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                  <text>ISSN 2448-8399

Cuadernos de Arquitectura
y Asuntos Urbanos
Revista de la Facultad de Arquitectura
Universidad Autónoma de Nuevo León
Año 15 | Núm. 15 | abril 2025 - abril 2026

��Una publicación de / A publication of
Universidad Autónoma de Nuevo León
Dr. Santos Guzmán López
Rector
Dr. Juan Paura García
Secretario General
Dr. Jaime Arturo Castillo Elizondo
Secretario Académico

DIRECTORIO

Dr. José Javier Villarreal Álvarez Tostado
Secretaría de Extensión y Cultura

Dr. Jorge Omar García Escamilla
Coordinador de la Revista / Journal Coordinator

Lic. Antonio Jesús Ramos Revillas
Director de Editorial Universitaria

Arq. Juan Ángel Hinojosa Torres
Editor Responsable / Editor in Charge

Dra. María Teresa Cedillo Salazar
Directora de la Facultad de Arquitectura

Para más información sobre la revista y envíos de
artículos favor de acceder al sitio web (en construcción):
https://cuadernos.uanl.mx/index.php/revista

Cintillo Legal / Legal Disclaimer
Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos, Año
15, No. 15, abril 2025 - abril 2026. Es una publicación
anual, editada por la Universidad Autónoma de Nuevo
León, a través de la Facultad de Arquitectura. Domicilio
de la publicación: Pedro de Alba S/N, San Nicolás de los
Garza, CP: 66455, Nuevo León, México, Tel: (81) 83294160, www.arquitectura.uanl.mx. Editor Responsable
Arq. Juan Ángel Hinojosa Torres. Reserva de Derechos
al Uso Exclusivo No. 04-2020-042416021600-203.
ISSN: 2448-8399, ISSN red de cómputo: 2007-8269.
Responsable de la última actualización de este número:
Arq. Juan Ángel Hinojosa Torres, coordinador del
Depto. Ediciones y Publicaciones de la Facultad de
Arquitectura, Universidad Autónoma de Nuevo León.
Fecha de última modificación: 31 de mayo 2025. Las
opiniones expresadas por los autores no necesariamente
reflejan la postura del editor de la publicación. Prohibida
su reproducción total o parcial de los contenidos e
imágenes de la revista.

Consejo Editorial / Editorial Board
Dr. Alfredo Palacios Barra (Universidad del Bio Bio)
Dra. Irma Laura Cantú Hinojosa (Universidad Autónoma de Nuevo León)
Dr. Diego Sánchez González (Universidad Autónoma
de Madrid)
Dra. María S. Arzaluz Solano (Colegio de la Frontera
Norte)
Dr. Jesús Manuel Fitch Osuna (Universidad Autónoma
de Nuevo León)
Dr. Arturo Maximiliano Orellana Ossandón (Pontificia
Universidad Católica de Chile)
Dr. Jeffrey S.Smith (Kansas State University)
Dr. Adolfo B.Narvaez Tijerina (Universidad Autónoma de Nuevo León)
Dr. Juan Noyola Carmona (Universidad Autónoma de
Nuevo León)
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Dr. Jesús A. Treviño Cantú (Universidad Autónoma de
Nuevo León)
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de Nuevo León)
Dr. Alejandro García García (Universidad Autónoma
de Nuevo León)
Dr. Gerardo Vazquez Rodríguez (Universidad Autónoma de Nuevo León)
Dr. José Manuel Prieto González (Universidad Autónoma de Nuevo León)
Dra. Dulce María Barrios y Ramos García (UNAM,
México)

Indexación / Indexing
LATINDEX
Fotografía en Portada / Cover Photography
Título: “Oceanogràfic”
Autor: Jorge Omar García Escamilla

3

�Año 15

Núm. 15

abril 2025 - abril 2026

ÍNDICE

Presentación
7

Presentación Número 15: Estudios contemporáneos sobre arquitectura y asuntos urbanos
Jorge Omar García Escamilla
Universidad Autónoma de Nuevo León (México)

Artículos
11

Aproximación teórica al policentrismo en las ciudades
Alexis Misael Vega Cortés | Verónica Livier Díaz Núñez | Jorge Javier Acosta Rendón
Universidad Autónoma de Sinaloa (México) | Universidad de Guadalajara (México)

25

Incluir para habitar: repensar el espacio público como escenario de apropiación y diversidad, en el Norte de México
Natalia Marina Ibarra Quiroz | Julián Blanco Luna
Universidad Autónoma de Nuevo León (México)

35

El barrio Gualupita en Cuernavaca: arquitectura, paisaje e identidad
Natalia García Gómez | Patrizia Granziera | Ma. Guadalupe Medina Márquez
Universidad Autónoma del Estado de Morelos (México)

46

Hacia una propuesta arquitectónica adecuada para abordar las barreras prácticas y culturales en la educación.
Reflexiones sobre una educación adecuada desde una antropología adecuada
Martín Francisco Gallegos Medina | Gilberto Saldívar Cantú
Universidad Autónoma de Nuevo León (México)

Reseña
56

Contribuciones para una antropología del diseño (Fernando Martín Juez)
José Antonio González Espinoza
Universidad Autónoma de Nuevo León (México)

58

Normas de publicación

4

�Año 15

Núm. 15

abril 2025 - abril 2026

INDEX

Presentation
7

Presentation Issue 15: Contemporary studies on architecture and urban affairs
Jorge Omar García Escamilla
Universidad Autónoma de Nuevo León (Mexico)

Articles
11

Theoretical approach to polycentrism in cities
Alexis Misael Vega Cortés | Verónica Livier Díaz Núñez | Jorge Javier Acosta Rendón
Universidad Autónoma de Sinaloa (Mexico) | Universidad de Guadalajara (Mexico)

25

Include to inhabit: rethinking public space as a stage for appropriation and diversity in Northern Mexico
Natalia Marina Ibarra Quiroz | Julián Blanco Luna
Universidad Autónoma de Nuevo León (México)

35

The Gualupita barrio in Cuernavaca: architecture, landscape and identity
Natalia García Gómez | Patrizia Granziera | Ma. Guadalupe Medina Márquez
Universidad Autónoma del Estado de Morelos (Mexico)

46

Towards an appropriate architectural proposal to address practical and cultural barriers in education. Reflections on adequate education from an appropriate anthropology
Martín Francisco Gallegos Medina | Gilberto Saldívar Cantú
Universidad Autónoma de Nuevo León (Mexico)

Book review
56

Contribuciones para una antropología del diseño (Fernando Martín Juez)
José Antonio González Espinoza
Universidad Autónoma de Nuevo León (Mexico)

58

Submission checklist

5

�Presentación
Presentation

6

�Año 15, N° 15, abril 2025 - abril 2026

Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos, Revista de la Facultad de Arquitectura, Universidad Autónoma de Nuevo León
Año 15. Número 15. abril 2025 - abril 2026, pp. 7-9 | ISSN: 2448-8399

Presentación Número 15 / Presentation Issue 15

Estudios contemporáneos sobre arquitectura
y asuntos urbanos
Contemporary studies on architecture and urban affairs
Jorge Omar García Escamilla1

L

a ciudad contemporánea es un fenómeno
altamente complejo, en una considerable
medida resultado de la creciente concentración
demográfica en las grandes urbes a nivel global.
Según el sitio oficial de las Naciones Unidas, en el
año 2018 el 55% de la población mundial vivía ya en
áreas urbanas, y se ha estimado que para el año 2050
esta cifra alcance el 70% de la población mundial.
Este crecimiento acelerado ha provocado
importantes desafíos en muchas de las ciudades
contemporáneas, como el deterioro del espacio
público urbano, la difícil gestión del transporte y la
movilidad cotidiana, la contaminación ambiental y
la escasez de recursos naturales, entre otros factores
que impactan negativamente la habitabilidad y el
desarrollo sostenible de las ciudades.
Sin embargo, podría decirse que el objetivo
de la ciudad debe ser enriquecer la vida de sus
ciudadanos y promover el desarrollo humano,
es decir, ser un entorno que permita construir
una comunidad sana y una ciudadanía libre,
responsable y solidaria (García Escamilla &amp;
Graell Martín, 2025). Una ciudadanía consciente
de los retos que la humanidad afronta actualmente
y con conocimientos y habilidades que les
permitan hacerse responsables de la búsqueda de
soluciones a los desafíos que presenta el momento
histórico en el que vivimos (Carta de ciudades
educadoras,1990).
Es en este contexto que es imprescindible
estudiar el espacio urbano en el que habitamos, la
investigación y la difusión de trabajos científicos

en el campo de la arquitectura y los estudios
urbanos, como los que se presentan en este número
15 de la Revista Cuadernos de Arquitectura y
Asuntos Urbanos, representa una importante
ventana para impulsar el desarrollo mas sostenible
de nuestra sociedad contemporánea.
Precisamente considerando el incesante y,
aparentemente, incontrolable crecimiento urbano
que se atestigua a nivel mundial y particularmente
en Latinoamérica, Alexis Misael Vega Cortés,
Verónica Livier Díaz Núñez y Jorge Javier
Acosta Rendón, presentan el primer artículo de
este volumen titulado “Aproximación teórica al
policentrismo en las ciudades”, en el que analizan
cómo este crecimiento acelerado deviene en la
reconfiguración de las áreas urbanas a través de
la descentralización de la población y el empleo,
dando paso a la conformación de una estructura
policéntrica con múltiples subcentros urbanos.
Este estudio pretende, mediante una
metodología con enfoque cualitativo de análisis
documental, profundizar en temáticas en torno al
policentrismo en las ciudades con el objetivo de
establecer una diferenciación entre lo que es el
centro, la centralidad y el subcentro.
El segundo trabajo de investigación titulado
“Incluir para habitar: repensar el espacio público
como escenario de apropiación y diversidad,
en el Norte de México” que presentan Natalia
Marina Ibarra Quiroz y Julián Blanco Luna,
examina el espacio público como escenario
de inclusión en contextos urbanos del norte

1

Adscripción: Doctorando en Comunicación, Educación y Humanidades por la Universitat Internacional de Catalunya UIC Barcelona.
Doctor en Arquitectura y Asuntos Urbanos y profesor titular de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Nacionalidad: española-mexicana. Correo electrónico: jorgeomarge@hotmail.com

7

�Año 15, N° 15, abril 2025 - abril 2026

Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

de México, particularmente en el municipio
de Cajeme, Sonora. Desde una perspectiva
crítica y multidisciplinaria, se argumenta que la
apropiación comunitaria del entorno urbano no
solo fortalece el sentido de pertenencia, sino que
también constituye un acto de resistencia frente a
modelos urbanos excluyentes.
Como citan los propios autores de esta
investigación, las ciudades no son solo
configuraciones físicas, sino que representan un
proceso dinámico producto y reflejo de las relaciones
sociales, culturales e identitarias que las moldean
(Lefebvre, 1974). Más allá de su materialidad,
son escenarios donde se negocian identidades, se
disputan derechos y se construyen significados
colectivos que reflejan la pluralidad de sus habitantes
(Delgado, 1999).
A continuación, las autoras Natalia Garcia
Gomez, Patrizia Granziera y Ma. Guadalupe Medina
Marquez, presentan el artículo “El barrio Gualupita
en Cuernavaca: arquitectura, paisaje e identidad” en
el que se presenta el estudio del patrimonio cultural
del asentamiento ancestral conocido como barrio
Gualupita, ubicado en la ciudad de Cuernavaca en
México, con el objetivo de examinar algunos de los
rasgos identitarios de carácter material e inmaterial
que subsisten en la arquitectura patrimonial, en
el paisaje y en la relación que éstos guardan con
algunos grupos sociales.
Este estudio analiza, a partir del crecimiento
urbano de la ciudad, la problemática de
las alteraciones y las pérdidas irreparables
de patrimonio cultural con base en las
transformaciones del entorno y el contexto
arquitectónico. Asimismo, explora la relación de
este patrimonio cultural con algunos grupos de la
sociedad actual del barrio, y su contribución en la
construcción de su identidad.
El cuarto trabajo de investigación bajo el
título “Hacia una propuesta arquitectónica
adecuada para abordar las barreras prácticas y
culturales en la educación. Reflexiones sobre
una educación adecuada desde una antropología
adecuada” es presentado por Martín Francisco
Gallegos Medina y Gilberto Saldívar Cantú.
Este estudio tiene como objetivo establecer la
importancia de la relación entre la arquitectura
y la educación, con una base antropológica
filosófica con enfoque realista, en busca de
una educación adecuada, a través de espacios
arquitectónicos adecuados, y fundamentados en
una antropología adecuada.

Innegablemente en el contexto de la ciudad
contemporánea, la formación universitaria en las
disciplinas de la arquitectura y el diseño urbano
exige el desarrollo de habilidades que permitan a
los estudiantes reflexionar profundamente sobre
su contexto social y urbano para idear soluciones
creativas y viables que impulsen el desarrollo
social y la calidad de vida de la comunidad
(García Escamilla &amp; Graell Martín, 2024).
Precisamente en esta relación entre la
arquitectura y la educación, siguiendo un método
analítico deductivo, con apoyo bibliográfico y
desde un enfoque interdisciplinario, los autores
plantean que para que la función operativa,
en el ámbito de la educación, cumpla con
sus objetivos en el proceso de aprendizaje y
participación por parte de los involucrados en
dicho proceso, requiere, por una parte, contar
con una infraestructura y un equipamiento
adecuados, y por otra, incluir los elementos
culturales necesarios que promuevan el proceso
de enseñanza aprendizaje.
Finalmente, José Antonio González Espinoza
presenta “Contribuciones para una antropología
del diseño: un mensaje para arquitectos, urbanistas
y diseñadores en las sociedades contemporáneas”,
reseña del libro “Contribuciones para una
antropología del diseño” del autor Fernando
Martín Juez. En esta reseña se expone como esta
obra abre el camino para plantearnos la posibilidad
de repensar el diseño como una disciplina
posible y plausible que debe encontrar raíz en la
antropología, ir más allá de la comprensión de la
generación de objetos funcionales para encontrar
una herramienta que nos permita comprender la
cultura humana y sus formas de expresión. Esto
precisando quizá también de las aportaciones de
otras áreas del conocimiento y otorgándole al
diseño un carácter universal e interdisciplinario
para resolver los nuevos retos de las sociedades
contemporáneas y sus redes de complejidad.
Sin duda este volumen de la Revista
Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos
ofrece al lector una muy interesante y pertinente
serie de perspectivas para comprender mejor el
espacio urbano en el que habitamos y sus desafíos
contemporáneos. La coordinación de la Revista
Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos
extiende el agradecimiento y reconocimiento
a todos los investigadores y autores por sus
valiosas aportaciones que forman parte de este
número 15 de la revista, así como también se
8

�Año 15, N° 15, abril 2025 - abril 2026

Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

agradece el apoyo a las autoridades de la Facultad
de Arquitectura y de la Universidad Autónoma de
Nuevo León para continuar con la investigación y
la difusión científica en el campo de la arquitectura
y los estudios urbanos.
Referencias bibliográficas
Carta de Ciudades Educadoras (1990). Declaración de Barcelona. https://acortar.link/CIn9l7
Delgado, M. (1999). El espacio público como ideología. Barcelona: Ediciones del Serbal.
García Escamilla J. &amp; Graell Martín, M. (2024). La formación universitaria en arquitectura y diseño
urbano: hacia una educación transformadora mediante el aprendizaje-servicio. In Proceedings. 3rd
International Congress: Humanities and Knowledge (pp. 137-137). Octaedro.
García Escamilla J. &amp; Graell Martín M. (2025), Impulso a los valores y toma de consciencia mediante
el aprendizaje-servicio en la educación superior en arquitectura y diseño urbano. Educación y
humanidades como ejes de investigación e innovación. Dykinson. https://doi.org/10.14679/4097
Lefebvre, H. (1974). The Production of Space. Londres: Blackwell Publishers.
United Nations (2018). Las ciudades seguirán creciendo, sobre todo en los países en desarrollo. Naciones
Unidas. https://acortar.link/IH5VB5

9

�Artículos
Articles

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�Año 15, N° 15, abril 2025 - abril 2026

Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos, Revista de la Facultad de Arquitectura, Universidad Autónoma de Nuevo León
Año 15. Número 15. abril 2025 - abril 2026, pp. 11-24 | ISSN: 2448-8399

Aproximación teórica al policentrismo en las ciudades
Theoretical approach to polycentrism in cities
Alexis Misael Vega Cortés1
Verónica Livier Díaz Núñez2
Jorge Javier Acosta Rendón3

Resumen

Abstract

El incesante y, aparentemente, incontrolable
crecimiento urbano que se atestigua a nivel
mundial, particularmente en Latinoamérica,
deviene en la reconfiguración de las áreas urbanas
a través de la descentralización de la población y
el empleo, dando paso a la conformación de una
estructura policéntrica con múltiples subcentros
urbanos. En este sentido, el presente trabajo
teórico pretende profundizar en temáticas en torno
al policentrismo en las ciudades con el objetivo
de establecer una diferenciación entre lo que es el
centro, la centralidad y el subcentro. Para dicho
propósito, se ha empleado una metodología con
enfoque cualitativo de análisis documental con
relación a tres categorías: 1) centro, 2) centralidad
y 3) subcentro. A través del análisis documental,
se concluye que el centro hace alusión al lugar
de máxima jerarquía dentro del área urbana,
entendido como centro fundacional, principal
o histórico; la centralidad es la cualidad que
describe la capacidad de ser centro, es decir, de
atraer y retener actividades, servicios y población;
el subcentro se refiere a lugares alternativos de
menor jerarquía y alejados del centro principal,
que concentran funciones centrales.

The relentless and seemingly uncontrollable urban
growth observed globally, particularly in Latin
America, has led to the reconfiguration of urban
areas through the decentralization of population
and employment, resulting in the formation of a
polycentric structure with multiple urban subcenters.
In this context, the present theoretical work aims
to delve into themes related to polycentrism
in cities, with the objective of establishing a
distinction between the concepts center, centrality,
and subcenter. To achieve this, a qualitative
methodology based on documentary analysis
was employed, focusing on three categories: 1)
center, 2) centrality, and 3) subcenter. Through
documentary analysis, it is concluded that the
center refers to the place of highest hierarchy
within the urban area, understood as the
foundational, main, or historical center; centrality
is the quality that describes the ability to act as
a center, that is, to attract and retain activities,
services, and population; and the subcenter
refers to alternative locations of lower hierarchy
and situated away from the main center, which
concentrate central functions.

Palabras Clave:

Keywords:

estructura urbana; centralidad; subcentro

urban structure; centrality; subcenter

1

Adscripción: Estudiante del Doctorado en Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Autónoma de Sinaloa, Culiacán, México.
Nacionalidad: mexicana. Correo electrónico: alexisvga@gmail.com
2
Adscripción: Universidad de Guadalajara, Guadalajara, México. Nacionalidad: mexicana. Correo electrónico:
veronica.diaz01@academicos.udg.mx
3
Adscripción: Universidad Autónoma de Sinaloa, Culiacán, México. Nacionalidad: mexicana. Correo electrónico: jacoren5573@uas.edu.mx

11

�Año 15, N° 15, abril 2025 - abril 2026

Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

1. Introducción

crecimiento urbano y/o la mala administración y
gestión de los planes existentes, encausando en la
dispersión de asentamientos sin control; lo anterior,
tiene incidencia directa en las administraciones
políticas mediante inconvenientes que suelen
derivar altas inversiones en infraestructura y para
la dotación de servicios públicos (ONU-Hábitat,
2014). Desde la última década del siglo XX, el
boom inmobiliario y los asentamientos irregulares
han sido la principal forma de hacer ciudad,
deviniendo en la conformación de ciudades
fragmentadas, dispersas, distantes, poco densas y
desiguales (Carrión y Erazo, 2016).
En el mismo tenor, de acuerdo con Graizbord
(2008) (citado por López-García y Gómez-Álvarez,
2022), el crecimiento urbano y poblacional de
baja densidad propicia el congestionamiento e
incrementa la distancia en el traslado hacia el
trabajo. Como respuesta a este comportamiento,
los agentes económicos —concretamente las
empresas— buscan su reubicación para la actividad
productiva, encauzando en ofertas de empleo fuera
del Central Business District (CBD) conformado
por múltiples núcleos, dando lugar a una estructura
policéntrica con diferentes subcentros urbanos.
A raíz de lo anterior, las ciudades sufren las
consecuencias de la descentralización mediante
el abandono o desplazamiento poblacional del
centro tradicional, deviniendo en centros históricos
despoblados a la par que las periferias urbanas se
llenan de múltiples urbanizaciones residenciales
(Guarderas, 2021); este fenómeno es conocido
como la tugurización.
Según Duhau y Giglia (2009), los subcentros
urbanos emergieron en las principales ciudades
mexicanas durante el último cuarto del siglo XX,
inducidos por proyectos urbanos que albergan
grandes desarrollos de vivienda y centros
comerciales que incitan prácticas de consumo
basadas en el comercio globalizado; construidos
sobre áreas urbanas consolidadas en términos de
infraestructura y con relativa cercanía a terminales
de transporte público, vialidades principales y
equipamientos importantes, generando nuevos
polos de desarrollo en las ciudades, deviniendo en la
conformación de una estructura urbana policéntrica.

El crecimiento urbano se posiciona como una de
las principales predisposiciones de alto impacto
territorial a nivel mundial para el desarrollo de las
ciudades. De acuerdo con ONU-Hábitat (2016), en
el año 2008 se registró por primera vez en la historia
que más del 50% de la población mundial radicaba
en áreas urbanas. Esto suponía que alrededor de 3
mil 800 millones de habitantes —algo así como un
53%— radicaban en ciudades; mientras que 3 mil
400 millones de habitantes —el 47% restante— lo
hacía en zonas rurales. Además, se prevé que para
el año 2050 se alcancen porcentajes cercanos al
70% de densidad en las ciudades, encausado por el
imparable crecimiento urbano.
En el mismo tenor, según Luis Unikel (1978),
el crecimiento urbano se da por la continua
transferencia de recursos y de mano de obra
desde el sector primario al de tipo secundario y
terciario; en este sentido, la migración de los miles
de campesinos y el crecimiento natural fueron los
principales impulsores del crecimiento urbano a
nivel mundial (Bottino, 2009). De acuerdo con
Manuel Castells (2014), el crecimiento urbano
se caracteriza por la configuración de formas
espaciales específicas de las sociedades humanas
por motivo de la aglutinación de población en un
espacio en particular. En otro orden de ideas, el
crecimiento urbano está fuertemente vinculado
al incremento poblacional y la concentración de
actividades económicas en las ciudades.
El modelo de crecimiento urbano disperso,
característico de las ciudades latinoamericanas,
está influenciado, principalmente, por el
crecimiento demográfico y el consecuente intento
por dar alojamiento y vivienda a los nuevos
habitantes (Guarderas, 2021); en consecuencia,
más del 80% de la población latinoamericana
radica en ciudades, convirtiéndola en la región
más urbanizada del mundo (ONU-Hábitat,
2012). En el periodo comprendido entre 1995 y
2009, Latinoamérica registró un incremento de
población urbana de 103 millones de habitantes
(Guarderas, 2021), influyendo en la calidad de
vida en las ciudades debido a que la demanda de
servicios públicos no puede ser cubierta, además
de la existencia limitada de recursos naturales
(López de Lucio, 1993).
Así mismo, las coyunturas políticas han incidido
en el desarrollo de las ciudades latinoamericanas
mediante la falta de herramientas reguladoras de

2. El modelo urbano policéntrico
El hecho de que las ciudades estén en una
constante expansión propicia la reestructuración
urbana hacia una ciudad multinuclear que cuenta
12

�Año 15, N° 15, abril 2025 - abril 2026

Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

con varios centros a escala intraurbana (Erikson,
1986; en Boix y Truillén, 2012). En este sentido, el
ordenamiento territorial de las áreas urbanas tiene
como objetivo organizar de manera consciente
el espacio geográfico. Este se puede dar de
dos maneras: 1) continuando con el proceso de
crecimiento urbano de las ciudades y 2) desde un
enfoque multicéntrico creando nuevos núcleos
de desarrollo descentralizados denominados
subcentros (De Terán, 1969; Becerril-Padua,
2000; Fuentes, 2001).
Los efectos de la congestión, producto de la
expansión urbana, se pueden presentar en las
ciudades con un único centro comercial y de
empleo, reduciendo la calidad de vida; a una
ciudad con estas características se le conoce como
forma urbana monocéntrica (Gallo y Garrido,
2012). En atención a estas problemáticas, desde
una dimensión morfológica, muchas ciudades
del mundo optaron por la descentralización
concentrada e implementaron subcentros de
empleo (Marmolejo, Chica, y Masip, 2012).
A esta transición de un solo centro a diferentes
subcentros de empleo se le conoce como
policentrismo (ONU-Hábitat, 2020).
En este sentido, en el caso de las ciudades
con estructuras monocéntricas provoca que
pierdan primacía, encausando la reestructuración
urbana, por ejemplo, la configuración de
diferentes subcentros (Rojas, Muñiz y GarcíaLópez, 2009; Gallo y Garrido, 2012), esto
debido a un proceso de cambios que inicia con
la aglomeración de funciones y actividades en
el centro urbano tradicional, constituyéndolo
como la principal referencia de la ciudad. De tal
manera, la configuración de los sistemas urbanos
contemporáneos es distinta, principalmente
porque, en lugar de tener una sola centralidad,
se observa una tendencia al policentrismo
(Marmolejo, Echavarría y Biere, 2016).
En el mismo tenor, el funcionamiento del
centro urbano entra en crisis debido: a) al uso
excesivo de diversos destinos del suelo, b)
la saturación derivada del comercio formal
e informal, c) el deterioro de las estructuras
arquitectónicas, d) la falta de inversión económica
en infraestructura y equipamiento, y e) la pérdida
de significado para sus ciudadanos; de este modo
surge la policentralidad por la necesidad de
desplazar funciones y actividades en búsqueda de
mejores servicios, infraestructura y equipamiento,
surgiendo nuevos subcentros especializados,

denominados nuevas centralidades (Link, 2008;
Mayorga y Fontana, 2012). Por otra parte,
Marmolejo, Ruiz y Tornés (2015) emplean el
término policentricidad o ciudad polinuclear para
referenciar una estructura urbana descentralizada
en la que existen múltiples subcentros que surgen
como respuesta al debilitamiento del centro
urbano tradicional, que antes concentraba la
mayoría de los servicios, actividades económicas
y funciones urbanas
Por lo anterior, las nuevas centralidades,
reconocidas como el policentrismo, de acuerdo
con Fernando Carrión (2001), surgen a partir de
las crisis generadas por la incontrolada expansión
urbana que se caracteriza por causas exógenas y
centrífugas. Como alternativa a la mitigación de
algunos efectos negativos, surge en la planeación
urbana la tendencia de reconfigurarse al interior.
En este sentido, el policentrismo desde la
perspectiva de Carrión (2001) es entendido como
un sistema interconectado, que admite varios
centros desarrollados al interior de las ciudades.
Según White (1999), Gallo y Garrido (2012),
existen dos categorías de policentrismo: exógeno
y endógeno. En el primero se predetermina la
existencia de los subcentros que surgen a raíz de
la descentralización del empleo y se predicen sus
efectos sobre la: a) localización de la población,
b) renta del suelo y c) movilidad hogar-empleo
(White, 1999); entre los autores que han realizado
este tipo de trabajos se encuentran: White (1976,
1990), Sullivan (1986), Hotchkiss y White
(1993) y Ross y Yinger (1995) (citados en Muñiz,
Galindo y García, 2005). El caso del modelo
policéntrico endógeno estudia la localización de
empresas y trabajadores para determinar donde
establecer el subcentro de empleo especializado
(White, 1999); entre los autores que han realizado
este tipo de trabajos se encuentran: Fujita y
Ogawa (1982), Palivos y Wang (1996) y Berliant
et al (2002) (citados en Muñiz et al, 2005).
Así mismo, existe un debate entre autores que
cuestiona en qué medida la cantidad de subcentros
de empleo logra mejorar la movilidad. Algunos
especialistas se inclinan a favor del policentrismo
bajo el argumento de eficientización de tiempos
de traslado por la proximidad con las potenciales
fuentes de trabajo (Levinson y Kumar, 1994);
Pengjun Zhao y Bin Lu (2011) en su estudio
Managing urban growth to reduce motorised
travel in Beijing: one method of creating a
low-carbon city, llegan a la conclusión de que
13

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existe una correlación positiva en atención a
los viajes no motorizados de hogar-empleo. Por
otra parte, algunos autores juzgan la eficiencia del
policentrismo para la movilidad bajo el argumento
de que la generación de subcentros atraerá viajes
de todas partes de la ciudad, generando largos
desplazamientos de origen-destino (Bertaud, 2018;
citado por López-García y Gómez-Álvarez, 2022).
La composición del policentrismo se debe
a cuatro causas: 1) procesos de coalescencia,
2) procesos de descentralización, 3) accidentes
históricos y 4) incremento de complejidad (Boix
y Trullén, 2012). A continuación se explica cada
una de ellas.
1. Proceso caracterizado por el aumento en la
interacción entre los centros principales de diferentes
áreas urbanas, propiciando la integración de estas
en una zona metropolitana con múltiples centros.
Para Champion (2001) existen dos procesos: a)
la incorporación que se da cuando subcentros
independientes se incorporan a un sistema producto
de la expansión del centro principal; b) la fusión
como producto de una expansión simultanea de las
áreas de influencia de diferentes subcentros.
2. Este se produce por la migración de una
parte de la población o actividades económicas,
repartiéndose
hacia
otros
asentamientos
cercanos. Desde una perspectiva económica
este proceso se puede dar por la aparición de
deseconomías de aglomeración en el CBD,
mientras que las economías de aglomeración en
los subcentros aumentan (Ogawa y Fujita, 1980).
Desde la perspectiva social este proceso se da
por la migración de la población desde el centro
principal hacia los subcentros.
3. De acuerdo con Krugman (1991; citado por
Boix y Trullén, 2012) este se da por la expansión
simultánea pero independiente de las actividades
industriales en subcentros cercanos; en una fase
inicial este proceso se lleva a cabo de manera
autónoma, mientras que en una fase más avanzada
se muestra una sinergia entre subcentros.
4. Este se produce por la aparición
de subcentros en los sistemas urbanos en
consecuencia de su proceso evolutivo. Peter
Allen (1994) a través de la teoría de los sistemas
complejos los concibe como autoorganizados,
en constante cambio y permanente desequilibrio
con múltiples trayectorias posibles. En otro orden
de ideas, cuando los sistemas urbanos alcanzan
determinado tamaño empiezan a aparecer
subcentros como reconfiguradores del sistema.

En el mismo marco, existen diferentes
conceptualizaciones del policentrismo. Desde el
punto de vista de Muñiz et al (2005) se define
como el proceso de transición que sufre una ciudad
caracterizada por la existencia de un centro de
empleo, hacia una en la que coexisten múltiples
centros de empleo, sin importar su jerarquización.
En otro orden de ideas, el policentrismo surge
principalmente de la descentralización del
empleo.
Este mismo concepto es abordado desde el
ámbito teórico por Boris Graizbord (2008) como
un modelo de estructura urbana que presenta
descentralización, dispersión y es conformado
por múltiples centros. La constante expansión
de las ciudades y su consecuente incremento
poblacional generan varios centros de empleo
fuera de su centro tradicional, para evitar largos
desplazamientos en el viaje al trabajo y por
ende el congestionamiento vial, encausando en
la conformación de una estructura policéntrica,
conformada por subcentros (Graizbord, 2008).
Es decir, las ciudades pasan por un proceso
donde gradualmente se van alejando de una
estructura monocéntrica y configurando nuevos
centros urbanos en diferentes espacios del
territorio urbano, sin importar que estos efectos
sean simultáneos (Rojas et al, 2009). En este
contexto, de acuerdo con Rafael Boix y Joan
Trullén (2012), una ciudad policéntrica es aquella
en la que coexisten múltiples centros, lo contrario
a la estructura monocéntrica.
En otro orden de ideas, el policentrismo es
el resultado de la descentralización del empleo
producto de las deseconomías de aglomeración
intensificadas por el crecimiento de las ciudades,
deviniendo en una relocalización de actividades
comerciales y de servicios que conforman nuevos
centros urbanos (Fuentes y Hernández, 2015).
Por último, se distinguieron conceptos
empleados por diversos autores para hacer
referencia a una ciudad en la que coexisten
múltiples centros. La tabla 1 muestra estos
conceptos y la descripción según los autores (ver
en la siguiente página).

14

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Tabla 1. Conceptos que hacen alusión al policentrismo

Fuentes: Elaboración propia a partir de Erikson (1986), Becerril-Padua (2000) y Fuentes (2001), Link
(2008), Marmolejo, Ruiz y Tornés (2015), y Fuentes y Hernández (2015)

2.1 Escalas espaciales del policentrismo

están a menos de 40 kilómetros del centro principal
(Muñiz, Galindo y García-López, 2003; Muñiz et
al, 2014; en Navarro et al, 2023).
A pesar de ello, se identifican tres comunes
denominadores entre las diferentes clasificaciones
que engloban las escalas espaciales anteriormente
mencionadas: escala urbana, escala metropolitana
y escala regional. Además, emplean prefijos
‘intra’ e ‘inter’ para precisar si la escala se
aplica dentro de una misma área —intraurbana,
intrametropolitana— o entre diferentes áreas —
interurbana, interregional—. Estos prefijos ayudan
a diferenciar entre los subcentros que existen en
una sola área urbana y los que se relacionan entre
varias ciudades o regiones, lo cual es crucial para
una comprensión precisa del policentrismo. A
continuación, se describe cada escala.
Escala Urbana. Se refiere a ciudades que
contienen múltiples centros dentro de su área
edificada, los cuales pueden variar en ubicación,
función y antigüedad. Estos centros pueden estar
localizados tanto en la periferia como dentro
del área central, rodeando al centro principal
de la ciudad; pueden surgir por el crecimiento
urbano y, en algunos casos, son antiguos núcleos
urbanos que fueron integrados por la expansión
del centro tradicional. Así mismo, los centros
se pueden clasificar en segundo o tercer orden
según el número y la variedad de funciones2 que
ofrezcan; los centros de segundo orden suelen
ofrecer una mayor concentración y diversidad
de funciones, mientras que los de tercer orden

El policentrismo, entendido como la distribución
de varios centros de actividad dentro de un área
determinada, ha sido estudiado desde diferentes
escalas espaciales. Davoudi (2003) menciona que
es importante determinar la escala al analizar el
policentrismo, ya que puede tener significados
distintos según el nivel de referencia en que se
aplica; en este sentido, el autor las clasifica en
tres: escala intraurbana, escala interurbana y
meganivel. Por otro lado, Boix y Trullen (2012)
proponen una clasificación más detallada,
sugiriendo que cada escala permite abordar el
fenómeno del policentrismo de manera más
precisa; las escalas propuestas por los autores son
las siguientes: intraurbana, intrametropolitana,
intrarregional y las macroescalas1.
Por otra parte, Navarro, Muñiz y GómezMaturano (2023) han abordado el fenómeno desde
dos escalas espaciales: la escala regional y la escala
metropolitana. La primera de ellas se refiere áreas
más amplias que pueden incluir varias ciudades
grandes y medianas; el área cubierta por esta escala
puede tener un radio mayor a 200 kilómetros, lo
que implica una interacción entre varias ciudades
o centros urbanos dentro de esa región. La segunda
escala es más pequeña y se enfoca en el área urbana
que rodea a una ciudad principal, es decir, el radio
de cobertura es menor, generalmente no supera
los 60 kilómetros; este tipo de policentrismo es
común en ciudades que tienen subcentros o áreas
de actividad económica, la mayoría de las cuales

1

Incluyen estructuras de gran tamaño, como mega-regiones y países.

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son más específicos. Por último, la manifestación
del policentrismo en la escala urbana varía según
el tamaño de la ciudad; en ciudades intermedias3
pueden existir pocos centros, mientras que en
grandes ciudades la estructura puede incluir muchos
centros a una mayor complejidad (Pérez, 2021).
Escala Metropolitana. Se refiere a la
configuración de áreas urbanas en torno a una
ciudad central de gran tamaño, junto con otras
ciudades más pequeñas que, aunque pueden estar
físicamente separadas o conurbadas, mantienen
una relación funcional con la ciudad principal.
Esta relación puede ser de complementariedad —
cuando las ciudades menores ofrecen servicios,
empleos o funciones que complementan las de
la ciudad central— o de competencia —cuando
las ciudades compiten entre sí en aspectos como
economía, servicios o infraestructuras—. Por
último, dentro del área metropolitana no solo
se encuentran ciudades secundarias de mayor
tamaño, sino también asentamientos urbanos y
rurales menores que forman parte del territorio,
como pequeños poblados rurales (Pérez, 2021).
Escala Regional. A menudo se confunde la
escala metropolitana con la regional debido a la
relación funcional entre los diferentes centros
urbanos. Mientras que una escala metropolitana
se basa en delimitaciones político-administrativas
que le otorgan un carácter oficial, la escala regional
no necesariamente sigue estas delimitaciones,
lo que puede dar lugar a interpretaciones más
amplias y flexibles. En este sentido, la escala
regional puede abarcar áreas de menor tamaño que
un área metropolitana, pero también puede incluir
varias áreas metropolitanas en una misma región;
esto implica que una región se puede componer
por diferentes centros urbanos, creando una red de
interacción y complementariedad entre ellos, que
inclusive pudiera considerar una región global con
alcances a nivel internacional (Pérez, 2021).

una significación espacial, el centro es entendido
como la capacidad de un lugar de atraer e influir
en un área geográfica o ámbito espacial más
amplio (Mariscal y Montaño, 2018). En este
marco, el centro actúa como nodo estratégico en
la organización territorial, conectando recursos,
actividades y población mediante su capacidad
de atracción e interconexión.
Por otra parte, a partir de una visión geográfica,
el término centro se utiliza para identificar
diferentes tipos de lugares que ocupan posiciones
clave y desempeñan roles de influencia en
diversos contextos urbanos y rurales. Panerai y
Mangin (2002) destacan tres ámbitos: 1) el centro
como un área importante dentro de la ciudad
distinguida por su carácter concentrador de
actividades comerciales, financieras, culturales y
administrativas; 2) la ciudad principal dentro de
un aglomerado urbano, ya sea a escala urbana,
metropolitana o regional, que actúa como el núcleo
en torno al cual otras ciudades se organizan; 3) en
un contexto rural, el centro se interpreta como el
pueblo que asume el rol principal frente a otras
comunidades más pequeñas en su entorno. En el
mismo tenor, los centros son espacios que logran
generar una red de relaciones con su entorno,
expandiendo su impacto y relevancia a una zona
que va más allá de su núcleo central, tanto en
ámbitos urbanos como rurales.
Con base en las premisas anteriores, el centro
no es simplemente un punto geográfico o un
lugar específico, sino una condición espacial de
interacción que se define por su capacidad de
atraer, concentrar, y conectar actividades, personas
y flujos, generando redes que lo vinculan al entorno
y amplían su área de influencia.
Los centros urbanos siempre han tenido un
papel fundamental al concentrar actividades
comerciales, sociales, administrativas y de
transporte (Beaujeu-Garnier y Chabot, 1970; en
Paris, 2013); esto convierte al centro en un punto
esencial para la vida urbana, donde la diversidad
de funciones encuentra su máxima expresión. Así
mismo, se configuran como espacios polivalentes
con una gran riqueza de valores y significados
(Montaner, 2008; en Paris, 2013); es decir, que
representan una parte esencial de la identidad,

3. El papel del centro en las ciudades
La capacidad de influencia y jerarquía de un
centro van en función de sus características y
de la conectividad con otros espacios (Mayorga
y Fontana, 2012). Bajo esta perspectiva, desde

2

Servicios, comercio, administrativo, cultural, educativo, etc.
“Son localidades urbanas cabeceras dentro de un sistema metropolitano, en el cual su función como ciudad central se asemeja más a la
de una ciudad más grande” (Navarro et al, 2023, p. 6).
3

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historia y cultura de las ciudades. A lo largo
del tiempo, las interacciones entre edificios,
multitudes y fuerzas económicas han modificado
tanto la estructura como el aspecto físico de los
centros (Paris, 2013).
En otro orden de ideas, los centros urbanos
son espacios complejos y multifuncionales,
cargados de significados históricos y culturales,
que evolucionan con las actividades y relaciones
humanas que allí se desarrollan. Al mismo
tiempo, son tanto contenedores de actividades
esenciales como espacios vivos en constante
transformación.
Sin embargo, el papel del centro ha dejado
de ser exclusivo. En lugar de mantenerse
concentrado en un solo lugar, se ha dispersado
por el territorio, dividiéndose y multiplicándose
en pequeños centros especializados (Mayorga
y Fontana, 2012); este cambio ha impulsado
la necesidad de estudiar la centralidad no
solo desde la perspectiva de un lugar físico
específico, sino como un valor o sistema
de valores, desvinculando así su carácter
original y dispersando las funciones centrales
(Paris, 2013). En otras palabras, el centro ha
experimentado una transformación gradual,
perdiendo progresivamente la conexión entre
su estructura y función original (Beuf, 2020),
debido al traslado de funciones centrales desde
el centro consolidado hacia diversas áreas
del territorio, dando lugar a la aparición de
centralidades alternativas y contribuyendo a la
formación de una estructura urbana policéntrica
(Pérez, 2021).

jerárquica según su nivel de especialización
o escasez (Beuf, 2020). Para Lefebvre (1970;
en Paris, 2013), la centralidad es un fenómeno
dinámico y social, caracterizado por el flujo
de personas y la acumulación de actividades y
objetos que le dan significado. Es una calidad
viviente que cualquier lugar puede alcanzar a
través de las interacciones humanas y el cambio
constante, y no simplemente un espacio definido
en el espacio.
La centralidad no está limitada únicamente
a los lugares ya establecidos como centros, sino
que también tiene el potencial de desarrollarse en
áreas periféricas o menos centrales del sistema
urbano, sin perder la importancia del centro
histórico (Hillier, 1933; en Diaz, 2017), es
decir, que el centro histórico coexiste con otros
centros emergentes. En el mismo tenor, Mayorga
y Fontana (2012) explican que la centralidad
se refiere a la cualidad de ser centro; es un
atributo que ciertos espacios urbanos poseen,
permitiéndoles destacar y asumir un papel central
en el contexto de la ciudad.
Este concepto abarca la capacidad de atraer
flujos con el propósito de satisfacer necesidades y
tiene la facultad de satisfacer la demanda interna
de aquellos que residen y consumen en la misma
área (Christaller, 1933; citado en Marmolejo
et al, 2015); implica la habilidad de un lugar
para fungir como centro, siendo reconocido,
utilizado o apropiado socialmente como un punto
de encuentro (Mayorga y Fontana, 2012). En
esencia, se caracteriza como un proceso dinámico
en el que convergen aspectos socioeconómicos
y espaciales, permitiendo distinguir un lugar
específico dentro de su entorno (Zilhão, 2012; en
Paris, 2013).
Existen diferentes factores que pueden ser
detonantes de nuevas centralidades; Verónica
Díaz (2017) menciona los siguientes:
1. Accesibilidad y visibilidad. Las nuevas
centralidades requieren áreas suficientemente
grandes, bien conectadas y accesibles para
distintos medios de transporte. Se enfatiza que
deben ser seguras e integradoras, además de
que su desarrollo debe contemplarse a corto o
mediano plazo.
2. Proyectos urbanos atractores. Se destaca
la importancia de los proyectos de gran escala
(instituciones médicas, comerciales, deportivas,
educativas, entre otros) que funcionen como
atractores de centralidad y diversidad de usos,

4. La centralidad como cualidad del espacio
urbano
Al igual que con el centro, desde una significación
geométrica, la centralidad puede ser entendida
como la ubicación geométrica de un punto
central en determinado espacio, sin embargo,
desde el ámbito urbano a través de la economía,
la centralidad se refiere a la capacidad de un
centro para actuar como núcleo de atracción y de
influencia en el espacio circundante (Beuf, 2020).
Históricamente, el concepto de centralidad
tiene origen en 1933 a través de la teoría del
lugar central desarrollada por Walter Christaller,
donde la define como la capacidad de una ciudad
para actuar como proveedor regional de bienes
y servicios que son distribuidos de manera
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integrando espacios públicos y privados de
calidad, según las necesidades e intereses de los
habitantes.
3. Preexistencia de atractores y calidad
del entorno urbano. La existencia de espacios
públicos de calidad, actividades comerciales
y naturales o patrimoniales relevantes (como
parques, plazas, áreas verdes, frentes de agua) son
esenciales para reforzar la centralidad. Además,
los espacios deben ser accesibles y respetar las
relaciones de proximidad para distintas escalas
urbanas, favoreciendo el movimiento peatonal.
4. Comprensión de las dinámicas del mercado.
La consciencia del mercado de suelo por parte de
las autoridades permite anticipar el crecimiento
urbano, gestionar el suelo y, en algunos casos,
planificar o expropiar áreas específicas para el
desarrollo de nuevos centros.
5. Condiciones estructurales previas. La
formación de centralidades puede ser viable en
zonas que ya posean algunos de estos elementos
o un potencial favorable. Esto no implica
que todas las condiciones deban cumplirse
simultáneamente, sino que ciertas condiciones
clave puedan fomentar el desarrollo de nuevos
centros.
En el mismo marco, los cambios en la
centralidad afectan la estructura territorial.
La evolución de la centralidad, en función
de los cambios históricos y espaciales, puede
reestructurar las ciudades hacia un modelo
policéntrico, con varios centros interrelacionados
que reorganizan el territorio (Beuf, 2020). Es
decir, a medida que la centralidad se modifica, la
organización espacial y jerárquica de una ciudad
también se transforma.
A su vez, Olivares (2021) menciona que
existen dos formas de concebir la centralidad
urbana y su evolución en el tiempo. 1) La
centralidad tradicional, que hace alusión al centro
histórico de la ciudad y que ha sido catalogado
tradicionalmente como el punto de convergencia
y la referencia simbólica de la ciudad, donde
se encuentran edificios históricos, plazas, y
monumentos que narran el desarrollo urbano
a través del tiempo. 2) Los nuevos espacios de
centralidad que representan áreas que surgen en

respuesta al crecimiento y diversificación de las
ciudades en contextos modernos, generando una
estructura policéntrica.
En virtud de lo anterior, a pesar de que el
centro y la centralidad se relacionan entre sí,
son conceptos diferentes. El centro se refiere
al lugar físico dentro de la ciudad, es decir, el
espacio de convergencia donde se concentran
personas, actividades y recursos; es el espacio
tangible donde la sociedad urbana interactúa. Por
otra parte, la centralidad se refiere al potencial
o capacidad de un centro de concentrar, atraer
y ofrecer una diversidad de bienes, servicios y
recursos urbanos en distintos puntos de la ciudad,
denominados centralidades, lo que implica la
existencia de múltiples centros con diversidad
de funciones (Beuf, 2020). En este sentido, el
centro es el espacio físico donde se concentran las
actividades urbanas, mientras que la centralidad
es una cualidad que describe la capacidad de ese
lugar —o varios lugares— de atraer y concentrar
actividades y servicios.
4.1 Clasificación de centralidades
De acuerdo con la teoría de los lugares centrales,
los bienes y servicios se organizan en niveles
jerárquicos que determinan cómo y dónde se
ubican, resaltando que hay dos tipos principales
de centros, diferenciados por los servicios que
ofrecen. 1) los centros de primer nivel concentran
los comercios de proximidad dispersos en el
territorio a distancias relativamente cortas entre
sí; 2) los centros de segundo nivel concentran
las actividades más especializadas, como
servicios médicos, universidades o servicios
administrativos, separados por distancias
mayores en un área regional (Christaller, 1933;
en Beuf, 2020).
Además de un centro principal reconocido
como el núcleo de mayor jerarquía, Dematteis
(1966; en Díaz, 2017) sugiere que éste no es
exclusivo de una gran ciudad, sino que cualquier
espacio, ya sea rural o urbano, con función de polo
puede tener un papel central si tiene la capacidad
de atraer y concentrar influencia en su entorno,
incluso más allá de sus límites geográficos; estos

4

Acrónimo de “Casa de Acogida, Formación y Empoderamiento para Mujeres y Familias Migrantes y Refugiadas” (CAFEMIN).
Organización No Gubernamental (ONG). El albergue se ubica en la calle Florencio Constantino 251, colonia Vallejo, alcaldía Gustavo A.
Madero (Ciudad de México).

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centros se dividen en dos tipos: 1) los subcentros
extraurbanos que son aquellos ubicados fuera del
área urbana, en regiones rurales independientes
de la ciudad central, pero con suficiente influencia
para extender su impacto hacia el territorio
circundante, y; 2) los subcentros intraurbanos se
encuentran dentro la misma aglomeración urbana
y operan como polos secundarios, atrayendo
actividades y personas y desempeñando un rol
importante en la distribución de servicios y
funciones dentro de la ciudad.
Barocchi (1984) identifica tres tipos
principales de centralidades: 1) el centro
histórico que representa el núcleo fundacional
de la ciudad; 2) los centros extraurbanos,
ubicados fuera del área urbana y con una función
específica, y; 3) los centros especializados, que
concentran actividades de un tipo en particular.
Así mismo, Beaujeu-Garnier plantea tres tipos de
centralidades: 1) el centro histórico que representa
el núcleo tradicional; 2) el centro tipológico que
incluye diferentes tipos de funciones, y; 3) el
centro de negocios que representa una zona de
actividad económica. Además, el autor resalta que
las características de estos centros son visuales,
estructurales o funcionales, y están influenciadas
por factores económicos, técnicos y políticos.
En el mismo tenor, Flores (2001) clasifica las
centralidades según la cantidad y exclusividad
de las funciones urbanas que ofrecen. De esta
manera, el centro principal, considerado como
el más jerárquico, es aquel que concentra todas
las funciones urbanas, algunas de las cuales no
se pueden encontrar en ningún otro centro de
la ciudad, lo que hace que su área de influencia
abarque toda la ciudad, otorgándole la cualidad
de atender necesidades de gran alcance y atraer
personas desde cualquier lugar de la ciudad.
Por otro lado, los centros de menor jerarquía
ofrecen menos funciones urbanas y su área de
influencia es más limitada, es decir, a medida
que disminuyen las funciones que pueden cubrir,
también disminuye su área de influencia, hasta
llegar a nivel de centro de barrio o colonia.
Para Panerai y Mangin (2002), los centros
pueden dividirse en tres categorías principales,
cada una con características y roles específicos
en la estructura urbana. 1) los centros históricos,
que se caracterizan por su valor patrimonial
y su permanencia en el tiempo; 2) los centros
corredor, que se ubican en zonas modernas de
la ciudad y se alinean a lo largo de grandes vías

de transporte, fungiendo como estructuradores
de una red de relaciones urbanas y fomentando
la actividad social y económica de estas zonas;
3) los grandes centros comerciales, que se
establecen estratégicamente en el territorio y
buscan competir con los otros tipos de centros,
atrayendo consumidores mediante un oferta
variada de servicios y productos.
Por otra parte, Link (2008) se enfoca en la idea
de múltiples centros especializados, es decir, en la
existencia de varios centros dentro de la ciudad,
cada uno con funciones específicas; estos centros
se pueden especializar en diferentes sectores,
como comercio, industria, servicios o residencias,
y cada uno surge de procesos diferentes. A su vez,
Carrión (2008) describe tres tipos de centralidades
históricas en una ciudad, cada una definida por las
funciones que ha acumulado a lo largo del tiempo
y por el contexto en que surgieron:
1. Centralidad fundacional: se originó con las
primeras ciudades como un espacio central de
carácter disciplinador y civilizatorio, vinculado
a la conquista y colonización. Su símbolo es la
plaza pública, representando el poder estatal y
lo público. Esta centralidad tiene un alto valor
histórico, concentrando gran parte de la historia
urbana en un espacio reducido y habiendo sido
inicialmente el núcleo total de la ciudad.
2. Centralidad funcional: esta surge en un
contexto de crecimiento urbano y se caracteriza
por una alta densidad de funciones (comerciales,
empresariales, de servicios) en una ciudad
policéntrica y expansiva. Su símbolo es el mall
comercial, representando un espacio cerrado
gestionado desde el sector privado. Esta
centralidad busca integrar funciones económicas
y servicios, respondiendo a las necesidades de
una sociedad urbana cada vez más segregada y
compleja.
3. Centralidad temática: refleja las demandas
de la ciudad global e informacional. Con menor
conexión histórica, se enfoca en funciones que
permiten la articulación global, actuando como
un nodo en redes internacionales. Su símbolo
son los artefactos de la globalización y su gestión
se basa en la cooperación público-privada. Más
que ser un centro de la ciudad, se convierte en
un punto clave para conectar la ciudad con otros
lugares a nivel mundial.
Verónica Díaz (2017) caracteriza la centralidad
como una fuerza centrípeta de actividades
económicas dentro de la ciudad; estos espacios
19

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son considerados importantes ya que son
concentradores de diversas actividades que
dinamizan el entorno urbano. Así mismo define
cinco clasificaciones de centralidad:
1. Centralidad fundacional. Se refiere al centro
histórico o núcleo fundacional de la ciudad.
2. Centralidad lineal. Áreas que se extienden a
lo largo de una vialidad principal o corredor.
3. Centralidad de servicios básicos. Lugares
donde predominan los servicios necesarios para
la vida cotidiana.
4. Centralidad potencial. Espacios que tienen
el potencial de desarrollarse como centralidades
en el futuro.
5. Centralidad de débil polaridad. Pequeñas
centralidades dentro de colonias que ofrecen
servicios y actividades locales.

En resumen, la clasificación jerárquica de un
centro urbano se define por la variedad y exclusividad
de funciones que concentra, determinando así
su área de mercado y su capacidad de atraer a la
población en distintos grados de cercanía.
Con base en las premisas anteriores, la tabla
2 muestra la clasificación de las centralidades
urbanas de acuerdo con su orden jerárquico. El
término ‘centro’ se usa como referencia general
a todas las centralidades dentro del área urbana;
sin embargo, el centro suele hacer alusión al lugar
más jerárquico —el centro principal, fundacional
o histórico—, mientras que el subcentro designa a
lugares de menor jerarquía que se pueden localizar
dentro del área urbana o se pueden extender hacia
zonas fuera de los límites de la ciudad.

Tabla 2. Clasificación de centralidades

Fuentes: Elaboración propia a partir de Christaller (1933), Dematteis (1966), Barocchi (1984), Flores
(2001), Panerai y Mangin (2002), Carrión (2008) y Díaz (2017)

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5. El subcentro urbano: nuevas centralidades

Así mismo, existen polaridades secundarias
que pueden surgir en la ciudad como subcentros
que complementan y expanden las funciones
del centro principal. De acuerdo con Panerai y
Mangin (2002), estos detonantes de subcentros
pueden manifestarse a través de: a) centros de
barrio de pequeña escala que sirven a necesidades
locales dentro de los mismos barrios; b) pequeños
ejes comerciales con comercio de proximidad que
concentran servicios y bienes de uso cotidiano; c)
nuevos centros administrativos, concentradores
de funciones de administración que antes eran
exclusivas del centro principal; d) centralidades
emergentes de reconocimiento limitado, pero
con el potencial de convertirse en subcentros o
integrarse a los centros ya establecidos.
Por otra parte, Mario Paris (2013) propone el
término ‘lugar de centralidad’ que, a diferencia
del centro tradicional, se refiere a espacios
alternativos o no convencionales donde se
concentran funciones centrales de la ciudad
y suelen ubicarse en áreas que anteriormente
no se consideraban para funciones centrales,
como: zonas de reciente urbanización, espacios
fragmentarios y contenedores modernos.

La centralidad puede ser entendida de dos maneras.
La primera de ellas hace referencia a la cualidad
de los lugares de ser un espacio de referencia
dentro del área urbana, como se explicó en el
apartado anterior; mientras que la otra se refiere
a los lugares donde se concentran actividades
o servicios, denominando a estos lugares como
‘centralidades emergentes’, entendidas como las
áreas que concentran diversas funciones centrales
y que poseen un alto nivel de accesibilidad,
estimulando la interacción y participación de las
personas que las visitan (Paris, 2013), por ser
espacios que adquieren relevancia a través de la
concentración de funciones.
El poder de estimulación de estos espacios,
de acuerdo con Castello (2010), depende de
la interacción entre las personas y su entorno,
relacionado con valores socioculturales —
narrativa, historia y tradición de los lugares—;
morfológico-imaginarios —la capacidad de
evocar valores vinculados al diseño y forma
del espacio—, y; funcionales de percepción —
basados en los servicios que ofrecen, ligados a la
experiencia sensorial del espacio—. Es por ello
que, hoy en día algunos centros históricos han
perdido esta capacidad de atracción y estimulación
al transformarse en espacios musealizados, que
son preservados pero carentes de vida social o
alguna función.
Otros autores también usan el término de
subcentros para referirse a las centralidades
emergentes. Según estudios de Anas, Arnott y
Small (1997), basados en ejemplos de Estados
Unidos, existen dos tipos de subcentros: los
primeros corresponden a antiguas ciudades
independientes que se fueron integrando
gradualmente en la ciudad principal conforme
se expandía, de este modo se integran como
parte del área urbana de la ciudad principal,
funcionando como subcentros; los segundos se
refieren a aquellos que se desarrollan en los nodos
de una red de conexiones, generalmente alejadas
del centro tradicional, actuando como centros
funcionales denominados ciudades periféricas;
ambos tipos de subcentros complementan el
centro principal, pero varían en su origen y
relación. Por otra parte, Davoudi (2003) concibe
los subcentros como aquellos centros secundarios
cuyo funcionamiento se mantiene vinculado al
del centro fundacional.

6. Reflexiones finales
El policentrismo en ciudades grandes es un
fenómeno definido como el proceso por el cual
una ciudad pasa de tener un solo centro de empleo
a una estructura donde varios centros coexisten,
producto de la descentralización del empleo o la
integración de centros preexistentes (Muñiz et al,
2005). Estos subcentros de empleo desarrollan
economías de escala y aglomeración que mejoran
la proximidad a los consumidores, logrando
una dispersión; cada subcentro contribuye a la
desconcentración del empleo y ofrece acceso
al trabajo, comercio y recreación (BecerrilPadua, 2000). En este debate se reconoce que
las áreas metropolitanas están cambiando sus
formas urbanas, alejándose del monocentrismo y
adoptando estructuras policéntricas con múltiples
subcentros.
En un contexto nacional, hasta antes del
siglo XX, las ciudades medias mexicanas
experimentaron un crecimiento y una organización
centrada en un único núcleo urbano; durante
este periodo, el centro de la ciudad concentraba
la mayoría de las actividades económicas y
sociales. Sin embargo, con el paso del tiempo,
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Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

particularmente desde el siglo XX, este patrón
comenzó a cambiar con el surgimiento de nuevos
ejes periféricos y suburbanos que transformaron
de manera significativa la estructura y el
funcionamiento urbano de estas ciudades.
En este marco, incluso las ciudades intermedias
y medianas ya no pueden explicarse adecuadamente
bajo el modelo monocéntrico. Esta teoría, que se
basaba en un único centro alrededor del cual se
organizaba toda la actividad urbana, es insuficiente
para describir la ocupación y el ordenamiento
del espacio urbano contemporáneo. El modelo
monocéntrico se limita a explicar el crecimiento
de las ciudades en un momento específico y bajo
condiciones muy concretas, lo cual no es aplicable
al contexto actual.
En la actualidad, la dinámica de las ciudades
mexicanas muestra una dispersión de actividades
y unidades económicas. Estas ya no se concentran
exclusivamente en el centro tradicional, sino que
se han distribuido a lo largo de distintos puntos de
la ciudad. Este fenómeno se debe, en gran parte,
a la mayor accesibilidad proporcionada por el uso
generalizado del automóvil y la construcción de
grandes infraestructuras viales, que han generado
nuevas ventajas de localización (Alegría, 2020).
Como resultado, han surgido subcentros
urbanos que compiten directamente con el centro
histórico, lo que ha disminuido su primacía. Esta
tendencia hacia la descentralización y la creación
de múltiples polos de actividad económica es
una evidencia clara del policentrismo que ahora
caracteriza a muchas ciudades mexicanas. De
esta manera, la estructura urbana actual se aleja
del modelo monocéntrico y refleja una nueva
forma de organización espacial basada en la
diversificación y dispersión de las actividades en
el territorio urbano.
La definición del concepto de policentrismo
está condicionada según el lugar, la escala y el tipo
de análisis; sin embargo, es de suma importancia
aclarar estos aspectos para dar por entendido a que
tipo de policentrismo se está haciendo alusión. En
este sentido, la escala juega un papel determinante
al momento de definirlo, ya que de ésta depende
la delimitación del área de estudio, es decir, si se
trata de un área urbana, un área metropolitana, una
región o un conjunto de ellas.
En el mismo tenor, se encontraron diferentes
términos empleados para hacer referencia a una
estructura urbana con la existencia de múltiples
centros; en la literatura consultada se encontraron

los siguientes: a) policentrismo (Fuentes y
Hernández, 2015), b) policentralidad (Link,
2008), c) polinuclear, policentricidad (Marmolejo
et al, 2015), d) multicéntrico (Fuentes, 2001),
(Becerril-Padua, 2000) o e) multinuclear
(Erikson, 1986; en Boix y Truillén, 2012).
La mayoría coincide en que el concepto
empleado está relacionado con la escala:
1) policentrismo es empleado para escalas
grandes, como metropolitanas y regionales; 2)
multicéntrico es empelado para escalas chicas,
como la intraurbana. Sin embargo, considera
importante emplear el término de policentrismo,
debido al gran aporte bibliográfico que tiene
dicho término.
Además, la mayoría de los estudios sobre
policentrismo se desarrollan en escalas urbanas
amplias, como la metropolitana o la regional.
No obstante, resulta relevante impulsar
investigaciones futuras a escala intraurbana
en ciudades intermedias, con el propósito de
examinar los procesos internos que acompañan la
transición de una estructura urbana monocéntrica
a policéntrica. Esto se debe a que, en ciudades
grandes o megaciudades, dicho fenómeno ya se
encuentra consolidado mediante la existencia de
múltiples centralidades dentro del área urbana.

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Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos, Revista de la Facultad de Arquitectura, Universidad Autónoma de Nuevo León
Año 15. Número 15. abril 2025 - abril 2026, pp. 25-34 | ISSN: 2448-8399

Incluir para habitar: repensar el espacio público como
escenario de apropiación y diversidad, en el Norte de México
Include to inhabit: rethinking public space as a stage for appropriation and
diversity in Northern Mexico
Natalia Marina Ibarra Quiroz1
Julián Blanco Luna2

Resumen

Abstract

Este artículo examina el espacio público como
escenario de inclusión en contextos urbanos del
norte de México, particularmente en el municipio
de Cajeme, Sonora. Desde una perspectiva
crítica y multidisciplinaria, se argumenta que la
apropiación comunitaria del entorno urbano no
solo fortalece el sentido de pertenencia, sino que
también constituye un acto de resistencia frente a
modelos urbanos excluyentes. A través del análisis
de casos como la Plaza de Cócorit, el Parque de
los Pioneros y un sendero informal, se evidencia
cómo las prácticas cotidianas resignifican
el espacio más allá de sus atributos físicos,
generando inclusión a través de interacciones
sociales, culturales e identitarias. Se concluye que
la inclusión es un proceso dinámico que depende
de la participación comunitaria, la flexibilidad
espacial y el reconocimiento de la diversidad
como valor urbano.

This article explores public space as a setting for
inclusion in urban contexts of northern Mexico,
particularly in the municipality of Cajeme, Sonora.
From a critical and multidisciplinary perspective,
it argues that community appropriation of urban
environments not only reinforces a sense of
belonging but also represents a form of resistance
against exclusionary urban models. Through
case studies such as the Plaza de Cócorit, the
Parque de los Pioneros, and an informal dirt
path, the study shows how everyday practices
re-signify space beyond its physical attributes,
generating inclusion through social, cultural,
and identity-based interactions. It concludes that
inclusion is a dynamic process dependent on
community participation, spatial flexibility, and
the recognition of diversity as an urban value.

Palabras Clave:

Keywords:

espacio público; inclusión; apropiación

public space; inclusion; appropriation

1

Adscripción: Arquitecta por la Universidad de las Américas Puebla. Estudiante de la Maestría en Ciencias con Orientación en Diseño
y Gestión de la Arquitectura en Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Profesora de asignatura en la
UANL. Nacionalidad: mexicana. Correo electrónico: natalia.ibarraq@uanl.edu.mx
2
Adscripción: Arquitecto por la Facultad de Ingeniería, Ciencias y Arquitectura de la Universidad Juárez del Estado de Durango.
Maestro en Arquitectura por la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad Autónoma de Baja California. Doctor en Arquitectura
y Asuntos Urbanos por la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Profesor de asignatura en la UANL.
Candidato a Investigador Nacional por el Sistema Nacional de Investigadores (SNI-CANDIDATO). Nacionalidad: mexicana. Correo
electrónico: jblancol@uanl.edu.mx

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1. Introducción

a sus cualidades para representar las formas
de apropiación comunitaria en contextos
caracterizados por limitaciones, desigualdad
y/o diversidad cultural. El trabajo de campo se
sustentó en técnicas de observación directa con
distintos grados de participación, permitiendo
documentar las prácticas cotidianas, las dinámicas
de interacción y los usos simbólicos que los
habitantes imprimen a estos espacios.
Los hallazgos muestran que la inclusión no
depende únicamente de factores físicos o estéticos,
sino de la capacidad de los espacios para generar
pertenencia, facilitar interacciones plurales y
reflejar identidades colectivas (Harvey, 201; Soja,
2014). Incluso en contextos con limitaciones de
infraestructura o seguridad, los espacios públicos
pueden convertirse en generadores de cohesión
social, desafiando barreras socioespaciales y
promoviendo ciudades más humanas y justas.

Las ciudades no son solo configuraciones físicas,
sino que representan un proceso dinámico producto
y reflejo de las relaciones sociales, culturales e
identitarias que las moldean (Lefebvre, 1974).
Más allá de su materialidad, son escenarios donde
se negocian identidades, se disputan derechos y
se construyen significados colectivos que reflejan
la pluralidad de sus habitantes (Delgado, 1999).
Sin embargo, los paradigmas de planificación
urbana modernos, enfocados en la racionalización
del espacio y la movilidad vehicular privada, han
fragmentado la experiencia urbana, promoviendo la
privatización y la exclusión de grupos vulnerables,
como comunidades indígenas, personas con
discapacidad o sectores marginados (Gehl, 2010;
Blanco, 2007). Este contexto exige repensar el
espacio público como un lugar de inclusión, donde
la apropiación comunitaria y la diversidad sean
ejes de una convivencia equitativa (Jacobs, 1961;
Sim, 2019).
Por lo anterior, se propone una revisión crítica del
potencial del espacio público como un escenario de
inclusión a través de la apropiación. Por tal motivo,
el objetivo general del texto se centra en interpretar
la influencia de los procesos de apropiación
comunitaria como factores que posibilitan la
inclusión en el espacio público, identificando las
dinámicas sociales, culturales y simbólicas que se
definen a partir del uso cotidiano de un grupo de
espacios públicos situados en el norte de México,
específicamente en el municipio de Cajeme, Sonora.
El desarrollo del estudio se fundamenta
en un enfoque metodológico cualitativo, pues
se reconoce la necesidad de una comprensión
profunda de los significados construidos por los
usuarios en su entorno (Álvarez-Gayou, 2014),
ya que, como señalan Denzin y Lincoln (2012),
este enfoque se distingue por su carácter abierto,
flexible y reflexivo, lo que posibilita ampliar la
visión sobre la complejidad de las experiencias
sociales. Por tal motivo se adoptó una estrategia
metodológica centrada en el estudio de casos, lo
cual permitió abordar fenómenos específicos en
su contexto, privilegiando una mirada holística
sobre las dinámicas de uso y los procesos de
significación en los espacios públicos (Neiman &amp;
Quaranta, 2014).
La selección de los casos —la Plaza de
Cócorit, el Parque de los Pioneros y un sendero
informal en los márgenes urbanos— respondió

2. El espacio público:
un constructo social en disputa
Henri Lefebvre sostiene que el espacio urbano
es una construcción activa, moldeada por
relaciones económicas, políticas y culturales
que determinan su acceso y uso. A partir de
Foucault (1977), los espacios públicos pueden
describirse como mecanismos de control,
regulando comportamientos mediante diseños
rígidos o vigilancia. Por ende, el espacio público
es producto de las interacciones sociales y las
dinámicas de poder que dan sentido a las ciudades
(Lefebvre, 1974).
Gaston Bachelard (1958) aporta una
perspectiva fenomenológica, ya que los espacios
públicos adquieren significados identitarios
a través de las experiencias vividas. Estos
espacios reflejan memorias y aspiraciones
colectivas, fortaleciendo la conexión emocional
de los habitantes con su entorno. Sin embargo, en
muchas ciudades modernas, la privatización de
plazas, parques y calles, junto con la priorización
del automóvil, ha fragmentado el tejido social,
restringiendo el acceso de comunidades marginadas
(Sennett, 1977; Giglia, 2003; Kuri, 2015).
Esta exclusión es especialmente marcada
en América Latina, donde la segregación
socioespacial margina a sectores vulnerables,
como comunidades indígenas o personas con
discapacidad (Brun &amp; Chauviré, 1961; Castel,
1995; López Martínez, 2018). Harvey (1977)
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Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

argumenta que el urbanismo capitalista perpetúa
desigualdades, lo que convierte al espacio público
en un campo de disputa entre intereses privados y
necesidades colectivas.
Soja (2014) añade que estas dinámicas
consolidan jerarquías socioespaciales, alejando a
los grupos marginados de los beneficios urbanos.
Frente a esto, el autor propone la justicia espacial
como un enfoque para priorizar la equidad,
reconfigurando el acceso y uso del espacio público.
Así, el espacio público emerge como un constructo
en constante negociación, donde las tensiones
entre exclusión e inclusión son centrales.
Jane Jacobs (1961) sostiene que la vitalidad
urbana depende de la diversidad de usos y los
“ojos en la calle”, es decir, de la seguridad
natural que se genera a partir de la presencia
constante de personas en el espacio, lo que
genera además cohesión mediante interacciones
espontáneas. William Whyte (1980) destaca
que los espacios públicos exitosos invitan a la
permanencia, reflejando las dinámicas cotidianas
de sus usuarios.
Jan Gehl (2010) propone “ciudades para la
gente”, donde el diseño fomente la caminata, la
socialización y la apropiación. David Sim (2019),
en Soft City, aboga por entornos “suaves”—
flexibles y centrados en la escala humana—que
promuevan la inclusión de grupos diversos.
Estas visiones subrayan la capacidad del espacio
público para acoger la pluralidad, siempre que se
priorice la flexibilidad.

En estos enfoques resalta el potencial del
espacio público como instrumento para la
inclusión urbana, por lo que la apropiación
espacial emerge como un proceso transformador.
El concepto de "Post-it City" (La Varra, 2005;
CCCB, 2005) describe ocupaciones efímeras,
como mercados o eventos culturales, que desafían
la privatización y desvelan necesidades sociales.
Blanco-Luna (2025) complementa esta idea,
argumentando que las prácticas temporales generan
significados duraderos a través de su recurrencia,
reterritorializando el espacio público.
Lo anterior mantiene relación con Harvey
(2012), quien enmarca la apropiación del espacio
como un acto de resistencia que empodera a
las comunidades para moldear sus entornos.
Norah Rabotnikof (2005) y Henaff &amp; Strong
(2001) describen el espacio público como un
“lugar común” donde la apropiación fomenta
la democracia y la cohesión social (Rabotnikof,
2005; Henaff &amp; Strong, 2001). Estas dinámicas
posicionan al espacio público como un escenario
de disputa, donde la inclusión se construye
mediante acciones colectivas que resignifican el
entorno.
3. La inclusión a través de la apropiación:
más allá de lo físico
La apropiación de los espacios públicos mediante
prácticas espontáneas y temporales se erige como
una forma de resistencia que fomenta inclusión,
entendida como la capacidad de un espacio para
facilitar la participación equitativa de diversos
grupos, incluidos los vulnerables, superando
barreras socioespaciales a través de dinámicas
sociales, culturales e identitarias (Madanipour,
2010; Rabotnikof, 2005).
Lefebvre (1974) describe la apropiación
como un acto de resignificación que permite
a los habitantes transformar el espacio según
sus necesidades e identidades. Esta idea se
entrelaza con el concepto de “derecho a la
ciudad”, introducido por Lefebvre (1968) y
desarrollado por Harvey (2012), que plantea que
los ciudadanos deben desempeñar un rol activo
en la configuración de sus entornos (Lefebvre,
1974; Harvey, 2012).
La inclusión, en este contexto, implica que
el espacio público sea un lugar donde diferentes
grupos —jóvenes, ancianos, comunidades
indígenas, personas con discapacidad— puedan

Figura 1. Actividades de interacción y ejercicio en el
Parque de los Pioneros. Obregón, Sonora

Fuente: Elaboración propia, 2025

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interactuar, expresarse y sentirse representados.
Sim (2019) argumenta que los espacios “suaves”
son particularmente inclusivos porque su
flexibilidad permite usos múltiples, desde mercados
improvisados hasta eventos culturales, adaptándose
a las demandas cambiantes de los usuarios.
Por ejemplo, una plaza abierta puede convertirse
en un escenario para festividades, un lugar de
descanso o un espacio de protesta, acogiendo a
diversos actores sociales. Jacobs (1961) refuerza esta
idea, destacando que la diversidad de usuarios genera
vitalidad y seguridad, ya que la presencia de múltiples
perspectivas fortalece la resiliencia del espacio.
Sin embargo, la inclusión no depende
exclusivamente de un diseño físico bien ejecutado.
Bachelard (1958) subraya que los espacios
adquieren valor a través de los significados
emocionales que los habitantes les atribuyen,
como recuerdos colectivos o prácticas culturales.
Un parque puede ser estéticamente modesto, pero
puede tener un alto valor simbólico para una
comunidad, si se genera un sentido de pertenencia
al anclar territorialmente recuerdos y tradiciones
que son independientes de las características
físicas y el mobiliario urbano.
Whyte (1980) añade que los espacios públicos
inclusivos son aquellos que responden a las
necesidades cotidianas, como descansar, socializar
o jugar, permitiendo que personas de diferentes
orígenes encuentren un propósito común. Gehl
(2010) complementa esta visión, proponiendo
que el diseño debe priorizar la accesibilidad
funcional y emocional, asegurando que todos los
usuarios puedan participar plenamente.
La inclusión también se nutre de conexiones
sociales que trascienden las barreras físicas.
Soja (2014) argumenta que los espacios
públicos inclusivos son aquellos que desafían
las jerarquías socioespaciales, permitiendo
que grupos marginados reclamen su lugar en la
ciudad. Por ejemplo, un espacio que fomenta
encuentros intergeneracionales e interculturales
puede reducir prejuicios y fortalecer la cohesión
social. Project for Public Spaces (2018) destaca
que la participación comunitaria en la gestión de
los espacios públicos —como organizar eventos
o decidir usos— empodera a los habitantes y
refuerza su sentido de propiedad. En este sentido,
la apropiación no solo transforma el espacio
físico, sino que construye puentes entre personas,
promoviendo una ciudad más equitativa
(Rabotnikof, 2005).

La inclusión a través de la apropiación
implica trascender la caracterización del espacio
a partir de sus elementos físicos, y reconocer el
valor de las prácticas sociales como eje rector
de los procesos de significación. En contextos
con recursos limitados, como muchas ciudades
latinoamericanas, los habitantes encuentran
formas creativas de habitar el espacio, desde
ocupar terrenos baldíos hasta convertir calles
en lugares de encuentro (Delgado, 1999). Estas
prácticas desafían las narrativas que asocian
la inclusión con infraestructura moderna,
demostrando que lo esencial es la relevancia
del espacio para la comunidad (Sim, 2019).
La resistencia, en este caso, se manifiesta en la
capacidad de las personas para reclamar el espacio
público como un derecho colectivo, incluso frente
a limitaciones estructurales (Harvey, 2012).
4. Inclusión en entornos diversos
El municipio de Cajeme, en el sur de Sonora,
México, ofrece un escenario ideal para explorar
cómo la apropiación fomenta la inclusión. Con
aproximadamente 450,000 habitantes, Cajeme
combina una herencia rural con un crecimiento
urbano acelerado, centrado en Ciudad Obregón,
su cabecera. La región es culturalmente diversa,
hogar de comunidades Yaquis, migrantes de otras
partes de México y una economía basada en la
agricultura y el comercio. Sin embargo, como
muchas ciudades intermedias de América Latina,
enfrenta retos como la segregación socioespacial,
infraestructura desigual y percepciones de
inseguridad en algunos espacios públicos (Kuri,
2015; López Martínez, 2018). A pesar de estas
limitaciones, los habitantes de Cajeme han
transformado diversos entornos a través de la
apropiación, demostrando que la inclusión puede
darse en contextos adversos, surgiendo como
desafíos que se asimilan y resuelven desde la
comunidad.
4.1 Inclusión a través de la identidad cultural
La Plaza de Cócorit, ubicada en una comunidad
Yaqui, ilustra cómo la apropiación cultural genera
inclusión. Este espacio podría ser escenario de
ceremonias tradicionales, como las danzas de
Pascola, mercados semanales o encuentros diarios
entre vecinos. Estas prácticas no solo refuerzan
la identidad Yaqui, sino que crean un entorno
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donde ancianos, jóvenes y familias convergen,
compartiendo historias y valores. La plaza, con
su diseño simple de áreas abiertas, permite usos
flexibles que responden a las necesidades de la
comunidad, desde celebraciones hasta reuniones
informales.
Lo que hace inclusiva a la Plaza de Cócorit
no es su infraestructura o mobiliario urbano, sino
su capacidad para reflejar la diversidad cultural
de sus usuarios. La participación de diferentes
generaciones y la integración de tradiciones locales
generan un sentido de pertenencia que trasciende
las posibles carencias materiales. Incluso si la
plaza carece de iluminación o mantenimiento
constante, su uso activo demuestra que la inclusión
surge de las conexiones sociales y culturales, no
de estándares urbanos convencionales.

4.2 Inclusión recreativa y social
El Parque de los Pioneros, en Ciudad Obregón,
representa un ejemplo de inclusión a través de la
apropiación recreativa, al ser un espacio donde
familias, niños y adultos mayores se reúnen
para caminar, jugar o participar en eventos
comunitarios, como ferias o clases al aire libre.
La presencia de bancas, senderos y áreas verdes
facilita interacciones espontáneas, mientras que
la colaboración vecinal en su cuidado refleja un
sentido de apropiación del espacio.
Aunque el parque podría enfrentar problemas
típicos de Cajeme, como mantenimiento irregular
o inseguridad percibida, su uso activo por parte de
diversos grupos —desde niños hasta abuelos— lo
convierte en un espacio inclusivo. La clave está
en su capacidad para responder a necesidades
recreativas y sociales, permitiendo que personas
de diferentes edades y orígenes encuentren
un lugar en él. La inclusión aquí surge de la
vitalidad que los habitantes aportan al espacio,
transformándolo en un punto de encuentro plural.

Figura 2. Actividades culturales; bailables folklóricos
de adultos mayores en la Plaza de Cócorit, Sonora

Figura 4. Actividades de esparcimiento y convivencia
en el Parque de los Pioneros. Obregón, Sonora

Fuente: Elaboración propia, 2021
Figura 3. La batucada tocando dentro del marco de
las actividades de la Semana Santa en la Plaza de
Cócorit, Sonora

Fuente: Elaboración propia, 2025

Fuente: Elaboración propia, 2025

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4.3 Inclusión en la espontaneidad

Figura 6. Actividades de andar en bicicleta en un
camino de terracería de Cócorit

Un ejemplo menos convencional es un camino de
terracería en las afueras de Cócorit, apropiado por
los habitantes como un andador para la actividad
física. Este sendero, originalmente un camino
de terracería, funge como un espacio público
donde las personas caminan, conversan y se
conectan con el entorno rural. Sin diseño formal
ni infraestructura sofisticada, el camino adquiere
significado a través de su uso colectivo, ilustrando
cómo la apropiación espontánea genera inclusión.
El camino se convierte en un “espacio público
insurgente” (Hou, 2010) donde se articulan
expresiones y relaciones socio-espaciales que
surgen de manera alternativa, el espacio adquiere
nuevas posibilidades, en contraste con la tipología
de espacio público que es regulado, controlado y
mantenido exclusivamente por el estado.
Figura 5. Personas realizando actividades físicas como
correr y caminar, así como paseando a sus mascotas,
en un camino de terracería de Cócorit, Sonora

Fuente: Elaboración propia, 2025

La práctica de caminar en grupo por las tardes
podría fomentar una percepción de seguridad
colectiva, desafiando las narrativas que asocian
los espacios no diseñados con el riesgo. Este
camino, usado por vecinos de diferentes edades y
contextos, demuestra que la inclusión no requiere
intervención urbana formal, sino un espacio
que sea relevante para la comunidad (Soja,
2014). La simplicidad del camino permite que
cualquiera participe, desde jóvenes corriendo,
adultos mayores paseando, niños que pedalean en
bicicleta, crean un entorno donde la diversidad es
un activo.
4.4 Inclusión pese a los retos
El contexto de Cajeme resalta que la inclusión
no exige condiciones ideales. La inseguridad
percibida, común en muchas ciudades mexicanas,
no impide que los habitantes usen activamente
los espacios públicos. Las familias que visitan
el Parque de los Pioneros o los caminantes del
sendero de terracería generan seguridad a través
de su presencia colectiva, alineándose con la
idea de Jacobs de “ojos en la calle” (1961). La
diversidad cultural de Cajeme, con comunidades
Yaquis y migrantes, enriquece estos espacios,
permitiendo que múltiples identidades coexistan
(Sim, 2019).

Fuente: Elaboración propia, 2025

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Lo anterior coincide con lo planteado por
Shaw y Sivam (2015), quienes destacan que el uso
temporal y activo del espacio público (incluso en
condiciones de precariedad o abandono), puede
incrementar la percepción de seguridad mediante
la ocupación visible y constante. La presencia
de personas en el entorno, al activar espacios
vacantes o espacios infrautilizados, propicia la
generación de masa crítica, lo que fortalece la
seguridad, y a su vez, estimula nuevas formas de
apropiación y permanencia.
Como señala Rios (2010), los entornos urbanos
adaptados para el uso cotidiano no necesariamente
requieren infraestructura formal, como el caso del
camino de terracería, que se convierte en espacio
activo al encontrar los habitantes las condiciones
mínimas para ejercer su cotidianidad.
Los habitantes transforman plazas, parques
y caminos en lugares de encuentro, mostrando

que la inclusión es un proceso activo, impulsado
por la creatividad y el compromiso comunitario
(Harvey, 2012). Estos casos, muestran cómo
la apropiación convierte el espacio público en
un reflejo de la diversidad y las necesidades de
sus usuarios, para Franck y Stevens (2006) esta
condición puede comprenderse como “loose
spaces”, espacios urbanos que han sido apropiados
por los ciudadanos para ejercer actividades no
establecidas por un programa determinado.
En síntesis, a partir del análisis de los casos
mencionados, queda en evidencia que la inclusión
es un proceso dinámico y multifactorial (véase
tabla 1), donde lo físico solo es un elemento
dentro de la ecuación. En este sentido, se entiende
que la inclusión, en última instancia, es un acto de
apropiación colectiva que transforma el espacio
público en un reflejo de la pluralidad humana.

Tabla 1. Elementos que posibilitan la inclusión en el espacio público

Fuentes: Elaboración propia, 2025

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La inclusión en los espacios públicos del norte
de México trasciende los factores físicos, como
el diseño o la infraestructura, y se arraiga en la
apropiación y las dinámicas socioespaciales que
emergen de las prácticas comunitarias. En este
sentido, dada la complejidad de la inclusión,
las estrategias de diseño deben centrarse en las
particularidades de cada contexto.
La inclusión requiere del reconocimiento de
las dinámicas socioespaciales específicas, como
los patrones de uso, las interacciones sociales
y los significados culturales que dan vida a los
espacios (Rabotnikof, 2005). La Plaza de Cócorit
en Cajeme no sería considerada inclusiva bajo
criterios estrictos de infraestructura, pero su
uso activo para fiestas del pueblo y encuentros
diarios la convierte en un espacio de pertenencia
y cohesión (Soja, 2014).
Esta perspectiva se enriquece con la noción
de Blanco-Luna (2025) sobre la permanencia
de lo efímero, donde actividades temporales (de
naturaleza efímera), generan significados duraderos
a través de su recurrencia y reterritorialización. Los
tianguis o mercados sobre ruedas, por ejemplo,
transforman espacios vacantes en puntos de
encuentro intercultural, desafiando narrativas de
exclusión mediante su carácter cíclico y adaptable.

En una interpretación de Gehl (2010), los
espacios inclusivos equilibran actividades necesarias
(ej. esperar el autobús, comprar), opcionales
(ej. pasear, descansar), y sociales (ej. conversar,
eventos culturales), atrayendo a diversos usuarios
y fomentando la vitalidad urbana. En los casos
analizados, destaca el valor de la espontaneidad
como detonante de actividades sociales.
Estas dinámicas ilustran que la inclusión
no surge de soluciones prediseñadas, sino de la
capacidad de los espacios para responder a las
necesidades y significados de las comunidades,
un proceso que Blanco-Luna describe como un
bucle de realimentación donde las actividades
temporales fortalecen su conexión con el espacio
a través de ciclos de presencia y ausencia.
Este enfoque coincide con la idea de Sim
(2019) de una “ciudad suave”, donde los espacios
se adaptan a las necesidades cambiantes de los
usuarios, y con Jacobs (1961), quien destaca la
diversidad y la espontaneidad como pilares de la
vitalidad urbana (Sim, 2019; Jacobs, 1961). La
Macroplaza de Monterrey, por ejemplo, no solo
es un espacio diseñado para grandes eventos, sino
un lugar donde las protestas, conciertos masivos,
comercio y las reuniones informales coexisten,
reflejando las dinámicas socioespaciales de una
ciudad industrial y diversa.
En Cócorit, el camino de terracería usado
como andador para la actividad física, ilustra
cómo un espacio sin intervención formal puede
convertirse en un punto de encuentro gracias a las
prácticas cotidianas de los habitantes. Reconocer
estas dinámicas implica aceptar que no existe
una fórmula única para la inclusión; cada espacio
público debe ser comprendido en función de
las relaciones sociales, culturales y económicas
que lo configuran, permitiendo que las políticas
urbanas sean sensibles a las realidades locales
(Rabotnikof, 2005; Blanco-Luna, 2025).
La apropiación, como proceso de resignificación,
permite a las comunidades transformar espacios
percibidos como inseguros o segregados en lugares
de participación y encuentro. Este proceso no
solo refuerza el sentido de pertenencia, sino que
consolida el derecho a la ciudad como un acto
colectivo de resistencia y creatividad (Harvey,
2012). Los casos analizados muestran que la
inclusión es un proceso dinámico, donde la
flexibilidad, la accesibilidad y la participación
comunitaria son fundamentales para construir
ciudades más equitativas y humanas.

Figura 7. Personas realizando actividades económicas
en el “Tianguis de la California”, un mercado que
se realiza todos los viernes en la calle California, en
Cajeme, Sonora

Fuente: Elaboración propia, 2024

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5. Reflexiones finales
Repensar el espacio público como un escenario
de inclusión y apropiación implica reconocer
su capacidad para unir a las personas en su
diversidad. Los ejemplos de la Plaza de Cócorit,
el Parque de los Pioneros y el camino de terracería
en Cajeme muestran que la inclusión no depende
de infraestructura perfecta ni de seguridad
absoluta, sino de espacios que sean significativos,
conectados y relevantes para sus usuarios. Estas
prácticas —desde ceremonias culturales hasta
caminatas vespertinas— desafían las dinámicas
de exclusión y privatización, consolidando el
derecho a la ciudad como un proyecto colectivo
(Lefebvre, 1968, citado en Lefebvre, 1974;
Harvey, 2012).
Este artículo resalta la creatividad de las
comunidades para transformar sus entornos,
incluso en contextos desafiantes como el de
Cajeme. La literatura, sugiere que las ciudades
habitables son aquellas que abrazan la diversidad
y empoderan a sus habitantes. Los espacios
públicos inclusivos no solo acogen a todos, sino
que permiten que cada persona deje su huella,
convirtiendo el acto de habitar en una expresión
de resistencia, pertenencia y esperanza (Soja,
2014; Delgado, 1999).

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Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos, Revista de la Facultad de Arquitectura, Universidad Autónoma de Nuevo León
Año 15. Número 15. abril 2025 - abril 2026, pp. 35-45 | ISSN: 2448-8399

El barrio Gualupita en Cuernavaca: arquitectura,
paisaje e identidad
The Gualupita barrio in Cuernavaca: architecture, landscape and identity
Natalia García Gómez1
Patrizia Granziera2
Ma. Guadalupe Medina Márquez3

Resumen

Abstract

En este trabajo se presenta el estudio del
patrimonio cultural del asentamiento ancestral
conocido como barrio Gualupita, ubicado en
la ciudad de Cuernavaca, México. El objetivo
es examinar algunos de los rasgos identitarios
de carácter material e inmaterial que subsisten
en la arquitectura patrimonial, en el paisaje y
en la relación que éstos guardan con algunos
grupos sociales. El crecimiento urbano de
Cuernavaca alcanzó la demarcación del barrio,
transformándolo intensamente, sobre todo a
partir de inicios del siglo XX. Dada la antigüedad
de los primeros asentamientos humanos que se
tiene registro y lo poco que se conserva de ellos,
las alteraciones y las pérdidas irreparables de
su patrimonio cultural han sido significativas.
Aquí se analiza esta problemática con base en
las transformaciones del entorno de un jardín
histórico del barrio y de la evolución y el contexto
arquitectónico de dos monumentos históricos
erigidos a finales de los siglos XVIII y XIX e
inicios del XX. Asimismo, se explora la relación
de este patrimonio cultural con algunos grupos de
la sociedad actual del barrio, y su contribución en
la construcción de la identidad de Gualupita.

This paper presents a study of the cultural heritage
of the ancestral settlement known as Gualupita
barrio, located in the city of Cuernavaca, Mexico.
The objective is to examine some of the material
and immaterial identity features that persist in
the heritage architecture, the landscape, and the
relationships these maintain with certain social
groups. Cuernavaca's urban growth reached
the boundaries of the barrio, transforming it
profoundly, particularly since the beginning of
the 20th century. Given the antiquity of the first
recorded human settlements and the limited
extent of their existence, the alterations and
irreparable losses of its cultural heritage have been
significant. This issue is analyzed here based on
the transformations of the surroundings of a
historic garden in the barrio and the evolution
and architectural context of two historic
monuments erected in the late 18th and 19th
centuries and the beginning of the 20th century.
The relationship of this cultural heritage with
certain groups in the barrio's current society and
its contribution to the construction of Gualupita's
identity is also explored.

Palabras Clave:

Keywords:

patrimonio arquitectónico; jardín histórico; identidad

architectural heritage; historic garden; identity

1

Adscripción: Facultad de Arquitectura, Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Cuernavaca, Morelos, México.
Nacionalidad: mexicana. Correo electrónico: natalia.garcia@uaem.mx
2
Adscripción: Facultad de Artes, Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Cuernavaca, Morelos, México.
Nacionalidad: italiana. Correo eletrónico: patgranz@gmail.mx
3
Adscripción: Facultad de Arquitectura, Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Cuernavaca, Morelos, México.
Nacionalidad: mexicana. Correo electrónico: guadalupe.medina@uaem.mx

35

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Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

Introducción

Gualupita. Se hace una breve caracterización con
el fin de examinar su diseño original y los cambios
que han experimentado. En la segunda sección
se describe la transformación del entorno natural
de los manantiales, llamados Ojos de Gualupita,
en un parque público; un jardín histórico que fue
idílico y ha perdido muchos de sus elementos
naturales y de su diseño original significativos. En
la última parte se presentan algunos referentes de
grupos sociales y oriundos del barrio que guardan
una estrecha relación con los bienes culturales que
tuvieron un papel protagonista en la historia estatal
y nacional, en calidad de símbolos históricos que
son parte de su identidad.
El conocimiento y difusión de estos
bienes patrimoniales desde una perspectiva
multidisciplinar, como la que se expone en
este trabajo, contribuye a valorarlos de manera
más integral y da importancia a su mejor
aprovechamiento y disfrute por parte de los
habitantes locales y visitantes, evidenciando
la necesidad de su cuidado y mantenimiento
continuo. Este enfoque multidisciplinar puede
considerarse como un primer paso para realizar
investigaciones de mayor profundidad y amplitud,
de carácter interdisciplinar, que contribuyan a
un mejor entendimiento de los problemas de
conservación y a la búsqueda de soluciones para
la adecuada preservación del patrimonio cultural
de los barrios de Cuernavaca y, en particular, el
de Gualupita.

Los primeros asentamientos humanos del barrio
Gualupita datan de la época prehispánica y,
aunque existe poca información de su condición
a la llegada de los españoles en el siglo XVI,
sabemos que el sitio prevaleció durante ese
periodo. Debido a su antigüedad, Gualupita
tiene una riqueza cultural e importancia histórica
relevante para la ciudad de Cuernavaca, sin
embargo, el crecimiento urbano ha transformado
su entorno y ha favorecido el deterioro y la
pérdida de los legados materiales e inmateriales
desde su fundación en la época prehispánica, y
durante los periodos virreinal e independiente.
Las actividades comunitarias desarrolladas en el
contexto de los bienes culturales inmuebles aún se
conservan, como las que se realizan en la iglesia
parroquial o en el parque público, evidenciando su
importancia en el fortalecimiento de la cohesión
social y territorial.
En este artículo se explora la transformación
de esos ejemplos relativamente recientes del
patrimonio cultural de finales del siglo XIX
e inicios del XX que aún están en uso o que
forman parte del paisaje construido del barrio,
y su vínculo con la praxis de personas y grupos
sociales que conforman, expresan y mantienen la
identidad del barrio.
Para lograr el objetivo se recurrió a información
documental histórica, registros antiguos fotográficos
y contemporáneos para estudiar las transformaciones
en los casos de estudio. Adicionalmente se
realizaron levantamientos arquitectónicos y se
obtuvo información técnica del proyecto de obras
hidráulicas antiguas, arquerías y estructuras de
mampostería para identificar las bases del diseño
del acueducto, el templo y el parque público.
La información de los grupos sociales y su
relación con el barrio se obtuvo a través de la
técnica de observación participante; se asistió a
eventos sociales y culturales en el parque Melchor
Ocampo, a conferencias del cronista del barrio,
Juan José Landa, entrevistas a personas residentes
y personas que habitan en otras colonias de la
ciudad de Cuernavaca y desempeñan una labor
de gestoría cultural altruista por la recuperación
principalmente del parque.
En la primera parte se abordan dos
construcciones catalogadas por el Instituto
Nacional de Antropología e Historia (INAH)
como monumentos históricos inmuebles de

Antecedentes históricos
El barrio Gualupita está ubicado al nororiente del
zócalo de Cuernavaca, Morelos, México (Figura
1), en una zona que tenía abundante vegetación,
lomeríos y fuentes de agua intactas o con pocos
cambios hasta el siglo XIX. A inicios del siglo
siguiente ya se localizaba en la periferia de la
ciudad, aunque aún había corrientes de agua
y manantiales, entre los que destacan los siete
manantiales conocidos como Ojos de Gualupita
(Gutiérrez, 2003). En 1932 se realizaron
excavaciones arqueológicas en los límites del
barrio que permitieron identificar algunas fases
de ocupación durante la época prehispánica
(Vaillant, 1934). Una de ellas, datada en el
Preclásico Medio (1200-500 a. C.), se relaciona
con la cultura Olmeca (Córdova, 2002); y la otra,
vigente a la llegada de los españoles en el siglo
XVI, con la cultura Tlahuica. Durante el periodo
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Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

colonial, Gualupita llamó la atención por sus
manantiales, por lo que las nuevas autoridades
dirigieron el cauce del agua construyendo canales
para el riego de cultivos e hicieron un acueducto
a nivel de piso para llevar agua a lo que para
entonces era la Villa de Cuernavaca. Hay vestigios
de este acueducto en la barranca de Amanalco,
donde la cruza paralelamente al puente Oacalco,
hoy llamado puente Carlos Cuaglia. En el lugar
de las excavaciones arqueológicas, conocido
como Tejería Vieja, había restos de una fábrica de
ladrillos y tejas al momento de las excavaciones.
Al lado, en un predio de 14 hectáreas, se estaba
edificando en ese tiempo el hotel Casino de la
Selva, cuyas obras sepultaron lo que quedaban de
la fábrica y de los vestigios arqueológicos hallados
por la familia Vaillant en 1932 (Grove, 2010).
El crecimiento urbano del barrio se intensificó
a partir del siglo XX, cuando se construyeron
grandes tiendas departamentales en el sitio de los
trabajos arqueológicos de 1932. Previamente, el
INAH realizó labores de salvamento mediante
sondeos, excavaciones, registros y relleno
de zanjas para proteger nuevos hallazgos
que consistieron en muros de mampostería
y cimientos de viviendas prehispánicas del
Preclásico (Córdova, 2002).

Históricos Inmuebles (INAH, 2014), son: la sección
de un acueducto elevado del siglo XVIII, el templo
parroquial, finalizado a inicios del siglo XX, y cinco
casas habitación de los siglos XIX y XX. Además,
el primer parque público de la ciudad, llamado
parque Melchor Ocampo, declarado Patrimonio
Cultural del Municipio de Cuernavaca en el año
2020 (Ojeda, 2021), forma parte esencial de los
espacios públicos del barrio. En este trabajo se
han tomado como casos de estudio el parque,
la sección del acueducto elevado y el templo.
Las características y transformaciones de
este patrimonio inmueble, en uso continuo
actualmente, nos ayudan a identificar cómo, a
pesar del menoscabo de sus valores intrínsecos,
continúan siendo relevantes para la vida
comunitaria, pues además de su utilidad, son
parte relevante del patrimonio histórico y el
paisaje construido; es decir, son elementos
vinculantes en la conformación y la continuidad
de la identidad del barrio.
Los manantiales conocidos como Ojos de
Gualupita fueron una de las fuentes de agua que
abastecieron en siglos pasados a la población
de Cuernavaca (Robelo, 1894) y a la hacienda
azucarera de Amanalco (Von Mentz y Pérez,
1998). Como se comentó previamente, desde
el siglo XVI ya había un canal siguiendo la
trayectoria del puente Oacalco, hoy puente
Carlos Cuaglia (Estrada, 1997), alimentado por
un apantle procedente de Gualupita que seguía
el contorno de las colinas que había a su paso.
Posteriormente, cuando la ciudad creció y requirió
mayor caudal, desde los manantiales partía un

El acueducto novohispano y el templo del
siglo XIX
Las construcciones antiguas que han sobrevivido
a los cambios del entorno natural y el crecimiento
urbano en Gualupita, catalogadas como Monumentos

Figura 1. Ubicación del barrio Gualupita. Cuernavaca, México

Fuentes: Elaboración propia con base en Google Maps

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acueducto subterráneo con dos arquerías en las
hondonadas, cuya trayectoria se observa en un
plano levantado en 1866 por el ingeniero Rafael
Barberi (MMOB, 1866), como se observa en la
Figura 2, cuando el barrio aún estaba separado
de la traza urbana de Cuernavaca. Una de estas
arquerías está ubicada en Gualupita y, aunque no
hay certeza del año de su construcción, se tiene
referencia del acaudalado minero Juan de la Borda
o de su hijo Manuel, como posibles financiadores
de las obras a finales del siglo XVIII (Estrada,
1994). La familia Borda requería agua suficiente
para regar los amplios jardines y llenar un gran
estanque de su casa inaugurada en 1774 cerca del
zócalo de la ciudad (Estrada, 1994).

La arquería de Gualupita tenía siete arcos, pero
ante el crecimiento urbano sólo se conservan
cuatro de ellos, el resto quedó integrado entre
las nuevas edificaciones (Figura 3 y Figura
4, ver sig. pág.). La rosca de cada arco es de
ladrillos colocados de canto en forma radial,
apoyados sobre pilares de sección cuadrangular;
los tímpanos son de conglomerado de mortero
y piedras volcánicas irregulares; el canal, de 35
cm de lado, tenía una cubierta para resguardar
el agua de la intemperie (Figura 5, ver sig. pág.)
y pendiente aproximada de 0.2%, suficiente
para el flujo constante de agua por gravedad,
sin dañar el canal por fricción, ni permitir el
estancamiento del líquido (Hodge, 1995).

Figura 2. Plano de la ciudad de Cuernavaca 1866: manantiales (1), trayectoria del
acueducto subterráneo (2), casa borda (3) y exconvento franciscano (4)

Fuentes: Mapoteca Manuel Orozco y Berra

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Figura 3. Configuración original del acueducto elevado de Gualupita, indicando las
secciones que quedaron entre las nuevas construcciones. Cuernavaca, México

Fuentes: Elaboración propia
Figura 4. Vista de los siete arcos originales del
acueducto de Gualupita

Figura 5. Anónimo. Acueducto de Gualupita.
Fotografía. 1850-1900

Fuente: Acervo Fotográfico Antigua Academia de San
Carlos Acervo UNAM

Fuente: Tulane University Digital Library – The Latin
American Library

El arco del medio punto fue el más común
en las arquerías antiguas de mampostería, pero
se usaron los arcos elípticos o carpanel cuando
había una calle amplia o para abrir el paso al agua
de un río (Perronet, 2005) se conserva a la misma
altura, tal y como lo observamos en el acueducto
de Gualupita. Uno de sus arcos tiene perfil
carpanel con más del doble de la luz que los arcos
de medio punto, para permitir el tránsito de lo que
fue un camino rural (Figura 6) y en la actualidad,
una calle con constante paso de vehículos que lo
dañan frecuentemente.
Cuando se construyó el acueducto se
empezaban a conocer los principios de la estática,
pero aún se empleaban criterios tradicionales de
tipo geométrico para proyectar los acueductos,
con los que se obtenía la anchura de las pilas
y el peralte de los aristones (Huerta, 1999). Si
exploramos estos criterios en el ancho de los
pilares de la arquería de Gualupita, encontramos
que los arcos semicirculares tienen 1/5 de la luz,
una proporción que se ajusta a la recomendada
por Alberti (2007). En el arco carpanel, el

ancho del pilar es de aproximadamente 1/12 de
la luz, ajustándose al criterio dado por Perronet
(Perronet, 2005) en el siglo XVIII. En García
(2024) hay una explicación más amplia de estas
características del acueducto de Gualupita.
Figura 6. Casasola. Hombre a caballo frente al
“acueducto”. Fotografía de 1930. Cuernavaca, México

Fuente: Fototeca Nacional INAH - Colección Archivo
Casasola

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Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

Por su parte, la iglesia del barrio, actualmente
bajo la advocación del Señor de la Resurrección
y Santa María de Guadalupe, fue construida en
el siglo XVIII, según información del Catálogo
de Monumentos Históricos Inmuebles (INAH,
2014); sin embargo, los registros fotográficos
muestran que en 1906 aún no se concluían las
torres y tenía una techumbre provisional de
madera y teja (Figura 7), por lo que podemos
considerarla de finales del siglo XIX e inicios
del XX, quizás ampliada a partir de un diseño
previo del siglo XVIII. Está desplantada sobre
una pequeña loma que fue seccionada para dar
paso a una calle en la parte trasera del templo,
donde se ubica el ábside. Al frente hay un atrio
de medianas proporciones por el que se accede
a las oficinas y salones parroquiales. Aunque
ha tenido varias remodelaciones, su tipología
constructiva conserva las características de la
arquitectura religiosa de los siglos XVIII y XIX.
Inicialmente tuvo muros sin contrafuertes y una
cubierta de madera y tejas, como se observa en
las Figuras 4 y 7. Esa techumbre fue sustituida
por la bóveda de mampostería actual, de cañón
corrido con lunetos. Consta de una sola nave, con
el presbiterio al oriente, un coro alto a los pies y
capillas laterales de reciente factura y materiales
modernos. La nave está dividida en cinco tramos
separados con pilastras de muy poco espesor,
sobre las que se apoyan los arcos fajones de la
cubierta abovedada. El coro es amplio, ocupa
dos de los cinco tramos de la nave y está sobre
una bóveda de cañón corrido de perfil carpanel.
Sus muros seguramente se reforzaron con los
contrafuertes que vemos hoy cuando se cambió
la techumbre, para así, contrarrestar el empuje
de la bóveda. Levantaron dos contrafuertes en
el muro sur, uno en el muro norte y dos más, en
forma radial, en el ábside (Figura 8, ver sig. pág.).
Algunas de las transformaciones recientes son:
remodelación de las escalinatas del presbiterio,
ampliación de capillas laterales y colocación
de nichos funerarios. Para dar acceso a estos
espacios eliminaron una parte de la zona baja de
los muros longitudinales y colocaron trabes para
resistir la parte superior de los muros.
Aunque los dos casos de estudio referidos
son relevantes para la población de Gualupita,
a lo largo de su historia han tenido alteraciones
importantes y daños considerables. El templo
ha sido intervenido en su estructura con las
remodelaciones y ampliaciones; y el acueducto

ha sido severamente dañado principalmente
por el paso del transporte público y la falta
de mantenimiento, poniendo en riesgo su
estabilidad. Es importante valorar y monitorear
constantemente el estado de ambos inmuebles
pues están expuestos a las condiciones locales,
como el riesgo sísmico, el uso continuo de la
población y los vehículos.
Figura 7. C. B. Waite. Parroquia del barrio Gualupita
en proceso de edificación y acueducto. Fotografía. 1904

Fuente: Fototeca Nacional INAH - Colección C. B.
Waite/ W. Scott

Melchor Ocampo, el primer parque público
de Cuernavaca
El parque público Melchor Ocampo tiene su
origen en el modelo proporcionado por Inglaterra
a mediados del siglo XIX. En ese periodo histórico
los ingleses se dieron cuenta de la devastación
causada por la revolución industrial. Por esta
razón el diseño de los parques públicos tomó
una fuerte connotación social; eran una especie de
retribución para las personas de clase baja, un lugar
con vegetación en la ciudad donde relajarse después
de un duro día de trabajo. El diseño se basó en el
jardín paisajista inglés y John Claudius Loudon,
un botánico escocés, fue uno de los primeros
arquitectos de jardines quien difundió este nuevo
concepto de espacio verde urbano para mejorar la
planificación de las ciudades (Laird, 2014).
El parque Melchor Ocampo se ubica en
los Ojos de Guadalupita, así llamado desde la
época colonial por los siete manantiales que se
encontraban en esta área y que incluía también a
la barranca Amanalco que atraviesa toda la ciudad
y pasa por el centro histórico de Cuernavaca.
Este lugar bucólico, con sus hermosos árboles
de ahuehuete y manantiales era visitado por
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Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

Figura 8. Plantas arquitectónicas (a) original y (b) actual y (c) fachada principal
de la iglesia parroquial del barrio Gualupita. Cuernavaca, México

Fuentes: Elaboración propia

el pueblo de Cuernavaca, que solía ir de día de
campo. Antes de la creación del parque público,
a finales del siglo XIX, los viajeros describían
este lugar como un rincón perdido del Edén con
riachuelos de agua cristalina, enormes árboles,
flores, plátanos y mangos, lleno de pájaros y
mariposas multicolores que volaban alrededor de
la exuberante vegetación (Landa, 1986).
Fue en 1897, cuando el gobernador de
Morelos, Manuel Alarcón, decidió crear un
jardín público en ese lugar para los ciudadanos
de Cuernavaca. El 11 de diciembre de 1897, el
presidente de México, Porfirio Díaz, y su esposa
inauguraron el parque que tomó el nombre de la
esposa del presidente: Carmen Romero Rubio.
Alrededor de 1880, bajo el gobierno de Porfirio
Díaz, cuando en México el diseño de parques
públicos se convirtió en una profesión, a pesar de
que fue monopolizado por empresas extranjeras
que proporcionaban fertilizantes y un nuevo
diseño arquitectónico. Durante el siglo XIX se
adoptaron dos diferentes diseños europeos en la
arquitectura de los parques públicos mexicanos:
el diseño simétrico del barroco francés (con
fuentes centrales, callejones rectos y el uso del
arte topiario) creado por el arquitecto Le Nôtre en
Versalles y Vaux le Vicomte y el romántico jardín
inglés. Por lo general, las plazas centrales de la
ciudad como la Alameda central en la Ciudad
de México adoptaron el estilo francés, mientras
que los paseos marítimos y los parques de mayor

extensión siguieron un estilo más irregular. Sin
embargo, a menudo se emplearon ambos estilos
creando un diseño ecléctico de jardín urbano
como sucedió en el parque Melchor Ocampo en
Cuernavaca (Granziera, 2017). Aun si este parque
se construyó en un lugar natural que tenía ojos de
agua, cascadas, altos árboles y plantas silvestres,
su diseño no se inspira totalmente al diseño de
jardín paisajista inglés porque tiene elementos
geométricos como las fuentes y las avenidas
con balaustras y urnas decorativas. Esta mezcla
de elementos hace de este espacio verde urbano
un parque ajardinado de un nuevo estilo, que
podríamos definir como mexicano.
Higinio Vázquez Santana, un viajero que
visitó Cuernavaca en 1932, quedó impresionado
por la exuberancia vegetal del lugar y hace una
descripción detallada de los árboles y flores que
crecían en el parque (Figura 9, ver sig. pág.):
El parque Melchor Ocampo, tiene mucho
de agreste por los corpulentos árboles que
forman enramadas en techumbres; por las
alfombras de musgo y por todos los encantos
que la naturaleza le brinda. El ahuehuete, el
fresno, el mango, el guayabo, la bougainvillea
y algunas flores que se producen sin cultivo,
como el floripondio, la flor de Pascua, el
yoloxochitl, el mirasol, el monacillo, el mirto
y el platanillo, crecen allí regados por el agua
que corre en canales artificiales. Cuando el día
está caluroso y se siente sed, el agua de dos
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fuentes que tienen bellos e interesantes juegos
hidráulicos, se brinda generosa, fresca, dulce,
exquisitamente deliciosa. En este parque
existe un estanque que llama la atención por
su terraplén formado de pilastras y barandales,
rematados aquellos por macetones con plantas
primorosas. El color rojizo de la arcilla, de
que están hechas esas pilastras, barandales y
macetones, les da una coloración variada y
brillante…(Landa, 1986 :95)
Por supuesto, ninguna de estas flores silvestres
y cultivadas está ahora presente en el parque. Sólo
veinte ahuehuetes altos resistieron la prueba del
tiempo. Esta descripción comprueba su original
diseño que combinaba elementos de la naturaleza
salvaje con formas arquitectónicas y contenía
árboles, flores y animales nativos. En resumen: un
auténtico lugar paradisíaco para pasear y relajarse
después de una dura jornada laboral.

armado por todas partes y una cancha con gradas
en la parte sur (Figura 10). Encima de la alberca
se colocó un busto de Melchor Ocampo que luego
se tapó. El bosque de Amanalco se terminó de
destruir en los años 70 para construir una gran
avenida que conecta norte y sur de Cuernavaca
y el mercado central Adolfo López Mateos. En
1975 se construyó una biblioteca destruyendo
el entorno natural del parque que hoy en día es
poco visitada. En 1977 y 1983 se cubrieron y
desmantelaron las dos antiguas fuentes del siglo
XIX. Desafortunadamente, hasta la fecha no se
ha hecho nada realmente significativo. Hoy sólo
sobreviven dos fuentes del siglo XIX entre la
basura y el abandono y este parque público tiene
fama de peligroso.
En el parque histórico Melchor Ocampo los
majestuosos ahueheutes han sobrevivido el pasar
de los años y a las varias transformaciones que
sufrió este espacio verde. Aún existen dos de los
manantiales que estaban ubicados en esta área.
Si este parque fuera restaurado y no rehabilitado
podría volver a ser el lugar paradisiaco que era
para los ciudadanos de Cuernavaca.

Figura 9. Parque Carmen Romero Rubio Díaz. 1908.
Cuernavaca, México

Figura 10. Mesas de concreto y fuente del parque
Melchor Ocampo. 2018. Cuernavaca, México

Fuente: mexicoenfotos.com

En 1933 el gobernador Vicente Estrada
Cajigal decidió rehabilitar el parque. Fue la
primera rehabilitación que se hizo desde su
inauguración. Se construyó una piscina en la
parte baja, cerca de una fuente ovalada. La fuente
desapareció, pero la piscina sigue allí en estado
de semi abandono. Una idea muy peculiar fue la
de tener jaulas repartidas por todo el parque con
diversos animales e incluso peces de colores en
los estanques de agua de manantial.
De los años 50 a los 70, debido al crecimiento
urbano de Cuernavaca, el parque sufrió una
lenta decadencia. En 1949 se construyó una
escuela utilizando parte de sus terrenos, en 1954
un jardín de niños y luego un sitio de taxis. En
1957 se empedraron los caminos del jardín, se
construyeron mesas de comedor de concreto

Fuente: Elaboración propia

Prácticas culturales e identidad en Gualupita
Para abordar la relación que existe del acueducto,
la iglesia y el parque con la identidad del
barrio Gualupita, es conveniente referir la
inseparabilidad entre los conceptos identidad
y cultura, “debido a que las identidades solo
pueden formarse a partir de las diferentes culturas
y subculturas a las que se pertenece o en la que
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se participa…y las disposiciones del entorno
sociocultural un impacto en la construcción de
identidad” (Giménez, 2007:54).
Las tres edificaciones antes mencionadas,
representan formas simbólicas de este territorio
local, y por tanto establecen esa relación recíproca e
interdependiente con diferentes grupos de personas
residentes, visitantes o que habitaron en alguna
etapa de su vida ese entorno sociocultural del barrio.
El proceso de patrimonialización de algún
bien cultural responde a una demanda social
de memoria de búsqueda de los orígenes y de
la continuidad en el tiempo, lo que conduce
a un esfuerzo de inventario, conservación y
valorización de vestigios, reliquias, monumentos
y expresiones culturales del pasado.
De ahí que el patrimonio esté estrechamente
ligado a la memoria colectiva por ser esta
generadora y nutriente de identidad de un grupo
o de una sociedad; esta necesidad de crear o
mantener una identidad colectiva mediante la
escenificación del pasado en el presente (Giménez,
2007) es lo que reflejan diversas prácticas de
diferentes grupos sociales que han establecido y
mantienen algún vínculo con el barrio Gualupita
(Giménez, 2007).
El acueducto, la iglesia y el parque son
elementos importantes del patrimonio cultural
del barrio, al tiempo que representan formas
simbólicas del territorio local y promueven
la acción de diferentes grupos de personas
residentes, visitantes o que lo habitaron en alguna
etapa de su vida.
La continuidad de la identidad del barrio
de Gualupita radica en la existencia de estos
grupos sociales que representan el puente de
comunicación del pasado con el presente. Uno de
ellos mantiene una memoria por su fuerte vínculo
consanguíneo con protagonistas de la historia de
México y de Morelos; las familias icónicas de la
Revolución Mexicana, Zapata, Salazar y Neri, y
otros grupos, vinculados a las actividades de la
iglesia parroquial.
La agencia y participación de estos grupos los
han convertido en los actores del mantenimiento
del patrimonio cultural como lugares de encuentro
que coadyuvan en la continuidad de una identidad
colectiva y construcción de redes sociales cuyos
nodos son personas en lo individual o grupos
de personas, donde algunos de ellos mantienen
el vínculo e interaccionan con mayor o menor
frecuencia que otros.

Algunos referentes de continuidad a la
historia del barrio relacionados con protagonistas
de la Revolución Mexicana originarios del barrio
de Gualupita, son los siguientes. En la reunión
anual de la familia Zapata Salazar, realizada el
2 de diciembre de 2017, eligieron congregarse
en el parque Melchor Ocampo, motivados por
el vínculo con el barrio de Gualupita, lugar de
origen de la mamá del General de la Revolución
Mexicana, Emiliano Zapata, la señora Cleofas
Salazar Neri. A este encuentro asistieron personas
en línea de parentesco por el apellido Salazar
y Neri y algunas personas amigas o conocidas
por algunos integrantes, entre ellos el cronista
Juan José Landa. Hubo comida para todos los
asistentes y el ambiente fue amenizado por el
grupo de danza Tepanahui.
Otro encuentro de estas familias se llevó a
cabo el 03 de agosto del 2024, con motivo del
homenaje al General Revolucionario Felipe
Neri Jiménez, quien nació en 1884 en el barrio
de Gualupita. En el marco del Tercer Festival
Cultural de Verano en el barrio, se develó en el
parque Melchor Ocampo una placa en su honor.
La presencia en este evento de Guillermo
Neri Macedo, nieto del General y Nadia Sonia
Salazar, descendiente de la familia del General
Emiliano Zapata Salazar, expresa ese puente
que hace posible la existencia de la memoria a
su ascendencia con hombres que fueron clave
en la transformación de México y ahora son los
símbolos de identidad de nuevas generaciones.
En el marco de influencia de la iglesia
parroquial están los grupos relacionados con las
estudiantinas, que han ayudado a la extensión
del vínculo del barrio con otras colonias de
Cuernavaca, municipios de Morelos, otras
entidades y Estados Unidos. La Estudiantina
Femenina Guadalupe, primera en su género
en Morelos, se integra por 27 mujeres y fue
formada a mediados del siglo pasado. La señora
Alicia, una de las integrantes, comentó el
reconocimiento que tuvieron en el ámbito local
e internacional (Orihuela, 2017). En 1978 surgió
la Tuna Imperial, integrada por jóvenes varones
que estableció el vínculo entre Gualupita y
Cuernavaca y se ha mantenido por 46 años.
Feligreses de otras colonias de la ciudad y los
familiares de estos jóvenes acudían a la misa
dominical motivados por ver su participación en
la Tuna y por el ambiente de alegría que daba a
la celebración religiosa.
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Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

La trascendente y tradicional celebración anual
de la Virgen de Guadalupe el 12 de diciembre es
la práctica religiosa que atrae a un gran número
de visitantes. En la década de 1970, las mujeres
del grupo Acción Católica se encargaba de la
organización. Estaba formado por 4 subgrupos con
tareas específicas para la celebración de la misa,
los adornos, los puestos de la kermés, la música,
los chinelos y el castillo de fuegos pirotécnicos
(Orihuela, 2017), de gran tamaño y novedoso
diseño. Personas entrevistadas que ya no viven en
el barrio aún asisten a la celebración, impulsadas
por la añoranza, por lo que la festividad podría
reconocerse también como uno de los principales
símbolos del barrio como componente de su
identidad colectiva (Figura 11).

alteraciones importantes y daños considerables;
se ha intervenido considerablemente la estructura
del templo y su diseño arquitectónico original con
remodelaciones, ampliaciones y rehabilitaciones.
El acueducto reiteradamente ha sido dañado por
el paso del transporte público y, junto a la falta
de mantenimiento, pone en riesgo su estabilidad
y la seguridad de peatones y automovilistas.
Estas situaciones nos indican la necesidad de
un mayor cuidado por parte de las instituciones
locales y nacionales encargadas de resguardar el
patrimonio cultural inmueble de Cuernavaca.
El parque también ha sufrido una constante
transformación desde su proyecto original, no
solamente con la reducción de su superficie,
sino también de su diseño arquitectónico.
Las rehabilitaciones han destruido elementos
originales y, en conjunto con la adición de
nuevos elementos, tales como, alberca, mesas
y pavimentación de concreto han afectado sus
valores intrínsecos. Es decir, es necesario realizar
la restauración histórica del jardín en lugar de los
tipos de intervenciones que se han realizado hasta
la fecha. El parque Melchor Ocampo se considera
un jardín histórico y debería ser conservado como
tal. La protección de los jardines históricos exige
que estén identificados e inventariados. La Carta de
Florencia da recomendaciones en cuanto a lo que se
refiere a las distintas operaciones a realizar en dichos
jardines para su mantenimiento, conservación y
restauración (Carta di Firenze, 1981).
Respecto al estudio de la identidad del barrio,
se desprende que los habitantes y visitantes,
usuarios del patrimonio inmueble, son quienes
procuran en mayor medida la preservación de
sus valores históricos y culturales. Por ejemplo,
en 1990 se fundó la asociación llamada Amigos
del Parque Melchor Ocampo con el objetivo de
revitalizar este sitio que había sido descuidado.
Respecto al templo, su importancia religiosa ha
contribuido a su constante mantenimiento, sin
embargo, la adecuación y adición arquitectónica
no siempre ha respetado los valores históricos y
las características originales.
En conclusión, este lugar, que es el asentamiento
más antiguo conocido en Cuernavaca, sigue
siendo habitado y ha mantenido su identidad
como paisaje sagrado, pues actualmente es un
lugar de culto a la Virgen de Guadalupe que atrae
a peregrinaciones locales y nacionales.

Figura 11. Celebración de la festividad de la Virgen de
Guadalupe en la parroquia del barrio de Gualupita.
2016. Cuernavaca, México

Fuente: Elaboración propia

Con base en lo expuesto y en la definición
de cultura que resume Giménez (2017), se
puede confirmar que, en esta breve exposición
de prácticas sociales movilizadas por símbolos
presentes en la memoria histórica, tanto de los
habitantes del barrio, como de sus visitantes,
participan de la construcción de una identidad
colectiva que trasciende la escala local.
Comentarios finales
El estudio del acueducto, del templo y del parque
público nos han mostrado su gran relevancia como
patrimonio arquitectónico no sólo para la población
de Gualupita, sino para la ciudad de Cuernavaca y
sus visitantes. A lo largo de su historia han tenido
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�Año 15, N° 15, abril 2025 - abril 2026

Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

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�Año 15, N° 15, abril 2025 - abril 2026

Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos, Revista de la Facultad de Arquitectura, Universidad Autónoma de Nuevo León
Año 15. Número 15. abril 2025 - abril 2026, pp. 46-54 | ISSN: 2448-8399

Hacia una propuesta arquitectónica adecuada para
abordar las barreras prácticas y culturales en la
educación. Reflexiones sobre una educación adecuada
desde una antropología adecuada
Towards an appropriate architectural proposal to address practical and cultural
barriers in education. Reflections on adequate education from an appropriate
anthropology
Martín Francisco Gallegos Medina1
Gilberto Saldívar Cantú2

Resumen

Abstract

Para que la función operativa, en el ámbito de
la educación, cumpla con sus objetivos en el
proceso de aprendizaje y participación por parte
de los involucrados en dicho proceso, requiere,
por una parte, contar con una infraestructura y un
equipamiento adecuados, y por otra, incluir los
elementos culturales necesarios que promuevan
el proceso de enseñanza aprendizaje.
Ahora bien, en cuanto a la infraestructura,
el equipamiento y la cultura, se busca cubrir
necesidades alineadas a una función específica,
propias de la educación. De ahí la importancia de
que la arquitectura, como arte-práctico, cumpla,
a la base, con uno de los elementos estructurales
propios de lo humano, su ser corpóreoespiritual, contribuyendo al cumplimiento de
los fines educativos.
El presente artículo tiene como objetivo
establecer la importancia de la relación entre
la arquitectura y la educación, con una base
antropológica filosófica con enfoque realista,
en busca de una educación adecuada, a través
de espacios arquitectónicos adecuados, y
fundamentados en una antropología adecuada.

In order for the operational function in the field
of education to meet its objectives in the learning
process and participation by those involved in this
process, it requires, on the one hand, adequate
infrastructure and equipment, and, on the other
hand, to include the necessary cultural elements
that promote the learning teaching process.
However, as far as infrastructure, equipment
and culture are concerned, the aim is to meet
needs which are specific to education. Hence
the importance of architecture, as art-practical,
meets, at the base, with one of the structural
elements proper to the human being, its corporealspiritual being, contributing to the fulfillment of
educational purposes.
This article aims to establish the importance
of the relationship between architecture and
education, with a philosophical anthropological
basis, in search of an appropriate education
through suitable architectural spaces, based on an
adequate anthropology.
This work aims to contribute to the theory of
architecture and education with a philosophical
anthropological
foundation
of
realistic

1

Adscripción: Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Nacionalidad: mexicana. Correo electrónico:
martinfranciscogallegos@yahoo.com.mx
2
Adscripción: Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Nacionalidad: mexicana. Correo electrónico:
gscantu@outlook.com

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�Año 15, N° 15, abril 2025 - abril 2026

Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

Este ejercicio pretende abonar a la teoría de
la arquitectura y de la educación con un sustento
antropológico filosófico con una perspectiva
de tipo realista, siguiendo un método analítico
deductivo, con apoyo bibliográfico y desde un
enfoque interdisciplinario.

perspective, following a deductive analytical
method, with bibliographic support from an
interdisciplinary approach.

Palabras Clave:

Keywords:

arquitectura; educación; antropología filosófica

architecture; education; philosophical anthropology

47

�Año 15, N° 15, abril 2025 - abril 2026

Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

“La cuestión principal para nosotros, ..., es la
educación: cómo educarnos, en qué consiste y
cómo se desarrolla la educación, una educación
verdadera, es decir, que corresponda al ser
humano. Educación, pues, de lo humano, de
lo original que hay en nosostros, que en cada
uno se declina de diferentes modos, aunque,
sustancial y fundamentalmente, el corazón sea
simpre el mismo...”.

habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios
superiores será igual para todos, en función de los
méritos respectivos.
2. La educación tendrá por objeto el pleno
desarrollo de la personalidad humana y el
fortalecimiento del respeto a los derechos
humanos y a las libertades fundamentales;
favorecerá la comprensión, la tolerancia y la
amistad entre todas las naciones y todos los grupos
étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de
las actividades de las Naciones Unidas para el
mantenimiento de la paz.
En contraste con lo antes señalado, en datos
recientes, la UNESCO (2023) muestra que “el
número de niños sin escolarizar a escala mundial
ha aumentado en 6 millones desde 2021 y
asciende ahora a 250 millones”.
Por otro lado, el Foro Mundial, que se llevó
a cabo en Incheon, República de Corea, titulado:
“Educación 2030, Declaración de Incheon y
Marco de Acción” estableció que para poner en
relieve la equidad e inclusión en la educación se
deben “determinar cuáles son las barreras que
impiden a los niños y jóvenes vulnerables acceder
a programas de educación de calidad, y tomar
medidas firmes para eliminarlas” (UNESCO,
2016: 46).
De lo anterior, la Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos, en su artículo 3, sección
II, inciso f, determina que para incluir el objetivo de
eliminar las barreras de aprendizaje tratadas en el
Foro Mundial sobre Educación (2016):
f) Será inclusivo, al tomar en cuenta las diversas
capacidades, circunstancias y necesidades de
los educandos. Con base en el principio de
accesibilidad se realizarán ajustes razonables
y se implementarán medidas específicas con
el objetivo de eliminar las barreras para el
aprendizaje y la participación.

Luigi Giussani
Introducción
El presente trabajo tiene como objetivo
establecer la importancia de la relación entre
la arquitectura y la educación, con una base
antropológica filosófica personalista, en busca de
una “educación adecuada” a través de “espacios
arquitectónicos adecuados”, fundamentados en
una “antropología adecuada”. Además, abordar la
problemática que se presenta, en la relación entre
arquitectura, educación y hombre, a través de un
enfoque interdisciplinario.
La metodología que seguimos es de tipo teórico
analítico deductivo, con apoyo bibliográfico.
La estructura de este artículo inicia presentado
el contexto actual en el que se encuentra el
tema educativo, evidenciando el problema que
buscamos abordar y con ello hacer una primera
aproximación a la importancia del espacio
arquitectónico en el ejercicio de la educación,
pero, fundamentalmente, buscamos evidenciar
la importancia que adquiere el protagonista para
quien se construye un espacio arquitectónico y
para quien se ofrecen herramientas en el proceso
educativo, es decir, en el proceso de aprendizaje
participación: “el ser humano”.
Como cierre a este trabajo presentamos
una reflexión final a manera de unas primeras
conclusiones.

De las barreras educativas

Problemática actual en tema educativo

Ahora bien, entendemos por “barreras educativas”
todas aquellas cuestiones que limitan el acceso a
la educación y al aprendizaje.
Por su parte, la Secretaría de Educación
Pública de México, sobre este tema, establece
una serie de dimensiones para el cumplimiento
de una educación inclusiva, tales como: las
estructurales, las normativas, las didácticas, las
actitudinales, las culturales, las políticas y las
prácticas para su estudio.

La Declaración Universal de los Derechos
Humanos (DUDH) establece, en su artículo 26, el
derecho a la educación en los siguientes términos:
1. Toda persona tiene derecho a la educación.
La educación debe ser gratuita, al menos en
lo concerniente a la instrucción elemental y
fundamental. La instrucción elemental será
obligatoria. La instrucción técnica y profesional
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Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

Es en este punto en donde se requiere tener
en claro cuáles de estas barreras mencionadas
involucran a la arquitectura y cuáles al tema
propio del ejercicio educativo, debido a que los
ambientes escolares idóneos son conformados por
los espacios de enseñanza, así como por quienes
interactúan en ellos, en especial la relación que se
da entre educador y educando.
En la siguiente tabla (tabla N.º 1), (Pizarro,
2013: 151), se nos presenta una propuesta de
clasificación de barreras para el aprendizaje y
la participación, relacionadas con cuestiones
humanas y de arquitectura.
Tabla 1. Propuesta de clasificación de barreras para el aprendizaje y la participación

Fuentes: http://www.ub.edu/obipd/wp-content/uploads/2020/02/Caracter_y_practica_docente.pdf

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Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

En la tabla anterior, hemos marcado en rojo,
aquellas que consideramos se refieren a un enfoque
propiamente humano y en morado aquellas con
enfoque arquitectónico y de equipamiento urbano.
Ahora bien, tomando en cuenta la clasificación
anterior, nos detendremos a analizar cada uno de
los enfoques, ya desde la arquitectura, ya desde
relaciones propiamente humanas, en la educación
y evidenciar su relación intrínseca.
Desde el enfoque de la arquitectura, en
cada espacio escolar, el Instituto Nacional de la
Infraestructura Física Educativa (INIFED), establece
que “Los criterios de diseño tienen por objeto emitir
recomendaciones sobre el uso de elementos, las
condiciones de habitabilidad y diseño en los espacios
y servicios que conforman los planteles educativos
con base en lineamientos universales” (2015: 3).
De ahí que, el diseño arquitectónico debe ofrecer
un concepto espacial idóneo para que el proceso
de enseñanza aprendizaje se desarrolle de forma
adecuada, y en donde docentes y alumnos encuentren
las condiciones necesarias de habitabilidad, que
fomenten experiencias positivas, logrando un
ambiente adecuado que ayude en el cumplimiento

de los objetivos propios de la educación formal, ya
que con estas acciones estaremos en grado de reducir
las barreras educativas, en el ámbito de lo práctico.
Además, hemos de considerar que, en las
barreras de accesibilidad en la educación, de
las dimensiones prácticas, se estudian aspectos
relacionados con la infraestructura, espacios
físicos escolares, así como la accesibilidad en
su entorno social, los cuales son temas donde la
arquitectura y el diseño se encuentran presentes,
como lo define Pizarro, “las barreras prácticas
de accesibilidad se identifican en el aula, en la
escuela y la comunidad” (2019: 152).
Ahora bien, en un primer momento, hablando
concretamente de uno de los espacios significativos
escolares, como lo es el aula, el Instituto Nacional
de la Infraestructura Física Educativa establece
los requerimientos funcionales del salón de
clases para cumplir con las condiciones de un
ambiente de aprendizaje adecuado, mostrando las
cuestiones físicas, espaciales, de mobiliario, de
accesibilidad, parámetros de habitabilidad como
temperatura, iluminación, ventilación y acústica
(tabla N.º 2).

Tabla 2.
Requerimientos
funcionales
Fuentes: https://www.
gob.mx/cms/uploads/
attachment/file/105645/
XVIII_-_B_-_
Criterios_de_Disen_o_
Arquitecto_nico_para_
Primaria.pdf

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Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

Cabe señalar que en el último punto de la
tabla N.º 2 se toca un tema primordial (carácter
y ambientación), definiendo que “cada salón
proporcionará un ambiente de aprendizaje donde
se desarrolle la comunicación y las interacciones
que posibilitan el aprendizaje y se estimule la
creatividad” (p. 9), es ahí donde encontramos un
fuerte vínculo entre el aspecto práctico funcional
con el aspecto inmaterial, revelando la dualidad
corpóreo espiritual de lo humano y manifestado por
la arquitectura, entendida como un arte práctico.
En un segundo momento, en el enfoque
humano de la educación, el marco reglamentario
define que, para lograr las condiciones idóneas
para un ambiente de aprendizaje, la Ley General
de Educación del Congreso de los Estados Unidos
Mexicanos, (2024) en el Capítulo II De los fines
de la educación, en su artículo 15, fracción II,
establece que es fundamental:
Promover el respeto irrestricto de la dignidad
humana, como valor fundamental e inalterable
de la persona y de la sociedad, a partir de
una formación humanista que contribuya a
la mejor convivencia social en un marco de
respeto por los derechos de todas las personas
y la integridad de las familias, el aprecio por
la diversidad y la corresponsabilidad con el
interés general. (p. 7)
Además, en el Art 130, IV define que es
necesario “propiciar la colaboración de los
docentes, madres y padres de familia o tutores,
para salvaguardar la integridad de los integrantes
de la comunidad educativa”. (p. 51)
Las citas anteriores de la Ley General
de Educación nos dirigen a un aspecto en la
operación de la educación escolar diferente al de
los métodos de enseñanza, esto es la formación
humanista, en donde docentes, alumnos y
padres de familia están involucrados para
lograr ese ambiente idóneo, seguro, cordial, es
decir, en busca de la promoción de los derechos
humanos, salvaguardando la dignidad de cada
persona involucrada en el proceso de enseñanza
aprendizaje, y aún más fortaleciendo lo requerido
por la DUDH en su artículo 26 parágrafo 2, citado
al inicio de este trabajo y que resaltamos por la
importancia que esto conlleva:
La educación tendrá por objeto el pleno
desarrollo de la personalidad humana y el
fortalecimiento del respeto a los derechos
humanos y a las libertades fundamentales;
favorecerá la comprensión, la tolerancia y la

amistad entre todas las naciones y todos los
grupos étnicos o religiosos, y promoverá el
desarrollo de las actividades de las Naciones
Unidas para el mantenimiento de la paz.
Cómo abordar el problema educativo
Pero, encontramos otra propuesta de enfoque
humanista que permite ampliar la perspectiva
en el abordaje del problema educativo, y donde
dichas teorías educativas nos permiten abordar
el problema con una nueva mirada, tal como lo
propone Luiggi Giussani, en su propuesta de
modelo educativo presentada en su obra “Educar
es un Riesgo”. La postura filosófica de Giussani
explica que:
La cuestión fundamental para nosotros, en
todos nuestros planteamientos, es la educación:
cómo educamos, en qué consiste y cómo
se desarrolla la educación, una educación
verdadera, es decir, que corresponda al ser
humano. Educación, pues, de lo humano, de
lo originalque hay en nosotros, que en cada
uno se declina de diferentes modos, aunque
sustancial y fundamentalmente, el corazón sea
siempre el mismo (2006: 15).
Por lo que, continúa diciendo Giussani:
“la primera preocupación de una educación
verdadera y adecuada es educar el corazón del
hombre” (ibidem), entendiendo por corazón la
sede donde radica la dignidad de la persona, en
otras palabras, reconocer la dignidad de cada ser
humano independientemente de sus condiciones,
porque “dentro de la variedad de expresiones, de
culturas y de costumbres el corazón sea siempre el
mismo” (ibidem) tal como lo indica la Declaración
Universal de los Derechos Humanos en su artículo
1, al decir: “Todos los seres humanos nacen libres
e iguales en dignidad y derechos y, dotados como
están de razón y conciencia, deben comportarse
fraternalmente los unos con los otros”. Además,
agrega Giussani, que “la verdadera educación
debe ser una educación en la crítica” (Giussani,
2006: 17).
Esta premisa dada por Giussani nos aporta
un elemento humano necesario para conformar
un ambiente educativo idóneo que, aunado
al espacio arquitectónico: aula y escuela, se
ofrezcan elementos necesarios para un ejercicio
educativo adecuado, cuyo objetivo principal
sea educar al sentido crítico, y la arquitectura
ha de ser un elemento más en el proceso de
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Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

provocación al corazón del hombre en ese proceso
de autodescubrimiento ya como una entidad
individual pero necesitado de las relaciones
interpersonales, develando otro elemento
estructural antropológico el de estar constituido
por la unidad dual individuo-comunidad.
De ahí que, entendamos que uno de los
grandes problemas radica en la falta de ambientes
idóneos en los espacios escolares para que se
pueda desarrollar de forma adecuada el proceso
de enseñanza-aprendizaje entre el docente y
el alumno, y ya no solo de dotar al estudiante
de competencias y habilidades pragmáticas,
sí, necesarias, pero ofreciendo además de una
profunda reflexión antropológica y ética, que
anuncia otro dato esencial propio de la facultad
espiritual, a saber su ser intelectivo y volitivo.
En efecto, en la conformación del ambiente
escolar intervienen la adecuada infraestructura
de los espacios educativos y una labor docente
humanista, es decir, una educación con bases
antropológicas adecuadas.
Pero ¿qué hemos de entender por antropología
adecuada? Entendemos por una antropología
adecuada aquellos elementos constitutivos propios
de lo humano, que conforman, como tal, sede de
su dignidad. En este estudio hemos evidenciado
algunos de esos datos esenciales propios de lo
humano, como su ser cuerpo-espíritu, individuocomunidad, unidades duales irreductibles, que
se manifiestan a través de nuestro fenómeno de
estudio. Es decir, la infraestructura a la que hemos
aludido en este trabajo y que es fiel reflejo del
ser corpóreo de lo humano, además del vínculo
que se crea en la interacción metafísica entre el
educando y el educador, revelando la realidad
espiritual de lo propiamente humano. Por tal
motivo, entendemos que las unidades duales,
antes señaladas, en el fenómeno de educación
formal, en este caso cuando nos referimos a la
infraestructura y a la interacción que se sucede
en el lugar, son ambas una unidad, tan importante
la una como la otra, a la manera de la realidad
humana en su ser cuerpo-espíritu, además de su
ser individuo-comunidad.
Ahora bien, y de acuerdo con lo señalado
anteriormente, el diseño arquitectónico de los
centros escolares, sus aulas, áreas comunes,
baños y patios pueden presentar un grado de
influencia positiva o no en lograr el ambiente
idóneo en quienes ahí y habitan e interactúan. En
cuanto al proceso educativo, el docente lo ejerce

utilizando los métodos y técnicas educativas
pertinentes, pero su influencia positiva en el
ambiente de enseñanza puede estar asociada a una
antropología adecuada, partiendo de la premisa
del valor y la dignidad de cada persona.
El aprendizaje en el ser humano ha de ser
un proceso que proporcione bienestar, y la
infraestructura de los espacios escolares puede
representar una barrera, si no es la adecuada,
de acuerdo con el entorno físico, la cultura, los
materiales, la distribución, entre muchos otros. Por
otro lado, también una docencia sin un enfoque
humanista, sin empatía, sin solidaridad, sin
subsidiariedad, ni consideración, por mencionar
algunos elementos, puede representar una barrera
de enseñanza entre el docente y su alumnado.
La arquitectura mediante los elementos del
diseño arquitectónico, que incluyen los elementos
formales, los constructivos, los visuales y los de
funcionalidad pueden crear espacios idóneos
que fomenten un ambiente de enseñanza que
favorezcan la relación docente alumno.
La educación mediante la formación docente
centrada en el ser humano, es decir, seres
humanos educando a humanos, no solo pueden
lograr un ambiente de enseñanza adecuado, sino
una educación que supera la mera transmisión del
conocimiento, educar al sentido crítico, en busca
de responder a las preguntas fundamentales que
cada ser humano ha de articular, ¿qué soy?, ¿quién
soy?, ¿qué sentido tiene lo que hago?, entre otras
más cuestiones que solo se pueden articular en
primera persona, si se ha desarrollado el sentido
crítico, en busca de respuestas adecuadas a lo
propiamente humano.
En materia de cómo influye la arquitectura y el
diseño en los espacios escolares en la educación, la
UNESCO Regional Office for Education in Latin
America and the Caribbean (1999) explica que:
El establecimiento educacional debe tener
previamente formulado claramente su
proyecto educativo que orienta las opciones y
decisiones que se tomen al respecto en vistas
al proyecto arquitectónico. Tal y como indica
Rodolfo Almeida (ver bibliografía Almeida
R. 1999) “soy un convencido que un buen
diseño arquitectónico mejora la calidad de la
educación impartida en ese establecimiento…
la arquitectura constituye en sí misma,
una herramienta educativa expresada a
través de sus formas, espacios, volúmenes,
colores, materiales de construcción, texturas,
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�Año 15, N° 15, abril 2025 - abril 2026

Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

Reflexiones finales

relaciones con espacios exteriores educativos
y con el entorno natural, y principalmente,
sirviendo de inspiración al usuario para
aprender con entusiasmo en un medio físico
grato y atractivo a ayudarlo a sentirse parte
activa de su comunidad” (p. 32)
Tomando en cuenta la premisa anterior de la
UNESCO, la arquitectura, mediante un adecuado
diseño arquitectónico concebido y formulado,
llega a inspirar a los actores que la viven, para
aprender con entusiasmo, utilizando medios
físicos gratos y atractivos como precursores de un
ambiente de enseñanza idóneo, por el solo hecho
de que docentes y alumnos usen los espacios
educativos, pero es fundamental, el respeto
por la cosmogonía de cada cultura, evitando
imponer estilos arquitectónicos inadecuados para
una población específica, de ahí que el diseño
arquitectónico no contará con un solo modelo en
el diseño, sino que ha de adecuarse a la cultura de
cada grupo social.
Por otro lado, en la influencia que ejerce un
enfoque humanista en el ambiente escolar en la
educación de los estudiantes, Giussani, explica que:
Jamás el ambiente entendido como clima
mental y modo de vida, ha tenido a su
disposición tantos instrumentos como hoy
para invadir despóticamente las conciencias.
Hoy más que nunca es el ambiente, con
todas sus formas expresivas, el educador
o deseducador por excelencia. Por eso
la crisis perfila, en primer lugar, como
ignorancia que hace a los mismos educadores
colaboradores. Quizás inconscientes, de las
deficiencias del ambiente y en segundo lugar,
como deficiencia de vitalidad en la actitud
educativa, que lleva a no combatir con
suficiente energía las influencias negativas
del ambiente (2006: 86)
Considerando lo anterior, el educador es
responsable del ambiente dentro del aula, el
cual se entiende como el clima mental y modo
de vida que en ella se percibe. Este aspecto
es tan importante que invade para bien o para
mal las conciencias de los estudiantes en su
proceso de formación. Cabe señalar que en estos
aspectos poco tienen que ver la enseñanza de los
conocimientos teóricos de la clase, ya que son
conceptos alineados con la cultura, la concepción
que se tenga del ser humano y el objetivo
fundamental de la enseñanza, la cual ha de ser el
desarrollo del sentido crítico.

Finalmente, y para cerrar estas reflexiones sobre
la estrecha relación que hay entre educación,
arquitectura y filosofía, en especial en el tema
antropológico y ético; es fundamental integrar
teorías de diferentes disciplinas de la ciencia, lo
cual permite ampliar la visión del problema a tratar.
Entendemos además que es necesario integrar más
áreas de conocimiento al diálogo sobre el tema
educativo, pero en este caso, hemos realizado el
ejercicio de hacerlo a través de la arquitectura,
es decir, del diseño de la infraestructura de los
espacios escolares, que estudia las dimensiones
prácticas educativas donde se pueden encontrar
las barreras de enseñanza físicas y espaciales de
los centros escolares, y complementarlo con el
tema educativo, el cual analiza las dimensiones
culturales educativas, evidenciando las barreras
de enseñanza actitudinales e ideológicas que
tienen que ver con la labor y formación del
docente. Ambas dimensiones, influyen en un
elemento primordial de la educación que es el
ambiente de enseñanza participación dentro
del aula y los espacios escolares, pero teniendo
como puente de diálogo la antropología filosófica
con un enfoque personalista, el cual, entiende al
hombre como una realidad pluridual, que en este
caso buscamos evidenciar su realidad corpóreoespiritual y su ser individuo-comunidad.
Dichas ciencias mencionadas, con una
colaboración interdisciplinaria, pueden contribuir
en el proceso de resolución en el problema
de enseñanza, el cual ha de proporcionar una
atmósfera adecuada, es decir una arquitectura
adecuada, en busca de una educación adecuada
y a la altura de la persona humana, y cuya meta
es salvaguardar lo solicitado por la Declaración
de los Derechos Humanos y que citamos a
continuación, cerrando nuestra reflexión final:
La educación tendrá por objeto el pleno
desarrollo de la personalidad humana y el
fortalecimiento del respeto a los derechos
humanos y a las libertades fundamentales;
favorecerá la comprensión, la tolerancia y la
amistad entre todas las naciones y todos los
grupos étnicos o religiosos, y promoverá el
desarrollo de las actividades de las Naciones
Unidas para el mantenimiento de la paz.

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Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

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J. A. Trujillo Holguín, A. C. Ríos Castillo, &amp; J. L. García Leos, Desarrollo profesional docente:
reflexiones de maestros en servicio en el escenario de la Nueva Escuela Mexicana (págs. 135160). Chihuahua: Doble Hélice Ediciones. Obtenido de http://www.ub.edu/obipd/wp-content/
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Espacios Educativos. Santiago: UNESCO - Biblioteca Digital. Obtenido de https://unesdoc.unesco.
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recientes de la UNESCO sobre la educación. París: UNESCO. Obtenido de https://www.unesco.
org/es/articles/250-millones-de-ninos-sin-escolarizar-lo-que-debemos-saber-acerca-de-los-datosrecientes-de-la

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�Reseña
Book review

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�Año 15, N° 15, abril 2025 - abril 2026

Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos, Revista de la Facultad de Arquitectura, Universidad Autónoma de Nuevo León
Año 15. Número 15. abril 2025 - abril 2026, pp. 56-57 | ISSN: 2448-8399

Contribuciones para una antropología del diseño: un
mensaje para arquitectos, urbanistas y diseñadores en las
sociedades contemporáneas
José Antonio González Espinoza1

Título del libro: Contribuciones para una
antropología del diseño
Autor: Fernando Martín Juez
Editorial: Gedisa Mexicana
Fecha de publicación: 10 diciembre 2017
Edición: Primera edición
Idioma: Español
Número de páginas: 224 páginas
ISBN-10: 8474329434
Atender a la obra “Contribuciones para una
antropología del diseño” de Fernando Martín
Juez nos conduce directamente a una profunda
reflexión que debiera considerarse como punto de
partida para muchos de los procesos que marcan
el inicio de las etapas del diseño en sus diferentes
atmósferas y/o escenarios.
Es a través de su investigación, estratégicamente
presentada, que el autor nos sugiere que los objetos
diseñados van más allá de las funciones derivadas
de su practicidad, teniendo gran relevancia en la
construcción de mensajes y formas de expresión
culturales, sociales, convirtiendo a los objetos en
vehículos para la generación, estructuración y
consolidación de significados.
Justamente a través de la perspectiva
antropológica, Martín Juez explora cómo los
objetos consolidan y dan forma a la vida material
y el mundo de las ideas, mostrando como los seres
humanos logramos establecer vínculos con aquellos
objetos que nos permiten formas de resignificación,
dando las pautas necesarias para reinterpretarnos y
donde conseguimos encontrar puntos de distinción
respecto de otros, donde eventualmente podemos

reconocer las diferentes facetas que nos llevan a
descubrir nuestra identidad.
Aunado a lo anterior, el autor expresa
que todos los objetos, ya sean artesanales o
industriales, cuentan con un diseño que refleja
todo aquello que podríamos interpretar como
un conjunto o sistema de creencias, valores,
tradiciones, habilidades y destrezas de una
comunidad determinada. Es desde este enfoque
y/o perspectiva donde podemos interpretar la
importancia de buscar, entender y consolidar
un entendimiento del diseño que trasciende la
estética o función, encontrando así una clara
manifestación de la cultura del ser humano
en sus diferentes grupos y a través del bagaje
histórico que representan sus objetos y su diseño.
Derivado de esto consideramos importante
señalar que las aportaciones de Martín Juez y
especialmente su increíble entrevista a Don Abel
narrada en este libro, nos permiten encontrar
esas voces necesarias para los nuevos arquitectos
y urbanistas contemporáneos que precisan esa
sensibilidad social y escuchar a todos aquellos
actores que, desde su visión de campo y con la

1

Adscripción: Doctor en Filosofía con Orientación en Arquitectura y Asuntos Urbanos. Profesor de la Facultad de Arquitectura,
Universidad Autónoma de Nuevo León. Nacionalidad: mexicana. Correo electrónico: jgonzalezep@uanl.edu.mx

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�Año 15, N° 15, abril 2025 - abril 2026

Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

experiencia de la práctica, nos aportarán siempre
elementos necesarios para una equilibrada
perspectiva de la realidad.
En resumen el libro de Fernando Martín Juez
nos abre el camino para plantearnos la posibilidad
de repensar el diseño como una disciplina
posible y plausible que debe encontrar raíz en la
antropología, ir más allá de la comprensión de la
generación de objetos funcionales para encontrar
una herramienta que nos permita comprender
la cultura humana y sus formas de expresión,
precisando quizá también de las aportaciones
de otras áreas del conocimiento y otorgándole al
diseño un carácter universal e interdisciplinario
para resolver los nuevos retos de las sociedades
contemporáneas y sus redes de complejidad.

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�Normas de publicación
Submission checklist

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�Cuadernos de Arquitectura
y Asuntos Urbanos
Revista de la Facultad de Arquitectura
Universidad Autónoma de Nuevo León
Año 15

Núm. 15

abril 2025 - abril 2026

Año 08 Num. 08 Abril 2018

NORMAS DE PUBLICACIÓN
Información general.

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breve título (centredo en mayúscula). Al pie se indicarán las fuentes. Las cabeceras de los cuadros se compondrán en letra cursiva, el resto en normal.

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Cuadernos de Arquitectura, Edición Especial Año 08 N°01. Abril 2018

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�Año 15, N° 15, abril 2025 - abril 2026

Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

Las notas deben ser las imprescindibles y se situamente (solo la citada en el texto). y deberán aparecer
mente y, para cada autor, en orden cronológico, de más
antiguo a más reciente. Tanto las referencias bibliográmerican Psychological Association).

Para citar un Libro:

En el caso de un libro, el título irá en letra cursiva, indicando a continuación la ciudad y la editorial.
Ejemplo:
Andrews, Gavin J.; y Phillips, David R. (2005):
Ageing and Place. Perspectives, policy,
practice. New York: Routledge.

Para citar un Capítulo de libro:

Con el mismo criterio se citarán los capítulos de
libros, estando en cursiva el título del libro. Ejemplo:
Hilhorst, D.; y Bankoff, G. (2004): “Introduction:
mapping vulnerability”, in Bankoff, G.;
Frerks, G.; y Hilhorst, D. (eds.), Mapping Vulnerability: Disasters, Development and People.
London: Earthscan, pp. 1-9.

Para citarun Artículo:

Ciencias Sociales, Vol. XVI, núm. 392, 20 de febrero de 2012, . [11 de septiembre de 2014]. Disponible:
http://www.ub.edu/geocrit/sn/sn-392.htm

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Los artículos serán originales escritos en español,
ingles o francés, referidos a una investigación propia
en las áreas de arquitectura y estudios urbanos y regionales.
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de quince días.
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en un plazo máximo de seis meses contados desde la
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no se atenga a estas normas.
CUADERNOS DE ARQUITECTURA Y ASUNTO URBANOS. Revista de la Facultad de
Arquitectura de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Secretaría de Investigación de la
Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Nuevo León, Avenida Pedro de Alba,
s/n. Cd. Universitaria C.P. 66451. San Nicolás de
los Garza Nuevo León (México).
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posteriormente, volumen (Vol.), número (núm.) de

E-mail:
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de contacto:

Silva, Eliud (2009): “Mortalidad por accidentes
automovilísticos en la Zona Metropolitana de
les de Población, Vol. 15, núm. 62, octubrediciembre,
pp. 143-172.

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Vázquez, Patricia; Sacido, Mónica; y Zulaica, Laura (2012): “Técnicas de análisis para el
ordenamiento territorial de cuencas agropecuarias: aplicaciones en la Pampa Austral, Argentina”,
Scripta Nova. Revista Electrónica de Geografía y

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60 de Arquitectura, Edición Especial Año 08 N°01. Abril 2018
Cuadernos

�Cuadernos de Arquitectura
y Asuntos Urbanos
Revista de la Facultad de Arquitectura
Universidad Autónoma de Nuevo León
Año 15

Núm. 15

abril 2025 - abril 2026

Año 08
07 Num. 08
07 Abril 2018
2017

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Cuadernos de Arquitectura, Edición Especial Año 08 N°01. Abril 2018

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�Año 15, N° 15, abril 2025 - abril 2026

Cuadernos de Arquitectura y Asuntos Urbanos

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The articles must be original written in Spanish,
English or French, relating to their own research in the
areas of architecture and urban and regional studies.
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He will acknowledge receipt of the original within
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To cite a Book:

In the case of a book, the title will be in italics,
below the city and publisher. example:

CUADERNOS DE ARQUITECTURA Y ASUNTOS URBANOS. Journal of the Faculty of Architecture of the Universidad Autonoma de Nuevo Leon.
Research Department of the Faculty of Architecture of
the Autonomous University of Nuevo León, Avenida
Pedro de Alba, s / n. Cd. Universitaria C. P. 66451. San
Nicolas de los Garza Nuevo Leon (Mexico).

Andrews, Gavin J .; and Phillips, David R. (2005):
Ageing and Place. Perspectives, policy,
practice. New York: Routledge.

To cite a chapter in book:

By the same token book chapters, book title in italics being cited. example:

Tel (81) 83294160 Ext. 6760

Hilhorst, D .; and Bankoff, G. (2004): “Introduction: mapping vulnerability” in Bankoff, G
.; Frerks, G .; and Hilhorst, D. (eds.), Mapping Vulnerability: Disasters, Development and
People. London: Earthscan, pp. 1-9.

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In the case of an article, the title will be quoted, the
name of the journal in italics; and subsequently volume

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example:
Silva, Eliud (2009): “Mortality from motor vehicle
accidents in the metropolitan area of Mexico City in
the late twentieth century”, Journal of Population, Vol
15, no.. 62, OctoberDecember, pp. 143-172.

To cite an electronic resource:

To the extent possible, electronic resources are cited according to the following general model:
example:
Vázquez, Patricia; Sacido, Monica; and Zulaica,
Laura (2012): “Analysis techniques for land
use planning in agricultural watersheds: applications in Austral Pampa, Argentina”, Scripta Nova.
Electronic Journal of Geography and Social Sciences,
Vol. XVI, no. 392, February 20, 2012,. [11 September
2014]. Available: http://www.ub.edu/geocrit/sn/sn392.htm
136126

Cuadernos de Arquitectura,
Cuadernos
Edición
de Arquitectura
Especial Año
Año0807N°01.
N°07 Abril
Abril 2018
2017

62

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CUADERNOS DE ARQUITECTURA Y ASUNTOS URBANOS.
REVISTA DE LA FACULTAD DE ARQUITECTURA DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN.
ISSN: 2448 – 8399
CUADERNOS DE ARQUITECTURA Y ASUNTOS URBANOS.
REVISTA DE LA FACULTAD DE ARQUITECTURA DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN.
es una revista científica que se edita desde el año 2011 bajo el patrocinio de la Facultad de Arquitectura
de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
CUADERNOS DE ARQUITECTURA Y ASUNTOS URBANOS es una publicación anual especializada en arquitectura y
asuntos estudios urbanos y regionales, privilegiando las investigaciones de carácter interdisciplinario desde la Ciencias Sociales
y Humanidades (Arquitectura, Urbanismo, Geografía, Sociología, Economía, Antropología, Psicología, Historia, Educación y
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Centralidad como cualidad del espacio urbano</name>
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      <name>Policentrismo en las ciudades</name>
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