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                  <text>�D.R. 2025 © Humanitas. Revista de la Teoría Crítica y Estudios Literarios,
Vol. 5, No. 9, julio-diciembre 2025, es una publicación semestral
editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través del Centro
de Estudios Humanísticos, Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías,
Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey,
Nuevo León, México. C.P. 64290. Tel.+52 (81)83-29- 4000 Ext. 6533.
https://revhumanitas.uanl.mx Editor Responsable: Víctor Barrera
Enderle. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo 04-2022-020212344100102, ISSN 2683-3247, ambos ante el Instituto Nacional del Derecho de
Autor. Responsable de la última actualización de este número: Centro de
Estudios Humanísticos de la UANL, Mtro. Juan José Muñoz Mendoza,
Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes
#4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey, Nuevo León, México. C.P.
64290. Fecha de última modificación de 15 de julio de 2025.
Rector / Santos Guzmán López
Secretario de Extensión y Cultura / José Javier Villarreal
Director de Historia y Humanidades / César Morado Macías
Titular del Centro de Estudios Humanísticos / Beatriz Liliana De Ita Rubio
Director de la Revista / Víctor Barrera Enderle
Autores
Margarita Salazar Mendoza
Diana Mireya Macías Reyes
Rolando Picos
Mónica Torres Torija
Jonathan Muñoz Guerra
Adbeel Darío Duarte Hernández
Alejandro Rosillo Martínez
Jesús Alberto Hernández Granados
Celia Rosado Avilés
Óscar Ortega Arango

�Jesús Alberto Leyva Ortiz
Klaudia Tatiana Dayanira Díaz
Editor Técnico / Juan José Muñoz Mendoza
Corrección de Estilo / Víctor Barrera Enderle
Maquetación / Concepción Martínez Morales
Se permite la reproducción total o parcial sin fines comerciales, citando la
fuente. Las opiniones vertidas en este documento son responsabilidad de
sus autores y no reflejan, necesariamente, la opinión de Centro de Estudios
Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Este es un producto del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad
Autónoma de Nuevo Léon. www.ceh.uanl.mx
Hecho en México

�Artículos
Humanitas, vol. 5, núm. 9, 2025

Sobre dos posibles escenarios si se fracturara
el orden conocido
On two possible scenarios if the known
order were broken
Margarita Salazar Mendoza
Universidad Autónoma de Ciudad Juárez
Ciudad Juárez, México
masalaza@uacj.mx

Resumen. Un género literario que ha aumentado su producción en este
siglo XXI es la narración de historias que plantean al lector posibilidades de
un futuro después de un magno desastre universal, durante el que la mayoría
de la población se extingue. Es un escenario duro, un extremo ejercicio de
supervivencia. A tales obras se les ha clasificado como postapocalípticas;
en ellas señorean el pillaje, el asesinato, las escenas escatológicas, incluso
el canibalismo, la conducta salvaje de personajes cuyo único objetivo
es continuar vivos. Con dos diferentes estilos José Saramago y Cormac
McCarthy -en Ensayo sobre la ceguera y La carretera, respectivamentenos muestran la poca esperanza que quedaría en el mundo si el sistema en
el que ahora se mueve el humano se derrumbara por completo. Reinaría
un miedo constante a lo que se ve y a lo que se intuye, la desesperanza de
no saber si el día presente les permitirá llevarse, aunque fuese un poco de
alimento a la boca. Ante un desastre de tal magnitud, los seres humanos
tendrían que recomenzar con nuevas normas de convivencia, quienes
fuesen sobrevivientes de la tragedia, llevarían la experiencia de las reglas
que, si bien fallaron o fueron injustas, al menos limitaban la tendencia a
solamente ver por sí mismos..
Palabras clave: narrativa, novela, ensayo, sistema, especulación.

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�Margarita Salazar (UACJ) / Sobre dos posibles escenarios

Abstract. A literary genre that has increased its production in this
twenty-first century is the telling of stories that present the reader with
possibilities of a future after a great universal disaster, during which most
of the population becomes extinct. It’s a tough scenario, an extreme
exercise in survival. Such works have been classified as post-apocalyptic;
in them pillage, murder, scatological scenes, even cannibalism, the savage
behavior of characters whose only objective is to stay alive, dominate.
With two different styles, José Saramago and Cormac McCarthy – in
Blindness Essay and The Road, respectively – show us how little hope
would remain in the world if the system in which humans now move were
to collapse completely. There would be a constant fear of what is seen and
what is intuited, the despair of not knowing if the present day will allow
them to take even a little food to their mouths. In the face of a disaster
of such magnitude, human beings would have to start over with new rules
of coexistence, those who were survivors of the tragedy would carry the
experience of the rules that, although they failed or were unjust, at least
limited the tendency to only see for themselves.
Keywords: narrative, novel, essay, system, speculation.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.9-115

�Humanitas, vol. 5, núm. 9, julio-diciembre, 2025

Proemio
Todo tiene un principio y un fin. Un libro cuenta con su primera y
su última página; un festival de jazz inicia en una fecha y concluye en
otra; la vida de una persona empieza y acaba -como la de cualquier
ser vivo-. Si todo a nuestro alrededor es finito ¿por qué la vida en la
tierra no tendría término?, en algún punto comenzó, se desarrolló
y aquí estamos. Esos extremos han sido teorizados por la ciencia y
concebidos por la religión.
Desde el punto de vista religioso se encuentra el Apocalipsis
bíblico. Ese último libro de las Sagradas Escrituras de los cristianos
posee un carácter netamente profético. Con independencia de lo
que los estudiosos han interpretado o de lo que el autor quiso decir,
esa escatológica historia declara en su capítulo cuarto: “Después
tuve una visión. He aquí que una puerta estaba abierta en el cielo y
aquella voz que había oído antes, como voz de trompeta que hablara
conmigo, me decía: «Sube acá, que te voy a enseñar lo que ha de suceder
después»”. (Apocalipsis, 4: 1)
Por otra parte, a partir del avance del conocimiento
científico y dentro del desarrollo tecnológico, han aparecido algunos
artefactos que representan un serio peligro para la vida de los seres
humanos, las armas, por ejemplo, que nadie puede negar que fueron
concebidas para matar personas y a otros seres animados. Algunos
científicos han esbozado su preocupación en cuanto al uso de algunas
armas de aniquilación masiva. La bomba atómica o el crecimiento
desbordado de la industria química han sido mencionadas como dos
probables causas del ocaso del ser humano; para el primer caso sólo
recordemos la película Oppenheimer (2023) -filme en el que Robert
Oppenheimer y Albert Einstein discuten la contingencia de que una
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�Margarita Salazar (UACJ) / Sobre dos posibles escenarios

bomba de ese tipo desencadenara una reacción que destruyera el
mundo- y para el segundo pensemos en el libro de Rachel Carson,
quien en la década de los 60 desarrolló sus ideas sobre los biocidas
en su conocida obra Primavera silenciosa (2010).
Así que, hablando de cuestiones objetivas, actualmente
existen diversas maneras en que la especie podría perecer, ya fuese
por completo o disminuyendo en un alto porcentaje de individuos.
Por supuesto, debe tratarse de eventos catastróficos de gran
envergadura, ya se asista a acontecimientos propios de la naturaleza
(volcanes, terremotos, huracanes o fenómenos similares), artificiales
(una guerra nuclear o con armas biológicas), incluso de un peligro
proveniente del espacio (otros seres vivos o la llegada y choque de
grandes piezas de materia sideral contra la Tierra). En el 2019 Francia
anunció su interés en reclutar escritores de ciencia ficción (BBC,
2019) para “un encargo atípico y a primera vista desconcertante:
anticipar las amenazas que podría afrontar Francia a mediados del
siglo XXI” (Bassets, 2022). Es factible imaginar, pues, que algún
terrible desastre pusiera fin a la existencia humana provocado por la
misma mano del hombre.
Efectivamente, varios son los riesgos que comprometen
la vida en la Tierra. Nos preocupamos por los seres humanos
porque a ese grupo pertenecemos, pero la historia y los estudios
paleontológicos han mostrado que la vida no ha sido siempre igual
en este planeta. Nieves López Martínez explica que:
la extinción global y masiva […] que afectó a los dinosaurios,
entre otros muchos organismos, se relaciona con una catástrofe
producida por la caída de un meteorito gigante que indujo
notables modificaciones paleoambientales. Todos los grupos de

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organismos que hasta entonces habían poblado el planeta durante
más de 150 millones de años se [enfrentaron a] alteraciones
repentinas de todos los ecosistemas, debidas a causas externas
a las que no tuvieron tiempo de adaptarse: sofocación por
inyección de polvo y aerosoles tóxicos en la atmósfera, rápida
intoxicación y acidificación de la hidrosfera, incendios a escala
global, oscurecimiento de la luz solar, larga sequía y un invierno
generalizado y desconocido hasta entonces durante todo el
Mesozoico. (2001: 72)

Son diversas las amenazas, y no todas son iguales, por una
parte; por otra, la civilización humana todavía es muy joven, así lo
explica Jesús Mosterín. Aunque él se refiere “al remoto origen de
la cultura humana” (1994: 54),1 la humanidad ha alcanzado un alto
grado de desarrollo tecnológico en los últimos tres siglos.
Esos riesgos no sólo son estudiados por los científicos y los
militares. También han sido considerados en la creación estética.
En el cine y ya desde el siglo pasado se encuentran clásicos filmes al
respecto. Recuérdese Metrópolis (1927), película alemana dirigida por
Fritz Lang y basada en la novela de Thea von Harbou, cuyo escenario
está diseñado en dos partes, una zona industrial subterránea y la
ciudad exterior donde viven los poderosos y que desea ser destruida
por los obreros incitados por un robot. Luego, en la década de
los 60 se exhibió por primera vez El planeta de los simios (1968) y
2001: Odisea en el espacio (1968). La primera, también surgió de una
novela -La Planète des singes (1963) del francés Pierre Boulle-, y dio
1 Ese remoto origen de la cultura humana comprende a los Australopithecus,
Homo Habilis y la cultura olduvaiense; Homo erectus y la cultural achelense;
los neandertales y la cultura musteriense; para llegar al Homo sapiens. Una
lenta evolución que, de acuerdo con lo dicho por Mosterín, abarca unos dos
millones de años. (1994: 54-67).
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�Margarita Salazar (UACJ) / Sobre dos posibles escenarios

pie a un sinnúmero de productos: varias películas, cómics y serie
de televisión, tanto fue su éxito. La segunda, del destacado director
Stanley Kubrick, resalta por el realismo científico y por la inclusión
de efectos especiales innovadores; también el guion de ésta fue
basado en una obra literaria, el cuento “El centinela” (1948) de
Arthur C. Clarke.
Entre los diversos géneros literarios, se encuentra el de
la ciencia ficción, término acuñado por Hugo Gernsback y que
apareció en 1926 en la revista Amazing Stories (Ashley, 1976).
Estas obras literarias especulan sobre los avances científicos y
tecnológicos del futuro. También se le conoce como literatura
de anticipación (Hobana, 1986) o especulativa (Hottois, 1985),
porque conforme surgen los estudios especializados aparecen otros
términos y clasificaciones. Por ejemplo, el cyberpunk de las últimas
dos décadas del siglo XX gira alrededor de los ordenadores y de
la informática que se cuece en los bajos fondos urbanos (Masís y
Castro, 2021: 131-138). Así, los escenarios en ese tipo de creación
literaria propician debates filosóficos o científicos; se discuten en
esas historias la naturaleza del hombre y de la sociedad; se habla de
peligros e ilusiones.
Cuando leemos Ensayo sobre la ceguera (2001) de José Saramago
y La Carretera (2006) de Cormac McCarthy notamos que tienen algo
en común; luego de una discreta reflexión advertimos que ambas
tratan sobre el trastorno del sistema hasta ahora conocido. Son
dos novelas que plantean posibles escenarios si se rompiera por
completo el orden establecido y desarrollado durante más de 25
siglos. Entorno al que ya estamos acostumbrados y en el que nos
desenvolvemos, en el que encontramos refugio y alimentos, y que
de una u otra manea nos protege.
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Sólo especulación
¿Qué pasaría si de repente “algo” ocasionara la ceguera de los
seres humanos? Así inicia una de las espléndidas novelas de José
Saramago, Ensayo sobre la ceguera.
Se encendió la señal verde y los coches arrancaron bruscamente,
pero enseguida se advirtió que no todos habían arrancado.
El primero de la fila en medio está parado, […] el conductor
inmovilizado braceando tras el parabrisas mientras de los coches
de atrás tocan frenéticos el claxon. Algunos conductores han
saltado ya a la calzada, dispuestos a empujar al automóvil averiado
hacia donde no moleste. […] El hombre que está dentro vuelve
hacia ellos la cabeza, hacia un lado, hacia el otro, se ve que grita
algo, por los movimientos de la boca se nota que repite una
palabra, una no, dos, […] Estoy ciego. (Saramago, 2001: 5-6)

Repentinamente se ha quedado ciego, lo repite una y otra
vez, desesperado en su angustia. Le ayudan a salir del coche y sus
lágrimas brotan incontenibles. Entonces suplica que le ayuden
a llegar a su casa. Alguien se ofrece a guiarlo hasta su domicilio,
así que acomoda al ciego en el asiento del copiloto y emprende la
marcha. Llegan al hogar del invidente y éste, en su desconfianza,
rápidamente despide al hombre que le ha socorrido.
Una vez en el interior el recientemente ciego se mueve más
o menos con soltura pues conoce el espacio; aun así, un primer
incidente ocurre ya que “tiró al suelo un jarrón de flores” (10).
“Era como si todo estuviera diluyéndose en una especie de extraña
dimensión, sin direcciones ni referencias, sin norte ni sur, sin bajo
ni alto” ( 9). Recordó cuando de adolescente había jugado al juego
de Y si fuese ciego, y que entonces había concluido que serlo no
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�Margarita Salazar (UACJ) / Sobre dos posibles escenarios

era una terrible desgracia, siempre y cuando el ciego no lo hubiese
sido de nacimiento y conservara recuerdos suficientes de colores,
formas, planos, superficies, contornos. Sin embargo, al intentar
recoger los vidrios que se han desparramado por el piso sufre una
herida, cosa que lo inquietó, sintió su sangre como una amenaza
contra sí mismo.
Cuando su mujer regresa del trabajo se irrita al ver que él
no ha recogido los vidrios ni ha secado el suelo. Él le dice que está
ciego y ella le responde que no bromee, luego se asusta y finalmente
comienza a llorar. Después se apresura a llevarlo al médico pero
se enteran de que quien le hizo el favor de llevarlo a su casa les ha
robado el coche. Una vez en el consultorio del oftalmólogo advierte
ella que ahí se encuentran otros pacientes: “Un viejo con una venda
negra cubriéndole un ojo, un niño que parecía estrábico y que iba
acompañado por una mujer que debía de ser la madre, una joven
de gafas oscuras”; pero ninguno ciego (15). El médico examina al
hombre y no encuentra problema alguno y le manda a que se haga
estudios.
Es importante mencionar que la voz narrativa -extradiegéticajuega un papel preponderante durante la narración, ya que no se
limita a contar, sino que constantemente introduce cuestiones ajenas
al relato. En la ficción tradicional se consideran digresiones aquellos
enunciados lingüísticos que desvían de la historia principal, como
opiniones, historias secundarias, paréntesis, incisos, divagaciones,
disquisiciones. Además, es obvio que está siendo sarcástico al
expresar lo siguiente:
Al ofrecerse para ayudar al ciego, el hombre que luego robó el
coche no tenía, en aquel preciso momento, ninguna intención

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malévola, muy al contrario, lo que hizo no fue más que obedecer
a aquellos sentimientos de generosidad y altruismo que son, como
todo el mundo lo sabe, dos de las mejores características del
género humano, que pueden hallarse, incluso, en delincuentes más
empedernidos que éste, un simple ladronzuelo de automóviles sin
esperanza de ascenso en su carrera, explotado por los verdaderos
amos del negocio. (20)

Rompe el hilo del discurso para introducir materias que no
tienen relación directa con el asunto central. Claramente toma una
postura respecto a la conducta del ladrón y desea involucrar en tal
perspectiva al posible lector.
En cuanto a nosotros, nos permitiremos pensar que si el ciego
hubiera aceptado el segundo ofrecimiento del, en definitiva, falso
samaritano, en aquel último instante en que la bondad podría
haber prevalecido aún, nos referimos al ofrecimiento de quedarse
haciéndole compañía hasta que llegase la mujer, quién sabe si
el efecto de la responsabilidad moral resultante de la confianza
así otorgada no habría inhibido la tentación delictiva y había
facilitado que aflorase lo que de luminoso y noble podrá siempre
encontrarse hasta en las almas endurecidas por la maldad. (21)

De esta manera, las marcas discursivas señalan de forma
directa al género ensayístico, por una parte; por otra, su expresión
está acompañada constantemente del humor.
La conciencia moral, a la que tantos insensatos han ofendido y
de la que muchos más han renegado, es cosa que existe y existió
siempre, no ha sido un invento de los filósofos del Cuaternario,
cuando el alma apenas era un proyecto confuso. (21)

Esas palabras del escritor portugués están cargadas de
ironía, cuestionando un aspecto abstracto considerado parte de la
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naturaleza del ser humano. Jesús Mosterín dice que “los sofistas
griegos del siglo v contraponían la physis (la realidad tal y como
es de por sí, con independencia de las convenciones humanas)
al nómos (la convención, la costumbre)” (1994: 27). Así Mosterín
avala con su obra lo expresado en el fondo por Saramago, cuando
el primero refuta lo expuesto por el autor de El fin de la historia
(1992).
En vez de limitarse a constatar que los seres humanos somos
animales, aunque especialmente inteligentes y exitosos, Fukuyama
se empeña en cavar un foso entre los humanos y los demás
animales mediante nociones bastante confusas. Mientras todos
los animales tienen naturaleza, sólo los humanes tendríamos
«dignidad». Esta «dignidad» nos conferiría un estatus moral
distinto al del resto de los animales. (1994: 34)

Tanto Saramago como Mosterín prefieren dejar de lado las
discusiones metafísicas para centrarse en los aspectos materiales que
rodean al ser humano.
Regresando a la historia y como el mismo narrador sostiene,
no es necesaria mucha imaginación para pensar en el pavor que
sintió el ladrón al quedarse también ciego. Quizá algún virus o
bacteria contenido en el volante del automóvil robado, o pasado
entre personas a través del vapor de la respiración, vaya usted a
saber. El hecho es que sí, contrajo la misma condición. Después es
el médico oftalmólogo que revisó al primer hombre, quien se queda
ciego. Le siguen los pacientes que aguardaban en el consultorio: el
hombre tuerto, la joven de las gafas y el niño, también el policía que
detuvo al ladrón cuando éste perdió la vista, y muchos más. No así
la esposa el médico. El galeno
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tenía que informar a las autoridades sanitarias, avisar de lo que
podría estar convirtiéndose en una catástrofe nacional, nada más
y nada menos que un tipo de ceguera desconocido hasta ahora,
con todo el aspecto de ser muy contagioso y que, por lo visto,
se manifestaba sin previa existencia de patologías anteriores
(Saramago, 2001: 31).

Así que llama por teléfono. Cuando el funcionario que lo
atiende, por falta de criterio, no lo pasa con su superior y cuelga el
teléfono, el médico murmuró: “De esa masa estamos hechos, mitad
indiferencia y mitad ruindad” (Saramago, 2001, p. 34). De ahí en
adelante lo que se presencia es un desorden social tremendo pues
con la gente quedándose ciega, todo se vuelve un caos. Primero se
dio la orden de que
todas las personas que se quedaron ciegas, y también quienes con
ellas hubieran tenido contacto físico o proximidad directa, serían
recogidas y aisladas, para evitar así ulteriores contagios que, de
verificarse, se multiplicarían según lo que matemáticamente es
costumbre denominar progresión geométrica. (39)

El Ministro de Salud estableció para ellos una cuarentena
en el edificio de un manicomio que había sido abandonado hacía
tiempo, que contaba con barda perimetral y diseñado en dos alas,
cuestión esta que permitió instalar a los ciegos en una sección y a
quienes todavía veían en la otra, con soldados para la vigilancia en
el exterior del predio.
Así, los enfermos quedaron aislados y responsables de
atenderse a sí mismos, desde lavar su ropa hasta enterrar a los
muertos. Las agresiones, aún sin el sentido de la vista, empiezan
entre ellos y muy pronto pierden también el cuidado de su cuerpo:
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un niño que se orina, un hombre malherido en una pierna. Otra
cuestión vital que deben atender es el asunto de la alimentación; al
no poder salir del recinto deben esperar a que les traigan las cajas de
comida. Arriban más ciegos y del ala contraria del edificio también
llegan otros. Y dice la mujer del médico -quien aún sigue viendo-:
“Tenía que ocurrir, el infierno prometido va a empezar” ( 67). Los
ciegos, en rebaño, tropezaban unos con otros, los que caían al suelo
eran pisoteados.
El médico por su parte se dio cuenta que no era suficiente
serlo, “no le bastaban las manos, un médico cura con medicinas,
fármacos, compuestos químicos, drogas y combinaciones de esto y
aquello y a su alrededor no había rastro de nada de eso ni esperanza
de conseguirlo” (68). En otras palabras, un médico lo es porque se
mueve dentro de un sistema social que le permite contar con los
recursos necesarios para ejercer su profesión; lo mismo que todas las
profesiones, todos los empleos, cada uno de los puestos de trabajo;
y todos ellos requieren mirar para realizar su labor.
Después el Gobierno se da cuenta de que ha aumentado
tanto la cantidad de los invidentes que se vio obligado a ampliar “los
criterios que había establecido sobre lugares y espacios requisables,
de lo que resultó la ocupación inmediata e improvisada de fábricas
abandonadas, templos sin culto, pabellones deportivos y almacenes
vacíos” (120), montó así mismo, campamentos con tiendas de
campaña. El tráfico se volvió un caos debido a la cantidad de
muertos y heridos por atropellamientos, provocados por la cantidad
de gente que iba perdiendo la vista.
Todos en ese mundo de la historia quedan finalmente ciegos,
así que unos mueren por el abandono, otros por enfermedades, por
accidentes o heridas infectadas. Muchos de ellos se agrupan y se
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toman de las manos para mantenerse juntos, como equipo, en el
que, de acuerdo con sus fuerzas y sus posibilidades, se protegen
unos a otros. Ciegos como están deben buscar comida y ropa y lugar
donde refugiarse, ya sea para dormir o para protegerse del clima
severo.
De los grifos de las casas no salía ni una gota del precioso líquido,
es defecto de la civilización, nos habituamos a la comodidad del
agua canalizada, llevada a domicilio, y olvidamos que, para que
tal suceda, tiene que haber gente que abra y cierre las válvulas
de distribuciones, estaciones elevadoras que necesitan energía
eléctrica, computadoras para regular los débitos y administrar las
reservas, y para todo faltan ojos. ( 221)

Así que cuando llueve los ciegos ponen la cara hacia
arriba con la boca abierta para beber agua. Las escenas netamente
escatológicas son inevitables y constantes: “hedores que flotaban,
gruesos y lentos, con súbitas corrientes nauseabundas” (Saramago,
2001, p. 69). En ese vagar de un lado para otro encuentran cadáveres
y suciedad. Moverse o quedarse parados es lo mismo para ellos,
“salvo encontrar comida no tienen otros objetivos” (228).
La esperanza de recobrar la vista “se acabó cuando se
enteraron de que el mal había afectado a todos” (228); muchos
terminaban muriendo en la calle. “No es extraño que los perros [ya
fueran] tantos, algunos ya parecen hienas” (229), que muerden y
comen los cuerpos de los difuntos.
“¡Qué falta nos hacen los ojos!” ( 69) afirma el médico, uno
de los personajes de la historia con mayor conciencia sobre el desastre
que les aqueja, calamidad que no tiene una solución rápida, sino que
más bien les está llevando a una caída estrepitosa del sistema. El
mundo quedó en silencio, no había quien trabajara en las fábricas
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ni quien golpeara la roca en las minas ni quien disparara armas, ni
tráfico en las calles. Un solo sentido faltante, la vista, que ha sido
considerada como el más usado entre los humanos (Criado, 2015),2
condujo inevitablemente a la suspensión de las actividades, lo cual
llevó al caos. Porque, ¿qué se requiere para conducir cualquier tipo
de vehículo automotor?, ¿cuál sentido es indispensable para usar
herramientas como un martillo, un serrucho o una brocha?, ¿cómo
podría utilizarse un dispositivo electrónico (un teléfono celular, una
computadora)? Es fácilmente comprensible el caos surgido en el
planeta si de golpe los humanos perdieran la vista.
En 1998 se concedió a Saramago el Premio Nobel “por
su capacidad para volver comprensible una realidad huidiza, con
parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía”
(Moreno y Mora, 1998). Uno de los núcleos de su poética política
es la compasión. Y la ironía es su rasgo estilístico, el que permite la
distancia, el que dota a su obra de sentido del humor para representar
la dura realidad humana. Saramago retrató un mundo inmundo con
la delicadeza de su estilo (riqueza de léxico, un ritmo eufónico).
Indaga en la esencia del ser humano y de la sociedad. En sus obras
él sostiene que el hombre es libre y tiene voluntad, principio de la
acción, por lo que es responsable de sus actos, su forma de vida es
el resultado de sus obras.
Aunque el Premio Nobel afirmó que la literatura no sirve
para nada, esta novela le ha sido útil a su autor como espacio para
2 Desde la época de Aristóteles se ha dado una explícita importancia,
sobre todo, a la vista (1995, Libro I, 980a).
Por su parte, los neurólogos, entre ellos Steve Parker y Eric Kandel,
sostienen que la vista es probablemente el sentido más desarrollado de los
seres humanos, seguido inmediatamente por la audición (Parker, 2010: 312; y
Kandel, 2000: 492).

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discutir algunas cuestiones relacionadas con la naturaleza humana,
por eso es posible subetiquetarla como ensayo. Sostiene José Luis
Martínez que “La expresión más concisa y exacta que corre a
propósito del ensayo es literatura de ideas” (2001: 9) y agrega que se
da una especie de “intercambio entre la literatura y otras disciplinas
del pensamiento escrito” (2001: 10). Otra cuestión que aclara
Martínez (2001) es que cuando los autores son fundamentalmente
escritores literarios sus ensayos conservan su estilo personal (22); tal
es el caso de Saramago. En Ensayo sobre la ceguera figuran los rasgos
que también aparecen en, por ejemplo, Todos los nombres (1997) o
Caín (2009).
Por su parte, Liliana Weinberg asevera que “el ensayo es
una operación estética que se aplica a cuestiones éticas, y como
tal encuentra su organización” (2006: 97); así mismo, “que el
ensayo otorga la posibilidad de resolver en términos literarios las
contradicciones de la filosofía y de dar forma poética al pensamiento”
(2006: 97). Esa calidad estética a la que se refiere Weinberg ha sido
probada en diversos estudios sobre la obra del portugués. Así pues,
el ensayo que procede desde Montaigne sobresale por un estilo
particular de razonamiento; es un género que privilegia la reflexión
y el análisis crítico. Estamos pues, ante un ensayo, como su título
lo indica, que es pura especulación; no así el caso de La carretera de
McCarthy. Veamos por qué.
La construcción de una historia
La carretera de Cormac McCarthy (2006) es una novela clasificada
dentro de la categoría de postapocalípticas. Eso significa la casi
extinción de la humanidad y el quebrantamiento de la civilización.
Las historias que en esas obras se narran se refieren a la vida después
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de la destrucción global. Se piensa en un conjunto de eventos con
una causa única u ocasionados por una serie de factores que unidos
propician la caída y fragmentación de las formas de vida como hasta
antes han conocido los seres humanos. Eso es precisamente lo que
define a este subgénero narrativo: los supervivientes se enfrentan a
situaciones desconocidas. Son historias ambientadas justo después
de una gran catástrofe.
La Tierra permanece (1949) de George R. Stewart es una de
las primeras novelas de esa clase, una de las obras maestras de la
ficción especulativa. La ecología y lo inexorable de los cambios
producidos en el mundo son el fondo de la reflexión, a partir de
un desconocido y devastador virus que ataca a los seres humanos.
Así la supervivencia es la preocupación de quienes participan en la
historia.
La historia de McCarthy se desarrolla básicamente en el
caminar de dos personajes, padre e hijo, un hombre enfermo y un
niño triste, ambos escuálidos; ya han pasado varios años en esa
situación y se mueven hacia el sur buscando un punto geográfico más
benigno. Su mundo está compuesto por “Noches más tenebrosas
que las tinieblas y cada uno de los días más gris que el día anterior”
(McCarthy, 2006: 9); la región que se extiende al sur es árida y
silenciosa. La ceniza cubre las calles pavimentadas y los campos
están devastados; los árboles han muerto; el color ha huido del
paisaje. Sabemos que al principio ambos debieron usar mascarillas
de algodón para cubrir su rostro. Además, ningún lugar está exento
de riesgo. Ellos siguen la línea de la carretera a pesar de que no es
segura; por la misma vía, aunque por lo general desierta, pueden
aparecer otros que no se contienen en hacer daño para arrebatar un
pedazo de alimento o cualquier cosa que les pueda ser útil.
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Como en la obra de Saramago, los personajes carecen de
nombres. Estos no son necesarios, ya que no es una desgracia que le
ocurra a unos específicamente, sino que esos personajes representan
a los pocos que van quedando en estas historias. Así mismo, las
escenas naturalistas abundan. El hombre y su hijo se protegen con
“prendas y mantas pestilentes” (McCarthy, 2006, p. 9); revuelven la
basura buscando lo mínimo indispensable para sobrevivir. A cada
trecho caminado el siguiente escenario es similar:
Al otro extremo del valle la carretera atravesaba un arroyo
completamente negro. Troncos de árboles calcinados y
desprovistos de ramas a ambos lados. La ceniza moviéndose
sobre el asfalto y las manecillas flojas de cable ciego que colgaban
de los ennegrecidos postes de luz gimiendo débilmente con el
viento. Una casa incendiada en medio de un claro y más allá un
tramo de pradera agreste y gris. (McCarthy, 2006: 12)

El hombre cargaba unos binoculares para ver a la distancia,
pero siempre lo mismo: “Nada que ver.” (McCarthy, 2006: 12). El
niño temeroso constantemente pregunta si morirán, el padre le
responde: “Algún día. Pero no ahora” (McCarthy, 2006: 14), y agrega
que por eso se encaminan hacia el sur, para no pasar frío, ya que
“tenían el invierno encima” (McCarthy, 2006: 202).
Así pues, en este género narrativo el escenario es un mundo
que ha sido destrozado por algún evento: una guerra o un desastre
natural. De ahí que el sistema de vida tal como ha funcionado hasta
el momento del suceso devastador se ha desplomado, el paisaje está
en ruinas, la infraestructura ha colapsado, las comodidades y los
servicios han desaparecido; el lugar, en fin, es desolado y peligroso,
es el telón de fondo para la historia contada.
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En la década de los 60, la bióloga Rachel Carson planteó en
su conocida obra, Primavera silenciosa, que:
La gente ha oído hablar mucho en el mundo acerca de la guerra
triunfante contra las enfermedades, gracias al control de los
insectos vehículos de la infección, pero ha oído poco acerca del
reverso de la historia: las derrotas, los breves triunfos que ahora se
encaran duramente con la alarmante perspectiva de que el insecto
enemigo se ha robustecido precisamente con nuestro ataque.
(Carson, 2010: 158)

Esta científica estadounidense alertó sobre las acciones
desmedidas que el hombre estaba llevando a cabo en su intento
por controlar plagas y, por lo tanto, matar insectos. Sumado a eso la
industria química siguió desarrollando productos para incrementar
la fertilidad de las plantas comestibles pero también para deshacerse
de las no deseadas, los famosos herbicidas. En palabras de Carson,
la resistencia ambiental se hace cada vez mayor con el transcurso
de los años, a medida que aumenta la variedad, el número
y la potencia de los insecticidas. A medida que pasa el tiempo
podemos esperar más serios brotes de insectos, tanto portadores
de enfermedades como destructores de cosechas, en cantidades
no conocidas hasta ahora. (Carson, 2010: 149)

Una muestra de tal resistencia es el asunto del sargazo en
las costas del Caribe y las playas occidentales africanas. Esta planta
acuática se convirtió en un verdadero problema para los habitantes
de esas regiones. De acuerdo con Rogers &amp; otros, algunas de las
consecuencias dejadas por la proliferación del alga en la primavera y
verano del 2023 fueron:
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Escuelas desalojadas debido a gases tóxicos. El agua potable de
las casas con mal olor. Los operadores turísticos y los pescadores
en lucha por mantener sus negocios. Pérdidas de empleos. Cortes
de electricidad que afectan a decenas de miles de personas a la
vez. Graves problemas de salud. Y pérdida de vidas. (Rogers &amp;
otros, 2024)

En el mismo artículo de Rogers &amp; otros (2024) se cita a
Brian Lapointe, profesor en la Universidad Atlántica de Florida,
quien afirmó que:
Desde la década de 1980, la población mundial casi se ha
duplicado, […] Esto, a su vez, ha llevado a un aumento masivo de
los nutrientes que estimulan al sargazo y que son arrastrados por
grandes ríos, como el Mississippi en Estados Unidos, el Amazonas
y el Orinoco en América del Sur y el Congo en África. (Lapointe
citado por Rogers &amp; otros, 2024)

Él explica que los fertilizantes utilizados para incrementar
los alimentos para los habitantes del mundo finalmente llegan a los
océanos, a lo que se suman las aguas residuales de origen urbano.
En el 2019 Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones
Unidas aseveró que “los océanos no conocen fronteras, ni tampoco
el clima. Es una responsabilidad colectiva global actuar ahora”.
(Guterres citado por Rogers &amp; otros, 2024). Aunque Guterres apela
al compromiso general para que todos y cada uno de los individuos
del planeta actúen responsablemente, no es del interés -ni siquiera
de la mayoría- modificar estilos de vida.
El biólogo y filósofo español Jesús Mosterín fue un estudioso
inquebrantable de la naturaleza del hombre y afirmó que tal no es
una entelequia metafísica, ya que heredó “todas las características
comunes a los seres vivos del planeta Tierra” (Mosterín 1994:
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29) y aunque “la naturaleza humana reside [en] el organismo
individual mismo, finalmente, es el fenotipo concreto, resultante
tanto de su naturaleza específica y de su herencia particular, como
de su desarrollo embrionario y de la historia completa de su vida
y de sus interacciones con su entorno” (Mosterín, 1994: 29). Así
que la cultura juega un papel preponderante en el sistema de vida
actual, ya que dicho sistema se armó con las acciones de todos los
hombres que han pisado el planeta, con sus inventos, con su muy
diversa y amplísima producción de artículos, de servicios, y, por
ende, con su consumo. Este mismo autor brinda una definición
general, abarcadora, del concepto de cultura como: “la información
que se transmite entre individuos, la información transmitida por
aprendizaje social” (Mosterín, 1994: 16). Así mismo, agrega que la
cultura no es estática, sino que evoluciona.
Y los cambios producidos después de un gran desastre, ya
sea natural o no, implica incluso buscar la carne de los muertos para
alimentarse, “la carne rajada a lo largo del hueso” (McCarthy, 2006:
24); implica que los cadáveres están “descalzos hasta el último de
ellos como peregrinos de baja extracción pues hacía tiempo que
les habían rodado a todos sus zapatos” (24); los protagonistas
se enfrentan al conocimiento de que algunos de los individuos
sobrevivientes queman cadáveres para alimentarse.
Tanto el adulto como el niño primeramente habían estado
escondidos, asustados, alertas, pero luego decidieron salir, como ya
se dijo, rumbo al sur, además, porque sabían que tarde o temprano
alguien los encontraría y podrían tener problemas. Problemas como
aquel que se suscitó cuando ya en el camino pasaron por un pueblo
costero aparentemente vacío, mas
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a la altura de los últimos y tristes edificios de madera algo pasó
silbando junto a su cabeza y rebotó en la calle […] En una ventana
superior de la casa pudo ver a un hombre tensando un arco y
agachó la cabeza del chico e intentó cubrirlo con su cuerpo. Oyó
el chasquido seco de la cuerda del arco y al momento sintió un
dolor atroz en la pierna. (193)

Como con los ciegos de Saramago, una herida puede ser
fatal, pues difícilmente se encuentran las condiciones de higiene y
material de curación para limpiar y proteger la lesión hasta que sane.
En otras palabras, aunque el padre y el hijo en la historia
de McCarthy no saben a ciencia cierta qué ocasionó el desastre que
les rodea, sólo notan que “los días se sucedían penosamente sin
cuenta ni calendario” (McCarthy, 2006: 200), que cada vez que se
acercan a la mancha que alguna vez fue ciudad, en las carreteras
que la rodean están llenas de “largas hileras de coches carbonizados
y herrumbrosos” (McCarthy, 2006: 200), que constantemente se
encuentran con “cadáveres incinerados reducidos al tamaño de un
niño” (200), pero ellos continuando “pisando por aquel mundo
muerto” (200).
Él tosía todo el tiempo y el chico le veía escupir sangre. Caminando
encorvado. Mugriento, andrajoso, desesperanzado. Se detenía y se
apoyaba en el carrito y el chico seguía andando y luego paraba y
miraba atrás y él alzaba sus ojos llorosos y lo veía allí de pie en la
carrera mirándole desde un futuro inimaginable. (200-201)

Ambos comprenden que deben velar por su supervivencia,
sobre todo, el padre, quien trata de proteger y alimentar a su hijo,
aún a costa de perjudicar su ya de por sí precario estado de salud.
Finalmente, el hombre muere. El niño se queda con él unos días
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hasta que se atreve a salir al camino, donde se encuentra con otras
personas, a quienes se une en su procesión.
También en esta historia de McCarthy, el silencio se hace
presente. Una escena da idea de que incluso la voz humana se
hace menos presente es cuando padre e hijo se han refugiado en
una gruta: “Humeros de piedra donde el agua goteaba y cantaba.
Tañendo sin tregua en el silencio los minutos de la tierra y sus horas
y días y años” (9). La región por la que se mueven estos personajes
es “árida, silenciosa, infame” (9). O cuando el hombre
Se quedó escuchando el goteo del agua en el bosque. […] El frío
y el silencio. Las cenizas del mundo difunto trajinadas de acá
para allá por los vientos crudos y transitorios vientos en el vacío.
Llevadas, esparcidas y llevadas de nuevo. Todo desencajado de su
apuntalamiento. Sin soporte en el viento cinéreo.” (14)

El silencio que todo lo apaga, que todo cubre. El silencio
que deja el viento cuando cambia de dirección, cuando ha dejado de
nevar, el de las hojas blandas por la lluvia, el silencio en la lejanía o
el de las mañanas que traen consigo un silencio terrible. “El silencio
absoluto.” (56)
Un rompimiento del orden establecido redundaría
inevitablemente en un mundo bárbaro. Una vez agotados los recursos
existentes (alimentos en los supermercados que seguramente serían
saqueados, ropa y zapatos, combustible que dejaría de producirse,
vehículos que tarde o temprano se arruinarían), en cuanto ya
no fuera posible continuar utilizándolos por su inexistencia, el
hombre se vería en la necesidad de recomenzar de nuevo. Se verá
incluso obligado a unirse con otros individuos para ayudarse, para
protegerse, para procurar los alimentos que para uno solo sería
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trabajoso y, en ocasiones, infructuoso. Por tal razón, para repartir
tareas, para establecer obligaciones y derechos, deberán establecer
normas de convivencia, mínimas al principio, las fundamentales, que
aumentarían conforme se incrementara el número de integrantes
del grupo.
Esta obra le valió a McCarthy el Premio Pulitzer, uno de los
más importantes que se entregan en los Estados Unidos.3 No es una
historia que trate las causas del desastre que llevó a ese mundo a la
incertidumbre, sino que muestra la vida de dos personajes en su vida
diaria, de los avatares que deben sufrir, de las penurias que los aquejan.
Una última reflexión
Tal como se muestra en ambas novelas, sería un desastre que se
rompiese el orden ahora establecido. Quizá las reglas que nos
gobiernan y mediante las que convivimos no sean las más justas
ni las más equilibradas, tal vez no proporcionen lo mínimo
indispensable a todos los seres humanos, pero algo regulan de
nuestro comportamiento. Estas dos obras invitan a reflexionar al
lector, con diferentes estilos -una conmovedoramente y la otra con
tintes hilarantes-, sobre un posible evento que provoca la muerte
de un gran porcentaje de individuos, dejando un escenario en el
que unos cuantos seres humanos sobrevivientes deban enfrentarse
a nuevas y precarias condiciones.
José Saramago, en su novela-ensayo, incita a imaginar qué
pasaría si de pronto todos perdiesen el sentido de la vista. No
3 El género más importante dentro del Premio Pulitzer es el de periodismo,
cuyos ganadores obtienen una medalla de oro, mientras que en las otras 20
categorías se entrega a los galardonados un certificado y la cantidad de diez
mil dólares. https://www.pulitzer.org/ (consultado el 19 de julio de 2024).
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seríamos capaces ni de atendernos nosotros mismos; una herida mal
curada, una enfermedad a la que no responda nuestro organismo, una
estampida en un terreno con desniveles, cualquier acción violenta,
intempestiva, provocaría la muerte de miles de seres humanos, y
los que fuesen permaneciendo vivos se verían en serias dificultades
no ya para mantener el estilo de vida que los caracteriza sino para
conseguir sobrevivir a la escasez de alimentos, que seguramente
se presentaría, y al enfrentamiento violento entre individuos por
agenciarse lo poco disponible.
Ninguna de las actividades ahora practicadas por los humanos
sería posible sin ese sentido. En los deportes, ¿cómo patear un balón
de futbol o como encestar una pelota de basquetbol?, en la cocina,
durante la preparación de alimentos, ¿cómo picar finamente una
cebolla o freír papas o sacar del horno un pan? ¡Las implicaciones
son totales! Sobre todo, cuando habitamos “un mundo construido
en función de la capacidad de ver, la visión, el más dominante de
nuestros sentidos, es esencial en cada momento de nuestra vida”
(OMS, 2020, p. v), tal como se afirma en el Informe mundial sobre la
visión presentado por la Organización Mundial de la Salud en el 2020.
En 2009 Ángel Darío Carrero entrevistó a Saramago. Este
autor portugués aludió a una obra del ruso Fiodor Dostoyevski, Los
hermanos Karamasov, en la que aparece la siguiente frase: “Si Dios
no existe, todo está permitido” (Saramago en Darío, 2009); sin
embargo, rebate lo anterior expresando que
Esa conclusión catastrofista de que si se destruye a Dios todo el
mal invadirá la vida humana no es cierta para mí. No se puede
decir que cuando he hecho mal a alguien es por el hecho de no
creer en Dios. Si deseo hacer daño a alguien y decido no hacerlo,

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no es porque Dios me toma del brazo para que no lo haga. Es la
conciencia interior propia. (Saramago en Darío, 2009)

Así mismo, declaró que no puede evitar dejar de ver las
diversas perspectivas de un asunto, ya que “Todas las cosas tienen
otro lado. Mientras no lo veamos no tendremos un conocimiento
suficiente de la realidad” (Saramago en Darío, 2009).
Por su parte, Cormac McCarthy plantea una historia aciaga
cuyos personajes sufren las circunstancias adversas de un mundo
que ha sido devastado, en el que los alimentos escasean y en el que
el agua ha sido contaminada, dos elementos imprescindibles para
la supervivencia del hombre. Amén de otras cuestiones, tales como
el clima, un techo o un ambiente más o menos pacífico. Los pocos
humanos que quedan en el planeta en esa historia luchan entre
sí para, por un instinto de supervivencia, agenciarse los recursos,
aunque estén ya en manos de los otros; poco importa dejarlos en
el camino a que mueran de hambre, de frío o a manos de los más
violentos.
Asevera Fernando Reati -citado por Luciana Martínez
(2022)- que “[los] textos de ficción anticipatoria imaginan futuros
posibles desde la certeza intuitiva que presta la obra literaria” (2006:
13) y que son asimismo “muchos los casos sorprendentes de obras
de anticipación que parecen ‘adivinar’ el futuro” (20). Kant afirmó
que “La imaginación (como facultad de conocimiento productiva)
es por cierto muy poderosa en la creación, por decirlo así, de otra
naturaleza a partir del material que la naturaleza real le da” (Kant,
1992: 222). Esta idea de alguna manera ha sido también tratada
tanto por Aristóteles en su Poética y Erich Auerbach en su gran obra,
Mímesis (1950), como por Alexander Gerard en su Un ensayo sobre el
genio (1774).
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Leyendo esa clase de narrativa es posible que el receptor
se pregunte qué futuro le espera a la humanidad, cuáles serán
los avances científicos y cuáles sus consecuencias; debido a la
explosión demográfica ¿qué será del planeta?, sobre todo, «ahora
que contamos con la capacidad de hacer que todo salte por los
aires.» (Wiggins, 2024: 78), ¿se contendrán las guerras o terminarán
los seres humanos por destruirse unos a otros? Son múltiples las
preguntas y en el futuro están las respuestas.
Precisamente un caso extraordinario aconteció el 19 de julio
de este 2024 (Adam Satariano, Derrick Bryson Taylor and Remy
Tumin, 2024). Un error en un programa de actualización de la
compañía estadounidense CrowdStrike, con sede en Austin, Texas,
que bloqueó el sistema Windows, ocasionó un impacto que afectó
múltiples sistemas alrededor del mundo (Pascual, 2024). El perjuicio
alcanzó a aeropuertos y aerolíneas de Australia, Europa y los
Estados Unidos, entre otros; se cancelaron vuelos y se suspendieron
aterrizajes.
El fallo informático afectó también a hospitales neerlandeses, a
la Bolsa de Londres y al principal operador ferroviario británico.
Las emisiones de la cadena británica Sky News se vieron
interrumpidas y en Australia, la cadena nacional ABC declaró que
sus sistemas se habían visto afectados […] En Nueva Zelanda,
los medios locales informaron de problemas en bancos y en los
sistemas informáticos del Parlamento. (AFP, 2024)

Sólo dos ejemplos de esa falla son los siguientes: Los
bomberos en la ciudad de San Francisco respondieron unas 20
alarmas -falsas- entre las 2:34 y las 2:50 del viernes; en España “la
crisis ha afectado en las primeras horas a los hospitales públicos de
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siete comunidades autónomas: Aragón, Galicia, Cataluña, CastillaLa Mancha, La Rioja, Castilla y León y el País Vasco” (Pascual,
2024). En una nota en The New York Times se afirma que: The
disruption, which reached what some experts called “historic” proportions, was a
stunning example of the global economy’s fragile dependence on certain software,
and the cascading effect it can have when things go wrong. (Satariano, Taylor
and Tumin, 2024).
Las palabras del escritor y ensayista estadounidense Elwyn
Brooks White elegidas por Rachel L. Carson (2010) como epígrafe
de su obra son una lúcida declaración sobre una preocupación actual:
Soy pesimista sobre el género humano porque es demasiado
ingenioso para su propio bien. Nuestra aproximación a la
naturaleza consiste en derrotarla hasta la sumisión. Tendríamos
una mejor oportunidad de sobrevivir si nos acomodáramos en
el Planeta y lo consideráramos con aprecio en lugar de hacerlo
de forma escéptica y dictatorialmente. (White citado por Carson,
2010: v)

Cuando Ángel Darío le preguntó a José Saramago si estamos
obligados a vivir como lo estamos haciendo, el portugués respondió
que dicha pregunta no tiene una respuesta, pero agregó que la vida
humana no necesariamente tenía que ser lo que ahora es. Añadió,
así mismo, que “aunque nosotros desaparezcamos -y eso ocurriráquedará algo, suficiente vida” (Darío, 2009) para recomenzar e
intentar una vida diferente -cosa que no veremos-. Jesús Mosterín,
por su parte, señala que:
No estamos perdidos y desorientados en un espacio metafísico
de vacío y libertad absolutas. […] los seres humanos podemos
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entendernos y sentir empatía unos con otros, incluso por encima
de las barreras culturales que nos separan, porque a un nivel mucho
más profundo y fundamental compartimos las mismas necesidades,
impulsos y deseos. [Estamos] programados para hacer ciertas cosas
y no otras. En eso consiste su naturaleza. En el tejido de nuestra
conducta la trama hereditaria está inextricablemente entrelazada
con la urdimbre cultural del aprendizaje. (1994: 32-33)

Sin duda, el ser humano ha sido bastante perspicaz, de
ahí que haya avanzado velozmente en el descubrimiento de leyes
naturales, que haya inventado máquinas cada vez más sofisticadas
y que la evolución (avance, progreso, crecimiento) de su industria
química parezca imparable.
También Saramago en la citada entrevista afirma que
“su trabajo como escritor está unido a un compromiso de
denuncia social” (Saramago en Darío, 2009) y que, de acuerdo
con su experiencia “tendría que llegar a una sola conclusión: no
ha merecido la pena. Los seres humanos no nos merecemos la
vida. Es la visión más pesimista que uno se pueda imaginar. Y
es mi convicción más profunda.” (Saramago en Darío, 2009). Sin
embargo, es muy atractivo el epígrafe que colocó en su novela: “Si
puedes mirar, ve. Si puedes ver, repara”, del Libro de los Consejos.
¿Creía él que seríamos capaces de darnos cuenta y encauzar por
otro camino?
Así pues, en ambas novelas se pone de manifiesto el carácter
de los seres humanos, sus posibilidades e imposibilidades de vivir
en armonía con los demás. En esos escenarios las mezquindades
están a la orden del día, la enfermedad, el desasosiego, la tristeza
y la soledad. Son ambientes donde prevalece la ley del más fuerte,
tanto física como psicológicamente. Sobrevivir en pequeños grupos
después de una terrible catástrofe es lo menos que se puede hacer.
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Es común que ese estado bárbaro deje de lado cuestiones éticas y de
empatía hacia los demás.
Lamentablemente, una ruptura de la organización social
desarrollada durante varios siglos daría como resultado un caos
que desequilibraría las formas de vida conocidas. El régimen
que establece la producción de alimentos, el sistema económico,
las relaciones sociales, conforman el mundo en el que ahora se
desenvuelve el ser humano; una rotura de dicha red provocaría
un desorden magno y pondría en peligro la vida de las personas.
Por otra parte, quizá el riesgo latente a que está expuesta la vida
en la tierra también muestre que después del resquebrajamiento
de una forma social entre los seres humanos, después del
asombro inicial, después de la confusión y de la inestabilidad,
los sobrevivientes se verán en la necesidad creadora de nuevas
maneras de convivencia.

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�Artículos
Humanitas, vol. 5, núm. 9, 2025

Del héroe clásico al Superhéroe: exploración del
rol del héroe en la Modernidad a través del
personaje de Superman
From Classical Hero to Superhero: exploration of
the role of the hero in Modernity through
the character of Superman
Diana Mireya Macías Reyes
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
diana.mmr98@gmail.com

Rolando Picos Bovio
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
rolando.picosbv@uanl.edu.mx

Resumen. Superman es una de las más reconocidas representaciones
contemporáneas del héroe moderno, y la primer figura en ostentar la
etiqueta de superhéroe, desde su creación en 1938, prevaleciendo como
defensor de la bondad y la justica a lo largo de las décadas y la evolución
constante del mundo, incluso cuando ha pasado por diferentes escritores
y fases de la historia. El siguiente artículo propone examinar el concepto
de “héroe” a través de la figura del personaje de Superman, como agente
de acción ético dentro de la cultura popular. Se analizará la estructura del
relato del cómic de superhéroes y la axiología representada en sus historias,
con el fin de construir un concepto de lo heroico que refleje a los valores
éticos e ideológicos de una modernidad impregnada en las páginas del

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�Diana Mireya Macías y Rolando Picos (UANL) / Del héroe clásico al Superhéroe

cómic que sirve como vehículo de difusión para las masas populares. Con
esto se pretende responder a la pregunta: ¿cómo se alinean o contrastan los
valores que definen al héroe moderno con la representación del personaje
de Superman en la trama de sus historias? El artículo se sustentará
principalmente en un enfoque hermenéutico, usando como base el análisis
narrativo de Mieke Bal (1985) y la concepción del héroe mítico de Joseph
Campbell (1959), para el análisis de la serie limitada de cómics, Superman:
For All Seasons. La principal hipótesis del artículo considera que las
historias de Superman construyen de forma directa o simbólica una nueva
concepción de “héroe” que recuerda a las figuras clásicas, pero se adapta a
las inquietudes contemporáneas.
Palabras clave: Héroe; Superman; Modernidad; ética; superhéroe.
Abstract. Superman is one of the most recognized contemporary
representations of the modern hero, and the first figure to be called a
superhero, since his creation in 1938, prevailed as a defender of goodness
and justice throughout the decades and the constant evolution of the
world, even as he has passed through different writers and phases of
history. This article proposes to examine the concept of “hero” through
the figure of the Superman character, as an agent of ethical action within
popular culture. It will analyze the narrative structure of the superhero
comic book, and the axiology represented in his stories, in order to
construct a concept of the heroic that reflects the ethical and ideological
values of a modernity impregnated in the pages of the comic book that
serves as a vehicle of diffusion for the popular masses. This is intended
to answer the question: how do the values that define the modern hero
align or contrast with the representation of the Superman character in the
plot of his stories? The article will be mainly supported by a hermeneutic
approach, using as a basis Mieke Bal’s (1985) narrative analysis and Joseph
Campbell’s (1959) conception of the mythic hero, for the analysis of
the limited comic book series, Superman: For All Seasons. The main
hypothesis of the article considers that the Superman stories directly or
symbolically construct a new conception of the “hero” reminiscent of
classical figures but adapted to contemporary concerns.
Keywords: Hero; Superman; Modernity; ethics; superhero. narrative,
novel, essay, system, speculation.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.9-128

�Humanitas, vol. 5, núm. 9, julio-diciembre, 2025

Introducción
El mito del héroe nos habla de un personaje que es definido por
sus proezas, por sus grandes acciones en favor de una noble y
desinteresada labor por su prójimo. A través de la narrativa de la
figura heroica, resulta posible desarrollar una relación entre la
voluntad de acción, una causa y la virtud moral. La mitología griega
ya presentaba al héroe como el modelo de la virtud y grandeza más
allá de la mortalidad, que encarnaba la voluntad social de ensalzar
formas de actuar ideales, donde el individuo se salva a sí mismo y a
los demás, luchando contra la inmoralidad y el caos.
El héroe es, en efecto, un salvador y, en consecuencia, la mitología
sería un logos salvador, o sea un relato soteriológico o lenguaje de
salvación. Cierto, este aspecto salvador posee un tinte religioso,
aunque normalmente secularizado al ubicarse en el mundo
profano. (Ortiz, 1995: .385)

Superman nace en 1938, y se consolida con el declive de la
Modernidad, una época destinada a consolidar instituciones sólidas
y esperanza en el porvenir de la humanidad. Superman aparece en
los cómics lleno de habilidades sobrehumanas y aparentemente
invencible e intenta rescatar el sentido humano de comunidad y
compasión al ser un defensor de la humanidad, convirtiéndose en
un símbolo del héroe moderno, con una lucha que no radica solo
en las acciones tangibles sino también en su constante lucha interna
entre su poder inconmensurable y su sentido del deber. Lo que
presenta al personaje como un ente que tiene “[…] las características
del mito intemporal, pero es aceptado únicamente porque su acción
se desenvuelve en el mundo cotidiano y humano de lo temporal”
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.9-128

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�Diana Mireya Macías y Rolando Picos (UANL) / Del héroe clásico al Superhéroe

(Eco, 1984: 265-266). Superman es plasmado casi como un dios
que no puede ser sometido por las voluntades humanas a la
subordinación, ni tiene ninguna obligación con la humanidad, sino
que se ha autoimpuesto la responsabilidad de protegerla. Superman
considerado como un símbolo moral es una síntesis de la máxima
expresión de ideal moral presente en la figura del héroe moderno.
Se pretende en este articulo defender la importancia de
la figura del héroe dentro de la cultura de la Modernidad como
un personaje que simboliza un modelo de virtud y que recuerda
una búsqueda de perfeccionamiento humano acompañado con la
voluntad de acción, el sentido del deber y la responsabilidad social. Se
partió de la hipótesis de que los cómics de Superman son un reflejo
de forma indirecta o simbólica del compromiso de la Modernidad
por mantener la concepción clásica de “héroe”, pero adaptándolas a
inquietudes contemporáneas.
Finalmente, para este artículo sobre el personaje de
Superman se tomará como muestra de estudio la serie limitada
de cómics, Superman: For All Seasons, en su versión en español
publicada durante 1999. Los autores referidos para el análisis serán
principalmente Joseph Campbell, tomando su análisis del personaje
heroico a través de su obra El viaje del héroe, donde desarrolla la
representación narrativa y análisis psicológico del mito de héroe, así
como el análisis de las acciones del personaje a través de la comparativa
de las propuestas éticas de dos filósofos de la Modernidad, Kant y
Kierkegaard, que permitirá explicar la contradicción que deriva del
personaje de Superman, construido como un dios, pero obligado
adoptar la mortalidad como una segunda naturaleza autoimpuesta.
Para el estudio de los cómics seleccionados se utilizará el método de
análisis de la Teoría Narrativa de Mieke Bal (1985), donde distingue
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cuatro elementos constitutivos del texto: acontecimientos, actores
(personajes), tiempo y lugar.  
1. Sobre

el héroe

El héroe a modo de mito, figura en muchas culturas lo largo de la
historia como un modelo de acción que prioriza el aspecto ético y
moral de la sociedad. Los mitos y sus actores se tornan parte de la
cultura que los crea, se vuelven símbolos dentro de sus discursos
y se convierten en producciones simbólicas necesarias para la
explicación de la cosmovisión de las culturas, evocan en el individuo
un sentimiento de reconocimiento y representación que le permiten
vincularse con los productos de la cultura.
[…] (el mito) es un mensaje y, por lo tanto, no necesariamente debe
ser oral; puede estar formada de escrituras y representaciones:
el discurso escrito, así como la fotografía, el cine, el reportaje,
el deporte, los espectáculos, la publicidad, todo puede servir de
soporte para el habla mítica. El mito no puede definirse ni por su
objeto ni por su materia, puesto que cualquier materia puede ser
dotada arbitrariamente de significación. (Barthes, 1999: 108)

En el mito el héroe es una figura que encarna “el hombre
que, tras vencer sus propios determinismos (míticos. históricos,
autobiográficos, textuales), consigue la libertad.” (Del Prado, 2000,
p.20), su perfil de salvador está ligado a la realidad social que crea su
relato, es un personaje que funciona como modelo de acción, “[…]
el concepto de héroe es lo que los filósofos denominan un concepto
normativo: no se limita a caracterizar lo que es, sino que ofrece un
atisbo de lo que debería ser.” (Morris, 2010).  
El héroe tiende su acción a la autodeterminación de su
identidad, inclinado en todo momento hacia lo ético y el bienestar
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�Diana Mireya Macías y Rolando Picos (UANL) / Del héroe clásico al Superhéroe

social, incluso si esto lo lleva a enfrentarse a la fatalidad establecida
por una sociedad considerada corrupta o injusta, “[…]mediante
su acción intenta también apartarse del determinismo fatalista
y convertirse en artífice de su propio destino. El héroe es el que
sabe decir no.” (Bauzá, 2007, p.162). El héroe es un personaje que
encuentra su identidad en el reconocimiento y validación social.
1.1 El héroe como arquetipo
Para adentrarnos en la concepción del héroe como figura
arquetípica, debemos comenzar por explicar el concepto de
“arquetipo”, para esto tomaremos la definición dada por Carl
Gustav Jung, que lo explica como representaciones colectivas que
establecen modelos o patrones de comportamiento propuestos
como universales por consenso colectivo, representándolos a
través de lo simbólico, artístico y cultural; nos menciona Jung que
los arquetipos “[…] son imágenes y al mismo tiempo emociones.
Sólo podemos hablar de un arquetipo cuando estos dos aspectos
coinciden” (2016: 246).
Las figuras arquetípicas personifican aspectos de la
experiencia humana que impactan significativamente el inconsciente
colectivo, dando forma material a una idea abstracta. Dentro de estas
representaciones, el héroe es uno de los arquetipos más reconocidos
y cuya idea puede encontrar su versión en la mayoría de las culturas,
en múltiples periodos de la historia, cuyos relatos se han mantenido
a través de su presentación en la literatura, el arte, la música, la
transmisión oral, etc.
Esos mitos del héroe varían mucho en detalle, pero cuanto
más de cerca se los examina, más se ve que son muy similares

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�Humanitas, vol. 5, núm. 9, julio-diciembre, 2025

estructuralmente. Es decir, tienen un modelo universal, aunque
hayan sido desarrollados por grupos o individuos sin ningún
contacto cultural directo. (Carl Jung, Capítulo 2, 1995: 110)

Según Savater (2009), el personaje que entre en el arquetipo
del héroe debe contar con características comunes necesarias:  
1. El héroe ejemplifica la virtud y la excelencia, un comportamiento
admirable para los otros.
2. El héroe busca ser independiente y autónomo, es quien “quiere y
puede”, siempre está en búsqueda de aventura, está en constante
movimiento por lo que no está determinado.
3. El héroe está en búsqueda de la superación de sus propias
limitantes, pero nunca olvida su propio origen, que es el que
determina su camino y su misión.
4. El héroe encarna una perfecta nobleza, su deber no lo coacciona,
sino que su fuerte moral representa su fortaleza.
5. Y, el héroe siempre reside en la ficción, en el espacio de
realización imaginaría utópica del individuo y el colectivo.
1.2 La aparición de Superman y la figura del superhéroe  
Como una ruptura con la imagen clásica del héroe aparece la figura
del superhéroe, aquella que se presenta como “[…]un héroe con
poderes sobrehumanos o, por lo menos, capacidades humanas
desarrolladas hasta un nivel sobrehumano.” (Loeb y Morris, 2010:
38); suelen ser personajes cuya imagen se aleja lo más posible las
limitaciones humanas.  
El primer personaje en utilizar esta denominación fue
Superman, creador en 1938 por Jerry Siegel y Joe Shuster, estableció
las bases del género de superhéroes. El personaje de Superman
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�Diana Mireya Macías y Rolando Picos (UANL) / Del héroe clásico al Superhéroe

surgió a finales de la Gran Depresión (1929-1939) en Estados
Unidos, y la primera agenda de acción del personaje estaba inclinada
a ayudar a los marginados y desprotegidos, defendiendo conceptos
como verdad y justicia. La adaptabilidad del personaje de Superman
ha permitido que el superhéroe no caiga en el olvido y sus aventuras
lleguen hasta tiempos actuales. La popularidad de Superman en las
historietas o cómics cambió la percepción de la industria del cómic,
convirtiendo durante mucho tiempo al cómic en equivalente a
historias de superhéroes.
1.3 La aparición de la historieta o cómic de superhéroes
Las historietas o cómics son relatos explicados mediante viñetas
ilustradas, estos no siempre contienen diálogos o texto narrativo
(Vilches, 2014), el cómic es un arte secuencial, el uso de viñetas
permite “[…] una lectura rápida, porque debe confrontarse con
las viñetas que la siguen y preceden […]” (Barbieri, 1998: 22). Son
una forma fácil de contar historias, pues su formato mayormente
ilustrado y menor cantidad de texto facilita a todo tipo de lector la
comprensión de la historia.
El considerado primer cómic moderno tiene su nacimiento
en 1896 en el periódico New York World, una sátira llamada
Hogan’s Alley o Yellow Kid (el niño amarillo), era una viñeta cómica
con historias cortas y episódicas. Sin embargo, fue a partir de la
década de los 30’s que se dio la consolidación del cómic como un
fenómeno cultural. En 1933, apareció la primera revista que solo
contenía cómics, llamada “Famous Funnies” (1933-1954), donde se
publicaron recopilatorios de cómics de distintos personajes, el éxito
de esta revista llevaría a la publicación de revistas exclusivas de una
sola temática o personaje, dando paso así a la publicación en 1938,
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�Humanitas, vol. 5, núm. 9, julio-diciembre, 2025

de Action Comics #1 por parte de la editorial Detective Comics, este
sería el primer número que presentaría al personaje de Superman,
y crearía el concepto de superhéroe, la popularidad del personaje
sentaría la bases para una futura ola de personajes similares, con
poderes increíbles y orígenes fantásticos, cuyas historias estaban
originalmente destinadas a niños, solían contener mensajes morales
sólidos.
1.4 El superhéroe en la Modernidad
La Modernidad fue la etapa histórica que se caracterizó por buscar
homogeneizar las ideas y crear instituciones sólidas, se consideraba
una época de cambio que pretendía uniformizar todos los ámbitos
de las relaciones humanas: política, cultura, educación, arte, etc.
(Bauman, 2004), la Modernidad en sus comienzos tenía como
objetivo la emancipación del ser humano del orden institucional
tradicional, buscaba ser una época de renovación, con cierta aura
de esperanza en el progreso humano, que había logrado deslindarse
de las cadenas pesadas del pensamiento eclesiástico y supersticioso,
el individuo moderno podía definir su destino. Fue la época del
triunfo de los metarrelatos y la universalidad. En los últimos años
de este panorama, los cómics de superhéroes consolidaron su
posición dentro de la producción cultural, presentándose como una
posible herramienta tanto de reproducción de valores establecidos
como relatos de crítica social, dado la manera en que sus historias
pueden ser comparadas con los conflictos de la realidad sin perder
la practicidad de su formato narrativo, permitían un amplio alcance
de lectores dada su forma de distribución.
Los superhéroes de los cómics representaban en su universo
a los defensores del deber ético y la justicia, sus historias brindaban
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tramas con conflictos humanos, incluso entre seres fuera de toda
mortalidad.
2. Fundamentación metodológica
El siguiente apartado explicará el enfoque cualitativo desde el que se
abordarán lo temas de la investigación, la finalidad del estudio tiene
como propósito el análisis de los cómics de Superman, de la serie
limitada de cómics, Superman: For All Seasons, en su versión en español
(1999) escrita por Grant Morrison, dibujada por Frank Quitely y
publicada por la editorial DC Comics. El objetivo será examinar los
elementos narrativos expuesto en la historia de Superman: For All
Seasons que representan de forma directa o simbólica aspectos del
héroe moderno.
Se eligió el enfoque hermenéutico y un diseño no
experimental, ya que es una metodología interpretativa que destaca
la comprensión del objeto, cuyos significados no se pueden
entender sin su contexto histórico y cultural, lo que implica que
la interpretación debe considerar el contexto entorno del texto
o fenómeno. Menciona la propuesta de Gadamer (1993) que
la comprensión como hermenéutica abarca el conjunto de la
experiencia del objeto en el mundo.
Para definir el Universo de la investigación se partirá de
la definición de Carrasco (2009) tomando el universo como el
conjunto de elementos (personas, objetos, fenómenos, etc.) a los
que pertenece la muestra de estudio, la que a su vez es una parte
o fragmento cuyas características reflejan en lo esencial a nuestro
universo y por ende permite una generalización del todo. Para la
determinación de la muestra estudiada se decidió usar un tipo de
muestreo no probabilístico intencionado, debido al muy extenso
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.9-128

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material sobre Superman producido desde su creación, tomando
como base una codificación temática para la elección de la serie
seleccionada. Será una investigación transversal (Sampieri, 2000),
porque abarcará un espacio de tiempo determinado dentro de la
publicación de los comics de Superman, el cual corresponde a una
serie limitada de cuatro números publicada por la editorial Planeta
Agostini bajo la licencia de la Editorial DC Comics para su versión
en español durante el año 1999 de manera mensual.
El estudio se compone de tres etapas: la primera etapa, el
análisis de la composición narrativa de la historia a través del método de
la Teoría Narrativa de Mieke Bal (1985), donde distingue el texto como
una fábula, que explica los eventos en orden cronológico y lógico; y
que se compone de cuatro elementos constitutivos: acontecimientos,
actores, tiempo y lugar; la segunda etapa, será la identificación de las
etapas del héroe por las que pasa el personaje principal, descritas por
Campbell (1959) como “el viaje del héroe”, una estructura narrativa
común en variados relatos mitológicos, y aunque el héroe moderno
muestra mayor complejidad narrativa, en sus tramas sigue patrones
similares a los de los mitos clásicos; y por último la tercera etapa,
la comparación de las acciones heroicas del personaje principal con
los ideales de la heroicos propuestos por la Modernidad, y cómo se
aleja de la figura clásica del héroe mitológico, pero mantiene virtudes
ideales de deber, responsabilidad y sacrificio por el bien común.
El camino que tomará este estudio será el de una investigación
exploratoria-descriptiva, pues se propone primero desde la parte
exploratoria (Galvis,2006) para que el análisis del objeto de estudio
genere un contexto para su interpretación; y segundo, desde la parte
descriptiva (Narváez, 2016) que categoriza los elementos expuestos
en la parte exploratoria.
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3. Análisis de Superman: For All Seasons de
Jeph Loeb y Tim Sale
3.1 La fábula del superhéroe
Para esta investigación examinaremos Superman: All For Seasons desde
la estructura de la fábula del héroe, considerando la fábula según
Mieke Bal (1985) como una serie de acontecimientos con relación
causal cuya secuencia tiene cronología y lógica. La fábula cuenta
con cuatro componentes claves que explican el relato, los cuales
son: acontecimientos (lo que sucede), actores (los participantes),
tiempo (cronología) y lugar (los espacios donde ocurren los
acontecimientos). La importancia de estos elementos radica en que
forman el desarrollo de la trama y explican el razonamiento de la
historia.
Para comenzar el análisis de cómic seleccionado es pertinente
aplicar la distinción de categorías de Mieke Bal (1985) a través de un
breve resumen de la trama, la cual está compuesta por un corpus
que abarca una serie limitada de cuatro números de tiraje mensual
cuyo objetivo es profundizar en el carácter del personaje de Clark
Kent, alias Superman, su personalidad y motivaciones, explorando
temas como la familia, relaciones interpersonales y la incertidumbre
por un futuro desconocido. La historia narra el tránsito del fin
de la adolescencia vivida en Smallville, Kansas y el comienzo de
la vida edad adulta en la Ciudad de Metrópolis del personaje de
Clark Kent, así como la posterior adopción de su identidad como
Superman, todo esto visto desde la perspectiva de los personajes
más cercanos al superhéroe: el primer número, titulado primavera,
es narrado por su padre adoptivo, Jonathan Kent y explica la vida
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de Clark en Smallville, Kansas y la aceptación de sus poderes. El
segundo, nombrado verano, es el punto de vista de Lois Lane, la
compañera y principal rival de trabajo de Clark; ella narra lo insólita
que es la aparición de un hombre como Superman en Metrópolis y
lo atrayente que es el misterio tras su figura. El tercero, el otoño, es
contado por la voz de su principal antagonista, el multimillonario,
Lex Luthor, quien describe la llegada de Superman como una
amenaza y su creciente popularidad como un capricho pasajero de
los ciudadanos a la vez que aboga por su propio amor y compromiso
con Metrópolis; y por último, el invierno, es para su amor de la
infancia, Lana Lang, quien reflexiona sobre lo diferente que es Clark
de los demás gracias a sus poderes, pero que a pesar de eso sigue
siendo la misma persona amable y altruista con la que ella creció.
En la historia seleccionada el tiempo y lugar donde ocurren
los acontecimientos, así como los actores que narran la historia
son esenciales para el desarrollo del protagonista porque reflejan
un periodo de crecimiento personal que impacta en su identidad
heroica, así como permiten posicionar al héroe dentro de las
etapas del Monomito tal como las explica Campbell (1959) donde
menciona que los relatos mitológicos sobre héroes poseen una
estructura narrativa común, que permanecido hasta la construcción
del héroe moderno cuyas tramas siguen patrones similares a los de
los mitos clásicos.
Joseph Campbell (1959) divide al Monomito o el viaje del
héroe en tres fases: la primera, la partida, donde el héroe abandona
su mundo ordinario para salir a la aventura; la segunda, la iniciación,
donde el héroe se enfrenta a pruebas y obstáculos para llegar a su
objetivo; y la tercera, el retorno, donde el héroe regresa con nuevos
conocimientos. Estas tres estaciones cuentan a su vez con diecisietes
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etapas por las que el héroe debe pasar, no todas las etapas están
necesariamente presentes en un solo Monomito. (Ver tabla 1)

Campbell explica en su teoría que la figura del héroe
admite la representación de supuestos éticos que se imprimen en
las acciones de los personajes a los que nombramos héroes. La
dimensión heroica ampara la estructura social, al defender patrones
de acciones que coinciden con las normas éticas del momento
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social en el que se ubica, para esta investigación los supuestos éticos
responden a la visión de Modernidad Occidental. El Monomito que
Superman encara es el del héroe occidental moderno. Como muestra
en el cómic Superman: All For Seasons se presentan las tres fases del
Monomito y las ideas del ideal heroico de la Modernidad le son
presentados al protagonista como motivaciones y responsabilidades
heroicas para iniciar su aventura.
3.2 El superhéroe como agente ético
En la primera parte de la historia, la primavera, el punto de
partida, Clark Kent se enfrenta al llamado a la aventura debido
al descubrimiento de sus poderes sobrehumanos y origen
extraterrestre, se presenta ante él la responsabilidad de utilizarlos
para su propio beneficio o para ayudar a los demás, Clark Kent hace
su elección a partir de la educación y valores sociales aportados por
sus padres adoptivos y su comunidad, el héroe moderno ya no guía
sus acciones por una fuerza divina o superior sino por una voluntad
compasiva y valores impuestos por su entorno. Como menciona la
propuesta ética de Kierkegaard
[…] el vivir éticamente es una forma superior de existencia que
une al individuo de un modo responsable con la comunidad moral
a la cual pertenece. Mas esto es posible gracias a que lo ético no
es algo extraño para el individuo, que regula su vida desde afuera,
sino una forma de vida que él mismo se ha apropiado. (Muñoz
Fonnegra, 2010: 83)

El comic hace una alegoría a que la voluntad de acción ética
y moral de Clark Kent podría deberse a su mundo ordinario, el lugar
donde fue criado, el pueblo de Smallville. (ver ilustración 1)
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Ilustración 1. Jonathan Kent hablando sobre Clark Kent. Nota: Fragmento
de cómic [Viñeta], de Superman: For All Seasons, versión española, 1999,
No. #1. P.12

En los siguientes número, verano y otoño, Clark Kent cruza
el primer umbral al ser nombrado Superman, dejando tras de sí su
mundo ordinario, el pueblo de Smallville y se aventura a la desconocida
ciudad de Metrópolis cuyos modos de vida se contraponen a su estilo
de vida en el campo, esta nueva vida de héroe supone la iniciación
de la historia de Superman. El camino de pruebas que se presentan
a Superman no solo consolida su imagen como superhéroe, sino
que también presentan su imagen como un ideal del deber, de
manera similar al deber ser propuesto por Kant (2012), Superman
ha convertido su conducta moral, en su ley universal. La figura del
superhéroe conocido como Superman se presenta para los habitantes
de Metrópolis como el máximo exponente de lo que “debe ser” un
superhéroe, un modelo aspiracional de acción. (Ver ilustración 2)

Ilustración 2. Lois Lane hablando sobre Superman. Nota. Fragmento
de cómic [Viñeta], de Superman: For All Seasons, versión española, 1999,
No. #1. P.4

A partir de su reconocimiento como héroe en de
Metrópolis, Superman se enfrenta un camino de pruebas donde su
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�Humanitas, vol. 5, núm. 9, julio-diciembre, 2025

libertad de acción choca con la autonomía de otros, restringiendo
su libertad, lo que hace que Superman se sienta culpable y ponga
en duda su confianza en sus principios gracias a las inseguridades
planteadas por su principal antagonista Lex Luthor, quien usa su
conciencia moral en su contra. Clark Ken se despoja de la capa
de héroe y va en busca del consejo de su padre, sobre seguir o no
siendo un héroe, su padre le recuerda que el camino del héroe no
es un camino sencillo, sino que requiere una voluntad fuerte. (ver
ilustración 3)

Ilustración 3. Lana Lang hablando sobre la voluntad de actuar de Superman.
Nota. Fragmento de cómic [Viñeta], de Superman: For All Seasons,
versión española, 1999, No. #1. P.36

El número final, invierno, podemos considerarlo el retorno
de su viaje, Clark Kent hace las paces con su identidad como
superhéroe al comprender que no puede ser omnipotente, no puede
salvar a todo el mundo, pero puede salvar a muchos. Clark Kent
actúa bajo una ética de acción desinteresada de obrar de “[…] tal
modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la
persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como fin y
nunca simplemente como medio” (Kant, 2012: 138), ahora Clark
Kent pasa por la etapa de posesión de dos mundos, pues puede
ser el Superman de Metrópolis y Clark Kent de Smallville. (ver
ilustración 4)
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.9-128

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�Diana Mireya Macías y Rolando Picos (UANL) / Del héroe clásico al Superhéroe

Ilustración 4. Jonathan Kent hablando con Clark Kent sobre los límites de
acción. Nota. Fragmento de cómic [Viñeta], de Superman: For All Seasons,
versión española, 1999, No. #1. P.22

Conclusiones
Respondiendo a la pregunta planteada al principio de la investigación:
¿cómo se alinean o contrastan los valores que definen al héroe
moderno con la representación del personaje de Superman en
la trama de sus historias? Queda evidenciado que los cómics de
Superman contienen una carga ética y moral que responde a los
valores éticos que la Modernidad impone a través del actuar social,
la moralidad en la Modernidad ya no está predispuesta por criterios
espirituales y religiosos, sino que se basa en los valores y creencias
compartidas por la comunidad. Superman actúa bajo valores de
acción interiorizados que no dependen en su totalidad de su ser
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.9-128

�Humanitas, vol. 5, núm. 9, julio-diciembre, 2025

individual, sino más bien conceptos abstractos adoptados por su
entorno, dándole humanidad a su figura heroica, porque no es su
estatus superpoderoso el que lo mueve actuar sino más bien su
crianza como humano.
El estudio esbozado en este articulo ilustra la cimentación
del individuo moderno y sus motivos acción a través del arte del
cómic, la obra artística pop es en la época Moderna la representación
de la necesidad humana de reapropiarse del producto de su trabajo
y de su expresión estética. Los individuos modernos despojados
de los relatos clásicos de los héroes cuyas acciones se justificaban
en la orden divina, han construido en su quehacer artístico nuevas
representaciones del ideal heroico, de aquí que las historias del
superhéroe estén construidas como mitos clásicos, pero cuyas
motivaciones respondan a desafíos más acorde a su temporalidad.
Sí la sociedad es la forma de manifestación del pensamiento del
humano en la realidad e influencia las acciones individuales, estos
pensamientos siempre, de manera directa o indirecta buscaran
realizarse a través de una expresión que responda a esa realidad, que
pueda ser aprehendida por la mayor cantidad de espectadores.
El análisis de los cómics de Superman nos muestra cómo
los ideales de justicia, responsabilidad y heroísmo han evolucionado
en respuesta a los cambios contextuales, por medio del cómic de
superhéroes, concebido como producción cultural, es posible
abordar la relación que existe entre le generación artística pop y la
puesta ética de la modernidad. El superhéroe es capaz de significar
en su paginas situaciones simbólicas que tiene su paralelo con la
realidad, Superman en su universo se presenta como un vehículo
de propuesta de acción moral para los conflictos que figuran en
sus historias, permitiendo una manera significativa la transmisión
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.9-128

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�Diana Mireya Macías y Rolando Picos (UANL) / Del héroe clásico al Superhéroe

un mensaje de acción. La figura del superhéroe es actualmente la
representación más popular del deber y la justicia en el imaginario
colectivo, los superhéroes son los nuevos héroes del mito que
brindan historias de conflicto donde el “bien” prevalecerá sobre el
“mal” y donde el “deber” será el máximo operante de las acciones
del protagonista.

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�Artículos
Humanitas, vol. 5, núm. 9, 2025

Contrapoder y no-violencia en la conformación
de la utopía borgiana en “Utopía de un hombre
que está cansado”
Counterpower and non-violence in the formation
of Borges’ utopia in“A Weary Man´s Utopia”
Jonathan Muñoz Guerra
Universidad Autónoma de Chihuahua
Chihuahua, México
jhonbellum93@gmail.com

Mónica Torres Torija
Universidad Autónoma de Chihuahua
Chihuahua, México
mtorrestorija@hotmail.com

Resumen. Las utopías se convirtieron desde su aparición en una fuente
de crítica y búsqueda de reforma de las condiciones políticas de las épocas
en donde son elucubradas. Ellas muchas veces han servido de punto
de análisis y parte aguas en torno a mejorar la visión impuesta desde el
poder instaurado en torno a la dominación, propiedad característica de
la modernidad. En “Utopía de un hombre que está cansado” de Jorge
Luis Borges, la utopía se convierte en una contracara de la dominación
y representa la nulificación del poder al desarticularlos por medio del
contrapoder y la no-violencia.
Palabras clave: Contrapoder, no-violencia, lógica de la dominación,
utopía, Borges.

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�Jonathan Muñoz y Mónica Torres (UACH) / Contrapoder y no-violencia

Abstract. Since their emergence, utopias have become a source of criticism
and the search for reform of the political conditions of the times in which
they are conceived. They have often served as a point of analysis and as a
turning point in improving the vision imposed by the power established
power of domination, a characteristic property of modernity. In Jorge
Luis Borges´s “A Weary Man´s Utopia” utopia becomes a counterpoint
of domination and represents the annulment of power by dismantling it
through counterpower and non-violence.
Keywords: Counterpower, non-violence, logic of domination, utopia,
Borges.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.9-136

�Humanitas, vol. 5, núm. 9, julio-diciembre, 2025

Introducción
El poder y la violencia son conceptos anclados al pensamiento
moderno que en la contemporaneidad más allá de ser expuestos, han
dado lugar a múltiples visiones alternativas que generan propuestas
de cambio desde la filosofía moral y la filosofía política. En el caso
de la filosofía moral se concibe una importante contribución a la
crítica, exposición y desmantelamiento de las fórmulas morales
constitutivas de la modernidad; las aportaciones desde la ética del
cuidado, la ética de la compasión, y algunas propuestas de acción
como el contrapoder y la no-violencia se desprenden de concebir
los sesgos epistémicos e ideológicos de gran parte de los pensadores
modernos que defienden las tesis contractualistas y/o el pensamiento
liberal.
Las propuestas desde los conceptos de contrapoder y noviolencia son de gran interés para este estudio ya que permitirán
remarcar desde sus postulados, aproximaciones que suponen la
configuración del mundo utópico borgiano presente en “Utopía de
un hombre que está cansado”, representando desde la dimensión
literaria una visión muy particular de un mundo posible totalmente
distanciada de la hegemónica estatal, por no decir contraria en sus
aspiraciones, deseos y fines, que de la misma manera servirán para
simular contramedidas que niegan dos características primordiales
en la preservación de dicha hegemonía.
Para empezar, debemos partir de definir poder y violencia,
como móviles de la ética de la dominación moderna para
posteriormente desmitificar y promover las dos propuestas a
aplicar al texto de Jorge Luis Borges, respondiendo a la pregunta
¿cómo el contrapoder y la no violencia se representan en “Utopía
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.9-136

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�Jonathan Muñoz y Mónica Torres (UACH) / Contrapoder y no-violencia

de un hombre que está cansado” en contraposición al poder como
dominación y a la violencia de Estado?
Por poder entendemos lo que Villoro (1997) explica en
su libro Poder y valor, concretamente en el apartado “Esbozo
de una teoría del valor”, donde supone que originariamente las
decisiones en una comunidad recaían en cada uno de sus miembros
y de manera igualitaria hasta un punto en el que la violencia era
incontrolable y se le atribuyó a una parte de esta la administración
de la fuerza para limitar dicha violencia y con ello apareció el poder
irremediablemente unido al Estado; en sus palabras: “Contra el mal
de la violencia colectiva impone la violencia de una parte sobre el
todo. Sólo entonces ha nacido el poder político. Con él ha surgido
el Estado.” (82)
En cuanto a violencia, de una manera general, Judith Butler
la define como un ataque a la vida en términos de interdependencia:
“(…) podemos sostener en general que la interdependencia social
caracteriza a la vida, y entonces proceder a explicar la violencia como
un ataque contra esa interdependencia, un ataque contra personas,
sí, pero quizá, de manera más fundamental, es un ataque contra
«vínculos».” (2020: 30)
Atentar contra la vida de otros ha sido una práctica que
se ejerce ancestralmente; la violencia parece constitutiva de las
dinámicas sociales, pero han tenido notables cambios en la historia.
Tomaremos el paso de la comunidad al Estado o del estado de
naturaleza al estado civil como eje para explicar la violencia y su
relación con el poder.
Si bien para Villoro la comunidad representa el estado
anterior a la conformación del Estado como tal y el surgimiento del
poder trata de mitigar la violencia emitida por sus integrantes, dicha
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.9-136

�Humanitas, vol. 5, núm. 9, julio-diciembre, 2025

violencia no se acaba con la invención de un tercero arbitrario, solo
atribuye a un grupo el ejercicio de esta en menoscabo de la mayoría,
lo cual se representa fielmente en la filosofía política moderna con
la figura del soberano. En palabras de Buttler (2020): “El Estado
nación ejerce su soberana violencia contra la violencia «primitiva»
de la comunidad prenacional (postulada como la comunidad de los
hombres en estado de naturaleza).” (La fuerza la no-violencia 159)
De esta manera, se asume que el poder político rompe con
la dinámica igualitaria originaria creando un sistema vertical en
detrimento de una legislación horizontal. El fin de la ética comunitaria
da origen al Estado, no en términos naturales como defienden los
contractualistas, sino en una imposición. Como Buttler afirma a
tono al trabajo de un filósofo alemán: “Para Benjamin, ninguna
deliberación dentro del estado de naturaleza da origen a la ley, la ley
llega a través de la retribución o del ejercicio del poder.” (148)
Y si el poder político surge con el Estado, la violencia
antes equitativa pasa a formar parte del sistema bajo la forma de
un aparato jurídico donde ahora se convertirá en la herramienta
legítima del soberano en función de su dominio sobre las mayorías.
De esta manera, siguiendo con Villoro: “El poder por sí mismo está
obligado a restringir la libertad de quienes no lo ejercen. Su esencia
es la dominación.” (83)
A partir de mostrar cómo el poder y la violencia se
configuran como ejes principales con los que el Estado conserva
su hegemonía y cómo se estructura en el pensamiento moderno en
tanto dominación, puede empezar a entretejerse una crítica.
El desarrollo de la idea de dominación se ha hecho evidente
desde los análisis de la Escuela de Frankfurt en los 50´s hasta las
últimas formulaciones en torno a la ética del cuidado, la ética de la
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�Jonathan Muñoz y Mónica Torres (UACH) / Contrapoder y no-violencia

compasión, o desde la crítica filosófica. Sayak Valencia señala algunas
de estas figuras: “Existen también algunos teóricos contemporáneos
que tratan (o trataron) el tema de la violencia como una transversal
importante en su obra, como es el caso de Georges Bataille, Slavoj
Zizek, Judith Butler, Giorgio Agamben y Achille Mbembe.” (25).
Estos estudios se complementan transversalmente en tanto sitúan al
Estado como rector de dicha violencia y suman desde sus múltiples
posturas el reconocimiento del uso del poder y la violencia por parte
del Estado para perpetuar su dominio.
Si nos remitimos a Butler, Agamben y Mbembe podemos
figurar en sus acercamientos una constante interpretativa en tanto
entienden que el ejercicio de poder en la modernidad ha sido en
detrimento de unas clases o de una facción poblacional y que se
fundamenta en una lógica particular occidental.
Buttler hace evidente el carácter ficcional y fundacional del
contractualismo que transfiere la violencia del estado de naturaleza
al aparato estatal como legítima defensa de los intereses de una
visión de hombre que “es adulto, es dueño de sí mismo y es
autosuficiente.” (2020: 52). Con Agamben (2005) se muestra “El
Estado de excepción como paradigma de gobierno” atribuyéndole
al Estado/soberano la facultad constitutiva de estar fuera de la ley
e implicar a la ley en el ejercicio de dominación totalitaria con el
objetivo de minar los obstáculos políticos dentro de su territorio:
El totalitarismo moderno puede ser definido, en este sentido,
como la instauración, a través del estado de excepción, de una
guerra civil legal, que permite la eliminación física no sólo de los
adversarios políticos sino de categorías enteras de ciudadanos que
por cualquier razón resultan no integrables en el sistema político.
(25)

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�Humanitas, vol. 5, núm. 9, julio-diciembre, 2025

De manera complementaria Mbembe puntualiza desde su
lectura de Foucault, una exposición de la dinámica estatal que se
instaura como el poder de dar muerte y que corresponde con las
fórmulas de la modernidad:
En la economía del biopoder, la función del racismo consiste
en regular la distribución de la muerte y en hacer posibles las
funciones mortíferas del Estado. Es, según afirma, «la condición
de aceptabilidad de la matanza». Foucault plantea claramente que
el derecho soberano de matar (droit de glaive) y los mecanismos del
biopoder están inscritos en la forma en la que funcionan todos
los Estados modernos; de hecho, pueden ser vistos como los
elementos constitutivos del poder del Estado en la modernidad.
(2011:23)

No cabe duda de que existe una fuerte crítica a la figura del
Estado moderno y que la búsqueda de nuevas alternativas está en
un proceso constante.
Desde hace menos de un siglo se han ido conformando las
críticas más radicales contra la modernidad desde la ética y la política.
A mediados del siglo XIX, el movimiento anarquista sentaba sus
fundamentos contra el estatismo y por otro lado la literatura, a partir
de la famosa obra de Tomás Moro, Utopía, implementa de manera
recurrente la crítica en torno a los modelos estatales, ideológicos o
hegemónicos desde el mismo seno de su constitución, que si bien, a
veces establecen o advierten totalitarismos, siempre han contribuido
a desmantelar desde la ficción lo establecido, en el orden de especular
lo posible, desde el mismo inicio de la Era moderna, sumándose a la
crítica y cuyo peso no se puede dejar de lado, porque en su conjunto
advierten la dominación desde diferentes perspectivas y se suman
a la búsqueda del “valor”, “Porque la realización plena del valor
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�Jonathan Muñoz y Mónica Torres (UACH) / Contrapoder y no-violencia

implica la abolición de cualquier dominio de unos hombres sobre
otros.” (Villoro 85)
En las utopías, el ideal siempre apunta a la libertad y la
igualdad donde no cabría hablar de dominación. El Estado no
tendría lugar como utopía por ser precisamente en este sistema
donde abundan las fórmulas de desigualdad y violencia:
La vida moral auténtica no conoce más amo que la propia
voluntad recta. La sociedad ética sería la que hubiera eliminado
toda traza de dominación. Éste es el tema de todas las utopías. En
la comunidad ideal no hay poderosos ni desamparados, todos son
hermanos, iguales en la libertad. (Villoro 85)

Ahora bien, asumiendo que el poder y la violencia se articulan
en la conformación, desarrollo y permanencia del Estado moderno,
cabría preguntarnos si la alternativa a este dominio unilateral es
reformarlo o sustituirlo.
Bajo la visión del filósofo mexicano sobre la utopía,
introduciremos el análisis, precisamente, de una utopía para
ejemplificar desde la propuesta de estos dos últimos pensadores
como el contrapoder y la no-violencia pueden instaurarse en el marco
de la ficción borgiana representando desde la primera el proceso de
renuncia a la figura estatal, y desde el segundo la dinámica social.
En el universo ficcional de Jorge Luis Borges, es indudable que
sus relatos tienen un fuerte vínculo con el contexto socio-político en
que vive el autor, pero sobre todo se proyectan sobre él, operan sobre
él. En este sentido, la escritura se convierte en el ámbito del diálogo
en que Borges ira plasmando la idea del individuo como punto desde
el que se aborde el universo, en un intento de aprehenderlo. Desde
sus afinidades con el movimiento ultraísta, Borges se declaraba un
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anarquista y un librepensador en favor del pacifismo. Criticará el
abuso del poder y asumirá una postura antifascista y a favor de los
aliados. En un itinerario político cambiante, Borges llega a vivir
subyugado por un fervor antiperonista que luego cambiaría en 1976
cuando abraza las dictaduras. Para los años 80, Borges expresa su
postura anarquista, en la cual ha creído fervorosamente desde las
ideas inculcadas por sus padres. Pone en evidencia el estar en contra
de los gobiernos, particularmente las dictaduras y los Estados
represivos. Los continuos cambios políticos de la historia argentina,
lo llevan a considerar que luego de un desencanto de la democracia,
insiste en que el Estado es el enemigo común. Será a través de la
literatura, que Borges crea ficciones, relatos alternativos en tensión
con el relato que construye el Estado, la versión oficial de la historia.
Borges en el relato “Utopía de un hombre que está cansado”
asimila la tradición de crear una utopía, un lugar que no existe, donde
se relata un viaje. Un desplazamiento que involucra el abandono de
una realidad y el encuentro cono el mundo futuro. El relato escrito
originalmente en 1974 para el diario La Nación, fue publicado en
la colección de El Libro de Arena en 1975, cuenta la historia de un
hombre que transita por la llanura sin conocimiento exacto de su
ubicación, pero cuyo traslado a pie lo lleva a una choza en el medio
de lo que se puede entender como un campo o un bosque, ya que
estaba “cercada de árboles” (Borges 107). Durante la estadía en la
casa de “Alguien” éste revela que Eudoro, el caminador errante,
protagonista del cuento, hizo un viaje en el tiempo hacia un porvenir
donde los Estados no existen. En el diálogo que sostienen los
personajes se plantean críticas a la sociedad que es presente para el
viajero y muestra un futuro donde no existe vínculo social, tradición
ni memoria.
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�Jonathan Muñoz y Mónica Torres (UACH) / Contrapoder y no-violencia

En el diálogo continuo que sostiene Borges con la tradición,
se pueden reconocer varios tópicos de la sociedad imaginada por
Tomás Moro. Como lo ha señalado Sánchez Rojel:
Como en “Utopía” se establece la inexistencia de propiedad
privada y del pasado. En las escuelas se enseña la duda y el arte
del olvido (“Queremos olvidar el ayer, salvo para la composición
de elegías”). Cada cual produce por su cuenta las ciencias y las
artes que necesita. Hay una sola lengua (latín). No hay gobiernos,
no hay cronología ni historia. Está abolida la imprenta. No hay
naciones. No hay pobreza ni riqueza. Cada cual ejerce su oficio.
No hay posesiones, ni herencias. Cuando el hombre madura a
los cien años está listo para la soledad. Ya ha engendrado un
hijo. Puede prescindir del amor y la amistad. Ejerce alguna de las
artes, la filosofía, las matemáticas o el ajedrez. Cuando quiere se
mata. La muerte no es dolor e incluso “se discuten las ventajas y
desventajas del suicidio”. (24)

El imaginario que prevalece en el relato de Borges prefigura
una utopía de la libertad, un ideal imaginado donde hay ciertas
reminiscencias biográficas que se funden con la ficción y que van
entrelazando el desplazamiento del relator de la utopía. El espacio
de lo ambiguo prevalece, cuando “la ficción también alcanza
la distopía de la uniformidad: un ambiente gris como el traje del
hombre del futuro, “de rostro severo y pálido”, donde ocurre “el
olvido de lo personal y local”, y la imprenta es concebida como
“uno de los peores males del hombre”. (Sánchez Rojel 26) Parece
entonces que Borges señala en el relato algunos de los síntomas
del malestar de la sociedad de su tiempo, aunque también puede
inferirse un tono irónico al mostrar que se trata de una utopía donde
el tiempo infinito no es suficiente para cambiar el rostro severo de
la condición humana.
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�Humanitas, vol. 5, núm. 9, julio-diciembre, 2025

El hombre del futuro explica la situación contemporánea del
imaginario Eudoro, denotando la lógica que acompaña a la dinámica
política de las democracias liberales de Occidente y sus mecanismos
de dominación. Dominación que deja de servir al momento de
prescindir del sistema de opresión en una especie de consenso general
y alcanzando una nueva organización social. Pero tras este escenario,
se encierra una desolada angustia al constatar que en la imagen del
porvenir no es posible el mundo feliz. Perdida la esperanza, surge la
monotonía y el cansancio que llega, incapaz de liberar del tedio y de
la angustia de los días. Eudoro Acevedo, un profesor de letras inlesas
y americanas y escritor de cuentos fantásticos es una proyección de
las inquietudes de Borges. El protagonista del relato que viaja al
futuro, llega cansado de los políticos, el poder y los gobiernos y
ahora los encuentra en la ficción utópica siendo cómicos o buenos
curanderos o una suerte de lisiado.
Según lo expresa Sánchez Rojel, en el cruce de “Alguien”
y Acevedo, está la esperanza, lo que él considera el pensamiento
utópico que reclama la literatura como diálogo y lugar de acogida.
Borges alude en el relato a la tela que emula a la posibilidad de escribir
en una página en blanco para seguir contando historias “pintada(s)
con los materiales hoy dispersos en el planeta”.(30)
Este cambio de papeles en el plano literario puede darse
en el cambio de una página, pero la intención de este estudio es
llenar ese hueco de la ficción con la posibilidad teórica que pudo
haber acompañado el proceso. Si las personas dejaron de acatar a
los gobiernos del mundo y el poder no pudo contrarrestar el cambio
social, significa que hubo un contrapoder implicado que se encargó
de frenar los mecanismos de dominación y suprimió cualquier
manifestación de violencia “Si “poder” llamamos a la imposición de
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�Jonathan Muñoz y Mónica Torres (UACH) / Contrapoder y no-violencia

la voluntad de un sujeto “contra toda resistencia”, esta otra forma
de fuerza social sería la resistencia contra todo poder.” (Villoro 86)
En tanto resistencia, involucraría negar las formas de
dominación y no replicar los recursos que atañen a la violencia: El fin
último del contrapoder es la abolición del poder impositivo; mientras
no pueda lograrse, su propósito es limitar y controlar el poder existente.
Si ha de ser fiel a sí mismo, el contrapoder no puede remplazar un
poder por otro, ni oponer una a otra violencia. (Villoro 88) En otras
palabras, el fin del Estado supone la eliminación del poder:
Según la tradición fueron cayendo gradualmente en desuso.
Llamaban a elecciones, declaraban guerras, confiscaban fortunas,
ordenaban arrestos y pretendían imponer la censura y nadie en el
planeta los acataba. La prensa dejó de publicar sus colaboraciones
y sus efigies. Los políticos tuvieron que encontrar oficios honestos.
(Borges 113-114)

Ni poder, ni violencia se manifiestan en el mundo borgiano
ya que la idea de comunidad incluye un aislamiento individual que
forma parte de la estructura de la sociedad donde “Cada cual ejerce
su oficio” (Borges 111), y “No hay conmemoraciones ni centenarios
ni efigies de hombres muertos. Cada cual debe producir por su
cuenta las ciencias y las artes que necesita.” (Borges 113)
Donde la subsistencia depende de cada uno, claro, con
plena libertad de disponer del medio natural, la voluntad se expone.
“Entre dos partes en conflicto, la una no pretende dominar a la otra,
sino impedir que ella la domine; no intenta substituirse a la voluntad
ajena, sino ejercer sin trabas la propia.” (Villoro 86)
Ciertamente en el mundo borgeano el poder impositivo ha dejado
de existir y por ello cada uno es libre de obrar a su consideración. Y
esta libertad sin límites si bien podría llevar a la anarquía vista desde
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.9-136

�Humanitas, vol. 5, núm. 9, julio-diciembre, 2025

la óptica más negativa; “como sinónimo de caos” (Albertani, 2007:
2), no ocurre en la utopía borgiana.
Si entendemos que “(…) el poder impositivo consiste en
la capacidad de obstruir las acciones y propósitos de los otros y
substituirlos por los propios, el contrapoder es la capacidad de llevar
al cabo las acciones por sí mismo y determinarlas por la propia
voluntad.” (Villoro 86), con la ausencia de poder se alcanza la plena
libertad “En la comunidad ideal no hay poderosos ni desamparados,
todos son hermanos, iguales en la libertad.” (Villoro 85), y al mismo
tiempo la lógica vertical que implantó la modernidad como natural
al orden político, desaparece dando lugar a la igualdad radical que
Judith Butler desarrolla.
La igualdad radical como pilar de la no-violencia que plantea
Butler viene precedida por una relación de interdependencia que
consiste en entender que los otros al margen de su autonomía
son constitutivamente vulnerables en la misma medida que yo lo
soy. Además, es necesario aceptar el principio en el que todas las
vidas son duelables no solo en su condición de fallecimiento sino
necesariamente en su ámbito social, económico, político, entre otros.
Con todo esto proyectamos desde el cuento la
interdependencia en virtud de la duelidad ya que al final del cuento
se dispone “Alguien” a su muerte para lo cual es asistido por otras
personas, ayudado a cargar sus pertenencias.
Sin el carácter contingente del Estado, la sociedad se libera
de un margen muy significativo de precariedad moral y apunta a
una igualdad en la muerte. Y así la duelidad es acompañada en las
mismas condiciones, incluso, es tan aceptable universalmente que
se discuten las “ventajas y desventajas de un suicidio gradual o
simultáneo de todos los hombres del mundo.” (Borges 112).
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.9-136

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�Jonathan Muñoz y Mónica Torres (UACH) / Contrapoder y no-violencia

En otras palabras, en la utopía borgiana mediante el
acompañamiento a la muerte y la libre determinación de esta, se
muestra que en términos sociales, se alcanzó una igualdad radical
al prescindir de un aparato estatal que administra la muerte bajo
sus parámetros de dominación, para transferirle a cada individuo,
mediante una herramienta del contrapoder, la desobediencia civil, la
propia libertad de acción y con ello el valor de las vidas y su duelidad
se proyecta en igualdad de condiciones hasta el punto radical de
concebir un genocidio voluntario y por fin prescindir de cualquier
limitación hasta aquella de seguir viendo a la humanidad como
proyecto a futuro.
Si no hay vidas humanas para gestionarlas o imponerles
valores, se elimina cualquier posibilidad de dominación. Si la muerte
nos iguala a todos en su condición de inevitabilidad, la elección
voluntaria de la muerte nos iguala en duelidad.
De esta manera la desobediencia civil originaria de “Utopía
de un hombre que está cansado” crea las posibilidades de liberación
social y, al prescindir del aparato estatal, se eliminan los parámetros de
dominación articulando desde la horizontalidad una igualdad radical
donde las posibilidades de duelidad se extreman y se convierten en
la nueva norma.
Creemos, la utopía borgiana configura un mundo ideal
donde la libertad y la igualdad son alcanzables siguiendo la lógica
del contrapoder y la no-violencia, primero desvinculándose de
la violencia estatal por medio de la desobediencia civil, después,
negando cualquier posibilidad de dominación futura desde la idea
de la igualdad radical representada en la duelidad. Sin el Estado son
dueños de su vida y, por lo tanto, también de su muerte. Utopía y
libertad al alcance de todos.
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.9-136

�Humanitas, vol. 5, núm. 9, julio-diciembre, 2025

Bibliografía
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conceptos_final/405trabajo.pdf
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está cansado”. México: Penguin Ramdom House Grupo
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Butler. J. (2020). La fuerza de la no-violencia. Capítulo 1. “La no
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Mbembe, A. (2011). Necropolítica. España: Melusina editorial.
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fundamentos de una ética política. México: Fondo de Cultura
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formación política”. España: Melusina Editorial.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.9-136

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�Artículos
Humanitas, vol. 5, núm. 9, 2025

Civilización y barbarie en el personaje
de Wolverine
Civilization and Barbarism in the
Character Wolverine
Adbeel Darío Duarte Hernández
Universidad Autónoma de Chihuahua
Chihuahua, México
adbeel.duarte@uaslp.mx

Alejandro Rosillo Martínez
Universidad Autónoma de Chihuahua
Chihuahua, México
alejandro.rosillo@uaslp.mx

Resumen. El presente trabajo busca abordar al personaje de Wolverine,
el mutante con garras de adamantium del universo Marvel más famoso
de los X-Men, también conocido como Logan, desde un enfoque de
los derechos humanos y los estudios culturales a partir del concepto
occidental de “civilización contra barbarie”, apoyado por los ensayos de
Facundo del argentino Domingo Sarmiento, junto con el intelectualismo
de los valores humanos en aristotelismo político de la Conquista, el
elitismo imperialista en el sistema mundo de Ginés de Sepúlveda y el
capitalismo transhumanista, temas vistos en la unidad de la Breve Historia
Geopolítica Decolonial de la Praxis Moral en la cátedra de Ética de los
Derechos Humanos impartida por Antonio Salamanca. Wolverine, el
mutante canadiense creado por Len Wein y Herb Trimpe quien hizo su
debut en The Incredible Hulk #181 en 1974, ha sido mostrado desde
un inicio con una fuerza sobrehumana y una brutalidad salvaje como su
estado natural, siendo su mayor insignia sus enormes garras que salen de

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�Humanitas, vol. 5, núm. 9, julio-diciembre, 2025

sus nudillos, una alegoría a la animalidad, y quien fuera el conejillo de
indias para un experimento secreto del Gobierno de Canadá conocido
en clave como Weapon X, en donde inyectaron el metal ficticio llamado
adamantium en sus huesos, y poder controlar al mutante para usarlo como
un arma para matar. Encontramos en el análisis de la Política de Platón
que hace Christian Schafer los mecanismos de administración doméstica
en la que se encuentra la relación del amo sobre el esclavo, en donde define
al esclavo como alguien que siendo humano no pertenece a sí mismo, sino
a “otro”; en Sarmiento vemos que en América hay una lucha imponente
entre la civilización europea y la barbarie indígena, y sobre la cuestión entre
ser o no ser salvaje al no renunciar a las brutales tradiciones coloniales.
Palabras clave: civilización, barbarie, ética, naturaleza, mutante.
Abstract. This paper seeks to address the character of Wolverine, the
adamantium-clawed mutant from the most famous Marvel universe of
the X-Men, also known as Logan, from a human rights and cultural
studies perspective based on the Western concept of “civilization versus
barbarism”, supported by the essays of Facundo by the Argentine
Domingo Sarmiento, together with the intellectualism of human values
in the political Aristotelianism of the Conquest, imperialist elitism in
the world system of Ginés de Sepúlveda and transhumanist capitalism,
topics seen in the unit of the Brief Decolonial Geopolitical History of
Moral Praxis in the chair of Ethics of Human Rights taught by Antonio
Salamanca. Wolverine, the Canadian mutant created by Len Wein and
Herb Trimpe who made his debut in The Incredible Hulk #181 in 1974,
has been shown from the beginning with superhuman strength and savage
brutality as his natural state, his greatest symbol being his enormous claws
that emerge from his knuckles, an allegory of animality, and who was the
guinea pig for a secret experiment by the Canadian Government known as
Weapon X, where they injected the fictional metal called adamantium into
his bones, and were able to control the mutant to use it as a weapon to kill.
In Christian Schafer’s analysis of Plato’s Politics, we find the mechanisms
of domestic administration in which the relationship of master over
slave is found, where he defines the slave as someone who, being human,
does not belong to himself, but to “another”; in Sarmiento we see that
in America there is an imposing struggle between European civilization
and indigenous barbarism, and over the question of whether or not to be
savage by not renouncing brutal colonial traditions.
Keywords: civilization, barbarism, ethics, nature, mutant.

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�Adbeel Darío Duarte y Alejandro Rosillo (UASLP) / Civilización y barbarie

Introducción
En el presente artículo se aborda al personaje de Wolverine,
también conocido como Logan: un mutante del universo Marvel,
quien es uno de los integrantes más importantes de los X-Men,
y cuya característica más notable son sus garras metálicas de
adamantium que salen de sus manos, dotándolo de una fuerza
salvaje. Realizaremos una lectura de las aventuras de esta criatura,
acompañándola con una discusión sobre la oposición civilización
versus barbarie (desmenuzando, claro, ambos conceptos). Nos
enfocaremos, para ello, en el ensayo Facundo o civilización y barbarie del
argentino Domingo F. Sarmiento, sin descuidar las lecturas éticas
que ha producido, desde la perspectiva de la historia decolonial,
el debate entre civilización y barbarie, principalmente la relación,
comentada ampliamente por Antonio Salamanca, entre la praxis
moral de los derechos humanos con los paradigmas éticos de la
dominación, tales como el intelectualismo de los valores humanos
en la obra de Aristóteles y el elitismo imperialista de la civilización
en el sistema mundo de Ginés de Sepúlveda.
La propuesta filosófica de Antonio Salamanca profundiza
en los paradigmas éticos de la dominación. Su Investigación,
de corte axiológicojurídica, cuestiona la forma en que se han
implementado los estudios jurídicos, reducidos al dogmatismo, y
propone un acercamiento desde una pluralidad interdisciplinar.
A partir de ahí, abordamos el transhumanismo, heredado por
la tradición de lucha de clases iniciada por la burguesía, para dar
cuenta de la alteridad, esto es, la relación con los otros, tal como
lo han propuesto los estudios culturales latinoamericanos. Para
hablar de los mutantes, partimos de la lectura de los cómics de
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.9-135

�Humanitas, vol. 5, núm. 9, julio-diciembre, 2025

los X-Men y sus contrapartes en el mundo histórico. Finalmente,
nos centraremos en el personaje de Wolverine. En esta serie de
cómics, la cualidad mutante del personaje está más cercana a su
animalidad que a su naturaleza humana. En lo que respecta al
tema del salvaje americano, apelamos, como ya se mencionó, a la
obra del ensayista argentino Domingo Sarmiento y su visión del
continente en el siglo XIX, durante la formación de las naciones
latinoamericanas. Y, para exponer la relación entre amo y esclavo,
recurrimos a lectura que hace Schafer de la Política de Aristóteles
para abordar la naturaleza de la servidumbre.
Propuesta ética de Antonio Salamanca
En el programa de la Maestría en Derechos Humanos (impartida
en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí), el investigador
jurídico, Antonio Salamanca Serrano dictó la cátedra “Ética de los
Derechos Humanos”, la cual fue una iniciación crítica, liberadora
y colaborativa con los alumnos en el ámbito axiológico de la praxis
de los derechos humanos; un acercamiento investigativo, histórico y
científico a los paradigmas, categorías y conceptos éticos esenciales
para analizar y explicar dialécticamente la axiología geopolítica de
los derechos humanos.
El objetivo general de la materia consistía en explorar
la función legitimadora, estructural y fundante de la ética en el
dinamismo histórico de los derechos humanos de los pueblos y la
naturaleza. La dinámica en clase consistía en la discusión crítica y
el trabajo autónomo de revisión de la literatura por los alumnos,
en donde descubrimos, identificamos y valoramos las relaciones
axiológicas presentes en los derechos humanos y derechos de la
naturaleza.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.9-135

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�Adbeel Darío Duarte y Alejandro Rosillo (UASLP) / Civilización y barbarie

Las competencias específicas del curso y los resultados del
aprendizaje se dirigían a: 1) descubrir e identificar el dinamismo
estructural histórico de producción, circulación y apropiación de los
valores éticos o morales en la praxis de los derechos humanos; 2)
analizar sistemáticamente los distintos paradigmas morales con sus
categorías y conceptos, en su génesis y funciones sociohistóricas y
geopolíticas; y 3) valorar críticamente la función que juegan los
sistemas de valores éticos o morales en los conflictos históricos
concretos de derechos humanos de los pueblos y de la naturaleza.
En este ensayo nos interesa, en concreto, reflexionar, desde
historia geopolítica decolonial, sobre la praxis moral de los derechos
humanos, esto es, en los paradigmas éticos de la dominación dentro
del tema de las éticas de la civilización contra la barbarie. Trataremos,
por ello, de desglosar el intelectualismo de los valores humanos
expuesto en autores como Aristóteles y MacIntyre; haremos lo
propio con el elitismo imperialista de la civilización vs. la barbarie en
el sistema mundo de Ginés de Sepúlveda; y con el clasismo liberal, esto
es, los derechos humanos para los burgueses propuestos y defendidos
por John Locke e Immanuel Kant; para finalizar con la civilización
transhumanista descrita por Savalescu y Boström.
Investigación axiológicojurídica, interdisciplinar,
intercultural y crítica de los derechos humanos
Para Salamanca, la educación y la investigación jurídica adolecen de
graves problemas en esta época, y lo mismo ocurre en la evolución
de los estudios del derecho en el ámbito regional de nuestra América
(2021, p. 381). En su lectura, la contradicción entre las exigencias del
marco constitucional y el tipo de formación e investigación jurídica
que se realiza está afectando a los trabajos de los activistas sociales, el
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�Humanitas, vol. 5, núm. 9, julio-diciembre, 2025

aprendizaje de los estudiantes y el diseño de las mallas curriculares de
las carreras de Derecho, los proyectos de investigación y publicaciones
de los alumnos y profesores investigadores universitarios.
Tal y como comenta el autor, la investigación jurídica queda
reducida varias veces al dogmatismo, la glosa, el formalismo, el
clasismo esotérico, la confusión sincretista metodológica, plagada
de individualismo monodisciplinar, y con desconocimiento de los
modos interdisciplinares e interculturales con los enfoques, diseños
y técnicas.
Antonio Salamanca propone que la investigación del hecho del
derecho en acción puede hacerse desde una pluralidad interdisciplinar
de perspectivas, a los cuales llama “modos”: antropojurídico,
sociojurídico, historicojurídico, ideologicojurídico. Es en esta
pluralidad en donde surge el modo axiologicojurídico, dentro del
paradigma iusmaterialista, siendo este horizonte en donde el derecho
se muestra como acción o relación social ineludiblemente moral.
Capitalismo transhumanista
Salamanca nos introduce a la noción del capitalismo transhumanista
que hereda la histórica guerra de clases de la burguesía, y cuyo frente
de batalla está en el campo de la biotecnociencia:
Desde hace cincuenta años, a finales del siglo XX, se desencadenó
una nueva acometida global de las oligarquías contra los pueblos y
la naturaleza, apoyándose en las nuevas posibilidades del desarrollo
científico. Si al inicio parecía como ciencia ficción, ahora ya es un
hecho. (2021: 373)

El transhumanismo es el camino hacia el posthumanismo
(el superhombre), basado en una relectura fascista de la obra
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�Adbeel Darío Duarte y Alejandro Rosillo (UASLP) / Civilización y barbarie

de Nietzsche: “el paraíso de una (dis)topía es convertirse en
seres inmortales disfrutando de la eterna juventud, con mejores
capacidades físicas, intelectuales, emocionales y morales”.
Alteridad
Para hablar de alteridad, Silvana Rabinovich comenta que definir
a lo Otro ha sido una constante del pensamiento occidental, y que
dicha pretensión puede leerse como una confesión quimerista que
forma parte de las plumas más sesudas de la historia de la filosofía:
pretender que se pueda identificar lo Otro a partir del lenguaje de
lo Mismo se revela como una irresistible quimera (2013: 43).
En las culturas cuya cuna es Occidente la obsesión por el
otro tuvo muchas formas que se pueden resumir bajo la paródica
pregunta: ¿por qué el otro es Otro y no más bien un otro Yo?, que
en términos políticos se traduce a guerra, conquista, colonización y
genocidio (Rabinovich, 2013: 44).
Levinas remite al otro en su libro Totalidad e infinito (1961)
bajo las cuatro figuras bíblicas del pobre, la viuda, el huérfano
y el extranjero, íconos de la vulnerabilidad y de la falta que dan
origen a las leyes morales y sociales del Levítico, y a partir de
allí a los reclamos de los profetas en estos cuatro personajes
conceptuales.
Desde Latinoamérica, Enrique Dussel se aproxima a Levinas
en su libro Ética de la liberación (1998) con el otro, poniendo énfasis
en los excluidos, las víctimas, el indigente o el indígena: esas mayorías
numéricas irónicamente llamadas “minorías” por eufemismo, y cuyo
apelativo se debe posiblemente a ser considerados “menores” en el
sentido de sin derecho a la palabra.
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Los mutantes en X-Men
Algunos de los personajes más representativos de la editorial Marvel
son los X-Men. Aparecieron por primera vez en 1963, creados por
Stan Lee y Jack Kirby en su obra homónima, siendo la intolerancia
hacia la diferencia el tema principal del cómic.
En un tiempo similar al nuestro, una parte de los individuos de
la especie humana portan en su código genético el gen X que los
ha hecho mutar. Los humanos “mutantes” son odiados y temidos
por los humanos “normales”, quienes ven en ellos un error de la
naturaleza que hay que eliminar. (Bolaño, 2012: 48-49)

En medio de toda esta intoleranci,a surge el personaje de
Charles Xavier, un hombre mutante con habilidades telepáticas
conocido mejor como el Profesor X, quien tiene la idea de promover
la paz entre humanos y mutantes, y recluta a otros mutantes, creando
así un grupo llamado los X-Men. Xavier les ayuda a controlar sus
poderes con el fin de proteger a los mutantes del odio de los humanos,
así como proteger a la humanidad de mutantes “malvados”.
Laura Victoria Bolaño explica que el mundo estaba
cambiando cuando Lee y Kirby crearon a los X-Men: la guerra fría
y el miedo a una debacle nuclear (con su terrible efecto hacia la
condición humana) estaban presentes. “El temor a la radiación y
cómo esta podía hacer que las especies mutaran fue utilizado por el
dúo de Marvel para crear la historieta”.
Una de las alusiones más notables en los X-Men es el
racismo, ya que la segregación sometida a los mutantes es análoga
a la de la población negra en Estados Unidos durante la lucha por
los derechos civiles. Igualmente, otra alusión de discriminación es
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�Adbeel Darío Duarte y Alejandro Rosillo (UASLP) / Civilización y barbarie

la étnica, ya que personajes como Magneto desarrollaron un fuerte
odio hacia los humanos a causa del sufrimiento
Orígenes de Wolverine
Wolverine es un personaje creado por Len Wein y Herb Trimpe que
apareció en la historieta de The Incredible Hulk #181 en 1974, durante
una pelea que enfrenta el gigante esmeralda en Canadá contra el
legendario monstruo Wendigo:
Una batalla que resuena en el bosque, hasta que este caballero
de vestimenta extravagante se entromete en la escena, enseñando
garras, apretando los dientes y con una expresión de furia ¡casi
salvaje! (Marvel-Verse Wolverine, 2020: 9)

La misión de Wolverine es derrotar al temible Hulk por
órdenes de una agencia secreta del ejército canadiense; comparado
con el gigante verde es mucho más pequeño, pero con una brutalidad
comparable con su adversario monumental:
Hulk: ¡Bah! ¡El hombrecito salta por todos lados como un gran
conejo!
Wolverine: ¡Como un glotón si no te importa, Hulk! Y como
glotón, tengo garras, forjadas de adamantium, duro como el
diamante, ¡y la fuerza para respaldarlas! (Marvel-Verse Wolverine,
2020: 10)

Los movimientos de Wolverine son considerados salvajes, y,
en solo cinco páginas, ya se refieren a esta brutalidad como un estado
natural por parte de Logan: una costumbre. Al no poder hacerle
frente a Hulk, Wolverine decide atacar a Wendigo quien resulta un
oponente más sencillo que vencer: “…[c]on la ferocidad salvaje
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de la criatura de la que tomó su nombre, Wolverine se abalanza
contra la pesadilla peluda…” (Marvel-Verse Wolverine, 2020: 13).
En el Uncanny X-Men 140, Logan, nombre verdadero del alias de
Wolverine, recordaría el enfrentamiento con Wendigo y Hulk:
Fue una pelea demencial, yo soltaba garrazos como un desquiciado,
consumido por uno de mis ataques de ira incontrolable. (1980: 19)

Volviendo al Incredible Hulk 181, la agencia secreta que
está monitoreando la pelea de Wolverine, a quien denominan, en
nombre clave, Weapon X, cuestiona si se hizo lo correcto al mandar
a Logan solo a la zona activa de combate. Un superior responde
alteradamente:
¡No lo mandaríamos si no pensáramos que estaba listo,
Holderidge! El gobierno ha gastado mucho tiempo, dinero y
esfuerzo en desarrollar la velocidad, fuerza y salvajismo natural
de este mutante para que tuviera técnicas de guerrero profesional…
y a pesar de los problemas psicológicos que persisten, ¡creo que
hicimos un muy buen trabajo! (Marvel-Verse, 2020: 16).

Wolverine sería más adelante reclutado por el Profesor X en
el Giant Size X-Men de 1975. En su primera aventura con los X-Men
tiene la misión de rescatar a los antiguos miembros del grupo de
la Escuela de Xavier para Jóvenes Superdotados, llegando a una
isla desconocida en donde se enfrenta a una especie de crustáceos
bastante grandes, con grandes y afiladas garras, pero que no son
las únicas en tenerlas, ya que él también tiene sus propias garras, y
le gusta usarlas, destruyéndolas por completo. Cuando descubren
que la isla es un mutante vivientes todos empiezan a escapar, menos
Wolverine:
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�Adbeel Darío Duarte y Alejandro Rosillo (UASLP) / Civilización y barbarie

Si ustedes, cobardes, quieren desperdigarse, qué bueno… ¡pero
Wolverine va por sangre! (Marvel-Verse Wolverine, 2020: 63).

A través de los primeros números vemos su naturaleza
salvaje, reflejada en sus garras y haciendo alusión al animal en el
que fue inspirado, el glotón, lo que asemeja su personalidad al de un
animal carnívoro sediento de sangre, tan pequeño pero mortal. Esta
sed de sangre la podemos encontrar en el ensayo de Civilización y
barbarie de Domingo Sarmiento cuando habla del gaucho argentino,
sobre todo cuando hace referencia a su intolerancia hacia el hombre
“civilizado” de la ciudad:
Es implacable el odio que les inspiran los hombres cultos, e
invencible su disgusto por sus vestidos, usos y maneras… desde
la infancia están habituados a matar las reses y que este acto de
crueldad necesaria los familiariza con el derramamiento de sangre y
endurece su corazón contra los gemidos de las víctimas. (2006: 25)

Logan tendría su primer número en solitario en la serie
Wolverine de 1982, de la mano de Chris Claremont y Frank Miller
(quién, unos más tarde, en 1986, crearía afamada serie de Dark
Knight Returns). En la primera parte de la serie, Logan se encuentra
escalando las Montañas Rocallosas en Canadá:
Este es mi hogar… las Rocallosas canadienses… una tierra tan
inhóspita y elemental como mi alma. Estoy aquí por negocios.
Para cazar. Para matar. Como dije… lo que hago mejor. (MarvelVerse Wolverine, 2020: 73)

Wolverine menciona cómo la naturaleza hostil forma parte
de su ser debido al lugar donde fue criado; se encuentra en misión
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por capturar a un oso responsable de la muerte de siete hombres,
tres mujeres y cinco niños, todo esto con ayuda de su olfato y sus
habilidades para rastrear por dos días dentro de la montaña, cuando
por fin se encuentra al enloquecido animal:
Es grande y malo… un oso pardo renegado. No hay criatura más
temible… o mortal… sobre la Tierra. Excepto yo (Marvel-Verse,
2020: 74).

El mutante canadiense se compara con el oso, incluso
menciona que es más letal que este animal, y, al final, termina por
despellejarlo. En este punto reflexiona un poco sobre su esencia:
Soy mutante de nacimiento. Durante un tiempo fui agente secreto
de profesión. Ahora, por voluntad propia, soy un superhéroe…
uno de los increíbles X-Men (Marvel-Verse Wolverine, 2020: 75).

Haasta que es reclutado como X-Men , Logan puede decidir
algo por primera vez en su vida, ya que no escogió ser un mutante, ni
tuvo elección al formar parte del experimento denominado Weapon
X (que abordaremos más tarde). Al matar al oso y descubrir que su
comportamiento fue causado por una flecha envenenada, lanzada
por un cazador furtivo (que más tarde fue llevado a las autoridades
locales), Logan regresa a Estados Unidos para descubrir que el amor
de su vida, Mariko Yashida, hija de una de las familias más nobles
de Japón, no le correspondía las cartas que le mandaba,. Dolido,
decide ir a buscarla al país del sol naciente, llegando a la fortaleza
ancestral de los Yashida, en las montañas, a 300 kilómetros de Tokio,
en donde se encuentra a unos perros que custodian el castillo. Logan
vuelve a interactuar con animales:
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Los perros son nuevos. No conocen mi olor. Son asesinos… pero
yo también. Nuestras miradas y voluntades se cruzan. Y nos
comunicamos a niveles mucho más completos y sutiles que el
habla. Son malos, pero no estúpidos. Me dejan pasar. Me da gusto.
No me gusta destazar animales. Pero la gente… ese es otro tema
(Marvel-Verse Wolverine, 2020: 81).

Para Wolverine es más sencillo comunicarse con los animales,
ya que suelen tener la misma naturaleza e instinto salvaje, siendo más
difícil interactuar con las personas. Aquí podemos abordar de nuevo
la figura del gaucho argentino, tal como lo menciona Domingo
Sarmiento respecto a cómo estos individuos interactúan con su
entorno de las praderas de las Pampas argentinas, a diferencia de
una gente de ciudad:
Para juzgar del compasivo desdén que le inspira la vista del
hombre sedentario de las ciudades, que puede haber leído muchos
libros, pero que no sabe aterrar un toro bravío y darle muerte, que
no sabrá proveerse de caballo a campo abierto, a pie y sin auxilio
de nadie, nunca ha parado un tigre, recibiéndolo con el puñal en
una mano y el poncho envuelto en la otra, para meterlo en el
hocico mientras le traspasa el corazón y lo deja tendido a sus pies.
(Sarmiento, 2006: 25)

El salvaje americano
La comparación del mutante canadiense con el gaucho argentino,
obedece a su interacción con los animales y su cercanía con las
bestias (en detrimento de su trato con los seres humanos). Más
adelante retomaremos la lectura de Facundo con mayor profundidad;
volviendo al cómic, Wolverine después de ver a Mariko golpeada
por su esposos, le dice que se vaya con él, y que cualquier corte del
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mundo le otorgaría el divorcio. Ella le explica las las obligaciones de
su familia hacia la tradición de deber y honor; tradición representada
por unas espadas hechas por Masamune hace 800 años y que siguen
igual de filosas. Logan le recalca que ella no es propiedad de su padre
para pagar una deuda, y que al final es un ser humano. Wolverine
escucha cuando llega el esposo de Mariko y lo confronta decidido a
matarlo por golpearla, pero ella le ruega que no lo haga por el amor
que le tiene y que está en su derecho el tratarla así, dejándolo al final
con vida y marchándose. Lo que no esperaba Logan es que sería
atacado por varios dardos con sedantes que lo dejarían casi al borde
de la muerte, solo para despertar y estar frente a Lord Shingen,
padre de Mariko y líder del clan Yashida, quien reta a nuestro amigo
mutante a un duelo con espadas de madera; Wolverine no es rival
contra a la destreza de Shingen a pesar de ser una persona de edad
avanzada, y saca sus garras de adamantium que no le sirven de nada
en la pelea y termina humillado frente a Mariko. El padre le dirige
unas palabras sobre la derrota de su amado:
…Este hombre que dices amar. No es un hombre en absoluto,
sino un animal que asemeja una forma humana. Míralo, Mariko.
Sé testigo de su verdadera naturaleza. Aquí está la… cosa a la que
has dado tu corazón. Responde con honestidad… ¿es digno de
tal premio? (Marvel-Verse Wolverine, 2020: 91).

Es importante destacar como ciertas personas ven en
Wolverine a alguien que no es un ser humano; ni siquiera como
mutante tiene esa condición de dignidad, sino que evocan su
animalidad debido a su comportamiento.
Cambiando

de

arco

argumental,

después

de

los

acontecimientos de la saga de la Fénix Oscura (1980), los X-Men
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�Adbeel Darío Duarte y Alejandro Rosillo (UASLP) / Civilización y barbarie

celebran el cumpleaños de Nightcrawler, quien recibe un regalo que
lo deja prácticamente muerto, pero en realidad su alma se encontraba
en el otro mundo, por lo que el Profesor X le pide ayuda al Dr. Strange
para rescatar el alma del mutante bajando junto con todo el equipo
al infierno de la Divina comedia de Dante Alighieri; una vez pasando el
río Cocitos,con ayuda de Aqueronte, los mutantes se dispersan por
culpa de un tornado y pierden a Ororo Munroe, mutante conocida
como Storm y diosa de las tormentas, quién es enviada a los círculos
de los infiernos, por lo que la pandilla X tienen que recorrerlos:
Narrador: Prosiguen hasta el cuarto círculo… el de los avaros… y
el quinto, una asquerosa ciénaga hogar de los iracundos, quienes
se enojan fácilmente sin importar la causa más trivial que esta sea.
Wolverine: con mi temperamento, podría terminar en este
pantano al morir… o en algún lugar peor aún más abajo. Es algo
para pensar. Aunque no me avergüenzo de lo que he hecho o de
lo que soy. Lo que venga. Sabré manejarlo. Sobreviviré. (Uncanny
X-Men 139, 1980: 21)

Logan se siente identificado con el quinto círculo del
Infierno, al reflexionar sobre las veces que ha actuado con furia
en su vida, no siendo pocas, y aceptando tranquilamente sobre
las posibles consecuencias en su actuar. Más adelante, al llegar al
círculo de los ladrones, mientras los demás mutantes se enfrentan
a una demoníaca figura de Storm, Wolverine logra encontrar a la
verdadera mutante gracias a su olfato, mientras Colossus enfrentaba
a la otra criatura:
Déjala en paz, Petey. Ella solo hizo lo que es natural en este lugar.
¿Quieres a Ororo? Aquí está (Uncanny X-Men 139, 1980: 25).

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Logan justifica el actuar de la criatura infernal, incluso
defendiéndola de Colossus. Una vez rescatado Nightcrawler del
infierno, Logan y los demás mutantes regresan a la Mansión de
Charles Xavier a entrenar en el letal Danger Room, y una vez finalizado
el entrenamiento, Wolverine le pediría al profesor un tiempo para ir
a Canadá a resolver su situación debido a que desertó del Proyecto
X. Regresaría a Canadá junto con Nightcrawler para toparse con
los Alpha Flight, un grupo de superhéroes canadienses parecido a
los X-Men, quienes se enfrentan uno de los primeros enemigos de
Wolverine: Wendigo. En la búsqueda de la criatura se encuentra a
Vindicator, un viejo amigo de Logan quien le ayudó en sus primeros
años como Weapon X, recordando la razón por la cual no se quedó
en Canadá con los Alpha Flight:
Tú no entiendes, Mac. ¡Nunca has entendido! Yo siempre he sido
un hombre peligroso… ser bravucón es mi segunda naturaleza.
Pero estas garras… este maldito esqueleto de adamantium que
tengo… ¡lo cambia todo! En lo que a mí respecta, no hay tal cosa
como una pelea justa. ¡Soy invulnerable, Mac! Fui convertido en
una máquina de matar… ¡y no me gusta! (Uncanny X-Men 141,
1981: 11)

Mientras Wolverine platicaba con su antiguo grupo,
Nightcrawler es atacado por Wendigo dejándolo al borde de la
muerte, llevando la batalla en donde estaban los demás; aquí por fin
Logan obtiene su revancha contra la abominable bestia:
Siente una ira incontrolable crecer en su interior… y esta vez ni
siquiera intenta negarla. Se convierte en la furia personificada,
un motor nefasto e imparable de destrucción. Su ritmo es
inhumano… (Uncanny X-Men 141, 1981: 13)
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�Adbeel Darío Duarte y Alejandro Rosillo (UASLP) / Civilización y barbarie

Logan lucha con todas sus fuerzas, pero la energía mística
de la bestia lo vuelve invencible, por lo que para frenar a Wendigo,
Snowbird se transforma en un carcayú para dejarlo lo suficientemente
neutralizado para que Chamán lo curé de su maldición, pero el
instinto salvaje del carcayú controla la mente de la mujer quitándole
todo rastro de conciencia humana:
Gramo por gramo, se dice que no hay animal en la tierra cuya
ferocidad se compare con la voluntad indomable del carcayú.
Logan, el X-Men Wolverine, es el avatar que más se le acerca a
esta pequeña bestia increíblemente letal de los bosques. (Uncanny
X-Men 141, 1981: 17)

Logan ha desarrollado una gran afinidad con los animales
salvajes y ha logrado comprenderlos, al igual que ha fortalecido
el vínculo con las personas, e intenta ayudar a Snowbird para que
vuelva a la normalidad convenciéndola de manera más ortodoxa; es
un puente y una balanza entre la civilización y la barbarie:
Sin violencia, sin miedo. Tengo que llegar a Anne con palabras…
y emociones. Tal como Scott llegó a Jean Grey cuando estaba
consumida por el Fénix Oscuro. No soy bueno hablando. Cada
uno de mis instintos quiere luchar contra ella para probar mi propia
fuerza y superioridad al someterla. Pero es el camino equivocado.
No puedo… no haré eso. (Uncanny X-Men 141, 1981: 18)

Nightcrawler compara las acciones de Wendigo con las de
Logan, preguntándole directamente si algún día pagaría por toda la
gente que mató, a lo que el Weapon X le responde:
Kurt, durante mi vida he sido dos cosas: un soldado en tiempo de
guerra y un agente secreto. Como lo primero, mi gobierno me pagó

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por matar; como lo segundo, me dieron permiso para matar. Era
muy bueno en ambos trabajos, eso les gustaba… tengo medallas y
menciones para probarlo. (Uncanny X-Men 141, 1981: 20)

Logan justifica sus acciones por el deber que tenía con su
país, pero al final muestra sus verdaderos motivos explicándole su
lógica de cómo funciona su actuar:
Si un hombre se me acerca con puños cerrados, lo recibo con
puños cerrados. Pero si saca un arma, o amenaza a la gente que
protejo, entonces no le tengo piedad. Tomó su decisión y tendrá
que vivir… o morir con ella. Nunca he usado mis garras contra
alguien que no haya intentado matarme primero. A eso le llamo
defensa propia (Uncanny X-Men 141, 1981: 20).

Después de todo el incidente con Wendigo, es aquí donde
Nightcrawler conoce mucho más a Logan fuera de su relación
laboral:
Nunca me había dado cuenta de que Wolverine sentía las cosas
tan profundamente. Es una persona más compleja, más humana,
de lo que deja ver (Uncanny X-Men 141, 1981: 21).

Facundo o civilización y barbarie es un ensayo escrito por el
argentino Domingo F. Sarmiento en 1845, durante su exilio en Chile
al ser perseguido político por el gobierno del tirano Rosas. Sus páginas
nos presentan la influencia de las ideas opuestas en la política de
América, a partir de las revoluciones iniciadas en 1810: la barbarie
indígena y la civilización europea. Sarmiento describe a España como
una zona rezagada de Europa, un pueblo atrasado ubicado entre el
Mediterráneo, el océano Atlántico, y el África bárbara (2006, p. 3). Para
el, los modelos de civilización provenían de la Europa septentrional.
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En el suelo americano existía una lucha imponente entre la civilización
europea y la barbarie indígena. En el caso concreto de la Argentina,
las condiciones de la vida pastoril (instaurada por la colonización)
creaban grandes dificultades para el desarrollo de la civilización
europea, con sus “instituciones de riqueza y libertad” (2006, p. 27).
¡Traidores a la causa americana! ¡cierto! Dicen todos: ¡traidores!
Esta es la palabra. ¡Cierto! Decimos nosotros, ¡traidores a la causa
americana, española, absolutista, bárbara! ¿no habéis oído la palabra
salvaje que anda revoloteando sobre nuestras cabezas? (2006: 3).

Para Sarmiento la cuestión consistía en ser o no ser salvaje.
La figura del gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel Rosas,
representaba para él una manifestación social, una fórmula, reflejo
de la manera de ser de un pueblo, por eso no lo entendía como una
aberración o una monstruosidad; ponía en duda si la civilización o
la libertad resultaban débiles frente al peso de todos los despotismos
en un país como la India, por ejemplo. Llambaa a no renunciar por
las brutales e ignorantes tradiciones coloniales ni porque hubiera
millares de hombres corrompidos que toman el bien por el mal,
ya que la experiencia y la luz que traían las convulsiones políticas
triunfarían sobre estas viejas tradiciones.
¿Acaso no estamos vivos los que después de tantos desastres
sobrevivimos aún; o hemos perdido nuestra conciencia de lo
justo y del porvenir de la patria, porque hemos perdido algunas
batallas? (Sarmiento, 2006: 3)

En este marco, aparece otra figura, la de Facundo Quiroga,
caudillo argentino y con quien Domingo Sarmiento busca explicar la
historia de la revolución y la manifestación de la vida argentina producto
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de la colonización y las peculiaridades del terreno: naturaleza salvaje
que prevaleció en la república argentina durante esos tiempos; el autor
lo compara con la figura de Bolívar, a quien, en la Enciclopedia Nueva,
lo han disfrazado de general europeo: un Napoleón en potencia con
esclarecidas prendas y casacas de solapa de los llanos, ajeno ahora a
la vida pastoril, bárbara y americana de Colombia.
Al hablar del aspecto físico de Argentina, nos menciona
que al sur y al norte acechan los salvajes, que aguardan la noche de
luna para robar el ganado en los campos y atracar en las indefensas
poblaciones; y que las solitarias caravanas de carretas miran con
resquemos al sur, escuchando el más ligero susurro del viento
que agita las hierbas, cuidándose de la horda salvaje que puede
sorprenderlos de un momento a otro; y si no es el salvaje, puede
ser una criatura como un tigre o una víbora lo que lse preocupa
(Sarmiento, 13-14). En contraste, Buenos Aires será en poco
tiempo considerada “la ciudad más gigantesca de las Américas”, en
desmedro de las demás provincias de Argentina, que mantienen la
inercia colonial y producían políticos y generales como Rosas, que
trataban luego e imponer sus costumbres y violencias en la gran
ciudad (Sarmiento, 2006, p. 16). Con la posición monopolizadora de
Buenos Aires se crea una unidad entre la barbarie y en la esclavitud
en lugar de hacerlo entre la civilización y la libertad. La capital
acumula la civilización mientras que las provincias de las Pampas
son pésimas conductoras de la modernidad, sumando a esto a las
montañas y cordilleras que mantienen el aislamiento de los pueblos
y conservan sus particularidades primitivas.
Así es como en la vida argentina empieza a establecerse por estas
peculiaridades el predominio de la fuerza brutal, la preponderancia
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�Adbeel Darío Duarte y Alejandro Rosillo (UASLP) / Civilización y barbarie

del más fuerte, la autoridad sin límites y sin responsabilidades de
los que mandan, la justicia administrada sin formas y sin debate…
casi siempre resisten victoriosamente la codicia de los salvajes
ávidos de sangre y de pillaje (Sarmiento, 2006: 18).

Aquí se introduce la figura del gaucho, descrito previamente
por el inglés Walter Scot; sarmiento menciona que:
en las vastas llanuras de Buenos Aires no están pobladas sino por
cristianos salvajes conocidos por el nombre de huachos (gauchos),
cuyo principal amueblado consiste en cráneos de caballos, cuyo
alimento es carne cruda y agua, y cuyo pasatiempo favorito es
reventar caballos en carreras forzadas (Sarmiento, 2006: 19).

Es en la ciudad donde reside la civilización argentina,
española y europea, donde están los talleres de las artes, las tiendas
de comercio, las escuelas y todo lo que caracteriza a los pueblos
cultos: allí están las leyes, las ideas del progreso y los medios de
instrucción. Mientras que en el desierto la naturaleza salvaje reduce
a las ciudades de las provincias, convirtiéndolas
en oasis de
civilización enclavados en un llano inculto; el hombre de la ciudad
viste el traje europeo mientras que el hombre del campo lleva un
traje americano, y rechaza con desdén los lujos y modales corteses
(Sarmiento, 2006: 20-21).
La vida primitiva de los pueblos, la vida eminentemente bárbara
y estacionaria, la vida de Abrahán, que es la del beduino de hoy,
asoma en los campos argentinos, aunque modificada por la
civilización de un modo extraño.(Sarmiento, 2006: 21)

Estas condiciones, según Sarmiento, normalizan la barbarie
en estas tierras, pues, desde la infancia, se empieza a dominar
a las bestias y, cuando se asoma la pubertad, llega la completa
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independencia y desocupación en la juventud primera (Sarmiento,
2006: 24-25).
Aquí principia la vida pública, diré del gaucho, pues que su
educación está ya terminada. Es preciso ver a estos españoles, por
el idioma únicamente y por las confusas nociones religiosas que
conservan, para saber apreciar los caracteres indómitos y altivos
que nacen de esta lucha del hombre aislado con la naturaleza
salvaje, el racional con el bruto… Este hábito de triunfar de las
resistencias, de mostrarse siempre superior a la naturaleza, de
desafiarla y vencerla, desenvuelve prodigiosamente el sentimiento
de la importancia individual y de la superioridad. (Sarmiento,
2006: 25)

El amo y el esclavo
Schafer desarrolla un análisis de la Política de Aristóteles donde se
presentan los mecanismos de la administración doméstica, entre
los que se encuentra la relación del amo sobre el esclavo, que lleva
por nombre despotismo; ahí se define al esclavo como alguien que,
siendo humano, no pertenece a sí mismo, sino a “otro” ser humano,
y que Aristóteles explica como una relación asimétrica de posesión
por parte del amo (Schafer, 2002: 110). El estagirita define la
posesión como una parte específica de la propiedad: un instrumento
que es de la pertenencia de un individuo, donde el dueño puede
vivir plenamente sin este instrumento, pero este no puede existir
plenamente sin ser usado por el dueño, por lo que pertenece de
manera tan íntima que prácticamente forma parte de él. El esclavo
sin su amo se vuelve nada (Schafer, 2002: 110-111).
Al hablar de la esclavitud como un fenómeno natural,
Aristóteles supone en la ontología de amo y esclavo que la unión
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�Adbeel Darío Duarte y Alejandro Rosillo (UASLP) / Civilización y barbarie

de elementos para constituir un conjunto orientada hacia un fin
presupone una jerarquización de los elementos constituyentes,
siendo estos elementos el dominante y el dominado, viendo en los
seres inteligentes el elemento racional que domina a los apetitos
irracionales por el deber ser de las cosas; también ve el caso inverso
de un individuo dominado más por las inclinaciones corporales que
por el alma y sometido a los apetitos en vez de al dictamen de la
razón, calificando esta última condición de disposición vil y contra
naturaleza, siendo esta inversión perjudicial para la finalidad común
de conjunto de la unidad común. (Schafer, 2002: 112-113)
Este dominio de ciertos elementos debe estar orientado,
para Aristóteles, hacia una finalidad común en el que todos los
elementos integrantes salgan ganando, ubicándose la doctrina
aristotélica del amo y del esclavo en el cuadro de superioridades
e inferioridades naturales que se traducen a distintas formas de
dominio dentro de un conjunto de elementos dispares, ubicándose
igualmente entre el dominio del hombre sobre el animal
doméstico, donde el esclavo comparte la utilidad para el amo con
la constitución robusta del cuerpo y la necesidad de ser guiado
en sus trabajos por su incapacidad de iniciativa racional (Schafer,
2002: 113).
En este punto nos reubicamos en la historia de Wolverine, en
el cómic de Weapon X. SE narra ahí la historia de cómo le implantan
el metal de adamantium en sus huesos con el llamado “experimento
X”. Wolverin había sido raptado por un departamento secreto del
gobierno de Canadá. Su condición de mutante resultaba ideal para
este tipo de experimento, pues posee la habilidad sobrehumana que
permite reparar el tejido dañado, con lo que pueden inyectarle el metal
en estado líquido, provocándole un serio trauma tanto físico como
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psicológico. Durante el experimento, Logan mata a un miembro
del equipo, y el doctor Cornelius, al desconocer mucho del plan,
cuestiona a su superior sobre el origen de este, a quien considera una
bestia asesina sin consciencia, por lo que su jefe le explica que Logan
es un homo superior, refiriéndose a una raza dominante, y a quienes
no consideran humanos, sino mutantes. El doctor Cornelius piensa
que el experimento lo ha convertido en un ser infernal. Su superior
le explica que Logan ya lo era, por su condición predeterminada
a la violencia, abriéndose paso a golpes en una vida sin propósito,
peleando por un destino dictado por la naturaleza; es así que para
el profesor, la intervención del experimento X liberó al demonio
interior de Logan, suplantando la doble identidad por el superego
donde los instintos primarios del futuro X-Men han sido llevados a
la luz y resueltos, volviéndolo el arma táctica más formidable jamás
concebida:
Por eso dependo de usted, buen doctor. Tenemos que estructurar
a Logan. Entrenarlo… y programarlo. Usted puede hacer todo
eso. Manipular a aquellos que no tienen conciencia, doctor
Cornelius. Es su vocación.(Windsor, 2021: 38)

Aristóteles sostiene que el trato que se le debe impartir al
esclavo es de dominio y de manejo como instrumento de trabajo,
como forma de posesión asimétrica, tal como le corresponde a un
animal doméstico, pero que en el caso del mando al esclavo se debe
considerar su condición de ser humano, de animal racional no bruto,
en donde puede ser partícipe de la razón de su amo sin estar en
pleno uso de la razón señorial. El esclavo, al ser definido como ser
humano, forma parte de la propiedad de otro ser humano como
instrumento animado, desprendiéndose de esta posesión asimétrica
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�Adbeel Darío Duarte y Alejandro Rosillo (UASLP) / Civilización y barbarie

“natural que el amo ejerce sobre el esclavo dos consideraciones: el
dominio del amo sobre el esclavo es de máximo provecho para el
conjunto que forman individualmente; y que el provecho para el
esclavo se da solamente de una manera despótica de mando. Lo
que concreta el estagirita es que para uno le es conveniente y justo
ser esclavo, y para el otro dominar, por lo que uno debe obedecer y
el otro mandar con la autoridad que la naturaleza le dotó (Schafer,
2002: 113-114).
Regresando al argumento de Weapon X, los científicos
trabajan en la forma de controlar a Logan: decartan el uso de
condicionamiento operante sobre él debido a que sus impulsos
animales se acrecentaron cuando lo vincularon al adamantium; el
superior se impacienta porque ya debieron haber empezado con la
reorientación y se pregunta: de qué les sirve un arma si no pueden
controlarla. Durante las pruebas se provoca una sobrecarga de
energía que despierta al mutante y empieza a atacar a los científicos,
e intenta incluso matar a una mujer y al profesor:
¡Suelta a la chica! ¡Animal! Te habla tu amo. Eres una bestia,
estás bajo mi control. ¡Tu única voluntad es la de servirme!
(Windsor, 2021: 41-42).

Conclusión
Las propuestas de ficción como son los cómics de superhéroes son
una excelente herramienta pedagógica para explorar y dialogar sobre
las ideologías. A través del personaje de Wolverine en los X-Men
podemos constatar la alteridad que presupone la civilización vs.
barbarie con las diferencias entre mutantes y humanos.
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�Humanitas, vol. 5, núm. 9, julio-diciembre, 2025

Referencia bibliográfica
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Universidad del Rosario, .
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SALAMANCA SERRANO, A., (2021). “Modo axiológicojurídico
en la investigación jurídica interdisciplinar e intercultural,
Nuevos caminos del Derecho: el pensamiento jurídico, de los derechos
humanos, de la ética, de la bioética y deontología, algunas propuesta
de las ciencias sociales. Estudios en homenaje al profesor Narciso
Martínez Borán Vol 1, pp. 421-437.
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filosóficas sobre o/el Ecomunitarismo: Homenagem ao professor Claudinei Aparecido de Freitas da Silva e a Sirio López Velasco no seu
70 aniversário (Porto Alegre, Brasil, Editora Fi, pp. 373-408.
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Editorial Porrúa.
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aristotelismo político de la Conquista”, Ideas y valores, No
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de estudios culturales latinoamericanos, México: Siglo XXI
Editores e Instituto Mora.
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Marvel-Verse: Wolverine, México: Smash Cómics.
WINDSOR-SMITH, B., (2021) Weapon X, México: Smash Cómics.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.9-135

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�Artículos
Humanitas, vol. 5, núm. 9, 2025

Una búsqueda en el aquí idílico: sobre
la construcción espacial en La muerte
golpea en lunes
A Search in the Idyllic Here: On Spatial
Construction in La muerte golpea en lunes
Jesús Alberto Hernández Granados
Universidad del Valle de Puebla
Puebla, México
albertthdz@hotmail.com

Resumen. El presente artículo analiza la construcción espacial en
el poemario La muerte golpea en lunes de Maricarmen Velasco, al
centrarse en una primera medida en el empleo de marcadores deícticos
y elementos pragmáticos para establecer el emplazamiento enunciativo,
para ello se recurre a la propuesta de Catherine Kerbrath-Orecchionni
en La enunciación. De la subjetividad en el lenguaje. Asimismo, una vez
establecida la subjetividad como grado de reconstrucción espacial, se realiza
un exploración de la forma en que dicha subjetividad presenta el espacio
desde una perspectiva que considera la percepción del espacio a través de
la memoria, pero también, a través de la búsqueda o el reconocimiento
como representación in situ de determinada geografía. Finalmente y en
cuanto a un marco semántico, se recurre a la configuración del espacio
idílico, propuesto por Mijaíl Bajtín en Teoría y estética de la novela, para
llevar al espacio de la crítica la propuesta del poemario acerca del idilio en
lo contemporáneo.
Palabras clave: poesía mexicana actual, espacialidad, deixis, enunciación.

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�Humanitas, vol. 5, núm. 9, julio-diciembre, 2025

Abstract. This article analyzes the spatial construction in the collection
of poems La muerte golpea en lunes by Maricarmen Velasco, focusing
in a first step on the use of deictic markers and pragmatic elements to
establish the enunciative location, for this we resort to the proposal of
Catherine Kerbrath-Orecchionni in La enunciación. De la subjetividad en
el lenguaje. Likewise, once subjectivity is established as a degree of spatial
reconstruction, an exploration of the way in which such subjectivity
presents space is carried out from a perspective that considers the
perception of space through memory, but also, through the search or
recognition as in situ representation of certain geography. Finally, and in
terms of a semantic framework, we resort to the configuration of the
idyllic space, proposed by Mikhail Bakhtin in Teoría y estética de la novela,
in order to take the poem’s proposal about the idyll in the contemporary
to the space of criticism.
Keywords: contemporary mexican poetry, spatiality, deixis, enunciation.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.9-113

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�Jesús Alberto Hernández (UVP) / Una búsqueda en el aquí idílico

Un lugar para el espacio
Dentro de los estudios literarios, el papel de lo temporal ha fungido
como un elemento de cohesión y superposición a partir del cual
se busca reconstruir los ejes compositivos y de enunciación de lo
poético. Aunque la recurrencia de tales estudios, sin lugar a dudas,
resulta fundamental para una aproximación puntual para el género,
es insuficiente al momento de englobar un sentido general en el
análisis, tanto desde una postura pragmática, como en aquella que
raya en una comprensión semántica.
Para esclarecer la situación, valga la pena rescatar la apreciación
de Gerard Genette (1969) cuando menciona: “[…] en efecto, el modo
de existencia de una obra literaria es esencialmente temporal, porque
el acto de lectura por el que actualizamos el ser-virtual de un texto
escrito, este acto […] es en efecto una sucesión de instantes que se
realizan en duración”; a lo que líneas después opondrá: “Sin embargo,
se puede también, se debe considerar la literatura en relación con
el espacio. No solamente lo que sería la manera más fácil, pero la
menos pertinente, de considerar esas relaciones- porque la literatura,
entre otros temas, habla también del espacio […]” (1). Sobre esta
misma línea de pensamiento incidirá a su vez Janusz Slawinski
(1989) cuando argumenta: “[al parámetro espacial] se le ha tratado
invariablemente como un parámetro de segundo plano con respecto
a algún otro reconocido como principal”, pero “[…] resulta que no
es ya simplemente uno de los componentes de la realidad presentada,
sino que constituye el centro de la semántica de la obra y la base de
otros ordenamientos que aparecen en ella” (1).
Sin ahondar sobre lo dicho, es inminente la situación de los
estudios espaciales o de la espacialidad dentro del panorama crítico
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.9-113

�Humanitas, vol. 5, núm. 9, julio-diciembre, 2025

actual; y si bien, ambos extractos recalan en la pertinencia de este
tipo de análisis como principio semántico de agrupación, también
se podría plantear una recuperación de los elementos pragmáticoespaciales que se alinean como un locus coordinante al momento
de establecer el emplazamiento enunciativo que se despliega a partir
de la voz –o acorde a la terminología de Oswald Ducrot1 (2001), el
locutor– en el poema.
El sitio de la muerte
Relacionado con lo anterior y como punto de inflexión para el
posicionamiento crítico del presente análisis, se puede citar al
procedimiento efectuado por Antonio García Berrió (2012) en el
apartado dedicado a la espacialidad de su Crítica literaria. En esta,
además de volver a traer a cuento la problemática del párrafo
anterior, propone un modelo de análisis con base en una lectura de
Cántico por Jorge Guillén, en el cual propone una serie de enclaves
discursivos o “mecanismos de proyección” para lo que denomina
“diseño espacial”.
Como parte de dichos mecanismos, el autor propone una
alusión explícita por medio de índices verbales u objetuales (186),
1 En vista de que en lo sucesivo se empleará un aparato crítico con base
en la propuesta de Catherine Kerbrath-Orecchionni, quien a su vez recupera
la terminología de Oswald Ducrot, parece sustancial dejar como nota al pie la
definición de los conceptos principales de dicho autor. El locutor se definiría
como aquel que “[…] es el supuesto responsable del enunciado, es el que está
presente […] el ser al que debemos imputar la aparición del enunciado” (259),
a los cuales en el esquema comunicativo se les opondría o interpelarían a un
alocutor; y por otra lado, los enunciadores que resuelven “[…] la responsabilidad
de ciertos actos particulares vinculados con la enunciación”, y que desde un
punto de vista pragmático “[…] están ya previstos en la significación de la
oración que ese enunciado realiza” (261).
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mientras que, por otro lado, prepondera el esquema métrico-rítmico
(187); y también hace hincapié en la señalización deíctica: “[…] es
el uso de los impulsores funcionales deícticos […] con la finalidad
manifiesta de conducir el movimiento fantástico de la euforia
dinámica del espacio” (2012: 186). Ante tal sugerencia metodológica,
esta investigación tendrá como finalidad discernir la espacialidad
proyectada en La muerte golpea en lunes, poemario galardonado con
el Premio Bellas Artes de Poesía 2022, escrito por la antropóloga
Maricarmen Velasco; la consideración principal para llevar a cabo tal
análisis se afianzará primordialmente en el procedimiento deícticopragmático descrito en una muestra significativa de los poemas
que integran el volumen, para en un primer momento, establecer
la dinámica intratextual y la singularidad de cada uno de los diseños
espaciales, y en segundo momento las repercusiones de estos
constructos para con un planteamiento temático más profundo.
Dicho lo anterior y al margen de la discusión que implica la
postura espacial dentro de la literatura, los elementos de análisis son
pocos en comparación con la maquinaria conceptual propia de la
temporalidad, aunque su enmarcación y discusión para con el objeto
de estudio resultan de particular interés por la orientación receptiva
que de esto se pueda derivar. Hecha tal advertencia y puesto que
la propuesta de Berrió, si bien aporta un referente procedimental
de este tipo de estudios, resulta un tanto sintética, por lo que vale
la pena considerar el trabajo de Catherine Kerbrath-Orecchionni
(1997) como marco conceptual en lo que respecta al establecimiento
de un esquema de referencia relativa, el cual se llevará a cabo en su
trabajo “La subjetividad en el lenguaje: lugares en que se inscribe.
Los deícticos”. En dicho apartado, la autora apunta como primera
pauta al establecimiento de un punto de origen de la enunciación
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por medio de su aparición pronominal, hecho que en lo sucesivo
concatenaría las distintas relaciones textuales en la progresión del
análisis (48). Así pues, la primera resolución para con el objeto de
estudio se concentraría en delimitar el papel de los pronombres
personales, mismo que apoyarán en lo posterior a la concreción de
una subjetividad, y a partir de esta, establecer la situación espacial
del enunciado. Al tratar de identificar este asidero nuclear, no se
da de manera pura la ocurrencia de un marcador pronominal en
concreto, a lo que habría que agregar que antes que concretar
una singularidad específica, el tratamiento morfológico de los
verbos daría pie o se dispersaría de tal modo que involucraría una
multiplicidad pronominal, que consecutivamente, se vincularían con
una variedad de subjetividades. Para dar evidencia de la afirmación
anterior, se recuperan varios extractos contenidos en el primer
apartado de libro, titulado “Flor de jamaica”, en el cual se da una
presencia de una primera persona morfológica correspondiente a
un yo: “Quiso Dios/ que mi rostro fuera/ el primero en gozar/ del
canto suave/ de la lluvia” (17); “No sé si es mi visión/ sumergida en
la noche/ la que me incita/ a orar sobre tus restos” (20); “Me veo en
este pueblo/ donde juntos emprendimos las cosechas” (27); y para
volver concreto el género gramatical de quien habla: “Con temor
y desprecio/ me alzó en brazos la partera/ y balbuceando/ es una
niña/ me puso en el regazo/ de nuestra madre” (18). Adicionalmente
a esta subjetividad, se podría identificar un sujeto interpelado
construido por una segunda persona del singular, correspondiente a
un tú, el cual se recupera en vista de que pueda ayudar a dimensionar
al carácter espacial del poemario, sobre este tú se referirá: “Llegaste
tú/ hermano/ La alegría te sostuvo/ ¡en tantos brazos!/ Tu vida fue
sellada/ con el don de la gracia/ que extrañamos” (18); “Hermano/
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�Jesús Alberto Hernández (UVP) / Una búsqueda en el aquí idílico

cuando yo/ naciste/ y fuimos uno” (22); “Hermano/ ha pasado
tanto el tiempo/ tanto desde que te llevaron” (26). Por si fuera
poco, y en contraposición con esta singularidad, en determinado
momento de la enunciación, se recurre a una primera persona del
plural, también caracterizada por un género gramatical femenino:
“Cada vez somos más/ las que buscamos/ a nuestros hombres/
en el plantío/ en el desfiladero” (35); “Somos las que al tiritar/ de
noche/ en pleno agosto/ no encontramos en el catre/ un cuerpo
que apacigüe el frío” (37).
Restringiéndose a la figura femenina y tomando en cuenta
los extractos, claramente se puede definir como la primogénita de
un par de gemelos que comparten un par de acciones en común –el
hecho de cosechar. Adicionalmente a ello y conforme se desarrolla
esta primera parte, esta hermana-loctuor pasará de una pasividad
de remembranza –“Cuando éramos niños/ papá contaba/ nuestro
nacimiento” (17)– a ejercer la actividad de la búsqueda del hermano:
“Hoy paso el tiempo/ buscando la senda/ que imagino/ que
dejaron tus huellas […]” (29). Este hecho es sustancial en cuanto
a la clasificación espacial, puesto que si bien hay una inflexión
verbal en pasado al momento de hilar recuerdos en que estaban
juntos, en la mayoría de los casos este acto de memoria implica un
presente: “Quiero pensar que has hecho un viaje/ para encontrar
tu camino/ de regreso/ a Flor de Jamaica/ seguir con los niños/ el
futbol de las tardes […]” (23). Asimismo, este carácter de búsqueda
servirá de enclave para concatenar y extender esta singularidad a
una situación generalizada, que encontraría cabida en la primera
persona del plural discutido apenas unas líneas atrás: “Cada vez
somos más/ las que buscamos/ a nuestros hombres […]” (35).
Entonces, esta peculiaridad de construcción de la obra reorientaría
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o serviría de pretexto para desplazar la centralidad de un pronombre
en específico, para deslizarla hasta su agencialidad en tanto un
personaje o instancia enunciativa que se define en tanto participa o
no de la materia que organiza. La relación para con lo espacial, en
ese sentido, se podría entender de la misma manera, es decir, que el
lugar al que alude la hermana en tanto a hecho de memoria, ya sea
de manera retrospectiva o partir de un presente enunciativo, finca
un diseño espacial, en contraposición, de aquel otro que toma parte
en su búsqueda.
Al volver sobre Kerbrath-Orecchionni, la teórica señala que
una vez establecido el locus enunciativo, a partir de él se pueden
destejer las relaciones textuales que se presentan o asumen una
función de términos relacionales, mismos que “[…] posee[n]
un sentido en sí mismo y un referente autónomo, pero que no
puede[n] determinarse si no es en relación a y” (1997: 49), por una
parte; mientras que por la otra, se identificarían más bien con un
representante debido a que “[…] reciben su significación de otros
términos, expresiones o proposiciones contenidos en el mismo
texto y a los que representan”’ (50). Aunque estas definiciones poco
agregan al esclarecimiento de la postura del esquema de relatividad,
puesto que se ha establecido ya un modus operandi propio en el
objeto en cuestión, dan paso o terminan por englobar el sentido
de lo que en lo posterior se propone como demostrativos: “Los
demostrativos, según los casos, son referenciales al contexto
(representantes) o referenciales a la situación de comunicación
(deícticos)” (58). Consecutivamente, los demostrativos se agruparán
de acuerdo a a) localización temporal (59), b) localización espacial
(63) y c) términos de parentesco (70). En cuanto a lo que compete al
presente análisis, Kerbrath distinguirá en la localización espacial una
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�Jesús Alberto Hernández (UVP) / Una búsqueda en el aquí idílico

serie de marcadores textuales con base en los cuales, y en dependencia
del origen de la enunciación, cimentar el posicionamiento de la voz
enunciativa; de modo que se distingue: 1) aquí/ ahí/ allí; 2) cerca (de
y)/ lejos (de y) ( 63); 3) delante de/ detrás de (64); 4) a la derecha/
a la izquierda (65); 5) verbos ir/venir (66). En vista de los alcances
del artículo, se limitará el rastreo de dicha localización al presente o
al instante presente de la enunciación en tanto a un aquí/ ahí/ allí, y
en caso de que lo amerite, se hará mención de las demás opciones.
En cuanto al primer origen de enunciación, anteriormente
circunscrito a la subjetividad de la presencia femenina y el acto de
remembranza, se podría citar para esclarecer este aquí lo siguientes
versos: “Me veo en este pueblo/ donde juntos emprendimos las
cosechas/ cuando la tierra se sentía fecunda/ cuando éramos el
campo de la dicha”; y líneas abajo: “Recuerdo la casa del abuelo/ la
fragancia de la huerta/ el trozo de cielo sobre los guayabos/ su rosada
y dulce carne de niña/ las jirafas de barro/ que moldearon nuestras
manos” (2022: 27); y también en el poema citado anteriormente:
“Quiero pensar que has hecho un viaje/ para encontrar tu camino/
de regreso/ a Flor de Jamaica/ […] para montar a Tabaco/ cruzar el
potrero/ y andar por el monte/ con la risa de Manuela” (23). A partir
de lo anterior, se puede interpretar el paratexto del título del apartado
como el lugar en el que tomará parte este núcleo de la enunciación,
mismo que será definido o se concretará como un espacio rural en el
que se pueden distinguir escenas secundarias como la casa del abuelo,
la convivencia con un ambiente agrícola y la experiencia directa de
la hermana y la tierra como un sitio de recreación para moldear las
fantasías infantiles. También, para acrecentar la referencialidad de
este emplazamiento, hacia el principio del poemario se menciona:
“¿Mirada rota/ en las costas de Guerrero?” (18), por lo que se
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podría entender a Flor de jamaica dentro de un encuadre inferior
contenido dentro del estado de Guerrero2, que dentro de los límites
del estudios estaría implicado en una comprensión profunda de la
disposición estructural dentro de la obra; pero, esta constatación
sería más apreciable si las pretensiones del comentario estuvieran
dirigidas a una discusión de otra naturaleza, en la que se preponderara
dicha alusión para entender al poemario en un ejercicio político e
histórico por medio de su lugar de enunciación, o en su defecto, las
implicaciones de la mención explícita de Guerrero en contraste o
en un paralelismo con otras obras cuyo eje conceptual oscile en la
misma experiencia3.
En cuanto al segundo núcleo que se identificó con la
subjetividad y el colectivo femenino, caracterizado a su vez por su
agencialidad activa y de búsqueda, se recupera, primero en cuanto
a lo singular, lo siguiente: “Pongo a prueba mi instinto/ olfateo
a los hombres/ que me parecen siniestros/ lamo la tierra/ para
que su sabor me diga/ si por ahí pasaste// Corro detrás de una
muchacha/ pongo mi nariz sobre su pelo// me detengo en su
2 Sobre esta imbricación espacial, se podría mencionar el trabajo de
Aníbal Biglieri (2010) “Espacios narrativos medievales: propuestas para su
estudio”, en el que alude a ciertos grados de inmediatez que configurarán
escenas o escenarios focalizados en una diégesis, aunque se podría buscar la
aplicabilidad en este género. Para puntualizar la idea del crítico, se cita sobre
ello: “[…] se pueden distinguir, en los espacios de la historia (story space), tres
áreas concéntricas, según la distancia (degree of immediacy) a que se hallen
los personajes” (32). La línea conciliación podría llevarse a cabo por medio del
segundo localizador espacial de Orecchionni.
3 A propósito de este tipo de esfuerzos críticos, se sugiere Esto no
será un poema de Eva Castañeda (2021), donde la autora concatena a cinco
merecedores del PBAPA dentro de una genealogía de lo político: “[… los
libros del corpus] abordarán temas de índole política y social, cada uno a su
manera y en un estilo muy particular darán testimonio de su época” (124)
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�Jesús Alberto Hernández (UVP) / Una búsqueda en el aquí idílico

mirada/ para descubrir si te oculta/ en los callejones de la mente/
si te ha enamorado […]” (24). En este caso, no se describe como
tal un lugar, ni la voz lírica se interna en un escenario en específico,
antes bien por la dinamización de los verbos, la búsqueda implica
un desplazamiento o el seguimiento de un rastro. Basten un par
de citas más para esclarecer este procedimiento: “Pasé horas pecho
tierra/ haciendo trazos/ Al unir cada punto/ conseguía telarañas/
desconocidos trayectos/ que después descubriría/ se llaman mapas/
planos que sin saberlo/ definirían mi rumbo// Hoy paso el tiempo/
buscando la senda/ que imagino/ dejaron tus huellas/ los puntos
que marcan las fosas/ para saber lo que en ti silenciaron” (29).
Nuevamente la yuxtaposición verbal supone un tratamiento distinto
del planteado en el otro locus, y que al volver sobre Kerbrath se
entiende más bien con el quinto punto de localizadores, sobre el
cual dice:
Para refinar la descripción hace falta considerar cómo se comportan
estos verbos en diversas situaciones, las que simbolizaremos con
ayuda de las convenciones siguientes: un objeto x se desplaza
hacia un lugar y al que llega en un tiempo T y ese deplazamiento
descrito por un locutor L0 a un alocutario A0 en un tiempo T0
y en un lugar E0, lugar en que también, pero no necesariamente,
puede encontrarse al alocutario. (66)

De forma más precisa y en lo subsecuente, Orecchionni
establecerá dos pares de fórmulas para dar cuenta de este tipo de
interaccion verbal, bajo el modo en que es resuelto en el poemario,
se trataría en este par de ejemplos de la cuarta propuesta en la
que “y= un lugar distinto que los considerados hasta ahora. Si el
desplazamiento se efectúa hacia un lugar en el que L0, ni en T0,
ni en T está/estuvo/estará, entonces ‘venir’ queda excluido y
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sólo ‘ir’ es posible” (67). Este modo de espacializar y de impulsar
discursivamente la búsqueda –discursiva y no enunciativante, puesto
que la inflexión verbal al igual que en el caso del primer origen
se mantiene siempre en un presente como un tiempo detenido a
partir del levantamiento del hermano– se impone por medio de
la agencialidad del locutor como una reconstrucción personal de
lo que implica el espacio, o en otras palabras, la adecuación de un
modo de representación estandarizado –los mapas mencionados en
el párrafo anterior– a una cartografía íntima o personal que involucra
el rastreo y la recolección de las huellas del ausente. No siendo
suficientes los extractos anteriores, sirva acudir a un tercer poema,
en el que se conjuga el esclarecimiento de una alusión espacial
directa, junto al rastreo verbal: “Registro/ la camioneta/ plagada
de huellas/ el número de serie/ desdibujado/ los recorridos/ que
se interrumpen// Acumulo/ la placa apócrifa/ el escondrijo/ los
intervalos/ donde los narcos/ se desfrazan// Investigo/ el hospital/
que revienta/ la oficina/ bajo sospecha/ el búnker de cadáveres/ sin
nombre […]” (30).
De manera paralela, sucede en el caso del locutor plural
con marca femenina, y más aún, la espacialidad se implica con
tanta estrechez con la búsqueda personal que se revierte de una
exterioridad a una interioridad, por lo que el rastro no se buscará
en las pistas que pudieron haber dejado, ni como el trayecto vital
a la saga de las mismas, sino como la ausencia de la persona en los
lugares que ocupaba: “Cada vez somos más/ las que buscamos/ a
nuestros hombres/ […] Las que planchamos/ la misma prenda/
como si el contacto con ella/ pudiera regresarnos/ el aroma de su
cuerpo/ la risa que sacudió su camisa/ como si pudiera devolvernos/
el recuerdo de su mano” (35); “Cada vez somos más/ las ciegas
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de llanto/ que abandonan su hogar/ para ser las viudas nómadas/
las sin hermano/ las hijas huérfanas/ de este país/ donde brotan/
como semillas/ los cadáveres” (37). Sin duda alguna, demarcan un
sitio “ocupado” por lo que no está.
El idilio en una flor de jamaica
Como consideración final y en vista de la constante tematización
del paisaje natural de Flor de jamaica, sería interesante acudir a la
perspectiva de Mijaíl Bajtín (1989) en cuanto al cronotopo idílico
y la forma en que éste interactúa con el poemario. De manera
directa, el crítico ruso expone a este cronotopo por medio de tres
características básicas, la primera de ellas: “La vida idílica y sus
acontecimientos son inseparables de ese rinconcito espacial concreto
en el que han vivido padres y abuelos, en el que van a vivir los hijos y
los nietos. Este microuniverso espacial es limitado y autosuficiente,
no está ligado a otros lugares, al resto del mundo” (376). Esta
característica se cumpliría en el primer locus analizado, debido a
la vinculación generacional y la remembranza de los orígenes, así
como la mención directa de los padres: “Cuando éramos niños/
papá contaba/ nuestro nacimiento” (2022: 17); pero más adelante
y sobre esta primer cualidad, Bajtín ahondará: “La unidad de lugar,
disminuye y debilita todas las fronteras temporales entre las vidas
individuales y las diferentes fases de la vida misma” (1989: 76), y en
páginas posteriores: “Esta atenuación de las fronteras del tiempo,
determinada por la unidad de lugar, contribuye de manera decisiva
a la creación de la ritmicidad cíclica del tiempo, característica del
idilio” (377). Para verificar lo anterior, sería necesario prestar
atención justamente a la inflexión verbal y al tratamiento del tiempo
en el poemario, pero con base en los extractos del primer y segundo
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locus, se podría argumentar que hay una estabilidad temporal –
nuevamente por medio de la enunciación y no propiamente de la
duración experimentada por el locutor, es decir, como forma verbal
y no fenomenológica–, y que más bien el ritmo como unidad se
rompe en una disforia del espacio: “Desde que te levantaron/ no
concilio el sueño// Cuento las varas de carrizo/ los listones de
tejamanil/ Sé que van siete alacranes/ que se desprenden del techo”
(2022: 24); “Mientras abraza el sol de la canícula/ deambulo/ sola//
Somos los mismos solos del origen” (2022: 27).
Otra característica estaría dada por una selección de
los episodios vitales: “[…] sólo se limite a algunas realidades
fundamentales de la vida: el amor, el nacimiento, la muerte, el
matrimonio, el trabajo, la comida y la bebida, las edades” (1989:
377). Esto no se aclara de manera concreta, sino que se alude o
se connota a través de una imaginería más cercana al tercer punto
esclarecido de la siguiente forma: “[…] es la combinación de la
vida humana con la de la naturaleza, la unidad de sus ritmos, el
lenguaje común para fenómenos de la naturaleza y acontecimientos
de la vida humana” (377). Al encajar estas características, adquirirían
sentido frases como: “[…] para montar a Tabaco/ cruzar el potrero
[…]” y “No tardes/ en el corral te esperan los borregos” (2022: 23);
o también: “Veo las criaturas que fuimos/ nadar entre cerros de
jamaica/ entre el sudor y la sangre de su cáliz […]” (2022: 27).
Consideraciones finales
Para finalizar y a manera de conclusión, quizá lo más importante de
la adecuación de este cronotopo a La muerte golpea –con todas las
salvedades u objeciones que pueda tener la aplicación de un término
narrativo a un poemario–, sea el hecho que imposibilita una traslación
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por entero de dicho esquema; y es que como se ha visto, se da la
disolución de la ciclicidad idílica en aras de un estatismo temporal
que involucra una dinamización del espacio como eje de rastreo y
persecución tanto de la memoria y presencia de los “levantados”,
así como la búsqueda de sus huellas por la inercia verbal de la
enunciación. Este hecho estaría dado o correspondería justamente
con la desaparición forzada y la intrusión de la violencia del narco en
el microuniverso que suponía Flor de jamaica, transición que haya su
concreción explícita en varios momentos de la estancia: “[…] cada
tarde/ desdoblamos/ la hamaca/ de nuestras hijas// Las que en el
patio/ donde crecían/ el papayo/ y el naranjo/ cavamos túneles/
para esconder/ a las niñas/ que les han crecido los pechos// Los
narcos las consideran// fruta// sabrosa” (35); o en otro momento
sobre el hermano: “Padre ha dicho/ que en los pies ocultos del
amate/ sepultaron tu cuerpo” (19). Así, hay un trastocamiento
directo también con la relación que establece el locutor con la tierra,
que dejará de ser un germen de la historia personal y familiar, para
convertirse también en la posible tumba de los ausentes; aunque es
notable que seguirá siendo parte de la identidad de Flor de Jamaica
por la extensión de la práctica y la colectivización de la situación,
extendida al coro de mujeres sabueso.
Sobre esto último y en paralelismo con el recuento familiar,
la irrupción del narco en el microuniverso del poemario suplantará
también la forma en que se da cuenta de lo generacional, y es que
no se trata ya del árbol genealógico retrospectivo, sino de las
nuevas promociones de madres, hijas y esposas atravesadas por
esta violencia: “[…] para ser las viudas nómadas/ las sin hermano/
las hijas huérfanas […]” (37). En todo caso, la adaptación del tema
idílico no se disuelve como lo refiere Bajtín, cuando opone por una
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parte y en un esquema clásico el idilio que “emerge al primer plano
el profundo humanismo del hombre idílico y el humanismo de las
relaciones entre las personas; luego, la integridad de la vida idílica, su
relación orgánica con la naturaleza; se evidencia de manera especial
el trabajo idílico no mecanizado, y, finalmente, los objetos idílicos
inseparables del trabajo y de la existencia idílica” (1989: 384); y por
otra, en un entorno capitalista, donde “las personas están separadas
entre sí, están encerradas en sí mismas y son egoístas prácticos; un
mundo en el que el trabajo está dividido y mecanizado, en el que los
objetos están separados del trabajo individual” (384). Lo que sucede
en este en esta estancia sería más bien la parálisis de dicho cronotopo
y su consecuente recogimiento por medio de los fragmentos que ha
dejado su destrucción, no por oposición a la urbe y lo rural, sino por la
incursión de un agente paraestatal que ejerce una relación de dominio
y poder para con las personas sustraídas de un entorno común.
Asimismo, la supervivencia de lo idílico pervive también por
la imaginería y la adecuación de los recursos y fenómenos naturales
como vehículo de entendimiento para la situación violencia, desde
el registro que adopta el locutor: “Cuando pienso que no volverás/
me hinco en el piso de tierra/ muy cerca de la lumbre/ y grito/
como bestia a quien robaron sus crías/ con la mirada hacia adentro/
aúllo” (25); así como la impersonalidad de los perpetradores: “[…]
la tormenta/ con estruendo de cerro/ desgaja/ familias” (p. 45); o
simplemente la aprehensión de la identidad por medio de un símil:
“Aquí estamos/ juntas// como las suculentas/ geranios y rosas de
castilla/ en espera […] Aquí estamos/ como gotas de lluvia/ siempre
juntas/ en este pueblo/ donde se marchita/ la flor de jamaica” (39).
Quedaría pendiente una revisión de la segunda y tercera
estancia del poemario, así como completar el estudio por medio
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�Jesús Alberto Hernández (UVP) / Una búsqueda en el aquí idílico

de un análisis minucioso de la dimensión temporal. No obstante, y
por los objetivos específicos del ensayo, se ha explicado la dinámica
espacial intratextual, así como un posible recubrimiento semántico a
partir de las características destacadas en un primer momento.

Bibliografía
Bajtín, M. (1989). Teoría y estética de la novela. (Helena S. Kriukova &amp;
Vicente Cazcarra, Trad.). Taurus.
Biglieri, A. (2010). “Espacios narrativos medievales: propuestas
para su estudio”. En D. Paolini (Coord.), “De ninguna cosa es
alegre en posesión sin compañía” Estudios celestinescos y medievales
en honor del profesor Joseph Thomas Snow. Hispanic Seminary
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y evidencias introductorias (Desiderio Navarro, Trad.).
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Velasco, M. (2022). La muerte golpea en lunes. ICA; INBAL.
112

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.9-113

�Artículos
Humanitas, vol. 5, núm. 9, 2025

El religioso en las novelas históricas de
Eligio Ancona
The religious in Eligio Ancona’s historical novels
Celia Rosado Avilés
Universidad Autónoma de Yucatán
Mérida, México
celia.rosado@correo.uady.mx

Óscar Ortega Arango
Universidad Autónoma de Yucatán
Mérida, México
orarango@correo.uady.mx

Resumen. El presente texto tiene como objetivo primordial analizar
la figura del religioso en las novelas históricas de Eligio Ancona,
contextualizándolas en las circunstancias socio-políticas y el acontecer
literario en el universo cultural mexicano, en general, y de la península
de Yucatán, en particular. La intención fundamental es precisar la
construcción de dicha figura, en particular en los franciscanos, como
asociada a la propuesta de emancipación social y educativa dentro del
ambiente colonial español y social republicano de corte liberal.
Palabras clave: Eligio Ancona, Religioso, Yucatán, Novelas históricas,
Liberalismo.
Abstract. The aim of this paper is analyze the religious figure in Eligio
Ancona’s historical novels, in the context of the social and political
circumstances inside the Mexican Cultural universe generally and the
Peninsula of Yucatan particularly. The principal idea is precise the
construction of that figure, in particular in the Franciscans, in relationship

113

�Celia Rosado y Óscar Ortega (UADY) / El religioso en las novelas históricas

whit the Social Emancipation and education between the Spanish Colonial
and Liberal Social republican ambiences.
Keywords: Eligio Ancona, Religious, Yucatan, Historical Novels,
Liberalism.

114

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.9-131

�Humanitas, vol. 5, núm. 9, julio-diciembre, 2025

Introducción
En el México del siglo XIX, la figura del religioso dentro de la
literatura histórico-romántica se encuentra fuertemente vinculada al
movimiento de Reforma (1858-1872) encabezado por el presidente
Benito Juárez y tuvo como característica primordial el asociarse a la
recreación del período colonial. En este contexto, la presencia de “lo
religioso” adquiere considerables dimensiones. María del Carmen
Millán expone la situación al señalar: “Por ser el tema religioso el que,
de manera tan directa, afectaba a la sociedad al cambiar la constitución
del clero y sus costumbres, fue ese el tema más apasionante para
los escritores que se relacionan con la Reforma” (1957: 189). Se
puede decir, entonces, que las discusiones sobre las reformas de ley
en materia religiosa, abrazan a la literatura haciéndola partícipe de
las ideas de los diversos bandos involucrados que, en su accionar,
abrazan los ritmos e imposiciones eclesiales (formas de saludo,
horas de levantarse y acostarse, etc.). Sin embargo, al momento de
interpretar la acción y función de “lo religioso” en la vida cotidiana,
cada escritor presenta su particular enfoque formado por su visión
ideológica y los archivos históricos que tenga al alcance.
En este sentido, Eligio Ancona (1835-1893) fue uno de los
escritores liberales mexicanos inmerso en el movimiento de Reforma
que, desde la Península de Yucatán (Cortés, 2003), construyó una
sólida obra literaria e intelectual que lo llevó a crear una serie de
novelas históricas dentro de las que sobresalen El filibustero (1864),
La cruz y la espada (1864), El Conde de Peñalva (1866), Los mártires
del Anáhuac (1870) y Memorias de un alférez (1904) en las cuales da
una posición de privilegio a la figura del religioso. Lo anterior,
debido a que Ancona establece un audaz proyecto novelístico
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que pretende cubrir acontecimientos y hechos principales de la
historia del Yucatán colonial relacionándolos directamente con las
circunstancias políticas que vive la península durante la segunda
mitad del siglo XIX. Con ese interés, y valiéndose de diferentes
elementos y personajes literarios (en los cuales resalta la figura del
religioso) intenta establecer una posición crítica ante la realidad
colectiva, así como evidenciar su posicionamiento ideológico e
histórico en dirección a los caminos para construir la identidad de
Yucatán. Desde tal marco, el presente texto tiene como objetivo
primordial analizar la figura del religioso en la novelística histórica
de Eligio Ancona, contextualizándola en las circunstancias sociopolíticas y el acontecer literario en el universo cultural mexicano,
en general, y de la península de Yucatán, en particular. La intención
fundamental es precisar el discurso estético-ideológico que subyace
en dicha novelística a partir de la aparición de la figura del religioso.
Esto se permite a partir de asumir que el lenguaje es una
práctica de interdiscursos mutuamente afectados e interpretados.
Así, como decía Habermas, en su Teoría de la acción comunicativa:
Sólo el concepto de acción comunicativa presupone el lenguaje
como un medio de entendimiento sin más abreviaturas, en que
hablantes y oyentes se refieren, desde el horizonte preinterpretado
de su mundo representado, simultáneamente a algo en el mundo
objetivo, en el mundo social y en el mundo subjetivo, para
negociar definiciones de la situación que puedan ser compartidas
por todos. (1987, T.I: 173)

Este enfoque permite definir el discurso literario/estético
como una construcción simbólica que permite visualizar que genera
significación. Así lo mencionamos en Principios de interpretación del
discurso literario:
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Signo estético es todo aquel que representa una significación
en algún sentido para alguien. Dicho proceso significativo está
enmarcado, invariablemente, dentro de una cultura determinada
en un momento histórico delimitado. Además, el signo
estético estará realizado en un soporte físico; el cual el emisor,
perteneciente culturalmente a un determinado segmento social,
ha seleccionado dentro de la historicidad artística como poseedor
de un significado agregado al presente de su acto comunicativo.
(Rosado y Ortega, 2018: 27)

Desde tal perspectiva cognitiva, y para lograr el objetivo antes
mencionado, se plantean una serie de apartados en los cuales, en
primer lugar, se visualiza el contexto literario mexicano y peninsular
en que dicha obra novelística apareció con el fin de asociarlo al
impacto de las políticas de Reforma. Lo anterior se complementa
con una revisión al personaje religioso en las novelas históricas de
Ancona (en particular en su novela El filibustero) en directa relación
con la situación particular de Yucatán. Finalmente, se dedica una
mirada al religioso franciscano como el centro de la construcción
narrativa en Ancona para evidenciar su impacto en la educación
moral republicana.
El religioso en el marco de la literatura de Reforma
Como se mencionó líneas arriba, la construcción del asunto
religioso en la literatura de Reforma tuvo una serie de intereses
que intentaban confirmar/dirigir lo pertinente de dichas reformas
liberales en el contexto mexicano. El autor más representativo de
ello fue Vicente Riva Palacio (1832-1896) quien dedica su novelística
casi en forma exclusiva al tema religioso, particularmente a ciertos
detalles de la Inquisición. Sus novelas, dentro de la que podemos
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mencionar Monja y casada, virgen y mártir (1868), Martín Garatuza
(1868), Memorias de un impostor, Don Guillén de Lampart, Rey de México
(1872), entre otras; hacen énfasis en el temor que esta institución
causaba a los habitantes de la Nueva España y en la forma en que
se instrumentalizó la destrucción de todo aquello que amenazara
sus intereses. De tal manera, la Santa Inquisición se puede señalar
como el gran tema religioso de las novelas de Riva Palacio ya que,
prácticamente, en todas está presente. En el prólogo de una de sus
novelas explica al lector el porqué de su recurrencia sobre el tema:
¿Me preguntarás lector, por qué en la mayor parte de mis relatos
hablo de la Inquisición? Te contaré que en toda la época de la
dominación española en México apenas puede dar el novelista o
el historiador un paso sin encontrarse con el Santo Tribunal, que
todo lo abarcaba y todo lo invadía; y si encontrártelo en una novela
te causa disgusto, considera qué les causaría a los que vivieron en
aquellos tiempos encontrar al Santo Oficio en todos los pasos de
su vida, desde la cuna hasta el sepulcro. (Riva Palacio citado por
Castro Leal, 1976: XV).

Así, la inquisición juega un papel relevante para tejer los ciclos
narrativos con que Riva Palacio construye sus novelas. Sin embargo,
el aspecto que al autor de Martín Garatuza parece interesarle resaltar
es la existencia de un cristianismo mal entendido que, amparado
en la ignorancia del pueblo, se sujeta a una opresión tanto en el
ámbito social como individual. Con tal intención, presenciamos a
un virrey y a un prelado disputándose el poder político; a una beata
que se atreve a denunciar a su benefactora al Santo Tribunal para
no condenar su alma (Monja y casada, virgen y mártir); o a gente de
muy escasa calidad moral que, al sentir la muerte cerca, llama un
confesor como un mero trámite para entrar al paraíso sin sentir
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ningún remordimiento por las desgracias que han causado (Monja
y casada, virgen y mártir). Silvia Hernández sintetiza de la siguiente
manera el sentir en torno al aspecto religioso en la obra literaria del
General Riva Palacio:
Riva Palacio no critica a la religión por sí misma, sino a la iglesia
como institución creada por el hombre, susceptible por lo tanto
a muchos errores. Censura las actitudes farisaicas que nada tienen
que ver con Dios; los atropellos de la Inquisición […] Riva
Palacio expresa la idea de que las personas que conformaban el
clero tienen las pasiones y debilidades de cualquier ser humano, la
diferencia es que en la fe de Cristo encuentran la justificación para
esos actos. (Hernández Martínez, Silvia, 1990: 80).

El despojar al clero de la investidura de divinidad y el
presentarlo totalmente humanizado e incluso con defectos de
carácter graves dentro de la cosmovisión cristiana del México
Colonial, parece ser una actitud también presente en la novelística
de Eligio Ancona. Sus perspectivas, influidas por el reformismo,
tienden a justificar su proyecto de Nación y a negar la capacidad de
la Iglesia para regir los destinos de la República.
Las diferencias particulares que encontramos entre sus
novelas responden a las tradiciones históricas y literarios propias
de los escenarios donde las desarrollan (el centro de México y la
Península de Yucatán) y al plan de acción particular de los autores.
Así encontramos que la Inquisición, un tema tan trascendente para
Riva Palacio, es apenas abordado por Ancona, quien centra su ataque
en demostrar la corrupción institucional y moral de la Iglesia y en
justificar la necesidad de alejarla de la educación nacional. Así, en
el contexto literario de la Península de Yucatán, la narrativa aborda
en novelas, leyendas y folletines, la cuestión religiosa inclinándose
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a atacar o defender (dependiendo de su filiación ideológica) la
santidad de los ministros del culto y las prerrogativas que la Iglesia
como institución había sustentado históricamente.
La intención política de los autores, unida al hecho que la
novela histórica peninsular recrea, con especial interés el Yucatán
colonial, tendrá como resultado, casi lógico, la continua presencia
de imágenes y figuras religiosas: conventos, iglesias y confesionarios,
serán los lugares en donde se desarrollen desde las tramas hasta
los idilios amorosos. La consecuencia de ello es que la imagen del
religioso (sea este fraile o sacerdote católico) resulta ser un punto
nodal de la sociedad colonial y, por tanto, un personaje de papel
protagónico (o antagónico) dentro de la novelística.
Haciendo un rápido recuento sobre la literatura histórica del
siglo XIX en la Península de Yucatán y pensando en la figura del
religioso, la imagen más impactante para el lector será, sin duda,
la del imponente y astuto Padre Prepósito de San Javier, trazado
por Sierra O’Really (1814-1861) en La hija del judío (1845-1846). El
jesuita, magistralmente caracterizado, maneja desde su confesionario
la vida de los habitantes de la provincia yucateca y su poder, pareciera
ser, ilimitado en la lucha contra las otras órdenes religiosas gracias
a poseer armas que van desde simples consejos a sus agremiados,
mensajes misteriosos, la utilización de la fuerza pública, del poder
de la Inquisición, hasta la información contenida en su biblioteca
secreta.
En este imaginario, la sociedad yucateca se presenta
únicamente como el campo de acción donde los representantes
de las órdenes religiosas medirán sus fuerzas y los habitantes de
la provincia serán simples piezas en ese “juego de ajedrez” entre
distintas órdenes religiosas, cuyo premio para el ganador será la
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cuantiosa herencia de La hija del judío. Así, el texto de Sierra O´Really
sienta las bases de la literatura que, sobre tema religioso, se gestaría
posteriormente en Yucatán sobre todo sosteniendo la hipótesis en
torno a la validez de la institución religiosa y el carácter netamente
humano de sus ministros.
Pero no todo había de ser anticlericalismo en la narrativa
del Yucatán decimonónico. Tal es el caso de Rafael de Carvajal con
su novelita Un sacerdote y un filibustero del siglo XVII: leyenda histórica
(1846), en la cual el sacerdote será un individuo bondadoso y fiel a su
ministerio al grado que, enterándose, por medio de una confesión,
del nombre del autor del crimen por el que es justamente perseguido
su hermano, se obliga a permanecer callado en cumplimiento de sus
votos sacerdotales. Contribuirá a esta imagen Crescencio Carrillo y
Ancona con su novela Historia de Welinna (1862) al presentar un fraile
dedicado a sus deberes ministeriales además de intentar mostrar
rasgos de divinidad en sus personajes religiosos.
El religioso y Eligio Ancona: una ubicación histórica
En contraposición con estos últimos, Eligio Ancona retoma el
papel de los franciscanos, sacerdotes y misioneros, para despojarlos
“literalmente” de todo lado de divinidad exponiendo, de acuerdo a
su concepción histórica, sus aciertos y errores. Las novelas La cruz
y la espada (1864), El filibustero (1864) y El Conde de Peñalva (1866),
serán las obras en donde el anticlericalismo delator se manifiesta en
forma más abierta, presentando, como se ha dicho antes, grandes
similitudes a lo que en el centro de México hace Riva Palacio. El
personaje religioso que Ancona crea en sus novelas justifica, mediante
sus acciones y forma de vida, el proyecto anticlerical reformista en
el sistema educativo.
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La manera en que Ancona inicia este trabajo se evidencia en
diversos aspectos tales como las formas de expresar “lo religioso”
a partir del uso por parte de los personajes de frases en alusión
a Dios; la descripción de iglesias y conventos; la figura de un
contradictorio franciscano (El filibustero), la descripciones de fiestas
pagano-religiosas de los indígenas mayas (El Conde de Peñalva); y en
una serie de consideraciones filosóficas sobre la religión y la fe que
el autor, en boca de los personajes, deja plasmadas en sus novelas.
Así, es innegable la importancia que Ancona intenta otorgarle a “lo
religioso” dentro de su novelística. Y no podría ser de otra manera
ya que como historiador es consciente de que la religión constituyó
el vértice del gobierno colonial en las provincias de la Nueva
España. Por ello, al novelar sobre este período, “lo religioso” habría
surgido, aún sin que el autor hubiera tenido otros intereses, como el
necesario telón de fondo para la acción novelística.
Sin embargo, Ancona no pretende reconstruir con fines
puramente literarios el papel de la Iglesia en el Yucatán colonial,
sino que intenta afianzar, con base en dicha reconstrucción, las
políticas anticlericales propuestas por el movimiento de Reforma.
Los cambios que la propuesta liberal en materia religiosa traería
consigo y las razones que los hicieron necesarios no son abordados
con amplitud por este autor en su Historia de Yucatán (1978), pues
los considera demasiado cercano y corre, según su propia opinión,
el riesgo de ser parcial en sus juicios1. Ante lo apremiante de dotar
1 El autor justifica, de la siguiente manera, el rezagar acontecimientos
cercanos de su obra histórica: “Pero desde este momento tocamos ya los límites
de la historia contemporánea. De los tres candidatos que acabamos de nombrar
(Pantaleón Barrera, Liborio Irigoyen y Pablo Castellanos), los dos últimos
viven todavía, y aunque el autor de este libro estaba en aquella época muy
distante aún de tomar partido en cosa pública, desde entonces comenzamos

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de credibilidad e imparcialidad su obra histórica, el autor es muy
cuidadoso de no incluir en ella elementos que revelen su posición
ideológica (al menos, no abiertamente). Las pugnas entre Iglesia
y Estado a partir de la promulgación de las Leyes de Reforma
serían, sin duda alguna, causal de serios conflictos ideológicos (más
aún, si eran presentadas a partir de la perspectiva de un escritor
declaradamente liberal como Ancona). Por tanto, el autor opta por
rezagarlas de su tratado histórico sin olvidar dejar expuestos sus
motivos en una interesante aclaración a los lectores:
La resolución que hemos tomado de suspender nuestros
trabajos, hasta la época que acabamos de indicar, nos impide trazar
el cuadro de las resistencias que encontró la reforma en nuestro país,
de la profunda alarma que causó en las conciencias, de las divisiones
que sembró hasta en el seno mismo del hogar doméstico, y de los
obstáculos que por mucho tiempo se han opuesto á su libre desarrollo.
Las pasiones religiosas ejercen en el corazón humano una influencia
más poderosa aún que las pasiones políticas, y cuando unas y otras se
apoderan simultáneamente de un bando, de una clase de sociedad, no
hay recurso que no se ponga en juego para hacerlas triunfar. (: 232)
Seguro de la magnitud y el alcance de las pasiones políticoreligiosas que agitan a Yucatán, el autor escoge detalladamente
sus palabras al abordar este tema dentro de su obra histórica. Para
ahondar sobre el origen, desarrollo y, sobre todo, en los recursos que
estas pasiones desencadenaron en su lucha por el poder económico y
político Ancona recurre, entonces, a la literatura. Así, en sus novelas
expone con claridad sus juicios de valor sobre la institución Iglesia,
á tomarlo muchos hombres a quienes ligan afecciones de distinto género y á
quienes no podría juzgar sin el temor de ser tachado de parcial o apasionado”
(Ancona, Eligio, 1978,  T. 4:  368).
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mediante la actuación de algunos de sus miembros y el carácter de
la religiosidad y de la fe.
En efecto, el autor deja ver en sus novelas que la corrupción de
los agentes dedicados al ministerio de Cristo va creciendo conforme
estos se van institucionalizando en el Nuevo Mundo, olvidando poco
a poco el origen de su ministerio y dedicándose a acaparar bienes
materiales, lo que los convierte en un fuerte grupo de opresores para
los habitantes de la península. En el prólogo a El filibustero, Ancona
expone en forma precisa como se da esta evolución.
Al celoso misionero que penetra sin temor alguno en países
desconocidos, habitados por millares de idólatras, para lavar con
el agua del bautismo la sangre derramada en los sacrificios, ha
sucedido el fraile o el cura convertido en publicano, que gasta la
mayor parte de su tiempo en inspeccionar el cobro de sus rentas
y en aumentar sus matrículas, y en lugar de dedicarse a la santa
obra de civilizar al pueblo conquistado para cumplir con la ley y su
conciencia, cree haber llenado sus obligaciones cuando martiriza
y humilla con el suplicio infame de los azotes al feligrés que por
indolencia ha olvidado el cumplimiento de alguno de sus deberes
religiosos. (Ancona, Eligio, 1949, T. I: s/p)

La crítica que Ancona hace al “nuevo” religioso del siglo
XIX se centra principalmente en tres aspectos: el olvido de las
obligaciones de su ministerio, el acaparamiento de bienes materiales
y la degradación que hace víctima al hombre por medio de los castigos
físicos. Estos tres aspectos serán fuente de grandes males para los
habitantes de Yucatán; especialmente por que contribuyen con la
falta de previsión de los gobernantes y las múltiples experiencias
bélicas de la sublevación del pueblo maya. El comentario anterior no
resulta extraño en boca de un escritor liberal como Eligio Ancona,
lo que sin duda causa extrañeza es que debajo de él (y después de
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ir enlistando una a una las penalidades por las que ha atravesado la
península yucateca desde el momento mismo de la conquista y hasta
el siglo XIX) el autor abre un espacio para presentar, con las mejores
referencias, a algunos prelados elegidos para la Mitra de Yucatán.
En este contexto los obispos relucen como varones justos que se
enfrentan a gobernadores, cabildos y a los franciscanos, con el fin
de aliviar los males de los yucatecos.
Porque, en efecto, como si la providencia condolida de la serie de
males que sufrían nuestros antepasados hubiese querido enviarles,
de tiempo en tiempo, un varón justo que enjugase sus lágrimas;
casi todos los prelados elegidos para la Mitra de Yucatán apenas se
presentaban en la provincia, cuando escandalizados de los abusos
que veían erigidos en sistema se proponían en su corazón atacarlos
valerosamente por cuantos medios estuvieran a su alcance; pobres
medios en verdad, comparados con el poder de los gobernadores
y de los cabildos, con el oro de los escondederos y con el influjo
que los franciscanos gozaban en la provincia y fuera de ella. ( s/p)

Ancona refuerza esta afirmación ofreciendo al lector
ejemplos de la manera en que los buenos obispos se disponen a
terminar con los abusos que se cometen en la península y la forma
en que esos piadosos intentos fracasan debido al excesivo poder
de los contrarios (particularmente, los franciscanos), quienes ponen
en juego “el oro, la intriga y el favoritismo” para, de nueva cuenta,
hacer que prevalezcan el favoritismo, el fanatismo y la corrupción.
El declarado homenaje que el autor dedica en este prólogo a los
obispos yucatecos y su rechazo a la orden franciscana genera, sin
duda, cierta confusión que puede confundirse con una estrategia
para evitar la censura, velar su anticlericalismo y conseguir cierta
aceptación de su discurso político-literario, con lo cual ajustaría
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su discurso político-liberal a las circunstancias de su momento
histórico.
Sin embargo, y si se atiende detenidamente a las dos citas
anteriores, se encuentra que, si bien es cierto que Ancona ataca a
los franciscanos y reivindica a los obispos, la situación es un poco
más compleja. El autor coloca estratégicamente algunas palabras
que tienden a suavizar el rigor de las afirmaciones y a crear cierta
ambigüedad. Por ejemplo, señala que la providencia manda, de
tiempo en tiempo, un varón justo para que enjugara las lágrimas de
los yucatecos; es decir, no siempre ni muy seguido, sino únicamente
de tiempo en tiempo. La ambigüedad se refuerza cuando señala
que casi todos los prelados escogidos para la Mitra se abocaban a
socorrer a los desvalidos.
Se abre, así, la posibilidad de que no necesariamente todos
los obispos actuaran de esa manera. No obstante, el autor escoge
para ejemplos –en el mismo prólogo- a obispos que tiene lugar
en una labor de servicio cristiano, es decir, a obispos que tienen
lugar en la excepcionalidad y no en la norma. En esta tensión es
sorprendente que, dentro de la obra narrativa de Ancona, aparece
un canónigo bastante alejado de las excelentes figuras cristianas que
el autor delinea en el prólogo y cuya función dentro de la novela es
ser el elemento de conflicto entre los amores de dos jóvenes.
En efecto, dentro del texto, el canónigo no es un ejemplo
de piedad y virtud cristiana, sino que, al contrario, su concepción
de los hombres es vana y su historia de vida bastante disipada:
“El tal tío, en sus mocedades y antes de ordenarse, había sido un
calaverón muy dado a los amoríos y, como todos los que han tenido
una juventud disipada, no tenía fe absolutamente en la virtud de la
mujer. Respecto al hombre creía firmemente que no podía casarse,
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sino por el cebo de mejorar de fortuna” (Ancona, Eligio, 1949,
T.II: 88).
Inspirado por esa lógica tan mundana, el ‘tío’ canónigo decide
que su sobrina ingrese al convento y, valiéndose de la autoridad que
le confería su posición económica (dado que era el único sostén de
la familia y el padre de la joven estaba enfermo), se ofrece a pagar
a la sobrina su dote de monja, alejándola así de la perdición sin que
se le ocurriera ofrecerle una dote para que pudiera casarse. El autor
hace especial énfasis en este punto, señalando el carácter egoísta del
personaje y la privilegiada situación económica de los canónigos de
aquel tiempo.
Los intentos del ‘tío’ no llegan a feliz término debido a
que la muchacha se enamora de un joven comerciante y decide no
ingresar al convento. Ante esta negativa, el ‘tío’ consigue un nuevo
enamorado: un caballero que le prometía utilizar sus influencias
en la corte para una posible asignación de la silla episcopal de
la península. Pese a la insistencia del ‘tío’, la joven no acepta los
galanteos del caballero y, aún más, se casa en secreto con su primer
enamorado. La acción de los amantes traería como consecuencia
que el caballero tejiera una oscura venganza, mediante una carta
en la que se acusaría al joven comerciante de judío. La carta cae
en manos del canónigo que resulta ser, además, Comisario del
Santo tribunal de la Inquisición. El canónigo, sin saber que la carta
formaba parte de una venganza, decide utilizarla para separar
definitivamente de su sobrina al joven comerciante que había
tenido la osadía de desafiarle. Las consideraciones finales sobre el
carácter del religioso nos las ofrece el autor, en una meditación del
personaje sobre el poder que le confería la carta en la lucha contra
su adversario.
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El buen tío meditó un instante, y una sonrisa de triunfo cruzó
por sus labios. Se le presentaba el medio de separar su sobrina
de Cifuentes, de ese bribón de Cifuentes que se había atrevido
a amarla y a luchar con él. Él no había buscado este medio. La
providencia decía, lo ponía en sus manos, y él no iba a hacer otra
cosa que cumplir con su deber. (Ancona, Eligio, 1949, T. II: 92)

El terrible egoísmo del padre canónigo lo lleva a no considerar
siquiera la posibilidad de que la carta fuera una infamia contra el
comerciante y, aunque en efecto él no la escribe, si la utiliza con
total impunidad para lograr sus fines personales. Las justificaciones
(tales como cumplir con su deber, las cuales el autor coloca en boca
del personaje ante tan peculiares circunstancias) dirigen al lector
a reflexionar sobre el deber cristiano, a la vez que refuerzan un
elemento que Ancona va a señalar constantemente: la ignorancia de
los religiosos sobre los principios de la doctrina cristiana. Y, si a esto
se suma que el grueso de su crítica a la Iglesia -como institución- se
fundamenta en el personaje de un fraile franciscano, es decir, de un
individuo perteneciente a una orden que en la segunda mitad del
siglo XIX no existía ya en tierras mexicanas, el discurso se suaviza
aún más y la novela pasa la censura como “aceptable” e incluso
es reeditada en París durante el gobierno imperial. Sin embargo, la
elaboración literaria de los franciscanos permitirá al autor yucateco
hacer otra serie de puntualizaciones.
El franciscano en la ficción: un obstáculo moral
para la educación
Contrariamente a lo que sucede con otros personajes, la figura del
fraile franciscano que Eligio Ancona presenta en sus novelas no
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reporta un referente histórico específico en sus obras de carácter
histórico. Consecuencia de ello es que el autor, en algunos casos,
no se da el trabajo de definir individualidades y los presenta como
el conjunto de “los padres franciscanos” (El filibustero, El Conde de
Peñalva) o, en otros (específicamente en el caso de fray Hernando,
personaje surgido de El filibustero y que resulta ser la figura religiosa
más relevante que desarrolla Eligio Ancona en las novelas que
hemos escogido para analizar), por ser un personaje totalmente
ficticio. Este tratamiento permite visualizar de manera directa los
objetivos centrales de Eligio Ancona como literato: el convertir
a sus personajes “clave” en figuras cargadas de simbología que
comunica al lector mucho más que su presencia histórica llevando,
en consecuencia, a reflexionar (a través de múltiples experiencias y
situaciones) sobre los acontecimientos que está viviendo Yucatán en
la segunda mitad del siglo XIX.
Ante el evidente escándalo que hubiera generado una obra
en la que se atacara de forma cruda a un reverendo padre de la orden
de San Francisco (que hubiera caminado por tierras yucatecas y cuyo
nombre estuviera incluso en los devocionarios); Ancona construye
un fray Hernando que representa a la vez a nadie y a todos. A nadie,
porque al no tener un referente histórico y al ser presentado como
un producto de la imaginación, el autor no podría ser acusado de
difamar el nombre y de poner entre dicho la virtud de algún ministro
de Dios; y a todos, porque la razón de que no hay verdad histórica a
la que deba sujetarse, puede hacerlo atravesar múltiples situaciones
ficticias, concentrando en él su crítica a toda una institución.
Se tiene, entonces, en estas novelas dos acercamientos a la
figura del franciscano: una formada por el conjunto de la orden
religiosa sin individualidades específicas, y otra más cercana y
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concreta, en el personaje de fray Hernando. Si se hace un repaso
de las “generalidades” que sobre esta orden se encuentran de las
novelas de Eligio Ancona, se podrá apreciar que el autor la tiene
muy presente: describe el convento de San Francisco más que
ningún otro templo de culto y presenta a los franciscanos como
los religiosos que más interactuaban con el pueblo yucateco. Las
bases de este especial interés por la orden franciscana se encuentran,
sin duda, en la historia del Yucatán colonial en donde su poder era
incuestionable.
En efecto, en la obra histórica Ancona se ofrecen algunas
consideraciones sobre esta orden, en las que elogia la preocupación
franciscana por el estudio y su dedicación al aprendizaje de las
lenguas indígenas pero crítica fuertemente su fanatismo. Después
de señalar sus impulsos a la educación y a la “conversación” de
los “indígenas” mayas el autor ironiza respecto a los milagros de
que se rodea a estas acciones y, sobre todo, al carácter divino con
que el historiador franciscano Cogolludo intenta investir a los
franciscanos, en general, y, especialmente, a la figura de Diego de
Landa.
El historiador franciscano á quien tantas veces nos hemos
referido en estas páginas [Cogolludo] […], dice que los indios
no se arrojaron sobre Landa, porque vieron que salía un grande
resplandor de su rostro mientras les hablaba. Pobres mayas.
Probablemente el resplandor que veían en aquel instante era el
de las hogueras que Montejo había encendido dos años antes
en Mérida, para castigar á los presuntos reos de Maní. (Ancona,
Eligio, 1978, T. II: 69)

La discutida figura de Diego de Landa (1524-1579) es
muy relevante en la obra histórica de Ancona y, aunque no se
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profundizara respecto a ella, es conveniente señalar algunos
puntos. En primera instancia Landa es condenado tajantemente
por Ancona, quien rebate al padre Cogolludo señalando que,
franciscano al fin, tendía a ver en cada uno de sus hermanos a “un
héroe digno de ser canonizado” (: 70). Cada heroico y piadoso
hecho realizado por Landa es juzgado con total dureza por
Ancona, apuntando en él los excesos y prerrogativas de las que
gozaba esta orden. Donde Cogolludo dice “milagro”, Ancona
dice “suerte”. Así, al narrar el episodio correspondiente al hambre
que sobrevino en Izamal (Yucatán), cuando ya era guardián del
convento de fray Diego de Landa y la inaudita caridad con que
éste protegió a los desamparados por largo tiempo, el novelista
yucateco señala: “[…] se adivina, fácilmente, que un párroco que
podía por medio año hacer una caridad tan fuerte á ellos, daba
evidentes señales de que no había olvidado cobrar, rigurosamente,
sus obvenciones” (: 71).
Generalizando, se podría decir que este es el tratamiento
histórico-literario que Ancona da a la orden franciscana. Lo
importante de tal perfil es que existe un esfuerzo por parte del autor
para llamar la atención de sus lectores hacia la consideración del
poder que la orden religiosa tenía en el Yucatán colonial y hacia
las pugnas que por él sostenía con la autoridad civil. Además,
aquí aborda un aspecto sobre el que redundará constantemente
en su obra narrativa: la degradación moral que sufre la orden en
estrecha relación con la institucionalización en el Nuevo Mundo y
el grandísimo poder que llegan a ejercer en el pueblo conquistado:
Desde el momento en que los mayas aceptaron dócilmente al
cristianismo, los frailes comenzaron á ejercer mayor influencia
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�Celia Rosado y Óscar Ortega (UADY) / El religioso en las novelas históricas

sobre ellos que sus mismos encomenderos. Desde entonces,
sin duda, comenzó a ensayarse ese sistema de obvenciones
parroquiales, que más tarde debía llegar hasta el abuso más
escandaloso. (70)

Desde tal perfil, Ancona utiliza en su obra narrativa el
hábito de la orden franciscana como pretexto para hablar de toda
su influencia y poderío. Así, todo aquel que lo portara servía como
símbolo de los franciscanos y, por tanto, pasaba a ocupar otro
espacio dentro de la escala social infundiendo, a la vez, respeto y
temor. Por esa fuerza, un hábito de San Francisco resulta el disfraz
más propicio para aquel que quisiera huir de la justicia. Así lo anuncia
en El filibustero:
El disfraz de un fraile era, sin duda, el que convenía más a un
fugitivo. Un fraile viajando en el año de gracia, de 1704, era una
cosa tan común y tan vulgar, como un sargento, un teniente o
guardia nacional en la época de ilustración que atravesamos.
Añádase a esto que el fraile infundía, entonces, tanto miedo y
respeto como ahora un sargento y un teniente. (Ancona, Eligio,
1949, T. I: 121)

La asociación que se establece entre el franciscano y el militar,
ambos representantes de instituciones calificadas por Ancona
como opresoras se refuerza constantemente, sobre todo cuando
el convento grande de San Francisco es convertido en fortaleza,
albergando a frailes y a militares; es decir, a los estamentos más
fuertes del orden colonial. En esta línea, Ancona dedica un espacio
dentro de El filibustero a una síntesis del desarrollo de esta orden en
el territorio peninsular desde los tiempos del adelantado Francisco
de Montejo, dando especial énfasis a señalar la importancia del
convento de San Francisco y las pugnas que, por ese espacio, se
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dieron entre la autoridad civil y la autoridad religiosa. Sin embargo,
la intención real del autor sería describir algo más que los muros del
convento: hacer una generalización a la institución iglesia.
Es claro que este escritor ve en la Iglesia a uno de los
principales obstáculos para el progreso del país ya que, en su
concepción, no representaba únicamente una limitante en el
desarrollo social y económico sino también en el intelectual. Es,
en este aspecto en particular, donde se ve una asimilación por
parte del escritor yucateco del pensamiento liberal que puntualiza
en repetidas ocasiones sobre la necesidad de abrir los espacios
educativos y separarlos de la influencia religiosa. Algunos años antes
José Luis Mora había señalado con respecto al papel del clero en
la educación: “[…] en lugar de crecer en los jóvenes el espíritu de
investigación y de duda, que conduce siempre y aproxima, más o
menos, el entendimiento humano a la verdad, se les inspira al hábito
del dogmatismo y la disputa” (Citado en Brading, David, 1991: 70).
Ancona hace hablar a sus personajes, en el mismo sentido
al narrar cómo los jóvenes protagonistas de dos de sus novelas (El
filibustero y El Conde de Peñalva) son educados por franciscanos y
manifiestan serias discrepancias con sus instructores sobre todo en
cuanto a los autos de fe y las cátedras de teología. Así, en El filibustero
encontramos un fragmento que afirma sobre el fuerte dogmatismo
en el que se encontraba sumida la educación. En este sentido, al
describir la relación entre el joven Leonel (protagonistas de la novela)
y su maestro (un fraile franciscano llamado fray Hernando), el autor
señala: “Verdad es que se habían suscitado algunas desavenencias
entre el discípulo y el maestro durante el estudio de la teología,
merced a ciertas disputas que proponía, atrevidamente, el espíritu
libre del primero y que sólo podía resolver con una mirada severa
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�Celia Rosado y Óscar Ortega (UADY) / El religioso en las novelas históricas

la inquebrantable ortodoxia del segundo” (Ancona, Eligio, 1949, T.
I: 18-19). ‘Espíritu libre en vez de ortodoxia’ parece ser uno de los
argumentos más fuertes de este autor para apoyar la implantación
de una educación laica. Es necesario recordar que el protagonista
de Ancona se forma a imagen del nuevo hombre americano, el cual
no debe aceptar dogmas ni estructuras establecidas, aunque estos
vinieran de Dios y, más aún, debe de cuestionarlas y señalar sus
fallas.
En el mismo orden de ideas, encontramos que en El Conde
de Peñalva aparece otro joven, educado por frailes al igual que el
anterior, que descubre casualmente a una mujer que había robado la
imagen de la Virgen de la Laguna (Campeche), buscando con esta
acción que la presencia de dicha imagen en su casa sirviera para
curar a su padre enfermo. Ante el inesperado descubrimiento, la
mujer y el joven sostienen un diálogo revelador:
- Nada os puedo ya ocultar –dijo enseguida. Pero, ¿es verdad que
no me denunciaréis a los frailes ni al comisario del Santo Oficio?
Ni á los frailes ni á los inquisidores, hija mía … Sobre todo á
los últimos que no te comprenderán, como no han comprendido
jamás el cristianismo.
Ah, ¿es cierto lo que me decís?
Tan cierto como es ahora de noche. Los frailes calificarían de
sacrílego tu robo; pero yo, que veo en ti a una muchacha tan
cándida y sencilla, que ha creído salvar á su padre robando una
medicina sobrenatural; te digo, hija mía, la fe es una virtud muy
recomendable y en vez de juzgarte digna de un castigo, te admiro
sinceramente, como admiro á San Pedro caminando sobre las
olas, sostenido por la fe.
Señor alférez, tenéis palabras consoladoras, como un sacerdote.

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Y sin embargo, hay quienes me juzgan digno de ser achicharrado
en las calderas del infierno. (Ancona, Eligio, 1963: 96)

La situación que se refleja en el diálogo es por demás
irónica, dado que la joven recibe ayuda y comprensión de un
alférez, educado por frailes, pero militar al fin, y no el de un fraile
o de un sacerdote. Cabe aclarar que no de cualquier alférez sino,
justamente, de uno calificado en la misma novela como un pecador
empedernido por ser incrédulo ante los milagros de la fe. Pues bien,
resulta que este empedernido pecador se da el lujo de calificar a los
frailes de inquisidores, intolerantes e incluso de ignorantes respecto
a la doctrina cristiana. Y, más atrevido aún, ironiza sobre la medicina
milagrosa que significa la imagen de la Virgen para la mujer. Con ello,
en el citado diálogo se concentran los tres aspectos fundamentales
para Ancona, al abordar el tema religioso, ya señalados con
anterioridad: A. El inadecuado actuar cotidiano de los ministros de
culto que, ya sea por perjuicios o intereses personales, no prestan su
ayuda cabalmente a los necesitados, alejándose cada día más de lo
que debiera ser su función primaria; B. El poco conocimiento de la
filosofía cristiana que conlleva a actos de fanatismo en nombre de
la religión; y C. El establecimiento de prácticas pagano-cristianas
que, más que fomentar una religiosidad popular, persiguen el
enriquecimiento de los frailes.
El punto de cierre: la moral franciscana
Los anteriores planteamientos encuentran su quintaesencia
destructiva en la moralidad franciscana que se convierte en el
principal obstáculo para una refundación social. En efecto, y
desde las primeras páginas de El filibustero, se empieza a bosquejar
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�Celia Rosado y Óscar Ortega (UADY) / El religioso en las novelas históricas

la figura de un interesante franciscano, cuyas acciones resultarán
trascendentales en el desarrollo general de la trama. La existencia de
este personaje se justifica, narrativamente, por ser el encargado de la
educación del joven Leonel (Barbillas), protagonista de la obra. El
simple hecho de que el producto final de los afanes educativos del
fraile haya resultado un filibustero, ofrece ya una idea del sentido
crítico con que el autor enviste a esta figura. Más aún, si se toma en
cuenta que hacia los capítulos finales de la novela el fraile franciscano
resultará ser el padre biológico del pirata, la importancia de él apunta
a la moral que subyace en su actuar.
El hecho de la paternidad del franciscano será el motor
secreto de una serie de acciones novelísticas en las que el fraile se
debate entre su deber moral, su necesidad de guardar apariencias y
el amor que profesa al joven. El lector ve al franciscano destruir la
única prueba que podría salvar al joven Leonel de la cárcel y, más
tarde, se entera de que es el mismo fraile quien dispone todo para
asegurar la huida de Leonel de la celda a la que, indirectamente,
lo había confinado. Así, la contraposición fraile/filibustero que se
presenta en los últimos capítulos de la novela y que, usualmente,
estaría asociada a la dualidad bondad/crueldad adquiere una nueva
connotación cuando los valores se distorsionan y el fraile no resulta
ser tan bueno y casto, ni el pirata tan cruel e inhumano.
Existe en esta novela una reveladora frase en la que el
discípulo describe a su maestro, señalando en él una singular dualidad
que se aleja totalmente del ideal cristiano: “[…] fray Hernando, de
ese hombre misterioso e incompresible, que participaba a la vez de la
naturaleza de ángel […] que unas veces era cruel, como un forajido,
y otras compasivo como un santo” (Ancona, Eligio, 1949, T.I: 139).
La explicación narrativa de esta dualidad (el fraile forajido y santo)
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es realizada a partir de la forma en que el franciscano llega a Yucatán
y que le permite al autor hacer un paréntesis para plantear algunas
consideraciones de interés sobre la situación de la educación en las
tierras conquistadas y sobre la decisiva influencia que los religiosos
tenían sobre ella:
Bien sabido es que en aquella época, en América, como sucedía
aún en muchos pueblos de Europa, toda la sabiduría del mundo
estaba encerrada en los conventos de los frailes. Ahora bien, por
poco que se juzgue qué pudiese saber un guardián del convento
de Valladolid de la pobre provincia de Yucatán, en el tiempo
que vamos hablando; siempre era, sin duda, suficiente para las
circunstancias de su alumno. Añádase a esto que fray Hernando
no había contado para educarse con los pobres elementos de la
provincia. Habíase formado en España, en la célebre Universidad
de Salamanca y había llegado a Yucatán por los años de 1680, en
una de tantas remisiones de frailes que, no sabemos si para bien
o para mal de la colonia nos enviaba, de cuando en cuando, el
católico celo de los monarcas españoles. (13)

Además de la sabiduría “encerrada en los conventos”,
el problema se decanta por una serie de frailes en virtud que no
representan la moralidad cristiana que decían defender. Muestra de
ello es, para comenzar, que fray Hernando concibe a Leonel con
una mujer casada, lo que bien podría ser apuntado como un pecado
por partida doble, ya que no únicamente quebranta los votos de su
ministerio, sino que promueve la infidelidad dentro del matrimonio.
Después confabula con la misma mujer para mantener al marido en
la ignorancia del nacimiento de Leonel y, aún más, propicia que el
niño sea adoptado por el esposo de la mujer infiel. Más tarde, ante la
necesidad de evitar los amores de Leonel con la hija del matrimonio,
su media hermana, el fraile destruye la única prueba de la inocencia
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�Celia Rosado y Óscar Ortega (UADY) / El religioso en las novelas históricas

del joven en el asesinato por el que se le acusa y condena a la cárcel.
Años después, apoyado en la eficaz arma del confesionario, entera
del regreso de Leonel –transformado ya en el filibustero “Barbillas”a las autoridades de la ciudad, logrando encerrar a la muchacha en
un convento.
Un capítulo fundamental para la comprensión de esta figura
es el capítulo XXII titulado justamente Fray Hernando, en donde
pirata y fraile se enfrentan y, finalmente, el último confiesa su
paternidad ante la irónica incredulidad del primero. Ancona maneja
imágenes muy interesantes en este apartado, ya que el pirata entra al
convento vestido de franciscano y hablando en el tono de un ángel
vengador:
Veo que el santo sacramento de la confesión es un arma para el que
sabe manejarla con tanto talento como Vos. Porque ¿no es verdad
que es la pobre Berenguela a la que habéis arrancado este secreto?
¡Ah, reverendo fray Hernando, que os hacéis llamar fray José de
Estévanez, para que no os encuentre el hombre cuyo porvenir
habéis sacrificado! … Dios se ha cansado de estos sacrilegios y
ha permitido que una mujer sea menos débil que Berenguela para
enseñarme el camino de vuestro refugio. (T. II: 134)

“Dios se ha cansado de vuestros sacrilegios”, estas
palabras de reconvención que deberían ser dirigidas al forajido, al
excomulgado, al pirata, son dirigidas a un ministro de Dios. Por
un momento el pirata y el franciscano cambian papeles: el primero
se vuelve vengador de Dios y de los oprimidos, en tanto que el
segundo se pierde entre intrigas y sacrilegios. La única defensa que
puede hacer de sí el franciscano, se resume en cumplir con su deber,
oportunidad magnífica para que el autor, en boca del pirata, haga
reflexiones de nueva cuenta, sobre el deber de un religioso:
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-¿Con Vuestro deber? Sí, con el deber que se impone en todos
los corazones pusilánimes y egoístas, de coadyuvar a todas las
preocupaciones entronizadas en vuestra pobre sociedad; con
el deber de obedecer ciegamente las ordenes de Don Gonzalo
y Doña Blanca, que llenaban de limosnas vuestro convento, y
que acaso ofrecerían alguna recompensa que ignoro, para el día
de vuestro triunfo. ¿Qué era todo esto comparado con el pobre
bastardo que se pudría en un calabozo? (134)

Ancona sintetiza en esta frase los vicios relacionados con el
deber de un religioso, en quien la obligación está en servir a aquellos
que pueden aportar limosnas y negar su ayuda a los desvalidos. La
discusión entre el fraile y el pirata irá subiendo de tono hasta llegar
a un franco desafío en el que el pirata pide al franciscano batirse en
un duelo. Las respuestas del fraile para esquivar tan comprometida
situación van en relación de la nula experiencia que tenía con las
armas y la superioridad de la fuerza y la juventud del pirata.
Sin embargo, todo esto (que el pirata llama “recursos jesuíticos”)
no logra hacerlo desistir de su propósito y, como única forma de
presionar al franciscano para participar en el duelo, se dispone a
abofetearlo por lo cual el fraile accede, finalmente, a batirse en
duelo. Este resultará uno de los momentos climáticos de la obra,
pues Ancona consigue humanizar totalmente al fraile despojándolo
de cualquier autoridad divina, llamándolo disfrazado de santo por
portar el hábito de San Francisco:
-¿Vais a hacerme creer, hombre, que os disfrazas bajo el hábito
de un santo?, ¿vais a hacerme creer que presentareis la mejilla
izquierda a quien os abofetee la derecha?... Venerable fray
Hernando, nos conocemos mucho … he vivido bastante junto
a vos, para no ignorar que habitan en vuestro pecho todas las
pasiones de un hombre bajo el tosco sayal de San Francisco, que
cubre vuestro cuerpo. (136)
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La confesión de paternidad que el fraile se había negado
a hacer, amparado en una promesa a Doña Blanca y que tantas
penalidades y desgracias le hubiera evitado al buen Leonel, sale de
sus labios ante la sola posibilidad de ser tan abofeteado por el pirata.
La ironía con que el autor trata este hecho rebasa todo límite. Lo
que no pudieron lograr ni los principios religiosos ni el amor a su
hijo, lo logra su orgullo, un sentimiento de lo más mundano que
le impide aceptar una simple bofetada. El fraile decide, entonces,
batirse en duelo con el pirata escogiendo como arma la pistola. El
duelo se realiza y el franciscano cae moribundo ante el asombro
del pirata, ya que el fraile nunca dispara su arma. Es hasta entonces
cuando Ancona comienza a reivindicar a este personaje. Pero lo
hace vinculando su acción al amor paterno y no al amor cristiano.
Por eso, el franciscano señala en sus últimos momentos: “Un padre
nunca quiere matar a su hijo” (:140) e incluso lo manda a que huya y
cubre su retirada inventando a los demás frailes que todo el suceso
fue un accidente.
Aunque el franciscano reconoce que el crimen es suyo y no
de Leonel-Barbillas, nunca se le ve arrepentido de haber quebrantado
sus votos religiosos y las actitudes que lo ennoblecen se relacionan
más con su amor de padre que con sus deberes religiosos. Con
justificación o no, fray Hernando nunca actúa como religioso y sí
como padre. Y es que, a fin de cuentas, resulta eso justamente: Un
hombre culto con una inteligencia superior a la de los demás, que
sabe manejar el corazón humano, utilizar el devocionario y sobre
todo el confesionario, para lograr sus fines. Ancona humaniza a fray
Hernando y lo despoja de toda divinidad; sus acciones, justificadas
por el orgullo, la pasión y el amor paterno le gana, hacia el final de la
obra, la consideración del lector: su trágico y noble final, sirve para
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�Humanitas, vol. 5, núm. 9, julio-diciembre, 2025

aclarar que Ancona no deseaba hacer de este personaje un villano
ni un mártir, sino únicamente un hombre sin tintes de divinidad de
ningún tipo.

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142

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.9-131

�Artículos
Humanitas, vol. 5, núm. 9, 2025

Una probadita literaria en el San Luis de 1890:
“Una fiesta Casera”, de Manuel José Othón
A Literary Taste of san Luis in 1890:
“Una fiesta Casera” by Manuel José Othón
Jesús Alberto Leyva Ortiz
Benemérita y Centenaria Escuela Normal del Estado de SLP
San Luis Potosí, México
jleyva@beceneslp.edu.mx

Klaudia Tatiana Dayanira Díaz Pérez
Benemérita y Centenaria Escuela Normal del Estado de SLP
San Luis Potosí, México
kdiaz@beceneslp.edu.mx

Resumen. El cuento “Una fiesta Casera” de Manuel José Othón es
una obra realista que permite, a través de lo que atestigua el narrador,
introducirnos al hogar de la familia Majaderano en la última década del
siglo XIX en San Luis Potosí. Este documento representa un acercamiento
a los usos y costumbres de la época en el contexto de la fiesta casera,
con énfasis en el menú del festejo, elemento integrador de la reunión y
eje de las acciones de la historia, desde una fusión del análisis literario y
gastronómico.
Palabras clave: literatura, cuento realista, gastronomía mexicana, menú.
Abstract. The story “Una fiesta Casera” by Manuel José Othón is a realistic
work that allows, through the narrator’s testimony, to introduce us to the
home of the Majaderano family in the last decade of the 19th century in
San Luis Potosí. This document represents an approach to the uses and

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�Jesús Alberto Leyva y Klaudia Tatiana Díaz (BECENESLP) Una probadita literaria

customs of the time in the context of the home party, with emphasis on
the menu of the feast, integrating element of the meeting and axis of the
actions of the story, from a fusion of literary and gastronomic analysis.
Keywords: literature, realist tale, mexican gastronomy, menu.

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�Humanitas, vol. 5, núm. 9, julio-diciembre, 2025

El preámbulo.
En el año de 1890, el escritor potosino Manuel José Basilio Othón
Vargas tenía 32 años, para entonces ya contaba con la experiencia
de nueve ejerciendo su profesión como abogado y, habían pasado
ya diez años desde que publicara su primer texto, Poesías, en San
Luis Potosí, editado por la imprenta Dávalos. Manuel José Othón
es para entonces un escritor que vive en provincia y brilla con luz
propia en el escenario de las letras, gozando de buen acogimiento
cultural en la capital de la república mexicana, la cual visita seguido.
Por demás, como nadie ignora, hasta antes del “Himno de los bosques” su fama nacional fue como dramaturgo, y se debió ante todo
a la pieza Después de la muerte (1883), que se representó con gran éxito en la ciudad de México, en diversas ciudades del país y en países
centroamericanos. (Campos en Montejano y Aguiñaga, 2018: 14)

El texto que da origen a este artículo, “Una fiesta Casera”,
fue de sus primeros trabajos en prosa y fue publicado en un diario
importante de circulación local, el padre Joaquín Antonio Peñalosa,
estudioso de su obra, señala que: “El cuento fue publicado anónimo
en El Estandarte (San Luis Potosí, 29 de junio de 1890)” (Peñalosa,
1997: 63). El Estandarte fue el medio de comunicación impreso de la
época porfirista en la entidad, estuvo en funcionamiento desde 1885
a 1912 y representó una vitrina informativa y cultural trascendente
para el público potosino. Sobre las temáticas del referido periódico,
la historiadora Norma Vázquez Duarte, en una entrevista, afirmó:
…hay varias temáticas que se abordan dentro de El Estandarte: historia, literatura, cultura popular, lo que acostumbraban los potosinos de la época, publicidad tema importante dentro de la historia de
los potosinos y aspectos cómicos. (Plano informativo, 2016)

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�Jesús Alberto Leyva y Klaudia Tatiana Díaz (BECENESLP) Una probadita literaria

En 1890 se vivía la primera década de gobierno del General
Porfirio Díaz; la ciudad de San Luis Potosí comenzaba a cambiar
su fisonomía arquitectónica, transformando su primer cuadro con
las construcciones de inmuebles de corte porfirista; por citar algún
ejemplo de ello, se encuentra el Teatro de la Paz, que iniciará su
construcción en 1889 y fuera inaugurado en el año de 1894, ahora
es un edificio emblemático de la ciudad y vigente su trascendencia
en su vida cultural.
En 1892 Manuel José Othón sería miembro de la Academia
Mexicana de la Lengua en la categoría de Correspondiente. El
escritor potosino gozaba de amistades dentro del círculo literario
de aquel entonces, como por ejemplo José López Portillo y Rojas
que, entre varias actividades políticas y funciones de gobierno,
también era un escritor afín al realismo, prueba de ello sería la
publicación, en 1898, de su obra más conocida: la novela La
Parcela.
Se podría afirmar que, durante el porfiriato, la narrativa
mexicana estuvo influida por la propuesta realista, esto no impedía,
por cierto, la coexistencia con autores románticos, como Vicente
Riva Palacio, quien, para 1890, estaba al final de su carrera, ni la
vinculación con una nueva generación de poetas, como Salvador
Díaz Mirón, Manuel Gutiérrez Nájera, Luis G. Urbina, Amado
Nervo, Juan de Dios Peza y desde luego el propio Manuel José
Othón.
El grupo de escritores mencionados propició, de manera
directa e indirecta, la creación de un nuevo movimiento poético
y literario en el país, al cual otros escritores se agregaron y se
reconocieron como militantes del mismo, José Emilio Pacheco lo
explica de este modo:
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�Humanitas, vol. 5, núm. 9, julio-diciembre, 2025

Son pocos los modernistas que se reconocen como tales: el primer
Amado Nervo, el joven José Juan Tablada, Efrén Rebolledo,
Rafael López, todos reunidos en la Revista Moderna (1898 - 1911).
Con ellos el modernismo se afianza en México. Significa ruptura
del encierro de siglos, fantasía, pasión, imaginación, placer verbal,
erotismo, ironía, consciencia crítica del lenguaje, exploración del
inconsciente y muchas cosas más. Suponer que como poetas
escriben para la oligarquía porfiriana exagera su importancia
social. En realidad, ellos mismos constituyen su único público.
(Pacheco, 2022: 27)

Manuel José Othón será reconocido a la postre en la
literatura nacional y, hoy en día, ocupa un lugar en la rotonda de los
hombres ilustres. Marco Antonio Campos se expresa de esta manera
al respecto del bardo potosino y el trabajo sobre su biografía que
hizo el historiador potosino Rafael Montejano y Aguiñaga:
Othón es el único gran poeta moderno nuestro, como dice
Montejano, que no abandonó la provincia, es decir, que no
habiendo vivido en la ciudad de México un periodo importante,
los medios de la ciudad de México lo consagraron y no han dejado
de hacerlo.” (Campos en Montejano y Aguiñaga 2018: 15)

Una fiesta Casera
El texto está dividido en seis secciones identificadas con números
romanos y un epílogo. Existe un narrador quien, por su participación
en la historia como invitado del festejo, es intradiegético. Desde su
punto de vista es un narrador testigo: nos cuenta lo que ve desde
su arribo a la vivienda hasta que se marcha de ella; atestigua y nos
ofrece lo que observa. Al final, todavía nos comparte, con el epílogo,
los últimos datos relacionados con el anfitrión en relación a la fiesta.
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�Jesús Alberto Leyva y Klaudia Tatiana Díaz (BECENESLP) Una probadita literaria

En el número I, el narrador nos presenta a don Manuel
Majaderano, dueño de la casa habitación donde se desarrolla la
historia. Lo describe de inmediato como un amigo, de carácter
alegre y con un modesto empleo en el gobierno. Casi de inmediato
el narrador entra en materia: describe, de manera minuciosa, la
vivienda, la cual está abarrotada de detalles y adornos de corte
religioso, algunos dedicados a la Virgen de Dolores, con materiales
de reciclaje como botellas de licor que emplea a manera de macetas
y como objetos decorativos.
Más de 60 jaulas ocupan parte del angosto pasillo de la
entrada. Así, conforme avanza el texto, se describen rincones y
muros, cuadros y pinturas, figuras de diversos materiales como yeso
y barro, y también un viejo reloj inservible. Al final de esta sección,
el propio narrador afirma después de toda una larga lista de enseres
mencionados: “Otros objetos hay aún, pero no sigo describiendo,
por no cansar más la paciencia de los lectores.” (Othón, 1997: 64)
En el número II, el narrador introduce, con terminología
taurina, a la mayoría de personas que componen la familia de don
Manuel Majaderano, presenta a la esposa doña Angustias Mantequero
y dos hijas de nombre Socorro y Piedad. Toda vez que describe a la
madre con sobrepeso hablando en términos de “muchas libras”, se
afana en explicar que las hijas, tienen mejor ver que la progenitora y
por ello, son asediadas por varios pretendientes, la más joven tiene
17 y otra cuenta aproximadamente con 30 años.
El narrador, sentado en medio de ambas hermanas, pasa por
alto la plática que sostiene con ellas por tacharla de intrascendente.
Entonces, hace énfasis en el aperitivo que le sirvieron, un mezcal de
pechuga al que describe como “exquisito Pechuga” y termina por dar
más detalles del anfitrión don Manuel: hombre maduro, “sacudido
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de carnes” y bizco del ojo izquierdo. El narrador termina esta
sección con un paréntesis: “He abusado de los términos taurinos,
porque estando tan en boga, estoy seguro que seré entendido por
todos mis lectores.” (Othón, 1997: 65).
En el número III, el narrador presenta al menor de la familia,
no sin antes explicar las constantes ausencias de la señora de la casa
en la escena principal del festejo por motivos de preparación de
los alimentos. Constantes ausencias y disculpas de doña Angustias
excusándose por no atender a los invitados.
El pequeño, de nombre Manuelito, es descrito en su
condición de benjamín, haciéndose notar entre los invitados al
inconformarse porque le retiraron una golosina con la que había
manchado el pantalón del narrador, o porque le propinó un
puntapié a otro invitado, mismo que se animó a preguntarle por
sus generales y, como consecuencia, recibió la agresión del menor.
Hizo un tremendo berrinche porque le quitó, a su potencial cuñado,
un prendedor de su corbata y, al ser controlado por la hermana
Socorro, entró en tal llanto que, por orden del padre de la familia,
tuvieron que devolverle la prenda sustraída. El narrador termina por
describir el triunfo del niño en esta empresa:
Al recuperar el pequeño usurpador la prenda de su conquista,
solemnizó su triunfo, diciendo a la hermana: “¡Fea! ¡Ya no te
quelo!”, intercalando estas frases con gestos, sacadas de lengua
y ademanes amenazadores con ambos puños. (Othón, 1997: 67)

En el número IV, el narrador nos cuenta del llamado a
la mesa y lo justo que quedaban todos distribuidos alrededor de
ella. Describe el menú. Como primer tiempo: sopa de arroz con
rebanadas de huevo cocido, acompañada con pan, tornachiles en
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vinagre y bolas de chorizo. Como segundo tiempo: estofado de
pollo acompañado de guacamole y sardinas con cebolla picada,
queso rallado y piquines encurtidos.
El tercer tiempo lo ocupó un mole de guajolote y un turco.
En el cuarto tiempo, chiles rellenos y frijoles; y al final, como último
tiempo, los postres que terminaron por retirarse, puesto que los
comensales ya no podían con más alimento. El maridaje ocurrió
con cerveza, a excepción del mole, que se acompañó de pulque de
almendras o plátano.
El cuarto fragmento terminó con la interrupción de
Manuelito que, con las manos llenas de mole, le embadurno las
mejillas al narrador, acompañado de los regaños que los miembros
de la familia tuvieron a bien hacerle y, en medio de las risas de
los demás comensales, el narrador se retiró a lavarse la cara en la
habitación de las damas.
En el número V, el narrador cuenta acerca de lo que siguió
después de levantarse de la mesa y regresar a la sala. Arturo, el
joven al que Manuelito le tomó el prendedor en el segmento III,
comenzó a tocar y cantar; luego le siguió doña Margarita que, a
juicio del narrador ,cantaba como si hubiera bebido mucha cerveza.
Y termina la sección describiendo a un joven aristócrata presuntuoso
que le mostró su cartera, a propósito de enseñarle la fotografía de
una artista y contarle que, después de esta reunión iría a una fiesta en
el Casino y comentó que usaría un frac de diseñador.
En el número VI, el narrador, acercándose al final de la
historia, cuenta que, avanzado el festejo, entre las copas de licor de
Kermann y anís francés, el entusiasmo crecía y el joven presuntuoso,
quien ya tenía harto al narrador, insistía frente al anfitrión, con el
hecho de dejar de tomar porque, por la noche, lo haría con champagne
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en el Casino, a lo que don Manuel, respondió con la acción de ir a
conseguir botellas de champagne y a su regreso, comenzó a servir
entre los comensales, quienes con pleno entusiasmo hicieron que
todos cooperaran para seguir la fiesta con baile y contratar a los
músicos.
El narrador salió de la fiesta por sentirse afectado de tanto
beber y el joven aristócrata lo siguió también. En la puerta, don
Manuel, se despide de él pidiéndole que, por su actividad de escritor,
hablará en el futuro de las reuniones como la que acababa de
atestiguar. En efecto le responde con la promesa y así termina esta
sección: “Ofrecíle hacerlo; y hoy, cumpliendo mi promesa, hago al
lector esta fiel narración, asegurándole que nada he puesto en ella de
mi cosecha, pues todo pasó tal y como lo digo.” (Othón, 1997: 70)
En el Epílogo, el narrador añade haberse enterado que el
anfitrión, don Manuel Majaderano, había gastado tres recibos de su
sueldo para hacer la fiesta y el último de ellos, lo vendió por el 50%
para pagar el champagne y demostrarle al joven del tema del Casino,
que él también podía proveer esa bebida.
El menú y la literatura
La literatura se ocupa de lo humano y su quehacer, cuando se trata de
textos como “Una fiesta Casera” nos hace retroceder en el tiempo
y situarnos en el San Luis Potosí de 1890, al interior de una casa
donde vive una familia potosina de clase media, compuesta de padre
y madre y tres hijos: dos damas y un pequeño varón. Nos introduce
a la intimidad de una celebración de particulares, en este caso el
cumpleaños del padre; al mismo tiempo, nos abre las puertas de la
privacidad ajena y no sólo permite mirar, sino compartir con cierta
solidaridad o hermandad, lo que ahí sucede. Vargas Llosa lo explica
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de esta forma: “Ese sentimiento de pertenencia a la colectividad
humana a través del tiempo y el espacio es el más alto logro de
la cultura y nada contribuye tanto a renovarlo en cada generación
como la literatura” (Vargas Llosa, 2014: 29).
Ocurre también con el ejercicio de la lectura, la selección de
momentos o sucesos que destacan más que otros en el imaginario a
través de la evocación de quien lee, ya por experiencias previas o el
interés por las situaciones domésticas que representan costumbres
y usanzas con una riqueza cultural que subyacen siempre en la
literatura.
La literatura no comienza a existir cuando nace, por obra de un
individuo; sólo existe de veras cuando es adoptada por los otros y
pasa a formar parte de la vida social, cuando se torna, gracias a la
lectura, experiencia compartida. (Vargas Llosa, 2014: 30).

En el contexto de la reunión familiar de los Majaderano,
resulta imposible no poner atención en lo que se ofrece a los
invitados de beber y comer, y destacar el menú, amplio y abundante.
Joaquín Antonio Peñalosa, quien estudiara y compilara la obra del
escritor potosino, hace énfasis en los alimentos como un eje central
del texto, al referirse a la secuencia del cuento, explicita lo siguiente:
La secuencia del cuento es lineal y cronológica. Primero, los
rigurosos aperitivos en la sala; luego la abundante comida con la
minuciosa descripción del mole de guajolote; al final, la tertulia
en la sala amenizada con cantos, música de guitarras, baile y
champaña. (Peñalosa, 1997: 62)

Otros elementos en la narrativa que acompañan las referencias
a la comida son dados por el propio narrador, quien se encarga de
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ir describiendo las bebidas, desde el aperitivo con que reciben a los
invitados, que es un mezcal curado con pechuga de pollo, hasta la
cerveza que se ofrece en todos los tiempos de la comida, excepto
el mole, en que les ofrecen, como maridaje, el pulque de almendras
y plátano. Y, después de levantar la mesa, los digestivos: el licor
Kermann y el anís francés. Para cerrar con el champagne, que no
estaba incluido en el presupuesto del anfitrión, pero que se adiciona
ante la insistencia del joven aristócrata asistente.
A propósito del maridaje en la gastronomía mexicana
durante la época porfirista, el autor González Pérez señala que,
en este período, no había un maridaje como tal a la usanza de la
gastronomía francesa y su variedad de vinos; si existían, en cambio,
vínculos que se establecieron entre la comida y la bebida. Explica así
algunas de estas relaciones: “Por ejemplo, si se comía mole poblano
se bebía pulque, si era pozole se tomaba mezcal, si birria, tequila de
Jalisco, si buñuelos, ponche con piquete” (González Pérez, 1991).
En la narración se destaca a tres personajes, don Manuel,
su malcriado hijo Manuelito y el joven aristócrata presuntuoso. Sus
acciones tienen injerencia directa o indirecta en el menú. El padre de
familia, financió con su sueldo de funcionario de gobierno el festejo
y, durante el desarrollo del mismo, se siente ufano de las virtudes
de su esposa Angustias en la cocina. El menor de la casa, desde
su aparición en la historia, traía una rebanada de pastel con que
manchó el pantalón del narrador y, más avanzada la historia, metió
las manos en el mole para con ellas ensuciarlo por segunda vez, pero
ahora en el rostro.
El joven aristócrata, quien criticaba las acciones del festejo
cuando compartía con el narrador sus impresiones personales, llegó
a tal punto en su pedantería que, en un determinado momento,
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rechazó los tragos digestivos al anfitrión con la excusa y referencia
de que más tarde, en el Casino, bebería champagne y prefería
reservarse para ello, comentario que dio directo en el orgullo de don
Manuel Majaderano quien, en respuesta al discreto agravio, incluyó
botellas de champagne al final de la fiesta.
Por lo anterior, puede considerarse el menú de la fiesta casera
como determinante en las acciones de los personajes; de este modo
es un punto de interés nodal que este artículo destaca y para ello, en
el siguiente apartado se pretende ahondar en los elementos que lo
componen desde el punto de vista gastronómico en complemento y
argumento de este trabajo.
El menú
La gastronomía mexicana es una de las más ricas y mejor reconocidas
a nivel mundial. La UNESCO la nombró Patrimonio Cultural
Inmaterial de la Humanidad en el 2010; gracias a sus ingredientes
autóctonos y preparaciones tradicionales, México ha sido inspiración.
La cocina mexicana es una de tantas representaciones
culturales que varios cocineros y chefs han llevado a nivel
internacional y, así como ellos, existen otros tantos ejemplos que se
agregan a la difusión directa e indirecta de las tradiciones culinarias
del país. La literatura, desde luego que también incluye, dentro de
toda su riqueza cultural, datos concretos o indicios de la cocina
tradicional mexicana. Por lo anterior, el cuento “Una fiesta Casera”
de Manuel José Othón nos ocupa en este artículo como una muestra
significativa de los usos y costumbres de la gastronomía en 1890 en
San Luis Potosí en un festejo familiar de clase media.
Es sabido que la base de la alimentación en México son tres
elementos imprescindibles: el maíz, el frijol y el chile, esta triada
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de ingredientes originarios de la cocina prehispánica, representan
el fundamento de nutrición de nuestros ancestros y literariamente
aparecen reflejados desde su mitología. De esa época se heredaron
técnicas culinarias invaluables para la gastronomía nacional.
Durante la época de la Conquista, las órdenes religiosas
se esparcieron a lo largo del vasto territorio de la Nueva España,
tomando ingredientes típicos de cada región y formando así, poco a
poco, lo que ahora conocemos como la cocina tradicional mexicana.
La cocina conventual marca un rico capítulo en la historia
de la gastronomía mexicana (Solache, 2022), ya que se desarrollaba
como su nombre lo dice, en los conventos, dirigidos específicamente
por las mujeres. Ahí se aprendían y se fundían ingredientes y técnicas
de cocina tanto del Nuevo Mundo como los propios de la región.
La bebida también es considerada una parte trascendente
en la gastronomía nacional. En la narración de Othón, desde su
descripción inicial del domicilio, donde se habla de altarcitos y
nacimientos con macetitas de chía, se habla de botellas de licor
Kermann. El Liqueur du Pere Kermann, elaborada con extracto
de ajenjo, era una deliciosa bebida de color azul pálido brillante y de
sabor amargo, con notas de menta y anís. El ajenjo, o absenta, solía
ser la bebida de escritores, pintores y artistas durante la segunda
mitad del siglo XIX.
En la reunión de don Manuel Majaderano la referencia
y uso de este licor Kermann, sinónimo de éxito en las noches
bohemias de finales del siglo decimonónico, demuestra el uso
común y doméstico de la bebida. La absenta es una popular bebida
espirituosa hecha a base de aceite de ajenjo y otras hierbas secas que
tiene altas concentraciones en alcohol, y su consumo puede producir
alucinaciones y deterioro mental. (National Geographic, 2024).
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En la narración, cuando lo invitados son llamados a pasar a
la sala, las visitas degustan copas de mezcal de pechuga, que puede
parecer una bebida excéntrica, pero no es más que un mezcal que
se solía destilar a manera de ritual con una pechuga de pollo como
ofrenda, dando lugar a un mezcal ceremonial, con matices cárnicos
y en algunos casos notas afrutadas, si es que se agregaban frutas o
flores en esta ofrenda. Este mezcal es elaborado comúnmente en
Oaxaca para ocasiones especiales, así como se solía compartir en
festividades dignas de su elaboración. (La Luna Mezcal, 2021)
Cuando la anfitriona de la casa llama a los comensales
a la mesa empieza el festín, un desfile de comida y bebida digno
y representativo de la época. “La sopa estaba lista” dijo y, a ese
comunicado, los estómagos de los comensales atendieron de
inmediato con su presencia.
Comenzaron por la sopa de arroz, acompañada de unas
rodajas de huevo cocido. Sobre la mesa, además de pan, unos chiles
en vinagre y bolas de chorizo. El efecto de este primer tiempo entre
los asistentes, hace reflexionar en el cómo es que un arroz simple
ofrezca satisfacción y es que este platillo suele ir bien como entrada
o guarnición y, según se observa, ya para finales del siglo XIX, era
frecuente su presencia en las comidas.
El arroz rojo, como lo conocemos hoy en día, fue traído por
los españoles y rápidamente adaptado a nuestra gastronomía. Durante
los últimos años de la Nueva España predominó en la población una
cocina diferencial, es decir, predominaban las preparaciones traídas
por los españoles y compartidas por los criollos, quienes adaptaron
los platillos a los ingredientes de la región y que tiempo después se
considerarían mexicanas (Juárez López, 2012). El arroz rojo y los
chiles en vinagre son muestra de ello.
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Después, en el orden de los platillos, ocuparon su lugar un
estofado de pollo y dos bandejas de guacamole, además de sardinas
con queso rallado que se colocaron en la mesa. De todo lo anterior
en esta preparación, el guacamole fue el elemento más mexicano. No
podía faltar un ingrediente tan importante, puesto que el aguacate es
de amplia producción en nuestro país y es costumbre su consumo
como guarnición o complemento de platillos típicos. Los aztecas
hacían esta preparación desde el Siglo XV y, cuando los españoles
lo conocieron, quedaron tan encantados que decidieron llevarlo a
cultivar a Europa (Recker, 2024).
El delicioso estofado de pollo que preparó doña Angustias,
como bien nos lo hace saber Othón (1997), sabía a gloria. De origen
europeo, el estofado debe su nombre a la técnica de la “stuffa” o
estofar, que consiste en hervir carne con verduras en su propio
jugo, además de agregarle hierbas aromáticas que dan lugar a una
preparación única, ya que todos los alimentos son deshidratados de
forma natural. (Olmos, 2022)
El encuentro de dos mundos, después de la conquista de
nuestro país en 1521, trajo a nosotros el estofado y fue consolidándose
en México con el paso de los años, adaptando así su nombre, ya
que hoy lo conocemos como guiso o guisado, la única diferencia
palpable que podemos rescatar es la variedad de ingredientes, ya que
se utilizan los propios de nuestra región.
Durante el banquete brillaron las sardinas como guarniciones.
Se sirvieron en grandes bandejas, estaban condimentadas con
cebolla picada, queso rallado y piquines encurtidos. Las sardinas son
pequeños peces que habitan en casi todos los litorales, es un alimento
muy recomendable ya que equilibra los niveles de grasas saturadas de
nuestra dieta habitual. Se le atribuye su origen a Bahia Sardina en Italia,
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de donde también proviene su nombre y donde eran muy abundantes.
(Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, 2018).
Cuando México se independizó no contaba con una cocina
nacional. Aunque se dice que la independencia no llegó a la cocina,
a través de esta mezcla de preparaciones e ingredientes, poco a poco
se dio una identidad nacional que transformaría las preparaciones,
creando la cocina tradicional mexicana.
Algunas preparaciones muy típicas de los europeos fueron
llevadas a la mesa por doña Angustias, tal como lo relata Othón,
hasta este momento, el platillo principal no había sido degustado,
pero sí muy anunciado por el anfitrión, Don Miguel Majaderano,
y es que bien sabía que su esposa y las cocineras se lucían con el
delicioso mole de guajolote, que fue la estrella de esa tarde.
En este momento, Othón nos relata la llegada de tan
esperado platillo principal:
Llegó a la mesa una cazuela vidriada con un humeante caldo
espeso color oscuro donde salían unas grandes y blancas piernas
y pechugas de guajolote cubiertas del platillo tan esperado de
la tarde que los comensales ya lo saboreaban y que podemos
asegurar que era un delicioso mole poblano.(Othón, 1997)

El mole es el platillo más representativo de México, podemos
considerarlo el rey de la gastronomía mexicana. Hablar del mole,
así como de muchos platillos mexicanos, es hablar de cultura y
tradición. Existen diversas teorías acerca del origen de este delicioso
platillo, desde su origen prehispánico hasta la teoría de su nacimiento
en la época conventual y de origen criollo. Lo único que podemos
asegurar es que “El mole es un producto prehispánico” (Riestra,
2004) e igualmente es el mejor representante de un mestizaje cultural.
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Existen referencias tanto de su origen prehispánico como
criollo. Mulli en nahua o moler en castellano, es la raíz que da origen
al nombre de tan importante platillo. Cristina Barrios (2004) asegura
que las primeras preparaciones de las que se tiene conocimiento
están documentadas en la primera centuria de la Nueva España, al
referirse a los guisados que le servían a Moctezuma:
El totolin patzcalmollo, que definen como “cazuela de gallina
hecha a su modo con chilli bermejo y tomate y pepitas de calabaza
molida que se llama agora pipiana”. Otras maneras de chilmule,
eran el chiltecpin mulli o “mole hecho con chiltecpitl y tomates”;
el chilcuzmulli xitomayo, un mulli de chilli amarillo con tomates;
el meocuilti chiltecpin mollo, gusanos de maguey con salsa de
chiltecpin. En su Vocabulario en lengua castellana y mexicana y
mexicana y castellana (1571), Alonso de Molina traduce la frase
salsa o potaje de chilli, como chilmulli, de donde se deduce que
mulli significa salsa. (Barros,C. en Riestra, M., 2004)

Las cocineras indígenas llevaron a las cocinas de los criollos
y a los conventos esas salsas que llamaban mulli, donde se agregaron
otros ingredientes de diversas procedencias y que, durante siglos,
fueron dando forma a nuevos estilos de mulli, pero sin dañar su
estilo original. Consistían en una mezcla de chiles frescos o secos,
tomate o jitomate, a veces un espesante como la masa de maíz o la
pepita de calabaza, y condimentos como el epazote, la hierba santa
o la hoja de aguacate. Con ellas se aderezaban verduras, carnes y
pescados. (Barrios, 2004)
Por lo anterior no hay duda de que “el mole es un producto
prehispánico” (Riestra, 2004). Los moles se preparaban para los
dioses, nos comenta Barrios (2004). Los mercaderes, al llegar de
largos viajes ofrendaban cabezas de gallina al dios del fuego y, ellos
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mismos, al tener transacciones exitosas, tenían que dar un espléndido
banquete. Así que ofertar festines ocurre como una larga tradición y,
esa herencia tradicional es reflejo de lo que pasa en casa de la familia
Majaderano, pues se ofrece una comilona que Manuel José Othón
referencia en su cuento.
El menú estuvo “para chuparse los dedos” y para cerrar
con broche de oro, Doña Angustias terminó la comida con los
sabrosísimos chiles rellenos. Los chiles rellenos consisten en un
chile ancho asado y relleno de carne de picadillo o queso y que por
costumbre y técnica culinaria son capeados. Su origen se remonta
a la época prehispánica, los chiles eran considerados un alimento
sagrado y se utilizaban en ceremonias religiosas (Mixturis, sf). De
acuerdo a Byrd (2023), existe evidencia de que los pueblos indígenas
ya disfrutaban de una amplia variedad de chiles en su dieta; los
aztecas hacían preparaciones rellenas con este ingrediente tan
emblemático de nuestro país. La llegada de los españoles introdujo
nuevos ingredientes que se fusionaron con la cocina tradicional de
nuestros ancestros.
La preparación del chile relleno fue evolucionando, en
el siglo XVIII ya aparecía en el Libro de cocina del hermano Fray
Gerónimo de San Pelayo (Salgado y Martínez, 2024), en donde ya se
le consideraba parte de la tradición novohispana. De ahí evolucionó
hasta la creación del famosísimo chile en nogada, del cual existe
el mito de que su origen se atribuye al cumpleaños del General
Agustín de Iturbide. Lo que sí es un hecho es que fueron las monjas
del ex Convento de Santa Mónica en Puebla quienes se encargaron
de prepararlo y adaptarlo a las fiestas de conmemoración de la
independencia de México (EFE, 2021). Hoy nos corresponde, sin
embargo, concentrarnos en el chile relleno, pues al entender su
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origen podremos comprender el motivo por el cuál Doña Angustias
lo eligió como el broche de oro para concluir el menú.
Destacamos el maridaje que propusieron los anfitriones
para disfrutar de los alimentos, principalmente la cerveza: bebida
alcohólica elaborada a partir de la fermentación de granos de cebada
y de peculiar sabor amargo; sin embargo, resulta imposible no
resaltar la presencia del pulque, que acompañó al rey de los platillos
ese día: el mole.
El pulque es considerado la bebida alcohólica mexicana
por excelencia, ya que su historia es un símbolo de nuestro origen
prehispánico. Su genealogía mítica lo describe como regalo para los
hombres de la diosa Mayahuél, diosa del Maguey. Esta bebida es un
fermentado de un líquido espeso conocido como aguamiel, que es
extraído al raspar las pencas del maguey.
Al pulque, tradicionalmente, se le atribuyen propiedades medicinales,
tales como que alivia trastornos gastrointestinales, estimula el
apetito, combate la debilidad y mejora ciertos padecimientos
renales, también recomiendan su consumo a las mujeres en etapa de
lactancia para aumentar la secreción de leche y mejorar su calidad.
(Secretaria de Agricultura y Desarrollo Rural, 2015)

Para el festín, el pulque fue “curado” con plátano y almendras,
hemos de imaginar que la combinación de sabores, con la amargura
del brebaje natural, dio como resultado una bebida refrescante con
un pequeño dulzor que marida idóneamente con el sabor del mole.
Don Miguel Majaderano, al final de la historia, compartió
con sus invitados unas botellas de champagne, que debido a la
demanda y la alta calidad de producción no es un vino barato
(WSET, 2014). El champagne es un vino espumoso elaborado por
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método tradicional en la región de Champagne, al norte de Francia,
a quien debe su denominación de origen. La frialdad de la zona y
la mezcla de uvas blancas hacen un vino seco y refrescante con
burbujas finas que son dignas de compartir en las celebraciones
más importantes.
La época porfirista se destacó por la influencia de la cultura
francesa y la gastronomía no fue la excepción. Existen registros
de la alimentación que se ofrecía en los banquetes del mandatario
mexicano y sus menús, creados por chefs franceses, que exportaban
sus ingredientes, entre ellos el champagne:
Cuando Ignacio de la Torre y Mier, el yerno de Porfirio Díaz,
trajo al chef francés Sylvain Dumont a México, la comida francesa
se volvió central en los banquetes presidenciales de Díaz. Platos
como salmón, vinos y postres con champagne se convirtieron
en una parte importante del estilo de vida de la élite mexicana a
principios del siglo XX. (Ambrosía centro culinario, 2025: 6)

Por lo anterior, no sorprende que el anfitrión haya empeñado
sus recibos de nómina para conseguir botellas de champagne que,
para la época, resultaban costosas y artículos de lujo de exportación.
Se sabe que, como en el resto del país, en San Luis Potosí existían
agentes comerciales franceses que comercializaban mercadería como
los vinos y licores. Se comerciaba bajo el modelo de compañías entre
1890 y 1910 y eran trascendentes por la alta demanda de productos
importados, por la aristocracia mexicana, durante el porfiriato:
…la importancia de las compañías está repartida de forma clara
entre el DF, con 71% del total de las compañías registradas, seguido
de Veracruz con 4% y luego Puebla, Nuevo León, Jalisco, San Luis
Potosí, Yucatán y Zacatecas con 3% cada uno. (Morales, 2007: 181)

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Así que, para un funcionario de gobierno, invertir en varias
botellas de esta bebida de lujo, en efecto debió costarle meses
de sueldo que no escatimó, al calor de las copas y en la etapa de
sobremesa de la celebración, en gastar sin meditarlo siquiera. Así
termina el menú de esta fiesta casera.
A manera de conclusión
En el cuento “Una fiesta Casera”, Manuel José Othón, con una pluma
realista, nos deja entrar al interior de una casa potosina de finales del
siglo XIX, en plena era porfiana. El poeta, convertido en narrador,
participa de la historia como invitado, y describe, con un agudo
sentido de observación, las acciones que vive de principio a fin.
La riqueza de esta pieza literaria radica en la recreación de
la época y en la descripción de sus costumbres. A través del festejo
de la familia Majaderano, se invita a los lectores a convivir con
los anfitriones y sus invitados, para observar, desde la perspectiva
del narrador, los comportamientos de cada uno de los asistentes,
empezando por los miembros de la casa, desde el menor de edad
que lo hace víctima de sus travesuras, hasta la complicidad con
el padre de familia, quien le solicita al despedirlo, documentar el
evento como escritor.
Así, la historia nos muestra el hogar de este funcionario
público en la ciudad de San Luis Potosí, con sus detalles decorativos
propios de una casa de provincia, pero principalmente refleja cómo
es que la comida se convierte en elemento esencial para marcar los
momentos de la celebración y cómo es que los platillos y bebidas
van acentuando el desarrollo de los eventos.
En la fiesta convergen todos los participantes en un momento
histórico, marcado por un banquete, que va graduando y, conforme
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se desarrolla, el ánimo y los efectos del alcohol van relajando a los
asistentes, creando un ambiente de confianza que hace solidarias y
empáticas a las personas con sus congéneres, consolidando el evento
como significativo del momento vivido.
El platillo principal hace las veces de clímax que termina
por satisfacer el apetito de todos, de tal suerte que la sensación
de saciedad que la mayoría experimenta empareja las emociones,
colocando a todos en un estado alegre, entonces ha sido la comida
el elemento integrador y vivificante. Toda vez que los participantes
han comido y bebido se canta y se baila, porque el ánimo lleva a ser
congruentes con el momento excepcional que se ha generado.
Manuel José Othón pinta, con esta obra, un cuadro de
costumbres, y ahí radica el valor de la pieza. Su magistral pluma
testimonia los usos y modos de la cultura potosina de su época,
donde no falta ni el aderezo de humor (en las acciones que vive con
el niño) ni las opiniones y juicios sobre los caracteres humanos. Su
fiesta casera sigue alegrándonos hasta el día de hoy.

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