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                  <text>,' '
f(Jr·oo roe ..... Jv co, A tü.,..JJAS

COOPERACION

ORGANO DE LA ACADEMIA DE ES­
TUDIOS SOCIALES Y POLITJCOS DEL
PARTIDO COOPERATISTA NACIONAL

Tomo 1.-Núm.3
Febrero de 1923

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rCI DO !,!LA

Confederación Cooperativa del Trabajo
FOND O
RICARDO COVARRUB\AS

ONSINA \'
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AR1A
BIBLIOTECA UN1VERSIT

U. A . N . L:

CAPITULO I
Objeto y fines de la Confederación

Art. lo. La Oondeferación Cooperativa se constituye para
obtener el inmediato mejoramiento económico y moral de los
representantes del trabajo industrial y agrícola, y para procu­
rar la creación de un sistema cooperativo del trabajo, y un
mejoramiento en la industria que satisfaga las necesidades ra­
cionales de todos sus componentes.
Art. 2o. Procurará llevar al convencimiento de los traba­
jadores mexicanos la necesidad ingente de unificar los obreros
de su respectiva industria para su mejor acción social.
Art. 3o. La Confederación Cooperativa del Trabajo reco­
noce que los Arts. 123 y 127 de la Constitución Política de la
República son la base del mejoramiento de la clase obrera y
campesina, y tiene el siguiente programa de actividades para
mejorar la presente condición del Trabajo.
Art. 4o. Para conseguir estos fines, llevará a cabo el si­
guiente
PROGRAMA GENERAL
Ramo Industrial

l. Gestionará la legislación necesaria que ponga a salvo
la dignidad y bienestar del obrero y su familia mediante:

�COOPERACION

CONFEDERACION COOPERATIVA DEL TRABAJO

a) La creación de seguros obreros para acciden· �s, enfer­
medades, paros forzosos, huelgas, vejez, retiro y seguros de
vida.
b) Creación de Bancos Populares.
c) Concursos Industriales y otros, bajor los auspicios del
Estado.
d) Un servicio médico adecuado y gratuito para obreros
y sus familias, y el establecimiento de casas de maternidad y
casas para ancianos e inválidos; un servicio especial para la
inspección de los niños de los obreros y sitio de recreo para
aquéllos.
II. Favorecer la creación y subsistencia de la pequeña in­
dustria por los medios siguientes:
a) La represión prudente de la concurrencia desenfrenada
en la gran industria, que hace necesaria la reducción del sala­
rio y que engendra la explotación indigna de todas las fuerzas
vivas de los trabajadores y que oprime a la industria en peque­
ño hasta aniquilarla.
b) La organización prudencial para impedir la competen­
cia entre los del mismo oficio.
III. La protección a los ramos de la producción manual y
doméstica que no han sido absorbidos por la producción capi­
talista.
IV. La creación de cooperativas para la construcción de
casas baratas y habitaciones higiénicas para obreros.
V. Creación de cooperativas para la explotación en común
de cualquier maquinaria.
VI. Gestionar que las obras que se ejecuten por cuenta de
los poderes públicos, sean encomendadas a las cooperativas
de obreros.
VII. La creación de cooperativas obreras de venta de pro­
ductos que eliminen el comercio intermediario.
VIII. La creación del Crédito Obrero para eliminar la usu­
ra y ayudar a la pequeña industria y a las empresas coope­
rativas.
IX. Creación de Agencias de Trabajo que por medio de la

repartic1Jn equitativa de brazos evite la baja de sueldos o sa­
larios con motivo de la competencia.

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5

PROGRAMA AGRICOLA
Ramo de Agricultura

I. Evitar la formación y sostenimiento de latifundios me­
diante:
a) Una legislación que establezca sobre la renta del im­
puesto progresivo pero atenuado de modo que la progresión
crezca por categoría para evitar la confiscación.
b) Exención de impuestos de sucesión hereditaria a las
fincas de escaso valor.
c) Exención a una parte de la propiedad de toda expro­
piación coactiva destinada a pagar créditos particulares o del
fisco.
d) Exención de embargo en favor de la casa, del campo,
de las herramientas y del ganado de primera necesidad.
e) Adjudicación de bienes nacionales a cooperativas para
la explotación colectiva de las tierras.
:f) Creación y estímulo de cooperativas para la explotación
en común de las máquinas agrícolas y de la tierra.
g) Creación y estímulo de las cooperativas de producción
que se establezcan para la explotación industrial, y cooperati­
vas de los productos de una misma comarca, reduciendo el gas­
to de producción y aumentando su capacidad económica y de
crédito.
h) Creación del bien de familia.
i) Gravamen riguroso de los artículos de lujo y super­
fluidad.
II. Extinción de la deuda agrícola mediante :
a) El establecimiento de un límite legal de la deuda hi­
potecaria.
b) La creación y fomento de institutos de crédito que se
propongan en desarrollo de los intereses agrícolas.

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COOPERACION

III. La protección de la producción agrícola nacional:
a) Gravando con derechos arancelarios los productos ex­
tranjeros de competencia.
b) Reglamentando prudentemente la producción, de ma­
nera que ésta se encamine a satisfacer las necesidades del con­
sumo nacional.
c) Creación de cooperativas de consumo que adquieran a
bajo precio, artículos de primera necesidad, abonos, semillas,
implementos y maquinaria.
d) Creando cooperativas de venta que libren al labriego
de la explotación del comercio intermediario.
e) Organizando el crédito agrícola para eliminar la explo­
tación y la usma.
f) Creando y fomentando instituciones de crédito que se
propongan en desarrollo de intereses agrícolas.
g) Organizando el seguro por los Estados y el reaseguro
por la Federación contra enfermedades de las plantas, del ga­
. nado y de los animales, el granizo, las inundaciones y otros
riesgos agrícolas.
h) Creando el servicio médico gratuito para los campe­
sinos.
Ramo de Minería

Art. 5o. Gestionar :
a) La expedición de leyes que obliguen a las compañías
a poner en movimiento sus minas.
b) Procurar el desarrollo de la pequeña industria minera.
c) Crear cooperativas de obreros mineros para la explota­
ción de predios (pertenencias mineras).
d) Gestionar la exención de todo impuesto, por un período
de tiempo determinado, a las cooperativas de obreros que se
formen con el objeto de explotar y explorar predios mineros.
e) Crear compañías de seguros sobre accidentes mineros.
f) Gestionar la inmediata expedición de una ley de acci­
dentes mineros y enfermedades profesionales.

CONFEDERACION COOPERATIVA DEL TRABAJO

7

g) Exigir a las compañías o al Gobierno, un cuerpo efi­
ciente de policía que vigile las minas con toda diligencia, para
evitar las catástrofes o accidentes que frecuentemente son oca­
sionados por la falta de vigilancia de las compañías.
h) Procurar el desarrollo del sistema de pago por parti­
cipación de productos, por ser el más equitativo, y no por sala­
rios (sistema de pago injusto y cruel en el ramo minero), por
constituir este un verdadero robo a la clase trabajadora.
i) El establecimiento de oficinas ensayadoras en los luga­
res donde se implante el sistema de pago que indica el artículo
anterior, para proteger a los trabajadores.
j) Gestionar ante quien corresponda, la creación de es­
cuelas de enseñanza práctica para preparar convenientemente
el personal de gaseros empleados en las minas de carbón.
k) Exigir a las compañías que explotan minas de hulla
(carbón), que los inspectores de gas grisú, sean personas com­
petentes tituladas por la Secretaría de Industria, Comercio Y
Trabajo.
1) Crear responsabilidades a los mayordomos o mineros,
por los accidentes ocurridos en las minas, fundiciones y ha­
ciendas de beneficio.
m) Obligar a las compañías a tener un servicio completo
de hospitales para casos de accidentes.
n) Crear Agencias de Trabajo, para exigir el cumplimien­
to del contrato de trabajo a las compañías contratantes, de
parte de los trabajadores contratados que tengan que emigrar
de un lugar a otro de la República o al extranjero.
o) Cuidar por la salud de los obreros que trabajan en las
Fundiciones, gestionando ante las Compañías Fundidoras o
ante el Gobierno, para que los gases venenosos que despiden
los hornos fundidores de metales, se reconcentren en aparatos
o recipientes que eviten el envenenamiento de la atmósfera.

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COOPERACION

CAPITULO 11
Organización

Art. 60. La Confederación Cooperativa del Trabajo que­
da eonstituída por todas las federaciones y gremios obre­
ros y campesinos de la República Mexicana que se adhieran
a su programa, y serán acreedores de parte de la Confede­
ración a su apoyo moral y material, dentro de un amplio espí­
ritu de solidaridad.
Art. 7o. La Confederación Cooperativa del Trabajo es­
tará representada en la Capital de la República por un co­
mité ejecutivo electo en convención de delegaciones compues­
tas de dos personas cada una, y nombradas por cada depen­
dencia del Partido Cooperatista Nacional, establecido en el
Distrito Federal.
En los Estados estará representado por un comité de Es­
tado compuesto de diez personas nombradas por el Comité Eje­
cutivo, mientras se celebra la primera convención local, para
que en ella sea nombrado en definitiva.
Art. 80. El Comité Ejecutivo de la Comisión de Trabajo,
estará compuesto de un Secretario General, de un Secretario
del Exterior, de un Secretario del Interior, dos Pro-secretarios
y un Secretario Tesorero ; ocho comisiones de tres miembros
cada una por lo menos, y un cuerpo de delegados integrado
por los representantes de las agrupaciones dependientes de la
Confederación.
Art. 9o. Comisión Industrial:
a) Se ocupará de los problemas relativos a la industria,
a la minería, y tendrá en cuenta lo relativo a los obreros ocu­
pados por ellas; intervendrá siempre que sea oportuno o se
le pida, en los conflictos que se susciten entre obreros y patro­
nos, y tendrá autorización para nombrar comisiones auxiliares
de peticiones, de huelgas y de paros.
b) Se encargará de formar una estadística general de to­
dos los movimientos sociales de la Confederación.

CONFEDERACION COOPERATIVA DEL TRABAJO

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c) Someterá a la consideración de la Confederación Co­
operativa, todo lo que crea prudente para el mejor desarrollo
del programa social que se ha trazado en toda la República.
Art. 10. Comisión Agrícola. Se ocupará de los problemas
relativo_s a la agricultura, favorecerá la organización de aso­
ciaciones gremiales agrícolas. Intervendrá cuando sea pru­
dente o se le solicite en las cuestiones entre propietarios y
arendadores del campo, recabando informes de las agrupacio­
nes confederadas e inspirará a la Confederación las medidas
y gestiones procedentes para el desarrollo del programa ge­
neral.
Art. 11. Comisión de Educación:
a) Informará al Comité Ejecutivo de la necesidad de ins­
talar escuelas elementales en los centros fabriles o industriales
que sean necesarias.
b) Estará informada de los programas de trabajo de las
escuelas industriales y agrícolas, y propondrá a la Confedera­
ción las reformas que deban sugerirse al poder público.
c) Coadyuvará activamente a la disminución del analfa­
betismo, procurando el aumento de centros de educación y or­
ganizando actos públicos y solemnes para premiar a los que se
hayan distinguido en la campaña contra el mismo.
d) Procurará hacer que los hijos de los obreros concurran
a las escuelas obligando para ello, si es necesario, a los padres.
Art. 12. Comisión de Hacienda:
a) Propondrá a la Confederación y a los comités de Es­
tado, por conducto del Comité Ejecutivo, los medios más ade­
cuados para que puedan allegarse los fondos necesarios para
la propaganda y desarrollo del programa social.
b) Llevará un verdadero estudio hacendario de cada una
de las dependencias de la Confederación Cooperativa del Tra­
bajo, Y formará un cuadro general sinóptico de ingresos y
egresos, cuadro que también deberán llevar cada una de las
agrupaciones que pertenezcan a la Confederación.
c) Tendrá a su cargo la inspección de las Tesorerías de las
distintas dependencias de la Confederación y de la Confede­
ración misma.

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COOPERACION

d) Estará obligada a recabar informes del estado econó­
mico de las agrupaciones dependientes de la Confederación
y de las cooperativas y demás asociaciones por ella patroci­
nadas.
Art. 13. Propaganda y prensa:
a) Estará encargada de la fundación de agrupaciones que
dependan de la Confederación, y de que éstas desarrollen en
su jurisdicción el programa que ya se ha trazado.
b) Por todos los medios convenientes hará del conocimien­
to de los gremios de trabajadores y del público en general, las
actividades de la Confederáción en beneficio de la clase obrera.
c) Procurará, de acuerdo con la comisión de Hda., el sos­
tenimiento del órgano de la misma Confederación.
d) Tendrá a su cargo las publicaciones que haga la Con­
federación.
e) Procurará que las iniciativas de las agrupaciones con­
federadas, aprobadas por la Confederación y por el Comité
Ejecutivo, sean puestas en práctica.
Art. 14. Comisión Legislativa:
a) Formulará los proyectos de ley que crea necesarios pa­
ra que faciliten el afianzamiento y funciones de los sindicatos,
uniones de trabajadores o de campesinos y todos los proyectos
de ley de que habla esta organización.
b) _Estará informada de las leyes nacionales y extranjeras
que interesen a las clases trabajadoras.
c) Informará por escrito o verbalmente a las agrupaciones
de obreros o de campesinos que soliciten su ayuda sobre la
aplicación de las bases de la Confederación y aquellos puntos
de carácter jurídico que se susciten.
d) Dictaminará sobre los programas o reformas en gene­
ral que sometieren a juicio de las comisiones de trabajo los
particulares o algunos de sus miembros.
Art. 15. Comisión de Justicia. Los miembros de esta comi•
sión serán los representantes jurídicos de la Comisión de Tra­
bajo en cualquier dificultad que se suscite en ella por conflictos
obreros o de cualquiera índole. Conocerá todas las cuestiones
que surjan entre los miembros de las agrupaciones confede,

CONFEDERACION COOPERATIVA DEL TRABAJO

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radas. En el caso del inciso anterior, resolverá en definitiva,
y en el segundo, rendirá un dictamen que será sometido al Co­
mité Ejecutivo para su resolución.
Art. 16. Cooperativas. Esta comisión estudiará cuanto se
relacione con el establecimiento de las asociaciones coopera­
tivas que la Confederación recomienda como medio de alcan­
zar el mejoramiento de los trabajadores y una paz durable
entre los distintos componentes sociales. Ayudará al estable­
cimiento de cooperativas en la República, y de acuerdo con las
comisiones de Legislación y de Hacienda, adoptará los regla­
mentos y constitución de las distintas clases de Cooperativas
propuestas.
Art. 17. Los miembros que deben integrar cada comisión,
serán designados en la Asamblea general en que se haga el per­
sonal directivo de la Confederación. En cada comisión habrá
los suplentes necesarios para cubrir la falta de los propietariÓs.
Art. 18. El personal del Comité Ejecutivo de la Confedera­
ción, será nombrado en Asamblea general en el que estén re­
presentados todos los Estados y sus dependencias, constituyen­
do una gran Convención Cooperativa del Trabajo, cuyas bases
serán formadas por el Comité Ejecutivo. Los comités de los
Estados serán electos en convenciones locales que se celebren
en cada uno de los Estados de la República.
Art. 19. Cuando faltare un miembro del Comité EJ. ecutivo
'
,
este será nombrado por la dependencia más antigua de la Confederación establecida en el Distrito Federal o en el Estado
'
excepto los delegados propagandistas que serán nombrados
por las dependencias que representen en el Comité.
Art. 20. Si diez y seis días después de que tenga conoci­
.
miento alguna dependencia de la Confederación o de un Co­
mité de Estado, de la falta de su representante no fuere nom­
brado por ella, el Comité Ejecutivo o de Estado quedará
facul­
tado para hacer dicho nombramiento, dando a conoce
r a ésta
el nombre de la persona que deberá representarla.
Art. 21. Las dependencias de la Confederación Coope
ra­
.
tiva del Trabajo, podrán remover a sus representan
tes cuando

�CONFEDERACION COOPERATIVA DEL TRABAJO

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COOPERACION

es a juic io de ellas
lo juzguen necesario o por causas grav
mismas.
la Confederación
Art. 22. Cuando alguna dependencia de
oficio expondrá
por
,
del Trabajo pretenda segregarse ele ella
días después
diez
sus motivos a la Comisión de Justicia, la que
ivo con todos los infor­
rendirá un dictamen al Comité Eje cut
ue a Junta General,
mes necesarios a fin de que éste convoq
asistir con voz, todo s
para su resolución ; a esta junta podrán
ncia de que se trate.
los miem bros que lo dese en, de la depende
re la peti ción de los
.Art. 23. Si después de deliberar sob
de Justicia, se viniere
interesados y el informe de la ·comisión
nos miembros de dicha
al convencimiento de que alguno o algu
la Confederación o Co­
entidad provocaron una escición con
unicando este acuerdo a
mit é, se acordará su separación, com
ración, para que no sean
todas las dependencias de la Confede
admitidos en ninguna de ellas.
ederados formaArt. 24. Las agrupaciones o gremios conf
riores, sujetándose en
rán cada uno de sus Reglamentos inte
raci ón ; serán indepen­
todo a las bases generales de la Confede
interior, pero acatarán
dientes en su régimen administrativo
re a organización.
al Comité Eje cutivo en lo que se refie
á crear en cada
Art. 25. El Comité Eje cutivo procurar
obreros ancianos
los
a
Estado un fondo especial para jubilar
distinción por sus servi­
que se hayan hech o acreedores a esta
humanidad, o a los hijo s
cios prestados a la causa obrera o a la
a estimación.
de éstos cuando sean acreedores a dich
CAPITULO III
Deberes del Comité

Art. 26. El Secretario General representa la personalidad
de la Confederación, firmará todos los documentos que la mis­
ma expida y citará a las sesiones ; periódicamente celebrará
juntas económicas con todo el Comité, para tratar asuntos ad­
ministrativos o de interés general.

13

Art. 27. Autorizará juntamente con el Secretario o quien
coresponda,_ e� pag? de los recibos, con el '' visto bueno ' ' para
gas�os admm1strativos, y sólo tratándose de gastos extraordi­
nanos, la Asamblea que los acordare le autorizará a firmarlos.
Art. 28. D ará cuenta, en sesión, de todos los asuntos que
_ _
se hayan recibido en la Secretaría.
Art. 29. Contestará las comunicaciones y, en general, todos
lo� documentos que sean dirigidos a la Federación O a algún
miembro de ella, relacionados con la Secretaría a su caro-o
después de dar cuenta de ellos en Asamblea y de que ésta ;e:
suelva lo que se deba hacer sobre el particular.
Art. 30. El Secretario del Interior será el encargado de
llevar la correspondencia relacionada con los asuntos de la Se­
_
cret�na a su cargo. Llevará un libro de inscripción en el que
h ar � constar el nombre y domicilio de cada socio ; el estable­
_
cimiento e � que presta sus servicios, su razón social y ub,ica­
c10n del mismo ; el empleo que desempeña ; la fecha de su in­
greso ªl seno d� la Federación y su número de orden, el que
_,
tambien figurara en su credencial.
Art. 31. Firmará, con el Presidente, los documentos que
le correspondan.
-1:'--rt. 32. Cuidará de todos los documentos que forman el
Archivo de la Federación, el cual queda bajo su estricta res­
ponsabilidad.
�t. 33. El Secretario del Exterior llevará la correspon­
dencia d� los asuntos relacionados con la Secretaría de su car­
go, substituyendo al Secretario del Interior en sus faltas tem­
porales o absolutas, si en junta general no se nombra a otro
compañero que lo supla.
Art. 34._ Llevará un libro de registro de los socios corres­
po�sales? en el que consten sus nombres, domicilio, lugar de
· ·
residencia , nombre d e1 est abl ecimiento
en que presten sus ser. .
vic}os, razón social y ubicación del mismo, empleo que desem­
,
penen, n?mero de inscripción y focha de ésta. Firmará con el
Secretar10 General los documentos que le correspondan.
Art. _ 35. Los Prosecretarios ayudarán en sus labores a los
Secretar10s, Y los substituirán en sus faltas temporales.

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COOPERACION

, baj o su estricta
Art. 36. El Secretario Tesorero vigilará
los fondos de la Federa­
responsabilidad, el aseguramiento de
poder, hasta la cantida.d
ción ' conservando únicamente en su
nte en la casa bancaria
de treinta pesos, depositando el excede
de los miembros de esta
o comercial que acuerde la mayoría
Federación.
esta Agrupación deba
Art. 37. Recibirá las cantidades que
causa, expidiendo los repercibir por cuotas 'O cualquiera otra
cibos correspondientes.
federación, siempre
Art. 38. Pagará las cuentas de la Con
por los secretarios a quieque estén debidamente autorizadas
nes corresponda.
esos y egresos de
Art. 39. Llevará las cuentas de los ingr
documentos relacionados
la Confederación, así com o todos los
con la Tesorería.
Comité Ejecutivo
At't. 40. Pondrá en conocimiento del
as, así como también
cuando algún socio deje de pagar sus cuot
'Observen los demás en
llevará una nota de la puntualidad que
sus pag os.
la prim era AsamArt . 41. Presentará un Cort e de Caja en
cobros de fin de
los
o
blea que se efectúe después de haber hech
en su caso.
mes, para su discusión y aprobación,
CAPITULO IV
De las asambleas generales

, se celebrará Asam­
Art. 42. Por lo menos una vez al año
ción de los miembros del
blea General, en la que se haga la elec
ectivas. Para ello, y
Comité y las Comisiones auxiliares resp
convocatoria correspon­
con la debida oportunidad, se hará la
ederadas nombren a sus
diente, para que las agrupaciones conf
Delegados.
la Confederación seArt. 43. Las sesiones o asambleas de
se designará por
que
tes
deba
rán dirigidas por un director de
mayoría al principio de las mismas.

Ley de pensiones al profesorado
Formulado por la Ac:ademia de Estudios Políticos y So­
.
c1ale� del Par�ido Cooperatista Nacional, y subscripto por las
_
Conus1ones umdas 3a. de Educación Pública y la. de Hacienda,
fue presentado a la Cámara Popular el siguiente proyecto de
Ley de Pensiones al Profesorado. El dictamen total está con­
cebid'O en los siguientes términos :
" Comisiones unidas 3a. de Educación Pública y la. de Ha­
.
cienda.
H. Asamblea :
A �as Comisiones unidas 3a. de Educación Pública y la.
de Hacienda, se turnó, para su estudio, el proyecto de ley pre­
sentado por la Academia de Estudios Sociales, anexa al Par­
tido Cooperatista Nacional. Estas comisiones hicieron un es­
tudio detenido del proyecto mencionado, y desde luego toma­
ron en consideración :
I. La labor importante y trascendental que desarrollan los
maestros en nuestra República como verdaderos creadores del
carácter de la niñez, que seguramente vendrá a formar parte
del cuerpo de ciudadanos en cuyas manos tendrá que decidirse
el interés nacional ;
II. La penuria del presupuesto en lo que a pago de sueldos
de profesores se refiere y a la situación precaria, casi misera­
ble en que estos benefactores de la humanidad quedan después
de una labor de constantes desvelos, de constantes sacrificios
que no son retribuídos sino mezquinamente, obligándolos �

�16

COOPERACION

llevar una vida casi de parias, no 'Obstante la verdad indudable
de la bondad de los servicios que prestan, Y
.
.,
III. La necesidad nacional urgente de elevar la sit�aci�n
económic a de los maestros para obtener una mayor . eficiencia
y un estímulo bastante en el desempeño _de s� funciones.
Sería ocioso repetir todas las consideraciones de orden
moral social y justiciero que son base del proyecto de ley s�­
metid� a nuestro estudio ; pues también la Asamblea aprecia
la labor del profesorado y la gratitud que individualmente
cada uno de sus miembros siente para el maestro, por su noble
misión educadora.
Las c'Omision es tuvieron a la vista también algunos antecedentes relativos a pensiones decretadas y aceptadas en algu­
nas legislaturas locales, y solame nte ha creído ? P �rtuno refor­
mar los artículos 60. y 7o. del proyecto, en la siguiente forma :
, ' Artículo 6o. Si el pensionista 'Optare por desempeñar un
cargo O comisión oficial por el que disfrute sueldo, se le sus­
penderá la pensión por todo el tiempo �ue permanezca en el
encargo O comisión de que se trate, debie ndo tomarse en con­
_
sideración el nueV'O tiempo de servicios y el sueldo que dis­
frutare, para reconsiderar el monto de la j �b ilación, con ar:e­
_
glo a esta ley, siempre que e n el nuevo serv1c10 lo pr; ste_ el Ju­
bilado en el mismo ramo, cuando menos por el termmo de
un año.
' ' Artículo 7 o. Si un maestro jubilado falleciere antes de
los diez años de estar percibie ndo su pe nsión, ésta seguirá
abonándose
" a) A la viuda mientras no cambie de estado.
" b ) A falta ele ella, a los padres del pensionista cuando
los haya.
" c) A los hijos menores cuando falten las personas enumeradas en las fracciones anteri'Ores. ' '
En todo lo demás contenido en la ley, las comisiones han
aceptado en lo absoluto las consideraciones que sirven de proe­
mio al proyecto de ley presentado, pues ellas se col'Ocan en el
verdadero punto de vista de la necesidad que va a llenar la
ley y no tienen ninguna otra razón más que exponer, porque

LEY DE PENSIONES AL PROFESORADO

11

en la mencionada exposición con toda claridad se expresan,
C"Omo ya se dice antes, las razones de justicia y la necesidad
social existentes que motivan el proyecto que hemos estudiado.
Por las razones anteriores, solicitamos de vuestra Sobera­
nía que se sirva aprobar el proyecto de ley que sometemos a
vuestra consideración.

PROYECTO DE LEY
Artículo lo. Las personas que hayan hecho del magisterio
su ocupación habitual, desempeñando cargos docentes en
las
escue las oficiales o presta ndo servic ios de carácter técnic o
en
las oficinas del ramo de Educación Públi ca, tienen derec
ho a
ser jubiladas en la forma que a continuación se expresa,
en el
concepto de qua para fijar el mo nt'O de su jubilación
se tomará
como base la suma de sueldos que hayan disfrutado
por lo me­
nos durante un año, eligiéndose para el efecto la época
en que
hubiesen gozado de mayor remuneración.
I. Con el sueldo íntegro :
a ) Cuando justifiquen treinta años de servicios, aun
cuan­
do no sean contínuos y soliciten retirarse.
b) Cuando queden inutilizados por causa de enfer
medad
no contraída por vicio alguno, o p'Or accidente ocurr
ido duran­
te el servicio, y justifiquen, además, veinte años de
labor ;
II. Con dos terceras partes del sueldo :
a) Cuando justi fiquen veinticinco años de servicios
y so­
licit en retirarse.
b ) Cuando queden incapacitados por causa de
enferme­
dad, no contraída por vicio o por accidente
ocurrido durante
el serv icio y justifiquen quin ce año s de
labor.
c) Cuando teniendo más de sesenta años
de edad, justifi­
quen veinte años de servicios ;
III. Con la mitad del sueld'O :
a ) Cuando justifiquen veinte años de serv
icios y soliciten
retirarse.
2

�19

COOPERACION

LEY DE PENSIONES AL PROFESORADO

b) Cuando queden inutilizados por causa de enfermedad
que no sea consecuencia de algún vicio, o por accidente ocu­
rrido durante el servicio, y justifiquen diez años de labor, Y
IV. Los maestros no comprendidos en las reglas anterio­
res en quienes se descubra alguna enfermedad contagiosa o
crónica que no provenga de algún vicio y que constituya un
peligro para los educandos, así como aquellos que quedaren
inutilizados por acidente ocurrido en el trabajo, o por lo avan­
zado de su edad, serán retirados del servicio, asignándoles una
pensión profesional al tiempo y calidad del mismo.
Artículo 2o. Para los efectos de la jubilación, se tendrán
en cuenta las prescripciones siguientes, en lo relativo al cómpu­
to del tiempo :
a ) En cualquiera de los casos señalados en las fracciones
L II y III, del artículo anterior, se exigirá que cuando menos
cinco años de sus servicios correspondan a establecimientos
federales de educación.
b) Tratándose de maestros normalistas, se computarán,
0omo tiempo de servicios, los tres últimos años de sus estudios
profesionales.
c) Los catedráticos y profesores de materias especiales,
serán considerados dentro de las prescripciones del artículo
lo., fracciones I, II y III, sólo en el caso de que justifiquen ha­
berse consagrado a la enseñanza, como ocupación habitual.
Artículo 3o. Para el otorgamiento de las jubilaciones, los
interesados ocurrirán con los documentos que acrediten sus
servicios a la Secretaría de Educación Pública. Una comisión
permanente nombrada al efecto, estudiará el expediente y ren­
dirá el dictamen relativo, a fin de que la superioridad resuelva
lo procedente.
Artículo 4o. No habrá dei·echo a jubilación :
I. Cuando por informes fidedignos de épocas diversas, o
por constancias desfavorables en las hojas de servicios, se pue­
da Psiahlecer que la labor de los interesados no fue suficiente­
mente meritoria ni su conducta honorable ;
II. Cuando los interesados hayan sido destituídos e11. sus
funciones por sentencia judicial que haya causado ejecutoria

o por resolución administrativa debidamente fundada que in­
habilite para el servicio, y
III. Cuando el interesado incurra en falsedad en los infor­
mes y comprobantes que presente para j ustificar sus servicios.
Artículo 5o. Es incompatible con la jubilación el desem­
peño de cuelquier empleo, cargo o comisión oficial por el cual
se disfrute sueldo. En consecuencia, la persona a quien se
·otorgue una jubilación, no podrá aceptar ningún cargo o co­
misión por el cual disfrute sueldo, ya sea por la Federación,
de los Estados o de los municipios, salvo el caso de que opte
por este último.
Artículo 60. Si el pensionista optare por desempeñar un
cargo o comisión oficial por el que disfrute sueldo, se le sus­
penderá la pensión por todo el tiempo que permanezca en el
cargo o comisión de que se trate, debiendo tomarse en consi­
deración el nuevo tiempo de servicios y el sueldo que disfru­
tare para reconsiderar el monto de la jubilación, con arreglo
a esta ley, siempre que el nuevo servicio lo preste el jubilado
en el mismo ramo, cuando menos por el término de un año.
Artículo 7o. Si un maestro jubilado falleciere antes de los
diez años de estar percibiendo su pensi6n, ésta seguirá abo­
nándose :
a) A la viuda mientras no cambie de estado.
b ) A falta de ella, a los padres del pensionista, cuando
los haya.
c) A los hijos menores cuando falten las personas enume­
radas en las fracciones anteriores.
Artículo 80. Si el maestro fallecido no hubiere sido jubi­
lado aún, pero si estuviere comprendido en las prescripciones
de esta Jey, la pensión correspondiente se otorgará a las per­
sonas comprendidas en los incisos cuntenidos en el artículo
7o. a petición de parte y en el orden establecido.
Artículo 9o. Las pensiones otorgadas por servicios en el
ramo de Educación Pública, no estarán sujetas a embargo ni
podrán ser gravadas por ninguna clase de impuestos o con­
tribuciones .
Artículo 10. Las pensiones se perderán :

18

,.

�ze

COOPERACION

I. Por no comunicar a la Tesorería General de la Federa ­
ción' dentro de los treinta días de aceptar un empleo, cargo
o comisión oficial remunerados, que se opta por este último ;
II. Por condena judicial motivada por delitos infamantes
que ameriten cuando menos una pena de arresto mayor, Y
III. Por perder el agraciado la nacionalidad mexicana.
Artículo 11. Las pensiones otorgadas por servicios pres­
tados en el ramo de Educación Pública, sólo se extinguirán por
la muerte del agraciado, salvo el caso previsto en el artículo
7o. de esta ley.
Artículo 12. Toda jubila-ción sólo podrá hacerse efectiva
a partir de la fecha en que sea resuelta favorablemente por
la autoridad a quien corresponda.
Sala de Comisiones de la Cámara de Diputados del Con­
greso de la Unión.-México, a 5 de diciembre de 1922.-M.
Chávez M.-F. González Guerrero.-Romeo Ortega.--Pedro
Suárez.-Juan Quiroga.

I'

Nuestras exposiciones comerciales
en el extranjero
Como un medio de propaganda para
dar a conocer en el extranjero los re­
cursos naturales conque contamos, y
el progreso que ha alcanzado la indus­
tria nacional, nuestro Gobierno ha esta­
blecido museos y exposiciones comer­
ciales permanentes en algunas partes
de Europa y América. La Secretaría de
Industria y Comercio nos proporcionó
los datos que hoy aparecen en esta
Revista.

Durante la guerra mundial, México exportó y vendió a
muy buenos precios cuanto producía su suelo, y era remitido
al extranjero. Hubo fábricas que trabajaron en toda su capa­
cidad de día y de noche para surtir a los beligerantes de diver­
sas manufacturas y particularmente hilados y tejidos de al­
godón. Y se dió el caso de que escasearan y llegaran a faltar
totalmente en la República varios artículos de primera nece­
sidad por la enorme extracción que se hacía de ellos.
El REAJUSTE UNIVERSAL.-Al restablecimiento de la
Jiaz comenzó a derrumbarse tal estado de cosas y fueron acu­
mulándose en los almacenes. o pudriéndose en los campos nues­
tros productos, por falta de demanda.
Esta situación exigía imperiosamente una campaña enér­
gica de propaganda, tanto más necesaria y urgente, cuanto
que la desorganización de los mercados exteriores exigía re­
anudar o conquistar muchos de ellos que a la sazón se encon-

�23

COOPERACION

NUESTRAS EXPOSICIONES COME RCIALES

traban sin sus antiguas conexiones y enteramente desorien­
tados.
Una vez extinguida, pues, la lucha armada, México no
podía retirarse de la lucha mercantil, como pudo substraer­
se a la primera, y hubo de pensarse en los medios más eficaces
para entrar en la ruda competencia que emprendieron entre
sí todos los países de la tierra.
MUSEOS COMERCIALES Y EXHIBICIONES TEMPO­
RARIAS.-Entre esos medios seguramente se encontraba la
fundación de Museof:s Comerciales permanentes en las más
importantes ciudades extranjeras y exhibiciones temporarias
en los certámenes o ferias que es efectuaban en muchas gran­
des ciudades de Europa y de los Estados Unidos y Canadá.
Enviáronse, por consecuencia, importantes contingentes y
comisiones a dichas ferias, mereciendo mencionarse entre ellas
las de Dallas, El Paso, Milán, etcétera, y por otra parte, insti.
tuídas con el mismo objeto de propaganda, las Agencias Co­
merciales mexicanas, se instaló en algunas de ellas una exhi­
bición de nuestros productos naturales y manufacturados.
LA APATIA DE NUESTROS PRODUCTORES.-Como
sucede siempre en estos casos, esa presentación de nuestros
recursos fue al principio dispendiosa, por la circunstancia de
que los industriales y agricultores, perdida la costumbre
de asistir a las exhibiciones, se abstenían de- concurrir a ellas
y hubo necesidad de adquirir por compra la mayoría de los ob­
jetos expuestos.
EXHIBICIONES EN LAS AGENCIAS UOMERCIALES.
-En la Feria de Milán, presentóse por primera vez un contin­
gente valiosísimo que causó admiración y atrajo una buena
corriente de negocios, en vista de lo cual se acordó transladarlo
a Berlín, para la exposición permanente de la Agencia Comer­
cial, y allí, aumentado\ constantemente, se encuentra exhibido
en un magnífico edificio de cinco pisos, donde con frecuencia
se dan conferencias, recepciones de hombres de negocios, etcé­
tera. Parece innecesario indicar la gran utilidad que esta ins­
titución ha demostrado para el desarrollo de nuestros negocios
con Alemania y en vista de tan franco éxito, se han multipli-

cado hasta donde es posible dichas exhibiciones, tanto en las
agencias comerciales como en algunos de nuestros más impor­
tantes Consulados, sin perjuicio de mandar muestrarios espe­
ciales de determinados productos a algunas de esas oficinas,
en las que la escasez de recursos no ha permitido crear un
Museo en forma.
Así, por ejemplo, a varios puntos de los Estados Unidos,
en donde se reunen millares de turistas, se han remitido ar­
tículos de cerámica, zarapes y curiosidades, comercio que se
ha acrecentado en los últimos tiempos de una manera extraor ..
&lt;linaria.
A otras regiones de Norteamérica se han enviado con fre­
cuencia sombreros y artefactos de palma, cuyo consumo eR
también ya de cierta importancia en la nación vecina.
A Barcelona se han despachado envíos de fibras para los
experimentos que están haciéndose a fin de aplicarlas a la fa­
bricación de alpargatas y otras manufacturas españolas.
Al Consulado de Nuremberg, Alemania, se le ha provisto
de variados especímenes de cedros, así como de grafito de So­
nora, ya que allí es el centro mundial de la fabricación del
lápiz ; y de este modo se ha ido procurando surtir a nuestras
oficinas en el exterior con los muestrarios que se han .iuzgado
más adecuados a las nece1::idades de su jurisdicción, cuando
no ha sido posible instalar ml Museo completo.
LAS FERIAS INTERNACIONALES.-A llenar esa defi­
ciencia están llamadas las ferias internacionales que tanto se
han popularizado últimamente en Europa como en América, y
algunas de las cuales constituyen verdaderas ferias universa­
les, en que se reunen cientos de millares de hombres de nego­
cios del mundo entero y realizan operaciones por centenares
de millones, mereciendo citarse entre ellas las de Leipzig.
Alemania ; Lyon, Francia ; Bruselas, Bélgica ; Barcelona, Es ,
paña, Y Praga, Bohemia ; en Europa. En los Estados Unidos,
aunque menos universales, las de Chicago, Milwaukee, Dalla::;
Y San Antonio, y en el Canadá la de Toronto, que cuenta ya
con grandiosos edificios permanentes, y que como exposición
anual, es sin duda la mejor del Continente.

22

�COOPERACION

NUESTRAS EXPOSICIONES COMERCIALES

SISTEMA ECONOMICO.-En vista de la multiplicidad de
estas celebraciones, la Secretaría de Industria, Comercio y
Trabajo, ante la conveniencia de asistir a ellas y la necesidad,
sin embargo, de economizar en su costo, ha acordado metodi­
zar la organización de nuestros contingentes, .formando uno
lo más completo posible, para Europa y otro para América,
e instalarlos en vitirinas desmontables, para movilizarlos con­
forme sea necesario, bajo el cuidado de los agentes comercia­
les en el extranjero o de algunos cónsules,
con lo cual también
•
se ahorra el fuerte desembolso de enviar delegados especiales,
y en cambio se adquiere personal muy experimentado y lleno
de datos tan indispensables para ilustrar al público respecto
de nuestra producción de cada artículo. Asimismo, se van per­
feccionando y sompletando cada día esos contingentes de ma­
nera que en uno o dos años, la información que puedan sumi­
nistrar ha de ser de un valor inapreciable.
CONSPIRANDO CONTRA SUS PROPIOS INTERESES.
-Todo esto, no obstante la renuencia o apatía de los produc­
tores que, como se dice antes, obstinadamente se niegan a ofre­
cer su concurso para el mayor lucimiento de nuestras exhibi­
ciones, y cuando acceden a remitir muestras, las envían en cor­
ta cantidad o en ejemplares de última clase que no dan una
idea completa de la industria o cultivo correspondientes, por
lo eual se tienen que comprar muchas veces los objetos que van
a exponerse. Además de esto, generalmente adolecen de in­
exactitud los datos rendidos por las empresas acerca de su
producción, y como esa inexactitud consiste en reducir el mon­
to de tal producción, se pierden muchas oportunidades favo­
rables de hacer grandes negocios, pues el extra!l.jero general­
mente desdeña los pequeños.
A costa de muchos esfuerzos por parte de los agentes de
la Secretaría y de algunos sacrificios pecuniarios, se va subsa­
nando esta anomalía, y es de esperar que, con el tiempo y la
experiencia, desaparezca al :fin.
LAS EXPOSICIONES UNIVERSALES.-La magnitud
de algunos grandes certámenes internacionales, como el de
París, de 1900, el de St. Louis Mo., en 1906 y el actual de Río

.J aneiro, obligan naturalme�te a México, como a los demás
países, a hacer fuertes desembolsos para presentarse bajo to­
dos sus aspectos y no solamente bajo la faz comercial.
En esas exposiciones, cada Gobierno erige un pabellón
especial, principalmente para recepciones y ceremonias oficia­
les, ya que el contingente es distribuído en los edificios gene­
rales que levanta la empresa.. Aprovéchase, repetimos, esta
opo�tunidad, para dar a conocer a los Estados, tanto comer cial, agrícola e industrialmente, como política y socialmente,
presentando exhibiciones de economía social, educación, etcé­
tera, y cabe a este respecto mencionar las interesantísimas ex
hibiciones que hizo por primera vez el Museo Social de París,
en St. Louis Mo., sobre las cuestiones de trabajo, apenas esbo ­
zadas en 1900, en la exposición de la capital francesa.

24

25

La exposición del Brasil
La esplendidez y buena voluntad con quo el Gobierno Brasilero
t'ontribuyó al mayor lucimiento de las fiestas del Centenario de la Con ­
sumación de la Independencia de México y la importancia política y
comercial de la gran República del Sur, habrían obligado a nuestro Go­
bierno, si no existiesen poderosas razones de estrecha ami'stad, a · asistir
a su vez con todo el esplendor posible a las fiestas análogas de la nación
hermana.
Así que, aceptada desde luego su invitación, se abrió un concurso
para la creación de un edificio en quo hacer nuestra exhibición, y fue
aquél construído por ingenieros mexicanos y con materiales mexicanos.
Es un primoroso palacio de arquitectura colonial en que lucen los már­
moles, puertas y sillerías preciosamente tallados por obreros aborígenes,
así como cerámica�, mosaicos y vidrieras emplomadas, todo fabricado
en México.
Pueron designados el licenciado José Vasconcelos, ministro de Edu­
c·ación Pública, como embajador especial, el ingeniero J. Vásquez Schia­
ffiino, oficial mayor de la Secretaría de Industria, Comercio y Trabajo,
&lt;:orno delegado general en la Exposición Internacional, y el general Pé­
rez Treviño, jefe del Estado Mayor del Presidente, como Comandante
de la Misión Militar, compuesta de una Compañía de Cadetes del Colegio
Militar, otra de Aspirantes de Marina, y una banda de música. Envióse,
igu almente, una orquesta típica y varios delegados de las Secretarías de

�26

COOPERACION

NUESTRAS EXPOSICIONES COMERCIALES

Estado y de las instituciones científicas, par:i representar a la República
en los congresos que debían celebrarse, y a la vez 1lar a conocer en con­
farencias públicas a nuestro país. Todos estos mensajeros de nuestro
afecto y nuestra cultura, obtuvieron la mejor acogida.

,·.urtidas, calzado, collares para mula y para perro ; atalaje completo llt&gt;
artillería ; artículos ele cuero cincelado o bordados de oro y plata.
Primorosas colecciones de fotografías, expuestas por el Gobierno
o por loa talleres más reputados : litografía y grabado ; tricromías, nai­
pes, rollos para pianola; piezas de música mexicana ; papeles, papel ¡Jara
l'igarros ; libros y periódicos.
Vidriería, vidrios emplomados ; caricaturas de barro ; cerámica de
Guadalajara, Cuernavaca y Oaxaca; loza de Talavera; cerámica con mo­
tivos aztecas y mayas.
Petróleo y sus derivados (magníficas exhibiciones de las principales
c•ompañíaa) ; aceites do coco y cacahuate ; jabón, cera de candelilla; ce­
rillos ; cirios y velas ele cera ; especialidades farmacéuticas; numerosos
perfumes y jabones de tocador.
Llantas y artefactos de hule ; telas impermeables.
Chocolates y dulees ; azúcares; piloncillo ; harinas ; pastas a limen·
ticias y galletas; conservas ; vinos y licores ; chicle elaborado ; cerveza ;
aguas gaseosas ; aguas minerales; aguardientes.
Gran variedad de fibras y artículos manufacturados con ellas ; tela�
lle algodón, lino y lanas ; hilos o hilazas ; zarapes; telas y rebozos rle
seda ; artefae.tos de eerda.
Fierro estructural y de vía; fierro cori-ugado, escuadra, etcétera ; co­
ll'cciones de minerales ; carbón de piedra.
Muestras nurnerosísimas de tabaco en rama y labrado.
Bastones, molinillos, molduras, palillos ele dientes y otra multiturl
de artefactos do madera. Muebles de lujo y eorrientes.
Exhibición l'ompleta de los trabajos que �e ejecutan en los talleres
militares.
Hay que manifestar que la gran mayoría de las exhibiciones, fuerou
ofrecidas por los mismos productores, cuyo número asciende a 362. El
Gobierno gastó relativamente poco en la adquisición de muestras.
Hay que tener en cuenta que en un certamen universal, como el de
que se trata, reúnense gentes de todos los países, y l o que os muy impor­
tante, hombreil ele negocios de todo el mundo. Así se explica que rnan­
dínamos, por ejemplo, café y caucho, al núcleo de su producción como lo
es aquella República, pues donde han de congregarse los negociantes
en tales materias, es precisamente donde importa mostrar nuestros pro­
rluctos de esa clase, lo mismo que todos aquellos que puedan interesar
a Europa y a los Estados Unidos, aunque no al Brasil. Esto, aparte de
la consideración muy atendible de que el conjunto ha de dar idea de la
variedad y magnitud de nuestras riquezas naturales y nuestro adelnnto
industrial, económico y social.
De la anterior especificación de nuestro concurso para las ferias y
Exposiciones en el extranjero, se desprende In. gran suma de estudio,
trabajo y escollos quo para ello se requieren, y que ha sido necesario
reali,:ar o vencer hasta determinar un sistema económico y eficiente de

Un espléndido contingente
Por lo que respecta al contingente material para la Exposición, pue­
de asegurarse que hacía muchos años no se reunía una colección tan
vasta y seleccionada, de la producción nacional, en todos los órdenes :
intelectual, agrícola, minero e in.dustrial.
HQ aquí, �demás de las vastas colecciones de materias primas que
110 se especifican por ser ya bastante. eonocidas, una síntesis do dicho
contingente :
Hermosa coleceión de ónixes de Jimulco ; grandes y pequeñas pieza�
de hierro y acero elaboradas en la Fundición de Monterrey ; ladrillos de
multitud de clases, procedentes de diversas fábricas, y otra gran canti­
dad de materiales de construcción, como nwsaicos, piedra artificial, ce­
mento, mármoles, plomería sanitaria, artículos de ' ' papiermaché ' ' ; para
decoraciól'.lj interiol', davos, tornillos, tuercas y escuadras de fierro.
Porcelana, objetos artísticos de bronce, escritorio y marcos de ma­
deras preciosas ton incrustaciones de carey y hueso ; cortinas de seda y
deshilados en magnífica variedad, bordados hechos en la Escuela Indus­
trial " La Corregidora de Querétaro ", de esta capital, y en el Hospicio
de Guadalajara, que tanta fama tiene ; tapicerías, tejidos de estambre,
encajes de bolillo, de maya, de ehaquira; hierros artísticos, antiguos y
modernos; cerámica imitación mayólica, cuadr-0s enviados por la Aca­
demia de Bollas Artes y otras pinturas ele diversos autoreR ¡ eamas do
latón y llierro.
Opalos, ágatas, obsidianas; objetos de filigrana de oro y plata¡ ar­
tículos de plata cincelada ; de carey con incrustaciou es de oro, proce ­
dentes de Mérida, Yucatán ; de hueso labrado y cincelado de Jalisco y
Puebla; botones de varias materias ; efectos de cuerno, de celuloide y
de palma ; juguetes de cerda, de madera, de mimbre; montura bordada
,le oro y plata, fustes de madera, estribos y frenos, mantillas y látigos ;
fustes de carey.
Confección de paño, para señora; sombreros para señora; formas de
eombreros para señora ; ropa blanca ; trajes regionales, ropa interior para
hombres y niños ; medias y calcetines de seda y de algodón; ropa de
mezclilla ; sombreros de fieltro y paja para hombre ; sombreros charros
verdaderamente suntuosos, y ele palma; de jipi y henequén hechos e11
Yucatán, algunoR ele ellos tan finos c•omo los más finoR de Panam{i ; pielet1

27

�28

COOPERACION

llevar a todos los ámbitos del mundo la exhibición de nuestras aetivi­
dades y nuestros recursos con un acervo completo de información foto­
gráfica, cinematográfica e impresa y manuscrita, ya que earee� mos de
ta ntos organismos de estadística y recopilación de datos que existen en
el extranjero y que la captación de éstos en México es obra sumamente
difícil y laboriosa, sin que a la postre resulte sino rara vez completa
_
por los obstáculos que oponen quienes más interesados debieran mam­
festarse en allanarla y procurar su exactitud.

A d m i n i s t r a c i ó n y fi n a n z a s
Procedimientos erróneos y perjudiciales
Aunque este artículo se refiere ex­
clusivamente a las condiciones admi­
nistrativas y financieras de la Argen­
tina, como el mal, según el mismo
autor lo dice, ' 'es común a todos los
países de la América Latina, " juzga­
mos de oportunidad incluirlo en las
páginas de COOPERACION .

No hay actualmente país alguno en el mundo que se en­
cuentre en mejores condiciones de vida que la República Ar­
gentina. Es el país envidiado y envidiable por excelencia. Es
una especie de Edén, de Eldorado, en comparación de otros
grandes pueblos afligidos por deudas enormes, por graves pro­
blemas y conflictos nacionales e internacionales. No hay exa­
geración en afirmar que su situación supera por muchos con­
ceptos a la de los mismos Estados Unidos, porque los proble ­
mas del trabajo, de las industrias, de la producción, de las
relaciones exteriores, no revisten aquí la gravedad y la impor­
tancia que han asumido en la gran República del Norte. Por
de pronto no hay centenares de miles de desocupados, ni fá­
bricas clausuradas o reducidas a una mínima parte de su ca­
pacidad productiva, ni inmensas cantidades de mercaderías
invendibles.
La gran guerra europea, en vez de perjudicar, favoreció
notablemente a la R;epública Argentina. Durante más de cua
tro añ os pudo vender a precios magníficos, con excepción de

�30

31

COOPERACION

ADMINISTRACION Y FINANZAS

las lanas, cuanto tenía de vendible : buques vieJos, artículos
manufacturados de sus incipientes industrias, todos los pro­
ductos de la agricultura y de la ganadería. Ninguna de las
naciones que permanecieron neutrales, y que realizaron du­
rante la gran lucha ganancias cuantiosas, se encuentra actual­
mente en el estado de bienestar y de holgura en que aquí nos
hallamos. Sería fácil demostrarlo analizando la situación eco­
nómica de España, Holanda, Suiza y otros países. Empero,
por diversas razones, debemos limitarnos a la simple afirmación
del hecho. Basta señalar, a mayor abundamiento, la facilidad
con que el país ha absorbido �entenares de millones de cédulas
y títulos de su deuda interna a oro y papel que estaban radi­
cados en Europa.
Es verdad que ha sobrevenido la crisis que aún afecta
a la ganadería y que es debida, entre otras causas, a la enorme
restricción de los consumos en los principales países del viejo
mundo. Pero cítese una sola nación entre las mejores y más
prósperas, que no esté afectada en algun� o en varias de sus
fuentes productoras. i A qué responde la ya citada desocupa­
ción obrera en los Estados Unidos, si no a la necesidad de dis­
minuir la producción industrial por la imposibilidad de colo­
carla, como antes, en los mercados consumidores ?
Con esa crisis y todo, repetimos, la República Argentina
se halla en mejor situación que los demás países. Y su fama
de holgura, de riqueza, de bienestrar, ha cundido por el mundo
y de aquí que nuestra gran capital se haya convertido en la
Meca de los que quisieran compartir en alguna forma las ven­
tajas, los dones con que la naturaleza ha favorecido a este
rincón privilegiado de la tierra. Aquí vienen en peregrinación
.ince:-;a_nte, oradores y conferencistas, elocuentes escritores ilus­
tres, artistas de fama acreditada, hombres de negocios, bus­
cando éxitos y resultados que por diversas causas ya no pueden
obtener en los países de donde proceden. Tal vez llegue e ser
necesario propalar en el Viejo Mundo los inconvenientes y los
riesgos de tantas visitas inesperadas e innecesarias, porque las
desilusiones y los desengaños de algunos o de la mayor parte
de esos visitantes nos pueden ser perjudiciales.

Los argentinos que echan de menos los placeres de anta­
ño, los viajes pintorescos, las emociones que experimentaban
en la gran capital que mereció el calificativo de ' ' Cerebro del
Mundo ' ', se trasladan, como antes, a los sitios de su predilec­
ción ; pero apenas llegan a pisar tierra de Francia o de Italia,
se dan cqenta inmediatamente que esas naciones han experi­
mentado cambios profundos, que su estructura se ha desven­
cijado, como las regiones azotadas por los terremotos, que el
espíritu de sus pueblos aún sufre las inquietudes y los sacu­
dimientos nerviosos originados por la guerra. Piensan enton­
ces que pasarán, tal vez, mucho tiempo antes de que los hom­
bres y las cosas de esos países, vuelvan a su estado normal y
se dejen de sentir los efectos desastrosos de la terrible lucha,
y regresen a sus hogares persuadidos de que en ninguna parte
se está mejor actualmente que en la República Argentina, co­
mo lo proclaman en todos los tonos los mismos extranjeros,
especialmente los europeos.
Pues bien ; este hermoso espectáculo de la nación que tra­
baja y produce y hace honor a su nombre, es afeado y obscu­
recido por el proceder de los poderes públicos que viven cons­
tantemente entrampados, y se pasan el tiempo solicitando prés­
tamos o negociando empréstitos, no por motivos justificados,
sino por hacer frente a deudas y déficit que no debieran exis­
tir, porque son obra de la imprevisión y del desorden.
Los apuros financieros de los gobiernos crecen en razón
directa del desarrollo del país, formando un contrasentido,
porque ese desarrollo no es obra de la acción y del estímulo
de los gobernantes, sino de la laboriosidad e iniciativa de los
habitantes que aprovechan con eficacia los dones de la natu­
raleza. Muy al contrario, ese desarrollo se ve más de una vez
entorpecido por las medidas fiscales a que dan lugar las nece­
sidades financieras de los gobiernos.
De este modo la República haría un papel desairado y no
habría adquirido la reputación a que aludimos hace poco, si
los mismos cxh·anjeros no supiesen que las deudas, los apuros,
los déficit, son debidos a la incapacidad financiera, al desorden
administrativo, y los derroches inconsultos, a la multiplicación

�COOPERACION

ADMINISTRACION Y FINANZAS

innecesaria de los empleados públicos, a la enormidad de los
gastos improductivos.
El sistema de saldar deudas internas con empréstitos ex­
teriores, es funesto, y sería ya tiempo ele reaccionar contra él.
Mientras las grandes naciones que estuvieron en guerra, a lo
menos las que resultaron victoriosas, rehusan ahora por todos
los medios el aumento de sus compromisos exteriores, aspiran­
do a normalizar nuevamente sus finanzas, aquí se hace todo
lo contario y se obra como obraban Rusia y Turquía a fines
del siglo pasado, con los resultados desastrosos que registra
la historia contemporánea.
Entre los muchos errores de procedimiento en que han in­
currido los gobernantes, ninguno más perjudicial que el abuso
del crédito externo que tanto ha contribuído a mantener y
arraigar la �ostumbre de esperarlo todo del capital extranjero,
hasta para empresas e iniciativas que deberían ser exclusiva­
mente nacionales.
No ignoramos que el mal es común a todos los países de
la América Latina. Pero esto no es un consuelo, como no pue­
de ser una justificación. Además, la República Argentina
ocupa un puesto excepcional en el Continente, está dotada de
riquezas, que otros países no poseen y, dentro de las propor­
ciones que corresponden, aspira a ser en el Hemisferio Sur
lo que son los Estados Unidos en el Hemisferio Norte.
Ahora bien ; /, quién no conoce el desarrollo económico e
industrial de los Estados Unidos, su brillantísima historia
financiera ? Lo han hecho todo con sus propios recursos, y no
obstante haber intervenido en la Gran Guerra y haber gastado
miles de millones de dólares para los cuales no han pedido la
menor compensación, en vez de ser deudores, han llegado a ser
acreedores de la vieja Europa, por sumas ingentísimas. ¿ Por
qué no se les imita en punto tan fundamental, ya que se les
cita con tanta frecuencia, y se los presenta como modelo y se
aspira a igualarlos, y se habla de ellos con envidia f
¿ Acaso no existe el crédito interno entre nosotros 1 ¿ O
existe únicamente para que los bancos oficiales den dinero a
todos los que se toman la molestia de solicitarlo, preparando

paulatinamente su propia ruina f Sobran en el país capitales
para cubrir grandes empréstitos, pero no se los sabe utilizar
debidamente.
Lo cierto es que, no obstante las circunstancias favorables
a que aludíamos al principio, sería ilusorio encarar con opti­
mismo el futuro imp.ediato. A causa del desorden administra­
tivo y finánciero que persiste desde hace algunas décadas y que
se ha agravado durante la primera administración radical,
el país marcha al azar, como un buque sin timón, como un ejér­
cito sin comandante que lo dirija. La población nu aumenta
en la proporción debida ; los saldos inmigratorios son insigni­
ficantes. En 1885 se preveían ' ' grosso modo ' ' treinta millones
de habitantes para 1920 ; y todavía oscilamos c-on lentitud alre­
dedor de los nueve millones. En las esferas oficiales de la na­
ción y de las provincias no se vi:in más que deudas flotantes por
centenares de millones, ejércitos de empleados en aumento
contínuo y alarmante, desequilibrios crónicos entre los ingre­
sos y los gastos, ligerezas que asombran, favoritismos que irri­
tan, despreocupación e inconsciencia en el manejo de los dine­
ros públicos, todos los efectos de la incapacidad, de la impre­
visión y de los extravíos, como ocurre en las grandes institu­
�iones o en las grandes empresas mal organizadas, mal admi­
nistradas y pésimamente dirigidas. Y la responsabilidad de
este estado de cosas recae por igual sobre el Poder Ejecutivo
como sobre el Poder Legislativo de la nación, porque hace
tiempo que, por causas distintas, que son bien conocidas, ni el
uno ni el otro han estado a la altura de su misión, ni han tra­
tado las finanzas con la dedicación, la competencia y el acierto
que son indispensables. Nunca, sin embargo, el abandono ha
sido tan grande como en el períod-o presidencial que, afortu­
nadamente para el país, ha llegado a su término.
Hace tiempo que se proclaman las mejores teorías, los me­
.
Jores propósitos, produciendo los conceptos que expresan y
practican los gobernantes y los legisladores de los Estados
Unidos o de Inglaterra, Francia e Italia. Pero todo queda en
palabras y no se vislumbra por ninguna parte ni siquiera un
principio de reacción que permita esperar una nueva era ad-

3Z

33

3

�34

COOPERACION

ministrativa y financiera.' Todo falla en la práctica, en la apli­
cación. Y lo peor es que los gobiernos provinciales navegan
en las mismas aguas peligrosas del Gobierno nacional.
No bastaría, por otra parte, substituir el uso del crédito
externo por el del crédito interno, si contemporáneamente no
se establece un empleo más escrupuloso de los dineros públi­
cos, efectuando las economías posibles y evitando en absoluto
los gastos injustificados e innecesarios. Para esto se requiere
una reforma :fundamental en el régimen tributario y en el
régimen administrativo. Hay que aumentar los impuestos sun­
tuarios y hacer pagar más a los que más tienen, evitando que
los recargos refluyan, como· ahora sucede, sobre los de abaj o.
Hay que hacer de la Administración una carrera, dando esta­
bilidad al personal, como en el orden militar, judicial y edu­
cativo. Hay que reducir el número de empleados en todos los
ministerios, porque los excedentes no aumentan solamente
los gastos, sino también el expediente, entorpeciendo la trami­
tación de todos los asuntos. Hay que acabar con las recomen­
daciones, como decía en un discurso Antonio Maura, para que
" los gobernantes queden libres de la eterna servidumbre, del
pedir, del rogar, esa práctica viciosa en que se incurre sin ave­
riguar aptitudes, ni conductas, ni méritos ". " No puede haber
buenos funcionamientos, agregaba, mientras no se cierre com­
pletamente la puerta al favor y a la influencia. Peor todavía
es anteponer las vinculaciones políticas y personales a la ca­
pacidad para la provisión de los puestos públicos ". Esto, sin
embargo, se erigió en sistema único y exclusivo bajo la admi­
nistración fenecida, de modo que la " causa " se dejó muy atrás
los abusos del " régimen ". En el último mes de esa Adminis­
tración se han presenciado espectáculos verdaderamente in­
dignos de la reputación del país y de la posición que ocupa
entre las naciones más cultas.
Hay en los múltiples aspectos y manifestaciones de la vi­
da argentina, otros graves defectos, otras tendencias pernicio­
sas que sería conveniente corregir y extirpar. Hay en el abu­
so del crédito hipotecario que los poderes públicos y a veces
también algunas hojas periodísticas, fomentan indebidamente

ADMINISTRACJON Y FINAKZAS

35

y que Eduardo Acevedo Díaz fustigaba recientemente y con
todo fundamento en un artículo de " La Nación " ; hay la es­
peculación en bienes raíces que sería conveniente aplastar de
una manera definitiva ; hay una justicia lenta, engorrosa y de­
ficiente, que reclama a gritos reformas fundamentales ; hay la
pretensión absurda de que los bancos oficiales y aun los parti­
culares, den dincto a todos los que lo necesiten y se conviertan
en protectores de todos los que hacen malos negocios, de los
que no saben prever el mañana ; hay una anarquía lamentable
en casi todas las ramas de la instrucción pública, anarquía que
se pretende incubrir o disimular con la construcción de gran­
des y lujosos edificios, que se van convirtiendo así, en una es­
pecie de cuentos del tío de la enseñanza, porque el continente
no mejorará nunca por sí solo la calidad del contenido ; pero
no hay ningún mal, ningún defecto tan grave, como el desor­
den administrativo y financiero, que acumula los déficit, que
obliga a llamar constantemente a las puertas de los banqueros
de otros países, que mantiene deudas flotantes por centenares
de millones, que fomenta el parasitismo y la empleomanía dis­
trayendo miles de hombres útiles de otras ocupaciones más
profícuas, que hace elevar continuamente y sin motivos funda ·
dos, el presupuesto de gastos.
De continuar en la vía seguida hasta ahora, la República
Argentina, no obstante sus riquezas inagotables, estará conde­
nada a pasar de una crisis a otra y a tener una pésima reputa­
ción administrativa y financiera por obra y gracia de sus go­
bernantes. Y tal vez tendrá que ver cómo se levantan poco a
poco las naciones arruinadas de Europa, a lo menos las prin­
cipales, mientras aquí se vivirá en perpetua dependencia finan­
ciera por el funesto sistema, desgraciadamente tan arraigado,
ele pedirlo todo al capital extranjero.
Las finanzas, la administración, la justicia, dan la medida
de la organización y de la marcha de un país, y tienen que vi­
vir y desarrollarse independientemente de la política, como en
los Estados Unidos, Inglaterra, Francia e Italia ; pero aquí su­
cede lo contrario, pues todo se subordina a la política. Y así
son los resultados.-Aniba-1 LATINO.

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•

Las huelgas y el serv1c10 público
Siendo la huelga uno de los medios
más frecuentes empleados por los tra­
bajadores en sus conflictos con el ca­
pital, toda idea que se aporte para dar
solución a estos problemas, debe es­
tudiarse con interés. Consideramos,
pues, de oportunidad el artículo que si­
gue, del escritor Adolfo Posada.

El servicio público
La reciente huelga en el servicio de Correos plantea, como
de palpitante actualidad, el grave y debatido problema de si
los funcionarios públicos -empleados en sentido administra­
tivo estricto- pueden declararse en huelga. ¿ Pueden, se pre­
gunta, los funcionarios públicos acudir a la huelga para con­
seguir por ese medio específico de " acción directa ", el logro de
alguna reivindicación de clase 1 o mejor y más en la entraña
del problema, ¿ es, en términos jurídicos, admisible la huelga
o cesación colectiva del trabajo, en un ' ' servicio público t . .
Esta última fórmula va, digo, más a la entraña del pro­
blema aunque complica sus términos, a la vez que amplía el
horizonte de su consideración. Porque cuando se pregunta
si los funcionarios públicos pueden declararse en huelga y uti­
lizarla como instrumento de reivindicación de clase o medio
de " lucha ", nos imaginamos de modo concreto, los perfiles de ­
finidos del conflicto : un grupo de empleados, un gremio de
funcionarios retribuídos de una administración pública, v. g.,
los de Correos, los telegrafistas, los empleados de Hacienda, los

LAS HUELGAS Y EL SERVICIO PUBLICO

37

maestros, que en lucha con el Gobierno (no con el Estado, bien
entendia-o , que ellos son del Estado, como el Gobierno o el Po .
der público) , dejan caer sus " brazos " -huelga de brazos
caídos- o bien abandonan el trabajo serena o tumultuaria­
mente, con o sin "sabotage ", suspendiendo el servicio y po­
niendo en grave aprieto al Estado -aquí se puede ya hablar
del Estado, como comunidad social que habrá de pagar los
vidrios que se rompan.
En cambio, si nos referimos a la licitud de la huelga en un
servicio público, inmediatamente nos asaltará el apremio de
definir lo que es un " servicio público ", ya que su noción no
puede supeditarse a la concepción, limitada siempre, del funcio­
nario o empleado administrativo que lo presta. En otros tér­
minos, el que un servicio sea público no depende, quizá, de
que los que lo desempeñan sean agentes de una administración
o dependencia pública. Así por ejemplo, el servicio de carga
y descarga en un puerto, el alumbrado y fuerza en una pobla­
ción, las minas de hulla, los transportes en manos de empresas
privadas, concesionarias o no, 1, son menos servicio público que
los de Correos y Telégrafos, o de oficinas de cualquier ramo de
la administración nacional, provincial o municipal Y
Nada, en verdad, más indeciso, indefinido y variable que
la noción concreta del servicio público, y quizá nada ha con­
tribuído tanto a transformar la noción del mismo, como los
· efectos sociales, de trastorno y de perturbación, producidos
por las huelgas en funciones públiGas, no estadificadas u ofi­
cializadas, o sea no atribuídas al poder público, ni organizadas
como dependencias de éste a la manera como lo están v. g. los
Correos y TPlégrafos, los servicios ministeriales, burocráticos,
la enseñanza oficial, la policía, los tribunales, la fuerza arma­
da, etcétera, etcétera. Así superando o rebasando la noción
del puro servicio público administrativo, se propende como
M. Duguit advierte, a elaborar un criterio formal merced al
cual se deberá reconocer que una actividad colectiva puede
dar lugar a la existencia de un servicio público e implicar su
moción cuando la suspensión de la misma aunque sea por bre­
ve tiempo, origina un importante desorden social. Por ejem-

�38

COOPERACION

LAS HUELGAS Y EL SERVICIO PUBLICO

plo : el tráfico ferroviario, el movimiento de un puerto, el alum­
brado de una población, la comunicación postal o telegráfica
o telefónica . . . . Es decir, que el carácter de público de un
servicio no depende tanto del sujeto que lo explote o preste
como de la índole de la necesidad a que atiende, revelada su
importancia, empíricamente, por los trastornos que produce
la suspensión de la actividad que normalmente la satisface.

del trabajo, en todos los países que se dicen cultos . . . Nada
ni nadie puede impedir que la haya. Y es ello tan cierto y el
hecho de la huelga ha alcanzado tan intensa fuerza, tan expan­
sivas manifestaciones, que no obstante la anormalidad que
produce, mejor, no obstante ser la huelga anormalidad por
esencia, y entrañar perturbaciones y violencias, y significar el
rompimiento con el régimen jurídico positivo, las leyes a me­
nudo lo han consagrado como un derecho -nuestra ley de
huelgas- y los poderes públicos han tenido que transigir con
la huelga, incluso en los servicios públicos más necesarios y
cuya interrupción provoca más graves trastornos : quizá por
eso.

¿Sí es lícita la huelga en el servicio del público?
He aquí ahora el problema en toda su amplitud. ¡, Es líci­
to acudir a la huelga, o al paro, en un servicio constítuído en
verdadera función social 1 ¡, Es legítimo el procedimiento de
la acción directa para obtener a la fuerza el logro de una
aspiración o mejora 1 ¿ Se puede reducir el pleito de la re­
lación del trabajo a los términos escuetos o abstractos de la
lucha de clases que encierra la huelga 1
Plantear el tema de la licitud o la legitimidad de la huel­
ga en el servicio público -en las funciones sociales- es algo
así como preguntar si es lícita o legítima la guerra, y de modo
más general el empleo de la violencia para reivindicar dere­
chos, defender intereses, imponer ideales o afirmar dictaduras
o defender monopolios o establecerlos, o bien lograr el reco­
nocimiento de una personalidad nacional o sindical . . . .
En el desanollo racional, lógico, de un ' ' régimen jurí­
dico ", no hay momento para ese género de violencias. La
huelga, como la guerra, como la violencia revolucionaria, son
ante el derecho meros hechos, son aplicaciones de la física en
el mundo ético, son puros medíos en los que se condensan es­
fuerzos humanos, que la mayoría de las veces, cuestan mucho
más que rinden, y cuyo empleo en todo caso sólo puede huma­
namente disculparse cuando es la consecuencia de reacciones
violentas del espíritu de justicia, torpe o cruelmente desatendido, atropellado o escarnecido.
La huelga como hecho es un mal no sé sí necesario, pero
sí por el momento, inevitable : hay huelgas en todos los órdenes

39

L a huelga como hecho

Pero al considerar la huelga en el mundo de los hechos,
su doctrina explicativa se complica al máximum. Ya no es
simplemente un problema de ética aislable, como un caso de
conciencia : ni un pleito pasto de juristas. Para asir la signifi­
cación general de la huelga como manifestación de potencia
ofensiva o defensiva, en las relaciones de servicios es preciso
referirla a la complejísima realidad en que se produce eu el
mundo político y social. Esa realidad, que interpretada por
Jorge Sorel, el teórico de la violencia, le inducía a construir
su famosa y derrumbada doctrina del mito de la huelga gene­
ral, como impulsos del " élan ", proletario acaso nos lleve, me­
jor vista o por haber cambiado baj'◊ el influjo de la tragedia
rusa, a una esencialísima rectificación. Si fuera posible redu..
· cir el mundo social al supuesto dinámico de la lucha de clases,
quizá tuviera razón Sorel, y cuantos defienden la huelga como
mej or entrenamiento del proletariado para una hipotética ba­
talla decisiva. Pero c·o mo el mundo social es algo más que una
· oposición de dos clases -patronos y obreros- como la huelga
se produce en un organismo social trabajado por mil contra­
rias corrientP-s, por ·odios y separaciones, que no descansan en
la oposición de clases, nacionalismos, creencias religiosas, opo­
siciones políticas, luchas de razas, etcétera, etcétera.

�COOPERACION

!;AS HUEI;GAS Y EI; SERVICIO PUBUCO

Y se halla sostenida la unidad suprema del organismo so­
cial, por estímulos de _ solip.aridad y de cooperación que no
coinciden con los que integran las clases de la lucha económica,
cada día resulta más difícil y delicado el empleo de la huelga
como recurso táctico y como método específico de agitación
sucial.
Es bien notorio -y cuando obreros y patronos lo olvidan
pagan caro el olvido- que , la lmelga por formidable que sea,
fracasa, " si " no tiene a su favor el apoyo o la simpatía de la
opinión pública, es decir, si .no se ha justificado ante esa
opinión.
Es esta una enseñanza que confirma a diario la experien­
cia : la cual experiencia ense�a también que la sociedad entera
-junto de intereses de tan vario orden y de personas de tan
distinto carácter- se .apasiona más y más cada día ante los
conflictos de la cesación de trabajo ; de un lado, porque la in­
terdependencia social es cada día más estrecha, y de otro, por­
que cada día es más intensa la solidaridad, lo que hace muy
difícil aislar los pleitos �el trabajo, como pleitos de patronos
y obreros. Todos, tudos sienten más o menos los perjuicios de
una huelga importante por su calidad o extensión.
No hay que decir cómo se acentuarán estas indicaciones
y los fenómenos de ir�adiación obra de las huelgas cuando és­
tas afectan a un servicio público, o función como las comuni­
caciones postales y telegráficas o los transportes ferroviarios.
Las molestias y los perjuicios los siente súbitamente el pú­
blico -el consumidor que es todo el mundo, y que no es ni
patrono ni obrero en el pleito que se ventila. Y súbitamente
reacciona . . . . y sólo acompañará con su apoyo -difícilmente
con su simpatía- a quienes p��voquen la interrupción del ser•
vicio, cuando la injusticia determinante de la reacción huel­
guista mane sangre y mucha . . . . .
La última huelga de Correos aquí sufrida, es un buen caso
típico que viene a confirmar la enseñanza :formulada. La huel­
ga en servicios sociales esen.c iales, o es trámite de revolución
o expresión de malestar notorio, evidente obra de injusticia

cruel y persistente . . . . ese atropello . . . . generador de reaccio­
nes que es torpe, mil veces torpe, provucador . . . .
Como es torpe reprimirlas, desde arriba, con violencias y
aires de venganza. La huelga es el :fenómeno social que pide
en el que lo provoca, como en el que lo sufre, y más que nadie
en el poder público, la máxima serenidad. Porque si la huelga
cae fuera del derechu, es porque el derecho no ha sabido evi­
tarla, porque hay en la vida social un amplio campo de rela­
ciones y de conductas para las cuales no se han encontrado
normas ni cauces jurídicos.
Madrid, septiembre de 1922.

40

Adolfo POSADA.

41

�EL SEXO POSTERGADO

El sexo postergado
El 5 de enero de 1923, fue aprobada
por el Congreso del Estado Libre y
Soberano de San Luis Potosí, una re­
forma al Art. 31 de la Ley Electoral,
p0r la que se concede den:cho de voto a
las mujeres. Tema de actualidad y
acaloradas discusiones en todos los paí­
ses civilizado�, es conceder a las mu­
jeres exactamente los mismos dere­
chos y privilegios de que gozan los
hombres ante la ley. Las mujeres que
indudablemente han obtenido mayo­
res éxitos en este campo, son las de
los Estados Unidos, él.onde son tales
las ventajas, que ocasiones gozan sobre
el sexo contrario, que los mismos hom­
bres empiezan ya a protestar en contra
de varias de las prerrogativas concedi­
das a las mujeres, como podrá verse
por el artículo que hoy publicamos en
las páginas de ésta Revista.

Hace tres cuartos de siglo un pequeño grupo de resueltas
mujeres, dirigidas por Susan Brownell Anthony, comenzó su
campaña para hacer de esta Nación una " verdadera repúbli­
ca ", concediendo " a los hombres sus derechos, y nada más ;
y a las mujeres sus derechos, y nada menos. ' '
El trabajo de estas mujeres y sus igualmente bravas su­
cesoras fue al fin coronado por el éxito.
La general aceptación de las mujeres en la vida pública,
el primero y más importante objetivo de estos nuevos cruza­
dos, fue logrado por métodos que no permiten un exámen ín­
timo. En esto la nueva hembra ciudadano logró una maní-

43

fiesta ventaja sobre el macho. El último debe asumir a cam­
bio de sus derechos de ciudadanía, los deberes militares y otra
clase de obligaciones, mientras su compañera está obligada a
cumplir solamente con deberes de ningún modo desagrada­
bles como compensación al Estado, por las ventajas que la
ciudadanía indudablemente le impone. Desde este punto de
vista, la ciudadanía concedida a la mujer es toda ventaja pa­
ra ella y nada de pérdida.
Desde el punto de vista legal, la mujer había obtenido
victorias esenciales, aun antes de que ella lograra el derecho
de votar. En cuanto a esto, fue más allá del fin que se propu­
so en muchos de los Estados de la Unión. Al exigir sus ' ' de­
rechos y nada menos ' ', al pedir que el hombre fuera despoja­
do de aquellos privilegios que afectaban los de su compañe­
ra, la mujer logró sus derechos y algo más, invadiendo peli­
grosamente, de este modo, los derechos del otro sexo. El ma­
trimonio y el divorcio proporcionan actualmente muchos ejem­
plos de las desigualdades de la ley en cuanto a su aplicación
sobre los sexos.
Por esto debe ser admitido que la ley favorece especial­
mente a la mujer y es decididamente desfavorable para el
hombre.
Bajo las leyes de muchos Estados de la Unión, las respon­
sabilidades de los cónyuges es absolutamen�e desigual, ponien­
do prácticamente todas las dificultades y obligaciones sobre
el hombre, y los beneficios y privilegios en favor de la mujer.
· Cuando un hombre se casa, automáticamente, de acuerdo
con las leyes de casi todos, si no todos, los Estados, acepta los
sacrificios financieros de su .supuesta " mejor mitad", él se
hace responsable de todas sus deudas ( al menos aquellas con­
traídas después del matrimonio ) , y se obliga propia y genero­
samente a contribuir para el sostenimiento de su esposa. Ella,
pol.' su parte, aun en el caso de que fuera espléndidamente do­
tada con todas las mercaderías del mundo, es libre de dar
parte de su dote y de exigir asistencia al mismo tiempo. Y a
pesar de que el hombre pueda encontrarse en situación difí­
cil, la ley siempre la favorece en sus pretensiones.

�COOPERACION

EL SEXO POSTERGADO

Hace algunos años, durante una disertación acerca del
sufragio femenino, en una de las organizaciones sufragistas
de Washington, D. C., con Mrs. Belva A. Lockwood a la cabe­
za, mujer que por algún tiempo fue candidato presidencial y
campeón ' ' de la igualdad de derechos ' ' para las mujeres, y
siendo la oradora principal, le fue hecho observar por uno de
la oposición, que generalmente el hombre quedaba obligado
por la ley para sostener a su esposa, aun en el caso de que ella
estuviera en condiciones de sostenerse desahogadamente ; pe­
ro que la mujer no se halla legalmente obligada a cuidar de
su esposo, así se halle enfermo, mutilado o compelido a pedir
limosna por las calles.
Como una respuesta verdaderamente femenina, la señora
Lockwood contestó que ninguna esposa verdadera sería tan
inhumana para obrar en las condiciones arriba indicadas. Fué
hecho notar que ningún verdadero esposo evade el cumpli­
miento de sus deberes, pero que la ley, no obstante, al resol­
ver entre el hombre y la mujer, impone los deberes sobre el
hombre y deja a la mujer a su conciencia y a la fuerza más o
menos elástica de la opinión pública.
Recientemente, un amigo, ardoroso campeón de conceder
a las mujeres todos los " derechos políticos", se quejaba con­
migo de que su esposa había abandonado el lecho conyugal
y el hogar, y había rentado una casa en una ciudad vecina.
Mi amigo deseaba saber si existía un medio legal que obligara
a su esposa a volver al hogar. Yo le contesté que él podía en­
contrar cierto consuelo, considerando el hecho legal de que
ella era la completa dueña de sí misma, y que, aunque ella
había prestado el solemne juramento durante la ceremonia
del matrimonio, de amar, honrar y obedecer la ley, quedó tam­
bién enteramente libre para cumplir o faltar a tal juramento .
Yo le indiqué que si el zapato hubiera apretado el otro pie, es
decir, que si él hubiera sido el que hubiera abandonado a su
esposa, aun en el caso de que hubiera existido suficiente razón
para tal proceder, la ley lo habría considerado como un cri­
minal, y él habría sido arrestado como si hubiera sido un trai­
dor vulgar, y condenado a prisión, en caso de que se resistiera

a seguir contribuyendo al sostenimiento de su mujer y los
hijos que debe suponerse ella le había dado.
En el problema capital de la propiedad, la ley general­
mente favorece a la mujer y resuelve en contra del hombre .
La propiedad de la mujer, como regla ordinaria, se halla en­
teramente bajo su control y puede disponer de ella tal como
lo desee . En cuanto a la propiedad del hombre, la esposa tie­
ne una igual intervención, y el hombre no puede, legalmente,
disponer de su misma propiedad sin el consentimiento escrito
de su mitad . Esta ley frecuentemente le resulta desfavorable,
como fue indicado en una carta interesante dirigida a '' The
New York Times " hace algunos años y firmada por un · ' Espo­
so Anciano " (Elderly Husband.) La carta, en parte, rezaba :
" En los días actuales, lo que tiene que hacer toda mujer joven,
es seducir a un hombre anciano, dueño de grandes propieda­
des y llevarlo al matrimonio por medio de protestas de afecto
y todas aquellas artes tan bien practicadas por las mujeres, y
más tarde imponerle determinadas exigencias y abandonarlo,
ata11do sus manos para todo aquello que se refiera a sus pro­
piedades.
'' Considerad mi propio caso, por ejemplo : hace años fuí
dueño de grandes propiedades, fuertemente hipotecadas. Un
día mi mujer, con quien yo me había casado apenas hacía un
año, me dijo terminantemente : ' ' deseo que te apresures a
vender esta propiedad y a darme la mitad que me correspon­
de ". Un tanto sorprendido le contesté : " no hay ninguna mi­
tad para usted, sino hasta que yo muera ; sólo entonces puede
usted tenerla toda ". Entonces mi mujer respondió : " Usted
no puede vender esta propiedad ". Y a poco de acuerdo con
su madre, empezó a provocar disgustos por cosas verdadera­
mente frívolas, y repentinamente abandonó mi casa, después
de reiterar su demanda de que hiciera yo la división de mi
propiedad. Permaneció distante de mí, rehusando aun verme,
cuando llamé a la casa donde vivía, negándose a contestar
todas mis cartas y guardando absoluto silencio, confiando se­
guramente en su fuerza sobre mí para obligarme a ceder a sus
demandas . El resultado es que yo no puedo pedir prestado,

44

45

�46

COOPERACION

ni vender, aunque se tratara de mi propia conservación ; las
hipotecas están venciéndose y seguramente perderé todo, so­
lamente por haber sido víctima de las picardías de una mujer
que yo pensé sentía cierta afección por mí. La ley la favore­
ce y nada hará por mí, y solamente por un largo rodeo y des­
pués de grandes gastos, onerosos, ella acaso cedería. ' '
En pocos de los Estados de la Unión tiene el hombre
derecho a intervenir en la dote de su mujer ; generalmente él
no tiene derecho legal para heredar nada de las propiedades
de su esposa, en tanto que ella hereda, a la muerte de su mari­
do y quieras o no quieras, una determinada parte de las pro­
piedades del difunto. Un caso que llamó recientemente mu­
cho la atención, demostrará la injusticia de la ley en cuanto a
todo esto se refiere.
Un amigo, en el distrito de Columbia, logró, después de
rudos trabajos, adquirir algunas propiedades. A continua­
ción hizo lo que hacen muchos maridos enamorados : firmar
los documentos de propiedad en favor de su mujer. Ella. a
poco murió intestada, y la propiedad, según las leyes de Dios,
sino las de los hombres, automáticamente fue a parar en ma­
nos de sus hermanas, con quienes el viudo no tenía ninguna
relación, quedando él de hecho en la miseria.
Otra manifiesta injusticia en contra del hombre y en di­
recio favor de los intereses de la mujer, es la que se refiere a
las pensiones (alimony) , que siguen inmediatamente a los di­
vorcios. Parecería que con el divorcio, las severidades que
impone el matrimonio a los cónyuges, la obligación de una de
las partes para sostener a la otra, cesa inmediatamente. Pero
generalmente el hombre está aún obligado por el total o par­
cial sostenimiento de alguien que ya no tiene ningún derecho
legítimo sobre él. En caso de que él no cumpla con los requi­
sitos legales y no conribuya con la suma que le fue asignada
para el sostenimiento de su parásita rsposa (parasite wom:m ) ,
el esposo es considerado como un traidor ( felon) y condenado
a prisión, sin siquiera el cumplimiento de las formalidades le­
gales. Algunas deudas son condonadas por la ley después de
determinado período. No así las deudas que el mar.ido debe

EL SEXO POSTERGADO

47

a su mujer divorciada, por lo menos en algunos Estados' au,
mentando as1 la deuda cada mes, llegando a ser a veces una
carga ruinosa para el hombre.
Una decisión reciente dada por uno de los Jueces de Wash­
ington (D. C. ) , hace que las mujeres prefieran el sistema de
la pensión. Dice así :
' ' El pago de la pensión ( alimony) es una reclamación pre­
ferida sobre cualquiera otra cosa. Cuando a un marido se le
ordena el pago de la pensión, debe tomar su medicina y pagar
o ir a la cárcel por desobedecer las disposiciones del Juzgado.
Mejor es descuidar cualquiera otra obligación y esperar sus
consecuencias, cualesquiera que ellas sean, que correr el peli­
gro ,de ser enviado a la cárcel por desobediencia. "
El " Washington Post ", de 13 de septiembre de 1920, co-·
mentaba así en un editorial esta extraordinaria. decisión :
' ' En otras épocas fue costumbre en muchos Estados de la
Unión para los antiguos maridos, evitar el pago de las pensio­
nes, valiéndose de diferentes pretextos. Algunos argumenta­
ban la insuficiencia de sus entradas ; otros argumentaban que
sus antiguas esposas podían muy bien ganar su vida y que no
necesitaban, por lo mismo, de la pensión, y aun hubo algunos
otros que huyeron para evitar el cumplimiento de los decretos
del juzgado.
" Pero si el criterio del juez Goulc1 fuera generalmente
aceptado, un decreto de pensión se transformaría en un rico fi­
lón, en un bono del Gobierno, algo más, de hecho, que uno de los
actuales bonos de la Libertad, puesto que no estaría sujeto a
ningún descuento. Constituiría un derecho de retención so­
bre todas las ganancias y recursos del antiguo marido, y él
podría verse obligado a usar zapatos remendados o a comer
en fondas modestas, pero la pensión debería ser pagada a su
tiempo.
" La general adopción de este criterio puede disminuir el
deseo del divorcio por cuanto a los hombres se refiere, y esti­
mularlo, al contrario, entre las mujeres. Con la perspectiva
de un cheque mensual, muchísimas mujeres no se sentirán muy

]

�COOPERACION

EL SEXO POSTERGADO

inclinadas a sobrellevar las cargas que de otro modo tendrían
que soportar en silencio. ' '
En New York, la divorciada, vuestra verdadera " mujer
parásito ' ' ha tiranizado por largo tiempo al hombre que cons­
cientemente se ha negado a contribuir al sostenimiento de
ella. Algunos hombres han llevado sus objeciones hasta el
punto de aceptar voluntariamente el reino del martirio por
esta causa de justicia, formando como una afirmación de prin­
cipio, ' ' The Alimony Club ' ', integrado por todos aquellos es­
posos presos por haber violado las resoluciones del juzgado.
Por algún tiempo prevalecieron ciertas limitaciones en
cuanto a los casos de pensión (alimony cases) en el Estado
Imperio, siendo posible entonces para el hombre librarse a
veces de tan injustas obligaciones, ausentándose del Estado
por determinado número de años. Ultimamente, según los
informes que tenemos, la ley ha sido modificada, y la resolu­
ción pende sobre la cabeza del hombre como una verdadera
espada de Damocles, para todos los días de su vida. Ahora
culpable de esto que s•ería un desprecio a las disposiciones del
juzgado, se halla equiparado con los más grandes criminales,
y corre el peligro de acabár su vida en la celda obscura de una
cárcel por su horrendo crimen, a menos que el Juez o la mujer
se suavicen.
Algunos miembros del sexo femenino no satisfechos con
la ley tal como está, serían capaces de evitar que les fuera
hecha efectiva la pensión, con el fin de hacer que el hombre
fuera aprehendido y extraditado con los asesinos, los ladro­
nes y otra clase de criminales.
Brevemente definida, la ciudadanía significa algo más pa­
ra el hombre que para la mujer.
El h(!mbre a cambio de los privilegios de votar y ser vo­
tado para poder ocupar puestos públicos, y de la protección
que le concede el Estado (y que a menudo no alcanza ) , es obli­
gado a soportar cargas gravosas, y se obliga él mismo a ena­
jenar su bienestar y su vida, si fuere necesario, para que el
Estado pueda vivir.

El hombre está obligado a integrar los jurados populares,
a 11cudir a todas las llamadas del Estado, y a abandonar mu­
chas veces sus intereses personales, por los intereses públicos.
Cada hombre, en cuanto se le exija, debe prestar auxilio a la
policía y a algunos otros empleados públicos para que éstos
den buen cumplimiento a sus deberes. En la hora terrible de la
guerra, está obligado a defender la bandera, aunque esto no
esté de acuerdo con su criterio. Y es condenado, en caso de
rehusarse. Durante la Gran Guerra, 24.234,021 hombres en
edad de servicio ( de 18 a 45) fueron obligados a registrarse ;
y 2.810,296 fueron seleccionados para el servicio y agregados
a los dos millones y fracción que voluntariamente se habían
alistado al estallar la contienda, o bien que ya estaban en ser­
vicio en el ejército. Y aquellos hombres que 110 fueron· lla­
mados a la defensa de la bandera, fueron terminantemente
notificados que debían " trabajar o luchar", y trabajar pre­
cisamente en lo que el Estado había decretado industrias ca­
pitales ( essential industries) .
A la mujer, l a ciudadanía l e aporta, con todos los dere­
chos que le concede (y con la especial protección por razón
de su sexo) , el privilegio del voto, el de ser designada o elegida
para puestos de honor o de preferencia. Prácticamente nin­
gunas obligaciones, deberes ni cargas está obligado a sopor­
tar el sexo femenino a cambio de los privilegios que de modo
tan gracioso acepta. Ordinariamente no se le llama para los
servicios públicos. Y en la hora de peligro para la nación,
todos sus servicios son completamente voluntarios. Durante
la última guerra, muchas mujeres escogieron trabajos públi­
eos, trabajos generalmente agradables, en donde se les paga­
ba un salario mayor que jamás habían disfrutado, y que mu­
chas de ellas no soñaron nunca disfrutar. Aunque algunas reem­
plazaron " patrióticamente " a los hombres, en las industrias,
para que ellos pudieran ir al " frente ", cuando volvió el hé­
roe, la mujer fue materialmente rogada para seguir en el
puesto que desempeñó durante la guerra.
De los hechos anteriormente asentados, muy claros pa1·a
quienes no sean ciegos, es evidente que en la actualidad no

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49

4

�50

COOPEltACION

EL SEXO POSTERGADO

tenemos nada que siquiera ofrezca un parecido de justicia
entre hombres y mujeres, y que la balanza de la ley siempre
se inclina en dirección del " sexo débil ", como fueron desig11adas las mujeres antes de su emancipación.
Pero ha llegado el tiempo de cambiar. Con la incorpora­
ción de la enmienda 19a. (Nineteenth Anthony Amendment)
a la Carta Fundamental de la Nación, debe haber una nueva
alineación de los sexos, un reajuste de las relaciones entre
hombres y mujeres. Los hombres, por siglos y siglos, se han
estado torturando voluntariamente por el interés y beneficio
del llamado sexo débil. En tanto que las mujeres estuvieron
más o menos contentas, reconociendo algunas desigualdades
eausadas por cierto grado de dependencia respecto del sexo
fuerte, los hombres voluntariamente aceptaron lo que hoy
estiman cargas injustas.
Pero ha habido un cambio decisivo provocado por las mu­
jeres en los últimos años, y los hombres ahora comienzan a
sentir que leyes injustas y desiguales deben ser borradas de
los libros de legislación, y que la mujer debe ser obligada a
admitir (si las protestas de la mujer en contra de la desigual­
dad son todas sinceras) las ventajas injustas de que actual­
mente goza sobre el hombre.
Es evidente que las mujeres no pueden ser iguales y des­
iguales al mismo tiempo ; que ellas no pueden, lógica y justa­
mente, gozar de independencia, y al mismo tiempo gozar de
privilegios solamente debidos a quienes dependen de otro.
En respuesta a una comunicación dirigida a ' ' The Wornan
Citizen ' ', en la cual fue hecha la petición de que si las muje­
res insistían sobre igualdades políticas, ellas debían aceptar,
para ser consistentes, igualdades legales, Rose Young, Direc­
tora responsable, escribió en su publicación, el 29 de diciem­
bre de 1917 :
" No puede haber ningún argumento entre nosotros acer­
ca de distinciones legislativas en favor de las mujeres. El
favoritismo de un sexo a expensas del otro, no produce más
ventajas en economía que en política, y el Qbjetivo de los es-

íuerzos en favor del sufragio es evitar todas estas desigual­
dades injustas en cuanto sea posible.
' ' Aunque es verdad que hay manifiestas distinciones en
contra de las mujeres en las mismas proporciones que usted
hace notar como contrarias a los hombres, no es menos verdad
que cualquier distinción contraria a los hombres para favo­
recer a las mujeres, acabaría por ser perjudicial a hombres y
mujeres. Y o creo que la mayor parte de las mujeres compren­
den esto o rápidamente lo están comprendiendo. Casi toda la
legislación, con distinciones perjudiciales a los hombres, debe
ser atribuída, sea a un esfuerzo no bien madurado para borrar
las incapacidades políticas impuestas a la mujer y bajo las
cuales ella ha trabajado, o bien al hecho de que la sociedad se
halle inclinada a considerar ciertas distinciones legislativas en
favor de las mujeres como una necesaria salvaguardia en favor
&lt;le los intereses de ellas mismas. ' '
Si la última parte del pensamiento de nuestra lógica y
justa amiga se hiciera verdad, resolvería todas las reclama­
ciones femeninas. Si deben hacerse concesiones especiales por
razón de sexo, esto demuestra que las reclamaciones sobre la
igualdad sostenidas por ciertos tipos de mujeres, de ningún
modo son válidas.
Si, por otra parte, esta " legislación " contraria a los in­
tereses de los hombres, " debe ser atribuída a un esfuerzo
no bien madurado para borrar las incapacidades políticas ba­
jo las cuales trabaja la mujer ", la remoción de tales incapa­
cidades traería consigo las modificaciones inmediatas de la
legislación establecida especialmente para las mujeres.
Nuestra lógica amiga, en el último párrafo de su misma
comunicación, se adelanta más de lo que nosotros nos aventu­
ramos en lo que respecta a la igualdad cuando declara :
" Yo misma estoy absolutamente de acuerdo con la suges­
tión de usted en cuanto a que las mujeres deben renunciar
voluntariamente a todos aquellos privilegios que gocen a ex­
pensas del hombre. Las mujeres que no renuncien volunta­
riamente a tales privilegios, no anhelan de corazón el bienes­
tar de la raza, pues ninguno de los sexos puede gozar cualquier

51

�52

COúPERACION

EL SEXO POSTERGADO

clase de beneficios a expensas de alguno de ellos, si no es con
resultados desventajosos para la raza. Hombres y mujeres
que se sientan verdaderamente demócratas, están intentando
hoy día colocar a ambos sexos sobre el mismo plano, de modo
que puedan cumplir sus funciones libremente, sin que ningu­
no de ellos ejerza presión sobre el otro. ' '
Las relaciones matrimoniales a causa de los cambios ha­
bidos últimamente en la sociedad humana, deben sufrir un re­
ajuste. Es tiempo de procurar una relación mutua y efectiva de
intereses en el matrimonio, una justa y equitativa copartici­
pación, en vez de esos arreglos unilaterales, que tanto critica­
mos hoy día.
El hombre, por supuesto, en el nuevo y esperado orden
de cosas, debe ser el jefe, cuando no el único responsable del
sostenimiento del hogar ; la mujer, por su parte, debe estar
dispuesta a soportar las cargas del hogar en caso de que el
hombre, por causa legítimamente injustificada, quede incapa­
citado para hacerlo.
La propiedad debía ser reconocida en común, y la mujer,
tanto como el hombre, actualmente debería ser obligada a bus­
car el consentimiento de su marido antes de disponer de sus
propiedades. Al hombre le deben ser dados ciertos derechos
de herencia respecto de las propiedades de su mujer, tanto
como la esposa los tiene hoy en cuanto a las propiedades de
su marido.
La mujer, com.o el hombre, debería ser condenada por
abandono de hogar, o el hombre dispensado en gran! parte de
las penas que hoy se le imponen.
La pensión concedida y la pena impuesta al hombre por
rehusarse al cumplimiento de una injusta disposición de juz­
gado, no tiene lugar en un pueblo civilizado en el cual el hom­
bre y la mujer se supone son iguales ante la ley. La inteligen­
te editora de " The Woman Citizen ", gentilmente ( gracefully)
llega también a esta conclusión, como podrá verse por su si­
guiente declaración :
" La pensión, yo lo considero así, da lugar a las más grau­
des burlas de la justicia, como puede ser demostrado en todas

nuestras instituciones sociales, y estoy convencida de que la
mujer que no pueda ser descalificada políticamente ni explo­
tada en la industria, será fácilmente educada en un orgullo
de independencia económica, cual no puede conocer hoy bajo
las actuales limitaciones políticas y sociales. ' '
De todos modos, es de espera.rse que las mujeres no se sen­
tirán satisfechas con una victoria egoísta, y que ellas justifi­
c arán con sus hechos las afirmaciones hechas antes de sus cam­
pañas, cuando afirmaban que la emancipación de la mujer es
uno de los pasos más grandes en el progreso de la raza.

Versión del inglés por

Gabino A. PALMA.

Samuel SALOMAN.

53

�LA FORMACION SOCIAL DE MEXICO

La formación social de México
Cuando la Conquista, los indios pagaron un tributo de
sangre y de heroísmo que los dignificó, después de la afemi­
nada actitud de Moctezuma II. Terminada la lucha ' ambas
razas, española y azteca, dieron origen a una nueva nación
mexicana que se fue consolidando, poco a poco, en los siglos
de dominación. Ha pasado el tiempo de considerar, sañuda­
mente, aquellos sucesos que son de nuestros legítimos orígenes.
Es tan ilógico pretender un rancio nacionalismo sobre la base
de aversión a los españoles, como sería en los ingleses el rene­
gar de la sangre normanda, en los franceses de la herencia
latina, o en los españoles de la herencia gótica. Vencedores
y vencidos cumplieron con las circunstancias, con su idiosin­
crasia étnica y con fenómenos sociales ajenos a toda previsión ;
los excesos de los conquistadores no llegan a empañar el brillo
de su esfuerzo ni la importancia de su obra.
La conquista fué, indudablemente, el más trascendental de
los sucesos históricos mexicanos. Transformó la sociedad las
costumbres, la economía y la raza de Anáhuac. Mucho se ha
escrito en pro y en contra de la conducta y de los hechos de
los españoles ; pero quien esté conforme con que México perte­
nezca a los pueblos de civilización moderna, mediterránea,
tiene que aceptar como un inmenso beneficio aquel suceso san­
griento. Las codicias, los desmanes, la ambición de Cortés y
de sus compañeros, sólo son accidentes poco importantes en
el gran hecho histórico de la transformación mexicana. Si se
ahonda en la historia de cualquier país, se encontra;á que la
ambición y la violencia fueron móviles en apoyo de las accio-

55

nes más célebres, y aun de las más útiles ; la pureza de Guzmán
el Bueno y de otros de su mismo temple moral, es, por desgra­
cia, lo desusado.
Hubiera sido tipo ideal, para la transformación mexicana,
una lenta penetración de la cultura europea por la persua­
ción, por la evolución natural del contacto entre dos civiliza­
ciones, y, en general, por medios tan humanos y tan suaves
que evitaran la catástrofe de Tenochtitlán y conservaran las
carecterísticas selectas, los monumentos y la historia de los
indios vencidos. Pero ni a la naturaleza humana, ni a la época
en que ocurrieron aquellos sucesos (y tal vez ni a la actual) ,
se puede pedir tan grande lenidad, acusadora de una cultura
serena y superior. Todas las reformas sociales y políticas se
han verificado con hierro y con sangre ; sería ocioso y prolijo
corroborar con ejemplos abundantes esta afirmación.
Hay algunos hechos más en descargo de uuestros antepa­
sados españoles : los indios ya no eran razas superiores y de
tolerables costumbres ; combatían diariamente, muchas veces
por el solo gusto de la guerra y para acaparar prisioneros que
sacrificaban en las aras de su fanatismo. Sobre lo que hoy es
el territorio de la República Mexicana, convivían innumerables
pueblos que se odiaban mortalmente ; la decadencia que se
iniciaba con la corrupción de los mexicanos, permite asegurar
que jamás las razas indias hubieran consumado unidad vigo­
rosa ; estaban dominados por el espíritu de tribu, por el loca­
lismo del cacicazgo, que todavía se observa en los elementos
aborígenes subsistentes en Oaxaca, en Sonora y en otros luga­
res. La superioridad española quedó ampliamente comproba­
da con la fundación y organización de la extensa Nueva Es­
paña, verdadero principio de la actual nación mexicana.
El Derecho Internacional no podrá jamás justificar el
despojo consumado por los españoles, ni menos la rapacidad
que ejercitaron privando a los indios de sus bienes personales ;
fue eso mucho más atrasado y duro de lo que permitían los
usos reinantes en Europa. Estaba ya proscrita la antigua
oonquista asiática y proconsular que convertía en amos a los
Yencedores.

1

�57

COOPERACION

LA FORMACION SOCIAL DE MEXICO

Sería interminable seguir mirando las atenuaciones en fa­
vor de los españoles, o acumular cargos ciertos en su contra.
La anterior exposición parece bastante para deducir un jui­
cio general y fundado : los españoles merecen considerarse
como antecesores nuestros, en la misma escala que los indíge­
nas ; sus costumbres y su idioma son de nuestra herencia, y
sus faltas pertenecen a nuestra historia. De las razas indiati
nos quedan también cualidades y defectos. Con ambas co­
rrientes se ha formado la nación mexicana.
Ilernán Cortés se ocupó en edificar la capital de la Colo­
nia en el mismo sitio que o_cupara la destruída Tenochtitlán :
atendió más el motivo histórico-sentimental de levantar una
ciudad española que substituyera a la de los aztecas, que a loe
claros inconvenientes de fincar, conforme a la nueva civiliza­
ción, sobre aquella agrupación de islotes lacustres. Se inició
el trazo y se echaron los cimientos ; lo:; mdios trabajaron sin
remuneración y sin descanso en demoler los monumentos dt
su civilización, para construir los templos, los palacios y hasta
las habitaciones de los conquistadores. Las enormes escultu­
ras aztecas, los monolitos decorados con profusos bajos y altol!I
relieves, como la Piedra del Sol, sirvieron de cimientos y dt
soportes a los muros de los nuevos edificios ; hay en nuestro
Museo Nacional una serpiente emplumada, tallada en granito,
que fue convertida en pila de agua bendita para el servicio de
los ritos· triunfantes.
Pero la trascendencia de estos cambios, sobre lo que fuera
el asiento del poderío azteca, no guarda comparación con la
obra de repartición verificada en los campos : las tierras de los
indios fueron dadas a los capitanes, a los oficiales y a los sol­
dados más distinguidos, ya con el título de " encomiendas ",
ya de propiedades ; los indígenas, distribuídos como vasallol!I
al servicio de los nuevos señores ; se estableció una corriente
de inmigración española, principalmente masculina, que ase­
guró la conquista y apocó todo intento de independencia entre
los aborígenes.
El espíritu enérgico y la iniciativa individual, carecterí11ticas de los españoles, los convirtieron en fáciles sucesores de

l os caciques. Solamente algunos vástagos de sangre real in­
dia ingresaran o la elevada categoría que significaba el título
ele hispano. La formidable actividad de los Nuño de Guzmán,
de los Alvarado, Alvarez Chico, Avalos, Rangel, Olid y San
doval, llevó la conquista, no sólo a las tierras de la Anáhuac,
8ino aun a regiones remotas y antes desconocidas. El propio
Cortés alcanzó, por el Norte, hasta las Californias y por el Sur
l!asta Honduras, uniendo los títulos de descubridor y de con­
quistador. Por todas partes fue el sistema donar tierras a los
�encedores, y cantidades de vasallos, despojando a los indios
de su autonomía y de sus bienes particulares ; a la primitiva
codicia por el oro siguieron las más duras de la tierra y de los
..-a allos. A Cortés le tocó, con el sólo Marquesado del Valle
de Oaxaca, una dotación de 23,000 vasallos, que no le satisfizo
porque alegaba que debían extenderse sus derechos hasta
�,000 familias.
Nuño de Guzmán asoló las regiones del Pacífico, con una
crueldad que al fin hubo de ser castigada. Alvarado es tan
conocido por su arrojo y su gallardía militar, como por la lar­
ga historia de sus rapacidades sangrientas. Los misionero&amp;
acerdotes católicos encargados de difundir sus ideas religio­
Ms entre los indios idólatras, alzaban contra los aventureros
�anas protestas ; fue muy poco lo que consiguieron en la reali­
dad, aunque sí hicieron que la Corona formulara órdenes tan
lrnmanas como inútiles en favor de los vencidos.
El cruzamiento de las razas, la efusión de sangre que si­
gue naturalmente a las grandes invasiones, se verificó entre
el aventurero y las indias consideradas corno buena presa de
guerra ; los hijos de estas uniones casuales, y muchas veces
fugaces, se llamaron meztizos ; por carácter de origen, por edu­
carse éntre los indios va::;allos, esos vástagos estaban más cerca
ele la maternidad indígena que de la paternidad española. Los
hijos de padres europeos, sin mezcla de raza, formaron la clase
llamada criolla, rnuy inferior en número a la de los mestizos,
pero superior en posición social. Más tarde, negros esclavos,
importados, que se cruzaban con las indias, llegaron a consti­
tuir un pequeño grupo étnico de " mulatos ". Los indígenas

56

�COOPERACION

LA FORMACION SOCIAL DE l\IEXICO

formaban la última, y, aunque la más numerosa, la más débil
de aquellas castas sociales.
Con todos los fenómenos de formación fracasó la labor
moral de los misioneros en pro de una igualdad cristiana ; e·,
además, muy discutible la civilización que otorgaba a los in­
dios el celo de los misioneros. El doctor Mora dice que se pro­
curó hacerlos cristianos sin darles lugar de hombres, con lo que
se consiguió que no llegaran a ser ni una ni otra cosa. También
es razón contra la utilidad redentora de las misiones aunque
ajena a ellas,que en los conglomerados sociales es vano predi­
car la igualdad moral sin el _ equilibrio económico y la reden­
ción política.
No sólo el hierro de los vencedores cayó sobre las tristes
razas de los indios : también las enfermedades se cebaron en
los humanos rebaños ; en 1545, una epidemia causó la muerte
de 800,000 indios, y en 1576 el matlázahuatl, enfermedad que
atacaba casi exclusivamente a los indígenas, hizo dos millones
de víctimas. En el siglo XVIII se repitió la mortífera epide­
mia. Cuando las carestías frecuentes, los indios padecían en
mucho mayor grado que las demás clases, porque sus medios
pecuniarios les vedaban absolutamente adquirir el maíz, su
único alimento, a precios tan elevados como el de $60.00 por
carga que llegó a valer en 1747. Con estas mermas en número
y en energía, los indios fueron perdiendo mucho de su carácter,
cediendo completamente al influjo de criollos y de mestizos.
Esa raza antigua ha llegado a ser, bajo el punto de vista de la
eficiencia política y guerrera, un mero factor sentimental.
Los únicos indios que conservan energía propia son : o las tri­
bus bárbaras que se mantienen lejos de las conquistas, o los
indios que se han asimilado a la civilización y a las costum­
bres europeas, como don Benito Juárez. Pero el indib ¡,uro,
el indio de la Mesa Central, ejerce escasísima influencia en 1�
resolución de los problemas nacionales ; en nuestras luchas no
ha pasado, jamás, de ser propagado como motivo falso y uti­
lizado como miserable carne de cañón. En la paz es el paria
como su hermano de la Península Indostánica.

En el desarrollo de la Colonia, el clero llegó a ser una de
las mayores dificultades por el incremento inmoderado que
tomó la clase sacerdotal : aparte de las constantes dificultades
que los obispos suscitaban contra los virreyes en su afán por
inmiscuirse en las cosas del Estado, los que debieron ser conti­
nuadores de los misioneros, se transformaron poco a poco en
una aristocracia religiosa, y en una casta superprivilegiada.
A pesar del fanatismo reinante en la Nueva España, donde la
religión era norma de casi todos los actos, el año de 1644, el
Ayuntamient:l de México pidió a Felipe IV que ya no se fun­
dasen más conventos de monjas y de frailes, por ser ya tantos,
que guardaban desproporción con el número de habitantes de
la ciudad, a la vez que amenazaban consolidar en su poder
toda la propiedad territorial ; pues las fincas que poseían los
conventos y los capitales impuestos sobre la propiedad raíz,
importaban la mitad del valor de toda la propiedad del país.
A la vez pidió que mandase también a los obispos que ya no
se ordenasen nuevos sacerdotes, por haber más de 6,000 sin
ocupación ninguna, y que se disminuyese el número de las
:fiestas de los santos, porque no había semana en que no hu­
biera uno o dos días feriados, con lo que se acrecentaba la
ociosidad. ' '
Casi todos los sucesos que conmovieron el Gobierno de la
�ueva España, se originaron en las controversias eclesiásticas,
ya entre el virrey con algún obispo, o entre las mismas autori­
dades sacerdotales, por sus fueros, privilegios y jurisdicciones.
La vida de la sociedad mexicana de entonces, giraba en torno
de la Casa parroquial, en los pueblos pequeños, o de los gran­
des conventos y las antesalas episcopales dentro de las ciuda­
des. La autoridad y el poderío del clero eran casi ilimitado.
por el doble motivo de sus riquezas y del fanatismo reinante.
La Inquisición, autoridad especial para juzgar, penalmente,
los delitos contra la fe católica, era mucho más temible que
los tribunales comunes. Los autos de fe, o ceremonias públi­
cas para quemar a los herejes, remachaban la cadena eclesiás­
tica con un eslabón de terror ; la lectura de los procesos inqui ­
sitoriales da una impresión sombría y medrosa, aun después

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�61

COOPERACION

LA FORJ14ACION SOCIAL DE MEXICO

de tanto tiempo. Todas las :fuerzas que puede señalar la psi­
cología social, estaban en las manos del clero. La famosa
transformación que en los indios operaba la religión, predica­
da como la más alta presea de la civilización nueva, :fue sólo
nominal ; porque para el aburígen había yugo y tributos
eclesiásticos, y un cambio aparente de credo : imágenes en ve:.:
de íd.olos. Los preceptos de la moral evangélica nunca fueron
aplicados en su espíritu de igualdad, y la religión se usaba
como un medio para afirmar a los dominadores ; algún obispo
llegó a decir que servir a Dios era obedecer al rey y a los es­
pañoles.
Según confesión de Lúcas Alamán, nada sospechoso de
anticlericalismo, los bienes que a principios del siglo pasado
poseía el clero seglar o regular, formaban la mitad de la ri­
queza pública. A más de esto, los obispados cobraban el tri­
buto de diezmos, o sea un diez por ciento sobre cosechas y ren­
dimientos. Las parroquias eran ópimos centros de ingresos
por los llamados derechos paroquiales. Con estos aditamento�
no parece exagerado calcular en un setenta y cinco por ciento
de la total producción de la Nueva España lo que pasaba por
manos del clero, cuando llegó la época de la Independencia.
Para mayor abundamiento, el sacerdocio gozaba de tribu ­
nales especiales, de fuero personal, de un carácter oficial y
partícipe en los negocios del Estado. Si se hace hincapié en
todos estos hechos, no es por ranciu jacobinismo, sino por obli­
gación de poner en claro que la Guerra de Reforma, sufrida
por el México independiente, no tuvo el carácter de vana re­
yerta intestina, sino que fue un efecto social, un esfuérzo na­
cional contra el viejo abuso y contra la preponderancia de las
autoridades eclesiásticas. Generalmente se juzga que las re­
voluciones mexicanas han sido originadas en un carácter tur­
bulento y enemigo del orden, en esto se padece verdadera in­
comprensión moral. Muchos, los más grandes de nuestros mo­
vimientos de guerra intestina, tienen orígenes sociales muy
marcados en el esfuerzo contra todos los vicios desarrollados
en una época de formación, que por colonial y por sujeta, fue

impropia para formar un Estado con las características moder­
nas de instituciones justas y liberales.
No obstante el vicio social que la preponderancia del clero
significó en la estructura mexicana ; no obstante su inconve­
niencia de corporación extraña al Estado, y tan fuerte como
éste, es digno reconocerse que el cristianismo, tuvo ventajas
de humanidad sobre las viejas religiones sanguinarias, sin ilus­
trar ni redimir a los indígenas. La conquista por la prédica
y con la cruz penetró más suave y efectivamente que la de la
espada y el trabuco. Misioneros como el padre Las Casas,
defensor de los indios, son la antítesis dulce y humana de don
Pedro de Alvarado y de don Nuño de Guzmán. Los indios reR•
petaron y amaron a muchos de los clérigos que los protegían
contra la dureza de los aventureros. Posiblemente la influen­
cia eclesiástica, insoportable en el siglo actual, fue benéfica
en los primeros tiempos coloniales ; por ella vivían también mu­
chas instituciones de enseñanza, y se sostenían muchos asilos
de caridad.
La administración española no tuvo gran cosa que hacer
para la formación nacional de la Nueva España ; la conocida
energía individual y municipal de los peninsulares, fue crean­
do ciudades, villas y poblaciones. Las reales cédulas no hacían
más que reconocer hechos consumados, cuando decretaban el
carácter de las nuevas agrupaciones. Los conquistadores tra­
jeron a México su agricultura : los animales domésticos, des­
conocidos por los indios, aportaron inmensos beneficios ; el
indio de carga, ta.m.eme, fue reemplazado por el asno y por la
mula. Las actividades tomaron nuevos rumbos : innumerables
atajos y caminos, hormigueantes de recuas y de arrieros, con­
tribuyeron a la unidad del país, facilitando el intercambio
c'Omercial ; se levantaron hospederías a la orilla de los caminos,
con los nombres de mesones, ventas y posadas. La ganadería
prosperó de tal manera, que la Nueva España llegó a ser, en
ese ramo, uno de los países más abundantes del mundo.
Pero la distribución de la propiedad rural, con motivo de
las donaciones a los conquistadores, de las encomien�as y de
las grandes concesiones al inmi grante europeo, fue fatalmente

60

�COOPERACION

LA FORMACION SOCIAL DE MEXICO

opresiva y latifundista, y el cultivo anticuado y deficiente.
Los aventureros, que llegaban sin capital, lo suplían con la
explotación del indio inerme y prácticamente esclavo. .Los
hacendados eran tan p oderosos, que podían con sus sirvientes
formar un verdadero ejército y comparar la extensión de sus
tierras con las de los Estados menores europeos. Quienes ad­
ministraban esas grandes fincas, como dueños o como geren­
tes, recibían el tratamiento de " amos " y cumplían tanto con
una misión de dirección explotadora, como con una forma po­
lítica de verdadero caciquismo ; esto dió a la Colonia cierto
tinte feudal, creando una espe?ie de aristocracia campesina
ignorante y despótica casi siempre. Para contener a los sir­
vientes en una absoluta obediencia, se usaba del sable, del cepo
y del látigo. La importación de negros, considerados como
animales más resistentes para los trabajos, que el indio, dió
origen a la casta de mulatos, esclavos en su inmensa mayoría.
Los salarios eran insignificantes o nulos. Con esta formación
social resultaban inútiles las disposiciones del rey en favor
de los indios ; las famosas leyes los colocaban siempre en un
plano social distinto al de los blancos, y contribuían irreme­
diablemente, a marear la diferencia de castas.
El gobierno de los virreyes y de las autoridades colonia­
les que le eran anexas, jamás llegó a considerar posible, ni
conveniente, orientar las capacidades de la Colonia en el sen­
tido de ejercer derechos cívicos ni menos nacionales. Se con­
sideró la Nueva España como un campo vasto y rico que Dios
otorgara, ¡ señalada merced ! a los monarcas españoles y a sus
súbditos. Los mejores gobernantes virreynales fueron los que
pudieron realizar la inmensa explotación, sin lesionar, direc­
tamente, prácticas humanitarias y procurando mejoras mate­
riales. Hubo un verdadero radicalismo para juzgar como eter­
na, por hecho y por derecho, la sujeción del país conquistado.
Una cuidadosa selección excluía a los indios, a los mestizos y
a los mulatos, de todos los cargos que significaban autoridad,
Y, a los criollos, de los que fueran importantes. Con esto se
incapacitó a los mexicanos para desempeñar siquiera una ad­
ministración secundaria. Desde España venían virreyes, obis-

pos, oidores, dignatarios importantes, jefes para el Ejército y
directores para las grandes empresas. Los criollos, por des­
confianza que inspiraba su asimilación mexicana, apenas al­
canzaban los empleos secundarios, aunque siempre se les daba
algún acceso entre la casta dominadora. Los mestizos forma­
ban la clase media inferior, y el proletariado más vigoroso y
mPnos maltratado ; eran arrieros, capataces, vaqueros, opera­
rios y sacristanes. Los indios no tenían, en lo general, más
lugar que el de ' ' p eones ' ' en los campos, cargadores en las
minas, y por lo regular las más ínfimas funciones. El arzo­
bü,po Núñez de Haro decía que a los sacerdotes criollos debían
dárseles puestos inferiores para tenerlos sumisos, y el virrey
Branciforte era partidario de que no se diera a los indios más
instrucción que el catecismo de los mandatos eclesiásticos.
De todos esos elementos administrativos, económicos y
sociales, llegó a surgir una Nueva España considerablemente
rica, aunque con una distribución de esa riqueza completa­
mente inadaptada a la justicia y a la conveniencia. La mitad
de las rentas públicas, o sea de 7 a 10 millones de duros anua­
les, eran sacados en provecho de la Metrópoli. Pero esto no era
el mal más grave, sino el de la distribución interior de la pro­
piedad y de sus productos ; la Independencia bastó para co­
rregir la explotación metropolitana, pero dejó casi intactos
los demás problemas. El clero, los españoles y los criollos
acomodados eran todopoderosos, en la escala que hemos seña­
lado. Don Lucas Alamán acepta el hecho de la absoluta pre­
ponderancia de los españoles, únicos dueños de los altos em­
pleos, monopolizadores del comercio, aunque calificándolo de
justo y debido a la laboriosidad peninsular. Don Lorenzo de
Zavala, en su obra sobre la revolución de México, y con él mu­
chos historiadores, acusa rudamente a los españoles y al Go­
bierno Colonial como explotadores cínicos y sólo preocupados
por el propio medro y por educar a sus descendientes criollos
bajo el yugo de dos fanatismos : el del papa y el del rey.
En la Nueva España la población puede considerarse, a
principios del siglo XIX y según cálculos equitativos, en seis

62

63

�64

COOPERACION

millones de habitantes distribuídos de esta manera, según las
diversas castas : (Alamán. )
Españoles . .
Criollos . . . . . . .
Mestizos y mulatos .
Indios . . .

70,000
1.130,000
2.400,000
2.400,000

La riqueza pública era, como hemos dicho, considerable,
y las rentas fiscales ascendían, en 1809, a catorce millones y
medio de duros, en números redondos, y los gastos a poco más
de seis millones, lo que arroja un superávit de más de ocho
millones invertidos en remesas a la Metrópoli o a sus demás
dependencias. Se acuñaban cerca de treinta millonos anua­
les. La minería y la agricultura rendían elrededor de veinti­
cuatro millones cada una. La industria no era muy cuantiosa,
por el proteccionismo declarado en favor de la peninsular es­
pañola, y por la falta de población consumidora. En 1802 el
comercio de exportación y ele importación por la Aduana de
Veracruz, ascendió a cerca de sesenta millones de duTos. (Esa
Aduana era la más importante de la Colonia.) Atendiendo a la
situación y al mercado mundiales de entonces, puede asegu­
rarse materialmente próspera la situación de la Nueva Espa ­
ña. Pero la injusta distribución de esa riqueza la volvía inútil
para la masa social mexicana y hasta casi nociva.
Un historiador de la época dice sobre lo anterior, las si­
guientes significativas palabras : " . . . . existía, pues, una des­
igualdad de fortunas tan grand.e , como entre personas que po­
dían gastar ciento y aun quinientos pesos diarios, y otras que
no podían consumir dos reales. Debe notarse que aunque exis­
te también esta desigualdad en Europa, especialmente en In­
glaterra, siempre la desproporción entre los ricos y los pobres
es menor en la segunda, lo que hace más fácil la repartición de
las riquezas, y, además, los consumos de los ricos en Europa
SON DE EFECTOS PROPORCIONADOS POR LA INDUS­
TRIA NACIONAL, en vez de que en México las ropas y todos
los artículos de lujo venían y vienen de los países ex'tranjeros ;

.

LA FORMACION SOCIAL DE MEXICO

65

resultando de aquí mayores dificultades para adquirIT la sub­
sit encia Y los medios de vivir con descanso. Esta observación
no debe perderse de vista. ' '
Las únicas fuentes de riqueza de la Nueva España eran
la minería y la agricultura ; y como la minería, por su misma
índole, no toleraba sino la explotación capitalista y en escala
importante, sólo quedaba la agricultura en la distribu ción
general de la riqueza. Pero el sistema de encomie ndas y el de
hacendados latifundistas absorbía todas las tierras útiles .
las castas agravaban con la desigualdad social, la económica'.
Don Lorenzo de Zavala cita las siguientes palabras de un es­
critor : " La igualdad o desigualdad entre los diversos órdenes
de ciudada nos en una nación nueva . . . depend e esencialmente
de la distribu ción de propiedades territoriales, porque una na­
ción no civilizada
tiene comerc io, ni capitales acumulados,
_
m manufacturas, m artes ; no puede, pues, poseer otras rique­
zas que las que produc e la tierra " . . . " Una nación adquie re
algunas veces sin revolu ción y sin conqui sta, un grado de civi­
lizació n i �perfecta, en que las tierras son cultivadas sin que
el comerc 10 y las artes hayan hecho todavía ningunos progre­
sos ; entonces es probab le que las tierras que perten ecen a esta
nación fuesen en su origen repartidas entre los ciudadanos
.
,
en propor c10nes mas
o menos iguales, o, al menos, que ninguno
de ellos obtuvo de sus compatriotas EL PERM ISO DE APRO­
PIARSE UNA EXTE NSION DE TIERRA SUMAMENTE
DESPROPORCIONADA A LAS FUERZAS DE LA FAMILIA
QUE DEBIA DE CULTIVARLA ' '. Este último no era el caso
de la Nueva España : las tierras fueron otorgadas en mucho
�ayor escala que para el cultivo personal, con el fin, casi de­
liberado'. de establecer un amo europeo sobre siervos indíge
nas. Mientras que la arquitectura monumental, las
letras y
en general las artes todas, tenían un cierto florecimien
to entre
la casta superior de los criollos, los mestizos
e indios queda­
�an anal!abetos, sistemáticamente. La costra de ignor ancia
se gu��do escrupulosamen te para conse rvar
un sistem a de do­
_
n11nac10n perf ecto.

1:º

)

5

�66

COOPERACION

Tal vez ni en la Rusia de los Zares existió una tan com­
pleta división entre la riqueza y la pobreza como ha existido
en México. Cuando la nación se transformara en libre, tendría
que venir un largo período de revoluciones que completaran la
obra de Independencia. Nuestro siglo convulso no es más que
un esfuerzo contínuo para verificar la reforma de aquella so·
ciedad nacional que se llamó la Nueva España, y que fue, a la
luz de las tendencias modernas, enteramente incompatible con
el progreso social y con la libertad.
Juan de Dios ROBLEDO.

Sobre temas del 2 7
(Capitulo de la novela in6dita ALMAS Y MILLONES. LA NOVELA DE TAMPICO)

Por

J.

M. PUIG CASAURANC

Dedicado a la meditación del seilor don Adolfo de la Huerta

Medio: Tampico.

Epoca: 1 9 1 8.

Poco a poco la casa de huéspedes de doña Antonia se fué
convirtiendo en un centro de profesionistas jóvenes.
Los antiguos clientes : cantineros de la esquina, emplea­
dos de tiendas de abarrotes, de la Aduana y del Timbre, se
fueron sintiendo mal en aquella atmósfera antes tan burguesa,
del comedor improvisado bajo la escalera.
Solían pasar, en otros tiempos, la hora de la comida y la
de sobremesa en endiabladas disputas de toros y contribucio­
nes ; pero esta muchacha nueva les hacía ahora intolerable la
comida con los temas políticos y literarios que se explotaban
de ordinario.
A Antunez y Rojas, los potosinos que vinieran directa­
mente desde la escuel a al recibirse de abogados, a hacer for­
tuna en el moderno Klondike, y que constituían el pie vetera­
no " de la intelectualidad" de la pobre casa de huéspedes, se
habían ido agregando casi todos los prof esionistas recién lle­
gados al puerto ; los solteros, lo mismo que aquellos casados
que, por estar aun en el duro período del noviciado, no ha­
bían podido traer a sus familias de Sonora o ele Chihuahua o

�68

COOPERACION

SOB RE TEMAS DEL 27

de Campeche, y se conformaban filosóficamente, con los sanco­
chos de doña .Antonia.
Médicos, ingenieros ( de estos casi todos antiguos mili­
tares, hijos de Chapultepec, que la Revolución había licencia­
do sin misericordia) , abogados, agentes de petróleo que no
aceptaban ni merecían en verdad el calificativo desdeñoso de
' ' coyotes ' ' ; en total una veitena de luchadores entusiastas
atraídos por la bonanza de Tampico que, como un gigantesco
y bienhechor ' ' maelstroom ' ' estaba absorbiendo un buen tan­
to por ciento de la potencialidad y de los hombres de acción
de todo México.
Por la influencia de este grupo de intelectuales, como bur­
lonamente los llamaban los cantineros del " Puerto Jarocho ",
de la calle de .Altamira, las tertulias de sobremesa tomaban
carácter de verdaderos debates parlamentarios y el pobre co­
medor se convertía en canapé florido, en que todos aquellos
buenos muchachos soñadores vaciaban sus ilusiones y sus es­
peranzas.
El ingeniero Márquez, aunque hiciera mucho tiempo ya
que había pasado aquel duro período de lucha en que se ha­
llaban los abonados de doña .Antonia, gustaba de acudir de
vez en cuando a las comidas de la fonda para aliviar, en aquel
coro de entusiasmos juveniles, su desagradable neurastenia.
Y decía muy formalmente después, a los miembros conspícuos
del Club de la " Lengua que Mata " (todos enfermos ya del mal
eterno de la desesperanza por no haber obtenido la felicidad
con el dinero y con la posición social prestigiosa que tenían ) ,
que era el comedor de d.oña .Antonia un oasis e n e l desierto
tan pequeño, y que a él había que acudir para hallar, en las
pláticas y en los períodos oratorios de los muchachos recién
venidos y entusiastas, toda la fe y el vigor de espíritu que ellos
habían perdido para siempre.
Cuando en la mesa de la una y media veía reunida el in­
geniero la plana mayor de los comensales de doña .Antonia,
auguraba para Tampico, casi aislado en la semidespoblación
de Tamaulipas, una era de extraordinario desarrollo, gracias
ya no al chapopote, que sólo había traído progreso material ,

sin o a la corriente de ideas y de entusiasmos que significaban
todos aquellos jóvenes recién llegados. No con otra clase de
gente, ganosa de aventuras y rica de voluntad se había hecho
el milagro del crecimiento norteamericano ; n� de otro modo
de la soledad de la pam'pa .Argentina brotaron las urbes ma­
ravillosas, orgullo de Sudamérica ; no de otra manera, se con­
vertiría Tamaulipas, quizás, en el más populoso, rico y culto
Estado de la Federación Mexicana.
Y más se aferraba a esta esperanza el ingeniero Márquez
cuando consideraba que estaba pasando México, por una eta�
pa durísima de guerra civil, en la que el cuartel y la aventura
bélica eran los medios más fáciles y menos peligrosos para
lograr un rápido enriquecimiento ; y por esto cifraba todas
sus esperanzas en aquella juventud que había .sabido resistir
a la sugestión del botín a bajos precios de fatiga y del encum­
bramiento político a plazo corto y seguro (ya que no había
habido facción política que no tuviera su triunfo, siquiera efí­
mero) , y que, ante el empobrecimiento del solar nativo había
vuelto los ojos a Tampico, en vez de volverlos a los campos de·
la Revolución, y había buscado en el trabajo duro y en la lu­
cha tremenda por la vida contra todas las dificultades e inco­
modidades de los trópicos, el mejoramiento personal y la ri­
queza ; y acababa el ingeniero por sostener, en las sesiones de
" La Lengua que Mata ", cuando .Arrunegui, tamaulipeco, se
burl �ba de su entusiasmo al hablar de los recién llegados, quie­
nes iban a Tampico a luchar y a sufrir en vez de al istarse sin
convicción, allá en la Mesa Central a las filas zapatistas o d; en­
quistarse en las oficinas del Gobierno, daban con eso pruebas
de verdadera energía moral y física y demostraban poseer un
nivel de patriotismo y de voluntad muy superior al promedio
que existía por entonces en México, y formaban el germen y
guardaban la savia de la prosperidad futura del país.

69

El doctor Garneiro, que por deferencia especial al ingenie­
ro Márquez, lo acompañaba ese día al comedor de doña .An-

�70

71

COOPERACION

SOBRE TEMAS DEL 27

tonia, sati facía la curiosidad de Justo Pérez, joven galeno
tapatío que deseaba saber cuánto tiempo había necesitado él
-Garneiro- para colocarse en la situación brillante en que
se encontraba. ¿ Sólo había ejercido la medicina en Tampico ?
-No, compañerito. Yo sólo tengo seis años aquí . . . .Ah,
si hubiera venido cuando me recibí . . .
Y evocaba la condición del Tampico de entonces allá por
los años de 1909. Apenas un poblacho de diez o doce mil ha­
bitantes. Cuando había tomado informes sobre Tampico y
aun después de un viaje relámpago de exploración que hicie­
ra para decidirse, quedó desencantado de la plaza. Un ran­
cho, un miserable rancho, le - había parecido aquello, junto
a la Capital, y para irse a un rancho habría preferido largar­
se a su tierra, a Veracruz, porque aunque era cierto que fuera
de México, todo era Cuautitlán, siquiera en Veracruz se res­
piraba cierto ambiente intelectual y social, donde podía mo­
verse y vivir un hombre civilizado . . . . ¡ Pero en Tampico . . . . !
Y ahí había estado precisamente su arrojo . . . Se decidiera a
venir entonces y ya sería seguramente millonario, como el
amigo Márquez . . .
Volvíanse todos los ojos juveniles al ingeniero, y llovían
las preguntas sobre aquel período en que se iniciara la verda­
dera bonanza de Tampico. Y Márquez explicaba gustoso a
los muchachos, después de rectificar la aserción de Garneiro
respecto de su fortuna personal, ( ¡ Oh, muy por debajo del mi­
llón seguramente . . . !) explicaba las condiciones del Tampico
de hacía diez años. Toda la Huasteca, aun sin petróleo. Eso
sí, haciéndose exploraciones y contratos por todas partes.
' ' El .Aguil a ' ' y Doheny, y Ricardo Mestres, y él mismo, el in­
geniero, explorando la región y los hombres de fortuna y de
visión clara acaparando terrenos . . . Pero, en realidad en 907,
cuando había llegado él, la industria petrolera apenas estaba
naciendo en la República.
Después de los fracasos relativos del doctor .Autrey, en
Furbero, en las cercanías de Papantla, en donde se obtuvo
petróleo y aun se refinó, pero no en cantidad comercial que
permitiera su explotación, la Huasteca Veracruzana se había

prácticamente abandonado, desde 1872, año en que se hicie­
ron los trabajos meritísimos del doctor .Autrey. Apenas si en
el Ebano, en Tamaulipas, los intereses Doheny-Canfield aca­
baban de lograr en 1904 veneros comerciales, casi al mismo
tiempo que Pearson, en :fylinatitlán, obtenía sus pozos de San
Cristóbal perforados a una profundidad insuficiente y echa­
ba, con ellos y con su refinería, los cimientos de la monumen­
tal industria petrolera de ahora.
Después, desde 1910, con el admirable pozo de " Potrero
de Llano " se había iniciado después del fracaso de " Dos Bo­
cas ", la era de actividad febril.
-¡ Potrero de Llano . . . ! ¡ El pozo que acababa de salarse
hacía unos días ! ¿ pero, entonces, había durado ese " geyser "
ocho años ?
El ingeniero Márquez contestaba afirmativamente. Ha­
bía durado ocho años y producido más de ciento veinte millo­
nes de barriles, lo mismo que se esperaba que producirían las
zonas de Amatlán y de Chinampa y más seguramente, ' ' Cerro
.Azul ". Pero claro que los pozos de ahora, considerados indi­
vidualmente, no darían lo mismo, por la falta de zonas de
protección. Acababa de volver Márquez de una visita a los
campos y pronosticaba una fiebre nunca vista de perforacio­
nes en .Amatlán y en Zacamixtle. No, no para ese año, pero
sí para dentro de uno o dos, cuando los trabajos preparato­
rios de brechas y caminos y arreglo de campamentos y con­
ducción de materiales y adquisición de terrenos y perfeccio­
nainiento de títulos, quedarán terminados.
-Será cuestión de quien llegue antes, muchachos. Ya
no veremos los casos de ' ' Cerro .Azul ' ' y de ' ' Potrero ' ' y de
" Casiano ". Pozos aislados en medio de una zona enorme de
protección para evitar que perforen los competidores. Ahora
va a hacerse de aquellas tierras una verdadera pichancha.
Dos o tres perforaciones en lotes de seis y hasta de cuatro hec­
táreas, cuando antes se perforaba un pozo en una Hacienda
de cuatro o cinco mil . . . y aunque estemos acertados los geó­
logos que pensamos que allí, en .Amatlán y en Zacamixtle, y
quizá en Toteco y posiblemente en Cacalilao, hay grandes bol-

�72

73

COOPERACION

SOBRE TEMAS DEL 27

sones de petróleo, yacimientos tan ricos como los de ' ' Cerro
Azul " o de " Potrero ", no durarán lo mismo. Van a ser cien
bocas para chupar de la misma bolsa de aceite ; muchos bece­
rritos para una sola vaca y ya nos contentaremos los pobreto­
nes con mojarnos siquiera los labios. Y si en este año, en 1918,
ha exportado México sesenta y cinco mil barriles diarios, en
dos años más saldrá quizás medio millón cada día . . .
Las oleadas de chapopote que evocaba el ingeniero Már­
quez, casi ahogaban al auditorio. Sentían todos los mucha­
chos naufragar sus ansias de riqueza en aquellos tremen­
dos lagos de aceite subterráneo.
-1, Y la nacionalización ? t, podríamos tener, al fin, la de­
seada nacionalización ? t, o se iría toda esta riqueza casi sin
dejar nada, en cambio, quedando las pobres tierras de México
huecas, como un cascarón ? . . .
Y aquí, el debate empezaba verdaderamente. Casi todos
aquellos bravos muchachos, fervientes nacionalistas, llevaban
su nacionalismo hasta sentirse y confesarse ' ' carrancistas ' ' '
con tal de proteger el petróleo ; y cantaban himnos al Artículo 27 que, estableciendo que el subsuelo nacional era propie­
dad de la nación, había de impedir el despojo por extran­
jeros . . .
Sólo dos o tres de los comensales, los abogados, con el fuer­
te sentimiento de respeto a la propiedad privada que les in­
yectara la escuela y el estudio de viejas filosofías del Dere­
cho, defendían tenazmente a los propietarios de terrenos. Pe­
ro los nacionalistas argüían :
-¡ Bah ! . . . Los propietarios de terrenos . . . ¡, pero, quié­
nes eran en realidad, los propietarios actuales de los terrenos ?
en ninguna parte del país, quizás, estaba la propiedad tan du­
dosa y mal titulada como en los campos petroleros. Antiguas
haciendas de centenares de poseedores, cuyos títulos l egales
habían ido perdiéndose poco a poco, por deficiencias o falta
absoluta del Registro Público ; por irregularidades de testa­
mentarías y de juicios sucesorios, cuando las tierras sólo va­
lían como malos potreros para engorda de ganados, hasta que­
dar reducida la titulación, ahora, en muchos casos a los ridícu-

los papeles o recibos que representaban "los pesos primiti­
vos . . . ' ' Indios los propietarios en su mayoría, carentes de
toda iniciativa, ceros sociales para el progreso de un país, que
se dejaban despojar inicuamente por " coyotes " o agentes de
compañías y vendían su propiedad por un plato de lentejas . . .
¡, No era acaso más justo que la nación reivindicara sus dere­
chos y que llegando al despojo de los actuales tenedores de
títulos .se procurara dar al país y a los concesionarios que pres­
taran garantías, aquellas fabulosas riquezas . . . ?
Y el ingeniero San Juan, un socialista -estatista furibun­
do-, aprobaba los decretos de Carranza. ¡ Ah, si él hubiera
estado en el Constituyente . . . ! habría sido más precisa aun
la redacción de aquel artículo constitucional . . . hasta habría
establecido la ley un Departamento Tutor de Indios para que
no pudieran hacer éstos una sola transacción en sus propie­
dades y tierras, sino por conductos de agentes del Gobierno.
De ese modo se evitaría el que fueran eternamente robados . . .
La m�jor justificación del Artículo 27 estaría en la formación,
por el Gobierno, de una lista de los actuales propietarios de
terrenos petrolíferos . . . Se vería claramente entonces que no
lo son ya los que pudieran llamarse reales poseedores (si el
nacer en un pedazo de tierra puede dar derecho para que un
salvaje disfrute de lo que Dios ha acumulado por siglos, cen­
tenares de metros abajo de la superficie para la riqueza de una
colectividad social y no de un individuo o de una familia . . . )
Y si al menos tales indios fueran todavía los propietarios en
la mayor parte de los casos . . . pero se vería al hacerse la es­
tadística que pedía San Juan que ya la propiedad había pasa­
do casi, en su totalidad, por sumas irrisorias, a manos de ' ' co­
yotes " y de compañías, dejando a sus dueños en la misma con­
dición de atraso material y moral en que estaban antes de des­
prenderse de sus riquezas.
Y las tiradas líricas por ambos lados, se sucedían sin in­
terrupción, y carrancistas y pelaecistas, significando aquéllos
la nácionalización, y éstos el respeto a la propiedad privada y
a los contratos l1rchos ; todos, excitados por ese tópi(:O, C'l Ar

�74

COOPERACION

SOBRE 'l'EMAS DEL 27

tículo 27, el eterno tópico en Tampico, todos querían dar su
opinión . . .

yotes y Compañías, arriesgaban buenos dólares, porque era
una conseja en gran parte, aquello de que todos los terrenos
eran comprados o adquiridos por un plato de lentejas . . . .
Eso había pasado ya a la historia . . . . Ahora los indios sa­
bían ' ' más de lo que se les había enseñado ' ' ; se dejaban pedir
cuarenta y hasta cincuenta dólares por el arrendamiento
anual de una hectárea de terreno no explorado aún -verda­
dero ' ' wild cat ' ' en términos petroleros- y siempre exigían
buenos ' ' señoríos ' ' . . . . Sí había, era cierto, muchos caci­
ques de indios -indígenas y criollos- que abusaban de su
influencia con los pequeños propietarios y que obtenían, has­
ta de modo ilegal a las veces, enormes ganancias en el tras­
paso de lotes, recurriendo a engaños y encierros y secuestros
y hasta crímenes . . . . (" Don Samuel, por ejemplo ", gritaban
a coro los muchachos . . . . Fingía el Ingeniero no oír y con­
tinuaba . . . . ) Pero fuera de esos que eran casos aislados y
que sucedían en todos los países, en dondequiera que hay una
bonanza y en donde se inicia la lucha para adquirir propiedad,
fuera de esos casos, no creyeran que los indios eran borreguitos
llenos de mansedumbre y fáciles de desarrollar, y hasta co­
nocían no uno sino muchos indios que sabían de redacción de
contratos más que muchos abogados, y que hacían distincio­
nes sutiles para amarrar a los perforadores, y que llevaban
su " viveza " hasta el extremo de venir a Tampico y suave­
mente, con la perfidia suave del huasteco, hacer, el mismo
día, traspaso del mismo terreno a tres y cuatro compañías . . .
Y en todos estos casos, las compañías burladas, raramente
procedían contra el indio, sabiendo la inutilidad de perseguir­
lo, con autoridades, siempre listas al cohecho y en zona do­
minada por la revolución de Peláez . . . . Preferían pelear sus
derechos relativos con las demás compañías compradoras y
acababan generalmente repartiéndose la pérdida, al aceptar,
por transacción extrajudicial casi siempre, que el lote com­
prado por varias compañías se fraccionara entre las víctimas,
que aquí ya no habían sido los indios sino las compañías ex­
poliadoras . . . .

.y,

* .y,

El Ingeniero Márquez callaba y sonreía con tristeza.
También él, de años atrás, mueho antes de que Carranza
modificara la Constitución y diera estos decretos de tendencia
usurpatoria, también él había sentido como el que más, san­
tas indignaciones nacionalistas, y había deseado ardientemente
la nacionalización del petróleo . . . . pero sus viajes a México,
sus conexiones de negocios con las compañías y con los agen­
tes de algunas Secretarías de Estado, habían acabado por des­
ilusionarlo. No se pretendía, no era la verdad una nacionali­
zación del petróleo, ni mucho menos. Era una verdadera ma­
raña de aspiraciones y propósitos personales en los que para
muy poca cosa entraba la Patria, lo que había inspirado mu­
chos de aquellos decretos. Deseo de hostilizar a las compañías
petroleras, por la ayuda que daban a Peláez ; política de im­
puestos :fiscales desarrollada a mucha distancia, con excepcio­
nal clarividencia del futuro ; habilidad coyotesca, en muchos
funcionarios, altos y bajos, para apoderarse, por denuncios
hechos por terceras personas, de los buenos terrenos que las
compañías iban explorando y descubriendo, a costa de verda­
deros capitales invertidos . . . . El mismo había sido visitado
muchas veces, en su hotel en México, por altas personalidades
de la política industrial, del Gobierno. Se le había sondeado
respecto de sus estudios geológicos de la zona ; se había pro­
curado ganarlo a la causa ' ' de la nacionalización ' ', con pro­
mesas formales de hacerle participar en las zonas buenas que
el Ingeniero señalara para denuncio " por gentes que estaban
bien con el Gobierno " . . . . El había visto demasiado clara­
mente la situación y la verdad, entre el despojo relativo al in­
dio que hacían en Tampico los coyotes y las compañías, invir­
tiendo dinero y esfuerzo, y el absoluto despojo gratuito que
intentaban hacer los favoritos de la administración carran­
cista, preferiría el primero . . . . Siquiera aquellas gentes, co-

75

�i6

COOPERACION

¡ Ah si la estadística que quería el compañero San Juan
se hiciera y publicara, la nación sabría de cosas verdadera­
mente notables ! Los mejores terrenos, denunciados por per­
sonajes muy allegados al Gobierno, por testaferros de altos
oficiales, hasta por senadores que podrían ser alguna vez Pre­
sidentes de las Comisiones del petróleo encargadas de regla­
mentar el artículo 27 . . . . Verdaderos salteadores que se
aprovechaban del esfuerzo y del dinero ajeno para denun­
ciar tierras que ya se sabía que eran ricas en petróleo, cono­
cimiento para llegar al cual había sido preciso muchos años
de exploración y muchos centenares de miles de dólares . . . .
Y era cómodo por una ley · retroactiva despojar a los legíti­
mos dueños, a las Compañías que eran ahora más legítimos
dueños quizás que los mismos indios, porque aquéllos tenían
titulaciones deficientes y sus tierras estaban embrolladas en
las sinuosidades de la propiedad individual, sin documentos,
y en los pliegues de un juicio sucesorio enredado, casi im­
posible de esclaracerse con luz meridiana, en tanto que para
la adquisición de un terreno las Compañías habían invertido
m.iles de dólares de cuya materialidad y existencia nadie po­
día dudar . . . .
Y confesaba l\'.Iárquez que, convencido al fin de que no
había de ordinario, en las ansias dizque nacionalistas de las
esferas oficiales del carrancismo, nada sano ni inteligente­
mente patriótico, había caído en el extremo opuesto, y hasta
había sido revolucionario de ideas contra Carranza ( es decir,
reaccionario) , sintiendo nacer en él raras simpatías en favor
de aquellos generales huastecos que desde 1914 andaban
por los campos y se decían ahora defensores de la Constitu­
ción del 57 y del derecho de propiedad de tirios y troyanos,
es decir, de indios y criollos y extranjeros. Pero (y aquí ba­
jaba la voz el Ingeniero Márquez para no ser oído por los
otros huéspedes de doña Antonia, que comían en otras me­
sas -huastecos los más-, que estaba Tampico entonces en
pleno dominio moral de la revolución pelaecista, aunque el
dominio material lo obtuviera Carranza ) . Pero a Uds., mucha­
chos, que son hombres buenos y que no están todavía muy

SOBRE TEMAS DEL. 27

77

envenenados por este endiablado Tampico que huele a in­
fierno, hasta por el azufre de las refinerías, y que quieren juz­
gar de la cuestión con el corazón sano y con un verdadero
cariño a :México, a ustedes voy a decirles la verdad : la cosa
está muy mal en la capital, en México, es cierto . . . . hay mucho podrido en el Gobierno ; pero hay más por acá . . . . " Tampoco hay en los mentidos defensores de la propiedad, en la
Iluasteca, generosidades ni alientos patrióticos. Me he lle­
gado a convencer de que esas partidas revolucionarias no son
otra cosa que tropas rurales al servicio directo de las Com­
pañías Petroleras . . . . Gente armada que aprovecha la re­
gión en que opera para exigir a las Compañías el pago de con­
tribuciones y de gabelas, que las compañías no tienen más
remedio que pagar so pena de ver en peligro sus pozos y
enormemente dificultada la libre circulación por sus cam­
pos . . . . Y es lo curioso que, aunque crea el Gobierno de
Carranza lo contrario, no son bien vistas esas tropas revolu­
cionarias por las Compañías, ni siquiera son estimuladas por
ellas. Son toleradas y utilizadas, como se tolera y utiliza un
mal que no puede evitarse, por falta de protección eficaz de
las tropas del Gobierno y porque fuera del ansia de rapiña
de los jefes huastecos, esas fuerzas revolucionarias se han co­
locado en una condición de vasallaje respecto de los intere­
ses petroleros, hasta el punto de que son, realmente, como
antes decía, fuerzas rurales, guardias blancas para cuidar las
propiedades extranjeras, que obedecen las órdenes de los ge­
rentes más aún que las de sus generales muchas veces ; casi,
casi, son tropas mexicanas en la condición de empleados, con
la única particularidad éle que son fuerzas de policía que se
fijan a sí mismas sus ueldos y los gananciales de sus jefes . . .
Pero en el fondo, de nacionalismo, de respeto a la propiedad
pri, ada, como no sea la propia, y de ideales revolucionario,
y de acatamiento a la Constitución del 57, nada hay en reali­
dad, creánmc Uds . . . . En algunos soldados, ingenuos como
todos los soldados, pequeños propietarios de terrenos petrole­
ros, hay el ideal de defender la propiedad particular, sabién­
dola apoyar por las leyes del 57 ; pero en los jefes, en Ios je-

�79

COOPERACION

SOBRE TEMAS DEL 27

fes hay 1 s mismos deseos de acaparamiento de riqueza y de
tierras que hay en los oficiales de la administración carran­
cista, y si esa estadística de propietarios se hiciera, se encon­
traría que en ella :figuran también muchos revolucionarios de
Peláez que han obtenido sus lotes petrolíferos no por heren­
cia, ni siquiera, como los adquieren los coyotes y las Compa­
ñías, por compras más o menos generosas, sino por verdade­
ros actos de despojo, por contratos en que, más que el dinero
y que la persuasión, ha obrado el argumento definitivo y trá­
gico · del 30-30 . . . . y, tal vez me equivoque, pero se me figura
que esos hombres que ahora vemos como héroes, que luchan
por un ideal y por la restauración de un Código Nacional
que nos parece sagrado entre otros motivos porque ya exis­
tía cuando nacimos, se me figura que muchos de esos pelae­
cistas van a abjurar muy pronto de sus famosos ideales, cuan­
do se rindan o cuando triunfen, o simplemente cuando ad­
quieran, como los jefes de varias Secretarías de Estado de
Carranza, participación en esos denuncios que ahora comba­
ten tan encarnizadamente . . . . ' '
-En resumen, comentaba el Lic. Pastrana, la misma in­
moralidad en los dos lados . . . . la misma y eterna mentira de
patriotismo y de beneficio popular . . . .
-Exactamente, afirmaba el Ingeniero Márquez, la mis­
ma eterna mentira revolucionaria y oficial, que Dios quiera
que no acabe nunca en ustedes, que son jóvenes, con el entu­
siasmo y con la fe, como ha acabado desde hace tiempo en mí
y en el Dr. Garneiro que ya somos viejos . . . .
-¡ Hombre ! no . . . . protestó el galeno mientras se lim­
piaba por enésima vez los bigotes kaiserinos manchados por
el molillo verde- habrá acabado en Ud. todo eso y mucho
más, que por mi parte, sigo creyendo en todo, hasta en las
propiedades medicinales del petróleo, mientras pueda uno se­
guir ganándose en Tampico algunos miles de dólares al
mes . . . .
(Garneiro gustaba de pavonear su éxito pecuniario y
profesional ante aquel grupo paupérrimo de profesionistas
j óvenes.)

-¿ Cuántos miles al mes, Doctor, preguntó e l compañe­
rito Justo Pérez. ( Tres meses en Tampico, cuatro de recibi­
do, y una linda mujercita en Culiacán que sería ' ' su ' ' mujer­
cita, cuando pudiera hacer algunos ahorros. )
-Hombre . . . . eso depende naturalmente . . . nunca pue­
de uno saber cuantas apendicitis caerán al mes, ni cuantos
gringos serán despachados al otro barrio en la Huasteca ;
porque, créame, coleguita, las laparotomías y los embalsama­
mientos valen más que el petróleo y se acaban menos pron­
to . . . .
-Vaya una asociación de ideas, Doctor, rió el Ingeniero
San Juan . . . . Dicho así de seguido, " laparotomías y embal­
samamientos ' ' parece que éstos siguieron fatalmente a aqué­
llas . . . .
-Pues no crea usted, comentó irónico Márquez. Hace
bien en juntar los términos el Doctor Garneiro . . . . se dan
sus casos . . . .

78

�LA EPOPEYA DEL CONDO I '

La Epopeya del Cóndor
Magistral poesía premiada en et
co11curso abierto por " Mundial", entre
todos los escritores de habla espai"wla,
en 1913.
Formaron elj11rado calificador R11bén Darío, Amado Nervo, Enrique
Gómez Ca,-rillo, Ricardo León y M.
1),fart inenche.
¡Oh , Tir0, orgullosa con tanta gloria
y riquezas! Tus navegantes han tocado
todas las costas, y ahora las olas del
mar van a alzarse contra tí, y un Yiento
impetuoso te precipitará enmedio del
abismo.
En el día de tu ruina, tus riquezas,
tu comercio, tus negociantes, tus ma­
rinos, tus pilotos, tus hombres de gue­
rra y ese pueblo que llena tus asam­
bleas, caerán contigo.
EZEQUIEL XXVII, 1-8.

Sobre el flanco del monte
meridional, cuya cimera umbría
parece que interroga al horizonte,
ensayaba un polluelo
el plumón de sus alas, para el vuelo
débiles e inexpertas todavía.
Brisas recién despiertas
llegaban hasta él ; por la rosada
inmensidad, que tiembla eu lejanía,
como enorme y sangrienta llamarada
la aurora en el Oriente aparecía.

81

Ansiosa de pillaje,
un águila llegó ; batió la roca
el ébano ruidoso del plumaje,
e hincó la garra en la inviolada y fina
carne de aquella juventud. Inerte
la víctima cayó. La niebla andina
cubrió el horror de la tragedia.
Mudo
pasó el tiempo después, pero la muerte
vencer la sangre juvenil no pudo.
Fue propicia la espera. Aquel polluelo
era un cóndor ; en su pupila ardía
como un gran cofre millonario, el cielo ;
blanca gorguera en derredor bordaba
su cuello, cual blasón en que se vía
la estirpe regia, prestigiosa y brava,
y aptos eran sus músculos de bronce
para cortar, en la serena altura,
a golpes de ala el huracán.
Entonces
surgió el recuerdo rojo de su oscura
niñez, y del altísimo peñasco
voló. Al pasar doblaron la cabeza
cien volcanes, cubiertos con su casco
de fuego : era un tributo a la grandeza
de aquel emperador.
En la penumbra
indecisa y lejana del otero,
súbitamente al águila columbra,
absorta en devorar tierno cordero
que robara a un pastor ; el ala tiende,
cruza como un meteoro, el infinito,
y a su enemiga en el festín sorprende
con un radiante y victorioso grito.
Y fue la lid salvaje ; el ansia sorda
que estalla hecha tumulto ; la filuda
6

�82

COOPERs\CIO�

garra contra la garra, el pico fuerte,
el aletazo, la agresión sañuda,
el encono ancestral que se desborda
y condena a la fuga o a la muerte.
Rendida al fin, entre la niebla muda
huyó el águila olímpica . . . . .
Un poeta,
pequeño como el átomo infelice,
pero grande y vidente porque canta
de pie sobre la América, predice
la epopeya del pueblo
que cr,ece y se agiganta.
Como el viejo Profeta,
que el desastre anunció de la orgullosa
Tiro, ¡ oh Titán soberbio ! yo te auguro
la ruina ; es tu grandeza un opulento
roble de ramas fuertes y rotundas,
pero un gusano ha puesto en sus raíces
la justicia de Dios.
Hacia las zonas
donde duerme la América Latina
en molicie sensual, sobre coronas
de laureles antiguos, se encamina
una falange de colosos. Traen
nervios de amianto y músculos de acero ;
e n cada rostro, de expresión felina,
de donde gotas sudorosas caen,
hay un rojizo resplandor de forja,
y el gesto de un altivo aventurero
que es un Conquistador. Entre su alforja,
henchida tras titánica porfía,
desbórdase un torrente de doblones
tumultuoso y soberbio, que podría
comprar a cien Naciones,
cual si fuesen menguada mercancía.
Ellos sacaron de la férrea mina

LA EPOPEYA DEL CONDOR

la fuente de agua negra y luminosa ;
e n dos partieron la extensión marina ;
encerraron en lámina divina
la palabra, con mano portentosa ;
dieron al labrador armas mejores ;
haciendo el fluído eléctrico fecundo
multiplicaron discos y motores ;
al aire dieron trenes voladores ;
y hablaron con los términos del mundo ;
y bajo la ambición que los empuja,
cual si retar quisiesen a la brava
nube que en hoscos ímpetus revienta,
a los cielos alzaron una aguja
diamantina e inmoble, donde clava
sus flamígeros dardos la tormenta !
Un sueño de grandeza y poderío
en sus cabezas flota. Es la avalancha
que se desborda desde el Norte frío
hasta el confín de Magallanes. Mancha
de aceite multiforme,
que avanza y crece. Y cual si mengua fuera
ya del hombre triunfar, quiere el Coloso
que no temió de Camoens los vestiglos,
despedazar con su martillo enorme
la gigante barrera
que formaron los siglos ;
y rompiendo las moles seculares,
habrá de hacer, ingentes y profundos,
nn idilio de amor entre los mares
y una cita de hierro entre los mundos !
Pero p-ocos han sido
herederos de Washington, el noble,
el patriarcal y austero ciudadano
que alzara ayer, con majestad de roble,
el pendón del Derecho americano.
Huyó la santidad de esa bandera,

83

�84

COOPERACION

junto al haz de olivos de su escudo,
el dragón que hoy impera,
las fauces abre, amenazante y mudo.
Hijos de los famosos bucaneros
son los imperialistas, herederos
de William W alker, el audaz bandido,
maestro insigne de estupendos robos,
que en Nicaragua penetró, seguido
por sus marinos lobos,
y entonces aprendió que cuando vela
por su techo y sus hijos, la gacela
puede hacerse león. . Son los traidores
tentáculos del pulpo que hoy flagela
y oprime y chupa en lentos torcedores
a ese inerme país. Son los hermanos
de Vernón, que al sitiar la Heroica Villa
con su corsaria flota,
huyó ante los rugidos soberanos
del león de Castilla,
y supo en su vergüenza y su derrota
que un soldado de España no se humilla
porque sabe morir. Son los histriones
del 'río Sam, que a la Antilla codicioda
le negaron los dones
que le ofreciera la latina espada,
y soñaron con burdas ambiciones
trocar su magna Libertad por una
muelle y dorada servidumbre un día,
¡ creyendo que el cubano vendería
el ideal que le arrulló en su cuna !
Ellos, los nuevos bárbaros, fijaron
en el hogar vecino sus anhelos,
ávidos como Atila, penetraron
en la patria de Hidalgo y de Morelos,
y tras lid sin igual, lid sin decoro,
de niños aplastados por gigantes,

LA EPOPEYA DEL CONDOR

ellos, los hijos rústicos del toro,
hicieron un festín de sangre y de oro
con las rotas entrañas palpitantes.
Y oro y sangre también, sangre que canta
la vida, y oro espléndido de soles,
bebieron en la herida sacrosanta
abierta en los dominios españoles ;
fue entonces nuevo heraldo
de la raza vencida, la figura,
primitiva y fastuosa de Aguinaldo :
como un último gesto de locura,
cuando, con la actitud del que despoja
a las Islas llegó la gente extraña,
al cinto puso la luciente hoja,
clavó en las cumbres su bandera roja
y cayó . . . . como el roble en la montaña !
Llegó luego a su colmo la medida :
ahogando en el alud de la materia
a la víctima incauta y sorprendida,
el jayán de la feria
com,pra el traidor en la almoneda obscura,
falta a la fe con imperial cinismo,
y hunde a un pueblo indefenso en el abismo
de la más espantosa desventura.
Ante ese gran dolor, crucificado,
mudo, impotente, inextinguible, y solo
al crimen se han alzado
himnos de admiración de polo a polo.
Al villano que roba en el camino
-hambriento acaso- cuélgase el grillete
brutal del salteador y el asesino ;
y al ladrón de Naciones
que oculto en la emboscada del bufete
y amparado por barcos y cañones
llena a un pueblo de lágrimas y luto,

85

�86

COOPERACION

LA EPOPEYA DEL CONDOR

a ése le da las palmas del tributo
la Civilización . . . . . ¡ Clama y protesta
el idioma español, que no se presta
para hacer del honor pasto y vitualla,
y pregona que es esta
la Civilización de la canalla !
¡ Concierto de abyección ! ¡ verdugo listo
que al reo aclama y vilipendia al Cristo !
El Código social fustiga y mata
a quien roba a un hogar casta doncella ;
¡ y hoy que todo lo _noble se atropella,
cúbrese de laureles al pirata
que hurtó a la Colombia su mejor estrella !

1ra a buscar exótico elemento
el hijo de la loba y del hispano :
la raza buscará cada fragmento
como busca la gota el Océano.

Ella, al infame castigar no pudo ;
sobre las playas que el Caribe azota
recogió los pedazos de su escudo,
y sin doblar un punto la rodilla,
mostró su veste, ensangrentada y rota
pero limpia de fango y de mancilla.

¡ Honor y gloria para Sancho : brote

Ante ese cuadro lívido
que apenas el pincel a rasgos traza,
pálido centinela clamorea
y habla a los horizontes de la Raza
de pie sobre la torre de la Idea.
Es la voz de la unión. Entre el sosiego
de la noche pretérita y distante,
tal como un bronce que tocara a fuego
habla el Libertador. Ya en el cuadrante
que la impasible eternidad espía,
sonó la sollozante
hora de su tremenda profecía.
Y es forzosa esa unión, dique y cimiento
para un haz de Repúblicas. En vano

Más . . . . ¿ qué son los ardientes
gritos ante la ola despeñada ?
Espíritus videntes
predican paz, y anuncian la llegada
del Titán, que cortando las ortigas
de nuestros viejos odios carniceros,
desatará las prósperas espigas
como un río de oro en los graneros.
de la prudencia suma :
guía, escudo y sostén de Don Quijote !
Olvidemos la pluma,
la espada y los orígenes proceros ;
durmamos en molicie musulmana
el sueño de los brutos . . . . . Y mañana,
cuando atrapen los cármenes opimos
de la heredad los burdos mercaderes,
¡ tendremos que llorar como mujeres
lo que guardar como hombres no supimos !
Arde el fuego sagrado
del honor en el templo del Pasado.
¡ Jamás podrán vestir con la librea
con que viste el lacayo y el eunuco
los que fueron leones de la idea
en Puebla, y en Junín y en Chacabuco.
Es preciso vencer. No es ilusoria
la voz que da la juventud florida.
La pampa inmensa a laborar convida.
¡ Quien ganó las batallas de la gloria.
puede ganar también las de la vida !

�88

COOPERACION

Despertando vigores
y arrojando en el surco la simiente,
se acercan los latinos sembradores
y van bizarramente
al Coloso lanzando un desafío
bajo el suntuoso pabellón del Arte,
de Chocano el apóstrofe bravío,
el arpa inmensa de Rubén Darío,
y el verbo rudo y redentor de Ugarte !
Es hora de las grandes odiseas.
¡ Una bandada lírica de ideas
despierta al Continente adormecido
y hace poner de pie sus avanzadas,
como el brusco graznido
de las aves sagradas
que poniendo las lanzas y rodelas
en manos de la Itálica cohorte,
aviso a los dormidos centinelas
que llegaban los bárbaros del Norte !
Es forzoso luchar ; romper la infanda
noche, y hacer fecunda la procera
y alta lección que la altivez nos diera
en la patria de Sucre y de Miranda
y en la cuna de O 'Higgins y Carrera.
Trabajar es vencer. Nuestro destino
es oro en el filón : para el Latino
el secreto del triunfo está fincado
en ser obrero y a la vez soldado ;
en romper, a lo largo del sendero,
la valla, con el filo del acero,
y el surco con la reja del arado.
Pueblo que fue en la fragua modelado,
no es el híbrido pueblo que en su aurora.
compra trozos de patria en el mercado ;
quezá el ceñudo traficante ignora

LA EPOPEYA DEL CONDOR

la sangre ilustre en Lexington vertida :
al atar la Louisiana y la Florida
a su carroza de brillantes ruedas,
en lugar de un puñado de su vida,
dió tan sólo . . . . . ¡ un puñado de monedas !
l!,ue el astro del Derecho en su epinicio
sol de invierno, tardío e incoloro,
que apenas dió su resplandor propicio
cuando humeó el sangriento sacrificio
ante las aras del Becerro de Oro.
Como aborto imposible surgió una
república Imperial ; tras el prodigio
de lid recia y gigante cual ninguna,
el hombre negro, redimido al cabo,
al par del gorro frigio,
siguió llevando el hierro del esclavo.
Y en tanto que esa hondísima gangrena
camina en las entrañas del Coloso,
y para breve plazo le condena
a caer con estrépito espantoso,
la savia nueva, generosa y rica
que nos dieran f1yer nuestros mayores,
abajo el tronco nutre y fortifica
y arriba salta en eclosión de flores.
¡ La Libertad las almas señorea
y es todo libre en monte y en llanura :
desde el boa monstruoso que en obscura
landa la presa espía, y se recrea
en su banquete de funestas galas,
al colibrí pequeño, miniatura
del arco-iris, flor que juguetea
rayo de sol, sobre columpio de alas !
De nuestra casa bajo el amplio techo
hallan el pan y el vino,
junto al pendón sagrado del Derecho,

89

�90

COOPERACION

el Indio, el Ruso, el Sirio, el Africano :
y es porque encierra el Ideal Latino
todas las ansias del linaje humano,
como contiene el caracol marino
la voz, la inmensa voz del Oceáno.
Monroe lanzó su fórmula colérica
y ambigua, como un reto, hacia la Europa
Sáenz creó nuestra divisa : ' ' América
para la Humanidad". Bulle en su copa
la vida. La esperanz!l, es una estrella
que conduce a la Tierra Prometida
las caravanas de emigrantes ; ella
renueva la resaca empobrecida,
palpita en un compás grave y profundo,
y hasta la extremidad más apartada
¡ lanza toda esa vida desbordada
como si fuese el corazón del mundo !
La raza está de pie.
Como un vigía
que vela en los graníticos bastiones,
el l\fomotombo enciende sus fanales ;
y como los tupidos escuadrones
de un ejército en marcha, que triunfales
pendones lleva y al combate guía,
se enfilan en la turbia lejanía
los Andes con sus cumbres inmortales !
Viene de la llanura
la fragancia otoñal que da la siembra
en sazón ya. La tierra es una hembra
qeu ha dado a luz. Como la hostia santa
incendiando los cielos se levanta
el sol del porvenir. El azul pleno
canta : es el mismo luminar sereno
que alboreaba en el pálido infinito

LA EPOPEYA DEL CONDOR

cuando desde las velas españolas
se alzó, jocundo y poderoso, el grito
de Rodrigo de Triana
¡ y anunció la epopeya americana
entre el salvaje estruendo de las olas !

Aurelio MARTINEZ MUTIS.

91

�Lo que piensan de nuestra Revista

Jurado de obras sociales
Damos a conocer en este número, como lo ofrecimos en el
anterior, los nombres de las personas designadas para inte­
grar el Jurado de Obras Sociales en el Concurso abierto
por " COOPERACION ", entre todos los escritores nacionales,
para premiar las dos mejores obras publicadas en 1922, una
de ellas sobre materia social, y la otra literaria, escrita en
prosa o verso.
Jurado de obras sociales
Lic. José V�ncelos.

Lic. Fernando González

Lic. Ezequiel Padilla..

Roa..

Las tendencias de "Cooperación" y sus
primeros artículos
Por el DR. ATL

Estando no solamente distanciado, sino en completa opo•
sición con los principios políticos del " Partido Cooperatista
Nacional ", he visto con el mayor interés las tendencias mani­
festadas en diversos campos de las actividades intelectuales
por distintos grupos cooperatistas, y me ha parecido que la
más seria entre todas las tendencias organizadoras, la que ha
adquirido forma en esta Revista, es la más importante y la
más efectiva. Llamar al estudio profundo y desinteresado de
los problemas interiores y exteriores que agobian en C'ste mo­
mento al país, es una labor esencialmente necesaria, que hasta
la fecha no había lográdose encauzar debidamente. Una de
las pruebas de que " COOPERACION " está orientada en la
única dirección que un periódico de esta especie debe tener, es
que desde su primer número empezó a publicar una serie de
artículos tendentes a desenmarañar esa cosa sin nombre que
se llama el criterio nacional en asuntos raciales.
El artículo del Sr. Gabino A. Palma toca el punto básico
de toda cuestión mexicana : la cuestión racial. Ese artículo
debe ser leído detenidamente porque está escrito con una clara
visión del gran problema nacional y porque el optimismo que
lo inspira y las soluciones que propone son, en mi concepto,

�94

COOPERACION

las única que pueden organizar social, política y económica­
mente a México. Punto esencial del artículo del Sr. Palma
que con mucha precisión titula " NUESTRA CRISIS ESPIRI­
TUAL ", es éste : México necesita una inyección de sangre
blanca. En efecto : la inmigración es la única fórmula posible
para aliviar definitivamente al país de las graves crisis a que
se ha visto sujeto desde la época en que se proclamó una m­
dependencia hipotética, y a la base de las cuales sólo existe,
realmente, una crisis espiritual, es decir, una falta de potencia
moral, de voluntad continuativa y de grandes ideales.
La acción de España asesinó en México todo idealismo y
durante el siglo que siguió a_ la Conquista el país entero ha
vivido en una perenne crisis espiritual de la cual han surgido
revoluciones incongruentes, salvajes, que han asaltado el po­
der para dominar brutalmente a los escasos elementos intelec­
tuales, despotismos locales que han paralizado totalmente las
actividades de todas las regiones de México, y lo que es mucho
peor y mucho más trascendental de esa crisis espiritual, es que
ha nacido una desesperanza que se agranda y se solidifica ca­
da vez más al término de los violentos espasmos revoluciona­
rios que han sacudido a la República.
Y o no quiero en estas breves líneas hacer un comentario
del artículo del Sr. Palma.
El problema tratado por él, aunque expresado con senci­
llez, esquemáticamente, encierra una tal importancia, que los
comentarios implicarían, no una serie de reflexiones, sino una
¡¡erie de leyes. Quiero solamente llamar la atención de los lec­
tores de esta Revista para que aporten su contingente al pro­
blema expuesto por el Sr. Palma. Sin la solución de ese pro­
blema, todos los otros, la cuestión agraria, la política, la eco­
nómica, serán ' ' accidentes inorganizados ' '.

LO QUE PIENSAN DE NUESTRA REVISTA

95

A través de las Revistas
Verdades amargas sobre hispanoamericanismo

Con el título de " COOPERACION " h a empezado a pu­
blicarse una importante revista que es órgano de la Acade­
mia de Estudios Sociales y Políticos del Partido Coopera­
tista Nacional.
Espigando en las páginas de ella, encontramos un inte­
resante trabajo de Julio Jiménez Rueda que contiene nuevos
puntos de vista acerca del trillado, manoseadísimo asunto de
la ' ' fraternidad ' ' hispanoamericana. Intitúlase ' ' Latiuoame­
ricanismo de corazón ", y de él entresacamos el siguiente ju­
gosísimp trozo :
' ' Con gran frecuencia los Estados U nidos de América otor­
gan empréstitos a los países del Sur, sujetándolos así a una
dependencia económica que les ata de manos en sus vuelos
líricos.
Así pues, la América Latina, unida líricamente, no deja
de obedecer a influencias extrañas que impedirán lógica­
mente una cooperación práctica en momentos de apuro para
uno de los países hispanos.
La organización de un todo unido que responda a una
sola voluntad de acción está, pues, lejano :
I. Por las diferencias que existen entre las república1'
hispanoamericanas, y que no por pequeñas deben dejarse de
tomar en consideración. Llegada la acción se verían obliga­
das a consultar razones de interés regional y no los amplios
intereses de la raza.
II. Por la acción diplomática, financiera y política de
los Estados Unidos que las disuadiría rápidamente de todo
intento de unión formal.
Cuando el Presidente Carranza desconoció el alcance de
la Doctrina Monroe, el Presidente Baltasar Brum, del Uru•
guay, contestó con una conferencia en honor de la misma.
Doctrina, dada en el Salón de Actos de la Universidad, pro­
piciando más tarde la formación de una Liga Panamericana

�96

COOPERACION

de Naciones, con hegemonía directa de los Estados Unidos
desde luego.
Hemos alimentado los mexicanos durante mucho tiempo,
el sueño de creernos representantes directos de la raza, ante
la potencia norteamericana.
Propagandistas, sinceros unos, interesados otros, nos
hablan de la guardia avanzada que desempeñamos nosotros
en defensa de la raza. Hemos propugnado siempre el prin­
cipio de unión, soñándonos directores posibles de esa unión.
Nada m.ás :falso y peligroso que esta actitud. América
admira nuestros arranques gallardos, sonríe benévolamente
de nuestras proezas y nos vuelve :francamente las espaldas
cuando intentamos un gesto comprometedor.
Y sin embargo1 la política internacional de México, de­
berá estar basada en un entendimiento razonable y creciente
con esos países ; después de haber logrado mayor :fuerza en
sí mismo.
Como pueblo débil, buscamos apoyo :fuera ·de nosotros
mismos, soñando con una cooperación que existe solamente
en terreno afectivo y lírico. Algunas repúblicas de la Amé­
rica del Sur, con sentido más práctico de la realidad, vuelven
los ojos a la potencia más :fuerte, indiscutiblemente, de Amé­
rica. Perú no ve en la Argentina sino a la nación unida a él
por vínculos tradicionales de idioma, costumbres, y por el re­
cuerdo común y venerado ele San Martín ; pero a la hora de
dirimir un enojoso asunto como el del tratado de Ancón, re­
curre a los Estados Unidos y rechaza a la Argentina como
árbitro del conflicto, para poner en manos de la Casa Blan­
ca, su resolución.
Los países que han logrado una situación interior segu­
ra, una posición económica saneada, una respetabilidad ex­
terior sólidamente establecida, sí pueden tener a veces arran­
ques de generoso y valiente espíritu de solidaridad y, sin em­
bargo, solamente mantienen su actitud gallarda cuando no
ven en ello la posibilidad de ningún conflicto serio que los
lleve más allá de los límites que previamente se han fijado. "
" El Universal ". Sábado 16 de diciembre de 1922.

Notas de actualidad nacional
El período extraordinario de sesiones
del Congreso de la Unión
Convocado por el Ejecutivo de la República, el
viernes
19 �e e:°ero el Congreso de la Unión abrió un perío
do extra­
ord ar10 de sesio es para resolver el conflicto
surgido con
:°
i_n
motivo de la elecci ón de Magistrados y Jueces del
Fuero Co­
mún en_ el Distrito y Territorios Federales. " En efecto
-dijo
el Preside�te- : el Ejecutivo de mi cargo, no obsta
nte habe r
norm a�o siemp re sus actos en el más absoluto
respe to a las
resoluciones del Cong reso de la Unión, se vió preci
sado, muy
a su pesar Y para no desacatar el prec epto del
artículo 70 de
la Constitución Gene ral de la República , a
no sanc10n
· ar n1
p_romulgar el Decr eto de :fecha 30 de dicie
mbre último relativo a l� el�cc ión de Magistrados y Jueces
del Fuero Común
e . l Distrito y Territorios Federales ; porq
ue, habiendo re­
��
ci i o e: documento sin las firmas del Presiden
te y Secretario
�e la ?�mara de Senadores, su pub licac ión
se hizo legalmente
madmlSlble da�o el mandato imperativo y
absoluto del pre­
.
cep t o constitucional citad o. ' '
El conflicto en realidad existía entre
la Cámara de Dipu­
tados Y algunos Senadores que, decepcio
nados por no haber
lograd� sacar ava_ntes ciertas candidaturas
, llevaron a cabo
determmadas
. mam.obras políticas que obligaron ::i.l p.1 esi· dent e
" a n? sanc10nar n_1 promulgar el Decr eto de
30 de dicie mbr e,
,
relat ivo a la elecc 1on
de Mag istra dos y Jueces del Fuer o Co7

�98

COOPERACION

mún en e Distrito y Territorios Federales ' '. Reunido nueva­
mente el Congreso General, el Senado tuvo que ratificar, sin
ninguna alteración, la elección hecha por la Cámara de Dipu­
tados el 29 del pasado diciembre.

La expulsión del delegado apostólico
Monseñor Ernesto Filippi

Con motivo de ciertos actos religiosos celebrados en el
Cerro del Cubilete, Estado de- Guanajuato, actos cuyo carácter
está expresamente prohibido por la Constitución de la Repú­
blica, y en los cuales tomó una parte muy activa el Delegado
Apostólico, Monseñor Ernesto Filippi, el Sr. Presidente de la
República dispuso la expulsión de dicho señor por conside­
rarlo extranjero pernicioso. La aplicación del Art. 33 Cons­
titucional al Delegado del Papa se llevó a cabo a pesar de los
esfuerzos que' en contrario hicieron los católicos de la Repú­
blica, particularmente la Unión de Damas Católicas y la Or­
den de los Caballeros de Colón. El Delegado Apostólico aban­
donó la capital el 17 del mes de enero, saliendo rumbo a los
Estados Unidos. Por su parte, el Si•. Presidente de la Repú­
blica recil:¡ió multitud de telegramas de felicitación de todos
los partidos políticos militantes y funcionarios prominentes,
por su enérgica actitud para hacer cumplir y respetar la Cons­
titución de la República.

La huelga de los empleados de tranvías
En los últimos días del mes de enero y debído a un co:tJ.­
fl.icto surgido entre la compañía de Tranvías de México y sus
empleados, la ciudad tuvo que sufrir las consecuencias de la
huelga, declarada por los mismos empleados para hacer que
la Compañía cediera a sus exigencias. Sucedió que la Com-

NOTAS DE ACTUALIDAD NACIONAL

99

pañía se vió precisada, por razones económicas, a suprimir un
_
_
det�,:mmado numero de empleados, concediéndoles la gratifi­
cac1on de tres meses que prescribe nuestra Constitución. El
sindicato, no conforme con esto, exigía que, además de los
tres meses reglamentarios de gratificación, cada uno de los
obreros cesantes recibiera también tantos meses de sueldo co­
mo años hubiera estado trabajando. La Compañía, por su­
�uesto, �o accedió a tales pretensiones y el Gobierno tuvo que
mtervemr para resolver el conflicto. Algunos obreros conti­
nuaron intransigentes, y entonces el Gobierno se vió obligado
a que los trenes puestos en servicio fueran resguardados por
soldados de la Federación. Entonces los descontentos asalta­
ron un tren, agrediendo a mano armada a los soldados que lo
escoltaban y asesinando al motorista, produciéndose un con­
flicto de trágicas consecuencias entre obreros y soldados en
la Avenida Uruguay, frente al local que ocupa la Confedera­
ción de Trabajadores.
Los obreros descontentos dirigieron al Sr. Presidente de
la República un mensaje, redactado en los siguientes térmi­
nos : " Protestamos atropellos cometidos fuerza armada in­
v �sión local, lujo crueldad. Revolución defraudada, p;inci­
.
pios pisoteados. Exigimos garantía pueblo ' '. El Sr. Presi­
dente contestó : ' ' Adolfo Guadarrama, R. Aguirre y demás
firmantes : Ejecutivo de mi cargo no sabe qué admirar m'ás si
audacia ustedes al asaltar un tren, agrediendo a mano arm�da
a miembros del Ejército que lo escoltaban y asesinando al mo­
torista y causando daños irreparables a personas inocentes e
indefensas que en el carro viajaban, o el cinismo que campea
en su mensaje, revelador de una absoluta inconsciencia de las
responsabilidades que sobre ustedes pesan o una completa
perversidad. Primero, porque el acto que ustedes han reali­
zado en nombre de los derechos de los trabajadores' es un
.
motivo de vergüenza seguramente para las clases laborantes,
que han dado tan altas pruebas de discreción y de respeto a
la ley Y a las autoridades, y ellas serán seguramente las pri­
meras e� protestar, haciendo honor a su causa, que no debe
ser desv1rtuada por falsos apóstoles que, por maldad o in-

�1(,0

COOPERACION

conscienci , ejecutan actos para provocar su desprestigio. El
Gobierno que me honro en presidir ha dado y seguirá dando
pruebas inequívocas de prestar un apoyo decidido para que
todas las clases laborantes, tanto de las ciudades como de los
campos, reporten los beneficios que les da el programa del
actual Gobierno y cuyos postulados fueron precisamente la
bandera de la revolución, y los nombres de los sacrificados en
ella sean profanados por los que no han sabido comprender
la alteza de miras que animó a los hombres que aceptaron
conscientes el sacrificio para conquistar el bienestar colectivo.
' 'Presidente República, A. OBREGON. ' '

NOTAS DE ACTUALIDAD NACIONAL

101

que muchos no quieran reconocerlo así, se haría todavía más
difícil con el tipo que se obtuviera al cruzarse los inmigrantes
asiáticos con mujeres mexicanas. Bastará recordar, para com­
probación de nuestro aserto, el creciente disgusto que actual­
mente existe en algunos Estados del Pacífic o, donde los nego­
cios y las industrias principales se encuentran ya en manos de
los amarillos. Este disgusto es tal, que la Legislatura de So­
nora ha propuesto al Congreso de la Unión una ley general
que prohiba en absoluto la inmigración amarilla.

La Cámara de Diputados y la opinión
del ministro de Hacienda
Los japoneses y la colonización
El 19 de enero estuvo a conferenciar con el Sr. Subsecre­
tario de Agricultura y Fomento una comisión de agricultores
japoneses, con el fin de solicitar del Gobierno de nuestro país
ayuda para fundar en México colonias de agricultores japo­
neses, debido a que en el Estado de California están actual­
mente sufriendo serias y continuas persecuciones por parte de
las autoridades y el pueblo de los Estados Unidos, que equi­
paran a los japoneses con tipos de raza negra. El Sr. Subse­
cretario dijo a la comisión que daría cuenta al Sr. Presidente,
de su solicitud, contestándoles a su debido tiempo. Es opor­
tuno fijar la atención en las concesiones que el Gobierno haga
a los extranjeros para el establecimiento de colonias agrícolas
en la República. México, ciertamente, necesita de la inmi­
gración ; pero dado el carácter de nuestra cultura y las carac­
terísticas de nuestra nacionalidad, creemos que no sería de
ningún modo atinado fomentar o estimular cualquier clase
de inmigración amarilla, no sólo por los conflictos económicos
que provocan los colonos asiáticos, al cobrar jornales más ba­
jos que los que cobran nuestros nacionales, lo cual haría que
éstos fueran desplazados en la competencia, sino porque nues­
tro problema racial, ya de por sí muy complejo, a pesar de

Refiriéndose a la labor desarrollada por la Cámara de Di­
putados durante la discusión de los Presupuestos, el señor don
Adolfo de la Huerta, secretario de Hacienda y Crédito Públí­
co hizo las siguientes declaraciones: ' ' la Secretaría de Hacien­
da, dijo, ha visto con especial satisfacción la labor desarrollada
en materia de presupuestos por la actual Cámara de Diputa­
dos. En efecto, es el primer caso que se presenta en la historia
del Poder Legislativo en nuestro país, que este Cuerpo Cole
giado, de propia iniciativa, haya hecho una brillante labor,
no solo de carácter técnico sino también de carácter político,
con procedimientos parlamentarios. Para cualquiera que esté
siquiera iniciado en los principios de admisistración pública, es
notorio que la formación de los presupuestos anuales exige una
preparación técnica no solo en las finanzas públicas, sino tam­
bién y muy principalmente el conocimiento de las necesidades
presentes de la administración, subordinándolas a los postula­
dos de economía, de orden y de buen gobierno. Así lo han de­
mostrado las Comisiones de Presupuestos de la Cámara de Di­
putados, y me complazco en reconocerlo públicamente, atentos
los resultados obtenidos. A mayor abundamiento la Cámara de
Diputados ha dado un ejemplo patente de cordura y bien en•
tendido patriotismo al saber coordinar de modo inteligente
las ingentes necesidades de la Administración con las posi-

�102

COOPERACION

bilidades económicas de la Hacienda Pública, sin descuidar por
ello la realización de los principios revolucionarios dentro de
esas mismas posibilidades. En mi concepto la Cámara de Di­
putados es acreedora al aplauso general, al haber logrado por
si sola el equilibrio de los Presupuestos Generales, con previ­
sión, al mismo tiempo que con mayores posibilidades o recursos
de la Hacienda Federal se dé satisfacción a importantes ramos
de actividad administrativa. Repito, para concluir, que el equi­
librio de los Presupuestos lograd'O por la Cámara de Diputados,
con la brillante colaboración de las Comisiones respectivas,
redunda en prestigio de la misma, en beneficio del país en ge­
neral y acrecenta el prestigio, tamb.ién, de nuestro país en el
exterior. ' '

Atentado en Tlaxcala en contra del
diputado Aurelio M. Peña
En los últimos días del mes de enero, el Lic. Aurelio M.
Peña, Diputado al Congreso de la Unión por el tercer Distrito
Electoral del Estado de Tlaxcala, juntamente con otros miem­
bros del Partido Cooperatista Nacional, fueron víctimas de un
grupo de hombres armados, pertenecientes a las fuerzas loca­
les, en los momentos en que formulaban recursos de amparo
para obtener la libertad de los concejales electos del Munici­
pio de Lardizábal, del mismo Estado de Tlaxcala.
La Cámara Federal, al saber la prisión del Diputado Peña,
gestionó su inmediata libertad y acordó el envío de una comi­
sión que investigara y recogiera todos los datos relacionados
con las violencias constitucionales que se atribuyen al Gober­
nador de Tlaxcala, don Rafael Apango, y a los Diputados que
integran la Legislatura Local. Penosa fué la impresión de
los CC. Diputados y Senadores al conocer las innumerables ar­
bitrariedades que la Cámara Local y el Gobernador Apango
cometen con los indefensos pueblos para tenerlos sojuzgados
por medio del terror, y de esa manera seguir imponiéndose en
el Estado.

Notas de actualidad extranjera
La conferencia Centroamericana
de Washington
Nuevamente hemos visto fracasar los esfuerzos de los unio­
nistas centroamericanos en las conferencias de Washington,
a pesar de todo lo que se diga en contrario. Son seis o siete
intentos ya los que se han hecho para lograr la Unión, pero
todos han sido infructuosos.
¿ A qué se deberán estos fracasos 1 Muchos los atribuyen
a los Estados Unidos. Sin embargo, hay que confesar que a
veces es la falta de un patriotismo verdadero o bien una mio­
pía política lo que ha hecho fracasar la Unión Centro Ameri­
cana. Centro América tiene 5.000,000 de h. A Guatemala co­
rresponden 2.000,000, la mayoría indios, que viven en condi­
ciones lamentables ; Costa Rica tiene 400,000, la mayoría blan­
cos ; el resto de la población en los demás pueblos está :formada
por indios y mestizos, dominados política, social y económica­
mente por una aristocracia de blancos.
Estos abismos sociales y económicos son en gran parte la
causa de los continuos disturbios en esos pueblos, que acusan
de su desventura a sus dictadores. Falta trabajo ; falta la
fuente de riqueza que libera a los individuos de las tentaciones
del asalto al poder público como un medio de hacerse de opor­
tunidades sociales y económicas.
Por razones histórico-geográficas, México está profunda­
mente interesado en la resolución del problema centroameri-

�104

105

COOPERACION

NOTAS DE ACTUALIDAD EXTRANJERA

cano. Record mos que al Norte se hallan los Estados Unidos ;
al Este Cuba, en las condiciones que todos conocemos ; al Su­
reste Centro América, ya en parte dominada, y al Sur y al
Oeste la flota del Pacífico. Esto no obstante, nuestra Canci­
llería no tomaba ningunas medidas para tomar una directa
participación en la Conferencia de \Vashington. Entonces, y
como respondiendo al sentir popular, algunos CC. diputados
propusieron a la Cámara hacer una protesta porque México
no había sido invitado a la Conferencia Centroamericana de
w·ashington. La protesta no sólo debía basarse en que Méxi­
co, durante la administración del Gral. Díaz, había apadrinado
un movimiento de unificación centroamericana, sino porque,
principalmente, considera que su tranquilidad depende en gran
parte de las condiciones político-económicas de Centro Amé­
rica. Para nosotros la llave de la paz y la seguridad america­
nas está precisamente en Centro América. De caer todo el
istmo centroamericano bajo el control de los Estados Unidos,
nuestra situación será cada día más intolerable, porque de he­
cho nos hallaremos dentro de un formidable círculo de acero
que constriñéndonos más y más, a la larga acabará por aho­
garnos.
La iniciativa de los Diputados fue consultada al Secreta­
rio de Relaciones Exteriores. El Secretario del ramo, hizo ob­
servar que las relaciones internacionales eran resorte del Eje­
cutivo. En esto tuvo razón. Lo que eremos que escapó a su
criterio, es que la actitud de los señores Diputados era el re­
flejo de la opinión pública ante los peligros que nos amenazan
con Centro América en manos de los Estados Unidos.
El Secretario del Ramo dijo, refiriéndose a la Conferencia
Pan Americana, que habrá de celebrarse en Chile el próximo
año, y a la Conferencia Centro Americana en Washington :
' ' En lo que se refiere a la Conferencia Pan Americana que el
año próximo habrá de celebrarse en Chile, México, como todos
los países americanos, ha recibido la convocatoria respectiva,
que implica ya una invitación. Por tanto, toda protesta sobre
el particular, resultaría indebida. Por lo que respecta a la
Conferencia Centroamericana de Washington, se tratan en ella

asuntos que competen exclusivamente a los países centroame­
ricanos ; por tanto, México nada tiene que hacer en ellas, y no
debe, por lo mismo, sentirse desairado en virtud de que no se
le invitó. En último término, nuestras relaciones tanto con los
Estados Unidos como con los países centroamericanos, son hoy
mejores que antes, y cualquiera medida que tomara la Cámara
podría hacer que aquellas relaciones se resintieran . . . . ' '

Los Estados Unidos y l a cancelación de las
deudas internacionales

Tema de grandes discusiones entre los economistas euro­
peos y norteamericanos ha sido el que se refiere a la cancela­
ción de las deudas internacionales, con el fin de allanar en lo
posible todas las dificultades con que tropiezan principalmen­
te las Naciones Europeas, para lograr su reajuste económico.
La verdad es que la vida económica de Europa se halla
de hecho, actualmente, en manos de los Estados Unidos, y que
la actitud realmente violenta de Francia en sus exigencias
contra Alemania tiene su origen en este lado del Atlántico ; Es­
tados Unidos ahorcan a Inglaterra, Inglaterra ahorca a Fran­
cia, y Francia ahorca a Alemania.
Actualmente los Estados Unidos son acreedores de Euro­
pa por una cantidad mayor de 10,000.000,000 de dólares, divi­
didos así :
Gran Bretaña .
¡.rancia .
Italia . . . . .

Dls. 4,135.000,000
" 3,000.000,000 aproximadamente
"
" 1,648.000,000

El resto corresponde principalmente a Bélgica.
En cuanto a las deudas entre los europeos, Inglaterra
prestó a sus Aliados durante la Guerra la cantidad de . . . . . . .
9,378.000,000 de dólares, de los cuales hay que deducir aproxi­
madamente 3,000.000,000 prestados a Rusia, y los cuales se

�106

COOPERACION

NOTAS DE ACTUALIDAD EXTRANJERA

consider n irremediablemente perdidos. Francia, por su par­
te, prestó durante la guerra, aproximadamente, 3, 000 .000 ,000
de dólares, de los cuales deben considerarse perdidos . . . . . . .
1, 000 .000,000 de dólares, también prestados a Rusia, la que en
la actualidad se halla en completa bancarrota. A todas estas
cantidades hay que agregar el interés que las mismas han de­
vengado por cuatro años.
Los economistas norteamericanos, al discutirse la cance­
lación de las deudas de Europa, no han podido ponerse de
acuerdo por dos razones : la primera, porque consideran como
una manifestación de h onradez el cumplimiento de los trata­
dos y obligaciones internacionales, y, por lo mismo, estiman
que Europa debe pagar el dinero que recibió en calidad de
préstamo. La segunda, porque el Gobierno de los Estados
Unidos no puede cancelar una deuda que no se debe al mismo
Gobierno sino al pueblo de los Estados Unidos, ya que los
empréstitos de la Libertad fueron cubiertos no sólo por los
banqueros de Wall Street, sino principalmente por la gran
masa del pueblo norteamericano.
Los economistas yanquis consideran de propio interés re­
ducir en cuanto sea posible las cargas que afligen a Europa,
ya que de otro modo la industria norteamericana estará suje­
ta a una creciente reducción.
Frank L. Crawford publicaba en " The New York Times",
el 24 de diciembre de 1922, lo siguiente, después de com¡ide­
rar las cantidades que Europa adeuda a los Estados Unidos :
' ' Por nuestro propio interés, la consideración de estos hechos
debe guiarnos a dar un paso razonable para ayudar a Europa
en la resolución de sus problemas aun a costa de algún sacri­
ficio por nuestra parte. ¡, No sería lo más sencillo y de mayor
eficacia aceptar el pago de todas las cantidades que se nos
adeudan, no exigiendo ningún interés y aumentando el tiempo
de pago, que se haría en forma de anualidades, hasta por cua­
renta años 1 Nosotros entramos a la guerra el 6 de abril de
1917 ; pero nuestra primera ayuda efectiva en la línea debe
considerarse con fecha primero de junio de 1918. Después de
esta fecha ya tomamos realmente parte en la lucha ; pero an-

tes, por falta de preparación, lo más que pudimos hacer fué
prestar dinero a los Aliados, con el cual ellos compraron pro­
visiones y material de guerra, que los capacitó a defender la
línea hasta que nosotros, ya armados, pudimos tomar parte
en el campo de batalla. De la cantidad total que nosotros
prestamos a Francia, algo más que la mitad le fué concedida
antes del primero de junio de 1918 ; del total que prestamos a
Inglaterra, cerca de las siete décimas partes fueron prestadas
antes de esa misma fecha ; y a Italia, aproximadamente una
tercera parte de su deuda total. El término medio honrado
que podríamos exigir sería tal vez la mitad. Durante el mismo
tiempo, el Imperio Británico perdió poco más de 200, 000 hom­
bres en el campo de batalla. Me ha sido imposible lograr las
estadísticas verdaderas de las pérdidas de Francia durante el
mismo período ; pero si la proporción ordinaria. de tres a dos
entre las pérdidas francesas y las pérdidas británicas debe
mantenerse, entonces las pérdidas de Francia durante este
período, no son menores de 300 ,000 hombres.
Ciertamente, si Italia debe ser incluída, las pérdidas de
los tres países no son menores de 500,000 hombres. ¡, N-0 sería
justo considerar que el dinero que nosotros prestamos hasta
antes del primero de junio de 1918, debe ser cancelado, recor­
dando las pérdidas de estas 500 , 000 vidas 1 t Y no podríamos,
considerando estos hechos, cancelar bajo condiciones favora­
bles la mitad de la deuda o el interés de la misma, el cual,
como yo lo he demostrado anteriormente, alcanza a la misma
cantidad 1 Por supuesto, en cualquier forma en que se haga
la concesión, sólo podría tener lugar en caso de que Inglate­
rra esté de acuerdo en hacer concesiones semejantes a sus
deudores del Continente, y de que Francia consienta en redu­
cir las reparaciones a una cantidad razonable, por ejemplo,
1 0, 000. 000 ,000 de dólares, cantidad mencionada frecuentemen­
te como el límite económico que Alemania puede pagar.
Con el crédito de Alemania restaurado, ella volvería nue­
vamente a ser un país con el cual nosotros y todo el resto del
mundo podría comerciar libremente.

107

�108

COOPERACION

No olvido que Alemania y Francia son tan sólo parte de
Europa ; que la cuestión total del crédito del Continente se
halla envuelta en la presente situación, y que el crédito debe
ser restaurado si desea evitarse un cataclismo económico
mundial. ' '

El canciller de Austria, colgado

El 29 de enero el ' ' Philadelphia Public Ledger ' ' recibió
un despacho de su corresponsal en Viena, informándole que
el Canciller Seipel, gobernante de Austria y Sacerdote, había
sido colgado el día anterior por una multitud de 3,000 obre­
ros, 9-espués que habían efectuado una manifestación monstruo.
Esta demostración tuvo por objeto hacer patente la so­
lidaridad de los grupos obreros. La manifestación fué enca­
bezada por un grupo de ex-empleados del Gobierno, reciente­
mente cesado11.

Atentado contra Jorge V, de Inglaterra

El 29 de enero un ex-soldado inglés, veterano de la gue­
l'l'a mundial, pretendió agredir al Rey Jorge V, cuando en
compañía de la Reina cruzaba los andenes de la estación de
Saint Paneras, en medio de los aplausos de la multitud. · El
veterano blandió una muleta de madera sobre la cabeza del
Rey, pero la policía evitó a tiempo que se consumara el aten­
tado, descubriéndose posteriormente que el ex-soldado pade­
cía de enaj enaci?n mental.

NOTAS DE ACTUALIDAD EXTRANJERA

109

El alcalde de Boston, amenazado por el
"Ku-Klux-Klan"
lde de Boston,
Debido a una declaración hech a por el Alca
nte acabar con �a
Mr. James McCurley, diciendo que era urge
", como se haci�
sociedad terrorista de los " Ku-Klux-Klan
aza contra la reli­
con los perros rabiosos, pues son una amen
Klanes amenazaron
gión y contra la civilización, los fa:ídi�? s
cuatro homb_res Y
h1Jos
al Alcalde con el plagio de sus seis
.'
que habia henes
dos mujeres, en venganza de las declarac10
cho Mr. McCurley.

�BIBLIOGRAFIA

Bibliografía
Los Estados Unidos contra la libertad
Por ISIDRO FABELA

Con el título que antecede ha llegado a nuestra mesa de
redacción un libro, seguramente el más bien documentado de
su carácter en México, cuyas páginas están consagradas al
estudio de las relaciones diplomáticas entre los Estados Uni­
dos, Cuba, Filipinas, Panamá, Nicara gua y la República de
Santo Domingo.
" Los Estados Unidos ele Norteamérica -dice el autor en
el prólogo-- han privado de su independencia nacional al pue­
blo filipino, al reino de Haw;aii, a Puerto Rico, a Haití y a la
República Dominicana. Los Estados Unidos menoscaban ac­
tualmente la soberanía de Cuba, Nicaragua, Honduras y Pa­
namá, imponiendo a estos países servidumbres políticas, mili­
tares o económicas que los colocan en la categoría de Estados
semisoberanos. Los Estados Unidos segregaron a Colombia
su provincia de Panamá sin que a la fecha le hayan dado las
debidas satisfacciones morales y materiales, y, por último, los
Estados Unidos intervinieron recientemente en México, ocu­
pando por la fuerza el puerto de Veracruz y parte de la fron­
tera septentrional de esa República. Estos hechos justifican
el título de este libro : " LOS ESTADOS UNIDOS CONTRA
LA LIBERTAD ".

. 111

Es indudable que, en tesis general, el autor del libro tiene
razón. Los Estados Unidos han seguido un programa de ab­
sorción y de imperialismo en contra de sus vecinos, usando
para ello siempre de su famosa y elástica Doctrina de Monroe
como el mejor escudo con que justifica sus atentados. La
Doctrina '' América para los Americanos ' ', -debe entenderse
como ' ' América para los yanquis ' ' y no para todos los que he­
mos nacido en el Nuevo Mundo.
Sin embarO'O
o ' a esta política de absorción no contribuimos
.
menos hay que confesarlo con vergüenza, los mismos latmoameri�anos. En cada conflicto entre nuestros países, en cada
una de nuestras guerras civiles, siempre los gobiernos Y los
bandos revolucionarios han coqueteado con el Gobierno de
Washington para conseguir sus favores . . . . Y ha ocurrido
que, algunas veces, mientras el invasor yanqui profanaba � l
suelo patrio, los latinoamericanos atizábamos 1� hog � era ci­
vil . . , . Nosotros mismos concedimos a los yanqms el titulo de
' ' Americanos ' ' que nos corresponde a todos los hijos de Amé­
rica. Hace ap enas dos años un escritor español proponía en
Nueva York desde las columnas de " La Prensa ", que renun­
ciáramos definitivamente al título de americanos en beneficio
exclusivo de los Estados Unidos, cuyos embajadores en Euro­
p a y Asia, siempre se Uáman a sí mismos embaj adores de Amé•
rica . . . . .1
Pero ¿ qué más 1 Numerosos portorriqueños prefiere:1 a
una patria libre la ciudadanía yanqui ; no pocos cubanos J us­
tifican la enmienda Platt ; la América Latina, toda , permanece
indiferente ante la crucifixión de Santo D omingo, y cuando el
26 del pasado diciembre, el Senador Ladd pide en el S_enado
de \Vashington la desocupación de Nicaragua, el Pres1d �nte
Chamorro declara que " La intervención de los Estados Umdos
' de N'1caragua . . . . t. "
n o menguaba en nada l a so berama

G. A. P.

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                <text>La revista Cooperación, la cual, se editó mensualmente a cargo del Lic. Julio Jiménez, a través de la Academia de Estudios Políticos y Sociales (AEPS), entre diciembre de 1922 y octubre de 1923, como el medio de divulgación oficial del Partido Cooperatista Nacional. Su objetivo era tejer lazos de solidaridad entre el Congreso y la Universidad a través de la publicación de disertaciones que, mediante el estudio de la realidad mexicana, propusieran formas de solucionar los grandes problemas nacionales. Su lema: Es una revista abierta a todas las tendencias del espíritu.</text>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1784902&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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              <text>Cooperación, 1923, Tomo 1, No 3, Febrero</text>
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              <text>La revista Cooperación, la cual, se editó mensualmente a cargo del Lic. Julio Jiménez, a través de la Academia de Estudios Políticos y Sociales (AEPS), entre diciembre de 1922 y octubre de 1923, como el medio de divulgación oficial del Partido Cooperatista Nacional. Su objetivo era tejer lazos de solidaridad entre el Congreso y la Universidad a través de la publicación de disertaciones que, mediante el estudio de la realidad mexicana, propusieran formas de solucionar los grandes problemas nacionales. Su lema: Es una revista abierta a todas las tendencias del espíritu.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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      <name>Confederación Cooperativa del Trabajo</name>
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      <name>Ley de pensiones al profesorado</name>
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