<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="21989" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/21989?output=omeka-xml" accessDate="2026-05-25T08:14:04-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="18282">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/455/21989/Sillares_Revista_de_Estudios_Historicos_2025_Vol_4_Num_8_Enero-Junio.pdf</src>
      <authentication>ec7a3fa56497691ab58939995dfbf339</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="613301">
                  <text>�D.R. 2025 © Sillares Vol. 4, No. 8, enero-junio 2025, es una publicación
semestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través
del Centro de Estudios Humanísticos, Biblioteca Universitaria Raúl Rangel
Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia Regina,
Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290. Tel.+52 (81)83-29- 4000
Ext. 6533. https://sillares.uanl.mx. Editor Responsable: Dra. Adela Díaz
Meléndez. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo 04-2022-020313502900102, ISSN 2683-3239 ambos ante el Instituto Nacional del Derecho de
Autor. Responsable de la última actualización de este número: Centro de
Estudios Humanísticos de la UANL, Mtro. Juan José Muñoz Mendoza,
Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes
#4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290.
Fecha de última modificación de 20 de diciembre de 2024.
Rector / Santos Guzmán López
Secretario de Extensión y Cultura / José Javier Villarreal Álvarez-Tostado
Director de Historia y Humanidades / César Morado Macías
Titular del Centro de Estudios Humanísticos / Beatriz Liliana de Ita Rubio
Director de la Revista / Adela Díaz Meléndez
Autores
Juan González Morfín
Miguel Angel Pinkus
Ashantti Niquete
Abril Gonzalez-Ku
Adi Lazos
Jonathan Cruz
Rafael Falla
José Koyoc Kú
Gabriel Torales Ayala
Gilberto Sánchez

�Celso Carrillo
Frida I. González
Sonia Hernández
César Morado
Director Editorial / Adela Díaz Meléndez
Editor Técnico / Juan José Muñoz Mendoza
Corrección de Estilo / Francisco Ruiz Solís
Maquetación / Concepción Martínez Morales
Se permite la reproducción total o parcial sin fines comerciales, citando
la fuente. Las opiniones vertidas en este documento son responsabilidad
de sus autores y no reflejan, necesariamente, la opinión del Centro de
Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo Léon.
Este es un producto del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad
Autónoma de Nuevo Léon, Monterrey, Nuevo León. www.ceh.uanl.mx
Hecho en México.
Foto de portada: Enrique González.

�Presentación

Como parte de la esencia de nuestra revista, la reflexión histórica
permite, a través de la comprensión de los procesos y coyunturas
históricas, encontrar explicaciones que contribuyan tanto al
saber científico como al desarrollo del hombre en sus realidades
sociales actuales.
La octava entrega de Sillares. Revista de Estudios
Históricos reúne una variedad de esfuerzos intelectuales y
una riqueza de enfoques que fortalecen la construcción del
conocimiento histórico. El valor científico de cada investigación
presentada se refleja tanto en sus resultados como en la
aplicación de diversas metodologías de trabajo. En particular,
destaca el uso de un enfoque interdisciplinario, que enriquece el
análisis histórico. Además, la integración de fuentes primarias,
como documentos históricos y testimonios orales, amplía las
perspectivas de interpretación y contribuye a una comprensión
más profunda del pasado.
La sección de “Artículos” ofrece cinco textos que, a través
del análisis de casos, personajes, microhistorias y otros actores
como el medio ambiente, proporcionan una visión renovada de
diversas regiones de México y de distintos momentos históricos.
1
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 1-5

�Presentación

A través de un análisis profundo de los discursos y las
narrativas, Juan González Morfín nos presenta a René Capistrán
Garza: el contrarrevolucionario mexicano que, a lo largo del
tiempo, se transformó en partidario de la Revolución. Esta obra
constituye una valiosa contribución a la historiografía de la
primera mitad del siglo XX. El autor examina a Capistrán Garza
en el contexto de la guerra de los cristeros, explorando sus diversas
facetas como periodista y como artífice de ideas revolucionarias y
católicas. Este artículo nos invita a reflexionar sobre el papel y el
contexto de actores sociales clave, desde la Revolución Mexicana
hasta los momentos en que los estrategas políticos, aun militares,
comenzaban a moldear el México posrevolucionario.
Los siguientes cuatro artículos conforman el dossier
Historias Ambientales de la Península de Yucatán, coordinado
por Adi E. Lazos Ruíz (ENES Mérida, UNAM) y Angélica
Márquez Osuna (Harvard University). Este compendio
representa una valiosa contribución a la historiografía regional,
destacando nuevos enfoques temáticos y el uso de metodologías
interdisciplinarias. Así, se logra contextualizar e identificar los
cambios, las diferencias y las perspectivas que configuran la
historia ambiental de la región yucateca.
Miguel Ángel Pinkus Rendón, Ashantti Niquete y Abril
Gonzalez-Ku, en su artículo Desterritorialización de la costa
quintanarroense: el caso de Playa del Carmen, examinan las
transformaciones políticas, socioculturales y económicas que
han marcado la evolución de esta región. Los autores argumentan
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 1-5
2

�Presentación

cómo estos cambios han reconfigurado el paisaje y alterado el
vínculo con los bienes comunes naturales. A través del análisis de
Playa del Carmen, el estudio explora el impacto de las políticas
públicas federales y su influencia en la dirección socioeconómica,
urbana y paisajística de la zona, delineando, sin lugar a dudas,
una nueva etapa en la historia de esta región.
En el artículo Escribiendo la memoria olvidada de un
pueblo, los autores Adi Estela Lazos Ruíz, Jonathan de Jesús Cruz
Tamayo y Rafael Falla Pech presentan los avances y desafíos en
la creación de un libro en proceso sobre el pueblo maya Kiní,
ubicado en la península de Yucatán. A través de este trabajo,
destacan la riqueza histórica y el patrimonio biocultural de este
pueblo, proponiendo una mirada desde la microhistoria que invita
a la historiografía a prestar mayor atención a las historias de
comunidades pequeñas. Este artículo no solo ofrece un avance
en la investigación, sino que también busca inspirar un mayor
interés por rescatar y documentar las memorias olvidadas de
otros pueblos en situaciones similares.
En su texto Los orientales y el bosque tropical durante el
Yucatán separatista (1839-1843), el autor José Ángel Koyoc Kú
ofrece un análisis que revela la estrecha conexión entre los recursos
naturales de Yucatán, específicamente su denso bosque tropical, y
las estrategias militares adoptadas por los combatientes irregulares
conocidos como orientales. Estas fuerzas se distinguieron por su
táctica de combate disperso en la vegetación, una característica
que los separó de las tropas convencionales de Yucatán. Koyoc
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 1-5
3

�Presentación

Kú examina cómo el entorno natural no solo facilitó, sino que
configuró los eventos y procesos históricos de la época. A través
de un riguroso uso de fuentes primarias y un análisis cronológico
detallado, el texto ofrece una perspectiva novedosa sobre el papel
del paisaje en la historia militar y política de la región durante el
siglo XIX.
En su artículo La construcción del paisaje costero de
Sisal, Yucatán (1807-1990): una aproximación desde la ecología
histórica, Gabriel de Jesús Torales Ayala ofrece una perspectiva
desde la ecología histórica. El autor sostiene que las prácticas
de manejo ambiental del pasado han dejado una huella profunda
en las condiciones ecológicas de una región, cuyas repercusiones
pueden extenderse hasta el paisaje contemporáneo. A través
del caso de Sisal, Torales Ayala analiza cómo las actividades
económicas y las estrategias de manejo ambiental desempeñaron
un papel crucial en la formación del paisaje de esta costa Yucateca.
Estas transformaciones, a lo largo del tiempo, han generado
efectos duraderos que siguen modelando tanto los procesos
ecológicos como los patrones de biodiversidad que observamos
en la actualidad.
En esta edición, el último artículo, titulado Don Pedrote.
Un capitán indígena rebelde en territorio misional jesuita al norte
de la Nueva España (1673-1692), escrito por Gilberto Sebastián
Sánchez Luna y Celso Carrillo Valdés, nos invita a adentrarnos
en los complejos acontecimientos del siglo XVII en el norte de
la Nueva España. A través de este análisis, los autores enriquecen
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 1-5
4

�Presentación

nuestra comprensión de la resistencia indígena frente al avance
hispano en esa región. El estudio de este personaje revela su
astucia, su capacidad de liderazgo y su habilidad para negociar
con los poderes coloniales para lograr sus objetivos. A su vez,
este caso ofrece una mirada crítica sobre el choque cultural, el
sometimiento y la violencia que sufrieron los pueblos originarios.
Finalmente, en la sección de “Reseñas”, iniciamos con
el análisis de Monterrey: patrimonio e industria. Seis estudios
históricos, a cargo de Frida I. González Hernández. En esta reseña,
la autora destaca los estudios compilados por Oscar Rodríguez,
los cuales abordan el desarrollo industrial en Nuevo León y su
impacto en la construcción de la identidad socioeconómica y
cultural del estado, así como su valor patrimonial.
La segunda y última reseña, presentada por Sonia
Hernández y César Morado, lleva por título Riesgo y resiliencia en
la frontera: Reseña del X Coloquio Internacional sobre la Historia
del Noreste de México y Texas en 2024. En ella, los autores nos
ofrecen un resumen de las temáticas, ponencias e instituciones
participantes, además de anunciar la sede y el año del próximo
coloquio.
Con esta última reseña, damos por concluida esta octava
entrega de Sillares. Revista de Estudios Históricos, esperando
que su contenido sea de su interés y provecho.
Adela Díaz Meléndez
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 1-5

5

�René Capistrán Garza: el contrarrevolucionario
mexicano que pasó a ser partidario de la Revolución
René Capistrán Garza: the Mexican counterrevolutionary who
became a supporter of the Revolution
Juan González Morfín
Universidad Panamericana
Ciudad de México, México

https://orcid.org/0000-0002-7278-7872
Recibido: 9 de noviembre de 2023
Aceptado: 19 de diciembre de 2024

Resumen: : Este trabajo busca rescatar algunos rasgos biográficos de un
personaje importante en la vida pública del país, tanto por su participación
en la lucha cívica de los católicos, como por su labor periodística.
El artículo destaca su época de ferviente contrarrevolucionario
para después mostrar su lucha por hacer ver compatibles los ideales
de la Revolución con aquellos de la doctrina católica. Para ello, la
investigación se centra en frases textuales de sus discurso y escritos
posteriores que permiten observar cómo el contacto –primero en la
prisión y después en el destierro–, con personas que no compartían sus
convicciones, le fue ayudando a flexibilizar su postura radicalmente
contrarrevolucionaria hasta convertirlo en un entusiasta defensor de la
armonía, según él existente, entre los postulados de la Iglesia y los de
los gobiernos revolucionarios.
Palabras clave: Revolución; Iglesia católica; política; lucha; actividad
periodística.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

6

�Juan González Morfín

Abstract: This article seeks to rescue some biographical features
of an important person in the public life of the country, both for his
participation in the civic struggle of Catholics, and for his journalistic
work. The article highlights his time as a fervent counterrevolutionary
and later it shows his struggle to make the ideals of the Revolution
compatible with those of Catholic doctrine. For this, the research
focuses on textual phrases from his speech and later writings that allow
us to see how the contact, first in prison and later in exile, with people
who did not share his convictions helped him to relax his radically
counterrevolutionary position to make him an enthusiastic defender of
the harmony, according to him existing, between the postulates of the
Church and those of the revolutionary governments.
Key words: Revolution; Catholic Church; politics; struggle; journalistic
activity.

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

7

�René Capistrán Garza: el contrarrevolucionario mexicano

Introducción
Un personaje que con frecuencia es ligado a los grupos políticos
de derecha de las primeras décadas del siglo pasado es René
Capistrán Garza, individuo polifacético y todavía poco estudiado,
no obstante que su nombre aparece muchas veces en cualquier
estudio sobre el levantamiento armado conocido con el nombre
de guerra cristera.
En general, el estudio individual de los dirigentes del
movimiento cristero es una asignatura pendiente, por más que
haya algunos estudios sobre Miguel Palomar y Vizcarra y
Enrique Gorostieta. Sobre otros, como René Capistrán Garza,
Rafael Ceniceros y Villareal y Andrés Barquín y Ruiz, por
mencionar algunos, encontramos unas cuantas menciones y
breves semblanzas biográficas en obras de carácter general. Esto
se explica en parte porque, de ordinario, la historia de los vencidos
suele permanecer en el olvido, pero, sobre todo, porque el tema de
la cristiada, a la que estos estuvieron ligados, se mantuvo durante
varias décadas casi inexplorado por la historiografía profesional.
El actual trabajo comienza por describir la etapa de
Capistrán Garza como líder de asociaciones católicas que aspiraban
a hacerse del poder político y deja para posteriores estudios su
faceta de periodista y de católico contestatario a las reformas
postconciliares. Se detiene especialmente en un documento
escrito por él mismo en el que explica cuál fue su desempeño en
el movimiento cristero, que es su faceta más conocida. Esta carta,
escrita en 1959 al historiador y polemista Antonio Rius Facius,
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
8
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

�Juan González Morfín

es especialmente interesante por la oportunidad de los datos que
aporta sobre el inicio del movimiento cristero a treinta años de
su conclusión. Inmediatamente después, se pasa al estudio de la
evolución interna que llevó a Capistrán a cambiar diametralmente
su opinión negativa sobre los postulados revolucionarios y
a convertirse en un defensor y admirador de la Revolución
mexicana sin abandonar sus convicciones religiosas. Con este
estudio, se pretende contribuir al mejor conocimiento de uno de
los personajes que, por encontrarse en el grupo de los vencidos,
no han encontrado tanto eco en la historiografía nacional.
1. Rasgos biográficos
En un manuscrito de los años treinta de Baltazar Dromundo, se
describe a Capistrán como “un formidable agitador de masas,
dialéctico, un tanto impreparado, con un valor civil como
podemos encontrar pocos casos en la oposición (…). Es uno de
los deportados católicos”. Muchos años después de su etapa de
líder juvenil, Capistrán seguía siendo recordado sobre todo por
sus dotes oratorias.
Para todo esto, nuestro personaje había nacido en el puerto
de Tampico, en 1898. Estudió la licenciatura en Derecho en la
Universidad Nacional. Desde antes de llegar a la mayoría de edad,
fue un connotado activista de las juventudes católicas. También
muy joven se inició en sus labores periodísticas y a los veinte
años lo encontramos ya como director de la revista trisemanal
El Futuro. Su labor en los años veinte-treinta, será abordada en
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
9
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

�René Capistrán Garza: el contrarrevolucionario mexicano

las páginas de este trabajo, por lo que ahora la obviamos. Más
tarde, ya en los años cuarenta y cincuenta, fue conocida su labor
de redacción en el periódico Novedades y, posteriormente, en
El Universal. Además de haber sido un gran orador en sus años
de juventud, se destacó en su labor periodística por ser un gran
polemista. Esa misma característica la imprimió en sus ensayos
políticos y religiosos, lo cual se aprecia incluso en sus títulos:
Caos en la Iglesia y traición al Estado, entre otros. Murió en la
Ciudad de México en 1974.
2. Fogoso dirigente de la Asociación Católica
de la Juventud Mexicana (ACJM)
El 2 de febrero de 1913, apenas unos días antes de que se iniciara la
Decena trágica, el arzobispo de México acudió a bendecir con toda
solemnidad el Centro de Estudiantes Católicos, una agrupación
que, originalmente, pretendía solo proporcionar a los jóvenes
católicos algunos elementos de cultura para “sostener y defender
con éxito los principios cristianos en las aulas”; sin embargo, en
poco tiempo, se orientó a la creación de estructuras que permitieran
a los católicos influir en la arena pública. Entre sus fundadores se
contó el joven Capistrán Garza que, a la sazón, contaba con solo
15 años.
Este Centro, junto con otros centros estudiantiles que
ya existían, se unieron en una especie de confederación con las
congregaciones marianas que venían siendo promovidas por los
jesuitas desde años atrás y dieron lugar a la Asociación Católica
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

10

�Juan González Morfín

de la Juventud Mexicana (ACJM) en agosto de 1913, habiendo
redactado sus estatutos el sacerdote jesuita Bernardo Bergoend.
Al formarse el primer Comité Central de la ACJM en
1918, fue electo como primer presidente René Capistrán Garza.
Justo en ese año, la ACJM tuvo parte activa en la organización de
los católicos jaliscienses para hacer derogar una ley que limitaba
el número de sacerdotes permitidos en aquel estado.
Hacía compatibles sus trabajos en la Asociación con su
trabajo de periodista al frente de la revista quincenal El Futuro,
desde la que constantemente se criticaba el gobierno del presidente
Venustiano Carranza.
Fue precisamente una crítica moderada a la represión de
los villistas que efectuaba entonces el régimen carrancista lo que
lo llevó en el año 1919 a un “viaje de rectificación”, es decir, a
ser secuestrado por emisarios del gobierno y enviado al frente,
junto con otros periodistas disidentes, para que por su propia
experiencia comprobara los esfuerzos que hacía el ejército oficial
en la pacificación del país. “Porque a ustedes, los periodistas, les
hacen falta estas lecciones para que aprendan a echarse nudos en
la lengua antes de soltar el trapo diciendo cuantas majaderías se les
ocurren”, le espetó Manuel M. Diéguez, a su llegada a Chihuahua.
En estos meses de libertad condicionada –pues, durante el
día, podía moverse dentro del perímetro que se le permitía–, tuvo
ocasión de convivir con Emilio Portes Gil, que se encontraba en
circunstancias parecidas por su actividad en favor de Obregón,
así como con algunos otros periodistas.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
11
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

�René Capistrán Garza: el contrarrevolucionario mexicano

Una vez que pudo librarse de su prisión sui generis,
participó en la fundación del Partido Nacional Republicano, que
se aprestó a competir contra el general Álvaro Obregón en las
elecciones de 1920 postulando al revolucionario Alfredo Robles
Domínguez.
En la convención de dicho partido, Capistrán consiguió
que los delegados pusieran en el programa electoral que, de ganar
las elecciones, se derogaría la Constitución de 1917. A la postre,
las elecciones dieron como vencedor al general Obregón con un
amplísimo margen de ventaja sobre sus contrincantes.
Su fama de orador incendiario se puede ver bien ganada
en la lectura de sus discursos. Por ejemplo, en una reunión del
Consejo de la ACJM, Capistrán afirmaba lo siguiente:
Sobrevino la Revolución y formó sus cuadros y sus filas con el
hijo más malo de cada familia, y se entabló desde entonces una
lucha política y económica formidable que carece de ideales;
y toda lucha política que carece de ideales, engendra la muerte
de las libertades, la vida de las tiranías, la indisciplina popular
y hasta la pérdida de la nacionalidad. ¡Y toda lucha económica
que carece de ideales trae consigo la abundancia de sangre y la
Revolución mató los ideales!

Como se verá más adelante, con el tiempo su visión sobre
la gesta revolucionaria habría de cambiar bastante.
En 1923, Capistrán renunció a la presidencia de la ACJM
para competir por una diputación en el primer distrito electoral
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

12

�Juan González Morfín

de la Ciudad de México y perdió las elecciones. Sin embargo, ya
no volvió a la presidencia de la asociación que tuvo a bien darle
el cargo de “presidente honorario” a partir de octubre de 1924.
3. Del Partido Nacional Republicano a la
Liga Política Nacional y a la LNDLR
Sin dejar su vocación periodística, Capistrán conjugaba la
propaganda católica con la actividad política. De hecho, en él todo
era la misma cosa, pues pertenecía a ese grupo de católicos que
entendían la política como un espacio para extender su religión y
la religión como un instrumento para escalar en política mediante
el voto corporativo. No fue extraño, por eso, que algunos católicos
que pensaban que la religión y la política pertenecían a esferas
distintas y debería existir una sana separación entre ambas, no
simpatizaran con Capistrán y su grupo. Uno de estos, el canónigo
tapatío Antonio Correa, relata en una carta al vicario general de
Guadalajara que, cuando Capistrán fue a dicha ciudad para fundar
la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa (LNDLR), le
había espetado lo siguiente:
Si ustedes son hombres y realmente buscan el el bienestar del
pueblo, láncense a la lucha sin bandera religiosa. Arrostren
ustedes solos las consecuencias, pero, por amor a Dios, no
quieran escudarse en nuestros obispos; hartos males le han
ocasionado a la Iglesia los políticos, y serán tremendas las
consecuencias que esta empresa ocasione.

Luego del fracaso en las elecciones federales de 1920 y
1923 con el Partido Nacional Republicano, Capistrán Garza,
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
13
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

�René Capistrán Garza: el contrarrevolucionario mexicano

junto con Miguel Palomar y Vizcarra y otros políticos católicos se
dieron a la tarea de formar la Liga Política Nacional, organización
que apoyó la candidatura presidencial del general Ángel Flores
en contra de Plutarco Elías Calles. Flores no ganó, pero la
autoridad electoral le reconoció un gran número de votos y sus
partidarios, incluido Capistrán, hicieron sondeos para llamar a un
levantamiento armado que, a fin de cuentas, no se dio.
En 1925, luego del apoyo táctico del gobierno de
Calles al intento de cisma iniciado en febrero en el templo de
La Soledad, los católicos partidarios de unificar las diferentes
organizaciones religiosas para sus fines políticos encontraron un
pretexto inmejorable: la defensa de la religión. Y así nació la Liga
Nacional Defensora de la Libertad Religiosa que, con el apoyo
de algunos obispos, se convirtió en el canal para encauzar los
esfuerzos de las asociaciones católicas de toda índole a fin de
hacerlo de manera eficaz. Rol que le fue disputado, al menos en
sus inicios, por una organización secreta conocida como la U,
que optó rápidamente por mejor unirse a la Liga para infiltrarla y
aprovecharse de sus logros.
En el primer Comité Directivo de la Liga, René Capistrán
Garza quedó como vicepresidente. Es quizá interesante resaltar
que había sido presidente de la ACJM cuando tenía solo 20 años
y ahora, a los 27, era elegido como vicepresidente de la Liga. Su
prestigio, pues, como líder católico, no solo no había decaído,
sino que continuaba en aumento.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

14

�Juan González Morfín

La Liga en muy poco tiempo comenzó a organizar
actividades de resistencia pacífica –y no tan pacífica– a las
acciones emprendidas por los partidarios de la iglesia cismática
para apoderarse de nuevos templos, incluida la Basílica de
Guadalupe. El incidente más grave ocurrió en Aguascalientes en
donde los cismáticos intentaron apoderarse de la emblemática
iglesia de San Marcos el 28 de marzo de 1925 y se armó un
zafarrancho en el que tuvo que intervenir la autoridad. Los
católicos se atrincheraron en el templo y repelieron una carga del
ejército que, a juicio de estos, venía a consumar el despojo de la
iglesia. Finalmente tuvieron que entregarse. El saldo había sido
de varios muertos, entre ellos, dos soldados. El presidente Calles
y el secretario de Gobernación Valenzuela responsabilizaron a la
Liga de haber organizado la reacción armada de los católicos.
En el mes de agosto, Gilberto Valenzuela fue sustituido en
Gobernación por el veracruzano Adalberto Tejeda, “furiosamente
anticlerical” y, a juicio de Ernest Lagarde, “uno de los enemigos
más implacables y más terribles de la religión católica”. En
diferentes foros el general Calles expresó su disgusto por la
formación de la Liga, en la que veía a muchos políticos católicos
de los que habían hecho todo lo posible para evitar que llegara
a la presidencia sirviéndose ahora de la bandera religiosa para
ganar terreno en la política.
La Liga, con la ayuda de las estructuras eclesiásticas,
incluida la ACJM, y de lo que quedaba de organización de los
extintos partidos políticos oficial u oficiosamente católicos
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
15
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

�René Capistrán Garza: el contrarrevolucionario mexicano

–esto es, del Partido Católico Nacional, del Partido Nacional
Republicano y de la Liga Política Nacional–, y aliándose con
otras asociaciones cívicas confesionales, como la Unión Popular,
consiguió un crecimiento exponencial en muy poco tiempo. Así,
“hallándose rápidamente a la cabeza de una inmensa tropa allegada
con demasiada facilidad, pasó de la defensiva a la ofensiva, con la
intención de tomar el poder y de ejercerlo por entero”.
4. Proyección de Capistrán y descubrimiento de
sus propios límites en el levantamiento armado
Entre enero y agosto de 1926 se precipitaron los acontecimientos:
el 7 de enero el presidente Calles obtuvo poderes extraordinarios
para reformar el código penal; el 4 de febrero el arzobispo Mora y
del Río declaró que los católicos lucharían porque se modificaran
los artículos constitucionales que limitaban la libertad religiosa; en
respuesta, Calles hizo aplicar algunos de ellos y expulsó al clero
extranjero, cerró las escuelas particulares, confiscó seminarios y
conventos, presionó a los estados para que limitaran el número de
ministros de culto autorizados y, finalmente, el 14 de junio dio a
conocer su reforma al código penal que sería publicado oficialmente
el 2 de julio y entraría en vigor el día último de este mes. Con
esta adición al código penal, se buscaba perseguir penalmente el
incumplimiento de las leyes anticlericales ya existentes.
La Liga reaccionó con un boicot económico, presentó un
memorial al congreso con más de dos millones de firmas y se dio
a la tarea preparar a los seglares para una defensa armada de los
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

16

�Juan González Morfín

derechos que se les estaban negando. Al mismo tiempo, envió
a Capistrán Garza a los Estados Unidos para conseguir apoyo
económico de los católicos estadunidenses. Acostumbrado como
estaba desde que tenía 18 años a ser jefe, aceptó la encomienda y
pasó a los Estados Unidos para buscar apoyo militar y económico.
Muchos suspicaces concluyeron que René había lucrado con este
encargo y que había existido una malversación de fondos; sin
embargo, sus propias confesiones y la correspondencia privada
de esos años permiten ver que no lo pasó del todo bien desde el
punto de vista pecuniario, sino que se desenvolvió en medio de
estrecheces y carencias.
En efecto, desde su llegada a los Estados Unidos, sus
gestiones apenas le permitieron sobrevivir. La Liga y él mismo
esperaban de los católicos norteamericanos un gran apoyo
económico, pero los obispos no estaban dispuestos a mezclarse en
levantamientos armados. El obispo de Galveston le ayudó con diez
billetes de diez dólares para sus gastos más inmediatos; con otros
–relata Bailey– consiguió también cantidades irrisorias: veinte,
treinta, cincuenta dólares. El prelado de Boston, por su parte, le
sugirió abandonar el proyecto de la Liga y buscarse un trabajo, le
negó cualquier ayuda económica y le ofreció recomendarlo para
conseguir un empleo.
Otro de los propósitos para los que había sido enviado
fue el de explorar una alianza estratégica con el general Enrique
Estrada, quien había sido secretario de Guerra con Obregón y
se encontraba exiliado por haber participado en la rebelión
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
17
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

�René Capistrán Garza: el contrarrevolucionario mexicano

delahuertista. La Liga tenía noticias de que preparaba una gran
expedición armada con el apoyo del felicismo y de un gran
número de expatriados que estaban disgustados con el gobierno
de Calles. El acercamiento con Estrada no se dio sencillamente
porque, antes de que Capistrán se reuniera con él, este había
sido hecho prisionero en Estados Unidos por violar las leyes de
neutralidad.
Entre tanto, la Liga continuaba los pasos para convocar a
un levantamiento armado general por parte de los católicos que,
a nivel de algunas localidades, ya se habían levantado contra el
gobierno de Calles. Así, en noviembre obtuvo del episcopado
el compromiso de no condenar el levantamiento armado, si se
optaba por este como último recurso y, a pesar de hallarse en
Estados Unidos, Capistrán fue designado general en jefe del
levantamiento. Años después, el propio Capistrán reconocía la
precipitación e irresponsabilidad con que se había actuado:
Mi sorpresa por el acuerdo de ir al movimiento armado se
explica por estos antecedentes: un grupo de dirigentes de la
juventud católica jefaturada por mí, habíamos sostenido desde
cuatro o cinco años la conveniencia de prepararnos en todos
los aspectos –físico, moral y económico– para la emergencia
de tener que acudir a las armas en una acción no política, sino
defensiva de la libertad religiosa. La acción anticatólica de
un régimen profundamente lastimado con los católicos por
los errores políticos cometidos por estos antes y después de
la injusta caída de Madero, culminó en la época de Calles.
Esa culminación la vimos venir los jóvenes desde lejos. Por
eso pugnábamos por una preparación adecuada para una
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

18

�Juan González Morfín

defensa adecuada. Nunca se nos hizo caso. Por el contrario,
se nos tildaba de inquietos, de ambiciosos, de descentrados, se
nos atribuía gran peligrosidad, imputándosenos tener planes
políticos a los que era ajena la Iglesia, y no objetivos en defensa
de su libertad, cosa a la que no somos ni podemos ser ajenos
los católicos. Con esos antecedentes me pareció un enorme
disparate resolver, de buenas a primeras, ir a la “resistencia
armada”.

Aunque no en masa, como esperaba la Liga para los
primeros días de 1927, diversos grupos de católicos se fueron
levantando en armas, especialmente en el occidente del país, con
muy pocos medios materiales. De poco les servía a estos tener
nombrado un comandante en jefe que luchaba por sobrevivir en
el extranjero, por lo que, a mediados del año, Capistrán dejó de
ser el jefe del movimiento sin haber realmente llegado a ejercer
nunca esa jefatura.
A pesar de su escasa participación, al menos directa, en el
movimiento armado, así como de la explicación que da él mismo
sobre el papel que jugó, no faltan acusaciones en el sentido de que
“la Liga se había lanzado a la defensa armada por un verdadero
engaño de Capistrán Garza a sus directores en México”. Esto
era así, a juicio de sus acusadores, porque no se contaba con los
recursos necesarios para emprender una campaña en condiciones
de éxito, justamente lo que él mismo Capistrán afirma haber
esgrimido ante los directores de la Liga.
Si ya antes había pasado penurias económicas, a partir del
momento en que se deslindó de la Liga, su situación se agravó y
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

19

�René Capistrán Garza: el contrarrevolucionario mexicano

vivía de lo que buenamente podía conseguir con sus colaboraciones
en periódicos dirigidos a los mexicanos en el exilio. En agosto de
1929, le escribía al arzobispo Orozco y Jiménez:
Me es grato por la presente manifestarle que he recibido a mi
entera satisfacción la cantidad de $500 dollars, que V. S. Ilma.
ha tenido la amabilidad de prestarme para mi negocio, y debo
hacerle presente mi agradecimiento por tan señalado servicio.
Además, quiero hacer constar que en el plazo de seis meses, a
contar de la fecha, cubriré a V. S. Ilma. la cantidad indicada.

Quizá porque esto le molestaba tanto cada vez que se le
acusaba de haber dilapidado el dinero de la Liga y el que había
recibido de los católicos estadunidenses.
Carlos Blanco Ribera, quien fuera compañero de lides y
admirador de Capistrán, piensa que su fracaso en Estados Unidos
se debió a la falta de una sólida preparación humanística que él
entreveía en René:
Desgraciadamente Capistrán no había desarrollado entonces
su talento político al nivel de sus capacidades, de allí que
al lado de los golpes de grande altura tuviera verdaderas
trivialidades. Y si se hubiera nutrido con pasión y constancia
con los textos clásicos de los grandes políticos y oradores de
todos los tiempos y de hubiera dado una preparación intelectual
universal adecuada, René habría abierto un surco luminoso en
nuestra historia.

Independientemente de la mayor o menor validez
de esta apreciación, una afirmación de este autor que está
probada por los hechos es que hubo un antes y un después en
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

20

�Juan González Morfín

el papel de intermediación de la Liga ante los diferentes actores
norteamericanos, pues en los días en que el representante de los
cristeros fue Capistrán, se mantuvo la esperanza viva de que
algo se podría obtener de los vecinos del norte, pero cuando
fue relevado de su cargo “esta representación cayó en manos de
algunas figuras borrosas y se hundió en un verdadero pantano por
la inmovilidad, el color gris y la insignificancia”.
5. Cambio de mentalidad y regreso a México
Al igual que el viaje de rectificación al que había sido llevado por
la fuerza en el periodo carrancista, ahora el destierro le serviría
para entender mejor a las personas que no compartían sus mismos
puntos de vista: “En la escuela del destierro aprendía lo que nunca
hubiera podido enseñarme, ni nunca me enseñó, la Universidad.
La perspectiva que el pasado y el presente ofrecen desde país
extraño. El panorama histórico que se observa desde fuera de la
patria, al margen de las pasiones vividas. Los afectos creados no
al calor, sino al frío glacial de la expatriación, con militantes de
otras ideas –también en desgracia– son la mejor de las cátedras y
la más auténtica enseñanza teórica y experimental”.
Su regreso a México lo hizo sin prisas, sin embargo, a
partir de 1931 comenzó a hacer gestiones ante el servicio exterior
mexicano para ver cuándo podría darse el momento oportuno.
Es verdad que, a inicios de los años treinta, su situación general
había mejorado y había alcanzado “una cierta reputación y status
en San Antonio”. En diversos escritos, Capistrán ha mencionado
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
21
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

�René Capistrán Garza: el contrarrevolucionario mexicano

que su destierro duró once años, por lo que podemos situar su
reingreso alrededor del año 1938.
A inicios de los años cuarenta, encontramos a Capistrán
establecido nuevamente en México y colaborando con el periódico
Novedades, del que llegó a ser director. En esos momentos, se
encontraba física y emocionalmente separado de los que habían
sido sus correligionarios en la Liga, mas no así de los de la ACJM.
Con la jerarquía católica guardaba una respetuosa distancia, pero
de esta década existe una correspondencia cordial con el arzobispo
Luis María Martínez.
En su carta a Rius Facius de 1959, Capistrán resalta su
dedicación al periodismo:
Soy periodista de profesión. Durante cuarenta años he hecho
una incesante defensa de la Iglesia contra todos sus enemigos
de dentro y de fuera. En “La Prensa”, de San Antonio, Texas;
en “La Opinión”, de Los Ángeles, California; en “Diario de
la Marina” y “El País”, de La Habana. En la dirección de
“Novedades”, de “Prensa Gráfica” y de “Atisbos”, en México.
Y en gran número de periódicos mexicanos y extranjeros en
los que he colaborado, incesantemente he hecho labor católica,
firmemente católica, inquebrantablemente católica. Solo que
esta labor de cuarenta años ha modificado sus cauces, por las
experiencias adquiridas y las observaciones realizadas.

Esos cauces distintos de defender a la Iglesia católica tenían
que ver con su cambio de perspectiva en relación con la ideología
revolucionaria, de la que había sido acérrimo crítico y ahora la veía
completamente imbuida de principios cristianos. Muchos de sus
artículos publicados en Novedades, Prensa gráfica, Atisbos y El
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
22
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

�Juan González Morfín

Universal, dan fe de la defensa que hacía de cómo la Revolución
mexicana se hallaba permeada de principios cristianos.
6. Un converso a la ideología revolucionaria
Sus primeros pasos en la arena pública, como se ha visto, lo
sitúan en el ala más encendidamente contrarrevolucionaria.
Así se observa, por ejemplo, en un discurso pronunciado con
ocasión del Primer Consejo Federal de la ACJM en 1922, en el
que René arengaba a las masas de jóvenes católicos, como era
su costumbre, con palabras que desde que había comenzado su
activismo político en 1913 no habían cambiado mucho:
Sesenta años de liberalismo que parecía haber penetrado hasta la
médula del pensamiento nacional; la obra de descristianización
planteada durante la Reforma por Juárez y continuada
habilísimamente después, había logrado suprimir casi
completamente toda manifestación pública de vida religiosa y
había matado, al parecer para siempre, todo esfuerzo viril y toda
orientación definida; el catolicismo fue bárbaramente batido
en brecha, se le arrojó de la vida pública, se le excluyó de la
calle, se le hizo refugiarse en el interior de los templos y esto,
como un favor especialísimo, como una migaja de libertad que
la tiranía del liberalismo se dignaba conceder desde la cúspide
de su satánica soberbia; ser católico en aquellos tiempos y
serlo sobre todo fuera de su casa, era algo que no encajaba bien
dentro de aquel cuadro, cuyo marco lo hacían la depravación de
los unos y la cobardía de los otros.

Este tópico de que la mayoría de los católicos por
cobardía no participaban en política ha sido recurrente en quienes
simpatizan con la idea de ver agrupados a los católicos en un
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
23
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

�René Capistrán Garza: el contrarrevolucionario mexicano

partido oficial u oficiosamente católico con una intervención
mayor en la vida pública, supuestamente con el fin de permear las
leyes y la vida de la sociedad del pensamiento social católico. Por
eso, desde esa óptica particular, Capistrán también denunciaba en
ese mismo discurso:
Para tomar parte en la cosa pública del país, los católicos tenían
que poseer una doble personalidad y vivir una doble vida: ellos,
allá en el fondo, pero muy en el fondo de sus conciencias,
podían conservar y mantener su fe, el régimen liberal no se
metía con eso y respetaba el santuario de sus conciencias, con la
condición de que esas conciencias no fueran tan exigentes que
quisieran inmiscuir sus ideas y sus creencias y sus principios
en los asuntos públicos que venían a ser como patrimonio
exclusivo por derecho propio, del sacrosanto liberalismo; y así,
si un católico era honrado con un puesto en la administración,
por regla general tenía que despojarse de su catolicismo a la
puerta de su casa para poder transitar por las calles en calidad
de gobernante.

Más todavía que las palabras con las que fustigaba a los
católicos que no participaban en el terreno de la política, eran las
que usaba para describir la Revolución como una suma de todos
los males que podrían reunirse en un solo evento histórico:
Sobrevino el desastre; puestas las causas tuvieron que seguirse
inevitablemente los efectos; la Revolución estalló, volcando
todo lo malo, todo lo corrompido que se había formado al
amparo protector del liberalismo y con la complicidad de
su régimen. Querían un pueblo sin Dios y sólo consiguieron
algunas hordas de bandidos; querían una nación sin religión,
una patria sin historia, una civilización sin moral, y no tuvieron
sino el desastre, el fracaso, la caída.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

24

�Juan González Morfín

En años de relativa paz, pues en abril de 1922 el país era
gobernado por Obregón sin siquiera intentar la aplicación de
los puntos más álgidos de la Constitución de 1917, Capistrán
arremetía contra la Revolución como si en esos días hubiera ya
estallado la persecución de Calles y sublimaba la participación de
la ACJM en la lucha contrarrevolucionaria:
La Revolución, que no es, en suma, sino el liberalismo
desembozado, el sectarismo en toda su crudeza, el “non
serviam” en toda su soberbia; la Revolución, que no es, en
suma, sino el Estado sin Dios, vino tan brutalmente a sacudir
los espíritus, quiso tan bárbaramente extremar la tiranía,
intentó de tan odioso modo ahogar a la Iglesia, que todo lo
que quedaba de fuerza viril y de espíritu cristiano, vigorizado,
robustecido y templado a los golpes del dolor y del sufrimiento,
surgió encendido de amor a Cristo, y surgió principalmente ahí
donde era menos creíble, ahí donde más rudamente se le había
combatido, ahí donde más completo parecía el naufragio: en la
juventud. Tal parece que la Providencia quiso hacer patente y
clara su intervención y señalar el camino.

Sin embargo, años después escribiría algunas ideas
en las que rectificaba completamente esta posición y llegaba
a descalificar como mentiras y prejuicios malévolos sus
afirmaciones anteriores:
No es la fuerza de la verdad, sino la fuerza que el tiempo
otorga a las mentiras, sustentadas durante muchos años como
verdades, lo que hace sumamente difícil arrancar desde la
raíz tantos juicios y prejuicios equivocados, malévolos y
destructivos que han mantenido a México, en el orden de las
ideas y de los hechos, partido en dos bandos irreconciliables
y en dos concepciones opuestas de nación, haciendo cada
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

25

�René Capistrán Garza: el contrarrevolucionario mexicano

uno de esos bandos su parcela de patria, su predio nacional
privado, su coto propio, con un ideario particular y hasta con
dos olimpos sagrados en donde encasillan unos y otros a sus
dioses exclusivos. Y lo más doloroso del caso es que quienes
son dioses en un olimpo, son demonios en el otro.

A simple vista, es una crítica muy seria al bando radical
en el que militó por una quincena de años. La rectificación tiene
más valor viniendo de alguien que hasta hacía tan poco tiempo
había sido un convencido partidario de esa lucha y esa postura
antagónica, de esa descalificación a todos los que no pensaran en
la misma línea que él y sus correligionarios. Sin duda, muchas
cosas habían cambiado en su forma de percibir la realidad del
país, lo que no había cambiado tanto era la vehemencia con la que
defendía su postura y la forma apasionada en que demolía a sus
adversarios. También permanecieron siempre en sus afirmaciones
su rechazo a los sistemas políticos originados en las ideas de
Marx, esto es, al socialismo y al comunismo en cualquiera de
sus formas, así como su antipatía por el presidente Calles y su
régimen, al que habría de concebir como una deformación del
verdadero espíritu revolucionario, imbuido este, según su nueva
forma de ver las cosas, de la caridad cristiana y de sus aspiraciones
más elevadas de justicia social, lo cual, por otra parte, no siempre
ha sido practicado por los católicos:
No siempre la doctrina social católica ha sido aplicada en
la práctica por los mismos católicos. Más frecuentemente es que la
profesemos en teoría y la neguemos en los hechos. La Revolución
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

26

�Juan González Morfín

Mexicana, imponiendo a latigazos la tesis social católica, cometió
ciertamente muchos desmanes; pero a ese precio la hizo operante, la
hizo realidad.

Así, para Capistrán, no cabía duda que las principales
reformas sociales promovidas por la Revolución, eran de matriz
católica: “Los revolucionarios fueron, por instinto, los brazos
ejecutores de la doctrina de Cristo que desgraciadamente había
caído en el vacío de un catolicismo intrascendente”.
Hacía el mismo reproche al catolicismo internacional: “Si
los católicos de su tiempo hubieran secundado en la acción práctica
la doctrina formulada por León XIII, no habría comunismo en
el mundo y en México no habría sido necesaria la Revolución,
con toda su rudeza y toda su crueldad, para que los católicos
entendiéramos que León XIII tenía razón”.
De ahí que, a su juicio, todas las diferencias que en los
años posteriores a la Revolución se habían venido dando entre
católicos y revolucionarios, tenían su origen en cuestiones de
forma, más que de fondo, o bien en posturas preconcebidas
que no se abrían a la verdad: “En política, como en todo, es
muy saludable defender la verdad, a condición de que primero
se conozca la verdad”. No les faltaba a sus argumentaciones la
ironía y la contundencia que siempre había utilizado: “Más que
en ninguna otra materia, en política es necesario saber leer y
escuchar. Porque hay quienes, cuando leen, lo único que asimilan
son los márgenes y los índices”. De ahí es de donde viene la
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

27

�René Capistrán Garza: el contrarrevolucionario mexicano

terrible confusión entre lo que es accidental y lo que no: “La pugna
–a veces sangrienta– establecida entre la Revolución Mexicana y
el catolicismo, se debió a causas políticas mucho más que a tesis
doctrinarias. Es decir, se produjo por motivos transitorios y no
permanentes, accidentales y no esenciales”.
Un claro ejemplo de esto último fue el problema que
se suscitó en el gobierno de Calles originado, a juicio de
Capistrán, en la falta de tacto político de este y del grupo que
lo seguía: “El callismo fue la conclusión lógica de dos posturas
ilógicas. La de los revolucionarios radicales y la de los católicos
conservadores”. A estos últimos, con su actitud intransigente,
el callismo les dio
la gran oportunidad para rehacer su vida cívica, para purgar
por las propias culpas, para volver por los fueros de la dignidad
ultrajada, y para demostrar al pueblo y a los revolucionarios
mismos, que los católicos, a su vez, son capaces de tomar en
sus manos la bandera libertaria de aquella.

Los que en aquella coyuntura tomaron las armas, no
hicieron otra cosa que retomar los principios que inspiraron la
Revolución: “volvimos a la sangre de Madero, ultrajada por
Huerta y por Calles, y dimos a la Revolución un contenido
casi divino” “En nombre de los mismos ideales libertarios de
la Revolución, los cristeros se rebelaron contra Calles. No lo
hubieran hecho contra el porfirismo, [pero] la Revolución había
revelado algo que los católicos parecíamos tener en el olvido: que
la libertad es preciso conquistarla”.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

28

�Juan González Morfín

Si bien es verdad que en algunas de estas afirmaciones
resuena la emotividad propia de sus primeros discursos, hay que
aceptar que, como él mismo lo admitía, su pensamiento había
evolucionado hacia una visión sincrética –quizá demasiado– del
catolicismo y los ideales revolucionarios: “La fe católica y la
Revolución Mexicana son las dos antorchas inextinguibles que
iluminarán el porvenir si sabemos conjugar constructivamente
esos dos hechos concretos, profundamente incorporados en el
alma y la historia nacionales”. Ya anteriormente, había escrito a
Rius Facius en esa misma línea:
No hay razón doctrinaria ni táctica para perpetuar la
pugna irreconciliable entre la Iglesia Católica y el régimen
revolucionario mexicano. Esa pugna se mantiene por intereses
políticos disfrazados de amor a la Iglesia y tratando de utilizar
esta con perjuicio evidente para ella.

Esta postura sincrética le llevó a constantes enfrentamientos
–que no evadía–, con intelectuales y columnistas, tanto del bando
católico como del revolucionario. Con los primeros, son célebres
sus diatribas con Jesús Guiza y Azevedo, quien para refutarlo
le dedicó un libro completo. Quedan para trabajos posteriores
esas controversias, pues no forman parte del objetivo de esta
investigación.
El cambio de posicionamiento de Capistrán se dio en
el contexto de un reacomodo en las relaciones entre el Estado
mexicano y la jerarquía católica. Un modus vivendi pactado en 1929
y que, de hecho, no sería sino hasta el gobierno de Ávila Camacho
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
29
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

�René Capistrán Garza: el contrarrevolucionario mexicano

que comenzara a plasmarse de lleno en un doble compromiso: por
parte del gobierno, la no aplicación de las leyes que obstaculizaran
la labor de la Iglesia; por parte de jerarquía, la desautorización,
cuando no condena, de los actores católicos que buscaran servirse
de la religión para lograr cambios políticos a través de la resistencia
armada. En estas circunstancias, mientras que un grupo de ex
miembros de la Liga fundó en 1940 una agrupación llamada
“Integrismo Nacional” para desde ahí seguir combatiendo lo que
consideraban serias amenazas para la religión católica, Capistrán
Garza marcó su distancia e inició, justo en este tiempo, un camino
distinto que lo llevó a segregarse de la mayor parte de sus antiguos
correligionarios. Un camino también diferente al acomodo que
la jerarquía católica había optado por razones de practicidad –o
de imperiosa necesidad– a las políticas gubernamentales, pues,
en el caso de Capistrán, no fue el cese de la beligerancia de los
gobiernos cada vez más conservadores emanados de la Revolución
lo que gestó su transformación, sino sobre todo un convencimiento
profundo de que las tesis que tanto la Revolución como la Iglesia
católica postulaban en materia social estaban hermanadas.
Consideraciones finales
Los escritos autobiográficos, entre ellos, cartas como la que
escribió a Rius Facius en 1959, nos permiten conocer a fondo
las motivaciones de René Capistrán Garza, tanto en su etapa
de contrarrevolucionario como en la de “armonizador” de los
principios católicos con aquellos de la Revolución.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

30

�Juan González Morfín

En ellos, muchas veces se encuentran pasajes de autocrítica
en los que reconoce algunos errores y los atribuye, en parte, a
su juventud. Por ejemplo, a propósito de su nombramiento como
jefe civil del movimiento cristero y embajador plenipotenciario
de la Liga y ante la jerarquía y el gobierno de Estados Unidos,
señala: “Mi error y responsabilidad gravísimos consistieron en
haber cedido, por vanidad y amor propio a las instancias de la
Liga para que aceptase las dos decisiones”.
La crítica que hacía a las posturas extremistas de algunos
grupos contrarrevolucionarios, a partir de su transformación en
un decidido defensor de la Revolución, tiene el mérito, si cabe
esta expresión, de ser hecha por alguien que fue primeramente un
convencido sostenedor de esos postulados.
Su admiración por la Revolución, por otro lado, parte,
según explica él mismo, de que esta fue capaz de implantar en la
sociedad los postulados cristianos en materia de justicia social,
aunque haya sido a fuerza de latigazos.
Su acercamiento a los planteamientos revolucionarios y
su afán de mostrar la afinidad de estos con la doctrina católica,
no obstante su intención de aproximar a las partes en pugna, no
fue bien recibido por sus antiguos correligionarios y por un gran
número de católicos que, durante años, siguieron viendo trasfondos
socialistas y ateos en todo lo que se llamara revolucionario y, en
René, simplemente a un traidor, cuando no a un vendido. Quizá
su fracaso para obtener ese acercamiento se debió, en buena parte,
a los métodos que utilizaba para fustigar a quienes no compartían
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
31
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

�René Capistrán Garza: el contrarrevolucionario mexicano

su nuevo punto de vista, esto es, la exposición apasionada de sus
argumentos y el modo poco empático de referirse a sus adversarios
que, por otro lado, eran los mismos métodos que antaño había
empleado para atacar la Revolución.
Con todo, algunas de sus apreciaciones en torno a lo que
realmente originó una pugna de tanto tiempo entre el Estado y
la Iglesia católica, son especialmente rescatables para evitar en
lo sucesivo ese tipo de enfrentamientos, esto es, no dar un peso
inconmensurable a situaciones que son pasajeras y accidentales,
sino privilegiar el camino del diálogo, mejor que buscar tensar la
situación hasta el punto de que el contrario tenga que rendirse. Un
legado que permanece vigente.
Bibliografía
Aspe Armella, María Luisa. La formación social y política de
los católicos mexicanos. La Acción Católica y la Unión
Nacional de Estudiantes Católicos, 1929- 1958. México:
Universidad Iberoamericana, 2008.
Bailey, David C. Viva Cristo Rey! The Cristero Rebellion and
the Church-State Conflict in Mexico. Austin &amp; London:
University of Texas Press, 1974.
Blancarte, Roberto. Historia de la Iglesia Católica en México
1929-1982. México: Fondo de Cultura Económica, 2012.
Blanco Ribera, Carlos. Mi contribución a la Epopeya Cristera.
Una época terrible y tormentosa. Guadalajara: Asociación
Pro-Cultura, 2002.
Campos López, Xóchitl Patricia y Velázquez Caballero, Diego
Martín (Coords.). La derecha mexicana en el siglo XX.
Puebla: BUAP-PROFMEX, 2017.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
32
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

�Juan González Morfín

Capistrán Garza, René. Andanzas de un periodista y otros ensayos. México: Atisbos, 1958.
Capistrán Garza, René. La Iglesia Católica y la Revolución Mexicana. Prontuario de ideas políticas. México: Atisbos, 1964.
Cárdenas Ayala, Elisa. Roma. El descubrimiento de América. El
Colegio de México: Ciudad de México, 2018.
Carreño, Alberto María. El arzobispo de México, Excmo. Sr. Don
Pascual Díaz y el conflicto religioso. México: Imprenta
Renacimiento, 1932.
Julian Dodson. Fanatics, Exiles and the Mexico-U.S. Border:
Episodes of Mexican State Reconstruction, 1923-1929.
Albuquerque: University of New Mexico (tesis), 2015.
González Morfín, Juan y Soberanes Fernández, José Luis. “El
control de ministros de culto religioso por la autoridad
civil en la Constitución de 1917”. Revista Mexicana de
Historia del Derecho 33 (2016), 141-171. https://revistas.juridicas.unam.mx/index.php/historia-derecho/article/
view/11107
González Morfín, Juan. “El general Ángel Flores y el apoyo de
los católicos para su campaña a la presidencia de la República en 1924”. Nóesis 30 (2021), 120-137. https://erevistas.uacj.mx/ojs/index.php/noesis/article/view/3701
González Morfín, Juan. “El pensamiento de Miguel Palomar y
Vizcarra: acción cívica y catolicismo intransigente en
una carta de 1924”, Revista de Historia de América 163
(2022), 449-473. https://revistasipgh.org/index.php/rehiam/article/view/1133/2766
Gorostieta, Enrique. Cartas de Enrique Gorostieta a su esposa
Gertrudis Lasaga. Dos regiomontanos ilustres. Monterrey: UANL, 2012.
Gutiérrez Casillas, José. Historia de la Iglesia en México. México: Porrúa, 1981.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
33
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

�René Capistrán Garza: el contrarrevolucionario mexicano

Guiza y Azevedo, Jesús. Los católicos y la política. El caso de
Capistrán Garza. México: Polis, 1952.
Hernández Vicencio, Tania. Revolución y Constitución. Pensamiento y acción política de Miguel Palomar y Vizcarra.
Historia y Grafía 42 (2014), 159-192. https://www.revistahistoriaygrafia.com.mx/index.php/HyG/article/view/68
Hurtado Razo, Luis Ángel. Diferentes agrupaciones católicas de
derecha en el siglo XX en México. México: SOMEE-IEDF, 2014.
José Valenzuela, Georgette, “Campaña, rebelión y elecciones
presidenciales de 1923 a 1924 en México”, Estudios de
Historia Moderna y Contemporánea de México 23 (2002),
55-111. https://moderna.historicas.unam.mx/index.php/
ehm/article/view/3051
Lira Soria, Enrique. Miguel Palomar y Vizcarra. Católico militante (1880-1968). Guadalajara: DEHAG, 2010.
Martínez, Austreberto. “Rene Capistrán Garza”, en Aguirre Cristiani, et al., María Gabriela. Diccionario de Protagonistas
del Mundo Católico en México siglo XX. UAM: Ciudad
de México, 2021, 102-105.
Meyer, Jean. La cristiada 1. La guerra de los cristeros. México:
Siglo XXI, 1973.
Meyer, Jean. La cristiada 2. El conflicto entre la Iglesia y el Estado 1926/1929. México: Siglo XXI, 1973.
Meyer, Jean. La Iglesia Católica en México 1929-1965. México:
CIDE, 2005).
Meyer, Jean. Si se pueden llamar arreglos… Crónica del conflicto religioso en México, 1928-1938. Ciudad de México:
CIDE, 2021.
Negrete, Martaelena. Enrique Gorostieta. Cristero agnóstico. México: Universidad Iberoamericana – Ediciones El Caballito, 1981.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
34
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

�Juan González Morfín

Negrete, Martaelena. “Enrique Gorostieta: un cristero agnóstico”, Estudios Jaliscienses 13 (1993), 33-47. http://www.
estudiosjaliscienses.com/wp-content/uploads/2019/08/
Estudios-Jaliscienses-núm.-13.pdf
Olivera Sedano, Alicia. Miguel Palomar y Vizcarra y su interpretación del conflicto religioso de 1926 (Entrevista). México: INAH, 1970.
Olmos, Evaristo. La Liga nacional defensora de la libertad religiosa en el conflicto religioso mexicano (1925-1929).
México: Lina Delir, 1991.
Plasencia de la Parra, Enrique. “El exilio delahuertista”, Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México
43 (2012), 105-134. https://moderna.historicas.unam.mx/
index.php/ehm/article/view/32068/29537
Rius Facius, Antonio. La Juventud Católica y la Revolución Mejicana. México: Jus, 1963.
Rius Facius, Antonio. Bernardo Bergöend S.J., guía y maestro de
la juventud mexicana. México: Tradición, 1972.
Rius Facius, Antonio. Méjico cristero, Vol. II. Guadalajara: Asociación Pro-Cultura, 2002.
Solis, Yves. “El origen de la ultraderecha en México: la «U»”. El
cotidiano 23 (2008), 25-38.
Valvo, Paolo. Pio XI e la Cristiada. Fede, guerra e diplomazia in
Messico (1926-1929). Brescia: Morcelliana, 2016.

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

35

�Desterritorialización de la costa quintanarroense:
el caso de Playa del Carmen
De-territorialization of the Quintana Roo coast:
the case of Playa del Carmen
Miguel Pinkus Rendón
Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales
CEPHCIS-UNAM
https://orcid.org/0000-0002-2839-9610

Ashantti Vereniss López Niquete

https://orcid.org/0009-0002-3532-1907

Abril Monserrat Gonzalez-Ku

https://orcid.org/0009-0006-5339-8536
Recibido: 31 de agosto de 2024
Aceptado: 19 de diciembre de 2024

Resumen: El territorio de Quintana Roo, México desde 1902 (fecha
de creación), ha sido artífice de una gama de acontecimientos que han
repercutido en la apropiación, uso y manejo de los bienes comunes
naturales que tienen en su interior. Es por ello, que el presente artículo se
aboca a analizar cuáles han sido las variaciones políticas, socioculturales,
económicas y cómo éstas han impactado en la conformación del paisaje
y la transformación en el vínculo con los bienes comunes naturales.
En particular se analiza el caso de Playa del Carmen como ejemplo de
lo sucedido en la costa oriental del estado. En este sentido, se puede
vislumbrar que en las seis primeras décadas del siglo veinte la dinámica
económica giraba en torno a la utilización de los elementos naturales
maderables o no maderables (corte del chicle) sea por particulares,
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

36

�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

compañías explotadoras, ejidos o colectivos de estos. A partir de
principios de los años setenta se da un cambio abrupto, que es cuando
la política pública federal promueve al turismo como eje conductor del
sistema económico, tomando en un primer momento a Cancún como
polo de desarrollo y posteriormente a finales del siglo XX a la Riviera
Maya, lo que conlleva a un crecimiento urbano, cambios de uso del
suelo y tenencia de la tierra. Este estudio pretende dar un panorama de
la desterritorialización de las comunidades costeras desde la historia
ambiental y oral.
Palabras clave: Quintana Roo, Territorio, Ejidos, Turismo.
Abstract: Since 1902 (date of creation) Quintana Roo, Mexico territory
has been the architect of a range of events that have had repercussions
on the appropriation, use and management of the natural commons
within it. For this reason, this article focuses on analyzing the political,
socio-cultural and economic variations and how these have impacted
the landscape and the transformation of the link with the natural
commons. In particular, the case of Playa del Carmen is analyzed as an
example of what has happened in the eastern coast of the state. In this
sense, it can be seen that in the first six decades of the twentieth century,
the economic dynamics revolved around the use of natural timber and
non-timber elements (gum cutting), whether by individuals, exploiting
companies, ejidos or their collectives. At the beginning of the 1970s,
there was an abrupt change, when federal public policy promoted
tourism as the driving force of the economic system, first in Cancun and
then in the late 20th century in the Riviera Maya, which led to urban
growth, changes in land use and land tenure. This study aims to provide
an overview of the deterritorialization of coastal communities from an
environmental and oral history perspective.
Key words: Quintana Roo, Territory, Ejidos, Tourism.

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

37

�Desterritorialización

Introducción
El sureste de México ha atravesado una serie de reconfiguraciones
a través del tiempo, no solo hablando de la parte de división
política, sino también desde la perspectiva paisajística,
sociocultural y socioeconómica. Desde la creación de Quintana
Roo como territorio a principios del siglo XX, proveyó varios
acontecimientos sociopolíticos a nivel regional y nacional
(revolución mexicana) que dieron una dinámica de pertenencia
del territorio y del entorno que en él se encontraba. Tales como
la fundación del territorio, luego la reincorporación a Campeche
y Yucatán, para finalmente casi a mediados del siglo XX, la
designación como estado de la República Mexicana.
En este sentido, el territorio de Quintana Roo ha tenido
cambios importantes en cuanto a los bienes comunes naturales1
y aprovechamiento de sus alrededores, cabe señalar que en sus
inicios como entidad federativa contaba con una alta diversidad
biológica y baja concentración poblacional humana, misma
que paulatinamente ha cambiado en poco más de un siglo, pero
incrementándose aceleradamente en las últimas décadas y con
mayor medida las costas quintanarroenses.
Es por ello, que en el presente trabajo se pretende dar
cuenta de los cambios enfrentados en el espacio-territorio
1

Se utiliza Bienes Comunes Naturales (BCN) y no Recursos Naturales pues la noción de los BCN se opone a la visión utilitarista de los elementos y servicios naturales
para apostar a una revalorización y apropiación de los bienes que conforman los territorios (Ivars, 2013). Sin embargo, en la lectura de este texto se hace uso del concepto
de Recursos Naturales solo en las citas textuales o cuando se trata del análisis desde la
lógica mercantilista para contrastar las reflexiones.

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

38

�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

quintanarroense, poniendo como ejemplo la costa central del
estado, particularmente la población de Playa del Carmen en los
últimos 70 años. En el cual se recurrió a analizar cuáles han sido
las variaciones políticas, sociales, socioeconómicas, y cómo éstas
han impactado en la conformación del paisaje y la transformación
en el uso de los bienes comunes naturales.
Para conseguir esta meta, el trabajo se abordó desde tres
diferentes aspectos de obtención de información: a) Se abocó a
la tarea de recopilar las primeras fuentes de manera diacrónica,
para explicar el proceso de las políticas públicas que incidieron
en la segmentación de las actividades productivas, así como la
adquisición y usufructo de los bienes comunes naturales del
territorio. b) Se realizó la búsqueda de cartografía histórica (física
y digital) para dar cuenta de la tenencia de la tierra, poniendo
énfasis en los cambios que se favorecieron durante la repartición
agraria y a raíz de las modificaciones del artículo 27 constitucional.
C) Finalmente, para conocer de primera mano la historia oral de
los pobladores de Playa del Carmen, respecto a la percepción del
cambio territorial que experimentó la otrora ciudad en las últimas
décadas, se llevaron a cabo talleres de mapeo participativo, así
como entrevistas semiestructuradas con personas nativas del
lugar o que tengan varias décadas de habitarlo.
Conformación del territorio Quintanarroense
No se puede entender la dinámica del sur de México, sin explicar
un poco los sucesos ocurridos a mediados del siglo XIX, es decir,
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
39
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

�Desterritorialización

la Guerra de Castas. La cuál no sólo trastocó el tejido social que
se vislumbraba dada la opresión hacia los mayas en la Península
de Yucatán, y que se cristalizó en 1847, amén que durante la
colonia ya habían ocurrido varias rebeliones por las precarias
condiciones en que éstos se encontraban. Lo que forzosamente
conlleva a transformaciones socioculturales en la gente originaria
y/o que se ha ido estableciendo en la línea del tiempo.
Según lo escrito por Navarro (1968, 1976) “los criollos
utilizaron desde la represalia de privar a los indios de los derechos
que les habían concedido en la constitución de 1841 hasta
prohibirles el uso de las armas, concentrarlos en determinadas
localidades, obligarlos a recibir instrucción religiosa y, cuando no
bastaran los consejos, corregirlos según su índole y costumbres”.
Por ello, para luchar por derechos humanos y políticos se dio
una rebelión en contra del grupo del poder, como reacción, el
gobierno en turno que no solo deseaban acabar con la revuelta
sino con visión a que se apoderaran de la Península, invitaba a
extranjeros a contribuir en la misma.
En esta sublevación se pudo observar una segmentación
del territorio, que no solo aplicaba a lo humano, en donde, en
las ciudades de Mérida y Campeche se asentaron las poblaciones
mestizas y la blanca, en tanto que en la parte oriental de —en
ese entonces Yucatán —se establecieron las comunidades mayas.
Aunado a ello, mientras en la parte que habitaron los primeros era
principalmente de selva baja caducifolia, en tanto la colonizada
por los indígenas se configuraba por selvas medianas y altas con
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
40
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

una alta humedad en lo conocido como “montaña”, lo que le daba
acceso a multiplicidad de bienes comunes naturales para utilizar
(Villalobos 2006).
Cabe señalar que previo a la guerra, desde la época
colonial, se había dado la explotación de maderas tales como
el Palo de Tinte Haematoxylum campechianum en las zonas
bajas inundables, mientras que el Cedro Cedrela odorata, y
la Caoba Swietenia macrophylla en las zonas selváticas, todas
ellas sumamente apreciada en Europa, tanto así, que la piratería
en el Caribe y puntualmente en las costas Quintanarroenses fue
contemplado desde siglos anteriores. En este sentido, y volviendo
al conflicto, la explotación de madera continuó siendo importante,
ya que, durante este se dio una asociación estratégica entre los
rebeldes mayas y la Honduras Británica (Belice), en la cual, los
primeros dejaron que los británicos explotaran regiones de la
selva bajo su protección, mientras que les dotaran de insumos
para la guerra, así como otras materias provenientes de la Gran
Bretaña. Cabe señalar, que, durante el período en cuestión, en
algunas regiones del territorio se daba una triple explotación
forestal. Por un lado, los mayas rebeldes del sur y oriente, una
segunda por las empresas colonizadoras (Compañía Colonizadora
de Faustino Martínez y Compañía Colonizadora de la Costa
Oriental de Manuel Sierra Méndez) y una tercera por los ingleses
que rentaban las tierras de uso, en varias ocasiones, pagando los
terceros a los dos primeros por una misma extensión territorial
por el conflicto armado.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
41
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

�Desterritorialización

La cruenta lucha duró poco más de 50 años, con una
gran cantidad de caídos de ambos lados, y, como una medida de
Porfirio Díaz se divide la Península de Yucatán en dos Estados
(Campeche y Yucatán) y un naciente territorio, Quintana Roo
(Figura 1).
Quintana Roo se creó con la zona que desde más de medio
siglo atrás estaba ocupada por los mayas rebeldes y en la que
el Estado de Yucatán no ejercía de hecho jurisdicción política y
administrativa. Prácticamente, el decreto del 24 de noviembre
de 1902 que creó el Territorio Federal de Quintana Roo, no
hizo sino darle carácter constitucional de Territorio Federal a
una región que desde 1848 se sustrajo del poder político del
Estado de Yucatán (González Duran 19742 en Macías 2002).

No obstante, Macías (op cit.) sostiene que hubo más
variables a considerar para dicho decreto. Por un lado, dado
que los mayas orientales solo ocuparon parte del territorio
mencionado (Tulum hasta el río Hondo), quedando fuera la
parte norte, la cual, ya era controlada por empresas particulares
establecidas, incluyendo las islas Mujeres y Cozumel, bajo
oligarquías que hacían explotación forestal. Por otro lado, dado
que la comercialización y flujo económico se daba por la parte
marítima a consecuencia de los pocos caminos terrestres que
existían, era imprescindible tener un control fiscal de todas las
transacciones que se llevaron a cabo en los principales nodos de
embarcación y puntos prioritarios del territorio.
González Durán, Jorge. 1974. La rebelión de los mayas y el Quintana Roo
chiclero. Mérida, Yuc. Dosis, 80 p.
2

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

42

�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

Figura 1. Proyecto de límites entre el Estado de Yucatán y el territorio de
Quintana Roo (1904). Tomado de Mapoteca Manuel Orozco y Berra 2024.

Árboles y maderas
La geografía de Quintana Roo nos demuestra que más del 80 %
del territorio presenta una gama de tipos de selvas con gradientes
tanto de altitud (5 hasta 40 m) como de la caducidad que tiene
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
43
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

�Desterritorialización

las hojas en el follaje durante el año (caducifolia a perennifolia),
lo cual representa una alta diversidad de especies de plantas y
otros organismos. En este sentido, y como ya ha sido mencionado
anteriormente, la explotación de la madera en el territorio
quintanarroense data de siglos anteriores, en donde cuadrillas de
personas entraban en las selvas para extraer grandes cantidades
de árboles maderables y no maderables, es decir, de troncos que
servían en la construcción de casas (diferentes especies) u objetos
de valor (cedro y caoba), o aquellas cuyo producto sea derivado
de las plantas (tintes).
Al respecto, el corte de los árboles fue socorrido tanto
por los pobladores de los alrededores del monte, los mayas
rebeldes, como por los vecinos de la Colonia Británica, pasado
por las empresas Colonizadoras de diferentes, hasta los nuevos
ejidatarios cuando se da el reparto de las tierras en los gobiernos
del general Lázaro Cárdenas y Lic. Manuel Ávila Camacho (de
lo que se hablará más adelante). Por lo que la presión sobre los
ecosistemas ha sido constante a lo largo del tiempo, debido a los
desmontes que se hacía durante el corte de las maderas preciosas,
maderables y blandas, así como posteriormente para sacar las
trozas de árboles y enviarlas a los puntos de acopio y envío a
través de los afluentes, cuerpos de agua y el mar. Cabe mencionar
que por mucho tiempo no existieron los caminos terrestres entre
las poblaciones, por lo que la conexión entre sitios era por medio
del agua., e.g. en la costa central de Quintana Roo se trataba de
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

44

�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

dejar el producto en la costa para que fuera trasladado a Cozumel
que era un punto estratégico.
La dotación de tierras posrevolucionaria dió pertenencia
a las comunidades mayas ex combatientes de la guerra de Castas
de las selvas que ya habitaban, aunque también otras personas
ajenas al territorio quintanarroense con la finalidad de ocupar un
espacio poco poblado, como veremos posteriormente. Aunque
también siguieron las concesiones de explotación de madera a
particulares. Si bien, la explotación maderera se dió en todo el
territorio quintanarroense, fue más visible en el sur de la entidad
como puede apreciarse en la figura 2, esto relacionado al tipo de
selva alta que contenía ejemplares de cedro y caoba con mayor
tamaño.
La comercialización de la madera por las compañías
privadas era frecuente desde los años 30 del siglo XX, aunque se
intensificó a principios de los 50s por la creación de la paraestatal
(órgano descentralizado de gobierno) Maderas Industrializadas de
Quintana Roo (MIQRO), a la cual se le concedió una concesión de
veintinueve años (González et al. 2007). Como ya se mencionó,
la dotación de tierras le aportó a los pobladores de los ejidos la
posibilidad de vivir mediante el manejo de los bienes comunes
naturales, no obstante, a los ejidatarios se les hizo énfasis que
debían dejar selva para manejar y conservar, contrastando con
lo permitido a los ganaderos y agricultores extensivos (González
op. cit.).
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

45

�Desterritorialización

Figura 2. Flora de la Península de Yucatán. Comisión Colonizadora (1935).
Tomado de Taracena y Pinkus 2010.

Entre 1970 y 1980, el estado de Quintana Roo perdió más
de 500,000 ha de bosques tropicales (la tercera parte de su
superficie forestal hasta 1970). En este periodo se otorgaron
concesiones privadas denominadas, en ese tiempo, Unidades
Industriales de Explotación Forestal, siendo la más importante
la que fue otorgada a la empresa Maderas Industriales de
Quintana Roo (MIQRO) (Ríos-Cortéz, et al. 2012:252).
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

46

�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

Habrá que señalar que si bien se dió una explotación de la
madera preciosa sobre todo en la zona sur del estado, también se
continuó ejerciendo presión ilegal de los bienes en otros sitios del
estado, tanto maderables de alta apreciación (cedro y caoba), las
maderas utilizadas para la construcción de casas como para otros
propósitos no maderables (chakté Caesalpinia platyloba, jabín
Piscidia piscipula, chaká Bursera simaruba, chechen Metopium
brownei, tzalam Lysiloma bahamensis, entre otras)3. Sobre todo,
teniendo en cuenta la vasta cantidad de selvas que seguían siendo
terrenos nacionales y que eran susceptibles a ser utilizados.
Según Galletti (1999), con el otorgamiento de la empresa
MIQRO se dio un subsidio al desmonte, en donde la empresa solo
daba una cuota a los tenedores de la tierra pero éstos no tenían un
beneficio al aprovechamiento de sus montes.
Dándose cuenta del impacto que tuvo en el territorio la
tala de madera de manera constante por varias décadas a manos
de la empresas privadas, aunado a la finalización de la concesión
con MIQRO. Se pone en marcha el Plan Piloto Forestal entre
el gobierno de Quintana Roo y algunos ejidos con la finalidad
de tener un aprovechamiento forestal con una visión de largo
aliento sin acabar con los bienes comunes naturales que tenían.
Este plan se efectuó en los municipios de Felipe Carrillo Puerto y
Othón P. Blanco (Rebollar et al. 2002) con el apoyo federal de la
otrora Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos (SARH),
Los nombres en negritas hacen referencia al nombre que se les otorga en
el idioma maya.
3

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

47

�Desterritorialización

cuyos supuestos se encaminaron en que la selva debía representar
un atractivo económico para la población que la habitara, con
la finalidad de que no la destruyera, ya que los propietarios de
los montes debían ser actores de conservación por pertenencia
de capital natural, con miras de una economía forestal comunal
(Galletti op. cit.).

Figura 3. Croquis del ex-territorio de Quintana Roo (1933-1934). Tomado de
Mapoteca Manuel Orozco y Berra 2024.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

48

�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

Otro producto no maderable que fue ampliamente
utilizado, que su corte data de la época prehispánica y con una
fuerte importancia económica a principios del siglo XX, es el
árbol del chicle (Manilkara zapota). Estos árboles son propios de
diferentes ecosistemas de México, incluyendo selvas, petenes y
dunas costeras, asimismo variando su envergadura dependiendo
de las condiciones físicas y biológicas que tenga.
Esta especie se comenzó a utilizar comercialmente desde
finales del siglo XIX principalmente en el estado de Veracruz
para la obtención de la resina que emanaba de las plantas, aunque
se dieron cuenta las Compañías explotadoras que el territorio de
Quintana Roo tenía una gran densidad de estos especímenes en el
entorno natural, con lo que las miras de explotación voltearon hacía
el sureste mexicano (Ponce-Jiménez 1990). Como consecuencia
de esto se comienza el poblamiento de la zona norte del naciente
estado, aunque de manera paulatina, ya que se daban poblaciones
flotantes migrantes que venían principalmente del vecino estado
de Yucatán “los hombres llegaban sólo durante el periodo de la
explotación del chicle (de junio a febrero), y como no hallaban
condiciones de vida urbana ni otra forma de trabajo (aunque
algunos se dedicaban al corte de maderas de marzo a junio), se
regresaban a su lugar de origen” (Pérez Águilar 2014:196).
Los campamentos chicleros llegaban al lugar señalado
con una buena biomasa de árboles de chicle para su corte,
asentaban pequeños poblados nómadas que incluían tanto a los
cortadores que extraían en precioso látex, con cortes en forma
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
49
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

�Desterritorialización

de “y”, no tan profundos como para matar a la planta, pero sí lo
suficiente para que salga el líquido, por otro lado las personas que
ponían a calentar el producto colectado, para que disminuyera
su humedad menor al 33% y resumirse para luego colocar la
goma en marquetas de 10 a 12 kg, así también lo capataces de
las principales compañías explotadoras, así como los cocineros
que alimentaban a todos los anteriores (Kawakami 2022). Por lo
que, como señalan algunos autores (Pinkus 2016) en ocasiones se
daba una migración de toda una familia para ir al corte de chicle
en la selva quintanarroense.
Toda la producción de chicle era vendido vía marítima a
los Estados Unidos a alguna de las grandes compañías William
Wrigley Jr. Company, la Beech-Nut Company y la American
Chicle Company. Las dos últimas tenían como subsidiaria en
México a la Mexican Explotation Company (Kawakami 2022).
Para lo que es la costa central de Quintana Roo, desde 1910 se
tenían censos de campamentos chicleros en Isla Mujeres, Tulum,
Playa del Carmen y Cozumel (Pérez Aguilar 2014). Siendo éste
último, el sitio de almacenamiento y exportación del chicle a
través de la Aduana de la isla de Cozumel (Ramos Díaz 1999).
La explotación chiclera inició en Quintana Roo por
empresas particulares con concesiones gubernamentales, no
obstante, se hace mención que en territorios ocupados por mayas
en ocasiones llevaba a conflictos por el usufructo “En 1919 …
un grupo de 6o mayas destrozó el campamento chiclero que
Pardío [Carlos] tenían en Playa del Carmen. Comandados por
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
50
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

el jefe de la aldea Chumpóm saquearon el lugar“ (Ramos Díaz
1999:178). Es por ello que el gobierno federal buscó una alianza
con los ex rebeldes mayas dirigidos por el general Francisco
May, a tal grado, que incluso hubo reuniones del Gral. May
con el presidente Carranza, dotándolos finalmente a los grupos
indígenas de tierra para la explotación de la goma. Sin embargo,
se dieron nuevas concesiones particulares a personas influyentes
en los gobiernos federal y estatal a finales de los años 20’s con lo
que se reactivó el descontento de los mayas. Lo que llevó a una
serie de encuentros y desencuentros entre representantes de las
diferentes instituciones, las compañías chicleras particulares y los
grupos indígenas que no estaban en una completa homogeneidad
de pensamiento (Kawakami 2022). Cabe mencionar que en este
proceso de producción y mercantilización de la materia prima
para la elaboración del chicle, llevó como consecuencia la
construcción de una red de caminos —habrá que recordar que
casi todo el comercio se realizaba por las vías marinas y venas de
ríos— para tratar de conectar los campamentos chicleros con las
centrales chicleras (Pérez Aguilar 2014).
Todo ello sucede en medio de una gran producción de la
valiosa resina que se continuaba exportando, lo cual persistió en la
década de los 30’s, vislumbrando tanto en la figura 3 con los más
de 90 permisionarios de explotación chicle con comparativas entre
los años 1931 a 1934. Así también, en la figura 4 aparecen tanto
permisionarios como los ejidos con concesión de explotación,
incluyendo al recién formado ejido de Playa del Carmen.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
51
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

�Desterritorialización

Figura 4. Carta general del territorio de Quintana Roo. Tomado de Mapoteca
Manuel Orozco y Berra 2024.

La producción de chicle comenzó su debacle cuando
aparece la goma de mascar sintética derivada de polímeros de
petróleo (acetato de polivinilo) en los años de 1950, con lo que se
fue reemplazando paulatinamente en la siguiente década la savia
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
52
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

del chicozapote tanto por los costos como por la disponibilidad
de la nueva goma. En la actualidad, existen todavía consorcios y
cooperativas que utilizan el chicle derivado del árbol de manera
artesanal.
Reparto de la tierra
Como ha sido señalado en apartados anteriores, previo al
decreto de la creación de Quintana Roo y en sus primeras décadas,
la tenencia de este territorio estaba dividido en los terrenos
nacionales que eran del estado de manera oficial y aquellos que
pertenecían a los asentamientos humanos —habrá que acotar
que durante la rebelión maya, se apropiaron de tierras aledañas
que posterior al conflicto algunas de ellas aún eran posesionarios
las poblaciones rebeldes—. Por lo que el manejo del territorio
básicamente era dado por el gobierno mediante los permisos de
usufructo del entorno (explotación maderera principalmente) a
consorcios, compañías o particulares. No es hasta posterior a la
revolución mexicana, cuando aparece una nueva forma de tenencia
de la tierra, los ejidos y la repartición del área de Quintana Roo.
Según Careaga e Higuera (2011) el reparto de tierras
comenzó con la presidencia de Emilio Portes Gil (1928-1930)
en el sur del estado, el cual dependía de la vocación productiva
para la extensión del dote, sin embargo, debido a la problemática
de extinción jurídica del territorio, los repartos de 1931 a 1935
se hacen a través de los Estados de Campeche y Yucatán,
reanudándose a lo largo de todo el territorio con Lázaro Cárdenas,
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
53
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

�Desterritorialización

ya como entidad federativa, dentro de los que se incluye al ejido
de Playa del Carmen. Por lo que de 1928 a 1958 se dotó de tierra a
58 ejidos, siendo los gobiernos de Cárdenas y Ávila Camacho los
que fundaron un mayor número, 19 y 22 respectivamente.

Figura 5. Carta registro de Quintana Roo (1944). Tomado de Mapoteca
Manuel Orozco y Berra 2024.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

54

�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

A decir de González et al. (2007) los ejidos fueron formados
aplicando criterios de posesión de la tierra a chicleros y poblados
mayas, así como otorgamiento por criterios forestales para el corte
de maderas principalmente en el sur (420 ha por ejidatario), todo
ello con la finalidad que los grupos pudieran vivir principalmente
del corte de chicle. Aunado a ello se les obligaba por ley a los
ejidatarios a conservar las selvas y manejarlas racionalmente.
En mapas de mediados de ese siglo se puede vislumbrar la gran
cantidad de tierra en manos de los ejidos y gran parte de reserva
forestal (figura 5).
En la costa nororiental se asentaron tres ejidos desde la
primera década de la repartición: el ejido Puerto Morelos en 1936
con 21420 ha, un año después el ejido Playa del Carmen con una
dotación de 22680 ha, en 1938 también se dota de terreno al ejido
de Tulum con 9660, todos ellos con una vocación más encaminada
a la chiclería y como punto estratégico para el almacenamiento
del producto antes de enviarse a Cozumel.
En contraste, la política agraria para las décadas de los
60 y 70’s cambió diametralmente, hacia una mirada agrícola
y ganadera, con fuertes transformaciones de uso del suelo,
repartiendo tierras de 20 ha por ejidatario sin el compromiso antes
dado del manejo considerado del entorno (Gallieti 1999). Como
una respuesta a esta política pública, es que se comienzan a realizar
planes alternos, como se señaló anteriormente en el apartado de
árboles y maderas, buscando una recuperación y preservación de
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

55

�Desterritorialización

las selvas deterioradas con los actores sociales posesionarios de
la tierra y que actuaran en conjunto, en sociedades de ejidos.
En la actualidad, se tiene un registro de que Quintana
Roo posee 279 núcleos agrarios, lo que representa poco más de 2
millones 769 mil hectáreas con 60588 beneficiarios (RAN 2024).
El 59.5% de los terrenos ejidales están asentados en selvas,
contrastando con el 26.3 % que está relacionado a la ganadería,
con pastos naturales o agostaderos.
Un golpe que afectó a los ejidos no sólo en Quintana
Roo sino en toda la república fue la modificación del artículo 27
constitucional y por ende a la ley agraria, desmembrando en muchas
ocasiones a los ejidos y perdiendo de vista el vínculo comunal
que en ellos se daba, más aún con la inserción de programas
de parcelamiento —tal como el Programa de Certificación de
Derechos Ejidales y Titulación de Solares (Procede)— que
otorgaban prácticamente títulos de propiedad y enajenación de
los territorios ejidales a particulares o incluso a empresas, como
sucedió con gran parte de la costa quintanarroense. Esto es lo
que ha hecho que terrenos ejidales hayan sido utilizados para
edificar ya sea hoteles de importantes cadenas internacionales o
inmobiliarias, lo cual está íntimamente relacionado con el boom
turístico. Incluso en últimas fechas, se han hecho expropiaciones
en los dos ejidos costeros relacionados con el Tren Maya, al ejido
de Playa del Carmen se le sustrajeron 59.4 ha, en tanto que al de
Tulum 66 ha (RAN 2024).
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

56

�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

Crecimiento poblacional e impacto turístico
Hasta la década de los años 70 del siglo pasado, el crecimiento
del estado de Quintana Roo había sido de forma paulatina,
siempre dirigida hacia el aprovechamiento de los bienes comunes
naturales, ya sea el corte de madera o la chiclería de forma
particular o de los ejidos o consorcios de éstos, hasta la ganadería,
en donde se realizó un cambio de uso del suelo hacia la parte
agrosilvopastoril, siempre con una vocación de explotación del
entorno. Sin embargo, en la década siguiente la costa de Quintana
Roo se vuelve un nodo fundamental para el modelo de desarrollo
basado en el turismo, ideado como una estrategia de diversificación
y acumulación de capital ante la crisis petrolera. Esto llevó a una
transformación del Estado hacia los principios neoliberales para
facilitar la expansión de dicha actividad económica de la mano
del sector privado. En consecuencia, se invierte en infraestructura
y los esfuerzos se concentran en el desarrollo de los Centros
Integralmente Planeados (CIP’s).
Si bien el gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz
tuvo la idea de buscar nuevas fuentes de divisas eligiendo
a Cancún como punto de partida del turismo en el sureste
mexicano, se tuvo que empezar desde la búsqueda de mano de
obra (trabajadores chicleros) para el desmonte de la zona hasta
la búsqueda de financiamiento del proyecto hotelero a mando del
Banco Interamericano de Desarrollo, e incluyendo la construcción
del Aeropuerto Internacional de Cancún (Careaga y Bonfil 2011).
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

57

�Desterritorialización

Así pues, es en los años 80 cuando se da un cambio radical
por la continua edificación hotelera de la ciudad de Cancún. El
boom hotelero, no ha parado desde ese entonces y se ha hecho
expansivo hacia el sur de la costa, abarcando zonas conocidas
como la Riviera Maya (Puerto Morelos, Playa del Carmen, Puerto
Aventuras y Tulum) y lo que ahora se conoce como Costa Maya
(Mahaual).
Muchos de estos cambios se han realizado a costa de
territorio ejidal a bajo costo y con un crecimiento poblacional
descomunal, no solo por los hoteles que en estos lugares se han
edificado sino por el personal para soportarlos. Una consecuencia
de la política de desarrollo en los polos turísticos es el rápido
aumento de la población, impulsado por una intensa migración
hacia estas nuevas áreas que brindan oportunidades económicas.
Este proceso va acompañado de un crecimiento urbano
igualmente acelerado, aunque desorganizado y caracterizado por
un alto grado de exclusión, como se ha visto en Playa del Carmen
(Castillo-Pavón y Méndez Ramírez 2017, 101-118).
Como se puede observar en la tabla 1, el crecimiento de
Playa del Carmen fue de forma apresurada desde los años 2000,
lo cual está relacionado con la edificación masiva de cuartos
hoteleros, así como de vivienda para las personas que brindaban
los servicios tanto en esta ciudad como posteriormente en los
complejos hoteleros cercanos que están a lo largo de la costa
quintanarroense.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

58

�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

Tabla 1
Población municipal y de Playa del Carmen por décadas 4. + Tomado
de COESPO Quintana Roo 2010. *Cozumel era un solo municipio
que incluyó a Playa del Carmen hasta 1993.

Año

Población en
el municipio

Población en Playa
del Carmen

2020

Solidaridad 333800

304,942

2010

Solidaridad 159310

149923+

2000

Solidaridad 63 752

43,613

1990

Cozumel 44903 *

3,098

1980

Cozumel 23 270*

737

1970

Cozumel 12 622*

S/D

1960

Cozumel 7562*

98

Encarnar el territorio: la percepción de los pobladores de
Playa del Carmen
Una de las mayores representaciones que aluden a la conformación
del paisaje y la transformación en el uso de los bienes comunes
naturales son los mapas. Como hemos visto a lo largo de este
artículo la cartografía ha dado cuenta del desarrollo histórico
ambiental de la zona de la costa quintanarroense. Los mapas
suelen ser grandes aliados para sintetizar y presentar información,
Tomado de INEGI Censo de Población y Vivienda 2020, Censo de Población y Vivienda 2010, XII Censo General de Población y Vivienda 2000, XI
Censo General de Población y Vivienda 1990, X Censo General de Población
y Vivienda 1980, IX Censo General de Población 1970, VIII Censo General
de Población 1960.
4

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

59

�Desterritorialización

sin embargo, cada mapa se produce en distintas relaciones de
poder determinadas, ya sean culturales, políticas o sociales. Es
importante mencionar que no son neutros y por esto es difícil
representar la realidad tal cuál la vemos, pues depende de quién
mire. Los mapas suelen representar de una manera gráfica,
ideas homogeneizadas sobre los territorios desde delimitaciones
geográficas hasta elementos del paisaje.
No obstante, existen otras formas de confabular los mapas
más allá de los límites del relato cartográfico elaborado desde
una gráfica monofónica. En este sentido, la elaboración crítica
de mapas desde la pluralidad de miradas es otra forma de narrar
el territorio, esto conlleva a buscar y generar espacios para el
intercambio colectivo de memorias y saberes, se desarrollan
narrativas y representaciones sobre los territorios de maneras
diversas y contrahegemónicas en comunalidad.
Para poder lograr una encarnación común del territorio
es necesario transitar también por dos distintas dinámicas, en un
primer lugar el proceso de desterritorialización pues este considera
“una pérdida de la relación natural de la cultura con los territorios
geográficos y sociales” aunque no necesariamente implica una
pérdida total, (García Canclini, 1989) al perder la agencia o
abandono al territorio sucede al mismo tiempo una búsqueda de
construcción (Herner, 2009: 168) configurando así una segunda
dinámica, el proceso de reterritorialización, este pretende dar cuenta
de “una reinvención social, incidir en los efectos causados sobre las
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

60

�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

formas de vida y las transformaciones en sus identidades con la
finalidad de preservar la memoria histórica en la reconfiguración
de nuevos espacios y generar un mayor desarrollo de la sociedad
en general” (González y Ceballos, 2018).
Con el fin de conocer estos procesos, se propone desde
la investigación cualitativa con un enfoque interdisciplinar
y colaborativo utilizar la técnica del mapeo colectivo para
generar una elaboración crítica de mapas. Como herramienta de
intercambio colectivo, el mapeo se plantea como una práctica de
reflexión en el cual el mapa es el medio y no el fin (Ristler y Ares,
2013). Permite a través de representaciones gráficas, construir
y socializar otras representaciones territoriales, visibiliza otras
dimensiones buscando las memorias que prevalecen y lo que hace
significativos a los territorios para las personas que los habitan
(La Fuente y Hornillo, 2017).
Así pues con el apoyo de esta herramienta buscamos
representar la historia oral de los pobladores de Playa del
Carmen respecto a los procesos de desterritorialización y
reterritorialización que ha experimentado la ciudad en las últimas
décadas para aportar otras miradas, otros entendimientos y otras
construcciones del territorio de Playa del Carmen en colaboración
con quiénes lo han habitado.
El trabajo de campo se llevó a cabo del 28 de mayo al 25 de
junio del 2024 en el municipio de Solidaridad al norte del Estado,
específicamente en la cabecera municipal en Playa del Carmen. La
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

61

�Desterritorialización

indagación sobre las maneras en las que se genera y se manifiesta
lo común en esta ciudad nos llevó a idear una organización
basada en encuentros mixtos: colectivos e individuales. Este
último formato también permite las intervenciones colectivas
en los mapas desde la generación de diálogos e interacciones
gráficas entre participantes, en donde se podrían ligar sus propias
experiencias y memorias sobre el territorio. En este sentido, la
construcción colectiva de conocimiento a través del mapeo fue
nutrido por cada participante desde sus propias percepciones,
saberes, habilidades, historias, recuerdos, emociones y sentires.
Las herramientas utilizadas para dicho mapeo fueron
4 planos urbanos de la localidad de Playa del Carmen a escala
1:1000. La intención era ser intervenidos por un aproximado de 1
a 4 personas por mapa. Cada mapa representaría una década clave
para los fines del presente estudio, es decir, un mapa representaría
el año de 1980, otro 1990, otro inicios del 2000 y finalmente un
mapa para la representación del 2010.
El mapeo fue complementado con un guion de preguntas
nombradas “disparadoras”, las cuales fueron categorizadas
de acuerdo con las metas de este estudio. De tal forma que el
cuestionario se dividió en la categoría de espacio urbano, bienes
comunes naturales y actividades económicas. Estas preguntas
no sólo vislumbraron las categorías de interés, sino también
fueron un apoyo para la orientación de los participantes durante
el ejercicio de memoria en relación a su ambiente físico y
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

62

�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

sociocultural. Asimismo, fueron clave para indagar y dar cabida a
la profundización de sus sentipensares sobre el territorio, puesto
que al ser preguntas semiestructuradas hubo flexibilidad y apertura
para un diálogo activo y para conducir e integrar las narrativas
desde las propias vivencias de los habitantes. Así compartieron
un enriquecido panorama histórico y cultural.
El primer participante clave fue contactado a través de
la red social de Facebook en una robusta y sólida comunidad
activa en el grupo llamado “Recuerdos de Playa del Carmen”.
Dicho participante fue identificado a partir de las descripciones
nombradas en las interacciones con otros usuarios relacionadas a
la temporalidad, los recuerdos evocados y los sentires plasmados.
Este primer contacto fue el vínculo para invitar a un primer
participante ejidatario para el mapa de 1980, a quien se visitó
en la casa ejidal de la localidad, donde a su vez se encontraban
otros ejidatarios quienes se unieron a la actividad, mientras que
otros decidieron solo observar y se unieron para afirmar algunos
recuerdos. Los participantes de los otros tres mapas, 1990, 2000
y 2010, fueron contactados a través de la convocatoria compartida
en redes sociales y de voz en voz. Los encuentros fueron
coordinados de acuerdo a las posibilidades y oportunidades de
cada persona.
En el mapeo colectivo de 1980 participaron dos ejidatarios
originarios de Playa del Carmen. Los participantes siempre se
mostraron emotivos e incluso cada recuerdo fue acompañado de
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

63

�Desterritorialización

un relato histórico. Esto último es valioso, pues fue únicamente en
este mapa en donde se basaron casi en su totalidad en la historia
oral para compartir sus conocimientos sobre el territorio (Véase
Figura 6).5

Figura 6. Cartografía Colectiva de 1980.

Al finalizar la actividad un ejidatario, muy bondadoso, compartió muchas
otras valiosas historias y datos históricos de su infancia y juventud en Playa
del Carmen, los cuales por los objetivos de este estudio no se harán mención.
Sin embargo, esto puede ser una invitación para colaborar en la salvaguarda de
la memoria colectiva de una localidad con un desarrollo turístico desenfrenado
en donde la globalización trastoca a profundidad la identidad territorial haciéndola difusa e incluso silenciosa.
5

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

64

�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

Tabla 2
Elaboración propia de acuerdo al vaciado de información desde las categorías de análisis del mapeo colectivo de Playa del Carmen de 1980.

De acuerdo a los datos compartidos por los participantes
se muestra un apasionante, profundo y vasto conocimiento sobre
el contexto histórico de la localidad como el año de su fundación,
la identificación de las familias ejidatarias fundadoras de quienes
siempre resaltaron ser chicleros, los límites de los ejidos y tienen
muy presente que Playa del Carmen fue parte del municipio de
Cozumel.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
65
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

�Desterritorialización

Además, se compartió mucha emotividad durante las
remembranzas sobre los primeros desarrollos urbanos de la
localidad. Como se mira en la figura 6, las formas de vida
devienen únicamente a los alrededores de la actual Av. Juárez a la
altura de la 5ta avenida muy cerca de la Capilla de Nuestra Señora
del Carmen hasta la actual calle 8. Como se observa en la tabla
2 el espacio urbano estaba conformado por pequeños locales de
servicio y comercio, así como de algunas pequeñas instituciones.
Más allá de ello solo había monte, no existían las calles y los
únicos caminos eran de terracería.
En ese pueblo costero, una localidad de embarque para
cruzar hacia la Isla de Cozumel, los bienes comunes naturales eran
abundantes, debido a que casi la totalidad de la mancha urbana
actual no existía en los años 80. Los participantes resaltaron
en todo momento la abundancia de otras especies con quienes
convivieron armónicamente. Destaca mucho la naturalidad con
la cual expresan haber visto venados, jabalís, cochinos, pavos
de monte y cocodrilos, por ejemplo. Muchas de las especies
mencionadas formaban parte de su cotidianidad, pues siempre
entraban a sus propiedades o estaban muy cerca de ellas. Hacen
mención del Patch Pakal, en donde sembraban un poco de maíz,
calabaza y achiote de donde se alimentaban los venados. También
destacaron la diversidad marina cuando expresaron con cierta
nostalgia y alegría que había “(...) mucho pescado” y recordaron
ir en busca de tortuga blanca por las noches. El arrecife es
nombrado con mucha presencia y familiaridad.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
66
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

Respecto a las actividades económicas se puede observar
en la figura 6 el asentamiento de escasos establecimientos locales
con servicios básicos y pequeños comercios que no van más allá
de la 5ta avenida con calle 8 como se mencionó anteriormente.
Destacan la artesanía, tiendas, restaurantes, hotelería y pesca.
El contexto del mapa de 1990 nos habla de la vida en
una costa donde aún la gente caminaba descalza y dormía
con las puertas abiertas de sus propiedades. Este último dato
fue mencionado con mucha nostalgia por todos y todas las
participantes, en donde se entiende que era una zona segura y en
calma. En este mapeo la tradición oral sigue presente evocando
recuerdos sobre sus formas de vida ligadas a su territorio.

Figura 7. Cartografía Colectiva de 1990.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

67

�Desterritorialización

Tabla 3
Elaboración propia de acuerdo al vaciado de información desde las categorías de análisis del mapeo colectivo de Playa del Carmen de 1990.

Este mapa vislumbra un cauteloso crecimiento, pues
en la categoría de espacio urbano se señalan asentamientos de
instituciones, comercios y servicios localizados en zonas aisladas
sobre la vegetación nombrada en el mapa anterior por los
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
68
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

participantes como monte (Véase Figura 6 y 7). El espacio urbano
ya no se limita hasta la calle 8 con 5ta avenida. La superficie de
la creciente mancha urbana se mira casi sobre los límites de la
carretera federal hasta la avenida Constituyentes. Asimismo, se
cristaliza una transición de los comercios en donde la presencia de
tiendas locales con productos básicos y alimenticios o de servicios
locales coexisten con la introducción de cadenas comerciales
como se aprecia en la figura 7 con el pequeño supermercado
“San Francisco de Asís” y la presencia de empresas de transporte
como ADO, por poner algunos ejemplos. En esta década inicia la
ocupación de la Colonia Colosio.
Los bienes comunes naturales aún están presentes en la
cotidianidad de la población, pues se hace mención de diversas
especies no solo en los alrededores de la pequeña zona urbana,
sino también entre los asentamientos. Los cenotes, el manglar,
los venados (Odocoileus virginianus), los sereques (Dasyprocta
punctata), los monos araña (Ateles geoffroyi), la langosta
(Panulirus argus), entre otros, son nombrados en su vida habitual
con gran cercanía.
En relación a las actividades económicas resalta la
producción primaria con la pesca como una actividad importante
y muy presente en la dinámica de la localidad, desde su venta en el
litoral costero como la venta de casa en casa. Así como un sector
terciario con bares, antros, restaurantes, tiendas comerciales y
hotelería (Véase tabla 3).
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

69

�Desterritorialización

Dando un salto al milenio, la cartografía colectiva del año
2000 muestra un contexto con un litoral costero no erosionado,
con diversidad marina e infraestructura física sin un desarrollo
descomedido. Sin embargo, la proliferación de viviendas,
comercios e instituciones se extiende ya no únicamente hasta el
límite de la carretera Federal con avenida Constituyentes, tomando
como punto de partida donde se encuentra la Capilla de Nuestra
Señora del Carmen por la avenida Juárez con 5ta avenida, sino
que la mancha urbana incrementa más allá de la carretera Federal.
Proyectando un crecimiento hacia el noroeste.

Figura 8. Cartografía Colectiva del 2000.

La categoría de espacio urbano deja ver una diversidad
de instituciones, tiendas comerciales y de servicios y resalta
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
70
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

la presencia de una pequeña plaza comercial llamada “Plaza
Pelicanos”(Véase Tabla 4), el cuál cristaliza el contraste de los
últimos años por introducir tiendas departamentales y cadenas
comerciales.
Tabla 4. Elaboración propia de acuerdo al vaciado de información
desde las categorías de análisis del mapeo colectivo de Playa del
Carmen del 2000.

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

71

�Desterritorialización

En los bienes comunes naturales sobresalen los recuerdos
de un litoral costero no erosionado, así como la presencia
de manglar, venados, monos, mapaches, coatíes, sereques,
murciélagos, aves, arañas, tayras y diversidad de especies marinas
como tortugas, rayas y bancos de peces a pocos metros de la línea
de la base de la costa en el mar territorial. Asimismo, aún resaltan
la presencia de cenotes en la zona urbana.
Referente a las actividades económicas destacan las
secundarias como se mira en la Tabla 4 con la construcción
de viviendas o fraccionamientos conocidos como “Misión
del Carmen” y “Galaxia del Carmen” al oeste de la Colonia
Colosio, cruzando la Carretera Federal. Así como la presencia
del sector terciario con servicios de restaurantes, hoteles, bares,
supermercados, tiendas y cadenas comerciales.
El mapa del 2010 ilustra con mayor transparencia
la dinámica y la exacerbada transformación socioterritorial
de Playa del Carmen en tan solo 30 años con una acelerada
reducción de la superficie señalada como monte en los mapas
anteriores. Asimismo, resalta en su contexto una localidad
segura hasta el 2016 cuando se percibió el incremento de
la inseguridad. Además, está más presente la planeación y el
desarrollo de viviendas e instituciones. Hasta este punto el
relato histórico está ausente y la narrativa reposa únicamente en
la identificación de ciertos lugares dentro de la mancha urbana
o los que están por construir.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

72

�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

Figura 9. Cartografía Colectiva del 2010.

En cuanto a la categoría de espacio urbano se refleja
una reproducción de la mancha urbana más allá de la colonia
Ejidal, hacia el oriente, pasando la avenida 115. Asimismo, se
proyecta el continuo crecimiento de la zona noroeste paralelo
al litoral costero en donde se proyectan y materializan nuevos
fraccionamientos, zonas residenciales o de viviendas, así como
algunas nuevas instituciones públicas (Tabla 5).
En relación a los bienes comunes naturales no se identifican
especies con una presencia significativa en la mancha urbana,
únicamente a los alrededores de las nuevas viviendas cercanas a
zonas de construcción en donde figuran y se desplazan especies
como coralillos (Micrurus apiatus), tarántula azul (Tlitlocatl sp.),
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
73
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

�Desterritorialización

alacranes (Centruroides spp.), murciélagos y venados. También
se hace mención de cenotes por dicha zona entre los bordes de la
zona urbana y el monte.
Tabla 5.
Elaboración propia de acuerdo al vaciado de información desde las categorías de análisis del mapeo colectivo de Playa del Carmen del 2010.

En las actividades económicas el sector de la construcción
está sumamente presente en el desarrollo de zonas habitacionales,
comercios e instituciones públicas hacia el oriente cruzando la
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
74
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

carretera federal. Además, destaca la llegada de cadenas comerciales
de mayoreo como CEDIS Coca-Cola y el Sam´s Club. Así como de
otras Plazas Comerciales como lo es “Centro Maya”.
Reflexiones Finales
El desborde de las expectativas demográficas a partir del milenio
precisan que no es casualidad el detonante del crecimiento
poblacional por el flujo migratorio y su consecuente urbanización
explosiva con la creación del municipio de Solidaridad en 1993,
siendo Playa del Carmen su cabecera municipal, al tiempo del
naciente Estado neoliberal quien acompañó los modelos de
desarrollo del capitalismo global. De hecho el panorama político
y económico de finales del siglo pasado fueron los engranajes
para cimentar, consolidar y posicionar a la Riviera Maya como un
destino turístico líder a nivel mundial.
Un aspecto fundamental es la modificación del artículo
27 constitucional durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari
inscrita en los procesos de modernización neoliberal de la política
del Estado, cuando la reforma agraria de la propiedad social
con la tenencia de la tierra ejidal y comunal se acentúan en los
tintes individualistas característicos de la propiedad privada.
Este nuevo panorama fue un campo fértil para la inversión
privada y puntualmente en la costa norte del estado de Quintana
Roo la oportunidad de los mercados globales para proliferar su
megaproyecto de turismo masivo de sol y playa. El cual siempre fue
instrumentado por el gobierno federal desde una débil regulación.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

75

�Desterritorialización

Lo anterior es importante en la medida que Playa del
Carmen antes de dicha reforma recibía un turismo en pequeña
escala y con un perfil más rústico siendo el turismo europeo
quienes preferían dicho destino. Esto último fue mencionado por
los participantes del mapa de 1980 en el relato oral, cuando nos
comparten su percepción del mar y del arrecife fuera del relato
económico con una interacción de su entorno cimentado desde un
entramado cultural opuesto al quebrantado por el turismo masivo
de la actualidad. Desde sus propias palabras nos narran: “(...) el
arrecife era algo natural para nosotros, luego nos pedían que los
llevemos allá a los extranjeros y así empezamos los tours. Nos
regalaban sus equipos (...)”.
Las reformas en las políticas públicas de principios de los
90´s facilitaron el acaparamiento de tierras ejidales para favorecer
la inversión extranjera en esta zona que refleja el cambio de los
bienes comunes naturales de aprovechamiento sostenible a una
sobreexplotación y depredación de los mismos. Incluso en los
años de explotación de maderas y chicle del siglo pasado no se
generó un preocupante desequilibrio de los ecosistemas del estado
y del encarecimiento del suelo y la vida como contrariamente lo
ha hecho el desarrollo turístico en la región.
Anteponer la rentabilidad ha resultado en segregación
socio-espacial, erosión de los ecosistemas, incremento de la
violencia, la privatización y el despojo de las tierras y una serie de
afectaciones sistemáticas. Esto también se puede identificar en la
comparativa de los cuatro mapas participativos, pues la cartografía
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
76
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

social de los años 80’s visibiliza modos y condiciones de vida
locales y cómo estos van transitando hacia la inserción de los
grandes comercios y servicios para acondicionar el performance
del sector turístico de masas que conocemos hoy en día.
Desde inicios de este siglo el ecocidio de una gran
superficie de área verde, de manglar y de playa han dado paso a la
dominación de la construcción no solo de hoteles, supermercados,
plazas comerciales, instituciones y viviendas, sino también del
apogeo de las inmobiliarias quienes no sólo perpetúan un sistema
urbano jerárquico sino que también densifican el centro y la costa,
a expensas del desplazamiento de vidas humanas y no humanas;
cerrando de esta manera no solo el acceso a los ecosistemas
sino también a la conformación de la relación intrínseca entre el
paisaje y la memoria.
El auge del boom turístico configuró más ampliamente
un proceso de desterritorialización para la población de Playa
del Carmen, esta expansión se realizó en su mayoría sobre los
terrenos ejidales. La cartografía histórica presentada da cuenta de
la relación de las instituciones con los bienes comunes naturales
y la instauración de un relato histórico del entorno. Sin embargo,
la relación de la población con el territorio se ve desplazada.
Los pobladores de Playa del Carmen con el paso del tiempo han
tenido que reconstruir en cada etapa de cambio, su relación con el
territorio, en esta reterritorialización encontramos que la memoria
y los saberes respecto a los bienes comunes naturales permanecen
en los relatos orales y ahora gráficos; se da nota de los primeros
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
77
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

�Desterritorialización

bosquejos de una conformación de una identidad playense que se
caracteriza por la añoranza del paisaje y el sentido de comunidad
social, en el caso de los ejidatarios y personas que ha vivido en
esta localidad desde los años 80´s e incluso 90’s.
Si bien desde el siglo pasado el relato político sobre el
territorio quintanarroense era narrado como un estado vacío e
inhóspito a pesar de haber estado habitado por poblaciones mayas
e incluso poblaciones migrantes como la afrobeliceña, este mismo
discurso es llevado al relato político contemporáneo para justificar
que antes del turismo no existía nada. Lo cierto es que la relación
de los pobladores mayas, los combatientes de la Guerra Social
Maya y los chicleros se ven presentes desde finales del siglo XIX
pasando por la conformación del territorio quintanarroense a
inicios del siglo XX y el bosquejo agrario y ejidal de 1932.
La valoración, el entendimiento y la visibilización de otras
narrativas sobre las relaciones que se han llevado con el territorio
es una vía que creemos necesaria. En ella se pueden encontrar
relatos asociados a la memoria histórica donde se han conformado
y vinculado los propios devenires y las colectividades. Aquí
debemos prestar atención porque nos hablan de la existencia de
otras formas de construir y devenir con nuestro entorno como lo
hemos visto a lo largo de este texto con la memoria histórica de un
Playa del Carmen de chicleros, pescadores y propiedad comunal.
El turismo es un éxito para el interés de la inversión
privada, pero un proyecto fallido para la población playense.
La apuesta tal vez sería sostenernos de estas añoranzas junto a
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
78
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

los actuales puntos de fuga donde las multiplicidades inclinadas
a la vida se encuentran para confabular narrativas colectivas,
pues desde ahí surgirían relatos que no convergen y, por
tanto, interpelan a la cartografía colonial con sus narrativas
dominantes. Por poner dos ejemplos de estas fugas, uno de ellos
es la articulación de jóvenes playenses que aunque inmersos ya
en un contexto globalizado y cosmopolita en la conformación
de Playa del Carmen como ciudad, también dan cuenta de los
cambios que han ocurrido plasmando tintes de una conciencia
ecológica como lo es el proyecto de Cenotes Urbanos
donde buscan lograr una apropiación social de los entornos
subterráneos6. El segundo ejemplo lo podemos encontrar en las
articulaciones colectivas como el grupo “Recuerdos de Playa
del Carmen” en la red social Facebook donde las remembranzas
nos alientan en la esperanza.
Esto no se hubiera logrado sin la valiosa participación de
quienes sostienen estos territorios, por lo que queremos agradecer
infinitamente a quienes han intervenido en estos mapas.
Referencias
Careaga Viliesid L., Higuera Bonfil A. Historia Breve. Quintana
Roo. México: El Colegio de México. Fondo de Cultura
Económica, 2011.
Colectivo de voluntarios enfocados en el desarrollo de espeleología y
ciencia ciudadana, para lograr la conservación de los entornos subterráneos
de la península de Yucatán, a través de su apropiación social. https://www.
cenotesurbanos.org/
6

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

79

�Desterritorialización

Castillo-Pavón, Octavio, y José Juan Méndez-Ramírez. “Los desarrollos turísticos y sus efectos medioambientales en la
Riviera Maya, 1980-2015.” Quivera 19,2 (2017) 101-118.
Galleti H. A. La selva maya en Quintana Roo (1983-1996) trece
años de conservación y desarrollo comunal. En: La Selva
Maya: Conservación y Desarrollo, eds. Richard B. Primack, David Bray, Hugo Galletti, 53-73. México: Siglo
XXI Editores, 1999.
García, N. Culturas híbridas: estrategias para entrar y salir de
la modernidad. México: Grijalbo, 1989.
González Abraham A., Schmook B. Calmé S. “Distribución espacio-temporal de las actividades extractivas en los bosques
del ejido Caoba, Quintana Roo”. Investigaciones Geográficas, Boletín del Instituto de Geografía, UNAM. 62
(2007) 69-86.
González Navarro, Moisés. “La Guerra De Castas En Yucatán Y
La Venta De Mayas a Cuba”. Historia Mexicana 18 (1)
(1968.) 11-34. https://historiamexicana.colmex.mx/index.
php/RHM/article/view/1180.
González Navarro, M. “Las guerras de castas”. Historia Mexicana, (1976) 70-106.
González, R., Ceballos, A. “Procesos de desterritorialización y
reterritorialización en Nuevo Corral del Risco, Nayarit.
La violencia de los megaproyectos turísticos”. En Problemas urbanos y del territorio. Las ciencias sociales y
la agenda nacional. Reflexiones y propuestas desde las
Ciencias Sociales IX (2018) 661–676.
Hermer, María Teresa. “Territorio, desterritorialización y reterritorialización: un abordaje teórico desde la perspectiva de
Deleuze y Guattari”. Huellas. 13 (2009) 158-171.
Ivars, Jorge Daniel. “¿Recursos naturales o bienes comunes
naturales?: Algunas reflexiones”. Papeles de trabaSillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
80
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

jo - Centro de Estudios Interdisciplinarios en Etnolingüística y Antropología Socio-Cultural, 26 (2013)
88-97. Recuperado en 14 de agosto de 2024, de http://
www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1852-45082013000200005&amp;lng=es&amp;tlng=es.
Kawakami, Ei. “La resistencia con el chicle: los mayas entre el
capital chiclero y el Estado mexicano en la década de
1920”. Entre Diversidades. Revista de ciencias sociales y
humanidades, 9(1) (2022) 325-359.
Lafuente, A. y Horrillo, P. Cómo hacer un mapeo colectivo (La
aventura de aprender). España: Continta me tienes, 2017.
Macías Zapata, G. A. La península fracturada: conformación
marítima, social y forestal del Territorio de Quintana
Roo, 1884-1902. México: CIESAS, 2002.
Mapoteca Manuel Orozco y Berra 2024. https://mapoteca.siap.
gob.mx/ Consultado junio 2024.
Pérez Aguilar R. “El chicle en Quintana Roo: sus caminos y voces”. Cuicuilco 60 (2014) 195-222.
Pinkus Rendón, M. Ángel. “Dinámica en el uso de los recursos
naturales en el oriente de Yucatán durante el siglo XX”. Revista Pueblos y Fronteras Digital, 11(21) (2016) 92–113.
Ponce-Jiménez, Martha La montaña chiclera Campeche: Vida
cotidiana y trabajo (1900-1950). (Cuadernos de la Casa
Chata, 172) México: CIESAS, 1990.
Ramos Díaz, M. “La bonanza del chicle en la frontera Caribe de
México”. Revista Mexicana del Caribe. 7 (1999) 172-193.
Rebollar Domínguez S. Santos Jiménez V. Sánchez Aguilar R. “Estrategias de recuperación de selvas en dos ejidos de Quintana Roo, México”. Madera y Bosques 8(1) (2002) 19-38.
Registro Agrario Nacional PHINA. Padrón e Historial de Núcleos Agrarios. 2024. https://phina.ran.gob.mx/consultaPhina.php
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

81

�Desterritorialización

Ríos-Cortez, A.; Torres-Pérez J.; Gómez-Guerrero A.; Navarro-Martínez A. “Relación entre el manejo forestal y el
bienestar socioeconómico en dos ejidos de Quintana
Roo”. Revista Chapingo Serie Ciencias Forestales y del
Ambiente, 18 (2)(2012) 251-259.
Risler, Julia y Ares, Pablo. Manual de mapeo colectivo : recursos cartográficos críticos para procesos territoriales de
creación colaborativa / Julia Risler y Pablo Ares. - 1a ed.
- Buenos Aires : Tinta Limón, 2013.
Taracena A. y Pinkus M. Cartografía histórica de la Península de
Yucatán 1821- 1970. México: CEPHCIS UNAM, 2010.
Villalobos González Martha Herminia El bosque sitiado. Asaltos
armados, concesiones forestales y estrategias de resistencia durante la Guerra de Castas, col. Peninsular, México:
CIESAS/Conaculta/INAH/Miguel Ángel Porrúa, 2006.

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 36-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157

82

�Escribiendo la memoria olvidada de un pueblo
Writing the forgotten memory of a village
Adi Estela Lazos Ruíz
Escuela Nacional de Estudios Superiores
Unidad Mérida, UNAM
https://orcid.org/0000-0002-9162-8308

Jonathan de Jesús Cruz Tamayo

https://orcid.org/0009-0007-3360-5718

Rafael Falla Pech

https://orcid.org/0009-0001-8759-503X
Recibido: 20 de septiembre de 2024
Aceptado: 19 de diciembre de 2024

Resumen: Kiní es un pueblo inmerso en un enorme legado y riqueza
ecológica y cultural por 3000 años de grupos mayas en la península
de Yucatán, sin embargo prácticamente no ha sido estudiado y sus
habitantes tienen interés en su patrimonio histórico y biocultural.
El presente artículo tiene como objetivo compartir el proceso de
elaboración de un libro sobre estos temas a partir de aparentemente
pocas pistas. Se ha conformado un grupo multidisciplinario entre
gente del pueblo que comparte sus conocimientos y memoria colectiva
y colaboradores externos especialistas en diversos campos, para
escribir su historia usando diversos métodos y fuentes que van desde
la consulta de archivos, la historia oral, las colectas botánicas, talleres
participativos, entre otros. Se espera que el libro resultante sirva a las
próximas generaciones para valorar su territorio.
Palabras clave: Kiní; patrimonio biocultural; cultura maya; historia
ambiental; microhistoria.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

83

�Escribiendo la memoria olvidada

Abstract: Kiní is a town immersed in an enormous legacy and
ecological and cultural wealth for 3000 years of Mayan groups in the
Yucatan Peninsula. However, it has practically not been studied, and
its inhabitants are interested in their historical and biocultural heritage.
This article aims to share the process of writing a book on these topics
based on apparently few clues. A multidisciplinary group has been
formed between local people, who contribute with their knowledge and
collective memory, and external collaborators, who are specialists in
various fields, to write Kiní’s history using various methods and sources
ranging from archival consultation, oral history, botanical collections,
participatory workshops, among others. The resulting book is hoped to
help future generations value their territory.
Key words: Kiní; biocultural heritage; Mayan culture; environmental
history; microhistory.

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

84

�Adi Lazos, Jonathan Cruz y Rafael Falla

Historia, microhistoria e historia ambiental
Saber de la historia de su lugar de origen es una necesidad de las
sociedades e individuos para entender el paso del tiempo en el
espacio en el que están inmersos1. Algunos lugares tienen poca de
su historia escrita a pesar de su riqueza cultural y ambiental2. Esta
es una mina de posibilidades para explorar, especialmente cuando
atiende a los intereses de sus habitantes.
La historia de un pueblo pequeño puede considerarse una
aproximación a escala local. Esta escala es concreta y sensible,
permitiendo un acercamiento a las conductas individuales,
diferente de las escalas regional, nacional o global, que terminan
convirtiéndose en una construcción intelectual sin tantos detalles3.
De esta manera, la historia local permite que los grupos humanos
salgan del anonimato y su diversidad sea revelada. Un ejemplo
es el libro “Pueblo en vilo” de Luis González4, donde cuenta la
historia de su pueblo natal, San José de Gracia, Michoacán. El
texto fue publicado por primera vez en 1968, está organizado en
periodos históricos y contrasta el contexto regional y nacional con
Álvaro Acevedo, «La historia local, la historia regional y la
microhistoria como experiencia y posibilidad para la historia pública», Ciencia Nueva, revista de Historia y Política 5, n.o 2 (2021): 1-18, https://doi.
org/10.22517/25392662.24623.
2
Adi Estela Lazos Ruíz y Miguel Ángel Pinkus Rendón, «Historia ambiental de la región de la Reserva de la Biosfera Los Petenes en Campeche,
México», Revista Etnobiología 20, n.o 2 (2022): 236-51.
3
Paul Claval, El mundo por descifrar. La perspectiva geográfica. (Instituto
de Geografía, Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental, 2020).
4
Luis González, Pueblo en vilo, 4a. (Ciudad de México: Fondo de Cultura
Económica, s. f.).
1

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

85

�Escribiendo la memoria olvidada

los sucesos que ocurren en San José. Algunos eventos que parecen
importantes en la historia nacional pasaron casi desapercibidos
en el pueblo. Por el contrario, algunos momentos triviales en el
contexto más amplio, dejan una marca profunda en las memorias
de la gente, como cuando el hombre más alto del pueblo se fue
con una compañía de circo cuando pasó por allí5. Esta obra fue
pionera e innovadora cuando en su tiempo usualmente se ponía
énfasis en una escala mayor y en eventos históricos nacionales. De
esta manera, Luis González es considerado uno de los primeros
exponentes de la llamada microhistoria, “que es la historia de una
comunidad a lo largo de una amplia temporalidad y que interpreta
la historia total de un grupo humano, es decir, intenta mirar todos
los aspectos de un colectivo particular”6. En este sentido el libro
de Kiní es un trabajo de microhistoria.
La historia ambiental también viene útil al libro de Kiní
porque tiene interés en las relaciones de las sociedades con la naturaleza7 a lo largo del tiempo. Para la historia ambiental la naturaLes Barrieres de la Solitude, Documental basado en el libro «Pueblo en
vilo» de Luis González (France 2, 1996), https://www.youtube.com/watch?v=Ryzf445Lars.
6
Acevedo, «La historia local, la historia regional y la microhistoria como
experiencia y posibilidad para la historia pública».
7
A lo largo de este texto se utilizan los términos naturaleza, naturaleza no
humana y medio ambiente como sinónimos. Estamos conscientes de que hay
matices entre definiciones, dicho debate se aborda con detalle en la obra de Job
Antonio Garcia Ribeiro y Osmar Cavassan, «Os conceitos de ambiente, meio
ambiente e natureza no contexto da temática ambiental: definindo significados», GÓNDOLA, Enseñanza y Aprendizaje de las Ciencias 8, n.o 2 (2013):
61-76.
5

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

86

�Adi Lazos, Jonathan Cruz y Rafael Falla

leza no humana es un agente activo del devenir histórico8; tomando la metáfora de Pádua con una obra de teatro, considera que la
naturaleza no es una escenografía o telón de fondo donde suceden
los eventos históricos, sino que está viva, presente e influye en lo
que pasa en la historia9. Por esta razón, resulta cómodo abordar
el estudio de los usos históricos de la flora y la fauna, los rituales
agrícolas, las percepciones sobre los huracanes o la diversidad en
huertos caseros. Estos temas son todos de interés para los habitantes de Kiní y forman parte de su rico patrimonio biocultural.
Patrimonio biocultural
El patrimonio de una región está constituido por aquellos
elementos tangibles e intangibles producidos por las sociedades
y que identifican y diferencian a esa región. El patrimonio es
dinámico e incluye las manifestaciones de cultura popular,
lenguas, artesanías, conocimientos, valores y tradiciones
características de un grupo10. La convergencia de la riqueza
cultural y la riqueza de biodiversidad en un territorio resulta
en un corpus de conocimiento, prácticas de manejo (praxis) y
Stefania Gallini, «¿Qué hay de histórico en la Historiografía ambiental en
América Latina?», Historia y Memoria, n.o especial (2020): 179-233, https://
doi.org/10.19053/20275137.nespecial.2020.11586.
9
José Augusto Pádua, «As bases teóricas da história ambiental», Estudos Avançados 24, n.o 68 (2010): 81-101, https://doi.org/10.1590/S010340142010000100009.
10
Héctor Polanco y Lesbia Payares, «Patrimonio histórico-cultural y pensamiento complejo como estrategias del desarrollo sostenible», Multiciencias
12, n.o 3 (2012): 295-99.
8

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

87

�Escribiendo la memoria olvidada

sistemas de creencias (kosmos)11, que constituyen un patrimonio
biocultural generado por las relaciones de las sociedades con el
medioambiente a través del tiempo12. Este medioambiente moldea
a los grupos humanos y ellos a su vez lo moldean, es decir, se
codeterminan13.
Otros términos relacionados con la idea de lo biocultural
son el conocimiento indígena local (ILK por sus siglas en inglés)14
y el conocimiento ecológico tradicional (TEK por sus siglas en
inglés)15, que apelan al conocimiento empírico tan antiguo como
la humanidad misma, desde los grupos de cazadores-recolectores;
se le llama tradicional pues indica una continuidad cultural
transmitida como principios, creencias y prácticas derivadas de la
experiencia histórica enraizada en un territorio16. Estos temas han
Víctor M. Toledo y Narciso Barrera Bassols, La memoria biocultural: la
importancia ecológica de la sabidurías tradicionales, Perspectivas agroecológicas (Barcelona: Icaria Editorial, 2008).
12
V. Toledo et al., «El Atlas Etnoecológico de México y Centroamérica:
Fundamentos, Métodos y Resultados.», Etnoecológica 6, n.o 8 (2001): 7-41.
13
V. Toledo y M. González de Molina, «El metabolismo social: las relaciones entre la sociedad y la naturaleza», en El paradigma ecológico en las
ciencias sociales., ed. F. Garrido et al. (Barcelona: Icaria, 2007).
14
Leonie Burke et al., «Indigenous and Local Knowledge in Biocultural Approaches to Sustainability: A Review of the Literature in Spanish»,
Ecosystems and People 19, n.o 1 (2023), https://doi.org/10.1080/26395916.2
022.2157490.
15
Anneli Ekblom et al., «Conservation through Biocultural Heritage—Examples from Sub-Saharan Africa», Land 8, n.o 5 (2019): 1-15, https://doi.
org/10.3390/land8010005.
16
Fikret Berkes, Sacred Ecology, 3a ed. (New York and London: Routledge,
2012).p.1-3.
11

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

88

�Adi Lazos, Jonathan Cruz y Rafael Falla

sido de interés para la antropología, la etnoecología, la geografía,
la ecología humana, la historia ambiental, entre otros campos.
Lindholm y Ekblom proponen que el patrimonio
biocultural constituye un marco para la conservación y el
desarrollo a través de memorias relacionadas al ambiente (e.g.
marcas humanas en el paisaje, propiedades biofísicas alteradas
directa o indirectamente por personas, ideas transmitidas
oralmente, entre otras), el análisis del paisaje y el cuidado y uso
para el futuro (e.g. integración del conocimiento tradicional en
políticas públicas) 17. Esto es, los autores estiran la definición de
patrimonio biocultural integrando al paisaje como repositorio
de interacciones humano-naturaleza no humana, a manera de
lienzo sobre el que se escribe y se reescribe a través del tiempo,
donde “se yuxtapone (…) lo que se ha puesto en el lugar en
épocas diferentes”, una suerte de palimpsesto18.
Por otra parte, el patrimonio biocultural es visto como
una fuente de estrategias de sustentabilidad. Una evidencia de
su pertinencia es que las zonas ecológicas mejor conservadas
de México coinciden con territorios indígenas19, lo que da
Karl-Johan Lindholm y Anneli Ekblom, «A Framework for Exploring and
Managing Biocultural Heritage», Anthropocene 25 (2019): 100195, https://
doi.org/10.1016/j.ancene.2019.100195.
18
Piveteau 1992 en Nicolas Verdier, «La memoria de los lugares: entre espacios de la historia y territorios de la geografía», en Lenguajes y visiones
del paisaje y del territorio, ed. N. Ortega Cantero, J. García Álvarez, y M.
Ruiz-Gómez (UAM, 2010), 209-17.
19
Toledo et al., «El Atlas Etnoecológico de México y Centroamérica: Fundamentos, Métodos y Resultados.»
17

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

89

�Escribiendo la memoria olvidada

idea de cómo su conocimiento y manejo del territorio por
múltiples generaciones han resultado en el mantenimiento
de la biodiversidad en el largo plazo. Esta idea no es nueva,
Agrawal cuenta que si bien en las décadas de 1950 y 1960 el
conocimiento indígena era visto como atrasado o marginal y que
incluso podría obstaculizar el desarrollo, posteriormente, para
las décadas de 1980 y 1990, fue visto como una fuente valiosa de
información para sistemas de producción agrícola y desarrollo
sustentable20. En este sentido de reconocimiento de dichos
sistemas de tradicionales, Bhawuk enfatiza que los conceptos e
ideas de culturas indígenas incrementan la diversidad necesaria
para desarrollar modelos y teorías útiles para el presente y el
futuro a nivel global21.
Este potencial de proveer conocimientos y estrategias
para la sustentabilidad cobra más importancia ante la época
contemporánea que Steffen y colegas llaman “la Gran
Aceleración” 22. Ésta se trata de un fenómeno a escala planetaria
donde a partir de 1950 y hasta la actualidad, hay una tendencia de
ascenso vertiginoso de indicadores socioeconómicos — como
Arun Agrawal, «Dismantling the Divide Between Indigenous and Scientific Knowledge», Development and Change 26, n.o 3 (1995): 413-39, https://
doi.org/10.1111/j.1467-7660.1995.tb00560.x.
21
Dharm P.S. Bhawuk, «Globalization and Indigenous Cultures: Homogenization or Differentiation?», International Journal of Intercultural Relations 32,
n.o 4 (2008): 305-17, https://doi.org/10.1016/j.ijintrel.2008.06.002.
22
Will Steffen et al., «The Trajectory of the Anthropocene: The Great Acceleration», The Anthropocene Review 2, n.o 1 (2015): 81-98, https://doi.
org/10.1177/2053019614564785.
20

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

90

�Adi Lazos, Jonathan Cruz y Rafael Falla

la población mundial, el consumo de fertilizantes y el número
de vehículos automotores —, y de indicadores del sistema
terrestre — como el bióxido de carbono en la atmósfera, la
pérdida de bosque tropical y la acidificación del océano —23. A
estas tendencias se agrega la pérdida de conocimiento ecológico
tradicional a nivel global24, que implica una merma de miles de
años de aprendizaje.
Así, salvaguardar el patrimonio biocultural se torna en una
urgencia. Uno de los retos principales es cómo mantener vivo un
sistema corpus-praxis-kosmos de carácter dinámico, que se adapta
y reinventa continuamente. No existe un protocolo o fórmula única,
hay ejemplos como dar a conocer el patrimonio biocultural a través
de visitas guiadas a sitios de interés histórico, en especial para
infancias25, la investigación-acción participativa fomentando la
creatividad y el reencantamiento por el territorio26, la reconstrucción
Steffen et al.originally published in 2004 to show socio-economic and
Earth System trends from 1750 to 2000, have now been updated to 2010. In
the graphs of socio-economic trends, where the data permit, the activity of the
wealthy (OECD
24
Kaori Okui, Yoshihiro Sawada, y Takehito Yoshida, «“Wisdom of the Elders” or “Loss of Experience” as a Mechanism to Explain the Decline in Traditional Ecological Knowledge: A Case Study on Awaji Island, Japan», Human
Ecology 49, n.o 3 (2021): 353-62, https://doi.org/10.1007/s10745-021-00237-w.
25
Bibiana Vilá, Ana Maria Areco, y Yanina Arzamendia, «Niños y niñas en
la cueva: incluyendo el patrimonio biocultural en la escuela», Revista Etnobiología 21, n.o 3 (2023): 115-30.
26
Hellen Yurani Zamudio Ceballos, «Reencantamiento social con el patrimonio biocultural mediante una estrategia de diseño para la innovación social.
Estudio de caso: creatividad infantil», 2019, 196-207, https://doi.org/10.53972/
RAD.eifd.2019.2.22.
23

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

91

�Escribiendo la memoria olvidada

de historias del paisaje27, la conservación in situ de semillas28, entre
muchas otras. En el caso de este trabajo la estrategia adoptada ha
sido elaborar un libro. Ninguna de estas estrategias es suficiente
por si misma pero todas contribuyen al objetivo de salvaguarda.
El pueblo que se estudia en este artículo se encuentra en
un área que es depositaria de un amplísimo patrimonio biocultural
de más de 3000 años de antigüedad como se relata en la siguiente
sección.
Zona maya de la península de Yucatán
La península de Yucatán en el sureste de México, es una región
donde confluyen una alta riqueza biológica y cultural29, resultando
en un patrimonio biocultural generados por milenios de relaciones
de las sociedades mayas con el ambiente.
Entre los rasgos culturales que sobresalen está el idioma.
La maya es la segunda lengua indígena más hablada en México,
después del náhuatl. Hay alrededor de 765,000 mayahablantes en
la península30 y Mérida, Yucatán es la capital de estado con más
Ekblom et al., «Conservation through Biocultural Heritage—Examples
from Sub-Saharan Africa».
28
Margarita Rosales González et al., «Conservación in situ de semillas de
la milpa. Experiencia y propuesta para el cuidado del patrimonio biocultural
maya.», LEISA Revista de Agroecología, 2019.
29
Toledo et al., «El Atlas Etnoecológico de México y Centroamérica: Fundamentos, Métodos y Resultados.»
30
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), «Población de 3
años y más hablante de lengua indígena maya por entidad federativa según
sexo, años censales de 2010 y 2020.» (Instituto Nacional de Estadística y
Geografía (INEGI), 2024), https://www.inegi.org.mx/app/tabulados/interacti27

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

92

�Adi Lazos, Jonathan Cruz y Rafael Falla

hablantes de lengua indígena en México31. No obstante, se nota
una disminución de la población que habla maya en la península
de alrededor del 3% entre 2010 y 202032.
La riqueza ecológica de la región se puede ver en la
diversidad de ecosistemas como selvas bajas, medianas y altas,
sabanas y pastizales, así como vegetación costera de manglares,
selvas inundables y petenes33. Es notable que aunque la península
no es un territorio fácil de habitar por su propensión a huracanes y
porque está formada por un sistema kárstico donde el agua corre
de forma subterránea y en ciertas áreas los afloramientos rocosos
hacen que haya poca materia orgánica, se han desarrollado
formas de manejo tradicionales consideradas como estrategias
de uso múltiple de los recursos. Algunos ejemplos son la milpa,
la cacería tradicional, la pesca, la diversidad en los huertos de
las casas y la producción de miel de melipona (abejas nativas
sin aguijón)34. Estas actividades no solamente se abocan a la
extracción o producción de alimentos para satisfacer necesidades
materiales y fisiológicas sino también culturales y sociales, donde
vos/?pxq=LenguaIndigena_Lengua_04_59db9355-f227-4ca4-a3a0-dbb899edbaef&amp;idrt=132&amp;opc=t.
31
Boege, El patrimonio biocultural de los pueblos indígenas de México.
32
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), «Población de 3
años y más hablante de lengua indígena maya por entidad federativa según
sexo, años censales de 2010 y 2020.»
33
Rafael Durán y Gerardo García, «Distribución espacial de la vegetación»,
en Biodiversidad y Desarrollo Humano en Yucatán (Mérida: CICY, PPDFMAM, CONABIO, SEDUMA, 2010), 496.
34
Víctor Toledo et al., «Uso múltiple y biodiversidad entre los mayas yucatecos (México)», Interciencia 33, n.o 5 (2008).
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

93

�Escribiendo la memoria olvidada

hay convivencia comunitaria y familiar al criar animales, cuidar
plantas, recolectar ingredientes, cocinar, preparar el pib (horno
bajo tierra), hacer rituales, celebrar fiestas35.
Como parte de Mesoamérica se incluye la domesticación
del maíz (Zea mays)36, el algodón (Gossypium hirsutum)37,
la chaya (Cnidoscolus aconitifolius)38, algunas calabazas
(Cucurbita spp.)39, entre otras plantas. Sobre estos procesos vale
la pena recordar que el conocimiento sobre la identificación,
selección, preparación y la dosis indicada de plantas como fuente
de alimento, por sus propiedades medicinales u otros usos se ha
desarrollado empíricamente. ¿Cuántas personas habrán muerto en
la búsqueda del momento apto para la cosecha o para encontrar
la parte y cantidad adecuada de la planta para comer? Aunque
Diana Cahuich Campos, Laura Huicochea Gómez, y Ramón Mariaca
Méndez, «El huerto familiar, la milpa y el monte maya en las prácticas rituales
y ceremoniales de las familias de X-Mejía, Hopelchén, Campeche», Relaciones Estudios de Historia y Sociedad 35, n.o 140 (2014): 157-84, https://doi.
org/10.24901/rehs.v35i140.107.
36
Alejandro Casas y Javier Caballero, «Domesticación de plantas y origen
de la agricultura en Mesoamérica», Ciencias, 1995.
37
Claudia Pérez et al., «Recursos Genéticos Del Algodón En México: Conservación Ex Situ, in Situ y Su Utilización», Revista Mexicana de Ciencias
Agrícolas 7, n.o 1 (s. f.): 5-16.
38
T. Chin-Chan et al., «Diversidad genética de la Chaya (Cnidoscolus aconitifolius (Mill.) I. M. Johnst. ssp. aconitifolius) en Yucatán, México, su posible
centro de domesticación», Polibotánica, n.o 51 (2021): 185-201, https://doi.
org/10.18387/polibotanica.51.12.
39
Luis E. Eguiarte et al., «Domesticación, diversidad y recursos genéticos
y genómicos de México: El caso de las calabazas», TIP Revista Especializada en Ciencias Químico-Biológicas 21, n.o 2 (2018): 85-101, https://doi.
org/10.22201/fesz.23958723e.2018.0.159.
35

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

94

�Adi Lazos, Jonathan Cruz y Rafael Falla

la humanidad sigue beneficiándose de esta tecnología hasta
el presente, los autores de tales descubrimientos y tecnologías
permanecen anónimos40.
La importancia de la región como centros de origen
de los cultivos mencionados, hace esencial para el mundo
proteger su acervo genético. Aunque los bancos de germoplasma
pueden ayudar a conservar la diversidad genética, una forma de
conservación mejor para especies tropicales es seguir sembrando
e intercambiando semillas, una tarea que realizan los productores
agrícolas a pequeña escala, los verdaderos guardianes de este
tesoro para la humanidad41.
La milpa o k’ool es un sistema complejo de policultivo
que involucra la siembra de varias especies al mismo tiempo,
entre las que destacan el maíz, el frijol, la calabaza y el chile. Sin
embargo, también incluye muchas otras especies de plantas de
valor alimenticio y medicinal, otras actividades como el manejo
del fuego en la roza-rumba-quema, la apicultura, la pequeña
ganadería, los rituales42 y la cacería tradicional43.
W. Ebeling, Handbook of Indian Foods and Fibers of Arid America
(Berkeley: University of California, 1986).
41
Rosales González et al., «Conservación in situ de semillas de la milpa.
Experiencia y propuesta para el cuidado del patrimonio biocultural maya.»
42
Silvia Terán Contreras, «Milpa, biodiversidad y diversidad cultural», en
Biodiversidad y desarrollo humano en Yucatán, ed. R. Durán y M. Méndez
(Mérida: CICY, PPDFMAM, CONABIO, SEDUMA, 2010), 54-56.
43
Dídac Santos-Fita et al., «La milpa comedero-trampa como una estrategia
de cacería tradicional maya», Estudios de Cultura Maya 42, n.o 42 (2013): 87118, https://doi.org/10.1016/S0185-2574(13)71387-X.
40

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

95

�Escribiendo la memoria olvidada

Así también, hay una larga tradición desde tiempos
prehispánicos de actividades relacionadas a las costas, como la
pesca44 y la producción de sal45. Thompson relata las largas rutas
comerciales por mar desde lo que hoy es Tabasco hasta Honduras,
circunnavegando la península de Yucatán, transportando,
subiendo y bajando mercancías, personas e ideas; llamó a estos
mayas chontales o putunes, “los fenicios del Nuevo Mundo”46.
Aunque muchas rutas se han perdido47, continúa la relación
estrecha con la costa.
Algunas selvas de la península, que en primera instancia
parecerían muy bien conservadas, contienen vestigios de
civilizaciones pasadas. Estos rastros no solamente incluyen
reminiscientes de construcciones arquitectónicas sino también
se notan en la configuración de la vegetación. Ésta refleja usos
pretéritos del suelo, hábitos, costumbres, valores y necesidades
de sus usuarios – quienes deciden qué árboles conservar, cuáles
cortar, cuáles utilizar para madera, cuáles para leña, etc.-48. Algunos
Belem Alejandra Ceballos Casanova y Guelmy Anilú Chan Mutul, «Saberes de los pescadores de Progreso, Yucatán, México: de la tradición a las
condiciones actuales.», Revista Saberes Socioambientales 1 (2022): 77-85.
45
Rogelio Valencia Rivera, «Aj atz’aam, “los de la sal”. El uso de la sal en
la ciudad maya de Calakmul», Estudios de Cultura Maya 55 (2020): 11-40,
https://doi.org/10.19130/iifl.ecm.2020.55.0001.
46
E. Thompson, Historia y religión de los mayas (primera edición en inglés
1970) (Ciudad de México: Siglo Veintiuno, 2014).
47
Lazos Ruíz y Pinkus Rendón, «Historia ambiental de la región de la Reserva de la Biosfera Los Petenes en Campeche, México».
48
Adi Lazos Ruíz et al., «El uso de los árboles en Jamapa, tradiciones en un
territorio deforestado», Madera y Bosques 22, n.o 1 (2016): 17-36, https://doi.
44

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

96

�Adi Lazos, Jonathan Cruz y Rafael Falla

ejemplos de interveción humana que se notan en la estructura
de las selvas son los llamados jardines mayas que favorecieron
ciertas especies frutales49, o en las selvas secundarias que rodean
la ciudad de Mérida y otros pueblos de la región a causa de la
pasada actividad henequenera50. El paisaje contiene historias.
En el aspecto intangible, la cosmovisión maya incluye las
percepciones y relaciones con las selvas, integrando elementos
religiosos, mágicos, ecológicos y utilitarios. Por ejemplo, la selva
o monte es interpretado como contenedor de múltiples animales
y vegetales, todos vivos, con alma51. La ceiba (Ceiba pentandra)
es el árbol sagrado que sostiene al mundo como es explicado
en el árbol cósmico de López-Austin52. Uno de los libros más
importantes, el Popol Vuh, señala las interacciones entre plantas,
animales y humanos en la creación del mundo, de las cosas y
de la misma humanidad. Todo esto demuestra la complejidad y
extensión del patrimonio biocultural de la región, que hace que la
org/10.21829/myb.2016.221475.
49
Ronald Nigh y Anabel Ford, El jardín forestal maya. Ocho milenios de
cultivo sostenible de los bosques tropicales. (Ciudad de México: Fray Bartolomé de las Casas, 2019).
50
Aliza Mizrahi, José María Ramos Prado, y Juan Jiménez Osornio, «Composition, structure, and management potential of secondary dry tropical vegetation in two abandoned henequen plantations of Yucatan, Mexico», Forest
Ecology and Management 96 (1997): 273-82.
51
Juan Ramón Bastarrachea Manzano, «La vegetación maya: otra forma de
cosmovisión», en Manejo de la diversidad de los cultivos en los agroecosistemas tradicionales, ed. J. Chávez, J. Tuxtill, y D. Jarvis (Cali: IPGRI, 2004).
52
Alfredo López Austin, «El árbol cósmico en la tradición mesoamericana»,
Monografías del Real Jardín Botánico de Córdoba 5 (1997): 85-98.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

97

�Escribiendo la memoria olvidada

península sea clasificada como una de las Regiones Bioculturales
prioritarias para la conservación y el desarrollo en México53.
La península ha ido cambiando a lo largo del tiempo,
principalmente por ciclos de actividades económicas que modifican
el medioambiente y las sociedades. En el pasado ya hubo auge de
extracción y producción de especies vegetales como la extracción
de palo de tinte (Haematoxylum campechianum), la extracción de
chicle (Manilkara zapota), las plantaciones henequeneras (Agave
fourcroydes), la extracción de maderas finas.
En particular, la zona noroeste de la península, ha sido
marcada por el cultivo del henequén (Agave fourcroydes) desde la
segunda mitad del siglo XIX. Esta planta ya usada desde tiempos
prehispánicos, estaba muy bien adaptada a las condiciones de
suelo y clima de la región; esto permitió la expansión de su cultivo
en forma masiva. Las fibras de esta especie de agave eran muy
apreciadas para la confección de cuerdas y muchos otros utensilios
para el mercado nacional y de exportación. Para la década de 1890
el henequén era el principal producto de exportación mexicano,
lo que llevó a que Yucatán fuera el estado que más ingresos
captó para México entre 1904 y 190754. La historia de la época
del henequén en Yucatán es vasta y compleja, sin embargo, baste
decir que a partir de la década de 1960, los materiales orgánicos
Eckhart Boege, El patrimonio biocultural de los pueblos indígenas de
México. (Ciudad de México: Instituto Nacional de Antropología e Historia y
Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, 2008).
54
Maria Cecilia Zuleta, «Hacienda Pública y exportación henequenera en
Yucatán, 1880-1910», Historia Mexicana 54, n.o 1 (2004): 179-247.
53

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

98

�Adi Lazos, Jonathan Cruz y Rafael Falla

fueron sustituídos paulatinamente por sintéticos derivados del
petróleo, causando el declive de la industria henequenera55.
Las actividades económicas más recientes, también
relacionadas con el uso de recursos de la naturaleza de la
península son el sector agropecuario incluyendo el ganado
bovino y porcino, una incipiente actividad industrial56,57, el sector
inmobiliario,; el turismo masivo incluyendo el desarrollo de la
Riviera Maya y la llegada de megaproyectos a la región como el
Tren Maya58, que afectan directa o indirectamente al patrimonio
biocultural por la tala de la selva59, la contaminación del agua,
la fragmentación del hábitat, los cambios en el tejido social al
interior de las comunidades, entre otros.
En este contexto de un enorme patrimonio histórico y
biocultural en una región de rápidas transformaciones se encuentra
Kiní, el pueblo desde donde se escribe el presente artículo.
Roberto Escalante, The State and Henequen Production in Yucatán, 19551980, Occasional Papers 18 (Londres: University of London, Institute of Latin
American Studies, 1988).
56
Miguel Ángel Pinkus Rendón, «Dinámica en el uso de los recursos naturales en el oriente de Yucatán durante el siglo XX», Revista Pueblos y
Fronteras Digital 11, n.o 21 (2016): 92-113, https://doi.org/10.22201/cimsur.18704115e.2016.21.10.
57
M. Ayala, R. Isaac, y M. Arteaga, «Políticas de desarrollo, turismo y conservación en la península de Yucatán», en Sociedad y ambiente en México:
Áreas Naturales Protegidas y sustentabilidad, ed. Miguel Pinkus (Mérida,
2014), 114-33.
58
https://www.trenmaya.gob.mx/
59
José Luis Hernández-Stefannoni et al., «¿Cuánto carbono se ha emitido
con la construcción del Tren Maya?», Desde el Herbario CICY 16 (2024):
192-97.
55

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

99

�Escribiendo la memoria olvidada

Kiní
Kiní está ubicado en el municipio de Motul, Yucatán (Figura 1).
Es un pueblo prehispánico maya cuyos vestigios arqueológicos
no han sido estudiados. La población es alrededor de 1,750
habitantes60. El español es el idioma más hablado pero también se
habla la lengua maya, principalmente por las personas de mayor
edad.

Figura 1. Kiní se encuentra en la zona noroeste de la península de Yucatán,
aproximadamente a 30 km de Mérida, la capital del estado de Yucatán. Elaboración propia.
Instituto Nacional de Estadística y Geografía, «Panorama sociodemográfico de Yucatán: Censo de Población y Vivienda 2020» (México, 2021).
60

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

100

�Adi Lazos, Jonathan Cruz y Rafael Falla

Durante el siglo XX la mayor parte de la población de Kiní al igual que en otros pueblos y haciendas de Yucatán - se dedicaba
a la producción de henequen. Las empresas henequeneras fueron
cerrando gradualmente en Kiní. Actualmente, las actividades
económicas principales del pueblo son el trabajo en pequeñas
fábricas de textiles, albañilería, comercio, pequeña producción
de ganado y un poco de agricultura. Algunas personas trabajan
en Mérida en la Riviera Maya en la costa de Quintana Roo como
proveedores de servicios asociados al turismo o bien han migrado
a Estados Unidos.
Un par de habitantes de Kiní, coautores de este artículo,
organizaron un Festival de Patrimonio Biocultural local en abril de
2022 para valorar, salvaguardar y divulgar el conjunto de saberes y
tradiciones alrededor de la naturaleza que identifican en su pueblo y
que tienden a perderse rápidamente. Fue en este evento que la tercera
coautora, investigadora de la universidad, les conoció y a partir
de lo cual formaron un equipo para trabajar en la documentación
y preservación del patrimonio histórico y biocultural de Kiní.
Optaron por la estrategia de elaborar un libro del tema. Ya que no
se han encontrado otros ejemplos de un libro colaborativo de esta
naturaleza, se comparte el proceso de investigación y elaboración
de la obra, así como los desafíos que se han enfrentado. Esto tiene
la intención de que puedan ser de utilidad para trabajos similares en
otras localidades. Cabe mencionar que al momento de escribir este
artículo el libro no ha sido terminado ni publicado todavía, se trata
de un trabajo en andamiento.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
101
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

�Escribiendo la memoria olvidada

Proceso: pasos y desafíos
El proceso de organización y elaboración del libro no ha sido
lineal, se enumeran los pasos seguidos con el fin de dar cierto
orden, aunque en muchas ocasiones se ha avanzado, modificado, o
incorporado algún paso en función a las oportunidades y desafíos
que se van enfrentando.
1. Coincidencia de intereses.- En este caso, en el Festival de
Patrimonio Biocultural de Kiní se encontró una coincidencia
de intereses de los coautores. La investigadora externa, que
buscaba donde llevar a cabo sus trabajos de historia ambiental
y patrimonio biocultural, se unió a un proceso que ya estaba
ocurriendo en el pueblo a través del festival y de muchas otras
actividades que llevan a cabo cotidianamente como continuar
con la milpa, la observación de aves, el cuidado y uso de
huertos caseros, la preservación de las fiestas patronales,
entre otras.
2. Permiso por autoridades locales.- La solicitud de permiso a las
autoridades locales es una de las primeras tareas para realizar
cualquier proyecto en comunidades rurales, de esta manera
se reconoce su autoridad y se obtiene su respaldo. Se entregó
un oficio al comisario municipal por parte de la investigadora
externa para dar parte del proyecto de investigación para la
construcción del libro y solicitar permiso para llevarlo a cabo
junto con otros colegas y estudiantes. La autorización fue
concedida.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

102

�Adi Lazos, Jonathan Cruz y Rafael Falla

3. Objetivos.- Ante la curiosidad y necesidad de conocer más
de la historia de Kiní por parte de sus habitantes y la falta
de estudios sobre el pueblo, los coautores se embarcaron
en la tarea de elaborar el libro “Kiní: su tierra, su historia
y su gente”. Además de rellenar un vacío historiográfico, el
objetivo es que las y los kinienses tengan un material para
valorar el patrimonio histórico y biocultural de su pueblo y
se documente parte de la memoria colectiva. Por ello, el libro
tiene como principal audiencia meta a los habitantes de Kiní.
De manera que se busca mantener el rigor académico pero
manteniendo un tono divulgativo y evitando un lenguaje muy
técnico o rebuscado.
4. Cronología.- El amplio periodo a abarcar de la historia de Kiní
fue determinado por los intereses de los coautores pero sobre
todo por lo determinado por el paisaje mismo. No se puede
no indagar sobre la época prehispánica cuando hay vestigios
mayas (llamados mules) en los campos que la gente trabaja.
Constituyen huellas en el paisaje que dan cuenta de actividades
humanas en el pasado61. Tampoco se puede dejar de hablar
de la época colonial puesto que la iglesia es el centro del
pueblo, donde se llevan a cabo las misas, las fiestas patronales
y alrededor de la cual hay muchas historias y misterios que
se siguen relatando de generación en generación. Por ello, el
Rogério Ribeiro De Oliveira, «Mata Atlântica, paleoterritórios e história ambiental», Ambiente &amp; Sociedade 10, n.o 2 (2007): 11-23, https://doi.
org/10.1590/S1414-753X2007000200002.
61

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

103

�Escribiendo la memoria olvidada

libro comprende una temporalidad muy amplia, desde tiempo
prehispánico hasta la actualidad, lo cual evidentemente
requirió de colaboraciones multidisciplinarias y el uso de
fuentes y métodos diversos, como se verá más adelante.
5. Temas y colaboraciones.- La selección de temas responde
a las necesidades e inquietudes de la población local y a la
disponibilidad de colaboradores. Los temas de los capítulos
son sobre la época prehispánica, la iglesia, las fiestas
patronales, los huracanes, los huertos, el uso de plantas y
animales de la selva, las plantas medicinales, las memorias de
la gente sobre los cambios en el pueblo. Para la elaboración de
cada capítulo participan expertos del pueblo, así como otros
colaboradores externos de los campos de historia, historia del
arte, arqueología, geografía, historia ambiental, botánica y
ciencias ambientales.
Siempre que los organizadores del libro encuentran nuevas
colaboraciones para la construcción de esta obra dicen
coloquialmente: “Tenemos a alguien nuevo en el barco.” Ya
son más de 80 navegantes en este barco.
6. Fuentes y Métodos.- Cada capítulo tiene diversos autores y
emplea diferentes fuentes y métodos, algunos ejemplos son:
a. La revisión bibliográfica relevante para cada capítulo.
Aunque las investigaciones y publicaciones sobre la
península de Yucatán son inmensas, hay muy poca
información sobre Kiní. Para el capítulo de época
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

104

�Adi Lazos, Jonathan Cruz y Rafael Falla

prehispánica, escrito por un arqueólogo, fue útil un
reporte técnico de exploración de un antiguo camino
maya (sakbé) en el área aledaña a Kiní62. Los trabajos
que se han encontrado directamente sobre el pueblo
son acerca de unidades domésticas en la década
de 198063, una tesis sobre migración a los Estados
Unidos64 y un artículo sobre prácticas de lactancia65.
En su búsqueda de información, los coautores locales
del presente trabajo ya habían identificado desde hace
tiempo menciones de Kiní, tan escuetas como “Lázaro
Pech era natural de Kiní” en la obra de Diego López
de Cogolludo66. Así, Bertha Pascasio, historiadora del
arte colaboradora del libro de Kiní dice: “esta es una
historia de pequeñas piezas”. Por ello los navegantes
Scott Hutson, «Proyecto Arqueológico Sacbé de Ucí/Cansahcab. Sexta temporada de campo. Informe Técnico al Consejo de Arqueología del Instituto Nacional de Antropología e Historia» (Lexington: Universidad de Kentucky, 2016).
63
María del Rayo Campos, «Las unidades domesticas de producción en un
ejido henequero: Kiní, Yucatán.» (Ciudad de México: Universidad Autónoma
Metropolitana-Iztapalapa, 1985).
64
Mirian Solís Lizama, «La dimensión cultural de las remesas colectivas: la
experiencia de los clubes de migrantes de Kiní y Ucí, Yucatán, en los Ángeles,
California» (Tesis de Maestría en Desarrollo Regional, Tijuana, El Colegio de
la Frontera Norte, 2008).
65
Georgina Yazmín Reyes Gutiérrez y María Dolores Cervera Montejano,
«Etnoteorías y prácticas de lactancia materna en una comunidad maya de
Yucatán», Estudios de Antropología Biológica 16 (2013): 907-28.
66
Diego López de Cogolludo, Los tres siglos de la dominación española en
Yucatan, o sea historia de esta provincia desde la Conquista hasta la Independencia., vol. 2 (Mérida: Imprensa de Castillo y Compañía, 1845).
62

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

105

�Escribiendo la memoria olvidada

de este barco metafórico celebran cada pista que
logran encontrar.
b. La consulta de archivos y otros repositorios ha sido
fundamental. Por ejemplo, para el capítulo sobre la
iglesia han sido especialmente útiles los inventarios
eclesiásticos del Archivo Histórico de la Arquidiócesis
de Yucatán67. Por otra parte, aunque pocas, también se
han encontrado fuentes hemerográficas, como la nota
publicada en el periódico Novedades Yucatán sobre la
iglesia de Kiní68.
c. Las técnicas etnográficas habituales de entrevistas e
historia oral69 han sido utilizadas para varios capítulos.
Al realizarlas se han cuidado principios éticos de
investigación como la solicitud del consentimiento
previo, libre e informado y cuidar la privacidad de
datos personales.
La mayoría de las personas en Kiní, sobre todo
de mayor edad, son bilingües maya-español. En
repetidas ocasiones, el coautor mayahablante sostiene
Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Yucatán. http://archivohistoricoarquiyuc.org.mx/
68
Felipe Villanueva, «Visita al templo de San Mateo Apóstol, en Kiní. Camarín: majestuoso santuario.», Novedades Yucatán, 28 de febrero de 1999,
sec. Especial.
69
Ulysses Paulino Albuquerque et al., eds., Methods and Techniques in
Ethnobiology and Ethnoecology, Springer Protocols Handbooks (New York:
Springer New York, 2014), https://doi.org/10.1007/978-1-4614-8636-7.
67

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

106

�Adi Lazos, Jonathan Cruz y Rafael Falla

un diálogo en lengua maya con la o el informante
potencial explicando de qué se trata el proyecto y así
conseguir que la persona acceda a dar una entrevista,
la cual se lleva a cabo en español.
Los coautores locales usualmente guían el proceso de
encontrar a personas clave en función a los objetivos
de cada capítulo. También se utiliza el método de
“bola de nieve”, donde una persona sugiere a otra
como conocedora del tema70.
d. La participación del cronista de Kiní en todo el
proyecto (incluyendo la coautoría de este artículo) ha
sido decisiva por ser la persona que salvaguarda las
memorias del pueblo. Además de su interés genuino
en la historia, tiene registrados en su mente nombres
de personas, lugares, eventos e historias. Los trabajos
de los cronistas han sido muy importantes en las
microhistorias. Por ejemplo, el cronista de Ixil (pueblo
del norte de Yucatán) escribió el libro “Ixil. Tierra de
las cebollitas” 71, donde utilizó la historia oral y abordó
temas como fiestas, música, béisbol y la evolución del
transporte, así como personas y familias conocidas
que conforman la comunidad. Otro ejemplo es el
C. Davis, H. Gallardo, y K. Lachlan, Talking straight about communication research methods. (Dubuque: Kendall Hunt Publishing Co., 2010).
71
Miguel Ángel Orilla, Ixil. Tierra de las cebollitas., 2a. (Mérida: Ayuntamiento de Ixil (2015-2018), Yucatán, 2017).
70

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

107

�Escribiendo la memoria olvidada

cronista de Chetumal que haciendo uso de múltiples
testimonios relató la dramática destrucción del pueblo
por el huracán Janet en 195572.
e. Se ha hecho la recopilación de fotografías antiguas,
que han servido tanto para ilustrar los textos de
algunos capítulos como para brindar información
histórica. Se realizó un ejercicio con estudiantes de
la escuela secundaria local, en el cual se capacitaron
para que cada uno entrevistara a una persona de su
familia y recolectara fotografías de sus archivos
familiares sobre experiencias con huracanes, jardines
y festividades.
Asimismo, se sigue trabajando en la construcción
de una fototeca local, que contenga las imágenes
digitalizadas acompañadas por sus metadatos (i.e.
autor, fecha, lugar, descripción de la fotografía). En
otras palabras, más allá de hacer un album de fotos se
trata de un archivo para hacer futuras investigaciones.
f. Se han llevado a cabo varios talleres incluyendo uno
de cartografía participativa73, donde la gente mapeó
los cambios que ha habido en su territorio. Esto ayudó
Francisco Bautista Pérez, Janet. La noche de las aguas turbulentas. (Bloomington: Palibrio, 2013).
73
Alina Álvarez, Michael McCall, y José María León, Mapeo participativo
y cartografía social de conocimientos culturales, históricos y arqueológicos
(Morelia: CIGA, UNAM, 2022).
72

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

108

�Adi Lazos, Jonathan Cruz y Rafael Falla

a conocer los usos y costumbres pasados y presentes
sobre el mismo espacio, el mapa se convierte en un
medio para comparar memoria y territorio74.
g. Para los capítulos relacionados con flora, se llevaron
a cabo colectas botánicas para la identificación y
herborización de las especies vegetales mencionadas
en entrevistas.
h. Para los capítulos relacionados con fauna se llevó
a cabo un taller donde se pidió a los informantes
identificar el nombre en español y maya de fotografías
de especies con nombre científico conocido. Dichas
fotografías fueron buscadas con base en las respuestas
de los informantes a entrevistas previas, para poder
casar los nombres comunes con los científicos.
La variedad de fuentes y métodos utilizados, así
como la necesidad de un equipo multidisciplinario
para recopilar, interpretar y analizar la información,
demuestra plenamente que la historia ambiental es
un campo fronterizo donde convergen todos estos
conocimientos, enfoques y herramientas75.
Verdier, «La memoria de los lugares: entre espacios de la historia y territorios de la geografía».
75
Adi Estela Lazos Ruíz, Alina Álvarez Larrain, y Marcela Stuker Kropf,
«Fronteras en Historia Ambiental: un ejemplo de praxis multidisciplinar», Historia Ambiental Latinoamericana y Caribeña (HALAC) 11, n.o 1 (2021): 189221, https://doi.org/10.32991/2237-2717.2021v11i1.p189-221.
74

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

109

�Escribiendo la memoria olvidada

7. Revisión interna.- Todos los capítulos terminados pasan por
una cuidadosa revisión interna por los organizadores del libro.
En este paso se revisa que el lenguaje sea inteligible para la
audiencia meta, que los datos hagan sentido para el pueblo
de Kiní y que las historias y testimonios de los habitantes
también se vean reflejados en el texto. También se sugieren
fuentes específicas para consulta o se añade información
adicional de historia oral. Los comentarios se envían a las
y los autores de los capítulos para la entrega de una nueva
versión. Esta revisión interna es bastante fuera de lo común en
el ámbito académico y enriquece enormemente el contenido
de los textos.
8. Desafíos.- Después de más de dos años de trabajo, los autores
han enfrentado varias dificultades además de la falta de
información publicada. A continuación se presentan algunos
ejemplos.
a. Una de las ventajas observadas en “Pueblo en vilo”76
es que el autor era oriundo del lugar y pudo acceder
a numerosos archivos y entrevistas familiares que
podrían ser más íntimos que responder preguntas
de un extraño. En el caso de Kiní, dos de los
organizadores del libro son locales, lo que les permite
el acceso a la información y participacion de muchas
personas, principalmente porque son muy conocidos
76

González, Pueblo en vilo.

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

110

�Adi Lazos, Jonathan Cruz y Rafael Falla

y respetados en el pueblo. Probablemente los de fuera
de Kiní tendrían mucha más difícultad para acceder
a estos datos. Por el contrario, en algunas ocasiones,
los colaboradores externos han tenido un mayor
acceso a cierta información y documentación que
sería difícil de obtener para personas sin una afiliación
institucional. En suma, un equipo mixto logra mayor
acceso a información.
b. La lengua maya tiene una sólida tradición oral; por
lo tanto, aunque cerca de 800,000 personas hablan
el maya yucateco77, son menos los que lo leen y
aún menos los que lo escriben. El idioma maya fue
originalmente escrito con glifos, pero con el tiempo,
se ha comenzado a utilizar el alfabeto latino. Aunque
existen normas formales de escritura78, en la práctica
hay muchas variantes en el idioma, tanto habladas
como escritas, lo que aumenta la complejidad de su
estudio.
Para las actividades agrícolas tradicionales, sujeto de
interés del libro, el idioma maya es esencial. Algunos
nombres de plantas y animales están en maya y
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), «Población de 3
años y más hablante de lengua indígena maya por entidad federativa según
sexo, años censales de 2010 y 2020.»
78
Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI), U nu’ukbesajil u
ts’íibt’a’al maayat’aan. Normas de escritura para la lengua maya., s. f.,
https://site.inali.gob.mx/Micrositios/normas/pdf/Norma_Maya.pdf.
77

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

111

�Escribiendo la memoria olvidada

español, pero algunos no tienen traducción al español.
Las especies introducidas o exóticas suelen tener
nombres solo en español. Al realizar entrevistas, es
necesario estar familiarizado con ambos nombres, ya
que a veces los términos se usan de manera indistinta
y podrían estar refiriéndose a la misma especie al
decir yaaxche’ o ceiba, o al decir zotz o murciélago.
Además, la lengua maya tiene sonidos que no existen
en español, como k’ o p’; o una diferencia tonal (casi
imperceptible para el oído hispánico) que cambia el
significado de una palabra, como miis (gato) y míis
(escoba o barrer); o incluso una extensión del sonido
(que en maya se trata de dos vocales diferentes) cambia
el significado, como en chak (rojo) y chaak (lluvia).
Algunos conceptos en la cosmovisión maya no
tienen traducción al español. Un capítulo del libro
está dedicado al k’aax, que usualmente se traduce
como monte o selva. Sin embargo, el k’aax es mucho
más que cualquiera de esos términos; contiene una
parte invisible de seres guardianes como los aluxes
y los vientos sagrados. La relación de los adultos
mayores con estas entidades suele ser respetuosa y de
reverencia; se realizan ceremonias rituales dedicados
a ellos en las actividades agrícolas: para pedir lluvia,
para solicitar permiso para comenzar a plantar o para
agradecer por la cosecha. Aunque se hace el intento
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
112
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

�Adi Lazos, Jonathan Cruz y Rafael Falla

es prácticamente imposible reflejar a cabalidad una
experiencia de esa naturaleza, individual y colectiva
al mismo tiempo, en un escrito.
Algunas palabras son específicamente usadas en
el sistema agrícola tradicional maya de la milpa
como diversos nombres de tipos de suelos; o en la
caza tradicional hay los términos para nombrar a
un ciervo dependiendo del número de cuernos que
tenga. Sin embargo, con el abandono de la milpa, el
manejo del monte y la caza tradicional, las palabras
especializadas pierden contexto y sentido y caen en el
desuso. La erosión de la lengua refleja los cambios en
las actividades e intereses de la gente.
Otra dificultad al documentar una cultura de tradición
oral en un libro es que las palabras encapsulan una
historia, que difiere de la narrativa natural donde cada
persona imprime su estilo al contarla. El relato de una
abuela alrededor del fuego no puede reducirse a una
historia escrita. Aun así, el esfuerzo por registrarlo
vale la pena, ya que las historias también están siendo
olvidadas.
c. Los coautores de Kiní notaron que el estilo de escritura
de los colaboradores académicos externos suele
ser “frío”, extrayendo sus sentimientos, emociones
y experiencias personales del texto. La escritura
académica premia la objetividad sobre la subjetividad,
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
113
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

�Escribiendo la memoria olvidada

aunque la narrativa más atractiva para divulgación es
la que puede llegar a las fibras internas de la cognición.
Este dilema es un desafío en curso que todavía intenta
resolverse, entre el rigor académico y la capacidad de
llegar a los oídos de la audiencia.
9. Lo que falta por hacer.- El proceso de elaboración del
libro continúa. Aproximadamente la mitad de los capítulos
han pasado ya por la revisión interna y han entregado la
versión final. Cuando se tengan todas las versiones finales
de los capítulos se armará la propuesta para una editorial
universitaria, donde se someterá al proceso usual de revisión
por pares y publicación. Cabe aquí cuestionar si un libro
evaluado por pares académicos no estaría reproduciendo una
posible postura colonialista79, sin embargo, formar un equipo
entre los organizadores locales y otros participantes externos
desde la concepción y todo el desarrollo de este proyecto,
manteniendo el rigor académico pero también considerando
fuertemente la importancia de las historias locales y la
tradición oral es una humilde propuesta de que otras formas
de trabajo son posibles.
Finalmente, una vez teniendo la versión definitiva del
libro, se procederá a traducir al maya todos los resúmenes de
Alex C. McAlvay et al., «Ethnobiology Phase VI: Decolonizing Institutions, Projects, and Scholarship», Journal of Ethnobiology 41, n.o 2 (2021):
170-91, https://doi.org/10.2993/0278-0771-41.2.170.
79

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

114

�Adi Lazos, Jonathan Cruz y Rafael Falla

los capítulos y se grabará la obra completa como un audiolibro,
imitando la tradición oral.
Conclusiones
Los antiguos mayas habitaron la península de Yucatán,
enfrentando esencialmente el mismo tipo de suelo, fuentes de
agua, altas temperaturas e impactos de huracanes e insectos que
se enfrentan hoy en día. Las tecnologías que les permitieron vivir
en estas condiciones ambientales (e.g. la diversidad de árboles en
los jardines mayas para tener recursos a mano y mantener la casa
fresca, el uso de ropa de algodón, los materiales y estructura de
las casas, las horas de madrugada para el inicio de la jornada de
trabajo en el campo, el uso de calabazos para mantener el agua
fresca) son valiosas para la planificación y gestión territorial
actual. Durante la pandemia de COVID-19, algunas comunidades
mayas rescataron antiguas recetas medicinales y retomaron la
milpa para la seguridad alimentaria, contrarrestando los efectos
sanitarios y económicos de la pandemia80. La relación recíproca
entre las personas y la naturaleza está intrínsecamente vinculada
a su territorio; por lo tanto, mantener el patrimonio biocultural
requiere la conservación del territorio81. En otras palabras,
Víctor Manuel Ávila Pacheco, Yassir Jesús Rodríguez Martínez, y Ana
Sheila Camarena López, «Políticas alimentarias durante el COVID-19: población maya, territorio, autonomía e interculturalidad», Mirada antropológica
25, n.o 18 (2023): 152-74.
81
Yassir Rodríguez Martínez y Arantza Franco Salazar, «Desarrollo, vulnerabilidad y bienestar: visiones desde la población maya de Yucatán», Acta
80

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

115

�Escribiendo la memoria olvidada

mantener vivo el patrimonio biocultural puede ayudar a enfrentar
los desafíos globales como el cambio climático y la pérdida
de biodiversidad. Además, el conocimiento indígena puede
contribuir con su acervo de conceptos e ideas en el fenómeno de
migraciones donde es necesario entender otras formas de ver el
mundo y los procesos de aculturación82.
El libro de Kiní llena un vacío historiográfico, demostrando
que es posible escribir historias aunque haya poca información si
hay una población interesada y participativa, dispuesta a formar un
equipo más grande y multidisciplinario. Así también, se requiere
de la disposición de profesionales externos que quieran trabajar
en equipo con la gente de la comunidad y que sometan su trabajo
a la revisión de los colegas locales, además de las revisiones por
pares.
El libro busca que al menos una parte de este rico acervo
histórico y biocultural quede documentado y esté disponible para
las próximas generaciones. Tal vez encuentren ahí las historias y
fotografías de sus abuelas y abuelos y también herramientas para
valorar y defender su territorio.
Bibliografía
Acevedo, Álvaro. «La historia local, la historia regional y la microhistoria como experiencia y posibilidad para la historia pública». Ciencia Nueva, revista de Historia y Política 5, n.o
2 (2021): 1-18. https://doi.org/10.22517/25392662.24623.
Sociológica 93 (2024): 113-40.
82
Bhawuk, «Globalization and Indigenous Cultures».
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

116

�Adi Lazos, Jonathan Cruz y Rafael Falla

Agrawal, Arun. «Dismantling the Divide Between Indigenous and
Scientific Knowledge». Development and Change 26, n.o 3
(1995): 413-39. https://doi.org/10.1111/j.1467-7660.1995.
tb00560.x.
Albuquerque, Ulysses Paulino, Luiz Vital Fernandes Cruz Da
Cunha, Reinaldo Farias Paiva De Lucena, y Rômulo Romeu Nobrega Alves, eds. Methods and Techniques in Ethnobiology and Ethnoecology. Springer Protocols Handbooks. New York: Springer New York, 2014. https://doi.
org/10.1007/978-1-4614-8636-7.
Álvarez, Alina, Michael McCall, y José María León. Mapeo participativo y cartografía social de conocimientos culturales,
históricos y arqueológicos. Morelia: CIGA, UNAM, 2022.
Ávila Pacheco, Víctor Manuel, Yassir Jesús Rodríguez Martínez,
y Ana Sheila Camarena López. «Políticas alimentarias
durante el COVID-19: población maya, territorio,
autonomía e interculturalidad». Mirada antropológica 25,
n.o 18 (2023): 152-74.
Ayala, M., R. Isaac, y M. Arteaga. «Políticas de desarrollo, turismo y conservación en la península de Yucatán». En Sociedad y ambiente en México: Áreas Naturales Protegidas y
sustentabilidad, editado por Miguel Pinkus, 114-33. Mérida, 2014.
Bastarrachea Manzano, Juan Ramón. «La vegetación maya: otra
forma de cosmovisión». En Manejo de la diversidad de
los cultivos en los agroecosistemas tradicionales, editado
por J. Chávez, J. Tuxtill, y D. Jarvis. Cali: IPGRI, 2004.
Bautista Pérez, Francisco. Janet. La noche de las aguas turbulentas. Bloomington: Palibrio, 2013.
Berkes, Fikret. Sacred Ecology. 3a ed. New York and London:
Routledge, 2012.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

117

�Escribiendo la memoria olvidada

Bhawuk, Dharm P.S. «Globalization and Indigenous Cultures:
Homogenization or Differentiation?» International Journal of Intercultural Relations 32, n.o 4 (2008): 305-17.
https://doi.org/10.1016/j.ijintrel.2008.06.002.
Boege, Eckhart. El patrimonio biocultural de los pueblos indígenas de México. Ciudad de México: Instituto Nacional
de Antropología e Historia y Comisión Nacional para el
Desarrollo de los Pueblos Indígenas, 2008.
Burke, Leonie, Isabel Díaz-Reviriego, David P. M. Lam, y Jan
Hanspach. «Indigenous and Local Knowledge in Biocultural Approaches to Sustainability: A Review of the
Literature in Spanish». Ecosystems and People 19, n.o 1
(2023). https://doi.org/10.1080/26395916.2022.2157490.
Cahuich Campos, Diana, Laura Huicochea Gómez, y Ramón Mariaca Méndez. «El huerto familiar, la milpa y el monte
maya en las prácticas rituales y ceremoniales de las familias de X-Mejía, Hopelchén, Campeche». Relaciones Estudios de Historia y Sociedad 35, n.o 140 (2014): 157-84.
https://doi.org/10.24901/rehs.v35i140.107.
Campos, María del Rayo. «Las unidades domesticas de producción en un ejido henequero: Kiní, Yucatán.» Ciudad de
México: Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, 1985.
Casas, Alejandro, y Javier Caballero. «Domesticación de plantas y origen de la agricultura en Mesoamérica». Ciencias,
1995.
Ceballos Casanova, Belem Alejandra, y Guelmy Anilú Chan Mutul. «Saberes de los pescadores de Progreso, Yucatán, México: de la tradición a las condiciones actuales.» Revista
Saberes Socioambientales 1 (2022): 77-85.
Chin-Chan, T., M.M. Ortiz-García, P.J. Ruiz-Gil, y J. Martínez-Castillo. «Diversidad genética de la Chaya (CnidosSillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
118
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

�Adi Lazos, Jonathan Cruz y Rafael Falla

colus aconitifolius (Mill.) I. M. Johnst. ssp. aconitifolius)
en Yucatán, México, su posible centro de domesticación». Polibotánica, n.o 51 (2021): 185-201. https://doi.
org/10.18387/polibotanica.51.12.
Claval, Paul. El mundo por descifrar. La perspectiva geográfica.
Instituto de Geografía, Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental, 2020.
Davis, C., H. Gallardo, y K. Lachlan. Talking straight about communication research methods. Dubuque: Kendall Hunt
Publishing Co., 2010.
Durán, Rafael, y Gerardo García. «Distribución espacial de la
vegetación». En Biodiversidad y Desarrollo Humano en
Yucatán, 496. Mérida: CICY, PPDFMAM, CONABIO,
SEDUMA, 2010.
Ebeling, W. Handbook of Indian Foods and Fibers of Arid America. Berkeley: University of California, 1986.
Eguiarte, Luis E., Helena S. Hernández-Rosales, Josué Barrera-Redondo, Gabriela Castellanos-Morales, Leslie M.
Paredes-Torres, Guillermo Sánchez-de La Vega, Karen
Y. Ruiz-Mondragón, et al. «Domesticación, diversidad y
recursos genéticos y genómicos de México: El caso de
las calabazas». TIP Revista Especializada en Ciencias
Químico-Biológicas 21, n.o 2 (2018): 85-101. https://doi.
org/10.22201/fesz.23958723e.2018.0.159.
Ekblom, Anneli, Anna Shoemaker, Lindsey Gillson, Paul Lane, y
Karl-Johan Lindholm. «Conservation through Biocultural
Heritage—Examples from Sub-Saharan Africa». Land 8,
n.o 5 (2019): 1-15. https://doi.org/10.3390/land8010005.
Escalante, Roberto. The State and Henequen Production in Yucatán, 1955-1980. Occasional Papers 18. Londres: University of London, Institute of Latin American Studies,
1988.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
119
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

�Escribiendo la memoria olvidada

Gallini, Stefania. «¿Qué hay de histórico en la Historiografía ambiental en América Latina?» Historia y Memoria, n.o especial (2020): 179-233. https://doi.org/10.19053/20275137.
nespecial.2020.11586.
Garcia Ribeiro, Job Antonio, y Osmar Cavassan. «Os conceitos
de ambiente, meio ambiente e natureza no contexto da temática ambiental: definindo significados». GÓNDOLA,
Enseñanza y Aprendizaje de las Ciencias 8, n.o 2 (2013):
61-76.
González, Luis. Pueblo en vilo. 4a. Ciudad de México: Fondo de
Cultura Económica, s. f.
Hernández-Stefannoni, José Luis, Juan Andrés-Mauricio, Fernando Tun-Dzul, Francisco Chi-May, y Juan Manuel Dupuy.
«¿Cuánto carbono se ha emitido con la construcción del
Tren Maya?» Desde el Herbario CICY 16 (2024): 192-97.
Hutson, Scott. «Proyecto Arqueológico Sacbé de Ucí/Cansahcab.
Sexta temporada de campo. Informe Técnico al Consejo
de Arqueología del Instituto Nacional de Antropología e
Historia». Lexington: Universidad de Kentucky, 2016.
Instituto Nacional de Estadística y Geografía. «Panorama sociodemográfico de Yucatán: Censo de Población y Vivienda
2020». México, 2021.
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). «Población de 3 años y más hablante de lengua indígena
maya por entidad federativa según sexo, años censales de 2010 y 2020.» Instituto Nacional de Estadística
y Geografía (INEGI), 2024. https://www.inegi.org.mx/
app/tabulados/interactivos/?pxq=LenguaIndigena_Lengua_04_59db9355-f227-4ca4-a3a0-dbb899edbaef&amp;idrt=132&amp;opc=t.
Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI). U nu’ukbesajil
u ts’íibt’a’al maayat’aan. Normas de escritura para la
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
120
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

�Adi Lazos, Jonathan Cruz y Rafael Falla

lengua maya., s. f. https://site.inali.gob.mx/Micrositios/
normas/pdf/Norma_Maya.pdf.
Lazos Ruíz, Adi Estela, Alina Álvarez Larrain, y Marcela Stuker
Kropf. «Fronteras en Historia Ambiental: un ejemplo de
praxis multidisciplinar». Historia Ambiental Latinoamericana y Caribeña (HALAC) 11, n.o 1 (2021): 189-221. https://doi.org/10.32991/2237-2717.2021v11i1.p189-221.
Lazos Ruíz, Adi Estela, y Miguel Ángel Pinkus Rendón. «Historia ambiental de la región de la Reserva de la Biosfera Los
Petenes en Campeche, México». Revista Etnobiología 20,
n.o 2 (2022): 236-51.
Lazos Ruíz, Adi, Patricia Moreno-Casasola, Sergio Guevara S.,
Claudia Gallardo, y Eduardo Galante. «El uso de los árboles en Jamapa, tradiciones en un territorio deforestado». Madera y Bosques 22, n.o 1 (2016): 17-36. https://
doi.org/10.21829/myb.2016.221475.
Les Barrieres de la Solitude. Documental basado en el libro «Pueblo en vilo» de Luis González. France 2, 1996. https://
www.youtube.com/watch?v=Ryzf445Lars.
Lindholm, Karl-Johan, y Anneli Ekblom. «A Framework for Exploring and Managing Biocultural Heritage». Anthropocene 25 (2019): 100195. https://doi.org/10.1016/j.ancene.2019.100195.
López Austin, Alfredo. «El árbol cósmico en la tradición mesoamericana». Monografías del Real Jardín Botánico de
Córdoba 5 (1997): 85-98.
López de Cogolludo, Diego. Los tres siglos de la dominación española en Yucatan, o sea historia de esta provincia desde
la Conquista hasta la Independencia. Vol. 2. Mérida: Imprensa de Castillo y Compañía, 1845.
McAlvay, Alex C., Chelsey G. Armstrong, Janelle Baker, Linda Black Elk, Samantha Bosco, Natalia Hanazaki, LeiSillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

121

�Escribiendo la memoria olvidada

gh Joseph, et al. «Ethnobiology Phase VI: Decolonizing
Institutions, Projects, and Scholarship». Journal of
Ethnobiology 41, n.o 2 (2021): 170-91. https://doi.
org/10.2993/0278-0771-41.2.170.
Mizrahi, Aliza, José María Ramos Prado, y Juan Jiménez Osornio. «Composition, structure, and management potential
of secondary dry tropical vegetation in two abandoned
henequen plantations of Yucatan, Mexico». Forest Ecology and Management 96 (1997): 273-82.
Nigh, Ronald, y Anabel Ford. El jardín forestal maya. Ocho milenios de cultivo sostenible de los bosques tropicales. Ciudad de México: Fray Bartolomé de las Casas, 2019.
Okui, Kaori, Yoshihiro Sawada, y Takehito Yoshida. «“Wisdom
of the Elders” or “Loss of Experience” as a Mechanism to
Explain the Decline in Traditional Ecological Knowledge:
A Case Study on Awaji Island, Japan». Human Ecology
49, n.o 3 (2021): 353-62. https://doi.org/10.1007/s10745021-00237-w.
Oliveira, Rogério Ribeiro De. «Mata Atlântica, paleoterritórios e história ambiental». Ambiente &amp; Sociedade 10,
n.o 2 (2007): 11-23. https://doi.org/10.1590/S1414753X2007000200002.
Orilla, Miguel Ángel. Ixil. Tierra de las cebollitas. 2a. Mérida:
Ayuntamiento de Ixil (2015-2018), Yucatán, 2017.
Pádua, José Augusto. «As bases teóricas da história ambiental».
Estudos Avançados 24, n.o 68 (2010): 81-101. https://doi.
org/10.1590/S0103-40142010000100009.
Pérez, Claudia, Ma. del Rosario Tovar, Quintín Obispo, Felipe
Legorreta, y José Ruiz. «Recursos Genéticos Del Algodón
En México: Conservación Ex Situ, in Situ y Su Utilización». Revista Mexicana de Ciencias Agrícolas 7, n.o 1
(s. f.): 5-16.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
122
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

�Adi Lazos, Jonathan Cruz y Rafael Falla

Pinkus Rendón, Miguel Ángel. «Dinámica en el uso de los recursos naturales en el oriente de Yucatán durante el siglo XX». Revista Pueblos y Fronteras Digital 11,
n.o 21 (2016): 92-113. https://doi.org/10.22201/cimsur.18704115e.2016.21.10.
Polanco, Héctor, y Lesbia Payares. «Patrimonio histórico-cultural y pensamiento complejo como estrategias del desarrollo sostenible». Multiciencias 12, n.o 3 (2012): 295-99.
Reyes Gutiérrez, Georgina Yazmín, y María Dolores Cervera
Montejano. «Etnoteorías y prácticas de lactancia materna
en una comunidad maya de Yucatán». Estudios de Antropología Biológica 16 (2013): 907-28.
Rodríguez Martínez, Yassir, y Arantza Franco Salazar. «Desarrollo, vulnerabilidad y bienestar: visiones desde la población
maya de Yucatán». Acta Sociológica 93 (2024): 113-40.
Rosales González, Margarita, Gabriela Cervera Arce, Gabriel
Benavides Rosales, y Guardianes de las semillas del sur
de Yucatán. «Conservación in situ de semillas de la milpa. Experiencia y propuesta para el cuidado del patrimonio biocultural maya.» LEISA Revista de Agroecología,
2019.
Santos-Fita, Dídac, Eduardo J. Naranjo Piñera, Eduardo Bello
Baltazar, Erin I.J. Estrada Lugo, Ramón Mariaca Méndez,
y Pedro A. Macario Mendoza. «La milpa comedero-trampa como una estrategia de cacería tradicional maya». Estudios de Cultura Maya 42, n.o 42 (2013): 87-118. https://
doi.org/10.1016/S0185-2574(13)71387-X.
Solís Lizama, Mirian. «La dimensión cultural de las remesas
colectivas: la experiencia de los clubes de migrantes de
Kiní y Ucí, Yucatán, en los Ángeles, California». Tesis de
Maestría en Desarrollo Regional, El Colegio de la Frontera Norte, 2008.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
123
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

�Escribiendo la memoria olvidada

Steffen, Will, Wendy Broadgate, Lisa Deutsch, Owen Gaffney, y Cornelia Ludwig. «The Trajectory of the Anthropocene: The Great Acceleration». The Anthropocene Review 2, n.o 1 (2015): 81-98. https://doi.
org/10.1177/2053019614564785.
Terán Contreras, Silvia. «Milpa, biodiversidad y diversidad cultural». En Biodiversidad y desarrollo humano en Yucatán,
editado por R. Durán y M. Méndez, 54-56. Mérida: CICY,
PPDFMAM, CONABIO, SEDUMA, 2010.
Thompson, E. Historia y religión de los mayas (primera edición
en inglés 1970). Ciudad de México: Siglo Veintiuno, 2014.
Toledo, V., P. Alarcón, P. Moguel, M. Olivo, A. Cabrera, E. Leyequien, y A. Rodríguez. «El Atlas Etnoecológico de México y Centroamérica: Fundamentos, Métodos y Resultados.» Etnoecológica 6, n.o 8 (2001): 7-41.
Toledo, V., y M. González de Molina. «El metabolismo social: las
relaciones entre la sociedad y la naturaleza». En El paradigma ecológico en las ciencias sociales., editado por F.
Garrido, M. González de Molina, J. Serrano, y J. Solana.
Barcelona: Icaria, 2007.
Toledo, Víctor, Narciso Barrera Bassols, Eduardo García Frapolli, y Pablo Alarcón Chaires. «Uso múltiple y biodiversidad entre los mayas yucatecos (México)». Interciencia
33, n.o 5 (2008).
Toledo, Víctor M., y Narciso Barrera Bassols. La memoria biocultural: la importancia ecológica de la sabidurías tradicionales. Perspectivas agroecológicas. Barcelona: Icaria
Editorial, 2008.
Valencia Rivera, Rogelio. «Aj atz’aam, “los de la sal”. El uso de
la sal en la ciudad maya de Calakmul». Estudios de Cultura Maya 55 (2020): 11-40. https://doi.org/10.19130/iifl.
ecm.2020.55.0001.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
124
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

�Adi Lazos, Jonathan Cruz y Rafael Falla

Verdier, Nicolas. «La memoria de los lugares: entre espacios de
la historia y territorios de la geografía». En Lenguajes y
visiones del paisaje y del territorio, editado por N. Ortega
Cantero, J. García Álvarez, y M. Ruiz-Gómez, 209-17.
UAM, 2010.
Vilá, Bibiana, Ana Maria Areco, y Yanina Arzamendia. «Niños y
niñas en la cueva: incluyendo el patrimonio biocultural en
la escuela». Revista Etnobiología 21, n.o 3 (2023): 115-30.
Villanueva, Felipe. «Visita al templo de San Mateo Apóstol, en
Kiní. Camarín: majestuoso santuario.» Novedades Yucatán, 28 de febrero de 1999, sec. Especial.
Zamudio Ceballos, Hellen Yurani. «Reencantamiento social con
el patrimonio biocultural mediante una estrategia de diseño para la innovación social. Estudio de caso: creatividad
infantil», 196-207, 2019. https://doi.org/10.53972/RAD.
eifd.2019.2.22.
Zuleta, Maria Cecilia. «Hacienda Pública y exportación henequenera en Yucatán, 1880-1910». Historia Mexicana 54, n.o
1 (2004): 179-247.

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

125

�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán
separatista (1839-1843)
The orientales and the tropical forest during the separatist
Yucatan (1839-1843)
José Ángel Koyoc Kú
Colectivo K’ajlay
Yucatán, México

https://orcid.org/0000-0002-9917-8882
Recibido: 10 de septiembre de 2024
Aceptado: 19 de diciembre de 2024

Resumen: El objetivo de este artículo es analizar la relación entre los
combatientes irregulares denominados orientales y el bosque tropical
de la Península de Yucatán entre los años de 1839 y 1843. Las fuentes
utilizadas para realizar este artículo son en su mayoría partes de guerra
e interrogatorios a oficiales mexicanos procesados por las acciones
efectuadas durante la campaña. A través del análisis de esta relación
podremos ver la forma en la que este periodo fue importante para que
un contingente de combatientes yucatecos se adaptara a combatir entre
la vegetación del bosque tropical y aprendiera a utilizar los recursos
que podían obtener de él para conseguir sus fines militares. El bosque
tropical, presente tanto en el oriente como en el occidente de la
Península, propició que los orientales desarrollaran un tipo de combatir
disperso entre la vegetación, lo que los distinguió de gran parte de las
tropas yucatecas.
Palabras clave: historia forestal; bosque tropical; indígenas; guerra;
milicia.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

126

�José Koyoc Kú

Abstract: The objective of this article is to analyze the relationship
between the irregular combatants called orientales and the tropical
forest of the Yucatan Peninsula between the years of 1839 and 1843.
The sources used to write this article are mostly war reports and
interrogations of Mexican officers prosecuted for actions carried out
during the campaign. Through the analysis of this relationship we will
be able to see the way in which this period was important for a contingent
of Yucatecan combatants to adapt to fighting among the vegetation of
the tropical forest and learn to use the resources they could obtain from
it to achieve their military goals. The tropical forest, present in both the
east and west of the Peninsula, allowed the orientales to develop a type
of combat dispersed among the vegetation, which distinguished them
from a large part of the Yucatecan troops.
Key words: forest history, tropical forest, indigenous, warfare, militia.

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

127

�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

El bosque tropical ha tenido una presencia ubicua en los
textos encargados de abordar los procesos sociales, políticos y
económicos del siglo XIX en Yucatán, sobre todo aquellos que
han estudiado el periodo conocido como la Guerra de “Castas”.1
A pesar de las contribuciones que se han hecho a lo largo de estas
décadas aún quedan muchos temas para investigar e indagar sobre
la relación entre los humanos y el bosque tropical en la Península
de Yucatán. Uno de estos tiene que ver con los cambios que los
conflictos bélicos han impreso a esta longeva relación. Aunque
frecuentemente se refiere al bosque tropical como escenario de
resistencias e insurgencias de los mayas pocas veces se señalan
estos cambios y transformaciones y en muchas ocasiones el
bosque es meramente tratado como un escenario de los conflictos.2
Ver por ejemplo la historiografía de las últimas décadas sobre el conflicto
en donde se hace referencia al bosque tropical y los montes de los pueblos
mayas de la época: Gabriel Macías Zapata, “Cortar la orilla de la tierra: La
desamortización y los pueblos de mayas pacificados de campeche y pacíficos de Yucatán durante la guerra de castas” (Tesis de doctorado, Universidad
Nacional Autónoma de México, 2013), http://ru.atheneadigital.filos.unam.mx/
jspui/handle/FFYL_UNAM/5016_TD61; Lorena Careaga Viliesid, Hierofanía combatiente: lucha, simbolismo y religiosidad en la Guerra de Castas
(Chetumal: Universidad de Quintana Roo, 1998); Martha Villalobos González, El bosque sitiado: asaltos armados, concesiones forestales y estrategias
de resistencia durante la Guerra de Castas (México: CIESAS, CONACULTA, Miguel Ángel Porrúa, INAH, 2006); Teresa Ramayo Lanz, Los mayas
pacíficos de Campeche (México, D. F.: Universidad Autónoma de Campeche,
CONACYT, 2014).
2
Sobre el monte y la resistencia de los mayas puede consultarse: Inés Ortiz
Yam, “Los montes yucatecos: la percepción de un espacio en las fuentes coloniales”, en Antje Gunsenheimer, Tsubasa Okoshi y John Chuchiak (edrs.), Text
and Context: Yucatec Maya Literature in a Diachronic Perspective (Aachen:
1

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

128

�José Koyoc Kú

Historiadores ambientales como John McNeill habían
señalado ya desde hace varias décadas el vínculo entre la
historia militar y la historia ambiental, enfatizando la relación
entre las guerras y los bosques. McNeill llamó a atención sobre
la importancia de los bosques como fuentes de materia prima,
su impacto en la manera en que las guerras se efectuaban y la
influencia de los combates y la preparación de los conflictos en la
vegetación. Este historiador propuso temáticas que tenían que ver
con la manera en que los bosques influyeron en la guerra de tres
maneras específicas: siendo un obstáculo a la movilidad de los
combatientes, siendo una cobertura para los movimientos de las
tropas y finalmente en cómo los bosques configuraron la misma
manera de luchar.3
En este texto exploro la forma en la que el bosque
tropical influyó en los conflictos bélicos del periodo del Yucatán
separatista (1839-1843), poniendo énfasis en la experiencia de un
grupo de combatientes que fue denominado en la época como los
“orientales”. Lo haré siguiendo la propuesta de McNeill, de tal
forma que me aproximaré a la manera que el bosque tropical se
convirtió en una fuente de materia prima para estos combatientes
y la forma en que se adaptaron a luchar entre la vegetación para
cubrir sus movimientos y hostigar de forma más efectiva a los
Shaker Verlag, 2009) 185-203 y Pedro Bracamonte y Sosa, La conquista inconclusa de Yucatán: los mayas de las montañas, 1560-1680 (Distrito Federal,
México: CIESAS, 2001).
3
John McNeill, “Woods and Warfare in World History” Environmental History 9, n.o 3 (2004): 388. https://doi.org/10.2307/3985766.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

129

�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

enemigos. Esto permitirá también mostrar la forma en que el
bosque tropical configuró los eventos y procesos históricos y no
fue un mero escenario para los eventos humanos.
María Zuleta, Melchor Campos y Justo Flores han
abordado la parte política y social vinculados con el periodo del
separatismo yucateco.4 La parte propiamente bélica apenas ha
sido abordada por el trabajo pionero de Terry Rugeley y Arturo
Taracena.5 En este texto no profundizaré en los aspectos políticos
y sociales, muy bien descritos por estos historiadores, sino en la
relación particular de los orientales con el bosque tropical.
La gran mayoría de los documentos que usé para realizar
este artículo fueron obtenidos en el Archivo General del Estado
de Yucatán y el Archivo Histórico de la Secretaría de la Defensa
Nacional. También consulté diferentes periódicos e impresos de
la época. Estos documentos son partes militares y declaraciones
Ver por ejemplo los trabajos de Melchor Campos García, Que los yucatecos todos proclamen su independencia. Historia del secesionismo en Yucatán,
1821-1840 (Mérida: Universidad Autónoma de Yucatán, 2013); María Cecilia
Zuleta Miranda, “El federalismo en Yucatán: política y militarización (18401846)” Secuencia. Revista de historia y ciencias sociales 31 (1995): 23-50; y
Justo Miguel Flores Escalante, Soberanía y excepcionalidad, la integración
de Yucatán al estado mexicano, 1821-1848 (México: El Colegio de México,
2017).
5
Terry Rugeley, “Repúblicas contrapuestas: Yucatán y la invasión mexicana de 1842-1843” Chacmool 3 (2004): 104-22; Arturo Taracena Arreola, De
héroes olvidados. Santiago Imán, los huites y los antecedentes de la Guerra de
Castas (México, D. F.: CEPHCIS UNAM, 2013) https://www.cephcis.unam.
mx/wp-content/uploads/2020/04/19-de-heroes-olvidados.pdf y ““Esas tropas
orientales, esos güites de Imán”. Guerrilleros mayas en el Yucatán separatista”
Mesoamérica 34, n.o 55 (2013): 1-26.
4

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

130

�José Koyoc Kú

de oficiales que intervinieron en los combates. Siguiendo la
propuesta de Lorena Careaga en su estudio sobre la Guerra
de Castas durante la década de 1850, en este texto reproduzco
fragmentos con una extensión considerable de los partes
militares, no solo para ilustrar mis argumentos sino también
para dar a conocer una documentación que apenas ha sido usada
por los historiadores que estudian el periodo. He actualizado y
corregido la ortografía.6
A lo largo del texto me referiré con el término “orientales”
a un grupo de combatientes irregulares, reclutados por diferentes
caudillos del este de Yucatán y que estuvo conformado por
campesinos y artesanos mayahablantes de los pueblos de frontera,
desertores y contrabandistas. Al ser un grupo irregular en muchos
momentos es complicado seguir la trayectoria de sus líderes, su
composición y la cantidad de insurgentes movilizados. Como
señala Alejandro Rabinovich este tipo de fuerzas armadas, que
abundaron en muchas regiones latinoamericanas, dejaron pocos
registros escritos, al no depender propiamente de un Estado
nacional.7 Como señala Arturo Taracena el término “huites” fue
usado por los “no mayas para designar a los combatientes de La
Montaña oriental bajo las órdenes de Imán y sus subalternos”.8
Aunque los oficiales mexicanos se refirieron a una parte de estos
Careaga, Hierofanía combatiente, 20.
Alejandro Rabinovich. “De la historia militar a la historia de la guerra.
Aportes y propuestas para el estudio de la guerra en los márgenes” Corpus, Vol.
5, No. 1 (30 de junio de 2015). https://doi.org/10.4000/corpusarchivos.1397.
8
Taracena, Esas tropas orientales, 12.
6
7

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

131

�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

combatientes con tal término he elegido el de “orientales” debido a
que la prensa yucateca, los oficiales yucatecos, y ellos mismos, así
se denominaron, además de que esta palabra llegó a abarcar también
a los no combatientes que cooperaban en acciones de guerra, que
como mostraré fueron importantes en el esfuerzo bélico.
De la misma manera me refiero con el término de bosque
tropical a aquella vegetación caracterizada como “bosque” por los
documentos de la época. Aunque también se usaba el término de
monte y montaña para hacer referencia a la vegetación peninsular
he elegido el término de bosque tropical para estar en consonancia
con los señalado por los actores que elaboraron los documentos
de la época.
Este artículo está organizado de forma cronológica, de tal
manera que se encuentra dividido en dos partes: la primera que
hace referencia a la lucha entre los federalistas contra el ejército
centralista de la Península entre 1839 y 1840 y posteriormente
una sección que aborda la guerra que enfrentó a yucatecos contra
mexicanos entre 1842 y 1843.
Los orientales bajo Santiago Imán: de los bosques
del este a los del oeste
En 1839 el capitán Santiago Imán se rebeló en el oriente de
Yucatán enarbolando la bandera del federalismo. La alianza con un
grupo de actores de la frontera dio origen a un grupo de combate
irregular que se denominó con el tiempo como “orientales”, un
grupo compuesto por campesinos y artesanos mayas, desertores
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

132

�José Koyoc Kú

y contrabandistas de la frontera este de la Península de Yucatán.
Terry Rugeley describió a este grupo como“un grupo violento
integrado por los elementos pobres de la sociedad rural: mestizos,
desertores, simpatizantes del vecindario, y sobre todo campesinos
mayas”.9
Fue durante la rebelión de Santiago Imán que los
insurgentes federalistas comenzaron a usar la vegetación como
cobertura para nivelar la evidente asimetría entre una milicia
insurgente improvisada y el ejército profesional centralista. Este
es un uso que a menudo se le ha dado al bosque tropical.10 El
combate de San Fernando Ake es bastante ilustrativo del tema.
Tras las primeras noticias del alzamiento el comandante general
del departamento Joaquín Rivas Zayas envió una división
compuesta por infantería y caballería para enfrentarse a los
sublevados federalistas. Los registros de los combates quedaron
en los partes rendidos por Roberto Rivas, oficial del Tercer
Batallón Activo. Rivas señaló en primera instancia el uso de
emboscadas para enfrentarse a la infantería centralista, así como
lo que parece ser el uso de albarradas entre la vegetación que
permitieron sorprender en un primer momento a la avanzada de
la infantería de milicia activa:
Serían las 8 o 9 de la mañana. cuando ya en los términos de la
población y a poca distancia de ella, una emboscada situada al
Rugeley, Terry. “En busca de Santiago Imán. El caudillo de Tizimín, I”
Unicornio. Suplemento dominical del Por Esto!, 21 de febrero de 1999, 6.
10
McNeill, “Woods and warfare”, 400.
9

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

133

�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

lado derecho del camino, atrincherada en una albarrada doble y
de la que no tenía noticia, sorprendió la guerrilla de vanguardia
rompiéndole un fuego vivísimo que no esperaba uno de la
trinchera que iba a descubrir y aquí fue necesario comenzar la
acción atendiendo a los fuegos que nos hacían de una parte y
otra, sosteniéndolo por 2 o 3 horas.11

La infantería de Rivas logró avanzar tomando la trinchera
y tras el ataque coordinado de la columna del capitán Alonso
Aznar, quien mandaba la caballería, los insurgentes federalistas
se retiraron: “aterrados por la valentía y denuedo con que el
citado capitán se dirigía sobre ellos abandonaron la pieza,
metiéndose desordenadamente en la espesura de los montes
donde no era posible perseguirlos ni hacerles ningún prisionero
por lo intransitable de ellos”.12 Para Rivas, como para muchos
oficiales yucatecos, la vegetación del bosque tropical resultaba un
obstáculo infranqueable.
La “victoria” de los centralistas fue endeble precisamente
debido a que a los insurgentes federalistas de Imán lograron
reagruparse y usaron la cobertura de la vegetación para tender
emboscadas y escapar a la persecución de la milicia centralista.
Los bosques orientales eran ya antes del pronunciamiento de
Imán una zona donde se refugiaban contrabandistas, desertores e
Joaquín Rivas al ministro de guerra y marina, Campeche, 3 de julio de
1839. Archivo Histórico de la Secretaría de la Defensa Nacional (en adelante
AHSDN), Operaciones Militares, XI/481.3/1344, ff. 12-15.
12
Joaquín Rivas al ministro de guerra y marina, Campeche, 3 de julio de
1839. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1344, f. 13.
11

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

134

�José Koyoc Kú

indígenas que huían de las cargas republicanas.13 Mucho tiempo
atrás también había sido refugio de mayas que huían de los
pesados tributos coloniales.14
Este tipo de tácticas fueron referidas por el oficial Tomás
Requena en enero de 1840. Requena señalaba que los insurgentes
federalistas resistieron por un tiempo prolongado:
… colocando sus emboscadas, trincheras y defensas en
puntos a propósito desde los cuales se dirigen por debajo
del bosque al paraje convenido para su reunión inmediata.
Mantiénense ocultos en esas montañas, en terrenos quebrados
o en hondonadas - que se llaman hoyas en el país-, y desde
estas guaridas reciben avisos puntuales de lo que pasa en sus
inmediaciones, ya por los mozos de los ranchos, que les temen
o son adictos, ya por espías de ellos mismos escogidos entre los
indígenas, que son tenidos por sospechosos en los poblados.15

Unos meses después esta estrategia permitió a los
rebeldes federalistas reagruparse y ocupar Valladolid.16 Aunque
este combate fue breve hay datos reveladores que señalan que
para este momento los insurgentes tenían acceso a armas de
fuego y pertrechos militares. Una pieza de artillería les había sido
remitida desde Bacalar mientras que pólvora y cuatro cajas de
Taracena, Esas tropas orientales, 8.
Pedro Bracamonte y Sosa, Ensayo sobre la servidumbre el fracaso del
“capitalismo” en México (México, D. F.: CIESAS, Miguel Ángel Porrúa,
2019) 220.
15
Comandancia militar del distrito de Valladolid. 11 de enero de 1840, citado
en Bracamonte, Ensayo sobre la servidumbre, 219.
16
Los detalles del curso de la guerra pueden consultarse en Rugeley, “En
busca de Santiago Imán”, 5-7.
13
14

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

135

�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

fusiles habían llegado de Tihosuco y Río Lagartos. Además “un
sin número de indígenas” auxiliaba a los rebeldes en el transporte
de pertrechos y la construcción de trincheras.17
Cuando las guarniciones de oficiales de la milicia activa y
el ejército permanente se pronunciaron en Mérida y otras partes
del estado a favor del federalismo el objetivo fue marchar hacia
Campeche. Estos eventos que sucedieron durante los primeros
meses de 1840 marcaron el inicio de la experiencia de los orientales
con el bosque tropical del oeste de la Península de Yucatán. Las
tropas federalistas partieron de la capital a principios de marzo.
El 6 salió de Mérida la división del teniente coronel Sebastián
López de Llergo con rumbo a Campeche. A esta división se
unió la sección de las “tropas del Oriente” que comandaba Vito
Pacheco.18 Posteriormente y en las vísperas del ataque del ejército
centralista a Tenabo Santiago Imán y las tropas del oriente
hicieron su entrada a esta última villa.19 Según el oficial Felipe de
la Cámara Zavala la división comandada por Llergo se componía
de compañías de los batallones activos primero, segundo y
tercero, parte del escuadrón permanente de caballería y la brigada
de artillería de la guardia nacional de reciente creación, es decir,
Manuel Eusebio Molina al comandante general del departamento de
Yucatán, Espita, 7 de febrero de 1840. AHSDN, Operaciones Militares,
XI/481.3/1546 I, ff. 33-33v. Taracena, Esas tropas orientales, 8.
18
Serapio Baqueiro, Ensayo histórico sobre las revoluciones de Yucatán desde el año de 1840 hasta 1864. Vol. 1 (Mérida, Yucatán: Imprenta de Gil Canto,
1871), 29.
19
Baqueiro, Ensayo histórico, 29-30
17

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

136

�José Koyoc Kú

de los milicianos que habían recibido entrenamiento previo y
tenían una organización definida por las ordenanzas militares.20
Por su parte las tropas comandadas por Imán elevaba su número
a mil quinientos hombres y estaban caracterizados por agrupar a
combatientes de diferentes orígenes y con oficiales que construían
su liderazgo a partir del caudillismo carismático. Pastor Gamboa,
Vito Pacheco, y José Almeida fueron identificados como los jefes
principales de un grupo compuesto por “huitzees”, desertores, e
“indios del Oriente”.21
Los restos de las fuerzas armadas centralistas se
habían refugiado en Campeche. Azotados por las deserciones
y amenazados por rumores de conspiración el comandante
general Rivas Zayas solicitó refuerzos que llegaron de
Veracruz. Los refuerzos que recibió, si bien incluían tropas
profesionales, estaban integradas por conscriptos enviados a
servir de forma forzosa en los batallones permanentes, varios
de ellos, prisioneros del combate de Acajete.22 A pesar de ello,
confiado en el entrenamiento de las fuerzas permanentes y
en la creencia de que las tropas mandadas por Imán y Llergo
serían rápidamente derrotadas Zayas salió de Campeche, según
su mismo parte, con 583 hombres de las tres armas y cuatro
Felipe de Cámara y Zavala, Memorias de don Felipe de la Cámara y Zavala: 1836-1841 (México: Yucalpetén, 1975) 61.
21
Cámara, Memorias, 61. Un análisis del liderazgo de los caudillos orientales puede encontrarse en Taracena, Esas tropas orientales, 20-ss.
22
Joaquín Rivas Zayas al ministro de guerra y marina, Campeche, 23 de abril
de 1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 III, ff. 524-525.
20

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

137

�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

piezas de artillería. Mientras tanto, las fuerzas federalistas que
habían avanzado hasta Hampolol para intentar sitiar Campeche
se replegaron a Tenabo, considerando que el primer sitio ofrecía
pocos beneficios para resistir a la milicia centralista. La creencia
en una rápida victoria la expresó Tomás Requena en una carta
enviada a Rivas Zayas: “Llergo, Imán y demás cabecillas estaban
en Tenabo y Hecelchakan: indudablemente serán arrollados por
la mala calidad de sus tropas, no obstante que tienen la ventaja
de la posición.”23
Los combates en los alrededores de Tenabo reflejan que
los insurgentes federalistas continuaron usando las tácticas con
las que habían enfrentado a la milicia centralista en los bosques
tropicales del este de la Península. Usaron los árboles espinosos
para fortificar de forma más eficaz las trincheras, cavaron fosos
y se dispersaron en tiradores entre la vegetación para desgastar a
los adversarios. Así lo describe el comandante general al enfrentar
en primer lugar a los orientales en Santa Rosa: “(l)egua y media
antes de este ultimo punto encontré interceptado el único camino
que a él conduce con piedras, troncos, espinos, pozos y toda
clase de obstáculos, pero la tropa todo lo superó”. Posteriormente
Rivas Zayas señaló la manera en la que el bosque tropical unido
a los parapetos fue usado por las tropas defensoras para resistir
en los días siguientes en los alrededores de Tenabo. Los tiradores
orientales, amparados en el bosque, hostigaron a la milicia
Carta de Tomás Requena, Campeche, 26 de marzo de 1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 I, f. 215-215v.
23

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

138

�José Koyoc Kú

centralista mientras intentaba colocar una batería: “operación
que se ejecutó en medio del fuego que incesantemente hacían
las numerosas guerrillas que situaron en los bosques de que se
compone todo aquel terreno las cuales fueron siempre rechazadas
con perdida”. El hostigamiento a las posiciones de los centralistas
se mantuvo durante los días subsiguientes.24
Aunque Rivas Zayas omitió señalar la forma en que los
asaltos de la infantería federalista hicieron mella en su reducida
división lo cierto es que debido a las condiciones del clima y a la
imposibilidad de tomar por asalto las posiciones enemigas tuvo
que retirarse. De particular importancia fue lo que señaló acerca
de la manera en que los árboles espinosos fueron un obstáculo
infranqueable:
Careciendo pues de fuego de artillería que sostuviese las
operaciones de la infantería, careciendo también de toda clase
de auxilios de boca pues que insurreccionado todo el país
alrededor de mi posición no había tenido el soldado hacia
dos días otro alimento que carne, la tropa toda sin habitación
ni descanso, de día ni de noche, en este rigoroso clima y
considerando que aun estaban intactas las defensas y obstáculos
con que el enemigo había rodeado de mas cerca su posesión y
que consistían en talas espesas de espinos y dos fosos; con el
parecer de la mayoría de los jefes de la división emprendí mi
retirada el veinte y siete en la noche.25
Joaquín Rivas Zayas al ministro de guerra y marina, Campeche, 30 de
marzo de 1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 III, f. 518v;
Taracena, De héroes olvidados, 128.
25
Joaquín Rivas Zayas al ministro de guerra y marina, Campeche, 30 de marzo
de 1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 III, ff. 518v-519.
24

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

139

�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

Tras la retirada de Zayas, la milicia de Llergo y la de
Imán avanzaron para sitiar la ciudad fortificada de Campeche.
Zayas había sido reducido únicamente a la división de auxilio de
Veracruz sufriendo recurrentes deserciones de todas las unidades.
Mientras el puerto era aislado por mar la milicia de Imán y Llergo
rodearon a Campeche. Llergo dando un rodeo se dirigió a Lerma
mientras Imán tomó el barrio de Santa Lucía y el rumbo de Calá.26
Aunque no existieron grandes combates la experiencia
del sitio de Campeche permitió a los orientales perfeccionar la
confección de emboscadas y la organización de partidas para
hostilizar al enemigo amparados en la vegetación. Félix Reyes,
comandante del escuadrón activo de Veracruz, fue emboscado
a principios de mayo mientras exploraba los alrededores de Río
Verde, Calá y Chiná. Con poco más de quince soldados salió a
reconocer las posiciones de los insurgentes:
me dirigí para esta plaza [Campeche] y al llegar al cabo del
barrio de Santa Lucía hizo fuego el enemigo por retaguardia,
ordené a los dragones contestasen en retirada, hasta llegar a una
especie de tala que había formada en el camino, haciéndome
igualmente fuego una emboscada que se hallaba a vanguardia,
esta y el obstáculo expresado, desorganizó a la tropa en forma
de no poderla reunir a pesar de mis esfuerzos, tomando unos,
unas veredas y otros otras, según lo permitía el bosque, pues
solo yo pude llegar a la hacienda de la Escalera.27
Baqueiro, Ensayo histórico, 31.
Gabriel Valencia al ministro de guerra y marina, México, 9 de mayo de
1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 II, ff. 302-303.
26
27

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

140

�José Koyoc Kú

Posteriormente se supo que fueron los habitantes
reclutados por los federalistas quienes realizaron la importante
y central tarea de poder obstruir los caminos y veredas para
posibilitar las emboscadas. Joaquín Rivas Zayas reportaba al
ministro de la guerra tal actitud:
El jefe de los pronunciados Don Santiago Imán al dar cuenta de
haber sorprendido a una partida de caballería que salió de esta
plaza el día 17 de que tengo dado a V. E. conocimiento, asegura
que el buen éxito de la acción fue debido a la cooperación de
los vecinos de Santa Lucía, y a la parte muy activa que tomaron
hasta las mujeres del mismo ayudando a cerrar los caminos y
veredas que se dirigían a la plaza.28

El reclutamiento de los habitantes de los barrios fue
central ya que permitió a Imán poder aumentar sus fuerzas no
solo con insurgentes con experiencia militar sino también con
expertos conocedores del territorio. Para un tipo de combate que
dependía del conocimiento de los bosques de los alrededores esto
era de vital importancia, como señala Rivas Zayas:
Los vecinos del expresado barrio [de San Francisco] y de
los de Santa Lucía, Guadalupe y Santa Ana se presentaron
espontáneamente al cabecilla Imán, que los armó y organizó
en compañías, proporcionándose así un refuerzo de cerca de
quinientos hombres, decididos, entusiastas, prácticos del país
y diestros en el manejo de las armas por haber sido cívicos
los más de ellos, o del batallón de defensores que levantó é
instruyó cuando la guerra de los franceses.29
Joaquín Rivas Zayas al ministro de guerra y marina, Campeche, 30 de abril
de 1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 II, f. 397.
29
Joaquín Rivas Zayas al ministro de guerra y marina, Campeche, 4 de mayo
28

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

141

�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

Parte del éxito de los insurgentes federalistas radicó en la
rendición de los reductos de San Miguel y San José. La división
de Santiago Imán se encargó, a través de diferentes estrategias,
de asediar este último. Para ello usó la vegetación que crecía en
la ladera del cerro y así aislar a la guarnición impidiendo que
pudieran tener acceso al agua. Faustino Molina lo expuso de esta
manera cuando justificó su rendición:
…de hallarnos hace cuarenta y ocho horas tan escasos de agua
que ni aun para poner los ranchos de carne salada y ministra
hay absolutamente, hallándose seco un aljibe y pozo inmediato,
rodeados de enemigos que en gran número y a cubierto por
la falda de este cerro impiden absolutamente proveernos de
este recurso de primera necesidad y que habiendo intentado
por nuestra parte tomarla en los pozos inmediatos y de los
cuales está posesionado el enemigo han sido batidas nuestras
guerrilla en que se han perdido tres hombres que consideramos
dispersos.30

Con los fuertes exteriores tomados por la milicia
federalista la espesa vegetación que rodeaba a las murallas y
baluartes del puerto terminaron por ser un obstáculo para los
defensores que eran incapaces de poder eliminar a los tiradores
que estrechaban el cerco a Campeche tomando posiciones en los
barrios y resguardándose entre la vegetación circundante. Rivas
Zayas lo detalló de esta manera:
de 1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 II, f. 493.
30
Copia de la capitulación del reducto de San José, Campeche, 14 de mayo
de 1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 II, ff. 325-325v.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

142

�José Koyoc Kú

El 29 [de abril] ocupó y fortificó otra sección enemiga el barrio
de Santa Ana poderosamente auxiliada del vecindario y a
pesar del fuego de cañón y obús de esta plaza, de poquísima
eficacia por las muchas casas intermedias de mampostería y la
espesísima arboleda que encubre los objetos á tiros de pistola
de la muralla.31

El puerto de Campeche cayó finalmente en poder de
los federalistas en mayo de 1840. Sin embargo, este evento no
marcó la desmovilización total de las secciones de oriente que no
tardaron en ser llamados a las armas de nuevo.
La invasión centralista a la Península de Yucatán (1842-43)
Los orientales volvieron a tomar las armas una vez que el ejército
centralista mexicano invadió la Península de Yucatán a mediados
de 1842. La reactivación del conflicto bélico generó una amplia
movilización que incluyó la organización de las pocas tropas
permanentes, las milicias locales, la movilización de los paisanos
y de otras tropas irregulares como las secciones de orientales. Los
combatientes del oriente que combatieron en Campeche fueron
descritos por Serapio Baqueiro de la siguiente forma:
Los indios del partido de Tihosuco, acaudillados por el teniente
coronel Vito Pacheco, ocupaban unas arquerías frente a la
puerta de Guadalupe, los de Valladolid se hallaban en la iglesia
de San Francisquito a las ordenes del coronel Pastor Gamboa,
de cuyo puesto salió éste como á las ocho de la mañana, y
recorrió las calles principales montado en un caballo blanco,
Joaquín Rivas Zayas al ministro de guerra y marina, Campeche, 4 de mayo
de 1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 II, f. 497v.
31

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

143

�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

sin camisa, con los calzoncillos arrollados, armado de machete,
y cubierto el sombrero con cintas de diferentes colores, que le
daban el aspecto de un salvaje guerrero.32

Desde 1841 los militares yucatecos, ante la inminencia de
un conflicto armado, no solo comenzaron a reclutar tropas, sino
también adquirieron armas y todo tipo de pertrechos bélicos. Este
aspecto es sumamente importante ya que permitió a los orientales,
a través de su alianza con los caudillos federalistas y separatistas
yucatecos, el acceso a más armas de fuego. Por referencias de los
oficiales mexicanos que combatieron contra los orientales, estas
tropas habrían tenido un armamento diferenciado. El general
Francisco Pacheco, quien se enfrentó en innumerables ocasiones
a los orientales al ser comandante de la primera brigada de la
División de Operaciones sobre Yucatán, aseguró durante un
interrogatorio que “a los indios los emborrachaban para que no
se resistiesen a entrar, los cuales tenían un armamento selecto”.33
Pacheco quizá se estaba refiriendo a que los orientales
combatían con armamento diferenciado típico de la infantería
ligera. El fusil Berkely fue usado por diferentes ejércitos del
siglo XIX para equipar a sus infantes. Esta arma era más precisa
que el mosquete Brown Bess. Las compañías de infantería ligera
del ejército mexicano del siglo XIX se encontraban equipadas
Serapio Baqueiro, Rasgo biográfico del general López de Llergo (Mérida:
Tipografía de G. Canto, 1898), 19.
33
Declaración de Francisco Pacheco, México, 25 de octubre de 1843.
AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1991, f. 189v.
32

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

144

�José Koyoc Kú

con este tipo de armas.34 Las referencias sobre el armamento
adquirido por diferentes oficiales y agentes en Estados Unidos
y Nueva Orleans es bastante parco y poco preciso. El primer
cargamento de armas llegó en marzo de 1841 producto de la
comisión del gobierno del estado a Martín Francisco Peraza. Este
remitió desde Nueva Orleáns 678 armas entre fusiles franceses,
ingleses y estadounidenses y carabinas para artilleros. En abril de
1841 se recibieron setecientos fusiles de fabricación francesa y
estadounidense. Finalmente el comandante de la armada yucateca
Pablo Celaráin introdujo mil seiscientos fusiles, sin bayonetas, de
fabricación inglesa adquiridos en Europa.35
La guerra se libró en dos frentes. Una primera parte se
libró en las costas campechanas. El ejército mexicano intentó
sitiar desde finales de 1842 el puerto amurallado de Campeche,
desembarcando en Isla del Carmen y avanzando posteriormente
Jospeh Hefter, The Mexican Solder 1837-1847 (Oklahoma: The Virtual
Armchair General, 2008) 11. El fusil Baker ganó amplia popularidad entre la
infantería británica y los tiradores especializados eran equipados con este fusil.
Durante el siglo XIX diferentes unidades de infantería ligera fueron equipados
con esta arma en el hemisferio occidental. Ver: Németh, Balázs, Early Military
Rifles, 1740-1850 (Oxford: Osprey Publishing, 2020).
35
Noticia del armamento recibido de N. Orleáns en la Goleta Rosario. Campeche, 14 de abril de 1841. Archivo General del Estado de Yucatán (en adelante AGEY), Poder Ejecutivo, Milicia, v. 4, e. 85. José Cadenas al secretario de
guerra y marina del estado de Yucatán, Campeche, 30 de noviembre de 1841.
AGEY, Poder Ejecutivo, Milicia, v. 6, e. 122. Factura de las armas remitidas
por Francisco Martín Peraza desde Nueva Orleans, Mérida, 24 de marzo de
1841. AGEY, Poder Ejecutivo, Milicia, v. 6, e. 133. Rugeley, Repúblicas contrapuestas, 106.
34

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

145

�Mapa 1. Detalle de un plano en donde se puede ver las posiciones ocupadas por el ejército mexicano en torno a
Campeche. S/a, c. 1843. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1993, f. 265.

Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

146

�José Koyoc Kú

por Seybaplaya, Champotón y Lerma. Los combates y escaramuzas
se registraron en torno a las murallas de Campeche en los puestos
avanzados de la Eminencia, las fortificaciones de San Luis y San
Miguel y los barrios de Santa Ana y San Román (VER MAPA 1).
Tras largos intentos y fracasos reiterados una brigada compuesta
por compañías selectas de los batallones mexicanos intentó
tomar Mérida en marzo de 1843, desembarcando por Telchac y
avanzando sucesivamente por Motul, Tixkokob y Pacabtún, hasta
terminar capitulando en Tixpéual.36
Los oficiales mexicanos dieron cuenta de la presencia
dominante del bosque tropical en el paisaje peninsular. El
oficial de artillería Manuel Plovvez describió los alrededores de
Campeche como “un terreno montañoso, muy irregular y lleno de
bosques, sin agua potable en lugar conocido a la vez que marcada
por la huella de multitudes de veredas que se cruzan en todas
direcciones”.37 Joaquín Morlet, encargado de realizar diferentes
incursiones en los alrededores de Chiná aseguró que “lo boscoso
del camino y alturas” de los alrededores del pueblo obligaban a
que en caso de realizarse cualquier expedición por el rumbo debía
hacerse con varios de cientos de soldados y con experiencia, a
riesgo de sufrir una derrota.38
Los detalles políticos del curso de la guerra pueden consultarse en Rugeley, Repúblicas contrapuestas.
37
Declaración de Manuel Plovvez, Puebla, 25 de octubre de 1843. AHSDN,
Operaciones Militares, XI/481.3/1991, f. 281.
38
Joaquín Morlet a Matías de la Peña, Chulbac, 17 de febrero de 1843.
AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1987, f. 266.
36

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

147

�Mapa 2. Detalle de un plano de 1722 en donde se puede observar la vegetación alrededor de la vigía de Telchac
y el litoral yucateco. “Plano de parte de la costa de Yucathan, su capital la ciud[ad] de Mérida, con los pueblos
que señala. La que visitó su Gov[ernad]or y Cap[itá]n Gen[era]l D[o]n Antonio de Cortayre. Año de 1722”,
1722, Archivo General de Indias, MP-México, 119.

Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

148

�José Koyoc Kú

Nicolás de la Portilla, mayor de órdenes de la brigada sobre
Mérida, describió brevemente el paisaje que recorrió el ejército
mexicano en el norte de la Península. Sobre el paisaje que cubría
los alrededores de Telchac dijo que “la situación de la vigía [de
Telchac] no era ventajosa para defenderse por que tenía muchos
bosques a sus inmediaciones”, algo que ya habían reflejado los
cartógrafos del siglo XVIII (VER MAPA 2). Los caminos que
recorrieron en torno a Motul y Tixkokob se encontraban también
cubiertos de bosque. El oficial señaló que “de Telchac a Motul
que son cuatro leguas, el camino estaba bueno con bosques a
derecha e izquierda” mientras que el de Tixkokob a Tixpéhual era
un camino estrecho “con bosque espeso a derecha e izquierda”.39
La mayoría de las acciones de guerra en donde intervinieron
los orientales fueron escaramuzas que tenían el objetivo de
hostigar al enemigo y agotarlo. Matías de la Peña, encargado del
mando de la División desde finales de 1842, reflexionaba sobre la
frecuencia de los ataques de la milicia yucateca:
…el enemigo si nos tiroteaba a menudo, y algunos seguramente
por adular al poder, lo pintaban como insignificante cuando el
fue quien nos salió al encuentro en Umul, quien nos quiso quitar
la Eminencia el veinte y cinco de Noviembre, ocho y catorce de
Diciembre, quien nos atacó en Lerma, Chiná, Tixkokob; y en
diferentes pequeñas escaramuzas contra la Eminencia, pruebas
claras de su mucho numero y de su potencia.40
Declaración de Nicolás de la Portilla, Perote, 8 de agosto de 1843. AHSDN,
Operaciones Militares, XI/481.3/1987, ff. 36v, 33, 42v.
40
Declaración de Matías de la Peña, Perote, 28 de noviembre de 1843.
AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1987, f. 182.
39

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

149

�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

Los meses que pasaron las tropas mexicanas intentando
rodear la ciudad o deliberando asaltar algún punto débil en
el sistema de fortificaciones sirvieron a los orientales para
incrementar su experiencia de combate hostilizando al enemigo
e interactuando con la vegetación para tenerla también como
aliada. Un ejemplo de este tipo de escaramuzas fue publicada en
la prensa oficial yucateca que informaba en diciembre de 1842:
Nuestras divisiones guardan igualmente las [posiciones] suyas,
con el mejor orden y vigilancia. Las tropas auxiliares de D.
Pastor Gamboa molestan a menudo al enemigo con muy buenos
resultados […] Ayer al ponerse el sol se presentaron cuatro
desertores del enemigo, que eran del batallón de zapadores.
Unánimes declaran: que en las acciones del día 25 sufrieron
considerables destrozos: que los sufrían diariamente tanto en
Buenavista con los saludos de nuestras lanchas, en el camino de
Canisté con los frecuentes tiroteos de los guerrilleros, como en la
Eminencia con las balas y bombas que se le arrojan de la plaza.41

A mediados de diciembre de 1842, la prensa yucateca
detalló la forma en que los guerrilleros usaban los árboles como
cubierta y puesto avanzado. Además en el parte militar el coronel
Llergo dejó ver que los batallones de milicia local también podían
ser desplegados para hostilizar al enemigo mediante guerrillas:
El enemigo desde sus zanjas y parapetos dirigía sus fuegos de
fusil y metralla sobre nuestras tropas, sin habernos causado
otra desgracia, que la muerte de un soldado de la sección del
Sr. Gamboa y un herido de la misma. Como dichas guerrillas
“Campeche, sábado 3 de diciembre de 1842”, Periódico Oficial del Estado
de Yucatán, Mérida, 6 de diciembre de 1842, p. 3.
41

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

150

�José Koyoc Kú

se parapetaron con maestría de las cercas y árboles mayores
de los lugares inmediatos á la Eminencia, pudieron estar
resguardadas de dichos fuegos.- La guerrilla del primero local
que manda al guerrillero C. Pedro Jimenez, permaneció todo el
día observando y tiroteando al enemigo.42

Las espinas de los árboles que se extraían del bosque tropical
fueron descritas por los oficiales mexicanos que combatieron en los
alrededores de Campeche y tuvieron también un peso importante
a la hora de hacer impenetrables el ya de por sí robusto sistema de
fortificaciones de Campeche. Después de fracasar en su intento de
tomar el puerto amurallado durante los últimos meses de 1842 y los
primeros de 1843 los oficiales de más alta graduación valoraron las
defensas y la imposibilidad de tomar por asalto la ciudad abriendo
una brecha con poderosas piezas de artillería. Evaluando si era
mejor asaltar la posición fortificada de la Casa Mata o enviar una
columna a tomar Mérida los oficiales describieron a los espinos
como parte del dispositivo defensivo:
así es que verificado el ataque sin el auxilio de la batería traería
graves males, por la artillería que tiene el enemigo en el punto,
por sus gruesas paredes y parapetos, por espesas y dilatadas
talas de espinos y favorecidos por obras exteriores de campaña
situadas sobre su izquierda y en puntos dominantes todo en
combinación hacen el movimiento demasiado expuesto para
nuestras fuerzas.43
Sebastián López de Llergo al secretario del despacho de la guerra, Campeche, 19 de diciembre de 1842 en Periódico Oficial del Estado de Yucatán,
Mérida, 24 de diciembre de 1842, p. 2.
43
Acta de la reunión de generales, coroneles y comandantes, Fuerte de San Miguel, 3 de febrero de 1843. AHSDN, Operaciones Militares,
42

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

151

�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

Aunque una parte importante de la División de Operaciones
sobre Yucatán se dirigió a la costa norte para intentar ocupar
Mérida en marzo de 1843, otra sección quedó resguardando
los puntos tomados por el ejército mexicano. Esto se tradujo en
que la actividad guerrillera de los orientales y la de la milicia
campechana no se detuviera y los contingentes irregulares
siguieran acumulando experiencia. A finales de marzo el barrio de
San Román y La Eminencia seguían siendo escenarios de tiroteos
entre las fuerzas enfrentadas. En un parte del teniente coronel
Eulogio Rosado además se evidenció que las tropas yucatecas
intentaban sacar ventaja del clima peninsular para enfrentar a los
soldados y milicianos que provenían de regiones más templadas
de la república como Jalisco, Puebla, el Estado de México,
Oaxaca o Zacatecas:
Con el objeto de molestar al enemigo y en cumplimiento de
las instrucciones de V. S. relativas a este fin, dispuse que en
la mañana de hoy saliesen de esta campamento doscientos
hombres … Esta tropa unido a noventa hombres de varios
cuerpos que guarnecen la plaza … se dirigieron a la Eminencia,
dispuesto que fue por ellos el orden de ataque. Como el objeto
de estos tiroteos tiende a molestar al enemigo a horas en que
el calor los llegue a desesperar, se retiraron las tropas a sus
respectivos puestos a las tres de la tarde.44
XI/481.3/1969, f. 40.
44
José Cadenas al secretario de guerra y marina del estado de Yucatán, Campeche, 27 de marzo de 1843. AGEY, Poder Ejecutivo, Milicia. Otros registros
de ataques a La Eminencia por parte de la milicia local y los orientales puede
verse en AGEY, Poder Ejecutivo, Correspondencia Oficial, v. 2, e. 30.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

152

�José Koyoc Kú

Durante el conflicto los combates frontales fueron
esporádicos y cuando estos sucedieron, como en el caso de
Lerma, los orientales fueron usados por los comandantes
yucatecos, junto con los paisanos campechanos de las milicias
locales, para lanzar ataques de distracción a los enemigos. Así
sucedió el 25 de noviembre cuando los orientales de Gamboa y
la milicia mandada por Eulogio Rosado lanzaron un ataque sobre
Canisté y Buenavista, mientras el grueso de la infantería de línea
yucateca atacaba las trincheras mexicanas en La Eminencia.45 Lo
mismo sucedió durante uno de los combates más sangrientos de
la invasión, cuando los mexicanos tomaron el pueblo de Chiná
para intentar cortar los suministros del puerto amurallado. El
2 de febrero de 1842 las columnas guerrilleras del batallón 13
local comandado por Eulogio Rosado y la sección de orientales
al mando de Miguel Cámara tirotearon todo el día anterior a la
guarnición mexicana. 46
El único combate frontal entre los orientales y el ejército
mexicano sucedió al principio de la invasión el 11 de noviembre de
1842, cuando los guerrilleros emboscaron a la columna mexicana
que iba de camino a Lerma. Gamboa eligió las inmediaciones
del bosque perteneciente a la hacienda Umul para hostilizar la
Sebastián López de Llergo al secretario del despacho de guerra, Campeche, 19 de diciembre de 1842. Periódico Oficial del Estado de Yucatán, 24 de
diciembre de 1842, p. 1
46
Copia de Francisco Andrade al jefe de la División de Operaciones sobre Yucatán, Chiná, 3 de marzo de 1843. AHSDN, Operaciones Militares,
XI/481.3/1969, f. 54.
45

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

153

�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

marcha de los invasores. El general Vicente Miñón, en su parte al
ministro de la guerra especificó que en este primer enfrentamiento
las tropas de Pastor Gamboa habían usado la vegetación como
cubierta para intentar sorprender a la columna mexicana, reforzada
por parapetos construidos para obstruir el camino:
el enemigo que en gran número se hallaba parapetado sobre
el camino de Umul y posesionado del bosque sobre ambos
flancos, quiso impedir la marcha que sobre Lerma verificara
la primera brigada, al mando del S. Gral. D. Juan Morales. El
valor, conocimiento y prudencia de este interesante jefe nada
dejó que desear en todo sus disposiciones, durante las seis horas
que duró un tiroteo sostenido por ambas partes, al cabo de las
cuales los fuegos de nuestras piezas destruyeron las obras de
defensa del enemigo, obligándolo á una fuga vergonzosa.47

Esta forma de apropiarse de la vegetación tropical
contrastó con la actitud de los oficiales mexicanos y yucatecos
para quienes, en diferentes momentos del conflicto, el bosque
resultó ser un obstáculo. Durante el fallido contraataque yucateco
a Lerma en diciembre de 1842 la vegetación del bosque tropical
de los alrededores de Campeche retrasó la marcha de la columna,
que tuvo que abrirse paso abriendo brechas entre la vegetación,
llegando a la retaguardia mexicana ya cuando había aclarado el
sol, frustrado los planes de efectuar un ataque sorpresa.48 Cuando
el ataque fue rechazado por la reducida guarnición mexicana,
Vicente Miñón al ministro de guerra y marina, Lerma, 16 de noviembre de
1842. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1752, f. 1v
48
Alonso Aznar a Sebastián López de Llergo, Campeche, 19 de diciembre de
1842 en Periódico Oficial del Estado de Yucatán, 24 de diciembre de 1842, 1-3.
47

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

154

�José Koyoc Kú

los soldados mexicanos no se lanzaron en persecución de los
yucatecos, precisamente porque se habían internado en los
bosques de los alrededores, actitud que fue censurada por parte
del ministros de la guerra al general Vicente Miñón.49 En Chiná, la
columna mexicana enviada por Matías de la Peña para ocupar el
pueblo extravió el camino por venir “abriendo monte”.50 Un par de
días después, el 4 de febrero, durante el ataque de los yucatecos al
pueblo, las secciones de auxilio comandadas por Joaquín Morlet
y Manuel Noriega perdieron el rumbo debido a “lo boscoso y
malo del camino”, llegando cuando el combate había culminado
y las tropas yucatecas se retiraban a Campeche.51
En una anotación a un plano de Campeche y sus alrededores
del siglo XVIII se señalaba sobre la región que “la campaña es
toda un Bosque tan cerrado de árboles de todas especies que es
casi intransitable si no por los caminos, que de tanto en tanto es
necesario desmontar para que no estén cerrados”.52 Esta referencia
quizá nos ayude a comprender que durante los meses de conflicto
las áreas en torno a Chulbac y Chiná habían sido parcialmente
Ministro de guerra y marina al jefe de la División de Operaciones sobre Yucatán, México, 25 de enero de 1843. AHSDN, Operaciones Militares,
XI/481.3/1987, f. 203.
50
Copia de Francisco Andrade al jefe de la División de Operaciones sobre Yucatán, Chiná, 3 de marzo de 1843. AHSDN, Operaciones Militares,
XI/481.3/1969, f. 54.
51
Matías de la Peña al ministro de guerra y marina, San Miguel, 6 de febrero
de 1843. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1969, ff. 52-53v.
52
Plano de Campeche y sus ynmediaciones, s. XVIII, Archivo General Militar de Madrid, PL, MEX-16/8.
49

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

155

�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

abandonadas por sus pobladores provocando que la vegetación
se regenerara en los caminos, creando condiciones nuevas en el
paisaje peninsular.
Cuando Matías de la Peña decidió abrir un nuevo frente
de combate al mando de poco menos de dos mil soldados para
intentar ocupar Mérida los orientales nuevamente fueron enviados
a realizar labores de guerrilla. Los primeros en ser desplegados
en la costa norte con este fin fueron aquellos comandados por
Vito Pacheco en observación de las tropas mexicanas que ya
merodeaban en torno a Telchac. Debido al mal tiempo provocado
por un temporal que retrasó la marcha por mar de las tropas
invasoras los orientales lograron llegar a Sisal de forma holgada
el 23 de marzo, entrando al puerto ciento setenta hombres.53 El
2 de abril Vito Pacheco escribió al jefe político de Motul que
había observado en los rumbos de Xtampú y Bom rastros del paso
de los mexicanos que habían dejado carne fresca y huellas de la
artillería que conducían. Llergo lo conminó a unirse a la división
para comenzar las operaciones para hacer frente a la brigada
mexicana: “[a] este jefe [Pacheco], no obstante sus deseos de
permanecer en aquellos bosques, le he reiterado con esta fecha la
orden para que se incorpore a esta división, porque lo he creído
conveniente para dar principio á mis operaciones”.54
Alberto Morales al secretario de guerra y marina del estado de Yucatán, Sisal, 23 de marzo de 1840. AGEY, Poder Ejecutivo, Milicia, c. 156, v. 106, e. 58.
54
Sebastián López de Llergo al secretario de guerra y marina de Yucatán,
Motul, 2 de abril de 1843, en El Independiente, 4 de abril de 1843.
53

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

156

�José Koyoc Kú

El 27 de abril de 1843 la vanguardia del ejército mexicano
que comandaba el teniente coronel Pablo Lallave, compuesto de
infantería y una sección de zapadores para eliminar los obstáculos
del camino, avanzó hasta Telchac donde hubo una breve
escaramuza entre los orientales de Vito Pacheco y los paisanos
armados de Telchac que se tirotearon con los mexicanos.55 Estos
sufrieron la pérdida de un oficial y terminaron por ocupar este
importante punto tras el combate. Sin embargo, Pacheco continuó
merodeando los alrededores con doscientos hombres que
hostigaron a los convoyes mexicanos, que no solo enfrentaban
la falta de mulas para transportar víveres y pertrechos sino la
amenaza desde los bosques de los tiradores orientales.56
No hay constancia clara de que los orientales hubieran
participado en la batalla de Tixkokob el 3 de abril de 1843, uno de
los combates más sangrientos de toda la invasión. En este pueblo
la sección comandada por Francisco Pérez logró rechazar al
ejército yucateco lo que permitió a Peña avanzar hasta Pabactún,
en donde, en uno de los episodios más controvertidos de la
invasión el general mexicano decidió entablar pláticas de paz con
los yucatecos. Tras fracasar las conversaciones el general Peña
intentó retirarse con dirección a Telchac. Sin embargo, Llergo ya
había ordenado el avance de las secciones de orientales de Pastor
Francisco Pacheco al ministro de guerra y marina, Buenavista, 3 de abril
de 1843. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1971, ff. 13-13v.
56
Declaración de Pedro Lemus, Perote, 8 de agosto de 1843. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1987, f. 14v.
55

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

157

�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

Gamboa y de Miguel Cámara. Gamboa desde Nohpat ocupó el
pueblo de Nolo y Cámara avanzando desde Cacalchén con una
“columna de orientales” hizo lo mismo en Tixkokob.57 En el
camino entre Pacabtún y Tixkokob sucedió una escaramuza en
donde se reportaron los últimos heridos de los orientales. En este
combate las tropas comandadas por Pastor Gamboa se internaron
en los bosques de los alrededores de la hacienda Monchac y
Chochoh para hostilizar a la columna mexicana, de forma muy
similar a como lo habían realizado en Umul, aunque el combate
fue mucho más breve.58 Aunque este fue el último combate
propiamente hablando en el que intervinieron los orientales su
papel fue decisivo en los últimos días de la guerra en el norte de
la Península de Yucatán.
Durante la retirada del ejército mexicano la amenaza de
las secciones orientales contribuyó a mermar la moral de los
adversarios que se percibían rodeados: “desde Mérida hasta
la playa de Telchac por diferentes rumbos, apostó el enemigo
secciones de Huites y otras tropas que ocupaban las gargantas
principales, por donde inferían podríamos retirarnos o recibir
Parte oficial del señor general en jefe de las fuerzas de Yucatán, sobre las
operaciones militares a que dio lugar la expedición militar destinada a las costas de Barlovento en El Siglo Diez y Nueve, México, 24 de julio de 1843, p. 1.
58
Los últimos heridos de la “sección primera de oriente”, mandada por Pastor Gamboa fueron Patricio López, Juan Sandoval y Manuel Dzib, heridos
en la acción del 18 en Monchac. Relación que manifiesta los individuos que
han fallecido y los que han quedado heridos e inutilizados en los últimos ataques dados al enemigo en la costa de Barlovento. Mérida, 9 de junio de 1843.
AGEY, Poder Ejecutivo, Milicia, c. 157, v. 107, e. 20.
57

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

158

�José Koyoc Kú

auxilios” declaró el general Diego Argüelles.59 A los combatientes
de estas secciones los acompañaban cientos de auxiliares que
se encargaban de obstruir los caminos con piedras y árboles
espinosos, además de construir trincheras entre los montes de los
alrededores de esta población. Estos combatientes fueron decisivos
para aislar al ejército mexicano en Tixpéual. Así lo describió el
general Matías de la Peña: “además de que su sección [de Miguel
Cámara] era numerosa, tenía cerca de 1,000 indios desarmados
para las maniobras que dejo expresadas hicieron, y para quitar
hasta los perros que entraban a Tixpéual”.60 La labor de obstruir
los caminos y construir trincheras fue una labor que cientos de
auxiliares realizaron durante la guerra y que se incrementó con
la llegada de la brigada al norte de la Península de Yucatán. Las
trincheras de los alrededores de Motul, por ejemplo, habían sido
construidas sin retribución por los habitantes de ese pueblo, unido
a los de Ucí, Kiní y Muxupip.61 Esta importancia se ve reflejada
en el acopio de machetes por parte de los integrantes del ejército
yucateco para poder facilitar la realización este tipo de trabajos.62
Narración exacta de Diego Argüelles, Telchac, 26 de abril de 1843.
AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1992, f. 82v.
60
Nota 9 de Matías de la Peña al “Parte oficial del señor general en jefe de
las fuerzas de Yucatán, sobre las operaciones militares a que dio lugar la expedición militar destinada a las costas de Barlovento” en El Siglo Diez y Nueve,
México, 24 de julio de 1843, p. 1.
61
José Luis Lavalle al secretario general de gobierno. Motul, 5 de abril de
1843. AGEY, Poder Ejecutivo, Correspondencia Oficial, c. 70, v. 20, e. 90.
62
Sebastián López de Llergo al secretario del departamento de guerra de Yucatán, Conkal, 28 de marzo de 1843. AGEY, Poder Ejecutivo, Milicia, c. 156,
59

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

159

�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

El relato de los momentos finales de la brigada y de la
importancia de la actividad de los orientales la deja ver Nicolás
de la Portilla. El oficial señaló que el 20 de abril continuaron su
repliegue hasta Tixpéual “punto muy malo en el orden militar,
casi indefendible, rodeado de bosques espesos, habiendo en toda
la circunferencia del pequeño pueblo multitud de cercas de piedra
paralelas las unas a las otras”. Al día siguiente, después de tomar
posiciones y colocar las piezas de artillería en las calles, Portilla
señala que “amaneció el enemigo rodeándonos completamente,
atrincherado con multitud de piedras, que con sagacidad y silencio
colocó en la noche: aquí fue en donde el hambre nos consumió,
pues nos quedamos sin vacas y sin cosa alguna para comer porque
el enemigo no nos dejaba pasar nada”.63 Esta situación desesperada
obligó al general Peña a firmar una capitulación vergonzosa. El 25
de mayo salieron rumbo a Tampico los últimos soldados mexicanos
que habían incursionado a Mérida y los comandantes orientales no
tardaron en declarar que regresarían a sus labores en el campo.64
Conclusión
En su artículo pionero sobre la Guerra entre México y Yucatán
Terry Rugeley señalaba que la violencia de los años posteriores al
conflicto se alimentó de la experiencia bélica del enfrentamiento
v. 106, e. 75.
63
Declaración de Nicolas de la Portilla, Perote, 8 de agosto de 1843. AHSDN,
Operaciones Militares, XI/481.3/1987, ff. 43v-44.
64
Rugeley, Repúblicas contrapuestas, 119; Taracena, De héroes olvidados,
104-105.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

160

�José Koyoc Kú

que sucedió en la Península entre 1842 y 1843. Rugeley señalaba
que la guerra había provocado la militarización del estado y un
clima de inestabilidad en donde se convirtió en moneda corriente
el armar paisanos irregulares con promesas política para las pugnas
entre las diversas facciones yucatecas.65 A estas consecuencias
del conflicto habría que sumar que en el transcurso del conflicto
entre federalistas y centralistas, y entre yucatecos y mexicanos,
los orientales desarrollaron una particular forma de combatir
amparados en las posibilidades que les brindaba el bosque tropical.
Fue un proceso que inició en 1839, con el pronunciamiento del
caudillo del oriente y en donde en un primer momento usaron
al bosque tropical como cobertura para tratar de equilibrar la
evidente inferioridad de las improvisadas milicias federalistas con
las tropas medianamente entrenadas de la milicia centralista. Si
bien esta experiencia comenzó en los bosques tropicales del este
de la Península de Yucatán, lo cierto es que los bosques tropicales
del oeste, sobre todo aquellos alrededor de Mérida y Campeche,
fueron los que brindaron a los orientales una experiencia que
permitió no solo perfeccionar las tácticas previamente desplegadas
sino innovar en otras. Pudieron darse cuenta de la forma en que los
árboles del bosque tropical podrían brindar no solo cobertura frente
a las balas del enemigo sino también materia prima para construir
fortificaciones aún más inexpugnables y obstáculos que retrasaban
la marcha de los ejércitos. También pudieron aprovechar las
65

Rugeley, Repúblicas contrapuestas, 121-122.

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

161

�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

piedras para construir trincheras entre la vegetación e incorporarlas
a las talas que retrasaban la marcha del ejército enemigo. Muy
pronto los orientales se dieron cuenta de la importancia de los
no combatientes para el esfuerzo de guerra. A los guerrilleros
frecuentemente los acompañó la población local, mayoritariamente
indígena, de Valladolid, Campeche y los alrededores de Motul,
que colaboraron en las labores bélicas. Al finalizar la guerra entre
México y Yucatán la pericia de estos combatientes y los auxiliares
llegó a tal punto que las talas de árboles espinosos, piedras para
improvisar trincheras y unos soldados mexicanos exhaustos y
aislados se combinaron para que una brigada de poco menos de
un millar de soldados profesionales se rindiera en Tixpéual sin
disparar un tiro, rodeada de insurgentes orientales.
La adquisición de esta experiencia hubiera sido impensable
sin las armas que a través de diferentes redes llegaron a la Península
de Yucatán y terminaron en manos de los guerrilleros. Primero a
través de las redes de contrabando de los caudillos federalistas y
posteriormente a través de la movilización del estado de Yucatán
y la adquisición de armamento en Inglaterra y Estados Unidos.
Si la referencia que tenemos del general Francisco Pérez es
acertada, incluso los orientales pudieron tener acceso a las armas
más sofisticadas de la época para combatir hostigando al enemigo
amparados en la vegetación.
El bosque tropical estuvo lejos de ser un mero escenario
de la guerra ya que sus comunidades vegetales y su innegable
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

162

�José Koyoc Kú

presencia y regeneración influyó notablemente en la forma de
hacer en la guerra en la Península. Prueba de ello fueron los
obstáculos que los ejércitos mexicanos y yucatecos enfrentaron
en los alrededores de Chulbac y Chiná, en donde la vigorosa
vegetación creaba, con su agencia, nuevas condiciones que
terminaron por impedir y retrasar el avance de las columnas. Los
orientales por su parte se adaptaron y aprendieron a combatir
usando el bosque tropical a su favor. Los árboles, las plantas, los
arbustos y las comunidades vegetales agrupadas en el bosque
tropical configuraron un tipo de combate disperso. Durante estos
años los orientales convirtieron al bosque tropical en arma de
guerra, un arma temible que marcaría el curso de un periodo
completo en la historia peninsular como lo fue la Guerra de
Castas.
Referencias
Archivos
Archivos Histórico de la Secretaría de la Defensa Nacional
(AHSDN).
Archivo General del Estado de Yucatán (AGEY).
Archivo General de Indias (AGI).
Archivo Histórico Militar de Madrid (AHMM).
Bibliografía
Baqueiro, Serapio. Ensayo histórico sobre las revoluciones de
Yucatán desde el año de 1840 hasta 1864. Vol. 1. Mérida,
Yucatán: Imprenta de Gil Canto, 1871.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
163
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

———. Rasgo biográfico del general López de Llergo. Mérida:
Tipografía de G. Canto, 1898.
Bracamonte y Sosa, Pedro. Ensayo sobre la servidumbre. El fracaso del «capitalismo» en México. México, D. F.: CIESAS, Miguel Ángel Porrúa, 2019.
———. La conquista inconclusa de Yucatán: los mayas de la
montaña, 1560-1680. México, D. F.: CIESAS, 2001.
Cámara y Zavala, Felipe de la. Memorias de don Felipe de la Cámara y Zavala : 1836-1841. México: Yucalpetén, 1975.
Campos García, Melchor. Que los yucatecos todos proclamen
su independencia. Historia del secesionismo en Yucatán,
1821-1840. Mérida: Universidad Autónoma de Yucatán,
2013.
Careaga Viliesid, Lorena. Hierofanía combatiente: lucha, simbolismo y religiosidad en la Guerra de Castas. Chetumal:
Universidad de Quintana Roo, 1998.
Flores Escalante, Justo Miguel. Soberanía y excepcionalidad, la
integración de Yucatán al estado mexicano, 1821-1848.
México, D. F.: El Colegio de México, 2017.
Hefter, Jospeh. The Mexican Solder 1837-1847. Oklahoma: The
Virtual Armchair General, 2008.
McNeill, J. R. “Woods and Warfare in World History”. Environmental History 9, n.o 3 (2004): 388-410. https://doi.
org/10.2307/3985766.
Németh, Balázs. Early Military Rifles, 1740-1850. Oxford: Osprey Publishing, 2020.
Ortiz Yam, Inés. “Los montes yucatecos: la percepción de un
espacio en las fuentes coloniales”. En Text and Context:
Yucatec Maya Literature in a Diachronic Perspective,
editado por Antje Gunsenheimer, Tsubasa Okoshi Harada, y John F. Chuchiak, 185-203. Aachen: Shaker Verlag, 2009.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
164
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

�José Koyoc Kú

Rabinovich, Alejandro M. “El cuerpo, las armas y el combate: hacia una antropología histórica de la guerra”. Diferencias. Revista de Teoría Social Contemporánea 1,
n.o 6 (2018). http://portal.amelica.org/ameli/jatsRepo/54/5413005/5413005.pdf.
Ramayo Lanz, Teresa. Los mayas pacíficos de Campeche. México, D. F.: Universidad Autónoma de Campeche, CONACYT, 2014.
Rugeley, Terry, “En busca de Santiago Imán. El caudillo de Tizimín, I”, Unicornio. Suplemento dominical del Por Esto!,
21 de febrero de 1999.
———. “Repúblicas contrapuestas: Yucatán y la invasión mexicana de 1842-1843”. Chacmool 3 (2004), 104-22.
Taracena Arriola, Arturo. De héroes olvidados, Santiago Imán,
los huites y los antecedentes de la Guerra de Castas. México, D. F.: CEPHCIS, UNAM, 2013. https://www.cephcis.unam.mx/wp-content/uploads/2020/04/19-de-heroes-olvidados.pdf.
———. ““Esas tropas orientales, esos güites de Imán”. Guerrilleros mayas en el Yucatán separatista”. Mesoamérica 34,
n.o 55 (2013): 1-26.
Villalobos González, Martha. El bosque sitiado: asaltos armados, concesiones forestales y estrategias de resistencia
durante la Guerra de Castas. México, D. F.: CIESAS,
CONACULTA, Miguel Ángel Porrúa, INAH, 2006.
Zuleta Miranda, María Cecilia. “El federalismo en Yucatán: política y militarización (1840-1846)”. Secuencia. Revista de
historia y ciencias sociales 31 (1995): 23-50.

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 126-165
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

165

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán
(1807-1990): una aproximación desde la
ecología histórica
The construction of the coastal landscape of Sisal, Yucatán
(1807-1990): a historical ecology approach
Gabriel de Jesús Torales Ayala
Centro de Investigación y de Estudios Avanzados
Unidad Mérida
https://orcid.org/0009-0006-0406-066X
Recibido: 16 de julio de 2024
Aceptado: 12 de diciembre de 2024
Resumen: Este artículo resume los resultados de un estudio sobre
los efectos de las actividades humanas en la configuración del
paisaje de la costa noroccidental de Yucatán durante los siglos
XIX y XX. Utilizando una perspectiva de ecología histórica, se
examina el caso del puerto de Sisal y sus alrededores mediante
fuentes documentales, cartográficas y etnográficas. Se identifican
asentamientos humanos, actividades económicas y prácticas
de manejo ambiental del pasado que continúan influyendo en
factores ambientales contemporáneos como la composición de la
vegetación, los flujos hídricos, la geomorfología y los patrones de
biodiversidad. Estos hallazgos llenan un vacío en la información
histórica ambiental de la región, y proporcionan fundamentos para
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

166

�Gabriel Torales Ayala

discutir la supuesta naturaleza prístina de la costa noroccidental,
que subyace en los esquemas de conservación actuales en el área.
Palabras clave: ambiente prístino; manejo ambiental;
asentamientos humanos; unidades de paisaje; Yucatán.
Abstract: This article summarizes a study on the effects of human
activities on the landscape configuration of the northwestern
coast of Yucatan during the nineteenth and twentieth centuries.
Employing a historical ecology approach, it explores the case of
Sisal port and its environs using documentary, cartographic, and
ethnographic sources. The research identifies historical human
settlements, economic activities, and environmental management
practices that continue to shape present-day environmental factors
such as vegetation composition, water flows, geomorphology, and
biodiversity patterns. These findings address a historical gap in
the environmental knowledge of the region and provide insights
challenging the presumed pristine nature of the northwest coast,
a premise that underpins current conservation efforts in the area.
Key words: pristine nature; environmental management; human
settlements; landscape units; Yucatan.

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

167

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

Introducción
Entre 1979 y 2010 la costa de Yucatán fue incorporada
gradualmente a esquemas de conservación ambiental mediante la
creación de Áreas Naturales Protegidas (ANP).1 Esto implicó la
implementación de medidas para limitar o prohibir el desarrollo
de actividades humanas que alteren o modifiquen las condiciones
ambientales originales del área.2 En la región noroccidental, la
creación de ANP se sustentó en una interpretación de la costa como
un ambiente prístino, escasamente poblado y sin asentamientos
humanos importantes hasta la segunda mitad del siglo XX,
momento a parir del cual se argumenta que las actividades
humanas comenzaron a alterar las condiciones ambientales.3
Sin embargo, esta interpretación resulta problemática
debido a que carece de fundamentos históricos sólidos. Por una
parte, hay diversos estudios que documentan la presencia de
Javier Enrique Sosa Escalante y R. Kantún Palma, “Áreas Naturales Protegidas”, en Ordenamiento Territorial del Estado de Yucatán: visión 2030, ed.
G. García Gil y Javier Enrique Sosa Escalante (Mérida: Gobierno del Estado
de Yucatán, 2013), 79.
2
Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LGEEPA). (México: Diario Oficial de la Federación, 28 de enero de 1988), artículos
3 y 47 bis, http://biblioteca.semarnat.gob.mx/janium/Documentos/Ciga/agenda/DOFsr/148.pdf
3
Jorge Herrera-Silveira, Francisco A. Comín, y Luis Capurro, “Los usos y
abusos de la zona costera en la península de Yucatán”, en El manejo costero en
México, de E. Rivera Arriaga et al. (Campeche: Centro de Ecología, Pesquerías y Oceanografía del Golfo de México, Universidad Autónoma de Campeche., 2004), 387–96; SEGEY, Programa de Manejo de la Reserva Estatal El
Palmar (México: Secretaría de Ecología del Gobierno del Estado de Yucatán,
2006), 12.
1

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

168

�Gabriel Torales Ayala

actividades humanas en la costa noroccidental desde hace 2,700
años, y la existencia de asentamientos, salinas y puertos mercantes
durante los periodos Clásico y Posclásico,4 así como de ranchos,
estancias, haciendas y pueblos desde la época novohispana hasta
el presente.5 A pesar de esto, aún quedan vacíos de información
considerables sobre los efectos de dichas actividades en el
ambiente, especialmente durante la época virreinal, el siglo XIX
y la primera mitad del XX.
Por otra parte, en décadas recientes surgieron nuevos
enfoques y campos de investigación histórica ambiental que
sostienen que los seres humanos han modificado de manera
irreversible los patrones de biodiversidad y los procesos
Anthony P. Andrews et al., “An Archaeological Survey of Northwest Yucatan, Mexico”, Reporte final de la temporada 2002 para el Comittee for Research and Exploration (National Geographic Society, 2002); Fernando Robles
Castellanos y Anthony P. Andrews, “Proyecto Costa Maya: Reconocimiento
arqueológico de la esquina noroeste de la Península de Yucatán”, en XVII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, ed. J.P. Laporte et al.
(Guatemala: Museo Nacional de Arqueología y Etnología, 2003), 41–60.
5
Pedro Bracamonte y Sosa, “Haciendas y ganado en el noroeste de Yucatán,
1800-1850”, Historia Mexicana 37, núm. 4 (1988): 613–39; Luis Millet Cámara, Rafael Burgos Villanueva, y Anthony P. Andrews, “Panorama histórico
de la Costa Norte de Yucatán durante el siglo XIX y principios del XX”, en El
pueblo maya del siglo XIX: perspectivas arqueológicas e históricas, de Susan
Kepecs y Rani T. Alexander (México: Instituto de Investigaciones Filológicas UNAM, 2013), 71–92; Anthony P. Andrews, Rafael Burgos Villanueva,
y Luis Millet Cámara, “The Henequen Ports of Yucatan’s Gilded Age”, International Journal of Historical Archaeology 16, núm. 1 (2012): 25–46, https://
doi.org/10.1007/s10761-012-0168-z.\\uc0\\u8220{}Haciendas y ganado en el
noroeste de Yucat\\uc0\\u225{}n, 1800-1850\\uc0\\u8221{}, {\\i{}Historia
Mexicana} 37, n\\uc0\\u250{}m. 4 (1988
4

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

169

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

ecológicos de prácticamente todos los rincones del planeta desde
hace miles de años,6 incluyendo grandes extensiones boscosas del
continente americano que por mucho tiempo fueron consideradas
prístinas.7 Uno de estos campos es la ecología histórica,8 que
sostiene que los seres humanos no se han adaptado pasivamente
a las condiciones del medio, sino que las han transformado a
lo largo del tiempo para ajustarlas a sus necesidades mediante
actividades culturales.9
Desde esta perspectiva, se considera que las sociedades
humanas favorecen ciertas condiciones ambientales mediante
Erle C. Ellis, “Ecology in an Anthropogenic Biosphere”, Ecological
Monographs 85, núm. 3 (2015): 287–331, https://doi.org/10.1890/14-2274.1;
Nicole L. Boivin et al., “Ecological consequences of human niche construction: examining long-term anthropogenic shaping of global species distributions”, Proceedings of the National Academy of Sciences 113, núm. 23 (2016):
6388–96, https://doi.org/10.1073/pnas.1525200113.
7
William Denevan, “The Pristine Myth: The Landscape of the Americas in
1492”, Annals of the Association of American Geographers 82, núm. 3 (1992):
369–85; Michael Heckenberger et al., “Amazonia 1492: Pristine Forest or
Cultural Parkland?”, Science 301, núm. 5640 (2003): 1710–14, https://doi.
org/10.1126/science.1086112; Anthony Goebel McDermott, David Chavarría
Camacho, y Ronny J. Viales Hurtado, “La construcción social de un espacio
‘prístino’: paisajes predominantes e interacciones funcionales en el sistema
socio-ambiental Parque Nacional Braulio Carrillo (1881-1987).”, Forum for
Inter-American Research (FIAR) 13.1, núm. marzo (2020): 84–98.
8
Péter Szabó, “Historical ecology: past, present and future”, Biological Reviews 2015, núm. 90 (2015): 997–1014, https://doi.org/10.1111/brv.12141.
9
William Balée, “The Research Program of Historical Ecology”, Annual
Review of Anthropology 35, núm. 1 (2006): 75–98, https://doi.org/10.1146/
annurev.anthro.35.081705.123231; Carole Crumley, “Historical ecology and
the study of landscape”, Landscape Research 42, núm. Sup1 (2017): S65–73,
https://doi.org/10.1080/01426397.2017.1399994.
6

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

170

�Gabriel Torales Ayala

la domesticación, no solo de plantas y animales, sino del
mismo paisaje, con el fin de manejar los recursos existentes
en un área e incluso crear nuevos recursos.10 Esto ocurre como
consecuencia de la repetición de actividades y prácticas de
manejo ambiental que incluyen el uso del fuego, el reacomodo
del relieve, la modificación del suelo y la hidrología, la remoción
y/o reemplazo de ciertas especies y el favorecimiento de otras,
la extracción selectiva y sistemática de recursos, la construcción
de infraestructura, asentamientos humanos, etc.11 Gradualmente,
estas prácticas modifican los patrones de biodiversidad, la
cobertura vegetal, la composición del suelo, la distribución
de especies, entre otros, y sus huellas perduran como legados
en el paisaje durante décadas, cientos o incluso miles de años
después de terminada la intervención humana que los produjo.12
Esto significa que las prácticas de manejo ambiental del pasado
influyen en las condiciones ambientales de un área a través del
tiempo pudiendo tener efectos en el paisaje actual.
Charles R. Clement y Mariana F. Cassino, “Landscape Domestication and
Archaeology”, en Encyclopedia of Global Archaeology, ed. C. Smith (Springer, 2018), 10.1007/978-3-319-51726-1_817-2.
11
Clark L. Erickson, “Amazonia: The Historical Ecology of a Domesticated
Landscape”, en The Handbook of South American Archaeology, de Helaine
Silverman y William Isbell (New York: Springer, 2008), 157–83, 10.1007/9780-387-74907-5_11.
12
Jennifer R. Fraterrigo, “Landscape Legacies”, en Encyclopedia of Biodiversity, ed. S.A. Levin (Academic Press, 2013), 10.1016/B978-0-12-3847195.00388-9; Jean-Luc Dupouey et al., “Irreversible Impact of Past Land Use on
Forest Soils and Biodiversity”, Ecology 83, núm. 11 (2002): 2978–84, https://
doi.org/10.2307/3071833.
10

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

171

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

Esto permite suponer que los grupos humanos que
habitaron la costa noroccidental de Yucatán en el pasado
desarrollaron diversas prácticas de domesticación del paisaje con
el fin de favorecer la presencia de ciertos recursos. Lo anterior
supondría que dichas actividades modificaron los componentes
bióticos y abióticos del área, contribuyendo con ello a dar
forma a los patrones ecológicos presentes en el paisaje actual,
lo que a su vez refutaría la caracterización de la región como un
ambiente natural prístino. Sin embargo, esta hipótesis no había
sido corroborada debido a la falta de información histórica sobre
las actividades humanas y las prácticas de manejo ambiental
en el área, especialmente en los periodos mencionados. Es por
ello que se realizó un estudio sustentado en fuentes históricas
y etnográficas analizadas desde una perspectiva de ecología
histórica para identificar las actividades y prácticas que tuvieron
influencia en la construcción del paisaje de la costa noroccidental
a partir del caso de Sisal.13
La costa de Sisal: dimensión espacial y temporal.
El puerto de Sisal se localiza a los 21°09’55’’ latitud Norte
y 90°01’50’’ longitud Oeste y actualmente es una comisaría
perteneciente al municipio de Hunucmá, en el estado de Yucatán.
Gabriel de Jesús Torales Ayala, “Cambios históricos en el paisaje costero de Sisal, Yucatán. Estudio comparativo de tres periodos: puerto de altura
(1807-1871), puerto de cabotaje (1871-1931), y periodo ejidal (1931-1990).”
(Mérida, Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN, 2019),
https://repositorio.cinvestav.mx/handle/cinvestav/1485.
13

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

172

�Gabriel Torales Ayala

Para esta investigación se delimitó un área de estudio de 585 km2
que incluye al puerto, las 5,060 hectáreas del ejido de Sisal y
una porción aproximada de 9,000 hectáreas pertenecientes a la
Reserva Estatal El Palmar (REEP) (Figura 1). Para fines analíticos
el área se subdividió en siete unidades de paisaje definidas por
su geomorfología y cobertura del suelo, pues ambos factores
influyen el desarrollo de actividades humanas y prácticas de
manejo ambiental.14 Estas unidades son:
a. Zona urbana: superficie del asentamiento humano del
puerto.
b. sla de barrera: franja estrecha arenosa con vegetación de
duna costera.
c. Litoral: área del Golfo de México con vegetación de
macroalgas, pastos marinos y formaciones arrecifales.
d. Ciénaga: laguna costera salina estacional de baja
profundidad, con vegetación de manglares, pastos halófilos
y macroalgas.
e. Petenes: islotes de selva mediana en torno de afloramientos
de agua dulce.
f. Zonas inundables: planicies calizas estacionalmente
inundadas con pastizales halófilos, tulares, manglares y
porciones de selva baja caducifolia.
Efraím Acosta Lugo et al., “Caracterización de la Eco-región los Petenes-Celestún-El Palmar”, en Plan de Conservación de la Eco-región Petenes-Celestún-Palmar (Campeche: Universidad Autónoma de Campeche. Pronatura Península de Yucatán. A.C., 2010), 33–48.
14

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

173

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

Figura 1.
Localización del área de estudio, asentamientos humanos y
unidades de paisaje

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

174

�Gabriel Torales Ayala

Fuente: Elaboración propia con datos obtenidos de INEGI, Registro Agrario
Nacional (RAN), Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), Anthony P. Andrews et al., An Archaeological Survey of Northwest
Yucatan, Mexico, 2002, y Bing Maps.

g. Selva baja: llanura kárstica no inundable con vegetación
caducifolia y espinosa.
El área estudiada tiene una larga historia de ocupación
humana, pues se ha documentado la existencia de embarcaderos
y asentamientos pesqueros y salineros desde tiempos
prehispánicos.15 Durante el periodo novohispano el pequeño puerto
Humberto Lara y Lara, Sisal: ensayo monográfico (Mérida: Dirección de
Prensa y Publicidad del Gobierno del Estado, 1959), 1–3.
15

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

175

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

y destacamento militar de Santa María de Sisal fue estratégico
para Mérida en términos defensivos y comerciales, pues agilizó el
transporte marítimo con el puerto de Campeche, que entonces era
el único autorizado para comerciar con la metrópoli.16
Hacia 1807 Sisal comenzó a comerciar directamente
con La Habana. En 1811 fue habilitado oficialmente para el
comercio internacional y la navegación de altura, convirtiéndose
en el principal puerto mercantil del noroeste de Yucatán.17 Estos
acontecimientos marcan el inicio del periodo de estudio debido
a la importancia que adquirió Sisal como eje de las actividades
humanas relacionadas con el manejo de los recursos de la región.
El periodo estudiado se extiende a lo largo de tres coyunturas
definidas en términos económicos y demográficos:
1. 1807-1871. Sisal se convierte en el principal puerto de
altura durante el despegue de la industria henequenera, lo
que atrae un rápido crecimiento demográfico.
2. 1871-1931. Sisal es degradado a puerto de cabotaje, la
aduana es trasladada a Progreso y, en consecuencia, ocurre
una fuerte pérdida de población.18
Michel Antochiw, Historia cartográfica de la Península de Yucatán (Mérida: Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN, 1994), 260.
17
Luis Ángel Mezeta Canul, “El abastecimiento mercantil en la ciudad de
Mérida, 1790-1850” (Tesis de maestría en Historia, Mérida, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 2014), 134; Mario
Trujillo Bolio, El Golfo de México en la centuria decimonónica. Entornos
geográficos, formación portuaria y configuración marítima. (México: Miguel
Ángel Porrúa, 2005), 102.
18
Alberto Escalona y Ramos, “Un puerto para Yucatán: Sisal” (Tesis de In16

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

176

�Gabriel Torales Ayala

3. 1931-1990. se funda el ejido de Sisal y hay un gradual
repoblamiento promovido por la tecnificación pesquera.19
El periodo de estudio concluye en 1990 con la creación de
la Reserva Estatal El Palmar (REEP), lo que marca el inicio
de un cambio en el manejo de los recursos costeros.
Materiales y métodos
La investigación se basó en datos cualitativos y descripciones
sobre las características ambientales de las unidades de paisaje,
los tipos de asentamientos humanos, las actividades que ahí se
realizaban, las prácticas de manejo ambiental y sus efectos en
el paisaje, así como los cambios percibidos. La información se
obtuvo de fuentes:
1. Documentales. Incluye fuentes primarias como censos,
padrones, actas e informes de gobierno, correspondencia
oficial, expedientes legales y catastrales, notas periodísticas,
publicaciones de la época, crónicas de viajeros, litografías,
fotografías; así como fuentes secundarias: monografías,
estadísticas, artículos de revistas científicas y tesis. Aunque
los documentos históricos sobre Sisal son abundantes, la
información ambiental encontrada fue escasa, dispersa y sin
geniería Civil, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1931),
Biblioteca Yucatanense (BCCA-1141-1.).
19
Julia Fraga, “El proceso de emigración hacia la costa de Yucatán: estudio
de cuatro puertos del litoral yucateco”, Reporte final de investigación (Mérida:
Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN, 1992).
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

177

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

registros sistemáticos que permitan cuantificar la magnitud
de los cambios.
2. Cartográficas. Comprende planos, croquis y mapas de
las distintas etapas, así como fotografías aéreas de la
década de 1970. Estas fuentes ofrecen una gran cantidad
de información sobre el paisaje; sin embargo, las más
antiguas carecen de escalas o coordenadas que faciliten su
georreferenciación.
3. Etnográficas.

Se

realizaron

cuatro

entrevistas

semiestructuradas de historia oral a varones mayores de
60 años que habitaron en el área durante la última etapa
estudiada. En algunos casos, el recuerdo de historias
contadas por padres y abuelos permitió extender la
temporalidad de las descripciones hasta principios del siglo
XX. Los testimonios recogidos mostraron gran congruencia
y su inclusión en el estudio fue clave para articular y precisar
la información de las otras fuentes.
Los datos obtenidos fueron sometidos a tres procesos
de revisión: (1) el análisis crítico de las fuentes, consistente en
cuestionar el contexto de producción y los intereses de los autores
para evaluar la fiabilidad de la información; (2) el cruzamiento
entre las diversas fuentes para contrastar y validar datos; y (3) la
comprobación en campo para localizar los asentamientos y sitios
donde hubo prácticas de manejo ambiental, a fin de identificar
sus huellas en el paisaje actual. Con la información validada se
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

178

�Gabriel Torales Ayala

elaboraron descripciones detalladas de las unidades de paisaje
y mapas comparativos sobre sus principales asentamientos
y actividades desarrolladas (ver figuras 2, 3 y 4 al final del
documento). La extensión de los usos de suelo representados es
aproximativa debido a la falta de información cartográfica precisa
en las fuentes históricas consultadas.
Principales modificaciones antropogénicas
en el paisaje costero
Zona Urbana
A comienzos del siglo XIX Sisal era un pequeño destacamento
militar colonial y vigía de costa.20 La habilitación del puerto de altura
impulsó su transformación en un asentamiento permanente de entre
700 y 1,500 habitantes.21 La población trabajaba mayormente en
actividades portuarias y la milicia, y en menor medida en comercios,
servicios, pesca y agricultura.22 En 1869 había 124 construcciones
agrupadas en 20 manzanas regulares formando el patrón ortogonal
que persiste hasta la actualidad.23 La mayoría de las construcciones
José María de Calzadilla et al., Apuntaciones para la estadística de la
provincia de Yucatán del año de 1814, Tercera edición (Gobierno del Estado
de Yucatán, 1977), 40.
21
Ver características demográficas de Sisal durante el siglo XIX en: Torales
Ayala, “Cambios históricos en el paisaje costero de Sisal, Yucatán.”, 49–55.
22
AGEY. Padrón general de los habitantes del Puerto de Santa María de
Sisal y su comprensión, Rancho de San Francisco de Paula y Celestún, 1849,
Alcaldía de Sisal, fondo: poder ejecutivo 1842-1885, censos y padrones, caja
64, vol. 14, exp. 49, fojas 23.
23
Mapoteca Manuel Orozco y Berra (MMOB). Plano de la población de la
Villa y Puerto de Sisal, 1869, Colección General, Estado de Yucatán, clasifica20

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

179

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

eran “casas cubiertas de paja o huano [Sabal yapa], cercadas de
palizada que se cierra con un embarro o argamasa de tierra envuelta
con yerba picada”, y solo había 13 construcciones de piedra con
techo de madera o palma.24 Además, existían diversas instalaciones
portuarias, como la aduana, el muelle, el faro y bodegas;25
instalaciones militares: fortaleza, trincheras y batería de cañones;26
construcciones civiles como escuelas, cementerio, teatro, mercado
público y rastro, y una estructura religiosa: el templo católico.27
El desarrollo de la zona urbana implicó la remoción de la
vegetación preexistente, así como la extracción de materiales de
construcción (maderas, piedras, palmas, etc.) de los alrededores,
y la introducción de palmeras como se observa en una ilustración
de 1839.28 Además, se modificó la morfología de la isla de barrera
mediante el relleno y nivelación de la orilla de la ciénaga: “las
primeras casas situadas a su entrada han sido construidas sobre la
misma ciénaga, practicándose un rehenchimiento”.29
ción: 6925-CGE-7264-A.
24
Calzadilla et al., Apuntaciones para la estadística de la provincia de Yucatán del año de 1814, 32.
25
BY. Sisal, 1863, Rivero Figueroa, “El Repertorio Pintoresco”, fondo reservado, clasificación: FR-0005571, ficha: 63456. pp. 479-483.
26
Antochiw, Historia cartográfica de la Península de Yucatán, 259.
27
Emiliano Canto Mayén, “Sisal: comercio y vida cotidiana (1806-1871)”,
en Puertos y comercio en el Golfo de México (siglo XIX), de Ivett García Sandoval, Marisa Pérez Domínguez, y José Ronzón León (Campeche: Ediciones
Morbo, 2012), 57–78.
28
MMOB. Gulf of Mexico: Sisal Reefs, surveyed in 1838 by Com. E. Barnett. Hydrographic Office of the Admiralty, 1838, Colección General, Estado
de Yucatán, clasificación: 8314C-CGE-7264-B.
29
BY. Documentos relativos a la cuestión de traslación de la aduana de Sisal
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

180

�Gabriel Torales Ayala

El cambio de la aduana a Progreso causó el rápido
despoblamiento del asentamiento, quedando entre 100 y 150
habitantes a comienzos del siglo XX. El paisaje de la zona urbana
entró en decadencia. Numerosos solares quedaron sin casas, pues sus
propietarios se llevaron consigo los armazones de sus viviendas;30
las construcciones de piedra fueron abandonadas o modificadas, se
construyó un nuevo faro31 y el edificio de la aduana se convirtió en
bodega de palo de tinte, madera, chicle y sal.32 La fortaleza se usó
como casa del guardafaros pues la presencia militar se redujo al
mínimo dejando el puerto a merced del contrabando.33 Los pocos
habitantes continuaron desempeñando actividades portuarias, pero
en menor escala; en cambio, aumentaron su participación en otras
actividades como la pesca, la caza, el corte de madera, el cultivo de
maíz y la cría de ganado menor y animales de carga lo que implicó
al Progreso. Suplemento al opúsculo publicado en marzo del presente año con
el título de “Triunfo de la verdad en favor del Progreso”, 1870, fondo reservado, clasificación: F1376.9.C37.P76:1870.
30
AGEY. Estado general estadístico del partido de Hunucmá, Jefatura política del Partido de Hunucmá, 1878, fondo: Congreso del Estado 1833-1946,
serie: informes, sección: pleno del Congreso, caja: 67, vol. 2, exp. 14.
31
Luis Hoyos Villanueva et al., Enciclopedia Yucatanense, Segunda edición,
vol. III (Gobierno del Estado de Yucatán, 1977), 612.
32
AGEY. José M. Ponce presenta el estado de las existencias de palo de tinte
en bodegas de Progreso y de Sisal, 1878, fondo: Poder Ejecutivo 1843-1885,
sección: Gobierno del Estado de Yucatán, serie: Hacienda, caja: 330, vol: 280,
exp: 114, fojas: 10.
33
AGEY. Informe del teniente coronel Hipólito Rojas de Progreso con motivo de una visita que giró al puerto de Sisal en cumplimiento de una comisión
de la Aduana, 1917, fondo: Poder Ejecutivo Salvador Alvarado 1915-1917,
exp: 5, vol. 244, fojas: 6.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

181

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

quemas agrícolas, introducción de especies animales, extracción
selectiva de madera y fauna.34
Después de la década de 1940 la zona urbana se repobló
gradualmente debido a la migración de campesinos de Yucatán,
Campeche y Tabasco, atraídos primero por la creación del ejido de
Sisal (1931), y posteriormente por el auge pesquero y turístico.35 Se
construyó infraestructura y servicios públicos: carretera asfaltada,
red eléctrica, agua potable, correo, teléfono, centro de salud,
escuelas, campo deportivo y diversos comercios.36 Entre 1960 y
1990 se impulsó la tecnificación de las pesquerías, se construyó
un nuevo muelle de concreto reforzado,37 un centro de acopio
pesquero con refrigeración y una empacadora,38 dos escolleras de
piedra, y un puerto de abrigo pesquero39 que produjo la ruptura
de la isla de barrera y la acumulación de arena al oeste de la zona
Fernando Esquivel, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán, el 29 de enero de 2018.
35
Adalio Cob Gio, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán,
el 28 de enero de 2018.
36
Mario Alonso Canul Cahuich, “Perspectivas para el desarrollo socioeconómico y político del pueblo y puerto de Sisal” (Tesis de licenciatura en Economía, Universidad Autónoma de Yucatán, 1980).
37
Francisco Roberto Echeverría Pacheco, “Proyecto de rehabilitación del
muelle de Sisal, Yucatán” (Tesis de Ingeniería Civil, Universidad Autónoma
de Yucatán, 2006), 3.
38
Julia Fraga, “La inmigración y sus principales efectos en la costa yucateca.
Estudio de caso en Celestún y Sisal” (Tesis de maestría en Ciencias Antropológicas, Universidad Autónoma de Yucatán, 1993).
39
Raquel Aidé Iturria Dawn, “Contaminación histórica por hidrocarburos en el
puerto de abrigo de Sisal, Yucatán” (Tesis de licenciatura en Manejo Sustentable
de Zonas Costeras, Universidad Nacional Autónoma de México, 2012), 46.
34

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

182

�Gabriel Torales Ayala

urbana.40 Para el turismo se construyeron centros recreativos
como el “Club de Patos” y residencias de veraneo a lo largo de la
playa,41 causando la saturación del fundo legal y en consecuencia
la reducción del espacio para viviendas, huertos y animales de
traspatio,42 lo que impulsó una nueva expansión de la zona urbana
sobre la ciénaga mediante el uso de residuos como relleno.43
Isla de Barrera
Durante el siglo XIX y principios del XX, la isla de barrera se
caracterizó por la presencia de asentamientos pesqueros-salineros
y potreros. El área era descrita como “una estrecha lengua de tierra
salpicada de salinas naturales”44 en donde había desde la época
colonial “grandes pesquerías así de españoles como de indios
para el sustento de aquella ciudad [Mérida] y otros pueblos”.45
Gabriela Medellín, “Variabilidad espacio-temporal de la morfología de
la playa en Sisal, Yucatán”, en Caracterización multidisciplinaria de la zona
costera de Sisal, de Joaquín R. Garza Pérez y Irina A. R. Ize Lema (Mérida:
Dante, 2017), 58–66, https://agua.org.mx/wp-content/uploads/2017/08/
Caracterizaci%C3%B3n-multidisciplinaria-de-la-zona-costera-de-SisalYucat%C3%A1n.pdf.
41
Fraga, “El proceso de emigración hacia la costa de Yucatán: estudio de
cuatro puertos del litoral yucateco”.
42
Carlos Manuel Medina Ortiz, “La pesca en el puerto de Sisal: un aspecto
económico-social” (Tesis de licenciatura en Ciencias Antropológicas, Universidad Autónoma de Yucatán, 1988), 98.
43
Ulsía Urrea Mariño, “Sisal, caso paradigmático de estudio: prácticas
de vida y basura”, Antropologías del Sur, núm. 5 (2016): 167, https://doi.
org/10.25074/rantros.v3i5.819.
44
José María de Regil y Alonso Manuel Peón, Estadística de Yucatán (México: Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, 1853), 104.
45
Antochiw, Historia cartográfica de la Península de Yucatán, 258.
40

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

183

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

Así pues, existieron asentamientos en Kopté, Choventún, San
Rafael Xtul, Chonloh, Nohxeb, Sintachi, Cholul y Punta Piedra,
formados generalmente por 3 o 4 viviendas, cocina, oratorio y
asaderos para el secado y salado del pescado, llegando algunos a
tener embarcaderos y bodegas de henequén.46 Estos sitios estaban
dedicados completamente a la pesca, la extracción de sal y el
corte de leña de mangle para su procesamiento.
A partir de 1840, los yacimientos salineros comunales comenzaron a ser privatizados e incorporados a las haciendas del interior.47 Se intensificó la extracción de sal para el mercado nacional
e internacional, para lo cual se hicieron modificaciones en el relieve a fin de ampliar las charcas, crear barreras de arena, estacadas
de mangle, zanjas y canales de desagüe.48 Esta práctica fue abandonada después de la creación de la Industria Salinera de Yucatán
en 1934, quedando solo algunas charcas para autoconsumo.49 En
cambio, los ranchos pesqueros perduraron hasta las décadas de
1960-70 cuando esta actividad y se tecnificó y centralizó en la zona
urbana de Sisal. Por otro lado, la existencia de un sitio denominado
Millet Cámara, Burgos Villanueva, y Andrews, “Panorama histórico de la
Costa Norte de Yucatán durante el siglo XIX y principios del XX”.
47
María de Lourdes Fernández Glory, “Estudio de las condiciones sociales,
económicas y ambientales que permitirían la rehabilitación de las charcas salineras de Chuburná Puerto” (Tesis de licenciatura en Ciencias Antropológicas,
Mérida, Universidad Autónoma de Yucatán, 1997), 46.
48
José Enrique Serrano Catzín, “Apuntes sobre la industria salinera de Yucatán a mediados del siglo XIX” (Tesis de licenciatura en Historia, Mérida,
Universidad Autónoma de Yucatán, 1986), 69–70.
49
Medina Ortiz, “La pesca en el puerto de Sisal: un aspecto económico-social”, 88.
46

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

184

�Gabriel Torales Ayala

“potrero de Augil” y algunas fuentes sugieren que hubo pastoreo de
animales de carga a lo largo de la isla de barrera aprovechando la
vegetación de las dunas costeras.50 Esta actividad fue abandonada
como consecuencia de la motorización de los transportes y de la
construcción de una carretera entre Celestún y Progreso en 1922.51
Durante el siglo XX el paisaje de los potreros y las dunas
costeras fue transformado por la expansión de las plantaciones de
cocales, aunque ya había cultivos desde el siglo anterior.52 El desarrollo de ranchos copreros dedicados a la venta de semillas secas
de coco para la fabricación de aceites permitió a los propietarios
conservar grandes extensiones de tierra durante la Reforma Agraria.53 Así ocurrió con los ranchos Tres Piedras, Margarita, Carmen,
Punta Piedra, La Victoria y El Palmar en los alrededores de Sisal.54
Hacia 1930 se hablaba de “grandes bosques de palmeras” en la actual Reserva Estatal El Palmar, que debe su nombre a dichas plantaciones.55 En la década de 1980 los cocales fueron diezmados por
BY. Itinerarios y leguarios que proceden de Mérida, capital del Estado de
Yucatán, a las vigías de su parte litoral, a las cabeceras de los Partidos que los
componen, de estas a los que son limítrofes y de los puntos más notables de su
costa, 1851, fondo reservado, clasificación: FR-0000171, ficha: 3264, p. 32.
51
Escalona y Ramos, “Un puerto para Yucatán: Sisal”, 30.
52
Millet Cámara, Burgos Villanueva, y Andrews, “Panorama histórico de la
Costa Norte de Yucatán durante el siglo XIX y principios del XX”.
53
Erika Cruz Coria, Lilia Zizumbo Villareal, y Neptalí Monterroso Salvatierra, “La economía de enclave forestal: la configuración capitalista del paisaje
en Puerto Morelos, Quintana Roo, México (1902-1936)”, Diálogos, Revista
Electrónica de Historia 12, núm. 1 (2011): 77.
54
Cob Gio, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán.
55
Escalona y Ramos, “Un puerto para Yucatán: Sisal”, 24.
50

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

185

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

la plaga del amarillamiento letal y arrasados por el Huracán Gilberto en 1988 por lo que esta actividad fue abandonada generando un
repoblamiento de la vegetación de duna costera.56
Litoral
La costa noroeste de Yucatán se caracteriza por tener aguas poco
profundas y fuertes vientos que dificultan la navegación de grandes navíos,57 por lo que la habilitación del puerto en Sisal se relaciona con la presencia de arrecifes cercanos que proveen alguna
protección a los barcos anclados en mar abierto.58 El funcionamiento del puerto de altura implicó un aumento en el flujo de embarcaciones, desde pequeños botes para carga y descarga (figura
2), pasando por canoas y bongos de madera, hasta barcos militares y mercantes como fragatas, goletas, jabeques, bergantines,
pailebotes y buques de vapor.59 Algunas de estas embarcaciones
al naufragar frente a las costas de Sisal modificaron el paisaje
litoral y crearon nuevos hábitats para la biodiversidad marina.60
Ulsía Urrea Mariño, “Análisis de las prácticas de vida asociadas a la basura, los residuos y los deshechos en la población costera de Sisal, Yucatán:
propuesta de modelo de manejo” (Tesis de licenciatura en Manejo Sustentable
de Zonas Costeras, Universidad Nacional Autónoma de México, 2012), 43.
57
Calzadilla et al., Apuntaciones para la estadística de la provincia de Yucatán del año de 1814, 22.
58
Escalona y Ramos, “Un puerto para Yucatán: Sisal”, 9–12.
59
Trujillo Bolio, El Golfo de México en la centuria decimonónica. Entornos
geográficos, formación portuaria y configuración marítima., 102.
60
Rocío Escalante Posse, “Evidencia arqueológica pecio ancla macuca,
acercamiento a la limpieza dental del siglo XVIII” (Tesis de licenciatura en
arqueología, Mérida, Universidad Autónoma de Yucatán, 2017), 29–31.
56

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

186

�Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

Fuente: elaboración propia con datos obtenidos de INEGI y Anthony P. Andrews et al., “An Archaeological
Survey…”, 2002.

Principales asentamientos y actividades humanas en la costa de Sisal entre 1807 y 1871

Figura 2

Gabriel Torales Ayala

187

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

El flujo de barcos mercantes y militares se redujo con la
degradación del puerto a cabotaje, quedando solo embarcaciones
menores que fueron reemplazadas más tarde por el transporte
terrestre motorizado.61 Entre ellas se incluyen los pequeños botes
de vela o remos que se utilizaban para la pesca ribereña, junto
con instrumentos artesanales como el chinchorro, el anzuelo o
la red.62 La pesca se practicó junto con la cacería de tortugas y
mamíferos marinos como el llamado ‘puerco de mar’ (Monachus
tropicalis), que se extinguió por sobreexplotación en la primera
mitad del siglo XX.63 La pesca ribereña se mantuvo sin cambios
importantes hasta la década de 1970, cuando la flota fue
reemplazada por embarcaciones motorizadas de fibra de vidrio,
con neveras y mayor capacidad de carga, que permitieron ampliar
la zona de pesca ribereña y el volumen de captura, especialmente
de chernas, langostas, cazones y tiburones,64 lo que condujo al
incremento de las actividades pesqueras y la sobreexplotación del
recurso.65
Andrews, Burgos Villanueva, y Millet Cámara, “The Henequen Ports of
Yucatan’s Gilded Age”.
62
Calzadilla et al., Apuntaciones para la estadística de la provincia de Yucatán del año de 1814, 36.
63
Anthony P. Andrews, “La extinción de la foca (Monachus tropicalis) en
Yucatán”, Boletín de la Escuela de Ciencias Antropológicas de la Universidad
de Yucatán 12, núm. 68 (1984): 3–12.
64
Medina Ortiz, “La pesca en el puerto de Sisal: un aspecto económico-social”, 81.
65
Julia Fraga, “Caracterización Social y Económica de Tres Comunidades
de la Eco-región”, en Plan de Conservación de la Eco-región Petenes-Celestún-Palmar, ed. Efraím Acosta Lugo et al. (Campeche: Centro EPOMEX–
61

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

188

�Gabriel Torales Ayala

Ciénaga
Esta unidad de paisaje fue modificada en su hidrología como
resultado de la construcción de vías de comunicación y transporte.
Desde 1565 se construyó una calzada de piedra y tierra para
cruzar el humedal, la cual fue ampliada y allanada entre 1790-93
para facilitar la circulación de carretas.66 Esta vialidad redujo el
flujo de agua de la ciénaga a dos puntos: un puente al sur de la
zona urbana que se observa en el plano de 183967 y otro puente
“levadizo” que aparece en el plano de 1845.68 En 1959 la vialidad
fue asfaltada, eliminando los puentes y dejando 4 ductos para la
circulación de agua.69
Además, durante el funcionamiento del puerto de cabotaje se instaló una vía Decauville entre la hacienda San Antonio
Yaxché y el rancho pesquero de San Rafael Xtul para transportar
henequén y otras mercancías hacia la costa, lo que igualmente
alteró el flujo hídrico y la pesca lagunar.70 De acuerdo con fuentes
Universidad Autónoma de Campeche, 2010), 153.
66
Calzadilla et al., Apuntaciones para la estadística de la provincia de Yucatán del año de 1814, 48.
67
MMOB. Gulf of Mexico: Sisal Reefs, surveyed in 1838 by Com. E. Barnett. Hydrographic Office of the Admiralty, 1838, Colección General, Estado
de Yucatán.
68
Pedro Cámara y Vergara, “Plano del terreno comprendido entre la capital
de Yucatán, El Progreso y Sisal, representándose en él los caminos principales que de Mérida parten para dichos puntos”, en Cartografía histórica de la
Península de Yucatán,1821-1970, de Arturo Taracena Arriola y Miguel Ángel
Pinkus Rendón (Mérida: Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales UNAM, 2010).
69
Fraga, “La inmigración y sus principales efectos en la costa yucateca.
Estudio de caso en Celestún y Sisal”, 169.
70
Andrews, Burgos Villanueva, y Millet Cámara, “The Henequen Ports of
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

189

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

orales, en esa misma época fueron construidos canales o ‘brazos
de agua’ para facilitar la circulación de canoas o cayucos a través
de la ciénaga durante la temporada seca.71
Durante el siglo XX se practicó la pesca artesanal de lisas (Mugil cephalus), mojarras pintas (Ciclhasoma urophtalmus),
chivitas (Melongena corona), jaibas (Callinectes sapidus), camarones (Farfantepenaeus spp.),72 la cacería de lagartos (Crocodylus moreletti) con arpón para la venta de pieles,73 y la cacería
deportiva de patos, especialmente cercetas azules (Anas discors),
boludos chicos (Aythia affinis) y chalcuanes (Mareca americana).74 El turismo cinegético se incrementó después de la Segunda
Guerra Mundial y representó una importante fuente de ingresos
para la población,75 pero decayó a finales del siglo XX por la reducción de las poblaciones de patos, fenómenos meteorológicos
y restricciones impuestas por la REEP. Esta práctica, así como el
vertido de deshechos de la zona urbana repercutieron en la contaminación del humedal.76
Yucatan’s Gilded Age”, 31–33.
71
Esquivel, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán.
72
Medina Ortiz, “La pesca en el puerto de Sisal: un aspecto económicosocial”, 99.
73
Felipe Santiago Tuz Martín, entrevista realizada por Gabriel Torales en
Sisal, Yucatán, el 28 de enero de 2018.
74
Fraga, “La inmigración y sus principales efectos en la costa yucateca.
Estudio de caso en Celestún y Sisal”, 152.
75
Jorge Carlos Rosado Baeza y Luis Carlos Rosado Van der Gracht, “Turismo de aventura y natura”, Historia del Turismo en Yucatán (blog), 2015,
https://historiadelturismoenyucatan.wordpress.com /ecologia.
76
Urrea Mariño, “Sisal, caso paradigmático de estudio: prácticas de vida y
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

190

�Gabriel Torales Ayala

Petenes
Las principales modificaciones en esta unidad de paisaje estuvieron
relacionadas con el desarrollo de actividades forestales. En el siglo
XIX los petenes eran descritos como islotes en la ciénaga, formados
por mangles, zapotes y mameyes, de los que se extraía leña, madera,
chicle y aceite de zapoyol, habiendo en ellos “arboles encumbrados
de que por lo regular se sirven los moradores para las construcciones
de casas”.77 Según fuentes orales, las especies más usadas eran el
tabché (Rizophora mangle), el botoncillo (Conocarpus erectus), y
el tzak-okóm (Laguncularia racemosa) para leña y muros de casas;
el zapote (Manilkara zapota) para postes, vigas y carretas; el huano
(Sabal yapa) y el chit (Thrinax radiata) para techos de palma;
el makulis (Tabebuia rosea) para mástiles, palancas y remos de
botes; y el corcho (Annona glabra) para redes y artes de pesca.78
Los restos de una vía Decauville que conecta directamente el petén
‘Piedras Calientes’ con la costa sugieren que hubo una extracción
considerable de productos forestales con fines comerciales durante
el funcionamiento del puerto de cabotaje.79
Hasta mediados del siglo XX, el huano y el tabché de los
alrededores de Sisal eran vendidos para la construcción de viviendas
basura”, 161.
77
Serapio Baqueiro, Reseña geográfica, histórica y estadística del Estado
de Yucatán desde los primitivos tiempos de la Península (México: Imprenta de
Francisco Diaz de León, 1881), 11.
78
Cob Gio, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán; Esquivel, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán.
79
Reymundo Ek Canché, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal,
Yucatán, el 1 de marzo de 2018.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

191

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

y como materia prima para las curtidurías de Hunucmá. Además,
hubo extracción de chicle en algunos petenes, lo que ocasionó la
pérdida de zapotales.80 Durante la segunda mitad del siglo XX
la extracción forestal y la actividad chiclera disminuyeron como
consecuencia de cambios en el mercado, la introducción de nuevos
materiales constructivos, un mayor uso de gas como combustible,
y las nuevas regulaciones impuestas por la REEP.
Zonas inundables
Las zonas inundables también fueron modificadas durante
el siglo XIX como resultado de la extracción del palo de tinte
(Haematoxylum campechianum). La exportación de este material
aumentó desde 1840, alcanzando su mayor apogeo hacia 1885
para luego decaer a principios del siglo XX debido al desarrollo
de colorantes artificiales.81 El palo de tinte abunda en áreas
cenagosas, bajíos o akalchés, orillas de las aguadas, pantanos
y hasta en orilla de mar, espacios en cuyas inmediaciones se
establecieron ranchos especializados en su explotación que
consistía en el corte, troceado, descortezamiento, transporte y
extracción de la tinta, misma que era realizada por trabajadores
afrodescendientes capaces de extraer entre 12 y 15 quintales por
Esquivel, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán; Cob
Gio, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán; Tuz Martín,
entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán.
81
Michael A. Camille y Rafael Espejo-Saavedra, “Historical Geography of
the Belizean Logwood Trade”, Yearbook Conference of Latin Americanist Geographers, núm. 22 (1996): 76–86.
80

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

192

�Gabriel Torales Ayala

día (600-750 kg).82 En Sisal existió maquinaria para extraer el
colorante al menos desde 1831,83 y la materia prima provenía
de ranchos y sitios de corte cercanos como San Francisco de
Paula, Kaxek, Armas, Chen Solís, Xluch, Xcanayab, El Sartén,
Pozo Chonchán, Chansayab y Donotehucum,84 los cuales estaban
conectados por una red de caminos de fango y calzadas.85
El antiguo poblado de San Francisco de Paula, también
identificado como el “rancho de los negros”,86 es un ejemplo
de este tipo de asentamientos. La localidad fue parte de la
hacienda San Joaquín y su anexa Chencopó y sus habitantes
eran afrodescendientes.87 En 1849 contaba con 47 habitantes (25
Antonio García Canul et al., Enciclopedia Yucatanense, vol. XI (Mérida:
Gobierno del Estado de Yucatán, 1980), 272–75; Regil y Peón, Estadística de
Yucatán, 235.
83
Marcela González Calderón, “La imprenta en la península de Yucatán en
el siglo XIX” (Tesis de doctorado en Historia, Mérida, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 2014), 39.
84
AGEY. Antonio Esquivel comunica al jefe político de Mérida las manifestaciones de la existencia del palo de tinte en los ranchos, 1878, fondo: Poder
Ejecutivo 1843-1885, sección: Secretaría General del Estado, serie: correspondencia oficial, caja: 331, vol.: 281, exp.: 47, fojas: 5.
85
Anthony P. Andrews, Carlos Cortés, y Fernando Robles Castellanos, “Proyecto San Francisco de Paula y Kaxek”, Reporte final para el Comittee for
Research and Exploration (National Geographic Society, 2015), 6.
86
Cámara y Vergara, “Plano del terreno comprendido entre la capital de Yucatán, El Progreso y Sisal, representándose en él los caminos principales que
de Mérida parten para dichos puntos”.
87
Jorge Victoria Ojeda, “San Fernando Aké y San Francisco de Paula: dos
poblados de negros (libres) en Yucatán, siglos XVIII y XIX”, en Vicisitudes
negro africanas en Iberoamérica: experiencias de investigación, de Juan Manuel De la Serna (México: Centro de Investigaciones sobre América Latina y
el Caribe UNAM, 2011), 315.
82

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

193

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

hombres, 22 mujeres) dedicados a la agricultura, la cría de gallinas
y puercos, y la recolección de leña en el monte.88 El asentamiento
estaba formado por casas con techo de huano rodeadas de patios
con gallineros y chiqueros, una pequeña iglesia y una plazuela.89
Estudios arqueológicos han identificado 28 lotes donde existieron
casas de piedra, cocinas, corrales, bodegas, pozos, iglesia, casa para
reuniones, así como diversas especies vegetales introducidas como
siricotes (Cordia dodecandra), guayas (Melicoccus bijugatos),
sábila (Aloe vera) y belladona (Atropa belladonna), así como
islotes de tierra negra en los alrededores que sugieren que había un
manejo intensivo de suelos para favorecer la agricultura.90
Durante una prospección en campo constatamos la existencia de dichos islotes que contrastan con los suelos salitrosos del
entorno, así como la abundancia de árboles de palo de tinte distribuidos de forma regular en los alrededores del asentamiento, lo
que sugiere que pudieron ser cultivados. Así mismo, observamos
una gran cantidad de palmas de huano y otras especies introducidas
como nopales (Opuntia spp.). Estos patrones de vegetación claraAGEY. Padrón general de los habitantes del Puerto de Santa María de Sisal
y su comprensión, rancho de San Francisco de Paula y Celestún, 1849, fondo:
Poder Ejecutivo 1842-1885, censos y padrones, caja 64, vol. 14, exp. 49, fojas
23.
89
AGEY. Causa instruida contra Camila Sandoval por el delito de incendio
perpetrado en el rancho San Francisco de la jurisdicción de Sisal, 1853, fondo:
Justicia 1821-1913, serie: penal, subserie: incendio, caja: 67, vol. 67, exp. 2,
fojas: 46.
90
Andrews, Cortés, y Robles Castellanos, “Proyecto San Francisco de Paula
y Kaxek”.
88

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

194

�Gabriel Torales Ayala

mente de origen antrópico persisten en la actualidad, a pesar de
que el sitio fue abandonado hace aproximadamente cien años como
consecuencia de la caída de los precios del palo de tinte y la salida
del último cargamento con este producto desde Sisal en 1915.91 Los
terrenos donde se encontraba el asentamiento fueron entregados al
ejido de Sisal en 1931, junto con una franja de tierras inundables
en donde los ejidatarios practicaron “una raquítica y esporádica explotación ganadera”,92 así como la siembra de milpas y la caza.93
Selva baja
Esta unidad de paisaje fue modificada por sucesivos ciclos de expansión y contracción de prácticas agrícolas y ganaderas. A mediados del siglo XIX se registró la presencia de 37 labradores en
Sisal y sus alrededores94 y se calculó una superficie de al menos
3,012 mecates sembrados de maíz (120.48 hectáreas).95 La práctica de roza-tumba-quema era predominante con dos cosechas
consecutivas seguidas por periodos de barbecho de hasta quince
años.96 Por tanto, es posible estimar un mínimo de 900 hectáreas
Hoyos Villanueva et al., Enciclopedia Yucatanense, III:602.
Canul Cahuich, “Perspectivas para el desarrollo socioeconómico y político del pueblo y puerto de Sisal”, 7.
93
Ek Canché, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán.
94
AGEY. Padrón general de los habitantes del Puerto de Santa María de Sisal
y su comprensión, rancho de San Francisco de Paula y Celestún, 1849
95
BY. Jefatura Política de Mérida. Partidos de Yucatán, Campeche y Tabasco, 1851, fondo reservado, serie microfilmes de gobernación, clasificación:
FR-BIB-Ej.1.
96
Calzadilla et al., Apuntaciones para la estadística de la provincia de Yucatán del año de 1814, 50; Regil y Peón, Estadística de Yucatán, 201.
91
92

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

195

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

con manejo agrícola-ganadero que formaban un mosaico de milpas itinerantes intercaladas con barbechos en distintas etapas de
sucesión vegetal, en donde pastoreaba el ganado de los ranchos
ganaderos-maiceros cercanos.
Durante la segunda mitad del siglo XIX este paisaje fue
transformado cuando las haciendas se volcaron a la producción
del henequén (Agave fourcroydes). El cultivo de esta planta
se concentró en los terrenos secos y mejor drenados de las
haciendas de Concepción, Navanché, San Miguel, San Román,
San Joaquín y Chencopó, localizadas entre Sisal y Hunucmá
(figura 3).97 Tan solo en esta última localidad, la superficie con
henequén pasó de 855 mecates en 185198 a 16,344 en 1878.99
Esta expansión del monocultivo desplazó la ganadería hacia las
zonas periféricas y pastizales inundables en donde continuó el
pastoreo.
Durante la Reforma Agraria, en Sisal se dotó a 46
campesinos con 2,208 hectáreas de terrenos inundables y selva
baja.100 En 1965 se amplió la dotación ejidal con 3,450 hectáreas
Lara y Lara, Sisal: ensayo monográfico, 28.
BY. Jefatura Política de Mérida. Partidos de Yucatán, Campeche y Tabasco, 1851.
99
AGEY. Estado general estadístico del partido de Hunucmá, 1878, fondo:
Congreso del Estado 1833-1946, serie: informes, sección: pleno del Congreso, caja: 67, vol. 2, exp. 14.
100
Registro Agrario Nacional (RAN). Resolución presidencial dotación del
ejido de Sisal, 1931, Secretaría de la Reforma Agraria, expediente: 42/153, serie documental: Procede, núcleo agrario: Sisal, municipio: Hunucmá, Estado:
Yucatán, acción agraria: Procede, asunto: documentación jurídica.
97
98

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

196

�Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

Fuente: elaboración propia con datos obtenidos de INEGI y Anthony P. Andrews et al., “An Archaeological
Survey…”, 2002.

Principales asentamientos y actividades humanas en la costa de Sisal entre 1872 y 1930

Figura 3

Gabriel Torales Ayala

197

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

la siembra de para 115 nuevos ejidatarios.101 Estas tierras fueron
usadas para maíz, frijoles, íbes, espelón, calabazas, tomates,
camotes, plátanos, papayas, limones, naranjas, guanábanas,
pitayas, guayas y ciruelas.102 Algunos ejidatarios incursionaron en
la ganadería instalando pequeños ranchos con corrales, pastizales
inducidos y pozos (figura 4), pero los abandonaron durante la
década de 1990 debido al abigeato.103 Las prácticas agrícolas
también fueron gradualmente abandonadas a medida que los
ejidatarios centraron su actividad económica en la pesca. La
pérdida de estas prácticas agropecuarias en las últimas décadas
ha favorecido el crecimiento de la vegetación secundaria que
actualmente predomina en esta unidad de paisaje.
Por último, en las inmediaciones de la selva baja hubo
también extracción de piedra caliza en una cantera, cuya
existencia se menciona desde 1931.104 Esta mina abasteció el
material utilizado para la construcción de la escollera en 1987;
sin embargo, la extracción concluyó debido a una inundación
causada por la ruptura de la capa freática.105 Actualmente el sitio
RAN. Resolución sobre la ampliación del ejido al poblado Sisal, en Hunucmá, 1967, Departamento de asuntos agrarios y colonización, expediente número:
42/153, serie documental: procede, núcleo agrario: Sisal, municipio: Hunucmá,
Estado: Yucatán, acción agraria: Procede, asunto: documentación jurídica.
102
Canul Cahuich, “Perspectivas para el desarrollo socioeconómico y político del pueblo y puerto de Sisal”, 34–39; Ek Canché, entrevista realizada por
Gabriel Torales en Sisal, Yucatán.
103
Cob Gio, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán; Tuz
Martín, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán.
104
Escalona y Ramos, “Un puerto para Yucatán: Sisal”, 30.
105
Ek Canché, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán.
101

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

198

�Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

Fuente: elaboración propia con datos obtenidos de INEGI, RAN, y Anthony P. Andrews et al., “An Archaeological Survey…”, 2002.

Principales asentamientos y actividades humanas en la costa de Sisal entre 1931 y 1990

Figura 4

Gabriel Torales Ayala

199

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

de la antigua mina es conocido como un “cenote” en donde los
vecinos de Sisal y Hunucmá realizan actividades recreativas.
Efectos en el paisaje actual
Durante el periodo estudiado existieron distintos tipos de
asentamientos humanos, incluyendo una base militar, un puerto
mercantil y una zona urbana, además de pequeños ranchos
pesqueros-salineros, copreros, ganaderos, madereros, cinegéticos,
haciendas henequeneras, asentamientos milperos itinerantes y
una cantera, los cuales estuvieron comunicados por una red de
carreteras, caminos, brechas, vías Decauville y canales, además
de rutas marítimas de cabotaje y altura.
En ellos se desarrollaron actividades como la vigilancia
y el patrullaje costero, la administración portuaria, el transporte
marítimo y terrestre de mercancías y personas, la pesca, la
caza, el corte de madera, la extracción de sal, piedra y chicle, la
ganadería extensiva y de traspatio, la agricultura comercial y para
autoconsumo, así como la construcción y el turismo. Lo anterior
tuvo cuatro efectos principales sobre los componentes biofísicos
del paisaje costero.
1. Cambios en la composición y distribución de la vegetación.
Se observan distintos patrones de cambio en la vegetación costera de
Sisal relacionados con el tipo de uso del suelo. Las transformaciones
más intensas y duraderas corresponden a la remoción total de la
vegetación ocurrida en la zona urbana y la cantera. Algo similar
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
200
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

�Gabriel Torales Ayala

ocurrió en las antiguas plantaciones de henequén donde a pesar
de la recuperación de la cobertura vegetal tras su abandono, se ha
reportado una menor riqueza de especies.106
En contraste, en las antiguas plantaciones de cocales se ha
observado un aumento de la biodiversidad tras el abandono, lo que
se explica por la hipótesis de la perturbación intermedia según la
cual “el cambio de uso de suelo para cultivo y su posterior abandono promueve una mayor diversidad debido a la constante colonización de especies vegetales pioneras” lo que no ocurre en sitios con
muy alto o muy bajo grado de modificación.107 Lo mismo podría
esperarse en las zonas inundables y porciones de selva baja donde
la agricultura de roza-tumba-quema con largos periodos de barbecho dejó parches de vegetación en distintas etapas de sucesión.
Otros cambios en los patrones de vegetación se deben a
la extracción selectiva de especies maderables y resinas, como
la reducción de las poblaciones de zapotales en los petenes, el
cultivo de palo de tinte en los ranchos madereros, y la introducción
de plantas comestibles y árboles frutales que ahora son parte del
paisaje costero.
José Antonio González-Iturbe, I. Olmsted, y Fernando Tun Dzul, “Tropical dry forest recovery after long term Henequen (sisal, Agave fourcroydes,
Lem.) plantation in northern Yucatan, Mexico.”, Forest Ecology and Management, núm. 167 (2002): 67–82.
107
Patricia Guadarrama-Chávez, José A. Ramos-Zapata, y Silvia Castillo Argüera, “La vegetación de dunas costeras y su interacción micorrícica en Sisal,
Yucatán: una propuesta de restauración”, en Recursos Acuáticos Costeros del
Sureste, de Alberto Sánchez, Xavier Chiappa-Carrara, y Roberto Brito Pérez
(Mérida: CONCITEY y Gobierno de Yucatán, 2012), 159–80.
106

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

201

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

2. Cambios hidrológicos en la ciénaga.
La construcción de vías de comunicación sobre la ciénaga modificó
el flujo hídrico, redujo el transporte de nutrientes y contribuyó
al aumento de la salinidad con efectos sobre la vegetación del
humedal como el aumento de pastizales halófilos y la reducción
de petenes y manglares. 108 Este último fenómeno causado por la
sedimentación de los afloramientos de agua dulce, puede estar
igualmente asociado con la apertura de canales hacia los petenes
para facilitar la extracción de recursos forestales. Además,
el abandono de las charcas salineras coincide con el periodo
de aumento de la salinidad de la ciénaga observado durante la
segunda mitad del siglo XX.109
3. Cambios morfológicos en la isla de barrera.
Son resultado de la expansión de la zona urbana, la construcción del
puerto de abrigo y escolleras, y el manejo de las charcas salineras.
La construcción de casas y estructuras costeras como el puerto de
abrigo, así como la remoción de la vegetación por el crecimiento de
la zona urbana, favorecen la erosión de la isla de barrera y la hacen
más vulnerable a huracanes.110 Además, la apertura de grandes
Eduardo Batllori Sampedro, José Luis Febles Patrón, y Julio Díaz Sosa,
“Landscape Change in Yucatan’s Northwest Coastal Wetlands (1948-1991)”,
Human Ecology Review 6, núm. 1 (1999): 12.
109
Eduardo Batllori Sampedro et al., “Condiciones ambientales relacionadas
con la actividad salinera en el estado de Yucatán”, en La sal en México, de Juan
Carlos Reyes, vol. II (Colima: Universidad de Colima, 1998), 401–48.
110
K.J. Meyer-Arendt, “Shoreline Changes along the North Yucatan Coast”,
en Coastlines of the Gulf of Mexico, ed. S. Laska y E. Puffer (New York: Ame108

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

202

�Gabriel Torales Ayala

charcas salineras ha inhibido el crecimiento de la vegetación de
dunas costeras favoreciendo la erosión y aumentando el riesgo de
la apertura de bocanas durante eventos ciclónicos.111
4. Creación de nuevos hábitats.
Algunas modificaciones antrópicas en el paisaje costero han
resultado en nuevos ambientes propicios para el desarrollo de
la biodiversidad. Por ejemplo, el crecimiento de formaciones
coralinas en los restos de las embarcaciones hundidas frente a las
costas de Sisal como resultado de la intensa actividad marítima
y portuaria durante el siglo XIX. Por otro lado, el cuerpo de
agua formado por la ruptura accidental de la capa freática en
la antigua cantera al sur del ejido se ha convertido en un sitio
atractivo para la llegada de aves y otras especies en búsqueda de
agua, especialmente durante la temporada seca, así como para la
colonización de plantas acuáticas.
Reflexiones finales
Este estudio reduce el vacío de información sobre la historia
ambiental de la costa de Sisal y ofrece perspectivas útiles para
rican Society of Civil Engineers, 1993), 103–17; A.P. Ruiz-Beltrán y R. Rioja-Nieto, “Variación de la línea de costa del noroeste de Yucatán en el periodo
2004-2014”, en Caracterización Multidisciplinaria de la Zona Costera de Sisal, Yucatán, de Joaquín R. Garza Pérez y Irina A. R. Ize Lema (Mérida: Dante,
2017), 67–74.
111
Fernández Glory, “Estudio de las condiciones sociales, económicas y ambientales que permitirían la rehabilitación de las charcas salineras de Chuburná
Puerto”.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

203

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

investigaciones similares en otras regiones de la costa yucateca.
Así mismo, proporciona un panorama histórico general que
servirá de base para futuros estudios sobre los efectos ecológicos
de prácticas específicas de manejo ambiental. Esto resalta el
potencial de los métodos de investigación histórica para la
obtención de datos relevantes en ecología y gestión ambiental.
Por otra parte, los resultados muestran que los antiguos
habitantes de la costa de Sisal construyeron un paisaje cultural
al modificar los factores biofísicos para obtener recursos y
facilitar el desarrollo de sus actividades y asentamientos. Dichas
modificaciones tienen efectos duraderos en el paisaje actual, en
sus procesos ecológicos y en los patrones de biodiversidad. Estos
hallazgos cuestionan la interpretación del área como un “paisaje
sin historia” implícito en el modelo de conservación vigente.
Además, complementan los resultados de un estudio previo
que sostiene que dicho modelo, impuesto verticalmente desde
el gobierno y la academia, se ha traducido en exclusión social,
prohibiciones, sanciones y un desconocimiento generalizado
sobre los objetivos y los beneficios de la conservación ambiental,
lo que pone en riesgo el éxito de los esfuerzos en este sentido.112
Ante este escenario, se requiere del involucramiento de
las comunidades locales en el diseño de las estrategias de gestión
del paisaje costero. El reconocimiento de que dicho paisaje y su
biodiversidad son el resultado de un largo proceso histórico de
Fraga, “Caracterización Social y Económica de Tres Comunidades de la
Eco-región”.
112

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

204

�Gabriel Torales Ayala

intervenciones y modificaciones del entorno realizadas por la
población local, en lugar de un ambiente natural original, sería un
paso importante hacia modelos de conservación más incluyentes
y participativos en la región.
Referencias
Archivo
Archivo General del Estado de Yucatán (AGEY)
Biblioteca Yucatanense (BY)
Mapoteca Manuel Orozco y Berra (MMOB)
Registro Agrario Nacional (RAN)
Bibliografía
Acosta Lugo, Efraím, David Alonzo Parra, María Andrade Hernández, Delfina Castillo Tzab, Juan Chablé Santos, Rafael
Durán García, Celene Espadas Manrique, et al. “Caracterización de la Eco-región los Petenes-Celestún-El Palmar”. En Plan de Conservación de la Eco-región Petenes-Celestún-Palmar, 33–48. Campeche: Universidad
Autónoma de Campeche. Pronatura Península de Yucatán. A.C., 2010.
Andrews, Anthony P. “La extinción de la foca (Monachus tropicalis) en Yucatán”. Boletín de la Escuela de Ciencias
Antropológicas de la Universidad de Yucatán 12, núm. 68
(1984): 3–12.
Andrews, Anthony P., Rafael Burgos Villanueva, y Luis Millet Cámara. “The Henequen Ports of Yucatan’s Gilded Age”. International Journal of Historical Archaeology 16, núm. 1
(2012): 25–46. https://doi.org/10.1007/s10761-012-0168-z.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
205
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

Andrews, Anthony P., Carlos Cortés, y Fernando Robles Castellanos. “Proyecto San Francisco de Paula y Kaxek”. Reporte final para el Comittee for Research and Exploration.
National Geographic Society, 2015.
Andrews, Anthony P., Fernando Robles Castellanos, David S.
Anderson, Crowrey Lawton, Edgar Medina Castillo, Angélica Torres, y Teresa Ceballos Gallareta. “An Archaeological Survey of Northwest Yucatan, Mexico”. Reporte
final de la temporada 2002 para el Comittee for Research
and Exploration. National Geographic Society, 2002.
Antochiw, Michel. Historia cartográfica de la Península de Yucatán. Mérida: Centro de Investigación y de Estudios
Avanzados del IPN, 1994.
Balée, William. “The Research Program of Historical Ecology”. Annual Review of Anthropology 35, núm. 1
(2006):
75–98.
https://doi.org/10.1146/annurev.anthro.35.081705.123231.
Baqueiro, Serapio. Reseña geográfica, histórica y estadística del
Estado de Yucatán desde los primitivos tiempos de la Península. México: Imprenta de Francisco Diaz de León,
1881.
Batllori Sampedro, Eduardo, José Luis Febles Patrón, Carmen
Díaz Novelo, y Miguel Briceño Quijano. “Condiciones
ambientales relacionadas con la actividad salinera en el
estado de Yucatán”. En La sal en México, de Juan Carlos
Reyes, 401–48. Colima: Universidad de Colima, 1998.
Batllori Sampedro, Eduardo, José Luis Febles Patrón, y Julio
Díaz Sosa. “Landscape Change in Yucatan’s Northwest
Coastal Wetlands (1948-1991)”. Human Ecology Review
6, núm. 1 (1999): 8–20.
Boivin, Nicole L., Melinda A. Zeder, Dorian Q. Fuller, Alison
Crowther, Greger Larson, Jon M. Erlandson, y Tim DenSillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
206
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

�Gabriel Torales Ayala

ham. “Ecological consequences of human niche construction: examining long-term anthropogenic shaping of
global species distributions”. Proceedings of the National Academy of Sciences 113, núm. 23 (2016): 6388–96.
https://doi.org/10.1073/pnas.1525200113.
Bracamonte y Sosa, Pedro. “Haciendas y ganado en el noroeste
de Yucatán, 1800-1850”. Historia Mexicana 37, núm. 4
(1988): 613–39.
Calzadilla, José María de, Policarpo Antonio de Echánove, Pedro
Bolio Torresillas, y José Miguel Zuaznávar. Apuntaciones
para la estadística de la provincia de Yucatán del año de
1814. Tercera edición. Gobierno del Estado de Yucatán,
1977.
Cámara y Vergara, Pedro. “Plano del terreno comprendido entre
la capital de Yucatán, El Progreso y Sisal, representándose
en él los caminos principales que de Mérida parten para
dichos puntos”. En Cartografía histórica de la Península
de Yucatán,1821-1970, de Arturo Taracena Arriola y Miguel Ángel Pinkus Rendón. Mérida: Centro Peninsular en
Humanidades y Ciencias Sociales UNAM, 2010.
Camille, Michael A., y Rafael Espejo-Saavedra. “Historical
Geography of the Belizean Logwood Trade”. Yearbook
Conference of Latin Americanist Geographers, núm. 22
(1996): 76–86.
Canto Mayén, Emiliano. “Sisal: comercio y vida cotidiana (18061871)”. En Puertos y comercio en el Golfo de México (siglo XIX), de Ivett García Sandoval, Marisa Pérez Domínguez, y José Ronzón León, 57–78. Campeche: Ediciones
Morbo, 2012.
Canul Cahuich, Mario Alonso. “Perspectivas para el desarrollo
socioeconómico y político del pueblo y puerto de Sisal”.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

207

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

Tesis de licenciatura en Economía, Universidad Autónoma de Yucatán, 1980.
Clement, Charles R., y Mariana F. Cassino. “Landscape Domestication and Archaeology”. En Encyclopedia of Global Archaeology, editado por C. Smith. Springer, 2018.
10.1007/978-3-319-51726-1_817-2.
Cob Gio, Adalio. entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán, el 28 de enero de 2018.
Crumley, Carole. “Historical ecology and the study of landscape”.
Landscape Research 42, núm. Sup1 (2017): S65–73. https://doi.org/10.1080/01426397.2017.1399994.
Cruz Coria, Erika, Lilia Zizumbo Villareal, y Neptalí Monterroso
Salvatierra. “La economía de enclave forestal: la configuración capitalista del paisaje en Puerto Morelos, Quintana
Roo, México (1902-1936)”. Diálogos, Revista Electrónica de Historia 12, núm. 1 (2011): 51–77.
Denevan, William. “The Pristine Myth: The Landscape of the
Americas in 1492”. Annals of the Association of American Geographers 82, núm. 3 (1992): 369–85.
Dupouey, Jean-Luc, Etienne Dambrine, Jean-Denis Laffite, y C.
Moares. “Irreversible Impact of Past Land Use on Forest Soils and Biodiversity”. Ecology 83, núm. 11 (2002):
2978–84. https://doi.org/10.2307/3071833.
Echeverría Pacheco, Francisco Roberto. “Proyecto de rehabilitación del muelle de Sisal, Yucatán”. Tesis de Ingeniería
Civil, Universidad Autónoma de Yucatán, 2006.
Ek Canché, Reymundo. entrevista realizada por Gabriel Torales
en Sisal, Yucatán, el 1 de marzo de 2018.
Ellis, Erle C. “Ecology in an Anthropogenic Biosphere”. Ecological Monographs 85, núm. 3 (2015): 287–331. https://doi.
org/10.1890/14-2274.1.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

208

�Gabriel Torales Ayala

Erickson, Clark L. “Amazonia: The Historical Ecology of a Domesticated Landscape”. En The Handbook of South American Archaeology, de Helaine Silverman y William Isbell,
157–83. New York: Springer, 2008. 10.1007/978-0-38774907-5_11.
Escalante Posse, Rocío. “Evidencia arqueológica pecio ancla macuca, acercamiento a la limpieza dental del siglo XVIII”.
Tesis de licenciatura en arqueología, Universidad Autónoma de Yucatán, 2017.
Escalona y Ramos, Alberto. “Un puerto para Yucatán: Sisal”. Tesis de Ingeniería Civil, Universidad Nacional Autónoma de
México, 1931. Biblioteca Yucatanense (BCCA-1141-1.).
Esquivel, Fernando. entrevista realizada por Gabriel Torales en
Sisal, Yucatán, el 29 de enero de 2018.
Fernández Glory, María de Lourdes. “Estudio de las condiciones
sociales, económicas y ambientales que permitirían la rehabilitación de las charcas salineras de Chuburná Puerto”.
Tesis de licenciatura en Ciencias Antropológicas, Universidad Autónoma de Yucatán, 1997.
Fraga, Julia. “Caracterización Social y Económica de Tres Comunidades de la Eco-región”. En Plan de Conservación de la
Eco-región Petenes-Celestún-Palmar, editado por Efraím
Acosta Lugo, David Alonzo Parra, María Andrade Hernández, Delfina Castillo Tzab, Juan Chablé Santos, Rafael Durán García, y Celene Espadas Manrique, 135–62.
Campeche: Centro EPOMEX–Universidad Autónoma de
Campeche, 2010.
———. “El proceso de emigración hacia la costa de Yucatán:
estudio de cuatro puertos del litoral yucateco”. Reporte
final de investigación. Mérida: Centro de Investigación y
de Estudios Avanzados del IPN, 1992.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

209

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

———. “La inmigración y sus principales efectos en la costa
yucateca. Estudio de caso en Celestún y Sisal”. Tesis de
maestría en Ciencias Antropológicas, Universidad Autónoma de Yucatán, 1993.
Fraterrigo, Jennifer R. “Landscape Legacies”. En Encyclopedia
of Biodiversity, editado por S.A. Levin, 524–30. Academic Press, 2013. 10.1016/B978-0-12-384719-5.00388-9.
García Canul, Antonio, Renán Irigoyen Rosado, Rodolfo Ruz
Menéndez, y Humberto Lara y Lara. Enciclopedia Yucatanense. Vol. XI. Mérida: Gobierno del Estado de Yucatán, 1980.
Goebel McDermott, Anthony, David Chavarría Camacho, y Ronny J. Viales Hurtado. “La construcción social de un espacio ‘prístino’: paisajes predominantes e interacciones funcionales en el sistema socio-ambiental Parque Nacional
Braulio Carrillo (1881-1987).” Forum for Inter-American
Research (FIAR) 13.1, núm. marzo (2020): 84–98.
González Calderón, Marcela. “La imprenta en la península de
Yucatán en el siglo XIX”. Tesis de doctorado en Historia,
Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 2014.
González-Iturbe, José Antonio, I. Olmsted, y Fernando Tun Dzul.
“Tropical dry forest recovery after long term Henequen
(sisal, Agave fourcroydes, Lem.) plantation in northern
Yucatan, Mexico.” Forest Ecology and Management,
núm. 167 (2002): 67–82.
Guadarrama-Chávez, Patricia, José A. Ramos-Zapata, y Silvia
Castillo Argüera. “La vegetación de dunas costeras y su
interacción micorrícica en Sisal, Yucatán: una propuesta de restauración”. En Recursos Acuáticos Costeros del
Sureste, de Alberto Sánchez, Xavier Chiappa-Carrara, y
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

210

�Gabriel Torales Ayala

Roberto Brito Pérez, 159–80. Mérida: CONCITEY y Gobierno de Yucatán, 2012.
Heckenberger, Michael, Afukaka Kuikuro, Urissapá Kuikuro, J.
Christian Russell, Morgan Schmidt, Carlos Fausto, y Bruna Franchetto. “Amazonia 1492: Pristine Forest or Cultural Parkland?” Science 301, núm. 5640 (2003): 1710–14.
https://doi.org/10.1126/science.1086112.
Herrera-Silveira, Jorge, Francisco A. Comín, y Luis Capurro.
“Los usos y abusos de la zona costera en la península de
Yucatán”. En El manejo costero en México, de E. Rivera
Arriaga, G.J. Villalobos Zapata, I. Azuz Adeath, y F.J. Rosado May, 387–96. Campeche: Centro de Ecología, Pesquerías y Oceanografía del Golfo de México, Universidad
Autónoma de Campeche., 2004.
Hoyos Villanueva, Luis, Rodolfo Ruz Menéndez, Renán Irigoyen
Rosado, y Humberto Lara y Lara. Enciclopedia Yucatanense. Segunda edición. Vol. III. Gobierno del Estado de
Yucatán, 1977.
Iturria Dawn, Raquel Aidé. “Contaminación histórica por hidrocarburos en el puerto de abrigo de Sisal, Yucatán”. Tesis
de licenciatura en Manejo Sustentable de Zonas Costeras,
Universidad Nacional Autónoma de México, 2012.
Lara y Lara, Humberto. Sisal: ensayo monográfico. Mérida: Dirección de Prensa y Publicidad del Gobierno del Estado, 1959.
Medellín, Gabriela. “Variabilidad espacio-temporal de la morfología de la playa en Sisal, Yucatán”. En Caracterización multidisciplinaria de la zona costera de Sisal, de
Joaquín R. Garza Pérez y Irina A. R. Ize Lema, 58–66.
Mérida: Dante, 2017. https://agua.org.mx/wp-content/
uploads/2017/08/Caracterizaci%C3%B3n-multidisciplinaria-de-la-zona-costera-de-Sisal-Yucat%C3%A1n.pdf.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

211

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

Medina Ortiz, Carlos Manuel. “La pesca en el puerto de Sisal: un
aspecto económico-social”. Tesis de licenciatura en Ciencias Antropológicas, Universidad Autónoma de Yucatán,
1988.
Meyer-Arendt, K.J. “Shoreline Changes along the North Yucatan
Coast”. En Coastlines of the Gulf of Mexico, editado por
S. Laska y E. Puffer, 103–17. New York: American Society of Civil Engineers, 1993.
Mezeta Canul, Luis Ángel. “El abastecimiento mercantil en la
ciudad de Mérida, 1790-1850”. Tesis de maestría en Historia, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en
Antropología Social, 2014.
Millet Cámara, Luis, Rafael Burgos Villanueva, y Anthony P. Andrews. “Panorama histórico de la Costa Norte de Yucatán
durante el siglo XIX y principios del XX”. En El pueblo
maya del siglo XIX: perspectivas arqueológicas e históricas, de Susan Kepecs y Rani T. Alexander, 71–92. México: Instituto de Investigaciones Filológicas UNAM, 2013.
Regil, José María de, y Alonso Manuel Peón. Estadística de Yucatán. México: Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, 1853.
Robles Castellanos, Fernando, y Anthony P. Andrews. “Proyecto
Costa Maya: Reconocimiento arqueológico de la esquina
noroeste de la Península de Yucatán”. En XVII Simposio
de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, editado por J.P. Laporte, B. Arroyo, H. Escobedo, y H. Mejía,
41–60. Guatemala: Museo Nacional de Arqueología y Etnología, 2003.
Rosado Baeza, Jorge Carlos, y Luis Carlos Rosado Van der Gracht. “Turismo de aventura y natura”. Historia del Turismo
en Yucatán (blog), 2015. https://historiadelturismoenyucatan.wordpress.com /ecologia.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

212

�Gabriel Torales Ayala

Ruiz-Beltrán, A.P., y R. Rioja-Nieto. “Variación de la línea de
costa del noroeste de Yucatán en el periodo 2004-2014”.
En Caracterización Multidisciplinaria de la Zona Costera de Sisal, Yucatán, de Joaquín R. Garza Pérez y Irina A.
R. Ize Lema, 67–74. Mérida: Dante, 2017.
SEGEY. Programa de Manejo de la Reserva Estatal El Palmar.
México: Secretaría de Ecología del Gobierno del Estado
de Yucatán, 2006.
Serrano Catzín, José Enrique. “Apuntes sobre la industria salinera
de Yucatán a mediados del siglo XIX”. Tesis de licenciatura
en Historia, Universidad Autónoma de Yucatán, 1986.
Sosa Escalante, Javier Enrique, y R. Kantún Palma. “Áreas Naturales Protegidas”. En Ordenamiento Territorial del Estado de Yucatán: visión 2030, editado por G. García Gil y
Javier Enrique Sosa Escalante, 75–89. Mérida: Gobierno
del Estado de Yucatán, 2013.
Szabó, Péter. “Historical ecology: past, present and future”. Biological Reviews 2015, núm. 90 (2015): 997–1014. https://
doi.org/10.1111/brv.12141.
Torales Ayala, Gabriel de Jesús. “Cambios históricos en el paisaje costero de Sisal, Yucatán. Estudio comparativo de tres
periodos: puerto de altura (1807-1871), puerto de cabotaje (1871-1931), y periodo ejidal (1931-1990).” Centro
de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN, 2019.
https://repositorio.cinvestav.mx/handle/cinvestav/1485.
Trujillo Bolio, Mario. El Golfo de México en la centuria decimonónica. Entornos geográficos, formación portuaria y configuración marítima. México: Miguel Ángel Porrúa, 2005.
Tuz Martín, Felipe Santiago. entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán, el 28 de enero de 2018.
Urrea Mariño, Ulsía. “Análisis de las prácticas de vida asociadas
a la basura, los residuos y los deshechos en la población
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

213

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

costera de Sisal, Yucatán: propuesta de modelo de manejo”.
Tesis de licenciatura en Manejo Sustentable de Zonas Costeras, Universidad Nacional Autónoma de México, 2012.
———. “Sisal, caso paradigmático de estudio: prácticas de vida
y basura”. Antropologías del Sur, núm. 5 (2016): 157–71.
https://doi.org/10.25074/rantros.v3i5.819.
Victoria Ojeda, Jorge. “San Fernando Aké y San Francisco de
Paula: dos poblados de negros (libres) en Yucatán, siglos
XVIII y XIX”. En Vicisitudes negro africanas en Iberoamérica: experiencias de investigación, de Juan Manuel De la Serna, 287–327. México: Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe UNAM, 2011.

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-153

214

�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde en territorio
misional jesuita al norte de la Nueva España
(1673-1692)
Don Pedrote. An indigenous rebel captain in Jesuit missionary
territory in northern New Spain (1673-1692)
Gilberto Sebastián Sánchez Luna
Universidad Autónoma de Coahuila
Saltillo, Coahuila, México
https://orcid.org//0000-0002-6291-8349
Celso Carrillo Valdés

https://orcid.org/0009-0008-7799-7060
Recibido: 13 de febrero de 2024
Aceptado: 5 de marzo de 2024
Resumen: Este trabajo analiza las causas de las rebeliones
dirigidas por el capitán indígena don Pedrote, busca rescatar
del pasado parte de su vida para contribuir a la comprensión
de la oposición indígena al avance hispano en el norte de la
Nueva España a fines del siglo XVII y explicar, a partir de estos
antecedentes, las manifestaciones de resistencia indígena del
presente. Esta investigación es un estudio de tipo cualitativo que
se basa en los manuscritos redactados por los conquistadores, son
documentos que corresponden al periodo de 1673 a 1692 y fueron
elaborados con fines muy diversos: guerra contra los indios,
impartición de justicia, órdenes militares, poblamiento y registro
215
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

de sacramentos. El análisis se complementa con otras fuentes
primarias y secundarias de tipo cualitativo. El estudio destaca que
la presencia española acentúo la disputa ancestral existente entre
los nómadas por el territorio donde obtenían su subsistencia y los
clasificó en indios amigos o enemigos, según su sumisión forzosa
o aparente al rey y a Dios y pone en evidencia la importancia de la
participación de las tropas de indios auxiliares en la pacificación
del territorio.
Palabras clave: nómadas; jesuitas; rebeldía; conversión;
exterminio.
Abstract: This work analyzes the causes of the rebellions led
by the indigenous captain Don Pedrote, seeks to rescue part of
his life from the past to contribute to the understanding of the
indigenous opposition to the Hispanic advance in the north of
New Spain at the end of the 17th century and explain, from this
background, the manifestations of indigenous resistance of the
present. This investigation is a qualitative study that is based on
the manuscripts written by the conquerors, they are documents that
correspond to the period from 1673 to 1692 and were prepared for
very diverse purposes: war against the Indians, administration of
justice, military orders, settlement and registration of sacraments.
The analysis is complemented with other primary and secondary
qualitative sources. The study highlights that the Spanish presence
accentuated the ancestral dispute between the nomads over the
territory where they obtained their subsistence and classified them
as Indian friends or enemies, according to their forced or apparent
submission to the king and God and highlights the importance of
participation as auxiliary Indian troops for the pacification of the
territory.
Key words: nomads; Jesuits; rebellion; conversion; extermination.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

216

�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

Introducción
El 22 de noviembre de 1673, en el Peñol Blanco, en las cercanías
de Cuencamé, un contingente de arcabuceros y flecheros leales
a la Corona apresó a dos indios: Phelipe de nación cabezas de
aproximadamente 22 años y Pedro de nación mamorima de 13
o 14 años, (este último era hermano menor del personaje cuya
biografía aborda este trabajo) los dos fueron acusados por Joseph
García de Salcedo, gobernador y capitán general del reino de la
Nueva Vizcaya ante el capitán Baltazar de Castro, justicia mayor
y capitán a guerra de este real, de cometer daños y asesinatos en
estas fronteras y en las del reino de la Nueva Galicia y reino de
León y de robar 54 bestias mulares y caballares. En su declaración
mediante interprete, ambos presos coincidieron en que fueron
enviados, junto con otros indios, por los capitanes de tres rancherías
de indios enemigos llamados don Bartolomé de nación cabezas,
don Fabián de nación mayos y don Pedro de nación mamorima1,
Las tres rancherías se encontraban en el paraje Ventanillas,2 lugar
al que llegaron, mencionó Phelipe, después de que salieron del
Tizonazo.3 Phelipe fue sentenciado a ser pasado por las armas a
En los documentos consultados, se menciona el nombre de don Pedro o
don Pedrote de nación mamorima, mamarí mamarí o cabezas, el análisis de
fuentes indica que se trata de la misma persona.
2
Ventanillas se ubica a 45 kilómetros al noreste de San Pedro de Las Colonias, Coahuila por la carretera No. 30.
3
Pueblo de misión asignado a los jesuitas entre 1607 y 1616 para la evangelización de los indios tepehuanos. Se localiza en el municipio de Indé, Durango. Alberto Ramírez Ramírez y Rubén Durazo Álvarez, “Las misiones jesuitas
de Durango” Antropología. Revista interdisciplinaria del INAH 67 (2002), 65.
1

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

217

�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

usanza de guerra como acérrimo salteador y responsable de robos
y muertes y su cabeza puesta en un palo en el camino real para
que sirviera de ejemplo.4 En el documento fuente no se menciona
qué edad tendría don Pedro, pero es evidente que estaba bautizado
y que anteponer el prefijo don a su nombre le atribuía autoridad
como cacique y capitán indígena.
Este estudio de tipo biográfico pretende dar respuesta a
las siguientes preguntas: ¿Por qué es importante estudiar a un
personaje como don Pedrote? ¿Cuáles fueron las razones de
los frecuentes levantamientos de los indígenas? ¿Cuál fue la
participación de los misioneros en los asentamientos de paz?
El texto se divide en cuatro partes. Comienza con el
contexto geográfico y del paisaje al sur de la Nueva Vizcaya,
se revisa el concepto de frontera de guerra y de “guerra justa”
aplicados por los españoles para el sometimiento de los
indígenas. En el segundo apartado se aborda el panorama general
de la colonización y evangelización de los indígenas en la Nueva
Vizcaya. En el tercer apartado se presenta el análisis de los
documentos en que se menciona su nombre y finalmente en las
conclusiones se reflexiona, entre otros aspectos, en los factores
que propiciaron las rebeliones indígenas en la Nueva España y en
particular los relacionados con la lucha de este cacique y capitán
indígena y su asentamiento de paz.
Archivo Histórico Municipal de Parral (en adelante AHMP). Milicia y
guerra. Sediciones. Real y Minas de Cuencamé. Autos relativos a la guerra
contra los indios enemigos para evitar los daños que éstos hacen, 22 de enero
de 1673, FC.C11.007.079.
4

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

218

�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

El espacio geográfico al sur de la Nueva Vizcaya
Desde la segunda mitad del siglo XVI, al norte de la Nueva España
en la región ubicada entre la Sierra Madre Oriental y la Sierra
Madre Occidental, se inició un proceso de poblamiento hispano
que cien años después distaba mucho de consolidarse. Este
territorio estaba ocupado por grupos “cuyas economías difieren
mucho entre sí, aquí se encuentran recolectores como los tobosos,
cazadores como los huachichiles, pescadores como los laguneros,
cultivadores incipientes como los conchos o cultivadores más
desarrollados como los sumas y jumanos”.5
En esta región semidesértica se encuentra el denominado
Bolsón de Mapimí, las planicies están separadas por cadenas
montañosas con elevaciones típicas de 1 300 m.s.n.m. o mayores.
Los terrenos entre las sierras forman cuencas cerradas que
acumulan agua periódicamente, cuya evaporación favoreció
la cristalización de sales y el desarrollo de pastizales.6 Este fue
el paisaje que encontraron los primeros conquistadores que se
internaron por este territorio, pero no lograron establecerse.7
Cecilia Sheridan, Anónimos y Desterrados. La contienda por el “sitio que
llaman Quauyla” Siglos XVI-XVIII (México: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 2000), 35.
6
Felipe Arreguín Cortés, Rubén Chávez Guillén y Pedro Soto Navarro, eds.
Una revisión de la presencia de arsénico en el agua subterránea en México
(México: Comisión Nacional del Agua-Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, 2012), http://www.elaguapotable.com/Ars%C3% A9nico%
20en% 20el %20agua% 20 subterranea%20en%20Mexico.pdf (Consultado 14
de enero de 2022).
7
Chantal Cramaussel. “El Bolsón de Mapimí: un hábitat indígena en la
5

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

219

�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

El establecimiento de reales de minas y asentamientos
hispanos al norte de Zacatecas enfrentó la rebeldía de los
indígenas nómadas que se oponían a la esclavización a través
de la cristianización y a la “pacificación” promovida por la
Corona española. La lucha contra los indios nómadas rebeldes
se apoyaba en el derecho otorgado a los reyes de España por
el papa Alejandro VI de obtener soberanía sobre los territorios
descubiertos y justificaba recurrir a la fuerza de las armas, en caso
de que los indios se negaran a reconocer la autoridad del rey de
España y aceptar la predicación del Evangelio.
Cecilia Sheridan propone que en la segunda mitad del
siglo XVI apareció el concepto de “frontera de guerra como
respuesta a los intentos militares de avanzar en una región habitada
por grupos nómadas guerreros resistentes a la invasión de sus
tierras”.8 La política que los españoles llamaron de “guerra justa”
se hizo evidente desde las primeras entradas de Nuño de Guzmán
para la captura y venta de indios de las provincias de Pánuco y
Michoacán y su traslado a las Antillas para sustituir la mano de
obra aborigen que fue súbitamente reducida desde los primeros
contactos con Cristóbal Colón. El término “pacificación” se usaba
para evitar mencionar que en realidad se daba muerte a los indios
que se oponían a la colonización, lo que daba como resultado el
sometimiento de los sobrevivientes.
época colonial” en Patricia Osante, José Enrique Covarrubias Velasco, Javier
Martínez, Juan Domingo Vidargas del Moral y Nancy Leyva (eds), Caminos y
vertientes del septentrión mexicano: Homenaje a Ignacio Del Rio, UNAM-Instituto de Investigaciones históricas, 2020, 165-188.
8
Sheridan, Anónimos y Desterrados…17.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

220

�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

La presencia española acentuó las rivalidades ancestrales
existentes entre los nómadas por la disputa de los territorios de
caza y recolección o por la captura de mujeres para gestionar su
capacidad reproductiva y de menores de edad para incorporarlos
como guerreros en los grupos dominantes. En este contexto de
“guerra justa”, los españoles buscaron como aliados a aquellos
indígenas que se mostraron sumisos a la cristianización y
sometimiento, sólo con la conformación de tropas auxiliares de
flecheros pudieron enfrentar a las numerosas naciones de indios
de guerra que fueron considerados enemigos de Dios y del rey.
La guerra contra los indios y su reclutamiento forzoso en
las haciendas de beneficio de la plata se intensificó posterior al
establecimiento del real de minas de Parral en 1631. El rechazo a la
esclavización propició que los rebeldes asaltaran los caminos y las
haciendas en busca de alimentos y para robar caballos para comer
su carne o como medio de transporte. Con el propósito de combatir
a los indios insumisos y proteger a los viajeros se fundó en 1646 el
presidio de Cerro Gordo. Su ubicación estratégica sobre el camino
real entre Zacatecas y el real de Parral permitió la defensa de la
región cuando se creó una compañía volante en 1655.9
Evangelización al sur de la Nueva Vizcaya
Los hijos de san Francisco entraron en Zacatecas en 1546 y en
1558, se instalaron en un hospicio construido en la ciudad. La
Chantal Cramaussel y Celso Carrillo, “Tras las huellas de Juan Mapos,
1616-1676. Indio Ocome rebelde, Bolsón de Mapimí, Norte de la Nueva Vizcaya, Historia (Santiago de Chile) Vol. 54. No. 2, 2021, 471.
9

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

221

�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

provincia franciscana de San Francisco de Zacatecas, se extendió
rápidamente por Nueva España, Nueva Galicia, Nuevo Reino de
León y Nueva Vizcaya y abarcó los obispados de Michoacán,
Guadalajara y Durango.10 A pesar de contar con numerosos
conventos y que gran cantidad de indígenas se incorporaron como
mano de obra forzada en las haciendas de españoles, el proceso
de evangelización de los naturales del sur de la Nueva Vizcaya no
dio los resultados esperados por las autoridades civiles, pues los
indios aceptaban la imposición del bautismo y la sumisión como
alternativa de sobrevivencia.
Los jesuitas retomaron esta tarea a fines del siglo XVI
cuando fueron obligados a salir de la ciudad de México y
requeridos por el gobernador de la Nueva Vizcaya Rodrigo Rio y
Loza, para que se sumaran a la evangelización de este territorio.
Los ignacianos se establecieron en 1590 en el incipiente colegio
de Zacatecas, que fue su punto de para establecer posteriormente
misiones en Sinaloa, sierra de Durango, la Laguna11 y participaron
en la fundación definitiva de Santa María de las Parras.
Sergio Ortega sostiene que las misiones jesuíticas
conformaron un sistema o “conjunto de pueblos indígenas
Pilar Hernández Aparicio, “Estadísticas franciscanas del siglo XVII”, en
Actas del III Congreso Internacional sobre los franciscanos en el Nuevo Mundo, siglo XVII, (La Rábida, Editorial Deimos, 1989), 556-591.
11
Juan José Rodríguez Villarreal, La Compañía de Jesús en la Provincia de
Sinaloa. Historias de rechazos a evangelizar indios y del “estado infelicísimo de las misiones”, 1572-1756 (Saltillo: El Colegio de San Luis-Escuela de
Ciencias Sociales, 2015), 109-116.
10

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

222

�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

relacionados entre sí bajo la administración de los jesuitas que llegó
a constituir una unidad desde el punto de vista socioeconómico”.12
La expansión del territorio misional ocurrió a medida que los
jesuitas avanzaban hacia el norte, reducían a los indígenas en los
pueblos de misión e iniciaban su evangelización al tiempo que los
sometían al control social y político español. Para establecer nuevos
pueblos de misión se requería, entre otros requisitos contar con
misioneros capacitados y conocedores de las lenguas indígenas,
lo cual no era sencillo, además requerían disponer de una reserva
de alimentos para sostener a los congregados, mientras producían
las subsistencias indispensables. Condición imprescindible fue
la autorización del virrey para disponer de recursos de las cajas
reales para el pago del sínodo de los misioneros y el salario de los
soldados para protección de los religiosos y sometimiento de los
indígenas, compra de ornamentos, además de establecer acuerdos
entre el gobernador de la Nueva Vizcaya, alcaldes y capitanes
de presidio con los superiores de la provincia mexicana de la
Compañía de Jesús.
Posterior a establecerse en el sur de la Nueva Vizcaya y en
la provincia de Sinaloa con misioneros de procedencia americana
o peninsular, los jesuitas se expandieron hacia el norte, pero para
cubrir el extenso territorio, según menciona Bernd Hausberger,
Sergio Ortega. “El sistema de misiones jesuíticas: 1591-1699”, Históricas
Digital. México. Instituto de Investigaciones Históricas - Universidad Nacional Autónoma de México, (2016), https://historicas.unam.mx/ publicaciones/
publicadigital/libros/tres_siglos/290a_04_03_Capitulo2.pdf. (Consultado el 5
de marzo de 2024.
12

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

223

�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

la Compañía de Jesús tuvo que recurrir a misioneros italianos,
alemanes, belgas, checos y otros originarios de Europa oriental.13
De acuerdo con Hausberger, el programa misional
jesuita buscaba el reconocimiento por los nómadas, “de las dos
majestades, la divina y la terrestre y la rebelión se consideraba
como pecado contra el rey y contra Dios”.14 Para lograrlo, se
pretendía no únicamente evangelizarlos, sino convencerlos u
obligarlos a que no anduvieran desnudos, que respetaran el
matrimonio monogámico, que vivieran en poblaciones fijas, que
produjeran sus propios alimentos, que nombraran sus autoridades
en cada pueblo y su conducta debía estar regida por los principios
cristianos de piedad, modestia, obediencia, disciplina y trabajo.
Según apunta Hausberger, los españoles solo aprobaron el
programa misional si los indígenas aceptaban su papel de mano
de obra; se buscaba la cristianización, pero también la creación de
comunidades estables e integradas a la economía colonial, es decir
convertirlos en súbditos de un rey ausente y un Dios desconocido.
Perseguir estos objetivos llevó a conflictos en que los indígenas
reaccionaron con rebeliones.
En opinión de Juan José Rodríguez Villarreal, a partir de las
primeras décadas del siglo XVII, los indios del noreste novohispano
Bernd Hausberger, “La vida cotidiana de los misioneros jesuitas en el Noroeste Novohispano”. Estudios De Historia Novohispana, n.º 17 (2009), https://doi.org/10.22201/iih.24486922e.1997.017.3444. (Consultado 6 de marzo
de 2024)
14
Hausberger, “La vida cotidiana de los misioneros...”
13

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

224

�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

fueron los trabajadores preferidos de las haciendas de beneficio
de la plata, pues aceptaban como pago por su trabajo alimentos,
monedas de plata y la posibilidad de realizar pepenas con lo que
mejoraban su ingreso, pero el auge minero por el establecimiento
del real de Parral en 1631 modificó esta situación en las décadas
siguientes. Los indios abandonaron las minas pues los españoles
buscaban la mano de obra gratuita y obligada que obtenían a través
del repartimiento, y también abandonaron las misiones donde eran
forzados a trabajar las tierras de la comunidad. Los evangelizadores
no pudieron evitar que los indígenas comprendieran “que al
hacerlos cristianos era para cautivarlos para el trabajo”,15 ya fuese
en las haciendas o en las misiones.
Sussan Deeds menciona que, al establecerse el obispado
de Durango en 1620, el obispo Francisco Diego de Evía y Valdés
atribuyó los problemas económicos de su diócesis a la negativa
de los jesuitas a pagar los diezmos por la producción agrícola
de sus misiones y haciendas, por lo que inició la secularización
al sur de la Nueva Vizcaya,16 Santa María de las Parras fue una
de ellas. Los jesuitas perdieron presencia en las actividades
doctrinales y se concentraron en el colegio de Parras en donde ya
tenían importantes intereses económicos. Los pueblos de misión
se convirtieron en pueblos de visita, lo que hizo más irregular
Rodríguez Villarreal, La Compañía de Jesús…266.
Susan M. Deeds, “Mission Villages and Agrarian Patterns in a Nueva Vizcayan Heartland, 1600-1750.” Journal of the Southwest 33, no. 3 (1991), http://
www.jstor.org/stable/40170027. (Consultado 10 de marzo de 2024)
15

16

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

225

�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

la evangelización de los indígenas y la conversión de la vida
de los nómadas quedó inconclusa, al no contar con suficientes
alimentos, los indios abandonaron las misiones.
Uno de los pueblos de misión que fue abandonado por
los indígenas fue el Tizonazo, lo anterior ocurrió tras la matanza
que realizó contra ellos el gobernador Antonio de Oca Sarmiento
en 1667.17 Veintidós años antes, en la semana santa de 1645, los
indios salineros abandonaron el pueblo-misión jesuita en donde se
encontraban asentados de paz y se fueron a poblar el Cerro Gordo.
Susan Deeds menciona que entre las causas del levantamiento se
encuentran la disputa por la mano de obra indígena en el mercado
laboral y el impacto de las epidemias que aceleraron la revuelta de
varias misiones incluida la del Tizonazo y agrega que la revuelta
en poco alivió los conflictos de los salineros por el agua y la tierra
con la población española que estaba creciendo en los alrededores
del real minero de Indé.18 Las causas del levantamiento, se
encuentran descritas en el juicio iniciado a principios de 1646
por el gobernador y capitán general de la Nueva Vizcaya, Luis de
Valdez.19 Entre las causas se menciona que los salineros habían
AHMP. FC.C11.007.068. Milicia y guerra. Sediciones. Real de San José
del Parral. Información hecha a pedimento de la República del Parral, de cómo
el haber llevado a sangre y fuego el pueblo del Tizonazo ha sido en servicio de
ambas majestades y bien común del reino. 6 de diciembre de 1667.
18
Deeds, Mission Villages and Agrarian Patterns in a Nueva Vizcaya Heartland, 1600-1750, 350.
19
Luis de Valdés y Rejano, esposo de María de Alcega y Urdiñola, nieta de
Francisco de Urdiñola, quien inició en 1583 el establecimiento de la hacienda de Patos que sería posteriormente sede del marquesado de San Miguel de
17

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

226

�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

sido dados en encomienda al general Cristóbal de Ontiveros,
pero a la muerte de este, la encomienda fue otorgada a doña
María Sáenz, su viuda, pero los indios fueron convencidos para
que pidieran al gobernador que la encomienda fuera otorgada al
capitán Baltazar de Ontiveros, hermano de Cristóbal, y no a Doña
María. El capitán Baltazar de Ontiveros les prometió asentarlos
de paz en el Cerro Gordo, un paraje ubicado al igual que la
misión del Tizonazo en las proximidades del Bolsón de Mapimí
y les daría aguas y tierras para que las sembraran, maíz y bueyes
para que comieran y que estarían a gusto pues también les dio
su palabra de que les pondría un clérigo para la administración
de los sacramentos, les haría iglesia como en la misión y ahí
llegarían además los indios cabezas y otros. También les dijo
que si el gobernador no aceptaba que poblaran el Cerro Gordo se
regresaran al Tizonazo y que después de unos días huyeran del
pueblo, atravesaran la sierra del Canutillo y bajaran al rio Florido
hasta llegar a San Pedro, donde tenía su hacienda.
Después de 38 años de presencia jesuita en El Tizonazo,
todos los salineros habían sido bautizados por los ignacianos,
pero la irregular asistencia del doctrinero que los asistía indica
que la conversión al catolicismo aún era incompleta. También se
identifica que la relación de los salineros con los cabezas era muy
cercana, probablemente eran la misma nación que fue dividida
por los españoles, y una parcialidad forzada a trabajar en las
Aguayo establecido en 1682.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

227

�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

salinas para la obtención de sal que se utilizaría en el beneficio de
la plata, actividad de la que se derivó su apelativo.20
En opinión de Chantal Cramaussel, a los cabezas como
a sus vecinos los salineros, los españoles los requirieron para
trabajar en las haciendas y para servir como indios auxiliares
en las campañas contra los indios enemigos de la Corona. “Los
salineros eran tepehuanes y los cabezas probablemente también
pues compartían el idioma de los tepehuanes de la sierra”.21
En el juicio iniciado en 1646 por el gobernador de la
Nueva Vizcaya se menciona a don Francisco Mama y don Pedro
negrito, indios capitanes de los salineros que participaron en
el convencimiento de sus seguidores para que abandonaran El
Tizonazo.22 Es poco probable que este don Pedro negrito, cacique
y gobernador de una parcialidad del pueblo sea el personaje al que
se hace referencia en el documento de 1673, con que se inicia este
En su informe de 1654, el cura de Durango, don Diego de Medrano comenta: “Esta nación cabeza es especie de salineros y agregándola al Tizonazo
multiplicaron el número de enemigos, domésticos y caseros que con simulación tienen destruido este reino”. Thomas H. Naylor and Charles W. Polzer,
eds. The Presidio and Militia on the Northern Frontier of New Spain: A Documentary History, Volume I, 1570-1700. The Relacion of Diego de Medrano, 409-480.
University of Arizona Press, 1986. https://doi.org/10.2307/j.ctv1n6pvtq.
21
Chantal Cramaussel, “De cómo los españoles identificaban a los indios.
Naciones y encomiendas en la Nueva Vizcaya central”. en Nómadas y sedentarios en el norte de México. Homenaje a la Dra. Beatríz Braniff, ed. Marie Areti
Herst (México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2000), 275-303.
22
AHMP. FC.C11.001. 009. Milicia y guerra. Sediciones. Valle de San Bartolomé. Causa sobre los fundamentos que los indios salineros tuvieron para
alzarse, por mandato del gobernador Luis de Valdés. 1 de enero de 1646.
20

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

228

�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

artículo pues era el hermano mayor del indio preso por García de
Salcedo y de quien no se menciona su edad, pero podrían estar
relacionados. Si consideramos que, en 1645, cuando ocurrió
el levantamiento de los salineros, don Cibrián otro cacique del
Tizonazo, tenía aproximadamente 50 años, Juan un indio capitán
de los alzados se refiere de más de 36 años y Ventura, alcalde
del Tizonazo se menciona de más de 35 años, es probable que
la edad de este cacique estuviera alrededor de los 35 años por lo
que 28 años después en 1673 tendría 63, una edad poco común
de alcanzar en un contexto de guerra. Además, es conveniente
considerar que los seguidores de los caciques se componían de
grupos familiares extensos, y que prácticamente todo el pueblo
del Tizonazo se rebeló contra el gobernador de la Nueva Vizcaya.
Es probable suponer que el personaje de esta investigación,
hubiera sido párvulo o menor de 7 años, cuando su nación o
grupo familiar salió del Tizonazo en 1648 y que 28 años después,
cuando ordenó al indio Phelipe y a su hermano menor del mismo
nombre el robo de la caballada en 1673, fuese un adulto de
aproximadamente 35 años, edad en la que ya recibía el apelativo
de don Pedro y podría ser el protagonista de los hechos que se
analizan en la siguiente sección.
Las huellas de Don Pedrote en los documentos
La reacción de las autoridades españolas por el robo de la
caballada a fines de noviembre de 1673 no se hizo esperar. Un
contingente de soldados e indios leales a la Corona comandados
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
229
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

por Joseph García de Salcedo, gobernador y capitán general
del reino de la Nueva Vizcaya, derrotó en el Real de Mapimí a
don Pedro, don Fabián23 y don Bartolomé y sus seguidores de la
nación salinera, cabezas y sus aliados el 29 de diciembre de 1673.
Algunos sobrevivientes lograron escapar, pero fueron capturados
sus hijos y mujeres que, trasladados al real minero de Parral se
destinaron al servicio personal en las casas de españoles, a cambio
se les enseñaría la doctrina cristiana y serían bautizados. En total
se repartieron 34 mujeres en edad adulta y 45 menores de edad,
entre los cautivos se encontraban Ana, mujer de don Bartolomé;
Beatriz, mujer de don Fabián y sus tres hijos e Inés, mujer de don
Pedro y su hija de nombre Margarita. Los adultos varones fueron
condenados a servir en las haciendas de beneficio.24
Don Pedro, don Fabián y don Bartolomé y los indios
sobrevivientes se presentaron acompañados del franciscano fray
Don Fabian era cacique de los mayos. Sobre esta parcialidad, el capitán del
presidio de Santa Catalina de Tepehuanes Cristóbal de Nevárez, le comentó al
gobernador Enrique Dávila y Pacheco: “esta gente que llaman los mayos no
son, sino de la nación de los tusares que son los que hacen daños en las partes
de Parras porque yo conozco las naciones”. AHMP. FC, C11.005.048. Milicia
y guerra. Sediciones. Real de San José del Parral. Autos hechos en la paz que
los indios tobosos vinieron a dar ante el gobernador Enrique Dávila y Pacheco,
para que se les señalen tierras en que vivir y el gasto que se hizo para su sustento. 14 de enero de 1654.
24
AHMP. Gobierno y administración. Poblamiento de sitios. Villa de Santiago de Saltillo, Diligencias hechas para el poblamiento de los indios de la
nación jumana, babole y sus aliados en la provincia de Coahuila, por el maestre de campo José García de Salcedo, gobernador de la Nueva Vizcaya. 9 de
agosto de 1673. FC. A21.001.002. (En adelante, “Diligencias hechas para el
poblamiento de los indios…”, s/f).
23

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

230

�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

Juan Larios ante el gobernador García de Salcedo para solicitar
la paz el 10 de febrero de 1674,25 juraron obediencia al rey y
al gobernador y prometieron aceptar las condiciones que se les
impusiera. García de Salcedo les indicó que debían de vivir como
buenos y leales vasallos del rey, que habían de vivir cristiana y
religiosamente en los lugares donde fueran asentados de paz, que
el que tuviera dos o más mujeres se quedaría solamente con quien
se casara cristianamente. García de Salcedo les perdonó el robo
de la caballada y demás delitos, pero no les devolvió sus mujeres
ni sus hijos que habían sido vendidos como esclavos. Dos días
después al anochecer, los indios intentaron rescatar a sus familias
y al no lograrlo huyeron a los montes, en su fuga ocasionaron
daños a las propiedades de los españoles, el gobernador salió a
perseguirlos sin éxito, los declaró traidores, rebeldes, homicidas
y ladrones y dio licencia para que quien los hallara pudiera
aprehenderlos y matarlos.26
Es evidente que para quien fue despojado de sus territorios
de caza, de su forma de existencia, de su libertad, de su familia y
convertido de manera forzosa al cristianismo y obligado a trabajar
esclavizado en las minas de plata, la solicitud de paz y el juramento
de obediencia y lealtad al rey y a Dios, no significaba nada. El
ofrecimiento de asentarse de paz fue tan solo una estrategia para
Chantal Cramaussel y Celso Carrillo. “Coahuila” o Tierra Adentro, 15771722. Un valle transformado en gobernación (Zamora: El Colegio de Michoacán, 2021), 84.
26
AHMP, Diligencias hechas para el poblamiento de los indios…, 9 de agosto de 1673.
25

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

231

�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

acercarse al gobernador e intentar el rescate de sus familias, al no
lograrlo únicamente tenían una alternativa: regresar a los montes
y continuar en rebeldía.
En los dos años siguientes don Pedro continuó
capitaneando una escuadra de indios salineros y tobosos rebeldes.
En enero de 1676, solicitó a don Juan Mapos, caudillo de los
gavilanes y ocomes que se unieran con él en la guerra contra
los españoles. Al enterarse de estas gestiones y temiendo que
la unión de ambos capitanes indígenas generara una peligrosa
confederación indígena, el gobernador García de Salcedo ordenó
fuera llevado preso. El 22 de enero, don Pedro fue trasladado al
Parral por don Francisco y don Fernando, capitanes indígenas que
en la época del gobernador Antonio de Oca Sarmiento se habían
dado de paz en San Francisco de Conchos.27 García de Salcedo
los amenazó de que si no se presentaban todos los salineros que
comandaban los castigaría por todos los medios posibles. Los
capitanes salineros decidieron entregarse, pidieron misericordia
y ofrecieron nuevamente la paz. El gobernador convocó a una
junta con las autoridades civiles y militares para determinar la
conveniencia de dejar sin castigo a don Pedro. La decisión a la
que llegaron fue que no tenían inconveniente en no ejecutar a la
usanza de guerra al indio rebelde, pues de hacerlo, podría ocurrir
una sangrienta sublevación de los tobosos que se encontraban de
Archivo General de Indias (en adelante AGI). Guadalajara, 29, R. 4, N 37.
Carta de Antonio de Oca Sarmiento. Gobernador de Durango. El Parral, 19 de
marzo de 1667.
27

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

232

�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

paz, lo cual se debía de evitar, pero también reconocieron que,
si lo liberaban, se establecería un antecedente que incitaría a
los indios a sublevarse contra la Corona. Los indios aceptaron
ir a vivir con sus familias al real minero de Mapimí, debajo de
doctrina y política, se les pagaría su trabajo en las minas y vivirían
sin levantarse.28 Chantal Cramaussel y Celso Carrillo apuntan que
García de Salcedo quería mantenerlo preso, pero “temiendo que
se valiera de la parcialidad del Mapos, el gobernador de la Nueva
Vizcaya optó por no tomar ninguna acción contra él”.29
Las rebeliones de diferentes naciones indígenas y los
asentamientos de paz se presentaron de manera recurrente en
todo el territorio de la Nueva Vizcaya. Los indios se sublevaban si
no recibían alimentos. En 1676, el obispo de Guadalajara Manuel
Fernández de Santa Cruz fundó la misión de San Buenaventura de
las Cuatro Ciénegas con indios salineros, cabezas, babosarígames
y mayos, donde permanecieron por cuatro años y volvieron a
alzarse para 1680, por carecer de socorro de los almacenes, ya
que el virrey únicamente lo concedió por dos años.30
Cuatro años después, una parcialidad de indios cabezas
se encontraba asentada de paz en una ranchería en las cercanías
AHMP. FC.C11.007.083. Contra Pedro, indio, por haber seguido capitaneando a la nación salinera enemiga. 22 de enero de 1676.
29
Chantal Cramaussel y Celso Carrillo, “Tras las huellas de Juan Mapos…495”
30
Chantal Cramaussel y Celso Carrillo. El Presidio de Nuestra Señora de la
Limpia Concepción del Pasaje (1685-1772) (Zamora: El Colegio de Michoacán), 2020, 109.
28

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

233

�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

de Parras y formaba parte de la feligresía de la parroquia. El 25
de enero de 1680, el párroco Francisco de Meneses impartió el
bautismo a Agustina, hija natural de Helena, quien dijo que el
padre era don Pedrote. El párroco asentó también que el padre
era de nación mamarí mamarí y la madre de nación cabezas,
los padrinos fueron indios naturales del pueblo de Parras. Este
registro de bautismo es el primer documento en donde aparece
como don Pedrote. Es probable que la modificación de su nombre
hiciera referencia a su estatura o por reconocimiento a sus méritos
en la guerra contra los españoles, en todo caso ya era conocido así
por el párroco entre cuya feligresía se había avecindado. Tres días
después, el jesuita Manuel de Gamboa bautizó a Catalina, hija
de Leonor de nación cabezas, quien mencionó que el padre era
también don Pedrote de nación mamarí mamarí. En esta ocasión
los padrinos fueron indios tlaxcaltecas de Parras. En ambas
partidas de bautismo firmadas por Francisco de Meneses,31 no se
registra que don Pedrote se hubiese presentado a la impartición
del sacramento a sus hijas.
Consentir el bautismo de sus hijas podría considerarse
como una aceptación del estilo de vida cristiano, de su aparente
conversión al catolicismo, de un sometimiento condicionado,
Archivo Parroquial de Santa María de las Parras, Parras, Coahuila (en
adelante APSMP). Libro de bautismos de hijos de españoles y bautismos de
indios de Santa María de las Parras, 1653-1687. Vol. 2, años, foja 93 r. Family
Search, acceso 22 de noviembre de 2023, https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:S3HT-6XSQ-8DB?i=106&amp;wc=MKCW-JWL%3A64892701%2C64892702%2C65433801&amp;cc=1502401.
31

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

234

�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

pero aún faltaba algo más: casarse según los designios de la
Iglesia católica y para ello tendría que escoger a una de sus dos
mujeres. Su acercamiento a la Iglesia sólo fue una estrategia de
negociación y sobrevivencia para evitar el castigo del gobernador
García de Salcedo.
A principios de 1683, el presbítero Francisco de Meneses
fue designado teniente de cura de la ayuda de parroquia de San
Francisco de Patos y capellán de dicha hacienda. Ante la ausencia
de Meneses, don Pedrote se acercó a Francisco de Arguello y
Medrano, cura de Parras para expresarle que deseaba contraer
matrimonio con una de las dos indias. Arguello y Medrano se
dirigió a Fray Bartolomé García de Escañuela, obispo de la Nueva
Vizcaya y le informó que un indio muy belicoso y capitán de indios
enemigos de nombre don Pedro, que vivía reducido de paz en lo
militar y en lo espiritual en el cerro El Venado, localizado a cuatro
leguas y cuidado por más de 40 indios, le declaró haber “ofendido a
Dios y conocido carnalmente a dos indias hermanas con quien tiene
hijos y que temeroso de su condenación no quiere vivir en pecado y
desea contraer matrimonio con una de las dos indias hermanas”.32
El obispo de Durango consideró que no era necesario turnar
la solicitud a la Santa Sede pues correspondía a la conversión
de los indios planteada en el plan misional de Pio V33 y otorgó
Archivo María y Mateo (en adelante AMM). Dispensa matrimonial al indio Don Pedro para que pueda contraer matrimonio. 31 de mayo de 1683. Exp.
511. (En adelante Dispensa matrimonial, s/f)
33
“Se atienda a la conversión de los infieles, dado que fue éste el fin para el
32

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

235

�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

la dispensa matrimonial para que don Pedro pudiera casar con
una de las dos hermanas, la respuesta fue recibida el 9 de junio
de 1683 y el cura Francisco de Arguello y Medrano procedió al
matrimonio de don Pedro con Leonor de nación babosarigame. Es
evidente la intención del obispo de Durango para que don Pedrote
viviera bajo doctrina, pues aparentemente ya vivía bajo política.
En todo caso la decisión del obispo contribuía a mantener la
paz en la Nueva Vizcaya, cumplir la indicación del gobernador
y ambas partes se favorecerían con la dispensa matrimonial, el
cura de Parras aseguraría “el bien de tres almas que se reducen
al estado de salvación,”34 lo que era un argumento común de los
hombres de la Iglesia y la noticia de haber asumido la monogamia
llegaría al gobernador de la Nueva Vizcaya, quien consideraría
que efectivamente don Pedro ya tenía una forma cristiana de vivir
y cumplía su juramento de obediencia a Dios y al rey.
Don Pedrote siguió dando muestras de su supuesta
conversión, el 3 de julio de 1685, se presentó en la parroquia de
Parras donde fue bautizada Constanza, hija legítima suya y de
Leonor, indios de nación cabezas, así lo registró el bachiller Nicolás
de Celis quien registró que fueron sus padrinos Juan Tepeguan35
cual fue concedida a los Reyes Católicos la conquista de aquellos países”. León
Lopeteguy, S.J., San Francisco de Borja y el plan misional de San Pio V, citado
en Alberto Armani. Ciudad de Dios y Ciudad del Sol. El “Estado jesuita de los
guaraníes (1609-1768) (México: Fondo de Cultura Económica, 1996),44.
34
AMM. Dispensa matrimonial. 31 de mayo de 1683.
35
Juan Tepeguan era un indio de nación tepehuana que desde joven vivió con
los cabezas y ya mayor casó con una hermana de Don Pedrote. Archivo GeneSillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

236

�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

y su mujer Isabel, hermana de don Pedrote, indios de la misma
nación.36 El bautismo de una hija más nos permite considerar que,
aparentemente, para ese año, don Pedrote vivía debajo de doctrina
y asentado de paz, aunque esto último no sería por mucho tiempo,
pues a mediados de 1686, asaltó la misión de Parras.
Las hostilidades de don Pedrote y los cabezas se
continuaron durante los años siguientes. La hacienda de Atotonilco
localizada al sur de Cuencamé fue asaltada a mediados de 1686.37
A principios del año siguiente, una recua de mulas fue atacada en
San Juan de los Ahorcados cerca de Mazapil y después asaltaron
la hacienda de Caopas.38 En marzo de 1687, don Pedrote y los
capitanes Francisco el Tecolote de los cocoyomes, don Lorenzo
capitán de los jococomes, Felipe el Tuerto, capitán de los gavilanes
y Juan Totoci, capitán de los hijos de las piedras, atacaron en
el paraje del Gallo a una cuadrilla de carros que iban al Parral,
mataron dos españoles y un indio auxiliar de San Francisco de
ral de la Nación. Provincias internas. Autos relacionados con la retirada de los
caciques de los indios babosarigames y otras naciones, que habían concertado
la paz en la ciudad de Parras con el capitán Juan Bautista de Escorza. Parras.
Mayo-Julio de 1689. Volumen 30, expediente 6. Fojas 199-211. (En adelante
AGN “Autos relacionados con la retirada de los caciques”).
36
APSMP. Libro de matrimonios de la Parroquia de Santa María de las Parras, 1683-1693. Vol. 1, foja 12. Family Search, acceso 30 de noviembre de
2023, https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:S3HT-6SPS-1J2?i=1&amp;wc=MKCQ-N3D%3A64892701%2C64892702%2C66791601&amp;cc=1502401
37
AGN “Autos relacionados con la retirada de los caciques”.
38
AGN. Provincias Internas, vol. 29, exp. 5, Autos hechos sobre las invasiones rebeldes en el reino de la Nueva Vizcaya, por el gobernador Juan Isidro de
Pardiñas Villar de Francos, años 1991-1992. fojas 110- 395.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

237

�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

Conchos, desmantelaron los carros y se llevaron todas las mulas
de las recuas.39
Temerosos de que don Pedrote y sus seguidores atacaran
la villa de Saltillo y el pueblo de San Esteban de la Nueva
Tlaxcala, las autoridades formaron una tropa de indios auxiliares
para realizar una campaña contra los indios enemigos que habían
asaltado el pueblo de Parras y cometido numerosos robos de
caballada y mulada y muertes en los caminos. Ante esta situación
José de Los Santos Coy, teniente de alcalde mayor y capitán a
guerra de la villa del Saltillo ordenó que ningún vecino saliera
de la villa y dispuso que todos los vecinos se mantuvieran en
alerta con el fin de hacer frente a un eventual ataque de los indios
hostiles.40
El 9 de octubre de 1687, el general Luis de Palma y Mesa
Justicia mayor y capitán a guerra de la villa del Saltillo y valle
de Parras recibió la noticia que fue hallado muerto, descarnado
y flechado una persona cerca del puerto de San Juan, por lo que
ordenó al capitán Diego Ramón formar un destacamento de
soldados que siguiera el rastro de los atacantes, los persiguiera y
sometiera a la justicia. Diego Ramón encontró el cuerpo de Juan
Chantal Cramaussel y Celso Carrillo, El Presidio de San Pedro del Gallo
(1685-1752) Fuentes para su Historia, El Colegio de Michoacán, 2018, pp.
109-143.
40
José Luis Mirafuentes Galván. Movimientos de resistencia y rebeliones
indígenas en el norte de México (1680-1821) Guía documental II (México:
Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de
México, 1993), 75.
39

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

238

�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

de Padilla, español que había salido del Saltillo para trasladarse
junto con su mujer y un hijo al real minero de Mazapil y encontró
a los indios enemigos en el potrero de la hacienda de Patos, lugar
en donde después de la refriega fue muerto un indio, apresado
otro de nombre Domingo y liberada la mujer del difunto y su hijo.
En su declaración, Domingo a través de un intérprete, confesó
que don Pedrote les mandó a que salieran a los caminos a matar a
todos los que encontraran; que la mujer fue capturada para llevarla
a su ranchería para que les enseñara la lengua; que desde que se
alzó con su gente que estaba de paz en Parras, don Pedrote había
efectuado todos los robos de caballada y aliado con las naciones
colorados, tocas, cabezas, tobosos, coromamas, pies de venado,
piedras chiquitas, bimamares, baimares, odames, dedepores,
bobosamares, niquitas, gavilanes, quechales, contotores,
conianes y manos prietas; que don Pedrote era muy “malicioso”,
enviaba ropa a don Dieguillo y éste le regresaba caballos y que
las naciones aliadas a don Pedrote, atacaron días antes, la misión
de Contotores y se llevaron los ornamentos.41
¿Fue realmente don Pedrote responsable de todos los
hechos de guerra mencionados por el indio Domingo y los que
le atribuyen las fuentes citadas? Es probable que los escribanos
reales redactaran lo que sus superiores deseaban, todos buscaban
Archivo Municipal de Saltillo (en adelante AMS). Orden. Don Luis de Palma y Mesa, alcalde mayor, ordena al capitán Diego Ramón salga con su gente en
persecución de los indios bárbaros que dieron muerte a un hombre y se llevaron
cautivos a la mujer e hijo de éste. 9 de octubre de 1687, c 4, e 26, 12 f.
41

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

239

�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

justificarse ante el virrey, los miembros de la Audiencia o el rey
ante el fracaso de la pacificación de la frontera norte de la Nueva
España. La consolidación de la colonización al sur de la Nueva
Vizcaya requería el aniquilamiento de los capitanes indígenas.
Después de ser apresado y sometido a un juicio cuya sentencia se
conocía con anticipación, don Juan Mapos murió por garrote en la
plaza pública de Parral en 167642, los españoles no descansarían
hasta eliminar a don Pedrote al igual que a don Diego de Valdés
mejor conocido como don Dieguillo, su muerte serviría como
escarmiento para otros capitanes indígenas.
Es evidente que la información proporcionada por el
indio Domingo, sobre las diferentes naciones que integraban
la confederación indígena capitaneada por don Pedrote y don
Dieguillo alarmó a las autoridades de la villa de Saltillo y pronto
se hizo del conocimiento del Alonso de León, gobernador de
Coahuila, quien le confirmó a Palma y Mesa que la banda de
don Pedrote había asaltado la cercana misión franciscana de
Contotores.43 Ante el temor de que continuaran los ataques a las
misiones cuyo cuidado le había sido encomendado por el Conde
de la Monclova y virrey de la Nueva España, Alonso de León, que
estaba informado por el capitán Diego Ramón, que don Pedrote
tenía numerosos indios reunidos en el paraje de Baján, sitio ubicado
a unas 30 leguas al noreste de San Pedro, solicitó a Palma y Mesa
auxilios para emprender una campaña militar contra don Pedrote
42
43

Tras las huellas de Juan Mapos…, 499.
Mirafuentes Galván, Movimientos de…76.

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

240

�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

y sus seguidores,44 misma petición realizó a Francisco Cuervo y
Valdés, gobernador del Nuevo Reino de León, en donde la ayuda
solicitada se resolvió mediante una junta de guerra.45
La ofensiva organizada por el gobernador de Coahuila
integró un numeroso contingente con soldados procedentes del
Nuevo Reino de León, vecinos bien armados e indios flecheros
aliados de la villa de Saltillo, Parras y de la hacienda de Patos. Al
mando del capitán Diego Ramón, la acometida del gobernador
persiguió a don Pedrote y sus seguidores desde las cercanías de
Patos hasta las inmediaciones de Parras, donde tenía su refugio,
pero no logró apresarlo. Ante el fracaso de la expedición y de
que no se contaba con suficientes soldados a sueldo, Alonso de
León intentó establecer un acuerdo de paz con don Pedrote y las
naciones de indios sublevados, por lo que solicitó a Palma y Mesa
le enviara al indio Domingo para que fungiera como embajador de
paz, Domingo fue enviado para cumplir dicho propósito, pero no
regresó. A fines de noviembre de 1687, Alonso de León informó
al alcalde mayor de Santiago de Saltillo, que se quedó a vivir en
la ranchería de los cabezas.46
En los siguientes dos años los hechos de armas atribuidos
a don Pedrote y los cabezas se sucedieron en la Castañuela, Agua
Nueva, Cedros y Gruñidora, en todos estos ataques mataron
españoles, indios cristianos y robaron caballada. En octubre de 1688
44
45
46

Mirafuentes Galván, Movimientos de…77.
Mirafuentes Galván, Movimientos de…77.
Mirafuentes Galván, Movimientos de…78.

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

241

�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

se llevaron los equinos de Saltillo a Baján.47 ¿Por qué a este lugar?
Baján era una rancheria cercana a Ventanillas, sitios donde vivía
una parcialidad de cabezas, los caballos servirían de alimento. En
el mapa 1 se ubican los asentamientos que se mencionan en este
trabajo y los sitios de las hostilidades entre 1685 y 1690.
Ante la imposibilidad de detener los ataques, el gobernador de la Nueva Vizcaya Juan Isidro Pardiñas Villar de Francos,
comisionó al sargento mayor Juan Bautista de Escorza para que
negociara la rendición y asentar de paz a los capitanes cabezas
don Pedrote, don Bartolomé y don Santiago. El 25 de septiembre
de 1688 se presentaron en Parras los dos últimos y mientras se
hacían las diligencias de paz, llegó un aviso desde Saltillo del
robo de caballada por la gente de don Pedrote. El capitán Escorza
salió en busca de los rebeldes y les quitó los caballos, a su regreso
encontró que se habían vuelto a retirar don Bartolomé y don Santiago porque les llegó noticia de Coahuila que Alonso de León y
su teniente Diego Ramón, habían asesinado a 16 indios conianes
que estaban de paz.48 Con los cabezas se retiraron también unos
indios que estaban trabajando en las haciendas de Parras y después regresaron. Para diciembre de 1688, se sometió a juicio a
estos indios por considerarlos cómplices de los rebeldes y además
estaban acusados de muertes, robos de caballadas y muladas por
los caminos que comunicaban a la Nueva Vizcaya con la Nueva
Galicia y Nueva España.
47
48

AGN “Autos relacionados con la retirada de los caciques”.
AGN “Autos relacionados con la retirada de los caciques”.

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

242

�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

El proceso fue iniciado por Juan de Bautista Escorza,
capitán del presidio del Pasaje en la jurisdicción de Cuencamé
y teniente de gobernador y capitán general de la villa de Saltillo
y Parras.49 Los inculpados Ignacio “el Tuerto”, sirviente en
la hacienda del capitán Juan de Oliden.50 Pedro que junto con
Andrés y Francisco eran sirvientes de la hacienda del marqués
de San Miguel de Aguayo51 mencionaron que daban aviso a
los indios rebeldes sobre las acciones de los soldados para que
pudieran huir a tiempo y no ser apresados. Entre los testigos se
encontraba un indio tlaxcalteca de nombre Ignacio de Loyola,
que siendo menor de edad vivió dos años cautivo de los cabezas y
que por esa razón los conocía bien, mencionó que Elena y Leonor,
mujeres de don Pedrote eran hermanas de Pedro y Andrés. Otro
testigo fue Joseph de Maya, vecino de Parras y mayordomo de la
hacienda del marqués de San Miguel de Aguayo, ratificó que los
cuatro inculpados eran sirvientes de las haciendas mencionadas.
Francisco de Garibay, también vecino de Parras y ayudante de
Tenía amplia experiencia en la guerra contra los indios rebeldes en la
Nueva Vizcaya. El 2 de septiembre de 1673, fue nombrado por Joseph García de Salcedo, capitán de infantería española de las milicias de Sonora. AGI.
Relación de méritos y servicios de Juan Bautista Escorza, 12 de diciembre
de 1674. ES.41091.AGI/24//INDIFERENTE,124, N.135.Pares, acceso 15 de
diciembre de 2023, https://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/find?nm=&amp;texto=Relaci%C3%B3n+de+m%C3%A9ritos+y+servicios+de+Juan+Bautista+Escorza.
50
Hacienda de Abajo, establecida en 1597 por Lorenzo García, Juan de Oliden la adquirió en 1674.
51
Hacienda de Arriba, establecida en 1593 por Francisco de Urdiñola, limítrofe con Parras.
49

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

243

�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

Joseph de Maya agregó que los capitanes buscados bajaron al
pueblo para atender el llamado de paz, pero continuaron con el
robo de la caballada.
Joseph de Maya conocía bien a los indios presos,
como mayordomo de la hacienda de Arriba tenía a su cargo
la contratación de sirvientes “asalariados” y el manejo de los
esclavos. El reclutamiento de trabajadores libres que prestaban
un servicio a cambio de un salario mediante el peonaje por
endeudamiento fue una de las estrategias legales que sustituyó el
reclutamiento forzoso de los indios capturados en guerra “justa”.
En opinión de José Cuello, la esclavitud india y la encomienda
persistieron en el noreste de la Nueva España hasta su remplazo
por el “trabajo asalariado dentro de una economía de mercado,
por lo regular mano de obra endeudada”.52
La guerra contra los indios atravesaba por una situación
crítica debido a la falta de recursos para el pago a los soldados de las
compañías presídiales, el 28 de diciembre de 1688, el gobernador
de la Nueva Vizcaya envió una carta al rey manifestándole que
los diez soldados del presidio de Santa Catalina de Tepehuanes
y 23 del de Cerro Gordo, se pagaban de la caja real de Durango,
misma que no tenía fondos, por lo que no habían recibido la paga
de un año y por ello los soldados “padecen mucha necesidad, no
pueden acudir a campaña, ni el gobernador proveer lo necesario
José Cuello, El norte, el noreste y Saltillo en la historia colonial de México
(Saltillo: Archivo Municipal de Saltillo, 1990), 92.
52

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

244

�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

de paz y guerra, ni defender las fronteras de las invasiones de los
enemigos, pues de lo contrario seguirán graves inconvenientes”.53
Ante las limitaciones de la Corona para ejercer una campaña
efectiva contra los indios rebeldes y castigarlos a la usanza de
guerra y por la necesidad de mano de obra para continuar el
trabajo en las haciendas de beneficio de la plata o agropecuarias,
el gobernador Juan Isidro Pardiñas Villar de Francos, ordenó el
19 de enero de 1690 a Juan Bautista de Escorza que, de acuerdo
a las reales cédulas solicitara nuevamente a los indios rebeldes
que se dieran de paz y redujeran a la debida obediencia. Se envió
nueva solicitud de paz a don Pedrote por medio del rector del
colegio de la Compañía de Jesús de Parras Juan Díaz de la Puente
y el cura Francisco de Meneses, capellán de la hacienda de Patos.
Don Pedrote respondió que estaba presto a bajar a Parras para
darse de paz y debida obediencia. Para hacer efectiva la orden
real y debido a que el capitán Escorza no podía ir a Parras pues se
encontraba en la campaña contra los cocoyomes, el gobernador
Pardiñas comisionó al general Ignacio de Amaya, para que
recibiera a don Pedrote y los cabezas debajo de protección real y
amparándoles de cualquier ministro o persona que los pretendiera
vejar, molestar o castigar con cualquier pretexto y ordenó a los
AGI. Pago a los soldados y presidios de Nueva Vizcaya de la Caja Real de
Durango, 15 de junio de 1690. ES.41091.AGI/24//GUADALAJARA,232, L.
7, F.27v-29r. Pares, acceso 5 de enero de 2024, https://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/find?nm=&amp;texto=Pago+a+los+soldados+y+presidios+de+Nueva+Vizcaya+de+la+Caja+Real+de+Durango.
53

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

245

�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

justicias, tenientes y capitanes de guerra no poner impedimento
alguno a lo ordenado y abstenerse de proceder contra don Pedrote,
sus capitanes y naciones aliadas.54
En carta enviada al gobernador el 3 de febrero de 1690, el
general Ignacio de Amaya informó que ejecutó la comisión no sin
resistencias del capitán Juan Bautista de Escorza y de don Pedrote
que estaba receloso de bajar a Parras. Para dar cumplimiento al
mandato del gobernador, Ignacio de Amaya solicitó nuevamente
la intervención del padre Juan Díaz de la Puente para convencer a
don Pedrote, don Bartolomé y don Santiago y a sus aliados de que
se respetaría la palabra del gobernador. La mediación del padre
Díaz de la Puente tuvo éxito y logró el acuerdo de paz. Ignacio
de Amaya mencionó que los varones entraron a trabajar como
sirvientes a las haciendas donde recibirían el sustento necesario o
hasta que el gobernador dispusiese lo más conveniente o incluso
enviar algunos a México. Los cabezas a su vez solicitaron no ser
cambiados de “estos países y tener un ministro que los asista”.55
Sin duda alguna Ignacio de Amaya observaba la cercana
relación existente entre los jesuitas y los indios asentados de paz.
El rector del colegio fungió como mediador y garante del acuerdo
y logró nuevamente que don Pedrote jurara debida obediencia.
Don Pedrote siguió guardando las apariencias de su sometimiento
y conversión y acudió el 30 de enero de ese año a la parroquia
54
55

AGN. “Autos relacionados con la retirada de los caciques”.
AGN. “Autos relacionados con la retirada de los caciques”.

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

246

�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

de Parras para bautizar a Antonia María, hija legítima suya y de
Leonor de nación cabeza, fueron sus padrinos Martín Rodríguez
y Josefa, indios de Parras, así lo asentó el párroco Francisco de
Arguello y Medrano quien impartió el sacramento.56
Por su parte, el Pbro. Francisco de Meneses, capellán de
la hacienda de Patos y que conocía muy bien a don Pedrote y los
cabezas envió una carta al capitán Escorza en la que expresó sus
dudas sobre la continuidad del asiento de paz de don Pedrote y
mencionó que esto no se conseguiría sin un ministro que cuidara
a los cabezas en lo espiritual y temporal, pues “los más están
bautizados de manos del reverendo padre Bernabé de Soto en
el Tizonazo y que además cuide tengan de comer y no estén
ociosos”.57 Meneses que ya tenía varios años como capellán
de Patos y empleado del Marqués de Aguayo comprendía muy
bien la importancia de la administración de los sacramentos a
los indígenas que trabajaban como sirvientes asalariados, pues
los bautismos, matrimonios y entierros se les cobraban a fin de
mes y contribuían a su endeudamiento, además de mantenerlos
trabajando con la esperanza de que pudieran pagar el anticipo
que habían recibido al momento de ser reclutados, de lo contrario
podrían darse a la fuga.
APSMP. Libro de matrimonios de Santa María de las Parras, 16831693. Vol. 1, foja 48. Family Search, acceso 10 de enero de 2024, https://
www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:S3HT-6SPS-1K1?i=54&amp;wc=MKCQ-N3D%3A64892701%2C64892702%2C66791601&amp;cc=1502401
57
AGN. “Autos relacionados con la retirada de los caciques”.
56

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

247

�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

A partir del acuerdo de paz mediado por padre Díaz de
la Puente, los capitales cabezas aliados y los babosarigames
trasladados a Parras por el capitán Escorza participaron como
indios auxiliares contra los cocoyomes, acoclames y gavilanes,
sus anteriores aliados y de quienes se habían enemistado cuando
dieron la paz en Parras. Así lo demuestra otro documento que hace
mención a don Pedrote, se trata de un expediente sobre la guerra
de exterminio que emprendió el gobernador Pardiñas contra los
cocoyames y aliados. El 20 de diciembre de 1691, don Pedrote
acudió al rio Florido donde estaba reunido el ejército que se
aprestaba a entrar a la Sierra del Diablo en busca de los rebeldes:
“Asimismo pasó muestra don Pedro Xofre, por otro nombre don
Pedrote, con la gente a su cargo de la nación cabeza con diez y
seis indios de arco y flecha”.58
De acuerdo con Carlos Manuel Valdés, la orden de
exterminar a los cocoyomes, chisos y coahuileños procedió
directamente de Madrid.59 La cédula real fue muy clara respecto
a proceder a su exterminio si no era posible dominarlos. Esta
batalla fue una más de la “guerra a fuego y sangre” contra los
indios rebeldes. Don Pedrote sobrevivió y regresó a Parras, así
lo demuestra el último documento en que aparecen sus huellas,
AGN. Provincias internas. Autos hechos sobre las invasiones rebeldes en
el reino de la Nueva Vizcaya, por el gobernador Juan Isidro Pardiñas Villar de
Francos, años 1691-1692. Vol. 29, exp. 5, fojas 110-395.
59
Carlos Manuel Valdés, Los bárbaros, el rey, la iglesia. Los nómadas del
noreste novohispano frente al Estado español (Saltillo: Universidad Autónoma de Coahuila, 2017), 22.
58

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

248

�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

es nuevamente otra partida de bautismo. De acuerdo a nuestras
estimaciones, hacia 1692, don Pedrote tendría cerca de 60 años,
pero ni la guerra ni la edad fueron impedimento para que el 18 de
junio de ese año, acudiera nuevamente a la parroquia de Parras,
ahora para el bautismo de Basilia Petronila, hija legítima suya y
de Leonor de nación cabezas, pero a diferencia de los bautismos
de sus otras hijas, no escogió como padrinos a indios tlaxcaltecas,
tepehuanes o cabezas, ahora los elegidos fueron el capitán español
Pedro de Iturmendi y su esposa Luisa Correa.60
Escoger a Pedro de Iturmendi como padrino de su última
hija, no fue una elección casual, demuestra una vez más su
astucia y capacidad de negociación para lograr sus propósitos y
sobrevivir, aunque fuese como capitán de una escuadra de indios
auxiliares. Pedro de Iturmendi, natural de la Vega del Castillo
en el reino de Navarra, participó en la guerra contra los indios
y desempeñó cargos de alcalde mayor, teniente de alcalde y de
justicia del valle de Saltillo y Parras en el periodo que se estudia.
Seguramente don Pedrote obtuvo beneficios del acuerdo
de paz con los cabezas o por su participación como capitán de la
escuadra de indios flecheros en la guerra contra los cocoyomes
y continúo viviendo en libertad en el puerto del Venado, bajo la
protección de los jesuitas o del capitán Pedro de Iturmendi y sin
APSMP. Libro de matrimonios de Santa María de las Parras, 16831693. vol. 1, foja 65. Family Search, acceso 10 de enero de 2024, https://
www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:S3HT-6SPS-BJY?i=72&amp;wc=MKCQ-N3D%3A64892701%2C64892702%2C66791601&amp;cc=1502401
60

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

249

�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

que fuera reclutado de manera forzosa para trabajar en las haciendas de Parras, como sucedió con su cuñado y compadre Juan
Tepeguan, quien trabajó como indio laborío en la hacienda del
Marqués de Aguayo y falleció a fines de noviembre de 1704.61
Tras su capitulación, don Pedrote dejó de representar una
amenaza para la Corona, no se tiene noticia sobre su participación
en otro levantamiento, de que hubiera muerto en alguna de
las campañas o que hubiese sido trasladado a México por el
gobernador de la Nueva Vizcaya o por el Marqués de Aguayo.
El poderío español, que diez y seis años antes había eliminado
a don Juan Mapos, se dirigió ahora contra don Diego de Valdés
quien fue acusado de atacar la misión de Nadadores y otros
establecimientos hispanos en 1713. En el expediente formado
para someterlo a juicio, el virrey Duque de Linares ordenó
que le enviaran muerto o vivo la cabeza de don Diego que fue
considerado por los testigos como “de los indios más astutos
que se han conocido desde Montesuma”.62 Don Diego de Valdés
fue apresado y murió en 1720 a una avanzada edad cuando era
trasladado en una collera a la ciudad de México.63
APSMP. Libro de defunciones de la Parroquia de Santa María de las Parras, 1693-1742. Vol. 1, foja 68r. Family Search, acceso 20 de enero de 2024,
https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:S3HY-6PS9-PFS?i=73&amp;wc=MKC6-K6D%3A64892701%2C64892702%2C65462201&amp;cc=1502401
62
Carlos Manuel Valdés, Ataque a la misión de Nadadores (Torreón: Universidad Iberoamericana, 2002, 37-53.
63
Frederick C. Chabot, “Los poderosos Aguayos”, en Actas de la trigésima
segunda sesión anual de la Sociedad Histórica del Estado de Texas, Austin,
Texas, 1929, 127-147. https://mna.inah.gob.mx/docs/anales/523.pdf (consul61

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

250

�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

Se desconoce el año de la muerte de don Pedrote, lo que sí
sabemos es que nunca fue sometido por la Iglesia, pues a pesar de
haber contraído matrimonio religioso continuó viviendo con sus
dos mujeres, como lo mencionó en su declaración el tlaxcalteca
Ignacio de Loyola. Para el siglo XVIII, varios de los lugares
que fueron refugio y escenario de las acciones de las naciones
rebeldes y que se localizan entre Parras y Mapimí, ya se conocían
con el topónimo de don Pedrote.64
Conclusiones
Durante los siglos coloniales, al norte de la Nueva España,
el enfrentamiento cultural dispuso para los indígenas una
relación de subordinación, explotación laboral, sometimiento
físico e ideológico, además del despojo de sus familias y del
territorio en el que ancestralmente obtenían su alimentación. A
partir de mediados del siglo XVI, múltiples son las rebeliones
indígenas que se encuentran en la historiografía en la que
grupos o individuos dirigieron acciones para oponerse a la
conquista y dominación europea. A un siglo de la llegada de los
conquistadores al septentrión, la colonización hispana distaba
mucho de consolidarse ante la amenaza que representaban las
incursiones de capitanes indígenas que se oponían a la guerra a
fuego y sangre con que la Corona intentaba la conquista de esta
tado el 18 de enero de 2024).
64
Eduardo Guerra, Historia de La Laguna (Torreón: Editorial del Norte
Mexicano, 1996), 126.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

251

�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

región y la explotación de sus recursos, entre los que incluía a los
seres humanos que la habitaban.
Estudiar la vida de uno de los capitanes de guerra, contribuye
a comprender las causas de los levantamientos ocurridos durante
los siglos coloniales, en particular los del siglo XVII que llevó a
la extinción de los habitantes del Bolsón de Mapimí a mediados
del XVIII. Intentar reconstruir la vida de los capitanes indígenas
puede resultar una tarea compleja ante la fragmentada y dispersa
información de que se dispone, sobre todo si se considera que
todos los documentos en donde se encuentran sus huellas fueron
escritos por los españoles y con el objetivo de responder a sus
intereses. Las declaraciones obtenidas mediante interprete en
juicios preparados con anterioridad buscaban los resultados que
los españoles deseaban. No obstante, en el caso que nos ocupa, la
interpretación de los mismos permite acceder a conclusiones sobre
la forma en que don Pedrote se relacionó con la Iglesia y aprendió
a establecer relaciones de poder para enfrentar el dominio militar
español en repetidas ocasiones. El análisis de las variadas fuentes
primarias en donde se encuentran huellas de sus acciones descubre
implicaciones militares, económicas, políticas y religiosas que
vuelven diferente su biografía de la de otros capitanes indígenas,
de los que se dispone principalmente de hechos de guerra.
La vida de don Pedrote por sus frecuentes levantamientos y
asentamientos de paz, por las formas de rebeldía al dominio religioso
y militar revelan la fragilidad del orden colonial a fines del siglo
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

252

�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

XVII. Entre las causas de los levantamientos puede identificarse
el hambre como estrategia de dominación que obligó a los indios a
robar caballada y huir rápidamente, los malos tratos en las misiones
y el esclavismo por los encomenderos en las haciendas, pero
también cuando ocurrían epidemias cuya posibilidad de contagio
era mayor en las misiones por la cantidad de indios congregados.
Estudiar la vida de un indio rebelde arroja luz para comprender el
imaginario de los indígenas y conquistadores neovizcaínos del siglo
XVII. La mutua desconfianza entre los españoles y los indígenas
era una constante que impedía alcanzar acuerdos prolongados de
paz, que como en el caso de don Pedrote, requirió la mediación de
actores sociales como los misioneros jesuitas.
A principios de 1994, la noticia de una rebelión indígena
armada estremeció los cimientos del México contemporáneo y nos
recordó que la cuestión indígena sigue vigente y dista mucho de
ser solucionada por completo, así lo demuestran los movimientos
de resistencia indígena que se han presentado en la historia
reciente en nuestro país por la demanda de justicia, igualdad de
oportunidades de desarrollo e inclusión, aspectos que como en
los siglos coloniales, requieren una atención multifactorial para
evitar el uso de las armas.
Bibliografía
Arreguín Cortés, Felipe, Rubén Chávez Guillén y Pedro Soto Navarro, eds. Una revisión de la presencia de arsénico en el
agua subterránea en México. México: Comisión Nacional
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
253
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

del Agua-Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, 2012. http://www.elaguapotable.com/Ars%C3%
A9nico% 20en% 20el %20agua% 20 subterranea%20
en%20Mexico.pdf
Armani, Alberto. Ciudad de Dios y Ciudad del Sol. El “Estado
jesuita de los guaraníes (1609-1768). México: Fondo de
Cultura Económica, 1996.
Cramaussel, Chantal. “De cómo los españoles identificaban a los
indios. Naciones y encomiendas en la Nueva Vizcaya central”, en Nómadas y sedentarios en el norte de México.
Homenaje a la Dra. Beatríz Braniff, editado por Marie
Areti Herst y cols., 275-303. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2000.
___________“El Bolsón de Mapimí: un hábitat indígena en la
época colonial” en Patricia Osante, José Enrique Covarrubias Velasco, Javier Martínez, Juan Domingo Vidargas del Moral y Nancy Leyva (eds), Caminos y vertienes
del septentrión mexicano: Homenaje a Ignacio Del Rio,
UNAM, Instituto de Investigaciones históricas, 2020.
Cramaussel, Chantal y Celso Carrillo. Coahuila o Tierra Adentro, 1577-1722. Un valle transformado en gobernación.
Zamora: El Colegio de Michoacán, 2021.
_______________ “Tras las huellas de Juan Mapos, 1616-1676.
Indio Ocome rebelde, Bolsón de Mapimí, Norte de la
Nueva Vizcaya, Historia (Santiago de Chile) Vol. 54. No.
2, 2021.
____________ El Presidio de Nuestra Señora de la Limpia Concepción del Pasaje (1685-1772). Zamora: El Colegio de
Michoacán, 2020.
Cuello, José. El norte, el noreste y Saltillo en la historia colonial
de México. Saltillo: Archivo Municipal de Saltillo,1990.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

254

�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

Chabot, Frederick C. “Los poderosos Aguayos”. En: Actas de la
trigésima segunda sesión anual de la Sociedad Histórica
del Estado de Texas, Austin, Texas, 1929.
Deeds, Susan M. “Mission Villages and Agrarian Patterns in a Nueva Vizcayan Heartland, 1600-1750.” Journal of the Southwest 33, no. 3 (1991), http://www.jstor.org/stable/40170027.
(Consultado 10 de marzo de 2024)
Guerra, Eduardo. Historia de La Laguna, Torreón: Editorial del
Norte Mexicano, 1996.
Hausberger, Bernd. “La vida cotidiana de los misioneros jesuitas en el Noroeste Novohispano”. Estudios De Historia
Novohispana, n.º 17 (2009), https://doi.org/10.22201/iih.
24486922e.1997.017.3444.(Consultado 6 de marzo de
2024)
Hernández Aparicio, Pilar. “Estadísticas franciscanas del siglo
XVII”. Actas del III Congreso Internacional sobre los
franciscanos en el Nuevo Mundo (siglo XVII) La Rábida,
1989.
Mirafuentes Galván, José Luis. Movimientos de resistencia y rebeliones indígenas en el norte de México (1680-1821) Guía
documental II, México: Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1993.
Naylor, Thomas H, and Charles W. Polzer. The Presidio and Militia on the Northern Frontier of New Spain, Volume I,
1570-1700. The Relacion of Diego de Medrano, University of Arizona Press, 1986.
Ortega, Sergio. “El sistema de misiones jesuíticas: 1591-1699”,
Históricas Digital. Instituto de Investigaciones Históricas - Universidad Nacional Autónoma de México (2016)
https://historicas.unam.mx/publicaciones/publicadigital/
libros/tres_siglos/90a_04_03_Capitulo2.pdf. (Consultado
el 5 de marzo de 2024)
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

255

�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

Ramírez Ramírez, Alberto y Rubén Durazo Álvarez. “Las misiones jesuitas de Durango” Antropología. Revista interdisciplinaria del INAH 67 (2002) 57-66.
Rodríguez Villarreal, Juan José. La Compañía de Jesús en la
Provincia de Sinaloa. Historias de rechazos a evangelizar indios y del “estado infelicísimo de las misiones”,
1572-1756. Saltillo: El Colegio de San Luis-Escuela de
Ciencias Sociales, 2015.
Sheridan Prieto, Cecilia. Anónimos y Desterrados. La contienda
por el “sitio que llaman de Quauyla” Siglos XVI-XVIII.
México: Centros de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 2000.
Valdés, Carlos Manuel. Ataque a la misión de Nadadores (Torreón: Universidad Iberoamericana, 2002.
__________Los bárbaros, el rey, la iglesia. Los nómadas del noreste novohispano frente al Estado Español. Saltillo: Universidad Autónoma de Coahuila, 2017.

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

256

�Monterrey: patrimonio e industria. Seis estudios históricos compilada por Oscar Rodríguez
Recibido: 18 de marzo de 2024
Aceptado: 29 de mayo de 2024
Monterrey: patrimonio e industria. Seis estudios históricos es
una obra compilada por Oscar Rodríguez Castillo y publicada
en 2021; en ella se expone la investigación acerca del desarrollo
industrial en Nuevo León y, en consecuencia, la influencia sobre
la construcción de la identidad social, económica y cultural en el
estado. El análisis de las distintas obras presentadas da nacimiento
a la apreciación y entendimiento de la industrialización, sus
orígenes, desafíos y repercusiones dentro de la región.
Legislación y gestión pública sobre el patrimonio cultural
inmueble en el estado de Nuevo León del Licenciado en Historia,
con maestría en Ciencias Políticas, Luis Enrique Pérez Castro,
muestra la realidad de la preservación del patrimonio cultural:
Antes de 1991, no era prioridad para el gobierno de Nuevo León.
A pesar de la implementación de acciones para su cuidado y
restauración, existen aún inmuebles sin ser regularizados.
El autor examinó los antecedentes de las acciones
gubernamentales en relación con la preservación del patrimonio
cultural antes de la promulgación de la ley, declarando que,
257
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 257-263
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-133

�Monterrey: patrimonio e industria. Seis estudios históricos

durante gran parte del siglo pasado, la tarea de difundir la cultura
y proteger el patrimonio no fue responsabilidad principal del
gobierno, sino de grupos privados. Por otro lado, contrastó lo
establecido en las leyes estatales y los reglamentos municipales
en cuanto a la protección del patrimonio cultural inmueble con lo
que realmente estaba sucediendo en la práctica.
La perspectiva del investigador reconoce el papel
creciente de la ciudadanía en la defensa de su patrimonio cultural,
reflejando una evolución en la gestión pública del patrimonio
cultural inmueble en Nuevo León. La exposición de esta visión
resulta una base para futuras políticas y acciones de conservación,
permitiendo un mejor manejo y protección del patrimonio cultural.
Juan Jacobo Castillo Olivares, licenciado en Historia y
maestro en Ciencias —especializado en Ciencias Sociales—,
autor del ensayo Análisis teórico bajo el enfoque de estudios
culturales sobre los orígenes de la industrialización en Monterrey
y el estudio de la clase obrera en el cual plantea una perspectiva
teórica nueva acerca de la cultura industrial y obrera en Monterrey,
como parte de la introducción hacia el marco teórico de su tesis
Historia de la industria textil en Nuevo León: Fábrica de hilados
y tejidos la FAMA 1854-1950.
Castillo Olivares cuestiona la perspectiva convencional
que establece el comienzo de la industrialización de Monterrey
durante el mandato del general Bernardo Reyes y exhibe otro
enfoque, resaltando la relevancia de la industria textil en Nuevo
León, que frecuentemente es ignorada por los investigadores.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 257-263
258
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-133

�Frida I. González

La elección de Monterrey como área de estudio expone
que la industrialización no tuvo un impacto uniforme en todo
el estado. El autor, a su vez, define y analiza la importancia de
estudiar la cultura en el contexto específico que se trata. Por otro
lado, se pauta la distinción entre dos conceptos relacionados:
las industrias culturales y la cultura industrial. El investigador
explora cómo los cambios sociales, económicos y culturales han
afectado la percepción de los regiomontanos durante el período
de transformación del campo a la industria y, en consecuencia, al
nacimiento del sector obrero.
La perspectiva innovadora rescata la importancia de
la industria y a su vez, contextualiza el proceso de la misma en
Monterrey, así, desafiando las narrativas convencionales acerca de
esta cuestión particular. Por ende, se proporciona una comprensión
más completa y matizada de la historia regional y del impacto de la
industrialización en la vida de la sociedad de Monterrey.
Los apuntes del licenciado en Historia y Estudios de
Humanidades por la UANL, Emilio Machuca Vega, titulados
Las aguas residuales de Monterrey: apuntes sobre la planta de
tratamiento de la Hacienda del Canadá (1906-2006) introduce
las últimas décadas del gobierno de Porfirio Díaz en México junto
al proceso de la implementación de servicios de agua y drenaje
en Monterrey.
Bajo el análisis del autor de cómo se llevó a cabo el
proceso de establecimiento de este proyecto, se contextualizan
las características de la construcción y el funcionamiento de
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 257-263
259
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-133

�Monterrey: patrimonio e industria. Seis estudios históricos

la primera planta de tratamiento de aguas residuales en Nuevo
León. Según Machuca Vega, debido a la falta de atención y
poca disponibilidad de fuentes académicas sobre el tema en la
investigación histórica de Monterrey, el estudio se fundamenta
en informes, documentos y noticias de la época para obtener
información relevante.
Detalla el año de construcción y ubicación de la primera
planta de tratamiento de aguas residuales en Monterrey, en los
terrenos que anteriormente pertenecían a la ex Hacienda del Canadá
y las distintas formas en que se utilizó la planta de tratamiento
de aguas residuales. De igual modo, agrega análisis tanto de la
importancia histórica de la planta como su situación presente, a
pesar de las opiniones negativas sobre su funcionamiento.
El autor expone como el primer lugar de tratamiento de
aguas se ha erigido en un símbolo importante, tanto del desarrollo
industrial temprano de Monterrey, como de los intentos por
resolver problemas de salubridad urbana. Este estudio ofrece más
que una visión histórica innovadora, pues sienta las bases para
investigaciones posteriores sobre los servicios sanitarios en la
ciudad.
El ensayo Los patrimonios negativos: La estación Del
Golfo y las identidades cartográficas en el centro de Monterrey
escrito por Oscar Abraham Rodríguez Castillo —Egresado del
Colegio de Historia en la Universidad Autónoma de Nuevo León—
y José Eugenio Lazo Freymann, con maestría en Historia por El
Colegio de San Luis, explora los cambios que afectaron la vida y
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 257-263
260
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-133

�Frida I. González

la estructura urbana en Monterrey, así como las repercusiones que
surgieron como resultado de la transformación de la red ferroviaria.
Los autores se enfocan en la evolución del edificio de la
Estación del Golfo, ahora conocido como la Casa de la Cultura de
Monterrey y el Museo del Ferrocarril, resaltando su papel actual
como un importante centro cultural. De esta manera, estudia la
historia y el impacto de la estación utilizando una amplia gama
de recursos recopilados, como el Archivo General del Estado de
Nuevo León. Asimismo, se enfatiza cómo la edificación ejemplifica
la conservación y reutilización exitosa de un patrimonio urbano
para beneficio social.
El ensayo arroja luz sobre un aspecto crucial de la historia
y la evolución urbana de Monterrey, reflejando la influencia de
intereses económicos en la configuración del paisaje urbano. Esto
destaca la posibilidad de reutilizar espacios inhabilitados para
fines sociales y culturales, lo que representa una oportunidad para
transformar áreas afectadas, y ofrece posibilidades de desarrollo
futuro para impulsar la industria cultural de la región, al mismo
tiempo que preserva su patrimonio histórico.
Alberto Casillas Hernández, actual jefe del Archivo
Histórico y del Archivo Administrativo del Parque Fundidora,
analiza el proceso de la implementación de las medidas de
seguridad para proteger a los trabajadores frente a los peligros
asociados con el uso creciente de maquinaria en la producción
industrial dentro de su artículo Los Orígenes de las Campañas
de Prevención de Accidentes en Fundidora Monterrey: Los
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 257-263
261
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-133

�Monterrey: patrimonio e industria. Seis estudios históricos

Departamentos de Personal y Supervisión y Seguridad Industrial.
El autor menciona cómo el aumento de los riesgos
laborales llevó al establecimiento de medidas preventivas por
parte de gobiernos, empresarios y trabajadores. Por otro lado,
expone cómo la Fundidora Monterrey se dedicó cada vez más
a la prevención de accidentes, llegando a establecer un equipo
profesionalizado específicamente para este fin. La perspectiva
que Casillas establece la evolución de las condiciones laborales
con base a las medidas de seguridad y proporciona información
sobre el impacto de la responsabilidad industrial dentro de una
empresa histórica como la Fundidora de Monterrey.
“Es por México” Conformación y primeros años del
Patronato Universitario de Nuevo León: La industria por la
educación, 1950-1958 bajo la autoría de Susana Julieth Acosta
Badillo, Licenciada en Historia por la Facultad de Filosofía y
Letras de la UANL, y con una maestría en Ciencias enfocada en
la gestión y diseño de la Arquitectura, destaca el apoyo financiero
y logístico brindado por los industriales para la creación de la
sede universitaria, junto a los obstáculos del alcance de este
objetivo debido a la oposición de algunos empresarios por las
diferencias de opinión ideológicas. Así, expone un enfoque
sobre las dinámicas entre la elite empresarial y la educación en
Monterey, además de su influencia en la misma.
La compilación de los distintos autores acerca de la
industrialización y el patrimonio neolonés ofrece un análisis
exhaustivo a través de imágenes, tablas explicativas y estudios
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 257-263
262
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-133

�Frida I. González

detallados, abordando temas como la legislación, la gestión
pública del patrimonio inmueble, el impacto en la clase obrera,
así como la conformación de organismos de apoyo a la educación
por parte de la industria.
El libro invita a la reflexión sobre la importancia de
reconsiderar y debatir el valor del patrimonio cultural en el
contexto de la industrialización, y la relación de los habitantes
de Nuevo León con este aspecto puntual de su historia y cultura.
Resulta fundamental la comprensión y el interés de las dinámicas
históricas y actuales que han configurado Monterrey y su área
metropolitana.
Frida I. González Hernández
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
https://orcid.org/0009-0003-8301-2006

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 257-263
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-133

263

�Riesgo y resiliencia en la frontera: Reseña del
X Coloquio Internacional sobre la Historia del Noreste
de México y Texas en 2024
Risk and Resilience at the Border: Review of the 10th
International Colloquium on the History of Northeast Mexico
and Texas in 2024
Recibido: 19 de diciembre de 2024
Aceptado: 20 de diciembre de 2024
Siguiendo con la tradición iniciada en Saltillo Coahuila en
2003, durante el año 2024 se realizó la X edición del Coloquio
Internacional sobre la Historia del Noreste de México y Texas.
Estaba planeado para realizar en formato presencial en la Ciudad
de Nuevo Laredo Tamaulipas entre el 20 y 23 de noviembre,
sin embargo por razones de inseguridad, el Comité organizador
decidió efectuarlo en formato virtual en las fechas programadas
transmitiéndose por las redes sociales de las instituciones
convocantes y la página de Facebook del citado coloquio.
La declaratoria inauguran estuvo a cargo de la doctora Delia
Salazar Directora de Estudios Históricos del Instituto Nacional de
Antropología e Historia, enseguida Cuauhtémoc Velasco iniciador
de este coloquio hizo un recuento de las nueve anteriores ediciones,
264
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 264-272
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-168

�Sonia Hernández y Cesar Morado

Gustavo Ramírez hizo la presentación del ponente magistral:
Marcos Leija Director de Turismo del Ayuntamiento de Nuevo
Laredo quien expuso sobre las estrategias de promoción cultural que
realizan en dicho municipio inspirados en el modelo colombiano
de la ciudad de Medellín donde el citado ha realizado estancias de
trabajo. Se trata –señaló- de contribuir desde el ámbito de la cultura
al reforzamiento del tejido social, un llamado muy pertinente dado
el fenómeno de violencia que vive actualmente el noreste de México
y que a veces se extiende al vecino estado de Texas. La ponencia se
tituló: El arte y la cultura. Un cañón de futuro y que guarda gran
pertinencia con el tema al que se convocó en esta edición 2024 del
Coloquio: Riesgo y resiliencia en la frontera: pasado y presente.
Vinieron enseguida las mesas temáticas. La primera de ellas
bajo el título de Cultura fronteriza debía ser moderada por Verónica
Castillo de la Universidad de California en Santa Bárbara, ausente
por razones de fuerza mayor entrando en su lugar Cesar Morado de
la UANL. En ella participaron Christopher Juan Gómez académico
de University of Texas Rio Grande Valley exponiendo sobre el
papel de Nepantla en la construcción de la identidad en la obra
de Gloria Anzaldúa destacando el rol pionero de esta pensadora
chicana/mexicoamericana. Luego Alejandro Quitze Barranco
Muñoz catedrático de la Universidad Autónoma de Coahuila en
Saltillo, expuso sobre negociaciones, concesiones y excepciones
para poblar el noreste durante la época novohispana y cerró la mesa
Alberto Barrera Enderle, destacado investigador del CIESAS
Noreste quien habló acerca del eje de Monterrey a San Antonio, en
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 264-272
265
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-168

�Riesgo y resiliencia en la frontera: Reseña

torno a la conformación de un circuito transfronterizo del béisbol
durante los años de 1930-1940. La discusión giro en torno a cómo
las ideas, la propiedad y el deporte traspasa fronteras y viaja junto
a los personajes que se mueven por el territorio estudiado. Los
ponentes recibieron preguntas sobre el significado de la región
fronteriza en procesos de formación de identidad al igual que las
ideas influidas por cuestiones de raza y etnicidad en el contexto
de deporte. La audiencia podía remitir preguntas por la página de
Facebook en vivo o por la plataforma de zoom. El congreso era
totalmente gratuito y no se requería inscripción, buscando que nada
impida la difusión del conocimiento.
Al igual que en el caso de la doctora Castillo de UC Santa
Barbara , se buscó que en esta edición se incorporaran como
moderadores, académicos que no habían participado en ediciones
anteriores, fue así como se invitó a Pablo Mijangos (Southern
Methodist University) quien aceptó de manera entusiasta. El
doctor Christopher Carmona académico de Our Lady of the Lake
University, Center for Mexican American Studies and Research
expuso su trabajo titulado Palimpsest of the Borderlands: Telling the
Story of the Borderlands through Estéfana Cavazos de Cortina [La
Patrona] and Hermilla Cuellar dando visibilidad a estos personajes
femeninos. Por su parte David Adán Vázquez Valenzuela expuso
sobre los logros y retos de la Maestría en Historia del Noreste
mexicano y Texas que oferta desde la Universidad Autónoma de
Coahuila con sede en Saltillo, los temas y líneas de investigación
de los primeros egresados. Otro participante que también hizo
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 264-272
266
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-168

�Sonia Hernández y Cesar Morado

su debut en el coloquio fue Alan Arturo Hernández García de la
UANL, quien expuso sobre el género cinematográfico denominado
cabrito-western y la representación de la sociedad regiomontana
en el cine mexicano, 1980-1983. Se trata de un avance de su tesis
dirigida por Cesar Morado y que espera concluir durante 2025.
Una de las mesas que produjo mayor debate fue la
relativa a Género que moderó Emilio Machuca de la Universidad
Complutense de Madrid, donde Machelly Flores Reyna pregunto:
¿Dónde están? Estudio de la desaparición forzada en el estado
fronterizo de Coahuila desde las epistemologías feministas
entre 2009-2018. Apoyándose en provocativo material judicial y
fotográfico, esta destacada colega de la Universidad Autónoma
de Coahuila documentó el lastimero viacrucis que viven los
familiares de personas desaparecidas. Por su parte Antonio Cruz
Zárate de la Dirección de Estudios Históricos del INAH expuso el
caso del forzamiento de una mujer casada en la villa de Jaumave,
hoy Tamaulipas durante el siglo XVIII. Sobre ese mismo
siglo Anarika Freyssinier y Dávila estudiante doctoral de la
Universidad Autónoma de Coahuila, habló de sujetos subalternos
en la frontera noreste de la Nueva España explorando el caso de
María Gertrudis Sánchez Navarro y María Bruna Fausta, dos
mujeres acusadas de diversos delitos en San Fernando de Austria,
que hoy se llama Zaragoza, en el norte de Coahuila.
La mesa 4, también sobre género estuvo conducida por Sonia
Hernández de Texas A&amp;M University donde debatieron Regina
Álvarez exponiendo sobre Género y Enfrentamiento a la impunidad
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 264-272
267
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-168

�Riesgo y resiliencia en la frontera: Reseña

de los Texas Rangers: Una mirada desde la investigación estatal
sobre abuso de poder en el año 1919. También participó Leslie N.
Torres explicando sobre las mujeres de origen mexicano, resistencia
y sobrevivencia en el sur de Texas durante los principios del siglo
20 y cerró la mesa Jessica Martínez de la Universidad de Texas en el
Paso exponiendo sobre las obreras mexicanas y méxicoamericanas
en la industria de ropa en El Paso, durante el periodo entre 1920 y
1940. El tiempo dedicado a preguntas y respuestas fue enriquecedor
por la nueva emergencia de discursos de violencia racial y las
difíciles condiciones de trabajo en ambos lados del Bravo.
Lo relativo a la línea temática de tensión y el conflicto
se abordó en la mesa 5 conducida por Gustavo Ramírez donde
participaron José Luis Aguilar Guajardo bordando sobre los
antecedentes históricos y polémica del monumento fúnebre de
Iturbide en Padilla (1901-2024), debate que emergió con motivo del
bicentenario de la Independencia. Enseguida expuso César Morado
sobre el tratamiento de la violencia en la historiografía texana reciente
y su traducción al español realizada por la UANL y finalmente
Benito Navarro de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, explico
la disputa por el control de los diezmos en Tamaulipas.
La siguiente mesa fue coordinada por Adela Díaz, del
Tec de Monterrey, institución que se incorpora por vez primera a
nuestro coloquio. Expuso primero George T. Díaz de la University
of Texas Rio Grande Valley sobre los Mártires de Texas, es decir
los mexicanos revolucionarios prisioneros en Texas. Luego, Alan
Orlando Caballero Barrera de la UAC continuando con esa línea
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 264-272
268
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-168

�Sonia Hernández y Cesar Morado

de cómo se aprisionan los cuerpos, expuso sobre la inquisición
en los confines norteños: Esclavismo, delitos contra la fe y elites
regionales en el Nuevo Reino de León durante los siglos XVIXVII y cerró la mesa Margarita Isabel Arvide Basterra narrando
la transición de la Colonia Sirio-Otomana a la Colonia Libanesa:
transformaciones de la Comunidad Árabe en Nuevo León (19101930) y como esta comunidad de migrantes lucho por hacerse un
lugar en la ciudad de Monterrey durante la primera parte del siglo
XX. Aunque los temas abarcaron diferentes periodos, la sesión de
preguntas fue enriquecedora ya que conceptos como raza y étnia,
región y espacio al igual que procesos de resistencia se abordaron
y dieron mucho de que discutir.
No podía faltar en el coloquio una mesa sobre Historia
Política y estuvo moderada por Gabino Castillo (Universidad
Autónoma de Coahuila) participando en primer término el destacado
historiador tamaulipeco, Pedro Alonso Pérez (Congreso del Estado
de Tamaulipas) exponiendo sobre el Centenario de la fundación
del Partido Socialista Fronterizo. Luego, David Adán Vázquez
Valenzuela de la UAC disertó sobre las elecciones coahuilenses
de 1905 a las que interpretó como una derrota del “civismo” y
finalmente Manuel Ceballos Martínez planteó el tema de la gestión
del agua en el noreste, ejemplificando con el caso de los dos Laredos.
Todos estos participantes lo hicieron por primera vez en este evento
cumpliendo con la meta de incorporar nuevas voces.
Hubo todavía una continuación del tema de Historia
Política en la siguiente mesa liderada por Ruth Arboleyda Castro
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 264-272
269
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-168

�Riesgo y resiliencia en la frontera: Reseña

(Centro INAH Veracruz) donde participaron Juana Gabriela
Román Jáquez de la Universidad Autónoma de Coahuila
abordando el gobierno de los Hermanos Viesca y Montes en
Coahuila y Texas, que ella interpreta como parte del fracaso del
federalismo en el noreste de México durante los años 1827-1835.
Enseguida expuso Irina Córdoba Ramírez de la UNAM acerca
del caso de El Cuhamil: liderazgo y activismo transfronterizo,
1975-1981, una publicación que fue muy importante para la
comunidad mexicana asentada en Texas. Finalmente, Miguel
Soto, uno de los fundadores del coloquio disertó sobre Norteños
y sureños en el desarrollo de Texas. Algunos socios de Lorenzo
de Zavala, concluyendo que aún quedan aspectos por develar de
estos procesos de control de propiedades.
Todavía hubo una mesa adicional en la línea temática de
Tensión y Conflicto. Fue moderada por Miguel Soto (UNAM)
donde participaron Mariana Elizabeth Sánchez Tamez comentando
sobre el rol de la elite empresarial de Monterrey, su impulso a
las universidades en Monterrey, estudiando el caso del ITESM
(1943-1965) concluyendo que se trata de un caso particular
en que el estado mexicano cede en su afán de monopolizar la
educación superior y un grupo privado ve en la educación la
oportunidad de formar los cuadros gerenciales de sus empresas.
Enseguida diserto Seidi Martínez Loera quien está estudiando la
administración eclesiástica en el noreste novohispano: el caso de
la parroquia de Monclova. Se trata de una investigadora egresada
de la maestría en el noreste de México y Texas que ahora estudia
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 264-272
270
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-168

�Sonia Hernández y Cesar Morado

su doctorado en la UANL de Monterrey, buscando inscribir su
trabajo dentro de una nueva historia eclesiástica.
El día sábado se desarrolló la mesa sobre Pueblos
Originarios y fungió como moderador uno de los líderes en esta
línea de investigación: Joaquin Rivaya- Martinez (Texas State
University). Aquí escuchamos a Ruth Arboleyda Castro del Centro
INAH Veracruz disertando sobre la vida de las mujeres apaches;
a Fernando Olvera de la UAT exponiendo sobre los liderazgos
indios ante el contacto español en el noreste novohispano y a José
Eugenio Lazo Freymann de la UNAM planteando la relación
entre bárbaros y bisontes en medio de las Grandes Llanuras de
América del Norte como límites de la cartografía durante los
siglos XVII-XIX mientras que Hernán M. Venegas Delgado de la
UAC disertaba sobre esclavitud de mujeres y niños apaches en las
misiones y presidios del noreste novohispano, siglo XVIII. Una
mesa muy redonda en tanto a temática, rica en nuevos abordajes
metodológicos como el caso de Lazo que rastrea a los bisontes
por las llanuras y desde luego muy pertinente por el tema de los
derechos de los pueblos originarios en este territorio que hoy
llamamos noreste de México y Texas.
La última mesa abordo el tema del patrimonio cultural y
el medio ambiente. Estuvo dirigida por Reynaldo de los Reyes
(University of Geneva, UNIGE) participando Eva Rivas Sada del
Tec de Monterrey quien explico la modernización del campo en
el noreste de México durante el periodo 1920-2000. Enseguida,
Gustavo A. Ramírez Castilla hablo del patrimonio cultural en
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 264-272
271
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-168

�Riesgo y resiliencia en la frontera: Reseña

riesgo en Tamaulipas, aspecto que conoce perfectamente como
integrante del Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Finalmente, José Manuel Rosales Mendoza abordo los orígenes
y desarrollo de la planificación urbana en Torreón, Coahuila
durante el periodo 1887-1997 tema en el que es especialista como
académico de la Universidad de Coahuila.
Como cierre del evento de realizo la presentación del
libro Sacerdotes en tierra de indios. La iglesia y la oligargia
en el noreste de la Nueva España, siglos XVII-XVIII, autoría de
Nancy Leyva, recién publicado por el Colegio de Michoacán
que narra la tarea de evangelizadores en este territorio, siendo
comentado por José Luis Aguilar y la misma autora. En síntesis,
la X edición del coloquio conto con la participación de 39
ponencias de investigadores/as prevenientes más de una docena
de universidades, muchas de las cuales se incorporaron por
vez primera. Por acuerdo del Comité Científico, la siguiente
edición del evento se realizará en 2026 en University of Texas
Rio Grande Valley (EdimburgTexas) bajo el liderazgo de George
Díaz, director del Centro de Estudios Mexicoamericanos.
Sonia Hernández
Texas A&amp;M University
https://orcid.org/0009-0006-9986-6075

César Morado
Universidad Autónoma de Nuevo León
https://orcid.org/0000-0002-6696-6989

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 264-272
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-168

272

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="455">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="574377">
                <text>Sillares: Revista de Estudios Históricos</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="574378">
                <text>Sillares: Revista de Estudios Históricos, es una publicación semestral que busca la divulgación de investigaciones que representen un aporte significativo para conocer la historia de México y América Latina. Además de la publicación de artículos originales e inéditos, la revista procura la promoción, difusión y debate de investigaciones históricas a través del análisis de acervos documentales, documentos y reseñas. Todas las colaboraciones son sometidas a procesos de evaluación por pares. La revista Sillares es heredera de la sección de Historia del Anuario Humanitas, publicado por el Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León entre 1960 y 2020. En línea con esta dependencia, que es el centro de investigación más antiguo de la UANL, la revista busca incentivar el diálogo entre la Historia y otras áreas de las ciencias sociales y las humanidades. Esta nueva era va con el ciclo de la transformación digital y sus estrategias, reestructurando sus procesos bajo el Open Journal Systems y siempre con las metas de la comunidad investigadora.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="574379">
                <text>Centro de Estudios Humanísticos, UANL</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="61">
            <name>Date Created</name>
            <description>Date of creation of the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="574380">
                <text>2021</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="613247">
            <text>Sillares: Revista de Estudios Historicos </text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="613249">
            <text>2025</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="52">
        <name>Volumen</name>
        <description>Volumen de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="613250">
            <text>4</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="613251">
            <text>8</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="613252">
            <text>Enero-Junio</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="613253">
            <text>1</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="100">
        <name>Periodicidad</name>
        <description>La periodicidad de la publicación (diaria, semanal, mensual, anual)</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="613254">
            <text>Semestral</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="613270">
            <text>https://sillares.uanl.mx/index.php/s/issue/view/9</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="613248">
              <text>Sillares: Revista de Estudios Historicos, 2025, Vol 4, Num 8, Enero-Junio </text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="613255">
              <text>Morado Macías, Cesar, Director </text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="613256">
              <text>Ciencias Sociales</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="613257">
              <text>Historia</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="613258">
              <text>Geografía</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="613259">
              <text>Archivistica</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="613260">
              <text>	Sillares: Revista de Estudios Históricos, es una publicación semestral que busca la divulgación de investigaciones que representen un aporte significativo para conocer la historia de México y América Latina. Además de la publicación de artículos originales e inéditos, la revista procura la promoción, difusión y debate de investigaciones históricas a través del análisis de acervos documentales, documentos y reseñas. Todas las colaboraciones son sometidas a procesos de evaluación por pares. La revista Sillares es heredera de la sección de Historia del Anuario Humanitas, publicado por el Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León entre 1960 y 2020. En línea con esta dependencia, que es el centro de investigación más antiguo de la UANL, la revista busca incentivar el diálogo entre la Historia y otras áreas de las ciencias sociales y las humanidades. Esta nueva era va con el ciclo de la transformación digital y sus estrategias, reestructurando sus procesos bajo el Open Journal Systems y siempre con las metas de la comunidad investigadora.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="613261">
              <text>Reyes Patiño, Reynaldo de, Editor </text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="37">
          <name>Contributor</name>
          <description>An entity responsible for making contributions to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="613262">
              <text>Ruiz Solís, Francisco, Corrección de estilo</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="613263">
              <text>Martínez Morales, Concepción, Maquetación</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="613264">
              <text>2025-01-01</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="613265">
              <text>Revista</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="613266">
              <text>txt/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="613267">
              <text>2021512</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="613268">
              <text>Fondo Universitario</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="613269">
              <text>spa </text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="38">
          <name>Coverage</name>
          <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="613271">
              <text>San Nicolás de los Garza, Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="613272">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="613273">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="39899">
      <name>"Memora olvidada de un pueblo"</name>
    </tag>
    <tag tagId="39898">
      <name>Desterritorialización de la costa quintanarroense</name>
    </tag>
    <tag tagId="39902">
      <name>Don Pedrote</name>
    </tag>
    <tag tagId="39901">
      <name>Ecología historica</name>
    </tag>
    <tag tagId="39900">
      <name>Yucatán separatista</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
