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                  <text>�D.R. 2024 © Sillares Vol. 4, No. 7, julio-diciembre 2024, es una publicación
semestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través
del Centro de Estudios Humanísticos, Biblioteca Universitaria Raúl
Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia
Regina, Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290. Tel.+52 (81)8329-4000 Ext. 6533. https://sillares.uanl.mx. Editor Responsable: Emilio
Machuca. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo 04-2022-020313502900102, ISSN 2683-3239 ambos ante el Instituto Nacional del Derecho de
Autor. Responsable de la última actualización de este número: Centro de
Estudios Humanísticos de la UANL, Mtro. Juan José Muñoz Mendoza,
Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes
#4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey, Nuevo León, México. C.P.
64290. Fecha de última modificación de 1 julio de 2024.
Rector / Santos Guzmán López
Secretario de Extensión y Cultura / José Javier Villarreal
Director de Historia y Humanidades / Humberto Salazar Herrera
Titular del Centro de Estudios Humanísticos / César Morado Macías
Director de la Revista / Emilio Machuca
Autores
Marina Torres
Xiaolin Duan
Raul Alencar
Juan Carlos González Balderas
Pablo Sierra Fáfila
Stephanie Porras
Angela Schottenhammer
Denisse Alisa Palomo Ligas
David Adán Vázquez Valenzuela
Fátima Geraldy Aguillón Gutiérrez
Mario Magaña Mancillas

�Director Editorial / Emilio Machuca
Editor Técnico / Juan José Muñoz Mendoza
Corrección de Estilo / Francisco Ruiz Solís
Maquetación / Concepción Martínez Morales
Se permite la reproducción total o parcial sin fines comerciales, citando
la fuente. Las opiniones vertidas en este documento son responsabilidad
de sus autores y no reflejan, necesariamente, la opinión del Centro de
Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo Léon.
Este es un producto del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad
Autónoma de Nuevo Léon, Monterrey, Nuevo León. www.ceh.uanl.mx
Hecho en México.
Foto de portada: Enrique González.

�Dossier
Repensando la globalización temprana en el Pacífico:
De las Indias Orientales a las Indias Occidentales:
espacios, agentes e intercambios.
Introducción
“Connecting both Indies: rethinking archaic globalisation and
global history from a Pacific perspective: actors, spaces, and
exchanges”.
Introduction
Coordinadores
Juan Carlos González Balderas
KU Leuven, Leuven, Bélgica
ORCID: 0000-0001-9042-7152

Marina Torres Trimállez
KU Leuven, Leuven, Bélgica
ORCID: 0000-0002-3041-0831

La globalización temprana es asociada generalmente con las
conexiones transatlánticas. Hasta las últimas décadas del siglo
pasado el gremio de la historia, desde una mirada eurocéntrica,
focalizó su atención en los procesos históricos globales tomando
como punto de partida a Europa y la expansión del comercio
1
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.7-148

�Repensando la globalización

de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX. Con una mirada
fundamentalmente económica, la primera globalización fue
caracterizada por la intensificación del comercio internacional,
las migraciones masivas y el movimiento de capitales entre
regiones que supuestamente habían estado anteriormente aisladas.
Pronto nuevas investigaciones subrayaron la importancia de la
incorporación de América, la circunnavegación, la llegada a la
India de Vasco de Gama, y la conquista ibérica de las Filipinas
como hitos fundamentales para entender la creación de un sistema
de intercambios mundial. Sin embargo, espacios como el Pacífico
han sido subrepresentados en las historiografías tradicionales.
Incluso historiadores como Pierre Chaunu (1923-2009) en su
obra pionera Les Philippines et le Pacifique des Ibériques definió
a dicho espacio como una extensión de la dinámica Atlántica,
negándole una personalidad propia. 1 Sin embargo, hacia finales
del siglo XX, y en línea con las críticas más recientes a las
historias nacionales, una nueva generación de historiadoras e
historiadores comenzaron a cuestionar las fuentes desde otras
perspectivas. Al renovado interés por reexaminar las conexiones
económicas transpacíficas, donde han destacado autores como
Arturo Giráldez, Carlos Martínez Shaw, o Guillermina del Valle,2
Pierre Chaunu, Les Philippines et le Pacifique des Ibériques (XVI, XVII,
XVIII siècles). Introduction, Méthodologique et Indices d’activité. (Paris :
S.E.V.P.E.N., 1960).
2
Cf. Arturo Giraldez, The Age of Trade. The Manila Galleons and the Dawn
of the Global Economy, Exploring World History (Maryland: Rowman &amp;
Littlefield, 2015). Carlos Martínez Shaw, Un océano de seda y plata: el universo
1

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�Juan Carlos González Balderas / Marina Torres Trimállez

entre otros, se le ha sumado un nuevo énfasis en el estudio del
Pacífico como objeto de estudio central y no “complementario”
de la historia americana y europea. Los trabajos de Oscar H.K.
Spate, Carmen Yuste, Guadalupe Pinzón, Mariano Bonialian,
Bernd Hausberger, Meha Priyadarshini, o Paulina Machuca,3
económico del Galeón de Manila. (Madrid: Consejo Superior de Investigaciones
Científicas, 2013); Guillermina del Valle, Redes, corporaciones comerciales y
mercados Hispanoamericanos en la economía Global, siglos XVII-XIX. (Ciudad
de México: Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 2017).
3
Cf. Oscar H.K. Spate, The Spanish Lake (Canberra: ANU Press, 2004);
Carmen Yuste, Emporios Transpacíficos. Comerciantes Mexicanos en Manila
1710-1815, Historia Novohispana 78 (México D.F.: Universidad Nacional
Autónoma de México, 2007); Carmen Yuste ‘Una familia modelo en la
negociación transpacífica del siglo XVIII’, en Redes Imperiales, intercambios,
interacciones y representación política entre Nueva España, las Antillas y
Filipinas, siglos XVIII-XIX (Madrid, Consejo Superior de Investigaciones
Científicas, 2018), 25-46; Guadalupe Pinzón Ríos, ‘Quinto Real, licencias
y asientos en torno a la extracción de perlas en el Pacífico Novohispano.’,
en La Fiscalidad Novohispana en el Imperio Español. Conceptualizaciones,
Proyectos y Contradicciones. (México D.F.: Instituto de Investigaciones Dr.
José María Luis Mora, 2015), 139–64; Guadalupe Pinzón Ríos, Acciones y
reacciones en los puertos del Mar del Sur. Desarrollo portuario del Pacífico
novohispano a partir de sus políticas defensivas, 1713-1789., Historia
Novohispana 87 (México D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México
/ Instituto Mora, 2011); Guadalupe Pinzón Ríos y Pierrick Pourchasse,
‘Expediciones Francesas y Sus Proyectos Marítimos En Torno a Filipinas:
El Caso Del Capitán Boislore (1710-1735)’, n.d.; Mariano Ardash Bonialian,
El Pacífico Hispanoamericano. Política y Comercio Asiático en el Imperio
Español (1680-1784). (México D.F.: El Colegio de México, 2012); Mariano
Ardash Bonialian, China en la América colonial: bienes, mercados, comercio
y cultura del consumo desde México hasta Buenos Aires (Ciudad de México:
Instituto Mora, 2014); Mariano Ardash Bonialian, El Pacífico Colonial: ¿Una
Economía Mundo?’, in Tribute, Trade and Smuggling, East Asia Maritime
History 12 (Wiesbaden: Harrassowitz Verlag, 2014), 109–30; Mariano
Ardash Bonialian, ‘El Perú virreinal transpacífico, 1580-1604. Agentes,
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entre otros muchos, dan buena cuenta de los nuevos avances en el
ámbito transpacífico.
El presente dossier titulado Repensando la globalización
temprana en el Pacífico: De las Indias Orientales a las Indias
Occidentales: espacios, agentes e intercambios se suma a estos
esfuerzos, aglutinando a un conjunto de siete académicas y
académicos ubicados en tres países diferentes - Bélgica, España, y
los Estados Unidos- para aportar nuevos hallazgos que contribuyan
a la discusión sobre la globalización temprana con un enfoque
en el Pacífico Iberoamericano, y con particular énfasis en las
conexiones entre el Sudeste Asiático y la América Española. Así,
de manera general este dossier persigue contribuir a la discusión
histórica sobre las conexiones económicas, sociales y culturales
entre ambos extremos del Mar del Sur a través de nuevos casos de
plata y productos chinos entre Potosí, Lima, Nueva España, Filipinas y
Macao’, Historia (Santiago), Historia, 55, no. 1 (2022): 43–81, http://dx.doi.
org/10.4067/S0717-71942022000100043; Mariano Ardash Bonialian, ‘El Perú
Colonial En La Temprana Globalización El Caso Del Navío Nuestra Señora
Del Rosario (1591)’, Mediterranea. Ricerche Storiche 53 (2021): 573–94,
https://doi.org/10.19229/1828-230X/53042021; Mariano Bonialian Ardash,
‘Peruleros En Filipinas y En El Oriente 1580-1610. Agencia Indiana En La
Temprana Globalización’, Islas e Imperios, no. 23 (2021): 185–211, https://doi.
org/10.31009/illesimperis.2021.i23.00; Bern Hausberger, Historia mínima de
la globalización temprana (México D.F.: El Colegio de México, 2018); Meha
Priyadarshini, Chinese Porcelain in Colonial Mexico: The Material Worlds of
an Early Modern Trade (Cham: Palgrave Macmillan/Springer Nature, 2018);
Paulina Machuca, ‘Los indios chinos en la costa novohispana del Mar del Sur.
Origen, establecimiento e inserción social’ en Redes Imperiales, Intercambios
y representación política entre la Nueva España, las Antillas y Filipinas,
siglos XVII y XIX. (Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas,
2018), 137-62.
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estudio. Para ello, se ha optado por enfatizar aquellos productos
y agentes que han sido comparativamente menos estudiados,
superando así el clásico protagonismo que adquirieron la seda
y la plata, y profundizar en aquellos espacios pacíficos que han
sido menos trabajados, como el caso del Perú, Guatemala o la
propia China, superando así la centralidad de Ciudad de México,
Veracruz y Acapulco como los centros máximos de poder.
Con base en lo anterior, los artículos que conforman este
volumen se agrupan en tres diferentes apartados. El primero de
ellos nos remite al movimiento de personas. A través del análisis
de agentes in motion, es posible detectar la resignificación de sus
mundos, puesto que el desplazamiento inevitablemente generó
nuevas “zonas de contacto” cultural. En dicho respecto, Marina
Torres profundiza sobre la relevancia de América -mayormente
la Nueva España – en la exploración, ocupación y mantenimiento
de la presencia misional española en China. En su artículo
Caminos de ida y vuelta ahonda en la expedición del franciscano
Buenaventura Ibáñez, mostrando las largas travesías y peripecias
a las cuales un misionero debía sobreponerse para cumplir con el
llamado de la religión, sin importar la lejanía del lugar de la labor.
A través de este caso, Torres exhibe la dependencia imperial para
financiar las labores misionales en China, un motivo vertebral
aunado al comercial, para sostener al archipiélago filipino bajo
jurisdicción ibérica. Por otra parte, la historiadora Duan Xiaolin
nos presenta el estudio de los migrantes chinos proveniente
de Zhangzhou, avecindados en el barrio filipino del Parián.
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�Repensando la globalización

Particularmente Xiaolin subraya los efectos colaterales de la
migración como la pérdida o adaptación de una identidad. La
autora describe la indiferencia de las autoridades ibéricas y chinas
hacia los habitantes del Parián que no significó sin embargo falta
de interés de ambas partes, sino pragmatismo político que nos
ayuda a entender las disputas diplomáticas entre la monarquía
ibérica y la dinastía Ming producto de las migraciones chinas a
los dominios hispánicos en Asia.
El segundo apartado nos transporta a América,
específicamente a Perú, espacio que, aunque oficialmente tenía
vedado el comercio con las Filipinas, en la práctica ninguna
prohibición detuvo la introducción de nuevos productos en su
en su área de influencia. A través de las contribuciones de tres
autores, se añaden nuevos elementos para la discusión del Pacífico
peruano entre 1700-1760. Tales análisis históricos reportan cómo
intereses extranjeros, particularmente franceses, aprovecharon
una coyuntura histórica como la Guerra de Sucesión Española
(1700-1715) para intervenir en el comercio colonial transpacífico,
no únicamente contrabandeando con mercadería francesa en los
puertos peruanos, sino tratando de establecer sus propios intereses
en oposición a los de la monarquía hispánica. En primera instancia,
Raúl Alencar expone las disputas entre las compañías galas para
incrementar su número de flotas en las aguas del Mar del Sur.
Tomando como punto de partida el estudio del comerciante parisino
Noël Danycan, Alencar analiza el inicial entusiasmo por parte
de comerciantes y banqueros franceses por penetrar el mercado
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�Juan Carlos González Balderas / Marina Torres Trimállez

peruano; asimismo, nos hace reflexionar sobre las ambiciones de
la corona francesa por realizar la travesía alrededor del mundo; así
como la intención de crear un “Galeón de Lima”, ruta comercial
entre Cantón, Manila y el Callao (puerto de Lima) bajo control de
mercaderes franceses, alternativa a la Nao de China. Enseguida,
Carlos González enfoca su atención en el estudio de caso del
navío francés L’Éclair (El Relámpago), embarcación de bandera
gala que navegó las aguas del Pacífico desde el puerto chileno
de Concepción hasta la bahía de Cantón, en China en 1713. A su
vez, González desenreda una red de colaboradores americanos
con los mercaderes franceses. Entre dichos contactos se listaban
desde corregidores, autoridades de puerto, gobernadores y hasta
el mismo virrey peruano. Esta contribución pretende destacar el
rol de los puertos no únicamente como espacios de intercambios
monetarios, sino como tempranos centros de estudios de mercado
que ayudaban a los comerciantes a seleccionar las mercancías
que ingresarían al concierto de la globalización temprana. Para
cerrar el apartado, Pablo Sierra nos habla sobre el inicio de la
transición del Pacífico de un Lago Español4 a un espacio marítimo
dominado por los intereses europeos, bajo la autorización de los
navíos de registro a Perú (1740).5 Sierra, respaldado de un análisis
Retomamos el concepto Spanish Lake acuñado por Oscar Spate para
referirse al Océano Pacífico como un área geográfica bajo dominio exclusivo
de los intereses hispánicos. Para mayor información, ver Oscar H.K. Spate,
The Spanish Lake (Canberra: ANU Press, 2004).
5
Para mayor información sobre el proceso de transición del Pacífico como
espacio dominado por intereses americanos a europeos, se recomienda Mariano
4

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�Repensando la globalización

exhaustivo de la correspondencia de obispos y autoridades en
las Filipinas, indaga sobre los planes españoles para establecer
una ruta de comercio directa entre Manila y Lima, anteriormente
efectuada por el comercio intérlope francés analizado por Alencar
y González. Igualmente, su estudio da pistas sobre los impactos
en los precios de los productos asiáticos en la Nueva España y
Perú sobrevenidos del consentimiento de los barcos de registro
sueltos rumbo al virreinato peruano.
La tercera sección nos ayuda a ampliar el horizonte
sobre los productos circulantes entre el Sudeste Asiático y la
América española. Dejando de lado el protagonismo de las sedas
chinas y la plata americana, las historiadoras Stephanie Porras
y Angela Schottenhammer nos presentan dos estudios de caso
sobre la circulación global. Porras centra su estudio en analizar
el mercado de grabados y marfiles desde Europa hacia Manila, y
viceversa, con una parada obligatoria en América. Por su parte,
Schottenhammer enfoca su análisis en el cacao y su bebida, el
chocolate. La historiadora mapea el consumo del cacao en las
sociedades mesoamericanas pasando por su integración a la dieta
europea, su viaje rumbo a las Islas Filipinas, así como el cierto
grado de indiferencia con que el cacao fue recibido en espacios
como Japón y China, lugares donde su consumo se limitaba a
los misioneros cristianos asentados en tales latitudes. Ambos
Ardash Bonialian, El Pacífico Hispanoamericano. Política y Comercio
Asiático en el Imperio Español (1680-1784)” (México D.F.: El Colegio de
México, 2012).
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�Juan Carlos González Balderas / Marina Torres Trimállez

casos no únicamente nos hablan de intercambios materiales, sino
también de los diversos impactos culturales que tuvieron estos
productos en las sociedades que recorrieron el Pacífico de un
extremo al otro. Más allá de México y de Manila, este dossier
rescata de los márgenes aquellas personas, objetos, productos e
ideas que habitualmente han quedado al margen de las narrativas
y que nos sirven aquí para añadir nuevas perspectivas sobre
los intercambios transpacíficos y los impactos que produjeron.
Se trata de historias desconocidas que reflejan la complejidad
de un espacio dinámico que, fruto del alto grado de interacción
transcultural, fue evolucionando con el paso de los siglos.

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�Caminos de ida y vuelta: el rol de América
en la misión católica en China.
On the way out and back: America’s role
in the Catholic mission in China
Marina Torres Trimállez
KU Leuven
Leuven, Bélgica

https://orcid.org/0000-0002-3041-0831
Recibido: 1 de abril de 2024
Aceptado: 6 de mayo de 2024

Resumen: Este trabajo analiza el viaje que realizaron un grupo de
franciscanos descalzos españoles desde Europa hasta China en 1669,
con especial atención a su paso por Nueva España. El artículo se
plantea como objetivo entender el lugar que ocupó América dentro
de la gestión de las misiones en China. En este sentido, dos fueron
las cuestiones clave que definieron la estancia de los misioneros en
tierras americanas: por un lado, las enfermedades que padecieron como
consecuencia de las largas travesías que tenían que enfrentar; y, por otro
lado, la necesidad de gestionar y negociar su sustento y manutención
no sólo durante el propio viaje en América, sino también en su destino
final, China. A través del estudio de narraciones inéditas de los frailes
mendicantes conservadas en el Archivo Ibero Oriental de Madrid y en
el Archivo General de Indias en Sevilla, este artículo demuestra cómo
los acontecimientos que tuvieron lugar en este territorio condicionaron
la empresa misionera posterior en China.
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�Marina Torres Trimállez

Palabras clave: América, misioneros, medicina, negociación,
franciscanos, China
Abstract: This paper analyses the journey made by a group of Spanish
Discalced Franciscans from Europe to China in 1669, with special
attention to their stay in the viceroyalty of New Spain. The article aims
to understand the importance of America in the establishment of the
missions in China. There were two key issues that defined the stay of
the missionaries in America. Firstly, the diseases they suffered because
of the long journeys they had to face; and, secondly, the need to manage
and negotiate their sustenance and maintenance not only during the
journey in America, but also in their final destination, China. Through
the study of unpublished descriptions of the Mendicant friars preserved
in the Ibero Oriental Archive of Madrid and in the General Archive of
the Indies om Seville, this article shows how the events that took place
in this territory conditioned the missionary enterprise in China in the
next decades.
Key words: America, missionaries, medicine, negotiation, Franciscans,
China

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�Caminos de ida y vuelta

Introducción
El estudio de la cristiandad en China en los siglos modernos,
como es lógico, ha estado tradicionalmente centrado en el análisis
de los acontecimientos y acciones que tuvieron lugar en el propio
imperio chino1. Sin embargo, en los últimos años ha existido un
renovado interés en abordar la puesta en marcha de las misiones
religiosas desde Europa con especial atención a la forma en que se
elegían los nuevos candidatos destinados a las Indias orientales2.
Estas nuevas e interesantes publicaciones han permitido entender
el rol que jugaron los procuradores de las distintas órdenes
religiosas, así como la importancia de los viajes que realizaron
desde Asia a Europa para llamar a la misión. A pesar de estos
nuevos avances, existe poca bibliografía que reflexione en torno a
Este trabajo se ha realizado en el marco del proyecto de investigación
“Trafficking of girls and Catholic misssionary networks in the South China
Sea (18th-19th centuries): a transnational approach”, financiado por el programa de investigación e innovación Horizonte 2020 de la Unión Europea
Marie-Sklodowska-Curie, Grant Agreement No. 101026462.
2
Véase, entre otros, Elisa Frei, “Alla ricerca dei missionari per l’impero
Qing. I procuratori della Compagnia di Gesù e i loro viaggi italiani (XVII-XVIII secolo)”, Ricerche di Storia sociale e religiosa 93 (2021) 103-122. Elisa
Frei, Early Modern Litterae Indipetae for the East Indies (Leiden: Brill, 2023).
Aliocha Maldavsky, “Pedir las Indias. Las cartas indipetae de los jesuitas europeos, siglos XVI-XVIII, ensayo historiográfico”. Relaciones: Estudios de
historia y sociedad vol. 33 132 (2012) 147-181. Monika Miazek-Męczyńska,
“Polish Jesuits and Their Dreams about Missions in China according to the
Litterae indipetae”, Journal of Jesuit Studies 5 (3) (2018) 404-420. Ronnie PoChia Hsia, “Language Acquisition and Missionary Strategies in China, 15801760”, en Missions d’évangélisation et circulation des savoirs XVIe-XVIIIe
siècle, dir. Charlotte de Castelnau-l’Estoile, Marie-Lucie Copete, Aliocha
Maldavsky y Ines G. Županov (Madrid: Casa de Velázquez, 2018), 211-229.
1

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�Marina Torres Trimállez

los lugares intermedios dentro de las rutas que hubieron de recorrer
este tipo de agentes. Este artículo propone examinar América
como enclave fundamental para entender la empresa franciscana
española en China. Con el doble objetivo de comprender cuál fue
el rol de este lugar y qué impacto tuvo en la misión, buscamos así
aportar un nuevo caso de estudio que sirva para reflexionar con
un ejemplo concreto sobre la importancia que tuvo América para
las misiones en China dentro de las dinámicas existentes en el
marco del Regio Patronato español.
Este trabajo pretende, además, profundizar en la historia
de los frailes menores en China, centrándose en su paso por
América. Esto se debe a que el interés de especialistas e
investigadores se ha focalizado especialmente en la huella que
dejaron los miembros de la Compañía de Jesús en el imperio del
Centro en detrimento de otras órdenes que operaron en China a
finales del siglo XVII. El artículo busca también ayudar a matizar
la tradicional imagen centralizada del funcionamiento de las
órdenes religiosas ya que las relaciones dentro de las órdenes han
sido entendidas tradicionalmente de forma vertical. Por último,
pretendemos subrayar la importancia de los lugares intermedios
y lo que ocurrió en ellos de cara a entender el funcionamiento de
las misiones puesto que la historiografía ha centrado gran parte
de sus esfuerzos en el análisis de las relaciones con Roma y, sobre
todo, Madrid, como centros máximos de poder3. En los últimos
3

Véase, entre otros, Giovanni Pizzorusso, Governare le missioni, conoscere

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�Caminos de ida y vuelta

años Filipinas ha sido también estudiado como lugar fundamental
previo a la llegada al imperio4. Sin embargo, son muy pocos los
estudios que se han detenido a estudiar el caso americano5.
Para cumplir dichos objetivos, analizaremos la misión
liderada por el fraile valenciano Buenaventura Ibáñez (16071609), que partió hacia China desde San Lúcar de Barrameda
(Cádiz, España) en el año 1669. Específicamente nos
centraremos en el análisis de la etapa americana de este viaje y
il mondo nel XVII secolo. La Congregazione Pontificia de Propaganda Fide
(Viterbo: Edizione Sette Città, 2018). Diego Sola. El cronista de China. Juan
González de Mendoza, entre la misión, el imperio y la historia (Barcelona:
Edicions Universitat de Barcelona, 2018). Diego Sola “Martín Ignacio de Loyola (1550-1606) y la política asiática de la Monarquía Católica”. Hispania.
Revista Española de Historia vol. 83 274 (2023)., José Tellechea Idígoras.
“Fray Martín Ignacio de Loyola, OFM: Dos memoriales a Felipe II sobre China, Filipinas y las Indias Orientales”. Salmanticensis 44 (1997) 377-405.
4
Véase, entre otros muchos, Anna Busquets. “Entre dos mundos: los misioneros como embajadores entre Filipinas y China durante la Edad Moderna”.
En Dimensiones del conflicto: resistencia, violencia y policía en el mundo urbano, ed. Tomás A. Mantecón, Marina Torres y Susana Truchuelo (Santander:
Editorial de la Universidad de Cantabria, 2020) 367-385. Chenguang Li y Jesús Paniagua “Comercio, guerra y embajada: el chino sinsay y la importancia
de los intérpretes en las primeras relaciones entre China y España en las Filipinas”. Hispania. Revista española de Historia vol. 83 274 (2023). Manel Ollé.
La invención de China: percepciones y estrategias filipinas respecto a China
durante el siglo XVI (Wiesbaden: Otto Harrassowitz Verlag, 2000).
5
En este sentido destaca la obra dirigida por Ernesto de la Torre Villar, La
expansión hispanoamericana en Asia: siglos XVI y XVII (México: Fondo de
Cultura Económica, 1980). Véase también Cayetano Sánchez. “México, puente franciscano entre España y Filipinas”. Archivo Ibero-americano. Revista
de estudios históricos 52, 205-208 (1992) 73-401. Antolín Abad. “Aportación
americana a la evangelización de Filipinas”. Archivo Ibero-Americano. Revista Franciscana de Estudios Históricos 46 (1986) 937-966.
Sillares, vol. 4, núm. 7, 2024, 53-95
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14

�Marina Torres Trimállez

en los acontecimientos que tuvieron lugar en ese tiempo. Como
veremos a continuación, la estadía en tierras americanas estuvo
marcada por las enfermedades y por la búsqueda de medios para
sacar adelante el viaje transpacífico. De este modo, y tras abordar
brevemente en primer lugar el origen y la composición de la
misión; en segundo lugar, el artículo analiza el rol que jugaron
las enfermedades en el trascurso de la misión, y los tratamientos
y soluciones que emplearon los misioneros para superarlas; a
continuación, se analizan las labores de gestión que tuvieron que
enfrentar los religiosos para sacar adelante el viaje; y por último
se finaliza con unas breves conclusiones.
La misión franciscana a China de 1669: el origen.
Tras haber recorrido el Mar del Sur de China y el Océano Índico,
y haber pasado por Roma y Madrid, el franciscano Buenaventura
Ibáñez logró el objetivo con el que había partido desde China:
conseguir el permiso real para obtener nuevos ministros para
la misión, y un subsidio anual de la Corona española para el
mantenimiento de estos en tierras chinas6. De esta forma, el fraile
junto con Blas Domingo (-1669), Juan Martí (1635-1704), Ignacio
Antonio Rosado, Francisco Peris de la Concepción (1635-1701),
Juan Bautista Martínez, Juan de Jesús, Blas García, y Jaime Tarín
Para conocer el viaje de Buenaventura Ibáñez desde China a Europa y sus
negociaciones tanto en Roma como en Madrid véase Marina Torres Trimállez.
“Ganar voluntades para unir imperios: el viaje a Europa de Buenaventura Ibáñez a finales del siglo XVII”. Hispania: Revista española de historia vol. 83
274 (2023).
6

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�Caminos de ida y vuelta

(1644-1719) se embarcó en el puerto gaditano rumbo a su primera
parada: Nueva España7.
Para ir a China, atendiendo a la legalidad vigente, los
frailes españoles debían atravesar el Atlántico vía Nueva España,
y continuar a través del Pacífico hasta las Islas Filipinas, para por
último cruzar desde el archipiélago a su destino final.
En el caso aquí analizado, la iniciativa de incorporar
nuevos efectivos al campo misional chino había nacido en China,
y no en Europa. El franciscano Antonio de Santa María Caballero
(1602-1669) fue quien, convencido de la necesidad de agrandar
las misiones en dicho imperio, acordó con Buenaventura Ibáñez
dirigirse a Roma a solicitar nuevos refuerzos8. Caballero había
sido nombrado por la Santa Sede prefecto apostólico de la misión
seráfica en China, lo que significaba que tenía la potestad de
gobernar en nombre del romano pontífice ya que la diócesis
no había sido todavía constituida. Tenía además el encargo de
comunicar a la Sagrada Congregación de Propaganda Fide –el
dicasterio más importante dentro de la Curia Romana dedicado a
las misiones –, el estado de las cristiandades de China. Además,
Fray Blas Domingo era lector en esos momentos de Teología; de la Concepción, Rosado, Bautista Martínez y Juan de Jesús eran predicadore; Fray
Juan Martí era en esos momentos lector de Artes y Blas García era laico. Torres Trimállez, “Ganar voluntades”, 12.
8
Sobre Antonio de Santa María Caballero véase Anna Busquets. “Los viajes de un franciscano por China: fray Antonio de Santa María Caballero”. En
Viajes hacia Oriente en el mundo hispánico durante el Medioevo y la Modernidad. Retórica, textos, contextos, ed. Béguelin-Argimón (Madrid: Visor,
2021), 285-316.
7

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debía dar parte de las dificultades, dudas y controversias que
surgieran en el campo de misión, cuya decisión final recaía en
la Sede Apostólica9. Amparándose en su nombramiento como
prefecto tanto él como Buenaventura Ibáñez decidieron obviar las
órdenes de sus superiores en Manila y que este último se dirigiera
directamente a Roma a negociar beneficios para la misión10.
Tras varios años de negociaciones tanto en la curia romana,
como en la corte de Madrid, finalmente todos los religiosos que
compondrían la misión se reunieron en Sevilla. Distribuidos
en distintos conventos de la orden, aguardaron la salida de los
galeones al tiempo que preparaban el viaje, partiendo finalmente
hacia Indias el 6 de junio de 166911.
En aquellos momentos se reavivó la famosa Querella de los Ritos Chinos,
conflicto que enfrentó a miembros de todas las órdenes católicas en China
en torno a la ritualidad confuciana, los ritos de los antepasados en China, y
los términos para referirse a conceptos católicos. El debate giraba en torno a
la compatibilidad de dichos rituales con la ortodoxia católica. En consecuencia, las autoridades romanas eran quienes debían decidir sobre la condena o
aceptación de los ritos chinos para lo que necesitaban informaciones puntuales
desde el campo de misión.
10
Desde Manila las órdenes eran contrarias y en varias ocasiones se les persuadió de dejar la misión y regresar a Manila. Torres Trimállez, “Ganar voluntades”, 5.
11
Juan Martí, “Relación muy importante que hizo N.H. Fr. Juan Martí, de
lo que hicieron los hijos de esta santa provincia de San Gregorio de Filipinas
de religiosos descalzos de N.P.S Francisco, en la misión que dicha provincia
tiene en el reyno de China. Cuéntase su principio y progreso y estado que en
estos tiempos tiene, los frutos que ha hecho; y por último se escriben las vidas
y hechos memorables de algunos religiosos que con buen olor de santidad han
trabajado en dicha misión de China” (en adelante Relación), en Sinica Franciscana. Relationes et epístolas Fratum Minorum Hispanorum in Sinis qui
9

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�Caminos de ida y vuelta

En dos meses aproximadamente cruzaron el Atlántico
y llegaron al pequeño enclave de Trujillo, en la costa norte del
caribe hondureño. A pesar de que la vía habitual era llegar a través
de Veracruz, en esta ocasión el comisario optó por embarcarse
hacia Guatemala por falta de flotas. Según explica años después
uno de los miembros de la expedición, Jaime Tarín, su barco salió
junto a los galeones que tenían por destino Perú. Y, a pesar de que
esta vía resultaba más compleja, el comisario pensó que sería lo
mejor teniendo en cuenta “la necesidad en que quedaba la misión
de china, solo con un ministro, y ese cargado de años [Antonio
de Santa María Caballero], y también el trabajo que tendrían los
religiosos misionarios en volverse a sus conventos”12. Un año y
medio aproximadamente fue el tiempo total que estuvieron los
religiosos en tierras americanas. Esta etapa intermedia, como
a 1672-81 missionem ingressi sunt, vol. VII ed. Georgius Mensaert (Roma:
Collegium S. Bonaventurae, 1965), 730. Esta relación ha sido parcialmente
publicada en la Sínica Franciscana pero el manuscrito original se encuentra en
el Archivo Franciscano Oriental de Madrid, que también ha sido cotejado para
este trabajo. En este artículo haremos referencia en la medida de lo posible a
la Sínica Franciscana por su mayor accesibilidad, salvo que el fragmento al
que nos refiramos no aparezca publicado en la Sínica. En ese caso haremos
referencia al manuscrito original.
12
Jaime Tarin. “Historia y relacion breve de la entrada en el Reyno de China
la mission que truxo de España nuestro Hermano Comissario Fray Buenaventura de Ibañez escrita por Fray Jaime Tarin, Religioso Descalzo de N. S.
Francisco y Compañero de la misma Mission. Año de 1689”. En Alcobendas,
Severiano. Las misiones franciscanas en China: Cartas, informes y relaciones del padre Buenaventura Ibáñez (1650-1690). Con introducción, notas y
apéndices, por el R.P. Fr. Severiano Alcobendas (Madrid: Bibliotheca Hispana
Missionum V., Estanislao Maestre, 1933): 270.
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veremos a continuación, marcó a cada uno de sus componentes y
también el devenir de la orden franciscana en China.
De fraile a cirujano: enfermedades y padecimientos de
camino hacia México.
Una de las primeras dificultades que tenía que afrontar cualquier
misionero una vez había sido elegido, era el viaje. La misión de
1669 que nos ocupa había tenido que enfrentar en primer lugar
la travesía transatlántica, pero a continuación debían cruzar a
la costa opuesta, al puerto de Acapulco, para poder embarcarse
en el viaje transpacífico que los llevaría a Filipinas. En estos
desplazamientos, el enemigo más importante con el que tenían
que lidiar los viajeros, eran las enfermedades. Las narraciones de
los misioneros dan buena cuenta de cómo les afectaba lo que ellos
llamaban “el temple de la tierra” 13.
En 1669, tras llegar a Honduras, los religiosos franciscanos
españoles se encontraron con un clima tropical y extremadamente
húmedo puesto que su arribada coincidió con la temporada de
lluvias. Teniendo en cuenta que desembarcaron en la parte norte
del país, la humedad se veía incrementada por el predominio
de la vegetación selvática y el paisaje montañoso. A ello se le
sumaban los mosquitos, las garrapatas, y una “plaga” de sapos que
proliferaban en ese ambiente húmedo. Otro de los acompañantes
indeseados de los viajeros en su travesía hasta Guatemala fueron
13

Juan Martí, Relación muy importante, 732.

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los piojos, que obligaron a rapar a navaja a todos los miembros de
la misión una vez llegaron a la cabecera de la capitanía14.
El primero que sufrió el cambio de clima fue el religioso
Juan Martí, que a pocos días de desembarcar ya mostraba síntomas
de fiebre. Según explica el fraile:
“[…] luego me vi imposibilitado de proseguir: porque con la
agitación del camino se revolvieron los humores; y comenzó a
entrar el accidente de que adolecía con tanto rigor que me dejó
sin fuerzas para tenerme en pie, con algunos parasismos que
me dieron15”.

Los misioneros, que ya habían sido advertidos con anticipación
de la necesidad de evitar mojarse los pies, habían intentado ser
precavidos: intentaban no viajar por las noches –porque era
cuando más llovía–, y llevaban unas medias especiales que les
cubrían las piernas. Sin embargo, como el propio fraile reconoce,
no siempre cumplían con estas medidas por pura vagancia o
falta de experiencia, lo que derivó en que la mayoría de ellos
cayeran finalmente enfermos16. En el caso de Martí, los síntomas
terminaron de empeorar y a los mareos se le sumaron vómitos
y diarreas17. Ante la incomodidad de tener que detenerse en la
cordillera y las amenazas continuas de tormentas, el religioso fue
cargado a caballo por orden de su superior, que en ese momento
era Francisco Peris, y reclinado sobre el animal, fue escoltado
14
15
16
17

Juan Martí, Relación muy importante, 751.
Juan Martí, Relación muy importante, 733.
Juan Martí, Relación muy importante, 732.
Juan Martí, Relación muy importante, 733.

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por sus compañeros durante el penoso camino a través de las
montañas18.
El grupo de religiosos llegó a Chiquimula, en Guatemala,
tras cinco jornadas a caballo. Fue ahí donde los aposentos que
les había proporcionado su alcalde mayor, Francisco de Castro,
sirvieron de enfermería a la misión comandada por Ibáñez. Martí
se convirtió entonces en el encargado de velar por sus compañeros,
y como él mismo señala en su Relación:
“Yo fui en esta grave necesidad el que acudí a todos. Yo me hice
médico y cirujano. Y aunque venía mucha gente a visitarnos,
mas de asistencia continua sólo yo quedaba y solo yo cargué
con el cuidado y trabajo”19.

Martí fue quien se encargó de atender a sus compañeros. Cuando
permanecieron varios días en una estancia o rancho, era él quien
les velaba por las noches. Y durante el camino, cargaba y descargaba a sus compañeros al menos cuatro veces al día. Como él
mismo explica en su narración, por las noches acomodaba a cada
uno de los enfermos y ponía una manta a modo de toldo para cubrirlos por las noches. Más tarde, ya de mañana, se encargaba de
sacarlos de las camas y ponerlos en las correspondientes hamacas

Ante la ausencia de Ibáñez, pasaba a ejercer de Comisario Francisco Peris
de la Concepción. Sobre la relevancia que cobró este fraile en los años posteriores véase Marina Torres Trimállez, Con un catequismo salvaré un reino:
la empresa franciscana en China en la Edad Moderna (Granada: Editorial
Comares, 2022).
19
Juan Martí, Relación muy importante, 726.
18

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para continuar las jornadas20. Una vez estaban todos en camino, él
salía el último, y según deja escrito en su narración:
“[…] tomando la cabalgadura que me dexaban (que de ordinario
era la peor), me iba a toda prisa a alcanzar las hamacas […] y
saludando al enfermo, le preguntaba como se hallaba o si era
menester algo. Y de esta manera en breve los visitaba a todos.
Y habiendo reconocido cual iba más trabajoso o necesitado,
a este visitaba más veces y le hacía más compañía, hasta que
llegábamos21”.

A pesar de sus esfuerzos, el fraile reconoce que también trató a los
enfermos un español de la zona con reputación de gran médico.
A través del testimonio del fraile nos es posible conocer
también los tratamientos que se les aplicaron a los pacientes,
y que incluyeron bebidas compuestas de zumo de naranjas
agrias y azúcar, cucharadas de membrillo con vino de Castilla y
canela, masajes en la barriga, y “fajarlos con hojas de tobaco”22.
Estos remedios mezclaban productos españoles con técnicas y
productos de la medicina tradicional. La canela (Cinnamomum
verum J. Presl) y el tabaco (Nicotiana tabacum L), por ejemplo,
eran dos plantas aromáticas que se utilizaron habitualmente como
medicinas para diversos usos. La primera de ellas, antioxidante
y antiinflamatoria, tuvo especial fama de prevenir los resfriados.
Sobre el tabaco, según explica el médico Nicolás Monardes en
1574 en De la Historia Medicinal: de las cosas que se traen de
20
21
22

Juan Martí, Relación muy importante, 745.
Juan Martí, Relación muy importante, 745.
Juan Martí, Relación muy importante, 727-728.

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nuestras Indias Occidentales que sirven en Medicina, se creía que
tenía diversos beneficios como que aliviaba los dolores de cabeza
y reumáticos, ayudaba a curar las heridas, o favorecía una mejor
respiración a los asmáticos23. Técnicas como las frotaciones y
los masajes formaban también parte de la medicina tradicional
durante el período del virreinato24.
A pesar de que conquistadores y religiosos reconocieron
desde el inicio de la Conquista el valor de la medicina indígena,
no fue este el caso del religioso franciscano. El español estaba
convencido de que dichos remedios no sólo no resultaban eficaces,
sino que estaban agravando las enfermedades. Como dejan sentir
sus palabras en varias ocasiones, la tradición galénica europea
pesaba en la visión que este tenía de la medicina, por lo que optó
finalmente por ser él mismo quien se empleara en buscar una
solución y cerró la puerta a todos los curanderos que quisieron
ayudar. El fraile omite la forma en que lo curó justificándose en
que su método fue “raro y muy largo de contar”25. En su Relación,
Martí simplemente da cuenta de las bebidas que continuamente
les ofrecía: o bien chocolate, o bien atole, una bebida prehispánica
Juan Esteva. “La farmacia, comercio y ciencia. Monardes y Hernández
como ejemplo”. Offarm Vol 25 11 (2006) 70-72. Véase también Pardo, José.
“Saberes y prácticas médicas en Nueva España. Textos objetos e imágenes
(siglos XVI y XVII) Una propuesta de investigación”. (2010) 15.
24
Véase como ejemplo Estela Roselló. “El saber médico de las curanderas
novohispanas: un nicho femenino dentro del pluralismo médico del imperio
español”, Studia Historia: Historia Moderna vol. 40 2 (2018), 177-196.
25
Juan Martí, Relación muy importante, 738.
23

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�Caminos de ida y vuelta

que consistía en una cocción de maíz, y que era condimentada
con diferentes especias o aromatizantes.
Blas Domingo, que se encontraba estudiando Teología, y
Blas García, el religioso lego que los acompañaba, fueron quienes
en un principio cayeron más gravemente enfermos. El primero tenía
episodios que “le sacaban de juicio”. Estos episodios llegaban a tal
punto que incluso aunque se cayese de la cama, no se despertaba.
Blas García, según explica Martí, también quedaba “tan insulso
como un tronco y sin discurso ni memoria”26. Posteriormente, tras
salir de Chiquimula, en Guatemala, Juan Bautista Martínez sufrió
también un importante lance: la inflamación de la parótida. La
dolencia fue complicándose con los días, hasta el punto de no
poder comer ni tampoco beber. Sus compañeros incluso lo dieron
por muerto, señalando:
“Ni se le entendía lo que hablaba por habérsele cerrado los
dientes. Y llegándole a visitar una noche […] sólo algunos
gemidos podía dar cuando le iba tentando y probando la parótida
con los dedos, por ver si estaba madura. Reconocí que lo estaba
porque salían las materias por el oído […] Y la segunda vez
que le curé, fue tanta la materia que salió que -después de haber
empapado dos servilletas y todos los paños con que los había
amarrado, - salió como unas porcelanas de materias”27.

Las enfermedades más habituales asociadas con estas glándulas
salivales que se encuentran delante de las orejas eran las paperas,
los tumores, o la parotiditis bacteriana que era una infección de
26
27

Juan Martí, Relación muy importante, 736.
Juan Martí, Relación muy importante, 747.

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uno de los lados, y que es probablemente lo que sufrió Bautista
Martínez28. Martí le expurgó el pus convirtiéndose él mismo en
cirujano. El fraile explica detalladamente la forma en que lo
hizo: cogiendo un cuchillo pequeño, lo metió con fuerza por
la parte más blanda de la parótida hasta que la consiguió abrir.
Según explica, la herida era muy grande por lo que la almohada,
la cama y el hábito se llenaron de sangre y postemas. Una vez
abierto paso a curársela. Para ello utilizó resina “de la que
estilan los troncos de los pinos” y una yema de huevo con lo que
hizo un “digestivo” con el que fue mojando el clavo y las hilas
que puso en las heridas junto con muchos paños y pañuelos.
Martínez quedó aliviado durante esa noche, pero cuando llegó
al convento de Guatemala de nuevo empeoró. Según cuenta
él mismo, había procurado tener la boca de la herida abierta
metiéndole los clavos de hilas dentro de la postema – lesión en
la boca, porque lo había visto hacer previamente. Sin embargo,
cuando el enfermero del convento lo vio, decidió cerrar la
herida al parecerle muy grande. Como consecuencia la fiebre
aumentó poniendo la vida de Martínez en serio peligro. Ante
esta situación llamaron de urgencia al cirujano de la ciudad que
le abrió de nuevo la boca con hierro para que saliesen todas
La parotiditis bacteriana está causada por la obstrucción de los conductos
salivares. Al contrario que con las paperas que es un proceso inflamatorio,
aparece de forma unilateral especialmente en adultos y con secreciones espesas y proclives a formar cálculos que obstruyen los conductos. Enrique Laval
“Anotaciones sobre la parotiditis epidémica (“paperas”)”, Revista chilena de
infectología vol 22 3 (2005), 282-284.
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las materias y se evitara la subida de fiebre. El fraile mejoró,
aunque la recuperación fue lenta29.
No ocurrió lo mismo con otros de sus compañeros. Blas
García quedó lisiado y casi tullido en la mitad de su cuerpo a
pesar de los intentos de su compañero. Además, quedó afectado
de la vista, y aunque no la perdió del todo, sólo percibía bultos
sin forma. En Guatemala le trataron con nuevas medicinas
que mejoraron su salud, aunque las fiebres – específicamente
cuartanas, que eran calenturas de origen palúdico–, le duraron
dos años 30. Prácticamente todos ellos padecieron fiebre, aunque
según explica Juan Martí, las más peligrosas fueron las que sufrió
el padre Jaime Tarín31.
El aragonés Blas Domingo quedó en un primer momento
en Chiquimula asistido por los criados y la familia del alcalde
mayor ya que necesitaba atención continua porque se caía
continuamente de la cama sin por ello quejarse o percatarse de que
se encontraba en el suelo tirado. Sin embargo, al poco tiempo, por
deseo personal, continuó camino para alcanzar a sus compañeros.
En su caso, a pesar de ser tratado en el convento de la orden en
Guatemala con “muchas bebidas frescas y cordiales de precio,
porque los ardores y fuego interior le abrasaban las entrañas”32,
Archivo-Biblioteca Provincial Franciscano (en adelante ABPF), Fondo
Oriental, 42/7, fols. 45-45v.
30
Juan Martí, Relación muy importante, 753.
31
Juan Martí, Relación muy importante, 757.
32
Juan Martí, Relación muy importante, 755.
29

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los médicos no pudieron hacer nada por él y acabó muriendo en
dicho convento a principios de noviembre de 1669.
Por su parte, Fray Juan de Jesús, llegó al convento de
San Francisco de Guatemala ya muy débil y agonizando. Con el
cuerpo lleno de llagas del tamaño de una mano producidas por
los piojos, el fraile fue trasladado a la enfermería del convento,
pero nada se pudo hacer por él y acabó muriendo también ese
mismo año. Sus muertes llevarían a la incorporación de nuevos
misioneros de origen americano a la misión en China: Miguel
Pérez y Pedro de la Piñuela.
Además de las bacterias y virus que atacaron a los
viajeros, las caídas fueron otra causa habitual de lesiones.
Especialmente en las regiones más montañosas, los religiosos
dan cuenta de numerosos accidentes y caídas de pies o de cabeza
de los caballos, lo que les afectó notablemente cuando estaban
postrados en las hamacas y carecían de movilidad. Juan de Jesús,
del que acabamos de referir su muerte, sufrió una fuerte caída
que le dejó levemente impedido por el resto de su vida33. Como
los religiosos explican en sus cartas, el viaje a caballo también
resultaba molesto. En la travesía desde Guatemala a México, los
frailes hacían jornadas diarias de más de seis horas a caballo, lo
que sin duda no era del agrado de ninguno de los religiosos:
“Yo [Martí] llegué a estar muchas veces como impedido,
porque los nervios y los huesos (con la continuación de tanto
33

Juan Martí, Relación muy importante, 748.

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ir en caballo) se entumecieron […] en tocando a leva nuestro
comisario, se me erizaban los cabellos y se me quitaba la gana
de beber chocolate”34.

El cansancio y los dolores generaron agrias quejas contra el
comisario, quien buscaba acelerar el viaje lo máximo posible.
Ibáñez temía que Caballero, que era el único misionero franciscano
que permanecía en China, muriese en su ausencia. Más allá del
pesar que eso le podía suponer a nivel personal, el fraile era muy
consciente de las dificultades que ello acarrearía a todo el grupo.
Caballero no era únicamente un referente dentro de la misión
China por su conocimiento del territorio, sino que en la práctica
era quien les podía permitir la entrada en el imperio chino. Los
religiosos que habían ganado el pulso a las enfermedades debían
a continuación proseguir con fuerza para llegar hasta las islas
Filipinas. Para ello, debieron también lidiar con cuestiones más
mundanas pero no por ello menos importantes: la búsqueda de su
sustento y manutención.
Gestión práctica y negocios en la corte virreinal
Si bien la primera dificultad que debían enfrentar los viajeros
eran los elementos naturales, otro de los grandes retos que debió
superar este grupo de religiosos eran los negocios temporales
de la misión. Los franciscanos viajaban a cuenta del rey, que les
proveía el avío. Sin embargo, eran ellos quienes debían hacer las
34

Juan Martí, Relación muy importante, 766.

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�Marina Torres Trimállez

gestiones necesarias con los oficiales reales para que los favores
del monarca surtieran efecto.
Durante el viaje que hicieron los frailes a través de
Honduras, Guatemala y México, lo habitual fue que el comisario,
Buenaventura Ibáñez se adelantara y que posteriormente le
siguieran el resto de los miembros de la misión. Con él iba Ignacio
Rosado, que lo acompañó a hacer las visitas a los oficiales reales
y a las personalidades del lugar. A pesar de que los oficiales de
la Real Hacienda de Guatemala no estaban acostumbrados a
arreglar avíos hacia México, sino a la inversa, los misioneros no
encontraron grandes dificultades para arreglar dichos despachos.
Su presidente, que también era el gobernador de Guatemala,
Sebastián Álvarez Alfonso (1609-1673), fue un importante
apoyo para que el viaje siguiese adelante35. El gobernador ordenó
que se les proporcionase dos hombres para conducirlos por los
caminos, las mulas, y además añadieron “bizcocho, vino, caxetas
y chocolate fue abundantísimo […] calzones de estameña,
medias, zapatos, espuelas, cojinetes, botines […] y dos zorrones
de cacao”36.
Ya en México, sin embargo, las gestiones fueron más
complicadas. Buenaventura Ibáñez salía cada mañana desde
Agustín de las Cuevas – el lugar donde decidieron permanecer
Domingo Juarros, Compendio de historia de la ciudad de Guatemala
(Guatemala: Editorial Piedra Santa, 1981): 261-262.
36
Juan Martí, Relación muy importante, 762. Las cajetas, nombre utilizado
en México, es un dulce de leche de cabra. El bizcocho era un tipo de pan.
35

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con permiso del provincial de San Diego– a la ciudad de México
para gestionar los despachos. El fraile presentó las cédulas que
había negociado en Madrid. En ellas la reina Mariana de Austria
(1634-1696), que estaba al frente de la Corona en nombre de su
hijo Carlos, había concedido a los franciscanos un subsidio anual
de 150 pesos a cada fraile37. En un primer momento se había
propuesto que el dinero saliese de las arcas de la ciudad de Sevilla,
pero finalmente se decidió que se librase de la Caja de México38.
Según órdenes de la reina, el dinero debía enviarse desde Nueva
España a Filipinas, junto al situado, bajo la autorización del
virrey de Nueva España. A este se le pedía que socorriese a los
misioneros pero que fuera él quien decidiera la cantidad y el
tiempo, y que el dinero saliera “de efectos extraordinarios, que no
salgan de la Real Hazienda”39. Fue precisamente en este último
aspecto donde aparecieron las dificultades.
Según discurrieron en Nueva España, si los pesos debían
salir de los efectos extraordinarios que llegaban a la real hacienda,
y no de las rentas fijas que se recaudaban en las arcas reales, el
favor concedido no podría durar en el tiempo, ya que los ingresos
extraordinarios, eran lógicamente discontinuos. Además,
suponiendo incluso que los ingresos extraordinarios acabaran
siendo fijos, había una larga lista de interesados que luchaban por
Cédula de 14 de enero de 1669. Torres Trimállez, “Ganar voluntades”, 10.
Archivo General de Indias (en adelante AGI), Consulta sobre pagar en
México a franciscanos de China, 3 diciembre 1668. Filipinas 2, N. 264.
39
Torres Trimállez, “Ganar voluntades”, 11.
37
38

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conseguir su parte del botín, por lo que el comisario fue advertido
rápidamente de que ese socorro no llegaría fácilmente por la vía
señalada. De esta forma, cuando el Virrey y la Real Audiencia
consultaron con el contador y oficiales de la caja real la posibilidad
de librar ese dinero para los franciscanos, la respuesta que estos
les dieron fue que no había plata. A pesar del inicial desasosiego
de Ibáñez, el propio contador mayor, Francisco Gaona, devoto
de la orden franciscana, advirtió al seráfico de la existencia de
una renta fija que no se daba por real hacienda y que contaba con
mucha plata: el señoreaje40. Este ingreso real era percibido por
el rey por la fabricación de moneda, de tal forma que al poner el
sello en las barras de plata, el rey recibía una porción.
Con esa información, el comisario escribió un memorial
de súplica a la reina, incluyendo además dos cédulas de época de
Felipe II y de Felipe III en que concedían merced a particulares
con base en este ingreso, por lo que el fiscal real no podía contarlos
por extravíos. Tras varios despachos y consultas con el virrey, la
junta, y el fiscal, finalmente se concedió a Ibáñez lo que pedía:
“[…] habiendo visto la pretensión del padre Fray Buenaventura
Ibáñez comisario apostólico de la gran china sobre que se le
Buenaventura Ibáñez, Relación autobiográfica del P. Buenaventura Ibáñez y de los trabajos apostólicos del Padre Fray Antonio de Santa María.
Cantón, año de 1688. En Alcobendas, Severiano. Las misiones franciscanas en
China: Cartas, informes y relaciones del padre Buenaventura Ibáñez (16501690). Con introducción, notas y apéndices, por el R.P. Fr. Severiano Alcobendas (Madrid: Bibliotheca Hispana Missionum V., Estanislao Maestre, 1933):
219-220.
40

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sitúe la cantidad para el sustento de los religiosos que pasan a
ella se resolvió que desde luego se le situé a dicho padre fray
Buenaventura Ibáñez y a sus ocho compañeros por estipendio
y en congrua a razón de 1500 pesos cada año por tiempo de
cinco años en el efecto y ramo del señoreaje de la casa de la
moneda”. 41

Ahora sí, el comisario pudo estar tranquilo. Los franciscanos
españoles pertenecían a la orden de los frailes menores, y
específicamente a la rama de los descalzos, profesando de forma
especial el voto de pobreza. A pesar de que el rey era quien
costeaba los gastos básicos del transporte, los misioneros vivían a
base limosnas para otro tipo de gastos. Así, el cirujano que operó a
Fray Juan de Jesús no les cobró y se lo donó a los religiosos como
limosna. Los oficiales reales de México y Guatemala decidieron
también darles todas las mulas con las que habían viajado, y que
les sirvieron después para realizar su viaje a Acapulco. Sus propios
compañeros del convento de Oaxaca, donde permanecieron seis
días les hicieron también pequeños regalos como chocolate, o
rosarios de palo de áloe, una madera olorosa que se solía utilizar
como perfumador, y que los españoles aceptaron con gusto42.
Además, en su viaje hasta la ciudad de México fue habitual que en
los pueblos les diesen la comida a precios más bajos. Igualmente,
tanto Ibáñez como Fray Ignacio Rosado se emplearon también
en entrevistarse con personas graves de las ciudades por donde
AGI, Carta del virrey Antonio Sebastián de Toledo, marqués de Mancera,
3 diciembre 1668. México 45 N.10, fol 13r.
42
Juan Martí, Relación muy importante, 774.
41

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pasaron para solicitar limosnas. Según explica Juan Martí en
su Relación, los dos primeros meses que pasaron en México se
dedicaron a solicitar ayuda de los devotos para que les diesen pan,
carne, y pescado el tiempo que allí tuviesen que permanecer43. El
dinero se empleó también en adecentar las casas de San Agustín de
las Cuevas, el hospicio donde pasaron la mayor parte del tiempo a
espera de la nao de Filipinas. Se compraron mesas, sillas, camas,
todo tipo de alhajas de cocina y para el refectorio, y retablos para
adecentar la iglesia44.
Aunque Ibáñez era el superior, y por tanto quien tomaba
las decisiones, dentro del grupo de los que iban por detrás,
también sobresalió uno que solía ejercer de líder. Este era quien se
encargaba de enviar recados a los lugares aledaños para prevenir
la llegada del resto del grupo. En la práctica, este papel lo acabó
ejerciendo quien estaba en mejores condiciones de salud. Ese
fue el caso de Juan Martí, quien se encargó de este tipo de labor
porque se mantuvo más fuerte en la primera etapa de la travesía
a través de Honduras y Guatemala. Debido a la falta de dinero en
metálico, el fraile optó por escribir vales que hacían la función de
monedas que luego servían de carta de pago a sus cobradores en
las cajas de la Corona. Como él explica:
“Y así como si fuera oficial real, daba mis vales y despachaba
mandamientos para la gente que había menester para proseguir
nuestro viaje, pidiendo candelas, aves y todo lo necesario para
43
44

Juan Martí, Relación muy importante, 776.
Juan Martí, Relación muy importante, 775.

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el avío, así de sustento como cabalgaduras de carga y silla […]
Y así rodaba todo: caxetas, chocolate y plata”45.

Esta tarea no la ejercía solo, sino que contaba con la ayuda de
las personas del lugar que servían de apoyo para sacar adelante
la misión. Así, por ejemplo, el alcalde mayor de Chiquimula
Francisco de Castro fue un apoyo fundamental en su etapa en
Guatemala. El canario hizo varias peticiones de indios para ayudar
a cargar a los enfermos en las hamacas, se encargó de la gestión
de las mulas y su mantenimiento, y previno a los demás alcaldes
mayores de la región de la forma en que iban los religiosos y
sus condiciones de salud para recibirlos de forma apropiada46.
Además, Castro les dio a su alguacil mayor y a un criado para
que les enseñasen los caminos y los lugares donde debían ir
parando. Más aún, les proporcionó una cocinera, Catalina, que
sin duda fue una pieza esencial en este viaje47. A Catalina se le
asignó normalmente uno de los mejores caballos para que se
adelantase y pudiese llegar a tiempo a la venta y comprar los
productos para las comidas. Contaba también con seis indios
de carga que transportaban todos los aparejos de la cocina48. El
alcalde mexicano “de casta cacique” de San Miguel de Petaca,
en la archidiócesis de Guatemala, también les dio una singular
acogida. El fraile describe así al gobernante:
45
46
47
48

Juan Martí, Relación muy importante, 746.
Juan Martí, Relación muy importante, 741.
Juan Martí, Relación muy importante, 744.
Juan Martí, Relación muy importante, 745.

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“Y así, donde estaba este indio, no hacía yo falta ni tenía que
prevenir para el siguiente y su jornada cosa alguna; porque a la
hora señalada estaba todo a punto; y él en persona, con todo el
acompañamiento que pudo, nos fue acompañando […]”49.

Los frailes también reconocen en sus escritos la gran ayuda
que les proporcionó un mayordomo del obispo Juan de Santo
Matía Sáenz de Mañozca y Murillo (1611-1675), sacerdote
mexicano que en aquellos momentos era el obispo de Santiago
de Guatemala50. Los franciscanos le estuvieron especialmente
agradecidos por el mando que dicho mayordomo tenía sobre los
indios y que, según ellos mismos reconocen, les sacó de muchos
aprietos51. Para evitar riñas con los nativos, cada uno de los grupos
de indios tenía asignado un “cabecilla de confianza que no fuera
indio”52. La apreciación no es menor, teniendo en cuenta que el
grupo normalmente lo componían unas 200 personas, la mayoría
indios53.
Reflexión final
Fue en definitiva el viaje de estos religiosos, una travesía muy
dura a nivel físico. El comisario Ibáñez, que había escapado
milagrosamente de los padecimientos que habían alcanzado a
Juan Martí, Relación muy importante, 750.
Francisco Zambrano, Diccionario Bio-Bibliográfico de la Compañía de
Jesús en México. Tomo XIII. Siglo XVII (1600-1699), (México: Editorial Tradición, 1974): 80-129
51
Juan Martí, Relación muy importante, 744.
52
Juan Martí, Relación muy importante, 745.
53
Juan Martí, Relación muy importante, 745.
49
50

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sus compañeros, no se libró sin embargo de problemas de otro
tipo, como eran los burocráticos. A pesar de que el fraile había
salido de Roma y de Madrid convencido de haber conseguido
un sustento anual para el mantenimiento de los misioneros en
China, este peligró cuando llegó la hora de cobrarlo de la caja de
México. América supuso un punto de inflexión.
Fueron las gestiones en la corte virreinal, la que en la
práctica permitieron al comisario franciscano conseguir el tan
ansiado estipendio anual concedido en la corte de Madrid.
Además, fue en territorio americano donde fallecieron
dos de los ministros que habían sido elegidos para evangelizar en
China, con un tercero que pereció en el viaje transpacífico. Sus
fallecimientos llevaron al comisario a solicitar nuevos efectivos,
esta vez de la provincia de San Diego de México, que se
convirtieron en importantes figuras dentro de la orden franciscana
en China: Pedro de la Piñuela y Miguel Pérez54. Este grupo final de
misioneros luego conformarían el germen de la nueva expansión
de los franciscanos en China durante las primeras décadas del
siglo XVIII.
Aunque son necesarios nuevos estudios para determinar
las vías concretas de comunicación, la frecuencia, y el tipo de
relaciones que se establecieron entre los misioneros en China,
y los devotos en Nueva España, se puede afirmar que este viaje
fue el inicio de la conexión de los franciscanos en China con los
54

Buenaventura Ibáñez, Relación autobiográfica, 220.

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devotos mexicanos. No sólo las limosnas que les proporcionaron
fueron claves para sacar adelante la misión comandada por
Ibáñez, sino que Agustín de las Cuevas, que fue reformado por
ellos, quedaría establecido como punto de paso para los futuros
grupos de misioneros que pasarían al imperio chino.
Este camino de ida hacia China era en realidad un camino
de vuelta. Ibáñez había comenzado su periplo en Shandong, en
el norte de China, y el viaje había sido pensado y diseñado en
territorio chino. Las necesidades que se produjeron en el campo
de misión fueron las que determinaron el tipo de gestión que hubo
de realizar Ibáñez en las cortes europeas, y el tipo de misionero
que se eligió en España. Así, se pidió explícitamente misioneros
dispuestos a aprender la tan complicada lengua china. Y fue
en América donde los elegidos tomaron sus primeras clases de
mandarín. Desde Asia, y en concreto Filipinas, es desde donde
llegaron las noticias más importantes para los nuevos misioneros.
Reunidos una tarde en Acapulco con Fray Pedro Torrenueva, Fray
Antonio Godines y Fray Antonio de Arpide, recién llegados en el
galeón de Manila, los religiosos conocieron la muerte de Antonio
de Santa María Caballero. Y fue en ese momento, cuando Ibáñez
fue consciente de que comenzaba, ahora sí, una etapa nueva para
la orden franciscana en China.
Archivos consultados
Archivo General de Indias, Sevilla
Archivo-Biblioteca Provincial Franciscano, Madrid
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Cartas, informes y relaciones del padre Buenaventura
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�Inmigrantes de Zhangzhou entre China y España:
conversaciones diplomáticas sobre el incidente
de 1603 en Manila
Zhangzhou Immigrants between China and Spain: Diplomatic
Conversations Concerning the 1603 Incident in Manila
Xiaolin Duan
North Carolina State University
Raleigh, Estados Unidos

https://orcid.org/0000-0002-0825-6487
Recibido: 20 de marzo de 2024
Aceptado: 29 de abril de 2024

Resumen: A partir de 1573, con la fundación de Manila, la circulación
de mercancías chinas por la ruta transpacífica puso en contacto a la
dinastía Ming y al Imperio español. En consecuencia, muchas personas
de la provincia de Fujian, especialmente de la ciudad de Zhangzhou,
fueron a Manila y facilitaron el funcionamiento de la ciudad. Este trabajo
examina las interacciones de los inmigrantes de Zhangzhou en Manila,
centrándose en sus funciones y situaciones vitales en Parián, el barrio
designado para los sangleys. En particular, se analiza la conversación
diplomática relativa al Incidente de 1603 para dilucidar cómo percibían
a los sangleys tanto la corte Ming como los gobernadores españoles.
Los registros elaborados por las élites chinas, los nomenclátores locales
y la correspondencia española revelan los conflictos y negociaciones
entre el gobierno Ming y los funcionarios del Imperio español en torno
a este asunto, así como las diferencias de puntos de vista locales y
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�Zhangzhou Immigrants

estatales. Aunque las contribuciones de los sangleys fueron reconocidas
y utilizadas para promover la superioridad moral de ambos bandos, ni
la corte china ni el gobierno español las tuvieron seriamente en cuenta.
Los sangleyes ofrecen una perspectiva única del posicionamiento de
estas dos potencias estatales: Cada uno deseaba mantener una relación
pacífica, pero al mismo tiempo adoptaron una postura cautelosa. Este
estudio ilumina algunas de las conexiones y conflictos que surgieron
durante la globalización temprana.
Palabras clave: China Ming, España, Manila, Zhangzhou, Sangleys
Abstract: Starting in 1573 with the establishment of Manila, the
circulation of Chinese goods along the trans-Pacific route brought the
Ming Dynasty and the Spanish Empire into contact. Consequently,
many people from Fujian Province, especially Zhangzhou city, went
to Manila and facilitated the operation of the city. This paper examines
the interactions of Zhangzhou immigrants in Manila, focusing their
roles and living situations in Parián, the designated neighborhood for
the Sangleys. In particular, the diplomatic conversation concerning the
1603 Incident is analyzed to elucidate how the Sangleys were perceived
by both the Ming court and the Spanish governors. Records produced
by Chinese elites, local gazetteers, and Spanish correspondence reveal
the conflicts and negotiations between the Ming government and
officials of the Spanish Empire concerning this matter, as well as local
and state differences in views. While the contributions of the Sangleys
were recognized and used to promote the moral superiority of both
sides, they were not seriously considered by either the Chinese court
or the Spanish government. The Sangleys offer a unique perspective
on the positioning of these two state powers: Each desired to maintain
a peaceful relationship yet simultaneously adopted a cautious stance.
This study illuminates some of the connections and conflicts which
emerged during early modern globalization.
Keywords: Ming China, Spain, Manila, Zhangzhou, Sangleys

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�Xiaolin Duan

Starting in 1573 with the establishment of Manila, the circulation
of Chinese goods along the trans-Pacific route brought the Ming
Dynasty and the Spanish Empire into contact. As trade between
Fujian and Manila and then to colonial Mexico increased, more
Chinese merchants moved to and sojourned in the Philippines.
While trade between Ming China and the Spanish Empire was
highly influential in the early modern global market, direct
contact between the two states was mostly facilitated by Chinese
immigrants, known as the Sangleys.
Historians have extensively studied the connections
between Fujian province during the Ming dynasty and the
Philippines. Quan Hansheng highlighted how trade between
China and New Spain boosted revenue in Zhangzhou during
the final decades of the Ming Dynasty.1 William Schurz, along
with recent Latin American history scholars, such as Arturo
Giráldez, have underscored the scope and significant influence of
the China-New Spain trade, particularly focusing on its impacts
on Manila.2 Scholars like Lucille Chia, Tatiana Seijas, and
Quan Han-sheng 全汉昇, “Mingji Zhongguo yu Feilvbin de maoyi 明季
中國與菲律賓的貿易 [Trade between China and the Philippines during the
Late Ming]”, Zhongguo jindai jingjishi luncong 中國近代經濟史論叢 (Taipei: Daohe Chubanshe, 1996), 417–434. Also see Quan Han-sheng, “Zi Mingji
zhi Qing zhongye Xishu Meizhou de Zhongguo sihuo maoyi 自明季至清中
葉西屬美洲的中國絲貨貿易 [Trade of Chinese silk to Spanish America from
the Late Ming to Mid-Qing]”, Zhongguo wenhua yanjiu suo xuebao, 4, no. 2
(December 1971), 345–69.
2
William Lytle Schurz, The Manila Galleon (New York: E.P. Dutton, 1939).
Arturo Giráldez, The Age of Trade: The Manila Galleons and the Dawn of the
Global Economy (Lanham, MD: Rowman &amp; Littlefield, 2015).
1

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�Zhangzhou Immigrants

Edward R. Slack have specifically examined the contributions of
Asian laborers to the Spanish empire.3 Others have delved into
specific commodities, such as porcelain and silk, exploring their
production, transportation, and market presence in Zhangzhou.4
However, scholars have yet to fully address how these immigrants
factored into the diplomatic dialogue between China and Spain.
This paper investigates the roles and living situations of
Zhangzhou immigrants in Manila. In particular, I examine a case
study of diplomatic communications following the 1603 Incident to
elucidate how the Sangleys were perceived by both the Ming court
and the Spanish governors. Diplomatic negotiations and domestic
discussion surrounding the massacre (or uprising, depending on
Edward Slack, “New Perspectives on Manila’s Chinese Community at
the Turn of the Eighteenth Century: The Forgotten Case of Pedro Barredo
Alcalde Mayor of the Parián 1701–1704”, Journal of Chinese Overseas, 17
(2021): 117-146. Edward Slack, “Orientalizing New Spain: Perspectives on
Asian Influence in Colonial Mexico”, México y la Cuenca del Pacífico (2012):
97-127. Lucille Chia, “The Butcher, the Baker, and the Carpenter: Chinese
Sojourners in the Spanish Philippines and Their Impact on Southern Fujian
(Sixteenth-Eighteenth Centuries)”, Journal of the Economic and Social History of the Orient 49, no. 4 (2006): 509–34. Tatiana Seijas, Asian Slaves in Colonial Mexico: From Chinos to Indians (New York, NY: Cambridge University
Press, 2014).
4
For examples, see Meha Priyadarshini, Chinese Porcelain in Colonial
Mexico: The Material Worlds of an Early Modern Trade (Cham, Switzerland:
Palgrave Macmillan, 2018). José Luis Gasch-Tomás, “Asian Silk, Porcelain
and Material Culture in the Definition of Mexican and Andalusian Elites, c.
1565–1630”, in Global Goods and the Spanish Empire, 1492–1824: Circulation, Resistance and Diversity, edited by Bethany Aram and Bartolomé Yun
Casalilla (Houndmills: Palgrave Macmillan, 2014), 153–173. Xiaolin Duan,
An Object of Seduction: Chinese Silk in Trans-Pacific Trade, 1500–1700 (Lexington Books, 2022).
3

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which account we look at) of the Sangleys in 1603 reveals that,
while the contributions of the Sangleys were recognized and used to
promote the moral superiority of both sides, they were not seriously
considered by either the Chinese court or the Spanish government.
Examining these immigrants’ experiences in the context of the
conversations between these two states/empires, this study reveals
conflicts between local and state officials on both sides.
The following discussion starts with a historical review
of the involvement of Zhangzhou people in overseas trade as a
response to changing Ming policy on foreign trade; it then moves
to the construction and regulation of the Parián neighborhood of
Manila to showcase the Spanish policy towards foreigners. Finally,
I examine Chinese court letters and Spanish correspondence
circa 1605 which comment on the 1603 Sangley rebellion and
massacre. Most of the sources examined in this article are from
local Fujian gazetteers and Spanish correspondence, which I have
used cautiously due to potential biases.5
Developments among the Haicheng and Zhangzhou
immigrants
The Chinese had long known of and established contacts with
the Philippines, but official contact with the Ming court was
All the Spanish correspondence came from the 55 volumes of The Philippine Islands; many of these came from the AGI archive in Seville. These documents were from the Spanish perspective, and the selection and translation
of these documents was conducted in the USA.
5

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limited and restricted within the tributary system. Aside from
tribute transactions, the early Ming government forbade all
privately-operated foreign trade. Nevertheless, smugglers were
always active, despite repeatedly issued bans. The local scholar
Cao Lütai 曹履泰 (?–1648) recorded that people in the area of
Tongshan 铜山, near Zhangzhou, witnessed small ships coming
and going every day. These ships carried wine, pigs, and silk
textiles for pirates.6 The local military even assisted merchant
smugglers to avoid conflicts and obtain profits. Feng Zhang 馮
璋 (ca. 1538), in his Tongfan boyi 通番舶議 (Discussion on ships
that connect with foreigners), recorded that people in Quanzhou
and Zhangzhou were always in pursuit of profits by smuggling
with foreigners. Even if some suffered banishment by the army or
were sentenced to death, others continued to build ships and sail
overseas. They continually smuggled and were fearless.7
In 1567, in response to constant petitions from Fujian local
officials, the government finally begin to license a limited number
of junks to trade legally in Southeast Asia.8 Zhangzhou was placed
on a very short list of cities for which foreign trade was allowed.
Among the different Fujian port cities, the people of Zhangzhou
Zeng lütai曹履泰, Jinghai jilue 靖海紀略 [Record on Pacifying the Sea]
(CTEXT edition), 2.16a.
7
Feng Zhang 馮璋, “Tongfan boyi 通番舶議 [On Allowing Visits by Foreign Trading Ships]”, In Huang Ming jingshi wenbian, juan 280, 1.18b–19a.
8
Xu Fuyuan 許孚遠, “Shutong haijin shu 疏通海禁疏 [Memorial in Requesting to Open and Ocean Trade Ban]”, in Chen Zilong 陳子龍, Huang Ming
jingshi wenbian 皇明經世文編 (Beijing: Zhonghua Shuju), 400.640–643.
6

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were especially outstanding for their overseas trade connections.
Lacking other resources, Fujian locals had a stronger motivation
to rely on foreign trade. Lucille Chia’s examination of Quanzhou
and Zhangzhou genealogies revealed stronger connections to
Manila than other ports of China.9
Zhangzhou’s involvement with overseas trade led to the
establishment of a new county next to the delta of the Jiulong River.
The new county was named Haicheng, meaning “Ocean Clear” in
1566. The harbor of Haicheng (Yuegang) soon developed rapidly
due to foreign trade, and consequently, the local people’s vision
expanded and became more outward-looking. The magistrate of
Haicheng appointed the Zhangzhou local literatus Zhang Xie 张燮
(1574–1640) to write a book detailing the situation between Guiyu
Island and the outer sea. Zhang Xie went beyond his commission and
wrote Dong Xi yang kao 東西洋考 (Investigations on the East and
West Oceans), providing a complete account of foreign countries
and the tax system for foreign trade, as well as a textual sailing map
from Haicheng to Southeast Asia. In the preface of the book, he
addressed Haicheng as a water country, saying that in Haicheng,
going abroad was as common as going to the market. The food and
goods people enjoyed came from abroad and the ocean. Translators
and people who knew foreign languages were everywhere.10
Several characteristics made Zhangzhou people suitable
for overseas trading. Firstly, as mentioned above, Zhangzhou did
9
10

Chia, “The Butcher, the Baker, and the Carpenter”.
Zhang Xie 張燮, Dong Xi yang kao (Beijing: Zhonghua Shuju, 1981), 15.

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not have much farmable land, so the locals had to find another
means of living. Trading in foreign markets was their best hope
for productivity. As Xu Fuyuan 許孚遠 (1535–1604) wrote:
Fujian always relied on overseas trade. Fuzhou, Quanzhou,
and Zhangzhou are located next to mountains and seas; these
regions do not have enough farming land, so people cannot
obtain enough clothing and food without maritime trade. The
local people enjoy sailing overseas and do not care much about
their lives—this is their social custom, and at Zhangzhou this is
especially the case.11

Overseas trade was important for revenue income in Haicheng.
Secondly, Zhangzhou people were known for their
superb sailing skills. In 1534, when Chen Kan 陈侃 went to
Liuqiu 琉球 (today’s Taiwan) to appoint local governors, the
sailors employed on the boat were all from Zhangzhou. Chen
thus commented, “Zhangzhou people make their living on the
sea; they learn how to sail early and do not stop, even when
they are old. They accept the turbulence of the ocean waves just
like leisurely moments.”12 The local gazetteer of Zhangzhou
also described how local people observed and calculated tidal
changes during the year.13
Xu, “Shutong haijin shu”.
Chen Kan 陈侃, “Shishi jilue 使事紀略 [A Brief Account of the Envoy
Business]”, Shi Liuqiu lu 使琉球錄 [Record of Visiting Taiwan] (CTEXT edition), 13a.
13
Zhang, Dong Xi yang kao, 9.19a–21a (Beijing: Zhonghua shuju, 1981),
190-91.
11

12

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Thirdly, Zhangzhou people were excellent craftsmen. The
local elite He Qiaoyuan 何喬遠 (1558–1632) commented that
they were clever and good at copying things.14 Textiles from both
the North and South were counterfeited in Zhangzhou. As these
were the primary goods on the westbound Manila galleons, textiles
were Zhangzhou’s most important manufactured products. Most
of these products were made of silk, but cotton and other coarse
cloth types were also used. In the sixteenth century, the people of
Zhangzhou started to specialize in weaving velvet for the export
market.15 As early as the Song dynasty, the people of Zhangzhou
were known for making a light cloth made from the fibers of the
kapok tree or maybe an earlier version of cotton, called jibeibu 吉貝
布.16 A sub-county, Longxi 龍溪, contributed almost sixty percent
of the weavers who moved to the Philippines and more than half of
the rattan weavers.17 Zhangzhou additionally produced lacquered
boxes, fans, and porcelain that were transported overseas, and
the area was also known for producing lower-quality ceramics,
He Qiaoyuan 何喬遠, Jingshan quanji 鏡山全集, 674.
Angela Sheng, “Why Velvet? Localized Textile Innovation in Ming China”, In Schäfer, Riello, and Molà, eds., Threads of Global Desire: Silk in the
Pre-modern World (Boydell Press, 2019), 49–74.
16
Hao Yulin 郝玉麟, Lu Zhao 盧焯, Xie Decheng 謝德承, and Liu Jingyu
劉敬與, eds., Fujian tongzhi 福建通志 [Gazetteer of Fujian], 59.49b. See Guillermo Ruiz Stovel, “Chinese Shipping and Merchant Networks at the Edge of
the Spanish Pacific: The Minnan-Manila Trade, 1680–1840”, Ph.D. Dissertation, UCLA, 2019, 412. Fan Zhengmin 范正敏, Dunzhai xianlan 遯齋閒覽
[Leisurely Reading at a Hermit’s Hut] (CTEXT edition), “Zhengwu 證誤”.
17
Ruiz-Stovel, “Chinese Shipping and Merchant Networks at the Edge of
the Spanish Pacific”, 141.
14
15

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a more affordable option for overseas customers who longed for
Chinese ceramics.18
The seaward orientation of Zhangzhou was recognized
and cherished as their tradition by local elites. These scholars
listed the benefits brought by its expansion. Zhou Qiyuan 周啟元
once said, “The money made from the foreign trade could easily
reach several hundreds of thousands and replenish the private
treasury of the emperor.” A benefit of opening Yuegang, according
to Zhou, would be to “display the same power as the Han Dynasty
without sending troops and spending money, and to enjoy a
commercial network like that which the Tang and Song Dynasties
developed without the danger of information security leaks.”19
The economic benefits and expanding their influence over Asia
were two reasons to support overseas trade. Zhou also mentioned
the benefit of keeping mainly a commercial connection, so that
border security could be maintained.
As a result, Haicheng became prosperous due to overseas
trade, and it became fashionable for people there to engage in
this line of business. Local people either invested money in the
business of sailing ships or adopted sons from low-income families
to send overseas when they grew up.20 The sailing business was
so appealing that all families wanted to find a way to participate.
Chia, “Ceramics for Everybody”, Presentation at the Association for Asian
Studies Annual Conference, 2023.
19
Zhou Qiyuan 周啟元, preface for Dong Xi yang kao東西洋考.
20
He Qiaoyuan 何喬遠, Min shu 閩書 [Book of Fujian], fengsu zhi juan 38
(Fujian Renmin Chubanshe, 1994).
18

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Many Zhangzhou families regularly sailed to Southeast Asia, and
some ended up sojourning in these port cities. According to William
Schultz, the number of ships that departed from Zhangzhou each
year was much higher than from any other seaport in China.21 One of
the most popular destinations for Zhangzhou merchants was Manila.
Parián and the Sangleys in Manila: The Spanish Policy
Concerning Foreigners
Chinese immigration to Manila trickled in the late sixteenth
century and later increased to several tens of thousands in the
seventeenth century. In 1573, the second Spanish governor of
the Philippines, Guido de Lavezaris (1512–1582), reported to
Philip II, “The Chinese have come here [to Manila] on trading
expeditions since our arrival...in greater numbers each year, and
with more ships.”22 In 1600, the Sangleys—Chinese immigrants
in the Philippines who lived permanently in Manila—reached
20,000. An even more substantial number sailed to Manila during
the trade season.23
Schultz, The Manila Galleon, 27, 71.
Edward Gaylord Bourne, The Philippine Islands, 1493-1898, Volume 36,
1649-1666 Explorations by Early Navigators, Descriptions of the Islands and
Their Peoples, Their History and Records of the Catholic Missions, As Related
in Contemporaneous Books and Manuscripts, Showing the Political, Economic, Commercial and Religious Conditions of Those Islands from Their Earliest Relations with European Nations to the Close of the Nineteenth Century.
Edited by Emma Helen Blair and James Alexander Robertson. of Project Gutenberg, 30350 (Project Gutenberg, 2009), 3.160.
23
Gitlin, Berglund, and Arenson, eds., Frontier Cities, 19–20. For more discussion on Chinese migrants in Manila, see Gebhardt, “Microhistory and Mi21
22

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These Sangley immigrants have been much discussed by
scholars, many of whom focused on Parián—the designated living
neighborhood for Chinese immigrants.24 Most of the documents
we have about buildings in Parián are from a report by Bishop
Domingo de Salazar to Phillip II and a published work of 1640 by
Fr. Diego Aduarte, Historia de la provincia del santo rosario de
la Orden de Predicadores en Filipinas Japon y China.25
The Sangleys and traveling Chinese played an essential role in
the operation of Manila. Those who stayed in the city included highly
specialized artisans as well as storekeepers, farmers, fishermen, and
domestic servants. These people worked for the foreign marketers to
provide everyday necessities.26 According to the government notary
Hernando Requel (b. 1498), the Chinese “brought specimens of many
kinds of goods peculiar to their country, to arrange prices at which
they can be sold—such as quicksilver, [gun] powder, pepper, fine
cinnamon, cloves, sugar, iron, copper, tin, brass, silks [and] textiles
crocosm”.
24
For example, see Shultz, The Manila Galleon. JE Borao, “The Massacre
of 1603 Chinese Perception of the Spanish in the Philippines”, Itinerario 22(1)
(1998): 22–40. Lee Yu-chung 李毓中, Ji Tiesheng 季鐵生, “Tuxiang yu lishi:
Xibanya guditu yu guhua chengxian Feilvbin huaren shenghuo (1571–1800) 圖
像與歷史：西班牙古地圖與古畫呈現菲律賓華人生活(1571-1800) [Image
and History: Chinese Life in the Philippines seen in Spanish Old Maps and
Paintings, 1571–1800]”, In Dijiu jie Zhongguo Haiyang fazhanshi lunwenji
第九屆中國海洋發展史論文集 [Collected articles from the ninth conference
on the History of Chinese Ocean Development], 437–477 (Taipei: Zhongyang
Yanjiuyuan Zhongshan Renwen Shehui Kexue Yanjiusuo, 2005).
25
See The Philippine Islands, volume 7 and volume 32.
26
The Philippine Islands, 27.130–1.
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of many kinds...[and] various kinds of crockery....”27 Similarly,
Santiago de Vera (in office, 1584–1590), the Governor-General of
the Philippines, conveyed to the king in 1587 his observations on
the Chinese merchants’ meticulous nature, noting their precision in
matching their goods with the capacity of the ships arriving at the
port, underscoring their strategic approach to trade.28
While appreciating the skills of Chinese immigrants, the
Spaniards exhibited a complex mixture of curiosity and insistence
on segregation, mandating that the Chinese reside within a specific
quarter for straightforward governance: “Officials of the Spanish
government in Manila had their preoccupied biases, as well as
lingering doubts concerning the Chinese merchants with whom
they conducted the daily business of commerce.”29 Historical
events, such as the 1574 attack by Limahong, exacerbated these
suspicions, prompting the establishment of a segregated Chinese
section. Such racial segregation despite economic collaboration
with Chinese intermediaries was not unique to European-managed
port cities; these were common practices, as seen also in Bantam
and Ayutthaya.30
The Philippine Islands, 3.219.
“Letter to Felipe II. Santiago de Vera; Manila, June 26, 1587”, The Philippine Islands, 6.297. “The Chinese are such careful merchants that they bring
goods in proportion to the vessels that come to the port”.
29
Shirley Fish, The Manila-Acapulco Galleons: The Treasure Ships of the
Pacific: With an Annotated List of the Transpacific Galleons 156–1815 (Central Milton Keynes, UK: AuthorHouse, 2012), 94.
30
Anthony Reid, Imperial Alchemy: Nationalism and Political Identity in
Southeast Asia (Cambridge, UK: Cambridge University Press, 2010), 56.
27
28

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In 1581, the colonial governors requested that all the
Chinese immigrants move to a specific quarter, a swampy and
unwelcoming area just outside the northeastern bounds of the
walled city. This neighborhood was designed to be within the
range of artillery and placed such that the Spaniards could closely
monitor the Chinese. Despite the challenging environment, the
Parián neighborhood was constructed relatively swiftly. The
Sangleys managed to drain the swampy land, elevate the soil
for the foundation, and lay out streets and blocks. Initially, most
structures were made of bamboo and nipa thatch, which were
later upgraded to more fire-resistant materials. To cope with
local flooding, buildings were constructed on raised platforms.
The Sangleys also built a pond, fed by the nearby Pasig River,
featuring a central island that added a scenic touch to the area.
A canal linking the pond and river facilitated the arrival and
unloading of small boats carrying goods.
Bishop Salazar described the physical appearance of
Parián in 1581, in great detail and with much admiration:
There are long passages, and the buildings are quadrangular
in shape. This Parián was also destroyed by fire on account of
the houses being built of reeds; but through the diligence of
the president and governor, Doctor Vera, much better houses
were built, and covered with tiles for protection against fire.
This Parián has so adorned the city that I do not hesitate to
affirm to your Majesty that no other known city in España
or in these regions possesses anything so well worth seeing
as this; for in it can be found the whole trade of China, with
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all kinds of goods and curious things which come from that
country...31

In the letter, the bishop further delved into the daily lives of
the Sangleys residing in the city and highlighted the benefits
extended to them by the Church. More crucially, he pointed out
how the Church’s involvement had fostered a positive perception
of the Spaniards among the foreign communities. The bishop
underscored the Church’s moral superiority and employed foreign
recognition as a way to affirm the eminence of the Spanish crown
and empire.
Restrictions requiring the Sangleys to live only within
Parián were frequently repeated in the seventeenth century. One
document decreed that no Chinese could “live or own a house
outside these settlements of the Parián and of Minondoc…No
Sangleys can go among the islands, or as much as two leagues
from the city, without special permission. Much less can he
remain in the city at night, after the gates are shut, under penalty
of death.”32 While the Spanish wished all Chinese to be good
Christians, they preferred them not to become too Hispanicized,
but rather, to remain easily distinguishable. The Chinese did send
numerous requests and petitions to live outside Parián, and the
“The Chinese, and the Parián at Manila”, The Philippine Islands, 7. 213–
224.
32
Antonio de Morga, “Sucesos de las Islas Filipinas”, The Phillippine Islands, 16.198. For more discussion, see Robert Ronald Reed, Colonial Manila: The Context of Hispanic Urbanism and Process of Morphogenesis (Berkeley: University of California Press, 1978), 59.
31

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privilege was sometimes granted, if an increasingly-raised license
fee was paid.
In reality, however, the separation gradually became easily
circumvented. By 1605, Intramuros was no longer exclusively a
city for Spaniards. Many Chinese settlers found a way to keep
their shops within the city walls or live there:
…there live, exist, and reside infidel Sangleys in the houses of
the citizens of Manila, or in some of them. It should be known
that they are…in a number of others, belonging to the most
prominent citizens—that is, those of the highest life and rank
in the city. … the said Sangleys in the said houses, selling
their merchandise and being present therein as if in their own
homes.33

Starting in 1628, Chinese who married Christian Filipinos could
move to the areas known today as Binondo and Tondo.
As the above-mentioned decree stated, Parián also
implemented a curfew regulation, ordering that the Sangleys
must return to their designated quarter during the night—except
for gardeners and domestic staff serving in Spanish households.
Another exception might be bakers. There were bakeries
throughout the Manila area, both inside and outside the city. As
Salazar recorded:
Edward Ayers, ed., Cedulas reales despachadas a Manila (Newberry Library: Manuscript Collection, 1700–1746), no. 91, 1597. Quoted from Birgit
Tremml-Werner, Spain, China and Japan in Manila, 1571–1644: Local Comparisons and Global Connections (Amsterdam: Amsterdam University Press,
2015), 281.
33

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Many bakers make bread with the wheat and fine flour which
they bring from China, and sell it in the market-place and along
the streets. This has much benefited the city, for they make good
bread and sell it at low cost; and although this land possesses
much rice, many now use bread who did not do so before. They
are so accommodating that when one has no money to pay for
the bread, they give him credit and mark it on a tally. It happens
that many soldiers get food this way all through the year, and
the bakers never fail to provide them with all the bread they
need.34

Because of their bread-making schedule, it was tempting for the
bakers to stay overnight where they worked, something that the
Manila government repeatedly discouraged.35 But the restriction
was likely not carried out strictly, due to the courtesy that these
bakers offered to the Spanish soldiers. This helped them to
circumvent the curfew regulation.
The discrepancy between planned separation and the
increasing mobility of the Sangleys led to suspicion and distrust
among the Spaniards. During the seventeenth century, several
conflicts erupted between the two groups that ended with the
killing of Chinese and many Sangleys leaving Manila. As Lucille
Chia has discussed, occasional forced relocations and added
taxes for the Sangleys led to periodic “uprisings” by the Chinese,
which were often followed by massacres.36 Out of concern that
newly arrived Chinese would threaten local security, it became
34
35
36

The Philippine Islands, 7.215–216.
Chia, “The Butcher, the Baker, and the Carpenter”, 520.
Chia, “The Butcher, the Baker, and the Carpenter”, 516–7.

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policy after 1603 to issue residence permits—not only to limit
immigrant numbers but also to raise revenues. In 1639, the
governor increased the license fee, adding a head tax of 25 pesos,
and forced many Sangleys to work in rice fields with no pay. This
policy led to an uprising in 1639, which resulted in 23,000 deaths.
Events like this further enhanced the suspicions of the colonial
governors regarding the Chinese immigrants. Later “uprisings”
occurred in 1662, 1686, and 1762. The following section focuses
on the first major conflict surrounding the Sangleys, and how the
Chinese and Spanish governments responded to it.
The 1603 Incident
To the Spaniards, Manila was always threatened by pirates,
and the mighty Ming China could pose a threat as well. The
Ming government, however, was less concerned about Manila
and Chinese immigrants than many Spaniards described. The
Ming view of Chinese immigrants going to Manila was usually
romanticized and simplified. According to Fujian local official
Xu Xueju’s 徐學聚 (1556–?) “Memorial of the report for the first
time about the Red-Hair Barbarian (Chubao hongmaofan shu),”
the court believed that Luzon had long been trading with the
Fujianese and a peaceful relationship prevailed.37 When the Dutch
encroached over Taiwan, the Ming court was concerned, as that
might have terminated the trade with Luzon, which Ming people
Xu Xueju 徐學聚, “Chubao hongmaofan shu”, Huang Ming jingshi wenbian, 433.
37

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wanted to maintain via direct commercial connections. It seems
that for most of the sixteenth century, Ming China had a loose yet
peaceful relationship with Luzon, though Ming officials might
not have been entirely sure who actually ran the Philippines.
But things started to change in 1593, when the Spanish
governor Gómez Pérez Dasmariñas (1519 –1593) organized a fleet
of ships to attack surrounding islands, hoping to capture the fort
at Terrenate in the Moluccas. He forcibly conscripted 250 local
Chinese to serve as oarsmen on the flagship. The local Chinese
resisted but gave up under the threat of force. At dawn on October
25th, the Chinese crew led by Pan Hewu 潘和五 and others
rebelled, and only 14 out of the 80 Spaniards escaped, while the
Viceroy Dasmarinas was speared to death by the angry Chinese.38
Immediately after the death of Viceroy Dasmarinas, his
son, who was temporarily governor of the area, sent an intervention
mission to Ming China, demanding that the “murderers” be
turned over to the Spanish by the Ming court. At the same time,
a large-scale persecution of the Chinese in the Philippines was
launched, forcing many Chinese to leave the country. In early
December 1593, a Spanish colonial mission arrived in China and
was received by Xu Fuyuan, the governor of Fujian Province,
In the nineteenth century, Liang Qichao told this story in relation to nationalism. See Liang Qichao, “Feilvbin yuxia Pan Hewu 菲律賓寓俠潘和五”,
In Liang Qichao梁啓超, Zhongguo zhimin bada weiren zhuan 中國殖民八大
偉人傳 [Biographies of the Eight Great People in Colonized China] (Beijing:
Zhonghua Shuju, 2015).
38

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who reported the matter to Emperor Wanli. The emperor finally
ordered that the involved Chinese be punished, though most of
them could not be caught, and he rewarded the Spanish mission
with a huge sum of money.
On January 6, 1594, a group of armed Chinese sailing ships
arrived in Manila, led by seven Chinese officials who claimed to
be from Zhangzhou. The arrival of the Chinese fleet frightened the
Spaniards for a while, and local rumors began to circulate that the
Chinese fleet was preparing to strike. Under such circumstances,
the Spanish governor was still counting on the cooperation of
the Ming government to help him catch his father’s murderers
in China, so he quickly agreed to the evacuation request of this
Chinese force and gave the Chinese some food supplies.39
In 1602, following the advice of a Fujian merchant Zhang
Yi 張嶷, the Ming court sent several officials, including the
Minister of Haicheng County, to Luzon to locate a gold mine at
Kiyiyi Mountain. At the time, the Ming court seemed to consider
Luzon a tribute country, and so, the resources from there should
be at the disposal of the court. However, the court was not clear
about the difference between the native people of Luzon, the
Spaniards who actually ruled over the whole island of Luzon in
the sixteenth century, and the previous kings of Luzon. This Ming
mission to Luzon was warmly welcomed by the local Chinese
For more discussion, see Historical Conservation Society, and International Association for Cultural Freedom, The Chinese in the Philippines, edited
by Alfonso Felix (Manila: Solidaridad Pub. House, 1966).
39

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with great fanfare, and thus made the Spaniards nervous. The
mission failed as no gold mine was located. After they realized
that the gold mine story was a lie, Zhang Yi was beheaded.40
The Spanish colonial government then suspected that
the Ming government might attack their country and that the
Chinese in Luzon might act as insiders. So, in the next year, Spain
commandeered these Chinese to attack neighboring countries
and purchased ironware at a high price. The Governor ordered a
recording of the names of the Chinese in Luzon and divided them
into units of 300 people, then started a massacre. The Chinese
had no weapons to resist, and so they had to flee to Mount Dalun.
The total number of deaths was around 25,000 people. Afterward,
Spain reported to the Ming court that these Chinese would have
conspired against the city, and thus the Spanish had no choice but
to kill them.
Hearing about the massacre of immigrants who had mainly
migrated from Zhangzhou, Fujian local officials reported the
news to the Ming court and requested that the court send troops
to Luzon. Xu Xueju cited the emperor’s edict, and from that we
can get a sense of the court’s attitude. The court’s response was
addressed to the governor in the Philippines as a diplomatic letter,
starting with a comment on how the Sangleys were essential to
the development of Luzon:
“Yu Luzon xi 谕吕宋檄” (Edict to Luzon), cited in part in Xu Xueju’s
“Bao quhui Lüsong shang shu”.
40

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Luzon was once a desolate island, a realm of mythical demons,
dragons, and serpents. Yet, our seafaring folk braved these
legends, trading goods across the seas, forging connections
across the wide oceans, and conducting commerce with a myriad
of foreigners. Over a decade, their endeavors transformed Luzon
into a bustling metropolis. It was they who imparted agricultural
knowledge and erected cities and dwellings, elevating Luzon to
a jewel among the maritime nations. What then, could these
people possibly owe Luzon? What profound grievances could
justify the slaughter and maiming of ten thousand souls?

After this strong accusation, the edict continued to explain how
the emperor tried to understand the tragedy and why he decided
not to send troops immediately:
The barbarians’ lack of civility is deplorable, and one wonders
how they could evade divine retribution. Yet, despite persistent
entreaties from local officials, the emperor has remained lenient.
He has recognized Luzon as a longstanding hub of commerce,
akin to our own nation, and has refrained from imposing harsh
measures. The root of the overseas conflict remains unclear,
making it difficult to assign blame. Moreover, merchants are
considered the lowest social stratum; starting a war over such
men seems unjustifiable. Those who forsook their homeland
for the sea, already shunned by their kin and bereft of honor,
are not worth the exhaustion of our troops. In the end, the
emperor chooses not to heed the advice of his officials and
instead dispatches edicts and envoys to communicate directly
with the local chieftains. Let it be known that repentance and
reverence for the divine are expected, to uphold righteousness.
The overseas violence will, for now, not be prosecuted. Reflect
upon the Emperor’s vast generosity and the profound humanity
of China. Zhang Yi’s deceit was met with death, a warning to
all. You are sentient beings, not insensate as wood or stone;
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how can you not feel compelled to express gratitude and
contemplate how to repay China’s magnanimity? Should the
reports of unrest prove false, and no insurrection exists, then
adhere to the imperial directive, and commerce shall proceed
uninterrupted. But if vengeance might incite mutual slaughter,
then return those involved, and their possessions, to their native
soil, so that trade may continue without hindrance.

After requesting Spanish gratitude for the Ming emperor’s
generosity and benevolence, the letter offered non-military
solutions to the massacre: Return the Chinese merchants along
with their properties. The edict ended with a threat to send one
thousand battle ships from Fujian:
Should you [the Spaniards] heed the seditious words that counsel
miserliness and avarice, choosing to stand aloof and reject the
restitution of funds, then be warned: All commerce shall cease,
and your vessels shall not venture westward. [In that case], if
there are officials and soldiers in Fujian desire vengeance, I
would let them harness the wind and sail forth in a thousand
ships—even though their accents may be indistinguishable and
both jade and stone risk incineration. Moreover, to those vassal
states that have remained loyal for over three centuries, they
are also hereby granted the right to dispatch troops to subdue
Luzon.41

This edict reveals intriguing insights into how the Ming court
viewed its relationship with Luzon. Firstly, the Ming court
maintained their belief in a historically peaceful relationship,
suspecting that any conflict had arisen from misunderstandings.
“Bao quhui Lüsong shang shu” 宋商疏 (Report to bring back the Luzon
Merchants), Huang Ming jingshi wenbian, juan 433.
41

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They notably omitted any mention of the Spaniards in Manila,
suggesting a perception of Luzon as being governed by indigenous
“chiefs” and tribes. The contribution of the Sangleys, including
their craftsmanship and house building, was also highlighted,
underlining their significance. Secondly, the Ming court’s
condemnation was rooted in moral and reciprocal principles,
emphasizing “Heaven’s way” and the notable mention of Zhang
Yi’s execution for spreading rumors about Luzon. Thirdly, the
hesitation of the Ming emperor to deploy troops was attributed to
the Sangleys in Luzon being viewed as merchants who had left
their homeland without intention of return, thus not warranting
protection in Confucian terms.
Due to the complicated attitude towards the Sangleys,
the letter embodies a paradoxical stance of the court: While
expressing a desire to intervene, they showed restraint, suggesting
that the reported unrest might be rumor and the return of the
Chinese immigrants also should be considered. Therefore, the
court opted not to deploy central governmental troops but rather
permitted local officials to act or encouraged other tributary states
to intervene. This nuanced approach reflects a complex interplay
of diplomacy, a sense of moral superiority, and strategic caution.
The Ming court exhibited a modest concern for the
Chinese migrants without taking much action when those Chinese
were mistreated overseas. As Birgit Tremml-Werner argued,
“while Ming China was more concerned with the tributary states,
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offending overseas Chinese was not considered a direct insult
against the country or a potential threat.”42 While the Sangleys’
contribution to the local area was praised as a merit for China,
these people were not entirely viewed as faithfully Chinese.
Luzon was deemed by the Ming court as insufficiently significant
to warrant engagement through formal diplomatic routes.
The Chinese letter was later translated into Spanish and
presented to the governor Don Pedro de Acuña (in office, 1602–
1606) in 1605, which was already two years after the incident.
This translated letter was titled “Letter from a Chinese Official to
Acuna.” At the beginning of the letter, it explains that this is the
“translation of a letter from the inspector-general of Chincheo
in the kingdom of China… The address is to the great captaingeneral of Luzon.” The translator also mentioned that the letter
was signed by and sent multiple times by the Fujian magistrates
Xu Xueju and Tang Zhaojing 湯兆京 (1565–?) and the eunuch
inspector Gao Cai 高寀. The letter was from the local provincial
officials, and they seemed to try to reconcile between the Ming
emperor and the Philippines. While the cited part of the edict
by Xu Xueju only mentioned the death penalty of Zhang Yi, the
translated letter was quite detailed concerning what Zhang did
(Zhang was referenced with his Spanish name, given to him in
the Philippines):
Birgit Tremml-Werner, Spain, China and Japan in Manila, 1571–1644:
Local Comparisons and Global Connections (Amsterdam: Amsterdam University Press, 2015), 309.

42

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Some years before I came here as inspector, a Sangley, by
name Tionez, [sic; sc. Tiognen] went by permission of the king
of China with three mandarins to Luzon, searching at Cavite
for gold and silver. The whole thing was a lie, for they found
neither gold nor silver; accordingly, the king directed this
deceiver Tionez to be punished so that the strict justice done in
China might be known.
During the time of the preceding viceroy and eunuch, Tiognen
and his companion, named Yanlion, told this lie; and I, after I
came hither, begged the king to have a copy made of all the
documents in the case of Tiognen, and to command the said
Tiognen to be brought before him with the record of the case.
I myself saw the aforesaid papers and caused him to see that
the whole thing had been a deceit uttered by the said Tiognen.
I wrote to the king, declaring that on account of the deceits of
the said Tiognen, the Castilians had suspected us of intending
to make war upon them and that on this account, they had put
to death more than thirty thousand Chinese in Luzon! The king
did as I asked him and therefore punished the said Yanglion by
ordering him to be killed, and the said Tiognen, by commanding
his head to be cut off and suspended in a cage.43

This letter attributes Toigen’s demise to dishonesty, so the
killing of Zhang Yi was interpreted as a conciliatory act toward
the Philippines. This letter presents numerous variances from
its original Chinese letter. The Chinese narrative adopted a
rhetorical tone, striving to cast the Ming court in a virtuous light,
a stance not as pronounced in the translated Spanish account.
Additionally, in the letter, “Castilian” denotes the Spanish—this
43

The Philippine Islands, 13.287–281.

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term was not used in the original Chinese correspondence, which
used terms like qiuzhang (chiefs) and Folangji (a commonly used
term for the Spaniards). The Chinese elaborated on the moral
consequences awaiting the Philippines for ensnaring Chinese
nationals, whereas the Spanish version was candid, enumerating
reasons for the Chinese emperor not to contemplate war with the
Castilians. Markedly gentler, the translated letter appeals to the
Spaniards’ benevolence.
Upon
receiving
the
letter,
Bishop
Miguel
de Benavides (1552–1605) urgently appealed to the high court,
voicing his grievances concerning the Chinese. He echoed the
sentiments from Ming China and advocated for the repatriation
of the Chinese and their possessions, perceiving the Chinese
threat of ceasing trade as genuine and the request as justifiable.
Consequently, he proposed the return of their confiscated
properties, even if it caused the government some debt. Moreover,
he called for a reassessment of the colonial government’s legal
authority over the Sangleys. After consulting with Chinese
advisors, he surmised that while war might be averted, a possible
seizure of trade routes by the Chinese government posed a
significant risk to the Philippines’ economic stability.44
The Supreme Court of Manila met on June 13, 1606 to
study the archbishop’s petition with “lords president and auditors
Miguel de Benavides, et al., “Complaints against the Chinese”, The Philippine Islands, vol. 13.
44

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of the royal Audiencia and Chancillería of these Filipinas Islands
being in session.” After consideration, the court ruled as follows:
“the depositaries should be commanded to render an account as
soon as possible, of the property which they have held on deposit,
so that it may be surrendered; and that, when the ships shall have
arrived from Castilla, what is owing shall be paid into the royal
treasury.”45The court also suggested that, regarding the Chinese
who were then in the galleys, their matter would be examined and
suitable measures would be issued before the Chinese left.
However, the governor Acuna did not agree with
Benavides and suggested something quite different to the king
and the viceroy in New Spain. He wrote a letter to the king to
complain about Benavides:
Ever since I began to have dealings with the archbishop
Don Fray Miguel de Benavides and have recognized his
temper, I have perceived the difficulties that he would cause
me…I believe that he would be better in his cell than in the
archbishopric or bishopric... 46

He opined that there was no need to be afraid of China in his
letter to the viceroy of Ucheo because Spain’s empire, with its
vast colonies, was as large or even larger than China:
As for the statement that the letter is sent to let me know the
greatness of the king of China and of his realms, and that they
are so great that he governs all upon which the moon and the sun
shed their light; and the other statement that he desires me to be
45
46

“Relations with the Chinese”, The Philippine Islands, 14.43–44.
“Complains against the archbishop”, The Philippine Islands, 14.30.

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acquainted with the great wisdom with which that kingdom is
governed, vast as it is, and that no one should dare offend it, and
referring to the war in Corea—to this I answer that the Spaniards
have measured by palmos, and that very exactly, all the countries
belonging to all the kings and lordships in the world. Since the
Chinese have no commerce with foreign nations, it seems to
them that there is no other country but their own, and that there is
no higher greatness than theirs; but if he knew the power of some
of the kings with whom my sovereign, the king of the Hespañas,
carries on continual war, the whole of China would seem to him
very small. The king of China would do well to notice that from
here to the court of Hespaña the distance is five thousand leguas;
and that on the voyage thither are two kingdoms, Nueva Hespaña
and Peru, whose territory is so great that it is almost equal to that
of China, without mentioning very large islands in those seas.
At the same time, I know that the kingdom of China is governed
with much wisdom, and all the people here know, and I know, of
the war in Corea.47

Acuna continued to defensively articulate several points mentioned
in the Chinese letter. He started by challenging the assertion that
30,000 Sangleys were killed and suggested not even half that
figure perished in the revolt. He then refuted Chinese claims of
Spanish brutality, and acknowledged the significant contributions
of the Chinese to the Philippines. He said:
Spaniards are not cruel at heart, and we never make war on anyone
without just reasons. We regard ourselves as a just people and as
having a standing in the world, and we would be greatly grieved
if it could be said of us with truth that we have done wrongs or
“Letter from Acuña to the Viceroy of Ucheo”, The Philippine Islands,
14.47–8.
47

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injuries to anyone—especially to our friends and to those who
are sincere friends to us. Thus, in the case of the Sangleys who
were here, we treated them as brothers and sons; and, without
any precaution, we permitted them to enter our houses at all
seasons and at all hours, as if they had been Spaniards.48

In this statement, Acuna emphasized the global image of the
Spaniards that they wanted to maintain, as the reason they usually
treated the Sangleys very well. This was not only a defense against
the accusation in the Chinese letter but also a way to highlight the
moral superiority of the Spaniards. Furthermore, he recognized
the Chinese Emperor’s hesitation to declare war on Luzon and
downplayed the Spaniards’ culpability, stating that had they acted
otherwise it would have been a case of unwise governance.49
Regarding the Ming government’s demand to return
Chinese people and property, Acuna maintained that while the
Chinese rebels merited death for their crimes, mercy had prevailed
as many were permitted to serve on the galleons instead. Those
guilty of lesser crimes were freed, and others were released from
hard labor. Concerning the Chinese property that was being
held, the Spaniards returned what could be rightfully claimed.
Unclaimed goods would remain in the treasury, with assurances
from the Spanish that they would seek the rightful owners. Acuna
especially emphasized that the returns were acts based upon
justice, not responses to threats of war.
48
49

The Philippine Islands, 14.47.
The Philippine Islands, 14.49–50.

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Towards the end of the letter, he stated, “I am sure that the
king of China and his ministers, being prudent, politic, and discreet
persons, will not wage war for causes so light.” He was confident
that trade with China would persist, given its profitability for both
sides, and he concluded, “Hence we may say that in this trade, the
Chinese have as great an interest as the Castilians have, or even
more.”50 In this letter, Acuna both exhibited confidence that Spain
was stronger and assumed that China would not invade. He held the
high ground in this discussion, emphasizing the moral superiority
of the Spaniards, their military might, and the vast commercial
profits that would be at stake. This letter was more a defense of
his governance than a diplomatic response to the Chinese. The
audiences were the Spanish king and the governors in New Spain.
In this conversation between the Ming Chinese and
Spanish, the prospect of warfare remained largely theoretical,
with skepticism being displayed by the Spanish governor
about China’s willingness to deploy troops. The conversation
reflects how political discourse, trade, and religion intersected.
References to projected state/imperial image were highlighted
by both sides, while China and Spain were on two ends of the
negotiation table concerning immigrants in foreign lands. Trade,
the common thread linking the two nations and a motivator
for Chinese migration abroad, became a diplomatic lever. This
economic interdependence also likely softened the perceived
threat from Ming China and dampened Spain’s impulse to expel
50

The Philippine Islands, 14.50.

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Chinese immigrants. Religious voices, notably the bishop’s, were
significant in this diplomatic narrative as well. The bishop was
inclined to follow the Ming court’s advice to defuse tensions,
though this approach often led to disagreements with the governor.
As in many incidents like this, challenges always
confronted the Spanish in Manila and the Fujian locals in Ming
China. The difficulty of communication stemmed from the lack of
formal and direct communication channels, translation barriers,
and mutual perceived moral superiority. The Ming government
wished to remain distant from overseas affairs and immigrants
while also maintaining its central and dominant role among
foreigners. The colonial governors seemed to have a stronger
aptitude for diplomacy than their ecclesiastical counterparts.
Notably, conflicts existed both between the Chinese and Spanish
and within each national group. The Chinese court and Fujian
local governors had different motivations and desires to offer
protection to the Sangleys, and the Spanish bishop and governor
also disagreed on how to respond to the Chinese letter. Domestic
conversations—including the ones between Philippines governors
and those in New Spain—seemed to be more important than
answering the other country.
Conclusion
The Zhangzhou migrants to Manila represent a snapshot of
early modern globalization. Their mobility, networks, and skills
enhanced maritime connections within Asia and between Asia and
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the Americas. In many respects, they embodied the excitement
of early modern globalization: flexibility, a global perspective,
overseas travel, international commodities, and cultural
appropriation. They were ultimately key operators in Manila as
builders, merchants, craftsmen, servants, and manufacturers, and
they were significant designers and suppliers for the trans-Pacific
galleon trade. They also contributed revenue to both the Ming
court and the Spanish king.
But, as a group of people who moved beyond the strict
regulations of the Ming state and the Spanish Empire, they aroused
doubts and suspicions of untrustworthiness on both sides. To the
Chinese, they were seen as a group of restless individuals who
were lazy, greedy, and risk-seeking. They attracted conflicting
comments from local gentry and central officials. Regardless of
the source, they were deemed outside the Confucian norm. For the
Spanish, the Sangleys were regarded as intelligent and careful yet
also suspicious. They were closely monitored and regulated, and
also excluded from the central life of the empire. This suspicious
attitude translated into their mistreatment in Manila, the hesitation
of the Ming emperor to send troops to protect them, and a lack
of care about their situation on the part of the Spanish governor.
The Sangleys offer a unique perspective on the tugof-war between two state powers, which desired to maintain a
peaceful relationship with each other yet simultaneously adopted
a cautious stance characterized by defensive thinking. Ironically,
while the Sangleys contributed significant sums of money to both
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the Chinese and Spanish, a majority of these funds were spent
on defensive infrastructures targeting the other party. Caught
between China and Spain, the Sangleys benefited and suffered
due to their seemingly contradictory relationship.
Moreover, the case of the Sangleys mirrors the dynamics
between the local and central governments. Local officials in Fujian
showed more empathy towards these immigrants, whereas the
central court maintained a distance. The local bishop advocated for
better treatment of the Sangleys in Manila, yet the king and Spanish
governor favored a stricter approach. As migration increased, even
within each country attitudes towards this new entity—with its
mixed and fluid identities—began to diverge.
The narrative presented in this article is merely the tip of
the iceberg in the vast annals of migration history. In subsequent
centuries, the world witnessed migrations on a larger scale,
which were more systematic and over greater distances. The
contributions of and challenges stemming from migrants have
expanded with the ongoing development of globalization, and
they persist to the present day.
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�Noël Danycan “a través del mundo”: las empresas
comerciales de Saint-Malo y la ilusión del monopolio
comercial francés en el Pacífico Sur (1701-1705)
Noël Danycan “Across the World”: Saint-Malo Trading
Companies and the Illusion of French Commercial Monopoly in
the South Pacific (1701-1705)
Raul Alencar
Tulane University
New Orleans, Estados Unidos

https://orcid.org/0009-0005-5088-4080
Recibido: 22 de marzo de 2024
Aceptado: 29 de abril de 2024

Resumen: Durante los primeros años del comercio directo francés
en el Pacífico sur, la seductora riquezas del comercio del Pacífco
causó constantes alianzas y disputas entre los propios mercaderes
franceses. Su entusiasmo a la hora de obtener ganancias de las
abundantes riquezas provenientes de Perú y China llevó a mercaderes,
inversionistas, banqueros, e, incluso, a autoridades reales francesas a
entrar en constante conflicto. Por un lado se encontraban los ricos y
experimentados mercaderes de Saint-Malo. Por el otro, banqueros e
inversionistas parisinos apoyados por las autoridades reales francesas.
Entre esta mezcla emergió la figura de Noël Danycan. Danycan fue un
hábil y ambicioso comerciante y hombre de mar de Saint-Malo, quien
logró obtener tender puentes y establecer alianzas con inversionistas
Parisinos. Estos banqueros de la capital le ayudaron a Danycan en
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�Noël Danycan

asegurar el tan deseado monopolio comercial en la costa de Perú. Sin
embargo, la ambición de Danycan lo llevó a ir más lejos. Danycan usó
sus influencias parisinas para obtener privilegios reales y comerciar en
China, potencialmente permitiéndole formar un monopolio privado a
través del Pacífico. No obstante, el conflicto con otros mercaderes de
Saint-Malo y autoridades parisinas eventualmente acabaron con su plan.
Este artículo analiza los cinco años iniciales de desarrollo del comercio
directo francés en el Perú. Especialmente, me centro en el estudio de las
compañías comerciales de Danycan y su incompetencia de mantener su
monopolio sobre el comercio en el Pacífico sur. Argumento que su plan
de establecer una red comercial a través del Pacífico sufrió resistencia
por parte de sus propios rivales franceses, quienes últimamente fueron
el causal de la paralización del proyecto de Danycan.
Palabras clave: comercio francés, comercio del Pacífico, Perú colonial,
Imperio francés, comercio global, siglo XVIII
Abstract: During the first years of France’s direct trade to the South
Pacific, the enticement of the riches that the Pacific trade offered caused
constant alliances and disputes between French merchants. Their
eagerness to profit from the abundant riches of Peru and China drove
French merchants, financiers, bankers, and even royal authorities into
constant conflict. On one side, there were the wealthy and seasoned
merchants of Saint-Malo. On the other hand, Parisian bankers and
financiers were backed by royal support. Into this mix emerged the
figure of Noël Danycan. Danycan, a skilled and ambitious Saint-Malo
sailor and businessman, acquired alliances with Parisian investors.
These bankers from the capital helped him secure the desired trading
monopoly off the coast of Peru. However, Danycan’s ambition went
even further. He pushed his Parisian contacts to obtain royal privileges
to trade in China, that could allow Danycan to monopolize the Pacific
trade into his private system. However, the conflict between other SaintMalo merchants and Parisian royal authorities ultimately shattered his
project. This article analyzes the initial five years of French direct trade
in Peru with a particular focus on the trading companies owned by Noël
Danycan and his inability to preserve his monopoly of the South Pacific
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trade. I argue that his plans to establish commercial network across
the Pacific met constant disputes from his French rivals, ultimately
hampering his project.
Keywords: French Commerce, Pacific Trade, Colonial Peru, French
Empire, Global Trade, Eighteenth Century

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�Noël Danycan

Introduction
In 1708, a meeting held in Paris between the directors of two rival
French chartered companies - the state-funded Compagnie des Indes
Orientales based in Paris and the Compagnie de la Chine de SaintMalo. The conflict arose because the Saint-Malo company engaged
in trade with China, violating the Parisian company’s commercial
privileges. Additionally, the Saint-Malo company disobeyed the
royal decree that granted the Compagnie des Indies the monopoly
of the Chinese trade. The responsible for taking this action was
the Malouin businessman Noël Danycan. Danycan, a wealthy and
prominent merchant from Brittany known for his ambition and
daring business ventures, belonged to the more ambitious merchant
groups of Saint-Malo, always looking for opportunities to expand
their trading activities and maximize profits, even if it meant using
illegal means. Danycan’s Parisian rivals felt the threat and reported
to France’s Prime Minister, Louis Phelypeaux, Chancellor of
France, that Danycan not “played fair”. And if he was not stopped,
he could expand his business “across the world”, in detriment to
Parisian interests. With his vast resources and workforce, Danycan
could dispatch trading fleets to the Pacific and beyond. Danycan
directed the Compagnie de la Mer Pacifique and the Compagnie
de la Chine de Saint-Malo as an attempt to link up the Chinese and
Peruvian trade under his wing.
However, Danycan’s plans for control of the Pacific trade
were short-lived. Despite his initial success in securing the French
king’s approval to monopolize the South Pacific trade, disputes,
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�Raul Alencar

and divisions with his former Parisian and Malouin commercial
allies, they have condemned Danycan to be excluded from this
trade. This article examines the first five years of French direct
trade in Peru, centering in the case of Noël Danycan’s trading
companies and his failure to control the South Pacific trade. I argue
that although Danycan demonstrated his skills at negotiating and
navigating the political and commercial landscape to monopolize
the South Pacific trade, disputes and conflicts among the French
undermined his monopoly. Malouin and Parisian interests came
at Danycan from the Chinese and Peruvian commercial angles,
leaving his enterprise needing support. Furthermore, far from
being financially harmed by the conflict among its subjects,
the French crown grew financially strong since sailing to Peru
increased considerably, bringing in more Peruvian silver.
When discussing the period of French direct trade in
Peru (1698-1714), it is overlooked that France was far from a
united front regarding commercial interests. When the “Lure
of Peru,” as Peter Bradley termed it,1 came to the knowledge
of French négociants (businessmen), factions were established.
The merchants of Saint-Malo displayed enthusiasm when
mercantile opportunities arose but tended to isolate themselves
to keep their businesses within their clans. Meanwhile, Parisian
financiers enjoyed the royal family’s support and achieved
commercial success through the Compagnie des Indes Orientales.
Peter T. Bradley, The Lure of Peru: Maritime Intrusion into the South Sea,
1598-1701 (New York: St.Martin’s Press, 1990).
1

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Mercantilism appeared as France’s overseas trading dogma,
where chartered and state-supported companies represented
their model. However, the Compagnie des Indes fell short of the
achievements of neighboring companies like the Dutch East India
Company and, thus, depended on partnerships and alliances with
négociants from Marseille, Nantes, and Saint-Malo to expand
their trading operations. In this scenario, Noël Danycan seemed a
fitting associate until he was not.
The scientific literature on the Breton trade, specifically
from Saint-Malo in the Pacific and the activities of the Compagnie
de la Mer du Sud, can be traced from the beginning of the twentieth
century. In the late seventeenth century, Malouin merchants saw
an opportunity to sell their goods to Peruvian merchants eager
to buy them. Spain’s Bourbon transition in 1701 made this
trading practice easier, which considered the arriving Malouin
merchants to Peru as allies. Erik Wilhelm Dahlgren’s work on
Malouin navigation in the South Pacific was fundamental in this
field. By tracing the accounts of French vessels that sailed to
the South Pacific, Dahlgren discovered the brief but consistent
development of French maritime expansion to Peru in the early
eighteenth century.2 Dahlgren’s work served as the starting point
for further Breton’s presence in the Pacific, which continued with
the contributions of Léon Vignols and Henri Sée, who focused
Erik Wilhelm Dahlgren, Les relations commerciales et maritimes entre
la France et les côtes de l’océan Pacifique (commencement du XVIIIe siècle)
(Paris: H. Champion, 1909).
2

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�Raul Alencar

on the aftermath of the prohibitions to French direct trade after
1713.3 The contributions of Dahlgren, Vignols, and Sée proved
vital to set the stage for further studies of French direct presence
in the South Pacific.
After a gap of sixty years, Jean Delumeau centered
his analysis in understanding the epicenter of French trade in
Spanish America: Saint-Malo. Delumeau got specific interest in
understanding the management of Malouin traders’ operations
before their maritime expansion stage, which occurred in the last
decades of the seventeenth century.4 Complementing Delumeau’s
narrative of French direct trade, Sergio Villalobos told the story
from the Peruvian and Chilean sides, where local merchants had
to engage in those businesses.5 However, the two most influential
works came shortly after. Carlos Malamud’s “Cádiz y SaintMalo” closes the gap of methodological research that Villalobos
opened while analyzing the repercussions of French contraband
on Peruvian merchants.6 Malamud went beyond, merging
archival material from Spain and France to create an anatomy
Léon Vignols y Henri Sée, «La fin du commerce interlope: dans l’Amérique
Espagnole», Revue d’histoire économique et sociale 13, n.o 3 (1925): 300-313.
4
Jean Delumeau, Le mouvement du port de Saint-Malo à la fin du XVIIe
siècle, 1681-1700. (Rennes: Institut de recherches historiques, économiques
et humaines de la Faculté des lettres et sciences humaines de l’Université de
Rennes, 1963).
5
Sergio Villalobos, Comercio y contrabando en el Río de la Plata y Chile,
1700-1811 (Buenos Aires: Universitaria, 1986).
6
Carlos Malamud, Cádiz y Saint Malo en el comercio colonial peruano
(1698-1725) (Cádiz: Diputación Provincial de Cádiz, 1986).
3

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of how French direct trade in Peru developed, highlighting
that its impact reached almost every level of Peru’s colonial
society. Finally, André Lespagnol wrote a thorough analysis of
the merchants of Saint-Malo ranging from social, political, and
economic perspectives.7 Lespagnol’s oeuvre represents the most
complete work on understanding Brittany’s main merchant force.
On Danycan’s companies, the historiography of the
Compagnie de la Chine de Saint-Malo is scarce. It is only
mentioned in passing studies concerning Malouin trade in the
Pacific. Claudius Madrolle’s work on French presence in China
and the history of the Compagnie Royale de la Chine revealed
the controversies surrounding Danycan by examining judicial
processes and company statements.8 However, the book only
consists of descriptions and literal translations of archival
material, without situating the company in the context of French
Asian trade. The second work on this company is by Paul Pelliot,
who focused on the legal proceedings between the Compagnie
Royale de la Chine and the Compagnie de la Mer du Sud.9 This
André Lespagnol, Messieurs de Saint-Malo: une élite négociante au temps
de Louis XIV (Rennes: Presses universitaires de Rennes, 2011).
8
Claudius Madrolle, Les premiers voyages français à la Chine; la Compagnie de la Chine, 1698-1719 (France: A. Challamel, 1901).
9
Paul Pelliot, «L’origine des relations de la France avec la Chine. Le premier voyage de l’“ Amphitrite ” en Chine, premier article», Journal des Savants 10, n.o 1 (1928): 433-51; Pelliot; Paul Pelliot, «L’origine des relations
de la France avec la Chine. Le premier voyage de “ l’Amphitrite ” en Chine
(troisième article)», Journal des Savants 6, n.o 1 (1929): 252-67; Paul Pelliot, «L’origine des relations de la France avec la Chine. Le premier voyage
7

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article provides a fresh perspective on the initial years of French
direct trade in Peru. The existing literature on the organization of
French commercial operations in the South Pacific has focused
on the tension France experienced in negotiations with Spanish
ministers, Peruvian colonial authorities, and the Lima merchant
guild. However, this article highlights that the commercial
landscape of the South Pacific ever changed, and conflicts and
confrontations were not only caused by the Spanish and Peruvian
authorities but also by the French themselves. The availability of
profit and the risk of the pursued endeavors dictated the creation
and dissolution of partnerships and alliances.
Messieurs de Saint-Malo
From the wide range of port cities that benefitted from the
Colbertian reforms, Saint-Malo stood out as the most essential
French port of the North Atlantic during the seventeenth century.10
Saint-Malo is situated on the Breton coast, next to the opening
of the La Rance River. Surrounded by fortified islands, SaintMalo was a fortress itself. Located within a peninsula, Saintde l’Amphitrite en Chine. (deuxième article)», Journal des Savants 3, n.o 1
(1929): 110-25.
10
Jean-Baptiste Colbert, as appointed First Minister of State and Secretary of State of the Navy, conducted several maritime reforms that drastically
transformed France into one of the strongest maritime powers in Europe. After
1669, France destined financial support to increase their royal navy, as well as
granting concessions to port cities and merchant communities. State support
was vital to allow coastal merchant guilds to develop further and expand their
commercial networks.
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Malo composes a fortress, an exterior port, an inner port, and
the city itself. Moreover, the geography that enclosed the city
integrated its defensive structure. Navigation to and from SaintMalo presented several difficulties for inexperienced sailors.
Strong wind currents, rocks, and islets could mean disaster
for the integrity of a vessel under bad weather conditions and
lack of visibility. Colbert’s successor as Secretary of the State
of the Navy, Jérôme de Pontchartrain, recognized in 1694 that
Saint-Malo’s first line of defense was “natural” which basically
“impeded our enemies ever to have success when attacking by
sea.”11 Further, to prevent bombardments, Pontchartrain financed
the construction of fortresses in the islets enclosing Saint-Malo to
delay the enemy and grant citizens enough time to prepare for an
attack. Due to the city’s imposing defensive structure, Saint-Malo
became one the bastions of French defense in the North Atlantic
throughout the seventeenth and eighteenth centuries.
Crown support enabled Saint-Malo to defend itself and to
expand overseas trade. After 1650, maritime business proliferated.
Malouin trade covered the Baltic Sea, the Anglo-Norman and
British Isles, the Iberian Peninsula, and distant destinations in
the Mediterranean Sea, Canada, and Newfoundland. Malouin
mercantile expansion is even more remarkable knowing that the
city sans manufacture (without manufacture). In contrast with
Nantes and its sugar refineries and Marseille and its famous
Lespagnol, Messieurs de Saint-Malo: une élite négociante au temps de
Louis XIV, 22.
11

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soap factories, Saint-Malo did not produce local products.
The absence of local industrial production led the Malouins to
become intermediaries, acquiring merchandise and reexporting it
elsewhere. Channelizing French manufactures to needy markets
transformed the city, increasing its population at the end of the
seventeenth century to 30,000, a far cry from Amsterdam but not
unlike booming Marseille.12
Despite lacking domestic industry, the Malouin
diversified their income sources by exploiting and exporting
resources. Transatlantic fishing emerged as one of their primary
activities from the mid-sixteenth century, persisting through the
seventeenth and eighteenth centuries. Focusing primarily on the
coasts of Canada and Newfoundland, known as the Petit Nord
(“the little North”) by the French, the abundance of cod allowed
the Malouins to exploit resources and assert their dominance
and military power in Newfoundland. However, this assertion
faced challenges. For instance, the Inuits from Labrador waged
war against the Malouin throughout the first half of the century.
Brittany staunchly supported the Malouin incursion in response,
seeking French royal authorization to deploy armed escorts and
soldiers to secure Breton fisheries.13
Malouin traders displayed proved resourceful, persistent,
and adaptable. A case that exemplifies these tendencies is the
Lespagnol, 39.
Peter Pope, «Le Petit Nord de Saint-Malo», Saint-Malo. Construction d’un
pòle marchand (1500-1660), n.o 3 (2018): 195-222.
12
13

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continuous Malouin trade with the British Isles through the
sixteenth and seventeenth centuries. Despite a long-lasting French
and English rivalry, Saint-Malo maintained friendly relations,
especially with Dorset, Wilshire, and Hampshire counties. This
connection demonstrated to be strong and reliable that merchants
from the interior of France looked for Malouins to send their
merchandise to England in times of war.14 The Malouins
maintained a so-called abstinence de guerre (war abstinence).15
Malouin traders also reached Spain by the end of the
sixteenth century. The growth of the demand for manufacturing
from the Americas and the arrival of abundant Peruvian silver
to Seville motivated the Malouin to strike deals with Andalusian
merchants. The Castillian merchants, and brothers, Andrés and
Simón Ruiz resided in Nantes and Medina del Campo, respectively,
coordinating with their French partners to ship textiles to Seville.
Breton and Rouen fabrics possessed high demand in Spain and
the Americas, which ensured an intertwined relationship between
Castillians and Malouins. Most importantly, the flow of Peruvian
silver to Saint-Malo and Brittany strengthened the position of the
Baptiste Etienne, «Deux Frondes, un commerce: Rouen et Saint-Malo au
milieu du XVIIe siècle», Annales de Bretagne et des Pays de l’Ouest. Anjou. Maine. Poitou-Charente. Touraine, Saint-Malo. Construction d’un pòle
marchand (1500-1660), n.o 3 (2018): 79-106.
15
Jean-Philippe Priotti, «En temps de paix comme en temps de guerre. Le
commerce de Saint-Malo avec les îles anglo-normandes et britanniques (vers
1500-vers 1650)», Saint-Malo. Construction d’un pòle marchand (1500-1660),
n.o 3 (2018): 117.
14

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Malouins in the trading sphere of northern France through the
late sixteenth century to the mid-seventeenth century. The high
number of silver bars that arrived at Saint-Malo also forced the
main mint of the capital of Brittany, Rennes, to function at levels
never experienced, for example, coining in 1591 the equivalent of
1,000,000 pesos in silver, or 100,000 livres.16
Moreover, this commercial impulse also motivated an
initial Malouin migration to Seville and Cádiz. Two notable
Saint-Malo families, the Magon and Eon, had relatives settled in
Andalusia since the 1630s and 1640s, and they became crucial
intermediaries in sending French merchandise to the Americas
in the early eighteenth century.bSeville and Cádiz offered
prosperous commercial activities that the Malouin trading groups
settled in Spain devoted themselves to Andalusian and Spanish
American businesses, leaving aside French entrepreneurship and
creating their own commercial houses separated from those in
Saint-Malo.17 Perhaps unsurprisingly, by the beginning of the
eighteenth century when Malouin interest turned to Peruvian
silver and to direct trade in Spanish America, traditional SaintMalo families involved in overseas trade, like the Magons and the
Eons spearheaded the Saint-Malo initiative towards the South Sea.
However, contestants emerged. One group of Malouin families
Jean-Philippe Priotti, «Au cœur des échanges européens: argent américain et
circuits économiques entre la Bretagne et l’Espagne (1570-1635)», Saint-Malo.
Construction d’un pòle marchand (1500-1660), n.o 3 (2018): 140-41.
17
Priotti, 144.
16

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quickly accumulated wealth and sought to establish partnerships
beyond the limited Breton commercial circles. They were not
only interested in obtaining a portion of Peruvian riches, but also
in monopolizing them. Among the latest Malouin commercedriven houses, the Danycan clan stepped up.
Noël Danycan “Across the World”
The Compagnie des Indes played an enormous role in developing
French trade in the South Pacific. The knowledge and expertise in
navigation derived from accounts of expeditions commissioned
by financiers and bankers in Paris. However, regional merchants
contested the privileges of their Parisian counterparts, seeking to
negotiate directly with the king for permission to venture into the
Pacific. French merchants, Malouin and Parisians alike, exploited
the Bourbon alliance between Spain and France. Both groups
sought concessions and trading privileges to limit the participation
of other French merchants into the desired Peruvian trade.
Furthermore, the trajectory of negotiations and conflicts between
Paris and regional merchants revealed that their interests extended
beyond Peru, encompassing China and broader Asian territories.
Trading in the South Pacific could bolster a comprehensive
trading network across the Pacific Ocean. At the forefront of this
narrative stood Noël Danycan, the head of one of Saint-Malo’s
most prominent merchant families. Danycan financed numerous
enterprises ranging from timber trading in the Baltic Sea to spice
trading via the Levant. Leveraging his extensive experience as
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a sailor and entrepreneur, Danycan perceived trading in Peru as
a lucrative opportunity to access coveted silver reserves while
simultaneously monopolizing Spanish South American trade
activities.
The French crown, Parisian financiers, and merchant
elites shared a common agenda in the search for profitable trading
opportunities. Since the times of Colbert, the French state aimed
to empowered both the royal navy and coastal merchants to
bolster France’s maritime power. However, the introduction of
monopolies and the constant rivalry between Parisian investors
and regional merchants thwarted France’s attempts to consolidate
its overseas commercial power. The case of Noël Danycan and
his attempts to the access the markets of Peru and China, plus
his constant clashes with the state-founded, chartered companies
that held exclusive privileges to maritime trade, exemplifies
this larger trend. In the end, Danycan could not hang onto hardwon privileges to trade in the South Pacific. Instead, the lack of
regulation of French trade in Peru eventually created a heavily
competitive atmosphere among French traders that divided
regional interests from French coastal cities like Saint-Malo,
Nantes, Bordeaux, and Marseille against their king.18
By 1695, Pontchartrain envisioned it the necessity to
continue to support trading monopolies and chartered companies.
Danycan and le Compagnie de la Chine, 10 janvier 1708. Accounting and
reports. From the Archives Départamentales de Ile-et-Vilaine, Rennes. Danycan family papiers, Série 9-B, Saint-Malo.
18

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Nonetheless, Pontchartrain knew that to achieve better results, the
urgency to decentralize both oversight and investments towards
trade affairs needed to be done. Thus, he assembled a team that
could grant advise and management on French commercial
policies. From Paris, Pontchartrain sought the wealthy financiers
Antoine Crozat and Jean-Baptiste Le Gendre, who had close
friendship with Louis XIV. He also tapped the talents of the
director of Commerce and Manufactures, Henri d’Aguesseau,
and the president of the conseil of Commerce, Michel Amelot.
Finally, some prominent merchants also participated. Among
them the prosperous Nicolas Mesnager from Rouen and Noël
Danycan from Saint-Malo. Along with decentralization, with
the aid of his regional advisors, Pontchartrain aimed to energize
trade in the main commercial cities of France: Paris, Rouen,
Bordeaux, Lyon, Marseille, La Rochelle, Nantes, Lille, Bayonne,
Dunkerque, and Saint-Malo.19
The necessity to rearrange how trade functioned came as a
direct response to the start of the War of the Spanish Succession.
The conflict made France and Spain sudden allies since the new
king of Spain, Philip V, was the grandson of Louis XIV, king of
France. From the perspective of the French crown, the alliance
provided a perfect opportunity to penetrate Spanish affairs,
especially to win uninterrupted access to Spanish American
silver. By 1701, this purpose seemed to be materializing, as Spain
19

21.

Paul Butel, L’économie Française au XVIIIe Siecle (Paris: SEDES, 1993),

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granted a French chartered company, the Compagnie de Guinée,
the monopoly over the slave trade. Pontchartrain was convinced
that granting exclusive privileges to trading companies meant the
optimal route to maximizing profits. And although members of
his private council like Henri d’Aguesseau and Nicolas Mesnager
manifested their opposition against monopolistic measures,
Pontchartrain decided that the exploitation of the riches of the
Spanish empire had to be done through private initiatives, which
directly benefited the riches merchants.20
Through the end of the seventeenth century, France’s
exports to Spain grew to be vast. By 1686, France sent to Cádiz
approximately 17 million piastres worth of products, representing
39% of European traffic to Spain. Among the ports that actively
engaged in overseas commerce with Spain, Saint-Malo held
first position. The high frequency of ships that sailed to Spain
and the number of products retailed evidenced the strong
commercial ties between Cádiz and Saint-Malo. In contrast with
other port cities that also maintained trade with Spain like Le
Havre or Dunkerque, Saint-Malo had the advantage of having
the cloth industry of Brittany in close proximity. Spain demanded
Brittany’s textiles due to Spain’s breakdown of the domestic
cloth-making industry.21 For Saint-Malo, trading with Cádiz was
Butel, 22.
Saint-Malo maintained a steady number of vessels sailing to Cadiz from
10 to 20 per year between 1697 and 1702, and obtaining yearly profit of 4
millions of piastres. Butel, 25.
20
21

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extremely profitable due to the abundance of Spanish American
silver, but also because it allowed Malouin merchants to extend
their trading activities towards destinations off Africa’s Atlantic
coast (Canary Islands and Madeira), and throughout markets in
the Mediterranean Sea.22
The strength of the merchants of Saint-Malo came from
their robust mercantile community and social unity. The key to
their intergenerational success came from social dynamics that
allowed amassed local commercial strength to remained in SaintMalo. Endogamy among Malouin merchants was common since
they envisioned trading practices and commercial traits as part of
a larger family company.23 Further, the creation of commercial
alliances between families via marriage also became an essential
tool to perpetuate local power in Saint-Malo as a response to
outside competition coming from other neighboring cities in
Brittany or financiers from Paris. The sons of these families
became officers of the ships that sailed to Spain and the Americas
to gain experience. Noël Danycan, for example, became a captain
of the Grénedan at the tender age of seventeen. From 1671 to
Philippe Jarnoux, Pierrick Pourchasse, and Gauthier Aubert, La Bretagne
de Louis XIV. Mémoires de Colbert de Croissy (1665) et de Béchameil de
Nointel (1698) (Rennes: Presses Universitaires de Rennes, 2016), 37.
23
Between the ages of 15 and 17, the sons of the great merchants of
Saint-Malo were assigned in vessels For example, Luc Magon (17), Pierre
Jolif (15) were sent to Peru in the early eighteenth century to gain maritime and
trading experience. Lespagnol, Messieurs de Saint-Malo: une élite négociante
au temps de Louis XIV, 92.

22

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�Raul Alencar

1688, he sailed to all destinations under his father’s command
from Saint-Malo to Newfoundland to the Mediterranean Sea.
By the age of thirty-two, and after fifteen years of seafaring and
acquiring a vast experience in overseas trade, he became coowner of the family business. For the merchants of Saint-Malo,
the only way to maintain their businesses via transmitting fidélité
au commerce (fidelity to commerce) to the next generation.
Further, a sentiment to exalter commerce as a symbol of national
pride and defense of French interests arose. This is perfectly
encapsulated by the words of the prominent Malouin merchant
Locquet de Grandville: “letting the command of merchant vessels
to children of rich families became usual and necessary to shape
commerce as a noble matter, to counter to the people that look on
France with disgust”.24
In 1697, an opportunity arose to materialize the desires
of the merchants of Saint-Malo. The signing of the Treaty of
Ryswick put an end to the hostilities between the French and the
Spanish deriving from the War of League of Augsburg. In the
aftermath of this conflict, Spain came out weakened, stretched
for resources and money to defend its large empire. Moreover, it
was no secret that the condition of the Spanish ruler, Charles II,
worsened rapidly to the point that, across Europe, his death was
considered imminent. As the wealthy Malouin merchant Nicolas
Magon de la Chipaudière put it: with the impending “death of
24

Lespagnol, 113.

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�Noël Danycan

the king of Spain, the peace [between France and Spain] will not
last.” He also stated that the merchant class needed to seize the
opportunity to profit from Spanish America, and specially the
South Pacific as soon as they saw the right moment.25
However, the merchant groups of Saint-Malo had
contradictory intentions on how to proceed the infiltrate the
Spanish Pacific and who would be allowed to participate in this
trade. The division came from the old merchant dynasties (like
the Magon, Grout, Le Fer, and Vivien families) versus the new
generation of wealthy merchants like Noël Danycan and Locquet
de Grandville. The old families believed that they deserved the
privilege to lead the initiative to Spanish American markets since
they already had a liaison with Cádiz and, overall, a handle on
the Spanish transatlantic trade. Nonetheless, by the end of the
seventeenth century, monopoly contracts resurged, as well as
French chartered companies. These enterprises took responsibility
for the revival of commercial destinations like India and China,
but now possessing the combination of seafaring experience and
abundant capital. Noël Danycan became the successful director
of the Compagnie de la Chine de Saint-Malo and he intended to
recreate a similar style company to trade in the Spanish Pacific.
Despite their differences, both sides managed to secure contracts
with the French state to legitimize their claim to access directly
access to Spanish America. On one side, Nicolas Magon assured
“La mort arrivant du Roy d’Espagne, la paix ne peut estre de longue
durée.” In Lespagnol, 518-520.
25

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the participation of most of the old Malouin dynasties in the
recently founded Compagnie de Saint-Domingue, which centered
its operations in the Caribbean. Meanwhile, Danycan and his
Parisian associate Jean Jourdan obtained a royal permit to trade
in the South Pacific via the recently established Compagnie de la
Mer du Sud, of which Danycan and Jourdan were the directors.26
“Je suis le premier moteur de ce commerce qui a fait tant
de bien à l’Etat” (I am the main engine of trade serving the wellbeing of the [French] state)27, affirmed Danycan when questioned
about the overall role of the Malouin merchants in trading with the
Spanish colonies. His deep experience as merchant and seafarer
gave him self-confidence in the success of this new venture, so
much so that he intended to establish a French colony in the
South Pacific coast to facilitate both access to American silver
and to guarantee a place for rest and resupply to other French
vessels. For Danycan, it was necessary to act with determination
and with the expectation of belligerence since the English and
the Dutch had proceeded in the same way in the Caribbean and
Newfoundland, and ultimately succeeded. In 1698, the company
was founded, and a small expedition sent under the captaincy of
Beauchêsne shortly came after. In 1701, the expedition returned
with disappointing news. Coastal settlements across the South
Pacific viewed the French penetration as hostile, attacking
Lespagnol, 521-522.
Lespagnol, Messieurs de Saint-Malo: une élite négociante au temps de
Louis XIV, 522.
26
27

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interloping merchants on several occasions. However, when
they arrived in Lima, Beauchêsne managed to convince the local
authorities to trade.28 For Danycan, despite the economic losses
that the expedition suffered, investing in trading in Peru was
worth it. Nonetheless, the company’s remaining financiers did not
agree with him, ultimately forcing the company’s dissolution. To
make things worse, Louis XIV arranged an alliance with Spain
for the upcoming war against the Dutch and the English, and thus
forbade trading directly to Peru as it could upset their new ally.
The idea of a unified French commercial front that could
cooperate to undermine the Spanish authority over its colonies
was an illusion. Despite the aspirations of Louis XIV and Jerome
de Pontchartrain to strengthen commercial companies to be the
spearhead of French overseas expansions, the merchants and
financiers that ultimately sponsored these enterprises were driven
by interests that did not always coincide. Indeed, they sometimes
caused serious clashes. After Danycan’s failed attempt to seize
the Spanish Pacific trade for himself, Louis XIV granted him
the monopoly on trade to China; thus, the Compagnie de la Mer
Pacifique became the Compagnie de la Chine de Saint-Malo.
Further, Pontchartrain was mindful about the high profit nature of
trading with China, and, thus, allowed the formation of another
company, this one centered Paris and financed mostly by Parisian
Beauchesne, Gouin. Journal de vaisseaux Le Phelippeaux, 1698. Journal. From Archives Nationales de Paris. Service hydrographique de la Marine.
Journaux de bord, MAR 4JJ/97, 5.
28

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capital. The Secretary of Marine, aware the inevitable competition
going to ensue between the Saint-Malo and Paris enterprises,
helped broker a partnership between the two. Both companies
maintained their autonomy, but they ultimately cooperated in
taking turns to trade and to establish base prices of the products
that they aimed to sell.29
Strife first arose in 1699, when the directors of first
Compagnie des Indes Orientales (1664-1704) protested about the
violation of their rights when they received news that the vessel
Amphitrite, sent by the recently founded Royal Compagnie de
la Chine, docked in Canton. Despite the successes of initially
establishing colonies in Pondicherry (India), Madagascar, and
Ile Bourbon (Réunion), the Compagnie des Indes was unable
to protect them from foreign incursions throughout the second
half of the seventeenth century. The Dutch and the English
applied constant military pressure and restrained French trading
operations. With the Peace of Ryswick, company investors
believed that finally Anglo-Dutch aggressions would cease, or
at least they would have enough time to prepare for the next
conflict. The directors did not wait. Five years later, France was
engulfed in another global engagement. War in the Indian Ocean
Mémoires des vaisseaux Le Chancelier. Reports of navigation. From the
Archives Départamentales de Ile-et-Vilaine, Rennes. Danycan family papiers,
Série 9-B, Saint-Malo; Procés avec les directeurs de la compagnie de la Mer
de Sud et Compagnie de la Chine de Saint-Malo. Accounting from the Archives Départamentales de Ile-et-Vilaine, Rennes. Danycan family papiers,
Série 9-B, Saint-Malo.
29

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�Noël Danycan

strained the resources and military capacity of the already wornout company.30
In 1698, the Parisian financier Jean Jourdan obtained
permission to send the Amphitrite to China, despite the monopoly
claims of the Compagnie des Indes (exclusive rights to sail and trade
in the Indian and Pacific Oceans). Lack of communication generated
further discomfort since the Company’s vessels Fatemourade and
Elisabeth anchored in Surat waiting for further instructions to
trade in China. All was disrupted by the surprising arrival of the
Amphitrite. When Jourdan’s vessel returned to Nantes in August
of 1700, it brought 400,000 livres worth of merchandise, from
which the Compagnie des Indes received 20,000 as compensation
for their incursion. The success of Jourdan’s voyage sealed the
fate of the official French East India Company since the king and
Pontchartrain saw more advantageous in granting licenses to more
promising enterprises. Competition might be good, and thus both
China companies ultimately granted permits.31
Saint-Malo and the Parisian investors signed an agreement
and both mercantile groups prepared their vessels to sail to China.
The companies designated two ships each to depart. The Amphitrite,
funded by the Parisians, came first. The directors manifested
Marie Ménard-Jacob, La Premiere Compagnie des Indes. Apprentissages, échecs et héritage, 1664-1704 (Rennes: Presses Universitaires de Rennes,
2016), 277-80.
31
Procés avec les directeurs de la compagnie de la Mer de Sud et Compagnie de la Chine de Saint-Malo. Accounting. From the Archives Départamentales de Ile-et-Vilaine, Rennes. Danycan famille papiers, Série 9-B, Saint-Malo.
30

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optimism and estimated that this ship could bring merchandises
valued between 250,000 and 300,000 livres. However, a year
and a half later, when the Amphitrite returned to Port Louis, the
officers from Saint-Malo declared that the vessel only won 12,000
livres. They also accused the captain and the notary of the ship of
falsifying the total amount of profit obtained in the voyage to China
in order to cover up the losses of the Parisian company.32 Although
the evidence that might clarify this incident is incomplete, it is
certain that despite the agreement between the merchants of SaintMalo and the Paris financiers, there existed an ongoing campaign
between them to undermine each other.
The source of this dispute came from Danycan’s desire
to trade with Peru despite the existing royal decree that forbade
direct trade in the South Pacific. Initially, the vessels from SaintMalo followed the route of the Amphitrite. However, Danycan and
his trading partner, the Italian merchant Natal Stefanini, planned
to switch course and head to Peru instead. The ships Phelippeaux,
Charles, and Royal Saint-Jacques reached the South Pacific in
early 1704. The expedition was a resounding success, bringing
back to Saint-Malo 1,3 million livres’ worth of silver bars. When
the news reached the capital, the directors of the Parisian company
manifested their outrage to French authorities and protested to
Pontchartrain. They demanded that the merchants of SaintDanycan and le Compagnie de la Chine, 10 janvier 1708. Accounting and
reports. From the Archives Départamentales de Ile-et-Vilaine, Rennes. Danycan famille papiers, Série 9-B, Saint-Malo.
32

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Malo compensate the king and themselves for violating their
agreement. Initially, the Saint-Malo merchants formed a coalition
and denied these accusations. Even the old dynasties supported
Danycan since they, too, were invested in his company. One of
the representatives of the powerful old Magon family, Magon de
la Chipaudière, even called the Parisian accusations the “darkest
slanders that could ever be imagined”.33
However, the Malouin merchants found out that the
Parisian company faced critical economic problems and Peruvian
silver became the remedy to stabilize the finances of the company.
Martineau, the treasurer of the company in Canton, noted that
the situation of the finances was alarming. In the meantime,
the Parisian financiers accused Danycan of bribing two of the
Parisian directors, Démonts and De Montois, convincing them
to advocate in favor of the Saint-Malo Company. But Danycan
argued that this was a set-up created by the same Parisian directors
themselves, intended to make a strong case to Pontchartrain with
the goal of cancelling the Saint-Malo company. The financiers
from Paris referred to Danycan’s expanding ambition as going
“across the world”, since he aimed to link China and Peru in his
trading network. It is plausible that the Paris financiers knew
Danycan’s gamble in trading with Peru was a success from which
they could benefit from. Further, some of the directors of the
Danycan and le Compagnie de la Chine, 10 janvier 1708. Danycan famille
papiers.
33

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Parisian company like Danjean and Saint-Maurice were keen to
advocate in favor of the merchants of Saint-Malo if they would
receive half of the profit from their ventures in Peru.34
The intrigues and competition between French merchants
and investors also occurred within the company’s operations.
During the first expedition of the Company of Saint-Malo to
the South Pacific, Fouquet, captain of the Phelippeaux and the
supervisor of the squadron, behaved strangely when engaging in
trade with Peruvian peers and acted suspiciously when loading
silver cargo into ships. According to witnesses, it seems that
Fouquet had made previous arrangements with some Peruvian
merchants, and he tried to hide the actual number of silver bars
laded for his own benefit. During the interrogation in the admiralty
of Brittany, Alexis Moriz, an officer of the Phelippeaux, claimed
that Fouquet’s actions caught the attention of Mr. Fouesson,
another officer close to Danycan who had threatened to denounce
Fouquet. The situation escalated to the point that both men draw
their pistols, but immediately stand down to avoid startling the
ship’s crew. According to Moriz, previous orders expedited
by Danycan were simply not followed. Instead, Fouquet took
executive decisions without consulting any of the officers except
Charles Riviere, who seemed to be his accomplice.35
“Le tour du globe”. Procés avec les directeurs de la compagnie de la Mer
de Sud et Compagnie de la Chine de Saint-Malo. Danycan famille papiers.
35
Procés avec les directeurs de la compagnie de la Mer de Sud et Compagnie de la Chine de Saint-Malo. Danycan famille papiers [n/p].
34

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While the order of the Phelippeaux, Charles, and Royal
Saint-Jacques was to head for Lima after a brief stop in Concepción,
Fouquet decided to anchor instead in Pisco, a city located some
400 kilometers south of the capital. Moriz added that the captain
decided to transport a considerable amount of merchandise to a
storage house. The ships remained in Pisco for four months,
trading the offloaded products while Fouquet made arrangements
with local merchants. According to Moriz, Fouquet tried to cover
up this operation by claiming that the merchandises sold in Pisco
was going to the wealthy merchant of Lima Bernardo Solís Bango.
Fouquet aimed to strengthen his ruse by buying merchandises from
the Charles and Royal Saint-Jacques to compensate the cargo sold
in Pisco, then reselling the products and the remaining initial cargo
to Solís Bango and his associates. Finally, Moriz declared that
when they returned to France and arrived at Port Louis, Fouquet
and Riviere unloaded a large chest supposedly full of gold and
silver coins.36 The exposition of this ruse exhibited divisions within
the command of the Compagnie de Saint-Malo, which added up to
the existing issues with the Parisian financiers.
Fouquet recommended Rivière to his former employer,
the Malouin captain Villien Bourdas. According to witnesses,
Riviere was very competent as an accountant and reliable.
Riviere declared that he did not ask Fouquet to be compensated
for his services, instead he served the captain “gratuittement” (for
Procés avec les directeurs de la compagnie de la Mer de Sud et Compagnie de la Chine de Saint-Malo.
36

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�Raul Alencar

free). While being interrogated by the officers of the admiralty of
Brittany, Riviere’s testimony revealed several contradictions with
other testimonies from witnesses on board the Phelippeaux. When
asked about the four months overstay in Pisco, Riviere answered
that Moriz needed medical treatment for an injury that he got while
resupplying in Brazil. Since his injury required rest, the captains
of the expedition decided all together to unload their cargo and
sell it in Pisco. There is no testimony besides Rivière’s of the
existence of this injury, nor did Moriz address it in his testimony.
Finally, when asked about the chest that Fouquet unloaded in
France and that he helped disembark, Rivière acknowledged that
it contained an unknown number of silver bars, retrieved from
the eastern Caribbean Island of Saint-Lucie before returning to
France. He declared that he did not know many details about how
Fouquet managed to amass by himself that amount of silver.37
The case of Danycan’s “global” enterprise illustrates to
layers and complexities found within French trading operations
in early eighteenth-century Peru. There was a notorious division
between regionally capitalized businesses and those centered in
Paris. Danycan perceived that the amount of silver that could
be won in Peru outweighed the risk of contravening the king’s
orders and failing to comply with the agreements of the financiers
from Paris. All shared the ambition to connect Asian trade and
Peruvian trade, as both were vitally important. This incentivized
37

Idem.

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both cooperation and competition, and overall, the wealth of
Peru suffice enough to create internal disputes and constant
negotiations amid French partners in trade.38
Breaking the “Exploration” Monopoly
By the beginning of the eighteenth century, the alliance between
France and Spain in the context of the War of the Spanish
Succession (1701-1713), plus the accession of Philip V to the
Spanish throne convinced France’s Prime Minister, Louis de
Pontchartrain, that the moment for the French to directly access
the richness of Spanish America had finally arrived. However,
Pontchartrain wanted to find a way that allowed French direct trade
without upsetting their Spanish allies. The Compagnie de Guinée
(Guinea Company) and the Compagnie de la Mer Pacifique had
to the support of the French Crown and the Guinea Company
had the endorsement of the Spanish king to arrive to the Indies.
The grand families of Saint Malo expressed their discomfort with
this decision. They felt that they had been cast aside by Parisian
interests, excluded from a reward they felt deserved. These
families created networks with Seville and Cadiz trading houses
and in diverting Spanish American riches to France, and, as such,
looked pivotal in this system. However, the policy of the asiento
or slave trade monopoly harmed Malouin commercial interests
just as it benefitted Parisian investors and the financial allies of
the French crown.
38

Bradley, The Lure of Peru.

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Despite this fact, the Malouins pushed their luck and outfitted vessels for the South Pacific run. Several had to be cunning
in order to bypass local authorities. For example, Jean Vivien,
captain of the Deux Couronnes Catholiques, managed to sell his
cargo and bring returns valued at half a million livres despite
open confrontation with the merchant guild of Lima.39 Nonetheless, not all voyages were successful. Some vessels had to endure
obstacles that, in some cases, crippled their endeavors. The Cigne’s passage to the South Pacific in 1701 which was disaster due
to logistical problems and lack of provisioning. Risks continued
to be high. Desperation forced the Cigne’s captain to use violence
against coastal settlements to obtain food and water, and shortly
after he and his crew returned with heavy economic losses back
to Saint-Malo.40 In other situations, plans changed at the last minute. The vessel Saint-Francois initially prepared to sail to Peru
in 1700, but the ship’s armateur, Jean Gaubert, backed out at the
last moment, fearing potential reprisal from the French crown.
Gaubert was worried by Danycan’s monopoly, and thus he ordered the ship’s course switched to Cádiz.41
Manuel Moreyra Paz Soldán, Estudios históricos. Tráfico marítimo colonial y el Tribunal del consulado de Lima, vol. 1 (Lima: Pontificia Universidad
Católica del Perú, Instituto Riva-Agüero, 1994), 379-81.
40
Paul Firbas y José A. Rodríguez Garrido, eds., Diario de noticias sobresalientes en Lima y noticias de Europa (1700-1711), vol. 1 (New York: Instituto
de Estudios Auriseculares (IDEA), 2017), 57.
41
Lespagnol, Messieurs de Saint-Malo: une élite négociante au temps de
Louis XIV, 525.
39

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�Noël Danycan

The French crown’s enthusiasm over its alliance with
Spain and long-desired participation in the Carrera de Indias did
not come for free. Spain relied heavily on France for the war effort
and for the aid in the safe return of the silver fleets back from the
Indies. However, the disaster of Vigo Bay (1702) that brought the
destruction of half the forces of the French Marine and caused
bitterness in Versailles, but the Malouins understood that they
could exploit this situation. La Lande Magon sent a letter to the
Controller Général Michel Chamillart in March of 1705 suggesting
that the crown, to gain compensation for the losses at Vigo, could
end Danycan’s South Pacific monopoly and open trade for the rest
of the Malouin families and, thus, benefit from taxation of French
trade int the coasts of Rio de Janeiro, Buenos Aires, and the South
Pacific. Furthermore, La Lande Magon convinced Chamillart
that the Malouins could send a constant flow of vessels to the
Peruvian coast cities to ensure this project.42 The great families of
Saint-Malo already possessed contacts in Cadiz that functioned as
intermediaries between them and the merchant groups of the South
Pacific. The connection Cádiz – Saint-Malo had benefited the old
Malouin clans like the Magons, Eons, Le Fer, Grout, Picot, among
other families, and this cooperation will continue to be decisive in
the French incursion into Spanish South America.
The merchants of Saint-Malo demonstrated eagerness to
transgress existing directives against foreign trade using the excuse
42

Lespagnol, 521.

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of buena correspondencia that the king of Spain issued in 1703.
In this mandate, Philip V communicated to the viceroy, count de
la Monclova, that Spain and France had an “friendly” alliance,
and thus, when French ships arrived in Spanish America, local
authorities needed to ensure their provisioning and safety.43 French
captains were aware of these conditions and offered their services
to obtain permits to trade. Some French captains ask colonial
authorities to patrol the coasts, and some of them, claimed that they
had fought against the English or Dutch privateers on their way to
the South Pacific. In 1701, Beauchesne arrived at Callao and asked
permission to sell his merchandise, which initially was rejected.
However, after “persuading” local authorities with a banquet and
generous gifts, the viceroy allowed the French to trade.44 In 1702,
the French captain of the Saint-Joseph, Nermont Trublet, was
allowed to sell merchandise since he claimed that he managed to
drive off three English ships along the coast of Chile. A year later, a
members of a great Malouin merchant family, Carman Julian Eon,
arrived in Arica bringing an English flag that he claimed to have
taken from an English vessel that he sank on his way to Peru. It
convinced the local authorities to allow him to trade.45
Antonio Muro Orejón, ed., Cedulario americano del siglo XVIII; coleccion de disposiciones legales indianas desde 1680 a 1800, contenidas en los
cedualrios del Archivo General de Indias., [1. ed.], Publicaciones de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla, 99 (Sevilla, 1956), 180.
44
Firbas y Rodríguez Garrido, Diario de noticias sobresaleintes en Lima y
noticias de Europa (1700-1711), 1:50.
45
Firbas y Rodríguez Garrido, 1:350.
43

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�Noël Danycan

Despite the royal decrees that forbade foreign trade,
viceroys varied in terms of their will to enforcement. They did this
while also extending the expected buena correspondencia towards
the subjects of Louis XIV. The viceroy count de la Monclova
(1698-1705) operated according to the law, giving the arriving
French the possibility to reprovision but without consenting to
trade. Even so, when Beauchesne arrived at Lima in 1701 with
a small squadron of ships, reaffirming that he had the mission to
protect the coasts against English and Dutch privateers, also asked
for a permission to trade. As we know, Beauchesne’s request were
initially refused, but later was approved giving generous gifts to
the local authorities.46 The subsequent viceroy, the marquis of
Castelldosrius, had an opposite approach to the French concern.
His deep personal involvement in French affairs due to his previous
office as the Spanish ambassador in Paris and his close friendship
with Louis XIV shaped his administration to be tolerant and even
supportive of French trade. For example, when the French vessel
Aimable arrived at Lima, the Peruvian viceroy kindly received
the captain Michel Chabert, granting him a horse-drawn carriage
to explore the city. The captain of the Assomption, Alain Poreé
claimed that he was surprised when he met the viceroy because he
behaved more like a Frenchman than a Spaniard and did not hide
his admiration for the French and their king.47
Firbas y Rodríguez Garrido, 1:50.
Malamud, Cádiz y Saint Malo en el comercio colonial peruano (16981725), 256.
46
47

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�Raul Alencar

Pontchartrain realized that Danycan’s monopoly needed
to end. The positive reception that Saint-Malo merchants received
upon their arrival to Peru and the increasing numbers of négociants
eager to invest in this trade signified an excellent opportunity for
France to profit from this commerce. Pontchartrain’s concerns
about the “legality” of French direct trade in the Spanish Pacific
dissipated. In Madrid, constant debates between Spanish and
French representatives about allowing French direct trade to
Spanish America led nowhere. However, in practice, these
debates and negotiations did not matter. The constraints that war
caused, such as the lack of communications between the Peninsula
and the Americas and the stagnation of the fleet system, forced
Peruvian authorities to be more tolerant and cooperative with the
French, despite the ongoing prohibitions against foreign direct
trade. Still, Pontchartrain believed that a company that oversaw
the “exploration” of the Pacific was more manageable to control
than a constant flow of independent merchants.
However, the traditional Malouin houses pressed forward.
La Lande Magon took the role of intermediary of the Saint-Malo
families. Magon had several meetings with Controller-General
of Finances Michel Chamillart to present the case that the SaintMalo trade in Peru was very profitable. Nevertheless, it could
go even better if they had the king’s authorization. Opening the
route for French merchants meant avoiding conflict with Danycan
and signified having more tools to validate their arrival at the
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�Noël Danycan

South Sea. Louis XIV’s endorsement meant that French sailors
represented their king, giving the Malouins more tools to negotiate
with Peruvian authorities and local merchants. Thus, on August 25,
1705, Louis XIV authorized French merchants to dispatch ships
“for discovering and exploration” purposes in the South Pacific,
putting to an end the short-lived Noël Danycan’s monopoly.48
Conclusion
During the French commercial penetration into Peru (1698-1714),
divisions and disputes arose within the French side. Disagreements
and conflict characterized France’s attempt to access Peru directly.
The French crown, Parisian bankers, and Malouin merchants
floundered to find common ground within this struggle. Danycan’s
business model aligned with the standard commercial model
supported by the French crown: the chartered company. The
introduction and proliferation of French commercial companies
facilitated overseas exploration and trade. However, Danycan
encountered two problems. First, Saint-Malo’s contraband trading
activities in Peru posed a significant challenge to Danycan’s
authority. The increasing number of ships defying Danycan’s
prerogative to sail in the South Sea was a clear threat. Yet, despite
these challenges, Danycan, with his proficiency and skill as a sailor
and businessman, continued to navigate the treacherous waters of
French commercial interests in Peru.
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Louis XIV, 511.
48

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�Raul Alencar

Secondly, conflicting interests emerged between Danycan
and the Compagnie des Indes Orientales. Danycan represented a
“modern” approach to the traditional structure of Saint-Malo’s
commercial families. He saw the benefits of involving Parisian
financiers in his enterprise, given the outstanding privileges
granted by the French crown. However, when the Compagnie des
Indes and the Royalle Compagnie de la Chine perceived Danycan
as a threat to their interests, they ultimately blocked his attempts
to pursue his “global” enterprise. Their conflict revealed Parisian
financiers’ and merchants’ fear that regional merchant elites would
control the potential profits of the new markets in Asia and South
America. The case of Danycan’s failed attempt to monopolize
South Pacific trade illustrates that in commercial networks “across
the world,” trading interests intertwine and reconfigure the rules
of commercial arrangements. Profit efficiency dictates courses of
action, and commercial models bend in favor of monetary and
credit rewards. In the end, Danycan, despite his proven sailor
skills, found himself relegated to the changing tides of South
Pacific trade.
Bibliography
Primary Sources
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Série 9B – Saint-Malo: Caisse de la Compagnie des Indes, Champloret Le Brun, Danycan familie papiers, Enregistrement
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�Noël Danycan

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�Los puertos peruano-chilenos como espacios de
contrabando, mercadeo y consumo global:
el caso del navío francés L’Eclair (1714)
Peruvian-Chilean ports as spaces for smuggling, marketing and
global consumption: the case of the French ship L’Eclair (1714)
Juan Carlos González Balderas
KU Leuven
Leuven, Bélgica

https://orcid.org/0000-0001-9042-7152
Recibido: 25 de marzo de 2024
Aceptado: 3 de mayo de 2024

Resumen: Las aguas del Pacífico peruano-chileno constataron un
incremento en la presencia de flotas francesas a partir de 1700, como
consecuencia de la política de la Union des Couronnes (1700–1713),
pacto entre Madrid y París que perseguía proteger los dominios
hispánicos en América contra una posible invasión británica u holandesa.
Gracias a dicho acuerdo, las flotas galas gozaban de un libre acceso a
los puertos del mar del sur; así como la posibilidad de intercambiar
alimentos y bastimentos necesarios para la navegación. Sin embargo,
los barcos franceses en la práctica contrabandeaban con una amplia
gama de productos en los puertos americanos en una parada obligatoria
en su navegación hacia China. De tal manera, durante las primeras dos
décadas del siglo XVIII se concretó una ruta alterna al Galeón de Manila
(1565–1815) por la cual los súbditos peruanos tuvieron acceso directo a
productos chinos, privilegio reservado al mercado novohispano desde
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�Los puertos peruano-chilenos

inicios de los contactos entre las islas Filipinas y la América española.
El presente artículo persigue tres objetivos a través de la revisión del
decomiso del navío L’Eclair, embarcación que navegó directamente de
Perú a China. El primero de ellos profundiza sobre las redes ilícitas
establecidas en torno a dicha expedición en los puertos peruanochilenos. Derivado de ello, se examinarán las estrategias empleadas
por los mercaderes para comprender la demanda de productos asiáticos
en el virreinato de Perú. Por último, se indagarán las implicaciones
procedentes de los comisos en los proyectos comerciales galos en los
dominios hispanos del Pacífico americano.
Palabras claves: Historia global, peruleros, comercio global,
mercaderías chinas, redes ilícitas
Abstract: In the early 18th century, the Iberian and French crowns signed
the treaty “L’Union des Couronnes” (1700–1713), allowing French
fleets unrestricted access to the Southern Pacific ports. This agreement
was pivotal in safeguarding the Spanish American dominions against
possible British or Dutch attacks. As a result, French captains could
trade crops, food, and other essential goods with the inhabitants of Peru
and Chile. However, these sailors smuggled various European and Asian
products beyond the legal limits, even navigating off the port of Canton.
This led to a parallel commercial route between Spanish America
and China during this period, which was monopolised by the Manila
Galleon (1565–1815). This paper examines the trail of Jean Boislore,
the captain of the vessel L’Eclair, which navigated the abovementioned
route between 1712-1713 and was captured in Manila in 1714. The
investigation has three primary objectives: firstly, to uncover the
illicit networks woven in Chilean and Peruvian ports during Captain
Boislore’s expedition; secondly, to scrutinise the methods French
merchants employed to identify the Chinese products in demand in the
viceroyalty of Peru; and lastly, to explore the aftermath of increased
seizures of French vessels in the Pacific waters.
Keywords: Global History, Peruvian merchants, global consumption,
Chinese goods, smuggling
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�Juan Carlos González Balderas

Introducción1
Los estudios históricos sobre las expediciones francesas a
través del mar del sur han enfatizado en el aspecto europeo en
detrimento del componente transpacífico. Obras pioneras como
las realizadas por Amédeé-François Frézier, Erik Wilhelm
Dahlgren, André Lespagnol y Carlos Malamud profundizaron
sobre el aspecto científico de las navegaciones, los intereses
comerciales de los mercaderes de Saint-Malo, así como el flujo
de plata americana hacia los puertos franceses derivados de las
actividades comerciales en las Américas.2 Desde la perspectiva
americana, Manuel Moreyra Paz-Soldán analizó las incursiones
de los mercaderes franceses en Lima, además del doble rol de
los miembros del Tribunal del Comercio de Lima; por una parte
* This research was supported by and contributes to the ERC AdG project
TRANSPACIFIC which has received funding from the European Research
Council (ERC) under the European Union’s Horizon 2020 Research and Innovation Programme (Grant agreement No. 833143). Quisiera dar mi profundo
agradecimiento al personal del Archivo Histórico Nacional de Chile, especialmente a Pedro González por todas las facilidades ofrecidas durante mi estancia de investigación. Asimismo, al historiador Ignacio Chuecas Saldías por su
orientación y consejos para la localización de fuentes indispensables para la
construcción del presente artículo.
2
Amédée-François Frézier, Relation du voyage de la mer du sud aux cotes du chily et du Perou, fait pendant les années 1712,1713&amp;1714, Maritime
Exploration (Cambridge : Cambridge University Press, 2014). Erik Wilhelm
Dahlgren, Les relations commerciales et maritimes entre la France et les côtes
de l’Océan Pacifique (Paris : Librairie Ancienne Honoré Champion, 1909).
André L´espagnol, Messieurs de Saint Malo. Une élite négociante au temps de
Louis XIV (Rennes : Presses Universitaires de Rennes, 1997). Carlos Malamud, Cádiz y Saint Malo en el comercio colonial peruano (1698-1725) (Diputación Provincial de Cádiz, 1986).
1

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�Los puertos peruano-chilenos

condenándolos y a la vez colaborando con éstos.3 Por su parte,
Raúl Alencar focalizó su atención en las empresas franco-peruanas
creadas durante las primeras décadas del siglo XVIII alrededor
de respetadas autoridades comerciales limeñas con el objetivo
de traficar con mercaderías europeas y asiáticas.4 Recientemente
Guadalupe Pinzón y Pierrick Pourchasse examinaron, con base
en documentación francesa, las navegaciones galas en aguas
asiáticas con especial énfasis en el derrotero del navío L’Eclair.5
Desde la historiografía anglófona, Susan E. Schopp y
Annick Foucrier han profundizado sobre la presencia francesa
en el Pacífico, principalmente en las compañías comerciales
fundadas para competir con sus similares inglesas, portuguesas
y neerlandesas; así como, la preponderancia de las colonias
insulares en el comercio transpacífico.6 De la misma forma, Wim
Manuel Moreyra Paz-Soldán, El Tribunal del Consulado de Lima (Lima:
Instituto Histórico del Perú, 1956).
4
Bryan Raúl Alencar Gálvez, “La infiltración francesa en el imperio hispánico: los comerciantes de Saint-Malo en Lima, 1710-1720” (Licenciatura en
Historia, Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú, 2016), https://tesis.
pucp.edu.pe/repositorio/handle/20.500.12404/28/browse?type=author&amp;value=Alencar+G%C3%A1lvez%2C+Bryan+Ra%C3%BAl.
5
Guadalupe Pinzón Ríos y Pierrick Pourchasse, “Expediciones francesas
y sus proyectos marítimos en torno a Filipinas: el caso del capitán Boislore
(1710-1735)”, Vegueta. Anuario de la Facultad de Geografía e Historia, núm.
20 (2020): 273–93.
6
Susan E. Schopp, Sino-French Trade at Canton, 1698-1842 (Hong Kong:
Hong Kong University Press, 2020). Annick Foucrier, The French and the Pacific World, 17th–19th Centuries. Explorations, Migrations and Cultural Exchanges, 1st ed., vol. 7, The French and the Pacific World, 17th–19th Centuries
(Oxfordshire: Routledge, 2005).
3

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�Juan Carlos González Balderas

De Winter ha ahondado sobre el transporte de textiles asiáticos
embarcados en las flotas galas y los respectivos intercambios
por plata sin acuñar.7 A diferencia de los estudios anteriores,
Mariano Bonialian en su estudio sobre el Pacífico Iberoamericano
posicionó al derrotero transpacífico y las conexiones con China en
primer plano, destacando el rol protagonista de dicha mercadería
tanto para las ambiciones francesas como para la ordeña ilegal de
plata potosina destinada a espacios europeos más allá de España.8
A pesar de las aportaciones proporcionadas por las
investigaciones señaladas, aún existe una brecha por cerrar
con respecto a los estudios sobre las relaciones tejidas entre
los comerciantes franceses con diversas autoridades y súbditos
americanos, quienes permitieron un acceso directo a la navegación
rumbo a aguas asiáticas. En consonancia con dicha aseveración, el
presente artículo versa sobre el expediente de decomiso del navío
L’Eclair comandado por Jean Boislore en las Filipinas en 1714.
Dicha documentación consiste en una gama de correspondencia
entre las autoridades hispanas en las Filipinas con respecto a
la llegada del navío francés, además de los interrogatorios del
Wim De Winter, “Silently Smuggled and Invisibly Dyed: The Trans-Pacific Smuggling of Semi-Processed Asian Textiles and Peruvian Bullion in
the Spanish Colonies and at Sea, 1547-1800.”, Commodities of Empire, num.
Working Paper No.35 (2022): 1–30.
8
Mariano Ardash Bonialian, El Pacífico Hispanoamericano. Política y Comercio Asiático en el Imperio Español (1680-1784)” (México D.F.: El Colegio
de México, 2012). Mariano Ardash Bonialian, China en la América colonial:
bienes, mercados, comercio y cultura del consumo desde México hasta Buenos
Aires (Ciudad de México: Instituto Mora, 2014).
7

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�Los puertos peruano-chilenos

capitán y del resto de la tripulación, igualmente, un detallado
informe sobre la carga decomisada en señalado procedimiento
legal. Si bien la expedición de Boislore ha sido mencionada en los
diarios de viaje de exploradores franceses9 y en diversos análisis
históricos,10 éstos hacen hincapié en el derrotero entre Francia y
América, o bien, en la navegación entre Manila y Cantón. Por
lo cual, este artículo persigue contribuir a la brecha de estudios
alrededor de la expedición del navío el relámpago en las aguas del
mar del sur. La relevancia de dicho caso radica en ser uno de los
escasos testimonios documentados sobre el comercio triangular
directo entre el Callao y Cantón; por medio del cual se pueden
constatar estrategias de contrabando como la arribada forzosa y
el contrabando hormiga, típicas del siglo XVIII.11
Tomando como punto de partida los acuerdos perpetrados
entre el capitán parisino y diversos actores a lo largo de la costa
Frézier, Relation du voyage de la mer du sud aux cotes du chily et du Perou, fait pendant les années 1712,1713&amp;1714.
10
Pinzón Ríos y Pourchasse, “Expediciones francesas y sus proyectos marítimos en torno a Filipinas: el caso del capitán Boislore (1710-1735)”.
11
El historiador Julio Rodríguez entiende la arribada forzosa como la excusa de avistar enemigos, hacer aguada o reparaciones o capear un temporal para
atracar en puertos no autorizados y realizar ventas ilícitas. Por su parte, al contrabando hormiga acontecía al camuflar los productos ilícitos al hacerlos pasar
por regalos o de consumo propio y no como un artículo con fines de lucro. Ver
Julio César Rodríguez Treviño, “De las islas a Tierra Firme: las rutas marítimas y terrestres del contrabando en las importaciones del Caribe novohispano,
1700-1810”, en Entre lo legal, lo ilícito y lo clandestino. Prácticas comerciales
y navegación en el gran Caribe, siglos XVII al XIX. (Ciudad de México: Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología | Instituto de Investigaciones Dr. José
María Luis Mora, 2018), 57–58.
9

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americana, señalados en los interrogatorios del juicio de decomiso,
se pretende reconstruir la cadena social de internación de
contrabando;12 es decir, aquellos individuos y asociaciones que
permitieron la entrega de bienes ilegales, así como la aportación de
conocimientos, numerario y paso libre por las jurisdicciones bajo
su cargo. De igual manera, un segundo objetivo consiste en resaltar
la doble función de las ferias comerciales en los puertos peruanochilenos, tanto como centro de abastecimiento como laboratorios de
mercadeo con la intención de minimizar el regreso con mercadería
poco atractiva para los vecinos americanos. Finalmente, una
tercera finalidad consiste en resaltar el rol primordial jugado por
los decomisos en el decaimiento de las flotas francesas a partir de
1716, que culminaría en un desánimo de los galos por un comercio
triangular (Cantón-Lima-Saint Malo) y del abandono del proyecto
de apropiarse del comercio de productos asiáticos en la América
Española. Así, esta contribución se construye en cuatro apartados.
En el primero se ofrece un contexto general sobre los acuerdos de
libre circulación entre ambas monarquías; enseguida, se brindará
más información sobre la expedición del navío L’Eclair y de los
intereses a su alrededor. El tercer y cuarto apartado representan el
núcleo de la investigación ya que desenmarañan los hilos de las
redes ilícitas de colaboración que permitieron la navegación entre
el Callao y Cantón. Finalmente, se ofrece una reflexión sobre la
importancia de los puertos peruano-chilenos en el contexto de la
globalización temprana.
12

Rodríguez Treviño, 68–69.

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�Los puertos peruano-chilenos

La política de L’Union des Couronnes y los intereses de las
flotas francesas en el Pacífico Iberoamericano
La presencia gala en el Pacífico americano derivó de la política
denominada “L’Union des Couronnes” (1700–1713) pactada
entre la corona francesa e ibérica, hermanadas en torno a la
familia Borbón, tras el testamento de Carlos II quien dejó como
heredero a su nieto Felipe de Anjou.13 La corona ibérica encontró
en Francia un aliado en su afán de hacer frente a las empresas
británicas y neerlandesas.14 En carta de 11 de enero de 1701, la
reina María Luisa de Saboya (1688–1714) – esposa del rey Felipe
V quien gobernó intermitentemente en ausencia del monarca–,
dirigía las siguientes órdenes al gobernador en Chile:
“Entenderéis la amistad y unión de esta corona con la de
Francia, y porque en consecuencia de esta alianza y estrechos
vínculos, he resuelto se dejen entrar en los puertos de las Indias
a los bajeles franceses que llegaren a ellos, y que por su dinero
se den los bastimentos necesarios y los materiales para carenar
cuando sea menester y que se les resguarde siendo necesario de
armada mayor o enemiga”.15

José Luis de la Peña, trad., Testamento de Carlos II, Colección Documental (Madrid: Editorial Nacional, 1982).
14
Mariano Bonialian, El Pacífico Hispanoamericano. Política y Comercio
Asiático en el Imperio Español (1680-1784)” (México D.F.: El Colegio de
México, 2012), 228.
15
Archivo Histórico Nacional de Chile (en adelante AHNC), María Luisa de
Saboya (1688–1714). Carta al presidente de la audiencia de Chile sobre dejar
entrar a los navíos franceses a los puertos de las Indias, 11 de enero de 1701,
Capitanía General, volumen 719, f. 48r-v.
13

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�Juan Carlos González Balderas

Esta alianza proveía a la monarquía hispana ventajas como
el resguardo de los puertos americanos con tropas equipadas,
el aseguramiento del flujo de remesas de plata americana a la
metrópoli, necesarias para financiar la guerra de sucesión16 y
mantener comunicación con las posesiones americanas a través
del envío de correspondencia. De manera general, las licencias
consistían en el permiso de navegar a través del mar del sur con
la intención de proteger los puertos peruano-chilenos de ataques
de flotas extranjeras, en especial debido al estado precario de las
fortificaciones. Cabe señalar cuán constante en la correspondencia
oficial era la noticia de navíos ingleses zarpando hacia el Estrecho
de Magallanes en búsqueda de comerciar e invadir las posesiones
americanas.17 Otros beneficios obtenidos gracias a la protección eran
la legitimización para capturar cualquier barco enemigo presente
en el Pacífico; de igual manera, la facultad de comerciar con los
Para la Guerra de Sucesión Española, ver Henry Kamen, The War of Succession in Spain 1700-15 (London: Weidenfeld and Nicolson, 1969).
17
El temor sobre una posible invasión británica a las costas americanas es
un tema recurrente en la correspondencia enviada a la capitanía de Chile, para
un análisis a detalle ver AHNC, Mariana de Neoburgo (1667–1740). Carta al
gobernador de Chile previniéndole el cuidado con que se debe estar par que
las naciones extranjeras no logren invadir los dominios, Madrid a 13 de noviembre de 1700, Capitanía General, volumen 719, f. 42r; AHNC, María Luisa
de Saboya. Carta al gobernador informado sobre la noticia de una probable de
que ingleses y holandeses dispongan invadir y conquistar los ingleses y holandeses, Madrid a julio de 1701, Capitanía General, volumen 719, f. 49r.; De
nuevo el temor que los ingleses y holandeses desean conquistar las indias, 51r;
De nuevo temor de que los ingleses y holandeses manden una escuadra para
conquistar las indias, 55r.
16

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�Los puertos peruano-chilenos

súbditos americanos productos necesarios para sus travesías, con
un límite de 500 pesos.18 Empero, los tratos superaron lo permitido
en cantidad y naturaleza. En la práctica los mercaderes galos
contrabandeaban19 con un abanico amplio de mercadería francesa,
que representaba la mayor proporción de la carga de las flotas
oficiales, la cual era pagadera en plata acuñada y metálico en bruto.
Las autoridades y vecinos americanos veían con buenos ojos dichas
incursiones debido a un general desabasto, producto del abandono
de la feria de Tierra Firme en Panamá desde finales de 1696, ante el
peligro inminente de captura por parte de los ingleses u holandeses
en el Atlántico, como una extensión de las hostilidades de la Guerra
de Sucesión Española.20
En contraparte, las motivaciones francesas por navegar a
través de la América española recaían en intereses diametralmente
distintos. En principio, los galos perseguían materializar su
ambición por navegar alrededor del mundo; asimismo, tomar
el control del comercio de la nuez moscada y clavo, monopolio
AHNC, María Luisa de Saboya (1688–1714). Carta al presidente de la
audiencia de Chile sobre dejar entrar a los navíos franceses a los puertos de las
Indias, 11 de enero de 1701, Capitanía General, volumen 719, f. 48v.
19
En este artículo se retomará a Félix Joseph Abreu para definir el contrabando como “toda mercancía, género, caldo, efecto o especie prohibido en el
reino a comercio o no hecho el pago correspondiente [de derechos reales] Félix Joseph Abreu y Bertodano, Tratado jurídico-político sobre pressas de mar
y calidades que deben concurrir para hacerse legítimamente el corso (Cádiz:
Imprenta Real de la Marina, 1742), 13–16, https://www.bibliotecavirtualdeandalucia.es/catalogo/es/consulta/registro.do?id=6892.
20
Bonialian, El Pacífico Hispanoamericano. Política y Comercio Asiático en
el Imperio Español (1680-1784)”, 229.
18

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en manos de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales
(VOC).21 Casualmente la política de Unión de Coronas coincidía
con los planes del ministro de la marina francesa Jerôme
de Pontchartrain (1674–1747), quien designó a Ambroise
Daubenton de Villebois (1702–1709) como portavoz en Madrid
con la misión de convertir a la América española en la frontera
del comercio entre ambas coronas.22 En correspondencia entre
ambos, Daubenton planteaba al ministro francés de la marina
tomar el control del comercio con América. El proyecto proponía
la creación de dos rutas comerciales; un derrotero directo entre El
Callao y Cantón a través del cual se proveería a Perú de mercancías
europea de camino a Asia, y de productos asiáticos al tornaviaje
a Francia. Asimismo, alegaba poder convencer a los mercaderes
ibéricos sobre el cese de la importación de bienes chinos a través
de Acapulco, bajo el argumento que dicho comercio beneficiaba
exclusivamente a los mercaderes novohispanos. Como solución
presentaría la posibilidad de suministrar los productos asiáticos
solicitados en la Nueva España vía Cádiz, naturalmente
proveídos por compañías galas a los cargadores andaluces.23 En
Archivo General de Indias (en Adelante AGI), Anónimo. Proposiciones
para dar la vuelta al mundo, 1708, Escribanía 405b, Expediente 5, cuaderno 5,
f. 28r-31v,
22
Sylvain Lloret, “Un agent d’entre-deux pour l’union des Couronnes: Ambroise Daubenton de Villebois et la diplomatie commerciale franco-espagnole
(1702-1709)”, Enquêtes. Histoire moderne et contemporaine, núm. 2 (2016):
1–11.
23
Erik Wilhelm Dahlgren, Les relations commerciales et maritimes entre
la France et les côtes de l’Océan Pacifique (Paris: Librairie Ancienne Honoré
21

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otras palabras Daubenton pretendía arrebatar la exclusividad del
Galeón de Manila, como única ruta de comercial entre el sudeste
asiático y la América española.
Los primeros años del reinado de Felipe V estuvieron
marcados por una avalancha de ordenanzas permitiendo el
accesso de los comerciantes galos al mercado peruano, incluso
dándoles libre acceso por tierra y mar.24 Durante este periodo
las embarcaciones francesas, principalmente de Saint-Malo,
comenzaron a surcar los puertos americanos en consonancia con
el ambiente de cooperación entre ambas coronas; sin embargo,
los efectos negativos no tardaron en llegar a oidos de las cortes
en Madrid. Luego de tres años, una serie de quejas por parte de
autoridades y vecinos americanos circularon hacía el Consejo de
Indias haciéndoles saber las contrariedades acaecidas debido a la
autorización de una libre circulación francesa. Primeramente las
autoridades en Panamá remarcaban a la reina:
“Si absolutamente no se ataja la codicia de los armadores
franceses, entrada y tráfico por el mar del sur se perderá el
comercio de España con el Perú se aventurará y quedará las
provincias de tierra firme en miserable abandono y aquellos
vasallos en el último desconsuelo”.25
Champion, 1909), 257–58.
24
AHNC, Carlos II (1661–1700). Carta al gobernador de Chile con la explicación al capítulo 15 de las últimas paces ajustadas entre esta corona y la de
Francia, en Madrid a 8 de septiembre de 1700, Capitanía General, volumen
719, f. 38r-39r.
25
AHNC, Fernando Dávila (1700–1706). Petición del presidente de la audiencia de Panamá para poner remedio al comercio francés, en Panamá a 11 de
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Las noticias sobre las violaciones a los pactos también llegaron
desde el extremo sur, en donde las embarcaciones galas
aprovechaban la vigilancia de las costas para comerciar con los
vecinos, que, acorde con los oidores de la audiencia de Santiago
reportaba graves perjuicios a la real hacienda debido a que dichos
pagos se realizaba en plata en pasta; es decir, numerario que no
habría contribuido al pago de los impuestos reales. La misiva
subrayaba como los galos alegaban la persecución de navíos
enemigos para legitimar su presencia y poder obtener alimentos
acordes con los pactos monárquicos, pero manifestando falta
de moneda, los capitanes pagaban los bastimentos con telas
europeas, vestimenta, cera y papel; escenario propicio para
encubrir los excesos en los límites permitidos.26 El incremento
de vasallos franceses avecindados en Perú era otra de las quejas
expresadas. Las cartas entre las autoridades revelaban un aumento
considerable de vecinos galos quienes, al desertar de los barcos,
tanto viniendo de Francia como regresando de China, decidían
residir permanentemente en las Indias debido a los constantes
maltratos de los capitanes, así como, de la ayuda recibida tanto
en monasterios como en las residencias de los comerciantes para
establecerse permanentemente.27 Aunado a lo antes mencionado, la
marzo de 1704, Capitanía General, volumen 720, f. 17r.
26
AHNC, Diego Zúñiga y Tovar (1662–1738). Carta de la real audiencia
de Chile informando sobre la arribada en navíos franceses en Concepción, en
Santiago de Chile, 1705, Capitanía General, volumen 720, f. 16r.
27
AHNC, María Luisa de Saboya. Carta informando al virrey Castelldosríus
para la pesquisa y expulsión de vecinos franceses en Perú, Buen Retiro a 26 de
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alianza entre las dos coronas fue matizada en 1709 como reacción
hispánica ante la actitud conciliadora de la corona francesa con
Inglaterra y Holanda, que, entre otras acciones pactó el retiro de
las tropas francesas de España y de cualquier otro dominio ibérico
en Sicilia y los Países Bajos meridionales (actual Bélgica).28
En consecuencia, el ministro Pontchartrain suavizó la política
diplomática, replanteando la idoneidad de las navegaciones de
flotas galas en las aguas del Pacífico Iberoamericano.29
De tal manera, la actitud ibérica respecto a la circulación
de flotas galas dio un viraje en 1709. La monarca regente decidió
poner las cartas sobre la mesa y buscar una solución a los problemas
ocasionados por los franceses. En carta de mayo de 1710, la reina
al mando hizo del conocimiento de las autoridades americanas el
desagrado con el cual recibió las noticias de los fraudes efectuados
en los dominios americanos debido a la colaboración con los
extranjeros. Ante ello, exigió la completa ejecución de sus deseos
tal como se escribía en las cartas.30 La petición englobaba una
estrategia anti-francesa que consistía en cuatro principales medidas:
junio de 1708, Capitanía General, volumen 720, f. 14r.
28
Archivo Histórico de Euzkadi, Eugenio de Saboya (1663–1736). Artículo
para servir al Tratado de Paz para la guerra de sucesión en España, La Haya a
28 de mayo de 1709, Documentos políticos e históricos, Legajo 60, expediente
2, f. 1r-9v.
29
Dahlgren, Les relations commerciales et maritimes entre la France et les
côtes de l’Océan Pacifique, 582–84.
30
AHNC, MLS. Carta al gobernador de Chile exigiendo el cumplimiento
de sus órdenes libre de cualquier interpretación, Madrid a 7 de mayo de 1710,
Capitanía General, volumen 720, f. 72r-73r.
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reducir al mínimo la presencia de capitanes galos en los puertos del
Pacífico; exhortar a los burócratas a cumplir cabalmente con el deber
ser de sus puestos y aplicar las leyes sin ninguna interpretación; la
deportación de todo mercader francés ilegalmente avecindado en
Perú y Chile, y el decomiso de todo navío ante cualquier sospecha
de violación a los acuerdos marcados en las reales ordenanzas.
Según Bonialian, factores como el decaimiento de
la producción argentífera de Potosí y la presencia inglesa
ocasionaron, desde 1716, el descenso del comercio francés en el
virreinato sudamericano.31 Si bien, ambas razones contribuyeron
a dicho proceso, el presente análisis sostiene que el incremento de
lo decomisos tanto en los puertos americanos como filipinos fue
una tercera razón del decaimiento del interés de los cargadores
franceses en invertir sus capitales en el comercio traingular entre
Cantón, Manila y Lima. Precisamente el caso del navío L’Eclair
(El relámpago) capitaneado por Jean Boislore representa una
piedra angular en dicho proceso debido al cuantioso valor de
la pérdidad reportada a los cargadores parisinos y particulares
involucrados en dicho derrotero.
El Navío L’Eclair: un barco con intereses parisinos y
americanos en el espacio transpacífico
En noviembre de 1713 atracó en el puerto filipino de Solotsolot
un navío francés llamado L’Eclair. Pronto las autoridades
Bonialian, El Pacífico Hispanoamericano. Política y Comercio Asiático en
el Imperio Español (1680-1784)”, 234.
31

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entraron en contacto con el capitán Jean Boislore quien confesó
lo accidental de su llegada a dicho puerto debido a las malas
condiciones de su embarcación y la bravura de las corrientes
marinas.32 En la primera carta intercambiada con el corregidor
Gabriel Francisco de Urquija, el capitán galo reconocía hallarse de
regreso de Cantón hacia Francia respaldado por una licencia para
explorar y tratar emitida por el monarca Luis XIV (1638–1715).
De la misma forma declaró haber llegado al puerto chino tras
un derrotero a través del mar del sur, desde el puerto del Callao
pasando por las islas Marianas, todo legal gracias al tratado de la
unión de las coronas ibérica y francesa.33 Ante la sospecha de un
posible derrotero ilícito, el corregidor suplicó al gobernador de las
Filipinas, Martín de Ursúa (1709–1715), enviarle instrucciones
precisas sobre cómo actuar ante las peticiones de alimento y
herramientas solicitadas por el capitán francés. Las órdenes del
gobernador de las Filipinas fueron precisas, proveer todo lo
demandado con la intención de convencer a Boislore de viajar a
Cavite antes de emprender su regreso a Francia.
La reacción del galo ante las peticiones de Ursúa levantó
aún más la sospecha de actividades ilegales. La respuesta de
Boislore fue argumentar un alto riesgo de hudimiento en las
AGI, Escribanía 405b, expediente 1, f. 1v. Jean Boislore. Carta para el
corregidor de la provincia de Ilocos sobre la llegada del navío el relámpago,
(Solotsolot), 22 de noviembre de 1713.
33
AGI, Escribanía 405b, expediente 1, f. 8v-10r. Gabriel Francisco de Urquija. Consulta del corregidor Gabriel de Urquija al gobernador Martín de Ursúa,
(Solotsolot), 3 de diciembre de 1713.
32

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�Juan Carlos González Balderas

cercanías del puerto de Cavite debido al mal estado de su barco.
Además, con la prolongación de la estancia del navío salieron
a flote ciertos hechos que hacían desconfiar de la honestidad
del galo. Por ejemplo, la huída de tres marineros limeños (dos
mulatos y un indígena) en búsqueda de auxilio de las autoridades
filipinas por encontrarse en estado de esclavitud a manos de
Boislore, aunado a la deserción de compatriotas galos solicitando
asilo a causa de los malos tratos y remarcando su nulo interés en
comerciar.34 Ante la constante negativa del capitán, el corregidor
señaló que la visita a Manila sería únicamente rutinaria y, sí
alegaba una completa legalidad en sus actos, no tendría objeción
en embarcar algunos oficiales españoles en su derrotero hacía
el puerto de Cavite. Finalmente las condiciones solicitadas por
las autoridades filipinas fueron aceptadas y el capitán Boislore
desembarcó en dicho puerto a principios de enero de 1714.
Al llegar a Cavite, el castellano del puerto y otras
autoridades comenzaron con los interrogatorios tanto del capitán
como de miembros de la tripulación, durante los cuales Boislore
repitió los argumentos dados a las autoridades en Solotsolot. Las
alarmas sonaron cuando se le cuestionó sobre la naturaleza de la
carga transportada, así como el derrotero a seguir en su camino
a Europa. Por una parte, Boislore declaró la ruta del Cabo de la
Buena Esperanza como el camino a seguir hasta Bretaña; empero,
AGI, Escribanía 405b, expediente 1, 14v. Pedro de Piñera. Autos y cabeza
de proceso contra Jean de Boislore, (Vigan) 26 de diciembre de 1713.
34

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�Los puertos peruano-chilenos

su ayudante Juan Bautista de Oleta lo contradijo al remarcar el
cambio de planes unilateralmente decidido por el capitán antes
de zarpar de Cantón y haber cambiado el rumbo hacia Perú, en
donde pretendía vender toda la mercadería comprada.35 Debido
a las contradicciones en las declaratorias, los oficiales una vez
más interrogaron a Boislore específicamente respecto a su
conocimiento de la prohibición de comercio entre los dominios
americanos y flotas extranjeras, además de la ilegalidad de
mercadear con productos asiáticos en el virreinato de Perú. La
reacción del galo se limitó a apelar completo desconocimiento
y contar con las licencias requeridas para tocar cualquier puerto
bajo la jurisdicción del monarca ibérico. Como resultado, las
autoridades filipinas resolvieron aprehender la tripulación del
navío y decomisar toda la mercancía transportada.
Los interrogatorios continuaron luego de la aprehensión.
Los marineros revelaron en las declaraciones haber zarpado en
1710 desde Port-Louis en Bretaña rumbo al puerto de Cantón bajo
licencia de exploración del monarca francés. De la misma manera
identificaron a los comerciantes parisinos Coquelin, Dupleismann
y el mismo Jean Boislore como los principales inversores de la
expedición y de la mercadería embarcada, destinada a ser vendida
en los puertos peruano-chilenos.36 Las evidencias de comercio
AGI, Escribanía 405b, expediente 1, 23v. Examen y declaración del ayudante Juan Bautista de Olaeta, (Manila) 8 de enero de 1714.
36
AGI, Escribanía 405b, expediente 4, f. 2r-35v. Gregorio Manuel de Villa
Barreda. Autos de las declaraciones a los oficiales del navío el relámpago,
35

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ilícito se enriquecieron luego de la primera inspección al navío.
Los oficiales además de incautar una copiosa cantidad de
mercaderías chinas, también encontraron reales acuerdos, tanto
en francés como en español, concernientes al comercio entre
ambas coronas; cartas de pago de vecinos americanos en diversos
puertos; diarios personales de Boislore con anotaciones sobre
los súbditos peruanos; así como una serie de correspondencia
intercambiada entre el capitán tanto con autoridades virreinales
en Perú y Chile como con compatriotas avecindados en dichas
latitudes.37
Precisamente los papeles decomisados al marinero francés
corroboraron una serie de delitos en contra de los intereses de
la corona española. Desde la trata ilegal con mercadería europea
a través de los puertos del mar del sur; la colusión de virreyes,
gobernadores y corregidores con los galos en el comercio directo
entre Cantón y Callao; la ordeña de plata sin acuñar; hasta la
inversión de modestos capitales en la compra de bienes asiáticos
por parte de particulares fueron develados tras la lectura de dicha
correspondencia. Lo revelado permite desentrañar la cadena social
de contrabando; es decir, los colaboradores que contribuyeron a
que dicho navío llegara a buen puerto en Cantón. Por otra parte, las
declaraciones de la tripulación y de los papeles privados de Jean
(Manila) abril de 1714.
37
AGI, Francisco de Atienza, Relación de los cuadernos, libros de sobordo,
carta y cuentas hallados en el patache el relámpago (Cavite) a 8 de marzo de
1714, Escribanía 405b, Legajo 5, expediente 4, f. 120r.
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Boislore permiten reflexionar sobre la participación de vecinos
comunes en el comercio intérlope; así como la importancia de
los puertos no sólo como un lugar de trata o contrabando, sino
como espacio de investigaciones de mercados los cuales dictaban
la integración o exclusión de mercancías al mercado de consumo
en la globalidad temprana.
El aire del bienestar particular sobre el perjuicio común:
autoridades-mercaderes en los puertos peruano-chilenos
Los estudios en torno a la corrupción en el virreinato peruano
remarcan el alto nivel de dicho fenómeno vivido los primeros
años del siglo XVIII como resultado de un proceso iniciado a
mediados de la centuria anterior.38 Historiadores como Francisco
Andújar encuentran en la venalidad de los cargos una explicación
de peso al proceso de degradación de quienes su principal función
era vigilar por los intereses monárquicos.39 Ante ello, una ola de
nuevos actores ocuparon puestos en puntos clave de los virreinatos
con la motivación de adquirir prestigio, pero también como una
forma de beneficiarse de los “negocios adyacentes y oscuros”
derivado de su función. De acuerdo con Andújar, la figura del
corregidor encarna perfectamente la imagen de una autoridad
corrupta, para la cual acuña el término “corregidor-mercader”.40
Ismael Jiménez Jiménez, Poder, redes y corrupción en Perú (1660-1705)
(Sevilla: Editorial Universidad de Sevilla, 2019).
39
Francisco Andújar Castillo, Necesidad y venalidad. España e Indias, 17041711. (Madrid: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2008).
40
Francisco Andújar Castillo, “Corregidores, Redes Mercantiles y Corrup38

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Sin embargo, consideramos que dicha definición no se limitaba
únicamente a tales autoridades regionales; por el contrario, tal
escenario se cumplía con múltiples burócratas peruanos en
distintos niveles. De tal manera en el presente artículo se considera
apropiado ampliar el concepto a “autoridades-mercaderes”,
los cuales ciertamente coincidieron en tiempo y espacio con la
expedición del navío el relámpago en su camino a Cantón.
En las primeras dos décadas del periodo borbón se
volvió recurrente la llegada de autoridades afines a la nueva
dinastía, y, en muchos de los casos con una pasado comerciante.
El virrey Manuel Oms de Santa Pau, Marqués de Castelldosríus
(1651–1710) simboliza el epítome de la corrupción en dicho
periodo, al ser oficialmente destituido como virrey a causa
de las acusaciones en su contra sobre su vinculación con los
mercaderes franceses. Dicho visorey fue recomendado como
candidato ideal para gobernar desde Lima precisamente por el
conde de Pontchartrain, entre otras razones debido a la avanzada
edad del entonces alter ego Melchor Portocarrero, Conde de
la Monclova (1689–1705), así como la amplia experiencia del
recomendado en batalla.41 Si bien la petición fue descartada
por el Consejo de Indias, Castelldosríus fue designado como el
sucesor de Portocarrero.
ción en el Perú Virreinal: La Red del Marqués de Negreiros (1705-1721)”,
Studia Historica: Historia Moderna 45, núm. 2 (2023): 113–42.
41
Dahlgren, Les relations commerciales et maritimes entre la France et les
côtes de l’Océan Pacifique, 265–66.
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Una vez en suelo americano en 1707, el nuevo virrey inició
con las maniobras precisas para recuperar la inversión efectuada
en realizar el viaje hacía Perú.42 En primera instancia, colocó a
miembros de su círculo íntimo en puestos vitales para permitir
la trata de mercancías comerciadas por los galos.43 De tal suerte
los mercaderes galos pudieron acercarse libremente a entablar
negociaciones con sus pares peruanos para el internamiento de
sus productos. La piedra angular para enjuiciar a Oms de Pau fue
su treta hacia sus opositores en 1707. Bajo la excusa de cumplir
con la encomienda del rey de organizar la feria de Portobelo,
Castelldosríus incitó a los mayoristas contrarios a sus intereses
a invertir sus capitales para viajar a la feria en Panamá. Una vez
teniendo Lima libre de opositores, el virrey dio carta blanca a los
galos para vender sus mercancías sin restricciones. En consecuencia,
los peruleros encontraron a su regreso un mercado saturado de
géneros, lo cual representó una tragedia al no poder recuperar
prontamente la inversión efectuada en la feria de Portobelo.44 Ante
Castelldosríus sufría de zozobra económica desde antes de embarcarse a
Perú debido a la obligatoriedad de cubrir 10,000 pesos por concepto de media
anata derivado de su puesto como Virrey. Asimismo, el nuevo virrey adquirió
una serie de deudas para solventar el viaje hasta Lima.Alfredo Moreno Cebrián y Núria Sala i Vila, El “premio” de ser virrey: los intereses públicos y
privados del gobierno virreinal en el Perú de Felipe V (Editorial CSIC - CSIC
Press, 2004), 30–34.
43
Núria Sala realizó un análisis a detalle sobre los criados y las redes tejidas
en torno al virrey Castelldosríus, así como las razones que movieron a dicho
burócrata a negociar con los comerciantes galos. Ver Cebrián y Vila, El “premio” de ser virrey.
44
Alencar Gálvez, “La infiltración francesa en el imperio hispánico: los co42

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el escándalo, el Consejo de Indias comenzó una investigación en
contra del visorey, a quien cesó temporalmente de sus funciones. La
ilegalidad de los actos de Castelldosríus aparentemente contribuyó
a su muerte, debido a que algunos relatos de las autoridades locales
de Potosí atribuían la muerte del virrey en parte a la pérdida de un
capital de 22,000 pesos derivado del decomiso y quema pública de
una carga de mercadería china de su propiedad.45
Tal pareciera que la red de traficantes en torno a
Castelldosríus sobrevivió luego de su fallecimiento. El prior del
consulado de Lima, Francisco de Lartiga (1710–1714)46 –señalado
de prestar sus almacenes al difunto virrey como refugio temporal
para los géneros ilícitos–, fue localizado como colaborador
del capitán francés en Lima. En carta hecha en Arica, Boislore
escribió a un paisano avecindado en casa de Lartiga, solicitando
su ayuda para recolectar entre 30 a 40 mil pesos necesarios para
costear la navegación hasta el rio Cantón. La participación del
prior del consulado es irrefutable, debido a que el mismo capitán
resaltó durante el interrogatorio haberse entrevistado en persona
con el virrey en turno Diego Ladrón de Guevara (1710–1716) en la
bodega de Lartiga, probablemente para recibir la suma de dinero
solicitada. Además, Ladrón de Guevara le indicó cuando sería el
momento preciso para bajar al puerto del Callao y emprender el
merciantes de Saint-Malo en Lima, 1710-1720”, 43.
45
Bartolomé Arzans de Ursúa y Vela, Historia de la Villa Imperial de Potosi,
Lewis Hanke and Gunnar Mendoza, vol. II (Rhode Island: Brown University
Press, 1965), 482.
46
Moreyra Paz-Soldán, El Tribunal del Consulado de Lima, 280–99.
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viaje.47 Si bien no cuento con sostén documental para confirmar
la participación económica del nuevo virrey, por lo menos no se
puede negar que Ladrón de Guevara estaba al tanto de la presencia
del galo, lo que nos hace cuestionar sobre el repentino interés en
asegurar las condiciones adecuadas para un leve de anclas del
navío L’Eclair. La escala en el Callao no solamente respondió a
colectar el capital solicitado. De acuerdo con su diario personal,
Boislore recibió de un tal Monsieur Falaize en compañía con de
Chape y de Laine un capital de 1,300 pesos en el Callao para
la compra de géneros en China, con la condición de que dicha
mercadería debía ser entregada a su camino de regreso a Francia.48
Las negociaciones del capitán galo no se limitaron al puerto
del Callao y Lima. Tradicionalmente se ha considerado al puerto
de Pisco como epicentro de las transacciones entre interlopers y
comerciantes peruanos.49 Tal estatus es válido en el caso del navío
en cuestión. En dicho puerto, el capitán francés señaló como
su principal comprador y colaborador a Joseph de los Tueros,
comerciante peruano y vecino de Pisco, quien le habría entregado
200 pesos para la adquisición de productos chinos como rasos de
colores, listonería, sayasaya azul y medias de seda. Al mismo tiempo
Confesión de Boislore, 40v.
AGI, Carlos de Riviere, Declaración del alférez Carlos Riviere (Manila) a
17 de abril de 1714, Escribanía 405b, expediente 4, 16r.
49
El carácter de epicentro de acuerdo con Bonialian se debía al inmenso número de mercadería ilegal traficada en dicha latitud, incluso llegando al punto
de nombrarle la “feria de Pisco o China” Ver Bonialian, El Pacífico Hispanoamericano. Política y Comercio Asiático en el Imperio Español (1680-1784)”,
237–38.
47
48

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le entregaría a un muchacho llamado Matías –identificado por el
alférez como servidumbre y por Boislore como hijo del mercader–,
para adquirir experiencia en la navegación hacia China y cubrir los
gastos devengados en caso de morir en altamar.50 Casualmente de
los Tueros sería acusado y enjuiciado en 1717 por Jorge Curruga,
corregidor de Huamanga (localidad situada en el altiplano peruano
en la ruta entre Huancavelica y Potosí), bajo la sospecha de poseer
de manera ilegal productos franceses y chinos tanto en sus bodegas
como en la de cuatro de sus socios. Ante la evidencia tanto de los
Tueros como sus allegados alegaron adquirir dichas mercancías en
la almoneda pública de los bienes decomisados al comerciante Juan
Formón y tener más de doce años de no bajar a Lima,51 aseveración
que sería lógica al no tener la necesidad de viajar hasta la capital
del virreinato para adquirir productos, si en Pisco podía comprar los
mismos géneros a precios más atractivos y con un desplazamiento
menor. Las violaciones a las leyes españolas no pararían en los
tratos con de los Tueros, el capitán galo remarcó también recibir 6
marcos de plata piña de manos de Juan Dávalos de Rivera para la
compra de damascos carmesí y musgos52 los cuales entregaría a la
vuelta;53 es decir, confirmaba otro delito igual o más grave que el
Ídem.
AGI, Juan Muñoz Salazar, Carta de Juan Muñoz Salazar alegando inocencia de comerciar con bienes ilícitos (Huamanga) a 11 de septiembre de 1717,
Lima, 409, expediente 3, f. 6r.
52
El término carmesí se empleaba para señalar al color rojo intenso. Por su
parte, el termino musgo indicaba un color verde similar a las hojas de las plantas.
53
Traducción al castellano de los papeles de Boislore, 53v-54r.
50
51

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comercio ilegal, la defraudación a la real hacienda al saquear plata
sin pagar los derechos reales.
Tabla 1
Muestra de algunos productos asiáticos mencionados en el decomiso
del navío L’Eclair.

Producto

Descripción

Rasos

Tipo de tela de seda

Sayasaya

Tipo de seda manufacturada en China.

Damascos

Textil tejido a telar con figuras con una trama
y una urdimbre, en el cual el diseño se forma
por contraste entre los sistemas de unión, y
aparece en el anverso y en el reverso en posiciones invertidas.

Seda cruda

Seda en bruto, no tejida, enrollada o teñida.

Escritorios de
maque

Mobiliario recubierto con una capa de laca o
barniz negro, asociado generalmente con un
estilo japonés.

Biombos

Mueble en la forma de tabique vertical que
puede ser usado para embellecer, dividir, resguardar y proveer privacidad.

Fuente: Elaboración propia con base en AGI, Escribanía 405b, Expediente 5,
cuaderno 5. Para las descripciones de los productos se empleó: Textiles in the
Philippine Colonial Landscape y the Getty Research Institute database disponible en: https://www.getty.edu/research/tools/vocabularies/aat/?find=&amp;logic=AND&amp;note=&amp;page=1.
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Dentro del espacio peruano, el puerto de Arica destacaba no
únicamente como centro neurálgico de planeación para la travesía
a China, sino también como centro de compraventa incluso con
beneficios mayores a los reportados en Pisco. De acuerdo con
las declaraciones de la tripulación en Manila, principalmente del
testimonio de Carlos Riviere escribano del barco, la estancia en tal
puerto se prolongó dos meses (desde noviembre de 1712 a enero de
1713), periodo en el cual ocurrió la mayor transacción de la travesía,
la cual consistió en la venta de hierro, clavazones, ropa, sombreros
y papel con un monto total de 13,000 piastras.54 Asimismo desveló
al corregidor del puerto Jorge Negreiros (1707–1712) como el
principal comprador de géneros, así como Juan de Ureta y Pedro
Quiroga, quienes en conjunto entregaron 1,976 marcos de plata.
La participación del corregidor Negreiros en el comercio intérlope
simbolizaba el acceso a la plata potosina al ser dicho lugar el punto
de abastecimiento para el centro minero de Potosí, así como la
garganta por donde se fugaba la plata sin quintar.55
Aparentemente la motivación de Negreiros para entablar
negocios con los capitanes galos, al igual que Castelldosríus,
respondía a su necesidad por recuperar la inversión monetaria
en la compra de su cargo. Para tal fin el corregidor desarrolló
tres estrategias. En primera instancia, Negreiros negociaba con
AGI, Pedro de Domas, Declaración del piloto mayor Pedro de Domas
(Manila) a 16 de abril de 1714, Escribanía 405b, expediente 4, f. 6r.
55
Vicente Dagnino, El corregimiento de Arica 1535-1784 (Arica: Imprenta
la época, 1909), 85–87.
54

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los comerciantes el permiso para el ingreso de mercancía bajo el
contra pago del 6% de la venta total, el mismo Boislore aseguró
haber pagado a Negreiros tal porcentaje por concepto de derechos
reales, pero no haber obtenido un recibo de pago de éstos.56 En
segunda instancia, Negreiros en asociación con sus subalternos
compraban una gran parte, o la totalidad, de la mercancía a bajos
precios para luego ser revendidas a los mineros potosinos. Recordemos que las Leyes de Indias prohibían a todo oficial real
tratar y contratar mercancía durante el ejercicio de sus funciones
bajo pena de condena.57 Cabe señalar el carácter indispensable de
los géneros comprados a Boislore para el funcionamiento de las
minas en Potosí; por ejemplo, la compra de hierro y clavazones
tan indispensables para sostener en pie los socavones de las minas. Por otra parte, Negreiros haciendo uso de sus poderes, daba
salida a otros productos forzando a las comunidades indígenas
bajo su jurisdicción a la compra de mercancías a precios elevados
establecidos por él mismo, práctica común entre dichos oficiales
reales.58 Al igual que con la prohibición de comercio, las Leyes
de Indias otorgaban al corregidor un carácter de mediador entre
la administración virreinal y la población autóctona, además de
encargarle velar por el bienestar de la población nativa al aseConfesión de Boislore, 39v.
Recopilación de Leyes de los Reinos de las Indias, Libro VIII, Titulo
XVII, Ley XXXXVII, p. 125-126. Disponible en: https://www.boe.es/biblioteca_juridica/abrir_pdf.php?id=PUB-LH-1998-62_2
58
Kenneth J. Andien, Crisis y decadencia. El virreinato del Perú en el siglo
XVII, Historia Económica 11 (Instituto de Estudios Peruanos, 2011), 130.
56
57

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gurarle precios accesibles a los productos básicos y necesarios
para la supervivencia.59 La inversión de capital tanto en moneda como plata sin quintar para la compra de mercadería asiática
era la tercera estrategia empleada por el corregidor para ampliar
sus rendimientos. La respuesta más coherente para la posesión
de plata piña se encuentra en la compra de la mercadería ilegal
en los centros extractivos. Los mineros pagaban las mercaderías
ilegales y a sus jornaleros en metálico bruto ante el desabasto de
materia prima para poder quintar los metales extraídos,60 en consecuencia, los tratantes obtenían plata en pasta como resultado de
sus transacciones las cuales reinvertirían con los franceses para
la compra de mercancía en China. En síntesis, corregidores como
Negreiros obtenían ganancias por múltiples partidas, en el caso
del corregidor de Arica, los dividendos alcanzaron niveles tan altos llegando al punto de permitirle la compra del título nobiliario
como marqués en 1721.61
Las autoridades chilenas no se quedaron atrás en
la planificación de estrategias para colaborar con las flotas
francesas. Por ejemplo, el gobernador Tomás Marín de Poveda
(1650–1703) fue investigado por haber arrendado embarcaciones
de su propiedad a mercaderes galos para comerciar entre Lima
Recopilación de Leyes de los Reinos de las Indias, p. 120-121.
Carlos Contreras, “La minería peruana en el siglo XVIII”, en El Perú en el
siglo XVIII. La Era Borbónica, Segunda Edición (Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 2015), 14–16.
61
Andújar Castillo, “Corregidores, Redes Mercantiles y Corrupción en el
Perú Virreinal: La Red del Marqués de Negreiros (1705-1721)”, 122.
59
60

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y Concepción.62 Por su parte, Andrés de Ustariz (1709–1716),
aprovechando las concesiones dadas a las flotas francesas,
estableció una serie de carnicerías en las cercanías de los puertos
chilenos con la finalidad de proveer carne a los capitanes galos.63
Al igual que Castelldosríus, la historiografía chilena reconoce
a dicho gobernador como uno de los más corruptos del periodo
virreinal,64 incluso Ustariz fue una de las escasas autoridades
depuestas de su cargo debido a las constantes quejas de cohecho
con los intérlopes. En la confesión de Boislore se reconoce a
Ustariz como pieza clave en las ventas efectuadas en los puertos
chilenos. La cuota demandada por el gobernador ascendía al
mismo porcentaje antes señalado con Jorge Negreiros, a cambio
de un libre actuar en su jurisdicción.65 A diferencia del corregidor
peruano, Ustariz únicamente se beneficiaba de la recaudación
fiscal, situación ante la cual delegaba la responsabilidad a
AHNC, Diego Zúñiga y Tovar, Pesquisa sobre averiguar si los bajeles donde venían comerciantes franceses son de propiedad del gobernador Thomás
de Poveda (Santiago de Chile) a 8 de junio de 1696, Real Audiencia, volumen
2844, f. 182r-205v.
63
AHNH, Testimonio de los cuadernos del juicio de residencia en contra del
gobernador Andrés de Ustariz (Santiago de Chile) a, Real Audiencia, volumen
1626.
64
Para un estudio sobre la administración del gobernador Andrés de Ustariz
se recomienda: Alfredo Sepúlveda, Breve Historia de Chile, 3rd ed. (Santiago
de Chile: Sudamericana, 2022).; Ángel Sanz Tapia, “Venalidad y presencia
criolla en cargos americanos de gobierno, 1701–1720”, Jahrbuch für Geschichte Lateinamerikas 53, núm. 1 (2016): 87–116.
65
AGI, Jean de Boislore, Declaración de Jean Boislore (Manila) abril de
1714, Escribanía 405b, cuaderno 5, expediente 1, 39r.
62

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miembros de su red intima como Bernardo de Soto a quien envío
al puerto de Valparaíso para contactarse con Boislore y recoger el
numerario recaudado por la venta de productos franceses.66
Las irregularidades en el cobro de los reales derechos
en los puertos chilenos suponen una práctica común en la
administración de Ustariz. Durante el mismo periodo, Nicolás
Salvo, arrendador de los derechos de alcabala y almojarifazgo
en el puerto de Concepción denunciaba ante la Real Audiencia
en Santiago la incongruencia en los pagos por concepto de
cobro de impuestos en tal puerto entre 1712 y 1715.67 A grandes
rasgos, Salvo a través de su demanda resaltó la costumbre de las
autoridades portuarias de omitir la recaudación de impuestos
derivados del desembarco ilícito de embarcaciones extranjeras
como de los decomisos efectuados. En ambos casos subraya el
involucramiento de terceros en el cobro, así como el alegato de un
vacío legal en cuanto a la propiedad de lo recaudado luego de un
decomiso. Nicolás Salvo además aseguró haber constatado que
Fermín Francisco de Ustariz, corregidor del puerto de Concepción
(1713–1716) e hijo del gobernador en turno,68 negociaba con
Confesión de Jean de Boislore, f. 39r.
AHNC, Nicolás Jacinto de los Ríos, pleito de Nicolas Salvo arrendador de
los derechos reales de alcabala y almojarifazgo de la concepción sobre el pago
de derechos de efectos de comiso (Santiago de Chile) a 28 de enero de 1713,
Real Audiencia, volumen 2612, pieza 3, f. 211r-249v.
68
El nombramiento de Fermín de Ustariz en apariencia respondía a la necesidad del gobernador Ustariz de tener bajo extrema vigilancia el puerto de
Concepción contra cualquier presencia francesas; empero, a la luz de las fuentes pareciera que la intención era tener bajo control el cobro del cohecho a los
66
67

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los navíos extranjeros con la intención de cobrar los derechos
reales apelando a seguir los procedimientos establecidos desde
Madrid; sin embargo, el monto de lo recaudado paraba en las
arcas personales de dicho gobernador. Tras meses de litigio, la
Real Audiencia en Santiago dictaminó a favor de las autoridades
portuarias basándose en una ambigüedad en la legislación emitida
desde la metrópoli. Por tanto, el numerario recaudado quedaría en
manos de la administración virreinal; es decir, en manos de la red
en torno a Ustariz.
Las tres autoridades señaladas en el caso del navío el
relámpago, confirman el sentido trascendente de las autoridadesmercaderes para un atraco exitoso en Cantón del capitán Boislore.
Tanto virreyes, gobernadores y corregidores buscaban beneficiarse
de los acuerdos que permitieron la entrada de flotas francesas en
las aguas del mar del sur. Si bien el involucramiento divergía
en cada caso, todos buscaban el aumento de sus dividendos
como marco común. A grandes rasgos, en las conexiones ilícitas
efectuadas por Boislore en suelo americano se pueden definir tres
ámbitos. En un primer nivel está el de las autoridades-mercaderes
quienes concedían la venta de los productos a contrapago de los
derechos reales, alegando seguir los principios de la legislación
hispana; algunos incluso comprando las mercancías europeas y
galos aliados y el decomiso a quienes cayeran de su gracia. Para un panorama de las acciones del gobernador Ustariz respecto a la presencia francesa se
recomienda Fernando Campos Harriet, Veleros franceses en el Mar del Sur
(Santiago de Chile: Zig-Zag, 1964).
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fondeando la navegación hacia China bajo la promesa del capitán
al mando de regresar a dichos puertos cargados de mercadería
asiática para la venta pública. En un segundo orden se encuentran
los compatriotas asentados en la América española, quienes
entregaban sumas de dinero a consignación para abastecerse de
mercancías, las cuales se venderían en Lima u otras ciudades bajo
la protección de empresas franco-peruanas. Finalmente un tercer
nivel se situán los particulares que entregaban modestas cantidades
menores a 200 pesos, para ser invertidas en mercaderías asiáticas
para consumo propio, e incluso, para luego ser empleadas como
regalo o venta al menudeo entre sus vecinos cercanos.
Los puertos peruano-chilenos, espacios de contrabando y
laboratorios de consumo global
La posesión de mercadería china destinada a ser vendida en
Perú significó la razón principal para el decomiso del navío
el relámpago. A pesar de que Boislore en todo momento alegó
ser amigo de la corona ibérica y no perseguir ningún objetivo
ilegal, la situación dio un vuelco al caer el capitán francés en
contradicciones. Al comienzo del interrogatorio, el capitán francés
manifestó completo desconocimiento de las nuevas prohibiciones
de comercio entre las naciones europeas y la América española; sin
embargo, los oficiales manileños encontraron durante la primera
inspección una serie de cartas, entre ellas, una copia de un decreto
emitido en 1708, la cual corraboraba el pleno conocimiento de Jean
Boislore sobre la ilegalidad de comerciar con productos asiáticos
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�Los puertos peruano-chilenos

con los puertos peruano-chilenos.69 De tal manera las autoridades
pudieron oficialmente decomisar el barco, almacenar la mercancía
en bodega y enviar a la tripulación a la cárcel de Manila.
La inspección de la bodega del barco confirmó la sospecha
sobre una navegación con fines ilícitos. Los oficiales encontraron
una carga de aproximadamente trescientos cajones repletos de
diversos productos chinos como sedas crudas, rasos, damascos,
medias de seda, abanicos de mano y biombos.70 La ilegalidad
de las actividades comerciales de Boislore aparentemente no se
limitó a las aguas americanas, debido a las declaraciones de los
miembros de la tripulación, quienes aseguraron haber tratado con
una embarcación japonesa en las cercanías de la bahía de Cantón,
de quienes compraron loza, escritorios de maque y biombos.71
Luego de analizar las interacciones realizadas por Boislore en el mar del sur considero oportuno matizar la clasificación
de los puertos americanos sugeridos por Bonialian en su estudio
del Pacífico, al menos en la navegación estudiada. El historiador argentino concibe una jeraquía en los puertos. En primer
lugar están Concepción y Pisco como centros de alta concurrencia gala donde se realizaban estudios de mercado útiles para
AGI, Jean Boislore. Notificación que se le hizo a Juan Boislore, (Manila),
17 de enero de 1714, Escribanía 405b, expediente 1, f- 43r.
70
AGI, Anónimo. Reconocimiento de la carga a bordo del navío el relámpago (Cavite), marzo de 1714, Escribanía 405b, expediente 3, f 14r-300v.
71
AGI, Francisco Hidalgo. Examen y declaración del ayudante Juan Bautista
de Oleta, (Manila) 8 de enero de 1714, Escribanía 405b, expediente 5, cuaderno 1, 26r.
69

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dictaminar los géneros a comprar en China. En segundo orden
se encuentran los llamados puntos de tránsito como Valparaíso,
Arica y Callao, cuya importancia radicaba en ser centros de planeación y logística del derrotero a China; y un nivel de importancia menos preponderante se encuentran Coquimbo y Paita.72
A la luz de los testimonios de la tripulación se pone en entredicho la exclusividad de las ferias en Concepción y Pisco; por el
contrario, los intercambios tuvieron lugar en todos los puertos.
Al mismo tiempo pone en tela de juicio el papel secundario de
Arica dentro de las expediciones en el Pacífico, apelando al alto
monto de plata sacada de dicha localidad en comparación a los
casi 1,000 pesos recaudados en puertos como Pisco, señalado
como un puerto de primer nivel. Al parecer la única diferencia
era la duración de la estancia que variaban acorde a la cantidad
de habitantes como de la posición estratégica del puerto para la
obtención de metálico.
La compra realizada en Cantón podría ser todo menos
fortuita. Desde las primeras inspecciones al barco hechas en las
Filipinas, se encontraron anotaciones en los papeles personales
del capitán expresando “ir a Cantón a comprar los géneros de
mercancía que acostrumbran con designio de volver al Perú”.73
Bonialian, El Pacífico Hispanoamericano. Política y Comercio Asiático en
el Imperio Español (1680-1784)”, 235.
73
AGI, Pedro de Piñera, Carta informando sobre las condiciones del navío
L’Eclair (Vigan) a 3 de diciembre de 1713, Escribanía 405, Legajo 5, cuaderno
1, 6v.
72

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Luego de analizar el juicio de decomiso se sostiene que las
flotas francesas obtenían conocimiento de primera mano sobre
los gustos del mercado peruano-chileno gracias a las ferias
de productos europeos realizadas en su camino a China. Asi,
los capitanes además de dar salida a la mercancía, efectuaban
una observación etnográfica-comercial con la intención de
captar patrones de colores, motivos y texturas en voga en
las sociedades. La posesión por parte de Jean Boislore de un
cuaderno borrador con varias mercaderías recomendadas
para comprar en Cantón fundamenta tal aseveración.74 Estas
observaciones serían extremadamente útiles primordialmente en
los puertos peruanos debido a la mayor cantidad de mercaderes
y habitantes radicando en tales latitudes, atraídos por la bonanza
de los circuitos mineros.
En contraste, el contrabando hormiga significó la
estrategia empleada para entender las necesidades chilenas. De
acuerdo con Rodríguez Tréviño se puede hablar de tal estrategia
cuando ciertos particulares hacen pasar cantidades mínimas de
productos como propios; sin embargo, dichos artículos fueron
adquiridos con fines de lucro.75 De tal suerte, en la expedición
del navío L’Eclair las peticiones de mercancía de parte de los
AGI, Francisco de Atienza, Relación de los cuadernos, libros de sobordo,
carta y cuentas hallados en el patache el relámpago (Cavite) a 8 de marzo de
1714, Escribanía 405b, Legajo 5, expediente 4, f. 120r.
75
Rodríguez Treviño, “De las islas a Tierra Firme: las rutas marítimas y
terrestres del contrabando en las importaciones del Caribe novohispano, 17001810”, 57.
74

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vecinos chilenos simbolizaron la fuente para obtener algunas
pistas sobre los intereses de dicha sociedades. La diferencia en
comparación con Perú radica en la escasa población asentada
en dichas latitudes fruto de la ausencia de importantes centros
mineros en la región, razón por la cual los puertos chilenos
fungían como lugares de menudeo tal como lo afirmaba el piloto
mayor del navío quien aseguraba un mínimo contrabandeo en los
puertos chilenos.76 Las cartas decomisadas contenían nombres de
particulares quienes entregaron sumas que oscilaban entre los 50
a 200 pesos al capitán para la compra específica de mercancía
como damascos, sobrecamas, medias de seda y un tipo de seda
denominada sayasaya.77 Dicha tercer fuente de información,
además de los observaciones y las demandas de comerciantes
franceses asentados en América, ofrecía una ventaja a los
tratantes galos, los particulares no estaban per se sujetos a la
vigilancia de los tribunales de comercio, circunstancia que les
permitía pasar desapercibidos siempre y cuando sus inversiones
mantuvieran un pérfil bajo o sus actividades molestaran a las
autoridades virreinales. En suma, los diferentes informantes
inconscientemente convirtieron los puertos en un laboratorio de
AGI, Pedro de Domas, Declaración del piloto mayor Pedro de Domas
(Manila) a 16 de abril de 1714, Escribanía 405b, expediente 4, f. 6r.
77
Los oficiales encontraron en el cuaderno de cuentas que los vecinos Alonso de Orellana y María de las Nieves habían entregado ambos 50 pesos cada
uno para la compra de rasos y sobrecamas de Cantón. Relación de los cuadernos, libros de sobordo, carta y cuentas hallados en el patache el relámpago,
127r
76

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mercado del consumo global en la modernidad temprana, cuyo
objetivo era proveer una radiografía fidedigna de las tendencias
de mercado de las sociedades peruano-chilenas. En consecuencia
las flotas galas disminuían al mínimo la probabilidad de regresar
con mercancía de poco valor considerando la inversión de tiempo
y dinero depositada en la travesía alrededor del globo.
Comentarios finales
La captura y el decomiso del navío L’Eclair visibiliza los
entretejidos y estrategias que permitieron el comercio ilegal
directo entre los puertos del Callao y Cantón a principios del
siglo XVIII. Desafortunadamente para los cargadores galos
interesados en el éxito de la expedición, el decomiso les
representó una pérdida considerable no únicamente por el monto
de la carga china, valuada aproximadamente en 50,000 pesos,
sino también por el descubrimiento de los planes franceses
en el mar del sur. Cabe destacar que la captura del barco
comandado por Boislore representó un evento coyuntural en
las relaciones franco-españolas, que derivó en la intensificación
de los decomisos a las flotas francesas en ambos extremos del
Pacífico, la cual se constata en el aumento de fuentes primarias
sobrevivientes en el Archivo General de Indias como en los
archivos nacionales en Perú y Chile durante 1714 a 1725. De
tal suerte, el aumento de la documentación de decomisos en los
archivos históricos coincide con el proceso de decaimiento del
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interés de los comerciantes franceses en las aguas americanas
hasta llegar al punto de una mínima presencia hacia 1725, tal
como lo han señalado Carlos Malamud, Andrés Lespagnol y
Mariano Bonialian.
El carácter ambiguo de las ordenanzas dictadas desde
Madrid pareciera haber jugado un rol importante en la justificación
de las autoridades para colaborar con los extranjeros. Si bien
a lo largo del presente artículo se ha sostenido la primacía de
los intereses personales de las autoridades-mercaderes sobre el
bien común de los reinos, el simple hecho de recibir órdenes en
ocasiones completamente contradictorias entre sí les allanaba
el camino para justificar sus procederes. Aunado a lo anterior,
el componente espacial-temporal también contribuyó a tales
corruptelas. Generalmente el tiempo de entrega de correspondencia
entre Madrid y reinos alejados como Chile variaba entre 18 meses
a 2 años, tiempo suficiente para que los deseos del monarca
cambiaran a la sazón de los intereses políticos; panorama
particularmente habitual en las primeras décadas del siglo XVIII.
Así, las autoridades americanas, aunque ejecutando cabalmente
lo determinado en la metrópoli quizás sus acciones contradecían
a las nuevas ordenanzas en vigor dictadas en las cortes.
De manera general las actividades lucrativas de la flota
analizada retratan una seria de contactos ilegales aconteciendo en
ambas Indias. Desde el comercio de productos galos de manera
ilícita en espacios americanos, los contactos en altamar con
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embarcaciones asiáticas vedadas del comercio con Occidente,
hasta la circulación de productos asiáticos en sociedades cuyo
acceso a éstos estaba prohibido desde siglos atrás; en conjunto
constatan cuán muerta se encontraba la ley en concordancia con
la realidad. En cuanto a los intereses comerciales, la expedición
de Jean Boislore remarca el carácter primordial de las ferias de
productos en los puertos peruano-chilenos no únicamente para el
flujo de plata americana hacia espacios lejanos como China; sino
como laboratorios de mercadeo para comprender las necesidades
y gustos de una sociedad. Así, tales análisis determinarían el tipo
de mercaderías que entrarían al concierto del comercio global en la
modernidad temprana. En palabras simples, embarcaciones como
L’Eclair fueron vehículos que transportaron telas, porcelana,
escritorios y biombos a través de los cuales se construyeron
puentes que conectaban las Indias Orientales y Occidentales.
Archivos Consultados
Archivo General de Indias, Sevilla
Archivo Histórico de Euzkadi, Bilbao
Archivo Histórico Nacional de Chile, Santiago de Chile
Fuentes Primarias
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.7-139

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�La Carrera del Pacífico y el horizonte comercial
peruano a mediados del siglo XVIII (1740-1760):
proyectismo, espacio económico y el Galeón
de Manila.
The Pacific Race and the peruvian transpacific commercial
horizon in the mid-eighteenth century (1740-1760): projecting,
economic space and the Manila Galleon.
Pablo Sierra Fáfila1
Universidad Complutense de Madrid
Madrid, España
https://orcid.org/0000-0002-1329-8817
Recibido: 23 de marzo de 2024
Aceptado: 26 de abril de 2024

Resumen: La ruta comercial transpacífica, fijada y asentada oficialmente
entre Manila y Acapulco, se vio irremediablemente afectada por las
soluciones aplicadas ante las dificultades bélicas desde 1739. La presión
y gravedad ejercida por el enemigo británico dificultó su continuidad
hasta el punto de su interrupción, tanto forzada como ordenada. A medida
que se prolongaba el uso de los registros sueltos se hizo inevitable la
reflexión y las propuestas alternativas, entre las que no faltaron aquellas
con las miras puestas en el virreinato del Perú como principal estímulo
para la recuperación del comercio de las islas Filipinas. Estas opciones,
Este trabajo ha sido posible gracias a un contrato Margarita Salas para la
formación de jóvenes doctores (CT18/22).
1

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�La Carrera del Pacífico

si bien no representaban una completa novedad, se sumaron al cuadro
que interconectaba el comercio oficial de la Carrera del Pacífico con la
profundidad de los derroteros que alcanzaban las mercaderías asiáticas.
La quiebra adjudicada a los registros sueltos es una cuestión que no
ha sido lo suficientemente matizada si atendemos a las voces que se
alzaron desde las islas para reconectar directamente, en esas peticiones,
el Archipiélago con las costas peruanas. Estas, además de comprenderse
como un llamamiento propio de una difícil situación comercial, invitan
a reflexionar sobre la relación entre las diferentes interdependencias
comerciales ultramarinas a mediados del siglo XVIII. Con este trabajo
pretendemos arrojar luz a un período concreto de la relación comercial
en el que confluyeron nuevas medidas con sus efectos: la generalización
de los registros sueltos junto a diferentes propuestas para la reforma del
reglamento comercial del Galeón de Manila.
Palabras clave: comercio, galeón, reforma, Perú, Filipinas
Abstract: The transpacific trade route, officially established and settled
between Manila and Acapulco, was irremediably affected by the
solutions applied due to the war difficulties since 1739. The pressure
and severity exerted by the British enemy hindered its continuity to
the point of its interruption, forced and ordered. While the use of
“registros sueltos” was prolonged, a reflection and alternative proposals
became inevitable, among which the sights set on the Viceroyalty of
Peru emerged as the main stimulus for the recovery of trade in the
Philippine Islands. Although these options were not completely new,
they added to the framework that interconnected the official trade of
the Pacific Race with the depth of the paths reached by Asian goods.
The bankruptcy attributed to the “registros sueltos” is an issue that
has not been sufficiently nuanced if we focus on the voices that were
raised from the islands to directly reconnect, in these petitions, the
Archipelago with the Peruvian coasts. These, in addition to being
understood as a call typical of a difficult commercial situation, invite us
to reflect on the relationship between the different overseas commercial
interdependencies in the mid-eighteenth century. With this work we
intend to shed light on a specific period of the commercial relationship
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�Pablo Sierra Fáfila

in which new measures converged with their effects: the generalization
of loose registrations together with different proposals for the reform of
the commercial regulations of the Manila Galleon.
Keywords: trade, galleon, reform, Peru, Philippines

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�La Carrera del Pacífico

Introducción
La última década del siglo XVI marcó el inicio del comercio
restringido oficial entre Manila y Acapulco como única conexión
habilitada en los intercambios con Oriente2. El espacio peruano,
como mercado de las mercancías asiáticas, procuró mantener su
comunicación comercial a pesar de la exclusión oficial, completada
durante la primera mitad del siglo XVII3. La relajación de su
Carlos Martínez Shaw, “El Galeón de Manila: 250 años de intercambios”,
Estudis: Revista de historia moderna 45 (2019), 9-34.
3
Entre la abundante bibliografía podemos destacar Woodrow Borah, Comercio y navegación entre México y Perú en el siglo XVI (México: Instituto Mexicano de Comercio Exterior, 1975); Fernando Iwasaki Cauti, Extremo
Oriente y Perú en el siglo XVI (Madrid: MAPFRE, 1992); Carmen Parrón
Salas, De las Reformas Borbónicas a la República: el Consulado y el comercio
marítimo de Lima, 1778-1821, (Murcia: Imprenta de la Academia General del
Aire, 1995); Pilar Latasa Vassallo, “Limitaciones legales al comercio transpacífico: actitud del virrey Montesclaros”, en Derecho y administración pública
en las Indias hispánicas: actas del XII congreso internacional de historia del
derecho indiano (Toledo, 19 a 21 de octubre de 1998), coord. Feliciano Barrios
Pintado, (Cuenca: Universidad de Castilla La Mancha, 2002), vol. 1, 877-898;
Margarita Suárez Espinosa, “Sedas, rasos y damascos: Lima y el cierre del
comercio triangular con México y Manila en la primera mitad del siglo XVII”,
América Latina en la Historia Económica 2 (2015), vol. 22, 101-134, DOI:
https://doi.org/10.18232/alhe.v22i2.591; Bruno de la Serna Nasser, “Debates
en torno al comercio por el océano Pacífico durante los reinados de Felipe II
y Felipe III (1573-1621): un ejemplo de policentrismo”, en Historia y Patrimonio Cultural. Memoria del 56º Congreso Internacional de Americanistas,
coords. Manuel Alcántara Sáez, Mercedes García Montero, Francisco Sánchez
López, ( Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2018), 757-768.
DOI: http://dx.doi.org/10.14201/0AQ0251_14; “La prohibición del comercio
entre Nueva España y Perú de 1634: génesis de una real cédula a través de la
coyuntura histórica de la monarquía hispánica” Histórica 1 (2020), vol. 44,
41-81; Mariano Bonialian. “Peruleros en Filipinas y en el Oriente, 1580-1610.
Una agencia hispanoamericana en la temprana globalización” Illes e imperis.
2

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�Pablo Sierra Fáfila

aplicación se dejaba notar muchos años después cuando, en 1748,
los apoderados del Consulado gaditano informaron del estado
real del comercio del Galeón de Manila en las Indias. Dijeron
que gran parte de las piezas no declaradas que se transportaban
hasta Acapulco tenían como destino el virreinato del Perú, cuyas
embarcaciones llegaban hasta el puerto novohispano, además de a
los de Sonsonate, El Realejo y Guatemala, distribuyéndose desde
allí hacia ambas costas4. Según sus cálculos, de las supuestas
4.000 piezas que tenían permitido embarcar anualmente desde
Filipinas, aproximadamente algo más de un tercio tenían un
destino fuera del virreinato novohispano5.
El desajuste de los circuitos comerciales oficiales
entre el Atlántico y el Pacífico continuó avanzando durante la
primera mitad del siglo XVIII. Se hizo manifiesto que el flujo
de mercancías y plata bajo la forma del sistema de galeones
para el comercio del virreinato peruano, proyectado desde 1720,
Estudis dhistòria de les societats en el món colonial i postcolonial 23 (2021),
185-211, https://doi.org/10.31009/illesimperis.2021.i23.08; “El Perú virreinal transpacífico, 1580-1604. Agentes, plata y productos chinos entre Potosí,
Lima, Nueva España, Filipinas y Macao”, Historia 55 (2022), vol. 1, 43-81.
DOI: https://doi.org/10.4067/S0717-71942022000100043.
4
Esta posición fue adquirida rápidamente, desde los inicios de la restricción
comercial. Rafael Obando Andrade, “Contrabandistas de seda y plata: puertos centroamericanos en las rutas transpacíficas (1585-1605)”, Nuevo Mundo
Mundos Nuevos [Online], Debates, 2019. Disponible en http://journals.openedition.org/nuevomundo/78278; DOI: https://doi.org/10.4000/nuevomundo.78278. Consultado el 27 de enero de 2024.
5
Javier Ortiz de la Tabla Ducasse, El marqués de Ovando. Gobernador de
Filipinas (Sevilla: CSIC, Escuela de Estudios-Hispanoamericanos, 1974), 125.
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�La Carrera del Pacífico

sufrió graves trastornos por la dispersión del metal precioso por
otros flujos de intercambio al margen o paralelos al de la feria
de Portobelo. La liquidación de esos intentos restauradores por
mano de Edward Vernon en 17396, al comenzar la guerra del
Asiento (1739-1748), constituyó el golpe de gracia a la fragilidad
del sistema. La guerra, según García-Baquero, se convirtió en
un factor externo de presión imprescindible para la más rápida
adopción de los registros sueltos como opción generalizada7.
Estos, a diferencia del sistema de flotas y galeones como
navegación agrupada de diversas embarcaciones mercantes
y con escolta armada, se caracterizaron por comerciar con las
Indias individualmente sin atenerse a las normas de la travesía
conjunta.
Hasta ahora, la atención de la historiografía a los registros
sueltos como sistema comercial antes de la década de 1760 ha
sido discreta. No obstante, más allá de trabajos dedicados al
comercio atlántico durante la centuria8, podemos señalar que los
Sin embargo, la mella se venía produciendo desde décadas atrás, cuando
los buques franceses generalizaron su acceso a la costa del Pacífico americano
alrededor del 1700. Mariano Bonialian, El Pacífico hispanoamericano: política
y comercio asiático en el Imperio español (1680-1784). La centralidad de lo
marginal, (México D.F.: El Colegio de México, 2012), 237-238, 241-242 y 245.
7
Antonio García-Baquero González, Cádiz y el Atlántico: el comercio colonial bajo el monopolio gaditano, (Cádiz: Diputación Provincial de Cádiz,
1988), tomo I, 171.
8
Geoffrey J. Walker, Política española y comercio colonial 1700-1789,
(Barcelona: Ariel, 1979), 258-276; Antonio García-Baquero González, La Carrera de Indias: suma de la contratación y océano de los negocios, (Sevilla:
Sociedad Estatal para la Exposición Universal de Sevilla, Algaida Editores,
6

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�Pablo Sierra Fáfila

puntos de análisis más pormenorizados los encontramos en los
trabajos de Xabier Lamikiz y Mariano Bonialian, quienes han
puesto en valor la trayectoria vital en la actividad económica9, el
peso del capital personal de los actores10 y el cambio en el patrón
del comercio como clave diferencial de los diferentes sistemas11,
1992), 104-108; Jesús Turiso Sebastián, Comerciantes españoles en la Lima
Borbónica: anatomía de una élite de poder (1701-1761), (Valladolid: Secretariado de Publicaciones, Universidad de Valladolid, Instituto Riva-Agüero,
Pontificia Universidad Católica del Perú, 2002), 124-130; Josep M. Delgado
Ribas, Dinámicas imperiales (1650-1796). España, América y Europa en el
cambio institucional del sistema colonial español, (Barcelona: Edicions Bellaterra, 2007), 141-207; Stnaley J. Stein, Barbara H. Stein, Plata, comercio y
guerra. España y América en la formación de la Europa Moderna, (Barcelona:
Crítica, 2002), 232-243; Allan J. Kuethe, Kenneth J. Adrien, El mundo atlántico español durante el siglo XVIII, (Bogotá: Editorial Universidad del Rosario, Banco de la República, 2018), 131-172; Cristina Mazzeo, “El comercio
colonial a lo largo del siglo XVIII y su transformación frente a las coyunturas
de cambio”, en Compendio de Historia Económica del Perú. Economía del
período colonial tardío, ed. Carlos Contreras, (Lima: Banco Central de Reserva de Perú, Instituto de Estudios Peruanos, 2020 primera edición digital), t.
III, 245-248. Disponible en: https://www.bcrp.gob.pe/publicaciones/compendio-de-historia-economica-del-peru.html. Consultado el 22/05/2024.
9
Xabier Lamikiz, “Comerciantes y estrategias mercantiles en los intercambios transoceánicos de la Lima Borbónica, 1711-1821”. História Revista 3
(2016), 66-87. DOI: https://doi.org/10.5216/hr.v21i3.41391.
10
Xabier Lamikiz, “’Un cuento ruidoso’: confidencialidad, reputación y
confianza en el comercio del siglo XVIII”. Obradoiro de Historia Moderna 16
(2007), 113-142.
11
Xabier Lamikiz, “Patrones de comercio y flujos de información comercial
entre España y América durante el siglo XVIII”. Revista de Historia Económica. Journal of Iberian and Latin American Economic History 2 (2007), 231258. Una interpretación diferente sobre estos postulados en Jeremy Baskes,
Satying Afloat. Risk and Uncertainty in Sapnish Atlantic World Trade, 17601820, (Stanford: Stanford University Press, 2013), 43-68.
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�La Carrera del Pacífico

junto al papel del virreinato del Perú como polo de atracción entre
el comercio oficial e informal12.
Así, desde la década de 1740, se fue modificando el
conjunto de la circulación y distribución comercial de toda
la Monarquía. La percepción que se tuvo de estos fue variada
en función de los efectos generados en los diferentes espacios
oceánicos y motivaron una serie de discursos que, bajo la premisa
de la recuperación, buscaban el apoyo oficial de nuevas rutas de
vinculación comercial.
Esta situación, que relacionaba cambio y proposición, es
la que vamos a desarrollar en las siguientes páginas. Primero,
atendiendo a las descripciones hechas y a las soluciones aportadas
ante lo que, desde el archipiélago filipino, se presentaba como una
situación de crisis. Para ésta, la principal pasaba por establecer un
contacto comercial directo con el virreinato del Perú. Un discurso
que, bajo diferentes puntos de vista, presentó varios focos de
reclamación desde la década de 1740 en los que la posición de esa
posible relación fue variable, pero común como factor necesario
para potenciar el comercio. La revitalización de este horizonte
comercial desde Filipinas será un aspecto que analizaremos de
forma conectada, también, con la situación del comercio del
Galeón de Manila en la siguiente década. Unos años que contaron
con un doble cambio como telón de fondo, el de la generalización
Mariano Bonialian, El Pacífico hispanoamericano: política y comercio
asiático en el Imperio español (1680-1784). La centralidad de lo marginal,
(México D.F.: El Colegio de México, 2012), 259-365.
12

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�Pablo Sierra Fáfila

de los registros sueltos durante la guerra y la reintroducción del
sistema de flotas para Nueva España en 1757.
1. La riqueza peruana...¿oculta, dispersa o imaginada?.
El trazado comercial oficial que había desplazado al virreinato
peruano de la navegación transpacífica no fue eficaz a la hora de
impedir el acceso a las mercaderías y frutos asiáticos, pero, sobre
todo, se mostró incapaz de impedir la salida de plata. La centralidad minera13 del Perú como símbolo de riqueza fue una imagen
que no se apartaba de la memoria de aquellos interesados en tratar
y proponer formas diferentes de comunicar comercialmente las Indias con la Península. Bernardo de Ulloa fue parte de esa memoria
cuando, acordándose del comercio peruano, definía cuál había de
ser el camino de las reformas comerciales, pues ésta sólo prosperaría sobre “la práctica que siglos enteros la acreditaron de la más
conveniente, tan opulentos retornos, según la memoria, que solo
nos queda de las felicidades que por su medio se lograron”14. Puso
Sin embargo, los niveles de acuñación de la Casa de la Moneda de México, incluyendo oro y plata, alcanzaron en los años centrales de la centuria,
casi coincidentes con el gobierno del marqués de la Ensenada mientras ocupó la Secretaría de Marina e Indias (1743-1754), unas cifras medias de entre
11.000.000 y 12.000.000 de pesos. El registro más alto se dio en el año 1752
con 13.969.256 pesos. Estas no supondrían las cantidades de producción totales, ya que faltaría el metal precioso que no pasaba a las cecas, pero que era
igualmente apreciado y utilizado. Ruggiero Romano, Moneda, seudomonedas
y circulación monetaria en las economías de México, (México, D.F.: Fideicomiso Historia de las Américas, El Colegio de México, Fondo de Cultura
Económica, 1998), 29.
14
Bernardo de Ulloa, Restablecimiento de las fábricas y comercio español,
13

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�La Carrera del Pacífico

el foco en los problemas que el exceso de oferta podría acarrear
como consecuencia de un drenaje demasiado rápido de la plata producida, una alteración que desvirtuaba los mecanismos comerciales como había sucedido con la detracción francesa por las costas
del Pacífico en las dos primeras décadas del siglo XVIII15.
Esto también se dejó sentir al otro lado del océano, aunque
en el caso del Galeón de Manila su irregularidad no fue tan
palpable como en el de los Galeones de Tierra Firme16, por lo que,
si la prolongación oriental de las navegaciones francesas pudieron
tener algún efecto contrario, este fue absorbido mucho mejor por
la mayor regularidad de la navegación transpacífica tradicional17.
[1740], ed. Gonzalo Anes Castrillón, (Madrid: Instituto de Cooperación Iberoamericana, Instituto de Estudios Fiscales, 1992), 186-187.
15
Véase también Carlos Malamud Rikles, Cádiz y Saint Malo en el comercio colonial peruano (1698-1725), (Cádiz: Diputación Provincial, 1986); Jesús
Turiso Sebastián, Comerciantes españoles en la Lima Borbónica: anatomía de
una élite de poder (1701-1761), (Valladolid: Secretariado de Publicaciones, Universidad de Valladolid, Instituto Riva-Agüero, Pontificia Universidad Católica
del Perú, 2002), 108-116. La Corona no pudo habilitar un convoy de galeones
por encima de las 2.000 toneladas de carga hasta 1721, al mando de Baltasar de
Guevara ya bajo el amparo del proyecto de 1720. Los de José Fernández de Santillán fueron los últimos que contaron con un tonelaje superior en 1706. Enrique
Tapias Herrero, El Almirante López Pintado (1677-1745). El duro camino del
éxito en la carrera de Indias, (Sevilla: Universidad de Sevilla, 2017), 400.
16
Entre el año 1700 y 1720 se cuenta solo uno sin navegación, 1704, y cuatro
arribadas: en 1714, 1716, 1718 y 1719. Carmen Yuste López, Emporios transpacíficos. Comerciantes mexicanos en Manila 1710-1815, (México: UNAM,
2007), 41 y 44.
17
Sirva como ejemplo el galeón que retornó a Manila en 1717 que cargaba
más de 2.000.000 de pesos, contando con que su despacho se había realizado
en 1715 y se retrasó un año por la arribada. En esas fechas se hallaba vigente
el permiso de 300.000 pesos de carga y 600.000 de retorno, así que superaba
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�Pablo Sierra Fáfila

Aunque, a pesar de los esfuerzos por retomar el control de los
canales de la plata peruana, en esta primera mitad del siglo XVIII
se fue consolidando la dispersión del metal precioso por diferentes
vías, unas impuestas, otras ilegales y otras autorizadas.
No obstante, la persistencia de la idea de un Perú de grandes
riquezas depositadas, parcialmente conocidas y desaprovechadas,
se presentaba como el gran estímulo del comercio de la Monarquía
y como un elemento clave en algunas propuestas que pretendían
conectar el virreinato con el comercio oriental. Esa imagen
conservada de origen peninsular se hacía evidente, de nuevo, en
las palabras de Bernardo de Ulloa:
“Ya he dicho que tres años hizo por marzo de este de 1740
que salieron los últimos galeones a Cartagena, reducidos a
un registro de dos mil toneladas y, no obstante esta cortedad
esperan la noticia de haber salido el comercio de Lima para ir
a encontrarle a Portobelo. En tan dilatado tiempo, se pierden
los navíos con la broma, se averían las ropas, y se comen los
comerciantes no solo las ganancias, sino el principal. Y aunque
estos sucesos van repetidos, y pudiera no hallarse hombre
que quisiera arriesgar su caudal en tráfico tan contingente, les
alienta y engaña la memoria de lo que fue, con la esperanza de
que los remedios que se aplican y malogran, lo puedan haber
recobrado”18.
el triple de lo permitido oficialmente. Carmen Yuste López, Emporios transpacíficos. Comerciantes mexicanos en Manila 1710-1815, (México: UNAM,
2007), 65-67.
18
Bernardo de Ulloa, Restablecimiento de las fábricas y comercio español, [1740], ed. Gonzalo Anes Castrillón, (Madrid: Instituto de Cooperación
Iberoamericana, Instituto de Estudios Fiscales, 1992), 187-188. La cursiva es
nuestra.
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175

�La Carrera del Pacífico

Las observaciones sobre el reajuste de los circuitos marítimos
como vías de abastecimiento comercial al virreinato alcanzaron
altas cotas de detalle y asignación espacial en la obra de Ulloa.
La atención prestada a las nuevas incidencias del cambio bajo un
cómputo más equitativo, cuya clave descansaba en la anualidad
como rasgo clásico y esfuerzo buscado con anterioridad, no
desatendieron los huecos y desubicaciones producidas por el
nuevo circuito19.
Desde el propio virreinato no faltaron voces que, partiendo
de una exposición de la situación, ofrecieran soluciones que
beneficiaran a la Corona como a los vasallos. Victorino Montero
del Águila20 dejó constancia, en su Estado político del Reino
del Perú (1742), de las puertas relajadas por donde entraban
las mercaderías y salían los tesoros de las Indias. Esas puertas
La distribución de este cómputo hecha por Ulloa fue la siguiente: a Chile
y El Callao le corresponderían 3.000 toneladas, a Cartagena de Indias 2.000
toneladas y a Buenos Aires 1.500 toneladas. Estos galeones reformados ya no
tendrían en Tierra Firme su destino principal, sino que el convoy se ramificaría
en esos destinos principales. Bernardo de Ulloa, Restablecimiento de las fábricas y comercio español, [1740], ed. Gonzalo Anes Castrillón, (Madrid: Instituto de Cooperación Iberoamericana, Instituto de Estudios Fiscales, 1992), 188190 y 196-200. El establecimiento de una pauta para salida y retorno fue una
medida que también había querido aplicar el virrey Superunda (1743-1761)
a los registros sueltos, José Antonio Manso de Velasco, Relación de gobierno [1745-1761], ed. Alfredo Moreno Cebrián, (Madrid: Consejo Superior de
Investigaciones Científicas, Instituto Gonzalo Fernández de Oviedo, 1983),
279-284.
20
Guillermo Lohmann Villena, “Victorino Montero del Águila y su “Estado
Político del Reyno del Perú” (1742)”, Anuario de Estudios Americanos 31
(1974), 751-807.
19

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176

�Pablo Sierra Fáfila

fueron identificadas como la de Panamá, a mano de virreyes
y demás autoridades, la de Cartagena, como anticipos de la
feria de Portobelo en las prolongadas detenciones previas de
los Galeones de Tierra Firme, la de Buenos Aires y la de Nueva
España21. A través de ésta “continuamente entran al Perú crecidas
partidas de ropas de China, y de Castilla de la que conducen a
aquel reino navíos de Manila, y registros de Honduras, donde
se mezclan balandras extranjeras, y está computada esta saca
por tres millones de pesos”. Un aporte de moneda peruana que
pudo comprobarse en los registros de las flotas que retornaban a
Cádiz, “no obstante del oro, que es el que carga, para el uso de
esta relajada puerta”.
La suma de las cifras manejadas se aproximarían a los
retornos de la última década del siglo XVII22, lo que nos permite
entender que después de la guerra de Sucesión (1701-1714) estas
“puertas relajadas” cobraran una mayor presencia en el circuito
comercial peruano y, al mismo tiempo, la imposibilidad con la
Real Biblioteca del Palacio Real de Madrid (en adelante RBPRM), Estado
político del Reino del Perú [1742], DIG II/2888, ff. 154v.-156v; Ruggiero Romano, Moneda, seudomonedas y circulación monetaria en las economías de
México, (México, D.F.: Fideicomiso Historia de las Américas, El Colegio de
México, Fondo de Cultura Económica, 1998), 65-67.
22
José María Oliva Melgar, “Los insondables galeones del tesoro y las informaciones diplomáticas toscanas sobre las remesas de plata americana en la
segunda mitad del siglo XVII”, en El sistema comercial español en la economía mundial (siglos XVII-XVIII). Homenaje a Jesús Aguado de los Reyes, eds.
lit. Isabel Lobato Franco, José María Oliva Melgar (Huelva: Publicaciones
Universidad de Huelva, 2013), 127-155.
21

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que se toparon las autoridades españolas por revertir la situación.
El autor seguía el razonamiento hecho por Miguel de Zavala y
Auñón en lo que respectaba al cálculo en la producción de plata
y oro americanos hasta el año de 1732, fecha en la que escribía.
Hasta aquel año, Zavala y Auñón suponía que las “dos Américas”
habían dado anualmente una cifra de 38.000.000 de pesos de media
desde su descubrimiento23. Pero Montero del Águila puntualizaba
que éste no había contado con otros datos, como en el caso del
oro chileno, del que dudaba que Zabala hubiera podido incluir
en sus cálculos24. La reevaluación de sus cifras25 le condujo a la
conclusión de que, ante la costumbre de la infracción, “el cúmulo
de millones, que han fructificado estos reinos, se hallarán en los
extraños, porque el desorden en que se han connaturalizado, no se
halla en términos de lo que lo enfrenen las Leyes; y es necesario
usar como coyundas las industrias, sujetándolo al suave jugo de
En esta cifra media contaba Miguel de Zabala y Auñón tanto con los metales preciosos registrados como los no registrados. Y, además, computaba
prudencialmente la plata americana al margen de la Carrera de Indias en esa
estimación media anual. Biblioteca Digital Hispánica (en adelante BDH), Representación al Rey N. Señor D. Phelipe V [1732], R/35520, 252-254.
24
“de tal suerte que en las estafetas que conducen las cartas, se ha establecido un público registro de encomiendas, que ha habido ocasión en que han traído 42 arrobas registradas, siendo lo regular en cada cuarenta días que entran
estas estafetas 25 y 30 arrobas, las que conducen; y a el año que viene a ser
toda esta remisión la cuarta parte de la que se envía con particulares prelados
y personas, que vienen de dichas ciudades, fuera de otro tanto, que camina por
relajación a la puerta de Buenos Aires” . RBPRM, Estado político del Reino
del Perú [1742], DIG II/2888, ff. 156v.-157v. y 158r.
25
RBPRM, Estado político del Reino del Perú [1742], DIG II/2888, ff.
158r.-159r.
23

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una Compañía, que es la más apreciable prensa, en que se habían
de tirar nuevas Pragmáticas”26.
Sin embargo, la incorporación de nuevas posibilidades
necesitó de una situación crítica, o excesivamente agravada,
como para producir una reacción de mayor calado como el
detonante bélico de 173927, que facilitó la adopción del sistema
de registros sueltos de forma generalizada para sostener el
sistema comercial de la Monarquía y dar la espalda al alarde
del “reformismo continuista”28. Teniendo esto presente, parecía
seguirse una solución que ensamblara directamente esa
dispersión de los metales preciosos con una cobertura29 que
atendiera esos canales de desvío, condición que podrían cumplir
los registros sueltos.
Sin embargo, pese a no poder acudir a todos los canales
de desvío al mismo tiempo, pudo confirmarse el resultado
RBPRM, Estado político del Reino del Perú [1742], DIG II/2888, ff.
159r.-160v.
27
Jorge Cerdá Crespo, Conflictos coloniales: la Guerra de los Nueve Años
1739-1748, (Alicante: Publicaciones Universidad de Alicante, 2010).
28
Antonio García-Baquero González, “Comercio colonial y reformismo
borbónico: de la reactivación a la quiebra del sistema comercial imperial”,
Chronica Nova: Revista de historia moderna de la Universidad de Granada
22 (1995), 121. Además, el fin de la guerra en 1748 y el tratado posterior con
Inglaterra dos años después permitieron concluir las condiciones comerciales
impuestas en Utrecht con el Navío de Permiso y el Asiento de Negros.
29
Ante la dispersión la respuesta de la Corona fue la de proporcionar una
multiplicación de rutas que la asistiera y se canalizara hacia el aumento del
volumen comercial entre la Península y las Indias. Valentín Vázquez de Prada,
“Las rutas comerciales entre España y América en el siglo XVIII”, Anuario de
Estudios Americanos XXV (1968), 197-241.
26

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proporcionado por estos al demostrar su capacidad para mantener
una comunicación comercial entre la Península y las Indias
durante la guerra30. Así, la apuesta por su continuidad pareció
clara al marqués de la Ensenada (1743-1754)31, incluso a pesar de
contrarios dictámenes32.
La correlación entre las descripciones de Montero del
Águila y la solución dada por Ulloa, sin que coincidieran en el
método más idóneo para la reforma comercial, sí tomaban al Perú
como el principal y potencial estímulo comercial. Para el desvío
oriental creyó encontrar Ulloa una alternativa en la apertura del
comercio directo entre las islas Filipinas y la Península, pero en
El promedio anual, entre 1739 y 1754, se situó en 47 navíos, poco más de
un tercio superior respecto a las dos décadas previas. Antonio García-Baquero
González, Cádiz y el Atlántico: el comercio colonial bajo el monopolio gaditano, (Cádiz: Diputación Provincial de Cádiz, 1988), tomo I, 172.
31
Rafael Antúnez y Acevedo, Memorias históricas sobre la legislación y
gobierno del comercio de los españoles con sus colonias en las Indias Occidentales, [1797], ed. Antonio García Baquero-González, (Madrid: Fábrica de
Moneda y Timbre, 1981), 56-58.
32
Entre estos el de Manuel Clemente Rodríguez Requejo en 1750. Finalmente, una vez apartado del poder Ensenada, fueron restituidas las flotas con
carácter bianual en 1754. Margarita Rodríguez García, “Compañías privilegiadas de comercio con América y cambio político (1706-1765)”, Estudios de
Historia Económica, 46 (2005), 65; Josep María Delgado Ribas, Dinámicas
imperiales, 1650-1796: España, América y Europa en el cambio institucional
del sistema colonial español, (Barcelona: Bellaterra, 2007), 186; Stanley Stein,
Bárbara Stein, Plata, comercio y guerra: España y América en la formación
de la Europa Moderna, (Barcelona: Crítica, 2002), 241 y 243; Antonio Bernal Rodríguez, España proyecto inacabado: los costes/beneficios del imperio,
(Madrid: Marcial Pons, Fundación Carolina, Centro de Estudios Hispánicos e
Iberoamericanos, 2005), 494.
30

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exclusividad33. De esta forma, el nudo indiano del comercio34, que
tanto lastraba la recuperación de los convoyes a Tierra Firme, se
vería desenlazado en la culminación de un doble objetivo que
parecía tener en ese ámbito de circulación informal el principal
escollo. La perspectiva de Ulloa se centró en delimitar lo máximo
posible los espacios económicos de intervención comercial, dejando la atracción del mercado peruano para un reformado sistema de Galeones y la conexión directa con el comercio transpacífico para los puertos de la Península, con libre acceso a éste, y sin
anular el sistema tradicional del Galeón de Manila. La centralidad
peninsular, que si bien tenía como trasfondo el horizonte comercial peruano, se transformaba, a ojos de Montero del Águila, en
una centralidad virreinal, en la que mediante una “Compañía de
caudales” se concentraría e impulsaría la actividad comercial35.
Bernardo de Ulloa, Restablecimiento de las fábricas y comercio español,
[1740], ed. Gonzalo Anes Castrillón, (Madrid: Instituto de Cooperación Iberoamericana, Instituto de Estudios Fiscales, 1992), 169-176, 348-349 y 353-355.
34
Nos referimos a un conjunto de lógicas informales que dominarían el control
de unos circuitos comerciales conectados por el Pacífico al margen de la preeminencia que quiso ejercer la Corona. Habría una primera fase de plenitud del
modelo informal entre 1580 y 1640; le seguiría otra de atenuación del mismo
de 1640 a 1680 y, por último, la segunda de impulso entre 1680 y 1740. Esta
última se distinguiría de la primera en que el comercio entre ambos virreinatos
por el Pacífico estaría completamente prohibido a diferencia de la permisión
que se practicaba en el primer periodo. Mariano Bonialian, China en la América
colonial: bienes, mercados, comercio y cultura del consumo desde México hasta
Buenos Aires, (Buenos Aires: Editorial Biblos, 2014), 56-67.
35
“y los mismos que han dado el 5% que pondrán el tercio o mitad de sus
caudales, fiando de un Banco, con más razones de seguridad, lo que hoy fían
de un individuo que pasa a la feria de Galeones: y si lo que V.M. erige por
33

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De aquella serían los puntos once y doce los de mayor
interés, pues a partir de estos procuraba hacer valer al rey que
era mucho más favorable la práctica de la navegación por el
Pacífico por tratarse de una ruta cómoda y de “propias Colonias”,
al contrario de la que pudiera experimentarse por el cabo de
Buena Esperanza36. Sólo habría que copiar el modelo comercial
transpacífico “como lo hacen hoy los del Reyno de México a las
Islas Filipinas, [...]; pues no se hace a Cádiz Almacén de estos
comercios”37. No obstante, ofrecía muchas dudas ya que parecía
querer cerrar el comercio de Nueva España con las islas Filipinas e
incorporarlo a esa compañía propuesta con carácter restrictivo38. El
precepto al año, se conoce utilidad, se puede sin exceder la ponderación de lo
posible, decir, que a dos o tres años de esta creación, tendrá la Compañía 20
millones de manejo; y a diez años de haber recogido caudales y comercios,
ninguna de las de Europa igualará sus fondos”. RBPRM, Estado político del
Reino del Perú [1742], DIG II/2888, ff. 121r.-123r.
36
Marina Alfonso Mola, Carlos Martínez Shaw, “La ruta del Cabo y el comercio español con Filipinas”, en Un océano de seda y plata: el universo económico del Galeón de Manila, eds. Salvador Bernabéu Albert, Carlos Martínez Shaw, (Sevilla: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2013),
307-340.
37
RBPRM, Estado político del Reino del Perú [1742], DIG II/2888, ff.
146r.-149r.
38
Unos años antes, el marqués de Villadarias ya había tenido presente la fuga
del metal precioso que se producía por el Pacífico y la idoneidad de comerciar
sólo con géneros por esa ruta. Más allá del resumen que de sus planteamientos
hiciese el marqués de Santa Cruz de Marcenado, Villadarias expuso en su Discurso sobre la negligencia y abandono con que se miraba en España el esencialísimo punto del Comercio que “[...]Y como en la China se carece de plata
al paso que abunda el oro, con el cual, la compran aquellos naturales dando
crecido interés se podría sujetar aquel comercio a este solo cambio prohibiendo lo que fuese manufactura (pues destruyen las nuestras) y permitiéndolo
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problema se hallaría en la contrapartida, pues, en el fondo, la plata
era la mercancía más valorada en las Indias Orientales. La mayor
parte de las mercaderías que transportaba el Galeón de Manila no
eran propias del Archipiélago, sino conducidas anualmente para el
comercio de éste por los champanes chinos y demás embarcaciones
asiáticas que anualmente navegaban a las islas.
Al igual que Ulloa, Montero del Águila se expresó de
manera similar sobre la plata del virreinato39. Ya no se trataba
únicamente de la que se movía por éste y cuya concentración de
décadas pasadas había dado paso a su dispersión por diferentes
“puertas” como había expuesto. Además, podría haber otra
importante cantidad que no se ponía siquiera en circulación y, por
tanto, se trataría de una riqueza potencial no explotada. A ojos del
proyectista sería un doble perjuicio: el causado por las grandes
sumas que escapaban al control de los españoles y el otro debido al
poco interés por fomentar el trabajo de las minas y explotaciones
similares de la superficie. Una oportunidad que se perdía.
2. Filipinas y el comercio con el Perú.
Junto a estas dos perspectivas, completaría el conjunto de la
Monarquía la proporcionada desde las islas Filipinas. El arzobispo
de Manila, Pedro Martínez de Arizala, dio muestras en 1753 de
únicamente en lo que lejos de producir mal asegurase bien pero con la calidad
de que se conmutasen géneros por géneros.”. RBPRM, Miscelánea, DIG/II
2862, ff. 33r.-v.
39
RBPRM, Estado político del Reino del Perú [1742], DIG II/2888, ff.
157v.-158r.
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la atracción que ejercía el Perú sobre las mercaderías y géneros
asiáticos40. En la parte que dedicó al comercio de Filipinas con
Nueva España proponía que este permiso se ampliara hasta
1.000.000 de pesos, de los que calculaba que rendirían en
Acapulco doblemente y que contribuirían por derechos reales el
20%41. Ya de por sí la ampliación sugerida era bastante importante
al elevar el permiso al doble del último concedido. Pero no se
detuvo aquí, al apuntar, al mismo tiempo, al virreinato peruano.
La ausencia de detalles concretos no empañó la claridad
de su exposición: “Y debiéndose suponer, que extendido (como
conviene) este tráfico de Philipinas al Reino del Perú, rendirá con
el tiempo otra igual cantidad”. Ahora bien, esto era una aspiración,
pero el comienzo, “mientras se establece con cabal conocimiento”,
se haría navegando cada dos años y “podrá regularse su efectivo
considerado al propio cotejo, y regulación de 20 por 100 a 200.000
Archivo General de Indias (en adelante AGI), FILIPINAS,292,N.49, Carta
de Pedro Martínez de Arizala, arzobispo de Manila, proponiendo un proyecto
para Filipinas, Manila 14-I-1753. Decía el arzobispo en su carta que ya había
dado cuenta de sus proposiciones hacía más de cuatro años, por lo que los
primeros escritos del proyecto podrían ser del año 1747 o 1748. El afán observador de Arizala también se hizo notar en el aspecto político cuando propuso al
marqués de la Ensenada en mayo de 1752 la reforma del gobierno de las islas
Filipinas y es que no carecía de experiencia en este sentido el arzobispo, pues
antes de llegar al Archipiélago había sido oidor de la Real Audiencia de Quito.
Miguel Luque Talaván, “Las instituciones de derecho público y de derecho
privado en la gobernación y capitanía general de las Islas Filipinas”, en Historia general de Filipinas, dir. Leoncio Cabrero Fernández, (Madrid: Ediciones
de Cultura Hispánica, 2000), 350; Antonio M. Molina, América en Filipinas,
(Madrid: Editorial MAPFRE, 1992), 63.
41
Que dejaría como beneficio neto del comercio sería de 1.600.000 pesos.
40

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pesos […] y con el mismo interés de carga, que los de Acapulco”42.
De esto se comprende que el permiso para el inicio del comercio
transpacífico con el Virreinato del Perú sería de 500.000 pesos en
Manila y de 1.000.000 de retorno a los que se aplicaría ese 20%
por el mismo concepto que había propuesto anteriormente. Así,
la suma de ambos permisos supuestos arrojaría un valor total de
carga en Manila de 1.500.000 pesos con un retorno de 3.000.000
de pesos si no tenemos presente las contribuciones de los reales
derechos. Cifras más próximas al producto real que transportaban
los galeones43, así que en parte podemos entender la propuesta del
arzobispo como una forma de dar curso oficial a lo practicado.
AGI, FILIPINAS,292,N.49, Carta de Pedro Martínez de Arizala, arzobispo de Manila, proponiendo un proyecto para Filipinas, Manila 14-I-1753.
43
Mariano Bonialian, El Pacífico hispanoamericano: política y comercio
asiático en el Imperio español (1680-1784). La centralidad de lo marginal,
(México D.F.: El Colegio de México, 2012), 207-223. Así se refería el oidor
Francisco Leandro de Viana: “[...] y para mayor convicción de todo lo hasta
aquí dicho, y de los perjuicios causados a la Real Hacienda, servirán los ejemplares Covadonga, y Santísima Trinidad, apresados por los ingleses, en los
años de 743 y 762: y últimamente el Navío llamado el Philipino (cuya Plata
se salvó en la pasada Guerra, y pasaba de dos Millones de pesos, no correspondiéndole por el registro, sino doscientos y cincuenta mil pesos) la Fragata
Santa Rosa; (en que el Marqués de Rubi, encontró un exceso exorbitante en las
Cajas de Permiso; y hubiera encontrado el mismo en los Fardos, si se hubieran
abierto) y la Fragata San Carlos, en que se descubrieron iguales excesos por las
eficaces providencias del actual Virrey de la Nueva España, y de Don Joseph
de Gálvez, Visitador General de aquel Reyno”. AGI, FILIPINAS,940,N.1,
Carta de Francisco Leandro de Viana informando extensamente en dos partes:
la primera en 46 capítulos sobre los abusos y fraudes y la segunda en 18 sobre
el número de piezas permitido, Manila 15- VII-1767, en Expediente sobre desórdenes del comercio de Filipinas, f. 945r.
42

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De esta propuesta podemos deducir que el interés que
desde Manila podía despertar el comercio directo con el virreinato
peruano, como mercado importante e interesado en los productos
orientales, se pudo concentrar en evitar la intermediación
novohispana como sucedía hasta entonces. Desplazada ésta, los
excedentes se convertían ahora en el permiso que debía llegar a
Perú directamente por mano del comercio filipino. Cabe pensar
que, con esto, Arizala buscara eliminar algunos de los abusos
que se habían venido perpetuando en el comercio transpacífico44.
Sin embargo, no ofreció respuesta a estos interrogantes. Si ese
supuesto interés comercial insular no era tal, hay que decir que este
solo estaría en la pluma del arzobispo. Además, resultaría extraño
pensar que los comerciantes novohispanos, especialmente los de
la Ciudad de México, cuya presencia en los circuitos mercantiles
y poder económico era creciente desde la segunda mitad del
siglo XVII45, se resignaran a la implantación de una segunda vía
comercial transpacífica que conectara directamente al virreinato
del Perú con las islas Filipinas. De la misma forma que tampoco
consentirían en ello los comerciantes peninsulares y la misma
Corte, donde siempre era visto con recelo cualquier desmán
El mismo arzobispo había denunciado los mismos pocos años antes. AGI,
FILIPINAS,292,N.32. Carta de Pedro Martínez de Arizala sobre el reparto de
boletas, Manila 30-VIII-1750.
45
Guillermina del Valle Pavón, “contrabando, negocios y discordias entre
los mercaderes de México y los cargadores peninsulares, 1670-1711”, Studia
historica. Historia moderna 2 (2020), 115-143. DOI: https://doi.org/10.14201/
shhmo2020422115143.
44

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cometido o que llegaran noticias sobre las salidas irregulares de
plata por encima de los retornos permitidos.
El planteamiento hecho por Arizala suscitaba una cuestión
importante, la de la afectación al abastecimiento indirecto por
parte del Galeón de Manila al virreinato peruano y, unido a éste,
el ejercicio del monopolio y circulación comercial que hacían e
intentaban proteger los comerciantes de Lima como intermediarios
de mayor peso. Este quedó más expuesto, sobre todo, cuando los
registros sueltos se dejaban notar de tal forma que exigían a los
comerciantes más potentados un sobresfuerzo por mantener su
posición. Esto pudo comprobarse ya en los años de 1743 y 1744
con el cese de la puerta de Panamá46.
No obstante, Jorge Juan y Antonio de Ulloa pudieron
informarse de que el trato ilícito que se hacía por las costas
novohispanas en relación a las mercaderías orientales era mucho
más difícil de erradicar debido a la baratura de esas mercancías
que podían dejar un beneficio superior al 100% una vez deducidos
todos los costes. Un porcentaje que podría alcanzar el 200%
en los casos en los que pudieran adquirirse de primera mano
en Acapulco. Por un testimonio directo, que dijeron tomar de
un comerciante recién llegado de las costas de Nueva España,
supieron que su beneficio había sido del 140%, “pero que esto
había nacido tanto de haber logrado la ocasión de emplear en [la]
Jorge Juan de Santacilia y Antonio de Ulloa, Noticias secretas de América,
[1747], ed. Luis Ramos Gómez, (Madrid: Dastin, 2002), 202-206.
46

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feria de Acapulco, cuanto porque las contribuciones para el pase
habían sido muy moderadas en virtud de algunas recomendaciones
que con prevención se les habían hecho a los jueces por donde
había de pasar para que lo atendiesen”47. Por tanto, la esfera
comercial comprendida en los productos orientales tendría así una
condición particular respecto al flujo completo informal desviado
desde Nueva España.
El gobernador Pedro Manuel de Arandía48, partícipe de
este contexto reformista, formuló, al igual que el arzobispo, una
idea de comercio transpacífico49 como alternativa complementaria
a la tradicional practicada hasta entonces. Con ello, esperaba dar
solución a una serie de problemas que se habían vuelto acuciantes
a su parecer y que estaban en estrecha relación. A la debilidad
demográfica de la población de origen español se añadía una
lastrada situación comercial desde la década anterior cuando
tuvo lugar la captura del Covadonga en 1743, seguido de varias
Pero, también, había artículos no tan atractivos cuya ganancia podía ser inferior. Jorge Juan de Santacilia y Antonio de Ulloa, Noticias secretas de América, [1747], ed. Luis Ramos Gómez, (Madrid: Dastin, 2002), pp. 207-208.
48
Un repaso a su gobierno en Ana Ruiz Gutiérrez, “Fronteras allende el mar:
el gobierno de Pedro Manuel de Arandía y Santisteban en Filipinas (17541759)”, en Fiesta, arte y literatura en tierras de frontera, eds. José Javier
Azanza López, Silvia Cazalla Canto y Guadalupe Romero Sánchez, (Granada:
Editorial Universidad de Granada, 2023), 73-93.
49
Un primer acercamiento a esta propuesta en Pablo Sierra Fáfila, “La nao
del Perú: propuesta del gobernador Pedro Manuel de Arandía para el comercio de Filipinas (1758-1759)”, en América: problemas y posibilidades, eds.
Ascensión Martínez Riaza y Miguel Luque Talaván, (Madrid: Ediciones Complutense, 2019), vol. 2, 529-552.
47

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arribadas y la pérdida del patache Pilar en 175050. De la relación
anterior había podido constatar su influencia mutua y afirmar
que solo diez casas contaban con un caudal superior a los 50.000
pesos, más que apto para su mantenimiento. Pero a estos seguían
“habitantes eventicios, y producentes para el Comercio del apoyo
de las obras pías con poquísimo caudal de propio arbitrio”.
Estas palabras guardaban la denuncia implícita respecto a la
escasa población arraigada en las islas, en la que predominaría
un carácter fluctuante y temporal, de ida y venida en una sola
generación, de cuya marcha a Nueva España no quedaba ningún
beneficio en las islas51.
Ahora bien, si nos fijamos en dicho aporte poblacional, las
palabras de Arandía no casaban con el movimiento observado en
la década de 1750, en la que se puede apreciar un leve incremento
respecto a las dos anteriores (1730-1749)52. Cabe la posibilidad
Vicente Rodríguez García, El gobierno de Don Gaspar Antonio de la Torre y Ayala en Filipinas, (Granada: Universidad de Granada, 1976), 111-112
y 150-152; Antonio García González, El gobierno en Filipinas del Ilmo. Sr.
D. Fray Juan de Arechederra y Tovar, Obispo de la Nueva Segovia,(Granada:
Universidad de Granada, 1976), 73-74 y 98-99; Guadalupe Pinzón Ríos, “Defensa del Pacífico novohispano ante la presencia de George Anson”. Estudios
de historia novohispana 38 (2008), 63-86.
51
Antiguo patrón fijado desde la aplicación de la restricción oficial. Carmen
Yuste López, “De la libre contratación a las restricciones de la permission. La
andadura de los comerciantes de México en los giros iniciales con Manila,
1580-1610”, en Un océano de seda y plata: el universo económico del Galeón
de Manila, eds. Salvador Bernabéu Albert y Carlos Martínez Shaw, (Sevilla:
Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2013), 85-106.
52
Antonio García-Abásolo, “Españoles y mexicanos en Filipinas. Siglos
XVI a XIX”, en Con la casa a cuestas. Migración y patrimonio cultural en
50

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de que dicha tendencia se hubiera reducido o estancado justo en
el momento en el que se hacía cargo de la Gobernación insular,
pero la frecuencia era más favorable que en los gobiernos previos
al de José de Ovando (1750-1754), de lo que se desprende que el
interés por comerciar desde Filipinas no se veía, cuando menos,
mermado53.
Otro factor perjudicial al comercio que sumaba era el del
aumento de los precios de los géneros y mercaderías asiáticas por
la mayor demanda europea, cuyas embarcaciones acudían a los
puertos chinos en mayor número54. Esto suponía que por la vía de
las compañías comerciales europeas había aumentado la atracción
de este comercio en detrimento de la vía transpacífica55. Cabría
preguntarse si ese tirón por la ruta del cabo de Buena Esperanza
el mundo hispánico, ed. Erika González León, (Sevilla: Universidad Pablo de
Olavide, Arte, Creación y Patrimonio Iberoamericanos en Redes, 2020), 77.
53
Otra cuestión sería que el beneficio se concentrara, por ese mayor aporte
poblacional, en un mayor o menor número de manos, pero esto no implicaría
necesariamente un descenso del mismo.
54
AGI, FILIPINAS,160,N.27, Carta del gobernador Pedro Manuel de Arandía sobre el comercio con Perú, Manila 17-VII-1758, en Expediente sobre
apertura del comercio a Perú. 17-VII-1758/27-XI-1759.
55
José Passarin, comisionado para la construcción del galeón Nuestra Señora de Guadalupe en Siam, en su conducción hacia las islas Filipinas no exenta
de dificultades, pudo observar a mediados del año 1755 que “Noticiosos de mi
llegada a la ciudad de Cantón los sobrecarga (sic), y capitanes de veinte y nueve barcos de Europa que se hallaron por sus Compañías de Comercio de dicha
ciudad como son franceses, ingleses, portugueses, prusianos, suecos, dinamarqueses y holandeses me vinieron a cumplimentar admirándose mucho de mi
lastimosa tragedia”. AGI, FILIPINAS,940,N.1, Expediente sobre desórdenes
del comercio de Filipinas, Manila 5-VII-1756, f. 184r.
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se debía únicamente a un aumento de la demanda de los mercados
europeos para el consumo propio de estos o si, además, influía el
hecho de que el abastecimiento de los mercados indianos hubiera
acaparado un mayor volumen de mercaderías asiáticas por la vía
atlántica56 y, por tanto, el papel jugado por los registros sueltos
desde su habilitación en 1739 tuviera protagonismo en ello57.
Si estos proporcionaron un abastecimiento más regular
a las Indias, podemos pensar que la atracción de mercancías
asiáticas por la ruta transpacífica se vería, en parte, reducida.
Incluso, la demanda peruana, alimentada desde Acapulco, podría
haberse visto igualmente cubierta por esta “atlantización” del
comercio transpacífico, identificando la navegación por el cabo
de Hornos desde la década de 1740 como la primera fase de
cambio respecto al comercio oriental58. No obstante, a través de
los comentarios de Jorge Juan y Antonio de Ulloa hemos podido
ver cómo la rentabilidad de ese comercio ilícito de mercaderías
asiáticas era lo suficientemente alta como para resistir mejor el
Ana Crespo Solana, “La Compañía holandesa de las Indias Orientales
(VOC) y los proyectos españoles con Filipinas a través del Cabo de Buena
Esperanza (1609-1784)”. Vegueta: Anuario de la Facultad de Geografía e Historia 20 (2020), 127-129.
57
Bernardo de Ulloa, Restablecimiento de las fábricas y comercio español,
[1740], ed. Gonzalo Anes Castrillón, (Madrid: Instituto de Cooperación Iberoamericana, Instituto de Estudios Fiscales, 1992), 351-352.; Gerónimo de
Uztariz, Theorica y práctica de comercio y marina, [1742], ed. Gabriel Franco
López, (Madrid: Aguilar, 1968), 102.
58
Mariano Bonialian, “Comercio y atlantización del Pacífico mexicano y
sudamericano: la crisis del lago indiano y del Galeón de Manila, 1750-1821”.
América Latina Historia Económica 1 (2017), 13.
56

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abastecimiento que pudiera hacerse con los navíos de registro. Sin
embargo, Bonialian pone en cuestión esa rentabilidad advirtiendo
que la redistribución que se efectuaba desde Lima prácticamente
había desaparecido para la década de 1750:
“Hemos registrado en su momento que entre los años 1670 y
1740 se dirigieron más de 80 embarcaciones limeñas con plata,
azogue, cacao y vino a los puertos del Pacífico mexicano.
Veinticinco de ellos –cifra oficial y por cierto mínima, que
no refleja el contraflujo- habían retornado con mercadería
local, asiática, europea y de Castilla a los puertos del Callao,
Guayaquil, o Paita. Lo sorprendente es que apenas iniciada
la segunda mitad del siglo XVIII, esta composición de bienes
desde México hacia Perú por el Pacífico no continuó en lo
más mínimo. La medida de libre comercio para el tráfico de
embarcaciones particulares por el puerto de Buenos de Aires o
hacia el Valparaíso, Lima y Guayaquil vía el Cabo de Hornos
daba cuenta del avance español sobre un espacio marítimo
sudamericano que en el periodo anterior funcionaba con otras
lógicas de comercio, más vinculadas a México y a la economía
asiática.” 59

Esa resistencia mayor parecía, según el fragmento, no haber
tenido continuidad. Sin embargo, Carmen Parrón Salas advirtió
que los registros sueltos no se habían hecho sentir plenamente
todavía entre 1739 y 176060. Se podría argumentar que la Carrera
del Pacífico no pudo oponerse con firmeza a la llegada de los
Mariano Bonialian, “Comercio y atlantización del Pacífico mexicano y
sudamericano: la crisis del lago indiano y del Galeón de Manila, 1750-1821”.
América Latina Historia Económica 1 (2017), 18-19.
60
Carmen Parrón Salas, “Perú y la transición del comercio político al comercio libre, 1740-1778”, Anuario de estudios americanos 2 (1997), 453-456.
59

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registros sueltos y que estos pudieron tener un efecto sustitutivo,
ya que la década de 1740 fue aciaga para el comercio del Galeón
de Manila, pues entre 1742 y 1750 solo se completaron dos
viajes comerciales y el envío de una embarcación en lastre61,
en 1745, 1746 y en 1749. Por tanto, sería esta una oportunidad
para los registros sueltos de cubrir la demanda del virreinato
peruano asumiendo esa carga “extra” que tenía como objeto la
reexpedición hacia el Perú. Una situación que bajo diferentes
perspectivas señalaba el proyectismo de estas décadas centrales,
al subrayar la conexión con Perú como factor de recuperación.
No obstante, este esquema de reemplazo debe ser
matizado. La famosa expresión recogida por Domingo de
Marcoleta, “A este methodo se fabrican inmensos artificios, que
ha maquinado la avaricia, tanto por aquella Garganta, como por
la via de Mexico, hallándose en el Reyno gruessas Memorias,
y tanta copia de Generos de China, que parece haverse abierto
la Feria de Pequin en Lima”62, nos dice todavía que el efecto
de los registros sueltos, como suministradores de mercaderías
orientales, no habían triunfado en tal condición durante la década
de 1740. Independientemente de la exactitud temporal con la que
vinieran a acusar a los comerciantes de Lima, esto nos dice que,
AGI, FILIPINAS, 151,N.41, Carta de Gaspar de la Torre sobre suspensión
del galeón, Manila 19-VIII-1745.
62
RBPRM, Nueva Representación, que hace a Su Magestad (que Dios
guarde) D. Domingo de Marcoleta, Apoderado de la Ciudad de Buenos Aires
[1750], VE/703/4, f. 6r.
61

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al menos, el rápido efecto subrayado por Lamikiz63, en respuesta
a lo expuesto por Parrón Salas sobre la profundidad y velocidad
del cambio representado por los registros sueltos, no parecía
aplicarse a esa esfera del comercio oriental, o al menos no se
ajustaba a los mismos ritmos que se habían impuesto sobre el
tradicional comercio atlántico.
Por ello, debemos considerar que la ruta de abastecimiento
seguiría siendo extraordinariamente larga si, desde Cádiz, se
daba conexión a la del cabo de Buena Esperanza con los registros
sueltos. De tal forma que, aún en la década de 1740, y contando
con la supresión de la ruta transpacífica después del desastre del
Covadonga (1743), se planteara el abastecimiento directo como
una oportunidad, pero integrada también en un amplio contexto
de guerra económica64, por parte de las potencias extranjeras en
América a través del Pacífico entre 1745 y 174765, sabedores de
los varios años que hacía que no salía un galeón hacia Acapulco y
del impacto que podía tener una operación de tal calibre66.
Xabier Lamikiz, “Patrones de comercio y flujos de información comercial entre España y América durante el siglo XVIII”. Revista de Historia Económica. Journal of Iberian and Latin American Economic History 2 (2007),
240-241.
64
Sylvia L. Hilton, Las Indias en la Diplomacia española, 1739-1759 (Madrid: Universidad Complutense de Madrid, Tesis Doctoral, 1980), 328-331.
65
Justo ese año de 1746 se había decido enviar desde Filipinas el galeón
Rosario y el navío Pilar. Véase la tabla más abajo.
66
Guadalupe Pinzón Ríos, “La expedición neerlandesa de 1747. Un intento
inglés y holandés por comerciar con Nueva España”, en Nueva España: puerta
americana al Pacífico asiático, coord. Carmen Yuste López, (Ciudad de México, UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, 2019), 197-221.
63

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La propuesta de Arandía llevaba como introducción la
referencia a la demanda peruana de los géneros asiáticos: “de
que aquellos naturales son tan apetentes y apasionados”. Con
esta información daba paso a su petición, proponiendo al rey
la concesión de un navío de permiso cada tres o cinco años,
excusando al de Nueva España, y que en Filipinas se satisficieran
los intereses de carga y “más valor por el aumento que debiera
hacerse en Acapulco, computando el de el Real Situado de un año
se beneficiaba la Real Hacienda de esta extracción en el Reino de
la Nueva España”67.
La idea del gobernador ofrece algunas dudas por los
términos en los que se expresa. El principal, pensamos, es el
que hacía referencia al intervalo temporal para comerciar entre
Filipinas y el virreinato del Perú y la expresión de excusar al navío
de Nueva España. Si señalaba que la línea comercial con Nueva
España quedase suspendida completamente para impulsar la
peruana, o si esta suspensión tendría ocasión únicamente cuando
fuese concedido el navío de permiso que se despachara al Perú
para comerciar con Filipinas, es algo que requiere ser precisado.
En el caso de que todo el comercio transpacífico pudiera depender
del navío de permiso propuesto para el Perú, cada tres o cinco
años, sería demasiado grande el espacio temporal y el buque
del navío tendría que ser enorme como para abastecerlo durante
AGI, FILIPINAS,160,N.27, Carta del gobernador Pedro Manuel de Arandía sobre el comercio con Perú, Manila 17-VII-1758, en Expediente sobre
apertura del comercio a Perú. 17-VII-1758/27-XI-1759.
67

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tanto tiempo. Sin embargo, resultaría extraño pensar en un cese
completo de la ruta comercial oficial porque no había sido esa
una medida común o repetida en los debates sobre el comercio
transpacífico ni entre el proyectismo peninsular para las islas68.
Solo José de Carvajal y Lancaster la expuso abiertamente en su
proyecto de compañía para las islas69.
Ahora bien, aunque pensemos en este navío de permiso
como en un galeón complementario, expuso Arandía una serie de
diferencias respecto al sistema tradicional que permitirían el ahorro
del situado y convertir a las islas en el depositario fiscal del comercio
transpacífico peruano. Por lo que dicho ahorro y beneficio a la
hacienda virreinal novohispana solo era posible en años precisos
en los que el viaje comercial se efectuara desde las costas peruanas
del Pacífico hacia las islas Filipinas70. La definición concreta de
Marina Alfonso Mola, Carlos Martínez Shaw, “España y el comercio de
Asia en el siglo XVIII. Comercio directo frente a comercio transpacífico”, en
El Sistema Comercial Español en la Economía Mundial (siglos XVII-XVIII).
Homenaje a Jesús Aguado de los Reyes, eds. Isabel Lobato Franco y José María Oliva Melgar, (Huelva: Servicio de Publicaciones Universidad de Huelva,
2013), 328-339.
69
José de Carvajal y Lancáster, Testamento político o idea de un gobierno
católico, [1745], ed. José Miguel Delgado Barrado, (Córdoba: Universidad de
Córdoba, Servicio de Publicaciones 1999), 123-129.
70
Desde las islas Filipinas también fue contemplada esta opción de institucionalización comercial varios años antes. AGI, Audiencia de Filipinas, FILIPINAS,206,N.1, Memorial de la Ciudad y Comercio de Manila proponiendo
nuevas reglas para mejor acierto de su comercio basadas en la que haya un
Consulado de Manila, Madrid (sin fecha), en Expediente sobre el comercio
de Filipinas y Nueva España 1712-1722, ff. 763r.-765v. María Teresa Martín
Palma, El Consulado de Manila, (Granada: Universidad de Granada, 1981).
68

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su organización quedaba sujeta a su aprobación posterior, pero, en
vista de que el gobernador fijaba un período temporal y un navío
de permiso, la adopción más próxima sería la del modelo del
Galeón de Manila, ya que se acabaría dotando de un reglamento
al comercio entre Manila y Perú, de iniciativa privada y no real71.
Este desplazamiento del mantenimiento y los costes del
comercio marítimo lo basaba en la incapacidad que tenían en aquel
momento los comerciantes de Manila para sostener las cargas de
este tipo de tráfico, y que si el rey lo concedía en los términos
propuestos, contemplaba “a todas luces este plan favorable a la
Real Hacienda con intermedio de los tiempos en que fuere del Real
agrado de S.M. la Concesión”. Esto conllevaría una alteración de
los términos en los que se efectuaba la Carrera del Pacífico. El
gobernador presuponía unos efectos beneficiosos para la población
que permitirían cambiar la tendencia que describía pues durante
“mi Gobierno han muerto hasta ocho vecinos de caudal y manejo
conocido, y apenas se han radicado tres advenedizos”.
No obstante, más allá de su aprobación o rechazo72,
conviene destacar la presencia que tenía el virreinato peruano en
Marina Alfonso Mola, Carlos Martínez Shaw, “Iniciativa pública e iniciativa privada en el tráfico directo de España con las Filipinas”, en Bajo el velo
del bien público. Estudios en homenaje a Guillermo Pérez Sarrión, eds. Jesús
Astigarraga Goenaga y Javier Usoz Otal, (Zaragoza: Institución Fernando el
Católico, 2020), 87-110.
72
AGI, FILIPINAS,160,N.27, Informe del fiscal del Consejo de Indias, Madrid 27-XI-1759, en Expediente sobre apertura del comercio a Perú. 17-VII1758/27-XI-1759. AGI, FILIPINAS,335,L. 17, Aviso de negativa al comercio
con Perú propuesto por Arandía. 27-IX-1760, ff.151R-154R.
71

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el imaginario comercial de las islas y la condición salvífica que
parecía guardar para éstas. Arandía había propuesto la alternancia
a la hora de apostar por la habilitación de un navío organizado y
despachado desde las costas peruanas para que fuera a comerciar
a Filipinas cada tres o cinco años, sin interrumpir la Carrera del
Pacífico excepto cuando le tocara realizar el viaje comercial,
ahorrando el situado novohispano en dicho año y dejando todo
el monto fiscal procedente del comercio en las cajas reales
insulares. Arizala era igualmente partidario del comercio con
Perú, pero de una forma más parecida al practicado entre Manila
y Acapulco, adoptando la organización del viaje comercial desde
Filipinas y sin alternarse, sino de forma coincidente. Aunque,
en una primera fase, el viaje hacia Perú se haría cada dos años
y después anualmente, sería esta una posición lejana a la del
gobernador, quien hablaba más prudentemente de trienios o,
incluso, quinquenios y sin hacer ninguna mención a cantidades
de permiso ni de piezas.
El gobernador parecía querer solucionar la cuestión de
la intermediación mediante su reconocimiento, depositando la
iniciativa del tráfico en los comerciantes peruanos o, al menos,
contrapesarla. Lo esperado de esta fórmula comercial, además de
dejar en Manila todos los réditos fiscales, era que los manileños
se convirtieran en los verdaderos intermediaros entre la demanda
americana, en este caso la del virreinato del Perú, y las mercaderías
asiáticas que aprontaban los sangleyes, junto a otros comerciantes
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orientales y europeos, al Archipiélago. Sin embargo, este
aparente punto en común de una segunda vinculación comercial
transpacífica encuentra, también, apreciaciones diferenciadas.
Si contamos con un imaginario que se vuelca en el horizonte
comercial peruano podemos observar cómo, pese a su previo
señalamiento como referente común, parten de él las divergencias
de los intereses, según se mire bajo la perspectiva axial de Montero
del Águila73 o como apoyo necesario para la recuperación de cada
una de las carreras oceánicas.
3. Balance del comercio transpacífico en el circuito hispánico
(1754-1759): ¿crisis del sistema del Galeón?
Los descargos hechos por Arandía, unidos también a los del
arzobispo, nos podrían indicar, indirectamente, que se estaba
produciendo esa pérdida del espacio económico peruano para el
Galeón de Manila, sin olvidar que estos registros sueltos también
estaban siendo empleados en el virreinato novohispano. Al
menos hasta el apresto y despacho de la flota novohispana, en
175774. Si nos guiamos por los registros oficiales de los galeones
transpacíficos en esa segunda mitad de la década de 1750
podemos pensar que las cifras se correspondían con la situación
Este punto de vista de la centralidad virreinal lo encontramos también para
el caso de Nueva España en la obra de 1747 de Manuel González de Arancedo.
José Miguel Delgado Barrado, Aquiles y Teseos. Bosquejos del reformismso
borbónico (1701-1759), (Granada; Universidad de Granada, Universidad de
Jaén, 2007), 166-168.
74
Ver nota 31.
73

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que se describía desde el Archipiélago y que esto pudo haber
alimentado las peticiones de vinculación comercial directa con
Perú. El primer viaje comercial preparado desde las islas por el
gobernador Arandía fue el del Santísima Trinidad, un galeón de
enorme capacidad75. Fue despachado en el verano del año 1755,
un año después de que hubiera tomado posesión de su cargo,
según informó el marqués de las Amarillas76, virrey de Nueva
España, tras su llegada a Acapulco a finales de febrero de 1756.
Llevaba registradas a bordo 2.370 piezas y una cuarta por un valor
regulado en Filipinas de 287.442 pesos, siete tomines y un grano
y medio. El exceso referido, una vez comprobado y cotejado el
registro con la descarga del navío, fue de unas pocas porciones
de canela. Respecto al retorno de la plata, no ofrecía cifra alguna.
Sólo podemos suponer que no habría una gran diferencia entre
los excesos y fraudes que se cometían antes de esta navegación
con el resultado que tuvo, ya que, aparentemente, repetía la carga
de 175377.
Oficialmente fue reconocida su capacidad en 5.068 piezas. AGI, FILIPINAS,269,N.1, Arqueo del galeón Santísima Trinidad, Cavite 29-IV-1751, en
Pieza 3ª. Autos preparativos para el repartimiento de las 4.000 piezas para la
carga del galeón Santísima Trinidad y Nuestra Señora del Buen Fin el año de
1751. Año 1753, ff. 166r.-169r.
76
AGI, FILIPINAS,121,N.21, Carta del marqués de las Amarillas sobre descarga del galeón Santísima Trinidad, México 25-X-1756.
77
Informando el virrey conde de Revillagigedo sobre la llegada del galeón,
pero sin dar cuenta de la carga que retornaba, como hizo su sucesor el marqués
de las Amarillas. AGI, FILIPINAS,121,N.18, Real orden con carta de Juan
Francisco de Güemes sobre decomiso, México 30-VI-1754.
75

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La escasa información proporcionada contenía, al menos,
las indicaciones del gobernador de que se cargara con 3.000
piezas, unas 1.000 piezas suplementarias más de las solicitadas
por el Comercio de Manila en contra de su dictamen78, que
habían fundado en las malas ferias ocurridas por hallarse el
virreinato de Nueva España “muy abundante de ropa” en los años
antecedentes. No obstante, según la relación virreinal, las que
llegaron registradas a Acapulco no alcanzaban las 2.400 piezas.
Este aumento de la carga en un 50% sobre la petición original por
orden del gobernador, fue perjudicial al Comercio y a las obras
pías. Estas no habían podido recuperar lo anticipado, incluso con
las bajadas que aplicaron aquel año a un 20%. Sólo el gobernador
salió beneficiado por participar en el galeón con hasta setenta y
cinco piezas “y con su caudal que dio a corresponder, a pagarlo en
México a su Apoderado, tuvo el logro de muy segura ganancia”79.
En cuanto a la reducción del porcentaje del premio de las obras
pías sobre los caudales que habían dado a corresponder para
el comercio de Nueva España es algo de lo que informaba el
gobernador en su carta del año 1758, así que parece que fue una
medida que se dio desde el comienzo de su gobierno y se mantuvo
a lo largo de este, síntoma de la crisis económica apuntada por
AGI, FILIPINAS,386,N.35, Carta del procurador de la orden de Santo
Domingo, fr. Francisco de Casas, sobre los excesos de Arandía, Manila 29VII-1758.
79
AGI, FILIPINAS,386,N.35, Carta del procurador de la orden de Santo
Domingo, fr. Francisco de Casas, sobre los excesos de Arandía, Manila 29VII-1758.
78

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él. El menor volumen de comercio parecía repercutir sobre parte
del sistema de financiación del mismo. Este, posiblemente, sería
uno de los motivos por los que Arandía, al definir su propuesta
de comercio transpacífico entre Filipinas y el Perú, lo hizo
pensando en cargar toda la responsabilidad financiera sobre los
comerciantes del virreinato.
En 1757 no se pudo aprontar el galeón Santísima
Trinidad porque el gobernador dispuso que se le diera “el corte
de Fragata”, y para traer el real situado a las islas se preparó
una embarcación de pequeño porte, aun con la opinión de los
pilotos de la junta de que sería incapaz de realizar una travesía
tan dilatada y rigurosa. A pesar de su tamaño, sólo preparado para
hacer el viaje a Nueva España en busca del situado, no se privó
el gobernador de hacer repartimiento de piezas “para vencer la
renuencia de los ánimos”. Estas fueron en total trescientas setenta
y cinco, de las que distribuyó entre los oficiales doscientas setenta
y cinco, beneficiándose de las cien restantes. De nuevo, se sirvió
de su propia autoridad “que por V.M. le es concedida de elegir,
y aprovecharse del carguío de sus vasos”. Esta decisión del
gobernador solo sirvió para encarecer la ropa en las islas y para
reducir su coste en Nueva España, siendo el resultado de todo esto
una correspondencia comercial secreta mantenida por Arandía
con algunos mercaderes americanos, quienes con la abundancia
podían aprovechar la baratura de las ropas en Acapulco. A esto se
añadió la novedad, conocida en este puerto el año de 1756, de que
el virrey mandó a los mercaderes de Filipinas que vendiesen sus
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cargazones en aquel puerto y, si no pudiera ser así, las retornasen
a las islas sin la posibilidad de darles salida fuera de feria o
conducirlas hasta México. Arandía aseguraba que esta había
sido una petición que le hizo el Comercio de Manila por carta,
de la que aportaba copia, pero sin firmas de los peticionarios.
Esta versión fue puesta en duda, pues la carta destinada al virrey
de Nueva España fue alterada por Santiago de Orendain, alcalde
ordinario y colaborador del gobernador80. Sin embargo, no sería
este proceder malintencionado, o no tendría esa única lectura,
ya que así intentaba asegurar que al año siguiente, en el caso
de poder celebrarse una feria más ventajosa, se vendieran todas
las mercaderías e incluso pudiera despacharse un permiso más
abundante.
Cuando el patache Nuestra Señora de la Portería
recaló en Acapulco no hubo miramientos ni consideraciones
correspondientes a la decisión del gobernador de Filipinas. El
fiscal de la Real Audiencia de México ordenó el embargo a favor
de la Real Hacienda por no ser la carga del permiso concedido
a los vecinos de las islas. No obstante, el virrey accedió a
suavizar la primera determinación, resolviendo que los oficiales y
comandantes del navío hicieran uso de sus efectos y, a la espera de
la aprobación por lo ejecutado, dio constancia del testimonio tanto
De este recelo “nada pudo rastrearse, más de la confirmación de esta vehemente sospecha con el hecho de no hallarse copia de esta carta en el Libro
borrador de todas”. AGI, FILIPINAS,386,N.35, Carta del procurador de la orden de Santo Domingo, fr. Francisco de Casas, sobre los excesos de Arandía,
Manila 29-VII-1758.
80

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al gobernador de las islas como al rey. En el patache retornaron
el situado anual para las islas “y efectos habilitados por factoría
que importaron ciento y veinte y nueve mil ochocientos un pesos,
cinco tomines y ocho granos”81.
Las acciones del gobernador encontraron su réplica en la
reclamación de Tomás Sánchez Bernardo de Quirós82. La decisión
de no embarcar aquel año de 1757 ningún permiso por los
vecinos comerciantes se debió, según lo informado por Quirós, a
la escasez y alto coste de los géneros, llegando a venderse en las
islas con más estimación que la que podría proporcionar su venta
en Nueva España83. Sin embargo, pese a la escasez y el reducido
número de champanes que se aproximaban a Cavite84 para vender
sus cargazones, éstas estuvieron valoradas, el año que menos
AGI, FILIPINAS,121,N.23, Carta del marqués de las Amarillas, virrey de
la Nueva España, dando cuenta de la llegada del patache sin carga del comercio, México 22-III-1758, en Expediente despachado sin carga del Comercio de
Filipinas.
82
AGI, FILIPINAS,121,N.23, Informe de Tomás Sánchez Bernardo de Quirós, diputado de Filipinas, sobre el despacho del patache sin carga del comercio el año de 1757, Madrid 2-III-1759, en Expediente despachado sin carga del
Comercio de Filipinas.
83
AGI, FILIPINAS,121,N.23, Informe de Tomás Sánchez Bernardo de Quirós, diputado de Filipinas, sobre el despacho del patache sin carga del comercio el año de 1757, Madrid 2-III-1759, en Expediente despachado sin carga del
Comercio de Filipinas.
84
Aunque este número pudiera parecer reducido respecto a períodos pasados, entre 1750 y 1760, el número de embarcaciones que recalaron en las islas
para comerciar fue bastante estable, de poco más de 16, contándose 24 para el
año 1755 y 11 en el de 1757, predominando los originarios de China. José Cosano Moyano, Filipinas y su Real Hacienda, (Córdoba: Publicaciones Monte
de Piedad, Caja de Ahorros de Córdoba, 1985), 229.
81

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venían, en más de 1.000.000 de pesos85. Teniendo presente estas
dos informaciones se hacía evidente la subida de los precios que
tenían las mercaderías asiáticas en el momento de su adquisición
en Manila, factor condicionante al que también se refirió Arandía
al exponer su proyecto en 1758, motivado por la competencia
europea y el aumento de su demanda a través de las factorías de
sus compañías.
No obstante, esa estimación no dejaba de ser llamativa y,
sobre todo, si en el caso de la carga del Galeón, esta veía reducido
su volumen, pero mantenía precios altos, es difícil pensar que no
tuviera salida en el mercado novohispano, excepto que toda su
demanda fuera cubierta por la vertiente atlántica. No sabemos
si ese valor aludía únicamente a la carga que aprontaban los
champanes para el comercio del galeón o se incluía también el
abasto de las islas. Aun si se trataba de este segundo caso, el
valor de la mercancía que se destinase al comercio transpacífico,
en lo que podía ser el año con menor llegada de champanes a
Manila siguiendo dicha información, superaría el valor de los
500.000 pesos y es difícil pensar que en Acapulco, o fuera de
feria la estimación de los géneros y mercaderías orientales fuese
la misma que en Manila o, incluso, inferior como refería Quirós
en su informe. Sabemos por el virrey de Nueva España, conde de
Revillagigedo, para el año 1754:
AGI, FILIPINAS,386,N.35, Carta del procurador de la orden de Santo
Domingo, fr. Francisco de Casas, sobre los excesos de Arandía, Manila 29VII-1758.
85

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“que aunque el Comercio de Philipinas, está tan decadente, así
porque los géneros que trafican son de incomparable menos
ley que los que se traen de Europa, como por lo que abundan
estos en la actualidad, y en lo general se proveen de ellos por su
mayor duración, con todo no se puede dejar de hacer el cómputo
de que cualquiera pieza de Philipinas, tenga en Acapulco la
estimación de trescientos pesos a lo menos”86

Las palabras del virrey parecían denotar que ese alto precio
en Nueva España sostenía el beneficio del tráfico, dejando las
palabras del diputado por exageradas, postura que parecía
compartir el gobernador Arandía desde 175587. Si las piezas
llevadas por el Galeón de Manila tenían una estimación mínima
de trescientos pesos en Nueva España por aquellas fechas, una
carga completa del permiso según las 4.000 piezas que, decían,
podían embarcar, darían una cantidad mínima total de 1.200.000
pesos. Incluso podía darse la posibilidad de que esta fuera mayor,
pues el virrey hablaba de cualquier pieza, por lo que podemos
pensar que habría otras con una estimación superior. Además, en
Manila se tenía noticia del envío de la flota aquel año de 1757,
por lo que fue otra de las razones por las que el Cabildo secular y
los compromisarios del comercio no se decidieron a enviar carga.
Según Quirós, todavía había una gran cantidad de mercancías
AGI, FILIPINAS,121,N.18, Carta del conde de Revillagigedo, virrey de
Nueva España, al marqués de la Ensenada sobre el decomiso de diferentes géneros en el navío Santísima Trinidad, México 30-VI-1754, en Real orden con
carta de Juan Francisco de Güemes sobre decomiso.
87
Mariano Bonialian, El Pacífico hispanoamericano: política y comercio
asiático en el Imperio español (1680-1784). La centralidad de lo marginal,
(México D.F.: El Colegio de México, 2012), 376.
86

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almacenadas en Nueva España a pesar de haber “sido la última
remisión de sola la cuarta parte de la permisión”88.
A pesar de todo lo expuesto, apuntaba el fiscal de la Real
Audiencia de Manila que realmente el provecho de la carga del
navío Nuestra Señora de la Portería se había repartido entre
muchos sujetos. Aunque estas piezas iban en cabeza de los
oficiales de la embarcación algunas tocaban al gobernador, a sus
familiares, a su asesor, al secretario de gobierno, a los oficiales
reales y a los cargadores “por cuya circunstancia, y la de no ser
carga del Comercio, se excusó de asistir a ella, si bien no pudo
conseguir lo mismo a las manifestaciones de géneros y avalúos”89.
No obstante, retomando el hilo de la razón principal por
la que el gobernador había permitido ese repartimiento de boletas
el año de 1757 como alivio a la Real Hacienda por el despacho
del navío para retornar el situado, decía el diputado que este no
podía ser motivo suficiente, sobre todo, porque el fundamento
del comercio que se concedió a los vecinos y habitantes de las
islas se asentaba en el mantenimiento de aquellos dominios
y la cristiandad desplegada allí, y no por el interés que podía
proporcionarles90. Aunque este argumento fue común en muchos
AGI, FILIPINAS,121,N.23, Informe de Tomás Sánchez Bernardo de Quirós, diputado de Filipinas, sobre el despacho del patache sin carga del comercio el año de 1757, Madrid 2-III-1759, en Expediente despachado sin carga del
Comercio de Filipinas.
89
AGI, FILIPINAS,98,N.45, Consulta sobre despacho de un patache a Nueva España, Madrid 16-XII-1758.
90
AGI, FILIPINAS,121,N.23, Informe de Tomás Sánchez Bernardo de Qui88

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de los escritos del Comercio de Manila para defender su postura
a lo largo del siglo, la realidad fue bien distinta, pues la utilidad
común se acabó centrando en unos pocos.
Al año siguiente de 1758 “dispuso vuestro Gobernador
absoluta, y despóticamente, que el Navío la Santísima Trinidad
hiciera su viaje a Acapulco” con una carga de 2.000 piezas, unas
1.000 más de las que había solicitado el Comercio de Manila para
el despacho del navío ese año, las mismas que cargó el año de
1753. En este caso su procedimiento no era muy diferente del que
hizo el año de 1755, revisando la petición de los comerciantes
y alterando el número de piezas solicitadas. Las razones del
Comercio tampoco eran desconocidas para querer enviar una
carga tan reducida de 1.000 piezas: entre estas se encontraban la
de poder lograr una mejor feria, comprar la ropa en Manila con
mayor conveniencia y que la venta de boletas repercutiera algún
beneficio a los vecinos pobres y viudas de la capital.
Sin embargo, al aumentar el gobernador al doble el número
de piezas y, por consiguiente, el de boletas, se redujo el precio de
estas “y aun vendrán a quedarse muchas en tierra, por faltar en
ellas ropa, caudal, y ánimo para llenarlas todas”. A esto añadían
que el costo que repercutía sobre la Real Hacienda en el apresto y
despacho del navío era menor en el caso de cumplir con la solicitud
del Comercio, pues bastaría con el patache el Filipino, menor que
rós, diputado de Filipinas, sobre el despacho del patache sin carga del comercio el año de 1757, Madrid 2-III-1759, en Expediente despachado sin carga del
Comercio de Filipinas.
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el Trinidad, y suficiente para llevar esa carga solicitada. Aspecto
que tampoco tuvo en cuenta Arandía, mostrando una actitud de
oposición a todas las reclamaciones comerciales91.
Por carta del marqués de las Amarillas sabemos que el
Santísima Trinidad llegó al puerto de Acapulco el 16 de enero
de 1759 con una carga registrada de 2.177 piezas. Por el cotejo
hecho a esta se observó que faltaba una pieza de canela, así como
diferencias en el peso del resto de la misma especia. Decía el virrey
que había remitido el situado completo a las islas junto a 60.000
pesos que se le previnieron que anticipara y doscientos reclutas
hechos en México armados y equipados para que embarcaran en
el galeón92. El gobernador había retrasado la salida del galeón por
la llegada tardía de los navíos de la Costa y los champanes de
China por lo que decidió aumentar el permiso de aquel año. Y
continuaba93:
resolví el día veinte y uno de este mes que si en el siguiente
no beneficiaban las boletas retenidas para la carga desde el
día veinte y tres quedaron por nulas y sin ningún valor y que
Quien puso “por obra su dictamen, en cuya consecuencia va el Navío referido con la expresada carga”. AGI, FILIPINAS,386,N.35, Carta del procurador
de la orden de Santo Domingo, fr. Francisco de Casas, sobre los excesos de
Arandía, Manila 29-VII-1758.
92
AGI, FILIPINAS,121,N.26, Carta del marqués de las Amarillas, virrey de
Nueva España, dando cuenta de la llegada del galeón nombrado La Santísima
Trinidad, México 24-IV-1759, en Expediente sobre la llegada del navío anual
de Filipinas.
93
AGI, FILIPINAS,121,N.26, Testimonio de los autos sobre la carta del gobernador y oficiales reales de Filipinas por los excesos del embarque, Manila
28-VII-1758, en Expediente sobre la llegada del navío anual de Filipinas.
91

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los comerciantes de esta Ciudad manifestaran en Contaduría
las Piezas que tuvieran que embarcar aunque pasaran de
dicho número pagando a favor de la Real Hacienda veinte y
cinco pesos por la boleta que les faltara y los derechos reales
acostumbrados […]y que el pico de más como beneficioso a
la Real Hacienda y al bien de este Comercio que se halla tan
atrasado lo he abrigado con mis decretos como de todo le será
a V.E. constante por el Registro.

Sin embargo, no faltaron apreciaciones contrarias a la crítica frontal
contra las actuaciones del gobernador94. Vistas estas cantidades
podemos preguntarnos si durante la segunda mitad de la década de
1750 el sistema del Galeón de Manila vivió una crisis grave como
las descripciones insulares nos pudieran dar a entender, o más bien
si se trataba de años críticos puntuales. Es innegable que, desde la
captura del Covadonga en 1743 hasta el envío de un nuevo permiso
en 1746, se había dado un período de sequía comercial de fuerte
“Ningún Gobernador hasta hoy ha tenido el despacho tan cuantioso de que
se encargó Dn. Pedro de Arandía [...] prueba clara es de lo que trabajó que no
teniendo el Inventario general del oficio de Gobierno desde la fundación de
esta Capital más que novecientas y más foxas lo que actuó y quedó en Gobierno consta de un Inventario de cerca de trescientas; y si se recogiera todo lo
que hay en las oficinas y Archivos independientes sin duda sería menester un
gran carro para cargarlo, lo que admira aun a los mismos opuestos que en solo
cuatro años hiciera por sí tanto como diez Antecesores juntos”. AGI, FILIPINAS,386,N.45, Petición de José del Río sobre vindicar deshonor de Arandía,
fechado probablemente en 1760. Por otro lado, también podríamos suponer
que la enorme cantidad de documentación acumulada al respecto durante su
gobierno sobre el tema se “perdiera” después de su fallecimiento por las fuertes críticas que habían despertado sus medidas que hasta su confesor se lamentaba de no haber podido encontrar un escribano que diera copia testamentaria
ni de la justificación de su queja.
94

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impacto en el Archipiélago95. La interrupción de esos tres años de
la navegación transpacífica sí pudo ser motivo de preocupación,
pero ¿se arrastraría esta de forma continuada hasta la muerte del
gobernador Arandía en 1759? ¿o hasta la invasión inglesa de 1762?
¿o más bien se intercalarían períodos de crisis puntuales con otros
de recuperación? ¿estaríamos ante una situación fluctuante y no
constante? Responder a estos interrogantes es difícil cuando los
datos oficiales no abundan y son parciales los que rodearían al
comercio real. Si tomamos en cuenta el comercio del Galeón en los
años en los que Arandía fue gobernador de las islas (1754-1759),
cuyas intervenciones precisas fueron sobre los de 1755 a 1758,
sumarían en total, según las cifras que hemos visto, unas 5.922
piezas transportadas hacia Nueva España96.
La cifra era ligeramente inferior al número de piezas que
habían sido llevadas al virreinato novohispano en tiempos del
marqués de Ovando, pero no suponían una diferencia sustancial
como para que el contraste pueda dar a entender un agravamiento de
A la captura del Covadonga en 1743 siguió el cierre comercial oficial.
AGI, FILIPINAS,189A,N.6, Carta del Cabildo secular de Manila sobre el comercio con Nueva España, Manila 29-VII-1745; AGI, FILIPINAS,189B,N.2,
Real Orden comunicada por el marqués de la Ensenada al gobernador Gaspar
de la Torre sobre la reanudación del tráfico entre Filipinas y Nueva España,
San Ildefonso 18-IX-1745, en Carta del Cabildo secular de Manila sobre reanudación del tráfico del galeón.
96
Carmen Yuste sí recoge el viaje comercial para el año 1756 realizado por
el navío Nuestra Señora del Rosario (alias el Filipino) del que puntualiza
que no hay información sobre el retorno. Carmen Yuste López, Emporios
transpacíficos. Comerciantes mexicanos en Manila 1710-1815, (México:
UNAM, 2007), 43.
95

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la situación entre el gobierno de este y el de Arandía. Si el cómputo
anual ideal a transportar era el de un permiso de 500.000 pesos
correspondientes a 4.000 piezas, según el Comercio de Manila, era
evidente que durante el gobierno de Arandía se estaba dando una
situación de crisis en términos oficiales. En aquel tiempo, apenas
se había alcanzado, en conjunto, poco más de un permiso completo
en cuatro años, cuando la cifra contemplada reunía 16.000 piezas.
Ahora bien, esto sería un tope máximo, ya que el Cabildo secular
y los compromisarios de comercio tenían el derecho de solicitar el
número de piezas que creyeran convenientes para el permiso anual.
No sabemos si las piezas registradas, y su disminución en
relación a años pasados, podrían ser un síntoma de la pérdida de
lo que había sido un mercado secundario hasta la década de 1740,
como fue el virreinato de Perú. Tampoco si el comercio ilícito de
la Carrera del Pacífico, practicado a la sombra del oficial tuvo una
tendencia similar confirmando esa pérdida o, si por el contrario,
fue opuesta como una respuesta a la introducción de los registros
sueltos por el mar del Sur, manteniendo con el aumento de piezas
no registradas unos precios bajos con los que competir con la
ruta meridional cubierta por el nuevo sistema comercial. Por otro
lado, las propuestas de la década de 1750, particularmente las de
Arizala como las de Arandía, de abrir el comercio asiático al Perú,
directamente, como una respuesta que contrarrestara el efecto de
los registros sueltos y, clarificar, al mismo tiempo, el comercio
transpacífico podría darnos una pista en ese sentido.
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�Pablo Sierra Fáfila

Cuadro 1.
Registro oficial de las piezas embarcadas en los galeones de Manila
(1739-1760)
Galeón de
Manila

Año
(salida
de las
islas)

Piezas

Retornos
plata
(estimación
baja en
pesos)

Nuestra Señora
de Guía Santo
Cristo de la
Misericordia

1739

4.000

999.946

Nuestra Señora
de Covadonga

1740

2.500

625.000

Nuestra Señora
del Pilar de
Zaragoza

1741

2.500

1.119.936

Nuestra Señora
de Covadonga

1742

2.500

Nuestra Señora
del Rosario
y los Santos
Reyes

1743

4.000

Este año se
despachó
el galeón
Rosario (junto
al Pilar) con
la carga y el
repartimiento
hecho en 1743

1746

Nuestra Señora
del Rosario
y los Santos
Reyes

1748

Retornos
plata
(estimación
intermedia
en pesos)

3.000.000

2.817.020
4.000.000

3.000

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�La Carrera del Pacífico

Retornos
plata
(estimación
baja en
pesos)

Galeón de
Manila

Año
(salida
de las
islas)

Piezas

Se despachó
el galeón
Rosario que
había arribado
el año anterior
sumándose a
la carga 1.000
piezas más

1749

3.000+1.000=4.000

Nuestra Señora
del Pilar de
Zaragoza
(naufragó sin
completar el
viaje).

1750

2.000

Santísima
Trinidad y
Nuestra Señora
del Buen Fin

1751

4.000

1.781.192
(1.780.859)

El Filipino

1752

1.000

409.500

Santísima
Trinidad y
Nuestra Señora
del Buen Fin

1753

2.000

505.338
(527.597)

El Filipino

1754

1.000

505.338
(527.597)

Santísima
Trinidad y
Nuestra Señora
del Buen Fin

1755

2.000-3.000

595.584
(706.189)

El Filipino

1756

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Retornos
plata
(estimación
intermedia
en pesos)

3.500.000

240.760
(320.838)

214

�Pablo Sierra Fáfila

Galeón de
Manila

Año
(salida
de las
islas)

Piezas

Retornos
plata
(estimación
baja en
pesos)

Nuestra Señora
de la Portería

1757

375

252.400

Santísima
Trinidad

1758

2.177

586.006
(585.353)

Retornos
plata
(estimación
intermedia
en pesos)

Elaboración propia: Carta del marqués de Ovando sobre el repartimiento
por cuartas partes de el patache El Filipino, Manila 6-VII-1752; Carta de la
Ciudad y Comercio de Manila sobre la carga de 2.000 piezas del permiso
del navío Santísima Trinidad, Manila 18-VII-1753; Testimonio de la Real
Junta de Repartimiento y el prorrateo de las toneladas de los regidores,
Manila 1-VI-1752, en Expediente sobre alteraciones del comercio. Primera
parte, AGI, Audiencia de Filipinas, FILIPINAS,268,N.1, ff. 51v.-90r; Carta
del marqués de las Amarillas sobre descarga del galeón Santísima Trinidad,
México 25-X-1756, AGI, Audiencia de Filipinas, FILIPINAS,121,N.21; Mariano Bonialian, El Pacífico hispanoamericano: política y comercio asiático
en el Imperio español (1680-1784). La centralidad de lo marginal, (México
D.F.: El Colegio de México, 2012), 210 y 223. En el caso de las estimaciones
bajas, hemos recogido los dos cómputos, aunque apenas se aprecia variación;
Carmen Yuste López, Emporios transpacíficos. Comerciantes mexicanos en
Manila 1710-1815, (México: UNAM, 2007), 41-44.

La estabilidad proporcionada al sistema comercial de la
Monarquía, descartando la idea de su provisionalidad, parecía
estimular en la década de 1750 respuestas desde Manila al impacto
que estos suponían para la Carrera del Pacífico, distanciándose de
los reglamentos emanados desde la Corte, pero buscando su plena
inserción en el contexto abierto por la aplicación de la navegación
comercial de los registros sueltos como medida de multiplicación
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de rutas marítimas comerciales. Pretendían dar forma a un espacio
de permisos comerciales entre Filipinas y los virreinatos de Perú
y Nueva España, vieja medida recuperada y actualizada sobre
antiguas reclamaciones97.
Estas observaciones vinieron precedidas por la interrupción
de la regularidad de la carga con la captura del Covadonga (1743),
cuyas consecuencias se sumaron a los efectos de los registros
sueltos que empezaron a habilitarse desde 1739. Bonialian añade
que, para poder entender el descenso del tráfico transpacífico en
la integración de los circuitos indianos hay que apuntar, además
de a los golpes coyunturales padecidos por el Galeón de Manila
en 1743 y 1762, al nuevo escenario comercial que los registros
sueltos habían representado desde 1739 que, precisa, es difícil
seguir documentalmente, pero ofrece “un conjunto de evidencia
indirecta”98. Sin embargo, un posible escenario de crisis es
suavizado por Miguel Pérez Lecha, quien puntualiza:
“No obstante, si nos detenemos a analizar los resultados de
las expediciones por décadas, obtenemos unos resultados que
nos inducen a pensar en un constante crecimiento del volumen
total de comercio a partir de la década de 1750, alejándonos
de la suposición de que fue a partir de dicha década cuando
Entre los muchos ejemplos se pueden destacar el memorial de Jerónimo
de Arceo o la petición del gobernador Juan Niño de Távora. AGI,FILIPINAS,
27,N.39, Peticiones del Cabildo secular de Manila sobre varios asuntos, Manila (probable) 31-X-1601; AGI,FILIPINAS,329,L.3,F.144R-145V, Respuesta a
Távora sobre comercio con Perú, Madrid 24-XII-1627.
98
Mariano Bonialian, El Pacífico hispanoamericano: política y comercio
asiático en el Imperio español (1680-1784). La centralidad de lo marginal,
(México D.F.: El Colegio de México, 2012), 375-382.
97

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�Pablo Sierra Fáfila

este tráfico entró en un declive que lo llevaría a su situación de
decadencia crónica de la que tanto se ha hablado”99

Pero, volviendo a los datos de la tabal, se una petición completa
para el año 1743 de 4.000 piezas que contrastaba con los tres
años anteriores, posiblemente en previsión de que se ordenara
una interrupción del tráfico o que este no pudiera realizarse en
los años venideros por las circunstancias bélicas. Una forma
de traer a las islas una mayor cantidad de plata en vista de un
empeoramiento de la situación. También podemos ver en ese
incremento un intento por parte de los comerciantes novohispanos
por preservar su función de intermediarios con los comerciantes
limeños, principalmente, ante la competencia en el abastecimiento
que pudiera darse de los registros sueltos que llegaban a las
costas americanas meridionales del Pacífico y, también, las que
alcanzaban a la misma Nueva España.
La interrupción de la navegación los años siguientes
(1743-1745) significaría culminar la ventaja que los registros
estarían empezando a adquirir en la rivalidad comercial sostenida
en el envío de las mercaderías que se traficaban por el Pacífico
desde Manila hacia Acapulco. Ésta sería una posición difícil
de recuperar para el comercio de Manila porque si la baratura,
como indicaban Jorge Juan y Antonio de Ulloa, era la principal
ventaja que tenían las mercaderías enviadas desde Filipinas
Manuel Pérez Lecha, “Los últimos años de la Nao de China: pervivencia
y cambio en el comercio intercolonial novohispano-filipino”, Millars: espai i
història 2 (2015), 47.
99

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para abastecer Nueva España y, secundariamente, al virreinato
del Perú, ésta podría haberse perdido por un mayor aumento del
tráfico comercial de los registros, con la ayuda de la interrupción
transpacífica durante esos tres años. Al mismo tiempo, ese
tirón europeo, apoyado en una mayor presencia en las costas
chinas, había producido un aumento del valor de esas mismas
mercaderías que vieron reducida su ventaja competitiva por la
vía Manila-Acapulco durante la década de 1750, sin embargo,
las diferencias observadas en los precios de las piezas según el
origen de la información, nos hace pensar que todavía el sistema
de registros no se habían impuesto sobre la esfera oriental del
comercio indiano derivado del Galeón de Manila.
Los siguientes cuatro años, de 1746 a 1749, se
despacharon en total 8.000 piezas registradas100. En los cuatro
años anteriores (1739-1743), se enviaron hacia Nueva España
11.500 piezas. La diferencia era notable y la tendencia pareció
verse reforzada en la década de 1750. Aun así, aparentemente,
no fue hasta la interrupción del tráfico transpacífico cuando éste
pudo haberse sobrepasado por el sistema de registros porque,
aunque la carga del Covadonga fue de 2.500 piezas, sabemos
que su retorno superaba el de un permiso completo101. Esto
supone una gran dificultad para medir el impacto que tuvieron
los registros sueltos, si no atendemos sólo a la carga oficial.
Ya que las 2.000 del año 1750 se perdieron al naufragar el patache Pilar.
Glyn Williams, El mejor botín de todos los océanos: la trágica captura de
un galeón español en el siglo XVIII, (Madrid: Turner, 2002), 244 y 312-313.
100
101

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Pese a ello, podemos ver cómo esa solicitud oficial de embarque
se reducía, desde la década de 1740 en términos generales. Lo
que no podemos saber es si, para combatir ese aumento de los
precios de las mercaderías, decrecieron las piezas de los registros
oficiales, pero aumentaron en mayor proporción el número de
las no registradas. Elocuentes fueron al respecto las palabras del
oidor Francisco Leandro de Viana cuando, en un informe enviado
al rey en julio de 1767, denunciaba todas las prácticas que daban
la espalda al reglamento comercial y las que se camuflaban a
través de él. Paradójicamente, una vez hecha la relación de todos
los incumplimientos y manipulaciones procuraba dejar la puerta
abierta a la reforma advirtiendo que:
“41. Últimamente se ha de suponer, y considerar, que sin
embargo de tantos abusos, desórdenes y fraudes, continuados
en este Comercio, no solo no ha ido en aumento, sino en muy
grande decadencia desde el año de 734, hasta el presente, en que
no hay, entre los Vecinos, una tercera parte de los Caudales, que
había en aquel tiempo: la prueba de esto, se halla en el extracto
Historial de el Comercio de estas Islas, cuyas Pretensiones,
por medio de sus Apoderados, en orden al carguío de más
de cuatro mil Piezas, manifiestan los crecidos Caudales, que
había entonces en esta República; a más de la notoriedad de
la riqueza de tres o cuatro Vecinos, que importaban más de lo
que hoy tienen todos, los que Comercian, pues es evidente, que
aunque se junte toda la Plata de estos, y aun la de las obras pías,
no se podrán cargar las cuatro mil Piezas, que se cargaban en el
citado año y en los subsecuentes.”102
AGI, FILIPINAS,940,N.1, Carta de Francisco Leandro de Viana informando extensamente en dos partes: la primera en 46 capítulos sobre los abusos
102

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El aspecto que más subrayó Viana en estos años concretos, y
por lo que respecta a los gobiernos de Ovando y Arandía (17501759), fueron no ya los descritos en cuanto a la avaluación de la
carga, reparto de las boletas y demás fraudes consignados, sino
“especialmente el desorden de las Cajas de Permiso, consentidas, en substancia, por los Capítulos 17 y 18 de la adición a las
ordenanzas de Marina, que formó dicho Gobernador”103. Estas
habían llegado a constituirse casi en un permiso paralelo, reflejo
del aumento de las tripulaciones a partir de la década de 1740104,
pero fuera de la fiscalidad real. Además, el oidor no incluía en su
informe denuncia alguna sobre piezas que se embarcaran al margen del registro o fuera de la propia capital de Manila, sino que
centraba su análisis en la deformación hecha de este.
y fraudes y la segunda en 18 sobre el número de piezas permitido, Manila 15VII-1767, en Expediente sobre desórdenes del comercio de Filipinas, ff. 952r.
103
AGI, FILIPINAS,940,N.1, Carta de Francisco Leandro de Viana informando extensamente en dos partes: la primera en 46 capítulos sobre los abusos
y fraudes y la segunda en 18 sobre el número de piezas permitido, Manila
15- VII-1767, en Expediente sobre desórdenes del comercio de Filipinas, f.
948r. Sobre las ordenanzas de Arandía véase Guadalupe Pinzón Ríos, “Las Ordenanzas de Marina para los navíos de Filipinas de 1757. Un intento por supeditar a las tripulaciones transpacíficas a las reformas marítimas de la administración borbónica”, en Nueva España y el Pacífico. Un homenaje a Carmen
Yuste, coord. María del Pilar Martínez López-Cano, Guadalupe Pinzón Ríos y
Javier Sanchiz Ruiz (Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de
México, Instituto de Investigaciones Históricas, 2023), 307-328.
104
Guadalupe Pinzón Ríos, “Discusiones en torno a las marinerías transpacíficas. El caso de la duplicidad de plazas en el Galeón de Manila Santísima Trinidad, 1752-1753”, en Los oficios en las sociedades indianas, coord. Felipe Castro
Gutiérrez, Isabel M. Povea Moreno, (Ciudad de México: Universidad Nacional
Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 2020), 230-233.
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El caso del patache Pilar puede darnos una pista. Llevó la
mitad del permiso, pero se dijo que despertó un enorme interés
en el viaje que iba a realizar en 1750. “Parece, que a porfía se
empeñaron todos a interesarse en este Navío”, como el caso de
Pedro Zacarías Villarreal105, quien invirtió todo su caudal, “que era
crecido”, embarcando los géneros, siendo la mayor parte por alto.
A este le imitaron otros muchos comerciantes que recargaron la
embarcación sobre cubiertas, sin embargo, otros “más advertidos,
o menos codiciosos se abstuvieron de embarcar en él, respecto a
la mejor inteligencia, e intrínseco conocimiento de su precipitada
carena, pasando por muchas piezas de poco, o ningún servicio”106.
Este viaje no se completó, pero por lo indicado parece que
hubo interés por participar en él y, en mayor medida, de forma
fraudulenta. No obstante, hubo circunstancias específicas, que
rodearon a la embarcación, y puede que no conocidas por todos.
Era llamativo este interés cuando el año anterior se había realizado
un viaje con un permiso entero de 4.000 piezas.
No se sabe si el navío, intencionadamente por parte de su
general, o accidentalmente por causa de un temporal, recaló en el
surgidero de Bagatao, desde donde pedía socorro. El auxilio llegó
en forma de tres champanes que le acompañaron en sustitución de
la galeota San José que había partido con él. Al día siguiente, el 25
Antonio Aguilar Escobar, “La carrera militar en Filipinas en el siglo XVIII
y sus relaciones con la política y el comercio. El caso del general Pedro Zacarías Villarreal”. Revista de Indias 284 (2022), vol. LXXXII, 45-74.
106
BDH, Juan de la Concepción, Historia General de Philipinas de Juan de
la Concepción [1788], tomo XII, R_033265, pp. 209-211.
105

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de agosto de 1750, se dirigió al puerto de San Jacinto en la isla de
Ticao. Ya en este, dos días después, el general Martínez de Farua
dio orden de introducir la carga de los champanes en el patache107.
Este hecho no era novedoso en la Carrera del Pacífico.
De hecho, se había convertido en una de las razones por las que
algunos comerciantes de las islas se habían mostrado contrarios
a cambiar la ruta de navegación del Galeón de Manila108. En
lo que insistimos, no es en que lo acontecido con el navío Pilar
fuera una novedad, sino en el hecho de que pudiera darse en las
embarcaciones que realizaban la ruta comercial una mayor carga
fraudulenta en comparación con los años anteriores a la introducción
de los registros sueltos, tratándose ese aumento de mercancías no
Según el escribano del patache mucha de la carga se componía de envoltorios con la marca y números del general, muchos cajones de cera, ropa y canela.
Según el piloto mayor Andrés Sustaita, en junta de oficiales y pilotos, dio su
dictamen desfavorable a continuar la navegación por encontrar el navío sobrecargado y los riesgos que esto suponía. El general no atendió a estas razones y
una vez terminada de embarcar la carga de los champanes, el 31 de agosto, ordenó que prosiguiera la navegación. Mucho debió introducirse como para estar
trasbordando sus cargazones más de tres días. Estos provenían de la provincia de
Tayabas y dos de ellos eran propiedad del general del navío, el otro pertenecía al
alcalde mayor de la provincia Joaquín de Urrutia. Jesús García del Valle Gómez,
Retrato de un navío. Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza de la Carrera Manila-Acapulco (1733-1750), (Madrid: Editorial Naval, 1993), 162-164.
108
José Ángel Del Barrio Muñoz, Vientos de reforma ilustrada en Filipinas.
El gobernador Fernando Valdés Tamón (1729-1739), (Madrid: Centro Superior de Investigaciones Científicas, 2012), 494-498; Lourdes Díaz-Trechuelo,
“Dos nuevos derroteros del galeón de Manila (1730-1773)”, Anuario de Estudios Americanos XIII (1956), 1-83; María Baudot Monroy, “Lampón, puerto
alternativo a Cavite para el Galeón de Manila”, Vegueta: Anuario de la Facultad de Geografía e Historia, 20 (2020), 21-48.
107

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registradas como una forma de aliviar costes o mantener bajo el
precio de las mercaderías orientales desde la ruta tradicional para
poder seguir derivando parte de la carga hacia el virreinato del Perú.
Así, junto a este factor, a pesar de que los años
correspondientes a la década de 1740 podrían haber sido suficientes
como para que los registros sueltos acapararan el abastecimiento
de tales productos orientales por la vía del cabo de Hornos, aun
siendo este un balance difícil de precisar, no podemos dejar de
considerar los puntos señalados más arriba: el testimonio de Jorge
Juan y Antonio de Ulloa, la alusión de Domingo de Marcoleta y la
operación transpacífica angloholandesa.
La toma inglesa de Manila en 1762 nos ha dejado
constancia también de algunas cifras. Los ingleses capturaron el
galeón Santísima Trinidad con un permiso valorado en 2.000.000
de pesos, preparado para partir hacia Nueva España. El que
regresaba a las islas, el Filipino, pudo esquivar la emboscada
inglesa y desembarcar su carga en el archipiélago, con un retorno
de 3.000.000 de pesos109. Si tenemos en cuenta estas cifras llama
BDH , Miguel Malo de Luque, Historia Política de los Establecimientos Ultramarinos de las Naciones Europeas, [1790], t.v, GMM/2470 V.5, pp. 239-241.
El oidor Francisco Leandro de Viana aportó datos diferentes sobre el Filipino,
pero que, esencialmente, dan muestra también de este exceso de retorno: “21.
Este Navío cargó un mil Piezas el año de 761: cada una consta por el avalúo de
los Géneros; por su manifestación, y juramentos de los interesados, no exceder
el valor de ciento veinte y cinco pesos, según se pude ver en el Registro; el total
de dichas un mil piezas, a este respecto, importa ciento veinte y cinco mil pesos:
considerando un ciento por ciento de ganancia, debía ser el registro de plata
doscientos cincuenta mil pesos, de cuya sola cantidad, se pagaron en Acapulco
109

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la atención el contraste que se había producido entre la década de
1750 y el inicio de la siguiente. Ahora bien, en este caso se trataba
del valor del permiso y no de su cantidad en piezas, así como el del
retorno que triplicaba el oficial. Por consiguiente, ¿los navíos que
se habían despachado durante los gobiernos de Ovando y Arandía,
a pesar de ese registro oficial por piezas, mantendrían unos niveles
parecidos en cuanto a valor de carga y cantidad de retorno en plata
como estos últimos mencionados? Es difícil saberlo ya que la
información sobre los retornos de estos años es más bien escasa.
No obstante, estas no son las únicas cifras conocidas para
los casos mencionados. El Filipino llevaba a bordo 997 piezas
valoradas en Manila en 124.625 pesos y la plata que llevó de
retorno a las islas fue de 1.317.929 pesos, de los que 1.049.485
pesos pertenecían a los comerciantes de Manila. En el caso del
Santísima Trinidad, este iba cargado con 1.022 piezas por valor
de 127.812 pesos110. No podemos conocer el retorno que hubiera
los derechos Reales; y habiéndose embarcado en dicho Puerto, cerca de dos
millones de pesos (constará a punto fijo esta partida, en el expediente de que se
dio cuenta a V.M. el año de 764 donde se manifiesta el dinero que se sacó para
los gastos de la Guerra, y el que se repartió a los vecinos) [...]”.AGI, FILIPINAS,940,N.1, Carta de Francisco Leandro de Viana informando extensamente
en dos partes: la primera en 46 capítulos sobre los abusos y fraudes y la segunda
en 18 sobre el número de piezas permitido, Manila 15- VII-1767, en Expediente
sobre desórdenes del comercio de Filipinas, f. 945r.
110
Manuel Pérez Lecha, “Negocios en tiempos difíciles. Comercio transpacífico ene l contexto bélico español de finales del siglo XVIII”, en Filipinas
y el Pacífico: nuevas miradas, nuevas reflexiones, coords. Salvador Bernabéu
Albert, Carmen Mena García, Emilio Luque Azcona (Sevilla: Editorial Universidad de Sevilla, 2016), 165.
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llevado a las islas, pero no sería muy diferente del Filipino al
contar con una carga similar. A simple vista se ofrecían diferencias
notables entre unas cifras y otras. Aun así, que una cuarta parte de
la carga, ajustada por piezas al permiso de 500.000 pesos como
hacían los comerciantes de Manila, proporcionara un retorno
completo resulta significativo. En ese caso la valoración de las
piezas en la feria de Acapulco era mucho mayor del que había
informado Revillagigedo para el año de 1754, aunque, claro está,
este hablaba de la estimación mínima.
Por otro lado, a finales de la década de 1750 se habían
habilitado de nuevo las flotas hacia Nueva España. La feria
celebrada con ocasión de la flota de 1757 consistió en 54.612
piezas vendidas por 16.029.428 pesos y dos reales de beneficio.
Los rezagos que quedaron estuvieron valorados en 2.712.475
pesos. Al parecer, la mayor parte de las ventas se realizaron a
pequeños comerciantes que quitaron a los almacenistas mexicanos
el protagonismo que habían tenido en otros tiempos111. Habría
que tener presente si una circunstancia así repercutía también
en la Carrera del Pacífico y en qué medida la anulación de los
registros sueltos a Nueva España y el restablecimiento de las
flotas no habían conseguido frenar esa tendencia que, por otro
lado, parecía confirmarse por la expresión de Arandía en su carta
de 1758, cuando decía que la atracción novohispana del comercio
asiático parecía haber perdido fuerza.
José Joaquín Real Díaz, Las ferias de Jalapa, (Sevilla: Escuela de Estudios Hispano-Americanos, 1959), 96-97.
111

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Conclusión
La transformación del espacio económico peruano se convertía
en un virtual acceso comercial a través de un nuevo control que
pasaba por la ampliación de rutas marítimas directas entre las
islas Filipinas y el Perú. Se trataría así de hacer extensivos los
potenciales beneficios que la experiencia del cabo de Hornos estaba
proporcionando ya a las navegaciones de la década de 1740. Las
solicitudes de conexión directa, y su posible práctica, darían cuenta
de ese proceso de cambio. También, paralelamente, el curso del
comercio real del Galeón de Manila se veía afectado y, al mismo
tiempo, reaccionaba a dicho proceso, procurando mantenerse
conectado al espacio económico peruano intensificando algunas de
las prácticas que rodeaban su actividad, pero también amortiguando
o adaptando sus elementos principales. Seguramente, la mayor
dificultad por parte de la Corona fue la de reequilibar los circuitos
comerciales multiplicados por las nuevas navegaciones que
alteraron los esquemas tradicionales de los poderes comerciales
transoceánicos. A su vez, esta apertura quiso aprovecharse también
para ahondar en esa tendencia y reubicar los espacios comerciales
que podían proporcionar mayores ventajas y beneficios como
propusieron, desde las islas Filipinas, por comunicar oficialmente
las costas peruanas con las Indias Orientales en ese primer período
de introducción de los registros sueltos entre 1740 y 1760.
Las reclamaciones por establecer una comunicación
marítimo-mercantil entre Perú y Filipinas, además de presentarse
como un paso para solventar una crisis insular, de lo que había
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sido una esfera intervenida desde Nueva España y, ahora,
aparentemente debilitada, trajo de la mano consigo la implícita
consideración de tomar la existencia de ese contacto indirecto
como todavía en funcionamiento e incrustado en la estructura
original del Galeón de Manila, para despejarlo y reducirlo a
sus términos oficiales estrictos, pero pasando por el inevitable
reconocimiento de dicha esfera de redistribución y adquisición
meridional, transformándola desde un apéndice comercial
informal a una segunda permisión transpacífica. Esta acción,
una pretensión que se insertaba en las aspiraciones de carácter
oficial por habilitar nuevas rutas de comercio, fue la clave de este
período transitorio del reajuste comercial de la Monarquía en las
décadas centrales del siglo XVIII y, especialmente, a los efectos
causados por la introducción generalizada del nuevo sistema de
registros sueltos, cuya incidencia y fases no fueron homogéneas
en las comunicaciones marítimas.
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�Marfil y plumas: San Jerónimo a través de los oceanos
Atlántico y el Pacífico
Ivory and feathers: St Jeromes across the Atlantic and
Pacific Oceans
Stephanie Porras
Tulane University
New Orleans, Estados Unidos

https://orcid.org/0000-0001-9937-6347
Recibido: 22 de marzo de 2024
Aceptado: 24 de abril de 2024

Resumen: A ambos lados del Pacifico, los talladores de marfil en
Manila y los artesanos del arte plumario en Nueva España del siglo
XVII hicieron trípticos que representan a San Jerónimo: las obras
novohispanas realizadas con plumas se basan en los marfiles hecho
en Filipinas, que pueden estar basados en grabados flamencos. Estos
objetos relacionados, hechos en papel, madera, plumas y marfil,
revelan cómo funciona la globalización moderna, las formas en
que la copia a distancia permitió una reordenación de economías de
trabajo y materiales, produciendo oportunidades a los artistas para
imaginar y responder a compradores distantes, y experimentar con
actos de apropiación y reensamblaje creativo en un mercado de arte
recientemente global.
Palabras clave: San Jerónimo, talladores de marfil, plumas, arte
plumaria, Manila, Nueva España, Filipinas, China, blanc de chine,
globalización, comercio de art.
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�Stephanie Porras

Abstract: On both sides of the Pacific, seventeenth-century ivory
carvers in Manila and feather workers in New Spain produced triptychs
depicting St Jerome: the feather-backed triptychs made in Mexico are
based on the Filipino-made ivories, which may be based on Flemish
prints. These related objects made variously of paper, wood, feathers
and ivory, reveal the mechanics of early modern globalization, the ways
in which copying at a distance allowed for a realignment of economies
of labor and materials, affording opportunities for artists both to imagine
and respond to faraway consumers, and to experiment with acts of
appropriation and creative assembly in a newly global art market.
Keywords: St Jerome, Ivory, Ivory carvers, feathers, featherwork,
Manila, New Spain, Philippines, China, blanc de chine, globalization,
art market

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�Ivory and feathers

In 1590, Domingo de Salazar, the new bishop of Manila, wrote to
the king of Spain praising the artistic abilities of the local Chinese
immigrant population in the Philippines, a population who the
Spanish called Sangleys. According to Salazar, Spanish artisans
had ceased working in Manila as these Chinese immigrants could
fashion anything according to the Spanish custom, and they could
do so very cheaply. To illustrate this point, Salazar goes on to tell a
short anecdote about a bookbinder from New Spain, who arrived
in Manila looking to establish a business and employed a Sangley
assistant. This assistant surreptitiously observed the bookbinder,
learning the trade in only a few months. He then undercut his
former employer on price, forcing him out of business, so that
the bookbinder had to return to New Spain on the next galleon.
Salazar writes that subsequently “everyone goes to the Sangley
who does such good work, that there is no need for the Spanish
artisan… I have in my hands a Navarro in Latin, bound by him,
which in my judgment could not be bound better in Seville.”1
Seville, AGI, Filipinas, 74, n. 38, Carta de Salazar sobre relación con China y sangleyes to Philip II, dated 24 June 1590, fols. 185r–186v: “Lo que acá
á todos nos á caydo en mucha graçia es que vino aquí un enquadernador de
México, con libros, y puso tienda para enquadernar; asentó con un sangley,
diçiendo que le quería servir, y, disimuladamente, sin que el amo lo hechase
de ver, miró cómo enquadernava, y en menos de.... se salió de su casa diçiendo que ya no le quería servir, y puso tienda deste oficio; y certifico á Vuestra
Magestad que salió tan exçelente oficial, que al maestro le a sido forçoso dexar
el oficio, porque todos acuden al sangley, y haçe tan buena obra, que no haçe
falta el oficial Español, y al punto que estas escrivo, tengo en mis manos un
Nabarro en latín, enquadernado por él, que en Sevilla á mi juiçio no se encuadernara mexor.”
1

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�Stephanie Porras

Salazar’s account of the local Chinese residents’ rapid
facility for imitation, in fact itself duplicates Spanish narratives
from a few decades earlier, which similarly describe the mimetic
faculty of the Indigenous peoples of the Americas. The Dominican
friar and chronicler of the conquest, Bartolomé de las Casas,
described the images made by newly converted Mexica after
European models “as perfect and as graceful as the most proper,
official [images] of Flanders.”2 Fray Toribio de Benavente, or
Motolinía, one of the first Franciscans to instruct the indigenous
inhabitants of Central Mexico, recounted how a boy from Texcoco
reproduced a papal bull so exactly “that there seemed to be no
difference from the model.”3 His fellow Franciscan, Gerónimo
de Mendieta wrote: “…after they [the indigenous] became
Christians and saw our images from Flanders and Italy, there was
no retablo or image, no matter what it is, that they cannot portray
and reproduce.”4
“…hacen tan perfectas y con tanta gracia cuanto los más propios oficiales
[imagines] de Flandes,” Fray Bartolomé de las Casas, Apologética historia de
las Indias (Madrid: Bailly Bailliére é hijos, 1909), cap. LXI, 159–61.
3
Toribio de Benavente, Historia de los indios de la Nueva España. . . .
(Mexico City: Porrúa, 1990), III, 386: “dieron a un muchacho de Tezcuco por
muestra una bula, y sacóla tan a el natural, que la letra que hizo parecía el mismo modelo, porque el primer renglón era grande, y abajo sacó la firma ni más
ni menos, y un I.H.S. con una imagen de Nuestra Señora, todo tan al propio,
que parecía no haber diferencia del molde.”
4
“…después que fueron cristianos y vieron nuestras imágenes de Flandes
y de Italia, no hay retablo ni imagen, por prima que sea, que no la retraten y
contrahagan,” Fray Jerónimo Mendieta, Historia eclesiástica indiana (Mexico
City: Díaz de León y White, 1870), 404. Cited by Manuel Toussaint, Pintura
2

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�Ivory and feathers

These anecdotes reveal a number of commonalities.
Together, they inculcate a fiction of the Indigenous/non-European
copyist, either in New Spain or in the Philippines, as an automaton
capable of collapsing temporal, geographic and cultural distances
via the work of copying. Yet the inventive capacity of this nonEuropean artist falls away in these accounts of colonial artistic
production. Instead, mimetic aptitude synecdochally represents
colonized subjects’ potential for conversion and integration into the
Spanish empire.5 In a related fashion, for many years the standard
art historical account of European prints’ role outside of Europe has
stressed printed imagery’s role as a tool for Christian conversion.
In this narrative, print serves as a model for local artists’ instruction
in both Christian doctrine and aesthetic conventions. This kind
of reading is not unique to Spanish imperial orbits, and extends
beyond these chroniclers of the mission in New Spain, to describe
for example, the famous Jesuit gifts of prints to the Mughal ruler
colonial en México (Mexico City: Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de Investigaciones Estéticas, 1965), 10. Yet another Franciscan,
Juan de Torquemada, also described the reproductive abilities of local artitsts
and like de Mendiata, he too describes the artistic models given to local artists
as Flemish in origin. Juan de Torquemada, Monarquía Indiana, ed. Miguel
Leon Portilla (Mexico City: Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de Investigaciones Estéticas, 1977), vol. V, book 17, 313–14.
5
See Serge Gruzinksi and Heather MacLean, Images at War: Mexico from
Columbus to Blade Runner (1492–2019) (Durham: Duke University Press,
2001), 72; Alessandra Russo, The Untranslatable Image: A Mestizo History of
the Arts in New Spain, 1500–1600 (Austin: University of Texas Press, 2014),
chapter 4; and Alessandra Russo, “An Artistic Humanity: New Positions on
Art and Freedom in the Context of Iberian Expansion, 1500–1600,” RES: Anthropology and Aesthetics 65/66 (2014-15): 352–63.
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�Stephanie Porras

Jalal al-Din Muhammad Akbar and to the Ming emperor in Beijing.6
Foundational art historical labor has undertaken the meticulous
pairing of colonial paintings with European printed sources, as
well as broader investigations of how European modes of building,
learning and governance were inculcated and reproduced via
printed models.7 More recent work, by Aaron Hyman, Yael Rice,
See Gauvin Bailey, The Jesuits and the Grand Mogul: Renaissance Art at
the Imperial Court of India, 1580–1630 (Washington, D.C.: The Smithsonian,
1998); Milo C. Beach, “The Mughal Painter Kesu Das,” Archives of Asian Art
30 (1976-77): 34–52. See also Matteo Ricci’s 1605 request for copies of the
Evangelicae historiae imagines, the illustrated book depicting Christ’s life, for
use in the China mission: “…più utile è anco quell libro che questo della Bibbia per adesso, poichè con quello dichiariamo, anzi poniamo Avanti agli occhi
quello che alle volte con parole non possiamo dichiarare.” Matteo Ricci, Lettere: 1580-1609, edited by Francesco d’Arelli (Macerata: Quodlibet, 2001), no.
43, 406.
7
To cite a few foundational examples, with further literature: Martin S.
Soria, “Una nota sobre pintura colonial y estampas europeas,” Anales del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas 5 (1952): 41–51; Jorge
Alberto Manrique, “La estampa como fuente del arte en la Nueva España,”
Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas 50, no. 2 (1982): 55–60; Samuel Edgerton, Theaters of Conversion: Religious Architecture and Indian
Artisans in Colonial Mexico (Albuquerque : University of New Mexico Press,
2001); Oscar Flores Flores and Ligia Fernández Flores, “En torno a la koineización pictórica en los reinos de la monarquía hispánica: Identidad y variadades dialectales,” in Pinturas de los reinos: Identidades compartidas en el
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Banamex, 2008-9); Christopher Heuer, “Difference, Repetition and Utopia:
Early Modern Print’s New Worlds,” in Crossing Cultures: Conflict, Migration
and Convergence, edited by Jaynie Anderson, 203–8 (Melbourne: Miegunyah
press, 2009); Almerindo Ojeda di Ninno, “El grabado como fuente del arte
colonial: Estado de la cuestión,” in De Amberes al Cuzco, edited by Cécile
Michaud and José Torres della Pina, 10–21 (Lima, Perú: Impulso Empresa de
Servicios, 2009); Aaron Hyman, Rubens in Repeat: The Logic of the Copy in
Colonial Latin America (Los Angeles: Getty Research Institute, 2021); Alme6

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillare4.7-137

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�Ivory and feathers

myself and others, has productively explored how artists working
outside of Europe critically mobilized the distance from the printed
model to reflect on local conditions and to signal the ambitions of
particular artists and patrons.8
In this essay, I want to focus on a slightly different set of
questions emerging from these Spanish accounts of copying in
New Spain and the Philippines. Namely, I’d like to consider how
these narratives about the copying of prints allude to prints’ status
as an export good, the way that paper images were traded across
oceans and continents, and were valued both as material objects
and as artistic capital in the period of early modern globalization.
I am particularly interested in the story of the doubly displaced
bookbinder from New Spain, who moved to Manila to take
advantage of what he thought was an uncontested economic space,
only to be driven out by local competition. I use globalization
here not just to describe the worldwide movement of goods and
people but to examine how globalization functions as an epistemic
shift, one that changes how one knows the world, and how artists
rindo Ojeda di Ninno, Project for the Engraved Sources of Spanish Colonial
Art (PESSCA), 2005–2020 (https://colonialart.org).
8
Aaron Hyman, “Inventing Painting: Cristóbal de Villalpando, Juan Correa,
and New Spain’s Transatlantic Canon,” Art Bulletin 99, no. 2 (2017): 102–35;
Hyman, Rubens in Repeat; Yael Rice, “Lines of Perception: European Prints and the Mughal Kitābkhāna” In Prints in Translation, 1450–1750: Image,
Materiality, Space, edited by Suzanne Kathleen Karr Schmidt and Edward H.
Wouk, 202–23 (London: Routledge, 2017); Stephanie Porras, The First Viral
Images: Maerten de Vos, Anwerp print and the early modern globe (State College, PA: Pennsylvania State University Press, 2023).
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�Stephanie Porras

approach the production of new forms and techniques.9 The
world is conceived as a market, where both labor and capital are
highly mobile, and thus may lead to competition or collaboration
between what had been separate zones of economic activity,
amplifying perceptions of the local vis a vis the global. That is, I
use globalization here not simply describe the fact that European
prints were carried by all manner of individuals, across continents
and oceans. Crucially, prints and other mobile artworks helped to
establish globally shared strategies of visual communication and
concomitant notions of value, rooted in processes of colonization,
commercial expansion and conversion.10 As what John Durham
Peters calls “infrastructural media,” these mobile goods were not
only vehicular, relaying content and style across vast distances, but
via their creation and movement such objects also produced shared
systems of value and exchange, impacting how art was made, seen
and bought on both sides of the Atlantic and Pacific Oceans.11
Porras, The First Viral Images, 150; see also Stephanie Porras, “Forgetting how to see,” in Reassessing Epistemic Images in the Early. Modern World,
edited by Ruth Sargent Noyes (Amsterdam: Amsterdam University Press,
2023), 265–86.
10
This can be related to Horst Bredekamp’s observation that the techniques
of mass reproduction are rooted in the fifteenth-century devotional art rather
than the modern invention of photographic processes, as claimed by Walter
Benjamin in his famous essay, “The Work of Art in the Age of Mechanical
Reproduction,” in Illuminations edited by Hannah Arendt, translated by Harry Zohn, (London: Fontana, 1999), 211–44. See also Horst Bredekamp, “Der
simulierte Benjamin: Mittelalterliche Bemerkungen zu seiner Aktualität,” in
Frankfurter Schule und Kunstgeschichte, edited by Andreas Berndt et al., 117–
37 (Berlin: Reimer, 1992), 129.
11
John Durham Peters, The Marvelous Clouds: Toward a Philosophy of
9

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�Ivory and feathers

St Jerome in
Ivory
My first case studies are several
related depictions
of St Jerome. The
first must date to
around 1601. That
spring, the Manila
Figure 1.
galleon the Santa Margarita was lost at sea, eight months after
leaving the dockyards at Cavite. Nearly 400 years later, the remains of the ship were rediscovered some 1500 miles away, off
the coast of the Mariana islands. Although the cargo of precious
textiles had long since deteriorated, hundreds of ivory fragments,
as well as porcelain, gold, hardwood, and mother-of-pearl objects
remained on the
sea floor; all the
remains of the cargo sent from the
Philippines to be
sold in Acapulco.
The cache contained a small ivory
triptych depicting

Figure 2.

Elemental Media. (Chicago: University of Chicago, 2015), 37, 176.
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�Stephanie Porras

St Jerome surrounded by four
standing saints
( F i g u r e 1 ) . 12
Though severely
abraded from its
time under water, the triptych
is
remarkably
Figure 3.
similar (Figure
2) to surviving ivory reliefs held in Mexican public and private
collections, as well as in Spain (Figure 3) and Chile (Figure 4)13 –
This object, now owned by IOTA Partners, was first published in Marjorie Trusted, “Survivors of a Shipwreck: Ivories from a Manila Galleon of
1601,” Hispanic Research Journal 14, no. 5 (2013): 446–462.
13
The triptychs in Mexican private collections are illustrated in Beatriz Sánchez Navarro de Pintado, Marfiles christianos del Oriente en Mexico (Mexico
City: Fomento Cultural Banamex, 1986), figure 88. A similar St Jerome is in
the Museo Nacional de Historia, Chapultepec, Mexico City and was first published by Gustavo Obregón, “La colección de marfiles del Museo Nacional de
Historia,” Anales Del Instituto Nacional De Antropología E Historia 6, no.
7 (1955): 119–124, 122, figure 3, as well as by Margarita Estella Marcos, La
escultura barroca de marfil en España: Las escuelas europeas y las coloniales (Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicias, Instituto Diego
Velázquez, 1984), no. 764. Estella Marcos also refers to a smaller versión of
this relief, also in the Museo Nacional de Historia (Estella Marcos, La escultura barroca, no. 765), but I have not yet seen this object. In Spain, there is another St Jerome in the Museo de América, inv. no. 06914, published by Estella
Marcos, La escultura barroca, no. 766. Yet another version, to my knowledge
unpublished, is found in the Museo de Artes Decorativas Garcés Silva, Santiago, Chile, inv. no. 24.83.271.
12

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the majority share a bell-shaped central register and all feature the
kneeling figure of the
hermit saint, whose left
hand grasps the base of
a crucifix and whose
right hand is flung out
beside him and carries
a stone, there is also a
lion is wedged into the
bottom right corner in
a cave-like recess; and
the scene is always toFigure 4.

pped by the same parabolic arch formed by

Jerome’s discarded cardinal’s hat and robes, typically with the
figure of God the father.
Now we have not a single artist name associated with
any of these objects, or indeed with any ivory carvings made in
the Philippines in the sixteenth and early seventeenth-centuries.
But, based on the shipwreck evidence and their relation to a wide
corpus of Philippine-carved ivory triptychs, it seems mostly likely
that all of these St Jerome triptychs were made in Manila. These
triptychs testify to the skills of those Chinese immigrant ivory
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�Stephanie Porras

carvers called Sangleys, whose artistic and imitative abilities
were powerfully described by Salazar. The presence of multiple
extant versions of this iconography, suggests it was something of
a staple product for at least one Sangley ivory workshop; the fact
that one originates from the 1601 shipwreck suggests how, from
a very early date, Manila’s ivory carvers looked to New Spain as
a lucrative export market.
Since the tenth century, Chinese carvers had used African
ivory to produce sculptures of deities and revered figures.14 In
the sixteenth and seventeenth centuries, artists working along the
southeastern coast in Fujian province worked with ivory. Salazar’s
1590 letter, quoted above, also describes how Chinese ivory carvers
worked from imported European models in the Philippines by the
end of the sixteenth century, claiming that “with these sculptors’
ability to replicate those images that come from Spain, I understand
that it should not be long when even those made in Flanders will
not be missed.”15 The resultant sculptures were not only used in
See Derek Gilman, “Ming and Qing ivories: figure carving,” in Chinese
ivories from the Shang to the Qing, edited by William Watson, 35–117 (London: British Museum, 1984); and Craig Clunas, Chinese carving (London:
Victoria &amp; Albert Museum, 1996).
15
Seville, AGI, Filipinas, 74, n. 38, Carta de Salazar sobre relación con China y sangleyes to Philip II, dated 24 June 1590, fols. 185r–186v: “En este
arte que ansy en lo de Pinzel como de bulto an sacado maravillosas Pieças y
algunos nyños Jesús que yo e visto Un marfil me pareçe que no se Puede hazer
cosa mas Perfecta y ansy lo afirman todos los que los am bisto. Bense Proveyendo las yglesias de las ymagines q estos hazen de q antes havia mucha falta y
segun la avilidad que muestran en retrartar y las ymagines q bienen de Spaña
entiendo que antes de mucho no nos haran falta las que se hazen en flandes ....”
14

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�Ivory and feathers

churches but also collected by powerful colonial administrators
from an early date. Alonso Fajardo, governor of the islands from
1616 to his death in 1624, owned at least nine ivories.16
The Sangley community resided largely in a specially
designated district outside Manila’s city walls, called the Parián.
The Dominican Order, who held ecclesiastical jurisdiction over
the Parián, expressed frustration with the slow rate of Catholic
conversions within this community throughout the seventeenth
century.17 Baptism records from the 1620s include several Sangley
artisans who did convert to the Catholic faith, and incentives to
conversion included the possibility of marrying Tagalog women
and moving outside the Parián, as well as decade-long exemptions
from repartimiento labor and tributes.18 After several uprisings
by the Chinese immigrant population of the city (in 1603, 1639,
1662, and 1668), tributes from Christian Sangleys rose, a fact that
suggests conversions were often forced upon those members of
See the inventory published by Yayoi Kawamura, “Manila, ciudad española y centro de fusión. Un estudio a través del inventario del gobernador de Filipinas Alonso Fajardo de Tenza (1624),” e-Spania 30 (2018). (http://journals.
openedition.org/e-spania/27950).
17
See, for example, the conversions of Hyacinto, a silversmith, and two
carpenters, Thomas and Raymundo, on May 21, 1626, or the conversion of
Domingo the painter on July 22, 1627, recorded in Manila, AUST, Libro de
Bautizos Siglo XVII 1626–1700, sección de Parián, roll 47, vol. 2. The discovery of this baptismal record book was first published in Joshua Eng Sin Kueh,
“The Manila Chinese: Community, Trade, Empire,” (PhD diss., Georgetown
University, 2014).
18
Ryan Dominic Crewe, “Pacific Purgatory: Spanish Dominicans, Chinese
Sangleys, and the Entanglement of Mission and Commerce in Manila, 1580–
1620,” Journal of Early Modern History 19 (2015): 337–65, 358.
16

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�Stephanie Porras

the Chinese diaspora that remained in the archipelago.19 Spanish
administrators and Catholic missionaries often treated Sangley
conversions with some skepticism and continued to treat the
immigrant Chinese community as outsiders to the Spanish colony.20
Yet this population, as noted continually in period sources, was
essential to the operations of trade and the success of the Spanish
outpost in Asia, providing nearly all the artisanal labor, foodstuffs
and trading goods required of the small population of Europeans
resident in Manila, as well as those needed to maintain the Manila
galleon trade – the annual convoy of Asian goods sent to Acapulco
in exchange for American silver. Sangley carvers were responsible
for developing unique forms of ivory carving for export, both
triptychs like our St Jeromes and large-scale figural statuary.21
One might ask: where did these Chinese carvers in Manila
get ivory? Elephant ivory had been available in the Philippines
since the tenth century; in the sixteenth and seventeenth centuries,
official embassies as well as merchant junks from the kingdoms
of Siam (Thailand) and Cambodia made significant gifts of Asian
elephant ivory to the Spanish administration in the Philippines.22
Juan Gil, Los Chinos en Manila: Siglos XVI y XVII (Lisbon: Centro Científico e Cultural de Macao, 2011), 323–24, and Christina H. Lee, “The Chinese
Problem in the Early Modern Missionary Project of the Spanish Philippines,”
Laberinto Journal 9 (2016): 5–32, 11.
20
Crewe, “Pacific Purgatory,” 364.
21
For a longer discussion of the production of these larger ivories and
their export market see Stephanie Porras “Locating Hispano-Philippine ivories,” Colonial Latin American Review 29, no. 2 (2020): 256–291.
22
For references to the ivory goods (marfiles) sent as gifts by the kingdoms
19

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�Ivory and feathers

There is also convincing material evidence that African ivory
was available in the Philippines, likely brought across the Indian
Ocean by South Asian and European merchants, or even given
as gifts by Catholics in Goa to support the East Asian mission.23
The apparent availability of ivory in Manila, and the market for
export goods in the Spanish colony, encouraged the establishment
of Sangley ivory carving workshops. These sculptors looked across
the Pacific, as well as to local Spanish elites and missionaries, for
their market. Both the material (ivory) as well as the models for
the St Jerome triptychs (engravings) originated across multiple
oceans. Not only did the ivory for these objects come from across
the South China Seas (Thailand/Cambodia), the Indian Ocean
(Indian or East African ivory traders), but the iconographic models
of Siam and Cambodia to Manila, see Antonio de Morga, Sucesos de las islas
Filipinas, (Mexico: Gerónimo Balli, 1609), 18, 102. On the earliest evidence
for ivory used in the Philippines, see Regalado Trota José and Ramon N. Villegas, Power + Faith + Image: Philippine Art in Ivory from the 16th to the 19th
Century (Makati City: Ayala Museum, 2004). 41 pieces of ivory, including
whole tusks, were recovered from the late fifteenth-century Lena Shoal shipwreck off the shores of northern Palawan, indicating the longstanding trade in
ivory in the Philippine archipelago; these ivory remains are now in the National Museum of the Philippines, Manila.
23
On distinctions between ivory derived from Asian and African elephants,
see Anthony Cutler, The Craft of Ivory: Sources, Techniques, and Uses in the
Mediterranean World, A.D. 200–1400 (Washington, DC: Dumbarton Oaks,
1985), 27–29. The difference between the two can only be confirmed via
genetic testing, for example, see the analysis of an ivory by Maria Rozalen
and Ana Ruiz Gutiérrez, “A Study of the Origin and Gilding Technique of a
Hispano-Philippine Ivory from the XVII Century,” Journal of Archaeological
Science: Reports 4 (2015): 1–7.
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�Stephanie Porras

(predominantely Flemish prints)
appear to have crossed both the
Atlantic and Pacific Oceans.
I have yet to identify
a singular model for this
iconography in either woodcut
or engraving, but key elements
of the composition echo details
from engraved models of St
Jerome, imported from Antwerp
(Figures 5): the shirtless hermit
Figure 5.
saint, his arm flung out beside
him, grasping a crucifix; the lion in a cavern like space below, and
at left, the curiously floating form of Jerome’s discarded cardinal’s
hat.24 The ivory triptychs do not reflect a standard iconographic
In addition to these sources would add the following sources for the St
Jerome: Cornelis Cort after Frans Floris, St Jerome, engraving, ca. 1550–78
(Manfred Sellink and Huigen Leeflang, eds. The New Hollstein’s Dutch and
Flemish Etchings, Engravings and Woodcuts, 1450-1750: Cornelis Cort,
[Rotterdam: Sound and Vision, 2000], no. 114); Jan Sadeler after Gillis Mostaert, St Jerome, engraving ca. 1575-90, (Dieuwke Hoop Scheffer and K.G.
Boon, eds. Hollstein’s Dutch and Flemish Etchings, Engravings, and Woodcuts, 1450–1700. all should italicized so it reads Vol. 22, Aegedius Sadeler to
Raphael Sadeler II, [Amsterdam: Van Gendt &amp; Co., 1980], no.370) and Johan
Sadeler after Maerten de Vos, St Jerome, engraving, ca. 1585/6 (Christiaan
Schuckman and D. De Hoop Scheffer, eds. Hollstein’s Dutch and Flemish
Etchings, Engravings, and Woodcuts, 1450–1700. Vols. 44–46, Maarten de
Vos [Rotterdam: Sound and Vision Interactive; Amsterdam: Rijksmuseum],
1996, no. 1105). All three of these compositions were seemingly produced in
considerable quantities, given the number of closely-related surviving versions.
24

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formula for the saint, this
unique collage-like composition
assembles key features of Jerome
imagery into a single field. We
see a very similar compositional
arrangement in surviving Spanish
or Flemish bronze plaquettes
as well (Figure 6), which may
respond to the sculpted portal in
Seville’s Cathedral by Jerónimo
Hernández, executed around
Figure 6.
1565/6. Seville, was of course the
central point of departure for all merchants, missionaries, soldiers
and settlers headed to Spanish America and in the Philippines.
There very well may be a single as yet unidentified print source
for this unusual composition, perhaps made in Flanders or Seville,
or even possibly a three-dimensional model like these bronze
plaquettes, which made its way to Manila’s ivory workshops.
This was an established circuit of global artistic export,
connecting Flanders, Seville, New Spain and the Philippines. In
1620, the Jesuit procurator in Manila, Francisco Gutiérrez, wrote to
Alonso de Escobar in Seville, noting “the prints that I received are
so excellent.”25 This correspondence suggests that religious orders
specifically sent printed images from Seville to Manila via New
“Los estampas recivi que son tan excelentes.” Francisco Gutiérrez to P.
Alonso de Escobar, August 4, 1620, Madrid, RAH, 9/2667, leg. 1, no. 36, fol. 1v.
25

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Spain to meet the demand for devotional and instructional imagery.
There are scattered references to prints, books, and other objects
being sent to Manila from New Spain as gifts and bequests. The
bishop of Puerto Rico, Pedro Solier, had been a missionary to the
Philippines; in 1615, Solier sent a gift of fabric and a box of song
books on the Manila galleon to the new Augustinian convent in the
archipelago.26 At the turn of the seventeenth century, the soldiermerchant Pedro de Zúñiga also imported books to the islands in
partnership with a cleric from Mexico City.27 Marjorie Trusted has
identified important print sources for ivory plaquettes made in the
Philippines, and I have traced the importance of this 1584 Antwerp
print of St Michael the Archangel for the production of large-scale
multi-part ivory sculptures in Manila.28 The triptych format in
particular, required the assembly of various figures of saints that
could have been taken from multiple printed or sculptural models.
It is possible that the central scene of the kneeling Jerome resulted
from a similar cut and paste method of assembly, combining say the
Memoria del maestro fray Pedro de Solier, Seville, AGI, Filipinas, 79, no.
117, cited in D.R.M. Irving, Colonial Counterpoint: Music in Early Modern
Manila, (New York: Oxford University Press, 2010), 45.
27
Testament of Pedro de Zúñiga, February 23, 1608, Manila, Autos sobre
los bienes del Alférez Pedro de Zúñiga, Seville, AGI, Contratación, 276, no.
1, r. 15, quoted in Antonio García-Abásolo, “The Private Environment of the
Spaniards in the Philippines.” Philippine Studies 44, no. 3 (1996): 349–73, 365.
28
Marjorie Trusted, Baroque and Later Ivories. (London: Victoria and Albert Museum, 2013), cat. no. 347 and 348, see also Margarita Estella Marcos,
Ivories from the Far Eastern Provinces of Spain and Portugal. (Monterrey:
Espejo de Obsidiana Ediciones, 1997), 44–45; and Porras, “Locating Hispano-Phillipine ivories.”
26

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saint’s pose from one printed
source with the form of the
lion from another engraving.
Manila’s ivory carvers were
particularly adept at using
both printed and sculptural
models to fashion new types
of artistic products, aimed
Figure 7.
both at the local devotional needs of the archipelago and at overseas
export markets.
Feathers and faux ivory
The very same combination of iconographic elements found in
these Philippine-made ivories were closely repeated in another
triptych (Figure 7). Instead of utilizing ivory, this triptych is carved
of boxwood and backed with hummingbird feathers. While also
sculptural in form, the makers of this St Jerome triptych also relied
on the knowledge of Indigenous Central Mexican practitioners of
featherwork known as amantecas. Unlike other feather paintings
and wearable objects like mitres, where complex figural scenes
are rendered entirely in feathers,29 the St Jerome triptych uses
bands of blue and green hummingbird feathers as a decorative
backdrop to a sculptural relief. The production of the Walters
See the works collected in Alessandra Russo, “Inventory of Extant Featherwork from Mesoamerica and New Spain,” in Images Take Flight: Feather
Art in Mexico and Europe, 1400–1700, edited by Alessandra Russo, Gerdard
Wolf, and Diana Fane, (Munich: Hirmer, 2015), 434–55.
29

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triptych can be related to a number of microcarvings and prayer
beads produced in New Spain in the seventeenth century that all
use hummingbird feathers as ornamental backdrops for minute
scenes exquisitely rendered in wood; however the scale of the
Walters triptych is somewhat larger than these wearable objects;
it is closer in size to the ivory triptychs we’ve just seen.
Both the ivory and the wood and feather triptychs appear to
rely on a shared source, perhaps a print. Yet it seems just as likely
that, in the case of the feather backed triptych, it was a direct response
to the influx of Philippine-made ivory triptychs, exported on the
Manila galleon. When these ivory triptychs were shipped to New
Spain in the early seventeenth century, they became a new model
for woodworkers. The existence
of two further St Jeromes,
one held in the Smithsonian
American Art Museum, D.C.
(Figure 8), and the other in the
Guillermo Tovar de Teresa’s
House Museum in Mexico City,
supports this theory. The first is
smaller than the Walters triptych,
but also pairs a central image of
the hermit saint with that of the
Four Evangelists.30 In the Tovar
30

Figure 8.

See Smithsonian American Art Museum, inv. no. 1929.8.241.3

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de Teresa museum, there is a single panel that closely replicates
the now familiar iconography of the hermit saint. The textured
background to both of these objects suggests it was formerly gilded
or otherwise decorated.31 These objects have been discussed as part
of a broader tradition of microcarving pendants, jewels and prayer
beads in Central Mexico, likely drawing on both Indigenous and
European models, and made primarily for export.32
The same Mexico City collection which holds this wooden
St Jerome also has another, miniscule St Jerome triptych, this
time with its figures in ivory, but mounted on wood. The form of
the gilded frame replicates that of the Walters feathered triptych;
I am grateful here to discussions with Allison Caplan (Yale University)
who noted that extant colonial feather works typically have their feathers
glued directly to the wooden surface. My thanks also to Geneva Griswold for
sharing her conservation report on the triptych.
32
On microcarvings see Theodor Müller, “Das Altärchen der Herzogin
Christine von Lothringen in der Schatzkammer der Münchner Residenz und
verwandte Kleinkunstwerke,” Zeitschrift für Bayerische Landesgeschichte 35
(1972): 69–77; Teresa Castelló Yturbide, “La plumaria en la tradición indígena,” in El arte plumaria en México, ed. Teresa Castelló Yturbide , 143–
215 (Mexico City: Fomento Cultural Banamex, 1993); Philippe Malgouyres,
“Moines franciscains et sculpteurs indiens: à propos de quatre pendentifs mexicains conservés au musée du Louvre,” La Revue des Musées de France: Revue du Louvre 4 (2015): 34–48; Pablo F. Amador Marrero, “De Flandes y lo
flamenco en la escultura temprana de la Nueva España,” in Homenaje a la profesora Constanza Negrín Delgado, edited by Carlos Rodríguez Morales (San
Cristóbal de La Laguna, Spain: Instituto de Estudios Canarios, 2014), 33–35;
Illona Katzew and Rachel Kaplan. “Like the Flame of Fire: A New Look at the
‘Hearst’ Chalice.” Latin American and latinx visual culture 3, no. 1 (2021):
4–29; Brendan C. McMahon, “Divine Nature: Feathered Microcarvings in the
Early Modern World.” Art History 44, no. 4 (2021): 770–796.
31

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but here the figural reliefs are formed of tiny pieces of ivory. The
style of carving here also seems closer to Mexican exemplars than
to those made in the Philippines, and the use of a wooden instead
of an ivory support more typical of Manila production, also
suggests this object was made in New Spain in response to the
influx of Asian imported ivory. Another example of a small mixed
technique St Jerome can now be seen at the Museu do Oriente in
Lisbon (Figure 9), suggesting that this was perhaps a standard
iconography. Given the fragility of ivory and its desirability on
both sides of the Pacific, it is possible these small carvings were
rendered from fragments of carved or raw ivory sent to New Spain
on the Manila galleon. Sculptors in New Spain were particularly
renowned for their skill in producing these micro carvings; this
turn to a mixture of ivory and wood may have been a way to
profitably export and repackage offcuts or damaged pieces of ivory
sent across the Pacific. These minute mixed-media triptychs, both
from the Guillermo Tovar de Teresa’s House Museum and the
the Museu do Oriente,
open the possibility
that ivory carving was
a practice carried out
on both sides of the
Pacific.
I v o r y,
as
a f u n g i b l e good
Figure 9.
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and artistic material, valued by merchants and consumers from
the East coast of Africa, across the Indian, Pacific and Atlantic
oceans, and it appears to be a material that encouraged practices
of innovation, combinations of diverse techniques and stylistic
sources intended to further enhance its material value. As we have
seen, the 1601 shipwreck of the galleon Santa Margarita confirms
that smaller scale ivories were being sent to New Spain in some
quantity already by the turn of the seventeenth century.33 This is
half a century before the earliest known documented reference
to the transpacific commercial trade in ivory sculptures is a 1655
pleito regarding the shipwreck of the San Francisco Javier, which
lists prices for 11 ivory sculptures sold in Acapulco, ranging from
18 to 45 pesos each – that is considerable sums.34
The American taste for Asian-carved ivory sculpture was
apparently considerable. To give a taste of the scale of this trade,
consider a 1767 ecclesiastic inventory of a relatively minor parish
church in Oaxaca, 14,000 miles away from Manila, which records at
least ten ivory sculptures, likely all Philippine in origin, on a single
altar.35 This influx of carved ivory objects from Asia intersected
with the development of local sculptural practices, despite the fact
that unworked elephant tusks were not available at the same scale
in the American viceroyalties as they were across the Pacific.
Trusted, “Survivors of a Shipwreck.”
Porras, “Locating Hispano-Philippine Ivories,” 256.
35
See the July 23, 1767 inventory of Our Lady of Solitude in Antequerra,
cited by Estella Marcos, Ivories from the Far Eastern Provinces of Spain, 9.
33
34

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Two surviving sculptural objects not fashioned from ivory,
but both inscribed with the name Diego de Reinoso, consciously
emulate Asian devotional ivory sculpture. In this plaquette in the
Victoria and Albert museum, the figure of St Dominic, one of the
saints regularly depicted in Asian export ivories, is carved from both
walrus ivory and stone; the form of the saint’s dog is evocative of
Foo dogs, seen in larger scale Hispano-Philippine ivory.36 Smaller in
format, the sculpture exhibits both stylistic and technical similarities
to Asian ivories, including small circular drilled holes typically
seen on South Asian, and later ivories made in the Philippines. Yet
this object is rendered in different materials, by an artist working
on the other side of the Pacific, in the Americas. Another sculpture
(Figure 10), now at the Denver Art
Museum, also bears Reinoso’s name
and depicts the figure of St Michael.
It is carved in alabaster, a material
whose creamy white coloration
evokes ivory; and its subject, the
figure of the archangel Michael, was
one of the most popular subjects for
export ivory sculpture from Manila
in the seventeenth century. As Julie
Wilson Frick notes, the snail-shell
Figure 10.
shaped clouds surrounding the
See for example the Saint Michael in the Cathedral of Badajoz, discussed
in Porras, “Locating Hispano-Philippine Ivories,” 271.
36

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archangel closely resemble Goan carving, while the “tree of life”
motif on the octagonal framework can be found on South Asian
palampore textiles.37 It too bears drilled decoration akin to Goan
and Philippine-made ivory sculptures.
Both the Denver and London sculptures are inscribed with
the name Diego de Rienoso, and references to invention (‘Diego
Reinoso Inventor en Mxico 1696’ and ‘Diego de Reinoso Inbentor’). Yet we don’t know much about the artist himself. In 1644,
a Mercerdarian priest with same name published a vocabulary in
Monterrey, northern Mexico; it has been suggested that this Reinoso was the same as the sculptor.38 Alternatively it is possible the
artist was a migrant from Asia, one of the many who crossed the
Pacific on a Manila galleon ship.39 Regardless of the ethnic origin
of the individual named ‘Diego de Reinoso’ – the sculptures bearing his name reference the facture of Asian ivories, generating
aesthetic value by invoking the subjects, material, and carving
techniques of ivory, but utilizing different materials.
In a similar fashion, on the other side of the Pacific, the
kilns of Dehua began to produce considerable quantities of blanc
Julie Wilson Frick, “Double-sided carving of Saint Michael and the Virgin
and Child with Saints Dominic and John the Baptist,” The Denver Art Museum,
February 5, 2024, https://www.denverartmuseum.org/en/object/1991.1150a-b.
38
Trusted takes this suggestion, following Pál Keleman, Art of the Americas:
Ancient and Hispanic with a comparative chapter on the Philippines (New
York: Bonanza, 1969), 250.
39
Ramón María Serrera, “El Camino de Asia: La Ruta de México a Acapulco.” In Rutas de la Nueva España, edited by Chantal Cramaussel, (Zamora:
Colegio de Michoacán, 2006), 211–30.
37

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de chine porcelain from about 1600 onwards; that is, precisely the
moment when the trade in large-scale ivory sculptures expanded
across the Indian and South China seas.40 While porcelain had
been made in Dehua for centuries, production scaled up in the
seventeenth and eighteenth centuries, and these objects became a
desirable export good. Augustus the Strong had over a thousand
pieces of this kind of porcelain at his palace in Dresden by the
early 18th century.41 Like the stone sculptures of Diego de Reinoso,
these are white figural sculptures (Figure 11); but these ceramic
figures are both in the same palette and larger scale as those
ivory figural sculptures then being
made in Manila, across the South
China Sea. Viewing these various
sculptural products alongside one
another suggests how the littoral
networks of the ivory trade, the
oceanic circuits of production and
exchange extended inland both
in Asia and the Americas. More
than just an exotic and precious
Figure 11.
substrate, ivory – its near universal
See the earlier dating for these figural works in John Ayers, “Blanc de
Chine: Some Reflections” in Blanc De Chine: porcelain from Dehua, edited by
Rose Kerr and John Ayers. (Richmond: Curzon, 2002), 19–34.
41
Eva Ströber, “Dehua Porcelain in the collection of Augustus the Strong in
Dresden,” in Blanc De Chine: porcelain from Dehua, edited by Rose Kerr and
John Ayers, (Richmond: Curzon, 2002), 51–8.
40

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desirability – prompted artists working across several oceans
to create new types of artistic goods, to combine stylistic and
technical elements borrowed from artists working in different
media, across land and sea.
The globe as a market
The relationships between these disparate artworks – European
prints, Philippine ivories carved by Chinese immigrants, featherbacked triptychs made in Mexico and Chinese porcelain figures
– suggest the ways in which artists and consumers across the
globe responded to both the iconographic and material qualities
of increasingly mobile early modern artworks. In the case of the
St Jeromes, ivories carved in the Philippines could take the place
of the European print as both an iconographic and material model
for woodcarvers and amantecas in New Spain, decentering and
destabilizing historical narratives about copying and invention in
extra-European spaces. As Aaron Hyman has eloquently shown
printed models imported to the Americas could also be read as
distinctly local images – as when Rubens’ compositions by virtue
of their many iterations in Cusco, came to function as a cuzqueñan
referent when taken up as a model across the viceroyalty of Peru.42
Artworks’ mobility then troubles the distinction between
the global and the local, art historical assumptions about context
and referent. The mobility of European prints certainly epitomizes
On the ways in which Rubens’s iconography is remade in Cusco as both a
local and regional modle, see Hyman, Rubens in Repeat, 37–118.
42

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�Stephanie Porras

this shift, but these ivory and feather triptychs further complicate
matters – helping us to see the processes of globalization not as
solely Eurocentric (the movement of prints to the so-called ‘global
periphery’ of Manila), but as evidence of a truly global early
modern art market. From this view we see how Manila’s ivory
carvers influenced New Spain’s featherwork export industry and
also Chinese porcelain production – Manila is a global center not
just for the reception of European artworks or the distribution of
Chinese silk, but a generative locus of a newly global art market.43
When amantecas in New Spain substituted feathers
for ivory, they not only swapped one precious material for
another; by turning to ivory as a model, these woodcarvers and
featherworkers responded to the import of a rival luxury good,
one that had already mobilized European prints and the Indian
Ocean’s ivory trade. These feather-backed triptychs were bought
both by elites in New Spain, and were likely exported overseas
as precious commodities. I know of no surviving feather backed
St Jerome triptychs in Spain or in Europe, but related featherbacked micro-carvings in European collections prove that there
was demand for such artworks. The relation here between St
Jeromes made in ivory and in wood and feathers, each made
This reading contrasts with the dominant interpretation of these objects as
‘cultural hybrids’, evidence of syncretic religious beliefs, see for example Raquel Sigüenza Martín, “Pluma y marfil: materiales para el sincretismo religioso,” in España y la Evangelización de América y Filipinas (siglos XV-XVII),
edited by F. Javier Campos y Fernández de Sevilla, (San Lorenzo del Escorial:
Universidad María Cristina de San Lorenzo de El Escorial, 2021), 231–248.
43

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�Ivory and feathers

an ocean away from one another, allows us to see how the very
different materials of paper, ivory and feathers could become
somewhat fungible (that is, exchangeable) within a global
marketplace.
Prints were desired imports as aides to conversion and the
imposition of colonial order, and as such were in high demand
from missionaries. Writing to Giovanni Alvarez from China in
1605, the Jesuit missionary Matteo Ricci claimed that engravings
were “of even greater use than the Bible in the sense that while
we are in the middle of talking we can also place right in front of
their eyes things which, with words alone, we would not be able
to make clear.”44 The demand for printed images was not solely
from ecclesiastics, but also from local buyers. Around 1600,
Diego Ocaña, a Castilian Hieronymite friar who traveled to the
viceroyalty of Peru, lamented that his Spanish monastic order did
not respond to his repeated requests for more estampas, claiming
that he could have sold twenty or thirty thousand prints at the
fiesta held in honor of the Virgin in Potosí.45 From these sources,
“…più utile è anco quell libro che questo della Bibbia per adesso, poichè
con quello dichiariamo, anzi poniamo Avanti agli occhi quello che alle volte
con parole non possiamo dichiarare.” Ricci, Lettere, no. 43, 406.
45
“Y en esta ocasión no puedo dejar de quejarme del descuido, de la casa de
Guadalupe, que tuvieron en enviarme algunas cosas que yo envié a pedir, en
particular las estampas; que si a esta sazón tuviera yo en Potosí, sobre la mesa
donde estaba, veinte mil o treinta mil estampas, todas las gastara, porque cada
uno la llevara para tenella en su aposento. Y por cada una, lo menos que podían
dar era un peso de plata, que son ocho reales. Ya lo envié a pedir muchas veces
y no me lo enviaron.” See Diego de Ocaña, Memoria viva de una tierra de
44

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�Stephanie Porras

we get a sense of the utility of prints, but also something of their
value as desirable material goods.
Prints were not just devotional aides for the Christian
mission, but also served as commercial merchandise. So when
in 1596, Dutch ships set sail looking for the fabled Northeastern
passage to Cathay, they carried bundles of prints – not only of
religious subjects but also costume prints, images of Roman
emperors and standard bearers.46 In 1602, Dutch traders in Patani
recorded an inventory of some five to six thousand prints of an
even wider variety.47 In both the Arctic and South China Seas,
these print caches document the material value of printed images
as a currency of global trade. Engraved images were a European
export good, used to broker favor with foreign courts – Ricci and
his fellow Jesuits presented engraved religious imagery but also
copies of Abraham Ortelius’s Theatrum Orbis Terrarum to Mughal
and imperial Chinese courts. Engraved images were not produced
outside of Europe in any considerable quantity before 1600; while
letterpresses were sent to New Spain in 1539, Japan in 1590, and
olvido: relación del viaje al Nuevo Mundo de 1599 a 1607, edited by Beatriz
Carolina Peña, (Barcelona: Paso de Barca, 2013), 486 (fol. 158v).
46
See J. Braat, J. P. Filedt Kok, J. H. Hofenk de Graaff, and P. Poldervaart,
“Restauratie, Conservatie En Onderzoek van de Op Nova Zembla Gevonden
Zestiende-Eeuwse Prenten.” Bulletin van Het Rijksmuseum 28, no. 2 (1980):
43–79; and J.H.G Gawronski, J. Braat and J.B. Kist, Behouden uit het Behouden Huys. Catalogus van de voorwerpen van de Barentsexpeditie (1596) (De
Bataafsche Leeuw: Amsterdam, 1998).
47
J.W. IJzerman, Hollandsche prenten als handelsartikel te Patani in 1602,
(Hague: Nijhoff, 1926).
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Manila in 1593 – the roller presses required for printing engravings
did not arrive until considerably later. In other words, engraved
images could be seen in much of the world as a somewhat exotic
and precious good – technology that was difficult to replicate.
This essay has attempted to complex series of
relationships between prints, ivory and feather-backed triptychs
made in Manila and Mexico, Chinese porcelain and Mexican
alabaster in order to demonstrate that this is not just the
story of a singular iconography’s popularity, or what I have
called elsewhere, the viral capacity of earl modern print.48
I have suggested here some of the ways in which this set of
art objects – related via iconography and/or material qualities
– demonstrated the efficacy of globalization’s infrastructure.
These artworks evidence the ways in which oceans and
continents could be traversed by people and goods – but also
the way in which the mobility of art works shifted how artists
viewed the world. The ivory carver took printed objects made
by an unknown maker wielding an unfamiliar technical process
(engraving) and fashioned a new type of object to be sent back
along these same networks. The featherworker in New Spain
repeated this same process, responding to a new Asian export
good – carved ivories – and fashioning a rival product in this
global marketplace. Artists in Antwerp, Manila and New Spain
then, made objects for imagined audiences, consumers one
My own study of St Michael the Archangel can be understood as the tracing of such a singular viral image. See Porras, The First Viral Images.
48

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�Stephanie Porras

would never meet, but whose presence was felt via the demands
of ship captains, merchants, and missionary orders’ procurators.
This was not a one-way process but one subject to recursive
feedback – send more prints of the Virgin, more St Jeromes in
ivory. The anecdotes with which I began this essay could be read
as betraying some of the latent anxieties accompanying these
processes – Salazar suggests imported Spanish goods would be
displaced, much like the poor unsuccessful Mexican bookbinder
in Manila, whose work was rapidly usurped by his Chinese
assistant. Globalization, from an imperial perspective, was about
the reassignment of labor, the extraction and reallocation of local
resources in a global economic system controlled by the Spanish
crown. But these Spanish anecdotes and the artworks discussed
here, reveal how the local labor of copying, the material ingenuity
with which artists responded to the mobility of prints and other
objects, allowed the viral image to exploit and also, to occasionally
escape such colonial control.
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Captions
Figure 1. Unknown Manila artist, St Jerome triptych, ivory. Photo: Bret Oliphant and IOTA Partners.
Figure 2. Unknown Manila artist, St Jerome triptychs, ivory with
polychromy. Private collection, Published as figure 88 in
Beatriz Sánchez Navarro de Pintado, Marfiles christianos
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�Stephanie Porras

Figure 3. Unknown Manila artist, St Jerome triptych, ivory with
polychromy. Madrid, Museo de América.
Figure 4. Unknown Manila artist, St Jerome plaquette (fragment
of triptych?), ivory. Santiago (Chile), Museo de Artes Decorativas.
Figure 5. Cornelis Cort after Frans Floris, St Jerome, engraving,
ca. 1560. Antwerp, Museum Plantin-Moretus.
Figure 6. Spanish or Flemish, St Jerome praying, gilt copper alloy
plaquette, 16th century. New York, Metropolitan Museum
of Art.
Figure 7. Unknown artist in New Spain, St Jerome in Penance
and the Four Evangelists, boxwood with hummingbird
feathers and polychromy. Baltimore, Walters Art Museum.
Figure 8. Unknown artist in New Spain, St Jerome in Penance
and the Four Evangelists, boxwood. Smithsonian American Art Museum, Gift of John Gellatly.
Figure 9. Unknown artist in New Spain (?), St Jerome triptych,
ivory and wood with gilding. Lisbon, Museu do Oriente.
Figure 10. Diego de Reinoso?, Saint Michael , alabaster, circa
1696, Denver Art Museum
Figure 11. Dehua, Bodhisattva Guanyin, porcelain with ivory
glaze, 17th century. New York, Metropolitan Museum of
Art.

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�El rol del cacao y el chocolate en el intercambio
transpacífico. Parte II. El cacao como bien comercial
transpacífico y mercancía global
The Role of Cacao and Chocolate in Transpacific Exchange
Part II. Cacao as Transpacific Trade Good and Global
Commodity
Angela Schottenhammer
KU Leuven
Leuven, Bélgica

https://orcid.org/0000-0002-0952-7621
Recibido: 27 de marzo de 2024
Aceptado: 29 de abril de 2024

Resumen: En el transcurso de la segunda mitad del siglo XVI, el
chocolate y el cacao se hicieron cada vez más populares entre muchos
europeos. En la década de 1630, si no antes, no sólo los españoles sino
también los holandeses, los franceses e incluso los ingleses consumían
una buena cantidad de cacao. Sin embargo, y a pesar de tratarse de un
producto verdaderamente global, su historia apenas ha sido estudiada.
Este artículo busca sacar a la luz dichas informaciones. En la primera
parte de esta investigación, se aborda cómo el cacao y el chocolate
llegaron por primera vez a Filipinas, China y Japón, y en los impactos
que el nuevo producto tuvo en las sociedades locales. En una segunda
parte, se investiga con más detalle los diversos usos del cacao y el
chocolate y su surgimiento como producto global, con especial atención
al viaje hacia el oeste, desde América hasta Asia.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.7-137

278

�Angela Schottenhammer

Palabras clave: cacao, chocolate, intercambio transpacífico, Filipinas,
Asia, América, China, Japón
Abstract: In the course of the second half of the 16th century, chocolate
and cocoa became increasingly popular among many Europeans. By the
1630s, if not earlier, not only the Spanish but also the Dutch, the French
and even the English were consuming a good deal of cocoa. However,
despite being a truly global product, its history has hardly been studied.
This article seeks to bring this information to light. The first part of
this research deals with how cocoa and chocolate first arrived in the
Philippines, China and Japan, and the impacts that the new product
had on local societies. In the second part, it is investigated in more
detail the various uses of cocoa and chocolate and their emergence as a
global product, with a special focus on the journey westward from the
Americas to Asia.
Keywords: cacao, chocolate, transpacific exchange, Philippines, Asia,
America, China, Japan

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�The Role of Cacao and Chocolate

Introduction
In the course of the second half of the sixteenth century, chocolate
and cacao became increasingly popular among many Europeans.
By the 1630s if not earlier, not only the Spanish but also the
Dutch, the French, and even the English were consuming a fair
amount of cacao.1 Cacao drinking was introduced into Britain
in 1657, and by the early eighteenth century ‘chocolaterías’
existed throughout London, competing with the traditional coffee
houses. The drinking of cacao received the support of Quakers,
who considered chocolate to be a welcome substitute for ginger.2
Chocolate was frequently sent as a present from New Spain, both
to Spaniards living in Asia and to residents in Spain: In 1621, the
Count of Santiago sent some small boxes of chocolate to his wife;
in 1625, the Countess of Santiago of New Spain sent, among
other things, boxes of chocolate and cacao to the Marchioness of
Belvedere in Madrid.3
* This research was supported by and contributes to the partnership grant
funded by the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada
(SSHRC) and to the ERC AdG project TRANSPACIFIC that has received
funding from the European Research Council (ERC) under the European
Union’s Horizon 2020 Research and Innovation Programme (Grant Agreement
No. 833143). See also Nadia Fernández-de-Pinedo, “Global Commodities in
Early Modern Spain”, in Manuel Perez Garcia · Lucio De Sousa (eds.), Global
History and New Polycentric Approaches Europe, Asia and the Americas in
a World Network System [Palgrave Studies in Comparative Global History]
(Cham: Palgrave Macmillan, 2018), 293-318.
2
Julia García Paris, Intercambio y Difusión de Plantas de Consumo entre el
Nuevo y el Viejo Mundo (Madrid: Servicio de Extensión Agraria, Ministerio de
Agricultura, Pesca, y Alimentación), 58-59.
3
José L. Gasch-Tomás, The Atlantic World and the Manila Galleons. Cir1

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280

�Angela Schottenhammer

In the first part of my research, I have focused on how
cacao and chocolate first came to the Philippines, China, and Japan, and on the impacts the new product had on local societies4.
We have seen that China and Japan, where the consumption of
chocolate was not as readily adopted as a drink or medicine as in
the Philippines, still found themselves dragged into its commercial orbit by producing the cups, containers, and jars, in which
chocolate was drunk, stored, and/or prepared. In this second part,
I will investigate in more detail the various uses of cacao and
chocolate and its emergence as a global commodity, focussing
on the ‘American-Asian Pacific world’. In this function, the importance of chocolate goes beyond that of being a luxury drink,
a stimulant, or a medicine. Despite initial opposition from the
Catholic Church, whose representatives considered chocolate an
enjoyable luxury, chocolate soon became an almost world-wide
popular drink, gradually being consumed by ordinary people as
well. Cacao developed as a cash crop in the Philippines, and it
helped other flavours, especially cinnamon and vanilla, to boom
as a result of changing drinking habits. Interestingly, cacao beans
even assumed the functions of a currency for a brief period in the
culation, Market, and Consumption of Asian Goods in the Spanish Empire,
1565–1650 [The Atlantic World. Europe, Africa, and the Americas, 1500–
1830, 37] (Leiden: E. J. Brill, 2019), 30 (with reference to AGI, Contratación,
1866, 651-654), 41-42 (with reference to AGI, Contratación, 1880, 221-231).
4
Angela Schottenhammer, “The Role of Cacao in Transpacific Exchange.
Part I, Cacao comes to Asia”, TRANSPACIFIC Research Notes 2 (2023).
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�The Role of Cacao and Chocolate

Philippines.5 And against the backdrop of a chronological development, we can observe that Chinese actors, for example, continued to be ‘held under the spell’ of cacao and chocolate, even
though they were not the big consumers of chocolate.
Of course, the development of cacao as a cash crop does
not mean that the nutritious and medical qualities of chocolate
were no longer valued. It is interesting to note that the provisions
required in 1842 for ‘Her Majesty’s Royal Naval Forces [of Great
Britain] in China (amounting to 4,200 men)’ mention, among
other food items such as bread, flour, raisins, tea, sugar, vinegar,
and lemon juice (3,800 pounds), also 9,919 pounds of chocolate
totalling 47,517 pounds for 4,200 men for 181 days.6 This is a clear
indication of the nutritious and medical qualities of chocolate that
were obviously highly valued at that time. Another document in
the National Archives in Kew, UK, contains an announcement
in The China Mail, vol. 12:617 from 11 December 1856, on the
sale of flour barrels, galleons of lime juice, preserved meats,
As to discuss the use of cacao beans as money in the Philippines would
mean going beyond the focus of this chapter, namely on cacao and chocolate
as food, medicine, and cash crop, I am writing a separate article discussing the
use of cacao beans as a currency in Manila in the cadre of contemporary monetary history: its working title is “A Forgotten Aspect of Transpacific History:
Currencies in Seventeenth-Eighteenth Century Manila”, in preparation.
6
“Correspondence Relevant to Military Operations in China” (p. 26), in
Despatches, Offices and Individuals: 1842. Manuscript Number: CO 129/1 in
The National Archives (Kew, United Kingdom), Archive: Hong Kong, Britain
and China, 1841–1951, Collection “War and Colonial Department and Colonial Office: Hong Kong, Original Correspondence”, electronic resource.
5

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soups, coffee – and “Superior Manila Chocolate”.7 Chocolate
obviously played an important role in the diet of contemporary
sailors and soldiers. This may demonstrate cacao’s path from a
Meso-American beverage to a global commodity, as a medicine,
a nutritious food, a cash crop, and even as money.
The development of cacao as a global commodity is
closely related to changing chocolate tastes and preparation
methods, and the Spanish soon realised the economic potential of
the plant and its fruit. In the Philippines, Spain’s colony in Asia,
the introduction of cacao and a chocolate culture had particularly
far-reaching consequences. It reached the island archipelago as
cargo and as a provision of many galleons crossing the Pacific
Ocean and was transplanted locally in the early 1670s, as we
have seen in Part I of my investigation. This was around the time
that cacao beans also served as a local currency in Manila. By
the eighteenth century, cacao came to be considered increasingly
important as a commercial crop whose cultivation should be
encouraged in order to sell it abroad and to pay, for example, for
the Chinese imports in demand by the local community.
With the Manila galleon trade, the city of Manila developed
as a commercial hub in Southeast Asia. The maintenance of the
local Spanish community long remained a subsidised undertaking
The National Archives (Kew), November 3-December 6, 1856, Correspondence Archive Imperial China and the West part I, 1815–1881, Collection:
FO 17 Foreign Office: Political and Other Departments: General Correspondence, China, document no. FO 17/252.
7

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�The Role of Cacao and Chocolate

for the Spanish Crown. Local Spanish governors and authorities
in Manila consequently early thought about means and ways to
sustain the Spanish community.
Most of the silver shipped from Acapulco to Manila was
finally used to pay for Chinese goods in return. The gradual
destruction of local, social and economic structures by the Spanish,
including forced labour and the imposition of tribute payments,
accelerated this process. As a consequence, agricultural output fell
continuously, peasants left their land, and gradually even food had
to be imported, mostly from the Chinese. At the same time, we
need to take into consideration contemporary politico-economic
changes in the European-China trade and its impacts on both the
production of required commodities like silk in China and on the
Spanish China-Philippine and transpacific trades, which occurred
in the early to mid-eighteenth century.8 In this context, this chapter
can be seen as another small step showing that the economic history
of Manila as a hub of transpacific trade “requires a fuller picture”9
focusing on the Spanish transpacific, the Chinese and non-Chinese
intra-Asian, and the European global trades. Manila was not only
For an article analysing the specific developments and changes in the China-Philippine trade, due to European competition and political-economic decisions in China, see Antoni Picazo Muntaner, “El comercio de Filipinas en
el tránsito al siglo XVIII: la política comercial china”, Vegueta. Anuario de la
Facultad de Geografía e Historia 20 (2020), 253-272.
9
Guillermo Ruiz-Stovel, Chinese Shipping and Merchant Networks at the
Edge of the Spanish Pacific: The Minnan-Manila Trade, 1680–1840, PhD dissertation (University of California, Los Angeles, 2019), 456.
8

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�Angela Schottenhammer

an entrepôt in the transpacific trade, but it was also part of intraAsian, and global European commercial networks. Against this
background, we also have to understand the various eighteenthcentury projects to make the Philippines more independent from
Spanish subsidies and Chinese imports and to promote, among
other plants, the cultivation of cacao.
The Role and Uses of Cacao in Pre-Columbian America: A
Brief Survey
The cacao plant (Theobroma cacao L.) or “food of the gods”, a name
given to it by Carl von Linné (latinised Carolus Linnaeus, 1707–
1778), the famous Swedish botanist and naturalist who laid the
foundations for biological binomial nomenclature, defining natural
genera and species of organisms to create a uniform system, is an
indigenous American plant. Cacao beans were highly valued in preColumbian times, not only for the production of chocolate but also
as means of circulation, or as money in other words. This alone bears
witness to the high value given to the plant by the indigenous Indian
population.
Five major districts of pre-Columbian cacao cultivation have
been recognized, the three most important of which, Soconusco (at
the Pacific coast in south Chiapas), Suchitepéquez, and Izalco, were
situated along the Pacific coast, corresponding to parts of modern
Chiapas (in Mexico), Guatemala and El Salvador.10
Pesach Lubinsky, Historical and Evolutionary Origins of Cultivated Vanilla, PhD dissertation, University of California Riverside, 2007, 19.
10

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In pre-Columbian America, drinking chocolate was
definitely a custom of the social elites. The daily consumption of
cacao at the court of Nezahualcóyotl (r. 1429–1472) in Texcoco
has been estimated at four xiquipiles, the equivalent of 32,000
cacao beans;11 one of the store-houses of Moctezuma (r. 1502/03–
1520) at the time of the conquest contained 4,000 loads of cacao
beans packed in bales so large that they could hardly be lifted by
six men.12
The Aztec herbal of 1552, Códice Badiano (also known
as Códice Martín de la Cruz; Códice de la Cruz-Badiano)
describes the tree, its fruit, and its various uses, especially for
medicinal purposes. In addition, cacao was obviously also used
as a dye: “Tlapal-cacauatl, cacao dye. Theobroma cacao.”13 The
Códice Badiano constitutes one of the earliest known documents
to mention cacao and vanilla (Vanilla planifolia; tlilxochitl), the
latter being used as an aromatic flavour to add to the chocolate
drink. The Códice Badiano also includes an image of “Cacauaxochitl”, the cacao flower, Theobroma cacao L. (Fig. 1).14
Henry Bruman, “The Culture History of Mexican Vanilla”, The Hispanic
American Historical Review 28:3 (1948), 360-376, 362, with reference to Fernando de Alva Ixtlilxochitl, Historia chichimeca (Mexico City: 1892), 168.
12
Ibid., with reference to Juan de Torquemada, Monarquia Indiana (Madrid:
1723), 3 vols., vol. I, 47.
13
See William Gates, An Aztec Herbal. The Classic Codex of 1552 (first published in Baltimore: The Maya Society, 1939; Dover edition, Bruce Byland:
2000), 317, with reference to *p. 68, 8-1.
14
William Gates, An Aztec Herbal, 74: Theobroma cacao L., Myrodia funebris
Benth.
11

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The root of the word ‘chocolate’ stems from the Nahuatl
cacaoatl, meaning ‘cacao water’, and xoco meaning ‘sour
water’,15 an indirect attestation to the fact that cacao and chocolate
as a drink were originally not sweet.
Cacao beans also circulated as money and played a major
role as an equivalent of value in contemporary society. The
price of cacao beans apparently remained high after the Spanish
conquest, but native trade and the wealth of the natives declined.
As a consequence, the use of chocolate as a beverage became even
more restricted.16 Although the growing of cacao was encouraged,
this was mainly because the beans continued to be used as a local
currency. Around the mid- to late-sixteenth century the prices of
cacao beans in Spanish America gradually fell,17 and the once
crucial role of cacao beans as currency consequently declined as
well.18
William Gates, An Aztec Herbal, 276.
Henry Bruman, “The Culture History of Mexican Vanilla”, 364.
17
This, according to Henry Bruman, can be deduced primarily from the following developments: first, a salary cut by order of the viceroy dated January
11, 1576 stated that henceforth the common labourers of Acatlin, near Atotonilco, were to be paid thirty cacao beans per day, instead of twenty; second,
a shift from payment in cacao to payment in silver – an order by the viceroy
dated August 1, 1580, states that the Indians tending the cacao orchards of Colima should in the future be paid in silver and not in cacao. See Henry Bruman,
“The Culture History of Mexican Vanilla”, 365, footnote 21, with reference to
AGNM, Ramo General de Parte, I, 108; and AGNM, Ramo General de Parte,
II, 216 v.
18
As the Franciscan friar Bernardino de Sahagún (1505?–1590) records,
the cacao beans were originally so valuable that people began to produce
counterfeit seeds to pass as money. The counterfeiters used items, such as
15
16

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�The Role of Cacao and Chocolate

To prepare their chocolate drink, the Mayas “fermented and
dried the cacao beans and then roasted them over fire. After removing
the shells, the beans were ground and crushed into a chocolate
paste.”19 Then, water20, chili and sometimes honey were added. The
Aztecs later added wine and cornmeal to the drink. In pre-Columbian
times, therefore, several spices were added to chocolate as a drink.
The cacao tree is described in various contemporary sources
of European missionaries, for example, by Bernardino de Sahagún
(1499–1590), a Franciscan friar and missionary active in New Spain:
“As far as the tree is concerned from which cacao is made, it
is called cacaoaquavitl, it has broad leaves, is cupped and of
medium size. The fruits it makes resemble maize cobs, or a
bit bigger: inside they contain the cacao beans; the outside is
purple and the inner part red or reddish. When it is fresh, if you
drink a lot, it makes one drunk, and if you drink it moderately,
it cools and refreshes.”
“amaranth seed dough, wax, (and) avocado pits” to falsify cacao beans. See
Historia general de las cosas de Nueva España, que en doce libros y dos
volúmenes escribió, el R. P. Fr. Bernardino de Sahagún, con notas y suplementos por Carlos Maria de Bustamente (México: Imprenta del Ciudadano
Alejandro Valdés, 1830), Capitulo XVIII, “De los que venden cacao, maíz y
frisóles Cacahuateros”, tomo III, 44, digital versión http://cdigital.dgb.uanl.
mx/la/1080012524_C/1080012525_T3/1080012525_MA.PDF.
19
“Cacao: Food of the Gods and their People”, in https://chocolateclass.
wordpress.com/2016/02/19/cacao-food-of-the-gods-and-their-people/
(accessed March 17, 2021).
20
As liquid as we drink chocolate today, 1 pound of chocolate requires 3,170
gallons of water. Courtesy of Gene Anderson, “Water: Sacred Trust or Resource to Waste”, in ‘Developing Mexican Food: Globalization Early On’, Krazy
Kioto, The Gene Anderson Webpage, October 10, 2016, http://www.krazykioti.com/2016/10/.
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�Angela Schottenhammer

A el árbol donde se hace el cacao llaman cacaoaquavitl, tiene
las ojas anchas, es acopado y mediano: el fruto que hace es
como mazorcas de maíz, ó poco mayores: tienen de dentro los
granos de cacao, por fuera es morado, y por la parte interior
encarnado ó vermejo: cuando es nuevo, si se bebe mucho
emborraça, y si se bebe templadamente refrigera y refresca.21

Gonzales Fernández de Oviedo y Valdés (1478–1557)22 provides
us with a detailed description of the tree, called cacao or cacaguat,
its properties, how the cacao beans are collected and how the cacao
mass was prepared by the natives. He tells us that “the Indians roast
almonds, like hazelnuts, very toasted, and then they grind them, and
because these people are friends to drinking human blood, in order to
make this beverage resembling blood, they put a little bit of bixa into
it, so that it finally becomes coloured: if the cacao is ground without
bixa, it is of a brownish colour.”
Fernández de Oviedo continues by explaining that it takes
five to six days to complete the process of obtaining a fine, wellground mass and adding a little water. Part of the mass is very
red because of the bixa they add; they paint their faces (cheeks,
moustache and nose) so that they look very muddy, before
carrying it to the market.23 This ‘bixa’, that is Bixa orellana L., or
Bernardino de Sahaghún, Historia general de las cosas de Nueva España
(Mexico City: 1938), 5 vols., vol. III, 237.
22
Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés (1478–1557), Historia General
y Natural de las Indias, islas y tierre-firme del mar océano (1851), Tomo l,
libro VIII. Cap. XXX, 318-319; electronic version provided by the Bayerische
Staatsbibliothek https://opacplus.bsb-muenchen.de/title/BV020799958.
23
Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, Historia general y natural de las
21

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�The Role of Cacao and Chocolate

annatto, is a small tree, the achiote tree, whose orange-red seeds
serves as a symbolic red colouring of the chocolate. The tree is
native to tropical regions from Mexico to Brazil.24 It is used by
the indigenous people for a variety of purposes, including as body
paint, insect repellent, a food colorant, inks, dyes, sunscreen,
soap additives and a fabric colorant, and reportedly was also for
medicinal purposes, to treat fevers or dysentery.25
The Spanish missionary S. J. José de Acosta (1540–1600)
reports in detail about the cacao tree and the use of cacao, with
spices and much chili, among the indigenous American Indians.
Meanwhile, he continues, the Spanish would also “die for this
black chocolate” (se muere por el negro chocolate). He also
mentions that cacao beans are used as a currency and as alms
for the poor and draws attention to its medical uses to treat chest
complaints, catarrh, and stomach-ache (dicen que es pectoral,
y para el estómago y contra el catarro).26 Acosta was the first
Indias, 318.
24
Annatto has been introduced over time to a large number of tropical areas
around the world, including Southeast Asia, South Asia, and the Philippines.
25
Entry “Bixa orellana”, Missouri Botanical Garden, https://www.missouribotanicalgarden.org/PlantFinder/PlantFinderDetails.aspx?kempercode=e852
(accessed March 24, 2021).
26
José de Acosta, (1540–1600), Historia Natural y Moral de las Indias,
en que se tratan las cosas notables del cielo, y elementos, metales, plantas y
animales dellas y los ritos, y ceremonias, leyes y gobierno, y guerras de los
indios. Compuesta por el Padre Ioseph de Acosta Religioso de la Compañía
de Iesus. Dirigida a la Serenissima Infanta Doña Isabella Clara Eugenia de
Austria (Impreso en Sevilla en casa Juan de Leon, 1590), Cap. 22, “Del Cacao,
y de la Coca”, 251.
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person to use the word ‘chocolate’, based on the Aztec word
‘choco(l)atl’.27
In Peruvian folk medicine, where coca also played a
central role, cacao and chocolate were introduced only in Spanish
times, in contrast to the Aztec food and healing tradition.28
The Gradual Path of Cacao to Become a Global Commodity
The popularity of hot chocolate in the New World increased
quickly in the 1580s, obviously beginning in the south and
gradually spreading north. “In the early seventeenth century it
became so extraordinarily popular in Chiapas and Guatemala that
its use became almost a vice”, Henry Bruman notes.29 Apparently,
‘Guatemalan women’ had invented the best and healthiest ways of
preparing chocolate.30 It was a path to success with some obstacles.
Interestingly, during the anti-Christian atmosphere in
China in the 1730s and 1740s, cacao and chocolate were also
officially condemned. It was argued that chocolate serves to
bewitch, to miscarry pregnant women, to sterilize women, to
Sabine Anagnostou, Jesuiten in Spanisch-Amerika als Übermittler von
heilkundlichem Wissen (Stuttgart: Wissenschaftliche Verlagsgesellschaft,
2000), 135.
28
Sabine Anagnostou, Jesuiten in Spanisch-Amerika, 134.
29
Henry Bruman, “The Culture History of Mexican Vanilla”, 366.
30
José Pardo-Tomás, “Natural knowledge and medical remedies in the book
of secrets: uses and appropriations in Juan de Cárdenas’ Problemas y secretos
maravillosos de las Indias (Mexico, 1591)”, in Sabine Anagnostou, Florike
Egmond, and Christoph Friedrich (eds.), A Passion for Plants: Materia Medica and Botany in Scientific Networks from the 16th to 18th Centuries (Stuttgart: Wissenschaftliche Verlagsgesellschaft, 2011), 93-108, 105.
27

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�The Role of Cacao and Chocolate

promote lascivia31, that the foreign missionaries used it to enchant
and deceive people, but especially to prevent women from
conceiving– a major concern in the contemporary world.32 And it
was not uncommon for chocolate to be confiscated at customs.33
Nevertheless, Chinese merchants, as we will see, actively
contributed to the success story of cacao and chocolate.
Chocolate – A vice for Christians?
The growing popularity of chocolate is also demonstrated by
a widespread dispute as to whether the use of hot chocolate
was permissible during Lent, as discussed, for example, by the
Mexican physician Juan de Cárdenas (1563–1609).34
The Jesuits favoured liquid chocolate because it could serve
as a substitute for solid food during Lent,35 an opinion that caused
quite some controversies in the religious order. Francisco de Otazo
José Maria González O. P., Misiones Dominicanas en China (1700–1750),
2 vols. [Biblioteca «Missionalia Hispanica» Publicada por el Instituto Santo
Toribo de Mogrovejo], vol. IX (Madrid :1958), vol. 2, 432.
32
José Maria González O. P., Misiones Dominicanas en China, vol. 2, 145.
The interest in the fertility of women appears as a global phenomenon of the
time that we observe as well in other world regions.
33
José Maria González O. P., Misiones Dominicanas en China, vol. 2, 327,
399. I will discuss this aspect in more detail in a forthcoming article.
34
Juan de Cárdenas, Problemas y secretos maravillosos de las Indias (2nd
ed., Mexico City, 1913).
35
“Does one break the law of fasting by drinking chocolate? No; for according to the common opinion of theologians, chocolate (if not compounded with
corn flour or similar solid foods) is a liquid, and liquids do not break the fast”.
H. de la Costa, S.J., Jesuits in the Philippines (Cambridge, Mass.: Harvard
University Press, 1961), 356.
31

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and Valerio de Ledesma (both fl. late 16th century), for example,
were alarmed about the growing custom of drinking chocolate and
told the Superior General Claudio Acquaviva (1543–1615) that
many take poor health and illness “as an excuse for introducing the
drinking of chocolate into this province, and it seems that once a
person has begun to indulge in it, he can no longer live without it.”36
Chocolate was considered so dangerous as to have the potential
to destroy the Society of Jesus, being also a danger to chastity
and a violation of the rule of evangelical poverty. Acquaviva had
therefore first forbidden chocolate in Jesuit houses except as a
medicine. We encounter various stories about ordinary individuals
as well as priests being condemned for consuming chocolate.
Inquisition documents attest to the fact that these rules were also
strictly observed and enforced in the Philippine Archipelago.
Nicolas de Campos, senior clerk of the Province of Pangasinan, aged twenty-six, reported and complained about an event
in the village of Lingayen, Pangasinan, in order to relieve his conscience: Don Lorenzo Bravo de Cuellár, mayor of this province,
had offered some chocolate to another individual on the festival
day of San Francisco de Asis (5 October 1637) and consequently
violated the Law, as people were expected to fast on this Christian
holiday.37 And chocolate was simply considered too nutritious as
a food, which would consequently violate the rule to fast.
H. de la Costa, S.J., Jesuits in the Philippines, 248-249.
Archivo General de la Nación (AGNM, Mexico City), Inquisición, Tomo
384, 353r-354r.
36
37

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�The Role of Cacao and Chocolate

In another case, in the afternoon of 11 March 1651, a
woman called, María de Jesús, aged sixty-nine, appeared before
Fray Francisco de Paula of the Inquisition Office of Manila without
being judicially summoned, reportedly to relieve her conscience.
She reported that approximately nine months previously, on a
Christian holiday, obviously during Easter, Don Feelipe de Baeza,
a priest, observed Doña Jusepa de la Roca until late at night, and
she, María, had heard Don Felipe de Baeza ask Doña María de
Montenegro, her cousin, to provide him with some chocolate.
Doña María de Montenegro told him that she would give him
some chocolate, were he not having to hold the Holy Mass (y le
dixo, que sino que habia decir la Missa, le darían chocolate).38
He thereupon responded that he did not have to hold the Mass,
and using this argument asked again to be given some chocolate.
Then, the following day, another priest, Don Pedro Navarro,
resident of Manila, came to the house of this witness and said
that Don Feelipe de Baeza had held the Mass in the Capilla Real,
and that he had heard that Doña María de Montenegro had stated
that this could not have been Don Feelipe de Baeza because
he had drunk chocolate after midnight that day. Then another
witness, a servant of his, was asked to confirm this, but this male
servant said that Don Feelipe de Baeza had in fact offered the
Mass that day. Thereupon, because Doña María de Montenegro
AGNM, Inquisición, Tomo 442, 379r. I want to thank David Max Findley
from the Max Planck Institute for the Science of Human History for bringing
these sources from the Inquisition to my attention.
38

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�Angela Schottenhammer

had not personally seen the priest drinking chocolate, she called
a slave-servant called Pascuala, and asked her if she had seen
the priest drinking chocolate, which the servant confirmed. Don
Pedro Navarro thereupon approached Don Feelipe de Baeza and
asked if he had drunk chocolate that day after midnight, but the
latter said he could not recall having done this.39 Just the details
recorded above are enough to show as how serious the drinking
of chocolate was taken, especially when fasting, holding the Holy
Mass, or on Christian holidays.
Nonetheless the custom of drinking chocolate finally
spread among Christians as well, although restrictions remained,
as various documents from the Inquisition demonstrate. Other
interesting cases include the use of chocolate in the field of
sorcery and esoterism (December 1626). A women called Catalina
Delgadin, married to a certain Juan Rodriguez Moreno, aged
twenty-seven, appeared before Fray Francisco de Herrero (de la
Orden de Santo Domingo), and reported the following in order
to relieve her conscience: roughly two years ago she had been
talking with one of her close friends (una comadre suya) named
María de la Parra, who told her that she was looking for a remedy
so that a man would love her well. She was told take some groundup worms that light up when flying (‘lamplighters’?) so that they
The whole story is in detail recorded over various pages, providing the entire
discussion in the Inquisition. AGNM, Inquisición Tomo 442, 379r et seq. GD61
Inquisición, vol. 369, exp. 17, fol. 25, Zacatecas (“por tomar chocolate antes de
comulgar”), that is for taking chocolate before receiving the communion.
39

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�The Role of Cacao and Chocolate

shed light during the night and mix it into chocolate. This would
make the man die for the woman (son buenos para que el hombre
se muera por la mujer).40 In addition, various documents from the
legajos or Inquisition records report cases of women mixing their
menstrual blood with chocolate and giving it to their husbands
or friends to drink.41 Obviously, these ‘recipes’ were intended to
provide men with more energy and potence.
But even the most conservative fathers were eventually
convinced that this originally Mexican drink, which was relatively
inexpensive, in no way did any harm to the Christian faith. In
1644, Cardinal Francesco M. Brancaccio (1592–1675) finally put
an end to the discussion in favour of chocolate.42
AGNM, Inquisición, Tomo 355, microfiche, no pagination available. She
also reported that about eight years ago, when she was in Mexico in the house
of her father, she asked a mulatta named Francisca to provide her with some
‘poyomate’ herbs which served to want well” (que la diessa unas hierbas poyomate que servían para querer bien) that she then carried around her neck,
other herbs she had to drink. The information that such practices originally
stemmed obviously from a Mexican mulatta may attest to the general idea that
mulattas played a major role in premodern sorcery and esoterism.
41
Most cases I could find stem from the AGNM and are related to cases
in Mexico. GD61 Inquisición, vol. 339, exp. 89, fol. 8 (1621), Guadalajara
(“Contra Isabel, esclava, por usar un dedo ahorcado y echar menstruación en
el chocolate para darla a beber”); GD61 Inquisición, vol. 339, exp. 89, fol. 59
(1621), Guadalajara (“por dar beber en el chocolate la sangre de su periodo a
sus amigos”); GD61 Inquisición, vol. 356, exp. 46, fol. 78 (1626), Tehuacán
(“por usar de unos polvos y echar menstruo en el chocolate de su marido”);
GD61 Inquisición, vol. 356, exp. 78, fol. 115 (1626), Tepeaca (“por haber dado
el menstruo en chocolate a su marido”); GD61 Inquisición, vol. 363, exp. 30,
fol. 15 (1629), Zacatecas (“daba a beber menstruo en chocolate”).
42
Martin Gimm, Henkama, Väterchen Heng: ‘Ein Mediator zwischen Kaiser
40

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�Angela Schottenhammer

Dominicans in the Philippines were still strictly forbidden
to drink chocolate in 1686. But chocolate soon became so cheap
and generally used that it was considered a necessity and no
longer a delicacy.43 By the end of the seventeenth century,
“chocolate had become a standard breakfast food on Jesuit
tables in Spain and the Indies.”44 This is also attested to by a
manuscript preserved in the Archivum romanum Societatis Iesu.
In 1690, Alejo López, Jesuit procurator for the Philippines,
suggested that the ban against chocolate should either be made
less strict or abolished entirely, as everybody, regardless of social
status consumed, chocolate and the Jesuits could not simply
make a scandal out of it. It had also become very inexpensive.
In fact, “cacao was so plentiful in the Ilog mission on the island
of Negros that it could be had for nothing. Finally, it was the
most convenient breakfast so far discovered, especially for busy
Kangxi und den Jesuitenmissionaren in der Epoche des Ritenstreites‘ im 18.
Jahrhundert“, Monumenta Serica 64:1 (2016), 101-136, 116, with reference
to Jacques Mercier, La tentation du chocolat, German translation, Die Versuchung der Schokolade (Brüssel: Racine, o.J.), 107-109.
43
Emma Helen Blair and James Alexander Robertson (eds.), The Philippine
Islands, 1493–1803: explorations by early navigators, descriptions of the islands and their peoples, their history and records of the Catholic missions,
as related in contemporaneous books and manuscripts, showing the political,
economic, commercial and religious conditions of those islands from their earliest relations with European nations to the beginning of the nineteenth century
(Cleveland, Ohio: The A. H. Clark company, 1903-09), vol. 47, 218-219.
44
H. de la Costa, S.J., Jesuits in the Philippines, 249, with reference to Antonio Astraín, Historia de la Compañía de Jesús en la asistencia de España
(Madrid: 1912-1925), 7 vols., vol. 5, 319-320.
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�The Role of Cacao and Chocolate

missionaries substantial enough to last one until lunch, and yet
not so heavy on the stomach as rice.”45
Changing Preparation Methods of Drinking Chocolate
When the Spanish first came into contact with the ‘Indian way’
of drinking chocolate, they were far from convinced. In the first
part of the article, we have already seen that drinks containing
cacao were originally considered to be “a better fit for pigs than
for men.”46 Experimenting with recipes, these were soon altered
and simplified. Sugar was added to get rid of the slightly bitter
taste. In the late sixteenth century, the beverage gradually gained
ever greater popularity, especially when flavoured with vanilla
and cinnamon.47 The growing habit of drinking chocolate, among
Europeans at least, consequently also fostered the demand for
vanilla and cinnamon as well as sugar as for flavoring, while the
natives preferred to drink it with chili, maize, or achiote. Like the
best quality cacao, vanilla was also cultivated on Guatemala’s
H. de la Costa, S.J., Jesuits in the Philippines, 512, with reference to Archivum romanum Societatis Iesu, Section Philippinarum, vol. 12, 136.
46
Girolamo Benzoni (1519–1570), La Historia del Mondo Nuevo (Venice:
Appresso Francesco Rampazetto, 1565), 103, quoted by Murdo J. MacLeod,
Spanish Central America. A Socioeconomic History, 1520–1720 [Teresa Lozano Long Institute of Latin American Studies] (Austin: University of Texas
Press, 2008), 70. “Porcorum ea verius colluvies quam hominum potio”.
47
This new recipe of adding sugar, vanilla, cinnamon or anis to the chocolate
drink is traced back to the invention of nuns from the Convent of Guanaca, located in either Guatemala or Colombia. See José García Payón, Julio Monreal,
Amaxocoatl: o Libro del chocolate (Toluca, México: Tip. Escuela de Artes,
1936), 42.
45

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�Angela Schottenhammer

Pacific coast48 and may have reached the Philippines for the first
time around the same time as cacao or somewhat later.49 Vanilla
from Guatemala is mentioned in P. Fr. Manual Blanco’s (1778–
1845) and P. Fr. Ignacio Mercado’s, Flora de Filipinas (1837)50,
implying that “it could well have been facilitated by the 300year Manila Galleon trade between Acapulco and Manila from
the mid-sixteenth to mid-nineteenth centuries”.51 As we will see
below, vanilla was definitely shipped to Manila as early as 1714.
Interestingly, the two vanilla endemics in the Philippines, Vanilla
ovalis and Vanilla calopogan, are non-aromatic.52
Apart from added ingredients like cinnamon and sugar,
the final taste also depended on the specific beans and on where
the cacao trees grew. “Criollo” cacao beans from Guatemala are
smooth and mild, while the “Forastero” varieties, Guayaquil
Murdo J. MacLeod, Spanish Central America, 252.
“Los registros históricos nos cuentan que la vainilla (que no es nativa de
Filipinas) fue introducida con anterioridad en esa región mediante el comercio
de los galeones de Manila, desde América, y específicamente desde Guatemala.” See Botánica La Famosa Vainilla Tahitiana Procede de Guatemala 22
de septiembre de 2008, https://www.amazings.com/ciencia/noticias/220908e.
html (accessed on February 27, 2021).
50
P. Fr. Manual Blanco’s (1778–1845) and P. Fr. Ignacio Mercado’s, Flora
de Filipinas. Adicionada con el manuscrito inédito del P. Fr. Ignacio Mercado,
las obras del P. Fr. Antonio Llanos, y de un apéndice con todas las nuevas
investigaciones botánicas referentes al Archipiélago Filipino. Gran edición,
hecha a expensas de la Provincia de Augustinos calzados de Filipinas bajo la
dirección científica del P. Fr. Andrés Naves (Manila: Establecimiento Tipográfica, 1877), 4 vols., vol. 3, 42-43.
51
Pesach Lubinsky, Historical and Evolutionary Origins of Cultivated Vanilla, 113.
52
Ibid.
48
49

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�The Role of Cacao and Chocolate

cacao especially, were often described as bitter, repugnant and
even poisonous, as Murdo J. MacLeod explains.53 Indigenous
populations in Central America had been accustomed to drinking
patlaxtli, a wild cacao, when no other was to be had and therefore
did not really have a problem with drinking the bitter tasting
Guayaquil cacao. “When cacao from Venezuela began to be
exported to Europe in large quantities in the 1630s, Creole and
European tastes became more eclectic, but until the end of the
century Guayaquil cacao tended to be cheaper and drunk by
Indians, while Guatemalan and Soconusco cacao was more
appreciated by Spaniards.”54 Venezuela produced some of the
highest quality cacao worldwide, with rich and round flavours,
from earthy, nutty to fruity.
The taste for drinking chocolate with lots of sugar and
cinnamon was also propagated by the French, who actually
discarded all other flavours except for cinnamon and vanilla.55
The English, on the other hand, did not appreciate the taste
and value of cacao for quite some time. Once, obviously in the
late sixteenth century and recorded by the Dominican friar and
traveller Thomas Gage (ca. 1603–1656), when the English had
Murdo J. MacLeod, Spanish Central America, 241.
Murdo J. MacLeod, Spanish Central America, 241-242.
55
Henry Bruman, “The Culture History of Mexican Vanilla”, 367, with reference to Pierre Pomet, Le marchand sincere, ou trait general des drogues
simples et composes (Paris: 1695), 206-208. Bruman also stresses that Pomet
speaks of both cinnamon and vanilla and that the idea of using either cinnamon
or vanilla, of chocolate ‘a la española’ vs. chocolate ‘a la francesa’, in other
words, may have been a development of the eighteenth century.
53
54

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�Angela Schottenhammer

captured a ship loaded with cacao, unaware of its value, they
threw the entire cargo overboard into the sea.56 This story is also
recorded by S. J. José de Acosta, who mentions that an English
corsair burnt an entire cargo in the port of Huatulco.57 Huatulco
was a major depot for the cacao trade between the producing area
of Sonsonate and the trading outlet at Acajutla and New Spain.58
In the seventeenth century, chocolate in the Philippines
was prepared by hand by artisans, who received 12 reals and
about half a gallon of wine “for preparing each day the portion of
chocolate from sixteen libras of dear cacao.” The chocolate thus
prepared and sold was called “health chocolate”.59
“The rule for making chocolate is to take ten libras of
cacao, ten of sugar, and eight onzas of cinnamon, or even less, and
on account of the waste it is computed that the result will be twenty
libras net.”60 Partly because of the added cinnamon, it remained a
Mariano de Cárcer y Disdier, Apuntes para la historia de la transculturación indo-española (Segunda edición, México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 1995), Libro II, 352,
with reference to Fr. Tomás Gage, Los Viajes de Tomás Gage a la Nueva España, sus diversas aventuras y su vuelta por la provincia de Nicaragua hasta
La Habana, con la descripción de la Ciudad de México. Prólogo de Artemio
de Valle-Arizpe (Ediciones Xóchitl México: 1947).
57
S. J. José de Acosta, “Del Cacao, y de la Coca”, 251.
58
Woodrow Borah, “Early Colonial Trade and Navigation Between Mexico
and Peru”, Ibero-Americana 38 (1954), 1-170, 24.
59
Emma Helen Blair and James Alexander Robertson (eds.), The Philippine
Islands, 1493–1803, The Philippine islands, vol. 47, 274 (footnote 13, resp.
page 285 in the online version).
60
Emma Helen Blair and James Alexander Robertson (eds.), The Philippine
Islands, 1493–1803, The Philippine islands, vol. 47, 273-274.
56

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�The Role of Cacao and Chocolate

luxury drink that was initially only consumed by the social elites.
When still in the late eighteenth century a certain Don Nicolas
Norton Nicols, originally an Englishman who became a naturalized
Spaniard living in Manila, states that if cinnamon should become
cheap, much chocolate would be consumed by the poor.61 This
suggests that it was rather the price of cinnamon than of chocolate
that made the beverage unaffordable for the lower classes in society.
In a memorandum describing the commerce of the
Philippine Islands and the advantages they could yield for
His Majesty (1759) King Carlos III (r. 1759–1788), its author,
Don Nicolas Norton Nicols discusses, among other things, the
economic use of cinnamon. Cinnamon came to be an important
component in the preparation of chocolate in early modern times.
Norton Nicols states, for example: “This is what I have learned
from the experiment with a quantity of chocolate which I have
ordered to be made in my own house at Manila; this product
has been greatly liked by the ladies, and by people of taste and
understanding, in the said city.”62 And he suggests that cinnamon
be systematically cultivated in the Spanish Philippines: “No one
is ignorant of the vast amount of silver which goes every year
from España to the Dutch for the supply of cinnamon, for it is not
less than many millions of pesos duros each year, as they have
Emma Helen Blair and James Alexander Robertson (eds.), The Philippine
Islands, 1493–1803, The Philippine islands, vol. 47, 269.
62
Emma Helen Blair and James Alexander Robertson (eds.), The Philippine
Islands, 1493–1803, vol. 47, 264.
61

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�Angela Schottenhammer

estimated; but I affirm that this is because they [i.e., the Spaniards]
are willing to let the silver go out [of the country]…. It is well
known that España consumes more cinnamon than all the other
nations; can there, then, be greater folly? In order (as I suppose)
to humor the Dutch, España leaves unused the cinnamon which
she has in her own house, in order to buy it from those enemies
and the destroyers of the holy faith in those countries.”63
Still some years later, in 1771, the Philippine governor,
José Vasco y Vargas, in fact suggested the large-scale cultivation
of, among other products, sugar cane, cacao, and cinnamon.64
Cinnamon’s history as a commercial crop in the Philippines can
be traced back to the 1560s. There are basically three different
species: Cinnamomum cebuense Kosterm, Cinnamomum
“Commerce of the Philipinas Islands; the benefit and advantages which the
said islands ought to yield to his Majesty (whom may God preserve)”, in The
Philippine Islands, vol. 47, 254-281, here 261-262.
64
Reyna María Pacheco Olivera, Análisis del intercambio de plantas, 23.
Cinnamon from Ceylon was shipped to the Philippines and New Spain. In
1785, the galleon San Carlos, voyaging from Acapulco to Manila, carried cinnamon water (aguas de canela). The galleons La Sacra Familia (1719), Nuestra Señora de la Portería (1758), Galeón Santísima Trinidad (1761), Nuestra
Señor del Rosario (1762), carried cinnamon as cargo on board. The San Joseph
(1768) had cinnamon syrup, two other not identified galleons (1780) carried
cinnamon water and powder, another galleon (1782) cinnamon oil, and the
galleon San Andrés (1787) cinnamon water. See Pacheco Olivera, Análisis del
intercambio de plantas, 63. In 1724, the San Francisco de Paula, proceeding
from Mexico to Paita, had ‘Chinese cinnamon’ on board (canela de China),
in 1748 the San José y San Antonio, proceeding from Mexico to Realajo-El
Callao in Peru, carried pepper, cinnamon, estoraque and Chinese clothes. See
Mariano A. Bonialian, El Pacífico hispanoamericano, 302-303.
63

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�The Role of Cacao and Chocolate

mercadoi S. Vidal, and Cinnamomum mindanaense Elmer. When
the Spanish first conquered the islands, they considered cinnamon
“the only product of the islands which can be made profitable to
the Spaniards”.65 From Legazpi’s time, cinnamon was shipped to
New Spain and Spain.66 But it was also re-exported, for example
from Sri Lanka, from where the best quality cinnamon in the world
originates. As Guillermo Ruiz-Stovel has shown, cinnamon made
up the majority of the Manila’s import market around the 1740s.67
As Maria Lourdes Díaz-Trechuelo has emphasized, at the
time when Don Nicolas Norton Nicols was writing, the Spanish
were estimated to be consuming around 16 million pounds of
chocolate annually, “in the preparation of which 400,000 pounds
of cinnamon were necessary. At 58 rials vellón the pound, this
meant 23,200,000 rials worth of cinnamon imports a year, a
considerable sum for that period.”68

This is mentioned in a letter from Legazpi (dated 1 July 1569), cited
in Emma Helen Blair and James Alexander Robertson (eds.), The Philippine Islands, 1493–1803, vol. 3, 6, online https://www.gutenberg.org/cache/
epub/13616/pg13616-images.html. See also vol. 3, 35, 42, 43, 147, 148, 170,
175, 271.
66
In July 1568, the capitana San Pablo, for example, caried “than four hundred quintals of cinnamon for your Majesty”, Emma Helen Blair and James
Alexander Robertson (eds.), The Philippine Islands, 1493–1803, vol. 3, 18,
see also p. 22, 162 (shoots of cinnamon and pepper trees were sent), 171, 191,
222, 251, 258.
67
Guillermo Ruiz-Stovel, Chinese Shipping and Merchant Networks, 455.
68
Maria Lourdes Díaz-Trechuelo, “Philippine Economic Development
Plans, Philippine Studies 12:2 (1964), 203-231, 211.
65

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�Angela Schottenhammer

Spanish Measures to Promote Cacao Cultivation in New Spain
Against this background, the Spanish soon recognised the high
economic potential of cacao. A first step was to oblige the natives to
pay their tribute in the form of cacao.69 Originally, Soconusco and
southwestern Guatemala developed as major source regions for cacao
paid as tribute by the indigenous population, and they too become
important vanilla-producing areas in the colonial period, as did parts
of Oaxaca and Michoacán.70 Next to Guatemala, Soconusco cacao
was generally considered to be one of the best available.
As Julio Castellanos Cambranes explains, cacao had
the advantage that no initial capital investment was required, as
there already existed various plantations in this region when the
Spanish arrived.71 Starting in the 1540s the Spanish started to
develop local plantations, also called cacaotales, in commercial
centres. Acosta, as we have briefly mentioned above, describes
some of the conditions of local cacao cultivation in his Historia
Natural y Moral de las Indias. In order to protect the trees from
the burning sun, the locals plant another tree which only serves to
provide shade. This tree is called “mother of the cacao”, and in the
cacaotales the trees are cultivated like grapevines in vineyards or
olive trees in the olive cultivations in Spain. He also mentions
Murdo J. MacLeod, Spanish Central America, provides excellent surveys
on what is happening in different central American regions.
70
Henry Bruman, “The Culture History of Mexican Vanilla”, 363.
71
Julio Castellanos Cambranes, Introducción a la Historia Agraria de Guatemala – 1500–1900 – (Guatemala: Serviprensa Centroamericana, 1986), 126.
69

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�The Role of Cacao and Chocolate

Guatemala as the province that was cultivating most of the cacao
trees in so-called “cacaotales”.72
In the mid-sixteenth century, no less than 3,000
merchants were active in these productive zones. Approximately
50,000 cargas (1 carga [load] = 50 libras [pounds] containing
approximately 24,000 beans) with a value of 400,000 pesos in
gold were exported annually around the mid-sixteenth century.73
But the cacao plant required lots of care and investment
in labour throughout the entire year.74 In addition, the plants
were extremely susceptible to natural disasters and hurricanes.75
Josef de Acosta, Historia Natural y Moral de las Indias. Edición crítica de
Fermín del Pino-Díaz [De Acá y de Allá. Fuentes Etnográficas] (Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2008), libro V, cap. 22, 125: El
árbol donde se da esta fruta es mediano y bien hecho, y tiene hermosa copa: es
tan delicado que para guardarle del sol – no le queme – ponen junto a él otro
árbol grande que sólo sirve de hacelle* sombra, y a éste llaman «la madre del
cacao». Hay beneficio de cacaotales donde se crían, como viñas u olivares en
España, por el trato y mercancía: la provincia que más abunda es la de Guatemala. Paulina Machuca also draws our attention to the binom of ‘cacao-coco’,
Theobroma cacao and Cocos nucifera. Paulina Machuca, El Vino de Cocos en
la Nueva España: Historia de una Transculturación en el Siglo XVII (Zamora,
Michoacán: El Colegio de Michoacán, 2018), 98.
73
Julio Castellanos Cambranes, Introducción a la Historia Agraria de Guatemala, 127.
74
Julio Castellanos Cambranes, Introducción a la Historia Agraria de Guatemala, 126.
75
The “understaffed and aging cacao groves of Soconusco were particularly
susceptible to the effects of natural disasters. Hurricanes in 1641 and in 1659
further reduced many of the surviving plantations, and if it had not been for the
rising demands for high quality cacao among the upper classes in both New
Spain and Europe during the second half of the seventeenth century, there is
no doubt that the cacaotales in Soconusco would have disappeared”. Murdo J.
72

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�Angela Schottenhammer

Many local cacao planters (cacaotales) eventually only survived
because of the continuously rising demand for high-quality cacao,
which prompted new investments.76
In addition to environmental issues, labour shortages
as well as exploitation and over-taxation particularly affected
smaller plantations.77 In 1571, for example, the number of tributepaying indigenous Indios in Soconusco had decreased from
30,000 at the time of the conquista to some 2,000. Consequently,
the cultivation and output of cacao also decreased significantly,
in 1571 just reaching about 400 cargas.78 Manuel Rubio Sánchez
claims that cacao production in Guatemala, for example, fell from
approximately 150,000 cargas in 1600 to only 25,000 in 1700.79
MacLeod, Spanish Central America, 238.
76
Murdo J. MacLeod, Spanish Central America, 237-238.
77
With increasing exploitation of the natives by the Spanish, as the former
could no longer invest enough time the cultivation of cacao, many passed
away through exploitation, and, in addition, they had to pay incredibly high
tributes. Julio Castellanos Cambranes, Introducción a la Historia Agraria de
Guatemala, 126-127. The mayor of Suchitepéquez in 1602/03 is said to have
extorted 15,000 ‘silver pennies’ (tostones; 1 tostón was a coin with a value of
half a peso) from the province of Zapotitlán to buy 1,000 cargas of cacao, each
carga having a value of 50 to 60 silver pennies, which he finally sent to Mexico, making a big fortune. Op.cit., 240, with reference to “Cartas del Obispo de
Guatemala Fray Juan Ramírez de Arellano O.P., al Rey de España”, Guatemala
3.II.1603, included in the appendix to his book, Documentos Para la Historia
Agraria de Guatemala. While a nativewho hires another person, provides him
with two meals and cacao beverage per day, the Spanish, the bishop records,
do not provide the locals they hire with any food or drinks at all. Op.cit., 227.
78
Julio Castellanos Cambranes, Introducción a la Historia Agraria de Guatemala, 127.
79
Manuel Rubio Sánchez, “El Cacao”, Anales de la Sociedad de Geografía
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�The Role of Cacao and Chocolate

But the local cacao fields survived, despite the competition from
other places, such as Guayaquil, Caracas or Maracaibo. Following
Murdo J. MacLeod, this should be traced back to Guatemala’s
relatively protected geographical position (as the produce could
also be sent to Mexico by land), to local custom and tradition, and
to the smooth and mild quality of Guatemalan cacao (in contrast
to the bitter cacao from Guayaquil), but especially to the steadily
increasing demand.80
MacLeod also notes that the inability of Spain to provide
the New World with sufficient quantities of wine might have
prompted “Spaniards to turn reluctantly to chocolate”.81 Account
should also be taken of the fact that local and royal decrees added
specific bans on Guayaquil cacao in both Guatemala and Mexico
in the seventeenth and early eighteenth centuries, though they
were frequently not very effective. Although by the 1680s the
Guatemalan cacao industry had decreased significantly,82 even
in the later eighteenth century the cacao from Suchitepéquez,
Guatemala, was being described as “so excellent in quality as to
be preferred by many to that which is produced in Soconusco.”83
e Historia (Guatemala) 31 (1958), 81-129, 88-90, 102-103.
80
Murdo J. MacLeod, Spanish Central America, 241-242.
81
Murdo J. MacLeod, Spanish Central America, 242.
82
Murdo J. MacLeod, Spanish Central America, 244.
83
Domingo Juarros and John Bailey, A statistical and commercial history
of the Kingdom of Guatemala in Spanish America... : with an account of its
conquest by the Spaniards and a narrative of the principal events down to the
present time translated by J. Baily (London: J. Hearne, 1823), 22.
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In 1682, Basil Ringrose (ca. 1653–1683), an English
buccaneer, navigator and geographer who also left us a travel
account, speaks of the coast around the port of Sonsonate, with
“the land and Valley of Salvador open where stands a small towne
called Guaymoco, has a chief commodity, namely “Cocao”.84 He
also describes the “towne of Amapall” in the Gulf of Fonceca
as consisting of 100 houses and with a “greate Traffick for
its Cocao”.85 Interestingly, describing a cape called Cavo de
Mendocino (located along the northern Californian coast, north
even of modern San Francisco), Ringrose mentions “a small
village of Indians” there “who have Cocao walks”, possibly an
avenue bordered by cocoa trees?86 These “Cocao walks” also
appear in his description of a “hill called Xalisco” (Monte San
Juan in the region of Jalisco, Mexico), close to the island of
Maxantelba. As both locations are actually located quite far north
for cocoa trees, Derke Howse and Norman Thrower suppose
that Ringrose might have meant coconut trees,87 but this remains
unclear. Also the coasts around the port of Navidad, where the
A Buccaneer’s Atlas: Basil Ringrose’s South Sea Waggoner. A Sea Atlas
and Sailing Directions of the Pacific Coast of the Americas 1682. Edited by
Derek Howse and Norman J. W. Thrower. With special contribution by Tony
A. Cimolino. Foreword by David B. Quinn (Berkeley, Los Angeles, Oxford:
University of California Press, 1992), 88.
85
A Buccaneer’s Atlas: Basil Ringrose’s South Sea Waggoner, 92.
86
A Buccaneer’s Atlas: Basil Ringrose’s South Sea Waggoner, 50.
87
A Buccaneer’s Atlas: Basil Ringrose’s South Sea Waggoner, 50, note 4, 60.
Also Isla del Caño, off the Western coast of modern Costa Rica, is described as
having a great number of cacao trees (see p. 109).
84

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�The Role of Cacao and Chocolate

Spanish built ships, the biggest of the South Seas fleet and where
they “built the first that ever sailed for the East Indias from this
part of the world” are full of “Cocao walks and Stantions”.88
The American, Atlantic and even the Pacific trade reflect
the increasing focus on cacao from Guayaquil. Although it tasted
more bitter, it was much cheaper and gradually replaced the highquality cacao from Guatemala. In order to be able to sell cacao
more cheaply and to make more profit, it is little wonder that we
also encounter various forms of adulteration. Among foodstuffs
used in the context were wheat and rice flour; ground lentils, peas,
beans, or maize; potato starch, dextrin, olive oil, tweed almond
oil, egg yolk, tallow of veal and mutton, storax, chestnut flour,
and gum tragacanth (a mixture of polysaccharides obtained from
sap that is drained from the root of the plant and dried). But we
also encounter chemical substances, such as cinnabar, red oxide
of mercury, red lead, and lime carbonate.89
Cacao as Cargo of Galleons Crossing the Pacific Ocean
Although chocolate and cacao were not only shipped less
frequently but also in significantly lower quantities especially
in comparison to all the silks and ceramics, they nevertheless
constituted an important part of transpacific exchanges, less in
terms of quantity than in terms of cross-cultural exchanges and
A Buccaneer’s Atlas: Basil Ringrose’s South Sea Waggoner, 60.
Emma Helen Blair and James Alexander Robertson (eds.), The Philippine
Islands, 1493–1803, vol. 47, 274.

88
89

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�Angela Schottenhammer

transfers of knowledge and food cultures. Generally speaking,
cargo records reporting about cacao as a cargo of Manila galleons
in Spanish documents are not overabundant, the information we
possess stems mostly from the eighteenth century. But we can
nevertheless get an idea of cacao shipments. We also need to
consider that cacao crossed the Pacific as part of the galleon’s
provisions, which means that it was not recorded in cargo
lists. Further insights are provided by additionally consulting
manuscripts and descriptions in other languages, such as Dutch,
English, French, or Portuguese.
On a journey in the early eighteenth century, Woodes Rogers
(1679–1732) mentions cacao being loaded on board, together with
water, in Guayaquil. He speaks of “some assets of water and 24
packs of cacao” (sommige baten water / 24 pakken cacao).90 Cacao
from Guayaquil is here described as particular cheap.91
The French diplomat to Siam, Simon de la Loubère (1642–
1729), led an embassy to Siam in 1687 and left us a description
Woodes Rogers (1679–1732), Nieuwe reize naa de Zuidzee, vandaar naar
Oost-Indien, en verder rondom de Wereld. Begonnen in 1708, en geëyndigd
in 1711. Inhoudende een Dagregister van zeer aanmerkenswaardige voorvallen, waaronder het veroveren van de Steden Puna en Gujaquil, en het schip
van Acapulco, en andere pryzen, enz. Gedaan onder het bestier van William
Dampier. In ’t Engels beschreven door Woodes Rogers, Kommandeur en Chef
van de schepen de Hertog en Hertoginne van Bristol. Vertaald door P. C. met
naauwkeruige Kaarten en Konstplaten verciert (Amsterdam: Oosterwyk en
van de Gaete, 1715), 166; online version of the Digital Library Münchener Digitalisierungszentrum, https://www.digitale-sammlungen.de/en/view/
bsb11298435?page=200,201&amp;q=cacao (accessed on 19 March, 2022).
91
Ibid., 172.
90

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�The Role of Cacao and Chocolate

of his impressions, Du Royaume de Siam, published in 1693. He
reports that in the late seventeenth century cacao and chocolate
were already being exported from Manila to Siam, and he also
confirms that it is first shipped from Spanish America: “(T)he
Portuguese do drink Chocolate, when it comes to them from
Manille, the chief of the Philippines, where it is brought from the
Spanish West-Indies.”92
The “Summary of the cargo of the galleon Nuestra
Señora de Begoña” (1714) on its return voyage to the Philippines
shows the shipment of cocoa, vanilla, and achiote (annatto; Bixa
Orellana) to the Philippines:93
“Derechos que se causaren de los generos y frutos y regalos q
se remiten a las Islas Philipinas en el tornaviaje de mandaba
a su Mrd. mando se haga información de los precios que oy
tienen los gen. siguientes:
Cajones de regalo de chocolate y cafetas
Medios caxones dichos
Tinajas de vino
Botijas de azeite
Tercios de cacao de la costa de a dos cargas
Monsieur Simon de De La Loubère (1642–1729), A new historical relation of the kingdom of Siam; done out of French, by A.P. Gen. R.S.S. La
Loubère, Simon de, 1642–1729., A. P, Chapter IX, “Of the Gardens of the Siameses, and occasionally of their Liquors”, 23, online https://quod.lib.umich.
edu/e/eebo2/A48403.0001.001/1:4.9?rgn=div2;submit=Go;subview=detail;type=simple;view=fulltext;q1=chocolate (accessed on 8 May 2023).
93
“Testimonio del cuaderno general del recibo de dependencias del galeón
Nuestra Señora de Begoña que ejecutó su tornaviaje el 31 de marzo para las islas Filipinas a cargo del general Juan Pablo de Orduña” (México, 11 de agosto
de 1714), AGI, Filipinas, 206, N.1, fols. 119r-188r, 165v.
92

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�Angela Schottenhammer

Cajones de jabon
Cacao de Maracaibo
…
Tinajas de achiote
…
Mazos de bainillas.”94

In 1785, the provision lists of the schooner (goleta) La Felicidad,
alias “La Mexicana” (1785)95 and the paquebot San Carlos
(1785)96 mention chocolate. The Peruvian paquebot Santo
Cristo de Burgos in 1779-80 carried 2,945 bushels (fanegas) à
110 pounds per bushel (de a 110 libras cada una).97 The same
See “Expediente sobre el comercio entre Filipinas y Nueva España”
(1712-06-25, Manila, Luzón, Filipinas), AGI, Filipinas, 206, N. 1, fol. 165v;
a zoomable image of the reference is also available on the digital adaptation
of “Flavors that Sailed Across the Seas. How the Manila galleon helped to
enrich the world’s cuisine”, exhibition organised by the Spanish Ministry of
Foreign Affairs and Cooperation, via the Spanish Agency for International
Development Cooperation (AECID) and the Spanish Ministry of Culture and
Sport, via the Sub-directorate General of Spanish State Archives, under the
responsible curator Antonio Sánchez de Mora, https://artsandculture.google.
com/asset/summary-of-the-cargo-of-the-galleon-nuestra-se%C3%B1ora-debego%C3%B1a/8gFa2qpU51828Q?hl=en (accessed on April 10, 2022). The
full exhibition is available under https://artsandculture.google.com/story/globalization-of-flavors-archivos-estatales/SAXB4EQiMLmnIw?hl=en.
95
“Estado y reglamento de rancho que por la Contaduría de la Real Hacienda
del Departamento de San Blas se forma para la tripulación de la goleta de S. M.
nombrada la Felicidad alias la Mexicana para 25 plazas de ración y 181 días
que se le consideran de navegación al viaje que de orden superior va a verificar” (1785), AGN, Filipinas 21, exp. 7, 174r-175v. Provisions, diseases, and
the situation on sea are also discussed in María del Carmen Reyna y Jean Paul
Krammer, “Las travesías marítimas en el siglo XVIII,” Historias 42 (1999):
57–74, https://revistas.inah.gob.mx/index.php/historias/article/view/13815.
96
AGN, Filipinas 21, exp. 7, 232v-233r.
97
“Expediente sobre la descarga del Paquebot nombrado Sto Cristo de Bur94

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�The Role of Cacao and Chocolate

document mentions later 4,000 loads of cacao in bushels (quatro
mil cargas de cacao que hagan fanegas), but obviously this cargo
was consumed in Mexico and not shipped to Manila.98
As far as the route from Manila to Acapulco is concerned,
Reyna María Pacheco Olivera identified the Nuestra Señora de la
Portería in 1758 and the Santa Rita in 1817.99 Her investigation
confirms that chocolate was carried on board mainly in the crew’s
personal belongings. This would fit my observation from an
analysis of documents in the AGI in Seville, that rarely mention
cacao as cargo. Cacao sent to the Catholic nuns may have formed
part of what the Contaduría documents mentions as personal
gifts. Also, the plant that was allegedly transported by the pilot
Pedro Bravo de Laguna may have been shipped as part of his
personal belongings or as a gift.
In the second half of the eighteenth century, finally, cacao
had obviously become one of the principal cargoes carried by
ships coming from Peru through the nao de China (see AGN
Ramo Filipinas 1781).100 William Lytle Schurz states that “staple
gos procedente del puerto de Huayaquil” (1780), AGN, Filipinas 14, 291r;
317r-v. 323r: Real Palacio de Manila (10 May 1779). Reyna María Pacheco
Olivera mentions the Santo Cristo de Burgos sailing from Acapulco to Manila
in 1779 with a cargo of cacao on board powder (con polvos; cf. AGN Ramo
Filipinas 1781). See Reyna María Pacheco Olivera, Análisis del intercambio
de plantas entre México y Asia de los siglos XVI al XIX (Master thesis, Universidad Nacional Autónoma de México, 2006), 138.
98
AGN, Filipinas 14, 297r.
99
Reyna María Pacheco Olivera, Análisis del intercambio de plantas, 138.
100
Reyna María Pacheco Olivera, Análisis del intercambio de plantas, 137138.
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American exports to Manila generally consisted of cacao from
Guayaquil, some cochineal from Oaxaca in Mexico, oil from
Spain, wines and other peculiarly national goods.”101 This suggests
a not insignificant quantity of cacao being shipped to Manila.
A direct reference to cacao cargos stems from the 1743
“Registro de la Carga que lleva el Patache Capitána de Philipinas
Nra Señora de Cobadonga”.102 The galleon was captured by the
famous English admiral George Anson (1697–1762), who was
lying offshore with his ship the Centurion, waiting outside the
San Bernardino Strait for the incoming Acapulco treasure ships.
After a brief intermezzo, the Spanish captain surrendered, the
Covadonga was integrated into Anson’s fleet, and the two ships
sailed to Canton, where the Covadonga was sold in December at
Macao for 6,000 piastres.103
“Caxones de Bainilla a setenta y cinco pesos
surrones de grana cochinilla de ocho arrobas a quinientos pesos
surrones del dicha, silvestre, del mismo peso? a ochenta p[eso]s
tercios de cacao Caracas a ciento y veinte pesos
dichos de Maracaibo a ciento y veinte pesos”104
William Lytle Schurz, The Manila Galleon. The romantic history of the
Spanish galleons trading between Manila and Acapulco (New York: E. P. Dutton &amp; Co., Inc., 1959), 275.
102
I wish to thank my colleague Guillermo Ruiz-Stovel for bringing this manuscript to my attention.
103
Thomas Bennett, Shipwrecks of the Philippines (E-book. last edited version
2012), 12. See also the entry “Nuestra Señora de la Covadonga” in Thomas Bennett, Treasure Ships of the Philippines (E-Book, printed in the Philippines, 2016).
104
“Registro de la Carga que lleva el Patache Capitána de Philipinas Nra Señora de Cobadonga Año de 1743”, Manuscript held by the National Archives,
101

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�The Role of Cacao and Chocolate

This entry is extremely valuable,105 not only because it attests to
the fact that even cacao from Venezuela (Caracas and Maracaibo)
finally found its way across the Pacific to the Philippines – as we
have already seen above with the cargo of the Nuestra Señora de
Begoña – but also because these are two of the very few references
to vanilla being shipped across the Pacific.
Another example: The cargo manifest for the San Josef,
preserved in the National Archive of the Philippines (NAP), is
an inbound cargo manifest showing what was shipped to Manila
from Acapulco in 1784 in addition to silver. The most prominent
commodities were cochineal (with 7,455 lbs at 15,841.88 pesos)
and cacao (with 64,624 lbs = 29,733.50 kg = 29.734 tons at 8,078
pesos).106 Assuming that 7–8 beans or 5g of cacao are required to
produce one cup of chocolate, this quantity would be sufficient to
make 5,862,000 cups in total. Four cargoes are specifically labelled
‘cacao of Guayaquil’: one of 1,943.92 kg (169 arrobas),107 worth
528.13 pesos, belonging to Don Antonio Campos (S-258v); one of
Kew, Prize Papers, 11°1, 2r. “Expediente sobre la presa del patache Nuestra
Señora de Covadonga” (1754-02-14, Madrid), AGI, Filipinas, 257, N. 1.
105
It is even more valuable when we consider that this shipment occurred
before the foundation of the Real Compañía de Filipinas in 1785, with the goal
of promoting commercial relations among the different colonies and between
Spain and its colonies, as a consequence of which from 1793 onwards this
company also obtained the rights to trade directly between Manila and the
Viceroyalty of Peru.
106
National Archives of the Philippines (NAP), 6208 Aduana, August 1784,
no pagination. In total, 29,733.50 kg were imported. I am very grateful to Dr.
Guillermo Ruiz-Stovel for sharing this information with me.
107
1 arroba = 25 lbs = 11,34 kg.
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�Angela Schottenhammer

4,193.81 kg (9,115 libras netas), worth 1,139.38 pesos, belonging
to Don Manuel Conde (fol. S-359v); one of 1,115.28 (97 arrobas
= 2,425 lbs), worth 303 pesos and belonging to Don Candido
Dominguez (S-360v); and one of 1,661.88 (144 arrobas and 12
libras), worth 451.5 pesos, belonging to Don Salvador Avenos
(S-365v). This might suggest that the remaining cacao did not
originate from Guayaquil. Prices, however, were mainly the same.
Cacao from Tabasco, Caracas and Maracaibo also reached
the Mariana Islands for consumption, as shown by information
stemming from 1751–52.108 Chocolate and cacao were also
requested and shipped from the Philippines to the Marianas
(2 tercios = 1 load in 1732 and 2 tercios = 1 load in 1733) and
belonged to the regular food shipments to the islands between
1725 and 1769.109 In 1729, Antonio de Echandía, a merchant from
Mexico, indicated and confirmed that the salaries of the Marianas
were invested in the Philippines in order to obtain, among other
things, cacao, sugar, chocolate, flour and biscuits (cacao, azúcar,
chocolate, harina y pan abizcochado).110
Table 6.7. ‘Gastos en comestibles, utensilios culinarios y otros géneros de
consumo pertenecientes a la misión de Marianas (1751–1756)’, in Verónica
Peña Filiu, Alimentación y colonialismo en las islas Marianas (Pacífico occidental) Introducciones, adaptaciones y transformaciones alimentarias durante la misión jesuita (1668-1769), Doctoral dissertation, Barcelona, Universidad Pompeu Fabra, 2019, 236.
109
Verónica Peña Filiu, Alimentación y colonialismo en las islas Marianas,
237, table 6.9.
110
Verónica Peña Filiu, Alimentación y colonialismo en las islas Marianas,
230.
108

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�The Role of Cacao and Chocolate

In the later eighteenth century, a real competition, even
rivalry, between the cacao plantations (cacaotales) of Guayaquil
and Caracas emerged for the provision of markets not only in
New Spain, but also in Europe and Asia, including Russia.111
For the period around 1800, Alexander von Humboldt confirms
that cacao from both Guayaquil and Caracas is being shipped to
Manila:
“The galleon usually departs in February or March: it sails
almost in ballast, since its cargo on the voyage from Acapulco
to Manila consists only of silver (plata), a very small amount of
cochineal from Oaxaca, cacao from Guayaquil and Caracas, wine,
oil, and Spanish woolens. On average, the amount of precious
metals exported to the Philippine Islands is one million, often
1,300,000 piasters. There is usually a considerable number of
passengers, which sometimes increases because of the colonies
of friars that Spain and Mexico send to the Philippines.”112
Another interesting document talks about the loss of
mercury from the mines in Huancavelica and mentions in passing
that 550 quintales (ca. 27,000 kg) of mercury were eventually
Eduardo Rubio Aliaga, La Disputa de Guayaquil y Caracas por el Comercio del Cacao en Nueva España en el Siglo XVIII, Master thesis, Universidad
Complutense de Madrid, 2016, 68.
112
Alexander von Humboldt, Political Essay on the Kingdom of New Spain,
Volume 2: A Critical Edition. Edited with an introduction by Vera M. Kutzinski and Ottmar Ette. Translated by J. Ryan Poynter, Kenneth Berri, and Vera M.
Kutzinski. With annotations by Giorleny Altamirano Rayo, Tobias Kraft, and
Vera M. Kutzinski (Chicago-London: The University of Chicago Press, 2019),
2 vols., vol. 2, 357 (IV.103).
111

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�Angela Schottenhammer

discovered on board a galleon, the San Telmo, in Chametla (in
Sinaloa), at that time part of the Audiencia de Guadalajara,
among bags of cacao.113 It is not clear how the mercury was
packed and stored, but one can imagine that it was not a good
practice for whoever later consumed the cacao. The San Telmo
obviously regularly shipped cacao together with mercury.114 It is
also important to note that on 5 June 1789, the regulation which
limited the export of cacao from 8,000 to 10,000 bushels was
annulled.115
“Real Cédula al presidente y oidores de la Audiencia de Lima, reiterando
la orden dada por despacho de 6 de marzo de 1700 para la averiguación de los
cómplices en el extravío de los azogues de la mina de Huancavelica, que salieron
de los puertos de Cañete y de Lurinchincha en dos embarcaciones, una llamada
‘San Telmo’ con destino al puerto de Chametla, en el distrito de la Audiencia de
Guadalajara, donde se aprehendió encontrándose en ella 550 quintales de azogue
entre zurrones de cacao…”; see “Extravío de azogue de las minas de Huancavelica” (1701-03-27, Madrid), AGI, Guadalajara, 232, L. 9, F. 29r-30v.
114
See also “Pleitos de la Audiencia de México”, Escribanía, 187A (1700):
El fiscal con Luis de Rozas [Meléndez] y Pedro de Ampuero, y José de Rozas
[Meléndez], corregidor de Jauja, como cómplice, sobre el extravío de 600
quintales de azogue, cacao y otros que condujo la fragata ‘San Telmo’ del
reino del Perú al puerto de Chamela en Nueva España. Fenecido en 1702.
115
Mariano Bonialian, La América Española: Entre el Pacífico y el Atlántico. Globalización mercantil y economía política, 1580–1840 (Mexico
City: El Colegio de Mexico, 2019), 229, https://ri.conicet.gov.ar/bitstream/
handle/11336/126987/CONICET_Digital_Nro.04fdc845-c2d2-4542-84bdb5e79e3c7958_A.pdf?sequence=2&amp;isAllowed=y. Between the 1770s and early 1790s, the amount of cacao imported through the port of Acapulco increased
steadily. In 1774, Acapulco absorbed 18.55% of the total of exported cacao;
in 1779, 43.66%, and in 1791, 62.55%. Between 1779 and 1783, Acapulco
received 63.71% of the cacao later sold from Guayaquil (“unas 212 579 cargas
de cacao por Acapulco”), most of the cacao in the later eighteenth century was,
thus, of lower quality.
113

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�The Role of Cacao and Chocolate

Cacao Cultivation as a Cash Crop in the Philippines
In the first part of this investigation on the role of cacao and chocolate
in transpacific exchanges, we have seen how chocolate made its
way to the Philippines and was locally transplanted. Here, we will
take a closer look at projects encouraging the local cultivation of
cacao as a cash crop. As mentioned in the introduction, we have to
see the plans to foster domestic agriculture and the production of
cacao in the Philippines in the context of both the transpacific and
intra-Asian and global-European trade. Local Philippine products,
including cinnamon, for example, also constituted part of the
galleon shipments to Acapulco. But in terms of value, mostly they
did not even reach 10% of the entire cargo.116
The Chinese maritime trade ban between 1717 and 1727,
prohibiting Chinese trade with Southeast Asia and especially the
Philippines,117 ultimately had relatively few negative effects on
the Manila trade, despite its initial decline. The volume of this
trade enjoyed relative stability, with non-Chinese ships especially
prospering from it.118 And “Spaniards ventured to Amoy, even after
the imposition of the Canton system in 1757 had legally barred
Benito J. Legarda, Jr., After the Galleons Foreign Trade, Economic
Change, and Entrepreneurship in the Nineteenth-Century Philippines (Madison: University of Wisconsin, Center for Southeats Asian Studies, and Quezon
City: Ateneo de Manila University Press, 1999), 33.
117
This prohibition was issued by the Kangxi Emperor who considered Southeast Asia to be the place of origin of Chinese renegades and pirates (jinzhi
Nanyang yuan’an 禁止南洋原案).
118
Guillermo Ruiz-Stovel, Chinese Shipping and Merchant Networks, 32.
116

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�Angela Schottenhammer

them from doing so.”119 In the 1740s, however, as Guillermo
Ruiz-Stovel has shown, the junk-galleon trade experienced a
serious crisis which had worsened progressively by the middle
of the decade.120
Important in the present context is also the fact that,
due to an ever-increasing demand for Chinese products by
other Europeans, especially the Dutch, French, and English, the
requested quantities could only be met in China by contracting
additional households and small workshops in the hinterlands,
which had no real experience with the production of silks, for
example. A significant consequence was the drastic fall in the
quality of Chinese products, which was noted with discomfort.121
The European competitors also started to contract Chinese
workshops to produce silks and textiles for them using the same
frames and measurements as in Europe, which they then exported
at minimal tax rates, selling them cheaply throughout Europe:122
From the port of Canton in China, they brought to Europe silk
fabrics and other goods which they had ordered to be made in
China in the marks and quality identical to those of Europe, and
they were produced without difference to those of Europe. And
Ibid.
Guillermo Ruiz-Stovel, Chinese Shipping and Merchant Networks, 382.
121
“Consulta sobre proyecto para mejorar el comercio de Filipinas”, AGI,
Filipinas, 97, N. 14, image 53.
122
“Expediente de comercio de Filipinas con Nueva España” (1722–1733),
AGI, Filipinas, 208, N. 1, 293v, 295v-296r; 312; see also Antoni Picazo
Muntaner, “El comercio de Filipinas en el tránsito al siglo XVIII”.
119

120

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�The Role of Cacao and Chocolate

without doubt they would finally try to introduce these products
in Cádiz, saying they were produced in France and England. Eight
or nine years ago, it was public knowledge that the French traded
Chinese goods in the Kingdom of Peru, which they brought from
Canton, under various pretexts, making lots of profits. This was
also recognised by the large amounts of silver they shipped from
Peru to Canton.123
Contemporary merchants, such as a certain Luis Satur, an
Armenian trader from Isfahan, Iran, 52 years old, observed that
the English and French brought to Canton “samples of fabrics
from Europe and some masters to make silk fabrics”, while the
Sangleyes “then learned and worked the fabrics so similar that
they were indistinguishable.”124
The conclusion of the Manila authorities in face of
the current situation and the pernicious effects of European
competition in the China and Asia trade, as well as the decreasing
quality of Chinese silks and textiles intended for silk production in
Andalusia, Spain, which they sought to protect, was obvious. The
damage was not a direct consequence of the Philippine trade, as
the islands, after all, only sent one ship a year, with limited cargo
and capital, but a result of foreign competition.125 Moreover, not
AGI, Filipinas, 208, N.1, 312r-v.
“Expediente de comercio de Filipinas con Nueva España”, AGI, Filipinas, 208, N.1, fol. 323v. This story is actually confirmed by another Armenian
who was interrogated, Don Carlos de Viago, also Armenian from ‘Ispahán’, 52
years old, and resident of Extramuros in Manila, fols. 308v and 213r.
125
AGI, Filipinas, 208, N.1, 300v, but see also 63v (26)-64r (17), 293r-296r.
123
124

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all the cargo on the trans-Pacific voyages consisted of silks, and
the Chinese who provided the Spanish with all kinds of supplies
necessary for the maintenance of the colony were themselves
confronted with many obstacles.126
Re-exporting Asian commodities and increasing local
production in the Philippines, trying to sell local products in
exchange for the necessary staple goods and commodities, were
two solutions. At the same time, it should be remembered that the
contemporary Spanish Empire was not a capitalist country. The
search for reducing the costs of maintaining the Philippines as a
colony for the Spanish Crown was consequently not identical with
profit-making as the ultimate goal of its economic undertakings.
On the other hand, the eighteenth-century was the time of the
gradual development of ‘merchant capitalism’ that reached its peak
with the activities of the Dutch VOC. The discovery of the riches
and wealth in the Americas and Asia exacerbated competition
among the early mercantilist European countries, and the world
oceans turned into a battlefield of navies, capers, “pirates” and
pirate-merchants. We see here the birth of the world market as
a competition of early modern mercantilist states, characterized
by an enormous degree of violence, force, coercion, and murder.
Across the Pacific, we find actors of many European countries,
See, for example, Tina S. Clemente, “Spanish Colonial Policy toward Chinese Merchants in Eighteenth-Century Philippines”, in Lin Yu-Ju, Madeleine
Zelin (eds.), Merchant Communities in Asia, 1600–1980 (London: Routledge,
2015), 123-139.
126

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all of whom tried to use and exploit the Spanish networks to seek
for profit.
The Economic Plans Suggested by Norton Nicols, Richard
Bagge, and other Europeans
In the period between the 1740s and 1750s, various individuals
brought up plans to reform the economy of the Philippines. The
cultivation of cacao in particular was propagated by various
contemporary botanists.127 Don Nicolas Norton Nicols (fl. 1759)
proposed plans to develop a stable economy and commerce in the
Philippines. Among other things, he suggested local agricultural
products such as rice, sugar, cotton, indigo, pepper, coffee,
tobacco, oil, and also cacao, to be sold to specific countries in
Asia so as to increase Spain’s income.128 In his view cinnamon
“Carta de Casimiro Gómez Ortega” (12 de Marzo de 1788), fols. 1a-b,
AGI, Filipinas, 723, N. 2, 8. He suggested the cultivation of black pepper,
coffee, cacao, indigo, and tea, in addition to mulberry trees for silk production in the Philippines (“plantas de pimienta negra, Café, Cacao, Añil, y Thé,
me parece digno del aprecio y protección del Gobierno”). Juan de Cuéllar
(ca. 1739–1801), the botanist and naturalist of the Real Compañia de Filipinas (1785–1795), made similar suggestions, although he mostly omits tea, see
“Sobre el cultivo de la canela, nuez moscada, pimienta” (1770-1792), AGI,
Filipinas, 723, N. 2, 8 (carta de Casimiro Gómez Ortega) and Filipinas, 723,
N. 2, 11, 14, and 17 (cartas de Juan de Cuéllar).
128
Emma Helen Blair and James Alexander Robertson (eds.), The Philippine
Islands, 1493–1803, vol. 47, 255-256: “As the products of the Philipinas Islands are enumerated by the reverend Father Murillo (whom may God keep
in Paradise), whom I have cited, and those of each island separately, in order
not to extend this little work needlessly I will state the most important ones,
which are the following: Rice, sugar, cotton (of choice quality and very fine),
indigo, sulphur, siguey, balate, wax, pepper, coffee, tortoise-shell, mother-of127

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too, as we have seen above, could be developed as a commercial
crop and be produced and sold much more cheaply than Dutch
cinnamon from Sri Lanka.129 Referring to Father Pedro Murillo
Velarde (1696–1753), and therefore to the mid-eighteenth
century, he lists cacao as already one of the major products of the
contemporary Philippines, but he does not mention it as a product
to be sold to China.130
Another project of economic reform (1740–1758) was
proposed by a mid-eighteenth-century Irish private trader,
Richard Bagge (Don Ricardo Bagge).131 Bagge was a navigator,
although a bad one – as master pilot of the Manila-Acapulco
route, he navigated the galleon of 1740 – and his various travels
pearl; gold, mines of iron, and mines of copper (like that of Japon); tobacco,
brazil-wood [sibucao], and pearl-fisheries; oil, cacao, birds’-nests, and ebony
wood; lead (I believe that, as for the soil in some parts of Bisayas, it melts into
lead, just as in the island of Mauricius, which belongs to the French, it melts
into iron); cocoanuts, which produce abundance of oil; horses; deer and buffaloes, from which the people make what they call tapa [i.e., dried beef], and
also use the sinews; and bichuca, or rattans.”
129
Emma Helen Blair and James Alexander Robertson (eds.), The Philippine
Islands, 1493–1803, vol. 47, 261-262.
130
Emma Helen Blair and James Alexander Robertson (eds.), The Philippine
Islands, 1493–1803, vol. 47, 255 and 257: “The commodities that I have mentioned are exported to the places that are enumerated as follows, and sell at
prices that are very profitable, although commerce has, as in all regions, its ups
and downs [sus altos y bajos]. To various ports of China: rice, sugar, cotton,
indigo, bichuca or rattan, balate, pepper, tortoise-shell, mother-of-pearl, brazil-wood, ebony, tapa, the sinews of cattle, birds’-nests, and lead when they
have it. To the Malabar coast and Persia: sugar in large quantities, which is
sold for money.”
131
“Expediente sobre proyecto de Ricardo Bagge” (1757-07-24, Manila; Luzón, Filipinas), AGI, Filipinas, 160, N. 23, passim.
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enabled him to acquire this really exceptional knowledge on the
cultivation of certain plants. He was engaged in illicit trading
activities as well, and was actually a cheater, as also repeatedly
noted in Spanish sources.132 On 17 February 1746, “he drew up
a commercial project around the formation of a trading company
by the Confraternity of Mercy of Manila and the Venerable
Third Order”, institutions that lent money to Manila merchants
trading with Acapulco. Bagge’s plan was to take over the trade
now dominated by not only Chinese, but also Armenian, Dutch,
Malabarand other foreign merchants, so that the money sent
annually from Mexico would no longer disappear into foreign
pockets (because the Spanish on the Philippines had to buy
everything from foreigners) but would stay in the country.133
His company would devote itself especially to the Philippine
trade with China, where, among other things, cacao from the
Philippines could also be profitably sold,134 to Europeans in all
He had amassed lots of debts with his trade, as a consequence of which he
needed money and thus suggested this plan which he hoped the local Spanish
authorities would like. The background of why an Irish trader came to suggest
such a plan to the Spanish-Philippine authorities will be discussed in detail
by Wim De Winter as a part of our project. Bagge’s project, dated Manila, 27
February 1746, is to be found in AGI, Filipinas, 228.
133
“Consulta sobre proyecto para mejorar el comercio de Filipinas”, AGI,
Filipinas, 97, N. 14, passim, for example, images 2-3, 5, 16-17, 72-73. Maria
Lourdes Díaz-Trechuelo, “Philippine Economic Development Plans”, 205.
134
“Consulta sobre proyecto para mejorar el comercio de Filipinas”, AGI,
Filipinas, 97, N. 14, passim, no pagination, for example, images 18-19, 27,
65-68, esp. 27. “Expediente sobre proyecto de Ricardo Bagge”, AGI, Filipinas,
160, N. 23; see also Maria Lourdes Díaz-Trechuelo, “Philippine Economic
Development Plans”, 205.
132

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probability. Chinese and Sangleyes in particular should no longer
be able to make the bulk of the profits from these fruits (“…sin
que los Chinos o Sangleyes tengan su mayor grangería en estos
frutos”), buying them cheaply from the locals (Fig. 2).135
Among the Philippine products to be sold were seaslug, camphor, sea-shells, pearls, and gold, goods that could be
profitably sold in China and exchanged for cotton goods, silks,
and porcelain.136 The role cacao played in this intermediate trade is
not yet entirely clear. Certainly, the Chinese did not consume large
quantities of cacao and chocolate. Nevertheless, they definitely
played a not unimportant part in the resale of cacao to Europeans,
and cacao and chocolate continued to occupy a significant place
in their trading networks, not only through the sale of tableware,
cups, dishes, and jar used for their consumption.137
AGI, Filipinas, 97, N. 14, image 5; see also image 7. There he mentions
that the local population had been obliged to plant cotton to produce textiles
like ‘elefantes’ or ‘lampotes’, and introduce silkworms for silk production (image 10), especially in the province of Cagayan.
136
Maria Lourdes Díaz-Trechuelo, “Philippine Economic Development
Plans”, 205, with reference to AGI, Filipinas, 228; AGI, Filipinas, 160, N. 23,
image 64; AGI, Filipinas, 97, N. 14, image 18 speaks only of ‘the other mentioned goods’ (los demás generos expresados), which would include cacao.
Image 27 states that the local population could easily obtain from the enemies’
provinces goods like, among others, cacao, goods that are all abandoned (los
havitantes de las Islas pudieran conseguir con facilidad de las Provinias enemigas, cacao, balate, alcanfor, carey, perlas en abundancia, y de bien oriente,
oro y otras cosas estimables, que todo se abandona, y cada dia se hallan mas
pujantes los enemigos por la poca oposicion).
137
José Miguel Herrera Reviriego speaks of a high demand for cacao in Asia
and concludes that silver and cacao were the two of the very few commodities
135

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In the Philippines, cacao was, for example, cultivated
on the fertile island of Mindanao, from where obviously the
best quality originated.138 Bagge’s idea was to encourage the
indigenous Philippine population not only to cultivate certain
plants and fruits and thus foster domestic agriculture,139 thus
decreasing the need for imports, but also to produce certain goods
and products for export.
Instead of using the great quantities of silver that were
shipped annually to the Philippines from Acapulco to pay for
foreign imports, Bagge suggested investing this money locally
and thereby enriching the island. His policy was also meant to
bring about a cost relief for the government, thereby decreasing
the Europeans could offer and by which Chinese merchants felt attracted (‘Estos dos artículos [that is, silver and cacao, A.S.] eran de los pocos productos por
los que los mercaderes chinos se sentían atraídos de cuantos podían ofrecerles
los europeos y, por tanto, se convirtieron en piezas fundamentales para mantener abierto el trato con China’). See José Miguel Herrera Reviriego, “Flujos
comerciales interconectados: El mercado asiático y el americano durante la
segunda mitad del siglo XVII”, Historia mexicana 66:2 (2016), 495-553, here
523. I am still looking for more evidence on the Chinese involvement in the
cacao trade.
138
Pedro Murillo Velarde, Historia de la provincia de Philipinas de la Comp.
de Jesus, 187.
139
See also “Registro de oficio de la Audiencia de Filipinas”, AGI, Filipinas,
335, L. 17, 107r: “…el que trata de motivo el aumento de las frutas de esas
Yslas, …se les obligase bajo de varias penas, a plantar en cada año, diez pies
de árbol de cacao, coco, bonga o pimienta, según la oportunidad de terreno,
encargando a los alcaldes mayores de los respectivos pueblos, su observancia
y responsabilidad, previniéndolos reciban en efectos de algodón los tributos
Reales de todo lo que quieran satisfacerlos en esta especie y que los esfuercen
a su siembra, y beneficio…”.
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its expenditure, increasing customs revenue, and above all
stopping the continuous outflow of silver to China and other
Asian countries.140 He proposed to oblige the local ‘Indians’, for
example, to plant annually ten feet of cacao, coco, bonga (kapok
or silk-cotton tree; Ceiba pentandra), or pepper trees (cada indio
tributario se le obligase a plantar cada año diez pies de árbol
de cacao, coco, bonga o pimienta).141 The manuscript then lists
all “fruits necessary and useful for subsistence and comfort of
the natives and residents in the entire island district (todos los
frutos necessarios y utiles para la subsistencia y comodidad de
los naturales y residentes en todo el distrito de estas islas)”.142
Cacao
Provincia de Tondo

11,136

Provincia de Bulacan

69,107

Provincia de la Pampanga

62,457

Provincia de Pangasinan

57,704

Provincia de Ilocos

62,575

Maria Lourdes Díaz-Trechuelo, “Philippine Economic Development
Plans”, 205.
141
“Aprobación de medidas para fomentar la agricultura” (1759-10-06), AGI, Filipinas, 335, L.17, F.106r-107v. “Expediente sobre proyecto de Ricardo Bagge”, AGI,
Filipinas, 160, N. 23 (images 4, 101) says that each year at least ten plants or trees
have to be sown or planted in all areas where the soil is appropriate.
142
“Expediente sobre proyecto de Ricardo Bagge”, AGI, F Filipinas, 160, N.
23 (image 101). Cultivated were rice, maize, sugarcane, tobacco and sometimes wheat, while the territory is described as, for example, not being adequate for the cultivation of cinnamon. Op. cit., images 61, 62.
140

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No more could be planted, the text continues, partly because of
the destruction of the flowers, partly due to the irruption of the
volcano of Balayan, partly due to general epidemics, and partly
because the strong monsoon winds posed a threat to the trees143,
which, as we have noted already, should also be protected against
strong sunshine.144 On Iocos (or Ilog), as we have seen above,
cacao was already abundant in the late seventeenth century.145
The Jesuit missionary José Calvo (1681–1757) also
introduced a project to improve the economic situation in the
Philippines and proposed to exploit of the local agricultural and
mineral resources that should then be used to trade with Spain. He,
too, reproaches foreigners, like the Chinese, out of their selfish
interests for causing excessive expense for the Spanish Crown by
“depriving Spain and the Islands of many goods that they could
enjoy through trade” (‘privando a España y a las Yslas de muchos
bienes que pudieran gozar por medio del comercio’).146 Among
the local resources to be exploited he mentions cinnamon, pepper,
“Expediente sobre proyecto de Ricardo Bagge”, AGI, Filipinas, 160, N. 23
(image 102).
144
Cf. the description by de Acosta, see footnotes 25 and 65.
145
H. de la Costa, S.J., Jesuits in the Philippines, 512.
146
“Proyecto que hace a S.M. el P. Joseph Calvo manifestando el engaño del
descredito en que unos pocos no verdaderos vecinos de las Yslas Philipinas,
encomenderos de chinos, extranjeros, y de 10s de Mexico, por su interés obligan a S.M. a gastos excesivos, privando a España y a las Yslas de muchos
bienes que pudieran gozar por medio del comercio, mediante la opulencia de
sus riquezas en minas de todos metales y frutos”, Biblioteca de Palacio, Madrid (BPM), Miscelánea de Ayala V, 330r-339r, online https://rbdigital.realbiblioteca.es/files/manifests/II-2820.json.
143

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cloves, tobacco, cacao, sugar, indigo, mulberry trees, cotton, wax,
and some other products: The cacao was almost better than that
from Venezuela, he states (‘el cacao, tan bueno, o mejor, que él
de Caracas, y en tanta abundancia que ya vale a menos de 1
real por libra’).147 And even balsams, resins, and medicinal drugs
can be found locally (‘Deja de contar los Balsamos, y gomas,
los palos, raices, y Drogas medicinales en que son singulares
aquellas yslas’).148 He suggested that local Filipinos, who had to
pay tribute to the Spanish Crown, should be obliged to dedicate
part of their farming to the cultivation of pepper, nutmegs, cacao
and mulberry trees.149
Francisco Leandro de Viana (fl. 1764–1775), who was
appointed attorney-general to the Audiencia of Manila in 1756,
even suggested “that only those be considered eligible for the office
of petty governor and other municipal posts who plant and harvest
a specified quantity of rice, wheat, sugar, cocoa, cotton, beeswax or
some other product, depending on the region in question”, in order
to encourage people to engage in agriculture.150 Labour was cheap
and abundant, and the natives were considered to learn quickly.
The project of Richard Bagge proposed “to take fruits from the
Philippines, valued by the people of these nations [i.e. ‘vecinos’,
“Proyecto que hace a S.M. el P. Joseph Calvo”, 333r.
“Proyecto que hace a S.M. el P. Joseph Calvo”, 334r.
149
“Proyecto que hace a S.M. el P. Joseph Calvo”, 334v.
150
Maria Lourdes Díaz-Trechuelo, “Philippine Economic Development
Plans”, 216.
147
148

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�The Role of Cacao and Chocolate

which means above all the Dutch, English, and French], as there are
cacao, balat,151 camphor, sea turtle shells (carei or carey),152 pearls
from the Orient, and gold, for commerce to the coast of China, in
order to exchange these for products our islands need” (Fig. 3).153
Provincia de Tondo
Provincia de Bulacan
Provincia de la Pampanga
Provincia de Pangasinan
Provincia de Ilocos
Cavite
Provincia de Balayan
Provincia de Camarines
Provincia de Capiz
Provincia de la Laguna de Bay
Total

11,136
69,107
62,457
97,903
88,488
3,133
14,587
190,942
16,146
55,000
608,092154

This refers to ‘balate’, that is sea slugs. Cf. Manel Ollé, Islas de Plata.
Juncos y Galeones en los Mares del Sur (Barcelona: El Acantilado, 2022), 182.
152
This refers to ‘carey sea turtle shells’ and/or its eggs which were obviously
very highly appreciated in China. I wish to thank Dr. José Casabán and Dr.
Guillermo Ruiz-Stovel for assisting me with the final identification.
153
“Expediente sobre el proyecto de Pedro Calderón Enríquez”, AGI, Filipinas, 183, N. 6, image 153: “Dice que el fin de este sujeto es proponer para el
aumento y fomento de las Yslas philipinas una compañía en que interviniesen
las venerables mesas de la misericordia, y tercera orden de aquella Ciudad,
con otros vecinos acacedalados de ella, y que S. M. interesase la quinta parte, concediendo las gracias, y privilegios correspondientes, por cuia mano se
havia de hacer comercio en la costa de la China llevando frutas de las Yslas
que estiman las de aquellas naciones como son Cacao, Balat, Alcanfór, Carei,
Perlas de buen oriente, y oro, para permutarlo en cambio de los Generos que
necesitan nuestras Yslas.”
154
“Carta de Pedro Manuel de Arandia sobre árboles sembrados en Filipinas”, AGI, Filipinas, 386, N. 3 1, image 7.
151

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A letter by Pedro Manuel de Arandía Santisteban (1699–1759)
provides yet more extensive data on cacao trees planted in various
locations across the Philippines, speaking of a total of 608,092
sown cacao plants (see Fig. 4):
The Royal Decree to the Governor of the Philippines for the
promotion of agriculture, dated 1757, actually first rejects Richard
Bagge’s plans, which he had suggested in 1746, arguing that this
Irishman was not trustworthy, but then stresses the interest of the
Spanish Crown in encouraging at least certain crops, including
cacao, pepper and especially cotton. And the natives could then pay
their tribute in raw cotton.155 From the documentation, it is clear that
cacao, coco, and pepper trees were more extensively cultivated.
But what about the role of the Chinese in this trade in cacao?
The Intra-Asian Cacao Trade
Bagge’s plan to sell cacao “for commerce to the coast of China”156
would imply that it was highly valued by merchants involved in
the coastal China trade, including the Chinese presumably. Bagge
clearly states that among “the fruits from the Philippines, valued by
the people of these nations” is cacao (see above). In the first part of
my analysis, I suggested that cacao and chocolate were not as readily
accepted as a consumption article in China, where tea was and
remained the beverage of choice. The chocolate culture nevertheless
“Aprobación de medidas para fomentar la agricultura” (1759-10-06), AGI,
Filipinas, 335, L. 17, fols. 106r-107v.
156
Expediente sobre el proyecto de Pedro Calderón Enríquez”, AGI, Filipinas, 183, N. 6, image 153.
155

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�The Role of Cacao and Chocolate

had a far-reaching impact on Chinese society and economy by
influencing its ceramics industry. But this is not the entire story.
Generally speaking, Chinese merchants had little interest
in European products and only demanded silver. But various
merchants valued cacao as well as a commercial crop. This may
partly explain why larger quantities of Guatemalan and Peruvian
cacao were shipped to the Philippines despite the fact that, as we
have seen above, cacao was already widely cultivated in the island
archipelago and was obviously of good quality. Fray Álvaro de
Benavente (1647–1709), the founder of the China mission of the
Augustinians whom I quoted already in the first part, describes
the local situation in the Philippines in 1677, including which
products are cultivated. While they have grapes, for example,
they cannot yet make wine, that comes from Europe. “But now
they have started planting cacao again, and it is growing as well
as in America” (‘Aora nuebamente an dado en sembrar cacao y
se da tan bien como en América’).157 Obviously, cacao cultivation
had been abandoned again in some places.
Norton Nicol’s observation confirms that the local
products he mentions “sell at prices that are very profitable—
although commerce has, as in all regions, its ups and downs [sus
altos y bajos].”158 This would include cacao. Bagge speaks of
“Relación de las islas Filipinas, extraída de una carta de fray Alvaro de
Benavente, de la orden de San Agustín y secretario del padre provincial de Filipinas. Hace una descripción de sus cultivos, costumbres, oficios, etc.” (167706-06, Manila), AHN, Diversos-Colecciones, 31, N. 86, 2r.
158
Emma Helen Blair and James Alexander Robertson (eds.), The Philippine
157

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‘fruits’ like cacao being shipped (‘taken’) to the Chinese coast for
sale.159 But what does this mean?
The Chinese obviously acted as dealers or middlemen
in the cacao trade, and this already since the late seventeenth
century, purchasing it in Manila and then selling it in their own
ports to other Europeans. Especially the Sangleyes bought small
quantities of certain spices whose trade was controlled by the
VOC, for example sandal wood from Timor160 and some cacao,
goods that could be resold to the Spanish and other Europeans. A
document probably from the 1660s161 describes the contemporary
commercial situation in Manila and the Parian (that is, the local
Chinese community). The text discusses the causes of local price
Islands, 1493–1803, vol. 47, 257. See also footnote 118 above.
159
“Expediente sobre el proyecto de Pedro Calderón Enríquez”, AGI, Filipinas, 183, N. 6, image 153.
160
Roderich Ptak, “The Transportation of Sandalwood from Timor to China
and Macao, c.1350-1600”, in Roderich Ptak (ed.), Portuguese Asia. Aspects
in History and Economic History, Beiträge zur Südasienforschung 117 (Stuttgart: 1987), 103-109, especially footnotes 25 and 38.
161
“Avisos de El comercio de Filipinas, [en manos de los sangleyes], y su estilo
hasta hoy”, directed to Doctor Francisco Orieta de Filipinas (entre 1601 y 1700),
BNE, MSS, 11014, 1r-3v, to be downloaded from https://datos.bne.es/edicion/
biam0000002605.html. On page 3v twice the name of ‘Pumquan’ is mentioned,
a Spanish designation used for Zheng Chenggong 鄭成功 (1624–1662). This
name appears more frequently in contemporary Spanish documents, see, for example, “Carta de Diego Salcedo sobre socorros, comercio, etc.” (1667-08-04,
Manila; Luzón, Filipinas), AGI, Filipinas, 9, R. 3, N. 50, so that it is reasonable
to date the manuscript to the early 1660s. I would, thus, basically agree with José
Miguel Herrera Reviriego, Manila y la Gobernación de Filipinas en el Mundo
Interconectado de la Segunda Mitad del Siglo XVII, PhD dissertation, Universitat Jaume I, 2014, 137, who suggests 1663 as a possible date.
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increases, for which the Sangleyes are considered responsible
and portrays the Sangleyes as a kind of sworn, even secret,
community. The solution, according to the anonymous author,
would be that the Spanish personally take over the trade with
China.162 We will not discuss this manuscript in detail here, but
the fact alone that it mentions ‘wax, blankets, and cacao’ (la cera,
las mantas, el cacao) as three major commodities with which
the Sangleyes traded, clearly shows that these were important
products in whose trade the Chinese were involved in the second
half of the seventeenth century. Their concrete engagement still
awaits a more thorough investigation (if we can find more relevant
sources), but it becomes clear from such scattered statements that
the Sangleyes also dealt with cacao in Manila.
Complaints about the Dutch siphoning off high profits for
dealing with products the Spanish possess in their own colony
suggest that Dutch merchants in the form of the VOC were
also active in the ‘Asian cacao trade’. Dutch official records,
however, rarely mention any cacao trade, and few entries
mention the growing and planting of cacao trees.163 Nonetheless
“A comprarle el género como la cera, las mantas, el cacao, y este acude
tres o 4 días con el precio señalado del Parián”, in “Avisos de El comercio de
Filipinas”, fol. 1v. The document is also discussed by Antoni Picazo Muntaner,
“El comercio sedero de Filipinas con México y su influencia en la economía de
España en el siglo XVII”, in Francisco José Aranda Pérez, La declinación de
la Monarquía Hispánica en el siglo XVII (Cuenca: Universidad de Castilla-La
Mancha, 2004), 501-509, 504, who dates it to 1601.
163
For example, in 1718 in North-Ceram, an island in the southern Moluccas:
“Cacao seems to grow very well and produces large nuts” (‘cacao schijnt goed
162

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the Dutch introduced cacao as well as sugar and coffee to Java
and the hinterlands of Malacca during the 1770s, probably from
the Philippines.164 Possibly they were also responsible for the
introduction of the plant into Ceylon (Sri Lanka).165 But we know
from scattered sources that chocolate became popular in other
parts of Asia too, for example, in Siam (modern Thailand),166 and
it may have reached Ceylon before the Dutch. As we have seen in
the first part of this work, it was also the Dutch who introduced
cacao and chocolate to Japan.
On the one hand, we can conclude that, in addition to
ceramics, there was yet another commercial sector of the chocolate
boom in which Chinese merchants from both mainland China and
Manila were involved. They acted as resellers or dealers of cacao
te willen groeien en zeer grote noten te geven’), see Generale missiven van
gouverneurs-generaal en raden aan heren XVII der Verenigde Oostindische
Compagnie, Deel 7, 1713-1724, GS 164, 414. In Ambon Island, Maluku, cacao trees were planted with the hope to be able to use the fruits for commercial
purposes, but the result was not good. See Jeroen Bos, “Laboratoria van de
VOC herbergden schat aan kennis. Kwikzilver, kaneel en drakenbloed”, lees
het na 6 (2012), 85.
164
William Clarence-Smith, Cacao and Chocolate, 1765–1914 (London,
2000), 95.
165
For a detailed discussion, see Tilman Frasch, “The Coming of Cacao and
Chocolate to Ceylon”, Food &amp; History 12:1 (2014), 137-152, doi: 10.1484/J.
FOOD.5.105146.
166
Monsieur Simon de De La Loubère (1642–1729), A new historical relation of the kingdom of Siam; done out of French, by A.P. Gen. R.S.S. La
Loubère, Simon de, 1642–1729., A. P, Chapter IX, “Of the Gardens of the Siameses, and occasionally of their Liquors”, 23, online https://quod.lib.umich.
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in Asia. But obviously the cacao was not officially imported into
China. Paul van Dyke has carefully examined customs lists from
eighteenth-century Canton and Macao, none of which mentions
cacao.167 Seventeenth- and eighteenth-century memorials of
local officials and other Qing documents reporting special events
to the palace (zhupi zouzhe 硃批奏摺) concerning relations
with Luzon speak of ‘Lüsong ships’ (most of them reaching a
port in Fujian) carrying mainly rice, but also cotton, fabrics in
general, agricultural products, tobacco, seaweed, timber, sapan
wood, foreign tin, and even meat and lard (豬油), but no cacao
or chocolate is mentioned.168 Based on the foreign sources I
consulted, I can currently only speculate that this exchange, if it
did not take place in Manila, was probably carried out on offshore
islands close to Hong Kong, Macao, or possibly the Fujian coast,
or perhaps even directly at the ports of China but without being
taxed, as the products were immediately reexported. The negative
official attitude towards chocolate in the China of the 1720s to at
least the mid-eighteenth century would also suggest smuggling in
the coastal waters.
Paul Van Dyke, Merchants of Canton and Macao, Vol. 1, Politics and
Strategies in Eighteenth-Century Chinese Trade (Hong Kong: Hong Kong
University Press, 2011); Paul A. Van Dyke, Merchants of Canton and Macao, Vol. 2, Success and Failure in Eighteenth-Century Chinese Trade (Hong
Kong: Hong Kong University Press, 2016).
168
Diyi lishi dang’an guan (ed.), Qingdai Zhongguo yu Dongnanya geguo
guanxi dang’an shiliao huibian 清代中國與東南亞各國關係檔案史料彙編,
vol. 2, Feilübin 菲律賓 (Beijing: Guoji wenhua chuban gongsi, 2004), 115117, 148, 166, 168, 169, 199, 216.
167

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More concrete evidence for Chinese involvement in the
intra-Asian cacao trade comes from the nineteenth century. As
William Clarence-Smith has shown, Manado in Sulawesi (modern
Indonesia) started to export cacao to Manila in the 1820s, a trade
that was run by Chinese ‘syndicates’ (gongsi 公司). The Chinese
sailed annually and sought certain staple products like sea-slugs,
as well as cacao for the Philippine market.169 This implies that
the Philippines were not a great exporter of cacao but rather an
importer in the early to mid-nineteenth century. Later still, by
1882, the Manila Chinese “stopped coming to Ambon to buy
cocoa, at least for a couple of years”, which may have been related
to an increase in production in the Philippines.170
Chinese in Manila, the Sangleyes, were in various ways
also directly engaged in the preparation, consumption and sale
of chocolate. It was common for the alcalde mayor of the Parian
in Manila to invite the Chinese to a banquet of chocolate – an
indirect attestation that among the Sangley community in Manila,
the consumption of chocolate was known, though not necessarily
common. The cups of chocolate were sent by members of the
Royal Audiencia to the heads of the petates, the game tables used
William Clarence-Smith, “From Maluku to Manila: Cocoa Production and
Trade in Maritime South East Asia from the 1820s to the 1880s”, Workshop
paper, University of London, 1993, p.8, with reference to the Arsip Nasional
Republik Indonesia (ANRI), 31, 50-II, “Verslag van de Kommissaris voor Menado” (1846), and Edgar Wickberg, The Chinese in Philippine life, 1850–1898
(New Haven: 1965) for a general background on the Chinese. I wish to thank
William Clarence-Smith for sharing this paper with me.
170
William Clarence-Smith, “From Maluku to Manila”, 8.
169

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in the metua game by Chinese Sangleyes in Manila.171 Some
Chinese in Manila also offered their services for the preparation
of chocolate, as Blas Sierra de la Calle notes – they went from
house to house with the grinding stones, preparing different
chocolate recipes, according to personal likes (‘iban de casa en
casa, con sus piedras de moler, preparando las diferentes recetas
de chocolate, según los gustos’).172
Eberhard Crailsheim has introduced some merchants
who were involved in partly illegal trade with various goods,
including cacao.173 In the early 1750s, a certain Antonio Ramón
de Abad y Monterde was accused of illegal involvement in
private commerce, for example, with the Moros (Muslims). He
bought wax and cacao in Tuboc, a village close to the heart of
the Maguindanao Sultanate, and sent these goods to his business
partners in Manila.174 Although the quantity of cacao was relatively
“Consulta XXV: Si ay obligación de restituir lo que dàn los Sangleyes
en retorno del de los Alcaldes mayores, en orden chocolate, que les embia el
Alcalde, o en tiempo del juego de la metua.”, Juan de Paz (O.P.), Consultas y
resoluciones varias theologicas, juridicas, regulares y morales (Sevilla: por
Thòmas Lopez de Haro, 1687), 483. I wish to thank my colleague Marina
Torres Trimállez who brought this reference to my attention.
172
Blas Sierra de la Calle, Vientos de Acapulco. Relaciones entre América y Oriente
(Valladolid: Museo Oriental de Valladolid, 1991), 67, quoted by Beatriz Palazuelos
Mazars, Acapulco et le Galion de Manille, la réalité quotidienne au XVIIe siècle.
Histoire. Université de la Sorbonne nouvelle (Paris III, 2012), 316 HAL Id: tel00846697 https://tel.archives-ouvertes.fr/tel-00846697).
173
Eberhard Crailsheim, “Trading with the Enemy. Commerce between
Spaniards and ‘Moros’ in the Early Modern Philippines”, Vegueta. Anuario de
la Facultad de Geografía e Historia 20 (2020), 81-111.
174
Eberhard Crailsheim, “Trading with the Enemy”, 93.
171

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small – about ten fanegas, i.e. a total of 555 liters and supposedly
only for his personal use175 – this attests to the existence of a trade
in Philippine cacao in Asian waters.
Such illegal trading activities can still be observed at the
turn of the eighteenth century, as Crailsheim shows. In particular
“the alcaldes mayores (the regional Spanish administrators) and
the governors of Zamboanga” seem to have been involved in
illegal trade and the appropriation of public funds for personal
gain by trading especially in rice, Musa textilis (abacá), wax,
cacao, textiles and gold.176 However, locally produced cacao was
also consumed locally. Cacao from Jolo, Crailsheim stresses, was
“competing successfully with cacao from Acapulco.”177 We can
therefore see that cacao spread more widely across Asia than one
would expect at first glance but that it was mainly produced in the
Philippines, becoming a trade good specific to the islands.
Conclusion
In this chapter, I have been concerned to reconstruct the path of
cacao and chocolate from a Mesoamerican food item to a global
commodity by focusing on its westward journey from America to
Asia. The story of its rise to become a global commodity requires
a closer investigation of its introduction into Asia, a history
Eberhard Crailsheim, “Trading with the Enemy”, 94, with reference to
Juan de la Concepción, 1788–1792, vol. 13, 66-68, 75-78, 85, who reports in
detail about the lawsuit against Antonio Ramón de Abad.
176
Eberhard Crailsheim, “Trading with the Enemy”, 94.
177
Eberhard Crailsheim, “Trading with the Enemy”, 101.
175

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which has long been ignored or underestimated. This chapter
has consequently looked at local cultivation and transplantation
projects, transpacific trade, and intra-Asian exchanges. Cacao, it
becomes evident, was not just considered a product that one finds
in nature and then uses for consumption or medical purposes. In
the course of the eighteenth century in particular, cacao developed
as a product that local and global actors wanted to modify
according to their economic purposes. In a more conceptional
way, this implies a changing attitude of man towards nature,
towards his natural environment: Nature became something that
can and should be modified independently of immediate local
circumstances. The role and importance of cacao and chocolate
changed over time, transplantation became more important, and
cacao was cultivated as a cash crop, to be sold to others – cacao,
thus, became a real commodity in other words, a product which,
possessing the quality of satisfying specific human demands, was
only produced to be exchanged for money.
In my analysis I have also argued that, although Asian
societies did not consume large amounts of cacao and chocolate,
they were still, in various ways, an essential part of the cacao
boom and/or actively contributed to its success story.
However, trying to reconstruct the intra-Asian resale,
commodity and knowledge flows of both American and locally
(Asian) grown cacao in the form of beans or powder, or processed
as blocks or paste, and in rare cases as plants or seeds, has turned
out to be a great challenge.
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We possess various hints that Chinese merchants were
directly involved in the resale of Philippine (and American?)
cacao, but much information on how this was practically carried
out on the ground remains unclear. Chinese sources mostly tell us
little or nothing, last but not least because many of these activities
were carried out clandestinely or by Manila Sangleyes.
Although we continue to discover new information on
intra-Asian cacao and chocolate flows,178 mainly in Spanish
and other European-language sources, many details still
need to be explored. One conclusion we can definitely draw:
Chinese individuals, whether traders, craftsmen in the porcelain
workshops, businessmen, or other economic actors, were much
more affected by and actively contributed to the contemporary
‘chocolate hype’ than one expects at first glance. Moreover, the
fact that also Chinese consumption traditions changed over time
is clearly demonstrated by looking at Portuguese Macao, where
today we find many sweets and drinks that contain milk and cacao.
As we have seen in Part I of my investigation, a Spanish-Chinese dictionary of terms used in Luzon also introduces two transcriptions for cacao, ‘gegao’ 格膏 and ‘gugu’ 谷古, one for chocolate, ‘zhugulü’ 朱古律”, and explains the words ‘chocolatera’,
‘jicara’, and ‘molendero, ra’ (磨朱古律人), a person who is grinding cacao beans. See Lüsong Huawen hebi zidian 呂宋華文合璧字典. Dic178

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�The Role of Cacao and Chocolate

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Histoire naturelle du cacao, et du sucre, divisée en deux traités, qui
contiennent plusieurs faits nouveaux, &amp; beaucoup d’observations également
curieuses &amp; utiles (Paris: L. d’Houry, 1719), preface.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.7-140

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�Angela Schottenhammer

Fig. 2: “Consulta sobre proyecto para mejorar el comercio de Filipinas”, AGI,
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Fig. 3: “Expediente sobre el proyecto de Pedro Calderón Enríquez”, AGI, Filipinas,
183, N.6, image 153.
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Fig. 4: “Carta de Pedro Manuel de Arandia sobre árboles sembrados en Filipinas”, AGI, Filipinas, 386, N. 31, Image 7.
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�¿Un distrito militar norteño? La federalización de
Sierra Mojada y el primer porfiriato, 1879-1880
A Northern Military District? The Federalization of Sierra
Mojada and the First Porfiriato, 1879-1880
Denisse Alisa Palomo Ligas
Universidad Autónoma de Coahuila
Saltillo, México
orcid.org/0009-0005-9740-9041

David Adán Vázquez Valenzuela
Universidad Autónoma de Coahuila
Saltillo, México
orcid.org/0000-0002-2000-9729

Recibido: 26 de agosto de 2023
Aceptado: 15 de diciembre de 2023

Resumen: Este artículo examina la declaración de Sierra Mojada,
Coahuila, como Distrito Militar bajo control federal, la cual inició en
octubre de 1879 y concluyó en marzo de 1880. El decreto que convirtió
a este distrito en zona federal se dio a raíz de la enorme especulación
que surgió por el descubrimiento de plata en sus inmediaciones. La
declaratoria pronto suscitó numerosos rechazos por parte de las
autoridades coahuilenses y de la opinión pública local. Sus reclamos
lograron su objetivo, pues unos meses después de adoptar la medida el
gobierno de Porfirio Díaz regresó la administración del mineral a las
autoridades estatales. El artículo argumenta que la efímera existencia del
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�¿Un distrito militar norteño?

llamado territorio de Sierra Mojada constituyó parte de la construcción
del espacio geográfico, político, social y económico del norte de México
a finales de la década de 1870. En tal sentido, el artículo exhibe a la
consolidación del régimen porfirista como producto del intercambio y
de las negociaciones entre la administración del oaxaqueño y múltiples
autoridades estatales y municipales y aun figuras de poder.
Palabras clave: Sierra Mojada; federalización; porfiriato
Abstract: This article examines the declaration of Sierra Mojada,
Coahuila, as military district and under federal control, a measure
that lasted from October of 1879 to March of 1880. The decree that
converted this district in a federal zone resulted out of the enormous
speculation that was provoked by the discovery of silver in its midst. The
declaration of Sierra Mojada as a military district provoked numerous
grievances by Coahuilan authorities and the local public opinion. These
grievances achieved their objectives, since a few months after the Díaz
administration approved the decree, the federal government returned
the administration of this mineral district to state authorities. The article
argues that the ephemeral existence of the so-called territory of Sierra
Mojada was part of the construction of the political, social, economic
and geographic space of northern Mexico at the end of the 1870s. In
this sense, the article exhibits the consolidation of the Porfirio Díaz
regime as a product of the exchange and negotiations between his
administration and multiple state and municipal authorities and even
local influential characters.
Keywords: Sierra Mojada; federalization; porfiriato

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�Denisse Alisa Palomo Ligas / David Adán Vázquez Valenzuela

Introducción
A principios de julio de 1879, Pedro F. Nafarrete, quien fungía
como abogado de cuatro mineros, envió una carta desde la villa
de Lerdo, Durango, al gobernador de Coahuila, Hipólito Charles.
En la misiva, Nafarrete se quejaba de la confusión que suscitaba
una reciente disputa territorial que había surgido entre los estados
de Coahuila y Durango. Desde hacía unos meses, los gobiernos
de ambas entidades reclamaban jurisdicción sobre el territorio
que comprendía el mineral de Sierra Mojada. Según Nafarrete,
lo más grave era que el conflicto amenazaba con invalidar la
legalidad de los denuncios de minas que sus clientes –Néstor
Arreola, Florencio Ibarra, Ignacio Ibarra y Antonio Lorenzana–
habían realizado en Mapimí, en el estado de Durango.1
El reclamo realizado por Nafarrete constituyó sólo una
de las protestas que se emitieron por la confusión que creaba
esta disputa territorial. Después de la queja del abogado, las
autoridades de Chihuahua también entraron en la polémica, pues
la zona en la que se hallaba el mineral era contigua a sus límites
estatales y se encontraba lejos de Durango.2 Más tarde, fueron
La carta se encuentra en Archivo General del Estado de Coahuila (en adelante AGEC). Fondo Siglo XIX (en adelante F.S.XIX). Carta de Pedro F. Nafarrete a Hipólito Charles, gobernador del Estado de Coahuila, 8 de julio de
1879, caja 4, fólder 8, exp. 9, ff. 1-4.
2
Según La Ilustración Católica “en la línea limítrofe de Durango, Coahuila
y Chihuahua se ha descubierto, en la Sierra del Carnero (…) una veta de plata
pura de vara en cuadro y de legua y media de largo”. “Veta monstruo”, La
Ilustración Católica, 16 de septiembre de 1879, pág. 661.
1

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precisamente los duranguenses quienes presentaron mayor
firmeza en su postura. Juan Manuel Flores, quien en ese entonces
gobernaba esta última entidad, alegaba que, dado que no estaba
claro a quién pertenecía el mineral, su gobierno tenía derecho
a emitir permisos para explotar las ricas vetas de plata de sus
inmediaciones. Los coahuilenses, por otra parte, consideraban
este argumento como una tentativa ridícula de apropiarse de unos
recursos que pertenecían a su estado.
A mediados de 1879, el gobernador de Coahuila, Hipólito
Charles, nombró una comisión de tres personas para que
marcharan a Sierra Mojada. Llevaban con ellos el encargo de
instituir representantes legales en el mineral y recobrar potestad
sobre una demarcación que Charles consideraba usurpada.3 En
los meses siguientes, la controversia no hizo sino crecer pues
las autoridades de Mapimí, Durango, continuaron legalizando
explotaciones mineras a tal punto que el gobierno de Porfirio
Díaz tuvo que intervenir.
Efectivamente, en octubre de 1879, el Congreso de la
Unión, luego de meses de tensión, declaró a Sierra Mojada como
territorio militar y bajo jurisdicción del ejecutivo federal. Es
decir, puso al mineral a cargo de la administración encabezada por
Porfirio Díaz. Según se argumentó, la razón detrás de la medida
no era otra que la polémica en torno a los límites estatales. Para
AGEC, F.S.XIX. Carta de Juan Manuel Flores, gobernador del Estado de
Durango a Hipólito Charles, gobernador de Coahuila, 8 de julio de 1879, caja
4, fólder 8, exp. 10, ff. 1-2.
3

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este momento la fama de Sierra Mojada se había extendido a tal
punto que despertaba ya una enorme especulación.4 Se hablaba de
que el descubrimiento de plata en esta zona del oeste coahuilense
atraía a miles de inmigrantes de Estados Unidos y de varias partes
del mundo.
Con la adquisición de potestad sobre Sierra Mojada,
las autoridades federales buscaban controlar una veta que
brindaba recursos argentíferos estratégicos, así como evitar que
se suscitaran conflictos entre entidades. No obstante, el decreto
emitido por el Congreso de la Unión levantó críticas por parte
de múltiples funcionarios de la administración coahuilense
encabezada por Hipólito Charles y por varios diarios de circulación
nacional. Unos y otros consideraban que declarar al mineral bajo
jurisdicción federal excedía las facultades del ejecutivo de la
Unión. Hablaban pues de un atentado a la soberanía local y de
un abuso de poder hacia una entidad que en las décadas recientes
había experimentado la mutilación territorial.
Este artículo analiza la efímera federalización del mineral
de Sierra Mojada, Coahuila, la cual abarcó de octubre de 1879
a marzo de 1880. De manera particular, se adentra en cómo se
suscitó la polémica y en la forma en la que distintos niveles del
gobierno de Coahuila se opusieron a la medida. Aun antes de la
“Número 8084. Octubre 10 de 1879.—Decreto del Congreso.—Autoriza
al Ejecutivo para organizar interinamente la administración pública en los minerales “Sierra de Rosales” y “Sierra Mojada”, Legislación mexicana, 1 de
enero de 1879, p. 150.
4

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creación del territorio federal de Sierra Mojada por parte del gobierno porfirista, el ejecutivo estatal había levantado la voz en
contra de cualquier intervención emanada de las autoridades centrales.5 Más tarde representantes de los poderes municipales y
de la sociedad civil se unieron a la protesta. El artículo sostiene
como tesis central que la efímera existencia del llamado territorio
de Sierra Mojada constituyó parte de la construcción del espacio
geográfico, político, social y económico del norte de México a
finales de la década de 1870, periodo clave para lo que la historiografía ha concebido como “primer porfiriato”. En tal sentido,
el artículo exhibe al proceso de conformación y consolidación del
régimen porfirista como producto del intercambio y de las negociaciones entre la administración del oaxaqueño y múltiples autoridades estatales y municipales, y aun figuras de poder. El trabajo
argumenta en pocas palabras que juegos de intereses como el que
aquí se estudia contribuyeron a la conformación de la geografía
política y territorial de enormes porciones del país, incluyendo
por supuesto al norte mexicano.
Para desarrollar este artículo, se concibe la noción de territorio como una idea que rebasa la dimensión física. Se toma
más bien como un concepto que, de acuerdo con geógrafos como
Como puede verse en el encabezado de la nota anterior, junto con el territorio de Sierra Mojada el Congreso declaró a la Sierra de Rosales, Chihuahua,
como territorio federal. En este artículo, no obstante, hemos decidido centrarnos en el caso coahuilense pues fue el que suscitó mayores inquietudes políticas. Indudablemente, el caso de la Sierra de Rosales merece una investigación
adicional.
5

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Guillermo Castillo, exhibe “procesos de apropiación, tensión y
disputa del espacio de carácter político y económico”.6 Argumentamos pues que esa disputa por la dominación del espacio puede
ubicarse al analizar al México durante gran parte del siglo XIX.
Como ha hecho notar Marcello Carmagnani, el territorio mexicano en ese periodo “no es ni un simple agregado de comunidades
ni una construcción artificial a partir de la geografía, sino más
bien la resultante de la tensión entre la comunidad y autoridad”.7
Guillermo Castillo, “El territorio como apropiación sociopolítica del espacio. Entre la desterritorialización y la multiterritorialidad” Investigaciones
Geográficas, núm. 103 (diciembre de 2020), 3-4.
7
Marcello Carmagnani, “Del territorio a la región. Líneas de un proceso en
la primera mitad del siglo XIX”, en Economía y Política. México y América
Latina en la contemporaneidad, Marcello Carmagnani (Ciudad de México: El
Colegio de México, 2011), 70. Castillo, citando al geógrafo brasileño Rogério
Haesbaert, señala que “los territorios son los diversos espacios (materiales y
simbólicos) donde el poder se ejerce de múltiples maneras y escalas, que pueden implicar desde los referentes del Estado nación (a través de la soberanía
y del control de la población) y de los grupos de poder económico y político,
hasta otros sujetos sociales que, fuera de la esfera gubernamental, tienen diferentes capacidades de agencia e intereses”. Al respecto, consúltese, Castillo,
“El territorio”, 5. Concebimos pues tanto a la explotación de minerales como
a la división política y geográfica del territorio como producto de intercambio
entre grupos de poder. Siguiendo a Henri Lefebvre, creemos que “el espacio
(social) es un producto (social)” y que la manera en la que este se conforma
influye directamente en la conformación del medio físico habitado por el ser
humano. Así lo plantea Lefebvre, “La primera” implicación de concebir al
espacio (social) como producto (social) es que “el espacio-naturaleza desaparece. Ciertamente el espacio natural fue y sigue siendo en parte el punto común
de partida, el origen y el modelo original del proceso social, quizá la base de
toda ‘originalidad’ […] el espacio de la naturaleza se aleja, un horizonte que
queda detrás para los que vuelven su mirada”. Sobre este punto, véase Henri
Lefebvre, La producción del espacio (Madrid: Capitan Swing, 2013), 90.
6

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Este artículo asume que esa confrontación se da en varios planos.
Tal y como ha señalado George White, la conformación territorial
resulta sobre todo de decidir quién ejerce autoridad sobre un espacio específico; de definir quiénes explotan sus recursos naturales
y quiénes emiten las normas que prevalecerán sobre el mismo.8
En el caso mexicano precisar quién ejerce autoridad, o bien
quién explota los recursos naturales del territorio, fue de la mano
con la construcción del estado nacional, cuya consolidación aún alcanzó a la temprana etapa porfirista. Fue precisamente en ese marco
de consolidación estatal que se dio la disputa entre la sociedad y las
autoridades coahuilenses con el gobierno federal por el mineral de
Sierra Mojada. En la querella, como se verá, el gobierno porfirista
reculó y por tanto la territorialidad del estado norteño prevaleció
intacta. En efecto, tan pronto como crecieron las protestas por la
federalización del distrito minero, el gobierno federal echó atrás la
disposición que atraía al territorio a su jurisdicción y preservó el
statu quo ante. Con todo, aquí se afirma que ese intento por tomar el
control del mineral expuso la poco tersa manera en la que se consolidó el estado porfirista en el norte de México y aun cómo se constituyó la propia geografía política y territorial de esta amplia zona.
Afortunadamente, el intento porfirista por tomar el
control de Sierra Mojada ya ha sido tratado por la historiografía.9
George W. White, Nation, State and Territory: Origins, Evolutions, and
Relationships (Lanham, Maryland: Rowman &amp; Littlefield, 2004), 1-19.
9
Román Jáquez, Juana Gabriela, Del Aguanaval a Sierra Mojada. El conflicto de límites entre Durango y Coahuila, 1845-1900 (Saltillo: Centro de Es8

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Sin duda, de los análisis realizados el de Juana Gabriela Román
Jáquez es el más completo. Román Jáquez trata primero con
detenimiento la disputa entre entidades por el mineral y más tarde
se centra en el desencuentro entre Coahuila y el gobierno federal
por la declaratoria del distrito bajo jurisdicción federal.10 El
presente artículo busca pues complementar sus planteamientos.
En primer término, en este trabajo se plantea que para analizar
el conflicto se debe de ampliar el marco temporal del mismo,
pues parte de su origen se hallaba en la legislación minera, la
cual prácticamente regía desde la época colonial. En segundo
lugar, este artículo afirma que la disputa por Sierra Mojada fue
más allá de un simple choque entre una entidad y la federación,
pues la respuesta coahuilense incluyó las reclamaciones de
cabildos, autoridades municipales y miembros de la sociedad
civil. Tomar en cuenta a dichos actores resulta importante pues
expresaron una serie de reclamos a una medida que finalmente
fueron exitosos. Al alcanzar sus objetivos las quejas emitidas
por los coahuilenses exhibieron la inseguridad de un régimen
porfirista que, con aciertos y errores, en su primer periodo
adquiría oficio político.
tudios Sociales y Humanísticos, A.C., 2001), 56-72. También Escobedo Díaz
de León, M. Rodolfo, Sierra Mojada y La Esmeralda: Dos villas hermanas
enraizadas en el semidesierto de Coahuila (Saltillo: Consejo Editorial del Gobierno del Estado de Coahuila; Colegio Coahuilense de Investigaciones Históricas, 2005), 88-97.
10
Román, Del Aguanaval a Sierra Mojada, 56-72.
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Descubrimiento
La raíz de la confrontación por Sierra Mojada fue el descubrimiento
de plata en las inmediaciones del oeste coahuilense. De acuerdo
con la carta que envió Nafarrete a Hipólito Charles, la primera
veta en este mineral había sido descubierta por su cliente, Néstor
Arreola, quien había pasado explorando el Bolsón de Mapimí
desde al menos 1876. Subsecuentemente, Arreola llevó a cabo
un trámite legal que se convirtió en motivo de discordia, pues
asumió que el territorio en el que estaba el filón de plata recién
descubierto pertenecía al estado de Durango y realizó el denuncio
ante las autoridades de Mapimí.11
El origen del problema estaba en la poca claridad que
existía en la legislación minera. El propio Nafarrete señaló que
Arreola y los suyos habían realizado el denuncio “con arreglo de
las ordenanzas de minería”.12 En otras palabras, habían registrado
su descubrimiento empleando una legislación que prevalecía
desde la época colonial. De acuerdo con Marvin Bernstein, esta
normativa, “modificada muchas veces”, se encontraba vigente
Según relató su abogado, Nafarrete estuvo “unas veces debilitado por el
hambre, otras veces abrazado por la sed, las más expuesto a un encuentro con
los bárbaros”. AGEC, F.S.XIX. Pedro F. Nafarrate solicita al Gobernador del
estado de Coahuila, en su nombre y el de sus socios mineros, la pronta resolución a delimitar el mineral de Sierra Mojada, 8 de julio de 1879, caja 4, fólder
8, exp. 9, ff. 1-4.
12
AGEC, F.S.XIX. Pedro F. Nafarrate solicita al Gobernador del estado de
Coahuila, en su nombre y el de sus socios mineros, la pronta resolución a delimitar el mineral de Sierra Mojada, 8 de julio de 1879, caja 4, fólder 8, exp. 9,
ff. 1-4.
11

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desde el siglo XVIII y servía de legislación para quien quisiera
llevar a cabo la explotación de metales.13
De acuerdo con las ordenanzas, Arreola tenía preferencia
al hacer público su descubrimiento. En su título VI, las
ordenanzas señalaban que quien encontrara “nuevos minerales y
venas metálicas” podía “adquirir en la veta principal que más les
agradare hasta tres pertenencias continuas, o interrumpidas, con las
medidas que después se dirán; y que, si hubieren descubierto más
vetas, puedan tener una pertenencia en cada veta, determinando y
señalando dichas pertenencias dentro del término de diez días”.14
No obstante, la primacía de Arreola no había sido respetada.
En la carta enviada a Charles, su abogado se quejaba de que un
individuo de nombre Luis G. Sánchez había querido apropiarse
del filón reclamado por su cliente. Según expuso, Sánchez había
intentado registrar la misma veta argentífera ante el jefe político
de Mapimí, pero cuando supo que el registro no sería posible,
decidió acudir a las autoridades de Coahuila.
Bernstein, The Mexican Mining Industry, 1890-1950: A Study of the Interaction of Politics, Economics, and Technology (Albany, Nueva York: State
University of New York, 1964), 18.
14
Ordenanzas de minería (Paris: Librería de Rosa y Bouret, 1858), 68-70.
El propio Néstor Arreola escribió meses después al gobierno de Coahuila para
pedir que se le revalidaran los denuncios ya registrados en el estado de Durango. En ese nuevo alegato, Arreola volvió a citar las Ordenanzas de minería,
específicamente el artículo 16 del título VI. De acuerdo con Escobedo Díaz de
León, la concesión realizada a Arreola fue ratificada por el gobierno de Charles
y más tarde por las autoridades federales. La carta de Arreola a Hipólito Charles puede encontrarse en Díaz, Sierra Mojada y La Esmeralda, 91-93.
13

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La queja de Nafarrete tenía sustento. Unos días después
de su carta, Hipólito Charles recibió una misiva del propio Luis
G. Sánchez. En su mensaje, Sánchez se quejó de la protección
que daban las autoridades de Mapimí a “un señor Arriola y
socios”.15 Según expuso, Arreola y los suyos impedían a Sánchez
realizar labores en la mina de Jesús María “y sacar los metales
de Cuatro Ciénegas que es el punto que hemos elegido por ahora
para beneficiarlos y de lo cual resultará un gran provecho a dicha
población”.16 Consecuentemente, Sánchez pedía que las autoridades
coahuilenses protegieran los filones que habían registrado ante
las autoridades del estado a su cargo, lo cual motivó a Charles a
reclamar formalmente a las autoridades de Durango.
En el momento en el que fueron redactadas, las ordenanzas
de minería reservaron facultades clave a las autoridades
virreinales. En su título V, estipulaban que las minas pertenecían
a la “real corona, por su naturaleza y origen”, pero que podían
ser concedidas “en propiedad y posesión” a los súbditos del rey.17
El otorgamiento de tal primacía a las autoridades virreinales
terminó por fortalecer a los gobiernos republicanos una vez que
llegó el periodo independiente. De acuerdo con Sandra Kuntz, las
ordenanzas llegaron a modificarse por varias leyes estatales, pero
AGEC, F.S.XIX. Carta de Luis G. Sánchez a Hipólito Charles, 12 de julio
de 1879, caja 4, fólder 9, exp. 13, ff. 1-2.
16
Sánchez, como se verá más adelante, tenía vínculos con el gobierno de
Hipólito Charles.
17
Ordenanzas de minería, 68.
15

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hasta finales del siglo XIX se preservaron “imperfecciones” en el
carácter de la propiedad, pues prevaleció la prerrogativa de que
una “concesión” minera podía ser revocada.18
Arreola y los suyos reconocían pues la supremacía de
las autoridades generales en el ramo de minería. En su carta a
Hipólito Charles, el abogado de Arreola señaló que él mismo
estaba persuadido “de que las minas son propiedad de la nación”
y abundaba “Coahuila, lo mismo que Durango y Chihuahua son
estados de la misma confederación y […] las ordenanzas del
ramo permiten hacer denuncios aún ante autoridades extrañas al
distrito en que aquellas se encuentran”.19
Pero Hipólito Charles y los suyos no estaban convencidos
de tal aseveración. Así pues, en junio de 1879, el gobernador
de Coahuila envió una misiva a su contraparte de Durango y le
pidió resolver el conflicto de límites. Ante la excitativa, Juan
Manuel Flores quien en ese momento actuaba como mandatario
en el estado vecino escribió a Charles, diciéndole que estaba de
acuerdo en que se arreglara la disputa y justificaba su reclamo
sobre el nuevo mineral, alegando que “el distrito en el que se
Sandra Kuntz Ficker, “De las reformas liberales a la Gran Depresión” en
Historia económica general de México. De la colonia a nuestros días, coord.
Sandra Kuntz Ficker (Ciudad de México: El Colegio de México; Secretaría de
Economía, 2010), 314.
19
AGEC, F.S.XIX. Pedro F. Nafarrate solicita al Gobernador del estado de
Coahuila, en su nombre y el de sus socios mineros, la pronta resolución a delimitar el mineral de Sierra Mojada, 8 de julio de 1879, caja 4, fólder 8, exp. 9,
ff. 1-4.
18

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haya situado está generalmente reconocido por del Bolsón de
Mapimí, perteneciente al Partido de este nombre en este Estado”.
Y abundaba, “es verdad que no hay memoria de que Durango
haya ejercido acto alguno de jurisdicción en aquellas apartadas
y solitarias regiones; pero creo que en el mismo caso se halla
Coahuila, siendo notorio que desde hace muchísimos años, no ha
imperado allí otra autoridad que la de los salvajes”.20
Charles contestó a Flores con enfado. Después de recibir
su carta redactó un largo mensaje en el que se quejó de la forma
de proceder de los funcionarios duranguenses y de que estos
hubiesen permitido que el juez de Mapimí reconociera denuncios
en territorio ajeno.21 En esos mismos días, el ayuntamiento de
Matamoros, Coahuila, solicitó que se formara una expedición
que fuese a reclamar el territorio para su entidad. En respuesta,
el gobierno de Charles accedió a la petición y autorizó que
representantes de tres municipios de la zona de La Laguna
formasen una comisión que marchase a Sierra Mojada a tomar
AGEC, F.S.XIX. Carta de Juan Manuel Flores, gobernador de Durango, a
Hipólito Charles, gobernador de Coahuila, 1 de julio de 1879, caja 4, fólder 7,
exp. 4, f. 1. Lo propio se plantea en Román, Del Aguanaval, 56.
21
Charles aludía directamente al tema diciendo: “el gobierno de su digno
cargo confiesa en su nota del 1 de julio que no tiene más fundamento principal
Durango para creer que la Sierra Mojada le pertenece, que hallarse en el Bolsón
llamado de Mapimí: pues tal fundamento es inexacto: la Sierra Mojada ni se
halla dentro del Bolsón de Mapimí, ni en las montañas que lo circundan; sino
fuera de estas y a la parte que visa a los pueblos de Coahuila, cuando se encuentra separado más de 80 leguas del mineral de Mapimí”, AGEC, F.S.XIX.
Mensaje de Hipólito Charles, gobernador de Coahuila a Juan M. Flores, 8 de
septiembre de 1879, caja 5, fólder 2, exp. 2, f. 3.
20

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posesión del mineral. La medida causó resentimiento en el
gobierno que encabezaba Juan Manuel Flores quien molesto
reclamó a Charles, “debo advertir a ese gobierno de su digno
cargo que no se concebían muy bien las propuestas que se sirve
hacerme, para celebrar un amistoso arreglo con la autorización
atentatoria que se ha dignado conceder para recobrar por la fuerza
un territorio cuya propiedad es muy dudosa pues los mismos
fundamentos que ese estado tiene para suponer a Sierra Mojada
dentro de su territorio, esos mismos y algunos otros más tiene
Durango para creer que está dentro del suyo”.22
La rivalidad entre ambos estados se incrementó en los días
siguientes. Tal llegó a ser el descontento entre los munícipes de
La Laguna que el presidente municipal de Viesca, ayuntamiento
vecino al de Matamoros, pidió que no sólo se enviase una
comisión, sino que esta fuera acompañada de quince hombres
“montados, armados, equipados y listos para la expedición
referida”.23 La intención era tomar posesión del mineral y por
supuesto hacer valer la autoridad coahuilense sobre un espacio
que quienes gobernaban la entidad consideraban propio.
AGEC, F.S. XIX. J.M. Flores comunica al Gobernador de Coahuila que
se encuentra enterado de la autorización que se dio a las corporaciones Municipales de Matamoros, Viesca y San Pedro para enviar una comisión de tres
personas para recobrar Sierra Mojada, 8 de julio de 1879, caja 4, fólder 8, exp.
10, foja: 1.
23
AGEC, F.S.XIX. Carta de Hilario Barba de la presidencia municipal de
Viesca, Coahuila, al Secretario de Gobierno del Estado, 16 de agosto de 1879,
caja 5, fólder: 3, exp. 14, f. 1.
22

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El pleito entre Durango y Coahuila se agravó a tal
punto en el mes de julio que el gobierno de Porfirio Díaz buscó
intervenir. En el periódico oficial se publicó una iniciativa por
parte del gobierno federal para que este tomase control de la
Sierra Mojada, así como de la Sierra de Rosales, ubicada en
Chihuahua. De acuerdo con Juana Gabriela Román Jáquez, la
iniciativa federal llegó a petición de las autoridades de Durango,
lo cual es muy probable que así fuese.24 En el Archivo General
del Estado de Coahuila existe un borrador de una protesta
elaborada por el gobierno de Charles como respuesta. En ella se
lee cómo su administración reclama a las autoridades federales
por impulsar de manera secreta la iniciativa en la Cámara de
Diputados y, concretamente, de buscar declarar a Sierra Mojada
como Distrito Militar. De manera particular, la administración
de Charles protestaba por la secrecía con la que se llevaban a
cabo las negociaciones y cuestionaba abiertamente su legalidad.
Específicamente, el borrador advertía que mientras el artículo
72 de la constitución de 1857 permitía en efecto crear nuevas
entidades, tal no era el caso para la “erección de un cantón militar
que no es otra cosa que un territorio sujeto inmediatamente a la
federación”.25
Román, Del Aguanaval, 54-58.
AGEC, F.S.XIX. Mensaje del gobierno de Coahuila al Secretario de Gobernación en el que le manifiesta estar enterado de la publicación del periódico
oficial sobre la iniciativa para que se erija en Distrito Militar el mineral de
Sierra Mojada perteneciente a Coahuila, 23 de julio de 1879, caja 4, fólder 11,
exp. 12, f. 2.
24
25

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Potestades y potestas
La protesta emitida por Coahuila tenía fundamento legal. El
artículo 72 de la constitución de 1857 había reservado en efecto
al Congreso General la facultad de “admitir nuevos Estados o
Territorios a la Unión federal”. Más tarde, en noviembre de 1874,
se había introducido una reforma constitucional la cual estipulaba
que también el congreso podía “formar nuevos estados dentro de
los límites existentes”. El problema era que no se mencionaba
la potestad de crear o erigir “territorios”.26 Según argumentaba
el borrador preparado por los coahuilenses, si quería otorgarse
esa prerrogativa al Congreso tenía que realizarse una reforma
constitucional, lo cual ponía en riesgo la forma de gobierno del
país pues se atentaba contra las entidades.
No era menor el asunto. Si se otorgaba a la federación la
facultad de crear territorios a partir de los estados ya existentes se
mermaba la autonomía de las entidades frente al gobierno general,
el cual ya había venido fortaleciéndose.27 La propia reforma
Constitución de 1857. Con sus adhesiones y reformas, p. 187. En noviembre de 1874 se había de hecho reestablecido el Senado de la República al cual
se le había otorgado la potestad para declarar la “desaparición de poderes” en
los estados cuando así se considerase necesario.
27
Marcello Carmagnani, “El federalismo liberal mexicano”, en Federalismos latinoamericanos: México-Brasil-Argentina, coord. Marcello Carmagnani (Ciudad de México: El Colegio de México; Fondo de Cultura Económica;
Fideicomiso de las Américas, 1999), 152. En efecto, de acuerdo con Carmagnani, la forma de gobierno que se echó a andar tras la invasión francesa otorgó
autonomía y una “esfera propia” a la federación pues no sólo depositó en el
gobierno general la representación de la “nación” sino que con ello le dio la
“propiedad eminente de los recursos, incluidos la propiedad nacionalizada a
26

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constitucional mencionada unas líneas atrás había reestablecido
al Senado y aun había otorgado a ese cuerpo legislativo la facultad
para declarar la “desaparición de poderes” en los estados cuando
así quedase considerado. Tal facultad, aunada a las alianzas
que frecuentemente tendía el gobierno general con facciones
regionales, desembocó en una centralización del poder político.
Y los propios coahuilenses percibían la iniciativa como una
tendencia centrípeta. No por nada en el borrador que esbozaron
en julio de 1879 redactaron que “el Ejecutivo [del estado] juzga
que la iniciativa perjudica gravísimamente los derechos del
estado, privándole de la porción más preciosa de su territorio,
menoscabando su soberanía e independencia local y embarazando
o impidiendo el libre ejercicio de su administración interior”.28
Los primeros días de agosto de 1879 encontraron a
Hipólito Charles en el norte de Coahuila. Desde allá envió sus
quejas al gobernador Juan M. Flores y le advirtió que defendería
la integridad del estado a su cargo pues ello constituía una de
sus tareas fundamentales como mandatario. Asimismo, Charles
informó a su contraparte de Durango que había nombrado un
diputado local como comisionado para arreglar la cuestión de
las corporaciones eclesiásticas, los bienes sin propietario y la riqueza del subsuelo”.
28
AGEC, F.S.XIX. Mensaje del gobierno de Coahuila al Secretario de Gobernación en el que le manifiesta estar enterado de la publicación del periódico
oficial en la que se declara impuesto una iniciativa para que se erija en Distrito
Militar en mineral de Sierra Mojada perteneciente a Coahuila, 23 de julio de
1879, caja 4, fólder 11, exp. 12, f. 3.
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límites entre ambas entidades y que esperaba que el problema
pronto quedara zanjado.29
Ese mismo mes, Charles se encaminó hacia Sierra Mojada
con la intención de conferenciar con el Jefe Político de Mapimí. De
acuerdo con lo que informó El Siglo XIX, ambas partes parecieron
entenderse pues incluso se llegó a hablar de que la cuestión de
límites entre ambos estados había quedado solucionada.30 En su
viaje, Charles ordenó que todas aquellas vetas que habían sido
“denunciadas” en el estado de Durango tenían que revalidarse ante
funcionarios estatales coahuilenses.31 En una nota que apareció al
margen de una de las cartas recibidas de la presidencia municipal
de Viesca, se anotó como respuesta que no era necesario enviar
hombres armados, pues Coahuila había tomado ya posesión del
mineral e incluso –lo más probable es que durante la estancia de
Charles– se habían nombrado también autoridades coahuilenses
para el distrito.32
AGEC, F.S.XIX. Carta de Hipólito Charles, gobernador del estado de
Coahuila a Juan M. Flores, gobernador del estado de Durango, 9 de agosto de
1879, caja 5, fólder 2, exp. 7, ff. 2-4.
30
“Las riquezas de Sierra Mojada”, El Siglo Diez y Nueve, 10 de septiembre
de 1879, pág. 1.
31
AGEC, F.S.XIX. Nazario Martínez de la presidencia municipal de Parras
transcribe informe de E. Viesca comisionado por el Edo. de Coah. Para tratar
con el Edo. de Durango la cuestión de límites por Sierra Mojada, 16 de octubre
de 1879, caja 7, fólder 5, exp. 7, f. 3.
32
AGEC, F.S.XIX. Hilario Barba de esta Presidencia Municipal comunica al secretario del Gobierno del Estado de Coahuila el resultado de la junta
verificada en Matamoros para nombrar una comisión que se encargue de la
ocupación de Sierra Mojada, caja 5, fólder 3, exp. 14, f. 1.
29

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Mas no tardaron en volver los problemas. A mediados
de septiembre el juez auxiliar de Sierra Mojada notificó a sus
superiores que estaba por llegar al Distrito el Jefe Político de
Mapimí quien pensaba ir a dar posesión de minas a algunos de
sus “favorecidos”. Ante la amenaza, el Secretario de Gobierno
giró instrucciones al propio juez y a los representantes del estado
de Coahuila para que “defendieran” el territorio coahuilense,
“repeliendo la fuerza con la fuerza, y no permitiendo que
autoridades extrañas vengan a nuestro pobre estado a desempeñar
funciones ajenas a su deber”.33 Pero al Jefe Político de Mapimí
le importaron poco las amenazas. En los días que siguieron no
solamente llegó al mineral, sino que otorgó en posesión una mina.
Ante los reclamos de las autoridades de Coahuila, este respondió
que no hacía otra cosa que cumplir órdenes del gobierno al que
defendía y alegó que “si aquel está en un error al sostener como
ha estado sosteniendo que esta Sierra pertenece al Estado de
Durango, es cuestión que mientras no se resuelva creo que no
¿Qué tanto influyeron los intereses personales en la disputa territorial? De
acuerdo con la carta del juez auxiliar, el Jefe Político de Mapimí tenía la intención de otorgar las minas de Jesús María y La Esmeralda a sus favorecidos, lo
cual hacía que el asunto fuese más contencioso. Recuérdese que el abogado de
Arreola se había quejado de que el coahuilense Luis G. Sánchez había querido
arrebatarle la mina de San Longino a la cual había cambiado el nombre por el
de Jesús María. Así pues, lo más probable es que el Jefe Político de Mapimí
pretendiera dar posesión a Arreola precisamente de lo que había reclamado
este a través de su abogado. La queja del Juez Auxiliar de Sierra Mojada se encuentra en: AGEC, F.S.XIX. Carta de José María Juárez, Secretario de Gobierno del Estado de Coahuila al juez auxiliar de Sierra Mojada,15 de septiembre
de 1879, caja 5, fólder: 6, exp. 2, ff.1-2.
33

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se debe prejuzgar llamando ilegales y fuera de jurisdicción los
actos que ejerzan las autoridades dependientes de aquel”.34 El
gobierno de Coahuila respondió con una resolución del Supremo
Tribunal del Estado, en la cual se ordenó que todos los negocios
civiles y contenciosos de Sierra Mojada se atendieran por los
jueces de Cuatro Ciénegas y por aquellos magistrados de Letras
pertenecientes a Monclova.35
La situación se exacerbó aún más porque en esos mismos
días comenzó a hablarse de que los depósitos de plata de Sierra
Mojada eran fabulosos. Desde mediados de año, capitalistas como
Guillermo Purcell, movilizaron recursos para indagar las riquezas
del mineral. Más tarde, empresas completas se pusieron en marcha
para facilitar las inversiones mineras, para llevar trabajadores
hacia las minas y para extraer las riquezas que tuvieran las vetas.36
El 11 de septiembre por ejemplo El Monitor Republicano publicó
una nota en la que mencionaba que mucha gente se estaba yendo a
Sierra Mojada a hacer vida como gambusino.37 Se hablaba incluso
AGEC, F.S.XIX. Carta de Vicente Carrión, Jefe Político de Mapimí, Durango al Ciudadano Presidente de Cuatro Ciénegas, 21 de septiembre de 1879,
caja 6, fólder 9, exp. 4, ff. 1-2.
35
AGEC, F.S.XIX. El Tribunal Superior de Coahuila comunica al Gobernador del mismo acuerdo relativo a que todos los negocios civiles, voluntarios
y contenciosos de Sierra Mojada deben instanciarse y decidirse por los jueces
de Cuatro Ciénegas y Letras de Monclova, 23 de septiembre de 1879, caja 6,
fólder 7, exp. 9, f. 1.
36
Véase por ejemplo Díaz, Sierra Mojada, 76-81.
37
“Sierra Mojada”, El Monitor Republicano, 11 de septiembre de 1879, pág.
3; Román, Del Aguanaval, 55-58.
34

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de que cientos de estadounidenses organizaban exploraciones
para ir al mineral y que existía el peligro de que la inmigración
desembocara en un desmembramiento de territorio como el que
había ocurrido cuando se había dejado ingresar anglosajones a
Texas.38
Quizá por temor a una inmigración sin control o quizá
por evitar que continuase el pleito entre las entidades, la
administración de Porfirio Díaz decidió actuar. El 27 de septiembre
Eduardo Pankhurst, quien se encontraba a cargo de la Secretaría
de Gobernación, presentó formalmente la iniciativa a través de
la cual se pedía que se autorizara al presidente administrar al
mineral. Entre las razones que citó se encontraba la organización
de “empresas nacionales y extranjeras” y la falta de acuerdos
entre las entidades de Coahuila y Durango.39 Asimismo, se
mencionaba que el presidente había dispuesto de la fuerza armada
para “conservar la paz pública sin alterarse” y que la medida tenía
carácter provisional.
El Monitor Republicano por ejemplo informó que un rico capitalista de
San Antonio de apellido Parrish, quien había sido minero en California había
vendido sus activos en Texas para ir a invertir a Sierra Mojada. Lo propio
había ocurrido con el Sr. Sawyer, antiguo ensayador de minas en el distrito de
Parral. “La Sierra Mojada”, La Patria, 8 de octubre de 1879, pág. 1; “La nueva
California”, La Voz de México, 27 de septiembre de 1879, pág. 3; “Sierra Mojada”, La Voz de México, 5 de octubre de 1879, pág. 1; “Grave muy grave”, El
Republicano, 8 de octubre de 1879, pág. 3.
39
La iniciativa enviada por Pankhurst al Congreso fue reproducida a finales
de octubre en el periódico La Patria. “Interior. Coahuila”, La Patria, 29 de
octubre de 1879, pág. 2.
38

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La iniciativa de Pankhurst molestó a Hipólito Charles. Dos
días después de que esta fue publicada, el gobernador de Coahuila
mandó que Sierra Mojada fuese declarada villa, seguramente con
la intención de formar un cabildo local. En una nota dirigida a los
congresistas estatales, se urgió además que se estableciera una
autoridad política superior a la municipal ya fuese en la propia
Sierra Mojada o bien en una localidad cercana como Cuatro
Ciénegas. Se sugería que podía ser una Jefatura Política, la cual
ejercería autoridad y controlaría el orden y que además se situase
un juez de primera instancia.40 Más tarde, el gobierno del estado
ordenó también que la presidencia municipal de Cuatro Ciénegas
investigara cuáles eran los límites de la entidad hacia el oeste y si
es que la cadena montañosa contigua a Sierra Mojada pertenecía
al estado.
Pero la organización de Sierra Mojada como villa llegó
tarde. El mismo día que Charles hizo la proclama, el Congreso de
la Unión aprobó la iniciativa de Pankhurst.41 En los primeros días
de octubre, la prensa de la ciudad de México comenzó a analizar
la medida y la tachó de ilegal y autoritaria. Y, a pesar de que
la legislatura de Durango aprobó una moción en la cual apoyó
la federalización, el descontento fue tal que los senadores de
Coahuila, Tamaulipas y Chihuahua emitieron un comunicado en
AGEC, F.S.XIX. Nota del Gobierno de Coahuila al Srio. de la Comisión
Permanente, sin firmar, 30 de septiembre de 1879, caja 6, fólder: 9, exp. 12,
f. 2.
41
Román, Del Aguanaval, 59.
40

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conjunto.42 En él expresaron su preocupación por la intervención
federal, la cual consideraron atentaba en contra la soberanía de
las entidades “y contra la nueva facultad que el gobierno general
se ha arrogado de formar territorios dentro de los Estados”.43
La forma en la que se llevaba a cabo la creación del
Distrito Militar, aunada a la formación de compañías para explotar
el mineral y la especulación que este creaba, pronto levantaron
sospechas. A principios de octubre, cuando el proyecto para tomar
el control sobre el mineral estaba en marcha, Benigno Arriaga,
senador por San Luis Potosí y cercano al presidente Díaz, creó
la llamada Compañía Minera de Sierra Mojada. Con ironía, El
Monitor Republicano reproducía una nota de La Patria en la que
informaba que en esta empresa figuraban “algunos comerciantes
de importancia de esta plaza, el Presidente de la República y
los Secretarios de Despacho”.44 Ambos rotativos culpaban al
gobierno de Díaz de querer apropiarse del mineral y de buscar
atraer el territorio hacia el dominio del centro sólo para evitarse
trabas al momento de invertir. Sin empacho, los editores de El
Republicano publicaron el 1 de octubre: “La Sierra Mojada. Ha
despertado la codicia de los hombres de Tuxtepec, y sedientos de
riquezas han acordado arrebatar a los Estados en cuyos límites se
La moción que aprobó la Legislatura de Durango fue reproducida en el periódico La Voz de México y puede consultarse en “Durango y Sierra Mojada”,
La Voz de México, 11 de octubre de 1879, pág. 3.
43
“Sierra Mojada”, La Voz de México, 12 de octubre de 1879, pág. 3.
44
“Brillante negocio”, El Monitor Republicano, 5 de octubre de 1879, pág.
3.
42

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encuentra, la propiedad de aquel ambicionado mineral”. Y en clara
alusión al presidente de la República aseveraban, “oportunamente
anunciamos que [además de Coahuila, Durango y Chihuahua] se
había presentado un cuarto competidor y que este era el Estado
de Oaxaca”.45
Al poco tiempo de que Arriaga creó la Compañía Minera
de Sierra Mojada, se dio a conocer quiénes le habían secundado
en la iniciativa. Según se informó, en ella participaba el general
Vicente Riva Palacio, Sebastián Camacho, Matías Romero, Manuel
Payno, Miguel Ramos Arizpe, Ignacio Manuel Altamirano y los
mismísimos Eduardo Pankhurst y Manuel Romero Rubio.46 Todos
ellos se habían asociado con capitalistas como Robert Symon y
“La Sierra Mojada”, El Republicano, 1 de octubre de 1879, p. 1. El Republicano agregaba, “Esto que parecía una broma, es sin embargo una verdad
que el gobierno general ha venido a demostrar. Las supuestas discusiones entre
los Estados de Coahuila, Durango y Chihuahua han dado ocasión al gobierno
tuxtepecano para arrancar un nuevo girón a la Constitución de 1857”.
46
La lista completa era la siguiente: “Benigno Arriaga, Sebastián Camacho,
Francisco de P. Urgell, Vicente Riva Palacio, Matías Romero, Miguel Mosso,
Gabriel Mancera, David Fergusson, Thomas S. Braniff, Manuel F. Loaeza,
Pomposo Verdugo, Santiago Ramos, José M. Mata, Alfredo Bablot, Vidal Castañeda y Nájera, Francsco Suinaga, Miguel Ramos Arizpe, Roberto R. Symon,
Mateo Laguna, Manuel Payno, Eduardo Pankhurst, Epitacio Huerta, Perfecto Soto, Alfredo Box, Enrique Muñiz, José Barbier, Ignacio M. Altamirano,
Francisco Nájera, Jesús Medina, Francisco Monsalve, José Othon, Julio Paz,
Francisco Mejía, Juan B. Frisbie, Manuel de la Hoz, Filomento Mata, Manuel
Orellana Nogueras, Ellis Read, Eduardo Perry, Francisco Garza, Santos Garza,
Pedro Garza, Gumersindo Mendoza, Manuel Romero Rubio, Claude Godean,
Antonio Cervantes, O. Nibbi”. Sobre el tema, véase Artículo sin título, La Patria, 14 de octubre de 1879, pág. 2; también “Compañía minera”, La Patria, 7
de noviembre de 1879, pág. 3.
45

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planeaban invertir en la creación de un banco minero para llevar a
cabo la explotación argentífera en el nuevo Distrito Militar. A los
pocos días, Enrique Viesca elaboró un informe para el gobierno
de Coahuila en donde expresaba con “profunda tristeza” que las
instituciones hubiesen cambiado “a gracia y virtud del soberano de
la Nación”.47 El personalismo, según manifestaba Viesca, había ya
tenido consecuencias para la entidad cuya integridad él y su familia
había defendido por décadas.
Lluvia de protestas
El 8 de octubre de 1879, Hipólito Charles publicó una circular
en donde invitaba a los coahuilenses para que externaran su
opinión sobre el establecimiento de un cantón militar en Sierra
Mojada.48 La movilización política fue casi inmediata. Después
de emitirse la circular en el Periódico Oficial del estado de
Coahuila, las autoridades estatales convocaron a sesiones
ordinarias y extraordinarias. En cada villa se reunían jefes
políticos, regidores, jueces y síndicos para atender tan “delicado
asunto”.49 En ocasiones también se realizaban sesiones abiertas
para que todos los moradores estuvieran bien informados sobre
lo que definían como un acto de “mutilación” hacia el Estado
AGEC, F.S.XIX. Informe de Enrique Viesca para el gobierno de Coahuila,
19 de octubre de 1879, caja 7, fólder 5, exp. 7, f. 5.
48
“Más sobre Sierra Mojada”, La Libertad, 16 de octubre de 1879, pág. 1.
49
AGEC, F.S.XIX. El ayuntamiento de Ramos Arizpe expresa su opinión
sobre el problema de Sierra Mojada, 25 de octubre de 1879, caja 7, fólder 8,
exp. 2, ff. 1-4.
47

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de Coahuila.50 En la villa de San Juan de Allende la protesta se
leyó en “puerta pública” ante 187 personas, y la reprobación al
gobierno federal obtuvo “unánime conformidad”.51
Este suceso ocurrió dos días antes de erigirse el Distrito
Militar de manera oficial.52 Las élites de gobierno, intelectuales
y sociedades de trabajo respondieron a la circular.53 Durante el
mes de octubre y hasta diciembre el gobierno de Coahuila recibió
más de 35 cartas de coahuilenses declarándose en contra de la
federalización. La mayoría provenían de los distritos de Monclova
y Río Grande.54 Las comisiones a cargo objetaban la pérdida de
El 22 de octubre Eugenio María Aguirre, jefe político del distrito de Monclova, convocó a los vecinos de esta villa para informarles acerca de la situación por la que atravesaba su Estado. Durante la reunión casi todos los
moradores protestaron contra la iniciativa del Ministerio de Gobernación y tal
fue el entusiasmo que “algunos pocos extranjeros” que residían allí también
estallaron de indignación. En total firmaron 78 personas. AGEC, F.S.XIX. Eugenio María Aguirre comunica al secretario del gobierno de Coahuila reunión
de autoridades y moradores, 3 de noviembre de 1879, caja 8, fólder 3, exp. 9,
ff. 1-4.
51
AGEC, F.S.XIX. Cecilio Sánchez, presidente municipal, certifica copia
del acta levantada en reunión extraordinaria sobre el pronunciamiento de su
municipio, San Juan de Allende, 6 de noviembre de 1879, caja 8, fólder 5, exp.
6, ff. 1-2.
52
Román, Del Aguanaval, 64.
53
En el caso de intelectuales identificamos a Ramón Dávila, director del Ateneo Fuente. AGEC, F.S.XIX. El señor Dávila informa la distribución de la circular ante la Junta Directica de Estudios, 17 de octubre de 1879, caja 7, fólder
5, exp. 11, ff. 1-2. Respecto a las sociedades laborales véase AGEC, F.S.XIX.
La junta directiva de la sociedad “Alianza del Orden es el Trabajo” comunica
su opinión sobre el problema de Sierra Mojada, 17 de octubre de 1879, caja 7,
fólder 5, exp. 10, ff. 1-2.
54
Del distrito de Monclova mostraron su apoyo las villas de Sierra Mojada,
50

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soberanía, independencia y libertad para el Estado.55 Estos órganos
también consideraron que la creación del Distrito Militar sería un
ataque directo hacia la integridad territorial de Coahuila.56
Las autoridades locales ejercieron otras formas de
presión. Efectivamente, una buena cantidad de miembros de los
ayuntamientos sabían que no bastaría con la correspondencia entre
jurisdicciones, por lo que solicitaron la publicación de sus cartas en
la prensa independiente y la colaboración de las demás legislaturas
estatales para hacer crecer el rechazo a la iniciativa porfirista.57 El 25
de octubre, por ejemplo, el cabildo de Ramos Arizpe expuso que la
apropiación del mineral sería “un ultraje a la honra del Estado” y era
deber de los “hijos coahuilenses prestarse a su defensa”, a la defensa
de su territorio. Además de invitar a los ayuntamientos vecinos a
protestar, también mandaron copia de su manifiesto al Periódico
Oficial del estado de Coahuila.58 Quien seguía las noticias en ese
Coronel Fuentes (Nadadores), San Buenaventura, Candela y Villa de Rodríguez (Abasolo). En cuanto al distrito de Río Grande escribieron desde Piedras
Negras, Nava, Zaragoza, Allende y Sabinas. También recibieron un gran apoyo de Saltillo, Ramos Arizpe y Arteaga, así como de San Pedro, ubicada en el
distrito de Parras, y Matamoros, en Viesca.
55
AGEC, F.S.XIX. Felipe Vega incita al presidente municipal de Guerrero y
a la ciudadanía para protestar por el golpe de la federación, 23 de octubre de
1879, caja 7, fólder 7, exp. 9, f. 1.
56
AGEC, F.S.XIX. Francisco Campos envía la iniciativa de villa de Coronel
Fuentes para que se hagan valer los derechos de Coahuila, 26 de octubre de
1879, caja:7, fólder 8, exp. 4, ff. 1-10.
57
AGEC, F.S.XIX. Protesta de Eugenio María Aguirre al general Francisco
Zerega, 5 de diciembre de 1879, caja 9, fólder 12, exp. 9, ff. 1-18.
58
AGEC, F.S.XIX. El Ayuntamiento de esta villa expresa su opinión sobre el
problema de Sierra Mojada, 25 de octubre de 1879, caja 7, fólder 8, exp. 2, ff
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momento, seguramente se topó con la sensación de un descontento
extendido y que parecía estar por doquier en el estado norteño.
De acuerdo con Román Jáquez la prensa también se
involucró en el asunto de Sierra Mojada e incluso hubo quienes
salieron en defensa del Distrito Militar.59 Tal fue el caso de La
Libertad, periódico que contaba con una subvención del gobierno
oficial. En 1879 el diario era dirigido por Justo Sierra, quien definió
su línea editorial.60 Entre los meses de octubre y diciembre de ese
año, La Libertad se encargó de criticar duramente a los opositores
de Díaz, en especial a los periodistas de La Patria y El Monitor
Republicano, señalando su falta de patriotismo por no apoyar
la federalización.61 Los diarios La Tribuna y La Cooperación
también desestimaron las medidas de Hipólito Charles y acusaron
1-4.

Román, Del Aguanaval, 61-64. En una de las publicaciones de La Libertad
se felicitó a la Cámara de Diputados por aprobar la creación del Distrito Militar, pues consideraban que la decisión había sido sabia. “Lo de Sierra Mojada”,
La Libertad, 1 de octubre de 1879, pág. 2.
60
El hermano de Justo Sierra, Santiago Sierra, también fue colaborador del
diario. Sin embargo, en 1880 falleció a causa de “un duelo con el periodista Irineo Paz, director del periódico La Patria”. Después de este hecho, Justo Sierra
se retiró de la dirección y el periódico decayó. En Carmen Sáez, “La Libertad,
periódico de la dictadura porfirista”, Revista Mexicana de Sociología 48, núm.
1 (enero-marzo de 1986), 218.
61
Entre los opositores se encontraba José María Vigil, quien aseguraba que
el establecimiento de un Distrito Militar en Sierra Mojada era equivalente a
volver hacia el centralismo. Román Jáquez, Del Aguanaval, 62. En respuesta,
el periódico de La Libertad declaró que “el señor Vigil no ve más que tintas negras en el horizonte político”. En “Todavía lo de Sierra Mojada”, La Libertad,
15 de octubre de 1879, pág. 2. Y “Cabos sueltos”, México, La Libertad, 21 de
octubre de 1879, pág. 2.
59

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“al gobierno de Coahuila por exagerar su posición ante el
establecimiento temporal de un territorio federal”.62
Mientras tanto, el Periódico Oficial de Coahuila
respondió a las acusaciones y rumores de la prensa. En octubre
Miguel Gómez y Cárdenas publicó una carta para el general Díaz,
advirtiendo que los coahuilenses no eran “máquinas de guerra sino
hombres que combaten por sus propias convicciones”. Cárdenas,
quien para ese entonces era secretario del gobierno de Charles,
afirmó que sus palabras no constituían una amenaza y buscando
hacer patente su lealtad a la federación expuso que “Coahuila
fuerte en su derecho, asido del pacto Federal y celoso defensor
de la ley jamás provocará escenas de escándalo, de vergüenza y
de luto para la República”.63 Cárdenas presionado por el asunto
renunciaría a su cargo en noviembre.64
Las autoridades gubernamentales y ciudadanos de a pie
afirmaban que el problema de límites debía resolverse entre los
estados involucrados. Además, cuestionaban la premura de la
Unión para instaurar un Distrito Militar.65 El Periódico Oficial de
Coahuila argumentó que, desde el inicio, fue una equivocación
Román, Del Aguanaval, 63.
Editorial, Periódico Oficial del Gobierno Constitucional del Estado Libre
y Soberano de Coahuila de Zaragoza (en adelante Periódico Oficial), 4 de octubre de 1879, pág. 1.
64
“El porqué de una renuncia”, La Libertad, 2 de diciembre de 1879, pág. 3.
65
Manuel Ceballos manifestó que el negocio era de inmensa gravedad al
atentar contra la “observancia de la Constitución y quizás (…) hasta de la
integridad de nuestro territorio”. En “La iniciativa Pankhurst sobre Sierra Mojada”, La Patria, 2 de octubre de 1879, pág. 1.
62
63

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que el general Díaz haya aceptado las misivas de Durango, pues
estas carecían de sustento legal.66 Desde agosto, el gobierno de
Coahuila había demostrado tener jurisdicción sobre el mineral.
Sin embargo, ni los solares, mapas y decretos fueron pruebas
suficientes para evitar que se le arrancara su territorio.67 Durante
estas negociaciones, el territorio fue visto como una propiedad
y mucho más que sus dimensiones físicas importaron tanto
los intereses económicos que despertaron las vetas de plata
como el afán por administrarlas. Henri Lefebvre apunta que el
espacio ha sido dominado a medida que “la guerra, el Estado
y el poder político” se extienden. Más aun, sostiene que de
manera frecuente prevalece la dimensión social del espacio y la
forma en la que este se articula por encima de su naturaleza.68
En todo caso, según Lefebvre, el espacio es producido a partir
de relaciones sociales y de la relación del ser humano con el
medio.
Los coahuilenses presentaron firmeza en la disputa que
surgió por administrar el mineral. No solamente realizaron
protestas a través de medios oficiales, sino también a través
de la prensa, en donde se criticó la secrecía con la que se
adoptó la legislación. El Siglo Diez y Nueve afirmaba que “los
Editorial, Periódico Oficial, 4 de octubre de 1879, pág. 1.
AGEC, F.S.XIX. Miguel Gómez y Cárdenas presenta expediente de la
fundación de Sierra Mojada, 25 de agosto de 1879, caja: 5, fólder 6, exp. 1, ff.
1-29.
68
Lefebvre, La producción, 89-90, 214; también Castillo, “El territorio”, 5.
66
67

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representantes del pueblo no deben tratar en sigilo las cuestiones
que afectan los intereses de toda la sociedad”.69 Este argumento
también fue utilizado por las comisiones que el gobierno de
Charles había formado para defender al distrito. Eugenio María
Aguirre, jefe político del distrito de Monclova y a quien se le
encargó la administración del mineral, señaló que la iniciativa
del Ministerio no sólo atacaba a la soberanía de Coahuila, sino la
de todo el país.70 Poco después, Leonardo Villarreal, secretario
de la Diputación Permanente del Congreso, advirtió que para
aprobar este decreto se debía contar con la aprobación de todos
los Estados, pues adoptar una medida de estas magnitudes
implicaba una innovación constitucional.71
La ubicación de Sierra Mojada también promovió el
localismo. Como afirma George W. White, la identificación con
el territorio y su paisaje fomenta el sentido de pertenencia.72
El territorio y su control se vuelven pues en elementos que se
conciben como cercanos al interés personal. Así, tanto las
autoridades coahuilenses como sus ciudadanos apelaban por evitar
que se les arrebatase la “propiedad” del mineral. En sus informes
“La Sierra Mojada”, El Siglo Diez y Nueve, 3 de octubre de 1879, pág. 1.
AGEC, F.S.XIX. Eugenio María Aguirre comunica al secretario del Gobierno del estado de Coahuila que envía el acta levantada rechazando la iniciativa de la secretaria de Gobernación, 3 de noviembre de 1879, caja 8, fólder 3,
exp. 9, ff. 1-3.
71
AGEC, F.S.XIX. Leonardo Villarreal transcribe el al gobernador el dictamen del 10 de octubre, 8 de noviembre de 1879, caja 8, fólder 6, exp. 8, ff. 1-6.
72
White, Nation, State and Territory, 41.
69
70

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expresaban que dejar el territorio en manos de “autoridades
espurias y legislaciones extrañas” sería una privación de “sus
derechos de porción y propiedad”.73 Por supuesto, el objetivo era
obtener una fuente de ingresos para el Estado y defender a la
entidad se convirtió en prioridad.74
La conciencia política no fue exclusiva de un solo sexo.
Después de dos meses de acaloradas discusiones el ejecutivo
estatal reunió 651 firmas de sus gobernados que rechazaron
la iniciativa. Aunque la mayor parte de las peticiones fueron
dirigidas por hombres, hubo un caso excepcional en el distrito de
Piedras Negras. El 26 de octubre, un grupo de 52 mujeres protestó
contra la iniciativa aprobada en sesión secreta por la Cámara
de Senadores.75 Las firmantes del acta que generó la reunión
afirmaron que no podían guardar silencio ante “este gravísimo
AGEC, F.S.XIX. El presidente municipal de San Buenaventura envía copia del dictamen sobre la circular de 8 de octubre al secretario del gobierno del
Estado de Coahuila, 29 de octubre de 1879, caja 7, fólder 9, exp. 6, ff. 1-12. Y
AGEC, F.S.XIX. Leonardo Villarreal transcribe el al gobernador el dictamen
del 10 de octubre, 8 de noviembre de 1879, caja 8, fólder 6, exp. 8, ff. 1-6.
74
El 27 de octubre de 1879 Luis Dávila Cepeda, miembro de la Comisión de
Arteaga, expresó que el estado de Coahuila solamente albergaba la esperanza
de que, con el descubrimiento de los minerales de Sierra Mojada, “con sus
productos, con los capitales de sus hijos invitados en su explotación, con la
emigración de empresas nacionales y extranjeras de ver algun día levantarse
al Estado de la partición en que hasta hoy se encuentra por ser fiel al Gobierno
que nos rige”. AGEC, F.S.XIX. Agustín Rumayor remite al secretario de Gobierno las declaraciones de la Sala de Comisiones sobre la erección del distrito
mineral, 30 de octubre de 1879, caja 7, fólder 9, exp. 12, ff. 1-4.
75
Aunque en una nota se informó que eran 190 señoras. “Protesta”, Periódico Oficial de Coahuila, 15 de noviembre de 1879, pág. 2.
73

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asunto”, pues había movido en ellas “las fibras más delicadas
del corazón humano, el sentimiento patrio de que también es
susceptible nuestro seno”.76
Con todo, las mujeres que apoyaron la causa se disculparon por tomar partido en asuntos del Estado. En ese sentido, los hombres ejercían con mayor libertad su actividad política, pues se les reconocía constitucionalmente como electores.77
La Voz de México incluso declaró que la solicitud se archivaría
“como acostumbra acordar la cámara tratándose de protestas de
señoras” y comentando acerca del activismo femenil lamentaba,
“¡No están emancipadas todavía!”.78 Aun así, la agrupación femenina prosiguió con su discurso “considerando que la mujer,
ya como madre, hermana, hija o esposa, ha sido siempre el sanAGEC, F.S.XIX. Protesta de un grupo de mujeres ante la iniciativa para
establecer un Distrito Militar en Sierra Mojada, 26 de octubre de 1879, caja 7,
fólder 8, exp. 5, ff. 1-2. De acuerdo con Natividad Gutiérrez, las mujeres de
mediados del siglo XIX “actuaron, vivieron, se impregnaron y aprendieron
de cómo hacer y pensar la patria y la nación”. Sobre todo, al crecer en una
época de inestabilidad e invasión extranjera. Natividad Gutiérrez, “Mujeres
patria-nación. México: 1810-1920”, Revista de Estudios de Género. La ventana, núm. 12 (diciembre de 2000), 239.
77
Carmen Escandón apunta que “el aspecto en el que la diferencia entre varones y mujeres más se acentúa es el que se refiere a los derechos ciudadanos
(…) establecidos en base a un ordenamiento patriarcal ‘son mexicanos todos
los nacidos de padres mexicanos’.” Carmen Ramos Escandón, “Legislación
y representación de género en la nación mexicana: La mujer y la familia en
el discurso y la ley (1870-1890)”, en Mujeres y naciones en América Latina:
problemas de inclusión y exclusión, eds. Bárbara Potthast y Eugenia Scarzanella (Madrid: Iberoamericana; Fráncfort: Vervuert: Frankfurt Iberoamericana,
2001), 131.
78
“Al Vuelo”, La Voz de México, 2 de diciembre de 1879, pág. 3.
76

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tuario del hogar, el depositario fiel de los íntimos secretos del
ciudadano”.79 La mayor parte de las mujeres que protestaron
desde Piedras Negras pertenecían a las clases medias y acomodadas. Con todo, se puede afirmar que buscaron integrarse a la
discusión política del momento aun y cuando su incorporación
quizá estuviese motivada por sus lazos familiares —como ocurrió
con Trinidad Morales, esposa de Genaro Kleber, quien protestó
fuertemente en contra de la federalización de Sierra Mojada—.80
Inclusive, Eugenio María Aguirre, quien como se recordará actuaba como Jefe Político de Monclova, las reconoció como aliadas
a su causa.81
Algunas de las signatarias eran Genoveva G. de Castillo, Teresa M. de
Kleber, Josefa Pérez de Flores, Rómula Salinas de Grisanti, Zenobia G. de
Díaz, Ana Santos Coy, Adelaida M. de Treviño, Dolores Sáenz, entre otras
AGEC, F.S.XIX. Protesta de un grupo de mujeres ante la iniciativa para establecer un Distrito Militar en Sierra Mojada, 26 de octubre de 1879, caja 7,
fólder 8, exp. 5, ff. 1-2.
80
Durante este periodo la participación femenina era muy limitada, en especial porque “la idea de una mujer activa en asunto públicos con pleno goce
de los derechos ciudadanos resultaba impensable para una clase dirigente en
formación”. Carmen Ramos Escandón, “Legislación y representación de género”, 120. En cuanto al esposo de Trinidad, en 1880 Kleber “tomó la iniciativa
para encomiar la candidatura presidencial de García de la Cadena y su dupla
coahuilense, el doctor Salas, personajes simpatizantes del gobernador Charles”. En Manuel Guerra de Luna, Los Madero. La saga liberal: historia del
siglo XIX (México: Siglo Bicentenario, 2009), 546.
81
Eugenio María Aguirre apuntó que “hasta las señoras de la frontera” han
cumplido con sus deberes para manifestarse y lo han expuesto en la prensa independiente. AGEC, F.S.XIX. Respuesta al comunicado del general Francisco
Zerega sobre la erección de un cantón militar en Sierra Mojada, 5 de diciembre
de 1879, caja 9, fólder 12, exp. 9, ff. 1-18.
79

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A medida que el problema se intensificaba los
ayuntamientos continuaron apoyando las misivas de Hipólito
Charles. La villa de Rodríguez pedía que los poderes Ejecutivo y
Legislativo de la entidad se dirigieran a las autoridades nacionales
para que Coahuila continuara ejerciendo jurisdicción sobre Sierra
Mojada. Asimismo, pedían la inmediata derogación del decreto y
resolver la cuestión de límites pendiente con Durango. Y, aunque
hubo quien llamó a mantener la cabeza fría y a propiciar “una
reconciliación hermanable con muchos de los buenos hijos del
Estado”, la disputa no haría sino incrementarse.82
De esta manera podemos reconocer cómo es que los distintos
actores políticos articularon sus protestas contra la federalización
de Sierra Mojada. De acuerdo con Carmagnani durante este periodo
de “organización liberal” (1850-1890) la ciudadanía comenzó a
tener una mayor representación y participación política.83 En tal
sentido, la movilización que se dio por parte de los ciudadanos
de Coahuila, de octubre de 1879 a marzo de 1880, constituye un
ejemplo contundente. Entre efusivas réplicas y arengas patrióticas,
el rechazo a una política que venía desde el centro tomó una
fuerza importante. Irónicamente, gran parte de esas protestas se
AGEC, F.S.XIX. Vicente Galán, José María González, Conrado Pérez y
Francisco Pérez expresan su opinión relativo a la iniciativa de erigir un Distrito
Militar en Sierra Mojada, 31 de octubre de 1879, caja 7, fólder 9, exp. 14, ff.
1-2.
83
Marcello Carmagnani, “Élites políticas, sistemas de poder y gobernabilidad en América Latina”, en Economía y política. México y América Latina en
la contemporaneidad (México: El Colegio de México, 2011), 37.
82

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publicaban en la prensa, la cual servía como arena para dirimir
disputas políticas. Y, aun así no fue suficiente para evitar que el
gobierno federal asumiera el control de Sierra Mojada.
La veta monstruo en manos del centro
Como ya quedó expuesto, el 10 de octubre de 1879 se aprobó
la iniciativa de la federación. En ella se facultó al Ejecutivo de
la Unión para organizar “interinamente, todos los ramos de la
administración pública en los minerales de Sierra de Rosales
y Sierra Mojada”.84 A pesar de las constantes críticas hacia el
gobierno federal y la administración de Porfirio Díaz, la toma del
distrito siguió adelante. De acuerdo con la prensa en el Senado “la
votación fue ganada por treinta contra doce votos”.85 Ante estos
designios, el gobernador de Durango expresó su conformidad con
el proyecto de ley. Mientras que el gobernador Charles declaró
que no apoyaría la decisión del Ejecutivo.86
La sociedad coahuilense sostuvo que el decreto era
anticonstitucional y sumó nuevos argumentos a sus demandas. En
primer lugar decenas de ciudadanos exigieron anular la reforma.87
El presidente municipal de San Buenaventura sostuvo que el
artículo 101 garantizaba “la derogación de una ley que tanto afecta
“Tres decretos”, El Siglo Diez y Nueve, 14 de octubre de 1879, pág. 3.
“Los de Sierra Mojada”, La Libertad, 10 de octubre de 1879, pág. 2.
86
“Protesta”, La Ilustración Católica, 11 de octubre de 1879, pág. 746.
87
AGEC, F.S.XIX. El Ayuntamiento de esta villa expresa su opinión sobre el
problema de Sierra Mojada, 25 de octubre de 1879, caja 7, fólder 8, exp. 2, ff.
1-4.
84
85

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los intereses y derechos del Estado”.88 En una nota de El Cronista de
México se mencionó que si esta medida fracasaba los representantes
de Coahuila podrían apoyarse de este mismo artículo (101) en su
fracción II solicitando un amparo “por leyes o actos de la autoridad
federal que vulneren o restrinjan la soberanía de los Estados”.89
La comisión de la villa Coronel Flores negó que el
presidente de la República tuviera la autoridad para nombrar u
ocupar un territorio independiente y soberano. Si bien, el artículo
85 de la Carta Federal, en su fracción IV le permitía “disponer
de la fuerza armada” para defender la seguridad del interior y
exterior del país, esto no implicaba “embargar su administración,
amenazar y destruir el pacto fundamental”.90 Era una de las
batallas que libraba el gobierno de Díaz por adquirir potestades
que le fortaleciesen. El ayuntamiento de Ramos Arizpe también
afirmó que, según el artículo 117, “las facultades que no estén
expresamente concedidas por esta Constitución a los funcionarios
federales se entienden reservadas a los Estados”. Por tanto, el
gobierno de Coahuila tenía todo el derecho de hacerse cargo de
la administración de Sierra Mojada.91 Finalmente, las comitivas
AGEC, F.S.XIX. El presidente municipal de San Buenaventura envía copia del dictamen sobre la circular de 8 de octubre al secretario del gobierno del
Estado de Coahuila, 29 de octubre de 1879, caja 7, fólder 9, exp. 6, ff. 1-12.
89
“Amparo”, La Patria, 9 de octubre de 1879, pág. 3.
90
AGEC, F.S.XIX. Francisco Campos de esta Presidencia Municipal envía
al secretario del Gobierno del estado de Coahuila la iniciativa para que el Gobernado haga valer los derechos que le asisten a Coahuila, 26 de octubre de
1879, caja 7, fólder 8, exp. 4, ff. 1-10.
91
AGEC, F.S.XIX. El Ayuntamiento de esta villa expresa su opinión sobre el
88

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cuestionaron que el “único fundamento legal” que tenía el Poder
Central era el artículo 72, el cual estipulaba que el Congreso
Federal poseía la potestad de erigir estados a partir de territorios,
pero no en sentido inverso.92
Las discusiones sobre quién podía emitir leyes para
administrar y explotar el territorio no entorpecieron las
expediciones nacionales y extranjeras para poblar y extraer
los recursos del codiciado mineral. Desde el 21 de septiembre
la prensa informó la organización de un “meeting de yankees”
en Texas cuyo objetivo era reunir entre 30 y 40 familias para
dirigirse a Sierra Mojada. La noticia fue recibida como un plan
descabellado, por lo que no se le dio importancia.93 Por otra parte,
El Mensajero sugirió el establecimiento de dos o tres colonias
militares para “proteger a los emigrantes contra las invasiones de
los barbaros (…) y el elemento extranjero”.94 La Patria secundó
esta moción pues el fomentar la colonización mexicana podría
“neutralizar la influencia [estadounidense] en aquella región
importantísima”.95
problema de Sierra Mojada, 25 de octubre de 1879, caja 7, fólder 8, exp. 2, ff.
1-4.
92
AGEC, F.S.XIX. La corporación municipal reunida en sesión extraordinaria emite su opinión, 20 de octubre de 1879, caja 7, fólder 6, exp. 14, ff. 1-2.
Y AGEC, F.S.XIX. Leonardo Villarreal transcribe al Gobernador del mismo
dictamen de 10 de octubre, 8 de noviembre de 1879, caja 8, fólder 6, exp. 8,
ff.1-6.
93
“Corpus Christi”, La Patria, 29 de octubre de 1879, pág. 3.
94
“Estamos de acuerdo”, La Libertad, 10 de octubre de 1879, pág. 3.
95
“Compañías aviadoras”, La Patria, 11 de octubre de 1879, pág. 3.
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Estas declaraciones no alarmaron al pueblo coahuilense.
En noviembre de 1879, Eugenio María Aguirre refirió la bonanza
que ocurría en Sierra Mojada. Poco después del descubrimiento,
el lugar desértico se había llenado “de vida y animación por
el trabajo”.96 Inclusive los periódicos imprimieron una nueva
edición del mapa de la República en donde se mostraba la
ubicación exacta de Sierra Mojada y sus caminos.97 Sin embargo,
la fiebre argentífera fue disminuyendo. Después de haberse
anunciado como “El Dorado mexicano” llegaron noticias de
que la riqueza no era más que una exageración, lo que comenzó
a desalentar a posibles viajeros e inversionistas. Los periódicos
se retractaron y señalaron que el nuevo mineral no era tan
magnífico como se creía.98 Santiago Sierra, en una nota para
La Libertad externó con melancolía que “solo las ilusiones de
los millonarios en ciernes se lamentarán por algún tiempo en el
desierto de los desengaños”.99
Por otra parte, la diputación coahuilense de la que
formaba parte Leonardo Villarreal añadió que en países regidos
por instituciones similares se han respetado las leyes como
AGEC, F.S.XIX. Eugenio María Aguirre comunica al secretario del gobierno de Coahuila reunión de autoridades y moradores, 3 de noviembre de
1879, caja 8, fólder 3, exp. 9, ff. 1-4.
97
“Mapa de la República”, La Patria, 15 de octubre de 1879, pág. 3.
98
“Mines de la Sierra Mojada”, Le Trait d’Union, 28 de septiembre de 1879,
pág. 2. Un caballero informó que en Sierra Mojada “los metales son abundantes, pero no de la ley que se les atribuye”. “Otra vez Sierra Mojada”, La Voz de
México, 1 de octubre de 1879, pág. 3.
99
Santiago Sierra, “Sierra Mojada”, La Libertad, 2 de marzo de 1880, pág. 2.
96

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“primera condición del orden social”. Sin embargo, “la nueva
escuela política, con pretensiones de científica” resultó una
antítesis del lema que adoptaron. Además, cuando ha sido
preciso formar un nuevo Estado —como el caso de Washington,
en Estados Unidos— para establecer una nueva capital se ha
recurrido “al medio honrado de comprar el territorio al Estado al
que pertenece”. Villarreal también reclamó al general Díaz por
no extender la zona libre para mejorar la economía estatal y sólo
centrarse en la federalización y el envío de soldados y generales
a las minas. Finalmente señaló que “los pueblos unánimemente”
rechazaban el decreto: “Coahuila está bastante herido para callar;
Coahuila no pide gracia, reclama lo que le pertenece”.100
El 4 de diciembre el emisario federal Francisco Zerega,
quien administraría el territorio con la figura de comandante militar
y Jefe Político, arribó a tierras norestenses. Un día después, declaró
que sus intenciones no eran más que fungir como representante de
las autoridades del centro y llevar una relación cordial con todas
“las partes integrantes de nuestra confederación nacional”.101 Esta
postura también fue sostenida por La Libertad informando que
“desde que el Ejecutivo solicitó del Congreso autorización para
organizar la administración pública en el Territorio de las Sierras
AGEC, F.S.XIX. Leonardo Villarreal transcribe al Gobernador del mismo
dictamen de 10 de octubre, 8 de noviembre de 1879, caja 8, fólder 6, exp. 8,
ff.1-6.
101
AGEC, F.S.XIX. Francisco Zerega comunica al gobernador del Estado de
Coahuila el principio de sus funciones, 5 de diciembre de 1879, caja 9, fólder
8, exp. 3, ff. 1-2.
100

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(…) manifestó que no haría uso de esa autorización sino el tiempo
que fuese absolutamente necesario”.102
Zerega actuó hasta cierto punto de forma eficiente. En
enero se dedicó a expedir normativas sobre armas de fuego, la
distribución del agua —debido a la gran escasez—, el cuidado
de pastos y bosques, así como la demarcación y organización del
panteón, basureros y solares.103 No obstante, las protestas por la
ocupación del mineral continuaron al iniciar 1880, lo que pronto
hizo que el gobierno porfirista reculara.104
Han concluido las hostilidades
El 2 de febrero de 1880 La Voz de México informó del arribo de una
comisión para arreglar el asunto de Sierra Mojada.105 La delegación
llevaba como encargo definir de una vez por todas los límites entre
Coahuila y los vecinos estados de Durango y Chihuahua. En una
notificación enviada a Francisco Zerega, Felipe Berriozábal quien
ya para este momento había sustituido a Pankhurst como Secretario
de Gobernación, manifestó que la “situación y circunstancias
del nuevo territorio” y “el respeto que al Ejecutivo le inspiran la
soberanía e integridad de los Estados de la federación”, hacían
innecesaria la administración del distrito por parte de las autoridades
“El mensaje presidencial”, La Libertad, 2 de abril de 1880, pág. 2.
AGEC, F.S.XIX. Francisco Zerega dicta varias normas para los habitantes
de Sierra Mojada, 25 de enero de 1880, caja 1, fólder 7, exp. 8, f. 1.
104
“El conflicto de Coahuila”, El Siglo Diez y Nueve, 10 de enero de 1880, p.
1.
105
“Al vuelo”, La Voz de México, 2 de febrero de 1880, pág. 3.
102
103

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federales.106 De acuerdo con el expediente de restitución, el 11 de
febrero se solicitó que las autoridades federales abandonaran el
territorio. No obstante, fue hasta el 23 de marzo que se entregó
oficialmente el mando civil.107
Una vez que el distrito de Monclova recuperó la potestad
sobre el mineral se enfrentó a un nuevo problema. Durante los
meses en que Francisco Zerega se hizo cargo de Sierra Mojada
recopiló denuncios y documentos de Hacienda que tenían carácter
oficial. Así pues, el 26 de febrero se ordenó la entrega de estos
archivos a las autoridades monclovenses. Con todo, la devolución
distó de ser íntegra. Antonio Galván, jefe político local, se quejó
de que recibió incompletos los archivos y manifestó su decepción
por la negativa de las autoridades del centro de entregar toda la
documentación. En respuesta, el comandante Zerega alegó que
decenas de papeles emitidos en su gestión pasarían a la Federación
pues estos habían sido generados durante el periodo en el que Sierra
Mojada era Distrito Militar. Apuntaba que si Galván necesitaba
La nota fue reproducida en El Siglo Diez y Nueve. Véase “La Cuestión
de Sierra Mojada”, El Siglo Diez y Nueve, 2 de marzo de 1880, p. 2. Eduardo
Pankhurst renunció en enero de 1880. En el archivo de Porfirio Díaz existe una
carta en la cual le agradece que se admite su dimisión y le externa su convicción de salvar su “decoro” y no externar las “fundamentales resoluciones” que
lo llevaron a esa decisión. No menciona nada sobre Sierra Mojada, asunto que
de hecho tiene poca atención en la correspondencia del presidente. La carta
se encuentra en Archivo Porfirio Díaz (en adelante APD). Carta de Eduardo
Pankhurst a Porfirio Díaz, 24 de enero de 1880, caja 001, legajo 005, doc.
000083.
107
AGEC, F.S.XIX. Expediente sobre restitución de Sierra Mojada, Coahuila,
11 de febrero de 1880, caja 1, fólder 10, exp. 6, ff. 1-30.
106

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consultarlos en todo caso debía pedirlos al Supremo Gobierno. Al
final, el propio Zerega tuvo que retractarse.108 Finalmente, después
de meses de lidiar con la federalización de Sierra Mojada, el
asunto pasó a ser un breve desliz en la administración de Porfirio
Díaz. Aun y cuando algunos artículos de la prensa prácticamente
se mofaron de la manera en la que el gobierno de Díaz se había
retractado, la creación de un Distrito Militar norteño no pasó de ser
uno de los ejercicios de ensayo y error con los que Díaz construyó
su autoridad después de la rebelión tuxtepecana.
Reflexiones finales
Efectivamente, el descubrimiento de minerales en Sierra Mojada
trajo consigo una disputa territorial que exhibió las formas de
hacer política de un primer gobierno de Díaz que apenas se
consolidaba. Como tal, la controversia entre Coahuila y Durango
por el mineral no sólo derivó en un conflicto que cobró relevancia
en el plano nacional, sino también se volvió una disputa política
que puso en tela de juicio la intervención federal en las entidades.
En él se vieron involucrados no solamente las autoridades
nacionales, sino también las estatales, las federales y –en el caso
de Coahuila– una buena cantidad de ciudadanos. Todos ellos
participaban de la conformación política y territorial que vivía
México a finales del siglo XIX. Como parte de la consolidación
del proyecto político porfirista, el gobierno federal había intentado
AGEC, F.S.XIX. Expediente sobre restitución de Sierra Mojada, Coahuila,
11 de febrero de 1880, caja 1, fólder 10, exp. 6, ff. 1-30.
108

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adquirir primacía sobre un distrito que consideraba estratégico.
Era parte de la adjudicación de potestades territoriales sobre
espacios y recursos considerados clave, principio que a la postre
terminaría fortaleciendo no sólo al gobierno de Díaz, sino al
estado mexicano del siglo XX.
Mas la actuación de los coahuilenses en la disputa
territorial también saca a la luz la manera en la que el ciudadano (y
la ciudadana) de a pie buscaba hacer valer su visión de territorio.
Con todos sus bemoles, exhibe un juego de fuerzas en la que
funcionarios estatales, municipales y no pocos residentes del
estado rechazaron el control federal sobre el mineral y tuvieron
éxito. Forma parte de la tensión entre comunidad y autoridad
que concibe Carmagnani y que finalmente termina dando forma
no sólo a la manera en la que se organiza la colectividad, sino
también al propio espacio en el que reside.109 Durante el conflicto,
destaca el poder de las autoridades estatales para hacer partícipes
a sus habitantes del juego político con el centro y la rapidez con
la que los coahuilenses respondieron. Al final, la movilización no
sólo se llevó a cabo, sino se ejerció de una manera en la que se
evitó el riesgo de acciones armadas.
¿Por qué el gobierno federal decidió concluir con el
Distrito Militar de Sierra Mojada? La crispación de los ánimos
fue indudablemente un factor, aunque también lo fueron las
dificultades para administrar el territorio y, muy probablemente,
109

Carmagnani, “Del territorio a la región”, 70; Castillo, “El territorio”, 5.

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el caer en cuenta que sus funcionarios se habían dejado llevar por
la especulación. Las fechas en que se retiraron las autoridades
militares también coinciden con la culminación del furor por el
mineral, lo que apunta a una decisión premeditada.110 Las cuentas
alegres que se hicieron sobre el futuro que tenía la extracción
de plata, llevaron a que el asunto fuera un desliz en la primera
administración de Díaz que apenas adquiría oficio político.
El caso de Sierra Mojada es aún importante pues quedan
vetas por explorar. ¿Qué tantos intereses económicos por
ejemplo estaban detrás de la disputa por el mineral? La prensa de
la época señalaba que el presidente tenía tanto afán por controlar
la zona y que incluso estaba involucrado en los negocios que
ahí surgían. Es probable que así fuese. Manuel Romero Rubio,
cercano a Díaz, había invertido ya en la creación de un banco
minero y estaba involucrado en las inversiones de la Compañía
Minera de Sierra Mojada que había formado Benigno Arriaga.
Basta con ver la lista de socios de este proyecto para darse
cuenta de la enorme especulación que los descubrimientos de
Néstor Arreola habían desatado en la ciudad de México.111 Otro
punto que habría que explorar son los propios intereses políticos
del momento. Era sabido que Hipólito Charles apoyaba ya a
Trinidad García de la Cadena para que este contendiese en la
AGEC, F.S.XIX. Expediente sobre restitución de Sierra Mojada, Coahuila,
11 de febrero de 1880, caja 1, fólder 10, exp. 6, ff. 1-30.
111
“Compañía minera”, La Patria, 7 de noviembre de 1879, pág. 3. La lista
completa se encuentra en la nota 46.
110

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elección presidencial que se avecinaba y que el zacatecano
no era bien visto por Díaz.112 Habría que indagar si es que la
declaratoria de Sierra Mojada como territorio federal fue una
manera de vulnerar al gobernador coahuilense y con ello minar
las aspiraciones del zacatecano.
Finalmente, se debe tener en cuenta que la conformación
territorial de Coahuila fue también influida en otros momentos
por otros intereses. En tal sentido, el afán por controlar Sierra
Mojada quizá no forme más que parte del proyecto porfiriano
por hacer valer su autoridad en espacios geopolíticos como el
noreste.113 Tomaría aun tiempo restar fuerza a la disidencia en
esa zona. Lo anterior implicaría llevar a cabo negociaciones,
concertaciones y ejercer presión para controlar el territorio en
todas sus dimensiones.
Referencias
Hemerografía 				Ciudad de México
Ilustración Católica, La			
Ciudad de México
Industria Nacional, La			
Ciudad de México
Libertad, La					Ciudad de México
Guerra, Los Madero, 545-547. Tan fuerte era la preocupación de Díaz
por la alianza entre Charles y García de la Cadena que instruyó a uno de sus
aliados para que detuviera unos supuestos planes que ambos tenían para pasar
armamento a México. Véase APD. Carta de Porfirio Díaz a destinatario desconocido, 24 de abril de 1880, caja 002, legajo 005, doc. 000806.
113
Véase por ejemplo el afán de Bernardo Reyes por obtener un puerto fronterizo para Nuevo León en Manuel Ceballos Ramírez, “El control geopolítico
en el noreste porfiriano: Nuevo Laredo y la fundación de Colombia en 1890”,
Frontera Norte 3, núm. 5 (enero-junio 1991), 5-23.
112

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Monitor Republicano, El			
Ciudad de México
Patria, La					Ciudad de México
Periódico Oficial del Estado
Libre y Soberano de Coahuila de
Zaragoza				Saltillo, Coahuila
Republicano, El				Ciudad de México
Siglo Diez y Nueve, El				
Ciudad de México
Trait d’Union, Le				
Ciudad de México
Voz de México, La				
Ciudad de México
Archivos
Archivo General del Estado de Coahuila (AGEC)
Archivo Porfirio Díaz (APD)
Bibliografía
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A Study of the Interaction of Politics, Economics, and
Technology. Albany, Nueva York: State University of
New York, 1964.
Cámara de Diputados. “Constitución de 1857. Con sus Adiciones
y Reformas hasta el año de 1901”. Consultado el 27 de
junio de 2023. http://www.diputados.gob.mx/biblioteca/
bibdig/const_mex/const_1857.pdf.
Carmagnani, Marcello. “Del territorio a la región. Líneas de un
proceso en la primera mitad del siglo XIX”. En Economía
y Política. México y América Latina en la contemporaneidad, Marcello Carmagnani, 59-80. Ciudad de México: El
Colegio de México, 2011.
Carmagnani, Marcello. “El federalismo liberal mexicano”. En
Federalismos latinoamericanos: México-Brasil-ArgenSillares, vol. 4, núm. 7, 2024, 53-95
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.7-112

404

�Denisse Alisa Palomo Ligas / David Adán Vázquez Valenzuela

tina, coord. Marcello Carmagnani, 135-179. Ciudad
de México: El Colegio de México; Fondo de Cultura
Económica; Fideicomiso de las Américas, 1999.
Carmagnani, Marcello. “Élites políticas, sistemas de poder y
gobernabilidad en América Latina”. En Economía y
política. México y América Latina en la contemporaneidad, Marcello Carmagnani, 31-42. México: El Colegio de
México, 2011.
Castillo, Guillermo. “El territorio como apropiación sociopolítica
del espacio. Entre la desterritorialización y la multiterritorialidad”. Investigaciones Geográficas, núm. 103 (diciembre de 2020) 1-13.
Ceballos Ramírez, Manuel. “El control geopolítico en el noreste
porfiriano: Nuevo Laredo y la fundación de Colombia en
1890”, Frontera Norte 3, núm. 5 (enero-junio de 1991)
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Escobedo Díaz de León. M. Rodolfo. Sierra Mojada y La Esmeralda: Dos villas hermanas enraizadas en el semidesierto
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Guerra de Luna, Manuel. Los Madero. La saga liberal: historia
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12 (diciembre de 2000) 209-242.
Kuntz Ficker, Sandra. “De las reformas liberales a la Gran Depresión”. En Historia económica general de México. De
la colonia a nuestros días, coordinado por Sandra Kuntz
Ficker, 305-352. Ciudad de México: El Colegio de México; Secretaría de Economía, 2010.
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Lefebvre, Henri, La producción del espacio. Madrid: Capitan
Swing, 2013.
Ordenanzas de minería y colección de las órdenes y decretos de
esta materia posteriores a su publicación a las que van
agregadas las reformas que son susceptibles de los artículos vigentes de las mismas ordenanzas con un apéndice
concerniente las minas del Perú y dos láminas para explicar los métodos más económicos de disfrutar las vetas.
Paris: Librería de Rosa y Bouret, 1858. http://cdigital.dgb.
uanl.mx/la/1080078550/1080078550_MA.PDF.
Ramos Escandón, Carmen. “Legislación y representación de
género en la nación mexicana: La mujer y la familia en
el discurso y la ley (1870-1890)”. En Mujeres y naciones
en América Latina: problemas de inclusión y exclusión,
eds. Bárbara Potthast y Eugenia Scarzanella, 115-133.
Madrid: Iberoamericana; Fráncfort: Vervuert, 2001.
Román Jáquez, Juana Gabriela. Del Aguanaval a Sierra Mojada.
El conflicto de límites entre Durango y Coahuila, 18451900. Saltillo: Centro de Estudios Sociales y Humanísticos, A.C., 2001.
Saez, Carmen. “La Libertad, periódico de la dictadura porfirista.”
Revista Mexicana de Sociología 48, núm. 1 (enero-marzo
de 1986) 217-236.
White, George W. Nation, State and Territory: Origins, Evolutions, and Relationships. Lanham, Maryland: Rowman &amp;
Littlefield, 2004.

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406

�Alberto Casillas Hernández. Accidentes,
Enfermedades Laborales, Cultura de la Prevención
Social y los Equipos de Seguridad Industrial en
la Compañía Fundidora de Fierro y Acero de
Monterrey, S.A. Monterrey: Centro de Información
de Historia Regional, Universidad Autónoma de
Nuevo León, 2023, 210 pp.,
ISBN: 978-607-27-1966-8
Recibido: 12 de febrero de 2024
Aceptado: 14 de febrero de 2024

Gran parte de la sociedad regiomontana reconoce que trabajar en
cualquier recinto fabril es una faena que exige mucho cuidado y el
seguimiento de ciertos reglamentos de seguridad y de prevención
laboral. Los accidentes en las industrias son algo recurrente, y la
forma en que se lidia con estos percances ha evolucionado a lo
largo del tiempo. En Nuevo León, una de las primeras industrias
que tuvo que poner en marcha pautas de prevención de accidentes,
atención médica y mecanismos de difusión de las medidas de
seguridad laboral, fue la Compañía Fundidora de Fierro y Acero
de Monterrey.
El estudio de todo lo anterior es el principal objetivo
del libro de Alberto Casillas Hernández, titulado Accidentes,
407
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.7-127

�Reseñas

Enfermedades Laborales, Cultura de la Prevención Social y los
Equipos de Seguridad Industrial en la Compañía Fundidora de
Fierro y Acero de Monterrey, S.A. Casillas es licenciado en Historia
por la Universidad Autónoma de Nuevo León, y actualmente
es estudiante del programa de maestría en Humanidades en
la Universidad Autónoma de Zacatecas, además de que se
desempeña como jefe del Archivo Histórico Fundidora. Esta
última circunstancia explica el que, detrás de este libro, se pueda
vislumbrar un gran trabajo de revisión de archivos, así como de
fotografías, testimonios orales y varios recursos bibliográficos.
En ocho capítulos, la investigación ofrece una mirada analítica al
desarrollo de la implementación de instancias de seguridad y de
atención médica en la conocida fundidora regiomontana.
Casillas principia por mencionar a la primera persona
fallecida por accidente laboral en la Compañía Fundidora y explica
cómo, a pesar del deceso, no hubo más que una indemnización
otorgada por espacio de un año para la viuda del trabajador. Ante
dicho suceso, precedente del riesgo que implicaba el trabajo en la
siderúrgica, no hubo entonces ninguna llamada de atención hacia
los empresarios para que implementaran medidas de prevención
de accidentes o equipos de seguridad industrial. Al no fomentarse
una cultura de la prevención, los trabajadores por iniciativa
propia comenzaron a tomar sus propias medidas de seguridad.
La investigación muestra varias fotografías que permiten
comprender mejor cómo era la vida laboral ante condiciones tan
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408

�Reseñas

riesgosas, dada la recurrente exposición de los obreros a metales
incandescentes. Este uso de material fotográfico es uno de los
rasgos más sobresalientes de la obra, pues contribuye a ofrecer
una explicación detallada que resulta muy accesible para todos
los públicos y no sólo para el académico.
Pero los fallecimientos por accidentes no eran lo único
que estaba a la orden del día. En el segundo capítulo, Casillas
señala que los trabajadores también tuvieron que enfrentar brotes
de enfermedades epidémicas. Puesto que las enfermedades
afectaban la productividad al interior de la empresa, los industriales
comenzaron a brindar ciertos apoyos, a través de sistemas
de préstamos que eran remunerados una vez que el trabajador
regresaba al trabajo. Sin embargo, no hay constancia de que, para
esta época, los trabajadores dispusieran de servicios médicos
dentro de la planta. En contraste, el autor menciona varios casos
de otras empresas donde sí se verificó la instalación de centros de
atención médica y de áreas de enfermería. No fue sino hasta 1918
cuando la siderúrgica regiomontana tomó acciones, pero sólo con
trabajadores que sufrían de lesiones graves.
En el tercer capítulo es posible adentrarse en los inicios de
diversos departamentos y en la implementación de instrumentos
para recabar información sobre los empleados. El Departamento
de Personal y Supervisión fue de los más activos, ya que operaba
en función de las necesidades del trabajador. Entre otras cosas,
este departamento se encargaba de la emisión de propaganda
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409

�Reseñas

para prevenir accidentes, tal y como se hacía en varias empresas
estadounidenses. Aquí, el autor recurre nuevamente a fuentes
fotográficas, para mostrar los murales que contenían frases
que alentaban a los trabajadores a ser precavidos. Así pues, el
departamento fue creando una cultura de la prevención y del
reconocimiento de los principales factores que ocasionaban
accidentes.
En el cuarto capítulo, Casillas refiere cómo, luego de que
fuera promulgada la Ley Federal del Trabajo, se empezaron a
definir formas y espacios para actuar en caso de accidentes. El
Departamento de Personal y Supervisión cobró más importancia,
pues a partir de este momento la acerera comenzó a contar con
personal médico para brindar atención a los heridos, además de
que las campañas de prevención continuaron. El análisis del autor
muestra cómo la empresa tuvo que adaptarse a la evolución de la
legislación laboral, lo que no siempre resultó fácil.
El quinto capítulo está dividido en cinco subapartados,
cada uno de los cuales se dedica a profundizar en las maneras en
que la Compañía Fundidora desarrolló la seguridad industrial a
partir de la década de los cuarenta. No sólo se creó el Departamento
de Seguridad Industrial, sino que también se impartieron cursos
para el desarrollo de habilidades de los obreros, se difundieron
métodos de prevención de accidentes y se involucró a instituciones
como el IMSS. El autor además identifica las enfermedades y
accidentes más recurrentes dentro de la compañía, las partes del
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�Reseñas

cuerpo que usualmente eran las más afectadas, la forma en que
los trabajadores eran diagnosticados por el personal médico,
las compensaciones que recibían por parte de la empresa, y los
problemas de salud mental que llegaron a presentarse. Toda esta
información está sustentada en citas, ejemplos, fotografías y
tablas, que además dan cuenta del gran trabajo de archivo que
llevó a cabo el autor.
El sexto capítulo remonta al lector a unos de los sucesos
que más conmocionó a la sociedad regiomontana: el accidente
del 20 de noviembre de 1971 en el Departamento de Aceración
No. 2, mismo que provocó la muerte de diecisiete personas. Tras
este suceso, se intensificaron los cursos, seminarios y campañas
de prevención, con la participación de diversas instituciones
nacionales e internacionales. Así, la compañía llegó a registrar los
índices más bajos de accidentes laborales, y por primera vez en su
historia, asentó todo un mes sin accidentes. Según Casillas, para
este momento, todo era tomado en cuenta: la higiene, el lugar de
trabajo y la atención de los trabajadores al llevar a cabo sus tareas.
El trabajo en la acerera no era nada fácil. Existían todo
tipo de peligros, desde físicos hasta químicos, lo que exigía la
máxima concentración y protección posibles. El séptimo capítulo
describe lo que conllevaba el trabajar en cada departamento de la
empresa: las actividades realizadas, el tipo de precauciones que
se debían tomar y las consecuencias de no seguir las indicaciones
recomendadas. El autor explica que hubo personas que trabajaron
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�Reseñas

en esta compañía desde edades muy tempranas y a lo largo de sus
vidas, y que ningún trabajador escapó de sufrir alguna lesión, por
mínima que fuera.
Por último, el octavo capítulo muestra la importancia de que
se implementaran equipos de seguridad y herramientas de trabajo
adecuadas. Algunas fotografías muestran a trabajadores con ropa
de calle, con camisas de popelina o poliéster arremangadas, esto
para no engancharse, quemarse o provocar un accidente. En
dicho capítulo, Casillas menciona los principales proveedores
de equipos de seguridad, incluso con descripciones y fotografías
de algunos de los materiales, y explica dónde eran utilizados.
Se aprecian avances, como el uso de prendas específicas para el
trabajo (botas industriales, cascos y anteojos de seguridad), y se
observan estadísticas que dan una idea clara de lo indispensables
que eran estos equipos.
Sin duda, Accidentes, Enfermedades Laborales, Cultura
de la Prevención Social y los Equipos de Seguridad Industrial
en la Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey,
S.A. es un libro destinado a ganarse un lugar importante en la
historiografía regional. Alberto Casillas Hernández ofrece un
aporte significativo, pues pone sobre la mesa otra cara de la
historia de la industria regiomontana, a través del caso de una
de las empresas más importantes y emblemáticas del siglo XX,
como lo fue la Compañía Fundidora. El autor pone el acento
sobre los trabajadores, a los que estudia no como meros datos
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�Reseñas

estadísticos, sino con respeto y reconocimiento hacia su dignidad
humana. Debido a que Nuevo León es hoy uno de los estados más
industrializados de México, la obra de Casillas puede servir como
referente para evaluar los avances en las prácticas de seguridad
implementadas, y para distinguir los nuevos retos que la actividad
industrial aún tiene que afrontar hasta el día de hoy.
Fátima Geraldy Aguillón Gutiérrez
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
orcid.org/0009-0004-2893-9260

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�Elizabeth Acosta Mendía, Antología de la
memoria de nuestra California a través de la lente
de Francisco Arámburo. Mexicali: Universidad
Autónoma de Baja California, 2023, 208 pp.,
ISBN: 978-607-607-853-2
Recibido: 4 de marzo de 2024
Aceptado: 5 de marzo de 2024

Debido a las amplias y sólidas redes de colaboración de las y los
académicos del Instituto de Investigaciones Culturales-Museo,
adscrito a la Universidad Autónoma de Baja California, es que en
sus primeros 20 años (ya que fue fundado en 2003) se ha logrado
apoyar proyectos editoriales de investigadores e investigadoras no
adscritos a esta unidad académica, pero que por sus propios méritos
han conseguido apoyos financieros de instancias federales como
el Sistema de Apoyos a la Creación y a Proyectos Culturales de la
Secretaría de Cultura del gobierno mexicano.
Primero fue la obra titulada Francisco Galván. Viajeros de
la lente, 1918-1963 (2021), de Andrés Waldo Espinoza, que obtuvo
recursos federales en la convocatoria 2019 con el apoyo de nuestra
unidad académica para el proceso editorial y gestión del ISBN
correspondiente. En la convocatoria 2022, Elizabeth Acosta Mendía,
destacada investigadora independiente de La Paz, Baja California
414
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�Reseñas

Sur, obtuvo también fondos para realizar la investigación y rescate
del acervo fotográfico, y en este caso, también de los escritos de don
Francisco Arámburo. En este proyecto, con la experiencia del caso
de Waldo Espinoza, también se realizaron gestiones de la obtención
del ISBN respectivo por parte de nuestro instituto.
Así, se fue construyendo la obra Antología de la memoria
de nuestra California a través de la lente de Francisco Arámburo,
bajo la investigación, selección y edición de Elizabeth Acosta
Mendía (2023). Es de señalar que el título juega con la tipografía
para indicar algunos de los objetivos de la editora y de la obra
escrita y fotográfica antologada de don Francisco Arámburo.
La palabra California está en cursivas en el título de la portada,
buscando hacer un énfasis en la misma. Una vez que las y los
lectores se adentran en la lectura de la Antología de la memoria
de nuestra California, se encuentran con que el primer texto de
don Francisco Arámburo se titula “¿Por qué llamarla “California
nuestra”?1, entendiendo que también hay una “nuestra California”
como tituló su obra Acosta Mendía. En el escrito de don Francisco
Arámburo destaco esta cita inicial:
No es la California mexicana –aunque también lo es–, pues eso
abarcaría tanto el norte como el sur de la península. Tampoco
la llamo Baja California Sur, por más que sé que tal es el
nombre “oficial”. No. Porque esta vez me niego y me rebelo.
Me opongo y me sublevo. Y no lo hago como una venganza
Elizabeth Acosta Mendía, Antología de la memoria de nuestra California
a través de la lente de Francisco Arámburo (Mexicali: Universidad Autónoma
de Baja California, 2023), 37-38.
1

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absurda para restañar históricas culpas, sino simplemente como
una ociosa revancha, una dulce y cordial indisciplina, una
contumaz desobediencia, un sin par capricho por el puro placer
de verla así, en letras de molde. ¡Y es todo!2

En esta línea de argumentación editorial de la obra, es por lo que
Acosta Mendía, después de una breve Introducción, comparte su
texto “Nuestra California: la primera, la original, la heroica”3,
donde nos comparte una síntesis de la historia de esa “Nuestra
California” desde las legendarias obras caballerescas como las
Sergas de Esplandian pasando por el extenso periodo de las
exploraciones de los siglos XVI y XVII, la evangelizacióncolonización de los jesuitas, así como la transición hacia el
régimen regalista del siglo XVIII y principios del siglo XIX, con
algunas de la expediciones filibusteras en Sudcalifornia del siglo
XIX, entre otros hechos históricos, llegando al siglo XXI, con
el acento en la creación del estado de Baja California Sur, y el
nombre del mismo. La autora señala:
Así nació la nueva entidad federada, al mismo tiempo que
Quintana Roo. Mediante estas reformas constitucionales, nuestro estado pasó a ocupar el tercer lugar de la lista después de
Aguascalientes y Baja California, a la que en 1952 había sido
adjudicado como nombre propio el de toda la península.4

Este tema del nombre de los estados de California, Baja California
y Baja California Sur, es una de las líneas de reflexión de don
2
3
4

Ibid., 38.
Ibid., 15-33.
Ibid., 33.

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Francisco Arámburo, quien proponía el de Subcalifornia, y que
en los últimos años se ha reactivado esta discusión en la sociedad
subcaliforniana, en especial desde la Sociedad de la Antigua
California y de Carlos Lazcano, que es parte de los intercambios
generacionales sobre temáticas tan caras a la crónica como las
identidades, el pasado y la historia local. Pero la obra es mucho
más.
Antología de la memoria de nuestra California a través
de la lente de Francisco Arámburo se compone de 40 textos
cortos escritos por el citado cronista y fotógrafo, muchos de ellos
publicados en diversos medios periodísticos y otros, al parecer,
procedentes de las dos obras principales de don Francisco
Arámburo: Siluetas de Sudcalifornia5, y La California nuestra.
Cómo piensan los sudcalifornianos6. No se integraron en orden
cronológico, sino como un relato, aunque no queda del todo claro
cuál es la lógica narrativa de los textos. Todos los textos están
redactados en el clásico estilo de la crónica con énfasis en sus
recuerdos.
En algún momento parecería que se empieza con la
descripción de la ciudad de La Paz, pero se van entrelazando
escritos sobre costumbres, personajes o anécdotas. Aunque
siempre está presente la antigua ciudad de La Paz, aquella que
Francisco Arámburo Salas, Siluetas de Sudcalifornia (La Paz: Patronato
del Estudiante Sudcaliforniano, 1980).
6
Francisco Arámburo Salas, La California nuestra. Cómo piensan los sudcalifornianos (La Paz: Patronato del Estudiante Sudcaliforniano, 1997).
5

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se recorría de principio a fin, donde el niño Arámburo podía
recorrerla feliz. De forma especial recomiendo los capítulos
“¿Dónde quedó? El niño que conocí”7 y “¡Aquella lejana
infancia!”8. Pero también otros que, de forma clara, en sus
títulos, se refieren a esa ciudad vivida, poblada, recorrida y
tatuada por este cronista y fotógrafo.
Sin entrar en detalles teóricos-conceptuales, una cita me
recordó la importancia del territorio identitario en la conformación
de las identidades colectivas desde la perspectiva del sociólogo
Gilberto Giménez9. En una forma metafórica describe ese
complicado proceso sociocultural, que después de varias lecturas
y seminarios por años he podido explicar a mis estudiantes de
posgrado. Don Francisco lo escribió de una manera hermosa en el
capítulo “Su valiosa aportación al medio es importante. Los que
llegaron de lejos”:
Para los sudcalifornianos que tuvimos la inopinada suerte de ver
la luz primera en esta soleada tierra nuestra, el amor al terruño
es un sentimiento natural, lógico, enteramente comprensible.
Es el entrañable afecto al seno materno, el arraigo instintivo al
patrio suelo que todos llevamos dentro; la emotiva sensación de
ser. El profundo convencimiento de pertenecer. Es lo normal.10
Elizabeth Acosta Mendía, Antología de la memoria de nuestra California
a través de la lente de Francisco Arámburo (Mexicali: Universidad Autónoma
de Baja California, 2023), 127-130.
8
Ibid., 131-134.
9
Por ejemplo: Gilberto Giménez, “Territorio, cultura e identidades. La región socio-cultural”, Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, época II,
vol. V, no. 9 (1999), 25-57.
10
Elizabeth Acosta Mendía, Antología de la memoria de nuestra California
7

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Pero también en el citado capítulo de “¡Aquella lejana infancia!”
tiene una cita que me recordó a Maurice Halbwachs y sus
argumentaciones sobre Los marcos sociales de la memoria de
1925, de forma especial sobre la importancia que los sujetos
sociales no recuerdan solos11 y que lo hacen desde un grupo
social y generacional12, y de nuevo don Francisco Arámburo lo
dice desde el recuerdo florido y sentido del recuerdo social: “Es
sorprendente la buena memoria que tienen mis contemporáneos:
lo que no recuerdo yo, lo recuerdan otros. Todos tienen vivo en la
mente algún pasaje, algún recuerdo.”13
Que quede claro que no estoy diciendo que el cronista
y fotógrafo realizara reflexiones teóricas, sino que me encantó
encontrar formas sentidas de expresar evidencias de fenómenos
socioculturales tan complejos como territorio identitario y el
recuerdo desde las memorias colectivas. Fue muy emotivo para
su servidor.
También quiero destacar dos capítulos que me gustaron
mucho por un esfuerzo más allá de la crónica para dejar evidencias
de formas que ahora llamamos patrimonio intangible, como
a través de la lente de Francisco Arámburo (Mexicali: Universidad Autónoma
de Baja California, 2023), 137.
11
Maurice Halbwachs, Los marcos sociales de la memoria. Postfacio de
Gérard Namer (Barcelona: Anthropos, 2004), 101.
12
Maurice Halbwachs, La memoria colectiva (Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza, 2004), 26.
13
Elizabeth Acosta Mendía, Antología de la memoria de nuestra California
a través de la lente de Francisco Arámburo (Mexicali: Universidad Autónoma
de Baja California, 2023), 131.
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los capítulos “Riqueza del léxico sudcaliforniano”14 y “Paisaje
regional. La Cachora Barcina”15. Del primero rescato lo siguiente:
Luego otro de los chamacos, que no había resollado para nada
y estaba sinquechado viendo un tildillo que habían pillado, fue
a recoger la feria y venteó una cuacha de chacuaca que andaba
abollada en la tinaja, y váse quedando con los ojos como lisa
cueteada cuando vio que también unas bolinguitas de chivo
muy retejediondas en el aguamanil, por lo que puso el grito en
el cielo.16

Además de las crónicas compiladas y editadas, la obra Antología de
la Memoria de nuestra California a través de la lente de Francisco
Arámburo contiene cuarenta y cuatro imágenes atribuidas a don
Francisco Arámburo, en su calidad de fotógrafo aficionado y al
parecer coleccionista de postales, que complementan la visión
de las aportaciones del cronista y fotógrafo a la historia de esa
“California nuestra” o Sudcalifornia. Las fotografías que cuentan
con fecha van desde 1953 hasta 1978, y con relación a las otras
sin fecha algunas parecerían posteriores al año 2000, pero solo es
una apreciación. Es de señalar que hubiera sido muy clarificador
el poder tener mayor información sobre las fechas, más detalles
de los lugares y cómo relacionarlos con los textos de la Antología.
Como se señala en la obra Francisco Galván. Viajeros de
la lente, 1918-1963, misma que no cuenta con crónicas sino solo
con una colección de otro fotógrafo aficionado:
14
15
16

Ibid., 45-47.
Ibid., 83-89.
Ibid. 46.

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Los espacios de la ciudad son lugares de memoria y de
reflexión, que con la ayuda de la fotografía como dispositivo
de memoria nos permiten realizar un ejercicio con el que
podemos observar con detenimiento las calles, avenidas,
banquetas […] [Así como] La fotografía es un puente entre
el pasado y el presente que nos permite recordar que en esos
lugares sucedieron hechos que marcaron el porvenir de la
ciudad y que siempre han sido espacios de convergencia y
libre expresión de la ciudadanía.17

Espero que en otro momento, tal vez en una segunda edición, se
pueda hacer un trabajo de relación entre la fotografía y la crónica,
pero me parece que la obra es una excelente aportación a la
recuperación de las voces de ciertos personajes que desde su muy
particular forma de ver la vida, su vida y la de otros y otras, nos
dejaron recuerdos, crónicas e imágenes que nos pueden ayudar
a comprender las sociedades regionales del pasado inmediato y
mediato, donde las técnicas clásicas del análisis documental de la
disciplina histórica no suelen ser tan eficientes.
Asimismo, en la lectura de esta obra, especialmente
en la crónica reunida, vi muchas evidencias para estudios
socioculturales o estudios culturales de prácticas culturales de las
sociedades contemporáneas. Como le digo a mis estudiantes de
posgrado, muchas veces los objetos de estudio o los fenómenos
socioculturales les pasan por enfrente y no los ven, ni los
escuchan. Esta obra es una oportunidad para explorar la crónica
Andrés Waldo Espinoza, Francisco Galván. Viajeros de la lente, 19181963 (Mexicali: Universidad Autónoma de Baja California, 2021), 32.
17

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como fuente de evidencias para una investigación de prácticas
socioculturales en el pasado inmediato y mediato desde técnicas
de análisis no necesariamente de la disciplina histórica.
Creo que la obra Antología de la Memoria de nuestra
California a través de la lente de Francisco Arámburo, bajo la
investigación, selección y edición de Elizabeth Acosta Mendía,
merece no solo una lectura para sonreír, suspirar y añorar con
don Francisco Arámburo sobre la vida cotidiana paceña y
sudcaliforniana de la segunda mitad del siglo XX, sino también
para adentrarnos en lo que aún mueve y preocupa a esas
sociedades regionales, incluida la bajacaliforniana, la que se
“quedó” con el nombre de toda la península, e incluso para que
las nuevas generaciones de académicas y académicos estudien
y analicen prácticas socioculturales y procesos identitarios
generacionales.
Por último, felicito a Elizabeth Acosta Mendía por
todo este esfuerzo que hoy se ve concretado con el libro que
presentamos y presenta, pues detrás de todo ello hay años de
trabajo de acercamiento, sensibilización, gestión, recopilación,
edición y gestión administrativa. Es un logro de Elizabeth, que
ha sabido reunirnos para apoyarla desde nuestras posibilidades.
Esperamos que pronto nos tenga otro producto como este. Y para
cerrar, qué mejor que el propio don Francisco Arámburo, cuyas
palabras ahora pongo de manera metafórica en voz de la editora,
pero que también la incluyen: “Estas páginas son un modesto
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tributo a su valentía, un reconocimiento a su encomiable entereza
e incesante lucha, un sincero homenaje a la nobleza de su alma y
a su profunda calidad humana”18.
Mario Magaña Mancillas
Instituto de Investigaciones Culturales-Museo
Universidad Autónoma de Baja California
Mexicali, México
orcid.org/0000-0003-0668-8881

Referencias
Acosta Mendía, Elizabeth. Antología de la memoria de nuestra
California a través de la lente de Francisco Arámburo.
Mexicali: Universidad Autónoma de Baja California,
2023.
Arámburo Salas, Francisco. La California nuestra. Cómo piensan los sudcalifornianos. La Paz: Patronato del Estudiante
Sudcaliforniano, 1997.
Arámburo Salas, Francisco. Siluetas de Sudcalifornia. La Paz:
Patronato del Estudiante Sudcaliforniano, 1980.
Giménez, Gilberto. “Territorio, cultura e identidades. La región
socio-cultural”, Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, época II, vol. V, no. 9 (1999), 25-57.
Halbwachs, Maurice. Los marcos sociales de la memoria.
Postfacio de Gérard Namer. Barcelona: Anthropos, 2004.
Elizabeth Acosta Mendía, Antología de la memoria de nuestra California
a través de la lente de Francisco Arámburo (Mexicali: Universidad Autónoma
de Baja California, 2023), 47.
18

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Halbwachs, Maurice. La memoria colectiva. Zaragoza: Prensas
Universitarias de Zaragoza, 2004.
Waldo Espinoza, Andrés. Francisco Galván. Viajeros de la lente, 1918-1963. Mexicali: Universidad Autónoma de Baja
California, 2021.

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              <text>Reyes Patiño, Reynaldo de, Editor</text>
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              <text>Muñoz Mendoza, Juan José, Editor Técnico</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Catolicismo en China</name>
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