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                  <text>�D.R. 2024 © Humanitas. Revista de Teoría Crítica y Estudios Literarios,
Vol. 4, No. 7, julio-diciembre 2024, es una publicación semestral
editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través del Centro
de Estudios Humanísticos, Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías,
Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey,
Nuevo León, México. C.P. 64290. Tel.+52 (81)83-29- 4000 Ext. 6533.
https://revhumanitas.uanl.mx Editor Responsable: Víctor Barrera
Enderle. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo 04-2022-020212344100102, ISSN 2683-3247, ambos ante el Instituto Nacional del Derecho de
Autor. Responsable de la última actualización de este número: Centro de
Estudios Humanísticos de la UANL, Mtro. Juan José Muñoz Mendoza,
Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes
#4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey, Nuevo León, México. C.P.
64290. Fecha de última modificación de 15 de julio de 2024.
Rector / Santos Guzmán López
Secretario de Extensión y Cultura / José Javier Villarreal
Director de Historia y Humanidades / Humberto Salazar Herrera
Titular del Centro de Estudios Humanísticos / César Morado Macías
Director de la Revista / Víctor Barrera Enderle
Autores
Miguel Guadalupe Cerda de la Rosa
Manuel Santiago Herrera Martínez
José Manuel Medrano
Diana Hernández Suárez
Jesús Gerardo Cervantes Flores y Carlos Recio Dávila
Gonzalo Rojas Canuet
José Alberto Leyva Ortiz
Karime Aylen Anguiano Treviño
Carlos Rutilo Aguilar
Ángeles Serna Moreno
Roberto Kaput González Santos

�Editor Técnico / Juan José Muñoz Mendoza
Corrección de Estilo / Víctor Barrera Enderle
Maquetación / Concepción Martínez Morales
Se permite la reproducción total o parcial sin fines comerciales, citando la
fuente. Las opiniones vertidas en este documento son responsabilidad de
sus autores y no reflejan, necesariamente, la opinión de Centro de Estudios
Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Este es un producto del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad
Autónoma de Nuevo Léon. www.ceh.uanl.mx
Hecho en México

�Humanitas
Revista de Teoría, Crítica y Estudios Literarios
http://humanitas.uanl.mx/
Presentación No. 7
Víctor Barrera Enderle
Universidad Autónoma de Nuevo León
San Nicolás de los Garza, México
Fecha entrega: 07-2-2023 Fecha aceptación: 27-7-2023

Editor: Víctor Barrera Enderle. Universidad Autónoma de Nuevo
León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo León,
México.
Copyright: © 2024, Barrera Enderle, Víctor. This is an openaccess article distributed under the terms of Creative Commons
Attribution License [CC BY 4.0], which permits unrestricted
use, distribution, and reproduction in any medium, provided the
original author and source are credited.

�P re s e n t a c i ó n
Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

El tema de la representación ha alimentado uno de los debates
más antiguos en la reflexión en torno a la literatura. La mímesis
o la imitación de la realidad causaba conflicto a los griegos
y latinos. Si se buscaba la verdad, el discurso literario era visto
como sospechoso; sí, por el contrario, se hacía apología al carácter
educativo de la ficción (dada la inclinación humana de aprender
imitando), la literatura cumplía un rol subordinado a necesidades
ajenas, surgidas de los campos de la pedagogía y de la ética. Dos
milenios más tarde, y tras un ingente desarrollo de teorías al
respecto, el debate literario en torno a su relación con la realidad
permanece casi idéntico. Esto, sin embargo, confirma, de manera
indirecta, la existencia de un saber que produce la literatura sobre
el entorno que la envuelve.
La séptima entrega de Humanitas. Revista de Teoría, Crítica y
Estudios Literarios confirma esta riqueza de enfoques y conocimientos
emanados de la literatura. En su sección de “Artículos” presenta siete
acercamientos diferentes al fenómeno. Miguel Cerda estudia al poeta,
dramaturgo y crítico Xavier Villaurrutia, pero lo hace reparando en
su condición de antólogo, es decir, en su actividad como un agente
que revitaliza el campo literario mexicano de la postrevolución al
poner en circulación sendas selecciones poéticas de sor Juan Inés de
la Cruz y Ramón López Velarde. Manuel Herrera analiza, desde una
perspectiva semiótica, la novela de Juan Villoro Las golosinas secretas
y, a través de ella, reflexiona en torno a la literatura infantil y juvenil.
Durante centurias, los cuentos de hadas han relatado algo más que
historias fantásticas, José Manuel Medrano realiza aquí una lectura
1

�Víctor Barrera Enderle / Presentación

entrelíneas de la relación entre este género narrativo y la resistencia
en la España de la posguerra.
La cultura y la literatura caribeñas han sido muestra
palpable de la heterogeneidad latinoamericana: un universo donde
se acrisolan elementos de diversas culturas: Diana Hernández
propone una poética de esta región basándose en la lectura del
escritor colombiano Germán Espinosa. El amor romántico ha
generado infinidad de formas de representación, desde novelas
hasta películas; en su artículo, Jesús Cervantes y Carlos Recio
analizan la forma en que éste se manifestaba en las tarjetas de
fantasías durante los albores del siglo XX. Uno de los poetas
chilenos más importantes (y menos estudiado) de la segunda
mitad del siglo XX fue Juan Luis Martínez, Gonzalo Rojas Canuet
explora una de sus obras emblemáticas: La nueva novela. En 2014
se cumplió el primer centenario del nacimiento del poeta Efraín
Huerta: desde entonces se ha revalorado su obra, en particular la
realizada en su última etapa: José Leyva da cuenta de la poética de
Huerta durante los convulsos años setenta.
La sección de “Notas” cuenta con tres ensayos que, a su
manera, ofrecen una relectura de la literatura mexicana moderna:
Karime Anguiano se hace cargo de Amora, la novela fundacional
de Rosamaría Roffiel; Carlos Rutilo hace lo propio con la
transculturación narrativa desplegada en José Trigo, la monumental
novela de Fernando del Paso; y Ángeles Serna Moreno realiza un
ejercicio de espejeo entre El invencible verano de Liliana, de Cristina
Rivera Garza y El acontecimiento de Annie Ernaux.
Roberto Kaput nos entrega, en la sección de “Reseñas”,
una lectura crítica e iluminadora del poemario Carmen de Carlos
Rutilo, de reciente aparición. Y con ella cerramos este número
2

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, julio-diciembre, 2024

7 de Humanitas. Revista de Teoría, Crítica y Estudios Literarios, cuya
entrega reafirma, en su diversidad, la orientación plural y crítica de
la publicación.
Víctor Barrera Enderle

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�Artículos
Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

Polémica y tradición. El trabajo de antólogo de
Xavier Villaurrutia y su incidencia en el campo
literario mexicano
Controversy and tradition. The work of Xavier
Villaurrutia as an anthologist and its impact on the
Mexican literary field
Miguel Guadalupe Cerda de la Rosa
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
miguel.cerdade@uanl.edu.mx

Resumen. El campo literario mexicano después de la Revolución
mexicana se vio envuelta en el proceso de configuración ante la nueva
situación política, social e intelectual. Pronto comenzaría una polémica
entre dos posturas de concepciones de la literatura -con dos términos
igual de polémicos: “literatura viril” y “literatura afeminada”- en 1925 y
otra similar siete años más tarde, en 1932, cuando se cuestiona la idea
de una literatura nacional retomando los ideales del conflicto civil ante
las ideas influidas por las vanguardias extranjeras que buscaban una
concepción universal y cosmopolita. Como participantes de ambos
momentos, el grupo de Contemporáneos postula sus ideas estéticas en
la producción de su revista homónima y los esfuerzos individuales de sus
miembros para reafirmar su postura, entre ellos la contribución Xavier
Villaurrutia quien publica antologías de poemas de dos autores mexicanos
distinguidos, como lo son Ramón López Velarde y sor Juana Inés de la

4

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

Cruz. Villaurrutia utiliza dispositivos basados en sus textos críticos para
elaborar estas recopilaciones con la finalidad de proponer una tradición
literaria mexicana ante la posibilidad de configurar el nuevo campo literario
definitorio para el resto del siglo XX.
Palabras clave: polémica, antología, Xavier Villaurutia, tradición, campo
literario
Abstract. The Mexican literary field after the Revolución mexicana finds a
configuration process in front of the new political, social, and intellectual
situation. Soon would start a controversy between two positions of
literary conceptions -with two terms as controversial: virile literature and
effeminate literature- in 1925 and another alike seven years later, in 1932,
when the idea of national literature is questioned considering the ideals
from the civil warfare before the foreign avant-garde-influenced ideas
looking for a universal and cosmopolitan understanding. As participants
in both times, the Contemporáneos group postulates their aesthetic ideas
in their homonymous magazine, as well as the individual efforts of their
members to reaffirm their position, among them there is the input from
Xavier Villaurrutia who publishes poem anthologies from two recognized
Mexican authors: Ramón López Velarde and sor Juana Inés de la Cruz.
Villaurrutia employs dispositives based upon his critical texts to elaborate
these compilations aspiring to propose a Mexican literary tradition before
the possibility to form the new defining literary field for the rest of the
XX century.
Keywords: controversy, anthology, Xavier Villaurrutia, tradition, literary
field

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-75

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�Miguel Guadalupe Cerda de la Rosa /Polémica y tradición

El panorama sociopolítico de México durante la primera cuarta
parte del siglo XX cambió repentinamente y de manera vertiginosa:
como consecuencia del fin del Porfiriato, el inicio de la Revolución
mexicana, el surgimiento de los caudillos como líderes y los intentos
de estabilización del país a raíz de la promulgación de la Constitución
política de 1917. Durante la década de 1920, y principios de la de
1930, en el proceso de la institucionalización cultural, el campo
literario seguía configurándose en la búsqueda de un sendero común
para su progreso; sin embargo, el involucramiento de una variedad
de actores y grupos a raíz de las vanguardias importadas, así como
el encuentro de intereses estéticos discordantes, produjeron dos
momentos decisivos -dos polémicas- que continuaron permeando
en los años venideros: el afeminamiento de la literatura en 1925 y la
literatura nacionalista en 1932.
El surgimiento de la literatura mexicana moderna, de acuerdo
con Ignacio Sánchez Prado (2007), comienza precisamente desde el
producto con el que se intentaría terminar el conflicto civil de la
Revolución, donde “las literaturas nacionales tienen a veces fechas
de nacimiento precisas” (2007: 87), pero que, en México, inicia el 5
de febrero de 1917 con la promulgación de la Constitución Política,
lo cual planteaba el reto de formar una cultura nacional con base en
la problemática que se habría superado:
Esto no era una tarea fácil, dado que, en muy pocos años, se pasó
del sólido edificio institucional del Porfiriato a una atomización
profunda y a veces paradójica de los grupos intelectuales del
país, grupos que iban desde los últimos modernistas (Tablada,
González Martínez, Urbina, entre otros) hasta el influyente
Ateneo de la Juventud (Vasconcelos, Reyes, etc.) y su intento de
“salvar la cultura por las humanidades”, para usar una conocida

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-75

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

expresión de Pedro Henríquez Ureña. En este paisaje, emergen
las nuevas configuraciones de la literatura y la cultura del México
moderno: se trata de un periodo en el cual los diversos grupos
intelectuales buscan redefinir la naturaleza de la tradición y de la
cultura nacional (187).

En la década de 1920, se buscaba cumplir este objetivo (la
formación y consolidación de la tradición y la cultura nacionales)
en medio del asedio de las vanguardias europeas, que poco a
poco encontraban su lugar en el ambiente intelectual y artístico,
persiguiendo la concreción de una “vanguardia mexicana”; todo esto
se daba a la par de un proceso de institucionalización de conceptos
y dinámicas, llevado a cabo a través de distintos mecanismos:
El proyecto hegemónico que emergía en esos años de intentos
estatales de institucionalizar la cultura (por ejemplo de concursos
literarios y artísticos financiados por el carrancismo) se basaba en
un nacionalismo fundamentalista que apelaba a la idea de que sólo
producciones culturales cuyas referencias directas fueran la nación
y la Revolución Mexicana eran legítimas [...] Como contrapeso,
surge la idea de una cultura nacional autónoma con respecto al
cada vez más fortalecido estado posrevolucionario, que utiliza los
códigos de la cultura occidental para constituir posiciones críticas
de los nuevos proyectos políticos (2007: 188).

Esta empresa tuvo un primer momento de confrontación
entre posturas disímiles en 1923, durante el Congreso de Escritores
y Artistas, convocado por José Vasconcelos. Ahí se abordaron
inquietudes relacionadas con el “rechazo a la forma en que la
literatura -y sobre todo la poesía- se manifiesta ‘indiferente’ a la
nueva situación política” (Sheridan, 1999, p. 32). Durante sus
participaciones, Vasconcelos deseaba el establecimiento de un
diálogo fructífero entre artistitas e instituciones, para así incentivar
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-75

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�Miguel Guadalupe Cerda de la Rosa /Polémica y tradición

la idea de que arte debería reflejar la realidad del país y ser el soporte
de la institucionalización cultural y educativa. En lo referente
específicamente al ámbito literario, el secretario de Educación
Pública compartió tres ideas puntuales:
1. El escritor está obligado a “escribir para los muchos con el
propósito constante de elevarlos”.
2. La literatura tiene la “obligación” de coadyuvar a la “resurgencia
nacional” y a la “unión espiritual” del pueblo mexicano.
3. Los escritores no debemos “preguntarnos qué es lo que quieren
las multitudes, sino qué es lo que más les conviene” (Sheridan,
1999: 33-34)
Este primer planteamiento anunciaba la problemática que se
suscitaría un poco más tarde, (y continuaría, en un segundo momento,
en la década del treinta), y que implicaría una restructuración del
poder simbólico dentro de los campos artísticos e intelectuales, y, de
manera particular, dentro del campo literario. El mecanismo teórico
para abordar estas relaciones se encuentra en el concepto mismo de
campo literario, desarrollado por Pierre Bourdieu, quien lo definió
como un espacio social de relaciones afines a la disciplina literaria
donde se encuentran tanto escritores como editoriales, revistas,
instituciones y lectores, y cuya interacción hace posible el “análisis
de la estructura de las relaciones objetivas entre las posiciones que
ocupan en el campo de producción cultural de los individuos o de
los grupos colocados en situación de competencia por la legitimidad
intelectual o artística” (Bourdieu, 1990: 20).
En esa época, la que va de la primera a la segunda
polémica (de 1925 a 1932), resulta importante y determinante la
contribución y proliferación de grupos artísticos y literarios. Esas
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-75

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

agrupaciones colaboraban en sus propios proyectos, muchos de los
cuales culminaron en revistas literarias, tales como Policromías, La
Falange, México Moderno, El Maestro, Prisma, Vida mexicana y Antena,
así como la futura revista homónima del grupo Contemporáneos,
donde José Gorostiza y Xavier Villaurrutia, al igual que el resto de
sus compañeros de renombre como Torres Bodet, Novo, Ortiz de
Montellano, Cuesta, entre otros, comenzaron a desarrollar y articular
una idea renovadora del concepto de literatura mexicana, la cual fue
recibida…
… con un grado de profundo recelo por intelectuales con mayor
posicionamiento en el reciente campo cultural (intelectuales
tan disímiles como el porfiriano, Victoriano Salado Álvarez, el
naturalista Federico Gamboa, el estridentista Manuel Maples Arce
o el socialista Ermilo Abreu Gómez)” (Sánchez, 2007: 188-189).

1925: “El afeminamiento de la literatura”
Dos años después del Congreso de Escritores y Artistas se erigió
la primera controversia entre grupos literarios en el campo cultural
mexicano. La disputa se dio por el control del poder intelectual y
de las formas de representación cultural. Los contrincantes fueron
bautizados (por parte del grupo con mayor concentración de poder
simbólico) con epítetos que reflejaban la ideología polarizada y
machista del momento: los “viriles”, quienes buscaban la producción
literaria consciente de los esfuerzos y logros de la Revolución con un
enfoque nacionalista; y los “afeminados”, que estaban interesados
en una perspectiva universal (Sheridan, 1999: 35).
Al postular este choque de términos contrarios, los
nacionalistas trataban hacer ilegítimas las ideas de sus contrarios
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-75

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�Miguel Guadalupe Cerda de la Rosa /Polémica y tradición

por medio del ataque personal, mención aparte la orientación sexual
de algunos miembros de Contemporáneos que fueron señalados
por este debate. Este enfrentamiento de los términos “viril” y
“afeminado” corresponden, al contrario, a otra manera de referirse
a las verdaderas posturas en discusión: nacionalista vs cosmopolita y
mexicanizante vs europeizante, de acuerdo con Sánchez (2007: 191).
Julio Jiménez Rueda fue el artífice del comienzo de esta
polémica con la publicación del artículo “El afeminamiento en la
literatura mexicana”, cuya intención era
Criticar el aspecto más vulnerable de algunos jóvenes escritores, una
personalidad con manifestaciones evidentemente homosexuales,
que provocan envidias y críticas debido a que ya disfrutan de
cierto prestigio y poder en la sociedad cultural, el gobierno y la
opinión pública (Díaz, 1989: 58).
Lo secunda en su opinión Carlos Gutiérrez Cruz, quien ofrece su
crítica en dos sentidos:
Uno, las “degeneraciones y vicios” de los “poetas burgueses”; su
“asexualidad” consecuente de una vida pasiva que transcurre sin
“contacto” con la “vida exterior” y dentro “de un reducido grupo
de amigos”, donde sólo se habla de libros. El otro, la creación de
obras literarias carentes de una relación estrecha con el pueblo y las
“clases laborantes”, pero en las que sí sobresale una preocupación
estilística excesiva” (En Díaz, 1989: 58).

En estas circunstancias, dos grupos definidos se encontraron
en pugna: los nacionalistas y los Contemporáneos. Los primeros
deseaban seguir el ideal vasconcelista para establecer un canon
donde predominara una literatura que diera cuenta de los temas y
aspiraciones de la Revolución. Dentro de esta línea se encontraba
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-75

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

el caso particular de Manuel Maples Arce que buscaba una estética
cercana a lo proletario, como los de su poema Urbe. El grupo
de Contemporáneos, en contraste, compartía una visión más
europeizante, bajo la influencia directa de las vanguardias, como
el surrealismo, lo cual chocaba con la edificación de los criterios
morales y éticos de los nacionalistas (Sánchez, 2007: 192).
El año de 1925 fue importante para el grupo de
Contemporáneos: significó un momento de cohesión grupal, donde
los trabajos individuales se concatenaron y se hicieron públicos,
ayudando a la configuración de su identidad colectiva, tal como lo
señala Sheridan (1985, p. 179). Fue el año también en que publicaron
sus primeros libros varios de sus integrantes: Biombo de Torres
Bodet; El trompo de siete colores de Ortiz de Montellano; Canciones para
cantar en las barcas de Gorostiza; Ensayos de Novo; Desvelo de Owen;
y Reflejos de Villaurrutia. Sus contribuciones intelectuales y artísticas
adquirían, a partir de ese momento, el carácter de profesionales, sin
dejar de ser manifestaciones relacionadas al término de “juventud”,
que formaba parte importante del discurso de José Vasconcelos,
como un elemento esencial para la acción vital:
El joven, declara Villaurrutia, es aquel que tiene “todas las edades”
simultáneamente, es una forma de compromiso con el arte y más
una obligación que una virtud, o, en todo caso, una virtud ardua y
hasta difícil de sobrellevar (Sheridan, 1985: 181).

Con miras de explotar esta cualidad, el grupo decidió fundar
una revista literaria, tomando como modelo a la Revista de Occidente,
optaron por una “revista abierta, polémica, analítica, atenta a su
país pero siempre frente a, y en contraste con, el mundo europeo”.
El nombre tiene una raíz latina, tomada en sentido figurado, de
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-75

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�Miguel Guadalupe Cerda de la Rosa /Polémica y tradición

temporaneus (hacer algo a tiempo, a conveniencia) y su acepción
moderna lo define como perteneciente o relativo al tiempo o época
en que se vive.
La publicación formal de la revista comenzaría en 1928,
pero, desde tres años antes, coincidiendo con la primera polémica
literaria importante del siglo XX en México, ya participaban como
miembros del “Grupo sin grupo”. Con el antecedente directo del
modernismo, y teniendo como figura a Ramón López Velarde en el
ámbito nacional más inmediato, el vanguardismo fue, en palabras
de Alí Chumacero (en Villaurrutia, 2014) la “razón y pecado de la
generación de Contemporáneos” con un énfasis en autores mexicanos
como Enrique González Martínez, sí, pero también de artistas
extranjeros como Juan Ramón Jiménez, Jean Cocteau y Giorgio de
Chirico. Chumacero postula que:
Si los anteriores elementos son decisivos para explicarse el
arranque de esas experiencias literarias y comprender cómo,
mediante un desbordamiento con características diversas -sobre
todo plásticas y literarias-, se inició aquella generación, hemos de
señalar asimismo en los jóvenes escritores una incisiva curiosidad
por todo lo que se relacionara con la totalidad de las actividades
artísticas. Porque no sólo la poesía y la pintura, sino particularmente
el teatro, y la música, la filosofía en uno de ellos, el ensayo, la
crítica propiamente literaria, el periodismo, todo menos la ciencia
-salvo el caso extraño de Jorge Cuesta-atrajo sus mentes ahítas
de curiosidad y dueñas de un buen humor que pronto habrían de
perder, tornado en melancolía o en simple desilusión (X-XI).

Finalmente, esta iniciativa del grupo continuaría en el
proyecto colectivo de la revista Contemporáneos y en sus trabajos
individuales hasta 1932 cuando se disolvió la participación en
conjunto, al tiempo que surgía otra crisis.
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-75

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

1932: Crisis nacionalista
La revista-manifiesto Contemporáneos se editó entre 1928 y 1931,
en sus páginas se publicaron textos de los integrantes del grupo
homónimo, además de pinturas e ilustraciones de artistas nacionales
y extranjeros, siguiendo la convicción por la que habían sido
denunciados y clasificados como “afeminados” en 1925 . En ese
periodo, el grupo maduró y realizó otras empresas en conjunto,
como la Antología de la poesía mexicana moderna (1928) y la revista
Ulises, donde Jorge Cuesta privilegiaba lo cerebral “y aconseja un
‘arte para artistas’, como quería Nietzsche, ‘cuyo objeto no fueran
sino las imágenes, las combinaciones de líneas, de colores, de
sonidos” (Chumacero en Villaurrutia, 2014: XI-XII).
Xavier Villaurrutia fue figura importante dentro de los
Contemporáneos: poeta, dramaturgo, crítico, traductor y editor.
Impulsó la primera publicación del grupo: Ulises, y protagonista
de la segunda (Contemporáneos). Chumacero destaca la influencia
de López Velarde no sólo en el joven poeta, sino en todo el grupo:
“la ‘pureza’ de la obra velardeana nos indica que la generación a
que perteneció Xavier Villaurrutia hacía suya conscientemente
la fórmula de un arte por el arte, presidido por un ‘rigor artificial
y exagerado’”, pues López Velarde: “Es el primero que trata de
construirse un lenguaje; antes de él nadie emplea tal desconfianza
artística en la elaboración de su estilo… Es el primero que aspira a
obtener, y que logra con frecuencia, aunque aisladamente, una poesía
pura” (Chumacero en Villaurrutia, 2014: XII-XIII).
En vísperas a 1932, como expone Sheridan (1999), el grupo
de Contemporáneos terminó su “vida pública”, iniciada siete años
antes, y cada integrante siguió su propia ruta. Desde la polémica de
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-75

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�Miguel Guadalupe Cerda de la Rosa /Polémica y tradición

1925 habían sufrido descalificaciones en cada uno de sus proyectos:
los narrativos, las puestas en escena del Teatro Ulises, la Antología de
la poesía mexicana moderna y la revista, propiamente (pp. 39-40).
La controversia inició en las páginas de El Universal Ilustrado
el 17 de marzo con una “encuesta” de Alejandro Núñez Alonso
titulada “¿Está en crisis la generación de vanguardia?” donde
exponía el ascenso y caída del interés hacia los vanguardistas con
alusiones directas:
Han pasado cuatro años… Y la gente, el público literario, los
adultos, los viejos o los inconformes con los jóvenes, murmuran
de los vanguardistas, ponen en duda su autenticidad, su mérito,
su valer. “No han hecho nada”, se dice insistentemente. “De
Ulises y Contemporáneos sólo queda el recuerdo, pero nada más” (en
Sheridan, 1999: 111).

En el mismo texto ofrecieron sus opiniones Villaurrutia,
Gorostiza, Novo, Ramos, Ortiz de Montellano y Abreu Gómez;
pero la respuesta más sesuda provino de Cuesta (1978) con su réplica publicada en la misma revista. Ahí enunció las características que
tenían los escritores de vanguardia, además de la juventud, y que se
resumía en haberse desarrollado en un medio adverso, y de “encontrarse inmediatamente cerca de una producción literaria y artística
cuya cualidad esencial ha sido una absoluta falta de crítica” (91-92).
La falta de crítica había provocado que su generación viviera en
permanente estado de crisis: “Nacieron en crisis y han encontrado
su destino en esta crisis: una crisis crítica” (Cuesta, 1978: 92). Asimismo, Cuesta reforzaba el ideal estético cosmopolita del grupo:
Esta generación no la buscó en las anteriores; la buscó en ella
misma (…) Esta actitud es la única que hace valer la actitud y

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-75

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

la obra de otros; es una actitud crítica. Hace valer lo mismo la
literatura y el arte franceses, que los de cualquier otro país. Admite
cualquier influencia. Admite la cultura y el conocimiento de las
lenguas. Admite viajar y conocer gentes. Admite encontrarse
frente a cualquier realidad, aun la mexicana. Es una actitud
esencialmente social, universal. Revolucionarismo, mexicanismo,
exotismo, nacionalismo, son en cambio, puras formas de
misantropía (1978: 94).

Como complemento al texto anterior, Cuesta publicó
el artículo “La literatura y el nacionalismo”, ahí ahondaba en la
problematización del tema y añadía otro componente fundamental:
la tradición. Ante la imposición de “la vuelta a lo mexicano” en el
arte, y frente al cosmopolitismo de los Contemporáneos, afirmaba
que esto “no ha dejado de ser un viaje de ida, una protesta contra
la tradición” ( 97). En relación con la noción de tradición realizaba
varios apuntes, el principal definía su postura: “la tradición no se
preserva, sino se vive”( 97); luego, citaba un comentario realizado por
Ermilo Abreu Gómez : “los discípulos no se seducen; se merecen”,
para responder: “la tradición es una seducción, no un mérito”, y
añadía: “la tradición es tradición porque no muere, porque vive sin
que la conserve nadie” (98); y finalmente: “la tradición no es otra
cosa que el eterno mandato de la especie. No en lo que perece y la
limita, sino en lo que perdura y la dilata, se entrega” (100).
Esta polémica fue la última en la que se enfrentaron
los nacionalistas y los Contemporáneos. En ambas contiendas
participaron figuras importantes de las letras del país como Mariano
Azuela, cuya novela Los de abajo se tomó como prototipo para la
literatura “viril” (Díaz, 1989), y Alfonso Reyes, quien se alineaba con
los preceptos y postura de los Contemporáneos, luego de haber sido
blanco de las mismas críticas que lo tachaban de hacer literatura “no
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patriótica”. Miguel Capistrán (1967) tiene razón cuando señala que
tanto Reyes como los Contemporáneos “pueden catalogarse dentro
de una concepción universalista de nuestras letras y representan,
durante esa etapa -y aun después- las figuras sobre las que se lanza
todo el fuego y el consecuente cargo de descastamiento”.
Las contribuciones que realizó Jorge Cuesta sobre el papel
de la tradición en el debate nacionalismo versus cosmopolitismo
resultaron fundamentales y constituyeron el eje principal de la
reflexión crítica del grupo en torno no sólo al presente de la
literatura mexicana, sino en la configuración de su tradición. Las dos
antologías que preparó Xavier Villaurrutia, una sobre Ramón López
Velarde y la otra sobre sor Juana Inés de la Cruz, así lo confirman.
La antología como forma y medio: ¿Forja el canon o
presenta una tradición?
Tiempo después de las polémicas literarias de 1925 y 1932, y de la
disolución como grupo de los integrantes de Contemporáneos a
principios de la década de 1930, los postulados cosmopolitas que
buscaron de manera colectiva siguieron siendo parte de la agenda
de sus miembros. Xavier Villaurrutia fue uno de los más activos y
productivos, pues no sólo continuó creando poesía, sino también
incursionó en la vida diplomática, en la traducción literaria, además
de ejercer como docente en la entonces Universidad Nacional de
México y en Bellas Artes. Fue en este momento de madurez cuando
preparó antologías de dos autores representativos de la lírica mexicana, situación que también puede leerse como una contestación
tardía las críticas recibidas por el supuesto desinterés por lo nacional: la barroca sor Juana Inés de la Cruz y el modernista Ramón
López Velarde.
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¿Cuál es el propósito de una antología? Es interesante
el contraste entre la ingente producción de antología y la escasa
reflexión crítica sobre ellas. Alfonso Reyes consideraba a la antología
como resultado de un proceso de creación, el cual podría dividirse
en dos formas: la primera en “las que domina el gusto personal
del coleccionista, y las que hay en que domina el criterio histórico,
objetivo” (1948: 137).
Por su parte, Claudio Guillén ve en la antología una manera
de actualizar y poner de nuevo en circulación obras y autores
del pasado. en otras palabras, la entiende como una estrategia de
resignificación:
La antología es una forma colectiva intratextual que supone la
reescritura o reelaboración, por parte de un lector, de textos ya
existentes mediante su inserción en conjuntos nuevos. La lectura
es su arranque y su destino, puesto que el autor es un lector que se
arroja a la facultad de dirigir las lecturas de los demás, interviniendo
en la recepción de múltiples poetas, modificando el horizonte de
expectativas de sus contemporáneos. Escritor de segundo rango, el
antólogo es un superlector de primerísimo rango (1985: 413).

Villaurrutia no era un neófito en las labores de antólogo:
en 1928 había participado, junto a Jorge Cuesta, Gilberto Owen y
Salvador Novo, en la Antología de la poesía mexicana moderna , la cual
finalmente se publicó como un trabajo individual de Cuesta (Sheridan,
1985: 313). Esta propuesta comunal de un grupo, en el marco análogo
de la publicación de su revista, puede verse como un medio para
expresar y reafirmar sus metas estéticas. Anthony Stanton agrega a
la discusión general lo siguiente: “la revista y la antología han sido
utilizadas como canales de transmisión de estas posturas colectivas,
sobre todo entre los grupos vanguardistas” (1993: 24).
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A partir de la lectura prólogo colectivo de la Antología de la
poesía mexicana moderna ya es posible ver la finalidad específica que
buscaban como grupo, y que luego refrendaría Xavier Villaurrutia
con sus dos antologías: replantearse el concepto de “influencia” y
cuestionar el rol de los modelos. Sobre este punto señala Stanton
que para ellos “los modelos […] no son los que generan repeticiones
miméticas, sino los que exigen prolongaciones, correcciones y
contradicciones” (26). En otras palabras, los Contemporáneos no
proponían un canon, un modelo intocable, sino mencionaban a los
autores que, para ellos, forman la tradición. Así lo escribieron:
¡Qué error pensar que el arte no es un ejercicio progresivo! Sólo
dura la obra que puede corregirse y prolongarse; pronto muere
aquella que sólo puede repetirse. Hay obras que no son sino
una pura influencia, una constante incitación a contradecirlas, a
corregirlas, a prolongarlas. Otras cuya influencia es estéril y que no
producen fuera de ellas más que inútiles ecos (Cuesta, 1985: 40).

El conflicto se situaba ahora en la coyuntura entre canon y
tradición. El escrito colombiano Álvaro Pineda menciona que, en los
estudios literarios modernos, se ha reemplazado la noción “canon
literario” por la de “tradición literaria”: “El canon es excluyente;
la tradición incluyente. El canon implica selección, jerarquización,
hegemonía, privilegia el centro, y deja por fuera demasiados
casos particulares” (2009: 128). Inmediatamente explica algunas
dificultades de ambas clasificaciones:
[El canon] privilegia también lo foráneo, en especial lo europeo
[...] El concepto de tradición, anota Laverde, adolece, por su
parte, de conservadurismo, de que lo viejo es mejor que lo nuevo,
privilegia la repetición y condena la novedad, pero tiene la ventaja
de que les da voz a los marginados y a la provincia (128-129).

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Si bien una, varias o muchas antologías pudieran tener como
finalidad última la de establecer una norma literaria, y considerando
el contraste entre el canon y la tradición anterior, Xavier Villaurrutia,
y los Contemporáneos, en un primer momento, realizaron una labor
de propuesta que pudiera servir de guía para la poesía de entonces,
y como proyección para las creaciones futuras. Sus trabajos de
selección traían a la discusión la selección de textos en su presente
inmediato; y no pretendían establecer rígidamente una norma
inamovible de autores y poemas. Volvemos al prólogo de la Antología
de la poesía mexicana moderna:
Los grupos, las escuelas, se disuelven; sólo quedan los individuos
que las han superado, como si la función de aquéllas, cuando
parece, al contrario, que a expensas de ellos se alimentan, fuera la
de nutrirlos y proteger su crecimiento (...) Quien no abandona la
escuela en que ha crecido, quien no la traiciona luego, encadena su
destino al de ella: con ella vive y con ella perece (Cuesta, 1985: 40).

Antología sorjuanina. Antecedentes y alcances
La figura literaria de sor Juana Inés de la Cruz pasó de un
reconocimiento sincrónico en el barroco hispanoamericano al olvido
durante casi dos siglos. La publicación de biografía de Amado Nervo:
Juana de Asbaje en 1910, situada en el contexto del primer centenario
de la independencia de México, ayudó a la reconsideración pública
y crítica de su obra en el ámbito cultural, haciendo ver la necesidad
de reditarla. Uno de los primeros en señalar esta deuda histórica fue
Pedro Henríquez Ureña. El crítico dominicano comparó el caso de
sor Juana Inés de la Cruz con el de Gertrudis Gómez de Avellaneda,
ilustre poetisa cubana, que sí fue reconocida en el primer centenario
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de su nacimiento y celebrada por autores reconocidos como Juan
Nicasio Gallego, Juan Valera y Marcelino Menéndez y Pelayo. La
religiosa novohispana, en cambio, quedó relegada:
Creo que entre los homenajes del centenario de la Avellaneda
se cuenta la reimpresión de sus obras. Éstas no son inaccesibles,
pero van haciéndose raras, y la reimpresión es indispensable. Pero
¡cuán más lo es la de sor Juana, cuyo texto legítimo es desconocido
del vulgo! Sus versos corren, estragados, por todas las antologías,
y sólo en la de Poetas hispanoamericanos de Menéndez y Pelayo
se han reproducido con exactitud. No existe de ellos edición
completa y aceptable hecha en el siglo XIX (Henríquez Ureña,
2013: 133).

El ateneísta concluía haciendo una invitación a la reedición
de sus obras, porque “el decoro literario exige se restablezca el texto
de sor Juana” y “no es excesivo homenaje para la poetisa la total y
cuidadosa reimpresión de sus obras” (2013: 133-134).
Al crecimiento del interés por el legado literario de sor
Juana Inés de la Cruz contribuyeron, de manera indirecta, los
homenajes realizados por el tricentésimo aniversario luctuoso del
poeta Luis de Góngora. Pues entonces se seguía creyendo que
el Primero sueño era una “derivación” de las Soledades. No fue el
caso, sin embargo, de los Contemporáneos, quienes muy pronto
manifestaron su deseo de acercarse a la monja novohispana, y
de leerla de manera productiva. Ermilo Abreu Gómez publicó
la primera edición moderna del Primero sueño en el número 3 de
Contemporáneos; y, en el siguiente número, redactó un resumen del
poema en forma de prosa, además de señalar que “nadie, o casi
nadie, se ha ocupado de estudiar El sueño” (46). Al respecto, señala
Stanton:
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Además, sabemos por varias fuentes que existió un proyecto
colectivo de los Contemporáneos para editar las obras completas
de Sor Juana, proyecto no llevado a cabo. Entre los que son
propiamente poetas del grupo, Villaurrutia es el único que dedica
un ensayo entero a la escritora (1993: 66).

El esfuerzo de Xavier Villaurrutia para reditar las obras de
sor Juana inició en 1931 con la publicación de Sonetos (Ediciones
La Razón), y continuó en 1939 con la aparición de Endechas (Taller,
núm. 7). Finalmente, en 1941, ambos libros se fusionaron en uno:
Sonetos y endechas publicado por la editorial Nueva Cvltura (Lima,
2008; Stanton, 1993: 65-66). El “ensayo entero” al que alude
Stanton tenía como título el nombre de la religiosa. En sus páginas
Villaurrutia comentaba y explicaba las características puntuales de
la obra de la poeta. La mencionó también en otro ensayo acucioso:
“Introducción a la poesía mexicana”. Ambos trabajos aparecieron
en Textos y pretextos, publicado originalmente por La Casa de España
en México en 1940.
Antología velardeana. Admiración y crítica
Algo similar sucedió con la relación entre Xavier Villaurrutia y
Ramón López Velarde. El poeta zacatecano estuvo muy presente en
la cúpula del grupo de Contemporáneos: fue un referente inmediato
y figuró como protagonista en la mencionada Antología de la poesía
mexicana moderna. Para ellos, representaba uno de los pilares de la
escena literaria nacional. Xavier Villaurrutia y Salvador Novo
conocieron y trataron a López Velarde, pues fue su maestro de
literatura en la Escuela Nacional Preparatoria. El poeta les mostraba
a sus alumnos algunas de sus creaciones para recibir sus comentarios.
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Esta amistad literaria fue referida por el propio Villaurrutia en su
ensayo “Ramón López Velarde”, que se incluyó en la edición de
sus Obras; en el prólogo de la antología El león y la virgen, publicada
en 1942, Villaurrutia dejó constancia de su conocimiento de la
producción poética de López Velarde.
La admiración de Villaurrutia hacía el poeta de Jerez quedó
manifiesta muy temprano, en un texto de 1924 titulado “Una nota”,
ahí explicaba que el autor de la Suave Patria “es un caso de excepción
en nuestras letras [...] Con dos bellos libros, con las anticipaciones
de un tercero, logró definirse aproximadamente y esparcir una
influencia que hoy encontramos valiosa”, pues “Él abrió, el primero,
los ojos de los sentidos para darse cuenta de que la provincia existía.
Cantó a la provincia. La pintó con vivas pinceladas -se vuelve un
poco, y justamente, al ‘color local’” (En Campos, 2008: 15).
La presencia física, primero, y la influencia posterior
a su muerte, impactaron de manera considerable al grupo de
Contemporáneos. En el prefacio que Evodio Escalante escribió para
Ramón López Velarde visto por los Contemporáneos (compilado Marco
Antonio Campos) evoca el ensayo temprano de Villaurrutia “La
poesía de los jóvenes de México”, pues ahí…
… había dicho que lo que los nacientes escritores mexicanos
necesitaban era el ejemplo rebelde de un nuevo Adán y una nueva
Eva que descubrieran territorios ignotos a la poesía mexicana.
Esos personajes arquetípicos ya existían. Según Villaurrutia,
Tablada era la nueva versión de Eva, y López Velarde el añorado
Adán que reclamaban los tiempos nuevos (2008: 10).

En la parte final de su texto, Escalante recalca la labor que
hizo el grupo ante la recepción temprana que tuvo López Velarde (el
“poeta de provincia” o el “poeta del México rural”) al ser…
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…Villaurrutia y los Contemporáneos quienes descubrieron en él a
un poeta de la sexualidad y de la muerte, de la angustia y el frenesí
que sintonizaba en todo y por todo con la zozobra que imperaba
(y que impera, me temo) en el México posrevolucionario (11).

Hubo dos selecciones de textos que presentó Villaurrutia de
López Velarde: una publicada en 1935 por la Editorial Cvltura con el
nombre somero Poemas escogidos y la ya mencionada El león y la virgen
aparecida siete años más tarde por la Imprenta Universitaria. Para
este artículo sólo tomaré en cuenta a la última.
Dispositivos: guías de selección para las antologías
Para abordar los criterios de distribución en que Xavier Villaurrutia
seleccionó los poemas de las antologías de Ramón López Velarde y
sor Juana Inés de la Cruz, he tenido en consideración el concepto de
dispositivo propuesto por Agamben, a partir de la respuesta que brinda
Foucault en una entrevista. Agamben lo resume como un conjunto
que incluye virtualmente cada cosa, sin importar si sea o no parte
del discurso (instituciones, leyes, proposiciones filosóficas), indicando
que el dispositivo es la red que se tiende entre estos elementos;
siempre está inscrita en una relación de poder; y que es producto del
cruzamiento de relaciones de poder y saber (2011: 250).
Al trasladar el concepto al ámbito de la literatura “los
dispositivos de registro del texto literario representan un conjunto
heterogéneo de prácticas y mecanismos impuestos e interiorizados que
orientan, controlan, modelan y gestionan, en este caso, la producción,
distribución y recepción del discurso” (Sánchez, et al, 2017: 13).
Los dispositivos que utilizó Villaurrutia para guiar la lectura
de la antología de sor Juana Inés de la Cruz se basan en la cualidad
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de la curiosidad: atributo que el antólogo resaltaba en la producción
textual de la monja. Villaurrutia que la curiosidad de sor Juana Inés
de la Cruz se alimentaba de la pasión y la definía como “una especie
de avidez del espíritu y de los sentidos que deteriora el gusto del
presente en provecho de la aventura” (2014: 776), la cual “es uno
de los grandes motores que ha tenido el mundo” y que, para la
religiosa, su “avidez de conocimiento” hace de ella una “poetisa de
la inteligencia […]un poeta del concepto, una poetisa de la razón”
pero no se queda allí únicamente, sino que “es también un poeta del
sentimiento” porque “alcanza las notas más finas del lirismo más
alto y a la vez más emotivo” al tocar los temas del amor los celos, la
ausencia y la esperanza en la mayoría de sus poemas “no son temas
muy vastos, pero sí fundamentales” (776-780).
Respecto a su producción poética, la clasificaba en o en
tres tipos: cortesano, de ingenio y lírico. En este último, “está
considerada como el mejor poeta de habla española de su tiempo”
(781). Finalizaba su reflexión citando el soneto “Esta tarde, mi bien,
cuando te hablaba” como una muestra de la voz lírica sor Juana que
es “propiamente lírica, íntima, intensa” (781), poema con el cual
había comenzado su antología de 1931.
Para la realización de este artículo, he consulado dos ediciones
distintas de la antología que reunió, a su vez, las recopilaciones que
Villaurrutia hizo de los sonetos y endechas sorjuaninos: a saber, de
manera cronológica, la publicada en 1980 por la Editorial Labor y la
correspondiente por Fontamara en 2008. Ambas son casi idénticas. La
única diferencia es que la primera sí incluye el ensayo como estudio
previo, mientras que la disposición de los poemas es la misma: los
sonetos se dividen en amorosos, burlescos, morales, de homenaje,
religiosos y ex opera omnia; mientras que las once endechas no
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presentan una clasificación como tal presentándose como un grupo
unitario. De esta manera es palpable que el eje rector, cohesivo, de
esta selección obedece al criterio que destacó Villaurrutia de sor Juana
Inés de la Cruz: la curiosidad. La curiosidad como pasión que mueve a
los individuos por senderos tan diversos, y aun así tan humanos, como
el amor, la moral, la burla y la religión por medio de la razón.
En el caso de López Velarde, Villaurrutia se refería a él
como “el más íntimo, más misterioso y secreto”, describiendo
características generales de su lírica, la cual “se instala en un clima
provinciano, católico, ortodoxo” (644-645); sin embargo, advertía
que, aunque no encontraba una conciliación “entre su religiosidad
cristiana y su erotismo” (647) , entraba en sus versos:
Placer y dolor, opulencia y miseria de la carne, delicia de un paraíso
presente y tristeza de un obligado y terrenal destierro a cambio de
la promesa de un paraíso sin placeres, son las pesas que oscilan en
su balanza (648).

Villaurrutia cuestionaba la “admiración ciega” que propició
la poesía velardeana al ser leída superficialmente, y sentenciaba que
“es más admirado que leído y más leído que estudiado” (644). Y en
contraste con las opiniones que definían al poeta como un autor
religioso, proponía una lectura heterodoxa: “Nunca este poeta está
más cerca de la religiosidad que cuando ha tocado el último extremo
del erotismo, y nunca está más cerca del erotismo que cuando ha
tocado el último extremo de la religiosidad” (649) : no es extraño,
por ello, que identificara ecos de Baudelaire en Zozobra, su primer
libro, sobre todo en en tres poemas: “La lágrima”, “Hormigas” y
“Te honro en el espanto” (652). Concluía su análisis con la siguiente
sentencia:
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En la poesía mexicana, la obra de Ramón López Velarde es,
hasta ahora, la más intensa, la más atrevida tentativa de revelar el
alma oculta de un hombre; de poner a flote las más sumergidas
e inasibles angustias; de expresar los más vivos tormentos y las
recónditas zozobras del espíritu ante los llamados del erotismo,
de la religiosidad y de la muerte (659)

La organización dispuesta en la antología El león y la virgen
no seguía un criterio temático explícito (tal como lo había hecho en
Sonetos y Endechas); sí, respetaba, sin embargo, el orden cronológico
de los libros del poeta zacatecano: La sangre devota (1916), Zozobra
(1919), El son del corazón (1921) y Suave patria (1921). Los puntos
expuestos por Villaurrutia se encontraban en los poemas y establecían
un diálogo entre los cambios acaecidos en cada uno de los libros: el
espacio de la provincia era el predominante y los asuntos mostrados
transcurrían entre el contraste que proporcionaban la fe religiosa y
el erotismo pagano. Estos tres atributos se reproducían de manera
constante en la selección de poemas, atributos que formaban parte,
por cierto, de la etapa de transición del Porfiriato y que iban de
la melancolía de la vida de campo a las promesas de la Revolución
mexicana en la capital del país: la urbe en donde la vida personal
se dividía entre la manifestación pública de la fe y lo íntimo que
constituía el erotismo.
No resulta extraño, en consecuencia, que tanto sor Juana
Inés de la Cruz como Ramón López Velarde hayan sido citados
y puestos como ejemplo en el ensayo “Introducción a la poesía
mexicana”. Villaurrutia remarcaba y describía ahí los aspectos
constantes de la producción lírica nacional. La obra de sor Juana le
permitía, además, incorporar el pasado novohispano en su reflexión
crítica, y con la poesía de López Velarde podía dar cuenta de su
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dimensión moderna de las letras mexicanas. La elaboración de las
antologías le permitió compaginas las cualidades individuales con
características generales como lo son la soledad, el tono íntimo
de confesión; lo reflexiva de ella; la musicalidad en el ritmo, en el
timbre; y en la aparición de tres temas abstractos: el amor, la muerte
y el conocimiento (764-771).
El ámbito donde concurren los dos autores antologados era,
para Villaurrutia, la noche (en contraste con el tono crepuscular que
Pedro Henríquez Ureña le había asignado a la lírica mexicana unas
décadas antes). Y argumentaba: “en Ramón López Velarde empieza
la hora de la poesía mexicana a llenarse de tinieblas”, mientras se
percataba de otra característica: “la preocupación de la muerte”
(771). La noche es el espacio que comparten López Velarde y Sor
Juana Inés de la Cruz. De hecho, Villaurrutia describió el Primero
sueño como “el poema más oscuro y más complejo” (774), que habita
en una atmósfera propia de la poetisa: “la noche y el sueño” (775).
La convergencia entre ambos autores, realizada por la lectura
crítica del antólogo, hizo que la brecha temporal entre ellos se
acortara y que, en consecuencia, fueran leídos por nuevos públicos
en un campo literario deseoso de redescubrirlos y de hallar en ellos
aspectos particulares, pero a la vez cercanos, reafirmando así su
pertenecientes a la tradición literaria mexicana.
A manera de conclusión: ¿Sueñan las antologías con formar
tradiciones?
La aparición de las antologías de Ramón López Velarde y sor Juana
Inés de la Cruz se produjo después de las dos polémicas mencionadas
al inicio de este artículo., en un periodo de definición del panorama
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literario tras la Revolución mexicana. En conjunto, ambos trabajos
pueden leerse como dispositivos para definir y difundir la posturas
críticas y estéticas, no sólo de Xavier Villaurrutia, sino de su generación,
en torno a la poesía moderna y a su tradición en el cambiante campo
literario mexicano de la primera mitad del siglo XX.
La labor crítica de Xavier Villaurrutia (desde las acciones
colectivas con el grupo de los Contemporáneos: las publicaciones
de revistas, la confección de la Antología de la poesía mexicana moderna
hasta sus empresas individuales), contribuyó a la modernización
del campo literario en el México postrevolucionario al definir una
tradición basada en el anhelo autonómico del “arte por el arte”.
Su participación (directa e indirecta) en las polémicas de 1925
y 1932 dejó en claro su papel como un defensor de un sentido más
amplio de lo nacional, cuyo reconocimiento de la literatura mexicana
no estaba en disputa con una perspectiva abierta y cosmopolita, que
reconocía y aceptaba influencias extranjeras. Sus antologías tuvieron
como finalidad la edificación de una tradición, esto es, la posibilidad
de crear una transmisión cultural caracterizada por la continuidad,
pervivencia, y perpetuación de una serie de constantes en un
fenómeno “vivo” y dialogante (la literatura mexicana), en lugar de
un canon fijo y petrificado.
Xavier Villaurrutia tomó como base los ideales de su grupo,
exploró el pasado y el presente de las letras mexicanas e hizo visibles
vasos comunicantes, todo con el fin de hacer visible una tradición
moderna que iba más allá de las temáticas y formas impuestas por
los afanes nacionalistas. La selección de poemas realizada en sus
antologías involucró a dos autores importantes de la literatura
mexicana, y lo hizo en un momento decisivo para el establecimiento
de la escena cultural del país. Con ello impulsó su lectura, propició
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el diálogo, y estimuló la crítica y el estudio de sus obras. En el
caso de sor Juana Inés de la Cruz, olvidada por mucho tiempo y
ahora revalorizada, fue un detonante fundamental en el proceso de
la edición de su obra completa realizado en la década del cuarenta
por el Fondo de Cultura Económica; para el de López Velarde,
autor reciente y encasillado como poeta religioso, contribuyó a su
revalorización como fundador de la lírica moderna en nuestro país.
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-75

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

Stanton, A. (1998). “Tres antologías: La formulación del canon”.
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Stanton, A. (1998). “Sor Juana entre los Contemporáneos”. En
A. Stanton (Ed.), Inventores de tradición. Ensayos sobre poesía
mexicana moderna. (pp. 63-89). https://www.jstor.org/
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Tejerina, I. (2005). El canon literario y la literatura infantil y juvenil. Los
cien libros del siglo XX / Isabel Tejerina Lobo. Biblioteca Virtual
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Villaurrutia, X. (2008). Una nota. En M. Campos (Ed.), Ramón López
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Villaurrutia, X. (2008). “Un sentido de Ramón López Velarde”.
En M. Campos (Ed.), Ramón López Velarde visto por los
Contemporáneos. (pp. 121-130). Instituto Zacatecano de
Cultura.
Villaurrutia, X. (2014). Obras. FCE.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-75

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�Artículos
Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

Espacio y gastronomía en Las golosinas secretas,
de Juan Villoro
Space and gastronomy in Las golosinas secretas,
by Juan Villoro
Manuel Santiago Herrera Martínez
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
manuel.herreramr@uanl.edu.mx

Resumen. En la literatura infantil, el alimento no solo funge como
un aspecto fisiológico, sino también denota el espacio corporal de los
personajes con sus respectivos comportamientos. Este trabajo muestra
los roles de género gestados actualmente, a través de la gastronomía,
en el texto Las golosinas secretas, del escritor mexicano Juan Villoro.
Las preguntas que guían esta indagación son: ¿cuál es la imagen social
proyectada entre los actantes por medio del alimento? ¿De qué manera
la comida actúa como un catalizador para convivir en espacios alternos?
¿Cómo el realismo mágico permite la invisibilidad de los roles de género
desde temprana edad? La metodología empleada es cualitativa descriptiva,
y se emprende un estudio semiótico-cultural.Dentro de los sustentos
teóricos se encuentran el realismo mágico de Bautista Ramírez (2014),
para abordar ambos términos (realidad-magia) en la cuentística infantil; la
semiótica de la cultura de Lotman (1996), para visualizar el concepto de
memoria; las fronteras-pasajes de Toporov (1983), para analizar el tránsito
de los personajes en estas dimensiones; la polisemia alimentaria de Vélez
Jiménez (2013), para mostrar las desigualdades en torno a la posición
social y económica de los actantes por medio de la comida; y el tiempo en
Uspenski (2003), para reafirmar el recuerdo como parte de una misión.

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Palabras clave: Semiótica cultural – Polisemia alimentaria – Roles de
género – Juan Villoro
Abstract: In children’s literature, food not only serves as a physiological
aspect, but also denotes the bodily space of the characters with their
respective behaviors. This paper shows the gender roles currently gestated,
through gastronomy, in the text Las golosinas secretas, by the Mexican writer
Juan Villoro.The questions that guide this research are: what is the social
image projected among the actors through food? How does food act
as a catalyst to coexist in alternative spaces? How does magical realism
allow the invisibility of gender roles from an early age? The methodology
employed is qualitative descriptive, and a semiotic-cultural study is
undertaken.Within the theoretical underpinnings are Bautista Ramírez’s
(2014) magical realism, to address both terms (reality-magic) in children’s
storytelling; Lotman’s (1996) semiotics of culture, to visualize the concept
of memory; the borders-passages of Toporov (1983), to analyze the
transit of the characters in these dimensions; the food polysemy of Vélez
Jiménez (2013), to show the inequalities around the social and economic
position of the actants through food; and time in Uspenski (2003), to
reaffirm memory as part of a mission.
Key words: Cultural Semiotics – Food Polysemy – Gender Roles – Juan
Villoro

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-80

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�Manuel Santiago Herrera Martínez / Espacio y gastronomía

Dentro de la literatura infantil, la comida tiene un rol importante,
debido a que puede representar el alimento característico de algún
personaje o atraer a los actantes hacia un determinado lugar. Este
trabajo analiza Las golosinas secretas del escritor mexicano Juan Villoro,
centrándose en cómo el protagonista ingiere un alimento para sufrir
una metamorfosis que le permite ingresar a un espacio deseado en
concreto. Este relato muestra dos espacios alternos y de convivencia:
el mundo real y el mágico; de ahí que el estudio parta de algunos
puntos tomados del realismo mágico, con el propósito de observar
esa transición en el personaje para alcanzar la misión propuesta.
El realismo mágico es un movimiento literario surgido
aproximadamente en la década de los sesenta. Conjunta dos términos
en apariencia contradictorios: realidad y magia. Se entendería a
primera instancia como una existencia llena de fantasía donde
prevalece la armonía, sin embargo, de acuerdo con Bautista Ramírez
(2014), este tipo de literatura surge a raíz de la fuerte opresión
política que anida en Latinoamérica y estalla de diferentes formas.
A continuación, se presenta un cuadro propuesto por
Bautista (2014) para visualizar los distintos rumbos a los que condujo
la dictadura en nuestro continente.
Figura 1
El realismo mágico

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-80

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

De los puntos antes mencionados, sobresale la identidad;
según la definición sugerida por Hall (2003), “las identidades
se constituyen dentro de la representación y nunca fuera de ella.
No puede considerarse como un objeto acabado, sino que se va
construyendo a partir de múltiples discursos, prácticas y posiciones
diferentes, a menudo cruzados y antagónicos” (17).
En esa búsqueda por la identidad, el individuo vive una
utopía, una idealización de sus proyecciones y aspiraciones. Según
Bautista Ramírez, esta tendencia literaria muestra variantes en su
consolidación. Por ello, el autor propone el siguiente cuadro:
Figura 2
Definición de realismo y mágico

Esta idea se complementa con las palabras de Gómez
Redondo, quien afirma con respecto al proceso de creación:
El creador literario se ve obligado a reproducir en su obra el
esquema de relaciones (conceptuales, filosóficas, religiosas, etc.)
existentes en su interior y el tiempo en el que habita […] la literatura
de ficción, más que cualquier otra, permitirá reconstruir la imagen
completa y total de una sociedad en un momento determinado. Y
ello porque la ficción resulta el ámbito imprescindible que el ser
humano debe conquistar para poder existir. (2001:149).

Se observa el proceso de creación de la palabra como la
articulación de la realidad a través de su vehículo de recreación:
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�Manuel Santiago Herrera Martínez / Espacio y gastronomía

la ficción; e, igualmente, se nota cómo, por medio del proceso de
estructuración del discurso ficcional, se produce el vínculo con el
lector y la realidad que a este concierne.
Tanto en la postura de Bautista Ramírez como en la de
Gómez Redondo, se aprecia la búsqueda de la identidad por parte
del escritor en los procesos de escritura; esto conlleva a gestar una
generación de autores(as) que, según este último, son “capa[ces]
de crear una nueva realidad, sustentada en una nueva estructura
de pensamiento, que es la base de una nueva imagen de la ficción,
ámbito por el que penetra el recepto en la obra literaria” (2001:
131). En este rubro, se encuentra Las golosinas secretas de Villoro, al
proponer características del realismo mágico en la narrativa infantil.
Dentro de las variadas definiciones de utopía, retomaremos
la descrita por Ortiz Moyano, quien la explica como:
El lugar que no existe, pero que pudiera existir, se convierte en una
categoría del pensamiento dentro de la literatura. Históricamente,
la utopía está relacionada con la posibilidad de coexistencia feliz
entre los seres humanos. Pensar la ciudad como un lugar de
convivencia armónica entre sus habitantes, aparte de convertirse
en una idealización, es negar la existencia de la violencia como
sustancia de la cultura y cerrar los ojos frente a realidades
socioculturales y económicas. (2018: 7).

La utopía es ese otro espacio donde convergen la realidad
y la magia. De aquí la importancia de examinarla dentro del cuento
de Villoro: se entrecruzan los tiempos para escudriñar la identidad
y darle sentido a la existencia. Por su parte, Bautista Ramírez aclara
que la utopía tiene múltiples funciones; dentro de este estudio,
seleccionaremos solo la siguiente: “Función crítica: de hecho, la
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-80

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

utopía está construida a partir de elementos del presente, ya sea para
evitarlos (desigualdades, injusticias…) o para potenciarlos (adelantos
técnicos, libertades…)” (2014: 7). Esta función crítica en el relato se
nota por la desigualdad social entre los personajes y los estereotipos
de género gestados en ellos desde la infancia.
Finalmente, Bautista Ramírez (2014) refiere los rasgos
prototípicos del realismo mágico, entre los cuales destaca:
•
•
•
•
•
•

las barreras entre la vida y la muerte son tenues
un espacio particular
temáticas realistas con elementos irrealistas
búsqueda de la identidad y la sensibilidad
personajes excéntricos
el tiempo cíclico o aparece distorsionado (69).

La semiótica de la cultura
En la Escuela de Tartu, Lotman plantea la importancia de la
semiótica de la cultura como una interdisciplina que abraza a otros
textos. Define a la cultura como un texto complejo por los diversos
entretejidos que la conforman; de ahí el compromiso de ser capaces
de traducir ese entorno cultural. En este sentido, la cultura como
texto semiótico complejo, refleja tanto a los diferentes textos como
a los diversos individuos que forman parte de ella.
Para Lotman, la memoria del hombre es “considerada como
un texto complejo, ya que al entrar en contacto con el texto produce
cambios creadores dentro de la cadena informacional. Lo paradójico
es que al texto debe precederle otro texto, la cultura” (1996: 90). De
acuerdo con lo anterior, define al texto como un “espacio semiótico
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-80

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�Manuel Santiago Herrera Martínez / Espacio y gastronomía

en que interactúan, se interfieren y se autoorganizan jerárquicamente
los lenguajes” (1996: 9).
Ese espacio semiótico, Lotman lo define como semiosfera.
Señala que el texto es un espacio donde surgen nuevas comunicaciones
e interpretaciones. Dentro de los rasgos sobresalientes de la
semiosfera, se encuentra el de la frontera, vista como los puntos
internos y externos pertenecientes a este espacio.
De acuerdo con Lotman, los textos permanecen en la
memoria de la cultura mediante tres mecanismos: (a) aumenta de
manera significativa el volumen de conocimiento, es decir, la cultura
va tomando de la realidad que la rodea los elementos que necesita
para sobrevivir, (b) reorganiza de manera constante los contenidos
culturales, y (c) utiliza el “olvido” para mantener los textos dentro
de una cultura; es decir, permite que unos textos tomen el lugar de
otros. (2000: 174).
Lotman, al hacer una analogía entre el paralelismo
estructural de las caracterizaciones semióticas y las personales,
define el texto de cualquier nivel como una persona semiótica,
y considera asimismo como texto a la persona en cualquier nivel
sociocultural. Esta definición refleja la interacción que tienen,
para Lotman, el hombre y todos los sistemas semióticos (o textos)
“como manifestaciones de una cultura y dentro de esa misma
cultura, de manera que interactúan no solo como depósito de
información, sino también como textos con capacidad de crear
nuevos textos o mensajes” (2000: 197).
Uno de los aportes de la semiótica de la cultura es generar
nuevos sentidos. Lotman propone la participación de los traductores
o filtros bilingües que expliquen la finalidad de los textos a los demás.
De acuerdo con lo anterior, define al texto como:
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A la luz de lo dicho, el texto se presenta ante nosotros no como
la realización de un mensaje en un solo lenguaje cualquiera, sino
como un complejo dispositivo que guarda variados códigos,
capaz de transformar los mensajes recibidos y de generar nuevos
mensajes, un generador informacional. (2000: 125).

En esta producción de sentidos, el texto pasa por una serie
de diversos procesos socio-comunicativos, entre los cuales Lotman
(2000) refiere:
1. El trato entre el remitente y el destinatario. El texto cumple la
función de un mensaje dirigido del portador de la información
al auditorio.
2. El trato entre el auditorio y la tradición cultural. El texto cumple
la función de memoria cultural colectiva.
3. El trato del lector consigo mismo. El texto interviene en el papel
de mediador que ayuda a la reestructuración de la personalidad
del lector.
4. El trato del lector con el texto. Deviene un interlocutor de
iguales derechos que posee un alto grado de autonomía. Tanto
para el autor (el remitente) como para el lector (el destinatario),
puede actuar como una formación intelectual independiente
que desempeña un papel activo e independiente en el diálogo.
5. El trato entre el texto y el contexto cultural. Los textos, como
formaciones más estables y delimitadas, tienden a pasar de
un contexto a otro. Al trasladarse a otro contexto cultural, se
comportan como un informante trasladado a una nueva situación
comunicativa: actualizan aspectos antes ocultos de su sistema
codificante. Tal ‘recodificación de sí mismo’ en correspondencia
con la situación pone al descubierto la analogía entre la conducta
sígnica de la persona y el texto. (54).
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La semiótica del espacio
Lotman plantea la semiótica de la cultura como la disciplina que estudia
la interacción de los diferentes sistemas semióticos dentro de una
cultura (259). En esta interacción es relevante la semiosfera, porque
es definida como el espacio semiótico cerrado necesario para la
existencia y el funcionamiento de los distintos lenguajes (Lotman,
1984: 22, y 1990: 123).
Esta semiosfera presenta una serie de rasgos característicos,
siendo el más sobresaliente la frontera, por su carácter espacial.
Para Lotman, la frontera es el conjunto de puntos pertenecientes a
un espacio a la vez interno y externo. Como frontera semiótica, la
semiosfera es la suma de traductores o filtros bilingües, por medio
de los cuales un texto se traduce a otro lenguaje. La frontera general
de la semiosfera se intersecta con las fronteras de los espacios
culturales particulares.
En este aspecto, son vitales los espacios culturales. Por ello,
Lotman puntualiza que la cultura es “el conjunto de información
no genética como memoria de la humanidad o de los colectivos
más restringidos nacionales o sociales, dichos colectivos históricosociales [que] crean o reinterpretan los textos de acuerdo con su
modelo de mundo” (1979: 41-42).
Lotman expresa que “la memoria no es para la cultura un
depósito pasivo, sino que constituye una parte de su mecanismo
formador de textos” (1996: 161). Es decir, genera sentidos y define
a la identidad como una unidad. Así que propone que las leyes
de la memoria sufren una selección y una compleja codificación
para, en determinadas condiciones, de nuevo manifestarse (1996:
109).
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De acuerdo con Mieke Bal, dentro de la narratología,
el espacio es el lugar en el cual los personajes se desenvuelven. La
autora externa que “el lugar se relaciona con la forma física, medible
matemáticamente, de las dimensiones espaciales. Por supuesto sólo
en la ficción; esos lugares no existen verdaderamente tal como lo
hacen en la realidad” (Bal, 1987: 101).
Los espacios dentro del texto Las golosinas secretas son
esenciales, debido a que se construyen los lugares físicos y
mitológicos. En este sentido, la semiótica del espacio proporciona
los elementos para abordarla y descifrar los sentidos en el relato.
Esta semiótica del espacio, estudiada por Finol, asevera que:
el espacio en los estudios semióticos representa una estructura que
juega un rol importante en la organización social, a través de él se da
sentido a una organización social, pero también a una serie de valores
culturales que soportan ese orden social. El espacio se convierte
en instrumento simbólico, capaz de articular los contenidos de la
cultura misma en una sintaxis particular. (2006: 38).

En este trabajo, se plantean las diversas vertientes sobre el
lugar, propuestas por la semiótica del espacio, y su visualización en
el cuento a analizar:
Figura 3
La semiótica del espacio

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-80

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�Manuel Santiago Herrera Martínez / Espacio y gastronomía

El apartado del espacio sociodemográfico se basa en la
propuesta de Losada, quien menciona que este lugar es:
el intermedio entre el objetual y el cosmológico. Mientras el
primero abarcaría todos aquellos fenómenos que los seres
humanos pueden manipular en su totalidad (como, por ejemplo,
un palo de madera o una cuchara); el último comprende todos
los fenómenos de rango de magnitud más grande (como, por
ejemplo, el sol, el universo y similares). Es así como el espacio
sociogeográfico abarcaría todos aquellos fenómenos espaciales
con que los seres humanos sólo pueden confrontarse, o estar
ubicados dentro de ellos, sin ser capaces de manipularlos.
Por ejemplo, no pueden moverse o actuar sobre una casa
mientras que sí pueden entrar en dicho espacio o confrontarlo.
(2001: 272).

En el relato de Villoro, tanto Fito como Rosita entran y salen
de estos espacios sociodemográficos para mantener un orden. De
acuerdo con Losada, el espacio también implica el comportamiento
y un significado para quienes habitan en él (2001: 272); esto es visible
cuando Fito se arriesga a cruzar un umbral y visita tres lugares para
encontrar a la niña: son lugares específicos para el desarrollo de
acciones centrales en los personajes.
Continuando con la postura de Losada, también reflexiona
sobre el espacio vivido y lo establece como “[…] la influencia del espacio
no solo interviene sobre el comportamiento y los significados, sino
que también los individuos/grupos realizan interpretaciones sobre
y acerca de él desde temprana edad; mostrándose así el aspecto
discursivo-simbólico del espacio” (2001: 274). Estos espacios, en
los actantes, son centrales, porque construyen la identidad de los
personajes.
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Espacio y gastronomía
Las golosina secretas plantea una historia donde se aborda la rivalidad
de Tencha hacia Rosita, por su belleza y carisma, así como una
gran envidia, porque acapara la atención de Fito y de cualquier otro
muchacho. Al ver por la televisión la venta de un lápiz labial que
desaparece a las personas, Tencha solicita a su mamá ese producto.
Una vez en sus manos, se lo regala a Rosita, haciéndole creer que la
estima. La niña desaparece y Fito acude con Don Silvestre, dueño
de una tienda, para que le dé un remedio e ir en busca de Rosita.
Don Silvestre le da las golosinas secretas cuyo poder radica en hacer
invisible a quien las consuma. Fito logra, de esa manera, rescatar a
Rosita y regresarla al mundo real.
La polisemia alimentaria
La comida es el resultado del paso de la naturaleza a la cultura. Parodi
(2014) externa que la gastrosemiótica o comunicación gastronómica
implica la incorporación de signos olfativos, táctiles y gustativos, y la
construcción de sintagmas nutricionales cada vez más complejos, a
la vez que el ámbito contextual se modifica y enriquece tanto en el
proceso de encodifación del potaje-mensaje por el cocinero-emisor
(productos elegidos, tratamiento ritual, instrumentos usados, lugar,
vajilla, etc.) como en el proceso de decodificación del comensalreceptor (lugar, muebles, manteles, vajilla, cubiertos, ritual de ingestión,
etc.) (15). En este sentido, la comida posee diversos significados
dependiendo del contexto en que se lleve a cabo la degustación.
De acuerdo con Vélez Jiménez, la polisemia alimentaria
consiste en:
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�Manuel Santiago Herrera Martínez / Espacio y gastronomía

nuevas conductas, nuevos modos de vida ligados a funciones
rememorativas, conmemorativas o expansivas de la comida; temas
y situaciones que tienen que ver con el ocio, la fiesta, el deporte, el
esfuerzo, la labor, etc., de un hombre que, de manera teatral, desea
tener poder sobre el vértigo de la vida contemporánea. (2013: 26).

En el relato, la presencia de Don Silvestre es central para
regresar a Rosita al mundo visible. Este personaje es conocido como
el sabio del barrio, pues ha viajado demasiado y conoce los secretos
de la comida. Además, trae tatuado un delfín en el antebrazo (en la
simbología universal, este animal se caracteriza por la inteligencia).
Don Silvestre representa de una manera simbólica la figura de Ulises
(personaje de La Odisea): marinero, contaba historias de sirenas, de
naufragios y tenía el don de develar los secretos. Es un intermediario
entre el mundo real y el mágico. Además, le otorga a Fito las golosinas
secretas con ciertas prohibiciones:
Don Silvestre puso un puñado de hojuelas color grosella en
la mano derecha de Fito; en la izquierda puso el contralápiz.
Mientras masticaba las hojuelas, Fito sintió comezón en los pies
y se quitó los zapatos para rascarse. Cuando desapareció estaba
en calcetines. La ropa real de Fito quedó en el piso, pero él podía
tocar los botones de su camisa, que se había vuelto una camisa
imaginaria. (Villoro, 2006: 31).

En el concepto de polisemia alimentaria, se puede observar
cómo las golosinas secretas cumplen otra misión, pues fungen
como catalizadores para motivar a Fito a cumplir un acto heroico:
regresar la presencia física de Rosita entre los suyos. Asimismo,
puede convivir entre estos espacios con cierta cautela.
Un punto qué resaltar es que estas golosinas están en poder
de un hombre. Se puede apreciar el predominio de la masculinidad
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en las artes alimentarias que le han sido conferidas, dentro de la
cultura, a las mujeres. Según Godelier:
Para ser masculino un hombre debe estar dispuesto a luchar e
infligir dolor, pero también a sufrir y soportar dolor. Él busca
aventuras y pruebas de su coraje y lleva las cicatrices de sus
aventuras orgullosamente. Una mujer enfrenta el peligro en
el parto, un riesgo del que no puede escapar. Un hombre tiene
que aceptar el peligro libre y voluntariamente o si no él no es
un hombre. Una mujer sangra en la menstruación y en el parto.
Un hombre sangra en la guerra, en los rituales y en los trabajos
peligrosos que él asume para que las mujeres puedan criar a sus
hijos en un ambiente seguro. (1986: 88).

A Don Silvestre, por su oficio, y por haberse expuesto en
el pasado a peligrosas osadías y personajes, se le confiere un poder
simbólico para dirigir con esmero un alimento sagrado. Las mujeres
mencionadas en el relato, por otro lado, están confinadas en el hogar
para la educación y la manutención de los hijos. Sin embargo, Don
Silvestre es un proveedor: tiene a su cargo una tienda y de alguna
manera administra la alimentación de los habitantes y conoce sus
respectivas vidas.
Este rasgo, resalta la figura de Don Silvestre como poseedor
de un secreto alimentario, se relaciona con la distinción, término
propuesto por Bourdieu (1997), en el cual lo masculino predomina
ante los demás y tiene un prestigio y reconocimiento. Esta distinción
resalta y conmina a distanciar las relaciones personales, provocando
una desigualdad y una representación social entre las personas.
Moscovici (1979), señala que las representaciones sociales constituyen un
proceso de reconstrucción de lo real, de relaciones entre sujetos y
sociedad, gracias a las cuales las personas hacen inteligible la realidad.
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�Manuel Santiago Herrera Martínez / Espacio y gastronomía

Según Ibáñez (1994), las fuentes de determinación de las
representaciones sociales se ubican en tres dimensiones: (a) las
condiciones económicas, sociales e históricas de un grupo social o
sociedad determinada; (b) los mecanismos propios de formación
de las representaciones sociales (la objetivación y el anclaje); (c)
las diversas prácticas sociales de los agentes, relacionadas con las
diversas modalidades de comunicación social.
Estas representaciones sociales se asemejan a lo que
propone Bordieu (1997) como habitus, es decir, los campos liberan
energía social que se traduce en un tipo de capital concreto; en un
tipo de valor. El capital es la riqueza del campo, y su apropiación y
control, el objeto de la lucha. Hay tres niveles de capital: económico,
social y cultural. En consecuencia, la posición de los individuos en
un campo específico está determinado por su volumen de capital
económico (dinero, bienes, inversiones), capital social (relaciones,
contactos, parentesco) y capital cultural (saberes, información).
El habitus y las representaciones sociales constituyen así
conceptos análogos. En este sentido, Hernández Flores (2013)
externa que “todos los participantes ven afectadas sus imágenes de
alguna forma, este efecto varía en modo y en grado, siendo estos
factores los que determinar el tipo de actividad producido: de
cortesía, de descortesía o de autoimagen” (2013: 184).
Asimismo, Bourdieu remarca que el alimento se torna en un
campo porque solidifica o desestabiliza las relaciones sociales. Recalca:
La cultura alimentaria, campo o cocina es un espacio social, un
campo de fuerzas, pluridimensional de posiciones, diferenciación,
desigualdades y constitución de distinciones en donde los agentes
construyen representaciones del mundo social. Los agentes se

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distribuyen y se posicionan según el capital que poseen y exhiben,
ya sea capital económico, cultural, social y simbólico. (1998: 10).

En Las golosinas secretas, este campo culinario es evidente en el
personaje de Tencha. Es descrita por sus compañeros como la gorda
y solo se acercan a ella por tener un balón de cuero y ser una excelente
futbolista. Tiene dinero, su familia puede viajar a los Estados Unidos,
comprarse lo que sea (como el lápiz labial para desaparecer a la gente)
y comer lo que deseé. Tencha se autodenomina como “un pimpollo de
hermosura” (Villoro, 2006, p. 9) para remarcar una belleza, según ella,
producto de la materialización otorgada por el dinero, y señala que su
familia padece una enfermedad llamada obesidad; de hecho, la madre
y la abuela de Tencha son llamadas en la colonia la “Supergorda”
y la “Recontragorda”, y las descripciones alusivas a su problema de
sobrepeso son detalladas a través de la analogía con el alimento:
El doctor Martínez les recomendó un tratamiento en Estados
Unidos, país donde hay muchas especialidades para gordos:
zapatos tan grandes que las agujetas son largas como espaguetis,
cafeterías donde las leches malteadas se sirven en cubetas, camas
tan amplias como canchas de tenis y, por supuesto, doctores flacos
expertos en gordos. (Villoro, 2006: 16-17).

En este campo culinario, se nota una desigualdad económica
y social en relación con los demás actantes. Por medio de esta
analogía, se establece una distancia y cómo estos responden a través
de la ironía con los sobrenombres. Más adelante, se reafirma el
sarcasmo al referir: “La Supergorda y la Recontragorda adelgazaron
un poco. De 175 y 180 kilos pasaron a 115 y 118, así que en vez de
melones parecían toronjas y ya se podían pesar en la báscula del
doctor Martínez” (Villoro, 2006: 18).
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-80

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En estos calificativos, como parte de las asimetrías de
género, se nota un sexismo lingüístico para degradar la imagen de
las mujeres y relacionarlas como objetos. De acuerdo con MuñozMuñoz, este concepto:
Representa a las mujeres de forma indigna, bien utilizando
particular y directamente su cuerpo como un objeto que no tiene
una relación directa con el producto que se pretende promocionar
o bien utilizando su imagen para asociarla a comportamientos
asignados tradicionalmente a la mujer de forma discriminatoria.
(2011: 5).

Una manera de perpetuar el sexismo lingüístico dentro de
la cultura es por medio de las rondas infantiles, donde se refuerzan
los estereotipos de género desde temprana edad. En México, se
entona y baila La víbora de la mar dentro de las escuelas como una
forma de educar a los niños; en ella, prevalece una estrofa que
enuncia: “Una mexicana que frutos vendía, / ciruela, chabacano,
melón o sandía”. De acuerdo con Fernández Poncela (2015),
en esta tradición prevalece una configuración y reproducción
de la imagen de la mujer y su relación intergenérica. Aquí se
evidencia que las mujeres venden frutos para saciar el apetito de
los hombres.
Esta referencia sirve para denotar cómo la madre y la
abuela de Tencha son vistas como objetos de consumo a través
de las denominaciones de melón y toronja. Estas frutas remiten a
mujeres con ciertas características físicas y culturales: confinadas a
lo doméstico, a lo biológico y a ser dadoras de vida. Se gesta una
violencia de género a través de la cosificación, donde se le representa
como un objeto del deseo y necesidad sexual.
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El espacio
Toporov externa que, en el pensamiento mitológico, el espacio
es concreto, discontinuo, cargado de valores y de actitudes
emocionales (1983: 230). El espacio mitológico está construido “a
modo de mosaico” y se manifiesta, por ejemplo, en la distinción
de posiciones, lugares y direcciones cualitativamente diferentes:
sagrados y profanos, favorables y desfavorables, propios y ajenos,
etc” (1983: 15).
Toporov propone las fronteras-pasajes como una línea divisoria
entre los lugares y los que sirven de acceso, entrada o comunicación.
En el relato de Villoro, Rosita y Fito son los actantes que penetran
ambas fronteras: la real y la mitológica. Para enfatizar este concepto
de fronteras-pasajes en el relato, se elaboró el presente cuadro:
Figura 4
Las fronteras-pasajes de Toporov en el cuento de Villoro

Aquí se observa cómo las golosinas fungen como un
catalizador entre ambas realidades, en donde Fito y Rosita pueden
ingresar y salir. Asimismo, el sabor y el aroma de las golosinas
conservan la memoria para cumplir con la misión encomendada.
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�Manuel Santiago Herrera Martínez / Espacio y gastronomía

Es relevante señalar la semiótica del olor propuesta por
Quiroz Marcial (2010), quien plantea que a través del aroma se evocan
los recuerdos sobre algún lugar determinado con sus respectivas
reacciones y emociones. “Esto es un vestigio biológico del poder
ancestral que tuvieron los estímulos olorosos para advertir de la
presencia de estímulos vitales como alimento, sexo o peligro y que
hoy en día siguen vigentes” (2010: 18). En el aspecto simbólico del
espacio entra este enfoque proxémico del olor, ya que en el cuento
el aroma despierta los recuerdos, y con ellos la empresa a defender.
Un espacio central en el relato es la puerta. De acuerdo
con Eliade (1972), es una frontera que separa el espacio interior,
protegido, propio, sagrado, etc., del espacio exterior, peligroso, ajeno
y profano. En el cuento, se encuentra en el presente pasaje:
Don Silvestre abrió una puerta de metal y pasaron a un cuarto
repleto de maravillas: cientos de dinas esponjaditas, peritas de
anís, buñuelos crujientes, paletas de azúcar quemada, malvaviscos
gordinflones, nueces garapiñadas, chicharrones con chile piquín,
cacahuates confitados, todo, absolutamente todo lo ácido, dulce y
picoso del universo. (Villoro, 2006: 23).

Dentro de este concepto de fronteras-pasajes, Toporov
aborda también el término de encrucijada, y lo define como “el paso
de un reino a otro” (1983: 13). En el siguiente ejemplo, se visualiza
esta denominación:
Así es que mejor salió de la tienda sintiendo el piso bajo sus
calcetines invisibles. Lo único visible era el lápiz con el que debía
hacer que Rosita volviera a ser real.
El lápiz labial parecía flotar en la calle. Por fortuna la gente se fija
muy poco en las cosas pequeñas. Sólo un despistado vio aquel

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lápiz que andaba suelto, pero pensó que tal se trataba de la famosa
mosca africana que según los periódicos estaba a punto de llegar
a México (Villoro, 2006: 32).

En esta bifurcación, se percibe cómo el protagonista
traspasa el umbral del mundo mitológico, lleva consigo un encargo
y regresa con su gente. Esta encrucijada se asemeja a los lugares
fronterizos (como la puerta) postulados por Lotman, porque son
“mágicamente activos del espacio cultural: regiones del choque de
las fuerzas terrenales [...] y las infernales [...]” (1984: 20).
El tiempo en Las golosinas secretas
El enfoque semiótico-cultural de la historia supone una apelación
al punto de vista interno de los participantes mismos del proceso
histórico. Resalta la reconstrucción de los motivos subjetivos para
determinadas acciones (que de uno u otro modo determinan el
curso de los acontecimientos). Dentro de esta visión semióticacultural de la historia, los vínculos de causa y efecto aluden al nivel
de los acontecimientos (accional) (Uspenski, 2003: 162).
Esto genera una conciencia histórica que provoca una
marcha inversa del pensamiento: del presente hacia el pasado. Así
que esos vínculos de causa-efecto ejercen una natural influencia
sobre el curso futuro de la historia
Dentro de este panorama, el presente del pasado se refiere al
recuerdo, el presente del presente a la contemplación del recuerdo,
y el presente del futuro a la espera del recuerdo. A continuación, se
ejemplifican estos lazos de causa-efecto en la obra.
El presente del pasado (recuerdo):
Estuvo largo rato viendo el pasto que crecía en desorden y
recordó el día en que fue derribado por el balonazo. Pensó en los
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ojos brillantes de Rosita. Y entonces se le ocurrió que tal vez ella
también se acordaba de ese momento. Sí, a lo mejor ella había
pensado en el lote baldío antes de desaparecer. (Villoro, 2006: 35).

El presente del presente (la contemplación del recuerdo):
Don Silvestre abrió una caja de cartón que contenía bolsitas con
hojuelas de muchos colores.
—Éstas son las golosinas secretas —dijo con voz de capitán de
barco—. Las conseguí en mis viajes. Son los dulces mágicos del
mundo entero.

Fito abrió los ojos como si estuviera frente a un platillo
volador. (Villoro, 2006: 23).
El presente del futuro (la espera del recuerdo):
Fito destapó el lápiz labial y recordó lo que le dijo don Silvestre:
si no acertaba en los labios, Rosita se volvería tan fea como un
orangután.
Pero Fito había visto tantas veces a Rosita, que le bastó oír su voz
para calcular dónde estaba su cara. Se sentía capaz de acertarle
hasta el lunar que ella tenía en la frente. (Villoro, 2006:36).

En este desplazamiento semiótico-cultural de la historia,
se aprecia el recuerdo como una manera de perpetuar la memoria,
resarcir los daños y alcanzar la identidad.
Conclusiones
Dentro de la literatura infantil, el alimento funciona como un recurso
mágico para transitar por los dos mundos. En el mundo real, se
observa la relación cuerpo-comida como un poder simbólico para
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dominar y someter a los demás a los caprichos del personaje. En
el caso de Tencha, su complexión obesa era asociada a las riquezas
materiales, y con ello a un comportamiento de avaricia y envidia. En
cambio, Rosita era delgada y cuidaba su belleza; aunque sus padres
no contaban con suficientes recursos, sí había una atención en su
educación. Por su parte, Fito era el eterno enamorado de Rosita y se
atrevió a cruzar el umbral de lo invisible para rescatar a su amada.
Esto nos lleva a responder a las preguntas de indagación: ¿cuál es
la imagen social proyectada entre los actantes por medio del alimento?
Prevalece una opulencia asociada con la obesidad y con antivalores.
En el lado adverso, la delgadez va relacionada con la salud y buenos
hábitos de comportamiento. ¿De qué manera la comida actúa como
un catalizador para convivir en espacios alternos? Porque cobrará un
efecto benéfico en la persona con ciertos atributos humanista. Rosita
se encuentra desaparecida y Fito emprenderá su búsqueda a través de
este mundo invisible que vive paralelamente en lo visible. Y, ¿cómo el
realismo mágico permite la invisibilidad de los roles de género desde
temprana edad? Al emplear en su estructura estos mundos alternos
(real-mágico), se muestra la identidad entre los personajes, donde la
niña debe ser bella y admirada, mientras el niño debe cumplir el rol de
héroe y luchar por su amor; en cambio, la obesidad es comparada con
malos hábitos alimenticios y de comportamientos.
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�Artículos
Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

Sueños de libertad: hadas, amor y resistencia en la
España de la posguerra
Dreams of Freedom: Fairies, Love, and Resistance
in Post-Civil War Spain
José Manuel Medrano
St. Bonaventure University
St. Bonaventure, New York, USA
manuel.herreramr@uanl.edu.mx

Resumen: El artículo propone una reflexión sobre el impacto de los
cuentos de hadas en contextos de conflicto y opresión, específicamente
durante la Guerra Civil española y el régimen franquista. A pesar de que
estos relatos a menudo refuerzan estereotipos de género y promueven
una imagen pasiva de las mujeres, se argumenta que también pueden ser
herramientas poderosas de resistencia. Se examinan la novela El mismo
mar de todos los veranos (1978) de Esther Tusquets y la película El laberinto
del fauno (2006) de Guillermo del Toro para ilustrar cómo la muerte se
convierte en una metáfora de la opresión sobre los cuerpos femeninos
en estos contextos históricos. En contraste con la típica búsqueda de un
final feliz, se enfatiza la importancia de enfrentar los desafíos con coraje y
determinación. En esencia, el artículo destaca cómo los cuentos de hadas
ofrecen una vía para la resistencia y la emancipación, permitiendo a las
personas desafiar las normas establecidas y luchar por su propia libertad
incluso en los momentos más oscuros de la historia.
Palabras claves: Cuentos de hadas, Construcción de género, resistencia,
Franquismo, patriarcado.

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�José Manuel Medrano / Sueños de libertad

Abstract: This article proposes a reflection on the impact of fairy tales in
contexts of conflict and oppression, specifically during the Spanish Civil
War and the Franco regime. Despite these tales often reinforcing gender
stereotypes and promoting a passive image of women, it is argued that they
can also be powerful tools of resistance. The novel El mismo mar de todos los
veranos (1978) by Esther Tusquets and the film El laberinto del fauno (2006)
by Guillermo del Toro are examined to illustrate how death becomes a
metaphor for the oppression of female bodies in these historical contexts.
In contrast to the typical quest for a happy ending, the importance of
facing challenges with courage and determination is emphasized. In
essence, the article highlights how fairy tales offer a path to resistance and
emancipation, allowing individuals to challenge established norms and
fight for their own freedom even in the darkest moments of history.
Keywords: Fairy tales, gender construction, resistance, Francoism,
patriarchy.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-94

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

La omnipresencia de los cuentos de hadas en la cultura contemporánea,
especialmente a través de las producciones de Disney, ha moldeado
la percepción colectiva del papel de la mujer, promoviendo la idea
de que su realización sólo es posible a través de la pasividad y la
sumisión. En 2015, la compañía Disney presentó al mundo su
versión de La Cenicienta, consolidando así su posición como una
de los mayores éxitos de taquilla en la historia de la empresa. No
obstante, la popularización y comercialización de los cuentos de
hadas por parte de Disney no son un fenómeno nuevo. Estos relatos
tienen sus raíces documentadas desde el Antiguo Egipto, alrededor
del 1300 antes de Cristo. Los cuentos de hadas, con su elenco de
personajes fantásticos como hadas, princesas y duendes, han sido
una herramienta narrativa utilizada para transmitir enseñanzas y
reflexiones sobre la vida real. Sin embargo, es importante reconocer
que el papel femenino en estos cuentos ha sido moldeado por una
construcción ideológica que promueve la heteronormatividad y el
patriarcado. Como argumenta Jack Zipez, “Females are poor girls or
beautiful princesses who will only be rewarded if they demonstrate
passivity, obedience, and submissiveness (1989: 6)”.1 Es decir, los
cuentos de hadas, especialmente los de Disney, proponen un final
feliz únicamente si la mujer está dispuesta a ser rescatada por un
hombre. La posibilidad de vivir feliz para siempre, un “happily ever
after”, está condicionada por un argumento de pasividad, construido
al escuchar y no responder. La pregunta que nace de este argumento
1 En su crítica de los cuentos de hadas, Zipes destaca la representación
de las mujeres como pobres y sumisas o como bellas princesas que solo son
recompensadas por exhibir rasgos de pasividad, obediencia y sumisión. Esta
caracterización subraya los estereotipos de género omnipresentes perpetuados
por los cuentos de hadas tradicionales
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�José Manuel Medrano / Sueños de libertad

es ¿cuál es la relación entre los cuentos de hadas y la vida real? Gilbert
Keith Chesterton argumenta que los cuentos de hadas “superan la
realidad no porque nos digan que los dragones existen, sino porque
nos dicen que pueden ser vencidos”. Este trabajo propone que
los finales felices no importan, especialmente si se vive en una
etapa de guerra, muerte u opresión como fueron la Guerra Civil
española y el franquismo. Lo que importa es el intento de romper
con el discurso patriarcal, es decir, enfrentarse a los monstros de
la realidad. Por medio de un análisis de la novela El mismo mar de
todos los veranos (1978) de Esther Tusquets y la película El laberinto
del fauno (2006) de Guillermo del Toro propongo cómo los cuentos
de hadas no funcionan simplemente como formas de escapismo,
sino como poderosas herramientas para enfrentar las dificultades
de la vida. En estas obras, la muerte emerge como una metáfora de
la máxima autoridad sobre los cuerpos, simbolizando la opresión
y el control ejercido sobre las mujeres durante el franquismo.
En resumen, los cuentos de hadas nos ofrecen una ventana a la
posibilidad de desafiar las normas y expectativas impuestas por la
sociedad. En contextos de conflicto y opresión, estas historias no
solo nos brindan consuelo, sino que nos invitan a resistir y a luchar
por nuestra propia emancipación. Así, la muerte se convierte en un
recordatorio de la importancia de enfrentarnos a los desafíos de la
vida con valentía y determinación.
La Segunda República Española (1931-1939) marcó un hito
en la historia de la emancipación femenina en España al conceder
a las mujeres una independencia económica, política y sexual sin
precedentes. Por primera vez, las mujeres mayores de veintitrés
años obtuvieron el derecho al voto y la posibilidad de ocupar cargos
políticos, lo que representó un avance significativo hacia la igualdad
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-94

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de género y el reconocimiento de los derechos civiles de las mujeres
en la sociedad española. Sin embargo, este período de progreso
se vio trágicamente truncado por el estallido de la Guerra Civil y
la subsiguiente posguerra, que sumió a España en un periodo de
oscurantismo y represión bajo el régimen franquista. Durante la
dictadura de Franco, las mujeres experimentaron un drástico retroceso
en sus derechos y libertades, siendo sometidas a un sistema patriarcal
que las relegaba a roles tradicionales y limitaba su participación en
la esfera pública. Al contraste, después de la posguerra, el Estado
colocó a la mujer en un proceso de retroceso destruyendo cualquier
esperanza de emancipación. Como argumenta la autora de la tesis
La mujer bajo en franquismo, “La época franquista supuso para la mujer
un retroceso, iba a volver a parecerse, sorprendentemente, a la mujer
de la vieja España” (Soto Marco, 2010: 5).2 La imposición de leyes
como la Ley del 14 de enero de 1941, que penalizaba la divulgación
de información sobre métodos anticonceptivos, y la Ley de Bases
del 19 de julio de 1944, que condenaba el adulterio, ejemplifican
el intento del régimen de controlar y regular la conducta de las
mujeres, limitando su autonomía y libertad sexual. En este contexto
de opresión y restricciones, El mismo mar de todos los veranos y El
laberinto del fauno usan un marco narrativo basado en los cuentos
de hadas para permitir la lucha contra la opresión de la mujer bajo
el franquismo. En El mismo mar de todos los veranos, el epígrafe y la
frase final “…Y Wendy creció” es adquirida del cuento Peter Pan.
2 Según las autoras del proyecto La mujer bajo el franquismo, este periodo
representó un retroceso para las mujeres, que se encontraron nuevamente en
situaciones similares a las de la vieja España. La opresión de género durante la
dictadura franquista perpetuó una visión conservadora y limitada del papel de
la mujer en la sociedad, afectando negativamente su autonomía y su capacidad
para participar plenamente en la vida pública y política del país.
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�José Manuel Medrano / Sueños de libertad

El laberinto, empieza con una frase muy típica de los cuentos de
hadas narrando, “Cuentan que hace mucho, mucho tiempo. En el
reino subterráneo, donde no existen la mentira no el dolor, vivía una
princesa que soñaba con el mundo de los humanos”. La persona que
le permitirá a los dos personajes poder explorar los cuentos de hadas
será su hada madrina. En el caso de El mismo mar de todos los veranos es
la abuela de la protagonista quien le brinda el amor que la madre no
le da y es quien le abre las puertas a la rebeldía. Al contraste, Ofelia,
en El laberinto del fauno, recibe amor de su madre, pero es Mercedes
quien servirá como una maestra y heroína. Estas obras nos recuerdan
la importancia de la imaginación y la resistencia en la lucha por la
emancipación femenina, incluso en los momentos más oscuros de
la historia. Al emplear los cuentos de hadas como herramientas
de empoderamiento, estas obras nos invitan a reflexionar sobre la
capacidad de las mujeres para resistir y desafiar las normas opresivas
impuestas por la sociedad, y encontrar su propia voz y poder dentro
de un mundo dominado por el patriarcado.
La figura materna en El mismo mar de todos los veranos encarna
el papel antagónico típicamente asociado con las madrastras en los
cuentos de hadas. La protagonista, en un tono desapegado, hace
alusión a la ausencia de una verdadera conexión materna con su
madre, describiéndola como una “diosa rubia de manos blancas, a
la vieja dama de porte anglosajón que me manda saludos y postales
desde ciudades cuyo nombre no he oído jamás” (Tusquets, 1990:
21-22). Esta imagen de distanciamiento y extrañeza refleja la falta
de vínculo emocional que la protagonista siente hacia su madre,
creando un vacío tanto emocional como psicológico en su interior.
El distanciamiento entre madre e hija se manifiesta también en
un plano físico, donde la narradora retrata a su madre como un
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ser mítico e inalcanzable. La madre es idealizada como una figura
casi divina, tan bella e inteligente que ha trascendido la humanidad
misma, lo que refuerza aún más la sensación de desconexión entre
ambas (Tusquets, 1990: 24). Esta representación distorsionada de
la madre no solo establece una separación emocional, sino también
temporal, insinuando que la distancia entre ellas va más allá de lo
físico. Además, se destaca una disparidad física entre madre e hija,
que sirve como otro obstáculo para la relación. Mientras la madre es
descrita con atributos de belleza clásica y distinción, la protagonista
se presenta a sí misma como nacida “oscura y flaca... de piel pálida,
de ojos castaños” (Tusquets, 1990: 192). Esta diferencia física
subraya aún más la brecha entre ambas, destacando la sensación de
alienación y extrañeza que experimenta la protagonista en relación
con su propia madre. Así, la relación entre madre e hija en El mismo
mar de todos los veranos se convierte en un símbolo de desconexión y
desapego, explorando las complejidades de la identidad y el vínculo
familiar en un contexto marcado por la distancia emocional y física.
La narradora de El mismo mar de todos los veranos, a diferencia
de su madre, carga consigo “todos los miedos sobre sus espaldas”
(Tusquets, 1990: 192). Mientras la madre encarna los valores
opresores que subyugan a las mujeres, la protagonista enfrenta
una lucha interna y psicológica contra estas fuerzas. Como señala
Dorothy Odartey-Wellington, “La madre diabólica en los cuentos
de hadas es una variante de la figura judeocristiana de Eva, que
desde las manifestaciones más remotas de la litera tura de Occidente
encarna las fuerzas negativas en un mundo creado por la imaginación
masculina” (2000: 540). En este sentido, la madre de la narradora
representa las ideologías impuestas por la Sección Femenina
durante el franquismo, perpetuando roles de género restrictivos
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y limitando las aspiraciones de las mujeres. La opresión ejercida
sobre la mujer durante el franquismo se refleja en la educación y el
condicionamiento que recibían desde temprana edad. Según relata la
autora de La mujer bajo el franquismo, las mujeres eran instruidas para
complacer a los hombres y buscar el matrimonio como garantía de
seguridad, en lugar de ser alentadas a buscar una formación que les
permitiera ser autosuficientes como ciudadanas” (Soto Marco, 2010:
12). Esta educación limitada y centrada en el papel tradicional de la
mujer como esposa y madre contribuía a perpetuar las estructuras
patriarcales y restringía cualquier posibilidad de emancipación. El
no poderse identificarse con la madre, usando el complejo de Edipo
propuesto por Freud,3 propone que la narradora no tiene un deseo
sexual hacia el padre, impidiendo el Ciclo de Electra4 y rompiendo
cualquier camino a la heterosexualidad. La homosexualidad entonces
es posible porque la narradora tiene la posibilidad de identificarse
con el padre y desear a su madre. La narradora sí se puede identificar
con la abuela, un personaje también en los márgenes de las jerarquías
patriarcales, quien le da esperanza de romper con el ciclo de opresión.
La obra El mismo mar de todos los veranos nos sumerge en un
mundo donde las normas patriarcales son desafiadas, como señala
Odartey-Wellington al argumentar que la mujer favorecida en la
narrativa es aquella que “se encuentra al margen de las normas

3 Freud define el complejo de Edipo como un deseo inconsciente de los
niños y adolescentes a tener una relación sexual con el padre del sexo opuesto
y a eliminar al padre del mismo sexo.
4 El complejo de Electra, un término psicológico, propuesto por Carl
Gustav Jung consiste la atracción sexual subconsciente de las niñas hacia la
figura paterna. Esto convierte a la madre en un rival al intentar obtener la
atención del padre.

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patriarcales...” (530) 5. La figura de la abuela emerge como un
contraste notable con el rol materno opresivo. Aunque la narradora
la ve en un estado de decadencia, no puede evitar asociarla con la
imagen mítica que tenía de ella en su infancia y juventud, recordando
cómo fue “una figura mítica, la más exquisita entre todas las hadas
madrinas...” (Tusquets, 1990: 146). Más que solo una fuente de amor
y afecto, la abuela representa la entrada de la narradora al mundo
de los cuentos de hadas y la imaginación. A través de sus relatos
vividos y ficticios, la abuela alimenta la imaginación de la narradora
y la sumerge en un mundo de posibilidades. Su pasión por contar
historias inspira a la narradora a seguir su vocación de narradora
de cuentos, evocando la imagen de “una abuela tiernísima que
narra historias en el patio, entre las hortensias y las buganvilias...”
(Tusquets, 1990: 146). La relación entre la narradora y la abuela va
más allá de la niñez; incluso en la edad adulta, la narradora encuentra
en su abuela un refugio seguro donde escapar de los problemas del
mundo. La casa de la abuela se convierte en un santuario no solo
físico, sino también simbólico, donde la narradora se conecta con
su pasado y encuentra consuelo en la familiaridad de los cuentos de
hadas. Es en este entorno acogedor donde la narradora descubre un
libro misterioso, escrito en un idioma desconocido, que despierta su
imaginación y la sumerge en un mundo de fantasía. Como ella misma
lo describe, “Y en esta guarida, en esta gruta hechizada y maléfica y
enternecedora, floreció el país de las maravillas y de nunca jamás”
(Tusquets, 1990: 26), una referencia clara a la obra de Peter Pan. La
abuela, en este sentido, actúa como la hada madrina de la narradora,
5 Esta obra nos invita a reflexionar sobre la resistencia de las mujeres
ante las estructuras de poder establecidas y sugiere la posibilidad de una
emancipación que trascienda las limitaciones impuestas por el patriarcado.
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�José Manuel Medrano / Sueños de libertad

brindándole la oportunidad de sumergirse en los cuentos de hadas
y utilizarlos como una herramienta para desafiar las estructuras
patriarcales. La narradora encuentra un paralelismo entre su relación
con Clara, su breve amante, y la historia de Peter Pan. Al igual que
Peter Pan invita a Wendy y a sus hermanos a escapar de su hogar,
Clara le permite a la narradora experimentar la rebeldía, el amor y las
experiencias lésbicas, desafiando así las normas sociales y de género
establecidas. En este contexto, los cuentos de hadas se convierten en
una herramienta poderosa para explorar la identidad, la resistencia y
la libertad dentro de un mundo dominado por el patriarcado.
El laberinto del fauno nos sumerge en la España de la posguerra,
un período marcado por la persecución de los últimos republicanos
y la represión del régimen franquista. En esta ambientación, también
observamos una desconexión emocional entre la madre, Carmen, y
la protagonista, Ofelia. Esta desconexión se hace evidente desde las
primeras escenas de la película. Después de una narración inicial, la
primera imagen que vemos en la pantalla es la de un hada dibujada en
un libro, simbolizando el mundo de fantasía en el que Ofelia se sumerge
para escapar de la cruda realidad que la rodea. Las primeras palabras
de Carmen hacia Ofelia reflejan su falta de comprensión y aceptación
hacia los intereses de su hija. Al reprocharle por traer tantos libros y
preferir la lectura a jugar al aire libre, Carmen revela su desaprobación
hacia las pasiones de Ofelia, diciendo: “No entiendo para qué has
traído tantos libros, Ofelia. Si vamos al campo, al aire libre”. Aunque
Carmen no es una madrastra malvada, su falta de comprensión hacia
los sueños y creencias de su hija es evidente cuando le reclama por
su interés en los cuentos de hadas, diciendo: “Cuentos de hadas—Ya
eres muy mayor para llenarte la cabeza con tantas zarandajas”. Sin
embargo, el verdadero villano de la película es el capitán Vidal, quien se
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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

convierte en el padrastro de Ofelia después de casarse con Carmen. La
insensibilidad de Carmen hacia las necesidades emocionales de Ofelia
se hace aún más evidente cuando, antes de llegar al molino donde
se encuentra el capitán Vidal, le pide a Ofelia que lo acepte como su
padre y lo salude con ese título. Carmen minimiza la importancia de la
relación paterna al decir: “Es una palabra, Ofelia. No es más que una
palabra”. Esta falta de empatía por parte de Carmen hacia Ofelia crea
un distanciamiento emocional entre ambas, que se hace más palpable
en una conversación que tienen en la primera noche en su nueva casa:
Ofelia: ¿Por qué tenías que casarte?
Carmen: Estuvimos solas tanto tiempo.
Ofelia: Yo estoy contigo. No estabas sola. Nunca has estado sola.
Carmen: Algún día entenderás que para mí tampoco ha sido fácil.
Tu hermano está un poco inquieto.

La dinámica entre Ofelia, su madre Carmen y el Capitán
Vidal en El laberinto del fauno refleja de manera impactante el control
y la opresión que ejerce el régimen franquista sobre el cuerpo de la
mujer. A través de las interacciones entre estos personajes, se revela
la brutalidad y la crueldad inherentes al patriarcado, personificado
en la figura de Vidal. Desde el primer encuentro entre Ofelia y el
Capitán Vidal, se establece un claro contraste entre la inocencia y
la autoridad opresiva. Cuando Ofelia saluda al Capitán con la mano
equivocada, él la corrige de manera brusca, señalando su control
sobre el cuerpo y los gestos de la niña. Le dice, “Ofelia. Es la otra
mano, Ofelia”. Esta escena ilustra cómo Vidal impone su voluntad
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�José Manuel Medrano / Sueños de libertad

sobre los demás, especialmente sobre las mujeres de su vida. Al
igual, el capitán hace viajar a su mujer Carmen para estar cercas
del hijo que esperan. Vidal no puede imaginarse tener a una niña.
Cuando el Dr. Ferreiro le pregunta cómo puede estar tan seguro de
que el hijo que Carmen lleva en el vientre será varón, él contesta,
“No de joda”, despreciando el cuerpo femenino. Sin dude Vidal
está utilizando y controlando el cuerpo de Carmen para tener el
hijo que tanto anhela. Según Brígida M. Pastor “Para Vidal, el sexo
femenino es invisible en el orden dominante y, por tanto, excluido
como sujeto culturalmente válido y con identidad propia… (2011:
327).6 El control extreme de Vidal sobre su esposa es observado
cuando le pide al doctor que salve el cuerpo del bebe en lugar del
de la madre, dejando a Ofelia huérfana. Vidal también representa la
maldad y la crueldad del franquismo. Ofelia le teme más a Vidal que
a los monstruos que encuentra en sus aventuras. Como argumenta
Pastor, “[e]l relato fantástico dentro de la narrativa fílmica que
inaugura el film aporta una clara indicación de quiénes son y
donde se encuentran los verdaderos monstruos, los humanos…”
(2011:395). Ninguno de los monstros llega a ser tan malo o tan cruel
como Vidal. Anqué los monstros son físicamente grotescos, ella
siempre logra escapar o derrotarlos. Ofelia le dice al sapo, “Hola,
soy la princesa Moanna y no te tengo miedo. ¿No te da vergüenza
6 La película El laberinto del fauno ofrece un poderoso comentario sobre
el control patriarcal y la opresión durante el régimen franquista a través de
la dinámica entre los personajes de Ofelia, su madre Carmen y el Capitán
Vidal. La corrección brusca del Capitán hacia Ofelia cuando saluda con la
mano equivocada ilustra su control sobre el cuerpo y los gestos de la niña,
estableciendo un contraste entre su autoridad opresiva y la inocencia de la
infancia. Además, el desprecio de Vidal hacia el cuerpo femenino se hace
evidente en su deseo vehemente de tener un hijo varón, mostrando su uso y
control del cuerpo de Carmen para sus propios fines.

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estar aquí abajo, comiéndote los bichitos y engordando mientras
el árbol se muere?” Al contrario, ella no puede escapar de Vidal,
quien la encierra y le da una cachetada. A lo largo de la película,
Ofelia enfrenta numerosos desafíos y peligros, pero ninguno es tan
aterrador como la figura de Vidal. Aunque los monstruos fantásticos
que encuentra en sus aventuras son físicamente grotescos, ninguno
se compara en maldad y crueldad con Vidal. Como señala Pastor, los
verdaderos monstruos son los seres humanos, y Vidal personifica
esta oscuridad y depravación.
Ofelia encuentra en Mercedes una figura maternal y protectora
que contrasta fuertemente con la insensibilidad de su propia madre.
A través de sus interacciones con Mercedes (Maribel Verdú), Ofelia
descubre un mundo de posibilidades que su madre no puede ni
siquiera imaginar. Mercedes no solo ofrece amistad y protección a
Ofelia, sino que también desempeña un papel fundamental en la
lucha de los republicanos contra el régimen franquista. Su valentía
y determinación la convierten en una figura clave para el éxito de
su causa, proporcionando comida, medicamentos y apoyo logístico
a los combatientes en la clandestinidad. Su compromiso con la
resistencia la convierte en un símbolo de esperanza y solidaridad para
todos los que luchan contra la opresión. A diferencia de la madre
de Ofelia, Mercedes no niega la existencia de las hadas ni el poder
de la imaginación. Al contrario, le reafirma a Ofelia la posibilidad
de que los cuentos de hadas y la magia sean reales. Este gesto no
solo consuela a Ofelia en momentos de incertidumbre, sino que
también le brinda la fuerza y la confianza necesarias para enfrentar
los desafíos que se presentan en su camino. Uno de los consejos
más significativos que Mercedes le ofrece a Ofelia es la importancia
de mantenerse fiel a sí misma y nunca perder la esperanza. A través
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�José Manuel Medrano / Sueños de libertad

de sus palabras y acciones, Mercedes enseña a Ofelia a confiar en
su intuición y a resistir ante la adversidad. Este consejo se vuelve
especialmente relevante más adelante en la historia, cuando Ofelia
se enfrenta a situaciones peligrosas y desafiantes que pondrán a
prueba su coraje y determinación:
Ofelia: Mercedes, ¿tú crees en las hadas?
Mercedes: Ya no, pero cuando era muy niña si. Entonces yo creía
en muchas cosas en las que ahora ya no creo.
Ofelia: Pues anoche me visitó un hada.
Mercedes: ¡Vaya!
Ofelia: Bueno, no sólo una, había otras y un fauno. Ese viejo es
muy alto, muy viejo y huele a tierra.
Mercedes: Pues mi abuela decía que con los faunos, hay que
andarse con cuidado.

Mercedes se presenta como un personaje complejo y valiente
que está dispuesta a sacrificar su seguridad personal por los ideales
de la República. Aunque aparenta ser obediente al capitán Vidal, en
realidad trabaja en secreto para los republicanos, proporcionándoles
información crucial sobre los movimientos militares del régimen
franquista y reclutando a otros para unirse a la causa de la resistencia. Su
papel aparentemente doméstico se convierte en un acto de resistencia
silenciosa contra las jerarquías patriarcales impuestas por Franco,
representando una esperanza de sanación y liberación para su país.
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La escena en la que Mercedes solicita ayuda al doctor
para Carmen, mientras disimula su verdadera intención de
entregar medicamentos a los republicanos, ilustra su astucia y su
determinación para mantener viva la causa. A pesar del riesgo que
implica desafiar al poderoso capitán Vidal, Mercedes demuestra
una lealtad inquebrantable a sus principios y a sus compañeros
republicanos:
Mercedes: Tiene usted que subir a verlo. La herida no mejora. La
pierna se le está poniendo muy mal.

Doctor: No he podido conseguir más. Lo siento.
(El doctor le entrega un medicamento a Mercedes)
Mercedes: Vidal (el capitán) lo espera en su despacho.

Su habilidad para moverse en las sombras y desempeñar
múltiples roles en la casa del capitán, desde el cuidado de Carmen
hasta el suministro de información a los rebeldes, resalta su valentía
y su ingenio. A través de sus acciones, Mercedes se convierte en un
símbolo de resistencia y esperanza para aquellos que luchan por la
libertad y la justicia en un tiempo de opresión y violencia. En última
instancia, Mercedes representa la fuerza y la determinación de las
mujeres que desafían las expectativas de género impuestas por una
sociedad patriarcal y se niegan a ser silenciadas o subyugadas. Su
valentía y su compromiso con la causa republicana la convierten en
un personaje inspirador y memorable en la historia de El laberinto del
fauno.
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�José Manuel Medrano / Sueños de libertad

El pacto de amistad y protección entre Ofelia y Mercedes en
El laberinto del fauno refleja un acto de resistencia contra el régimen
franquista, similar al presentado en El mismo mar de todos los veranos.
Cuando Ofelia descubre el compromiso de Mercedes con los
rebeldes, su preocupación por el bienestar de su amiga se convierte
en una motivación para mantener el secreto, a pesar del riesgo que
implica. Ofelia le pregunta a Mercedes, “Tú ayudas a los del monte
¿verdad? Muy nerviosa Mercedes le contesta con otra pregunta, ¿Se
lo has dicho a alguien? Ofelia le afirma, “No quiero que te pase nada
malo”. El pacto de amistad y protección se sella cuando Mercedes
contesta, “Ni yo a ti”. Ofelia conoce la causa anti-franquista y
decide mantener el secreto porque según Julia María Labrador Ben,
sabe que lo correcto es no delatar a una mujer que ayuda a quienes
lo necesitan y que además se porta muy bien con ella” (2011: 425).7
Es acto de desobediencia de las dos representa tener propias idead
e ir en contra de las jerarquías patriarcales. El diálogo entre Ofelia
y Mercedes, donde Ofelia muestra su preocupación y Mercedes
confirma su lealtad, subraya la importancia del pacto como una
forma de solidaridad y resistencia frente a la opresión. La cita de
Julia María Labrador Ben enfatiza cómo este acto de desobediencia
es percibido como una decisión moralmente correcta por parte de
Ofelia, quien reconoce la valentía de Mercedes al ayudar a quienes
lo necesitan y al comportarse bondadosamente con ella. El hecho
7 La decisión de Ofelia de mantener en secreto el compromiso de Mercedes
con los rebeldes refleja su solidaridad y preocupación por el bienestar de su
amiga, a pesar del riesgo que implica. Esta acción ejemplifica la importancia
de la lealtad y la colaboración entre mujeres como formas de resistencia frente
a la opresión patriarcal. Además, la negativa de Ofelia a delatar a Mercedes
muestra su comprensión de la moralidad subyacente en no exponer a una mujer
que ayuda a otros.

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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

de que ambas mujeres decidan mantener el secreto a pesar de las
consecuencias potenciales demuestra su determinación de desafiar
las normas impuestas por las jerarquías patriarcales y de luchar por
sus propias ideas y valores. Esta acción no solo fortalece su vínculo
como amigas, sino que también las une en su resistencia contra un
régimen represivo que busca controlar y oprimir a la población.
El mismo mar de todos los veranos y El laberinto del fauno desafían
los finales tradicionales de los cuentos de hadas, subvirtiendo las
narrativas simplistas de la compañía Disney que a menudo priorizan
el romance sobre la realidad más cruda de la vida. En lugar de ofrecer
un desenlace feliz convencional, estas obras exploran la complejidad
de los conflictos humanos y las luchas internas a través de finales
más sombríos y trágicos. Bruno Bettelheim propone que los finales
trágicos y tristes ayudan a los niños a resolver conflictos personales.
Dice, “…el mensaje que los cuentos de hadas transmiten… que la
lucha contra las serias dificultades de la vida es inevitable, es parte
intrínseca de la existencia humana; pero si uno no huye, sino que se
enfrenta a las privaciones inesperadas y a menudo injustas, llega a
dominar todos los obstáculos alzándose, al fin, victorioso” (2010:
37).8 Propongo que la muerte en las dos obras no representa una
derrota de los personajes o de su lucha. Al contrario, representa la
libertad. Presentan la posibilidad de vivir después de haber tenido
experiencias trágicas. En El mismo mar de todos los veranos la muerte de
la narradora es simbólica, pero representa un rompimiento de las
jerarquías patriarcales y la posibilidad de escoger. Aunque el lector
queda muy frustrado porque no se levanta, es la decisión de ella. Ella
8 Estos finales ofrecen la posibilidad de encontrar la victoria a través de
la confrontación y la resistencia, lo que refleja la complejidad de la experiencia
humana y desafía las expectativas simplistas de los cuentos de hadas.
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�José Manuel Medrano / Sueños de libertad

está consciente de lo que está sucediendo. Julio regresa a su vida y
vuelve a tener su cuerpo, pero este cuerpo parece estar muerto, ya
no siente placer:
Julio me acomoda sobre unas almohadones blancos, entre blancas
colchas llenas de plumas blancas… me maneja, me dispone en
posturas distantes como a una muñeca bien articulada… al final
estoy como me corresponde, tendida de espalda, los ojos fijos en
el techo blanca, su cuerpo pesando sobre el mío, sus brazos y sus
piernas aferrándome en el cepo mortal, y no es posible ni volar…
otra forma de muerte, porque es mi propia muerte la que cabalga
sobre mí, la que me tiene aferrada entre sus piernas sin escape
posible… (Tusquets, 1990: 214-215)9

En este punto culminante de la narrativa, la protagonista
de El mismo mar de todos los veranos alcanza un momento de claridad
y empoderamiento que marca un cambio significativo en su vida. A
medida que reflexiona sobre su relación con Clara y la posibilidad
de seguir viviendo en un cuento de hadas, la narradora toma una
decisión valiente y consciente de dejar atrás el refugio ilusorio de
los cuentos y enfrentar la realidad. La cita “la menor posibilidad
de aprender a volar –ni ganas tengo ya de que me crezcan alas–,
de seguirla más allá del estrecho marco de cualquier ventana y
emprender juntas la ruta hacia las tierras de Nunca Jamás” (Tusquets,
1990: 228) encapsula este momento de transformación. Aquí, la
protagonista rechaza la pasividad y la resignación, optando en su
lugar por asumir el control de su propia vida y tomar decisiones
fundamentales por sí misma. La muerte simbólica entre las piernas
9 Esta escena subraya la lucha de la narradora por liberarse de las
restricciones impuestas por las expectativas sociales y las normas patriarcales,
incluso en la muerte.

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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

de Julio no se interpreta como una derrota, sino como un acto de
liberación y autodeterminación. Representa el fin de su vida como
objeto de deseo y el comienzo de una nueva fase donde ella es la
protagonista de su propia historia. Este acto final de rebeldía y
autonomía desafía directamente las normas y expectativas impuestas
por el régimen franquista, que buscaba controlar y limitar la libertad
de las mujeres. Las palabras finales de la novela, “...Y Wendy
creció”, contienen un poderoso mensaje feminista que subvierte las
narrativas tradicionales y patriarcales. En lugar de ser reducida a un
rol pasivo y subordinado, la protagonista emerge como una mujer
madura y empoderada, lista para enfrentar los desafíos que la vida le
presente. La experiencia lésbica que ha vivido le ha proporcionado
un camino hacia el crecimiento emocional y psicológico, desafiando
las limitaciones impuestas por la sociedad y encontrando su propia
voz y poder interior.
En El laberinto del fauno, la muerte de Ofelia adquiere un
significado trascendental que va más allá de la tragedia individual
y se convierte en un símbolo de la victoria de la bondad sobre la
opresión. La película no solo retrata los horrores del franquismo,
sino que también denuncia los abusos de género que sufrieron las
mujeres durante ese período oscuro de la historia española. Sobre
esto Pastor argumenta, “Los personajes femeninos se revelan
con cualidades y características asociadas con la creatividad, la
generosidad, la abnegación y la libertad, en contraposición al
mundo masculino definido por el poder, el consumo, la destrucción
y la inflexibilidad, en un engranaje de sistemas y normas…” (2011,
395). La cita de Partos destaca cómo los personajes femeninos en
la película se rebelan contra las normas de género impuestas por
la sociedad patriarcal, mostrando cualidades como la creatividad, la
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�José Manuel Medrano / Sueños de libertad

generosidad y la libertad, que se contraponen al mundo masculino
caracterizado por el poder y la inflexibilidad.
Es la bondad de Ofelia, quien al final decide morir en lugar de
sacrificar a hermano, lo que permite el rompimiento de las jerarquías
patriarcales. El niño sobrevive, pero Mercedes se encargará de que
éste no continúe el legado del padre. Antes de morir el capital le
pide a Mercedes, “Decidle a mi hijo a qué hora murió su padre”.
Mercedes le arrebata al bebe de las manos y le contesta, “No, ni
siquiera sabrá tu nombre”. La muerte de Ofelia entonces no fue en
vano. El bien triunfó sobre el mal. La muerte entonces implica la
eternidad. La escena final no justifica la Guerra Civil española, pero
aplaude a la república por luchar contra el franquismo y sus ideales.
Las últimas palabras del Rey elogian a Ofelia por pensar por sí misma.
Habéis derramado vuestra sangre antes que la de un inocente. Esa
era la última prueba, la más importante”. Ofelia finalmente es
reencontrada con sus padres. El fauno entonces reafirma la decisión
de Ofelia diciendo, “Y habéis elegido bien, Alteza”. En la pantalla
se muestra a Mercedes llorando encima del cuerpo ensangrentado
de Ofelia, pero el narrador interrumpe para decir, “Y se dice que la
princesa descendió al reino de su padre y que ahí reinó con justicia
y bondad por muchos siglos. Que fue amada por sus súbditos y que
dejó detrás de sí pequeñas huellas de su paso por el mundo visibles
sólo para aquel que sepa dónde mirar”. Estas últimas palabras se
pueden interpretar como la derrota del franquismo y un futuro
pacificador por medio de Juan Carlos, el cual unirá a España.
A modo de conclusión, tanto El mismo mar de todos los veranos
como El laberinto del fauno emergen como poderosas narrativas
que desafían abiertamente los ideales opresivos de la España de la
posguerra. Ambas obras utilizan los cuentos de hadas como vehículo
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para la resistencia contra el franquismo y la recuperación del derecho
de las mujeres a sus propios cuerpos y destinos. En El mismo mar
de todos los veranos, la exploración de una sexualidad prohibida por la
sociedad de la época se entrelaza con la narrativa de los cuentos de
hadas. Los relatos fantásticos permiten a la narradora acercarse a Clara
y, finalmente, ejercer su agencia al tomar la decisión de abandonarla
y no levantarse de la cama. Este acto simboliza un enfrentamiento
con la realidad y la asunción del control sobre su propia vida, en
contraposición a las expectativas impuestas por la sociedad. Por otro
lado, El laberinto del fauno aborda la rebelión contra la opresión a través
de la figura de Ofelia, quien desafía a su padrastro y cuestiona las
normas establecidas. Los cuentos de hadas en esta obra representan
la fe en lo mágico y la desconfianza en la religión como fuentes de
esperanza y resistencia frente al régimen opresivo. Además, simbolizan
la lucha por la democracia y la libertad, en contraposición a la autoridad
tiránica del capitán Vidal. Entonces estas dos obras continúan con las
ideas de Bettelheim proponiendo, “renunciar a las dependencias de
la infancia; obtener un sentimiento de identidad y de autovaloración,
y un sentido de obligación moral…” (2010: 14-15). Es por esto que
los dos finales son trágicos y frustrantes para un lector/espectador
acostumbrado a los finales felices. Del Toro y Tusquets proponen
presentar la realidad tal como es: a veces cruel y a veces feliz. Algunas
veces hay hadas y en otras hay niñas inocentes muertas. Los finales
trágicos y frustrantes de ambas narrativas desafían las convenciones
de los cuentos de hadas tradicionales y subrayan la idea de presentar
la realidad tal como es: a veces cruel, pero también llena de momentos
de esperanza y resistencia. La inmortalidad, según estas obras, reside
en la capacidad de pensar por uno mismo y cuestionar los dogmas
impuestos por la sociedad.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-94

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�José Manuel Medrano / Sueños de libertad

Obras citadas
Bettelheim, B.y Furió, S. (2010). Psicoanálisis De Los Cuentos De Hadas.
Barcelona, España: Crítica.
Freud, S., López-Ballesteros, T. L., y Tognola J. Numhauser (2001).
Obras Completas: T. 7. Madrid España: Biblioteca Nueva.
Labrador Ben, J. (2011). La maldad genera cuentos de aadas: Análisis de la
película de Guillermo Del Toro “El laberinto del fauno”. Consejo
Superior de Investigaciones Científicas.
Odartey-Wellington, D. (2000). “De las madres perversas y las hadas
buenas: Una nueva visión sobre la imagen esencial de la
mujer en las novelas de Carmen Martín Gaite y Esther
Tusquets.” Anales de la literatura española Contemporánea. 25.2:
529-555.
Pastor, B.M (2011). “La Bella y la Bestia en el viaje laberíntico de
Guillermo del Toro
“El espinazo del diablo” (2001) y “El laberinto del fauno” (2006).”
Arbor: Ciencia Pensamiento Y Cultura 391–400.
Soto Marco, A. (2010). La mujer bajo el franquismo. Tesis doctoral.
Universidad Jaume I de Castelló.
Tusquets E. (1990). El mismo mar de todos los veranos. Anagrama.
Del Toro, G. (2007) El laberinto del fauno. Ljubljana: A.G. Market.
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north america and england. Routledge.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-94

�Artículos
Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

Estética narrativa del Gran Caribe: apuntes para
una poética de Germán Espinosa
Narrative aesthetics of the Gran Caribe: notes for a
poetics of Germán Espinosa
Diana Hernández Suárez
Universidad Veracruzana
Veracruz, México
manuel.herreramr@uanl.edu.mx

Resumen. En el siguiente trabajo se exponen algunos apuntes para
comprender la poética del escritor colombiano Germán Espinosa en
relación con la noción de Caribe, aspecto que se puede ver de forma concreta
en su idea de novela comoVra un ensayo sintetizador de experiencias,
imágenes y, sobre todo, de medios de representación artística. Así pues,
se busca mostrar que la noción de “ampliación genérica” que Espinosa
concibe para su narrativa es parte de la idea que el autor tiene de la cultura
caribeña, como un espíritu que se expande y trasciende, inaprensible en
una sola forma de expresión artística y, sin embargo, materializado a través
de una poética.
Palabras clave: Caribe, Poética, Intermedialidad, Novela, hibridación
Abstract. In these work some notes are exposed to understand the poetics
of the Colombian writer Germán Espinosa in relation to the notion of
the Caribbean, an aspect that can be seen in a concrete way in his idea
of ​​a novel as a synthesizing essay of experiences, images and, above
all, of means of artistic representation. Thus, it seeks to show that the

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�Diana Hernández Suárez / Estética narrativa del Gran Caribe

notion of “generic expansion” that Espinosa conceives for his narrative
is part of the idea that the author has of Caribbean culture, as a spirit that
expands and transcends, elusive in a single form of expression artistic and,
nevertheless, materialized through a poetics.
Keywords: Caribbean, Poetics, Intermediality, Novel, hybridization

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-67

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

Aunque por Caribe se entienda las repúblicas y protectorados
antillanos, abarcando a menudo a Centroamérica y el Istmo de
Panamá, se trata todavía de una visión limitada, impuesta por el orden
geopolítico estadounidense de la Posguerra después de 1945. Más
acertado es hablar del Gran Caribe (de la Cuenca del Caribe) al que
se añadiría Venezuela y la costa norte de Colombia, así como partes
del Golfo de México. Esta es la tendencia más reciente, inaugurada
así por el presidente Ronald Reagan en 1983 (cf. Gaztambide 2003).
En 1998, para conmemorar el centenario de la debacle colonial
de España en Cuba, el ensayista puertorriqueño Antonio Benítez
Rojo publicó La isla que se repite, un ensayo en el que observó que
el Caribe no es solamente el mar interior de las Américas, sino un
meta-archipiélago sin límites:
el Caribe desborda su propio mar, y su última Tule puede hallarse
a la vez en Cádiz o en Sevilla, en un suburbio de Bombay, en las
bajas y rumorosas riberas del Gambia, en una fonda cantonesa
hacia 1850, en un templo de Bali, en un ennegrecido muelle
de Bristol, en un molino de viento junto al Zuyder Zee, en un
almacén de Burdeos en los tiempos de Colbert, en una discoteca
de Manhattan y en la saudade existencial de una vieja canción
portuguesa (1998: 18).

“Nuestra América”, uno de los ensayos más comentados de José
Martí (1853-1896) y cuyo título ya se ha acuñado como moneda común
para referirse a Hispanoamérica, apareció en dos periódicos en fechas
relativamente cercanas: el 1 de enero de 1891 en La Revista Ilustrada
de Nueva York, y el 30 de enero del mismo año en El Partido Liberal,
de México. Para entonces, Martí residía en Nueva York en calidad de
exiliado del régimen español por ser partidario de la independencia de
Cuba frente a España. Se ganaba el sustento económico como periodista
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-67

81

�Diana Hernández Suárez / Estética narrativa del Gran Caribe

o corresponsal para varios diarios y revistas de Hispanoamérica,
principalmente de La Nación de Buenos Aires, con lo cual gozaba de un
conocimiento amplio de la política de las principales repúblicas y, poco
a poco, venía influyendo tremendamente en la opinión.
Por estética narrativa del Gran Caribe me refiero a la que
adquiere forma con José Martí en el ensayo “Nuestra América”. En
él Martí se propone hacer una autocrítica. En primer lugar, critica
el europeísmo de aquellos hispanoamericanos que “se avergüenzan
por llevar delantal de indio” y reniegan de la “madre enferma”.
Ataca, en segundo lugar, el exotismo de los gamonales y poderosos
por culpar a sus repúblicas nativas de incapacidad sólo porque ellos
no son príncipes que beben champaña. En tercer lugar, se pregunta
en sentido retórico: “¿Cómo han de salir de las universidades los
gobernantes, si no hay universidades en América donde se enseñe
lo rudimentario del gobierno, que es el análisis de los pueblos
peculiares de América?” Es de señalar que, en ningún momento, a
pesar de sus críticas a los letrados y a los gamonales de turno, Martí
cuestiona lo suficiente al liberalismo progresista. Insiste en salir de
la “colonia” para pasar a la “república” y menciona, basado en el
ejemplo exitoso de Angloamérica, los errores de Hispanoamérica
que podríamos enumerar de la siguiente forma:
1. La soberbia de las ciudades capitales
2. La irrupción de los campesinos resentidos a la ciudad.
3. La importación excesiva de teorías y métodos europeos o
angloamericanos.
4. El desdén políticamente correcto hacia la raza aborigen. 2010
Muchas de estos males persisten todavía. Martí observaba
que no debería hablarse de razas, porque ello niega la identidad
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universal del hombre. A pesar de ciertas metáforas o imágenes que
aluden a cierto lenguaje masónico, Martí no hace sino reforzar un
ideal cristiano de universalismo y mestizaje. Es de notar que ya en
su época, afortunadamente, iban apareciendo “oradores sobrios” y
ensayistas de “prosa centelleante” y “cargada de ideas”. Por último,
resulta muy interesante que su definición de pensar sea la de servir,
puesto que nunca dejó de lado la quijotesca y anti-erasmista idea de
que las armas valen más que las letras. No de otra manera puede
entenderse su sacrificio personal por la independencia de Cuba al
caer, el 19 de mayo de 1895 en Dos Ríos, ametrallado en una batalla
contra las tropas realistas españolas.
Ahora bien, todo lo que Martí propuso y vivió en carne
propia, el novelista Germán Espinosa (Cartagena de Indias, 1938Bogotá, 2007) de alguna manera lo ficcionalizó y lo elevó a un
plano estético, a la configuración de una poética. Para el escritor
colombiano el Caribe es una suerte de “paso de los Vientos”, que
desde La Habana, Cozumel, Maracaibo hasta Cartagena de Indias,
se encuentra una “hibridación” con protagonistas muy variados:
“gentes de todas las latitudes de Europa hasta comerciantes árabes
e hindúes, chinos taciturnos y esclavos africanos que juntaban su
sangre y sus tradiciones con las del indio autóctono” (182), así la
forma de la novela debía hibridar la multitud de experiencias, mostrar
esa “hibridación [que] estaba en movimiento” que configura y define
la experiencia latinoamericana (2002: 182). El Caribe se presenta
tanto como el espacio definidor del continente americano, como el
elemento clave de la poética novelística del escrito latinoamericano.
Si se entiende por Poética la téchne, o la teoría estética a priori,
que de forma explícita y programática establece qué es y cómo se
construye la Literatura (Cf. Aullón de Haro, 1994), implica que
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�Diana Hernández Suárez / Estética narrativa del Gran Caribe

el autor tiene plena conciencia sobre su época, sobre la técnica
–intención de la forma y la estructura–, y sobre la relevancia de
los contenidos que le permitirán construir el universo literario –
poético– de sus obras. En el caso del escritor colombiano Germán
Espinosa, los ensayos reunidos en La libre en la luna (1968-1988)
revelan la complejidad que el escritor buscó plasmar en sus obras a
partir de una crítica y diagnóstico de su tiempo, pues, todas sus obras
son una suerte de “ensayo estético”. Con sólidos conocimientos
filosóficos sobre la teoría de la Estética, Espinosa tiene un único
objetivo: hacer de sus obras un objeto de arte. Lo artístico, o lo
literario, corresponde a la relación que establecen los elementos
poéticos, o la metáfora continuada, entre artes a partir del vínculo que
guardan entre sí las diversas manifestaciones del ideal estético, cuya
máxima manifestación sería en la materialización poética, toda vez
que ésta implica la exégesis de la realidad y la imaginación como “forma
de revelación” de la parábola o el símbolo de la escritura, según lo
refiere el autor en “Sobre la génesis y evolución del arte de fabular”.
La interpretación del mundo, en términos hegelianos, responde a una
revelación divina y, después, humana. El escritor siempre debe ser el
“poeta visionario que transforma símbolos abstractos en imágenes
literarias cuya dilucidación será problema para avezados exégetas”
(“Sobre la génesis”, 2002, 17).
Dicho rasgo de interpretación crítica, pero revelada desde
una abstracción poética, particularizada en la narrativa, le permite
al autor entender que las formas de sus obras son más cercanas al
ensayo que a la noción de novela cerrada. El rasgo de “amplitud
genérica” que tienen los géneros ensayísticos garantizan el adecuado
desenvolvimiento de las “necesidades expresivas del autor”. El
ensayo, en su capacidad den ensancharse, no sólo permite que novelas
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como La montaña mágica de Tomas Mann, o La Tejedora de coronas1 o El
signo del pez, sean consideradas por Espinosa dentro de este género,
sino también algunas sonatas, sinfonías y diversas piezas pictóricas
que mantienen siempre la condición de desestabilizar la afirmación
categórica de interpretación. “El ensayo puede serlo todo”, dice
el autor (Cf. “Introducción general”, 2002: 5) y en esa medida, las
relaciones entre medios y artes tienen cabida como exploración
estética de la realidad por vías de la impronta ensayística. Todas estas
alusiones al carácter ensayístico de la obra de Espinosa toman mayor
relevancia si se piensa que sus obras buscan conjugar una compleja
relación estética que “restablezca” –frente al nuevo siglo XXI– cierta
noción de encantamiento del mundo (Cf. Rincón, 2008).
Lo anecdótico, los lugares, lo histórico, los eventos, temas
y acontecimientos narrados son secundarios frente al “velo
poético” que envuelve el ejercicio creativo y permite revelar las
“visiones presentes”, por lo tanto, dentro de su estilo no deberían
considerarse los temas tratados, sino los elementos de reescritura,
que es para él la única forma posible de originalidad, pues se trata
de una “varia invención” que se produce del análisis del presente.
Lo histórico le interesa sólo en la “potencia de la posibilidad” y no
en la comprobación documental. El estilo particular no es si no la
lectura de otros modelos que han leído su propio tiempo (“Sobre
la génesis”, 2002: 23). Sin embargo, admite que el rasgo particular
de su obra es su “buen oído musical” y su afán experimentalista de
1 Espinosa, que se considera a sí mismo un “ensayista temperamental”,
considera que “[l]a más popular de mis novelas, La tejedora de coronas,
constituye también, desde ciertas perspectivas, un vasto ensayo sobre
las corrientes que desembocaron en nuestra Independencia de España”
(“Introducción general”, 2002: 6).
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�Diana Hernández Suárez / Estética narrativa del Gran Caribe

mezclar artes (23). Este rasgo es común a todas sus obras, tanto las
escritas hasta el momento de composición de estos ensayos, como
las que fraguaría posteriormente, como Cuando besan las sombras o
Aitana.
En la hibridación genérica, tanto en discurso textuales
como estéticos en general, se encuentra la intermedialidad como
una continuidad artística. El rasgo más sobresaliente de la Poética
espinosiana puede entenderse en términos teóricos como la
concreción del intermedium, en toda la complejidad de dicho concepto.
La conciencia de su téchne sobre estos aspectos es lo que le permite
al autor involucrar el complejo mundo teológico, paranormal,
histórico, erudito, psicológico y medial. En el ambiente finisecular del
siglo XX, Espinosa se identifica como un autor barroco, con rasgos
modernistas y clásicos, como un siglo atrás lo fue Tomas Mann (“El
espécimen”: 46).
Ad portas al siglo XXI, Espinosa se cuestiona en su
ensayo “La novela: de cara al siglo XXI” sobre la vigencia de su
técnica ante la aceleración de los medios digitales. Especula que el
nuevo siglo, ante la aceleración de la tecnología digital, la extrema
secularización y el nacimiento de nuevos fanatismos, atentarán
contra “la imaginación creadora”. Se preocupa y entusiasma a la
vez por las posibilidades o alcances de deshumanización que los
medios pueden implicar, sin embargo, guarda la esperanza en que
la Literatura sirva de garante de lo “humano”, como concreción
de lo artístico y lo filosófico para evitar “perder la conciencia ante
la técnica” (91). Sospecha que el nuevo siglo superará la novela
burguesa: “la novela tenderá otra vez a convertirse en instrumento,
no científico, sino artístico, de fidedigno conocimiento” (92).
Ante lo que augura una nueva época, considera la novela como la
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-67

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“síntesis de todos los géneros y medios”, lo que en su propia obra
alcanza cierta concreción en Aitana.2
Se trata de la última novela de Germán Espinosa, publicada
pocos meses antes de su muerte, la cual constituye una extraña
combinación de dos subgéneros dispares: la autobiografía intelectual
y la literatura fantástica. De hecho, Aitana podría considerarse
también como una novela-ensayo no sólo por la erudición histórica
y filosófica desplegada en la narración, sino por la intermedialidad
musical. Ya en una novela anterior, Cuando besan las sombras (2004),
el protagonista es un músico sinfónico que pretende terminar o
hacer una variación de la Sinfonía inconclusa de Gustav Mahler. La
novela Aitana configura dos dimensiones complejas que se reflejan
en un ejercicio de intermedialidad, además de la conjunción de la
autobiografía en la que él, o un alter-ego de Germán Espinosa,
rinde una suerte de testamento del mundo literario colombiano de
la segunda mitad del siglo XX; y, por el otro, la de una hábil voz
narrativa que desliza escenas fantasmagóricas y trata de celebrar un
pacto con el más allá a fuerza de elementos musicales. La novela
nace tras la muerte de la pintora Josefina Torres, esposa del novelista.
Es pues Aitana una suerte de tributo de amor: una estrategia para
trascender la existencia terrenal y para encontrarse o permanecer con
el espíritu de su esposa. La novela es una invocación a la memoria
de la pintora, y específicamente en la trama de esta obra, resulta
pertinente el elemento paranormal en el pacto ficcional.
Los aspectos por estudiar en esta obra son numerosos,
sin embargo, en este ensayo sólo se destacarán dos como rasgos
2 Algunas de los argumentos aquí expuestos han sido referidos en un
ensayo de carácter socio-crítico sobre la novela Aitana, para el SENALUNAM: https://www.senalc.com/2020/12/01
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-67

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�Diana Hernández Suárez / Estética narrativa del Gran Caribe

característicos de la poética de Espinosa y de su expectativa ante el
nuevo siglo. Por un lado, el carácter intermedial articulado por la
composición musical, recurso ampliamente utilizado por el escritor
colombiano, muy presente en sus célebres libros Cuando besan las
sombras y La tejedora de coronas, y, por otro, el gesto estético autoficcional
como clave de género para incorporar lo metaliterario. La autoficción
–la forma–, entendida como un pacto ambiguo entre el lector y la
obra, debe ser abordada desde una dominación teórica, histórica y,
sobre todo, desde el panorama intelectual, artístico y cultural de la obra
misma, de acuerdo con Manuel Alberca, referencia obligada de este
tema (2007). Para el autor, la diferencia de una novela autobiográfica,
y la autoficción, está en el “camino” que niega las fronteras entre lo
histórico y lo literario, que supera cierta problematización historialiteratura, y se dedica a analizar un “lugar intermedio” del yo narrativo.
Más allá de los rasgos formales de la autoficción que identificados
por Alberca, habría que destacar un rasgo peculiar sobre los límites.
No está demás decir que en Aitana nunca se revela el nombre del
protagonista narrador, lo que refuerza el carácter de ambigüedad de
la autoficción. Lo que interesa destacar, entonces, sobre la autoficción
es la condición intrínseca del desdibujamiento de los límites de
diversos discursos, literarios o históricos: “establecido entre ambos
pactos, el campo autoficcional resulta de la implicación, integración
o superposición del discurso ficticio en el discurso autorreferencial
o autobiográfico y viceversa” (Alberca 2007, 182), y precisamente,
al encontrarse en el terreno de lo autorreferencial, pone en tensión
la relación entre historia y literatura. Estamos nuevamente ante el
pacto ambiguo entre la historia y la ficción, entre lo fantástico y lo real,
entre la erudición y el ocultismo, como en cualquiera de las otras once
novelas de Espinosa.
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-67

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

Alberca

continúa

la

categorización

de

recursos

autoficcionales frente a los autobiográficos para generar espacios
narrativos como la “autobioficción” o la “autoficción fantástica”.
Aitana podría catalogarse “estructuralmente” entre ambas, excepto
por un elemento importante: la configuración del yo narrativo no se
presenta con elementos fantásticos ni como una ficcionalización de
la vida del autor, salvo por lo paranormal, un vector que atraviesa la
novela. El protagonista-narrador configura su yo con lo sobrenatural,
e, incluso, este rasgo fantástico determina en buena medida el resto
de estrategias narrativas en la novela. No obstante, pese a todos los
elementos que pueden vincular a este texto con formas de la ficción,
sobre todo por el aspecto fantástico paranormal, los referentes
que conforman el campo literario colombiano tienen un correlato
transparente. Resulta evidente que el elemento paranormal no es
sólo un componente de tensión narrativa, o recurso metafórico
del ambiente cultural, sino, sobre todo, una estrategia literaria de
desvanecimiento de los límites narrativos: entre géneros y entre
artes. El elemento inter-artítsico o intermedial, ampliamente
estudiado por los trabajos postestructuralistas, guarda sus bases en
la propuesta de “narrativa alegórica” de Samuel Taylor Coleridge.
En 1818 este autor data el término “intermedium” en un ensayo
sobre el poeta inglés Edmund Spenser (1553-1599) para referirse a
la narrativa alegórica en contraste con la mitología. A saber:
Narrative allegory is distinguished from mythology as reality form
symbol: it is, in short, the proper intermedium between persons and
personification. Where it is too strongly individualized, it ceases
to be allegory; this is often felt in the Pilgrim’s Progress, where the
characters are real persons with nicknames ([1818], 1914: 231).
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�Diana Hernández Suárez / Estética narrativa del Gran Caribe

Posteriormente, Coleridge se refirió a Dante para insistir
en que el poeta es una suerte de guardia de la “basta armonía del
lenguaje”, pues el lenguaje es algo intermedio entre la materia y el
espíritu (1914: 276). Aitana se presenta, así, como este intermedio
entre el espíritu del narrador y su ya difunta esposa Aitana. La
novela es un conjuro de la memoria. Lo sobrenatural no es sólo un
aspecto fundamental del pacto de lectura, sino que es también la
configuración de la novela para entenderla, precisamente, como una
invocación paranormal. La estructura de la novela tiene la finalidad
de invocar al espíritu de Aitana/Josefina por medio del arte. De
volver su memoria un objeto estético. El narrador recuerda que el
momento de perfecta y armónica unión amorosa con su amada era
gracias a la música, cuando ella podía fundirse y confundirse con el
cuerpo del narrador y su propio espíritu:
Creo, con la convicción más imperturbable, que en todas aquellas
magias su guía irrebatible era el amor. El mismo, por ejemplo, que al
influjo de ciertas músicas nos impulsaba a estrecharnos en silencio,
durante largos minutos, al extremo de –mientras las oíamos– sentir
yo con una certidumbre sobrenatural que su espíritu entraba en
mí como un invasor exquisito que saturase mi ser con la delicia
perfecta. Entre tales composiciones musicales me parece destacar
como la más incitante cierta Gnossienne lenta de Erik Satie, en la que
el piano nos obliga a ascender a regiones seráficas donde el amor se
remansa hasta aquietarnos en el éxtasis (Espinosa 2007: 64).

Ahora bien, poco se ha especulado sobre el nombre Aitana.
¿Por qué en esta autoficción fantástica, o como se le quiera nombrar,
el autor decide llamar así a Josefina? Es muy probable que refiera
a la composición sinfónica de Óscar Esplá (1886-1976), el Satie
hispánico, “Sinfonía Aitana” Op.56 (1965). Nombre que toma de la
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Sierra de Aitana en la región valenciana. Esta obra, dividida en cuatro
movimientos, lleva por subtítulo “A la música tonal, in memoriam”.
De acuerdo con críticos de la sinfonía, esta composición es un tributo
a la construcción tonal, muy usual a finales del siglo XIX, frente a
la composición serial, característica de las sinfonías del siglo XX:
“Esplá no abandonó nunca la música tonal. En esta obra [Aitana]
parece expresar de forma dramática un estilo musical que tiende a
su desaparición, en un mundo volcado hacia los procesos tonales”,
se da una suerte de hibridación entre ambas formas de composición
(Historia de la Sinfonía). De acuerdo con De Candé, el atonalismo o
el sistema tonal implica la determinación jerárquica de las relaciones
entre las diferentes alturas de consonancia sonora con respecto al
centro tonal o tónica de una nota; en este sentido, la tonalidad, o
la clave de una obra musical, marca el centro de las progresiones
musicales. El serialismo, por su parte, es una técnica caracterizada
por cierta polifonía o parámetros musicales a los que se debe aplicar
un principio de composición serial, es decir, el principio serial
determina las consecuciones de las notas (Cfr. De Candé 2002). Este
aspecto “intermedio” entre el serialismo y la composición tonal de
la obra sinfónica de Esplá es claramente identificable en Aitana de
Germán Espinosa. El ritmo de la novela recuerda los tiempos de la
composición, además de que Aitana en ambas obras constituye la
nota más alta, que en momento se desvanece entre la serialidad de
personajes/notas que componen el cuerpo de las obras.
No sólo la estructura de la novela recuerda a la sinfonía,
sino que la sinfonía misma es una representación alegórica de la
invocación de Aitana. Según el escritor alicantino Gabriel Miró,
Aitana, en su punto más alto, recuerda la felicidad perdida, una
manera de “volver a un lugar” buscando:
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-67

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�Diana Hernández Suárez / Estética narrativa del Gran Caribe

la memoria y a nosotros mismos, porque el paisaje de Aitana no nos
espera más que una vez: cuando es inesperado para nuestros ojos.
Contemplar es despedirse de lo que ya no será como es. La paz,
el júbilo, la conciencia evocadora, la internación en el paisaje, son
estados reveladores que se disuelven en el tiempo como las nubes y
como el aliento del agua, el temblor de una fronda en el azul (1928).

Aitana representa para el escritor alicantino, el compositor
y el novelista ese lugar de la memoria. La composición, su
forma de invocación. Esta novela, en el caso de Espinosa, es ese
intermedio –o medio– para invocar a Aitana/Josefina. No obstante,
la intermedialidad es pertinente no sólo como juego erudito de
Espinosa, sino como una forma misma de su propia escritura, de
allí la reflexión metaliteraria en su novela, pues el lenguaje por sí
mismo no es suficiente. Para él, cada artista “se desplaza en su órbita
muy propia, cuyo sol –cegador y, por tanto, no discernible del todo
con los medios indigentes del lenguaje– podría definirse con algún
ignoto sinónimo del a voz perfección” (2007: 22).
En la construcción narrativa, el novelista, llevando al
extremo el pacto narrativo, anula los límites temporales para dar
lugar al bucle infinito en donde estará invocando eternamente a su
amada. El narrador se encuentra en un lugar intermedio, en una
antesala de la muerte. Por eso esta novela es su “pasaporte a la
muerte”. No es en sí una despedida, porque la novela es el medio
para alcanzar la trascendencia que lossalve del olvido, tal como
puede leerse en el poema inédito de Espinosa, recuperado por el
Banco de la República, “Invocación a tu memoria” (2006):
Quizá en la dimensión en que reposas
serás la única voz que el nombre mío

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pronuncie sin desidia y sin desvío
con palabras más suaves que piadosas.
La memoria son aves vaporosas
y con ellas nos vamos como el río
que busca el mar tiránico y sombrío
donde han de naufragar todas las cosas.
Qué dichoso seré si en los confines
de sus nostalgias alguien me recuerda
y ése sea tu amor jamás vencido
cuando la muerte lance sus mastines
torvos y mi casual nombre se pierda
en las vastas regiones del olvido.

Aitana es la eterna promesa del recuerdo. La estrategia
estética y narrativa estriba en el elemento sobrenatural –el maleficio
conjurado por Armando García– en cuanto éste, al incorporarse
en la configuración de la novela, no sólo da pie a la invocación
amorosa que Espinosa hace, sino que legitima cierto pacto narrativo
al momento de construir el momento infinito del relato. La novela
cierra con una muestra de una pena incesante por saberse separado
de Aitana, pero también con la certeza de que la invocación ha
superado al maleficio y ha logrado conjurarla con la musicalidad y
armonía de esta obra:
Ahora, no restaba espacio para la duda. Aitana se me había
aproximado toda ella, espíritu y vida, por la vía electrónica y sus
palabras eran decisivas e iluminadas. A nadie, salvo al que lea el
texto presente, he dado antes cuenta del milagro operado. Ni
siquiera a mis hijos. Poco me importa si el lector de este testimonio
me haya o no de creer. Lo cierto es que, con el alma llena de
luz como una hoguera de fe, procedí a digitar el libro que aquí
concluye. Escribí: La tarde en que Aitana murió, alentaban erectas
todavía, en el jarrón de la mesa esquinera, las rosas blancas que un
día antes habíamos traído… (Espinosa 2007: 404).
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�Diana Hernández Suárez / Estética narrativa del Gran Caribe

Precisamente la novela comienza “La tarde en que Aitana
murió, alentaban erectas todavía, en el jarrón de la mesa esquinera,
las rosas blancas que un día antes habíamos traído” (Espinosa 2007,
9). La reiteración, o estrategia de recursividad, crea precisamente
una estructura circular, muy cercana la estructura de la sinfonía
homónima, que genera ese bucle temporal propiciado por lo
paranormal, elemento que está presente en otra de sus novelas
con la misma finalidad narrativa. Tal elemento atraviesa, de hecho,
la anulación temporal en La tejedora de coronas. Finalmente, con lo
expuesto, resta decir que la poética narrativa de esta novela invita a
pensar que el autor aquí está buscando una “región seráfica” para
fundir su cuerpo con el espíritu de Aitana por medio del entramado
de la autoficción, conjugado con el elemento fantástico-paranormal,
que compone un universo complejo estructurado por la armonía
musical.
Referencias
Alberca, Manuel (2007). El pacto ambiguo. De la novela autobiográfica la
autoficción. Madrid: Biblioteca nueva.
Aullón de Haro, Pedro (1994), “Epistemología de la Ciencia
Literaria”, Teoría de la crítica literaria, Madrid, Trotta.
Coleridge, Spencer Taylor (1914). Essays. Coleridge’s Lectures on
Shakespeare and other Poets and Dramatists. Ed. Ernest
Rhys. London-Nueva York, J. M. DENT &amp; SONS,E. P.
DUTTON &amp; CO.
De Candé, Roland (2002). Nuevo diccionario de la música, Vol. 1,
Grasindo.
Espinosa, Germán (2007). Aitana. Bogotá: Alfaguara.
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-67

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

— (2002). “Caribe y universalidad”, Ensayos completos. 1986-1988.
Tomo I. Medellín: EAFIT: 182-191.
— (2003). La verdad sea dicha. Mis memorias. Bogotá: Taurus.
— (2002). Ensayos completos. 1986-1988. Tomo I. Medellín: EAFIT.
— (2006). “Invocación de tu memoria”. Memoria de Josefina.
Poemas inéditos. Bogotá: El Banco de la República.
Fonseca Gómez, Marco Antonio (2012). “La figura del diablo como
motivo recurrente en dos novelas de Germán Espinosa:
Los cortejos del diablo y Aitana”, Estudios de Literatura
Colombiana, No. 31, julio-diciembre, pp. 141-156.
Gaztambide, Antonio (2003), “La invención del Caribe a partir
de 1898 (Las definiciones del Caribe, revisitadas)”, en
TIERRA FIRME, 21, XXI, 82.
Miró, Gabriel (1928). Años y lenguas. Disponible en http://www.
cervantesvirtual.com/obra-visor/aos-y-leguas/html/
dcd85824-2dc6-11e2-b417-000475f5bda5.html
Rincón, Carlos y Julian Serna Arango (2008). La palabra como
provocación. Magia, verso y filosofemas, Barcelona: Anthropos.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-67

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�Artículos
Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

La representación del amor romántico en las
tarjetas de fantasía de la Época de Oro 1900-1921
The representation of romantic love in the fantasy
cards of the Golden Age 1900-1921
Jesús Gerardo Cervantes Flores
Universidad Autónoma de Coahuila
Saltillo, México
j.cervantes@uadec.edu.mx

Carlos Recio Dávila
Universidad Autónoma de Coahuila
Saltillo, México
carlos_recio@uadec.edu.mx

Resumen. A partir de los conceptos de amor romántico, definido por
autores como Giddens, Fromm, Hernández, Rodríguez, Corona y
Rodríguez, entre otros, el artículo examina la representación de este tipo
de amor en tarjetas postales de la Época de Oro, destacando cómo estas
imágenes significaron una forma de materializar el afecto y cariño de la
época y cómo los remitentes y destinatarios establecían una complicidad
simbólica a través de ellas.
Palabras clave: Representación, Amor romántico, tarjetas postales,
Época de Oro

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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

Abstract. Based on the concepts of romantic love, defined by authors
such as Giddens, Fromm, Hernández, Rodríguez, Corona and Rodríguez,
among others, the article examines the representation of this type of
love in postcards of the Golden Age, highlighting how these images
were a way of materializing the affection and affection of the time and
how senders and recipients established a symbolic complicity through
them.
Key words: Representation, Romantic love, postcards, Golden Age.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-73

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�Jesús Gerardo Cervantes, Carlos Recio / La representación del amor romántico

Introducción
En el presente artículo el amor se presenta como un concepto
polisémico y socialmente construido a través de prácticas y
significados transmitidos en la socialización primaria y secundaria. A
partir de una plataforma teórica basada en el construccionismo social
y el interaccionismo simbólico, el artículo explora el concepto del
amor y profundiza, siguiendo a autores como Giddens, Hernández
(2014); Rodríguez y Rodríguez (2016) en el amor romántico.
Se observa que el amor romántico se caracteriza por la
idealización de la pareja, la unión mística y para toda la vida, la
aceptación de todo por amor, entre otros mitos. Se analiza la
representación del amor romántico en las tarjetas postales de la
Bella Época utilizadas en los primeros años del siglo XX como
medios para expresar afecto y cariño, especialmente en este tipo de
soportes editados en París, calificada como la “capital del amor”.
Estas postales, en particular, eran consideradas como un subgrupo
de la gran categoría de tarjetas conocidas como “de fantasía” y
presentaban imágenes de parejas enamoradas en poses teatrales y
estilizadas. Para preservar su privacidad, a menudo los remitentes
escribían mensajes en clave lo que permitía mantener oculto ante
ojos indiscretos lo que deseaban transmitir. Estas características se
abordan en este texto.
Las imágenes por lo regular consistían en fotografías directas
a partir de negativo o bien mediante la técnica de la fototipia,
fundamentalmente en blanco y negro. En muchas ocasiones eran
realzadas a la acuarela, y representaban la estética propia de la
Belle Époque en las poses, los vestuarios y los decorados. Sobre
las imágenes los editores agregaban ciertas leyendas impresas que
98

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-73

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

sugerían la naturaleza romántica de la supuesta relación entre la pareja
de modelos. Los remitentes, al escribir en el reverso de estos soportes
de cartoncillo, podían proyectar sus emociones sentimentales hacia
los destinatarios, a través de los personajes representados; y en ello,
entraba en juego las aspiraciones y complicidades propias de una
relación romántica.
Finalmente se concluye que las tarjetas de fantasía de
temas románticos representaban registros diferentes –iconográfico
y textual–, que bien podían reforzar el sentimiento afectivo o, en
ocasiones, guardar distancia entre la imagen presente y el manuscrito,
además de la posición en que era colocada la estampilla postal la cual
podría también ofrecer un mensaje implícito.
El amor
De acuerdo con Manrique (2009) el amor, lejos de ser un
concepto único, objetivo y transparente, es polisémico, variable y
contradictorio. Por esa razón, no se plantea una definición concreta,
sino una serie de conceptos –en ocasiones contradictorios entre sí–
para intentar caminar en la definición de un concepto tan complejo
como el amor.
Al amor comúnmente se le entiende como un sentimiento
que nace de una atracción, pero también es una construcción
social a través de la cual se sostienen gran parte de las relaciones
erótico-amorosas; un dispositivo social que establece una serie de
prácticas y significados en los cuales los individuos son adiestrados
(García, 2015), a través de socializaciones primarias, como la
familia y secundarias, como la escuela, los medios de comunicación,
grupos religiosos o cualquier otro grupo social al cual pertenezca
el individuo. Porque, tal como lo resume Sztajnszrajber (2020),
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amar es entrar en un dispositivo que establece, a priori, una serie de
conceptos y prácticas a seguir.
A través de las interacciones, el individuo construye sus
universos simbólicos, es decir, aprende y da significado a sus
concepciones de amor, las cuales también pudieran ser aprendidas,
expresadas y legitimadas a través de las imágenes con las que se
encuentra en sus interacciones cotidianas, como las postales
analizadas en este artículo, mismas que son, también, una forma de
representación cultural del amor.
En este sentido, Tenorio (2012) señala que los grupos sociales
a los cuales el individuo está adherido, determinan sus discursos y
prácticas en torno al amor –y a otros conceptos–, por lo cual, en
una relación amorosa no sólo intervienen los valores individuales
del sujeto, sino también los establecidos por los grupos sociales a los
que éste pertenece. De aquí, que las representaciones en productos
culturales, a través de las cuales se legitiman ideas y prácticas, sean
tan significativas en la construcción social del concepto de amor.
El amor puede entenderse como una construcción social
moldeada a partir de los universos simbólicos de un momento
histórico, geográfico, cultural, político y tecnológico determinado.
Hagene (2008) señala que las experiencias corporales y sensitivas
son determinantes en la construcción social del concepto de amor,
tanto como las narrativas populares a las que el individuo está
expuesto a lo largo de su vida, por lo tanto, el concepto del amor
es tan cambiante como la cultura misma. Además, señala, en el
amor heterosexual se presenta una reproducción desigual entre los
géneros, donde es común que las mujeres se vean subordinadas a
los hombres, situación constante a lo largo de la historia en muchas
sociedades.
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Por otra parte, Fromm (1959) define al amor como una
actividad problemática para las sociedades contemporáneas, al
señalar que las personas, lejos de enfocarse en su propia capacidad
de amar y entregarse a otro, buscan ser amadas. De ahí que exista
la creencia de que entre más atractiva –en lo físico y/o en la
personalidad– sea una persona, más digna será de ser amada. Para
este autor, en las sociedades capitalistas y mercantilizadas –como la
actual– el amor se ha convertido en un producto más; la persona
espera recibir del otro con quien se relaciona de manera amorosa
igual o más de lo que da.
Desde la visión socioconstruccionista, el amor romántico
está presente en la cultura occidental, por lo menos, desde finales
del siglo XVIII, tomando fuerza en el siglo XIX, hasta nuestros días
y se ha representado –por lo tanto, legitimado– a través de diversos
productos artísticos y culturales, por ejemplo, en novelas como
María de Jorge Isaacs, Madame Bovary de Gustave Flaubert o Thèrese
Raquin, de Emile Zola.
Por otra parte, Ferry (2013) plantea que el amor en la
actualidad se asocia más a una forma de trascender y darle sentido
a la existencia, por encima de un concepto asociado al erotismo y la
intimidad.
Finalmente, el amor, lejos de ser un sentimiento o una
emoción, es un sistema de valoración que forma parte de un conjunto
de experiencias sostenidas en un elaborado sistema de creencias
y valores morales y estéticos; un sistema en el que interactúan
pensamiento, emoción y acción, donde se adoptan formas y
significaciones múltiples y, de cada individuo, surgen de una serie
de ideas, valores y prácticas que, en cada contexto dinámico, son
entendidas de manera distinta (Solomon, 1977; Esteban, 2007).
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La definición reglamentada del amor
La Real Academia Española define el amor en varias acepciones, y
refiere el concepto no sólo en el ser humano sino incluso también en
los animales. De esta manera lo señala como un “Sentimiento intenso
del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita
y busca el encuentro y unión con otro ser”. En otra acepción lo
significa como el sentimiento “hacia otra persona que naturalmente
nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos
completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear”.
En una tercera acepción refiere el concepto como un sentimiento
“de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo” y finalmente
como la tendencia “a la unión sexual”. Igualmente lo señala como
“Voluntad, consentimiento” o bien “Relaciones amorosas”, e
incluso como “Apetito sexual de los animales”. (https://dle.rae.es).
De esta manera, la Real Academia no distingue otros tipos
de amor fuera de tres conceptos, que señala: el “amor platónico”,
el “amor libre” o el “amor propio”1 Curiosamente no aparecen
conceptos como el “amor filial” o el “amor maternal”, entre otros.
Amor romántico
Platón ([385-370 a.C.], 2010), a través del diálogo de “El banquete”,
intenta definir las múltiples concepciones y expresiones en torno
al amor y lo define como un acto inherente al ser humano, que
se presenta en cualquier contexto donde éste se encuentre. En la
1 La RAE define el amor libre como las “acciones sexuales no reguladas”;
el amor platónico como “amor idealizado sin relación sexual”; y el amor
propio como “amor que alguien se profesa a sí mismo, y especialmente a su
prestigio” o bien “Afán de mejorar la propia actuación”. (https://dle.rae.es).

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actualidad, diversos autores y diversas autoras (Rodríguez, 2017;
Rodríguez y Rodríguez, 2016; Pascual, 2016; Hernández, 2014; Ferry,
2013; Carmona,2011; Corona y Rodríguez, 2000; Giddens, 1998)
han caracterizado al amor en diversos tipos, ya que el concepto del
amor suele ser referido para innumerables fenómenos, y puede ser
dividido en tipos, con características diferenciadas.
Este texto se centra en el amor romántico, de manera que
se deja de lado a otros tipos de amor de pareja, como el amor
apasionado o el confluente, los cuales pueden tomar fuerza en una
etapa posterior del proceso sentimental. Asimismo, se dejan de lado
a otros tipos de amor como el fraternal, filial o materno.
El amor romántico se puede definir como un sentimiento a
través del cual se crean vínculos conyugales recíprocos y exclusivos
tanto afectiva como sexualmente (Hernández, 2014). Rodríguez y
Rodríguez (2016) agregan que el amor romántico se centra en la
idealización del amor enfocado en una sola persona, a la cual se
le considera única e inigualable, aspirando a la fusión o simbiosis
entre quienes conforman la pareja, con el objetivo de encontrar la
felicidad.
El amor romántico pareciera estar tan normalizado en
las sociedades actuales que se cree que este tipo de amor ha
acompañado siempre a la humanidad, sin embargo, Giddens (1998)
señala que éste nace apenas a finales del siglo XVIII asumiendo
uniones heterosexuales idealizadas y pensadas para toda la
vida. Ideales morales del cristianismo que, según el autor, en la
actualidad y conforme avanzan las sociedades, se han fragmentado,
especialmente desde la presión de los movimientos feministas, en
los cuales se ha luchado por la deconstrucción o, en algunos casos,
la eliminación del amor romántico puesto que es considerado por
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algunas autoras (Hagene, 2008; Butler, 2006) como una forma de
amor desigual donde las mujeres son subordinadas a los hombres.
Rodríguez (2017) señala que el amor romántico se sostiene
en una serie de mitos entre los que destacan la imposibilidad de
poner límites al amor; la renuncia a cualquier cosa por amor; la
justificación de cualquier acto siempre que sea por amor, incluyendo
los actos violentos; el amor que da todo sin esperar nada a cambio;
existir por y para el ser amado; asumir que cuando se está en pareja
todas las necesidades afectivas del individuo están cubiertas; el
amor de verdad se encuentra en una sola persona, con la que se
está destinado a estar; las mujeres, al ser el pilar fundamental de la
familia, deben estar dispuestas al sacrificio de cualquier cosa por
la persona amada; el amor romántico es la máxima aspiración de
una chica buena y; ante el desamor no hay acciones equivocadas
o violentas, siempre y cuando lo que se busque sea recuperar a la
persona amada.
Estos y otros tantos mitos que se enmarcan en la idea
del amor romántico se presentan como verdades absolutas e
incuestionables resistentes al cambio (Rodríguez, 2017). En este
sentido, Pascual (2016) encuentra problemáticos algunos de los
mitos puesto que su asimilación genera incapacidad de reconocer las
posibles violencias entre quienes viven la relación. La autora agrega
que el amor romántico asocia el encuentro de la persona amada
con la felicidad. De manera que dentro del amor romántico se cree
imposible aspirar a la felicidad si no se está en pareja. Por eso, el
amor romántico parece que se concentra en una búsqueda: la de la
persona indicada, ese amor verdadero que una vez encontrándolo,
conducirá a la felicidad.
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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

El amor como una búsqueda.
Una de las características del amor romántico es que su ejercicio
se centra en la búsqueda de ese ser especial, único, al que se le
amará para toda la vida, y no como una facultad o capacidad del ser
humano, como lo señalaba Fromm, (1959).
La búsqueda de ese ser especial y único es ilustrado por
Platón ([385-370 a.C.], 2010), en el diálogo de El banquete a través
del mito fundacional de la separación de los seres dobles, donde
señala que, en tiempos primitivos, los humanos eran seres dobles: de
dos cabezas, cuatro piernas y cuatro brazos. Era una raza fuerte pero
orgullosa y atrevida; un día intentaron escalar al sitio de los Dioses.
Por ello, Júpiter, con el objetivo de disminuirlos, lanzó un rayo que
los partió en dos, condenándolos a la búsqueda de su otra mitad para
sentirse complementados. Así, el mito de la separación de los seres
dobles es uno de los primeros indicios del entendimiento del amor
como la búsqueda de una persona –y sólo una, única y especial– que
complementará al individuo.
Caruso ([1979], 2016) establece dos formas de amor: el egoísta
y el que acepta al ser amado. El egoísta ve al ser amado como un objeto
al cual poseer e incorporarle a sí mismo, a diferencia de quien acepta al
ser amado, quien se relaciona con el otro tal y como es. Sztajnszrajber
(2020) hace una relectura del amor egoísta de Caruso en la actualidad
y lo define como la expansión del individuo que centra su atención
en la posesión de otro idealizado. Lo problemático de la búsqueda de
un ser ideal es que se esfuerza en adaptar y manipular la identidad del
otro hasta que sea lo más cercano a ese ideal.
En este sentido, Fromm (1959) señala que el gran problema
del amor es pensar que se trata de la búsqueda de alguien y que,
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�Jesús Gerardo Cervantes, Carlos Recio / La representación del amor romántico

una vez que el individuo llegue a encontrarse con ese alguien, todo
puede resolverse en el terreno de lo amoroso y de la felicidad. Un
planteamiento romántico y mágico en torno al amor.
La mercantilización en el amor.
Otra de las características del amor romántico es la mercantilización.
Fromm (1959) señala que en una sociedad mercantilizada el amor
no es inmune, pues las personas buscan un intercambio favorable
en términos de atracción y deseo, lo que les hace enfocarse en ser
personas más atractivas y deseables para los otros, con el objetivo
de conseguir la persona más atrayente posible a su alcance. Con
ello existe un alejamiento respecto a lo que el autor considera más
importante: enfocarse en su propia capacidad de amar.
Ese objetivo de ser más atractivo y deseable ante los otros
pudiera asociarse a la belleza. Para Carrit ([1948] 1974) la belleza
es el conjunto de elementos que combinan armoniosamente en
proporciones adecuadas que resultan agradables a la vista, el oído y
la imaginación. La belleza depende, siempre, del contexto cultural
desde el cual se le sitúe; no es posible hablar de una belleza universal,
ya que la idea de belleza de cada individuo está determinada al
contexto cultural donde se encuentre, sin dejar de lado la hegemonía
etnocéntrica que determina a través de los productos culturales –cine,
televisión, música, etc.– qué es atractivo, estético o bello y qué no. Las
tarjetas postales aquí analizadas son, también, una forma etnocéntrica
de definir qué es atractivo.
Materialización metafórica del amor
En la tradición de la sabiduría popular los tipos de amor refieren a
percepciones distintas entre dos personas que se atraen, algunos de
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los cuales han sido materializados en forma simbólica. Tal es el caso
los corazones rojos, estilizados, en torno al día de San Valentín, como
una forma de amor sensible y tierno. En los emoticones utilizados en
las redes sociales existe una forma estilizada e invariable de corazones
para representar el amor o la aceptación respecto a un mensaje
o estímulo. Así, el corazón rojo significa “me encanta”, el corazón
blanco representa un sentimiento puro de afecto, como el corazón
negro puede aludir al luto o a una relación de admiración, entre otros.
A partir del emblema del corazón como símbolo del amor,
en los jardines del Castillo de Villandry en Francia hay un conjunto
de cuatro cuadros denominado “El jardín del amor”: En él existen
divisiones de plantas, cada uno de los cuales integra varias imágenes
de corazones con diferentes diseños. Estas estructuras vegetales
de inspiración andaluza forman diseños geométricos. Uno de ellos
representa “El amor tierno”, y está presente en corazones que se
simbolizan en forma las máscaras del tipo como el que utilizaban
las personas durante los bailes sobre los ojos y que permitían
conversaciones tanto serias como ligeras. El segundo cuadro
corresponde al “amor apasionado”, el cual se representa por medio
de corazones rotos por el sentimiento de ardor sentimental: los
arbustos se entrelazan y forman un laberinto que evoca el torbellino
de la pasión. Un tercer cuadro corresponde al “amor voluble” y
representa la ligereza de los sentimientos; en las esquinas, los arbustos
forman los cuernos del amor no correspondido, y en el centro, las
cartas de amor que los amantes intercambiaban. Finalmente, en el
jardín que hace referencia al “amor trágico”, los dibujos representan
hojas de puñal y espadas como las utilizadas en los duelos debido
a las rivalidades amorosas. Adicionalmente, en estos jardines hay
también una carga simbólica de los colores. Así, por ejemplo, en el
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�Jesús Gerardo Cervantes, Carlos Recio / La representación del amor romántico

jardín del “amor voluble” el color dominante es el amarillo, símbolo
del amor traicionado. Y en la división del “amor trágico”, las flores
del verano son rojas, como un emblema de la sangre derramada
durante las batallas sentimentales. (https://www.chateauvillandry.fr)
La representación del amor romántico en las tarjetas de
fantasía de la Época de Oro
Generalidades de las tarjetas de fantasía de principios del siglo XX
En los primeros años del siglo XX tuvo lugar en Francia el inicio de
las tarjetas denominadas de fantasía. Tuvieron un gran desarrollo en el
periodo denominado La Bella Época, periodo que tuvo lugar a partir
de la Segunda Revolución Industrial. Su utilización continuó hasta
la década de 1950. La tarjeta postal ilustrada, iniciada en los últimos
años del siglo XIX tuvo muy pronto como imagen la fotografía, que
rápidamente suplió a la técnica de la cromolitografía.
La fotografía, señalaba Walter Benjamin, es “un mundo
pequeño” (Benjamin en Sontag, 1980). A partir de esa idea es posible
considerar que la foto de ilusión o de fantasía es la miniaturización
de un aspecto particular del mundo que sugiere una realidad ideal.
Las imágenes de este género tenían distintas variantes; desde
mostrar escenas idílicas de la vida cotidiana, hasta algunas a manera
de collages que integraban fotos y dibujos, como niños con diseños
en los que se les agregaba en los brazos un trébol o una herradura,
como símbolos de deseos de buena suerte. Otras tarjetas hacían
alusión a fechas especiales como el poisson d’avril (el “pescado de
abril”), refiriendo en ellas las bromas realizadas poco antes del inicio
de la Cuaresma. De igual manera había postales utilizadas para enviar
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saludos en periodos como la Navidad o el Año Nuevo. Finalmente,
en las que estaban representadas escenas de amor.
En estas tarjetas eran comunes las poses afectadas y los
retoques sobre la imagen a fin de transmitir una idea. La notable
manipulación por medio de elementos agregados a manera de
collage, marcas con carboncillo o bien detalles coloreados a la
acuarela, no parecía importar mucho a los consumidores, habituados
a una cantidad limitada de estímulos visuales más allá de la realidad
empírica. La fotografía como medio de comunicación tenía pocos
años de haber sido popularizada y la invención del cine también era
reciente.
A principios del siglo XX, los estudios de los fotógrafos
profesionales estaban ubicados en las partes altas de los edificios,
situación que permitía un mejor aprovechamiento de la luz solar, que
atravesaba las ventanas y claraboyas. Los espacios eran pequeños,
angostos y por lo general disponían de distintos fondos o telones, en
ocasiones, neutros o bien pintados a mano representando paisajes
bucólicos o urbanos, lo que daba una ingenua ilusión de profundidad.
Por lo regular los modelos que posaban para las imágenes de
fantasía trabajaban con base en contratos con los fotógrafos o casas
productoras de tarjetas.
La técnica prevaleciente en las postales eran el blanco y
negro, producto de las limitaciones técnicas (el color se popularizaría
hasta mediados del siglo XX). Esta condicionante permitía una
lectura particular por parte del espectador quien tenía que poner en
juego un proceso mental para interpretar los colores abstraídos en la
imagen. No obstante, el blanco y negro permitía al lector orientar su
atención más a las expresiones en los modelos y escenografías que a
la descripción clara del aspecto de la realidad representada.
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�Jesús Gerardo Cervantes, Carlos Recio / La representación del amor romántico

En el momento de su circulación, las tarjetas integraban un
mensaje escrito, redactado por el remitente y uno iconográfico, y
estaban destinadas a ser consumidas de manera casi inmediata. Por
lo regular, los destinatarios de este tipo de imágenes, las conservaban
en algún lugar privado, como una caja de metal o madera o el
cajón de un mueble, o bien, en los álbumes familiares. Este tipo de
cuadernos habían sido creados en la década de 1860, bajo el imperio
de Napoleón III con el fin de resguardar fotografías familiares; pero
desde fines del siglo XIX también fueron utilizados para tarjetas
postales, principalmente de fantasía, tanto en formato francés como
italiano, con elegantes cubiertas estilo art nouveau.
En ocasiones, sobre las postales eran adheridos determinados
elementos reales como pequeñas plumas de aves o flores. Esto les
daba un valor adicional: el de una reliquia. Estas evidencias podrían
relacionarse con la idea de Benjamin (1936) del aura: esa sensación
de la experiencia de lo irrepetible, la plenitud del aquí y ahora.
El amor romántico en las tarjetas de fantasía de la Época de Oro
Las tarjetas postales ilustradas que hacían referencia a relaciones
sentimentales fueron especialmente producidas en París, considerada
desde entonces “la capital del amor”. Muy pronto se distribuyeron
en todo el mundo. Se trata de imágenes realizadas en estudio en
blanco y negro, producidas por fotógrafos profesionales cuyo
objetivo era la venta como tarjeta postal para intercambiar mensajes
de afecto, cariño o amor. Era muy común que apareciera una pareja
de enamorados abrazándose, o bien a punto de besarse, o bien
mirándose a los ojos, en actitudes siempre de galantería por parte del
hombre y seducción por parte de la mujer. Para darles la sensación
de un mayor realismo, muchas veces retocadas a la acuarela.
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En esas imágenes que representaban parejas de enamorados,
los modelos aparecen en poses artificiales a partir de las cuales los
compradores podrían asumir una proyección personal como si esa
pareja les representara a ellos mismos. En muchas ocasiones las imágenes
resultaban ajenas al texto escrito por el remitente. En esa distancia
entre la imagen y el texto manuscrito, la imagen era una mera
ilustración que resultaba, finalmente, neutra.
Dado que las postales podían ser vistas por todas las personas
por las que pasaran –desde el personal de correo, hasta familiares o
amigos– los remitentes en ocasiones se las ingeniaban para escribir
mensajes en clave, en ambos sentidos del soporte: una parte del
texto en forma vertical y sobre él otra parte en forma horizontal.
En muchas ocasiones las imágenes eran retocadas mediante
colores de tonos apastelados o algo vivos con la intención de dar
una idea de mayor veracidad, aunque sólo reforzaban el proceso
ilusorio.
La cantidad de imágenes de enamorados fue enorme. En
Francia existieron una gran diversidad de productores y el mercado
en el cual se distribuyeron alcanzó diversos países.
En las poses de los modelos, los roles de hombre y mujer
aparecen claramente diferenciados.
La representación de los mitos del amor romántico que
señala Rodríguez (2017) y Pascual (2016) estaban presentes en
las tarjetas de fantasía, tales como: la asociación del amor con la
felicidad, el amor incondicional, la renuncia a todo por amor, el
amor como máxima aspiración –en especial en las mujeres–, la
imposibilidad de poner límites al amor, la existencia por y para el ser
amado y la exclusividad erótica y sentimental. Además de reproducir
los roles de género establecidos en el cortejo del amor romántico:
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�Jesús Gerardo Cervantes, Carlos Recio / La representación del amor romántico

las mujeres como seductoras pasivas esperando la acción de los
hombres, quienes tomaban la decisión de acercarse, o no, a ellas.
Asimismo, se representaban –sobre todo– parejas bellas, jóvenes y
heterosexuales.
La materialidad de las postales
Este tipo de tarjetas por lo general estaban impresas en blanco y
negro y la mayoría coloreadas a la acuarela. No obstante, en los
primeros años del siglo XX también existían imágenes en cianotipo,
es decir, en tonos azules o bien con virajes a tonos rosas, sobre todo
en años posteriores a 1910. En las imágenes coloreadas a la acuarela,
era común marcar detalles en los rostros, flores en los vestidos o
algunos otros adornos. Había series en las que se reproducía un
mismo modelo en distintas postales a manera de contar una historia.
Las dimensiones de estas fotografías eran de 4 x 6 pulgadas,
es decir, la misma que las tarjetas postales tradicionales. Este formato
les permitía ser fácilmente colocadas en álbumes.
Por lo regular las postales eran enviadas por correo sin un
sobre. Debido entonces a la imposibilidad de proteger los mensajes,
ante las vistas indiscretas, algunos enamorados hacían uso de ciertas
tretas como escribir en clave, empleando códigos secretos como
utilizar números en vez de letras, utilizar el espacio del reverso
mediante una parte escrita horizontalmente y otra verticalmente
para lograr un entramado de palabras como un curioso enrejado o
entramado difícil de leer.
Los tirajes de la mayoría de las fotografías eran realizados
a partir de negativos directos ya fuera en vidrio o en celuloide por
medio de contacto es decir sin el uso de una ampliadora. Esto
les daba una gran calidad. Además, algunas postales de este tipo
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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

también eran impresas mediante el sistema de la fototipia, también
en blanco y negro. De manera regular, los editores se acostumbraban
a insertar en la parte baja de la imagen un pequeño monograma
con sus iniciales. Entre ellos es posible mencionar a editores que
firmaban como PC, AN, PA, sin que su nombre fuera propiamente
revelado, o bien, un pequeño emblema que les distinguía a la casa
distribuidora de las tarjetas, como un trébol, una estrella de David,
una paloma, o una paleta de pintura.
El tiraje tenía un mínimo de 300 ejemplares, un número que
lo volvía rentable, y un máximo de varios miles. La distribución de
las tarjetas por parte de los editores y comerciantes podía llegar a
otros países y era común que en esos lugares, como México, fuera
una práctica habitual.
Aspectos estéticos
La tarjeta postal de fantasía podía servir como mera ilustración, o
bien, como un mecanismo tendiente a sugerir una idea. Es decir, la
representación del amor romántico en la imagen cumplía el propósito
de enviar un mensaje de afecto, materializado en una imagen que
podría ser considerada neutra. Las poses podían parecer sugerentes,
pero por lo general no dejaban de ser afectadas, teatralizadas y, a fin
de cuentas, algo frías, asépticas, lo que pudiera hacerles comparables
a esculturas del periodo neoclásico. De alguna manera reflejaban
los conceptos estéticos de la Bella Época, tanto en los parámetros de
belleza, como la moda de vestidos y accesorios prevaleciente.
Además, los fondos de los estudios fotográficos eran utilizados
para reafirmar la presencia de los modelos y no confundirla con los
escenarios. Prácticamente no hay tarjetas de fantasía en situación, es
decir, que correspondan a espacios libres o lugares privados.
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�Jesús Gerardo Cervantes, Carlos Recio / La representación del amor romántico

Las leyendas que acompañaban las fotografías eran
sugerentes “El beso”, “Agradable sorpresa”, “Dulces momentos”.
Y en ocasiones las parejas eran acompañadas con un objeto que
reafirmaba la frase impresa sobre el soporte, como “Termómetro
del amor”, en el que una pareja, en la que el hombre galantemente
está a punto de besar en la mejilla a una mujer, aparece con un gran
termómetro que dice “30 muy cálido”.
En ocasiones, las tarjetas postales en serie, las cuales eran
enviadas en intervalos regulares, creaban cierto suspenso. Por
ejemplo, una serie denominada “La Margarita”, que consistía en
cinco imágenes diferentes a lo largo de las cuales una mujer deshojaba
una flor de este tipo, aparecían las siguientes leyendas impresas: “1.
Él me ama… 2. …Un poco, 3. …Mucho, 4. …Apasionadamente,
5. …Nada”. Sobre estas frases están retratadas dos mujeres, una de
ellas representando seguramente al soldado ausente por encontrarse
en el frente durante ese tiempo de la Primera Guerra, junto a la otra
joven que deshoja la flor. (Imágenes reproducidas en Kyrou, 1966)
La complicidad y lo aspiracional en el uso de las
postales de fantasía
Los mensajes escritos por los remitentes podían consistir en saludos
comunes, o bien reflejar formas de afecto, de cariño e incluso de
despecho. Eventualmente el texto que acompañaba a la imagen
enfatizaba lo presentado en la imagen, pero podía no tener ninguna
relación.
Los personajes captados en estudio aparecen ubicados en
un espacio determinado, un lugar específico, pero al mismo tiempo
pueden parecer localizados fuera de él, debido a que la decoración
presenta un paisaje simulado, idealizado.
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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

A partir de la representación del amor romántico en las
tarjetas postales de fantasía hay una apropiación simbólica por
parte de los espectadores respecto a los modelos; se establece la
relación como si los personajes representados fueran efectivamente el remitente y
su destinatario. Si bien se trata de un proceso aspiracional, en realidad
no va más allá de un truco reconocido, una especie de complicidad
entre el remitente y destinatario.
Entre la imagen y el texto manuscrito, es común que se trate
de registros diferenciados. La fotografía representa una escena ideal,
de personajes ajenos, lejanos a quienes envían y reciben las tarjetas.
Otro elemento importante en las tarjetas de fantasía era la
posición del timbre ya fuera sobre la imagen –generalmente a la
derecha o izquierda del ángulo superior–, o bien en el reverso.2 Eso
significaba un mensaje adicional que acentuaba la complicidad entre
la pareja.
De esta manera Bourgeois y Melot (1983) señalan que
una estampilla colocada inclinada hacia la izquierda significaba
“amistad”; una inclinada hacia la derecha quería decir “Mi cariño”;
una colocada al derecho –con los pies hacia abajo– significaba “le
amo”; y colocada al revés, con la parte baja hacia arriba quería decir
“un beso”; y una inclinada y al revés quería decir “amor profundo”.
El corpus
Las tarjetas postales que se analizarán corresponden a ejemplares
obtenidos en distintos bazares, ferias y por medio del comercio
2 Los timbres se colocaban en el frente de todas las tarjetas postales antes
de 1904, debido a que el reverso estaba destinado únicamente a la dirección
del destinatario. A partir ese año, la Unión Postal Universal acordó dividir el
reverso en dos partes: una para el mensaje de remitente y la otra parte para la
dirección del destinatario y la estampilla (Recio, 2022).
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�Jesús Gerardo Cervantes, Carlos Recio / La representación del amor romántico

electrónico. La mayoría fueron producidas en Francia, pero muchas
utilizadas en diferentes países en el periodo en el que estuvieron
circulando. Se trata de cuatro tarjetas individuales en dos de las cuales
aparecen como modelos un militar francés en uniforme (uno con quepí
otro con gorro liso militar) junto a una mujer, ambas de cabello algo
rizado; otra de un enamorado al pie de un balcón ofreciendo flores a
su amada; y una más en que aparece una pareja de jóvenes hacia 1920
al inicio de la época conocida como Los Años Locos. Además de una
serie de tres tarjetas en que se narra la historia de amor de dos jóvenes.
Análisis
La primera tarjeta, editada como tarjeta fotográfica, es en blanco
y negro, y fue editada por A. Noyer bajo el emblema de “Patrioric
1073”, Figura 1. Patriotic 1073. Tienen un fondo neutro. En ella
los roles masculino y femenino están claramente remarcados. En
efecto, cada uno de los dos personajes tiene atributos de cada género
claramente diferenciados. El hombre es un militar con uniforme y
con bigote. La mujer lleva el cabello algo corto y un vestido vaporoso.
Ella posa su mano sobre el hombro del personaje y ambos se besan
suavemente. La identificación del espectador se da por la distancia
simbólica que les separa de ellos, pues se trata de una imagen en
medio primer plano. La leyenda “Autant de pris sur l’ennemi”
(También podría ser tomado por el enemigo), hace referencia a la Primera
Guerra Mundial, pues la imagen fue realizada durante ese periodo.
De esta manera el mensaje hace referencia tanto al amor que los une
“Mi querido amorcito querido […] ahora no tengo más que una sola
idea, la de abrazarte lo más pronto posible y demostrarte cuánto te
quiero […]” como a su situación articular en el frente militar “por lo
pronto estamos todavía a salvo”.
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Una de las características fundamentales del amor romántico
es que, según Hagene (2008) los roles de género en el cortejo –
el hombre toma la iniciativa y la mujer se resiste levemente a esa
iniciativa– y las expresiones de género –formas de vestir, largo y
acomodo del cabello, maquillaje, entre otros– están claramente
identificadas. En esta tarjeta no hay una resistencia ante estos roles
y expresiones de género, todo lo contrario, son roles y expresiones
netamente románticas.
Figura 1
Patriotic 1073

La segunda imagen Figura 2. Suzy 568. representa también
la pareja de un militar y una joven mujer. Esta vez la toma es en
plano completo, aunque los personajes se encuentran sentados. Ella
tiene un ramo de rosas en su mano y mira hacia un lugar indefinido
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�Jesús Gerardo Cervantes, Carlos Recio / La representación del amor romántico

mientras él le mira amorosamente. El fondo es un telón pintado
con un arco de forma neogótica y un atardecer sobre un lago en el
plano posterior. La imagen editada por Chipault en Boulogne sur
Seine tiene el emblema de Suzy y el número 568. La idea general de
la imagen es de melancolía, tanto por el paisaje del fondo como por
los colores pálidos de los vestuarios, el uniforme azul grisáceo y la
de la joven color violeta. En la fotografía es el hombre quien parece
seducir a la mujer la cual sonríe a manera de complicidad, aunque no
lo observa. La leyenda al pie señala “El corazón no puede callarse,
cuando el amor es sincero”.
Nuevamente se define el cortejo, tal como lo plantea Hagene
(2008), con roles de género preestablecidos, donde él es quien toma
la iniciativa. Además, ubica un elemento característico del amor
romántico: el corazón como símbolo del amor.
Figura 2
Suzy 568

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En la tercera postal-foto Figura 3. Acción de cortejo. la atmósfera
es más bucólica y la imagen representa la acción del cortejo. La mujer
se encuentra de pie en un balcón algo superior al nivel del piso y el
hombre extiende sus brazos hacia ella como si acabara de ofrecerle
el ramo de flores que tiene en sus manos la joven. La atmósfera
es un tanto onírica debido al excesivo retoque de la imagen con
carboncillo y el realce a color por medio de acuarela en tonos verdes,
rosas y rojos del follaje y de las enredaderas que suben a lo largo
del muro. El hombre va vestido con traje oscuro y la mujer con un
vestido naranja. El mensaje manuscrito, redactado por un joven de
nombre Léan a la señorita Marcelle Morizot sólo señala “Una buena
y feliz fiesta”. De manera que el mensaje amoroso de la imagen
parece diluirse con un texto neutro, que pudiera, no obstante,
disfrazar una eventual atracción sentimental.
Figura 3
Acción de cortejo

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�Jesús Gerardo Cervantes, Carlos Recio / La representación del amor romántico

Aunque al mensaje escrito en la postal no se le pueda instalar
dentro del amor romántico, la postal-foto sí, puesto que representa
el cortejo romántico antes citado (Rodríguez, 2017; Hagene, 2008)
y las características oníricas de la postal parecieran coincidir con el
amor idealizado, una de las características del amor romántico que
señala Hernández (2014).
Todo ello pone en evidencia el amor romántico como una
forma en que parece perderse el sentido de la realidad para entrar
en una lógica de ensueño y romanticismo, idea patente por el paisaje
de campo nocturno de una mansión frente a un lago y a un árbol de
aspecto sombrío, reproduciendo la idealización del amor romántico,
descrita por Hernández (2014).
Figura 4
A. Noyer 2879

Un quinto elemento de análisis consiste en tres tarjetas
postales que son tituladas como Mireille y editadas por la compañía
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E. L D., de Paris, Figura 5. Mireille. Se trata de un conjunto de un
gran grupo de más de 200 series diferentes. Sin embargo, en este
artículo se rescataron tres de ellas. La técnica con la que fueron
impresas las imágenes es “bromuro bisódico en oro”, es decir,
fotografías directas con bordes dorados. La serie trata de cómo
el amor puede sobrepasar la muerte. En las tres fotografías posan
una pareja de jóvenes, el hombre más alto que la mujer, siempre en
tomas de planos completos, en un ambiente bucólico, pues ellos
portan vestuarios típicos de las zonas rurales de Francia.
El grupo de imágenes inicia con el cortejo; la primera una
mujer camina por la calle –que es un escenario de estudio– con
una canasta y bajo ella está inscrita la leyenda “Ven a ayudarme
a colocar en mi cabeza esta canasta” –una canasta con lo que
parecen ser ramos de parra–, para indicar que pide ayuda al joven.
La segunda imagen el hombre dice “Mireille a su lado yo pasaría
mi vida”. Después de varias imágenes en que la mujer debe o no
decidirse por el amor de Vincent le dice “Amigo Vincent, ¿conoces
el proverbio? Cuando encuentran los dos un nido en la morera, se
deben casar antes de que termine el año”. Pero la mujer muere
antes diciendo “¡Aquí están!... ¡Aquí están!... ¡Su dulce voz me
llama! ¡El cielo es azul!... ¡La onda brilla!... y la góndola piadosa,
me lleva al paraíso! ¡Adiós Vicente…Adiós…” A lo que Vincent
contesta: “Oh muerte! Llévame con ella a la tumba”. De esta
manera los dos aparecen finalmente frente al altar. Ambos con las
manos en actitud de rezo, unidos más allá de la muerte. De esta
manera enfatiza un espíritu romántico, no sólo por el ambiente
rural en el que se desarrolla la historia sino también por el final
trágico, que a fin de cuentas lleva a superar los más temibles
obstáculos para lograr el amor.
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�Jesús Gerardo Cervantes, Carlos Recio / La representación del amor romántico

Esta serie de tarjetas ilustra el mito del amor eterno
(Rodríguez, 2017), instalado en el amor romántico y lo lleva más allá
de la muerte. Ubica una existencia después de la muerte y al amor de
su vida acompañándole a ese otro escenario post mortem.
Si bien, en el ritual de matrimonio, perteneciente al amor
romántico, se plantea un hasta que la muerte los separe, como una
forma de darle validez al amor, en este caso, pareciera tomar fuerza
el concepto de eternidad en el amor, idea instalada en los valores
cristianos que, como señala Giddens (1998), destaca el de la vida
después de la muerte.
Figura 5
Mireille

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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

Conclusión
A partir de las distintas dimensiones del amor es posible comprender
que, en general, se trata de un sentimiento que implica aproximaciones
diferenciadas entre dos personas o más, de acuerdo con la distancia
simbólica que pueda existir entre ellas. Al ser materializado en
soportes como las tarjetas postales de fantasía de la Época de Oro,
el amor romántico era puesto en evidencia a través del proceso de
comunicación entre dos personas entre las cuales podría haber un
sentimiento de atracción ya fuera unilateral o mutua. Estos soportes
de comunicación visual, distribuidos tanto en Europa como en otros
países del mundo occidental, representaron los modelos uniformes
de la belleza y la moda de la época.
Entre los usuarios de las postales llegó a existir un proceso
aspiracional en el cual los modelos retratados eran asumidos como
sujetos ideales, con los cuales los usuarios podrían identificarse o
bien representar la materialización de un determinado sentimiento
amoroso. En este tipo de postales, los registros iconográficos y
textuales conformaban un mensaje integral en el que la imagen
podía llegar a decir lo que no alcanzaban a expresar las palabras. En
las tarjetas de fantasía referentes al amor romántico, la información
referencial, expresada a través de la imagen y el texto escrito por los
remitentes, en suma, ponían en evidencia ya fuera formas de cortejo,
de reafirmación del amor, o incluso de despecho.
En conclusión, este artículo ha explorado la representación
del amor romántico en las tarjetas de fantasía de la Época de Oro, que
abarca los años 1900-1921. A través de un enfoque teórico basado
en el construccionismo social y el interaccionismo simbólico, se
analizó cómo estas tarjetas postales capturaban la estética y los mitos
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�Jesús Gerardo Cervantes, Carlos Recio / La representación del amor romántico

del amor romántico de la Belle Époque, destacando la idealización
de la pareja, la unión mística entre hombre y mujer, la aceptación
incondicional del otro, la asociación del amor con la felicidad, la
renuncia a todo por amor, la imposibilidad de poner límites al amor
y otros mitos relacionados con este tipo de amor.
Se reconoce que el amor romántico es un concepto
socialmente construido que se ha transformado a lo largo del tiempo
y que nació en el siglo XVIII, influenciado por ideales morales
cristianos que han evolucionado con el tiempo, especialmente bajo
la presión de movimientos feministas, a través de los cuales se han
visibilizado las desigualdades entre géneros en una relación amorosa
y, a la par, se han propuesto otras formas de relacionarse más justas
para los géneros, entre las que destacan el amor confluente, definido
por Carmona (2011) como una evolución del amor romántico a
relaciones más justas, abiertas y negociadas.
Estas postales presentaban imágenes de parejas enamoradas
en poses teatrales y estilizadas, a menudo realzadas con colores
suaves para darles un mayor realismo. Los remitentes solían escribir
mensajes en clave para ocultar sus emociones y pensamientos, ya
que las tarjetas podían ser vistas por muchas personas en el camino
hacia su destinatario.
En las tarjetas postales de fantasía los roles de género
tradicionales en el cortejo del amor romántico, eran representados
con claridad: las mujeres aparecen como seductoras pasivas y
hombres tomando la iniciativa en el cortejo.
Se observa una complicidad entre remitentes y destinatarios
al proyectar sus emociones sentimentales en los personajes
representados en las tarjetas de fantasía, a pesar de que las imágenes
podían resultar ajenas a los mensajes escritos. La posición de las
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estampillas o sellos postales en las tarjetas, también añadía un
mensaje adicional que acentuaba la complicidad entre las parejas.
En las tarjetas postales analizadas se identifican ejemplos
que representan el amor romántico en distintos contextos y
atmósferas, donde destacan el cortejo, la melancolía y la superación
de obstáculos para lograr el amor verdadero.
Finalmente, el artículo ofrece una visión detallada de cómo
se representaba el amor romántico en las tarjetas de fantasía de
la Belle Époque, destacando la evolución de este concepto y los
mitos asociados, así como la importancia de la complicidad y la
materialización metafórica del amor en estas representaciones
visuales. Estas postales de la Época de Oro ofrecen una ventana
fascinante a la representación del amor romántico durante ese
período, al capturar tanto los ideales como los mitos asociados con
el amor en ese tiempo, a través de imágenes y mensajes escritos en
las tarjetas postales que ofrecen una visión única de la expresión del
afecto y el cariño.
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�Artículos
Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

La nueva novela: escritura y borradura infinita
La nueva novela: writing and infinite erasure
Gonzalo Rojas Canouet
Universidad Academia de Humanismo Cristiano
Santiago de Chile
grcanouet@gmail.com

Resumen. Este artículo propone leer La nueva novela de Juan Luis
Martínez desde su condición experimental a través de las nociones de
borradura y escritura infinita. Por lo anterior, habrán tres secciones de
análisis referidos como relatos, discursos y material textual de la obra de
Martinez para dar secuencia argumental, vinculando elementos teóricos
de Derrida y Deleuze y así sistematizar una simetría entre lo experimental
de la escritura del mencionado libro con algunas operaciones rizomáticas
y desconstructivas.
Palabras clave: Poesía chilena- Borradura- Flujo escritural
Abstract. This article proposes to read Juan Luis Martínez’s new novel
from its experimental condition through the notions of erasure and infinite
writing. Due to the above, there will be three sections of analysis referred
to as stories, speeches and textual material of the work of Martinez to give
a plot sequence, linking theoretical elements of Derrida and Deleuze and
thus systematize a symmetry between the experimental of the writing of
the mentioned book with some rhizomatic and deconstructive operations.
Keywords: Chilean poetry- Erasure- Scriptural flow

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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

Relatos descompuestos
Los textos publicados por Juan Luis Martínez, a la fecha, son La
Nueva Novela (1977), La Poesía Chilena (1978), un texto inédito
“El silencio de la trizadura” y Poemas del otro (Santiago, Ediciones
Universidad Diego Portales, 2003). En el año 2016, Ediciones
Archivo reeditó los dos primeros. El discurso poético, en cada
expresión es concebido a través del principio de multiplicidad del
rizoma. La portada, las contratapas, las solapas, el colofón y el
epígrafe son construcciones incluidas para distintos temas a tratar.
Además de su incorporación de materiales gráficos, objetos y efectos
de diseño que en su totalidad constituye un corpus multiforme. Es
decir, se está en presencia de un libro-objeto. Desde el plano del
sujeto, la construcción de textos y objetos se presenta como un
collage, un artesanado que instala fragmentos de muchas miradas a
punto de constituirse. Todos estos fragmentos o miradas están en
constante resemiotización (la posible constitución del sujeto en un
significado o significados posibles), finalmente, para crear muchas
representaciones (semántica). Esta estrategia escritural es la entrega
de distintas modulaciones de entrada a la lectura; por lo tanto, este
aspecto se podría deducir como una herencia de las vanguardias
históricas en la unión de elementos verbales con los no verbales.
Por otro lado, se observa la idea de sujeto como la
representación y alegoría en distintos personajes ubicados en el texto
(la llamada transparencia del ser, un onthos que habla). Lo anterior,
se da en la negación de un yo monolítico y único: es lo que Deleuze
y Guattari explican como principio de ruptura asignificante, es decir,
“no hay imitación ni semejanza, sino surgimiento, a partir de dos
series heterogéneas, de una línea de fuga compuesta de un rizoma
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-69

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�Gonzalo Rojas Canuet / La nueva novela

común que ya no puede ser atribuido ni sometido a significante
alguno”. Ejemplo: “Si la Transparencia se observara a sí misma/
¿Qué observaría?// Si la Transparencia se observara a sí misma/
¿Qué observaría?// La Transparencia no podrá nunca observarse
a sí misma” (39,40, 41,42). En la misma línea la utilización de un
personaje como Jean Tardieu y el gato Cheshire: este juego entre
ambos se basa en la metáfora del espejo (“¿Qué hay al otro lado?”)
representado en Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carrol. Aquí
muestra la imposibilidad de separar las dicotomías “Todo es real”
(André Bretón) versus “Nada es real” (Sotoba Komachi), es decir, el
texto de Martínez es un vaivén entre estas dos maneras de concebir lo
real: una escritura escéptica en donde la existencia del sujeto queda en
estado de vibración. Que no está fijo ni quiere estarlo. Una conciencia
de saber que no está el conocimiento de la realidad, ni dentro ni fuera
de sí. O puede estar en ambos lados. Eso aquí no es una complicación
de dónde está el conocimiento, sino que es un juego: entra a plantear
a la escritura poética genera un espacio capaz de borrar la certeza
e instalar la duda: potencial constante de búsqueda de sí mismo.
Es decir, se podría pensar la escritura como laberinto, imagen que
es construida en la tradición de la literatura moderna: el sujeto que
escribe o la propuesta sobre el acceso al conocimiento está basado
en el juego de la incertidumbre, más que de la verificación de lo real
como una meta certera. Al interior del texto, a pesar de dicho vaivén
escritural, esta realidad- sea como sea- es perturbadora y desquiciada
por el sólo hecho de la construcción de sujeto que se basa en otro,
como un deslinde de sí mismo:
“La probable e improbable desaparición de un gato por extravío
de su propia porcelana”
a R.I. *

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-69

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

Ubicado sobre la repisa de la habitación
el gato no tiene ni ha tenido otra tarea
que vigilar día y noche su propia porcelana.
El gato supone que su imagen fue atrapada
y no le importa si por Neurosis o Esquizofrenia
observado desde la porcelana el mundo sólo sea
una Pequeña Cosmogonía de representaciones malignas
y el Sentido de la Vida se encuentre reducido ahora
a vigilar día y noche la propia porcelana.
A través de su gato
la porcelana observa y vigila también
el inmaculado color blanco de sí misma,
sabiendo que para él ese color es el símbolo pavoroso
de infinitas reencarnaciones futuras.
Pero la porcelana piensa lo que el gato no piensa
y cree que pudiendo haber atrapado también en ella
la imagen de una Virgen o la imagen de un Buddha
fue ella la atrapada por la forma de un gato.
En tanto el gato piensa que si él y la porcelana
no se hubiera atrapado simultáneamente
él no tendría que vigilarla ahora
y ella creería ser La Virgen en la imagen de La virgen
o alcanzar el Nirvana en la imagen de Buddha.
Y es así como gato y porcelana
se vigilan el uno al otro desde hace mucho tiempo
sabiendo que bastaría la distracción más mínima
para que desaparecieran habitación, repisa, gato y porcelana.
* (La casa de R.I. en Chartres de Francia, tiene las paredes, cielo
raso, piso y muebles cubiertos con fragmentos de porcelana rota)
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-69

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�Gonzalo Rojas Canuet / La nueva novela

Por otro lado, se encuentra una posición, paradojalmente,
totalizadora en el lenguaje: esto es a través de la musicalidad de
la palabra poética (por ejemplo en Goethe, “La poesía más que
belleza es verdad” o en Novalis “La poesía es lo real absoluto”). La
musicalidad es la ordenadora, a través de los ritmos (Pitágoras) del
universo: “escuchar” una obra de arte es traspasar la barrera de lo
posible. Es el juego constante en el poema “La poesía china” y en
el canto de los pájaros.
Existe una “cartografía” o mapa que instala un lugar en
movimiento. Un texto que se incluye a través de la intertextualidad
sobre el propio sujeto que habla (Rimbaud, Marx, Huidobro,
entre otros). Entre Rimbaud y Marx se concibe la idea nacida en
Nietzsche, el “eterno retorno”, el cual puede ser, a su vez, una
imagen dual: se muestra una verificación de la figura del eterno
retorno, pero también es tomado como un juego. Por otro lado, los
procesos históricos (Marx) y vitales (Rimbaud) no se modifican: no
hay ruptura ni continuidad, pues sólo existe una especie de devenir
que vuelve a ser lo mismo desde su inicio. De ahí que establezca esto
en un absurdo al ingresar a Marx (el revolucionario de la sociedad)
y Rimbaud (el revolucionario de la vida): dos formas de enfocar
los cambios y los quiebres rotundos, pero que no consiguen el
absoluto. El eterno retorno en los modelos a seguir y su absurdo
en la trascendencia. Sin olvidar que en el final del texto hay una
especie de dialéctica (disculpando la pretensión) del absurdo, ya que
el sujeto une estos dos personajes, sintetizándolos en la figura de
Superman. Los iguala en su acción al grado de fantasmas por su
impotencia (como carácter mesiánico) de imponer la acción antes
que la palabra (onomatesis).
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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

En esencia, el mito de SUPERMAN satisface las secretas nostalgias
del hombre moderno, que aunque se sabe débil y limitado, sueña
rebelarse un día como un “personaje excepcional”, como un
“héroe” cuyos sufrimientos están llamados a cambiar las pautas
ontológicas del mundo” (147).

Con Huidobro, a partir de los dos personajes anteriores existe
esta intertextualidad con un poema representativo de Huidobro
como es Arte Poética, en la idea sobre el abuso del lenguaje. Esto se
conecta con el poema “Las metáforas”.
- No importa que usted, utilizando todo el poder que le confiere
el uso y abuso de algunas metáforas en el ejercicio de la poesía,
tenga o no el derecho de querer destruir o arrojar a la basura una
vieja cajita de madera, diciendo que sólo la mata, la espulga, la
cocina, la come, la digiere, o bien que la borra, la tacha, la condena,
la encarcela, la destierra, la destituye, la vaporiza, la extingue, la
desuella, la embalsama, la funde, la electrocuta, la deshincha, la
barre, o bien, decir que sólo la decapita, la escupe, la hiela, la
accidenta, la deshilacha, la martiriza, la estrangula, la asfixia, la
ametralla, la envenena, la ahoga, la fusila, la atomiza, la recuerda y
la olvida, siempre y cuando usted le reconozca a esa vieja cajita de
madera el derecho inalienable de morir dignamente en su propia
cama y con la conciencia tranquila. (25).

Más aún, dentro de la dialéctica explicada anteriormente
sobre Superman, como otro absurdo, lo proyecta en la joven poesía
chilena de la época, es decir, en él mismo:
SUPERMAN se hizo extraordinariamente popular gracias a
su doble y quizás triple identidad: descendiente de un planeta
desaparecido a raíz de una catástrofe, y dotado de poderes
prodigiosos, habita en la Tierra: primero bajo la apariencia de un
periodista, luego de un fotógrafo y por último, tras las múltiples
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máscaras de un inquietante y joven poeta chileno, que renuncia
incluso a la propiedad de su nombre, para mostrarse como un
ser a la vez tímido y agresivo, borroso y anónimo. (Esto último es
un humillante disfraz para un héroe cuyos poderes son literal y
literariamente ilimitados)”. (147).

Siguiendo lo anterior, con respecto al sujeto, éste desaparece,
es una Transparencia más, ya que al crear un producto de arte su
carácter absoluto se reduce a un artificio (fragmento del poema “El
cisne troquelado”: 87):
(¿Y el signo interrogante de su cuello?:
reflejado en el discurso del agua:
(¿) : es una errata).
(¿Swan de Dios?)
(¡Recuerda Jxuan de Dios!!): (Olvidarás la página!!)
y en la suprema identidad de su reverso
no invocarás nombre de hombre o de animal:
en nombre de los otros: ¡tus hermanos!
También el agua borrará tu nombre:
El plumaje anónimo: su nombre tañedor de signos
Borroso en su designio
Borrándose al borde de la página...

Por lo tanto, el poeta, en su material productivo origina
su creatividad en “artificios” (“parásitos” en palabras de Derrida)
imposibles de entrar en un absoluto. Para esto, lo que propone el
texto de Martínez es optar por el Silencio como estrategia originaria
del habla; ejemplo de esto está en el poema “El oído” (fragmento:
107): “3. Los sonidos, ruidos, palabras, etc., que capta nuestro oído,
son realmente/ burbujas de silencio que viajan desde la fuente
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emisora que las produce has-/ ta el órgano receptor de silencio que
es el oído”. El lenguaje se origina desde ahí: conocer la realidad se
estima desde el “desorden de los sentidos” (Capítulo VII del libro).
El lenguaje se encierra solo, ahí habita. En un ámbito lingüístico
(Saussure) sería el cumplimiento de este silencio a escala del
significante: inagotable, una eternidad. La imposibilidad de significar
la realidad en palabras: esto conduce al extremo en la tachadura de
la autoría del libro en posibles versiones (Juan Luis Martínez). Un
nombre es tachado por otro nombre (una existencia sobre otra) y
así sucesivamente.
En conclusión, sobre este punto del absurdo dialéctico,
se trata de armar dos estructuras, a partir de dualidades
complementarias (Marx y Rimbaud) que intentan encontrarse en
el absoluto que quisiera entregar la escritura poética. Este ejercicio
que se transforma en juego (que es lo único que tiene el carácter
de absoluto en esta escritura) , es una “cartografía” que responde
al quinto y sexto principio del rizoma, es la construcción de un
lugar que se juega con las cartas del ejercicio poético del absurdo (la
transparencia, Superman, el perro Fox Terrier, por ejemplo). Esto
es: la construcción de imágenes que construyen sólo incertidumbres.
Por lo anterior, Deleuze y Guattari, explican lo siguiente: “la lógica
del árbol es una lógica del calco y de la reproducción [...] Consiste,
pues, en calcar algo que se da por hecho, a partir de una estructura que
sobrecodifica o de un eje que soporta. El árbol articula y jerarquiza
calcos, los calcos son como las hojas del árbol [...] Si el mapa se
opone al calco es precisamente porque está totalmente orientado
hacia una experimentación que actúa sobre lo real. El mapa no
reproduce un inconsciente cerrado sobre sí mismo, lo construye
[...] Un mapa es un asunto de PERFORMANCE, mientras que el
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�Gonzalo Rojas Canuet / La nueva novela

calco siempre remite a una supuesta COMPETANSE”. Ese juego
de incertidumbres se podría asignar a una performance de escritura,
es decir, el lugar en donde se construye una puesta en escena, en
donde la incerteza de las cosas convoca a un movimiento vital –
desde la propia escritura poética- como un absurdo. No se trata de
un sinsentido vacío que comienza y termina en sí mismo, sino más
bien de la construcción de la palabra poética como cartografía: un
deslinde de sí mismo para construir en el absurdo distintas versiones
e imágenes de sí mismo.
A nivel del discurso, también intertextualmente hablando,
pero desde otro ámbito, el perro guardián: el Fox Terrier ubicado al
inicio del libro en un fondo blanco y al final del texto en una posición
inversa y en un fondo negro. Este perro como centinela del libro
(otro absurdo al pensar en los centinelas dentro de la tradición en
imágenes de fortaleza sagrada como lo han sido dragones, guerreros
o gárgolas en comparación al perrito indicado) es otro en sí mismo
(movimiento de la identidad a través del color y sus posiciones ya
nombradas). Además, el que cuida o vigila los discursos al interior
del texto: el autor se refiere a sí mismo en este animal como su oficio
de cuidador de lo que escribe. Incluso el juego interno que se ha
dicho de este perro con su propia desaparición (“FOX TERRIER
DESAPARECE EN LA INTERSECCIÓN DE LAS AVENIDAS
GAUSS Y LOBATCHEWSKY”, por ejemplo en este título [82]).
El fin del sujeto y del lenguaje (aquí el sujeto es lenguaje y
viceversa) es desaparecer. Es el desequilibrio de los sin límites. En
el poema “La desaparición de una familia”, Elizabeth Monasterios
realiza este seguimiento hasta encontrar la desaparición del propio
protagonista (autor): “A la hija de 5 años sucede el hijo de 10 años, que
se extravía entre la sala del baño y el cuarto de los juguetes; los gatos
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de la casa (Musch y Gurba), que desaparecen en el living, entre unos
almohadones y un buda de porcelana, el pequeño fox terrier, que
desaparece en el séptimo peldaño de la escalera hacia el segundo piso
y, finalmente, el protagonista mismo, que extravía entre el desayuno
y la hora del té. Cada una de estas desapariciones está acompañada
de una frase apocalíptica destinada a recordar la fragilidad del sitio
en que se ha asentado la familia, es decir, la casa misma, como, por
ejemplo, en la tapa del libro se muestra un conjunto de casas entre
derrumbes, en un estado de vacío. Sucesivamente van desfilando
todos los modelos posibles de casas: las grandes y las pequeñas, las
anchas y las delgadas, las bajas y las altas. Todas fatalmente inseguras;
en todas, por las ventanas se filtra el poder corrosivo del tiempo y
por las puertas escapa la utopía de poseer un sitio a salvo. De aquí
en el menor descuido se pierde la condición de un espacio seguro, se
borran las señales de ruta (“señales de ruta” es un título que utiliza
Enrique Lihn para referirse al texto de Martínez) y de esta vida, en
fin, desaparece toda esperanza. Las últimas enunciaciones de “La
desaparición de una familia” captan magistralmente esta dimensión
apocalíptica al registrar la desaparición del protagonista del relato,
cuya identidad está ya ligada a la voz lírica:
Ese último día, antes que él mismo se extraviara
Entre el desayuno y la hora del té,
Advirtió para sus adentros:
-Ahora que el tiempo se ha muerto
y el espacio agoniza en la cama de mi mujer,
desearía decir a los próximos que vienen,
que en esta casa miserable
nunca hubo ruta o señal alguna
y de esta vida al fin, he perdido toda esperanza (137).
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Todo acto de representación es producto de cruces de
distintos signos, los cuales se mezclan con distintas cosas (materiales):
uno de los signos a representar y desconstruir es la imagen de
autor en el texto. El ya nombrado principio de multiplicidad del
rizoma. El acto de borradura de la identidad es más bien un acto de
transmutación en distintos elementos (nombrados anteriormente).
Es decir, hay una negación (un no significado) de la autoría, del que
escribió y armó todos los discursos, lo cual produce un quiebre al
estatuto de la “autonomía del arte”. La incorporación de su persona
en, por ejemplo, Sogol, el perro guardián, se crea un otro que
recepciona al texto: participa el lector del proceso creativo, pero no
en un plano extratextual, sino que se ubica al interior del texto, otro
artificio que provoca un infinito que no se sintetiza: está entre la
tesis y la antítesis, la oposición ya clásica de la Desconstrucción. Por
lo tanto, el sujeto entabla su problemática a escala temporal y a su
representación mimética: la imagen del bosque como metáfora del
interior de la casa (en la portada); lo temporal como laberinto (“El
niño que yo era/ se extravió en el bosque/ y ahora el bosque tiene
mi edad” [35]). Este laberinto (imagen constante de la literatura
moderna) es la búsqueda, las “señales de ruta” (“La desaparición de
una familia”) que no tienen esperanza, el fin entonces es desaparecer:
la posibilidad es crear artificios (“fantasmas”, según Bretón) es un
soporte que ubica al sujeto en un tiempo y en un espacio, los cuales,
además, son otros artificios de otros artificios y así sucesivamente.
Tanto el espacio y el tiempo como problemas de desplazamientos
del supuesto ser, están tratados en forma irónica. Este será el tercer
tópico del análisis, el carnaval en la escritura de Juan Luis Martínez.
En la sección anterior, se vieron los problemas del ser y el
no ser frente al lenguaje: la imposibilidad de unir el significado y el
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significante, descartando la famosa dicotomía, sólo proyectándolo
en el absoluto como un absurdo consciente en el autor. Es por esta
razón que no dedico este trabajo como lo hacen en su mayoría, los
artículos periodísticos, a la temática vanguardista y neovanguardista:
por ejemplo en la técnica pura como la Corriente de la Conciencia
(también en la Escritura Automática) presentan conciencia en su
acto creativo separado de un corpus o libro (la correlación entre, por
ejemplo, un poema con otro en el mismo texto), debe demostrar en
su totalidad una coherencia, una organización por capítulos, temas
o secciones que incorporen, se quiera o no, tópicos a expresar. Por
esta razón, en Juan Luis Martínez, hay una conciencia (en extrema
ironía) de lo que hace desde su estructura discursiva y gráfica. Toda
esta modulación entrega la postura de este trabajo indicado hacia
la imposibilidad. Los mundos posibles como artificios creados
para nombrar el absoluto. Esa capacidad de mostrar y nombrar de
esa manera las cosas es el carnaval en esta escritura. Lo anterior se
observa en tres aspectos de lo carnavalesco en el texto de Martínez:
la utilización del lenguaje científico para mostrar paradojas (la
ciencia como verdad, crítica a la visión positivista), el propio sujeto
que escribe como un elemento lúdico y el lenguaje poético como
estrategia para llevar a cabo todo el proyecto. Bajtín dice que lo
carnavalesco no es un fenómeno literario, sino que es “una forma
de ESPECTÁCULO SINCRÉTICO de carácter ritual” (311), por
lo cual las manifestaciones carnavalescas no pueden ser traducidas
completamente, por su naturaleza compleja, pero ésta se asimila en la
literatura “por su carácter concreto y sensible” (312). Para esto, Bajtín
entrega cuatro categorías de este orden: las distancias (“modo nuevo
de relaciones humanas”), la excentricidad (“expresión abierta fuera de
toda restricción”), las desavenencias (“unión de opuestos: sagrado/
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�Gonzalo Rojas Canuet / La nueva novela

pagano, sabiduría/tontería) y la profanación (son “pensamientos
carnavalescos que conviven cotidianamente en la sociedad”).
Con el advenimiento del Positivismo, desde el siglo XIX,
se establece el lenguaje científico (más bien entendiendo el lenguaje
como estructura cultural) como el instrumento verídico de la realidad.
Este pensamiento llegó a ser una cuasi religión, lo cual éstos mismos
lo criticaban. El porvenir estaba en ese espacio de pensamiento
(Comte, por ejemplo, hablaba de la etapa o estadio científico como el
tope de los procesos sociales, era la etapa feliz para la humanidad, el
hombre respondería certeramente a sus grandes preguntas). La figura
del escritor debe ser igual a un científico, quien ocupa a la obra literaria
como reflejo de la sociedad, los personajes se están experimentando
al interior del texto para darles la determinación darwiniana, lo cual
es un símil de la concepción de sujeto que está detrás de esa sociedad
burguesa. De más está hablar, en el caso de la literatura, sobre las
paradojas que se han dado en ámbitos cientificistas como lo fueron el
Naturalismo, luego en la teoría literaria con el Formalismo Ruso y el
Estructuralismo. Martínez utiliza el lenguaje científico para mostrar,
del mismo modo, sus ambigüedades sobre lo real. Hay un sin fin de
estos ejemplos ordenados por temas (el espacio, el tiempo, el álgebra,
la Psicología, la Arqueología, la Geografía, la Lógica, la Astronomía,
la Metafísica, etc., en el capítulo “Respuestas a problemas de Jean
Tardieu”). El ejemplo concreto, “LA LÓGICA”:
Encuentre en qué estriba el vicio de
Construcción del sgte. Silogismo:
Mortal era Sócrates.
Ahora bien, yo soy parisiense.
Luego, todos los pájaros cantan

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Cuando usted “supone resuelto el problema”,
¿por qué continúa, pues, la demostración?
¿no sería mejor que se fuera a dormir? (22)

Por esta razón, las expresiones científicas se prestan para
manifestaciones lúdicas, siendo válido plantear un juego poético
en articulaciones silogísticas, en definitiva, del carnaval. En una
entrevista con Ester Roblero, ésta le pregunta a Martínez “¿Es cierto
que La nueva novela ha entusiasmado a muchos físicos extranjeros?”.
Respuesta: “Sí (sonríe divertido). Me han escrito algunas cartas. Pero
la verdad es que han visto en mis versos algún trasfondo que yo no
pretendí poner. Creo que la interpretación de ellos es algo restrictiva,
porque le quita humor a mi poesía”.
Al inicio y casi al final del texto se encuentra el ya
nombrado fox terrier, el “guardián del libro”. Este elemento, tiene
la connotación de ser el alter ego del autor, el cual es el responsable
de lo que escribe desde su “principio hasta el fin”, materialmente
hablando. Esto se comprueba desde la portada: la desaparición del
autor como sujeto organizador de sus discursos, relacionándolo con
la categoría de distancia que habla Bajtín, crea un espacio lúdico del
propio sujeto autor de sí mismo: es su ser en otro, en un acto reflejo,
invocado desde el artificio a lo que el “ser” puede de uno mismo.
Este aspecto es el resultante de todo lo anterior. Es la
estrategia poética como nexo de todo este viaje carnavalesco del
lenguaje: es la contradicción desde su propio lenguaje (lo que uno
es y no es) para demostrar desde ahí la confusión que se produce
en el choque con la realidad. Bajtín dice: “La risa ambivalente
carnavalesca posee un gran poder creativo, capaz de engendrar
géneros. Alcanza y abarca los fenómenos en el curso de su
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transformación y de su reemplazo, fija en ellos los dos polos del
devenir, en su inestabilidad permanente, fecunda, regeneradora:
en la mente presagia el nacimiento; en el nacimiento, la muerte
(...) La risa carnavalesca no deja a ninguno de esos momentos del
cambio absolutizarse y fijarse en la seriedad monológica”.
Discursos residuales
La noción de residuo de Agustín Fernández Mallo en su libro Teoría
general de la basura (2018), es una constante entre lo profano y lo
sagrado. Conceptos dialogados desde Agamben (Profanaciones: 2005),
el residuo es un eco de lo que se puede ser en la escritura: profana lo
sagrado de los estatutos de representación escritural y su condición
inmanentista, por lo tanto, es el recuerdo de un desplome de dichos
estatutos, el recuerdo de una ruina del sujeto integrado.
El residuo es un discurso de La nueva novela. La autoría
tachada que le da o juega a la propiedad de la obra de Juan Luis
Martínez, cuenta mnos de cinco poemas en total en todo el libro
de 147 páginas. ¿Qué es este libro fuera de los poemas elaborados?
Solo residuos que profanan la condición de autor y de escritura.
Desde la portada hasta la contraportada, Sogol en positivo hasta
Sogol en negativo, el guardián del libro; la materialidad de todo el
libro fricciona el carácter sagrado del autor y su escritura.
Desde el autor, las reconocidas tachaduras dobles de Juan
Luis Martínez y Juan de Dios Martínez (además van entre paréntesis),
reconoce que la verticalidad del autor como figura monológica, en La
nueva novela se descompone como acción refleja en donde la autoridad
de quien escribe. Son heterovoces que, residuo tras residuo, desacraliza
la decimonónica voz de quien escribe. El autor se abre desde Miguel
Serrano, Jean Tardieu hasta T.S. Elliot. El modo residual del autor
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carnavaliza su propio sustento: el carnaval bajtiniano nace no por un
estado feliz de la sociedad, al contrario, es porque justamente, en una
sociedad monologizada se necesita contradecir algunos paradigmas.
En el caso literario, desde la herencia de la autonomía de la obra de
arte (Göethe), el creador de obras se distancia de su obra para entender
que ambos, autor y obra, son criaturas independientes entre ellas, son
ontos autónomos que tienen sus propias vidas. Abrir el autor a varios
autores, la materialidad de quien escribe se va refractando desde el
inserto de material gráfico y escritural entre una y otra hasta el infinito.
El autor en La nueva novela nace desde el derrumbe de escrituras
pretéritas y se abre a otros autores futuros: el residuo autoral se
carnavaliza, creando una multiplicidad de voces infinitas.
Desde la escritura, el libro pone en diálogo un anzuelo
con la bandera chilena y silogismos en clave lúdica. La escritura
reflexiona desde horizontes abiertos que se despliegan en el infinito.
La nueva novela es una reescritura del Tao y del logos que seguirá
reescribiéndose en el futuro.
La escritura sagrada y monológica fomenta las pasiones tristes
(Spinoza: 2011), la dislocación de sentido, abre un laberinto en
donde la escritura es una fuga secuencial que se va entretejiendo en
múltiples escrituras. Buscarse desde el ejercicio en La nueva novela,
es abrirse a las pasiones alegres: filtrarse en otras voces es la condición
de lo lúdico que es un contrapunto a la verdad. Por lo tanto, la
escritura deviene en flujo: escribir es una potencia del conocimiento,
creando una diferencia cualitativa entre los modos de existencia. La
escritura validada desde sí misma, otorgando un valor inmanente,
es la obediencia de una moral: encontrar una verdad, una ilusión de
conciencias. La multiplicidad escritural es una pasión alegre cargada de
afecciones depuradoras:
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�Gonzalo Rojas Canuet / La nueva novela

“II (el encuentro)
Nombrar/Signar/cifrar: el designio inmaculado:
Su blancura impoluta: su blancor secreto: su reverso blanco.
La página signada con el número de nadie:
El número o el nombre de cualquiera: (LA ANONIMIA no
nombrada).
El proyecto imposible: la compaginación de la blancura.
La lectura de unos signos diseminado en páginas dispersas.
(La Página en Blanco): La Escritura Anónima y Plural:
El Demonio de la Analogía: su dominio:
La lectura de un signo entre unos cisnes o a la inversa”
(Juan Luis Martínez, 2016: 87).

La potencia de la acción refractada del autor y de la escritura
en multiplicidades es el caleidoscopio del ejercicio poético. Su futuro
y subsistencia es la conciencia de la muerte del yo que habla devenidas
en infinitas voces. La poesía tiene la certeza de fenecer al lenguaje y
llevarlo hasta sus últimas consecuencias: es el elástico estirado con la
utopía de no romperse. La poesía es el crujir del lenguaje: se piensa
en la fisura de lo que está por derrumbarse, de ahí su subsistencia.
Es la conciencia de su fin y su eternidad. Esto último, en La nueva
novela no se da en las ideas o en la abstracción del pensamiento, el
cual se presenta paródicamente. Es su cuerpo, su materialidad la que
dará el pie a su subsistencia. Muere la idea y renace en el cuerpo: su
materialidad es donde reside y residirán las voces infinitas. La nueva
novela reescribe los dibujos de las cavernas hasta los flujos digitales de
hoy. Es una docuficción que desmorona el valor-arte de los dibujos de
las cavernas hasta los logaritmos. La poesía es conocimiento para otro
y no para sí. Contrapone y ficciona combinaciones asignificativas. El
poeta plagia un documento en acción ficcional. Una y otra vez: escribe
con una mano y borra con la otra, una y otra vez. Una y otra vez.
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El residuo desarticula el estatuto autor y la noción de
escritura. Es la operación de La nueva novela: un modo de crear
escrituras múltiples y comunitarias. La dispersión autoral y escritural
derrumba la tiranía del lenguaje, volviéndose hacia lo colectivo. La
poesía es una voz coral que resuena la muerte y el porvenir a la vez.
Se escribe y se borra en el infinito.
La pragmática del texto borrado
La nueva novela es un libro pragmático (Fernández Mallo, 2009):
el poeta es un artesano que trabaja con cierta materialidad del
lenguaje y es crítico de esa propia materialidad. Interroga sobre
la importancia de la escritura, sin dogma y funciona desde la
heterogeneidad y la inestabilidad del lenguaje como herramientas de
comprensión del fenómeno poético (Fernández Mallo, 2009: 37):
la poesía se construye por inducción y no desde la deducción,
distanciándose de la poesía ortodoxa. La pragmática va de la
mano con el funcionamiento de la escritura más que lo que quiere
decir: tiene cercanía con la función rizomática, “toda verdad es
contingente” (35).
¿Qué elementos pragmáticos funcionan en La nueva novela?
Si se relaciona con la pragmática a la funcionalidad de la
escritura poética, este libro, desde su experimentación, se podría
proponer la orientación de entender a la literatura y su transparencia
en el lenguaje.
La literatura, como ejercicio humano que ha intentado
nombrar al mundo desde lo retórico. Este punto ha sido una
línea estética desde Platón, continuado por Aristóteles, acentuado
por los románticos y sistematizado por los formalistas rusos y el
Estructuralismo. La fricción de este estatuto literario nace con el
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�Gonzalo Rojas Canuet / La nueva novela

Postestructuralismo, en especial las nociones de lenguaje/escritura
(Derrida) y el agenciamiento rizomático (Deleuze).
Martínez nombra esta tensión desde la idea de transparencia,
la cual podría ser entendida como una pragmática textual en La nueva
novela. La transparencia es la paradoja del decir y no. Es un recurso
de tensión de la capacidad que tuvo el lenguaje para pkasmar la
subjetividad en la realidad. Esto tiene que ver con la borradura del
sujeto y de su escritura. El lenguaje, en el fondo, no ordena al mundo
y en poesía, sobre todo en Martínez, la escritura es un laberinto en
donde el sujeto descubre y agoniza en paradojas simultáneamente.
La transparencia del lenguaje diluye la calcificación que su estatuto
escritural rehúye de la representación. En las páginas 40 a la 43,
titulado como Un problema transparente:
Si la Transparencia se observara a sí misma
¿Qué observaría? (p.40)
La Transparencia no podrá nunca observarse a sí misma” (43)

El lenguaje criticado es sobre su componente de creación de
certezas. La poesía es una forma de indagar en el propio lenguaje
y reconstruirlo en paradojas posibles: la escritura de Martínez es
un flujo (Derrames: 2005) no determinado, extremando al uso
del lenguaje a la no representación. El flujo crea agenciamientos
asignificantes entre un punto y otro, lo que representa y no. Lo
mismo se puede observar en las páginas 87 y 88, llamada La página en
blanco, en donde la nota al pie dice, “(El Cisne de Ana Pavlova sigue
siendo la mejor página en blanco)”. Martínez intensifica esto que
se ha hablado sobre el lenguaje como la condición de la literatura:
el desplome de éste y el nacimiento de un nuevo modo de escritura
poética, las paradojas, esto es, sus transparencias. Finalmente, el
último ejemplo, es el poema Tareas de la poesía:
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Tristuraban las agras sus temorios
Los lirosos durfían tiestamente
Y ustiales que utilaban afimorios
A las folces turaban distamente.
Hoy que dulgen y ermedan los larorios
Las oveñas patizan al bramante
Y las fólgicas barlan los filorios
Tras la Urla que valiñan ristramente.

EXPLIQUE Y COMENTE:
1. ¿Cuál es el tema o motivo central de este poema?
2. ¿Qué significan los lirosos para el autor?
3. ¿Por qué el autor afirma que las oveñas patizan al bramante?
4. ¿Qué recursos expresivos encuentra en estos versos?
“Y las fólgicas barlan los filorios
Tras la Urla que valiñan ristramente”.
5. Ubique todas aquellas palabras que produzcan la sensación de
claridad, transparencia.
6. ¿Este poema le produce la sensación de quietud o de agitado
movimiento? Fundamente su respuesta” (95)
La ironía de la paradoja, evidente en la actividad
“EXPLIQUE Y COMENTE”, es un distractivo a las dos estrofas
expuestas. Martínez crea una pragmática paródica del lenguaje: crea
una escenificación (el sentido experimental del libro), una realidad
descompuesta y la apropiación que la poesía es el único tipo de
lenguaje que resiste lo binario, entre un color y otro. Martínez
opta por penetrar la realidad desde lo grisáceo. La refractación del
lenguaje con el flujo poético desmembra la operación cognitiva
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�Gonzalo Rojas Canuet / La nueva novela

de la interpretación, sino más bien, el flujo poético crea otro en el
lenguaje del receptor, que a su vez recrea otro modo de referirse al
mundo. Y así en el infinito.
Las paradojas y las transparencias son operaciones
pragmáticas que la poesía se apropia para desvencijar y borrar al
sujeto con su lenguaje heredado. El poeta sale a buscar fisuras en
una operación lúdica que crea una nueva posición de la poesía y
que, a su vez, se descompone en otra idea. Va de residuo en residuo,
cruzándolo con quiebres de estatutos literarios. Para tal tarea, el poeta
debe clausurarse en su escritura para salir a una nueva superficie.
Bibliografía
Agamben, G (2005). Profanaciones. Buenos Aires: Adriana Hidalgo
Editores
Bajtín, M (1999). La cultura popular en la Edad Media y El Renacimiento:
el contexto de Francois Rabelais. Madrid: Alianza Editores.
Deleuze, G (2005). Derrames. Buenos Aires: Cactus.
Deleuze G, Guatttari F (1977). Rizoma. Buenos Aires: Pre-textos.
Fernández, Mallo, A (2005). Teoría general de la basura (cultura,
apropiación, complejidad). Madrid: Galaxia Gutenberg.
Fernández Mallo. A. (2009). Postpoesía: hacia un nuevo paradigma.
Madrid: Anagrama.
Martínez, J.L (2016). La nueva novela. Santiago: Ediciones Archivo.
Spinoza, B (2011). Ética: demostrada según el orden geométrico.
Madrid: Alianza Editorial.

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�Artículos
Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

La poética de Efraín Huerta en los años setenta
The poetics of Efraín Huerta in the seventies
Jesús Alberto Leyva Ortíz
Benemérita y Centenaria Escuela Normal
del Estado de San Luis Potosí
San Luis Potosí, México.
jleyva@beceneslp.edu.mx

Resumen. Los años setenta en la poética de Efraín Huerta es relevante por
dos acontecimientos ligados entre sí: el primero es de carácter biográfico,
haber padecido cáncer de laringe y sobrevivido con el coste de la pérdida
de la voz. El segundo es de carácter literario, esa década representó la
mayor producción literaria del escritor en relación a otras pasadas y
futuras, caracterizada por ser su etapa más irónica, lúdica y desinhibida.
Este documento sostiene que, tanto los sucesos de salud en el escritor
como el cambio de estructura versal fueron factores que influyeron en el
cambio del estado anímico reflejado en su poesía.
Palabras clave: Efraín Huerta, obra poética, años setenta, poemínimos,
ironía.
Abstract. The seventies in the poetics of Efraín Huerta are relevant for
two interrelated events: the first is biographical in nature, having suffered
from laryngeal cancer and surviving at the cost of losing his voice.
The second is of a literary nature, that decade represented the greatest
literary production of the writer in relation to other past and future ones,
characterized by being his most ironic, playful and uninhibited stage. This

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document maintains that both the health events in the writer and the
change in verse structure were factors that influenced the change in mood
reflected in his poetry.
Keywords: Efraín Huerta, poetic, work, seventies, poems, irony.

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Datos previos del poeta
Efraín Huerta Romo nació en Silao Guanajuato en el año de 1914.
Una década complicada en la historia nacional, la Revolución
Mexicana había iniciado cuatro años antes y el estallido social volvía
difíciles las condiciones económicas de la población en todo el país.
México estaba en plena guerra civil y el panorama político no estaba
claro para nadie, eran momentos de total incertidumbre.
Los padres del escritor se separaron y desde muy pequeño,
apenas seis años de edad, Huerta enfrentó situaciones adversas
junto a su madre y sus siete hermanos, estuvieron probando
suerte radicando en distintas ciudades como Guanajuato, León,
Irapuato y Querétaro. En Irapuato, ciudad donde radicaba su padre,
despuntaron dos de sus grandes vocaciones siendo un adolescente
de 14 años, el periodismo y la poesía, fundó un semanario que
llevaba el título de La Lucha y, además, publica su primer poema
sobre el paisaje de la región, “El poema del bajío”.
A sus 16 años de edad se trasladó a la ciudad de México e
ingresó en la Preparatoria Nacional. En ese ambiente académico
conoció a Octavio Paz, Rafael López Malo y Carmen Toscano entre
otros jóvenes escritores de su generación. Uno de los literatos más
destacados entre todos ellos a la postre, desde entonces, comenzaba
a despuntar. En el año de 1933 Octavio Paz publicaría su primer
libro y, a la par, Rafael Solana fundó la revista Taller Poético. Ambas
figuras de la escritura nacional fueron trascendentes en los inicios
poéticos del joven Efraín Huerta. La asociación de los tres, en la
historia de la literatura mexicana, los identificaría años más tarde
como la generación de Taller, a razón de la aparición de la revista
Taller en el año de 1938, publicación que logró establecerse como
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un referente literario de su época, de tal modo que, con un impulso
nuevo logró diferenciarse de la revista Contemporáneos que los
precedía, perteneciente al grupo de los escritores identificados con
ese mismo nombre, los Contemporáneos.
El grupo Taller tuvo sus propias búsquedas literarias, lo mismo
que sus posicionamientos con respecto a la poesía, éstos habrían de
marcar las diferencias con el grupo de los Contemporáneos debido
a la visión poética que sostuvieron en sus inicios. La generación del
grupo Taller, desde su vida estudiantil tuvo varios elementos que los
nutrieron y dieron forma a su manera de escribir, se pueden señalar
al menos tres de ellos como las influencias más significativas que los
identificaron: a) el marxismo que tuvo movilizaciones de artistas,
obreros y estudiantes en el país, movimiento que a nivel mundial
estaba en voga y concretamente en el país decantó en acciones en
favor de una de las facciones políticas de izquierda. b) El psicoanálisis
de Sigmund Freud que generó una revolución intelectual y estaba
en discusiones constantes, abriéndose camino en su aplicación, no
sólo en el terreno de la psiquiatría, sino en diversos ámbitos tanto
académicos como literarios por mencionar algunos ejemplos y, c)
finalmente los intelectuales españoles que recibieron asilo en México a
consecuencia de la guerra civil española que influyó significativamente
en la comunidad intelectual mexicana de la época y en las jóvenes
generaciones estudiantiles. Guillermo Villarreal explica características
de los integrantes de Taller de la siguiente manera:
Son hasta cierto punto producto de la toma de conciencia de
la época. […] Su arte poética lleva implícita un humanismo que
abraza las ideas de Marx y Freud. Por una parte, su obra tiene
una intención social, pues con la poesía se intenta cambiar el

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destino del hombre. Por otro lado, su estética se acerca mucho
al surrealismo del Segundo manifiesto (1930), más político que
el primero (1924). […] La poesía le sigue en importancia al acto
poético. (Villarreal, 1987: 19)

La revista Taller tuvo doce números de vida y una marcada
influencia española al final de su trayectoria. Rafael Solana lo señala
de este modo: “Taller dejó de ser lo que había sido y lo que había
deseado ser, y se convirtió, o muy poco le faltó para ello, en una
revista española editada en México” (citado por Huerta,1983: 30
-31). Con la muerte de esa publicación cada miembro del grupo
Taller tomó sus propios caminos literarios. Octavio Paz emprendería
una constante producción literaria que con los años le daría réditos
en el reconocimiento literario internacional al obtener el Premio
Nobel de Literatura en el año de 1990.
Efraín Huerta inició su trayectoria poética con la publicación
en el año de 1935 de su primer libro: Absoluto amor, a este título se
sumarán doce publicaciones más para dar un total de trece: una en
1936, dos en la década de los cuarenta, tres en los cincuenta, una
en los sesenta, cuatro en los años setenta y una última al iniciar
la década de los ochenta. Las décadas de mayor producción en el
poeta fueron los cincuenta y los setenta con tres y cuatro libros
respectivamente, en ambas décadas produjo poco más del 50 por
ciento de su producción total.
Después de haber enfrentado al cáncer a principios de la
década de los setenta, tras muchas operaciones y vicisitudes de
salud que tuvo que sortear en sus últimos años de vida, el día 03
de febrero de 1982, a la edad de 68 años, Efraín Huerta, apodado
como El Gran Cocodrilo, moriría de insuficiencia renal en la ciudad
de México.
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Los años setenta fueron determinantes en su producción
literaria, no sólo porque durante ese período produjo poco más de
una cuarta parte de su obra, sino por el hecho de haber dado un
giro en su visión poética en donde se permitió innovar, ser lúdico e
irónico; acaso motivado por un nuevo brío anímico relacionado con su
condición física y las implicaciones de sus padecimientos médicos y, al
mismo tiempo por un impulso de renovación poética que privilegiara
los brevísimos versos antes que él aquellos de largo aliento.
Los años setenta
La década de los setenta fue para Efraín Huerta una etapa de cambios y
propuestas en su producción poética, particularmente experimentaría
una forma de poesía brevísima identificada como los poemínimos,
versos que reflejarán con mayor claridad su carácter irónico, al mismo
tiempo que, en materia de salud, pasaría por situaciones complicadas
como el hecho de enfrentarse al cáncer y vencerlo, no sin antes dejar
en la batalla sacrificios considerables como la pérdida de su voz. Por
lo anterior, sería pertinente plantearse la siguiente pregunta ¿será que
la búsqueda de renovación poética y lucha contra el cáncer, fueron
factores para acentuar el rasgo de la ironía en su poética?
En la década de los setenta ocurrió también, con respecto a
su trayectoria como poeta que, después de décadas de producción,
la crítica institucional reconocería, a mediados de este periodo, la
trayectoria literaria del escritor y, en el año de 1975 obtuvo el Premio
Xavier Villaurrutia y al año siguiente, recibió de mano del entonces
presidente de la República Luis Echeverría Álvarez, el Premio
Nacional de Literatura. Lo más trascendente de este periodo fue
que su obra poética encontró lectores y lectoras, así lo afirma José
Emilio Pacheco:
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Huerta encontró por fin los lectores y las lectoras que no tuvo
en las tres décadas pasadas. Se convirtió en el Poeta del México
post 68 y el maestro y modelo de buena parte de lo que, con un
arraigado galicismo, llamamos la joven poesía. El establishment
al que más de una ocasión había afrentado Huerta nunca le negó
(contra lo que se dice ahora) su reconocimiento, pero en los setenta
tuvo que sumarse a la apoteosis y le dio todos los premios. El
hombre modestísimo y cordial que siempre fue Huerta, agradeció
estas recompensas, tomó su auto irónica distancia respecto a
ellas y consideró su único, verdadero y legítimo triunfo: el que lo
quisieran los jóvenes (y ante todo las jóvenes) (1982).

Para ubicar mejor el escenario cronológico de la producción
huertana en la década de los setenta se puede recordar que, un par de
años antes de ganar el galardón literario Premio Xavier Villaurrutia;
es decir, en el año de 1973, ocurrió la etapa más significativa de su
pelea oncológica: a principios del mes de mayo de ese mismo año,
previo a la fecha de su internamiento en el hospital para atenderse
de su problema de cáncer de laringe en forma definitiva, se publicó
en El Diario de México, la columna “Deslindes” de Efraín Huerta,
un texto que llevaba por título “Hablar, Hablar” y, en la parte
introductoria de su contenido, hace referencia a un ensayo que leyó
de Hilda Basulto, donde hablaba del silencio como instrumento de
expresión y comunicación; así el columnista lo retoma para explicar
lo que considera vendrá a futuro en su estado de salud:
Me cayó de perlas este ensayo, aparecido en Vida Universitaria,
publicación de la Universidad Autónoma “Benito Juárez”, de
Oaxaca, porque tal vez a estas horas ya esté internado en el Centro
Médico, en manos de ilustres cirujanos que me extirparán - si es
que no lo hicieron ya - una dañada laringe y zonas adyacentes. De
manera que tendré que guardar silencio por tiempo indefinido.
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No tengo miedo sino pavor. Pero guardo una enorme confianza
porque, en lo general, puede más la ciencia que la magia.
Espérenme, que yo volveré. (Mansour, 1984: 148)

El día 24 de mayo de 1973, Efraín Huerta ingresa a oncología
del Centro Médico de la ciudad de México, le asignan la habitación
602, una característica particular de ese cuarto de hospital, su ventana
tenía como vista el Panteón Francés. El médico cirujano que le
atendió fue Roberto Garza, le realizó laringectomía, como resultado
de la operación el poeta pierde la voz, pero le da un revés al cáncer.
Sus familiares, compañeros periodistas, amigos de varios
sectores tanto culturales como compañeros políticos, en especial los
escritores, le enviaban muestras de afecto y solidaridad, preguntaban
por su estado de salud y le motivaban. Como ejemplo la escritora
de origen norteamericana Margaret Randall, esposa del poeta
mexicano Sergio Mondragón, desde su exilio en la Habana, Cuba, le
envía una emotiva carta, mecanografiada, fechada con el día 05 de
junio de 1973. Le escribe a raíz de la condición de salud del bardo
guanajuatense, en específico refiriéndose al hecho de la pérdida de
su voz, el siguiente fragmento que refleja su pensar al respecto:
Pero sé que ésta operación te ha de cambiar la vida y que habrás de
acostumbrarte a un nuevo estado de cosas, distinto a lo de antes.
Me pregunto: ¿cómo sería, de repente, no poder hablar? [...] ¿El no
poder expresarse tan fácilmente en palabras cambiaría la expresión
de un poeta? Contestó para mí misma que la respuesta tendría que
ser “sí”. Con un razonamiento, que puede ser absurdo, pero no
deja de parecerme correcto, pienso que el no poder hablar con
esa facilidad de antes produciría en uno un estado muy profundo
lleno de nuevos matices entre la idea y sus múltiples expresiones.
Cuando la palabra escrita se vuelve expresión concreta y hasta
única, ¡cuán más intensa y concisa debe ser! (Mansour, 1984: 150)

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Efraín Huerta con total actitud positiva, ofreció su vaticinio
dando por hecho en El Diario de México, en el ya mencionado texto
“Hablar, Hablar”, antes de ser ingresado al hospital, que saldría y
regresaría, así se lo hizo saber a los lectores de su columna “Deslindes”.
Su confianza en salir bien librado le dio buenas noticias, porque en
efecto superó el problema de laringe, aunque no resultó del todo ileso,
el precio a pagar fue perder la voz. Los amigos estaban al tanto del
poeta, conocían de las secuelas de la operación y se sumaban con
buen ánimo a la pronta adaptación del escritor a su nueva condición.
Después de la operación e impedido para el habla, el
poeta combatió su estancia en la habitación 602 con el trabajo de
escritura, revisó ediciones de libros con ayuda de sus hijos Raquel
y David. La poesía fue uno de los alicientes más significativos
para su recuperación. Esa fuerza de voluntad, esas ganas de seguir
publicando, el tiempo invertido en las ediciones venideras dan
testimonio de ello.
Roberto Garza, el médico que atendió a Efraín Huerta en
1973 en su operación y que extirpó el tumor cancerígeno, escribiría
un lustro más tarde, un artículo titulado “Cáncer Laríngeo como
reto” como un testimonio de la experiencia de haber tenido como
paciente al escritor guanajuatense y, al respecto de la atención al
escritor sobre su padecimiento y la buena relación que surgió entre
ambos, señaló lo siguiente:
Pocas gentes en México tan valientes como el gran “Cocodrilo
de Silao”, que me ha dado una verdadera lección como paciente
y como ser humano, invirtiendo la relación médico-paciente a la
de paciente-médico. Su convalecencia fue larga, penosa y tenaz.
[...] Mientras tanto trabajaba, escribía y advertía misteriosamente
la presencia de amigos sepultados en el Panteón Francés, que
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observaba durante largas jornadas desde el ventanal de su
habitación (cuarto 602). (Mansour, 1984: 151)

La labor esencial de Huerta es la poesía. La escritura es
el medio para sobrevivir, el hábitat del Gran Cocodrilo son los
territorios de tinta y papel en blanco. La escritura es al escritor como
el agua lo es al cocodrilo. Sin importar la situación de vida del vate,
la creación poética, la producción de textos, la imperiosa necesidad
de dar testimonio de su visión de las cosas a través de la palabra
figurada, son los elementos bióticos que lo sustentan.
La poesía es un modo de dar testimonio de sí mismo y, si
esa condición ha cambiado recientemente por un hecho de salud,
es motivo suficiente para expresarlo. En los versos huertanos de la
década de los setenta no debemos esperar lamentaciones, sino una
renovada actitud donde el poeta es capaz de mofarse de su propia
persona, situación que parece simple, pero que para hacerse requiere
una fuerte dosis de autocrítica y una modestia a prueba de todo.
En la edición de su obra de 1973 titulada Poemas prohibidos y
de amor, entre los once poemínimos que incorpora en ella, incluye
uno que lleva por título “SINIESTRIDAD” donde habla de la causa
de su neurosis ligada directamente al cáncer. Este poema mínimo es
un ejemplo de que la poesía es, no sólo un elemento catártico; sino
el testimonio de lo que le pasa al poeta; en él habla de sí mismo,
por un lado, de su alteración de los nervios y, por el otro, del cáncer
como la razón de tal neurosis, además aclara con humor e ironía que
lo primero es un derecho dado a consecuencia de lo segundo.
Nadie tendrá
Derecho
A su neurosis

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Mientras
Alguien
Carezca
De su

Cáncer (Huerta, 1973: 99)

Hablar de sí mismo nunca es fácil y, hacerlo en tan breves
versos pareciera una tarea por demás complicada, pero Huerta lo
logra con una encantadora holgura, desprendiéndose de su ego; de
tal forma que el sujeto lírico ironiza sus dos condiciones, se califica
de neurótico y al mismo tiempo se justifica por ello, atribuyéndole
como un derecho mientras no se carezca del cáncer. En lo anterior
está implícita una sentencia: sólo aquel que padezca cáncer tendrá
justificación para la neurosis.
La temática huertana en esta década
Los grandes temas poéticos de Huerta estarán presentes en sus
producciones de esta década en mención, desde luego el amor
como el principal de todos ellos, también la protesta o la crítica a las
instituciones oficiales, rasgo con el que cierta parte de la crítica literaria
lo asoció totalmente y, entre esa protesta están sus poemas dedicados
a algunos personajes del clero mexicano o bien la iglesia católica en
general. Toda esta temática huertana tendrá cabida nuevamente en sus
cuatro libros publicados en estos años, pero con el carácter irónico,
lúdico y desinhibido del poeta que ha recobrado un nuevo impulso,
no sólo después de superar el cáncer, sino al renovar su estructura
versal, así usar un modo sintético de manifestar su condición y hablar
de su visión de la realidad y de sí mismo.
Entre los textos que eligió publicar en 1974, en la edición
de Los eróticos y otros poemas, en la sección de poemínimos, aparece
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uno de ellos con el título de “Concilio” donde con divertimento
convoca a los poetas al primer concilio energuménico, de algún
modo, asociándose a sí mismo al término y adaptándolo para auto
describirse como una persona furiosa y, la causa o razón para ello, es
la bebida. En esta ocasión agrega, con carácter irónico otro rasgo de
su personalidad: la afición al alcohol.
Se
Convoca
A todos
Los poetas
Al primer
Concilio
Energuménico
Condición
Única:
Saber amar
Entre verso
Y trago
Y entre
Trago
Y verso
Amén (Huerta, 1974: 344)

El poemínimo “Concilio” bien puede representar al menos
dos de sus constantes temáticas, el amor y la irreverencia a cuestiones
propias de la religión. Estos versos igual permiten observar el
respeto que tiene por el quehacer poético y muestra también dos
rasgos de su personalidad que con total apertura ironiza para sí:
la neurosis y la bebida. Qué ironía la del escritor que exhorta en la
ficción a otros energúmenos como él a reunirse en algo tan serio
como un congreso católico y, como carta de entrada o requisito
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de participación les impone saber amar entre verso y trago o bien,
amar el trago y la poesía. Termina su composición con la sentencia
y alusión hebraica de “así sea” en un cierre con divertimento lógico
para el uso de la palabra amén que concluye el poemínimo en el
mismo contexto religioso.
El poema anterior es un ejemplo más de ese sesgo del Huerta
de los años setenta, manifiesto en la irreverencia hacia la institución
religiosa y la asociación que propone con el hacer poético; pero su
formato, aunque breve y con humor, no está exento de la forma en
que dirige su crítica al clero. Ya en el año de 1973 en Poemas prohibidos
y de amor incluyó dos poemas de largo aliento con esas intenciones:
“Los perros de Dios, o las tribulaciones del Arzobispo” y “Dolorido
canto a la iglesia católica y a quienes en ella suelen confiar” el primero
escrito en 1948 y el segundo en 1946. Al respecto de ambos poemas
el poeta escribió lo siguiente:
Sobre Los perros de Dios, etc., aclaro: al arzobispo le apasionaba
inaugurar y bendecir todo. Cuando se abrió en la Avenida Juárez
una sucursal de Max Factor, monseñor llegó en forma tan discreta
que pasó inadvertido; minutos más tarde lo hallaron muy serio,
mirando con excesiva minuciosidad una gran foto de Merle
Oberon. Cuando inauguró la Casa del Viajero (calles de Basilio
Badillo), el elevador sufrió un desperfecto entre el segundo y tercer
piso […] El dolorido canto, etc., lo publicó Siqueiros en la revista
1946, con un friso de cangrejos como ilustración. Santa María,
San Rafael y otras colonias, seguían siendo refugio de neocristeros
y sinarquistas. Creo que es un poema - panfleto sinceramente
cristiano. Los fanáticos, más sutiles que yo, lo encuentran más
antirreligioso que anticlerical. (Huerta, 1996: 9 y 10)

En el caso concreto de “Concilio”, además del gracioso
llamado que hace a la celebración de una reunión de tintes religiosos
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a bebedores y amantes de los versos, explicita el humor negro de
Huerta para la autocrítica al afirmar su carácter furioso o irascible,
no por nada José Emilio Pacheco le impuso el mote de “El flaco
neuras”. Y otra característica importante en este poemínimo es el
amor manifiesto por la poesía y el alcohol. Y es que la capacidad de
hablar de sí mismo, sin tapujos y con total ligereza para mofarse de
su personalidad y de lo que le pasa, no es tarea sencilla, se requiere
de un total desprendimiento del ego y creer en la poesía como el
vehículo de liberación. Al respecto de lo anterior Raúl Bravo afirma
que: “el pincel de Efraín Huerta se convirtió en sus poemínimos en
un instrumento para la libertad”. (Bravo, 2002: 25)
Gran parte de los poemas que incluye en Poemas prohibidos
y de amor (1973) fueron escritos y aparecidos en publicaciones
periódicas en décadas pasadas de su producción poética, pero
principalmente se prohibieron por los tiempos políticos y la poca
libertad de expresión. La edición Los eróticos y otros poemas (1974)
no es la excepción, en ella incluye textos que produjo en los años
de 1969 y 1970 mayoritariamente. Entonces Efraín Huerta elige
publicar tales materiales pasados en 1973 y 1974 respectivamente.
Esa elección pudiera deberse a que, para esos años, los tiempos
sociales e históricos hayan cambiado y existiera mayor apertura para
los temas, Heriberto Yépez aporta al respecto un argumento:
Los primeros poemínimos proceden de finales de los años
sesenta y principios de los setenta: la época en que la burla y
desolemnización del lenguaje nacional se volvió impostergable
después de la masacre y encubrimiento del 68, donde el lenguaje
oficial - como las calles - quedó hecho un asco, habiendo sido
usado como otro medio de corrupción. (Yépez, 2002: 121)

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También se puede considerar la posibilidad de un cambio
de ánimo en su estado emocional y una nueva vitalidad en el poeta.
Estaba reciente su complicada situación de salud, el padecimiento de
la enfermedad acelera los temores, moviliza las ideas y, al superarla,
la motivación de nuevas publicaciones diera la oportunidad de
volver a darle espacio a esas producciones vetadas y dar cabida a
otra genialidad poética como los poemínimos.
En 1977, a la edad de 63 años, el poeta Efraín Huerta fue
entrevistado por Elvira García. En el cierre de la entrevista, como
parte de su última pregunta, ella le cita unos versos del poema “Matar
a un poeta cuando duerme” publicado en Circuito interior (1977)
que escribiera y dedicara Huerta a su amigo, el escritor salvadoreño
Roque Dalton (1935- 1975).
Uno de sus poemas dice: “Esta conspiración de la vida para hacer
más larga mi agonía”, ¿qué podría decir al respecto?
Se impone la vulgaridad: todo lo que vivo ahora, después de 1973,
es ganancia “Ya lo salvamos de la muerte”, me dijo el cirujano
Roberto Garza, “ahora queremos que usted aprenda nuevamente
a vivir”. En eso estoy, a mis endemoniados 63 años (los cumpliré
el próximo 18 de junio): viviendo con furia, bebiendo con
verdadero placer y trabajando como un ángel. Después de todo,
en la zoología fantástica, soy el único ejemplar de hijo de un saurio
y de una paloma azul, El Gran Cocodrilo. (García, 1977: 35)

En los cincuenta poemínimos que incluye en su libro
de Circuito Interior del año de 1977, Efraín Huerta ofrece dos de
ellos que bien ratifican poéticamente esta respuesta que le da a la
periodista Elvira García, por ejemplo, cuando el médico Roberto
García le señala haberlo salvado de la muerte, haciendo referencia
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a la operación de laringectomía que le realizó, el poeta escribe el
siguiente poema titulado justamente LARINGECTOMÍA (Huerta,
1995: 441):
Lo mejor
De todo
Es que
Ya nadie
Puede dejarme
Hablando
Solo

El poeta se burla de su nueva condición a raíz de la operación
que, aunque exitosa con respecto al cáncer, le hizo perder la voz; así
Huerta ironiza su pérdida, pues finalmente advierte que todo lo que
pasó después de 1973 es ganancia para él y justo aprende a vivir de
nuevo después de la experiencia médica y sus implicaciones.
En el segundo poemínimo que también argumenta la
respuesta dada a su entrevistadora, Huerta confirma su dicho:
“viviendo con furia, bebiendo con verdadero placer y trabajando
como un ángel” y pareciera que, en el poema, su autor volviera a
retomar lo respondido en aquel entonces, porque su contenido es
justo una síntesis de esas ideas expresadas, se titula … Y ALEGRÍA
(Huerta, 1995: 441):
Ahora
Aprendo
Tanto a
Sobrevivir
Como a
Sobrebeber

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El poeta habla de sí lúdicamente y, eso que expresa es
congruente con lo que afirma públicamente, los poemínimos dan
fe de lo que vive y piensa. Se percibe un entusiasmo en los versos,
se está divirtiendo al mismo tiempo que describe su condición y se
auto ironiza con total honestidad y modestia.
Al observar el cambio de actitud en el poeta en su producción
de los años setenta puede ocurrir el riesgo de relacionarlo en un
posicionamiento simplista de ironizar porque sí; sin embargo, la
producción poética de ese periodo demuestra transformación
y renuevo, porque es claro que la visión del mundo del escritor
adquirió un matiz particular, donde el humor negro se convirtió
en una forma divertida de interpretación de la realidad, dejó de
albergar el desánimo o la desilusión por tratar temas con excesiva
seriedad o solemnidad. Al mismo tiempo es una manera autocrítica
de enfrentar las dificultades personales con nuevos bríos lúdicos.
Su intelectualidad y sexualidad en esta etapa
La intelectualidad de Efraín Huerta en los poemínimos es más aguda
y, entre ironía e ironía nos deja ver esa capacidad de pensar la poesía
misma, de replantearse incluso los poemas canónicos de poetas
laureados y seriamente estudiados como Ramón López Velarde y
ofrecernos, en escasos versos, con divertida fineza e idea sintética
un replanteamiento de su contenido e invitar directamente al lector
a la reflexión y relectura. En el año de 1971 hizo dos poemínimos a
los que tituló “CINCUENTENARIO DEL SUBDESARROLLO”
(Huerta, 1995: 348) en homenaje a los 50 años del fallecimiento del
poeta zacatecano:
1
Fuensanta
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¿Tú conoces
El Metro?
2
Y tu cielo
Los Bancos
De Comercio
Y el
Relámpago
Verde
De los
Dólares

Es innegable que detrás del divertimento con que Huerta crea sus
poemínimos, hay un hombre de 57 años de edad en ese entonces,
con más de treinta años de creación poética y otros igualmente dedicados al periodismo, detrás de esas líneas existe un lector culto en
pleno ejercicio de su oficio de escritor y con una lucidez extraordinaria para hacer simple lo complicado; es decir, la capacidad intelectual para sintetizar su pensamiento en la brevedad de sus versos
y ofrecer, al mismo tiempo, todo un replanteamiento implícito en
la temática de los mismos, es digno de tomarse en cuenta, porque
la ironía es toda una formulación crítica y lo lúdico una muestra de
dominio en el lenguaje.
Huerta se apropia de los versos de López Velarde y hace un
replanteamiento de los mismos a la luz de la actualidad y su contexto,
ofrece un diálogo entre poetas, al mismo tiempo que desacraliza
los versos velardianos atreviéndose al juego de palabras con la
sustitución de la mar por la de metro, propone una nueva lectura, no
cambia el rumbo del cuestionamiento poético sino que lo lleva en
otra dirección igualmente connotativa, de modernidad e importancia
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y, aunque suena simpático, en el fondo de la propuesta hay un
verdadero homenaje al mirar el México de Huerta de principios de
los años setenta a través de la poética de López Velarde.
Ramón López Velarde fue un poeta que reflejó ese conflicto
con la modernidad y la ciudad, recuérdese como ejemplo su poema
“No me condenes” en Zozobra del año 1919, que le dedica a María
Nevares, su entonces novia potosina y, por otro lado, Efraín Huerta,
heredero de esa tradición, tuvo a la ciudad como protagonista de sus
poemas e igualmente en su interacción con ella, tuvo conflicto con
la modernidad, baste citar ejemplos de poemas al respecto como
“La ciudad”, “Declaración de odio” y “Declaración de amor” en
Los hombres del Alba del año de 1944 o bien el libro de Circuito interior
publicado en el año de 1977.
La ciudad de López Velarde es provincial y la de Efraín Huerta
es capital y, sin embargo, el poemínimo tiende un puente entre ambas,
plantea una nueva realidad, parte de los versos de López Velarde de
1919 para ver su ciudad en 1971. Ese diálogo que logra Huerta con el
poeta zacatecano va más allá de la simpleza con que lo escribe, une los
tiempos y las motivaciones, trasciende los espacios poéticos.
Por lo anterior, la elección de sustituir el mar en los versos de
López Velarde por el metro, no es un asunto fortuito, en ello sigue
estando presente la exposición que ambos escritores comparten con
respecto a la modernidad de la ciudad y su interacción con ella, todo
ese sentido que el poeta zacatecano da en su poema “Hermana,
Hazme llorar” en su libro La sangre devota del año 1916 , donde señala
que su pesar es aún más grande y profundo que el mar, Huerta
es capaz de transferirlo a su realidad capitalina. El metro como
elemento sustituto en la composición poética es producto total de la
modernidad en la ciudad de México. El ejercicio del poemínimo no
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�Jesús Alberto Leyva Ortíz / La poética de Efraín Huerta

sólo nos divierte y nos propone una lectura nueva, sino que además
demuestra la vigencia de los versos de López Velarde a cincuenta
años de su muerte.
En el segundo poemínimo, Efraín Huerta hace una profunda
reflexión y una aguda crítica a la situación económica de la nación
de su tiempo al reformular los versos del bardo zacatecano con base
en la visión que éste tuviera del país en la segunda década del siglo
XX; así las garzas en desliz son ahora los bancos de comercio y en vez de
los loros los dólares. A cincuenta años de distancia de la muerte de
Ramón López Velarde, la propuesta de Huerta en 1971 tiende un
puente de comunicación entre ambos poetas, donde se intercambian
impresiones del México que fue para López Velarde y que observa
el bardo guanajuatense.
Esa capacidad de diálogo que emprende Efraín Huerta
con poemas canónicos, con personajes de la historia de México o
personalidades de su tiempo, la emprende también con las voces del
pueblo y la oralidad como con el dicho y el refrán. La tradición oral
es una fuente de riqueza lingüística donde la inteligencia popular se
destaca con el sentido común, de todo ello se nutre el poeta para crear
poemínimos; estas obras mínimas son un ejercicio intelectual habitual
en su trabajo poético; el manejo que tiene de la intertextualidad,
exige al menos un lector promedio y el planteamiento estético que
resulta de ello, va más allá del simple divertimento.
En ese mismo año de 1971 se puede observar, en contraste
con la alusión a los versos del poeta zacatecano López Velarde, en
el poema “Plagio XVII” (Huerta, 1995: 347), Efraín Huerta acude a
la tradición oral, concretamente al refrán: “El que quiera azul celeste
que le cueste” y lo retoma como base, con total ironía y desfachatez,
para proponer un replanteamiento a través de un poemínimo:
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La que
Quiera
Azul
Celeste
Que
Se
Acueste

Esta evocación de la sabiduría popular en que conseguir algo
muy singular tiene un costo elevado, como es el caso de lograr el color
azul celeste, emanado o derivado de una piedra aún más cara que el
oro en cierta época y, a través de ese refrán hacer un poema brevísimo
de carácter sexual al intercambiar el verbo costar por el de acostar le da
sentido inesperado, lúdico y burlón, característico del Huerta irónico
de esta década. El propio escritor explicaría, en el prólogo de su libro
Transa Poética de 1980, de este modo los poemínimos:
Creo que cada poema es un mundo. Un mundo y aparte. Un
territorio cercado, al que no deben penetrar los totalmente
indocumentados, los huecos, los desapasionados, los censores, los
líricamente desmadrados. Un poemínimo es un mundo, sí, pero a
veces advierto que he descubierto una galaxia y que los años luz
no cuentan sino como referencia, muy vaga referencia, porque el
poemínimo está a la vuelta de la esquina o en la siguiente parada
del Metro. Un poemínimo es una mariposa loca, capturada a
tiempo y a tiempo sometida al rigor de la camisa de fuerza. Y no
lo toques ya más, que así es la cosa. La cosa loca, lo imprevisible,
lo que te cae encima o tan sólo te roza la estrecha entendedera - y
ya se te hizo. (Huerta, 2008: 11)

Bien explica el poeta que al poemínimo no deben entrar
los censores, los que no tienen lírica en la sangre o bien los
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�Jesús Alberto Leyva Ortíz / La poética de Efraín Huerta

indocumentados, acaso porque para ellos el poemínimo puede rayar
en lo vulgar, en el “mal gusto”, en el chiste por el chiste mismo; pero
lo cierto es que el doble sentido que genera la propuesta huertana
con este poemínimo se queda justo en el territorio de donde emana,
en un replanteamiento de la propia voz popular.
Huerta emula igualmente el discurso del pueblo y este es
festivo, dicharachero, plagado de doble sentido. Con su trabajo
en el poema “Plagio XVII”, se abren posibilidades interpretativas,
bien puede entenderse como obtener favores a cambio de sexo
o que todo acto sexual nos lleva a lograr el azul celeste; es decir,
para ver lo divino basta con acostarse. Pero todo intento por
acercarse al mensaje del poemínimo son meros supuestos o como
lo señala el poeta en la cita anterior: “tan sólo te roza la estrecha
entendedera”.
En 1977 con el poemínimo “Sosiánico” (Huerta, 1995: 439),
Huerta es aún más desfachatado y sin tapujos, pero igualmente
creativo y divertido, arroja un replanteamiento del dicho: “Como
dice Juan Orozco, mientras como no conozco” y lo lleva, con total
desparpajo a la referencia sexual, así ofrece el siguiente resultado:
Soy
Como
Orozco:
Cuando
Cojo
No
Conozco

Sería importante no sólo tratar de comprender uno por uno
los poemínimos, puesto que implicaría una tarea divertidamente
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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

afanosa, sino también tomar en cuenta la lectura total de los
poemínimos; porque el revisarlos de manera aislada bien pueda
perder el sentido o valor colectivo que guardan también, el discurso
de donde derivan no es singular sino plural, la voz del pueblo es el
conjunto de voces de sus habitantes. La propuesta de poeta parece
ofrecer complicidad entre la tradición oral y la poesía, de tal modo que
la oralidad enriquece la literatura y la literatura enriquece la oralidad,
Heriberto Yépez en su capítulo “Los poemínimos: Fragmentación,
Apropiación y Pop” contenido en la antología Efraín Huerta. El Alba
en llamas (2002) lo explica de este modo:
[...] Huerta deshace dichos (orales) tantos clichés literarios. Utiliza
la literatura para contrarrestar los refranes populares y utiliza la
oralidad popular para contrarrestar la literatura. [...] los poemínimos
- esos poemitas `chistosos´ y aparentemente inofensivos - son
una de las textualidades que más consecuencias inquietantes nos
deparan. Después de Efraín Huerta y sus poemínimos el lenguaje
poético no puede volver a ser ingenuamente lírico ni ser usado
para “revelar” las emociones o ideas auténticas del sujeto poético.
Todo lo que ha sido dicho por la sabiduría popular, todas las ideas
memorables de los grandes autores, puede ser, dicho de otro modo,
puede ser convertido en su reverso cómico. (Yépez, 2002: 132)

Habrá que considerar enfrentar la estampida de poemínimos
y dejarse arrollar por esa masa de genialidad sintética, donde las
moralejas populares pueden recrearse y ofrecer con ellos nuevos
horizontes estéticos e interpretativos, donde la sabiduría colectiva
pueda analizarse a la luz del sarcasmo, de la ironía, con toques de
erotismo, dobles sentidos y sobretodo divertimento, para de este
modo, observar en el conjunto de poemínimos, todo un aparato
crítico.
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�Jesús Alberto Leyva Ortíz / La poética de Efraín Huerta

A manera de cierre
Lo que ocurre médicamente en el año de 1973 en la vida de Huerta
es trascendente para tomar la decisión de publicar con libertad y
seguridad sus trabajos prohibidos y sus nuevas búsquedas, entre
ellas están los poemínimos, que bien reflejan ese carácter irónico
que adquiere el bardo en la década de los años setenta y toman un
impulso nuevo en el año en mención, concretamente después de
perder la voz y salvar la vida enfrentándose al cáncer. José Emilio
Pacheco, haciendo referencia a los éxitos de esa década en Huerta
dirá sobre ello:
Los años de éxito, y la producción ininterrumpida [...] fueron
también los años terribles de la enfermedad. Huerta sobrevivió
a ocho operaciones consecutivas y se rehizo de los estragos
del cáncer. Tras esa prueba heróica, inconscientemente nos
habituamos a pensar que era inmortal e invulnerable y sería él
quien nos llevara a nuestra propia tumba. (1982: 15)

Sus intenciones están dadas en confiar en su poesía como
un medio de criticar los hechos y situaciones del país, pero más
importante aún en revitalizar el amor que es la verdadera razón de
ser de la poética huertana. De los cuatro libros que Efraín Huerta
edita en los años setenta podemos decir lo siguiente:
a. Los Poemas prohibidos y de amor de 1973, son la oportunidad de
publicar libremente aquellos poemas censurados décadas atrás
por la parte oficialista y su propósito sigue siendo el mismo
que aquellos momentos que le dieron origen, la crítica frontal a
las instituciones políticas y religiosas o a los personajes que los
representan. Por otro lado, este libro ofrece once poemínimos
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que serán una propuesta fresca en la literatura nacional y muestra
sintética de su carácter lúdico, desinhibido e irónico que decidió
adoptar para esta etapa de vida.
b. Los eróticos y otros poemas de 1974, en este libro el bardo decide
incluir 51 poemínimos; con su elección, lleva implícito el
hecho de confiar más en este tipo de poemas, eliminando la
melancolía de las décadas pasadas y, centrarse en su carácter
lúdico e irónico para ofrecer su visión aguda y desgarbada del
país; de la misma forma, su tratamiento del tema amoroso es
creativo, desfachatado y sexual. En general Huerta es capaz
de desprenderse de su ego mofándose de sí mismo y, de igual
manera se divierte replanteando dichos y refranes.
c.

Circuito interior de 1977, edición que muestra al Huerta amoroso
que siempre ha sido, expone ese amor a la ciudad donde plantea
la unión entre ambos elementos, de tal manera que esta nueva
vialidad en la capital del país, cuyo nombre le da título al libro,
bien puede representar, por un lado, una manifestación del amor
como breve y circular. Y, por otro lado, este sentimiento aparece
en cualquier parte de la urbe, siempre presente en ella.

d. 50 poemínimos de 1978, representa la total confianza en el
formato poético pequeño, donde explora todos los temas
que le han acompañado en su trayectoria, destaca su crítica
política, su condición de hombre sexagenario, su relación con
la bebida, con la ciudad, con la sexualidad. Otra vez se observa
al Huerta festivo, gracioso y ocurrente en hacer poemínimos,
eso que parece fácil de su pluma, pero son toda una muestra
de genialidad e innovación, al mismo tiempo que ofrecen una
poesía intelectualmente alegre.
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�Jesús Alberto Leyva Ortíz / La poética de Efraín Huerta

De sus producciones de los años setenta se puede concluir
que: “Recurrir al formato corto implicó que el poeta sintetizara su
pensamiento, con lo que destacó su agilidad mental y una mayor
agudeza para tratar los temas a partir de ideas capaces de despertar,
con muy pocas palabras, la reflexión y el análisis, mientras su discurso
sorprende con giros divertidos y cierres inesperados”. (Leyva, 2015:
140) Y también afirmar que todas ellas, son claro ejemplo de la
actitud que el poeta guanajuatense adoptó en esa década, como
consecuencia de sus experiencias en materia de salud.
De lo anterior, no sólo deja evidencia en la respuesta a
la entrevista con Elvira García en el año de 1977 ya referida en
este documento, donde afirma aprovechar al máximo esta nueva
oportunidad que la vida le ofrece de seguir en pie, sino también sus
propios versos exponen ese cambio en el poeta, ya no hay lugar para
la melancolía, los poemínimos son el rostro más alegre en la poética
huertana.
Los poemínimos forman parte del acervo poético del escritor
guanajuatense, son un aporte a la poesía mexicana contemporánea y
el legado de un poeta que, a través de los años, renovó su escritura y
estructura versal, experimentó de tal modo que fue capaz de romper
su propia tradición, la del verso largo que cultivara desde sus inicios
como escritor en la década de los treinta y continuara así durante
varias décadas hasta el final de su trayectoria en los años setenta.
Los poemínimos son un material poético al que vale la
pena acercarse por varias razones aquí expuestas. Siguen siendo
producto de análisis, pero lo más importante es disfrutarlos como
manifestaciones artísticas de su época y piezas fundamentales de
la poesía mexicana, aún vigentes y extraordinarios que dan fe de
un ánimo renovado en la creación huertana. Acercarse sin tapujos,
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con entusiasmo lírico o al que no pueden aspirar a los que Huerta
llama como “Un territorio cercado, al que no deben penetrar los
totalmente indocumentados, los huecos, los desapasionados, los
censores, los líricamente desmadrados.” (Huerta, 2008: 11)
La pérdida de la voz en Efraín Huerta, fue el desenlace más
decoroso posible en la lucha contra el cáncer; al mismo tiempo
el comienzo de una nueva faceta en su poesía, más productiva,
renovada, con el carácter irónico y divertido del escritor sexagenario
que disfruta la escritura y que, en esta etapa, observa una nueva
oportunidad de ejercer el oficio poético casi como un festejo por la
vida. La nueva fisonomía versal de Huerta nos permite comprender
su visión de las cosas y de sí mismo en un ejercicio por demás
divertido, capaz de comprometerse con su tiempo y abordar
temáticas críticas bajo la modalidad del poemínimo, también deja
ver al ser humano que siempre fue: intelectual, modesto y amoroso.
Bibliografía
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y edición de Raquel Huerta Nava, México, Conaculta,
Gobierno del Estado de Guanajuato, Instituto Estatal de
la Cultura, 200 pp.
García, Elvira, (1977) “Efraín Huerta: 63 años de vivir con furia”,
Proceso, 30 de abril de 1977. Recuperado de [www.proceso.
com.mx/?page_id=132433]
Huerta, Efraín, (1983), “Aquellas conferencias, aquellas charlas”,
Textos de Humanidades 35, México, Difusión Cultural,
Unidad Editorial, UNAM.
———, (1974), Los eróticos y otros poemas, México, Joaquín Mortiz
(Las dos orillas).
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-69

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�Jesús Alberto Leyva Ortíz / La poética de Efraín Huerta

———, (1996), Poemas prohibidos y de amor, México, Siglo XXI
Editores, 130 pp.
———, (2009), Poemínimos, México, Verdehalago, 160 pp.
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Autónoma de Puebla, 156 pp.
———, (1995), Efraín Huerta. Poesía completa, compilador Martí
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178

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-69

�Notas
Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

Construcción de una genealogía: el erotismo lésbico
en la novela Amora de Rosamaría Roffiel
Construction of a genealogy: lesbian eroticism in
the novel Amora by Rosamaría Roffiel
Karime Aylen Anguiano Treviño
Universidad Autónoma de Nuevo León
San Nicolás de los Garza, México
karime.aylen@gmail.com

La autora Rosamaría Roffiel nació el 30 de agosto de 1945 en
Veracruz. Es una periodista autodidacta, que trabajó más de 15 años
en revistas como Proceso y Fem. Ha publicado una antología de poesía
titulada Corramos libres ahora, y un libro testimonial ¡Ay Nicaragua,
Nicaragüita! Sin embargo, Amora es su primera novela. Y ha sido
considerada también como la primera novela lésbica en México.
A pesar de que la literatura lésbica puede parecer un concepto
obvio, en realidad ha tenido inconvenientes para ser establecida,
debido a la escasez de obras que conforman este canon literario.
Es por eso que diversas autoras han tratado de definirlo, entre ellas
Elena M. Martínez, quien escribió un Breve panorama de la literatura
lesbiana latinoamericana en el siglo XX (1997), obra que constituye la base
de la presente investigación. La autora define el término de literatura
179

�Karime Aylen Anguiano Treviño / Construcción de una genealogía

lesbiana como “aquella que va más allá de la mera representación
de temas y motivos, sino que busca verdaderamente privilegiar una
perspectiva lésbica”. Y sus preocupaciones centrales giran en torno
a lo erótico, lo autobiográfico y lo socio-político; es decir, no basta
solamente con que haya una relación de dos mujeres en una obra
literaria para que sea reconocida como lésbica.
La definición de este concepto reduce el canon lésbico, el
cual tiene sus primeros esbozos en autoras posteriores a Roffiel, las
cuales estaban interesadas en esta temática, sin embargo, se veían
limitadas al explorar cuestiones lésbicas en sus obras, por lo que se
veían en la necesidad de recurrir a juegos de ocultamiento, utilizando
diferentes códigos para que sus textos pasaran inadvertidos como
lésbicos en una sociedad homófoba, o incluso teniendo que publicar
bajo seudónimos. Es por eso que, en muchas ocasiones, para hablar
de la literatura lesbiana hay que descifrar significados que han sido
enmascarados por medio de un lenguaje perifrástico y eufemístico,
generalmente en la poesía.
El

canon

literario

lésbico

latinoamericano

recibe

aportaciones desde el siglo XVII con Sor Juana Inés de la Cruz,
quien es famosa por su poesía lírica y filosófica, y no ocultó su
oposición a las estructuras patriarcales de su época, además, escribió
poemas amorosos que han sido recientemente interpretados como
dedicados a mujeres de la nobleza los cuales sugieren un discurso
lesbiano. El ejemplo más claro de esto es su poema Divina Lysi mía,
el cual ha sido interpretado por críticos como Sergio Téllez-Pon
(citado en Bono, Ferran, 2017) como escrito especialmente para la
condesa de Paredes, María Luisa Gonzaga Manrique de Lara, quien
a su vez le dedicó poemas a la monja.
180

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-70

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

Otra de las figuras destacadas es Gabriela Mistral, quien ganó
el premio Nobel, y escribió poemas que reflejan la conciencia de una
mujer que se identificaba en niveles amorosos con otras mujeres,
tocando temas como la desolación, el amor y la frustración.
Sin embargo, en Amora no hay nada oculto, por el contrario,
la protagonista Guadalupe en todo momento se muestra orgullosa
de quién es y de su capacidad de amar a otras mujeres (en todas sus
formas). Habla de su relación con Claudia, así como de sus relaciones
pasadas, con completa libertad. Incluso se muestra el proceso en el
que le enseña a Claudia, sin presiones, la facilidad y beneficios que le
trae una relación amorosa con otra mujer.
De igual manera, hay un capítulo en el que su sobrina y su
amiga le cuestionan cómo son las lesbianas (sin saber que Guadalupe
lo es), y ella les explica de una manera simple que son mujeres como
cualquier otras, solamente que aman a otras mujeres en lugar de
hombres, por lo que las niñas comprenden sin problema.
Amora se considera la primera novela lésbica, ya que antes
de su publicación las lesbianas existían en un segundo plano
literario y plagadas de estereotipos, víctimas de la moral erotófoba
y homófoba, además de misógina. Su aparición estuvo en primer
lugar a cargo de escritores varones, como en la novela Santa de
Federico Gamboa, donde se narra que La Gaditana tiene una
obsesión erótica hacia su amiga y compañera de trabajo, ambas
prostitutas, la cual es narrada como morbosa y maliciosa, y se ve
como un amor indecente.
Por otra parte, Amora no sólo habla del amor sexual entre
mujeres, sino también de la amistad solidaria entre ellas (que es un
acto de rebeldía en una sociedad machista), sus personajas no son
mitificadas, al contrario, las muestra lo más humanas, retratando su
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�Karime Aylen Anguiano Treviño / Construcción de una genealogía

vida en la ciudad; los ambientes que narra son veladas románticas,
atardeceres lluviosos, noches de viernes solitarias, citas de amigas.
Esta novela se destaca entre otras por su contenido erótico
y sociopolítico en la literatura lésbica. Amora articula un discurso
erótico que se centra en la celebración del amor entre mujeres, pero
también en el dolor del amor no correspondido. Entre sus páginas,
textualiza una escritura erótica que acentúa la pasión y el deseo por
el cuerpo femenino, subrayando la reciprocidad del deseo de las
amantes lesbianas, además de articular el placer del texto.
El epígrafe advierte que el texto a continuación es de
carácter autobiográfico, y está dedicado “para todas las mujeres que
se atreven a amar a las mujeres”. Por lo tanto, Roffiel entrelaza una
historia de amor, lo autobiográfico y el compromiso social y político
a la causa de las mujeres como una reflexión de la discriminación
que sufren en México.
La novela está narrada en primera persona por la protagonista,
llamada Guadalupe y se desarrolla mayormente a través de diálogos,
los cuales son naturales y divertidos, con un lenguaje coloquial, lo
que la hace una lectura ligera y amena.
Asimismo, está separada en capítulos muy breves, de
aproximadamente 3 cuartillas, con nombres creativos como “De
puntitas para no despertar a los fantasmas”, “La vida es una
ensalada agridulce” y “De plano, amiga, ¡no más bugas, por favor!”.
Este último título, muestra un ejemplo de la jerga lésbica que se
emplea en la obra, y que ocasiona que las lectoras puedan sentirse
familiarizadas, evidenciando la cotidianeidad del texto.
La principal jerga lesbofeminista que se emplea es “buga”,
y la misma autora coloca una nota al pie de página explicando el
concepto, con el mismo estilo simple con el que se narra la novela.
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Asimismo, otras de las palabras que conforman el campo semántico
del texto son: “closetera”, definido por la autora como: “quienes -por
circunstancias diversas- guardan su homosexualidad en el closet”.
Y “bicicletear”, expresado en la novela como “de bicicleta, como se
conoce a los bisexuales: aquellos seres que no tienen problemas de
estacionamiento. La bicicleteada se puede practicar cíclica, alternada o
simultáneamente.”
El uso de la jerga colabora a crear una atmósfera de
cotidianidad en el texto, así como los diálogos, lo que es preciso
para una novela narrada en primera persona. El único capítulo que
se sale de estas características, es el titulado “Seguramente así aman las
diosas”, donde se lleva a cabo el encuentro sexual entre Guadalupe y
su novia, Claudia.
El interés de este artículo se centra particularmente en este
fragmento, puesto que, si el amor entre mujeres es invisibilizado,
su sexualidad ha sido incluso aún más negada, satanizada o vista
únicamente con morbo por parte de los hombres. Por lo tanto,
el hecho de que un acto sexual entre dos mujeres sea plasmado y
publicado en una obra literaria por una mujer lesbiana, sin tabúes y
estereotipos, es revolucionario y un parteaguas para más textos de
esta índole, así como para un verdadero reconocimiento completo
de las mujeres lesbianas, incluyendo su vida sexual.
Este capítulo se diferencia del resto por ser un poema,
a pesar de ser en prosa. La autora utiliza abundantes recursos
literarios, principalmente metáforas y analogías como: “Te ofreces
como flor, como ola gigante”, “Nido de alondra tu nido”, “El
coral entre tus muslos”, “La penumbra es un chal que nos cubre
los hombros”, “La tarde se tiñe de savia, de pájaros-flores, de olor
a sándalo”.
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�Karime Aylen Anguiano Treviño / Construcción de una genealogía

Y, como el título lo indica, describe a la mujer como una
diosa, con la capacidad de amar. Una amada describe la escena,
mencionando que no se atreve a tocarla, que tiene fuego adentro
y el tiempo no existe. La narración se centra especialmente en las
sensaciones y emociones, más que en hacer una descripción explícita;
algunas sensaciones que se mencionan son: júbilo, embriaguez,
ansias, deseo, excitación y amor.
Precisamente este aspecto de la narración implícita es lo
que diferencia y hace que este fragmento sea meramente érotico,
a diferencia de otras obras escritas por hombres en donde
muestran la sexualidad entre mujeres de una manera morbosa,
haciendo descripciones explícitas que podrían ser calificadas como
pornográficas. María García Puente (2018) señala que “en el marco de
logos falocéntrico, el significado de lo erótico se ha visto totalmente
desvirtuado deviniendo en una sensación confusa, trivial e incluso
psicótica que se confunde con su opuesto, lo pornográfico.”
Baudrillard (1989) señala que la diferencia entre estos dos
tipos de actos es precisamente lo explícito y lo implícito. Es decir,
en escenas categorizadas como pornográficas, se expone el cuerpo
en su totalidad, al servicio de una representación fetichista que pone
en juego el deseo de “verlo todo”, así como un juego de poder,
donde en la mayoría de los casos las mujeres están en una situación
de sumisión frente a los hombres dominantes.
Por otra parte, un acto erótico procede de una afección
recíproca; el deseo de los cuerpos es sólo la parte física visible de
la experiencia de éxtasis superior al placer del orgasmo. De manera
que, en una obra literaria es descrito de forma implícita, haciendo
uso de recursos literarios. Además, podemos ver una característica
particular del lesbianismo en lo érotico, ya que subraya en todo
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momento la reciprocidad del deseo entre ambas mujeres. Desde el
momento en que el capítulo está nombrado como “Seguramente
así es como aman las diosas”, podemos interpretar que señala a
ambas personajas como diosas, sin hacer más ni menos a una, y,
por lo tanto, sin entrar en juegos de poder como es habitual en lo
heterosexual.
A partir de las características que hemos identificado en
Amora, podemos concluir que esta obra causó revuelo principalmente
debido a la necesidad que tenían las mujeres feministas y/o lesbianas
de identificarse con personajas configuradas sin idealizaciones, sino
verosímiles; así como isotopías que las representaran fielmente y en
las cuales pudieran verse reflejadas, ya que, al pertenecer a estrechos
círculos de población, su literatura ha sido dejada en los márgenes.
Es por eso que, el hecho de que Roffiel haya sido la primera
mujer en publicar, no sólo una historia que represente una relación
entre dos mujeres, sino que además la celebra, e incluye una escena
erótica, así como la amistad revolucionaria y de sororidad entre
mujeres feministas y los labores que toman dentro del movimiento:
causó controversia tanto positiva como negativa, estableció
características que conforman el canon de literatura lésbica, hizo
resignificaciones y reivindicó a las lesbianas, tanto en lo personal
como en lo sexual, ya que naturaliza, mediante sus personajas, el
deseo femenino (lésbico), despojándolo del estigma cultural que
enseña a las mujeres a desconfiar y reprimir su potencial erótico.
Amora significa para las lesbofeministas el inicio de la
construcción de su genealogía; después de haber sido invisibilizadas
y transgredidas bajo una mirada heterocentrada. Roffiel realiza
a través de su novela, una reivindicación de la mujer, tanto de
escritoras, como textos y como lectoras. Al atreverse a nombrar a
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�Karime Aylen Anguiano Treviño / Construcción de una genealogía

las lesbianas, rompe con la norma y aporta nuevos significados en
torno a una minoría doblemente exiliada, primero como mujeres y
luego como homosexuales.
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�Notas
Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

La transculturación de la novela en José Trigo de
Fernando del Paso
The transculturation of the novel in José Trigo by
Fernando del Paso
Carlos Rutilo Aguilar
Universidad Autónoma de Nuevo León
San Nicolás de los Garza, México
carlos.ruti.neos@gmail.com
Durante las décadas de principios de los años sesenta y finales de los
setenta fue evidente el dominio que tuvo el Boom Latinoamericano
dentro de un mercado más internacional, llegando así a un
público lector más amplio, y compitiendo con las otras obras que
seguían inscribiéndose dentro de la tradición literaria europea y
norteamericana. Los principales miembros o nombres que suelen
ser frecuentados constantemente en este movimiento de carácter
estético fueron los de Julio Cortázar (1914-1984), Carlos Fuentes
(1928-2012), José Donoso (1924-1996), Gabriel García Márquez
(1927-2014), Guillermo Cabrera Infante (1929-2005), José Lezama
Lima (1910-1976), Mario Vargas Llosa (1936), entre otros.
Por esta misma razón es que los autores latinoamericanos,
anteriormente mencionados, comparten una misma poética en
187

�Carlos Rutilo Aguilar / La transculturación de la novela en José Trigo

dicho movimiento debido que las obras de cada autor respondió a
un contexto en particular y se apropiaron de otros recursos literarios,
que generalmente provenían de las vanguardias norteamericanas de
la primera mitad del siglo XX, así como de las propuestas expuestas
en El ruido y la furia (1929) de William Faulkner (1897-1962),
Manhattan Transfer (1925) de John Dos Passos (1896-1970) y el Ulises
(1922) de James Joyce (1882-1940), aparte de aquellas que provenían
por parte de las corrientes literarias europeas.
Como antecedente al Boom Latinoamericano se encuentran
los escritores latinoamericanos de la primera mitad del siglo XX
como Jorge Luis Borges (1899-1986), José María Arguedas (19111969), Miguel Ángel Asturias (1899-1974), Alejo Carpentier (19041980), Juan Carlos Onetti (1909-1994), María Luisa Bombal (19101980) y Juan Rulfo (1917-1986) con publicaciones de la talla de La
amortajada (1938), Ficciones (1944), El señor presidente (1946), El Aleph
(1949), Hombres de maíz (1949), El reino de este mundo (1949), La vida
breve (1950) y Pedro Páramo (1955) que serían las bases para clasificar
y distinguir entre las narraciones cosmopolitas y transculturados
(Rama, 2008); que cimentarían las bases para la generación de
escritores de la segunda mitad del siglo XX.
Después de siete años de construir una de las obras
fundamentales de la narrativa mexicana, José Trigo (1966) de Fernando
del Paso (1935-2018) aparece, junto con la antología poética Poesía en
movimiento (con las selecciones de Octavio Paz, Alí Chumacero, José
Emilio Pacheco y Homero Aridjis siendo el primero en realizar el
prólogo de la antología), impreso en la recién fundada editorial Siglo
XXI Editores en 1966, en pleno auge del Boom Latinoamericano y
de la Revolución Cubana que había ocurrido unos siete años atrás,
y ocho años desde que, según Gonzalo Celorio en el prólogo a
188

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-68

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

nueva edición de José Trigo en Siglo XXI Editores titulada “Contra
el silencio” (2006: 10-11). Carlos Fuentes publicara la primera gran
novela de la Ciudad de México: La región más transparente (1958), y que
fue de las primeras obras en tensionar tanto la cultura contemporánea
en la que se ve rodeada la capital mexicana junto con la cultura
prehispánica, aquellas que aparentaban haber desaparecido en la
“modernidad” de sus habitantes.
La novela José Trigo está compuesta por tres partes: en
la primera y en la tercera, sus capítulos se ordenan cronológica y
temáticamente hacia adelante y hacia atrás del 1 al 9 y del 9 al 1, y
una segunda parte intermedia que lleva por título de EL PUENTE.
De esta manera la novela parece imitar lo que sería una estructura
piramidal que va subiendo en cada capítulo, llega en una parte
intermedia (que sería la punta) y después baja hacia el principio del
ciclo narrativo.

1

La trama de la novela retoma la historia de la huelga
ferrocarrilera de 1958-1959 en Nonoalco-Tlatelolco, lugar donde
se desarrolla la acción de la novela, y la retoma desde una postura
1

Estructura Piramidal de la novela José Trigo.

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189

�Carlos Rutilo Aguilar / La transculturación de la novela en José Trigo

crítica de los acontecimientos de la Guerra Cristera y tensionarlos
con los mitos de la cultura prehispánica e indígena, recuperando de
esta manera cuentos populares, nahuatlismos y mexicanismos, sin
contar los corridos que aparecen con frecuencia.
También cabe destacar que no existe un personaje principal
en específico dentro de la novela, aunque lleve por título José Trigo, este
casi no aparece y, si lo hace, es a través de la mirada o de la voz del
otro, dejando que el lenguaje cobre el papel protagónico en la novela.
A diferencia de los demás miembros de la generación del
Medio Sligo Mexicano, Del Paso, no era un miembro apegado al
grupo ni colaboraba en los mismos suplementos culturales que
llegó a realizar, por ejemplo, Fernando Benítez con otros escritores
jóvenes de la generación como Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco
o Carlos Monsiváis, entre otros; pero sí frecuentaba el Centro
Mexicano de Escritores donde entabló amistad con otros pilares de
la narrativa mexicana: Juan José Arreola y Juan Rulfo, siendo estos
últimos los principales exponentes de la literatura, cosmopolita el
primero y transcultural el segundo, los que más influyen en la obra
del entonces joven escritor mexicano.
En ese mismo año también se publica en Cuba la novela del
barroquismo latinoamericano: Paradiso (1966) del escritor cubano
José Lezama Lima, y un año después vuelve a aparecer en España
Tres tristes tigres (1967) de Guillermo Cabrera Infante. Sin embargo la
recepción de José Trigo en la crítica nacional no fue tan bien recibida,
pues, algunos estaban a favor o en contra de ella por su compleja
estructura y dominio del lenguaje.
En su reseña “Un nuevo mexicano”, Artur Lundkvist (19061991), nos propone acercarnos a la obra del escritor mexicano desde
la parte técnica de la narración para así descubrir y apreciar mejor
190

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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

la simetría con que la novela está contada y busca seguir contando
desde esa perspectiva (Lundkvist, 2015: 11).
En el presente artículo se busca analizar la primera novela
de Fernando del Paso como parte de la transculturación de la novela
latinoamericana que propone Ángel Rama (1926-1983) en el libro
La Novela en América Latina/Panoramas 1920-1980. Por lo tanto, solo
serán revisados algunos capítulos de la obra del escritor mexicano,
en especial aquellos en las que hagan o responden de mejor manera
al tema de la transculturación en la narrativa latinoamericana.
Esto quiere decir que el artículo solo se centrará también en
algunas escenas de capítulos “clave” y en algunos otros personajes
como Luciano y Manuel Ángel, o Eduviges y Buenaventura, entre
otros tantos que pueden brindarnos pasajes memorables de la trama
y donde sea evidente esta idea de la transculturación en la novela de
Fernando del Paso.
¿Qué elementos de la transculturación pueden ser aplicables
a personajes como Luciano y Manuel Ángel? Ambos personajes son
importantes para la historia de la novela, tomando en cuenta que
José Trigo parece estar involucrado con ambos de manera indirecta.
También se buscará realizar sobre lo que quiere decir
transculturación de la narrativa latinoamericana dentro de la novela
de Fernando del Paso, que a la vez puede coincidir que paralelo a la
obra del escritor mexicano otras obras también buscan realizar lo
mismo, pero desde su propia postura y contexto social y cultural.
La primera vez que aparece el neologismo de la
transculturación es en el libro Contrapunteo cubano del tabaco y el
azúcar (1940) de Fernando Ortiz (1881-1969) sustituyendo de esta
manera al vocablo de la aculturación (Ortiz, 2018: 118). De acuerdo
con Liliana Weibergn (2009) el término de transculturación entra
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191

�Carlos Rutilo Aguilar / La transculturación de la novela en José Trigo

en sustitución del vocablo de aculturación como una interacción
creativa donde el cruce o choque de distintas entidades terminan
por dar como resultado:
procesos dinámicos de selección, interacción, transformación
y creación entre ambas, hasta llegar incluso a la generación de
una nueva entidad que comprende creativamente elementos de
las dos instancias previas al contacto. De este modo, la constante
interacción entre los distintos componentes da como resultado el
surgimiento de una nueva entidad cultural (Weinberg, 2009: 277).

Pero también debemos de considerar que la transculturación
también ha tenido sus debidas modificaciones o evoluciones con el
paso del tiempo, aunque fueron las ideas de Fernando Ortiz las que
se encargaron de cimentar el camino sobre la transculturación y lo
que permitió ampliarnos un poco más el vasto panorama de la gama
de significados que esto traía para la propia América Latina:
Por aculturación se quiere significar el proceso de tránsito de una
cultura a otra y sus repercusiones sociales de todo género. Pero
transculturación es vocablo más apropiado. Hemos escogido el
vocablo transculturación para expresar los variadísimos fenómenos
que se originan en Cuba por las complejísimas transmutaciones de
culturas que aquí se verifican, sin conocerlas es imposible entender
la evolución del pueblo cubano, así en lo económico como en
lo institucional, jurídico, ético, religioso, artístico, lingüístico,
psicológico, sexual y en los demás aspectos de su vida (188).

Después vendrán conceptos que terminarán por enriquecer
los estudios de transculturación en América Latina, encuentra
también otros conceptos como la “deculteración” o “exculteración”,
la “aculteración” y la “inculteración”, las que terminan por quedar
sintetizadas en el término de transculturación. Pero esto sería parte de
192

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las bases que retomaran otros autores importantes como los peruanos
José Carlos Mariátegui (1894-1930) y Antonio Cornejo Polar (19361997) desde posturas más panorámicas con la publicación de libros
y artículos como “El indigenismo y las literaturas heterogéneas”
(1978) y Escribir en el aire/Ensayos sobre la heterogeneidad sociocultural en las
literaturas andinas (2019), entre otras obras que ahondan aún más en el
concepto de la transculturación por medio de la heterogeneidad de
las culturas o de la hibridez de ellas mismas, y que comienzan a ser
notorio a partir de las literaturas indigenistas.
Dicho artículo fue leído por primera vez en la mesa dedicada
a “Algunos enfoques de la crítica literaria en Latinoamérica” que fue
organizado por el Centro de Estudios Latinoamericanos “Rómulo
Gallegos” a principios de 1977, justo por las fechas en las que se solía
entregar el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos cada
cinco años a la mejor novela publicada en nuestra lengua, y cuyos
primeros ganadores fueron La casa verde (1965) de Mario Vargas
Llosa en 1967, Cien años de soledad (1967) de Gabriel García Márquez
en 1972, Terra Nostra (1975) de Carlos Fuentes en 1977, y Palinuro de
México (1977) de Fernando del Paso en 1982, entre otros tantos.
Justo por estos años es cuando Liliana Weinberg afirma que
comienza a crecer el interés por los estudios sobre la transculturación
latinoamericana entre la crítica hecha desde la propia América
Latina en autores como Ángel Rama y Gonzalo Aguirre Beltrán
(págs. 277-278) y que retoman las ideas que se mencionó párrafos
arriba en relación con Mariátegui y Antonio Cornejo Polar sobre las
hibridaciones, heterogeneidad y mestizaje, entre otros más.
Sin embargo, la transculturación no se limita solo en las
ideas y conceptos de este tiempo, pues más tarde hasta nuestras
fechas académicas y académicos como Mary Louise Pratt, Mabel
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�Carlos Rutilo Aguilar / La transculturación de la novela en José Trigo

Moraña, George Yúdice, entre otros, siguen enriqueciendo el
concepto de la transculturación latinoamericana, y no la terminan
por limitar en el mero mestizaje, sino que también es visto como
propuesta de “descolonización del conocimiento” (281), pero que
siguen manteniendo firme esa misma clase de heterogeneidad en el
cruce de distintas culturas.
Debemos entender por discurso heterogéneo lo propuesto
por Cornejo Polar, pero también sintetizado en el Diccionario de
Estudios Culturales Latinoamericanos, como “la condición fragmentada
y fracturada de las naciones latinoamericanas, condición que la
literatura está destinada a reproducir, no a solucionar.” (Tarica, 2009:
130, esto quiere decir que más de un discurso o cultura pueden
coexistir en un solo espacio reflejado en nuestra sociedad o en la
literatura misma, un conflicto de cruces entre ambas visiones. Aquí
nuevamente vuelve a aparecer Ángel Rama y Cornejo Polar como
los referentes al tema; pero también son mencionados autores como
Noel Jitrik (1928) y Antonio Candido (1918-2017) que aportaron
sus distintas visiones acerca del tema hasta Néstor García Canclini
(1939), cuyo trabajo fundamental es Culturas híbridas: estrategias para
entrar y salir de la modernidad (1990) y que se refiere a la hibridez
como múltiples continuidades históricas, cada una de ellas regidas
o direccionadas desde su propio contexto y coexisten cada uno a su
manera particular de concebir el tiempo y espacio (15).
La transculturación de la novela en la narrativa
latinoamericana
Antes de abordar el tema sobre cada una de las obras que ofrece,
se piensa que es necesario repasar la obra de José Ortega y Gasset
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(1883-1955) que dejó manifestado en su libro La deshumanización del
arte e ideas sobre la novela (2007) donde afirmó lo siguiente sobre la
novela a principios de la primera mitad del siglo XX:
La materia no salva nunca a una obra de arte, y el oro de que está
hecha no consagra a la estatua. La obra de arte, vive más de su
forma que de su material y debe la gracia esencial que de ella emana
su estructura, a su organismo. Esto es lo propiamente artístico de
la obra, y a ello debe atender la crítica artística y literaria. Todo
el que posee delicada sensibilidad estética, presentirá un signo
de filisteísmo en que, ante un cuadro o una producción poética,
señale alguien como lo decisivo el asunto. Claro es que sin éste
no existe obra de arte, como no hay vida sin procesos químicos.
Pero lo mismo que la vida no se reduce a éstos, sino que empieza
a ser vida cuando a ley química agrega a su original complicación
de nuevo orden, así la obra de arte lo es merced a la estructura
formal que impone a la materia o al asunto (48).

Retomando las palabras de Ortega y Gasset antes debimos
haber planteado las siguientes preguntas ¿Qué pasaba con la literatura
latinoamericana, en especial con el género novelístico, durante
los principios del siglo XX? ¿Qué tanto de lo que se producía en
Europa y Norteamérica llegaba a los países de habla española en
Latinoamérica? ¿Cómo se manifestaba la recepción literaria entre
los escritores latinoamericanos?
Mientras que Europa y Estados Unidos renovaban las
formas de contar historias por medio de la novela con autores de
la altura de Henry James (1843-1916), James Joyce (1882-1941),
Marcel Proust (1871-1922) y William Faulkner (1897-1962), entre
otros; en Latinoamérica narradores como María Luisa Bombal
(1910-1980), Miguel Ángel Asturias (1899-1974), Jorge Luis Borges
(1899-1986), entre otros, estaban atentos a las vanguardias europeas
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�Carlos Rutilo Aguilar / La transculturación de la novela en José Trigo

traídas a partir de los primeros años de 1930 y durante esa primera
mitad del siglo comienzan por incorporar y experimentar con
otros subgéneros y aplicarlos al cuento y a la novela en particular.
Es aquí cuando volvemos a retomar la cita de Ortega y
Gasset porque la literatura latinoamericana hasta este punto
tiene más de dos propuestas distintas de contar la novela: la que
aprovecha los recursos del naturalismo o todo aquello que venga
de occidente para plantear un conflicto de corte social y crítico
(utilizado por los narradores de la revolución); y las obras (novela,
cuento o relato) que aprovechan el efecto fantástico o los recursos
de lo maravilloso para replantear un juego literario o un conflicto
humano que se manifiesta por medio de ritmos e imágenes
aprovechados por el lenguaje para responder a un entorno social
y cultural, que en este caso es específicamente la latinoamericana, y
en otros casos solo corresponden a la literatura misma pero desde
sus posturas como escritores latinoamericanos, como es el caso, a
mi parecer, de Borges.
Dicho en otras palabras, Ángel Rama separa en dos
categorías o vertientes a la literatura latinoamericana a seguir y
estudiar: aquellas en las que la obra parte desde una visión casi
extranjera de su contexto tienden a ser llamadas como la novela
cosmopolita; y las otras son las que buscan responder al contexto
social y cultural del momento partiendo directamente de su entorno
(Rama, 2008). Casi es la misma idea que tiene Seis propuestas para
el próximo milenio (Calvino, 2001) sobre la literatura que dialoga
consigo misma y que coincide con la visión del autor cosmopolita
de Rama, al ver cómo la literatura desde su visión y postura en
particular reconstruye un mundo con el cual se busca cuestionar
y dialogar:
196

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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

Los narradores que en sus obras elaboran procesos de
transculturación responden a las circunstancias y especificidades
de las culturas dentro de las cuales se han formado, a las
proposiciones e imposiciones que sobre ellas ejercen la cultura
modernizada y por lo tanto al tipo de conflicto que genera entre
ambas (Rama, 2008: 243).

Es aquí cuando es necesario volver a repensar en la literatura
latinoamericana ahora vista desde la perspectiva del crítico uruguayo,
Ángel Rama, que puede componerse en otras dos “corrientes
literarias” que se manifiestan entre los autores latinoamericanos de
la primera mitad del siglo XX y los de la segunda mitad de ese mismo
siglo en las obras de grandes exponentes como Borges y Asturias,
García Márquez y Fuentes, en los cuales vemos manifestados al
narrador cosmopolita y al narrador aculturado/transcultural.
La obra de Carlos Fuentes como La muerte de Artemio Cruz
(1962), por tomar un solo ejemplo, es una gran novela que cuestiona
y critica al contexto social y cultural en el que se encuentran sus
personajes; pero que a la vez ese entorno cuestionado tienden a
tener paralelismos con su visión social, política y cultural sobre lo
que implica ser mexicano y latinoamericano en un contexto más
contemporáneos sobre la visión de lo que creemos nosotros son
nuestras tradiciones tensionadas en múltiples tiempos y espacios,
“[…] estaba allí todo: lo que yo había soñado, lo que creía muerto.
Estaba vivo lo que yo creía muerto.” (Fuentes, 1982), y este tipo de
visiones y temas quedaron reflejados desde sus dos primeras obras
Los días enmascarados (1954) y La región más transparente (1958), en las
que Fuentes consigue hacer coexistir o tensionar tanto la cultura
prehispánica frente a la cultura contemporánea acerca del progreso
y recepción de culturas y costumbres extranjeras en la Ciudad de
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�Carlos Rutilo Aguilar / La transculturación de la novela en José Trigo

México; pero siempre basándose en un modelo literario como el
que propuso John Dos Passos con Manhattan Transfer, donde el
protagonista de dicha novela era la ciudad misma, aquellos habitantes
marginados o relegados que la componían.
Se coincide con Ángel Rama al haber dicho que La muerte de
Artemio Cruz (1962) es la novela mejor lograda en el conjunto de su
obra en esa época (179), pues aunque La región más transparente sea
su obra más reconocida en nuestras fechas, no deja de pecar que
dentro del contenido están muy presentes las ideas propuestas de
El laberinto de la soledad (1949) de Octavio Paz (1914-1998) sobre la
identidad y figura del mexicano; caso contrario sucede con La muerte
de Artemio Cruz, que aunque sí retoma algunas ideas de dicho ensayo,
la novela se arriesga a construirlo todo desde un panorama diferente
sobre lo que es ser mexicano y latinoamericano en pleno siglo XX,
pasando por las revoluciones mexicana y cubana, la Guerra Civil
Española, y siendo este personaje un hijo forzado por la violación
de un cacique español hacía una sirvienta mulata en una hacienda
mexicana el cual quedará en ruinas por la huida de los ocupantes
franceses y el retorno de Juárez al poder, y los desencantos y
ascensos al poder de Artemio Cruz al darle la espalda los ideales
principales que “motivaron” a continuar con la revolución. Más que
la historia de un ex-revolucionario corrupto, es la imagen de una
conciencia colectiva, una novela de crítica social que no abandona
para nada la forma estética de la que está compuesta, desde distintas
visiones y perspectivas, desde distintos tiempos y espacios: Yo, Tú,
Él; presente, pasado y futuro.
El mismo fenómeno ocurre en José Trigo, pues la marginalidad
en que viven los personajes también permite que en un solo lugar
se concentren distintas culturas en distintos tiempos y espacios, y
198

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las distintas maneras de reconstruir el lenguaje de una sola nación,
que son a la vez una misma y muchas distintas, se encuentran
logrados desde la perspectivas de contar con todos los personajes
marginalizados, desde el discurso mismo de las instituciones
(Foucault, 2014), desde el inicio y final de la novela.
La transculturación de la novela en José Trigo de
Fernando del Paso
Como se había comentado anteriormente, la novela de Fernando
del Paso tiene como protagonista al lenguaje y por medio de ella se
van conociendo historias, corridos y relatos de cada habitante del
campamento ferrocarrilero que a la vez coexisten, o se friccionan,
con las culturas prehispánicas e indigenistas, tal y como lo mencionó
también Cornejo Polar sobre las culturas híbridas.
Vi primero que el sinsonte era Nance Buenaventura, y que Nance
Buenaventura arrancaba una palabra del árbol de la vida una
noche en que subía de la faz de las aguas el amargo olor de las
flores de muerto. Los niños dormían y soñaban góndolas de nieve
y los trenes corrían por los rieles de madera y tocaban sonajas de
niebla y los perros ladraban a la luna porque la luna tenía cara de
conejo: con un cráneo de conejo le golpearon el rostro. Y éste era
su cielo, el cielo de la luna que el Señor hizo para los tiempos…
(253)

De entrada se percibe cómo la novela reconstruye la visión
de lo que sería la poesía náhuatl por medio de sus propios recursos
de la lengua escrita en español para mantener la tensión entre
la historia de un mito prehispánico por medio del ritmo poético
del poema en prosa y así aterrizarlo en un contexto mucho más
contemporáneo para luego hacer juegos de imágenes poéticos,
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�Carlos Rutilo Aguilar / La transculturación de la novela en José Trigo

pero siempre alegorizando la coexistencia de más de una cultura
dentro de la historia, pues ¿Quién se supone que es Nance
Buenaventura dentro del contexto de la novela y a la historia a la
que se hace referencia? Pues solo es un personaje marginalizado en
el campamento ferrocarrilero y que coexiste en aparente armonía
junto con los demás personajes que la habitan.
Sobre las novelas regionalistas e indigenistas, Ángel Rama
comenta que “son la estructuras literarias las que visiblemente
registran una transformación, procurando sin embargo resguardas
los mismos valores, aunque en verdad situándose en otra perspectiva
cognoscitiva” (229), y el modelo que retoma Fernando del Paso
para construir la novela José Trigo es evidente que parte desde James
Joyce con el Ulises y, nuevamente, Manhattan Transfer de John Dos
Passos; pero la obra que atañe a este artículo tiene sus modelos
latinoamericanos y contemporáneos a ella como lo son Leyendas
de Guatemala (1930) El señor presidente de Miguel Ángel Asturias, Al
filo del agua (1947) de Agustín Yáñez (1904-1980), El luto humano
(1943) de José Revueltas (1914-1976), Pedro Páramo (1955) de Juan
Rulfo, La región más transparente (1958) y La muerte de Artemio Cruz
(1962) de Carlos Fuentes, La feria (1963) de Juan José Arreola,
La ciudad y los perros (1962) de Mario Vargas Llosa y El coronel ni
tiene quien le escriba (1962) de Gabriel García Márquez, entre otros
tantos, en los que aprovecha los pasajes de desolación y desencanto
por el entorno y las instituciones que las oprimen, la violencia
y la fealdad humana, las narraciones polifónicas que funcionan
partiendo desde un mismo punto, y todo ese folklor literario son
los que terminan nutriendo la novela que también aprovecha los
recursos del cuento popular y la leyenda para contextualizarlos en
un tiempo más contemporáneo:
200

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�Humanitas, vol. 4, núm. 7, enero-junio, 2024

Hace mucho tiempo que en este pueblo de Xochiacan vivió
Eduviges. Un manojo de años, que llegaron uno por uno y se
fueron todos juntos. No sé por qué, pero las cosas han cambiado,
han ido de mal en peoría. Nos cayó el chahuistle. La tierra está
como martajada, no se maciza aunque queramos. Los obeliscos
están descoloridos… Los patos golondrinos, que llegan por
enero, pasan por arriba y uno los ve pasar a ras del cielo, pero no
bajan. Las golondrinas sí bajan, y anidan en los alcorozados de las
entrevigas, como endenantes, pero se van más pronto y se llevan
el viento con las alas… (90)

Si lo vemos desde la aculturación en este caso puede notarse
a través de “que es la narración donde la realidad y fantasmagoría se
confunden e interpenetran, a la intimidad de su sistema cultural que
articula una organización social primitiva, mitos, creencias, costumbres
desprendidos de la piel de las criaturas...”(212) y es esta desolación que
invaden a los personajes dentro de un sistema que los marginalizan
también responden a otro tipo de modelo, pero ahora literario, como
es el caso de William Faulkner “un escritor que dentro de la cultura
de los Estados Unidos representa justamente la resistencia de una
cultura sumergida, estancada y dominada –el Sur esclavista, rural,
tradicionalista− respecto a los centros norteños civilizadores…” (212),
y estas características están también presentes en la novela, en especial
por las dualidades de personajes mostrados en Luciano y Manuel Ángel,
y en Eduviges y Buenaventura que están involucrados en la huelga
ferrocarrilera; pero más que ellos llama la atención de la imagen que se
tiene de José Trigo “con una caja blanca cargada al hombro” (pág. 5) y
con Eduviges, embarazada, agachándose para recoger los girasoles de
la calle (considerado en su momento como una flor corriente y de mal
gusto) dispuesto a enterrar al niño que acababa de fallecer, mientras el
pueblo y el campamento entero los ve pasar.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-68

201

�Carlos Rutilo Aguilar / La transculturación de la novela en José Trigo

También hay que prestar atención a las fechas contadas en
distintos capítulos que llevan por títulos “Cronologías” en las que se
hace referencia a la colonización y fechas de la cristiada y la huelga
ferrocarrilera:
19 de enero de 1960
Un ferrocarrilero inicia la compostura de un corrido. Esta es la
primera estrofa: “En la Ciudad de Nonoalco/ presente lo tengo
yo/ por el año sesenta/ nuestra libertad murió.”
1531
Diciembre 12. Se fija este día como el de la aparición oficial de la
Virgen de Guadalupe cuya imagen, pintada en un ayate, se revela
en Tlatelolco ante los ojos asombrados del obispo que fundó la
Escuela de la Santa Cruz.
1539
Ocurre en este año el primer bautizo en la historia de Tlatelolco.
22 de enero de 1960
Un asesor técnico de los ferrocarriles, debidamente informado,
publica en una gaceta especializada un significativo y efectista estudio
donde expone la “mixtificación” de los salarios reconociendo que, los
sueldos reales devengados por los ferrocarrileros computados con
base al costo estándar de vida en 1939, descendieron un promedio
de $5.32 diarios en 1958. Habla también de las dietas exageradas
de que disfrutan los funcionarios en misiones especiales, y de los
numerosos gravámenes que gravitan sobre los ferrocarrileros. No
habla, en cambio, de las prerrogativas (128).

Es importante ver cómo la obra intercala los tiempos y
expone su postura por medio de la tensión del lenguaje, tiempo
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y espacio que existen entre las distintas fechas expuestas, pero a
la vez coincide tener como resultado una cultura en el que están
aunadas más de una distinta. Esta novela también guarda dualidades
entre sus personajes como Luciano y Manuel Ángel que a la vez
pueden simbolizar tanto a Quetzalcóatl y a Tezcatlipoca, donde la
historia de sus antepasados los obliga a confrontarse para cumplir
un destino inevitable para aquellos que creen en la huelga y en sus
héroes, y nuevamente reflejan el fracaso de la Revolución Mexicana
por medio de una traición, o de la Guerra Cristera en la ausencia
de un Dios. Pero más que ellos radican también las instituciones
que los marginan y olvidan en un campamento desolado como
Nonoalco Tlatelolco, pues “en la transculturación de la novela
se va descubriendo el mito” (241), como es el caso también de
“Buenaventura, madre de la tierra, madre de los dioses, vestía su
propia piel, aviejada y sucia, y sostenía en la mano una escoba”
(385).
Los personajes de la novela viven tensionados en el mito,
coexistiendo con ella, pertenecen a una cultura híbrida, pero también
son condenados de la tierra, y les cuesta no tener que inventar formas
de responder al contexto. La novela no es regionalista, al contrario:
pertenece a la corriente de novela transcultural y no renuncia al
lenguaje de la región, sino más bien se apoya de las estructuras del
Ulises y Manhattan Transfer para poder recrearse en el lenguaje.
No es este el espacio para discutir si José Trigo puede
adscribirse a la literatura fantástica, aunque existan mitos y hechos
en la novela que nos hagan pensar lo contrario, y tampoco este
artículo pretende discutir si está del lado del realismo mágico;
más bien es una novela que sabe recrearse en el espacio y entorno
en el que se desenvuelve: una cultura híbrida con múltiples
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�Carlos Rutilo Aguilar / La transculturación de la novela en José Trigo

interpretaciones en distintos espacios y tiempos, y que da como
resultado un José Trigo que se mueve hacia adelante y hacia atrás, y
exponiendo la hibridez y la transculturación de su estructura en el
capítulo de en medio.
Aunque el espacio no permite analizar más a la novela, sí es
posible decir que pocas logran concentrar una estructura piramidal
del lenguaje para hacer que la narración responda al entorno y
contextos que sean necesarios, debido que en la relectura siempre se
encontrará más cosas que antes no nos habíamos percatado tanto
de la forma en que está hecha como en el contenido que lleva su
mensaje.
En este sentido Fernando del Paso sí es un autor más
cercano a Miguel Ángel Asturias, Juan Rulfo, Guillermo Cabrera
Infante, José Lezama Lima, un poco a García Márquez y a Carlos
Fuentes; pero sí lejano a los autores que experimentan de la misma
forma con la narrativa como lo serían el segundo Sergio Pitol,
Jorge Luis Borges y José Donoso, debido a una fuerte conexión
con las obras representadas en la transculturación de la narrativa
latinoamericana.
La visión histórica desde un punto más contemporáneo,
aunado a los intercambios de los pasajes y contextos, también nos
ayuda a repensar lo que será después la obra de Fernando del Paso
con Palinuro de México (1977) y Noticias del imperio (1987), debido que
cada transculturación narrativa busca responder al contexto. Vale la
pena volver un tiempo después a cada una de las novelas, teniendo
en cuenta que la historia es la base de cada una de esas narraciones,
y tratar de reflexionar tanto la forma y el contenido con el que son
contadas y en lo que busca decirnos a nosotros como cultura y
sociedad contemporánea.
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�Notas
Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

Ella escribe, la borran y la reescriben: análisis de
la escritura autobiográfica desde la literatura de
archivo en las novelas El acontecimiento (2019) de
Annie Ernaux y El invencible verano de Liliana
(2021) de Cristina Rivera Garza
She writes, she is erased and rewritten: an analysis
of autobiographical writing from archival literature in the novels Happening (2019) by Annie Ernaux
and Liliana´s Invisible Summer (2021) by Cristina
Rivera Garza
Ángeles Stefanya Serna Moreno
Universidad Autónoma de Nuevo León
San Nicolás de los Garza, México
annstmoreno9930@gmail.com

“No escribas en primera persona” es una de las frases que recibo
en algunos talleres de escritura creativa. Me dicen que es mejor
escribir desde el papel del espectador: segunda o tercera persona,
tal vez un narrador omnisciente. Cualquiera de estos recursos
narrativos es mejor que escribir desde el yo. Sin embargo, en
207

�Ángeles Moreno Serna / Ella escribe, la borran y la reescriben

el año 2022, la escritora francesa Annie Ernaux gana el premio
Nobel de Literatura. Gana la primera persona. Gana la literatura
del yo. Eso es lo que aparece en las notas de revistas y periódicos
digitales, en algunos tweets y publicaciones en Facebook. Aparecen
comentarios como “¿Desde cuándo escribir de los problemas de
uno es sencillo?” y de allí se desatan hilos e hilos de lectores fieles
a la ficción.
Ese año también, Cristina Rivera Garza ganó el premio
Xavier Villaurrutia por su novela El invencible verano de Liliana (2021)
que trata del feminicidio de su hermana. Recibió el premio con
algunos comentarios sobre cómo desarrollar más un personaje
secundario: el feminicida. Las recomendaciones de uno de los
críticos se dirigen a leer autores como Ernesto Sábato, Jorge Luis
Borges, Julio Torri, etcétera. La relación que encuentro entre estos
dos casos consiste en que ambas obras tienen en común el uso de
la primera persona y el retrato de sus vivencias, debido a la violencia
estructural que es registrada en archivos tanto afectivos (diarios y
agendas) como institucionales (documentos oficiales).
La tradición literaria latinoamericana la construyen los
escritores por medio del archivo (cartas, crónicas, actas, etc.) y
también del registro oral (canciones, leyendas, relatos), eso lo
menciona Roberto González Echevarría en su texto Mito y archivo.
Una teoría de la narrativa latinoamericana (2011) con el ejemplo de la
novela Los pasos perdidos de Alejo Carpentier.
[…] es un Archivo de relatos y un almacén de relatos maestros
producidos para narrar acerca de América Latina. Así como el
narrador-protagonista de la novela descubre que es incapaz de
borrar su pasado y empezar de nuevo, el libro busca una narrativa

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nueva y original, debe contener todas las anteriores y, al volverse
Archivo, regresar a la más fundacional de esas modalidades
(González Echevarría, 2011: 32).

En el archivo, se guarda la Historia. Esa Historia que no se
quiere contar, la que incomoda, la que no es parte del Sistema. Al
inicio de El Invencible verano de Liliana, Rivera Garza narra el proceso
que pasó para encontrar el archivo del feminicidio de su hermana en
la Procuraduría de la Ciudad de México. En los pasillos y las esperas
eternas entre la hora de comida y de salida de los administrativos, le
responden que no los tienen, se justifican recalcando el tiempo que
ha pasado: 30 años.
En el artículo Archivo y novela. Sobre la dimensión museal de la
literatura latinoamericana (2016) de Juan D. Cid Hidalgo explica el
control de la memoria de parte de los museos “Escribir, nombrar,
tatuar la memoria del porvenir sugiere precisamente lo que un
dispositivo como el museo pretende sea su función: el control de la
memoria, la vigilancia de la misma” (pp.166-167). Aquí me pregunto:
¿quién tiene la autoridad para controlar la memoria histórica?, ¿quién
decide cuáles archivos son importantes?, ¿cuál es la diferencia entre
archivar y cuidar las declaraciones de políticos y los diarios de cocina
de una ama de casa? y ¿quién establece el tiempo necesario para
decidir hasta cuándo un feminicida deja de ser un feminicida?
La respuesta que propone González Echevarría son
los mecanismos de poder. Incluso, Cid Hidalgo establece una
comparación entre los museos como resguardo histórico y el
panóptico de Michael Foucault. La vigilancia y la exposición de
cualquier archivo en los museos está custodiado y protegido, pero
también es necesario que se encuentre a la luz pública, que los demás
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individuos vean, no todo, pero sí lo necesario. Por eso, la literatura
latinoamericana sigue recurriendo al archivo, continúa buscando su
Historia, la identidad de sus pueblos, de sus comunidades.
Ahora, la obra de Ernaux El acontecimiento, una novela que
trata sobre el tema del aborto en Francia en los años sesenta, está
fuera de la literatura Latinoamérica, pero no de los mecanismos de
poder. La protagonista expresa en la obra la postura de la sociedad
francesa sobre el aborto; la represión hacia la mujer sobre su propio
cuerpo, la deshonra social y la deslegitimización a los médicos. El
registro que utiliza la protagonista es su agenda. Cada día que pasa
escribe la situación actual de su cuerpo, su mismo cuerpo recibe los
cambios del embarazo y, posteriormente, del aborto.
Entonces, el archivo, como lo define González Echevarría
es preciso estudiarlo desde la marginación y el señalamiento del
Poder que propone Foucault, ya que las trabas en la investigación
del feminicidio de Liliana Rivera Garza y la búsqueda del aborto de
Ernaux son mecanismos de control establecidos por el poder dentro
de la estructura social. Además, la estructura literaria que escogieron
las autoras para contar su historia es relevante, ya que encuentro
semejanzas en las dos novelas y, así, como menciona Ralph Freedman,
citado por González Echevarría, el género no pertenece a un espacio y
a un tiempo. “El origen de la novela es no sólo múltiple en el espacio,
sino también en el tiempo. Su historia no es, por cierto, una sucesión
lineal o evolución, sino una serie de renovados arranques en diferentes
lugares” (González Echevarría, 2011: 37).
El papel y el cuerpo
En la explicación que hace González Echevarría al inicio del primer
apartado de su libro, menciona que el protagonista de Los pasos
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perdidos tiene el problema de conseguir cuadernos para escribir su
historia. Ni uno ni tres cuadernos fueron suficientes para terminar
de escribir la canción basada en la Odisea que quería hacer. Es ahí
cuando me encuentro con un primer archivo dentro de la literatura
latinoamericana, pero es distinto a los archivos que hay en los museos,
ya que no es una carta de Hernán Cortes o Benito Juárez que hable
de México desde una perspectiva patriótica, sino que son textos que
muestran el entorno del personaje, sea ficticio o no. Después, están
las notas, cartas y el diario de Liliana, recreadas y mostradas en el
libro de Cristina, es un archivo afectivo como lo llama ella. También
lo es la agenda de Ernaux.
Estas novelas vinculan la historia del personaje o narradora
desde los archivos que utilizan como intertexto o paratexto. En el
caso de Ernaux, la agenda tiene relevancia en la historia que está
contando, debido a que, gracias a la mención de ese registro, la autora
rompe la linealidad de los sucesos dentro del plano de lo real, lo cual
este es un elemento importante en la literatura del yo porque marca
parte de la estética de la obra. Considero que este también es un
recurso que utiliza Rivera Garza para la construcción de su novela,
debido a que la historia que narra no es lineal, sino que utiliza la
analepsis con los capítulos y los paratextos que son las notas, cartas
y páginas del diario de su hermana. González Echevarría propone
que este tipo de literatura –la literatura de archivo– tiene la capacidad
de contar la verdad histórica.
Las narrativas que solemos llamar novelas demuestran que la
capacidad para dotar al texto con el poder necesario para transmitir
la verdad está fuera del texto; son agentes exógenos que conceden
autoridad a ciertos tipos de documentos, reflejando de esa manera
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la estructura de poder del periodo, no ninguna cualidad inherente
al documento mismo o al agente externo (González Echevarría,
2011: 38).

Entonces, las novelas son un recurso de escape para contar la
verdad, desde una perspectiva en particular, de los acontecimientos
ocurridos en cierto período de tiempo. Incluso, en una entrevista
que le hicieron a Ernaux, menciona que su libro El acontecimiento
lo escribió mucho tiempo después de que ella practicara el aborto.
También dice que dudó en escribirlo porque en ese tiempo las leyes
y la sociedad no permitían que se trataran estos temas. En el caso de
Cristina, aparte de que su libro sea uno de los más vendidos y utilice
la literatura de archivo, la relación entre historia y literatura es una
acción política contra el Sistema, porque al retratar su proceso como
familiar de una víctima está evidenciando a la justicia practicada en
México.
Asimismo, la literatura no sólo se relaciona con lo anecdótico,
lo íntimo, lo personal, sino que también toma las costumbres y
las tradiciones de las sociedades. Dentro de las novelas que estoy
analizando, encuentro no sólo elementos estéticos y discursos
históricos por medio del archivo, sino que en la intertextualidad
muestra un recorrido etnográfico del entorno. Estas novelas no
solo crean atmósferas, sino que muestran una parte de la realidad
vivencial de lo que fueron –son– las situaciones que retratan.
El documento portador de verdad que imita la novela es el informe
antropológico o etnográfico. El objetivo de dichos estudios es
descubrir el origen y fuente de la versión que una cultura tiene de
sus propios valores, creencias e historia, recopilando, clasificando
y volviendo a contar sus mitos (González Echevarría, 2011: 44).

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Por lo que, el cuerpo también se muestra desde su presencia
en esa realidad que se aleja de la ficción y es necesario analizarlo
como un archivo, ya que el cuerpo (político, social, cultural, humano)
tiene un registro como es mostrado en la novela de Los pasos perdidos
con la presencia de la selva; en El invencible verano de Liliana con
la burocracia y falta de justicia en México; y, por último, con El
acontecimiento de Ernaux, que muestra su propio cuerpo como un
archivo que registró una nueva célula dentro de ella y el proceso de
expulsión. Incluso, es el archivo de los prejuicios funcionando como
mecanismos de poder de la sociedad francesa en los sesenta.
Coleccionar es un acto de supervivencia
Coleccionar es una acción que Cid Hidalgo la relaciona con un
alto poder adquisitivo, personas de clase media-alta son las que se
pueden dar estos lujos. El lujo de guardar. Sin embargo, coleccionar
también implica recordar. Así como Cristina recuerda a su hermana
por medio de sus notas, cartas, diarios. Así como Annie guardó en su
memoria y en su agenda el proceso del aborto. Así como el pueblo
no olvida los sucesos que lo marcaron. En cada caso, coleccionar
es un acto de supervivencia y más cuando perteneces a los grupos
vulnerables dentro de las sociedades que se rigen por el poder.
Cid Hidalgo menciona “El acto de coleccionar se logra rozar
el fuego del placer de poseer” (2016: 169). En una entrevista, Cristina
menciona que su hermana le ayudó a escribir el libro dejando las
notas, recibos, diarios, cartas, cualquier registro en sus cosas fue de
ayuda para crear la historia que cuentan. Es ahí donde se encuentra
el placer de poseer. Tener la información que nadie pidió, que la
Procuraduría no buscó, que el feminicida no borró. En el caso de
Ernaux, ella escribe en su libro lo importante que es escribir la fecha
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en su agenda. Es como registrar que algo sí pasó. Esa colección de
fechas y notas es lo que construye el acontecimiento. Es esa parte
que reconstruye el discurso francés en 1963, donde se menciona
que el cuerpo de una mujer es de su pareja, su familia, sus hijos, el
Estado, la Iglesia, de todos, menos de ella. “La novela crea y marca
el espacio donde se inventara lo coleccionado como un territorio
digno y ejemplar para pensar y planificar la (re)configuración de la
nación” (Cid Hidalgo, 2017: 70).
Considero que esa reconfiguración ahora está presente en
un nuevo formato de novela, donde el archivo no busca contar una
historia diferente a lo que en verdad pasó. Por lo que, es construcción
del espacio y del tiempo, ya no sólo la manejan los mecanismos del
poder dentro de la literatura y del arte en general, sino que son otras
perspectivas que se apropian de sus sucesos y afectos. El trabajo que
están haciendo Cristina y Annie es no limitar su historia que, por
ende, pertenece a una comunidad, a un grupo en específico y no es
nada más una vivencia individual. Incluso, la interpreto como parte de
una lucha contra el mismo sistema, porque quiénes están escribiendo
la memoria histórica de una sociedad, ya no es sólo el poder.
Porque para Foucault la mediación se constituye en el mismo
proceso de limitar, denegar, de constreñir, creado por la
humanidad, y, por tanto, se encuentra en la base misma de lo
social en todas sus manifestaciones; los discursos hegemónicos
que oprimen controlan, vigilan, suministran los modelos que más
tarde serán tergiversados, parodiados, si se quiere, pero sin los
cuales no habría texto novelístico posible (González Echevarría,
2011: 40).

Existe una ruptura entre las novelas que analizo, debido a que
exponen el discurso hegemónico, desde el nombramiento al tipo de
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violencia que vivieron. Por ejemplo, en el caso de Cristina nombrar
que el asesinato de su hermana no fue un crimen pasional, sino
un feminicidio. Eso rompe con lo que pudo haber en los registros
y la memoria colectiva queda presente, que desde los noventa las
mujeres son violentadas por sus parejas y la misma sociedad lo ve
como si fuera una práctica cotidiana del noviazgo, cuando se está
violentando a un ser humano.
Ernaux expone la perspectiva costumbrista francesa de los
sesenta, muestra la vivencia de un aborto y, en la novela, se menciona
la incomodidad de tan sólo nombrar esa acción. No solamente para
las mujeres, sino que era un tabú en la sociedad en general, para
la mayoría significaba algo negativo, incluso, si no les correspondía
esa decisión. Además, Annie nunca menciona la palabra “bebé”, lo
nombra célula y el embarazo lo define como” la enfermedad que
solo les da a las mujeres”.
Memoria/yo colectivo (a)
Conforme pasa el tiempo, la literatura cambia y, se supone, que esas
actualizaciones literarias definen el éxito de la obra y del autor. Sin
embargo, creo que primero debería estar la pregunta ¿todavía este
tema/género dialoga con el presente? La literatura del yo continúa
hablando con los lectores, planteándose nuevas formas de pensar
sobre algunos temas o, en algunos casos, acompañando una historia
con otra. Esto es lo que veo en las novelas de Cristina y Annie, ya
que, tanto en las noticias como en pláticas casuales he escuchado lo
difícil que es hacer una denuncia por violencia de género y lo difícil
que era –es, en algunos casos– abortar.
Considero que el dolor es el mismo, la incomprensión
y el enojo que sienten las personas cuando viven alguna de estas
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situaciones es parecido. Se comparte. Por eso, narrar lo íntimo como
explica Belén López Peiró en su ensayo El atrevimiento de narrar lo
íntimo son acciones que no son ajenas a su entorno. Es el atrevimiento
de investigar en el plano de lo real, sin filtros, sin encubrimientos,
sin vaguedades, para problematizar una acción que acontece a nivel
social, histórico y cultural. A veces, esos problemas son tan grandes
que traspasan fronteras como la novela de Ernaux, donde comparto
el dolor y la angustia del aborto, porque continúa la estructura
patriarcal dentro de las culturas occidentales. Del mismo modo, pasa
con los feminicidios en México y los grupos feministas que pintan
y siguen recordando el nombre de Liliana Rivera Garza, como el de
muchas más mujeres que fueron registradas como asesinadas por un
“crimen pasional”.
Aún la literatura del yo sigue contando las historias de las
sociedades y presentan su contexto histórico de la manera más real
e íntima con el lector, pero algunos críticos comentan que no hay
literatura en esas historias. Incluso los llaman textos o libros de no
ficción. ¿Por qué textos y no literatura? La estética que define a la
literatura como el contraste o la omisión es parte de estas novelas, ya
que se construyen con una estructura no lineal. Al contrario, llevan
al lector por un viaje entre el presente y el pasado.
En la línea estética dominante, nuestro autor autobiográfico también
se va a esforzar en la búsqueda de fórmulas con las que romper la
linealidad narrativa que quiere imitar a la de la vida, troceando el
sujeto textual mediante ciertos recursos que caracterizan a la novela
postfreudiniana (Molero de la Iglesia, 2000: 532).

Entonces, la literatura del yo es un objeto estético que dialoga
con su entorno y establece puentes con el pasado por medio de sus
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mismos archivos que son los recursos para conectar ese plano de lo
real con su propia experiencia y, así, establecer una relación con el
lector de tipo mimética, porque hay dos realidades representadas en
la obra: la del escritor y la del lector. Además, la literatura del yo está
traspasando fronteras generaciones. Está Ernaux escribiendo desde
los sesenta, Rivera Garza desde los noventa y López Peiró desde
la actualidad. Tanto las sociedades como las percepciones estéticas
cambian y sus objetivos se reconfiguran. La violencia es un tema que
ha estado presente en la literatura, sin embargo, la denuncia no. Por lo
que, el archivo, el yo y la literatura han brindado herramientas para que
esa colección de memorias y recuerdos se conviertan en una denuncia
escuchada no sólo por las autoridades, sino por más lectores.
Construir con la experiencia personal un hecho literario,
susceptible, como cualquier otro, de justificarse no por su
condición de cosa vivida por mí sino por su intensidad, su belleza,
por el absurdo o la repulsión o el miedo en que sumerge a quien
lee, por la conmoción o el impacto estético que provoca (Heker
citada desde López Periró, 2022).

En conclusión, la literatura del yo muestra más que una
experiencia personal, sino que hace un recorrido antropológico
de su entorno y de su persona. Desde el cuerpo hasta la propia
existencia, donde enmarca afectos y situaciones que acontecen a
un nivel nacional e internacional. El punto de conexión entre esos
afectos y situaciones es el archivo, ya que acompaña al ser humano
desde mucho tiempo, por la necesidad de narrar las acciones que
vive. Además, es una literatura que se sabe adaptar a las generaciones,
porque el ser humano sigue buscando contar su historia y, muchas
veces, esa historia es la representación de diferentes realidades.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-95

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�Ángeles Moreno Serna / Ella escribe, la borran y la reescriben

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https://www.cervantesvirtual.com/obra/autoficcion-yenunciacion-autobiografica/
Rivera Garza, Cristina. (2021). El invencible verano de Liliana. Penguin
Random House.

218

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-95

�Reseñas
Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

Reconciliar al laurel con el tronco quebrado: Carmen
de Carlos Rutilo, Monterrey, UANL, 2023, pp., 96

Roberto Kaput González Santos

I. Frente al espejo
Tras la estela de Eliseo Carranza, quisiera proponer, como clave
de lectura del primer poemario de Carlos Rutilo, la imagen de un
espejo. Pero a diferencia del prologuista de Carmen, en lugar del
“reflejo impar de lo no-recíproco” propongo un espejo de tres lunas
o tres tiempos: “Tlacuica”, imperativo infantil del canto, un canto
de pájaros ahogado en una cruz de agua (I); “Carmen”, compuesto
por palabras pájaro migrantes y la aparición en vuelo del poema,
nacimiento de una lengua niña si acudimos al latín, regreso al jardín
de Dios si optamos por el semítico hebreo (II); “Sofía” y el astro
niño (III), suerte de canto coronado en las derrotas del amor, la
mayoría de edad del poema que nace entre I y II. Esa es la imagen
que propongo abordar ahora: además de “espejo para volver atrás”,
espejo de agua dónde refractar las sombras de los tres tiempos del
canto original, la unidad perdida. Propongo situar esas tres lunas
cara a cara, hacer una lectura abismal. El lector de sor Juana como
el lector de Borges sabrá reconocer lo que se obtiene engastado
imágenes, sean estas espaciales, morales o temporales.
219

�Roberto Kaput González Santos / El andar del niño: Carmen de Carlos Rutilo

II. “¿Dónde está mi casa de lejos?”
Quisiera citar a dos poetas modernos aquí para cubrir la distancia
literaria que nos propone Rutilo, refractar el uno en el otro nos
acerca a Carmen: “Está el compromiso de volver a encontrarnos con
el mundo, pero también está la promesa de tratar de reencontrar
aquello que ya no está ahí y que nunca volverá; y que a través de los
sonidos hace el esfuerzo de comunicarlo a través de una imagen.
Por eso duele, porque ya no está ahí” (“Cuatro poetas jóvenes”,
Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria, Día Mundial del Libro
y del Derecho de Autor 2024). Esa es la voz de Carlos Rutilo,
poeta de 28 años. Escuchemos ahora la momentánea capitulación
de un poeta de 68: “No sin vencer una íntima repugnancia acepto
(provisionalmente) que la relación entre el sonido y el sentido,
como la sostiene Saussure y sus discípulos, es el resultado de una
convención arbitraria. Mi desconfianza es natural: la poesía nace de
la antigua creencia mágica en la identidad entre la palabra y aquello
que nombra” (Octavio Paz, “Lectura y contemplación”, 1982).
Ambos poetas hablan desde la caída de una antigua creencia mágica:
la unidad originaria del canto, un canto desencantado, consciente de
su caída, como la pérdida de la aureola en Baudelaire. Por lo demás,
la pulsión de crear un canto de pájaros ahogados, que a través de la
ordenación de sonidos aspira a laurear la promesa de reencontrar
aquello que ya no está, es una pulsión moderna: por lo menos desde
esa cruz de agua que va de Novalis a Astroboy y de Ramón López
Velarde a José Emilio Pacheco.
Las imágenes de Carmen son temporales, sombras de
instantes fugitivos o silencios refractados unos en otros que arrojan
una imagen continuada en espejos o canto líquido sostenido en el
tiempo, un canto literario donde morir encunado en el sonido de la
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-107

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

lengua de los padres es posible: una canción de cuna de frutos resentidos que reconcilia al tronco quebrado con el laurel:
Hoy mi madre buscó los cuerpos de mis hermanos
y hermanas de lengua y carne; pero sólo encontró restos de
sangre
regada en la tierra que también reclaman las ausencias.
Hoy mi pueblo, vacío de mí y de mi gente, lamenta las pérdidas.
El maíz le retoña con los granos resentidos.
…
Tlazoca
Amar es aprender a reencontrarnos
delante de un espejo herido con el tiempo
…
Ta mostla, ta mostla
en el parque de ayer un niño de agua dibuja un barco de aire: lo
contemplo como el muchacho que soy, mas la envidia de niño
embarga de pena al viejo que un día seré a la hora de cruzar un
puente de sangre.
…
Amatl
Siempre estás mirándome desde esta palabra
que fatiga tu risa de criatura rebelde
[…] Hoy no devolveré las sombras de tu nombre,
y dejo que la noche nos abrace en su luto de astros
cuando […] oiga tus pasos sobre las páginas blancas de un
impronunciable laberinto.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-107

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�Roberto Kaput González Santos / El andar del niño: Carmen de Carlos Rutilo

…
In xochitl, in cuicatl
Algo está doliendo en alguna parte
Algo duele,
algo quema.
Algo como una piedra,
un espejo.
Algo como una danza,
algo como un canto,
está doliendo en alguna parte.
Y arrojamos el dolor a varios kilómetros de distancia,
pero rebota en un punto
y con el tiempo nos alcanza.
…
Tlahuelpuchi
Tú eres la hembra de luz
que desnuda
desde los costados
devoras la noche
entre tus colmillos de luna gangrenada
[…] De donde vengo
sé
que tú no cabes en mi boca
que nada de lo que soy
puede caber entre tus manos
de madre desamparada
…
Doña Marina en el hocico del mundo
Yo soy la palabra y a las palabras pertenezco y nadie mata a las
palabras, salvo el silencio que las entierra en mi lengua.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-107

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

…
Tlacuica, tlacuica, xinola, tlacuica
Canta,
canta,
mujer,
canta
que una raíz de sangre
crece como una lengua niña.

III. “Jugando en el desierto a las batallas contra el
olvido de tus palabras”
Esa lengua niña que permite al astro de Carmen “reconciliar al
laurel con el tronco quebrado” es una lengua migrante, hecha con
jirones de imágenes literarias: las lamentaciones de los muertos de
Miguel León-Portilla, los cantos de sombra o cantos fantasma de
Juan Rulfo, la caída de las palabras de Octavio Paz, el desplome
de los mundos que nombran esas mismas palabras de José Emilio
Pacheco, el sistema de los círculos del tiempo de Carlos Fuentes,
los sueños o pesadilla de Borges, los presentimientos de Tario,
las tormentas amorosas de Segovia. “Carmen” es un himno de
regreso, un canto de sirenas a la que el astro niño permanece atado.
Pero quien regresa no es Ulises-Eneas, es Telémaco-Ascanio, nieto
de Laertes-Anquises y Anticlea-Afrodita: el canto de sombras,
refractado en la tradición literaria, logra en el poema una imagen
rotada sobre sí misma, signo de nuevo cuño: su obsesión no es la
lengua literaria, o no sólo ella, es lo que esa lengua literaria aspira a
nombrar: ahora sí el silencio, “la reflexión hecha sal para que tenga
sabor la memoria de aquellos días mal sepultados por el olvido”
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-107

223

�Roberto Kaput González Santos / El andar del niño: Carmen de Carlos Rutilo

(Carranza). El canto reflexiona sobre el poema, el poema sobre el
canto; ambos se comentan y se critican:
La campana
Sueño que en la mirada de mi padre brotan todos los hermosos
caballos.
Y en las manos de mi madre crecen orquídeas como el canto de
la luna.
Pero en silencio también escucho los lamentos de una campana
que me devuelve a las tormentas de la infancia:
detrás de la puerta de mármol hay una criatura de sombras
que camina mirándome como un fantasma
y me muestra un espejo en el cual no me reconozco.
Y por cada golpe de tormenta voy perdiéndome
como si galopara entre los laberintos del tiempo,
donde la noche se convierte en la llaga de una flor caótica.
Y vuelvo a escuchar los lamentos de una campana
que golpe tras golpe se abre como las olas,
que crecen y crecen,
hasta devolverle los dedos helados al agua
y al relámpago algún amparo de águila perdida.

Dejamos atrás las palabras ahogadas como aves en el río, las
jaulas vaciadas del centro de pequeños pájaros alegres de “Tlacuica”
, para adentrarnos en la “laberíntica constelación de pájaros azules”
de “Carmen”, esa orfandad literaria o “reencuentro con la memoria
de un relámpago”.
IV. Luché contra el mar toda la noche, desde
Juan Preciado hasta Astroboy
“Carmen” y “Sofía” son variantes de doña Marina: lenguas migrantes,
la una hecha de sombras, la otra de luz:
224

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-107

�Humanitas, vol. 4, núm. 7, 2024

Sofía, es tu presencia lo que necesito y lo que duele.
Al buscarte en la sombra, me desgarro:
ahí yace escondido un niño huérfano en este silencio.
Al buscarte en la luz, vuelvo a desgarrarme:
yacen allá escondidas otras gentes muertas.
Al pararme en medio de las dos corrientes, me pierdo.

Lo que el poema descubre es que a estas alturas del partido
la caída del canto es universal, se abisma en los espejos de agua, en
las edades del tiempo. ¿La multiplicación diluye o exacerba la caída?
No lo sé. Sé que “Sofía” se nos presenta como canto coronado en
las tormentas inhóspitas del amor: “recuerdo que el amor era una
palabra lúgubre exhalada en tus labios”, rebote en un punto de la
poesía amorosa de otro momento de la lírica mexicana: “recuerdo
que el amor era una blanda furia no expresable en palabras”
(Lizalde). El sonido de campanas se transforma en bronce sonoro
producido al mediodía para que todos los fieles del poema moderno
hagan juntos oración, resignificando, en puntos diferentes pero
simultáneos, las imágenes de una tradición literaria:
Plegaria

A cambio de tu silencio ofrezco la sangre que brota de mi
costado,
[…] me abro a tu indiferencia para que vuelvas a beber
y a devorar de este cuerpo herido y sediento de ti:
copa color de luz, espada color de sombra.
Al beberte me hiero, al herirme te abrazo.
Tu presencia me devuelve al sótano.
[…] Sofía, la noche no es un telón caído tirado a tus pies,
yo no tengo esa fuerza para hacerlo; pero Ella,
la otra voz que derriba mis noches con su grito, sí.
Yo solo soy un astro niño
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-107

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�Roberto Kaput González Santos / El andar del niño: Carmen de Carlos Rutilo

que comulga en la pena
de no volver a tocar el polvo de tu boca.

El espejo de tres lunas de Rutilo provoca la relectura del archivo de
nuestra modernidad literaria, su reorganización; no cede a la tentación de ofrecernos imágenes fijas de tradiciones dinámicas, las contrapone para multiplicar sus imágenes, llenar huecos, abismarse en
la caída de los lenguajes, migrar para reconstruirlos. La poesía como
una moneda girando eternamente en el tiempo, una moneda que no
cae pero a la que no dejaremos de preguntar, mientras siga girando,
la suerte de todos nuestros empeños, incluso el empeño literario de
reconciliar al laurel con el tronco quebrado: ¿águila o sol?
Roberto Kaput González Santos
Bibliografía
Lizalde, Eduardo. Nueva memoria del tigre (Poesía 1949-2000). FCE,
2022.
Paz, Octavio. La casa de la presencia. Poesía e historia. Obras Completas
I. FCE, 2014.
Rutilo, Carlos. Carmen. UANL, 2023.

226

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas4.7-107

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              <text>Muñoz Mendoza, Juan José, Editor Técnico</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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