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                  <text>�Santos Guzmán López
Rector
Mario Alberto Garza Castillo
Secretario General
Jaime Arturo Castillo Elizondo
Secretario Académico
José Javier Villarreal
Secretario de Extensión y Cultura
Víctor Barrera Enderle
Director de la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria
Lizbet García Rodríguez
Roberto Kaput González Santos
Editores Responsables
José Vela
Diseño Editorial
Valentina Moreno Chávez
Izamar Gómez Reza
Corrección
Ángel H. Candelaria
Lázaro Izael
Nancy Elizabeth Lucio López
María Fernanda Ramos
Carlos Rutilo
Reyna Alejandra Vera Colunga
Verónica Zúñiga
Equipo Editorial

En portada:
Rosario Castellanos. Fotografía: Cortesía Gabriel Guerra Castellanos.

Interfolia, año 1, no. 2, enero-agosto 2025, es una publicación semestral editada por la Universidad
Autónoma de Nuevo León, a través de la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria, calle Pedro
de Alba s/n, Ciudad Universitaria, San Nicolás de los Garza, Nuevo León, México, C. P. 66451,
teléfono 81 8329 4015, www.capillaalfonsina.uanl.mx, revista.calfonsina@uanl.mx. Editores
responsables: Lizbet García Rodríguez y Roberto Kaput González Santos. Reserva de Derechos
al Uso Exclusivo No. 04-2023-121911450000-102, ISSN: EN TRÁMITE, ambos otorgados por el
Instituto Nacional de Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este Número,
Unidad de Informática INDAUTOR, Ing. Juan José Pérez Chávez, calle Puebla, 143, Col. Roma,
Delegación Cuauhtémoc, C.P. 06700
Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos e imágenes de la publicación sin previa
autorización de los editores.

�Rosario Castellanos.
Fotografía: Cortesía Gabriel Guerra Castellanos

�Índice
7

Editorial

Grata compañía
10

De la vigilia estéril (1950)
Rosario Castellanos

Cortesía
12

Destino
Rosario Castellanos

Repaso poético
14

Notas y métodos
Abstracta
Nicté Toxqui

Ancorajes
26

Palabras ganador Premio Internacional Alfonso Reyes 2024
Alberto Enríquez Perea

29

Un epicentro cultural en el corazón
de la Ciudad Universitaria
Lizbet García Rodríguez

39

Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria,
rumbo a su 45 aniversario
Reyna Alejandra Vera Colunga
Óscar Abraham Rodríguez Castillo

Calendario
42

Poner el mundo en entredicho.
El centenario de Rosario Castellanos
Víctor Barrera Enderle

�El oro de los tigres
46

Traducción y poesía: dos caras de la misma resistencia
Azael Abisaí Contreras López

La experiencia literaria
55

Abya Yala (hombre, naturaleza y comunidad)
en la Revista de la Universidad de México
Miguel Ángel Hernández Acosta

67

(Auto)nombrarse: la corporeización del dolor
en los diarios de Concha Urquiza
Verónica Zúñiga

72

Sátira, desborde y excrecencias en El tercer asesino
de Renato Prada Oropeza
Gerardo Castillo-Carillo

79

Para una mirada crítica de la poesía de la
independencia. Porque lo que no se nombra no existe
Jonathan Gutiérrez Hibler

87

A galope nocturno. Cuatro conjuras
Ángel H. Candelaria

96

Postales para una historia mínima de la traducción alfonsina
Roberto Kaput González Santos

Retratos reales e imaginarios
104 Palabras que caen en el interior
como flor de cerezo
María Fernanda Ramos
Ojos de Reyes
110 Circe Maia en Tacuarembó
Javier Narváez

�Primeras letras
116 Estrategias del humor macabro en tres
obras de Edward Gorey
Ander Urteaga
Entre Libros
126 La ópera prima de un Nobel italiano
Eduardo Zambrano
130 Viaje al mito, de ida y vuelta, con escala en Wateke.
(Show en tres actos y dos posibles finales altercados)
Dalina Flores Hilerio
139 Adquisiciones recientes de la
Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria

�7

e di tor i a l

Existen diversas formas de leer el calendario. Desde una

De regreso a la lectura especial del calendario: el 13

perspectiva cotidiana, los días se dividen en dos grupos:

de noviembre de este año, la Capilla Alfonsina Bibliote-

los laborales y los de asueto; pero si le añadimos otros

ca Universitaria cumplirá 45 años. Hemos preparado, a

enfoques (culturales, literarios y hasta personales), las

lo largo de este 2025, una serie de actividades conme-

fechas adquieren otro sentido. Desde el ángulo de la li-

morativas, algunas de ellas se recogen en “Ancorajes”,

teratura, el 25 de mayo de 2025 marcó el centenario de

que inicia con las palabras de Alberto Enríquez Perea,

Rosario Castellanos y, en buena medida, este número

recipiendario del Premio Internacional Alfonso Reyes

le rinde homenaje a la autora de Oficio de tinieblas. Co-

2024; y cierra con sendos ensayos de Lizbet García y

menzamos, en “Grata Compañía”, con la reproducción

de Reyna Vera y Óscar Rodríguez. Lizbet nos ofrece un

fotográfica de la primera edición de De la vigilia estéril

nutrido recuento histórico de las actividades culturales

(1950), con dedicatoria de la autora a Alfonso Reyes,

llevadas a cabo en nuestra biblioteca: “epicentro cultural

“dios mayor de nuestras letras”. De ahí nos trasladamos

en el corazón de la Ciudad Universitaria”, en sus pala-

a la sección “Cortesía”, donde resucitamos su poema

bras. Reyna y Óscar hacen un prolijo bosquejo histórico

“Destino”, tomándolo de la nueva edición de Lívida luz (a

de la CABU y nos relatan la genealogía de los fondos y

cargo de Ediciones Moneda); y, a guisa de clausura del

acervos; exponen la creación de nuevas herramientas

homenaje, escribimos un breve ensayo, para “Calenda-

de estudio, acordes a los tiempos que corren, como los

rio”, sobre el legado de su obra.

repositorios, las páginas Web y las bases de datos; ade-

La poesía de Nicté Toxqui, a decir de Carlos Rutilo,

más de dar cuenta de nuevos proyectos, verbigracia El

abreva en diversas y heterodoxas fuentes, como la eco-

Ventanillo y las Geografías literarias del área metropoli-

crítica, dando como consecuencia una creación en per-

tana de Monterrey.

petua transformación. En “Repaso poético” nos aso-

En la sección “El oro de los tigres”, Azael Contreras

mamos a uno de sus proyectos más recientes: “Notas

se aventura por los sinuosos caminos de la traducción

y métodos” y confirmamos, de primera mano, ese dina-

poética a partir de su lectura del poemario Nada más que

mismo.

perder, de Najwan Darwisch. El volumen, traducido por

�Quetzalcóatl (óleo sobre lino, 1975) de Eduardo Pérez de León.
Imagen: Archivo de Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria.

�interfolia
Juan José Vélez Otero, forma parte de la décimo terce-

Natsume Sōseki. El trayecto se convierte en trazo y con

ra entrega de nuestra emblemática colección editorial.

él delinea la sección “Retratos reales e imaginarios”. An-

Para Azael “resulta crucial analizar no solo qué se tra-

der Urteaga llena las páginas de “Primeras letras” con un

duce, sino quién traduce, desde dónde se traduce y con

acercamiento al humor macabro del escritor e ilustrador

qué criterios interpretativos se aborda el texto fuente”. “La

norteamericano Edward Gorey. Gorey, nos explica Urtea-

experiencia literaria” viene enriquecida con seis ensayos.

ga, resignifica los límites de la llamada literatura infantil,

Echemos un vistazo. Miguel Ángel Hernández Acosta, a

pues, al utilizar ciertos mecanismos del humor, crea “un

partir de un número específico, relata la historia de la le-

contraste entre lo macabro y lo cómico que define su estilo

gendaria Revista de la Universidad de México. Verónica

e impacto”.

Zúñiga se aproxima a la vida y obra de la poeta Concha

La sección “Entre libros” viene abultada en esta segun-

Urquiza a través de la lectura de Meditaciones. Páginas

da entrega de nuestra revista. El poeta y ensayista Eduar-

de diario (1946). Quizá Renato Prada Oropeza sea más

do Zambrano nos obsequia su lectura personal del calen-

recordado en el ámbito académico por ensayos como Li-

dario y elige conmemorar los cincuenta años de la entrega

teratura y realidad (1999); sin embargo, también fue un

del premio Nobel a Eugenio Montale, recordando también

narrador: Gerardo Castillo-Carrillo analiza su novela El

el centenario de la publicación de su ópera prima: Ossi di

tercer asesino. La compleja y vasta relación entre poesía

seppia (1925). Por su parte, Dalina Flores Hilerio expone

e historia es abordada por Jonathan Gutiérrez Hibler en

su lectura de Lxs Olimpicxs de Ángel H. Candelaria: “poeta

su ensayo sobre la poesía de la independencia: ¿existe

que arriesga en cada letra” y “siembra flores en un territorio

el conocimiento poético? Gutiérrez Hibler busca la res-

agreste”. Y, como parte de la tradición de Interfolia, presen-

puesta analizando diversas antologías (cuestionando, al

tamos la lista de adquisiciones recientes (libros, revistas y

mismo tiempo, a este dispositivo). Ángel H. Candelaria

otros materiales) en nuestra biblioteca.

da un giro de tuerca al explorar las posibilidades de la in-

Lanzamos este número de Interfolia como parte de las

tuición como vía para ampliar la relación (el conjuro y el

celebraciones por el 45 aniversario de la Capilla Alfonsina

ritual) entre poema y lector. Finalmente, Roberto Kaput

Biblioteca Universitaria: creemos que no hay mejor manera

nos envía unas “Postales para una historia mínima de la

de festejar que continuando con la tradición y redoblan-

traducción alfonsina”, y con ellas revela una amplia red

do esfuerzos por agigantar a este corazón cultural de la

de lecturas, amistades literarias y proyectos moderniza-

Ciudad Universitaria.

dores de nuestro campo cultural.
Exploración geográfica y literaria: tal podría ser la descripción del viaje verbal que emprende María Fernanda
Ramos al interior del universo literario del escritor japonés

Víctor Barrera Enderle
Director de la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria
Ciudad Universitaria, agosto de 2025

�10

gr a ta c o m pa ñ í a

Rosario Castellanos. De la vigilia
estéril. México, Ediciones de “América”
Revista Antológica. 1950.

�Dedicatoria:

Para Alfonso Reyes, dios mayor de
nuestras letras.
Con el respeto de Rosario Castellanos.
FAR PQ7297 C25 D4

�12

c o rt e s í a

Destino
Rosario Castellanos

Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos. ¡Que cese ya esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir.
El hombre es animal de soledades,
ciervo con una flecha en el ijar
que huye y se desangra.
Ah, pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su actitud
que es a la vez reposo y amenaza.
El ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo de un tigre.
El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve
—antes que lo devoren— (cómplice, fascinado)
igual a su enemigo.
Damos la vida sólo a lo que odiamos.

�Rosario Castellanos. Fotografía: cortesía de Gabriel Guerra Castellanos

interfolia

La nueva edición de Lívida luz fue un gesto de amistad entre María Belmonte (Gargantúa Espacio
Cultural) y Carmen Avendaño (Ediciones Moneda). El tiraje de 200 ejemplares da seguimiento a las
postales conmemorativas del 8M de Belmonte y satisface los deseos de rescate editorial de Avendaño.
Para la directora de Ediciones Moneda, el título reunía atributos irresistibles: "El libro, integrado a
Poesía no eres tú en vida de la autora, resulta en sí mismo conciso, imperfecto y poderoso, y refleja con
fidelidad las preocupaciones poéticas, los poderes literarios, de Castellanos". Los editores agradecen
a Carmen el permiso para reproducir "Destino".
Bibliografía
Cortesía: Ediciones Moneda.
Selección: Verónica Zúñiga.
Tomado de Lívida Luz, México, Ediciones Moneda, 2025. pp.10-11.
Cortesía de Ediciones Moneda.

�14

r e pa s o p o é t i c o

Nicté Toxqui
14
Consolidada en la tradición de una poesía integral,
consciente de que abreva de la ecocrítica, Nicté
Toxqui (Orizaba, Veracruz, 1994) dialoga con las
posibilidades del poema desde el ejercicio que
sopesa el lenguaje y la forma como una práctica de
riesgo. "Notas y métodos" (2023) forma parte de un
proyecto que contempla exacerbar los límites de la
creación poética más allá del lenguaje y de la forma.
Como si de un estanque de agua viva se tratase, la
poesía de Nicté trasciende el acto creativo y oscila
irreverentemente las lindes de la literatura; y se cimbra
como una de las poetas jóvenes más interesantes de
nuestra contemporaneidad.

Es poeta y ensayista. Acreedora de los premios
Dolores Castro de poesía 2015 por su libro Melamina
y el premio Carlos Fuentes de Ensayo 2017. Es autora de Errata (Sangre Ediciones, 2017). Sus textos
aparecen en revistas nacionales impresas y digitales
como Letras Libres, Este País y Periódico de poesía.
Fue becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas (2018-2020).
Carlos Rutilo

�Fotografía de circulodepoesia.com

inter
interfolia
folia

Nicté Toxqui. Fotografía cortesía de la autora.

�notas y métodos
qué es
ser humana
despertar
en una intemperie propia
perder un mundo
lo que florece
meticulosamente
alrededor de una:
decir
existo. existo
lo mismo que
conspirar
ser torpe
con la propia
vida. vida
podría ser

16

�interfolia

una pregunta
un viaje
espacial. ser
civilizada
no
puede ser
sólo eso
el propósito
qué es ser
sólo célula y
escritura:
salir del agua
inaugurar
mi propia
evolución:
un principio
un
accidente

�ser
una misma
no, mejor
dejar de ser
una sola
traicionar
al yo
que no sabe
desprenderse
quizá sea feral
el punto:
no dejar
más rastro
ir
más lenta
mono
silábica

18

�interfolia

acostumbrarse
al ritmo
acompasado
de los otros
tenderse
sobre la sierra
escuchar
lo que musgos
y líquenes
tienen
qué decir
imaginar
cómo y de qué
formas
mutar
ya no exhausta
como la tierra
y como la tierra,
no encontrar

�un final exacto
más bien
una orilla, brumosa
un puente
siempre un puente
atirantado
para llegar
hasta el presente
hasta que se abra
lo invisible
ese sitio
que a cada
quién
le corresponde:
el revés
de mi lengua
un sitio
como el mío

20

�interfolia

que está
en lo que es
precario
y es distal
y está aquí.

�abstracta
Veo pasar los años. Descubro
mi propia caducidad.
Hoy, por ejemplo, es suficiente. Quisiera
no ser asimétrica
No retratar niños, ni abejas y estos campos
22
de flor blanca que adornan el mundo
como un féretro
la violencia de allá afuera
se acumula conmigo:
un siglo extrañísimo en todas sus luces,
días perfectos para escuchar
costilla y ojo, todo algo tiene que decir
¿Escuchas? ¿Ese rumor? ¿Ese lirio de la angustia?

�interfolia

Todo está siempre a punto
de extinguirse
ya no queda más y aún
recojo mis huesos
y abro las libretas y los libros
y hago anotaciones lógicas, suficientes
para mantener la cordura
y aprendo del átomo invisible
siempre excitado
pero la furia tiene otras respuestas para mí
La pérdida es cobalto
la pérdida es glauca. Amarilla
y cereza y salada
La pérdida tarde y río,
estío y moretón
La pérdida la pérdida
como toda repetición
que lapida su sentido

�busco en mis notas
qué significa
en su amplitud
de palabra
por ejemplo
mi corazón y
esta pradera
radioactiva
como el mar
y mis compañeros
que no
regresaron a casa
¿dónde están?
y el abedul y el último
panal de abejas
todos ellos: muertos, ríos
bravos, cumpleaños
oraciones, pueblos enteros
mujeres que caminan solas,
muertas

24

�interfolia

todo eso
cabe en la pérdida
y la pérdida es
esta lengua
poca lengua
para tanto qué sentir.

�26

a ncor aj es

Discurso de Alberto Enríquez Perea en la entrega del
Premio Internacional Alfonso Reyes 2024

Alfonso Reyes, con profunda emoción, aseguraba que en su ciudad natal, Monterrey, aprendió
“la regla primera de toda geometría moral: que
hay que tener un punto de referencia, un centro”.
En esa regla “se apoya sobre mis montañas épicas
toda mi geografía del mundo. De allí arranca mi
trayectoria y allí tiene que terminar, en el cálido
valle que abrigan, de oriente a occidente, el Cerro
de la Silla y el Cerro de la Mitra: dos lujos, dos
juegos felices de la geología americana”.
En su tierra, Reyes rememoraba, el sol lo seguía, “andaba detrás” de él “como perrito faldero;
despeinado y dulce, / claro y amarillo: ese sol con
sueño / que sigue a los niños”. Y para esta “fábrica de la frontera”, cantaba: “Amapolita morada
/ del valle donde nací: / si no estás enamorada /
enamórate de mí”.

Nuevo León y al señor rector que la dirige, médico Santos Guzmán López; y al doctor José Javier
Villarreal, secretario de Extensión y Cultura. Al
jurado que me otorgó el Premio Internacional Alfonso Reyes 2024, Mariángeles Comesaña, Víctor
Barrera Enderle y Eduardo Langagne; al gran
amigo que propuso mi candidatura, el doctor Enrique Berzal de la Rosa, investigador de la Universidad de Valladolid, España, y director de la
revista Alcores.

No hubiera sido posible llegar hasta aquí, el día
de hoy, si en mi vida profesional no hubiese encontrado al doctor Andrés Lira, entonces presidente de El Colegio de México, y al doctor David
Pantoja, secretario general de la misma alta casa
de estudios, al darme confianza y apoyar la publicación de Alfonso Reyes y el llanto de España en Buenos
Y aquí estoy, en su estado y en su tierra natal, Aires, 1936-1937 (1998). Con este título inicié una
para agradecer a la Universidad Autónoma de serie de trabajos, que suman más de 35 títulos,

�interfolia

hasta llegar a Monterrey: ciudad de sol. Alfonso Reyes y
la inteligencia neoleonesa (1900-1938), tomo I (2024).
Agradecido estoy con el escritor Antonio Ramos
Revillas, director de la Editorial Universitaria y
con Carlos Lejaim Gómez.

Y a Martha Torijano Carrera, mi esposa, que
me acompaña siempre con sus consejos, su cariño
y paciencia. Gracias, Martha, agradecido estoy
porque estés conmigo este día.

Y tampoco hubiera sido posible seguir el camino de la investigación si no hubiera conocido
a las maestras Alicia Reyes y Minerva Margarita
Villarreal, que me proporcionaban, cuantas veces
les solicité, los materiales archivísticos y bibliográficos para hacer mis investigaciones sobre Alfonso Reyes. Donde ellas se encuentren, reciban mi
agradecimiento.

Alfonso Reyes, en Monterrey, su ciudad natal,
tuvo su primer encuentro con los libros. Aquí, en
esta ciudad, los descubrió, los gozó e iluminaron
su camino. La biblioteca de su padre, el general
Bernardo Reyes, fue el primer espacio propio que
tuvo para disfrutar la lectura de los libros. Y cómo
disfrutaba la voz de su progenitor al leer y explicar pasajes de historia mexicana o griega y recitar
algún poema, de un poeta que aún no conocía.
El encanto que los libros le producían continuó al
seguir sus estudios en la Ciudad de México. Y por
fortuna se encontró con una generación de jóvenes
para quienes su mayor placer eran los libros, las
lecturas y la escritura. Triada Santa. Y los libros
y el estudio le mostraron que México no vivía en
paz ni en democracia. Reyes así lo entendió, como
sus amigos que se fueron a engrosar las filas del
maderismo, que al grito de “sufragio efectivo, no
reelección”, fracturaron de muerte una dictadura.

Agradezco también a los doctores Javier Garciadiego y Víctor Barrera Enderle, directores de
las dos Capillas Alfonsinas, de la Ciudad de México y de Monterrey, respectivamente, por contar
siempre con su apoyo para sacar adelante mis trabajos alfonsinos. Además, el doctor Garciadiego
me invitó a hacer, cuando era presidente de El
Colegio de México, un libro más sobre Reyes,
Curiosidades de coleccionista, y me ha animado a hacer otros trabajos para la colección que dirige, la
Biblioteca del Estudiante Universitario.

Señores y señoras, amigos y amigas:

A la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de
El camino que Reyes escogió fue el de la culla UNAM, mi casa de trabajo y de estudios.
tura. El amor a los libros y al estudio no signifi-

�interfolia
ca desinterés por los problemas nacionales. Todo
lo contrario. Apoyaba esos movimientos y hacía
su trabajo. Época difícil, muy difícil, por la posición política del padre, pero los libros fueron su
salvación, la salvación del espíritu. En sus manos
tuvo un arma, y, a su lado, sus papeles, sus libros.
Tiempos difíciles, de esos que doblan a los hombres. Sin embargo, Alfonso Reyes sacaba fortaleza
de la lectura, y en medio de la tragedia que vivía
llegó su primer libro. Y a la muerte de su padre,
al enfrentarse con el dictador, al elegir su rumbo y
salir, en consecuencia, del país, con su esposa, con
su hijo y sus libros, marcaba ya una nueva etapa
de su vida.
En Francia y en España, particularmente en
este país, donde pasó dos lustros de su vida, los
libros, las lecturas, la escritura y el ambiente intelectual que encontró fueron nuevamente la salvación del espíritu. Vivió en pobreza, vivió en libertad, conoció el inicio y el fin de la guerra europea,
y los libros, los estudios que empezaba a hacer de
ellos, fueron luminosos. Y en ese andar, encontraba libros o éstos lo encontraban a él. Y sus amigos,
todos ellos cazadores de libros, compartían con el
mexicano algunas publicaciones con las que fue
formando su biblioteca, rica y completa, y espejo
de su alma. Como el propio Reyes lo señaló alguna vez: “Me han mandado al mundo seguramente para visitar este mundo y mientras llega la
hora de la partida, yo pienso asomarme por todas
partes”. Y así fue. Anduvo por el mundo con sus
libros, leyendo y escribiendo y dejando constancia
de haber vivido, porque la vida es un poema.
Monterrey, Nuevo León,
15 de noviembre de 2024.

Imágenes de la entrega del Premio Internacional Alfonso Reyes 2024
a Alberto Enríquez Perea. Fotografía: José Vela.

28

�Un epicentro cultural en el corazón
de la Ciudad Universitaria
Lizbet García Rodríguez

En la edición del viernes 14 de noviembre de 1980, al día siguiente de su inauguración, uno de los
principales periódicos de la ciudad destacaba: “Vistiendo chaqueta universitaria, el presidente López
Portillo recorrió la Capilla Alfonsina y estampó su firma en el libro de visitantes distinguidos”. Así
daba inicio un capítulo fundamental para la vida cultural de la Universidad Autónoma de Nuevo
León. La incorporación del acervo bibliohemerográfico de Alfonso Reyes, acompañado de una ambiciosa labor de difusión y extensión universitaria, ha hecho de este espacio un escenario de encuentros
emblemáticos con destacadas figuras del ámbito académico, artístico e intelectual. El presente repaso
por la memoria de tales encuentros documenta que, a 45 años de su apertura, Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria sigue consolidándose como el epicentro cultural de nuestra universidad, atesorando libros, historias y saberes que renuevan la herencia cultural de Nuevo León y México.
1981: El Festival Alfonsino, en su quinta edición, presentó la conferencia “Alfonso Reyes y los escritores franceses”, a cargo de la reconocida académica Paulette Patout, de la Universidad de Toulouse,
Francia. Además, se escenificó Ifigenia cruel, de Alfonso Reyes, con el grupo teatral del Centro de Arte
Dramático, A. C. (CADAC), bajo la dirección de su fundador, el maestro Héctor Azar.
1982: El sexto Festival Alfonsino inició el 28 de abril con la inauguración de la “Exposición de Gráfica
Alemana Contemporánea”. Asimismo, se exhibieron 30 libros dedicados a don Alfonso por autores
como Mario Benedetti, Gabriela Mistral, Juan Ramón Jiménez, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Rómulo Gallegos y Rafael Alberti, entre otros. El 17 de mayo, en el natalicio del regiomontano, el grupo de
cámara Allegro, de la Escuela Superior de Música y Danza Carmen Romano, ofreció un concierto
de 22 piezas.

�Fotografía: Centro de Documentación y Archivo Histórico, UANL.

�interfolia
1985: Se inaugura en el vestíbulo la obra monumental “Monterrey de las montañas”, de Saskia
Juárez, pintura de 2.40 x 12 metros, sello identitario del patrimonio artístico de la UANL.
1987: Entre el 3 y el 15 de diciembre se realizó la “II Bienal Internacional de Poesía Visual y Alternativa”, integrada por más de 2000 trabajos de aproximadamente 589 artistas de distintas partes del
mundo. Organizada por el movimiento Núcleo Post Arte de la Ciudad de México, la Bienal contó
con el apoyo de la Universidad Autónoma de Nuevo León, el Instituto de la Cultura de Nuevo León
y el Instituto de Semiótica y Cultura de Masas. La inauguración estuvo a cargo del rector Gregorio
Farías Longoria.
1988: En el marco del XII Festival Alfonsino, se presentó la colección fotográfica “Nicaragua, testimonio de un pueblo en lucha”, de Marco A. Cruz, coordinador de fotógrafos de Imagen Latina; y la
exposición “Las letras de Alfonso Reyes”, muestra de 33 portadas de las principales obras del escritor
y diplomático nuevoleonés. Entre los títulos figuraron Parentalia, La casa del grillo, Árbol de pólvora, Calendario, Tren de ondas y La caída, obras que buscaban acercar a la comunidad universitaria y al público
general algunas de las joyas bibliográficas de la biblioteca.
1989: La Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria fue una de las sedes de los festejos conmemorativos por el centenario del natalicio de Alfonso Reyes. El programa, integrado por más de 50 actividades, incluyó la guardia de honor encabezada por el presidente Carlos Salinas de Gortari, así como
la reunión de destacados alfonsistas: Paulette Patout, James Willis Robb, Alicia Reyes y Helia María
Corral.
1991: En junio, los medios de prensa de la ciudad reseñaron la llegada a Monterrey del escritor argentino Adolfo Bioy Casares, quien ofreció una charla en la Capilla. Su visita se realizó pocos días
después de recibir el Premio Internacional Alfonso Reyes 1990 en Ciudad de México. Entre los asistentes destacaron Alicia Reyes, Raúl Rangel Frías, Jorge Pedraza Salinas y Porfirio Tamez Solís.
1993: En el marco del 60 aniversario de la UANL, el reconocido escritor Carlos Fuentes ofreció tres
conferencias en la Capilla Alfonsina: “Vida y muerte de la novela”, “Jorge Luis Borges o la herida de
Babel” y “Juan Goytisolo o la geografía de la novela”. El evento fue organizado por la misma universidad en colaboración con el Gobierno del Estado y El Colegio de México.
1996: Como parte de los festejos por el 400 aniversario de la fundación de Monterrey, el 19 de septiembre se presentaron los tomos IX y X de las Obras Completas de Octavio Paz. Participaron en dicho
evento Adolfo Castañón, por parte del Fondo de Cultura Económica; Alejandra Rangel, presidenta
del Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León (CONARTE), y los escritores Danubio Torres
Fierro y José Jaime Ruiz.

�32

�interfolia
1997: El programa del Festival Alfonsino reunió a grandes alfonsistas: Antonio Alatorre, James Willis
Robb, Helia María Corral, Emmanuel Carballo, Adolfo Castañón, Luis Mario Schneider, Fernando
Curiel, Héctor Perea y Vicente Quirarte. La clausura incluyó la conferencia “Vida y poesía de Alfonso Reyes” a cargo de Alfonso Rangel Guerra, y un concierto de la Orquesta de Cámara Monterrey,
bajo la dirección de Félix Carrasco.
1998: La investigadora belga Eugenia Houvenaghel presentó la conferencia “La estrategia persuasiva
de Alfonso Reyes: Un ensayo representativo”. Egresada de la Facultad de Letras de la Universidad
de Gante, en su tesis doctoral profundizó sobre la obra ensayística del regiomontano. El 10 de mayo,
en el marco del Festival Alfonsino, Anthony Stanton presentó el libro Correspondencia Alfonso Reyes y
Octavio Paz (1939-1958).
1999: En el marco del Festival Alfonsino y las celebraciones del 65 aniversario de la UANL, se presentó en la Capilla Alfonsina el segundo tomo de la edición facsimilar de Armas y Letras 1951-1957, revista fundada en 1944 por Raúl Rangel Frías, bajo la dirección de la poeta Carmen Alardín en aquel
momento. En los festejos por el 110 aniversario de Reyes, tuvo lugar la charla “Alfonso Reyes en la
Hora Nacional”, donde Patricia Galeana, directora del Archivo General de la Nación, compartió un
mensaje grabado por Reyes en 1955. El 23 de mayo el filósofo e investigador emérito de la UNAM,
Alejandro Rossi, en diálogo con Adolfo Castañón, presentó el libro Cartas Credenciales, recopilación
de sus ensayos en Vuelta, La Gaceta del Fondo de Cultura Económica, El Colegio Nacional y la UNAM.
2000: El Festival Alfonsino de ese año presentó en la Capilla Alfonsina la exposición fotográfica “Fundidora Monterrey en cien fotografías”, con motivo del centenario de la emblemática empresa industrial mexicana. En colaboración con la Alianza Francesa de Monterrey, el escritor Miguel Capistrán
Lagunes ofreció la conferencia “Alfonso Reyes y los contemporáneos”; asimismo, en el 20 aniversario
de la biblioteca, se inauguró la “Cuarta Muestra Nacional del Libro Universitario”, presidida por el
rector Reyes Tamez Guerra, con la exposición de más de cinco mil títulos de instituciones de educación superior de todo el país.
2001: Del 12 al 16 de noviembre se llevó a cabo la primera “Feria Internacional del Libro Universitario” en la explanada de Rectoría, con muchos eventos celebrados en el interior de la Capilla. Destacaron la exposición “Cinco mil años de escritura”, con documentos de la colección del doctor Carlos
Jiménez; así como el ciclo de cine “Obras literarias llevadas a la pantalla” y la puesta en escena de Las
señoritas Alcocer, bajo la dirección del maestro Rubén González Garza.
2002: Se inauguró la Sala Tiflotécnica, centro para el desarrollo de personas invidentes y de baja
visión, impulsado por la directora Cynthia Dávila Longoria. En ese marco, se realizó el primer Congreso Nacional “La Discapacidad en el Siglo XXI”, con temáticas sobre derechos humanos, empleo,
capacitación y políticas legislativas para este sector.

�2004: En agosto, en colaboración con el Servicio Postal Mexicano, se presentó en el vestíbulo de Capilla la exposición “Historia del correo en México”, que abordó hechos destacados del país a través
de estampillas postales.
2005: En diciembre, bajo la dirección de Minerva Margarita Villarreal, se celebró el 25 aniversario
de la Capilla Alfonsina. El programa incluyó la presentación del libro Estrellas pájaros, 32 poemas brasileños del siglo XX; la conferencia “En busca de México”, a cargo de Adolfo Castañón; la charla “Vida
y obra de Alfonso Reyes” por su nieta Alicia Reyes; y la conferencia “Repertorio de Alfonso Reyes”,
impartida por José Luis Martínez. El ciclo contó con la participación de figuras como Fernando Curiel, Sergio Pitol, Adolfo Castañón y José Emilio Pacheco. La actividad cultural derivada del Premio
Internacional Alfonso Reyes, instaurado en 1973 por la Sociedad Alfonsina Internacional, se consolidó como uno de los baluartes de la biblioteca. En 2005, el crítico brasileño António Cândido, premiado ese año, develó una placa conmemorativa. Desde entonces, la presencia de los galardonados
en la Capilla se convirtió en tradición gracias a la gestión de Villarreal.
2006: Inició una etapa de sólida proyección institucional. Durante el Festival Alfonsino se realizó una
videoconferencia entre Madrid y Monterrey con el Instituto Cervantes para homenajear a Reyes, con
la participación de figuras como César Antonio Molina, Virgilio Zapatero y Alfonso Rangel Guerra.
Además, Anthony Stanton disertó sobre la relación de Reyes con su padre, el general Bernardo Reyes.
2007: Presencias relevantes en la Capilla: Elena Poniatowska habló sobre Reyes y la literatura mexicana; Sealtiel Alatriste abordó Ifigenia cruel; Héctor Perea presentó el libro Alfonso Reyes. El sendero entre la
vida y la ficción. La vocación de vinculación con estudiantes de la UANL se fortaleció con la celebración
anual del Día Internacional del Libro con la campaña “Ven a leer y llévate un libro”.
2008: El 23 de abril se celebró la conferencia “La nueva narrativa del norte: derrumbando fronteras
en la literatura mexicana”, a cargo de Diana Palaversich, con la distribución de mil libros entre el
público. Este evento se consolidó como una tradición en la UANL, reuniendo a autores, editoriales e
instituciones con el objetivo de promover la lectura.
2009: En el Día Internacional del Libro se homenajeó al Reyes traductor con el lanzamiento de la
colección El oro de los tigres, con la participación de José Kozer y Minerva Margarita Villarreal, entre
otros. Ese año también se presentó el volumen Alfonso Reyes y el género epistolar, homenaje a Alfonso
Rangel Guerra. Además, se inauguró la exposición fotográfica de Rogelio Cuéllar: “No me preguntes
cómo pasa el tiempo”, tributo a José Emilio Pacheco en sus 70 años.
2010: El 23 de noviembre se festejó el 30 aniversario de la Capilla Alfonsina con la mesa redonda
“Reyes traductor: La tradición de traducir poesía, con la participación de Tomás Segovia, Jesús Munarriz, Omar Lara y Héctor Perea.

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�interfolia

�2013: El 12 de marzo Margo Glantz presentó su libro Coronada de moscas, acompañada por Felipe Rosete y Minerva Margarita Villarreal. En abril, para el Día Internacional del Libro, se presentó la cuarta edición de El oro de los tigres, con la traducción del poema Dios de Víctor Hugo por Tomás Segovia.
2015: El 13 de febrero se rindió homenaje a Eraclio Zepeda con lecturas a cargo de Lilia Aragón. El
13 de mayo, en colaboración con el Seminario de Cultura Mexicana, se presentó un libro y recital de
violonchelo a cargo de Carlos Prieto.
2016: El 15 de noviembre se inauguró la exposición homenaje “Patrimonio plástico de la Capilla
Alfonsina: Saskia Juárez” con un recorrido guiado por la artista.
2017: Destacaron conferencias y presentaciones de Marco Antonio Campos, Adolfo Castañón y Hugo
Hiriart; la exposición “Dos siglos de imprenta en el noreste” y el recital de Cecilia Montemayor en el
60 aniversario luctuoso de Gabriela Mistral.
2018: El vestíbulo acogió el recital y conferencia de Marcelo Guerra y Rodrigo Ilizaliturri, así como el
“Festival Internacional de Poesía El oro de los Tigres”, con la participación de 34 poetas de cinco países.
2019: En abril se celebró la primera década de El oro de los tigres, con la participación de poetas y traductores. En el 39 aniversario de la biblioteca y siete días antes de su fallecimiento, Minerva Margarita Villarreal presentó la conferencia “Miguel de Cervantes y las andanzas y sueños de don Quijote”.
2019-2022: La pandemia de COVID-19 impulsó la estrategia digital de la UANL. La Capilla Alfonsina, dirigida a partir de enero de 2020 por el poeta José Javier Villarreal, continuó su labor mediante
eventos virtuales: charlas, presentaciones en el Festival Alfonsino, recomendaciones de cine y literatura, recorridos virtuales y la entrega virtual del Premio Internacional Alfonso Reyes 2020 a Carlos
García Gual. En marzo la Universidad rindió homenaje nacional a la poeta Minerva Margarita Villarreal, nombrando la Sala de Usos Múltiples en su honor.
2023: En febrero se nombró director de la Capilla al ensayista Víctor Barrera Enderle. El 43 aniversario se celebró con el recital “Glosa de mi tierra” a cargo de Maico y el Grupo El Tigre de la UANL.
2024: El Día Internacional del Libro reunió a cuatro poetas jóvenes en lectura y diálogo. En julio
se inauguró la exposición “Voces del Norte: 200 años de poesía en Nuevo León”. En noviembre, la
celebración del 44 aniversario incluyó un concierto con la Orquesta de Cámara de la UANL y la Orquesta de Flautas Monterrey. Ese mismo año arrancó el concurso de ensayo “Curva abierta. Leyendo
a Reyes”. En mayo, el rector Santos Guzmán López entregó al Instituto Cervantes el manuscrito
“Breve comentario de la Ilíada de Reyes”, depositado en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes
el 18 de noviembre.

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�interfolia

�2025: En abril se realizó la mesa de diálogo “Memoria y escritura de mujeres”, con la participación
de estudiantes y egresadas de Letras de la UANL. En mayo se inauguró la exposición “Alfonso Reyes:
dos años en París (1925-1927)” en colaboración con el Consulado de Francia. El 6 de junio —en el
cierre del Festival Alfonsino y dentro del programa “De Capilla a Capilla”—, la embajadora de Francia en México, Delphine Borione, entregó correspondencia inédita de Alfonso Reyes a la UANL y al
Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, en ceremonia realizada en la Capilla Alfonsina de la
Ciudad de México, histórica residencia y punto de encuentro del escritor regiomontano.

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Imágenes: cortesía del Centro de Documentación y Archivo Histórico de la Universidad Autónoma de Nuevo León

Nota de los editores: el presente trabajo constituye un adelanto de una investigación más extensa que formará parte del libro conmemorativo de los 45 años de Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria (CABU), obra que se encuentra en preparación. Dicha publicación
ofrecerá una revisión detallada y documentada de los acontecimientos, figuras y momentos más relevantes en la historia de este recinto.

�a ncor aj es

Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria,
rumbo a su 45 aniversario
Reyna Alejandra Vera Colunga1
Óscar Abraham Rodríguez Castillo2

En noviembre de 1980, el presidente de la república —José López Portillo— y el rector de la Universidad Autónoma de Nuevo León —Alfredo Piñeyro López— encabezaron la comitiva que inauguró
el edificio Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria (CABU), destinado a resguardar y difundir el
acervo bibliohemerográfico del escritor y diplomático mexicano Alfonso Reyes. Pero fue hasta enero
de 1981 cuando la biblioteca abrió sus puertas a la comunidad universitaria.
El nombre asignado al recinto por las autoridades no era obra de la casualidad, acusaba una profunda carga simbólica: concretada la mudanza de una parte sustancial de los libros y publicaciones
periódicas, resguardadas anteriormente en su residencia de Ciudad de México, bautizada por Enrique Diez Canedo como Capilla Alfonsina, desde el principio se le consideró la segunda casa de Reyes.
Con lo anterior, la UANL asumió plenamente la tarea de preservar un acervo declarado patrimonio
de la nación el 13 de junio de 1972.
Junto al de Alfonso Reyes, arribaron a CABU los fondos de la Biblioteca Universitaria, algunos de
los cuales procedían, a su vez, de la Biblioteca Pública del Estado, inaugurada a finales del siglo XIX.
Asimismo, se adquirieron libros nuevos, revistas y periódicos, además de habilitar una sala de informática con la tecnología más moderna de la época. Todo con el propósito de atender las necesidades
académicas y recreativas de la comunidad universitaria. Porque CABU no fue concebida como una
biblioteca tradicional: a la par de los servicios bibliotecarios, las autoridades a cargo buscaron crear
una agenda cultural atractiva, organizando exposiciones, conferencias, ciclos de cine, entre otras actividades, que convocan a centenares de estudiantes, docentes e investigadores. Rumbo a la celebración
de su 45 aniversario, la biblioteca sigue siendo un pilar en la construcción y divulgación del conocimiento, lo que la posiciona como el corazón cultural de Ciudad Universitaria.
1 Jefatura Turno Matutino Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria
2 Jefe de procesos técnicos Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria

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�Ahora bien, en los últimos años, las bibliotecas se encuentran en una encrucijada: el surgimiento de
repositorios académicos al alcance de un clic, aunado a la pandemia de SARS COV-2, ocasionaron
un cambio en los hábitos de estudio. Las y los estudiantes recurren cada vez menos al libro impreso.
Tal cambio es fácil de constatar mediante las estadísticas de consulta, préstamos y renovaciones, entre
otros servicios bibliotecarios. ¿Qué hacer frente a este escenario? Indudablemente, las bibliotecas no
deben cruzarse de brazos, es indispensable actualizar servicios para responder a las necesidades de
las y los usuarios. En esta línea de ideas, CABU ha actuado en varios frentes: adaptar los espacios de
la biblioteca a las diferentes modalidades de estudio (individual y grupal), mejorar la red gratuita de
internet, tener una mayor presencia en el entorno virtual como estrategia para mantener el contacto
con la comunidad universitaria, coadyuvando a la generación de conocimiento, al mismo tiempo que
se promueven los acervos y las producciones editoriales de la biblioteca.
La presencia de CABU en la web refleja su compromiso por acercar los fondos digitalizados a la
comunidad universitaria (Hemeroteca Digital UANL), convocar a la creación literaria (El Ventanillo) y fomentar la lectura (Geografías Literarias).
La Hemeroteca Digital UANL es un repositorio electrónico con 431 títulos de publicaciones periódicas
y más de 15 mil ejemplares. La mayor parte de los títulos son de carácter histórico, cuya temporalidad abarca desde el siglo XIX hasta la actualidad. Este proyecto surgió en medio de la pandemia de
COVID-19. El propósito fue poner a disposición de la comunidad universitaria, de manera gratuita,
las publicaciones periódicas que habían sido digitalizadas previamente, con la finalidad de contribuir
a su preservación. El proyecto tuvo una buena acogida por parte de las autoridades universitarias,

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�interfolia
al grado que alberga las publicaciones periódicas producidas por las preparatorias y facultades de la
UANL. En este sentido, contribuye a preservar la memoria universitaria. A pocos años de su creación, la Hemeroteca Digital UANL es una de las más consultadas por investigadores y estudiantes locales,
nacionales y extranjeros, especializados en las Ciencias Sociales y en las Humanidades.
El Ventanillo es una sección de reciente aparición en el sitio web de CABU, espacio que celebra la
amistad literaria e invita a estudiantes a participar con reseñas de obras de su interés, además de
compartir espacio con otras voces jóvenes que han destacado, a nivel regional y nacional, en poesía,
cuento, ensayo y demás textos misceláneos. El Ventanillo es puente entre la comunidad universitaria y
la biblioteca, diálogo entre escritores noveles y experimentados.
Geografías Literarias del Área Metropolitana de Monterrey es un proyecto en fase prototipo. Surge con el
propósito de fomentar la lectura a través de obras literarias cuyas historias se desarrollan en la capital
regiomontana. Esto como una forma de conectar a las y los lectores con las calles, plazas y supermercados, entre otros elementos del paisaje cultural que forman parte de su vida cotidiana. Gracias
a la colaboración de practicantes universitarios, se han identificado y señalizado en Google Maps poco
más de un centenar de sitios descritos en novelas, cuentos y poemas. Algunos de ellos sucumbieron
al paso del tiempo, pero siguen vivos gracias a la pluma de las y los escritores que nos mentaron. En
síntesis, Geografías Literarias del Área Metropolitana de Monterrey invita a quienes incursionan por el sitio a
resignificar la ciudad a través de miradas literarias.
En conjunto, los proyectos digitales impulsados por CABU evidencian un compromiso decidido
con la preservación de la memoria documental, el fomento a la lectura y la promoción de la creación
literaria. La Hemeroteca Digital UANL, El Ventanillo y Geografías Literarias son ejemplos concretos de cómo
una biblioteca puede trascender el espacio físico para convertirse en un nodo activo de intercambio
cultural y formación académica. Si bien hay mucho trabajo por realizar, el balance a lo largo de estos
45 años de vida ha sido positivo.
Feliz aniversario a la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria.

�c a l e n da r io

Poner el mundo en entredicho.
El centenario de Rosario Castellanos
Víctor Barrera Enderle

Durante mucho tiempo me intrigó la muerte de Rosario Castellanos. Sabía lo básico: el escenario,
Tel Aviv; los instrumentos: una lámpara y una descarga eléctrica. Y casi nada más. Tenía presente
que murió ejerciendo el cargo de embajadora de México en Israel durante el sexenio de Echeverría
(1974), en ese ambiente, entre tétrico y esperanzador, del México post-sesentaiocho. La lectura del
prólogo de Raúl Ortiz, ese peculiar ensayista y traductor (a quien le debemos la mejor versión en español de Bajo el volcán), a su correspondencia con Castellanos (Cartas encontradas, 1966-1974), me reveló
el motivo de la intriga y confirmó lo que sospechaba: la participación del absurdo en el deceso de la
escritora (sólo se me ocurre un caso similar, el de Albert Camus). No me interesa ni es mi propósito
abusar del morbo. He traído a colación la muerte de la autora de Balún-Canán porque creo que marca
un contraste iluminador respecto a su vida. Una vida llena de inteligencia y reflexión, y, por lo mismo,
agitada y en constante tensión. Uno de sus versos favoritos podría describir su paso por el mundo:
“Oh inteligencia, soledad en llamas”. Porque fue precisamente la lectura del poema de Gorostiza, en
la famosa antología Laurel (cocinada en conjunto por Octavio Paz, Emilio Prados, Juan Gil Albert y
Xavier Villaurrutia en 1941), la que le reveló el peso de la literatura en la realidad (y al revés también:
el peso de la realidad en la literatura).
Esta epifanía ocurrió a mitad de los años cuarenta, cuando la autora estudiaba filosofía y se reunía
con la cofradía que, bajo la batuta de Efrén Hernández, elaboraba la revista América: Dolores
Castro, Emilio Carballido, Jaime Sabines, Augusto Monterroso, Luisa Josefina Hernández, Carlos
Illescas y Ernesto Mejía Sánchez. “Éramos un grupo coherente”, comentó en una entrevista realizada
por Emmanuel Carballo, “Nos llevábamos muy bien: tal vez porque no mezclábamos la vida privada
con las cuestiones literarias”. La última afirmación parece, a la distancia, demasiado categórica e inexacta, pues, en palabras del ensayista y biógrafo de Augusto Monterroso, Alejandro Lámbarry: “La

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�interfolia
relación entre Monterroso y Rosario Castellanos fue romántica, muy cercana al noviazgo formal”. En
todo caso, el grupo operó como laboratorio para experimentar con la lectura y la escritura, y de esa
sinergia se abrieron espacios para la confección y el pulimento de las obras primerizas. Castellanos
publicó en 1948 Trayectoria del polvo, una plaquette editada por Costa-Amic.
La aparición de ese poemario le permitió transitar de la meditación privada (circunscrita al cerco
estrecho de lo familiar, con una madre muerta, un hermano fantasma y la sombra de un padre autoritario) a la circularidad de lo literario; de la religiosidad a la estilística. Este poema de largo aliento
era reflexivo y descriptivo a la vez, nombraba al mundo y lo estudiaba: “Mi destino es girar perpetuamente / y no sé responder”. Además de Gorostiza, en esos versículos encontramos ecos de la poesía
temprana de Gabriela Mistral (sobre todo de Desolación) y del Cántico de Jorge Guillén. Castellanos
iba elaborando su propia tradición lírica, que se afinaría con Apuntes para una declaración de fe (1949) y
De la vigilia estéril (1950), donde podemos escuchar a la voz lírica manifestarse en pleno: “Antes, para
exaltarme, bastaba decir madre. / Antes dije esperanza. Ahora digo pecado. / Antes había un golfo
donde el río se liberta. /Ahora sólo hay un muro que detiene las aguas”.
Su prosa ensayística, en contraste, fue alimentada por tres grandes vertientes: Simone Weil, Simone de Beauvoir y Virginia Woolf; la primera le ayudó a pensar sobre y desde los márgenes; la
segunda, a entender y aplicar el feminismo a la circunstancia mexicana; y la tercera, a cuestionar el
canon literario. Esas presencias son más notorias en Juicios sumarios (1966), Mujer que sabe latín (1973) y
en la obra póstuma El mar y sus pescaditos (1975): piezas fundamentales del ensayo mexicano del siglo
XX. No hablo aquí de influencias, sino, más bien, de puntos de partida, porque Castellanos supo
apropiarse de sus fuentes y terminó por reinventarlas. Sus reflexiones surgían de sus lecturas, pero se
cristalizaban cuando las confrontaba con su propia experiencia.
En la narrativa, dos vertientes nutrieron su prosa (no fueron, por supuesto, las únicas, aunque sí
las de mayor resonancia): el indigenismo (y sus contradicciones) y el lugar (incierto) de la mujer en
el México contemporáneo. De la primera, quedan como testimonio las novelas Balún-Canán (1957)
y Oficio de tinieblas (1962); de la segunda, el libro de cuentos Álbum de familia (1971). En estas obras su
prosa muestra agilidad y contención a un tiempo; precisión y sugerencia a otro. Un manejo notable
de la primera persona del singular y el uso impecable del narrador omnisciente cuando la historia lo
ameritaba. El marco temporal de su narrativa fue el de la postrevolución, esto es, el de los días en los
que los procesos de modernización impuestos por el estado chocaban con la heterogénea realidad
local, ya fuera la reforma agraria del cardenismo en Chiapas, o el ingreso de la mujer a la educación
superior y su representación política y literaria.
Muchas veces se interrogó por la naturaleza de su oficio. ¿Qué significaba escribir? ¿Qué representaba para ella ser escritora? En sus palabras, era “alguien que hace un ensalmo, que dice un conjuro
y de inmediato suscita la ocurrencia feliz, el razonamiento conveniente, la comparación certera”.
Dedicarse a la literatura era algo parecido a un juego: “un acontecimiento que se desarrolla fuera de
los ámbitos de este mundo en que la pesadez es una condición y la gravedad una ley”. Esto lo dijo al
recibir el Premio Chiapas de Literatura en 1958; lo remarcó un poco después en su poema “Entrevista de prensa”, donde recreaba un diálogo con un reportero que le cuestionaba por su oficio con la
sobada pregunta “¿Por qué y para qué escribir?”; ahí la voz lírica respondía: “Pero, señor, es obvio.
Porque alguien / (cuando yo era pequeña) / dijo que gente como yo no existe”.

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Rosario Castellanos. Fotografía: cortesía de Gabriel Guerra Castellanos.

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Naturaleza y voluntad se unían en el acto de la creación literaria, donde debía primar la disciplina.
Tal era el resumen de su arte poética. “A nadie beneficia la parálisis del juicio crítico, la falta de estímulo para el pensamiento. Y menos que a nadie al escritor”. Creación equivalía, entre otras cosas, a
reflexión en la obra de Castellanos: “Porque, a fin de cuentas -no explica en el discurso de aceptación
antes mencionado-, la literatura es también una actividad intelectual y por lo tanto opera con un instrumento muy delicado, muy preciso, al que cualquier presión disloca: la inteligencia”.
Esa inteligencia operaba de manera crítica, cuestionando las herencias y proyectando lo que podría ser el porvenir. “El escritor no lo es si no pone en entredicho lo que ha heredado; si no vuelve de
revés las consignas que se le imponen; si no hurga más allá de lo que los tabúes permiten. En resumen, si no se atreve a estar solo”. Tal fue su actitud ante la tradición literaria: la puso en entredicho,
rechazó las consignas impuestas, no aceptó al canon como algo fijo, inamovible.
La soledad era el espacio ideal para la escritura, pues confrontaba a la escritora con los hechos, así
podía forjar su criterio “no con los prejuicios de la muchedumbre, ni con las verdades parciales de una
secta, de un grupo, de una nación, ni con los convenencieros errores de una clase”. La autenticidad
de quien escribe, pensaba Castellanos, debía provocar irritación e incomodidad en la sociedad. El
quiebre permanente entre los roles establecidos y la actitud inquisidora de la autora (presente en su
prosa y en sus versos) hicieron de su obra un brillante ejercicio crítico. No soy, por supuesto, el único
en leer de esta manera su literatura. Su amigo Raúl Ortiz, describía así su legado: “Su obra crítica se
define desde el principio por su constante búsqueda de la verdad y su obsesión por emplear cuantos
medios poseía contra cualquier forma de arbitrariedad e injusticia”.
De ahí el contraste con su absurda muerte. Rosario falleció la víspera del Año Internacional de la
Mujer; ya no alcanzó a ver las transformaciones de los movimientos feministas, ni el levantamiento
zapatista de los años noventa; tampoco el rescate que la crítica hizo de la obra de Nellie Campobello,
entre otras muchas cosas. Su obra, sin embargo, no se quedó en el lugar fijo del documento, sino que
permanece en movimiento, creciendo con cada nueva lectura. A cien años de su nacimiento, Castellanos sigue poniendo al mundo (y a sus literaturas) en entredicho.

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e l o ro d e l o s t i gr e s

Traducción y poesía:
dos caras de la misma resistencia
Azael Abisaí Contreras López

La poesía palestina contemporánea se escribe desde un territorio en disputa geográfico y simbólico.
En un contexto de genocidio documentado, ocupación militar, desplazamiento forzado y negación sistemática de la identidad nacional, el lenguaje se convierte en uno de los pocos espacios donde la soberanía aún puede ejercerse. Lejos de ser un ejercicio estético aislado,
la poesía palestina opera como una forma de resistencia cultural que trasciende la
mera denuncia política para convertirse en acto de afirmación ontológica frente al
proyecto colonial de borramiento sistemático.
Dentro de esta tradición, la obra del poeta Najwan Darwish ( Jerusalén, 1978)
destaca por su capacidad de condensar la experiencia palestina contemporánea en
una voz que logra ser íntima y colectiva. En Nada más que perder (2024), Darwish
articula un discurso poético atravesado por las coordenadas del exilio, la ocupación y la memoria fracturada, pero también por una voluntad de supervivencia
que encuentra en la palabra escrita su forma más radical de permanencia.
En esta perspectiva, Nada más que perder trasciende su condición de objeto literario para constituirse como acto de supervivencia poética frente
a la violencia estructural del colonialismo contemporáneo. Su poesía se
convierte en gesto de recuperación simbólica: del territorio usurpado, del
cuerpo colonizado, y de la posibilidad misma de imaginar futuros alternativos desde la experiencia de la pérdida radical.
En el contexto palestino, la relación entre colonizador y colonizado
no está marcada por un intercambio cultural, sino por una estructura
de poder asimétrica que busca el desplazamiento forzado, el exterminio simbólico y físico, y la eliminación de todo rastro de soberanía palestina. Frente a esta realidad, la voz poética de Darwish
no es híbrida en términos celebratorios: es fragmentada, herida,
interrumpida, pero no como resultado de una negociación cultural, sino como consecuencia directa del trauma colonial. Sus

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textos emergen desde lo que Gayatri Spivak conceptualiza como “violencia epistémica”: ese proceso
mediante el cual los discursos hegemónicos no solo silencian sistemáticamente a los sujetos colonizados,
sino que estructuralmente impiden que su habla sea reconocida como legítima, reduciéndola al ruido
o la irracionalidad (2003).
Darwish escribe desde esa posición de desposesión radical. Sus poemas evidencian esta tensión: una
batalla constante entre el deseo de testimoniar y la imposibilidad estructural de ser escuchado dentro
de los marcos interpretativos dominantes:
Me expulsarán de la ciudad
antes de que caiga la noche: alegarán
que me negué a pagar por el aire.
Me expulsarán de la ciudad
antes de que llegue la noche: alegarán
que no pagué rentas por el sol
ni cuotas por las nubes.
[...]
Me expulsarán a la vez de la existencia y de la nada
porque nací para existir.
Me expulsarán.

El poema condensa la lógica absurda pero implacable del despojo colonial: la criminalización de la
existencia misma, donde respirar se convierte en delito y nacer en acto de resistencia. Es ante esta
violencia que la poesía de Darwish actúa como una interrupción profunda del discurso hegemónico.
No se trata de encontrar lugar dentro de las narrativas dominantes, sino de crear espacios alternativos
donde la experiencia palestina pueda articularse en sus propios términos sin la necesidad de mediar o
traducir a los términos del ente colonizador.
En Cultura e imperialismo, Edward W. Said argumenta que “el poder de narrar o de impedir que otros
relatos se formen y emerjan en su lugar, es muy importante para la cultura y el imperialismo, y constituye uno de los principales vínculos entre ambos. Más importante aún: los grandes relatos de emancipación e ilustración movilizaron a los pueblos en el mundo colonial para alzarse contra la sujeción
del imperio y desprenderse de ella” (2018). Es decir que, lejos de ser un terreno neutral, los productos
culturales participan activamente en la reproducción o cuestionamiento de las estructuras hegemónicas. La cultura se convierte entonces en trinchera discursiva, no para erigir una identidad palestina
inmutable, sino para sostener una narrativa en disputa permanente contra estos relatos hegemónicos.
Esta tensión entre afirmación y negación se materializa de manera clara en uno de sus poemas en el
que se escenifica la imposibilidad del reconocimiento bajo condiciones coloniales:

�A veces me asomo al espejo y veo
el ideal por el que lucho,
el salvador valiente que estoy esperando,
veo un hilo de hermosura que ondea
como un río de nobleza.
Pero inmediatamente me digo:
calla y mira a otra parte,
Narciso rodeado de mentiras sionistas,
de muros y controles que se alzan a tu alrededor.
Calla
y aparta la mirada
de esa presunta belleza.

El espejo, ese espacio clásico en la que el sujeto se constituye sujeto, se transforma en lugar de quiebre:
la imagen de dignidad (“el ideal por el que lucho”) es inmediatamente interrumpida por la realidad
material del encierro (“muros y controles”). La referencia a Narciso no es gratuita: el mito clásico se
invierte para mostrar cómo el colonialismo convierte la autocontemplación en trampa y a la belleza
propia en mentira que debe ser negada para sobrevivir.
Darwish no escribe desde una posición externa al conflicto, contemplando la violencia colonial desde una distancia crítica; por el contrario, su voz emerge desde el epicentro mismo de la herida. Esta
ubicación no reduce su poesía a literatura testimonial o de denuncia, la potencia como forma específica
de reconfigurar el lenguaje frente a la imposición colonial de una verdad única y totalizante.
Como plantea Said, las culturas subalternizadas pueden articular contradiscursos capaces de desestabilizar los relatos dominantes desde sus propias coordenadas epistemológicas (2018). La obra de
Darwish cumple precisamente esta función: no se limita a sobrevivir culturalmente, sino que reescribe
y desafía el orden establecido desde una voz que, aunque atravesada por el trauma, se niega sistemáticamente a la subordinación. En sus textos, la resistencia cultural no opera como preservación nostálgica del pasado, sino como una construcción donde la palabra palestina recupera su capacidad de
nombrar el mundo.
En este entendido, resulta imperativo destacar la labor de traducción que Juan José Vélez Otero,
poeta y traductor español, ha logrado para la coedición de Nada más que perder entre la Universidad
Autónoma de Nuevo León y Vaso Roto Ediciones en la colección El oro de los tigres en su decimotercera
emisión. Esta colaboración editorial va un paso más allá de la mera difusión literaria para constituirse
como proyecto político-cultural que conecta las experiencias de resistencia palestina con los contextos
hispanoablantes. Como señala Rey Chow, en contextos poscoloniales la traducción no puede reducirse
a un ejercicio técnico, sino que debe entenderse como una "práctica interlingüística: el intercambio de
ideas, creencias e informaciones entre lenguas (y culturas) diferentes" (2008). Bajo esta perspectiva, el

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�interfolia
trabajo de Vélez Otero opera como un acto de resistencia cultural, desterritorializando la palabra palestina y reinscribiéndola en geografías simbólicas donde resuena con otras luchas anticoloniales.
Lawrence Venuti ha planteado la necesidad de una traducción visible: una práctica traductora que
no se oculte tras la ilusión de transparencia lingüística, sino que revele explícitamente las tensiones
culturales, políticas e ideológicas implicadas en todo acto de mediación entre lenguas (1995). Siguiendo
esta perspectiva, la traducción de Vélez Otero no puede ni debe aspirar a la neutralidad; por el contrario, debe asumir conscientemente su posición como forma específica de intervención cultural: un modo
de trasladar la experiencia palestina al mundo hispanohablante sin diluir sus conflictos ni suavizar las
contradicciones que la constituyen.
Traducir desde el árabe, lengua que ha sido históricamente marginalizada y exotizada en los imaginarios occidentales, implica desafiar los sistemas dominantes de representación que configuran lo
árabe como amenaza geopolítica, como otredad radical o como objeto prioritario de vigilancia. En
este contexto, la traducción opera como gesto de desterritorialización lingüística: desplaza la palabra
palestina desde su encierro geopolítico hacia nuevas geografías simbólicas, permitiendo que circule en
espacios donde puede resonar con experiencias locales de resistencia, sin por ello borrar o neutralizar
la violencia colonial específica que la origina.
Traducir poesía palestina en este momento histórico (en medio de un genocidio documentado, sostenido y deliberadamente silenciado por los medios occidentales hegemónicos) no puede constituir un
acto ingenuo ni neutral. El traductor se transforma necesariamente en actor político cuya labor implica
tomar partido, incluso cuando no lo declare explícitamente o pretenda refugiarse en supuestas neutralidades profesionales.
Vélez Otero, al asumir la traducción de Nada más que perder, se posiciona como alguien que no solo
media entre lenguas, sino que participa activamente en la circulación de un discurso de resistencia.
Sus decisiones traductológicas (qué términos preservar o adaptar, qué referencias culturales mantener
o contextualizar, qué registro utilizar para trasladar la voz del original) configuran una ética de la traducción que puede oscilar entre la complicidad inconsciente con el poder hegemónico y la solidaridad
consciente con los pueblos subalternizados.
En el caso específico de Nada más que perder, resulta crucial analizar no solo qué se traduce, sino quién
traduce, desde dónde se traduce y con qué criterios interpretativos se aborda el texto fuente. Cada
decisión traductológica afecta directamente la manera en que el lector hispanohablante construye su
relación con la experiencia palestina y, por extensión, con el conflicto geopolítico que la determina.
Traducir, entonces, implica decidir cómo y desde dónde leer a Palestina en español. Y esta decisión,
lejos de ser meramente filológica o estilística, constituye una postura ética y política que puede abrir
caminos de comprensión solidaria o perpetuar las distancias epistémicas que sostienen la indiferencia
ante el sufrimiento palestino.
Dejando claro lo anterior, es decir, que la poesía de Najwan Darwish opera como forma de resistencia desde la subalternidad y que su traducción al español constituye un acto político en sí mismo,
resulta necesario adentrarse ahora en las estrategias poéticas específicas que hacen de Nada más que
perder una obra relevante.

�En el libro, la toponimia se erige como acto de resistencia poética: pronunciar el nombre de un lugar
es reclamar su existencia frente a la ocupación, invocar su memoria contra el olvido sistemático:
Conduzco por lo que ha quedado
de las colinas de Birzeit
y me acuerdo de tu voz:
[...]
La oigo cada vez que veo las colinas
suplicando ayuda.

Las colinas de Birzeit no constituyen un simple paisaje contemplado desde la carretera: son punto de
anclaje afectivo. El yo lírico fusiona la geografía de Cisjordania ocupada con el lamento humano. El
terreno se convierte en testigo y víctima; la geografía en experiencia corporal, emocional, estética.
En otro poema, encontramos un gesto en el que nombrar (a Sión) adquiere una dimensión abiertamente política:
Tengo en mi cabeza un poema sobre Sión,
esa pequeña montaña mía,
la desventurada entre todas las colinas de Jerusalén,
la que descansa en una almohada de lágrimas,
la que duerme siempre entre lamentos.

La ternura del lenguaje contrasta con la urgencia política que se revela inmediatamente:
Y si no escribo esto
los sionistas
habrán ganado.
De no poder escribir esto,
los sionistas me habrán asesinado.
La escritura se transforma en acto de supervivencia. Aquí el mapa es más que territorio, es campo de
batalla simbólica; escribir sobre una colina es disputarla, resistir su ocupación mediante el recuerdo y
la lengua.
La poesía de Darwish convierte la geografía en archivo y trinchera. Nombrar es recuperar, es heredar, es desobedecer. Cada ciudad, cada colina, cada monte cargado de ruinas e historia se vuelve en su

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�interfolia
verso una pequeña insurrección contra la negación de la existencia. Frente a la cartografía del poder,
el poeta traza una cartografía de la pérdida y del deseo de permanencia, donde la memoria se inscribe
en el territorio como última forma de soberanía.
Otro de los temas que funcionan como zonas donde se inscribe el conflicto es el cuerpo. Siguiendo a
Achille Mbembe, quien plantea que en los regímenes necropolíticos el poder soberano se ejerce sobre
la vida mediante la capacidad de exponer ciertos cuerpos a la muerte (2011), podemos entender que en
Nada más que perder el cuerpo palestino no sólo sufre la violencia, sino que la narra, la transfigura y, en
última instancia, la desafía. En el poema “Incluso la guerra”, la herida se presenta como punto ciego:
Decidí mirar a la mitad inferior de mi cuerpo,
donde sentía el dolor,
pero desistí al momento temiendo
no encontrar una parte de mí.
Continué bajando las escaleras, la parte que me faltaba
todavía conmigo, y aquí me encuentro
metiéndome en la cama y echando mi cuerpo de menos,

El yo lírico teme mirar su propio cuerpo por miedo a constatar su
pérdida, y sin embargo sigue caminando, como si la corporalidad
pudiera mantenerse por pura voluntad. Este descentramiento del
cuerpo ("echando mi cuerpo de menos") es una imagen descarnada
del desplazamiento forzado que trasciende lo meramente físico: no
sólo se pierde la tierra, se pierde también el arraigo de uno mismo
en su propia materialidad corporal.
La paradoja es reveladora: el sujeto no puede mirarse porque
la comprobación de la pérdida sería insoportable, pero continúa
habitando ese cuerpo fragmentado. Hay algo profundamente subversivo en esa negativa a la autoexploración: rechaza el mandato
de reconocimiento del daño que el poder necropolítico exige. Al no
mirarse, preserva una zona de incertidumbre donde la integridad
del cuerpo aún es posible. La conclusión del poema añade otra dimensión crucial:
sin mirar todavía, y ya no importa
dónde esté el daño, y no me hará ningún bien
recordar cómo fui herido.
Incluso en la guerra fui sólo un transeúnte.

�Incluso en la guerra, el sujeto se resiste a ser definido por ella. Se niega a convertirse en protagonista
de su propia destrucción, mantiene una distancia casi fantasmal que desarticula la lógica del conflicto
y preserva su agencia incluso en la vulnerabilidad extrema.
El poema que da título al libro ("Nada más que perder”) invoca el cuerpo como refugio:
Apoya tu cabeza en mi pecho y escucha
cómo se amontonan las ruinas
detrás de la madraza de Saladino,
escucha las casas de Lifta
abiertas en canal,
escucha la almazara destrozada,
[...]
escucha los pasos de las mujeres de Nazaret
cuando cruzan por el prado de la canción,

El cuerpo se convierte aquí en un archivo sonoro de la devastación. Por él se oyen las ruinas de Lifta,
las voces de los niños, los pasos de las mujeres de Nazaret. El pecho, zona simbólica del corazón, palpita con la historia arrebatada y se abre a la comunión imposible entre dos seres heridos. Este cuerpo
acústico trasciende lo individual para volverse colectivo. Sin embargo, es crucial que sea un archivo
que se permite el olvido:
Óyelo todo,
y, juntos, recordemos,
y después, juntos, volvamos a olvidar
todo lo que hemos oído.

No es la memoria monumentalizada, sino una memoria viva que respira, que puede soltar el peso
de lo traumático para seguir siendo habitable. El cuerpo escucha, recuerda y da lugar a formas de
comunión que exceden la lógica de la destrucción. Así, el cuerpo en Darwish no es sólo víctima de la
necropolítica, sino un eco de resistencia. Se planta como un sitio de soberanía residual, no en el sentido
del poder sobre la vida que caracteriza a la soberanía clásica, sino como espacio donde la vida insiste
en formas imprevistas: fragmentada, disociada, acústica, verbal, pero siempre persistente. Frente a la
lógica necropolítica que busca la eliminación total, estos poemas proponen el cuerpo como último espacio donde se articula una forma de resistencia que no depende de la integridad, sino de la capacidad
de seguir existiendo, de seguir narrándose incluso en la fragmentación.
Nada más que perder es un testimonio de la capacidad de la cultura palestina para resistir y recrearse a
pesar de las condiciones inhumanas a las que lleva más de 70 años siendo sometida. La traducción de

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�interfolia
esta obra al español la inscribe en una red global de resistencias, donde la poesía se convierte en una
forma de diplomacia cultural alternativa que opera más allá de los canales oficiales del poder estatal.
La obra de Darwish demuestra que la literatura poscolonial contemporánea no se limita a documentar la experiencia de la dominación, sino que participa activamente en la construcción de futuros
alternativos y en la articulación de formas de vida que exceden los marcos impuestos por el poder
necropolítico. En este sentido, cada traducción es un acto de solidaridad política que visibiliza la experiencia palestina, contribuye a desestabilizar las narrativas hegemónicas sobre el conflicto y a crear
espacios de resonancia entre diferentes luchas por la supervivencia y la dignidad. El cuerpo poético es
el territorio último de una soberanía que busca existir y resistir.

�Bibliografía
Chow, Rey. “Traducción como ‘resistencia cultural.’” DeSignis:
Publicación de la Federación Latinoamericana de Semiótica (FELS),
no. 10, 2008, pp. 145–158.
Darwish, Najwan. Nada más que perder. Universidad Autónoma
de Nuevo León, 2024.
Mbembe, Achille. Necropolítica. Editorial Melusina, 2011.
Said, Edward W. Imperialismo y cultura. Penguin Random House Grupo Editorial, 2018.
Spivak, Gayatri. “¿Puede hablar el subalterno?” Revista Colombiana de Antropología, vol. 39, 2003, pp. 297–364.
Venuti, Lawrence. A History of Translation. Routledge, 1995.

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l a ex per ienci a l iter a r i a

Abya Yala (hombre, naturaleza y comunidad)
en la Revista de la Universidad de México1
Miguel Ángel Hernández Acosta2

Abya Yala es un vocablo adoptado como forma alternativa de referirse al de América, impuesto a
este continente por el colonialismo. Desde la Patagonia hasta Alaska, los pueblos originarios han
intentado formas de resistencia contra el individualismo, el capitalismo y la democracia liberal. Al
conformarse como comunidad, luchan por definirse como identidades heterogéneas a quienes les
preocupa el equilibrio de su entorno natural, así como los esfuerzos de organización comunitaria que
les permitan enfrentar el entorno de un mundo occidentalizado.
En abril de 2019, la Revista de la Universidad de México, dependiente de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), editó un número dedicado a Abya Yala. Con él, proponía dar voz a los
pueblos originarios de la región e invitaba a sus lectores a escuchar lo que tenían que decir “aquellos
que han sido silenciados durante tantos siglos”.3 Con esta finalidad, la escritora y directora de la
publicación, Guadalupe Nettel, apuntó en la Editorial del número que no tomarían en cuenta a los
antropólogos, quienes convirtieron a estos pueblos en “curioso objeto de estudio”. En lugar de ello,
voltearía a los activistas, a los poetas, a los sociólogos e integrantes de dichas comunidades para escuchar sus versiones.
4

La selección de autores, así como la propia puesta en página del número de la revista, permiten
apreciar el imaginario que la revista propone sobre Abya Yala. A su vez el ejemplar, en tanto obra final, hace posible vislumbrar cómo se concibe a Abya Yala desde las páginas de una revista cultural y
universitaria —en cierta forma elitista— cuyo público lector es ante todo académico.
El presente texto pretende analizar este número de la Revista de la Universidad para saber si al tratar
este tema no cae en lo mismo que denuncia: convertir a Abya Yala en un curioso objeto de estudio.
En tanto publicación cultural, que retoma diferentes tradiciones literarias (alejadas mayoritariamente
de Europa Central) y de tono liberal y progresista, se considera oportuno analizar los imaginarios que
crean los contenidos de esta revista para analizar la coherencia de lo que enuncia como línea editorial y lo que muestra a través de sus páginas. Lo anterior permitirá saber si publicaciones culturales
contemporáneas como ésta reproducen (o no) las formas hegemónicas de visualizar a los pueblos
originarios, en este caso de Abya Yala.
1 Una versión previa en inglés de este texto se presentó en el International Forum of Global South Studies 2024. Proximities in the human-nature relations. Eberhard Karls Universität Tübingen, 7 de noviembre de 2024. La escritura de este texto contó con el apoyo del Conahcyt a través de su convocatoria
Estancias Posdoctorales por México 2022 (3) en la modalidad Estancia Posdoctoral Académica Inicial.
2 Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México.
3 Guadalupe Nettel, “Editorial”, Revista de la Universidad de México, 847 (abril 2019): 5.
4 Nettel, “Editorial”, 5.

���La Revista de la Universidad de México
La Revista de la Universidad de México se editó por primera vez en 1930 con el objetivo de difundir el quehacer de la Universidad Nacional Autónoma de México, la institución académica más importante
del país. En casi cien años de existencia, se ha posicionado como una publicación de relevancia para
el campo cultural y literario latinoamericano. En ella, por ejemplo, publicaron los autores literarios
pertenecientes al boom latinoamericano, así como los grandes pensadores del continente y autores de
talla mundial (basta señalar a Tomas Tranströmer, Mo Yan, Herta Müller o Seamus Heaney). En sus
páginas se han formado muchos de los autores canónicos de América, como Carlos Fuentes, Carlos
Monsiváis, Julieta Campos o José Emilio Pacheco, por mencionar sólo cuatro mexicanos. Cada una
de las etapas que ha vivido de la mano de sus diferentes directores se ha caracterizado por un enfoque
particular tanto en su diseño como en su contenido. En la etapa que nos corresponde, la que va de
2017 a 2024, bajo la dirección de la escritora Guadalupe Nettel, se caracterizó por una renovación
textual y material de la revista.
Tras 13 años bajo la dirección del escritor Ignacio Solares, quien privilegió el ensayo académico y
literario, Nettel propuso un relevo generacional que propició la inclusión de colaboradores jóvenes
pero reconocidos en sus campos de influencia, recurrió a géneros tan variados como la crónica o el
cómic (además de ensayos, artículos, narrativa, crítica, poesía, infografías o mapas, entre otros) y estableció que cada número girara en torno a un dosier monotemático (acompañado por una sección
de Arte, de columnas temáticas, así como por una parte de Crítica). Además, Nettel transformó la
materialidad de la revista, redujo su tamaño (a formato libro), cambió el tipo de papel en que se imprime (ahora es bond, mientras que en la etapa anterior era couché) y dio un giro al diseño y arte que
se incluye en la revista, emparentándola con publicaciones como la norteamericana Lapham’s Quarterly
y la francesa Reliefs.
Si bien no existe un público objetivo definido por la propia revista (en una entrevista de 2018 la
directora mencionó a los estudiantes universitarios), debido al lenguaje que se utiliza en su contenido, entre académico y de divulgación, se puede pensar que se enfoca en la comunidad universitaria
constituida por los alumnos de posgrado, así como por los investigadores y profesores de la UNAM.
5

La publicación cuenta con una edición impresa, una digital y gratuita, así como dos plataformas en
las que continúa los debates establecidos por la impresa: un programa de televisión (que se transmite
en el canal de la Universidad, TV UNAM, así como por televisión de paga), además de un programa
de radio (que se transmite en la radio de la Universidad y en diversas plataformas de audio).
Los temas que ha tratado a lo largo de esta época refieren aspectos políticos y sociales desde un
tono liberal y con ideas consideradas progresistas. Si bien no se guían por una agenda coyuntural,
son temas de actualidad como feminismos, emergencia climática, racismo, drogas, fascismo, daños
colaterales, propiedad, éxodos, discapacidad, desigualdad, comunidad o Abya Yala. El repaso de estas
temáticas permite comprender el tipo de público al que va dirigida la publicación, así como el sitio en
que busca colocarse dentro del campo cultural mexicano.
6

5 Ver Luis Carlos Sánchez, “Revista de la Universidad de México; ‘estaba un poquito secuestrada’”, Excélsior, 12 de febrero de 2018. https://www.excelsior.
com.mx/expresiones/2018/02/12/1219722.
6 Para ahondar en estos cambios, ver Miguel Ángel Hernández Acosta, “Editar y dirigir: Revista de la Universidad de México” en Nicolas Licata, Yanna
Hadatty Mora y Kristine Vanden Berghe (eds.), Tradición y transgresión. Ensayos críticos sobre la obra de Guadalupe Nettel, 103-124. Liège: Presses Universitaires de Liège, 2023. https://orbi.uliege.be/bitstream/2268/306417/1/TradiciónYTransgresión_GuadalupeNettel_PULg12.pdf.

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�interfolia
A esto debe sumarse que los autores de la revista son, en su gran mayoría, mexicanos, pero se privilegia también a los norteamericanos, españoles y argentinos (mercados editoriales fundamentales
para la edición en español), aunque tiene una constante presencia de escritores de prácticamente toda
Latinoamérica y de Europa. Esto remite a que las tradiciones de las que abreva no se constriñen a la
eurocentrista. Por último, en esta etapa hay una mayor presencia de autoras, así como un interés en
el diseño o arte de la revista, lo cual queda de manifiesto en los múltiples cambios que experimentó el
área encargada de esto durante los siete años en que Nettel dirigió la publicación.
Cabe destacar que en abril de 2024 Guadalupe Nettel se vio envuelta en una polémica en redes
sociales por denuncias de acoso laboral durante su gestión, y que en mayo de ese año dejó la revista
debido a que, según un comunicado, fue elegida por la Universidad de Columbia para realizar una
residencia de escritura en dicha institución.

Abya Yala
Para analizar el número 847, publicado en abril de 2019, correspondiente al dosier sobre Abya Yala,
planteamos una lectura diferenciada: por una parte, el contenido de los textos incluidos y, por otra, el
diseño y la línea editorial que se pueden percibir a lo largo de las páginas.
La parte textual comienza con tres epígrafes que abren este número y que dan una idea de cómo
se pretende visualizar Abya Yala. El primero de ellos, de Samir Flores Soberanes, un activista indígena mexicano, refiere: “Levantar los ojos, empuñar la mano y alzar la voz”, es decir, una actitud de
resistencia y de lucha como la que han experimentado las comunidades nativas de la región. A éste
se suma el del activista indígena estadounidense Leonard Peltier, quien apunta: “Todos comenzamos
inocentes. Todos nos volvemos culpables” y que remite a la criminalización de los defensores de las
tierras originarias, como el propio Peltier, quien fue encarcelado tras ser acusado de matar a dos agentes del FBI en la reserva india de Pine Ridge. El último de los epígrafes muestra la filosofía de los pueblos de Abya Yala, a través de un proverbio del norte de la región, según el cual la primera obligación
de los seres humanos es respetar y vivir en armonía con la Madre Tierra: “Trata bien a la Tierra. No
te fue dada por tus padres, te fue confiada por tus hijos. No heredamos la tierra de nuestros ancestros,
nos la prestan nuestros descendientes”.
7

Enseguida, el Editorial firmado por Guadalupe Nettel cuestiona cómo la idea de la modernidad y
el progreso ha invisibilizado a los habitantes de Abya Yala, además de que los ha convertido en objetos
de estudio, pero no en seres con una voz propia. El mismo hecho de no coincidir en una forma de
llamar a los pobladores de estas tierras (etnias, indígenas, pueblos originarios), argumenta, supone
soslayar su individualidad y remitir su existencia a una colectividad artificial: “pueblos indígenas”,
como si entre ellos no existieran diferencias. Por eso, señala Nettel, el objetivo de la revista es ofrecer
“sus páginas como espacio de diálogo entre intelectuales, activistas y poetas indígenas de nuestro
continente” para descubrir a los habitantes de Abya Yala a partir de su propia expresión, sus anhelos
y sus esperanzas.
8

7 Los tres textos se consignan en tanto epígrafes, por lo que sólo se refiere la página en que aparecen: Revista de la Universidad de México, 847 (abril 2019): 1.
8 Nettel, “Editorial”, 4.

�Después del artículo Editorial se despliega en dos páginas un mapa donde se visualiza Abya Yala y las
diferentes regiones que la componen. Destaca, en ese sentido, que el territorio se muestra de forma
horizontal, enfatizando (quizá) que desde esta visión no existe un Norte y un Sur, ni una relación de
subordinación, sino que las diversas etnias son interdependientes y están interrelacionadas, ya que
comparten una filosofía respecto de esta comunidad que reconoce a la Madre Tierra como una fuente de vida.

Imagen 1. Mapa de Abya Yala. Revista de la Universidad de México, 847 (abril 2019): 6-7.

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Recuperado de https://acortar.link/l8Qlk0

Tras esta puesta en contexto, al dosier lo componen 21 textos, entre artículos, entrevistas, poemas y
relatos que refieren la condición de los habitantes de Abya Yala, sus demandas, su forma de contemplar
la vida y las reivindicaciones por las que luchan. Asimismo, se incluye la “Propuesta de la declaración
universal de los derechos de la Madre Tierra” redactada en Cochabamba, Bolivia, el 22 de abril de
2010, y el texto “Sencillamente Nasas”, firmado por “Proceso de Liberación de la Madre Tierra”, un
movimiento colombiano que apunta la importancia de nombrar a los pueblos indígenas según como
ellos mismos se reconocen, pues a partir de la forma de escribir, de hablar y de nombrar se ejerce el
poder: “De nasas a indios, de indios a encomendados, a resguardados, a colombianos, a menores de
edad, a civilizados, a ciudadanos, a explotados, a excluidos, a exterminados… Es el destino manifiesto
que nos otorga Occidente”.
9

A lo largo del dosier se muestran los actos de resistencia que han ejercido los pueblos indígenas;
la forma como han sido utilizados por el sistema hegemónico para legitimarse a partir de su simple
reconocimiento legal; la exotización y mercantilización que han sufrido sus usos y costumbres; la
incomprensión de sus formas de organización comunal, así como el interés de estas poblaciones por
hallar una identidad a partir de diferenciarse del resto. Asimismo, la sección de Arte incluye una
muestra fotográfica de Josué Rivas, artista otomí que cubrió el movimiento indígena de Standing
Rock desde una “perspectiva indígena contemporánea, alejada de los estereotipos antropológicos”.
10

9 Proceso de Liberación de la Madre Tierra, “Sencillamente Nasas”, Revista de la Universidad de México, 847 (abril 2019): 68 .
10 Roselin R. Espinosa, “Standing Strong, de Josué Rivas”, Revista de la Universidad de México, 847 (abril 2019): 124.

�interfolia
Debe destacarse que del total de autores del dosier, todos pertenecen a alguna comunidad indígena
con excepción de cinco, que son académicos o escritores sin una relación directa con estas etnias.
Así, hay representantes de las comunidades mixe, maya, tsotsil, kul wikasa, kichwa, chontal, mixteca,
mapuche, zoque y dule. Aunado a ello, de las 170 páginas que componen el número, 132 guardan
relación con el tema del dosier. Por último, la ilustración del ejemplar, que abarca portada y contraportada, es del artista indígena de la Amazonia colombiana, Abel Rodríguez Muinane.

Imagen 2. Portada y contraportada. Revista de la Universidad de México, 847 (abril 2019).
Recuperado de https://acortar.link/l8Qlk0

En síntesis, el contenido de la revista responde a lo planteado por Guadalupe Nettel en el Editorial e
intenta cambiar la forma de percibir a estos pueblos a partir de conocer “sus versiones, sus demandas,
sus propuestas, su poesía”. Así, cuando el lector conozca estas filosofías y reflexione en torno a ellas,
podrá también compartirlas: “Quizá descubras que entre sus anhelos y esperanzas hay muchos que
también tú suscribirías” , finaliza el artículo Editorial.
11

12

Ahora bien, la selección de autores es responsabilidad de la directora, no así el contenido de los
textos, los cuales responden por completo a las creencias e ideologías de los autores. Así, realizar un
análisis del número basados sólo en su contenido resulta incompleto. Al respecto, la directora establece un discurso textual a lo largo de la revista, por lo que el acomodo de los textos, la inclusión de paratextos y/o resaltados manifiesta la línea editorial de la publicación. Para ejemplificar: no es gratuito
que el dosier comience con un mapa de Abya Yala ni la orientación en que éste se presenta. Del mismo
modo, cada uno de los textos participa de una narrativa que inicia con el texto “Profetas” , que habla
de la hermandad entre estas comunidades, y continúa con la declaratoria de principios que constituye
el poema “Y nadie nos ve”, del poeta guatemalteco Humberto Ak’abal: “Y aquí estamos / parados
13

11 Nettel, “Editorial”, 5.
12 Nettel, “Editorial”, 5.
13 Nick Estes, “Profetas” (fragmento), trad. Darío Zárate Figueroa, Revista de la Universidad de México, 847 (abril 2019): 8-15.

�a la orilla de los caminos / con la mirada rota por una lágrima… / Y nadie nos ve”. Es también de
resaltar que después de varios textos que señalan las luchas de los pueblos de Abya Yala, el último del
dosier apunte a “La autonomía de los pueblos indígenas de México”. Es decir, a lo largo del número
pareciera plantearse un discurso cuya intencionalidad programática es mostrar un conflicto, lo que
se ha hecho para enfrentarlo y una posible solución. En este sentido, la conclusión a tal problemática
recae en la última frase del artículo final del dosier, de Francisco López Bárcenas: “se trata de procesos largos y difíciles, cuyos primeros frutos podrán verse en el corto plazo, aunque su consolidación
requiere mucho más tiempo”.
14

15

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Por otra parte, el discurso visual o la puesta en página también es responsabilidad de Nettel y apunta la línea editorial. En este sentido se plantean especificidades que problematizan lo que hasta aquí se
ha dicho. Por ejemplo, el poema en k’iche’ de Ak’abal se presenta en su lengua original y en español,
pero la versión en español es la primera a la que tiene acceso el lector. Se puede argumentar que esto
se debe a que el lector de la revista es hispanohablante, pero si lo que se ha querido es privilegiar la
voz de los nativos de Abya Yala y el poema se editará de forma bilingüe, ¿por qué privilegiar el español?
Más adelante se presentan cuatro poemas más: dos en tsotsil, otro en chontal y uno más en zoque.
La puesta en página privilegia el español, después el idioma indígena y, al final, se incluye un código
QR que remite a la edición web de la revista en donde se puede escuchar el poema en su lengua origen. ¿Esto responde a una línea editorial, a privilegiar al lector hispanohablante y público objetivo de
la publicación? ¿Hay en este gesto una subordinación de un idioma a otro?

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Imagen 3. Puesta en página de poemas bilingües y con código QR.
Revista de la Universidad de México, 847 (abril 2019): 62-63. Recuperado de https://acortar.link/l8Qlk0

14 Humberto Ak’abal, “Y nadie nos ve. (poema en k’iche)” [“Maj jun kojilowik”], Revista de la Universidad de México, 847 (abril 2019): 16-17.
15 Francisco López Bárcenas, “La autonomía de los pueblos indígenas de México”, Revista de la Universidad de México, 847 (abril 2019): 117-122.
16 López Bárcenas, “La autonomía”, 122.

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La tentación a la sobreinterpretación en este caso es grande. Por lo que se hace necesario voltear a
la parte gráfica de la revista y cuestionar si las imágenes incluidas muestran las particularidades /
diferencias de Abya Yala respecto de la visión occidental. Con excepción de la entrevista con Patricia
Gualinga, defensora de los derechos humanos del pueblo Kichwa, en la Amazonia ecuatoriana, cuyo
título es “El buen vivir y la selva viviente” (imagen 4), y el artículo “La prohibición de la vida social”,
de Candice Hopkins (imagen 5), quien señala cómo los pueblos originarios y sus costumbres son
vistos como rarezas de museo, las imágenes del número muestran a los habitantes de Abya Yala como
integrantes de una modernidad en donde sus costumbres y usos se integran al mundo (imagen 6). En
los casos destacados, por el contrario, hay una estetización y una exotización deestas comunidades a
partir de procurar un contexto en donde su diferencia sea lo que permita distinguirlas. Como señala
Edward Said, en Orientalismo: es tratar de hallar en esas imágenes la visión colonial de Oriente, en
este caso, de Abya Yala: el llamado “buen salvaje” rodeado de una naturaleza desbordada y agradable
a la vista occidental.
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Imágenes 4 y 5. Comunidad de Abya Yala. Revista de la Universidad de México, 847 (abril 2019): 93 y 51.
Recuperado de https://acortar.link/l8Qlk0

17 Redacción de la RUM/Solidaridad con Ayotzinapa-Suecia, “El buen vivir y la selva viviente. Entrevista con Patricia Gualinga”, Revista de la Universidad de México, 847 (abril 2019): 50-55.
18 Candice Hopkins, “La prohibición de la vida social”, trad. Víctor Altamirano, Revista de la Universidad de México, 847 (abril 2019): 89-98.
19 Edward W. Said, Orientalismo, España: Random House Mondadori, 2022.
20 Dentro del dosier se incluyen 32 fotografías, de las cuáles sólo cinco pueden pensarse como exotizantes, y tres de ellas justo denuncian esto.

�Imagen 6. Comunidad de Abya Yala. Revista de la Universidad de México, 847 (abril 2019): 126-127.
Recuperado de https://acortar.link/l8Qlk0

Al respecto, cobra importancia que una de las preguntas que realiza la Redacción de la revista a
Patricia Gualinga busque una confirmación a un discurso progresista o políticamente correcto:
Tal vez convenga vivir bajo el concepto de que lo que tienes es suficiente, de que usas los recursos
que realmente necesitas y no más, porque dentro de esta acumulación de bienes que tú mencionas
pues también tenemos hoy en el mundo una desproporcionada inequidad: hay mucha gente que
acumula cosas y otra gente que se muere de hambre. Entonces de alguna forma tiene que haber
un poco de reflexión sobre la mesura de las cosas que utilizamos, de lo que realmente podemos
acumular y lo que no, que todo se mantenga en equilibrio con los recursos que la Madre Naturaleza nos da.21

Con base en lo anterior, ¿qué tipo de Abya Yala muestra la Revista de la Universidad de México? ¿Es posible
explorar estas temáticas y no mostrar una visión colonialista siendo una publicación universitaria,
perteneciente a la cultura hegemónica con una dirección como la de Nettel?
Veamos, por último, la imagen de portada (imagen 2): “Árbol natural” de Abel Rodríguez. ¿Representa acaso la “realidad descomunal” que de acuerdo con Gabriel García Márquez era la que llama21 Redacción de la RUM/Solidaridad con Ayotzinapa-Suecia, “El buen vivir”, 52. No hay que dejar pasar la apropiación de la frase “los recursos
que la Madre Naturaleza nos da”. El subrayado es mío.

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ba la atención de Europa? ¿No es esa realidad que al “conocerse” y ratificar nuestros prejuicios sobre
las comunidades indígenas permite que limpiemos nuestra conciencia, demos vuelta a la página y
nos olvidemos de Abya Yala, pues ahora somos conscientes de sus problemáticas? No necesariamente.
¿Cómo analizar este número sin recurrir a métodos de análisis occidentales y/o hegemónicos?
22

A modo de conclusión: ¿es posible hablar de Abya Yala desde Abya Yala?
El número 847 de la Revista de la Universidad pregunta en la camisa que cubre portada y contraportada:
“¿Cuáles son las formas actuales de resistencia política y cultural de los pueblos originarios de América? ¿Es posible hablar del fin del colonialismo? ¿Existe un nombre que agrupe las luchas sostenidas
en el continente? ¿Qué tienen que ver los movimientos indígenas con el cambio climático?”, y en
estas preguntas, quizás, habite el mayor reparo a la revista, pues su posible respuesta sigue marcando
la excepcionalidad, la rareza, la exotización de Abya Yala y no su participación en la vida cotidiana de
quienes habitamos y compartimos territorio.
23

Sin embargo, la intención editorial de la Revista de la Universidad de México puede apreciarse en el
origen de los autores seleccionados para participar en este número y en el intento de mostrar los poemas en su lengua de origen. El resultado atiende al público de la publicación y, en ese sentido, se une
a un discurso que se enfrenta al poder hegemónico de una cultura occidentalizada y a la que sólo le
hubiera interesado escribir, hablar y nombrar en español.
Aunque este número de la revista muestra la cultura de Abya Yala, no se detiene en el imaginario
imperante sobre estas comunidades, pues en el discurso pretende integrar un vocabulario nativo,
a personajes reconocidos dentro de estos pueblos originarios e incluso se preocupa porque las imágenes de la mayor parte de la revista no refuercen los estereotipos sobre esa realidad. El sólo hecho
de deslegitimar el discurso académico o antropológico como el único válido para un acercamiento a
Abya Yala, es ya un inicio de ruptura.
Por lo anterior, consideramos que en este número la Revista de la Universidad de México realiza un acercamiento émico a la región (en tanto que busca hacerlo desde el punto de vista de las propias culturas
originarias), más que ético (en cuanto al enfoque del analista), y en ello traspasa sus lineamientos, con
lo que destruye imaginarios occidentalizados y examina esta filosofía indígena sin recurrir a un paternalismo o colonialismo occidental.
Las revistas contemporáneas enfrentan el reto de una lectura politizada, ética y moral de sus contenidos (más allá de la misma textualidad). Responder a los principios liberales que impone el público
al que van dirigidas (que intenta ser consciente de temas políticos y sociales) requiere que la línea editorial de las publicaciones esté atenta a coincidir en forma y fondo. Si en un momento fue suficiente
con exponer el fenómeno o la problemática, dar un contexto y exponer las diferentes visiones de los
involucrados, hoy es necesario compaginar también el modo en que esto se presenta a los lectores. Un
intento que sale bien librado es el número de la Revista de la Universidad de México aquí descrito.

22 Gabriel García Márquez, “La soledad de América Latina”, en Yo no vengo a decir un discurso, 21-29. México: DeBolsillo, 2014.
23 [Texto en portada], Revista de la Universidad de México, 847 (abril 2019): portada.

�Biblografía
Ak’abal, Humberto. “Y nadie nos ve. (poema en k’iche)”
[“Maj jun kojilowik”]. Revista de la Universidad de México, no.
847, abr. 2019, pp. 16-17.
Espinosa, Roselin R. “Standing Strong, de Josué Rivas.” Revista de la Universidad de México, no. 847, abr. 2019, p. 124.
Estes, Nick. “Profetas (fragmento).” Traducido por Darío Zárate Figueroa, Revista de la Universidad de México, no. 847, abr.
2019, pp. 8-15.
García Márquez, Gabriel. “La soledad de América Latina.”
Yo no vengo a decir un discurso, DeBolsillo, 2014, pp. 21-29.
Hernández Acosta, Miguel Ángel. “Editar y dirigir: Revista de
la Universidad de México.” Tradición y transgresión. Ensayos críticos
sobre la obra de Guadalupe Nettel, edited by Nicolas Licata, Yanna
Hadatty Mora, and Kristine Vanden Berghe, Presses Universitaires de Liège, 2023, pp. 103-124. https://orbi.uliege.be/
bitstream/2268/306417/1/TradiciónYTransgresión_GuadalupeNettel_PULg12.pdf.
Hopkins, Candice. “La prohibición de la vida social.” Traducido por Víctor Altamirano, Revista de la Universidad de México,
no. 847, abr. 2019, pp. 89-98.
López Bárcenas, Francisco. “La autonomía de los pueblos indígenas de México.” Revista de la Universidad de México, no. 847,
abr. 2019, pp. 117-122.
Nettel, Guadalupe. “Editorial.” Revista de la Universidad de México, no. 847, abr. 2019, pp. 4-5.
Proceso de Liberación de la Madre Tierra. “Sencillamente
Nasas.” Revista de la Universidad de México, no. 847, abr. 2019,
pp. 64-69.
Redacción de la RUM/Solidaridad con Ayotzinapa-Suecia.
“El buen vivir y la selva viviente. Entrevista con Patricia Gualinga.” Revista de la Universidad de México, no. 847, abr. 2019, pp.
50-55.
Said, Edward W. Orientalismo. Random House Mondadori,
2022.
Sánchez, Luis Carlos. “Revista de la Universidad de México; ‘estaba un poquito secuestrada’.” Excélsior, 12 Feb. 2018, www.
excelsior.com.mx/expresiones/2018/02/12/1219722.

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(Auto)nombrarse: la corporeización del dolor
en los diarios de Concha Urquiza
Verónica Zúñiga1

Puedo escapar de todo, de todos, ¿pero de mí?
La muerte no es un descanso: es sólo un cambio de dolores.
Concha Urquiza

Escribir sobre nuestro dolor es aprender a nombrarnos y apropiarnos
de espacios a partir de la palabra. Nombrarse es lo que hace Concha
Urquiza en Meditaciones. Páginas de Diario (1946), libro editado por
Gabriel Méndez Plancarte tras la inesperada muerte de la autora.
Urquiza representa una de las grandes voces de la literatura escrita
por mujeres en México durante la primera mitad del siglo XX.
Sin embargo, existen grandes incógnitas con respecto a su vida
personal, fuertemente relacionadas con su escritura.
Concha Urquiza nació el 24 de diciembre de 1910 en
Morelia, en el seno de una familia conservadora. Su carrera,
como muchas otras escritoras, comenzó en la prensa en revistas
literarias y culturales como Revista de Revistas y Revista de Yucatán.
Margarita León (2019), señala que durante su juventud la autora
tuvo afinidades políticas con el socialismo, y llegó a estar en
contacto con comunistas. A los 18 años viajó a Nueva York, donde
se dedicó a la escritura de guiones cinematográficos, además de
estudiar idiomas y ponerse en contacto con otros movimientos
estéticos. Años después regresa a México, donde, arraigada a sus
ideas religiosas, lleva a cabo su famosa “reconversión”, visibilizada
en su escritura (2019). En las páginas de su diario somos
testigos de las dos imágenes de la escritora: la Concha
que quiere escribir, leer, fumar y vivir libre de culpa; la
Concha que desea la rigidez de la vida religiosa, dejar
1 Escuela de Humanidades y Educación del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey.

�en sus textos una evidencia de su amor a Dios. Luz Elena Zamudio Rodríguez y Margarita Tapia
Arizmendi (2010) dicen:
Los datos disponibles sobre la vida de Concha hasta el momento son escasos, pero suficientes para
crear un conflicto entre dos grandes fuerzas: la que intenta definirla a partir de su poesía religiosa,
considerando que en algunos textos alcanzó incluso la unión mística, y la que resalta la precocidad,
belleza, sensualidad y desparpajo de su temprana juventud, que escandalizó a la sección pacata de
la sociedad mexicana. (2010, p. 15)

La construcción del yo que hace Urquiza en sus diarios está relacionada con el dolor, no sólo uno
físico, sino uno interno, vinculado con este conflicto religioso. María de Alva (2014) señala que el
diario “es el refugio ante un mundo que no se entiende y se entra a éste para salvaguardar la distancia
entre el sujeto y dicho espacio amenazador que pertenece al ancho mundo de afuera” (2014, p. 155).
Esta idea de mundo intimidante y peligroso se observa en el siguiente fragmento del diario titulado
“El regalo de la muerte”, con fecha del 25 de noviembre de 1938:
Detrás de mí está el mundo, árido, doloroso y sobre todo amenazador: un abismo sombrío. Delante
– ¡pero tan lejos! – la eterna paz de Dios. Mas conforme corren las horas, se hace más aguda la
amenaza del mundo y más lejana la paz de Dios. Tengo miedo. Una red de liviandades, huellas de
los pecados antiguos, me va apresando. Tengo miedo: ¡cuánto “acíbar en los pechos del mundo”!
No sé qué daría por un refugio donde estuviera sola con Él y lejos de ellos; pero esto no es quizá
más importante que una insinuación de mi propia sensualidad. (1946, pp. 345-346)

Para Urquiza, el mundo exterior está lleno de dolor, es lastimada por la culpa de sus pecados antiguos,
ella busca un refugio alejado de todos, excepto de Dios, dicha protección parece encontrarla en la
escritura que se vuelve un espacio para convivir con lo religioso. De acuerdo con Margarita Tapia
Arizmendi (2010), para Urquiza su diario se volvió su confesionario, retomando la idea del refugio, es
en él donde busca una relación con Dios:
La escritora retoma sus planteamientos doctrinarios con el fin de aplicarlos a su vida, y utiliza
diversos recursos para construir la “oración” mediante la cual implora a Dios el perdón de todas
sus culpas y le pide su ayuda para dedicar sólo a Él su amor, ya que Él todo lo puede. (2010, p. 127)

El dolor que se manifiesta en el diario también es físico. Urquiza escribe que ese dolor es una constante
en su realidad, por lo que su cuerpo se convierte en uno enfermo. Alva (2014) expresa que el cuerpo
enfermo “es una forma de vida alterna, subrogada y limitada, marginal y siempre en la espera de
recobrar la normalidad” (2014, p. 168). Esta idea se vislumbra en las entradas del diario, para Urquiza
hay un deseo: estar sana y dejar de lado todos esos padecimientos:

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Una sola cosa quisiera lograr ahora: salud. Rehabilitarme físicamente, rehacer mis nervios
desgastados, que rodean mi alma de imaginarios terrores. ¡Y esta impotencia para trabajar! Pero
es justo que esté yo así: ¡que Dios glorifique en mi cuerpo Su justicia adorable, como ha glorificado
en mi alma Su misericordia. (1946, p. 350)

Aunque este fragmento visibiliza el deseo de la salud, también se encuentra un sentimiento de culpa,
donde la autora justifica ese dolor como algo que se merece porque a través de dicha experiencia Dios
está con ella y limpia sus pecados.
Por otro lado, el dolor que manifiesta Urquiza en su escritura parece estar atravesado por la soledad.
Alva (2014) menciona que el dolor sólo tiene cuerpo y la experiencia es algo personal, para algunos
dolores hay remedios, otros parecen quedarse siempre con nosotros. Así, para Urquiza este dolor es
propio, nadie más lo puede sufrir y parece ser que la cura sólo la encuentra en Dios. En la entrada
“Tengamos paz”, del 21 de diciembre de 1938, la autora señala:
Ten piedad de mí; me siento terriblemente avergonzada, angustiada, enferma. Ya sé que es mi
culpa, y justo y natural el dolor que ella misma me causa. Pero ahora, por favor, Amor mío, no
mires ya a la culpabilidad y tiéndeme la mano y sácame de aquí, puesto que yo me confieso incapaz
de salir por mí misma. (1946, p. 352)

En este fragmento la autora expresa cómo Dios es el único que puede curarla, no puede recurrir a
alguien más, e igualmente es en la escritura íntima donde puede decir sus pecados, buscar el perdón
para dejar de sentir ese dolor y, por ende, dejar de ser un cuerpo enfermo.

�Los diarios de Urquiza revelan que la escritura está relacionada con el dolor y por ende con el
cuerpo. Si bien su dolor se relaciona más con la culpa y muchas veces parece estar feliz con él, hay
momentos donde desea dejar de ser una enferma:
La escritura es una forma de resistencia en donde reside la vida, empeñada en no desaparecer,
en asestar un magistral golpe al fatídico destino, a la manera de algunas obras griegas, en las que
el héroe o la heroína hará este viaje, este vía crucis personal del dolor para purgar su condena y
redimirse, sorteando todo tipo de problemas para retornar en la medida de lo posible a ese estado
anterior. (Alva, 2014, p. 168)

Así, en su diario Concha evidencia su propia experiencia con el dolor, y a través de la escritura realiza
este vía crucis. Se nombra para redimirse de sus culpas, pero también para replantear su relación con
Dios: el gran amor que siente por él, lo mucho que éste la lástima.

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Bibliografía
Alva, María de. Memoria y escritura del cuerpo: un estudio sobre
sexualidad, maternidad y dolor. Bonilla Artigas Editores, 2014.
León Vega, Margarita. "Espigando la semilla… del saber:
Concha Urquiza y el periodismo cultural." Luz rebelde. Mujeres
y producción cultural en el México posrevolucionario, compilado
por E. J. Rashkin y E. Hernández Palacios, Universidad
Veracruzana, 2019, pp. 85-114.
Tapia Arizmendi, Margarita. "Escrituras del yo: Meditaciones
–Páginas de Diario—. Introducción." Concha Urquiza. Entre lo
místico y lo mítico, editado por M. Tapia Arizmendi y L. E.
Zamudio Rodríguez, Tecnológico de Monterrey, 2010, pp.
123-137.
Urquiza, Concha. Obras, poemas y prosas. Bajo el signo de
Ábside, 1946.
Zamudio Rodríguez, Luz Elena, y Margarita Tapia
Arizmendi. "Introducción." Concha Urquiza. Entre lo místico y
lo mítico, editado por M. Tapia Arizmendi y L. E. Zamudio
Rodríguez, Tecnológico de Monterrey, 2010, pp. 15-31.

�Sátira, desborde y excrecencias en El tercer
asesino de Renato Prada Oropeza
Gerardo Castillo-Carillo

En el presente escrito examinaré la estructura humorística de la novela policíaca El tercer asesino, de
Renato Prada Oropeza . Para ello, me centraré en analizar tres aspectos que a mi consideración
sobresalen en la historia: la sátira a las élites gobernantes, la teoría de la superioridad y los aspectos
escatológicos. Cabe precisar que particularmente el relato se centra en resolver el inesperado homicidio del joven consejero presidencial —el doctor Juan Carlos de Marino y Rodríguez, alias el Dumbito—; apegada a las características del género detectivesco tradicional, el profesor Miguel Marcos
(respaldado por sus secuaces y exalumnos: el Manitas y el Pedorro) será quien investigue y descubra
a los culpables del peculiar crimen.
1

I. La sátira a las élites del poder
En toda la novela existe una áspera sátira a la clase política, capitalista y religiosa de México. En
este sentido es importante precisar que esta crítica tiene como propósito realizar un ataque directo
al sector o grupo al que se hace referencia por medio del sarcasmo, la ironía o la ridiculización, produciendo diversos efectos de humor. Este recurso está presente en todo el texto y es una técnica que
se emplea en El tercer asesino para persuadir o influir en la perspectiva del receptor. Ahora, analizaré
cómo se implementa este elemento en la diégesis.
1 Renato Prada Oropeza (Bolivia,1937-México, 2011) desarrolló múltiples géneros literarios, entre ellos la novela, el cuento, la poesía, el ensayo y el
guion cinematográfico. Su novela más destacada, Los fundadores del alba (1969), fue galardonada con el Premio Casa de las Américas y es ampliamente
reconocida como una de las obras fundamentales de la literatura boliviana. También destacó como crítico literario, entre sus publicaciones más importantes se encuentran La autonomía literaria (1970), El lenguaje narrativo (1979), la trilogía Los sentidos del símbolo (publicada entre 1990 y 2007) y Estética
del discurso literario (2009).

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Desde el inicio de la historia se cuestiona la ausencia de poder del Presidente de la República, evidenciando que él está subordinado a las decisiones y caprichos de la Primera
Dama: “—Una tiene que pensar por todos ustedes… Primero calmen al chocho del abuelo.
Todo saldrá como la sana razón y la prudencia aconsejan. El vejete tendrá todas las
explicaciones satisfactorias sobre la límpida e inmaculada muerte de su nieto; segundo,
el gobierno le rendirá los homenajes que su abnegado e incondicional servicio se merecen…, ¿verdad, mi amor?” (Prada Oropeza 8). El anterior fragmento degrada la figura del
gobernante, pues su poder es anulado por los intereses de su propia esposa; la última frase de la cita (“¿verdad, mi amor?”) ridiculiza aún más la imagen del jefe de estado porque
nos presenta a un hombre debilitado por el chantaje sentimental de la cónyuge, opuesto
al emblema de autoridad o autoritarismo que generalmente muestran los mandatarios.
De igual modo, en la narración se exacerbará la sátira al describir la inoperancia
del Estado, representada por el Secretario y Subsecretario de Gobernación, José Pérez
Martínez, alias el Pedorro, y Pedro Francisco Hinojosa, el Manitas: “Y, ¿a poco tú crees
que lo que llamaste ‘un cuerpo altamente calificado de detectives’ de la Secretaría de
Seguridad Pública… son de a de veras ‘detectives’, como los ves en el cine o la televisión?
Todos son unos pinches improvisados, tan improvisados como tú o yo en una investigación en regla”
(Prada Oropeza 19). Como se puede observar en la cita anterior, el propio Secretario
de Gobernación realiza una autosátira de sí mismo y de las dependencias oficiales, degradando de esta forma la capacidad del gobierno. Pero lo que me interesa subrayar es
que en todo el relato (incluso la propia voz narrativa) hay una frecuente insistencia por
desvalorizar el papel del Estado, a través de los personajes que lo representan (La Pareja
Presidencial, el Manitas, el Pedorro y la víctima, el Dumbito). En toda la diégesis persistirá una crítica al oficialismo, además de un evidente escepticismo a los cambios estructurales que prometió el nuevo régimen partidista, ambos puntos de vista se expresarán a
través del sarcasmo, la ironía o lo autosatírico.
Asimismo, la clase capitalista y las instituciones religiosas también son satirizadas. En
primer término, analizaré cómo el profesor Miguel Marcos se burla de los valores de
la élite pudiente: “—Son ricos, pero honestos, ¿verdad? —no pudo dejar de manifestar
su sarcasmo. Rico honesto es un oxímoron, mi querido Manitas” (Prada Oropeza 29). En la
frase anterior, el planteamiento lúdico del oxímoron sirve para ironizar y cuestionar la
conducta deshonesta que comúnmente practica el sector capitalista, además de incidir en
el poder de corrupción que éste ejerce en los sectores políticos y empresariales.
De igual forma, la instancia narrativa establece una analogía mordaz basada entre la
Conquista que actualmente efectúa el poder económico a nivel global y la Conquista de los
españoles en tierras aztecas: “Juan José de Marino y González —el Nuevo Hernán Cortés,
como lo llamaban sus empleados en voz baja, porque nuestro país, como algunas de
las excolonias, parece añorar, incluso aceptar ya, una nueva Conquista, ahora sí en regla—
miró con el más amplio y cabal desprecio el menguado hombre que se desabotonaba el cuello
duro y aflojaba su corbata” (Prada Oropeza 20). El narrador, que en repetidas ocasiones
coincide con la perspectiva del profesor Miguel Marcos, describe con airada ironía el

�despotismo del personaje que representa a la élite capitalista en el relato, y cómo éste manifiesta un
abierto desprecio por el sector gobernante, con quien, como ya apunté, por lo regular está coludido.
La situación humorística proviene de la acotación que se hace sobre el consentimiento social de una
Conquista en regla y la figura insignificante y degradada del Secretario de Gobernación.
Finalmente, como ya mencioné antes, el profesor Marcos Miguel critica el dogmatismo, la opulencia y la hipocresía del sector eclesiástico. Las violaciones y los actos pederastas cometidos por los
Legionarios de Cristo también formarán parte de la sátira que se hace en la novela a la Iglesia Católica: “el santo varón era amigo y protegido incluso de su santidad, de su santo padre, que luce los
zapatos de Prada, y, para mayor provocación, rojos: ¿qué soberbia, verdad? Hacerse llamar santo
padre” (Prada Oropeza 66). El sarcasmo aquí opera en dos direcciones: denunciar la omisión de
Juan Pablo II en las violaciones sexuales de Marcial Maciel y señalar la incongruencia del Papa al
calzar zapatos de una marca en extremo costosa.
La sátira prevalece en toda la narración, remarcará una y otra vez las contradicciones del inoperante sistema político, el neoliberalismo como el único sistema de poder y la falsedad de las instituciones religiosas. Todos estos aspectos exhibirán como trasfondo el fracaso de los ideales político-sociales del mermado régimen democrático contemporáneo de México. El tono satírico de la
narración es una forma de cuestionar y desarticular los valores impuestos por las élites, además de
exhibir la decadencia moral de las corporaciones del poder.

II. La teoría del humor de la superioridad
Un segundo elemento que provoca humor es la teoría humorística de la superioridad. Desde esta
perspectiva se concibe que, al burlarnos de otros percibimos en ellos un defecto, una desgracia o un
vicio, al reírnos nos sentimos superiores y menospreciamos al sujeto que nos causa gracia. El propio
Baudelaire afirma que si bien es cierto que la risa proviene de la idea de superioridad, ésta nos hace
sentir, al mismo tiempo, orgullo y aberración, motivando en ocasiones una experiencia contradictoria o desconcertante. El precepto de superioridad por lo general está asociado con la figura retórica
de la ironía, la cual, según Kierkegaard, suele mirar por encima del hombro al habla coloquial y
corriente.
En la novela quien frecuentemente se está burlando de los demás, con un sentido irónico o superior, es el profesor Miguel Marcos. En primera instancia el blanco de sus escarnios las dirige a sus
exalumnos: el Manitas y el Pedorro; después lo hará con el resto de los personajes. También es relevante anotar que la figura del profesor está constituida desde la cultura del letrado, por ello habrá
innumerables referencias a detectives literarios (Sherlock Holmes, Carvalho, Montalbano, etc.) y
algunos filósofos (Gadamer u Ortega y Gasset), a quienes, por supuesto, él ha leído y hará referencia
en el transcurso de la narración. Ahora citaré algunos ejemplos para analizar cómo se constituye el
humor desde esta perspectiva.
Miguel Marcos, al encontrarse a su exlumno el Manitas, hará inmediatamente uso del sarcasmo
para evidenciar la ignorancia de su exdiscípulo: “—Bueno eso de frentes fríos es algo que ya no logro
entender. Está fuera de mi horizonte cultural, como diría Gadamer. —Usted siempre citando a sus
cuates, mi estimado profe. —Ya quisiera que fueran mis cuates —dijo el ‘Lechuza cantor’” (Prada Oropeza 26). Incluso más adelante se recriminará la falta de cultura general de su interlocutor: “—Y,

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¿qué es un oxímoron, mi profe? —inquirió el Manitas con tal candidez que terminó por desarmar
el espíritu de desprecio que se gestaba como una tormenta gratuita en el ánimo del exprofesor de
filosofía” (Prada Oropeza 29). En estos dos ejemplos se puede observar que el humor proviene del
distanciamiento que hace el profesor para hacer patente la inferioridad intelectual de su receptor,
quien además en la historia funge como el Subsecretario de Gobernación, haciendo patente la inopia educativa de la clase gobernante.
Otro ejemplo, que manifiesta el mismo tono de superioridad, lo encontramos cuando el Manitas y
el profesor Miguel Marcos se burlan de la orientación sexual de “Pepito el Pito”: “—Pues, sí; aunque
el padre lo sacó de su casa cuando se enteró de que su hijo era anfibio, ambidiestro, volteadito o como
quiera llamarlo. —O sea, para no hacernos bolas, puñal y mayate —aclaró el Manitas… Y yo lo traté
como a cualquier putito de mierda. Lo siento por el doctor, realmente lo siento” (Prada Oropeza 44). La
homosexualidad del personaje es denigrada y objeto de burla, sustituyendo el concepto formal con
otros términos (volteadito, puñal y mayate) que coloquialmente sirven para mofarse de este sector;
además, el profesor se arrepiente del maltrato que le infringió por ser hijo de un prestigioso cirujano,
pero no por hacer escarnio de su condición gay; de este modo, se revela el menosprecio que ambos
personajes manifiestan hacia este grupo.
Finalmente, para concluir con el precepto de superioridad, ejemplificaré con las largas locuciones que sostiene el profesor Miguel Marcos con los dos médicos, cuando los acusa del asesinato del
Dumbito, y le explica, a uno de ellos, los motivos que tuvieron para perpetrar el homicidio: “Sí,
aunque usted lo niegue, actuaba, jugaba el papel de gran hombre de ciencian (aunque propiamente los
cirujanos, los médicos en general no son hombres de ciencia, pues no cultivan ninguna; simplemente aprovechan
la labor de los verdaderos hombres de ciencia y las aplican… son simples ingenieros de un saber que
corresponde a otros; aunque eso a usted y a los verdaderos hombres de ciencia les tiene sin cuidado)” (Prada Oropeza 66). Tras esta dilucidación subyace el propósito de denigrar sarcásticamente la
profesión del médico cirujano, explicando de manera socarrona que el quehacer científico, además
de estar fuera del alcance de su interlocutor, no forma parte de su labor, evidenciando así, Miguel
Marcos, una vez más la sensación de superioridad derivada de su posición como pensador y maestro
de filosofía.

III. Humor escatológico
Finalmente, lo escatológico será el último elemento humorístico que desglosaré en el presente análisis. Recordemos que para Bajtín, en su estudio sobre el carnaval, este rasgo está asociado con la fertilidad, la desproporción y los fluidos (sudor, orina, sangre, etc.). De estos excesos surgirá el concepto
de lo grotesco-escatológico. Ahora citaré los casos más ilustrativos en la novela.
El sobrenombre irrisorio del Pedorro motivará que frecuentemente se asocie su mote con la flatulencia o con el orificio anal, lo anterior lo podemos comprobar cuando éste se entrevista con el
poderoso abuelo de la víctima: “José Pérez Martínez —el Pedorro para nosotros—, si no se lanzó un
pedo por la sorpresa es porque, con los años, había logrado imponer un control severo a su esfínter” (Prada Oropeza
20). Otro ejemplo risible, aunque con un sentido de excrecencia, lo tenemos cuando “Pepito el Pito”
se defeca en los pantalones, tras un largo interrogatorio: “‘Pepito el Pito’ ya no había podido soportar

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la presión ejercida por las palabras del exprofesor Marcos y había dejado de comprimir su esfínter”
(Prada Oropeza 39). En estos dos fragmentos podemos observar que el humor se genera a partir del
miedo y de la pérdida de control de sus esfínteres; sin embargo, en el último ejemplo, la pérdida de
éste (el control) se vuelve un detonante que motiva un tipo de situación más jocosa.
En último lugar, ejemplificaremos con el asistente del Presidente, el cual le causará repulsión por
su aspecto grotesco y su excesiva secreción: “ —¿Te bañaste hoy? —le dijo sin reprimir un gesto de
asco hacia el hombre de cara y rasgos tlaxcaltecas, sin duda, sólo que transpiró mucho su Excelencia.
Su Excelencia dio un suspiro de impaciencia. —Vete a dar otro regaderazo” (Prada Oropeza 83). La
repulsión, ante el desmesurado sudor del asistente, genera una situación humorística, y además contrasta con la imagen de tolerancia y ecuanimidad que supuestamente debe mostrar el mandatario.
En conclusión, quedan por revisar, para otra ocasión, aspectos como juegos del lenguaje y algunos
rasgos paródicos de la Pareja Presidencial. Sin embargo, en la presente reflexión se pudo constatar
que la combinación de los tres elementos humorísticos analizados propicia un hilarante cuestionamiento a las instituciones políticas y eclesiásticas, pero ante todo a los valores religiosos, económicos
y sociales imperantes en México. El relato detectivesco tan solo es un pretexto para realizar una sátira puntual de los vicios y defectos de nuestra sociedad, a través del ojo crítico e ilustrado del profesor
de filosofía Miguel Marcos y la propia voz narrativa; ambos, curiosamente, poseen la misma perspectiva y enfoque de superioridad, esto, sin duda, nos lleva a plantear que ambos están constituidos
desde la ciudad letrada. Finalmente, el aspecto escatológico se exhibe como un detonante burlesco
que se emplea para contrarrestar “la cabrona y estresada vida”.

�Bibliografía
Bajtin, Mijail. La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento: El contexto de Francois Rabelais. Alianza editorial,
1995.
García Gutiérrez, Pablo. “La sátira como heterotopía: un
estudio comparado.” Actionova, vol. 9, 2024, pp. 142–155, https://revistas.uam.es/actionova/article/view/18089.
Hodgart, Matthew. La sátira. Traducido por A. Guillén. Ediciones Guadarrama, 1969.
Llera, José Antonio. “Una aproximación interdisciplinar
al concepto de humor”. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes,
2003. Consultado 6 de octubre de 2013.
---. “Prolegómenos para una teoría de la sátira.” Anales
de Literatura Española, no. 27, 2015, pp. 165–185. Universidad de Alicante. https://www.researchgate.net/publication/275580623_Prolegomenos_para_una_teoria_de_la_
satira.
Prada Oropeza, Renato. El tercer asesino. Palibrio, 2013.

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Para una mirada crítica de la poesía
de la independencia. Porque lo que
no se nombra no existe
Jonathan Gutiérrez Hibler1

La memoria en poesía es algo sumamente complicado. No basta con
declamar versos, con hoja o sin ella, sino que hay que cuestionar el
sentido profundo de nuestra capacidad para enunciarlos. Una antología —además de colección de las flores más bellas de una tradición,
en el sentido de Meleagro de Gadara— es algo más. En “Teoría de
la antología”, Alfonso Reyes lanza la siguiente pregunta: ¿este tipo
de manifestación libresca es en realidad un género literario? La invitación a participar de la polémica que de ahí surge es importante,
porque toda antología, también, es un acto de crítica: primero leemos
los textos desde el nivel de la impresión; les asignamos, consciente o inconscientemente, etiquetas que los vinculan a diferentes tradiciones; y
sólo después de diferentes discusiones, les otorgamos peso por el valor
que adquieren en ese continuum literario.
Reyes inicia su texto valorando diferentes directrices en torno
a cómo conocemos la literatura: primero en general, después hacia
un tipo específico, pues las antologías son una especie de cartografía que dan sentido a los cuerpos que enuncian, hasta chocar con los
dispositivos que las convierten en sujetos. Para el autor de Visión de
Anáhuac es vital señalar las fuentes al lector de antologías, dar noticia de la procedencia de lo expuesto a quien recibirá el ramo de las
mejores flores. Pues toda antología, además de un acto de memoria,
es una provocación en los espacios de la ciudad letrada. Los ejemplos en Latinoamérica son vastos, basta mencionar Flores de baria poesía o Ramillete de varias flores poéticas para comenzar los trazos de una
historia latinoamericana que nos ayude a entender quiénes somos.

1 Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León

�Por esta razón, este tipo de libros —crisol de polémicas, corpus literarios— son en realidad parte
de una metabibliografía que evidencia un sistema de valores. Las antologías, de manera explícita o
implícita, comentan otros textos.
A partir de lo anterior planteo una variante de la pregunta alfonsina: ¿por qué sí podemos hablar
de las antologías como un género literario? La primera respuesta que se me viene a la mente —imprecisa acaso por la intuición de ensayarla en el suelo de un hospital, al lado de mi padre— es que
las antologías crean un mapa de la época; son una actitud crítica en un momento de la historia, un
mapa de la cultura literaria, pues con base en estos supuestos podemos tratar, también, sus recepciones o evolución dentro de un marco interpretativo concreto. No obstante, la creación de un mapa
viene acompañado de varios desplazamientos hermenéuticos, en el sentido de resaltar la distancia
temporal entre quienes leen y quienes escribieron, entre lo que cada uno de ellos leían en el momento
de sus vidas en que entraron en contacto con el poema, sin mencionar el etiquetado contemporáneo
que permite convertir textos en dispositivos con otras redes de efectuación. Porque lo que llamamos
género literario también es un fenómeno de receptores, al otorgarles un valor las etiquetas o los trazos en el mapa cambian.
¿Quién o quiénes escriben las historias de la literatura, sus manuales o monografías? La respuesta
solamente es una huella y de ahí la experiencia literaria sin duda dejará un asombro con diferentes
matices. Estas obras metabibliográficas, en conjunto, crean algo paradójico: sus ramas afinan y ensanchan el espacio literario. No cierran el fenómeno, ni siquiera llegan a definirlo de manera absoluta, le dan continuidad por medio de rupturas o presiones que aclaran e incluso llegan a complicar
el horizonte de interpretación.
Para el autor de Ifigenia cruel, toda historia literaria presupone una antología; no necesariamente
debe llevar esta palabra en el título, pero será el resultado de un concepto sobre historia literaria o
público, memoria llena de intenciones propias de los lugares que permitieron su enunciación. Las
antologías marcan hitos de grandes controversias. Por esta razón, Reyes sugiere empezar por las
colecciones de poemas: sus dimensiones breves y condensación estética permiten seguir con mayor
facilidad la evolución del gusto, incluso en el caso más romántico de todos, la invención de un país.
Hoy en día realizar antologías, de las que sea, implica un proceso de emancipación intelectual, que
para el caso de Latinoamérica viene del siglo XIX.
Las antologías son importantes para eliminar máximas simpáticas, llenas de bilis, que eliminan
del territorio literario los signos de otros seres humanos en lucha por la memoria. Pienso, por ejemplo, en “el romanticismo en México fue un suspiro tan breve que ni los mismos románticos se dieron
cuenta de que eran románticos”, comentario más excedido en pedantería que en invención. Frente
a máximas como la anterior, mejor destacar lo dicho por Carlos Illades en Nación, sociedad y utopía:
“Con unas pocas periodizaciones discordantes, varios estudiosos sitúan el auge del romanticismo
literario mexicano en los años 1836-1867” (21). Los cortes siempre son arbitrarios, con base en un
marco teórico, dependientes de los instrumentos para medir y determinar el tiempo histórico; sin
embargo, como lo muestra el caso expuesto, treinta y un años son suficientes para describir lo que
recordamos, las herramientas de mediación que permitieron que olvidáramos lo social y popular de
algunos géneros.

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Entre los varios estudiosos que aparecen en el libro de Illades, resaltan los nombres de José Luis
Martínez, Julio Jiménez Rueda, Alicia Perales Ojeda, Celia Miranda Cárabes, José Miguel Oviedo,
Fernando Tola de Habich, Raimundo Lazo. Pero es necesario resaltar la riqueza de esta experiencia
cosmológica, ecléctica en muchos momentos.
Monserrat Galí Boadella aborda el romanticismo mexicano en un periodo que va de 1821 a 1855.
Entre todos los eventos importantes de la invención de una nación estaría sin duda la Academia de
Letrán (1836). En una lectura especializada para entender la poesía romántica mexicana, el ejercicio
de Illades es un punto de partida para nuevas preguntas con base en los poemas seleccionados, según
la antología que encontremos en cualquier biblioteca o librería del país.
Aquí evoco el nombre de Emilio Carilla con dos títulos: El romanticismo en la América hispánica (Biblioteca Románica Hispánica Gredos), su importante antología Poesía de la independencia (Biblioteca
Ayacucho). Carilla justifica los temas patrióticos y políticos por el ambiente que viven las diferentes
regiones de Latinoamérica durante las guerras de independencia. Parte de la emancipación política
viene acompañada de experimentos de la imaginación para lograr la llamada emancipación intelectual, con diferentes matices en cada nación. Encontramos en este tipo de poemas:
Victorias militares, simbolismos de la nacionalidad. En la época romántica, el canto se centra en
la evocación de las grandes fechas, en el homenaje de los héroes de la independencia y —sobre
todo, porque no falta el motivo— en la comparación con las guerras civiles y tiranuelos que han
sucedido con frecuencia a las luchas de emancipación (28).

Cabe aclarar que la evocación, en este caso, no es un de un tipo sentimental —de primera mano,
como el familiar—, sino que está poetizado con rasgos de un espíritu racional en la construcción
de un proyecto nacional. En este horizonte, los poemas aparecen como flores silvestres en diferentes
archivos o libros, a veces completos, en otras ocasiones solamente citados a la par de comentarios
críticos. Por esta razón es importante la labor de antologar y al mismo tiempo reflexionar el proceso
por el cual se crea un artefacto nuevo.
Entre las antologías de poesía de la independencia, la de Carilla destaca por el panorama general
de este tipo de producciones en las diferentes regiones en conflicto. Para el caso de México, por ejemplo, incluye a Fray Servando Teresa de Mier (“Soneto”, “Sueño poético”), Andrés Quintana Roo
(“Dieciséis de septiembre”), Manuel Carpio (“La Anunciación”, “El río Cosamaloapan”, “Napoleón
en el Mar Rojo”), Francisco Ortega (“A Iturbide en su coronación”), José Joaquín Pesado (“Mi amada en la misa de Alba”, “Sitios y escenas de Orizaba y Córdoba”, “Cantos de Nezahualcóyotl”). En
un sentido amplio, podríamos agregar a esta selección el poema “En el Teocalli de Cholula” de José
María Heredia.
Otra de las antologías importantes es la propuesta de lectura de Ramón Martínez Ocaranza,
titulada Poesía insurgente. Este libro, además del contexto histórico, introduce una distinción entre
poesía culta y poesía popular. Para Carlos Monsiváis esta lectura no sería históricamente acertada,
sobre todo para finales del siglo XIX. Los nombres que aparecen son los de Ramón Roca, Francisco
Manuel Sánchez de Tagle, Andrés Quintana Roo y Francisco Ortega. En su introducción crítica,

�además de distinguir entre poesía culta y popular, aparecen referencias a la poesía épico-cívica y la
influencia del neoclasicismo, presente todavía en ese romanticismo ecléctico de la poesía latinoamericana del siglo XIX. Los poemas varían, pues no se trata sólo de alabanza, sino también de escarnio, como sucede con Francisco Ortega, quien ataca a Agustín de Iturbide.
En un plano distinto, pero con intención de plantear un nuevo proyecto de modernidad desde la
emancipación, encontramos la Antología del centenario: estudio documentado de la literatura mexicana durante
el primer siglo de independencia, con la colaboración de Luis G. Urbina, Pedro Henríquez Ureña y Nicolás León, bajo la dirección de Justo Sierra. En los comentarios de Urbina y las notas bibliográficas
aparecen algunos poemas de la independencia, acompañados de comentarios críticos sobre algún
romántico:
Entre esas fórmulas, ningunas más útiles, tal vez, que las que usó el insigne don Andrés Quintana
Roo, figura prominente de la época, personaje de subido interés en el drama revolucionario, no
sólo por el viril esfuerzo que desplegó para hacer triunfar el ideal de independencia, no sólo por
la consagración íntegra de su alma y de su cuerpo á la lucha de la libertad, sino por su noble y

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admirable aventura amorosa con Doña Leona Vicario, mujer digna de la apoteosis épica, quien,
sobreponiéndose á las preocupaciones de su tiempo, á las imperfecciones de su educación, y á
las exigencias de su clase, á las debilidades de su sexo, levantó su corazón hasta las más elevadas
cumbres de la bondad humana, y amó la libertad y soñó en la Patria, y alentó con su fé ciega
y ardiente á los caudillos, sin que lograran arredrarla persecuciones, miserias y sufrimientos de
todo linaje. (111)

En esta antología aparece el famoso poema “Dieciséis de septiembre”, seguido de un texto sobre
la necesidad de que existan los partidos de oposición en este nuevo proyecto republicano. Además,
aparecen versos populares: “Por un cabo doy dos reales / por un sargento un doblón / por mi general Morelos / doy todo mi corazón” (211). Los poemas están ahí, y hay diferentes críticas desde una
metabibliografía, a la manera señalada por Reyes, pero los poemas siguen dispersos porque siempre
falta alguno por integrar.
Poetisas mexicanas. Siglos XVI, XVII, XVIII, y XIX: antología formada por encargo de la junta de señoras
correspondiente de la de la exposición de Chicago, compilada por José María Vigil, no sería posible sin la
guía de escritoras como Laureana Wright. Además de la riqueza literaria de las escritoras de este
trabajo de crítica literaria, podemos encontrar poemas de la independencia, como los escritos por
Guadalupe Calderón, Refugio Barragán Toscano, Primitiva Quiroz Echevarrieta y María Alvírez:
Es Hidalgo y Costilla / El héroe sin rival por excelencia / Que con los pocos hombres que acaudilla
/ Gritando libertad é independencia / El despotismo del Virrey humilla” (140). Sin duda, una de las
grandes deudas de nuestras antologías está en las escritoras, porque lo que no se nombra no existe;
y no basta con el libro, es necesaria la mirada crítica en toda antología poética, revista o evento
cultural.
Es en este continuum crítico, todavía por ampliar, entra la propuesta de León Guillermo Gutiérrez.
Destacan, por comparación o contraste, los siguientes elementos: 1) panorama histórico del proceso
político-social desde las estructuras institucionales; 2) proceso de rebelión insurgente; 3) decreto de
quiénes, entre toda esa masa histórica, se volvieron héroes y, por tanto, recordados todavía en los
pasillos de la Feria Internacional del Libro 2024. La introducción agrega un elemento importante:
enlazar diferentes tradiciones con la poesía de la independencia, sin importar si se trata de actores
del periodo de lucha armada o actores posteriores en la construcción de un proyecto nacional. Gutiérrez acierta en extender más allá del romanticismo la relación que tiene la poesía con los héroes,
remontándose hasta Gilgamesh. Esto no es ajeno, pues los mismos poemas nos impulsan a leer textos
que no han sido escritos en nuestra lengua: por ejemplo Virgilio, concretamente el libro XI de la
Eneida. La antología de Gutiérrez contiene poemas de Francisco Manuel Sánchez Tagle, Andrés
Quintana Roo, Francisco Ortega, Fernando Calderón, Guillermo Prieto, Vicente Riva Palacio,
Juan Valle, José Rosas Moreno, Manuel Acuña, Salvador Díaz Mirón, Manuel Gutiérrez Nájera,
Amado Nervo y Rafael López. Señalé antes que en los poemas existe un proyecto de modernidad.
Sin embargo, cabe aclarar que éstos también acusan diferentes lugares de enunciación; lo mismo
puede afirmarse de los comentarios críticos, a manera de glosas, que forman ahora, junto a los poemas, un corpus hermenéutico. Sobresale el trabajo crítico de Gutiérrez en citar autores y autoras

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posteriores, señalando el papel que desempeñan desde el presente en que comentaron los poemas:
Julio Jiménez Rueda, Carlos González Peña, José Emilio Pacheco, Luis Mario Schneider (alusión),
Sergio López Mena, Ramón Xirau, Belem Clark de Lara, Flor Aguilera, entre otros nombres que
aparecen en la bibliografía citada.
El libro abunda en nombres de héroes escuchados en redes sociales, televisión, honrados en asambleas, reproducidos en estampas escolares. Pero la poesía va más allá de los otros textos que nos han
escrito como país. Es importante asomarse a estos poemas porque en ellos hay tradiciones, como la
de la octava real de la épica o el octosílabo de los romances. Queda en manos de las lectoras y lectores retomar la discusión, por medio de las huellas de las antologías, discutir la memoria por medio
de la poesía, más allá de los protocolos burocráticos de nuestra época monetizada. Los aplausos sin
duda son necesarios, pero opacan las voces de los versos. Además del ejercicio de discutir antologías,
es necesario ir a los textos antologados, compararlos y contrastarlos, sin olvidar por qué fue y nos es
posible enunciarlos. La lengua es una experiencia, una interfaz de representaciones y realidades. Por
eso es importante, además de mirar, leer esa otra patria nuestra, la Palabra.

�Bibliografía
Carilla, Emilio. El romanticismo en la América hispánica.
Madrid, Gredos, 1967. Gutiérrez, León Guillermo. La poesía
de la Independencia de México. México, Universidad Autónoma
de Nuevo León, 2024.
Illades, Carlos. Nación, sociedad y utopía en el romanticismo mexicano. Costa Rica, CONACULTA, 2005.
Reyes, Alfonso. “Teoría de la antología”. La experiencia literaria. Losada, Buenos Aires, 1961.
Sierra, Justo et al. Antología del centenario: estudio documentado de
la literatura mexicana durante el primer siglo de independencia (1910).
Biblioteca Rafael García Granados. Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM. México, s.f. https://iih.bibliotecas.unam.mx/index.php/recursos-enlinea/fondos-antiguos/108-antologia-centenario.
Vigil, José María. Poetisas mexicanas. Siglos XVI, XVII, XVIII,
y XIX: antología formada por encargo de la junta de señoras correspondiente de la de la exposición de Chicago (1893). Biblioteca Virtual
Miguel de Cervantes. Alicante, 2010. https://www.cervantesvirtual.com/obra/poetisas-mexicanas-siglos-xvi-xvii-xviii-y-xix--antologia-formada-por-encargo-de-la-junta-de-seoras-correspondiente-de-la-de-la-exposicion-de-chicago/.

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A galope nocturno. Cuatro conjuras
Ángel H. Candelaria

El poema rescata algo que nos ha sido arrebatado, algo intocable, imposible de medir en moneda,
ornamento o materia, ajeno a cualquier idea que pretenda nominarse humano. En este punto de la
historia parece crucial subrayar que, al margen de las circunstancias que sujetan a poetas y lectores
en esta época monstruosa y tardía —la incertidumbre que nos atraviesa—, la práctica y lectura del
poema requiere algo más que solamente entendimiento. Podría argumentarse que el poema involucra al cuerpo, constituye un esfuerzo físico y cerebral donde las conexiones neuronales ensamblan los
universos simbólicos, mientras el lenguaje —danzón de las palabras, el pensamiento, el mundo— responde a impulsos íntimos y creativos. No busco ahondar en debates que sólo hondonan la distancia
entre lector, poeta y poema; debate que, lejos de facilitar el acceso a las virtudes que la poesía otorga,
más bien aleja y desalienta. Nadie se asombra ya ante las múltiples —y supuestas— posibilidades de
la poesía contemporánea; me refiero a la poesía de mi generación, saturada de confesionalidad a ratos
desbordada, a ratos fársica, mezcla de anécdotas y discursos que a menudo atinan a despertar mera
lástima. Escuché una vez que el poema intuye donde la razón fracasa. Es en el error, materia fundamental de la escritura poética, donde se abre la grieta que permite al poeta sublimar lo desconocido,
algo cercano a su propia condición de criatura y a las caridades del temor, más que a cualquier etiqueta impuesta por la cultura de masas sobre este oficio oculto. Creo, en efecto, que el poema intuye,
pero la intuición no justifica transformar la experiencia poética en desperdicio, extravagancia o en
espejo narcisista donde el poeta crea reglas y símbolos inamovibles: mera superficie, dislate y devaneo.
Entonces: ¿de qué hablamos cuando hablamos de intuición? Pensemos en el espacio del poema
como semejante a la noción de ritual: uno, como manifestación concreta de lo numinoso; dos, como
acto simbólico de reintegración con un tiempo mítico. Es decir, en el perpetuo crear y recrear de la
materia mullida en lenguaje, el poema como traspaso entre ser y lengua que brota al abandono de
la sustancia: “una revelación de lo escondido —escribe Paz—, una ruptura del tiempo y el espacio”
(21). La experiencia resultante repulsa puesto que no permite la proyección sino que incita a la contemplación. En cierto sentido, la viveza del poema convoca las dimensiones que componen la esencia
de quien lee. Pongamos ejemplos:

�Agua de medusas,
agua láctea, sinuosa,
agua de bordes lúbricos; espesura vidriante—Delicuescencia
entre contornos deleitosos. Agua—agua suntuosa
de involución, de languidez
en densidades plácidas. Agua,
agua sedosa y plúmbea en opacidad, en peso —Mercurial;
agua en vilo, agua lenta. El alga
acuática de los brillos —En las ubres del gozo. El alga, el
hálito de su cima;
—sobre el silencio arqueante, sobre los istmos
del basalto; el alga, el hábito de su roce,
su deslizarse. Agua luz, agua pez; el aura, el ágata,
sus desbordes luminosos; Fuego rastreante el alce
huidizo—Entre la ceiba, entre el cardumen; llama
pulsante;
agua lince, agua sargo (El jaspe súbito). Lumbre
entre medusas.
—Orla abierta, labiada; aura de bordes lúbricos,
su lisura acunante, su eflorescerse al anidar; anfibia,
lábil —Agua, agua sedosa
en imantación; en ristre. Agua en vilo, agua lenta —El
alumbrar lascivo
en lo vadeante oleoso,
sobre los vuelcos de basalto. —Reptar del ópalo entre la luz,
entre la llama interna. —Agua
de medusas.

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Agua blanda, lustrosa;
agua sin huella; densa,
mercurial
su blancura acerada, su dilución en alzamientos de grafito,
en despuntar de lisa; hurtante, suave. —Agua viva
su vientre sobre el testuz, volcado sol de bronce envolviendo
—agua blenda, brotante. Agua de medusas, agua táctil
fundiéndose
en lo añil untuoso, en su panal reverberante. Agua amianto, ulva
El bagre en lo mullido
—libando; en el humor nutricio, entre su néctar delicado; el áureo
embalse, el limbo, lo transluce. Agua leve, aura adentro el ámbar
—el luminar ungido, esbelto; el tigre, su pleamar
bajo la sombra vidriada. Agua linde, agua anguila laminendo
su perfil,
su transmigrar nocturno
—Entre las sedas matriciales; entre la salvia. —Agua
entre merluzas. Agua grávida (—El calmo goce
tibio; su irisable) —Agua
sus bordes
—Su lisura mutante, su embeleñarse
entre lo núbil
cadencioso. Agua,
agua sedosa de involución, de languidez
en densidades plácidas. Agua, agua; Su roce
—Agua nutria, agua pez. Agua
de medusas,
agua láctea, sinuosa; Agua,

�Cuando nos aproximamos a un poema como "Agua de bordes lúbricos" de Coral Bracho, nos situamos en un territorio donde los signos poéticos requieren mucho más que una lectura escudriñadora,
guiada o meramente decodificadora. El poema desborda el enunciado y construye un umbral que
invita al tránsito por lo abierto y la entrega a una sensualidad hecha verbo. Allí, el encuentro entre
emisor y receptor trasciende la mera praxis semántica del lector habitual de poesía y se ve atravesado, incluso invadido, por la vida misma. El espacio ritual que habita el poema conoce plenamente
el sacrificio de la voluntad, ese dejar ser y hacer al lenguaje para permitir que el signo adquiera vida
propia, lejos de limitarse a ser un mero adorno destinado a satisfacer ideas prefabricadas sobre arte
y literatura. El poema invoca imágenes como “Agua, agua sedosa / en imantación; en ristre. Agua
en vilo, agua lenta — El alumbrar lascivo”, expresando un espaciomundo donde debaten estigma,
unción y éxtasis, y en el que el lector no sólo decodifica, sino que llega a padecer la intensidad transmitida, como llaga preciosísima que alza las posibilidades de lo ignoto: “Reptar del ópalo entre la luz,
/ entre la llama interna. —Agua / de medusas”. La materia del poema —desde el sema y el fonema
hasta la disposición sintagmática— irradia un carácter otro, que convida su propio pulso en la materia, el despojo de quien lee y se pretende merecedor del rayo que contiene el texto. La iteración de los
motivos del agua, en la misma disposición en la que el poema presta marcha, termina de cerrarse en
la condición física del lenguaje.
Todo conjuro, en su propósito, deja tras de sí un rastro minúsculo, voraz, enriquecido. ¿Es esta la
única voltura posible en el espacio del poema? Consideremos lo dicho por Paz: “si el poema es el
cuerpo de la poesía, como todo cuerpo es perecedero, pero también, como todo cuerpo, puede resucitar” (63). Cada poema se nutre del mundo de manera singular, aunque su movimiento esencial brote
del mismo impulso. Así ocurre, por ejemplo, en el poema de Minerva Margarita Villarreal (1998):

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Mi señor es montaña
mi señor es jauría
es montaña
cima de montaña
y mentira que ha de bajar
porque el cielo es puro rapto
pura mentira
duro de escalar está el cielo
Besa mis labios, anda, baja
Mi señor es montaña
mi señor es jauría
es montaña
cima de montaña
y mentira que ha de bajar
porque el cielo es puro rapto
pura mentira
Anda, baja, azótame
Mas Él
flotando entre las nubes
sonríe
se aleja
Mi señor es mañana.

�El poema describe el inicio del “despeñadero” de un cuerpo, que, seguro aún de la fuerza y la sed tras
el encuentro, da fe asegún de la naturaleza misma del verbo. En medio de la turbación carnal, la palabra reitera el impacto cruento —profundamente sensual y casi instintivo— que el arrebato mella en el
sujeto del poema, implicando una suspensión activa para el lector. Así, el poema termina confesando
su condición de criatura en vela, famélica, agostándose. El espacio del ritual, en contraste con el despojo de “Agua de bordes lúbricos”, conmina a la contemplación activa, ejercicio de tintes vertiginosos
y voyeristas, como quien asiste a un milagro sin necesidad, por el mero placer del viso. Aquí, en este
espacio, habita el sujeto del poema: sabe del verbo altísimo, como si fuera el único flagrar del signo que
posee, y se regocija en ello.
Mas el ritual también puede abrir puertas más gentiles, como en el poema de Gabriela Cantú
Westendarp:
Mi ser está en la boca
mi padre está en la boca
y mi padre también está adentro
y mis hijos se juntan a mi esposo
y se acurrucan en un cacho de mi boca
y en mi boca un zumbido
se escucha y se mueve
abejas entran y salen
forman y deforman mi boca
mi ser que se manifiesta
luz líquida
y todos los seres están en mi boca
en mi paladar, en mi lengua
en la parte final de mi garganta
y en lo que sigue para debajo de mi cuerpo
todo conectado a mi boca
al aire que sale
y se mezcla con el otro
los nombres van y vienen
de boca en boca
el aire
la tierra
el fuego
las luces nutricias
y los espíritus que se aferran

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la vibración toda del mundo
que no se detiene
y que está en La Boca.
Poema donde el espacio reúne cuerpo y espíritu en un ritual de ofrecimientos, donde se establece un
intercambio equivalente entre la duda y la materia para manifestar un centro menos volátil de la posibilidad. Así, la soltura iterativa del poema no busca sólo recrear la falta que lo origina, sino que, desde
el acto mismo de nombrar, proclaman que las condiciones del poema son, sobre todo, de su dominio:
pues funda sobre su propio espacio un nuevo origen para el padecimiento, en sintonía con la concepción de Paz: “Lenguaje en estado naciente, la poesía es el habla del hombre en trance de ser (81).
Mas, como en toda travesía de altos vuelos, existe una dimensión aparentemente menor que contiene la fuerza viva del poema y otorga consistencia a aspectos que de entrada podrían parecer mundanos, pero que, contemplados desde fuera de su esencia, adquieren carácter ritual. Lo cotidiano y la experiencia diaria funcionan como catalizadores del enrarecimiento, donde —a diferencia del ritual que
implica el encuentro entre dos— prevalece el cuerpo, incluso el cuerpo del poema, como vehículo de la
sobrenaturaleza del lenguaje. Diana Garza Islas conoce a fondo tal mediación, nótese por ejemplo en:
estos otros seres que
no altisonaban
por ejemplo: yo
con ganas de
color trigo brillante
excesos antihistóricos
en todo lo alto
clarividencia no es
adivinar
la leva azul que quedaba
su trépida,
grabando
el guay de mí
balsas, dentellar
no ver, que
hasta aquí llegó el corroerse
al norte: insectos
espectros de luz cobre, breas

el féerico no aislarse
y no amar, no tanto,
los imperios de la almohada
reñirte
ante pistilos de ternura
no haber, por intento de no
se sabe qué o cuándo
quién te llame así
y porque esa era la forma de vivirla:
sólo notar
el curso
del sigil-sigil, y
tal vez, saber a veces,
que la pielecita de la uva
tiene nombre—

�Cabría resaltar de este poema su origen de vértigo del diario, donde quizás el rastro no sea posible
debido a la misma esencia de aquello cercano a la posesión: similar a lo chamánico, el espacio del
poema no funda ni recrea lo real, sino que se dispone a lo que sobrehabita lo real. No el estigma, la
llaga viva y los estragos de lo vital en el sujeto. El poema, como todo cuerpo, también padece la experiencia.
Ahora bien, al hacer un recuento de las pendulaciones que suscitan los ejemplos, debiera ser posible entrever el espacio del poema-ritual, la creación simbólica a la manera de Eliade, que agrede la
noción de pasividad en la lectura y el significado de la poesía para conjurar la presencia, la revelación
y la sustancia viva que encomunamos vía el lenguaje y experiencia creadora. Perpetuamente hemos
de decirlo, al ser un objeto creado en el poema, éste se convierte en el lugar donde las cosas pueden
ser cosas (84). ¿Es necesario recuperar esta noción? Quizás. Dice Montalbetti: “un poema, como
cualquier objeto en el mundo, pudo ser de otra manera, incluso pudo no haber existido. Pero una vez
creado se presenta como un objeto necesario, es decir, como un objeto que no puede ser de otra manera”. Entonces, ¿qué terquedad en hacer decir al poema lo que ya se intuye dada nuestra naturaleza? ¿Por qué no mejor sucumbir a la necesidad de umbrales y dejar la lengua estar cada vez más viva?
Creo fielmente que en el poema se recupera algo que podría sernos arrebatado: la condición primera
del asombro, ciertos cantos; y que de esta tantísima falta evitamos quedarnos en total ceguera.
Concebir entonces la noción ritual del poema como experiencia reintegradora conmina la desobediencia de la sustancia, a la hechura del poema que desobedece cuando ensucia la lengua con
sus trampas de encantamiento y sensiblería, cuando sobreestima en su regocijo adulto o desprecia el
lugar de su ausencia (Skliar, 101). Habrá quien diga que estas escrituras no “dicen” en el sentido tradicional. Yo diría que hacen: conjuran, someten el espacio, revelan el lenguaje y convócannos al lugar
primero del convite, a esa sustancia que hubimos perdido, a un lugar-pensamiento-trance-cuerpo
quizás un poquito más nuestro. Prefiero pensar el poema como espacio de conjura, como acto ritual
que rompe y excede al signo: una experiencia que agrieta lo real y que llama, si no a una revelación,
sí a una forma de atención encarnada. Porque no ha de ser de otra manera.

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�Bibliografía
Bracho, Coral. “El ser que va a morir”. Huellas de luz (Poesía
1977-1992), Editorial ERA, 2023.
Garza, Diana. “Esto que habito contra mí”. Periódico de Poesía,
UNAM, 2021, https://periodicodepoesia.unam.mx/texto/
esto-que-habito-contra-mi/.
Montalbetti, Mario. El lenguaje del poema. Gris Tormenta, 2024.
Paz, Octavio. El arco y la lira. 4ta ed., Fondo de Cultura Económica, 2006.
Skliar, Carlos. “Desobedecer el lenguaje”. Como un tren sobre el
abismo o contra toda esta prisa, Editorial Vaso Roto, 2019.
Villarreal, Minerva Margarita. Adamar. VerdeHalago, 1997.
Westendarp, Gabriela. Cartas que no llegan a su destinatario. Editorial Vaso Roto, 2022.

�Postales para una historia mínima de la
traducción alfonsina
Roberto Kaput González Santos1

Creo que traducir es transpensar; pero cuando Víctor Hugo piensa, y se traduce a
Víctor Hugo, traducir es pensar como él, impensar, pensar en él. —Caso grave.
José Martí

Puede decirse, sin demasiada exageración, que la poesía
moderna de nuestra lengua ha sido una traducción.
Octavio Paz

El balancín histórico del gusto
¿Qué tendencias caracterizan las formaciones literarias modernas de Hispanoamérica en relación
con las prácticas de traducción poética? ¿Cómo se establecieron las fronteras entre traducciones
literales y traducciones creativas? ¿Es posible hablar de un intercambio cultural que trascienda
el mero intercambio lingüístico? ¿En qué espacios y contextos se manifestó este fenómeno? ¿Qué
papel desempeñó la traducción poética en las transformaciones culturales e institucionales de las
literaturas nacionales en Hispanoamérica? ¿Cómo transpensamos a Mallarmé o a Eliot? ¿Qué
función cumplió la traducción en la poesía moderna? En el caso de la poesía moderna mexicana
esas preguntas son pertinentes tanto cuando discutimos las traducciones y recreaciones de “La
Giganta” durante el modernismo —diálogo que se extiende de Puga y Acal a Díaz Mirón—, que
como cuando nos adentramos en las temporalidades y espacialidades asimétricas de la antología de
traductores mexicanos de Montes de Oca (1974) o en la “costumbre de instaurar costumbres” de la
antología de poetas traductores de López Mills (2011). Es sin exageración una de las constantes de la
poesía hispanoamericana en español desde la traducción de Mis hijos de Víctor Hugo hecha por José
Martí para la Revista Universal de México (1875). En las palabras que dedica a la traducción, Octavio
Paz habla de la “doble empresa” de los poetas en español desde Darío: “asimilar la tradición poética
moderna e insertar nuestra poesía en esa tradición”. En esa doble empresa la traducción juega un
rol central.
1 Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

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�Pero aunque en términos generales la traducción es una práctica que acompaña procesos de
modernización acelerada, término que completa la metonimia paciana de Darío, acusa distintos
métodos, tipos, etapas, tradiciones, incluso legados. Recordemos que el llamado alfonsino a
sostener una imprenta medieval “en cada una de nuestras capitales americanas” (MCL 1931) se da
durante el abaratamiento de los artículos de prensa a causa de la entrada a saco de las agencias
internacionales de noticias en la publicidad de entreguerras del subcontinente (Reyes Heroles). Esa
prensa de “geometría perfecta” crea poco a poco redes intelectuales para la circulación de ideas y
la institucionalización de ciertas actividades literarias. La mejora en las comunicaciones que dichas
publicaciones (repertorios, gacetas, boletines, almanaques, telégrafos, correos) supuso favoreció
el intercambio cultural a escala nacional, subcontinental y atlántica (aunque no precisamente en
ese orden), las mediaciones nacionales activas entre tradiciones temporalmente descompasadas e
integró a Hispanoamérica en circuitos transnacionales (por ejemplo el latinismo del Groupement
des Universités et Grandes Écoles de France pour les Relations avec l’Amérique Latine, entre otros)
donde la traducción aparece de manera temprana. Ello brinda a los traductores un rol de mediadores
entre repertorios europeos y los campos literarios hispanoamericanos, concediéndoles más o menos
creatividad, libertad, representatividad en un movimiento que no es precisamente pendular como la
tesis histórica de “Nosotros” (1914) pero sí un proceso histórico en el que se pueden distinguir etapas,
incluso distintos repertorios, métodos, desacuerdos.

La traducción de un libro de combate
En Hecho sin cuidarse mucho, por ociosidad (2023), Elena Madrigal estudia un proyecto traductor fallido
en el que participaron Alfonso Reyes (traductor), Pedro Henríquez Ureña (crítico), Julio Torri
(gestor editorial universitario) y José Vasconcelos (secretario de Educación) en los años 1918-1924.
La correspondencia del regiomontano con Henríquez Ureña y Genaro Estrada permite fechar la
temprana percepción del capital simbólico de Art de Clive Bell. Los términos “libro de combate” y
“Biblia por la que hoy juran muchos en Inglaterra y Francia” describen su doble estatuto mexicano:
novedad cultural (otra manera de ver el arte), arma para consolidar la posición de los ateneístas en
el campo intelectual mexicano, en el que disputan con otros el papel de maestros del gusto.
La introducción de Art en México, punto estelar de la constelación del arte por el arte inglés
(Pater-Fry-Bell), no es una mera operación traductológica abortada, sino ejemplo de orquestación
de una estrategia desplegada en el seno de la universidad nacional con el fin de acumular capital
cultural específico que les permitiera diferenciarse de otros agentes del campo intelectual: la función
social del arte no es ni ornamental (modernismo) ni de denuncia (nacionalismos), es formativa y se
realiza en la educación estética del humanismo, posicionándose como mediadores entre la cultura
moderna y la realidad mexicana.

Una estética transhistórica del ruido dialectal y el automatismo colectivo
Graciela Salto propuso en 2013 una modernidad alfonsina estableciendo relaciones entre cinco
textos que Reyes produjo en distintas etapas de su trayectoria intelectual: “Sobre el procedimiento
ideológico de Stéphane Mallarmé” (1909), “De la lengua vulgar” (1921), “Psicología dialectal” (1924),

98

�interfolia
“Las jitanjáforas” (1929). Esa modernidad situada operaría aquí como estrategia de mediación entre
tradiciones poéticas: frente al rugido de motores del futurismo italiano, el zumbido interno (ruido
dialectal) de la poesía barroca española; contra el automatismo psíquico del surrealismo francés, el
automatismo colectivo de una energía paralógica inherente a la oralidad americana.
La formación de Salto une tradición hispánica con experimentalismo vanguardista y americanismo
crítico, ensamblaje que podría considerarse refundición de la “forma significativa” de Bell: locus del
arte hispanoamericano moderno. Caso grave.

Nuestros hábitos (huraña ventura) de expresión poética
Como línea maestra de la traducción alfonsina, la modernidad diferenciada de Salto abre otras
lecturas en los entornos (estéticos, políticos, culturales) por los que circularon por primera vez sus
traducciones: visibilizando las estrategias de traducción y mediación cultural desplegadas por el
ateneísmo en las redes donde sus miembros se profesionalizaron.
El método de traducción alfonsino aparece en el segundo número de la revista madrileña La
Pluma, dirigida por Manuel Azaña. En la segunda entrega, Reyes publicó una serie de versiones
de “Autre éventail de Mme Mallarmé” (julio de 1920) dentro de un ensayo de portada dedicado
a discutir los componentes a considerar cuando se traduce un poema. El método tripartito que
propone responde a la necesidad de demostrar a los lectores madrileños que la tradición española
puede albergar la modernidad simbolista sin perder especificidad. Con cada versión responde a las
exigencias de un “entrenamiento paulatino de la imaginación” para finalmente acceder al “espacio
envolvente” de Mallarmé. La progresión entender-gustar-crear, donde el automatismo individual
del francés se desdobla en sensibilidad americana (la versificación rítmica de la poesía castellana
que el modernismo hispanoamericano reintrodujo en la tradición hispánica con Darío y Henríquez
Ureña) cumple con el ethos ateneísta: democratizar el acceso a la alta cultura mediante estrategias
pedagógicas innovadoras, enseñar otras maneras de percibir belleza en el arte.

Diplomacia literaria (llegar a la finura, detenerse antes de
anular la resistencia)
En las redes transnacionales de esas minorías literarias aficionadas al esgrima de la
pluma, la traducción cumplió con distintas funciones: herramienta de integración
cultural; puentes por donde circulaban obras, ideas y estilos de diferentes
lenguas y tradiciones; cabildeo de prácticas que contribuyeran a la formación
de un campo intelectual internacional y plural; ejercicio crítico y creativo
que enseñaba a reconocer la modernidad europea en los zumbidos
de la tradición hispánica o hispanoamericana; espacio de debate
para el binomio identidad-lengua;
posibilidades y límites expresivos
de nuestros hábitos de expresión
poética como lengua de llegada.
La idea que captura mejor todo
esto es la teoría de la traducción

�colectiva de la triada Jorge Guillén-Paul Valery-Mariano Brull que se anunció en la portada del
número 6 de Monterrey: “El cementerio marino en español” (1931).
Desde luego, no todas las traducciones respondieron a un mismo sentido práctico, adoptaron
diferentes matices según los campos nacionales en los que se gestaron, la corriente ideológica o el
estilo personal de sus artífices. Livia Grotto desarrolla las simpatías y diferencias entre Borges y
Reyes en la búsqueda de una “palabra propia” como agenda compartida en tensión con lenguas
extranjeras.

Bogadores de las ecuóreas rutas

La traducción de la Ilíada constituye la culminación literaria de un proyecto cultural que articula el
“aprovechamiento orientado de una tradición” de 1932 con la teoría americana de la versificación
(Bello-Freyre-Henríquez Ureña) como práctica traductora que configura una estrategia de
legitimación simbólica que trasciende fronteras nacionales. La línea maestra de esa estrategia
redefinirá las relaciones entre capital cultural, traducción y construcción de identidades intelectuales
en el contexto hispanoamericano. Ahí también aparece el ethos ateneísta y la hexis del ruido dialectal
del hispanismo, la flexibilidad rítmica del modernismo hispanoamericano y la levedad de matiz
alfonsino.
Como operación de campo, las traducciones de Reyes operan como estrategia de reconversión
de capital cultural que le permite transformar capital acumulado en capital simbólico: su “afición
de Grecia” (capital cultural) como credenciales que legitimaban su autoridad en el campo del
humanismo internacional, su vínculo con los intelectuales españoles (capital social) como criterio
para nombrarlo presidente de la Casa de España. Su prestigio como mexicano universal le permite
romper las fronteras del nacionalismo en crisis (Revueltas-Martínez). Su práctica traductora en esta
última etapa se nos revela como un mecanismo de mediación entre el capital cultural internacional
(arielismo, hispanismo, krausismo, latinoamericanismo, humanismo de entreguerras) y las necesidades
específicas del campo intelectual nacional. Esa formación le permitió desarrollar lo que Bourdieu
denomina “capital cultural institucionalizado” y Díaz Arciniegas “fundación de una tradición”:
conocimientos y competencias reconocidos por las instituciones académicas y culturales.

Así se hicieron las catedrales
Desde sus años madrileños (traducciones por encargo de prosistas ingleses que trasladó al conceptismo,
la antítesis y paradojas del siglo de oro) hasta su regreso definitivo a México, para Reyes la traducción
fue un ejercicio de mediación cultural (producción de equivalencias entre distintas tradiciones
literarias), articulación de redes (intelectuales, textuales) que operaban como puente simbólico entre
campos nacionales y continentales, construcción de genealogías que legitimaban la pertenencia de
Hispanoamérica a la tradición Occidental. Sus traducciones tanto como su promoción de la traducción
colectiva inspirada en la teoría de Guillén contribuyeron a la circulación de capital cultural y a la
construcción de un espacio intelectual latinoamericano donde se fomentó un diálogo crítico sobre
la identidad, la lengua y la autonomía literaria. La traducción pronto adquirió dimensiones de un

100

�interfolia
campo de negociación entre lo local y lo universal, permitiendo a los traductores diferenciarse como
agentes de innovación y legitimación cultural.
Las elecciones métricas y estilísticas de sus traducciones reflejan su capacidad para reconocer
la modernidad en la propia tradición o integrar las teorías o acentos hispanoamericanos en otras
tradiciones (clásicas o modernas), pulsión hispanoamericana desde Rubén Darío según Paz. Esa
práctica discursiva jamás desatendió la preocupación educativa y social, la democratización del
acceso a la cultura y la profesionalización del ateneísmo. Basta consultar las notas que acompañan
su traducción de la Ilíada para corroborarlo.

Nota de los editores: el presente trabajo constituye un adelanto de una investigación más extensa que aparecerá en la memoria del coloquio "Lecturas
latinoamericanas de y desde la obra de Alfonso Reyes", celebrado en CABU del 19 al 21 de febrero de 2025.

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�r e t r at o s r e a l e s e i m agi n a r io s

Palabras que caen en el interior
como flor de cerezo
María Fernanda Ramos

10 4

�interfolia
El interior de cada persona está sujeto a un
proceso ambiguo, la existencia misma lo padece y cuestiona. En esta clase de acontecimiento
encontramos la participación de las palabras
como expresión capaz de reflejar la sensibilidad, dolor y belleza de la experiencia personal.
Así como los pétalos de una flor de cerezo vuelan desde su centro ante la fuerza del viento, así
las palabras emprenden un vuelo a partir del
núcleo de cada persona. En Natsume Kinnosuke —mejor conocido como Natsume Sōseki
(1867-1916)— las palabras encuentran su nacimiento en un término complejo: kokoro, corazón o alma en japonés.

esa transición se convirtió en problema. Esta
afección abrazaba, además, un lugar de incertidumbre, donde lo conocido amenazaba con
extinguirse y lo nuevo resultaba extraño. Los
resultados de ese intercambio drástico crearon
una adaptación imprecisa, emulación forzosa
de los hábitos occidentales que carecía de la
belleza natural del mono no aware. En ese entorno disruptivo, confuso, Sōseki descubre que la
literatura es un agente que convive con lo más
íntimo del pensamiento. A través de ella puede entenderse parte de la dolencia social, pues
quienes escriben reflejan inevitablemente el infortunio de su entorno y sus decisiones.

A través de uno de sus personajes, Sōseki
atraviesa al lector: “Las palabras no son sólo
vibraciones en el aire. Tienen más poder que
eso, pueden agitar con fuerza el corazón de los
hombres y sacudirlos”1. Frente a tamaña cita,
pregunto, ¿qué agitaba el corazón del escritor
japonés? Sus narraciones nos llevan a encontrar respuestas en su vida enredada con los sucesos de su país.

Después de terminar sus estudios en Literatura Inglesa y ejercer como docente, Sōseki viaja a Londres en 1900 por órdenes del gobierno
japonés. Permanece ahí dos años para perfeccionar el idioma. También aprovecha su estancia para aprender sobre literatura occidental.
Lejos de haber experimentado entusiasmo por
su viaje, se sintió sofocado por la soledad y el
choque cultural con una nación tan distinta a
la suya. Él mismo dio testimonio del desagrado
y angustia experimentada en aquella capital.
Sin embargo, en ese mismo periodo asume un
compromiso con la literatura, construir un proyecto llamado Bungakuron o Teoría de la literatura.
Momento sin precedentes: a partir de un viaje
y el estudio de textos occidentales, Sōseki traza una ruta crítica que ayudará a los japoneses
a vislumbrar el impacto de la modernidad en
la literatura. Pero sabe que teorizar lo literario
es una tarea difícil, entiende que la literatura
oriental y la occidental son distintas en cuanto a factores generativos, sociales y culturales.
Trabaja en el proyecto a lo largo de toda una
vida. Proyecto novedoso no sólo en lo teórico,
también en lo práctico, pues el narrador presenta sus novelas y relatos como evidencias de
su experiencia personal y lectora.

Natsume Sōseki crece en la Era Meiji (18681912), periodo de grandes cambios estructurales para la sociedad japonesa. Aunque en Japón
han existido varios momentos en que la identidad nacional ha sido cuestionada, la Revolución Meiji refleja la transición abrupta de una
sociedad feudal a un sistema de modernización
e industrialización. El Japón —en aislamiento
durante siglos, regido por normas tradicionales
ajenas a las potencias occidentales— atestiguó
la intervención del mundo occidental que opacaba, cada vez más, la identidad japonesa. La
confusión que sucitó fue tal que, hasta hoy, sigue permeando en la sociedad del archipiélago.
Para quienes crecieron con las costumbres
de un mundo feudal y poco sabían sobre los
cambios del mundo exterior, vivir por la fuerza
1 Natsume Sōseki, Kokoro (Impedimenta, 2022), 183.

�Para Sōseki era importante que los textos
contaran con percepción y emoción, sin tales
características no podrían completar su sentido literario.2 Estas pautas se esclarecen, por
ejemplo, en Soy un gato. Ahí el lector encuentra
la mirada de un felino que pone en evidencia los comportamientos contradictorios del
ser humano, y confiesa: “Convivo entre seres
humanos, y cuanto más los observo, más me
convenzo de su egoísmo”.3
Me parece interesante que sea un animal
quien relate las acciones de las personas, como
si esa distancia o enajenación de la condición
humana fuese precisamente
una resolución para brindar
una postura crítica sobre las
conductas individuales y colectivas. Sōseki traspasa a sus lectores no por exponer un retrato
cotidiano y entretenido, sino
por lo angustiante que resulta
la perspectiva del narrador: sus
ojos nos hacen convivir con la
dolencia de la sociedad japonesa, con la preocupación de un
autor que vislumbra el vaivén
de un oleaje inagotable, donde
tradición y modernidad coexisten y se resisten.
Otra muestra de esta emoción y percepción
está en Botchan, obra que presenta una narrativa divertida y fluida. El autor no deja de explorar las contradicciones, pero ahora les hace
frente a través de un protagonista aventurero
y determinado. Se trata de la historia de un
joven que consigue un puesto de profesor en
una secundaria lejos de la capital. Los sucesos
son muestras de las experiencias personales de
Sōseki, que considera

importante evidenciar la búsqueda de una autenticidad personal. Por eso el autor desarrolla
un protagonista que es capaz de adaptarse a
pesar de la hostilidad de su entorno, pero señala y critica las actitudes absurdas:
Pero si se piensa un poco, se descubre
que la mayoría de la gente, de una forma u otra, quiere que te tuerzas, que no
cumplas con tu obligación. Es como si
pensasen que si no lo haces no tendrás
éxito en la vida. Y cuando de pronto se
topan con alguien bueno e inocente, deciden tratarlo como niño mimado, y se
dedican a despreciarlo y
meterse con él.4

Mientras el lector de Soy un gato
y Botchan se entretiene con una
historia simpática y crítica, el
lector de Kokoro se enfrenta a un
texto más inmersivo. Considerada un clásico de la literatura
japonesa, se necesita un respiro
para digerir las emociones después de encontrar armonías de
palabras que sacuden el interior.
En esta historia el deber y el anhelo convergen para plasmar el
sufrimiento a través de una narración emotiva.
Además de encontrar contrastes como la juventud y la vejez, la pasión y la aversión, hay
una exploración profunda del ser a través de la
memoria. Por medio de una carta el personaje
de Sensei refiere su historia de vida y comparte
su secreto:
He de decirte que quiero escribir. Escribir sobre mi pasado, sin que nadie me

2 Natsume Sōseki, Theory of Literature and Other Critical Writings (Columbia University Press, 2009), 179.
3 Natsume Sōseki, Soy un gato (Alianza Editorial, 2023), 11.
4 Natsume Sōseki, Botchan (Impedimenta, 2020), 109.

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obligue a hacerlo. Mi pasado es, a fin de
cuentas, el conjunto de mis experiencias,
y supongo que podría considerarlo como
una de las pocas cosas que son auténticamente mías.5

Las palabras, de nuevo, demuestran que en
ellas se puede esconder un secreto que ha reposado durante mucho tiempo en el corazón.
Por eso la memoria también forma parte de
una identidad personal que duele. Para Sensei,
este dolor no puede ser compartido con cualquiera: sólo bajo la condición de una promesa
es que puede ser transmitido, y sólo ante un
corazón honesto, capaz de aprender de esa dolencia. Más allá de una revelación personal a
través de la carta, el autor propone algo más:
concientizar al lector sobre la escritura, porque si Sensei no escribe su corazón se ahoga en
soledad; si no escribe, no puede transmitir un
aprendizaje personal al remitente de la carta.
Por eso advierte: “Ahora voy a abrirte mi corazón para verter mi sangre sobre ti. Me daré
por satisfecho si cuando deje de latir, una nueva
vida ha arraigado en tu pecho”.6 Esta idea es
similar al pensamiento que expresa Sōseki en
el “Prefacio” de su Teoría de la literatura: aunque
él mismo acepta que está incompleta, le parece
pertinente ponerla a disposición de otros para
que sean ellos quienes completen sus estudios
literarios: “No es por inconcluso que enseño a
los estudiantes la esencia de la literatura. Habré conseguido mi propósito si aquel que haya
terminado de leer este libro encuentra algún
problema”.7
La relación que tenía Natsume Sōseki con lo
literario iba más allá de un deber pedagógico.
Su compromiso con la literatura es tajante por-

que representa un eje central para desvelar una
individualidad, una necesidad psicológica y social: “Juré que investigaría la necesidad psicológica que había tenido la literatura para nacer en
este mundo, desarrollarse y corromperse. Juré
que penetraría en la necesidad social que había
tenido para existir, popularizarse y caer en decadencia”.8 En estas palabras encontramos una
pieza de esa “fuerza” que agita el corazón del
narrador. El resto del rompecabezas se encuentra, como he mencionado, en el contexto y en
los efectos de la literatura dentro de su vida. El
compromiso de Sōseki no se estanca en su teoría ni en las obras que ponen en práctica este
esfuerzo crítico desde el testimonio personal;
sino que, además, circula entre otros escritores
en espera de que ellos también atiendan el futuro de la sociedad japonesa desde las letras.
Con ello se establece la “reunión de los jueves”,
círculo en el que participan escritores como
Akutagawa Ryūnosuke y Tanizaki Junichiro,
quienes destacarán más tarde en el mundo de
las letras. El círculo no sólo abordaba lo literario, también invitaba al estudio y discusión de
otros temas en torno a la filosofía y el arte.
Sōseki, aún después de su muerte, continuó
siendo inspiración y referente en las siguientes
generaciones de escritores. El título “padre de
la literatura moderna japonesa” responde al esfuerzo de trasladar las letras de su país a un espacio de atención y reflexión. También con la
manera innovadora en que alude a su contexto
social a partir de la percepción y la emoción de
sus personajes: por eso en Soy un gato atisba la
crueldad y el egoísmo, en Botchan la determinación y la contradicción y en Kokoro la soledad
vacía que se expande y eclipsa, que absorbe la
belleza de lo que antes se contemplaba y ya no

5 Natsume, Kokoro, 168.
6 Ibidem, 169.
7 Natsume Sōseki, “Prefacio a la teoría de la literatura”. Traducido por Silvia Novelo y Urdanivia, (Luvina: Revista literaria de la Universidad de Guadalajara, s.f.).
8 Idem.

�está. Pero estas perspectivas y emociones no deben reducirse a melancolía, sino a una lucidez
de conciencia que se resiste a la tergiversación
violenta de una cultura. Esos elementos también son una invitación para descubrir nuestra
interioridad, dejar un testimonio que apueste
por problematizar y restaurar.
Sōseki atiende de manera crítica el fenómeno central de la era Meji: la modernidad, con
el ruido del progreso, restringe la voz de pasado y presente. Por ello parece haber ausencia y
resentimiento. Por ello es necesario esforzarse
y regresar a la memoria y a las palabras. Así,
cada que topemos de frente con alguna de sus
obras entrañables, cada que demos por terminado un suceso, recordemos el anhelo que él
mismo expresa: “Habré conseguido mi propósito si aquel que haya terminado de leer este libro encuentra algún problema, plantea alguna
duda y hace progresos desarrollando una opinión más avanzada”.

108

�interfolia
Bibliografía
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Sōseki, Natsume. “Prefacio a la teoría de la literatura.”
Traducido por Silvia Novelo y Urdanivia, Luvina: Revista
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simplemente%20de%20pre%2
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Sōseki, Natsume. Theory of Literature and Other Critical
Writings. Columbia University Press, 2009.

�110

ojos de r ey e s

Circe Maia en Tacuarembó
Javier Narváez
En la portada de la Obra poética de Circe Maia aparece representado un reloj de arena: en el bulbo
superior, el sol concentra su energía hasta hacer desaparecer casi por completo la imagen de un árbol
con el que comparte escena; en el bulbo inferior la arena cae implacablemente formando un montículo que está a punto de desbordarse. El lector sin saberlo intercambiará el sitio de ambos elementos.
Escribe Maia En el tiempo (1958):
Hoy me puse a cantar canciones tuyas
cuando no había nadie.
Y venía tu voz, alzándose, venía
borrándome la ajena luz, volando
tu voz hacia la mía
como por otro aire.

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Nacida en Montevideo en 1932, se formó en Filosofía, disciplina que también ejerció como docente.
En 1958 se trasladó a Tacuarembó, donde colaboró en la fundación del Centro de Estudiantes del
Instituto de Profesores Artigas. Fue en esta ciudad del interior uruguayo donde vivió, junto a su familia, los difíciles años de la dictadura militar. Su obra poética ha sido reconocida con el Premio Nacional de Poesía de Uruguay (2007) y el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico
García Lorca (2023), otorgado por "convertir la poesía en un método de conocimiento de la realidad,
que se basa en la experiencia diaria con un lenguaje transparente y exacto".

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Las fotografías que presento fueron tomadas en su hogar tacuaremboense. La poeta y una vecina me
esperaron en la terminal de autobuses. Por aquellos días se recuperaba de una fractura de brazo y el
médico le recomendó retomar el piano, instrumento que había abandonado desde los catorce años.
Conservo como un tesoro el privilegio de haberla escuchado interpretar algunas piezas y la oportunidad de compartir un café en su compañía.
Ahora, queridos amigos, van estas imágenes, también invitan a buscar la poesía en cada instante
cargado de luz y de letras.

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pr imer as letr as

Estrategias del humor macabro en tres
obras de Edward Gorey
Ander Urteaga

Grises ominosos
La literatura dirigida a la infancia, a pesar de su
extensión y longevidad, ha tardado mucho en
ser recibida por los círculos literarios profesionales, por lo que todavía mantiene gran parte
de su historia en la oscuridad, incluyendo a sus
autores más influyentes. Esta penumbra académica se intensifica más con aquellos artistas ubicados fuera de la norma. Tal ha sido el caso de
Edward Gorey, escritor e ilustrador cuya obra
mantiene un estilo polémico, pero eficaz, en
la creación de atmósferas tétricas relacionadas
con el ser infantil. Nacido en Chicago, Illinois,
en 1925, Edward St. John Gorey alcanzó notoriedad en la escena neoyorquina en los años
cincuenta, desarrollando un estilo marcado por
un humor mórbido y cínico que contrasta con
su conexión con las formas tradicionales de la
literatura infantil.

�interfolia
Edward Gorey reproduce un modelo preestablecido, el de la literatura para niños, normalmente plagada de colores que el escritor transforma en grises ominosos, como si cada línea
tuviera una oscura pretensión propia. Gorey
comprende la estructura del libro infantil, pero
altera su fondo. En ciertos casos, la lectura se
aleja directamente del público joven, como El
curioso sofá, publicado en 1961, cuyas páginas están plagadas de un doble sentido sexual variopinto, mientras que Los pequeños macabros (1963),
su obra más conocida, es un abecedario de
muertes infantiles. Por otro lado, uno de sus primeros libros, El huésped dudoso (1957), sobresale
por su estética visual, por lo que se analizará
para señalar la influencia de la caricatura y el
arte victoriano en la configuración de su humor.
De cualquier modo, es innegable la naturaleza humorística (mas no cómica) de los textos.
Los libros de Edward Gorey no poseen una estructura cómica, pero su obra está permeada
por el humor. La muerte, los vicios y los peligros de la sociedad son llevados al mismo nivel
de la infancia, los niños conviven en ella. Esta
comunicación es tan rutinaria que se vuelve
absurda. En su discusión sobre la risa, Henri Bergson habla del humor como la ruptura
involuntaria de un sistema predeterminado,
y la risa se vuelve un gesto social. En la obra
de Edward Gorey este carácter de oposición
se intercala con el del tabú de la interrupción
de la infancia, la inserción de la adultez en un
medio típicamente infantil.
Hipótesis: el humor macabro de Edward Gorey se configura a partir del choque entre los espacios y expectativas de la infancia y la adultez
al reproducir las formas tradicionales de la literatura infantil y juvenil. Ahora bien, Edward
Gorey aborda temas adultos como la muerte y
lo grotesco desde una estética infantil, creando
un contraste entre lo macabro y lo cómico que

define su estilo e impacto. Aunque influyente,
su obra ha sido poco estudiada en español, este
ensayo busca llenar ese vacío y resaltar su importancia en la literatura infantil, así como su
presencia en los exponentes actuales.
Aunque la mayoría de los estudios sobre la
obra de Edward Gorey están en inglés, existen algunos autores hispanohablantes que lo
abordan brevemente desde lo macabro y lo
infantil. En su ensayo “¿Por qué la literatura
es también para los niños?”, publicado por la
revista virtual Imaginaria en 2009, la investigadora Marcela Carranza menciona a Edward
Gorey entre autores como Roald Dahl, Mark
Twain y Lemony Snicket. Por su parte, en The
Gashlycrumb Tinies (Los pequeños macabros), o cuando Edward Gorey se ríe de la muerte, de Baldallo
González (2016) se centra en explicar el rompimiento de Gorey con las expectativas de la
literatura infantil, que dulcifican la figura del
niño, examinando los elementos de ruptura en
Los pequeños macabros.
Lo cierto es que la discusión de Edward Gorey en su lengua natal ha producido mayores
resultados. Entre los autores y autoras que discuten la obra del artista estadounidense en inglés están el biógrafo Mark Dery (2018), Lydia
Horne (2016), Eden Lee Lackner (2015), Malcolm Whyte (2015) y Kevin Shortsleeve (2002).
Por último, es preciso destacar la labor de
Gregory Hischak (2021), actual curador de Edward Gorey House, un proyecto que desde 2002
busca la preservación y difusión del legado de
Edward Gorey, con especial atención al 2025,
año en que se celebra el centenario del autor.
Para comprender el humor macabro
A partir del examen de tres libros representativos se busca comprender cómo el autor construye un humor macabro que surge del contraste

�entre lo infantil y lo adulto. Cada obra aborda
un aspecto distinto del humor del autor: el absurdo y el nonsense en El huésped dudoso, el doble
sentido y la sexualidad que aparecen en El curioso sofá, y la parodia de la tradición infantil
en Los pequeños macabros. Estas obras permiten
analizar la forma en que Gorey subvierte las
expectativas de la literatura infantil, utilizando
recursos narrativos y visuales para crear una
comicidad oscura.
La investigación parte de elementos particulares para formular interpretaciones generales,
recurriendo a teorías como la del humor de
Henri Bergson y la parodia según Linda Hutcheon, y se centra en la relación entre texto e
imagen, el absurdo, el doble sentido y la subversión de convenciones. El análisis propuesto
no sólo busca describir cómo se construye el
humor en estas obras, sino también explicar su
funcionamiento y su impacto dentro del género. Al centrarse en la interacción entre texto e
imagen y en la ambigüedad entre lo infantil y
lo adulto, se pretende ofrecer una comprensión
más profunda del estilo de Gorey y su influencia en la literatura y el arte contemporáneo,
abriendo nuevas vías de análisis sobre la intersección entre lo cómico, lo macabro y la representación de la infancia.

Lo absurdo en El huésped dudoso
Tomando como base la recopilación bibliográfica de Edward Bradford (2024), El huésped dudoso
(The Doubtful Guest) fue el tercer libro de Edward
Gorey, publicado originalmente por Doubleday
en 1957, después de The Unstrung Harp (1953) y
The Listing Attic (1954). El texto narra la aparición de un ser extraño en el hogar de una familia burguesa que juega con todos los objetos a
su alrededor. Durante la historia los miembros
de esta familia no muestran hostilidad hacia la
criatura ya que, como indica el título de la obra,

se trata de un huésped. El relato concluye contando que han pasado 17 años desde que este
entró a la casa, sin intenciones de retirarse.
Este absurdo que envuelve al huésped se genera, como gran parte de las obras de Edward
Gorey, mediante un contraste con el “mundo
civilizado”, de apariencia decimonónica y victoriana y con los mismos rigurosos modales. En
un inicio se sobresaltan, pero rápidamente desaparece la impresión y lo reciben no como una
mascota, sino como un invitado. Esta absurda
cortesía respecto a la criatura se refleja en su
incapacidad de echarlo, pero sobre todo, de recibirlo como un huésped tradicional.
La criatura demuestra inteligencia y curiosidad, pero también desconoce gran parte del
funcionamiento del mundo y depende de la vigilancia de los adultos, quienes aceptan su estadía por los siguientes 17 años. Para Shortsleeve
(2002) estas características hacen del huésped
una metáfora de la niñez, tomando como base
símbolos como las zapatillas. Así, en relación
con lo expuesto y con la hipótesis del humor
macabro como el contraste entre los mundos del
niño y el adulto, la infancia implica un contacto
con el absurdo y una interrupción de la realidad (perpetuada por la adultez). Por otro lado,
la caricatura revela una naturaleza más verdadera que el diseño realista, pues su subjetividad
clarifica la interpretación. En otras palabras, al
resaltar visualmente aspectos particulares de los
personajes es posible observar con mayor claridad la relación entre la parodia y su objeto, de
modo que los lectores empiezan a cuestionar el
objeto de la burla. El diseño de los personajes
descompone la rigidez victoriana, la separación
entre los niños y adultos, así como la estancia
de los primeros en la realidad de los segundos, y
revela su absurdo.
En cuanto a la relación de Gorey con los
limericks de Lear cabe destacar que El huésped

118

�interfolia
dudoso está escrito en verso y todas sus estrofas
tienen dos versos y riman. Junto con la ilustración, esta unión construye una sola lectura o
imagen mental que abarca cada estrofa, lo que
hace que el conjunto sea leído como una serie
de eventos lineales encadenados por la presencia de la criatura dentro de la familia, de modo
que cada página es un breve episodio. Este formato es común dentro del libro álbum y, de hecho, como asegura Malcolm Whyte (2023), fue
leído y vendido como un texto infantil.
El nonsense que caracteriza la naturaleza de
los limericks de Lear (2002) guarda una relación
estrecha con el absurdo en su comicidad, por lo
menos desde la definición que brinda Bergson
(2011). El absurdo humorístico, al igual que el
nonsense, se basa tanto en una lógica imaginaria
como en la inversión del sentido común y en la
contradicción, que para el filósofo francés es la
base de todo acto cómico, es decir, se presenta una disrupción entre expectativa y resultado, una breve interrupción en el orden de la
realidad.
Para Bergson, esta transgresión “consiste en
pretender amoldar las cosas a una idea que tenemos, y no nuestras ideas a las cosas” (111),
una dinámica que el autor compara con el
ensoñamiento. En el nonsense y en el absurdo
impera una relación entre los objetos en juego,
sólo que esta relación dista de una interpretación lógica reproducible en la realidad. La comicidad se define por un contraste, por la interrupción de una sucesión monocromática o de
un evento insólito en la realidad, una presencia
que no debería estar ahí y, sin embargo, está.
Bergson señala la risa como una corrección
para restaurar el orden, una expresión social
que señala la extravagancia del hecho cómico.
El huésped, por ejemplo, es absurdo porque
no denota su extravagancia, simplemente la
vive, y la cortesía se desautomatiza al dirigirla a

un personaje ajeno a ella. No obstante, un detalle importante es que la criatura en ningún momento abandona la casa, la broma se sostiene
por 17 años, por lo que la desautomatización
sólo es parcial: se reconoce el mecanismo de la
broma, el contraste entre el huésped y la familia, pero el orden no persevera sobre el absurdo.
En El huésped dudoso no hay un regreso a la
normalidad, sino que el absurdo se perpetúa en
tanto el huésped continúa en la casa. Esta permanencia es lo que permite revelar la metáfora
del niño escondida en la criatura, lo que supone
un regreso al orden, no presente en el texto, sino
en su interpretación. La risa no se completa en
el texto y, por extensión, el niño (el huésped) no
es corregido.

La fuerza de lo implícito en
El curioso sofá
En la obra de Edward Gorey persiste un fuerte
carácter paródico, así como un diálogo entre
la tradición literaria infantil y la nueva conceptualización que el artista estadounidense
hace de la infancia, y este encuentro se extrapola al contraste entre los mundos del niño y
del adulto. Por lo tanto, el humor de Gorey se
encuentra en la subversión de las expectativas
del género y la desprotección de los infantes
en un entorno violento e inhóspito, en el cual
la fragilidad física del niño es palpable.
Este cruce entre la inocencia y la violencia,
que corresponden al panorama de expectativas
de ambas edades, es también la base humorística de El curioso sofá (1981a), una de las obras
más polémicas del autor por su contenido implícito. El libro fue publicado en 1961, dos años
antes que Los pequeños macabros, pero a pesar de
ser no ser su obra más representativa, El curioso
sofá proporciona una mirada privilegiada a la
raíz del humor de Edward Gorey, tanto por ser

�uno de sus textos más tempranos como por su
particular uso del doble sentido como estrategia cómica para producir significados nuevos.
En la historia, Alicia conoce a un hombre llamado Herbert, quien la invita a casa de su tía,
Lady Cecilia, donde conoce a varios personajes
excéntricos y participa en juegos tan extraños
como sexualmente sugerentes, incluso violentos. La historia culmina con la visita a Sir Egbert, quien les muestra un enigmático sofá. Al
activarlo, Alicia grita y la escena final muestra
una habitación vacía, sin mayor explicación.
La narración omnisciente se compone de 16
viñetas con descripciones de la acción a modo
de pie de página, pero en ningún momento la
imagen se posiciona sobre la interpretación del
texto, pues es ahí donde sobresale el juego léxico del autor y el doble sentido.
El autor juega con los elementos explícitos e
implícitos para subvertir las expectativas sobre
sus lectores, ya que si bien las palabras por sí
solas no están fuera de la convención social
respecto a lo que deben leer las infancias, al
unirlas y presentar su significado en un contexto particular (como el encuentro entre un
hombre y una mujer) hay una disrupción con
el público esperado, pues el contenido del texto es “adulto”.
El doble sentido y el humor escatológico, si
bien con restricciones en cuanto la representación del sexo en la broma, no eran nuevos en la
literatura infantil al momento de la publicación
de El curioso sofá. De acuerdo con Kerry Mallan
(1993), profesora de la Universidad de Tecnología de Queensland, en Australia, el sentido
de humor de las niñas y niños evoluciona a lo
largo de la infancia, pero está dominado por
un interés en el funcionamiento del lenguaje.
A partir de los ocho años este sentido del humor se mueve hacia la polisemia y los juegos

de palabras, entre ellos el doble sentido. En los
últimos años de educación primaria las bromas
suelen ser particularmente escatológicas y grotescas (toilet humor). Los temas son adultos, de
modo que el niño refuerza su propia madurez
al reír sobre conceptos que la sociedad adulta
considera fuera de su rango de edad, pero los
expresa de un modo que no escapa a su propio
ser infantil, por lo que el adulto percibe el humor escatológico como infantil.
Del mismo modo, las transgresiones que realiza Edward Gorey no escapan de la dimensión
infantil. El doble sentido es recurrente en todas
las escenas y no pasa desapercibido para el lector adulto, que ríe ante la connotación sexual
del texto y la ilustración que retrata una interpretación literal del mismo; sin embargo, retomando a Bergson (2011), esta risa es punitiva
dado el choque entre un medio infantil y un
contenido adulto. Por su parte, si bien el doble
sentido se esconde en una aparente descripción
literal del texto mediante las imágenes, el niño
también es consciente de la broma y disfruta el
contenido escatológico sin distinguir entre las
distintas prácticas e identidades presentes, pues
se entienden como parte de “lo adulto”.
En El curioso sofá, la sexualidad más que un
tema, es la atmósfera de una historia sin conflicto, pues el principal enfoque es el lenguaje que
revela una realidad adulta en un medio infantil.
Es decir, las manifestaciones del sexo no son un
tema de discusión entre los personajes, sino una
presencia constante inherente a ellos y su entorno. En estas páginas el lenguaje hace referencia a prácticas tan diversas como el sexo dentro
de la homosexualidad masculina y femenina, el
exhibicionismo, el poliamor y la promiscuidad.
Por sí solos estos usos del sexo generan controversia, pero la dimensión de la broma (cuya
principal herramienta aquí es el doble sentido)

120

�interfolia
permite que estas sean interpretadas como un
espectro, un esquema en el cual los bordes desaparecen, incluso entre aspectos como la identidad, la orientación y la mera afectividad social,
y sólo queda una abierta noción de las prácticas
e identidades sexuales como parte de un todo.
A pesar del rompimiento que la obra busca
respecto a la tradición de la literatura infantil
y sus expectativas, mantiene un vínculo con
la infancia gracias al uso de juegos de lenguaje como el doble sentido y la
estrecha relación entre texto e
imagen. Más allá de su carácter transgresor, al analizar sus
elementos y compararla con
otros autores, se revela como
una pieza que dialoga con lo
infantil desde nuevas perspectivas. Además, conserva la
parodia, alterando la normalidad por medio de un entrelazamiento de fondo y forma,
que permite el desarrollo de
la broma hasta la risa.

El carácter paródico de
Los pequeños macabros
Entre las obras de Edward Gorey, Los pequeños
macabros (1981c), publicado en 1963 dentro de
la colección Vinegar Works: Three Volumes of Moral Instruction, de Simon &amp; Schuster, predomina
como el texto más vendido, y a su vez, el más
representativo del estilo de su autor. Este libro
crea una relación entre el abecedario y la muerte, el soporte principal del libro, pues en sus
páginas se describen los accidentes, enfermedades y circunstancias que causaron la muerte de
veintiséis niñas y niños, cada uno por una letra
del alfabeto, acompañados por un dibujo que
refleja sus últimos momentos.

Haciendo un breve paréntesis, es necesario
rescatar el carácter literario de estas breves oraciones que conforman la totalidad de la obra.
La importancia de señalar la relación de Los pequeños macabros como la microficción está en el
hecho de que, si bien las muertes de los niños
no constituyen propiamente microrrelatos, Edward Gorey emplea elementos vistos en estos
últimos como medios para lograr su atmósfera, como parte de su literariedad juguetona.
Asimismo, características que
Violeta Rojo (1997) señala del
microrrelato están presentes en el libro de Gorey, tales
como la brevedad, la serialidad y la fragmentación, así
como el matiz proteico, inclasificable y lúdico de los textos.
Por otro lado, la investigadora Linda Hutcheon (1992)
define la ironía como un choque de identidades. El humor
macabro de Edward Gorey en
Los pequeños macabros se manifiesta como un choque entre
la infancia y la adultez, en una
relación que sobrepasa los límites del texto al recurrir tanto a la ilustración
como a la architextualidad de su imitación, es
decir, la estructura del libro infantil.
Asimismo, entre las manifestaciones del humor, la parodia y la sátira son géneros históricamente relevantes. La parodia se ha estudiado
desde la intertextualidad como la inclusión de
un texto en otro a través de una estructura parodiante, es decir, que se vale del humor para
hacer ver las características más definitorias de
la obra, su autor y la sociedad en que se produce, una "superposición de textos" (177), o como
también compara Hutcheon, una síntesis que
incrusta el texto precedente en uno nuevo.

�Dentro de este ángulo, el origen etimológico
de la parodia apela al contracanto, es decir, un
texto que reacciona a otro previo.
Edward Gorey parodia también una tradición de abecedarios ilustrados, de origen didáctico, como The ABC Bunny (1933) de Wanda
Gág, desarrollando una narrativa coherente (la
historia de un conejo) en progresión alfabética,
una letra por evento. Por otro lado, desde Cautionary Tales for Children (1907) de Hilaire Belloc,
ya se daba una parodia de la tradición inscrita de igual modo en la literatura infantil. Así
como Los pequeños macabros, esta obra introduce
una estructura episódica centrada en advertencias morales para niños y desenlaces trágicos en
poemas que remiten a Edward Lear.
En Los pequeños macabros se aprecia una literatura que los mira de frente en vez de hacia abajo,
porque en primer lugar no existe la protección
típica de los libros para niños y lidia con conceptos que la adultez ha marcado como tabúes,
como es la muerte, la violencia o la sexualidad.
De este modo, al deslindar la infancia de su protección se logra una perspectiva más horizontal
del niño como ser que habita en el mundo de los
adultos, en vez de vivir al margen de este.

Los pasillos más oscuros en
literatura
El hecho de que Edward Gorey apelara a la
infancia en sus textos, se expresara mediante
su dimensión y lenguaje, así como el hecho de
que los niños se convirtieran en los receptores
finales de sus textos a pesar de su oscuridad,
son circunstancias que lo hacen un autor relevante para comprender la literatura infantil;
de hecho, estas condiciones lo unen de forma
inherente a ella.
Como se ha observado a lo largo de este
análisis, otro punto para destacar la impor-

tancia de Edward Gorey en el ámbito de la
literatura infantil es la influencia del autor
en escritores con una fuerte presencia dentro
de esta categoría literaria. En inglés destacan
autores como Tim Burton, Lemony Snicket,
Chris Priestley y Lori Mortensen, entre otros;
mientras que artistas hispanohablantes de la
talla de Liniers, Idoia Iribertegui, Ana Juan,
Ledicia Costas y, en México, Ricardo Chávez
Castañeda reconocen su influencia.
Por estos motivos, es posible considerar a
Edward Gorey un autor de literatura infantil
y juvenil. Sus obras tienen como eje central la
perspectiva del niño incluso cuando este no
está presente en las historias. En ellas persiste un sentido del humor que revela la vulnerabilidad de los niños; sin embargo, son estos
quienes comparten la risa. Asimismo, el artista
emplea los recursos válidos del medio, se nutre
de la historia de esta producción literaria y su
legado habita en un gran número de escritores
dedicados a la construcción de la identidad infantil en la literatura, incluso en los pasillos más
oscuros de este espacio.
Edward Gorey construye su humor macabro a partir de la parodia de la literatura infantil, en especial del libro álbum. Retoma su
estructura y apariencia formal, pero altera el
contenido, introduciendo temas tradicionalmente ajenos al público infantil como la muerte, el sexo o la violencia. Esta transformación
se logra sin perder la estética ni los códigos del
género infantil, lo cual provoca un efecto irónico y genera una doble lectura: una dirigida
al niño, desde la lógica del absurdo, y otra al
adulto, que reconoce la transgresión y el humor negro. Gorey también se apoya en la tradición del nonsense (particularmente la de autores
como Carroll o Lear) para romper con la lógica
convencional y presentar una infancia expuesta
a los peligros del mundo adulto, como se observa en El huésped dudoso y Los pequeños macabros.

122

�interfolia
La relación entre texto e imagen es clave en
su obra: ambos lenguajes se complementan y
generan sentidos implícitos que no se expresan
directamente, pero se completan al considerar
los vacíos individuales de la imagen y del texto
desde una perspectiva global. Obras como El
curioso sofá ilustran esta estrategia, en donde el
doble sentido, especialmente el sexual, se mantiene sugerido a través de las ilustraciones y los
juegos de palabras. Este equilibrio entre lo visible y lo oculto permite que las historias se mantengan en un espacio liminal entre lo infantil y
lo adulto, desdibujando los límites de lo que se
considera apropiado para la niñez sin transgredirlos abiertamente.
Finalmente, Edward Gorey articula su humor absurdo como una forma de cuestionar
la rigidez del mundo adulto, usando la lógica
onírica y la disrupción de la realidad cotidiana.
Su obra se posiciona así en una zona ambigua:
conserva la estética victoriana para enfatizar el
contraste entre racionalidad y absurdo, plantea una crítica sutil al modo en que la infancia
ha sido representada y protegida en la literatura. A través de estas estrategias (la parodia, el
absurdo y la relación imagen-texto propia del
modelo infantil), el autor construye un universo literario que subvierte las nociones tradicionales de lo infantil y revela la complejidad del
niño como lector activo e inteligente.

�124

�interfolia
Mallan, Kerry. Laugh Lines: Exploring Humour in Children’s
Literature. Editado por Joyce Steele, Primary English Teaching
Baldallo González, Laura. "The Gashlycrumb Tinies (Los pequeños Association, 1993.
macabros) o cuando Edward Gorey se ríe de la muerte". Prohibido
leer. La censura en la literatura infantil y juvenil contemporánea, editado Rojo, Violeta. Breve manual para reconocer minicuentos. UAM,
por Pedro C. Cerrillo Torremocha y Carmen Sánchez Ortiz, 1997.
Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, 2016,
pp. 277-281.
Shortsleeve, Kevin. "Edward Gorey, Children’s Literature,
and Nonsense Verse". Children’s Literature Association Quarterly,
Belloc, Hilaire. Cautionary Tales for Children. The Eveleigh Nash vol. 27, no. 1, 2002, pp. 27-37, https://dx.doi.org/10.1353/
Company, 1907.
chq.0.1442.
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Carranza, María. "¿Por qué la literatura es también para los
niños?" Imaginaria, no. 261, 2009, pp. 4-6.
Dery, Mark. Born to Be Posthumous: The Eccentric Life and
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Company, 2018.
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Gorey, Edward. "The Curious Sofa: A Pornographic Work by
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1981.
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Edward Gorey. Tesis de grado, University of Vermont, 2016,
scholarworks.uvm.edu/hcoltheses/107. Consultado el 25 de
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Hutcheon, Linda. "Ironía, sátira, parodia. Una aproximación
pragmática a la ironía". De la ironía a lo grotesco (en algunos
textos literarios hispanoamericanos), editado por M. C. Florencia,
traducido por P. Hernández Cobos, UAM, 1992, pp. 173-193.
Lackner, Emily L. "Genre Games: Edward Gorey’s Play
with Generic Form". Tesis doctoral, Victoria University of
Wellington, 2015.
Lear, Edward. A Book of Nonsense. Routledge, 2002.

Whyte, Martha. Gorey Secrets: Artistic and Literary Inspirations
Behind Divers Books by Edward Gorey. University Press of
Mississippi, 2021.

�e n t r e l i bro s

La ópera prima de un Nobel italiano
Eduardo Zambrano

En 1975, hace cincuenta años, el poeta italiano Eugenio Montale (Génova, 12 de octubre de 1896-Milán, 12 de septiembre de 1981) recibió el Premio Nobel de Literatura. Esta conmemoración coincide
con el centenario de la publicación de su ópera prima, Ossi di seppia (1925), poemario que, a cien años
de distancia, conserva su vigencia y resuena en nuestro presente:
No nos pidas la palabra que contenga por entero
nuestro ánimo sin forma y con letras de fuego
lo declare y resplandezca como el azafrán
perdido en medio de un campo polvoriento.
¡Ah, el hombre que se marcha tan seguro,
el amigo de todos y de sí mismo,
descuidando su sombra que el tórrido calor
imprime en un descascarado muro!
No nos pidas la fórmula que pueda abrirte mundos,
sí alguna sílaba torcida y seca como una rama.
Hoy podemos decirte sólo esto:
lo que no somos, lo que no queremos.

El poeta —a sus treinta años, desde su solitaria rebeldía— no comparte con nosotros certeza, ideología o manifiesto alguno; no, el joven Montale apenas sugiere “lo que no somos, lo que no queremos”.
Para los lectores mexicanos, las traducciones de Guillermo Fernández constituyen la referencia más
lograda e inmediata para aproximarse a la poesía de Montale. De esta manera, transcribo nuevamente de la colección Material de Lectura, número 165 de la serie Poesía Moderna, unos versos que, a
todas luces, aluden a una juventud desolada, dolorosamente entrevista en el ocio, en un conocimiento
paradójicamente cimentado en la indiferencia:

126

�interfolia
Muchas veces he hallado el dolor de vivir:
era el estrangulado arroyo gorgoteante,
era el arrugamiento de la hoja
que arde, era el caballo derribado.
No conocí más bienes que el prodigio
que otorga la divina Indiferencia:
era la estatua en la somnolencia
del mediodía, la nube y el halcón en lo alto.

Esa divina indiferencia a la que alude el poeta constituye, finalmente, lo que sugiere el título del libro:
Ossi di seppia representa la estructura interior del molusco —de naturaleza blanda—, que le permite
flotar y, añadiría, transitar sin premura por la inmensidad marina. Como preámbulo a las traducciones que realizó Guillermo Fernández para Material de Lectura de la UNAM, comparto una entrevista imaginaria que el propio Montale publicó para esclarecer aspectos fundamentales de su oficio
poético y contextualizar su obra:
En Huesos de sepia todo era atraído y absorbido por el mar en fermentación; más tarde vi que el mar
estaba en todas partes, para mí, y que hasta las clásicas arquitecturas de las colinas toscanas eran
movimiento y fuga. [...] Cuando comencé a escribir los primeros poemas de Huesos de sepia tenía
ciertamente conocimiento de la música nueva y de la nueva pintura. Había escuchado los Minstrels
de Debussy, y en la primera edición del libro había algo que se esforzaba por representarla. [...]
Además, había descubierto Los impresionistas del tan desacreditado Vittorio Pica.

Con el tiempo, este primer libro de Montale fue catalogado como poesía que se refugia en el hermetismo lírico, pero este hermetismo no es el del intransigente ni el de quien se complace en el ocultamiento, sino el del solitario: aquel que, absorto en sus lecturas, se ejercita en el oficio poético:
No niego que un poeta pueda o deba ejercitarse en su oficio en cuanto tal. Pero los mejores
ejercicios son los internos, hechos de meditación y de lectura. Lecturas de todo género, no
sólo de poesía.
Montale es también el poeta que escucha los ecos de su condición humana en las áridas y escarpadas
colinas de su Liguria natal, el músico frente al mar de la desolación, el que se sabe en busca de su
verdad, la que —por extraño que parezca— lo acerque a los otros:
Lo que el poeta necesita es buscar una verdad puntual, no una verdad general. Una verdad
del poeta-sujeto que no abjure de la del hombre-sujeto empírico. Que cante lo que une al
hombre a los otros hombres pero que no niegue lo que lo desune y lo vuelve único e irrepetible.

�En “Los limones” puede sentirse esa búsqueda, ese ir y venir de la intimidad a los espacios públicos
(las ciudades), del entusiasmo al desasosiego, tránsito del abatimiento a la contemplación repentina,
resplandeciente, de los limones. El optimismo de Montale —como el de muchos poetas— no es ostentoso, se sugiere en detalles mínimos:
Escucha, los poetas laureados
se mueven solamente entre las plantas
de nombres poco usados: boj ligustro o acanto.
Yo amo los caminos que dan a las herbosas
zanjas donde en los charcos
medio secos agarran los muchachos
alguna anguila exhausta.
[...]
Ves, en este silencio en que las cosas
se abandonan y próximas parecen
a traicionar su último secreto,
a veces uno espera
descubrir un error en la Natura,
el punto muerto del mundo, el eslabón que cede,
el hilo a desenredar que finalmente nos lleve
al centro de una verdad.
[...]
Pero falta la ilusión y nos devuelve el tiempo
a las ciudades ruidosas donde el azul se muestra
sólo a pedazos, en lo alto, entre los cimacios.
La lluvia fatiga la tierra, después; se agolpa
el tedio del invierno sobre las casas,
la luz se vuelve avara, amarga el alma.
Cuando un día por un mal cerrado portal
entre los árboles de un patio
se nos muestra el amarillo de los limones;
y el hielo del corazón se derrite,
y en el pecho nos vierten
sus canciones
las trompetas de oro de la solidaridad.

La traducción de los últimos versos estuvo a cargo de Carlo Frabetti, publicada por Editorial Igitur en
el año 2000. En la solapa se intenta definir el arraigo de lo que representa Huesos de Sepia: "ascesis que
parece buscar, en los propios rudimentos del paisaje geográfico, una esencialidad humana". Lucha
dramática del poeta entre sentirse parte de la vida y no solamente testigo de ella:

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No creo que un poeta se halle por encima de otro individuo… (pero) pronto pensé (y aún lo pienso)
que el arte es la forma de vida de quien verdaderamente no vive: una compensación o un sucedáneo. Con todo, eso no justifica ninguna ‘turris eburnea’ deliberada: un poeta no debe renunciar a
la vida. Es la vida la que se encarga de escapársele.

A cien años de su publicación, queda en evidencia que la lucha de Eugenio Montale por sentirse vivo
en la poesía no fue una lucha vana. Al otorgarle el Nobel se dijo que su obra constituía “la visión de la
crisis del hombre contemporáneo, cercado en su soledad”, pero la gran contribución de Montale no
se limita a reflejar esta crisis existencial, sino en transformarla —a pesar de su espíritu escéptico— en
un espíritu donde el fin se justifica por la posibilidad del renacimiento. Los últimos versos del poemario no pueden ser más elocuentes:
Poder
igual que estas ramas
ayer secas y desnudas y hoy llenas
de temblores y linfas,
sentir
mañana también nosotros entre los perfumes
y los vientos
un refluir de sueños, un loco urgir
de voces hacia un fin: ¡y en el sol
que les inviste, riberas,
reflorecer!

Sabemos que la vida del poeta estuvo marcada por el horror de la guerra y una sucesión de sismos
políticos y sociales que cambiaron al mundo, el suyo. Hoy son otras las guerras y otros los mundos
—virtuales— que ponen en entredicho la dignidad humana. La invitación de Montale sigue viva: invitación solidaria a trascender la miseria del hombre desde la poesía, recinto sagrado donde florecen
y reflorecen nuestras emociones, nuestro pundonor, el amor solidario, con los demás y con nosotros
mismos. Montale lo supo y lo manifestó en su momento: es necesario vivir en la propia contradicción
para ser hombres.
El milagro era para mí tan evidente como la necesidad. Inmanencia y trascendencia son inseparables. [...] Es necesario vivir la propia contradicción sin escapatorias, pero también sin encontrar en
ella demasiado placer. Sin hacer de ella un asunto de salón.

Quede este apunte para regresar a los poemas de Huesos de sepia, primer poemario del poeta italiano
que ganó el Nobel en 1975.

Nota de los editores: Huesos de sepia se encuentra disponible en el Fondo Eduardo Zambrano (FEZ) de Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria. Este
acervo bibliográfico, que perteneció al poeta regiomontano, reúne más de 3000 libros de poesía y continúa en expansión, especializándose en poesía
local, nacional e internacional.

�Viaje al mito, de ida y vuelta, con escala en
Wateke. (Show en tres actos y dos
posibles finales altercados)
Dalina Flores Hilerio

Si hablar de literatura conlleva siempre una cuantiosa dosis de sinsentido, pues evidencia lo más profundo de nuestras pasiones en un terreno resbaladizo y muy propio para enseñar el cobre, hacerlo
en específico sobre poesía resulta una especie de diálogo íntimo y personal que podría tenerse como
onanista.
Pareciera entonces que hacerlo público fuera una especie de exhibicionismo; sin embargo, esta
capacidad dialógica con uno mismo es una de las funciones con las que el arte literario nos enfrenta
y nos sacude, como dirían Shklovsky o Kafka, para romper el anquilosamiento de nuestras rancias
certezas, cuya vigencia depende de los estímulos que nos rodean.
Otra de las principales funciones del arte literario es su
irremediable detonación de afectos y complicidades. La poesía, en particular, no sirve para nada, en términos capitalistas; sin embargo, acercarnos a los universos sensoriales del
poema siempre nos arranca un poco de piel y, en carne viva,
nos reconstruye con el otro. En el discurso lírico se desdibujan las fronteras, y poeta y lector cantan desde el silencio de
sus propias pasiones.
Me resultará, entonces, un poco complejo compartir mi
experiencia frente a Lxs Olímpicxs. En primer lugar, la dimensión mítica que vertebra las escenas y saberes de cada
estampa arrastra mis personales lecturas de los clásicos y
sus mitos; en segundo lugar, la cercanía afectiva que tengo
con el autor, uno de mis cómplices literarios más queridos,
atraviesa mi subjetividad y mis juicios seguramente estarán
pletóricos de cariño.

130

�interfolia
Una vez advertido lo anterior, he de confesar que cuando Ángel mostró Lxs Olímpicxs en nuestras
reuniones literarias, lo hizo un poco obligado, pues él estaba seguro de que era un proyecto escritural primerizo que ya no reflejaba la voz más lúdica, musical y devastadora que, poco a poco, se está
erigiendo como médula de su oficio. Él sentía, por lo mismo, que volver a Lxs Olímpicxs era como
travestirse de una voz antigua que ya no le pertenecía. Obviamente, cuando nos deslumbró con cada
uno de los poemas que integran el poemario, nos dejó también un poco sin las otras palabras, las de
la exégesis, pues no exagero si digo que nos deslumbró… como cuando llegas a un antro lleno de
reflectores y estímulos auditivos y luminosos cuya cadencia, sin darte cuenta cómo, te va metiendo
en un ritmo desde donde ya no puedes reconocer lo que realmente te rodea, pero que te invita a
dejarte caer al abismo, sea cual sea, quizás un poco adormecido por un hechizo.
Y así, sin pretender entender ni valorar críticamente la poesía de H. Candelaria, me vi envuelta en
un carnaval que me volcó nuevamente sobre los clásicos, pero también me desveló, en ambos sentidos: el de descubrir, quitar la capa, de un mundo excesivo y nocturno, ajeno, pero cercano y a la vez
desconocido; y en el de pasar largas horas en vela, dejándome seducir por la pasión fresca y dolorosa
de sus imágenes y registros, dentro de un vuelco musical liderado por la ardiente huella de la educación sentimental con que nuestras madres, tías y quizás otras colegas contemporáneas hemos vivido
a través de la música pop de los últimos años del siglo XX.
A lo primero que me condujo su lectura es a leer con las entrañas, como lo hacía cuando era una
joven aprendiz de bruja, donde los azoros endulzaban mis sentidos. Este acercamiento sensorial a
cada uno de los poemas me abrió una especie de búsqueda ontológica, en debate entre el devenir y
el ser, a través de la musicalidad y las evocativas imágenes reconstruidas sobre algunas de las tantas
versiones de los mitos griegos. En ellas, prevalece la presencia de la Moira, quien, como maestra
ceremonial, como memoria colectiva del funesto coro griego, nos pasea por las tablas, oscuros escenarios, coliseos, púlpitos en que se ofician los encuentros de los cuerpos y las carencias.
Con una destreza apabullante, H. Candelaria convoca a algunos de los personajes más frágiles y dolientes del mítico mundo griego y los pasea entre bailes y copeo desenfrenado, mientras los cuerpos en
construcción se enfrentan con una realidad contemporánea que, justamente, es la prueba de su validez
universal. Pero también nos advierte, en el epígrafe, desde la mirada de Pavese:
Superfluo rehacer a Homero. Hemos querido
simplemente referir un coloquio que tuvo lugar
la vigilia de la muerte

Y como si se abriera el telón con la palabra, el logos infinito que convierte a los mortales en dioses,
la Moira teje, escribe, mide y se regodea en la urdimbre que su lengua convierte el escenario que nos
convoca y enfrenta al destino y su fatalidad. Decreta que todo terminará deshecho. De inmediato, la
voz lírica, entre sus juegos, nos ofrece lo ornamental, lo fancy como vía de escape, pero sabiendo que
es imposible huir de sus tijeras, de su rueca, del hilo primigenio:

�nosotras los viejas
las nuevos
los agrias
sabemos
de antemano
que soñars vale la pena
ni siquiera tú
que me ves
tan joven
que me posas
que me retas por altiva pájara de quinta
conoces el peso de la sombra

Interiores de Lxs Olímpicxs. Ilustración: Fenana

Ante el dolor del propio destino, Moira enuncia que lo que queda es habitar el espacio del deseo
inconcluso, el de los sueños, y convoca a personajes que han de cargar con tremendas hybris, fallas
trágicas ineludibles, tan decadentes como humanas. Así, el primer acto se conforma por los poemas
de Ganímedes, Casandra y Aquiles, inocentes y paupérrimos amigos, héroes presos de su destino. En
“La vida es así”, Ganímedes sigue siendo el bellísimo efebo que surte la ambrosía en las copas de los
sodomitas y tiránicos dioses griegos. Entonces y ahora, la vida sigue siendo así.
La palabra para el poeta es una red que aprisiona y detiene las imágenes, pero también un flujo
perpetuo que convierte la materia en esencia universal; es un juego con el que transgrede la esencia
de la lengua para mitigar las aflicciones de sentirse ajena, desapropiada:
y por más que una quiera
no puede sacarse el anzuelo
resbala
del mandil
y la cintura
un florecido silogismo entre los muslos
tranquilo
no te voy a molestar

132

�interfolia
de antemano el deseo es arena fundida
o notas altas
cuando
cigarro en mano
vuelves a los cielos
La Durcal entra al escenario de tres pistas para dejarnos ver, más adelante, que el juego del lenguaje
es una cosa muy seria donde se concatena la lírica popular y las pulsiones de Eros, hasta lograr un tejido donde no se distingue la intensidad de la memoria colectiva de los intentos por mitigar la tragedia
permeada por el mito. A través de la ironía musical, a la que se suman los suspiros de Yuri, Selena, el
mismísimo Juanga, Ana Gabriel, seguimos el recorrido trágico de los héroes en decadencia. En “Ora
sí que ve y escúpele el hocico a tu abuela”, una aguerrida Casandra se enfrenta con dignidad al dios
Apolo:
no me importa que perfumes narciso mis palabras
no me importa
conocerte la tragedia que guardas de la luz
aunque vuelvas
con la lengua gastada
prefiero pudrirme a ser mendiga y colecta de tus caridades
vete
azorríllale el amor a quien tú quieras
que no te necesito
a ti ni al helado artificio de tu canción tiniebla
necesito amor
necesito sentir vibrar mi cuerpo
no despertarme abandonada
aún y cuando todo futuro
lo descubra en una copa
así que
comper
no van a jugarle el dedo en la boca
aunque de azúcar te vistas
a quien desde hace años
sabe que el asco
es el maestro de la vida
En el tercer poema del primer acto, un doliente Aquiles trata de afrontar bien su derrota y brindar
por la muerte del joven Patroclo, arrancado de su lado:

�anduve cauteloso el tejido de tu piel
ese clavel que muele la sombra
amor como el nuestro
para encontrar tu cuerpo vacío
a la espera de la caída del sol
sobre un lecho de tierra
laurel y terciopelo
una mano de sol desamparado cinchó tu voz
y sus latidos
como si el amor entre los hombres fuera un
chiste
membrana u oropel
condición que nos transforma
y nos posee
en boca viva
zarpa tu balsa entre mis brazos
amor
y no queda
y no me queda
y no me queda más
que perderme en un abismo de tristezas

Ante la dolorosa pérdida de Aquiles, Moira hace un intermedio, antes de dar inicio al segundo acto,
como una especie de pase de lista, para verificar que no falte nadie en el teatro del destino. El poeta
muestra, entre la fatigada bruma de la noche, las costuras con que se teje un carnaval en el que cada
personaje se construye una identidad de máscaras para revelar lo que son, pero también, para lo mismo, se despellejan. En medio del caos, Moira se pregunta:
¿Qué será de nosotr_s
si en esta patria amurallada de rencores
ya no queda tiempo para la ternura?
Para dar pie a los tres poemas que conforman el segundo acto, signado por la devastación: Dionisos
y el amor propio; Cástor y Pólux, la idea del espejo con matices de incesto; y Sísifo, eterno repetirse
desde el grito, los tres poemas representan una búsqueda que surge de la ignorancia y del reconocimiento propio, de personajes que denuestan su destino, pero aceptan la culpa que les ha bordado
Moira sobre el pecho:

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�interfolia
tantos placeres hemos de negar porque tiramos el salero en plena infancia
será que la culpa es una vereda llena de espinas
a qué olerán las azucenas después del amor
te dije que me toca está noche dormir contra la pared
El ritmo y el lenguaje se van tornando más terrenales y sacrílegos para abrir espacio a otro corte de
la Moira, quien vuelve con el logos –la palabra–como un travestismo que asalta la enervación de encuentros y pasiones, a construirnos un espacio para la risa nerviosa, esa que nos pica la conciencia:
tú
me has hecho vibrar
sintiendo tu piel
despierta lentamente la ciudad
con tus fuerzas
fermenta
el peligro en la lengua del tiempo
que nos acompaña
lléname
con tu cuerpo
entre la luz de un semáforo y el resguardo del tráfico
agótame
con tus besos
dispáranos otra ronda
El tercer y último acto podría parecer que está compuesto de 5 poemas: Ícaro, Polifemo, Helena,
Orfeo y Tiresias; sin embargo, los tres primeros, en armonía con la estructura del primer y segundo
actos, proyectan el dolor de la existencia de forma contundente y violenta. La voz lírica en Ícaro nos
seduce acompasando su mirada desde su propio ritmo. Como diva, nos recuerda que para hacer bien
el amor hay que subir al sol; pero la culpa sin arrepentimiento nos deja silenciosos frente a este amor,
del que no se habla cuando lo que se anida en el lecho son los cuerpos.
lo reconozco:
no debiera gustar de la sal
la húmeda fragancia
que desprenden los claveles en ocasiones como esta
sin embargo
ser maricón no es cosa de un día
se tarda mucho
y mucho no bastaron las infografías

�las pruebas gratuitas
los condones regalados a cada esquina del leteo
para evitar que la juventud
se me derrita sobre la espalda
para refundirme la mugre con fuego del abismo
La soledad de Polifemo, en el segundo poema, nos arrastra entre el lodo de sentirse ajeno, y la voz de
Juanga nos recuerda que el hado se divierte inventando seres vetados para el amor:
como un puñal sobre la tierra al filo del agua
habría disfrutado un frenesí de huesos
trastocados por el hedor de la sangre
que descarnan los rebaños cuesta adentro
pero se extiende el frío
una caverna
se derrumba con el zumbido de una flor llena de escamas
yo no nací para amar
nadie nació para mí
en esta platina cenagosa del anoche
su voz resuena como un timbal ofrendoroso
último pistilo del deseo
El último poema (del tercer acto) ofrece una sustancia volátil surgida del beso entre la belleza y la
muerte; de la culpa que escarba entre los restos de un cuerpo ignoto, entre expectativas ajenas. De la
simpleza con que se podría elegir ser una misma, la mirada construye diques alrededor del deseo y lo
asfixia:
repetidas veces anochece
detrás de mi ventana
una covachita dorada
inmensa de placeres
de ángulos rectos que se desatan
la armadura a trazos paralelos
¡y ya me cansé!
repetidas veces me cansé de tanto que se dice
del sol y de la norma
La voz del poeta insiste y nos pregunta para qué sirve la docilidad ante la mirada de los otros:

136

�interfolia

para qué trotar quebrado
al quite de claveles
desamparos y corolas
estas palabras
que repetidas veces
nos han muerto entre las manos
La ceguera y la belleza danzan ahítas de sí mismas entre ecos que rebotan en las paredes, rodeadas de
oropeles, ovaciones, palabras que se cuelan en el frío. Ante los estragos del propio exterminio, el escenario de la comedia universal de los anhelos y las ruinas, al final, reconoce que los dioses, las moiras
o el destino labran de infamia los caminos.
Al final, frente a la furia del martillo que se cierne sobre la frágil esperanza de los seres, Orfeo y
Tiresias logran infringir las murallas olímpicas para hablar frente a frente con la Moira. Obtienen
poderes que los hermanan a los dioses y los llenan de soberbia; entonces no queda sino recuperar lo
que de humano queda en sus caminos. Cuando parece que su propia arrogancia los fulmina, la palabra les devuelve la fortuna, y le da, a Orfeo, la oportunidad de redimirse:
mi voz
herida
que es la palabra herida
sobre los surcos del río
donde me siento cantarle al romance
donde se queman las manos
el cobre y la bondad en esta
la hora de las lamentaciones
recorremos aquellos besos
con la sed
de quien observa la profundidad
y el derrumbe del oro
en las pupilas
En contrapunto, el poema de Tiresias, quien juega
y sabe el destino de hombres y mujeres sin fronteras, nos pierde entre las dudas. Al final sigue flotando la pregunta que reverbera a lo largo de Lxs
Olimpicxs: ¿habrá lugar para la ternura? La voz del
mito griego tejido por la pluma (o los teclazos) de

�H. Candelaria es implacable; más allá de la pregunta, nos quedamos flotando en el sinsentido de la
búsqueda, mientras compartimos la ceguera del oráculo:
ya vienen de nuevo el olvido
su mañanita de oro
y sobre todas las cosas
la culpa
pero bueno
si eso buscabas
corazón
esto es todo lo que hay
¿amor?
¿y para qué quieres tú cantar del amor
chamaco pendejo?
mira
cállate mejor
mejor
tócame la cara
siente cómo se espigan las grietas
su vid
mírame
mírame bien y que esta ausencia frente a ti
temple tu batalla
bájame el cierre
tómate algo
ponte la máscara
y no vuelvas
no vuelvas hasta que sepas algo más de la ceguera
Ángel H. Candelaria es un poeta audaz que se arriesga en cada letra; que siembra flores en un territorio agreste, a través de venablos insolentes que se clavan en las buenas conciencias. En este primer
libro seduce a la muerte/Moira/destino/tiempo, convertida en postrer amante, cuyos ojos siembran
vida a través de, quizás, un poco de esperanza.

Nota de los editores: Lxs Olímpicxs se encuentra disponible en el Fondo Universitario (FUNI) de Capilla Alfonsina de la Biblioteca Universitaria. Este
acervo reúne obras de diversas disciplinas —científica, histórica, económica, social, educativa, religiosa, política, filosófica y literaria— que comparten la característica de haber sido escritas por investigadores, catedráticos y estudiantes de la UANL, además de haber sido editadas por la misma
institución.

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Adquisiciones recientes de la
Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria
•

Abreu D'Argence, Anaïs. Heredar. 1ª ed., •
UANL, 2024.

•

Aguilar, Luis Miguel, Coral Bracho,
Eduardo Langagne, José Luis Rivas, y
Silvia Tomasa Rivera. Cinco voces en el
Aula Magna Fray Servando Teresa de Mier.
UANL, 2024.

•

Alvarado Segovia, Francisco Javier.
Testimonios y vestigios de las primeras fundaciones en el nuevo Reino de León, por el
Capitán Luis Carvajal de la Cueva, Ciudad
de León, hoy Cerralvo, y Villa de San Luis,
hoy Monterrey. 1ª ed., SNTE, 2025.

Eguía Zapata, Javier de Jesús. Extractos
de líquido cefalorraquídeo. 1ª ed., UANL,
2024.

Flores Salazar, Armando V. Cuadrilátero. 1ª ed., UANL, 2024.

•

•

García Cuevas, Iris. 36 toneladas. 1ª ed.,
UANL, 2024.

Lozano Flores, Guillermo. Sangre de
Eros. 1ª ed., Fides, 2025.

•

•

García Padilla, Elí. Guía visual de ranas,
sapos, salamandras y sirenas comunes de Tamaulipas, México. 1ª ed., UANL, 2024.

Luz Sada, María de la. Guía de flores
silvestres de Nuevo León. Fondo editorial
de Nuevo León, 2024.

•

Madero Quiroga, Adalberto Arturo
(coordinador). Raúl Rangel Frías Informes
del rector (1950-1955). 1ª ed., Fides, 2024.

•

Manzanares-Miranda, Nelson. Flora
y fauna del bosque escuela UANL. 1ª ed.,
UANL, 2024.

•

Martínez Silva, Eleocadio. Identidades
obreras pretéritas. 1ª ed., UANL, 2024.

•

Montemayor, Blanca. Haikus o no. 1ª
ed., UANL, 2024.

•

Cantú Westendarp, Gabriela. Hamburgo
en alguna parte. 1ª ed., UANL, 2024.

Greene, Robert. 48 leyes del poder. 1ª ed.,
Océano, 2024.

•

•

Casillas Hernández, Alberto. Salud
pública y ocupacional en el espacio urbano. 1ª
ed., UANL, 2025.

Guajardo Garza, Abelardo Gerardo.
China N.L. San Felipe, desde la guerra Cristera hasta el fin del Maximato (1926-1936).
1ª ed., 2025.

Cavalli, Patrizia. Tentaciones (El oro de los
tigres XIII, vol. 4). 1ª ed., UANL, 2024.

•

Darwish, Najwan. Nada más que perder
(El oro de los tigres XIII, vol. 5). 1ª ed.,
UANL, 2024.

•

Doolittle, Hilda. Desde Eleusis (El oro de
los tigres XIII, vol. 1). 1ª ed., UANL,
2024.

Keith Tuma, Elaine Flower Palencia.
Dos poetas norteamericanos (El oro de los
tigres XIII, vol. 3). 1ª ed., UANL, 2024.

•

•

•

•

Estrada Castillo, Magda Patricia.
Álgebra: una base para la ingeniería. 1ª ed.,
Cengage Learning, 2024.

Beltrán, Geney. No nos vamos a morir. 1ª
ed., UANL, 2024.

Castillo Careaga, David. Salvador, Zacatecas. El ayer. 1ª ed., UANL, 2024.

Justes Amador, José Luis. Notas a pie de
página para la "Disertación sobre la jardinería oriental" de William Chambers. 1ª ed.,
UANL, 2024.

•

•

•

•

•

Guillermo Gutiérrez, León. Poesía de la
independencia de México. 1ª ed., UANL,
2024.

•

Gutiérrez, Fabricio. Estrellas mentales. 1ª
ed., UANL, 2024.

•

Munita Fritis, Víctor. Libro de asistencia.
1ª ed., UANL, 2024.

•

Hernández Candelaria, Ángel. Lxs
Olímpicxs. 1ª ed., UANL, 2024.

•

•

Holland Batt, Sarah. Peligros (El oro de
los tigres XIII, vol. 6). 1ª ed., UANL,
2024.

9o Gran premio nacional de periodismo, dedicado a los perros: el que ladra ama y vive. 1ª
ed., J. M. Servin, 2024.

•

Parra, Eduardo Antonio. Caminantes.
Fondo editorial de Nuevo León, 2024.

�•

Pérez S. Catro, Luis Enrique. Nuevo
León y la construcción de la modernidad en el
siglo XIX. 1ª ed., UANL, 2024.

•

Pérez Vázquez, Reynol. Ana rumbo a la
tarde. Fondo editorial de Nuevo León,
2024.

•

Pessoa, Fernando. Guardador de rebaños
de Alberto Caeiro (El oro de los tigres XIII,
vol. 2). 1ª ed., UANL, 2024.

•

Sánchez, Andrés. Sacramento vallenato. 1ª
ed., UANL, 2024.

•

Tizcareño, Alberto H. Señoras. 1ª ed.,
UANL, 2024.

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                <text>Interfolia difunde ensayos e investigaciones del área de humanidades (arte, literatura) y ciencias sociales (filosofía e historia), así como creación literaria. Sobre todo, y continuando con el perfil inicial que la revista tenía en la década de los cincuenta, publica estudios especializados sobre la obra de Alfonso Reyes, análisis de obras literarias y da a conocer el acervo de la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria de la UANL.</text>
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              <text>Interfolia, 2025, Vol 2, Num 1, Enero-Agosto</text>
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              <text>Interfolia difunde ensayos e investigaciones del área de humanidades (arte, literatura) y ciencias sociales (filosofía e historia), así como creación literaria. Sobre todo, y continuando con el perfil inicial que la revista tenía en la década de los cincuenta, publica estudios especializados sobre la obra de Alfonso Reyes, análisis de obras literarias y da a conocer el acervo de la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria de la UANL.</text>
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              <text>Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria </text>
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              <text>2025-01-01</text>
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              <text>Fondo Universitario</text>
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          <name>Provenance</name>
          <description>A statement of any changes in ownership and custody of the resource since its creation that are significant for its authenticity, integrity, and interpretation. The statement may include a description of any changes successive custodians made to the resource.</description>
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          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>45 años de la Capilla Alfonsina</name>
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      <name>Abya Yala</name>
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      <name>Diarios de Concha Urquiza</name>
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      <name>Discurso de Alberto Enríquez Perea</name>
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      <name>Poesía</name>
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      <name>Rosario Castellanos</name>
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