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                  <text>�D.R. 2024 © Transdisciplinar. Revista de Ciencias Sociales, Vol. 4, No.
7, Julio-Diciembre 2024, es una publicación semestral editada por la
Universidad Autónoma de Nuevo León, a través del Centro de Estudios
Humanísticos, Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1,
Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey,
Nuevo León, México. C.P. 64290. Tel.+52 (81)83-29- 4000 Ext. 6533.
https://transdisciplinar.uanl.mx Editora Responsable: Beatriz Liliana
De Ita Rubio. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo 04-2022020213472000-102, ISSN 2683-3255, ambos ante el Instituto Nacional
del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este
número: Centro de Estudios Humanísticos de la UANL, Mtro. Juan
José Muñoz Mendoza, Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso
1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey,
Nuevo León, México. C.P. 64290. Fecha de última modificación 01
de julio de 2024.

Rector / Santos Guzmán López
Secretaría de Extensión y Cultura / José Javier Villarreal
Director de Historia y Humanidades / Humberto Salazar Herrera
Titular del Centro de Estudios Humanísticos / César Morado Macías
Directora de la Revista / Beatriz Liliana De Ita Rubio
Autores
Diego Carmona Gallego
Marion Ramírez Torres
Xavier Rodríguez Ledesma
Yolanda Canónico
Lizette González
Irma Flores
Iris Cruz
José Luis Cisneros
Angélica Vences
Raúl González

�Mireya Sandoval
Alan Omar Pérez Álvarez
Patricio Pulgar-Covarrubias
Laura Moreau-López
Leticia Bravo
Enrique Vargas
Editor Técnico / Juan José Muñoz Mendoza
Corrección de Estilo / Francisco Ruiz Solís
Maquetación / Concepción Martínez Morales
Se permite la reproducción total o parcial sin fines comerciales, citando
la fuente. Las opiniones vertidas en este documento son responsabilidad
de sus autores y no reflejan, necesariamente, la opinión de Centro de
Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Este es un producto del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo Léon. www.ceh.uanl.mx
Hecho en México

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

Presentación
Como es inherente a nuestra publicación en este séptimo número
de Transdisciplinar se exponen temas diversos y complejos, tal
como las problemáticas de las sociedades contemporáneas. Desde
enfoques inter y transdisciplinarios, Diego Carmona Gallego
analiza en: Contribuciones para abordajes complejos del cuidado en las
ciencias sociales la cuestión del cuidado en las ciencias sociales y
presenta diversos acercamientos teórico-metodológicos entre
los que destaca el paradigma de la complejidad. El tema sin duda
es relevante ya que tiene además implicaciones económicas y
políticas y dado que aborda categorías como vulnerabilidad e
interdependencia, entre otras, el enfoque ético desarrollado por
el autor es primordial para reflexionar sobre la importancia de
fortalecer los vínculos entre los seres humanos.
Dos artículos se interesan por examinar el tema de la
gordura desde enfoques que cuestionan la concepción y valoración
social de la misma que tiende hacia la discriminación de las
personas que la presentan. Marion Ramírez Torres cuestiona en:
Legitimando la gordofobia a través de la medicalización: una revisión crítica
de la gordura y la gordedad la manera en que se ha tratado el tema
de la gordura en la actualidad, convirtiéndolo en un problema
patológico que requiere tratamiento médico, concepción que
además genera lo que la autora denomina gordofobia. Esta
1

�Presentación

forma de patologizar y abordar mediante medicalización el tema
de la gordura, en opinión de la autora ha ocasionado mayores
problemas y consecuencias negativas para la propia salud, así
como para el rechazo de las personas que la presentan.. Por su
parte, el artículo: Música y gordofobia. Las canciones en el México de los
sesenta, de Xavier Rodríguez Ledesma expone acerca del mismo
problema de las ideologías que se imponen a través de la música
para denostar a las personas que son consideradas gordas y que
dan lugar a expresiones de violencia, simbólica, verbal y física
hacia las mismas. Tomando como corpus de análisis algunas
canciones mexicanas de los años sesenta del siglo veinte, el autor
explica la forma en que se imponen estereotipos de belleza, que
afectan en el caso de estudio, principalmente a las mujeres y las
representaciones de los cuerpos femeninos.
Tres artículos están enfocados al tema de la educación, el
primero, en coautoría entre Yolanda Canónico González, Lizette
Berenice González Martínez e Irma María Flores Alanís se ocupa
de un tema muy interesante también, en tanto muestra resultados
de una investigación acerca del impacto de la utilización de
laboratorios virtuales como estrategia de evaluación formativa
para la enseñanza de temáticas que pueden resultar abstractas
y complejas para su comprensión y aprendizaje, así como para
propiciar experiencias de experimentación, tal es el tema que se
desarrolla en el artículo: Laboratorios virtuales para el aprendizaje de
genómica: su impacto cualitativo y su evaluación formativa. También sobre
aspectos formativos, el artículo: Prácticas profesionales y su importancia
en la formación universitaria: Caso de estudiantes de la licenciatura en
educación, plantea la importancia de estas experiencias para que
los estudiantes desarrollen las competencias establecidas en el
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�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

plan de estudios. En el mismo sentido, afirman Iris Yadhira Cruz
Jaime, José Luis Cisneros Arellano y Angélica Vences Esparza,
las prácticas profesionales propician la vinculación entre teoría
y práctica y los ámbitos educativo y profesional. El último
artículo relacionado con el ámbito educativo es el denominado:
Responsabilidad Social Universitaria y su vínculo con la comunidad a
través de Asociaciones Civiles: Experiencia práctica desde la Universidad
Autónoma de Nuevo León de la autoría de Raúl Rodrigo González
Aguirre, Angélica Vences Esparza y Mireya Sandoval Aspront.
Los autores desarrollan un análisis de la responsabilidad social
universitaria que conciben como un eje que recorre en forma
transversal las actividades sustantivas y permite la articulación
con instituciones externas para la solución de problemas del
entorno. A su vez, la vinculación con asociaciones civiles fortalece
los procesos de enseñanza-aprendizaje, la investigación y la
extensión de la cultura.
Compartimos otro artículo que aborda aspectos
relacionados con la música, del autor Alan Omar Pérez Álvarez
es el que se titula: Transdisciplina y economía: irrupciones y disrupciones
teórico-metodológicas para el estudio de la música-pop. El autor establece
un puente entre la economía y la transdisciplina para construir
la perspectiva transeconómica, con fundamento en los axiomas
de la transdisciplinariedad, sus operadores cognoscitivos y el
paradigma de la complejidad. La intención explicita del autor es
superar los límites disciplinarios en el estudio de las relaciones
entre la música pop y la economía.
El concepto de clases sociales según Olin Wright, artículo escrito
por Patricio Pulgar Covarrubias y Laura Moreau López, de la
mano del sociólogo estadounidense Erik Olin Wright, realiza un
3

�Presentación

recorrido analítico en relación con la manera en que es estudiada
la citada categoría marxista de clases sociales por diversos autores
y expone la metodología empleada por el citado pensador, para
dicho análisis que tendrá como resultado la concepción acuñada
por el mismo que la atribuye a las opciones que tienen las
personas en una economía de mercado, las cuales están asociadas
a determinadas condiciones materiales que propician formas de
vida, las cuales a su vez y dan lugar a subjetividades.
Finalmente presentamos: Un bosque de esperanzas: Memorias
y andanzas del Centro EcoDiálogo como un espacio de Educación para la
Vida, testimonio compartido por Leticia Quetzalli Bravo Reyes y
Enrique Vargas Madrazo. Se nos invita a compartir la experiencia
de un grupo de académicos y académicas que mediante el diálogo,
la colaboración y la creatividad han construido un centro para
un ejercicio distinto de su labor académica en contacto con “el
mundo real”, con pleno cuidado de la Madre Tierra, en el que la
convivencia armónica y la conjunción de saberes, se orientan a una
educación para la vida y la libertad de creación. Por la extensión
del artículo y de acuerdo con nuestras normas editoriales, éste se
ha dividido en dos, partes. Tendremos la primera parte en este
número y la segunda en el próximo número 8 que se publicará en
el mes de enero del 2025.
Les invitamos a leer todos los artículos que conforman
nuestra entrega actual. Esperamos que sean de su interés.
Beatriz Liliana De Ita Rubio

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�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

Contribuciones para abordajes complejos del
cuidado en las ciencias sociales
Contributions to complex care approaches in
the social sciences
Diego Carmona-Gallego1

Resumen: En este artículo presentamos aportaciones interdisciplinarias
que constituyen nuestro corpus teórico-conceptual para abordajes
complejos del cuidado. En primera instancia, hacemos referencia a
antecedentes en torno al estudio del cuidado en las ciencias sociales.
Seguidamente, exponemos los lineamientos del pensamiento de la
complejidad. A continuación, damos profundización a contribuciones
en torno a las categorías “vulnerabilidad” e “interdependencia”, las
cuáles colocamos en estrecha relación con el cuidado. Para finalizar,
delineamos la relevancia de estos desarrollos para abordajes teóricometodológicos que contemplen al cuidado desde dimensiones éticas y
vinculares.
Palabras clave: ética del cuidado; vulnerabilidad; interdependencia;
complejidad; ciencias sociales.

1 Instituto Rosario de Investigaciones en Ciencias de la EducaciónCONICET/UNR. Rosario, Argentina. carmona@irice-conicet.gov.ar

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�Diego Carmona Gallego / Contribuciones para abordajes complejos del cuidado

Abstract: In this article, we present interdisciplinary contributions
that form our theoretical-conceptual framework for complex care
approaches. First, we refer to the antecedents of the study of nursing in
the social sciences. We then lay out the guiding principles of complexity
thinking. We then delve into contributions to the categories of
“vulnerability” and “interdependence”,” the characteristics that we
closely relate to nursing. Finally, we outline the relevance of these
developments for theoretical-methodological approaches that consider
care from an ethical perspective.
Key words: ethics of care; vulnerability; interdependence; complexity;
social sciences.

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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.118

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

Introducción
En este artículo presentamos contribuciones conceptuales para
abordajes complejos en el estudio del cuidado, las cuales forman
parte del corpus teórico de nuestra investigación titulada:
“Estudio sobre las percepciones del cuidado y su relación con las
prácticas en los contextos organizativos”2. En dicha investigación
ponemos nuestro foco de análisis en las percepciones del cuidado
de los agentes y usuarios en contextos organizativos relacionados
con el cuidado de personas, desde un enfoque de investigación
cualitativo.
El estudio del cuidado en las ciencias sociales presenta
aportes de la sociología, el trabajo social, las ciencias políticas,
la antropología, la psicología y la psicología social, así como
abordajes trans e interdisciplinarios. Tanto en la región
latinoamericana como en otras regiones del globo existen
diferentes miradas analíticas en torno a la temática, destacándose
las líneas de investigación centradas en: la economía del cuidado,
los debates en torno a los regímenes de bienestar social y las
políticas públicas, el reconocimiento del cuidado como un
derecho humano y una forma de trabajo, la ética del cuidado. Estos
diferentes enfoques analíticos en torno a la categoría definen
en consecuencia distintos alcances teóricos y metodológicos.
Aunque los aportes de las ciencias sociales en relación al tema no
presentan univocidad en la definición de la categoría, coinciden
en promover desde una perspectiva crítica su revisión como
deber y cualidad “naturalmente” femenina, doméstica y familiar.
2
La investigación es financiada por el Consejo Nacional de
Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (CONICET)
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.118

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�Diego Carmona Gallego / Contribuciones para abordajes complejos del cuidado

Si bien todos estos estudios cuentan con un desarrollo incipiente,
es posible registrar los primeros antecedentes en la región
latinoamericana desde hace unas dos décadas y a nivel global
desde la década del ’80 (Batthyánhy, 2015, p. 2020).
Precisemos que, aunque la temática es objeto de reflexión
filosófica al menos desde la Antigua Grecia (Foucault, 2002, 2003)
su estudio sistemático en el área de conocimiento de las ciencias
sociales se produce con el surgimiento de la ética del cuidado
(Gilligan, 1987). Esta corriente de estudios en la que inscribimos
nuestra perspectiva general en torno al tema, formó parte en sus
orígenes de un contexto general de replanteamiento crítico que los
activismos feministas y las líneas de investigación con perspectiva
de género realizaron en diferentes áreas de conocimiento (Held,
2004). Aquí es conveniente que subrayemos que, hasta estas
intervenciones, el cuidado no había adquirido relevancia como
problemática de investigación en las ciencias sociales, debido a la
separación de las esferas de análisis entre el ámbito privado y el
ámbito público, quedando la categoría asociada exclusivamente
al mundo privado en su forma occidental del hogar nuclear.
En las últimas décadas el estudio del cuidado
comienza a suscitar mayor interés fundamentalmente por las
problematizaciones de las ciencias sociales con perspectiva
de género y las luchas de los diferentes feminismos, sobre
todo en función de lo que la literatura especializada en el
tema ha denominado “crisis del cuidado” (CEPAL, 2010, 2021;
Lupica, 2014; Rossel, 2016), relacionada con el envejecimiento
poblacional, la mayor incorporación de las mujeres al mercado
de trabajo, la trasformación de las estructuras familiares. En
nuestra región latinoamericana las investigaciones se han
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.118

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

ocupado fundamentalmente de su organización social (Rodríguez
Enríquez, 2015), la distribución desigual de las tareas hacia el
interior de los hogares, la feminización y precarización del trabajo
de cuidado (Batthyánhy, 2020) y las especificidades de este último
en relación a otros tipos de trabajo (Molinier, 2018; BorgeaudGarciandía, 2020). En este marco, la focalización en la dimensión
ética del cuidado presenta escasos antecedentes de investigaciones
empíricas y algunos relevantes desarrollos conceptuales como los
del filósofo y teólogo brasileño Boff (2002; 2012).
De este modo, la mayor parte de las líneas de investigación
y perspectivas de análisis parten de la consideración del cuidado
como una forma de trabajo, definiéndolo como un conjunto de
actividades o tareas. Estas formulaciones colocan su énfasis
en la dimensión de la tarea como parte integrante del cuidado,
asimilando el mismo a un trabajo, remunerado o no, comparable
a otras formas del trabajo remunerado.
Perspectiva de la complejidad en el abordaje del cuidado
En este artículo promovemos una perspectiva que asume
que cuidar es antes que todo una ética, sin desconocer el
reconocimiento del mismo en ciertos contextos y momentos
como una forma de trabajo. Con este punto de partida, podemos
incluir bajo la categoría no sólo actividades y tareas sino ante todo
un modo de vinculación que no es reductible a la tarea. En otros
términos, pueden existir tareas de cuidado sin que esto implique
un modo de vinculación cuidadoso. No obstante, la ética abarca
las tareas, en la medida en que éstas sean acompañadas de modos
de vinculación hospitalarios con la alteridad. En este marco,
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.118

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�Diego Carmona Gallego / Contribuciones para abordajes complejos del cuidado

el cuidado es transversal a la vida misma. Esto es, todo sujeto
humano necesita recibir y ofrecer cuidado para que la vida sea
posible en términos de supervivencia y, además, florezca. Y en
este sentido, podemos afirmar que todos tenemos saberes acerca
de cómo cuidar y ser cuidados (Kipen et.al., 2023).
En relación a la línea de investigaciones sobre ética
del cuidado en el área de ciencias sociales de nuestra región
latinoamericana, es posible observar una vacancia. Si bien existen
aportaciones en ciertos enfoques y disciplinas, tales como los
estudios en salud mental colectiva y el trabajo social, no se observa
una producción teórica y empírica correlativa a los estudios del
trabajo de cuidado, tanto en alcance como en profundidad. En
este sentido, destacan como excepciones: en nuestro país, desde el
trabajo social las aportaciones de Gattino (2013), Angelino (2014),
De la Aldea (2019), Aparicio (2020), Kipen et.al. (2023), y desde
la salud mental colectiva los desarrollos de Stolkiner (2021); en
Brasil, los estudios desarrollados por Franco y Merhy (2011).
El corpus teórico-conceptual que presentamos en este
artículo se delinea a partir de las aportaciones que conciben
al cuidado como un modo de vinculación: con uno mismo, con
otros y con la naturaleza. Este modo de vinculación cuidadoso
requiere del reconocimiento de dos marcas constitutivas de la
condición humana y en términos más amplios de los ecosistemas:
la vulnerabilidad y la interdependencia (Carmona Gallego, 2021a,
2021c, 2021d). Además de comprender actividades que involucran
asistencia, atención, tareas, desde este enfoque la categoría cuidado
implica el cultivo de relaciones mutuamente potenciadoras. Desde
esta mirada se propone que el cuidado como vínculo constituya
la base de un nuevo paradigma social (dimensión política) que
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.118

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

nos permita desplazarnos de una sociedad caracterizada por
problemáticas como el individualismo y la soledad, a una basada
en el ethos del cuidar, cuyos ejes son el afecto, la implicación, la
convivencia, la relación sujeto-sujeto (Carmona Gallego, 2020).
En el marco de esta última conceptualización nos aproximamos
a una ecología de los cuidados que considera las relaciones entre
diferentes especies y particularmente de la humanidad con la
naturaleza, como objeto de reflexión desde la ética del cuidado
(Najmanovich, 2021; Puig de la Bellacasa, 2017).
Nuestra perspectiva en torno al cuidado se inscribe en el
pensamiento de la complejidad (Morin, 1994). Comprendemos
por complejidad un modo de investigación, así como un enfoque
ético-político (Rodríguez Zoya y Aguirre, 2011) basado en
una epistemología trans e interdisciplinaria y una noción de
desarrollo del ser humano entrelazada con la relación ética
con otros seres humanos y la naturaleza.
La visión compleja
de los fenómenos encarna una ontología relacional, al colocar
su énfasis en las relaciones más que en las sustancias, de manera
que cuestiona fuertemente el supuesto de la existencia individual
comprendida de manera aislada y autosuficiente. Por otra parte,
el pensamiento complejo es multidimensional, lo que solicita una
polifonía de voces, así como alojar la incertidumbre que nace del
reconocimiento de nuestro carácter finito y mortal. La conciencia
de la multidimensionalidad conlleva la tesis de que toda visión
unidimensional implica un reduccionismo. Es necesario, que la
visión de cada dimensión sea religada a otras dimensiones. En este
sentido, en referencia a la constitución del cuidado como objeto
de estudio, hacemos foco en aquellos aportes que comprenden
que el mismo presenta dimensiones que es preciso distinguir,
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.118

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�Diego Carmona Gallego / Contribuciones para abordajes complejos del cuidado

considerando no obstante que las mismas no se encuentran
separadas sino entrelazadas. Asimismo, este criterio implica la
necesidad de recurrir a las miradas provenientes de diferentes
disciplinas tejiendo diálogos y puentes posibles en el estudio del
fenómeno.
Las contribuciones que presentamos en este artículo
profundizan en torno a dos categorías claves, que entrelazamos
con el cuidado comprendido desde una dimensión ética y
compleja: la vulnerabilidad y la interdependencia. Las mismas
son presentadas como inherentes a la condición humana y
en términos más amplios, a todo lo vivo, lo que contribuye a
repensar el ideario de sujeto fundante del paradigma mecanicista
moderno: un sujeto supuestamente racional, aislado, desprovisto
de afectos y de relaciones que lo constituyen y le permiten
sostenerse. Emplearemos la noción de “marcas” como metáfora
que nos permite pensar aquello que nos habita y de lo que no nos
podemos deshacer, considerando al menos dos posibles actitudes
fundamentales: negar estas marcas o registrarlas. Cuando tenemos
una marca podemos ser convocados por la pregunta: ¿Qué te pasó
en este lugar? De manera que el cuerpo y la afectación están en
primera plana. Las marcas que aquí presentamos dan cuenta
de situaciones en última instancia fundamentales. En otros
términos, permiten una reflexión en torno a la condición humana
y en términos más amplios, de todo lo viviente.
Por último, los aportes que reunimos en este artículo se
manifiestan como una ética alternativa al neoliberalismo (Tronto,
2017) entendido este último no sólo como un régimen económico
sino como un patrón de producción de subjetividades en torno al
utilitarismo, la competencia, la independencia entendida como
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.118

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

autosuficiencia, el desgarramiento de los vínculos y la idea de que
la vida puede desarrollarse en soledad y aislamiento.
“En lugar de pensar en las personas como homo economicus,
tiene mucho más sentido entenderlas como hominens carens, es
decir, como personas que viven en relaciones de cuidado mutuo”
(Tronto, 2018, p. 11).
Las marcas de la condición humana: vulnerabilidad e
interdependencia
La condición humana está marcada por su vulnerabilidad, en
tanto mortalidad, posibilidad de la herida, apertura a la mutua
afectación y potencia de la generación y regeneración. Si nos
remontamos a la etimología misma del término vulnerabilidad
en latín, encontramos este sentido: la posibilidad de ser heridos,
ya que vulnus significa herida. Aunque en nuestra cultura muchas
veces se asocie vulnerabilidad con debilidad, al menos podemos
destacar dos núcleos semánticos en torno al término que
entrelazan la vulnerabilidad con la resistencia de la vida. Por un
lado, la vulnerabilidad implica la posibilidad de sufrir heridas,
lastimarse, ser afectado en los encuentros con los otros y con
el mundo de un modo que implique descomposición, tristeza,
lastimadura. Por otro lado, existe la posibilidad de regenerarse a
partir de tales heridas.
Esta potencia de la vulnerabilidad que guarda relación
con la apertura a la afectación, también se encuentra entrelazada
con la apertura al otro, en la medida en que se es vulnerable al
estar abierto, en permanente intercambio e interacción. Por esto
mismo, la apertura hacia los demás es condición sina qua non para
el cultivo de un cuidado en múltiples dimensiones.
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�Diego Carmona Gallego / Contribuciones para abordajes complejos del cuidado

En relación a la interdependencia, remite al permanente
intercambio entre los sujetos humanos y los ecosistemas de los que
forman parte entre partes, en este sentido toda interdependencia,
es una eco-interdependencia. Este entrelazamiento de unos con
otros, supone afectaciones mutuas (Carmona Gallego, 2021d). En
otros términos, cada interacción supone una transformación de
los sujetos que interactúan, a diferencia de los sistemas mecánicos
en los que no hay afectación mutua, sino mero “contacto externo”.
A continuación, reunimos aportes que sustentan
nuestra perspectiva en torno a las categorías antedichas,
considerando que una mirada desde la complejidad supone
trascender las fronteras disciplinares; esta reflexión adquiere una
preponderancia especial en el ámbito de las ciencias sociales, en
las que las ciencias naturales tienen poco lugar, y cuando lo han
tenido ha sido en muchas ocasiones para justificar prácticas de
colonialismo y dominación, como lo demuestra el denominado
“darwinismo social”.
Aportes provenientes de la filosofía sobre la vulnerabilidad y
la interdependencia
La categorización de la vulnerabilidad en la filosofía de Emmanuel Lévinas
Para abordar la cuestión de la vulnerabilidad, nos remitimos
primeramente a los aportes de la filosofía de Emmanuel Lévinas.
La categoría de “vulnerabilidad” emergió en la obra madura de
Lévinas (Palacio, 2015), en particular profundizó sobre la misma
en su libro De otro modo que ser o más allá de la esencia (1974).
En esta obra, la noción es presentada como proximidad y contacto
con el otro, una sensibilidad corporal anterior a toda mediación
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.118

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

reflexiva o de la conciencia. Una receptividad por la cual toda
persona puede ser afectada en el encuentro, aún a pesar suyo, a
partir del mandato que del rostro del otro emana. En este sentido,
se destaca la heteronomía en la que se funda el orden ético, punto
de decisivo contrapunto con las filosofías de la autonomía moral,
como la de Immanuel Kant. La exigencia ética no proviene del
ejercicio de la razón como principio universal, sino del rostro del
otro. “La fuente y el basamento de la ética (...) es la afectación
sensible y corporal en la propia subjetividad que queda ahora
anudada por la responsabilidad del otro” (Palacio, 2008, p. 41).
Por lo tanto, el fundamento de la ética de la alteridad propuesta
por Lévinas estriba en la vulnerabilidad del sujeto afectado por la
vulnerabilidad del rostro. Asimismo, esta afectación deviene como
posible al ser concebido el propio sujeto que se encuentra con el
rostro como un sujeto vulnerable, capaz de recibir la huella de los
demás (Lévinas, 2001; 2005). La vulnerabilidad en esta propuesta
filosófica guarda estrecha relación con la responsabilidad, así
como con la cuestión de la acogida y la hospitalidad (Cullen,
2019). Las respuestas a la llamada del rostro del otro pueden ser
contrastantes. En caso que la respuesta consista en una acogida
de la alteridad, se trata de una ética de cuidado del otro en la que
se anuda el cuidado de sí. En cambio, si el otro es reducido a la
mismidad, emerge la violencia (Cullen, 2019).
En síntesis, la vulnerabilidad es marca de la condición
humana en la filosofía de la alteridad levinasiana. Su propuesta
constituye, a nuestro entender, un valioso e ineludible
antecedente de la ética del cuidado, al situar una ligazón entre
ética, vulnerabilidad y alteridad.
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.118

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�Diego Carmona Gallego / Contribuciones para abordajes complejos del cuidado

A partir de los desarrollos de la ética de la alteridad,
consideramos que es justamente porque estamos abiertos a ser
afectados en los encuentros con los demás, que podemos cultivar
una ética del cuidado. La ética del cuidado se percata de la
posibilidad de ser heridos (en un sentido más literal y también en
un sentido metafórico), así como también de la capacidad que los
humanos –y en términos más amplios todo lo viviente– tienen de
regenerarse a partir de las heridas.
Por ello podemos afirmar que una ética del cuidado
articulada con el respeto de la alteridad, honra la vulnerabilidad
constitutiva al darle lugar a las heridas, así como también
promoviendo modos de vida y encuentros hospitalarios con la
alteridad.
Desarrollos en torno a las categorías provenientes de la filosofía feminista
En otro orden, en el marco de la filosofía de perspectiva feminista
se han producido contribuciones de relevancia en atención al tema
de la vulnerabilidad como condición antropológica. Destacan en
el ámbito anglosajón, la publicación de la Universidad de Oxford
titulada Vulnerability. New Essays in Ethics and Feminist
Philosophy y las elaboraciones de la filósofa Butler; en el ámbito
académico francés, los estudios de Laugier; mientras que en el
contexto de habla hispana, destacamos los desarrollos de Martín
Palomo y Pié Balaguer.
Mackenzie, Rogers y Dodds (2014) analizan que el término
vulnerabilidad tiene en la literatura especializada en el tema al
menos dos usos extendidos. El primer sentido del término remite
a que nuestros cuerpos son animales, constitutivamente sociales
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.118

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

e interdependientes y por ello mismo están sujetos a aflicción y
lesiones. El cuerpo se vincula a una socialidad encarnada: somos
vulnerables a las acciones de los demás, así como interdependientes
respecto a su cuidado. Esta vulnerabilidad es común a todos los
humanos, por eso podemos llamarla antropológica. El segundo
sentido del término, en cambio, es particularizado. Se focaliza en
las situaciones de algunas personas o grupos particulares respecto
a tipos específicos de daño o amenaza proveniente de otros. Analiza
las formas en que las desigualdades de poder hacen que algunos
agentes sean vulnerables a daños o explotación por otros.
En esta tesis optamos por el sentido antropológico del
término vulnerabilidad antes descrito. No obstante, como ya
indicamos el concepto vulnerabilidad no agota su descripción
en la posibilidad de sufrir una lesión: “indica una condición más
amplia de dependencia e interdependencia que cambia la manera
dominante de entender ontológicamente al sujeto corporizado”
(Butler, 2015, p. 11). En este mismo sentido Pié Balaguer y Solé
Blanch (2015) sostienen que la vulnerabilidad comprendida como
inherente a la condición humana, supone tanto la herida como
el cuidado, existiendo una tensión entre ambos sentidos. Sin
embargo, destacan que lo más relevante es que la condición de
vulnerabilidad es permanente mientras que la herida es ocasional.
En sus reflexiones sobre la vulnerabilidad, la filósofa
Butler (2006) advierte a partir del estudio del duelo, que el
mismo guarda estrecho vínculo con la vulnerabilidad, así como
con la interdependencia. El duelo revela que hay otros de quienes
depende nuestra vida y esa dependencia no es una opción y/o
elección sino el modo mismo en que la vida se despliega. En
función de esta interdependencia que excede nuestro control y
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�Diego Carmona Gallego / Contribuciones para abordajes complejos del cuidado

no resulta una opción entre otras, contamos con la posibilidad de
hacer daño, así como de sufrirlo. “La herida ayuda a entender que
hay otros afuera de quienes depende mi vida, gente que no conozco
y que tal vez nunca conozca. Esta dependencia fundamental (...)
no es una condición de la que puedo deshacerme cuando quiero”
(Butler, 2006, p. 14).
En otro de sus escritos sobre el tema, Butler (2017)
sostiene recuperando a Lévinas que la vulnerabilidad remite a
receptividad, a una empatía que se despliega a través del tiempo,
a cierta porosidad para poder recibir a los otros y sentir lo que
a sus cuerpos les sucede. Se trata de un término que permite
nombrar una experiencia de desposesión de la cual el duelo es
ejemplificador. Esta desposesión indica un salirnos de nosotros
mismos al encuentro con los otros.
Desde la perspectiva que postulamos nuestra condición
de posibilidad como humanos son esos otros que nos recibieron;
alojaron, nombraron, y cuidaron. Sin esa interdependencia en
la que estamos inmersos desde el nacimiento no tendríamos
posibilidad alguna de existir.
La filósofa Draper (2018) sostiene que la interdependencia
se actualiza “en la trama misma que nos compone como seres
finitos y no solamente en la situación «excepcional» de quienes
no pueden valerse por sí para desarrollar las tareas cotidianas”
(p. 196). En este sentido subraya que es importante desplazarse
de la mirada de la crisis de cuidados y la excepcionalidad (casos
de dependencia por edad o enfermedad), a la percepción de la
red de cuidados que sostiene toda vida. La interdependencia
hace referencia por lo tanto al modo mismo en que la vida puede
desplegarse, sostenerse y florecer.
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Aportes provenientes de la biología y la antropología
evolutiva
Los relatos de nuestra cultura en torno a la evolución humana
suelen atribuir la misma al rol desempeñado por el hombre
cazador en las antiguas civilizaciones. De acuerdo a estas
formulaciones el factor evolutivo por excelencia ha sido la fuerza
necesaria para cazar y el perfeccionamiento de dicha capacidad.
Es así que durante mucho tiempo se pensó que el ser humano ha
evolucionado a partir de la capacidad de los varones para cazar y
la creación de las herramientas necesarias para desempeñarse con
más eficacia en este objetivo. Por ello se le concedió a la invención
de las armas de caza un lugar privilegiado como marca de la vida
civilizatoria. Sin embargo, actualmente los estudios provenientes
de disciplinas como la antropología y la biología (Llamazares,
2017), informan otras perspectivas que claramente entran en
tensión con esta tradicional visión acerca de la evolución humana.
La hipótesis del hombre cazador como factor
determinante ha dado paso a la formulación más reciente de
la mujer recolectora como elemento a partir del cual es posible
pensar la evolución de la vida humana desde sus inicios. Desde
esta perspectiva, las primeras herramientas creadas por los
agrupamientos humanos no fueron las armas sino cuencos
y elementos para transportar alimentos, así como bebés. Es
decir, recipientes que permiten contener, recibir, alojar. En
consonancia, el biólogo cultural Humberto Maturana (Maturana
y Verden Zöhler, 2011) sostiene que la humanidad surgió en la
historia de primates bípedos con una serie de características,
tales como el lenguaje, la recolección, el compartir los alimentos
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�Diego Carmona Gallego / Contribuciones para abordajes complejos del cuidado

y la colaboración de los varones en la crianza de los miembros
más pequeños de los agrupamientos. Nos estamos refiriendo a
períodos de la historia europea, los cuáles se remontan desde
30.000 años A.C. hasta 4.000 A.C. Los mismos fueron designados
con diferentes términos tales como: cultura matríztica o
gilánica (Gimbutas, 1996). En estos agrupamientos humanos
no se han encontrado señales de guerra ni fortificaciones en
las construcciones. Asimismo, los lugares de culto evidencian
la adoración a figuras femeninas que, aunque durante mucho
tiempo fueron interpretadas por la antropología como signos de
un erotismo masculino, muchos estudios actuales encuentran
en esta adoración un culto característico de estas comunidades
a la nutrición, la gestación y el cuidado de la vida. El universo
mismo era representado como una gran madre, que por sí misma
lo engendraba todo. Por último, no se encuentran en los restos
arqueológicos de estas culturas signos de jerarquía en general y
específicamente tampoco en torno al género.
De acuerdo con estas investigaciones, la agresión, la lucha y
la competencia no eran aspectos definitorios de la manera de vivir
de estos agrupamientos. Subrayamos el término “definitorios”,
ya que por supuesto no se trata de afirmar la inexistencia de los
mencionados aspectos en estas sociedades. En estas sociedades
la diferencia no se equiparaba a la inferioridad o la superioridad.
Sin embargo, estas comunidades fueron invadidas por pueblos
caracterizados por modos de vida fundados en el dominio y el culto
a la espada. A partir de allí y con la proliferación del sedentarismo,
la domesticación de los animales y la cría del ganado (Neolítico)
comienza el gesto por excelencia de la masculinidad hegemónica,
la búsqueda de dominio (Carmona Gallego, 2021b).
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El apoyo mutuo como factor en la evolución
A principios del siglo XX Piotr Kropotkin publicó su libro en
torno al apoyo mutuo como factor explicativo de la evolución.
En debate con Darwin reconoció la relevancia de la competencia
como dinámica propia de la evolución colocando su énfasis en
cuestiones que éste último había desconocido al menos hasta
la publicación de trabajos póstumos. La cooperación estaba
tan presente como la competencia e incluso en ocasiones
predominando por sobre esta última.
Los planteos de Kropotkin (2019) no alcanzaron en las
ciencias sociales y humanas el mismo impacto que los de la teoría
darwiniana. Tal como afirman Costa, Cardú y Perlo (2019) los
aportes de Darwin fueron utilizados por las ciencias sociales para
sustentar la competencia tras el supuesto de la supervivencia del
más apto configurando lo que se ha dado en llamar “darwinismo
social”. A partir de sus estudios Kropotkin estableció que el
apoyo mutuo y la cooperación entre miembros de una misma
especie, entre ellas la humana, así como entre especies diferentes,
es una constante y se realiza tanto “para la defensa mutua, bien
para cazar o para acopiar comida, o criar la prole o, simplemente,
disfrutar de la vida en común” (Kropotkin, 2019, p. 100). En un
sentido convergente con lo expresado, otras investigaciones han
descubierto que nuestros antepasados nómades sobrevivieron a
base de una alimentación regular con plantas cuya recolección era
mayormente llevada adelante por mujeres y niños (De la Aldea,
2019). Estos descubrimientos dan un giro radical al modo en que
se ha entendido habitualmente la evolución humana. “La antigua
visión consistía en que las primerísimas relaciones humanas de
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parentesco (y más tarde económicas) se fueron desarrollando a
través de la cacería y la belicosidad” (Eisler, 1990, p. 71). La nueva
visión informa que las bases de la organización social humana
provinieron de esta interdependencia reflejada en el accionar
compartido entre madres e hijos.
En el debate contemporáneo la hipótesis del “hombre
cazador-guerrero” (Llamazares, 2017; Perlo y Costa, 2019) como
explicación excluyente de nuestra evolución abre paso a la más
reciente hipótesis que explica nuestra evolución humana en
clave colaborativa. En consecuencia, lejos de ser únicamente
la competencia, el cuidado como tarea y actitud a partir de la
vulnerabilidad e interdependencia de la vida humana, se instala
como hipótesis principalísima en consideraciones actuales de la
evolución humana.
La teoría de la simbiogénesis sobre el origen de la vida
En torno a los estudios contemporáneos destaca la teoría de la
simbiogénesis desarrollada por Lynn Margulis (1938-2011) en la
década del ‘70, así como los estudios contemporáneos en torno
a la microbiota-microbioma. La teoría desarrollada por Margulis
(2020) implica un radical y profundo cambio de perspectiva en
relación a la evolución al destacar el papel de la cooperación
mutua (simbiosis) entre diferentes formas de vida como aspecto
fundamental de la evolución y del origen mismo de la vida. Para
la bióloga la simbiosis, entendida como la tendencia de diferentes
organismos, fundamentalmente a nivel celular, a convivir en
íntima asociación, en ocasiones unos dentro de otros, explica la
novedad evolutiva y el origen de las especies. Esta convivencia
cuando se desarrolla en larga duración permite la emergencia de
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nuevas formas de vida. “El término evolutivo ‘simbiogénesis’ se
refiere al origen de nuevos tejidos, órganos, organismos e incluso
especies mediante el establecimiento de simbiosis permanentes
de larga duración” (Margulis, 2020,p. 16).
El despliegue de la vida no es observado como un proceso
en que las especies se diferencian y compiten entre sí, sino que
implica la formación de entidades compuestas a través de la
simbiosis de organismos antes no relacionados entre sí. “Simbiosis
(...) es la vida en común de tipos muy diferentes de organismos
(...). En determinados casos, la cohabitación, la vida íntima a
largo plazo, da como resultado la simbiogénesis: la aparición de
nuevos cuerpos, nuevos órganos, nuevas especies” (Margulis,
2020, p. 45). Expresa Najmanovich (2017):
El valor de las nociones de simbiosis y simbiogénesis para pensar la vida (...) radica en que nos permite cuestionar la noción
de individuo y también considerar al cuerpo como un ecosistema en lugar de verlo como un organismo encerrado en la fisiología individual. (s/n))

Mientras que la teoría de la evolución de las especies hizo
hincapié en la competencia como mecanismo evolutivo, los estudios
de Margulis permiten apreciar las alianzas e interrelaciones en lugar
de las competencias. Asimismo, las investigaciones más recientes
en torno a la interacción entre microbios y seres vivos dan cuenta de
una interdependencia profunda que convierte a cada singularidad
viviente en un profundo entramado de eco-interdependencias,
es decir, en un ecosistema. Esta concepción del cuerpo3 como
3 Se incorpora esta aclaración sobre la noción de cuerpo, para distinguirla de
concepciones reduccionistas.
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ecosistema refiere también a la intrínseca interdependencia
constitutiva de la condición humana. Sin un otro no hay un cuerpo,
sólo un conjunto de órganos y funciones fisiológicas que, por otra
parte, requieren de la otredad para organizarse, fundamentalmente
en los primeros tiempos de un sujeto humano.
Giros necesarios para reflexionar en torno a los aportes de la biología4
Si hasta aquí hemos hecho referencia a algunos aportes
provenientes de la biología, entre otras disciplinas, no debemos
considerar éstos al margen de la siguiente premisa: los humanos
somos sujetos sociales inmersos en contextos históricos que
nos atraviesan. Tal como afirma Morin (2004) somos producto
de la sociedad que asimismo producimos. En este sentido, es
relevante subrayar la importancia de no caer en reduccionismos
biologicistas en el análisis del cuidado en el caso de los
humanos. Si bien como afirma el físico austríaco Capra (2009)
somos hebras de la trama de la vida, no obstante, como sujetos
humanos contamos con algunas especificidades que, más allá
de la biología, o aún con ella, requieren ser reflexionadas. Estas
menciones son necesarias en la medida en que existe una posible
interpretación de los aportes de la biología en clave biologicista.
Esto es, se reduce la experiencia humana a su sola existencia
biológica, sin considerar que su biología está ineludiblemente
entretejida con la vida en una sociedad e inmersa en un contexto
histórico y cultural, que hace que prevalezcan o se inhiban
determinados significados, configuraciones y prácticas en torno
4 Se incorpora este apartado para trabajar en profundidad las consecuencias
del higienismo en las configuraciones del cuidar.

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al cuidar. En este sentido, en nuestra sociedad contemporánea
se recuperan aportes de la biología en relación con el cuidar,
pero en un sentido diferente al el que en este artículo queremos
promover. Nuestra cultura recupera la biología mayormente
en torno a un higienismo que considera al humano como un
organismo despojado de su condición cultural y simbólica. En
este sentido, la presencia de un otro que simbolice y bañe de
cultura a quien nace, es una especificidad de nuestra condición
humana.
Si sólo se considera el cuidar como una atención a
necesidades fisiológicas, como si éstas no requiriesen del
reconocimiento por parte de un otro humano, reduciríamos al
sujeto a un mero conjunto de órganos. Las consecuencias de este
biologicismo fueron indagadas a mediados del siglo XX, en los
estudios desarrollados en orfanatos por Spitz (1972) y Bowlby
(1994), así como los elaborados por Winnicott (2015) a partir de
su experiencia clínica. Estos aportes demostraron la importancia
fundamental del cuidado en su dimensión afectiva y relacional
tanto para la supervivencia como para el desarrollo humano. Las
indagaciones de estos psicoanalistas tuvieron auge en un marco
sociohistórico específico. Tras la Segunda Guerra Mundial
primaba un contexto de crisis respecto a los ideales iluministas
del progreso y de la razón, así como un hondo pesimismo y
escepticismo respecto a la condición humana. Al mismo tiempo,
la cantidad de niños huérfanos con motivo de las guerras se había
incrementado Estos estudios se centraron particularmente en
la relación cuidador-niño, en el contexto de hospicios en los que
primaban ideales higienistas ligados a la psicología conductista
que reducían la condición humana a un mero organismo.
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Recordemos que, durante la primera mitad del siglo XX,
en Estados Unidos y Europa, los protocolos de actuación vigentes
en hospicios y orfanatos establecieron como pauta estricta
mantener el menor contacto corporal posible con los niños que allí
residían. Se promovió un entorno estéril para evitar el contagio
de enfermedades, así como normas de interacción regidas por
una psicología conductista preocupada por un desarrollo más
independiente de los niños. En este contexto, desde la década
de 1930 y 1940 (Bowlby, 1995) surgieron importantes estudios
que comenzaron a exhibir los efectos perniciosos de la falta de
contacto y proximidad corporal y emocional entre los cuidadores
y los niños. En particular, dichos estudios se centraron en los
efectos negativos del cuidado prolongado regido por estas pautas,
en el marco de organizaciones dedicadas al cuidado infantil.
No obstante, el higienismo no es un mero vestigio del
pasado, sino que en nuestra cultura contemporánea podemos
afirmar que se plasma en concepciones que consideran que cuidar
es equivalente a promover hábitos ligados a “lo saludable”. Desde
esta configuración instituida, se entiende por salud la adecuación
del comportamiento humano a patrones establecidos por el saberpoder profesional, normalizadores, y, por tanto, patologizantes
de la diferencia que no se adecua a dichos patrones . En este
sentido, conviene estar advertidos de los riesgos que acarrea esta
sinonimia entre el cuidado y la salud, siempre que se considere
a la salud como una mera ausencia de enfermedad, o bien un
“completo estado de bienestar” que, como toda experiencia
humana demuestra, no es más que una “completa ficción”.
Desde la perspectiva que promovemos, el cuidado, tiene
que ver menos con la prevención que en nombre de lo saludable
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sacrifica la vida con todo su potencial de intensidad y aprendizaje,
y se relaciona con la apertura al riesgo (Caponi, 2006).
En su demanda de participación en torno a la definición del
riesgo, los colectivos de personas con discapacidad y el activismo
ligado a la salud mental han promovido el concepto de “dignidad
del riesgo”. Con esta categoría se alude a que ninguna vida quede
capturada en una planificación hecha por otros, fundamentalmente
por las familias y los profesionales, quienes definen los riesgos
existentes para las personas con discapacidad sin su participación.
El concepto también implica el derecho a poder desplegar decisiones
que impliquen asumir un peligro para la persona, o decisiones que
a otras personas les puedan parecer desacertadas y/o equivocadas.
Asimismo, esta reivindicación del riesgo nos aproxima a pensar en
el “lado oscuro de la prevención” (Najmanovich, 1999), en relación
con las políticas y prácticas de prevención en el ámbito de la salud.
Con tales distinciones, no proponemos desestimar la prevención ni
la advertencia ante situaciones que pueden resultar peligrosas. En
cambio, planteamos pensar en las sombras de la prevención, para
impedir la captura del cuidar en prácticas de control que anulan la
intensidad de la vida en algunos sujetos, en nombre del cuidado. El
cuidar que se practica sin la participación de las personas que se
dice cuidar, así como la reducción de la corporalidad a un conjunto
de órganos, conducen a la pregunta de hasta qué punto es cuidado,
en la medida en que no hay consideración de la otredad.
Desde la interdependencia hacia la eco-interdependencia
Así como las aportaciones provenientes de diferentes campos
disciplinares revisitados nos permiten sustentar una perspectiva
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de la condición humana basada en la vulnerabilidad y la
interdependencia, los cruces entre ecología y feminismo habilitan
otra categoría fértil para profundizar en el estudio del cuidado desde
una perspectiva compleja y en consecuencia multidimensional. Se
trata de la categoría de la ecodependencia, la cual también repone
una ontología relacional que trasciende la dicotomía naturalezacultura, para pensar una existencia entrelazada.
“No existen seres humanos y además naturaleza (...).
Estamos “aquí no más” (Kusch, 1976) junto a otros, recibiendo
las sensaciones y potencias de otros cuerpos con los cuales nos
encontramos” (Giraldo y Toro, 2020, p. 42).
Desde la ecología profunda la eco-dependencia y la
interdependencia remiten al hecho de que naturaleza y seres
humanos forman parte de una unidad. Esta conciencia ecológica
permite desplegar una ética del cuidado fundada en la afectividad
y la dimensión sensible de lo humano. La ecología profunda fue
fundada por el filósofo noruego Arne Naess en los inicios de la
década de los ‘70 (Capra, 2009; Perlo y Costa, 2019). Se distingue
de la ecología “superficial” ya que esta última es antropocéntrica,
es decir centrada en lo humano. El humano se considera encima
o por fuera de la naturaleza enfocándose hacia la misma desde
una ética utilitaria. En cambio, la ecología profunda considera
sagrada (en el sentido de digna de respeto y cuidado) toda forma
de vida, considerando a los humanos como meras hebras de una
trama más amplia que los contiene (Capra, 2009). Afirma uno de
los fundadores de este movimiento, Naess:
El cuidado fluye naturalmente cuando el ‘sí mismo’
se amplía y profundiza hasta el punto de sentir y concebir la
protección de la Naturaleza libre como la de nosotros mismos. Al
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igual que no precisamos de la moral para respirar (...) [igualmente]
si nuestro ‘sí mismo’, en el sentido más amplio, abarca a otro ser,
no precisamos de ninguna exhortación moral para evidenciar
cuidado (Naess, en Capra, 2009, p. 33).
En este sentido, la noción de eco-dependencia permite
comprender al ser humano como hebra de una urdimbre vital.
Nuestros alimentos, ropas, medicinas, libros, provienen de la
Tierra y otros seres vivos. En términos de De la Aldea (2019,
p.21): “tenemos una dependencia básica doble: la primera es
nuestra dependencia de la Tierra, fuente de todos los nutrientes
y recursos que necesitamos; la segunda, nuestra dependencia de
los otros”
La conciencia sobre la eco-dependencia se ha ido
desarrollando en la misma medida en que, como afirma el
economista y sociólogo norteamericano Rifkin (2010), se
incrementó la entropía. Comenzamos a ser conscientes del
agotamiento de “recursos” no renovables de la naturaleza y de
la necesidad de cuidar de ella (también por tanto de nosotros
mismos en ella) cuando precisamente la Tierra y la gran
diversidad de especies que la habitan se encuentran en grave
peligro por el uso creciente de materia y energía. La preservación
de nuestra misma especie parece depender de nuestra conciencia
de integración de la trama más que de continuar sosteniendo una
fragmentación entre seres humanos y naturaleza. Aunque no lo
percibamos, inextricablemente pertenecemos a la naturaleza.
Tierra y humanidad forman una entidad indivisible y compleja
(Boff, 2012). También desde un pensamiento ecológico, Capra
(2009) propone la eco-alfabetización, fundada en las siguientes
prácticas y principios básicos: la interdependencia, el reciclaje, la
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asociación, la flexibilidad, la diversidad y la sostenibilidad. La ecointerdependencia, supone el hecho de que todos los integrantes
de una comunidad ecológica se encuentran interconectados en
una red de relaciones, la trama de la vida. Las propiedades que
presentan estos integrantes, sus características y sus existencias,
derivan de estas relaciones. Es decir que si comprendemos esta
interdependencia comprendemos a las relaciones y a la trama.
“Nutrir estas relaciones equivale a nutrir la comunidad” (Capra,
2009, p. 308).
Las categorías teóricas ecodependencia e interdependencia
son abonadas asimismo por el ecofeminismo. Este último se trata
de un movimiento gestado a partir de diversos movimientos
sociales- los movimientos feminista, pacifista y ecologista- a fines
de la década de 1970 y principios de la década de 1980 (Mies y
Shiva, 1997). El ecofeminismo considera que el capitalismo y
el patriarcado se fundan sobre una antropología y cosmología
caracterizadas por el dominio que desconoce que la vida en
la naturaleza se mantiene por medio de la cooperación y el
cuidado mutuo (Mies y Shiva, 1997). Así, buena parte de lo que
el capitalismo considera productivo implica una destrucción
inherente y paradójicamente las labores y éticas consideradas
improductivas son aquellas que contribuyen al sostenimiento
de la vida en sus múltiples expresiones. El sistema patriarcal y
capitalista, entiende como productivo aquello que en realidad es
dominio y explotación de la naturaleza. De acuerdo con Mies y
Shiva (1997) este sistema escinde al ser humano de la naturaleza
y se reduce el bienestar o buen vivir al consumo mercantil. En
contraste con el modelo de desarrollo productivo sostenido a
partir de metáforas mecánicas sobre la naturaleza y la sociedad,
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las autoras proponen como alternativa un modelo de buen vivir
anclado en el cuidado de la tierra, de los seres humanos y de las
otras especies existentes.
De acuerdo con Svampa (2015) las nociones de
interdependencia y eco-dependencia están basadas en una
concepción del yo como sujeto relacional, que se registra
diferente de los demás y de la naturaleza al tiempo que reconoce
en continuidad con ellos. Esta concepción contrasta con la del
yo ‘separado de los demás’, constituido en fragmentación con la
naturaleza. Esta noción de “yo relacional” fue planteada por la
ética feminista del cuidado.
El reconocimiento de las marcas de la vulnerabilidad y la
eco-interdependencia para superar el paradigma mecanicista
Las nociones antedichas, tanto la vulnerabilidad como la
eco-interdependencia, han sido desestimadas cuando no
directamente negadas, por el auge del paradigma mecanicista,
colonial y moderno. Aquí es pertinente señalar que gran
parte de la modernidad, se caracterizó por el auge y apogeo
de la física mecánica. A partir de su desarrollo crecieron
los cercos disciplinares ante una especialización creciente
del conocimiento. Asimismo, se buscó estudiar la realidad
descomponiéndola en elementos cada vez más simples. Este
marco permitió una proliferación científica y tecnológica
que acarreó importantes avances en la calidad de vida de la
ciudadanía, aumentando la expectativa de vida, reduciendo
enfermedades, contribuyendo a la creación de nuevos canales de
comunicación inéditos en la historia de la especie. Pero también
tuvo importantes costos reflejados en la utilización de avances
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�Diego Carmona Gallego / Contribuciones para abordajes complejos del cuidado

científico-tecnológicos con fines de exterminio o destrucción,
cuyos efectos quedaron más que demostrados en la primera
mitad del siglo XX (guerras mundiales y totalitarismos), así
como en la grave crisis ecológica de nuestro tiempo. Desde el
punto de vista epistemológico la primacía del método científico
de la física mecánica implicó un paradigma reduccionista y
lineal, definido por Morin como paradigma de la simplicidad.
El mismo en su búsqueda de distinguir terminó separando y
fragmentando lo que en la realidad se encontraba tejido junto
(Morin, 2009).
En la búsqueda de integrar la fragmentación creciente
y reconocer las relaciones, reseñamos anteriormente diversos
aportes teóricos que contribuyen a un enfoque complejo
del cuidado, a partir del reconocimiento de las marcas de
la vulnerabilidad y la interdependencia como propias de la
condición viviente.
Estas marcas cuestionan la ontología individualista propia
del paradigma mecanicista, que en la actualidad se prolonga en el
neoliberalismo, comprendiendo por este último no solo un modo
específico de administración de lo estatal, sino también un orden
productor de subjetividades productivistas, individualistas,
regidas por el ideal de la competencia en el lazo social y una
pretendida autosuficiencia que vuelve al otro prescindible.
El individualismo señalado busca ser tanto descriptivo
como prescriptivo en relación con la condición humana
(MacKenzie y Stoljar, 2000). En su pretensión de descripción
de la realidad la perspectiva individualista ha sido sin dudas
invisibilizadora de las redes de cuidado en interdependencia
que sostienen la vida, y por tal motivo desplegó la teorización
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en torno al conocimiento desde la experiencia de individuos con
determinadas características (adultos, varones, propietarios)
para pensar a la especie humana en su totalidad. En tanto
prescriptiva, esta ontología ha marcado un deber-ser. Se trata de
construir un ideal, aquello a lo que todo ser humano debe aspirar
para ser considerado digno de humanidad.
Reflexiones finales. Cultivar el cuidar es sostener la vida
El registro y la vivencia, de las marcas de la condición humana y de
todo lo viviente, que llamamos vulnerabilidad e interdependencia,
constituye desde nuestra perspectiva un reconocimiento necesario
para la construcción de una ética del cuidado respetuosa de la
alteridad que sin dudas pone en entredicho al individualismo
antes reseñado. La vulnerabilidad como condición de todo lo
vivo remite a la apertura a la mutua afectación, posibilidad de
sufrir heridas, así como de regeneración a partir de las mismas.
Mientras que los sistemas mecánicos son frágiles en tanto una
ruptura no siempre puede repararse y cuando se puede realizar
esta reparación el mecanismo permanece idéntico a sí mismo,
sin huellas o marcas que lo transformen (Najmanovich, 2021),
los sistemas vivos están abiertos a la transformación, afectación
mutua, generación y regeneración en los intercambios con otros
sistemas.
Asimismo, un sistema mecánico puede estar aislado
mientras que los sistemas vivos son intrínsecamente abiertos y
por lo tanto interdependientes.
Nuestra cultura sustenta modos relacionales negadores
de esas marcas al pregonar la ilusión neoliberal de un individuo
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autosuficiente (Carmona Gallego, 2020, 2023). Se erige así
la ilusión de un individuo intocable, invulnerable, aislado, en
oposición a su vulnerabilidad e interdependencia constitutivas,
situándose “por sobre” la naturaleza creyendo que puede
someterla a su control. Este mismo ethos se despliega en las
relaciones con los otros. En cambio, una ética del cuidado atenta
a las marcas de la vulnerabilidad y la interdependencia, se percata
de la posibilidad de ser heridos, así como también de la capacidad
que los humanos –y en términos más amplios todo lo viviente–
tienen de regenerarse a partir de las heridas. De este modo, la
ética del cuidado honra la vulnerabilidad constitutiva al darle
lugar a las heridas, así como también promoviendo modos de vida
y encuentros hospitalarios con la alteridad.
Tal como afirma el filósofo y teólogo brasileño Boff (2002;
2012) el “modo-de-ser-cuidado” implica todo lo que concierne a
nuestros lazos afectivos, el tiempo que le dedicamos a los mismos,
la preocupación por las otras personas, la responsabilidad por el
vínculo que se establece entre nosotros y los demás, la capacidad
de emocionarse, implicarse, afectar y sentirse afectado. El modode-ser cuidado halla una íntima relación con el sentimiento, el
pathos, y la vulnerabilidad como condición de la existencia. Este
modo-de-ser que se cultiva con otros nos recuerda que como
humanidad necesitamos tanto poder cuidar como sentirnos
cuidados (Comins Mingol, 2022).
En síntesis, el modo de relacionarnos basado en el cuidado,
y la posibilidad de construir paisajes existenciales a partir de
prácticas de cuidado de sí, de los otros y de los ecosistemas que
somos, constituyen una clave fundamental para el abordaje de la
crisis civilizatoria en la que estamos inmersos.
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.118

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�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

Legitimando la gordofobia a través de la
medicalización: una revisión crítica de la gordura
y la gordedad
Legitimizing fatphobia through medicalization:
A critical review of fatness and fatness
Marion Ramírez-Torres1

Resumen: El artículo analiza la evolución de la medicina que con
fundamento en criterios de cientificidad margina otras prácticas de
salud y concibe y trata ciertas condiciones, tales como la gordura,
como un problema de salud que requiere medicalización e incluso una
condición que genera rechazo y discriminación hacia quien la presenta.
Examina también el debate en relación a la obesidad como condición
patológica o no y el surgimiento reciente de los Fat Studies como un
campo de investigación transdisciplinario y forma de reivindicación de
la gordedad para lo cual se explica la emergencia de identidades gordas.
Palabras clave: Gordofobia, medicalización, gordedad, fat studies

1 Investigadora independiente, egresada de la Universidad Autónoma
del Estado de Morelos. Cuernavaca, Morelos, México. Correo electrónico:
mari0n@live.com.mx

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�Marion Ramírez Torres / Legitimando la gordofobia a través de la medicalización

Abstract: The article analyzes the evolution of medicine that, based
on scientific criteria, marginalizes other health practices and conceives
and treats certain conditions, such as fatness, as a health problem that
requires medicalization and even a condition that generates rejection
and discrimination towards who presents it. It also examines the
debate regarding obesity as a pathological condition or not and the
recent emergence of Fat Studies as a field of transdisciplinary research
and a form of vindication of fatness, which explains the emergence of
fat identities.
Key words: Fatphobia, medicalization, fat studies, fatness

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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.90

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

Introducción
La medicalización se entiende como el fenómeno social en el
que eventos ordinarios y situaciones cotidianas de la sociedad
se transforman en el tiempo en cuadros patológicos y problemas
médicos que se buscan resolver a través de tratamientos llevados
a cabo por profesionales de la salud (La Valle, 2014) teniendo
como consecuencia más efectos perjudiciales que benéficos y,
amenazando de manera paradójica la salud (Illich, 1975). Debe
entenderse, además, como un complejo proceso histórico que
derivó en la expansión de la medicina científica y moderna, misma
que nació a finales del siglo XVIII en Europa con la introducción de
la anatomía patológica (Foucault, 1977) impulsada inicialmente
por el advenimiento de los Estados modernos y más tarde por
el crecimiento de la industria de la salud y que, poco a poco se
manifestaría en otras partes del mundo. En México, podemos
situar su extensión en la época, principalmente porfiriana, ya que
las decisiones políticas estaban permeadas por el pensamiento de
la ciencia positivista del siglo XIX.
Sin embargo, desde el juarismo, se intentó por decreto
secularizar la atención sanitaria antes confiada a congregaciones
eclesiásticas, pero sin mucho éxito debido al clima político y social
que atravesaba el país a causa de los conflictos entre conservadores
y liberales. Es entonces con las políticas de higiene y saneamiento
ambiental que el gobierno de Porfirio Díaz logra dar paso al inicio
de “una transformación en la medicina mexicana, antes atravesada
por ideas y prácticas religiosas a una medicina fundamentada en
avances científicos” (Brena, 2015; p 413), misma que, a la fecha ha
logrado mantener su hegemonía, estableciendo como subalternas
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.90

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�Marion Ramírez Torres / Legitimando la gordofobia a través de la medicalización

las prácticas y saberes sobre salud/enfermedad que no están
basadas ni legitimadas por criterios científicos (Menéndez, 1988),
sustituyendo cada vez los saberes ancestrales en salud pero que, al
mismo tiempo provocan resistencias culturales manifestadas por
desconfianza a la medicina moderna y oficial y un fuerte arraigo de sus
métodos de curación tradicionales que aún se mantienen en muchas
comunidades de México y América Latina (Nigenda y Orozco,
1997; León 2016). Todo esto se fusiona con reinterpretaciones,
apropiaciones y reconfiguraciones de los discursos y prácticas que
la sociedad hace de los mensajes y recomendaciones emitidas por
el personal sanitario (Martín, 2007) y nuevas representaciones y
demandas en sanidad, convirtiéndose en un verdadero sincretismo
de las formas de entender los procesos de salud y enfermedad, en
el que también está presente la publicidad de la creciente industria
medica que privatiza y transforma la experiencia sanitaria dentro
de un contexto globalizado.
Mirar el cuerpo
Aunque el cuerpo humano, como objeto de estudio ha interesado
a distintos campos del saber, esto debido a su complejidad
biopsico, socio-histórica, política y cultural, este ha cobrado un
reciente interés como objeto de estudio dentro de las ciencias
sociales y humanidades (Le Breton, 2002; Shilling, 2012; Muñiz,
2014) sin embargo, como señala Muñiz (2014) la mayoría de estos
trabajos en aras de reivindicar el cuerpo terminan por cosificarlo
y tienden hacia la escisión del sujeto de su carnalidad, por lo que
la autora propone “colocar la mirada de las investigaciones en las
prácticas corporales como objeto de estudio” y no en el cuerpo en
sí mismo, con el objetivo de trascender la concepción dicotómica
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.90

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

cuerpo-sujeto/cuerpo-mente que claramente tiene una influencia
cartesiana que poco abona a las nuevas exigencias epistémicas de
entender y explicar la complejidad y fomentar la transdisciplina
derivadas de la emergencia de una nueva racionalidad científica
necesaria para entendernos en un mundo globalizado (Osorio,
2012). Esto permitirá dar cuenta de las experiencias que
encarnan los miembros de una sociedad, esto es, aquellas que son
materializadas en el cuerpo y/o a través del cuerpo, donde este
tiene un papel protagónico para la consolidación de prácticas.
El presente trabajo se inscribe en la propuesta de Muñiz
(2014) por lo que se pretenderá entender la gordura y/o la
obesidad desde las prácticas corporales, es decir:
…el conjunto de acciones reiteradas, (…) mismas que los
individuos ejecutan sobre sí mismos y sobre los otros y a través
de las cuales se adquiere una forma corporal y se producen
transformaciones, es decir, se constituye la materialidad de los
sujetos. (p.10)
Así entendemos que las corporalidades gordas emergen
como una forma corporal que exige mayor pronunciamiento en los
estudios académicos para dar cuenta de las prácticas que regulan,
condicionan y emanan de las y los sujetos que las encarnan
y, como esta manifestación de su materialización corporal
también va a regular sus prácticas cotidianas. Si bien, diversos
movimientos activistas (activismo gordo) le han brindado
visibilidad al incorporar la gordura como parte de sus agendas
políticas, la gordura, como una experiencia particular del cuerpo
y, de las prácticas corporales no ha recibido la misma atención
académica en habla hispana, salvo algunos pronunciamientos en
la divulgación científica (Gordofobia UNAM) y aquellos estudios
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.90

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�Marion Ramírez Torres / Legitimando la gordofobia a través de la medicalización

que se centran primordialmente en una mirada biomédica y/o
medicalizada preocupada por el fenómeno expansivo de la
obesidad (Barquera, 2010; Dávila, 2015; Rodrigo-Cano, 2017).
¿Gordura u obesidad? Consensos y tensiones
¿Es la obesidad una enfermedad en sí misma o un factor de riesgo
para el desarrollo de las enfermedades crónicas? La obesidad
se entiende desde las ciencias médicas y de la salud como una
enfermedad en sí misma, por lo tanto, es vista como un problema
que debe erradicarse. Es además considerada como un importante
factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades crónicas.
La Organización Mundial de la Salud, (OMS, 2019) la
define como:
Una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. Una forma simple de medir la obesidad es
el índice de masa corporal (IMC), esto es el peso de una persona en kilogramos dividido por el cuadrado de la talla en metros.
Una persona con un IMC igual o superior a 25 es considerada
con sobrepeso. El sobrepeso y la obesidad son factores de riesgo
para numerosas enfermedades crónicas, entre las que se incluyen
la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. (p.1)

Algunos autores como Barquera et al., (2010) la han
definido como
(…) enfermedad de etiología multifactorial de curso crónico en
la cual se involucran aspectos genéticos, ambientales y de estilo
de vida. Se caracteriza por un balance positivo de energía, que
ocurre cuando la ingestión de calorías excede el gasto energético, ocasionando un aumento en los depósitos de grasa corporal
y, por ende, ganancia de peso. (p.399)

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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.90

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

Otros, sin dejar de lado su mirada patologizadora, hacen
énfasis en su relación con el exceso de peso corporal, definiéndola
como “una enfermedad crónica multifactorial caracterizada por
una acumulación excesiva de grasa. Cuando la ingesta es superior
al gasto energético tiene lugar un desequilibrio que se refleja en un
exceso de peso” (Rodrigo-Cano et al, 2017, p.88) y mencionando
también su carácter epidémico y la denominación dada por la OMS
como la “epidemia del siglo XXI”, considerando que su combate
es uno de los retos más importantes de la salud pública a nivel
mundial por mermar la salud calidad de vida (Dávila-Torres et
al.2015). La Norma Oficial Mexicana NOM-008-SSA3-2017, para
el tratamiento integral del sobrepeso y obesidad 2, definen la obesidad
como “enfermedad caracterizada por el exceso de tejido adiposo
en el organismo” (p.5).
Sin embargo, debido a la arbitrariedad que implica el hablar
de excesos corporales y grados de adiposidad, algunos autores
han discutido acerca de los problemas que conlleva construir y
establecer una definición operativa de obesidad, pues reconocen
que “el grado de exceso de grasa, su distribución en el cuerpo y las
consecuencias asociadas a ella varían entre los individuos obesos”
(Kaufer-Horwitz et al. 2008, p.350), sin embargo, aunque KauferHorwitz hace uno de los primeros intentos por visibilizar desde
las ciencias de la salud sobre la estigmatización de la obesidad,
resaltar su vinculación a un estándar de normalidad, mencionar
la historicidad de la obesidad al hablar sobre las modificaciones
en el tiempo que ha sufrido el término y la dificultad para
determinar los “excesos” debido a la variabilidad corpórea, es un
trabajo que no se escapa de la perspectiva biomédica que definen
tal condición como enfermedad, problema y epidemia y que
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.90

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�Marion Ramírez Torres / Legitimando la gordofobia a través de la medicalización

establece puntos de corte asociados con morbilidad y mortalidad
para medirla.
Habremos de resaltar entonces que, aunque la obesidad
es considerada de etiología multifactorial por sus mismos
detractores, son estos quienes centran sus estrategias de
combate en el puro plano biológico. Además, obesidad es un
término tomado del universo médico para hacer referencia no
sólo a una forma corporal con características específicas, sino
a la relación o vinculación de esta forma corporal con el estado
de salud-enfermedad, haciendo énfasis en el exceso, la grasa y
la cuantía.
La gordura, en cambio, es un tema poco explorado
en la academia hispanoparlante, que hace referencia a esas
corporalidades grandes delimitadas por la “abundancia de carnes
y grasas” (DRAE, 2020) sin hablar de excesos y sin trastocar la
mirada médica que la relaciona directamente con un proceso
patológico.
El interés por estudiar la gordura y, más específicamente,
las subjetividades de quienes la encarnan, surge inicialmente
en el seno del llamado “activismo gordo”, dentro del cual se
han producido una serie de textos más o menos “informales”
que intentan visibilizar la condición de las personas gordas
y denunciar una posición de desventaja y discriminación
dentro de un denominado “sistema de opresión” dándole voz
a la subalternidad vedada por el estigma de la enfermedad y,
haciendo un primer intento por despatologizar su cuerpo, del
cual consideran que el sistema médico se ha “apropiado” para
normalizarlo a través de fuertes campañas anti obesidad.
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.90

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Fat Studies o estudios de la grasa. Estado de la cuestión.
Como un nuevo campo transdisciplinario de investigación
intelectual, el interés por estudiar la gordura empieza a surgir en
las últimas décadas de la mano de los llamados “estudios gordos”
(Fat Studies), mismos que en Iberoamérica se encuentran más
vinculados al activismo que busca la reivindicación de la gordedad3
a través de la producción de pensamiento crítico que explora el
fenómeno desde diversas aristas que los interesados en combatir
la obesidad dejan de lado. En palabras de Marilyn Wann (2009)
en el prólogo del libro The Fat Studies Reader, los estudios gordos
podrían definirse en parte “por lo que no son” así, por ejemplo:
Si se cree que las personas gordas podrían (y deberían) perder
peso, entonces no está haciendo estudios gordos.
Si crees que ser gordo es una enfermedad y que las personas
gordas no pueden disfrutar de buena salud y larga vida, entonces no estás haciendo estudios gordos. En cambio, su enfoque
está alineado con investigadores de “obesidad”, cirujanos bariátricos, funcionarios de salud pública que declaran “guerra”
…( p. ix–xxvi)

A estos Fat Studies como le conocen los angloparlantes,
le anteceden varios textos interesados en abordar el tema de la
gordura ofreciendo una mirada alternativa al fenómeno, así, en
1978 Susie Obrach publicó el libro titulado Fat is a feminist issue (La
gordura es un asunto feminista) en el que la autora plantea que
el comer compulsivo en las mujeres es una forma de lidiar con la
desigualdad de género, además propone que las mujeres deben
contactarse con sus emociones y aprender a comer de manera
consciente, lo que tendría como consecuencia la pérdida de peso.
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.90

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�Marion Ramírez Torres / Legitimando la gordofobia a través de la medicalización

Si bien, la autora intenta hacer una denuncia al mundo de las
dietas que afecta principalmente a las mujeres, en sus argumentos
centrales sigue considerando la gordura como un problema que
debe y puede combatirse, aun así, la propuesta de Obrach es uno
de los primeros intentos de aproximarse desde otros enfoques
disciplinares, a un campo prácticamente monopolizado por el
enfoque médico.
Por otro lado, podría reconocerse Bodies out bounds: Fatness
and Transgression (Lebeso y Evans, 2001) como uno de los primeros
textos académicos en discutir de manera más extensa sobre el
papel de la gordura en la sociedad occidental y una de las obras
inaugurales de los estudios de la gordura pues, en este ensayo,
la autora examina las representaciones sociales del cuerpo
gordo, mostrando como el valor de la gordura dista mucho de ser
universal sino que responde a un contexto histórico, político, y
cultural. Consideremos que ya desde los años 80 Bradley (1989)
indaga la gordura desde los roles familiares de una comunidad
puertorriqueña de Filadelfia, y sus hallazgos son innovadores,
atribuyendo al contexto el dotar de significados la corporalidad,
pues ser mujer gorda en ciertos entornos, como en su estudio,
significa “ser buena esposa” y la dirime de ser acusada de infiel.
Otros autores como Igor de Garine y Kopper(1991) resalta
la dimensión simbólica del prestigio de la gordura entre los
Massa del norte de Camerún, noción que dista del pensamiento
occidental en donde la gordura es catalogada como una
enfermedad (obesidad), signo de fealdad y fracaso.
En ese mismo año, Sobal publica Obesity and nutrition
sociology: a model for coping with the stigma of obesity (Sobal, 1991).
Aunque este texto denuncia el estigma de la obesidad e incluso
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propone un modelo para combatirlo, el artículo publicado por
la Cornell University inaugura la sociología nutricional como una
disciplina que pretende estudiar los hábitos alimentarios con
métodos sociológicos para lograr influir en la pérdida de peso de
los sujetos y abonar a la epidemiología.
Posteriormente Lupton (1996) basada en diversas fuentes
como películas, literatura y publicidad de comida, propone
un amplio análisis sobre los significados socioculturales y
personales de la comida, explorando la relación entre la comida
y la encarnación, las emociones y la subjetividad. Incluye una
discusión sobre el entrelazamiento de la comida, el significado
y la cultura en el contexto de la infancia y la familia, así como la
construcción social de género de los alimentos, gustos, disgustos
y preferencias de comida, la experiencia de cenar afuera,
espiritualidad y el cuerpo “civilizado”. Esta obra podría ser clave
entre el vínculo del cuerpo con la comida y la subjetividad, del
cual se puede extraer categorías que nos permitan adentrarnos a
los estudios de la gordura.
En las propuestas de Campos (2004), debe reconocerse
la importancia de sus esfuerzos por denunciar mediante
algunos datos científicos las arbitrariedades que envuelve a la
producción académica sobre la obesidad, así como evidenciar la
existencia de una enorme industria de pérdida de peso y su papel
preponderante en una sociedad neoliberal para promover el
adelgazamiento en pos del enriquecimiento económico. También
el autor cuestiona la imagen corporal, por lo que, esta obra permite
replantearse epistemológicamente el fenómeno de la obesidad, a
partir de vislumbrar otras aristas del mismo, que antes pudieron
encontrarse imperceptibles e incuestionables, sin embargo, sus
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conclusiones hoy día pudieran resultar escuetas a la luz de años
de investigación científica que han demostrado las consecuencias
negativas de una condición de obesidad, pues Campos termina
por producir y reproducir una suerte dicotómica de discurso
de “buenos y malos” y calificando simplemente de falaces todos
aquellos estudios que evidencian que la obesidad es un factor de
riesgo para el desarrollo de comorbilidades.
Por su parte (Gard y Wright, 2011), en ese mismo eje de
sospecha hacia la obesidad, propone finalizar el debate sobre
la obesidad, debido a que las catastróficas predicciones de los
científicos no se cumplieron pues “si bien las tazas de obesidad
van en aumento” explica, “así también la expectativa de vida”,
considerando que desde sus inicios la ciencia de la obesidad ha
sido incierta por lo que no se ha logrado establecer una “verdad”
objetiva que permita tomar efectivas decisiones políticas.
George Vigarello (2013) mapea las transformaciones de
las ideas occidentales acerca de las personas gordas desde la
Edad Media hasta el presente, prestando especial atención al
papel de la ciencia, la moda y las campañas de salud pública en la
configuración de las personas gordas y el desarrollo de su estigma.
Contreras y Cuello (2016) presentan a través de una
editorial independiente una fuerte crítica a la normalización
corporal, a través de ciertos escritos sobre la gordura. Cabe
destacar que, aunque estos textos no son estrictamente oficiales
por no tener respaldo académico, la información que presenta
resulta importante, pues recoge de primera mano las voces y el
sentir de las personas que encarnan cuerpos gordos politizados.
Material que abona evidencia empírica para posterior análisis y
estudios comparativos.
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En Salud, alimentación y gordura, Teresa Ochoa (2017)
aborda la gordura desde la perspectiva de las bioconcepciones
y las representaciones sociales en donde demuestra que las
ideas y pensamientos del mundo occidentalizado no siempre
son pertinentes para entender la idiosincrasia y manera de vivir
de las poblaciones de origen mesoamericano para las cuales
el cuerpo, la salud, la enfermedad, la alimentación y la gordura
son acontecimientos en donde la persona los percibe y vive
como fenómenos unidos a la naturaleza, el universo y también
en conexión con las demás personas en la sociedad. A partir de
un análisis profundo pretende interpretaciones alternas a la
perspectiva biomédica hegemónica hacia la integración de una
epistemología más acorde a la realidad de la salud, alimentación
y obesidad en tiempos de actualidad y de esta manera ser una
inspiración para el diseño de políticas y acciones para la atención
de la salud en sociedades de origen mesoamericano.
Observaciones sobre el estado del arte
A partir de esta revisión que hemos realizado sobre los estudios de
la gordura, es claro que a través de los métodos y aproximaciones
teóricas de las ciencias sociales y humanidades intentan
concederle un lugar a parte de aquello que se ha denominado
“obesidad”, concepto determinado por la mirada médica y
utilizado en ese mismo contexto.
Dentro de estos se han producido diversos textos
que buscan explorar y atender la diversidad corporal y los
significados que se le atribuyen a la gordura, más allá de
entenderlo en términos de lo “saludable”. Cabe recalcar, que en la
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mayor parte de la producción académica en habla hispana, hasta
ahora no suele existir diferenciación clara entre los términos
gordura y obesidad, usándose de manera indiscriminada como si
fueran genéricos, algo que debería considerarse en las próximas
publicaciones que aborden dichas temáticas, pues mientras se
siga hablando de obesidad como sinónimo de gordura, este último
concepto seguirá atravesado por la creciente medicalización y
patologización de la vida que influye en el lenguaje, penetrando
con terminología medica la cotidianidad y, como consecuencia
creando confusiones y limitaciones para entender la corporalidad
en términos de diversidad, sin estigma ni gordofobia.
Gordura. Patologización y despatologización de las
prácticas corporales
¿Es la obesidad una enfermedad? Algunos escépticos de la
obesidad4 como Paul Campos y Michael Gard dirían tajantemente
que no, aunque, si bien las propuestas de los autores de The obesity
myth: Why America´s obsession with weight is hazardous to your health
(2004) y The end of the obesity epidemic (2011) respectivamente,
pueden resultar seductoras de inicio, debido a que exponen
críticas sólidamente argumentadas, su postura contra-narrativa
debe tomarse con cautela, pues se corre el riesgo de reducir a
teorías conspiracionistas y carentes de rigor, un tema de gran
relevancia y complejidad.
Por el contrario, otros autores la definirían como “la
epidemia del siglo XXI” (Álvarez, 2003) considerándola una
“enfermedad mortal” argumentando sobre las graves consecuencias
a la salud y advirtiendo sobre las muertes prematuras que
cobra, equiparándola en gravedad con el tabaquismo (Álvarez,
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2010). Algunos más radicales, no sin dejar de considerarla una
epidemia mortal grave, acusarían a la industria alimentaria de
tener conflicto de intereses que se contraponen a las políticas en
salud pública, alegando sobre conspiración entre corporaciones
de la industria alimentaria y de bebidas, acusando de “bloquear
políticas y regulaciones recomendadas para combatir la epidemia
de obesidad y diabetes” ya que estos no estarían interesados en
contribuir a frenar la epidemia de obesidad y diabetes sino solo
enriquecerse (Calvillo y Székely, 2018, p.52).
Diseccionando y descartando gran parte de la retórica
exagerada y el sesgo ideológico en ambos lados del debate, la
presente propuesta, a partir de sus próximas páginas, pretende
explicar el fenómeno expansivo de la medicina y la nutrición en
México y como esta, como un instrumento de control social que
logra instaurarse y penetrar la cotidianidad, provoca cambios
en las prácticas corporales, las representaciones, los discursos
y la terminología asociados con la gordura y, a su vez, como en
este clima de debate y alegato emergen identidades demandando
reconocimiento y visibilidad a través de movimientos como el
body positive y el activismo gordo, dando paso a centrar la atención
del fenómeno desde otras miradas dentro y fuera de la academia
y otros campos disciplinares a los que no solo compete el tema de
los procesos de salud y enfermedad.
Los usos de la nutrición y el control corporal. Breve
recuento en México
Los historiadores han logrado identificar que, desde el siglo XVI,
con la conquista del territorio que actualmente ocupa México, los
grupos hegemónicos se establecieron, buscaba, no solo el dominio
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y control ideológico sobre los nativos, sino también corporal. A
través de esfuerzos por establecer regímenes alimentarios, las
congregaciones eclesiásticas, tenían la pretensión de construir
“cuerpos indios”. Parte del control y la regulación social que se
logró en la conquista, fue a través de moldear y transformar la
materialidad corporal por medio del alimento (Bak-Geller, 2019).
Posteriormente en el juarismo, se intentó por decreto
secularizar la atención sanitaria, con la declaración del estado
laico los bienes de la iglesia se nacionalizan, es así como hospitales,
cementerios, orfanatos, que actualmente se encuentran a cargo
de la secretaría de salud, quedan bajo el control del gobierno. Sin
embargo, debido a los conflictos entre liberales y conservadores,
no se tuvo el éxito esperado por el gobierno, lográndose observar
que, si bien, fue un período que marco un cambio importante
con el antiguo régimen, también existieron continuidades y
resistencias (Rodríguez y Rodríguez, 1998; Brena, 2015). Ya para
el gobierno de Porfirio Díaz, se implementan políticas de higiene
y saneamiento ambiental, dando paso al inicio de la salud pública
en México. Se construyeron los primeros hospitales, entre ellos
el manicomio La Castañeda y el Hospital General, que contaba
con modernísimo equipo tecnológico, comenzando con ello
una transformación en la economía mexicana, antes atravesada
principalmente por ideas y prácticas religiosas, a una medicina
fundamentada en avances científicos (Brena, 2015) y permeada
por el positivismo, el darwinismo social y la ciencia de la higiene
que caracterizaba a la época. Es precisamente a través de la higiene
que se logra condicionar la conducta y mantener el control social,
pues, si bien es cierto que a través de la higiene se alcanzó cierto
grado de bienestar, esta también cumplió un papel importante
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en la gestión y control de los cuerpos y la moral (Rodríguez y
Rodríguez, 1998) coadyuvando con el proceso civilizatorio
basado en el disciplinamiento corporal, tal como sucedió en la
sociedad francesa del siglo XIV, en la que las prácticas de higiene
fundadas en el concepto de limpieza que emanaban de los grupos
sociales acaudalados que ostentaban el poder sirvió para imponer
supremacía sobre las prácticas de los grupos subalternos, aunque
lo que se entiende por “higiene” haya cambiado y mutado a
lo largo de los años (Vigarello, 1985) derivando en el proceso
civilizatorio que Norbert Elías (1989) analiza en El proceso de la
civilización, exponiendo que las normas europeas que suceden a
la edad media en cuanto autocontrol, son internalizadas a través
de la vergüenza y la repugnancia y derivan en la conformación
de un código de etiqueta, que tiene como objetivo regular los
comportamientos. Como puede observarse, el contexto mexicano
porfirista, no dista del europeo pues, aunque en el territorio
mexicano, la población tenía una cosmovisión sobre el cuerpo
y la salud, así como valores y creencias muy diferentes a los de
la sociedad europea, la empresa del gobierno en turno estaba
dirigida a “europizar” o “afrancesar” México, un proyecto que tal
pareciera tiene continuidad en la actualidad, pero que hasta la
fecha no ha logrado concluir su cometido.
La medicina moderna, que nace de la mano con la ciencia
de la higiene tiene un importante papel en la gestión, no sólo
de los cuerpos, sino también de la moral social, pues funge
como agente legitimador para la regulación de las prácticas y
comportamientos de la sociedad a través del establecimiento de
normas que señalan lo “correcto” e “incorrecto”, papel que antes
estaba designado a la religión y que operaba a través de la Iglesia,
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así, en la actualidad podría decirse que el Estado penetra en la
vida cotidiana y construye ciudadanía operando, a manera de
hipótesis, principalmente a través de la medicina, es por eso que
esta se encuentra inmiscuida en una red cada vez más grande de
medicalización que, con el crecimiento de la industria de la salud,
ya no sólo cumple importantes funciones políticas sino también
comerciales.
Entrado el siglo XX hubo en México diversos hitos en el
ámbito de la salud y las políticas alimentarias, mismas que en
un principio consistían en programas asistenciales basados en
subsidios tanto a la producción alimentaria como al consumo
y que derivó en programas de suplementación con megadosis
de vitaminas, dirigidos principalmente a población vulnerable
de escasos recursos, mismos que perduraron hasta los años 90
(Barquera, 2001), en esos tiempos la sociedad se encontraba
en un período de post-guerra, en Europa habían atravesado la
primera guerra mundial y, en México, la revolución mexicana,
trayendo como consecuencia padecimientos relacionados con el
hambre, como la desnutrición, siendo esta una de las principales
causas de mortalidad infantil (Fausto-Guerra et al, 2006) por lo
que, seguramente por esto, la concepción de la gordura, no tenía
las mismas acepciones que ha cobrado actualmente, “… cambió
en las últimas décadas del siglo XIX, período en que la delgadez
comenzó a ser juzgada como un valor estético positivo y la grasa
considerada un riesgo para la salud” (Giacoman, 2010, p.295). Sin
embargo, en México:
(…) a mediados del siglo XX (…) un niño gordo era, por definición, un niño sano y feliz; simpático y bonachón, como lo repre-

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sentaban en películas y cuentos. A los delgados se les daba un
cargamento de vitaminas y mucha comida. Los flacos eran sospechosos: seguramente padecían alguna enfermedad, o cuando
menos un “problema glandular” (Orea y Sánchez, 2016, p.1).

Sin embargo, esto no niega la discriminación, la
estigmatización social y la gordofobia a la que han estado
sometidas de manera histórica las personas gordas, desde el plano
estético, moral y sanitario (De Domingo y López, 2014; Suárez,
2017; De Oliveira, 2018).
La nutrición y la dietética tiene sus orígenes en Europa, su
desarrollo se debió al interés por estudiar la relación de las calorías
y los nutrientes con la salud, con el fin de optimizar las funciones
fisiológicas y corporales de las personas, pues se necesitaba
obreros capaces de soportar las largas y pesadas jornadas laborales,
por lo que su despegue se genera en el siglo XIX con el auge del
capitalismo y se enfatiza durante la primera mitad del siglo XX,
donde el hambre alcanzó relevancia política, social y científica,
explorando la función de los nutrientes y delimitando categorías
para la malnutrición. En un clima de crisis provocado por la gran
Guerra, conflictos internacionales, el desplome bursátil de 1929 y
la gran recesión de los años treinta la alimentación se convirtió en
una cuestión de Estado. La investigación científica fue de la mano
de las políticas en salud impulsando una nueva cultura dietética
(Barona, 2014).
En México es a partir de los años treinta que puede
identificarse un despegue de la ciencia de la nutrición con
José Joaquín Olascoaga Moncada, quien fungió como jefe de
la sección de investigación de la alimentación popular, misma
que se encontraba a cargo del hospital general de México,
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iniciándose oficialmente la enseñanza de la nutrición en 1936 en
el departamento de salubridad (Wanden-Bergghe et al, 2010).
La nutrición en tanto rama de la medicina, también
se hizo de la higiene para legitimar el señalamiento de
raciones alimentarias y excesos en la comida, pues a través
de la hegemonía cultura, es decir, “la imposición de patrones
culturales, de la manera de interpretar el mundo”, las clases
burguesas y aristócratas de la sociedad europea occidental
fueron expandiendo sus valores y marcando reglas de una vida
saludable que habría de distinguir una persona civilizada de otra
que no lo era (Pío-Martínez, 2002) sin embargo, para comprender
los posteriores proyectos políticos de México encaminados a la
invención de un tipo de ciudadanía, mismos que apuntaban a
una sociedad “civilizada”, debemos comprender que estos son
producto de las transformaciones tanto en el sistema político
mexicano como en la ideología de las diferentes élites estatales,
en el que tanto la higiene pero también la educación pública
fueron un instrumento del Estado para lograr el cometido, pues
como señala Héctor Gómez (2017, p.175) “…hasta la gastronomía
de la elite estatal tiene que inculcarse y difundirse entre las
diversas clases subalternas para conseguir que estas últimas
acepten y legitimen el poder del grupo dominante” pues, para
que la élite estatal pueda dominar con éxito su territorio por
períodos relativamente prolongados tiene que hacer uso de
“aparatos ideológicos” o “mecanismos de reproducción” del
poder estatal. Esa capacidad del Estado para “penetrar” en la
mente de sus súbditos (o ciudadanos en el caso de las democracias
capitalistas), se denomina “poder infraestructural” (Mann, 2006,
pp.6-7 citado en Gómez, 2017, p.175).
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La ciencia de la nutrición funge como coadyuvante de la
maquinaria de dominación ideológica del Estado pues, esta es
usada como instrumento de control social (Pio-Martínez, 2013)
pero también corporal, la cual va más allá del simple uso de la
fuerza o violencia ejercida sobre la materialidad que constituye
a los sujetos, sino más bien, en términos de poder disciplinario,
concepto teórico desarrollado por Foucault (1977):
El control de la sociedad sobre los individuos no solo se efectúa
mediante la conciencia o por la ideología, sino también en el
cuerpo y con el cuerpo. Para la sociedad capitalista es lo biopolítico lo que importa, ante todo, lo biológico, lo somático, lo
corporal. El cuerpo es una entidad biopolítica, la medicina es
una estrategia biopolítica. ( p.5)

El disciplinamiento gira en torno a la norma y su código es
la normalización, que se caracteriza por crear aparatos de saber
y conocimientos.
El cuerpo, en tanto punto de apoyo de las técnicas de poder
para la configuración de los sujetos, posee, en la perspectiva
foucaultiana, un estatuto complejo: es instrumento a la vez que
efecto del poder. Apoyándose en él, el poder avanza; pero al
tiempo que es atravesado por el poder, resulta a su vez, inscrito
en un espacio de inteligibilidad determinado, investido de una
cierta “interioridad” que lo espacializa y lo hace objeto de la
mirada. El soporte del poder deviene efecto en la forma como el
soporte resulta investido por las operaciones del poder sobre él
(Benavides, 2016, p.601).

En este sentido, la gordura puede entenderse como un
malestar moral de la sociedad, pues en occidente “la obesidad
representa un signo de transgresión normativa y la consecuencia
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de aquello que no debe hacerse: comer mucho y ser ocioso”
(Gracia-Arnaiz, 2007, p.239), así se medicaliza y patologiza
la gordura, confiriéndole estatus de enfermo a las personas
corpulentas por el simple hecho de serlo y, siendo el facultativo
sanitario quien tenga la legitimidad para otorgarlo.
Resulta interesante que, la gestión del cuerpo, la
enfermedad, la muerte y la moral se sustituye de estar a cargo de
la Iglesia a estar a cargo del Estado a través del uso de aparatos
ideológicos como la medicina y la nutrición, por lo que podría
inferirse que la medicina moderna, actualmente cumple la misma
función política que cumplió la Iglesia, la de mantener el control
social al penetrar en los aspectos más íntimos de la vida cotidiana,
regulando meticulosamente las prácticas corporales.
Probablemente la gestión del cuerpo por parte de la
medicina de Estado abre posteriormente la puerta a la industria
médica y a la comercialización de la salud, por medio de la cual
también se promueven estándares de belleza “inflexibles” y
valores normativos que reproducen hegemonía y, que autoras
como Naomi Wolf (1990) en The myth of the beauty han denunciado,
analizando la condición histórica de las mujeres, quienes luchan
por encarnarla y los hombres por poseerla, siendo que esta
cualidad (belleza) no es ni objetiva ni universal, arguyendo que
en Occidente los desórdenes alimentarios y la cirugía plástica va
en aumento y, siendo la delgadez un atributo asociado a lo bello,
la autora menciona que perder entre 5 y 10 kilos, se ha convertido
en una de las metas más importantes para las mujeres, aunque
faltan datos rigurosos que demuestren esa aseveración, aun así,
cabe destacar que:
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Los hábitos alimentarios no están determinados en modo exclusivo por la preocupación por la salud o enfermedad. Para
algunos individuos el riesgo de engordar no consiste en contraer una obesidad mórbida, sino en dejar de tener un cuerpo
socialmente aceptable y, pese a ello, otras personas gordas no
se inquietan por su sobrepeso, sino que hacen de este una razón
para exigir el reconocimiento institucional de su particularidad (Gracia-Arnaiz, 2007).

Con lo que de algún modo se esclarece lo que Magdalena
Piñeyro (2016) denominó tripartito gordofóbico, mencionando
sobre las causas de la discriminación a las personas gordas:
No creo que pueda decir una única causa ni un origen de la discriminación de las personas gordas, pero sí que está entrelazada por tres factores: la estética, la salud y la moral. La primera
ofrece el modelo externo del cuerpo, el cual obviamente es delgado (y a veces atlético); la segunda ofrece un modelo interno
de cuerpo que es sano; la tercera ofrece un modelo de conducta
que ensalza el autocontrol y la disciplina. (p.54)

La emergencia de identidades gordas. Nuevos enfoques
para aproximarse al fenómeno
Los conceptos gordo, gorda, gordura, aunque han estado presente
en nuestra sociedad por años para designar generalmente a
personas con corporalidades grandes, en las últimas décadas
se ha convertido en un término despectivo para etiquetar y
estigmatizar a las personas con mayor corpulencia, sin embargo,
estos mismos recuperan dicha terminología y emergen como
identidades dentro de los movimientos sociales que reivindican
la gordura e intentan desmedicalizarla, diferenciándose de la
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terminología médica que le ha asignado un carácter patológico
y la ha nombrado regularmente como “obesidad”. Gordura hace
más bien referencia a aquellas prácticas que están atravesadas
por formas corporales grandes y que pueden o no tener vínculos
con los procesos de salud y enfermedad.
El advenimiento de las redes sociales, un mundo cada
vez más globalizado e interconectado, la adscripción de cada vez
más Estados a una organización de Estados plurinacionales y el
despegue y extensión del proyecto neoliberal es el caldo de cultivo
que permite la emergencia de cada vez más subjetividades que
logran organizarse en comunidades, aunque estas sean pequeñas.
La tarea de las y los estudiosos de las ciencias sociales, las
humanidades y las ciencias de la salud es identificar estos grupos,
analizar y explicar su papel en el mundo. ¿Qué demandan estos
nuevos grupos identitarios al hacerse manifiestos? ¿Qué tipo de
ciudadanía reclaman? (Si es que lo hacen). Una suerte de “revuelta
antigordofóbica” inunda las redes sociales, colectivos y autoras,
de diversos países (colectivos antigordofobia hispanohablantes
hay mayoritariamente en España y Argentina) trabajan en el
movimiento por la aceptación de los cuerpos: Gordaz!ne, Orgullo Gordo,
Cuerpos empoderados, Constanza Álvarez (Missógina) y Stop Gordofobia
son algunos de los más populares. Buscan la visibilización de los
cuerpos gordos y romper con el modelo único de cuerpo, no debe
confundirse con el movimiento Body Positive cuya diferencia radica
en que, este último busca la aceptación y ampliar la categoría de
cuerpos bellos en los que se incluyan corporalidades gordas.
Lo interesante del movimiento antigordofobia es que
busca evidenciar y cuestionar las obviedades que, legitimadas por
la ciencia, se han establecido por verdaderas como que
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… el cuerpo gordo es un cuerpo enfermo e indisciplinado que
merece ser corregido, excluyendo hechos tales como que la gordura tiene diversos orígenes y causas, lo mismo que las conductas de las personas gordas también son diversas (hay cuerpos
gordos sanos y otros enfermos; hay gente gorda que cuida mucho su alimentación y otras que no; hay gente gorda que hace
deporte y otras que no, sin que nada de eso repercuta de manera
directa en su peso corporal). Llegamos entonces a la conclusión
de que no sabemos nada de las personas gordas (ni de nadie)
con el simple hecho de mirarlas, que todo es prejuicio que, por
cierto, sí genera serios problemas de salud: las personas gordas
vivimos en una situación de constante discriminación y exclusión de todos los espacios de nuestra vida (trabajo, educación,
relaciones sociales, etc.) que afecta nuestra autoestima y desarrollo personal, la gordofobia es un ataque directo a nuestra
salud mental. (Pineyro, 2016, párr. 3)

Hay que tener en cuenta, que aún queda abierto el debate,
sobre un fenómeno complejo, pues con lo planteado hasta el
momento “…no significa lanzarse ciegamente a los brazos del
relativismo cultural, por el contrario, simplemente se está
proponiendo no olvidar que tales criterios surgen en contextos
específicos y son fruto de relaciones de poder y estructuras
sociales concretas” (Giacoman, 2010, p.300).
Conclusiones
La gordura y la obesidad es un fenómeno complejo que presenta
múltiples aristas, por lo que al someterlo a materia de análisis
debemos tener en cuenta que, según el enfoque desde donde se
posicione el investigador un sujeto será o no gordo, estará o no
enfermo. La mirada científica occidental, medicaliza las prácticas
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corporales y establece nociones de normalidad corporal,
generando estigmatización y con ello discriminación legitimada
por estatutos de carácter médico. Debemos tener en cuenta que
las representaciones sociales sobre el cuerpo ideal y la gordura no
son estáticas ni únicas, han cambiado históricamente e incluso
diversas sociedades contemporáneas muestran escenarios
diferentes y alternativos al de occidente que actualmente
patologiza la gordura y la condena.
Ante esta nueva emergencia de identidades configuradas
bajo la forma corporal de la gordura, también se hace necesario
el empleo de otras categorías y otros conceptos que nos puedan
ayudar a entender la nueva realidad a la que nos enfrentamos, no
para negar y desechar los trabajos que se han producido sobre
obesidad, que señalan los factores de riesgo a tener cierto peso y
niveles de grasa, sino para replantearnos epistemológicamente
como estamos construyendo “evidencia” sobre la obesidad y
rediscutir si deberíamos considerar enfermedad una condición que
atraviesa diversos procesos subjetivos. Se invita a los profesionales
de la salud a no usar indiscriminadamente la categoría de obesidad
sin antes asegurarse, por medio de diversos estudios médicos,
que el usuario de servicios de salud realmente atraviesa por
procesos patológicos y, también se invita a los profesionales de
otras disciplinas a no usar como si fueran genéricos los términos
obesidad y gordura. Transitar hacia el término gordedad, que emana
de las mismas voces colectivas de la sociedad para referirse a la
posibilidad de vivirse y existir siendo gordo o gorda y manifestarse
en distintas esferas de la vida cotidiana.
Cabe recordar que aún hace falta mucha investigación de
esta joven subespecialidad (estudios gordos) de los estudios del
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cuerpo, aún se necesita, por ejemplo, indagar historiográficamente
cuando con exactitud se empezó a utilizar la terminología médica
empleando el término gordura para sustituirlo por obesidad (si es
que fue así). Hacen falta más estudios de corte cualitativo que
recoja las voces de las personas que se encuentran dentro de
movimientos sociales que reivindican la gordura para dar cuenta
de primera mano ¿Qué hay detrás de la participación política
de estas personas? Sus demandas, entender sus prácticas en
un contexto político especifico que les permita hacer valer sus
intereses.
De igual manera, hay que profundizar en la construcción
de terminología que explique el fenómeno, dado que el concepto
utilizado actualmente para hacer referencia a la discriminación
y rechazo que sufren las personas gordas corpulentas debido
a su apariencia, por ejemplo, al momento de postular para un
empleo, acoso escolar, la manera en la que viven su sexualidad o
vida cotidiana es “gordofobia” un término derivado de fatphobia
se encuentra en debate, pues no alcanza a explicar del todo el
fenómeno planteado.
Este ensayo, más que dar explicaciones, lo que pretende
es abrir el debate o abonar al debate ante nuevas discusiones que
se están gestando en la sociomedicina respecto a una condición
dada, esperando en un futuro realizar análisis más profundos
sobre el tema.

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�Marion Ramírez Torres / Legitimando la gordofobia a través de la medicalización

Pies de página
1. En el presente trabajo se desarrollan ideas y conceptos que
han sido recuperadas de un ensayo previo que publiqué este
mismo año para la revista REDNutrición.
2. Aún no se avisaba la desaparición de las normas oficiales por
parte del gobierno federal cuanto se escribió este artículo.
3. La gordedad es un concepto propuesto (Ramírez, 2023) para
definir las prácticas corporales que ejecutan las personas
que encarnan una forma corporal grande o corpulenta, y
que tiene que ver con las experiencias que emanan de su
materialidad que los constituye como sujetos y no con
procesos exclusivamente patológicos.
4. Hace referencia a un grupo de académicos, principalmente
de EEUU, que han liderado la construcción de una contra
narrativa a las afirmaciones de quienes sostienen que un
mayor peso corporal representa una importante crisis de
salud pública. Los autores han ayudado a popularizar el
escepticismo de la obesidad como una posición intelectual
legítima, argumentando que los riesgos para la salud de la
gordura son, como mínimo, muy discutibles.

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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.90

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

Música y gordofobia. Las canciones en el México
de los sesenta
Music and fatphobia. The songs in Mexico
in the sixties

Xavier Rodríguez Ledesma1

Resumen: Se analiza la manera en que en los años sesenta del siglo XX
en México la disputa ideológica y cultural por la imposición de nuevos
cánones y estereotipos de belleza del cuerpo tuvo en la música uno de
sus campos de batalla. En ese sentido encontramos diversas canciones
en las que se señalaba, criticaba o hacía escarnio sobre los cuerpos -en
su mayoría femeninos- que no se ajustaran a la nueva normatividad
estética que empezaba a imponerse. La música fue un arma más para
imponer la idea de que tener sobrepeso, ser rollizo o gordo ahora sería
motivo suficiente para sufrir violencia simbólica y verbal (ambas
prolegómenos y justificantes para la violencia física), cuestión que
hasta el día de hoy se mantiene vigente y ha sido calificada desde hace
apenas unos lustros bajo el concepto de “gordofobia”.
Palabras clave: Música, hegemonía, gordofobia, ideología.

1
Universidad Pedagógica Nacional. Ciudad de México, México.
Correo electrónico: xrodrig@upn.mx

77

�Xavier Rodríguez Ledesma / Música y gordofobia. Las canciones en el México de los sesenta

Abstract: This paper analyzes the way in which the ideological and
cultural dispute over the imposition of new canons and stereotypes
of body beauty in Mexico in the sixties of the twentieth century had
one of its battlefields in music. In this sense, we find several songs that
pointed out, criticized or frankly scorned bodies -mostly female- that
did not conform to the new aesthetic standards that were beginning
to be imposed. Music was one more weapon to impose the idea that
being fat would now be sufficient reason to suffer symbolic and verbal
violence (both prolegomena and justification for physical violence), an
issue that is still in force today and has been described as “gordofobia”
for only a few years.
Key words: Music, hegemony, fatphobia, ideology

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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.115

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

Presentación
La música es un espacio artístico en el que, como en todos los
ámbitos de la cultura, es factible identificar la existencia y
escenificación de múltiples disputas político-ideológicas, es
decir, querellas por la imposición, reproducción y naturalización
de ciertas formas de concebir al mundo, o por la expresión de
concepciones críticas y cuestionadoras, expresiones claras de
resistencia. En esa lógica, las obras musicales deben asumirse
como productos históricos sociales que, como tales, poseen una
impronta política particular.
Uno de los múltiples aspectos en los que esos ejercicios
de poder se expresan refiere al establecimiento de determinados
valores estéticos en general y, en particular para el caso que
interesa a este artículo, sobre la belleza y la fealdad de los cuerpos
humanos. No es ninguna novedad señalar que las normas estéticas
son construcciones culturales que, en el escenario de las disputas
por la hegemonía, anhelan imponerse a la sociedad en general.
A través de su naturalización y universalización se generalizan
un conjunto de subjetividades históricamente definidas. Esto
explica, por ejemplo, porque es posible encontrar diferencias
importantes entre los cánones de belleza de antaño y los presentes,
o la discrepancia contemporánea respecto a los valores estéticos
positivos y negativos en las diversas culturas planetarias.
Lo cuerpos que aquí y ahora nos parecen bellos y deseables
no lo han sido en otros momentos, ni lo son en todas las culturas
del mundo. La disputa por imponer una y solo una forma de
belleza incluso puede ser leída en clave de colonialismo ya que
los estereotipos euroccidentales se reproducen a través de todo
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.115

79

�Xavier Rodríguez Ledesma / Música y gordofobia. Las canciones en el México de los sesenta

el espacio cultural, mediático, intentando universalizar ciertas
características como las únicas válidas y legítimas, condenando
a todo lo que no las cumpla o reproduzca a habitar un purgatorio
cooptado por la fealdad, lo desagradable e, incluso, lo grotesco.
Desde esta perspectiva se revisa la forma en que la música
de los años sesenta del siglo XX en México se plasmó el viraje en
los cánones estéticos de la época, en los estereotipos de belleza
asignados a los cuerpos de hombres y mujeres, como ejemplo de la
manera en que los regímenes de poder son capaces de neutralizar
y hacer suyas las diversas expresiones culturales -particularmente
la música- que en un primer momento surgen como disruptivas,
cuestionadoras, renovadoras y contestatarias.
El objetivo del trabajo es puntual: identificar cómo en la
música de los años sesenta del siglo pasado en México se expresó
y reforzó una modificación de fondo en los cánones de belleza
corporales, caracterizada por la crítica, escarnio y mofa contra los
sujetos que padecieran sobrepeso.
Dos aclaraciones previas. La primera es que el trabajo
no anhela promover la cancelación contemporánea de ninguna
canción u obra musical, lo cual suele suceder cuando se deja de lado
la obligatoriedad analítica de, justamente, historizar los productos
culturales. Al contrario, veremos cómo fue que el cambio sobre las
normas de belleza de los cuerpos humanos en el período detectado
se expresó en algunos productos musicales que, a su vez en un
ejemplar ejercicio dialéctico, lo apalancaron y reforzaron.
La segunda precisión refiere a uno de los resultados
que el análisis arrojó: por lo general fueron mujeres quienes
constituyeron (y lo siguen siendo) el blanco único de las críticas
en las canciones cuyas letras impusieron a la gordura como un
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.115

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

valor negativo. Si bien este descubrimiento abre importantes
líneas reflexivas que podrían realizarse desde las perspectivas de
género, este acercamiento teórico y metodológico no constituyó
nuestro punto de partida para adentrarnos en el análisis de la
manera en que la música demostró ser un espacio cultural más
en el que se presentaron, consolidaron y reprodujeron nuevos
estándares estéticos sobre los cuerpos humanos.
Valgan ambas acotaciones para evitar la generación de
posibles expectativas erróneas sobre el tipo de análisis realizado
y las conclusiones obtenidas.
Se asume como enfoque teórico metodológico lo que
en un inicio se nombró como Análisis Crítico del Discurso.
(Van Dijk, 1994) Este tipo de estudio, hoy ya conocido con el
nombre de Estudios Críticos del Discurso, enfatiza su carácter
multidisciplinar al especificar que en el estudio del objeto de
estudio pueden ser utilizados muchos métodos y enfoques a
fin de evidenciar la bases y procesos ideológicos (políticos) que
todo lenguaje posee, ubicando así los ejercicios de dominación y
resistencias que ahí se expresan. (Van Dijk, 2016). Tal acercamiento
teórico refiere a la necesidad de ubicar social e históricamente los
textos (productos culturales y narrativas históricas) e, incluso, al
propio ejercicio analítico del investigador, al cual se ubica como
sujeto político, alejándose así de cualquier tipo de referencia a
la posibilidad de su supuesta neutralidad ideológica. (Van Dijk,
1999, p.23)
De acuerdo con Van Dijk (1994), este tipo de análisis “es
una herramienta muy útil que tenemos los investigadores para
comprender los mecanismos de poder en la sociedad. Con él se
pueden descubrir las estructuras y estrategias de legitimación
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.115

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�Xavier Rodríguez Ledesma / Música y gordofobia. Las canciones en el México de los sesenta

del poder, los procesos y estructuras allí (en los productos
lingüísticos y culturales) escondidos.” (p.5)
La investigación crítica del discurso tiene, entre otras, las
siguientes propiedades generales: a) Se enfoca, principalmente,
en problemas sociales y cuestiones políticas, en lugar de solo
estudiar las estructuras discursivas fuera de sus contextos
sociales y políticos; b) Es, usualmente, multidisciplinaria; c) Más
específicamente, se centra en las formas en las que las estructuras
discursivas representan, confirman legitiman, reproducen o
desafían las relaciones de abuso de poder (dominación) en la
sociedad. (Van Dijk, 2016, p.205)
Se seleccionaron seis canciones. De ellas cinco son
adaptaciones al español de obras originalmente escritas en inglés
(covers).
–
–
–
–
–

“Matilda”, 1961, Los jokers
“La bomba”, 1963, Los locos del ritmo
“Bule Bule”, 1965, Los rockin devils
“Yuyu mata yuyu”, 1965, Los rockin devils
“Mi gorda es fea”, 1966, Los rockin devils

Y una canción compuesta en español: “La suegra”, 1970,
Los Strwck.
Cuatro de ella pueden ser catalogadas dentro del concepto
(muy usado en la época en que surgieron) “música moderna”,
el cual englobaba a varios ritmos surgidos como secuelas del
rocanrol. Mientras que, de las otras dos, una es un calypso y la
otra una cumbia.
Para elegirlas se asumió la propuesta realizada por Uwe
(2015) en el sentido de que la construcción de un universo de
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�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

análisis se puede realizar “en la medida en que la investigación
avanza sobre el telón de fondo de la selección y análisis continuo
de datos” (p.48) A partir de un diseño de investigación flexible
se identificaron canciones de la década de los sesenta en
México que referían a ciertas características corpóreas de sus
protagonistas, atendiendo al señalamiento metodológico de
que esta es “… una manera de establecer una colección de casos
materiales o acontecimientos seleccionados deliberadamente
para construir un corpus de ejemplos empíricos con el fin de
estudiar de la manera más instructiva el fenómeno de interés.”
(Uwe, 2015. p. 50). De tal forma, se integró un corpus de
canciones que mencionaran explícitamente la gordura de los
personajes presentados en las letras.
La música como espacio de lo político
Uno de los retos más complicados para los musicólogos y
científicos sociales que la toman como objeto de estudio, es
justamente cómo medir o mostrar la existencia de disputas
políticas (ejercicios de poder, resistencias, expresiones de
tradición o propuestas de cambio) en el manejo de los sonidos,
escenas, etc. (Schanton, 2015; Hammeken 2018; Said, 2010; Said,
2020). En el caso del análisis que presentamos en este trabajo
nos enfocamos exclusivamente en una de las partes integrantes
de ciertas obras musicales: las letras, lo verbalmente dicho en las
canciones.
La música es una de las diversas herramientas en la lucha
por la imposición o transformación de la hegemonía. A diferencia
de las explicaciones que ubican a esta expresión cultural como
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.115

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�Xavier Rodríguez Ledesma / Música y gordofobia. Las canciones en el México de los sesenta

una actividad en la que únicamente se desarrollan propuestas
artísticas alejadas de toda carga política, planteamos que la
música -como toda obra cultural (Said, 2004)- constituye un
espacio en el que lo político se plasma de diversas formas, siendo
una de las principales su utilización para imponer o resistir
concepciones del mundo y valores específicos. (Attali,1995;
Gioia, 2021; Pérez, 2023; Rodríguez, 2019; Said 2010) Partiendo
de esta esta perspectiva es posible avanzar en el análisis sobre
los mecanismos a través de los cuales se imbuyen, reproducen y
presentan en ella los diversos contenidos de carácter ideológico.
Para que una ideología desempeñe su función en
la consolidación de una hegemonía debe cumplir con una
condición ineludible: invisibilizar la especificidad histórica de la
concepción del mundo cuyos valores reproduce y asienta. Para
lograrlo es necesario deshistorizarlos, esto es, impregnarlos y
legitimarlos como conceptos naturales, universales. (Schiller
1982, p.26ss). Si en el caso del resto de los -utilizando el clásico
concepto althusseriano- aparatos ideológicos es más asequible
identificar los valores ideológicos impregnados en sus mensajes
y, por tanto, reconocerlos como lo que son (herramientas para
la construcción de hegemonía), en la música su característica
inherente (constituir una forma de administración del ruido,
según afirma Jaques Attali, agrega una dificultad complementaria
para su interpretación bajo estos parámetros. (Baricco, 2016)
Es necesario tener claro que, por lo general, la ideología se
hace presente en los diversos mensajes sin necesidad de que exista
una línea política estratégica para hacerlo, sino por el simple
hecho de que los creadores (los artistas, los músicos) son sujetos
sociales que se han desarrollado dentro de un sistema de valores
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�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

específico que reflejarán en sus creaciones. El círculo virtuoso
(por eficiente) ideológico hegemónico funciona a la perfección:
los músicos que componen e interpretan, por ejemplo, canciones
misóginas u homofóbicas no necesariamente lo hacen por alguna
razón explícita de estrategia política o comercial, sino porque
ahí expresan sus convicciones y valores que convergen con los
hegemónicos. Por su parte, los receptores no suelen reaccionar
negativamente cuando se escuchan los valores y apreciaciones
contenidos en esos mensajes pues, obviamente, ellos los
comparten por ser igualmente sujetos sociales con las mismas
perspectivas ideológicas. Los diversos géneros de música -así
sean los más contestatarios- no están exentos per se de reproducir
los valores hegemónicos imperantes, al contrario. Ello demuestra
que el sistema funciona. Así es posible comprender, por ejemplo,
las declaraciones de Kathleen Hanna, reconocida integrante del
ambiente punk: “Me metí en ello con mucho más optimismo.
Había vivido situaciones de violencia, pero confiaba mucho
en que esta escena punk desafiara las normas de la sociedad.
Sin embargo, recrearon el mismo modelo de familia abusiva.”
(Goldman, 2021)
A pesar de la puntual delimitación del objeto de nuestro
análisis, debemos destacar que en la música se cumple a
cabalidad la obligatoriedad del mensaje ideológico hegemónico
eficiente referido a su naturalización e invisibilización. Ello
explica porque se ha consolidado la idea de que solamente una
fracción menor de toda la producción musical contiene valores
ideológicos explícitos. Así, es usual que se califique solamente
a ciertas obras como: canciones con mensaje o con contenido,
música de protesta, música militante, música política, etc. Tal
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�Xavier Rodríguez Ledesma / Música y gordofobia. Las canciones en el México de los sesenta

distinción implica, obviamente, que el resto de la música carecería
de mensaje o, en el mejor de los casos, que sí lo tiene, pero su
contenido no poseería ninguna carga política ya que simplemente
refiere a cuestiones cotidianas, sentimientos y apreciaciones de
vida que todo el mundo siente y comparte.
Reconociendo que la música debe ser ubicada como un
dispositivo político en el que da se dan las batallas culturales
por la hegemonía, es necesario destacar una faceta más de dichas
disputas: la capacidad de los sistemas de dominio, del poder,
para enfrentar la aparición de ritmos, fórmulas disruptivas,
cuestionadoras y diferentes a las tradicionales. La estrategia para
hacerlo adopta posibilidades diversas: a) intentar silenciarla
a través de la censura directa o descalificarla acusándola de
atentar contra la tradición y los valores establecidos, b) creando
y promoviendo propuestas alternativas a fin de que el público se
olvide de aquellas y empiece a consumir estas nuevas. A esas dos
habría que sumar la que quizá sea la más efectiva e inteligente
de todas: resignificarla, esto es, apropiársela para imbuirle sus
propios valores y concepciones ideológicas.
La conversión de las nuevas propuestas musicales -en
un principio disruptivas- en dispositivos contenedores de los
valores ideológicos hegemónicos representa un triunfo en la
disputa por la ideología que, por si fuera poco, suele traer como
fruto adicional la obtención de jugosos beneficios económicos a
través de las industrias culturales. La mayoría de las canciones
aquí analizadas constituyen un ejemplo diáfano de esto ya que
muestran la forma en que para enfrentar el tsunami contestatario
expresado en el rock se inventaron nuevos ritmos buscando que
los jóvenes transitaran hacia ellos y superaran aquella “música
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estridente”, hecha y tocada por ellos mismos, en cuyas letras
primeras se expresaba ciertas críticas sobre situaciones culturales,
económicas y políticas que hasta ese entonces no se habían
cuestionado, además de que su baile implicaba que las parejas
se tocaran demasiado y ejecutaran piruetas que ocasionaban la
exposición indebida de ciertas partes de los cuerpos femeninos.
(Rodríguez, 2019; Svenious, 2017). Si en los países socialistas se
inventó el fallido Lipsi (Stonor, 2001), en el occidente capitalista
la cauda de ritmos nuevos posteriores al rocanrol fue abundante
y más exitosa: twist, surf, jerk, go-go, todos surgidos en la década
de los sesenta del siglo pasado.
Gordofobia: conceptualización nueva de un tema no tan viejo
Se parte de una definición puntual: la gordofobia es la
discriminación que viven las personas gordas por el hecho de serlo
y que se muestra en todas las prácticas, discursos y acciones que
burlan, marginan, estereotipan, prejuzgan, rechazan e implican
la obstaculización o vulneración de sus derechos. (Mancuso,
Longhi y Pérez, 2021. p.13)
Desde hace décadas la gordura ha ocupado un papel
protagónico cuando se analizan los patrones de discriminación
social. Podemos avanzar una hipótesis: la adopción más
reciente de normas estéticas validadas socialmente vinculadas
a la delgadez y, por ende, los inicios de la descalificación sobre
aquellos cuerpos que no las cumplieran pueden ser ubicados
cronológicamente en la segunda mitad del siglo XX. Planteado el
tema como un asunto de discriminación, es ineludible reconocer
su inherente sentido político.
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�Xavier Rodríguez Ledesma / Música y gordofobia. Las canciones en el México de los sesenta

La repulsión sobre los cuerpos obesos no es una actitud
natural, ni ahistórica, ergo, no es universal. Más bien, la
imposición de los valores estéticos que la soportan constituye un
acto político colonialista hegemónico que pretende generalizar
una apreciación cultural especifica al resto de las culturas, para
lo cual requiere presentarse como universal, natural, objetiva, etc.
Al respecto, Vigarello (2011) afirma que:
“El desarrollo de las sociedades occidentales promovió
el aumento de la delgadez corporal, la vigilancia más acentuada
de la silueta, el rechazo más alarmado de la obesidad. Todo
esto transformó el registro de las gorduras, privilegiando
insensiblemente la delgadez. Lo que aumentó intensamente sobre
todo su denigración, si no su descrédito…” (p. 10)
La instauración de los nuevos patrones discriminatorios
referidos a valores vinculados a la delgadez conlleva la generación
de odio hacia su propio cuerpo de todas aquellas personas que
se consideran fuera de los límites de volumen y peso instituidos
no solo como bellos y sexualmente deseables sino, peor aún,
normales y saludables. Para su imposición se echó mano de los
mecanismos y aparatos ideológicos usuales: cine, televisión,
revistas, publicidad, chistes y bromas populares, etc. A todas
ellas se sumó, para este caso específico de discriminación, la
elaboración de un amplio discurso médico acerca de los riesgos
que la obesidad implicaría. En esa recopilación de formas a través
de las cuales se impuso a la gordura como una característica
negativa, destaco a la música ya que ella constituye nuestro
objeto de estudio.
La implantación de la gordura como un atributo anormal
con el consecuente señalamiento, persecución y violencia
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contra aquellas personas que la posean, ha tenido importantes
consecuencias en términos de economía política ya que ha
impulsado la aparición y crecimiento de una industria que toma
como base los denodados esfuerzos de la gente por mantener
sus cuerpos dentro de los rangos de peso y volumen aprobados
socialmente. Así, podemos comprender el boom de, por ejemplo,
los gimnasios, la producción de alimentos light, la aparición
de bebidas dietéticas, la ropa deportiva, fajas y cosméticos
que prometen reducir tallas u ocultar en lo posible los excesos
de volumen corporal, procedimientos médicos de toda índole
incluyendo algunos sumamente riesgosos, etc., A ellos hay
que sumar la aparición y clasificación de nuevas enfermedades
(anorexia, bulimia,) referidas a desórdenes alimentarios
ocasionados por el anhelo de los pacientes de reducir su peso.
(Vigarello, 2011 p.262 ss)
El señalamiento, la crítica, la descalificación y la
invisibilización con base en la gordura de una persona se realizan
más allá del género. La sentencia es simple: ser gordo o gorda es el
problema. Sin embargo, a la discriminación por tener un cuerpo
con sobrepeso suelen sumarse otras formas de violencia contra
aquellos que, de acuerdo con la ideología dominante, son los
diferentes, los raros, los extraños, los anormales, por razones de
raza, clase, nacionalismos y, por supuesto, género. De tal forma
es posible encontrar discrepancias significativas en la manera
en que esta discriminación basada en el volumen del cuerpo es
ejercida ya se trate de hombres o de mujeres. Mientras que para
los hombres la violencia adquiere formas de condescendencia,
infantilización y bonhomía (gordito, buena persona, pachoncito,
etc.), para las mujeres el tono es otro muy distinto (Frenk,
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�Xavier Rodríguez Ledesma / Música y gordofobia. Las canciones en el México de los sesenta

1953) caracterizado de inicio por el uso del vocablo “gorda” (sin
diminutivo) como insulto, constituyendo un motivo suficiente
para exigirle a la mujer a la que se espeta que desaparezca de
la vista del sujeto calificador. En su acepción femenina ser
gorda se vincula expresamente a la fealdad como característica
inseparable.2
Las razones de esa diferencia en las formas que la violencia
adquiere conforme al género de la persona sobre la cual se ejerce
radican, sin duda, en otra de las características definidoras de
la ideología hegemónica: su rasgo patriarcal. De hecho, en un
análisis muy fino de este tipo discriminación, Magdalena Piñeyro
(s/f) encuentra que la crítica a la gordura de los hombres suele
matizarse al momento en que se le suman algunos de los atributos
positivos masculinos planteados por dichos valores, ya que un
hombre gordo puede ser visto como un sujeto capaz de cumplir
con ciertos rasgos distintivos que se esperan de él como hombre,
por ejemplo, la fortaleza y, por ende, ser proveedor de seguridad
y protección. Obvio es que eso no sucede para las mujeres
gordas con las que la crítica y la descalificación se ensañan al
ubicarlas como personas simplemente grotescas, ofensivas a la
vista, que debido a su masa corporal quizá no requieran incluso
la protección de un masculino pues ellas podrían defenderse
2
Al respecto Frenk (1953) afirma: “Gordo es quizá el único
término valorativamente neutral aplicado al hombre grueso y barrigudo.
Las demás designaciones suponen casi siempre en quien las emplea una
mayor carga afectiva: gordinflón, barrigón, panzón, tripón, tripudo, timbón,
botijón; también: es un (o muy) botijas, un tonel, un barril, un mantecas,
un mantequillas, una llanta, una tonina o un toni. Más ofensivas son las
designaciones de la mujer gorda:jamona, (vieja) sebosa (gorda y sucia).”,
pp.136-137. (Subrayado nuestro).

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por sí solas, lo cual se convierte en una afrenta más a los valores
patriarcales que sostienen que toda mujer requiere de un hombre
que la cuide y la resguarde. Sin haberlo planteado de inicio como
variable analítica, este último factor se evidenció claramente en
la revisión realizada de la música mexicana de la década de los
sesenta del siglo XX, ya que quienes protagonizan las canciones
seleccionadas son todas mujeres.
Nuestro supuesto de que fue en los años sesenta cuando
puede identificarse muy marcadamente el cambio en los cánones
hegemónicos de belleza parece confirmarse cuando encontramos
que las primeras reacciones contra el rechazo a la gordura tienen
como referencia la aparición del “Manifiesto de la Liberación
Gorda”, escrito por Judy Freespirit y Sara Aldebaran en el año
1973. A partir de entonces paulatinamente se fue evidenciando
la necesidad crítica de ubicar a la gordura como acción política
y, por ende, concebirla como una forma más de los mecanismos
de opresión del sistema hegemónico. Poco años después surgió
el concepto de “gordofobia” para designar la discriminación a
la: “que nos vemos sometidas las personas gordas por el hecho
de serlo. Hablamos de humillación, invisibilización, maltrato,
inferiorización, ridiculización, patologización, marginación,
exclusión y hasta de ejercicio de violencia física ejercidas contra
un grupo de personas por tener una determinada característica
física: la gordura.” (Piñeyro, s/f) La gordofobia consiste, entonces,
en la discriminación, objetivización y minusvaloración de gente
gorda, es decir, de las personas cuyos cuerpos son no normativos.
Hoy en día la gordofobia es un grave problema social. La
Encuesta sobre Discriminación en la Ciudad de México (EDIS)
levantada en 2017 arrojó que el sobrepeso es el principal motivo para
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sufrir discriminación (10.7%), incluso por encima de otros factores
[forma de vestir (9.7%), color de piel (5.6%), edad (5.2%) e imagen
(5.2%)] que a primera vista parecerían ser los más socorridos en el
ejercicio de estas deleznables prácticas. (Consejo para Prevenir y
Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México, 2020.)
A los gordos se les humilla, silencia, insulta, ridiculiza,
maltrata, discrimina, excluye y niega el ejercicio pleno de
sus derechos humanos. Y, como veremos en el análisis de las
canciones elegidas todas ellas éxitos de la década de los sesenta,
se les puede violentar y condenar libremente al exilio, además
de vincularlos y descalificarlos por el ejercicio de otro tipo de
acciones y características disruptivas de las normas ideológicas
hegemónicas. Asimismo, en las obras musicales analizadas se
cumple a cabalidad con el hecho de que fundamentalmente los
sujetos discriminados sean personajes femeninos.
Constituye una tarea política que trasciende lo meramente
académico no solo hacer visible estas batallas culturales por
la imposición y hegemonización de nuevas normas estéticas
corporales que se pretenden universales y no son más que
expresión de una ideología histórica específica, sino también
historizar su surgimiento y ubicar los mecanismos culturales a
través de los cuales se consolidaron es nodal.
Música de los sesenta en México. Apalancando la gordofobia
El corte es preciso: revisaremos la manera en que en la década de
los sesenta del siglo XX la música fue uno de los espacios en los
que se expresó un cambio radical en los estereotipos de belleza
occidentales sobre los cuerpos de hombres y mujeres. Fue en esos
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años en los que se desarrolló la construcción de un nuevo modelo de
cuerpo caracterizado por la delgadez, frente al que cualquier atisbo
de exceso de peso habría de ser señalado, criticado y violentado.
Un punto para destacar que surgió casi de forma inmediata
al iniciar el estudio fue que este reciente tipo de discriminación
adquiere especificidades particulares en función del género
de la persona sobre la que se ejerce. Ello queda evidenciado
puntualmente al hacer la revisión de algunas de las canciones
más populares de la época, pues en su totalidad fueron mujeres
las protagonistas de las mofas, los insultos y los oprobios ahí
expresados. Aunque con los hombres la violencia también existió,
ella se presentó de una forma distinta y, además, en la década
revisada no encontramos canciones en las que fueran masculinos
los violentados a causa del volumen de sus cuerpos.
El rocanrol -y los diversos ritmos que a partir de él se
decantaron- tuvo como protagonista a ese sector social (los
jóvenes) que en la década de los cincuenta empezó a exigir ser
reconocido en su especificidad cultural y política y que, a su
vez, paulatinamente iba conformando un sector de mercado que
habría de consumir productos diseñados puntualmente para él.
La música fue uno de ellos. (Cohn, 2022.) Si bien desde finales
de la esa década se pueden encontrar en México algunas primeras
expresiones rocanroleras, fue en los años iniciales de la década de
los sesenta cuando las empresas disqueras asumieron que él, junto
con los ritmos colaterales que generaría, constituían un producto
que tendría su mercado natural en los jóvenes clasemedieros
urbanos que paulatinamente se estaban integrando al mercado
laboral. La radio, la televisión y el cine abrieron sus puertas para
reproducir esas nuevas formas de expresión musical a la cual incluso
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�Xavier Rodríguez Ledesma / Música y gordofobia. Las canciones en el México de los sesenta

oportunistamente se sumaron multitud de artistas, tanto nuevos
como añejos en el mundo de la farándula. (Arana, 1985). Por su
parte, la cumbia -ritmo de una de las seis canciones analizadas- es
una música dirigida a un sector mucho más amplio de la población.
Como ya señalamos, la mayoría de los productos musicales
aquí examinados son covers de versiones originalmente grabadas
en inglés. En esas conversiones -no traducciones- al español
surgió otro dato interesante ya que fue solo en estas últimas en
las que los compositores mexicanos perfilaron a la gordura como
tema central para desarrollar la argumentación de la canción.
Empezamos con “Matilda”, un pegajoso calypso interpretado
por Harry Belafonte. Esta canción fue lanzada como single en 1953
y apareció en el álbum “Belafonte” en 1956, alcanzando un gran
éxito en el mercado estadounidense. Fue una de varias canciones
con las que dicho cantante edificó su imagen de ser un intérprete
de ritmos latino y antillanos de acuerdo con la imagen sonora que
el mercado anglosajón asigna para estas regiones.
En la voz de Belafonte, la canción narra las desventuras de
un sujeto a quien una mujer de nombre Matilda le ha robado 500
dólares que tenía guardados en su cama -más específicamente
debajo de la almohada- para comprar una casa y un terrenito,
para después ella huir a Venezuela. En la letra no se da alguna
explicación de quién era la protagonista ni por qué tenía acceso
al dormitorio del personaje. Esa es la anécdota contada, así de
simple y repetida varias ocasiones a lo largo de los 3:35 minutos
de duración de la canción. Si bien la historia presenta elementos
suficientes para avanzar hacia una lectura colonialista y clasista
de su decir, lo cierto es que, para afanes de nuestro análisis, ella no
aporta ningún señalamiento o referencia sobre las características
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físicas de la chica, cuestión que llama poderosamente la atención
al compararla con la versión mexicana interpretada por Los
Jokers grabada en 1961. Veamos.
Matilda.
Los Jokers 1961
Créditos de la traducción al español: Los Jokers
Matilda, Matilda, Matilda,
Es mi novia y no la puedo besar
Matilda, Matilda, Matilda,
Estás muy gorda y no te puedo cargar
¡Canten todos!
Matilda, Matilda, Matilda,
¡Es una pelota!
Estás muy gorda y no te puedo cargar.
Nuevamente.
¡Pero qué fea! ¡Vete pronto negra!
Matilda, Matilda, Matilda,
Estás muy gorda y no te puedo cargar.
Estás muy gorda y no te puedo cargar.
Matilda, Matilda, Matilda,
Estás muy gorda y no te puedo cargar.
Nuevamente todos.
Matilda, Matilda, Matilda,
¡Ya casi rebotas!
Matilda, Matilda, Matilda,
Estás muy gorda y no te puedo cargar.
¡Ya no te tolero!

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�Xavier Rodríguez Ledesma / Música y gordofobia. Las canciones en el México de los sesenta

Lo que escuchamos en la adaptación de Los Jokers es un
burdo ejercicio de violencia de un sujeto en contra su novia. De
inicio, sin dar alguna explicación de las razones, el personaje
comenta que le es imposible besarla. Sin embargo, la escasa
información que posteriormente se proporciona es más que
suficiente para imaginar el motivo único del desdén: la mujer
es gorda, lo cual es razón más que suficiente para insultarla y
convocar los escuchas a sumarse al ejercicio de vilipendiarla
(“¡vamos todos!”).
Las injurias y descalificaciones son muy fuertes: parece
pelota, está muy gorda, es imposible cargarla, es muy fea y está
a punto de rebotar. Todo ello justifica que el hombre corra a la
mujer (“vete pronto, negra”) pues ya no la tolera. Inmersos en tal
atmósfera de agresión es difícil pensar que decirle “negra” fuera
una caricia verbal o el reconocimiento de un atributo positivo,
por lo que podríamos decir que con ello se agrega un elemento
racista al asunto.
Así, desde 1961 se pusieron las bases musicales para
violentar, señalar, criticar, agredir, descalificar e insultar a los
cuerpos que no se ciñeran al estereotipo de la delgadez que
empezaba a construirse. “Matilde” fue el primer personaje
construido para ser vituperado por su gordura. A ella poco
después se sumarían varios más, todas mujeres.
En 1963 “Los locos del ritmo”, quienes ya tenían un
lugar asegurado en la historia de la música mexicana por
haber compuesto a finales de la década de los cincuenta el
primer rocanrol originalmente escrito en español (“Yo no soy
un rebelde”) en el que los jóvenes plantearon su urgencia de
gozar de una mínima libertad para vestir, bailar, peinarse y
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divertirse de manera diferente a la de los adultos, hicieron su
aportación a la edificación de la gordofobia. Apenas dos años
después de haber irrumpido en el escenario musical nacional
con aquel batacazo, “Los locos…” grabaron una canción que
ejemplificaría claramente la forma en que el rocanrol sería un
espacio proclive más a ser utilizado para repetir y consolidar
los valores ideológicos hegemónicos, evidenciando las forma
en que el sistema es capaz de cooptar las nuevas expresiones
artísticas para hacer que también ellas reproduzcan los valores
propios de la ideología imperante. En un LP lanzado ese año
apareció su cover (“La bomba”) a “I´m not angry” (“No estoy
enojado”) escrita y grabada por el grupo estadounidense The
Everly brothers.3
En su versión original la canción narra el sentimiento de
tristeza de un sujeto por haber sido abandonado por su pareja, a
la cual le narra sus cuitas y le advierte que, al estar más enojado
que triste por su partida, le hará un hechizo que la hará volver
a su lado. En cambio, “La bomba” adoptó una vez más el estilo
narrativo de darle voz a un hombre para que insulte a su novia por
estar gorda. Curiosamente la única parte de la anécdota original
respetada en la adaptación es que el personaje también utilizaría
conjuros no para hacer que la mujer regrese a su lado, sino para
que ella baje de peso.
3 En diversos archivos digitales (DISCOG, Apple Music, etc.) aparece
un tal Jimmy Howard como el autor de “I´m not angry”. Sin embargo, resulta
que ese nombre era un pseudónimo de Don and Phil Everly (The Everly
Brothers) quienes, por un tiempo, probablemente debido a cuestiones de
derechos de autor, no pudieron publicar con propios nombres las canciones
que componían. Por su parte, en la versión solo Howard aparece como autor,
por lo que se desconoce quien hizo la adaptación al español.
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La bomba
Los locos del ritmo. 1963
Traducción al español de autor desconocido
La bomba te voy a llamar
porque redonda estás
y porque siempre que vuelvo a mirarte
parece que te inflaron.
La bomba te voy a llamar
Pues sé que un día vas a estallar
La bomba te voy a llamar
de eso no hay duda ya
pues cuando quieres bajar escaleras
lo haces siempre rodando
La bomba te voy a llamar
pues sé que un día vas a estallar
A un brujo contraté que hará un rito vudú
y cuando tú dormida estés
vendrá para jalarte de los pies
hasta que tú adelgaces otra vez

Desde las primeras palabras nos enteramos de que el título
de la canción es una juguetona descripción de la persona a la que se
violentará pues la voz narradora nos avisa que le dirá “bomba” en
virtud de que su cuerpo, debido a la su voluminosa redondez, está
a punto de estallar, peligrosidad que se incrementa día a día. Las
burlas por su exceso de peso continúan al describir que cuando
ella baja las escaleras lo hace rebotando, refiriendo a una de las
metáforas más trilladas con las que se descalifica a los gordos:
parecen pelotas. Finalmente, le advierte que ya ha contratado a
un hechicero para que le dé un susto tan grande que seguramente
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la obligará a adelgazar. Simple, pueril y facilón argumento el de
“La bomba” echa mano de algunas burdas y gastadas imágenes
para insultar a quien esté pasado de peso de los límites impuestos
por una naturalidad construida socialmente.
Si bien la canción lejos estuvo de convertirse en éxito, es una
buena muestra no solo del tema principal que estamos revisando.
Al escucharla podemos empezar a hacernos algunas preguntas
que rebasan el tema grave y concreto de la gordofobia, abriendo el
análisis a otros actos de poder en algunas relaciones absolutamente
inequitativas: ¿quién y por qué se siente con la autoridad para
ejercer la crítica contra la complexión de alguien más? ¿por qué
este tipo de abuso y violencia eran bien recibidas y no generaban
ningún rechazo por el público que las oía? ¿por qué, sin consultar a
la persona afectada, el tipo se arroga el derecho de actuar sobre su
cuerpo contratando a alguien para que lo modifique?
Ironías de las batallas culturales: la nueva música con
la que los jóvenes hacía poco negaban ser rebeldes sin causa,
pero legítimamente reclamaban sus derechos de tener mínimas
libertades sobre sus cuerpos, su forma de vestir y de divertirse, y
con la que, además, acusaban a los viejos de estar todos amargados,4
ahora, con el transcurso de unos cuantos meses, se mostraba como
un medio más factible de ser usado para abusar y violentar a otras
personas justamente por las características de su físico.
La fórmula musical y mercadotécnica había sido
descubierta y la veta apenas empezaba a explotarse. Un par de
años después comenzó a escucharse una canción que devendría
4
Ritmo.

Referencia a “Aviéntense todos”, otro de los éxitos de los Locos del

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en uno de los éxitos más importantes de la época: “Bule bule”, un
clásico que, como tal, hasta la fecha es ampliamente conocido y
reproducido e, incluso, podría decirse que suele aparecer en las
listas de canciones para ser bailada en toda fiesta de quince años
o boda en nuestro país.
Ella es una adaptación al español de “Wooly Bully”, un
éxito de 1964 escrito por Domingo “Sam” Samudio quien la dio a
conocer con su grupo “Sam the Sham and the Pharaohs” de la cual
se han hecho múltiples versiones grabadas por diversos artistas
y bandas. La canción es un pegajoso tema para ser bailado dentro
del boom de nuevos ritmos surgidos a posteriori del rocanrol.
El jerk fue uno de ellos y “Wooly Bully” podría ser una de sus
representaciones emblemáticas.
La letra original de la canción es de difícil comprensión
ya que su relato adolece de una lógica narrativa coherente pues
refiere una anodina conversación entre dos chicas acerca de que
una de ellas vio una criatura peluda y con grandes cuernos (un
“abusador peludo” es la traducción nominal de “Wooly bully”)
lo cual, por alguna inexplicable razón, les lleva a la conclusión
de que se requiere bailar y ensayar mucho los pasos del nuevo
ritmo, por lo que es necesario que encuentren a alguien con
quien hacerlo. Ambos contenidos narrativos (el avistamiento
del sujeto cornudo y peludo y la necesidad de bailar) no tienen
algún punto argumentativo que los vincule. Sin embargo, ello
no importaba en demasía pues lo rítmico de la canción era lo
fundamental.
En México “Wooly Bully” fue interpretada en español por
los Rockin Devils, uno de los grupos de rocanrol más sonados
de la década de los sesenta cuyo repertorio estaba constituido
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mayoritariamente por los covers que hacían de los éxitos en
inglés que llegaban al mercado nacional desde los Estados Unidos
e Inglaterra. En sus álbumes podemos encontrar canciones de los
Beatles, Van Morrison, Rolling Stones, Kinks, Miriam Makeeba
y Johnny Rivers, entre otros. “Bule Bule” fue por mucho su mayor
éxito.
Bule Bule
Los Rockin devils 1965.
Créditos de la versión en español: Samudio y J. González

Uno, dos, one, two, tres, cuatro, Bule, bule ....
¡Hey gorda, gorda, gorda, gorda! ¡Vamos, vamos!
Les platicaré, de una chica gorda
que está muy curiosa, y todos le gritan ¡bule, bule! ¡bule, bule!
No hay vestido que le pueda quedar,
y cuando camina parece rodar.
¡Hey gorda! ¡Vamos, vamos!
Cuando va a la playa, se mete a bañar
Y toda la gente, le empieza a gritar: ¡Bule, bule!, ¡Bule, bule!

El grito “¡Hey, gorda!” al principio de la canción marca
el tono del discurso que escucharemos en los poco menos de
tres minutos siguientes sobre las desventuras de una mujer con
exceso de peso que, por principio de cuentas, no encuentra ropa
de su talla y de la cual nunca sabremos su nombre verdadero. A
partir de ahí atestiguamos la forma en que, por el simple hecho
de estar gorda, cualquier actividad de la protagonista, por nimia
que sea, es motivo para degradarla e insultarla. Tomando como
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pretexto los rasgos circulares de su cuerpo se le espetan dos cosas
puntuales: a) tiene un aspecto “muy curioso” y, b) al caminar
parece que rueda. Ambas características constituyen un motivo
más que suficiente para que en la playa la gente le grite chanzas
cuando la protagonista decide meterse al mar. Es todo.
La anécdota narrada no constituye, ni mucho menos, una
denuncia de la agresión social ejercida contra un ser humano,
al contrario. Es una invitación a quien escuche la canción para
sumarse al acto de violentar a la protagonista y, por extensión,
a toda persona que comparta su peculiaridad. Tan es así que en
los coros se oye claramente en diversas ocasiones el grito “¡gorda,
gorda!” vociferado por Blanquita Estrada quien, junto con su
hermano Francisco, constituía el dúo de cantantes de los Rockin
devils.
Lo “curioso” es usado como adjetivo para calificar lo
anormal, lo extraño, es decir, lo diferente al canon establecido
para definir a lo estándar, lo natural. Si un cuerpo con ciertas
características de peso y volumen es señalado con el epíteto de
“curioso”, es porque no cumple con lo que se espera de él
a partir de una nueva normalidad construida socialmente.
En una sociedad donde la delgadez se consolida como el
atributo estético esperado, normal, bonito, deseable y aceptado
socialmente, la gordura de “Bule Bule” deviene en algo extraño,
raro, diferente, criticable, “curioso” pues.
Definida la normalidad y, por ende, la que es extraño y
diferente, se allana el camino para dar el siguiente paso: ejercer
la violencia contra quien no se adapte a la norma. En “Bule bule”
los insultos y mofas permean la corta duración de la canción, pero
no se quedaron ahí ya que, traspasando los límites impuestos por
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los surcos en el vinil de los discos, se impusieron en el accionar
cotidiano de personas que empezaron a asignarle el epíteto
“Bule bule” a cualquier mujer que a sus ojos cumpliera con la
característica fundamental del personaje: ser gorda.
La gente hace suya la música resignificándola conforme a
sus gustos, costumbres y valores. La de los Rockin devils no fue la
excepción. Los que tenemos edad suficiente podemos recordar que
no era extraño que quien la cantaba sustituía una parte del coro
para integrar la frase: “Bule bule, panza de hule” demostrando así
que, al calor de la agresión legitimada por la canción, cualquiera
podía sumarse al escarnio agregando epítetos, mofas e insultos
a quien se le ha señalado como merecedora de los mismos por
tener un cuerpo diferente a lo estipulado socialmente. También
nos acordamos de que el nombre de la canción fue un concepto
que se utilizaba para atacar verbalmente a las mujeres excedidas
de peso ya que, durante el período en el que la canción estuvo de
moda por primera vez, el calificativo “gorda” fue sustituido por
“Bule bule”.
Con “Bule bule” se repitió una de las costumbres
comerciales de la época consistente en que, aprovechando la
enorme popularidad de una canción, se hacían secuelas a fin
de sacarle el mayor jugo posible a la exitosa fórmula musical.
(Rodríguez, 2019) Así, apenas un año después “Sam the Sham
and the Pharaohs” grabaron “Ju Ju Hand”, una nueva canción
que, con prácticamente la misma base musical de “Wooly bully”,
demostraba que se podían cantar cosas aún más delirantes. En
esa segunda entrega el protagonista le dice a su interlocutora que
no se le ocurra romperle el corazón pues tiene en su poder todo lo
necesario para hacerle un hechizo en caso de que decida mandarlo
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a “freír espárragos”. Ese mensaje tan simple es sazonado con la
mención detallada de los ingredientes necesarios para llevar a
cabo el embrujo y un pegajoso estribillo consistente en lo que
parecieran ser los conjuros necesarios para que funcionara.
Yuyu-Mata-Juyu-Mata-Yuyu-Jen.
Los Rockin devils. 1965
Créditos de la versión en español de: D. Samudio y E. Palma
One, two, tres cuatro.
I matay, matay, yeh, ¡hey gordita!
Bule Bule es la chica de que hablamos ya,
comía tanto y como bola está.
En México se cansó que le dijeran así
a China se embarcó, pero le dicen peor.
Le dicen Yuyu Mata, Yuyu Mata, Yuyu, eh
Yuyu Mata, Yuyu Mata, Yuyu, eh.
La pobre gorda no supo que hacer
y para enflacar ahora baila jerk.
En verdad que enflacó, como 40 libras rebajó,
pero el nombre se le quedó
Le dicen Yuyu Mata, Yuyu Mata, Yuyu, eh
le gritan Yuyu Mata, Yuyu Mata, Yuyu, eh
Cuarenta libras tuvo que perder
y no sirvió de nada porque en vano fue.
(¡Dále gorda! …. gorda!
¡Ay, gordita!

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La nueva canción tenía en inglés una letra delirante, pero
no agraviante. Sin embargo, al pensarla como una secuela de “Bule
bule”, Los Rockin devils retomaron el tono descalificador de
aquella, aunque ahora ampliando a niveles planetarios el asedio
contra la personaje. En 1965 salió a la venta el sencillo que llevaba
como canción principal (la primera del lado A) “Yuyu-MataJuyu-Mata-Yuyu-Jen”, versión en español de la recientísima de
los Pharaons, en la que se continuaban narrando los infortunios
de “Bule Bule” quien, harta del acoso y la violencia que vivía en
México por ser gorda, había huido hasta la lejana China.
“Yuyu mata yuju” insiste en la receta tanto musical como
de estigmatización del cuerpo de la protagonista iniciada por
Bule Bule. Sin el menor atisbo de pudor artístico y creativo, los
autores usan con ligeros cambios la misma base rítmica de aquel
primer éxito para ahondar en la violencia contra el personaje.
En esta ocasión sí se especifica la razón de la gordura de
la protagonista: ella come mucho. Además, se nos informa que
harta de ser violentada “Bule Bule” huyó a China lo cual no le
sirvió de nada pues debido a su gordura allá también fue agredida
pues los habitantes de aquellos lares le gritaban el título de esta
nueva canción. Desesperada por la situación de “parecer pelota”,
ella se aplicó a hacer ejercicio (bailando jerk) gracias a lo cual
logró adelgazar 20 kilos, logro infructuoso ya que continuó siendo
agredida en virtud de que los gritos de: “Yuyu mata yuju” no
cesaron. Este argumento contiene diversas expresiones de violencia
simbólica sobre quienes lucían cuerpos “excedidos de peso”:
a. la obligatoriedad de conducirse de acuerdo con
determinados valores estéticos histórica y socialmente
específicos
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b. el acoso puede continuar sobre una persona, aunque
ella, por su propio cuidado y salud, haya abandonado
el espacio donde en primera instancia se ejerció la
violencia.
c. la víctima es quien tiene la culpa de haber sido
violentada (por haber dado motivos para hacerlo), luego
entonces, ella y solo ella tendrá la responsabilidad de
hacer todo lo necesario para amoldarse a las directrices
(en este caso estéticas) que no ha respetado. Así, al
individualizar la posible solución del problema se
asigna a la víctima la obligación de dejar de serlo, acción
que en la canción encarna en que ella decide motu propio
ponerse a dieta pues el problema no es social, ni radica
en la instauración de una dictadura cultural signada
por la imposición de determinados cánones estéticos,
sino que se remite simplemente a su abundante ingesta.
Después de haber escuchado hasta la saciedad “Bule
Bule” y “Yuyu Mata” aún desconocemos el nombre real de la
protagonista ya que únicamente se le ha referido con sus apodos
en español y en chino. Ser gorda la convirtió en nadie pues se le
despojó de su nombre para asignarle tan solo dos motes. Ella dejó
de ser una mujer específica para pasar a ser un simple objeto de
agravios. No importa quién es, lo trascendente es la forma de su
cuerpo y lo importante es gritarle e insultarla. Todo gracias a que
ella no se ajusta a las nuevas normas estéticas corporales que la
ideología hegemónica estaba estableciendo.
Con ese binomio sobre la mujer cuyo nombre desconocemos
pero cuyas desventuras a nivel mundial por ser gorda hemos
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atestiguado, el filón temático estaba lejos de agotarse ya que se
continuaría explotando mientras la efervescencia abierta por la
posibilidad de violentar a quien tuviera sobrepeso lo permitiera.
Apenas unos meses después, ya sin el menor atisbo de rubor por
el lenguaje utilizado, nuevamente los Rockin devils grabaron otra
canción que continuaba la fórmula: “Mi gorda es fea”.
La nueva entrega era una adaptación de “Red hot”, un
rocanrol grabado originalmente en 1955 por Billy “The Kid”
Emerson, que había sido adaptado en 1965 al ritmo de jerk por
Sam Samudio (mismo autor de “Wooly Bully” y “Juju Mata”).
En su versión original es una típica canción de amor que el
autor dedica a su novia quien es una porrista que participa en
el grupo de animación “Red hot”. Ella, si bien carece de dinero
tiene muchos otros atributos, por ejemplo, saber bailar varios
ritmos y poseer mucho amor para dar. Además, es tan guapa que
enloquece a quien la vea, a lo cual se suma que es obediente y
tradicional pues no solo cocina pollo todos los domingos sino que
nunca ha besado a algún hombre. Finalmente, se escucha que su
corta estatura no importa demasiado pues ella es divertida y de
conducta impecable.
En el arreglo a jerk hecho por Samudio la información sobre
la mujer adquiere un tono más jocoso pues se le describe como una
pícara que realiza extravagantes actividades. Se dice que es muy alta
(de alrededor de 1.90 mts.), duerme en la cocina con la cabeza en la
puerta, tiene insomnio todas las noches, se la pasa hablando todo
el día, además de ser bastante obcecada y perezosa. Contrastando
con esas características, el autor confiesa que le gusta que sea fiel,
llamativa y convencida de sus opiniones. Vemos pues que la única
referencia al físico del personaje es que ella es un poco más alta de
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lo normal. Sin embargo, en la adaptación al español de los Rockin
devils la cosa sería una vez más totalmente diferente.
Once meses después, en 1966 montados en el éxito de
“Bule Bule” y “Yjujuju mama”, el grupo mexicano echó mano de
la nueva canción de Samudio para volver a lanzar una melodía
estelarizada por una mujer con exceso de peso: “Mi gorda es fea”.
“Mi gorda es fea”
Los Rockin devils 1966
Créditos de la versión en españoL:
Emerson y N. Ocuña
Mi gorda es fea, pero me quiero casar
Mi gorda es fea, pero me quiero casar
Y toda la gente me dice que reloco estás.
Todos me dicen ¿qué es lo que pasó?
y yo les contesto: no sé qué me dio.
Yo no sé lo que será,
será su pelo o su forma de mirar.
¡Gorda! ¡gorda!
Yo no sé lo que será,
serán sus manos o su forma de abrazar.
Si voy a su casa me recibe su mamá
Y sus hermanitos no me dejan platicar.

El título ya no dejaba lugar a dudas sobre de qué versaría
la anécdota narrada. En su tercera entrega con el mismo tema no
era necesario que los Rockin devils utilizaran eufemismos para
referirse a los cuerpos y personas a las que se descalificaría y
agrediría. No había posibilidad de equivocación: ser gordo era un
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atributo absolutamente negativo. En esta ocasión el narrador nos
dice que no hay razones lógicas para estar enamorado de una mujer
gorda, pues se intuye que poseer sobrepeso eliminaría cualquier
posibilidad de parecer atractivo e interesante para alguien. De
tal forma se impone que él busque en otras características (pelo,
manos, formas de mirar y abrazar) de su pareja las causas de su
atractivo. Además, si jugamos con la idea de que el dueño de la
voz que escuchamos es el mismo que en dos canciones no se había
cansado de agredir a una mujer justamente por estar gorda, es
comprensible que en esta tercera melodía sus amigos le pregunten
¿qué es lo que pasó?, para la cual él no tiene respuesta: “no sé qué
me dio”.
Tres éxitos, tres canciones gordofóbicas en unos cuantos
meses. A mediados de la década de los sesenta del siglo XX los
Rockin devils habían encontrado un filón que aprovecharon
al máximo con la complacencia y complicidad de la sociedad
que, lejos de ver algo extraño e inaceptable en el abuso y la
violencia perpetradas contra los personajes ahí retratados, hizo
suya esas razones para agredir a quienes ahora estaban fuera de
los estereotipos que habían empezado a imponerse sobre las
características corporales positivas de la gente. Esto, si bien fue
lamentable, es muy interesante para el tema acerca de la manera
en que la música constituye una más de las trincheras en las que
diariamente se desarrollan las batallas culturales por le hegemonía.
Casi diez años después de aquella versión en español
de “Matilda” y cuatro del trinomio recién revisado, en 1970 se
empezó a escuchar una cumbia que dio una vuelta de tuerca más
en la construcción del discurso discriminador contra aquellos
cuerpos “innaturales”: “La suegra”.
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Escrita por Elbert Moguel Díaz, quien fue el primero en
grabarla junto con su grupo “Los Strwck”, “La suegra” habría de
convertirse en un gran hit en la interpretación de Mike Laure, pero
fue con la versión de “Los Polivoces” -dúo de cómicos que en esa época
vivían sus momentos de mayor fama- con la que alcanzó altísimos
niveles de popularidad. Posteriormente también fue grabada por
múltiples bandas y cantantes como Chico Che, Luis Pérez Meza,
Los Dinners y, más recientemente, la Banda Machos, entre otros.
La canción eligió a una de las figuras parentales más
estereotipadas dentro de la cultural hegemónica para repetir sobre
ella los señalamientos y descalificaciones banales, entre los cuales
destaca nuevamente para efectos de este análisis, el ser gorda.
Por si eso fuera poco, la letra asciende un peldaño en la escala del
vituperio pues ya no se limita a hacer los señalamientos sobre el
volumen corporal de la protagonista, sino que agrega una serie de
características que, tomando como base los valores ideológicos
dominantes en la época, la hacían a todas luces digna de burla.
Así, al ser una vez más el objeto de la discriminación una mujer,
encontramos que las actividades y gustos que se le asignan para
ser exhibidos como características negativas refieren a acciones
que tradicionalmente han sido asignadas a los hombres y, peor
aún, a ciertas preferencias culturales y políticas estigmatizadas
en esos años.
La anécdota es igual de simple que en las cinco canciones
ya revisadas. En esta ocasión el énfasis se pone en la descripción
que el narrador hace a la policía sobre las características de su
madre política que se ha extraviado. Lo primero que él detalla es el
sobrepeso de la mujer para lo cual recurre al trillado y vulgar uso de
metáforas con referencias animalescas. De tal forma nos enteramos
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de que la señora tiene cuerpo de ballena y boca de hipopótamo,
referencias obvias a las majestuosas dimensiones corporales de
ambos especímenes. La enunciación de dichas características se
repite varias veces en los pocos minutos que dura la canción.
La suegra
Autor: Elbert Moguel Díaz
Señores tengo un problema
que no puedo resolver,
mi suegra se me ha perdido
y le llora mi mujer.
Avisé a la policía,
también a los periodistas,
que la busquen mar y tierra
algo le puede pasar.
Y esto me contestaron:
Sí le vamos a ayudar,
pero nos tiene que dar,
qué señas tiene su suegra
para poderla encontrar.
¿Han visto el cuerpo de una ballena? ¡Si!
Pues ni más ni menos,
¿y la boquita de un hipopótamo? ¡Si!
Pues ni más ni menos,
¿Han visto cómo mira una loca? ¿Si!
Pues ni más ni menos.
Sabe mecánica, sabe herrería,
levanta pesas, le gusta el box,
es comunista, es espiritista,
es media bruja, y le gusta el rock.

Rebasando el señalamiento de las características físicas,
la crítica a la suegra amplió el espectro de acciones disruptivas
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sobre los valores ideológicos imperantes. Al error sociocultural
de ser gorda ahora se sumaba que ella hacía algunas actividades
alejadas de las que se debiera realizar por su condición de género:
tener conocimientos de mecánica y de herrería, ejercitarse
levantando pesas y haber desarrollado el gusto por el boxeo (no
se aclara si lo practica o únicamente lo ve). Finalmente, también
se nos advierte que la mujer extraviada realiza tres actividades
a todas luces negativas para los valores morales imperantes: a)
practicar el espiritismo y la brujería, b) ser aficionada al rock y,
peor aún, c) ser de filiación política comunista.
Para 1970 la denostación contra los y las gordas había
dado un paso un paso más. Ahora ya no se remitía a tomar como
blanco el volumen de los cuerpos pues esa falta podía contar con
agravantes si al personaje se le cargaban algunos de los muchos
posibles factores sobre los cuales se tenía claramente definidos los
valores a seguir en gustos musicales, roles de género, posiciones
políticas, etc.
¿Y dónde quedaron las “Popotitos”?
Si bien es verdad que durante el período analizado la gordura se
constituyó como una razón discriminatoria contra las personas
que la padecieran, lo cual se vio reflejado en personajes de
canciones populares sumamente exitosas, también es cierto que
es posible encontrar melodías en las que la característica corporal
contraria -la extrema delgadez de los protagonistas- era el centro
del argumento. Fue el caso de “Popotitos” y “La larguirucha Sally”,
ambas interpretadas por los Teen Tops, y “La Flaca” de los Crazy
Boys. Todas covers grabados en el amanecer de la década de los
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sesenta. Sin embargo, el tratamiento dado a estas últimas es muy
distinto que el otorgado a las primeras.
Al revisar esas tres canciones confirmamos nuestra
hipótesis de que fue la gordura la particularidad que se destacaría
de forma negativa en la música de aquellos años ya que, si bien
en estas últimas la delgadez de los personajes constituye el
centro argumentativo, solo en una (“La flaca”) ese factor da pie
a un violento desahogo contra la protagonista, aunque, a pesar
del título de la canción, su flacura juega únicamente un papel
secundario frente a otro tipo de factores.
En la década de los sesenta del siglo pasado surgieron varias
canciones que usaron las características físicas de los personajes
como ejes de sus letras. Al analizarlas se evidencian ciertas
características que ayudan a construir el escenario ideológico
desde el cual se ejercería violencia contra aquellos cuerpos que no
se amoldaran a las nuevas normas estéticas que estaban empezando
a imponerse como baluartes únicos de belleza y la salud.
En las páginas iniciales ya aclaramos que nuestro
estudio no parte de una perspectiva analítica de género. Sin
embargo, además del asunto de la gordofobia, quizá el aspecto
más evidente del análisis fue identificar que en todas las
canciones analizadas son personajes femeninos los violentados,
acción ejecutada siempre a partir de una voz masculina que
asumía como su derecho legítimo la posibilidad de insultarlas
y agredirlas. ¿Qué nos dice esto? La respuesta es evidente, las
narrativas hegemónicas son de carácter patriarcal5 pues son los
5 Retomo la definición de patriarcado construida por Marcela Lagarde
(2014) “… es uno de los espacios históricos del poder masculino que encuentra
su asiento en las más diversas formaciones sociales y se conforma por varios
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hombres quienes se arrogan el derecho y la capacidad de opinar
y criticar los cuerpos de las mujeres, cuestión reforzada por las
industrias culturales, entre las que se cuenta la musical. Dicha
narrativa, al hegemonizarse, invisibiliza su componente político,
esto es, el ejercicio de dominio inherente y, al hacerlo, naturaliza
tales valores haciendo que sean asumidos por la generalidad de
la población sin importar su género. Ello explica que, a pesar
del contenido patriarcal de las canciones aquí analizadas, ellas
sean escuchadas, bailadas y cantadas tanto por mujeres como
hombres sin importar su carga política e ideológica.
Con ello se confirma los señalado por Edward Said en el
sentido de que:
… la música puede ser más, y no menos, interesante si entendemos la música como una actividad que tiene lugar, por así
decirlo, en un entorno cultural y social. (…) Basta pensar en la
estrecha relación entre música y privilegio social; o entre música y nación; o entre música y veneración religiosa, y la idea
quedará lo bastante clara. (Said, 2010, p.24.)

O entre música y patriarcado, podríamos agregar después
de escuchar las canciones que han aparecido en estas páginas.
Si bien la mayoría de las canciones que usan a la gordura
como motivo de crítica eligen a la mujer, los hombres no son
inmunes a sufrir discriminación gordofóbica, aunque - como ya
los señalamos- las formas en que se les muestra y enjuicia como
ejes de relaciones sociales y contenidos culturales. El patriarcado se caracteriza
por: i) El antagonismo genérico, aunado a la opresión de las mujeres y al
dominio de los hombres y de sus intereses, plasmados en relaciones y formas
sociales, en concepciones del mundo, normas y lenguajes, en instituciones, y
en determinadas opciones de vida para los protagonistas.”

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diferente, extraño y ajeno a la norma estética imperante, son muy
diferentes al caso de las mujeres. No está de más señalar que en el
período analizado no encontramos ejemplos de melodías que lo
ejemplifiquen.
El cambio de paradigma estético sobre los cuerpos
empezó en los años sesenta del siglo pasado y la música fue un
medio usado para consolidar y reforzar la idea de que todos
aquellos cuerpos que salieran de la nueva norma definida por la
delgadez y esbeltez habrían de ser señalados y discriminados.
El mensaje se adaptó a los distintos ritmos: rocanrol, cumbia,
calipso, etc., invisibilizándose y, dialécticamente, la sociedad
lo hizo suyo pues además de estar presente en la música fue
reforzado por los otros mecanismos ideológicos constructores
de hegemonía.

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Laboratorios virtuales para el aprendizaje de
genómica: su impacto cualitativo y su evaluación
formativa
Virtual laboratories for learning genomics: their
qualitative impact and formative evaluation
Yolanda Canónico González1
Lizette Berenice González Martínez2
Irma María Flores Alanís3

Resumen: La genómica es una rama de la biología que analiza el
material genético de un organismo, que contiene toda la información
necesaria para el crecimiento, la función y la reproducción; aunque
su estudio es de relevancia para la formación de estudiantes de
1 Facultad de Ciencias Biológicas, Universidad Autónoma de Nuevo
León. San Nicolás de los Garza, Nuevo León, México. Correo electrónico:
ycanonicog@uanl.edu.mx
2 Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Nuevo
León. San Nicolás de los Garza, Nuevo León, México. Correo electrónico:
lizette.gonzalezmr@uanl.edu.mx
3 Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Nuevo
León. San Nicolás de los Garza, Nuevo León, México. Correo electrónico:
irma.floresal@uanl.edu.mx

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�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

ciencia, los procesos educativos de enseñanza y aprendizaje pueden
verse obstruidos debido a lo abstracto y complejo de los contenidos
curriculares y a los altos costos de las prácticas de laboratorio.
Debido a que la tecnología puede influir positivamente en la educación,
se implementaron laboratorios virtuales como instrumentos formativos
de evaluación para analizar y valorar de manera efectiva el proceso
académico de los estudiantes.
Para esto se les aplicó una encuesta a los estudiantes para conocer el
impacto cualitativo de su aprendizaje, tomando en cuenta la calidad de
sus contenidos teóricos y el papel del docente durante la implementación
de los laboratorios. Los resultados muestran que el utilizar laboratorios
virtuales ayuda a fortalecer la integración, comprensión y estudio de los
conceptos y temas de genómica.
Palabras clave: Laboratorios virtuales, evaluación formativa, genómica,
Abstract: Genome is a branch of biology that analyzes the genetic
material of an organism, which contains all the information necessary
for growth, function and reproduction; although its study is relevant for
the training of science students, educational processes of teaching and
learning can be obstructed due to the abstract and complex curriculum
content and the high costs of laboratory practices.
Because technology can positively influence education, virtual
laboratories have been implemented as evaluation training tools to
effectively analyze and evaluate the academic process of students.
For this purpose, students were surveyed to know the qualitative impact
of their learning, taking into account the quality of their theoretical
content and the role of the teacher during the implementation of the
laboratories. The results show that the use of virtual laboratories helps
to strengthen the integration, understanding and study of genomics
concepts and themes.
Keywords: Virtual laboratories, formative evaluation, genomics.

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.114

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�Yolanda Canónico, Lizette González, Irma Flores / Laboratorios virtuales

Introducción
La vida tal como la conocemos está especificada por la información
genética contenida en el genoma, pues cada organismo en el planeta
posee un único genoma que contiene toda la información genética
necesaria para dar las instrucciones que permitan el desarrollo,
funcionamiento y reproducción de un organismo (Brown, 2023).
La mayoría de los genomas, incluido el del ser humano, así
como el de todas las demás formas de vida celular, están hechos
de ácido desoxirribonucleico (ADN), particularmente el ADN, se
encuentra organizado en dos largas cadenas entrelazadas entre
sí y organizado en estructuras compactas llamadas cromosomas.
Dentro de estas cadenas de información genómica encontramos a
los genes, que por definición son una secuencia de ADN específica
que va a codificar las proteínas necesarias para el mantenimiento,
la estructura y la función de las células o bien proteínas que
intervienen en algún metabolismo específico como, por ejemplo,
en la producción de hormonas.
A partir de la secuenciación de genoma humano en 2002
(García-Sancho et al., 2022) estudiar el genoma y sus funciones
se ha vuelto cada vez más popular, pues su enseñanza no se limita
a estudiar genómica bajo un paradigma estructural de secuencias
génicas presentes en el ADN; es indagar sobre la evolución de los
organismos mediante la caracterización de los genes, pues uno
de los principales objetivos es conocer acerca de los perfiles de
expresión génica y proteica, es decir bajo que circunstancias un
gen es expresado o delatado.
El término Genómica per ser es un término de moda
empleado para designar una serie de enfoques que utilizan este
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conocimiento obtenido del genoma, pues éste estudio ha tenido
un impacto significativo en otras ramas del saber cómo lo es
la medicina, agricultura, ganadería, entre otras, esto en parte
debido al análisis masivo de datos obtenidos de la secuenciación
de genomas de los diferentes organismos.
Por otra parte, las aplicaciones de la genómica se centran en
técnicas de diagnóstico molecular para identificar enfermedades
de origen genético como la anemia falciforme o el cáncer (Giacco,
2012).
A pesar de lo relevante que es el estudio de esta rama de
la biología, los procesos educativos de enseñanza y aprendizaje
pueden llegar a ser retadores, principalmente por lo abstracto
y complejo que son sus contenidos curriculares, sumado a lo
costoso que pueden llegar a ser las prácticas de laboratorio.
La pandemia del COVID-19, causada por el virus
SARS-Cov2, creó incertidumbre no solamente en materia
de salud, sino también en la educación, debido al cierre de
las instituciones educativas con la finalidad de prevenir la
trasmisión de la enfermedad (Radhamani et al., 2021). Ante
esto, la educación tuvo que ser remota o a distancia, por lo que
muchas escuelas optaron por el uso de plataformas en línea para
impartir sus clases y compartir recursos con los estudiantes.
Sin embargo, la educación a distancia no solamente evidenció
la brecha tecnológica en la sociedad, pues no toda la población
tuvo acceso a dispositivos móviles y/o a Internet (Fernández
y Fernández, 2022), sino que también evidenció la falta de
preparación o capacitación ante el uso de las tecnologías de la
información (TIC) por parte de los docentes (Viñals Blanco y
Cuenca Amigo, 2016).
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�Yolanda Canónico, Lizette González, Irma Flores / Laboratorios virtuales

La transición repentina del aprendizaje en aula al
aprendizaje en línea obligó a los maestros a digitalizar todos
sus contenidos, adaptar e inclusive innovar sus estrategias de
enseñanza, ya que durante la pandemia el rendimiento académico
de los estudiantes llegó a ser inestable por la falta de motivación
y compromiso hacia la incertidumbre con la que vivían a
consecuencia de la pandemia.
Bajo este escenario, el aprendizaje de la genómica, al igual
que el de otras disciplinas científicas, se volvió complicado debido
a la falta de laboratorios prácticos, pues parte fundamental del
proceso de aprendizaje para los estudiantes de ciencias formales
y/o naturales es la experimentación. Esto es debido principalmente
a que mediante la exploración del método científico el educando
adquiere no solo habilidades motrices y analíticas, sino además un
pensamiento crítico en base a la reflexión del aprendizaje conceptual
que es materializado a través del aprendizaje experimental.
Ante la imposibilidad de un laboratorio práctico de
genómica, aunado a lo abrumador que son sus contenidos y a la
falta de motivación por parte de los estudiantes, surge la propuesta
de emplear laboratorios virtuales como estrategia de evaluación
formativa para el aprendizaje de la genómica. Por lo tanto, el
objetivo del presente trabajo fue conocer el impacto cualitativo
en el aprendizaje de los estudiantes tras la implementación de
laboratorios virtuales como instrumentos de evaluación formativa.
Laboratorios virtuales como estrategia formativa
Un laboratorio virtual (LV) se define como un espacio de trabajo
digital para la colaboración y la experimentación que puede ser
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empleado de manera remota o no, y que simula un laboratorio
físico, lo que permite a los estudiantes realizar experimentos y
aprender de una manera segura e interactiva (Castiglione et al.,
2012).
El término de LV puede ser empleado de diferentes
maneras y la mayoría de las veces de forma imprecisa, por un
lado, tenemos las simulaciones virtuales que contienen ciertos
elementos experimentales, pero son utilizadas principalmente
como visualizaciones, con poca o nula interactividad entre el
usuario y el entorno virtual, mientras que un LV busca representar
los experimentos con la mayor fidelidad posible, mediante la
adquisición de habilidades prácticas y de indagación (Borgman
et al., 2008; Nedic, Machotka, y Nafalski, 2003).
Los LV pueden aplicarse en diversas ramas de las
ciencias, entre los que se destacan los laboratorios de ciencias
biológicas, químicas, físicas, ingeniería y control de procesos.
De acuerdo con Morales Castro et al., (2015), los laboratorios
virtuales son una herramienta complementaria que brinda apoyo
al docente, permitiendo innovar en la enseñanza tradicional, pero
es fundamental tener en cuenta que no pueden reemplazar por
completo los laboratorios físicos. Entre sus ventajas, destaca la
posibilidad de que los estudiantes repitan las prácticas cuando lo
deseen en un plazo razonable, sin interferir con la programación de
otros laboratorios. Esto contribuye a la formación de profesionales
de alta calidad con habilidades adecuadas a su perfil; además, el
uso de herramientas tecnológicas reduce la necesidad de contar
con un equipamiento físico extenso, dando la posibilidad de
trabajar en un ambiente de enseñanza e investigación protegido
y seguro.
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La idea general de incorporar LV en el proceso educativo
de las ciencias naturales es fomentar en los estudiantes la
adquisición de un pensamiento crítico necesario para realizar
las prácticas en el laboratorio real, ya que tiene la oportunidad
de repetir las prácticas virtuales tantas veces como el estudiante
lo considere necesario. Sin embargo, no todos los LV pueden
brindar esta habilidad, pues desafortunadamente los LV
disponibles para las ciencias biológicas son limitados, siendo
aún más escasos para asignaturas tan específicas como genómica
(Reyes et al., 2016).
Al elaborar las ideas constructivistas, Elliott et al., (2000)
afirmaron que el constructivismo es un enfoque de aprendizaje
que sostiene que los individuos construyen activamente su
propio conocimiento y que la realidad está determinada por
las experiencias del estudiante. Svein Sjoberg define las ideas
básicas del enfoque de aprendizaje constructivista, donde el
conocimiento no se recibe pasivamente desde el exterior, sino
que es construido activamente por el aprendiz (Sjoberg, 2007).
Por lo tanto, las simulaciones virtuales pueden proporcionar
un entorno de aprendizaje más complejo y realista que otras
estrategias educativas. También pueden simplificar conceptos
científicos complejos y hacerlos más comprensibles. Perkins
et al., (2005) y Sjoberg (2007) afirmaron que las simulaciones
científicas también respaldan enfoques constructivistas.
Finkelstein et al., (2006) indicaron que, el 90% de los
estudiantes estarán activamente involucrados en actividades de
aprendizaje para observar, realizar experimentos y concluir los
datos obtenidos; esto en simulaciones científicas como las PhET
Simulation.
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Una de las ventajas que se destaca tras el uso de entornos
digitales, es el diseño de un ambiente controlado que ofrece
un acompañamiento fundamental en el proceso cognitivo del
estudiante, pues mediante la simulación de experimentos y
prácticas de laboratorio es factible proporcionar una evaluación
formativa en tiempo real.
Evaluación formativa
El enfoque formativo del aprendizaje se orienta a recopilar
información que valora el avance de los aprendizajes de los
estudiantes, considerando a la retroalimentación como una
herramienta valiosa que permite la transformación de los saberes.
El término formativo fue introducido por Scriven (1967)
para referirse a los procedimientos utilizados por los profesores
con la finalidad de adaptar su proceso didáctico a los progresos y
necesidades de aprendizaje. Ya que en la evaluación formativa se
valoran los procesos y los logros que los estudiantes adquieren en
el proceso de construcción de su aprendizaje, así mismo el alumno
tiene la oportunidad de saber qué criterios se están evaluando en
su aprendizaje con el objetivo de fortalecerlo.
El decir que este tipo de evaluación utiliza la valoración
del proceso, significa que constantemente se revalora el mismo,
pues su función (entre otras) es la sistematización del proceso
educativo para adecuar o ajustar las prácticas pedagógicas como
lo son estrategias, técnicas, actividades, etc., con la finalidad de
lograr el aprendizaje esperado. Supone, consecuentemente, la
obtención rigurosa de datos a lo largo del proceso, de modo que en
todo momento se establezca la información de la situación actual
del proceso, que permita tomar decisiones de manera inmediata.
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La evaluación educativa es considerada un proceso
sistemático de recolección y análisis constante de revaloración,
pues su función (entre otras) es adecuar o ajustar las prácticas
pedagógicas como lo son estrategias, técnicas y actividades,
etc., con la finalidad de lograr el aprendizaje esperado. Supone,
consecuentemente, formular juicios de valor sobre objetos
educativos que orienten las decisiones y apoyen su mejoría;
determinando, por lo tanto, criterios que permitan orientar
las acciones para contribuir a elevar la calidad de la educación
(Espinoza Freire, 2022).
Bonvecchio y Maggioni (2006) establecen que la
evaluación formativa consiste en ir recabando información
sobre el proceso de enseñanza y que sus principales técnicas e
instrumentos son la observación y el análisis de las actividades de
formación (formativas) que realizan los estudiantes en el aula de
clases como trabajos prácticos de rutina.
Por lo anterior, la evaluación de actividades formativas
contrasta parte de la realidad del proceso educativo y mediantes
la revaloración de estos instrumentos se están obteniendo los
objetivos del aprendizaje.
En la actualidad, la evaluación formativa se considera
como una necesidad primordial para el desarrollo del logro de
las competencias en los estudiantes (Fraile et al., 2019); por lo
que es primordial repensar la forma en que se evalúa en entornos
virtuales ya que no solo se toman en consideración los resultados
numéricos (Andrade y Brookhart, 2019) sino cómo el estudiante
avanza a lo largo de su aprendizaje. En consecuencia, los docentes
asumen un compromiso para crecer en su praxis educativa
(García R. et. al., 2016).
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En este contexto de entornos virtuales, resulta clave
la evaluación formativa, pues gracias a ella se realiza una
evaluación pertinente con la intención de aportar una mejora en
el aprendizaje, y, a la vez brinda una información relevante que
retroalimenta al docente y al estudiante con la finalidad que se
adapte a los requerimientos del aprendizaje.
La evaluación formativa en entornos virtuales de aprendizaje
La incorporación de la tecnología a los procesos educativos, así
como los nuevos escenarios donde se incorpora la educación en
un entorno virtual, requiere de nuevos procesos de evaluación
que permitan de manera cualitativa y cuantitativa calificar las
habilidades y conocimientos que los estudiantes obtienen de
manera pertinente en su proceso de aprendizaje (Coll Salvador et
al., 2023; Villalaz &amp; Medina, 2020).
El uso de la tecnología dentro del contexto educativo y la
instrucción virtual fueron descritos mucho antes de la pandemia,
pero fueron popularizados a raíz de esta (Dhawan, 2020). Antes
del brote de COVID-19, la integración de un ambiente virtual
en el aula fue esencial para la evolución educativa; un punto a
considerar es cómo se da la interacción de maestros y alumnos
en un panorama mediado por tecnología (Joshi et al; 2020). Sin
embargo, siguen existiendo desafíos en los entornos virtuales,
como lo es el brindar experiencias de aprendizaje significativo
y lograr la integración de los conocimientos adquiridos para la
resolución de problemas en el mundo real (Singh, 2016).
Según Dorrego (2016), los entornos virtuales requieren
del uso de instrumentos de evaluación adecuados para recopilar
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información sobre el aprendizaje de los estudiantes, no solo para
proporcionarles un acompañamiento formativo continuo ligado a
un proceso de retroalimentación, sino además para que el docente
pueda reflexionar sobre sus métodos de enseñanza.
Ante los innovadores escenarios virtuales en la educación,
se ha vuelto cada vez más fundamental la alfabetización digital
en los docentes, pues emplear de manera eficaz los recursos
tecnológicos y digitales, incluidas las clases virtuales gratuitas,
mejorará el proceso de enseñanza y aprendizaje, logrando así un
aprendizaje significativo (Gutiérrez Porlon, 2014)
Por otra parte, algunas de las problemáticas educativas
que se desencadenaron durante la pandemia, fueron la falta de
interacción física con los docentes que ocasionó el abandono del
sistema educativo y/o la desconexión temporal en la clase virtual.
En este contexto, la evaluación se convirtió en un elemento
crucial, pues solo de esta manera se pudo reflexionar sobre el
proceso de aprendizaje estudiantil (Deroncele et al., 2020).
Sin embargo, durante este periodo, donde fue de carácter
obligatorio la educación no presencial y virtual, el proceso de
evaluación se volvió desafiante, pues implicó un gran compromiso
por parte del maestro, ya que se vio en la necesidad de desarrollar
estrategias didácticas que le brindaran información real sobre el
aprendizaje de los estudiantes y lo suficientemente motivadoras
para su realización (Moreno, 2016; Medina &amp; Deroncele, 2019b).
Por lo tanto, la evaluación formativa durante la educación
virtual es esencial para maestros y educandos; en los últimos,
la evaluación se vuelve un guía motivacional que mediante la
comprensión de su proceso cognitivo traza el cumplimiento de
sus objetivos de aprendizaje.
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Metodología
Este trabajo se enmarca en la investigación cualitativa con alcance
descriptivo ya que se recolectaron e interpretaron los datos
obtenidos a través de encuestas realizadas a los estudiantes.
Para Denzin y Lincon (2011) la metodología cualitativa
es una actividad situada, que ubica al observador en el mundo
y consiste en una serie de prácticas materiales e interpretativas
que hacen visible el mundo y lo transforman. Así mismo, se
busca describir el fenómeno estudiado y sus componentes para
comprender las experiencias de los estudiantes con relación a la
experiencia generada, y para describir cómo fue la experiencia
del uso de los laboratorios virtuales y su evaluación.
Población y muestra
Esta investigación se centró en los estudiantes que llevaron
la materia de Genómica funcional, unidad de aprendizaje que
se imparte en la Licenciatura de Biotecnología Genómica de la
Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Autónoma de
Nuevo León durante el semestre agosto-diciembre 2021 donde se
trabajó con una población estudiantil de 99 estudiantes de entre
19 y 23 años de edad distribuidos en 3 grupos no homogéneos. Es
importante señalar que en este semestre (agosto-diciembre 2021)
las clases eran sesiones virtuales, impartidas en la modalidad en
línea a consecuencia de la pandemia de COVID-19; así mismo
este estudio se extendió hasta el semestre enero-junio 2022, en el
cual los estudiantes regresaron a las aulas físicas por disposición
del gobierno y de la secretaria de salud en Nuevo León, México.
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Durante este período de 6 meses se trabajó con una población
estudiantil de 102 estudiantes distribuidos de igual manera en 3
grupos no homogéneos.
Dimensión de la
categoría

Preguntas

P1. Utilizar los laboratorios virtuales me
ayuda a integrar mejor los conceptos.
P2. Utilizar Laboratorios virtuales mejora
la comprensión de los temas vistos en clase.
Calidad del
P3. Utilizar Laboratorios virtuales facilita el
contenido teórico
estudio de los temas vistos en clase.
P4. Utilizar laboratorios virtuales me motiva a tener una mayor participación en mis
estudios.
Rol del docente
durante la
evaluación
formativa

P5 Mi profesor estuvo comprometido con la
implementación de los laboratorios virtuales.
P6. Mi profesor dio retroalimentación tras
la aplicación de los laboratorios virtuales.

Se trabajó con ambos semestres para poder comparar
su implementación en ambos escenarios y conocer su impacto
cualitativo en el aprendizaje de los estudiantes tras el uso de los
entornos virtuales como instrumentos de evaluación formativa;
para lograr esto se recolectaron tres encuestas realizadas en tres
diferentes etapas: etapa 1 (E1), etapa 2 (E2) y etapa 3 (E3) de
ambos semestres. La encuesta incluyó las siguientes preguntas
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�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

(Tabla 1), donde los participantes respondieron entre las
opciones: Totalmente de acuerdo, de acuerdo, neutral, desacuerdo
y totalmente en desacuerdo, siguiendo así la escala de Likert.
Tabla 1. Análisis de la encuesta realizada a estudiantes.
Las preguntas abordadas a los participantes se dividieron en dos
categorías: la primera describe la calidad de los contenidos y su
relación a la comprensión conceptual, mientras que la segunda
parte muestra el papel del docente durante la implementación de
los laboratorios.
Resultados y discusión
La tecnología puede tener un impacto favorable en la
retroalimentación y evaluación, por lo que el empleo de los LV
buscó ofrecer a los docentes de genómica herramientas y recursos
para analizar y evaluar de manera eficiente el proceso académico
de los estudiantes, por su parte los estudiantes al trabajar con los
LV y recibir esta retroalimentación pudieron ser conscientes de su
propio aprendizaje, como se muestran en las siguientes gráficas.

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Figura 1. Resultados obtenidos durante los dos semestres estudiados de la
pregunta: Utilizar los laboratorios virtuales me ayuda a integrar mejor los
conceptos y la comparación entre los semestres.

El análisis de algunos temas y conceptos propios de la
genómica tales como la expresión y/o silenciamiento génico así
como síntesis de proteínas pueden ser considerados abstractos
para los estudiantes, razón por la que se implementaron
laboratorios virtuales que ayudaran a integrar los conceptos
para así facilitar la comprensión de los mismos, en la figura
1 se muestran las gráficas obtenidas de los semestres agostodiciembre 2021 y enero-julio 2022 en donde la mayoría de
los estudiantes de ambos semestres señalaron que el utilizar
los laboratorios virtuales les ayudaron a integrar mejor los
conceptos de la clase. Udin et al., (2020) menciona que el uso
de los laboratorios virtuales en el aprendizaje de la biología,
especialmente en la educación superior, necesita ser revisado
debido a las características de sus contenidos, así como función
y eficiencia para evaluar.
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El aprendizaje conceptual implica la comprensión
profunda de conceptos y principios fundamentales necesarios
para cualquier materia y/o disciplina determinada. Al incorporar
un análisis más profundo durante las actividades formativas, se
promueve un entendimiento sólido de los temas, contribuyendo
por lo tanto a la construcción de un conocimiento significativo
que pueda ser aplicado en diferentes contextos de la disciplina.
Por su parte, Aydın et al., (2016) mencionan que la
importancia del conocimiento en la era tecnológica en la que
vivimos está aumentando y, en consecuencia, la comprensión
del concepto de “conocimiento” y “ciencia” está cambiando, pues
el aprendizaje debe ir hacia la construcción de la información
antigua y nueva en la mente de los estudiantes, dando sentido a
los conceptos y operaciones pertinentes, para lograr la creación
de conexiones.
Achuthan et al., (2017) reflexionó acerca de la educación
que ocurre dentro del laboratorio tradicional de ciencias,
percibiendo que a menudo ocurren limitaciones por los recursos
que pueden comprometer los objetivos de aprendizaje, por lo que
en ocasiones la evaluación del aprendizaje conceptual puede verse
afectada, ante esta situación se analizó el empleo de laboratorios
virtuales antes de la realización de laboratorios convencionales,
lo que mejora significativamente el aprendizaje conceptual a
diferencia de aquellos laboratorios que no tenían un entorno.
En nuestro caso, debido a la naturaleza de la asignatura
de genómica no se lleva un laboratorio tradicional por los altos
costos de sus materiales, sin embargo, emplear los LV como una
actividad didáctica como lo fue el caso del semestre enero-julio
2022, nos ayudó a la integración de los conceptos y a darle una
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cara a la teoría mejorando la comprensión de los temas (figura 2),
que fueron facilitados por el uso de LV.

Figura 2. Resultados obtenidos durante los dos semestres estudiados de la
pregunta: Utilizar laboratorios virtuales mejora la comprensión de los temas
vistos en clase.

La integración de los conceptos y por consiguiente
la comprensión de los temas mejoraron bajo la perspectiva
estudiantil durante el estudio, tal como se observa en las gráficas.
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Ya que los resultados muestran que durante el semestre agostodiciembre del 2021 en el cual se seguía con clases en línea
debido a la pandemia la mayoría de los estudiantes manifestó
estar totalmente de acuerdo que el utilizar los LV mejoraba
la comprensión de los temas vistos en clase mientras que en
el siguiente semestre durante la primera etapa el 40% de los
encuestados estuvo de acuerdo con esta pregunta la cual durante
la segunda etapa de la implementación de los mismos LV,
estuvieron totalmente de acuerdo.
Esto indica que el uso de los LV mejora la comprensión de los
temas, facilitando así la absorción de conceptos de genómica. Para
cumplir con los objetivos de aprendizaje establecidos y fortalecer
los LV como actividad formativa, es relevante revisar los contenidos
del mismo, así como sus plataformas y/o recursos disponibles.
El tipo de contenido que se puede incluir en los LV puede
variar desde videos, simulaciones interactivas hasta experimentos
virtuales, sin embargo, nosotros nos limitamos solamente a
implementar los contenidos disponibles en la red previamente
analizados para que se alinearan a nuestro plan de estudios y por
ende a nuestros objetivos de aprendizaje.
Para valorar esto, nos enfocamos en la integración del
aprendizaje conceptual, incluyéndose preguntas en las encuestas
para conocer si los recursos de aprendizaje virtual resultaban
útiles en la adquisición y comprensión de los conceptos necesarios
para el perfil de egreso de los estudiantes.
Esta pregunta nos proporciona información sobre cómo
la mayoría de los estudiantes está de acuerdo con el impacto de
los LV sobre la comprensión de temas y conceptos propios de la
materia, facilitando sus estudios (figura 3).
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Figura 3. Resultados obtenidos durante los dos semestres estudiados de la
pregunta: Utilizar laboratorios virtuales facilita el estudio de los temas vistos
en clase.

Diaz Barriga (2002) menciona que la importancia
del conocimiento conceptual es la construcción a partir del
aprendizaje de conceptos, principios y explicaciones, los cuales
deben abstraer su significado esencial y no el literal, identificando
así las características definitorias. Pues el aprendizaje conceptual
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�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

ocurre tras una asimilación sobre el significado de la información
nueva, comprendiéndose lo que se está aprendiendo, de tal
manera observamos que los estudiantes están materializando
estos conceptos mediante la explicación, experimentación y
asimilación del uso de los LV.

Figura 4. Resultados obtenidos durante los dos semestres estudiados de
la pregunta: Utilizar laboratorios virtuales me motiva a tener una mayor
participación en mis estudios.
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Una de las estrategias por las que los docentes optaron al
utilizar los LV durante la pandemia, era incorporarlos después
de haber visto el tema y repetirlos como actividades de repaso
previas a las evaluaciones sumativas, esto con el objetivo de
usarlos como método de estudio que ayudara a sus alumnos
a estar preparados frente a los exámenes. Esto, como se puede
observar en las gráficas, facilitó no solo la comprensión, como
vimos anteriormente, sino el estudio de los temas.
Quitian Cruz (2021) plantea que los laboratorios virtuales
sirven de complemento didáctico, que el estudiante puede
utilizar de manera indiscriminada para la construcción de su
conocimiento. El trabajar con LV da la oportunidad a los alumnos
de hacerlo a su propio ritmo y las veces que sea necesario, lo que
puede ayudar a obtener una perspectiva más amplia del concepto
y consolidar su aprendizaje.
Los efectos motivacionales de los laboratorios virtuales
rara vez han sido objeto de investigación. Sin embargo, Bonde et
al. (2014) incluyeron este aspecto en un estudio de laboratorios
virtuales y afirmaron efectos motivacionales positivos.
Para Martínez &amp; Meleán (2012), el concepto adquiere
sentido para el estudiante en la medida que esté interesado
en su aprendizaje, es decir, se sienta y se mantenga motivado.
En varias investigaciones realizadas en este nivel educativo
se señala que los estudiantes no sólo presentan numerosas
carencias motivacionales y estratégicas al llegar a la universidad
(Hernández, 2005; Roces et. al., 1995), sino que continúan
arrastrando estas deficiencias a lo largo de toda la carrera.
El hecho de que los estudiantes se creen eficaces y con
control de su aprendizaje es positivo durante el proceso, ya que
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entonces es más probable que pongan en acción las estrategias
adecuadas para conseguir los resultados deseados (García y
Pintrich, 2023).
La autoeficacia está relacionada con el componente de la
expectativa de la Teoría de la Expectativa-Valor. La autoeficacia
es la percepción de una persona de su propia capacidad para
realizar una tarea (Doménech-Betoret et al., 2017; Bandura 1993).
La autoeficacia también se correlaciona positivamente con la
motivación para participar en actividades de aprendizaje.
Razón por la que al menos durante la pandemia arriba
del 45% en la etapa 1 y arriba del 60% de los estudiantes en la
etapa 2 y 3 dijeron que el utilizar laboratorios virtuales les motiva
a tener una mayor participación en mis estudios, y aunque
podemos inferir que esto se debe a la interactividad de algunas
de las actividades, gran parte de esta motivación es debido al
acompañamiento por parte del docente.
El papel del maestro es crítico y fundamental durante
la realización de actividades formativas, pues el docente actúa
como un facilitador del aprendizaje, guiando a los estudiantes en
la adquisición de conocimientos y habilidades.
Henríquez-Coronel et al., (2022). Menciona que el rol de
los docentes universitarios va más allá de ser un simple transmisor
de contenidos para convertirse en un facilitador o mediador y que
su papel se ve potencializado al trabajar en entornos virtuales de
aprendizaje significativos, ya que estos son capaces de generar
diferentes tipos de conocimiento, habilidades y destrezas
orientadas a optimizar el uso y aplicación del conocimiento y la
información necesaria para una efectiva integración y adaptación a
un mundo global. Sin embargo, para poder implementar entornos
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virtuales, el docente debe de ser capacitado para desarrollar,
implementar y evaluar el diseño instruccional de un curso con
modalidad en línea o combinada (Relpe, 2011).

Figura 5. Resultados obtenidos durante los dos semestres estudiados de la
pregunta: Mi profesor estuvo comprometido con la implementación de los
laboratorios virtuales.

En la figura 5 se muestra la percepción estudiantil
ante la pregunta “Mi profesor estuvo comprometido con la
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implementación de los laboratorios virtuales” en la cual podemos
observar que durante la pandemia los estudiantes mostraron
sentirse acompañados en el proceso, misma opinión que se
presentó en un semestre posterior, aunque con la diferencia de
una percepción neutral, sobre todo en la etapa 1.
En un estudio acerca de la motivación y el estrés generados
durante la pandemia realizado por Salinas Padilla et al., (2022)
se menciona que la motivación en el proceso de aprendizaje es
esencial para un buen desempeño y la situación emocional del
estudiante, cuyo rol del docente establecido como facilitador del
proceso es un elemento determinante en las emociones que se
gestan en el estudiante, y que llegan a ser consecuentes con su
permanencia o deserción escolar.
En este sentido, el maestro desempeña un papel
fundamental en la motivación y el compromiso de los estudiantes,
sobre todo al diseñar y fomentar actividades formativas
interesantes y relevantes, ya que el maestro puede despertar
el interés de los estudiantes y fomentar su participación en su
proceso de aprendizaje.
La evaluación, por su parte, en un entorno virtual debe realizarse orientándose al desarrollo de un pensamiento crítico y resolución de problemas; por lo que deberá realizarse en fusión de los
métodos utilizados en el aula virtual, siguiendo las siguientes directrices: Diagnóstico de situación, evaluación del proceso, retroalimentación y valoración final (Henríquez-Coronel et al., 2022).
Esto último es esencial ya que, mediante la
retroalimentación constructiva y la evaluación periódica, el
maestro puede identificar las áreas en las que los estudiantes
necesitan mejorar.
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Figura 6. Resultados obtenidos durante los dos semestres estudiados de la
pregunta: Mi profesor estuvo comprometido con la implementación de los
laboratorios virtuales.

En la figura 6 se observa la opinión sobre la retroalimentación dada por los docentes en ambos semestres. Siendo la retroalimentación esencial en cualquier proceso educativo, así como
en cualquier entorno, específicamente en un LV es especialmente importante ya que esto le da a los estudiantes la oportunidad
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de recibir comentarios para identificar sus errores y mejorar la
comprensión de los conceptos; pues al poder reflexionar sobre lo
que hicieron bien y mal, podría ayudar a desarrollar habilidades
críticas de pensamiento y resolución de problemas al entender a
profundidad la naturaleza del proceso experimental.
Conclusión
En el presente trabajo se analizó el impacto cualitativo tras
la implementación de laboratorios virtuales como estrategia
formativa de evaluación para el aprendizaje de la genómica,
los cuales son una estrategia didáctica que busca mejorar el
aprendizaje conceptual de los estudiantes.
En la encuesta aplicada se detectó que los estudiantes
consideran a los laboratorios virtuales como actividades formativas que les ayudan a la integración, comprensión y estudios de
los conceptos y temas propios de la genómica, además de motivarlos para tener una mejor participación en sus estudios, esto en
un contexto académico tanto virtual como presencial, pues el incorporar entornos virtuales en la educación ha impulsado nuevas
estrategias de enseñanza que buscan fortalecer el aprendizaje.
Los laboratorios virtuales ofrecen a los estudiantes
la oportunidad de experimentar y aplicar sus conocimientos
teóricos, simulando un laboratorio tradicional de genómica. Esta
experiencia práctica virtual permite a los alumnos consolidar su
comprensión conceptual al enfrentarse a desafíos y problemas
reales de la disciplina.
La implementación de laboratorios virtuales para el
aprendizaje de la genómica se ha revelado como una herramienta
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�Yolanda Canónico, Lizette González, Irma Flores / Laboratorios virtuales

didáctica de gran valor que busca fortalecer la comprensión
conceptual en esta disciplina. Sin embargo, es importante
destacar que el éxito de estos entornos virtuales en nuestra
investigación no se debe únicamente a la tecnología en sí, sino
que gran parte del mérito recae en la labor del cuerpo docente.
En este sentido, el proceso de evaluación formativa adquiere un
papel fundamental, ya que se lleva a cabo con el acompañamiento
y la retroalimentación proporcionada por los profesores.
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�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

Prácticas profesionales y su importancia en la
formación universitaria: Caso de estudiantes de la
licenciatura en educación
Professional practices and their importance in
university education: Case of students of education
Iris Yadhira Cruz Jaime1
José Luis Cisneros Arellano2
Angélica Vences Esparza3
Resumen: El presente estudio se centra en describir la importancia
de las prácticas profesionales durante la formación universitaria como
espacio para avanzar en las experiencias de la disciplina y consolidar
competencias para el desempeño profesional. Para la investigación
participaron estudiantes de la Licenciatura en Educación de la Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Esta
investigación es de corte cualitativo de tipo descriptivo, explicativo
y como técnica de recolección de datos se utilizó la entrevista
1 Universidad Autónoma de Nuevo León. San Nicolás de los Garza,
Nuevo León. México. iris.cruzj@uanl.edu.mx
2 Universidad Autónoma de Nuevo León. San Nicolás de los Garza ,
Nuevo León, México. jose.cisnerosarl@uanl.edu.mx
3 Universidad Autónoma de Nuevo León. San Nicolás de los Garza ,
Nuevo León, México. angelica.vencesesp@uanl.edu.mx

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�Iris Cruz, José Luis Cisneros y Angélica Vences / Prácticas profesionales

semiestructurada. Los resultados muestran que las y los estudiantes
consideran y son conscientes del impacto positivo de haber realizado
prácticas profesionales durante su formación universitaria ya que éstas,
los llevan a una reflexión sobre la acción como futuros profesionistas
en las áreas de educación y aseguran fortalecer y/o desarrollar las
competencias que les facilitará su incorporación al ámbito laboral.
Palabras clave: prácticas profesionales, formación universitaria,
competencias, desempeño profesional y ámbito laboral.
Abstract: The present study focuses on describing the importance of
professional practices during university training as a space to advance
the experiences of the discipline and consolidate competencies for
professional performance. Students from of Education of the Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León
participated in the research. This research is qualitative, descriptive
and explanatory, and the group interview was used as a data collection
technique. The results show that the students consider and are aware
of the positive impact of having carried out professional internships
during their university training since they are there, leading them to
reflect on action as future professionals in the areas of education and
ensure strengthening and/or develop the skills that will facilitate their
incorporation into the workplace.
Keywords: professional practices, university
professional performance and work environment.

152

training,

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.149

skills,

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

Introducción
La finalidad de las prácticas profesionales es conectar la teoría
y la acción con la realidad, tanto social como laboral, y permitir
al estudiantado identificar y descubrir los requerimientos
laborales actuales en los distintos sectores profesionales a
los que pueden optar, mientras cursan la licenciatura en la
universidad. Las prácticas profesionales se pueden considerar
como actividades formativas, académicas y profesionales que
ayudan a la creación de vínculos con diferentes instituciones,
organizaciones o empresas. Vivir la experiencia de las prácticas
profesionales durante el estudio de la carrera universitaria
brinda beneficios al estudiantado, uno de estos beneficios es en
el proceso continuo con su aprendizaje y que les ayuda en el
fortalecimiento o desarrollo de habilidades que son parte de las
competencias para un área disciplinar. Con lo anterior se puede
considerar que las prácticas profesionales son un complemento
durante su formación.
En el modelo educativo de la Universidad Autónoma de
Nuevo León (2022) se plantea que las prácticas profesionales
son reconocidas por la institución como parte importante de la
formación profesional, ya que representan un acercamiento del
estudiante al ámbito laboral y permiten el perfeccionamiento de
competencias generales y específicas propias de la disciplina.
Por su parte, De La Vega y Arakaki (2011), establecen
que, las prácticas profesionales desempeñan un papel crucial en
la preparación de los estudiantes de educación superior, ya que
salvan la distancia entre el aprendizaje en el aula, la experiencia
en el mundo real y la incorporación al mundo laboral. Lo cual
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.149

153

�Iris Cruz, José Luis Cisneros y Angélica Vences / Prácticas profesionales

da a entender que dan un acercamiento al próximo desempeño
profesional que tendrán los estudiantes al momento de egresar.
Por otra parte, Hevia (2009), asume que identificando a las
prácticas profesionales como espacios en los cuales se promueven
la síntesis y reorganización de todos los conocimientos teóricos
que posee el alumno, haciéndolos realmente significativos porque
los enfrenta con el hacer propio y el de otros; esta reflexión
propiciada desde penetración en contextos profesionales reales,
supone una oportunidad para que los estudiantes interactúen
como profesionales y sean capaces de saber hacer. Con lo anterior
se considera que las prácticas profesionales, con las funciones que
se desempeñan en ellas y la reflexión que se hace sobre la acción,
difieren sustancialmente de otros contextos en donde también
se realizan, otros tipos de prácticas; de ahí la importancia del
contexto en el que se realizan las actividades de las prácticas
profesionales y se produce el aprendizaje.
Es por lo anterior que en esta investigación se describe las
impresiones valorativas de las y los estudiantes de la licenciatura
en educación sobre la importancia de las prácticas profesionales
durante la formación universitaria, y como un espacio para
construir las experiencias de la disciplina, consolidando con ellos
las competencias para su desempeño profesional.
Este documento está compuesto por varias secciones
metodológicas como los antecedentes, el objeto de estudio, el
marco teórico, los resultados previos y conclusiones preliminares;
todo esto con la finalidad de analizar el valor y la importancia
que las y los estudiantes les dan a las prácticas profesionales
realizadas durante su formación y el beneficio que han obtenido
para su próximo desempeño como profesionistas.
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�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

1. Antecedentes
1.1 Las prácticas profesionales en el modelo educativo de la Universidad
Autónoma de Nuevo León (UANL)
Para contextualizar la forma en que se ejecutan y llevan a cabo
durante los estudios de licenciatura las prácticas profesionales,
es importante considerar la estructura en el modelo educativo,
para ello tómese nota de la siguiente declaración.
En el Modelo Educativo se delinean las formas de trabajo -ejes
rectores- que deben ser incorporadas a la tarea educativa cotidiana, para facilitar la comprensión y definir el alcance de los compromisos de los diversos actores en la Institución. Es en el Modelo Académico donde se establecen los mecanismos para orientar
la planeación, operación y evaluación del Modelo Educativo, lo
que hace necesario que desde el diseño curricular se incorporen
las estrategias, las acciones y los contenidos que permitan cumplir con lo que plantea dicho modelo. (UANL, 2022, p. 10)

A partir de aquí, la Universidad Autónoma de Nuevo
León (2022) establece tres ejes rectores en el modelo educativo:
el eje estructurador, el eje operativo y el eje transversal. El eje
estructurador indica que la educación se centra en el aprendizaje
y las competencias; este constituye, por tanto, el primer aspecto
de relevancia que deberá plantearse a continuación.
La educación basa en competencias es definida por la
UANL (2022) como una educación integral que incluye áreas
cognitivas, afectivas y motoras que se desarrollan en el estudiante,
conocimientos, habilidades y valores que exigen su aplicación en
contextos reales y más próximos a su práctica profesional. Para
ello se cuenta con el servicio social y prácticas profesionales
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.149

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�Iris Cruz, José Luis Cisneros y Angélica Vences / Prácticas profesionales

como mecanismo académico de apoyo e impulso. En este sentido,
la estructura curricular del modelo académico de la UANL para
programas de licenciatura está compuesto por:
Dos ciclos y por áreas curriculares, entre las que destacan, para
el primer ciclo el área curricular de formación inicial (ACFI), que
se divide en tres: general (ACFI-G), disciplinar (ACFI-D) y de
introducción de la profesión (ACFI-IP), para el segundo ciclo
comprende el área curricular de formación básica (ACFB) y el área
curricular de formación profesional (ACFP), esta última se divide
en: fundamental (ACFP-F) e integradora (ACFP-I). Estas áreas
curriculares se componen de unidades de aprendizaje obligatorias y optativas. (UANL, 2022, p.29)

Partiendo de lo anterior y como lo tiene establecido el
modelo académico de la Universidad Autónoma de Nuevo León
en su estructura curricular, área curricular de formación inicial, el área
curricular de formación básica y el área curricular de formación profesional,
siendo en ésta última área en la división correspondiente al área
de formación profesional integradora en donde se establece como
propósito vincular a los estudiantes a los contextos reales de la
profesión, y entre ellos, se destacan las prácticas profesionales.
En el caso de los estudiantes de la licenciatura en educación
de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de
Nuevo León, los estudiantes en noveno semestre pueden considerar
de manera voluntaria la realización de prácticas profesionales; sin
embargo, no son obligatorias, sino de elección en función de las
decisiones de las y los estudiantes. Esto no significa que no cuenten
con espacios y contextos reales para aplicar el conocimiento y
llevar a la práctica la profesión, ya que cuentan con otros espacios
como el servicio social, estancias de investigación, entre otros.
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�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

Algunas investigaciones previas sobre este tema permiten
dar mayor profundidad al problema, al tiempo que visualizan
aquellas áreas de oportunidad. Estos estudios, además, permiten
inferir la importancia de las prácticas profesionales y su
impacto durante la formación y el desarrollo de competencias
de los programas educativos, por ejemplo, los siguientes. En una
investigación realizada en la Universidad del Zulia, Las Prácticas
Profesionales como Potenciadoras del Perfil de Egreso. Caso:
Escuela de Bibliotecología y Archivología de La Universidad
del Zulia. (Peña , Castellano , Díaz , &amp; Padrón , 2016), se
realizó una investigación de tipo exploración documental de
distintos postulados en materia curricular y educativa con dos
objetivos establecidos, el primero, analizar la contribución
de esta área curricular en la consolidación del perfil de egreso
del bibliotecólogo y archivólogo de la Universidad del Zulia
y el segundo, identificar las fases que deben cumplirse para el
adecuado desarrollo de las prácticas profesionales, así como sus
dimensiones. Las autoras concluyen que el perfil de los egresados
en esta área del conocimiento resulta altamente fortalecido con la
estructura actual de prácticas profesionales, porque propician las
vivencias que cimentan conocimientos, habilidades, destrezas y
actitudes necesarias para el futuro desempeño (Peña, Castellano,
Díaz, &amp; Padrón, 2016).
Un segundo estudio analizado fue el de la influencia de
las prácticas profesionales de los estudiantes de educación social
(García Vargas, González Fernández, &amp; Martín Cuadrado, 2016),
Influencia de las prácticas en el desarrollo de la identidad profesional de los
estudiantes de educación social, en este estudio de tipo descriptivo
y con una metodología mixta, integra la recopilación de sus
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157

�Iris Cruz, José Luis Cisneros y Angélica Vences / Prácticas profesionales

datos desde enfoques cuantitativos y cualitativos, lo hace por
medio de encuestas, entrevistas, grupos de discusión y debates.
En todo ello su objetivo principal fue conocer la influencia que
la asignatura de Prácticas profesionales III provoca en la identidad
profesional de los estudiantes del grado en educación social de
la UNED. Los autores concluyen que dicha asignatura es una
variable importante que influye en el desarrollo de la identidad
profesional de los futuros educadores sociales (García Vargas,
González Fernández, &amp; Martín Cuadrado, 2016).
La tercera investigación considerada para la revisión de
antecedentes es realizada en la Universidad Autónoma de Yucatán,
México con el título, Contribución de las prácticas profesionales
en la formación de los estudiantes de la Facultad de Ingeniería
Química de la Universidad Autónoma de Yucatán (Chan-Pavon,
Mena-Romero, Escalante-Euán, &amp; Rodríguez-Martínez, 2018).
En esta investigación se estableció como objetivo identificar la
contribución de las prácticas profesionales en la formación de los
estudiantes de la Facultad de Ingeniería Química, el estudio de
tipo descriptivo y exploratorio, investigación no experimental de
diseño transversal y el instrumento utilizado fue una encuesta. Los
investigadores obtuvieron como conclusión que los alumnos están
conscientes de la importancia de las prácticas profesionales en su
formación profesional y las realizan principalmente motivados
por aprender conocimientos del mundo laboral, el valor curricular
y para adquirir experiencia profesional (Chan-Pavon, MenaRomero, Escalante-Euán, &amp; Rodríguez-Martínez, 2018).
Con los estudios de las tres investigaciones anteriores
se logran aportaciones sobre lo siguiente: la contribución de las
prácticas profesionales en la consolidación del perfil de egreso,
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�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

las tendencias en investigación sobre las prácticas profesionales
para contribuir al debate académico con relación a los problemas
relevantes y actuales asociados a su desarrollo y como estrategia
para la inserción laboral, y la satisfacción de los estudiantes en la
realización de las prácticas profesionales.
2. Marco teórico
2.1 Competencias
Es este apartado se presentan algunos conceptos claves y la
postura teórica para las prácticas profesionales durante la
formación universitaria; de ello se destaca que las competencias
que desarrollan las y los estudiantes durante su formación
es el quehacer específico de su profesión; es decir, aquello
correspondiente a su disciplina y ejercicio práctico. Pero
es durante esto último cuando se identifica si realmente se
adquirieron o no. Para Lévy-Leboyer (2000), existen tres formas
de desarrollar las competencias: en la formación previa antes de la
vida activa; a través de cursos de formación durante la vida activa
y, por el ejercicio mismo de una actividad profesional.
Por otra parte, Delgado (2018), enfatiza que la formación
académica no solo debe apuntar al desarrollo de competencias
intelectuales-cognitivas, sino también a competencias socioafectivas y éticas, las cuales involucran valores, sentimientos y emociones, actitudes y pautas de acción.
2.2 Prácticas profesionales
Rodicio García &amp; Iglesias Cortizas (2011) plantean, en torno
a la noción de prácticas profesionales, que una de las grandes
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159

�Iris Cruz, José Luis Cisneros y Angélica Vences / Prácticas profesionales

oportunidades que ofrece éstas es que aproxima, de forma global
e interdisciplinaria, a los problemas del quehacer profesional al
estudiante, lo cual es contrario a lo que en repetidas ocasiones
refieren, por parte en sus asignaturas teóricas, los estudiantes,
por ejemplo: la fragmentación y la descontextualización de los
conocimientos en el ámbito universitario. Aquí se ha argumentado
que la práctica profesional es una experiencia formativa crucial
que influye enormemente en la integración de los sujetos con la
realidad.
Las prácticas profesionales en diferentes contextos
correspondientes a su disciplina proporcionan al estudiantado
la oportunidad de vivir situaciones que los lleven a la reflexión
y análisis, para ello se toma en cuenta la definición de Caparros
(2015), quien también, indica que la experiencia de la práctica
profesional es para muchos jóvenes una fuente de inspiración que
permite estructurar el futuro laboral, pues es aquí en donde las
personas descubren sus habilidades y competencias.
En otro estudio (Montoya Díaz, 2019) se concluye que
las prácticas profesionales son muy útiles, ya que son el conjunto
de actividades formativas relacionadas con el trabajo que un
estudiante universitario realiza en una organización en el sector
público, social y privado, para consolidar las competencias
adquiridas en el aula.
2.3 Teoría de las representaciones sociales
Para comprender los significados y perspectivas que los estudiantes
crean sobre el significado de las prácticas profesionales en su
formación, es necesario tener en cuenta las representaciones
160

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sociales. En este contexto, nos referimos al planteamiento empleado
por María Demaria Sciurano (2006), quien afirma que las prácticas
individualistas arraigadas en las instituciones educativas son
una manifestación íntimamente asociada al vocabulario escolar
tradicional. Con ello se puede considerar la importancia de que las
y los estudiantes vivan y definan su propia representación social
sobre la realización de las prácticas profesionales.
Esto queda más claro con el aporte de Villarroel (2007),
quien afirma que, en el marco cultural e histórico de las culturas
modernas, las representaciones sociales surgen como un campo de
estudio diferenciado. Se trata de estructuras dinámicas, prácticas
y siempre cambiantes que funcionan y se mueven a través de
sistemas de conexión y comportamiento que implican al sujeto
social y permiten la comunicación, el desarrollo de experiencias
y el conocimiento del mundo. Por tanto, pueden distinguirse
claramente de las ideologías, las tradiciones y las costumbres.
Otro estudio (Moncayo Carreño, Manjarrez Fuentes,
Boza Valle, &amp; Cano Intriago, 2021), señala, por otro lado, que
la percepción que los estudiantes tienen del ambiente, clima y
entorno académico que viven en su universidad determina su
formación axiológica en su línea de trabajo. Esto da a entender
que la estructura y los procesos internos de la universidad, entre
otros factores, interactúan con la personalidad de los estudiantes
para crear en ellos opiniones que pueden ser coherentes o no con
sus propios comportamientos y actitudes.
2.4 El practicum
Es crucial aclarar las diversas definiciones que varios autores
han asignado al practicum porque las prácticas profesionales,
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161

�Iris Cruz, José Luis Cisneros y Angélica Vences / Prácticas profesionales

como componente de la formación de los estudiantes, son un
conjunto controlado de acciones (prácticas) en las instituciones
educativas, para desarrollar las competencias del estudiantado.
Por ejemplo, para Sierra (2002), el practicum ayuda a solidificar
hábitos que serán esenciales para la práctica profesional, no
basta con realizar procesos introspectivos intermitentes y poco
frecuentes.
Por otra parte, y se acude al concepto de Tejada (2006)
que, considera que el practicum es necesario debido a que:
No sólo es el espacio de encuentro entre teoría y práctica, sino
la interconexión entre el mundo formativo y el mundo productivo, a través del cual se desarrollan conocimientos, habilidades
y actitudes propias de un desempeño profesional, gracias a la
implicación en actividades profesionales en contextos y condiciones reales. (Tejada Fernández, 2006, p.10)

A esto se agrega lo sugerido por Bass Peña (2007)
quien establece al practicum como un periodo de anticipación,
socialización y de entrenamiento, lugar de encuentro entre el
conocimiento y la práctica profesional, en la que adquieren la
plenitud de su sentido. Nótese que lugar de encuentro hace alusión
a su carácter relacional.
Todos estos enfoques y conceptos permiten sugerir rasgos,
comportamientos características e historias que cada estudiante
revelará a lo largo de la recogida de datos. Con el fin de facilitar una
codificación más exhaustiva de esta información, la perspectiva
de Donald Schön se explicará y dilucidará específicamente a
continuación.
162

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�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

2.5 Enfoque reflexivo de Donald Schön
Con todo lo anterior en mente, se plantea que la teoría de Donald
Schön (1992) –quien fundamenta su idea en el practicum reflexivo–
junto a los datos desde el punto de vista del enfoque reflexivo, es
adecuada para enmarcar teóricamente este estudio. Schön (1992)
hace hincapié en la formación y el aprendizaje que se producen
durante la acción y cree que la preparación profesional y la
práctica están inextricablemente unidas. En sus aportaciones
sobre la práctica reflexiva define al conocimiento en la acción, la
reflexión en la acción y la reflexión desde la acción.
La reflexión en la acción, o desde la acción, se realiza de
manera directa sobre la práctica mientras está en curso, lo que
permite inquirirla y buscarla para ampliar la perspectiva de la
propia acción, ponerla a prueba, y evaluarla en el curso de su
recorrido. Así, la teoría de Donald Schön transita la exploración
del sentido de las racionalidades técnica y práctica a través del
estudio de casos, por lo que se convierte en un referente ineludible
a la hora de indagar los significados formativos de un practicum.
Para Schön (1992) el contexto de una práctica profesional es
significativamente distinto a otros contextos; los roles de conocer
y reflexionar en la acción en la práctica profesional competente
implican ambientes diferentes. Según él la concepción que las
escuelas tienen del conocimiento profesional es la -tradicionaldel conocimiento, es decir, como información privilegiada o como
competencia. Su crítica se concentra en señalar que esa noción
tradicional permite concebir a la enseñanza como transferencia
de información y el aprendizaje como recepción de lo dicho y de
asimilación de la información.
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163

�Iris Cruz, José Luis Cisneros y Angélica Vences / Prácticas profesionales

Según Schön (1992) el practicum reflexivo se refiere,
entonces, a unas prácticas que pretenden ayudar a los estudiantes
a adquirir las formas de arte que resulten esenciales para ser
competentes en las zonas indeterminadas de la práctica. Hay
por tanto zonas indeterminadas de la práctica, tal es el caso de
la incertidumbre, la singularidad y el conflicto de valores, que
escapan a los cánones de la racionalidad técnica. Son estas zonas
las que los profesionales prácticos han empezado a entender
como centrales en la práctica profesional y que también pueden
entenderse como relaciones complejas que configuran nuevas
realidades, sobre todo de corte axiológico.
Como se ha mencionado anteriormente, la propuesta de
Schön para el practicum reflexivo se centra en que el estudiante
aplique sus conocimientos a situaciones del mundo real y
reflexione sobre sus propios conocimientos y cómo los está
aplicando. Esta reflexión en la acción implica reevaluar acciones
pasadas y los resultados que produjeron, así como la forma de
resolver conflictos, la forma de gestionar una solución y los
resultados que se obtienen generalmente con acciones pasadas.
Para Schön, estos conceptos son el conocimiento en acción, la
reflexión en acción y la reflexión en acción.
Así mismo, Schön (1992) demuestra que elegir el propio
camino tiene el beneficio de la libertad, que permite probar
cosas nuevas sin verse limitado por nociones preconcebidas. Sin
embargo, la inspiración teórica de Schön, John Dewey (1989),
apoya lo anterior en el concepto de experiencia reflexiva. Dewey
no sólo define el pensamiento reflexivo y lo conecta con la práctica
o la experiencia, sino que también esboza las actitudes que lo
164

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�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

sustentan. Así pues, el pensamiento reflexivo pretende ser algo
más que un mero entretenimiento, que genera una serie de ideas
e imágenes agradables en la mente, y también puede entenderse
como sinónimo de la confianza que inspira la creencia, es decir,
un estado de conciencia que confirma y a la vez trasciende el
significado de lo conocido.
Con la ayuda de las partes señaladas en esta sección sobre
fundamentación teórica, podemos determinar los componentes
de la reflexión sobre las prácticas profesionales en las y los
estudiantes. Es por tanto esencial para comprender y confirmar
el tipo de trabajo profesional que van a realizar, así como para
ayudarles a autoevaluarse, valorar y criticar.
3. Objeto de estudio
El objetivo de esta investigación es describir la importancia de
las prácticas profesionales durante la formación universitaria
como espacio para avanzar en las experiencias de la disciplina y
consolidar competencias para el desempeño profesional de las y
los estudiantes. Particularmente se busca:
Ū

Ū

Ū

Describir el significado de la importancia de
la experiencia adquirida durante las prácticas
profesionales.
Interpretar el significado que las y los estudiantes
asigna a la situación de la práctica profesional en los
contextos de esta.
Analizar los conocimientos y el aprendizaje que el
estudiantado afirma haber adquirido como resultado
de las prácticas profesionales.

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165

�Iris Cruz, José Luis Cisneros y Angélica Vences / Prácticas profesionales

Metodología
La metodología utilizada para estudio ha sido de tipo descriptivo
y explicativo con un enfoque cualitativo y la técnica para recabar
información fue la entrevista semiestructurada para estudiantes
de décimo semestre del período escolar de agosto– diciembre
2023 y que durante su noveno realizaron prácticas profesionales
en diferentes contextos.
Para la aplicación de las entrevistas se establecieron
criterios como:
Ū ser estudiante de décimo semestre en el semestre
agosto – diciembre del año 2023,
Ū haber realizado prácticas profesionales curriculares o
no curriculares en noveno semestre
Ū su aceptación y autorización para contribuir en la
entrevista, se consideró una muestra inicial de la
participación de 10 estudiantes con los criterios
mencionados.
Se compararon los resultados de las entrevistas con la
finalidad de asegurar la fiabilidad del proceso de recogida de datos.
Resultados preliminares
En esta sección, se presentan un primer acercamiento a los
resultados y una primera reflexión sobre las respuestas obtenidas.
Se muestran de manera ordenada en función de las preguntas de
la investigación con la finalidad de facilitar su comprensión.
¿Qué importancia tiene la experiencia de las prácticas
profesionales para el estudiante?
166

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.149

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

Las y los estudiantes dicen estar seguros y conscientes de
la importancia en realizar prácticas profesionales ya que les ha
generado una experiencia de incorporarse en el ámbito laboral
y trabajar con situaciones y procesos que no necesariamente
han estudiado directamente en sus clases. Señalan que es muy
importante realizar las prácticas profesionales de manera formal
antes de egresar porque es la única forma que aseguran una
experiencia a lo más cercano del campo laboral.
¿Cuál es el significado de la experiencia durante las
prácticas profesionales para las y los estudiantes?
La mayoría de las y los estudiantes respondieron que, para
ellos, el haber realizado prácticas profesionales fue de gran valor
durante su formación debido a que lograron identificar sus áreas
de oportunidad, y sus fortalezas, con relación a las competencias
que han desarrollado durante sus semestres anteriores. Gracias
a las prácticas, afirman, han mejorado esas competencias, pues
dicen sentirse aventajados en comparación con compañeros que
no realizaron prácticas profesionales.
¿Qué representa para las y los estudiantes los contextos
en dónde realizaron las prácticas profesionales?
Las y los estudiantes que participaron en la entrevista,
señalan que la elección de los contextos es de manera voluntaria.
En ese proceso consideran los espacios para prácticas que están
registrados en el sistema SIASE de la Universidad y que la mayoría
selecciona; para ello toman como base sus gustos e intereses
personales y según las unidades de aprendizaje que hasta octavo
semestre cursaron. Las y los estudiantes dicen preferir lugares
como empresas para realizar prácticas profesionales en áreas de
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.149

167

�Iris Cruz, José Luis Cisneros y Angélica Vences / Prácticas profesionales

recursos humanos y capacitación y en algunas dependencias o
centros de trabajo de la misma Universidad.
¿Cuál es el aprendizaje adquirido durante la realización
de las prácticas profesionales?
Las y los estudiantes dicen que el aprendizaje adquirido
es significativo para ellos, porque logran identificar si lo que ya
han aprendido durante sus clases realmente lo saben aplicar
o no, y lograr ver que conocimientos nuevos necesitan para
acercarse e incorporarse al ámbito laboral. Un aprendizaje
que la mayoría comentó es el conocer y saber cómo trabajar de
manera colaborativa con otras áreas que no necesariamente son
de educación, sobre todo para los estudiantes que realizaron
prácticas en empresas, la facilidad de comunicarse, el trabajo
colaborativo, la toma de decisiones e iniciativa, señalan, es de lo
que más aprendieron.
¿En qué medida se han incrementado sus conocimientos
durante las prácticas profesionales?
Las y los estudiantes se dicen estar conscientes de que
sus conocimientos mejoraron, sobre todo en temas que eran
completamente ajenos a ellos, conocieron sobre los procesos y
procedimientos de temas específicos en los contextos donde
realizaron prácticas profesionales y lograron mejorar sus
competencias, además fortalecer valores como la ética, respeto y
la responsabilidad.
De acuerdo con todo esto, se considera que las y los
estudiantes están conscientes de la importancia de las prácticas
profesionales durante la formación universitaria y que es
importante fortalecerles con información y asesoría sobre el tema
de prácticas profesionales desde semestres anteriores, sobre
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.149

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

todo para elegir de manera correcta los espacios y contextos
para realizarla; también reconocen a las prácticas como una
oportunidad para adquirir experiencia para su desempeño en el
mercado laboral.
Conclusiones
Los hallazgos obtenidos en el presente estudio apuntan a que
las y los estudiantes están conscientes en gran medida de las
experiencias y conocimientos adquiridos durante sus prácticas
profesionales y que gracias a las situaciones que vivieron en
diferentes lugares en dónde se desempeñaron como practicantes
sus competencias se reforzaron, además reconocen el valor y
lo importante de antes de egresar haber realizado las prácticas
sobre los temas que tienen relación con su licenciatura.
Es importante, señalar que uno de los hallazgos que
también surgió es la necesidad de fortalecer el proceso institucional
de las prácticas profesionales porque al no ser obligatorias, una
gran cantidad de estudiantes no se deciden por ellas porque aún
mantienen dudas si conviene hacer prácticas. Cabe destacar
que entre compañeros se van compartiendo sus experiencias
y la información que consideran relevante para ellos, pero esto
no es una solución institucional para el problema, por lo que es
recomendable plantear nuevas formas de acompañamiento.
Considerando lo anterior y a manera de cierre se afirma
que el proceso de prácticas profesionales sí es importante y de
valor para las y los estudiantes, pero sobre todo para quiénes las
realizaron, es decir, después de vivir la experiencia, situación
que se puede mejorar brindando información, asesoría y con
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169

�Iris Cruz, José Luis Cisneros y Angélica Vences / Prácticas profesionales

estrategias oportunas para influenciar y motivar a las y los
estudiantes a realizar prácticas profesionales durante su
formación universitaria.

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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.149

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

Responsabilidad social universitaria y su vínculo
con la comunidad a través de asociaciones civiles:
Experiencia práctica desde la Universidad
Autónoma de Nuevo León
University social responsibility and its link with
the community through civil associations: Practical
experience from the Autonomous University
of Nuevo León
Raúl Rodrigo González Aguirre1
Angélica Vences Esparza2
Mireya Sandoval Aspront3
Resumen: El presente trabajo aborda la responsabilidad social
universitaria (RSU) como eje transversal en las Instituciones de
1 Universidad Autónoma de Nuevo León. San Nicolás de los Garza,
Nuevo León, México. Correo electrónico: raul.gonzalezagr@uanl.edu.mx
2 Universidad Autónoma de Nuevo León. San Nicolás de los Garza,
Nuevo León, México. Correo electrónico: angelica.vencesesp@uanl.edu.mx
3 Universidad Autónoma de Nuevo León. San Nicolás de los Garza,
Nuevo León, México. Correo electrónico: mireya.sandovalasp@uanl.edu.mx

173

�Raúl González, Angélica Vences, Mireya Sandoval / Responsabilidad Social Universitaria

Educación Superior (IES) y su fortalecimiento al establecerse
vínculos multisectoriales con asociaciones civiles tendientes hacia la
profesionalización de sus actividades y medición de impactos sociales.
A través de una revisión documental y observación participante en las
actividades de una asociación civil, tomamos como ejemplo el caso de
la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) con el objetivo de
indagar los efectos de dicha vinculación sobre la sensibilización de
profesionistas y estudiantes sobre la RSU.
Los hallazgos destacan una cimentación de actuaciones socialmente
responsables entre los actores universitarios vinculados con el trabajo
de una asociación civil, estrechando los valores profesionales con las
necesidades del entorno inmediato y contribuir a la construcción de una
sociedad más justa y equitativa. Se detectan también rutas de trabajo
en cada vez más rubros dentro de las mallas curriculares universitarias.
Palabras clave: Responsabilidad Social Universitaria; Competencias
Transversales; Educación Superior; Asociaciones Civiles; Vinculación
Comunitaria.
Abstract: This work addresses university social responsibility as a
transversal axis in Higher Education Institutions and its strengthening
by establishing multisectoral links with civil associations aimed at
the professionalization of their activities and measurement of social
impacts. Through a documentary review and participant observation
in the activities of a civil association, we take as an example the case
of the Autonomous University of Nuevo León with the objective
of investigating the effects of said connection on the awareness of
professionals and students about the University Social Responsibility.
The findings highlight a foundation of socially responsible actions
among university actors linked to the work of a civil association,
strengthening professional values with the needs of the immediate
environment and contributing to the construction of a more just and
equitable society. Work routes are also detected in more and more
areas within the university curricula.
Keywords: University Social Responsibility; Transversal Competencies;
Higher Education; Non-Profit Organizations; Community Outreach.

174

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.151

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

Introducción
La noción de responsabilidad social universitaria (RSU) se
posiciona como uno de los ejes transversales en el actual quehacer
de las Instituciones de Educación Superior (IES) con el objetivo
de trascender sus funciones sustantivas y propiciar los marcos
discursivos y normativos para la adecuada vinculación con el entorno
social a través de múltiples acciones donde los conocimientos
y habilidades de las distintas ramas del conocimiento puedan
contribuir a la solución eficaz y oportuna de necesidades sociales
locales y regionales (Herrera-Alvarado et al., 2018).
Ya sea a través de la adecuación de los contenidos
curriculares en los programas de bachilleratos, licenciaturas y
posgrados; la orientación del trabajo de investigación académica
y científica; así como las acciones internas y externas llevadas
a cabo en programas de extensión por medio de la gestión
institucional, las universidades cuentan con diversas ventanas de
acción para materializar el ejercicio de su responsabilidad social
y proveer a la comunidad de soluciones prácticas a problemas
presentes y emergentes (Ayala Palacios, et al., 2018).
La posibilidad de articular esfuerzos institucionales
internos con la vinculación de instituciones externas constituye
una estrategia de impacto para el acercamiento de los
conocimientos teóricos y prácticos desarrollados en la universidad
con las necesidades del entorno donde, tanto los actores
universitarios como aquellos provenientes de otros ámbitos
sociales, gubernamentales o económicos privados, coadyuvan sus
labores para hacer frente a las distintas problemáticas de interés
público en la región.
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.151

175

�Raúl González, Angélica Vences, Mireya Sandoval / Responsabilidad Social Universitaria

En ese escenario, el trabajo realizado por la sociedad
civil organizada a través de asociaciones civiles representa
una oportunidad de vinculación de intereses comunes para la
resolución de problemáticas específicas delimitadas por áreas
de conocimiento y acciones concretas donde puedan construirse
sinergias entre la universidad y los sectores sociales (Sandoval
Aspront, 2023).
Una de las problemáticas de interés público más
apremiantes en los años recientes ha sido el impacto en la
salud producido a raíz de la pandemia por el virus SARS-CoV2
(COVID-19) entre los años 2020 y 2022 y sus posteriores
repercusiones en otros ámbitos como: la economía, la educación
y las afectaciones socioemocionales en la población (UNESCO,
UNICEF &amp; Banco Mundial, 2021). En este último rubro, se ha
sido testigo del creciente interés por atender desde un enfoque
científico y humanista trastornos como: el estrés, la ansiedad, la
depresión y el duelo, mediante la comprensión y dignificación
hacia las personas con estos padecimientos.
Bajo este contexto, y con el propósito de brindar atención
a dichas problemáticas a través del vínculo entre universidad,
gobierno y sociedad civil, a inicios de 2023 surge la iniciativa de
fundar la asociación civil Tanatología y Salud Emocional en el
municipio de San Nicolás de los Garza, Nuevo León (Sandoval
Aspront, 2023). El objetivo de este trabajo es indagar sobre los
efectos de la vinculación entre universidad y asociaciones civiles
en la sensibilización de profesionistas y estudiantes sobre la
responsabilidad social desde su área particular de conocimiento.
Esto se realizó a través de una revisión documental y de
observación participante (Sánchez Serrano, 2008) en el marco de
176

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.151

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

las actividades de dicha asociación civil en el municipio de San
Nicolás de los Garza.
Antecedentes sobre asociaciones civiles en México y su
vínculo con el trabajo en comunidad
Las acciones de beneficencia e interés social realizadas en apoyo
a las comunidades cuentan con una larga trayectoria en México,
su origen se remonta a mediados del siglo XIX con las obras
de caridad llevadas a cabo por instituciones religiosas como la
iglesia católica e iniciativas particulares de empresas privadas
donde eran destinados tanto recursos económicos como personas
voluntarias, para la ejecución de tareas concretas como brigadas
de atención a problemáticas acuciantes relacionadas con: la salud,
la alimentación y el vestido, la educación o los efectos destructivos
producto de desastres naturales (Arredondo Ramírez, 1993).
En el siglo XX, a medida que el Estado moderno, sobre
todo después de la Revolución Mexicana bajo la figura del Estado
Benefactor, se posiciona como el agente encargado de mediar las
relaciones entre los distintos sectores sociales a través de políticas
públicas y demás instrumentos para la atención de problemáticas
de interés público, surge una división entre las labores caritativas
o asistenciales de carácter religioso y aquellas realizadas desde
un enfoque secular y gubernamental, cuyas diferencias serán
definitorias en temas como: la organización, el financiamiento,
los mecanismos de acción y los fines perseguidos en ambos casos
(Chanial &amp; Laville, 2013).
La centralización hegemónica tanto política como
operativa del Estado mexicano en materia social durante el siglo
XX enmarcada en la lógica del Nacionalismo Revolucionario
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.151

177

�Raúl González, Angélica Vences, Mireya Sandoval / Responsabilidad Social Universitaria

supondría la priorización de un enfoque desarrollista de nivel
macro en la atención a grandes problemáticas nacionales de
interés público como: el trabajo, la educación, la salud, el
acceso a la vivienda y seguridad social para los sectores obreros
y populares. No obstante, a finales del siglo XX e inicios del
siglo XXI, se presenta el surgimiento de movimientos sociales y
problemáticas de salud pública cuya posibilidad de respuesta e
intervención rebasaban la lógica voluntarista y asistencial de la
acción religiosa, así como la lógica burocrática centralista de la
acción gubernamental (Acosta Urquidi, 2013).
Ejemplos de estos nuevos movimientos sociales y
problemáticas de salud pública son: el movimiento estudiantil
de 1968; la lucha por la democratización del sistema político
mexicano en 1988; el levantamiento Zapatista en 1994 que
cuestionaba la marginación y el abandono histórico de siglos
de los pueblos originarios de México; las protestas de grupos
ambientalistas por la contaminación de los ecosistemas producto
del desarrollo industrial y el deterioro de la capa de ozono; las
asociaciones en defensa de los derechos humanos ante agravios
gubernamentales; las movilizaciones feministas y de la diversidad
sexual, la propagación del virus VIH y otras enfermedades de
transmisión sexual, la desintegración familiar, los embarazos
adolescentes, el creciente consumo de drogas, los trastornos
de enfermedades mentales, la inclusión y el cuidado digno de
las personas adultas mayores y con discapacidades, entre otras
(Toca Torres, 2011).
El 19 de septiembre del año de 1985 el país fue testigo de
uno de los mayores terremotos en su historia con una magnitud de
8.1 Mw, dejando miles de personas fallecidas y un daño significativo
178

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.151

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

en la infraestructura urbana de la Ciudad de México. Este evento
catastrófico de carácter natural reveló la incapacidad de la
respuesta gubernamental para hacer frente de manera exclusiva
como agente de intervención social, y se hizo patente la necesidad
de involucramiento y acción de la sociedad civil organizada para la
atención de problemáticas colectivas de interés público, sentando
las bases de las actuales organizaciones de la sociedad civil de
carácter secular y no gubernamental (Arredondo Ramírez, 1993).
Profesionalización y legitimación social de las
asociaciones civiles
De acuerdo con Warren (2009), citado por Guadarrama Sánchez
(2018), se entiende por asociación civil al grupo de personas
que persigue propósitos comunes mediante cursos de acción
cooperativa que se extienden más allá de un acto aislado, y vincula
sus cursos de acción con efectos que inciden en el funcionamiento
de las sociedades democráticas (p. 46).
El involucramiento de la ciudadanía y la sociedad civil
organizada en la resolución de problemáticas colectivas de
interés público presupone un importante paso hacia adelante
en materia de cultura cívica y de interés por la situación del
otro, desde donde se rescatan perspectivas teóricas como
la tradición fenomenológica en filosofía y los estudios de la
alteridad en las propuestas de convivencia, reconocimiento y
educación intercultural (Dietz, 2017). No obstante, a pesar de
este optimismo cívico, importantes retos se hacen presentes a la
hora de planificar su organización, financiamiento, mecanismos
de acción, fines perseguidos y legitimación ante la ciudadanía
medida a través de sus logros e impactos.
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�Raúl González, Angélica Vences, Mireya Sandoval / Responsabilidad Social Universitaria

El camino a la profesionalización de las asociaciones
civiles es un componente fundamental a la hora de entender las
expectativas y los resultados esperados de la comunidad hacia
éstas en el siglo XXI donde, a diferencia del carácter caritativo
asistencial o político burocrático, otrora ejercidos desde la acción
religiosa o gubernamental en el siglo XX y sus antecesores, su
rasgo distintivo será la eficacia y eficiencia en el uso de medios,
recursos y capital humano a través de actores involucrados,
cuya formación profesional, científica y humanista avale su
actuación para realizar tanto una concientización activa como
la intervención pertinente sobre las problemáticas sociales
presentadas en una comunidad concreta (Chávez Becker &amp;
González Ulloa, 2018).
La profesionalización de las asociaciones civiles
conlleva no solamente el reclutamiento a sus filas de miembros
y voluntarios debidamente capacitados con los conocimientos
y habilidades necesarios para intervenir de manera eficaz y
oportuna en la resolución de problemáticas sociales dentro
de las comunidades, sino a su vez contar con una plataforma
sólida de planificación programática de actividades, un esquema
transparente y sostenible de financiamiento para la realización
de sus tareas, la medición de sus logros e impactos de manera
que pueda corroborarse públicamente el alcance de las acciones
concretadas, así como un interés por el involucramiento y
vinculación con otras asociaciones civiles con el objetivo de
compartir experiencias, desafíos y forjar alianzas estratégicas
para la mejora continua y el incremento del alcance de sus
impactos (ANDAMOS, 2024).
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.151

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

De la misma forma que las universidades pueden encontrar
en las asociaciones civiles una ventana para materializar el
ejercicio de su responsabilidad social, las asociaciones civiles
pueden encontrar en las universidades una oportunidad para
el fortalecimiento de su profesionalización en materia de:
capacitación especializada en formación de capital humano,
planeación, gestión de las organizaciones y manejo presupuestal;
reclutamiento de estudiantes y profesores voluntarios; así
como difusión y promoción de las actividades con el resto de la
comunidad universitaria y la población en general.
Las actuales asociaciones civiles, en un contexto
caracterizado por las expectativas de la ciudadanía y los marcos
discursivos y normativos de la responsabilidad social empresarial
(RSE) y la RSU, deben trascender las actividades meramente
caritativas, asistenciales o político burocráticas para situarse
como plataformas de acción colectiva donde la comunidad se
coloque al centro y en la cual puedan operar actores profesionales
debidamente organizados en favor de esta.
Antecedentes sobre responsabilidad social universitaria
La noción de Responsabilidad Social surge en el ámbito empresarial
durante la segunda mitad del siglo XX como un enfoque donde los
sectores productivos privados podían trascender su rol como meros
actores generadores de riqueza y empleo para concebirse como
agentes responsables de sus impactos hacia los trabajadores, los
consumidores, el medio ambiente y las comunidades adyacentes a
las localidades donde éstas estuvieran ubicadas geográficamente
(Herrera-Alvarado et al., 2018).
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.151

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�Raúl González, Angélica Vences, Mireya Sandoval / Responsabilidad Social Universitaria

Si bien el término RSE puede ser apreciado de forma
externa desde una óptica estrictamente funcional donde se busca
mitigar los efectos negativos de las actividades industriales y
corporativas a través de acciones paliativas o remediales para
salvaguardar los intereses de los agentes económicos privados, no
es menos cierto que una perspectiva crítica se desprende desde
dichos planteamientos con el objetivo de proponer alternativas
en los modos de producción y con ello lograr una auténtica
disrupción donde el desarrollo económico no sea sinónimo de
explotación laboral o depredación ambiental (Avilez et. al., 2015).
Esta misma lógica conlleva el replanteamiento de todas
las acciones ejercidas por los actores empresariales, no sólo
de los impactos visibles o los tópicos controversiales para la
opinión pública, sino desde el mismo quehacer interno de las
organizaciones, de tal manera que la RSE no se reduce a una suma
de acciones caritativas o el patrocinio de eventos de beneficencia
de los cuales, en ocasiones, se atribuye además una capitalización
en materia de publicidad o de imagen pública.
Una discusión similar surge en los ámbitos universitarios
a finales del siglo XX, donde el rol exclusivo de las mismas como
agentes encargados de tres funciones sustantivas: docencia,
investigación y extensión, es puesto en cuestionamiento para
trascender dichos escenarios y posicionarse como una entidad
cuyo quehacer cotidiano sea capaz de aportar transversalmente
soluciones concretas a problemáticas sociales regionales,
nacionales e internacionales (Cantú Mendoza, 2015).
De acuerdo con Vallaeys (2018), la RSU no es la cuarta
función sustantiva de la universidad, sino un eje transversal
en las labores cotidianas llevadas a cabo por sus tres funciones
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sustantivas, cuya integración en las mismas está presente desde
su gestión y organización interna, y se materializa en sus impactos
externos.
En la universidad socialmente responsable son tomados
en cuenta múltiples factores para adecuar los procesos de
enseñanza aprendizaje, la investigación científica y la extensión
de la cultura hacia un marco de pertinencia para construir
alternativas de solución a problemáticas sociales desde un enfoque
científico, técnico y humanista, trascendiendo notoriamente los
antecedentes asistenciales y caritativos de la acción religiosa, la
lógica burocrática centralista de la acción gubernamental, así
como los rubros laborales, productivos y medioambientales de la
acción empresarial (Gallardo-Vázquez, 2019).
Las universidades en el siglo XXI, sobre todo las públicas,
aunque sin excluir por ello a las privadas, tienen la responsabilidad
social de fungir como centros de generación y aplicación de
conocimientos útiles capaces de permanecer en sintonía y diálogo
con su entorno inmediato para el involucramiento activo de sus
estudiantes, profesores y administrativos con las problemáticas
concretas de la comunidad, evitando con ello que la universidad
se convierta en una “isla bonita” rodeada de necesidades las cuales
no son estudiadas ni resueltas (Zermeño, 2010).
Para poder encaminarse hacia una materialización
satisfactoria de las expectativas depositadas en la noción de la
RSU es menester contar con un marco discursivo y normativo
capaz de dar certeza sobre lo que se entiende por la misma, así
como de orientar las acciones a tomar por parte de las IES. En este
sentido, el rol del personal administrativo de las dependencias
centrales de las IES es, a través de la gestión organizacional,
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.151

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�Raúl González, Angélica Vences, Mireya Sandoval / Responsabilidad Social Universitaria

brindar dicho marco que servirá como hoja de ruta en el trazado
de pautas y mecanismos de acción coherentes en esta materia.
Una de estas pautas a considerar es la naturaleza misma de
la formación de profesionistas, por ello, desde finales del siglo XX
e inicios del siglo XXI, la implementación de enfoques basados
en competencias en las IES ha conducido al replanteamiento
y la reformulación de prácticas y currículos tradicionales
centrados en la adquisición pasiva de conocimientos para virar
hacia modelos académicos y educativos donde la formación
universitaria es concebida como una construcción dinámica de
saberes, habilidades y destrezas para la resolución de problemas
asociados a las áreas específicas de conocimiento dentro de
un contexto global de aceleradas transformaciones y cambios
sociales (Carrillo Hernández &amp; Benavides Martínez, 2022).
No obstante, la preocupación por fortalecer una
formación educativa basada en competencias trasciende el
ámbito instrumental disciplinario para colocar al estudiante
universitario como un profesionista preparado transversalmente
más allá de su núcleo específico de conocimientos, es decir,
para ser competente frente a una realidad social y económica
en constante cambio, flexible y con un margen de contingencia,
oportunidades, retos y adaptaciones tecnológicas insospechado
durante el siglo pasado (Jiménez Galán, 2019).
Bajo un modelo de RSU basado en la concientización
de los estudiantes por la preocupación con el entorno cultural,
político y ambiental en los niveles local, nacional e internacional,
las unidades de aprendizaje y, en general, el diseño del curriculum,
abonan en la resolución de problemas donde estén implicadas
situaciones concretas en las cuales puedan ponerse en práctica
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los saberes, habilidades y destrezas propias de las distintas áreas
de conocimiento, así como de las competencias transversales
desarrolladas de manera integral a lo largo de los periodos
escolares (Jiménez et al., 2019).
Dentro de este panorama, la literatura especializada nos
muestra la importancia de adoptar esquemas de aprendizaje,
evaluación y formación profesional flexibles, innovadores,
dinámicos, equitativos, socioemocionalmente pertinentes e
inclusivos con perspectiva crítica, cuyo propósito sea articular
integralmente una visión donde en la educación superior
se conjuguen el quehacer de los múltiples actores sociales
involucrados en la generación de conocimiento y se dialogue con
las necesidades del entorno y la sociedad civil en general.
Responsabilidad social universitaria como competencia
transversal en la educación superior
Las prácticas educativas derivadas de la currícula universitaria
en un mundo globalizado, interconectado y con una tendencia a
la apertura económica e intercultural, requieren de la adopción de
modelos académicos y educativos capaces de formar integralmente
a los estudiantes en competencias transversales para situarlos como
agentes de transformación, comprometidos con las realidades
y sucesos sociales próximos a su entorno local, así como a nivel
nacional e internacional (Villarreal &amp; Zayas Pérez, 2021).
En las últimas décadas del siglo XX, la reflexión en torno
a la abundancia de fuentes de información y conocimiento a la
cual estaba siendo expuesta la sociedad abrió múltiples debates
sobre la importancia de estos conceptos en la reformulación de
los ambientes laborales y educativos, donde cada vez era más
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�Raúl González, Angélica Vences, Mireya Sandoval / Responsabilidad Social Universitaria

recurrente la necesidad de adicionar un nivel más complejo de
saberes y habilidades para dar respuesta a las necesidades del
entorno (Anderson, 2008).
No se trataba exclusivamente de una reflexión centrada
en la renovación de ciertos saberes técnicos y destrezas
instrumentales, sino de una profunda transformación en las
formas en cómo es producido, socializado y utilizado los
productos y servicios derivados de la innovación, la información
y el conocimiento como actividades productivas en sí mismas.
Con las anteriores premisas de fondo, es pertinente
indagar sobre cómo las IES dan forma a sus rediseños curriculares
y prácticas pedagógicas mediante la incorporación teórica y
práctica de las ventajas y desafíos intrínsecos de una sociedad
donde la nueva regla consiste en convivir cotidianamente con
una cuantiosa presencia de información y conocimiento para su
adecuado procesamiento y aprovechamiento.
En la década de 1990, la atención por la globalización, los
cambios veloces y las economías basadas en la información llevaron
a los tomadores de decisiones en materia de políticas públicas a
adoptar la narrativa de la sociedad del conocimiento, cuya puesta en
operación práctica requería una serie de competencias denominadas
como “habilidades del siglo XXI”, donde destacan: la comunicación,
la creatividad en la generación de conocimiento, la colaboración,
el pensamiento crítico, la alfabetización en las Tecnologías de la
Información y Comunicación (TIC) y las habilidades para la vida
(Salamanca Garay &amp; Badilla Quintana, 2023).
La reflexión derivada del enfoque analítico basado
en la sociedad del conocimiento supone una guía para el
diseño del currículo, actividades de aprendizaje y evaluación,
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particularmente aquellas donde son utilizadas herramientas
como las TIC. También se habla de múltiples tipos o niveles
de conocimiento por habilidad, tales como: hechos, principios,
procedimientos, metacognición y estados subjetivos.
De acuerdo con Anderson (2008), los siete tipos de
habilidades basadas en el conocimiento son: acceso, ensamblaje y
reorganización del conocimiento; interpretación crítica, análisis
y evaluación de evidencia; colaboración en proyectos y trabajo
en equipo; resolución de problemas complejos; generación de
productos de conocimiento; comunicación, presentación y difusión;
selección apropiada de herramientas y evaluación de su impacto,
asimismo, las cinco fases relacionadas con el conocimiento son:
estrategias de planeación y procedimientos, elección apropiada
de herramientas, colecta y organización del conocimiento e
información, análisis y síntesis de la información y el conocimiento,
comunicación y difusión de los productos del conocimiento.
La educación superior en este contexto enfatiza la
necesidad de un enfoque didáctico o pedagógico centrado en
el estudiante para adquirir dichas habilidades basadas en el
conocimiento, esto supone dejar a los estudiantes desarrollar o
construir nuevo conocimiento como si de un rol de diseñador
se tratase, y para ello son particularmente útiles actividades
donde se requiera la utilización de las TIC en áreas como la auto
regulación, la creatividad y el manejo de proyectos en un sentido
cooperativo (Verdú-Pina, et. al., 2023).
La educación en la era de las sociedades del conocimiento
abarca dimensiones individuales y sociales de aprendizaje,
donde tanto estudiantes como docentes son capaces de detonar
de manera colaborativa procesos creativos para la apropiación,
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.151

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�Raúl González, Angélica Vences, Mireya Sandoval / Responsabilidad Social Universitaria

selección, utilización y evaluación responsable de la información
disponible para su transformación en productos basados en el
conocimiento.
El propio concepto de competencia alude al desempeño
eficiente de una función o tarea, por lo tanto, la primera impresión
que recogemos a la hora de relacionarlo con la educación superior es
la noción de productividad mecánica o instrumental, sin embargo,
cuando nos referimos al rol de las competencias transversales
orientado a la construcción de la RSU nos encontramos con
una idea de productividad o desempeño eficiente más allá de lo
instrumental para situarlo en un componente humano de carácter
intrapersonal e interpersonal (Hinojo Lucena et al., 2019).
Competencias transversales como: el autocontrol y
estabilidad emocional, la comunicación, la iniciativa, apertura
y liderazgo se convierten en valiosas cualidades necesarias en
cualquier área de conocimiento y trascendentes en las nuevas
formas de concebir el trabajo y la productividad en la tercera
década del siglo XXI.
De acuerdo con Hinojo Lucena (2019), diez de las
competencias transversales más relevantes en la actualidad son
las siguientes: autocontrol y estabilidad emocional; resistencia a
la adversidad; confianza y seguridad en sí mismo; comunicación;
trabajo en equipo; conocimientos teóricos profesionales;
orientación a resultados; aprendizaje continuo; atención al orden,
calidad y perfección; planificación y organización.
Para lograr tales propósitos en materia de RSU, las IES se
encuentran obligadas a proporcionar por medio de la docencia,
investigación y extensión, elementos de transformación social
impulsados en las motivaciones de los estudiantes para su
188

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.151

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adecuado actuar fuera de los salones y recintos universitarios.
Algunos elementos de la dimensión social en la educación
universitaria enfocado en los estudiantes abarcan la relación
entre acceso y cohesión social, frenar el fracaso escolar, lograr un
equilibrio entre eficacia y equidad, propiciar el desarrollo regional
y formar ciudadanos responsables (Gallardo-Vázquez, D., 2019).
En el caso particular de la UANL, desde 2014 cuenta con un
modelo de responsabilidad social para lograr la implementación
del eje transversal de responsabilidad social universitaria, éste
se define como un modelo de gestión de la calidad ética de la
UANL, que toma en cuenta su ‘misión’, ‘visión’, sus valores
institucionales y que dirige sus acciones hacia el compromiso
que tiene con la sociedad por medio de políticas, estrategias y
programas prioritarios, comprometidos con el uso de esquemas
de transparencia, rendición de cuentas y que promueve el actuar
ético de la comunidad universitaria, así como de su interacción con
los actores externos y partes interesadas, los cuales refuerzan su
papel de agente de cambio positivo en su entorno y su comunidad
(UANL, 2023, p.4).
El modelo de RSU de la UANL incorpora cuatro
dimensiones: 1) Formación universitaria integral y de calidad; 2)
Investigación socialmente pertinente; 3) Extensión y vinculación
con el entorno; 4) Gestión ética y de la calidad. Estas cuatro
dimensiones se traducen en una vinculación de la educación con:
los problemas reales del entorno; la aplicación de los resultados de
la actividad científica en la solución de problemas; la participación
social y ambiental comprometida con los actores externos; así
como el respeto a los derechos humanos y el desarrollo integral
de la comunidad universitaria (UANL, 2023).
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Desde finales del siglo XX e inicios del siglo XXI, la
UANL ha prestado especial atención a la formación y desarrollo
de competencias transversales plasmada a través del Programa
Institucional de Tutorías (PIT) en 1999, del Área Curricular
de Formación General Universitaria (FOGU) en 2005, y de
las Actividades de Formación Integral (AFI) en 2020, donde
respectivamente se aborda la formación integral al estudiante
por medio de la práctica tutorial, así como de unidades de
aprendizaje y actividades con temáticas comunes a todas las áreas
del conocimiento como: competencia comunicativa, aplicación
de las TIC, ambiente y sustentabilidad, contexto social de la
profesión, entre otras.
Los primeros esfuerzos para desarrollar el PIT de la UANL
surgen en el año 1999 por parte de la Secretaría Académica y el
Centro de Apoyo y Servicios Académicos (CASA) con el objetivo
de incrementar la calidad educativa, evitar en la medida de lo
posible la reprobación, el rezago académico, el cambio de carrera
y el abandono de estudios en los niveles medio superior, superior
y posgrado, a través de atención grupal y personalizada, mediante
un enfoque humanista, preventivo y remedial, con el ánimo de
propiciar una integración comprometida al entorno laboral y
social (UANL, 2013).
En 2003, CASA estructura el “diplomado de formación
básica de tutores”, asimismo, en ese mismo año se organiza el
Primer Encuentro Institucional de Tutoría donde se designó a un
grupo de docentes de diversas dependencias de la Universidad
para elaborar el primer documento con los lineamientos del
Programa (UANL, 2013). En el año 2005 el PIT queda a cargo de
la Dirección de Orientación Vocacional y Educativa (DOVE),
190

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y actualmente es conducido por la Dirección de Formación
Integral del Estudiante (DFIE), entre cuyas funciones se
encuentran elevar la eficiencia terminal y la calidad educativa
(UANL, 2022).
Por su parte, con el transcurso de los años, el Área
Curricular FOGU también ha experimentado múltiples
transformaciones producto de las necesidades educativas y del
contexto social en el cual está inscrita la educación superior, un
ejemplo de ello han sido las actualizaciones en sus versiones de
los años 2011; 2015; 2020 y 2022. En cada nueva versión han sido
añadidas o renovadas unidades de aprendizaje que responden a
las demandas profesionales, laborales y sociales en la formación
integral del estudiante, acercándole a su vez con la construcción
de actuaciones socialmente responsables (UANL, 2024a).
En la actualidad, el Área Curricular FOGU responde
de manera global a los objetivos de desarrollo sostenible de la
Agenda 2030 de la ONU, en la cual se busca que la educación
superior contribuya a la construcción de una ciudadanía mundial,
reflejada en unidades de aprendizaje como: responsabilidad social
y desarrollo sustentable, igualdad de género, diversidad sexual e
inclusión, cultura de paz y derechos humanos, ética, transparencia
y cultura de la legalidad, y liderazgo, emprendimiento e innovación
(UANL, 2024a).
Asimismo, las actividades de formación integral llevadas
a cabo por secretarías, direcciones,fescuelas y Facultades de la
UANL impulsan el desarrollo integral como parte del proceso de
enseñanza aprendizaje. Curricularmente son fijadas un número
de AFI para cubrir a lo largo de la formación universitaria como
requisito de egreso, distribuidas de la siguiente forma:
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�Raúl González, Angélica Vences, Mireya Sandoval / Responsabilidad Social Universitaria

Duración del programa
educativo (semestres)
8
9
10

Número de actividades
12
14
16

Tabla 1. Actividades mínimas de formación integral que deberá cubrir el
estudiante para cumplir con el requisito de egreso. Fuente: (UANL, 2024b).

Las AFI se dividen a su vez en ocho rubros, cuyas
características y propósitos son los siguientes:
Tipo de actividad
AFI

Propósito

Apoyar el proceso de enseñanza y aprendizaje para reforzar los conocimientos adquiridos,
Académicas
desarrollar nuevas habilidades y vincularlas
con su entorno.
Sensibilizar conforme a las producciones del
Artísticas
ser humano, con fines estéticos y simbólicos.
Impulsar la comprensión y valorización de la
Culturales
cultura de un grupo o sector social.
Promover la contribución activa y voluntaria
Responsabilidad
al mejoramiento social, el cuidado del medio
social
ambiente y la diversidad e inclusión social.
Promover la difusión y producción científiInvestigación
ca como forma de generar o aplicar el conocimiento.
Estimular las capacidades físicas, mentales y
Deportivas
sociales mediante las actividades del deporte,
de manera individual o en equipos.
Aprendizaje de otro Desarrollar la capacidad lingüística de una
idioma
lengua extranjera además del inglés.
Fomentar la movilidad académica interna enIntercambio
tre facultades de la UANL y la externa con inacadémico
stituciones nacionales e internacionales.
Tabla 2. Tipos de actividades AFI y su propósito. Fuente: (UANL, 2024b).

192

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Vínculo entre Universidad y comunidad: Caso “Café con
asociaciones civiles”
El 15 de noviembre de 2023, en las instalaciones de World Trade
Center Monterrey-UANL, se llevó a cabo el evento: Café con
Asociaciones Civiles, en el cual, a través de la sinergia entre la
Secretaría de Economía del Gobierno del Estado de Nuevo
León, el Consejo Nuevo León; la UANL, la Fundación UANL,
ANDAMOS A.C., INC Monterey y el Instituto Tecnológico y
de Estudios Superiores de Monterrey, fueron presentados los
trabajos realizados por 26 asociaciones civiles locales y nacionales,
donde éstas pudieron coincidir con representantes de Pequeñas
y Medianas Empresas (PyMES), así como con presidentes de
fundaciones interesadas por articular los esfuerzos entre el
gobierno, las empresas privadas, las IES y los sectores sociales con
el objetivo de fortalecer el trabajo en comunidad y forjar alianzas
estratégicas de apoyo mutuo.
Uno de los resultados más palpables del evento fue
aumentar la visibilidad de las asociaciones civiles y crear una red
de networking entre personas que buscan apoyar diversas causas,
encontrando la satisfacción en el fomento del desarrollo social.
En las múltiples conferencias y mesas de presentación realizadas
en dicho evento se llegaron a consensos pertinentes sobre el
rol de las asociaciones civiles en la construcción de ciudadanía
y la responsabilidad social compartida de los diversos actores
involucrados con el ánimo de contribuir a la mejora de la calidad
de vida nuestras comunidades locales.
Algunos de estos consensos fueron: superación de las
dinámicas asistencialistas, capacitación continua a miembros
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y voluntarios de las asociaciones, acercamiento horizontal con
las comunidades para la consulta de necesidades, planificación
detallada de actividades a realizar con las comunidades,
financiamiento transparente a través de fundaciones o donaciones,
financiamiento basado en resultados e impacto social y esquemas
de comunicación social para difusión de los logros y desafíos.
Del ambiente de colaboración entre representantes de los
distintos actores sociales por medio del diálogo y la cooperación se
desprendió la actual importancia de las asociaciones civiles como
espacios de acción e iniciativa de la sociedad civil organizada
para hacer frente de manera oportuna y responsable a múltiples
problemáticas de interés público, donde las demandas de nuestro
contexto global no permiten ser indiferentes y abstraerse de ellas
ya sea en los roles gubernamentales, empresariales o educativos.
En este sentido, colaborar activamente con asociaciones civiles
representa una oportunidad para la construcción de un modelo
de democracia participativa, así como la materialización de la
RSE y la RSU.
Contexto educativo a raíz de la pandemia de COVID-19
y experiencia práctica de la asociación civil Tanatología y
Salud Emocional
La crisis sanitaria global por la proliferación del virus del SARSCoV2 (COVID-19) a inicios de 2020 trajo consigo el cierre
parcial o total de los planteles educativos en la mayoría de los
países del mundo con el objetivo de contribuir a mitigar las tasas
de contagio, no obstante, dicha medida ha provocado la pérdida
o desaceleración del aprendizaje, aunado a su vez con una serie
de desigualdades, carencias en materia de acceso y calidad
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a la educación previas a la pandemia, así como afectaciones
socioemocionales (UNESCO, UNICEF &amp; Banco Mundial, 2021).
La educación es un proceso acumulativo, por lo tanto,
si la pandemia de COVID-19 significó el cierre parcial o total
de las actividades educativas presenciales, el rezago, exclusión,
abandono y faltas de oportunidades repercuten no sólo en el
presente inmediato, sino también el desempeño y resultados
de los logros educativos una vez restauradas las actividades
escolares en el aula (Carro Olvera, &amp; Lima Gutiérrez, 2022).
Este abandono de las aulas por razones de contención
de la pandemia ha implicado la pérdida significativa de
conocimientos, valores, habilidades y actitudes en torno al
aprendizaje y la convivencia cotidiana, asimismo, este déficit
formativo será traducido unos años más tardes en pérdidas
económicas multimillonarias al no contar con los perfiles laborales
correspondientes a las necesidades del mercado y la vida pública
(UNESCO, UNICEF &amp; Banco Mundial, 2021).
Los sectores sociales de menores ingresos, los habitantes de
zonas rurales, las mujeres, las personas con discapacidad y demás
grupos sociales vulnerables son particularmente sensibles a la
pérdida de las actividades educativas presenciales ante una posible
retirada del ambiente escolar para insertarse a la fuerza laboral de
baja cualificación (UNESCO, UNICEF &amp; Banco Mundial, 2021).
Bajo este contexto, y con miras en atender de manera local
las problemáticas socioemocionales derivadas de la pandemia de
COVID-19, el 11 de febrero de 2023, en las instalaciones del Colegio
Civil, Centro Cultural Universitario, se presentó formalmente la
Asociación Civil Tanatología y Salud Emocional, fundada por
la Dra. Mireya Sandoval Aspront, en dicha sesión se firmó un
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convenio de colaboración con la Dirección General de Bienestar
Social y la Casa del Adulto Mayor del municipio de San Nicolás
de los Garza, Nuevo León, donde se formalizó la participación en
el diseño de talleres, diplomados, ciclos de conferencias y demás
actividades requeridas por la dependencia municipal.

Imagen 1. Presentación de la Asociación Civil de Tanatología y Salud
Emocional. Fuente: fotografía propia.

Como parte de las múltiples actividades iniciales llevadas
a cabo por la Asociación Civil Tanatología y Salud Emocional a
lo largo de los años 2023 y 2024 se destacan: la difusión de la
asociación y los trabajos iniciales en el Canal 53 de la UANL; la
visita mensual, comenzando con conferencias y talleres en la Casa
Club del Adulto Mayor, la participación con las conferencias:
“Mujeres como pilar de la familia” y “Toma de Conciencia del
Abuso y Maltrato hacia el Adulto Mayor con la RED de Mujeres
de la Dirección de Mujeres del municipio de San Nicolás de
los Garza; y los ciclos de conferencias sobre el Adulto Mayor:
Plenitud, Bienestar y Salud (Sandoval Aspront, 2023).
196

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.151

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Imagen 2. Ciclo de conferencias Adulto Mayor, Plenitud, Bienestar y Salud.
Fuente: fotografía propia.

Una vez consolidada la participación de la asociación
en el municipio de San Nicolás de los Garza, se logra la firma de
otro convenio de colaboración con los Centros de Capacitación
para el Trabajo Industrial (CECATI-92) sobre la prevención de
adicciones, mismo que inicia con la conferencia: “¿Cómo afectan
las drogas en la salud emocional? dirigida a los estudiantes del
CECATI-92; así como la participación en las reuniones mensuales
de la asociación ANDAMOS A.C. en calidad de miembros
asociados.
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.151

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�Raúl González, Angélica Vences, Mireya Sandoval / Responsabilidad Social Universitaria

Discusión y conclusiones
A lo largo del presente trabajo se ha destacado la importancia
de articular de forma coherente, por una parte, la RSU
como competencia transversal curricular en la educación
superior y, por la otra, su pertinente vinculación a través de
asociaciones civiles como una de las múltiples ventanas para
su materialización por medio de sinergias entre los diversos
actores sociales involucrados en los trabajos para la mejora
de la calidad de vida de nuestras comunidades, tales como:
gobiernos, empresas y universidades. Este es un tema que
teóricamente ha sido ampliamente abordado, no así desde el
ámbito de las acciones concretas. Esto es posible solamente
desde la observación participante, a través de la cual, entre
otras categorías importantes, se identificaron: la participación
y la vinculación, la sensibilización de los actores universitarios
y externos a la institución y la inclusión de contenidos de RSU
en las mallas curriculares.
Así, aunque aún existen una colección importante de retos
para la adecuada integración de las metas perseguidas desde las
propuestas y experiencias presentadas en materia de RSU y su
vínculo con la comunidad a través de asociaciones civiles, tanto la
literatura especializada como nuestra participación y observación
activa nos indican rutas de trabajo trazadas con base en las
actuales tendencias de profesionalización de las asociaciones
civiles y la inclusión de la RSU en cada vez más rubros dentro de
las mallas curriculares universitarias.
La observación participante en los trabajos de
presentación, difusión, vinculación y ejecución de labores en la
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comunidad por parte de la asociación civil Tanatología y Salud
Emocional en el municipio de San Nicolás de los Garza, Nuevo
León, brindó la oportunidad de conocer el efecto de dichas
actividades sobre la sensibilización de los distintos profesionistas
de la UANL asociados cuya participación como expertos en
medicina, psicología, educación, y diversas disciplinas de las
ciencias sociales y humanidades, hace patente la construcción
de actuaciones socialmente responsables con respecto a sus
áreas específicas de conocimiento donde se trascienden los
valores meramente utilitarios o pragmáticos de la profesión
para conectar dichos saberes con las necesidades del entorno
inmediato a la universidad y contribuir con ello a la construcción
de una sociedad más justa y equitativa.

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�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

Transdisciplina y economía: irrupciones y
disrupciones teórico-metodológicas para el
estudio de la música-pop
Transdiscipline and economics: theoreticalmethodological irruptions and disruptions for
the study of pop-music
Alan Omar Pérez Álvarez1

Resumen: El presente artículo se propone el establecimiento de un
puente cognoscitivo entre la economía y la transdisciplinaria con
el objeto de construir una perspectiva trans-económica de la música
popular grabada en el capitalismo contemporáneo. La economía
neoclásica y la economía marxista han dedicado una importante
cantidad de trabajos al estudio de la cultura en el sistema capitalista
desde mediados del siglo XX hasta principios del XXI; sin embargo,
tanto la primera como la segunda han priorizado la investigación de
la lógica y el valor económicos de las mismas en detrimento de otras
lógicas y elementos esenciales en la economía de la música en las
sociedades contemporáneas. De ahí que se plantee la necesidad y la
urgencia de aplicar los axiomas metodológicos básicos y los operadores
cognoscitivos complejos de la transdisciplina al proceso por el que
1 Universidad Nacional Autónoma de México. Ciudad de México,
México. Correo: clowniangramascon@gmail.com

205

�Alan Omar Pérez Álvarez / Transdisciplina y economía: irrupciones y disrupciones

se producen, circulan y se consumen los objetos subjetivantes, los
sujetos objetivados y las subjetividades objetuales en la música-pop del
capitalismo neoliberal.
Palabras clave: Transdisciplina, economía política, economía simbólica,
economía deseante y música-pop.
Abstract : This article proposes the establishment of a cognitive bridge
between economics and transdisciplinary to build a trans-economic
perspective of popular music recorded in contemporary capitalism.
Neoclassical economics and marxist economics have devoted a
significant amount of work to the study of culture in the capitalist
system from the mid-twentieth century to the beginning of the twentyfirst; however both have prioritized the investigation of the economic
logic and value of them in detriment of other essential logics and
elements in the economy of music in contemporary societies. Hence
the need and urgency of applying the basic methodological axioms and
complex cognitive operators of transdiscipline to the process by which
subjectivating objects, objectified subjects and objectual subjectivities
are produced, circulated and consumed in the pop-music of neoliberal
capitalism.
Keywords: Transdiscipline, political economy, symbolic economy,
desiring economy and pop-music.

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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.94

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

Introducción
La economía ha sido una de las disciplinas en las que se aspira
de manera prioritaria a la simplificación de la realidad y a la
especialización del conocimiento2. Desde el siglo XIX hasta
el XX, tal ciencia se constituyó por medio de los parámetros
disciplinarios de la ciencia moderna y a través del paradigma
nomotético de la física newtoniana, por lo que aquella se ha
caracterizado por la dicotomía hombre/naturaleza y la creencia
en el progreso infinito, por la búsqueda de leyes universales,
por la causalidad lineal y el aislamiento empírico, por la
matematización y la cuantificación del mundo, por el modelo
estático del equilibrio general y por la razón instrumental de los
individuos (Wallerstein, 2006, pp. 3-36).
Ahora bien, la segunda mitad del siglo XX representó
un viraje cognoscitivo para la economía, pues la emergencia y el
despliegue de los debates sobre 1) la separación entre las ciencias
sociales y la disciplina histórica, 2) la pretendida universalidad
del conocimiento egológico de la civilización occidental y
3) la fragmentación del saber entre las “dos culturas” de las
ciencias naturales y las humanidades; así como de las teorías
de la relatividad general, el psicoanálisis y la demanda efectiva,
de la modernización social, de los sistemas complejos, del
estructuralismo simbólico, de la autoorganización biológica, de
2 Wallerstein asevera –siguiendo a Foucault– que una disciplina es
un sistema de control de la producción discursiva que establece sus propios
límites por medio de la constitución de un modo de cognición del mundo
que se adquiere por la reactivación constante, inconsciente e inmediata de
un conjunto de normas, hábitos y conductas de investigación, formación y
divulgación del conocimiento (2006, pp. 36-37).
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.94

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�Alan Omar Pérez Álvarez / Transdisciplina y economía: irrupciones y disrupciones

la cibernética y la información, y de la fenomenología existencial,
el marxismo cultural y la filosofía posmoderna, replantearon una
variedad de postulados, problemas, categorías y conceptos del
paradigma mecanicista de la ciencia económica (Wallerstein,
2006, pp. 37-75; Morin, 2005, pp. 19-24).
Ya para el cambio del siglo XX al XXI, los economistas
habían subvertido, criticado o cuestionado la mayoría de los
pilares en los que se soportaba el paradigma fisicalista de la
disciplina económica. En primer lugar, se abordó el sistema
económico en relación con el ecosistema terrestre, al mismo
tiempo que se reconoció la imposibilidad del crecimiento infinito
en un planeta con recursos limitados (Leonard, 2016, pp. 1731); en segunda instancia, se relativizó la ley de la oferta y la
demanda y la conexión entre el protestantismo y el capitalismo
a partir del estudio histórico de la primera en condiciones
premodernas y de la segunda en sociedades católicas (Tutino,
2016, pp. 8-46); en tercer lugar, se reformuló la visión lineal,
estática y determinista del sistema económico en pos de una
concepción recursiva, dinámica y caótica del mismo, en la que
se constata la existencia de una red de variables explicativas
que interactúan con el entorno no económico y que poseen un
amplio grado de incertidumbre (García, Ivarola y Szybisz, 2018,
pp. 82-84); en cuarta instancia, se cuestionó el formalismo del
lenguaje matemático, la axiomatización de la teoría económica
y el abstraccionismo de los modelos económicos, en donde el
principal receptor de tales críticas fue el concepto de equilibrio
general en tanto que un instrumental cognoscitivo que subsume
una variedad de fenómenos fundamentales en los sistemas
económicos actuales, a saber: el azar, el desorden y la degradación
208

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.94

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

(Miedes, 2012, pp.7-8); y, finalmente, se problematizó la razón
medio-fin de la teoría económica en tanto que uno de los tipos
de racionalidad que existen en las sociedades humanas, la que se
caracteriza como una lógica “economicista, rentista y alienante,
calculadora, cuantificadora, autosuficiente, deshumanizada, sin
registros de valoraciones éticas o morales.” (Fuenmayor, 2003,
pp. 9-14; Fuenmayor y Márquez, 2006, pp. 341-356).
No obstante, lo anterior no se ha empatado con una
afrenta de igual magnitud en lo que se refiere a los parámetros
disciplinarios de dicha ciencia social, a pesar de los esfuerzos de
una serie de economistas por traspasar, fracturar o subvertir los
límites de la economía en relación con las ciencias naturales y las
humanidades; ya sea porque se limitan al estudio de la actividad
económica desde una variedad de disciplinas, por lo que se
adscriben al ámbito de lo multidisciplinario (Bueno y García,
2014, pp. 1-4; Bueno, 2013, pp. 1-3; Muñoz, 2017, pp.7-12; Pantoja,
2021, pp. 112-117); o ya sea porque se reducen al intercambio de
métodos, teorías, conceptos o técnicas de investigación entre la
economía y las otras disciplinas, por lo que incrustan en el área de
lo interdisciplinario (Cabo y Ricoy, 2012, pp. 1-4; Miedes, 2012,
pp.1-3; Arnold y Cadenas, 2013, pp. I-III; Human y Cilliers, 2013,
pp. 24-38).
Así, los estudios económicos en los que se ensaya la
superación de los estatutos disciplinarios de dicha ciencia
no son sino una excepcionalidad (Shanahan, 1978, pp. 13-16;
Luigi, 2019, pp. 173-175; Erasmo, 2022. pp. 1-6), en los que la
perspectiva de la transdisciplina y el concepto de la complejidad
derivan más en una respuesta acerca del modo en que fortificar
los cimientos disciplinarios de la economía que en un problema
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�Alan Omar Pérez Álvarez / Transdisciplina y economía: irrupciones y disrupciones

sobre la manera en que destruir los pilares disciplinarios de la
misma, puesto que aquellos no permiten la irrupción disruptiva de
los axiomas metodológicos y de los operadores cognoscitivos de
la transdisciplina en la metodología, la teoría y la práctica de la
economía.
De ahí que el presente artículo se proponga el
establecimiento de un puente cognoscitivo entre la economía
y la transdisciplina con el objeto de construir una perspectiva
transeconómica de la música popular grabada de la actualidad, en
la que confluyan de forma simultánea, dinámica e interactiva
algunos de los niveles de realidad/percepción –por ejemplo, la
economía política de Karl Marx, la economía simbólica de Pierre
Bourdieu y la economía deseante de Deleuze y Guattari– que
configuran el proceso complejo por el que se producen, circulan
y consumen los objetos, los sujetos y las subjetividades en la
música-pop del capitalismo neoliberal.
Lo anterior se lleva a cabo de la siguiente manera.
Primero, se aborda los axiomas metodológicos básicos y los
operadores cognoscitivos complejos que comprenden lo que se
conoce como la perspectiva transdisciplinaria. Segundo, se tratan
los trabajos recientes de la economía neoclásica y la economía
política en relación con la música popular grabada con el objeto
de mostrar que ambas son incapaces de explicar y comprender el
proceso complejo por el que se produce, circula y consume aquel
fenómeno de la cultura-pop. Y, tercero, se construye un mirador
transeconómico de la música popular a partir del cruce entre la
transdisciplina y la economía en correspondencia con la música
popular grabada.
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�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

La transdisciplina
La perspectiva transdisciplinaria es uno de los modos emergentes
de organización del saber de finales del siglo XX y principios
del XXI (Wallerstein, 2006, pp. 3-75), por lo que puede ser
considerada como “la exigencia contemporánea de reproblematizar
el conocimiento, el sujeto/objeto cognoscente y el objeto/sujeto
cognoscible” (Pérez, 2022, pp. 104; Gómez y Arboleda, 2015, p.7);
en donde el proceso de cognición del ser humano y el mundo se
efectúa a través, entre y más allá de los límites disciplinarios del
saber por medio de una variedad de axiomas metodológicos y de
operadores cognoscitivos (Nicolescu, 1996, pp. 36-42).
La transdisciplina supone, en primer lugar, que el exceso
de simplificación de la ciencia moderna y de especialización de las
disciplinas académicas obstaculizan una visión compleja y global del
ser humano; en segunda instancia, que no hay una división radical
entre el sujeto y el objeto cognoscentes/cognoscibles y que uno y otro
interactúan activamente en el proceso de cognición del mundo; y, en
tercer lugar, que los pares excluyentes industria/naturaleza¸ economía/
cultura, mercancía/arte, etc., así como las realidades que emergen de
los mencionados, son insostenibles a nivel tanto teórico como
práctico, por lo que su superación es una labor insoslayable (Pérez,
2022, pp. 104-105; Varios Autores, 1994, párrs. 1-6).
La perspectiva transdisciplinaria se diferencia la disciplina,
la multidisciplina y la interdisciplina; pero entre la primera y las
segundas existe una relación de antagonismo y complementariedad,
puesto que las cuatro son “las flechas de un solo y mismo arco: el
del conocimiento” (Nicolescu, 1996, p. 26). En tal modo, no hay que
confundir a aquella con estas, ya que: a) en el enfoque disciplinario, el
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�Alan Omar Pérez Álvarez / Transdisciplina y economía: irrupciones y disrupciones

proceso de cognición concierte a un solo y mismo nivel de realidad/
percepción o a un parte de este; b) en la multidisciplina, tal proceso
se refiere al estudio de un objeto/sujeto cognoscible/cognoscente
de un pedazo o un nivel de realidad/percepción por parte de varias
disciplinas a la vez; y c) en la visión interdisciplinaria, el proceso
de cognición se corresponde con el migración de instrumentos
cognoscitivos (métodos, teorías, categorías, etc.) de una disciplina
a otra (Nicolescu, 1996, pp. 36-45).
Ahora bien, la transdisciplina presupone tres axiomas
metodológicos básicos que la distancian de las otras perspectivas
disciplinarias, a saber: el ontológico, el que asevera la existencia
de una multiplicidad de niveles tanto de realidad como de
percepción en el conocimiento y en el mundo; el lógico, en donde
se sostiene que el tránsito de un nivel de realidad/percepción a
otro se efectúa a través del principio del “tercero incluido”3; y
el epistemológico, el cual establece que el constructo que engloba
la totalidad de los niveles de realidad/percepción posee una
naturaleza compleja, en la que cada uno de dichos niveles existe
de forma simultánea, dinámica e interactiva con los otros (Osorio,
2012, p. 286; Nicolescu, 1996, p. 22).
Los axiomas anteriores requieren de algunas precisiones
teóricas para extraer todas las consecuencias de la perspectiva
transdisciplinaria en el proceso de cognición del ser humano y
el mundo. El axioma ontológico plantea una distinción analítica
fundamental entre la realidad y lo real, en donde aquella se refiere
3 El principio en cuestión se opone a los tres axiomas en los que se
basa la lógica de Aristóteles: una entidad es idéntica a sí misma (A es A), una
entidad no es distinta de sí misma (A no es no-A) y no existe una entidad que
sea ella sí misma y otra a la vez. (Nicolescu, 1996, p. 22).

212

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�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

a lo que resiste a nuestros instrumentos cognoscitivos, es decir, “a
nuestras experiencias, representaciones, descripciones, imágenes
o formalizaciones matemáticas” (Nicolescu, 1996, pp. 17-18. El
subrayado es del original); y esta se corresponde con una zona
de no-resistencia o, mejor, con un espacio de transparencia
absoluta en el que la cognición humana –cualesquiera que sean
las herramientas de las que se sirve para potenciar sus alcances–
se encuentra indefectiblemente restringida, excluida o limitada
(Nicolescu, 1996, pp. 42-43)4.
Pero ¿qué se entiende por un nivel de realidad?, ¿cuál es la
definición de un nivel de percepción? y ¿de qué manera se vinculan
ambos? El primero es “un conjunto de sistemas invariantes a la
acción de un número de leyes generales. […]. Es decir que dos
niveles de Realidad son diferentes si, pasando de uno a otro, hay
ruptura de las leyes y ruptura de los conceptos fundamentales
[…]” (Nicolescu, 1996, p.18); mientras que el segundo es “un
conjunto sistematizado de entidades sígnicas, emotivas y
sensitivas (‘miradas’, ‘sonidos’, ‘tactos’, ‘gustos’ y ‘olfatos’) que
configura una lectura general, coherente y unificante de un nivel
de realidad, sin agotarlo” (Pérez, 2022, p.109). Esto es, un nivel de
percepción es distinto de otro si, cuando se transita entre ellos,
existe una fractura de las configuraciones significativas y de las
figuras retóricas esenciales.5
4 Ya que la realidad es lo que resiste y lo real es lo que no resiste, entonces la
función de este no es sino constituir y, además, amenazar a la realidad, puesto
que la zona de no-resistencia es la que marca la imposibilidad tanto del cierre
de la realidad sobre sí misma como del límite de lo que resiste a la cognición
humana. (Nicolescu, 1996, pp. 42-43).
5 Nicolescu plantea la existencia de una correspondencia biunívoca
entre un nivel de realidad y un nivel de percepción, lo que explica el hecho
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�Alan Omar Pérez Álvarez / Transdisciplina y economía: irrupciones y disrupciones

Así pues, si existe una multiplicidad de niveles diversos
y, por ende, de zonas de no-resistencia heterogéneas, entonces
¿es factible la conexión de estos diferentes y múltiples niveles
de realidad/percepción en un único conjunto que los abarque a
todos? Sí, dice Nicolescu, puesto que la multiplicidad de niveles de
realidad/percepción y sus espacios de transparencia configuran al
sujeto y al objeto transdisciplinarios del conocimiento; en donde la
comunicación sígnica o informativa entre uno y otro se establece
por medio de la identidad de los reales que constituyen y limitan
los niveles de realidad/percepción que participan en tal conjunto
cognoscitivo/cognoscente (1996, pp. 42-44).
Los dilemas del paso de un nivel dado a otro y de la
conexión entre el sujeto y el objeto del conocimiento conducen
al segundo de los axiomas de la transdisciplina, es decir, el lógico.6
El anterior asevera que el tránsito entre dos niveles de realidad/
percepción se ejecuta a partir del principio del tercero incluido, por
el que “[un] estado T presente a un cierto nivel está unido a un par
de contradictorios (A, no-A) del nivel inmediatamente vecino”
(Nicolescu, 1996, p. 39). En términos simples, dicho postulado
supone que un par excluyente de un nivel de realidad/percepción
se transgrede a partir de su integración en un término unívoco de
de que tal autor insista en la definición del primero, pero no haga lo mismo
con el segundo. No obstante, en el presente texto se realiza una diferenciación
analítica entre ambas categorías, lo que responde a fines más expositivos que
conceptuales en la medida en que un nivel de realidad y un nivel de percepción
se imbrican a nivel tanto óntico como ontológico (Laclau, 2000, pp. 112-120).
6 El papel principal que poseen los terceros en la solución de tales
problemáticas se explica y comprende en la medida en que tanto el número
“tres” como el prefijo “trans” se basan en la misma raíz etimológica, a saber: “lo
que va más allá de dos” (Nicolescu, 1996, p. 43).

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otro nivel diferente; no obstante, tal mecanismo de tránsito entre
tal o cual nivel de realidad/percepción implica la emergencia de
otra dicotomía en el nivel encargado de la integración (Nicolescu,
1996, p. 43). De lo precedente se sigue la imposibilidad de una
teoría absoluta del mundo y el carácter abierto del conocimiento
humano, es decir, la existencia de la complejidad y, además, de lo
complejo (Pérez, 2022, p. 112; Alcántara, Arce y Parrini, 2017, p. 9;
Morin, 2005, p. 72).
Así pues, se llega al último de los axiomas
transdisciplinarios, esto es, el epistemológico. Este plantea que la
complejidad es una dimensión transversal tanto del conjunto de
los niveles como de cada uno de ellos, por lo que aquella sería
el producto y el productor de “nuestras cabezas”, así como de
la “naturaleza misma de las cosas y los seres” (Nicolescu, 1996,
pp. 30-31). Ahora bien, ¿cuál es el significado de la categoría de
complejidad? Edgar Morin afirma que esta no es concebible de
forma simplista, ya que ocuparía “el lugar de la simplicidad. La
complejidad es una palabra problema y no una palabra solución” (2005, p.
22. El subrayado es del original), en la que se incrusta el problema
fundamental de cómo enfrentarse a la complejidad sin subsumir
lo complejo en los límites de la simplicidad; pues, según el autor
francés, “es complejo aquello que no puede resumirse en una
palabra maestra, aquello que no puede retrotraerse a una ley,
aquello que no puede reducirse a una idea simple. Dicho de otro
modo, lo complejo no puede resumirse en el término complejidad
[…]” (Morin, 2005, p. 22).
Si lo anterior es así, dicha categoría no es definible define
en modo positivo, sino negativo: ¿qué es lo que no es la complejidad?
Primero, ella no es la simplicidad, lo que no significa que se
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�Alan Omar Pérez Álvarez / Transdisciplina y economía: irrupciones y disrupciones

desprecie el valor de esta en el proceso de cognición del ser
humano y el mundo, porque “el pensamiento complejo integra lo
más posible los modos simplificadores de pensar, pero rechaza
las consecuencias mutilantes, reduccionistas, unidimensionales y
finalmente cegadoras de una simplificación que se toma por reflejo
de aquello que hubiere de real en la realidad” (Morin, 2005, p. 22);
y, segundo, la complejidad no es la completud, lo cual no implica
que se niegue las relaciones existentes en el trinomio parte-todoparte, ya que tal modo de pensar se encuentra impulsado por la
tensión que hay entre “la aspiración a un saber no parcelado, no
dividido, no reduccionista, y el reconocimiento de lo inacabado e
incompleto de todo conocimiento” (Morin, 2005, p. 23).
En consecuencia, si lo complejo excede a la complejidad,
entonces cualquier proceso, mecanismo e instrumento que
se dirija a captar el ser humano y el mundo tendría que ser, en
sí mismo, complejo; por lo que la transdisciplina necesitaría
idear, establecer, articular y desplegar una serie de operadores
cognoscitivos que tengan por objeto la aprehensión de lo complejo
en la complejidad, es decir, en un nivel de realidad/percepción,
en la intersección entre uno o más niveles y en el conjunto de los
niveles de realidad/percepción (Osorio, 2012, p. 273).
El primero de los mencionados es el bucle recursivo, es decir,
el ciclo retroactivo de causalidad paradojal por el que los productos
y los efectos se tornan los productores y los causantes de lo que
se produce y se efectúa, respectivamente (Osorio, 2012, p. 273).
Otro de tales operadores es la auto-eco-explicación, en el
que la autonomía/dependencia que existe entre el elemento
y el ecosistema da cuenta del modo en que todo ser vivo se
autoproduce y organiza por medio del intercambio energético,
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informático y sígnico con el medio ambiente en que existe para
perseverar en sí mismo y devenir en un otro (Osorio, 2012, p. 273).
El tercer operador es el emergencial, esto es, la tensión
caos/orden en tanto que el fundamento de la aparición de nuevas
cualidades y propiedades (que van más allá de las partes que las
componen y del todo que las engloba) en los entes organizados,
en cuyo caso aquellas retroactúan sobre estos en una especie de
destrucción creativa entre la organización y el desorden (Osorio,
2012, pp. 274-275).
El siguiente de los operadores indicados es el holológico,
en donde las relaciones parte-todo se juegan a tres niveles (sin
olvidar la incapacidad de conocerlo todo): uno holonómico, el
que conecta el todo a las partes; uno hologramático, el cual liga
las partes entre sí; y uno holoscópico, el que vincula las parte al
todo (Osorio, 2012, p. 275).
Otro de dichos operadores es el dialógico, o sea, la conexión
de dos o más lógicas o elementos antagónicos/complementarios
en un mismo fenómeno con el fin de constituir una unidualidad
compleja, la que no es sino una imbricación biunívoca de entidades
heterogéneas, ineliminables e irreductibles una en relación con la
otra (Osorio, 2012, p. 275).
El sexto operador es el reflexivo, el cual se encarga de
reintroducir el sujeto cognoscitivo en el proceso de cognición del
objeto cognoscente y, así, develar el hecho de que el conocimiento
“no es un espejo de las cosas o del mundo exterior, sino una
reconstrucción-traducción por un espíritu-cerebro, en una
cultura y en un tiempo determinado” (Osorio, 2012, p. 276).
El último de tales operadores es la borrosidad, es decir,
tanto la aplicación cognoscitiva de conceptos indeterminados e
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�Alan Omar Pérez Álvarez / Transdisciplina y economía: irrupciones y disrupciones

indecibles como la concepción empírica de entidades compuestas
e inacabadas en el ser humano y el mundo (Osorio, 2012, p. 277).
En síntesis, la transdisciplina se compone de una variedad
de axiomas metodológicos y de un conjunto de operadores
cognoscitivos cuya finalidad es reproblematizar las lógicas y los
elementos del proceso de cognición a partir de la superación
de los límites disciplinarios del conocimiento. En este sentido,
tal perspectiva permite cuestionar no sólo el modo en que se
ha estudiado la música-pop en función de los ámbitos de la
economía ortodoxo o heterodoxa, sino también transgredir los
parámetros disciplinarios que imposibilitan la construcción
de una perspectiva tal en la que se analice aquel fenómeno a
través, entre y más allá de los niveles de realidad/percepción de la
economía política, la economía simbólica y la economía deseante.
Sin embargo, antes de tratar con mayor amplitud el aparato
cognoscitivo de la transeconomía, hay que revisar el modo en que la
economía neoclásica o marxista ha estudiado la música popular
grabada.
La economía y la música-pop
El capitalismo neoliberal vibra con la cultura-pop. No existe
persona que no haya gozado de escuchar Despacito de Luis Fonsi
y Daddy Yankee, de asistir a uno de los espectaculares conciertos
de Katy Perry, de observar el material fílmico del Dorado World
Tour de Shakira, de oír alguno de los podcasts de Service95 de Dua
Lipa o de cualquier actividad o producto de lo que se considera
parte del entretenimiento masivo y estandarizado del mundo
globalizado.
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La existencia y el atractivo de tales mercancías necesitan
ser explicados y comprendidos más allá de los lugares comunes del
pensamiento marxista, en el que la industria cultural ejerce una
dominación absoluta sobre un conglomerado de consumidores
“obnubilados” y pasivos (Adorno y Horkheimer, 1998, pp. 160165); o de la economía de la cultura, en el que el modelo de la oferta
y la demanda subsume la dimensión subjetiva de la participación
de los agentes en los bienes y servicios culturales (Sunkel, 2002,
pp. 3-6). En efecto, el capitalismo es un “complejo histórico en
el que se imbrica una multiplicidad de relaciones de explotación
económica, de control social, de dominación política y de
subsunción cultural […]” (Pérez, 2022, p. 167); por lo que sería un
error no considerar los elementos sociales, políticos y culturales
que confluyen en la producción, la circulación y el consumo de una
mercancía determinada de la cultura-pop más allá de la función
que esta cumple en la producción y reproducción del proceso de
acumulación ampliada del capital (Quijano, 2014, pp. 850-854).
Ahora bien, la economía tanto neoclásica como marxista
ha dedicado una importante cantidad de páginas al estudio de
dichos fenómenos culturales desde mediados del siglo XX hasta
las primeras décadas del XXI. No obstante, tanto una como la
otra se han centrado en el análisis del valor económico de los
mismos, lo que ha desterrado otras lógicas y elementos esenciales
en la producción, la circulación y el consumo de los bienes y
servicios culturales y musicales en las sociedades capitalistas
contemporáneas. (Canclini y Piedras, 2005).
En la actualidad, existe una nueva área de especialización
de la economía neoclásica que se conoce con el nombre de
economía de la cultura (Palma y Aguado, 2010, pp. 129-130), la
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�Alan Omar Pérez Álvarez / Transdisciplina y economía: irrupciones y disrupciones

que responde al incremento de la relevancia cotidiana de los
bienes y servicios culturales en el mundo globalizado y, a su
vez, al aumento de la importancia económica del sector cultural
en la economía planetaria7, y la que se comporta en tanto que
un fragmento de un nivel de realidad/percepción que emergió
por el trabajo fundacional de Baumol y Bowen, Performing Arts.
The Economic Dilemma (1966); que se consolidó por los textos
publicados en el Journal of Cultural Economics (cuyo primer número
apareció en 1977) y recopilados en el Handbook of the Economics of
Art and Culture (Ginsburgh y Throsby, 2006); y que se amplió por
las obras recientes de autores como Emilio Albi, David Throsby,
Ruth Towse, Mark Blaug, Victor Ginsburgh y Kenneth Arrow.
En el marco de dicha especialización, los economistas
de la música se han abocado al estudio, por un lado, de la oferta
cultural, en el que se han priorizado el examen de la contribución
de la industria cultural al crecimiento y el desarrollo de las
economías contemporáneas (CEPAL, 2021; y Ramírez, 2016),
del modo y el formato en que se produce y distribuye la música
popular grabada (Hyun, 2016) y del funcionamiento estructural
del mercado y el comportamiento estratégico de las empresas de
tal industria (Longo, 2014); y, por el otro, de la demanda cultural,
en el que ha predominado la exploración del consumo de los bienes
y servicios musicales, ya sea desde una perspectiva ortodoxa en
7 En el primer caso, según la Federación Internacional de la Industria
Fonográfica (IFPI), la mayoría de los 43,000 encuestados de 23 países diferentes
dedican un promedio de 18.4 horas a la semana al disfrute de música tanto
nacional como extranjera (2021: 6-7). En el segundo caso, con base la CEPAL,
las industrias culturales generaron alrededor de 2,250 miles de millones de
dólares de ganancias alrededor del mundo en 2015, lo que es una suma mayor
al PIB de la India en tal año (1,900 miles de millones de dólares) (2021: 29).

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la que aquel se explica por la confluencia del precio, la utilidad y
el ingreso (Aguado, L. y Palma, L, 2015, p.59); o desde un enfoque
heterodoxo en el que tal consumo se comprende con base en una
variedad de factores explicativos, por ejemplo, la formación del
gusto, el grado educativo, el tiempo de ocio o el valor simbólico
(Canclini y Piedras, 2005; Sunkel, 2002; y Bourdieu, 1990).
En consecuencia, a pesar de que la economía de la cultura
permita llevar a cabo un análisis de los bienes y servicios musicales
por medio del modelo del equilibrio general de mercado, la verdad
es que aquella no da cuenta del proceso complejo por el que se
produce, circula y consume la música en los países capitalistas
del mundo globalizado. En este modo, el que la economía de la
cultura explique el consumo de tal o cual bien o servicio musical
en función del precio de equilibrio en un mercado determinado
excluye el hecho de que la fruición cultural siempre implica una
dimensión subjetiva por parte de los actores sociales (Bourdieu,
1990). De ahí que el consumo de las mercancías musicales
dependa no sólo del capital económico de los individuos, sino
también del capital simbólico de los agentes, los que producen y
son producidos, vehiculizan y son vehiculizados y se apropian y
son apropiados por un conjunto de principios de visión y división
comunes del mundo de las fuerzas sociales que constituyen un
campo social específico (Bourdieu, 2001, pp. 87-98).
Hoy en día, existe también un amplio horizonte de
análisis de las mercancías culturales por parte del marxismo, el
que se define como un nivel de realidad/percepción que apareció
por el estudio primigenio de Adorno y Horkheimer, Dialéctica de
la ilustración, en el ocaso de la Segunda Guerra Mundial; el que
fue subvertido por el trabajo realizado en torno a las industrias
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�Alan Omar Pérez Álvarez / Transdisciplina y economía: irrupciones y disrupciones

culturales en la segunda mitad del siglo XX por parte la escuela
de pensamiento de los Cultural Studies (Richard Hoggart, Edward
Thompson, Raymond Williams, Stuart Hall, etc.); y el que se
criticó por la obra clave de Culturas híbridas. Estrategias para entrar
y salir de la modernidad de Néstor Canclini (1990) y por la línea
latinoamericana de los Estudios culturales (Jesús Barbero, Anna
Gutman, Ernesto Piedras, Guillermo Sunkel, etc.), (Miller, 2011,
pp. 122-128; y Sunkel, 2002, pp. 2-6).
En el ámbito específico de la economía política, los
economistas de la música han dedicado una buena cantidad de
trabajos al problema de la música popular grabada, pero siempre
teniendo en cuanta el papel que esta funge en relación con la
producción y reproducción económica o ideológica del sistema
capitalista. El caso prototípico de lo anterior es el libro Dialéctica de
la Ilustración de Adorno y Horkheimer (1998), en el que se plantea
que la música-pop no es sino un producto de la cultura de masas y,
a su vez, una mercancía de la industria cultural; por lo que aquella
—a diferencia de la música “culta”— tiene por fin la producción
y reproducción del capitalismo a partir de la obnubilación de las
conciencias de los individuos, de la estandarización de los modos
de consumo y de la exclusión de cualquier forma de negatividad
—es decir, de crítica— en relación con el sistema imperante de
dominación social (1998, pp. 165-176).
Otro ejemplo es el trabajo de Jacques Attali titulado Ruidos.
Ensayo sobre la economía política de la música (1995), en el que la música
popular grabada se considera una mercancía fetichizada que se
destina a la producción y reproducción de la acumulación del
capital, pero también una forma profética que anuncia el pasado,
el presente y el futuro de la sociedad (Attali, 1995, p. 12). Así pues,
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el autor plantea que “Hoy en día la música, cualquiera que sea el
modo de producción del capital, anuncia el establecimiento de una
sociedad repetitiva […]” cuya finalidad principal es la atracción/
repulsión de la diferencia (Attali, 1995, p. 13).
Una muestra más es la obra de Jon Illescas, el que estudia
de manera sistemática y profunda, por un lado, el formato del
videoclip dominante de la música-pop como una mercancía
cultural que se consume por la juventud global y, a su vez,
como un vehículo ideológico de producción y reproducción del
sistema capitalista (2015, pp. 20-21); y, por el otro, la figura de las
celebridades en tanto que rentistas del cuerpo que “sirven a los
objetivos de la acumulación del capital a través de su incesante
reproducción de la industria cultural” (2018, pp. 155-156).
Un caso más es el libro Dialectic of Pop (2019) de Agnès
Gayraud, en donde la música popular se concibe como un formato
grabado producido por la industria cultural, pero también como
una obra artística que conjuga una forma artística y estética en
la que materializa una de las promesas utópicas de la ilustración
occidental: la democratización de la experiencia humana
(Gayraud, 2019, pp. 1-28). De ahí que la autora asevere que la
música-pop encarna la promesa de “un arte accesible [para todos]
no porque se rebaje el nivel de sus destinatarios, sino porque
promete hablar de ellos, hablar su lengua y tocar la sencillez de su
existencia, de la existencia común de la humanidad” (Gayraud,
2019, p. 61).
Otro ejemplo es el trabajo marxista y culturalista de
Chalena Vásquez intitulado Los procesos de producción artística
(2019), en el que se aborda la música popular grabada como una
producto mercantilizado del trabajo humano y una práctica
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�Alan Omar Pérez Álvarez / Transdisciplina y economía: irrupciones y disrupciones

alienante que produce y reproduce al sistema capitalista; a su
vez, aquella también está inmersa en un tinglado de condiciones
y relaciones materiales, sociales e ideológicas de producción,
circulación y consumo (Mendívil, 2021, pp. 62-64). Así pues, el
principal aporte de dicha autora es que restituye la materialidad
de la música-pop en la medida en que considera que el sonido es
manipulado por el trabajo humano por medio de una tecnología
musical dada con el objeto de producir una serie de cuerpos
sonoros que ingresan en canales específicos de distribución social
y que se escuchan en modos específicos de apropiación ideológica
(Mendívil, 2021, pp. 68-72).
Por lo tanto, aunque la economía política de la cultura
permita efectuar un estudio de las mercancías musicales a partir
de la teoría del valor-trabajo, de la explotación, de la renta, de la
alienación y de la acumulación en el sistema capitalista, lo cierto
es que lo anterior no considera el complejo proceso por el que
se produce, circula y consuma la música-pop en las sociedades
capitalistas del siglo XXI. En este sentido, el que la economía
política de la cultura explique el proceso de producción de tal
o cual mercancía musical en relación con la reproducción de
la lógica de la acumulación ampliada del capital subsume el
hecho de que la fabricación de objetos en las industrias cultural
está aparejada no sólo a la reproducción de los sujetos en los
campos sociales (Bourdieu, 2001, pp. 87-94), sino también a la
composición de subjetividades en los territorios sonoros (Deleuze
y Guattari, 2002, pp. 9-29) De ahí que la música-pop se incruste
en un proceso complejo de producción, circulación y consumo de
mercancías, símbolos y deseos por medio de los que se produce y
reproduce el capitalismo, de los que se construye y vehiculiza una
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visión del mundo y de los que se crean y sostiene otros universos
posibles (Deleuze y Guattari, 2002, pp. 9-29).
En suma, ni la economía neoclásica ni la economía política
dan cuenta del complejo proceso por el que atraviesan los bienes
y servicios o las mercancías musicales en los países capitalistas
neoliberales en tanto que ambas sobreestiman la lógica y el valor
económicos de aquellos en detrimento de las lógicas y los valores
“no económicos” que emergen en la producción, la circulación y el
consumo de la música popular grabada en el neoliberalismo. Así,
el estudio de la música popular grabada contemporánea exige
el diseño y la aplicación de un instrumental cognoscitivo que
recupere las contribuciones disciplinarias, pluridisciplinarias
e interdisciplinarias al saber de la economía neoclásica o la
economía política de la cultura, al mismo tiempo que rechace
las

consecuencias

simplificantes,

limitantes,

mutilantes,

reduccionistas, parcelantes y cegadoras que existen en el campo
de estudio de la economía de la música popular. Una perspectiva,
pues, que permita el diálogo entre la economía y la transdisciplina
con miras a construir un mirador transeconómico de la música
mercantil, simbólica y deseante.
La trans-economía
El siglo XXI implicó la emergencia de un intercambio profuso
entre la economía y la transdisciplina. En este sentido, entre ambas
se suscitaron una variedad de encuentros tanto directos como
indirectos. El diálogo directo de la economía y la transdisciplina
se ha esforzado por reflexionar a nivel teórico acerca de las
implicaciones que poseería para la primera la introducción de
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�Alan Omar Pérez Álvarez / Transdisciplina y economía: irrupciones y disrupciones

los axiomas, los problemas y los conceptos de la segunda, en
particular en lo que se corresponde con a) la economía ecológica,
el desarrollo sustentable y el medio ambiente (Emilio, 2009, pp.
29-33); b) las nociones de tiempo e incertidumbre en los modelos
económicos (Perry, 2013, pp. 467-469); c) la simbiosis de biología
y economía, los conceptos de organismo, comportamiento y
complejidad y el análisis económico de las empresas y la estructura
industrial (Bueno, 2006, pp. 1-2); d) las conexiones entre la
economía y la filosofía en pos de la construcción de la econosofía,
así como los límites y las oportunidades del mismo en relación
con la economía neoclásica; e) el supuesto de la racionalidad
instrumental en contraposición a una racionalidad comprensiva
en el comportamiento económico (Fuentemayor, 2003, pp. 7-12;
Fuentemayor y Márquez-Fernández, 2006, pp. 340-344) o en la
conducta administrativa (Drugus, 2011, pp. 3-6); y f) la conexión
entre las universidades, el aparato público y las industrias en los
sistemas económicos (Pantoja y Cardona, 2021, pp. 111-112).
Por otro lado, el diálogo indirecto de la economía y la
transdisciplina se ha preocupado por pensar a nivel ontológico,
metodológico y epistemológico sobre las consecuencias que tendría
para la primera la integración de los avances teóricos y conceptuales
del pensamiento complejo, en particular en lo que se refiere a I)
la concepción de la economía como un sistema autopoiético,
autoorganizativo y autoevolutivo en el que interactúan un conjunto
heterogéneo y jerarquizado de agentes, redes y sistemas, los que se
encuentran inmersos en la econosfera terrestre (Ossa, 2008, pp.
222-226; Arnold y Cadenas, 2013, pp. II-V); II) la crítica de los
supuestos lógicos por medio de los que procede el estudio de los
sistemas económicos, por ejemplo, la cuantificación de la realidad
226

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económica (Shanahan, 1978, pp. 13-14), la causalidad de corte
lineal (Fernández, 2016, pp. 1-2), el aislacionismo de las variables
económicos y la dicotomía de lo micro y lo macro (García, Ivarola
y Szybisz, 2018, pp. 80-82), la racionalidad del homo œconomicus
(Rincón, Fuenmayor y Rincón, 2014: 130-133) y la falseasibilidad
de las predicciones empíricas (Coq, 2005, pp. 20-22); III) la
construcción de modelos recursivos, dinámicos y abiertos de la
actividad económica a través de los métodos de la simulación
computacional, interactiva y probabilística (Perona, 2005, pp.
37-39); V) la apertura del instrumental de captación empírico en
pos de un mayor protagonismo de los métodos experimentales
(Miedes, 2012, pp. 3-6) o de las técnicas hermenéuticas (Human y
Cilliers, 2013, pp. 24-27).
A pesar de la extensión y profundidad de los encuentros
tanto directos como indirectos que han existido entre la economía
y la transdisciplina, la mayoría de los anteriores no han resultado
sino en la reificación de los estatutos disciplinarios de la ciencia
económica, en donde la perspectiva transdisciplinaria se torna un
modo de abrir los diques, pero no de destruir las barreras, que existen
entre la economía y las ciencias naturales, sociales o humanas.
Un ejemplo prototípico de lo anterior es el artículo de Valentina
Erasmo titulado Econosophy: limits and opportunities of transdisciplinary
approach to philosophy and economics (2022), en el que la configuración
de un campo híbrido entre la economía y la filosofía –que se tilda
con el vocablo de econosofía– desembocó más en un intercambio
de métodos, teorías, postulados o conceptos entre la primera y
la segunda –es decir, en un enfoque interdisciplinario– que en una
transgresión de los límites y los obstáculos que existen entre
aquella y esta (Erasmo, 2022, pp. 2-6).
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Ahora bien, el hecho de que una mercancía cultural
específica pueda fungir como el ancla de una serie de identidades
sociales (Martínez, 2009, pp. 171-177) o como el sustento de un
conjunto de bloques estéticos (Arriarán, 2009, pp. 127-129) en
el sistema capitalista en que vivimos exige la construcción de
unas lógicas y unas herramientas cognoscitivas que vayan más
allá de los estatutos disciplinarios de tal o cual ciencia natural,
social o humana (Morin, 2005: 20-24); puesto que la complejidad
del mundo contemporáneo muestra que cualquier objeto/sujeto
cognoscible está imbricado de manera simultánea, dinámica e
interactiva en una variedad de niveles de realidad/percepción, los
que requieren de un sujeto/objeto cognoscente que sea capaz de
captar las fronteras, los intersticios y las cuarteaduras que hay
entre tales niveles en tanto que las condiciones de existencia de
un fenómeno dado. (Nicolescu, 1996, pp. 30-31). De ahí que se
plantee la urgencia y la necesidad de un diálogo entre la economía
y la transdisciplina con el objeto de construir una perspectiva
transeconómica de la música popular grabada actual, puesto que
–como se vio con anterioridad– ni la economía neoclásica ni la
economía política explican o comprenden el complejo proceso
económico de los bienes y servicios o las mercancías musicales en
el sistema capitalista contemporáneo.
La trans-economía es una perspectiva cognoscitiva
en la que se perciben/interpretan los procesos simultáneos,
dinámicos e interactivos por medio de los que se producen,
circulan y consumen los objetos subjetivantes, los sujetos
objetivados y las subjetivades objetuales de la música-pop en
las realidades contemporáneas, la que exige reconocer que
existe una multiplicidad de niveles de realidad/percepción en tal
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objeto/sujeto cognoscente/cognoscible, que la superación de una
dicotomía existente en un nivel de realidad/percepción posibilita
el tránsito a otro y que cada uno de dichos niveles y el conjunto
de los mismos poseen una naturaleza compleja. (Basarab, 1996,
pp. 34-45; Osorio, 2012, pp. 275-276). Asimismo, una perspectiva
tal requiere de la comunión de las lógicas complementarias y
antagónicas de la economía y la transdisciplina en el estudio
de la música popular grabada actual, es decir, de la música que
pertenece a un régimen de producción, circulación y consumo
que se funda, en primer lugar, en el bricolage de las tecnologías
de grabación (los aparatos electrónicos); en segundo lugar, en la
virtualidad de los canales de registro (los medios digitales); y, en
tercer lugar, en la simpleza de las sensibilidades de fruición (las
estéticas populares). (Murphy y Smith, 2001, pp. 1-6; Giraud,
2019, pp. 60-62).
Lo mencionado implica que la economía adquiera el estatus
de una categoría ontológica (Laclau, 2000, pp. 76-80), esto es, de
una abstracción que tilda una región del ser que depende de una
heterogeneidad de sistemas invariantes a la acción de un número
de leyes generales y conceptos fundamentales y, por lo tanto, de
una multiplicidad de configuraciones significativas y retóricas
esenciales que constituyen en conjunto una variedad de niveles de
realidad/percepción. En dicho modo, se plantea I) que lo económico
es una transversal de la(s) realidad(es) económica(s), puesto que
no sólo existe la producción, la circulación y el consumo de tal o
cual cosa, sino también la producción, circulación y consumo de
la producción, de la circulación o del consumo de entes (Deleuze
y Guattari, 1985, pp. 1-18); y II) que la realidad económica es un
segmento de lo económico, puesto que la economía dominante se
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ha abocado al estudio de uno de los muchos niveles de realidad/
percepción que existen en la economía real, los que funcionan con
base en una serie de lógicas y elementos distintos que remiten a un
mismo mundo económico (Basarab y Nicolescu, 1996, pp. 30-40).
Una perspectiva tal no rechaza la simplicidad y tampoco
anhela la completud, por lo que integra los avances en la cognición
de la música por parte de la economía, al mismo tiempo que destierra
las simplificaciones en las que esta incurre cuando considera por
reflejo de lo real el modo en que se construye la realidad (Morin,
2005, pp. 22-23); y por lo que reconoce la imposibilidad de un
conocimiento trascendente, universal, ideal y sistemático de la
música-pop en la medida en que aquella se caracteriza como una
perspectiva del saber inmanente, singular, conectiva y experimental.
(Deleuze, 2016, pp. 12-13). En esta manera, la transeconomía de la
música-pop aspira a constituirse a sí misma en una perspectiva
acentrada por medio de la que cualquier cosa sea conectada con
cualquier otra en un orden indeterminado y sin jerarquía alguna,
puesto que el encuentro, el cruce o el choque entre uno o más
niveles de realidad/percepción fractura la posibilidad de que exista
una variedad de puntos de anclaje, líneas de soporte y de verticales
de dominio en la totalidad caótica, abierta y horizontal que es el
mundo económico. (Deleuze y Guattari, 2002, pp. 9-32).
Así pues, la economía política de Marx, la economía
simbólica de Bourdieu y la economía deseante de DeleuzeGuattari comportan solamente algunos de los niveles de realidad/
percepción a partir de los que es factible analizar los procesos
complejos por los que se produce, circula y consume la música
popular grabada, los que se corresponden con una multitud
de lógicas (la de la mercancía, la del símbolo y la del deseo,
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respectivamente) y elementos (la teoría del valor-trabajo, la del
campo social y la del esquizoanálisis); y los que se constituyen por
una variedad de pares excluyentes (valor de uso/valor de cambio,
lo económico/lo simbólico y las máquinas-órganos/el cuerpo sin
órganos, respectivamente) que posibilitan el tránsito de un nivel
de realidad/percepción a otro en tanto que sean integrados en un
tercer término existente en el nivel subsiguiente a cada uno de
los indicados (Marx, 1959, pp. 3-47; Bourdieu, 2001, pp. 87-94; y
Deleuze y Guattari, 2002, pp. 9-29).
En línea con lo anterior, la música popular grabada se
incrusta en un proceso complejo de producción, circulación y
consumo de mercancías, símbolos y deseos por medio de los que
se produce y reproduce el capitalismo, de los que se construye y
vehiculiza una visión del mundo y de los que se crean y sostiene
otros universos posibles; puesto que las subjetividades no son
sino las líneas de fuga que arrastran las líneas flexibles de los
sujetos y que destruyen las líneas segmentarias de los objetos, al
mismo tiempo que generan otras líneas segmentarias del mercado
que se volverán las líneas flexibles de nuevos símbolos y que
abrirán la puerta para la emergencia de otras líneas de fuga del
deseo. (Deleuze y Guattari, 2002: 9-29). En efecto, no se olvide
que dichos niveles se comprende en tanto que unos conjuntos
heterogéneos de lógicas y elementos entre los que no hay una
solución de continuidad sin que se operativice un procedimiento
cognoscitivo por el que tal o cual dicotomía de un nivel dado se
transgreda con el paso hacia otro nivel de realidad/percepción.
De ahí que la dicotomía valor de uso/valor de cambio –que
pertenece a la categoría de mercancía de la economía marxiana–
sea superada a partir de su integración en la noción de trabajo
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social –que forma parte de la categoría de símbolo de la economía
bourdiana– (Bourdieu, 2001, pp. 135-169), la que implica a su vez
la aparición de un nuevo par excluyente entre lo económico y
lo simbólico que será integrada a través de su superación en el
concepto de plusvalía capitalista –que concierne a la categoría
de deseo de la economía deleuziana-guattariana– (Deleuze y
Guattari, 1985, pp. 18-24), la cual significa también la emergencia
de la dicotomía máquinas-órganos/cuerpo sin órganos.8
Por último, la transeconomía de la música popular grabada
demanda la aplicación de los operadores cognoscitivos complejos
con el objeto de aprehender lo complejo de tal fenómeno, los que
ha sido tratados en su mayoría por los propugnadores de un
diálogo entre la disciplina económica y el pensamiento complejo.
En primer lugar, se plantea que existe un ciclo retroactivo
entre los niveles de la economía política, la economía simbólica y
la economía deseante, entre las fases de producción, circulación
y consumo de tales niveles y entre los primeros y los segundos
(Fernández, 2016, pp. 1-4).
En segunda instancia, se asevera que la economía real es
un sistema autopoiético, autoorganizado y autoevolutivo que
intercambia recursos e información con el ecosistema terrestre, por
lo que no es posible aislar los procesos de producción, circulación
y consumo de la música popular grabada de los sistemas sociales,
políticos y culturales por los que se configura tal fenómeno (Ossa,
2008, pp. 222-226; Arnold y Cadenas, 2013, pp. II-V).
8 El hecho de que se afirme la existencia de la última de tales dicotomías
no es más que una hipótesis de trabajo, puesto que la ontología rizomática de
Deleuze y Guattari recusa con éxito el anquilosamiento de cualquier dicotomía
a partir del principio de multiplicidad. (Deleuze y Guattari, 2016, pp. 32-36;
Deleuze y Guattari, 2002, pp. 48-52).

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En tercer lugar, se señala que en los espacios intersticiales
y los movimientos transversales que existen entre los niveles de
realidad/percepción se suscitan una multiplicidad de cualidades y
propiedades nuevas en lo que respecta a los fenómenos musicales,
los que están más allá y, a su vez, más acá de las lógicas de la
mercancía, del símbolo y del deseo en la medida en que actúan
y retroactúan sobre tales niveles de realidad/percepción (Bueno,
2006, pp. 3-6).
En cuarta instancia, se afirma que los sufijos macro, meso
y micro del vocablo economía no se refieren sino a un mismo nivel
de realidad/percepción, por lo que si se quiere religar de manera
holológica las partes y el todo se requiere un análisis del intercambio
simultáneo, dinámico e interactivo que existe entre las fases, los
niveles y los procesos en los que se juega la transeconomía de la
música-pop (García, Ivarola y Szybisz, 2018, pp. 80-84).
En quinto lugar, se sostiene que el antagonismo y la
complementariedad tanto de las dicotomías valor de uso/valor de
cambio, lo económico/lo simbólico y máquinas-órganos/cuerpo
sin órganos como de las lógicas de la mercancía, el símbolo y
el deseo permiten la institución de una serie de unidualidades
complejas, las que son: el objeto subjetivante, el sujeto objetivado
y la subjetividad objetual (Osorio, 2012, pp. 276-277).
En sexta instancia, se indica que el estatuto ontológico
de un fenómeno dado depende de las lógicas y los elementos por
medio de los que aquel sea percibido/interpretado, en donde los
sujetos/objetos y, a su vez, los objetos/sujetos cognoscitivos/
cognoscentes son capaces de transmutar los modos de
reconstrucción/traducción no sólo de los fenómenos musicales,
sino también del mundo económico (Osorio, 2012, pp. 276-277).
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Y, en séptimo lugar, se aventura que lo complejo de la
economía real de la música popular grabada no solo necesita, sino
exige al pensamiento el despliegue de instrumentos cognoscitivos
que sean inciertos, híbridos e indecibles, por ejemplo: la misma
perspectiva transeconómica como el resultado de la combinación
de la economía política, la economía simbólica y la economía
deseante (Osorio, 2012, pp. 276-277).
En suma, la transeconomía de la música popular grabada
es una perspectiva cognoscitiva que emerge del diálogo entre la
economía y la transdisciplina en relación con el fenómeno musical,
por lo que implica la aplicación de los axiomas metodológicos
básicos y los operadores cognoscitivos complejos al proceso
de producción, circulación y consumo de las mercancías, los
símbolos y los deseos en la música-pop de la actualidad. Ahora
bien, tal perspectiva no está completa si no se abordan de manera
compleja los niveles de realidad/percepción que se configuran por
medio de a) la lógica de la mercancía y la teoría del valor-trabajo
de Marx, b) la lógica del símbolo y la teoría del campo social de
Bourdieu y c) la lógica del deseo y la teoría esquizoanalítica de
Deleuze y Guattari, lo que excede los objetivos del presente texto
pues implica analizar el conjunto y cada uno de los niveles que
configurarán la perspectiva transeconómica de la música-pop.
Conclusión
El estado de la presente investigación no permita profundizar
adecuadamente en el modo concreto en que se fusionan y se
comportan los tres niveles de realidad/percepción de la economía
política, la economía simbólica y la economía deseante en
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relación con la música-pop, lo cierto es que sí posibilita abonar
provisionalmente en la manera abstracta en que aquellos deberían
conjugarse y funcionar en pos de una perspectiva transeconómica
de la música popular grabada, los que se caracterizan por ser:
a. Inmanentes, puesto que una realidad, un sistema,
un proceso, una fase, una lógica o un elemento
cualesquiera no se torna original, estructurante,
dominante o teleológico en relación con los otros;
b. singulares, ya que tales fenómenos no son sino unas entidades abiertas, porosas, caóticas e inestables que pueden desmontarse, sustituirse, alterarse y modificarse;
c. conectivos, porque una realidad, un sistema,
un proceso, una fase, una lógica o un elemento
cualesquiera se conecta con cualquier otro sin un
orden predefinido y sin una jerarquía estable; y
d. experimentales, puesto que dichos fenómenos no son
más que herramientas que son eficaces en la medida en
que permitan percibir/interpretar algo más del mundo
económico que esté más allá de la realidad económica.
En cualquier caso, las reflexiones extrapoladas en
estas páginas constituyen solamente un primer atisbo del
diálogo posible entre la ciencia económica y la perspectiva
transdisciplinaria, por lo que no pretenden ser exhaustivas
y, sobre todo, absolutas, sino plantearse de nueva cuenta el
problema de los límites disciplinarios de la economía y de
la superación de los mismos por la transdisciplina para, así,
instituir el edificio completo de una transeconomía de la
música-pop en el capitalismo neoliberal.
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�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

El concepto de clases sociales según
Olin Wright
The concept of social classes according to
Olin Wright
Patricio Pulgar Covarrubias1
Laura Moreau López2

Resumen: El presente artículo busca desarrollar el legado de Olin
Wright respecto del concepto de clases sociales. Para ello, se indaga el
vínculo sociológico que realiza el autor a nivel teórico y metodológico.
En este contexto, Wright comienza recorriendo conceptos teóricos de
diferentes autores categorizando sus posiciones, para luego construir
su concepción de las clases sociales mediante elementos tales como
estructura de clases, bienestar y poder económico, intereses y la
explotación, que interactúan en el sistema capitalista. Posterior a
esa revisión teórica, se explora la metodología utilizada para analizar
la clase social, buscando operacionalizar lo que se entiende por
conciencia de clase y otros indicadores del trabajo. Finalmente alude
que la posición dentro de la estructura de relaciones de clase determina
ciertas formas de conciencia, en una estructura capitalista fundada en
1
Investigador independiente. Putaendo, Chile. Correo:
pulgarc@gmail.com

patricio.

2 Investigadora independiente. Santiago, Chile. Correo: lau.moreaul@
gmail.com

245

�Patricio Pulgar-Covarrubias, Laura Moreau-López / El concepto de clases sociales

la explotación y la opresión, siendo una contribución para el marxismo
y las ciencias sociales.
Palabras clave: clase social, estructura social, marxismo, conciencia
de clase, relaciones de poder.
Abstract: This article seeks to study the legacy of Olin Wright regarding
the concept of social classes. To do this, the sociological link made by
the author at a theoretical and methodological level is investigated. In
this context, Wright begins by going through theoretical concepts of
different authors, categorizing their positions, and then building his
conception of social classes through elements such as class structure,
welfare and economic power, interests and exploitation that interact
in the capitalist system. After this theoretical review, the methodology
used to analyze social class is explored, seeking to operationalize
what is understood by class consciousness and other work indicators.
Finally, he alludes that the position within the structure of class
relations determines certain forms of consciousness, in a capitalist
structure founded on exploitation and oppression, being a contribution
to marxism and social sciences.
Keywords: social class, social structure, marxism, class consciousness,
power relations.

246

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.69

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

Para profundizar en el concepto de clases sociales, resulta
inevitable no estudiar a un destacado referente en este tema: el
sociólogo estadounidense Olin Wright (9 de febrero de 1947 23 de enero de 2019). Wright posee una extensa trayectoria en
las ciencias sociales, se graduó en filosofía y Letras en Harvard
College en 1968, obtuvo una licenciatura en historia en 1970 y
luego completó su doctorado en sociología en 1976. Además, fue
elegido presidente de la Asociación Americana de Sociología en
2012 (Social Science Computing Cooperative, 2009). Su labor
se enfocó en el estudio de las clases sociales, desarrollando
categorías de clases que permitieron comparar estructuras de
clases en diversas sociedades.
El sociólogo se interesó por temas ajenos a la sociología de
la época de los fines de los setenta, “(…) en donde la sociología de los
datos de encuesta era “producir proposiciones con “leyes” sociales
e hipótesis inmediatamente contrastables sobre asuntos triviales
de la vida diaria (…)” (Carabaña, 2021, pág. 3). Wright, en cambio,
investiga desde el método empírico las estructuras sociales y de
producción de la sociedad, generando datos consistentes que le
permitieron enriquecer la teoría marxista, y de esta forma “mostrar
la superioridad de la teoría marxista con los métodos propios de la
sociología burguesa” (Carabaña, 2021, pág. 3).
En su texto “Comprender la clase hacia un planteamiento
analítico integrado”, (2010) el autor define el concepto de
“clase”, proponiendo una definición no centrada desde atributos
individuales “tales como el sexo, la edad, la raza, la religión, la
inteligencia, la educación, la ubicación geográfica, etc.” (Wright
E. O., 2010, p. 99), como estipulan otros autores, en cuanto lo
define como una serie de “opciones de la gente en una economía
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.69

247

�Patricio Pulgar-Covarrubias, Laura Moreau-López / El concepto de clases sociales

de mercado y, por consiguiente, sus condiciones materiales”
(Wright E. O., 2010, p. 99). Es decir, diferentes formas de vida y
rutinas conforman subjetividades, tanto en el caso de los atributos
Desde la salud hasta el comportamiento electoral pasando por
las prácticas del cuidado infantil. Algunos de estos atributos
se adquieren en el nacimiento, otros en un momento posterior
de la vida; algunos son estables, otros dependen mucho de la
situación social específica de una persona y pueden, en consecuencia, variar a lo largo del tiempo. (Wright E. O., 2010, p. 99)

Como a su vez variables contextuales por el medio social
y educativo “(…) la gente también puede ser clasificada por las
condiciones materiales en las que vive: viviendas paupérrimas,
agradables casas suburbanas o mansiones en comunidades
valladas; pobreza abyecta, renta adecuada o riqueza extravagante,
etc.” (Wright E. O., 2010, p. 99). Por último, también por las
interconexiones con condiciones culturales: “la clase no debería
identificarse simplemente con los atributos individuales de
las personas ni con sus condiciones materiales de vida; por el
contrario, se trata de considerar las interconexiones existentes
entre ambos” (Wright E. O., 2010, p. 99). En este sentido y para
sintetizar lo expuesto sobre la definición del concepto clase
“cuando estos atributos y condiciones de vida diferentes se
agrupan en sentido amplio, entonces estos agrupamientos se
denominan «clases»” (Wright E. O., 2010, p. 100).
Wright revisa las posturas de ciertos autores que se
refieren a clases sociales, los cuales agrupa en tres grandes grupos:
el enfoque de la estratificación ligado a los atributos individuales
de la clase; el enfoque de acaparamiento de posibilidades y el
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�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

enfoque de dominación y explotación. En lo que se refiere al
primer grupo, identifica a la clase basándose en los atributos y
condiciones materiales de vida que tienen los individuos; como,
por ejemplo, la ubicación geográfica donde habita una persona y
su tipo de vivienda en cuanto al acceso a servicios básicos, como
electricidad, agua potable, o internet. En este grupo de análisis,
destaca el trabajo de Mike Savage en su análisis al “Gran Estudio
de británico de clases” (2013).
El enfoque de acaparamiento de posibilidades gira en
relación a la forma en que las posiciones sociales otorgan a los
sujetos el control de ciertos recursos económicos mientras que
excluyen a otros; lo cual lo define como “clausura social”, por
ejemplo, en empleos que requieren credenciales educativas en que
Los procedimientos de admisión, los costes de matrícula, la
aversión al riesgo a contraer préstamos cuantiosos por las personas de recursos escasos, etc., tienden, en general, a bloquear
el acceso a la educación superior en beneficio de aquellos que
ocupan esos empleos que exigen tales cualificaciones. (Wright
E. O., 2010, p. 101)

Para el autor, destacan en esta línea de trabajo lo
realizado por Max Weber, asi como Charles Tilly, quien emplea
explícitamente la expresión “Opportunity Boarding”, siendo uno
de los problemas identificados a resolver para asegurar y mejorar
los resultados a partir de los recursos que tienen a mano.
Finalmente, el enfoque de dominación y explotación
vincula a la clase principalmente con que la posición económica
del sujeto le entrega el control de sus vidas y las actividades,
mediante la dominación que se expresa, por ejemplo, en el derecho
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.69

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�Patricio Pulgar-Covarrubias, Laura Moreau-López / El concepto de clases sociales

de propiedad sobre las tierras que poseen los terratenientes, y, por
otro lado, la explotación, es decir, apropiarse de la producción
de quien trabaja esas tierras, en este caso, de los trabajadores
agrícolas (Wright E. O., 2010). Estos tipos de enfoques están
vinculados a las largas tradiciones sociológicas, en lo que respecta
a la tradición de estratificación con el primero, el segundo de
carácter weberiano mientras que el tercero a la posición marxista.
Para complementar la forma de entender los diversos
tipos de análisis, Wright (2018) utiliza los contextos estratégicos
que poseen los conflictos políticos, inspirándose en el trabajo
de Robert Alford y Rogers Friedland, los cuales elaboran una
tipología en relación con tres formas de poder según el nivel
del conflicto: poder sistemático, poder institucional y poder
situacional:
Las luchas en relación con el poder sistémico pueden pensarse
como luchas sobre qué juego debe jugarse, las luchas en relación con el poder institucional son sobre las reglas de un juego
determinado y las luchas en relación con el poder situacional
se refieren a los movimientos dentro de un conjunto de normas.
(Wright, 2018, p. 204)

En este contexto, para Wright, es importante incorporar
el conflicto en el análisis de las clases sociales, ya que de esta
manera se pueden estudiar las dinámicas de poder en la sociedad.
A través del conflicto, se expresan los intereses contrapuestos
que surgen debido a la distribución desigual de recursos y poder
en la sociedad, es decir, “posiciones contradictorias dentro de las
relaciones de clase” (Wright, 1994, pág. 17.) Con las categorías
establecidas por Alford y Friedland, busca entablar la forma de
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análisis de clases según el nivel de sistema en el que se centra el
conflicto, las estrategias que ocupan los sujetos en el análisis, y
cuál es su posición respecto a las reglas del orden existente:
Tabla 1
Metáfora del juego para Cartografiar la política y el análisis
de clases
Nivel del
sistema que
se centra el
conflicto

Forma de
análisis de
clase

Metáfora
de juego

Forma política
del conflicto

Asuntos en
litigio

Nivel de
sistema

A qué juego se juega

Revolución-contrarrevolución

Capitalismo-socialismo

Marxista

Nivel institucional

Las reglas
de juego

Reformistareaccionario

Variedades
capitalismo

Weberiana

Nivel situacional

MovimienPolítica de grutos del
po de interés
juego

Intereses
económicos
inmediatos

Durkhemiana

Nota: Tabla Obtenida desde el libro “Comprender las Clases Sociales” del autor
Olin Wright (2018).

Luego de presentar los diferentes esquemas, Wright se
posiciona en torno al nivel sistemático de analizar la estructura
del trabajo basándose en cómo la posición económica le entrega al
sujeto el control de su vida y las actividades, es decir, es a quién le
pertenece el control sobre el trabajo, configurándose la posición
en la sociedad basándose en la dominación y explotación en
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�Patricio Pulgar-Covarrubias, Laura Moreau-López / El concepto de clases sociales

cuanto a su expresión en la división de la clase que se produce
entre los que poseen los medios de producción ( los capitalistas
que ejercen la dominación) y los que son contratados para
utilizar estos medios de producción, es decir los trabajadores.
Ejercer en el segundo, las relaciones y estructuras de poder que
finalmente repercutió en la conformación de las clases sociales y
las “desigualdades generadas por la apropiación de oportunidades
exigen que el poder se utilice para hacer realidad las exclusiones
(…)” (Wright E. O., 2010, p. 105). Un ejemplo son las credenciales
educativas dificultado por los costos a la educación superior
(matrícula, mantención, etc.), se configuran
Sobre los mecanismos de exclusión ligados a los empleos de clase
media, el planteamiento de la estratificación ayuda a especificar
los atributos individuales que explican por qué las personas tienen acceso a esos empleos y quién es excluido de los empleos
estables de la clase obrera. (Wright E. O., 2010, p. 106)

En este sentido, Marx y Weber compartían el mismo
análisis, a partir de que las clases sociales involucran la cuestión
del poder “en ambos, las desigualdades de renta y riqueza
vinculadas a la estructura de clase se sostienen mediante el
ejercicio del poder, no simplemente por las acciones de los
individuos” (Wright E. O., 2010, p. 105).
Por otro lado, analiza la postura parsoniana en que la
posición del individuo en la sociedad depende de los atributos
individuales en que van a poder posicionarse en la estructura
social, por tanto los individuos son asignados a diferentes
posiciones en la estructura de clase o son absolutamente
marginados, dilucidando cuáles son estas características que van
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�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

a permitir posicionarse de una u otra forma en la estructura social
o en su defecto quién será excluida de esta sin acceder a empleos
formales.
Conceptos desarrollados por el autor
Para comprender la visión sobre la cual se centra Olin Wright
para analizar las clases sociales, es necesario comenzar por
exponer los principales conceptos que considera centrales a fin
de organizar de mejor manera dicho análisis.
Sujeto Social
El sujeto social está vinculado a los procesos sociales que forman
las subjetividades de los actores, en los cuales comparten
características socioeconómicas y experiencias comunes que los
une, en termino de intereses y objetivos que tienen en la sociedad.
Para el autor, el sujeto social es clave para entender la sostenibilidad
de las estructuras de poder en el sentido en como la ideología y
cultura en la que está inserto contribuyen a la reproducción social
(Wright, 2014). Es decir, las ideas y disposiciones internas de los
individuos lo disponen a tomar decisiones y movilizando en el
mundo que están insertos, pudiendo contribuir como también
debilitar la reproducción social.
Para este fundamento, toma las ideas de Göran Therborn
(1941-), quien abordó la formación de sujetos y la ideología desde
un modelo de aprendizaje. Para Therborn, con base a lo planteado
por Wright (2014), los individuos actúan en sus vidas basados en
creencias acerca del mundo que están inmersos, por lo que las
practicas ideológicas desempeñan un papel fundamental en la
configuración de los sujetos sociales.
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�Patricio Pulgar-Covarrubias, Laura Moreau-López / El concepto de clases sociales

En el marco del sistema capitalista, los sujetos sociales
están construidos a través de su interacción con la estructura
económica, considerando su nivel de endeudamiento, sistema
de previsión social y de salud, sistema de pensiones, ingresos y
egresos financieros (Wright, 1994), por lo que, vinculado a sus
aprendizajes en esas trayectorias pueden generar compromisos
de clases que se diferencian en que mientras la clase trabajadora
existe una relación de poder asociativo entre ellos, los capitalistas
lo tengan basándose en sus intereses materiales (Wright, 2010).
1. La estructura de clases
Con una reflexión de su intenso estudio en torno a la insuficiencia
de conceptos para comprender, a nivel micro, el análisis de clase en
el capitalismo avanzado, Wright se centra en el concepto estructura
de clases como parte o elemento de una “empresa teórica” (Wright,
1995) denominada análisis de clase. Para el autor, este concepto de
estructura de clase es central para “clarificar la lógica global del
análisis de clase”3 (Wright, 1995, p. 24).
Para desarrollar el concepto, revisó los niveles de análisis
y la diferencia entre el micro/macro, con respecto a este último “se
refiere al nivel de agregación de los fenómenos sociales designado
3 Es preciso señalar en este apartado las conceptualizaciones que el
marxismo ha desarrollado y que Olin Wright ha sido parte de esta trayectoria:
la importancia que ha tenido para el “análisis de clase” la estructura de clase,
existen otros conceptos importantes tales como la formación de clase, la lucha
de clases y la conciencia de clase. En lo que respecta a la formación de clase,
refiere a cómo los actores constituyen y se organizan colectivamente en la
sociedad; la lucha de clases se considera bajo las prácticas que realizan los
actores para llevar a cabo sus intereses y finalmente la conciencia de clase que
significa como los actores comprenden su situación en la sociedad y cuáles son
sus intereses colectivos que los identifican (Olin Wright, 1989).

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�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

por el concepto. Como concepto de nivel macro, las estructuras de
clase aspiran a describir una propiedad crucial de las sociedades en
su conjunto” (Wright, 1995, p. 24). Esto puede representarse cuando los marxistas dicen, por ejemplo, que existe un efecto macroestructural cuando la estructura de clases capitalista interfiere en las
instituciones del estado, impactando en la estructura política y por
tanto en la democracia de una determinada sociedad.
Por el contrario, cuando se habla de nivel micro, “las
estructuras de clase definen un conjunto de “posiciones” ocupadas
por individuos” (Wright, 1995, p. 25). Al respecto, según el autor:
El concepto marxista de estructura de clases se ha construido más sistemáticamente como un concepto macroestructural
altamente abstracto. Las estructuras de clase se han venido
definiendo como modelos de modos puros de producción (esclavitud, feudalismo, capitalismo, comunismo) con el objeto
de comprender la amplia dinámica macroestructural del desarrollo social. Esto no significa que los marxistas no se hayan
embarcado en análisis de clase concretos o de nivel micro. Sin
embargo, el concepto de estructura de clases aplicado en tales
análisis ha tendido a importarse directamente del ámbito macroestructural más abstracto con ajustes relativamente asistemáticos para adaptarlo al análisis micro y concreto. (Wright,
1995, p. 25 y 26)

Según el autor, existen mecanismos estructurales de clase
que “fundamentan a su vez la relevancia teórica del concepto de
clase” (Wright, 1995, p. 32) generando efectos concretos como
lo son experiencias vividas, capacidades colectivas o intereses
materiales. Son estos últimos los más relevantes para Wright, la
base para la elaboración de conceptos a nivel micro y macro. Los
intereses materiales “están ligados a estos dos mecanismos: primero,
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�Patricio Pulgar-Covarrubias, Laura Moreau-López / El concepto de clases sociales

los intereses vinculados al bienestar económico y, segundo, los
intereses vinculados al poder económico” (Wright, 1995, p. 32).
Para esto Wright propone como fundamental diferenciar
entre intereses intrínsecos e intereses instrumentales
Los intereses intrínsecos se refieren a los fines de la acción,
los objetivos que uno intenta conseguir mediante estrategias
particulares. Los intereses instrumentales, por el contrario, se
refieren a los intereses organizados en torno a los medios necesarios para realizar aquellos fines. (Wright, 1995, p. 33)

Un ejemplo de aquello, como lo explica, en el caso de que
los trabajadores tuvieran interés por el socialismo
Significa (entre otras cosas) que el socialismo constituye una
reorganización de la sociedad en la que el bienestar de los trabajadores mejoraría mientras que empeoraría el de los capitalistas. Los individuos de ambas clases tienen el mismo interés
respecto al bienestar en cuanto tal, pero difieren en sus intereses instrumentales respecto a los medios para realizar aquel interés intrínseco. Los intereses más relevantes para entender las
diferencias entre las clases, por consiguiente, son estos tipos de
intereses instrumentales. (Wright, 1995, p. 33)

2. Bienestar y Poder económico
El bienestar económico, en este contexto, no significa buscar
aumentar los ingresos o el consumo personal, si no que apela
al equilibrio favorable en la relación ocio/trabajo/renta. De
esta forma, no se anhela necesariamente aumentar el consumo
respecto a otros, si no que “permaneciendo igual lo demás, tienen
un interés objetivo en un equilibrio más favorable entre trabajo,
ocio y consumo” (Wright, 1995, p. 34).
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�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

Mientras tanto, el concepto de poder económico se
centra en el control que una clase tiene sobre el excedente del
plusproducto generado mediante el trabajo. El plusproducto
puede definirse como “la parte del producto social total que queda
después de que todos los factores de producción (tanto la fuerza
de trabajo como el capital físico) se hayan reproducido” (Wright,
1995, p. 35). En este sentido, el control del excedente impacta
en las inversiones económicas y, por lo tanto, en el desarrollo
económico y social, teniendo repercusiones más amplias en las
posibilidades políticas y sociales en general.
El autor señala que el control de este excedente afecta
las posibilidades políticas y sociales en general. Por ejemplo,
diferentes grupos sociales como los señores feudales, capitalistas,
siervos y trabajadores tienen intereses de clase distintos basados
en cómo se apropian del excedente. En el caso del sistema
capitalista, el control de su excedente limita el poder político
democrático.
Cabe destacar que el poder económico derivado del control
del excedente no solo afecta a los individuos que lo ejercen, sino
que también tiene un impacto en el desarrollo macroestructural
de la sociedad en su conjunto. Por lo tanto, entender cómo se
genera este poder económico a nivel micro en las estructuras
de clase es esencial para comprender los procesos de cambio
institucional a gran escala en la sociedad.
3. Intereses materiales y explotación
En la teoría marxista se diferencian dos tipos de interés material:
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�Patricio Pulgar-Covarrubias, Laura Moreau-López / El concepto de clases sociales

Intereses en asegurar las condiciones del bienestar económico
e intereses en promover el poder económico— están conectados mediante el concepto de explotación: la explotación define un conjunto de mecanismos que ayudan a explicar tanto la
distribución del bienestar económico como la distribución del
poder económico. (Wright, 1995, p. 37)

En este sentido, mientras más apropiación del excedente
por parte de los explotadores, mayores son sus niveles de bienestar
económico, y, por tanto, aumenta su poder económico al “gozar
de niveles mucho más altos de poder económico (reteniendo el
control sobre la asignación social del excedente mediante las
inversiones)” (Wright, 1995, p. 37).
Asimismo, según el marxismo, la clase explotada pierde
bienestar como poder, “por lo tanto, decir que lo que los
miembros de una clase tienen en común es un mismo conjunto
de intereses materiales es tanto como decir que tienen intereses
comunes respecto del proceso de explotación” (Wright, 1995,
p. 37).
A su vez, en su texto “Clases” (1994) desarrolla su marco
general para el análisis de clase, la diferencia entre los conceptos
de explotación y opresión económica en el contexto capitalista
que deriva a pensar cómo entender el problema de la clase, en que
la explotación implica una condición en que la fuerza de trabajo
conlleva excedente, el cual es apropiado por los capitalistas.
En cambio, la opresión tiene relación con la implicancia de
tener derechos de propiedad sobre algún bien (Wright, 1994).
El concepto de explotación se refiere particularmente a la
“apropiación de los frutos del trabajo de una clase por parte de
otra” (Wright, 1994, p. 83). Ahora bien,
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En el caso de la simple opresión económica, la clase opresora
únicamente tiene interés en proteger sus propios derechos de
propiedad; en el caso de la explotación, también tiene interés
en la actividad y en el esfuerzo de los explotados. (Wright O.,
1994, p. 84)

En el caso de la opresión, si los oprimidos mueren, los
dueños no se verían afectados, en cuanto seguirán teniendo
el derecho de propiedad. En la explotación económica, por
el contrario, ya que la “clase explotadora necesita a la clase
explotada” (Wright O., 1994, p. 84) para perpetuar su fortuna.
A diferencia del feudalismo, “el capitalismo da lugar al
segundo tipo de explotación, una explotación basada en las
relaciones de propiedad sobre los medios de producción y que
alcanza un nivel sin precedentes” (Wright O., 1994, p. 96). El
capitalista se apropia del excedente de la fuerza de trabajo del
obrero, por lo que sería una explotación mediante la producción.
Con ello, sin embargo, deja entrever que la transferencia de
trabajo que se produce en el proceso de explotación es insuficiente
para comprender el sistema capitalista. Olin Wright establece
una diferencia respecto a la opresión y explotación económica,
donde expone que en el sistema capitalista no solo impera la
explotación que se hace mediante la transferencia de trabajo por
parte de la población económicamente activa, sino también son
menoscabados los que están imposibilitados en participar en el
mercado laboral, tales como los discapacitados, los desempleados
y los niños que los obreros tienen a cargo. Este grupo de población,
en caso de pertenecer a las familias de la clase obrera, no aplica
las dinámicas de explotación laboral, lo que no significa que estén
en mejores condiciones que la población económicamente activa,
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�Patricio Pulgar-Covarrubias, Laura Moreau-López / El concepto de clases sociales

sino más bien son afectados por otras dinámicas que se ajustan a
lo que se entiende como opresión en el sistema, siendo de igual
forma menoscabados en sus derechos de propiedad y el acceso a
bienes de la misma forma que los explotados laboralmente.
Metodología empleada por Wright
Para construir una metodología adecuada, Olin Wright busca
diseñar una categoría de clases que pueda recolectar datos muy
poco obtenidos desde los diseños investigativos clásicos de la
sociología, y para ello debe resolver disputas entre concepciones
aparentemente dicotómicas de la teoría marxista para plantear
un instrumento que sea capaz de explicar los grandes cambios
sociales que comúnmente se analizan en el marxismo desde una
perspectiva macro, a considerar variables respectos a actitudes
individuales que explican que estas transformaciones sociales
tienen efectos sistemáticos en las acciones individuales.
En este sentido, recogiendo la experiencia histórica que
el marxismo ha sido un referente en explicar procesos tales como
la formación de clase, la alianza de clase, el conflicto social, las
trayectorias históricas de cambios social etc., busca operativizar
un concepto tan usado en su doctrina como lo es la conciencia
de clase, considerando que tiene una conexión débil con el
comportamiento de clase real, por lo que para identificar las
decisiones y presiones concretas que los individuos enfrentan en
su día a día frente a creencias, estructuras o valores de la sociedad
en la que están insertos. Se debe poner atención a las acciones
de clase, las cuales tienen una relación causal con la subjetividad
consciente de los individuos y su posición de clase.
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En este último concepto, hace hincapié en que la posición
social es un determinante básico para realizar una matriz
de posibilidades objetivas de los individuos que enfrentan
situaciones en las cuales deben tomar decisiones, por lo que el
planteamiento base para Olin Wright al momento de diseñar
una metodología es que la posición dentro de la estructura de
relaciones de clases es importante en cómo se determinan las
formas de conciencia de los individuos, y en este sentido, las
personas son los suficientemente racionales para llegar a conocer
esos intereses.
Para poder hacer operativas las variables y conocer con
mejor precisión las decisiones que los individuos toman en el
contexto social que entrega el sistema de acumulación capitalista,
es que primero toma posiciones importantes para su diseño. En
primer lugar, se posiciona bajo el concepto de clases sociales
que analiza la estructura desde la explotación, tomando tres
dimensiones importantes en este tipo de relaciones: el control del
capital, la organización de su estructura, y las cualificaciones que
poseen los individuos y que se tienen diversas posibilidades de
combinaciones.
Comenzando con la categorización, busca clasificar al
sujeto entrevistado basándose en cómo se relacione con los bienes
que son importantes para el sistema capitalista:
1. Explotador respecto a este bien
2. Explotado con respecto a este bien
3. Posición ambigua con respecto a este bien.
En este tipo de operacionalización se utiliza el código
“0” (cero) para señalar que el individuo tiene una posición que
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.69

261

�Patricio Pulgar-Covarrubias, Laura Moreau-López / El concepto de clases sociales

se considera marginal en las relaciones de explotación, o si el
investigador carece de datos para poder categorizar, así como
también considerarlo ambiguo para estar en este tipo de relaciones.
Este tipo de instrumento se focaliza más en las codificaciones más
polarizadas, considerando desde la perspectiva de los medios de
producción a los obreros que no poseen medios de producción y
los capitalistas que lo poseen.
En los que se refiere a indicadores a utilizar para este
tipo de trabajos, Wright plantea el uso de las actitudes con
medición en escala de Likert para evidenciar que tan conformes o
disconformes están los sujetos con las preguntas que se presentan
para el estudio: A cada respuesta se adopta el -8 (menos ocho)
para considerar al sujeto como máximamente pro capitalista y +8
(más ocho) si se considera máximamente pro obrero.
También, fuera de sus actitudes, es necesario considerar
los ingresos que tienen los sujetos en el estudio. Sin embargo,
es un criterio débil para el autor si se analiza desde una
perspectiva no estructuralista, ya que, tomando como ejemplo a
los asalariados de clase media, se busca comparar este indicador
basándose en la explotación que sufre el sujeto, por lo que la
justificación a categorizarlo es que si tiene o no una interacción
sistemática en el sistema. Los tipos de preguntas referentes a
este punto es respecto a los salarios, los bonos que recibe, los
intereses de ahorro, inversiones etc., las cuales que el investigador
debe considerar que una alta cantidad de personas no responde
a este tipo de preguntas, además de los problemas mismos del
instrumento, como por ejemplo que esta pregunta se refiere a sus
ingresos del año anterior mientras que el instrumento se enfoca
en las actitudes que tienen actualmente los sujetos, además de
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.69

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

conocer rentas no salariales que individualizan más al sujeto más
que agruparlo en macro categorías.
Complementando lo anterior respecto a la metodología
utilizada, en uno de sus estudios y expuesta en el texto ”Clases”
(1994), tomó una muestra de encuestas telefónicas a nivel nacional
en Estados Unidos exceptuando Alaska y Hawai, dirigida por el
Survey Research Center de la Universidad de Michigan en 1980,
seleccionando bloques de números telefónicos al azar:
La muestra resultante consistía en un total de 1499 adultos
mayores de dieciséis años trabajando como fuerza de trabajo,
92 como fuerza de trabajo desempleada y 170 amas de casa,
para un total de 761 encuestados. El índice de respuesta fue
del 78%, una tasa bastante normal para este tipo de encuesta.
(Wright, 1994, p.184)

En su libro “Clases” (1994), Wright consideró sólo la
muestra de los empleados en la fuerza de trabajo, aplicando
posteriormente test estadísticos. Eligió variables que son criterios
de decisión para diferenciar a la clase obrera de la clase media:
ingresos y escala de actitudes de clase. Los efectos del sexo y la
sindicación a nivel general no son influyentes.
Asimismo, realiza un trabajo comparativo de análisis de
la estructura de clases en el capitalismo contemporáneo tomando
los casos de Suecia y EEUU, dos países desarrollados con alto
niveles de vida en sus poblaciones y “con una base económica
aproximadamente similar, pero con ‘superestructuras’ políticas
marcadamente distintas” (Wright O., 1994, p. 217). Desde
un punto de vista marxista, es terreno fértil para analizar las
estructuras de clases y sus respectivas variables.
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�Patricio Pulgar-Covarrubias, Laura Moreau-López / El concepto de clases sociales

Dentro de este análisis de las variables estudiadas por el
autor, se encuentra el sexo y ocupación, tanto en Suecia como en
EE. UU., en un cuadro comparativo con los datos de distribución
en clases sociales según la categoría de sexo, se observa que los
empleadores sobrepasan en más de 30 puntos en la distribución
de sexos dentro de las clases “con sólo 30% aproximadamente de
los hombres” (Wright O., 1994, p. 223).
Otras de las variables consideradas fue el sector económico,
el autor realiza una comparación entre los dos países en cuanto a
la composición en términos de porcentaje de cantidad de obreros
industriales del sector productivo y los asalariados del sector de
servicios.
En cuanto a la estructura de clases relacionada con la
variable ingresos, siendo este último un factor considerable al
momento de analizar las clases sociales, la metodología utilizada
se desarrolló basándose en los ingresos personales anuales,
“mediante una serie de preguntas categóricas sobre los ingresos”
(Wright O., 1994, p. 258), estos:
Se codificaron inicialmente en una escala de once puntos, en la
que 1 representa unos ingresos anuales inferiores de 5000 dólares
y 11 unos ingresos anuales por encima de 75000 dólares, y en la
que los tramos aumentan gradualmente su tamaño según pasamos del extremo inferior al extremo superior de la escala. Los valores de estos intervalos para los datos de Suecia se construyeron
sobre la base del valor de cambio del dólar en el momento en que
se realizaron las encuestas. (Wright O., 1994, p. 259)

Con respecto a las sumas reales en dólares, estas:
(...) Se calcularon asignando el punto medio de cada una de las
categorías cerradas y extrapolando un valor para las categorías

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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.69

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

con un extremo abierto basándonos en el supuesto de que el
extremo superior de la distribución de las rentas presenta una
distribución de Pareto. La variable de ingresos anuales corresponde a las rentas personales totales antes de impuestos, de
manera que incluye tanto salarios como otras fuentes de ingresos. (Wright O., 1994, p. 260)

Resultados empíricos
Se ofrecen resultados de ingresos personales medios tanto en
EE. UU. como en Suecia, e ingresos no ganados en EE. UU. En
relación con lo examinado en los datos se obtiene que se observa
mayor desigualdad de rentas en EE. UU. que, en Suecia, en cuanto
en este último existen más impuestos a la renta elevada:
La desigualdad de rentas está polarizada entre la burguesía y
la clase obrera, los ingresos varían monocordemente a lo largo
de las dimensiones de la explotación tomadas por separado y
en conjunto, y los ingresos no ganados varían según una pauta
similar a la de los salarios. Semejantes resultados contribuyen
mucho a la credibilidad del concepto de clase centrado en la
explotación. (Wright O., 1994, p. 264)

A modo de conclusión, el autor evidencia variables
específicas que constituyen determinantes básicos para configurar
un abanico de opciones objetivas cuya coerción social implica que
los individuos se vean enfrentados a tomar decisiones, por lo que
el planteamiento base para Olin Wright al momento de diseñar
una metodología es que la posición dentro de la estructura de
relaciones de clases es importante en cuanto determina esta toma
de decisiones cotidianas y por tanto constituyen distintas formas
de conciencia de los individuos.
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�Patricio Pulgar-Covarrubias, Laura Moreau-López / El concepto de clases sociales

Su contribución radica en que utiliza elementos de
las distintas teorías de clases sociales pero tomando posición
desde un enfoque de explotación y dominación, aportando un
interesante diseño de instrumento para identificar las distintas
percepciones y prácticas de clase de los sujetos tomando sus
particularidades peros siempre vinculándolo a la posición de
la estructura social del que son parte, emergiendo elementos
e importantes conclusiones que demuestran la vigencia del
conflicto y la perspectiva clasista en el mundo actual.

Referencias bibliográficas
Carabaña, J. (2021). Conmemorando a Erik Olin Wright. Revista
Española de Sociología (RES) RES n° 30 (2), pp. 1-5.
Social Science Computing Cooperative. (2009). Curriculum Vitae.
Obtenido de Social Science Computing Cooperative:
https://web.archive.org/web/20120213163141/http://
www.ssc.wisc.edu/~wright/vita-July-2009.pdf
Wright, E.O (2014) Construyendo las utopías reales. Ediciones
Akal.
Wright, E. O. (2010). Comprender la clase hacia un planteamiento
analítico integrado. Dialnet, 98-112.
Wright, E. O. (2018). Comprender las clases sociales (Vol. 101).
Ediciones Akal.
Wright, O. (1994). Clases. Siglo XXI de España Editores S.A.
Wright, O. (1995). Reflexionando, una vez más, sobre el concepto
de estructura de clases. Teorías contemporáneas de las clases
sociales. -- 3ª ed, ISBN 84-85691-69-5, págs. 17-126.
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.69

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

Un bosque de esperanzas: Memorias y andanzas del
Centro EcoDiálogo como un espacio de Educación
para la Vida
A Forest of Hope: Memories and paths of the
EcoDialogue Center as a space of Education for Life
Leticia Quetzalli Bravo Reyes1
Enrique Vargas Madrazo2

Resumen: Ante la poli-crisis civilizatoria que vivimos como
humanidad, necesitamos construir espacios de regeneración y
creatividad alternativa hacia la vida. Cada ser humano somos resultado
de la crianza y la educación para la vida que nos nutra y acompañe en
el desarrollo de nuestras potencialidades desde el amor, el cuidado y
la colaboración. Quienes escribimos este texto, deseamos compartir
nuestros andares e historias de sanación y aprendizaje en la tarea que
durante más de veinte años nos ha implicado en la construcción de
nuestro Centro EcoDiálogo.

1 Centro EcoDiálogo. Universidad Veracruzana. Xalapa, Veracruz,
México. Correo electrónico: lbravo@uv.mx
2 Centro EcoDiálogo. Universidad Veracruzana. Xalapa, Veracruz,
México. Correo electrónico: gaiaxallapan@gmail.com

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�Leticia Bravo, Enrique Vargas / Un bosque de esperanzas Memorias y andanzas

Partiendo de nuestras historias de vida en poli-crisis, nos hallamos en
los caminos de la Universidad Veracruzana para emprender nuestra
re-invención como seres humanos, como académicas y académicos
viviendo en las disciplinas que nos daban sentido y al mismo tiempo
nos aislaban. En estos caminos creativos fuimos tejiendo madejas
multi-inter-transdisciplinares de diálogo y colaboración, espacios
de creatividad que nos permitieron concebir nuevas formas de hacer
academia y de salir de las aulas, cubículos y laboratorios hacia el mundo
real.
Danzas, abrazos, canciones, temazcales, caminos por las nuevas
academias, sentidos amorosos, lecturas y miedos nos acompañaron en la
maravillosa aventura que nos llevó a la creación de la ecopoiesis ritual, la
vigilia epistemológica, el ser-cuerpo y sus sentipensares, todo ello como
humus, suelo fértil desde donde surgió el Centro EcoDiálogo a partir
del año 2005 dentro de la Universidad Veracruzana. La educación para
el florecimiento de la vida desde el compromiso del cuidado hacia la
Madre Tierra, son los sentidos que en estas casi dos décadas de nuestro
Centro, han guiado nuestro camino singular dentro de una Universidad
pública al servicio de los territorios y de las personas a las cuales nos
debemos.
Palabras clave: educación para la vida, buenvivir, consciencia,
narrativas, hacer comunidad.
Abstract: Faced with the civilizational poly-crisis that we are
experiencing as humanity, we need to build spaces for regeneration
and alternative creativity towards life. Each human being is the result
of upbringing and education for life that nourishes and accompanies us
in the development of our potential from love, care and collaboration.
Those of us who write this text, want to share our journeys and stories
of healing and learning in the task that for more than twenty years, has
involved us in the construction of our EcoDialogue Center.
Starting from our life stories in poly-crisis, we find ourselves on the
paths of the University of Veracruz to undertake our reinvention
as human beings, as academics living in the disciplines that gave us
meaning and at the same time isolated us. In these creative paths we

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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.121

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

were weaving multi-inter-transdisciplinary skeins of dialogue and
collaboration, spaces of creativity that allowed us to conceive new
ways of doing academia and of leaving the classrooms, cubicles and
laboratories towards the real world.
Dances, hugs, songs, temazcales, paths through the new academies,
feelings of love, readings, and fears accompanied us on the marvelous
adventure that led us to the creation of ritual ecopoiesis, epistemological
awearness, the body-being and its sentiments, everything this as humus,
fertile soil from which the EcoDialogue Center arose from the year
2005 within the University of Veracruz. Education for the flourishing
of life from the commitment to care for the Mother Earth, are the core
values that in these almost two decades of our Center, have guided our
unique path within a public University at the service of territories and
people to which we owe.
Keywords: education for life, good living, consciousness, narratives,
community building.

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.121

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�Leticia Bravo, Enrique Vargas / Un bosque de esperanzas Memorias y andanzas

PRIMERA PARTE
Introducción
Las historias, las vidas, aquellos espacios en los que nuestra
sangre y nuestros sueños nacen, crecen y se desarrollan desde
un terreno fértil, desde un mundo donde un campo de crianza
teje la posibilidad de ser y amar. Para nuestro colectivo, desde
la nosotredad y la otredad, el Centro EcoDiálogo es un campo
de crianza que existía ya desde mucho tiempo antes que la
substancia llenara de realidad a nuestro lugar y a nuestros
espacios de trabajo. Pues las formas creativas vivían y adquirían
coherencia y sentido en todo lo que tenía lugar durante años en
nuestro hacer, en nuestro forjar el camino a través del diálogo y el
aprendizaje colectivo y personal.
Cada un@ fuimos tejiendo desde nuestra problemática
singular la necesidad de nuevas-viejas formas de hacer educación,
de hacer comarca, de sembrar la Madre Tierra, de compartir
saberes y conocimientos desde espacios más libres y creativos,
siempre con la necesidad de transgredir jubilosos las fronteras
entre las disciplinas. Al mismo tiempo es difícil distinguir y
detener las historias, pues el entramado está vivo, vibrante en
este ayer, hoy y mañana, en esa co-inteligencia, en ese mar de
emociones y sentimientos que se ha gestado como resultado
de nuestro amor, de nuestro trabajo, de nuestro esfuerzo como
seres humanos para co-crear junt@s este proyecto de una
Comunidad de Vida y Aprendizaje, de un espacio participativo
donde aprender y crear futuros sustentables: Nuestro Centro
de Investigaciones EcoDiálogo, Centro de Eco-Alfabetización
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.121

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

y Diálogo de Saberes de la Universidad Veracruzana, en Xalapa,
Veracruz, México.
Encontrar la madeja, el principio del hilo, en medio de la
trama infinita de historias y caminos recorridos. Tarea delicada
y cuidadosa que nos acerca al trabajo de las tejedoras que, al
iniciar en su telar, antes, debieron haber sembrado el algodón,
cosechándolo en el tiempo adecuado escogieron las flores,
plantas y minerales con los que prepararon sus colores para el
teñir de los hilos, para finalmente entretejer los nudos y puntos
con los que crearán la tela que acomodará y cobijará al ser que
la reciba.
En el presente texto reflejamos y compartimos historias,
los eventos que han estado como suelo propicio y arduo para el
nacimiento, crecimiento y florecimiento de nuestro proyecto de
trabajo y vida, nuestro Centro EcoDiálogo.
El territorio y la comunidad que nos acuna
Veracruz fue y es bosques y selvas, montañas, llanos, ríos, en
muchos sentidos también el granero de México, una vasija que
limitada por las montañas de la sierra madre oriental nos ha
cobijado desde hace miles de años a los pueblos nahuas, huastecos,
popolucas, totonacas, entre otros, acunando una diversidad de
formas de ser y de vivir que ha dado origen a este ser veracruzano
diverso y fértil. En este espacio ha crecido un pequeño bosque en
medio de una universidad pública estatal que destaca entre las
mejores de México y del mundo. Este territorio es nuestro Centro
EcoDiálogo que ha florecido de la mano de jóvenes, académic@s
que decidimos ir más allá que simplemente seguir en las aulas,
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.121

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�Leticia Bravo, Enrique Vargas / Un bosque de esperanzas Memorias y andanzas

programas y horarios de trabajo para comprometernos con
nuestra Madre Tierra y cuidar del verde de los árboles, plantas,
mamíferos, insectos que comenzaron a rehabitar este bosque
llamado Centro EcoDiálogo.
Nuestra forma como territorio pegadito y alargado
siempre junto al Golfo de México, semeja un ejote, un chile
xalapeño verde, verde profundo de la selva, verde tierno de
los pastos, verde esmeralda del océano, verde húmedo en el
sereno, verde seco sobre las altas y heladas montañas, verde
por todos lados que nos entra por los ojos, por el tacto, por
el oloroso aroma de las flores… verde en todas sus infinitas
formas y temperaturas, verde acercándose a nuestros oídos y
pensamientos, acercándose y cubriendo a todos los seres que
aquí habitamos. Desde nuestros tiempos ancestrales de raíz
Olmeca, el verde y la frondocidad ha sido nuestro camino,
nuestra esencia alegre y exuberante.
El actual estado de Veracruz cuenta con un litoral de
800 km. en el Golfo de México y una cadena montañosa, la
Sierra Madre Oriental, en la que domina la cumbre más alta del
país, el Pico de Orizaba (Citlaltépetl, en náhuatl que significa
Montaña de la Estrella), con 5,610 msnm. Cuenta con 41 ríos
que abarcan una longitud de 1118 km. Es un territorio que
en poco espacio puede sorprendernos con su biodiversidad,
gracias a su ubicación estratégica, como puerta al Golfo de
México, dándonos el privilegio de tener en nuestro territorio:
Selva tropical, selva baja caducifolia, bosque de niebla, bosque
tropical, manglar, meseta desértica y nieves eternas. Nuestro
estado contiene enormes riquezas en su biodiversidad y en su
multiculturalidad.
272

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.121

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

Por otro lado, el origen de nuestra historia es muy antiguo
ya que aquí nacieron tres culturas. Al sur la Olmeca, a la que se
considera la “Cultura Madre” de Mesoamérica hace más de 3000
años; en el centro, la Totonaca con 2000 años y al norte la Huasteca
con más de 1500 años. Actualmente en este mismo territorio, se
acunan diversas culturas en las que se hablan lenguas indígenas y
se practican saberes muy antiguos, paralelamente a costumbres y
saberes modernos y urbanos.
Las otras raíces de nuestro árbol cultural histórico
son la española, francesa y la africana. Esto es palpable en el
hablar, en la comida, en las maneras de bailar y hacer música y
también, en los diversos ámbitos del vivir cotidiano. Un ejemplo
de esto, lo podemos encontrar en la llamada cultura “jarocha”,
particularmente en el puerto de Veracruz, ciudad cosmopolita en
la que aún se practica el “Son Jarocho”, de origen negro, andaluz
e indígena; otro ejemplo se observa en los platillos de gusto dulce
y salado a la vez, de origen afrocaribeño o en la suave y abierta
coquetería de l@s “jaroch@s”.
Estos estilos culturales se nutren por el continuo
intercambio y arribo de barcos que desde la colonia llevan y traen
mercancías y personas de todo el mundo, en su paso hacia la
Ciudad de México y al resto del país. Esta situación complejiza
y enriquece, de manera particular, a las poblaciones que cohabitamos en estas regiones tanto rurales como urbanas.
Nuestra casa
La Universidad Veracruzana es una institución educativa de
las más reconocidas en nuestro país, tiene 78 años de fundada y
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.121

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�Leticia Bravo, Enrique Vargas / Un bosque de esperanzas Memorias y andanzas

cuenta con el mayor número de estudiantes matriculados después
de la UNAM. Ubicada inicialmente en la ciudad de Xalapa, fue
descentralizada en la década de los 70s, lo cual permitió que se
crearan 5 campus a lo largo del estado. El campus de Xalapa,
repitiendo el esquema de “ciudad capital”, sigue contando
con ciertos privilegios como el de ofrecer el mayor número de
licenciaturas y posgrados, el de concentrar la mayor cantidad de
investigadores y una fuerte labor editorial, además de contar con
una Área de Artes que destaca por ser una de las primeras de su
género en Latinoamérica.
La idiosincrasia de Xalapa es la de ser una ciudad amante
del arte y la cultura, en ella desde los años 30s, por ejemplo, se creó
una corriente literaria plástica original que se llamó “Movimiento
Estridentista”, cuya fama trascendió las fronteras nacionales.
Cuenta con la Orquesta Sinfónica de Xalapa más antigua del
país desde hace más de 90 años, actualmente la orquesta es parte
de la Universidad Veracruzana, lo cual revela una vocación de
nuestra universidad de cultivar actividades culturales y artísticas
significativas, lo que pone de manifiesto el amor por la belleza, el
conocimiento, la práctica de saberes cosmopólitas de los habitantes
de la ciudad, lo cual atrae a personas que se identifican con este
modo de ser y de convivir. Al mismo tiempo en Xalapa se reubica el
Instituto Nacional de Ecología hace 30 años, institución dedicada
a la investigación y enseñanza de los recursos naturales en el país.
Por situarse en las faldas de una montaña y en los
límites entre el bosque de niebla y la selva tropical, a 1500
msnm, nuestra ciudad puede contener en un mismo día “todos
los climas”, dándonos una sensación de estar en medio de un
escenario que se transforma a cada momento y que nos obliga a
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.121

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

estar constantemente preparad@s a ello, list@s y alertas para los
cambios de clima, de temperaturas que se extreman por la alta
humedad que nos rodea.
En este contexto es importante considerar que el contenido
central del pensamiento sistémico, complejo y transdisciplinar,
es cultivar una actitud relacional, flexible y articuladora hacia el
conocimiento, lo cual nos hace plantear que este vivir dentro de
una cultura y un clima como el que hemos reflejado anteriormente,
ha sido un factor determinante en propiciar que nuestro grupo
académico pudiera gestarse y consolidarse en estas perspectivas
tan transgresoras de las “buenas formas” académicas imperantes.
De este modo y paradójicamente convivimos disfrutando y
sobrellevando estas y otras características, como la de ser una
ciudad en la que la densidad de autos por habitante es de las
mayores del mundo en una orografía de calles estrechas con
subidas y bajadas, que pone al peatón en tercer o cuarto término.
Las raíces existenciales de nuestra Comarca
La primer hebra de este hermoso tejido se descubre en los años 90,
cuando uno de los miembros fundadores de EcoDiálogo, estando
dentro del Instituto de Investigaciones Biológicas, ejerciendo su
profesión como biólogo molecular, se adentra al estudio de la
herencia de la diversidad genética en grupos étnicos del estado de
Veracruz, desarrollando un trabajo multi en inter-disciplinario
en torno a las divergencias étnicas que dieron lugar a la riqueza
genética de los pueblos del Abya Yala (América). Al adentrarse
tanto en el tema se dio cuenta que debía generar estrategias para la
defensa del patrimonio genético de los pueblos, ya que las grandes
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�Leticia Bravo, Enrique Vargas / Un bosque de esperanzas Memorias y andanzas

corporaciones de biomedicina estaban apropiándose por todo el
planeta del genoma y patentarlo para obtener grandes ganancias
en el área de la medicina, la agricultura, etcétera. Lo cual conllevó
a desarrollar una investigación participativa transdisciplinaria,
poniéndose en contacto con pueblos zapatistas desarrollando
herramientas para la defensa del patrimonio genético de los
pueblos originarios, entablando así “diálogos de haceres y
saberes” al servicio de la sociedad.
Es aquí en donde nace la primera propuesta de nuestro
proyecto para crear un Centro de Diálogo de Saberes, siendo
una propuesta completamente nueva y desconocida, la cual no
pudo encontrar un eco adecuado en la Universidad Veracruzana
de los años 90s, ya que en aquel entonces las nociones de
sustentabilidad humana, de eco-alfabetización, de educación para
la vida, de complejidad y trasndisciplinariedad, eran totalmente
desconocidas en la academia.
Hacia finales de la década de los 90, cada un@ de l@s que
fundamos el Centro EcoDiálogo, vivíamos en nuestra profunda
crisis, no sólo como académic@s, estudiantes y docentes, sino
fundamentalmente como seres humanos en un mundo que a cada
día nos impone ritmos, formas de hacer y vivir llenas de prisa, de
angustia, de miedos y egocentrismos.
Algun@s de nosotr@s, Enrique Vargas, Leticia Bravo,
Domingo Adame, Tania Romo, Armando Contreras, Cristina
Núñez y Antonio Gómez, sentíamos la poderosa necesidad de
iniciar la re-construcción de puentes de diálogo entre las distintas
formas de entender e investigar al mundo desde la academia.
El famoso y trágico divorcio, el abismo entre ciencias sociales,
humanidades y ciencias naturales y artes.
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.121

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

Fue así como a lo largo del año 2000 se generaron encuentros
iniciales “aleatorios” de distintas personas, conversaciones de
café, para tratar de crear junt@s un espacio periódico de pláticas
en torno a la muti-inter-transdisciplinariedad como puerta hacia
el diálogo de saberes en la academia y más allá.
En marzo del año 2001, inició nuestro “Grupo de diálogo
multidisciplinario entre Ciencias Sociales y Naturales”, teniendo su
sede de reunión en el Jardín de las Esculturas de Xalapa, Veracruz.
Nuestro poder de convocatoria fue sorprendente pues asistieron
más de cincuenta académic@s, personas en general interesad@s en
dialogar de forma libre y creativa en torno a temas que a tod@s
nos interesaban. Más rápido que nuestros pensamientos racionales
y ordenados, en la tercera reunión mensual, ya nuestro “colectivo
académico” se llamaba “Grupo Lúdico”, y tenía lugar en un
misterioso y tradicional bar xalapeño llamado La Tasca, ubicado
también en nuestra hermosa capital del estado.
Durante cada mes, sin detenernos una sola ocasión a lo largo
de 6 años, nos reunimos a compartir nuestras bebidas espirituosas,
a reír, soñar, sentir el miedo y el goce de “la perdida de las certezas”,
como llama Edgar Morin al camino de sentipensar la complejidad y
la vida desde nuestra “humana condición” (Morin, 2001).
A partir de este espacio hermoso, lleno de conversaciones
y cada vez más abierto y creativo, de poesía y libertad, surge la
propuesta de formar una comunidad de aprendizaje académica
más organizada y formal, de manera que un subgrupo de este
Grupo Lúdico decidimos formar lo que llamamos el “Seminario
permanente: La investigación desde los sistemas complejos”.
Así los dos grupos siguieron operando de forma paralela,
compartiendo algunos de sus miembros, generando sus propias
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�Leticia Bravo, Enrique Vargas / Un bosque de esperanzas Memorias y andanzas

dinámicas, el primero siempre libre y desapegado de “propósitos
y finalidades”, el segundo buscando reconstruir las fuentes de
pensamiento de regreso hacia la complejidad del “mundo real”:
Los sistemas complejos desde una actitud transdisciplinaria.
En el contexto de la enorme riqueza de lecturas de
libros, de pláticas y de un capital de reflexión de varios años
ininterrumpidos de conversaciones y diálogos en el Grupo
Lúdico, y también en el Grupo de Sistemas Complejos, en torno
a poesía, filosofía decolonial, posmoderna y clásica, mitología,
política decolonial, anarquismo, crisis del racionalismo,
conocimientos ancestrales, ecología profunda, ecofeminismo,
misticismo oriental, occidental y americano entre otros, pudimos
encontrar la libertad para explorar sin apegos formas amorosas
y abiertas del conocimiento más allá del ego académico, los
posicionamientos y las ideologías.
En el contexto de este torbellino fértil y creativo de
amistad y de “comunidad en aprendizaje”, Enrique Vargas decide
iniciar un taller participativo, un proyecto de vida y aprendizaje
transformativo alternativo llamado “Taller de Ecología Profunda”.
Es así como inician, de forma mensual, 13 sesiones donde invitamos
a decenas de amig@s a compartir fundamentalmente a través
de experiencias somáticas eco-psicológicas y eco-pedagógicas
(Rehaag y Vargas-Madrazo, 2012), aquellos espacios de vida
alternativa más allá de la modernidad, del mercado capitalista,
del dinero como rector de nuestras vidas, de la posibilidad de
rescatar los saberes ancestrales, bio-regionales y vernáculos, de
unirlos con las nuevas formas de conocimiento, con el rescate
de una espiritualidad participativa y pagana, de una economía
solidaria, de comunidades de aprendizaje.
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.121

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

La conjugación de todas estas experiencias y perspectivas
del pensamiento, de la convivencia y del diálogo de saberes,
articulados con la actitud de profundo compromiso social
y político de la ecología profunda, la ecología social y de las
luchas anti-coloniales de nuestros pueblos originarios y sus
cosmovisiones, había producido ya a estas alturas un pequeño
grupo de seres humanos decidid@s a re-inventar sus formas de
participación laboral y social.
Entre enero y febrero de 2004, varios de nosotr@s
asistimos a un curso de “Pensamiento Complejo” en el Instituto
de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad
Veracruzana, impartido por Raúl Motta, miembro de la “Cátedra
Itinerante de la UNESCO Edgar Morin”. Este evento también fue
clave ya que nos introdujo en la obra de una profunda y añeja
tradición poética y filosófica europea y en particular francesa, de
la cual una de las figuras actual más reconocida es Edgar Morin.
Morin nos ha obsequiado con la escritura de decenas de libros
(desafortunadamente muy pocos traducidos al inglés, lo cual refleja
la fragmentación entre las vertientes continentales y anglosajonas
de la cultura occidental), en particular la serie de seis tomos
llamada “El Método”, en donde expone de forma pormenorizada
lo que ha denominado el “Pensamiento Complejo”, mirada y
enfoque que propone una salida al aislamiento disciplinario,
así como el reconocimiento de nuestro lugar central como
observador@s en el proceso del pensamiento. A partir de Morin
se nos fueron develando poco a poco divers@s autor@s centrales
de esta rica tradición crítica hacia el racionalismo eurocentrista:
Riane Eisler, Humberto Maturana, Francisco Varela, Leonardo
Boff, Silvia Rivera Cusicanqui, Gregory Bateson, Ferndando
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.121

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�Leticia Bravo, Enrique Vargas / Un bosque de esperanzas Memorias y andanzas

Pessoa, Susan Griffin, Paul Feyerabend, Vandana Shiva, Basarab
Nicolescu, Charlene Sprentak, Cornelio Castoriadis, Gaston
Bachelard, Morris Berman, Octavio Paz, Jorge Luis Borges,
Antonio Machado, David Bohm, Grimaldo Rengifo, Enrique Leff,
etcétera.
En marzo del año 2004, fuimos invitados a asistir a
la presentación del proyecto de Enrique Vargas Madrazo y
Domingo Adame, investigadores ambos de la Universidad
Veracruzana, abierto hacia toda la comunidad. Este proyecto
estaba firmado por profesor@s, familiares, artistas y amig@s de
Enrique, quienes realizaron durante algunos años prácticas y
reflexiones innovadoras e integradoras de diferentes visiones y
perspectivas del conocimiento, todo esto articulado en torno a la
ecología profunda y los estilos de vida bio-regionales.
El proyecto se llamó “Eco-Poiesis Ritual” y proponía la
creación de un espacio Comunidad/Comarca participativo cocreativo en el cual ir armando y construyendo otra manera de
acercarse al conocimiento, al auto-conocerse, al auto-sanarse,
al “poietizar”, al juego, a la ritualidad y a la creación misma. Lo
que proponíamos con esta ecopoiesis ritual, era abrir nuestra
creatividad y nuestro pensamiento hacia la poietización que
mira de regreso hacia la Madre Tierra, hacia las tradiciones,
hacia el juego y al ritual como espacios donde nuestro hacer
académico ya no está encapsulado en formas acartonadas,
en prejuicios donde el cuerpo, el movimiento, la creatividad
personal y colectiva son miradas como “desmanes” que nos
alejan del conocimiento.
Jamás imaginamos que quedaríamos atrapad@s en este
gran sueño. Fue un re-nacer como personas, que se convirtió
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.121

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

en nuestra actividad fundamental, transformándonos desde
nuestro hacer como académic@s universitari@s disciplinari@s,
a convertirnos en gestor@s y facilitador@s de procesos de
transformación pedagógica, de organización y re-aprendizaje
hacia un conocimiento y práxis profesionales creador de
sustentabilidad personal y comunitaria. A todo esto, le llamamos
nuestra labor ecopoiética-transdisciplinaria.
Imagen 1
La eco-poiesis ritual, espacio-tiempo sagrado donde co-creamos
nuestra comunidad en aprendizaje

Fuente: EcoDiálogo (2023).

A partir de esa velada intensa donde Enrique y Domingo
nos hablaron sobre su propuesta, y donde compartimos muchas
opiniones y sueños compartidos, pasamos en las siguientes
semanas, a la práctica de rituales de velación huichol, danzas/
rituales de la tradición tolteca, movimiento de energías orientales
como el chi kung y el yoga, además de sesiones de talleres corporales
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.121

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�Leticia Bravo, Enrique Vargas / Un bosque de esperanzas Memorias y andanzas

de bioenergética, ecología profunda y de círculos de lectura y
reflexión: todo un campo energético-simbólico de transformación
humana. Organizamos asimismo talleres de psicología gestaltritual, en los que l@s miembros de este colectivo abríamos nuestras
emociones al conocimiento de nosotr@s mism@s desde lo que el
tallerista nos iba guiando para descubrir cómo sanar las heridas
del alma infringidas por la cultura patriarcal y cómo acompañar al
“otr@” en su tránsito de búsqueda de equilibrio desde lo corporal
hasta lo emocional y espiritual.
Fueron años muy intensos de prácticas en los que se fue
creando el equipo de personas que más adelante se nombraría
“la Comarca”. En estas actividades, algunos participábamos
de manera permanente, otr@s iban y venían, y otr@s más sólo
asistían eventualmente. Hubo una presencia promedio de entre
15 y 25 personas que incluyó estudiantes, profesor@s, artistas y
simples ciudadan@s, quienes, con entusiasmo, llegaban a cada
convocatoria.
El SerCuerpo como corazón de la vida
A estas alturas, era evidente que los que estábamos viviendo,
experienciando, ocurría y tenía su esencia en la totalidad
de lo que llamamos SerCuerpo. El primer fruto académico
de estas prácticas y procesos se construyó por 4 profesor@s
universitari@s (Enrique Vargas, Cristina Núñez, Domingo
Adame y Leticia Bravo), quienes nos identificamos seriamente con
la propuesta y que decidimos participar en el “Primer Encuentro
Mexicano sobre Pensamiento Complejo y Planetarización
de la Humanidad”, llevado a cabo en la ciudad de Culiacán,
Sinaloa a finales de noviembre del 2004, en el que participamos
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.121

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

impartiendo el “Taller Ecopoiésis Ritual: Empoderamiento
personal/comunitario y conocimiento somático”, en el que
integramos las prácticas y los textos más significativos que a
lo largo de los años previos habíamos explorado y compartido.
La propuesta del Taller era que la complejización del saber y el
conocer no puede ser construida en ausencia del cuerpo, que
es el escenario de la articulación (física-emocional-intelectualespiritual) de nuestro ser-conocer. Las emociones, la poética
y la expresión corporal, son elementos fundamentales de la
Ecologización-Planetarización del conocimiento, elementos
que se encuentran al centro de la esencia de estos talleres.
Imagen 2
El taller “Ecopoiesis Ritual” en Culiacán, Sinaloa (2004), semilla
transdisciplinaria y dialógica de la eco-pedagogía y del Centro
EcoDiálogo

Fuente: EcoDiálogo (2023).
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.121

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�Leticia Bravo, Enrique Vargas / Un bosque de esperanzas Memorias y andanzas

¿Quiénes somos, por qué hacemos Ecopoiesis Ritual?
Nuestra historia común es la de un hacer cotidiano en nuestras
disciplinas que nos mantenía insatisfech@s, sumergid@s
en un aislamiento del mundo y de sus problemas, de la
incapacidad de compartir el gozo y de crear libremente; todo
eso entristecía nuestro vivir. Así es como un investigador
de teatro, un bioquímico, una antropóloga y una maestra de
danza iniciamos una conversación lúdica y caótica desde hace
algunos años. Ha sido extraño entrelazar moléculas, tejidos,
hábitos, tramoyas, saltos, entonaciones, notas, ritmos, puestas
en escena, migraciones campesinas, desequilibrios térmicos,
etcétera. No ha sido fácil ser capaces de co-construir espacios
de diálogo donde sentirnos amorosamente acogid@s. Poco a
poco hemos estado más dispuest@s a renunciar a nuestra “jerga
de terminajos” y a nuestras prácticas rutinarias excluyentes,
a aceptar que nuestros modelos no explican más que ideas y
observaciones cerradas. Este camino andando ha pasado por
viajes internos profundos e insospechados, lo que nos ha llevado
a conocer los demonios y ánimas que habitan nuestras almas.
Por otra parte, la agonía humano-planetaria y de la humanidad
es algo que nos ocupa y nos conmueve. La salida de la esterilidad
erudita del conocimiento y de la praxis académica e intelectual
se ha ido convirtiendo en un deseo apasionado entre nosotr@s.
Así hemos ido rompiendo no sólo los cercos entre disciplinas y
áreas del conocimiento, sino que nos hemos abierto al diálogo
de haceres y saberes, a abrevar de ese espacio trascendente,
lleno de infinita sabiduría que existe en el saber vernáculo y
tradicional, espacio donde vive un saber-hacer planetario, local,
pertinente y humilde…
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.121

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

Así es como nuestra necesidad de reconstruir nuestro
pensamiento, nuestro saber y hacer nos ha llevado al diálogo, la
complejidad y la transdisciplinariedad, y mucho más allá. Hemos
emprendido el camino de la ecopoiesis-poética de espacios y
procesos, donde los problemas humanos puedan ser acometidos
desde una real libertad de crear y moverse sin apegos a dogmas y
advertencias de “buenos modos académicos”.
Imagen 3
La Ecopoiesis; al implicarnos desde el “ser-cuerpo-mente-corazón”, co-creamos espacios de confianza e intimidad donde crece
un conocimiento sustentable y transformativo. La comarca en el
Rancho Tixtla de Lety, espacio de la montaña donde construíamos nuestros rituales y espacios lúdicos de convivencia haciéndonos comunidad en y desde la ecopoiesis

Fuente: EcoDiálogo (2023).
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.121

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�Leticia Bravo, Enrique Vargas / Un bosque de esperanzas Memorias y andanzas

Dar este Taller fue una experiencia deslumbrante para
nosotr@s y para l@s más de 80 profesor@s que lo tomaron. En esta
experiencia sensibilizaron sus cuerpos, sus almas y sus espíritus.
El escenario fue bellísimo, el Jardín Botánico de Culiacán. El evento
tuvo tanto éxito entre l@s participantes del Congreso, que, ante
nuestro asombro, tuvimos que repetirlo, pues la demanda rebasó
nuestra capacidad, incluso, con el segundo grupo terminamos a
las 2 de la madrugada, con una luna llena hermosa que nos ofreció
un sublime escenario para compartir este trabajo con nuestr@s
colegas del resto del país.
Fue un inicio que nos ha mantenido a lo largo de estos
años con la convicción y la claridad de que el camino emprendido,
de esta manera, nos ofrece una posibilidad viable para ayudar a la
transformación de la educación y la vida hacia la sustentabilidad
y la humanización, desde experiencias y reflexiones profundas y
re-integradoras.
La poiesis florece en nuestros cuerpos-territorio
Muchas de las semillas que fueron sembradas desde nuestras
pláticas del Grupo Lúdico y el taller de Ecología Profunda,
florecieron expresándose en la convocatoria de Enrique Vargas a
trabajar desde nuestro Grupo de Ecopoiesis Ritual en proyectos
bio-regionales y de economía solidaria. En este contexto nos
involucramos en los trabajos del Mercado Bio-regional Océlotl,
que se estaba gestando en el año 2003, en la casa que ocupa
nuestra Radio Universitaria. Ahí se generó un espacio dominical
para el pequeño comercio entre productor@s y consumidor@s,
atendiendo tanto a l@s universitari@s como a las personas de la
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.121

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

sociedad en general, preocupad@s y sensibles hacia este otro modo
de adquirir productos y alimentos sanos y amables con la Madre
Tierra. También se trataba de apoyar el esfuerzo que, de manera
aislada, veníamos desarrollando algunos pequeñ@s productor@s
de la región, ahora nos organizábamos por primera vez para la
creación de un lugar en el que se diera el intercambio de productos,
de experiencias y de conocimientos. Esta era otra manera de reaprender y de practicar cotidianamente un vivir equilibrado y
sustentable, produciendo y consumiendo alimentos libres de
químicos y amables con nuestros cuerpos y con la naturaleza.
Poco tiempo después un grupo de amig@s y productor@s,
fundamos otro Mercado Bio-regional, el de “La Pitaya”, en un
pequeño caserío rural situado entre Xalapa y Coatepec, con vocación
de colonia suburbana, en la que habitamos familias dedicadas
al campo, al arte; somos maestr@s, universitari@s, biólog@s
y antropólog@s que empatizamos con una visión ecológica.
Comenzamos, en el patio de la casa de Enrique y posteriormente
nos trasladamos a un espacio más cercano a la comunidad de la
zona, un espacio de venta de café “ceréza”. Durante más de 5 años,
primero los martes y después los jueves, estuvimos ofreciendo
productos de nuestras fincas y hortalizas, con la intención de ir
acrecentando esta oferta y de apoyar a las familias de consumidor@s
a obtener una dieta sana, libre de químicos y transgénicos, además
de contar con la presencia directa de los productor@s, así como
toda su energía, amor y sabiduría.
A través de estos esfuerzos nosotr@s buscábamos
promover el bio-regionalismo y las autonomías locales como una
forma de vida que procura la recuperación de nuestro sentido de
pertenencia a la naturaleza y a nuestros entornos comunitarios,
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.121

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�Leticia Bravo, Enrique Vargas / Un bosque de esperanzas Memorias y andanzas

una ruta que fortalece nuestra responsabilidad y nuestra
capacidad de adaptación a los ecosistemas locales, recuperando
nuestra capacidad de rehabitar nuestros cuerpos-territorio con el
objetivo de una delicada y profunda trasformación humana hacia
sociedades sustentables (Wahl, 2004).
Imagen 4
“Mercadito La Pitaya”, espacio de economía solidaria donde
construimos nuestra comarca en investigación-acción
participativa transdisciplinaria

Fuente: EcoDiálogo (2023).

Al año siguiente de nuestra participación en Culiacán,
nos mantuvimos practicando y re-aprendiendo en un diálogo de
haceres y saberes, además de continuar con nuestra actividad
principal de profesor@s y de investigador@s universitari@s.
Esta práctica que realizábamos con la creencia y la vivencia
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.121

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

de que era algo que no podíamos dejar de hacer y que se
había convertido en nuestro “dador” de alimento espiritual
y de conocimiento, la hacíamos al mismo tiempo que íbamos
construyendo y fortaleciendo una comarca o comunidad de
personas de diferente origen que continuábamos unid@s en este
camino.
Imagen 5
Co-creamos una “educación para la vida” donde niñ@s, adult@s
y abuelit@s podemos sanarnos del racionalismo que fragmenta
nuestro ser-cuerpo y aliena nuestras emociones. EcoDiálogo es
un aula viva que acuna en el aprendizaje y la transformación a
la totalidad de nuestro ser humano entramado en el mundo en
todas sus dimensiones

Fuente: EcoDiálogo (2023).
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.121

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�Leticia Bravo, Enrique Vargas / Un bosque de esperanzas Memorias y andanzas

Un saber que alimentó a esta comarca generosamente
durante estos primeros años fue el de la Tradición de Danzas
Meshika-Chichimecas que, a través de un Temaztiani,
(maestr@/guía) de este arte-ritual las fuimos incorporando
en nuestro acervo. Este aprendizaje de la tradición desde
una perspectiva masculina fue re-equilibrado por el de Laura
Montoya, quien también asistió durante más de dos años
a nuestra ciudad para compartirnos esta misma sabiduría,
pero matizada desde este resurgimiento de la ternura y la
mirada femenina que tanta falta le ha hecho al conocimiento
tradicional de nuestros pueblos ancestrales, el reconocimiento
de la Dualidad y la Unidad.
Una vez al mes asistían desde la Ciudad de México a
Xalapa a darnos una clase que podía durar 2 o 3 días, ya que
incluía rituales y danzas, canciones y modos de encender el
fuego, de cocinar, de actuar cuidadosamente con las plantas,
los rumbos cardinales sagrados, las mujeres y los hombres.
Todos estos saberes, estás prácticas ancestrales que siguen
vivas en nuestro México, han sido esenciales para construir
nuestra perspectiva de una nueva educación que deje de estar
encerrada en un culto a la racionalidad eurocentrista y que
se abra a otras formas, a otros sistemas de conocimiento que
tienen gran pertinencia hoy y siempre en la conformación
de una humanidad perdurable y capaz de crear BuenVivir
para tod@s los seres que la conforman (Hidalgo et al; 2014;
Marañon, 2014; Delgado, 2014).
Fueron años de enseñanzas profundas de ida y vuelta.
Laura Xiu Mazatzin, la asistente del Temaztiani Don Ricardo,
portadora del fueguito sagrado, estudiante de antropología y
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�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

extraordinaria bailarina, al mismo tiempo que compartía sus
saberes con nosotr@s, abrevó de la ecopoiesis, de la complejidad
y de las otras disciplinas corporales que practicábamos y las
incorporó en su vida. Ella ha continuado en los años recientes
obsequiándonos con su especial sabiduría y experiencia en este
saber ancestral y continúa participando en los eventos que se
organizan en el Centro EcoDiálogo.
Imagen 6
Saberes ancestrales construyendo Ecopoiesis en danza. El
diálogo de haceres y saberes fluye desde la tierra, los sonidos,
el sudor, las miradas, el intercambio de sentipensares, la alegría
y la emoción del reencuentro con nuestras raíces que dan
profundidad y sentido al quehacer cotidiano y educativo

Fuente: EcoDiálogo (2023).
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.121

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�Leticia Bravo, Enrique Vargas / Un bosque de esperanzas Memorias y andanzas

Imagen 7
Lo sagrado, la cuenta del tiempo, el ritual y las danzas, corazón
de las cosmovisiones del Gran Anahuac (Mesoamérica). En
la imagen nuestra caminata de poder y ritual en la cueva de
la Orquídea, justo al lado del cerro sagrado Macuiltepelt en
Xalapa, en el día del paso cenital del sol por nuestra bio-región
entrando de forma vertical hacia el interior de la cueva

Fuente: EcoDiálogo (2023).

El otro hilo de este tejido es el que nos ayuda a urdir el maestro
de Danza Tolteca José Islas, quien empezó a compartirnos
posteriormente un saber similar, dentro del Toltecayotl.
Actualmente continúa guiándonos y nos ayuda a mantener la
sensibilidad abierta a las maneras de percibir los cambios del
avance del tiempo anual, la llegada de las estaciones, el movimiento
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.121

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

de las estrellas, la llegada de las lluvias, las características de los
días y su relación con el carácter de las personas y otras tantas
observaciones que de la vida este conocimiento nos da. Este
conjunto de conocimientos se practica siempre a través de la
realización de rituales como danzas, temazcales, velaciones y
otros. También de la mano de José realizamos caminatas de poder
hacia lugares de importancia para nuestros pueblos ancestrales,
habitando nuevamente con nuestras pisadas los cerros, ríos,
valles y playas de nuestra bio-región.
Homo ludens… el juego que nos reconstruye
Más arriba comentamos que en el llamado “Grupo Lúdico” se
compartieron libros de poetas, filósof@s, terapeutas, científic@s
y místic@s cuyos temas frecuentes fueron: la humana condición,
la incapacidad de la actual manera de hacer y operar del
conocimiento, la belleza, la creación, la ecología profunda y la
diversión-celebración, entre otros.
Estos temas siempre fueron abordados con un espíritu de
camaradería y con la visión de contar con la oportunidad de un
cambio posible. Asumíamos lo lúdico como parte fundamental del
saber y del conocer humano en general y en particular de nuestra
idiosincrasia; fue así como en algunas ocasiones incluso nos
planteamos ir a convidarnos de fiesta y placer, bajo el tema de “reconocer” como se divierten en otras poblaciones no tan lejanas de la
nuestra y si diferentes en geografías, temperaturas, temperamentos
y expresiones culturales como lo es el Puerto de Veracruz.
Así establecimos la “Ecopoiesis Jarocha”, por lo que a lo
largo de los pasados 20 años varias veces al año recorremos los
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.121

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�Leticia Bravo, Enrique Vargas / Un bosque de esperanzas Memorias y andanzas

más de 100 km que nos separan del puerto jarocho para disfrutar
de nuestra ecopoiesis jarocha en compañía de nuestra comunidad
de académic@s y seres humanos habitantes de ese espacio urbano
jarocho a la orilla del golfo de México, en donde han surgido
también diversos grupos de danzantes de la mexicanidad,
varios círculos de salud y de grupos académicos que cultivan la
sustentabilidad humana y la educación para la vida dentro y fuera
de la Universidad Veracruzana. Todo lo anterior nos ha permitido
disfrutar, celebrar y practicar ese modo tan especial que tienen l@s
jaroch@s de divertirse, de comer y de bailar, tratando de re-crearlo
y de re-conocerlo en nuestra pequeña comunidad y de incorporarlo
explícitamente como parte de un relacionar entre nosotr@s y con
el “otr@”, que nos ayudaba a soltar tensiones y a sanar relaciones,
desarrollando nuevas formas de ser, hacer y conocer.
Así fue como una tarde nos fuimos al puerto casi puras
mujeres: Cristina, Mayra, Tania, Denisse, Inés, Roció y Lety, nos
acompañaba Eduardo como única presencia masculina. Llegamos
a tomar café a “La Parroquia”, un tradicional restaurante del Puerto
en donde nos encontramos con Laura Bravo, hermana de Lety, a
quien tod@s conocíamos por ser nuestra guía en las ceremonias de
siembra y cosecha de la forma Huichol que realizamos 2 veces al
año en el Rancho Tixtla, en Coatepec. Después de un rico lechero
y con un amigo nos fuimos a bailar al “Rincón de la Trova”, un
antiguo lugar de Son cubano, situado en el centro de la ciudad.
Bailamos toda la noche y terminamos felices haciendo una dancita
de la tradición tolteca en la playa, la Danza del Sol, para darle la
bienvenida al nuevo día. Fue increíble la energía que nos movió
durante esa noche para continuar sin descanso hasta regresar a
Xalapa, ya a media mañana. Fueron tiempos de un gran entusiasmo
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�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

y de mucho compañerismo, lo que nos empujaba a realizar esta y
todas las demás actividades que hicimos en aquel inicio.
Imagen 8
La Ecopoiésis Jarocha, nuestro “alter ego”, nuestro espejo
e inspiración de y vivencia de comunidad en el Puerto de
Veracruz, espacio y encuentro conectando la creatividad
compartida

Fuente: EcoDiálogo (2023).

Actualmente el llevar a cabo fiestas, temazcales, danzas,
círculos de salud y celebraciones en el Centro EcoDiálogo sigue
siendo una prioridad en nuestras actividades.
El Diálogo de Haceres y Saberes
En mayo de 2005, continuando con el entusiasmo que nos
motivaba y por la iniciativa de una compañera del grupo, Tania
Romo, estudiante de doctorado de Enrique Vargas, llevamos a cabo
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�Leticia Bravo, Enrique Vargas / Un bosque de esperanzas Memorias y andanzas

un evento en el que compartiríamos nuestros saberes, prácticas y
reflexiones en un espacio más cercano al diálogo con la naturaleza,
el Rancho Tixtla, el cual se encuentra dentro del bosque de niebla
de los alrededores de Xalapa, en las faldas del Cofre de Perote
(Nauhcampatépetl, en náhuatl, cerro de las cuatro caras). La
intención fue realizar una reunión dialogante; celebración y ritual,
en la que las prácticas de holarquía, de sustentabilidad humana
y de respeto al otr@ fuesen predominantes. A través de este
evento intentamos llevar a la práctica los elementos del Diálogo
Profundo (Bohm, 2001), aplicándolos en torno a la pregunta de
la crisis planetaria y la necesidad de romper los muros erguidos
entre los saberes académicos y todos aquellos existentes en la
sociedad.
Respondieron al llamado que se lanzó por internet y por
invitaciones personales profesor@s, universitari@s, estudiantes
de la UNAM, de la Universidad de la Tierra de Oaxaca, del
Politécnico Nacional, practicantes de la Tradición de las Danzas
Toltecas, Abuel@s de esta cultura viva, médic@s tradicionales
de la zona sur de nuestro estado, decimeros del son jarocho de
Tlacotalpan (pequeña joya de población sotaventina a orillas del
Río Papaloapan, al sur del Puerto de Veracruz), músic@s, artistas,
ONG´s y amig@s que sumamos unas 70 personas dispuest@s
a acampar y a compartir, durante 4 días, sus saberes, en un
Simposio sui géneris “Diálogo de Saberes”.
Para abrir e inaugurar el encuentro, la Madre Natura
nos envió su palabra dialogante en la madrugada de la primera
noche a través de una tormenta torrencial con rayos y truenos
de una magnitud impresionante. Fue como un rito de paso con
el que ella nos daba la bienvenida y nos hacía sentir su fuerza.
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�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

Los intercambios sucedieron desde la organización para la
preparación de nuestros alimentos. En la cocina, se dieron
verdaderas prácticas sistémicas y de equilibrio de género en las
que, de manera aleatoria se armaron equipos de 4 y 5 personas
que realizamos labores de preparación y repartición de alimentos,
limpieza, armado de menús, organización para el uso de los baños,
para el aseo y para el composteo. En esos momentos compartimos,
además, diversas maneras de preparar los alimentos que se
consumían a lo largo de los días que duró el evento, nuestros
orígenes, gustos e idiosincrasias. Así, a tod@s l@s participantes
nos tocó lavar trastes, preparar alimentos, servir mesas, asear
los baños. Era la práctica holárquica, enseñándonos a través de
nuestros cuerpos y esto nos permitía darnos cuenta de lo fácil que
puede ser comunicar haciendo lo que somos.
Se realizaron mesas de trabajo alrededor de diversos temas
de interés para l@s participantes. Los ejes fueron: el diálogo, la
sostenibilidad y la experiencia. Se llevaron a cabo rituales de
conexión con la madre naturaleza, y de sanación, como la Danza de
la Tierra de las abuelitas toltecas; una danza en la que participan
exclusivamente mujeres y donde los hombres ayudan con su
energía desde fuera; temazcales de diferentes tradiciones por las
noches, algunas limpias con plantas medicinales, sahumaciones
y masajes.
La preocupación de tod@s por crear y mantener redes
de comunicación entre las personas que ahí llegamos y que
coincidimos en este “modo” de trabajo, para darle continuidad
a lo que compartimos, fue una de las más sentidas experiencias
en el cierre del evento y sigue siendo uno de nuestros grandes
pendientes.
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�Leticia Bravo, Enrique Vargas / Un bosque de esperanzas Memorias y andanzas

Imagen 9
Cartel del Simposium “Diálogo de Saberes” creado por Miguel
Flores, organizado por nuestro Colectivo EcoPoiesis en mayo
del 2005 en el Rancho Tixtla del bosque de niebla xalapeñocoatepecano

Fuente: EcoDiálogo (2023).

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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.121

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

Imagen 10
Simposium Diálogo de Saberes; el conocimiento vivo, la
experiencia formativa que nos hace ser “parte de” más allá de
“analizar a”. Junto con el Grupo Lúdico, las Danzas MeshikaChichimecas, el Mercadito Bio-regional “La Pitaya”, las prácticas
sabatinas del Chi Kung, el Taller de Ecopoiesis de Culiacán y
nuestro Simposium fue “ahí donde nació todo…”.

Fuente: EcoDiálogo (2023).
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�Leticia Bravo, Enrique Vargas / Un bosque de esperanzas Memorias y andanzas

Nutriendo las raíces de nuestra comunidad académica
Llegó el momento de plantearnos la necesidad de fundar
un espacio académico universitario en el que se pudiera dar cabida
de manera permanente, a estas prácticas y reflexiones educativas
y de vida. Un espacio donde tener la posibilidad de ofrecer a
estudiantes y colegas universitari@s, así como a personas de fuera
de la comunidad académica nuestra experiencia de aprendizaje y
transformación. Para ello, requeríamos delimitar las necesidades
mínimas y las características de entorno y cercanía con la
naturaleza que fueran propicias para la realización de todas
nuestras prácticas.
Por otro lado, las investigaciones que Enrique Vargas venía
desarrollando en el campo de la Biología Sistémica y de los efectos
que estas prácticas podían llegar a obtener en las personas, hacia
un estado de equilibrio y salud sustentable, continuaban; poco
a poco fue auto-organizándose y desarrollándose la “Unidad de
Salud Integrativa”, la “Red de Círculos de Salud” y el “Temazcal
participativo” (Puga-Olguín et al; 2022; Panico et al; 2022) (ver
más abajo).
Este proyecto que había nacido como una especie
de juego y de búsqueda de nuevos caminos del saber, nos
comenzó a demandar más atención y tiempo del que hasta ese
momento podíamos dedicarle. Y nuevamente, impulsad@s por
el compañero Enrique, nos planteamos la necesidad de crear
un proyecto académico. Su nombre nos fue llegando, al llevar a
cabo una metodología llamada Indagación Ritual Re-valorativa
(Elliot, 1999; Vargas-Madrazo, 2023), para reconocer nuestros
objetivos y metas, nuestros sueños: el “Centro EcoDiálogo”.
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.121

�Transdisciplinar, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

Con este nombre, que llenó nuestras expectativas, bautizamos
adecuadamente lo que habíamos ya andado, desde el punto de
vista de los que, en ese momento pertenecíamos a éste equipo de
trabajo llamado “La Comarca”: Enrique, Tania, Carlos, Cristina,
Eduardo, Denisse, Christian, Inés, Roció, Isaac, Manuel, Mari
Carmen, Kati y Lety.
Imagen 11
La caminata de poder en comunidad por el campus de nuestra
universidad buscando el territorio que acunaría nuestra
“Estación EcoDiálogo”

Fuente: EcoDiálogo (2023).

Buscamos informes acerca de distintos centros educativos
en el mundo, de diversas universidades que ya estuvieran
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar4.7.121

301

�Leticia Bravo, Enrique Vargas / Un bosque de esperanzas Memorias y andanzas

trabajando de esta manera. Éstos nos sirvieron de referencia
para plantear nuestro proyecto sobre lo que sería el Centro
EcoDiálogo dentro de la Universidad Veracruzana. Así a partir
de un sin fin de reuniones elaboramos un documento que nos
serviría para solicitar el espacio dentro del Campus Universitario
de Xalapa. Así fue como en el año 2005 el Dr. Raúl Arias, rector
de la Universidad Veracruzana aprueba la formación oficial del
proyecto, nuestro Centro EcoDiálogo, una estación experimental
y experiencial, la cuál sería parte del área de Biología Sistémica
del Instituto de Investigaciones Biológicas. Afortunadamente
recibimos todo el apoyo de las autoridades de la Universidad,
quienes mostraron su empatía con este proyecto. Más adelante,
por decreto rectoral nos otorgaron un espacio de una hectárea
para instalar la infraestructura necesaria. Cabe mencionar que el
lugar donde nos asentamos era una zona que se perfiló desde su
origen para desarrollar proyectos innovadores.
Continuará la segunda parte

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      <name>Dublin Core</name>
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