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                  <text>Vol. 02 SeptiembreN. 04 Diciembre 2024

�EDITORIAL

Índice
Universidad Autónoma de Nuevo León

CRONOGRAFÍA
Pági n a 4
La trayectoria liberal de Manuel María de Llano, polí�co nuevoleonés (1799-1863) - Dinorah Zapata Vázquez
Pági n a 6
Historiogra�a de Nuevo León. Alcances, límites y tareas pendientes en la historia polí�ca contemporánea,
1917-1970 - Luis Enrique Pérez Castro
Pági n a 1 4
Un viaje urbano desde las primeras �endas departamentales en Monterrey - So�a Guajardo Acosta

Dr. Santos Guzmán López
Rector

Dr. Juan Paura García
Secretario General

Dr. Jaime Arturo Castillo Elizondo
Secretario Académico

Dr. José Javier Villareal Álvarez Tostado
Secretario de Extensión y Cultura

Pági n a 1 8
Entre algodón y �liches. Los inmigrantes libaneses y su inserción a la ciudad de Torreón en el México posrevolucionario (1920-1940) - Margarita Isabel Arvide Basterra
Pági n a 24
Recipiendarios del Reconocimiento al Personaje de la Cultura Regional 2024 - Myrna Karen Garza Cantú
Pági n a 2 8
Aljibes en la historia de México y de Nuevo León - Félix Torres Gómez

Lic. Humberto Salazar Herrera
Director de Humanidades e Historia

Lic. Dinorah Zapata Vázquez
Coordinadora del Centro de Información
de Historia Regional y Hacienda San Pedro

M.C.R. Emilio Machuca Vega
Director de la revista

JOYAS DE LA HISTORIOGRAFÍA
Pági n a 3 4
Dinorah Zapata Vázquez, Juán Ramón Garza Guajardo, Félix Alfonso Torres Gómez, Edmundo Derbez García y Emilio
Machuca Vega (2023). Hacienda San Pedro de la UANL. Historia, patrimonio y memoria, 1634-2023. Monterrey,
México: Colección Proyectos UANL, Universidad Autónoma de Nuevo León, 150 pp. - Luis Ángel Rosas Navarro
Pági n a 3 6
Lucas Mar�nez Sánchez (2023). Diario de un misionero del Colegio de Guadalupe por el obispado de Monterrey, 1855-1857. Monterrey, México: Colección Memoria del Noreste No. 13, Centro de Estudios Humanís�cos,
Universidad Autónoma de Nuevo León, 188 pp. - Frida I. González Hernández
GENIO Y FIGURA
Pági n a 3 8
Israel Cavazos Garza: “Habría que pensar en alguna manera de hacernos autén�camente regiomontanos”.
- Humberto Salazar Herrera
EPISTOLARIO
Pági n a 4 4
Propuesta de reforma de la tercera ley orgánica de la Universidad de Nuevo León en 1945: ¿reincorporar la
Escuela Normal para Maestros? - Susana Julieth Acosta Badillo
Pági n a 5 0
Informe del director de la Escuela de Medicina de Monterrey, 1878 - Ana Paulina Rodríguez Medellín

Lic. Ana Cesira Alvarado Zapata
Editora técnica

Cultura Regional CR., volumen 2, número 4, septiembre-diciembre 2024, es una publicación tetramestral electrónica editada por la Universidad Autónoma
de Nuevo León a través del Centro de Información de
Historia Regional, carretera a General Zuazua, km 4.5,
General Zuazua, Nuevo León, C.P. 65750. Tel:
01(82)52470500, culturaregional.uanl.mx, culturaregional@uanl.mx. Editor responsable: Emilio Machuca
Vega. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo: 04-2023102314025800-102, otorgado por el Instituto Nacional
del Derecho de Autor. ISSN en trámite. Responsable
de la última actualización de este número: Ana Cesira
Alvarado Zapata. Las opiniones y contenidos expresados en los artículos son responsabilidad exclusiva de
los autores y no necesariamente reflejan la postura del
editor de la publicación.

Se autoriza cualquier reproducción parcial o total
de los contenidos o imágenes de la publicación,
incluido el almacenamiento electrónico, siempre y
cuando sea para usos estrictamente académicos y
sin fines de lucro, citando la fuente sin alteración
del contenido y otorgando los créditos autorales.
Editado en México.
Todos los derechos reservados.
culturaregional@uanl.mx

La revista Cultura Regional es un verdadero laboratorio para
el estudio y divulgación de la historia de México y de Nuevo
León. Está pensada como un proyecto editorial en el que
puedan tener cabida tanto los primeros escritos de jóvenes
inves�gadores, como trabajos más maduros, fruto de los
años de experiencia de historiadores consolidados. Por esta
razón, es frecuente ver en cada número a estudiantes de humanidades a lado de reconocidos especialistas, lo que enriquece los contenidos de la revista y fortalece su misión de
poner el conocimiento de la historia al alcance de todo mundo de manera libre y abierta.
El presente número es una clara muestra de lo anterior. Por
ejemplo, aparecen ar�culos escritos por dos �tulares de dependencias universitarias relacionadas con la historia:
Humberto Salazar Herrera, director de Humanidades e Historia de la UANL, y Dinorah Zapata Vázquez, coordinadora del
Centro de Información de Historia Regional y Hacienda San
Pedro de la UANL.
Asimismo, colaboran Luis Enrique Pérez Castro y Susana
Julieth Acosta Badillo, dos catedrá�cos universitarios de
reconocido pres�gio, así como Myrna Karen Garza Cantú y
Félix Torres Gómez, destacados profesionistas adscritos al
Centro de Información de Historia Regional. De igual manera, nutren los contenidos de este número los ar�culos y
las reseñas de egresados y alumnos del Colegio de Historia
de la UANL: Margarita Isabel Arvide Basterra, So�a Guajardo
Acosta, Luis Ángel Rosas Navarro, Frida I. González Hernández y Ana Paulina Rodríguez Medellín.
En defini�va, esta edición de Cultura Regional, correspondiente al volumen 2, número 4, ofrece un amplio abanico de trabajos que, aunque obedecen a inquietudes de
inves�gación dis�ntas, comparten la caracterís�ca de ser
contribuciones originales al conocimiento de la historia.
Seguro que este número despertará el interés de los lectores
y los mo�vará a seguir conociendo más sobre el pasado y el
presente de México.

M.C.R. Emilio Machuca Vega
Director de la revista Cultura Regional

�CRONOGRAFÍA

CRONOGRAFÍA

CRONOGRAFÍA

La trayectoria liberal de Manuel María de
Llano, político nuevoleonés (1799-1863)
Dinorah Zapata Vázquez 1
Universidad Autónoma de Nuevo León

tatales lo nombraron médico del primer batallón de la
milicia cívica, aunque según José Eleuterio González era
“más dado a la polí�ca que a la ciencia”⁴. De hecho, De
Llano perteneció a la logia masónica yorkina, que se
organizó en Nuevo León hacia 1825 y que tendía hacia
las ideas republicanas y liberales. Esta organización
contrastaba con la logia escocesa, iden�ficada más con
la élite criolla que preservaba condiciones de privilegio
desde la época virreinal⁵.

Cuando se habla del liberalismo decimonónico, �ende a
pensarse en éste como un cuerpo homogéneo de ideas y
principios que se mantuvieron inalterados a lo largo del siglo. Suele calificarse de liberales a personajes muy separados en el �empo, como a Miguel Hidalgo y Porfirio Díaz, o
a personajes contemporáneos pero distanciados y hasta
enfrentados, como San�ago Vidaurri y Benito Juárez. En
realidad, como lo ha apuntado Edson Abraham Soto, el liberalismo debe comprenderse “como un todo que se
conforma de dis�ntos liberalismos, cada uno resultado de
entornos y circunstancias específicas”².
Es cierto que, en el fondo, los puntos básicos de
confluencia de los dis�ntos liberalismos han sido: 1) la libertad de los individuos para asociarse, para expresarse y
para pensar sin restricciones; 2) la importancia de la legalidad y de la separación de poderes; y 3) la igualdad de todos los ciudadanos frente a las leyes del país. Sin embargo,
dependiendo del contexto, hubo en México liberales con
tendencias regionalistas y liberales con tendencias nacionalistas; liberales con inclinaciones an�clericales y liberales con inclinaciones conciliatorias. En el caso del
emperador Maximiliano de Habsburgo puede hablarse
incluso de un liberalismo monárquico, en contraste con el
liberalismo republicano de Juárez y sus aliados.
En Nuevo León, aunque se reconoce a la generación liberal de la Reforma en las figuras de Vidaurri, José Silvestre
Aramberri, Juan Zuazua, Ignacio Zaragoza, Mariano Escobedo y Lázaro Garza Ayala, ha sido menos estudiado el liberalismo de la primera mitad del siglo XIX, mismo que tuvo en
Manuel María de Llano quizá a su principal exponente.

Manuel María de Llano (1799-1863)

De Llano nació en Monterrey, capital del entonces
Nuevo Reino de León, el 23 de mayo de 1799, siendo
hijo de Pedro Manuel de Llano y de María de Jesús Lozano. Estudió medicina en la Ciudad de México, donde
entró en contacto con ideas liberales, pero antes de
concluir sus estudios regresó a Monterrey³. Ejerció en
Nuevo León la medicina, e incluso las autoridades es-

El 1 de enero de 1826 De Llano fue nombrado alcalde primero de Monterrey y una de sus primeras acciones fue la
remoción de los escudos y emblemas monárquicos �picos
del An�guo Régimen para sus�tuirlos con símbolos de la
naciente República mexicana. En octubre de 1826 dejó su
cargo y par�ó de nuevo a la Ciudad de México, esta vez para
desempeñarse como diputado al Congreso de la Unión.

1 Inves�gadora, periodista e historiadora. Es licenciada en Ciencias de la Comunicación con especialidad en Periodismo por la Universidad Autónoma de Nuevo León, y actualmente es coordinadora del Centro de Información de Historia Regional y Hacienda San Pedro de la UANL.
2 Edson Abraham Salvador Soto Espinosa, El liberalismo mexicano en el siglo XIX, p. 203.
3 Israel Cavazos Garza, Diccionario biográfico de Nuevo León, p. 277.
4 Ibid., p. 278.
5 Miriam Mar�nez Wong, “Efervescencia polí�ca en Monterrey”, p. 97.

CULTURA REGIONAL

4

El 5 de diciembre de 1830, durante las elecciones primarias, De Llano fue al mismo �empo candidato a diputado y responsable del buen desarrollo del proceso electoral. Esto le acarreó severas crí�cas, pues fue acusado de
alterar y robar las actas que contenían los votos con el fin
de salir beneficiado y lograr un mejor puesto en el gobierno. En respuesta a las acusaciones, De Llano encontró
en el periodismo un arma importante para desarrollar sus
inquietudes ideológicas y para defenderse de los ataques
de los que se sin�ó víc�ma.

sepultura en los templos como medida de salubridad, y
eximió a los ciudadanos de tener que asis�r obligatoriamente a las fiestas religiosas.
A nivel nacional, la presidencia de la república oscilaba
entre Valen�n Gómez Farías y Antonio López de Santa Anna.
De Llano brindó su apoyo al primero, dadas sus ideas liberales, pero esto le costó la gubernatura del estado y nueve días
de prisión. Posteriormente, De Llano volvió a ocupar la
gubernatura el 3 de marzo de 1839, y aunque fue
interrumpido unos días por el poder centralista, volvió a
ocupar este cargo al poco �empo. En 1841 se desempeñó
como alcalde primero de Monterrey y en sep�embre de ese
año volvió a ser gobernador. Cedió este cargo en diciembre
al general José María Ortega y par�ó a la Ciudad de México
como diputado al Congreso Cons�tuyente, que fue desconocido posteriormente por Santa Anna.

En primera instancia, publicó sus primeros escritos en La
Gaceta Cons�tucional, en los cuales trató de dar una explicación de los hechos, afirmando que él nada tenía que ver
con la alteración de votos. Enseguida, dirigió un escrito a
Joaquín García, entonces gobernador de Nuevo León, en el
que volvió a dar su opinión sobre lo ocurrido y a la vez sentenció que, en caso de que no se tomaran en cuenta sus argumentos, se vería precisado a establecer su propia tribuna pública para difundir sus puntos de vista con perspec�va liberal.

Al regresar a Monterrey en 1843, fue electo primer vocal de la asamblea departamental. Tuvo una úl�ma actuación como gobernador de Nuevo León en diciembre
de 1844, y entregó el poder el 31 de marzo de 1845 al
licenciado Juan Nepomuceno de la Garza y Evia. En 1850
fue una vez más alcalde primero de Monterrey, cargó que
volvió a ocupar en 1856.

Así, el 10 de marzo de 1831 De Llano publicó el primer
número de El Antagonista de Nuevo León, primer periódico opositor al sistema polí�co en la en�dad. El �tulo de la
publicación suscitó controversia, pues se interpretó en el
sen�do de que el periódico era opositor a Nuevo León
como estado y, por consiguiente, que representaba una
traición. De este modo, los números posteriores aparecieron con el simple �tulo de El Antagonista. En este
periódico, De Llano ver�ó toda su ideología polí�ca y trató
de romper con todo convencionalismo del gobierno estatal, al que calificó como “�rano”. De Llano se preocupó
porque su periódico dedicara espacio a la divulgación de la
ideología liberal. De hecho, según se deja entrever en sus
escritos, fue influido por conceptos e ideas del filósofo
Benjamín Constant, llamado por Émile Faguet como “el
inventor del liberalismo”. Por ejemplo, cuando De Llano calificaba al gobierno estatal de usurpador, déspota y arbitrario,
que no respetaba la Cons�tución, sino que la modificaba a
conveniencia, parece que seguía la concepción de Constant,
quien aseguraba que “la usurpación se da cuando el gobierno usurpa los medios” y que “también el despo�smo es
otro mal, porque lo hemos experimentado”⁶.

Manuel María de Llano falleció en la ciudad de
Monterrey el 1 de marzo de 1863 y fue inhumado en la
catedral. Actualmente, sus restos descansan en la Rotonda de los Hombres Ilustres de Nuevo León en el Panteón
de San Jorge. Su vida polí�ca fue la de un liberal convencido de ac�va presencia, que ocupó por ello los más diversos cargos en la administración pública de Nuevo León.
Destacó además como pionero del periodismo independiente en la en�dad pues, aunque su formación periodís�ca fue totalmente empírica, no puede negarse el
impacto que sus escritos causaron en la conciencia polí�ca y social de la población nuevoleonesa.
FUENTES DE INFORMACIÓN

Cavazos Garza, Israel (1984). Diccionario biográfico de
Nuevo León. Tomo 2. México: Universidad Autónoma de
Nuevo León.

La vida de El Antagonista fue muy breve, pues apenas se
publicó durante alrededor de ocho meses. Su úl�mo número fue publicado en octubre de 1831 y para entonces
había dejado de ser tribuna de Manuel María de Llano,
pues se había conver�do en la de su hermano Rafael,
quien tenía enfrentamientos directos con el licenciado
Juan Nepomuceno de la Garza y Evia, entonces magistrado
del Tribunal Superior de Jus�cia de Nuevo León.

Mar�nez Wong, Miriam (2009). “Efervescencia polí�ca en
Monterrey: la Gaceta Cons�tucional y El Antagonista,
1830-1831”, en: Óscar Flores Torres (coord.). Monterrey
histórico. México: Universidad de Monterrey, Ayuntamiento de Monterrey.
Soto Espinosa, Edson Abraham Salvador (2016). El liberalismo mexicano en el siglo XIX: el caso de José Silvestre
Aramberri Lavín (1816-1864). Tesis para optar por el grado
de maestro en Ciencias con especialidad en Ciencias Sociales. México: Universidad Autónoma de Nuevo León.

Más adelante, en febrero de 1833 Manuel María de
Llano fue nombrado vicegobernador de Nuevo León. Al
poco �empo, luego de que el gobernador Manuel Gómez
de Castro presentara su renuncia por mo�vos de salud, De
Llano pasó a gobernar la en�dad. Durante su ges�ón, si
bien aseguró la protección oficial hacia la religión católica,
también abolió los derechos parroquiales, reglamentó los
cobros en en�erros, casamientos y bau�zos, prohibió la

Zapata Vázquez, Dinorah (1988). El Antagonista de Manuel
María de Llano. Estudio del primer periódico civil de Nuevo
León, 1831. México: Centro de Información de Historia Regional, Universidad Autónoma de Nuevo León.

6 Citado por: Dinorah Zapata Vázquez, El Antagonista de Manuel María de Llano, p. 22.

5

�CRONOGRAFÍA

CRONOGRAFÍA

CRONOGRAFÍA

Historiografía de Nuevo León. Alcances,
límites y tareas pendientes en la historia
política contemporánea, 1917-1970
Luis Enrique Pérez Castro 1
Universidad Autónoma de Nuevo León

Introducción

ins�tuciones polí�cas tanto en México como a nivel local,
así como el principio de su ocaso, además de ser el lapso
que más detalladamente se ha inves�gado en lo que se refiere al siglo XX en Nuevo León.

El propósito del presente ar�culo es el de delinear los rasgos
esenciales de la historiogra�a en Nuevo León a través de diferentes autores y sus obras. Cabe señalar que no se trata
de una revisión exhaus�va de la literatura histórica local, y
los trabajos revisados no se escribieron necesariamente
durante la temporalidad señalada. Más bien se trata de señalar la ac�vidad académica más reciente de, por lo menos,
los úl�mos treinta años cuya temá�ca central sea de índole
polí�co. Pese a esta experiencia aparentemente poco ortodoxa, lo que se busca es iden�ficar las áreas de oportunidad
para los y las profesionales de la historia; aunque se han realizado diversos estudios historiográficos generales, escasos
versan sobre la historia polí�ca contemporánea.

Lo anterior pretende mostrar nuevas áreas en la inves�gación de la historia polí�ca posterior a la década de los
cuarenta, así como estudiar fenómenos más recientes, tales como la par�cipación ciudadana, los procesos democrá�cos en la globalización y la introducción de las candidaturas independientes.
1. La prác�ca historiográfica en Nuevo León
Los estudios y la escritura sobre la historia de Nuevo León
se han caracterizado por ser escasos, en lo que respecta a
los periodos colonial (siglos XVI al XVIII) y contemporáneo
(al menos la primera mitad del siglo XX). Por otro lado, la
época del México Independiente (1810-1910) en la localidad ha sido ampliamente difundida, especialmente por
aspectos como la temá�ca (conflictos bélicos, establecimiento de la economía industrial), así como por la
trascendencia geopolí�ca y cultural que el siglo XIX representó para el estado, es decir, el posicionamiento de Nuevo León en el plano nacional y su integración regional².

Consis�rá en cuatro apartados; en el primero de ellos se
muestra el perfil general de cómo se ha escrito la historia
local, mediante una revisión de las líneas narra�vas, sujetos y objetos históricos que caracterizan los estudios sobre
Nuevo León en el siglo XX. En la siguiente sección se aborda la problemá�ca que rodea a la escritura de la historia
polí�ca, considerando las diferentes caracterís�cas de la
misma en los años posteriores a la Revolución.
A lo largo de la tercera parte se buscó dar cuenta de la
literatura histórica sobre la ac�vidad polí�ca entre 1940 y
1970, especialmente considerando una fase de transición
historiográfica en lo que respecta a ese periodo. Finalmente, en el cuarto apartado se lleva a cabo un balance
de los retos y posibilidades que existen para la revisión y
reescritura de la historia polí�ca de Nuevo León.

Dado que se trata del obje�vo de este ensayo, se hará
énfasis en la situación historiográfica local que se relaciona con el siglo XX. Uno de los primeros elementos que
caracterizan a esta producción literaria, �ene que ver con
la temporalidad que en que se han centrado la mayoría
de los estudios sobre esta centuria; gran parte de ellos se
limita al periodo 1910, con el estallido de la Revolución
mexicana, hasta 1940, con la aparente conclusión de dicho escenario histórico. Además de lo anterior, ese lapso
de 30 años se ha considerado como un ejercicio
adecuado para dis�nguir una serie de cambios complejos
en el país debido a la Revolución³. Más adelante se profundizará al respecto.

La historia polí�ca representa uno de los diferentes
medios para analizar y comprender la realidad actual, mas
en el panorama local se requiere reconocer esa veta y
cues�onar la forma en que se ha elaborado. Se determinó
centrar la propuesta en los años que van de 1917 a 1970,
periodo considerado como el de la consolidación de las

1 Licenciado en Historia y Estudios de Humanidades, Maestro en Ciencias Políticas y Doctor en Filosofía con acentuación en estudios de la cultura
por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Catedrático en la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL. Coeditor de la revista Academia Semper, de
la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística.
2 Manuel Ceballos Ramírez, Cuatro estados y una frontera, p. 2.
3 Alan Knight, La revolución cósmica.

CULTURA REGIONAL

6

En el ámbito local, los estudios sobre la Revolución han
predominado en el campo de análisis. Las diferentes
batallas y el arribo de tropas militares (huer�stas, villistas
y carrancistas) son los ejes conductores de dicho proceso,
destacando las acciones par�culares de cada bando⁴.

fueron editadas, muchas de ellas en el úl�mo cuarto del siglo
XX, han abundado. Si bien pretendieron dar cuenta de prác�camente todo (si eso es posible) lo acontecido en el estado,
se notará que se abarcan aspectos superficiales. En primera
instancia, se centran en Monterrey y lo que cons�tuye su
área metropolitana; aunado a ello destacan datos individuales de crecimiento demográfico, urbano, producción agrícola
e industrial, sucesos relevantes, así como una periodización
basada en las administraciones gubernamentales⁹.

Por otra parte, el crecimiento económico del estado entre 1918 y 1940, originado en el úl�mo cuarto del siglo XIX,
dio pie al estudio de las agrupaciones obreras en sus diferentes facetas, desde el mutualismo, influenciado por las
doctrinas socialistas provenientes de Europa y Estados
Unidos, hasta los sindicatos “blancos” o de empresa. Los
trabajos de Óscar Flores y Michel Snodgrass, se colocan
como referentes indispensables para este giro de análisis
en la década de los noventa⁵, el cual se enmarcó por la desintegración de la Unión Sovié�ca, así como de la revaloración de la situación del “proletariado” vinculado al
materialismo histórico.

En la úl�ma década, las líneas de inves�gación, así como
los sujetos y objetos históricos, se han ampliado, permi�endo una mayor comprensión del siglo XX. Sobre las temá�cas,
como la historia de la educación y la cultura, es per�nente
mencionar las contribuciones de José Roberto Mendirichaga y Norma Ramos Escobar. El trabajo de Mendirichaga¹⁰
presenta un recorrido por las diferentes expresiones culturales, ar�s�cas, autores(as), ins�tuciones y demás del quehacer intelectual en el estado a lo largo del siglo (19001999), brindando importantes referencias sobre el tema
mediante una organización cronológica convencional.

Si bien se le atribuyen rasgos al movimiento obrero como
determinación, apoyo mutuo y compromiso de clase, la
conclusión de los autores es fatalista: los patrones terminan
por disolver la posibilidad del cumplimiento de los derechos
laborales. A propósito del sector patronal, los estudios al
respecto no han sido menores. Para la primera mitad del siglo XX, el empresariado radicado en Monterrey pasó a
conver�rse en un agente social y cultural de gran relevancia,
además de jugar un papel trascendente en la polí�ca local.

Por su parte, Norma Ramos¹¹ genera una propuesta innovadora, tanto metodológica, como por el uso y variación de
las fuentes a las que recurrió para llevar a cabo su estudio.
Retoma planes curriculares y cuadernos y otros materiales
didác�cos de los escolares de principios de siglo, presenta
un panorama del pensamiento colec�vo que, si bien no es
novedosa la propuesta en general, para la historia local es
indispensable, ante la ausencia de estudios académicos
como el de Ramos Escobar. A éste pueden sumársele variados textos que a�enden los diferentes campos de la ac�vidad cultural en Nuevo León en el siglo XX¹².

Los diferentes proyectos sindicales e industriales dictados por los gobiernos posrevolucionarios fueron aprovechados por el empresariado para consolidar su posición en
el estado, además de permi�rles el desarrollo de sus ac�vidades fabriles y financieras, no sólo a nivel estatal sino
por toda la república. Michel Snodgrass, de nueva cuenta,
y Alex Saragoza son ejemplos de esta corriente⁶. Durante
la década de los ochenta se desarrolló una edición más crí�ca sobre este sector, a manos de Abraham Nuncio⁷,
durante la fase neoliberal de México.

Finalmente, para cerrar este apartado, es per�nente
apuntar una de las obras más importante sobre y para el
estudio de la centuria pasada. El Fondo Editorial de Nuevo
León publicó en 2007 Nuevo León en el siglo XX, una serie
de tres tomos a manera de compilación con obras de diferentes autores locales. A través de La transición al mundo
moderno: del Reyismo a la reconstrucción 1885-1939
(tomo 1), La industrialización del segundo auge industrial a
la crisis de 1982 (tomo 2) y Apertura y globalización. De la
crisis de 1982 al fin de siglo (tomo 3), se presenta un recorrido general por la historia del estado en los úl�mos años.

De lo revisado hasta el momento, se puede ceñir la historiogra�a nuevoleonesa a dos aspectos: una temporalidad específica (1910-1940); y ejes temá�cos limitados
(conflicto bélico, obreros y empresarios). Si bien es cierto
el predominio de ciertas caracterís�cas temá�cas y
temporales, algunos otros estudios han intentado renovar
los planteamientos metodológicos y conceptuales para el
análisis extenso de casos concretos sobre la historia económica y laboral del estado⁸.

Aunque se trata de la única obra de su clase, recopila
otros textos –aquí mencionados–, en su forma sinté�ca,
por lo que pueden señalarse dos criterios para su revisión.
En primera instancia, poco contribuye con material original
para esta edición, aunado al uso de una periodización
convencional; y, segundo, –a su favor–, retoma importantes
obras que van desde la óp�ca histórica, alternando entre

Por otro lado, la elaboración de historias generales del estado, es decir, que abordan información desde las exploraciones españolas del siglo XVI, hasta el momento en que

4 Rocío González Maiz, El huer�smo en Nuevo León; Jesús Ávila, “Nuevo León en la revolución mexicana”; Mario Treviño, Entre villistas y carrancistas.
5 Óscar Flores, Burguesía, militares y movimiento obrero en Monterrey; Michel Snodgrass, La lucha sindical y la resistencia patronal en Monterrey, México: 1918-1940.
6 Michel Snodgrass, Deferencia y desa�o en Monterrey; Alex Saragoza, La élite de Monterrey y el Estado mexicano.
7 Abraham Nuncio, El grupo Monterrey.
8 Javier Rojas, Historia de la cultura laboral en la Fundidora Monterrey S.A.: (1936- 1969); Reynaldo de los Reyes Pa�ño, La economía ganadera de Nuevo León.
9 Rodrigo Mendirichaga, Los cuatro �empos de un pueblo.
10 José Roberto Mendirichaga, “La educación y la cultura en el Nuevo León del siglo XX”.
11 Norma Ramos Escobar, La niñez en la educación pública nuevoleonesa, 1891- 1940.
12 Miguel Covarrubias (ed.), Desde el Cerro de la Silla: artes y letras de Nuevo León; Luis Mar�n García Gu�érrez, Albores del teatro universitario en Nuevo
León; Alfonso Ayala Duarte, Músicos y música popular en Monterrey (1900-1940); Kassandra Donají Sifuentes Zúñiga, Historia social del cine en Monterrey
durante el Porfiriato y la Revolución mexicana (1898-1927).

7

�CRONOGRAFÍA

CRONOGRAFÍA

los tomos trabajos de corte sociológico, cultural y urbanís�co, entre otros, permi�endo una visión interdisciplinar de
la historia de Nuevo León. Sin embargo, aun en esta obra,
poco o nada se abona al análisis de los procesos polí�cos
del estado desde una perspec�va histórica.

respecto podría permi�r la comprensión integral del sistema de relaciones sociales de Nuevo León, conociendo la
naturaleza polí�ca, jurídica y social de este documento.
Se ha caracterizado al periodo posrevolucionario,
especialmente entre 1920 y 1940, en el que surgieron las
ins�tuciones que dominaron la vida polí�ca del país por el
resto del siglo, algunas de las cuales permanecen vigentes.
Igualmente, los estudios sobre las ins�tuciones podrían dividirse en dos: aquellas ins�tuciones que cumplen un papel estrictamente polí�co, y aquellas que no lo son.

2. El periodo posrevolucionario a través de sus procesos,
1917-1940
A decir de Arnaldo Córdova, “nuestro �empo histórico, está
marcado por ese fenómeno de trascendencia [nacional]
que es la Revolución mexicana”, debido a que ha definido
polí�camente los períodos sucesivos. Consideraba, en la década de los ochenta, que la Revolución “es nuestro referente, pensamos a par�r de ella, nos movemos por ella o contra
ella” ya que “funda una nueva dimensión histórica […] debido a la singular par�cipación de las masas populares”¹³.

Respecto al primer caso, los par�dos polí�cos¹⁷ encabezan el listado, pues se les ha considerado como las únicas
agrupaciones par�cipantes en el proceso polí�co-democrá�co, ya que el concepto de par�cipación ciudadana no
sería efec�vo sino hasta la década de los ochenta. Lo
anterior cabría contextualizarlo en el predominio unipar�dista y en la centralización de la toma de decisiones
del siglo pasado.

Si bien es cierto que la Revolución cons�tuyó una parte
esencial del siglo XX, procesos como la globalización, la
apertura neoliberal y la alternancia polí�ca permi�eron un
periodo de revisionismo historiográfico, que llevó a la
despoli�zación de la historia y a analizarla desde una
perspec�va crí�ca-académica¹⁴. Esta afirmación cons�tuye
una oportunidad para revalorar y replantear las problemá�cas de la labor histórica. El caso de la historiogra�a
nuevoleonesa no es la excepción, pues la literatura sobre el
siglo XX también se ha cimentado en el conflicto revolucionario y en sus consecuencias en los decenios posteriores.

Por otro lado, los gobiernos del periodo señalado consideraron indispensable destacar la ideología revolucionaria
a través de diferentes acciones. De ahí que se realicen los
estudios sobre ins�tuciones públicas no polí�cas, pero si
poli�zadas; para el caso de Nuevo León, la Universidad
(1933) constata lo afirmado, pues en diferentes ocasiones
representó espacio de pugnas entre facciones rivales.
Conflictos que radicaron en la elección de rectores ligados
al gobierno estatal, la reforma de la Ley Orgánica o el predominio de ac�vidades polí�cas varias en detrimento de la
calidad académica, la caracterizaron hasta que se le otorgó
la autonomía (1971)¹⁸.

En este sen�do, el legado de la Revolución ha sido abordado, como ya se an�cipó, en múl�ples estudios, aunque
enfa�zando el aspecto militar. En lo concerniente al ámbito polí�co, la narra�va centra su atención a par�r del establecimiento defini�vo del bando cons�tucionalista en
Monterrey (1915) y la entrada en vigor de la Cons�tución
en 1917. Estos referentes delimitaron la línea principal en
la historia polí�ca local del siglo pasado: informar sobre las
ac�vidades administra�vas de los diferentes gobiernos,
estatal-principalmente-, y municipales.

Revisión diferenciada requiere la obra de Gustavo H. Pérez
Daniel¹⁹, ya que se trata de una las pocas obras de análisis de
historia polí�ca local. Este trabajo se centra en 1933, ya que
el autor afirma que se trató de un año indispensable para
comprender el paso de Nuevo León a la modernidad, justo
con la fundación de la Universidad. Después de un minucioso
recorrido por los 90 años previos, concibe a esta ins�tución
como el punto culminante de una serie de circunstancias
polí�cas, sociales y culturales que despuntaron después de
la Revolución. Si bien el trabajo intenta reconstruir crí�camente la esfera pública estatal –especialmente a través
de fuentes hemerográficas y con fundamento en la filoso�a
polí�ca–, logra mostrar el perfil del gobierno nuevoleonés de
principios de siglo como un híbrido de elementos de la polí�ca regional pre y posrevolucionaria.

Pese a la aparente sencillez de la temá�ca, a par�r de
ella se desprenden líneas específicas. Los textos, entonces,
podrían dividirse de acuerdo con el enfoque que adquieren; entre ellos destacan los que se centran exclusivamente en nombrar a cada gobernador y alcaldes, y describir sus tareas al frente del gobierno (obras públicas,
hacienda, desarrollo urbano). El análisis prác�camente se
deses�ma, pero ofrecen una gran can�dad de referencias
para ahondar sobre otros procesos¹⁵.

Desde otro ángulo, el tema de las elecciones también ha
logrado colocarse como objeto de estudio entre los historiadores de la localidad. De acuerdo con François XavierGuerra, en el periodo electoral “la ac�vidad polí�ca renace
[…] cada grupo de las élites polí�cas busca colocarse en la

En contraste, escasos son los trabajos dedicados al estudio de los poderes legisla�vo y judicial, así como de la
trascendencia sociohistórica de la Cons�tución vigente,
emanada del proceso revolucionario¹⁶. El profundizar al

13 Arnaldo Córdova, “La historia, maestra de la polí�ca”, pp. 133 y 136.
14 Alan Knight, La revolución cósmica.
15 Véase: Ricardo Covarrubias, Gobernantes de Nuevo León: 1582-1991; Abel Moreno López, Guía cronológica de la historia polí�ca de Nuevo León; Isabel
Ortega Ridaura, María Isabel y María Gabriela Márquez Rodríguez, Génesis y evolución de la administración pública de Nuevo León.
16 Congreso del Estado de Nuevo León, Historia legisla�va y parlamentaria del Estado de Nuevo León: desde el 16 de diciembre de 1917 hasta el 21 de febrero
de 2003; Universidad Autónoma de Nuevo León, Las Cons�tuciones y las Leyes orgánicas, a través de la historia de Nuevo León.
17 Gustavo Herón Pérez Daniel, Los primeros años del PAN en Nuevo León, 1939-1946: una historia del desarrollo organiza�vo; Rodrigo Mendirichaga, Acción
Nacional: oposición y gobierno en Nuevo León.
18 César Morado Macías, Del proyecto socialista al de unidad nacional; Juana Idalia Garza Cavazos, La educación socialista en Nuevo León, 1934-1940; Susana
Acosta Badillo, Francisco A. Cárdenas. Gobernador de Nuevo León 1931-1933. Fundador de la Universidad.
19 Gustavo Herón Pérez Daniel, Historia polí�ca de Nuevo León 1842-1933. Hacia una historia de la esfera pública neolonesa.

CULTURA REGIONAL

8

competencia por el poder”²⁰, y en el contexto posrevolucionario se requería mantener y reafirmar los gobiernos
locales y el nacional. De ahí la trascendencia de estos procesos a nivel local, especialmente porque no sería sino hasta después de 1946 cuando se redujo la autonomía estatal al mínimo; entre 1920 y 1940 todavía fue posible la
realización de con�endas compe��vas, pero muchas
veces con presiones de por medio, provenientes, sobre
todo, del sector empresarial local²¹.

de los gobiernos federal y estatal en materia económica no
escapó de la óp�ca de los historiadores, centrando su
atención en las decisiones gubernamentales al respecto²⁵.
El estudio de las siguientes décadas viró un poco su línea, puesto que la interpretación histórica se aleja un poco
del binomio polí�ca-poder, para tratar de explicar ac�vidades polí�cas no necesariamente llevadas a cabo por sus
protagonistas tradicionales, es decir, los polí�cos y funcionarios. Además de la construcción de la Ciudad Universitaria por ges�ón de Raúl Rangel Frías, primero como rector
de la Universidad de Nuevo León (1949-1955) y después
como gobernador del estado (1955-1961), el decenio de
los cincuenta pasa inadver�do por los historiadores locales, y no sólo en lo que a historia polí�ca respecta.

3. Consolidación y cues�onamiento del sistema polí�co,
1940-1970
Los primeros treinta años posteriores al movimiento revolucionario representaron una serie de fases sumamente
complejas, ya que persis�eron las inconformidades de
ciertos sectores que se manifestaron por medios violentos. Aún con la elección presidencial de 1940, las armas de
fuego marcaron el ritmo del proceso; pero en ese mismo
decenio se determinaron los mecanismos ins�tucionales
que el gobierno mexicano emplearía para organizar la ac�vidad polí�ca nacional.

Por lo anterior, vale la pena centrarse en los años sesenta.
La mayoría de los trabajos sobre la década �enen como eje
conductor el análisis de las diferentes movilizaciones sociales en el estado, específicamente en Monterrey. El contexto
de la guerra fría, el temor –fundamentado o no– al comunismo, así como la presencia de la ideología marxista en diferentes espacios culturales de la localidad encabezan el listado de la literatura. El gobierno pasará de garante de la paz
social al genuino detentor de la violencia legí�ma mediante
la represión; Máximo de León Garza presenta un panorama
general de la década, confirmando el ambiente de tensiones esporádicas entre la sociedad regiomontana²⁶.

Como resultado de ello, la estabilidad polí�ca fue la
constante, lo que se tradujo en el ámbito económico como
el “Milagro mexicano” de los años cincuenta y sesenta;
ello, sin embargo, no eximió al gobierno federal de crí�cas
por parte de ciertos sectores sociales, que acusaron a los
dirigentes de autoritarios, situación que culminó en el movimiento estudian�l de 1968²².

Las manifestaciones sociales contra decisiones emanadas
del gobierno federal, y secundadas por el estatal, han sido
tomadas en cuenta. Ejemplo de ello fue la manifestación en
Monterrey de asociaciones de padres de familia contra la
creación de los libros de texto gratuitos, inicia�va del presidente Adolfo López Mateos (1958-1964) y del Secretario de
Educación a nivel federal, Jaime Torres Bodet²⁷.

Pese a la complejidad y amplitud temá�ca del periodo
señalado, la producción historiográfica local �ende a ser
rela�vamente escasa. De nueva cuenta, los procesos electorales se presentan como los estudios más próximos a la
realidad socio-histórica de la localidad, destacando la
preeminencia del Par�do de la Revolución Mexicana
(PRM) –Revolucionario Ins�tucional (PRI) a par�r de
1946–, así como las ac�vidades del gobierno estatal²³. A
través de estos procesos podría interpretarse a la década
de los cuarenta como de definición, acompañada del
contexto bélico tras la entrada de México en la Segunda
Guerra Mundial (1942), así como la cares�a de alimentos
y sus respec�vas implicaciones sociales²⁴.

De mayor atención han sido los estudios acerca de la
búsqueda por la autonomía universitaria. Influenciados
por lo sucedido en octubre de 1968, estudiantes y profesores de la UNL comenzaron a cues�onar el hecho de que el
ejecu�vo estatal tomara las decisiones en la ins�tución
educa�va. La administración de Eduardo Elizondo tuvo
que sortear las inconformidades estudian�les para reformular la Ley Orgánica. El episodio ha sido revisado
desde diversas óp�cas: desde una visión crí�ca por la supuesta intransigencia gubernamental que no resolvió favorablemente la propuesta magisterial y estudian�l²⁸, hasta
otras más ma�zadas en las que se prepondera la capacidad de organización social ubicando los hechos en un
contexto determinado²⁹.

Como legado de la guerra mundial, la Industrialización
por Sus�tución de Importaciones se convir�ó en el eje
principal de la polí�ca económica mexicana a finales de los
años cuarenta. Monterrey y algunos municipios aledaños se
convir�eron en los espacios de mayor dinamismo industrial,
después del periodo porfiriano previo (1890-1910). El papel

20 Citado por: Ibíd., p. 130.
21 Véase: Daniel Sifuentes Espinosa, Las elecciones en Nuevo León 1917-1929; Óscar Abraham Rodríguez Cas�llo, Elecciones, rebelión y transición polí�ca en
Nuevo León durante el año de 1923; Luis Enrique Pérez Castro, Grupos de presión durante el cardenismo. Las agrupaciones empresariales de Monterrey,
México, en 1935.
22 Luis Medina Peña, Hacia el nuevo Estado.
23 Héctor Jaime Treviño Villarreal, “Plebiscitos e imposición. Los candidatos a la gubernatura de Nuevo León, 1943 y 1949”; Benjamín Palacios Hernández,
Páginas sobre Arturo B. De la Garza.
24 Jesús Ávila, “A propósito de los 40´s: inquietud social, 1942”.
25 César Morado Macías, “Los cuarentas: el segundo auge industrial de Monterrey”; Isabel Ortega Ridaura, Polí�ca fiscal e industria en Monterrey (1940-1960).

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�CRONOGRAFÍA

CRONOGRAFÍA

interior de la comunidad de historiadores locales, la formulación

También en el ámbito social, la confrontación entre
colonos posesionarios en el sector “Tierra y Libertad” con
las autoridades locales, buscando los primeros que se
legalizara su ocupación de predios irregulares. Como escenario el ámbito urbano y como agentes a migrantes de
otros estados de la república que aspiraban a mejorar sus
condiciones de vida, se localizan las respuestas del gobierno estatal desde finales de los sesenta, prác�camente
toda la década de los setenta, e incluso hasta principios de
los ochenta. La presencia de organizaciones como CNOP y
la CTM acompañaron a los protagonistas a través de su
orientación de organización: la polí�ca popular³⁰. Se trata,
pues, de la introducción de un grupo social marginal, tanto
de las polí�cas públicas como de la historiogra�a local.

an� centralista y regionalista […], la enseñanza y la difusión de los
estudios históricos, las alianzas entre la polí�ca estatal y conocimiento histórico y, entre este úl�mo y un representa�vo sector de
la inicia�va privada³⁴.

Aún y con el panorama que presenta Ceballos, a veinte
años de distancia “hace falta un diagnós�co más amplio y
detallado, contrastando las variables temá�cas, temporales, teóricas y metodológicas”. Se requiere, además, la “revisión del estado de la cues�ón cada diez años y la definición de metas de integración [académica] a mediano y
largo plazo”³⁵. Efec�vamente, como quedó evidenciado, las
áreas de oportunidad para el estudio del siglo XX en Nuevo
León son amplias, lo mismo ocurre con la historia polí�ca.
Por un lado, extender la temporalidad más allá de 1940,
con el fin de comprender integralmente procesos de largo
plazo. En segunda instancia, considerar el estudio de los
acontecimientos recurriendo a herramientas teóricas y metodológicas adecuadas, es decir, evitar concentrarse en la
línea narra�va-descrip�va de aquéllos, lo que enriquecería
el análisis histórico. Del mismo modo, optar por sujetos y
objetos históricos que se han encontrado al margen; para
el caso de la historia polí�ca, se requiere exponer la par�cipación de las mujeres y de los grupos sociales, la situación
de la izquierda, del discurso como acción polí�ca, los mecanismos de propaganda y de representación polí�ca.

En síntesis, el panorama historiográfico sobre el
acontecer polí�co de Nuevo León permite amplias posibilidades. Nuevas líneas temá�cas, metodológicas y conceptuales brindan opciones para la inves�gación académica,
por lo que hay que considerar las tareas pendientes en
materia de fuentes, herramientas y espacios para lograr estos obje�vos.
4. Retos y posibilidades de la historia polí�ca contemporánea
Este somero ejercicio acerca de la revisión historiográfica
puede afirmarse que cumplió de forma general el obje�vo
de esta rama de la historia, es decir, dar una idea “de la
manera en que se ha conceptualizado, descrito o referido”
un proceso histórico. Se destacaron los rasgos de la historia polí�ca, con las “par�cularidades del autor [autores]
como pretensión, metodología, posición ideológica” y
también “cómo se construyen las categorizaciones sobre
objetos determinados”³¹.

Pero lo anterior plantea una cues�ón importante, ¿existen fuentes suficientes para cumplir con esta tarea? En lo
que respecta al siglo XX, las publicaciones impresas y
periódicas son abundantes, además que su consulta se
vuelve más accesible, ya que se ahorra la labor paleográfica. Además, los acervos documentales en la localidad son
amplios y se encuentran ordenados y catalogados para
provecho de los inves�gadores y del público en general.
Entre ellos se encuentran acervos públicos como: el Archivo General del Estado de Nuevo León (AGENL), los archivos
municipales, el del Congreso del Estado, de la Arquidiócesis de Monterrey, el de la Universidad Autónoma de Nuevo
León, del Tribunal Superior de Jus�cia y la Hemeroteca de
la Capilla Alfonsina (UANL)³⁶.

Si bien el ámbito local no ha sido el más fecundo en estudios académicos sobre historia, y menos aún los trabajos
sobre historiogra�a³², tampoco sería adecuado hablar
desdeñosamente de la narra�va nuevoleonesa. Por su parte, Manuel Ceballos afirma que la producción historiográfica en Nuevo León ha sido rela�vamente amplia –
especialmente sobre el siglo XIX–, por tres caracterís�cas
esenciales. Primero, por “el progreso material y cultural de
la ciudad [Monterrey]”, dotándole de una importancia
par�cular. Segundo, debido a la constante “búsqueda de
una iden�dad regional y local […] frente a los procesos de
centralización”. Y tercero, por las “diversas ins�tuciones
académicas que �enen que ver con la ciencia y la cultura”.
Más adelante se profundizará sobre la úl�ma idea.

De hecho, algunos acervos privados se encuentran disponibles para consulta, con previa autorización: Centro de
Inves�gaciones Empresariales del Noreste (CIEN), el archivo histórico del grupo FEMSA, los archivos del Ins�tuto
Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey
(ITESM), y el acervo histórico de la Universidad de
Monterrey (UDEM). Algunos acervos, públicos y privados,
se encuentran en labor de digitalización.

El mismo historiador informa sobre “los elementos del
quehacer historiográfico de Monterrey y su región”:

Uno de los principales retos para la realización de
cualquier inves�gación, es la disponibilidad de recursos,
económicos e infraestructurales, principalmente. Pese a

El nacimiento de las ins�tuciones, las facetas epistemológicas de
producción historiográfica, la diversidad de orientaciones al

26 Máximo de León Garza, Los dorados años sesentas en Nuevo León: una reflexión.
27 Jesús Ávila, “¡En manos libres, siempre libros! La rebelión contra el libro de texto gratuito, 1962”.
28 Carlos Ruiz Cabrera; La autonomía de la Universidad de Nuevo León; Máximo de León Garza, Las izquierdas y las derechas en la Universidad Autónoma de Nuevo León.
29 Óscar Flores, La autonomía universitaria, 1968-1971.
30 Juan Ángel Sánchez, “Movimientos sociales en Monterrey”.
31 César Alejandro Salinas Márquez, “Paisaje sobre Monterrey: una revisión historiográfica”, pp. 205-206.
32 Celso Garza Guajardo et al., Panorama bibliográfico e historiográfico de Nuevo León; Edgar Iván Espinosa Mar�nez, “La prác�ca historiográfica en Nuevo León”.
33 Manuel Ceballos Ramírez, Historiogra�a nuevoleonesa, pp. 1-2.
34 Ibíd., p. 6.
35 Eva Rivas et al., “La historia del noreste y desde el noreste”, p. 125.

CULTURA REGIONAL

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estas circunstancias, la labor interins�tucional ha aumentado considerablemente en la úl�ma década, pues diferentes centros académicos generan espacios para el
desarrollo de las inves�gaciones históricas: el Colegio de
Historia y Estudios de Humanidades y el Centro de Estudios Humanís�cos, ambos en la Universidad Autónoma
de Nuevo León; el ITESM; la UDEM a través de su Centro
de Estudios Históricos; el Colegio de la Frontera Norte
(COLEF), sede Monterrey; y el Centro de Inves�gaciones
y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS)
sede Monterrey, encabezan la lista.

labores, dependerá de aspectos como la disponibilidad y el
interés de los inves�gadores, así como la ampliación de las
condiciones ins�tucionales para con�nuar.
A las tareas pendientes habría que sumar la de revisar y
contrastar lo realizado sobre historia polí�ca en otras la�tudes,
cómo se han escrito esas historias a nivel regional, nacional e,
incluso, internacional. Esto es todavía una ac�vidad de mayores
dimensiones, pero que requiere completarse si se aspira a
(re)escribir la historia de la vida pública de Nuevo León.
FUENTES DE INFORMACIÓN

Por su parte, la difusión de la historia escrita corre a
cargo de diferentes publicaciones. Por ejemplo, las revistas A�sbo. Una mirada a la historia; Actas. Revista de
historia de la UANL; Reforma siglo XXI. Órgano de difusión cultural; Sillares, del Centro de Estudios Humanís�cos de la UANL; Cáthedra, de la Facultad de Filoso�a y
Letras de la UANL; Academia Semper, de la Sociedad
Nuevoleonesa de Historia, Geogra�a y Estadís�ca. De
reciente aparición, Cultura Regional, del Centro de
Información de Historia Regional y Hacienda San Pedro
de la UANL, donde ahora se publica este trabajo.
Además, es de destacar la labor del Fondo Editorial de
Nuevo León, a cargo de CONARTE, por las publicaciones
de historia local y regional.

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Presente. México: Universidad Autónoma de Nuevo León.
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no. 11, pp. 4-19.

Así pues, las tareas y los retos para el análisis de la
historia polí�ca son variados, mas existen las posibilidades adecuadas para cumplirlas. A ello se debe
agregar la constante profesionalización de la labor histórica a nivel local y regional, y el hecho de que nuevas
generaciones de historiadores e historiadoras buscan
cumplir con esas tareas en Nuevo León.

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cien años después. México: Universidad Autónoma de Nuevo León, Universidad Autónoma de Tamaulipas.

Después de llevar a cabo este balance de la producción
historiográfica en Nuevo León, con par�cular atención en
la historia polí�ca, podrían destacarse algunos elementos
de importancia. Los estudios del enfoque seleccionado
aún requieren mayores esfuerzos para consolidarse como
una línea de inves�gación destacada en la localidad, ya
que aspectos como el desarrollo económico y los estudios
obreros con�núan predominando para el periodo 1917 a
1970. Si bien son trascendentes, el estudio del ámbito
polí�co podría arrojar mayores luces que complementen
aquéllos, o simplemente para cons�tuirse como una veta
independiente que analice otra parte de la realidad sociohistórica nuevoleonesa.

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Silla: artes y letras de Nuevo León. México: Universidad
Autónoma de Nuevo León.

Las inquietudes de este trabajo no se basaron en revisar
exhaus�vamente la labor historiográfica al respecto, sino
presentar un somero estado de la cues�ón puesto que,
como se informó, no existe ningún estudio académico que se
dedique a cumplir esta primera tarea. Habrá que ahondar
más al respecto, al mismo �empo que se vayan escribiendo
las historias sobre la polí�ca que aún están pendientes. Queda claro, sin embargo, que esto tomará �empo, pues aunque
existen algunas posibilidades para el cumplimiento de estas

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De León Garza, Máximo (2000). Las izquierdas y las derechas en la Universidad Autónoma de Nuevo León. México:
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36 César Morado Macías, Los archivos históricos de Nuevo León.

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CRONOGRAFÍA

CRONOGRAFÍA

Un viaje urbano desde las primeras
tiendas departamentales en Monterrey

Hierro fue construido con cinco pisos y se caracterizó por
sus estructuras de hierro y acero. Tuvo tanto éxito que hasta
se verificó la ampliación de sus instalaciones en dos ocasiones. Sin embargo, el edificio sufrió un incendio en 1914, y
fue reinaugurado hasta 1921, ahora con detalles Art Deco y
Art Nouveau en su arquitectura⁸.

rriente”. También señala que se exhibían mantelería, ropa
blanca, moda para damas, adornos, guantes y ar�culos religiosos. Igualmente, la misma �enda decía: “cada 15 días
se reciben mercancías de Europa y novedades de París”. De
tal manera, “la Sorpresa de Monterrey no era una �enda
exclusiva para fi�s”¹¹.

Sofía Guajardo Acosta 1
Universidad Autónoma de Nuevo León

El historiador Isidro Vizcaya Canales escribió que a inicios
de noviembre de 1882 se anunció que acababan de llegar
a Monterrey “las tres maravillas del siglo XIX: El Alivio del
Mundo, para curar cualquier dolencia; Las Gotas de la Belleza, para eliminar espinillas y manchas de la piel, y la Vida
del Pelo, para el pelo sano y abundante”².

Unidos a través de esta frontera en Tamaulipas, y posteriormente con la Ciudad de México. El lugar al que llegó
el primer ferrocarril se encontraba al final de la avenida
Progreso —actual Pino Suárez y Colón—, si�o en el que en
1896 se inició la construcción de la estación Unión⁵. En
este contexto, el mundo se encontraba más conectado
que nunca. Monterrey contaba con una línea directa de
comunicación con Estados Unidos, país que a su vez atravesaba por un periodo álgido de desarrollo económico. Por
tanto, la ciudad regiomontana estaba más cercana a las
nuevas ideas con respecto a comercios y a la producción
de nuevos espacios urbanos.

Este pequeño fragmento representa una de las ideas
principales del presente ar�culo. En éste se rastrearán las
primeras �endas departamentales establecidas en
Monterrey a finales del siglo XIX y principios del XX, y se
hará un breve recuento sobre las condiciones económicas
y polí�cas que fueron indispensables para la gestación de
estos establecimientos. Además, se propone la idea de que
estos lugares surgieron no sólo por la clara necesidad de
ropa e indumentaria nueva, sino también como espacios
dentro del núcleo urbano en una ciudad moderna.

La moda y la ropa no fueron una excepción, y la manera
en que ésta se comenzaba a producir y a consumir fue a
par�r de �endas departamentales. Eugenia Crusco
puntualiza que en este contexto de modernización y
transformación económicas y sociales florecieron las primeras �endas de La�noamérica, con México como epicentro con Fábricas de Francia en 1847 y posteriormente El
Palacio de Hierro en 1891.

De tal manera, como expone Vizcaya, el siglo XIX fue determinante para la formación de la ciudad regiomontana.
Para finales de éste, la población rondaba los 64 mil habitantes. Y este número se reflejó en la arquitectura y el
urbanismo de la ciudad como documentación histórica³.

Este úl�mo con�núa siendo un importante centro comercial incluso después de más de un siglo. Según su si�o
web, los hermanos Jules y Henri Tron formaron la sociedad
J. Tron y Cía., luego de vender las Fábricas de Francia para
con�nuar con su siguiente proyecto: establecer la primera
�enda departamental en México. Para lograr su obje�vo,
adquirieron un terreno de 625 metros cuadrados en las
an�guas calles de San Bernardo y el pasaje la Diputación
—actuales avenidas de Venus�ano Carranza y 20 de noviembre—, en el centro de la capital del país⁷.

Un suceso determinante para la ciudad ocurrió el 31 de
agosto de 1882 con la llegada de la línea del Ferrocarril
Nacional Mexicano, porque permi�ó la apertura nacional
e internacional. Vizcaya además destaca el inicio del
servicio de tranvías urbanos, la instalación de la luz producida por electricidad y el servicio telefónico que
complementaba el telegráfico. Estos elementos eran “todo
en conjunto coadyuvantes de un nuevo perfil urbano que
trastocará la vida co�diana”⁴.

Este edificio fue construido inspirándose en Le Bon Marché, un gran almacén en París, así como en algunas �endas
de Nueva York, Londres y Chicago. El primer Palacio de

El ferrocarril llegó proveniente de Nuevo Laredo. Así,
Monterrey se conectó en un primer momento con Estados

1 Es estudiante de la licenciatura en Historia en la Facultad de Filoso�a y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Es becaria del Centro de Estudios
Humanís�cos de la UANL, donde desarrolla la inves�gación: “Contracultura en la iden�dad juvenil a través de la moda en Monterrey, 1960-1970”.
2 Armando V. Flores Salazar, “Monterrey, 1882”, p. 29. .
3 Ibíd., p. 27.
4 Ídem.
5 Adrián Garza Dragus�novis, “Orígenes de una ciudad industrial”, p. 30.
6 Eugenia Crusco, “La gran �enda departamental: una oportunidad para comprar y socializar”, disponible en: h�ps://blogatarraya.com/2021/07/28/la-gran�enda-departamental-una-oportunidad-para-comprar-y-socializar/
7 “¿Cuál es la historia de Palacio de Hierro y quién está al frente de la cadena de �endas?”, disponible en: h�ps://www.elfinanciero.com.mx/empresas/
2023/11/18/quien-es-el-dueno-de-palacio-de-hierro-y-cual-es-su-historia/

CULTURA REGIONAL

Para el año de 1900 decidieron construir un edificio más
adecuado para el negocio y contrataron al arquitecto angloamericano Alfred Giles. Para este momento, el arquitecto
había establecido un despacho de arquitectura en el centro
de Monterrey, desde donde atendió tres proyectos simultáneamente: el Banco Mercan�l y las �endas departamentales La Reinera y Sorpresa y Primavera¹². Sobre
esto, Isidro Vizcaya comentó lo siguiente:

14

Estaban en construcción en este año edificios tan importantes
como los de las casas comerciales Sorpresa y Primavera, inaugurado el 4 de sep�embre de 1901, y La Reinera, inaugurada el 13 del
mismo mes y año, así también el del Banco Mercan�l¹³.

En efecto, el 4 de sep�embre de 1901 se inauguró aquella joya arquitectónica. Se trataba de un edificio de tres pisos: las oficinas se encontraban en el tercer nivel, mientras
que en los primeros niveles estaba la �enda, donde
ofrecían ar�culos para dama y caballero importados de Europa y Estados Unidos. Igualmente, en este establecimiento se instaló el primer elevador de la ciudad, pero era muy
poco usado por la clientela del momento¹⁴.
En la �enda también se vendían telas de buena calidad que
eran elaboradas en la Fábrica de Hilados y Tejidos La Leona,
ubicada en el municipio de Garza García entre el río Santa
Catarina y el camino a Sal�llo, hoy boulevard Gustavo Díaz Ordaz. En ese momento, la fábrica también era propiedad de la
firma Manuel Cantú Treviño y Hnos.¹⁵ Isidro Vizcaya resume
el escenario comercial de la época de la siguiente manera:

Tienda Sorpresa y Primavera, 1900

En el norte del país este fenómeno también estaba ocurriendo. Sorpresa y Primavera se posicionaba como una de
las primeras �endas departamentales de Monterrey, fundada en 1891 en la calle del Comercio, actual Morelos en el
centro de la ciudad, entre Escobedo y Zaragoza⁹.

Algunas de las casas comerciales más importantes eran La Reinera,
de los señores Hernández Hnos., Sucs., fundada el año de 1855; V.
Rivero e Hijos, Sucs., establecida en 1843; la Casa Armendaiz; la Sorpresa y Primavera, de los señores Cantú Treviño Hnos., Sucs., fundada

El 1 de marzo de 1891 el señor Manuel Cantú Treviño y
sus hermanos José y Rufino, originarios de Salinas Victoria,
Nuevo León, se establecieron en Monterrey para iniciar
esta �enda en una casa de dos pisos con muros de sillar. En
sus inicios, Manuel pagaba renta por esa casa y después del
éxito del negocio decidió comprar la propiedad¹⁰.

en 1891; la droguería El León, establecida en 1876; la Ferretería
Langstroth, fundada en 1857; C. Holck y Cía. y la Casa Calderón¹⁶.

Décadas después, en 1926 el edificio sufrió un incendio
con pérdida total, y aunque fue reconstruido durante la década de 1930, Monterrey perdió un autén�co emblema
arquitectónico que ahora podemos observar solamente en
imágenes tomadas por quienes visitaron los almacenes de
Sorpresa y Primavera¹⁷.

Según Garza, su letrero principal anunciaba: “Gran establecimiento de ropa. El más espacioso local de la ciudad. El
sur�do más completo y abundante. Lujo, medio lujo y co-

8 Ídem.
9 Eloy Garza, “La Sorpresa de Ciudad de México y Monterrey”, disponible en: h�ps://www.sdpno�cias.com/columnas/monterrey-sorpresa-ciudad-mexico.html
10 Fernando Rafael Casasús, Manuel Cantú Treviño, p. 38
11 Eloy Garza, “La Sorpresa de Ciudad de México y Monterrey”, disponible en: h�ps://www.sdpno�cias.com/columnas/monterrey-sorpresa-ciudad-mexico.html
12 Fernando Rafael Casasús, Manuel Cantú Treviño, p. 41.
13 Isidro Vizcaya Canales, Los orígenes de la industrialización de Monterrey, p. 104.
14 Fernando Rafael Casasús, Manuel Cantú Treviño, p. 45.
15 Ibíd., p. 42.
16 Isidro Vizcaya Canales, Los orígenes de la industrialización de Monterrey, p. 97.
17 Fernando Rafael Casasús, Manuel Cantú Treviño, p.108-114.

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�CRONOGRAFÍA

CRONOGRAFÍA

También cabe retomar una reflexión del arquitecto Armando V. Flores, acerca de que “los objetos arquitectónicos históricos documentan no sólo la forma de vivir de su
�empo de origen, sino también la de las siguientes generaciones que al transformarlos para adecuar su función
a las cambiantes modas sociales, dejan con ello evidencias
obje�vas de la cambiante visión del mundo”²³. Dado lo
anterior, la revolución en los edificios departamentales es
una evidencia más de la gran metamorfosis arquitectónica
y urbanís�ca que ha experimentado la ciudad de
Monterrey a lo largo del �empo.
Como conclusión general podemos formular dos ideas
centrales. La primera es que, al observar los cambios en la
forma de construir la ciudad a par�r de las �endas departamentales, tomando como punto de par�da la industrialización y modernización, se iden�fican rupturas drás�cas desde el primer momento en que sucede la gestación
de toda esta base moderna.

La Reinera en la calle del Comercio, hoy Morelos, 1885

Ahora bien, podemos retomar aquí las ideas de Crusco,
quien llamó a estos lugares “templos del consumo” que
“eran ideales para pasar el �empo, desear y tocar ciertos
productos que antes estaban al alcance de unos pocos”.
Estas �endas contaban con caracterís�cas peculiares que
atraían tanto a mujeres como a hombres de todos los niveles y clases sociales. Así, “una clase media en ascenso
encontró en el consumo de bienes adquiridos en estos comercios de capital extranjero un novedoso es�lo de vida
que adoptó elementos modernos y cosmopolitas”¹⁸.

Si bien existen hasta el presente �endas departamentales como el mencionado Palacio de Hierro, éstas se han
conver�do prác�camente en exclusivas para clases socioeconómicas altas. Por otro lado, la alterna�va se
encuentra en �endas de moda rápida —fast fashion— que
predominan en los centros comerciales. Esto, además de
las diferentes problemá�cas en cuanto a la ropa como producto y moda, representa un factor importante en el consumo de ésta desde un tercer lugar. Es decir, las jóvenes ya
no van a las �endas departamentales con sus amigas para
ver lo que las demás están vis�endo y para después tomar
un café en el restaurante del lugar.

Por su parte, siguiendo a Crusco, estas �endas innovaron a nivel comercial con prác�cas diferentes como forma
de venta: el precio fijo, que daba fin a las prác�cas de
regateo, las promociones, la venta a crédito y las liquidaciones por temporadas¹⁹. En cuanto a la publicidad, las
ac�vidades comerciales eran difundidas diariamente por
la prensa a través de técnicas publicitarias que tenían una
función meramente persuasiva, pero también gráfica y esté�ca. Todos estos elementos se combinaron con la venta
a gran escala y la renovación de los stocks, lo que aseguró
el éxito de estas �endas²⁰.

Esta situación no es exclusiva de las �endas departamentales ni de los centros comerciales, porque la
falta de terceros lugares en la ciudad se evidencia en todos
los ámbitos: hacen falta parques, cines, bibliotecas, restaurantes y centros depor�vos accesibles para propiciar la socialización entre los miembros de la comunidad.

Esta mezcla de factores resultó en una revolución en los
procesos de compra y venta, pero también tuvo efectos a
nivel material en los propios edificios comerciales. Según
Crusco, “la mayoría de las �endas sumó a sus departamentos espacios des�nados al ocio y disfrute como restaurantes, salas de té, salones de belleza, heladerías y otros
salones propicios para realizar eventos y espectáculos”²¹.

Empero, la ávida necesidad de intercambio social,
par�cularmente entre los jóvenes, los lleva a buscar o crear
otras formas para generarlo. Es aquí donde surgen las �endas de segunda mano, los bazares en el Barrio An�guo de
Monterrey, las pequeñas bou�ques de diseñadores independientes y hasta la venta y compra en línea.

En este punto, es posible rescatar un concepto clave
para definir a estos edificios y centros de comercio: los
terceros lugares (third places en inglés). Dicho término fue
acuñado por el sociólogo Ray Oldenburg y alude a aquellos
lugares en los que la gente discurre entre el “primer lugar”
que es el hogar y “segundo lugar” que es el trabajo. Los
terceros lugares son pues los espacios des�nados a ac�vidades recrea�vas y de esparcimiento²².

Esto nos lleva a la segunda idea: la moda. Si bien la función
principal de estos pequeños lugares es conseguir piezas de
ropa, también es evidente su intención de fungir como nuevos
espacios de socialización y �empo de calidad. Por tanto, podemos entender la moda como algo que va más allá de la pura
ves�menta: es una herramienta de expresión fundamental
incluso en la arquitectura y el urbanismo de las ciudades.

FUENTES DE INFORMACIÓN
Bibliogra�a

Casasús, Fernando Rafael (2013). Manuel Cantú Treviño.
México: Fondo Editorial de Nuevo León.
Flores Salazar, Armando V. (2014). “Monterrey, 1882”, en:
Ciencia UANL, No. 67, pp. 26-29.
Flores Salazar, Armando V. (2016). “Dos edificios privados
en el museo de la Gran Plaza”, en: Ciencia UANL, No. 77, pp.
22-26.
Garza Dragus�novis, Adrián (2014). “Orígenes de una ciudad industrial”, en: Ciencia UANL, No. 67, p. 30.
Vizcaya Canales, Isidro (2006). Los orígenes de la industrialización de Monterrey. México: Fondo Editorial de Nuevo
León, Tecnológico de Monterrey.
Fuentes electrónicas

Butler, Suart M. y Carmen Diaz (2016). “‘Third places’ as community builders”, en: Brookings. [Consultado el 29 de febrero de 2024]. Disponible en: h�ps://www.brookings.edu/
ar�cles/third-places-as-community-builders/
“¿Cuál es la historia de Palacio de Hierro y quién está al frente de la cadena de �endas?” (2023), en: El Financiero. [Consultado el 29 de febrero de 2024]. Disponible en: h�ps://
www.elfinanciero.com.mx/empresas/2023/11/18/quien-esel-dueno-de-palacio-de-hierro-y-cual-es-su-historia/
Crusco, Eugenia (2021). “La gran �enda departamental: una
oportunidad para comprar y socializar”, en: Atarraya. [Consultado el 29 de febrero de 2024]. Disponible en: h�ps://
blogatarraya.com/2021/07/28/la-gran-�enda-departamental-una-oportunidad-para-comprar-y-socializar/
Garza, Eloy (2019). “La Sorpresa de Ciudad de México y
Monterrey”, en: SDPNo�cias. [Consultado el 29 de febrero
de 2024]. Disponible en: h�ps://www.sdpno�cias.com/
columnas/monterrey-sorpresa-ciudad-mexico.html

18 Eugenia Crusco, “La gran �enda departamental: una oportunidad para comprar y socializar”, disponible en: h�ps://blogatarraya.com/2021/07/28/la-gran�enda-departamental-una-oportunidad-para-comprar-y-socializar/
19 Ídem.
20 Ídem.
21 Ídem.
22 Suart M. Butler y Carmen Diaz, “‘Third places’ as community builders”, disponible en: h�ps://www.brookings.edu/ar�cles/third-places-as-communitybuilders/ .
23 Armando V. Flores Salazar, “Dos edificios privados en el museo de la Gran Plaza”, p. 26.

CULTURA REGIONAL

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�CRONOGRAFÍA

CRONOGRAFÍA

CRONOGRAFÍA

Entre algodón y tiliches. Los inmigrantes
libaneses y su inserción a la ciudad de Torreón
en el México posrevolucionario (1920-1940)
Margarita Isabel Arvide Basterra 1
Universidad Autónoma de Nuevo León

en su mayoría mo�vados por la búsqueda de mejores
condiciones de vida, oportunidades laborales, conflictos bélicos o persecución religiosa, también hay quienes son mo�vados simplemente por la aventura o el amor.

Cabe destacar que las autoridades francesas sí tomaron medidas para detener el éxodo de los habitantes, con
el obje�vo de retener a la población y de emplearlos para
levantar al país de su situación económica. El 4 de
diciembre de 1924 se emi�ó el Decreto 2975 que restringía la salida de los libaneses. Empero, esto no frenó
enteramente la emigración⁴.

En lo que concierne a la presente inves�gación, es fundamental conocer las razones que los libaneses tuvieron
para abandonar el país de los cedros e internarse en el
ombligo de la Luna. El conocimiento de sus circunstancias a
inicios del siglo XX facilita comprender las caracterís�cas en
común y el perfil que compar�an quienes llegaron a México. Sobre esto Jacobs nos dice que:

Además, es necesario considerar que la Primera
Guerra Mundial terminó con la industria libanesa de la
seda, de fundamental importancia económica e histórica para la región. Marín señala que el Líbano intentó
retomar las labores en las fábricas al inicio de los años
veinte, pero no fue posible. Al ser dicha industria de las
principales actividades económicas de los libaneses, la
población vio agudizados sus problemas económicosociales y buscaron, por ejemplo, diversificar sus activos mediante la sustitución de los árboles de morera
(cuyas hojas son el alimento de los gusanos de seda)
por árboles de naranja. De tal forma que, fueron los
campesinos libaneses quienes resintieron la crisis y
conformaron el grueso de migrantes que se trasladaron
a Latinoamérica⁵.

La migración libanesa a México obedeció a factores sociopolí�cos y

Introducción

En par�cular, los ciudadanos de origen libanés se cons�tuyeron como uno de los grupos más exitosos debido a
su afinidad por el comercio, también por el entramado de
redes familiares que tejieron, el marcado interés de sus
intelectuales en la vida polí�ca y social de México, la similitud en el culto católico-maronita. Y en úl�ma instancia, el
deseo común de integrarse en la sociedad e iden�ficarse
como mexicanos.

Si bien México es mayormente catalogado como un país
exportador de migrantes a dis�ntos países, nuestra nación
ha sido también des�no final para cientos de personas. En
par�cular, se fomentó y facilitó la entrada de ciudadanos
europeos durante la época del Porfiriato (1876-1911), con
la finalidad de diversificar al país y las inversiones en el
mismo. No obstante, esta polí�ca de “brazos abiertos” se
vio interrumpida por la lucha armada revolucionaria de
1910. Con el final de la Revolución mexicana y el proceso
de ins�tucionalización del estado durante los años de 1920
a 1940, se reanudó el flujo migratorio al territorio.

Para comprender mejor este proceso de inserción, es
per�nente revisar el caso de una de las ciudades de mayor
importancia en el noreste. Sería en la población de Torreón, ubicada en Coahuila y en el centro de la denominada Comarca Lagunera, donde se correspondió un escenario óp�mo para que los inmigrantes del levante
establecieran su comunidad.

En par�cular, viajeros provenientes de Oriente Medio y de
Asia atravesaron en barco el mundo con la intención de arribar a las nuevas oportunidades que se anunciaban en el
con�nente americano. Durante este periodo, la década de los
años treinta significó la consolidación del auge industrial comenzado en el siglo pasado, y del federalismo sobre las
voluntades de las en�dades federa�vas. El noreste por su parte creció enormemente y se benefició del desarrollo económico, posicionándose como líder en materia empresarial. A lo
anterior, se le suman las grandes ventajas económicas que la
Segunda Guerra Mundial (1939-1945) representó para México, pues el conflicto generó una enorme demanda de productos para la industria bélica, materias primas y alimentos. La
población creció, así como su capacidad adquisi�va y las
condiciones de vida mejoraron. Lo anterior propició que, una
vez superada la crisis nacional producto de los estragos de la
Revolución, y de los efectos adversos de la Crisis de 1929 en
Estados Unidos, México transitara a un periodo de prosperidad que se conoce como el Milagro Mexicano (1940-1970).

Sin embargo, la relevancia de esta comunidad libanesa,
y sus aportaciones a la economía de la zona ha sido infravalorada en la historiogra�a regional. En términos numéricos, su presencia demográfica yace reducida, pero su
influencia es visible y concreta en la sociedad coahuilense.
Por lo tanto, este texto �ene el obje�vo de visibilizar y
argumentar la relevancia que los inmigrantes libaneses y
su descendencia tuvieron en el desarrollo de la ciudad de
Torreón, así como analizar las polí�cas migratorias mexicanas durante el periodo posrevolucionario, junto con las
causas históricas que provocaron la llegada de este grupo
y los mo�vos por los cuales seleccionaron la ciudad de Torreón para residir. Para este fin, se realizó una inves�gación
documental, y se consultaron fuentes secundarias como
ar�culos, ensayos y notas periodís�cas.

Asimismo, el asentamiento de inmigrantes en México y
par�cularmente en el noreste, suministró la mano de obra
necesaria, junto con el capital extranjero requerido para avivar la llama del desarrollo económico en esta región alejada
del perímetro de la capital. Desde los trabajadores chinos
hasta los capitalistas españoles, pasando por los empresarios norteamericanos, el noreste se vio beneficiado significa�vamente por la presencia de extranjeros que hicieron
de nuestra nación su nuevo hogar.

Antecedentes
La migración es un fenómeno que ha acompañado a la humanidad durante toda su historia. Abandonar el lugar de
origen siempre deja un impacto en quien se va y en quienes se quedan; a pesar de eso, el mes�zaje que es producto de la integración de extranjeros en cualquier sociedad,
la enriquece enormemente. Las razones para par�r son
dis�ntas según cada caso. Aun cuando los inmigrantes son

1 Historiadora. Es licenciada en Historia por la Facultad de Filoso�a y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León. En esta Casa de Estudios, fue miembro del programa de talentos universitarios, becaria del Centro de Estudios Humanís�cos y directora de Bloch. Revista Estudian�l de Historia, editada por
alumnos del Colegio de Historia de la Facultad de Filoso�a y Letras.

CULTURA REGIONAL

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económicos, los cuales afectaron directamente a los libaneses que dejaron su patria, y fue favorecida por una polí�ca migratoria mexicana
que admi�ó su ingreso al país a par�r de 1878; se cree que los libaneses, pales�nos y sirios establecidos en México en 1905, sumaban cinco mil. Y se calcula que hoy día alrededor de 300 000 mexicanos �enen ascendencia libanesa o de otros países levan�nos. La mayoría
huía del dominio turco, puesto que, desde 1516 hasta su derrota por
los aliados europeos en 1918, la región formaba parte del Imperio
otomano, cuyo yugo recrudecía a finales del siglo XIX y obligaba a los
jóvenes a incorporarse a su ejército. Durante los cuatro siglos que per-

Los campesinos libaneses también se vieron motivados a migrar debido a las noticias de éxito que recibían de sus compatriotas, decenas de los cuales retornaron al territorio con capital suficiente para comenzar
nuevos negocios. Era común que ejercieran actividades
como el comercio en América y al cabo de unos años
retornaran a su comunidad con la finalidad de invertir
el dinero generado de su actividad en el extranjero.

duró dicho régimen, que no impuso ni su religión ni su lengua, coexis�an en lo que hoy conocemos como Líbano dos grandes corrientes: la
cris�ana —desde el siglo IV— y la musulmana —desde el siglo VII—;
los judíos y los drusos conformaban minorías. Emigraron cris�anos y
judíos porque en aquella región se favorecía a la comunidad musulmana, a pesar de ser entonces minoritaria; el yugo turco cesó al concluir la Primera Guerra Mundial, cuando Líbano pasó a ser un protectorado francés, hasta su independencia el 22 de noviembre de 1943².

De tal manera que los libaneses que arribaron al con�nente
aspiraban a encontrar un si�o donde establecerse y prosperar,
lejos de las consecuencias de la Primera Guerra Mundial (19141918), el hambre y la violencia. Aunque el Imperio Otomano
permi�ó el florecimiento de otras religiones ajenas al islam en
sus dominios, los cris�anos maronitas y judíos eran tratados
como ciudadanos de segunda clase. Los libaneses, descendientes de culturas milenarias, también deseaban una mayor libertad intelectual y comercial que la permi�da en el Líbano, el
cual había pasado de manos otomanas a francesas.

Por otra parte, la compatibilidad entre la religión
católica practicada en México y el culto maronita generó un ambiente de comodidad, donde los libaneses
pudieron establecer nexos comunitarios y comerciales; el inmigrante se convirtió en emigrante. De forma
similar a los españoles, los libaneses hicieron uso de
la migración en cadena, para invitar a sus familiares o
vecinos en el Líbano a emprender tan largo viaje.
También es justo destacar que hubo muchos que
esperaban llegar a Estados Unidos y se confundieron,
quedando varados en nuestro país. O simplemente
veían a México como una escala antes de Estados Unidos y acabaron por quedarse⁶.

Sobre el Líbano como mandato francés, Ramírez señala que a
par�r de 1920 y hasta 1947 con la proclamación de la República
del Líbano, los pasaportes que los libaneses usaban fueron expedidos por Francia y no por Turquía, quien en décadas anteriores conformaba a la Sublime Puerta y daba a sus súbditos dicha
nacionalidad. Con este cambio de administración una parte
considerable de la población salió de su país, unos hacia la
misma Francia, otros hacia Estados Unidos y una minoría escogió América La�na, ya fuera por tener familiares en el territorio
o por mero accidente, pues desembarcaban antes de llegar a
�erras estadounidenses³.

El perfil de los inmigrantes
La iden�dad del primer libanés que arribó a México sigue
siendo un misterio para los historiadores; al respecto
Zeraoui plantea lo siguiente:
De acuerdo con las informaciones que [proporcionó don Álvaro
Negib Aued], director de la revista El Emir, el primer ciudadano que

2 Patricia Jacobs, “Los inmigrantes libaneses y su innovadora aportación”, p. 43.
3 Luis A. Ramírez, De cómo los libaneses conquistaron la península de Yucatán, p. 15.
4 Roberto Marín, “Las causas de la emigración libanesa”, p. 604.
5 Ibíd., p. 601.
6 Patricia Jacobs, “Los inmigrantes libaneses y su innovadora aportación”, p. 44.

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�CRONOGRAFÍA

CRONOGRAFÍA

miles de víc�mas¹⁰. A pesar de la gradual recuperación,
múl�ples extensiones de �erra permanecían sin ocupar y
a la espera de conver�rse en asentamientos. Una solución
para esta problemá�ca había sido planteada desde el gobierno de Porfirio Díaz: atraer a colonos extranjeros. Dicha
polí�ca de brazos abiertos no funcionó con la eficacia que
Estados Unidos experimentó, pero sí se formaron comunidades provenientes de España, China y el Líbano. Al
respecto Pe�t et al. señalan que:

llegó a esta �erra fue el reverendo Padre Boutrous Raffoul, quien
desembarcó en Veracruz en el año 1878 [...] y se dedicó a recorrer el
país visitando, preferentemente, la zona de Jalisco⁷.

A través del análisis de las tarjetas de migración disponibles en el Archivo General de la Nación, es posible afirmar
que, como los sirios, egipcios, pales�nos e iraquíes, el libanés que inmigraba era generalmente hombre, católico maronita, de edad temprana, soltero y se casaba con una mujer enviada de su comunidad originaria, se dedicaba al
comercio principalmente y recibía ayuda para establecerse
de sus parientes. Las cifras dadas por Zeraoui lo explican
numéricamente:

evidenció la preferencia por la “raza blanca”; los judíos
exiliados de la Alemania nazi fueron recibidos, así como los
españoles republicanos de Cárdenas, pero los chinos y libaneses tuvieron que apelar a sus cualidades para jus�ficar su residencia en México. Zeraoui lo explica de la siguiente manera:

Aun así, estas tres modalidades de migración con�nuaron coexis�endo durante la primera mitad del siglo XX y
urdieron visibles redes étnicas. En otras palabras, se construyeron vínculos que trascendieron las relaciones amistosas o filiales, siendo más relevante la iden�dad de origen
compar�da¹⁵.

El ar�culo 15 de la Ley de Migración del 13 de marzo de 1926 otorga
una gran autoridad a los cónsules mexicanos (que) �enen
obligación de expedir tarjetas individuales de iden�ficación, a solici-

En México, como en la mayoría de los países la�noamericanos, se

tud escrita de los interesados, quienes deben exhibir pruebas docu-

empezó a promover la entrada de extranjeros durante todo el siglo

mentales respecto a nacionalidad, estado civil, moralidad, contrato

XIX, y a par�r de la década del treinta del siglo siguiente se estab-

previo de trabajo, etc.…, para demostrar que se hallan en ap�tud

lecieron diversas leyes o decretos, cuyo fin era facilitar el asenta-

legal de emigrar o inmigrar al país. Además, en su ar�culo 32 la ley

Un tercer elemento es la preponderancia de la ac�vidad mercan�l

miento de los inmigrantes que llegaban a territorio mexicano. Se

otorga facilidades a los extranjeros que recibieron su carta de natu-

de la comunidad y la responsabilidad en el hogar, que afecta a la in-

promovieron proyectos con el argumento de solucionar el problema

ralización para traer a sus padres, sus descendientes e inclusive a

mensa mayoría de las esposas. Finalmente, la juventud de la comu-

demográfico y agrícola del país, repar�endo �erras despobladas y

sus hermanos menores de edad. (…). Las leyes de 1936 y de 1947

nidad árabe a su llegada a México es notable. En efecto, más de la

sin cul�var a los inmigrantes¹¹.

son más explícitas en la polí�ca migratoria mexicana. Por un lado, se

mitad de los que ingresaron tenía en el momento de su llegada me-

Torreón, el mahyar mexicano
Mar�nez afirma que “por el norte también había ya un
grupo numeroso de inmigrantes de los que llegaban quizás
por el puerto de Tampico, Tamaulipas, o por Estados Unidos. Entre 1901 y 1910 llegaron las familias Haggar,
Achem, Chaul, Chibli, Jaik, Abusamra, Ayub, Kawage, Saad,
Iza, Safa, Nasser, Jaidar, Daher”. Junto con ellos, decenas
de familias se verían atraídas por el Boom petrolero de
Tampico en la década de los años veinte y también por las
riquezas agrícolas de la zona de la La Laguna, donde Torreón se conver�ría en el epicentro de la inmigración¹⁶.

proponen atraer a los extranjeros para poblar el país, pero al mismo

Los extranjeros que llegaron dedicaron sus años de juventud a construir un patrimonio que pudiera ser transmi�do a
la siguiente generación; esta acumulación primaria del capital hizo posible la construcción de empresas que alimentaron
el auge industrial que experimentó el noreste. Ahora bien, no
todo fue sencillo. Se �ene registro de inmigrantes que fueron
víc�mas de ataques mo�vados por el odio y la xenofobia, de
igual manera sus negocios sufrieron los embates de los
cambios administra�vos del país y algunos par�ciparon directamente en los conflictos armados, integrados como el
resto de los mexicanos. En síntesis, el país al que arribaron
los recibió con la promesa de una vida próspera, con �erras
para cul�var, recursos naturales para explotar, ciudadanos
con quienes comerciar y escuelas para educarse, aunque
como todos los demás ciudadanos, ellos también fueron
irremediablemente afectados por las transiciones de la agitada vida polí�ca del México posrevolucionario.

nos de 25 años. A par�r de 1950, la llegada árabe a México conoció
una caída drás�ca por las independencias nacionales y las polí�cas
migratorias mexicanas más drás�cas y selec�vas. A pesar de este hecho, el crecimiento natural de la comunidad árabe en México ha llevado a un importante desarrollo durante el medio siglo posterior. La
comunidad libanesa que alcanzaba 1365 familias en 1942 tenía para
1982, 5627.27⁸.

Ahora bien, es necesario señalar que los datos estadís�cos como la edad o el género no brindan el panorama
completo de estos inmigrantes. Aun cuando eran hombres
jóvenes, y provenían en su mayoría del campo con la
voluntad de generar riqueza para ayudar a sus familias, la
denominación de libanés no englobaba la complejidad
iden�taria de los mismos. Los inmigrantes estaban
compuestos por un crisol de iden�dades; se reconocían
como pueblos cris�anos del Monte Líbano, pero asumían
su pasado fenicio. Los libaneses eran ciudadanos de un estado que no exis�a; se iden�ficaban como parte de un
pueblo, pero su condición de colonia les había impedido
transitar a la modernidad. Eran otomanos de pasaporte,
turcos de apodo, sirio-libaneses después de la Primera
Guerra Mundial y posteriormente, árabes dentro de La
Liga Árabe. Su iden�dad se transformó según los acontecimientos que tuvieron lugar en México y en Medio Oriente,
la asimilación cultural los volvió mexicano-libaneses⁹.

Un ejemplo de lo anterior es comentado por Mar�nez,
quien examina el caso de la Sociedad Nassar Hermanos establecida en Torreón, cuyos miembros son protegidos
franceses. Los hermanos eran propietarios de negocios y
�endas que fueron saqueados por las fuerzas villistas en
1916 y para 1922, presentaron una reclamación ante la
Comisión Nacional por los daños y perdidas, la cual no tuvo
un fallo favorable¹².

Se buscan ciudadanos: México como país receptor de
inmigrantes

Dichos cambios originados por el transitar de las décadas, trajeron consigo modificaciones en las leyes de migración. La polí�ca porfirista de “brazos abiertos” sería
poco a poco magullada, por prejuicios, discursos raciales y
en general el nacionalismo imperante de la época. El clima
polí�co mundial aceleró el establecimiento de restricciones en la polí�ca migratoria mexicana; mantenerse al
tanto de las ac�vidades de los extranjeros en suelo nacional era clave para la seguridad y se calificó a ciertas nacionalidades como portadores de enfermedades o
incompa�bles culturalmente con el mexicano. Esta ac�tud

El México que dejó la Revolución había experimentado
profundas transformaciones y para la década de 1920 estaba en vías de construir un gobierno ins�tucionalizado,
mientras que la población se reponía de las muertes producto de los combates y de los fallecidos por la epidemia
de 1918. Gómez afirma que la peste roja, la muerte púrpura o el trancazo, como se le conoció en México, llegó súbitamente y así desapareció, dejando a su paso cientos de

8 Ibíd., p. 29.
9 Carlos Mar�nez, Libaneses. Hechos e imaginario de los inmigrantes en México, p. 411.
10 Octavio Gómez, “El 'trancazo', la pandemia de 1918 en México”, p. 593.
11 Lorenza Pe�t, Florcita J. Arellano y Vicente B. Guzmán, “En busca de las huellas árabes en México”, p. 11.
12 Carlos Mar�nez, Libaneses. Hechos e imaginario de los inmigrantes, p. 191.

CULTURA REGIONAL

de migración de comunidades, Ramírez se refiere a la
ampliación de redes de parentesco para incluir a los na�vos de los mismos pueblos en las relaciones preferenciales para el trabajo, negocios y el matrimonio¹⁴.

20

�empo plantean restricciones para algunas nacionalidades. En su
fracción segunda, el ar�culo 7 de la Ley de 1936 busca “promover
de acuerdo con los requisitos y condiciones que se fijen en cada
caso genérico y para resolver problemas étnicos o para llenar necesidades económicas o culturales, la venida al país de extranjeros de
la nacionalidad, raza, sexo, edad, estado civil, ocupación, instruc-

Para entender lo anterior, hay que regresar a finales del
siglo XIX, pues para la década de 1870 La Laguna comenzó
a adquirir relevancia como productora de algodón de la
mejor calidad, el cual se empleaba para la próspera industria tex�l, tanto mexicana como estadounidense. El oro
blanco —como se le conocía al algodón—, encaminó el desarrollo económico de la región pues se posicionó como
uno de los principales exportadores¹⁷.

ción e ideología que considere adecuadas en el número y por la
temporalidad que sea necesaria, pudiendo otorgarse a los inmigrantes facilidades económicas para su establecimiento”. Pero, la
fracción IX define el alcance de la ley para dar facilidades a los extranjeros asimilables y cuya fusión sea más conveniente para las
razas del país¹³.

Para comprender la postura del estado mexicano y de la
sociedad en general hacia los extranjeros durante la década de los años veinte, es per�nente recordar la
influencia de la figura de José Vasconcelos, quien propuso
en su ensayo �tulado La raza cósmica (1925) el concepto
de una quinta raza la�noamericana que cons�tuía un ideal
homogéneo que se fundamentaba en el mes�zaje que había tenido lugar en las colonias españolas en América, entre los indígenas, los blancos europeos, los africanos y los
asiá�cos. Un mes�zaje cultural y étnico que no daba cabida a la conservación de la iden�dad de los pueblos originarios y veía en la mezcla con el hombre blanco una solución
para el atraso de la nación. El mes�zo sería el hombre mexicano del siglo XX, el reflejo de la modernidad.

Con las mercancías viene de la mano la necesidad del
transporte y, para 1888 las vías del ferrocarril se cruzaron
en la estación de la colonia agrícola “El Torreón”, al pasar
por ahí por vez primera, el Ferrocarril Internacional Mexicano. El ferrocarril permi�ó una transportación más
eficiente del algodón e incrementó la distribución de este
en todo México; el algodón de la Torreón fungió como la
materia prima para la ves�menta del mexicano del siglo
XX. Urow describe la ciudad a principios del dicho siglo:
Para 1907, Torreón era ya un importante núcleo agrícola y comercial, cuya fama llegaba a lejanos lugares y atraía a gente de los
más diversos orígenes a establecerse en sus �erras. Ese mismo año,

Lo cierto es que la emisión de dicha Ley de Inmigración
en 1926 y su puesta en marcha en 1927 sí limitó la intensidad del ingreso al país de extranjeros. No obstante, abrió
paso a nuevas formas de relación en la comunidad. Como
lo explica Ramírez, la migración individual o solitaria del siglo XIX se convir�ó en una de carácter familiar, ya que los
libaneses se enfocaron en traer a sus esposas, hijos, hermanos e incluso padres de familia. Esta migración escalonada fue la norma hasta inicios del siglo XX y posteriormente se transformó en una de �po comunitaria. Al hablar

Torreón contaba ya con servicios de agua potable y drenaje, así
como de transporte a nivel local con la red de tranvías eléctricos ya
mencionada y a nivel nacional, con tres líneas ferroviarias. De modo
que, en 1907, según el periódico El Nuevo Mundo, editado en Torreón en ese año, la nueva ciudad era un importante centro ferrocarrilero, a cuya estación entraban diariamente trece trenes de pasajeros y salían otros tantos, sin mencionar aquellos que
exclusivamente transportaban carga. Además, había en la joven
urbe, desde entonces llamada popularmente “La Perla de la Laguna”, seis representaciones extranjeras (España, Alemania, Estados

13 Zidane Zeraoui, “Los árabes en México”, p. 14.
14 Luis A. Ramírez, “Iden�dad persistente y nepo�smo étnico”, p. 12.
15 Ídem.
16 Carlos Mar�nez, Libaneses. Hechos e imaginario de los inmigrantes, p. 13.
17 Diana Urow, Torreón: Un ejemplo de la inmigración a México durante el porfiriato, p. 25.

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�CRONOGRAFÍA

CRONOGRAFÍA

a los campesinos y a los militares por igual—, facilitó su
integración a la sociedad y su rápida escalada hasta las élites
coahuilenses, lugar en donde permanecen hasta hoy en día.

Unidos, Francia, Inglaterra y China), e igual número de bancos, lo
cual denota la existencia de importantes intereses económicos y
cosmopolitas. Durante aquellos años se escuchaban en Torreón di-

FUENTES DE INFORMACIÓN

ferentes idiomas, entre ellos: inglés, francés, alemán, griego, árabe,

Conclusiones

chino e italiano. (…). También desde los primeros años de su fundación, Torreón contaba ya con importantes industrias, relacio-

Tras los eventos de la llamada Gran Guerra, los libaneses buscaron la posibilidad de establecerse en un espacio alejado de los
daños colaterales que este acontecimiento bélico infringió sobre su sociedad y economía, que ahora se encontraban bajo
administración de Francia. El panorama en el Medio Oriente
era complejo y se reconfiguró con la caída del Imperio Otomano y la creación de la República de Turquía en 1923, esto
también significó alteraciones en las iden�dades y ciudadanías
de los territorios disputados.

nadas de uno u otro modo con el cul�vo del algodón, tal es el caso
de "La Esperanza", fábrica de aceites y jabones, la jabonera “La
Unión”, las fábricas tex�les “La Constancia”, “La Fe” y “La Alianza”,
así como la fundición metalúrgica Peñoles¹⁸.

Así pues, la ciudad de Torreón se inundó con extranjeros, par�cularmente libaneses que se dedicaron a
ac�vidades comerciales relacionadas con la venta de tex�les y abarrotes para alimentar a todo el pueblo trabajador. Con esta bonanza algodonera, las redes familiares libanesas es�mularon la inmigración de sus connacionales a
Torreón, devolviendo las riquezas materiales con riquezas
culturales. Es en esta ciudad que se puede vislumbrar la
diversidad iden�taria de los inmigrantes libaneses, pues no
solo hubo presencia de maronitas, sino que también el
islam encontró su centro de crecimiento, culminando con
el establecimiento de la primera mezquita mexicana.

En el caso del Líbano, la población inconforme con las
condiciones de vida había comenzado a migrar desde
mediados del siglo XIX y para inicios del XX una gran
can�dad de campesinos habían dejado su �erra para aventurarse a trabajar en América. Si bien el gobierno francés
tomó medidas para fomentar la permanencia y repatriación de los libaneses con el obje�vo de reconstruir al
país, miles de ciudadanos habían hecho un nuevo hogar en
países como Estados Unidos y México.

Es posible afirmar que Torreón se cons�tuye como
par�cular frente al resto de las ciudades norestenses con
presencia libanesa, debido al florecimiento de dicha comunidad musulmana que se dis�ngue de la mayoría maronita
o de los drusos. Mar�nez relata que:

Las redes y vínculos que se tejieron en los nuevos lugares de residencia, en par�cular México se fortalecieron de
tal manera que superaron los vínculos familiares o amistosos para dar paso a la construcción de una iden�dad de
origen, la cual permi�ó que la inmigración con�nuara y
fuera una opción atrac�va. Incluso cuando México endureció sus polí�cas migratorias, dejando atrás la postura
de “brazos abiertos” del porfirismo.

Todos los musulmanes de ascendencia libanesa pertenecen a
familias chiítas del sur del Líbano. Algunos entraron por el puerto de
Tampico, entre 1885 y 1900, otros de 1900 a 1920, y entre ese año
y 1940, y desde entonces hasta 1975 sólo llegaron unos cuantos.
Las familias de La Laguna son de apellidos Serhan Selim, Serhan,

El inmigrante que llegó a nuestro país era en su mayoría
de género masculino, joven, con un origen campesino y
que buscaba trabajar para acumular capital y regresar al
Líbano. Pero, la realidad es que muchos optaron por residir
permanentemente en México y traer a sus familias
también. El México que conocieron durante este periodo
se estaba recuperando de la violencia de la Revolución y
comenzó a implementar un proyecto de ins�tucionalización del estado, así como se consolidó un auge industrial fraguado desde finales del siglo anterior.

Mansur, Mansur Núñez, Hamdan Ibrahim, Jalil Harb, Núñez Jalil,
Saad, Cervantes, Jalife Cervantes, Mehde Hachem, Jalil Hamdan, Sabag Sabag, Sabag Matar, Nahle Aguilera, Zain Chamut, Chamut
Chamut, Chamut Yaujar, Fayad Chain, Ale Hechem, Elias Ale,
Ramadan Ramadan, Braham Rios, Karrum Yunes, Buhdud Mar�nez,
Charara Elias, Darwich Ramírez, Darwich Darwich, González Darwich, Mansur González y otras¹⁹.

Hay que resaltar que, como explica Zeraoui: “independientemente de la religión prac�cada, la ac�vidad económica por excelencia de la inmigración árabe ha sido el
comercio. En 1933, a pesar de que la población árabe representaba solamente el 4.23 por ciento de la población extranjera, monopolizaba el 55 por ciento de los comercios
que estaban en manos del total de los inmigrantes”²⁰.

Gómez, Octavio (2020). “El ‘trancazo’, la pandemia de 1918
en México”, en: Salud Pública de México, vol. 62, no. 5, pp.
593-597.
Jacobs, Patricia (2016). “Los inmigrantes libaneses y su innovadora aportación al comercio en México”, en: Historias,
no. 95, pp. 42-57.
Marín, Roberto (1996). “Las causas de la emigración libanesa durante el siglo XIX y principios del XX. Un estudio de historia económica y social”, en: Estudios de Asia y África, vol.
31, no. 3, pp. 557-606.
Mar�nez, Carlos (2022). Libaneses: hechos e imaginario de
los inmigrantes en México. México: Universidad Nacional
Autónoma de México.
Pe�t, Lorenza, Florcita J. Arellano y Vicente B. Guzmán
(2019). “En busca de las huellas árabes en México. La inmigración árabe en los siglos XIX y XX”, en: Revista Cien�fica
UISRAEL, vol. 6, no. 2, pp. 9–24.
Ramírez, Luis A. (2014). De cómo los libaneses conquistaron la
península de Yucatán. Migración, iden�dad étnica y cultura empresarial. México: Universidad Nacional Autónoma de México.
Ramírez, Luis A. (2018). “Iden�dad persistente y nepo�smo étnico: movilidad social de inmigrantes libaneses en
México”, en: Nueva antropología, vol. 31, no. 89, pp. 9-23.
Urow, Diana (1999). Torreón: Un ejemplo de la inmigración
a México durante el porfiriato. El caso de españoles, chinos
y libaneses. México: Ins�tuto Municipal de Documentación
y Centro Histórico “Eduardo Guerra”.
Zeraoui, Zidane (1995). “Los árabes en México: entre la integración y el arabismo”, en: Revista Estudios, no. 12-13, pp. 13-39.

Con el �empo, la comunidad libanesa logró consolidarse
como un importante referente en los negocios, gracias a sus
habilidades y propuestas para el consumidor. Su capital
también formó parte de la inversión que se realizó en el noreste, y aunque enfrentaron dis�ntos retos como la discriminación, fueron capaces de encontrar la fuerza dentro de su
misma comunidad. Por otra parte, Torreón es un caso de estudio relevante para comprender la inmigración árabe en el
noreste debido al alto número de inmigrantes que recibió
en su territorio y los beneficios que esto trajo consigo, pues
la mayoría se vio atraído a la bonanza que el cul�vo del algodón generó y las facilidades que el ferrocarril proporcionó.

Lo anterior puede ser explicado gracias a las habilidades
comerciales heredadas de sus ancestros fenicios, su capacidad de adaptación al mercado mexicano, la implementación de estrategias como el pago en abonos o las ventas a
crédito que a la larga resultaron rentables y les permi�eron
inver�r en el auge industrial de la época. Por ejemplo, para
1929 se funda en Torreón la Unión Libanesa de La Laguna,
registrada como Sociedad Mutualista²¹. En resumen, el
ímpetu negociador libanés y su neutralidad —vendiéndoles

18 Ibíd., p. 32.
19 Carlos Mar�nez, Libaneses: hechos e imaginario de los inmigrantes, p. 94.
20 Zidane Zeraoui, “Los árabes en México”, p. 26.
21 Carlos Mar�nez, Libaneses: hechos e imaginario de los inmigrantes, p. 144.

CULTURA REGIONAL

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�CRONOGRAFÍA

CRONOGRAFÍA

CRONOGRAFÍA

Recipiendarios del Reconocimiento al
Personaje de la Cultura Regional 2024
Myrna Karen Garza Cantú 1
Universidad Autónoma de Nuevo León

Delia Maribel González Aguilar

Se casó en primeras nupcias con Enedina González el 22 de
junio de 1973, con quien tuvo dos hijos: Edelmiro y Rosario
Enedina. Al quedar viudo en 2012, contrajo segundas nupcias con Andrea Páez Cas�llo el 15 de diciembre de 2013,
quien ha preservado su legado gastronómico. A lo largo de
más de medio siglo, el restaurante El Caminante ha sido un
negocio exitoso, un tes�monio de trabajo arduo y un lugar
de encuentro de varias generaciones de familias de la
región. Falleció el 22 de febrero de 2023. (Reconocimiento
póstumo recibido por su viuda Andrea Páez Cas�llo).

Mo�vo: por su ardua labor como maestra de preescolar en
el municipio de Higueras.
Semblanza: nació el 1 de agosto de 1959 en Higueras, Nuevo León, siendo hija del señor Rosendo Gonzalez Mar�nez
y de la señora Isabel Aguilar. Cursó sus estudios en Higueras
y en la ciudad de Monterrey, y fue profesora de jardín de
niños y de primaria en su pueblo natal y en otros municipios. En el desempeño de su carrera organizó desfiles, mini-olimpiadas y asambleas escolares, siempre con el apoyo
de los padres de familia. Fomentó entre sus alumnos responsabilidad social y la preservación de tradiciones y costumbres. Así, sus estudiantes par�ciparon en la recolección
de candelilla para el 11 de diciembre, en recorridos culturales, en concursos, rondas infan�les y escoltas. Está casada
con el señor José Manuel Garza Rodríguez, con quien tuvo
dos hijos: Christopher Manuel y Julia Isabel.

Rocío Erandi García Cardoso
Mo�vo: por su contribución en la promoción de la cultura a través de la danza folklórica en el municipio de General Escobedo.

El pasado 9 de agosto de 2024 la Universidad Autónoma
de Nuevo León, a través de la Secretaría de Extensión y
Cultura y del Centro de Información de Historia Regional y
Hacienda San Pedro, otorgó el Reconocimiento al Personaje de la Cultura Regional en el marco de la XXVIII Fiesta de
la Cultura Regional. Este galardón fue ins�tuido en 1990
por la Máxima Casa de Estudios para rendir homenaje a
aquellos personajes de los municipios de Nuevo León que,
independientemente de su edad, formación o clase social,
han contribuido al desarrollo de la vida comunitaria y a la
preservación de tradiciones, costumbres y conocimientos
que forman parte de la iden�dad y la cultura del noreste
de México. A con�nuación, se consignan unas breves
semblanzas biográficas de cada uno de los recipiendarios
de este año, con el fin de preservar su memoria para las
futuras generaciones:

ral y ar�s�ca de los ciudadanos. EMMA se presenta en todos los rincones de Apodaca a través de ac�vidades y
eventos musicales, creando espacios donde la comunidad
puede reunirse, celebrar y colaborar. (Reconocimiento
recibido por Carlos Alberto Pérez Macías, coordinador
opera�vo de EMMA; Álvaro Gu�érrez Contreras, coordinador administra�vo de EMMA; y Azucena Estrella Ríos
Villanueva, secretaria de EMMA).
Braulio Enrique Cruz Maldonado
Mo�vo: por su entrega al fomento y enseñanza del deporte en el municipio de Ciénega de Flores.

Jesús Sánchez Villarreal
Mo�vo: por ser uno de los pioneros de la música regional
en el municipio de Los Herreras.
Semblanza: nacido el 21 de sep�embre de 1949 en la congregación de San Agus�n, en Los Herreras, Nuevo León, es
hijo del señor Jesús Sánchez Reyna y de la señora Eleuteria
Villarreal. A los 17 años de edad descubrió su vocación por
el canto y el acordeón. En 1959 se fue a Lobo, Texas, para
trabajar en la pizca de algodón. Ahí, cada fin de semana los
trabajadores se reunían para cenar y usualmente hacían
música u�lizando los utensilios de cocina como instrumentos improvisados. En sus inicios, era el único músico que
había en el pueblo, y aprendió a tocar el acordeón con sus
cuñados. Ahora, es un músico conocido en Los Herreras,
pues siempre es invitado a tocar, cantar y amenizar las fiestas. Incluso llegó a tocar en Reynosa, Tamaulipas, por invitación de Los Hermanos Montes.

Mónica Galván Villarreal

Semblanza: nacida el 16 de diciembre de 1953 en Bustamante, Nuevo León, durante su juventud se radicó en Abasolo, donde se ha conver�do en todo un referente gastronómico. La señora Blanca Garza es la única que sigue
elaborando unos muy famosos antojitos mexicanos, por lo
que es muy querida y reconocida no sólo en el municipio
de Abasolo sino en todo el Valle de las Salinas. Tiene cuatro
hijos: Alejandro Guadalupe, Brenda Ileana, San Juana Janeth y Jesús Asael Contreras Garza.

Semblanza: nacido el 9 de noviembre de 1990 en San
Nicolás de los Garza, Nuevo León, su trayectoria como entrenador de béisbol empezó en el 2007 en la liga pequeña
de Ciénega de Flores donde estuvo por seis años. En el
2023 se fue a la liga pequeña Halcones de Escobedo,
donde fue entrenador de las categorías premoyote y moyote durante dos años. En 2015 llegó a la liga San Nicolás
como entrenador de la categoría premoyote, y al año siguiente obtuvieron el campeonato regional, lo que les dio
el derecho de representar a Nuevo León a nivel nacional.
Fueron campeones nacionales invictos, y en 2019 la categoría premoyote obtuvo el campeonato estatal, lo que
una vez más les dio el derecho de par�cipar a nivel nacional en Ciudad Juárez, Chihuahua. En 2021 fueron campeones regionales invictos y quedaron entre los cuatro mejores de todo México en la categoría de moyote. Y en el 2024
obtuvieron el campeonato regional de forma invicta.

Escuela de Música Municipal Apodaca (EMMA)

Edelmiro Salinas Gu�érrez

Mo�vo: por su gran contribución en la formación cultural
y ar�s�ca en el municipio de Apodaca.

Mo�vo: por su contribución a la cultura gastronómica
mexicana en su restaurante El Caminante en el municipio de Doctor González.

Blanca Guadalupe Garza Robles
Mo�vo: por su gran contribución a la cultura gastronómica
mexicana en el municipio de Abasolo.

Semblanza: esta escuela inició sus ac�vidades el 15 de noviembre de 2014. Desde entonces, ha ofrecido un espacio
enfocado a la capacitación musical a través de cursos y
talleres sobre el aprendizaje de la ejecución de instrumentos musicales u�lizados en los diferentes géneros populares, y de esta manera ha contribuido a la formación cultu-

Semblanza: nacido el 1 de junio de 1931, fue un reconocido empresario, restaurantero y comerciante. En 1951 se
fue a Estados Unidos, donde trabajó y aprendió inglés. De
regreso en México, el 18 de agosto de 1970 fundó el restaurante El Caminante sobre la carretera a Miguel Alemán.

1 Abogada especializada en Derechos de Autor. Es licenciada en Derecho y maestra en Derecho con orientación en Derecho del Trabajo por la Universidad
Autónoma de Nuevo León. Actualmente es la responsable de asuntos jurídicos, servicio social, redes sociales y difusión del Centro de Información de Historia
Regional de la UANL.

CULTURA REGIONAL

Semblanza: nacida el 28 de febrero de 1983 en Monterrey,
Nuevo León, estudió la licenciatura en Ciencias Computacionales en la Universidad Autónoma de Nuevo León, y
actualmente es pasante de maestría en Ciencias de la Educación por la Escuela Normal Superior. Es profesora de artes
a nivel secundaria y se ha dis�nguido como promotora
cultural, pues ha llevado la danza folclórica a dis�ntas
escuelas de diferentes colonias de General Escobedo,
convir�éndose en una figura popular y muy querida entre la
ciudadanía. Ha impar�do clases en la Secundaria Técnica
No. 109 Carlos Canseco, la Secundaria No. 95 José Juan
Villarreal, la Secundaria Técnica No. 79 Nuevo Reino de
León y la Secundaria No. 1 Gral. Juan Ignacio Ramón.

24

Mo�vo: por su destacada trayectoria como ar�sta visual y
promotora de la cultura en el municipio de General Zuazua.
Semblanza: nacida en 1972 en General Zuazua, Nuevo
León, de 2003 a 2014 fue miembro del colec�vo de
formación de ar�stas Taller 1+1+1, asesorada por la pintora
chilena Ximena Subercaseaux en Monterrey. Actualmente
forma parte del Colec�vo La Liebre, un grupo de ar�stas
que comparten un mismo obje�vo: la pintura. También
par�cipó en la plataforma virtual de promoción de ar�stas
llamada Verde Olarte. Su obra es una expresión de su visión
personal del mundo, donde se toma la libertad de detener
y regresar el �empo, entre sueños, fantasías y lo co�diano.
Su pintura es figura�va, pero no realista, y en la mayoría
u�liza la técnica de temple al huevo, lo que le ha permi�do
lograr una riqueza de ma�ces y detalles, así como luminosidad cálida y limpia. Ha par�cipado en exposiciones individuales y colec�vas en Monterrey, San Pedro Garza García y
Baja California.

Florencio Velázquez Núñez
Mo�vo: por su contribución de muchos años en el oficio de
panadero en el municipio de Marín.
Semblanza: nacido en Dolores Hidalgo, Guanajuato, llegó a
Marín, Nuevo León, en 1951, cuando tenía siete años de
edad. Es panadero de profesión desde hace casi cincuenta
años. Es dueño de la Panadería Velázquez, donde elabora
el pan de canasto, y sale todas las tardes en su triciclo a
vender pan por las calles de Marín. También es músico y
cantante desde que tenía diecisiete años: toca en eventos,
ha compuesto algunas melodías y hasta ha realizado grabaciones.

Celia Guadalupe Mar�nez Salazar
Mo�vo: por su ardua labor como maestra de dibujo, pintura
y fotogra�a en el municipio de Hidalgo.

Los 3 de Carricitos
Motivo: por su contribución en el rescate de las
tradiciones y costumbres a través de la música regional
en el municipio de Mina.

Semblanza: nacida el 28 de diciembre de 1964 en la ciudad
de Durango, estudió una licenciatura en matemá�cas en
Puebla y es ingeniera química por la Universidad Autónoma
de Nuevo León, así como fotógrafa profesional. Su trayectoria ha estado marcada por la promoción ar�s�ca, pues es
maestra de dibujo, pintura y fotogra�a, además de que ha
impar�do talleres de cerámica y artesanía. También es muralista y toca el piano, la guitarra y el bajo sexto.

Semblanza: esta agrupación fue formada por hermanos de
apellido Cas�llo Leos quienes, desde sus inicios hace 58
años, tuvieron vocación por la música. En sus primeros
años solían tocar en el tren con salidas a Torreón e incluso

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�CRONOGRAFÍA

CRONOGRAFÍA

Recipiendarios del Reconocimiento al Personaje de la Cultura Regional, 2024

en la frontera. Así, pudieron comprar sus primeros instrumentos e iniciar con la agrupación Pepe Lira y sus Dinámicos
en Hidalgo, Nuevo León. Más adelante, invitados por Conarte a una fiesta de música regional en China, Nuevo León, fue
que recibieron su nombre de Los 3 de Carricitos, pues procedían del ejido de Carricitos en Mina. Han alternado con
los Garza de Sabinas, los Cadetes de Linares y otras agrupaciones. (Reconocimiento recibido por Porfirio Cas�llo).

neraciones de la familia con�nuaron con esta tradición,
como Casimiro Mederes Garza y su esposa Librada Cantú
(segunda generación), Feliciano Mederes Cantú y su esposa Paula Santos (tercera generación) y Reyna, Juan, Esther,
Juan Bau�sta, Tomasa, Guadalupe, Consuelo y Margarito
Mederes Santos (cuarta y actual generación). En 1990, las
autoridades municipales encabezadas por el entonces
alcalde Cruz de la Garza Pérez apoyaron a la familia
Mederes Santos para la realización de la fiesta de San Juan.
(Reconocimiento recibido por los hermanos Margarito y
Consuelo Mederes Santos).

Héctor Rizo Gómez
Mo�vo: por su gran entrega y pasión al servicio de la comunidad en el municipio de Pesquería.

María Isabel Hernández Hoyuela

Semblanza: nacido el 31 de enero de 1946 en Monterrey,
Nuevo León, desde hace treinta y cuatro años radica en el
municipio de Pesquería, donde ha servido a la comunidad
en diferentes rubros: ya sea en Protección Civil, en Oficialía
Mayor o en la Dirección de Ecología. En sus inicios, trabajó
durante los primeros seis meses sin recibir pago alguno y
mo�vado solamente por su vocación de servicio a la comunidad. En esos días, incluso algunas veces pernoctaba en la
plaza Alfonso Mar�nez Domínguez, para estar preparado
en caso de que se presentara algún incidente. Llegó a brindar su apoyo durante el desastre ocasionado por el Huracán Gilberto en 1988 y también ha realizado ges�ones
para conseguir ambulancias y servicios médicos y así ayudar a la población. Actualmente es paramédico de Protección Civil y comisionado de la Casa del Adulto Mayor de
Pesquería. (Reconocimiento recibido por la maestra Edith
Morales, en representación del recipiendario).

Mo�vo: por su trayectoria de más de 29 años en el desarrollo de producción pictórica y gráfica en el municipio de
San Nicolás de los Garza.
Semblanza: nacida el 9 de julio de 1966, es licenciada en
Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma
de Nuevo León. Se desempeña como maestra de artes
plás�cas, promotora y gestora cultural, y �ene una trayectoria de vein�nueve años de producción pictórica y gráfica.
En 2006 fundó en San Nicolás de los Garza El Atelier, taller
de arte donde se imparten clases de pintura, grabado y cerámica. En 2018 inició un taller de grabado ambulante, que
ofrece a la gente una ac�vidad lúdica en torno a la gráfica,
invitando al público a experimentar los procesos de estampación de una matriz de grabado. En 2019 inició La Reseña de la Gráfica Nuevo León, que hoy en día va por su
cuarta edición. En 2023 coordinó el primer encuentro
nacional de grabado septentrional, con la par�cipación de
sesenta productores gráficos de doce diferentes ciudades.

Familia Mederes
Mo�vo: por su contribución en el establecimiento de la
fiesta de San Juan en el municipio de Salinas Victoria.

Colegio de Historia de la UANL
Mo�vo: por su trayectoria de 50 años de labor de inves�gación y difusión de nuestra historia y cultura nacional.

Semblanza: desde el siglo XIX, el señor Juan Mederes (nacido en 1852) inició con la celebración de la fiesta patronal
en honor a San Juan. Desde entonces, las siguientes ge-

CULTURA REGIONAL

Semblanza: fundado en febrero de 1974, su creación se

26

jus�ficó en cinco ejes principales: comprender el pasado
desde una postura crí�ca; superar el modelo de enseñanza
de la historia tradicional; desarrollar una conciencia histórico-social; formar docentes con responsabilidad y par�cipación en el campo de las humanidades; y conver�r a los
estudiantes en inves�gadores profesionales de la historia.
El primer plan de estudios duraba cuatro semestres e incluía 49 materias. En 1976, la licenciatura incorporó los
semestres noveno y décimo, extendiendo la duración a
cinco años, que es la misma hasta la fecha. Durante este
período, se comenzó a priorizar el trabajo en archivos, la
difusión de la historia regional y su integración en la historia nacional. En las décadas de 1980 y 1990 el Colegio de
Historia logró establecer una tradición de seriedad y calidad, reflejada en la excelencia de sus egresados y profesores, comprome�dos tanto en el aula como en el campo de
la inves�gación. Asimismo, se con�nuó ofreciendo una
formación teórica y metodológica amplia y plural, lo que
permi�ó que en el siglo XXI el Colegio alcanzara una consolidación a nivel regional y nacional, atrayendo estudiantes de universidades locales e internacionales.
Además, en respuesta a la necesidad de atender las demandas de nuestro �empo, fue que se decidió incluir la
materia de Historia de las mujeres. Hasta el día de hoy, el
Colegio de Historia sigue trabajando y fortaleciéndose bajo
la premisa de sus primeros años: entender la sociedad y el
mundo que nos rodea requiere estudiar y comprender
cómo se ha desarrollado el pasado hasta el presente.
(Reconocimiento recibido por la Dra. Mireya Sandoval Aspront, Secretaria de Asuntos Ins�tucionales de la Facultad
de Filoso�a y Letras, en representación del director Dr.
Francisco Javier Treviño Rodríguez, y por el Mtro. Eduardo
Guardado Vázquez, coordinador del Colegio de Historia).
Preparatoria No. 17 de la UANL
Mo�vo: por sus 50 años de labor educa�va en favor de los
jóvenes habitantes de Ciénega de Flores y sus alrededores.
Semblanza: su fundación se concretó con la autorización
otorgada por el H. Consejo Universitario en sesión celebrada el 7 de agosto de 1974, siendo rector el Dr. Luis Eugenio Todd. Inició sus ac�vidades en sep�embre de ese
mismo año con apenas 40 alumnos. La ins�tución a lo largo
de cinco décadas se ha fortalecido académicamente para
posicionarse como la mejor opción de estudios para los jóvenes de la región del Valle de las Salinas, brindando educación de calidad a estudiantes de Ciénega de Flores, General Zuazua, Marín, Salinas Victoria e Higueras, Nuevo
León. Actualmente cuenta con una oferta educa�va de Bachillerato General, Bachillerato Bilingüe Progresivo en Inglés, Bachillerato Bilingüe Progresivo en Francés, Bachillerato Técnico en Sistemas Computacionales y Bachillerato
Técnico en Mecánica Automotriz y Autotrónica, con una
población estudian�l de 1,253 y una planta académica de
42 docentes. Cuenta con la cer�ficación internacional bajo
la norma de ges�ón de calidad ISO 9001, forma parte de los
planteles con nivel 1 a nivel nacional del Padrón de Buena
Calidad de la Secretaría de Educación Pública, fue reconocida por la Secretaría de Extensión y Cultura de la UANL como
Escuela Promotora de Cultura y actualmente se encuentra
en proceso de cer�ficación bajo la norma internacional ISO
21001 para el sistema de ges�ón de organizaciones educa�vas. (Reconocimiento recibido por el MAIN. Juan Adán
González Villarreal, director de la Preparatoria No. 17).

27

�CRONOGRAFÍA

CRONOGRAFÍA

CRONOGRAFÍA

Aljibes en la historia de México
y de Nuevo León
Félix Torres Gómez 1
Universidad Autónoma de Nuevo León

Introducción

España �ene muchos aljibes de origen árabe. Por
ejemplo, la ciudad de Granada conserva una red de
vein�séis aljibes que dotaban de agua al barrio de Albaicín.
Allí tenemos el aljibe llamado del Rey, que hoy es sede del
Centro de Interpretación del Agua de la Fundación AguaGranada. El ingeniero José Mariano Vallejo, destacado personaje español que precisamente nació muy cerca de la
ciudad de Granada, conocía bien esta tradición y en 1819
hizo una propuesta al rey de España, misma que fue reproducida en el periódico Mercurio de España en agosto de
1824. Su propuesta consis�a en canalizar el agua del río
Guadalix para dotar de agua a la ciudad de Madrid, así
como en construir una serie de aljibes públicos:

El aljibe es un muy an�guo sistema de captación de agua
de lluvia en un depósito subterráneo que, debido a las modernas redes de abastecimiento de las ciudades, ha caído
en desuso. La palabra aljibe es de origen árabe, lo que podría llevarnos a pensar que dicho sistema hidráulico llegó
a México desde esa región del planeta por herencia
española. La realidad es que, desde antes de la llegada de
los españoles, ese sistema ya se u�lizaba en Mesoamérica:
los mayas lo llamaban chultún. En la Nueva España y en el
México independiente fueron muy u�lizados los aljibes. En
lo personal, conocemos a detalle los aljibes de algunas casas an�guas del municipio de General Zuazua, Nuevo
León, así como el del propio Centro Cultural Hacienda San
Pedro de la UANL, donde actualmente laboro.

[…] estas aguas serían muy saludables, y en el verano estarían muy
frescas y hermosas, como cualquiera se puede convencer viendo el
aljibe que hay en el convento de los padres capuchinos del Prado

El arquitecto romano Marco Vitruvio, en su tratado De
Arquitectura, mencionó los casos en los que se usaban los
aljibes, cuando por las condiciones del lugar no se disponía
de otras fuentes de abastecimiento, y recomendaba la
construcción de tres depósitos separados para de esta
forma filtrar el agua: “si se hicieran dos o tres cisternas, de
modo que el agua sea más salubre y agradable para su uso;
efec�vamente, al reposar el limo en el fondo, el agua quedará más clara, conservando su autén�co sabor”². También
habla del recubrimiento que deben de tener estos depósitos, llamado mortero de Signia, elaborado con arena muy
pura y muy dura, piedras de sílex y cal muy fuerte.

[…]. Podría adoptarse también la idea de fabricar las casas como en
Cádiz y otras varias ciudades en que sus�tuyendo las azoteas a los
tejados se recogiesen las aguas llovedizas en el aljibe que debería
haber en cada casa y quedaría suplida esta falta³.

Los aljibes en México
Ya en nuestro territorio, en la época del Virreinato de la
Nuevo España, fray Diego de Landa, en su libro Relación de
las cosas de Yucatán, describía que los mayas generalmente se abastecían de agua de los cenotes, pero que los que
vivían en zonas más altas tenían unos especies de aljibes:
“los indios de hacia la sierra, por tener los pozos muy hondos, suelen en �empo de las aguas hacer para sus casas
concavidades en las peñas y allí recoger agua de la llovediza: porque en su �empo llueven grandes y muy recios
aguaceros”⁴. Señala también que los españoles les enseñaron a fabricar mejores pozos y norias con estanques.

Como se ha dicho ya, aljibe es una palabra de origen
árabe que alude a un depósito subterráneo de agua. Su
uso era común e incluso indispensable en zonas que no
contaban con ríos o arroyos como la península arábiga,
aunque también en Italia y España, donde los romanos
construyeron muchos. Sin embargo, fueron los árabes
quienes, al ocupar los futuros territorios españoles de la
península ibérica, los popularizaron. De igual forma, los
españoles los exportaron a la Nueva España, aunque los
mayas ya u�lizaban sistemas similares llamados chultúnes.

El estudioso de la historia de Yucatán José T. Cervera
publicó en 1871 una descripción de los aljibes mayas o
chultúnes, primero en la Revista de Mérida y posteriormente en el Periódico Oficial del Estado de Yucatán, La
Razón del Pueblo. Menciona que éstos se encontraban en

1 Arquitecto, inves�gador y fotógrafo. Es licenciado en Arquitectura y candidato al grado de maestro en Artes por la Universidad Autónoma de Nuevo León,
y profesional medio en Artes Plás�cas por el CEDART Alfonso Reyes. Actualmente es inves�gador del Centro de Información de Historia Regional de la UANL,
donde también es responsable de la museogra�a y montaje de exposiciones.
2 Marco Vitruvio Polión, Los Diez Libros de Arquitectura, p. 216.
3 Mercurio de España, agosto de 1824. Madrid, España, p. 683.
4 Diego de Landa, Relación de las cosas de Yucatán, p. 244.

CULTURA REGIONAL

28

gran número en el sur de la península, a diferencia de la
parte baja donde las fuentes eran principalmente los cenotes. Refiere que, si bien los cenotes también se podían
encontrar en una zona intermedia, el abastecimiento representaba un gran trabajo por la profundidad en la que se
encontraban, desapareciendo más arriba, pero menciona a
Xtacumbilxunan como el único en la zona. En los valles o llanuras cercanos a cerros, los mayas construían las llamadas
“aguadas” que eran excavaciones compactadas con barro
duro para conservar el agua de lluvia, �po estanques. Muchas veces debajo de estas “aguadas” se encontraban aljibes o chuntúnes, que se u�lizaban al terminarse el líquido
de estos depósitos externos. En otros lados no se contaba
con aguadas, solo con chuntúnes. Cervera mencionaba que
con la Guerra de Castas, muchas poblaciones mayas quedaron en el abandono y los chuntúnes quedaron enterrados,
pero también nos dice que:

ponía de 545 hombres, cuya adaptación al clima caluroso de
la costa debió significar un mayor gasto de agua”⁶. Además
de este destacamento, el fuerte debió tener un número indeterminado de esclavos, pero no se conoce si ellos consumían
del aljibe o acarreaban agua del arroyo del pueblo.
En total, el fuerte llegó a tener siete aljibes en ocho cámaras. Al irse vaciando, debían fregarse sus paredes y pisos
y se les daba un sahumerio, el cual seguramente se u�lizaba para secar sus paredes y ahumarlas como medida protectora contra el moho. Un periódico an�guo reseña la
limpieza de un aljibe en Francia, y señalaba que después de
fregarse se prendía carbón en su interior por varios días y
en las noches se dejaba ven�lar.
De estos siete aljibes de San Juan de Ulúa uno fue
demolido y los seis restantes se fueron deteriorando por
falta de mantenimiento, hasta que a mediados del siglo XX
los que quedaban en uso fueron abandonados defini�vamente cuando llegó la red de agua municipal. Hoy es
imposible inspeccionarlos por estar totalmente tapados.

algunos propietarios industriosos, para evitar que les faltase el agua
para el consumo de sus establecimientos, principalmente en los
años de sequía, hicieron limpiar y desazolvar algunas aguadas, como
Nohyaxché, Halal, Yaxa y Huntulchac, descubriéndose en esta úl�ma

El periódico El Oriente del 26 de agosto de 1826, da
cuenta de que el ayuntamiento de Veracruz preparaba la
celebración de un contrato para dotar de agua salubre del
río de Jamapa a la ciudad, pero que el diputado Font observó “que sería muy conveniente ampliarlo o dejar en libertad al ayuntamiento para que si no es realizable este
proyecto, adopte el de formar aljibes públicos como los hay
en el cas�llo de Ulúa”⁷. Los diputados Echeverría y Moreno
se opusieron a Font por la posible formación de insectos y
por la falta de espacios en el centro de la ciudad. Treinta
años después, el periódico El Siglo Diez y Nueve publicó un
proyecto de reglamento de aguadores, quienes sur�an el
vital líquido de fuentes, aljibes o del mar. Para 1876, una
nota refería que el agua del río Jamapa se encontraba
cortada, quizás por falta de lluvias, y que al no contarse con
agua de aljibe, se recurría a norias que no eran de buena
calidad. En 1893 se dice que la ciudad de Veracruz construía un aljibe de 375 mil litros, para subsanar la falta de
agua y proveer del líquido a la cárcel, a las oficinas públicas
y en lo posible a la población.

hasta el número de ciento sesenta aljibes o depósitos interiores; y
en algunas de ellas como Xtumcuy, Cho y otras, se descubrieron dobles, esto, que en el fondo del primero, se encontraron con la boca
de otro más profundo, que sirve a su vez, cuando se agota el agua
del primero⁵.

También el historiador Cervera mencionaba un caso en el
que, al estarse construyendo un pozo, se encontró una
tumba maya. En otra fecha y periódico, se da cuenta de que,
en una casa de Mérida, al estarse construyendo un aljibe, se
descubrió otra tumba maya. Por la misma región, pero en
Campeche, la prensa de 1885 publicó que exis�a el proyecto de construir un aljibe en la cárcel de la ciudad, con el
objeto de que con la venta de agua se solventaran los gastos
propios del establecimiento.
Por su parte, el puerto de Veracruz �ene mucha historia
en sus aljibes. El lugar fue el punto de llegada de los españoles, con su isleta que se conver�ría en el muelle y fortaleza
San Juan de Ulúa que muy lentamente se fue amurallando.
Cristóbal de Eraso presentó en 1570 un plan para ampliar
las murallas, mismo que incluía la construcción de cuatro
aljibes de planta de 4.5 x 9 metros, con un almacenamiento
calculado en 684 m³ de agua. Hay registro de que para 1584
ya se tenía un aljibe para consumo de su población de
españoles y esclavos. Por su parte, el agua que requerían las
embarcaciones y los habitantes del pueblo se tomaba del
arroyo de Tenoya, que no era muy buena. En 1707 se terminaron más ampliaciones y más aljibes para la guarnición
que también aumentó: “el acecho de piratas y el cambio de
la dinas�a de los Austrias a la de los Borbones fueron causa
de incrementos paula�nos en la población de Ulúa, de
modo que para 1714 el destacamento del cas�llo ya se com-

En Mazatlán, el periódico El Minero Mexicano del 4 de
abril de 1878 halagaba el progreso material de la ciudad,
reflejado en su muelle, sus fundiciones, sus talleres, sus minas, su fábrica de hilados y su ferrocarril urbano, pero
lamentaba la falta del agua. Aseveraba que se usaban aljibes, pero que a veces la escasez de lluvias no permi�a llenarlos y que los pobres que no tenían los recursos para fabricar aljibes se veían obligados a comprar agua a un costo
de seis reales cuatro cántaros pequeños. Para el año siguiente, el periódico El Siglo Diez y Nueve dio cuenta de la
construcción de un faro que incluía un aljibe en Mazatlán.

5 Periódico Oficial del Estado de Yucatán, La Razón del Pueblo, 12 de abril de 1871. Mérida, México, p. 2.
6 Judith Hernández Arando y Roberto Jesús Ávila Hernández, Los aljibes en la fortaleza, p 107.
7 El Oriente, 26 de agosto de 1826. Jalapa, México, p.3.

29

�CRONOGRAFÍA

CRONOGRAFÍA

En 1843 apareció en el periódico El Siglo Diez y Nueve un
anuncio donde se ofrecía en venta, en el pueblo de
Amecameca, una casa con aljibe “por tener agua con más
comodidad”⁸. La propiedad era señalada como la mejor de
toda la población, de lo que puede deducirse que el aljibe
era una cues�ón de lujo en muchas casas.

Cabe señalar que este edificio fue transformado en cárcel
por Maximiliano de Habsburgo; en el periódico oficial El
Diario del Imperio, en nota del 12 de noviembre de 1866,
se describe que su pa�o contaba con un aljibe cómodo,
una gran pila para baño y lavaderos.
Los aljibes en Nuevo León

En la construcción del palacio de gobierno de San Luis
Potosí, el periódico Nacional en 1896 publicó que éste incluía un aljibe de 8 metros de cada lado por una profundidad de 7 metros, donde trabajaban veinte presos sentenciados. Poco después el periódico dio cuenta de que en
dicha construcción se encontraron dos veneros de agua a
una profundidad de 8 metros.

Si bien la virreinal ciudad de Monterrey se fundó en unos
ojos de agua y tenía como límite el río Santa Catarina, algunas de sus construcciones estaban dotadas de aljibes. Tal
es el caso del palacio del Obispado que mandó construir el
obispo Rafael José Verger entre 1787 y 1788, que en su
pa�o interior cuenta con un gran aljibe. De esta forma se
evitaba bajar la loma hasta el río Santa Catarina o hasta la
acequia que fluía paralela al río y tener que subir el vital
líquido hasta el palacio. Ya en el Monterrey de 1932 se
informa que una casa en venta en la an�gua calle de San
Francisco, número 1233, a una cuadra de la plaza Zaragoza, contaba con aljibe.

An�guamente los aljibes eran algo muy común en
edificios públicos o en casas de familias adineradas, ya que
aunque su construcción implicaba un gran gasto, libraba a
las familias de pagar por el acarreo de agua desde fuentes
públicas, ríos o arroyos. Aquí podemos mencionar algunos
edificios que cuentan con estas cisternas: el convento de
Tecali en Puebla o el an�guo Colegio de San Francisco Javier
de Tepotzotlán en el Estado de México, hoy conver�do en
Museo Nacional del Virreinato, que disponía de dos grandes
depósitos subterráneos en el llamado pa�o de los aljibes.
Los aljibes eran fuente de vida, pero también de muerte: en una nota encontramos que en el pa�o de la cárcel
de Zacatecas exis�a un aljibe, en el que un preso desesperado quiso quitarse la vida �rándose a su interior, pero
se comenta que al final lo sacaron y no murió. En otra de
1881, el periódico El Monitor Republicano decía que en la
villa de Nuevo Laredo, Tamaulipas, la esposa del señor
Cohn, comerciante americano, se arrojó dentro de un aljibe y murió ahogada. De 1897 rescatamos una reseña del
libro Nuestras Víc�mas, en el que autores franceses evidenciaban la naciente protección de los animales y donde
varios escritores de la época dieron su opinión al respecto.
El poeta y escritor André Theuriet confesaba que en su
infancia había arrojado tres cachorros al aljibe del fondo
de su casa, lo cual desde ese día lo atormentaba cada vez
que lo pensaba y se reprochaba tal crueldad.

Para algunos municipios de Nuevo León, como Doctor
Arroyo, los aljibes eran de vital importancia y en diversas
publicaciones del periódico El Porvenir se daba cuenta de la
problemá�ca del agua y de la u�lización de aljibes para el
abastecimiento del líquido. Por ejemplo, en 1925 la Junta
de Mejoras de Doctor Arroyo describió algunas de las pe�ciones que hicieron llegar al gobernador sus�tuto de Nuevo León, Gerónimo Siller, entre las que destacamos que se
estaba construyendo un aljibe que había sido terminado.
Otra nota de El Porvenir, del 26 de julio de 1962, refería esa
misma construcción al mencionar “el aljibe —ahora seco—
que se inauguró en 1926”¹⁰. Para 1932, la junta de mejoras
tuvo la idea de construir otro aljibe de mayor capacidad,
pero el gobernador Cárdenas prome�ó enviarles máquinas
para perforar pozos artesanos. Para el 6 de mayo de 1952,
una nota de El Porvenir informaba que se enviaría una pipa
para abastecer de agua a Doctor Arroyo, además de que se
construiría un aljibe de mayor capacidad. La nota de prensa
es relevante porque nos brinda el dato de que para ese momento exis�an dos aljibes y de que se esperaba la construcción de un tercero dos meses después.

Otra nota por demás interesante es la publicada en el
periódico La Convención Radical Obrera de 1896, acerca
de una carta de 1810 dirigida por Fernando de Larrazábal
(homónimo de quien fuera alcalde de Monterrey en épocas recientes) a su esposa Juana Diaz Sánchez y Mendoza,
previo a la matanza de españoles que hizo el ejército insurgente de Hidalgo y Allende en Guanajuato. Cuando Fernando de Larrazábal se encontraba dentro de la alhóndiga,
en Guanajuato, le escribía a su esposa dándole no�cias de
las disputas de los españoles dentro de ese espacio y del
temor por estar rodeados por indígenas que intentaban
ingresar, y comenta del arrepen�miento que tenía por haberse llevado sus alhajas y dinero, como casi todos los
demás que estaban guarecidos en el edificio: “algunos
quieren hacer agujeros en el pa�o u otras partes para enterrar alhajas y dinero; otros quieren echarlo al aljibe”⁹.

En julio de 1952, en una nota �tulada “El problema del
agua potable de Dr. Arroyo, N.L. cuesta varios miles”, la
Junta de Mejoras de dicho municipio informaba acerca de
los recursos inver�dos por el gobierno de Nuevo León, con
apoyo del presidente municipal de Matehuala, San Luis Potosí, y de otras personalidades que se solidarizaron ante la
crisis de agua de ese año. Ante tal situación, se transportó
agua en camiones pipa a la cabecera municipal, contabilizándose 146 viajes de 4 mil litros cada uno desde el poblado Panales, cuya comunidad no estuvo de acuerdo. Por
esa razón, fue necesario que los camiones llevaran escolta.
También se verificaron gastos por desazolve y limpieza del
aljibe y se con�nuó con la perforación de pozos a mayor
profundidad. Con respecto al poblado de San Miguelito de
Doctor Arroyo, el periódico El Porvenir del 4 de diciembre
de 1940 indicaba que se planeaba construir un aljibe para

8 El Siglo Diez y Nueve, 15 de mayo de 1843. Ciudad de México, p. 4.
9 La Convención Radical Obrera, 8 de noviembre de 1896. Ciudad de México, p. 2.
10 El Porvenir, 26 de julio de 1962. Monterrey, México, p. 8.

CULTURA REGIONAL

30

abastecer de agua potable a los habitantes del lugar. Por
úl�mo, para 1952, ejidatarios de Santana, también en jurisdicción de Doctor Arroyo, solicitaron al gobierno del doctor Morones Prieto la construcción de un aljibe y papalote.
El 10 de sep�embre de 1962, se dice en El Porvenir que se
entregaron 2 mil pesos para la limpieza de un aljibe en el
ejido de Santa María de Doctor Arroyo, cuyos ejidatarios le
habían hecho saber al ejecu�vo del estado sobre el mal estado en que se encontraba y la necesidad de desazolvarlo.

o canales que la depositaban en una pileta. Al ver que ésta
ya salía limpia de �erras u hojas, desviaban el canal para
que ahora se dirigiera el agua más limpia al aljibe. Éstos
normalmente son cilíndricos de 3 metros de diámetro y
una profundidad de hasta 8 metros, que rematan o se techan con cúpulas de piedra de sillar o ladrillo; se les pone
una puerta chiquita para que sea posible entrar a
limpiarlos o para sacar el agua con una cubeta, cordón y
polea para mantener el agua libre de bacterias y moho; no
deben ingresar insectos, polvo o luz. Además me comentaban que sólo les aventaban cal o restos del carbón que
salía del fogón de leña de la cocina. Lamentablemente en
General Zuazua, como en otros lados, la arquitectura y fachadas de sus casas tradicionales están siendo modificadas y los aljibes salen sobrando y son demolidos. Existe
el caso de un lote donde fue demolida toda la casa an�gua
pero curiosamente lo único que se conservó fue su aljibe.
En cuanto a nuestra an�gua hacienda San Pedro, se
aprecian dos aljibes que ya no están en uso, pero que
sirven como evidencia de su uso en �empos pasados.

Aunque el municipio de Montemorelos es atravesado
por el río Pilón, un informe da cuenta de la existencia de
aljibes en este lugar. En agosto de 1928 El Porvenir reportaba una inspección realizada por Sanidad, misma que decía
que si bien encontró que era sa�sfactoria la higiene en el
mercado, en las lecherías, en la fábrica de sodas y de hielo
y en otros establecimientos, “en lo que toca al agua potable para la población encontró el gran defecto de que esta
se consume de los aljibes y norias que están contaminados, por lo que se han desarrollado algunas enfermedades”¹¹. Aquí debemos señalar que un aljibe requiere
mantenimiento al momento de vaciarse, y que las norias
son más propensas a contaminarse por estar a cielo
abierto y posiblemente cercanas a letrinas.

Podría pensarse que los aljibes ya no se construyen, que
sólo están en las casas an�guas, pero en Monterrey, como
en otras ciudades donde se han presentado crisis de abasto de agua, se construyen cisternas. Éstas no �enen el
sen�do de sustentabilidad del aljibe, que aprovecha el
agua de lluvia, porque la cisterna se abastece de la red pública. Pero existen arquitectos comprome�dos con el
medio ambiente y la sustentabilidad; tal es el caso del
arquitecto Alberto Kalach, quien ganó el concurso internacional del diseño de la Biblioteca Vasconcelos de la Ciudad de México, el cual �ene varias peculiaridades. Sólo
mencionaré que el nivel más bajo en los sótanos son unas
enormes re�culas de depósitos subterráneos o aljibes, a
donde se dirigen todas las aguas de lluvia que caen en el
enorme edificio para después ser u�lizadas en el riego de
sus muchas zonas arboladas. Este edificio es parte de mi
historia de vida, ya que yo fui parte del equipo del CAPFCE
encargado de su construcción y fui responsable del registro fotográfico desde que se comenzó la obra hasta su
inauguración por parte del presidente Vicente Fox.

En General Bravo, Nuevo León, en 1960 una nota
informa que en poco �empo se iniciaría la construcción de
un aljibe en la Escuela Teniente Coronel Manuel Quintanilla, del poblado La Cruz (hoy General Tapia). Por otro
lado, al norte de la ciudad de Monterrey, municipios como
Pesquería, Marín, General Zuazua, Ciénega de Flores y Salinas Victoria tenían una peculiar problemá�ca del agua, ya
que a pesar de que son atravesados por el río Salinas, su
agua no es apta para el consumo humano (como su
nombre lo dice, el río Salinas �ene agua un poco salada e
incluso la que es extraída de pozos cercanos �ene un sabor
no agradable). Esto se constata en el periódico El Porvenir
del 26 de abril de 1963, que �tula una nota de Francisco
Tijerina: “Pesquería se resiste a morir”. Según la nota,
aunque en la cabecera parece que los habitantes sí contaban con agua potable, en Santa María La Floreña el abastecimiento dependía de un diminuto ojo de agua, lo cual
había ocasionado peleas entre los vecinos del lugar. Asimismo, los habitantes del ejido La Victoria “toman agua
salada que traen de un si�o llamado la Joya, a tres kilómetros de distancia. Esa agua contaminada, impotable y repugnante, la toman los niños y la u�lizan para los usos más
indispensables [...] El aljibe para almacenar el agua está
seco desde hace tres años en La Victoria”¹².

Conclusiones
Los aljibes son un sistema de abastecimiento de agua muy
an�guo y eficiente si se sabe manejar y dar un correcto
mantenimiento, ya que es necesario limpiarlos cada año y
mantenerlos tapados para evitar que el agua se contamine. Algunas notas periodís�cas del siglo XX señalaban este
�po de contaminaciones como evidencia de que los aljibes
eran algo nega�vo, quizá hasta arcaico o rural en una época de gran desarrollo de las ciudades. Espero que este
ar�culo sirva para revalorar a los aljibes y para que vuelvan
a ser considerados en ciertas regiones, como lo es este
Valle de las Salinas y Valle del Carrizal, donde se ubica
nuestro Centro Cultural Hacienda San Pedro de la UANL.

El Valle de las Salinas, y más específicamente el Valle de
El Carrizal que comprende los municipios de Ciénega de
Flores, General Zuazua y Marín, cuenta con muchos
an�guos aljibes todavía en funcionamiento. Durante la crisis hídrica que experimentó Nuevo León en 2022, sé que
éstos ayudaron a familias de General Zuazua cuando el
agua potable dejó de salir de sus llaves. Al preguntarle a
algunas familias sobre cómo funcionaban, me explicaron
que al empezar a llover, el agua primera bajaba por tubos

11 El Porvenir, 16 de agosto de 1928. Monterrey, México, p. 4.
12 El Porvenir, 26 de abril de 1963. Monterrey, México, p. 3.

31

�CRONOGRAFÍA

CRONOGRAFÍA

FUENTES DE INFORMACIÓN

Bibliogra�a

Hemerogra�a

Hernández Aranda, Judith y Roberto Jesús Ávila Hernández
(2014). “Los aljibes en la fortaleza de San Juan de ulúa,
Veracruz”, en: Bole�n de Monumentos Históricos, no. 32,
pp. 99-123.

El Diario del Imperio. Ciudad de México.
El Minero Mexicano. Ciudad de México.

Landa, Diego de (1566). Relación de las cosas de Yucatán.
Colombia: Fundación El Libro Total.

El Monitor Republicano. Ciudad de México.
El Nacional. Ciudad de México.

Marco Vitruvio Polión (1997). Los diez libros de arquitectura. Primera edición de 1649. España: Alianza Editorial.

El Oriente. Xalapa, México.
El Porvenir. Monterrey, México.
El Siglo Diez y Nueve. Ciudad de México.
Aljibe en el terreno donde alguna vez exis�ó una an�gua casa, esquina de General Treviño y Morelos, cabecera municipal de General Zuazua, Nuevo León. Fotogra�a de Félix Torres Gómez.

La Convención Radical Obrera. Ciudad de México.
Mercurio de España. Madrid, España.
Periódico Oficial del Estado de Yucatán, La Razón del Pueblo. Mérida, México.

Aljibe del Centro Cultural Hacienda San Pedro de la UANL. Fotogra�a de Félix Torres Gómez.
Aljibe de la casa de Mina, no. 102, esquina con Morelos, cabecera municipal de General Zuazua, Nuevo León. En 2021 se estaban realizando trabajos de remodelación.
Fotogra�a de Félix Torres Gómez.

Aljibe de la casa de Aldama, no. 151, esquina con Zaragoza, cabecera municipal de General Zuazua, Nuevo León, propiedad de la señora Elsa Lozano. En 2021 se encontraba en perfecto
estado y en funcionamiento. Fotogra�a de Félix Torres Gómez.

CULTURA REGIONAL

32

Estado del aljibe de la Hacienda San Pedro en 1988-1989. Fotogra�a de la UANL.

33

�fig

JOYAS DE L A
HISTORIOGR A FÍA

01

Dinorah Zapata Vázquez, Juán Ramón Garza Guajardo, Félix Alfonso Torres Gómez,
Edmundo Derbez García y Emilio Machuca Vega (2023). Hacienda San Pedro de la UANL.
Historia, patrimonio y memoria, 1634-2023. Monterrey, México: Colección Proyectos UANL,
Universidad Autónoma de Nuevo León, 150 pp.
Luis Ángel Rosas Navarro 1
Universidad Autónoma de Nuevo León

Hacienda San Pedro de la UANL. Historia, patrimonio y memoria,

económica de esta hacienda durante el siglo XIX, sus periodos de

1634-2023 es un libro escrito por conocidos académicos que han

bonanza y de crisis, y su úl�ma decadencia a mediados del siglo XX.

destacado en la difusión, preservación y promoción de la cultura

Destaca este capítulo por el uso de fuentes primarias que permiten

regional. Par�ciparon en su elaboración inves�gadores de la Uni-

constatar el otorgamiento de mercedes, los repartos de �erras y los

versidad Autónoma de Nuevo León, tres de los cuales están adscri-

cambios de propietarios. Es de señalarse también que el capítulo no

tos al Centro de Información de Historia Regional: Dinorah Zapata

se limita a explicar únicamente el caso de la Hacienda San Pedro,

Vázquez², Juan Ramón Garza Guajardo³, Félix Alfonso Torres Gómez⁴,

sino que analiza de forma global la metamorfosis territorial ocu-

Edmundo Derbez García⁵ y Emilio Machuca Vega⁶.

rrida en el Valle del Carrizal con sus dis�ntas haciendas.

La obra persigue principalmente dos obje�vos. El primero de

El segundo capítulo, �tulado “Arquitectura e imáge-

ellos es conmemorar el 90 aniversario de la Universidad Autónoma

nes de la Hacienda San Pedro”, presenta, bajo un enfoque

de Nuevo León (UANL) que se celebró en 2023; el segundo es brin-

arquitectónico, descripciones muy detalladas sobre los terre-

dar un repaso histórico de casi cuatro siglos para dar a conocer la

nos de la hacienda y sobre sus usos a lo largo del �empo. Mues-

importancia histórica y cultural de la Hacienda San Pedro, inmue-

tra algunos planos del lugar e ilustra su análisis con imágenes que

ble ubicado en el municipio de General Zuazua, Nuevo León, y que

comparan el estado general que guardaba la hacienda antes de su

a lo largo de su existencia ha sido mudo tes�go de muy variadas

restauración con el que �ene al día de hoy.

ac�vidades humanas.
El tercer capítulo, �tulado “La Hacienda San Pedro: unidad
A través de cinco capítulos, los autores del libro aportan visio-

cultural universitaria”, narra la creación del Centro de Información

nes específicas sobre la Hacienda San Pedro. No sólo estudian su

de Historia Regional de la UANL y cómo a finales de la década de los

evolución histórica y su distribución arquitectónica, sino que

ochenta ocupó como sede �sica las instalaciones de la Hacienda San

también revisan su transformación en unidad cultural uni-

Pedro. Este centro surgió como un proyecto enfocado en

versitaria y dimensionan su valor como referente patri-

rescatar y difundir la cultura de la región noreste de Méxi-

monial de la región noreste de México.

co, por lo que desde un principio sus prioridades han sido
la inves�gación de la historia regional y la realización de

El primer capítulo, �tulado “De la merced del

eventos dedicados a la divulgación.

Valle del Carrizal a la Hacienda San Pedro, 1634-

que de la narración es clásico, no esca�ma en brindar detalles y en

universidad rescató la Hacienda San Pedro y transformó su an�gua

subrayar la importancia cultural de la hacienda como uno de los

vocación, pues pasó de ser una unidad económica agroganadera a un

mayores enlaces para la inves�gación y estudio de la historia regional.

centro promotor de la iden�dad cultural del noreste, a través de la

1984”, ofrece un recorrido histórico por los anteceden-

Los capítulos cuarto y quinto explican la relevancia del Cen-

tes de este an�guo la�fundio. Aquí se describen las dis-

inves�gación, la música, la gastronomía y el arte.

Dicho de otra manera, la cronología presentada en este libro

tro de Información de Historia Regional y Hacienda San Pedro

�ntas mercedes que se otorgaron en la región durante el siglo

como parte de la oferta cultural de la UANL, pues es semillero de

XVII y cómo de dicho reparto territorial surgieron a la postre varias

importantes producciones editoriales y de eventos como la Fiesta de

haciendas, entre ellas la de San Pedro. También se aborda la vida

la Cultura Regional (organizada por primera vez en 1990 y que al día

1 Es estudiante de la licenciatura en Historia en la Facultad de Filoso�a y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
2 Dinorah Zapata Vázquez es inves�gadora y actual coordinadora del Centro de Información de Historia Regional y Hacienda San Pedro de la UANL.
3 Juan Ramón Garza Guajardo es inves�gador jubilado del Centro de Información de Historia Regional de la UANL. Es historiador oficial del municipio de General Escobedo, Nuevo León.
4 Félix Alfonso Torres Gómez es inves�gador del Centro de Información de Historia Regional de la UANL, donde además se desempeña como responsable del área de museogra�a.
5 Edmundo Derbez García es coordinador del Centro de Documentación y Archivo Histórico de la UANL.
6 Emilio Machuca Vega es inves�gador del Centro de Información de Historia Regional de la UANL, donde además se desempeña como director de la revista Cultura Regional.

CULTURA REGIONAL

de hoy lleva vein�ocho ediciones). Aquí queda de manifiesto cómo la

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culmina con un punto de inflexión en el que la red histórica regional
En defini�va, el libro Hacienda San Pedro de la UANL. Historia,

logró un estatus y un alcance no antes visto gracias a las aportacio-

patrimonio y memoria, 1634-2023 cons�tuye una historia de los

nes que dis�ntas personas realizaron por y para la universidad. Es,

antecedentes, los inicios, el desarrollo y la evolución de la hacienda,

pues, digno de celebrarse el que los autores de esta obra se hayan

obra que destaca además por el uso de la iconogra�a (planos, foto-

dado a la tarea de registrar los avatares por los que atravesó la

gra�as, carteles, etc.) para representar espacios, proporciones y

Hacienda San Pedro a lo largo del �empo, y de rescatar los nombres

aspectos del lugar. Esta obra enfa�za las aportaciones culturales,

de todos los que alguna vez dieron vida y forma a este lugar.

académicas e históricas de la Hacienda San Pedro, y aunque el enfo-

35

�fig

JOYAS DE L A
HISTORIOGR A FÍA

01

Lucas Martínez Sánchez (2023). Diario de un misionero del Colegio de Guadalupe por el
obispado de Monterrey, 1855-1857. Monterrey, México: Colección Memoria del Noreste
No. 13, Centro de Estudios Humanísticos, Universidad Autónoma de Nuevo León, 188 pp.
Frida I. González Hernández

1

Universidad Autónoma de Nuevo León

Lucas Mar�nez Sánchez, historiador coahuilense y actual

na en colaboración con el obispo de Verea. El diario, cons�tuido por

director del Archivo General del Estado de Coahuila, aporta

dieciocho hojas de doble pliego u�lizadas en la época, fue elaborado

el estudio, inves�gación y transcripción de un peculiar manus-

durante la realización de la segunda misión franciscana, según la ex-

crito inédito �tulado “Diario de nuestra caminata” en su reciente obra

plicación de Mar�nez Sánchez, debido a su escasez de correcciones y

Diario de un misionero del Colegio de Guadalupe por el Obispado de

a la puntual narración del entorno y clima de los diferentes lugares,

Monterrey, 1855-1857. Contextualiza de manera puntual el clima so-

que no se adentra en la descripción detallada de personajes o situacio-

cial y polí�co que atravesaba México durante los años en los que el

nes. Por esta úl�ma razón, el autor contextualiza y describe el entorno

diario fue escrito y, a su vez, expone la conexión entre el obispo de

social y polí�co conforme transcribe el documento. El “Diario de nues-

Linares, Francisco de Paula Verea y González, y el Colegio Apostólico

tra caminata” ofrece una visión breve, sencilla y obje�va de las

de Guadalupe.

condiciones que rodearon la realización de la misión y se convierte en
una fuente de inves�gación significa�va sobre este periodo.

Durante los vein�séis años de gobierno del obispo Verea, de
1853 a 1879, México experimentó un periodo de gran inestabilidad,

Dentro de la obra, el autor añade una descripción sumaria de los

marcado por momentos de crisis polí�ca, revoluciones y tensiones

par�cipantes en la misión descrita por el “Diario de nuestra cami-

generadas por las diversas opiniones y perspec�vas de la población.

nata”, con base en su propia inves�gación. El par�cipante más des-

Estos aspectos se exponen a través de los tes�monios que narran la

tacado es fray José María de Jesús Becerra Moreno, a quien le atribu-

llegada del obispo y su primera misión en Monterrey y Tamaulipas.

ye la autoría del diario. Mar�nez Sánchez incorpora imágenes

Paralelamente, se coloca en perspec�va al Colegio de Guadalupe, que

ilustra�vas y un apéndice documental que complementa la inves-

entró en funciones en 1707, destacando su carácter sólido y su

�gación, proporcionando material adicional para una comprensión

conformación principalmente por criollos. En este marco contextual

más completa del contexto y la bibliogra�a u�lizada.

introductorio, el autor traza los primeros vínculos entre el obispo
Verea y el Colegio de Guadalupe mediante la carta dirigida al

Diario de un misionero del Colegio de Guadalupe por el obispado

guardián, fray Antonio Cas�llo. Esta misión secundaria quedó

de Monterrey, 1855-1857 es una obra que recopila y analiza las misio-

plasmada como el inicio del “Diario de nuestra caminata”.

nes franciscanas en el norte de México durante el siglo XIX. Pero Lucas
Mar�nez Sánchez aporta además un estudio sobre la sociedad de la

Mar�nez Sánchez, además de ofrecer un estudio introductorio

época, envuelta en problemas polí�cos e ideológicos. Igualmente, la

sobre el “Diario de nuestra caminata”, añade un análisis y una descrip-

muestra y recuperación del “Diario de nuestra caminata” y su comp-

ción detallada de las dos misiones franciscanas. Además incorpora la

rensión proporciona una reconstrucción histórica del gobierno

transcripción completa de este documento, proporcionando así tanto

episcopal del obispo de Verea, sus misiones franciscanas y el clima so-

una fuente primaria, como los detalles de la segunda misión francisca-

cial de un México en los años de 1800.

1 Es estudiante de la licenciatura en Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

CULTURA REGIONAL

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�GENIO
Y FIGURA
Israel Cavazos Garza:
“HABRÍA QUE PENSAR EN ALGUNA MANERA DE
HACERNOS AUTÉNTICAMENTE REGIOMONTANOS”.
Humberto Salazar Herrera

1

Universidad Autónoma de Nuevo León

En fecha próxima², el profesor Israel Cavazos Garza, cronista de

pecado... Lo han recibido, sí, una serie de gentes increíblemente

Monterrey y nuestro más importante historiador, recibirá de manos del

valiosas; ese solo hecho significa para mí abrumarme... por qué o

presidente Zedillo el pres�gioso Premio Nacional de Ciencias y Artes, en

cómo equipararme a esas gentes.

el rubro Historia. Por tal mo�vo, sostuvimos con él una conversación sobre éste y otros temas que �enen que ver con sus meri�simas tareas

Usted señala a Alfonso Reyes y a Bernardo Sepúlveda, pero hay

como inves�gador y esclarecedor de nuestro pasado.

otro nuevoleonés, aunque por adopción, dis�nguido en el campo
del diseño y la tecnología: el ingeniero Juan Celada, inventor del

En primer lugar, gracias por recibirme en este lugar,
tan propicio para hablar de cues�ones históricas; y
ahora sí comienzo. Usted me corregirá si estoy mal,
pero tengo entendido que este Premio Nacional de
Ciencias y Artes lo han obtenido antes sólo dos
nuevoleoneses, Alfonso Reyes en 1945, y el doctor
Bernardo Sepúlveda en 1982. ¿Qué significa para
Israel Cavazos el historiador, y para Israel Cavazos
el hombre, este reconocimiento? ¿Qué tanto
compromete el integrarse a ese nuevo triunvirato,
con tamaños acompañantes?

fierro esponja y otras aportaciones cien�ficas, de la localidad,
quien �ene ya muchos años entre nosotros, aunque nació en Hermosillo, Sonora. La lista viene en la Enciclopedia de México, si gusta
usted consultarla... En mi caso el premio es en el área de Historia,

percatarse de dónde están, y entonces es mi preocupación como his-

algo esencialmente múl�ple. Hay varios
Monterrey, hay diversas formas de vivir la ciudad,
de pensarla y de quererla: hay el Monterrey de los
muy ricos (que en realidad ni siquiera “bajan” a la
ciudad, ni siquiera suelen recorrer sus calles); el
Monterrey de los clasemedieros panistas; hay
también el Monterrey de los universitarios; el de
los inmigrantes que vienen del campo... en fin,
esto se olvida a menudo y parecería de pronto que
todos los regiomontanos somos de una misma
forma... que todos somos muy “emprendedores”
y toda esa mitología... Habría también un Monterrey
viejo, del pasado inmediato, digamos el anterior a la
Macroplaza, un Monterrey que los jóvenes de hoy
no conocieron y que cada vez está quedando más en
el pasado... ¿Qué piensa sobre esto, maestro?

toriador, como cultor del pasado, de hacérselos saber, porque creo
que ahí estaría la clave, que supieran en dónde se encuentran, que es
lo fundamental para amar a alguien o algo, antes que todo...
Los de la clase media andan preocupados por situaciones especiales, pero en ellos sí advierto un interés, si no abierto sí al menos
amplio, de enterarse del pasado de la ciudad, aunque prefieren que
se les dé ya en charola de plata, en una bandeja ya servida, y lo observo en mis modestas plá�cas, en pequeños grupos en factorías o
clubes, qué sé yo... hay un interés. Y hasta me admira ver cómo ni
parpadean, por usar esa expresión, están ávidos de escuchar eso,
¿no? Y lo mismo advierto en los demás, incluso en las esferas altas,
pero, habría que pensar en alguna manera de hacernos autén�camente regiomontanos. Yo creo que este aniversario 400 va
a contribuir en algo a eso, porque esas publicaciones que se hacen,
adicionales al periódico, en suplementos, veo que han provocado

y voy a compar�rlo con un personaje de las letras, extraordinario,
que es Ramón Xirau, un escritor a quien yo admiro mucho. Por otra
parte, no dejo de pensar que es una recompensa —por qué no
decirlo, justa—, después de medio siglo, más de medio siglo, de
una laboriosidad de hormiga, como la califica Luis González, en estos campos de la historiogra�a regional, con aportaciones que
alguien ha calificado como material para que otros trabajen, y en
cierto modo tal vez tenga razón, pero, aunque parezca inmodesto

La no�cia de este premio fue, para mí, algo como... el Huracán

decirlo, que no deja de tener su valor.

Gilberto: causó estragos anímicos semejantes, toda proporción

Ahora está de moda hablar de Monterrey por su
próximo cuatricentenario, y hasta llega uno a pensar que, a la materialidad �sica que es la ciudad, a
su cuerpo, digamos, corresponde un cierto espíritu, un alma. Y se habla entonces de “regiomontaneidad”, y del carácter de “los regiomontanos”. Sin
embargo, yo siento, quizá por mi formación como
sociólogo, que Monterrey no es una unidad sino

guardada, porque, ¿de dónde a mí? —como dijo Santa Isabel cuando recibió la visita de la Virgen—. De suerte que este premio es,
pienso, un reconocimiento para la inves�gación histórica regional,
y un premio también para el norte, para la región norte, que había
estado tan olvidada, quizá desde los �empos de Carvajal. Y lo recibiré con humildad, pensando en que es justamente un premio a
eso, y en el fondo, ¿por qué no decirlo?, dicen que la excesiva modes�a es presunción y podría yo incurrir en esa debilidad, en ese

Comparto en lo absoluto esa opinión, con esa clasificación o divi-

un interés, no obstante que no son con rigor académico ni mucho

sión de los regiomontanos. Alguien, hace unos cuantos días, en la

menos, y que cuando uno habla del Monterrey colonial preguntan

capital, me decía: ustedes son muy vanidosos, se llaman “regios”…,

cosas secundarias, como lo de los túneles, o los judíos, no sé...

y yo le dije: eso es parte de la economía del espacio, porque la pa-

Del supuesto túnel de la Catedral al Obispado...

labra es sumamente larga, y los periódicos han dado en adoptar
ese término, que está cobrando ya carta de naturaleza, de ser una
palabra que tendrá que ser adoptada por la Academia... Comparto

Sí, y que está sólo en la imaginación de la gente, creo, porque yo

su idea de que hay varios �pos de regiomontanos. Yo tengo amigos

nunca lo he visto, ni sé de que alguien se haya me�do en él o haya

muy queridos, de determinado nivel social, cuyos antepasados vi-

caminado siquiera unos cuantos metros... ojalá que algún día se

vieron en el Monterrey viejo y ellos han emigrado a zonas más có-

encuentre, pero no veo la razón por la que pudiera haber habido un

modas, de las que para nada �enen necesidad de bajar... quizá a

túnel de esa naturaleza.

ello contribuya el hecho de que no hay para qué bajen si lo �enen
todo, pero, no sé, si tuvieran arraigado el amor a la ciudad se asomarían de vez en cuando a ver qué ha pasado en el solar de sus
mayores, aunque ahora el solar es tan grande...
Los que vienen de lejos, los que vienen de otras partes, que son muchos y casi nos superan en número, vienen a eso, a buscar un nuevo
modo de vivir, o tal vez a hacer de Monterrey una especie de trampolín

1 Inves�gador, catedrá�co y sociólogo. Es licenciado en Sociología por la Universidad Autónoma de Nuevo León, y actualmente es director de Humanidades e Historia de la UANL.
2 Esta entrevista inédita fue realizada el 10 de noviembre de 1995, un mes antes de que el maestro Israel Cavazos recibiera el Premio Nacional de Ciencias y Artes, el 15 de diciembre
del mismo año.

CULTURA REGIONAL

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para saltar a los Estados Unidos... no lo sé, pero advierto en ellos poco
interés —o por lo menos yo no los conozco muy de cerca—, en

39

�tros, los que nos dedicamos a la historia, sabemos cuatro cosas acerca de
él. Por la falta de documentación, que la habrá, tal vez, en otros archivos,
y no ha habido el inves�gador que se haya asomado a éstos. No creo que
sea di�cil rehacer la vida de este personaje. Y todo mundo tendemos a
comentar ciertas facetas morbosas que hay, como de chisme, acerca de
su vida, las que además, entre paréntesis, yo pongo en duda, porque deben haber sido como en todas las cosas, parte de la intriga para, como la
arañita que va subiendo y que le da uno con la mano para pisarla y quitársela de en medio. De este �po de personajes urge, desde luego, divulgarlos. Yo sé de cierta empresa local cuyos direc�vos están trabajando
en estos momentos para llevarlos a las casas por medio de la televisión,
a estos personajes, no solamente a los coloniales pero también a los del

Cuando se habla de la historia de Nuevo León, de
la importancia de conocer nuestro pasado para
saber quiénes fuimos y quiénes somos, etcétera,
salen siempre a relucir nombres de personajes
memorables como Fray Servando y Gonzalitos,
Zaragoza y Escobedo, o de gobernantes como Vidaurri o Bernardo Reyes, pero nunca, o casi
nunca, se recuerda a los grandes hombres de la
Colonia en el estado. En la conciencia histórica
del pueblo, de la gente común, no hay un conocimiento siquiera mínimo de los hombres destacados de ese �empo, no se habla, por ejemplo,
del espléndido gobernante que fue Mar�n de Zavala, de los dos Alonsos de León, de Barbadillo y
Vitoria, o de los grandes obispos que fueron
Verger, Llanos y Valdés.... ¿Cuáles pueden ser las
causas de este olvido?

soamericano. Cualquiera que haya leído un poco de
esto sabe que, en Nuevo León, la relación entre
indígenas y españoles fue una constante, larguísima
y trágica confrontación, con algunos periodos de
calma. Sin embargo, no hay un solo monumento,
una presencia simbólica de esos primeros pobladores de la región, que las encomiendas, las
enfermedades y otros latrocinios borraron del
mapa humano. Como tampoco hay, fuera del ámbito académico, un conocimiento de la aportación tlaxcalteca a la cultura de la región... ¿Será que los
nuevoleoneses somos algo desmemoriados?

diecinueve; por medio de guionistas de radio, de cine, de televisión, que
están haciendo agradables estas vidas, fáciles de digerir, para meterlas a

No lo creo... A mí —perdone que hable en primera persona—, se me �lda de

las casas. Creo que va a ser una medida muy buena para trabajar en ello.

hispanista. Pero pienso que en todas las profesiones hay una especialidad: hay

Y a mí me duele, por ejemplo, que Mar�n de Zavala, habiéndole dedicado

médicos que curan la nariz, los oídos, o los ojos, hay abogados que se dedican

treinta y ocho años de su vida a Nuevo León, y de ser el consolidador de

a determinados aspectos de la cues�ón jurídica, y así en la historia. Éste ha

todo esto, esté relegado, dejado... podrían decirse páginas enteras acerca

sido el rinconcito que más me ha gustado estudiar, o en el que tengo más

de él... Lo cierto es que faltan operarios en la viña del Señor.

oportunidad de encontrar lo que yo quería, sin defecto de que, por obligación
cultural, haya de ver qué pasó con los grupos primi�vos. Y me alegra que ac-

Además del olvido de ese mundo colonial, podría
decirse que otra gran ausencia en la conciencia histórica popular es el indígena que vivía en estas
�erras cuando llegaron los españoles. Cosa que no
ocurre, por ejemplo, en el centro del país, donde el
ciudadano común sabe algunas cosas generales sobre los an�guos mexicanos, visita las pirámides, etcétera, y hay una relación y un sen�miento de
pertenencia con el pasado indígena me-

tualmente, por impulso del Ins�tuto Nacional de Antropología e Historia, y de
otras ins�tuciones a nivel nacional, se estén sacando a la luz si�os en los que
hay la única huella que tenemos para estudiar a las gentes primi�vas: los petroglifos, las pinturas rupestres y los materiales lí�cos, que vemos que están
minimizados o desdeñados pero que a lo mejor nos dan sorpresas, porque era
su cultura. Esas urdimbres, esos signos, que hasta ahora no hemos sabido bien
qué son, nos pueden dar algún día sorpresas increíbles. A mí me agrada leer
los trabajos de los arqueólogos, los antropólogos jóvenes, recientes, que han
hecho tesis muy bellas sobre este asunto...

Como Moisés Valadés...
Par�cularmente ésa de Moisés Valadés, muy buena tesis, en la que ya
nos señala, de acuerdo, claro, con el fruto de inves�gaciones de gentes
extranjeras —porque son las que �enen patrocinadores, las mejor
auspiciadas, y en realidad aquí no hay quien apoye en toda forma—,
cómo han sido descubiertos lugares muy an�guos del hombre primi�vo, de diez, quince mil años. Esto es una aportación muy valiosa, y nos
puede incorporar en un momento dado a cierto nivel cultural de este
inmenso territorio mexicano... Si recordamos la frase atribuida a José
Vasconcelos, aquello de que donde empieza la carne asada comienza la
barbarie pues... en esta zona, con todo y ese barbarismo, hay elemen-

Bueno, yo pienso que sí se habla, pero en medios dis�ntos, porque

tos de una cultura, a su nivel, por supuesto, y lo que urge es difundirla,

la historia cuanto más lejana se vuelve un poquito más di�cil,

y estudiarla al máximo, para ver qué nuevas cosas podemos encontrar.

par�cularmente para inves�garla. Y observo que una de las dificultades más serias que ha habido para que la nueva generación

Durante algún �empo pensé —y creo que otros de mi
generación también— que la Historia cercana al marxismo que se estudiaba en la Facultad de Filoso�a y
Letras reemplazaría, o desplazaría, a la Historia que
escribían personas como San�ago Roel, como el
padre Tapia, como el profesor Celso Garza o como usted. Ahora pienso de manera dis�nta. Creo que lo que
se va a dar va a ser la proliferación, la coexistencia
pacífica y enriquecedora de varios �pos de Historia,
varias formas de recrear, inventariar, explicar el pasado. No hay, no debe haber una sola ver�ente, sino
que pueden darse varias; por ejemplo una historia genealogista; otra de �po lírico, literaria; una historia
acumula�va que compila y ordena materiales dispersos en índices, catálogos, diccionarios, etc.; así como
también la de �po marxista o la filoso�a de la histo-

de historiadores estudie aquella etapa es la de los archivos, o más
bien de los papeles escritos de otra manera, y esto, esta caligra�a
ha sido una especie de barrera, que eluden... Me consta como archivista que vienen, los ven y se van... La paleogra�a es una ciencia
que se adquiere, claro, con el ejercicio, como todas las cosas, con la
prác�ca, más que con la teoría, y por más que se estudie en las
escuelas, a nivel universitario, la paleogra�a hace falta prac�carla,
ejercitarla, pues de otra manera no; creo que esa ha sido una traba.
No estoy de acuerdo en que esos personajes sean desconocidos,
claro, para la generalidad tal vez, pero de que se hayan hecho trabajos de calidad acerca de ellos...

Sí. Yo me refería a nivel popular, de la gente de
la calle...
Claro. Sí... Porque de don Diego de Montemayor el fundador, noso-

CULTURA REGIONAL

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�La hacía Raúl Rangel Frías, a veces, cuando le quedaba algún �empito libre...

¿De qué �empos?
De todo el �empo. Desde Luis de Carvajal, que escribió su autobiogra�a

Claro, y él sabía hacerlo, y con qué elegancia, con qué profundidad, de

en la cárcel, y que aparece en los procesos. No ha sido publicada en fo-

qué manera. Sin embargo, es para la gente de cierto nivel intelectual.

lleto y quiero hacerlo, a ver si ahora con los cuatrocientos años es posi-

Qué bueno que de allí se pueda luego deducir, extraer todo aquello

ble. Incluyo en este diccionario una ficha mínima, biográfica, de cada

que se pueda dar en raciones más fáciles de entender para la gente.

autor, y las fichas bibliográficas técnicamente redactadas —fui bibliote-

Esta historia tradicional pienso que nunca acabará... por lo menos los

cario mucho �empo y más o menos sé hacerlo—; éste es otro de los

grupos a nivel general aquí, en Nuevo León, de cronistas y de histo-

trabajos. Sueño en publicar, el año próximo y Dios mediante, una histo-

riadores, pues seguimos las corrientes tradicionales. Hay, yo reconoz-

ria —historia, no monogra�a— de Guadalupe, donde nací, en un libro

co, muchachos muy inteligentes, que nos superan, por qué no decirlo,

de tres o cuatrocientas páginas profusamente ilustrado, con esa histo-

pero yo espero de ellos más trabajo, porque creo que en la constancia

ria tradicional, sabrosa, vieja, de la vida y las costumbres, sin caer en

y en el trabajo es donde se ven los frutos.

filoso�as... Y está también mi trabajo —si puedo vivir el �empo necesario, pues tengo todo el fichero, ya para redactarlo—, de una historia de

ria, que entre nosotros casi no se ha dado; los estudios arqueológicos y de la prehistoria, y otras modalidades que podrían darse en el futuro próximo:
historia demográfica, de las ideas o mentalidades,
de �po estadís�co, historias del arte y la cultura,
etc. Esta proliferación, por otro lado, no sería sino la
expresión del mundo cambiante, ideológicamente
disperso, que nos toca vivir. ¿Es así?

historia de manera filosófica... Yo comparto esa idea, pero entonces que-

Yo veo con agrado, por qué no decirlo —y fui profesor durante algún

Además, como que se complementan, ¿no? No todo
el mundo �ene que ser un Edmundo O’Gorman,
también hay un Luis González, es decir, cada quien
puede, debe hacer lo suyo, sin pensar que es la única
vía...

daría en un medio más restringido todavía, porque si esa historia a nivel
popular, de la manera tradicional, todavía no es asequible para muchos,

Yo veo que hay una complementariedad entre las
diferentes ver�entes. Un trabajo de ordenamiento
de materiales para elaborar índices, catálogos, diccionarios, bibliogra�as, o los trabajos de historia
general que fijan el curso completo en grandes
trazos, son trabajos sin los cuales luego no se
puede hacer lo demás...

la ganadería en Nuevo León, de las grandes haciendas, que explica la
iden�dad nuestra, el carácter de la gente, el habla, la comida y otras
múl�ples facetas, todo ello de la ganadería colonial... De todo eso nace
el nuevoleonés, y en par�cular el regiomontano...

El ranchero, el vaquero...

la otra, pienso que va a tener sus problemas. Yo encantado con que haya

El hombre de a caballo, que decidió incluso los grandes problemas

historiadores del arte, que haya historiadores de, qué sé yo, de todas las

Es la infraestructura... Lo primero que debe usted ver para hacer un

nacionales... El norte siempre está presente: en los años de la Inde-

demás facetas de la vida. Falta hacerlo, pero sobre todo que se haga con

trabajo es revisar lo que ya está hecho, para glosarlo, a su manera, y

pendencia, en la guerra con los Estados Unidos, en la Reforma y final-

seriedad y talento, para que de esto nazcan luego las adaptaciones más

enriquecerlo, porque si no, no �ene valor… enriquecerlo con

mente en la Revolución.... allá está el secreto de todo esto. Y siguiendo,

abiertas, para todo �po de lectores.

aportaciones nuevas...

claro está, la obra clásica de François Chevalier sobre los grandes
la�fundios, y que me conminó, siendo yo su alumno, a que realizara

�empo, del Colegio de Historia en la Facultad de Filoso�a y Letras—,
que esta nueva generación piense en esas otras formas de ver la historia. Sin embargo, veo —de lo que nos lamentábamos en otra parte de la conversación—, que no hay esa difusión o esa divulgación a

Maestro Cavazos, para finalizar esta charla quisiera
que me pla�cara sobre lo que está trabajando actualmente.

este trabajo, que ha ido quedando relegado por mil encargos oficiales,
y porque... no basta la vida, lamentablemente se apaga...

Bueno, maestro. Vamos a concluir por ahora esta
conversación y espero que próximamente podamos retomarla, muchas gracias.

Estoy reimprimiendo, o más bien preparando la segunda edición de
mi Diccionario biográfico de Nuevo León, enriquecido con dos o

nivel general, a nivel popular. Si la hacemos demasiado erudita,
demasiado filosófica, menos vamos a lograr nuestro propósito. Cla-

Por supuesto, yo en momento alguno podría hacer historia filosófica,

trescientas fichas, o quizá más. Tengo además concluida una guía o

ro, que la haya, pero caería dentro de cierto eli�smo, del académi-

porque no soy filósofo, sinceramente, y porque ignoro la manera de

diccionario biobibliográfico de escritores de Nuevo León...

co... No hace mucho, alguien que ingresó, o que fue doctorado de

hacerlo, pero pues en buena hora...

Yo también así lo espero, gracias.
Archivo Municipal de Monterrey, 10 de noviembre de 1995.

una universidad de aquí, lanzó esa tesis, de que había que hacer la

CULTURA REGIONAL

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43

�Epistola r io

Propuesta de reforma de la tercera ley orgánica de la Universidad de Nuevo León en
1945: ¿reincorporar la Escuela Normal para Maestros?
Susana Julieth Acosta Badillo 1
Universidad Autónoma de Nuevo León

Introducción
El 30 de noviembre de 1870 se publicó en el Periódico Oficial del estado de Nuevo León el decreto número 32, que estableció la creación
de “una escuela normal de profesores de primeras letras” (art. 1). Antes de esta ins�tución, la formación de profesores era por medio del
sistema lancasteriano, el cual, a grandes rasgos, capacitaba a los mejores estudiantes de grupo para que ellos atendieran a otros de menor nivel. Por años, este sistema, que formaba “monitores” a través de estudiantes destacados, funcionó hasta su declive en la década
de 1870, precisamente cuando surgió la Escuela Normal para Profesores del estado.
Plinio D. Ordóñez, notable educador nuevoleonés, en su Historia de la educación pública en el estado de Nuevo León (1521-1942),
dividió la historia de la Normal en tres fases (hasta el límite temporal de la obra): 1. Desde su fundación en 1870 hasta 1927; 2. Desde
1927, cuando se fusiona con la Escuela Profesional para Señoritas (fundada en 1892 como escuela anexa) y surge la Escuela Normal para
Maestros, hasta 1942; 3. En 1942, cuando se crea la Escuela Normal Superior, especializada en formar profesores para la educación
secundaria². Es en la segunda fase cuando la Escuela Normal para Maestros fue integrada a la Universidad de Nuevo León (UNL), como
una de sus dependencias fundadoras en 1933.
Aquel año y un poco antes, la Escuela Normal fue parte ac�va de la organización de la UNL, pues su estudiantado y su director,
Ordóñez, se integraron en los procesos pro-Universidad desde diferentes escenarios, como la par�cipación de alumnado en la Federación
de Estudiantes de Nuevo León, que planteó y replanteó la idea de una universidad para el estado en los diferentes encuentros locales y
nacionales entre 1932 y 1933 o, mediante, el ofrecimiento de la escuela como sede de reuniones a lo largo de todo el proceso³. Ordóñez
dejó un tes�monio detallado del procedimiento de unión a la UNL y el cómo, durante la planificación, hubo opiniones en contra a dicha
adhesión porque la formación normalista no se consideraba una “profesión liberal”, con la misma extensión académica y la misma exigencia cien�fica. Ordóñez refutó esta idea con el argumento de la preparación mul�disciplinaria de un profesor de educación básica,
quien tenía la obligación de poseer conocimientos sobre lógica, polí�ca, sociología, psicología y estadís�ca, además de su especialización
de enseñanza:
Así pues, un Maestro sólo puede serlo, con probabilidades de eficiencia, cuando ha hecho estudios de tales Ramas pedagógicas; sólo entonces estará capacitado para conocer al educando, y para coordinar y aplicar debidamente, la acción de los factores y elementos que cons�tuyen y concurren en la educación;
y esta labor es la Universidad la capacitada para completarla y perfeccionarla, y por ello la Normal debe ser una de sus Escuelas⁴.

Después de este preámbulo con un breve recorrido por la historia de la Escuela Normal como dependencia universitaria o por lo
menos que explica cómo se unió a la UNL⁵, el presente escrito �ene como obje�vo central recuperar una propuesta de reforma a cuatro
ar�culos de la tercera ley orgánica de la Universidad, documento legal que le regresó su figura jurídica de origen en 1943, exactamente
diez años después de la primera ley orgánica y ocho de la segunda⁶. La propuesta de reforma que se menciona se publicó en el periódico
El Porvenir el día 17 de abril de 1945, casi dos años después de la separación administra�va de la Escuela Normal de la UNL, lo que
demuestra la extensión del interés y ges�ones por parte de la Universidad para recuperar la ins�tución normalista. Además de la transcripción del texto de interés, también se realiza un breve análisis del contexto de la inicia�va, a modo de explicar la razón o razones por
las que finalmente no prosperó. La siguiente reforma de ley universitaria fue hasta 1971, con la aprobación de la llamada cuarta ley orgánica, misma que otorgó o definió la autonomía, documento que además sigue vigente.
El 18 de agosto de 1943, en sesión de Consejo, Enrique C. Livas anunció que la ley orgánica de la Universidad había sido aprobada
pero con ciertas modificaciones: “Que la facultad de Odontología será independiente de la de Medicina y que la Escuela Normal y la
Normal Superior quedarán incorporadas a la Dirección de Educación del Estado”⁷. La ley se publicó en el Periódico Oficial el 29 de sep�embre de 1943, pero entró en vigor treinta días después, por lo que el 27 de octubre aún se discu�ó en el seno del Consejo de Cultura
Superior la separación de la instrucción normal de la universitaria.
El doctor Ángel Mar�nez Villarreal fue el primero en cues�onar la separación de la Escuela Normal de la Universidad, pues en el
proyecto preliminar presentado ante gobierno la Normal estaba dentro de la Universidad. Livas respondió que la decisión de su separación había sido tomada sin consultar a las autoridades universitarias o personal de la Normal, por lo que desconocía el mo�vo detrás
de la acción. Entre los argumentos expuestos, Manuel Treviño Cavazos, director de la Facultad de Derecho, manifestó que la posible causa
detrás de la decisión era la facilidad que el gobierno buscaba para “favorecer determinada ideología, la cual puede hacerse de modo más
eficaz en la Escuela Primaria y en la Secundaria”. Los consejeros acordaron discu�r con atención la situación y en un futuro próximo
solicitar al gobierno estatal la reconsideración de su actuar, mediante una reforma a la nueva ley, pero antes de ello, se concentrarían en
la transición de Consejo de Cultura Superior a Universidad de Nuevo León. La ley orgánica entró en vigor el 29 de octubre y el 3 de noviembre se celebró la primera sesión del Consejo Universitario.
Tres meses después, como se acordó, se retomó el tema de la Normal después de la organización de un comité pro-Normal entre
estudiantes de aquella ins�tución con respaldo de la Federación Estudian�l. Según recoge el acta de Consejo Universitario del 2 de febrero de 1944, el comité estudian�l buscaba apoyo de las autoridades universitarias para reforzar su movimiento, obje�vo que se
cumplió al acordarse que Livas, en su calidad de rector, se presentaría ante el gobernador con la pe�ción expresa de que la Normal regresara a la administración de la Universidad, por acuerdo unánime del Consejo Universitario. Establecido esto, el siguiente paso fue,
además de entablar conversaciones con el gobierno, formular la inicia�va de reforma.
El plan era reformar los ar�culos 3, 4 y 42 de la tercera ley orgánica; en el primero se señalaban los �pos de educación que la UNL
impar�a: profesional, técnica y en general toda enseñanza posterior a la secundaria “a excepción de la normal”, por lo que la reforma le
reincorporaba. Sobre el ar�culo 4, este enlistaba todas las escuelas universitarias y la propuesta de reforma también reincorporaba la
Normal Superior y la Normal. Finalmente, el ar�culo 42 es�pulaba los requisitos para ingresar a las escuelas y en el proyecto se indicaban
los requisitos para ingresar a las escuelas normales (véase el documento transcrito).

La jus�ficación de Ordóñez se complementó con la situación de la Escuela Normal Superior nacional que, desde veinte años atrás,
estaba anexa a la Universidad Nacional Autónoma de México. Además, si la universidad formaba maestros para los niveles medio superior y superior ¿por qué no de primaria y/o secundaria? De hecho, algo que se debe anotar entre los antecedentes es la intención de
relacionar la Escuela Normal con la Facultad de Filoso�a, Ciencias y Artes –que finalmente no entró en funciones en 1933–, pues la úl�ma
estaba planeada para fungir como escuela de estudios superiores, la única con capacidad de emi�r grados de maestro y doctor.

Resulta necesario mencionar que algunos consejeros no consideraban viable la propuesta de reforma, pues la ley era prác�camente
nueva y temían o sospechaban que el gobierno del estado no aprobaría la moción de una alteración en tan poco �empo, pero aun así se
intentó. Las notas de prensa demuestran que el gobernador Arturo B. de la Garza (1943-1949) era par�dario de la idea de reintegración,
pero el director de Instrucción Primaria y Secundaria, profesor Ernesto de Villarreal Cantú, no. Asimismo, en el lado de los interesados,
los estudiantes estaban a favor de la reforma de ley y los profesores, en su mayoría, no.

La primera ley orgánica de la UNL admi�ó a la Escuela Normal para Maestros como una de las cinco escuelas superiores que finalmente integraron la ins�tución. Como todas las demás dependencias, la Normal vivió los vaivenes de los cambios que la Universidad
experimentó en el corto lapso temporal de dos años, al ser derogada su primera figura jurídica para la instalación de un comité organizador de una universidad socialista que nunca se concretó de manera formal y finalmente, el establecimiento de una en�dad in�tulada
Consejo de Cultura Superior, que recogió todas las dependencias de la UNL y operó por ocho años de 1935 a 1943. Es en este úl�mo año
cuando, a raíz de otra reforma interna, se res�tuyó la figura jurídica de la UNL y entre los cambios efectuados se acordó la separación de
la Escuela Normal de la Universidad, decisión que no fue bien recibida por algunos sectores de ambas ins�tuciones, aunque también se
dio el caso de un grupo nutrido de normalistas que la secundaron.

Para resumir ambas posturas, se puede definir de la siguiente manera: los estudiantes veían la ventaja de pertenecer a la UNL en la
ampliación de oportunidades, pues al ser estudiantes universitarios tenían el derecho de ingreso libre a otras dependencias, una vez
concluida su formación normal, para con�nuar su preparación pedagógica o especializada. Por su parte, los profesores no consideraban
necesaria la reintegración, pues la Escuela Normal era suficiente “por sí sola”: “[…] desde su fundación vale y �ene pres�gio por sí propia
y no necesita acogerse a la sombra de otra ins�tución cultural para dignificar a quienes hagan sus estudios en ella”⁸. Según ates�gua El
Porvenir, la reforma de ley se debió discu�r en el Congreso del Estado el 23 de abril de 1945, pero súbitamente el tema no se volvió a
discu�r ni en prensa ni al seno del Consejo Universitario.

1 Historiadora, catedrática e investigadora. Es licenciada en Historia y maestra en Arquitectura por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Actualmente es catedrática
de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL y editora adjunta de la revista cultural Reforma Siglo XXI de la Preparatoria No. 3.
2 Plinio D. Ordoñez, Historia de la educación pública, v. 3 t. 1, pp. 20-21.
3 Lydia Espinosa Morales, La Creación de la Universidad, pp. 38 y 43.
4 Ordoñez, Historia…, v.3 t. 3, pp. 1128-1129.

5 Para una lectura más a profundidad de la Escuela Normal como dependencia universitaria se recomienda Tomás Mendirichaga, “El Consejo de Cultura Superior (1935-1943)”,
pp. 453-510.
6 Para una revisión concisa de la evolución legal de la UNL se recomienda César Pámanes Narváez, “La Universidad Autónoma de Nuevo León y sus leyes orgánicas”, pp. 32-40.
7 Las actas referidas pertenecen al Archivo del Honorable Consejo Universitario (AHCU), con sede en la Biblioteca Universitaria “Raúl Rangel Frías” y se pueden rastrear con la fecha.
8 El Porvenir, 23 de abril de 1945. Monterrey, México, p. 10.

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�Las razones detrás del súbito silencio, y el hecho de que no se le diera seguimiento a la inicia�va, se pueden explicar mediante la
postura de Villarreal, figura esencial para comprender la situación. Durante las discusiones en torno a la inicia�va de reforma, Villarreal
publicó una carta en El Porvenir el 18 de abril, para manifestar la jus�ficación de su rechazo a la propuesta y solicitarle al gobernador no
proceder con la reforma de ley. Entre las ideas planteadas, Villarreal consideraba que la adhesión de la Normal a la UNL era una cues�ón
de “vanidad” de aspirar a un �tulo universitario; también, dijo que durante los años como dependencia universitaria en lugar de beneficiar a la Escuela Normal la perjudicó:

ARTÍCULO SEGUNDO.- El Consejo Universitario proveerá lo necesario para que antes de finalizar el presente año lec�vo
queden instaladas las Juntas Direc�vas de la Escuela Normal Superior y de la Escuela Normal y para que éstas elijan los
consejeros a que se refieren los ar�culos 10 y 11 (frac. I) de la Ley a que estas reformas y adiciones se refieren.
ARTÍCULO TERCERO.- Esta ley entrará en vigor el día de su publicación en el Periódico Oficial del Estado.

[…] ningún beneficio se derivó de esta medida, por el contrario inclinó a muchos maestros a abandonar la docencia para dedicarse a profesiones liberales

El Porvenir, 17 de abril de 1945, pp. 7 y 10.

con lo que se restaron elementos que muy bien pudieran u�lizarse en estos momentos de reintegración de la cultura mexicana. Quizá por estas y muchas
otras razones en las postrimerías del Gobierno anterior [de Bonifacio Salinas Leal] se hizo necesario incorporar de nuevo el funcionamiento de la Escuela
Normal al Departamento de Educación del Estado⁹.

En lugar de regresar la educación normal a la universitaria, Villarreal propuso otras acciones como mejorar los salarios de los profesores, sus condiciones laborales, las oportunidades de con�nuar su formación y, también, la creación de más escuelas normales en el
estado. Es posible que la solidez de los argumentos de Villarreal jugara a favor de su postura de mantener la Escuela Normal como dependencia pública de la Dirección de Educación Primaria y Secundaria, aunque por otro lado también tenía lógica contextual la opinión
del consejero Treviño, sobre las ideologías y otros menesteres polí�cos.

Archivo

El documento

Archivo del Honorable Consejo Universitario (AHCU). Monterrey, México.

FUENTES DE INFORMACIÓN

Hemerografía
Proyecto de Ley que reforma y adiciona la organización de la Universidad de Nuevo León.
Art. 1º.- Se reforman y adicionan los ar�culos 3º, 4º y 42º de la Ley Orgánica de la Universidad de Nuevo León promulgada el 13 de sep�embre de 1943; quedando redactadas como siguen:
Art. 3º.- La Universidad de Nuevo León �ene por objeto:
I.- Impar�r la enseñanza profesional, la enseñanza técnica y en general, toda enseñanza posterior a la secundaria.
II.- Realizar y fomentar la inves�gación cien�fica.
III.- Difundir la cultura en todos sus aspectos.
Art. 4º.- En el ejercicio de su función docente, la Universidad hará descansar la capacitación técnica y profesional dentro
de cada especialidad sobre la base de una preparación cien�fica, general. Procurará que el número y calidad de sus
egresados respondan a las necesidades económicas sociales y polí�cas del país, y del Estado de Nuevo León en par�cular, despertando y afirmando en ellos una conciencia clara de su responsabilidad humana y social. Esta función se
ejercerá a través de las siguientes ins�tuciones:
1. Escuela Normal Superior
2. Facultad de Medicina
3. Facultad de Derecho y Ciencias Sociales
4. Facultad de Odontología
5. Facultad de Ciencias Químicas
6. Facultad de Ingeniería
7. Escuela Normal
8. Escuela Diurna de Bachilleres
9. Escuela Nocturna de Bachilleres
10. Escuela de Música
11. Escuela Industrial Femenil Pablo Livas
12. Escuela Industrial y Preparatoria Técnica Álvaro Obregón
13. Escuela de Enfermería anexa a la Facultad de Medicina
Art. 42.- Las inscripciones se harán sobre las bases siguientes:
I.- Para ingresar a la Escuela Normal y de Bachilleres debe exhibirse cer�ficado aprobatorio del ciclo secundario.
II.- Para ingresar a las Facultades, debe exhibirse cer�ficado aprobatorio de la Escuela de Bachilleres.
III.- Para ingresar a la Facultad de Ingeniería en la carrera de Ingeniero Mecánico Electricista debe exhibirse cer�ficado
de Preparatoria técnica.
IV.- Para ingresar a la Escuela Normal Superior, debe exhibirse �tulo de profesor de Instrucción primaria.

El Porvenir. Monterrey, México.
Periódico Oficial. Monterrey, México.
Bibliografía
Espinosa Morales, Lydia. (2013). La Creación de la Universidad de Nuevo León (1931-1933). México: Centro de Documentación y
Archivo Histórico de la UANL.
Mendirichaga, Tomás. (1970). “El Consejo de Cultura Superior (1935-1943)”, en Humanitas, no. 11, pp. 453-510. Disponible en:
https://humanitas.uanl.mx/index.php/ah/article/view/795
Ordoñez, Plinio D. (1946). Historia de la educación pública en el estado de Nuevo León (1521-1942): su evolución, sus instituciones
y los hombres que la organizaron y orientaron, volumen 3 (tomos 1 y 3). México: Gobierno del Estado de Nuevo León.
Pámanes Narváez, César. (2023). “La Universidad Autónoma de Nuevo León y sus leyes orgánicas”, en Reforma Siglo XXI, no. 115,
pp. 32-40. Disponible en: https://reforma.uanl.mx/index.php/revista/article/view/87

TRANSITORIOS
ARTÍCULO PRIMERO.- La Escuela Normal Superior y la Escuela Normal, pasarán a la Universidad con su actual personal
direc�vo docente, administra�vo y de servidumbre.

9 El Porvenir, 18 de abril de 1945. Monterrey, México, p. 9.

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�Epistola r io

Informe del director de la Escuela de Medicina de Monterrey, 1878

hombres de su �empo lo comprendieron. La idea de este grande hombre no pudo realizarse por entonces; pero no
murió, quedó siempre viva en el ánimo de los buenos, la idea de una Escuela de Medicina en un hospital.

En Nuevo León, como en el resto del país, el siglo XIX fue un período de gran efervescencia polí�ca, dentro del cual se concibieron las
ideas y se afianzaron las bases de las ins�tuciones que existen hasta hoy en día. Un ejemplo innegable de lo anterior es la actual Facultad
de Medicina de la Universidad Autónoma de Nuevo León, cuyos antecedentes históricos se remontan al Colegio Civil.

Pasaron más de veinte años, el �empo, fiel a su costumbre, cambió los hombres y las circunstancias, y el Congreso de
1851 creó el Consejo de Salubridad, imponiéndole la obligación de “Erigir en la capital, cuando sus fondos se lo
permitan, cátedras de los diversos ramos de las ciencias médicas.” La primera dificultad que se ofreció al Consejo fue la
falta de fondos, los que la ley había señalado eran escasísimos. Sin embargo, venciendo dificultades, logró fundar el 5
de diciembre de 1853 una cátedra de Obstetricia. Por ese �empo había ya desaparecido el an�guo Hospital de Nuestra
Señora del Rosario, por lo que la tal cátedra tuvo que darse en la casa del profesor, y que el Consejo dirigió toda su
atención a erigir un hospital, como un preliminar indispensable para la enseñanza de las ciencias médicas. El 4 de
noviembre de 1857, facultó el Congreso al Ejecu�vo para que fundara el Colegio Civil. Desde luego el Consejo pretendió
que al fundarse ese Colegio pusiera en él la Escuela de Medicina.

La Escuela de Medicina y Farmacia, originalmente una dependencia del Colegio Civil, abrió sus puertas el 30 de octubre de 1859 por
inicia�va del doctor José Eleuterio González². Sin embargo, al poco �empo de haber sido fundada, fue evidente para los direc�vos del
plantel que, en orden de que los estudiantes pudieran aprender en un campo del conocimiento tan especializado como lo es el de la
medicina, era esencial que tuvieran contacto directo con el medio mismo mientras estudiaban. Así, el 1 de mayo de 1860 fue inaugurado
el Hospital Civil, recinto que también fungió como nueva sede de la Escuela de Medicina, al contar con sus propias aulas y con una biblioteca a disposición de los alumnos³.

Esto lo consiguió, aunque no sin trabajo; y, por fin, se vio fundado el Colegio Civil el 30 de octubre de 1859 con las
Escuelas de Jurisprudencia y de Medicina agregadas a él. El Consejo de Salubridad se esforzó, por su parte, en la
construcción del hospital, y logró abrir al servicio público su primera enfermería el 2 de mayo de 1860. Aquí comenzaron
a hacer su prác�ca los primeros alumnos. Algo más de dieciocho años permaneció unida al Colegio la Escuela de
Medicina, y en este �empo ha producido, autorizados legalmente, cuarenta y tres profesores de Medicina y Cirugía y
diecinueve de Farmacia.

La siguiente transcripción corresponde a un discurso pronunciado en 1878 por el doctor José Eleuterio González, entonces director
de la Escuela de Medicina, en el cual dio cuenta a detalle de los antecedentes, las dificultades y los principales retos que enfrentaba dicha
ins�tución. Dado que el doctor González expresó aquí sus expecta�vas sobre el alumnado, el discurso puede ayudar en el presente a
reflexionar sobre cuánto se ha logrado en el área médica desde entonces. El discurso fue publicado en 1885 en el libro Colección de
discursos del doctor José Eleuterio González sobre instrucción pública, y otros opúsculos del mismo autor⁴.

La ley de 12 de diciembre de 1877 reformó el plan de estudios y mandó separar del Colegio Civil las Escuelas de
Jurisprudencia y Medicina. La Providencia, que nada hace al acaso, ha querido que venga a dar cumplimiento a esta ley,
y a fijar defini�vamente la Escuela de Medicina en este hospital, un nieto de aquel grande hombre, que el primero
intentó aclimatar en Monterrey el estudio de las ciencias naturales. Si por circunstancias de los �empos no lo
comprendieron sus contemporáneos, ni pudieron sus hijos seguir sus huellas, hoy, pasadas dos generaciones, sus
descendientes han venido a comprenderlo y se han aplicado a realizar la idea que él, con tan bellas intenciones, concibió
e intentó poner en obra.

Ana Paulina Rodríguez Medellín 1
Universidad Autónoma de Nuevo León

Informe que el director de la Escuela de Medicina de Monterrey leyó, en el Hospital Civil la tarde del día 26 de junio
de 1878, antes de la lectura de calificaciones de los alumnos examinados.
Las ideas de los grandes hombres son como aquellas semillas perfectas y bien acondicionadas, que, ocultas
profundamente en la �erra, conservan por �empo indefinido su vida y propiedades; y que, cuando el terreno que las
cubre se desmonta y rotura convenientemente, ellas, puestas al alcance benéfico del calor y de la luz, del aire y de la
humedad, germinan y nacen con tanto vigor y lozanía como las semillas nuevas. Medio siglo ha transcurrido desde que
un genio superior, un hombre ilustrado y benéfico concibió una de esas imperecederas y siempre fecundas. El ilustre C.
Joaquín García, tres veces Gobernador de Nuevo León, quiso marcar el período de su primer gobierno con una mejora
posi�va, con un beneficio insigne, quiso fundar en Monterrey una Escuela de Medicina.
Poco �empo antes el Congreso del Estado había concedido al Colegio Seminario las facultades y privilegios de
universidad, para que allí se pusieran las cátedras que se fueran fundando, y para que allí se recibieran los grados
académicos. Por eso la cátedra de Jurisprudencia, que entonces se fundó, fue puesta en el Seminario. Mas el señor
García, para realizar su pensamiento, hizo venir de México un profesor, y, aunque dependiendo del Colegio como
universidad, estableció la Escuela de Medicina en el Hospital de Nuestra Señora del Rosario, porque él sabía muy bien
que el arte de curar debe aprenderse en un si�o a propósito y este si�o no puede ser otro sino un hospital.
Tuvo este ilustre ciudadano el gusto de ver abierta una cátedra de Anatomía; pero como él era el único que pensaba en
hacer esta grande obra, y nadie le ayudaba con ella, creyendo unos que el estudio de las ciencias naturales era peligroso
porque disponía a la incredulidad y al materialismo, y pensando otros que era innecesario y dispendioso, faltaron los
fondos, el profesor dejó la cátedra, no hubo con quien sus�tuirlo, los discípulos se re�raron, y el buen ciudadano vio
desvanecerse como el humo sus esperanzas y sus ilusiones, porque ni las circunstancias de su época le ayudaron, ni los

Tenemos ya una Escuela de Medicina, convenientemente situada en un si�o propio y natural, con ocho profesores
dispuestos a dar la enseñanza de los diversos ramos de las ciencias médicas, con setenta alumnos y con suficiente
número de enfermos que observar. ¿Qué nos falta? Que los alumnos puedan, quieran, y deban aprender, que tengan la
fuerza de voluntad necesaria para entregarse al trabajo hasta morir, y que tengan la probidad y honradez indispensables
para ejercer dignamente una profesión tan espinosa como delicada, y tan noble como ú�l a la sociedad. Los que
carezcan del talento suficiente y los desaplicados, nada alcanzarán; y los que no sean hombres de bien a toda prueba,
o no serán admi�dos, o serán expulsos de este plantel de educación profesional. La Escuela de Medicina no reconocerá
por sus hijos más que a los que reúnan las tres indispensables condiciones de capacidad, aplicación y honradez.
El primer acto solemne de esta escuela en el nuevo lugar de su establecimiento ha sido el de hacer los exámenes
ordinarios en fin de año. Han sufrido la prueba sesenta y tres alumnos y de ellos han sido aprobados cincuenta y cuatro.
Los exámenes no pudieron hacerse en esta vez con todo el rigor debido, atendiendo a que, por las circunstancias
excepcionales en que nos hallamos, el año escolar quedó reducido a ocho meses; pero en lo sucesivo será de otra
manera. Encarrilada ya la escuela en la vía legal, los exámenes serán llevados al úl�mo extremo de rigor posible. Con
esto y con ser siempre intransigente con los que no tengan una moralidad buena a toda luz, esta escuela cumplirá con
el fin de su ins�tución, que es producir profesores que sean verdaderamente ú�les.

FUENTES DE INFORMACIÓN
Bibliografía
González, José Eleuterio (1885). Colección de discursos del doctor José Eleuterio González sobre instrucción pública, y otros opúsculos del mismo autor. México: Imprenta del gobierno.

1 Es estudiante de la licenciatura en Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
2 Carlos E. Medina de la Garza y Armando Hugo Ortiz Guerrero, “Tesis del siglo XIX”, p. 114.
3 “Historia” (2023), en: Facultad de Medicina UANL. [En línea, consultado el 11 de enero de 2024]. Disponible en: https://www.medicina.uanl.mx/historia/
4 José Eleuterio González, Colección de discursos del doctor José Eleuterio González, pp. 270-275.

Medina de la Garza, Carlos E. y Armando Hugo Ortiz Guerrero (2008). “Tesis del siglo XIX. Primeros egresados de la Escuela de
Medicina de Nuevo León”, en: Medicina Universitaria, vol. 10, no. 39, pp. 114-125.
Fuentes electrónicas
“Historia” (2023), en: Facultad de Medicina UANL. [En línea, consultado el 11 de enero de 2024]. Disponible en: https://www.medicina.uanl.mx/historia/

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�Créditos fotográficos
Imagen de portada: cruz labrada en uno de los muros del panteón de la hacienda San Pedro, fotogra�a de Ana Cesira Alvarado
Zapata; p. 4: Manuel María de Llano, imagen tomada de Zapata Vázquez, Dinorah (1988). El Antagonista de Manuel María de Llano.
Estudio del primer periódico civil de Nuevo León, 1831. Monterrey, México: Centro de Información de Historia Regional, Universidad
Autónoma de Nuevo León, p. 2; p. 15: �enda Sorpresa y Primavera, imagen tomada de "Sorpresa y primavera, almacén de ropa"
(1901), en: Tecnológico de Monterrey. [Consultado el 29 de febrero de 2024]. Disponible en: h�ps://repositorio.tec.mx/handle/
11285/640446; p. 16: �enda La Reinera, imagen tomada de Flores Varela, Arturo (1885). “La Reinera en la calle del Comercio, hoy
Morelos”, en: Fototeca Nuevo León. [Consultado el 29 de febrero de 2024]. Disponible en: h�ps://fototecanl.org/acervo/10165; p.
26: recipiendarios del Reconocimiento al Personaje de la Cultura Regional 2024, fotogra�a de Ana Cesira Alvarado Zapata; pp. 32 y
33: aljibes de General Zuazua, fotogra�as de Félix Alfonso Torres Gómez; p. 35: portada del libro Hacienda San Pedro de la UANL.
Historia, patrimonio y memoria, 1634-2023, editado por la Universidad Autónoma de Nuevo León; p. 37: portada del libro Diario de
un misionero del Colegio de Guadalupe por el obispado de Monterrey, 1855-1857, editado por la Universidad Autónoma de Nuevo
León; p. 38: Israel Cavazos Garza, imagen tomada de Roel. Bole�n de la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geogra�a y Estadís�ca,
año 1, no. 1, junio de 1964, p. 21; p. 39a: Israel Cavazos Garza en II Seminario de Bibliogra�a Histórica Regional llevado a cabo en la
Hacienda San Pedro en noviembre de 1999, imagen tomada del archivo fotográfico del CIHR-UANL; p. 39b: Israel Cavazos Garza
impar�endo una conferencia en la Capilla Alfonsina, imagen tomada del archivo fotográfico del CIHR-UANL; p. 40a: Francisco Javier
Alvarado Segovia, Israel Cavazos Garza, Rafael Montejano y Aguiñaga y Carlos Gonzalez Rodríguez en Hacienda San Pedro, imagen
tomada del archivo fotográfico del CIHR-UANL; pp. 40b y 41a: Israel Cavazos Garza durante los festejos por el 400 aniversario de la
fundación de Monterrey en 1996, imagen tomada del archivo fotográfico del CIHR-UANL; p. 41b: Israel Cavazos Garza impar�endo
una conferencia en la Hacienda San Pedro el 11 de diciembre de 2009, fotogra�a de Félix Torres Gómez; p. 42: nota periodís�ca
tomada de El Porvenir, 13 de diciembre de 1995, p. 4, sección cultural; p. 43: Israel Cavazos Garza impar�endo una conferencia en
el Colegio Civil, fotogra�a de Félix Torres Gómez; pp. 48 y 49: nota periodís�ca tomada de El Porvenir, 17 de abril de 1945, pp. 7 y
10; pp. 52 y 53: informe del libro Colección de discursos del doctor José Eleuterio González sobre instrucción pública y otros opúsculos del
mismo autor, reproducido de la Colección Digital UANL; p. 54: bailable en la Hacienda San Pedro, fotogra�a de Ana Cesira Alvarado Zapata.

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                <text>Cultura Regional es una revista publicada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través del Centro de Información de Historia Regional y Hacienda San Pedro. Tiene una periodicidad tetramestral, y su objetivo es poner al alcance de todos el conocimiento de la historia regional, mediante la publicación de artículos, reseñas, entrevistas y transcripciones documentales.</text>
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              <text>Cultura Regional es una revista publicada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través del Centro de Información de Historia Regional y Hacienda San Pedro. Tiene una periodicidad tetramestral, y su objetivo es poner al alcance de todos el conocimiento de la historia regional, mediante la publicación de artículos, reseñas, entrevistas y transcripciones documentales.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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