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                  <text>�Presentación. El crecimiento expansivo metropolitano en el
sur global: un proceso transformacional sui géneris.
Eduardo Sousa-González1

Es evidente que toda manifestación que involucra el
proceso que se vincula con la transformación ciudadmetrópoli, como una evolución urbana en la esfera
mundial, es progresivo, creciente y seguramente
irreversible; ya lo mencionaba hace décadas Henry
Lefebvre (1980, 2013, 2017), donde pronosticaba
la “urbanización completa de la sociedad” (1980,
2013, 2017). Desde luego, estaremos de acuerdo en
que lo que se visualiza en el futuro inmediato y de
largo plazo, es poco probable que se produzca alguna
transformación espacial que tienda a prescindir de
este tipo sui géneris de concentraciones urbanas en el
sur global e invariablemente en el mundo conocido.
En este sentido, la evidencia empírica ha
demostrado que una de las particularidades que
puntualiza a esta evolución transformacional ciudadmetrópoli, es aquella que tiende a mostrar fases
secuenciales en el proceso de urbanización, las cuales
no sólo están asociadas con la concentración creciente
de pobladores que tienden a aglutinarse en espacios
físicos definidos; sino también, la manera particular
en que se concentran los empleos que involucran a
los sectores secundario y terciario a partir de un centro
metropolitano; constituyéndose así, en agrupaciones
de concentraciones demográficas dominantes
con múltiples limitantes de política pública, que
puedan incidir positivamente en un control eficiente,
efectivo y eficaz (EEE) de su hinterland espacial de
orientación periférica.
No obstante, estas grandes concentraciones
de población, de actividades productivas, de
equipamientos de salud, educativos, lúdicos, de
infraestructura básica y complementaria y demás,
han adquirido en estos tiempos líquidos (Bauman,
Z. 2009; Bachelard, G: 2005) una importancia de
orden cuantitativo y cualitativo revelador (Sousa,
E.:2008, 2010); ya que la evidencia mostrada en las

grandes metrópolis del sur global, indican procesos
espaciales de expansión periférica similares, todos
ellos enmarcados en la teoría que está vinculada a
las etapas de metropolización de base poblacional y
de base empleos secundarios y terciarios; todo esto
basado en el concepto propuesto denominado ciclo
reproductor de la vida de los pobladores, el cual se
representa en el diagrama 1.
La evidencia histórica en las metrópolis mexicanas
y seguramente las del sur global, indican que
es a partir del establecimiento físico de un
asentamiento humano en una ciudad central, donde
al evolucionar el ciclo reproductor de la vida de
los pobladores y al activarse la movilidad social
espacial de estos y la saturación de suelo urbano
inicial; es donde se forma una nueva demanda de
superficie urbana, gestándose el desplazamiento
de habitantes hacia zonas periféricas inmediatas
o de proximidad relativa; muchas de las veces sin
una planeación eficiente, efectiva y eficaz de parte
de las autoridades gubernamentales; permeando
en todo este proceso de ocupación espacial y de
expansividad territorial, dos variables que están
concatenadas en una correspondencia biunívoca:
Por un lado:
i. El grado de desarrollo del lugar;
ii. Su gobernabilidad;
iii. La característica de la infraestructura
instalada y de los equipamientos ofrecidos.
Por el otro:
i. El grado de desarrollo económico de la zona;
ii. Fundamentado en la característica de la oferta
de empleos vinculados al sector secundario y
terciario; que, dicho sea de paso, este último,
es el de más amplio espectro de desarrollo en
la contemporaneidad. Así se representa en el
diagrama 1 (cfr.).

1

Nacionalidad: mexicano; Adscripción: Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Nuevo León, México; doctor en Filosofía
con Orientación en Arquitectura y Asuntos Urbanos; miembro del Sistema Nacional de Investigadores (CONACYT) ratificado en el Nivel
2; miembro de la Academia Mexicana de Ciencias AMC desde el año 2008; eduardo.sousagn@uanl.edu.mx
2
Para profundizar en estos conceptos se recomienda consultar Sousa, E. (2015). De la ciudad a la metrópoli. Nuevas realidades territoriales.
Chile; Trama.

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

7

�Sousa-González

Diagrama N° 1: Proceso iterativo de metropolización; basado en
la velocidad del ciclo reproductor de la vida de los pobladores

Fuente: datos generados por Sousa, E. 2008

Estos procesos transformacionales de crecimiento
expansivo demográfico, basados en los ciclos
reproductores de la vida de los pobladores de
las ciudades, tienen una relación dual basada en
una correspondencia que se denomina en esta
investigación como centro-periferia:
1. El centro representado por el centro
metropolitano o la ciudad central de la conurbación;
2. La periferia, formada por las áreas urbanas
de los municipios conurbados procesalmente en un
período de tiempo y entre éstas dos, se desarrolla
toda la compleja vida en una sociedad metropolitana;
según se explica en la figura 1.

Figura 1. Crecimiento expansivo metropolitano

Fuente: datos generados en esta investigación

8

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Presentación

Entonces, sería posible esbozar en forma
preliminar una primicia en cuanto a que la evolución
de los ciclos reproductores mencionados, estarían
representados por el crecimiento y reproducción de
pobladores y son los que caracterizan finalmente
al proceso de metropolización de las ciudades; el
cual está indicado en la teoría de las etapas de
metropolización, por las que atraviesan la mayoría
de las metrópolis desarrolladas o subdesarrolladas
del mundo; las cuales algunos autores como:
Busquets, (1993:165), Sobrino (2003:198) y otros;
las simbolizan con cuatro procesos plenamente
identificables:
1. Urbanización: cuando la tasa de
crecimiento porcentual anual de pobladores
de la ciudad central supera a la de la periferia.
2. Suburbanización: cuando la periferia
alcanza una mayor tasa de crecimiento
porcentual anual.
3. Desurbanización: cuando la cuidad
central observa un despoblamiento relativo o
absoluto.
4. Reurbanización: cuando en la ciudad
central ocurre un repoblamiento relativo o
absoluto.
Desde esta perspectiva que involucra a las
ciudades: sus procesos de crecimiento expansivo,
su arquitectura sus formas de diseño y sus múltiples
variables intervinientes; la doctora Hermida Rubio
Gutiérrez Facultad de Arquitectura de la Universidad
Veracruzana Xalapa, nos indica que el artículo que
presenta se centra en exponer lo establecido personas
teóricas, críticas y hacedoras de arquitectura, para
desarrollar una manera de leer (entender) y escribir
(construir) la ciudad: la narrativa, el arte de contar
historias. Es necesaria para explicar el mundo,
para construir la memoria y para proyectar hacia
el futuro. Está inmersa a medio camino entre el
mundo tangible y el imaginario, además es un
proceso práctico, simbólico y emotivo a la vez.
Así, la narrativa se entiende epistemológicamente,
como una manera de comprender el mundo y la
vida. Con base en este argumento, se profundiza
sobre el entendimiento de la ciudad. Se observan
además varios caminos que han retomado estas
ideas o han experimentado otras nuevas, y
finalmente se demuestra que la narrativa tiene
mucho fundamento desde la teoría, la historia y
la crítica de la arquitectura; sin embargo, desde
la arquitectura y el urbanismo como disciplinas,
no ha tenido la suficiente aplicación, ni se ha
considerado seriamente como enfoque.
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

Por su parte, la doctora Rubí del Rocío Vázquez
Cruz de la Universidad del Valle de Atemajac,
Querétaro, presenta una investigación sobre las
zonas metropolitanas de México, indicando que
los efectos del proceso de metropolización han
generado un crecimiento urbano de tipo disperso.
Se conoce que este fenómeno emerge en el
contexto de la globalización, como un proceso
socioeconómico que se manifiesta físicamente en
el territorio y produce transformaciones urbanas,
ambientales, económicas, sociales, políticas y
culturales en las ciudades. Aplicando el enfoque
de análisis territorial, el estudio aborda el proceso
de metropolización en la Zona Metropolitana de
Querétaro, la cual ha destacado por lo acelerado que
se ha expandido en su superficie de urbanización.
En este caso, la metodología muestra la expansión
secuencial de la urbanización en un territorio de
escala metropolitana y como puede explorarse
comparativamente entre las décadas 1990-2010.
En el caso de los doctores Arturo Ojeda de
la Cruz, Clara Rosalía Álvarez Chaves y David
Carlos Orona Llano exponen los resultados
de una investigación sobre un estudio que se
desarrolló con motivo del recurrente problema
de inundación que se presenta en la zona urbana
de Hermosillo en temporada de lluvias, y en el
principal campus de la universidad de Sonora.
El estudio consistió en la evaluación del sistema
de drenaje pluvial en el campus universitario
mediante la aplicación de herramientas y
principios hidrológicos, hidráulicos, topográficos
y sociales para determinar los caudales que
genera el escurrimiento del agua pluvial en las
doce microcuencas identificadas, derivado del
proceso estadístico de las lluvia máximas diarias
de una serie de anual de 34 años de registro
climático en la estación meteorológica del
centro de la ciudad. Se obtuvieron las curvas de
precipitación-duración-periodo de retorno (P-dTr) eligiendo una tormenta de diseño para un
periodo de retronó de 10 años, y una duración de
la tormenta igual al tiempo de concentración que
fue variable para cada una de la microcuencas.
Una vez definidos los caudales se calcularon los
elementos hidráulicos necesarios para captar y
conducir el agua pluvial; finalmente se estableció
la modalidad para aprovechar el agua en la gestión
del agua de lluvia atendiendo un aprovechamiento
sostenible.
Los doctores Erle Garcia Estrada, Jesús
Enrique De Hoyos Martínez y Víctor Daniel Ávila
9

�Sousa-González

Akerberg de la Universidad del Estado de México,
abordan la temática sobre el cuidado ambiental,
indicando que éste transita incongruentemente
entre la destrucción y contaminación; y el cuidado
y conservación, en específico en las ciudades. La
consecuencia de la destrucción y contaminación
es que propicia la modificación casi irreversible
del metabolismo ambiental al interior de las urbes,
al provocar la aparición de vulnerabilidades
en el sistema natural que producen desechos
o salidas nocivas para el ambiente y para la
población que habita en ellas. El cuidado y la
conservación, procura el restablecer el balance en
el metabolismo ambiental citadino. Este artículo
busca conservar las áreas verdes urbanas como
una posibilidad de restablecer el equilibrio en el
metabolismo ambiental de las ciudades. Método
utilizado, es la discusión teórica de los conceptos
de metabolismo, metabolismo ambiental, cuidado,
conservación y áreas verdes urbanas es el
contraste del pensamiento y análisis de diversos
autores. La contribución es definir el concepto
de metabolismo ambiental, además de generar
conciencia hacia el cuidado y conservación de
las áreas verdes urbanas a través de un marco
conceptual y un esquema vinculado.
Los doctores María Erandi Flores Romero
investigadora de la Universidad Nacional Autónoma
de México; Irving Omar Morales Agiss jefe del
departamento de análisis de datos en Digital State
y Liliana Beatríz Sosa Compeán de la Facultad de
Arquitectura de la Universidad Autónoma de Nuevo
León (UANL), presentan los resultados de una
investigación en donde se propone un método para
identificar estructuras dentro de una red de vialidades
con un algoritmo de detección de comunidad basado
en flujos, implementado en un grafo que representa
la red de vialidades de la ciudad. De acuerdo con los
resultados obtenidos en las ciudades de México
y Monterrey, el método divide efectivamente
la infraestructura vial en varias comunidades y
preserva la vecindad geográfica. Las fronteras
de las comunidades coinciden con las divisiones
administrativas junto con otras fronteras dentro
de la ciudad. La identificación de comunidades
podría ser útil para estudiar la heterogeneidad de la
conectividad de las calles dentro de la ciudad, lo que
podría conducir a mejoras en la movilidad urbana o
incluso a la aplicación de políticas públicas.
En el caso del doctor Avatar Flores Gutiérrez
de la Universidad Autónoma de Querétaro en su
artículo nos indica que: A pesar de la diversidad de
10

aproximaciones a la conceptualización en el diseño
arquitectónico, la idea de que el concepto atiende
a una analogía formal está aún extendida. La
analogía formal del concepto suele estar vinculada
únicamente a aspectos simbólicos de la composición
para el observador y no a la esencia de lo descubierto
en el proceso de investigación y análisis proyectual.
Desde la perspectiva del fenómeno arquitectónico
como sistema, esta idea provoca un rompimiento
entre la investigación proyectual y la forma, y
preserva la dicotomía forma-función. En este
artículo se aborda la idea de que el proceso de
conceptualización en arquitectura puede ser
abordado desde una perspectiva sistémica del
fenómeno arquitectónico fundamentada en la
noción de autopoiesis de Maturana y Varela,
de los sistemas de Christopher Alexander, y
la investigación de Flores-Gutiérrez sobre el
fenómeno arquitectónico. El texto concluye con
la idea de que, al dejar fuera al concepto como
guía de composición formal y adoptar un proceso
de conceptualización sistémica orientado a la
definición de un sistema generador, el diseñador
puede ampliar los límites de su investigación
para buscar no sólo la configuración y relaciones
adecuadas para la actividad, sino la atmósfera
necesaria para dichas actividades.
Por último, la doctora Eugenia M. VillalobosGonzález de la Facultad de Arquitectura y
Urbanismo, Universidad Central de Venezuela,
nos expone una visión sobre la arquitectura
indicando que ésta ha sido muy estudiada desde
los estilos arquitectónicos, los arquitectos con
sus obras representativas, y el dilema de su
vinculación con el arte y la ciencia, pero poco
desde el ejercicio profesional. Por ello, se
presentan los resultados de una investigación
documental sobre la práctica de arquitectura y
su compromiso con la sociedad, a través de la
revisión de: (1) el binomio arquitectura-proyecto,
(2) la evolución de la profesión en el tiempo (3)
los retos contemporáneos de la profesión de cara
a la sociedad (4) la construcción social como
práctica inclusiva de los diversos interesados.
La arquitectura procura espacios para personas
y comunidades que, dada la complejidad de
las edificaciones, también se construye con
personas que se agrupan para lograr un objetivo
común, la edificación. Existen muchas críticas
que señalan la arquitectura como una profesión
elitista y formalista, entonces el reto del arquitecto
contemporáneo está vinculado a asumir su rol social
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Presentación

como facilitador de la construcción del proyecto a
través de la participación activa y comprometida
de los interesados; esta es la construcción social
del proyecto que reconoce el papel de cada uno de
los actores con sus contribuciones y limitaciones.
Como comentario final, los miembros del
equipo que conforman la Revista CONTEXTO.
Revista de la Facultad de Arquitectura de la
Universidad Autónoma de Nuevo León, estamos
plenamente convencidos que el investigador y el
lector común interesado en la diversa temática
expuesta, encontraran a través de las páginas
que componen este proyecto editorial, un tópico
con una visión interdisciplinar, de actualidad e
internacional; enfocada en diferentes esferas del
quehacer investigativo, en donde, investigadores
de alta calificación, han colaborado con sus
trabajos personales o grupales en la generación de
este número.
Seguramente los artículos que se incluyen aquí
serán no solamente de interés, sino también de utilidad
concreta en futuras investigaciones, complaciendo al
investigador y al lector más exigente.
Finalmente, es necesario reconocer que lo
expuesto a través de este número de CONTEXTO,
es un esfuerzo continuado a lo largo de muchos años
por mantener una calidad de excelencia editorial,
que ha sido compartido por autores, pares de
evaluadores, el Comité Editorial, la Coordinación
Editorial, el equipo de apoyo y por supuesto, las
autoridades institucionales que forman la Facultad
de Arquitectura, su Posgrado y la Universidad
Autónoma de Nuevo León. C

Sousa, E. (2008). El proceso de ensanchamiento
urbano-periférico como un fenómeno
espacio-temporal ligado a la diferenciación
espacial: ciudad-metrópoli. Revista
Entelequia, España. N° 12, otoño 2010.

BIBLIOGRAFÍA.
Bachelard, G. (2005). El agua y los sueños. México;
FCE.
Bauman, Z.(2008). Modernidad Liquida. México,
FCE.
Lefebvre, Henry. (1980). La revolución urbana.
Madrid; Alianza
Lefebvre, Henry. (2013). El derecho a la ciudad.
Madrid; Capitán Swing
Lefebvre, Henry. (2017). La producción del
espacio. Madrid; Capitán Swing
Sousa, E. (2015). De la ciudad a la metrópoli. Nuevas
realidades territoriales. Chile; Trama.
Sousa, E. (2008). Los componentes de las fuerzas
centrífugas como elementos generatrices de
los contornos metropolitanos. Revista Urbano,
Chile. N° 018 (12), Julio-diciembre 2008.
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

11

�Narrar la arquitectura y la ciudad: Tendencias teóricas y
metodológicas, en la segunda mitad del siglo XX.
Tell the architecture and the city: Theorists and methodological trends, in the
second half of the 20th century.
Recibido: abril 2019
Aceptado: marzo 2020

Harmida Rubio Gutiérrez1

Resumen

Abstract

Este artículo se centra en exponer lo establecido
personas teóricas, críticas y hacedoras de arquitectura,
para desarrollar una manera de leer (entender) y
escribir (construir) la ciudad: la narrativa, el arte
de contar historias. Es necesaria para explicar el
mundo, para construir la memoria y para proyectar
hacia el futuro. Está inmersa a medio camino entre
el mundo tangible y el imaginario, además es un
proceso práctico, simbólico y emotivo a la vez. Así,
la narrativa se entiende epistemológicamente, como
una manera de comprender el mundo y la vida.
Con base en este argumento, se profundiza sobre el
entendimiento de la ciudad.
Se observan además varios caminos que han
retomado estas ideas o han experimentado otras
nuevas, y finalmente se demuestra que la narrativa
tiene mucho fundamento desde la teoría, la historia
y la crítica de la arquitectura; sin embargo, desde la
arquitectura y el urbanismo como disciplinas, no ha
tenido la suficiente aplicación, ni se ha considerado
seriamente como enfoque.

This article focuses on exposing the established
by architectural theorists, critics and makers,
to develop a way to read (understand) and write
(build) the city: the narrative. This is the art of
storytelling. It is necessary to explain the world,
to build memory and to project into the future. It is
immersed in a world halfway between the tangible
and the imaginary, and it is also a practical, symbolic
and emotional process at the same time. Thus, the
narrative is understood epistemologically, as a way
of understanding the world and life. Based on this
argument, it delves into understanding the city.
There are also several paths that have resumed
these ideas or have experienced new ones and
finally it is shown that the narrative, is very well
founded from the theory, history and criticism
of architecture; however, from architecture and
urbanism as disciplines, it has not had enough
application, nor has it been seriously considered
as an approach.

Palabras Clave:

narrativa; ciudad; arquitectura

Keywords:

narrative; city; architecture

1

Nacionalidad: mexicana; adscripción: profesora de Tiempo Completo de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Veracruzana Xalapa; doctora en Diseño y Estudios Urbanos por la UAM Azcapotzalco. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel Candidata;
E-mail: harubio@uv.mx

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

15

�Rubio Gutiérrez

INTRODUCCIÓN.
La narrativa, la vida y el mundo.
La narrativa es el arte de contar y entender
historias. Es un proceso de creación inherente al
ser humano, necesaria para explicar el mundo,
para construir la memoria y para proyectar
hacia el futuro. No sólo lleva inmerso el afán
de entender y comunicar, sino de expresar
emociones y sensaciones, de exponer una manera
de comprender.
En cuanto a su creación, Bruner señala que “La
narrativa imita a la vida, la vida imita a la narrativa”
(Bruner, 2004) y agrega que hay principalmente
dos mecanismos para entender el mundo: el
pensamiento racional y la narrativa (Bruner, 1991).
En el pensamiento racional el entendimiento
se da a partir de causas y consecuencias. En la
narrativa, lo que existe es una conexión de ideas,
acontecimientos, lugares y personajes, que hacen
que una unidad cobre coherencia.
Así, la narrativa envuelve muchos mundos
humanos: el tangible, el de la experiencia y el
imaginario. A través de ella podemos ver qué historias
han reflejado lo que una cultura determinada piensa,
siente y experimenta. De esta manera la narrativa
es un cristal contundente para investigar la ciudad.
Se trata también de representaciones que
narramos para comprender. Dentro de este
contexto la arquitectura y la ciudad son narrativas
en tanto representaciones, porque son imitaciones
de la vida y el mundo.
Narrativa y narratividad.
La narrativa también se entiende como la forma
narrar, su espacialidad y su temporalidad. Por
ejemplo: existe la narrativa cinematográfica, la
fotográfica, la literaria, la pictórica etc. Este tipo de
narrativas aluden a la manera con la que se narra.
Por otro lado, existe la narrativa latinoamericana, la
inglesa, la francesa, casi siempre relacionada esta
idea a la literatura; y finalmente existe también la
narrativa clásica, la moderna o la contemporánea,
hablando de la temporalidad en la que se enmarca
ese narrar.
Dentro de este universo de definiciones, esta
investigación intenta explicar la manera en que la
ciudad se narra, es decir, lo que se lee y se escribe
en el idioma de la ciudad. Las formas que tiene
la ciudad de contar historias y las maneras que
16

tenemos sus habitantes de entenderlas.
La definición de narrativa propuesta es parecida
a la de poesía o arquitectura, que son procesos y
resultado a la vez; y que además, son creaciones en
dos sentidos, entre quien las crea y quien las recibe.
Con la narrativa de la ciudad se utilizan metáforas
e interpretaciones, así que es necesario involucrar
el pensamiento creativo y poético. Es una manera
de estudiar la ciudad desde la imaginación, la
percepción y la significación; leer en sus edificios,
calles, paisaje, personas, ideas, intercambios, una
serie de relatos que expresan algo.
El concepto de narratividad se entiende como
la facultad de narrar que tienen ciertas obras,
es decir, qué tan bien son capaces de contar sus
historias. Algunas se expresan con más claridad
y legibilidad, y otras son más abstractas, con más
formas que historias.
En este aspecto también existen lugares con
más narratividad que otros, en los cuales son más
evidentes sus relatos. Para descubrir la narratividad
de éstos, podríamos generar estas preguntas ¿qué
pasó antes? ¿qué está pasando? ¿qué va a pasar?
Algunos lugares expresan estas respuestas de
manera más contundente, porque tienen arraigada
la posibilidad de hacer, pueden observarse en ellos
las capas temporales fácilmente y pueden intuirse
acontecimientos. Hay lugares que están totalmente
resueltos, que son estériles a las huellas humanas,
que no están totalmente abiertos a la posibilidad
de hacer.
Los relatos crean ciudades.
“Igual que las piedras y los caminos, los mitos
contribuyen a crear la ciudad” dice María
Ángeles Durán (Durán, 2000). La narrativa y el
poder creativo de la ficción han existido desde
el momento en el que se han establecido las
primeras ciudades; éstas se desplantaron sobre
historias relacionadas con el orden social, político
y económico, y en gran medida, con el entorno y
su interpretación. Los ritos de fundación estaban
también inmersos dentro del universo de la
narrativa para ser recibidos y apropiados por la
futura ciudadanía. De esta manera, las ciudades
se fueron construyendo, como los relatos, para
comunicar y entender, además de para habitar.
Los relatos también edifican y arraigan,
generan estructuras de orden y también delimitan.
Jorge Volpi dice que en aquel momento en el que
el primer hombre o mujer de las cavernas entra
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Narrar la arquitectura y la ciudad

a contarle al resto del grupo cómo ha cazado
un mamut, y los demás escuchan siguiendo la
historia, se ha inaugurado ahí el acto de narrar
como un vínculo de dos imaginaciones: la de
quien lo cuenta y la de quien la recibe (Volpi,
2011).
Así pues, para el estudio de la ciudad esta
situación es medular. Los relatos nos permiten
observar los límites expandidos de las ciudades,
hasta dónde llegan en su extensión tangible e
imaginaria, cómo se desbordan en temporalidad
y en espacialidad. La narrativa hace posible
observar los mundos existentes y posibles
contenidos en los lugares de la ciudad.
Es por lo anterior que es crucial analizar los
acercamientos que se han dado a la arquitectura
y la ciudad en este sentido, y cómo han ido
evolucionando desde la modernidad hasta nuestros
días. Por otro lado, hablaremos también de otros
enfoques que han enriquecido el estudio de la
ciudad a partir de la narrativa: la fenomenología, el
estructuralismo, la hermenéutica y el pensamiento
narrativo iberoamericano, que hemos llamado
aquí Narrativas del Sur.
Finalmente reflexionamos acerca de qué papel
juega la narrativa en las ciudades mexicanas y
cómo puede aplicarse al estudio y proyecto de la
ciudad.
¿NARRAR O EXPLICAR LOS RELATOS?
Esta es una confrontación metodológica que la
lingüística se ha planteado como una discusión
de fondo en cuestión de narrativa y semiótica, y
que aquí trasladamos al estudio y proyecto de la
ciudad: ¿Narrar o explicar los relatos?
El narrar, aunque sí se conforma por un acto
racional, tiene una gran componente intuitiva,
que llega desde un lugar cercano a la emoción.
Es por eso que algunos escritores y escritoras
han hablado del estado de trance cuando crean
sus historias. El narrar conecta el mundo interior
con el mundo exterior y los mezcla; hace una
alquimia con el entorno conocido como base y
con la ficción como catalizador.
Pero también el narrar es un acto reflexivo, es
un acercamiento de quien narra con su contexto;
es una crítica, una propuesta, una denuncia, una
celebración. De esta forma lo narrado, impacta
también en lo externo. “El mundo humano crea
mundo” dice la investigadora de imaginarios
Johanna Lozoya, refiriéndose a que las ideas
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

construyen desde dentro hacia afuera y viceversa.
Así, el acto de narrar por sí mismo, ya
representa una acción determinante en el mundo,
aún todavía sin analizar sus componentes
internos, las relaciones de los elementos que
conforman un relato. El geógrafo Yi Fu Tuan,
hace una puntualización muy especial, dice que
“el narrar convierte a los objetos que están ahí
afuera, en verdaderas presencias” (Tuan, 1991,
:687). De esta idea, Yi Fu Tuan pone en la mesa un
argumento metodológico medular para el estudio
de la ciudad desde lo narrativo: dice que cuando
se estudia un lugar desde el abordaje narrativo,
las teorías se quedan en el fondo, acompañando
el proceso, pero son los complejos fenómenos por
sí mismos los que ocupan el escenario principal
(Tuan, 1991). A su vez, hace una crítica profunda
a la manera de abordar el tema desde la teoría:
“La teoría quiere ser científica y analítica, rara
vez acercarse al todavía misterioso fenómeno de
la creatividad, poder que entienden los artistas”
(Tuan, 1991:686).
En concordancia con estas reflexiones, se
expone aquí que: el lenguaje con el que se
produce la arquitectura es de por sí narrativo.
Existe una manera de ir contando historias a
través de los objetos y los edificios, que quien
hace arquitectura realiza de manera más o menos
consciente. Al respecto, Josep Muntañola dice
que habitar, construir y pensar (proyectar) no son
procesos que se hagan de manera aislada o lineal,
se hacen al mismo tiempo (Muntañola, 1981).
En este universo artístico en el que la
narrativa vinculada a la arquitectura y la ciudad
es protagonista, es preciso seguir camino
metodológico que lleva a narrar una historia
desde la mente de quien la crea, hacia el proyecto,
hasta la construcción de la obra, su relación con
la ciudad y la manera en la que se lee esta ciudad
por quien la habita. Por un lado la esfera creativa,
que observa y produce obras narrativas desde la
imaginación, desde la sorpresa de lo cotidiano
y la ensoñación; y por otro lado la esfera de la
técnica, que exige explicaciones y maneras de
hacer para concretar las creaciones.
Así, para narrar también es necesaria la
técnica, que permita la comunicación de las ideas
de forma coherente, y que mantenga unido el
relato.
Por otro lado, explicar un relato, es desmantelar
su andamiaje. Es ver tras bambalinas la puesta
en escena. Es un proceso que descubre la magia
17

�Rubio Gutiérrez

conformadora; bien para reproducirla, arreglarla,
innovarla y/o desecharla.
He aquí el engranaje del que la arquitectura y
el urbanismo se componen: son disciplinas que
combinan procedimientos técnicos y poéticos
tanto en su investigación como en los proyectos
y obras que realizan. Estas dos esferas no son
antagónicas, sino complementarias, y necesarias
en el proceso de narrar.
Es importante mencionar que en las ciudades
latinoamericanas, la mayor parte de lo construido
en términos de edificaciones y espacios públicos,
no es diseñado ni por arquitectos/as ni por
urbanistas. Se dan de manera informal, o bien
desde proyectos gubernamentales que no siempre
surgen del diseño arquitectónico o urbano. En
consecuencia, no todos los creadores y creadoras
de la parte edificada de la ciudad, tienen la
formación disciplinar en la que se alimentan de
una u otra manera la esfera técnica y la artística.
Pero es mayor aún la importancia de estas
construcciones, que emergen de manera compleja
y con una intención distinta a la corriente
arquitectónica de la época, porque reflejan de
modo más transparente la expresión del mundo
interno de quien las crea. Tal como lo describieron
Denisse Scott Brown y Robert Venturi, en su libro
“Aprendiendo de Las Vegas” (Venturi , Scott
Brown, &amp; Izenour, 1978), en donde estudiaron
el lenguaje de las edificaciones que construían y
disfrutaban las personas comunes. inmiscuidas
en un universo de consumo y fantasía como Las
Vegas. En cualquier caso, todo este universo
de ciudad creada fuera de la arquitectura y el
urbanismo, que se combina con aquella que sí ha
surgido desde estas disciplinas, configuran lo que
llamamos la ciudad.
LA MODERNIDAD Y OTRAS DERIVAS
NARRATIVAS.
Desde finales del siglo XIX, en Europa,
empieza a surgir el interés por observar de una
manera distinta esta nueva ciudad que lo transforma
todo, la ciudad moderna. En este contexto hay una
figura importante: Baudelaire, un poeta que se
adentra a la ciudad perdiéndose en ella. Lo explica
claramente Martha Flores, investigadora de la
ciudad y su sentir: “Los habitantes de París deben
2

separar el espacio laboral del espacio habitacional.
La calle se asume como el elemento de interacción
entre un punto y otro; el habitante de la ciudad se
convierte en viajero, como una pieza dentro del
sistema circulatorio urbano. En esta época nace el
flâneur baudelaireano”. (Flores, 2014). El flâneur
recorre la ciudad para leerla y narrarla después.
Es un ejercicio narrativo al que recurren poetas,
investigadores y artistas.
Después, surge el gran relato del Movimiento
Moderno. La gran transformación territorial que
dio origen a lo que hoy conocemos como ciudad
contemporánea. “El hombre como medida de todas
las cosas”2. El Movimiento Moderno asumió que se
enfrentaba al caos de la ciudad, y que había que poner
orden si se quería vivir mejor: planteó ciudades que
funcionaban como máquinas perfectas, separando
usos y actividades, racionalizando territorios. Surgió
la idea del plan urbanístico como un instrumento
en el cual, se proyectaba desde arriba, observando
la totalidad del territorio, su funcionamiento, sus
vocaciones, sus tiempos. Se fundó una idea de
futuro que se dejaba ver a través de rascacielos y
grandes avenidas de alta velocidad. Eran ciudades
emocionalmente neutras, dice García Vázquez
en su libro “Ciudad Hojaldre” (García Vazquez,
2006). Sin embargo, a pesar de los avances
tecnológicos, se sentía un ambiente de desazón,
una cierta ansiedad que fracturaba y conectaba
todo a la vez. En aquel momento, los proyectos de
arquitectura y urbanismo perdieron su dimensión
subjetiva, la conexión con las imágenes del mundo
interno, con la imaginación. Esto se vio reflejado
en los mapas que aún heredamos de aquella
época, esos planos sin volumen y sin acciones,
que muestran una ciudad sin actos, sin actores,
más bien con vocaciones y usos, pero no con
historias. El filósofo Michel de Certeau, también
es crítico al respecto, él dice que los mapas se han
vuelto estáticos, pierden la capacidad de marcar
recorridos, actos y posibilidades. (Certeau, 1990)
Pero en estos nuevos universos de razón que
se pretendía que fueran las ciudades, en medio
de la vorágine moderna, surgen dos movimientos
que enfocan las cosas de distinta manera: El
Estridentismo y el Situacionismo. Ambos, se
nutren de la modernidad, pero la observan con
otros ojos; de manera crítica y lúdica a la vez.
La Internacional Situacionista, un grupo de

Frase de Le Corbusier que manifestaba claramente su ideología.

18

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Narrar la arquitectura y la ciudad

pensadores, filósofos y artistas, encantados por
las situaciones de la ciudad de su tiempo, y en
un afán de crítica a los procesos y acercamientos
tradicionales para observar lo que pasaba en
la ciudad, generaron un método nuevo, para
entenderla, sentirla y crearla: La deriva (Gilles
Ivain, 1996). Ésta consistía en dejarse mover por
la ciudad, ir sin rumbo, para descubrirla. Era una
forma de acercarse a la urbe desde el juego, el
placer, el arte y la crítica.
Al mismo tiempo desarrollaron una manera
alternativa de interpretar los territorios y las
calles: La psicogeografía. Una forma de expresar
gráficamente lo que la ciudad les comunicaba,
emocional, sensorial y metafóricamente. Así, se
sumergían en sus recorridos y se volvían personajes
principales de los relatos, narraban junto con la
ciudad, y proponían nuevos proyectos desde esta
manera de ver las cosas.
El Estridentismo, hijo del modernismo, pasó
por Europa y emigró a América a través México
en los años 30. Coincidía con el movimiento
Moderno de Arquitectura en el gusto por las
grandes avenidas, la velocidad y la tecnología.
Sin embargo, los estridentistas eran irreverentes
e incómodos para la sociedad de la época.
Despreciaban el afán por conservar las estructuras
del pasado, y lo exponían al mundo con frases tan
chocantes como “¡Muera el cura Hidalgo!” inicio
del manifiesto estridentista hecho por Manuel
Maples Arce en Xalapa, Veracruz (Prieto, 2012).
Fue uno de los movimientos artísticos que se
centró más en observar la ciudad, criticarla y
proponer nuevos proyectos para ella. La poesía,
era no de los vínculos entre el artista, sus
propuestas y la ciudad.
El interés especial por el lenguaje como puente
e instrumento para conocer el mundo interno de
la naturaleza humana, surge por comprender las
relaciones de las cosas, la arquitectura y el entorno
desde lo que significan para la sociedad. Este
interés hace frente al racionalismo, que enfatizaba
el estudio y proyecto racional, tanto de la sociedad
como de la arquitectura y el urbanismo, y dejaba
de lado el intenso y complejo mundo interior con
el que los seres humanos habitamos el mundo
(Ordeig, 2011).
A esta etapa se le ha llamado el Giro Lingüístico
de la arquitectura y la ciudad. Influenciada por la
filosofía y la propia Lingüística, empiezan a aplicarse
conceptos como: significado y significante, al
análisis del estudio de la ciudad. Ideas como signo,
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

sintaxis y semántica se incorporan al estudio de
la ciudad que ya va dejando atrás al Movimiento
Moderno. Emerge la Crítica Tipológica Italiana y
su idea de memoria urbana. En los años 50 y 60,
la Escuela italiana de Venecia empieza a realizar
estudios urbanísticos relacionados con la forma y
la estética de los espacios urbanos dirigidos a la
morfología, la tipología y los imaginarios sociales
con relación a su entorno urbano. Estudios en los
que se hacía evidente la relación entre el paisaje
urbano, el cultural y el natural; y se señalaba que
la evolución de estos paisajes responde más bien
a una inercia propia, y que no se deriva de los
programas económicos y políticos de los gobiernos
que generan los Planes Urbanos. El giro lingüístico
es contundente en Estados Unidos y en Europa,
pero con un efecto menor en Latinoamérica, que
seguía asumiendo el movimiento moderno con su
interpretación propia.
Es precisamente en el horizonte temporal en el
que las ciudades se enfrentan a la gran explosión
de su crecimiento en los años 70 y 80 cuando el
estudio y proyecto de la ciudad da otro giro: el
Giro Narrativo en ciencias sociales.
A finales de los años 70 y principios de los 80,
tanto en Estados Unidos como en Latinoamérica,
la sociología, la antropología y la psicología
retomaron de la narrativa enfoques, procesos
y conceptos, para darle la vuelta a la manera de
enfrentar la ciudad del presente. Surgen aquí
conceptos como: Imaginarios Urbanos, Identidad
Narrativa y Focalización, heredados de las
aportaciones de Ricoeur, Genette y Greimas en el
ámbito de la narrativa. (Figura 1, siguiente página).

19

�Rubio Gutiérrez

Figura 1. Caminos de la narrativa en la ciudad contemporánea

Fuente: elaboración propia

En la bienal de Venecia de 1992, se abre una
discusión para abordar la ciudad de ese tiempo:
¿La ciudad era un ámbito narrativo o más bien un
desagregado en el que había que deconstruir la
unidad para entenderla? El enfrentamiento entre
la narratividad y la deconstrucción daba cara a
la ciudad como su objeto de estudio y su fuente
de inspiración. La arquitectura dio un vuelco,
y el deconstructivismo como forma de diseñar
y expresar empezó a cobrar fuerza en distintas
ciudades del mundo. Paralelamente, fue naciendo
un grupo de élite en la arquitectura que generaban
proyectos singulares y que dejaban su marca en
el territorio, conocidos como el “star system”
de la arquitectura. Una nueva forma de narrar la
arquitectura y la ciudad empieza a derramarse
por el mundo entero influida por las teorías de
Derridá. Los fractales y la teoría del caos, a la
par de las nuevas tecnologías y la informática,
van ocupando territorios y transformando las
ciudades del mundo.
20

Desde la investigación y la creación de la ciudad,
es importante mencionar varias aportaciones de
finales del siglo XX e inicios del XXI: la idea de
Paisaje Cultural, surgida de los creadores de la
Narrativa del territorio: Denis Frenchman, David
Lowenthal y Joaquín Sabaté; el concepto de la
Ciudad de la Imagen, que vincula varios universos
que se cruzan en una ciudad compuesta por varias
a la vez, aportado por Nicolás Amoroso; la idea
de los Imaginarios como relatos, derivada de las
ideas de Johanna Lozoya en México; el concepto
de arquitectura líquida acuñado por Ignasi
de Solá Morales; y la arquitectura narrativa,
que está siendo aplicada principalmente en
Estados Unidos.
Sin embargo, en la víspera del nuevo milenio,
una vez más se da un gran cambio de narradores. El
sujeto y el enfoque con los que la ciudad se narra,
dan la vuelta. Ahora la ciudad es protagonista de
los relatos y se narra a sí misma, es sujeto en el
relato. Aparecen las ideas de Ciudades Creativas,
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Narrar la arquitectura y la ciudad

Ciudades Educadoras, Ciudades Inteligentes.
Ya no son solamente profesionales de la
arquitectura, especialistas en temas de filosofía, o
sociología, o gente de la academia quienes narran
la ciudad; sino que es la comunidad misma.
Cada ciudadano y ciudadana empiezan a tener
los medios para dar noticias de la ciudad. Surgen
medios como el internet y las redes sociales, que
permiten a las personas de a pie, narrar la ciudad
a su manera ante el mundo, de una forma virtual.
También cobra importancia el arte narrativo con
la ciudad como centro. Surgen instalaciones,
películas, cuentos y novelas que hacen de la
ciudad un personaje que se cuenta en sus calles.
El arte sale de los museos y comienza a llenar los
espacios públicos. La ciudad se convierte en el
escenario y la protagonista de los nuevos relatos
del siglo XXI.
De esta manera, la narrativa aplicada al estudio
y proyecto de la ciudad ha sufrido una serie de
importantes cambios en los que las sociedades
han formado una parte esencial. Pero lo más
interesante es que la ciudad pasó de ser un objeto
o una creación, a ser un proceso, para después,
convertirse en sujeto.
MIRADAS QUE NARRAN LA CIUDAD.
Desde este ámbito de la narrativa, como crítica
a la modernidad y en la necesidad de abordar
desde la ciencia y el arte el universo subjetivo
humano; tomamos tres caminos metodológicos
para observar la relación entre la narrativa y la
ciudad: la hermenéutica, el estructuralismo y la
fenomenología.
El estructuralismo surge como un camino
para explicar objetivamente los misterios de la
significación del mundo, la relación del mundo
exterior con el mundo interior no estudiado
desde el rigor científico. Buscaba comprender
las estructuras del mundo y del lenguaje, de la
sociedad y de las ciudades, e incluso de la mente
y los discursos. Así, empezaron a analizarse estas
estructuras: los discursos, los relatos, las ciudades
y las sociedades. La estructura se entendía como
el conjunto de relaciones entre los elementos que
hacen que funcione un determinado proceso u obra
(Ordeig, 2011). Esta manera de proceder penetró
en la filosofía, la sociología, la arquitectura y el
urbanismo. Se trataba de un esfuerzo racional por
conectar lo interior con lo exterior; obtener un
acercamiento a la certeza y a objetivar conceptos,
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

a partir de delinear las estructuras del mundo.
Por su parte, la hermenéutica construye un
artefacto de interpretación del mundo. Se trata de
comprender el mundo del texto a partir del mundo
de quien lo lee. Es el tipo de filosofía que se inicia
con preguntas acerca de la interpretación, “hace
hincapié en el proceso de comprensión como
parte de una tradición histórica, y en la apertura
dialógica, en la que se desafían los prejuicios y
se extienden los horizontes” (Audi, 2004, pág.
486). Es un método en el cual interviene de
manera determinante la imaginación. No existen
verdades absolutas, existen lecturas y caminos
que se corresponden con lectores de determinados
procesos. Dentro de esta esfera, la cuestión de la
metáfora es fundamental, porque las cosas no son
lo que aparentan ser, son imágenes que sugieren
ciertas lecturas. No existen discursos absolutos,
sino correspondencias de interpretaciones, entre
texto y sus lecturas.
Estos dos caminos no se contradicen, aunque
tengan marcadas diferencias. Más bien se
complementan y se tocan en algunas aristas,
para después tender el puente que los une: la
fenomenología.
Este puenteo utilizado también como método
de análisis, precisa de observar fenómenos y
entenderlos, acercarse al mundo desde la percepción,
y darle sentido a partir de una interpretación de
quien observa. “La fenomenología es en realidad
el estudio de las esencias, pero también intenta
situar a las esencias en la existencia” (Audi, 2004
:356). Según el diccionario Akal de filosofía, la
fenomenología es una búsqueda por una filosofía
que dé cuenta del tiempo, el espacio y el mundo,
tal y como los experimentamos y vivimos (Audi,
2004). Este método, cobija a la hermenéutica
y el estructuralismo, considerándolos incluso
como uno solo, dado que conecta vida y mundo
(interno y externo). Podemos notar que incluso
algunos de los autores teóricos y metodológicos
que podríamos ubicar dentro de la fenomenología,
son estructuralistas y otros se inclinan más hacia la
hermenéutica, o incluso en ambas.
Relato y ciudad como estructuras.
El teórico que tomaremos como punto de partida
del estructuralismo es Roland Barthes, quien se
acerca al relato desde su explicación racional,
desde el análisis, lo separa en partes y en relaciones,
lo disecciona, para entenderlo. Se mueve en el
21

�Rubio Gutiérrez

mundo de la narratología; disciplina que se crea
para entender la estructura de los relatos, conocida
como “teoría de la narrativa”.
Barthes da pautas para entender los textos
narrativos, y explica principalmente ciertos
elementos y relaciones que después fueron
trasladados al ámbito del urbanismo y la
arquitectura (Barthes, 1977).
En esta obra, explica el relato con detenimiento
como la más antigua de las formas narrativas que
está en todas las culturas y en todos los lugares
geográficos, es internacional, transhistórico y
transcultural:
(…) el relato puede ser soportado por el
lenguaje articulado, oral o escrito, por
la imagen, fija o móvil, por el gesto y por
la combinación ordenada de todas estas
sustancias; está presente en el mito, la
leyenda, la fábula, el cuento, la novela, la
epopeya, la historia, la tragedia, el drama,
la comedia, la pantomima, el cuadro
pintado (…) no hay ni ha habido jamás en
parte alguna un pueblo sin relatos (…).
(Barthes, 1977: 65).
Sin embargo, su principal aportación en esta
visión es afirmar que en este intento de una
semántica “para acercarse a la ciudad, hay que
tratar de entender la interacción de signos; que
cualquier ciudad es una estructura, pero debemos
intentar nunca esperar llenar esa estructura”
(Barthes, 1994: 201). Entendemos entonces
que, esta estructura significativa de la ciudad no
debe estar nunca cerrada. Debe ser un lugar con
muchas entradas, más flexible y complejo a la
vez. “(…) lo que hoy puede ser escrito (re-escrito)
lo escribible. ¿Por qué es lo escribible nuestro
valor? Porque lo que está en juego en el trabajo
literario, es hacer del lector ya no un consumidor,
sino un productor de texto” (Barthes, 1970: 14)
De manera paralela, surge en Italia una
corriente ligada al estructuralismo para la lectura y
la intervención en la ciudad dentro de La Tendeza
italiana. La llamada Crítica Tipológica, con
exponentes como Aldo Rossi y Mamfredo Tafuri,
que plantearon cuestiones teóricas y metodológicas
importantes para la lectura de la estructura de la
ciudad: la clave del método de la crítica tipológica
fue la "producción de categorías de cultura y de
vida" (Montaner, 2008). En la lectura de la ciudad,
este grupo de arquitectos y pensadores, tratan
22

de identificar “arquetipos” que después llaman
“tipos arquitectónicos” y que influyen en la forma
urbana. Estos arquetipos están ligados a los de
psicología con Gustav Jung, teoría del lenguaje de
Saussure, o con la antropología estructuralista de
Levi-Strauss, incluso con los caracteres del teatro
de Shakespeare y arquetipos humanos (Montaner,
2008). En sus planteamientos proyectuales, según
Muntaner, proponen que cada intervención sea una
continuación de la ciudad existente. La memoria
es el material con el que se tejen estas estructuras.
Rossi, ya había planteado ciertas categorías
semiológicas diferenciadas para elementos de
la ciudad, tales como: “el hecho urbano” o “los
elementos primarios”, ligados a la memoria
y al concepto de lugar (Rossi, 1966). Según
Rossi, existen secuencias, puntos dinámicos y
estáticos dentro de esta estructura conformada
por elementos y relaciones significativas.
En este sentido y dentro de este mismo grupo
ligado al estructuralismo, estarían las aportaciones
de Kevin Lynch (1960) y Norberg Shultz (1975);
el primero ordena la forma en la que los habitantes
comprenden el lugar a partir de una serie de
elementos como: nodos, sendas, hitos, bordes,
mojones y barrios (Lynch, 2008). Mientras que el
segundo plantea que solamente cuando el espacio
se convierte en un sistema de lugares significativos,
se presenta vivo para quienes los habitan y habla
de una estructura en la que se conforma el espacio
existencial de los habitantes de una ciudad a
partir de centros, trayectos, regiones y paisaje
(NorbergShultz, 1975).
Todas estas aportaciones desde el
estructuralismo, dejan una primera huella para
la narrativa aplicada al estudio y proyecto de la
ciudad.
La ciudad y sus metáforas.
Paul Ricoeur recorre la relación entre “Tiempo
y narración” (Ricoeur, Tiempo y Narración,
1996), para explicar que el tiempo es la condición
que aporta la naturaleza humana. Sin tiempo
no hay vida. Sostiene que los seres humanos
nos construimos a partir del entrelazamiento
de dos tiempos: el tiempo histórico y el tiempo
de la ficción. Un tema fundamental en la obra
de Ricoeur es la ficción. Él dice que la ficción
interviene para que comprendamos, expliquemos
y transfiguremos el mundo:

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Narrar la arquitectura y la ciudad

“La ficción tiene esa capacidad de
«rehacer» la realidad y, de modo más
preciso en el marco de la ficción narrativa,
la realidad práxica, en la medida en que el
texto tiende a abrir intencionadamente el
horizonte de una realidad nueva, a la que
hemos podido llamar mundo”
(Ricoeur, 1999: 199)
En el universo de la ficción Ricoeur expone
tres ideas que dan luz en el camino de la narrativa
aplicada a la ciudad: Redescribir, recordar y
proyectar son mecanismos que se utilizan para
seguir una historia. La ficción es necesaria para
resumir el mundo complejo en el que vivimos y
darle coherencia, para construir la memoria y
para la vida práctica; para proyectar. Precisamente
representación, memoria y proyecto son tres
aspectos a través de los cuales podemos entender
lo que narra una ciudad.
Ricoeur, entró al campo de la arquitectura
para explorar la relación entre espacio y
tiempo, plantea que existe un paralelismo entre
arquitectura y relato, entre el acto de narrar y el
acto de construir y habitar.
Para explicarlo recurre a tres momentos
en el entrecruzamiento entre narrar y habitar:
Prefiguración.- en la que el relato es usado en
la vida cotidiana, en la conversación vinculada
al acto de habitar. El habitar es la presuposición
del construir. Señala que ningún arquitecto/a o
generador de espacios construidos es capaz de
diseñar sin antes haber habitado cotidianamente.
Configuración.- tiempo realmente construido,
tiempo relatado. El construir realmente pasa
a encargarse del habitar. Se da la creación
de la arquitectura y la ciudad, a partir de tres
circunstancias: acto de narrar con el proyecto
(puesta en intriga-entramar) entrelazar las partes
que componen los lugares de vida; inteligibilidad,
que es la capacidad de explicarse de estos
espacios por sí mismos, y la intertextualidad,
como la manera en la que conviven en la ciudad
arquitecturas de tiempos y formas distintas.
Configurar la ciudad con el relato que es la
arquitectura. Refiguración.- situación de lectura
y relectura de nuestras ciudades y de todos los
lugares que nosotros habitamos. Un habitar
reflejado, un habitar que rehace la memoria
del construir. Es decir, la resignificación de los
lugares a partir de quien los habita.
Por otro lado, Evelina Calvi, en su artículo
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

“Proyecto y relato: la arquitectura de la narración”
(Calvi, 2002) habla del acto de habitar como leer la
ciudad, a través de un acto narrativo. Pero también
plantea la hipótesis de que: la interpretación se
da en un diálogo entre la parte y el todo, que se
desarrolla en términos esencialmente narrativos,
en donde el tiempo es un elemento esencial.
Por otro lado, en Latinoamérica, particularmente
en Chile, desde las ideas de Gaston Bachelard, se
propone hacer una poesía con la arquitectura. Juan
Borchers (Borchers , 1975) retoma estas ideas y
trata de fundir la poética con las matemáticas. Su
proyecto partía de una voluntad de interpretar y
medir el mundo; transportando el lenguaje poético
a la interpretación del sitio, sus características
formales y expresivas, y su resolución arquitectónica
como una respuesta poética.
España también se configuró como uno
referente en leer, narrar e interpretar las ciudades:
Josep Muntañola en su artículo “La arquitectura
de la transparencia” (Muntañola J. , 2002) y en el
libro “Poética y arquitectura” (Muntañola, 1981)
expone que en arquitectura se da una mímesis
como una activa conexión de una trama estructural
o sintagma (en arquitectura: la construcción) y una
fábula psico-social o paradigma (en arquitectura:
el habitar), lo que determina las relaciones
entre la poética y la arquitectura son potencial
y culturalmente una fuente de inspiración para
el diseño arquitectónico contemporáneo. Desde
el mismo origen geográfico, Ignasi de Solá
Morales (Morales Rubio, 2002) aporta categorías
espaciales que refieren a la lectura narrativa de
la ciudad: la arquitectura líquida como aquella
que capta las dinámicas que configuran nuestro
entorno y que da forma al tiempo y al cambio,
.y las terrains vagues como tierras de vacío,
lugares imprecisos, indefinidos y sin límites
determinados. Así mismo Oriol Bohigas (Bohigas
Guardiola, 2004) integra también la idea de leer la
ciudad, al referirse a los espacios públicos como
el principal elemento de legibilidad urbana.
Sin embargo, es un grupo de investigadores
comandados por Joaquín Sabaté, Dennis
Frenchman y David Lowenthal quienes representan
el más detallado aporte de la escuela de Barcelona
hacia la narrativa, al utilizarla como elemento
medular en el estudio y proyecto de los paisajes
culturales. Su propuesta consiste en leer el
territorio mediante dos esferas para interpretarlo:
la esfera literaria compuesta de la Historia y
las historias (tradiciones, cultura) y la esfera
23

�Rubio Gutiérrez

material, compuesta por los lugares y el paisaje;
entendiendo las conexiones que existen entre
ambas, para lo cual toman elementos como:
las áreas, los hitos, las puertas y accesos, los
itinerarios y los bordes (Sabaté, 2004).
La percepción, vínculo entre estructura y metáfora.
Por último hablaremos de una esfera que une
al estructuralismo y a la hermenéutica en una
lectura común: la fenomenología. Para tal efecto,
Lefebvre es quien unifica el espacio de la ciudad,
que se venía investigando como el espacio
“físico” y el espacio “mental”, en un solo espacio,
el espacio social.
Este espacio contiene, designa y asocia
espacios a sus relaciones de producción y de
reproducción, Se trata de un espacio en donde
suceden cosas, donde hay movimiento y acción.
Este autor, designa categorías para estudiar la vida
cotidiana que son también formas narrativas: el
espacio, el tiempo, lo simbólico, etc. Un concepto
que es narrativo por excelencia, Lefebvre lo
traslada al estudio de la vida cotidiana: El devenir.
Otros autores como Richard Sennet, Michel
de Certeau y Yi Fu Tuan, también abordan la
narrativa desde una visión fenomenológica. En el
caso de Sennet se configura el concepto de espacio
narrativo. Este autor además, piensa en el carácter
provisional de la arquitectura y particularmente
enlaza la literatura con el urbanismo en el concepto
de “cronotopo”, el cual consiste en “la relación
que traza el novelista (…) entre el tiempo que
dura un beso y el tamaño de la habitación en que
se encuentran quienes se están besando” (Sennett,
1991: 234). De esta forma, el espacio narrativo para
Sennett es el lugar en donde inicia una historia, no
el inicio cronológico, sino el que hace recurrir al
pasado y al futuro para su resolución.
Por su lado, Michel de Certeau, se refiere a
las historias espaciales, y construye la idea de
Espacio a través de su relación con los relatos.
Señala que el relato le pone límites al territorio,
que es a través del relato con el que puede
entenderse hasta dónde llega un lugar. Señala
que “Un movimiento siempre parece condicionar
la producción de un espacio y asociarlo con una
historia” (Certeau, 1990: 130).
Finalmente Yi Fu Tuan en su texto “Lenguaje
and the making of place a narrative-descriptive
approach” aporta dos ideas fundamentales: La
fuerza del lenguaje y la capacidad de la aproximación
24

narrativa para configurar por sí misma junto con los
fenómenos que describe, la metodología de estudio,
más ligada a procesos creativos que al análisis
cuantitativo.
De esta manera se puede afirmar que el
estructuralismo, la hermenéutica y la fenomenología
han tenido significativas aportaciones al tema de la
narrativa en la ciudad, por lo que fundamentalmente
el enfoque de esta investigación se sostiene del
andamiaje que produce el enlace de estas 3 esferas.
Sin embargo son las dos últimas,
las
que sostienen la base de dicha amalgama, lo
anterior como resultado de asimilar la ciudad a
través de los sentidos y nuestra percepción del
mundo, buscando esencias a través de los relatos
(fenomenología), pero con la certeza de encontrar
lecturas de acuerdo a nuestra interpretación
(hermenéutica), que nos acercarán a entender un
poco más la ciudad contemporánea.
Las Narrativas del Sur.
En los mismos planteamientos teóricos que
se hacen desde Latinoamérica, hay un tinte de
visión mística, una cosmovisión especial. Una
asimilación de las historias que no se ven pero que
repercuten en lo que sí se ve. Hay una manera de
observar que subyace a las teorías, y que tiene que
ver con cómo se ha visto el mundo con relación
al tiempo y al espacio. Un afán por explicar las
ciudades para explicarnos como personas.
En el mundo las múltiples miradas construyen,
a partir de lo que imaginan, la realidad. La cual
es voluble, es un mundo construido por mundos
mentales, y una manera de indagar estos mundos
mentales (imaginarios) es la construcción narrativa.
Johana Lozoya señala en su libro “Ciudades
Sitiadas”: “El pensamiento y la mentalidad del
gremio arquitectónico son los de un mundo
complejo que ha construido ciudades e inventado
identidades al horizonte latinoamericano”.
(Lozoya, 2010: 11)
En ese mismo tono, Nicolás Amoroso,
argentino, en su artículo “La imagen, anfitriona de
la historia” (Amoroso Boelcke, 2009), señala que
la ciudad se crea a partir de imágenes. Imágenes
que quienes la habitamos vamos relacionando en
nuestro interior para construir una urbe interna.
Así mismo menciona que la imagen no es solamente
visual; puede ser un sonido, un olor, o una secuencia
de percepciones y que cuando estas imágenes logran
ampliarse, enriquecerse y se les da una definición y
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Narrar
la arquitectura y la ciudad
El Quijote visto desde la arquitectura:
naturaleza-humanidad-idea.

tiempo, emerge una nueva cultura.
Otros investigadores que han aportado
avances significativos para el análisis de las
ciudades a través de la narrativa con una visión
Latinoamericana, son Armando Silva, Pablo Vila
y Abilio Vergara. Silva, con sus aportaciones
referentes a la fantasía: los fantasmas de ciudad.
“(…) la mirada, en su característica de alusión
imaginaria a un deseo, pone en marcha la fantasía.
o sea que es punto de desencadenamiento de
fantasmas individuales o colectivos” (Silva, 2006:
25). Pablo Vila trabaja con medios narrativos como
la fotografía y la literatura, utilizando además la
música de la ciudad en lugares de fronteras para
experimentar cómo las identidades se mezclan
para formar cosas nuevas. Por otro lado, Abilio
Vergara propone que la construcción del espacio
se genera en un proceso de mutua interacción en
el que se presentan niveles de estructuración, uso
y representación que nos permiten vivir en él,
imaginarlo y darle sentido.
Desde las Islas Canarias, Manuel Martín
Hernández ha puesto la mirada en la crítica a una
arquitectura autista que no mira a su alrededor,
Manuel Bote Delgado combina poética y urbanismo
en la mirada de las ciudades canarias, Pablo Ley
Bosh investiga el espacio público contemporáneo
con sus nuevas apropiaciones en la ciudad del
consumo, y Flora Pescador observa el paisaje
exterior e interior a la arquitectura con una mirada
de mujer y de habitante del Atlántico. Todos estos
ejemplos dan cuenta de la naturaleza narrativa
del Sur Global. De esa mirada que confía en la
intuición, en las primeras aproximaciones, en el
conocimiento popular y le da voz. En el libro
“Epistemología del sur” (2009) Bonaventura de
Sousa Santos, pone en la mesa la idea de que existe
una manera de buscar y producir el conocimiento
surgida de los países colonizados, hace una crítica
a la ciencia moderna: “al contrario de la ciencia
Aristotélica, la ciencia moderna desconfía de
nuestra experiencia inmediata” (Santos, 2009:
23). Por esto se enfatiza aquí acerca de estas
miradas propias y cercanas, que relacionan a la
ciudad con quien la vive de manera entrañable; a
quien lee la ciudad, como parte importante de sus
relatos. (Ver Figura 2, siguiente página).3

3

La investigación acerca de los Caminos de la Narrativa en la ciudad contemporánea, así como de los Enfoques Narrativos, son el resultado
de una estancia de investigación en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, y surgieron gracias a la sugerencia y la guía del Dr.
Manuel Martín Hernández.

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

25

�Rubio Gutiérrez

Figura 2. Enfoques narrativos de la ciudad contemporánea

Fuente: elaboración propia

26

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Narrar la arquitectura y la ciudad

Es por eso que son necesarios nuevos
planteamientos para abordar el estudio y proyecto
de la ciudad, en los cuales, se tome en cuenta de
manera central la dimensión temporal, la subjetiva,
y la narrativa aporta ambas posibilidades. Con
la narrativa se reconoce el universo social e
imaginario que compone también a la ciudad. Se
voltea a ver la subjetividad con la que la ciudad
se construye, no se niega, al contrario, se integra.
Sin embargo, investigar desde la narrativa;
como enfoque para estudiar la ciudad o proyectarla,
desde la academia o desde la administración
pública, ha sido difícil. En general se considera
como una visión poco seria, o sólo útil para el
ámbito exclusivamente cultural o turístico. No
obstante, precisamente ahí, en el universo de la
creatividad y la imaginación, puede haber claves
importantes para entender la ciudad y diseñarla
desde su estructura profunda.
En este contexto, la narrativa ofrece a la
investigación en arquitectura y urbanismo la
capacidad de describir, sentir, imaginar, captar
emociones y relacionar acontecimientos, funciones,
estructuras, tiempos y espacios. La narrativa hace a
la ciudad y a la arquitectura creaciones colectivas:
concepciones creativas de ida y vuelta que ya no le
pertenecen solamente a quien las ideó en planos o
dibujos, sino que ya han sido creadas por quien las
ha experimentado e imaginado.
En ese sentido ¿todas y todos somos artistas
que crean la arquitectura y la ciudad? Es probable
que sí. Sin embargo, hace falta un vínculo con
los lugares a partir precisamente de relatos, para
volvernos creadores/as de una mejor ciudad.
Hace falta volver la ciudad parte de nuestras
representaciones: en la conversación, en textos,
en fotografías, en dibujos. De alguna manera
atrapar esa arquitectura o ciudad con nuestra
versión de esos lugares.
La narrativa ofrece la misma posibilidad
que utiliza la arqueología para comprender las
civilizaciones pasadas a partir de sus construcciones
y objetos. Se trata de leer y dar cuenta de los relatos
que están integrados a esas creaciones. Es notar
las historias que se generan dentro de los lugares
y observar lo que éstos narran por sí mismos. De
esta manera, en la forma de la ciudad está cautiva
su narrativa; se suman el significado, el uso, el
discurso, pero, sobre todo, la acción y el tiempo
dentro de los lugares de la ciudad.

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

De la lectura a la escritura de la ciudad.
El turismo y el marketing urbano han hecho
uso de los relatos con resultados evidentes. Las
ciudades se ofrecen al turismo y al mercado con
historias para atraer, para vender. Ejemplos de
esto son los Itinerarios turísticos con diversas
temáticas (históricos, culturales, de terror); o los
Parques temáticos como Disneylandia, Epcot
Center o ciudades como Las Vegas. En los casos
del Marketing urbano: Barcelona y Monterrey,
se localizan como ejemplos de narrativa urbana.
O el programa de Pueblos Mágicos, que conjunta
turismo y marketing urbano a través de estrategias
narrativas. Pero ¿cómo utilizar la narrativa como
recurso para crear ciudades más humanas para su
ciudadanía y no sólo para el consumo?
Exploramos tres respuestas desde distintas
disciplinas, desde la literatura Rosa Montero
dice que al camino de la narrativa hay que entrar
cargado de preguntas, más que de respuestas. Esa
posibilidad la da la imaginación, la construcción de
historias, que salen de adentro de las personas sin
saber que las tienen dentro. De manera consciente
e inconsciente, se guarda en la mente todo aquello
que parece importante. Así, la interpretación
profunda de la ciudad y sus significados está en el
interior de quien la habita, aunque no la materialice
en palabras.
Desde la psicología, Michael Withe y David
Epston, proponen una manera de trabajar con
los relatos de las personas para apoyarlas en
su desarrollo emocional y mental, la terapia
narrativa. Ellos en su libro: “Medios narrativos
para fines terapéuticos” (1993) exponen que
la narrativa propone crear historias alternas,
no únicamente centradas en la solución de un
problema, sino posibilidades ilimitadas surgidas
a partir de la creación de historias. Así, podemos
tener múltiples ciudades posibles, que mejores
nuestra vida cotidiana.
Desde el urbanismo, dice Joaquín Sabaté (2013):
“Toda ciudad es un palimpsesto” y agrega que hay
que acercarse al territorio para hacerle preguntas, y
si se hacen las preguntas adecuadas, obtendremos
las respuestas. Así pues, se trata de aprender del
conocimiento de los relatos de la comunidad,
escuchar los mensajes del territorio, reconocer las
experiencias colectivas y entrañables. Territorializar
los relatos y relatar el territorio, pero ahora con la
intención de diseñar. Estudiar la ciudad a partir de
los relatos que nos cuenta, sirve para transformarla
27

�Rubio Gutiérrez

a partir de sí misma, en una mejor ciudad. Para
recuperar la autoestima de ella misma (Sabaté, 2013).
Para hacer proyectos sobre la ciudad existente, sacar
de las profundidades aquello que hace daño y hacer
emerger lo que sana. Se trata entonces de trabajar la
ciudad con imaginación, con creatividad. Pensando
en la premisa de los narradores: ¿qué pasaría si…?
Se trata de buscar una base proyectual.
Tal vez la cuestión sea pensar como narradoras/
es. Pensar en nuevas historias para las ciudades
contemporáneas, en nuevas disyuntivas y no sólo
en la solución de problemáticas actuales. El reto
está en imaginar las múltiples formas que tiene un
relato, en este caso la ciudad, de resolverse, desde
la arquitectura y la creación de los lugares con
las imágenes de quien la vive, que se relacionan
con su pasado, su presente y su futuro a través de
historias. C
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Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

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�La Zona Metropolitana de Querétaro en proceso de metropolización

La Zona Metropolitana de Querétaro en proceso de
metropolización: 1990-2010.
Queretaro’s Metropolitan Area in metropolization process: 1990-2010.
1

Recibido: diciembre 2019
Aceptado: marzo 2020

Rubí del Rocío Vázquez Cruz

Resumen

Abstract

En las zonas metropolitanas de México los efectos
del proceso de metropolización han generado un
crecimiento urbano de tipo disperso. Se conoce
que este fenómeno emerge en el contexto de la
globalización, como un proceso socioeconómico
que se manifiesta físicamente en el territorio y
produce transformaciones urbanas, ambientales,
económicas, sociales, políticas y culturales en las
ciudades. Aplicando el enfoque de análisis
territorial, el estudio aborda el proceso de
metropolización en la Zona Metropolitana de
Querétaro, la cual ha destacado por lo acelerado
que se ha expandido en su superficie de
urbanización. En este caso, la metodología muestra
la expansion secuencial de la urbanización en un
territorio de escala metropolitana y como puede
explorarse comparativamente entre las décadas
1990-2010.

The effects of the metropolization process in the
metropolitan areas of Mexico have generated a
disperse type of urban sprawl. It’s known that this
phenomena flourishes in the globalization context,
as a socioeconomic process that manifests
physically in the territory and produces urban,
environmental, economic, social, politic and
cultural transformations in cities. Applying the
territorial analysis approach, the study focuses on
the metropolization process in Queretaro’s
Metropolitan Area, which has been noted for the
accelerated sprawl on its urban surface. In this
case, the methodology shows the urbanization
sequential expansion in a metropolitan scale
territory, and how to make a comparative
exploration between decades 1990-2010.

Palabras Clave:

Keywords:

análisis territorial; proceso de metropolización;
crecimiento urbano.

territorial analysis; metropolization process;
urban sprawl.

1

Nacionalidad: mexicana; Doctora en Arquitectura; adscripción: Departamento de Ingeniería y Arquitectura, Universidad del Valle de Atemajac
Querétaro, México; E-mail: dra.rubivazquez@gmail.com

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

31

�Vázquez Cruz

INTRODUCCIÓN
Las tendencias mundiales apuntan hacia el estudio
de sistemas de ciudades y la expansión urbana de
las zonas metropolitanas. A nivel internacional,
investigadores, instituciones y gobiernos, le han
dado importancia al estudio del fenómeno urbano
del proceso de metropolización, caracterizándose
por ser dinámico, evolutivo y trascendente para la
comprensión de los nuevos asentamientos en todas
las ciudades del mundo (UN-HÁBITAT, 2012).
El proceso de metropolización representa el
crecimiento de una gran ciudad (principal) que va
integrando territorios contiguos, por procesos de
expansión o conurbación hasta configurar una zona
metropolitana; se caracteriza por una alta
concentración-atracción de población y actividades
económicas especializadas (Icazuriaga, 1992:24; e
Iracheta, 2009:51).
En el caso de México, de acuerdo a las
proyecciones del Programa de las Naciones Unidas
para los Asentamientos Humanos y Naciones
Unidas para el Medio Ambiente; indican que para
el 2030 el 83.3% de la población total se
concentrará en áreas urbanas y el principal
crecimiento se dará en ciudades intermedias entre
100 mil y 999 mil habitantes, por lo que en México
existirán 20 ciudades de más de un millón de
habitantes (UN-HÁBITAT, 2011:10).
Es evidente que la transición urbana que
experimentan las ciudades mexicanas intermedias,
hacia configurarse como Zonas Metropolitanas
(ZM), es un fenómeno complejo, gestado en
nuestro país desde 1960, cuando se reconocieron
las primeras 12 ZM representando el 25.6% de la
población total. La evolución de las zonas
metropolitanas se manifiesta en 2010 con 59 ZM
concentrando el 55.8% de la población total (UNHÁBITAT, 2011:75).
Hoy en día, se presenta una clara tendencia hacia
el proceso de metropolización en las ciudades
mexicanas que integran el sistema urbano
nacional. En 2005, se delimitaron 56 ZM y para el
2010 se identificaron 59 (CONAPO, 2004;
CONAPO, 2010). Además de incrementarse en
pocos años, en la delimitación de cada una de las
ZM, se realizaron modificaciones, al incorporarse
en 2010 nuevos municipios a las delimitaciones ya
publicadas en 2005.
La problemática urbana a la que hoy se enfrenta
México se deriva de la situación de la población
urbana en el mundo y las tendencias globales del
proceso de metropolización.
32

Existen pocos estudios sobre las nuevas estructuras
territoriales
relacionadas
al
proceso
de
metropolización y su importancia radica en el
conocimiento de las necesidades de las ciudades,
destinadas a las sociedades y culturas del siglo
XXI. En este sentido, se distinguen los siguientes
puntos:
Primero, la estructura territorial en proceso de
metropolización, continúa creciendo y en un
proceso dinámico de adaptación se modifica
independientemente a las delimitaciones políticoadministrativas, lo cual detona problemáticas
diversas en relación a la dotación de todos los
servicios
municipales,
infraestructura
de
transporte, calidad de vida y administrativamente
repercute en la recaudación y la planificación
urbana de los municipios.
Segundo, es conocido el hecho de que el proceso
de urbanización acelerado en las ciudades
mexicanas, no siempre es equivalente a su
crecimiento económico. Se ha observado que el
crecimiento urbano excesivo ha provocado altos
índices de pobreza urbana, sobrepoblación y
proliferación de asentamientos irregulares. Por lo
cual, el término proceso de metropolización podría
no significar un progreso de las ciudades hacia un
crecimiento equilibrado y sustentable.
Tercero, la delimitación Zona Metropolitana
(ZM), no en todos los casos corresponde a una
situación de articulación urbana o un buen
funcionamiento; por lo cual se decidió investigar si
las ZM responden simplemente a una nueva
división político administrativa, o cuáles son las
nuevas características que presentan las ciudades
ZM en su estructura territorial.
Con el objetivo de conocer y explicar el proceso de
metropolización en las ciudades de México, se
selecciona el caso de la Zona Metropolitana de
Querétaro (ZMQ), ya que al año 2013 ha rebasado
sus límites político-administrativos, destaca en
competitividad urbana en relación al sistema de
ciudades y ocupa el lugar número diez (10) dentro
del listado de ZM por tamaño poblacional a nivel
nacional (CONAPO, 2012; Sobrino, 2010).
Como primer acercamiento a la comprensión de la
complejidad de una estructura urbano regional, se
analizó la interacción de los cuatro municipios que
conforman la ZMQ: Corregidora, El Marqués,
Huimilpan y Santiago de Querétaro. Se observa a
través de cartografía e imágenes satelitales que la
conurbación se ha dado entre los municipios.
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�La Zona Metropolitana de Querétaro en proceso de metropolización

Debido a esta tendencia y a los tres puntos
mencionados anteriormente, se considera que
actualmente es necesario realizar investigación
científica sobre las transformaciones en la
estructura territorial de la ZMQ; por lo cual se
intenta dar respuesta a la siguiente pregunta: ¿De
qué manera la oferta de suelo urbano de bajo
precio y la inmigración de población ejercen una
influencia significativa sobre el proceso de
metropolización y el crecimiento urbano disperso
en la estructura territorial de la Zona Metropolitana
de Querétaro entre 1990-2010?
La hipótesis plantea que en la Zona Metropolitana
de Querétaro el crecimiento urbano disperso se
produce en función de la localización espacial de
la oferta de suelo urbano y la dinámica de
inmigración como consumidor. Existe una
correlación entre el suelo urbano de bajo precio y
el proceso de metropolización de la estructura
territorial en los cuatro municipios de la Zona
Metropolitana de Querétaro entre 1990-2010.
El periodo de estudio se considera de 1990 a 2010,
con lo que se pretende explorar los orígenes y los
cambios que se observan a partir del boom de la
industrialización de 1960 y diez años después en
1970 como punto de referencia de la
Asimismo,
otros
transformación
urbana.
antecedentes que han sido factores relevantes para
el proceso de metropolización, como la migración
hacia la ZMQ a partir del terremoto en el D.F. en
1985 y recientemente el fenómeno de migración
debido a la inseguridad en otros estados.
Actualmente, se desconocen los efectos del
proceso de metropolización en su relación con la
problemática del crecimiento urbano de tipo
disperso; se identifica que la ZMQ no se ha
estudiado suficientemente y se requiere de
investigación para fundamentar y generar
normatividad, nuevas metodologías e instrumentos
de Planeación Urbana adecuados para la escala
metropolitana de las ciudades mexicanas del
futuro.
METODOLOGÍA
De acuerdo a la delimitación oficial de Zonas
Metropolitanas (CONAPO, 2010), para la ZMQ se
seleccionaron los municipios de: Corregidora, El
Marqués, Huimilpan y Santiago de Querétaro; ya
que se requiere analizar los cuatro municipios para
obtener la información completa de la ZMQ.
1

El tamaño de la muestra contempla la observación
de 10 asentamientos periféricos por cada
municipio, resultando un total de 40 reactivos.
Para la muestra seleccionada, se recopilaron los
datos socioeconómicos de los censos cada 10 años,
1990, 2000 y 2010; con el objeto de observar el
comportamiento de las variables cada 10 años
(proceso
de
metropolización,
inmigración
interestatal, crecimiento urbano disperso, precio
bajo del suelo y población total).
Asimismo, se observaron los datos a partir de 1995
cuando se iniciaron los conteos; lo anterior debido
a que se realizan cada 5 años y se han utilizado
para poder dar certeza al censo, a partir de estos
conteos se han realizado las proyecciones actuales.
En la primer variable proceso de metropolización,
se observaron fotografías aéreas a través de las
cuales se generaron polígonos de los rasgos físicos
y la urbanización en los cuatro municipios.
Paralelamente se revisó la información de los
vuelos fotogramétricos siguientes años: 1993, 2000
y como el más reciente se encuentra el del 2006.
A partir de esto, se estudió la evolución de la
urbanización a través del tiempo y sus relaciones
con los nuevos asentamientos y el crecimiento
metropolitano de la estructura territorial.
A una escala metropolitana, la metodología de
análisis cartográfico aplicado comprende una
contrastación de la parte gráfica con los datos
duros obtenidos mediante un sistema de
información geográfica (SIG).
En este proceso, se requirieron los siguientes
métodos: Método comparativo cartográfico,
Método de la malla y Método de sobre posición de
capas, así como una combinación de técnicas para
la construcción de planos temáticos en el software
ArcGis en conjunto con la elaboración de fichas
para el Análisis Urbano.
LOS PROCESOS DE METROPOLIZACIÓN
EN MÉXICO
En México, los orígenes de la investigación
científica en el tema del Proceso de
Metropolización se remontan al surgimiento de
trabajos pioneros como el “Ensayo para la
delimitación de la zona metropolitana de la Ciudad
de México en 1940, 1950 y 1960”,2 desarrollado
por Luis Unikel, uno de los autores más
importantes cuyas contribuciones han permanecido
a través del tiempo.

Unikel, Luis (1960), Ensayo para la delimitación de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México en 1940, 1950 y 1960, México, COLMEX.

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

33

�Vázquez Cruz

En 1976, Crescencio Ruiz Chiapetto, Gustavo
Garza y Luis Unikel presentan la primera edición
del libro “El Desarrollo urbano de México.
Diagnóstico e implicaciones futuras”,3 el cual
marcó el inicio de una nueva era en el campo del
urbanismo mexicano, haciendo referencia a los
rasgos generales que caracterizan las ZM. A partir
de los cuales, se establecieron los criterios
analíticos para definir las distintas etapas del
Proceso de Metropolización; las aportaciones
radican en la innovación en relación a los distintos
métodos para la delimitación de ZM, las unidades
de análisis y una propuesta de fases de
metropolitanismo. A lo largo del documento, los
autores advierten desde los años setenta sobre los
riesgos y problemas de caer en la urbanización
excesiva y sin regulación en las ZM.
Posteriormente, en 1981 la autora Margarita
Nolasco presenta las políticas para el desarrollo
metropolitano y analiza el fenómeno a partir de la
Teoría de la Dependencia.4 Otras investigaciones
destacaron por la aplicación de un análisis
comparativo entre las ciudades intermedias, como
ejemplo cabe citar el caso de León, San Luis
Potosí y Torreón que presenta Héctor Salazar en
1984.5 Por su parte, en 1986 la autora Eugenia
Negrete y Héctor Salazar proponen las primeras
Zonas metropolitanas de México en 1980.6 En
seguimiento, surgieron otros trabajos que
analizaron la Metropolización y la política urbana
en la Ciudad de México hacia 1988, los cuales
fueron realizados por Alfonso Iracheta y Emilio
Duhau.7 En esta misma dirección, durante la
siguiente década la autora Carmen Icazuriaga
desarrolla en 1992 una hipótesis sobre el proceso

de metropolización y construye uno de los
referentes teóricos más sobresalientes de los años
noventa.8 Por otra parte, en los estados se
distinguen los estudios de caso que abordan los
procesos de metropolización existentes en las ZM
de Monterrey (Garza et al., 1999; Bassols, 2006),9
el Valle de México, Guadalajara y Toluca
(Icazuriaga, 1992; Iracheta, 2009).10 Y en la ciudad
de Puebla (Flores, 1993; Iracheta, 2012).11
Del análisis documental sobre el estado del arte,
puede apreciarse que las contribuciones de los
autores mencionados anteriormente, en conjunto
con Carlos Garrocho,12 Jaime Sobrino, Javier
Delgado,13 y Roberto Eibenschutz,14 han
conformado un cuerpo de conocimientos sólido y
valioso que es importante retomar para
fundamentar las investigaciones de las próximas
generaciones. A continuación, con el propósito de
acercar al lector hacia las diferentes perspectivas
que han sido utilizadas en los estudios sobre el
fenómeno urbano del proceso de metropolización;
se presenta una selección de trabajos de relevancia,
que han sido reconocidos por sus contribuciones,
contenido teórico y metodológico.
Desde la perspectiva físico-espacial, Delgado
(1993) desarrolla el concepto de la ciudad-región
aplicado en la ciudad de Querétaro; mediante el
cual analiza el proceso de metropolización en su
relación con tres esquemas físico-espaciales:
centro-periferia, ciudades en expansión y
fragmentación-rearticulación
metropolitana
(Delgado, 1993: 656). Explora los cambios en la
estructura territorial de las ciudades en expansión
hacia convertirse en metrópolis, a partir de nueve
aspectos identificables:

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6 Negrete, Eugenia y Salazar, Héctor (1986), Zonas metropolitanas en México 1980, México, COLMEX.
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construye
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4

6

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�La Zona Metropolitana de Querétaro en proceso de metropolización

1. Conurbación de poblados preexistentes en su
periferia inmediata; 2. El desdoblamiento hacia las
áreas intermedias de nuevos núcleos comerciales;
3. Grandes equipamientos; 4. Servicios públicos;
5. Conjuntos habitacionales; 6. Papel expansivo de
los libramientos; 7. Pautas de localización de la
industria; 8. Creación de red suburbana de
transporte; 9. Indicios de una corona metropolitana
no conurbada pero fuertemente enlazada al centro.
Complementariamente, el autor utiliza el modelo
de las fases de crecimiento para explicar la
transformación en el crecimiento urbano de
Querétaro. Relata que este modelo no puede
explicar comparativamente dos ciudades, es decir
resolver porqué una ciudad en expansión crece
más que otra; el modelo tampoco podría
determinar si un proceso de transformación hacia
metrópolis es mejor en una ciudad o en otra. Dicho
modelo únicamente es útil para analizar la
evolución de los cambios que se presentan en una
ciudad y ponderar la dimensión socio-política
sobre el territorio.
Delgado (1993) expresa lo siguiente: “es necesario
continuar con las investigaciones a nivel
transregional, por un lado, hacia el complejo de
ciudades del Bajío y por otro, del papel que San
Juan del Río puede jugar como punto intermedio
en el enlace con la ciudad de México. Tal vez
estamos presenciando el fin de la ciudad-ciudad y
el inicio de la ciudad-región. Tal vez sea un
eslabón que facilite la construcción de
megalópolis” (Delgado, 1993: 693).
Desde la perspectiva multidisciplinaria, uno de los
trabajos más avanzados y completos a nivel
nacional en relación al cuerpo de conocimientos
existente es la tesis de Sousa (2006),15 presenta la
cualidad de permitir la descripción y el análisis de
un fenómeno tan complejo como el proceso de
Metropolización en Monterrey desde una
perspectiva integral. Las metodologías que se
utilizaron son el Modelo para el Análisis de las
tendencias de ocupación del suelo metropolitano,
así como simulaciones de la expansión urbana.
El rasgo más importante, es que experimenta con
un sistema para el análisis de la dispersión y aplica
métodos tradicionales estadísticos y gráficos para
el conocimiento de la dinámica poblacional,

representados en el área metropolitana de
Monterrey.
Desde la perspectiva sociológica, en el estudio de
Tapia (2009),16 se selecciona la Teoría del Cambio
Social para interpretar el proceso de urbanización,
como agente directo y causal de las
transformaciones que se manifiestan en las
comunidades y localidades rurales. A partir de las
condiciones de subordinación en la localidad San
Pedro Totoltepec, aborda el cambio urbano y
social en Toluca durante el periodo 1990-2000.
Respecto al proceso de metropolización, realiza
algunas precisiones muy interesantes sobre los
movimientos campo-ciudad, para explicar que
actualmente el movimiento ocurre también a la
inversa, de la ciudad hacia el campo. Lo anterior,
porque en el fenómeno se presenta la instalación y
apertura de nuevas zonas residenciales, industriales
y
comerciales
como
resultado
de
la
desconcentración de las actividades urbanas. Se
observa, por lo tanto, que pueden identificarse
procesos de urbanización distintos a los que se
conocieron entre los años 1940 y 1980. En la
metodología aplicada, se utiliza como unidad de
análisis el área geo estadística básica (AGEB),
para obtener los datos socioeconómicos y se
estudia la tipología de los usos de suelo en relación
a dos cortes censales 1990 y 2000.
Desde la perspectiva de una Génesis del Proceso
de Metropolización, se reconoce el estudio sobre el
caso de Guadalajara desarrollado por Tovar
(2010).17 En el que presenta una crítica muy
interesante sobre el fenómeno, que se podría
clasificar como una postura en oposición a las
interpretaciones ya conocidas sobre los procesos
de metropolización en México; puesto que hace
referencia al caos metropolitano. En primer
término, el autor inicia por describir claramente las
diferencias entre: la metropolización, el proceso de
metropolización,
conurbación,
aglomeración
urbana y la conversión de ciudad a metrópoli. En
un segundo momento, respecto a la génesis del
fenómeno se hace referencia al México rural del
siglo XX y su transición hacia convertirse en un
país mayormente urbano, el cual presenta varias
tendencias hacia iniciarse como un país
metropolitano desde los inicios del siglo XXI.

15 Sousa,

Eduardo (2006), El Área Metropolitana de Monterrey: análisis y propuesta de lineamientos metodológicos para la planeación
en zonas periféricas, Tesis Doctoral en Filosofía con Orientación en Arquitectura y Asuntos Urbanos, México, UANL.
16 Tapia, Jorge (2009), Cambio socioterritorial en el contexto de las metrópolis, en Dinámicas Ambientales y Territoriales en México.
Una disciplina multidisciplinaria, México, UAEM.
16
15
17 Tovar, Edgar (2010), “Génesis del proceso de Metropolización en Guadalajara”, en Revista Territorios Metropolitanos Artículos y
ensayos de investigación, Vol. 03, núm. 03-04, junio-diciembre, pp. 5-18. 17

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

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�Vázquez Cruz

Como dato adicional Tovar (2010) indica lo
siguiente: “El proceso de Metropolización es
dinámico, gradual y en México alcanzó
dimensiones
que
preocupan
a
diversos
especialistas porque, hasta el momento, la
velocidad del proceso ha superado los intentos por
controlarlo y dirigirlo. El caos de las ciudades
metropolitanas mexicanas es un hecho palpable”
(Tovar, 2010: 6). Destacan dos hallazgos en sus
contribuciones, en un primer hallazgo identifica las
siguientes tres problemáticas que por su relevancia
para el análisis, se citan textualmente con el
objetivo de advertir los posibles escenarios a los
que podría enfrentarse la investigación del
fenómeno.
1. Problemática sobre los límites políticoadministrativos: “los límites administrativos no
coinciden con los límites reales del proceso de
desarrollo de los núcleos urbanos, lo que produce
descontrol y confusión entre las autoridades para
dirigir y administrar el proceso de urbanización y
las consecuencias de allí derivadas. Esta necesidad
de coordinación para la gestión del proceso de
urbanización de la ciudad central y de sus núcleos
secundarios da vida práctica al proceso de
metropolización” (Tovar, 2010: 9).
2. Problemática sobre la delimitación y conteo de
Zonas metropolitanas, en la que se cuestiona la
metodología de SEDESOL, CONAPO e INEGI:
“Porque para señalar que existe un proceso de
metropolización en una ciudad que no sobrepasa
sus límites municipales, se debe demostrar que su
proceso de urbanización, crecimiento y desarrollo
influye sustancialmente en el proceso de
urbanización, crecimiento y desarrollo de los
núcleos urbanos (municipios) vecinos […] Tarea
difícil de medir con los datos disponibles” (Tovar,
2010: 9).
3. Problemática sobre las limitaciones en la
medición del fenómeno: “Es un hecho
consensuado la imposibilidad práctica de medir
plenamente la magnitud de las relaciones que
ejerce una ciudad central (o metrópoli) sobre los
centros urbanos secundarios, es decir, el grado en
que una región sufre un proceso de
metropolización. Por lo anterior, también existe
una imposibilidad práctica para definir el área de
influencia de la metrópoli, es decir, la delimitación
de la región, zona o área metropolitana. Además,
el fenómeno es dinámico, por lo que los núcleos

urbanos que conforman la zona metropolitana son
susceptibles de variar con el tiempo” (Tovar, 2010:
10).
En un segundo hallazgo, Tovar (2010) propone un
método para deducir el momento de inicio en un
proceso de Metropolización; y explica que dicho
proceso se da entre urbes, no entre localidades.
Desde esta perspectiva, entonces es posible
determinar un referente del inicio del fenómeno a
partir del momento en que las localidades rurales
se convierten en localidades urbanas, con base en
la situación de sobrepasar los 2,500 habitantes.
En este escenario, respecto a la teoría que se puede
tomar como referencia para acercarse hacia la
comprensión de los Procesos de Metropolización,
se propone la Teoría del Continuum Urbano Rural.
La cual analiza las localidades netamente rurales y
las localidades completamente urbanas, en su
relación con un continuo proceso de cambio en el
que no existe un límite que marque el paso de un
estado a otro. En este sentido, aclara que es
factible encontrar la génesis del fenómeno a partir
del análisis e identificación de la ZM, en función
de la ciudad central y la influencia que ejerce hacia
los núcleos secundarios. Finalmente, señala que no
es una condicionante la cuestión de que los núcleos
urbanos secundarios tengan una continuidad física
respecto al núcleo urbano central (Tovar, 2010:
10).
Desde la perspectiva económica, en el contexto de
las metrópolis mexicanas la autora Negrete
(2010),18 presenta los criterios para determinar la
jerarquía de una metrópoli; entendida como la
ciudad principal de la región al compararse en
extensión con otros territorios colindantes, sobre la
cual establece lo siguiente: “Remite a relaciones
asimétricas de poder y subordinación y, por ende, a
vínculos funcionales de dependencia” (Negrete,
2010: 175).
Al respecto, cabe destacar los aspectos económicos
que la autora recomienda observar, cuando se
examinan los rasgos que definen y caracterizan a la
metrópoli: la dimensión demográfica, la
competitividad urbana, la función políticoadministrativa y la influencia regional.
Negrete (2010), aclara que no puede jerarquizar a
las metrópolis en base al tamaño poblacional, pero
si en base a su atractividad poblacional; y su
competitividad entendida como el “grado en el
cual una ciudad, en comparación con otras

18 Negrete

Salas, Eugenia (2010), Las metrópolis mexicanas: Conceptualización,
18gestión y agenda de políticas, en Los Grandes Problemas
de México Vol. II, Desarrollo Urbano y Regional, México, COLMEX.

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Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�La Zona Metropolitana de Querétaro en proceso de metropolización

ciudades en competencia, es capaz de atraer
inversiones productivas que se traducen en
generación de empleos e incremento en los
ingresos” (Negrete, 2010:187).
Desde la perspectiva política, el trabajo de Vargas
(2011),19 analiza los problemas derivados del
proceso de metropolización en la ciudad de
Pachuca, desde el punto de vista de la gestión
metropolitana. Aborda los problemas en la
coordinación
de
los
servicios
públicos
indispensables para los habitantes de la ciudad.
Recomienda que para resolver estos problemas,
puede ser de utilidad considerar en el análisis a los
cuatro municipios que conforman la conurbación
(Vargas, 2011: 145). A partir de los datos
analizados sobre las políticas urbanas y el poder
local, el estudio se enfoca en la urbanización y la
conurbación, como procesos generadores de
problemáticas y conflictos de carácter social y
urbano.
Desde la perspectiva ecléctica, entre las múltiples
aportaciones de Sousa (2012),20 destaca el
concepto metrópolis prematura y el análisis de la
Transformación espacial y sus procesos
intervinientes, los cuales se desarrollan para
explicar la configuración espacial de Monterrey
entre 1940-2010 a partir de los tres procesos por
los que atraviesa la metrópolis. (Sousa, 2012: 62).
Los hallazgos del autor se distinguen por la
creación de modelos explicativos y los esquemas
correspondientes para los siguientes procesos: 1)
Proceso iterativo de Metropolización, basado en la
velocidad del ciclo reproductor de la vida de los
pobladores;
2.
Proceso
iterativo
de
Metropolización, basado en una situación
antinómica de planeación; y 3) Proceso iterativo de
Metropolización, basado en la actividad productiva
de los pobladores, el ciclo reproductivo y la
antinomía de planeación.
En este sentido, lo que resulta más significativo
entre las valiosas contribuciones del autor, es el
análisis de las combinaciones posibles entre los
tres modelos enumerados; para explicar la
transformación de una ciudad hacia convertirse en
un centro metropolitano. Concluye que no es
suficiente abordar el proceso de Metropolización
desde una perspectiva única y como solución
propone una perspectiva ecléctica.

Finalmente en este apartado, mediante la
recopilación de los aspectos clave, se intenta
mostrar al lector las consideraciones y dificultades
que intervienen al abordar una investigación de
esta índole. Otro punto que cabe destacar, es que la
perspectiva a utilizar para el análisis determina la
utilidad de los resultados de investigación; por lo
cual, se selecciona el enfoque de Análisis
Territorial, como el más adecuado para estudiar la
dinámica territorial en la escala metropolitana
correspondiente al proceso de metropolización que
experimentan Querétaro y su ZM.
EL PROCESO DE METROPOLIZACIÓN EN
QUERÉTARO DESDE LA PERSPECTIVA
DE ANÁLISIS TERRITORIAL
Teóricamente el enfoque de Análisis Territorial,
plantea que cada uno de los elementos del
territorio puede referenciarse a los subsistemas que
integran el sistema urbano-regional. El territorio
para su estudio se estructura en seis (6) Categorías
de Análisis Territorial: 1) económica, 2) urbana, 3)
social, 4) ambiental, 5) política, 6) cultural.
Además de un subnivel con siete (7) Subcategorías
de análisis territorial: 7) subsistema económico, 8)
demográfico, 9) transporte, 10) uso de suelo, 11)
localización de los servicios, 12) localización de la
vivienda y 13) localización del empleo (véase en
Figura No. 1) correspondiente al esquema
(Vázquez, 2011). Interpretando lo anterior en una
matriz, colocando verticalmente los elementos del
territorio y horizontalmente los subsistemas del
sistema urbano-regional; se puede establecer que
existen organizaciones, correlaciones y patrones
que son observables y comprobables dentro del
territorio. Espacialmente, se identifica que las
interacciones entre los elementos del territorio y
los subsistemas del sistema urbano regional, son
cuantificables en tiempo, distancia y frecuencia;
con esto se distingue, que las unidades
cuantificables son aplicables y comunes, para un
análisis desde la perspectiva económica,
geográfica o urbana. Mediante distintas escalas de
observación, el enfoque del análisis territorial nos
lleva hacia un conocimiento más amplio y
estructurado de todos los aspectos que habrá que
considerar como antecedente para fundamentar el
estudio del proceso de metropolización.

19 Vargas, Pablo (2011), “La conflictividad en el Proceso de Metropolización de Pachuca”, en Revista Papeles de Población, Vol.17,
19 núm.68, abril-junio, pp. 127-146.
20 Sousa, Eduardo (2012), “De la ciudad a la metrópolis prematura: Los tres procesos”, en Revista Urbano, Vol. 15, núm. 26, noviembre,
20
pp. 54-64.

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

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�Vázquez Cruz

En lo referente a la aplicación del enfoque en otras
investigaciones, se identifica que se ha utilizado
por (Sousa, 2006; Indovina, 2007; Vázquez, 2011;
y Vázquez, 2018). Lo que resulta más
significativo, es que dicho enfoque corresponde en
algunas de sus categorías, con los ejes planteados
por Naciones Unidas en su documento origen de la
Declaración
de
Vancouver
sobre
los
Asentamientos Humanos (UN-HÁBITAT, 1976).
El enfoque de Análisis Territorial,21 se sustenta en
teorías generales, teorías sustantivas y conceptos,
que desde la perspectiva económica, geográfica y
urbana se fusionan y complementan, conformando
conceptos más amplios o generales (Isard, 1960;
Secchi, 1968; Chorley y Hagget, 1971; Hall et al.,
1975; Harris et al., 1975; Stuart, 1977; Hagget,
1979; Wilson, 1980 y Johnson, 1987).

De acuerdo a Pujadas (1998) “El análisis territorial
se ha de apoyar tanto en el conocimiento teórico
interdisciplinar, como en un conjunto amplio de
instrumentos de análisis de carácter más
metodológico, que han de permitir explicar
conjuntamente los procesos territoriales. Se nutre
de un amplio bagaje de conocimientos teóricos y
metodológicos” (Pujadas, 1998: 36).
Al respecto, se presenta el enfoque de análisis
territorial como la primer estructura de análisis
para mejorar la comprensión sobre el proceso de
metropolización, cabe destacar la importancia de
su cualidad multidisciplinar tal como puede
observarse a continuación (véase en la Figura
No.1) esquema a partir del cual, se describen las
categorías de análisis territorial.22

Figura 1. Esquema- El enfoque de análisis territorial aplicado al proceso de metropolización

Fuente: Elaboración propia con base en (Vázquez, 2011).

21 Isard,

Walter (1960), Métodos de Análisis Regional, Barcelona, Ariel.
Secchi, Bernardo (1968), Análisis de las Estructuras Territoriales, Barcelona, Gustavo Gili.
Chorley, Richard y Peter Haggett (1971), La Geografía y los Modelos Socioeconómicos, Madrid, Methuen.
Hall, Peter et al. (1975), Modelos de Análisis Territorial, Barcelona, Oikos-tau.
Harris, Britton et al. (1975), Modelos de Desarrollo Urbano, Barcelona, Oikos-tau.
Stuart, Chapin (1977), Planificación del Uso de Suelo Urbano, Barcelona, Oikos-tau.
Hagget, Peter (1979), Geography a Modern Synthesis, New York, Harper International.
Wilson, A.G. (1980), Geografía y Planeamiento Urbano y Regional, Madrid, Oikos-tau
Johnson, James (1987), Geografía urbana, España, Oikos-tau.
22 Vázquez Cruz, Rubí del Rocío (2011), Propuesta Metodológica para la formulación de un Modelo de Ordenamiento Territorial,
21Tesis de Maestría en Planeamiento Urbano y Regional, México, UGTO.
22

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Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�La Zona Metropolitana de Querétaro en proceso de metropolización

1. En la categoría urbana, desde la perspectiva de
análisis territorial la autora Vázquez (2018),
desarrolla la siguiente definición: “El proceso de
metropolización es un proceso socioeconómico y
demográfico que se manifiesta en el territorio
física y espacialmente mediante un tipo de
crecimiento urbano en el cual la localización de los
asentamientos de una ZM se presenta de manera
dispersa en zonas periféricas de sus distintos
municipios y zonas alejadas de la ciudad principal.
En este ciclo, vincula a las ciudades en la
organización de una estructura territorial de escala
metropolitana” (Vázquez, 2018:323).
Actualmente, se conoce que el proceso de
metropolización dentro de la línea de evolución
conceptual de la ciudad se ubica en una etapa de
crecimiento previa a la metropolización y a la
metrópolis. Puede definirse como una fase de
expansión secuencial de la ciudad en la que
independientemente de los límites políticoadministrativos de cada uno de los municipios que
integran la ZM, se presenta el crecimiento de la
estructura territorial a través de toda la extensión el
territorio metropolitano como unidad.
Vázquez (2018), articula la línea de evolución
conceptual de la ciudad mediante siete (7) fases en
el siguiente orden de acuerdo al grado de avance
en su desarrollo: “1) la ciudad intermedia; 2) la
ciudad región; 3) el proceso de metropolización; 4)
la metrópolis; 5) la metropolización; 6) la
megalópolis y 7) la metápolis” (Vázquez, 2018:
69).
En trabajos anteriores se ha mencionado que en la
transformación de una ciudad-región hacia
convertirse en metrópolis la ciudad experimenta un
proceso de metropolización. Una manera de
explicar el fenómeno es a partir de sus efectos más
evidentes en el territorio entre los cuales se
identifica el crecimiento urbano de tipo disperso.
De acuerdo a Vázquez (2018), este fenómeno se
caracteriza por la aparición de los siguientes rasgos
específicos
en
la
estructura
territorial
metropolitana, a partir de los cuales es posible
definir si realmente existe un proceso de
metropolización:
“organización del territorio; cambio en las
jerarquías territoriales; nuevas centralidades;
cambio de un modelo monocéntrico a otro
policéntrico; policentrismo; polinuclearización;
conurbación; integración; infraestructuración;
difusión o dispersión; diversificación de los
servicios; mercantilización; especulación del suelo;

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

especialización de los servicios y de las
actividades económicas” (Vázquez, 2018:319).
En seguimiento a la categoría urbana, Vázquez
(2018) desarrolla una explicación general y
menciona que el proceso de metropolización inicia
con un ciclo económico-administrativo de
especulación del suelo en el que interviene la
asignación de un precio bajo al suelo en predios
rústicos y urbanos, los cuales se compran en
extensiones significativas de metros cuadrados
(m2) y hectáreas (Ha), precisamente por su bajo
costo en macro lotes o grupos de predios que se
reflejan en la expansión de la superficie de
urbanización de una ZM a través del tiempo.
A partir de la Teoría de la Subasta del Suelo
Urbano, se identifica que la localización espacial
del suelo urbano de bajo precio en una ZM, genera
la instalación de fraccionamientos en distintos
puntos de ubicación de una manera desordenada y
dispersa en periferias, zonas alejadas de la ciudad
principal e indistintamente de las características
del medio físico natural; todo el suelo es
urbanizable como resultado de la especulación
urbana.
Esta condición de crecimiento urbano tipo
disperso, paralelamente a una alta concentración
de población e inmigración de habitantes, tiene
afectaciones directas en la organización de la
estructura territorial metropolitana porque al
instalarse un fraccionamiento en una zona aislada,
se requiere la infraestructuración mediante nuevas
vías terrestres y la dotación de todos los servicios
públicos para su funcionamiento, una mayor
cobertura de los centros de educación, gobierno y
esparcimiento.
Lo
que
promueve
la
mercantilización de la ciudad como parte del
proceso de metropolización, mediante la
diversificación de actividades económicas y la
especialización de los servicios metropolitanos
(Vázquez, 2018:319).
2. En la categoría ambiental, el proceso de
metropolización en Querétaro se asocia con el
modelo insustentable de crecimiento urbano
disperso en el cual se presenta la localización de
centros de trabajo, servicios y vivienda, ubicados
en zonas muy alejadas que promueven un aumento
en el uso del automóvil. Entonces, en una ZM al
recorrer trayectos de mayor distancia en automóvil
se genera: 1) una mayor emisión de contaminantes
y 2) un incremento del gasto en gasolina por
habitante, lo que tiene repercusiones económicas
para las familias y para el medio ambiente.

39

�Vázquez Cruz

Por lo tanto, el modelo de crecimiento urbano se
encuentra correlacionado con la contaminación del
aire, la calidad de vida y la economía de los
habitantes.
En este sentido, como resultado de la
sobrepoblación que se presenta en algunas zonas
metropolitanas derivada de los procesos de
inmigración poblacional, se presenta la saturación
de los rellenos sanitarios municipales y se genera
la contaminación en ríos, lagos y pozos de agua.
Esta problemática produce afectaciones al
ambiente natural que conforma un territorio, en los
suelos, la vegetación, el cambio climático, la
cantidad de polen en el aire (Hernández y Ojeda,
2019); y sobre las especies que habitan en los
ecosistemas terrestres y acuáticos de una región.
Entre los efectos de la urbanización expansiva y
dispersa, destacan los cambios de uso del suelo
que pueden observarse al contrastar las imágenes
aéreas de GoogleEarth con los Planes de
Desarrollo Urbano, ya que en ocasiones se
consumen las reservas territoriales de suelo a
través del tiempo sin considerar el valor ecológico
del medio físico natural y el desarrollo sostenible.
3. En la categoría económica, el proceso de
metropolización se asocia a la especulación del
suelo como generador del crecimiento urbano de
tipo disperso, de acuerdo a la Teoría de la
Ocupación del Suelo.
Por otra parte, la estructura territorial del modelo
monocéntrico clásico se modifica para crear una
nueva distribución de las actividades, que asegure
el mayor beneficio económico mediante una
polinuclearización acompañada de servicios,
comercios, industria y zonas habitacionales que se
expanden a través de todo el territorio
conformando un nuevo modelo de ciudad.
En este proceso socioeconómico, se promueve la
diversificación, mercantilización, especialización y
terciarización de los servicios en la escala
territorial metropolitana, lo cual se relaciona
precisamente con esta nueva organización de
extender a través de toda la ZM una estructura
territorial que asegure la acumulación de capital en
todos los puntos del territorio.
A partir de estas condiciones puede distinguirse en
la estructura territorial metropolitana: 1) el
policentrismo por referirse a varias centralidades y
2) la polinuclearización por hacer referencia a
varios núcleos urbanos (Vázquez, 2018: 324).
4. En la categoría política, el proceso de
metropolización se relaciona con las gestiones del
recurso federal de los fondos metropolitanos, cuyo
40

objetivo es beneficiar social y económicamente a
las ZM. Al respecto, la inversión del recurso de los
fondos aplicado en obra pública de infraestructura
vial, no en todos los casos resuelve la problemática
del crecimiento urbano disperso que se presenta en
el contexto del proceso de metropolización.
Lo anterior, porque para conectar a los nuevos
fraccionamientos aislados, desintegrados y
periféricos con la estructura territorial ya existente,
se requieren miles de kilómetros y millones de
pesos de recursos públicos que deben asignarse
para solucionar este problema de falta de
infraestructura; cuando el problema ha sido
causado por la especulación urbana que genera el
crecimiento urbano disperso en Querétaro y su
ZM.
En contraste, haciendo una comparativa con la
ciudad de Aguascalientes, que destaca a nivel
nacional por su estructura ordenada en la que se
distinguen varios anillos viales concéntricos y
distribuidores axiales, puede observarse una clara
intervención de la planificación urbana y
verificarse mediante herramientas digitales como
GoogleTimelapse. En este sentido, puede señalarse
que sí existen ciudades mexicanas que tuvieron la
visión política de preparar la estructura territorial
de la ciudad para las próximas generaciones y
Aguascalientes puede tomarse como ejemplo a
seguir en otras ZM de México.
Entonces, como se ha mencionado, el modelo de
ciudad tiene implicaciones directas sobre la calidad
de vida de los habitantes y la dotación de los
servicios públicos municipales debido a que se
requiere una inversión económica muy importante
para abastecer a los nuevos fraccionamientos tan
alejados, siendo necesaria la instalación de
electrificación, redes de agua potable, drenaje
sanitario y pluvial, telecomunicaciones y
adicionalmente proporcionarles mantenimientos de
vialidades, áreas verdes y la recolección de basura.
5. En la categoría social, en el contexto del
proceso de metropolización Indovina (2007),
explica la diferencia entre la sociedad que habita
en vida comunitaria y la que vive en una
metrópolis. Al respecto, compara a la vida en
comunidad que puede constituirse por pequeñas
ciudades y núcleos de población dispersos los
cuales cuentan con una estructura de habitantes
que se caracterizan por la cohesión, participación e
implicación social al estar involucrados todos sus
miembros mediante una misma realidad social,
relaciones afectivas y personales, solidaridad,
sentido de pertenencia e identidad.
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�La Zona Metropolitana de Querétaro en proceso de metropolización

El autor menciona que en este tipo de organización
comunitaria hay un fuerte control social, limitados
estímulos culturales, sociales y se da una
repetitividad de las experiencias cotidianas
(Indovina, 2007: 538).
En contraste, Indovina (2007) manifiesta lo
siguiente: “La experiencia de la metrópoli
(sociedad), al contrario, fomenta la libertad
individual, la multiplicidad de oportunidades, el
lado imprevisible de la experiencia cotidiana, pero
también propicia la soledad, el anonimato, la
segmentación social, la falta de sentido de
pertenencia. A su vez, las relaciones y las
decisiones no son afectivas, sino de tipo racional”
(Indovina, 2007:538).
Derivado de esta cuestión sociológica, Indovina
(2007) concluye que en la escala territorial
metropolitana se presenta lo siguiente: “el
debilitamiento de la identidad ligada al lugar […]
por la simultánea experiencia metropolitana y, por
el hecho de que la comunidad local no es, en la
mayoría de los casos, enteramente autóctona, sino
que está formada por personas de distinta
procedencia (incluidos porcentajes más o menos
altos de inmigrantes extranjeros). En definitiva,
estamos ante una nueva tipología de experiencias”
(Indovina, 2007: 539).
6. En la categoría cultural, se ha reconocido la
problemática de la ruptura de los valores culturales
tradicionales en el contexto del proceso de
metropolización, como resultado del deterioro en
las condiciones de vida de individuos, familias y
sociedades que habitan los asentamientos
humanos. De acuerdo a Un-Hábitat (1976), esta
situación se relaciona con el agudo desempleo, la
pobreza, la enfermedad, el analfabetismo, la
discriminación racial y las desigualdades sociales
que se presentan principalmente en los países en
desarrollo (UN-HÁBITAT, 1976:1141).
Ampliando la mirada, se identifica que las
características y los patrones socioculturales de la
población que habita en las ciudades y metrópolis,
se reflejan en una sociedad y por lo tanto en su
cultura como un conjunto. De este vínculo, se
deriva la importancia de la preservación de las
costumbres, tradiciones y valores culturales que se
han conformado a lo largo de la historia de las ZM
mexicanas como parte de la identidad regional, de
la diversidad nacional y del patrimonio cultural
intangible.
En este sentido, respecto al crecimiento urbano de
tipo disperso que se ha comentado anteriormente
en el contexto del proceso de metropolización de
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

Querétaro, Un-Hábitat (1976) recomienda lo
siguiente: “En la planificación de nuevos
asentamientos humanos o en la reestructuración de
los existentes debe darse alta prioridad a la
promoción de condiciones óptimas y creativas para
la coexistencia humana. Esto entraña la creación
de un espacio urbano bien estructurado y a escala
humana, la estrecha vinculación de las diferentes
funciones urbanas, el alivio de las intolerables
tensiones psicológicas a que se ve sometido el
hombre en las zonas urbanas debido al
hacinamiento y al caos, la creación de
oportunidades de relaciones humanas y la
eliminación de los conceptos urbanos que
conducen al aislamiento humano” (UNHÁBITAT, 1976:1150).
Paralelamente, en la escala metropolitana es
fundamental la conservación de los monumentos
históricos, religiosos o arqueológicos, ya que en
ocasiones no son respetados por las nuevas
construcciones y deberían ser protegidos de una
manera más rigurosa por la normativa urbana, ya
que son parte del patrimonio mundial de la
humanidad.
Una vez presentado el marco de interpretación
general sobre el proceso de metropolización, a
través de las categorías del enfoque de Análisis
Territorial. A continuación se presenta la segunda
estructura de análisis, mediante la cual se intenta
describir la ZMQ a partir de cuatro (4) fases del
proceso de metropolización en las que coinciden
los autores.
De manera sintética se definen como: 1)
Urbanización, cuando la ciudad central supera a la
periferia en crecimiento anual de población; 2)
Suburbanización, cuando la periferia alcanza una
mayor tasa de crecimiento porcentual anual; 3)
Desurbanización, cuando la ciudad central observa
un despoblamiento relativo o absoluto; y 4)
Reurbanización, cuando en la ciudad central ocurre
un repoblamiento relativo o absoluto (Unikel et al.,
1976; Delgado, 1993; Sobrino, 1995 y Sousa,
2010).
En trabajos anteriores Vázquez (2018), explora las
siguientes cuatro fases:
1. 1970-1980 Fase de urbanización: en esta fase
del proceso de metropolización de Querétaro,
(véase en color rojo y azul Figura No.6), en la cual
el centro metropolitano presenta desplazamientos
menores en el sentido centro periferia, se puede
observar que el primer contorno de la ciudad es la
delimitación del anillo vial que se encuentra
conformado por las siguientes vialidades
41

�Vázquez Cruz

principales: al norte y al este el Boulevard
Bernardo Quintana, al sur la Carretera Federal No.
57 y al oeste la Avenida 5 de Febrero.
En la fase de urbanización la ZMQ entre 1970 y
1980 presenta un crecimiento compacto y
concentrado, al interior del polígono delimitado
por las vialidades ya mencionadas; en el cual no
aparece todavía una expansión por fuera de los
límites político-administrativos del municipio de
Querétaro. Sin embargo, en esta fase inicial puede
distinguirse la localización espacial de las
localidades que posteriormente dieron origen a los
núcleos urbanos que conformaron la estructura
territorial polinuclear de escala metropolitana en el
2010.
2. 1990 Fase de suburbanización: el proceso de
metropolización en la ZMQ asociado a la década
de 1990 (véase en color rosa Figura No.6), en la
cual se da inicio al periodo de estudio, se
caracteriza por los rasgos de movimientos de
descentralización
en
donde
el
centro
metropolitano, en el cual se dio la concentración,
comienza a expandirse y a instalar nuevos
asentamientos dispersos en la estructura territorial
en correspondencia con el Modelo explicativo de
generación de contornos metropolitanos de (Sousa,
2010).
En esta fase de suburbanización, en la
organización del territorio se distingue una
localización industrial triangular, primero al norte
en Querétaro la zona industrial entre Santa Rosa
Jáuregui y el límite con Guanajuato hacia San
Miguel de Allende y San José Iturbide; segundo al
oriente en El Marqués con la zona industrial
cercana al aeropuerto internacional y a los límites
con los municipios de Pedro Escobedo y Colón;
tercero, al poniente en Corregidora con la zona
industrial cercana al Pueblito, La Negreta y en el
límite con Guanajuato hacia Apaseo el Alto y
Apaseo el Grande.
Por otra parte, en la etapa de suburbanización entre
1990 y 2000, el proceso de metropolización se
caracteriza por presentar tres tendencias hacia la
conurbación: primero, entre Corregidora y
Querétaro; segunda, entre Jurica y Santa Rosa
Jáuregui; tercera, entre el Marqués y Querétaro en
su lado sureste.
3. 2000 Fase de desurbanización: esta fase puede
asociarse a la década del 2000 (véase en color
verde Figura No.6), en la cual la conformación de
la estructura se caracteriza por el crecimiento de
sus núcleos urbanos y estos continúan
expandiéndose a lo largo de su ubicación de
42

referencia en 1970. Al respecto, cabe destacar la
posición de las vías carreteras a partir de las cuales
se distribuyen estos crecimientos urbanos de la
ZM.
La distribución dispersa de la estructura territorial
en su origen y los asentamientos periféricos
dispersos obedecen a una estructura territorial
ramificada similar a un racimo de uvas, que no liga
a los asentamientos entre ellos. Esta distribución
propicia la tendencia al aumento en la dispersión
del crecimiento urbano y de la expansión urbana
tan alejada de los contornos metropolitanos que se
configuraron entre 1990 y 2000.
En esta estructura puede reconocerse la ubicación
de El Pueblito y El Centro Sur. Al norte del
corredor: La Cañada, Felipe Carrillo Puerto, El
Cerrito, Jurica y Santa Rosa Jáuregui, los cuales
conforman la característica de las nuevas
centralidades de referencia en la jerarquía de la
estructura territorial; a diferencia de otros núcleos
urbanos que se observan desligados y sin
integración como es el caso de Huimilpan y por
otra parte, Chichimequillas y Amazcala ubicados
dentro del municipio El Marqués.
4. 2010 Fase de reurbanización: esta fase puede
relacionarse con el corte transversal 2010 (véase
en color amarillo Figura No.6), debido a que entre
el centro tradicional de la ZMQ y los puntos donde
se asentaron los desarrollos industriales de las
décadas de 1970 y 1980, se generan nuevas
urbanizaciones y expansiones como parte del
proceso de metropolización; ya que se inician
nuevos procesos de conurbación entre los núcleos
urbanos de Santa Rosa Jáuregui y Jurica.
Del análisis en la estructura territorial en la escala
metropolitana correspondiente, se puede observar
un funcionamiento con tendencia hacia la
polinuclearización, considerando la localización
espacial de los núcleos urbanos ya señalados que
iniciaron su proceso de crecimiento como
localidades en la ZMQ (Vázquez, 2018: 282).
Finalmente, derivado de este acercamiento al
fenómeno a través de la aplicación de las dos
estructuras de análisis propuestas, se intenta dar
respuesta a la pregunta de investigación y se
obtienen los siguientes resultados de investigación.

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�La Zona Metropolitana de Querétaro en proceso de metropolización

RESULTADOS

Figura 2. Categorías de análisis territorial aplicadas
al proceso de metropolización de la ZMQ 1990-2010

Las mediciones sobre el fenómeno urbano de
proceso de metropolización se realizaron a partir
de grupos de indicadores seleccionados para cada
una de las categorías que se muestran en el
esquema correspondiente al enfoque de Análisis
Territorial (véase en Figura No.1 y Figura No.2).
A continuación, se presentan los resultados
obtenidos únicamente para la categoría urbana y en
futuros trabajos se presentarán las siguientes
categorías: ambiental, económica, política, social y
cultural.
En una comparativa entre los datos obtenidos de
los años 1990, 2000, 2010 se ha identificado que el
crecimiento poblacional en la ZMQ se incrementó
significativamente a partir de 1990 con 579,597
habitantes, resultando una densidad de 152.39
habitantes por Ha; cuando en este momento de
exploración la superficie de urbanización contaba
con 3,803.50 Ha.
El año 2000 resalta con 816,481 habitantes,
mientras su superficie urbanizada continúa
expandiéndose y aumentando hasta llegar a
10,620.72 Ha; motivo por el cual, se observa en las
gráficas (véase en Figura No. 3 y Figura No. 4)
una disminución en la densidad con 76.88
habitantes por Ha.
En la siguiente década, la ZMQ resalta de manera
desproporcionada
respecto
a
los
cortes
transversales anteriores ya que se registran
1,097,025 habitantes en 2010, con 24,410.78 Ha de
superficie de urbanización; hecho que causa una
baja densidad poblacional de 45.47 habitantes por
hectárea de acuerdo a resultados de investigación
(INEGI, 2010).
En otras palabras, durante el periodo de estudio la
población no crece en proporción con la
urbanización, pues sólo se eleva la cantidad de
habitantes dos (2) veces en veinte (20) años.
En contraste (véase en Figura No.6) se observa que
la superficie de urbanización en la ZMQ ha crecido
de 1,041.89 Ha en 1970 a 24,410.78 Ha en 2010
(INEGI, 2010); aumentando veinticuatro (24)
veces su tamaño en cuarenta (40) años, por lo tanto
esta relación toma relevancia en la investigación.

Fuente: Elaboración propia con base en (Vázquez, 2018).

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

43

�Vázquez Cruz

Figura 3. Tabla el proceso de metropolización en la ZMQ 1990-2010

Fuente: Elaboración propia con base en (Vázquez, 2018).

44

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�La Zona Metropolitana de Querétaro en proceso de metropolización

Figura 4. Gráficas sobre el proceso de metropolización en la ZMQ 1990-2010

Fuente: Elaboración propia con base en (Vázquez, 2018).

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

45

�Vázquez Cruz

Los resultados obtenidos al aplicar el enfoque del
Análisis Territorial han permitido observar que
determinadas características como la densidad y la
inmigración interestatal pueden explicar en gran
parte la ocupación del suelo a través del tiempo y
el proceso de metropolización, por lo tanto, se han
relacionado las características del territorio con la
distribución de la tendencia en el crecimiento
urbano. Las variables más significativas que
aportan una clara tendencia en correlación con el
proceso de metropolización son: la inmigración
interestatal, el crecimiento urbano disperso, el bajo
precio del suelo y la población total.
La investigación ha requerido de dos cortes
temporales transversales de los años 1970 y 1980,
para lograr una comparativa más significativa en
términos de observar el crecimiento urbano en la
parte gráfica y por otra parte, con el objeto de
tomar dos puntos de referencia para realizar el
análisis de correlación de datos e interpretación de
los resultados de investigación (véase en Figuras
No. 7 y No. 8).
Con base en la técnica de correlación lineal y
aplicando la fórmula de Correlación de Karl
Pearson, para obtener el producto x en un
momento y para calcular de esta manera los efectos
del proceso de metropolización en la ZMQ. En
este sentido, se correlacionan los valores de
coberturas en la superficie de urbanización para los
momentos correspondientes al periodo de estudio
1990-2010, con los datos sociodemográficos
obtenidos de la colecta.

Figura 5. Crecimiento urbano
disperso y bajo precio de suelo en
la ZMQ 1990-2010

Fuente: Elaboración propia con base en (Vázquez, 2018).

46

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�La Zona Metropolitana de Querétaro en proceso de metropolización

Figura 6. Secuencia de crecimiento en la estructura territorial
de la Zona Metropolitana de Querétaro 1990-2010.

Fuente: Elaboración propia con base en (Vázquez, 2018).

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

47

�Vázquez Cruz

Figura 7. Correlaciones resultado de investigación

Fuente: Elaboración propia con base en (Vázquez, 2018).

48

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�La Zona Metropolitana de Querétaro en proceso de metropolización

Figura 8. Mapa resultante el proceso de metropolización en Querétaro

Fuente: Elaboración propia con base en (Vázquez, 2018).

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

49

�Vázquez Cruz

CONCLUSIONES.
Primero, en base al análisis e interpretación de las
correlaciones, es posible afirmar que en el caso del
fenómeno urbano del proceso de metropolización
en la ZMQ, el crecimiento natural de la población
no es una causal del fenómeno, por lo tanto no
aporta relevancia como indicador explicativo. Se
comprueba la correlación positiva entre la
inmigración y el proceso de metropolización como
el factor de mayor impacto en la ZMQ entre 19902010. Lo cual coincide con los argumentos que
plantea Unikel (1976) respecto a los indicadores
del proceso de metropolización.
Segundo, en la ZMQ se identifica que el proceso
de
metropolización
se
comporta
en
correspondencia con el modelo explicativo de
Sousa (2010), sobre la generatriz de contornos
metropolitanos. Se puede deducir que el proceso
de metropolización constituye un fenómeno
multifactorial, mayormente asociado a las
fluctuaciones de inmigración. Su manifestación
física en el territorio es evidente a través de los
mapas de resultados, en los cuales se observa la
estructura territorial de tipo polinuclear en
conjunto con el modelo de crecimiento urbano
disperso y la secuencia de expansiones en la
superficie de urbanización, que se modifica entre
cada década 1990, 2000 y 2010.
Tercero, los mapas de resultados permiten
observar comparativamente el suelo urbano de
bajo precio que se localiza en zonas alejadas y
desligadas de la estructura territorial en donde se
ha desarrollado vivienda, servicios e industria, en
coincidencia con la Teoría de la Subasta del Suelo
Urbano. Por lo anterior, se verifica que el bajo
costo del suelo en su relación con la distancia
respecto a un centro metropolitano, tiene
implicaciones directas en la tendencia de la
urbanización dispersa e insustentable en la escala
de nivel metropolitano y sobre el proceso de
metropolización en la ZMQ. Se comprueba la
hipótesis, ya que el proceso de metropolización en
la ZMQ se comporta de acuerdo a la Teoría de la
Subasta del Suelo Urbano y se verifica la
inmigración como consumidor de la nueva oferta
de suelo urbano.
Cuarto, como parte de los resultados obtenidos, se
comprueba una influencia del terremoto de 1985
en la llegada masiva de habitantes del Distrito
Federal hacia la ciudad de Querétaro, por lo cual,
será importante retomar el estudio a partir del
reciente terremoto de la Ciudad de México en
50

2017, para estudiar su impacto en la inmigración y
en el proceso de metropolización de la ZMQ en las
próximas décadas 2030-2050.
Quinto, queda para futuras investigaciones, la
aplicación de correlaciones múltiples ampliando a
grupos de variables, para avanzar en el
conocimiento sobre el fenómeno. Los recientes
avances tanto teóricos como aplicados desde el
enfoque de Análisis Territorial, facilitan a los
investigadores una nueva visión del proceso de
metropolización que puede complementar y
enriquecer los enfoques de corte cuantitativo.
Sexto, en la búsqueda de posibles propuestas de
solución, se considera que puede ser de utilidad la
implementación de un cinturón verde en conjunto
con un sistema de parques urbanos para la ZMQ,
ambos como elementos de contención de la
urbanización dispersa y sin regulación que se
presenta actualmente.
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______https://orcid.org/0000-0003-0451-7798
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52

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Drenaje pluvial sostenible. Una alternativa de gestión del
agua de lluvia en la Universidad de Sonora.
Sustainable stormwater drainage. A rain water management alternative at the
University of Sonora.
Recibido: enero 2019
Aceptado: marzo 2020

Arturo Ojeda de la Cruz1
Clara Rosalía Álvarez Chávez2
David Carlos Orona Llano3

Resumen

Abstract

En este artículo se presenta un estudio que desarrolló con
motivo del recurrente problema de inundación que se
presenta en la zona urbana de Hermosillo en temporada
de lluvias, y en el principal campus de la Universidad de
Sonora. El estudio consistió en la evaluación del sistema
de drenaje pluvial en el campus universitario mediante
la aplicación de herramientas y principios hidrológicos,
hidráulicos, topográficos y sociales para determinar los
caudales que genera el escurrimiento del agua pluvial
en las doce microcuencas identificadas, derivado del
proceso estadístico de las lluvias máximas diarias de
una serie de anual de 34 años de registro climático en
la estación meteorológica del centro de la ciudad. Se
obtuvieron las curvas de precipitación-duración-periodo
de retorno (P-d-Tr) eligiendo una tormenta de diseño
para un periodo de retorno de 10 años, y una duración
de la tormenta igual al tiempo de concentración que
fue variable para cada una de la microcuencas. Una
vez definidos los caudales se calcularon los elementos
hidráulicos necesarios para captar y conducir el agua
pluvial; finalmente se estableció la modalidad para
aprovechar el agua en la gestión del agua de lluvia
atendiendo un aprovechamiento sostenible.

This article presents a study that was developed due
to the recurring problem of flooding that occurs in the
urban area of Hermosillo
​​
during the rainy season, and
on the main campus of the University of Sonora. The
study consisted of the evaluation of the pluvial drainage
system in the university campus through the application
of hydrological, hydraulic, topographic and social
tools and principles to determine the flows generated
by the runoff of rainwater in the twelve micro-basins
identified, derived from the statistical process of the
maximum daily rainfall of a series of 34-year annual
climate record at the meteorological station of the city
center. The precipitation-duration-return period (P-d-Tr)
curves were obtained by choosing a design storm for a
period of 10 years, and a duration of the storm equal
to the concentration time that was variable for each of
the micro-watersheds Once the flows were defined, the
hydraulic elements necessary to capture and conduct
the rainwater were calculated; Finally, the modality to
take advantage of water in rainwater management was
established, taking into account sustainable use.

Palabras Clave:

rainfall; microwatershed; drainage sustainable

Keywords:

precipitación pluvial; microcuenca; drenaje
sostenible

1

Nacionalidad: mexicano; adscripción: Departamento de Ingeniería Civil y Minas / División de Ingeniería, Universidad de Sonora;
Doctor en Filosofía con orientación en Asuntos Urbanos; miembro del Sistema Nacional de Investigadores CONACYT y líder del Cuerpo
Académico Gestión Urbana reconocido en el nivel en consolidación; E-mail: ojeda@dicym.uson.mx
2
Nacionalidad: mexicana; adscripción: Profesora adjunta del Departamento de Salud Pública de la Universidad de Massachusetts-Lowell;
doctorado en Ciencias con área de concentración en producción más limpia y prevención de la contaminación (University of MassachussettsLowell). Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel I del CONACYT; E-mail: pissa_unison@hotmail.com
3
Nacionalidad: mexicano; adscripción departamento de Ingeniería Industrial. División de Ingeniería; egresado del posgrado Ciencias de
la Sustentabilidad; E-mail: david.oronallano@hotmail.com

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

53

�Ojeda de la Cruz, Álvarez Chaves, Orona Llano

1. INTRODUCCIÓN.
La combinación del cambio climático y la
urbanización está empeorando los problemas de
inundación en zonas urbanas; estimar la cantidad
de lluvia que una ciudad puede tolerar sin inundar
es una tarea fundamental, aunque se invierten
grandes cantidades de recursos en el control de
inundaciones urbanas (Chi-Feng and ChungMing, 2014). Con el cambio climático global y la
rápida urbanización, el volumen de escurrimiento
de aguas pluviales y la máxima descarga se han
incrementado considerablemente durante la
temporada de lluvias debido a la mayor frecuencia y
alta intensidad de los eventos de tormentas extremas
y el rápido incremento de la superficie impermeable
en las zonas urbanas (Sun et al. 2014). Esto ha
estado causando un aumento de los riesgos de
inundación en las areas bajas de una ciudad,
causando importantes problemas sociales y
pérdidas económicas (Li Fei et al., 2015).
Las ciudades de todo el mundo enfrentan
múltiples desafíos, incluida la expansión de las
áreas pavimentadas, la pérdida de la cubierta vegetal
y los efectos del cambio climático. Los sistemas
convencionales de drenaje son particularmente
afectados ya que normalmente su diseño inicial se
ha basado en transportar rápidamente el agua de
lluvia hacia las aguas receptoras; con frecuencia
su capacidad está comprometida por el aumento
de las áreas impermeables que producen grandes
cantidades de escorrentía que se espera aumenten aún
mas en muchas partes del mundo debido al cambio
climático (Perales-Momparler, 2016; Brown et al.,
2009). Lo cual provoca que las ciudades sean cada
vez más vulnerables a las inundaciones debido a la
rápida urbanización, Instalación de infraestructura
compleja convencional, y cambios en los patrones
de precipitación causada por el cambio climático
antropogénico (Willems et al., 2012).
En este aspecto, las autoridades locales pueden
carecer de conocimiento y de la experiencia de
los procesos de aplicación de planificación en lo
general, y específicamente en lo referente al sistema
de drenaje sostenible; siendo un área clave lo
referente a los controles en la construcción de dicho
tipo de drenaje, así como de su mantenimiento
(Bryan and Lundy, 2016). Está bien establecido
que la práctica tradicional de la gestión de
las aguas pluviales urbanas contribuye a la
degradación de la recepción de las vías fluviales,
y esta práctica ha sido criticada por facilitar el
54

despilfarro de un valioso recurso hídrico. Sin
embargo, a pesar de los significativos avances en
las técnicas y procesos alternativos de "gestión
integrada de aguas pluviales urbanas" durante los
últimos 20 años, la implementación a gran escala
ha sido limitada. Este problema es un indicio de
impedimentos institucionales más amplios que
van más allá de las preocupaciones actuales de
fortalecer la experiencia en procesos tecnológicos
y de planificación (Brown R., 2005).
La urbanización es una tendencia global con
efectos adversos sobre los recursos hídricos, ya que
el aumento dramático de la superficie impermeable
genera problemas de inseguridad al incrementarse
el escurrimiento de agua siendo de mayor riesgo
las zonas de menor altitud, disminuye la recarga
de agua a los acuíferos, entre otros (Katsifarakis
et al., 2015). La gestión el agua de lluvia es un
proceso que busca mejores prácticas del uso del
suelo del paisaje construido, lo cual incluye la
prevención de la escorrentía adecuando areas para
detener la escorrentía de agua y reducir su flujo
hacia los arroyos, o bien, adecuando areas con
vegetación para la provocar filtración del agua
(RCL, 2004). En el caso del aprovechamiento
del agua, las principales técnicas utilizadas
contemplan el uso de estructuras hidráulicas que
buscan reproducir la capacidad de infiltración de
agua en el subsuelo, creando como resultado un
volumen de agua más pequeño de escurrimiento
superficial, reduciendo con ello los problemas
de inundación; además, esto promueve la
recarga de acuíferos y mejoras en la calidad del
agua (Poleto and Tassi, 2012). Esto es en virtud
de que, los sistemas de drenaje convencionales
en zonas altamente urbanizadas son incapaces de
controlar tanto la cantidad de escorrentía como la
calidad del agua; en consecuencia, los sistemas
convencionales de drenaje han demostrado ser
una opción insostenible que impacta tanto en los
ambientes terrestres como acuáticos; por lo que
pueden utilizarse canales de conducción de agua
y zanjas filtrantes para aprovechar el agua pluvial
hacia el subsuelo (Sharma and Kansal, 2013). Al
buscar adaptarse a estas nuevas exigencias, se
hace necesario un nuevo enfoque para la gestión
de las escorrentías, lo cual ha llevado al interés
creciente por el uso de Sistemas Urbanos de
Drenaje Sostenible (SUDS); estos comprenden
un amplio espectro de soluciones que permiten
afrontar el planeamiento, diseño y gestión de las
aguas pluviales dando tanta importancia a los
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Drenaje pluvial sostenible

aspectos medioambientales y sociales como a los
hidrológicos e hidráulicos (Perales-Momparler y
Doménech, s.f.).
En ese sentido, los SUDS, son definidos como
elementos integrantes de la infraestructura hidráulica
urbana, promovientes del paisaje (naturalizados), y
destinados a filtrar, retener, infiltrar, transportar y
almacenar agua de lluvia, de forma que ésta no sufra
ningún deterioro o incluso permita la eliminación,
de forma natural, de parte de la carga contaminante
que haya podido adquirir por procesos de escorrentía
urbana previa (Benavides y Perales-Momparler,
2008). De ahí que, las transiciones hacia entornos
urbanos construidos regenerativos que incorporan
ampliamente sistemas de drenaje sostenible
son aspectos innovadores, pero que encuentran
barreras sobre la evidencia del desempeño de
estos sistemas que, en muchos países todavía
son desconocidos por los profesionales y los
tomadores de decisiones (Perales-Momparler et
al., 2016). Estas herramientas de diseño urbano
sensible al agua, están diseñadas para almacenar,
infiltrar y captar el agua en la fuente, fomentando la
evaporación, evapotranspiración, recarga de aguas
subterráneas y reutilización de aguas pluviales. Si
bien hay numerosas demostraciones de prácticas
WSUD, hay pocos ejemplos de implementación
generalizada a escala de cuencas (Roy, et al., 2008).
Esta recuperación de agua pluvial se denomina
también técnicas compensatorias de drenaje urbano
(TCs), poseen el concepto de resolver el problema
del drenaje de aguas pluviales en la fuente,
buscando compensar los efectos de la urbanización
a través de la retención o almacenaje de agua por la
infiltración. La búsqueda de soluciones alternativas
y sustentables viene aumentando la utilización de
TCs, algunos ejemplos son estanques de detención,
áreas de infiltración, pozos de infiltración, zanjas,
trincheras (Gonçalves y otros, 2016).
El objetivo del presente artículo es mostrar
un estudio en el que se estableció un sistema de
drenaje pluvial con enfoque sostenible en el campus
universitario más importante de la Universidad de
Sonora, localizado en la ciudad de Hermosillo. Se
colecta el agua pluvial que escurre superficialmente
e ingresa al campus por la misma situación de
escorrentía urbana. Esto es en virtud de que
continuamente al presentarse tormentas ligeras y/o
abundantes genera un caos al interior del campus
ya que los estudiantes quedan prácticamente
incomunicados al no poder desplazarse entre las
calles y edificios; además del conflicto vehicular que
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

se genera por la acumulación de agua. La alternativa
de solución propuesta contribuye al conocimiento
sobre los sistemas urbanos de drenaje sostenible,
permitiendo proponer un sistema propio para el
sitio en cuestión que puede ser referente para otros
campus universitarios.
2. MATERIALES Y MÉTODOS.
2.1 DESCRIPCIÓN DE LA ZONA DE
ESTUDIO.
El Estado de Sonora se localiza al noroeste de
México en la zona más árida del territorio nacional,
conocida como Desierto de Sonora que se extiende
al sur de Estados Unidos de América a través de
los estados de Arizona y California, y en México
por el Estado de Baja California y Sonora. La
ciudad de Hermosillo, Sonora se ubica en la parte
central-poniente de la planicie costera del estado,
se dispone en la región noroeste de México (fig.1)
a una elevación de 210 metros sobre el nivel del
mar (msnm), y se localiza geográficamente a los
29º 06’ de latitud norte y 110º 58’ de longitud oeste
(Ojeda et al., 2017).
Esta ciudad capital concentra el 27% de la
población estatal (2, 662,480 habitantes) de
acuerdo a los datos censales del año 2010 del
Instituto Nacional de Estadística Geografía e
Informática (INEGI). El clima cálido desértico se
siente prácticamente durante cinco meses del año
predominando una temperatura máxima de 42
grados centígrados y un valor extremo de 46 oC
(108 oF y 115 oF) (CONAGUA, 2016).
Por otro lado, la Universidad de Sonora se
conforma en por unidades regionales con seis
campus. La unidad regional centro (fig. 2) tiene
una superficie de 70 hectáreas, en donde se alberga
el campus principal de la Unidad Regional Centro
denominado campus Hermosillo, sitio donde se
localiza el area de estudio. La Universidad dispone en
global de 4,785 empleados en de todos los sectores,
de los cuales prácticamente el 80% se concentra
en la unidad centro, campus Hermosillo. En los
espacios peatonales, estacionamientos, esparcimiento
y areas académicas se tiene una movilidad de 14,500
personas (incluyendo estudiantes) que se encuentran
en tránsito peatonal diariamente al interior del campus
en cuestión; y en actividades diversas; además
de que el flujo vehicular es alto ya que circulan
en promedio 20 000 automóviles cada día. Las
vialidades principales que son paralelas denominadas
55

�Ojeda de la Cruz, Álvarez Chaves, Orona Llano

Universidad, y Sonora, son las calles más transitadas
diariamente en el campus (PDI, 2013). Estas dos
avenidas mencionadas conducen el mayor caudal
de agua (m3/seg) producto del escurrimiento de agua
pluvial que ingresa al campus y del sitio mismo.
Figura 1. Localización geográfica de la zona de estudio

Figura 2. Campus Hermosillo, Universidad de Sonora

Fuente 1: Ojeda, Narváez y Quintana (2014); Fuente 2: elaboración propia

56

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Drenaje pluvial sostenible

2.2 DISEÑO DEL ESTUDIO.
El alcance del estudio es para una sección del
campus donde se presenta la mayor inundación de
vialidades y que abarca 40 hectáreas de superficie,
comprendido entre los límites de las vialidades
urbanas Ave. Reforma - Blvd. Navarrete - Blvd.
Luis Encinas - Ave. Rosales - Ave. Colosio, lo
cual distingue en la sección oriente del mapa
de la figura 2. El estudio se realizó partiendo
de la colección de datos históricos de la
precipitación pluvial máxima diaria ocurrida en
la estación climatológica más cercana al sitio de
estudio, siendo ésta la “estación meteorológica
Observatorio de Hermosillo” perteneciente a la
Comisión Nacional del Agua (CONAGUA).
Para lograr el objetivo planteado se requirió
definir y establecer lo siguiente:
1. Colectar información de las precipitaciones
pluviales históricas en la estación climatológica
del centro de la ciudad proporcionado por
CONAGUA.
2. Se identificó la subcuenca urbana general y
las microcuencas que influyen. Delimitando cada
una a través de los parteaguas correspondientes;
obteniendo sus características básicas para
el análisis. identificando mediante planos e
información topográfica la ruta del escurrimiento
del agua al interior del campus universitario.

3. Se procesó estadísticamente la serie de
datos para obtener las precipitaciones máximas,
sus duraciones y periodos de retorno. obteniendo
la tormenta de diseño.
4. Determinación de la tormenta y caudal
de diseño, así como las propuestas de la red
de conducción del agua, para lograr el diseño
de la red e integración del modelo de Drenaje
Pluvial Sustentable (DPS).
Una cuenca es el área limitada por un parteaguas
que drena el agua recibida y la dirige hacia el
sitio de salida que corresponde siempre al punto
topográfico más bajo del área de estudio. Esta etapa
del estudio fue básica, puesto que correspondió a
visualizar la cuenca urbana que influye en el sitio
de estudio, y a su vez identificar las microcuencas
que participan con el escurrimiento de agua hacia
el campus universitario. Para ello, se revisó la
información de los niveles topográficos en el área
perimetral y mediante recorrido de campo al interior
del campus, identificándose las microcuencas (fig.
3). En dicha figura cada microcuenca se delimitó
con un tono de color distinto, para diferenciar
el area de escurrimiento, y a su vez resaltar tres
microcuencas externas (Ce) que tienen su mayor
parte de superficie fuera del campus universitario,
mientras que también se identificaron nueve
subcuencas internas (Ci).

Figura 3. Microcuencas de influencia hacia y en el campus universitario

Fuente: elaboración propia

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

57

�Ojeda de la Cruz, Álvarez Chaves, Orona Llano

2.3 PROCESO ESTADÍSTICO.
La información colectada de los eventos de
precipitación máxima diaria abarcó el periodo
anual desde 1982 hasta el año 2015, conformando
una serie anual de 34 años de registro pluvial de
los eventos extremos en la estación meteorológica
Observatorio (Tabla 1), operada por la CONAGUA.
Destaca aquí que el valor más bajo registrado fue
de 23 mm ocurrido en agosto del 2009, y los dos
valores más altos del registro base fueron 109.8
mm y 103 mm en septiembre del año 1988 y 2015
respectivamente.
El periodo de retorno o intervalo de recurrencia
se define como el número de años que en promedio
se presenta un evento de una intensidad determinada,
obtenido éste con el inverso de la probabilidad de
ocurrencia (CONAGUA, 2007). Mientras que el
cálculo de las curvas Precipitación-duraciónPeriodo de retorno (P-d-Tr) se basa en el
procesamiento estadístico de las lluvias máximas
diarias disponibles para lograr así obtener los valores
probables de lluvia en 24 horas de los periodos de
retorno elegidos para construir las curvas P-d-Tr.
Cuando el número de años del registro de las lluvias
en la estación meteorológica de estudio es mayor
o igual que los periodos de retorno para los que se
requieren obtener las lluvias máximas en 24 horas,
entonces debe utilizarse en el proceso estadístico el
criterio de interpolación; en cuyo caso, los valores
buscados de las precipitaciones se deducen a partir
de una ecuación de regresión lineal entre los valores
de los eventos de la serie anual, como se muestra en
la ecuación (1), (Campos-Aranda, 1998).

Donde:
= Precipitación máxima diaria del periodo de
retorno Tr, en milímetros.
A, B = Parámetros de ajuste de la regresión lineal.
Tr = Periodo de retorno de la serie anual de máximos,
en años. Obtenido a través de la Ec. 2 de Weibull

Siendo:
n = número de años de registro en la estación
meteorológica en cuestión.
m = número de orden del evento, arreglados los
datos en orden decreciente.
58

Tabla 1. Registro de lluvia máxima diaria
Año

Mes

P Max (mm)

1982

Diciembre

67.6

1983

Julio

41.7

1984

Agosto

63.1

1985

Agosto

76.3

1986

Julio

106.7

1987

Agosto

32.6

1988

Septiembre

109.8

1989

Septiembre

100.0

1990

Agosto

102.5

1991

Diciembre

32.7

1992

Agosto

121.7

1993

Abril

48.2

1994

Diciembre

79.1

1995

Febrero

61.5

1996

Agosto

54.2

1997

Julio

34.0

1998

Agosto

22.8

1999

Agosto

50.1

2000

Octubre

74.3

2001

Octubre

83.2

2002

Noviembre

45.1

2003

Agosto

40.4

2004

Julio

30.0

2005

Febrero

30.3

2006

Octubre

52.9

2007

Julio

63.4

2008

Agosto

28.0

2009

Agosto

23.0

2010

Julio

92.1

2011

Noviembre

65.9

2012

Agosto

71.8

2013

Septiembre

41.3

2014

Septiembre

33.9

2015

Septiembre

103.9

El periodo de retorno o intervalo de recurrencia se define como el número de año
promedio se presenta un evento de una intensidad determinada, obtenido éste con e
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020
de la probabilidad de ocurrencia (CONAGUA, 2007). Mientras que el cálculo de l

�Drenaje pluvial sostenible

Obtenidos los parámetros de ajuste A y B, y
dando forma a la ecuación, se determinaron los
valores de las lluvias máximas diarias para cada
los periodos de retorno elegidos: 2, 5, 10, 20, 25
y 50 años. Dichas precipitaciones se corrigieron
por el factor (F) de intervalo fijo de observación
utilizando un incremento F = 1.13 de acuerdo al
criterio sugerido en ello, y por Campos (1998).
Esto permitió considerar como valores definitivos
de lluvias máximas en 24 horas para la estación
meteorológica en cuestión, y en consecuencia
para el sitio de estudio como valor general en
cada periodo de retorno, pero sin considerar
aún la duración de la tormenta, lo cual es un
proceso complementario para obtener las curvas
P-d-Tr. El cálculo de los parámetros de ajuste
A y B de la ecuación (1) se determinaron de
acuerdo a Campos-Aranda (1998) quien describe
ampliamente el proceso.
En ese sentido, F.C. Bell citado por CamposAranda (1998) logró tomar resultados de
numerosas investigaciones referente a este
proceso y obtener la lluvia de duración de una
hora y periodo de retorno de 2 años (
),
ecuación (3). Resultando finalmente el valor para
el presente estudio de 32.6 mm, y aplicando los
criterios definidos en Campos (1998); mismo que
presenta la ecuación de las lluvias máximas en 24
horas para duraciones distintas (en minutos) de la
tormenta y sus respectivos periodos de retorno,
esto es:

Siendo:
= Precipitación (mm) de duración t minutos y
periodo de retorno Tr en años.
= Precipitación de duración una hora y
periodo de retorno 2 años. Campos-Aranda (1998)
menciona y describe que debe ser estimado
conforme a los criterios de U.S. Weather Bureau,
y B.M. Reich, orientado y establecido en su libro
proceso del ciclo hidrológico.
Finalmente, las duraciones de tormenta (minutos)
sugeridas para obtener y presentar las curvas
precipitación, duración y periodo de retorno P-d-Tr,
fueron los valores siguientes: 5, 10, 20, 40, 60, 100,
120, y 1440 minutos o 24 hrs, mismos que se tomaron
en cuenta en el procesamiento para determinar las
curvas P-d-Tr del presente estudio (Fig. 4).

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

DISEÑO DEL SISTEMA.
2.4.1 GASTO MÁXIMO EN LA CUENCA.
El método Racional es el modelo más antiguo
de la relación lluvia-escurrimiento y debido a su
sencillez es uno de los más utilizados; se basa en
considerar que, sobre el área estudiada se tiene
una lluvia uniforme durante un cierto tiempo,
de manera que el escurrimiento en la cuenca se
establezca y se tenga un caudal constante en la
descarga. Este método permite determinar el gasto
máximo provocado por una tormenta suponiendo
que esto se alcanza cuando la intensidad de lluvia
es aproximadamente constante durante una cierta
duración, la cual se considera es igual al tiempo de
concentración de la cuenca (CONAGUA, 2007).
El método racional sólo es aplicable para cuencas
pequeñas en donde las variaciones espaciales de
la lluvia son reducidas (Campos-Aranda, 2010).
La ecuación por este método en la presentación
de unidades del sistema métrico, se plantea como:

Donde:
Q = gasto o caudal máximo en la descarga de la
cuenca, (m3/seg)
C = coeficiente de escurrimiento (adimensional,
en fracción decimal)
A = área de la cuenca (Km²)
i = intensidad media de la lluvia para una duración
de tormenta igual al tiempo de concentración (Tc)
de la cuenca (mm/hr)
El tiempo de concentración (Tc) se define
como el tiempo que tarda una gota de agua en
viajar desde el punto más alejado de la cuenca
hasta la salida considerada de esta. Para el
presente estudio, el valor de Tc fue estimado
con dos criterios, uno fue el criterio del Soil
Conservation Service (SCS) y el de la Agencia
Federal de Aviación (AFA), adoptando finalmente
el promedio de los valores obtenidos en cada
microcuenca. La duración de la tormenta como Tc
fue calculada para cada una de las microcuencas
presentadas anteriormente en la Figura 3.
Mientras que el coeficiente de escurrimiento
(C) podría tomar valores extremos de 0 a 1, ya
que está definido por la relación del volumen de
agua llovido entre el volumen de agua escurrido
en la cuenca respectiva; lo cual estará en función
59

�Ojeda de la Cruz, Álvarez Chaves, Orona Llano

de su tipo de suelo y cobertura. Existe una amplia
bibliografía sobre los valores posibles que
puede adoptar el coeficiente de escurrimiento
dependiendo de las características físicas de
la cuenca, por ejemplo, un tipo de suelo con
cobertura muy impermeable, o bien cuando está
completamente mojado y saturado puede producir
casi el 100% de escurrimiento del agua pluvial
que recibe. Los valores de dicho coeficiente se
establecen en CONAGUA (2007).
Del rango de valores ya establecidos para este
coeficiente debe ponerse especial atención cuando
la cuenca tiene diversos tipos de suelo y cobertura
(suelo natural, jardines, edificios, asfalto, etc.),
en este caso se determinó un valor para cada
segmento de cuenca y su valor final fue ponderado
para lograr un valor de dicho coeficiente de
escurrimiento (C) tomando en cuenta el área
particular de las secciones de cuenca y el área
total de la misma. La intensidad de la lluvia para
la duración en cada una de las microcuencas
y la precipitación que le corresponde a cada
microcuenca se obtuvo apoyándose en las curvas
P-d-Tr.
Figura 4. Escurrimiento de agua en el campus
por la lluvia del 7 sept. 2016

Fuente: elaboración propia

60

El periodo de retorno que se estableció
para elegir dicha precipitación y determinar
la intensidad de lluvia para una duración de
tormenta, y calcular los gastos (Q) del método
racional, fue elegido finalmente el valor de 10
años, el cual es válido para el caso de la opción de
drenaje urbano (CONAGUA, 2007).
2.4.2 SISTEMA DE CONDUCCIÓN
DEL AGUA.
El sistema de conducción del agua pluvial
previsto en el presente estudio se conformó
en tres etapas básicas: la primera se refiere a la
planeación y definición de la representación
del sistema general de conducción del agua,
esto permitió la identificación de los elementos
principales para proceder al diseño de la red de
tuberías del alcantarillado pluvial y la captación
del agua escurrida. Una segunda etapa se enfocó
a identificar los puntos críticos a nivel manzana
para proponer una serie de cisternas de captación
de agua pluvial (almacenamiento) para su futuro
reúso y evitar la sobresaturación del área de
jardines, socavaciones y pérdida del agua pluvial.
La tercera etapa consistió en completar el ciclo
de conducción a superficie libre mediante un
canal de tierra de sección trapecial, y a su vez el
proceso de infiltración del agua hacia el subsuelo
al mismo tiempo que se conduce el agua a través
del mismo canal de tierra.
Una vez identificados los puntos de los
elementos de captación, se procedió a identificar
la(s) microcuenca(s) que tienen efecto en cada tramo
o cruce de calle, para así poder sumar los gastos
Q (caudal) que tienen influencia en cada tramo
de la red de tuberías del sistema de alcantarillado
propuesto funcionando a gravedad aprovechando la
conformación topográfica actual de las calles; y en
seguida se procedió con los cálculos del diámetro
del tubo con sus características, considerando en
cada intersección de calles un pozo de visita para la
conexión entre tramos y que sirviese también con
fines de mantenimiento.
El diámetro mínimo que se recomienda para
las atarjeas en alcantarillado pluvial es de 30 cm
con objeto de evitar frecuentes obstrucciones en
las tuberías abatiendo por consiguiente los costos
de conservación y operación del sistema. En
cuanto a las pendientes de la tubería, ésta debe ser
lo más semejante posible, a las del terreno natural
con objeto de tener excavaciones mínimas, pero
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Drenaje pluvial sostenible

tomando en cuenta que la pendiente de la tubería
deberá ajustarse en caso de que la velocidad
alcanzada sea mayor a la permisible, manejando
entonces una pendiente mínima de 5 al millar
(CONAGUA, 2007). Para el cálculo del diámetro
de la tubería en la primera parte del sistema
de conducción (red de tuberías) se parte de la
ecuación general de Manning presentada en forma
del diámetro (Ec. 5) considerando en su diseño un
tirante máximo del agua en el tubo del 81% del
diámetro respectivo en cada tramo, y tomando en
cuenta material de PVC para el tubo respectivo.
La ecuación de Manning normalmente es
presentada en términos de la velocidad de flujo
del agua (Gribbin, 2017).

Siendo:
D = Diámetro del tubo (m)
Q = Gasto o caudal de agua en el tramo (m³/s)
n = Coeficiente de Manning según el material del
tubo (adimensional)
S = Pendiente en el tramo de calle (m/m)
2.4.2.1 CAPTACIÓN DEL AGUA.
El agua pluvial que escurre por las calles del
campus universitario se propuso captarla de dos
formas distintas. La primera fue a través de una serie
de bocas de tormenta distribuidas estratégicamente
en la red, y cuyo propósito es captar el agua y
enviarla hacia la tubería que pasas por la calle.
Estos elementos son las estructuras que recolectan
el agua que escurre sobre la superficie del terreno,
se ubican principalmente aguas arriba del cruce de
calles, o bien aguas debajo de los cruces según el
flujo del agua según el agua a captar en el tramo.
Las bocas de tormenta, también suelen colocarse
en puntos bajos de terreno evitando la acumulación
de agua, generalmente poseen una rejilla que
permite el acceso del agua y bloquea el paso de
residuos de tamaños mayores que pueden obstruir
las obras de conducción; están constituidas por una
caja receptora bajo la rejilla que funciona como
desarenador donde se depositan las materias que son
arrastradas por el escurrimiento del agua (IMTA,
2013). Existen varios tipos de bocas de tormenta
o coladeras pluviales, de manera que de acuerdo
a su diseño y ubicación, se clasifican en coladeras
de: piso, banqueta, piso y banqueta, longitudinales
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

de banqueta y transversales de piso (CONAGUA,
2007). De la caja receptora sale una tubería flexible
de material PVC de descarga que se acopla e inserta
directamente en el lomo del tubo colector en los
tramos y puntos de colección del agua referidos a la
red de tuberías del alcantarillado pluvial.
La capacidad (caudal Q) para una boca de
tormenta o coladera pluvial se determinó utilizando
principios de hidráulica; para el tipo de coladeras
de banqueta se revisó su funcionamiento para
dos casos posibles, uno fue cuando la estructura
de dicha coladera trabaja como orificio, y el
segundo caso es cuando predominaba el principio
de vertedor de demasías, utilizando para ello las
ecuaciones (6) y (7). Al considerar que funcionan
hidráulicamente como vertederos para pequeñas
alturas de agua (d) menor o igual a la altura de la
guarnición (h) se aplica Ec. 6 (IMTA, 2013).

Donde:
Q = capacidad o gasto recolectado por la coladera,
(m3/seg).
C = Coeficiente de descarga con valor sugerido
= 1.25
P = es equivalente al perímetro sin contar el lado
de la cuneta = (L+ 1.8 W)
L = longitud de la abertura, (m).
W = Ancho de la coladera, (m).
d = La altura de la coladera medida desde la base,
hasta la altura libre del agua (m)
En otra situación al considerar que la boca
de tormenta funciona como un orificio significa
que se presentan alturas del agua (d) en la cuneta
mayores que la altura del orificio ubicado bajo la
banqueta (h); por lo que en términos prácticos la
capacidad (Q) de la coladera se obtuvo mediante
Ec. 7 (CONAGUA, 2007). En este caso el agua
acumulada en la cuneta de la calle resultaba
superior ahogando el orificio bajo la banqueta,
incluso dicho nivel del agua en la cuneta supera
la altura de la guarnición:

Siendo:
Q = caudal recolectado por la coladera o rejilla,
(m3/seg)
Co = coeficiente de orificios, con valor sugerido
de 0.60
61

�Ojeda de la Cruz, Álvarez Chaves, Orona Llano

A = área del orificio abierto en la guarnición, (m2)
g = aceleración de la gravedad (9.81 m/s2)
d = tirante del agua sobre la coladera, (m)
La boca de tormenta del tipo combinada (de
banqueta y piso), para este caso específico el
caudal (Q) se determinó considerando la suma
de los caudales obtenidos por separado utilizando
las ecuaciones 6 y 7 descritas anteriormente.
La segunda forma de captación de agua
de lluvia fue a través de tanques cisterna. Esta
propuesta consistió en ubicar tanques (cárcamos)
enterrados para almacenar la mayor parte del
agua que aporta la microcuenca interna 6 (Ci6),
en donde el agua escurrida se concentra sobre las
areas de esparcimiento de los departamentos de
Geología, Fisica, Polímeros y áreas adyacentes,
integrándose finalmente el agua sobrante sobre la
calle Sabiduría en el campus, con rumbo hacia la
avenida Colosio de la vialidad urbana en la ciudad.
2.4.2.2 APROVECHAMIENTO
SOSTENIBLE DEL AGUA PLUVIAL.
Desde la última década ha sido creciente el
interés en la gestión integrada del agua urbana y
la idea de que las aguas pluviales urbanas podrían
proporcionar un valioso recurso de agua; en
general, este concepto se ocupa de posibilitar una
gestión más sostenible de los ambientes pluviales
urbanos (Brown R., 2005). La necesidad de
afrontar la gestión de las aguas pluviales desde
una perspectiva diferente a la convencional, que
combine aspectos hidrológicos, medioambientales
y sociales, está llevando a un rápido aumento a
nivel mundial del uso de Sistemas Urbanos de
Drenaje Sostenible (SUDS), también conocidos
como BMP’s (Best Management Practices)
o WSUD (Water Sensitive Urban Design),
entre otras acepciones (Perales-Momparler y
Doménech, s.f.).
En ese sentido, como tercera etapa del presente
estudio, se enfocó a integrar el caudal total de agua
pluvial del sistema propuesto, el cual se recolecta
en el pozo de visita de la última intersección de
calles del trazo marcado en la discretizaciòn del
sistema pluvial (Ave. Universidad y calle del
Conocimiento) identificado con el pozo No. 5 de
donde el agua sigue su flujo hacia el pozo final No.
6 ubicado al finalizar la calle Universidad a escasos
25 metros del cruce con la avenida De la Reforma
de la vialidad urbana en la ciudad (Fig. 7). De este
62

pozo de visita final se propuso desviar el total de
agua total hacia una caja derivadora, donde dicha
caja primero recibe el caudal total, y después lo
deriva hacia un canal de tierra de sección trapecial,
en el cual se genera un flujo de agua a superficie
libre a gravedad y a su vez, se induce la infiltración
del agua a través del mismo canal y por un sistema
de pozos de infiltración en serie que se conectan
al canal, mismos que toman el agua del canal para
filtrarlo al subsuelo, y generar una recarga del agua
subterránea en esa zona.
El gasto total mencionado es el que puede
ocurrir en un periodo de retorno Tr = 10 años
derivado de las microcuencas siguientes: Ce1,
Ce2, Ci2, Ci1, Ci5, y 50% de (Ci4 y Ce3). El
diseño del canal se basó en la ecuación universal
de Manning; la cual se expresa para flujo
uniforme en función de la velocidad media del
agua (Gribbin, 2017), como se muestra:

Donde:
V = velocidad media de flujo en el canal, (m/seg.)
R = radio hidráulico, R = A/Pm, (m)
A = área hidráulica de la sección trapecial del
canal, A = b d + z d² (m²)
Pm = perímetro mojado, Pm = b + 2 d
² (m)
n = rugosidad del canal; n de Manning para el
canal de tierra (adimensional)
S = pendiente de la plantilla del canal, (m/m.)
Z = es el talud del canal de tierra. Z = 1.5
Los parámetros hidráulicos que permiten
iniciar el proceso de diseño del canal fueron: área
hidráulica, perímetro mojado y radio hidráulico,
mismos que para el canal de sección transversal
trapezoidal son obtenidas trigonométricamente. Al
sustituir el gasto (Q) en la ecuación de manning y
considerando que Q = AV por principios básicos de
hidráulica, y dejando la ecuación en la primera parte
con términos conocidos (Q, n y S) y los términos
que son incógnita (A y R) sección derecha de la
ecuación, según la ecuación (9):

La ecuación vista de esa manera representa
la solución de máxima eficiencia del canal, el
proceso implica que el diseño tendrá una solución
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Drenaje pluvial sostenible

que arroje valores que cumplan la igualdad de la
ecuación (9) mostrada; por lo que, el proceso
es iterativo ya que se proponen valores de la
geometría del canal: ancho y tirante (b y d) hasta
lograr el cumplimiento de la ecuación (9). La
sección obtenida en su diseño debe cumplir que
el flujo de agua en el canal debe presentarse con
una velocidad adecuada, ya que valores muy bajos
pueden impedir que el agua fluya adecuadamente,
mientras que valores altos de la velocidad del agua
pueden provocar daño en la plantilla y taludes
del canal, por lo que el tipo de flujo deseable en
el canal es un flujo lento, el cual se le denomina
también flujo subcritico.
La teoría de canales para flujo uniforme identifica
tres tipos de flujo en un canal relacionados con
su diseño y de acuerdo a la energía con la cual
se conduzca el agua, siendo estos el flujo crítico,
subcritico y supercrítico. El nivel de energía del agua
en el canal se refiere al valor de la suma de la energía
de posición, de presión y de velocidad para un gasto
Q de flujo constante; asi entonces el tipo de flujo
deseable es el subcritico (CONAGU, 2007).
Por otra parte, la escorrentía del agua pluvial en
general en las cuencas urbanas debe ser canalizada
con enfoques más sustentables para lograr un
mejor aprovechamiento y a su vez, disminuir la
problemática de las inundaciones y los riesgos de
daños a la infraestructura. Una forma de lograr lo
anterior es disminuyendo la escorrentía de agua

y caudales máximos que mediante estructuras de
retención y desplazando el agua a sitios menos
impermeables.
En ese sentido, se propuso un proceso de
infiltración del agua pluvial al subsuelo, mediante
un sistema en serie de pozos de infiltración, los
cuales son elementos hidráulicos que consisten en
excavaciones cilíndricas de profundidad somera,
que estarán rellenas de material granular (boleos, y
gravas) que permiten infiltrar el agua de lluvia que
colecta la caja derivadora directamente al suelo
en espacios reducidos en la longitud del canal de
tierra propuesto. Esta técnica tiene la ventaja de
poder ser aplicada en zonas en las cuales el estrato
superior de suelo es poco permeable, como es el
caso de zonas altamente urbanizadas.

3. RESULTADOS Y DISCUSIÓN.
Al procesar la información de precipitaciones
máximas diarias, se obtuvo la relación de lluvias,
máximas diarias en 24 horas para diversas duraciones
de tormenta y periodos de retorno, representadas
en las curvas P-d-Tr, es la mostrada en la Figura 5,
siguiente:

Figura 5. Curvas de precipitación, duración y periodo de retorno: CURVAS P-d-Tr

Fuente: elaboración propia

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

63

�Ojeda de la Cruz, Álvarez Chaves, Orona Llano

Cualquier valor de precipitación (mm) para
un periodo de retorno considerado en la gráfica
resultante, puede transformarse en intensidad de
lluvia (mm/hr) al dividir el valor de la precipitación
entre la duración de la tormenta.
El caudal de agua (Q) que resultó a través
de la aplicación integra del método racional,
considerando la duración de tormenta mediante
como el tiempo de concentración promedio y
para un Tr= 10 años, asi como el coeficiente de
escurrimiento en cada microcuenca del campus
universitario es el que se muestra en la Tabla 2.
Por otro lado, el resultado que arrojó el diseño
de la red de tuberías del sistema de drenaje
pluvial con funcionamiento a gravedad, considera
un flujo uniforme del agua y un tirante normal
(altura) del agua (Yn) en el tubo trabajando al
81% del diámetro, así como la velocidad del agua

en cada uno de los tramos de la red, se muestran
en la Tabla 3. Los valores de la velocidad son
satisfactorios ya que están en el rango deseable (3
m/seg. a 5 m/seg.).
Respecto al sistema de captación del agua
pluvial resultaron varios tipos de bocas de tormenta,
los cuales, de acuerdo a su diseño y ubicación en
las calles, resultaron tres casos: del tipo transversal,
de banqueta, y combinada. El mayor caudal que
ingresa al campus universitario es generado en la
cuenca externa 1 (Ce1), cuya descarga resultó de
Q = 1.4 m3/seg. Para captar el 50% de este caudal
se propuso una rejilla transversal tipo Irving de
longitud L = 2.20 m, y ancho b = 0.86 m., con
un área de aberturas A = 1.064 m2, misma que se
conectará al Pozo P1 donde inicia la red de tuberías
en la Av. Universidad.

Tabla 2. Gasto máximo para
período Tr de 10 años
Fuente: elaboración propia

Tabla 3. Diámetro
de la tubería y
velocidad media
de flujo
Fuente: elaboración propia

64

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Drenaje pluvial sostenible

El caudal de la microcuenca interna Ci6 resultó
de 1.25 m³/seg, donde parte de este escurrimiento
de agua se queda atrapado en las areas verdes de
los departamentos de Geología, Fisica y en areas
adyacentes. Por lo que, el aprovechamiento del
agua en este caso, se propuso captarla mediante
cuatro tanques cisternas de 90 M3 de capacidad
con dimensiones de 10 m x 3m x 3m. La figura
6 ilustra los elementos resultantes de captación.
El caudal total captado en el sistema de red
de tuberías en su último tramo por la avenida
universidad descarga en el pozo de visita 6 (P6),
del cual se envía hacia el sitio de aprovechamiento
sustentable del agua pluvial que inicia en la caja
derivadora (Fig. 7). Dicho caudal de agua que
puede ocurrir en un periodo de retorno Tr = 10 años
derivado de las microcuencas siguientes: Ce1, Ce2,
Ci2, Ci1, Ci5, y 50% de (Ci4 y Ce3) y suma un total
de 3.0 m3/seg. Siendo que este caudal recolectado
se descarga a un canal de tierra de sección trapecial
en una longitud aproximada de 190 metros, y en

cuyo recorrido el agua es infiltrada de manera
natural al subsuelo a través del mismo canal y de
los pozos de infiltración.
Figura 7. Desvío del caudal de agua pluvial
hacia la caja derivadora

Figura 6. Rejillas, bocas de tormenta y cisternas en las vialidades del Campus

Fuente 6 y 7: elaboración propia

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

65

�Ojeda de la Cruz, Álvarez Chaves, Orona Llano

El canal de tierra de secciòn trapecial resultò
con un ancho de plantilla de 1.0 metros, y un
tirante de agua de 0.93 m., con un bordo lbre de
0.15 m., y un ancho total de la superifcie libre
del agua de 3.8 m. (fig. 8). De alguna manera,
esto guarda cierta similitud con el plan de
aprovechamiento sustentable de la Universidad
de Victoria, Australia, el cual consideró entre
otros, la adecuación de estacionamientos en
areas permeables, y canales de tierra trapeciales
filtrantes con una ancho de plantilla de 0.6 a 2.4
mts., y pozo estanque de infiltración del agua al
subsuelo (RCL, 2004).

Figura 9. Aprovechamiento sustentable del agua pluvial
(canal y pozos de infiltración)

Figura 8. Canal de tierra (arcilla) excavado en el sitio

Fuente: elaboración propia

El canal propuesto recibirà el agua que descarga
la caja derivadora de secciòn cuadrada de 2.5x2.5
m. y altura h = 3.8 m; Mientras que el canal como
elemento de partida toma el agua recolectada en la
caja derivadora mediante el tubo que descarga en
una pequeña zanja provista de materiales pétreos
(arena, grava y boleo).
El flujo del agua en el canal resultò con una
velocidad media de 1.3 m/seg, siendo un flujo
lento y adecuado. Lo cual es aceptable ya que el
valor obtenido para el tirante critico (dc) resultó
dc = 0.70 m. cumpliéndose la condición dc &lt; d
garantizando asi un flujo subcritico (lento) del
agua en el canal de tierra, lo cual es ideal para
que en la conducciòn del agua se favorezca la
infiltracion al subsuelo mediante el mismo cnal,
asi como el tramo corto de zanja y los pozos de
infiltracion propuestos a cada 20 metros en el eje
del canal (Fig. 9).
La estratigrafia del terreno ha sido detrminada
por el laboratorio de Geotecnia del Dpto. de Ing.
Civil y Minas, de la Universidad de Sonora, de
acuerdo a la comunicación personal del Ing. Oscar
R. Rodríguez indicando que el material filtrante
en el sitio inicia a una profundidad de tres metros
con una permeabilidad (K) del estrato de grava 150
m/día (1.7 x 10-3 m/s). Por lo que, se propuso una
profundidad ligeramente mayor de 3.5 metros para
66

Fuente: elaboración propia

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Drenaje pluvial sostenible

cada uno de los pozos de infiltracion en serie de
forma cilindrica con un diàmetro de 1.0 m. (Fig.
10). Fue necesario proponer una segunda caja del
agua pluvial al finalizar el eje del canal, la cual su
función es una obra de demasías (excedencias),
cuyo propósito es enviar el agua pluvial sobrante
hacia afuera del campus por la calle Colosio
que se localiza a escasos 3 metros frente a dicha
caja después del muro perimetral del campus
universitario.
Fig. 10 Elementos en Isométrico: canal, zanja y pozo de
infiltración.

Fuente: elaboración propia

En esta temática, Gonçalves y otros (2016)
abordaron un estudio para la mejora del paisaje
en un proceso del planeamiento del campus en la
universidad de São Carlos, Brasil, tales estudios
dieron como resultado proyectos paisajísticos que
consistieron dos áreas amplias que sirvieran para
la Infiltración del agua pluvial, y adicionalmente
un pozo de infiltración de agua hacia al subsuelo;
con ello lograron confirmar la necesidad del
reconocimiento de las técnicas compensatorias
por la comunidad usuaria para fines de aceptación
e identificación con los espacios, proporcionando
la gestión integrada de infraestructura y creando
un paisaje sustentable. De igual manera, Torres
y otros (2012), señalan que el estudio de
aprovechamiento de agua de lluvia para el
Campus de la Universidad Javeriana en Bogotá,
fue mediante análisis a través de microcuencas,
para proponer construir diferentes tanques y
redes que lograran ser operadas por sistemas a
gravedad sin afectar los espacios del campus.
4. CONCLUSIONES.
Para abordar el problema del escurrimiento
de agua pluvial en el campus Hermosillo de la
Universidad de Sonora fue necesario dividir
la superficie de estudio en un conjunto de
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

microcuencas. De ahí que se identificaron
un total de 12 microcuencas, de las cuales se
denominaron tres externas al campus (Ce), y
nueve microcuencas internas (Ci); de estas la
microcuenca que generaron el mayor caudal es la
Ce1 y la Ce2.
En el caso de las tormentas que se presentan en
zonas cálidas, estas suelen ser del tipo torrencial,
pues son lluvias intensas y de corta duración,
los resultados arrojaron que la máxima duración
fue de 33 minutos, y a su vez, la precipitación
máxima ocurrida fue de 40 mm en la microcuenca
Ci7, lo que representa una intensidad de lluvia de
71.3 mm/hr., diferente es cuando la duración en
la microcuenca Ce3 fue de 12.9 minutos, y una
precipitación de 25 mm, genera una intensidad
de lluvia de 116.2 mm/hr. Esta situación provoca
escurrimientos agresivos por el agua, y provoca
inundación cuando el agua es retenida por
infraestructura que impide el paso del fluido,
como es el presente caso.
Se propone una metodología con aplicaciones
teórico practica para crear un sistema de drenaje
pluvial que no tiene precedente alguno, la propuesta
es de dos fases generales, primero de captar el agua
pluvial mediante una red de tuberías de material
PVC enterrada para evitar el conflicto al interior del
campus, y la segunda mediante el aprovechamiento
sustentable de esa misma agua captada; lo cual deberá
ser dirigida hacia una caja receptora y derivadora para
luego conducirla y pasearla por un canal de tierra para
generar una infiltración del agua al subsuelo.
Se establecen las bases para lograr un cuidado al
medio ambiente, ya que la infiltración del agua pluvial
a través de la serie de pozos de infiltración propuestos
es factible, puesto que la posición del nivel de agua
subterránea es mucho más profunda que los 3.5
metros de profundidad propuesta para dichos pozos;
convirtiendo esto en una recarga potencial de agua
en temporada de lluvias para la zona acuífera urbana.
Esto favorece la disminución del escurrimiento
del agua pluvial en la zona urbana aledaña a la
Universidad, beneficiándose la ciudad por la
disminución del volumen de agua de escorrentía
en la parte urbana que le corresponde a este sector.
Mediante esta alternativa generada por el estudio
desarrollado, se presenta una area de oportunidad
para la Universidad de Sonora en esta temática y
se debe evitar daños a la comunidad universitaria
y a la infraestructura, lo cual se puede traducir a
un cuidado del medio ambiente.
El caudal de agua que en su caso, pudiera exceder
67

�Ojeda de la Cruz, Álvarez Chaves, Orona Llano

en el sistema propuesto cuando el periodo de retorno
elegido fuese rebasado, el agua excedente finalmente
puede reintegrarse al escurrimiento urbano, ya sea a
través de la descarga que podría generase de flujo
excedente en la calle De la Sabiduría que fluye hacia
la zona sur del campus con dirección a la avenida
Colosio, y la posibilidad de que la caja prevista de
demasías (ubicada al final del canal) también haga
lo mismo, previamente se haya captado el agua
en los tanques cisterna propuestos para almacenar
temporalmente el agua, y darle uso futuro en el
riego de areas verdes.
Por otro lado, la situación de agua excedente
también puede ser infiltrada en la superficie de
terreno adyacente al eje del canal, ya que es un sitio
utilizado como estacionamiento vehicular que
utilizan como complemento los universitarios; ya
que puede ser preparada la superficie con material
granular filtrante. Además de plantar árboles en
el sector perimetral que genere una barrera verde
y logren coadyuvar en el amortiguamiento del
ruido urbano.
La autoridad universitaria en turno merece
considerar en su nuevo Plan de Desarrollo
Institucional (PDI) un plan integral para la
gestión sostenible del agua de lluvia, en el que
se incluya las metas y acciones específicas, para
cada uno de los campus; en principio para el
campus Hermosillo que es el más importante y de
mayor magnitud en todos los sentidos. C
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69

�Metabolismo ambiental. Cuidado y conservación de las áreas
verdes urbanas.
Environmental metabolism. care and conservation of urban green areas.
Recibido: noviembre 2018
Aceptado: marzo 2020

Erle García Estrada1
Jesús Enrique De Hoyos Martínez2
Víctor Daniel Ávila Akerberg3

Resumen

Abstract

El cuidado ambiental transita incongruentemente
entre la destrucción y contaminación; y el cuidado
y conservación, en específico en las ciudades. La
consecuencia de la destrucción y contaminación es
que propicia la modificación casi irreversible del
metabolismo ambiental al interior de las urbes,
al provocar la aparición de vulnerabilidades en el
sistema natural que producen desechos o salidas
nocivas para el ambiente y para la población que
habita en ellas. El cuidado y la conservación,
procura el restablecer el balance en el metabolismo
ambiental citadino.
Este artículo busca conservar las áreas verdes
urbanas como una posibilidad de restablecer el
equilibrio en el metabolismo ambiental de las
ciudades. Método utilizado, es la discusión teórica
de los conceptos de metabolismo, metabolismo
ambiental, cuidado, conservación y áreas verdes
urbanas es el contraste del pensamiento y análisis
de diversos autores. La contribución es definir el
concepto de metabolismo ambiental, además de
generar conciencia hacia el cuidado y conservación
de las áreas verdes urbanas a través de un marco
conceptual y un esquema vinculado

Environmental care moves in an incongruity
of two extremes, one end marks its destruction
and contamination, while the other the care and
conservation, specifically in cities. The consequence
of the first of them and that is the one that dominates,
promotes the almost irreversible changes of the
environmental metabolism inside the cities, by
causing the emergence of vulnerabilities in the
natural system that produce waste or harmful outputs
for the environment and for the population who
lives in them. The other extreme seeks care and
conservation, and with it, restore the balance in the
city's environmental metabolism.
This article seeks to conserve urban green areas as
a possibility to restore the balance in the environmental
metabolism of cities. Method used, is the theoretical
discussion of the concepts of metabolism,
environmental metabolism, care, conservation and
urban green areas in contrasting the thinking and
analysis of various authors. The contribution is to
define the concept of environmental metabolism,
besides generating awareness towards the care
and conservation of urban green areas through a
conceptual framework and a linked scheme.

Palabras Clave:

Keywords:

metabolismo ambiental; cuidado; conservación

environmental metabolism; care; conservation

1

Nacionalidad: mexicana; adscripción: Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad Autónoma del Estado de México; Doctorado en
Diseño, Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad Autónoma de Estado de México (UAEMéx); E-mail: erlemanzana@gmail.com
2
Nacionalidad: mexicana; adscripción: Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad Autónoma del Estado de México; Doctor en
Ciencias Sociales, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAEMéx; miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel 1;
E-mail: jedehoyosm@uaemex.mx
3
Nacionalidad: mexicana; adscripción: Profesor-Investigador de Tiempo Completo en el Instituto de Ciencias Agropecuarias y Rurales de
la Universidad Autónoma del Estado de México; miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel 1; E-mail: vicaviak@gmail.com

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

71

�García Estrada, De Hoyos Martínez, Ávila Akerberg

1. DEFINIENDO AL METABOLISMO
AMBIENTAL.
La palabra metabolismo (Stoffwechsel, en alemán),
fue un neologismo creado por el profesor alemán
Theodor Schwann, naturalista, fisiólogo y anatomista,
aproximadamente en 1841. Él usó el griego μεταβολή,
metabole, significa cambio, más el sufijo –ισμός
(-ismo), representa cualidad o sistema, es decir una
cualidad o sistema de cambio que muestran los seres
vivos para incidir químicamente en la naturaleza; es
el conjunto de reacciones bioquímicas y procesos
fisicoquímicos con ocurrencia a nivel celular y
en los organismos. Estos intrincados procesos le
permiten a la célula: crecer, reproducirse, y mantener
sus estructuras, entre otros aspectos, pueden ser
anabólicos o catabólicos (Anderns, 2018), definición
ligada a la biología. El concepto fue evolucionando
y permeando a otras disciplinas como la economía,
urbanismo y sociología.
En economía, el primero en usar la palabra
metabolismo en el siglo XIX, fue Karl Marx
(2018), en su famoso libro El Capital cuando se
refiere a la mercancía. Dice que las necesidades
particulares del hombre, en materiales dados por
la naturaleza, estarán en medida siempre por una
actividad productiva especial, en concordancia
con las necesidades específicas del hombre. Marx
se refiere al metabolismo de la siguiente manera:
Como creador de valores de uso, como trabajo
útil, pues, el trabajo es, independientemente
de todas las formaciones sociales, condición
de la existencia humana, necesidad natural
y eterna de mediar el metabolismo que se
da entre el hombre y la naturaleza, y, por
consiguiente, de mediar la vida humana
(Marx, 2018, p. 53)
En el abordaje de Marx, lo biológico queda de
lado, y el metabolismo se abstrae del nivel celular
a lo económico, en el aprovechamiento de la
naturaleza conforme a las necesidades específicas
y soberbias del hombre, que interaccionan con la
depredación de la naturaleza en las principiantes
urbes industriales en Europa. Evocando una
relación sociedad-naturaleza-trabajo, disfuncional
de explotación económica total.
Desde otra perspectiva, y en otra temporalidad,
en pleno siglo XXI, Roberto Bermejo (2005),
un profesor español de economía sostenible,
concibe, que no toda la energía y la materia se
72

pueden procesar a niveles celulares. Existe algo
más, como los materiales, flujos de energía y las
trasformaciones asociadas a las cosas vivientes,
rebasando lo anabólico o catabólico de la escala
celular, se interpola a la realidad mundana del
hombre (Ídem, 2005), y sus vivencias en las
ciudades. Para este autor, el término metabolismo
es aplicado a la economía sostenible, el hacer un uso
de los recursos naturales en beneficio del hombre
a través de su explotación consiente, procurando
la trascendencia de éstos para las generaciones
futuras. El término consiente abre la posibilidad de
considerar a la naturaleza como: Otro.
De acuerdo con la socióloga austriaca Marina
Fischer-Kowalski (2000), el metabolismo requiere
tomar del ambiente materiales útiles para realizar
diversos procesos y retorna sus desechos en formas
diversas. En una simbiosis entre naturaleza y
sociedad, a este tipo de metabolismo lo denominó:
metabolismo socio-natural. Los materiales tomados
de la naturaleza son procesados por la intervención
técnica del hombre, que vulnera a la naturaleza
(Jonas, 1995). En los diversos procesos metabólicos,
no se sospechaba esta vulnerabilidad antes de que
se hiciera reconocible en los daños causados a
ella, lo que dio origen a la investigación ligada a la
Ecología. Y es esta última la que permite estudiar
a fondo los diversos metabolismos ambientales y
su relación con el hombre que vive en sociedades.
En esta óptica, el hombre es el que decide ética y
moralmente las afectaciones al ambiente, desde sus
interacciones sociales en su cotidianidad territorial.
El ecólogo mexicano Víctor Toledo (2002),
asegura que el metabolismo se realiza por medio
del proceso social del trabajo, implicando una serie
de acciones independientemente de su formación
social y su momento histórico, espacio y tiempo,
es decir, se conforma un metabolismo social. El
humano, se apropia, produce, circula, transforma,
consume y excreta: productos, materiales, energías
y agua provenientes de la naturaleza. La actuación
del humano en cada una de las actividades antes
mencionadas, conlleva a la socialización con alguna
parte de la naturaleza. Toledo (2002) menciona un
principio eco-sociológico, que impera durante
el proceso metabólico, que es la reciprocidad
entre la sociedad y la naturaleza, en otras
palabras, la forma en que la organización social
da la pauta de transformación en la naturaleza.
Ejemplo: si la sociedad presenta pobreza extrema,
delincuencia, crecimiento excesivo y expansivo
de las ciudades, contaminación de los recursos
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Metabolismo ambiental

hídricos, el metabolismo eco-sociológico tendrá
desechos nocivos para la formación social y para
su momento histórico, porque la reciprocidad no
existiría; al contrario este principio se entendería
como depredación de la naturaleza por una sociedad
desesperada por saciar sus necesidades básicas de
consumo, además de las necesidades específicas
del mismo. Al contario de una formación social
enfocada a la reciprocidad entre el hombre y la
naturaleza.
Los conceptos de Bermejo (2005), FischerKowalski (2000) y Toledo (2002), contienen una
base económica, ligada al trabajo como medio
de explotación de la naturaleza en un modo
de producción consumista. Por otra parte, el
concepto de Toledo (2000) permite reflexionar la
importancia de la naturaleza como soporte vital
de la humanidad, en un sentido de proveedora
de insumos para la subsistencia del hombre,
en su autoconsumo y para la producción. Este
documento sugiere se pueda enfatizar en el
principio eco-sociológico, en el cuidado por el
Otro. Con esto se quiere decir que el Otro¸ es
considerado como la totalidad de la naturaleza
dispersa por la biosfera que interrelaciona y con
iteraciones permanentes con el hombre.
Al entendimiento de Toledo (2000) por la
naturaleza, Morín (2006) lo apuntala expresando que
la naturaleza, es un sistema vivo, que brinda ayuda
mutua entre diversos sistemas y subsistemas para la
construcción continua de unos con otros, mientras
unos llegan a su fin, emerge una nueva alternativa

que brinda vida y beneficio a la naturaleza, y por
ende al hombre.
Con el párrafo anterior, se expresa que las
acciones del hombre sobre la naturaleza se han
modificado, a pesar de vivir en una sociedad
consumista, la noción de cuidado y conservación
de la biosfera del planeta permea en la conciencia
humana. La humanidad tiene el poder de acción
sobre ella dentro de las ciudades o en lugares
intervenidos por la acción humana; mientras
que, en territorios ajenos a la mirada del hombre,
es el propio metabolismo ambiental es el que
se autorregula y se equilibra de acuerdo a sus
propios ciclos de regeneración o muerte.
Este metabolismo ambiental requiere entradas
(inputs), procesos cíclicos de flujos de materia y
energía; ligados con el cuidado y conservación
del hombre hacia el ambiente; y desechos
(outputs) con posibilidad de reabsorberse por el
mismo metabolismo en alguna etapa del proceso
de flujos, o en definitiva expulsarlos de él.
Algunos de los desechos (outputs), pueden dejar
ser reaprovecharles por el mismo metabolismo,
y convertirse en contaminantes que afecta en
directo al ambiente, y por ende al hombre.
El párrafo anterior, da la pauta para considerar
al metabolismo ambiental, como un sistema
abierto, por las múltiples interacciones con diversos
elementos naturaleza-hombre, a través de las
entradas los procesos de flujo y las salidas que
cualquier variable natural contienen en la naturaleza
(Esquema 1).

Esquema 1. Metabolismo ambiental

Fuente: elaboración propia basada en Toledo (2002)

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

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�García Estrada, De Hoyos Martínez, Ávila Akerberg

En el apartado siguiente se realizará un
análisis del término cuidar, se congregan diversas
posturas de pensamiento como el económico,
ecológico, social, existencialista, la eco-teología
de la liberación, que en conjunto contribuyen en la
consolidación de la definición del cuidar del Otro
para este documento.
2. EL CUIDADO.
Anteriormente, se estableció el cuidado del
Otro, entendiéndose al Otro como: la naturaleza
en su totalidad. Esta manera de considerar a la
naturaleza concuerda con la ideología de James
Lovelock (1979) expuesta en su libro Las Edades
de Gaia. Una biografía de un planeta vivo,
donde expone que la Tierra es un todo viviente,
coherente, autorregulado y autocambiente, dicho
de otra manera, es un superorganismo “…que
se extiende desde el mismo corazón ardiente de
la Tierra hasta la atmósfera exterior…” (p. 2)
(Esquema 2).
Esquema 2. Gaia. hombre-naturaleza

Fuente: elaboración propia

En la Gaia o superorganismo viviente, las
partes que lo componen (hombre, flora, fauna,
ríos, rocas, montañas) están conectadas unas con
otras, y con la atmósfera, hidrósfera y litósfera,
compatibilizando con el concepto de metabolismo
ambiental, en donde la totalidad forma parte
importante de un conjunto que vive, respira y
evoluciona. Parte de este metabolismo ambiental,
tiene que ser cuidado debido a la interrelación
con el hombre.
Para abordar el cuidado, primero expondremos
su contra parte, que es el descuido, un patrón
recurrente en las sociedades contemporáneas, que
interaccionan con el metabolismo ambiental. El
74

descuido del hombre se vislumbra en la naturaleza
o en sus propias actividades cotidianas. Boff
(2002), menciona que para que exista cuidado,
se tendría que manifestar en diversos rangos el
descuido por aspectos como lo ambiental, lo social,
lo político y lo cultural. Propiciado en gran medida
por la dominación del hombre sobre la naturaleza.
Boff (2002), enfatiza en el descuido que existe
en las ciudades por parte de sus habitantes debido
a que la gente ya no socializa, esto genera falta de
identidad con el lugar en el que habitan, con sus
edificios, monumentos, parques y jardines, entre
otros. El descuido se filtra a la interacción del
hombre con la naturaleza, dejándola en completa
degradación y depredación. En esta crisis del
descuido aparece el cuidar.
El significado de cuidar, según su definición
etimológica (RAE , 2014), proviene del antiguo
coidar, y este del latín cogitāre (pensar), algunas
otras definiciones lo ponen como: proteger,
custodiar, preservar, guardar, vigilar. La concepción
religiosa no será incluida en este texto, la vertiente
se enfocará en representarlo como un modo de ser
y una actitud de acción.
Para Heidegger (2016), el cuidar o proteger se
encuentra en el construir como habitar. Refiriéndose
a que habitar contiene una bifurcación de cuidar y
cultivar. El construir como cultivar que cuida
del saber y de la cultura; y por el otro lado, el
construir como edificar en donde está contenido
la construcción de edificaciones para habitar
(hogar). Y habitar es el modo en que el hombre
existe en la Tierra, que es finito. Cuando el
hombre habita protege.
Heidegger en el mismo texto, realiza una
apelación a cuidar la tierra, diciendo:
Los mortales habitan en cuanto salvan la
Tierra… [ ]…; salvar significa propiamente:
liberar algo en su propia esencia. Salvar a
la Tierra es más que sacarle provecho o,
pues, trabajarla excesivamente. El salvar a
la Tierra no domina a la Tierra y no hace
esclava a la Tierra, de donde sólo hay un
paso hasta la explotación sin límites
(Heidegger, 2016, p. 154).
Como se afirma en el párrafo anterior, el
construir un habitar requiere la profunda reflexión
del hombre en cuanto a cómo cuidará su morada,
su hogar, donde se guarece de las inclemencias
del clima y de otras inseguridades. El término
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Metabolismo ambiental

morada u hogar se extiende a planeta Tierra como
morada en donde el hombre finito desarrolla su
vida cotidiana, donde se guarece de la intemperie
cósmica y tiene como soporte de vital a la
naturaleza. Indiscutiblemente, cuidar es aprender
o reaprender a habitar en nuestra casa, en
nuestra GAIA. El aprendizaje requiere de cambio
de forma de pensar, pasar de considerar a la Tierra
como una esclava a tratarla como un igual, de la
que dependemos para vivir. Tomando la ideología
de Heidegger (2016) e interpolándola con Boff
(2002), el descuido acarrearía consecuencias
como explotación de la Tierra sin límites, guerras
y aumento de la población.
Siguiendo esta ideología, en pleno siglo XXI,
la eco-teología de la liberación, liderada por el
brasileño Leonardo Boff, concibe el cuidar, como
una actitud, de preocupación, de responsabilidad
y de involucrarse profundamente con el Otro
(hombre o naturaleza). La actitud de ocupación
es un momento de atención, no de descuido.
La acción de cuidar se entrelaza con la ética del
hombre. En la forma de cuidar de cada individuo
resaltan los principios, y como menciona Boff,
“…las actitudes que hacen de la vida un buen
vivir…” (2002, p. 3-4), y en armonía con el Otro.
A este punto de vista, se le contrapone la crítica
que realizó Jonas (1995) a la visión científica
ortodoxa de finales del siglo XIX, la cual extiende
una negativa inflexible a brindar “…derechos
teóricos a pensar en la naturaleza como algo que
haya de ser respetado…” (Jonas, 1995, p. 35). A
lo que Heidegger (2016) reacciona diciendo que
el hombre salva a la Tierra en cuanto la habita, la
frase va en el sentido de proteger sin explotar de
forma innecesaria sus recursos y con pleno respeto
hacia ella inherente a una ética hombre-naturaleza.
Gracias a pioneros que defienden a la naturaleza,
y su derecho a ser considerada como un ser vivo
capaz de reflexionarse con derechos y apto para

recibir cuidado, como: Lovelock (1979), Heidegger
(2016), Jonas (1995) y Boff (2002), entre otros, la
humanidad camina, a pasos agigantados, hacia
el cuidado sin distinción hombre-naturaleza del
metabolismo ambiental, por ende, de beneficios
directos al buen vivir.
Lo anterior, establece el cuidado de la
naturaleza dentro de las áreas urbanas, como parte
de la esencia humana, de acuerdo a Heidegger
serían los lugares en donde el hombre habita y
por lo que se tienen que cuidar. Porque los límites
dibujados entre la urbe y la naturaleza han quedado
sobrepasados, nulificados. Los centros urbanos
se expanden con vehemencia arrasando con el
entorno natural que les es vecino, en palabras de
Jonas (1995), lo usurpan.
Esta usurpación de la cobertura vegetal es
un intercambio por artefactos que el hombre
elabora o construye para su confort, como:
carreteras, edificios, zonas habitacionales de
todos tipos, remedos de parques y jardines,
centros comerciales, entre otros. Permitiéndonos
entender las consecuencias de la expansión
urbana (Terradas, et al, 2011) con la finalidad de
corregirlas o controlarlas, en el mejor de los casos
aprendiendo a construirlas con la finalidad de crear
espacios que el hombre considere para habitar.
En conclusión, el cuidado es una acción y
una actitud que se encuentra incrustada en el
hombre dada por su existencia. Esta existencia
provee al hombre de principios éticos que marcan
su comportamiento para con el Otro (hombreambiente), en este caso se reconoce el cuidado
y no el descuido. El cuidado es inherente al
hombre y a su existencia, “… [ ] es un modode-ser esencial [ ]…” (Boff, 2002, p. 24), donde
lo que impera es el trabajo común para cuidar el
bienestar del planeta en general, dejando de lado
el egoísmo antropocentrista dominante en pleno
siglo XXI (Esquema 3).

Esquema 3. Cuidado del otro

Fuente: elaboración propia

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

75

�García Estrada, De Hoyos Martínez, Ávila Akerberg

3. LA CONSERVACIÓN.
La definición etimológica de la palabra conservar,
proviene del latín conservāre. Es un verbo
transitivo que implica el mantener la permanencia
o integridad de algo o alguien, mantener vivo
y sin daños a alguien, guardar con cuidado
algo, preservar algo en un medio adecuado
(RAE , 2014). La Unión Internacional para la
Conservación de la Naturaleza (UICN) en 1980
define a la conservación como “la utilización
humana de la biosfera para que rinda el máximo
beneficio sostenible, a la vez que mantiene
el potencial necesario para las aspiraciones
de futuras generaciones” (UNIC, 1980). Esta
definición marca la responsabilidad del hombre,
en su forma social para con la naturaleza, depende
de él cuidar, aprovechar y preservar los recursos
de la biosfera.
Por ende, la conservación es un constructo
político-social de gestión de recursos naturales
bastante antiguo (UNESCO &amp; Hernández, 2009),
ligado con las necesidades de la sociedad y de la
naturaleza. Se establecen diversas estrategias de
uso de la naturaleza, se incluyen la preservación y
la producción sostenible de bienes y servicios que
brinda el ambiente al hombre, como: regulación
del clima, control de erosión, mantenimiento de
la belleza escénica, entre otros. Estas prácticas de
conservación, van desde los egipcios hasta las
culturas precolombinas donde se conservaban
recursos y espacios naturales, como jardines
botánicos, zoológicos, bosques, acuíferos o
áreas de esparcimiento específicas para un sector
de la población.
En este tenor, las ideas subjetivas del conservar
se ligan íntimamente con el diseño, que realiza
una transmisión a la materialización lógica de
esas subjetividades individuales o colectivas a
estructuras físico sociales (Muntañola, 2009)
vertidas en el diseño de los instrumentos,
leyes, normas, programas, planos y trazas que
crean los lugares a donde habitar. Muntañola
establece que todo diseño se realiza basado
en la cultura, porque en ella están adscritos los
códigos de funcionamiento de una sociedad y su
comportamiento para con la naturaleza.
Como la conservación es un instrumento de
gestión elaborado por el hombre con la finalidad
de retardar el exterminio de la naturaleza, este
mismo ha elaborado innumerables herramientas,
que son necesarias para que la sociedad gestione
76

“… la conservación y proyección de su patrimonio
en general y natural en particular…” (UNESCO
&amp; Hernández, 2009, p. 47). Y son las políticas
nacionales, marcos legales y las instituciones
encargadas de ejecutar lo anteriormente
mencionado en los diversos niveles de gobierno.
Algunas de las formas materializadas del diseño,
vinculando a la conservación en una relación sujetohistoria-lugar (Muntañola, 2009), son las políticas
públicas, programas de educación y divulgación de
los valores de conservación, programas y planes de
conservación, protección, manejo, restauración y
mecanismos de control.
Este documento, va más allá de entender a la
conservación como un puñado de normas y reglas
establecidas por un gobierno hegemónico, sino que
se contempla un entendimiento algo más profundo
relacionado con el consenso de principios y valores
de un conjunto de individuos.
En otras palabras, es entrelazar experiencias e
historias, que construyen acciones compartidas a
una visión extendida de la vida cotidiana (Aldrete Haas, 2009). Como la conservación es una acción
eminentemente humana, tiene dos ventajas que se
adicionan en pro al cuidado del Otro; la primera
es la historicidad o como lo expone el arquitecto
mexicano De Hoyos Martínez (2007), “ […] se
miran las múltiples historias que se observan en
la incertidumbre y en el azar como el patrón del
universo y de la vida cotidiana…” (p. 116),. Las
múltiples historias hacen referencia a las antiguas o
contemporáneas rutas existenciales del hombre sobre
el planeta Tierra y el cómo se aprovecha de él para su
supervivencia, las historias contienen interrelaciones
con el metabolismo ambiental que producen un buen
vivir a un individuo o a una sociedad.
Y la segunda, es la estructuración consensuada
de reglas de comportamiento para con el Otro, que
le permiten al hombre mantener la permanencia
de la naturaleza dentro de un espacio y tiempo
determinados. De acuerdo con Muntañola:
“…La base ética en la concepción de
mundo […] atraviesa el límite entre el
“yo” y el “otro” [… ] co-construyendo….
nuevos razonamientos, usando nuevas
clasificaciones que se adapten y expresen
las diferencias entre los diversos sujetos
de este diálogo. Inscribiéndose en una
moral, con principios éticos, se reconoce
el “Otro”, sus costumbres y sus hábitos”
(2009, p. 11)
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Metabolismo ambiental

Esta historicidad de múltiples miradas y la
moral, con principios éticos, establecen las normas
sociales para la conservación del ambiente, al
exigirle al hombre tratar al Otro como un igual,
un ser vivo. Conforme a Muntañola (2009), el
diseño del conservar se manifiesta en el sujetolugar-historia, y es su cultura la que marca los
códigos sociales de conservación de la naturaleza
en un lugar construido como son las ciudades y su
interacción con el metabolismo ambiental.
4. EL CUIDADO O CONSERVACIÓN DE
LAS ÁREAS VERDES URBANAS.
En el marco de la discusión anterior, se estableció
el concepto de metabolismo ambiental y se
ligó con la relación superpuesta del hombrenaturaleza. Al hombre se le confió el cuidar de la
naturaleza de manera inherente a su esencia y su
modo de ser por medio de acciones y actitudes en
beneficio del metabolismo ambiental.

Se concluyó que la conservación, es más que
un constructo político-social, es un consenso
de múltiples historias y una moralidad con
principios éticos que permiten contemplar al Otro
con igual. Que hace uso del diseño invocando a
la cultura en un tiempo y espacio determinados,
que sirven como enlace con el sujeto. En este
tenor, toca establecer cómo se aplica el cuidado
y la conservación en el Otro, que son las áreas
verdes urbanas.
Las áreas verdes urbanas quedarán entendidas
para este trabajo como (Esquema 4):
… [ ] conjunto de diversos espacios
ubicados dentro de la ciudad y cuya
vegetación es original o plantada por el ser
humano; con ese concepto se denominan
bosques urbanos, parques y jardines, así
como barrancas, glorietas, camellones y
espacios abiertos [ ]…
(González, 2008, p. 23)

Esquema 4. Tipos de áreas verdes urbanas

Fuente: elaboración propia basada en González (2008)

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

77

�García Estrada, De Hoyos Martínez, Ávila Akerberg

A la definición de González (2008), se le agregan
la dinámica de los cambios constantes del contenido
visual y biológico de estas áreas, de acuerdo con
Gilles (2008). Dando un panorama del afán de la
naturaleza por reclamar su autonomía, aun estando
confinada en un espacio artefactual o edificado por
el hombre. La naturaleza es salvaje, es un organismo
vivo que cambia, se mueve, vive y muere, se
transforma en diversos beneficios para el hombre
como el alimento, resguardo, calma, belleza urbana,
reducción de contaminantes, entre otros.
José Antonio Aldrete – Haas (2009) afirma
que las áreas verdes urbanas emiten un halo de
nostalgia por la naturaleza. Las primeras ciudades
industriales europeas del siglo XVIII las sugieren
como paisajes representativos que les permitían
a los obreros recordar los campos de cultivo y a
las clases altas pasear cómodamente evocando
bosques. En la cosmovisión oriental va más allá,
sus parques y jardines son construidos como
culto a la naturaleza donde el hombre acude a
contemplar su grandeza, a disminuir su ansiedad
por las largas jornadas de trabajo o estudio, a
pasar tiempo con su familia; la naturaleza es
una deidad sagrada y respetada. En México, el
cuidado y la conservación se remontan al siglo
XV, el personaje principal es Nezahualcóyotl,
quien establece una relación simbiótica entre
la naturaleza y el estado anímico de quien la
contemplaba (Bravo, 2012). Para él, la naturaleza
significaba esclarecer el enigma del hombre sobre
la Tierra, el más allá y la divinidad, expresado en
poesía, como “flor y canto” (León-Portilla, 1978).
La naturaleza es complementaria al hombre, y es
utilizada como una representación materia y efímera
de la divinidad del Dios creador del hombre y de la
Tierra. Nezahualcóyotl edificó palacios, templos,
acueductos en Texcoco y en la gran Tenochtitlán,
desarrolló sistemas de cultivos denominados
chinampas; así como jardines botánicos en
Chapultepec y Tetzcutzinco, dedicados a Tláloc y
Chalchiuhtlicue. Nezahualcóyotl daba primordial
cuidado al diseño de las zonas urbanas con la
finalidad de incorporar a la naturaleza y conservarla,
permitía continuar con el equilibrio del metabolismo
ambiental en ciudadelas como Tenochtitlán.
Definitivamente, hoy día, el cuidar y conservar la
naturaleza en las ciudades a través de los manchones
proporcionados por las áreas verdes urbanas, permite
reincorporarla a lo edificado, además de acercar
al hombre urbano enajenado por el consumismo y
la tecnología a ella. Al adquirir una nueva actitud
78

ante el cuidar y respetar a la naturaleza y su
metabolismo en un ámbito edificado, se toma plena
conciencia de que nosotros (humanos) también
somos naturaleza.
Como escribe Aldrete – Haass:
Las preferencias son claras, deseamos vivir
rodeados de jardines, buscamos parajes idílicos
para vacacionar y nos recluimos en spas para
descansar. No hemos asumido plenamente
que además de las acciones ecológicas
gubernamentales es más importante el cambio
de actitud de nosotros. Hemos pasado por alto
que tenemos voz y voto en la construcción del
hábitat, como clientes inmobiliarios, votantes
y contribuyentes. Una mayor toma de
consciencia de cómo vivimos el hábitat puede
revertir esa pasividad y devolvernos el papel
activo para preservar y reintegrar la naturaleza
a nuestro devenir diario
(Aldrete- Haas, 2009, p. 16)
El cuidado y la conservación aglutinadas a
las áreas verdes permiten al hombre despojarse
de egoísmo, mirar las diversas realidades con las
que estamos interrelacionados, verificar en efecto
que nuestro cambio de estilo de pensamiento y
actitud contribuiría a solucionar innumerables
conflictos ambientales, al interactuar en el flujo
de materia y energía como parte natural de los
procesos biológicos de la naturaleza.
5. CONCLUSIÓN.
El documento discurre entre diversas definiciones
de metabolismo contenidas en disciplinas como
la economía, sociología y la biología, en cada
una de ellas la naturaleza desempeña un papel de
medio para conformar una sociedad. El resultado
es la depredación de la naturaleza por el hombre,
la usurpación de lo natural por lo artificial sin
considerar los flujos de intercambio de materia y
energía que la naturaleza contiene en esos territorios
urbanizados. Este documento prioriza en destacar
que el metabolismo ambiental sea considerado
como un Otro, que contiene vida, y como un soporte
vital para el mismo hombre.
El metabolismo ambiental, es aquel que presenta
intercambio de flujos de materia y energía, ligados al
cuidado y conservación del hombre por el ambiente o
previstos por el mismo ambiente, hacia su mismidad.
Además, este súper organismo viviente, como lo
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Metabolismo ambiental

denomina Lovelock, presenta entradas (inputs) y
desechos (outputs). Que se describen con mayor
detalle en el esquema 5.
El cuidado del hombre por el Otro, se manifiesta
en los principios inherentes a las acciones
individuales de forma cotidiana en la interrelación
de la humanidad con el metabolismo ambiental.
Este modo- de –ser esencial marca la pauta que
confiere la igualdad entre hombre-ambiente como
seres vivos que coexisten en el planeta Tierra y del
cual el hombre requiere para su supervivencia y su
buen vivir, en el presente y en el futuro.
Conservar son historicidades de múltiples miradas
y una moral, con principios éticos, que establecen
códigos impresos en la cultura de cada sociedad en
un tiempo y espacio determinados. Códigos que
permiten identificar las acciones a implementar
en la conservación de la naturaleza en una
relación sujeto-lugar-historia. Está por encima de
la hegemonía gubernamental. Tradiciones que se
convierten en normas al interior de una comunidad,
que trascienden en propuestas de leyes, planes y
programas, educación ambiental, morfologías de
lo urbano en pro del metabolismo ambiental y su
espejo que son las áreas verdes urbanas.
Es hora de involucrar al cuidar y al preservar de las
áreas verdes urbanas en el metabolismo ambiental.
Esto requiere pensar en entradas, intercambio de
flujo de materia y energía, procesos, consumos y
salidas. Lo que se describe a continuación:

•
Las entradas o inputs: en este caso son
las áreas verdes urbanas, no obstante, se podría
considerar cualquier elemento que exista en la
naturaleza o en el hábitat edificado del hombre
(Esquema 5).
•
El flujo de intercambio de materia y
energía: materia considerada como la naturaleza y
la energía todo lo que se desprende de ella (calor)
o la que le da vitalidad (energía solar). Aquí la
materia se refiera a la flora y fauna, especies
arbóreas y recubrimiento verde de las ciudades,
ya sea originaria de la zona o sembrada por el
hombre. La energía es la que reciben del sol estos
organismos verdes con lo cual realizan fotosíntesis,
absorbiendo CO2 y liberando oxígeno.
•
La transformación y el consumo: Los
espacios inertes entre baldíos urbanos, azoteas
calentadas por sol, ahora son ocupados en pro
de la naturaleza citadina, interrelacionándose
con otros metabolismos como lo urbano, que
comprende temperaturas mayores, agua de lluvia
contaminada, escasez de insectos polinizadores,
entre otros aspectos, a estas variables se tiene que
acoplar el metabolismo ambiental en una ciudad,
a tratar de realizar sus funciones con lo que tiene
y generar productos que poco a poco incrementen
su calidad para con la naturaleza como para el
consumo humano.
•
Las salidas o desechos: es el final del proceso
de intercambio de materia y energía, después de la

Esquema 5. Áreas verdes urbanas y metabolismo ambiental

Fuente: elaboración propia

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

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�García Estrada, De Hoyos Martínez, Ávila Akerberg

transformación y el consumo, es lo que va quedando.
Las salidas o desechos pueden reinsertarse
en algún proceso metabólico (ejemplo: las
compostas, los insecticidas orgánicos, el agua
de lluvia), o bien pueden generar beneficios o
contaminación a la naturaleza y al hombre. Las
salidas para las áreas verdes son regeneración
del suelo, incremento en el porcentaje de m2
de áreas verdes/hab, disminución de islas de
calor, embellecimiento de la ciudad, creación de
conciencia del cuidado de Otro, generación de
acciones para el cuidado del ambiente.
•
El espacio y tiempo determinados. Espacio,
se refiere al territorio en que ocurre el cuidado
y la conservación del metabolismo ambiental y
las características de la sociedad que lo procura.
Tiempo, es la historicidad de esa sociedad, de ese
hombre, de esa naturaleza y las acciones que se
tomarán en el presente para asegurar su existencia
en el futuro.
•
El cuidado para el metabolismo ambiental
y las áreas verdes urbanas, se refleja en las acciones
y cambios de actitud y estilo de pensamiento de cada
una de las personas comprometidas en proyectos de
huertos familiares, azoteas verdes, mantenimiento
de los parques y jardines, estos son los hombres
y mujeres que producen el cambio en el binomio
hombre-naturaleza. Una historicidad de múltiples
miradas y una moral con principios éticos. C
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Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

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�Analysis of the road network structures based on street
connectivity.
Análisis de las estructuras de la red de vialidades basado en la conectividad de
las calles.
Recibido: enero 2020
Aceptado: marzo 2020

María Erandi Flores Romero1
Irving Omar Morales Agiss2
Liliana Beatríz Sosa Compeán3

Abstract

Resumen

The following article proposes a method to identify
structures inside a road network with a flow-base
community detection algorithm implemented on a
graph representing the city road network.
According to the results obtained in the cities
of Mexico and Monterrey, the method effectively
divides road infrastructure into several communities
and preserves geographical neighboring. The
frontiers of communities match administrative
divisions along with other frontiers inside the city.
The identification of communities could be useful
to study the heterogeneity of street connectivity
inside the city which could lead to improvements
in urban mobility or even the application of public
policies.

El siguiente artículo propone un método para
identificar estructuras dentro de una red de vialidades
con un algoritmo de detección de comunidad basado
en flujos, implementado en un grafo que representa
la red de vialidades de la ciudad.
De acuerdo con los resultados obtenidos en las
ciudades de México y Monterrey, el método divide
efectivamente la infraestructura vial en varias
comunidades y preserva la vecindad geográfica.
Las fronteras de las comunidades coinciden con las
divisiones administrativas junto con otras fronteras
dentro de la ciudad.
La identificación de comunidades podría ser útil
para estudiar la heterogeneidad de la conectividad
de las calles dentro de la ciudad, lo que podría
conducir a mejoras en la movilidad urbana o incluso
a la aplicación de políticas públicas.

Keywords:

road networks; connectivity of communities;
space syntax

Palabras Clave:

redes de vialidades; conectividad de comunidades;
sintaxis espacial

1

Nacionalidad: Mexicana; adscripción: Universidad Nacional Autónoma de México, Investigadora becaria del CONACYT; E mail: maria.erandi@
ciencias.unam.mx
2
Nacionalidad: mexicano; adscripción: jefe del departamento de análisis de datos en Digital State; Doctor en física por parte del Instituto
de Ciencias Nucleares de la UNAM; Miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel I; E mail: irvingfisica@gmail.com
3
Nacionalidad: Mexicana; adscripción: profesor-investigador de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Nuevo León
(UANL); Doctora en filosofía con orientación en arquitectura y asuntos urbanos, por la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL);
miembro del Sistema Nacional de Investigadores desde el 2014; E mail: lilisosa@hotmail.com

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

83

�Flores Romero, Morales Agiss, Sosa Compeán

INTRODUCTION.
Since the 20th century, cities are increasing in
size and population all over the globe. From
then on, nearly half of the world population have
swapped rural locations to urban areas (Ritchie
&amp; Roser, 2018). Particularly in Mexico, urban
population have increased by 35% over the last
five decades (INEGI, 2010), and currently 72%
of the population in Mexico lives among its
cities (SEDESOL &amp; CONAPO, 2012). Dynamics
involved in cities are relevant not only for the
global trend towards urbanization, but because
urban areas are major structures in our society.
They facilitate the distribution of goods and
commodities for a large amount of people in a
reduced area and by gathering human capital they
create wider markets, foster job specialization,
increase social interactions (Schläpfer et al, 2014),
develop knowledge and promote inventions and
innovations (Bettencourt et al, 2007). Cities are
complex and self-organizing systems (White,
Engelen &amp; Uljee, 2015), that can be described
as a collective result of interactions between two
elements: a spatial structure consisting of network
linked centers conforming the physical aspects of the
city (buildings, roads, houses) and the human activity
generating movement through social and economic
occupations (Hillier, 2009). It is this movement
together with the spatial structure what creates,
modifies and maintain urban areas (Hillier, 1996)
For instance, this regulatory process can be
seen in the construction of roads, that is strongly
influenced -among other aspects- by land use
patterns, meanwhile the human activity that define
those land use patterns is governed by the actual
physical structure of the city.
Previous work have analyzed the structure
created by city dynamics focusing on the social
movement, for instance, (Roth et al, 2011) analyzed
the trips inside the metro of London to find the city
activity centers, (Ratti et al, 2010) used a modularity
optimization method to find a partition of Great
Britain according to the telephone call network,
(Rinzivillo et al, 2012) analyzed mobility behavior
with the trajectories and endpoints of GPS tracked
vehicles to find clusters, that were then compared

with administrative regions and (Zhong et al, 2014)
used the fare card information of public transport in
Singapore to find regions in the city reflecting the
mobility of Singapore inhabitants.
In this analysis we focus on the less studied
approach of city dynamics created by the road
network infrastructure, because movement inside
the city is related with the topological and geometric
complexity of the road network (Hillier &amp; Iida, 2005).
Street interconnection determines accessibility,
and consequently, imposes restrictions in the way
inhabitants move around, how they perceive their
city and consequently to what extent they can
modify it (White, Engelen &amp; Uljee, 2015) (Sosa,
2017). Therefore, if the road network is a core
urban element influencing long term dynamics,
its structure should portray features of the city.
Graphs4 are a helpful tool to show inner
structures and help to identify clusters of
elements, as they portray a simplified version of
the system that only focus on interactions among
their elements. The range of areas in which graph
analysis is used vary from detecting criminal
organizations (Ferrara et al, 2014) to describe
brain structures (Reijneveld et al, 2007) or infer
economic status from social network location
(Luo, 2016).
Aspects of the city can be characterized by the
broad variety of functions offered by graph analysis,
for instance, (Rinzivillo et al, 2012) and (Zhong et
al, 2014) used graph representations of their systems
in order to find clusters of routes inside the city. In
this analysis, a graph is constructed with streets
represented as vertexes depicted as edges, meaning
that this depiction preserves street continuity, as
paths inside the graph represent actual routes.
The approach to analyze the division created by
the connectivity of the streets in the city was to use
the Infomap algorithm5 that detects communities
indirectly by minimizing the description of flow
(modeled by a random walk) driven through the
edges of a graph. Communities were compared
with delegations and neighborhoods that had similar
areas and match geographically, additionally, the
distribution of betweenness centrality was compared
among communities, since it’s expected for the graph
partition6 to reflect how well connected are the streets.

4

A graph G is a mathematical object defined by an order pair of the set of vertexes or nodes V(G) the elements of the system- and the set
of edges or links E(G) -indicating relations between the elements by subsets of two (not necessarily distinct) vertexes-.
5
Appendix below provides a detailed description of its operation.
6
As in the mathematical sense a division of a set into disjoint subsets.

84

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Analysis of the road network structures based on street connectivity

Since, the cities are a heterogeneous system,
the identification of communities could help
urban mobility by proposing new routes for
public transportation, finding area where bridges
and streets are needed or minimizing routes for
the distribution of resources. It could also help
to determine the optimal location for hospitals or
schools based on its accessibility and area coverage,
help to decrease disparities among the city by
identifying the areas that should be prioritize in
the urbanization plans or even contribute to predict
how a city will evolve.
MATERIALS AND METHODS.
Analysis of the road network.
The road network analysis consists of three phases:
construction of the graph with the information of
the road network, search of substructures in the
graph by minimizing the description length of flow
inside the graph and finally, interpretation of the
communities back in the original road network.
Construction of the graph.
A graph G is defined by an order pair of the set
of vertexes (or nodes) V(G) and the set of edges
(or links) E(G), therefore, a graph depends solely
on how those sets are defined. Thought it seems
natural to use street segments as the links and the
ends of those segments as nodes to create the graph

associated with the road network (representation
usually named simple graph), that depictions
are close to regular grids, making difficult to
search for hubs, also it divides a single street into
several segments, hampering the analysis of road
dynamics and lastly the inconsistencies, since a
node can represent an intersection, the end of a
road or even a sharp turn. (Marshall, 2016).
In order to overcome those problems, the graph
representation used for the analysis focuses on the
streets while preserving the continuity of streets
as in the original network (named dual7 graph in
the literature). Each vertex was paired with the
set of coordinates describing a street and vertexes
where joined by an edge only if there were point
coincidences in their list of coordinates: when
streets had an ordered pair of coordinates in
common, it was assumed that they do intersect
each other. Formally, the graph consisted of all
streets in the city represented with vertexes V(G)
and their intersections as links. Due to the lack of
street direction information in our data, edges were
bidirectional, meaning that all streets could be
reach by any of their intersections, however, if the
information is given, it is recommended to create
an oriented graph, to ensure that the flow inside the
graph models realistically city dynamics.
To test the method, we used the vector data of
Monterrey and Mexico City road networks. Such
data was created in 2010 by the National Institute
of Statistics and Geography in Mexico (INEGI)
and was consulted on October of 2018.

Figure 1. Comparison between simple and dual graphs

A: the original road network, B: its simple graph, C: its dual graph. Although both graphs keep network properties like
street connectivity, identifying a street and its intersections in the dual representation is easier and faster compared with
the simple graph. In order to compare depictions the intersections were drawn in gray, street segments in blue and the
streets segments forming a loop with their intersections were highlighted in pink and dark red respectively.

7

According to the mathematical definition, this graph is NOT the dual of the road network.

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

85

�Flores Romero, Morales Agiss, Sosa Compeán

Search of substructures.

Interpretation of communities.

The algorithm Infomap finds the best partition by
creating modules in a random form, therefore, it is
recommended to repeat the process several times.
In this analysis the number of trials (repetitions
before picking the best solution) was set to 20.
Additionally, street membership was restricted to
only one community per level with the option no
overlapping module. Additional information of
the options provided by Infomap can be found in
www.mapequation.org/code.html.
Communities obtained by the algorithm are
grouped into different levels that follow a hierarchy:
first level communities gather the communities of
the second level and soon, meaning that the average
area covered by a community gets bigger as the
level decreases, and contrary: deeper in hierarchy
means smaller groups of streets and consequently
less area covered. For example, the road network of
Monterrey city generates communities at 6 levels of
depth; the first one with only 5 communities, each
gathering 2776 streets approximately, the second
composed of 48 communities, each with around 114
streets and so on until the last level, composed of 1749
communities, each grouping on average 7 streets.

Communities described in the output file are
interpreted back in the original road network by
identifying each vertex with the street coordinates it
represent, once is done, each vertex can be grouped
into their respective communities to generate a map
showing how the partition of the graph looks in the
real network at each level.
B)

Figure 2. An example of the interpretation of
communities
A: the first level communities found in the Monterrey’s
road network graph and B: the interpretation of those
communities in Monterrey street system.

A)

86

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Analysis of the road network structures based on street connectivity

COMPARISON WITH
ADMINISTRATIVE REGIONS.
In order to compare the administrative regions
to sets of lines describing street communities, its
necessary to assign an area for those communities.
The approach was to transform each line (street)
in a polygon by creating a shifted duplicate of
the line and join it with the original to construct
a georeferenced polygon with the line shape.
Community size varies widely even at the same
level, therefore, communities from all levels were
selected based on whether the area in which the
streets were bounded was similar to the average
area for those administrative regions, and finally
for each administrative entity, the community
with the smallest difference between their mean
coordinates was selected (it a community meet all
restrictions). Finally, the comparison was done by
counting the pixel coverage of an image in which
of the street polygons of a community and the
administrative region are overlapped.

B)

C)
Figure. 3 An example of the process to compare
communities and administrative entities
A: Selection of communities with similar areas to the
administrative regions, B: Selection of the closest community
for a specific entity, C: creation of the street polygons and D:
image created next to its pixel count.

A)
D)

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

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�Flores Romero, Morales Agiss, Sosa Compeán

RESULTS.
The cities selected to analyze its road network
structure were Monterrey and Mexico City, both
important cities in Mexico, but with different areas,
population and dynamics. In the fig. 4 we present
the distribution of community size at different
levels for Monterrey and Mexico City, additionally,
maps portraying the road network partitions for
each city at different levels are featured below.
Communities are colored based on the number of
streets they gather: red tones indicate fewer streets
meanwhile blue tones represent communities that
gather several streets. (in relation to the other
communities of that same level)
Figure 4. Distribution of community size at
different levels
A: Monterrey levels, B: Mexico City levels.

88

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Analysis of the road network structures based on street connectivity

Figure 5. Partition levels of Monterrey road network structure

A: First Level, B: second level, C: third level, D: fourth level, E: fifth level, F: sixth level.

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

89

�Flores Romero, Morales Agiss, Sosa Compeán

Figure 6. Partition levels of Mexico City road network structure

A: First Level, B: second level, C: third level, D: fourth level, E: fifth level, F: sixth level, G: seventh level, H: eighth level.

90

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Analysis of the road network structures based on street connectivity

As the result of the area comparison, we present
the following stacked bar graphs that depict the
percentage of area covered by the geographical entity,
the street community and the intersection of both and
for the case of delegations the figure also includes
a map presenting how the street communities look
like when matched their respective delegation. For
the comparison of neighborhoods, the map is no
longer useful, and we just present the distribution
of area coverage. Using the second, third and four
level for Mexico City, and just the second and
third level for Monterrey. Communities for higher
levels are too small to match any administrative
division, therefore, those calculations were
omitted. And lastly, plots of the number of streets
gather by communities against their median
betweenness centrality for different levels:
Figure 7. Monterrey comparisons of area covered by streets communities against delegations and neighborhood areas

A: Municipal delegations of Monterrey City (territorial districts) overlap with the area covered by streets of the same
community and its respective bars representing those areas. B: Neighborhoods of Monterrey City overlap with the area
covered by streets of the same community and its respective bars representing those areas.

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

91

�Flores Romero, Morales Agiss, Sosa Compeán

Figure 8. Mexico City comparisons of area covered by streets communities against delegations and neighborhood areas

A: Area of street community against Delegations of Mexico City overlap with the area covered by streets of the same
community and its respective bars representing those areas B: Neighborhoods of Mexico City overlap with the area covered
by streets of the same community and its respective bars representing those areas.

92

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Analysis of the road network structures based on street connectivity

Figure 9. Size of communities against the median
betweenness centrality in the communities of Monterrey
A: First level, B: Second level, C: Third level.

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

93

�Flores Romero, Morales Agiss, Sosa Compeán

Figure 10. Size of communities against the median
betweenness centrality in the communities of Mexico City
A: First level, B: Second level, C: Third level.

94

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Analysis of the road network structures based on street connectivity

DISCUSSION.
The disparities of Monterrey and Mexico City are
reflected in their respective road infrastructures:
Monterrey road network consist of 13 880 streets
while Mexico City has 82 737 streets. However, as
depicted on figure 4 the community size distributions
of their levels present similar shapes: the first level
of both cities have large standard deviations and
few elements that form a coarse-grained system;
and as the level increases the distributions start to
present skewness and outliers to the left (although
the standard deviation diminishes), indicating that
distributions for higher levels are less disperse, with
few communities gathering more streets than most
of the communities at that level.
The level of deepness in the partition allows to
focus on the city road network at different scales;
first partition levels give general information of
accessibility and road infrastructure among the
city, while communities at the last levels describe
more specific aspects. The first level Monterrey
presents an homogeneous division with five
communities of similar areas, meanwhile Mexico
city consist of one community covering the more
than half of the city and two smaller regions; a
division that reflects inequalities in the distribution
of road infrastructure.
At the second level partition, all south region
of Monterrey (Huajuco delegation) is divided
into several communities, each gathering few
streets. The zone partition is a consequence of
the land use, most of the residential areas in that
zone have small side streets and alleys. All those
communities are connected by only one main road
(Carretera Nacional) and parallel secondary roads
that connect with each other (La Luz avenue that
continues as Antiguo Camino to Villa de Santiago
and later becomes Camino Real) which is part of
the reason why the area appears fragmented into
small zones.
The second level partition in Mexico City presents
the southwest orange region (a collection of several
neighborhoods inside Álvaro Obregón delegation)
and the northwest pink region (Atzcapotzalco
delegation), the first being a residential zone and the
second, a delegation itself with its own dynamics.
On the other side the south and southeast brown
communities at the second level have the same
problems as Monterrey, those communities
correspond to small and distant towns at the
borders of Mexico City that are in fragmented
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

areas: San Miguel Topilejo and Parres el Guarda
(towns of Tlalpan delegation next to the border
with Morelos); San Andres Mixquic and San
Nicol´as Tetelco (towns of Tlahuac at the border
with Estado de México).
Further segmentation on each of the graphs
also show important information, however it
will not be discussed here due to the specificity
required to describe each zone inside the map.
At different levels some communities are
preserved almost the same, for instance, Monterrey’s
communities above and below Catarina River, kept
their streets almost the same from the third through
the sixth level which indicate a highly connected
cluster of streets. Meanwhile, in Mexico City,
delegation Benito Juarez is kept almost the same
from the second to the fourth partition.
Frontiers of the city such as the Catarina
River in Monterrey or the hill Cerro de la Estrella
along with the ring road Periférico are visible
at the first level partitions created by Infomap,
which reflects that natural and human created
frontiers in the city influence the road network
layout. However, urban areas are the result of
many different interactions, therefore it is not
expected to find a perfect match between city
zones and communities found with Infomap,
for instance, when the area of communities is
compared with administrative divisions, large
geographical entities at the borders of the city
are not fully covered by communities due to the
heterogeneous street coverage; this is the case in
border delegations like Huajuco in Monterrey, and
Milpa Alta in Mexico city that have fewer street
infrastructure compared with more centric areas.
Particularly, when communities of Monterrey are
compared with its delegations, the area overlapped
has a median coverage percentage of 54%,
meanwhile for Mexico city the median of area
intersected between communities and delegations
is of 16.49%, a very low percentage due to south
delegations like Milpa Alta (overlapping 7.5%
of the delegation area), Xochimilco (with 10.8%
coverage) and Tlalpan (6% area coverage) that
have a small coverage of streets compared to
the delegation because those limits of the city
have fewer streets, for instance, almost all the
infrastructure of Milpa Alta is in the community
depicted in fig. 7.
For Monterrey, there were 73 communities of
streets that match neighborhoods with a median
of 39%, from the third partition, some of those
95

�Flores Romero, Morales Agiss, Sosa Compeán

neighborhoods are Croc, Barrio San Luis, Barrio
San Carlos and Barrio de la Industria; meanwhile
the division of Mexico city road network matched
236 neighborhoods with a median of 37%, the
majority of those communities were from the
third level partition, in which neighborhoods like
Doctores, Obrera, Algar´ın, Viaducto Piedad,
Moderna, Prado Churubusco and Cualhuac´an
were visible.
The Infomap algorithm detect communities
based on the trajectories of a random walker,
therefore, it was expected that smaller communities
at the first partitions were a consequence of poorly
connected areas that keep the random walker
inside their area.
However, according to the graphs in figures 9
and 10, the comparison of betweenness centrality
(a measurement of connectedness that quantify
the number of shortest paths that pass through a
vertex) against community street size does not
present a relationship, there are small communities
with the highest and lowest values of betweenness.
Examples of high connected small communities
at the second level are the streets in La Rioja
and Granja Postal neighborhoods, as well as the
central community joining Asarco and Centrika
neighborhoods for Monterrey, and for Mexico
City, small street communities that cover
Granjas San Antonio and Los Reyes Culhuac´an
neighborhood, Area Federal San Nicolas
Tolentino neighborhood, San Mateo Xalpa town
and Santiago Tepalcatlapa town have also high
values of betweenness. Meanwhile, among the
small communities with low connectivity (as
measured by the betweenness centrality) are
Paseos Churubusco in Mexico City and Cumbres
Elite, 2do, 5to, 7o y 8o Sector for Monterrey.
There could be several reasons for this
inconsistency, one is the fact that the streets are
not perfectly mapped, and there are single streets
represented by several dis-joined segments, each
segment is analyzed separately as a different street
in Infomap; creating a misinterpretation of the
real dynamics of the city. Also, if the distribution
of betweenness centrality values in smaller
communities have a low standard deviation
and is probable for the median to have similar
high centrality values. The last one is due to the
fact that frontiers inside the city shape the road
infrastructure, therefore, those communities could
be the result of interactions between physical and
human elements of the city.
96

As mentioned on the methodology, for this
analysis it is always assumed that junctions and
streets work on both ways (due to the street
data used). Two important improvements of the
method -supported by the Infomap algorithmwould be to weight the nodes of the graph with
the actual fluxes of people and to restrict the
movement inside the graph by using arrows edges
directions creating an oriented and weighted
graph to represent the road network.
CONCLUSION.
The method divides the streets of a city into
communities based on the connectivity of their
road network graph, where paths inside the graph
represent real routes in the city and consequently
the flow base partition generated by Infomap is
created by real street dynamics.
The partitions preserve some physical and
administrative frontiers inside the city, however
they communities don’t match perfectly with zones
of the city such as neighborhoods of delegations.
This is a useful method to analyze the street
infrastructure at different scales and to compare
whether the street intersections are useful to transit
around the city effectively. C
SUPPORTING INFORMATION.
Appendix.
The community detection algorithm Infomap is
an open source code that optimizes a flow based
method called the map equation. Its operation is
based on the duality between compressing data
and detecting significant patterns or structures
of the data. The algorithm infers the adequacy
of a graph partition based on improvements
compressing its information (Rosvall, Axelsson &amp;
Bergstrom, 2009). It starts by assigning a module
to every vertex and joining neighborhood vertex
into the same module depending on how well the
data can be compressed. The algorithm continues
by moving random vertex (and even modules)
into other modules until no move generates an
improvement in data compression. To create
a hierarchy in the structure, the procedure is
repeated with a new graph constructed from the
previous modules as vertexes and keeping the
edges between those modules. Finally, given the
fact that the algorithm is stochastic, partitions
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Analysis of the road network structures based on street connectivity

may deviate from one and other every time
Infomap is executed. To overcome those issues
the algorithm is repeated several times: only
the partition with the best data compression is
stowed (Edler &amp; Rosvall, 2018). Construction
and evaluation of a graph partition is determined
entirely by improvements in data compression,
which translates into decreases in code length
rated by the map equation. Its approach is that
structures inside a complex system are determined
through a flow modeled by several iterations of a
random walker constrained in the graph.
Flow description can be compressed using
different sets of modules as graph partitions.
With the Huffman code, modules and nodes are
assigned codewords determined by the random
walker visit frequency. Then flow is described
by a sequence of codewords indicating the order
in which modules and nodes were visited. Each
encoding have a lower bound on code length
L(M), determined by Shannon’s entropy of the
module codewords index H(Q) weighted by the
sum over the probabilities qi to exit module i and
the entropy of the vertex codewords H(Pi), inside
module Pi, weighted by the probability pα to visit
vertexes in module i and to exit that module:

(Rosvall, Axelsson &amp; Bergstrom, 2009)
ACKNOWLEDGMENTS.
The authors thank the financial support given by
the National Council of Science and Technology
(CONACYT) for the project CB-2016-297673:
Correlation between the topological concectivity
of the urban network and the areas that are
identified as a community in the urban imaginary.
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Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�La construcción social en la práctica de la arquitectura.
Una revision crítica.
The social construction in the architecture practice. A critical review.
Recibido: junio 2019
Aceptado: marzo 2020

Eugenia M. Villalobos-González1

Resumen

Abstract

La arquitectura ha sido muy estudiada desde los
estilos arquitectónicos, los arquitectos con sus
obras representativas, y el dilema de su vinculación
con el arte y la ciencia, pero poco desde el
ejercicio profesional. Por ello, se presentan los
resultados de una investigación documental sobre
la práctica de arquitectura y su compromiso con la
sociedad, a través de la revisión de: (1) el binomio
arquitectura-proyecto, (2) la evolución de la profesión
en el tiempo (3) los retos contemporáneos de la
profesión de cara a la sociedad (4) la construcción
social como práctica inclusiva de los diversos
interesados. La arquitectura procura espacios para
personas y comunidades que, dada la complejidad
de las edificaciones, también se construye con
personas que se agrupan para lograr un objetivo
común, la edificación. Existen muchas críticas
que señalan la arquitectura como una profesión
elitista y formalista, entonces el reto del arquitecto
contemporáneo está vinculado a asumir su rol social
como facilitador de la construcción del proyecto a
través de la participación activa y comprometida
de los interesados; esta es la construcción social del
proyecto que reconoce el papel de cada uno de los
actores con sus contribuciones y limitaciones.

The architecture has been very studied since
the architectural styles, architects with their
representative works, and the dilemma of their
connection with the art and science, but little
since the professional practice. Therefore, the
results of a documentary investigation on the
practice of architecture and its commitment to
society are presented, through the review of: (1)
the architecture-project binomial, (2) the evolution
of the profession over time (3) the contemporary
challenges of the profession facing society (4)
social construction as an inclusive practice of
the various stakeholders. The architecture seeks
spaces for people and communities that, given
the complexity of the buildings, is also built with
people who group together to achieve a common
goal, the building. There are many criticisms that
point to architecture as an elitist and formalistic
profession, so the challenge of the contemporary
architect is linked to assuming his social role
as a facilitator of the construction of the project
through the active and committed participation
of stakeholders; This is the social construction of
the project that recognizes the role of each of the
actors with their contributions and limitations.

Palabras Clave:

Keywords:

construcción social; interesados; arquitecto;
práctica de la arquitectura; proyecto

social construction; stakeholders: architect;
practice of architecture; project

1

Nacionalidad: venezolana; adscripción: facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Central de Venezuela; Doctora en Arquitectura,
Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Central de Venezuela; Email: eugivillalobos@gmail.com

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

99

�Villalobos-González

INTRODUCCIÓN.
Se presentan los resultados de una investigación
documental sobre la práctica de arquitectura y su
compromiso con la sociedad que le da licencia
para ejercer, en el entendido que la práctica de
la arquitectura puede ser definida como hecho
cultural, como arte o construcción social, porque
considera su dimensión político-social y reconoce
la cultura y a su vez la propone. Está enmarcado
en los estudios doctorales en arquitectura y su
correspondiente tesis, cuyo objetivo está vinculado
a la comprensión de la oficina de arquitectura que es
puente entre el arquitecto y la sociedad, para lo cual
es necesario explorar el ejercicio de la arquitectura
como respuesta al contexto social actual donde se
desenvuelven los arquitectos. Si bien la arquitectura
ha sido muy estudiada desde diversas facetas, poco
lo ha sido desde la perspectiva profesional, desde las
implicaciones de su ejercicio, de allí la importancia
de esta revisión documental crítica, la cual tiene
como objeto el “deber ser” de la arquitectura
como profesión dentro de un marco ético y social,
y la manera en que los arquitectos pueden asumir
el compromiso y además lograr recuperazvr el
liderazgo y reconocimiento de la sociedad.
En un sentido más amplio, el ejercicio de
cualquier profesión puede hacer aportes importantes
a la construcción de una sociedad más justa en
respuesta al privilegio y la confianza que esta les da.
Desde este punto de vista, el mundo profesional “...
se aproxima más a los temas y las sensibilidades
del comunitarismo, presta atención al contexto, a
la tradición viva del ejercicio profesional” (Hortal,
2010, pág. 26). De igual manera, Cuff sostiene
que “... ideológicamente, las profesiones están
vinculadas en un contrato social con el público:
conservan ciertos derechos y privilegios en la
sociedad a cambio de ciertas responsabilidades”
(1991, pág. 23). Estos planteamientos ponen
sobre la mesa que la práctica de la profesión
responde a la sociedad, a su contexto y también
a su colectivo profesional, por lo que formarse
implica no solo el aprendizaje de habilidades
técnicas sino también su socialización dentro
de un gremio con principios, valores y objetivos
que espera que cada uno de sus miembros ejerza
responsablemente.
Los arquitectos proyectan edificaciones para
que las personas realicen adecuadamente sus
actividades; por lo tanto, deben ser funcionales,
seguras y hermosas, responder al contexto, diseñadas
100

para las personas y con respeto a la arquitectura
como profesión, porque la arquitectura tal y como
la describe Salmona “… es una manera de ver el
mundo y de transformarlo, es sobre todo un hecho
cultural que propone y en ciertos casos provoca
la civilización [...] es tan deudora de lo cotidiano,
como de lo más espiritual del arte” (2003, pág. 24).
Por otra parte, al revisar la historia de la profesión
se puede observar que las funciones realizadas
por el arquitecto tienen ciertas variaciones: surge
como una especie de un maestro de obra que va
dando indicaciones en su construcción, diseña
edificaciones haciendo planos y maquetas y
coordina la obra. Incluso más recientemente se
ven contrastes en el ejercicio de la arquitectura
en diferentes latitudes. Pero en esta evolución es
factor común que el arquitecto toma intereses y
aspiraciones de otras personas para resolver un
problema, gestionando los recursos disponibles
y coordinando el equipo multidisciplinario que
desarrolla el proyecto.
Proyectar una edificación es una labor compleja
porque hay muchas posibles soluciones e involucra
a diversos interesados, con diferentes grados de
afectación y de responsabilidad, por lo cual la
arquitectura es una profesión que maneja una alta
carga subjetiva y política. En ese sentido, Rittel
(Protzen y Harris, 2010, pág. 192) manifiesta que
el diseño es un proceso argumentativo donde la
respuesta que se genere dependerá de la cosmovisión
del arquitecto y de los otros interesados. Así mismo,
Mayo y Gore (2013) parten de la arquitectura como
un arte social, que genera y transforma espacios
de vida y encuentro, por lo cual el arquitecto, en
la cotidianidad de su práctica, se convierte en una
suerte de mediador de las fuerzas políticas que
tienen influencia sobre el proyecto. Por ello, se
puede afirmar que, si bien hay un deber ser de la
práctica profesional, la forma de ejercerla depende
del contexto donde se desarrolle (con variables
físicas, ambientales, sociales, políticas, económicas,
legales, etc.); por lo tanto no hay una forma única de
hacerlo, pero sí se puede afirmar que el arquitecto
va a requerir mucha empatía y capacidad de
comunicación para lograr la comprensión de esas
variables de carácter subjetivo vinculadas a la
cultura del lugar, al manejo de su dimensión social,
a la vida diaria. Entonces, el proyecto se desarrolla
con el aporte de los interesados y es labor del
arquitecto, a partir de los objetivos comunes que
tengan, gestionar todas las participaciones y darles
expresión espacial.
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�La construcción social en la práctica de la arquitectura

Igualmente, la inquietud por crear mejores
condiciones de vida, es común para diversos
organismos internacionales, como por ejemplo
la Unión Internacional de Arquitectos (UIA)
y Unesco, quienes afirman en su “Carta de
la formación en arquitectura” (2011), que los
arquitectos se deben a la sociedad y en función de
ello deben formarse y ejercer la profesión, sobre
todo en los países que están en vías de desarrollo.
Además, también plantean la importancia de
llevar a todos los niveles educativos lo relativo a la
arquitectura y el medioambiente, porque el entorno
construido es propiedad y responsabilidad de todos.
Y es que los aspectos sociales y culturales son
inseparables de la arquitectura en su labor de
proyectar edificaciones responsablemente; por lo
que al referirse a una aproximación ética y social
de la profesión, Salama indica que los arquitectos
de hoy tienen el desafío de “... crear ambientes
construidos que apoyen, fomenten, enriquezcan
y celebren las actividades humanas. La creación
de ciudades, pueblos y edificios siempre ha sido
el resultado de una combinación de factores
culturales, sociales, ambientales y económicos
y de necesidades” (2018, pág. 271). Esta visión
social y su complejidad, da preponderancia al
trabajo colectivo para hacer el proyecto y requiere
del desarrollo de múltiples habilidades que le
permitan un acercamiento más efectivo a la gente.

EL PROYECTO EN LA ARQUITECTURA.
“Entre arquitectura y proyecto se ha establecido
una identidad tan fuerte que la misma existencia
de la arquitectura no se cree posible fuera de su
realización en los proyectos” (Muñoz Cosme,
2008, pág. 15); cuando el arquitecto proyecta lo
hace viendo hacia el futuro y partiendo de una
necesidad que debe resolver con los recursos
disponibles, el objetivo final de proyectar es edificar
buscando que sea “... una propuesta innovadora
de relaciones espaciales, organizativas o sociales”
(pág. 16). Cotidianamente, el término proyecto es
utilizado con diferentes acepciones, este autor lo
define en tres niveles que están vinculados con el
quehacer: primero, el deseo de generar un cambio
o nueva realidad; segundo, las actividades
vinculadas a la creación de la obra arquitectónica
y; por último los documentos necesarios para
construir la edificación.
En términos gerenciales, “un proyecto es un
esfuerzo temporal que se lleva a cabo para crear
un producto, servicio o resultado único” (Project
Management Institute, 2017), se hace para dar
respuesta a un problema utilizando tiempo y
recursos limitados, y que dada su complejidad no
puede ser resuelto individualmente por lo que se
conforma un equipo de trabajo para lograr que el
proyecto sea exitoso. Sobre el éxito del proyecto
existen dos visiones complementarias, una de
carácter cuantitativo y otra cualitativo (ver figura 1):

Figura 1. El éxito del proyecto

Fuente: elaboración propia

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

101

�Villalobos-González

Los interesados son todos aquellos afectados
positiva o negativamente por el proyecto y/o su
resultado. En el caso específico las edificaciones se
pueden mencionar: clientes, usuarios, arquitectos y
consultores, constructores y proveedores, vecinos,
entes financieros y organismos gubernamentales
reguladores; cada uno de ellos con diferentes grados de
influencia o capacidad de comunicación, legitimidad
para mantener relaciones con la organización y
urgencia de sus intereses concretos sobre el proyecto
(ver figura 2). Son interesados centrales aquellos que
poseen estos tres elementos y latentes cuando poseen
dos, pero de igual manera deben ser identificados y
monitoreados porque en cualquier momento pueden
convertirse en centrales (Fernández Fernández y Bajo
Sanjuán, 2012) y (González, 2007).
Figura 2. Interesados centrales y latentes

Fuente: elaboración propia

Algunos de estos interesados son fácilmente
identificables e incluso partícipes del equipo de
trabajo, otros son más difíciles de reconocer porque,
dada la larga vida útil de la edificación, ellos y sus
expectativas variarán en el tiempo. Los intereses
de los diferentes actores pueden ser divergentes,
por lo cual para poder concertarlos se debe abrir
un proceso de participación, es decir, construir
socialmente el proyecto de forma tal que se logre un
sentimiento de apropiación donde cada uno pueda
verse reflejado en el proceso de trabajo y en el
resultado final. Esto genera compromiso para con
el proyecto y su resultado, no solo en términos de
sus intereses, sino también en las implicaciones
que tiene su implantación para el contexto, por
ello, el arquitecto en su condición de promotor
y facilitador de la participación tiene que tener
también una vocación formativa para concientizar
sobre el impacto de las decisiones adoptadas.
102

LA PRÁCTICA DE LA ARQUITECTURA
EN EL TIEMPO.
La arquitectura ha sido estudiada intensamente desde
la producción edilicia, los estilos arquitectónicos,
los arquitectos y sus obras representativas, así
como el dilema de su vinculación con el arte y la
ciencia, pero no lo ha sido tanto desde, tal y como
lo refiere Kostof, “La educación y formación del
arquitecto en diferentes épocas y en diferentes
ámbitos culturales, el proceso del ejercicio de
la arquitectura, la estructura de la profesión y
el nivel social del arquitecto, todos estos temas
han tenido una importancia secundaria” (1977,
pág. 10). Por ello, editó una revisión histórica
de la arquitectura como profesión que muestra
su evolución y presenta, como factor común en
diferentes periodos de la historia, al arquitecto
como quien concibe edificios siendo una suerte
de mediador entre el cliente y el constructor y,
quien además coordina los diversos esfuerzos.
Durante mucho tiempo la arquitectura era
un oficio, hasta que en el siglo XV inicia su
concepción como profesión, requiriendo un
siglo más para que se estableciera durante el
Renacimiento dentro de las estructuras sociales.
Decía Philibert Delorme que el verdadero
arquitecto tenía conocimientos de albañilería
y que requería una formación académica y
práctica, pero la característica distintiva como
profesional era dada por las “…relaciones
-tanto profesionales como sociales- con los
que le rodeaban: el patrón, los obreros, y el
administrador y los funcionarios del proyecto
de edificación” (Kostof, 1977, pág. 126), es
decir, reconoce el carácter político-social de
la profesión.
Otro hito importante, es el movimiento de
Beaux-Arts, cuyo fin “… era elevar la categoría
de la profesión. Los arquitectos querían que se
les reconociera como expertos con conocimientos
especializados, obtenidos mediante largos estudios.
Intentaban imbuir en la profesión una base teórica
y establecer principios éticos de conducta”
(Kostof, 1977, pág. 206). De hecho, la Escuela se
convierte en un importante centro de formación
de arquitectos, incluso del continente americano,
donde el taller se utilizó como oficina y centro de
enseñanza; la profesión va tomando cuerpo y se
asoma el estudio de arquitectura, como germen
de la futura oficina.
Dado el aumento de la complejidad y de la
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�La construcción social en la práctica de la arquitectura

magnitud de las tareas, también cambió la forma de
organización del proyecto, con más participación
de profesionales afines y más enfocada en el
trabajo en equipo lo que requiere mayor capacidad
coordinadora del arquitecto, la cual es reconocida
por el fundador de la Escuela de la Bauhaus, Walter
Gropius; para quien el arquitecto“… “uniría
los numerosos problemas sociales, técnicos,
económicos y artísticos”, [...] la arquitectura, en
su máxima encarnación, ha sido la madre de todas
las artes, ha sido un arte social” (Kostof, 1977,
pág. 278). Por ello, plantea el trabajo en equipo
como una respuesta lógica a la complejidad del
mundo moderno y la importancia de la relación del
arquitecto con la sociedad,
El equipo incluiría tantas especialidades
como exigiera el trabajo en cuestión, y
todos los esfuerzos serían coordinados por
el arquitecto [...] él o ella tendría que tener,
sobre todo, capacidad de coordinación,
compromiso, y negociación, capacidad
de equilibrar las exigencias y necesidades
opuestas, y tener en cuenta los puntos de
vista de otros profesionales
(Kostof, 1977, pág. 288)
Todo esto apunta no solo al trabajo de un equipo
multidisciplinar, sino también al reconocimiento
otros interesados con sus expectativas, visiones del
problema y sus posibles actos en pro o en contra del
proyecto, mucho más cuando las personas exigen
mayor participación en temas trascendentales, no
solo en la toma de decisiones sino propositivamente,
este es un cambio sustancial en la forma en que los
arquitectos deben asumir su rol social.
La evolución en la relación
arquitecto-cliente-usuario.
Uno de los cambios más sustantivos, quizá, en el
ejercicio de la arquitectura tiene que ver con las
relaciones entre clientes, usuarios y arquitectos.
Históricamente, primero hubo una relación clientearquitecto basada en el mecenazgo, donde el cliente
protegía al arquitecto-artista y de una forma u otra
busca imponer su punto de vista, si este “…incluye
el encargo de la obra y no se limita a una genérica

protección a la actividad del patrocinado, puede
determinar en gran medida el proceso creativo
y la ejecución de la obra” (Wikipedia, s.f.); por
ejemplo, se considera que Cosme de Médicis, en
el siglo XV, actuaba como mecenas-arquitecto
“... Gombrich ha apoyado de forma persuasiva
dicho papel activo por parte de Cosme: “No es
caprichoso sentir algo del espíritu de Cosme en las
edificaciones que fundó…”” (Kostof, 1977, p. 117).
Con la arquitectura moderna ocurre un cambio
en el rol del arquitecto que prácticamente se
convierte en proveedor de la forma de habitar. La
postguerra, la industrialización (con la aparición
del concreto y el acero) y las migraciones internas
son las condiciones imperantes en donde surge el
movimiento moderno; con énfasis en el desarrollo
de viviendas masivas, funcionales, de bajo costo
y construidas en serie. “Construir no significaba
adaptarse a un contexto particular y conciliar
con las tradiciones históricas, sino más bien
'partir de cero' para aplicar sistemáticamente una
tecnología experimentada en la realización de
un objeto concebido para cumplir su función de
manera eficaz…” (Lagueux, 1995, pág. 148). El
ignorar la realidad del contexto y de los usuarios,
generó otros problemas de carácter social; destaca
como ejemplo el desarrollo habitacional PruittIgoe (Missouri) cuya demolición es, para Charles
Jencks, un acta de defunción “... la arquitectura
moderna murió en St. Louis, Missouri el 15
de julio de 1972 a las 3h32 de la tarde (más o
menos)” (1981, pág. 9).
Actualmente la visión es otra, de acuerdo a la
“Carta de la formación en arquitectura” de Unesco/
UIA (2011), la profesión tiene un compromiso
social, el rol del arquitecto es mejorar la calidad
de vida a través del desarrollo sostenible; esto
implica no solo el vínculo con el cliente sino
también con el usuario y otros interesados, ya sea
de forma directa o a través de estudios de carácter
social. Además, clientes y usuarios están más
dispuestos y comprometidos a participar en el
proceso de diseño, no solo en la toma de decisiones
sino de forma propositiva y proactiva, por lo
cual el arquitecto debe facilitar su participación.
Al respecto, el arquitecto venezolano Haiek2
(2016) manifiesta que “… quizá los protocolos
de participación tengan más que ver con volver a

2

Cofundador de LAB PRO FAB: “laboratorio de proyecto y fabricación que reúne disciplinas del diseño para hacer investigación aplicada
al desarrollo cultural, social y ambiental” (Twitter).

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

103

�Villalobos-González

nuestras raíces: conciliar, entendernos, discutir,
tomar decisiones, entender que el voto en una
asamblea no es el único instrumento democrático”,
lo que pareciera afirmar que la construcción social
y el diálogo argumentativo son vías para llegar a la
mejor respuesta posible.
En este mismo sentido, la constante y continua
evolución desde el refugio primitivo hasta del
concepto de habitar, ha hecho que las aspiraciones
que han de ser satisfechas sean más complejas cada
día. El espacio ya no es solo para abrigar al ser
humano, sino para que se desempeñe en actividades
muy diversas y que requieren de un mayor y
mejor vínculo con el entorno. En consecuencia,
surgen más y mayores requerimientos “... que
plantean tanto la necesidad de nuevas formas de
actuación como la renovación y transformación
de los espacios donde tienen lugar. Cambios
que, en definitiva, suponen nuevas oportunidades
de futuro para nuestra profesión” (Colegio de
Arquitectos de Cataluña, 2016, pág. 8). Todo esto
aumenta la complejidad e incertidumbre, por lo
que para que el proyecto sea exitoso requiere de
participación de múltiples interesados que ha
de ser articulada efectivamente. Esta labor es
responsabilidad del arquitecto en su condición
de facilitador de los procesos necesarios para la
construcción del hábitat.

Esta evolución del mecenazgo, al arquitecto
proveedor y al facilitador (ver figura 3) coincide
con los planteamientos de Littman et al. (1981),
quienes se refieren a la actitud del arquitecto hacia
el cliente hablando del pragmático o “dar-lo-queellos-quieren”, el egoísta o “dar-lo-que-yo-quiero”
y el facilitador o “dar-lo que-nosotros-podemos”3.
El arquitecto facilitador de la construcción
social, al que debemos acercarnos cada vez
más, reconoce que todos los interesados tienen
contribuciones y limitaciones y que el proyecto
tiene restricciones a las que necesariamente hay
que ajustarse. Este proceso de construcción social
permite ir manejando esos elementos para darles
sentido, conceptualizar el objeto del proyecto y
darle forma en los documentos necesarios para la
construcción de la edificación.
Una edificación que genera un sentido de
identificación y de apropiación por parte de
quienes participan en el proceso. Ignorar todas
estas señales que desde hace largo tiempo
plantea la sociedad, solo hace que la profesión
se debilite y pierda más terreno de actuación, el
reconocimiento que se logre de ella dependerá
de quienes ejercen la profesión y la forma en que
responden a los requerimientos de los interesados,
no solo en cuanto al resultado sino al desarrollo
del proyecto y al nivel de participación en él.

Figura 3. Evolución de la relación-arquitecto-cliente-usuario

Fuente: elaboración propia

3

Dar-lo-que-ellos-quieren (give-'em-what-they-want), dar-lo-que-yo-quiero (give-'em-what-I-want) y dar-lo que-nosotros-podemos
(give-what-we-can)

104

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�La construcción social en la práctica de la arquitectura

RETOS DEL ARQUITECTO
CONTEMPORÁNEO.
Existen, de larga data, diversas y razonadas
críticas con respecto a los arquitectos y la forma
en que llevan adelante los proyectos, las cuales
provienen del ciudadano común, de quienes
comparten el trabajo del proyecto, de aquellos
que estudian la arquitectura y el ejercicio de la
profesión, e incluso de los mismos arquitectos.
Ellos coinciden en que en la práctica profesional y
en la enseñanza de la arquitectura se hace énfasis
en el diseño con una concepción formalista y
elitista “… los practicantes a menudo viven
dentro de una red social de élite privada que
cosifica una cultura local, lo que puede conducir
a [una] debilidad, no cuestionar cómo el diseño
puede servir o abordar el interés público…”
(Mayo y Gore, 2013, pág. 8). También indican
que el arquitecto no solo debe ser un diseñador
competente sino un líder efectivo del equipo por
lo que “… hay que ampliar sus capacidades en
nuevas áreas contribuyentes. Esas áreas podrían
incluir: los problemas urbanos, los procesos
políticos, negociación, habilidades de liderazgo,
y desarrollo económico” (Cuff, 1991, pág. 260).
Por su parte, en la “Encuesta sobre el estado de
la profesión de arquitecto 2009”, indican que la
profesión se enfrenta a una gran amenaza por su
“... falta de estrategias que involucren a todo el
sector de la construcción, incluyendo en él a los
ciudadanos/usuarios y los poderes públicos, en
el que -como admiten muchos participantes- el
arquitecto es (relativamente) secundario...”, ante
ello plantean la necesidad de aliarse con actores
distintos a los tradicionales (constructores y
promotores) para lo cual “... necesitarán sin duda
nuevos lenguajes, que les permitan superar esa
endogamia comunicativa de las que nos hablaban
aquellos que viven y trabajan con ellos” (Centro
de Estudios de la Profesión de Arquitecto [CEPA],
2009, pág. 28)4
Para la UIA “... los arquitectos, como
profesionales, están obligados a cuidar de
las comunidades a las que sirven. Esta es una
obligación que prevalece por encima de su interés
personal y de los intereses de sus clientes” (2002,

pág. 2), por lo tanto, y dada la globalización del
ejercicio profesional, se hace necesario contar con
un acuerdo de normas aplicables con suficiente
flexibilidad de acuerdo a las particularidades
locales permitan que los arquitectos protejan los
intereses de esas comunidades, lo que reconoce
las diferencias contextuales. Los cuatro principios
de este acuerdo son: competencia, autonomía,
compromiso y responsabilidad.
Si bien los arquitectos practican desde la
antigüedad, el ejercicio profesional se ha vuelto
más demandante por la complejidad de los
requerimientos de los interesados, los avances
tecnológicos, las exigencias sociales y ecológicas.
Por ello indica que los servicios que puede
prestar un arquitecto son: diseño, construcción,
conservación, restauración o alteración de edificios
y la planificación; incluyendo, entre otras cosas
paisajismo, urbanismo, estudios preliminares,
proyectos, coordinación de la documentación técnica
de consultores, administración y supervisión de obra,
trámites de permisología, y gerencia de proyectos;
también establece unos requisitos fundamentales
para el ejercicio de la profesión.
De igual manera, la formación y capacitación
para el ejercicio profesional es pilar fundamental,
por ello en la “Carta Unesco/UIA de la formación
en arquitectura”, indican que al ámbito de la
arquitectura le corresponde “… todo lo que
afecta al modo en que el entorno se planea, se
diseña, se construye, se utiliza, se acondiciona
interiormente, se incorpora al paisaje y se
mantiene” (pág. 1). Además, manifiesta que hay
muchos espacios y nuevas tareas para el ejercicio
de la arquitectura si se toma consciencia de las
necesidades que existen en quienes no son los
clientes tradicionales, para la mejora de la calidad
de vida sobre todo de los más desprovistos. Para
ello el arquitecto debe tener un rol de facilitador
de la construcción del ambiente donde las
personas se desenvuelven, respondiendo de
forma balanceada a los intereses individuales
y colectivos. Finaliza refiriendo que su mayor
preocupación es “…el compromiso social de la
profesión, es decir, la conciencia del rol y de la
responsabilidad del arquitecto en su respectiva
sociedad, así como la mejora de la calidad de vida

4

“constituida por el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España y la Caja de Arquitectos con el objetivo a promover el
análisis de las distintas dimensiones de la profesión de arquitecto y los procesos relacionados con ella” (Centro de Estudios de la Profesión
de Arquitecto [CEPA], 2009, pág. 2).

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

105

�Villalobos-González

a través de asentamientos humanos sostenibles”.
(Unesco/UIA, 2011, pág. 7). Esa reflexión da
cuenta de la necesidad de construir socialmente
el proyecto y de que el arquitecto pueda coordinar
todas las inquietudes y aportes de los diversos
interesados, subiendo la actuación del arquitecto
al de facilitador del proceso.
Un aspecto muy llamativo es que reconocen
la responsabilidad que todos tenemos sobre el
entorno construido y la arquitectura, al punto en
que demandan:
Que las cuestiones relacionadas con
la Arquitectura y el medioambiente se
introduzcan como parte de la educación
general en escuelas de primaria y secundaria,
porque es importante un conocimiento
previo del entorno construido tanto para los
futuros arquitectos como para los maestros
de obras y los usuarios de los edificios
(pág. 2)
Si bien eso implica un muy fuerte cambio
cultural, que escapa de las manos de los arquitectos
y cuyo efecto podría ser a largo plazo, desde la
profesión y su ejercicio sí se puede ir sensibilizando
a los interesados de cada proyecto y lograr un
compromiso que apunte a una construcción
sostenible, entendiendo que cada proyecto y cada
relación que se sostenga alrededor de él es fuente
de aprendizaje para todos; así no solo el arquitecto
sensibiliza a otros sino que él también se abre a
una mejor comprensión de su contexto social.
Conexión con la sociedad.
Algunos reconocidos arquitectos se han manifestado
sobre el rol del arquitecto contemporáneo no
solo en el plano discursivo sino en su hacer
cotidiano, además coinciden en la contribución
de la arquitectura con el empoderamiento de la
ciudadanía y la importancia de sintonizarse con la
sociedad.
Por ejemplo, Gopius fue un crítico de la actitud
pasiva del arquitecto “... frente a los cambios,
frente a los saltos cuantitativos y cualitativos.
Es la sordera de corazón y de la mente de que
padece el arquitecto de hoy, lo que preocupa

tremendamente a Gropius” (Villanueva, 1980,
pág. 25), lo que junto a su actitud ante la
responsabilidad social y el trabajo en equipo son
muestras de su visión de que la profesión es una
tarea político-social que responda a su realidad.
Para el colombiano Salmona la arquitectura
se debe a la ciudadanía, por lo cual “... hacer
arquitectura en Latinoamérica hoy es un acto
político, además de ser estético y cultural”
(Salmona, Conversando con Rogelio Salmona);
en consecuencia no puede abstraerse de su
contexto y sus circunstancias sino:
… tener un claro concepto de la realidad,
es decir, que debe poder evaluar lo propio,
saber extraer del fondo de la propia
cultura y de la cultura universal, de la
geografía, las soluciones más acordes a
las necesidades y comportamientos. La
arquitectura no debe separarse ni de su
tiempo ni de su gente.
(Salmona, 2003, pág. 25)
El arquitecto venezolano Carlos Raúl Villanueva
reconoce la arquitectura como acto social que, si
bien tiene valores expresivos como otras artes “...
el grado de dependencia de las circunstancias
exteriores (del cliente, de la economía, del nivel
de los medios de producción, de la sociedad en su
conjunto) es inmensamente más alto y coercitivo”.
Por lo tanto el arquitecto debe luchar por el
reconocimiento y valoración de su condición
profesional no como “traductor, mecánico y
pasivo”, sino para que se “... reconozcan sus
facultades catalizadoras, sus percepciones
anticipadoras, sus naturales atribuciones de
creador” (1980, pág. 78). Es decir, el arquitecto
debe comprender la dimensión social de su
contexto, proyectar consecuentemente y así
lograr su puesto como profesional que ejerce
ética y responsablemente. Es importante señalar
que esto no debe asumirse individualmente, sino
desde un colectivo profesional que espera que
todos ejerzan responsablemente.
Desde la academia Bohigas y Bilbao, con el
proyecto Arquitectes de Capçalera5, buscan situar
en el centro del problema al usuario “... comenzamos
con la gente, hablando con ella y entendiendo

5
Arquitectes de Capçalera (Arquitectos de Cabecera) es un proyecto académico de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de
Barcelona (ETSAB) de la Univesitat Politècnica de Catalunya.

106

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�La construcción social en la práctica de la arquitectura

que su casa se construye, precisamente, desde
esta intimidad. Una intimidad que nos permite
reconocer cuáles son las asociaciones que
acaban construyendo un modelo de ciudad. Un
modelo que se piensa de dentro hacia fuera”
(2017). Esto refleja que las inquietudes sociales han
ido permeando en los estudiantes y los profesores en
consecuencia tienen que irse adecuando a los nuevos
tiempos porque la academia tiene la responsabilidad
de ir un paso adelante en su deber social.
Haiek (2016), reconoce la vertiente social
y entiende que “... la arquitectura es el tiempo
de las relaciones humanas...”, que de alguna
manera el arquitecto puede amalgamar a
individuos y comunidades para lograr sus
objetivos, reconocer los liderazgos y las formas
de organización así como los recursos humanos
disponibles, y sumarse a las luchas que ya
existen como una “... manera de vincularnos
a la ciudad. La arquitectura es una máquina
de empoderamiento: un soporte que
desaparece incluso –algo que es muy difícil
de concebir para un arquitecto: que el edificio
desaparezca– y deja que la vida esté en él”, es
decir, generar relaciones simbióticas con las
comunidades con las que trabaja.
Aravena, galardonado con el premio Pritzker,
menciona la importancia de que el trabajo
del arquitecto se ocupe de los problemas que
comparte la sociedad, “... traducir las fuerzas
en juego a forma [...] No es transformarse
en economista, político o antropólogo, pero
conocer sus lenguajes permite comprender
el código de las fuerzas que luego se deben
traducir a forma” (Aravena, 2016), en otras
palabras, poder desde la comprensión global
del problema y sus diversas aristas generar una
solución espacial que trascienda el espacio.
La participación.
Hay quienes manifiestan que la arquitectura debe
responder a su contexto, a la realidad de una
sociedad cada vez más demandante, lo que hace
que la actividad profesional se complejice porque
se incrementan las variables y los participantes en
el proyecto.
El español Rafael Moneo, compara la
arquitectura con el cine porque “... la obra es
resultado de la mediación de muchas gentes...”.
Además, destaca que el arte y la arquitectura “...
reflejan el modo de pensar y de sentir del tiempo que
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

representan y en el que son creadas [...] Aquellos
más clarividentes o con capacidad de creación
se escapan hacia lo que viene, entendiendo
esto como progreso” (Moneo, 2017); es decir,
la arquitectura está vinculada con su tiempo y
espacio, pero existen circunstancias en las cuales
el proyecto se anticipa a su tiempo y la respuesta
es una edificación de avanzada.
Para Juan Herreros, arquitecto y profesor
universitario español, “... la práctica de
la arquitectura se ha vuelto una actividad
tremendamente compleja en la que intervienen
[...] muchas personas, muchos conocimientos
que son imposibles de retener por uno mismo.
Por eso hay que abrir la mesa de juego...”
(2014). Esto lo considera posible a través
de lo que llama la arquitectura del diálogo
(Dialogue Architecture), que se da en tres
niveles: el primero, como un instrumento de
proyecto donde se confrontan ideas; segundo
a través de la posición crítica que promueva
la conciencia y la opinión fundada y tercero,
el diálogo arquitectura-ciudad porque lo que
se construye no son productos aislados sino
que se incorporan al paisaje como un todo.
Este aspecto es muy importante, porque hace
ver que son muchos los actores que deben
participar en el proyecto, quienes además tiene
su visión del problema y que en el proceso se
debe dar el diálogo argumentativo para buscar
una solución consensuada que los satisfaga en
mayor medida. Pero hay otro aspecto que es
fundamental y que tiene que ver con reconocer
la relación inseparable del contexto con la
edificación, en este sentido, cada uno de los
participantes tiene que asumir el compromiso
con un proyecto que va más allá de sus linderos,
porque también hace ciudad.
Además, habla de tres escalas en cada obra
arquitectónica o proyecto “… la escala del
encargo, es decir hacer lo mejor posible el trabajo
que tienes que hacer [...] ese trabajo en tu obra
personal, qué papel juega eso en tu discurso,
[...] y en tercer lugar cómo es que tú trabajando
[...] te sientes formando parte del mundo”
(Herreros, 2014). Esta perspectiva muestra que
todo proyecto, independientemente de su tamaño
o importancia, pasa a ser parte fundamental de
quienes lo habitarán, de la biografía proyectual
del arquitecto y de su vinculación con la sociedad,
con el contexto donde se implanta y con el
colectivo profesional.
107

�Villalobos-González

Por su parte, autores como Sadri hablan de la
existencia de una era post-profesional6, quien refiere
que la arquitectura enfrenta el muy importante
reto de “... redefinir la arquitectura no como
una profesión cerrada y elitista que siempre ha
estado al servicio del poder, sino como un campo
abierto, ético, receptivo, humanitario e incluso no
antropocéntrico de conocimientos y habilidades”
(2018, pág. vi). En ese mismo sentido, Salama
habla incluso de que para la supervivencia de la
arquitectura hay que manejar nuevos enfoques
sociales y éticos que requieren de las siguientes
cualidades:
•
Identificar las necesidades humanas y
sociales en el contexto del entorno en el que se
emplean los aspectos socio-conductuales, geoculturales, climáticos, políticos y económicos.
•
Evaluar el entorno construido para hacer
adaptaciones y ajustes apropiados.
•
Involucrar a las personas afectadas por
el entorno construido en el proceso de toma
de decisiones. (2018, pág. 272)
De alguna manera estos planteamientos
cuestionan el ayer y el hoy de la práctica de la
arquitectura y plantean la necesidad de abrirse
a diversos campos de acción muchos más
vinculados a la responsabilidad social de la
arquitectura como profesión.
LA PRÁCTICA DE LA ARQUITECTURA
Y EL MANEJO DE SU
CONSTRUCCIÓN SOCIAL.
Para Cuff la práctica de la arquitectura “... es el
desempeño habitual de actividades profesionales.
[...] la práctica arquitectónica emerge a través
de complejas interacciones entre las partes
interesadas, de las cuales surgen los documentos
para un futuro edificio” (1991, pág. 4). Esto
no es sencillo, porque implica ir resolviendo
poco a poco el problema con los participantes e
integrando las variables que lo afectan, es decir,
las edificaciones “…se construyen socialmente
por las manos de arquitectos individuales, sus
compañeros de trabajo, las organizaciones donde
ellos trabajan, el conjunto de colaboradores
desde clientes hasta consultores y colegas, y por

grandes fuerzas socioeconómicas que afectan a
la profesión” (1991, pág. 13).
Esto hace que el arquitecto además de los
conocimientos para el diseño, requiera habilidades
y herramientas para manejar la dimensión
social de la arquitectura. Esa dimensión es la
vida diaria con sus implicaciones individuales,
sociales, económicas, políticas y culturales por
lo que es importante reconocer todas las aristas
y complejidades para trabajar en ella de forma
efectiva. En ese sentido, el arquitecto actúa
como catalizador para que todos los interesados
participen con el propósito de llegar a un consenso
sobre elementos clave para el proyecto.
En cuento al diseño como actividad, se realiza
con las contribuciones de los interesados que
aportan un marco para las soluciones, por lo
que además de diseñar, asimismo será labor del
arquitecto coordinar todas esas participaciones
y darles expresión espacial; además se debería
extender también a gestionar y acompañar todo
el proceso del proyecto desde su encargo hasta
su entrega después de la construcción. De allí
el primer desencuentro entre el ethos7 y el
contexto porque las aspiraciones personales y
profesionales se mezclan con limitantes políticas,
de recursos, tiempo, regulaciones, entre otras;
que deben considerarse parte del problema que se
espera resolver con un proyecto para crear nuevas
condiciones que mejoren la situación.
En cuanto a los interesados en la obra
arquitectónica, Cuff menciona dos elementos
primordiales: primero la gran cantidad de
interesados que además tienen visiones que
pueden llegar a ser incongruentes entre ellas, y
por el otro el largo alcance de las consecuencias
de la obra. En ese sentido, es necesario tener
objetivos comunes para que se produzca un
proceso de negociación viable, entendiendo
que para el cliente y el usuario la respuesta a su
problema es el edificio como tal (para obtener
una utilidad o para su uso directo); mientras que
para arquitectos y consultores, cualquier proyecto
tendrá consecuencias para sus carreras y para las
organizaciones en las que trabajan, de allí que cada
proyecto implica aprendizaje y, de ser exitoso, es
una forma de promoción.

6
El término se introdujo para “... llamar la atención sobre los cambios en el papel y las responsabilidades de los arquitectos y diseñadores
urbanos, las organizaciones profesionales y las escuelas de arquitectura, paralelas a la neoliberalización y la globalización” (Sadri, 2018, pág. v).
7
Cuff utiliza el término para las creencias profesionales idealizadas desde la academia y que rara vez son cuestionadas, y que cuando ya
no son suficientes para explicar las acciones y actitudes cotidianas generan problemas en el ejercicio profesional.

108

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�La construcción social en la práctica de la arquitectura

Destaca la relación arquitecto-cliente, la cual
es más dinámica con un cliente que participa
estableciendo limitaciones, aportando ideas
y dando aprobación, sin embargo, debe saber
cuándo ponerse al margen o retroceder durante el
proceso de diseño para que el arquitecto pueda
hacer el trabajo apropiadamente; es un punto
justo de equilibrio que se logra a partir de la
comunicación transparente, la confianza y el
respeto mutuo. Esta relación es tan importante
como el proceso de diseño y no se da a priori,
sino que debe ser cuidadosamente concertada y
cultivada. Además es importante resaltar que el
cliente es el puente entre los arquitectos y usuarios
finales, al respecto Van der Linden et al., refieren
que existen “...cuatro tipos de relaciones (ausencia
del cliente, sustitución, consulta y compromiso),
con características socio-materiales particulares
que obstaculizan o estimulan la atención a los
usuarios” (2017, págs. 180-181):
•
Cuando el cliente está ausente se presta
muy poca atención al usuario.
•
Cuando es sustituido por un asesor la
atención se desvía hacia aspectos técnicos y
comerciales.
•
Cuando está disponible para consultas
puede existir mayor información sobre el
usuario y se logra alinear el proyecto con sus
expectativas.
•
Cuando la participación es comprometida
suelen darse dinámicas muy productivas que
facilitan el vínculo y la participación directa
de los usuarios. Este compromiso suele
arraigarse en otros participantes del proyecto.
De esta manera surge el lado subjetivo del
diseño centrado en las acciones y relaciones de los
actores, que se refiere a la construcción social del
proyecto. Ahora bien, si la relación con el cliente es
vital, con el avance del proyecto las interacciones
del arquitecto necesariamente se van a desplazar
en mayor medida hacia la relación con los
consultores para darle forma definitiva al edificio.
Esta visión de la construcción social del proyecto,
reconoce el papel de cada uno de los actores que
contribuyen en el proceso y “… no niega el papel
del individuo ni los métodos individuales que se
han documentado en la investigación previa. De
hecho, cada proceso colectivo en la arquitectura
se compone de individuos que representan a
8

arquitectos, clientes, consultores, organismos
reguladores; y en ocasiones ocupantes” (Cuff,
1991, pág. 195). Lo que se espera es que el diseño
como acto social logre un edificio de calidad, pero
¿a qué se refiere la calidad de una edificación?
Este aspecto no es absoluto porque por una
parte es una cualidad que se asocia al edificio
y por otra, que es por la que toma partido Cuff,
quien define:
... la calidad del diseño como una
entidad fenomenológica percibida por
los individuos, no como una cualidad
inherente del objeto o edificio. Por lo
tanto, la calidad del diseño depende de los
que hacen el juicio de calidad. Mantengo
que hay tres evaluadores principales de la
calidad de cualquier edificio y estos son
los consumidores o el público en general,
los participantes en el proceso de diseño8,
y la profesión arquitectónica.
(1991, pág. 196)
El público con una visión integral que incluye
necesidad, función, gestión, ubicación, estética,
etc.; los participantes en el proyecto a través de
informes de satisfacción y por los vínculos que
puedan mantenerse con clientes y consultores
y; la evaluación profesional donde destacan
las publicaciones reconocidas y premios de
asociaciones de arquitectura.
Por otra parte, el proyecto exitoso va más
allá del diseño, tiene que ver con su gestión y
organización, la manera como trabajan juntos
los participantes claves, la percepción que cada
uno de ellos tenga del edificio y la manera en que
actúan para promover la excelencia. Un proyecto
excelente, se caracteriza porque:
•
Tiene un fuerte concepto que es entendido,
en sus propios términos, por los actores
principales y se mantiene a través de todo el
proceso de diseño.
•
Las relaciones son cordiales y
respetuosas, aunque se presentan conflictos y
tensión.
•
Logra estimular el sentido de pertenencia
y conexión de sus actores y ocupantes.
Una parte importante del proyecto es la
creatividad, no solo de los arquitectos sino de

Cuff incluye como participantes en el proceso de diseño a arquitectos, clientes y consultores.

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

109

�Villalobos-González

todos los que participan en él, de hecho, justamente
son las diferentes visiones las que promueven el
pensamiento creativo y es el diálogo argumentativo
el que permite procesos de razonamiento en la
búsqueda de la mejor respuesta posible, en ese
sentido, hay que aprovechar que la cultura de
proyectos es “...más apropiada para estimular
el diseño creativo y obtener valor en edificios
emocionantes y funcionales” (Emmitt, 2014, pág.
30), esto en el entendido de la importancia de la
acción colectiva y no en el énfasis tradicional del
individuo creativo.
El edificio excelente es producto del diseño
como arte social que consolida el aporte humano
individual a través del trabajo en equipo y en un
contexto social adecuado. Si bien el profesional
individual siempre será central para diseñar hay
que reconocer que actúa en el contexto social
más grande y cada vez más importante, por lo
tanto, una tarea fundamental del arquitecto es
trabajar e interactuar con todos los participantes.
En muchos casos, cuando un proyecto es criticado,
se debe a que no fue diseñado en el sentido social
y en consecuencia hay actores importantes cuyas
opiniones no fueron consideradas y no responde a
sus expectativas. Esto coincide con el planteamiento
del Colegio de Arquitectos de Cataluña que
afirma que “… el proyecto arquitectónico es un
proyecto excepcionalmente complejo. Mucho más
complejo que el del ingeniero […] En el caso del
arquitecto los factores subjetivos (simbólicos)
no solo intervienen, sino que tienen un peso muy
grande” (2016, pág. 59), reconociendo siempre
la importancia de los interesados con toda su
cospovisión, modos de vida, aspiraciones, etc.
Otro aspecto que resalta Cuff es que el éxito
del proyecto no está en la toma de decisiones sino
en que al ser “... una situación inherentemente
social, [hay que] interpretarla y darle sentido
con los demás a través de la conversación y la
acción con el fin de llegar a acuerdos” (1991,
pág. 254). Para ello, el arquitecto no solo debe
estar capacitado como diseñador sino como líder,
por tanto su formación debería garantizar
… conocimientos y capacidad de diseño
arquitectónico, incluidos sistemas y
necesidades técnicos, teniendo en cuenta
además la salud, la seguridad y el
equilibrio ecológico; que comprendan el
contexto cultural, intelectual, histórico,
social, económico y medioambiental de
110

la arquitectura, y que asimilen a fondo
las funciones y responsabilidades de
los arquitectos en la sociedad, para lo
cual se requiere una mente cultivada,
analítica y creadora.
(UIA, 2002, pág. 8)
Es decir, su formación podría incluir otras áreas
como: problemas urbanos, procesos políticos,
formación de equipo, negociación, y aspectos
económicos y financieros, etc.; de esta manera se
daría un acercamiento a la realidad del ejercicio
de la arquitectura que requiere muchos otros
elementos más allá de las habilidades técnicas.
Esto hace necesario construir, desde la academia
y las asociaciones profesionales, una cultura
de la práctica que permita una aproximación
menos traumática, más social y ética al ejercicio
profesional, que reconoce la participación como
vía para el desarrollo del proyecto.
REFLEXIONES FINALES.
Esta revisión documental da cuenta de la evolución
de nuestra profesión, así como de los cambios que
requiere para mantener su vigencia y recuperar su
reconocimiento por parte de la sociedad a la que
sirve así como su liderazgo en el proyecto. Son
muchas las voces que, palabras más o palabras
menos, manifiestan que la responsabilidad
profesional del arquitecto es con la sociedad que
le da licencia para ejercer, su misión es crear
mejores condiciones de vida en los lugares que
se intervienen, proyectar para la gente, pero
más importante con la gente; reconociendo sus
necesidades, expectativas, valores, la cotidianidad,
etc., y balancearlos en el proyecto.
Esto pasa por reconocer que son múltiples los
interesados afectados positiva o negativamente y
en diferentes grados y que además de acuerdo a esa
afectación y a su responsabilidad en el proyecto
podrán influirlo en mayor o menor medida. Cada
una de esas individualidades tienen capacidades y
limitaciones que deben ser reconocidos y valorados
para potenciar unas y minimizar las otras a través
de la construcción colectiva del proyecto.
En otras palabras, el proyecto debe visualizarse
y gestionarse como una respuesta sinérgica que
reconoce todas las voces e intereses que participan
en él para lograr concertar puntos de vistas diversos
(ver figura 4, siguiente página), en este sentido, es
necesario:
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�La construcción social en la práctica de la arquitectura

•
Comprender que cada interesado tiene
sus aspiraciones e intereses con respecto al
proyecto, en función de las consecuencias que
tendrá para él, y actuará de acuerdo a ellas.
•
Promover la participación temprana y
comprometida en el proyecto, para potenciar
en la mayor medida posible los aportes que
pueda realizar cada uno de los interesados y
minimizar los obstáculos que puedan poner.
•
Jerarquizar a los diversos interesados,
partiendo del principio que no todos tienen
el mismo grado de afectación y la misma
responsabilidad sobre el proyecto, de esta
manera se puede priorizar las acciones que se
realicen.
•
Promover el diálogo argumentativo, que
lleve a cada uno de los interesados a expresar
su punto de vista de forma razonada sin
intentar convencer a priori o imponerse.
•
Generar confianza mutua, fomentar
relaciones francas, abiertas y respetuosas,
cumplir con lo ofrecido y mantener a todos
los interesados informados.
•
Manejar (mediar) las interacciones entre los
diferentes interesados, quienes tienen intereses y
aspiraciones diferentes, para mantener ese clima
de respeto y confianza entre ellos.

Hacer esto permite al arquitecto abordar la
dimensión social del proyecto, justamente todos
esos aspectos subjetivos que están representados
por los interesados del proyecto y que en gran
medida serán determinantes para su éxito y el
de la edificación resultante. Indudablemente,
estamos ante profesionales creativos, los cuales
pueden usar esa capacidad no solo para aspectos
formales y funcionales, sino para abrir un abanico
de posibilidades de participación que promueva
la creatividad de los otros participantes. Las
posibilidades para el ejercicio de la arquitectura
son muchas y no existe, ni debe existir, una sola
manera para ejercerla, pero siempre, se escojan los
nichos tradicionales u otros tales como programas
comunitarios, de autoayuda, participación en la
creación de normativas, la docencia u otro, hay
que reconocer la condición social de la profesión,
porque es hecha por y para las personas. C

Figura 4. La construcción social del proyecto

Fuente: elaboración propia

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

111

�Villalobos-González

AGRADECIMIENTOS.
Este artículo está enmarcado en los estudios
doctorales en arquitectura y su correspondiente
tesis titulada “La oficina de arquitectura y sus
proyectos. Un abordaje desde la perspectiva de
los arquitectos”, cuyo tutor fue el Arq. Domingo
Acosta, Ph. D., profesor Titular del Instituto
de Desarrollo Tecnológico de la Construcción,
Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la
Universidad Central de Venezuela.
Para los estudios doctorales fui beneficiada con
la Beca-Sueldo Nacional del Consejo de Desarrollo
Científico y Humanístico de la Universidad Central
de Venezuela (CDCH-UCV) No. B-02-45382013
(2013-2018).
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2017, de Plataforma arquitectura: http://
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113

�Del concepto formal a la conceptualización sistémica en el
diseño arquitectónico.
From formal concept to systemic conceptualization in architectural design.
Recibido: agosto 2019
Aceptado: marzo 2020

Avatar Flores Gutiérrez1

Resumen

Abstract

A pesar de la diversidad de aproximaciones a la
conceptualización en el diseño arquitectónico, la
idea de que el concepto atiende a una analogía
formal está aún extendida. La analogía formal
del concepto suele estar vinculada únicamente
a aspectos simbólicos de la composición para el
observador y no a la esencia de lo descubierto en
el proceso de investigación y análisis proyectual.
Desde la perspectiva del fenómeno arquitectónico
como sistema, esta idea provoca un rompimiento
entre la investigación proyectual y la forma,
y preserva la dicotomía forma-función. En
este artículo se aborda la idea de que el proceso
de conceptualización en arquitectura puede ser
abordado desde una perspectiva sistémica del
fenómeno arquitectónico fundamentada en la noción
de autopoiesis de Maturana y Varela, de los sistemas
de Christopher Alexander, y la investigación de
Flores-Gutiérrez sobre el fenómeno arquitectónico.
El texto concluye con la idea de que, al dejar fuera
al concepto como guía de composición formal y
adoptar un proceso de conceptualización sistémica
orientado a la definición de un sistema generador,
el diseñador puede ampliar los límites de su
investigación para buscar no sólo la configuración
y relaciones adecuadas para la actividad, sino la
atmósfera necesaria para dichas actividades.

Despite the diverity of approaches about the
conceptualization process in architectural design,
the idea behind understanding the concept as
a formal analogy in architectural design is still
widely spread. The formal analogy of the concept
is usually only linked to the symbolical aspects of
composition for the observer and not to the essence
of the achievements of the research process and the
projectual analysis. From the point of view of the
architectural phenomenon as a system, this idea
prompts a break up between projectual research
and form, and preserves the ongoing dichotomy
form-function. This paper discusses the idea of that
conceptualization process on architecture can be
considered as a systemic approach to the architectural
phenomenon, based on the notions of autopoiesis
developed by Maturana y Varela, Christopher
Alexander's systems and the research by FloresGutiérrez on the architectural phenomenon. The text
closes with the assumption that discarding the use
of the concept as a guide to formal composition and
adopting a process of systemic conceptualization
oriented to the definition of a generating system,
can provide the designer with an expanded field
of research to seek not only the right configuration
and relationships for activities, but the required
atmosphere for those activities.

Palabras Clave:

Keywords:

diseño arquitectónico; sistema; conceptualización;
concepto

architectural design; system; conceptualization;
concept

1

Nacionalidad: mexicano; adscripción: profesor e investigador en la Universidad Autónoma de Querétaro. Coordinador de la Maestría
en Arquitectura y el Doctorado en Innovación, Tecnología y Hábitat; Doctor en Arquitectura por la Universidad Nacional Autónoma de
México; E-mail: avatar.flores@gmail.com

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

115

�Flores Gutiérrez

INTRODUCCIÓN.
“Hablar de arquitectura humana es una
evidente tautología, sin embargo, los
hechos muestran que es necesario insistir
en la función primigenia de la creación
de espacios: la satisfacción plena de los
usuarios, bajo la premisa: los espacios
arquitectónicos y urbanos no deben ser
diseñados para ser contemplados, sino para
ser vividos cotidianamente, compartiendo
con ellos la evolución de nuestro ser”
(Barrios, 2013: 224)
A pesar de la diversidad de aproximaciones sobre
la conceptualización en el diseño arquitectónico,
la idea de que el concepto atiende a una analogía
formal ajena al proyecto está aún extendida. Se
practica y se enseña de esta manera. Es común
todavía en nuestros días, tanto en aulas como
en la práctica profesional, encontrarnos con un
concepto formal que hace referencia a un caracol
y ver cómo éste se ve reflejado en la forma del
edificio que asemeja a un caracol. En algunos
casos se trata del volumen completo, en otros
de una vista en planta como, por ejemplo, un
concepto formal de una paloma de la paz, cuyo
edificio, en la vista en planta, tiene esta silueta.
Su origen, obedece a una natural dialéctica
de las ideas sobre el diseño arquitectónico en
las cuales había predominado hasta cerca de
los años setenta la idea técnica del ensamble de
componentes por sobre el valor simbólico (Love,
2003), y que dio origen a una arquitectura que
bien podría llamarse conceptual en la que, tal
como sucede en el arte conceptual, predominan
la importancia de las ideas que subyacen al objeto
arquitectónico, por sobre el objeto mismo y la
experiencia de habitarlo.
Sin embargo, si ha prevalecido esta tendencia,
ha sido en parte debido a una creciente y
excesiva valoración de la imagen como medio
de transmisión de la arquitectura, que se ha
visto acrecentada con los medios electrónicos de
comunicación, dejando de lado la experiencia de
habitar los espacios. Al respecto, Biondi (2005)
relaciona esta tendencia cultural a los medios de
difusión de la obra arquitectónica.
“En lo que se refiere a la arquitectura, (…) es
siempre más difundida la costumbre de presentar
fotografías de obras vacías y deshabitadas (…).
En ellas, el culto se ha transferido hacia la imagen
116

misma de la obra, como un objeto supuestamente
puro y aislado, acabado en sí mismo. Tales
imágenes pueden tal vez comunicar cualidades
ideales de la obra, pero nada de su esencia si
entendemos ésta como cabal cumplimiento de
su doble nexo con el contexto y la finalidad”
(Biondi, 2005: 228).
En efecto, uno de los grandes dilemas para
la difusión de la obra arquitectónica radica en
la imposibilidad de transmitir la experiencia de
habitar fuera de su contexto original, tal cual
lo haría una pieza musical que es explicada por
medio de palabras, o una obra de danza en una
sola fotografía, lo que provoca que el foco de
atención se centre en lo más evidente y visible
que es la forma y la plástica de la obra.
El concepto como analogía formal prevalece
también sustentado por la utilidad comercial de
la imagen para la venta y promoción de la obra
arquitectónica, una imagen devenida en forma
que ha sido simplificada de tal suerte que es
exaltada como el único valor que es posible que
el arquitecto añada al proyecto en arquitectura.
“La forma es la encargada hoy de proyectar
sentido al objeto con relación a unos códigos o
procesos de codificación que son tácitos en la
sociedad de consumo. Será la que nos transmita
la calidad del objeto, o lo que es los mismo, el
primer paso en su elección. Hemos entrado en una
vorágine por su definición y consumo” (Azúa,
Felix; citado en Gausa, 2001: 238).
A pesar de que desde hace algunas décadas la
idea del concepto formal ha ido perdiendo énfasis
en las discusiones teóricas, la academia, y en el
trabajo de algunos arquitectos (Love, 2003), es
quizá debido a la inercia de procesos de antaño,
y a esta exaltación cultural de la imagen, que en
la actualidad y, al menos en México, el concepto
formal ha prevalecido, sobre todo en la formación
de los arquitectos, como el medio fundamental a
través del cual el arquitecto se expresa, y para el cual
construye simbolismos que, si bien en ocasiones
representan el sentir o intereses que se tienen
puestos en el proyecto, no son símbolos pensados
para el habitante, sino para el observador, una
diferencia importante dado que hablamos de dos
objetivos distintos: la conformación de la imagen;
y la conformación del hábitat humano, siendo este
último el lenguaje de la arquitectura y el que es
finalmente experimentado por sus habitantes.
Lo simbólico tiene cabida sin lugar a dudas
en el proyecto de diseño arquitectónico, más
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Del concepto formal a la conceptualización sistémica en el diseño arquitectónico

no por medio de la imagen como elemento
compositivo aislado sino cuando se le considera
como componente de la atmósfera del hábitat
humano. Desde luego también, cuando ha surgido
de un proceso adecuado de conceptualización, la
idea del concepto como referente en el proceso
de diseño, puede ser sumamente útil si se
supone como el camino que puede derivar en la
concepción de un espacio habitable, tal como será
abordado más adelante.
El problema ocurre cuando la analogía formal
del concepto es vinculada únicamente a aspectos
simbólicos de la composición para el observador
y no a la esencia de lo descubierto en el proceso de
conceptualización; una composición que, como
ya se ha mencionado, proviene con frecuencia de
una primera idea superficial de lo que se busca que
represente el edificio para quienes le contemplan
(comúnmente en su forma exterior), dejando en
segundo plano a sus habitantes.
De lo anterior se desprende una conclusión
introductoria que plantea una búsqueda por una
aproximación al diseño arquitectónico que, a
pesar de las inercias actuales, se aleje del concepto
formal creado para el observador y que soporte,
en cambio, la vida de sus habitantes, lo cual
nos invita a una reflexión sobre la comprensión
del proceso de conceptualización en el diseño
arquitectónico.
Para adentrarnos en el tema que concierne a
la propuesta de distinción entre concepto formal
y conceptualización sistémica, es importante
señalar que la discusión que se abordará a
continuación parte de un paradigma sistémico
del diseño arquitectónico y, así mismo, desde
una necesaria disociación en la comprensión
del valor que adquiere el objeto arquitectónico
desde la actividad del diseño arquitectónico,
desde su práctica, y no de una perspectiva general
de la arquitectura como disciplina. Dicho de
otra forma, en este artículo se aborda el diseño
arquitectónico desde su consideración como
actividad configuradora del espacio habitable,
y no desde un enfoque disciplinar, que podría
abarcar sus teorías, estilos, valor histórico o
artístico, y que podría precisar partir de otros
paradigmas de análisis.
Lo que origina pues esta propuesta es la
comprensión del ser humano como un ser
complejo inmerso en un sistema vital de relaciones
que hacen del resultado del diseño arquitectónico
en su conjunto, una consecuencia lógica.
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

EL CONCEPTO EN EL PROCESO DE
DISEÑO.
Apesar de la diversidad de métodos y aproximaciones
existentes, en un proceso de diseño arquitectónico
podemos generalizar la existencia de dos grandes
etapas: Conceptualización (análisis) y desarrollo
(síntesis). En la primera surge la comprensión
del problema, su caracterización, investigación
proyectual, y el proceso de análisis que permitirá en
la síntesis la definición de objetivos. La segunda, la
de desarrollo, comienza con una fase de diagnóstico
en la que se aborda la definición de objetivos,
intenciones, criterios y parámetros que habrán de
sintetizarse después en el desarrollo o estrategia
para la configuración del proyecto de un espacio
habitable. Ambas, conceptualización y desarrollo,
constituyen la práctica habitual generalizada de un
proceso de diseño.
En las dos etapas han existido siempre aspectos
que se considera que están supeditados al análisis
del contexto y los usuarios, y aspectos que
dependen de decisiones de quien proyecta. Por
ejemplo, se acepta que el programa arquitectónico
depende por completo de aspectos funcionales y
de necesidades en la etapa de conceptualización,
mientras que se asume un cierto grado de libertad
en la forma y la selección de materiales, lo que se
traduce en la conformación del concepto formal,
como un condicionante adicional externo al
problema de diseño.
La confusión parece estar en la comprensión
sobre si las decisiones de quien proyecta surgen
de su voluntad particular, un ámbito externo al
problema de diseño, o si deben surgir también
como una consecuencia a partir del mismo
análisis del ámbito del problema de diseño. Y
para responder a ello, puede ser útil observar
someramente la manera en que se enseña el
diseño arquitectónico en las escuelas.
El taller ha sido adoptado como la estrategia
de enseñanza del diseño arquitectónico, y resulta
tan habitual, que el arquitecto no suele reparar
en las particularidades que implica esta forma de
enseñanza que, entre otras cosas, es similar a la
enseñanza de las artes y los oficios, donde hay
un maestro y un aprendiz y donde existen pocos
conocimientos generalizables, y se experimenta,
en cambio, la manera en que el maestro hace las
cosas.
En el taller de diseño arquitectónico se aprenden
las técnicas básicas del “oficio”, tales como la
117

�Flores Gutiérrez

composición, antropometría, organización espacial,
dibujo; y se aprehenden también modos de pensar
y priorizar las decisiones del proyecto, a través
de la imitación de la manera en que el maestro
hace las cosas en función de sus propios valores y
experiencia, derivando en una enseñanza que cambia
sus valores constantemente y cuyos principios
dependen de prioridades individuales y no de un fin
común, lo que denota un vacío disciplinar en cuanto
al proceso de conceptualización, que se ve reflejado
en la enseñanza y la práctica de la arquitectura. “Los
propios arquitectos discrepan en puntos tan básicos
que sus discusiones han de interpretarse como
expresión de sus dudas e incertidumbres” (NorbergSchulz, 2008: 10).
Así, entre las fases de conceptualización y
desarrollo de los procesos de diseño basados en
el concepto formal, irrumpe este tercer elemento
añadido, un elemento ajeno, externo, que delata
la ausencia de un vínculo lógico y claro entre
el análisis y la síntesis del proyecto; entre su
conceptualización y posterior desarrollo.
En la figura 1, se muestran de manera
generalizada las etapas de un proceso de diseño,
y se muestran las ideas bosquejadas en las líneas
precedentes sobre los alcances del concepto
formal dentro de ese proceso.
No es la intención de este texto discutir
sobre la utilidad de la noción del concepto en el
proyecto de diseño arquitectónico. Finalmente,
en su esencia, el concepto es una forma de
pensamiento humano que permite captar los
caracteres generales, esenciales de las cosas y de
los fenómenos de la realidad objetiva (Rosental y
Iudin, 1959).

Un concepto que emerja de un proceso de
conceptualización puede volverse desde luego
sumamente útil al proyecto arquitectónico, toda
vez que representa la síntesis del análisis y la
comprensión del fenómeno arquitectónico, sin
embargo, en la manera en la que ha sido usado de
manera generalizada, es decir, como un concepto
formal ajeno, enganchado apenas al conocimiento
superficial del fenómeno, nos aleja del proceso de
conceptualización que paradójicamente forma
los conceptos y los vincula inherentemente a su
origen.
LA TÉCNICA PROYECTUAL EN LOS
PROCESOS DE DISEÑO.
Desde principios de este siglo, la técnica ha
revolucionado con determinación la etapa de
desarrollo en el diseño arquitectónico al incorporar
nuevas herramientas, tales como las de dibujo,
representación, composición formal, o incluso la
fabricación digital, por nombrar algunas (y que
aún requieren una evolución congruente con los
objetivos del diseño), y en oposición, se ha dejado
casi intacta la etapa de conceptualización, aquella
que permite abstraer los resultados del análisis
y traducirlos a un diagnóstico y la propuesta
de objetivos e intenciones concretos. A pesar
de haber una inminente evolución en marcha,
gracias a la incursión cada vez con más fuerza
de otras disciplinas (baste nombrar la psicología
ambiental, las incursiones de las neurociencias,
la cognición y la psicofísica), y del desarrollo
de la teoría misma del diseño arquitectónico,
visible en una creciente cantidad de artículos de

Figura 1. Uso del concepto formal en el proceso de diseño

Fuente: elaboración propia

118

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Del concepto formal a la conceptualización sistémica en el diseño arquitectónico

investigación, aún se mantienen en la práctica
muchas de las mismas técnicas proyectuales
de conceptualización, (llámese análisis de
sitio, programa arquitectónico, diagramas de
funcionamiento, o concepto formal, por nombrar
algunas) que parecen sólo atender los aspectos
más técnicos del proyecto.
“El arquitecto ya no puede ser un ser
pasivo que resuelva problemas, sino
más bien debería aceptar una nueva
condición activa, propia de los estrategas,
que generan preguntas al entorno y que
anticipan líneas de acción. Cuya manera
de actuar ya no se basa en la aplicación de
un oficio aprendido y consensuado, sino en
la innovación de los procesos proyectuales
y en la aplicación de nuevas técnicas y
materiales que ayuda a desarrollar”
(Gausa et al. 2001: 11)
Al respecto de las herramientas existentes,
y evidenciándolas a través de las etapas de la
investigación aplicada, oportunas también en
los proyectos en arquitectura: caracterización,
diagnóstico y estrategia (De la Torre Galindo,
2017), resulta notorio que las técnicas proyectuales
de conceptualización existentes apoyen con
destreza la caracterización básica del problema, y
sin embargo, se carezca de técnicas proyectuales
generalizadas respecto a la definición de objetivos
e intenciones, propios del diagnóstico, y que
corresponden en parte a la síntesis del proyecto, lo
que provoca un vacío que ha sido llenado por el
concepto formal.
La innovación en procesos proyectuales a
la que hace referencia Gausa (2001) es lo que
concierne a esta discusión y por la cual se propone
que, desde el criterio de una visión sistémica del
diseño arquitectónico expuesto en la introducción,
es necesaria la generación de nuevas técnicas que
apoyen la definición integral del proyecto.
Si consideramos al espacio arquitectónico
desde una perspectiva sistémica del fenómeno
arquitectónico (Flores-Gutiérrez, 2016) la idea
del concepto formal aislado provoca en primer
lugar un rompimiento entre lo observado y
analizado en la investigación proyectual y la
forma que adquiere, y en segundo, preserva la
dicotomía forma-función que no permite articular
el proyecto en un todo integral sistémico que
responda adecuadamente a la actividad humana
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

entendida en toda su complejidad, tanto física
como psicológica. De esta forma, la idea del
concepto formal debe ser omitida y asumirse
la conceptualización desde la complejidad del
sistema vital, y de las posibilidades que nos
brindan los conocimientos multidisciplinarios.
Bajo esta premisa, es posible una aproximación
integral del problema de diseño arquitectónico,
tanto en su conceptualización como en su
desarrollo, que posibilite la abstracción del sistema
del fenómeno arquitectónico y la comprensión
de la conceptualización como un proceso
configuracional que abarca todas las dimensiones
de la conformación del espacio habitable.
LA VISIÓN SISTÉMICA DEL DISEÑO
ARQUITECTÓNICO COMO BASE DE LA
CONCEPTUALIZACIÓN.
“El punto de vista de los sistemas es una
versión moderna y disciplinada del sentido
de lo maravilloso. Esta es la visión del
mundo que asume el hombre cuando toma
conciencia de la particularidad y de la
totalidad de las cosas del mundo”
(Alexander, 1980: 66)
Sin el afán de profundizar en aspectos que ya han
sido discutidos en otros documentos, pero con la
intención de aclarar el origen de esta propuesta,
es importante establecer brevemente la base y
estructura fundamental de la conceptualización
sistémica, y que puede entenderse como una visión
sistémica del proceso de diseño arquitectónico.
Es por ello que se abordan a continuación algunos
aspectos de esta visión, que buscan en síntesis
establecer algunos principios necesarios para
abordar este enfoque.
Los biólogos chilenos, Humberto Maturana
y Francisco Varela propusieron la idea de la
autopoiesis que, desde su publicación, se desborda
de los límites de la biología para instaurarse como
una explicación sobre el carácter complejo del
sistema vital en el cual está inmerso el ser humano.
En concreto, y respecto al concepto de
autopoiesis en los sistemas, para Maturana y
Varela:
“Una máquina autopoiética es una
máquina organizada como un sistema de
procesos de producción de componentes
concatenados de tal manera que producen
119

�Flores Gutiérrez

componentes que: a) generan los
procesos (relaciones) de producción que
los producen a través de sus continuas
interacciones y transformaciones, y b)
constituyen a la máquina como una unidad
en el espacio físico”
(Maturana et al. 1994: 69)
Así, la autopoiesis tiene la implicación de que
todos los organismos forman parte de un sistema
al cual también pertenece el ambiente que habitan.
Tanto el ambiente como los mismos organismos
configuran su rol (función) y su forma, en función
de sus interacciones, es decir, se auto-configuran
recíprocamente. La obra arquitectónica es
un componente del sistema vital, y como tal,
vinculada inherentemente con el proceso que le
configura.
El diseño arquitectónico asume entonces el
rol de un proceso configurador dentro del sistema
vital, un sistema autopoiético que permite la
generación de su propia estructura, una estructura
congruente con el sistema mismo.
Al hablar de dicho sistema vital, es necesario
asumirle como un hábitat humano que, desde la
psicología ambiental, puede entenderse como un
sistema complejo de relaciones físicas, sociales
y psicológicas, y no sólo como uno biológico o
ecológico.
(La psicología ambiental) “tiene por
objetivo analizar la interrelación entre las
personas y los ambientes físicos reales
que éstas ocupan. (…) Si bien el foco se
centraba (inicialmente) en los ambientes
físicos, no tardaron en advertir que a
menudo es difícil y artificioso aislar éstos
de sus dimensiones sociales, por lo que el
objeto de análisis pasó a ser el ambiente o
entorno sociofísico”
(Valeri, 2019)
El entorno sociofísico, desde luego sumamente
complejo, es el componente ambiental de este
gran sistema vital autopoiético.
De la misma forma que Maturana y Varela,
Christopher Alexander aborda también la idea
de sistema desde sus dos aristas: Como un
todo holístico, y como un sistema generador,
característica fundamental de todo sistema desde
la perspectiva de Alvargonzalez (2016).

120

“Dos ideas se ocultan en la palabra sistema: la
idea de un sistema como un todo y la idea de
un sistema generador. (…) Estos dos aspectos,
aunque similares, son lógicamente muy
distintos. En el primer caso, la palabra sistema
se refiere al aspecto particular holístico de una
única cosa. En el segundo, la palabra sistema
no se refiere en absoluto a una sola cosa, sino
a un conjunto de partes y leyes combinatorias
en grado de generar muchas cosas”
(Alexander, 1980: 57)
La noción de la conceptualización sistémica
radica en la comprensión de que estamos ante
un sistema holístico, que es la arquitectura
habitada, pero también ante un sistema
generador, que es el diseño arquitectónico. Así,
el proceso de conceptualización tiene como
objetivo la definición del sistema que generará el
componente ambiental dentro del propio sistema
vital. Es decir, el proyecto en su totalidad surge
del análisis, conformando escenarios de actividad
y adquiriendo el rol y la forma inherentes a su
participación en el sistema.
“Sin lugar a dudas, el fenómeno
arquitectónico se constituye así como
un fenómeno sistémico, y de esta forma,
todo aspecto o rasgo del operar de sus
componentes provienen necesariamente de
la dinámica autopoiética del fenómeno”
(Flores-Gutiérrez, 2016: 55)
De esta manera, el rol del proceso de
conceptualización es abstraer los aspectos específicos
de los componentes del sistema, y sus relaciones.
De lo analizado en las líneas precedentes
y en lo que respecta a la visión sistémica del
diseño arquitectónico, se pueden establecer los
siguientes principios:
•
La vida puede ser entendida como un
sistema holístico, siendo la arquitectura parte
del mismo sistema.
•
Bajo una consideración sistémica, el diseño
arquitectónico es un proceso configuracional
de una de las partes de ese sistema: el espacio
habitable.
•
El diseño arquitectónico es en sí mismo
un sistema generador.
•
El proceso de conceptualización debe
definir al sistema generador en el diseño
arquitectónico.
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Del concepto formal a la conceptualización sistémica en el diseño arquitectónico

LA CONCEPTUALIZACIÓN SISTÉMICA.
La noción de que el diseño arquitectónico es un
proceso configurativo dentro de un gran sistema
vital en el cual está inmerso el ser humano y su
entorno social y natural emerge de las reflexiones
sobre la autopoiesis, los sistemas generativos y la
comprensión del fenómeno arquitectónico y explica
la diferencia con la idea del concepto formal.
El concepto formal es un determinante
externo del proceso de diseño, mientras que la
conceptualización sistémica define al sistema
generador en el proceso de diseño arquitectónico.
En la figura 2, se aprecia este cambio
fundamental respecto a la figura 1. A través de
una conceptualización sistémica, el análisis
permite un diagnóstico y la definición de
objetivos, intenciones, parámetros o criterios
de diseño, que deben responder de manera
sistémica a lo analizado, de tal manera que el
proceso de conceptualización sistémica no se
queda sólo en la etapa preliminar de análisis,
sino que abarca una parte importantísima del
proceso de síntesis del proyecto.
Consecuentemente, aspectos como el
complejo sistema de necesidades y satisfactores
y la actividad humana compleja, deben ser
considerados en el proceso de conceptualización
sistémico, mientras que, en la etapa de desarrollo
o síntesis, habrán de considerarse aspectos como
las capas ambientales que comprende el espacio
habitable en el fenómeno arquitectónico.
Así, al considerar el proceso integral de diseño
como un proceso configurativo, es indispensable,
no sólo un proceso de conceptualización sistémica

orientado a la comprensión de los componentes
del fenómeno, sino también una síntesis sistémica
que responda de tal manera que se mantenga la
estabilidad del sistema.
“Las propiedades más importantes de
cualquier objeto son aquellas que se relacionan
con su estabilidad. (…) La estabilidad en
cualquiera de sus formas, es una propiedad
holística. Sólo puede ser resultado de una
interacción entre partes”
(Alexander, 1980: 60)
La comprensión de esa interacción ocurre
también en la conceptualización sistémica, por
lo que resulta evidente que la tarea a la que se
enfrenta el arquitecto que pretenda abordar el diseño
arquitectónico desde esta perspectiva es mayúscula.
Se requieren, desde luego, herramientas teóricas
e instrumentales que le permitan lograr esta labor.
Herramientas que se van haciendo posibles en la
medida en que avanza el conocimiento teórico sobre
el diseño arquitectónico.
Dados los argumentos expuestos, podemos
afirmar que por conceptualización sistémica ha de
entenderse el proceso de análisis sobre el sistema
del fenómeno arquitectónico ante un problema
sociofísico, que contempla la comprensión de
las relaciones entre sus componentes con el fin
de conformar un sistema generador que permita
encontrar la solución espacial arquitectónica
que asuma el rol y la forma congruentes con el
sistema del que forman parte.

Figura 2. La conceptualización sistémica en el proceso de diseño

Fuente: elaboración propia

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

121

�Flores Gutiérrez

CONCLUSIONES.

REFERENCIAS.

A partir de la comprensión de la diferencia
entre el análisis del diseño arquitectónico y la
arquitectura como disciplina, es posible abordar
este quehacer desde la visión de un paradigma
sistémico desde el cual puede discutirse la
pertinencia de la noción de objetivo. El objetivo
es relevante dada la definición de sistema de
Alvargonzalez (2016), en la cual son necesarios
los fines como componente sistematizador de los
sistemas propositivos o configuracionales.
Dado lo anterior, es posible definir al diseño
arquitectónico como un proceso de conceptualización
sistémico con fines configuracionales, hecho desde el
cual puede cuestionarse la idea del concepto formal
como guía compositiva en el diseño arquitectónico.
El concepto formal aislado, como se ha
definido en este documento a la idea de que es
necesaria una analogía que dé forma al objeto
arquitectónico, es una herramienta usualmente
ajena a la conceptualización sistémica y la
generación de la forma desde la perspectiva
del fenómeno arquitectónico (Flores-Gutiérrez,
2016), y suele estar relacionada con una intención
vocacional sobre lo que debe representar un
edificio a ojos de un observador externo. ¿Es
viable definir un concepto formal que en efecto
provenga de una conceptualización sistémica?
Desde luego, aunque se corre el riesgo de que,
al estar tan arraigada esta práctica, se olvide
después el origen del mismo concepto y provoque
nuevamente una desviación del carácter sistémico
del diseño arquitectónico.
Al dejar fuera al concepto como guía de
composición formal, y adoptar una conceptualización
sistémica, el diseñador puede ampliar los límites de
su investigación para buscar no sólo la configuración
y relaciones adecuadas para la actividad humana,
sino la atmósfera necesaria para dichas actividades,
lo que le lleva a una búsqueda formal más exhaustiva
y profunda.
El desarrollo de la conceptualización sistémica,
y de nuevas herramientas que impulsen su práctica,
sólo será posible en tanto se profundice en las bases
teóricas del diseño arquitectónico, se transforme
también el paradigma de enseñanza del mismo,
y se asuma la comprensión del rol del espacio
arquitectónico en la vida del ser humano. C

Alexander, Christopher (1980). Tres aspectos
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editores.
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122

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

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Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

123

�Ciudad, vivir, habitar.1

Carmen Egea Jiménez y Sylvie Coupleux
Diego Sánchez-González2

Recibido: enero 2020
Aceptado: marzo 2020

La obra reseñada, Ciudad, vivir y habitar, producto
del esfuerzo editorial de sus coordinadoras, Carmen
Egea Jiménez (Universidad de Granada, España) y
Sylvie Coupleux (Université d´Artois, Francia), se
plantea como un ejercicio académico para reflexionar
sobre las alternativas a la crisis de los espacios
públicos a nivel internacional desde la perspectiva
de la microescala socioespacial. Precisamente,
uno de los aspectos a destacar de la publicación
es la reivindicación de la vida cotidiana que, con
frecuencia, suele ser ignorada por los planificadores
y gestores urbanos, y, de manera recurrente, por las
ciencias sociales (Lindón y Hiernaux, 2010; SánchezGonzález y Egea-Jimenez, 2013).
Dicha obra se afronta como una necesaria
mirada multidisciplinar a la vida cotidiana de las
ciudades, con interesantes aportaciones de distintas
disciplinas, como geografía humana, sociología,
historia, filosofía, urbanismo, planificación y
gestión urbana, biología y salud pública. Así, 28
autores posibilitan enriquecedoras visiones sobre la
compleja realidad urbana desde diferentes latitudes
geográficas y perspectivas socioculturales, como

España, Francia, Bélgica, Alemania, Brasil y México.
A su vez, sus heterogéneas voces reflexionan sobre
la construcción de una vida urbana orientada a la
buena vida.
El prólogo, firmado por el experto en geografía
humana, Daniel Hiernaux-Nicolás, nos presenta un
libro donde la ciudad podría ser un lugar para vivir
bien. En esta publicación el hilo conductor es el
apego por situar a los lectores en la vida cotidiana,
y donde resurgen como protagonistas del mismo,
los lugares cotidianos (espacios públicos), y sus
personajes (niños, mujeres, personas mayores) con
sus invaluables relaciones intergeneracionales, y en
la que conviven la solidaridad, y el difícil equilibrio
entre el ambiente urbano y la naturaleza. Aquí,
se hace una encendida defensa de las estrategias
para cambiar la realidad cotidiana de las urbes,
materializada en la desigualdad social, a partir
de promover espacios sociales (Lefebvre, 2000;
Bauman, 2009), en los que adquieren relevancia los
imaginarios y las experiencias de los ciudadanos, y
donde se nos advierte que una sociedad sin utopías
carece de futuro (Lindon y Hiernaux, 2012).

1
Egea-Jiménez, Carmen, y Coupleux, Sylvie (Coord.) (2018). Ciudad, vivir, habitar. Granada: Universidad de Granada. 224 p. ISBN: 97884-338-6204-4.
2
Nacionalidad: española; adscripción: profesor del Departamento de Geografía. Universidad Autónoma de Madrid, Madrid (España); Doctor
en Análisis Geográfico en la Ordenación del Territorio y Medio Ambiente por la Universidad de Granada. E-mail: diego.sanchezg@uam.es

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

127

�Sánchez-González

El libro defiende la importancia de reconocer
a la urbe como un lugar para vivir y habitar en
un sentido amplio, donde convergen las ciudades
amigables, las ciudades inclusivas, las ciudades
saludables, las ciudades creativas, las ciudades
justas o las ciudades de paz, entre otras (WHO,
2007; Egea-Jimenez y Sánchez González, 2016;
Rivera-Herrera et al, 2017). Aquí, frente a los
discursos desalentadores sobre la crisis de la
ciudad y, más concretamente, de sus espacios
públicos, se defienden las experiencias cotidianas
a escala micro, en la que los ciudadanos viven y
construyen socialmente las urbes (Borja, 2014;
Sousa-González et al., 2019). En ellas, sus
espacios públicos constituyen lugares de encuentro
que son una extensión natural de sus viviendas
(Sánchez-González, 2009). A su vez, se promueven
los espacios públicos incluyentes, donde se
rompen barreras físicas y sociales, y se favorece
el desarrollo de prácticas, actitudes, costumbres
y representaciones, basadas en la necesidad de
convivencia, solidaridad y altruismo (Tornaghi y
Knierbein, 2014; Langdon et al., 2018).
La obra se estructura en tres bloques temáticos y
13 capítulos, de los cuales, el primero, firmado por
las coordinadoras de la obra, Egea y Coupleux, nos
permite una sugerente introducción a los contenidos
del mismo y poder entender la relevancia de los
temas a tratar. Así, en el primer bloque temático,
Bases teóricas para entender la ciudad como
un espacio de vida, y desarrollado a lo largo
de dos capítulos, los autores discuten sobre la
necesidad de abordar la ciudad como un espacio
de vida desde distintos enfoques teóricos, como
la vulnerabilidad social, el desfavorecimiento, la
identidad y la cultura. Precisamente, este libro
continua la estela de publicaciones que tratan de
brindar conocimiento sobre la importancia de las
experiencias espaciales y de la identidad del lugar,
como mecanismos compensatorios y alternativos
para enfrentar los crecientes riesgos sociales y
ambientales, como la desigualdad social y el
cambio climático (Warner, 2007; Beck, 2008;
Sánchez-González y Domínguez, 2014). A su vez,
el término buen vivir ha sido progresivamente
reemplazado por el término desarrollo sostenible,
donde, con frecuencia, los planificadores priman
la escala macro sobre la micro, y se diluye e
ignora la vida cotidiana (Sánchez-González,
2012). También, el enfoque del buen vivir se
plantea como alternativa estrechamente ligada
con la naturaleza, ya sea en sentido productivo,
128

simbólico y terapéutico (WHO, 2017; Franco et
al., 2017).
Actuaciones con vocación de cambiar lugares
y la vida de sus habitantes, título del segundo
bloque temático, está conformado por seis
capítulos, en el que confluyen aproximaciones a
las experiencias a escalas micro, meso y macro.
Aquí, se dan cita las acciones individuales y
colectivas, a través de la creación de lugares de
intercambio y ayuda mutua, donde son claves
las relaciones intergeneracionales. También,
se subraya la importancia de la aproximación
longitudinal e interdisciplinar en el estudio de
los espacios públicos desde la perspectiva de la
inclusión social (inmigrantes, personas mayores,
jóvenes con síndrome de Down), donde el diseño
urbano y la conciencia social son relevantes. A su
vez, se presentan diferentes experiencias de los
movimientos sociales para enfrentar y superar
situaciones de vulnerabilidad social, a partir
de generar estrategias, muchas veces basadas
en pequeños proyectos y la colaboración de
instituciones, para mejorar las condiciones de
vida de los barrios.
El tercer bloque temático, Lo verde en las
ciudades y los espacios públicos para la sociabilidad,
desarrollado a lo largo de los últimos cuatro
capítulos. En éstos los espacios públicos pueden
constituir lugares que promuevan la sociabilidad,
a partir de la apropiación de los lugares comunes,
donde la perspectiva de género es necesaria para
enfrentar la fragmentación de la ciudad moderna.
Asimismo, la naturaleza se circunscribe como un
elemento neurálgico para promover el bienestar y
la salud de los ciudadanos, sobre todo, de aquellos
en situación de exclusión social, discapacidad
y dependencia. Justamente, los espacios verdes
urbanos promueven estilos de vida saludables y
la convivencia, al facilitar las actividades físicas
al aire libre, los encuentros y las relaciones
intergeneracionales.
Uno de los aspectos llamativos de la obra radica
en el diseño de la edición, ya que sus 224 páginas
pueden leerse en español y francés. Asimismo, otro
aspecto positivo es el cuidado en la selección del
material gráfico, el cual, enriquece y complementa a
los textos, cuyas visiones posibilitan acercamientos
a las heterogéneas realidades sociales y urbanas de
Europa y América Latina.
Este trabajo colegiado del ámbito académico y
profesional pretende ser una sugerente alternativa,
basada en la necesaria idea de que otra ciudad
Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

�Reseña

es posible. Así, estas voces coinciden en que el
verdadero cambio se produce, sobre todo, con
acciones desde abajo hacia arriba, en las que los
ciudadanos se involucran y participan activamente
en la construcción social de la ciudad, quizás, en
un empeño loable y nada desdeñable de revertir
la creciente desigualdad social. En definitiva, una
ciudad de todos y para todos, en la que sus espacios
sociales inviten a la participación, la reflexión, el
encuentro y la solidaridad. Un lugar para vivir bien,
donde las experiencias espaciales de lo cotidiano
sean un reflejo del necesario cambio social y poder
enfrentar los retos que nos aguardan. C
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descontentos. Madrid: Akal.
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Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

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(2013): La ciudad, un espacio para la vida.
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129

�El espacio interior de la ciudad metropolitana.1

Eduardo Sousa González, Alfredo Palacios Barra, Diego Sánchez González y
María Teresa Ledezma Elizondo
Ana Cristina García-Luna Romero2

Recibido: febrero 2020
Aceptado: marzo 2020

Eduardo Sousa González, Alfredo Palacios
Barra, Diego Sánchez González, María Teresa
Ledezma Elizondo son cuatro expertos urbanistas
latinoamericanos que integran este conjunto de
investigaciones, conformando el libro reseñado
titulado El Espacio Interior de la Ciudad
Metropolitana. Para la realización de esta obra,
se unen cuatro universidades: la Universidad
de Madrid, la Universidad Autónoma de Nuevo
León y la Universidad del Bío-Bío, con la
Editorial Colofón.
Con un total de nueve estudios, este texto ofrece
una profunda actualización acerca de los problemas
que actualmente está cursando el diseño de las
ciudades, en su mayor parte, iberoamericanas.
Los autores los agrupan en un intento de
resumir las problemáticas que conlleva el diseño
de ciudades más allá de lo contemporáneo, con
el objetivo de llegar a un planteamiento y una
actualización de lo urbano que, así mismo, pueda
incidir en cambios positivos desde la ciudad, así

bien, reconstruir el concepto de ciudad desde su
propia utopía.
Este libro cuenta con una selección de autores
desde de una multidisciplinariedad, pues en cada
investigación se sostiene que este enfoque es lo
necesario para poder llegar al diseño de ciudades
caracterizadas por el ejercicio de una justicia social.
Las primeras dos investigaciones (Coss Lanz3;
Malfa del Grosso4) dan una introducción al
enfoque del resto de ellas, pues hablan acerca de la
perspectiva que tenemos que adoptar para lograr
comprender los problemas y las resoluciones
actuales. En primera instancia, esto es porque
muestran un análisis del problema ambiental del
cual tanto se escucha últimamente, y la manera
tan pertinente en que participa dicho tema con
el diseño de las ciudades cada vez más urbanas
y menos rurales. Por otra parte, se analiza todo
desde la epistemología, pues es necesario obtener
y crear el conocimiento mirando a las ciudades
como sistemas en los que todo tiene participación

1

Sousa, E.; Palacios, A.; Sánchez, D.; Ledezma, M.: (2019). El espacio interior de la ciudad metropolitana. México: Colofón.
Nacionalidad: mexicana; adscripción Facultad de Arquitectura de la Universidad de Monterrey; adscrita en el Doctorado en Filosofía
con Orientación en Arquitectura y Asuntos Urbanos, de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Nuevo León; email:
anacristina.garcialuna@gmail.com
3
Perspectiva ambiental. Enfoque integral para estudios y planes urbanos., investigación de Aguedita Coss Lanz, investigadora en la
Universidad Central de Venezuela.
4
Área Metropolitana de Buenos Aires. Megaciudad, Movilidad Urbana y Medio Ambiente., estudio de Cristina Malfa del Grosso, arquitecta
y vicepresidenta del Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio.
2

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

131

�García-Luna Romero

activa, sin aislar ninguna de estas “variables”.
Algo que también llama la atención, y que es
importante recalcar al momento de hablar de lo
urbano, es la inclusión del punto de vista humanista,
pues está muy presente al hablar de sectores de la
población que parecen estarse excluyendo en el
diseño de las metrópolis. Se reflexiona entorno a la
crítica situación por la cual atraviesan personas en
estratos sociales bajos, desde el acceso a vivienda
y espacio público, hasta la dificultad de movilidad.
Se afirma que las ciudades están diseñadas de
manera que los trabajos más comunes para este
sector se encuentran lo suficientemente alejados de
donde se concentran sus viviendas. Esto, junto con
el problema del diseño del transporte público, que
no se adapta al diseño de las ciudades.
Otra investigación5 aborda en relación a las
ciudades costeras y el diseño específico que se
debe de utilizar para que puedan ser creadas como
un sistema que trabaja eficazmente, utilizando un
punto de vista histórico con ejemplos de ciudades
portuarias iberoamericanas, con diseños que han
funcionado, o bien, que han fallado. Además, algo
que parece llamar la atención es que dicho tema
se logra comprender desde un enfoque humanista
y sociológico, se presenta como un estudio que
habla acerca de la gerontología6 ambiental,
proponiendo que las ciudades y las viviendas no
están bien adaptadas para las personas mayores,
lo cual repercute tanto en su felicidad, como en
su movilidad. Por otra parte, también se incluyen
dos trabajos que abordan cómo las ideologías
contemporáneas afectan y moldean nuestras
ciudades, así como modelos históricos que se
siguen utilizando y que tal vez no sean los más
efectivos al combinarlos con factores ideológicos.
Esta elección de investigaciones parece impartir
la información y la diversidad de perspectivas
necesarias para visibilizar los problemas que las
ciudades, mayormente latinoamericanas, están
cursando dado el reciente boom de globalización y
nueva tecnología. Algo que es pertinente recalcar
por su gran importancia, es la insistencia en la
ineficiencia de los gobiernos para financiar y apoyar
proyectos que se enfoquen en el mejoramiento de
las ciudades, especialmente en Latinoamérica. Esto,

porque se puede dar una gran variedad de soluciones
(en ocasiones simples) a los problemas, pero sin la
participación gubernamental, todo es en vano.
No obstante, las investigaciones presentadas
logran identificar diversas problemáticas. Sí, cada
ciudad, por distintos factores, tiene necesidades
distintas; sin embargo, esta obra cuenta con la
peculiaridad de resaltar la necesidad de fomentar
la cohesión social mediante una justicia social
pronosticando como propio de esta época, de
acuerdo a Sousa, &lt;&lt;sui generis&gt;&gt; la urgente
necesidad de relacionar los satisfactores urbanos
a partir de la adopción de una escala humana en
todas las ciudades. C
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Guadalajara. Recuperado de: http://www.
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Trama Editores.
Sousa, E. (2013), Espacio urbano. Reconstrucción
y reconfiguración territorial, Chile, Trama
Editores.

5

Vivienda y Envejecimiento desde la Gerontológica Ambiental., estudio de Diego Sánchez González, investigador en la Universidad
Autónoma de Madrid y de Evangelina Alejandra Montalvo-Rivero, investigadora en la Universidad Autónoma de Tamaulipas.
6
Según el Centro Universitario de Tonalá de la Universidad de Guadalajara, la gerontología es “una disciplina científica que estudia el
envejecimiento, la vejez y al adulto mayor bajo la perspectiva biológica, psicológica y social.” (s.f.)

132

Contexto. Vol. XIV. N°. 20. abril 2020

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        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
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                <text>Contexto : Revista de la Facultad de Arquitectura</text>
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            <description>An account of the resource</description>
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              <elementText elementTextId="479141">
                <text>Revista anual de la Facultad de Arquitectura de la UANL. Presenta artículos sobre medio ambiente, arquitectura, urbanismo, materiales, economía, imaginario urbano, filosofía, teoría, crítica, además de noticias y reseñas sobre el mundo de la arquitectura</text>
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    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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            <text>Contexto</text>
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        <description>El año cuando se publico</description>
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            <text>2020</text>
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            <text>14</text>
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              <text>Contexto, Revista de la Facultad de Arquitectura, 2020, Vol 14, No 20, Abril-Septiembre</text>
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              <text>Revista anual de la Facultad de Arquitectura de la UANL. Presenta artículos sobre medio ambiente, arquitectura, urbanismo, materiales, economía, imaginario urbano, filosofía, teoría, crítica, además de noticias y reseñas sobre el mundo de la arquitectura</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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