ese eco / Jessica Nieto

El paisaje que vendrá / Cristóbal López Carrera
y Nohemí Zavala

73

Divisible corpóreo o “la gramática del roce” /
Amaranta Caballero Prado

74

Signos vitales de Merari Lugo Ocaña / María Melissa
Ramírez

76

Escribir no se parece nada a una decisión laboral /
Carmen Elizabeth Carillo Sanmiguel

ANATOMÍA DE LA CRÍTICA
33

38

ÍNSULA
46

TOBOSO

Poemas / Olympia Ramírez Olivárez

CABALLERÍA

�Practicar un pensamiento
ARTURO CERDA

ÍN SU LA

M

e encontré con una planta que creció
de manera espontánea en mi jardín,
de la que no sabía nada y estábamos
de pronto cohabitando con la cautela de
dos desconocidas. Pasé un tiempo tratando
de identificarla y descubriendo los cuidados
para mantenerla viva. Resultó que era una
variedad de pensamiento, ¡qué nombre más
inesperado! Me estaba relacionando con un
pensamiento vegetal por primera vez. Quise
entonces propagar esa relación por medio de
tres esquejes: un invernadero diseñado para
mantener vivas variedades de pensamientos,
siempre que reciba mensajes escritos para las
plantas; una serie de dibujos como estrategia
para demorarme en los detalles, similitudes y
diferencias de sus flores; y una instalación que
se despliega cada vez de manera libre a la vez
que contenida, como los pensamientos.1

1

Proyectos realizados con el apoyo de la Residencia TajoSaenger.

�ÍN SU LA
El mundo ha partido por Arturo Cerda / Invernadero de madera con sistema de riego, microcontrolador, luz de cultivo y plantas de pensamiento / 81 x 77 x 178 cm / 2022

Un jardín no es una planta, a veces una planta es un jardín por Arturo Cerda /
Laca automotiva sobre 62 piezas de MDF / Dimensiones variables / 2022

Muestra # 9 (arriba) y Muestra
# 15 (abajo) por Arturo Cerda /
Serie: Herbario de la demora (100
pensamientos) / Tinta sobre papel,
grabado láser en acrílico / 14.8 x 21 cm
(papel), 18 x 26 cm (encapsulado) / 2022

�ÍN SU LA

No. 8 por Paula Cortázar / Serie: Montañas / Grafito sobre papel / 60 x 100 cm / 2015

PAULA CORTÁZAR

LÍNEAS DE CALIZA Y MONTAÑAS *

E

l mundo natural guarda una gran conexión con todo ser
vivo. Hay una energía que fluye y alimenta al planeta Tierra. Esta energía corre a través de todos nosotros y de
todo lo que nos rodea. Dentro de la biósfera, somos esculpidos
y dibujados por elementos como el aire, el agua, el fuego y la
tierra. Con este proyecto, intento comprender la naturaleza y
entrar en contacto con ella.
A través de la observación, encuentro dibujos perfectos que
se repiten constantemente. Estos dibujos son signos de que
portamos la misma energía y pertenecemos a un mismo origen,
asimismo las pequeñas partes se conectan con el todo. De esta
manera, busco interiorizar y contemplar la belleza del mundo
natural. “Ver lo que siempre había estado ahí, pero que no se
veía”, como lo menciona el artista Andy Goldsworthy, representante del movimiento Land Art, en la película Ríos y mareas
(Thomas Riedelscheimer, 2001).
El dibujo que encuentro es respetado y resaltado cuidadosamente de distintas maneras. En la serie Líneas de caliza, las piedras

*

Publicado originalmente en el sitio web de la artista http://paulacortazar.com

�REFERENCIAS

Bateson, G. (1979). Espíritu y Naturaleza. Barcelona: Amorrortú.
Riedelscheimer, T. [Director]. (2001) Rivers and tides [Película]. Reino Unido
/ Alemania / Finlandia: Mediopolis film, Skyline productions.
No. 2 por Paula Cortázar/ Serie: Líneas de caliza / Grabado
sobre piedra caliza / 18 x 34 x 20 cm / 2015

ÍN SU LA

que cayeron del Cerro de las Mitras me han mostrado líneas que
se conectan entre sí de una manera muy compleja. Contemplo y
recolecto cada piedra de acuerdo a su forma ya esculpida por la
misma naturaleza e intento resaltar su propio código natural. De
este modo, el resultado final es una interpretación del dibujo creado por la gravedad y el colapso de una gran parte del cerro.
Por otro lado, en la serie Montañas, el papel también me ha
revelado un dibujo con una complejidad similar a la de una piedra caliza. El papel comúnmente es el soporte del dibujo, pero
en este caso el papel toma protagonismo y habla por sí solo.
A través de dobleces realizados aleatoriamente, la línea fluye
como el agua de un río. La observación logra llevarme a lugares desconocidos dentro de un espacio aparentemente vacío.
El papel se transforma y un paisaje montañoso se manifiesta.
Esta manera de dibujar me permite encontrar una conexión
con el mundo a través de sus formas, que se repiten en cada uno
de nosotros. Intento comprender “la pauta que conecta”, como
dijo Gregory Bateson en su libro Espíritu y Naturaleza (1979: 18).
Sin embargo, este mismo autor también menciona que “la mayoría de nosotros hemos perdido ese sentido de la unidad de la
biósfera y humanidad que nos ligaría y nos reconfortaría a todos
con una afirmación de belleza” (Bateson, 1979: 28). Por esta razón,
me interesa resaltar las huellas del mundo natural para así hacer
visible lo que antes era invisible. Los signos en la naturaleza están esperando a ser traducidos y leídos. Estos son parte de un
texto que narra historias acerca de nuestro origen.

�LETR A S D E A RM AS TO M AR

Las cuatro conversaciones a continuación forman parte
del proyecto Investigaciones sexys sobre arte y ciencia 2021
desarrollado por Melissa García Aguirre, como un espacio
“para hablar desde la sensualidad de los conocimientos
que se producen en los cruces entre el
arte y la ciencia con mujeres científicoartistas”. Pueden consultarse en línea en:
https://rb.gy/0lbnb o en el siguiente código QR.

“Antártica es una
hoja en blanco”
CONVERSACIÓN CON XIMENA AGUILAR VEGA

MELISSA GARCÍA AGUIRRE
Montaña azul 3 por Ximena Aguilar Vega / Serie: Testigos de hielo / Fotografía digital / 2019-2021

			

MELISSA GARCÍA AGUIRRE: Los intereses de este programa tienen

que ver con las interacciones entre arte y ciencia, cómo podemos construirlas desde el goce y el placer. En tu caso, de la
investigación no está excluido el componente emocional ni el
componente del goce. Te he escuchado en entrevistas hablar,
por ejemplo, de poner el cuerpo en el territorio.
XIMENA AGUILAR VEGA: Tengo una Licenciatura en Biología, e hice
una Maestría en Ciencias Antárticas con especialidad en Glaciología. Me dedico a estudiar los polos y el mar. Mi investigación
está basada en la interacción de la luz con la materia, el hielo y
el agua particularmente.
8

�LETR A S D E A RM AS TO M AR

En el momento en que pisé Antártica me vino a la mente
la obra de Wolfgang Tillmans, él trabaja con el papel como objeto artístico y uno de sus discursos es que estos papeles en
blanco pueden ser transformados y nosotros transformarnos
con ellos. Antártica es una hoja en blanco. En las dos expediciones que participé me di cuenta de que los cambios están
sucediendo rapidísimo. Pensando en estas piezas abstractas
de Tillmans, que juega con tintas, con pigmentos, me basé en
el color. En un continente que es totalmente blanco, un sitio
de contrastes, ¿por qué no asociar estos cambios de color con
los cambios que están sucediendo en el contexto del cambio
climático? Empecé a investigar sobre el color, a asociarlo con
ciclos de carbono, que son fundamentales en este continente
y en el planeta.
Quiero estudiar cómo se está comportando el ciclo de carbono en estas gigantes masas de hielo, que anteriormente se
creía que no tenían vida, pero es un bioma increíblemente rico: la
productividad en el hielo se ha asociado –en un par de trabajos
científicos– a la productividad en lagunas costeras.
Antártica, por ser este lugar de contrastes, por ser, si lo enmarcamos en esta caja de simbolismos, el continente blanco
en todo el espectro posible, es el único lugar en el planeta en
donde se lleva acabo el ejercicio de la paz, de la colaboración,
es un sitio puro. Justamente por todas estas características es
que en él podemos identificar rápidamente los cambios que
están ocurriendo en el globo. Se ven reflejados de forma muy
directa en la Antártica.

Empecé a investigar sobre el color, a asociarlo con
ciclos de carbono, que son fundamentales en este
continente y en el planeta.
Por ejemplo, estamos viendo manchones verdes, rosas, cafés, que se están apropiando cada vez más de las zonas costeras de la zona norte de Antártica, que son las áreas menos extremas pero que no deberían estar cambiando de esta
forma. Todos estos colores, independientemente de que sean
bonitos de mirar en un ambiente blanco porque el contraste
es increíble y el paisaje muy bello, nos están dando información. La forma en que interactúa la luz o los fotones con la
materia depende mucho de la composición química y física de
estas partículas de la nieve, de estos organismos, compuestos
orgánicos.
9

�LETR A S D E A RM AS TO M AR

Con mi trabajo también busco hacer series de imágenes,
sobre todo, vacías. Me gusta mucho fotografiar espacios que
no estén muy cargados de objetos. Busco la desolación. No intento convencer a la gente, simplemente que sientan, que se
apropien de estos paisajes y de las posibilidades, de diferentes
futuros o presentes que existen ya dentro de esta imagen o en
nosotras mismas.
MGA: Simbólica y culturalmente la Antártida ha sido desde tiem-

pos ancestrales una gran pregunta: si es o no el límite del mundo. Y hay en esa frase una poética y una política muy interesante. También en la literatura, por ejemplo, en Frankenstein, hay
esta noción de la Antártida como límite de nuestra psique, de
lo que podemos conocer como humanos. Ahora que observamos esta relación dialógica de los biomas, de nuestrxs cuerpxs
y la Antártida, y los de otros mamíferos y otras vidas no humanas que también están implicados en esta relación dialógica
con la Antártida, quizá sí podamos decir
Cada viaje a Antártica que es el límite de nuestro planeta y que
me ha trasformado las transformaciones que ahí suceden
de formas distintas, son justamente límites que tenemos.
los retos siempre Me gustaría que comentaras también la
cuestión del tiempo, tu experiencia en
son distintos.
relación al pasado, que también teneHabitar este lugar te mos ese registro en el glacial.
empuja a escuchar XAV: En Antártica se encuentra almaprofundamente todo cenada gran parte de nuestra historia:
cómo era nuestra atmósfera, cómo eran
alrededor.
nuestros mares, las partículas que teníamos, virus, bacterias. Si logramos recuperar estos registros
ocultos en el hielo, nos ayudarán a entender el futuro escenario
de nuestro planeta en el contexto de calentamiento global.
Cada viaje a Antártica me ha trasformado de formas distintas, los retos siempre son distintos. Habitar este lugar te empuja a escuchar profundamente todo alrededor. Para mi escuchar realmente es ceder todo para que el ruido, el sonido del
ambiente, tome posesión de ti. Comienza una transformación
profunda.
Tuve un acercamiento con el glaciar que estudié durante mi
maestría, estuve en la montaña, acampé un poco más de una
semana, sentí el rigor de estar ahí, estar en el glaciar, escucharlo, esta desolación que me encanta y aproveché para hacer un
registro. En la segunda expedición, fue el mar, el océano, este
10

�LETR A S D E A RM AS TO M AR
Hielo de mar por Ximena Aguilar Vega / Serie: Testigos de hielo / Fotografía digital / 2019-2021

escenario blanco que cambió a un mundo totalmente azul, y
este contraste con los glaciares, las montañas, los paisajes, la
transformación fue distinta.
MGA: Escuchar en el arte es ceder, para construir conocimiento.

¿Cómo tomas esto en la perspectiva científica? ¿Para la recolección y sistematización de los datos?
XAV: Cuando voy a terreno y comienzo a tomar datos y muestras, es difícil disociar esta concentración en los datos duros
que voy a obtener, de lo que estoy haciendo, con la manera en
que me siento en el momento en que estoy extrayendo todas
estas muestras. Y en la mayoría de las ocasiones me detengo,
hago un registro, y continuo. Siempre que estoy habitando estos sitios me pregunto qué está sucediendo en este momento,
en este espacio que yo estoy ¿violentando? Creando un efecto
de resonancia en este sitio en el que antes no estaba yo. Es
imposible no pensar en todo lo que está ocurriendo, desde la
transferencia de energía, sonidos… Cualquier átomo que esté
por encima de los cero grados centígrados zumba… La presencia
de nuestros cuerpos en cualquier medio provoca flujos de energía. Nuestros cuerpos provocan el movimiento de las partículas
a nuestro alrededor, generan ruido.

11

�MGA: Mientras estás ahí, en toda esta experiencia gozosa y creativa,

LETR A S D E A RM AS TO M AR

con un montón de conciencia y responsabilidad sobre lo que es
habitar el planeta, al mismo tiempo está en riesgo tu vida.
XAV: Sí pienso mucho en los riesgos,
Yo estudio materiales
sobre todo cuando me estoy vistiendo con el juego de capas obligatorias que son transportados
para salir al hielo. Existe cierto temor, por medio del agua de
eso es normal, como todas las per- deshielo. Particularmente
sonas que tienen experiencias allá
carbono orgánico.
afuera, en la naturaleza. Yo sé que tú
también has experimentado esa sensación de vértigo cuando sales a terreno; puede pasar cualquier cosa. Pero en Antártica es
un poco distinta, pensando en esta terra incógnita, es la sensación de: claro, cuando mueres dejas de existir, pero si mueres en
un lugar que es terra incógnita estás muriendo en un lugar que
en gran parte del imaginario de la sociedad no existe. Entonces,
¿desapareces?
MGA: Creo que podemos tener sabrosura, también, de las parti-

cularidades del color y aprovechar todo este amor que tienes
por las técnicas y los materiales con los que trabajas. Tal vez
esas particularidades nos puedan dar pautas para repensar esa
manera en que nos estamos relacionando o en la que nos queremos relacionar con los polos.
XAV: Uno de mis trabajos aborda la concentración de compuestos orgánicos en el hielo, y de qué forma terminan en el océano, considerando que ya sabemos que por el derretimiento de
los glaciares está incrementando el nivel del mar. Pero también la expansión térmica ocasiona que suba el nivel. Las partículas cuando se calientan se expanden y gran porcentaje del
incremento en el nivel del mar se debe a ese incremento de
la temperatura del océano en promedio. Yo estudio materiales
que son transportados por medio del agua de deshielo. Particularmente carbono orgánico. Me interesa entender cuáles son
las implicaciones para la salud de los sistemas costeros en los
polos. Es decir, qué daño podría causar la materia orgánica que
proviene de los glaciares en el sistema marino.
Los compuestos orgánicos que estoy buscando tienen un
color café. Este color café absorbe fuertemente en la región UV
y visible del espectro electromagnético, es decir, en el color violeta y azul. Cuando analizamos las muestras y hay curvas bajas
en el violeta y azul, indican la presencia de carbono orgánico.
12

�Busco respuestas en libros artísticos, de poesía, fotografía, arte
abstracto, y no puedo separar lo artístico, este sentir con todo el
cuerpo con toda la mente, con toda el alma, de un rigor científico.

LETR A S D E A RM AS TO M AR

Las curvas espectrales nos dan mucha información.
Con el color se puede hacer un montón de cosas, piezas de
arte para mostrarle a la gente realmente cómo ocurren estos
cambios y con qué aspectos científicos se asocian.
MGA: ¿El conocimiento es un alivio? ¿Hay algo que se alivia al es-

tar en este proceso de hacerse la pregunta por el conocimiento?
XAV: Para ser muy concreta, sí, existe cierto alivio. Pero me parece que el tiempo de este alivio es decimal, al momento vuelvo
a sentir, no angustia, otra emoción muy fuerte por entender
por qué suceden así las cosas. Con el conocimiento no transito
hacia la calma, todo lo contrario. No es algo que sea negativo,
siento que me hace sentir más viva.
MGA: Con respecto al diálogo entre prácticas artísticas y las cien-

cias, ¿cuándo comienza un proyecto de investigación?, ¿cómo
se relaciona con el método en tu experiencia como humana
científica?, y ¿cómo te relacionas con el concepto de ciencia?
XAV: Para mí, un proyecto comienza con las preguntas, cuando son tantas que tienes que sentarte a intentar responderlas, buscar espacios en los que procurar responder. Entonces
sucede que respondo con más preguntas, empiezo a armar un
cuerpo de incógnitas gigantesco y a evaluar qué es lo prudente
y lo viable, a crear esquemas, objetivos que me acerquen a la
respuesta, o que alivien esta inquietud, esta pregunta. Que me
lleven a otra que tal vez sí pueda responder.
Paso mucho tiempo leyendo artículos científicos, pero
cuando me siento paralizada, siempre busco respuestas en libros artísticos, de poesía, fotografía, arte abstracto, y no puedo
separar lo artístico, este sentir con todo el cuerpo con toda la
mente, con toda el alma, de un rigor científico. La ciencia para
mí es esta exploración integral transdisciplinar.

13

�LETR A S D E A RM AS TO M AR

SACRIFICIO
Y LIBERACIÓN
DE LA MITOCONDRIA
CONVERSACIÓN CON MARIANA PÉREZ BOBADILLA
Montaña por Ximena Aguilar Vega / Serie: Testigos de hielo / Fotografía digital / 2019-2021

MELISSA GARCÍA AGUIRRE

MELISSA GARCÍA AGUIRRE: Mariana es historiadora del arte, está in-

teresada en las intersecciones entre arte y biotecnología. También realizó estudios de género en la Universidad de Bolonia en
Italia y su investigación doctoral la realizó en arte y biología,
epistemología, historia de la presentación del tiempo profundo
y asuntos relacionados con bacterias...
MARIANA PÉREZ BOBADILLA: Es un poco extraño al principio, ¿no?
Cuando la gente dice: ¿qué tiene que ver la historia del arte con
la bilogía o con los microorganismos? Lo que hace el arte de muchas maneras es hacer visible lo invisible, y en la microbiología
su característica principal es que es invisible a los ojos desnudos
humanos. Entonces, un poco con el arte, un poco con la biología,
estamos revelando todas esas formas de mirar el mundo.
MGA: ¿Cómo y desde dónde llegaste al multiverso del arte y la

ciencia?
MPB: Yo crecí en el mundo de la ciencia, pero me fui al lugar más
lejano posible de la ciencia que, aparentemente, es el arte. Aun
así, el destino te va llamando. Me di cuenta que me había negado a la biología y a la belleza absoluta de la materia viviente,
que es algo de lo que me encantaría hablar hoy: del sentido de

14

�LETR A S D E A RM AS TO M AR

la materia viviente con respecto a la no viviente como instrumento artístico.
A los microorganismos llegué desde el feminismo. Cuando
realicé estudios de género, me preguntaba ¿cuál es mi lugar en
la defensa de los derechos de las mujeres desde el arte? Empecé a involucrarme con el pensamiento feminista de Rosi Braidotti que habla de los nomadismos, lo posthumano. Partir de la
noción de que la lucha por los derechos de las mujeres por mucho tiempo fue la lucha por los derechos de las mujeres blancas, por tanto, el feminismo debe contemplar también la lucha
de clases, entre otros. Desde el pensamiento posthumano o
post antropocéntrico, en realidad, el problema es que ponemos
a los seres humanos en el centro de todo nuestro pensamiento
y nuestro funcionar. Entonces, ¿quién queda en el centro?
A quien decidí poner en el centro fueron los microorganismos. Otras investigadoras utilizan las plantas, los hongos, las
proteínas… para no tenerme a mí –humana– en el centro, si no
poner al otro –viviente o no viviente– en el centro de mi pensamiento y en mi forma de comprender las dinámicas del mundo.
MGA: Cuando empecé a trabajar con pensamiento científico,

lo hacía al mismo tiempo que con los feminismos de calle: las
marchas, las protestas, el trabajo legal, el trabajo en el congreso. Cuando me encuentro pensando en El origen de las especies,
en Darwin, en el descubrimiento del tiempo profundo y estoy
al mismo tiempo parada en el congreso intentando que deje de
aprobar que el aborto sea un delito... Cuando detrás tienes todo
este contexto de todo un aparato epistemológico que parece
como muy separado de cómo pensamos la política y las leyes,
te das cuenta de que no, que en realidad hay una conexión que
no está visible en la forma en que nos relacionamos entre las
éticas y las morales a través de las que convivimos como individuos de la especie humana, y nuestra relación con cómo
comprendemos las diversas relaciones entre organismos y entre materia viva y no viva, dentro y fuera de este planeta.
MPB: Epistemología. Biopolíticas. Nuestra manera de construir
conocimiento y de entender la realidad está muy mediada por
quién ostenta el poder. ¿Cómo construimos realidad y verdad?,
porque a partir de ellas construimos las leyes, el orden social.
Sin una transformación epistemológica (ni biológica) construimos las leyes y el control de los cuerpos (biopoder) alrededor
de eso. En mi caso, dije, lo que yo estoy haciendo es valioso
porque estoy dando un giro epistemológico. Era importante ha15

�LETR A S D E A RM AS TO M AR

cerlo lo más profundo posible, llevarlo a la mínima unidad de lo
viviente: los microorganismos.
Partí de las obras de arte, mi trabajo de investigación doctoral aborda la obra de Gilberto Esparza y de Interespecifics,
Leslie García y Paloma López. Lo que tienen en común estas
obras son los microorganismos involucrados con la máquina.
Esto lo fui relacionando con el pensamiento feminista y posthumano de Rosi Braidotti. Tenía mucho sentido para mí llegar
a este punto mínimo de lo viviente y de lo existente.
En cuanto a mi obra de arte,
se trata de las mitocondrias, Más que un planeta humano
este organelo, parte de nueses un planeta microbiano,
tra biología, que produce toda
nosotros participamos de
la energía con la que vivimos.
Sin ellos no hay energía, no él, evolucionamos de él,
hay vida, no hay existencia. En t o d o s e s t o s o r g a n i s m o s
realidad, solía ser una bacteria. nos permiten existir en el
Fue un proceso de transformamicrobioma y también en la
ción, de pensar la bacteria o el
microbio como enemigo, a ver- mitocondria.
lo como algo que nos mantiene con vida. Ningún organismo multicelular puede funcionar sin
el poder de la mitocondria y todas sus funciones.
El nuestro es un planeta microbiano, está lleno de microbios
por todas partes. La microbiodiversidad es brutal, las especies
microbianas mutan rápidamente, intercambian genes. Forman
la mayor biomasa de este planeta. La forma en que todos los
ecosistemas se sostienen tiene que ver con sus microorganismos. Por tanto, más que un planeta humano es un planeta
microbiano, nosotros participamos de él, evolucionamos de él,
todos estos organismos nos permiten existir en el microbioma
y también en la mitocondria. Ellos estaban antes de nosotros, y
después de nosotros persistirán.
MGA: ¿Nos pudieras dar un recorrido por la pieza, por el proceso

creativo, el proceso narrativo, el proceso, también, de los objetos, de las decisiones técnicas, científicas, procesuales, y de
factura final de la pieza?
MPB: Pedí una beca del PAPIAM, increíblemente confiaron en
mí sin experiencia previa artística. No los decepcioné; puse mi
corazón, mi alma, mi tiempo, mi ser, absolutamente en la producción de esta obra. Trabajaba con un biólogo e hice equipo
con un diseñador y con una artista, Malitzin Cortés. Con Malitzin
16

�Emancipación Microbiana
por Mariana Pérez Bobadilla
en colaboración con Malitzin Cortés / Bronze, modelado digital y mitocondrias
/ 30 x 20 x 10 cm y video de
13 min / 2020

LETR A S D E A RM AS TO M AR

fuimos construyendo este video que narra una célula que se
come a otra, y un mar de microbios que existe por un tiempo
larguísimo. Solo microbios, este era el planeta. El proceso en
que una célula se come a otra se repite, hasta el evento en que
“se indigesta”, se queda una dentro de la otra. Un microbio dentro del otro y resulta beneficioso. Todas las posibilidades de la
vida se dan simplemente por este milagro de que esta arquea
se comió una bacteria y ese día no la digirió, se volvieron simbiontes; se llama la teoría de la simbiogénesis.
Para el experimento, dije: voy a dar mis mitocondrias. La
idea original –por eso se llama Emancipación microbiana–, es
que, si es que viven dentro de
mí estos microbios de la mitocondria, yo los iba a liberar. Yo
quería sacar mi mitocondria y
que volviera a ser una batería
libre por el mundo y ella pudiera existir independientemente de mí; liberarla de estarme
dando energía todos los días.
Esta era la idea, después descubrí que ya somos una, ella perdió mucho de sus genes para
vivir dentro de nosotros, con nosotros; entonces ya no puede
vivir sola. Pero, entonces, lo que me propuse hacer fue sacrificar
mi célula, sacrificar la mitocondria para sacarla.
Dijimos, ¿cuánta carne necesito para sacar las células de mi
cuerpo y sacarles la mitocondria? Calculamos y era como medio kilo. ¿De dónde me iba yo a quitar medio kilo de carne?
Bueno, de la sangre. Pero igual necesitaba muchísimos litros de
mi sangre para poderle sacar la mitocondria y poder tener una
porcioncita de mitocondria. Después diseñamos otro experimento en el que yo entregaba mi sangre y estimulábamos el
crecimiento de células blancas, con bacterias, de hecho, le hacíamos pensar que era una infección, se hacían células blancas
y después las rompimos. Ahí está el sacrificio, el sacrificio de mi
sangre y el sacrificio de las células blancas... De ahí extrajimos
las mitocondrias, las juntamos todas en un botecito. Que ese
era el sentido, liberar la mitocondria.
Y construí un relicario que era en forma de una retícula endoplásmica, una redecilla que le da la estructura a la célula en
donde normalmente están las mitocondrias...
[...] Al final, en el video entraba el relicario. Entonces el
objeto físico, el relicario –que primero diseñamos en tercera
17

�LETR A S D E A RM AS TO M AR

dimensión, lo imprimimos, lo vaciamos
en bronce–, pasó al modelo tridimensional
y ese lo pusimos dentro del video.
[...] El video quedo al fondo como un
tríptico, –regresando a las tradiciones
judeocristianas de lo sagrado– donde
la historia principal se narra en el centro, en los lados quedan
historias paralelas: un mundo microbiano. ¿Qué hubiera pasado si esta endosimbiosis no hubiera tomado lugar, si estos dos
microbios no se hubieran comido? El mundo hubiera quedado
siempre microbiano. En el panel central queda esta historia que
es lo que sucedió. Una historia de nuestra existencia, de tiempo
antiguo. Adelante queda el relicario de bronce, su mitocondria
gigante y en ella un pequeño tubito con mis mitocondrias (aproximadamente un mililitro).

Todo mi pensamiento ocurre
con un cerebro hecho de
grasa, que no existe si del
corazón no late sangre, no le
provee oxígeno, alimento a las
mitocondrias de las neuronas.

Emancipación Microbiana
por Mariana Pérez
Bobadilla en colaboración
con Malitzin Cortés /
Bronze, modelado digital
y mitocondrias / 30 x 20
x 10 cm y video de
13 min / 2020

18

MGA: Hay algunas palabras

que me llaman la atención,
por mis propios afectos. Por
ejemplo, “sacrificio” y liberación” pueden vincularse con
perspectivas éticas.
MPB: Pienso en el sacrificio
relacionado con lo mexica, lo
mesoamericano. En el video toda la estética es como
millennial y de repente tenemos un momento de estética mexica, que metimos de un códice. Que tiene
que ver con desmembrar al sacrificado y entregar su
corazón todavía latiente. Es el sentido de esta obra,
entregar la mitocondria todavía viviente. Destruyo la
célula, saco la mitocondria como prueba y la entrego
como sacrificio.
Liberación también con respecto a las formas de
pensar, ampliar nuestra perspectiva sobre el mundo,
lo epistemológico. […] por ejemplo el binomio cuerpo-mente, pensar que puedo existir desde mi mente, separada de mi corazón, de mi ser viviente. Todo
mi pensamiento ocurre con un cerebro hecho de grasa, que no
existe si del corazón no late sangre, no le provee oxígeno, alimento a las mitocondrias de las neuronas. Todo existe desde la
materia. No hay pensamiento fuera de la materia. No hay racionalidad separada de mi ser material.

Emancipación Microbiana
por Mariana Pérez Bobadilla
en colaboración con Malitzin Cortés / Bronze, modelado digital y mitocondrias
/ 30 x 20 x 10 cm y video de
13 min / 2020

�Conversación con Anni Garza Lau

MELISSA GARCÍA AGUIRRE
Montaña azul 4 por Ximena Aguilar Vega / Escala de grises / Serie: Testigos de hielo / Fotografía digital / 2019-2021

MELISSA GARCÍA AGUIRRE: Me gusta que nos hablas desde tu inte-

rés por la relación entre la moda y la tecnología. Cómo lo que
estamos vistiendo tiene que ver con el uso de nuestrxs cuerpxs
y cómo comprendemos nuestras relaciones con les otres, humanes y no humanes, elementos incluso no vivos en este planeta.
ANNI GARZA LAU: Creo que esta relación puede partir de lo “smart”.
El Internet de las cosas, que permite que todo esté conectado todo el tiempo, ya llegó al cuerpo: los smartwatch, la posibilidad de meternos chips, etc. Llevo un año usando un Fitbit
que registra los latidos de mi corazón, cómo duermo, cuántas
horas duermo, cuánta agua tomo, cuántas calorías gasto, qué
tipo de ejercicio hago, durante cuánto tiempo, revisa mi ciclo
menstrual… Todos estos datos que genera el cuerpo, al mismo
tiempo, lo manipulan. Es un ciclo interminable de producir información, consumirla, procesarla…
Esta tecnología “smart” nos da la sensación de que todos
estamos conectados con todos y con las funciones de nuestro
propio cuerpo, pero no es real. La relación que tenemos con el
19

LETR A S D E A RM AS TO M AR

E S TA
FUSIÓN
HUMANO-MÁQUINA

�LETR A S D E A RM AS TO M AR

1.

2.

3.

4.

5.

6.

1. Anni Garza Lau / Híbrido digital, detalle: Computadora para inteligencia
artificial, circuitos y carcasa con espina dorsal impresas en 3D.
2. Anni Garza Lau / Híbrido digital, detalle: cámara de profundidad y web,
capaz de reconocer figuras humanas.
3. Anni Garza Lau / Simbiosis programada / De la serie: Emoción inducida /
Traje y casco, sensores de proximidad, redes sociales, luces, sensor de ritmo
cardíaco / 2020.
4. Anni Garza Lau / Híbrido digital / Traje simbiótico, Inteligencia artificial,
sensores, circuitos electrónicos y computadora, conexión a Internet
y distintas APIs, digital, redes sociales / 1.60cm x 60cm x 50 cm / En
colaboración con Vladimir Sánchez, Hugo Escalpelo, Mariel Paredes y Eddie
Castañeda / 2021.
5. Anni Garza Lau / Híbrido digital, detalle: Interfaz para comunicación con
inteligencia artificial. Teclado numérico, botones, pantalla led y
smartwatch.
6. Anni Garza Lau / Simbiosis programada / De la serie: Emoción inducida /
Traje y casco, sensores de proximidad, redes sociales, luces, sensor de ritmo
cardíaco / 2020.

20

�ambiente, con los otros, con lo político, con lo económico, etc.
viene directamente de la información que recibimos, pero esa
información mayormente no es verídica, hay siempre una manipulación detrás.
MGA: ¿De qué hablamos cuando
LETR A S D E A RM AS TO M AR

La única forma de percibir
una realidad más cercana
a la verdad es a través de
la ciencia, la investigación,
de reunir información y
comprobar que sea verídica.

usamos la palabra ‘realidad’ desde la perspectiva del arte y los
medios?
AGL: Cuando hablamos concretamente de los medios, tiene que
ver con qué información te llega y
qué haces con ella, cómo va modelando tu percepción de todo lo
que te rodea. [...] Estamos tan acostumbrados a construir nuestra
realidad a partir de lo que vemos por la pantalla […] Pero la realidad como tal no es algo que podamos percibir de esa manera. En
cambio, ¿cuál es la verdad de ciertas cosas? Eso sí se puede llegar
a investigar, explorar, comprobar con hechos científicos. Tememos
información, que quizás no es verdad, para construir lo que pensamos que es la realidad, y eso nos está atrasando culturalmente.
La única forma de percibir una realidad más cercana a la verdad
es a través de la ciencia, la investigación, de reunir información y
comprobar que sea verídica.
MGA: […] Estoy muy interesada en saber, porque tus trajes son

importantes, lo que te hacen sentir, pensar. La forma en que
desestabilizan las maneras tradicionales con las que nos relacionamos con el mundo son muy agudas y puntuales. ¿Cómo y
desde dónde llegaste a la creación de estos trajes?
AGL: Toda mi investigación desde hace diez años tiene que ver
con cómo la tecnología está modificando al ser humano: en la
sociedad, en la percepción de uno mismo o en la adquisición
de conocimientos. La tecnología digital de los últimos veinte
años ha cambiado completamente la forma en la que vivimos.
Eventualmente eso me llevó al posthumanismo: ¿cuál podría
ser esa verdadera fusión entre el ser humano y la tecnología?
Tener un celular o dispositivos para el cuerpo ya está implicando una fusión entre la tecnología, el ser humano y la forma en
la que vemos, percibimos y vivimos el mundo.
Inicialmente quería insertarme chips, o inyectarme químicos u hormonas, pero era muy peligroso. Comencé a investigar
sobre los estímulos y la forma en que modifican al cuerpo en su
química y hasta en su ADN. Todo el tiempo el ADN en nuestras
21

�LETR A S D E A RM AS TO M AR

células está mutando, a través de lo que comemos o la cantidad
de luz UV que recibimos. La única forma de percibir estos estímulos es a través del cuerpo, de su sistema sensoperceptivo.
Los trajes modifican esa percepción de la realidad o de la vida a
través de los estímulos que producen.
[...] Cómo vamos a percibir la realidad de esta fusión humano-máquina tiene que ver con el cuerpo y con una cuestión social.
Que es la idea del cíborg, de Haraway: definir tu propio cuerpo, tu
identidad, a partir de la tecnología y el cambio de su naturaleza
(por ejemplo extender los sentidos)... Como está sucediendo con
los filtros de Instagram, TikTok, Snapchat… Nuestra identidad depende no de la genética sino de un ideal (propio o impuesto por
una cultura del consumo) y podemos ver casos extremos de esta
reconfiguración como el perfil de Instagram, Fecal Matter: mujeres calvas, pies deformes, combinaciones entre alien, animal…
MGA: Tradicionalmente se considera que la tecnología nos ale-

ja de nuestra corporalidad, de quiénes somos como humanos,
cuando en realidad es otra perspectiva para relacionarnos con
nuestrxs cuerpxs. Yo quisiera seguir
avanzando hacia estas relaciones El traje lleva un podómetro
entre la máquina y le humane, pero que te deja caminar 140
antes, ¿puedes hacer una breve inpasos, luego hace una
troducción sobre qué es lo que hacen tus trajes y cuántos de ellos interrupción incómoda
[...] tienes que detenerte
existen?
AGL: Existen cuatro trajes, todos dicompletamente, esperar
señados por Mariel Paredes, y tres
veinte segundos o pagar
son parte de un proyecto que se
la versión Premium para
llama Simbiosis programada... Hugo
Vargas colabora conmigo en la par- seguir caminando.
te electrónica. Uno de ellos está
pensado en esta cuestión de los servicios en Internet: tienes
un servicio gratuito y luego tienes que pagar por la versión Premium o el servicio completo. El traje lleva un podómetro que te
deja caminar 140 pasos, luego hace una interrupción incómoda.
Baja un visor, que no te deja ver, lleva audífonos que reproducen
cierto tipo de sonidos, frecuencias que diseñó Eddie Castañeda para modificar tu equilibrio, tienes que detenerte completamente, esperar veinte segundos o pagar la versión Premium
para seguir caminando. Este traje trata sobre esto. Cosas que
son naturales y deberían ser un derecho para el cuerpo, por
ejemplo, aquí en México, el agua, que cada vez más se van a
22

�LETR A S D E A RM AS TO M AR

ir comercializando. Hay especulaciones sobre qué va a pasar
cuando ya no haya aire limpio y tengas que estar pagando por
tu bomba y oxígeno.
Hay otros dos que están conectados a redes sociales. El de
“Coreografía involuntaria” lleva electrodos en el brazo y, cuando
se presentó en la galería, cada vez que alguien te tomaba una
foto y la subía con el hashtag de #simbiosis en Twitter, te mandaba impulsos eléctricos y te producía movimientos involuntarios en el brazo; no podías ver lo que estaba pasando, porque
el traje además tiene una diadema con formas de plástico, solo
podías sentir cómo se movía.
“Emoción inducida” tiene luces LED alrededor de los ojos.
En la galería había unos sensores Bluetooth escondidos en las
piezas de otros artistas, reaccionaban de acuerdo a su actividad
y popularidad en redes sociales. También está conectado a los
latidos de tu corazón. Primero las luces reaccionaban directamente a los latidos del corazón de le usuarie, pero si te acercabas a una pieza empezaba a parpadear de una forma diferente
y cambiaba el color de la luz lo cual modificaba tu percepción
de las cosas. Arruinaba un poco tu experiencia de la exposición,
pero la cuestión era cómo manipulaba tu percepción sobre qué
artista era más emocionante.
[...] El “Híbrido-digital” es un traje de cuerpo completo
para mí, su objetivo fue conectar todas mis funciones vitales y percepciones del entorno a redes sociales e Internet, a
ciertas aplicaciones. El sistema es una inteligencia artificial, o
una cognición artificial, porque tiene emociones, genera sus
propias formas de expresarse, toma decisiones sobre lo que
aparentemente sería mejor para mí y mi persona. Censa todo
lo que hay a mi alrededor, todo lo medible de mi cuerpo más
todo lo que sucede en mi entorno: si hay rayos UV, si hay movimiento a mi alrededor, si estoy con personas conocidas, si
va a llover, si estoy en un lugar que conozco, si estoy en mi
casa. Las emociones, que tal cual son agentes, compiten por
alimento que es producido por los estímulos y contextualizado
y van creciendo e incluso mezclándose. Son emociones básicas: alegría, ira, asombro. Pero cuando comienzan a crecer, se
reproducen y crean en el Híbrido emociones más complejas
como: amor, lealtad, rencor, etc. Cuando tienen cierto tamaño
el Híbrido decide expresarse, es decir, crea sus propios tweets
y los postea, toma una foto y la postea, me manda vibraciones –porque tengo motores entorno de las costillas– o decide cambiar mi temperatura –porque tiene Peltiers– o decide
23

�LETR A S D E A RM AS TO M AR

hacer sonido –porque puede componer sus propias sílabas–.
Es la idea de esta combinación completa de una relación muy
íntima con un ente más o menos autónomo con el que tengo
que estar buscando el equilibrio... Es como una relación, y no
la tecnología fría. Cómo voy modelando mi comportamiento
con respecto a la máquina y cómo la máquina va creciendo,
madurando su carácter, la forma en que se expresa y lo que yo
aprendo a partir de los sentidos que me ofrece.
MGA: Eres una artista sumamente preocupada por las cuestio-

nes éticas, de clase y de democratización de las tecnologías.
Cuando dices que el traje es más o menos autónomo, esto se
relaciona con una cuestión de la autonomía o semiautonomía
de las máquinas, pero, también, con la idea de autonomía o semiautonomía de les humanes, pues tendemos a considerar que
podemos ser más autónomes que las máquinas.
AGL: La inteligencia artificial son una serie de metodologías de
programación para modelar sistemas, tiene que ver con estadística, matemáticas y ciencias de la complejidad. Generalmente un sistema complejo es aquel que tiene varias partes que
son autónomas en su comportamiento, pero son interdependientes, se relacionan unas con otras. Si estuviera un agente
solo, no tendría un comportamiento complejo, pero el hecho
de que sean muchos hace que, como sistema, como unidad,
empiecen a modelar patrones de comportamiento bastante interesantes que son lo que llaman comportamientos emergentes, que pueden ir desde la auto organización y jerarquización o
cooperación, etc. Estos comportamientos pueden verse como
“inteligencia” ya que tienen la capacidad de resolver problemas
de manera peculiar.
Cuando pensamos en la autonomía de las máquinas tiene
que ver, primero: ¿quién la programó?, ¿cómo la programó?,
¿para qué?; segundo: ¿se pueden llegar a suceder comportamientos emergentes que generalmente no están previstos? Eso
lo hace interesante, sucede en Google y otros programas araña
que minan datos. Al principio parece que es algo demasiado
simple: este es el tipo de datos que estoy buscando, lo jalo
y proceso. La cuestión es que cuando es tanta la información
emergen patrones interesantes y eso es lo que observa la rama
de la inteligencia artificial, qué va a suceder con base en esos
patrones que ya observó.
Las máquinas no son tal cual inteligentes, la inteligencia humana depende de un montón de cosas, es difícil todavía defi24

�MGA: Podría decirse que les humanes

LETR A S D E A RM AS TO M AR

nirla, hay además muchos tipos de inteligencia: la resolución
de problemas, el comportamiento emocional, cuestiones lógicas o sociales. Somos mucho más complejos e interesantes,
pero como las máquinas pueden manejar una gran cantidad de
datos que un cerebro humano no, y pueden procesarlo a una
velocidad mayor que un cerebro humano, con procedimientos
algorítmicos muy precisos, generan otras soluciones que son
inesperadas para el ser humano que las observa o las programa.
El interés del “Híbrido” es intentar entender dónde está el
equilibrio de esas dos inteligencias o si acaso puede existir, porque tal como estamos consumiendo la tecnología, no somos
autónomos. Somos usuarios completamente manipulables. La
autonomía tendría que ver con la capacidad de apropiarnos o
producir nuestras propias tecnologías.

La máquina puede
resolver problemas
de manera objetiva,
pero a veces no toma
en cuenta todo el
contexto.

también estamos programades: por la
crianza, por el lugar, por la familia, por el
tipo de alimentación, agua, aire con los
que crecemos. Y me pregunto si esa codificación pudiera transformarse de manera significativa.
AGL: Continuamente los medios y la información nos programan. Cómo puedo apropiarme de mí mismo, tener un control sobre lo que pienso, sin todos los filtros
que me fueron puestos. Cómo puedo apropiarme de mis pensamientos, de un conocimiento amplio que me permita ver la realidad de manera distinta y cuestionarla continuamente. Quizá
las máquinas son más hábiles para encontrar esas diferencias.
La máquina puede resolver problemas de manera objetiva,
pero a veces no toma en cuenta todo el contexto. Los seres
humanos somos buenos para contextualizar. No vemos los problemas de manera aislada sino en contexto con todo lo que
somos, sabemos, sentimos y hemos experimentado. Tanto nosotros como las máquinas cometemos errores. Lo interesante
es la mezcla. Saber si podría haber un balance.
MGA: ¿Es posible una relación de codependencia no patológica

entre máquinas y humanes?
AGL: La capa económica modela todo lo que somos y hacemos
desde que nacemos. […] Modela cómo tiene que ser tu interacción
con la tecnología. Si nos la apropiáramos podríamos modelar la
forma en que se desarrolla. Sin embargo, las compañías que la ha25

�cen y venden no lo permitirán porque ya no sería explotable para
ellos. Pensemos por ejemplo en la obsolescencia programada.
MGA: ¿Cómo utilizas este pensamiento para la construcción de tu

LETR A S D E A RM AS TO M AR

obra, el arte digital, y de tu vida? Como científica y como artista.
AGL: Las piezas son preocupaciones reales propias sobre la forma en que estamos viviendo. Los programas o los sistemas son
cajas negras y no entendemos exactamente qué está pasando
dentro de ellos. En momentos como la pandemia, la biología
es crucial para entender cómo funciona un virus, cómo muta,
cómo se empieza a transmitir… en un sistema programado se
pudieron haber simulado las consecuencias sociales, emocionales, políticas, económicas de un hecho al que históricamente
ya nos habíamos enfrentado como humanos. Como artistas, es
nuestra responsabilidad entender cómo funcionan los sistemas
que abordamos, desde una perspectiva crítica y reflexiva, pero
también especulativa sobre el futuro.
MGA: ¿Desde dónde pueden venir los anhelos para la construc-

ción de conocimiento con arte y ciencia? En tu caso, son las
preocupaciones de tu día a día, si estamos usando el conocimiento que se suponía que habíamos adquirido...
AGL: Pienso que la parte más interesante de aproximarse al
arte desde la ciencia es la posibilidad, primero, de abordar la
tecnología desde puntos de vista inesperados. Entender cómo
funciona me permite utilizarla de manera disruptiva. A menudo
esta disrupción, que en un campo estrictamente científico podría considerarse un error, da pauta a discusiones mucho más
amplias.
MGA: Nuestra relación con las máquinas nos obliga a poner en

crisis la línea de sentido de nuestro lenguaje. Por ejemplo, qué
significa ‘error’.
AGL: Desde el punto de vista del arte, el error también es una
forma de exploración y cuestionamiento de los sistemas. En
programación, por ejemplo, un error de sintaxis directamente
significaría que el programa ya no funcione, pero en un sistema
emergente, un error en la lógica humana con la que fue programado, puede llevar a resoluciones mucho más interesantes. Es
decir, en el propio proceso de la relación arte-ciencia, el error es
una forma de exploración inesperada que continuamente nos
hace cuestionarnos nuestra forma de aproximarnos a la naturaleza o a la propia tecnología.
26

�LETR A S D E A RM AS TO M AR

Conversación con Mónica Nepote

Blanco-gris por Ximena Aguilar Vega / Escala de grises / Serie: Testigos de hielo / Fotografía digital / 2019-2021

MELISSA GARCÍA AGUIRRE

MELISSA GARCÍA AGUIRRE: Desde las montañas, y si quieres desde

antes de las montañas, ¿cómo describirías tu recorrido hacia la
ciencia desde ese lugar?
MÓNICA NEPOTE: Empezaría haciendo mi recorrido justo desde
un lugar, no anti ciencia, pero sí lejano. Creo que esto nos pasa
a muchas personas con estas formas educativas en que parece
que la ciencia corre por un lado y las artes por otro. Mis habilidades desde temprana edad tenían que ver con escritura,
cuestiones visuales, con algo que dejaba a un lado el pensamiento matemático o las ciencias exactas... O el interés por la
biología y por lo vivo quedaba difuminado.
Mi formación se fue por el lado del arte y la literatura, como
si no pudiera tejerse con lo demás. Desde la literatura me interesaron otros soportes de escritura y en algún momento me
encontré con la tecnología, Internet como espacio de exploración y experimentación. Empecé a trabajar un proyecto de literatura en el Centro de Cultura Digital y llegué a las reflexiones
sobre la tecnología. Y desde ahí a la teoría que se pregunta por
27

�LETR A S D E A RM AS TO M AR

este mundo tecnologizado, pero que se teje con lo vivo, con la
Tierra misma porque de aquí provienen todos los componentes
de los dispositivos.
[...] En cuestión biográfica, yo tenía una deuda pendiente con
la montaña porque dos años antes de que yo naciera un hermano de catorce años murió en el Iztaccíhuatl y fue un acontecimiento que marcó a toda mi familia. Crecí escuchando historias
de la montaña; viendo la montaña en fotografías que estaban
en la pared de mi casa.
Para mí la montaña era algo inalcanzable hasta que se volvió
algo posible y ahí es donde empezó una transformación y luego
un renacimiento. Creo que todas tenemos muchos nacimientos
a lo largo de nuestras vidas: cambios, intereses, reconfiguraciones. Entender que la decisión que tomas a los dieciocho de
entrar a una universidad o a una carrera no es lo que te va a
definir siempre. Sino que continuamente puedes reinventarte,
reconfigurar, ver otras cosas, sentir otras pasiones, sentir otros
llamados. Y a mí me llamó la montaña...
MGA: A mí me interesó mucho y también me conmovió muchí-

simo cuando me contaste que en tu inicio de la montaña te
sentías diferente a algunas colegas con las que subías, por el
hecho que tu interés no era hacer solo la cima, sino dialogar
con el lenguaje propuesto por la montaña. ¿Puedes hablarnos
sobre esas relaciones entre el lenguaje, orografía, y cuerpo desde tu experiencia como esta naturalista virtual en la que estás
sucediendo?
MN: Por un lado, sí hay una exigencia de la montaña en que tú
tengas una cierta potencia en el cuerpo, desde luego, eso está
muy resaltado entre los grupos de caminantes porque se va a la
cima, tienes que llegar, ser rápida; en mi caso ser rápida era un
problema porque yo soy otro cuerpo, otra edad y mi ritmo es
más lento. Eso me creaba una serie de juicios hacia mí misma,
que estaban ahí, pero no me dejaba llevar por ellos. Y mientras
empezaba a ver que a mi alrededor había una serie de elementos: hay un territorio, hay una geografía, desde luego, tal cual
hay un camino y un mapa… pero casi no sabes nada. Mucha
gente que sube no lo sabe, lo desconoce o no se interesa por
esos lenguajes.
Nan Shepherd tiene un libro que se llama La montaña viva,
ella visitaba un conjunto de montañas que está en la zona más
ártica de Escocia, son montañas frías, con hielos. En su libro
hace una exaltación de la meseta, y habla críticamente, incluso
28

�Me empecé a interesar
por otras formas de
existencia, por ejemplo, las
caminatas en la naturaleza
que tienen que ver con los
pájaros o con los hongos
y que tienen otro ritmo:
son caminatas de ver, de
buscar, de ir lento.

LETR A S D E A RM AS TO M AR

habla de sí misma como alguien
que primero buscó las cimas, pero
que en algún momento encuentra
en estar en la meseta otra forma
de ser e integrarse en ese gran
cuerpo que es la montaña, de
poner el cuerpo en ese otro gran
cuerpo.
Me empecé a interesar por
otras formas de existencia, por
ejemplo, las caminatas en la naturaleza que tienen que ver con los
pájaros o con los hongos y que tienen otro ritmo: son caminatas de ver, de buscar, de ir lento. Y la caminata en la montaña
privilegia la velocidad. Lo que he hecho es caminar en la montaña en todos los ritmos que me sean posibles. Subir una montaña implica pensar el tiempo. Se habla de conquistar la cima,
atacar la cumbre, pero podemos explorar otras posibilidades
del lenguaje.
[...] Y la montaña tiene toda una vida a su alrededor, tiene vida humana, hay personajes que están ahí, que son bien
llamativos; hay personajes que la cruzan por muchas razones,
hay una serie de personajes no humanos. Hay vacas (invasoras),
coyotes, ratones, teporingo...
MGA: [...] agarrándome de tu frase: “poner el cuerpo en ese otro

cuerpo” –que en este caso es la montaña, pero que no es un
cuerpo único, sino que es también un cuerpo de cuerpos, un
cuerpo de historias, de organismos, de elementos vivos y no
vivos– quería regresarme a este ejercicio de conciliar el arte
con la ciencia y creo que en tu trabajo es a través del cuerpo, de
meter el cuerpo en donde esa conciliación aparece. Y de las reflexiones que hacías, por ejemplo, eso es algo que en la ciencia
“normal” poco se reconoce, que el cuerpo entero y la forma en
la que nos movemos están involucrados en cómo construimos
el conocimiento y lo escuchaba mientras decías “la caminata de
ver”. Entonces ver, escuchar, oler, todos estos sentidos pueden
ser formas básicas de elaborar conocimientos.
MN: Con el trabajo de otras personas, he aprendido la importancia de las herramientas, de la observación, de la escucha.
Pienso en Bárbara Santos, una artista colombiana que trabaja
con personas de las comunidades en la Amazonía y tiene un
libro que habla de la curación como tecnología, habla de las
29

�LETR A S D E A RM AS TO M AR

tecnologías ancestrales, y cómo forman parte de un vocabulario que es cada vez más necesario, cómo tendríamos que mirar esas formas de entender al mundo, esas metáforas y esos
lenguajes que otras personas de culturas no occidentales o de
jerarquías de ciencia no occidental miran el mundo y piensan
el mundo y sanan el mundo...
MGA: ¿Qué son estas tecnologías ancestrales? Y, en general,

¿qué es una tecnología?
MN: Hay unas líneas de investigación que están sucediendo ahora, por ejemplo, Nadia Cortés está reflexionando en torno a qué
entendemos por tecnologías, subrayando que las tecnologías
no solamente son las tecnologías digitales, los cacharros y los
alambres, las tecnologías asociadas al pensamiento progresista y positivista. Tecnologías son técnicas, un sistema, una red
que atraviesa el cuerpo, es pensamiento, una forma de lectura...
Pienso en Foucault y las tecnologías del yo. El alfabeto es una
tecnología, el lenguaje es una tecnología. Son códigos y todo
código se codifica y decodifica: aprendemos otro idioma recodificando y aprendiendo a codificar. Tenemos esta tecnología
de la voz que implica un montón de sistemas internos y de una
ingeniería increíble como todo lo que está en la naturaleza...
La ingeniería de los insectos, de los castores, que construyen
casas, madrigueras, panales. Pensamiento, herramienta, perdurabilidad, formas de mantener la vida sucediendo, conservar la
vida. También hay tecnologías de muerte.
[...] A qué nos referimos cuando hablamos de tecnologías
ancestrales: a un sistema de pensamientos y formas de medición. Por ejemplo, medición de tiempo, el hecho de que midamos el tiempo con un calendario gregoriano es una tecnología,
eso existe porque en algún momento se acordó que fuera de
esta forma... Los husos horarios en relación al meridiano de
Greenwich, un acuerdo que tiene un montón de política cruzándolo. El tiempo se ha pensado, imaginado, medido con ciertos
sistemas, esa es una tecnología.
MGA: ¿Puedes hablarnos de lo que estás haciendo ahorita? ¿En

qué estás trabajando en estos momentos?
MN: Estoy trabajando en relatos que descentralizan lo humano,
me interesa entender y expandir el lenguaje, mirar en qué forma
podría llegar a tocar o rozar esos otros lenguajes que encuentro en la naturaleza, cómo abordarlos y cómo construir otras
metáforas...
30

�MGA: ¿Cómo podemos, perteneciendo a la especie humana, tra-

LETR A S D E A RM AS TO M AR

bajar desde lo no humano?
MN: Me ubico en esta tensión entre naturaleza-cultura, este enfoque que se plantea que la naturaleza es una invención: para
hablar de naturaleza, lo humano se pone en un lugar ajeno a la naturaleza, como si no formara parMás que lo post humano te. Más que lo post humano me
me interesa el enfoque no interesa el enfoque no humano
humano puesto que habla puesto que habla de lo vivo. Las
montañas, las piedras, ¿qué es un
de lo vivo. Las montañas,
ser vivo? ¿qué no lo es? Nosotros
las piedras, ¿qué es un ser somos humanos, pero no solavivo? ¿qué no lo es?
mente humanos. Funcionamos
con un montón de colaboración
con lo no humano. Somos hospederos de un montón de bacterias gracias a las cuales estamos vivas. Somos el resultado de una
colaboración. Tenemos un sistema de vida que depende de otros
sistemas de vida. Nuestro sistema digestivo funciona gracias a un
bioma. Si morimos formamos otras formas de existencia. Es necesario comprender nuestro componente no humano.
MGA: ¿Qué pasa como creadora desde estas intersecciones de

arte y ciencia cuando sucede el reconocimiento de que somos
humanes, pero no solo somos humanes? ¿Cómo eso tocó tu
producción artística?
MN: Eso me lo encontré en mis lecturas, pero también por una
serie de cosas que estaban pasando alrededor que me hicieron click en muchos sentidos. Por un lado, las caminatas a la
montaña, por otro lado, yo venía de vivir un duelo muy fuerte
que tenía que ver con cerrar cierta etapa de vida, ciertas ideas
de vida, muchas cosas. Y también duelos políticos. Fue 2014
cuando sentimos que ya no había espacio ni zona para no darnos cuenta de los retos. Lo que me ha ayudado a sostener el
estar aquí, lo que me ha ayudado a sostener el entusiasmo por
la vida es pensar en las distintas formas de lectura, distintas
formas de existencia y encontrar otras metáforas. Pensar que
la micorriza1 puede ser una tecnología que podamos implementar las formas de sociabilizar entre nosotres. Pensar con
muchas personas y con muchos seres no humanes en qué entendemos por todo: casa, vida, colaboración; imaginar otras
tecnologías, máquinas, por ejemplo, con la idea de descanso.
[…]
1

Simbiosis entre un hongo (micelio) y la raíz de una planta.

31

�MGA: Estamos en un cosmos de lo vivo, pero también en un cos-

LETR A S D E A RM AS TO M AR

mos político, transgeneracional. Tu trabajo también es muy político. […] Si vinculamos la politización del ser humane, pero no
solo humanes, podríamos llegar a mundos más vivibles. ¿Cómo
elaboras esto en tu propia creación?
MN: De Donna Haraway retomo esta idea: con quién pensar. La
respuesta podemos tejerla juntas. Cómo unir esos intereses de
mundo. Hay en los ecofeminismos esta pregunta por el cuidado,
que se relaciona con la defensa del territorio, del agua, de los
bosques… Me impacta que vivimos en un sistema cuya lógica es
extractivista y niega las condiciones de vida de nosotres, pero
también del sistema vivo que nos rodea. El derecho a pensar
qué vidas dignas queremos, otras formas de producción, otras
economías, todo eso forma el mismo tejido.

1.

2.

3.

4.

(1) Lenguaje, (2) Relato, (3) Aguja, (4) Voces por Mónica Nepote / Serie: Afuera nos esperan las formas
del lenguaje / Caminata y relato fotográfico / 2023

32

�Sobre Minga del
cielo oscuro, de
Cecilia Vicuña et al 1.

Las saywas de la frontera de Vaquillas, instaladas por el Inka para señalar una importante frontera climática, no solo dialogaban
con el cielo, también marcaban presencia y
construían paisaje desde el camino. Como
puede apreciarse, el deslinde sacralizado
de Vaquillas marcaba un límite y un punto
de transición simbólica por medio de una

HÉCTOR HERNÁNDEZ MONTECINOS

1

Una versión anterior de este texto fue publicada por la
revista digital Artishock en agosto de 2019, y compilada en
el libro Minga del cielo oscuro por Cecilia Vicuña en 2020.

33

A N ATO M ÍA D E L A CRÍ TI CA

E
LAS
NUEVAS
CONSTELACIONES
NACIONALES

n mi vida he visto quizá centenas de
exposiciones, instalaciones, obras de
arte, sin embargo, lo que sucedió en
agosto de 2019 en el Centro Cultural de España, en Santiago de Chile, me tiene aún con
la cabeza en otra parte. El arte ya no puede
consigo mismo y si no es hacia afuera, entonces también implosionará.
Cecilia Vicuña lleva más de medio siglo de
silencioso, constante y original trabajo, y la
presentación de su proyecto Minga del cielo
oscuro creo es la pieza final o la que le da un
sentido mayor, superlativo, literalmente cósmico, a todo lo anterior. La obra interdisciplinaria es el resultado de una residencia artística, Quyllur, a la que fue invitada y que tiene
que ver con el natural cruce entre el mundo
ancestral y el astronómico. Por ejemplo, el
Camino del Inca, Qhapaq Ñan, y cómo esas
súper carreteras de la información ancestral
llegan hoy al CERN (Conseil Européen pour la
Recherche Nucléaire) y al observatorio La Silla
de la ESO (European Southern Observatory).
Durante la primer jornada, “Poesía, saywas
y astronomía”, la poeta estuvo acompañada
de Cecilia Sanhueza, historiadora del Museo
de Arte Precolombino, que mostró como las
saywas o túmulos en esos caminos incas no
solo eran “señales de ruta” sino que también
un calendario astronómico y el derrotero del
camino de un dios como lo es el Sol en el
mundo andino.

�A N ATO M ÍA D E L A CRÍ TI CA

composición
simétrica
del paisaje […] señalaba un
hito relevante del camino
y se representaba como
una puerta (punku) hacia
otro espacio y hacia otro
campo visual. (Sanhueza,
C. en Vicuña, 2020: 39).

“La astronomía poética
andina lee el cielo nocturno no solo de estrella a
estrella, sino también por
la forma de la oscuridad,
el espacio negativo entre
las estrellas.”

Alineados según las efemérides celestes eran también una celebración de la Pachamama que en los primeros
días de agosto renace con hambre de gratitud
bajo esas constelaciones que unen las zonas
oscuras y no los puntos de luz.
La astronomía poética andina lee el cielo
nocturno no solo de estrella a estrella, sino
también por la forma de la oscuridad, el espacio negativo entre las estrellas. Una oscuridad viva de constelaciones de nubes oscuras, consideradas “animales” que existen en
relación de analogía y correspondencia con
los ciclos de fecundidad cósmica y terrestre.
La Vía Láctea baja a beber el agua de los
ríos hinchados en la estación lluviosa y la
constelación oscura de la llama celestial da a
luz a su cría cuando las llamas madres paren
en la tierra […] La oscuridad viva anticipa el
descubrimiento de la astrofísica que dice: el
agua cósmica y la vida nacen en “el medio
tenue de la zona oscura entre las galaxias”.
La constelación de la Cruz del Sur, chakana, es el puente cósmico que une un máximo
de luz y oscuridad, donde brillan Alfa y Beta
Centauri, los ojos de la llama, llamaq ñawin,
Crux y su nebulosa oscura, “el saco de carbón”. (Vicuña, 2020: 44-45).

Por su parte, el astrónomo Claudio Melo,
que de igual modo estuvo en la mesa, se conmovió y habló desde el lado duro de las ciencias sobre lo mismo. El homo sapiens nunca ha
dejado de mirar las estrellas y quizá ese sea su
comienzo y su final. Los incas y los astrofísicos

34

son exactamente lo
mismo y tuvo que ser
Cecilia Vicuña quien
desde la poesía nos
recordara la importancia de la materia
oscura en el cosmos
que en el lenguaje
son los significados
que están vaciados
en cada una de las palabras de cualquier idioma como si cada una de ellas fuera un cuerpo
celeste. Ciertamente tuvo un montón de hermosos lapsus, errores que no son tales porque
significaron en vivo la creación de nuevas palabras que iba anotando como si fueran las coordenadas de ese cielo oscuro de su minga.
La astronomía actual es el resultado de la
cooperación de decenas de países y hay allí un
ejemplo que no solo es científico sino como
especie en el mejor de los sentidos. Solo llegamos a lo humano cuando creamos y pensamos con la humanidad. Cecilia convocó a otros
artistas para la obra como son las mingas de
las casas en el cielo. Una obra que es todo lo
que camina hacia la oscuridad y que nos recuerda que como homínidos somos cromo/
somas, es decir, cuerpos de luz. Cada uno de
los espectadores es también parte de la minga
en su llamado a pensarnos, sentirnos, tratar de
entendernos.
Leyó poemas que eran verdaderas iluminaciones, habló en lenguas del futuro y nos hizo
pensar en Novalis como un poeta inca, un Super Nova-lis o un San Juan de la Cruz del Sur.
La poesía para ella es donde decantan todos
los conocimientos de lo que somos, tanto el
pasado originario como los posibles futuros.
Cada palabra encierra el secreto del Big Bang
y quienes sepan leer ahí el nacimiento y la
muerte del universo sabrán reconocer lo que
está pasando con nuestro planeta y nuestra
especie. El universo se expande y nosotros nos

�El ser y las estrellas brillan juntos en la observación. La estrella de la mañana, pachapacariq ch’aska lucero, significa: “amanecer
de la tierra/ tiempo estrella”. ¿Quién amanece, el tiempo, el ser, la estrella o la mirada?
La pregunta contenida en el nombre teje una
relación inseparable entre los dos. Werner
Heisenberg, creador del principio de incertidumbre, postuló hace un siglo que la transición entre lo posible y lo actual sucede en el
acto de observar y hoy sabemos que un fotón
o cuanta de luz permanece en estado indefinido, siendo partícula u onda hasta que el / la
observador/a lo mide. A partir de ese momento, pasa a ser onda o partícula, comprobando
el principio. (Vicuña, 2020: 43).

Durante la segunda y última jornada de
esta parte de la obra, “El cielo oscuro”, nuevamente quedamos atónitos, conmovidos, pero
también apesadumbrados. Primeramente habló un experto sobre contaminación lumínica,
Pedro Sanhueza, y
luego un ingeniero ambiental, Álvaro Boehmwald. Su
sentencia nos dolió
de una manera inimaginable: la noche está muriendo
por la cantidad de
luz en las ciudades,
carreteras, campos.
La oscuridad con
la que hemos visto
las estrellas durante milenios desaparece y también todo
lo que está en el
cielo sobre nuestras
cabezas.
La luz artificial invade
las áreas silvestres

35

A N ATO M ÍA D E L A CRÍ TI CA

multiplicamos. Creemos saber más de lo que
nos rodea y en realidad es todo lo contrario.
Lo que conocemos del universo oscila entre el 2 y el 5% de un total que el lenguaje no
llega aún a crear, no obstante, todo él está
resumido en cada uno de los signos que nos
acompañan desde que estamos aquí. Un tejido, un poema, un cuerpo son todo el cosmos
si sabemos leerlos. Las estrellas somos nosotros que hemos incansablemente buscado
vida más allá. Según algunas teorías es el Sol
la forma de vida inteligente más cercana que
tenemos, posee un metabolismo y un sistema
autopoiético que no dista de los mamíferos y
las algas del fondo del mar. Siglos tras la vida
extraterrestre y la hemos visto cada día desde
la creación del planeta.
Como digo, Cecilia Vicuña corona con este
vínculo con la ciencia astronómica, física de
partículas, astrofísica, todo lo que ha hecho
desde su arte precario de mediados de los
años sesenta. Cada palito
es un vestigio del paso del
Sol, cada piedrita siempre fue el recordatorio de
cómo nacen las estrellas.
Un quipu y un software
son lo mismo tal como las
constelaciones incas que
leen el vacío y la poesía
mística. El Tawantinsuyo
es la Vía Láctea, y sus cuatro esquinas son la materia, la energía, el tiempo
y el espacio. Sin duda el
punto a que ha llegado la
poeta, la artista, no tiene
retorno. Su obra es ya patrimonio de la humanidad
y lo que ella está pensando es lo que pensaremos
en los siglos venideros.

�A N ATO M ÍA D E L A CRÍ TI CA

ubicadas a cientos de kilómetros de ciudades, carreteras y zonas industriales, desperdigando fotones a raudales todas las noches,
provocando la denominada “contaminación
lumínica” […] una especie de continuo de la
luz, un velo inacabado, no delimitado, que se
sitúa por sobre nuestras cabezas, no permitiendo ningún rincón realmente oscuro en
nuestros entornos urbanos y extinguiendo
así la luz de las estrellas. […] pocos lugares en
el mundo cuentan en la actualidad con niveles de oscuridad propios de lugares prístinos.
(Sanhueza, P. en Vicuña, 2020: 53).

Hay especies como las ranas endémicas de
Chile que no comen ni se reproducen con luz,
o aves que se desorientan y llegan a lugares
donde no hallan alimento. Mamíferos como
murciélagos o roedores controlan las plagas y
son parte esencial de los ecosistemas y también mueren. Ningún estudio de impacto ha
pensado en ellos. Plantas, flores, vegetales que
reaccionan a la fotosíntesis de igual modo se
han visto modificadas. La claridad y lo oscuro son el ritmo del universo, de la vida, de los
cuerpos.

Incas y mapuches, astrónomos y poetas. La
noche a la que en todo el planeta se ha observado, cantado, amado y temido ya se pierde entre las luces artificiales que no cesan de
multiplicarse. Los carteles publicitarios y las
iluminaciones de seguridad son propiedad de
la muerte. Nuestros ojos están perdiendo los
bastones que son los receptores en la oscuridad y que tienen una directa relación con la
producción de melatonina que regula funciones vitales del cuerpo humano.

La contaminación lumínica, como problemática ambiental, radica en los potenciales
impactos que provocaría el ingreso de luz invasiva y no natural a un medio naturalmente
oscuro, como la noche, alterando los patrones de luz y oscuridad dados por los ciclos
astronómicos fundamentales, como son la
alternancia del día y la noche y la sucesión de
las estaciones. Esto generaría distorsiones
cuyos alcances son difíciles de dimensionar,
pero que, con toda seguridad, ocasionarían la
extinción de algunas especies y la aparición
de nuevas exigencias adaptativas para las demás. (Boehmwald, A. en Vicuña, 2020: 48.)

La melatonina es clave en
activar la depuración y sin
ella más toxinas nublan
nuestro día a día.

Muere la noche y mueren nuestros ojos
como si fueran lo mismo desde uno y otro
lado del universo. También dentro de nuestro
cuerpo hay una noche y también está muriendo. Desaparecen los astros y las células. Desparece el sueño ante la exposición de la luz
fría y produce cáncer en mujeres que pasan
extensas jornadas en talleres o fábricas bajo
la explotación no solo lumínica. La melatonina es clave en activar la depuración y sin ella
más toxinas nublan nuestro día a día.
36

La luz ha enceguecido a los humanos y estamos yéndonos a negro como especie. Destruimos a la naturaleza también con nuestra
contaminación lumínica. Dijo el especialista
que somos un virus nocivo al planeta. Dijo
que la teoría de la evolución es una mentira.
Dijo que no hemos evolucionado, sino que la
especie de homínido que somos actualmente asesinó a las otras para subsistir. No nos
ganamos la sobrevivencia, sino que acribillamos al resto. Quizá aquí esté la esencia del
capitalismo, del poder, de la civilización de
muerte que hemos creado. Hemos saturado
al planeta de nosotros. Nos replicamos como
esa maldita luz artificial, luz azul, led. Lo que
iluminamos es para vigilarnos, para destruir.

�Nuestra seguridad es la agonía de las otras
especies. Es el triunfo del miedo.
Por ejemplo, las polillas crean una imagen
3D de la realidad gracias a los fotones, pero
con la luz humana se pierden y rotan alrededor
de ella hasta morir. No son hermosas dando
vueltas en los focos dándose contra ellos. Es
su danza de locura y muerte. Las polillas polinizan como las abejas. Lo hacen de noche.
Solo en flora natural y éstas también mueren.
El 80% de la población humana vive bajo contaminación lumínica y una nueva humanidad
ya no podrá ver la noche como la hemos visto
nosotros. La Vía Láctea está en extinción y es
gracias a los seres humanos.
Chile tiene un 40% de personas expuestas a
contaminación lumínica y las casas en el cielo
desaparecen como las de la tierra. La luz azul no
está en la noche natural y las luces led tienen
un 40%. Nada de esto es coincidencia. No solo
la temperatura del color cambia la arquitectura,
los paisajes, la circulación, sino que acaba con
todo. Lo satura de una incandescencia para que
no veamos la belleza. No la entendamos. No
lloremos de emoción. Además, las luces led están hechas con níquel, cadmio y otros metales
tóxicos que van a dar a las aguas que bebemos
nosotros y el resto de las especies.
Nos apagamos como forma de vida y llevamos a la muerte a todas las otras. Cecilia pidió
apagar la iluminación de la sala y cada uno de
manera espontánea pidió perdón a la oscuridad, a la noche que estamos asesinando, a los

animales y plantas que agonizan por nosotros.
Cantó y su voz fue triste. Un perdón, un perdón
tan grande como la noche misma. La noche es
la madre y la matamos. La tierra es la madre
y la matamos. La luz y el agua son vitales. Sus
ciclos naturales y la belleza de su existencia.
Día y noche, estaciones del año, nubes cargadas de lluvia y estrellas que nos recuerdan la
eternidad al morir.
Se dijo que las pinturas rupestres, los petroglifos, brillan en la noche. Tal como nuestros muertos y los deseos de que no desaparezcan. Hemos destruido los cementerios
indígenas para construir uno del tamaño de la
humanidad. Nos negamos a morir matándonos los unos a los otros. Nos negamos al amor
olvidando que cada persona somos nosotros
mismos. Estas dos últimas noches han sido
respectivamente de luz y de oscuridad. Ya ninguna de las dos vuelve a ser la misma.
Esta obra de Cecilia continúa viva. Al final
nos conminó a “actuar en minga”, es decir a tener la fe de que podemos llevar nuestra casa
por ríos y mares, bosques y cerros. Si trabajamos juntos, en cooperación, podremos llegar.
Evidentemente, la casa es la Tierra.
REFERENCIAS

Vicuña, C.; Sanhueza, C; Sanhueza, P; Bohemwald, A.; et.
al. (2020). Minga del cielo oscuro. Santiago de Chile:
Agencia Española de Cooperación Internacional para
el Desarrollo. Disponible en línea en: https://revistaecociencias.cl/2021/07/05/libro-minga-del-cielo-oscuro/

37

A N ATO M ÍA D E L A CRÍ TI CA

Cecilia pidió apagar la iluminación de la
sala y cada uno de manera espontánea
pidió perdón a la oscuridad, a la noche
que estamos asesinando, a los animales
y plantas que agonizan por nosotros.

�A N ATO M ÍA D E L A CRÍ TI CA

Nube verde por Ximena Aguilar Vega/ Duotono /
Serie: Testigos de hielo / Fotografía digital / 2019-2021

EL
PAISAJE
QUE
VENDRÁ
CRISTÓBAL LÓPEZ CARRERA
NOHEMÍ ZAVALA

A partir de la conferencia “Una visión: Monterrey Nuestra
señora de las montañas” escrita por Cristóbal López Carrera
en 1991, presentamos una nueva versión realizada por el autor en colaboración con Nohemí Zavala. Este ensayo busca
establecer conexiones entre inquietudes posteriores a 2020
y las diferentes vertientes de estudio e interdisciplina propuestas en el texto original.

38

�M

onterrey, eje del noreste mexicano, es
mucho más que ciento cincuenta años
de comercio e industrialización intensiva. A través de nuestra Sierra Madre Oriental corren vientos y nubes: silenciosos gritos
blancos, infinitamente cambiantes, que hablan de los mares prehistóricos, de los pueblos de la montaña y del sur nuevoleonés, de
los sueños de sus adolescentes hijos del sol,
la fatiga y el hambre, de nuestras raíces vinculadas a formas de vida sencillas y bellas. Si
acudimos a la historia para comprender, pero
también sentir el pasado, apreciaremos buena
parte de la riqueza natural que nos antecedió
y que todavía nos rodea.

El paisaje submarino
Nuestra ciudad se sitúa en un valle enmarcado
por montañas y cerros de extraordinaria belleza. Hace millones de años, en el Cretácico
Superior, estas formaciones no existían, y el
lugar, como gran parte del territorio mexicano,
se encontraba sumergido en un brazo de mar
bautizado por los geólogos con el nombre de
Tetis, diosa griega madre de Aquiles.
Es difícil imaginarse ambientes marinos tan
lejanos en el tiempo, pero para interiorizar la
compleja geografía de Monterrey y la región es
vital sentir y pensar sus palpitares más antiguos. Ir y venir con esas aguas primigenias que
un día la cubrieron. Gritar y respirar con las
criaturas prehistóricas que surcaron sus aguas
mucho antes que nosotros estas tierras.1
1

Con la primera exposición de fósiles marinos en Nuevo León,
en 2007, se llevaron al público general hallazgos de numerosas investigaciones especializadas y de relevancia internacional. La conferencia, “Fósiles marinos en Nuevo León”, a
cargo de Arturo González, aborda cómo se formaron y qué
sedimentos constituyen las montañas de la región, que hoy

Por los mismos cielos bajos en que ahora se
yerguen postes de luz, de teléfono, y toda clase de anuncios, alguna vez nadaron amonites e
ictiosaurios. En los gritos ahogados de los viejos silbatos de nuestras fábricas que anuncian
entradas y salidas, podemos imaginar criaturas
marinas de dimensiones gigantescas comunicándose a grandes distancias. Si cerramos los
ojos cerca de una gran avenida y escuchamos
con atención, quizás logremos asimilar el ruido de los motores circulando día y noche, al
sonido del océano.
Tras la retirada del mar, la sucesión de sedimentos costeros y las formaciones montañosas, esto último hace 20 millones de años,
cobró nuestra región su forma geológica tal
y como la conocemos ahora.2 Sin embargo,
aún nos es posible conectar con ese antiguo
piélago: durante algunos sueños, en ciertos
instantes del crepúsculo, a ciertas horas de
la madrugada, por determinadas cimas del
otoño, o en uno que otro día de vientos húmedos.

Las montañas azules
El valle que encontraron los europeos en sus
primeras expediciones hace poco más de
450 años, que entonces nombraron Valle de
Extremadura, y hoy conocemos como Valle

2

podríamos apreciar como un “fondo marino verticalizado”;
los gigantescos reptiles marinos que habitaron estos mares
hace 150 millones de años; y los fósiles que quedaron atrapados en placas de sedimentos encontrados principalmente
por la venta de cantera. (González, A., 2007).
En el artículo “La costa de Nuevo León: una mirada hacia
el pasado geológico del estado”, Felipe de Jesús Torres y
María Isabel Hernández (2016) describen cómo además de
los ambientes “netamente marinos”, se dieron en nuestra
región, durante millones de años, sistemas sedimentarios
costeros, que se sucedían conforme se retiraba el mar hacia el este, “cada vez más lejos de la sierra Madre Oriental”.

39

A N ATO M ÍA D E L A CRÍ TI CA

Por los mismos cielos bajos en que ahora se yerguen
postes de luz, de teléfono, y toda clase de anuncios,
alguna vez nadaron amonites e ictiosaurios.

�A N ATO M ÍA D E L A CRÍ TI CA

de Monterrey, era una tierra pródiga, con manantiales de famosa pureza, un río caudaloso
que a menudo se desbordaba y una flora y fauna exuberantes:
Es tierra fértil de muchos pastos y casi siempre verdes. Danse los panes muy bien; todas
semillas y géneros de árboles frutales, de
muy gran sabor y gusto. Muchos melones,
sandías y todos géneros de semillas. [...]
Los ríos son claros, el agua buena, sin color, sabor ni olor […]. Corren siempre por piedras de rápido curso; son de mucha frescura;
poblados de arboledas, sabinos, sauces, álamo y otros muchos géneros; excepto los dos
que llaman Pesquería Grande y Chica, que es
agua salobre y carecen de todo lo que arriba
está dicho. De los demás, todos en general
son abundantes de pescado robalo, bagre,
mojarras, truchas, besugos y otros no tales
(sic). Críanse muchos papagayos, y buenos...
Hay muchas ciénegas muy útiles y ojos
de agua; y en especial el que sale de la ciudad de Monterrey, de quien tomó nombre los
ojos de Santa Lucía; tan abundante y rico,
que en otra parte adquiriera nombre de caudaloso río. […]
[…] Uvas, me han dicho las hubo en las
salinas; que hacían ventaja a las de Castilla,
que se tienen por buenas. De las silvestres
están todos los ríos llenos. Muchos nogales,
morales y zarzamora y otros muchos géneros, que es para alabar a Dios, como creador
de todo. (De León, A., 2005: 51-52).

Estas descripciones contrastan con nuestra
experiencia actual. Hoy cruzan todavía nuestra
ciudad el río Santa Catarina y diversos arroyos
como el Topo Chico y el Seco, pero de bajísimo caudal y además contaminados. Se fueron
para siempre el lobo, el oso gris, el puma, y
desaparecen otras especies como el castor, el
jaguar, el venado, el coyote, amén de múltiples
variedades de insectos, anfibios, crustáceos y
peces; algunos de estos últimos endémicos.
40

Incluso, se ha popularizado una versión de
la historia según la cual los primeros regiomontanos enfrentaron y vencieron un desierto
original; sin embargo, deberíamos hablar, para
ser más exactos, de una desertificación intensiva llevada a cabo por los mismos debido a la
ganadería trashumante:
… desde la entrada de las ovejas al Reino en
1635, el excesivo pastoreo fue convirtiendo
en matorrales las tierras que antes habían
sido de pastizal; huizaches, retamas, mezquites, chaparros y nopales dieron al paisaje
nuevo carácter que es el que ahora conocemos. (Del Hoyo, E., 1966: 360).

Los nómadas del noreste
Además de estos testimonios escritos con
los que contamos sobre la riqueza de nuestro
territorio y sus procesos de cambio, hay una
dimensión de mucho mayor trascendencia a
la que podemos adentrarnos: el estudio de
los grupos indígenas que habitaron el Noreste de México, cuyos primeros indicios datan
12 mil años de antigüedad.
Fueron grupos nómadas, recolectores y
cazadores cuyas actividades productivas,
culturales y religiosas, se derivaron de estas
formas de sustento. Sus patrones de movimiento a lo largo de los diversos microclimas
de la región estaban en función de ciclos estacionarios, y entre ellos, de elementos muy
particulares como la temporada de recolección de mezquite durante el verano, la llegada de aves migratorias. En zonas donde había
agua, el patrón de movimiento seminómada
estaba en función de la pesca y de las crecidas, mientras que las montañas y sus estribaciones siempre posibilitaban la caza mayor
(oso, venado).3
3

Cristóbal López Carrera aborda ampliamente estos y otros
aspectos en la conferencia “Un panorama etnohistórico
de los grupos indígenas de Nuevo León”. (López, C., 1999).

�Aquellos indios erraban por las montañas y
las llanuras ebrios de libertad y de sol, sin
amos, sin tributos. El poeta Gaspar de Villagrá, que expedicionó por el norte de la Nueva
España a fines del siglo XVI, los llamó “bravos
bárbaros gallardos”. Todos eran extremadamente belicosos y habían de oponer grandes
obstáculos a las tareas de la conquista y de la
colonización. (Robles, V., 1950: 142).

La colonización del noreste

En zonas donde había
agua, el patrón de movimiento seminómada
estaba en función de
la pesca y de las crecidas, mientras que las
montañas y sus estribaciones siempre posibilitaban la caza mayor
(oso, venado).

Montaña verde por Ximena Aguilar Vega/ Duotono /
Serie: Testigos de hielo / Fotografía digital / 2019-2021

La esperanza de descubrir regiones fabulosas
(como Cíbola, Quivira, los reinos de Copala y
Teguayo, así como las Montañas o Cerro de la
Plata), los ideales misioneros (en el caso del
noreste, de los frailes franciscanos), así como
despiadados intereses comerciales (la producción minera y la fuerza de trabajo esclava o
semiesclava del indio norteño) sostuvieron en
buena medida el avance de la colonización por
el norte.
[La fundación de Zacatecas en 1546] constituyó una importante cuña de penetración
hacia el norte. Poco después Vázquez del
Mercado se lanzó en busca de un cerro de
oro. Llegó hasta la prominencia que ahora
lleva su nombre en los aledaños de Durango,
población fundada años más tarde. La montaña era de hierro casi puro.
En 1553, ya esfumados hasta cierto punto los sueños fabulosos, comenzó una labor
metódica de exploración y colonización. Para

41

A N ATO M ÍA D E L A CRÍ TI CA

Era un estilo de vida en el que los hombres
provenían del entorno natural tanto como las
demás especies, y circulaban por el territorio
con gran conocimiento de sus recursos y sus
ciclos. Sin jerarquías sociopolíticas y religiosas
importantes, estas naciones –conocidas genéricamente como chichimecas– plantearon a la
empresa colonizadora una fuerte barrera que
resistió por siglos.

�A N ATO M ÍA D E L A CRÍ TI CA

efectuarla se escogió al joven vasco Francisco de Ibarra, quien fundó varias poblaciones al norte de Zacatecas, atravesó la Sierra
Madre Oriental por Topia, recorrió Sinaloa y
quizá, atraído por el embrujo de Quivira, se
dirigió al Norte, atravesó la sierra de Sonora
y pudo llegar a Paquimé, probablemente las
ruinas de Casas Grandes. Retornó al punto
de partida, por la falda oriental de la citada
serranía. En 1563 fue nombrado gobernador
de la Nueva Vizkaya. Extendió sus fundaciones hasta Santa Bárbara, en territorio chihuahuense.
Todavía para el año de 1568 continuaba
constituyendo tierra completamente incógnita toda la zona que ahora abarcan la totalidad de Coahuila y Nuevo León, toda la
porción norte de Tamaulipas y casi todo San
Luis Potosí. Fray Pedro Espinareda y Francisco Cano exploraron el sur de Coahuila. El
alcalde de Guanajuato Juan Torres de Lagunas recorrió casi todo San Luis Potosí. Por
el año de 1575 fue fundada por el capitán
portugués Alberto del Canto, la Villa de Santiago del Saltillo, que por muchos años fue
frontera de indios. (Robles, V., 1950: 144).

Los capitanes de frontera, motivados por la
ganancia del tráfico humano y escudados bajo
el pretexto de “una causa justa de la guerra
hacia el chichimeca”, tendrán los primeros
contactos con los grupos nativos de la región.
El mismo Alonso de León nos dice:
Pasó a León, desde donde hacia entradas;
sacaban gente, que se vendían bien; cebo
con que acudían más soldados, llovidos y
aventureros. (De León, 2005: 95-96).
[…]
En este ejercicio se ocupó el gobernador algunos años: no hay certidumbre cuántos. (De León, 2005: 76).

El primer intento de fundar la ciudad de Monterrey lo realizaron Alberto del Canto y Diego

42

de Montemayor, junto a los ojos de agua de
Santa Lucía, en 1577. Solo duró algunos meses, debido a que Del Canto recibió una orden
de aprehensión en 1578.
En 1582, Luis Carvajal y de la Cueva repobló el sitio nombrándolo Villa de San Luis; sin
embargo, el proceso iniciado por la Audiencia
y la Inquisición contra Carvajal por la captura
de indios nativos para venderlos como esclavos, convirtieron a la región en una tierra
de guerra constante que hacía difícil el buen
vivir de los pocos habitantes, lo que originó
otra despoblación en 1587.
Finalmente, el 20 de septiembre de 1596,
34 pobladores, con Diego de Montemayor al
frente, fundaron la Ciudad Metropolitana de
Nuestra Señora de Monterrey.
Sus inicios no fueron fáciles, hubo inundaciones, incendios, hambres, ataques y rebeliones constantes de las naciones chichimecas. En determinados años los primeros
colonos tuvieron incluso que adaptarse al
aprovechamiento que hacían del medio ambiente los indios y preparar alimentos con
algunas plantas y raíces. Entre 1596 y principios de 1620, la ciudad estuvo a punto de
ser abandonada en varias ocasiones; no obstante, logró consolidarse y a partir de 1626
sufrió un notable impulso con la introducción
de ganados, herramientas de trabajo, el derecho de encomienda en gran escala y nuevos
colonos.

Integración de saberes nativos
y occidentales
Esta época de finales de la década de 1620
significó una verdadera revolución económica, organizativa y étnica que impulsó en gran
escala la vida de la ciudad. Se integraban así,
en el espacio de Monterrey y de todo el actual noreste, componentes representativos
de la civilización occidental “moderna” –vía

�vo inmersa en el etnocidio de gran cantidad
de tribus e individuos que nunca quisieron o
pudieron adaptarse a las nuevas formas de
vida:
En términos del desarrollo de la historia
como disciplina científica es necesario reevaluar todo este cúmulo de referencias de
corte ideológico y ubicarlas en su verdadero contexto, para que cobre su verdadera
dimensión lo que constituyó en el norte de
México más que una gesta civilizadora, una
tragedia; que por sus grandes dimensiones
debería formar parte de los grandes holocaustos que periódicamente se gestan en
el mundo en defensa de una civilización
muy cuestionable. (González, L. 1990: 14).

El rostro que ahora conocemos
En esos años lejanos de la época colonial no
existía ninguna de las industrias que le han
dado fama a la ciudad; por más de doscientos años sus habitantes se dedicaron al cultivo de la tierra, la cría de ganado, la cacería,
la recolección, la minería4 y la producción artesanal de artículos y herramientas: era una
economía de auto subsistencia y trueque.
Durante los años inmediatos al fin de la
guerra de Independencia, Monterrey se empezó a convertir en un gran centro comercial
y productivo al conectarse con el reabierto
puerto de Tampico y el recién inaugurado
puerto de Matamoros.
Cuando la frontera de México se delimitó
en el Río Bravo, Monterrey quedó en un lugar
estratégico para servir de intermediario entre los dos países, y se empezaron a acumular grandes riquezas que luego se reinvirtieron en importantes actividades económicas,
como los préstamos, el cultivo de algodón y
el control de los puertos. Gran cantidad de
4

El auge de la minería nuevoleonesa sucedió hasta el siglo
XIX, de acuerdo a Rojas (1998: 18).

43

A N ATO M ÍA D E L A CRÍ TI CA

los colonos ibéricos y teniendo como “catalizadores” indios mesoamericanos y afromestizos– con componentes culturales propios del
paleolítico. En gran escala convivieron, pelearon y se mezclaron en aquellos lejanos años:
el sedentarismo y el nomadismo, las técnicas
extractivas de minerales y agrícolas occidentales junto a la primitiva técnica de la piedra
pulida; la doctrina cristiana y las creencias
religiosas propias de las culturas cazadoras
recolectoras (como lo son el totemismo y las
creencias en espíritus de la naturaleza).
Circularon algunos libros en latín, italiano
y español, en tierras donde la única forma escrita existente con anterioridad era la de los
pictogramas e ideogramas en piedra tallada; y
en donde igual se hablaba un lenguaje franco
de señas, que el español y el náhuatl, así como
múltiples variantes dialectales de idiomas nativos como el Quinigua y el Coahuiteco.
Junto al arado convivió el arco. A favor y en
contra de la espada y las primeras armas de
fuego pelearon la maza, la flecha, las piedras.
Cerca de los cráneos ceremoniales ensartados
en largos palos se instaló la cruz. Al mismo
tiempo que se ingería harina de trigo se comía
carne de venado y carne humana. El paisaje
sonoro igual estaba habitado por sonidos de
flautas y sonajas que por el bramido de las
campanas en las misiones.
Eso sin menoscabar otras influencias culturales como la de la población negroide e indígena del altiplano.
Los colonos aprendieron las enseñanzas
nativas de la flora y la fauna, los astros, las
manifestaciones atmosféricas, la orografía y la
hidrografía; los aborígenes por su parte hicieron suyos oficios, artes, técnicas “modernas”,
gustos y comportamientos de los invasores.
Intercambiaron miedos y creencias, visiones
del mundo.
Desde luego lo anterior no fue un proceso armónico. Dicha “gesta civilizatoria” estu-

�A N ATO M ÍA D E L A CRÍ TI CA

Roca verde por Ximena Aguilar Vega / Escala de grises / Serie: Testigos de hielo / Fotografía digital / 2019-2021

emigrados de otros estados del país y del extranjero llegaron a la ciudad.
Durante la Guerra de secesión norteamericana, se reinvirtieron en importantes actividades económicas, como los préstamos, el
cultivo de algodón y el control de los puertos.
En la Revolución mexicana, la ciudad estancó un poco su desarrollo, pero durante las dos
décadas siguientes al fin del conflicto armado,
se logró crear una red de servicios e infraestructura que permitieron un nuevo crecimiento.
La ciudad se convirtió en proveedora de artículos y materia prima para el mercado mundial en los años de la Segunda guerra mundial:
se diversificó y aumentó en gran escala la producción industrial.
Ante este progreso, en las décadas de los
veintes y treintas hubo huelgas y movimientos
obrero-populares que hoy siguen sin ser estudiados por los historiadores; en las décadas
de los sesentas y setentas hubo amplios movimientos sociales de izquierda –sobre todo
estudiantiles– que lo criticaron y cuestionaron;

44

incluso hubo movimientos guerrilleros urbanos
y grandes movilizaciones populares de colonos.

El paisaje que vendrá
En la actualidad, siguiendo con la capacidad de
adaptación que lo ha caracterizado durante
el último siglo, nuestro estado se dispone a
enfrentar los retos de un mundo cambiante en el que cada vez más, “todo lo sólido
se desvanece en el aire”: fronteras, culturas,
sistemas políticos, economías.
Mientras la actividad industrial y comercial se desenvuelve de manera competitiva
en el territorio internacional, al interior, los
recursos naturales, la capacidad adquisitiva,
el tejido social y otros elementos asociados
al bienestar de la población han ido en detrimento a causa de un extractivismo que
desabastece y somete a una precariedad
a quienes la habitamos. Las secuelas de la
Guerra del narco Estado, con sus cientos de
miles de muertos, desaparecidos y despla-

�Volver so­bre nuestros pasos en el tiempo
y ampliar la mirada para reconectar con
los habitantes originarios [...]

na. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=dDVwBkdVDXQ
González, L. (ene-mar, 1990). “El discurso de la Conquista frente a los cazadores recolectores del Norte de
México. Suplemento Antropología, no. 29, pp. 2-15,
Ciudad de México.
López, C. (4 de mayo de1999). “Un panorama etnohistórico de los grupos indígenas de Nuevo León”. Tercera sesión del Módulo 1 “Etnohistorias de grupos
indígenas” del Diplomado Historia de Nuevo León.
Archivo del Museo de Historia Mexicana. Disponible

en:

https://www.youtube.com/watch?v=Dn-

V0eZS2WlE&amp;ab_channel=3museosNL
Robles, V. (1950). “Las provincias del norte de México
hasta 1846” en Memoria del Primer Congreso de Historiadores de México y los Estados Unidos celebrado
en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, México, del 4
al 9 de septiembre de 1949, (pp. 137-151). Ciudad de
México: Editorial Cultura.
Rojas, J. (1998). “Minería en Nuevo León: Antecedentes
de la industira de fundición” en Ingenierías, Vol. 1,
No. 2 (julio-diciembre), pp. 17-20. Disponible en línea en:

https://www.gestiopolis.com/anteceden-

tes-la-mineria-nuevo-leon-mexico/
REFERENCIAS

De León, A. (2005). “Relación y discursos del descubrimiento, población y pacificación de este Nuevo
Reino de León”, en Varios Autores. Historia de Nuevo
León con noticias sobre Coahuila, Tamaulipas, Texas y
Nuevo México, (pp. 1-122). Monterrey: FENL.
Del Hoyo, E. (1966). “Don Martín de Zavala, promotor de
la agricultura y la ganadería en el Nuevo Reino de
León”. Humanitas, 7, pp. 353-373. Monterrey: UANL.
Disponible

en

https://humanitas.uanl.mx/index.

php/ah/article/view/634
F. y Hernández M. (nov-dic, 2016). “La costa de Nuevo
León: una mirada hacia el pasado geológico del
estado”. Ciencia UANL, 19, No. 82. Disponible en https://cienciauanl.uanl.mx/?p=6719
González, A. (6 de junio de 2007). “Fósiles marinos de
Nuevo León”. Archivo del Museo de Historia Mexica-

45

A N ATO M ÍA D E L A CRÍ TI CA

zados son el último gran capítulo de estas
contradicciones.
Es posible, sin embargo, experimentar un
cambio de perspectiva que permita habitar
el territorio tomando en cuenta su diversidad geográfica e histórico cultural, en lugar
de suscribirnos a narrativas que naturalizan una crisis ambiental y vital. Volver sobre nuestros pasos en el tiempo y ampliar la
mirada para reconectar con los habitantes
originarios, su cosmovisión y prácticas milenarias, su conocimiento profundo de los
elementos naturales de la región –sus ciclos
y propiedades– y del reconocimiento de su
interdependencia con otras especies, la tierra y los ciclos astronómicos. Dimensionar
nuestro presente ante un paisaje tan distante en el tiempo, en la profundidad del océano, por el que se desplegó la vida en cuerpos
tan monumentales que hoy solo podríamos
llegar a ver en sueños.

�OLYMPIA RAMÍREZ OLIVÁREZ

POEMAS

ÍN SU LA

Costra
Arrancarse una costra
como quitarle la estampa a una fruta
para ver qué hay dentro
sabiendo que la carne herida		
revivirá su ardor
Quitarse la comezón
sangrando al cuerpo
meter el lacre debajo de la uña
y levantarlo lentamente		
como cuña curiosa
y sentir la carne abrirse roja
Desesperación		
el tiempo muerto me obliga
La arranco de mí sin miedo
		
mi cuerpo levanta abanico de células
no temo verlo romperse		
verlo separarse
Siento la herida fresca
		observo atenta la respuesta que ya sé
pero espero
a que suceda algo
como si el cuerpo no respondiera a leyes
espero		
esperando que algo nuevo suceda
Toco el cráter
lo dejo escurrir
		
tapo el sol con mi dedo
Recojo la sangre con mi lengua
chupo su metal
La apachurro para ver qué hay dentro
		
la pico como al ojo de los pescados tiesos sobre el hielo
No tengo miedo de ver los colores del cuerpo
sentir su palpitar		
calor del movimiento
		qué hay debajo del rojo del cuerpo
		

levantando el coágulo seco lo sabré

Será entonces
tiempo de las queloides
de las marcas de guerra
fantasmas de los tiempos en que el cuerpo
		
era sacrificio para saber
Tiempos
		
que lo permiten todo
por conocer nada

�Apenas comienzan a separarse
los edificios del cielo amoratado
El frío
de la luz que apenas despierta
tienta las mejillas
chupa la carne de los labios
baila en los huesos
La mañana
cobija todo
con su manto niebla
Hay siluetas			
nos dan la espalda
					el viento vuela su cabello
no vemos sus caras pero sabemos
sus miradas desde los techos dan fe
de la gente que regresa los ríos a la ciudad
Ven
los secretos de las azoteas
las cortinas separadas
los motores calentarse
las montañas a lo lejos		
intocables
Las preguntas les pesan en la lengua
se han acumulado en silencio
los malos hábitos		
ocupan sus bocas
no dejan salir la duda
mienten indiferencia
mienten eternidad
Olvidan la luna que se esconde
y el sol que apenas traza el mundo
olvidan		la inquietud
			las voces
olvidan qué hay por debajo de ellos
			
el abismo de concreto

No hay lenguaje para el instante
					en que todo cambia
				y deja de ser

ÍN SU LA

Postal

�D E A RTES Y ESPE JI SM O S

DIEGO OLAVARRÍA

TESTIGOS
DEL
HIELO
48

�L

a cultura surge de una relación con el
entorno: la metáfora primordial se convierte en palabra, las estrategias de superviviencia se vuelven identidad. Basta que
un grupo humano pase suficiente tiempo en
un lugar para que germinen: los mitos originarios, los sistemas de organización, el culto
al Dios Sol, la historia del hongo-que-nostraduce-el-sueño-de-los-ángeles. Quizá la
Antártica despierte una fascinación tan potente
por ser un terreno donde la cultura no ha echado raíces, donde los humanos no
han tenido tiempo de, por
decirlo, humanizar. Por
ser, al menos en teoría,
una suerte de lienzo
en blanco. Contrario
al Ártico, donde sobreviven grupos

humanos como los inuit de Canadá y Groenlandia o los sami de Rusia y Escandinavia, en la
Antártica la presencia humana es reciente; y en
consecuencia, no existe el idioma antártico, ni la
poesía antártica, ni la cocina antártica, ni la literatura antártica. Tampoco existe el estado nación
antártico –aunque 58 países han firmado el
Tratado Antártico y algunos reclaman derechos
territoriales–, ni un partido político antártico.
La Antártica también es ambientalmente
inusual: no tiene árboles, tampoco tiene vertebrados terrestres. El único insecto que ahí vive es un mosquito
no volador –Belgica antarctica– que sobrevive nueve
meses al año congelado, y
que interrumpe cada verano su criogenésis para reproducirse y alimentarse.

Glaciar roto por Ximena Aguilar Vega / Serie:
Testigos de hielo / Fotografía digital / 2019-2021

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D E A RTES Y ESPE JI SM O S

Quizá la Antártica despierte una
fascinación tan potente por ser un
terreno donde la cultura no ha echado
raíces, donde los humanos no han tenido
tiempo de, por decirlo, humanizar.

�D E A RTES Y ESPE JI SM O S

Si la Antártica fuera un país, sería el segundo
más grande del mundo. Y si se le clasificara
entre los desiertos, sería el más extenso del
mundo, mayor incluso al Sahara.
¿Qué podemos observar en un mundo
que no está hecho a medida del ser humano? ¿Cómo entender un universo material
para el que nos faltan palabras? Un continente donde el humano –donde los seres
vivos– son poco más que intrusos. Las fotografías de Ximena Vega nos ofrecen algunas
respuestas. Vega es bióloga de formación
y estudia, según sus propias palabras, “la
bioóptica y la manera en que se aplica a las
dinámicas entre el océano y y los glaciares,
y su función en el ciclo del carbono”. Al mismo tiempo, es fotógrafa de un mundo al que
pocos tienen acceso: la Antártica. Luego de
tres viajes a ese continente, Vega entiende
su fotografía como como una exploración
íntima de las interacciones que ocurren entre la luz, el hielo y el agua. En ese sentido, la obra de Vega es un complemento casi
opuesto a su emprendimiento científico: si
la ciencia busca datos concretos y medibles,
testimonios de hielo que nos aclaren el año
exacto en que la Tierra pasó de una era geológica a otra, las fotografías de Vega son re-

tratos de algo más efímero y misterioso: las
sombras que se extienden sobre la blancura,
el riachuelo que se derrama entre las rocas,
el témpano que flota sobre el agua como
una embarcación fantasma.
*

*

*

En Cien años de soledad, Gabriel García Márquez introduce su relato con una de las frases
más famosas de la literatura en español: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de
recordar aquella tarde remota en que su padre
lo llevó a conocer el hielo”. El hielo al que se
refiere el personaje no es un glaciar, sino “un
enorme bloque transparente, con infinitas agujas internas en las cuales se despedazaba en
estrellas de colores la claridad del crepúsculo”.
Es decir, un bloque de hielo que se arrastra de
pueblo en pueblo y se exhibe en una carpa. A
través de esta imagen, García Márquez alude a
la profunda impresión memorística y sensorial
que produce el hielo en los humanos.
En “Glaciar Roto”, Vega nos muestra una
serie de témpanos que viajan a la deriva en el
océano; materia helada con tonalidades que
osclinan del blanco papel al azul detergente,

Hielo de mar 2 por Ximena Aguilar Vega / Serie:
Testigos de hielo / Fotografía digital / 2019-2021

Las fotografías de Vega son retratos
de algo más efímero y misterioso: las
sombras que se extienden sobre la
blancura, el riachuelo que se derrama
entre las rocas, el témpano que flota
sobre el agua como una embarcación
fantasma.

50

�*

*

*

Nunca he visitado la Antártica, pero recuerdo
a la perfección la primera vez que vi un glaciar.
Corría el año 2002, yo era adolescente, y mochileaba con un amigo por Huaraz, en el norte
de Perú. Esa mañana nos habíamos apuntado a una excursión turística, improvisada, a
bordo de una camionetita destartalada, con
alumnas de secundaria de Lima y un guía que
regañaba a todos por no memorizar los datos
que nos vociferaba, incluyendo la altura exacta de algunos picos y el año en que el nevado de Huascarán sepultó al pueblo de Yungay
con una mortal avalancha. La camioneta nos
condujo hasta el más accesible de los glaciares de Perú, el Pastoruri. Antes de llevarnos
a la zona de nieve, donde nos prometió la
oportunidad de deslizarnos en trineo, el guía
nos acompañó a una caverna donde un conjunto de formaciones de hielo componían una
suerte de atrio gótico. Recuerdo el impacto
de estar ante esos conjuntos de estalactitas
que asemejaban las pipas de un órgano, ante
un hielo azulísimo que, en su punto más alto,
se convertía en una cúpula. Aunque las formas del hielo eran todas accidentales y caprichosas, había algo contundente, casi sagrado.

Vega señala que no hay un
solo punto en este planeta
que escape a la influencia
de la Antártica.
Desviar los ojos era desperdiciar el momento.
El hielo, nos explicó en ese momento
el guía, estaba retrocediendo debido a algo
llamado cambio climático. Los glaciares eran
ríos en cámara lenta, un oleaje que avanzaba y retrocedía como una marea. Como el
arroyo que brota de un manantial o la lava
que emana de la boca de un volcán, los glaciares del mundo están en movimiento. En
el presente, gracias al ser humano, el hielo
se derrite, los glaciares se desmoronan, lanzando témpanos hacia los continentes del
mundo como mensajes desde el más allá.
Vega señala que no hay un solo punto en
este planeta que escape a la influencia de
la Antártica. La lluvia en Veracruz, la niebla
en Londres, la temporada de cosecha en Kenia y los monsones que riegan los arrozales
en Vietnam son posibles debido a su influjo
sobre el clima de nuestro planeta. Eso hace
–hizo– posible predecir estaciones, ciclos
naturales, temporadas de siembra y cosecha.
En otras palabras, el influjo de la Antártica
sobre el mundo hizo posible convertirnos en
los humanos que hasta poco éramos. Visitar
la Antártica es como asomarse al cuarto de
máquinas de un edificio o fábrica: el sitio vedado donde ocurren ciertos procesos que, a
pesar de que no los entendemos del todo,
permiten el funcionamiento del conjunto.
Hace algunos días hablé con otro amigo
que viajó en enero de 2023 a Perú y, curiosamente, también visitó el glaciar Pastoruri.
Me explicó que el glaciar se encontraba en
estado terminal, que no permitía ya el acceso a visitantes. Ya no había niños lanzándose
en trineo ni muchachas haciendo muñecos
51

D E A RTES Y ESPE JI SM O S

en cuyas formas se aprecia el efecto de los
elementos naturales: viento, agua, sol. Esos
elementos van esculpiendo el hielo, que a su
vez busca su punto de equilibrio en el agua,
y crea las geometrías y arquitecturas fugaces
que Ximena retrata.
Como en el relato de García Márquez, el
hielo es algo poderoso, que atrapa nuestra
mirada, que nos obliga a contemplar una
fugacidad que, capturado por la cámara,
se convierte en escultura. “Un paisaje totalmente abstracto, que se puede moldear
como una hoja en blanco”, dice Vega en una
entrevista.

�D E A RTES Y ESPE JI SM O S

Quien perfore la Antártica y extraiga un cilindro
de hielo lo bastante largo y lo examine, podrá
encontrar ahí un registro de los principales
eventos no solo de la historia humana, sino de eras
geológicas anteriores.
Esos cilindros de hielo se conocen como testigos.

Roca de hielo 2 por Ximena Aguilar Vega/ Serie:
Testigos de hielo / Fotografía digital / 2019-2021

52

�*

*

*

En su indagación de los sonidos y los colores, W. Kandinsky teorizó en torno a la posible
acústica del blanco. De acuerdo con el pintor
ruso, ese color representaba el mundo inmaterial. La Antártica es el continente, en teoría,
más blanco de todos. Forjado de agua, tendría
que ser silencioso como una nevada. Y no lo es.
Imagino: el sonido del hielo que se agrieta, de los témpanos que caen en el océano, el
ululeo del viento, las olas que se azotan contra
las embarcaciones. Alrededor de las bases de
investigación, imagino las voces en inglés –con
acento mexicano, chileno, escocés, alemán– de
los científicos que recorren páramos helados
en busca de muestras. El rugido solitario de
una motonieve. Mientras Ximena Vega toma
fotografías de ese mundo que cambia a una
velocidad imposible, imagino, también, el
sonido de un obturador.

Los primeros exploradores que viajaron a los polos no sabían qué buscaban. Se
trató de hombres –durante décadas fueron
únicamente hombres– que llegaron tarde
a la repartición colonial en África y Oriente,
pero aún soñaban con conquistar algo, lo que
fuera. Era un ímpetu más cercano al ansia
de gloria que a la curiosidad científica, y les
obsesionaba, simplemente, ser los primeros.
La importancia científica del hielo polar se
entendió hasta entrado el siglo XX: hoy sabemos que, como los anillos de un árbol, el
hielo de la Antártica guarda un registro de los
acontecimientos más importantes del mundo, incluyendo incendios catastróficos, erupciones volcánicas, asteroides, el inicio del capitalismo, las pruebas nucleares en Polinesia
y hasta recesiones económicas. Quien perfore la Antártica y extraiga un cilindro de hielo
lo bastante largo y lo examine, podrá encontrar ahí un registro de los principales eventos
no solo de la historia humana, sino de eras
geológicas anteriores.
Esos cilindros de hielo se conocen como
testigos.
Y me pregunto si cada foto de la Antártica, en estos tiempos de cambios veloces, no
representa lo mismo: una pequeña prueba
de nuestro momento humano, del cambio
a una nueva era geológica, aquello que nos
espera. Si las fotografías de Vega no son, a
su modo, testigos congelados de un mundo
que se transforma a una velocidad que aún
no entendemos y que, cuando el hielo se
convierta en roca, trastocará todo.

53

D E A RTES Y ESPE JI SM O S

con nariz de zanahoria. Que el glaciar estaba acordonado, desahuciado como paciente
terminal. Solo los científicos tenían acceso a
él: le toman de cuando en cuando los signos
vitales, pero hay poco más que hacer por él.
El Pastoruri sigue siendo un atractivo turístico, pero de otro tipo de turismo: el sendero
para visitarlo se conoce ahora como la “Ruta
del cambio climático”. En algunas fotografías
de Vega, como “Montaña” y “Agua blanca”, la
irrupción ominosa de la roca –aquello que el
hielo resguardaba— nos sugiere que el verdadero desierto no es de hielo, sino de piedra.

�D E A RTES Y ESPE JI SM O S

Yo
trabajo
con la
tierra

PALOMA MAYORGA

Este ensayo es una reflexión por la artista y curadora Paloma Mayorga sobre el ecosistema artístico creado al presentar la exhibición Yo trabajo con la tierra / I work with
the earth en Austin, Texas en el verano de 2022.

Roca de agua 2 por Ximena Aguilar Vega/ Escala de grises / Serie: Testigos de hielo / Fotografía digital / 2019-2021

54

�55

D E A RTES Y ESPE JI SM O S

L

a pandemia comenzó y yo me sumergí en miento sutil y sensual. En una entrevista, al desplantas queriendo absorber lecciones de cribir su trabajo en la serie Silueta, Mendieta exsanación y coexistencia.
presa: “Yo trabajo con la tierra, con la naturaleza
Inspirada por la literatura ontológica de y hago esculturas en el paisaje, en el ambiente
Emanuele Coccia y Robin Wall Krimmerer, quie- afuera”. Su sentimentalismo evoca una relación
nes de manera individual estudian el compor- colaborativa con la naturaleza y ofrece una vitamiento de las plantas y otros organismos sión que inspiró mi curaduría en la exposición
para encontrar consuelo dentro de los ecosis- Yo trabajo con la tierra / I work with the earth,
temas intricados de los cuales somos parte, presentada en Big Medium en Austin, Texas del
descubrí un universo infinito de inteligencias 20 de agosto al 24 de septiembre del 2022.1
no específicamente humanas.
De repente el musgo que sim- Las artistas exploran movimiento y
plemente les daba un toque
lugar en relación al paisaje, cuerpos
brillante a los troncos de los
árboles en mi jardín, se con- geológicos y otras inteligencias, y
virtió en un modelo ejemplar comparten sensibilidades ecofeministas
de como cada individuo tiene mediante video, instalaciones, escultura,
una función única que ayuda al
fotografía y performance.
resto de la comunidad de musgos a sobrevivir y contribuye al
Yo trabajo con la tierra / I work with the earth
bienestar del ecosistema general del bosque.
Al mismo tiempo, mi cuerpo humano se reúne el trabajo de cinco artistas mexicanas y esconvirtió en lo más valioso, algo que requería de tadounidenses a quienes yo admiraba de lejos y
mi cuidado, protección, y sanación, pero tam- veía enlazadas a través de su repertorio artístico.
bién que debía abrir y ser expuesto al mundo Invité a Melissa Aguirre (Monterrey, Nuevo León),
externo, el vehículo por el cual poder obtener Alexa Capareda (Austin, Texas), Virginia Luna
una experiencia real y compartida. Dentro de Montgomery o VLM (Austin, Texas), y a Alejandra
este recorrido de reflexión y aislamiento que Regalado (Houston, Texas y CDMX) a presentar
llenó mucho de mis últimos años, volví a coinci- trabajos donde utilizaran su cuerpo como medir con el trabajo de la artista cubana america- dio artístico. Las artistas exploran movimiento y
na Ana Mendieta. Su trabajo, que ella describía lugar en relación al paisaje, cuerpos geológicos
como arte de “tierra-cuerpo,” utilizaba el cuerpo y otras inteligencias, y comparten sensibilidades
humano y el espacio con que dejaba marcada ecofeministas mediante video, instalaciones, essu ausencia en el paisaje para convocar ideas de cultura, fotografía y performance.
Conforme pasaron las semanas, yo frebelleza, pérdida, y el pertenecer.
cuentaba la exhibición, cada vez procesando
Me identifiqué con los aspectos de perfory compartiendo tiempoespacio con las dinámance de su trabajo y el tacto de los materiales
consultarse la hoja de sala de la exhibición, y otros
naturales junto a su piel me inspiraba un senti- 1 Puede
materiales en bigmedium.org/tierra

�D E A RTES Y ESPE JI SM O S

micas presentes. La galería se convirtió en un
refugio donde los trabajos de cada artista existían en armonía creando un ecosistema único
y diverso.
Al entrar al espacio, un familiar olor agridulce daba la bienvenida mediante mi contribución a esta comunidad ecológica. “Cuerpos
hechos de flores” es una instalación formada
por dos rectángulos –uno construido de flor de
jamaica entera y el otro de la misma flor hecha polvo–. Las formas sobre el piso imitan las
tumbas de mis abuelas. La flor de jamaica representando la sabiduría botánica, o ese conocimiento sobre las propiedades medicinales de
las plantas que se va compartiendo de generación en generación. El polvo de Jamaica, símbolo de lo que se va perdiendo lentamente a
través del tiempo y nos aleja de las herramientas naturales que ofrece la tierra para sanar.
El rosa de la
Apollo es una Polilla jamaica se refleLuna macho quien ja en los tonos
fue criada y filma- de los cuerpos
geológicos que
da por VLM. Se enllenan las cuatro
cuentra involucrada pantallas sobre la
en una coreografía pared de fondo.
respondiendo con las Estas contienen
una serie de
vibraciones de sus
performance de
alas a los gestos de Melissa Aguirre.
la mano de la artista.
“Registro fósil”
es un estudio del
asentamiento de rocas cretácicas ubicadas en
García, Nuevo León. En los videos la artista interactúa con entidades geológicas, desde pequeñitas hasta aquellas que son monumentales.
Con movimientos repetitivos y gentiles Aguirre
utiliza su cuerpo como unidad métrica para recorrer la superficie de las rocas y de esta manera comunicarse con las inteligencias de quienes
experimentan el planeta y el pasaje del tiempo
de una manera diferente a nosotras:
56

Quiero que pensemos en el tiempo con el
cuerpo. Quiero acuerpar lo que pensamos sobre el tiempo. Quiero que pongamos el cuerpo, la cuerpa, le cuerpe en la posibilidad de
generar formas efímeras para un fenómeno
invisible. Porque no vemos el paso del tiempo, vemos las pruebas de que el tiempo está
pasando. La materia en transición que experimentamos quieta o casi quieta. (Aguirre).

En la pared opuesta existe “A Measure of
Time”, un video donde el cuerpo de Aguirre se
encuentra recostado entre dos rocas convirtiéndose en parte de la sierra que sirve como
escena al fondo. Al respirar, la roca colocada
sobre la espalda de la artista sube y baja lentamente y nos recuerda que estas formaciones
geológicas también respiran, también cambian, también viven.
El paisaje continúa a través de las esculturas
de VLM. “MOON STONE” presenta una piedra de
granito color marrón claro tallada naturalmente
por la tierra hace 20,000 años durante la última
era de hielo creando una anomalía geológica en
forma de una esfera. La piedra marcada por los
elementos y el pasaje del tiempo descansa en
el centro de una espuma viscoelástica marmoleada en azul cual estructura hecha de material
inverso de la piedra:
Mientras que la espuma viscoelástica no recuerda nada más que a sí misma (su egoísmo
es su valor), una piedra, en cambio, nunca olvida. (VLM).

En el rincón de mi periferia, el delicado
aleteo de una criatura verde brillante captura
mi atención. Apollo es una Polilla Luna macho
quien fue criada y filmada por VLM. Se encuentra involucrada en una coreografía respondiendo con las vibraciones de sus alas a los gestos
de la mano de la artista, y sonidos mágicos de
campanitas y el eco lejano de agua goteando

�Vista de instalación de MOON STONE por VLM. Foto cortesía de Big
Medium, 2022.

Vista de instalación de Registro Fósil / Fossil Records 01 por Melissa Aguirre.
Foto cortesía de Big Medium, 2022.

Vista de instalación de arte por Alejandra Regalado. Foto cortesía de Big Medium, 2022.

57

D E A RTES Y ESPE JI SM O S

Vista de instalación de Cuerpos hechos de flores / Bodies made of flowers
por Paloma Mayorga. Foto cortesía de Big Medium, 2022

�D E A RTES Y ESPE JI SM O S

llenan la galería como si fuera una caverna sónica. PSYCHIC SYMBIOSIS es un performance colaborativo entre Apollo y VLM que combina mitología antigua, danza contemporánea y teoría
posthumanista intentando desvanecer los límites entre lo animal, lo humano y la tecnología.
Su baile sintoniza sutilmente con el de Alexa
Capareda, quien presenta un montaje de movimiento espontáneo en medio de paisajes naturales mediante video y fotografía. Tipo postales
movientes de escenas del oeste de EUA, Capareda responde e imita a los elementos del paisaje con su cuerpo. La artista dobla sus piernas
y brazos como las yucas en Joshua Tree, California, luego se deja llevar con la corriente del
viento sobre los montículos de arena blanca en
White Sands, New Mexico, para despues seguir
experimentando otros paisajes.
Capareda conversa con lugares vastos a través de su cuerpo y se considera una astronauta
explorando un planeta extraño llamado Tierra:
Nuestra presencia en el paisaje terrenal es
efímera; un pequeño bache en el contexto
del universo. Qué consuelo ser infinitesimal.
(Alexa Capareda).

El paisaje surrealista es una entidad compartida por Alejandra Regalado. En Alma @ Las
Coloradas, la artista documenta su cuerpo recostado sobre un colchón con sábanas blancas
que resaltan al flotar dentro de un cuerpo de
agua color rosa. Aparentemente durmiendo en
el medio de esta escena de ensueño, Regalado
se encuentra serena dejándose llevar por la marea tranquila. La cámara se acerca y se aleja del
cuerpo de la artista, un pájaro pasa volando, su
sombra recorre la orilla donde el agua rosada
toca los depósitos de sal sobre la tierra. La perspectiva capturada por drone revela su ubicación
remota y nos recuerda que, en comparación,
somos muy pequeños, pero ultimadamente
existimos y somos parte de este bello planeta:

58

Cuando creo estas imágenes, busco sensaciones en mi propia superficie mientras me
expongo a los elementos. El aire, el agua, la
arena, animales, no los veo, solo siento. Frío,
calor, dolor, miedo, calidez, placer se fusionan
a través de mi piel. Entre más me meto en
el proceso, mi cuerpo y mente entran en un
estado de meditación. En este lugar no hay
imágenes en mi cabeza, solo un diálogo profundo con mi cuerpo y paz en mi alma. Estoy
ahí. (Alejandra Regalado).

Otras fotografías de Regalado sumergida
en agua cristalina e imágenes del paisaje como
abstracciones de colores que fueron tomadas
desde arriba acompañan el video y buscan
desvanecer fronteras físicas y conceptuales
entre el cuerpo y la naturaleza.
El microcosmos compuesto de los trabajos
de estas artistas que existe dentro de la galería
me abrió las puertas a perspectivas marginadas
en los movimientos ambientales y conmigo se
quedaron varias lecciones, las cuales incitan afinidad con la tierra y consecuentemente un entendimiento más compasivo de nosotros mismos.

Vista de instalación de on the strange planet Earth por Alexa Capareda.
Foto cortesía de Big Medium, 2022. / Imagen en duotono.

�SOY MIOPE
GAMALIEL FIGÓN

No se quita el velo para ver lo real.
Se quita el velo para ver
lo real del velo velando.
Mario Montalbetti

H

oy salí a andar en bici luego de un rato de
no hacerlo. En la cuarentena se volvió un
hábito. Mi hermana y yo nos hicimos de
la costumbre de ir cada noche a pasear. Poco
a poco le agarramos confianza a las calles y
perdimos el miedo al ruido de los carros a los
lados.
Esta vez fui solo y sin lentes. Los rompí
hace poco y mi economía de recién egresado
no me permite comprar otros. Iba emocionado
porque justo había terminado de ver el documental Los espigadores y la espigadora (2000)
en el que Agnès Varda recorre Francia investigando sobre los pizcadores, recolectores y
pepenadores. Comienza en el campo, donde la
maquinaria automática de la agricultura da pie
al desperdicio. Un tomate cae momentos antes
de que el tractor pase y, entonces, se salva de
ser llevado al supermercado. Será un tomate

que se pudrirá y se unirá a la tierra a menos de
que alguien lo recoja con la mano. Los espigadores visitan los campos recién cosechados a
agarrar lo que no vio el ojo mecánico. Después,
Agnès va a la ciudad y platica con las personas
sin hogar, con acumuladores y con un maestro,
voluntario de un lugar para inmigrantes, que
come perejil de la basura. “Siempre habrá merma”, me decían seguido cuando trabajé en una
cafetería, pero la acumulábamos en los contenedores.
Agnès se asume como espigadora y dice:
“En sentido figurado, espigar es una actividad
mental. Espigar hechos, actos, hazañas, informaciones. Y como no tengo buena memoria,
lo que espigo resume mis viajes”. Yo, que si
veo una peli de artes marciales salgo de la sala
dando golpes al aire, salí en bici asumiéndome
también como un espigador. Uno miope.
59

A N D A R A LA RE DO N DA

Montaña azul 6 por Ximena Aguilar Vega / Duotono / Serie: Testigos de hielo / Fotografía digital / 2019-2021

�A N D A R A LA RE DO N DA

La noche en mi colonia se me apareció
como una combinación extraña de sombras,
colores y luces que se movían. En una parte
del documental, Louis Pons, un artista que
hace sus obras a partir de la basura, dice que él
no ve un parabrisas, sino una línea que descansa horizontalmente. Desde la bici, vi un cubo
hecho con aristas de luces amarillas y azules
que resultó ser un tráiler tuneado. Una línea
de sombra acostada en el pavimento fue un
tope. Dos puntos blancos que se acercaban se
convirtieron en un carro. Debido a la miopía,
mi proceso era opuesto al del artista: a partir
de figuras simples, debía terminar de imaginar
los objetos. A veces fallaba. De pronto veía de
reojo el reflejo de la luz sobre un cristal y se
me aparecía como algo real, como un carro
que pasaba sin hacer ruido y me rebasaba o
corría hacia mí. Me asustaba.
La miopía, no poder ver de lejos, es un problema de salud de nuestros tiempos y de mi
generación. Quizá esto sea también la metáfora de algo más: nos aferramos (y los tiempos
nos obligan a estarlo) a una pantalla de luz que
nos quema los ojos para no ver más allá. Yo todavía tuve una infancia sin computadoras, en
la que nos poníamos mi hermana y yo a dibujar cerca de la mosquitera para que nos llegara
mejor la claridad del sol. Pero a los ocho años,
una computadora pesada llegó a la casa, y mi
modo de pasar los días cambió para siempre.
Ahora, la forma de vida actual nos impone la
pantalla como el medio para casi todo: el entretenimiento y el contacto con los amigos,
buscar trabajo y trabajar, procrastinar y perder
la noción del tiempo, discutir y reconciliarnos.
La sentencia común es condenar esta omnipresencia de lo digital, pero también está la
parte de nosotros que dejamos impregnada en
las pantallas. Porque ahí también somos.
Mi amiga Yosbeli escribió en uno de sus
textos que no hay lugar más íntimo que el escritorio virtual de la computadora personal. El
60

orden, el desorden, los juegos y los blocs de
notas pueden decir más de la vida de su dueño
que su dormitorio. A mí me gusta cuando en
las canciones se menciona el uso del celular
como una parte entrañable de la vida. Por eso,
en “Get better” de alt-J, mis líneas favoritas
son cuando un hombre recuerda a su esposa fallecida: I still pretend / you’re only out of
sight in another room / smiling at your phone.
O cuando María Luisa Puga, en el libro, Diario
del dolor, ve en su computadora un refugio
para escribir en sus días de enfermedad. Es el
consuelo que encuentra un hombre viudo y
una escritora afectada por su mal.
Me doy cuenta de que mi propio carácter
borroso me inclina a ver en la escala de grises
casi siempre para el lado luminoso. A veces,
resulta bien, y otras, parece que niego lo grave de cada situación. El mundo que habito es
la pantalla que quema mis ojos en silencio.
Y a pesar del cansancio de estas pupilas negras, quiero encontrar algo. Al principio, deseé
que la bici fuera el refugio. Apagar la mente.
Dejar de pensar como cuando duermo o me
abstraigo en un trabajo manual y el tiempo
pasa rápido. Pero, esta vez, no pude y preferí
concentrarme en las luces y el viento fresco
porque, por fin, llegó la lluvia.
Quiero creerle a los que dicen que escribir en realidad se trata de afinar la mirada,
sensibilizarla, como Agnès que ve las arrugas
de sus manos y se descubre como un animal
que no conoce y que tiene la muerte ya cerca.
“Entrar en su horror me parece extraordinario”, dice su voz en off. Por eso, intento SER en
esta miopía, encontrar algo de sentido a salir
en bici sin lentes en una zona llena de carros
y tráilers. Será por la diversión de absorber
la personalidad del protagonista de una peli y
dar patadas al aire; o por lo menos, para negar
un rato la gravedad de todo esto: el desempleo y un futuro nebuloso en un mundo todavía más borroso.

�Roca de agua 5 por Ximena Aguilar Vega / Escala de grises /
Serie: Testigos de hielo / Fotografía digital / 2019-2021

ES ADENTRARSE,

ESCRIBIR
ES DESCUBRIR(SE),

ESCRIBIR ES PENSAR CON EL OTRO

MARELENE MATA

P

ara mí leer y escribir son métodos para
descubrir. “Toda obra es un viaje (…) Toda
obra es un trayecto” (Pelbart, 2009: 107).
Un viaje que decidimos acompañar, por lo que
leer es una expresión colectiva, al igual que escribir. Cuando escribimos abrimos una puerta
de nuestro mundo interior que exhibe una parte de nuestras debilidades y vulnerabilidades.
La puerta se abre al lector para invitarlo a conocer nuestra singularidad.
Esta operación, sin embargo, se encuentra
vedada en el ámbito de la academia, bajo sus
manuales y el cientifismo mecanicista. En mi

experiencia como investigadora social, escribir
desde y para la academia me llevó a una espiral de contradicciones de la que no lograba
salir. La posibilidad de una escritura más libre
la había perdido, junto con la posibilidad de
acercarme a la escritura como proceso creativo. La rigurosidad y los formalismos académicos, así como el lenguaje abstracto, a los cuales una se apega como científica social, me
fueron minando la confianza en mi proceso de
escritura. Escribir llegó a parecerme una tarea
compleja y aburrida, anteponía por encima de
todo el “Ellos dicen / yo digo”. Mis argumentos

La rigurosidad y los formalismos académicos, así
como el lenguaje abstracto, a los cuales una se
apega como científica social, me fueron minando la
confianza en mi proceso de escritura.
61

A N D A R A LA RE DO N DA

ESCRIBIR

�A N D A R A LA RE DO N DA

eran opacados bajo los argumentos del otro.
Incluso a veces me cuestionaba si mi desconfianza estaba atravesada por mi condición de
género, pues escribir y colocarse como mujer
socialmente construida, en un espacio como
la academia, puede resultar complejo.
A partir de esa experiencia me interesé
en esa dicotomía y descubrí que las formas
de escritura han atravesado diferentes status
dependiendo del contexto socio-histórico.
Laurel Richardson en “La escritura. Un método de indagación” sostiene que las formas de
escritura se fueron construyendo y jerarquizando a lo largo de la historia:
Desde el siglo XVII el mundo de la escritura
estuvo dividido en dos tipos diferentes: literaria y científica. La literatura desde el siglo
XVII fue asociada a la ficción, la retórica y la
subjetividad. Mientras, la literatura científica
fue asociada a los hechos del “lenguaje sencillo” y a la objetividad […] En el siglo XIX, la
literatura y la ciencia eran consideradas dos
dominios separados. […] A lo largo del siglo
XX, las relaciones entre escritura de la ciencia social y la escritura literaria crecieron en
complejidad. Las presuntas demarcaciones
solidas entre “hecho” y “ficción”, entre lo
“verdadero” e “imaginado” se hicieron opacas. (Richardson y Adams, 2019: 48).

Estoy de acuerdo en que hay que abrirnos a
la posibilidad de generar conocimiento a partir
de una escritura más libre; partir de la premisa de que escribimos para compartir, descubrir
y pensar con el otro. Esto implica cuestionar
los métodos de escritura dominantes, es decir,
aquellos que únicamente aspiran a generar conocimiento valido y a ser publicados en revistas académicas, desde un formato establecido.
No me refiero a anularlos por completo, si no
a pedirles hacer un trabajo diferente. Un ejemplo de esta transgresión es la apuesta metodológica de algunos investigadores sociales en
62

la autoetnografía, este método desafía las formas canonícas de hacer investigación y permite analizar sistemáticamente experiencias personales para entender la experiencia cultural
y social de los sujetos. Al mismo tiempo crea
un acercamiento a una escritura más accesible
que le da un lugar esencial a la subjetividad.
Un punto de encuentro entre la función de
las ciencias sociales y la literatura es que
permiten conocer la realidad social o “liberar
la vida en donde quiera que esté encarcelada” (Deleuze, 1996: 9). Nombrar aquello que
vi, oí y me sobrepasó. Dice el filósofo Peter
Pál Pelbart: “El escritor es aquel que fue atravesado en demasía por lo que se desfiguró
[…] por eso que es demasiado grande para
él” (Pelbart, 2009: 111). Tanto como la científica social como la artista/poeta/escritora
ven a través de un lente ¿y qué mejor que
ver el mundo social a través de ambos? (Ellis,
Adams y Bochner, 2019: 18-19).

Sin embargo, en el mundo de las ciencias
sociales y la literatura aún prevalece algo de esa
dicotomía socio-histórica de lo verdadero y lo
imaginado de la que habla Laurel Richardson.
Frente a este hecho, me parece fundamental
destacar el trabajo intelectual de la escritora
Cristina Rivera Garza, quien procura reconciliar
la literatura con las ciencias sociales, recurriendo a métodos de la investigación social como
la entrevista, etnografía, documentación, etcétera, para crear sus obras literarias. En su novela
Autobiografía del algodón la autora indaga en la
historia del norte de México y la experiencia de
sus abuelos en Estación Camarón a través de
viajes, recuerdos y archivos en una labor de índole investigativa exhaustiva y compleja.
La escritura de Rivera Garza es singular en
el aspecto de que rompe con lo establecido,
explora nuevos géneros que van más allá de
lo tradicional. Sus obras incomodan y expone
temas que pocos se atreven a poner en dis-

�Hostigamiento laboral. Discriminación. Violencia sexual. El violador eres tú. Para hablar
así, para correr el velo que oculta la violencia
que aqueja y mata a cientos de miles de mujeres dentro y fuera de sus hogares, ha sido
necesario bregar contracorriente y participar
junto con otros en la producción de un lenguaje preciso, alerta a las diferencias mortíferas de género. (Rivera, 2021: 52).

Deleuze ya decía en Crítica y Clínica que
“cada escritor está obligado a hacerse su propia lengua” (1996: 11).
Mientras continuemos privilegiando un
solo método de escritura perdemos otras formas de conocer y nos enfrascamos en la idea
de que todo ya está dicho, jugando a ser Dios
bajo la verdad universal.

REFERENCIAS

Deleuze, G. (1996). Crítica y clínica. La literatura y la
vida. Madrid: Anagrama.
Pelbart, P. (2009) Filosofía de la deserción: nihilismo,
locura y comunidad. Buenos Aires: Tinta Limón.
Richardson, L., y Adams, E. (2019). “La escritura un método de indagación”. En S. Bénard (coord.), Autoetnografía. Una metodología cualitativa (pp. 47-49).
Universidad Autónoma de Aguascalientes / El Colegio de San Luis, A.C.
Rivera, C. (2020). Autobiografía de algodón. Ciudad de
México: Random House.
Rivera, C. (2021) El invencible verano de Liliana. Ciudad
de México: Random House.
Ellis, C.; Adams, T. y Bochner, A. (2019) “Autoetnografía:
un panorama Carolyn Ellis”. En S. Bénard (coord.),
Autoetnografía. Una metodología cualitativa, pp. 1742. Universidad Autónoma de Aguascalientes / El
Colegio de San Luis, A.C.

63

A N D A R A LA RE DO N DA

cusión: la injusticia Prefiero pensar la escritura
Prefiero pensar
social, la violencia como un acto de libertad, donde la escritura como
de Estado, la vioun acto de libertad,
las ideas confluyen con otras. donde las ideas
lencia de género,
entre otros que, son La palabra como arma, que confluyen
con
de extrema impor- cuestiona y ofende lo existente. otras. La palabra
tancia traer a discucomo arma, que
tir. Pienso en El invencible verano de Liliana en cuestiona y ofende lo existente. Cuando esdonde la autora reconstruye la historia de vida cribimos creamos, creamos una lengua nueva:
de su hermana Liliana, quien fue víctima de “El escritor […] inventa dentro de la lengua una
feminicidio en 1990 por parte de su ex novio. nueva lengua, una lengua extranjera en cierta
La escritora se enuncia a través de un lenguaje medida” (Deleuze, 1996: 3).
que se hace ella misma y reconoce que para
Escribir es adentrarse, escribir es descullamar a las cosas por su nombre es indispen- brir(se), escribir es pensar con el otro, no imsable inventar nuevos nombres:
poner una forma de expresión.

�[LETRAS AL MARGEN]

Blanco-gris por Ximena Aguilar Vega / Imagen en duotono / Serie: Testigos de hielo / Fotografía digital / 2019-2021

EDUARDO ANTONIO PARRA

LAS MUDANZAS Y LOS LIBROS

C

TO B O SO

onforme transcurren los años y se acumula la edad,
cambiar de domicilio deja de ser un acto simple para
convertirse en un ejercicio arduo que implica un verdadero balance de la existencia y un volver a empezar, no de
cero, pero sí desde muy al principio. No importa cuántas veces
nos hayamos mudado, ni las distancias que hubo entre una
residencia y otra en el pasado, cada vez resultan más difíciles
tanto el movimiento como la adaptación al nuevo sitio. ¿Se
deberá al desgaste? ¿A la cantidad de cosas acumuladas con el
tiempo? ¿O a una fatiga existencial que nos empuja a ser cada
vez más sedentarios? En mi caso, ¿a la cantidad de libros?

Cuando era niño, mis padres comenzaron con las mudanzas familiares incluso desde antes de que yo adquiriera
uso de razón. A mis dos años
de edad dejamos el primer
lugar donde viví, Celaya, para
migrar a una ciudad no tan lejana, Irapuato. Por supuesto,
no conservo recuerdos de esa
mudanza, pero sí de la siguiente, que implicó un cambio radical de región, de clima, del
carácter de la gente que me
rodeaba: fue al norte del país,
64

a Linares, Nuevo León. De ese
traslado guardo memorias alegres: tras haber vivido en un
pequeño departamento, la familia cayó en una casa grande,
con un jardín inmenso (o así lo
veía yo a los cuatro años) y árboles frutales que llenaban el
aire de aromas deliciosos. Un
espacio donde fuimos felices
durante seis años. Luego, hubo
que volver a movernos.
Todos los traslados durante mi infancia y adolescencia
obedecieron al mismo moti-

vo: el trabajo de mi padre. Era
funcionario bancario y cada
cambio de ciudad significaba
un ascenso en el organigrama
de su institución, por lo que si
en los adultos, había tristeza
por abandonar un sitio donde se la habían pasado bien,
también había satisfacción
profesional al saber que en el
nuevo destino nos aguardaba
un mejor status. Así pasamos
de Linares a Monterrey, de ahí
a Nuevo Laredo, y otra vez a
Monterrey. Y cuando, a mis

�barrio. De nuevo a vivir ligero,
sin dar cuentas a nadie. Otra
vez traslados fáciles, aunque
mis cosas y mis libros ya empezaban a atestar la caja de
una pick up o tal vez había
que realizar dos viajes. Otra
pareja varios años y otro “refugio” cuando sobrevino una
nueva separación. Si dejaba
de lado la cuestión emocional, los movimientos seguían
siendo sencillos.
Volví a cambiar de ciudad.
Esta vez fue a la capital del
país. Otro clima, otra comida,
otra cultura, otro tipo de gente, otra pareja estable. Supongo que la edad influye para
que cueste trabajo adaptarse. Tenía ya treinta y cinco y,
tras toda una vida en el norte,
llegar a una urbe monstruosa
donde hay días fríos en pleno
agosto, donde el acento norteño hace creer a los demás
que uno está enojado o quiere agredirlos, donde los otros
no respetan nuestro “espacio
vital” y siempre hay alguien a
centímetros de nosotros (en
la barra de un café, por ejemplo, aunque todos los asientos estén vacíos el recién llegado se sienta junto a uno),
donde la mayor parte de los

alimentos se basan en masas
de maíz, puede provocar un
verdadero choque cultural.
Aunque la mudanza no representó problema alguno, el periodo de adaptación fue largo
y complicado. Además, en esa
ocasión llegué a vivir a una
residencia ya amueblada y mi
biblioteca, que ya era considerable por entonces, tuvo
problemas para acomodarse.
Desde que comencé a ser
lector, mi mayor sueño fue
formar una biblioteca personal que contuviera todos los
libros que me interesaban. A
eso he dedicado gran parte
de mis recursos a lo largo de
la vida. No acumulo otras cosas, tan solo libros. Y como en
algunas de las mudanzas –sobre todo, tras vivir en pareja–
he tenido que dejar parte de
ella en el domicilio que abandono, muchos de ellos los he
comprado más de una vez.
¿Que ya los leí? No importa,
es preciso tenerlos. ¿Por qué?
Difícil de explicar: se trata de
una compulsión. Una compulsión que, si hubiera sabido
las veces que me iba a mudar,
tal vez debí haber tratado de
reprimir hace mucho tiempo.
Sin embargo, sigo compran65

[LETRAS AL MARGEN]

Desde que comencé a ser lector, mi mayor
sueño fue formar una biblioteca personal
que contuviera todos los libros que me
interesaban. A eso he dedicado gran
parte de mis recursos a lo largo de la vida.

TO B O SO

dieciocho años de edad, mi
padre anunció que su nuevo
destino era Ciudad Juárez, ya
no los acompañé porque empezaba a estudiar la carrera
de Letras. Me quedé en Monterrey y experimenté cambiarme varias veces de casa dentro de la misma urbe.
No importaba. En ese entonces mis cosas y mis libros
cabían en la batea de una troca dejando espacio de sobra.
Empacaba, movíamos las cosas y desempacaba. Y siempre que me movía era para
mejorar: para compartir con
amigos, para encontrar algo
mejor y más barato, para vivir
solo y poder invitar a mi novia
al departamento. No resentía
la diferencia de zona o de colonia porque en aquellos años
no tenía apego al vecindario
sino a la ciudad: todo Monterrey era mi casa. Además, vivir
solo es vivir ligero, y no había
nadie con quién concertar mis
decisiones.
Solo hasta que llegó el
tiempo de las parejas estables las cosas dejaron de
ser tan simples. Los motivos
cambiaron y cada movimiento había que platicarlo hasta
lograr un consenso. Primero
hubo que buscar un departamento adecuado en una colonia “decente”. Luego, ante el
fracaso de la pareja y la separación, un refugio para “escapar”, sin poner demasiadas
trabas al tamaño, al rumbo, al

�[LETRAS AL MARGEN]
TO B O SO

do por lo menos un volumen
cada que salgo de casa. Es inevitable.
Como permanecí en el
mismo domicilio más de una
década –mi récord– llegó un
momento en el que ya me
sentía cómodo en la Ciudad
de México. Antes nunca había
durado tanto en un mismo domicilio, no tenía idea de lo que
se puede acumular en tantos
años. Aun si uno tiene pocos
muebles, además de los libros
se juntan infinidad de papeles,
adornos, aparatos, objetos
personales, cuadernos escritos, ropa y mil cosas más sin
que uno se dé cuenta. Solo se
advierte con claridad esa inmensa cantidad de artículos
en el instante en que hay que
salir a buscar otro refugio.
Mis últimas dos mudanzas –en el interior de la Ciudad de México– fueron arduas. La primera de ellas fue
por necesidad: mi pareja y yo
necesitábamos con urgencia
un sitio más amplio, pues mi
departamento era pequeño,
para una sola persona, y ella
vino a compartirlo conmigo
cuando inició la pandemia. El
cambio fue en la misma manzana, a unos cien metros de
distancia entre puerta y puerta, aunque fuera en una calle
distinta. Ni siquiera hubo necesidad de utilizar un camión.
Todo se trasladó con “diablitos” sin cambiar de acera. Con
los muebles no hubo proble66

ma, pero los libros… No sé
cuántos viajes se tuvieron que
hacer con el “diablito” cargado de volúmenes –no usamos
cajas– que, en pilas, pronto
cubrieron todo el piso de la
sala y el comedor en la nueva casa. Tuvo que pasar casi
un mes para que acabáramos
de colocarlos en sus estantes.
Tal vez fue esa la primera vez
que contemplé la biblioteca
con cierta aprehensión. Antes
solo la había visto con orgullo. Sin embargo, al quedar en
los libreros, la aprehensión se
esfumó y pude adaptarme a la
nueva casa sin dificultad.
Y llegó la última mudanza,
la más reciente. Esta vez los
motivos fuero económicos.
Debido a la famosa gentrificación que azota desde hace
unos años a ciertas colonias
de la capital, la compañía que
nos alquilaba la casa decidió
subir la renta a un precio que
simplemente no podíamos
pagar, y hubo que buscar otro
sitio. Y esta vez sí tuvimos que
contratar un camión grande,
con varios cargadores. Cambio de colonia, cambio de
barrio, cambio de ambiente.
Y la biblioteca… Desde que
metíamos los libros en cajas,
advertí que su número había
crecido de modo exponencial.
Pero ¿cómo? Si en el domicilio
anterior habíamos vivido tan
solo poco más de dos años.
¿Por qué tantos? Claro, hay
que tomar en cuenta que mi

¿Cuántos
alcanzaré a leer en
lo que me resta de
vida? ¿La mitad?
Tal vez.
pareja es lectora y tiene también una buena cantidad. En
la amplitud del nuevo espacio
distribuimos fácil los muebles
y otras cosas. No obstante,
para los libros hubo que mandar hacer varios libreros, pues
los que teníamos resultaron
insuficientes.
Mientras los ordenaba, me
vino a la memoria un ensayo
del escritor argentino Abelardo Castillo en el que dice que,
al revisar los volúmenes de su
biblioteca, se dio cuenta de
que jamás iba a tener tiempo
de leerlos completos. El autor
tenía cincuenta años, y calculó que, viviera lo que viviera,
ya no leería la cantidad de páginas que leyó en su juventud.
Me pregunté algo semejante:
¿cuántos alcanzaré a leer en
lo que me resta de vida? ¿La
mitad? Tal vez. Y el resto… ¿fue
un desperdicio de dinero nomás? Entonces recordé que
un maestro de la facultad afirmaba: Toda biblioteca es un
proyecto de lectura. Tenía razón. Ese mismo maestro decía
entonces que estaba leyendo
libros que había comprado hacía veinte o veinticinco años.
Lo mismo me pasa a mí. Y, sin
embargo, continúo adquirién-

�aunque casi estoy de acuerdo.
Desde mi humilde punto de
vista, no hay sensación que se
asemeje a la de pasear la vista
por los libreros propios, estirar
el brazo y extraer de cualquier
fila el título que nos acaba de
atraer de manera urgente. Pero
cuidado: si llega de nuevo la
necesidad de mudarse de casa
–y llegará, eso es casi seguro–, ese paraíso borgeano, la
biblioteca, tendrá que ser empacado en cajas, trasladado
por cargadores profesionales a
un camión, bajado en el nuevo
domicilio y organizado en un
nuevo espacio –si es que hay
espacio para ella–, y esa sensación, lo comprobé las últimas
veces, tiene muchos matices
infernales.

“Yo que me imaginaba
el paraíso en la forma
de una biblioteca”, dijo
más o menos Jorge
Luis Borges.

Montaña azul 1 por Ximena Aguilar Vega/ Duotono / Serie: Testigos de hielo / Fotografía digital / 2019-2021

67

[LETRAS AL MARGEN]

o dos, y durante las siguientes
semanas los regreso todos a su
lugar. Y cuando pienso que tengo demasiados, recuerdo las
míticas bibliotecas de Alí Chumacero o de Carlos Monsiváis y
me digo, con cierta decepción,
que la mía no les llega ni a los
estantes inferiores. Mucho
menos a la de alguien como
Alfonso Reyes, cuya biblioteca
escuché una vez que contenía
unos ochenta mil volúmenes.
Es en esos momentos que me
entra el prurito de ir a la librería o encargar los títulos recién
publicados que me llamaron la
atención.
“Yo que me imaginaba el
paraíso en la forma de una
biblioteca”, dijo más o menos
Jorge Luis Borges. Yo no coincido de modo exacto con él,

TO B O SO

dolos, además de los que me
regalan los promotores de las
editoriales y los escritores y
poetas jóvenes.
Ahora, recién cambiado de
residencia y con la biblioteca
al fin montada, cada vez que
busco un libro específico soy
presa de un tenue desasosiego al recorrer los estantes.
Repaso los títulos y, por cada
cinco que recorro, hay dos que
no he leído, quizá tres. Claro,
junto a ese tenue desasosiego
también está la satisfacción de
“poseer” el volumen que busco
y la gran posibilidad de lecturas nuevas que se ofrecen ante
mí. A veces, tras repasar lo que
contiene un solo librero, llevo
a mi escritorio cuatro o cinco
volúmenes, de los que termino leyendo a corto plazo uno

�TO B O SO

[ L A M AT E R I A N O E X I S T E ]

UNA NOVELA
DE NUESTRO TIEMPO
ALBERTO CHIMAL

L

a escritora mexicana Verónica Murguía (México,
1960) ha tenido una carrera inusual en la literatura
mexicana. Al parejo de una
larga lista de títulos de literatura infantil y juvenil, sus libros
“para adultos” se han dedicado
casi invariablemente a recrear
una parte específica del pasado: la edad media europea y
del cercano oriente. Largos periodos de investigación y lecturas, que forman la base de
los cuentos de El Ángel de Nicolás (2003) y las novelas Auliya (1997) y El fuego verde (1999),
son evidencia de este interés
desde hace casi 30 años, junto
con textos publicados en separatas o libros ilustrados. A
ellos se unió, en 2021, El cuarto
jinete, una novela comenzada
durante la segunda Guerra del
Golfo, a principios de este siglo, y terminada durante el periodo de encierro pandémico
de 2020.
El cuarto jinete está ambientada en un periodo preciso e
históricamente bien documentado: el año de 1348, durante el
primer brote de la Peste Negra
en Europa, la peor epidemia que
68

ha sufrido aquel continente, y
que no desapareció del todo
durante los siguientes cuatro
siglos. Las culturas de la época
estaban (nos parecería ahora)
inimaginablemente mal preparadas para lidiar con cualquier
contagio masivo, ignorantes de
normas de higiene que hoy se
tienen por obvias y de la verdadera naturaleza de las enfermedades infecciosas. Para agravar
aún más la situación, la elevadísima mortandad provocó un
colapso social en el que la desesperación y el miedo llevaron
al alza de prejuicios, supersticiones y crímenes de odio.
A la hora de que encontramos estos sucesos en el libro
–el auge espantoso de la ignorancia y del temor–, El cuarto
jinete empieza a revelar que no
es únicamente una novela histórica, sino también una ficción
especulativa de un tipo sumamente infrecuente: una narración retrocesiva que proyecta
nuestro presente en una época
ya transcurrida, cuyos hechos
no son desconocidos y están
relativamente a nuestro alcance. Un modelo de lo que aún
podría pasar en lo que ya pasó.

Cuando escribo esta nota,
a principios de 2023, todavía
hay pocas novelas que se refieran directamente a la pandemia de la COVID-19 en la que
el mundo vive desde 2020. No
importa que miles de millones
de personas hayan etiquetado ya el presente como un
tiempo “post-pandémico”: los
contagios siguen ocurriendo
y afectando la economía y las
sociedades de todas partes. Al
mismo tiempo, la narrativa literaria sigue reticente a representar esta realidad y en especial
los tiempos más tensos y angustiosos de 2020 y 2021. Creo
que, en un primer momento, la
impresión de que la emergencia “pasaría pronto” hizo temer
a muchos que textos de ficción
con cubrebocas, personas encerradas y ansiosas y torrentes
de información contradictoria
serían prematuros o quedarían rápidamente envejecidos.
Actualmente, en cambio, da
la impresión de que, salvo excepciones (un ejemplo reciente: la novela La sombra de los
planetas de Gabriel Rodríguez
Liceaga), estamos cerrando filas alrededor de la idea de que

�Roca por Ximena Aguilar Vega/ Escala de grises / Serie: Testigos de hielo / Fotografía digital / 2019-2021

El cuarto jinete es una narración coral, con voces alternadas en un homenaje explícito, ha dicho su autora, a La
cruzada de los niños de Marcel
Schwob, uno de los grandes
libros de su propia tradición.
Sus personajes y narradores
son dos médicos, de orígenes
diferentes, que intentan en
vano ayudar a quienes tienen
cerca; una mujer cicatricera,
que es perseguida porque sus
conocimientos de medicina
natural son considerados
brujería; el líder de un grupo de
flagelantes, enloquecido por
el pensamiento mágico; niños
y niñas, hombres y mujeres,
reunidos en y alrededor de la
ciudad de París, padeciendo
una catástrofe tan extraña y
absoluta, tan sin precedentes
en su experiencia, que no les
queda sino intentar ponerle
nombres que no le quedan,
explicarla mediante mitos
y fórmulas que en realidad
tienen poco sentido, pero son
las únicas a su disposición.
Desde el siglo XXI podemos
observar a estos seres sufrientes, crueles a veces, siempre
llenos de miedo, arrebatados
no por una sola locura colectiva (otra simplificación) sino por
un torrente de locuras, es decir,
de construcciones de la mente
humana que intentan decir lo
indecible, ayudarles a soportar
lo insoportable, sin éxito. Con
más que un poco de postureo
–de santurronería hipócrita–,
69

[ L A M AT E R I A N O E X I S T E ]

ñamos en fingir lo contrario. Si
nos cuesta demasiado enfrentar nuestro tiempo, podemos
entender las analogías hechas
entre dos tiempos diferentes.
Podemos entender nuestro
miedo en el miedo de un personaje de ficción o una figura
histórica. Podemos observar
la descomposición social de
un tiempo y atender a sus semejanzas con la de otro. Hacer
esto no es más complicado que
otras muchas tareas por las que
la lectura de una ficción puede
proyectarse en nuestra propia
vida: para eso, entre otras cosas, “sirve” la prosa narrativa.
El que no ocurra con frecuencia se debe en parte a nuestros
hábitos al leer y escribir novelas históricas, en las que tendemos a ver hechos consumados,
fijos en el tiempo aunque no lo
hayan estado para quienes los
vivieron. Pensamos en hacer
preguntas al pasado, pero no
en recibir respuestas.
Este libro de Verónica Murguía tiene una respuesta a los
predicamentos de nuestro
tiempo pandémico.

TO B O SO

“ya pasó todo”: sin comprender
por entero la gravedad o las
consecuencias de lo que aún
sigue ocurriendo, procedemos
a considerarlo una aberración,
un acontecimiento remoto, intolerable, que solo merece el
olvido.
No sería la primera gran
convulsión humana que es
eludida, pobremente documentada y, por lo tanto, incomprendida incluso por quienes
la vivieron. Pocas personas
aprenden hoy de la gran epidemia de gripe de 1918, por ejemplo, que tuvo menos víctimas
que la iniciada en 2020.
Mientras este agujero de
nuestra memoria colectiva
se cierra, o no, libros como El
cuarto jinete se encargan de la
misma tarea proponiéndonos
un ejercicio diferente. Quienes
vivimos ahora, en los años de la
aparición de la novela, estuvimos aquí también para los primeros reportes contradictorios
desde China, las alertas no escuchadas, las declaraciones de
emergencia y lo demás que ya
sabemos, incluso si nos empe-

�[ L A M AT E R I A N O E X I S T E ]
TO B O SO

suele decirse que tal o cual
acontecimiento de actualidad
señala los “límites del lenguaje”,
porque la literatura es incapaz
de describirlo y aprehender su
horror o sus implicaciones. Pero
la verdad es que esos límites
están todo el tiempo cerca de
nosotros y se han revelado, invariablemente, en momentos
de gran aflicción. Así lo vemos
en los arrebatos de los personajes de Verónica Murguía, que
constantemente necesitan retirarse de observar el avance de
la Peste, retroceder hacia su interior y pensar en cualquier otra
cosa, para mantenerse con vida.
¿No hemos estado haciendo lo
mismo durante buena parte de
los últimos años? ¿No lo hicieron también las víctimas de incontables guerras y desastres?
Según Verónica Murguía, el
impulso que la llevó a comenzar el proyecto de El cuarto
jinete fue la segunda Guerra
del Golfo, a principios de este
siglo. La brutalidad y las mentiras sancionadas por la administración de George W. Bush y sus
aliados le recordaron el siglo
XIV, en el que la verdad acerca
de la Peste no solo parecía inalcanzable, sino que era constantemente estorbada por mentiras deliberadas y discursos
de odio. El fanatismo de una
época, explotado cínicamente
para obtener beneficios económicos y políticos, abrazado
por ignorancia y desesperación, reflejaba el de otra.
70

Acercarnos al mero contacto cercano con
alguien: acompañar para sobrevivir.
Sin embargo, además de que
el libro requirió un largo tiempo
de escritura, y pasó en ese lapso de una época a otra distinta
de la geopolítica internacional,
lo que toma del pasado para
ofrecer a nuestro presente no
es solo una advertencia contra la desinformación. Podemos reírnos de los fanáticos
de entonces, que evitaban bañarse “para honrar a Dios”, haciendo todavía peor la crisis sanitaria; podemos apreciar mejor
la impotencia de muchos de
nosotros ante los fanáticos antivacunas de ahora, cuya locura
puede tener una explicación y
un origen en angustias y sufrimientos reales, pero además
de agravar enormemente las
condiciones del mundo entero
se liga con otros extremismos
y, con ellos, nos está llevando
a un retroceso de los derechos
humanos y las libertades esenciales por todas partes.
No: la lección que ofrece
El cuarto jinete, la alternativa
que aún no tomamos ante el
cataclismo de ahora, es otra,
aparentemente muy simple: la
compasión.
El diccionario define compasión como “Sentimiento de
pena, de ternura y de identificación ante los males de alguien”.
No es tan difícil de provocar
como podría parecer, pero es
que nuestra época no lo acepta

de buen grado. Los tiempos de
incertidumbre nunca son hospitalarios para el acercamiento
entre los seres humanos, y menos uno en el que las formas
de relación social favorecen la
competencia y las interacciones
agresivas. Y, sin embargo, como
entrevé Marie la cicatricera –el
personaje más entrañable de la
novela, una mujer que se empeña en ayudar a otros y en encontrar la belleza a su alrededor
a pesar de tenerlo todo en contra–, lo que puede salvarla, y si
no a ella al mundo que la rodea,
es la conciencia de los otros.
Los demás: aquellos que también padecen a su alrededor,
encerrados en su miedo y sus
visiones incompletas de lo real.
Salir de ellas, acercarnos
al mero contacto cercano
con alguien: acompañar para
sobrevivir. El cuarto jinete lo
recuerda, como tiene que hacerse constantemente en cada
lengua y cada siglo, y además
(anoto) lo hace con un trabajo
extraordinario del idioma, un
estilo que parece atemporal y
comunica las distancias y las
proximidades que todos los seres humanos podemos experimentar.

�Agua Blanca 3 por Ximena Aguilar Vega / Monotono / Serie: Testigos de hielo / Fotografía digital / 2019-2021

¿D

e qué se trata
escribir? Esta pregunta resuena insistentemente en mi cabeza desde hace años. Quizás desde mi
infancia, cuando se me metió
la idea de que algún día sería
escritora. Es curioso, porque
deseé ser escritora antes de
aprender a escribir de verdad,
cuando no sabía en qué consistía escribir. Pero lo intuía.
Conocía las letras; sabía de sus
formas y sonidos, y que las palabras eran fusiones alargadas
de esas formas y sonidos. Sin
embargo, no entendía cómo
yo, desde mi mano y a través
de un instrumento, podría
plasmar esos dibujos en una
hoja de papel. ¿Y por qué en
una hoja de papel? Si estaban
los muros, mucho más amplios
y sin esas líneas restrictivas,
sin esas flechas indicando en
qué dirección trazar el trazo
–no es redundancia, es reiteración: porque hay que decir

que muchas veces la escritura
se aprende reiterándola–. Entonces rayé muros, los llené de
mi protoescritura que consistía
en dibujos dispersos de figuras diversas. Un día, dibujé mi
nombre: era una pequeña niña
vestida de bruja, de perfil, fea,
despeinada. Solía hablarle, es
decir, solía hablarme, a mí, a
mi nombre. Y para mí, en ese
momento, de eso se trataba
escribir: dibujar aquello con lo
que quería dialogar. Si las letras
eran dibujos, yo podía dibujar
mis propias letras, y hacerlas
sonar, con mi voz. Hasta que un
día mi madre pintó las paredes
totalmente rayadas de mi habitación, y la cubrió, toda mi incipiente escritura. Y creo que ahí
fue, y si no, debió ser, el momento en que por primera vez
me pregunté: ¿de qué se trata
escribir? ¿Cuál es su sentido?
¿Cómo se hace para que lo que
escribimos no sea borrado, silenciado?

71

[PLUMAS AL VUELO]

JESSICA NIETO

TO B O SO

ESE APARECER
Y ESE ECO

Por supuesto que el acto
de escribir, desde una perspectiva práctica, tiene variados fines. Si nos remontamos
a sus orígenes, podemos mencionar dos muy conocidos:
llevar un conteo o registro
de los bienes, de las primeras dinámicas de intercambio
de productos; y, también, llevar un registro o memoria de
ciertos momentos de la comunidad. Es decir, se trataba
de un modo de dejar asentado
algo que no quería olvidarse.
Pero ahora pensemos un poco
en ese “modo de dejar asentado”. Estos meses he estado
leyendo a cuentagotas el libro
El infinito en un junco, de Irene Vallejo. Creo que voy lenta porque lo que hace Irene
es llevarnos por miles y miles
de años de historia, y para
atravesar por civilizaciones
y periodos, hay que tomarnos nuestro tiempo. Su libro
es un periplo hacia el pasado
de los libros y la escritura,
cuando esos “modos de dejar asentado lo que no quería
olvidarse” apenas se iban fraguando, y los primeros escribas descubrían, por ejemplo,
que en una tabla de arcilla podían grabar los caracteres de
esos primeros alfabetos con
un punzón. O entendían por
qué ciertos materiales usados
como soportes no durarían,
y entonces buscaban otros,
que siempre eran más ligeros
y duraderos. Me parece muy

�[PLUMAS AL VUELO]
TO B O SO

elocuente el esfuerzo de
lee se deja atrapar por
¿No es hermoso esto?
todos estos inventores
el ritmo que genera. La
Que la escritura sude métodos escriturales,
escritura, entonces, no
cumba al deseo de ser
porque no solo buscasolo aparece, también
más.
De
decir
más.
De
ban recrear las formas y
resuena. Y ese aparecer
resonar más.
sonidos de un lenguaje,
y ese eco no serían, no
sino construir el instruexistirían, si no fuera
mento adecuado para trazar, del alfabeto se democratizó, por aquellas manos, las de
grabar, dibujar sobre el so- el acto de escribir también se aquellos escribas lejanos; o
porte exacto la interpretación fue normalizando, y ya mu- por estas, nuestras manos, las
gráfica más precisa de dichas cha gente estaba en la tarea que sostienen lápices, plumas,
formas y sonidos. Para que el de reproducir esos dibujitos pinceles; las que golpean teacto de escribir ocurriera, así, que eran las letras, los cua- clas; las que tipean celulares,
como lo entendemos ahora, les además había que apren- tabletas; las que rayan muros
no bastaba con crear alfabe- der a descifrar. Escribir, ahora, de todas las ciudades; las que
tos que dieran una aparien- se trataba no solo de contar, graban, imprimen, tipografías
cia a lo articulado por la voz, registrar; también se trataba infinitas; ese aparecer y ese
era imperativo imaginar más de comunicar, de nombrar, de eco habrían quedado borray más: tengo la letra, y aho- narrar, y de crear. “El alfabeto dos y silenciados si no fuera
ra, ¿con qué la dibujo?, ¿sobre sacó la escritura
porque alguien
qué material? Pienso en estos fuera de la at- ¿Yo soy esto tomó
alguna
pioneros de la letra escrita mósfera cerrada que escribo?
roca y la llenó
y me recuerdo a mí peque- de los almacenes
de aquello que
ña ante el muro limpio de mi de palacio, y la
tenía que decir,
cuarto, con la sospecha, más hizo bailar, beber, sucumbir demostrando que de eso se
con la intuición, de lo que se al deseo”, dice Irene Vallejo. trata escribir.
trataba escribir. Por supues- ¿No es hermoso esto? Que la
Pero no me siento conforto que una quiere decir algo, escritura sucumba al deseo me. Escribir implica más. Un
pero lo fascinante de la escri- de ser más. De decir más. De desdoblamiento, un reconocitura es que eso que decimos a resonar más. En otra parte de miento. ¿Yo soy esto que estravés de ella se ve. Y yo así lo su ensayo, Irene apunta este cribo? Dudo que los primeros
entendí entonces: la escritura lindo párrafo sobre la antigua escribas se lo hayan cuestiodebe verse. Tiene que aparecer. resonancia de la escritura: “En nado. Y entonces, ¿de qué se
Pero, ¿de eso se trata es- la Antigüedad, cuando los ojos trata escribir? Para mí, no ha
cribir? ¿De hacer aparecer ese reconocían las letras, la len- cambiado mucho. Sigo cresonido, materializarlo?
gua las pronunciaba, el cuer- yendo que escribir es dibujar
Al igual que el objeto-li- po seguía el ritmo del texto, y aquello con lo que deseamos
bro, los sistemas alfabéticos, el pie golpeaba el suelo como dialogar, con uno mismo, con
en tanto tecnologías, evo- un metrónomo. La escritura los otros, y hacerlo sonar, con
lucionaron con el paso del se oía. Pocos imaginaban que nuestra propia voz.
tiempo y, con ellos, la escri- fuera posible leer de otra matura fue hallando su camino, nera”. No solo es la escritura
su porqué. Conforme el uso la que baila, también quien la
72

�DIVISIBLE CORPÓREO O
“LA GRAMÁTICA DEL ROCE”
palabra sustituye la imagen o
en qué momento la imagen se
sostiene de la palabra? ¿Hasta
que punto Divisible corpóreo
es un canto de poesía visual?
Volvamos a la gramática
como reza el diccionario:

teriores, que la visión contiene otra visión, y el oído otro
oído, y la voz otra voz.

Desglosemos
entonces
un poco, nademos a contracorriente, desbaratemos la
forma, invadamos el poema,
dividamos lo indivisible:

1. Parte de la lingüística que

Una oración: que se mur-

estudia la estructura de las

mura, que se sisea, que se

palabras y sus accidentes,

suma, suave, serena.

así como la manera en que

un acuerdo: que se repite, que

se combinan para formar

se camina, que se plantea.

oraciones; incluye la morfo-

silencios: Porque cuando el

logía y la sintaxis, y ciertas

zureo de las palomas tra-

escuelas incluyen también la

sciende, hay que poner

fonología.

atención.

2. Conjunto de normas y re-

horadaciones:

glas para hablar y escribir

variadas, redirigidas: en la

correctamente una lengua.

glotis, en la lengua, entre

múltiples,

la saliva y el gesto, entre el

Sin duda, en el lenguaje que Cerón ha elegido para
traducir estos paisajes hechos
de luz, formas, sonidos y espacios, los accidentes, combinaciones varias, metáforas,
pensamientos e ideas se detienen en lo pequeño: el detalle. Como bien lo anuncia el
epígrafe de Walt Whitman:

canto y la vigilia. Entre la esclerótica y lo bidimensional.

No dudo que la majestad y
la belleza del mundo estén
latentes en cualquier minucia
del mundo (...) No dudo que
los interiores tienen sus in-

TÍTULO: Divisible Corpóreo
AUTORA: Rocío Cerón
EDITA: UANL / Tresnubes
AÑO: 2022

73

C A BA LLER ÍA

¿C

ómo se define el
espacio a través
de la luz y la
forma? ¿Cómo se juega con
la bidimensionalidad de los
espacios entre luz y textura?
¿Existe la escritura de sombra,
de luz, de espacio, de sonidos,
de volúmenes? En Divisible
corpóreo de Rocío Cerón, la
fusión entre palabras y formas, palabras y sensaciones,
además de lo inmediato visual
atiende a algo más explícito:
“la gramática del roce”.
Las fotografías que forman
parte del lenguaje en este libro presentan a detalle esa
escritura almacenada entre
las diversas sombras, arrugas
de tela y paisajes. Montículos
lunares, mares embravecidos,
dunas y sabanas entrelazadas que nos presentan también, por ejemplo, los muros
de una ciudad cerrada; o los
muros indivisibles de quien
enmudece luego de perder –o
ganar– una batalla. Más aún:
ese lenguaje entre arrugas
de telas, a su vez, habla
de multiplicidad de grises,
expansión de movimientos,
como si desde un satélite
observáramos el mar, las olas,
su espuma y cadencia. ¿De qué
velada manera la poeta nos
habla? ¿En qué momento la

�embonan los gestos.

sábanas. Que puede ser la

Plegaria: continua, a toda

guerra o una nación.

hora, en versos precisos,
líneas apenas. Estructuras

Regreso al poema:

C A BA LLER ÍA

cortas como las pestañas.
Poemas aforismos. Breve-

Una oración, un acuerdo, si-

dad expandida.

lencios, horadaciones: em-

muros de la ciudad cerrada:

bonan los gestos. Eso estaba

que puede ser tu cuerpo, el

ya en la plegaria, entre los

suyo, el mío. Que puede ser

muros de la ciudad cerrada.

el tiempo detenido entre las

Gramática del roce.

SIGNOS VITALES,
DE MERARI LUGO OCAÑA

¿L

a medicina es un
arte o una ciencia? Sin duda
ambas disciplinas coexisten
armoniosas en el poemario
Signos Vitales (2022) de Merari Lugo Ocaña, donde, si bien
se conservan descripciones
acordes al área médica, la
destreza lírica de la autora logra moldear un lenguaje técnico y recto en la fluidez de
un poema.
Merari Lugo Ocaña nos
muestra la relación que existe
entre estas dos áreas de apariencia tan lejanas y nos acerca a las entidades que habitan
esta antología, residentes del
hospital, lugar testigo de la
mezcla de edades, condiciones y enfermedades. El lector
presencia la lucha constante
entre la vida y la muerte y lo
frágil del cuerpo y espíritu hu74

mano, al mismo tiempo que
se sitúa en escenarios reconocibles, los pasillos del hospital, la interminable espera de
turno, los otros que esperan
contigo, los pacientes en estado crítico y quienes en cada
grano de arena que cae pierden poco a poco la esperanza
y el sentido de sí mismos.
La historia de los hospitales
es la que uno cuenta de sí
mismo / Aequat omnes cinis
/ La ceniza nos iguala a todos. (p. 74).

Leer esta obra es explorar
lo artístico en lo formal y viceversa, se navega entre la literatura y la medicina en una
especie de redacción a dos
voces. Como lectores somos
testigos de una abrumadora
puesta en escena, el llanto,

No me queda sino alegrarme de la erudición, del sentido visual, del sentido auditivo,
del sentido escritural de una
poeta que aún viviendo a velocidades extremas, entiende,
disfruta, comparte y comunica ese lenguaje que a otros se
les escapa.
Amaranta Caballero Prado

los reclamos, las alarmas, las
pisadas rápidas, pacientes
impacientes, el frío de las paredes blancas y de la luz azul,
todo forma parte de un escenario ampliado.
¿No era el ruido uno de los
signos evidentes de la vida?
(p.55).

Una lectura imprescindible galardonada con el Premio
Nacional de Poesía Enriqueta
Ochoa en 2016; un poemario
al cuerpo y su integridad o, la
falta de esta, que invita al lector a comprender las etapas
de la vida en su forma más
cruda, pues rompe el tabú y
da voz no solo al malestar físico, sino también el mental.
Signos Vitales es la crónica
en verso del padecimiento del
cuerpo y mente dentro de los
ecos de un hospital, la lectura
de esta antología poética resulta entonces una experiencia nueva y al mismo tiempo
familiar, pues todos hemos

�Dos familiares disfóricos reclaman la puntualidad de los
servicios / las alarmas en terapia intensiva son ignoradas
hasta terminar el turno / 32
recién nacidos lloran en un
concierto de cuerdas. (p. 55).

El poemario se divide en
cuatro apartados: “Área de
internamiento”,
“Pabellón
psiquiátrico”, “Disecciones” y
“Bases fisiológicas”. En cada
uno de los segmentos somos
presentes de la exactitud con

TÍTULO: Signos vitales
AUTORA: Merari Lugo Ocaña
EDITORIAL: UANL
AÑO: 2022

que Merari describe el padecer físico, mental y emocional,
se realiza un recorrido por los
espacios y ecos, después se
reconoce el padecer en todas
sus presentaciones, y finaliza
con una crítica al sistema de
trato entre médico y paciente. En lo personal encontré el
área psiquiátrica el segmento
más arduo de leer, su complejidad radica en la naturaleza
propia de las enfermedades
mentales que se nos presentan, ya que, si en lo cotidiano son difíciles de reconocer,
al leerlo nos adentra en las
vivencias de quienes padecen dichas condiciones y nos
acerca a la propuesta de este
poemario, vivir desde la lectura el efecto del padecer propio y del otro.
Una lectura intensa que
en su brevedad esconde una
dualidad muy valiosa e interesante pues cuando se piensa en lo escrito referente al
sector salud, nos vienen a la
mente textos pesados de carácter puramente académico,
cuyo fin es informar a estudiantes y profesionales del
área el funcionamiento del
cuerpo humano, mientras que
en su opuesto, la poesía nos
lleva a un reconocer vívido en
lo mínimo de un conjunto de
versos, es el sentir del cuerpo
humano y esta obra no invita
a reconocer el dolor propio
como dolor suyo, nuestro, un
dolor comunitario.

Aquí viene otra vez / este
dolor / este convalecer en
otros. (p. 9).

Acercándonos al final de
esta antología, Merari plantea una situación conocida e
ignorada por las instituciones
médicas, la “omnipotencia”
del médico sobre el paciente.
Mediante ejemplos de inconformidad, humillación y situaciones degradantes, la autora
explora la transmutación del
cuerpo y el reducir los padecimientos a objetos de estudio
dejando a un lado a quienes
experimentan esos cuerpos,
las personas se vuelven solo
pacientes.
Acompañarlos mientras se
vuelven número / mientras
la enfermedad los consume /
mientras desaparecen. (p. 69).

Es decir, en los versos de
Merari no solo no se presenta
el padecer del cuerpo como
un sentir colectivo, también
se exploran las diversas críticas sociales hacia el sistema
médico y la medicina como
una institución y al mismo
tiempo nos muestra el dolor
como un medio para conectar
la historia de todos nosotros,
el padecer nos nombra y ubica en la vida, entre doctores y
pacientes existen poemas.
María Melissa Ramírez

75

C A BA LLER ÍA

estado en situaciones de menor o mayor riesgo que nos
encaminan a estancias médicas, pero Merari Lugo Ocaña,
desde su profesión de médico
psiquiatra y psicoterapeuta
nos acerca a la vulnerabilidad
que habita estos espacios y a
su vez construye escenarios
verosímiles.

�C A BA LLER ÍA

Escribir no se
parece nada
a una decisión
laboral

E

l título de esta reseña
no lo propuse yo, realmente son palabras de
la escritora Tununa Mercado
en su libro En estado de memoria. Seleccioné este título
porque da cabida a presentar la obra como resultado o
producto final de mi lectura,
y también, como un motivo
para hablar de lo que implicó
poder llegar a ella.
En estado de memoria pertenece a Vindictas, una colección de libros de Publicaciones y Fomento Editorial de la
UNAM. Bajo la dirección de Socorro Venegas, este proyecto
literario y editorial tiene como
objetivos principales el rescate,
publicación y difusión de obras
creadas por escritoras latinoamericanas del siglo XX. Surgió en el año 2019, a partir de
una situación que resulta muy
familiar para mí, en la cual, la
autora Ave Barrera (quien también es coordinadora editorial
de Vindictas), se envolvió en
la búsqueda de un libro que le
fue difícil encontrar (algo que
particularmente me ha sucedido como lectora y como estu-

76

diante, sobretodo al momento
de tener en mis manos una
antología de cuento en donde, si tengo suerte, una autora
aparece en ella, lo que también
me ha sucedido al momento de
buscar poesía asiática).
Novela y memoria es la categoría a la que pertenece el
libro, mismo que está conformado por dieciséis capítulos
y un prólogo escrito por Nora
de la Cruz. En su introducción,
Nora menciona que el nombre
de Tununa se le reveló como
un secreto, pues al leerla le
pareció una narradora con una
gran magnitud e, igual que a
mí, le fue difícil comprender
por qué sus textos han pasado casi inadvertidos. Ha sido
gracias al paso del tiempo y al
campo en común –como un
universo en donde convergen
ideas que están en sincronía–
que he logrado acceder a esta
obra. Todo ha sido nutrido por
lo que realizan personas que
también tienen interés y formación en las letras: editoras,
gestores culturales, escritoras, lectores, así como cuentas de páginas y perfiles en

redes sociales que comparten
y recomiendan textos; yo por
ejemplo conocí el proyecto
Vindictas en Twitter gracias a
un maratón Guadalupe-Reinas.
Considero que actualmente se ha marcado una línea directriz, pues estamos en ese
punto de la historia en el que
hay posibilidad de señalar y de
crear espacios para aprender
sobre la difusión y publicación
de textos. Esta situación la
pude contrastar mientras leía
En estado de memoria, porque
es una obra publicada en 1990.
Logré detectar que había una
escritora como protagonista,
una que se inundaba de ciertas preguntas con respecto a
su quehacer y dedicación en
torno a la escritura; sin embargo, esas cuestiones parecían quedarse solo en ella, era
difícil externarlas debido a las
pocas referencias que le remitieran un reflejo o una oportunidad para plantearlas en
alto, escribir sobe ello fue la
manera en que podía enunciar
lo que pensaba. Los capítulos
que lo narran directamente
son “Curriculum” e “Intemperie” y, el concepto que refiere Tununa es el de escritora
fantasma “a medida que articulaba, bien ortografiaba –al
menos así lo creía y por eso
me pagaban–, todo lo que yo
podía escribir por mí misma,
de mi cuenta y cosecha, se
desarticulaba y pedazos de
mí se alojaban en los escri-

�esto es puesto en escena casi
como un sentimiento universal, no sentirse parte de un lugar es dicho simbólicamente
en capítulos como “Estafeta”,
“Casas” y “El muro”: “vivir sin
arraigo de los sitios desposeída de esa lógica de apropiación” (84).
Sostener en la memoria
lo que sucedió en el país de
origen, conocer a más personas exiliadas, ir a la embajada
argentina, protestar con pancartas contra los militares,
recordar los nombres reales
de aquellas personas que
perdieron a uno de los suyos,
Tununa escribe al respecto lo
siguiente: “Fulano, Mengano y
Perengano, pobres sustitutos
nominales que tiene la lengua
española para no nombrar ni
connotar y que al no designar
solo enumeran” (51). Es claro
que Argentina no sale de la
protagonista y que, desde el
comienzo hay un efecto en
su cuerpo, una gastritis emocional le llama. Me parece que
por lo mismo la autora aborda
el concepto del psicoanálisis y
la búsqueda de una terapeu-

ta con un precio accesible,
pone en duda la idea de escribir como algo terapéutico. Y
es que en muchas ocasiones
la idea de la resiliencia y ser
fuerte ante las adversidades
aparece como solución, pero
no se toma en cuenta que crecer y actuar desde la ternura,
desde la vulnerabilidad, abre
otros caminos.
Aunque sigue abierta la
pregunta: ¿cómo la escritura
nos ayuda a negociar nuestro
lugar en el mundo?, he podido
responderme a través de mi
participación y conocimiento
de proyectos en los que se
le otorga el significado correspondiente a la labor de la
escritura, como en Vindictas,
que lleva consigo toda la planificación del trabajo literario
y, al mismo tiempo, logra añadir un valor en forma de comunidad.
Carmen Elizabeth
Carrillo Sanmiguel

TÍTULO: En estado de memoria
AUTORA: Tununa Mercado
EDITA: UNAM
AÑO: 2020

77

C A BA LLER ÍA

tos de mis semejantes” (26).
A lo largo del libro me volví
consciente de que había una
experiencia contada desde la
incertidumbre, esa que surge
cuando se debe tomar una
decisión de en dónde trabajar
y ubicarse en algún lugar en
el mundo. Es muy específica
y real la pregunta: ¿escribir es
algo redituable? Aunque no es
tan reciente esta cuestión, se
ha mantenido a través de los
años desde que cursaba la carrera de Letras, y actualmente
se presenta como dardo porque recién egresé y porque
creo que me gusta escribir.
Ese “creo” lo digo de forma intencional, ya que me he visto
orillada a la duda con respecto al campo laboral, como si
escribir fuese más como un
gusto culposo o pasatiempo.
En la novela está presente otra dimensión relacionada con un contexto social y
político: el golpe de Estado
en Argentina de 1976. El exilio
argentino contado desde varios lugares, y México fue uno
de esos sitios. Un sentido de
pertenencia nulo, a mi parecer

�COLABORAN:

ARTURO CERDA. (Monterrey, 1987). Sus líneas de

trabajo parten del interés en nuevos modelos
de producción de imagen y fenómenos como
la espera, el paisaje y la memoria. Actualmente, su práctica reflexiona sobre las dinámicas
interespecie y presencias más-que-humanas.

Nacional de Creadores de Arte desde el 2021.
Actualmente trabaja en torno a las narrativas y
poéticas de lo no humano a través de la escritura, espacios pedagógicos, conferencias y conversaciones. Algo de su trabajo puede leerse en
https://www.lasrepublicasdelosalvaje.blog/

PAULA CORTÁZAR. (Monterrey, 1991). Es una esculto-

MELISSA GARCÍA AGUIRRE. Artista visual, escritora,

ra que vive y trabaja dentro del Parque La Huasteca ubicado en el municipio de Santa Catarina,
Nuevo León. Su trabajo se relaciona principalmente con el paisaje montañoso que la rodea.

arteterapeuta interespecie y divulgadora científica. Ha presentado su trabajo dentro y fuera
de México en diversas plataformas artísticas y
científicas. Actualmente colabora con La Perrera, espacio independiente y pertenece a la
Red Internacional de Científicas Planetarias
GeoLatinas.

XIMENA AGUILAR VEGA. Científica polar, fotógrafa

y estudiante de doctorado en la Universidad de
Stirling. Su investigación se centra en la bio-óptica aplicada a la dinámica entre los glaciares y el
océano, así como el papel de estos sistemas en
el ciclo de carbono. Ha participado en expediciones científicas antárticas lideradas por el INACH
en 20190 y 2020, además de viajar a la Antártica con la misión IceBridge de la NASA en 2018.
En 2022 formó parte de la exposición colectiva
“A pinch of light”, que explora la conexión entre
ciencia, fotografía y poesía con la belleza minimalista de las regiones polares y subpolares.

HÉCTOR HERNÁNDEZ MONTECINOS. (Santiago, Chile,

1979). Poeta, gestor cultural y profesor universitario. En 1999 obtuvo el premio Mustakis a jóvenes talentos, y a los 29 años, el Pablo Neruda.
Fue incluido en El canon abierto (Visor, 2015)
como uno de los 40 mejores poetas en español
desde la década de 1970. Su proyecto en poesía,
Arquitectura de la Mentalidad, está conformado
por La Divina Revelación (1999-2011), Debajo de la
Lengua (2007-2009) y OIIII (2012-2019).

MARIANA PÉREZ BOBADILLA. Artista e historiado-

CRISTÓBAL LÓPEZ CARRERA. (Facebook: Paurake

ra del arte especializada en las dimensiones
culturales de las ciencias de la vida. Doctora
en Medios Creativos (City University of Hong
Kong), Máster en Estudios Críticos y de Género
(Universidad de Bolonia).

Mantarraya). Investigador de tradición oral y
religiosidad popular del Noreste. Es autor de
diversos libros sobre población indígena del
Noreste, tradición oral y religiosidad popular.
Coordinador de la Kooperativa Rayenari, colectivo que realiza proyectos de investigación
y análisis sistémico con la metodología TRIZ;
plataforma de trabajo para la re creación de
ideas, proyectos y artefactos: http://soldeagua.blogspot.mx/ La Kooperativa Rayenari
distribuye libros como fuente de financiamiento: https://www.instagram.com/libros.
mty/ y edita una colección de microdosis textuales: https://www.instagram.com/kooperativa.rayenari/

ANNI GARZA LAU. Artista multidisciplinaria que

trabaja con medios y distintas tecnologías.
Actualmente es parte del Sistema Nacional de
Creadores de Arte y su trabajo ha sido presentado en galerías, ferias y festivales tanto nacional como internacionalmente.
MÓNICA NEPOTE. Escritora, artista, observadora,

escucha y montañista. Es miembro del Sistema
78

�y Letras y coordina las colecciones de teatro y
música de la Editorial Universitaria en la UANL.

como justicia social, estudios de género y ecología política. Actualmente escribe en https://
medium.com/@marelene.matarz

OLYMPIA RAMÍREZ OLIVAREZ. (Ciudad de México,

EDUARDO ANTONIO PARRA. (León, 1965). Narrador y

1998). Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas.
Ha publicado poesía, ensayo, traducción y reseñas literarias en medios y revistas digitales
como Página Salmón, Punto de partida, Punto en
línea, Ruleta Rusa, El Blog del Perro y Sopitas.

ensayista. Por el relato breve “Nadie los vio salir”
ganó el Premio de Cuento Juan Rulfo 2000. Fue
becario de la John Simon Guggenheim Memorial Foundation en 2001. Su libro más reciente
es Laberinto (2019).

DIEGO OLAVARRÍA. (Ciudad de México, 1984) es es-

ALBERTO CHIMAL. (1970). Escritor, practicante y

critor y traductor. Su libro más reciente, Honduras o el canto del gallo (Turner Noema, 2022)
ganó el Premio Bellas Artes de Crónica Literaria en 2020.

estudioso de la escritura digital. CNN México
incluyó su cuenta de Twitter en una lista de
las 140 mejores del país. Mantiene el sitio web:
www.lashistorias.com.mx

PALOMA MAYORGA. (1989). Artista interdisciplinaria

JESSICA NIETO. (Monterrey, 1982). Editora, ensayis-

y curadora independiente radicada en Austin,
Texas, licenciada en la Escuela de Bellas Artes
de Sarofim en 2010. Su obra ha sido exhibida
a nivel nacional en Estados Unidos y ha recibido distinciones como el Premio 18 Under 40
de la Universidad Southwestern. Explora temas
como cuerpo, movimiento, espacio, paisaje y
conocimiento ancestral de las propiedades de
las plantas a través de fotografía, video e instalación.

ta y aspirante a calígrafa. Fue becaria del Centro
de Escritores de Nuevo León en 2010. Ha publicado el libro Metal de la voz. Ensayos en torno a la
escritura literaria (Ediciones Intempestivas, 2011).
AMARANTA CABALLERO PRADO. (Guanajuato, 1973).

Ha publicado doce libros de poesía. Es miembro
del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Actualmente realiza el proyecto interdisciplinario
“Mil pájaros mil. Tesis autodoctoral”, en el que
conviven la música, la gráfica y la literatura.

GAMALIEL FIGÓN. (Apodaca, 1999). Estudió Letras

Hispánicas en la UANL. Perteneció a la primera
generación (2019) del Centro de Creación Literaria Universitaria y fue dos veces becario del
curso de verano de la FLM (2021, 2022). Primer
(2022) y segundo lugar (2021) del Certamen de
Literatura Joven, así como tercer lugar (2021)
del Premio Nacional al Estudiante Universitario
de la UV, en el género de cuento.

MARÍA MELISSA RAMÍREZ. (Monterrey, 2001). Li-

MARELENE T. MATA RUIZ. Licenciada en Sociología

CARMEN ELIZABETH CARRILLO SANMIGUEL. (Monterrey).

por la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Escritora e investigadora social. Becaria en
CIESAS Noreste (2021). Interesada en temas

Estudió en la Facultad de Filosofía y Letras. En
2022 participó con el proyecto ¿Esto parece un
ensayo? en el Centro de Creación Literaria UANL.

cenciada en Letras Hispánicas egresada de la
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Exploradora del
vasto mundo de la difusión cultural y la creación de contenido sobre literatura en redes sociales. Se considera entusiasta de las letras y
de los animales marinos.

79

COLABORAN:

NOHEMÍ ZAVALA. Es editora responsable de Armas

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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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