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                  <text>Vol. 3, Núm. 4 (2026). enero-junio 2026 | ISSN 3061-7545 | dialecticaescenica.uanl.mx |1

�DIRECTORIO
Dr. Santos Guzmán López / Rector UANL
Dr. Mario Alberto Garza Castillo/ Secretario General UANL
Dr. Jaime Arturo Castillo Elizondo / Secretario Académico UANL
Dr. José Javier Villarreal Tostado / Secretario de Extensión y

EDITOR EN JEFE
Dr. Jesús Eduardo Oliva Abarca. Facultad de Artes Visuales,

Cultura

México

Mtra. Adriana Briceño Arreazola / Directora de la Facultad de
Artes Escénicas

EDITORES TÉCNICOS
M.A. Armandina Yarezi Salazar Díaz. Facultad de Artes Escéni-

CONSEJO EDITORIAL EXTERNO
Dra. Eréndira Rebeca Villanueva. Universidad Autónoma de
Nuevo León, México

Mtro. Sergio Rommel Alfonso Guzmán. Universidad Autónoma
de Baja California, México

UANL, México

COORDINACIÓN DE VINCULACIÓN
M.A.E. Mayra Daniela Leal. Facultad de Artes Escénicas, UANL,

cas, UANL, México

M.A.E. Bernardo Martínez Evaristo. Facultad de Artes Escénicas,
UANL, México

ASISTENCIA EN CORRECCIÓN DE ESTILO Y REDES SOCIALES
Lic. Beatriz Cruz Vallarta. Estudiante de la Maestría en Gestión

Dra. Sandra Guadalupe Altamirano Galván. Universidad
Autónoma de Nuevo León, México

y Producción de Proyectos Artísticos y Culturales de la Facultad de
Artes Escénicas UANL.

CONSEJO EDITORIAL INTERNO
M.A. Deyanira Triana Verástegui. Facultad de Artes Escénicas,

CORRECTOR DE RESUMEN EN INGLÉS
M.E. Sylvia Graciela González Díaz. Facultad de Artes Escénicas,

Dra. Emma Alicia Lozano García. Facultad de Artes Escénicas,

DISEÑO GRÁFICO

UANL, México
UANL, México

M.H. Olivia Janneth Villarreal Arizpe. Facultad de Artes Escénicas,
UANL, México

M.A. Jeany Janeth Carrizales Márquez. Facultad de Artes Escénicas, UANL, México

UANL, México

Lic. Montserrat Jara Castillo. Facultad de Artes Escénicas, UANL,
México

IMAGEN DE LA PORTADA
Van Hugo

COMITÉ CIENTÍFICO NACIONAL
Dra. Rocío Galicia. Centro Nacional de Investigación, Documenta-

ción e Información Teatral Rodolfo Usigli CITRU-INBAL, México
Dra. Verónica Lizett Delgado Cantú. Universidad Autónoma de
Nuevo León, México
Dra. Ana Cristina Medellín Gómez. Universidad Autónoma de
Querétaro, México
Dr. Jorge Francisco Aguirre Salas. Universidad Autónoma de
Nuevo León, México
Dra. Rocío Luna Urdaibay. Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, México

COMITÉ CIENTÍFICO INTERNACIONAL
PhD. Alicia del Campo. California State University, Long Beach,
Chile/EEUU

PhD. Lola Proaño Gómez. Universidad de California, Irvine, Ecuador/Argentina

Dr. Ezequiel Lozano. Universidad de Buenos Aires, Argentina
Dra. Daniela Alejandra Cápona Pérez. Universidad de Chile,
Chile

Dr. Gino Luque Bedregal. Pontificia Universidad Católica del
Perú, Perú

Dr. Carlos Salazar Zeledón. Universidad de Costa Rica, Costa Rica

Dissoluta (dir. Ranny Piñero), Compañía de Danza Contemporánea de
la Facultad de Artes Escénicas

Dialéctica Escénica. Revista de la Facultad de Artes Escénicas UANL, Vol. 3, Núm. 4 (2026). enero-junio 2026, es una publicación semestral de acceso
abierto editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través de la Facultad de Artes Escénicas UANL, Calle Praga y Trieste s/n, Fraccionamiento Las Torres, Campus Mederos, UANL. C. P. 64930, Monterrey, Nuevo León, México. Dialéctica Escénica. Revista de la Facultad de Artes
Escénicas UANL reserva del derecho exclusivo de uso del nombre bajo la licencia a 04-2024-040817242200-102. ISSN 3061-7545. Correo electrónico: dialectica.escenica@uanl.mx. Dirección web: https://dialecticaescenica.uanl.mx/index.php. Editor responsable: Dr. Jesús Eduardo Oliva Abarca.
Responsable de la última publicación: M.A.E. Bernardo Martínez Evaristo y M.A. Armandina Yarezi Salazar Díaz. Fecha de la última modificación:
31 de enero de 2026.
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�Vol. 3, Núm. 4 (2026). enero-junio 2026 | ISSN 3061-7545 | dialecticaescenica.uanl.mx |3

�Índice
Artículos de investigación
5

La legislación del trabajo en artes en México: Una asignatura pendiente
Labor Legislation and Artistic Work in Mexico: An Outstanding Issue
Ahtziri Eréndira Molina Roldán

Descolonizando la escena:
Canon hegemónico, silencios y resistencias en la escenografía mexicana
(1895-1975)

24

Decolonizing the Stage: Hegemonic Canon,
Silences, and Resistances in Mexican Scenography (1895-1975)
Patricia Ruíz Rivera

El sacrificio autoficcional como medio para la construcción del cuerpo
poético: Identidad poética de María Velasco en Talaré a los hombres de
sobre la faz de la tierra

48

Autofictional Sacrifice as a Means of the Poetic Body Contruction: The Poetic
Identity of María Velasco in Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra (I Will
Cut Men Down from the Face of the Earth)
Mayra Valeria Carbajal Silva

Artículos de reflexión
63

El bailarín clásico y sus esferas corporales hacia un cuerpo
sistémico

The Classical Dancer and His Bodily Spheres Towards a Systemic Body
Jessica Patricia Aguillón Núñez
Arturo Rico Bovio

76

Movimiento dancístico y su influencia en la composición
musical para danza contemporánea

Dance Movement and Its Influence on Musical Composition for Contemporary
Dance
Arturo Charles Valdez
Jorge Rodrigo Sigal Sefchovich

Serie: ¿Cómo te atreves? Segunda parte: La maternidad no es la culpable

92

Series ¿Cómo te atreves? Part Two: Motherhood Is Not to Blame
Patricia Oliva Barboza
Luisa Pérez Wolter

Reseñas
110

Teatralidades afectivas: Para una historia material de las
artes escénicas desde América Latina

116

En busca del espectador o del teatro de secesión

121

David Rivera Batista
Hugo Octavio Salcedo Larios

Pablo Tepichín

Nuevas brújulas:
La dramaturgia como
herramienta fundamental para no perder el norte
Armandina Yarezi Salazar Díaz

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�Artículo de investigación

RECIBIDO: 14 de octubre de 2025
ACEPTADO:08 de enero de 2026
DOI: https://10.29105/de.v3i4.29

Esta obra quedará registrada bajo la licencia de Creative Commons (CC BY 4.0) Internacional

La legislación del trabajo en
artes en México: Una asignatura
pendiente
Labor Legislation and Artistic Work in Mexico:
An Outstanding Issue
Ahtziri Eréndira Molina Roldán1
Universidad Veracruzana (UV) / Xalapa, Veracruz, MX
Contacto: ahtziri@gmail.com
ORCID: https://orcid.org/0000-0001-6722-4787

Ahtziri Eréndira Molina Roldán1
Investigadora y coordinadora del Centro de Estudios, Creación y Documentación de las Artes (CECDA) de la Universidad
Veracruzana (UV), donde investiga sobre: políticas culturales, legislación de las artes, trabajadores del sector creativo, gestión
cultural y consumo cultural.
Actualmente coordina la investigación colectiva: Legislación cultural en América Latina: caso México inscrito en el Programa
de Investigación de la Red Latinoamericana de Investigación en Artes.
Además, coordina el Doctorado en Estudios sobre Artes Escénicas y Performatividad: DESAEP y es parte del núcleo académico básico de la Maestría en Artes Escénicas, ambas de la Universidad Veracruzana. Es miembro de la Junta Académica de la
Maestría Doctorado en Gestión de la Cultura de la Universidad de Guadalajara
1

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�Artículo de investigación

La legislación del trabajo en artes en
México: Una asignatura pendiente
Labor Legislation and Artistic Work in Mexico:
An Outstanding Issue

Resumen
Este artículo conceptualiza, revisa y reflexiona sobre los elementos existentes del marco legal del
trabajo artístico en México. Primero se propone una definición de este término desde el análisis
del concepto “trabajo”; asimismo, se establecen categorías que permiten caracterizar la heterogeneidad
y complejidad del trabajo en artes. Posteriormente, se presenta y analiza la legislación existente sobre
el tema, esto es, leyes de carácter general y particular, así como aquellas relacionadas de manera adyacente. La metodología implementada consistió en la conformación de un normagrama a partir de la
investigación documental de las leyes federales y generales de los Estados Unidos Mexicanos. Con
base en la sistematización de este marco legal y la identificación de sus elementos clave, se procedió
al análisis de los conceptos esenciales para la investigación, así como al examen de las condiciones
sociales del trabajo artístico. Finalmente, se presenta un balance de la situación jurídica, así como los
principales retos y dificultades que enfrentan los artistas en su conceptualización, reconocimiento y
ejecución desde el marco legal vigente. Esto invita a reflexionar sobre la responsabilidad de la sociedad y del Estado para garantizar que el trabajo artístico se desarrolle en condiciones de reconocimiento, dignidad y justicia social.
Palabras clave: legislación laboral, trabajo artístico, precariedad laboral, legislación para las artes.
Abstract
This article analyzes the legal framework governing artistic labor in Mexico, focusing on labor law
regulations and their application to the arts sector. First, the article proposes a definition of this term
grounded in an analysis of the concept of ‘work’; it also establishes categories that make it possible
to characterize the heterogeneity and complexity of artistic labor. Subsequently, the existing legislation on the subject is presented and analyzed, including both general and specific laws, as well as
those indirectly related. The methodology employed consisted of constructing a normogram based
on documentary research of the federal and general laws of the United Mexican States. Based on the
systematization of this legal framework and the identification of its key elements, the study proceeds
to analyze the concepts essential to the research, as well as to examine the social conditions of artistic
labor. Finally, an assessment of the legal situation is presented, outlining the main challenges and difficulties faced by artists in the conceptualization, recognition, and exercise of their work within the
current legal framework. The aim is to invite reflection on the responsibility of society and the State
to ensure that artistic labor is carried out under conditions of recognition, dignity, and social justice.
Keywords: labor legislation, artistic work, job precarity, legislation for the arts.

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�Artículo de investigación

Introducción
En este artículo se comparten algunas reflexiones sobre las implicaciones de realizar quehacer
artístico como trabajo dentro de un marco legal que pudiera conducir al ideal de vivir del arte. Respecto
a ello, resulta fundamental identificar el marco legislativo federal en el cual se realizan estas actividades laborales y sus implicaciones para que estas tareas se lleven a cabo con parámetros claros para su
generación, regulación, existencia, preservación y memoria.
Para la elaboración de este artículo se establece la problemática a desarrollar, el origen de la
investigación, las preguntas de investigación, el marco teórico donde se caracteriza el trabajo artístico,
así como se nombran otras publicaciones que han problematizado el marco normativo. Posteriormente, se señalan los principios metodológicos de la investigación que dan pie a esta contribución, para
continuar con la enumeración de las leyes que resultan en el marco normativo para el sector. Con la
finalidad de abonar a la discusión sobre las características e implementación del marco normativo, se
establecen reflexiones sobre las características de conocimiento y uso por parte del sector creativo en
sus tareas cotidianas.
Vivir del arte ha sido, en general, más un anhelo que una realidad para muchas personas que,
con formación artística o no, han incursionado en el sector. Esta investigación considera que, en México, estamos ante varias problemáticas estructurales de la nación, así como particulares al sector, las
cuales nos dejan muy lejos de la deseada condición de vivir del arte. Aunado a lo anterior, la pandemia
de COVID-19 expuso las condiciones sociales y económicas de todos, permitiendo, a su vez, evidenciar y denunciar las condiciones precarias de trabajo —y, por ende, de vida— enfrentadas por el sector
artístico.
Fue en este marco que, en diciembre de 2023, nació la investigación: Legislación para las
artes en América Latina: Un comparativo entre siete países, realizada por 24 investigadores de 13
universidades de Argentina, Uruguay, Perú, Ecuador, Colombia, Costa Rica y México. Este estudio se
realiza bajo el cobijo de la Red Latinoamericana de Investigación en Artes (Red LIA) y lo que aquí
se presenta es resultado parcial de tal investigación, aún en ciernes.
Este artículo se guía a partir de cuatro preguntas clave:
1. ¿Cómo caracterizar el trabajo artístico? Esta interrogante se establece, con la finalidad de
identificar a los sujetos de estudio.
2. ¿Cuál es la legislación existente sobre el trabajo artístico al respecto y cuál es su finalidad?
Se presentan las normas federales, generales, particulares y adyacentes que le dan legalidad
al trabajo en el sector.
3. ¿Cuáles son las condiciones actuales en las que se realiza el trabajo artístico? Se describen
las características mayoritarias de trabajo del sector, quienes en su mayoría son trabajadores
independientes.
4. ¿Qué elementos son deseables para que se desarrolle desde otra perspectiva? Con los elementos de la discusión se vislumbran algunos escenarios que podrían mejorar las condiciones
de trabajo y vida de este grupo laboral.

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�Artículo de investigación

Marco teórico y metodológico
Para el desarrollo de este artículo se ha realizado una investigación documental que ha integrado un normagrama2 de las leyes federales y generales del país, así como la identificación del funcionamiento del sistema legislativo mexicano que permite reconocer los modos básicos en que estas
leyes operan en la vida cotidiana. Con base en la sistematización de estas leyes y de la identificación
de los elementos legislativos, se elaboró un reporte de las características del sistema, actualmente en
proceso de edición.
Es importante mencionar que, en últimos años, especialmente a partir de la pandemia de
COVID-19 (entre 2020 y 2021), la problematización académica de los estudios sobre condiciones de
trabajo del sector creativo se ha vuelto, en general, un tema recurrente entre los estudiosos de la cultura
en el mundo y nuestro país no ha sido la excepción. Así, Piedras (2004), en diálogo con García Canclini, hizo algunas de las primeras aproximaciones a la contabilización del sector cultural mexicano a
partir de las mediciones de los registros obtenidos de las industrias protegidas por el derecho de autor.
Por su parte, Enrique de la Garza Toledo (2013), catedrático de la UAM, si bien no ha desarrollado una investigación estrictamente sobre el trabajo artístico, se dedicó a caracterizar el trabajo no
clásico realizado por sectores laborales no tradicionales. Él también generó trabajos con colaboradores,
quienes sí han buscado establecer parámetros para el trabajo en artes, en especial en las escénicas y de
calle (Feregrino Basurto, 2018).
Guadarrama Olivera (2014) caracteriza las trayectorias de los trabajadores de la música y sus
condiciones de trabajo intermitente y de multiempleo, mientras que Sánchez Daza, Romero Amado y
Reyes Álvarez (2019) ponen en valor la formación escolar de los trabajadores y las de condiciones de
trabajo del sector esperadas, ya sea asalariados o como trabajadores independientes. En ambos casos,
destacan las condiciones de inminente flexibilización de trabajo y las implicaciones de precariedad en
las que viven los trabajadores del sector.
Durante la pandemia, los trabajos de Jaramillo-Vázquez (2022), Molina y Garduño (2022) y
Guadarrama Olivera, García Chanes y Tolentino Arellano (2023) señalaron cómo las malas condiciones laborales de la comunidad —algunas estructurales, otras más dadas las circunstancias— así como
el poco manejo de la tecnología agudizaron la precariedad de estos trabajadores durante el distanciamiento social.
Sin embargo, el estudio de las condiciones normativas para el trabajo es más limitado. Entre
las investigaciones existentes, Feregrino (2020) identifica, desde la reflexión sobre el ejercicio de los
derechos de los actores y actrices, que en el ejercicio del poder existen características discriminatorias
para el reconocimiento y aplicación de los derechos laborales enunciados. Por su parte, Reyes-Martínez y Andrade-Guzmán (2021 y 2023) enuncian, a través de métodos numéricos, cómo las condiciones
de ejercicio de los derechos sociales y económicos del gremio brindan pocas posibilidades para el
ejercicio pleno de los derechos de los artistas.
El normagrama desarrollado se puede consultar en la página de Red LIA. https://redlia.investigaciondebora.edu.co/proyectos-en-red/
2

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�Artículo de investigación

La categorización del trabajo artístico
Antes de abordar el concepto de trabajo artístico, conviene precisar primero qué se entiende
convencionalmente como trabajo. De acuerdo con el Centro Interamericano para el Desarrollo del
Conocimiento en la Formación Profesional, entidad dependiente de la Organización Internacional del
Trabajo, es el “Conjunto de actividades humanas, remuneradas o no, que producen bienes o servicios
en una economía, o que satisfacen las necesidades de una comunidad o proveen los medios de sustento
necesarios para los individuos” (s.f., párr. 1)
Asimismo, resulta pertinente recordar que Karl Marx (2017/1867) estableció en su teoría del
capital —la cual desarrolló a lo largo de varias conferencias y eventualmente concretó en su obra máxima Das Kapital— que en términos del capital el trabajador dispone de su fuerza de trabajo, es decir, es
su propietario, puesto que no es el dueño de los medios de producción.
Por otro lado, la Ley Federal del Trabajo (LFT), emitida en abril de 1970, establece en su segundo artículo los fines del trabajo, el cual debe orientarse por el equilibrio entre el capital y el trabajo
desde una perspectiva de justicia social: “Las normas del trabajo tienden a conseguir el equilibrio entre
los factores de la producción y la justicia social, así como propiciar el trabajo digno o decente en todas
las relaciones laborales” (LFT, 1970, art. 2°).
Del mismo modo, en dicho artículo se exponen las características del trabajo digno, el cual
implica que no existe discriminación alguna, se cuenta con acceso a la seguridad social y se percibe
un salario remunerador con capacitación continua y beneficios compartidos, además de laborar en un
espacio seguro e higiénico. También incluye el respeto a los derechos colectivos de los trabajadores,
como la libertad de asociación, el derecho a huelga y de contratación colectiva, así como la noción de
igualdad sustantiva, la cual consiste en la igualdad de oportunidades considerando las diferencias entre
los individuos (LFT, artículo 2°).
Hasta aquí se ha hablado de manera sucinta sobre las condiciones generales del trabajo. Sin
embargo, para aproximarse a la definición del trabajo artístico, primero se recurre a la noción de trabajo no clásico que propone de la Garza Toledo (2013). Este autor desestima las nociones de trabajo
inmaterial, trabajo informal, trabajo precario y trabajo intermitente que consideran de forma parcial
distintas implicaciones de estos modos de empleo. Sin embargo, acuñó la noción de trabajo no clásico,
la cual será útil para caracterizar la forma laboral a la que se refiere este artículo. Inicialmente, se recupera la idea de trabajo inmaterial planteada por Marx en de la Garza Toledo, la cual es caracterizada
del siguiente modo:
Un ejemplo que utiliza es la representación de una obra de teatro en donde el teatro es propiedad de un capitalista, los actores son asalariados y el público paga por el espectáculo y
el negocio debe generar ganancias para sostenerse y acumular capital. Según Marx, en este
tipo de producción el producto primero es inmaterial y no material como lo es en la industria.
Como buen filósofo, Marx no entendía por material solo lo físico material, que está diferenciado del productor y puede ser observado a través de los sentidos, sino entiende por material

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�Artículo de investigación

lo objetivado; es decir que, aunque es producto del trabajo humano adquiere una existencia
separada de su productor. Sin embargo, en un solo acto de la obra de teatro se produce el espectáculo (que no es sino una configuración de símbolos que adquieren significados para los
espectadores), simultáneamente, se circula como mercancía hacia los compradores que son
los espectadores y se consume en el mismo teatro por estos. Es decir, la producción simbólica
que es la obra termina subjetivándose en el espectador y no puede ni almacenarse ni revenderse. El producto no se objetiva sino que se subjetiva. (2013, p. 317)
De lo anterior, se deduce que el trabajo no clásico se sublima: es efímero, pero es duradero.
Con este ejemplo, de la Garza Toledo define al trabajo no clásico como una actividad donde
la participación del cliente es esencial para la producción y adquisición del producto, pues se generan
símbolos transmitidos al cliente, o bien, porque la interacción misma es el producto en sí:
La intervención del cliente implica interacción con los trabajadores clásicos y, a veces, con
otros actores aparentemente ajenos a dicho trabajo, así como intercambios simbólicos entre
los sujetos del trabajo, incluyendo al cliente. Esto ocurre porque parte importante del trabajo
no clásico es la producción e intercambio de símbolos (cognitivos, emocionales, morales,
estéticos). (2013, p. 319).
Asimismo, concluye que el trabajo no clásico, más que aludir a un tipo de trabajo, puede ser
un enfoque de análisis.
De la misma forma, este autor establece que los servicios se configuran como trabajos no clásicos y declara que su definición no está exenta de polémica, ya que depende del enfoque bajo el cual
se analiza el fenómeno laboral. También enfatiza que, para la perspectiva jurídica, lo esencial es la observancia de la norma, independientemente del tipo de trabajo, salvo las excepciones previstas por ley.
Una vez efectuado el acercamiento al tipo de labor y servicio producido por el trabajo no clásico, se comparte una definición de artista, la cual se encuentra vinculada a esta tarea productiva. Dicha
delimitación fue elaborada por el equipo de investigación de Legislación en Artes para América Latina.
En términos generales, se han establecido cuatro significados posibles. Las dos primeras acepciones se relacionan con dos niveles de “ocupación artística”, lo cual constituye una forma metodológicamente sencilla de delimitar a la población considerando su ocupación antes que el sector económico
donde se desenvuelva. Así, se tienen:
Ocupaciones artísticas: artista en su sentido restringido. Incluye a personas que trabajan
en las llamadas “bellas artes” (incluyendo el cine). Esta definición, de carácter utilitario, se apoya en
las categorías brindadas por el Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales (SACPC) de
México en sus diversos programas (SACPC, s.f.). La lista puede parecer muy amplia, sin embargo, se
ha procurado incluir toda la variedad de tipos de trabajo creativo desempeñados en cada rama artística.

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�Artículo de investigación

Las personas que reciben los apoyos de este sistema se dividen en dos categorías:
Creadores Artísticos:
• Artes visuales: escultura, fotografía, gráfica, pintura, dibujo.
• Composición musical: contemporánea, acústica, medios electrónicos.
• Coreografía: contemporánea, folclórica, étnica, diseño de escenografía, vestuario,
iluminación, sonido.
• Medios audiovisuales: cine, video, guion.
• Teatro: dirección, dramaturgia, diseño de escenografía, iluminación, vestuario y sonido,
performance.
• Literatura: ensayo, narrativa, poesía, traducción, letras en lenguas indígenas.
Ejecutantes (también llamados “creadores escénicos”):
•
•
•
•

Artes circenses: payaso, actos aéreos, acróbata, equilibristas.
Danza: bailarines de danza clásica, bailarines de danza contemporánea, bailarines de danza folclórica o étnica.
Música: directores de orquesta o coro, cantantes, instrumentistas.
Teatro: actrices y actores de cine y medios audiovisuales, actrices y actores de teatro,
narradoras y narradores orales, actrices y actores de cabaret, actrices y actores de teatro
de títeres y/o máscaras.

El sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales también establece una categoría
de “interdisciplina”. Esta noción, aunque útil para incluir trabajo generado entre diversas disciplinas
y con formatos que pueden considerarse alternativos, no resulta suficientes para incluir la variedad de
formatos emergentes derivados de las postnarrativas artísticas.
La segunda acepción se deriva de las ocupaciones artísticas: artista en su sentido ampliado.
Incluye a todos los que se desempeñan en la acepción anterior, pero también incluye a personas que se
dedican al diseño gráfico, diseño de modas, diseño editorial, joyería, mobiliario, publicidad, etcétera.
Como se puede ver, todo lo anterior va más allá de lo que tradicionalmente se considera como “bellas
artes”.
Aquí puede incluirse la definición de artista proporcionada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés):
Se entiende por “artista” toda persona que crea o que participa por su interpretación en la
creación o la recreación de obras de arte, que considera su creación artística como un elemento
esencial de su vida, que contribuye así a desarrollar el arte y la cultura, y que es reconocida
o pide que se la reconozca como artista, haya entrado o no en una relación de trabajo u otra
forma de asociación. (1981, p. 59).
Lo anterior implica no solamente a la persona creadora, sino que tiene como condición necesaria, para ser reconocida como tal, contar con prestigio dentro de su campo artístico. Esto significa que
el reconocimiento y la valoración son aspectos clave para la identificación de un artista.

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�Artículo de investigación

En esta acepción se incluye la lista presentada en el artículo 13 de la Ley Federal de Derechos
de Autor (LFDA):
Los derechos de autor a los que se refiere esta Ley se conocen respecto a las obras de las
siguientes ramas:
I. Literaria;
II. Musical, con o sin letra;
III. Dramática;
IV. Danza;
V. Pictórica o de dibujo;
VI. Escultórica y de carácter plástico;
VII. Caricatura e historieta;
VIII. Arquitectónica;
IX. Cinematográfica y demás obras audiovisuales;
X. Programas de radio y televisión;
XI. Programas de cómputo;
XII. Fotográfica;
XIII. Obras de arte aplicado que incluyen el diseño gráfico o textil; y
XIV. De compilación, integrada por las colecciones de obras, tales como las enciclopedias,
las antologías, y de obras u otros elementos como las bases de datos…. (LFDA, artículo 13)
La tercera y cuarta acepción podrían agruparse en tanto que representan sectores de la cultura.
Uno en sentido restringido (trabajadores del arte y de la cultura), el otro, en un sentido más ampliado
(trabajadores del arte, de la cultura, de las artesanías y de las “industrias creativas”). No obstante, es
preciso señalar que ambas categorías comprenden ocupaciones no necesariamente artísticas o culturales.
Trabajadores del arte y de la cultura. Incluye a las dos acepciones anteriores, pero también
a todas las personas relacionadas de manera indirecta con estas actividades: promotores culturales,
facilitadores, gestores, administradores, investigadores, promotores de espacios culturales, estudios
culturales, etc.
Trabajadores del arte, de la cultura, de las artesanías y de las industrias culturales. Incluye
no solamente las tres acepciones anteriores, también todo lo que se puede considerar “artesanía” (trabajo de creación y transformación no industrial). En general, esta acepción se utiliza para consideraciones económicas. Algunas Cuentas Satélite de Cultura y algunos indicadores económicos incluyen
dentro del ramo de trabajadores de la cultura y del arte tanto a artistas –en su sentido más amplio
posible– como a todo trabajo artesanal que no tiene propiamente el carácter de trabajo industrial-manufacturero. Esta acepción es por demás amplia y, por ende, poco rigurosa.

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�Artículo de investigación

Entonces, como se observa, resulta complicado definir artista en términos laborales; como se
verá en términos de legislación, resulta todavía más farragoso señalarlo. Así, Eduardo Nivón declaró
que, en la consulta celebrada por un equipo de notables para la creación de la Ley General de Cultura
del país, se decidió no enfrentar la dificultad para definir qué entendían los consejeros de este trabajo
por cultura, mucho menos por arte (comunicación personal, 16 de agosto de 2024). Esto ha ocasionado
más dificultades para comprender lo que cabe en esta noción, por la amplitud que tiene.
¿Cuál es la legislación existente para el sector? ¿Para qué sirve?
Con la finalidad de establecer un marco conceptual comparativo, se ha propuesto una clasificación en cinco campos o tipos de leyes. Con el propósito de organizar este estudio de manera clara
y sistemática, a continuación se exponen las categorías mencionadas y sus respectivas descripciones.
• Leyes generales: normativas con rango de ley que regulan o impactan de forma nacional.

•
•

•
•

No necesariamente son exclusivas del sector cultural o artístico, pero sí tienen una vinculación e impacto para el trabajo artístico en todo un país.
Leyes particulares: normativas con rango de ley que regulan de manera particular a determinados sectores, por ejemplo, el cinematográfico, el editorial, el teatral, el musical, etc.
Leyes adyacentes: normativas con rango de ley que regulan campos o temas del derecho
asociados con el sector artístico o cultural, por ejemplo, leyes vinculadas con la materia
económica, mercantil, civil, laboral, etc. Es decir, leyes nacionales que responden a ramas
o subramas del derecho que, de alguna forma, se vincularán con el objeto del presente
estudio.
Leyes orgánicas: normativas con rango de ley cuyo principal propósito es la creación,
regulación y organización de instituciones públicas del sector artístico.
Leyes ejemplares: normativas con rango de ley que resultan ejemplares en un país y que
se vinculan con el sector artístico. En este caso, se incluyen todas las leyes que pudieran
haber quedado excluidas de las clasificaciones antes descritas, que son casos posiblemente únicos e incomparables y que resultan interesantes para describir.

La información provista en este estudio refiere únicamente al trabajo de los artistas, aquellas
personas que dentro del sector creativo desarrollan tareas de esta índole en los ámbitos tradicionales de
las artes: artes visuales, música, danza, teatro y literatura. También es importante señalar que, con fines
comparativos, este documento no incluye documentos legales de menor rango que la carta magna, leyes generales, federales y orgánicas. Tampoco se incluyen normativas estatales, municipales, distritales
o regionales, pues se volvería un listado muy extenso de legislación por revisar. Así, el presente estudio
es de carácter general y, para cada caso, deberá complementarse con la legislación estatal y municipal
pertinente para los análisis particulares.
La Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, que es la ley fundamental del país, establece que el Poder Legislativo está conformado por dos cámaras: la de Diputados, que ostenta la
representación popular, y el Senado, como garantía del pacto federal al encarnar la representación de
las entidades federativas que conforman el Estado federal mexicano. Es este poder legislativo el encar-

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gado de emitir las leyes que se pondrán en vigor para el desarrollo de la vida nacional. Dichas cámaras,
además, brindan el marco legal que orienta la generación de planes, programas y políticas por parte del
Poder Ejecutivo, encabezado por la presidencia. Asimismo, constituyen la base de trabajo del Poder
Judicial, el cual se encargará de observar que dichas leyes se cumplan a cabalidad, así como de dirimir
los conflictos que surjan de su infracción, malinterpretación u omisión en la vida nacional.
La Constitución Política Mexicana, por otro lado, puede concebirse en términos de Karl
Loewenstein, quien establece qué es una constitución de tipo nominal, esto es: “una constitución que,
si bien posee validez jurídica, no se adapta a la dinámica real del proceso político” (1976, pp. 213-214).
Todo ello, por supuesto, ha generado la expectativa de que deje de ser una constitución nominal y se
convierta en una constitución normativa, en la cual la regulación se relacione efectivamente con el
orden concreto de la sociedad.
Leyes generales sobre las artes
En primer término, la Constitución Política es el marco legal que da origen a la forma de
gobierno y estructura del país. La Constitución solo hace una referencia explícita al trabajo del artista
o del creador cultural en el artículo 28, relativo a la prohibición de los monopolios productivos y de
comercialización, en donde se exenta al trabajo artístico dadas sus particulares características de producción creativa a nivel individual y colectivo.
En segundo lugar, se encuentra la Ley General de Cultura y Derechos Culturales (LGCDC),
que reafirma el derecho a la protección de los intereses morales y patrimoniales de los autores, ya
sea por sus obras artísticas, literarias o culturales. Establece que “Toda persona ejercerá sus derechos
culturales a título individual o colectivo” (artículo 9). Esto se encuentra vinculado al derecho de autor,
pues establece que uno de los derechos culturales para todos los habitantes consiste en “la protección
por parte del Estado mexicano de los intereses morales y patrimoniales que les correspondan por razón
de sus derechos de propiedad intelectual, así como de las producciones artísticas, literarias o culturales
de las que sean autores” (LGCDC, artículo 11, fracción VIII).
Además, en esta ley se establecen tres posibles fuentes de financiamiento gubernamental para
las artes: la federal, las derivadas del erario de las entidades federativas y otros recursos complementarios. En cuanto a los estímulos fiscales dirigidos a particulares, hay dos vías específicas: el programa de
estímulo fiscal conocido como Efiartes3 —basado en la deducción de impuestos— y el Programa Pago
en Especie para los artistas plásticos. Ambas permiten que no exista contradicción en la aplicación de
los estímulos fiscales y facilitan la participación de los artistas en los programas correspondientes.
Asimismo, es importante destacar que el artículo 123 constitucional hace referencia al trabajo
y la previsión social donde, de manera general, se habla de la regulación de la relación entre patrones y
trabajadores. Lo anterior incluye la reglamentación de las condiciones de contratación, las características del sueldo, de la protección social y de la jornada laboral, así como el derecho de organización libre
y el derecho de huelga. Se incluye a los trabajadores del arte y de la cultura, aunque nunca se refiere a
ellos de manera expresa, lo cual se amplía en la Ley Federal del Trabajo descrita posteriormente.
El acrónimo de este programa se refiere al Estímulo Fiscal a Proyectos de Inversión en la Producción Teatral Nacional; en la
Edición y Publicación de Obras Literarias Nacionales; de Artes Visuales; Danza; Música en los Campos específicos de Dirección
de Orquesta, Ejecución Instrumental y Vocal de la Música de Concierto y Jazz. Se aplica sobre el pago del Impuesto sobre la
Renta (ISR).
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De igual modo, se tiene la Ley General de Educación (LGE), que considera a la apreciación
y creación artísticas como orientaciones relevantes en el sistema educativo nacional (artículo 18, fracción X).
Por último, se contempla la Ley Federal del Derecho de Autor, que define el concepto de autor
como “la persona física que ha creado una obra literaria y artística” (artículo 12) e incluye el sistema
de protección del derecho autoral en México, correspondiente al tema de creación en las 14 ramas ya
mencionadas. Es fundamental destacar que esta normativa se relaciona con lo planteado en el artículo
27 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Toda persona tiene derecho a la protección
de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas,
literarias o artísticas de que sea autora” (Organización de las Naciones Unidas, 1948).
Leyes particulares
Solamente tres sectores tienen leyes particulares, pues las artes escénicas, teatro, danza, y música, no cuentan con marcos normativos específicos. Los sectores que sí cuentan con leyes particulares
son:
1. Cine: la Ley Federal de Cinematografía regula la producción, distribución, comercialización y exhibición de películas, así como su rescate y preservación.
2. Literatura: la Ley General de Bibliotecas regula el depósito legal de libros y establece una
clasificación de tipos de obra literaria. Además, la Ley de Fomento para la Lectura y el
Libro establece los mecanismos que se deben atender para fomentar la lectura, así como
los conceptos de precio único y cadena de valor del libro.
3. Artes visuales y arquitectura: la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos,
Artísticos e Históricos regula el proceso de protección y declaratoria de obras artísticas
producidas por mexicanos en territorio nacional o en el extranjero. En términos de monumentos, se incluyen obras arquitectónicas.
También se tiene la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión, que regula lo relacionado al espectro radioeléctrico nacional y, específicamente, establece que los concesionarios de
radiodifusión deben aprovechar y estimular los valores artísticos locales y nacionales, así como promover las expresiones de la cultura mexicana, de acuerdo con las características de su programación.
Como se advierte, la dirección que toma la legislación al respecto se dirige a las obras y productos artísticos, particularmente en lo correspondiente a sus condiciones de producción, distribución o
conservación; sin embargo, en poco se aborda el tema de las condiciones de los trabajadores del arte y
de la cultura, que son los agentes encargados de realizar estas actividades. Este vacío en la legislación
es una de las características centrales que se manifiesta en el análisis realizado.
Leyes adyacentes
En lo referente a las leyes adyacentes, estas pueden ser:
1.

De materia mercantil: la Ley General de Sociedades Cooperativas, que regula a todas las
sociedades que se constituyen como persona moral (persona jurídica) bajo los principios

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cooperativos de la economía nacional. También se incluye la Ley General de Sociedades
Mercantiles, que reglamenta las sociedades mercantiles con el tipo de persona moral (persona jurídica).
2.

3.

De materia civil: la Ley Federal de Fomento a las Actividades Realizadas por Organizaciones de la Sociedad Civil, la cual establece que uno de los posibles objetivos de las
asociaciones civiles es la promoción y el fomento educativo, cultural, artístico científico
y tecnológico.
De materia laboral: la Ley Federal del Trabajo, que regula a nivel nacional todas las relaciones laborales, la cual dedica el capítulo XI a los trabajadores actores y músicos:
Artículo 304.- Las disposiciones de este capítulo se aplican a los trabajadores actores y a los músicos que actúen en teatros, cines, centros nocturnos o

de variedades, circos, radio y televisión, salas de doblaje y grabación, o en
cualquier otro local donde se transmita o fotografíe la imagen del actor o del
músico o se transmita o quede grabada la voz o la música, cualquiera que sea
el procedimiento que se use.
Artículo 305.- Las relaciones de trabajo pueden ser por tiempo determinado
o por tiempo indeterminado…
Artículo 306.- El salario podrá estipularse por unidad de tiempo, para una
o varias temporadas o para una o varias funciones, representaciones o actuaciones.
Artículo 307.- No es violatoria del principio de igualdad de salario, la disposición que estipule salarios distintos para trabajos iguales.
Artículo 308.- Para la prestación de servicios de los trabajadores actores o
músicos fuera de la República, se observarán … las disposiciones siguientes:
I. Deberá hacerse un anticipo del salario por el tiempo contratado de un
veinticinco por ciento, por lo menos; y
II. Deberá garantizarse el pasaje de ida y regreso.
Artículo 309.- La prestación de servicios dentro de la República, en lugar
diverso de la residencia del trabajador actor o músico, se regirá por las disposiciones contenidas en el artículo anterior, en lo que sean aplicables.
Artículo 310.- Cuando la naturaleza del trabajo lo requiera, los patrones
estarán obligados a proporcionar a los trabajadores actores y músicos camerinos cómodos, higiénicos y seguros, en el local donde se preste el servicio.
(LFT, Capítulo XI)
Es importante mencionar que, por parte de los senadores Susana Harp Iturribarría y Alejandro
Armenta Mier, existe una iniciativa de reforma para dicha ley, la cual busca que se amplíe el
concepto restringido de “trabajadores actores y músicos” por el concepto más amplio de “personas trabajadoras del arte y la cultura”. Este cambio pretende incluir todas las categorías de

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quienes participan en actividades culturales y artísticas, con la intención de garantizar y tutelar
los derechos laborales de las personas que presten un trabajo subordinado en los ámbitos del
arte y la cultura (2023).
4.

De materia fiscal; la Ley del Impuesto sobre la Renta, que establece que no son contribuyentes del impuesto sobre la renta las personas morales constituidas como asociaciones
o sociedades civiles, organizadas sin fines de lucro y autorizadas para recibir donativos.
También instaura y regulariza el estímulo fiscal a la producción y distribución de cine,
teatro y demás disciplinas escénicas.

Leyes orgánicas y ejemplares
Igualmente, existen las leyes orgánicas destinadas a la creación o regulación de instituciones.
Entre ellas se encuentra la Ley Orgánica del Instituto Nacional de Antropología e Historia. También
se incluye la Ley que crea el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, organismo encargado de
preservar y difundir el patrimonio artístico, estimular y promover la creación de las artes y desarrollar
la educación y la investigación artística.
Por último, se tienen las leyes ejemplares, entre las cuales se encuentra la Ley Federal de
Protección del Patrimonio Cultural de los Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas, la cual
es una ley de promulgación reciente (2022) que brinda protección cultural y de propiedad intelectual
sobre los bienes producidos por comunidades y pueblos indígenas y afromexicanos.
Balance sobre los instrumentos legislativos disponibles
Como se puede observar, la legislación con respecto a la cultura y, por ende, a las condiciones
laborales de los artistas, no es producto de una planeación cuidadosa o de un proyecto programático
general, sino que se ha ido desarrollando históricamente a partir de las demandas generales de los
trabajadores o las reformas tributarias, así como de las específicas que el sector ha sorteado. Si bien
han existido necesidades y demandas constantes por parte del gremio artístico, esto no se ha reflejado
cabalmente en una legislación coherente que permita solventar las diferentes problemáticas que lo
aquejan.
En este sentido, existe una Ley General de Cultura, sin embargo, hasta el momento es de
carácter enunciativo y se encuentra plasmada de manera meramente formal. Aunque el sector cultural
demanda constantemente que se le proporcione la reglamentación secundaria pertinente, la respuesta
del aparato legislativo a tales solicitudes es frágil aún, por lo que dicha Ley posee elementos insuficientes que permitan su aplicación adecuada en la realidad.
Por su parte, el conjunto de reglamentación en los tres niveles de gobierno, que involucra
tanto a instituciones públicas como a agentes sociales, carece de una articulación adecuada, lo que
dificulta en gran medida su aplicación efectiva.
Es importante destacar que la legislación y la institucionalidad existentes en el ámbito de la
creación artística tienen la dudosa particularidad de no promover, integralmente y en su totalidad, las

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fases de la cadena de valor de los distintos circuitos artísticos. Es decir, se enfocan más en la producción y la creación que en su distribución, su exhibición y su consumo. Con ello, se generan cuellos de
botella que impiden que los productos, bienes y manifestaciones artísticas cumplan cabalmente con su
cometido social. Esto representa un problema severo para las condiciones laborales del artista, pues se
pierde de vista la relevancia que el trabajo creativo tiene en el conjunto de la sociedad, lo cual repercute
negativamente en la remuneración monetaria y simbólica que, socialmente, se considera que debería
tener.
La legislación mexicana actual regula algunos aspectos relacionados con las obras de arte y el
trabajo en el sector; sin embargo, como ya se comentó, los instrumentos legales otorgan mayor importancia a las obras artísticas, documentales, patrimoniales, etcétera, que a las personas que las producen.
Debido a ello, la reglamentación que protege específicamente a los artistas en materia económica y
laboral resulta sumamente limitada.
Lo anterior revela que las leyes específicas del sector artístico aún tienen un trecho por recorrer en la tarea de proporcionar garantías más específicas para el desempeño del trabajador. Esta misión
adquiere un carácter especial en las modalidades de contratación predominantes, como la del trabajador
temporal que carece de prestaciones laborales previstas por la ley, así como en la legislación referente
a tarifas, certificación de las capacidades aprendidas en campo, condiciones laborales, organización
gremial efectiva, entre otras.
Hasta aquí las apreciaciones legales respecto a qué es y cómo está construida la legislación
para el trabajo. No obstante, es importante mencionar una serie de condiciones sociales que se han
construido comunitariamente que abonan al cumplimiento parcial de estas leyes.
¿Cuáles son las condiciones actuales en las que se realiza el trabajo artístico?
En el imaginario social no se concibe la idea de que un artista sea capaz de vivir de sus obras
artísticas. La sociedad ha internalizado una serie de hábitos, modos de proceder y enseñanzas, las cuales minimizan el valor monetario y social del trabajo artístico. Esto ha generado hábitos y habitus que
conducen el trabajo hacia otras direcciones. A continuación, se explican algunas de estas condiciones.
La mirada de hacer el arte por el arte y vivir del aplauso. De esta visión se deriva la creencia
de que la producción de contenidos artísticos no debe remunerarse dado lo etéreos, efímeros e individuales que estos resultan. Históricamente, la idea de los mecenas invita a imaginar que los artistas no
tenían por qué cobrar, pues era su inspiración la que les permitía generar contenidos simbólicos, y que
su bienestar quedaba establecido en ese sentir. Así, la idea de que todos pueden expresarse artísticamente y de que no todos son remunerados ayuda la construcción de hacer arte por el gusto de hacer arte
y no por las implicaciones monetarias que este puede tener. Entre otras cosas, esto implica que sea poca
la contratación de los miembros del sector y, cuando se hace, dadas sus características de intermitente y
efímero, no se reconocen los derechos sociales de los trabajadores y se les contrata de modo informal.
La deseada y complicada subvención del Estado y de algunos mecenas. Dado lo inasible de
los bienes artísticos y por su carácter simbólico, el Estado generalmente ha subvencionado los grandes
proyectos y, previo a esto, los mecenas fueron los encargados de cubrir gastos de producción. Sin embargo, estas figuras tampoco han propiciado la creación de mercados para las artes que reconozcan los

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costos reales de la producción y los remuneren de manera adecuada. El sector creativo en formación
en las universidades es creciente, pues está distribuido por todo el país, así también se refleja en los
altos niveles de educativos del sector según los datos presentados por Sánchez Daza, Romero Amado
y Reyes Álvarez (2019) y Reyes-Martínez Andrade-Guzmán (2021).
El desconocimiento por parte del sector sobre las implicaciones legales y administrativas del
trabajo en artes. Esta situación es una constante declarada por muchos de los trabajadores, quienes
señalan que mucha de esa información no les fue proporcionada durante su formación profesional en
las escuelas de arte y que en los espacios laborales las han aprendido mediante el ensayo y muchos
errores en la construcción de sus trayectorias artísticas. Hay muchas cosas más, que ignoran y por tipo
de intereses profesionales no les resultan importantes, según las entrevistas realizadas por Molina y
Garduño (2022), pues suelen centrarse en su trabajo creativo. Cabe además señalar que las figuras de
trabajo intermitente e informal no abonan para que los trabajadores conozcan y ejerzan sus derechos.
Los actuales modos de contratación por parte del Gobierno Federal. Estas modalidades se
manifiestan en esquemas como Capítulo 3000, que implica pago por honorarios, así como otorgar
becas en lugar de empleos. Esto genera esquemas de trabajo precario que no permite cubrir las necesidades básicas para la vida cotidiana. Estos esquemas fueron abordados por Garduño, Molina y Pertierra
(2024), donde se da cuenta del tipo de contrataciones que se han instituido desde distintos niveles de
gobierno.
La noción de independencia como un valor incompleto. En México, se habla casi siempre del
arte promovido por el Estado, la iniciativa privada y los creadores independientes. Existe un problema
importante a la hora de creer y crear la noción de independencia o de autogestión en el arte. En parte,
comienza por la propia idea de que su contraparte es la dependencia. Muchas veces, los individuos o
grupos que mencionan la independencia de sus contenidos y propuestas respaldan su trabajo en becas,
comodatos o apoyos familiares para la realización de su trabajo. Esto se debe a la constante insuficiencia de recursos para la creación y la poca entrada de dinero a la bolsa.
La independencia como tal debería evocar a las condiciones de una microempresa, con entradas, ganancias, pérdidas, capital, etcétera, es decir, un espacio autogestivo. Sin embargo, difícilmente
el trabajo realizado desde las artes es equiparable al de otros sectores, regidos por la lógica de que todo
negocio debe generar utilidades y, de este modo, se pueda vivir de ello. Resultaría beneficioso para los
trabajadores del sector modificar esta noción de independencia por una de autogestión y vinculada al
sector laboral, no únicamente a la noción artística. Es parte de las reflexiones hechas por de la Garza
Toledo (2013) y Feregrino Basurto (2018 y 2023) sobre el trabajo atípico.
El problema de las audiencias para las artes. Una afirmación constante es la inexistencia de
públicos, pues no se han creado las audiencias suficientes que garanticen la asistencia regular a los
eventos, así como la cobertura de los costos con las entradas. Por otro lado, parte de este problema reside en que, por lo general, los boletos son muy baratos, o incluso gratuitos. Esto implica que, aunque
haya públicos, difícilmente estarán dispuestos a pagar por los bienes a los precios que se consideran
adecuados. Más aún: las regulaciones municipales para la generación de espectáculos son variadas y,
algunas veces, confusas. Dados los magros ingresos obtenidos por función, en muchas ocasiones estas

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ganancias no son registradas ante las autoridades; tampoco se pagan impuestos ni se registran las obras
presentadas. Esto influye significativamente en que el sector trabaje con frecuencia de manera irregular.
La falta de datos precisos sobre el tamaño del sector. No se cuenta con registros reales del
tamaño del sector. La Cuenta Satélite de la Cultura de México, generada anualmente por el Sistema
Nacional de Información Estadística y Geográfica (SNEGI), no detalla con exactitud a quienes se considera en este rubro. Por otra parte, los Censos de Población y Vivienda no han registrado esta información, puesto que dan cuenta del trabajo principal, no de los secundarios. La mayoría de las veces los
trabajadores del sector tienen más de un trabajo, donde la actuación, el canto o el baile no figuran como
su empleo principal. Estas últimas actividades se refieren al trabajo en condiciones informales, precarias, no clásicas. Se trabaja por proyecto temporal, no se poseen marcos para el cobro y, por último, no
se piensa en el arte como una transacción comercial donde se producen y venden bienes simbólicos,
cuya utilidad puede brindar sustento a su autor.
¿Qué elementos son deseables para que se desarrolle desde otra perspectiva?
Actualmente los modos de trabajo son precarios, aunque algunos de los trabajadores cuenten
con salario estable, los cuales muchas veces están vinculados al sector de modo parcial, pues son instructores o técnicos, pero no siempre realizan el trabajo creativo (Molina y Garduño, 2022) de trabajo,
es más, las formas de trabajar cambian incluso de proyecto a proyecto, dadas las necesidades. Resulta
necesaria la generación de un marco que permita proceder de modos regulares, donde se habitúe a todos
los interesados a actuar de una manera específica. Este fin debe alcanzarse en las aulas, en los espacios
de trabajo de las oficinas gubernamentales y en las empresas. Conocer derechos y obligaciones desde
el trabajo es fundamental para conformar una comunidad más sólida, más creíble, que demuestre que
aporta bienes simbólicos, pero también derrama económica para el país, no únicamente como turismo
sino como bienes colectivos que repercuten en conocimiento, reflexión, solidaridad, comunidad y paz.
Alcanzarlo requiere una construcción por parte de todos quienes integran la comunidad. El cambio no
será fácil: las condiciones impuestas y los modos de actuar han llevado a la sociedad hacia una precarización muy amplia y casi permanente. No obstante, por lo que se hace como sector, por la insistencia
que se tiene –y se debe de tener– para vivir del arte, es que resulta imprescindible no cejar en el intento.

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Esta obra quedará registrada bajo la licencia de Creative Commons (CC BY 4.0) Internacional

RECIBIDO: 14 de octubre de 2025
ACEPTADO: 08 de enero de 2026
DOI: https://doi.org/10.29105/de.v3i4.32

Descolonizando la escena:
Canon hegemónico, silencios y
resistencias en la escenografía
mexicana (1895-1975)
Decolonizing the Stage: Hegemonic Canon,
Silences, and Resistances in Mexican Scenography (1895-1975)
Patricia Ruíz Rivera1
Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Teatral
Rodolfo Usigli (CITRU-INBAL) / Ciudad de México, México
Contacto: pruiz.citru@inba.edu.mx
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-5912-5698

Patricia Ruíz Rivera1

Investigadora especializada en artes escénicas con más de veinte años de trayectoria en el CITRU del INBAL. Actualmente es
responsable del Fondo Escenografía Mexicana en el siglo XX y titular del proyecto de la Galería Virtual de Fotografía Escénica. Su trabajo integra la documentación, la investigación histórica y la preservación del patrimonio cultural escénico nacional.
1

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�Artículo de investigación

Descolonizando la escena:
Canon hegemónico, silencios y resistencias en
la escenografía mexicana (1895-1975)

Decolonizing the Stage: Hegemonic Canon,
Silences, and Resistances in Mexican Scenography (1895-1975)
Resumen
Este artículo presenta una revisión crítica de la historiografía de la escenografía mexicana entre 1895 y
1975, proponiendo un análisis decolonial que desentraña los mecanismos de poder, género y colonialidad que han estructurado su relato canónico. En este artículo se examina críticamente cómo el canon
escenográfico mexicano organiza la memoria de la escena mediante operaciones de selección, deformación y olvido, invisibilizando saberes técnicos, prácticas populares y sujetos subalternos. Desde una
hermenéutica de la sospecha y un enfoque decolonial, se analizan los mecanismos mediante los cuales
ese canon instituye regímenes de visibilidad que legitiman ciertas narrativas y condenan otras al olvido. Se argumenta que la renovación historiográfica exige no solo ampliar el corpus documental, sino
emprender una descolonización epistemológica capaz de cuestionar las categorías analíticas heredadas
y reconocer la agencia de creadores históricamente marginados. El artículo se organiza en tres ejes: la
colonialidad del saber escenográfico, la interseccionalidad de género y las resistencias creativas que
han puesto en tensión el canon hegemónico. A través del análisis de archivos primarios del Instituto
Nacional de Bellas Artes y de una relectura de fondos teatrales, se propone una historiografía escenográfica decolonial, dialógica y políticamente consciente.
Palabras clave: escenografía mexicana, estudios decoloniales, canon hegemónico, Paul Ricœur,
género, colonialidad, memoria histórica.
Abstract:
This article presents a critical review of the historiography of Mexican scenography between 1895 and
1975, proposing a decolonial analysis that unravels the mechanisms of power, gender, and coloniality
that have structured its canonical narrative. It critically examines how the Mexican scenographic canon
organizes the memory of the stage through operations of selection, distortion, and omission, thereby
rendering invisible technical knowledge, popular practices, and subaltern subjects. Employing hermeneutics of suspicion and a decolonial framework, the analysis focuses on the mechanisms through
which this canon institutes regimes of visibility that legitimize certain narratives while condemning
others to oblivion. It is argued that historiographical renewal requires not only expanding the documentary corpus but also undertaking an epistemological decolonization capable of questioning inherited
analytical categories and recognizing the agency of historically marginalized creators. The article is
structured around three main axes: the coloniality of scenographic knowledge, the intersectionality of
gender, and the creative resistances that have contested the hegemonic canon. Through the analysis of
primary archives from the National Institute of Fine Arts and a critical re-reading of theatrical collections, the study proposes a decolonial, dialogical, and politically conscious scenographic historiography.
Keywords: mexican scenography, decolonial studies, hegemonic canon, Paul Ricœur, gender, coloniality, historical memory.
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�Artículo de investigación

Introducción crítica: La escenografía como campo de batalla
La escenografía mexicana del periodo 1895-1975 ha sido tradicionalmente narrada como una
sucesión lineal de estilos y figuras que, partiendo de la influencia europea durante el Porfiriato2, habría
desembocado en la consolidación de una escena nacional moderna. Este relato, sin embargo, no es inocente: los grandes teatros porfirianos concebidos a la italiana condensan, de manera ejemplar, esa aspiración a inscribir el teatro mexicano en un horizonte civilizatorio europeo, desplazando a un segundo
plano las prácticas escénicas populares e indígenas. En el sentido planteado por Quijano (2000) y Mignolo (2003), la escenografía mexicana ha estado atravesada por la colonialidad del poder y del saber, es
decir, por una matriz de dominación y jerarquización epistémica que privilegia formas de creación escénica alineadas con modelos europeos e institucionales. El objetivo de este artículo es desmantelar esa
narrativa hegemónica, entendiendo que la escenografía actúa como espacio performativo de tensiones
identitarias (desarrollado en 2.6). El periodo 1895-1975 es particularmente significativo, pues abarca
desde la modernización porfiriana —con su fervor europeizante— hasta la consolidación institucional
posrevolucionaria, que construyó un imaginario nacionalista tan poderoso como excluyente. En este
lapso, el canon escenográfico se construyó a partir de una triple supresión: la de los saberes técnicos y
artesanales frente a la genialidad del director, la de las prácticas populares frente a la alta cultura, y la
de las mujeres creadoras frente al protagonismo masculino (Ruíz Rivera, 2020, p. 104).
Para esta tarea de deconstrucción, nos valdremos de dos marcos teóricos fundamentales. Por
un lado, la hermenéutica crítica de Paul Ricœur (2004) ofrece herramientas para interrogar los mecanismos de la memoria y el olvido, preguntándonos no solo qué se recuerda, sino en nombre de quién se
recuerda (p. 185). Por el otro, los estudios decoloniales —en particular los aportes de Aníbal Quijano
(2000) sobre la colonialidad del poder, Walter Mignolo (2003) sobre la geopolítica del conocimiento y
Silvia Rivera Cusicanqui (2010) sobre la sociología de la imagen— permiten leer la escenografía como
un espacio atravesado por la colonialidad interna, pero también por posibles resistencias. Este documento se sustenta en un análisis histórico-crítico orientado a reconstruir las condiciones de emergencia
y consolidación del canon hegemónico, atendiendo tanto a sus silencios como a sus mecanismos de
legitimación. Se adopta una metodología interseccional3 que cruza género, clase, raza y colonialidad
en el examen de archivos institucionales, fondos teatrales y testimonios secundarios sobre la práctica
escenográfica.
Se parte de la hipótesis de que el llamado canon de la escenografía mexicana no es un registro neutro
de grandes obras, sino un artefacto histórico que organiza la memoria teatral mediante operaciones de
selección, deformación y olvido activo, privilegiando determinados sujetos, espacios y estéticas. Este
trabajo propone interrogar ese canon como un dispositivo de poder que, al definir qué se recuerda
y quién merece ser recordado, ha marginado sistemáticamente los aportes de artesanos, escenógrafas y
tradiciones escénicas populares.
El Porfiriato fue el periodo en la historia de México dominado por el gobierno de Porfirio Díaz, que abarcó desde 1876 hasta
1911. En este documento centraremos nuestra atención en su época de esplendor cultural.
3
La metodología interseccional se operacionaliza en este análisis mediante el cruce sistemático de ejes como género (escenógrafas excluidas vs. autores canónicos masculinos), clase social (artesanos populares de carpas vs. elites porfirianas del INBA)
y colonialidad (prácticas indígenas silenciadas vs. influencias eurocéntricas), triangulando fuentes primarias del CITRU (fotografías, diseños escenográficos) con prensa histórica y testimonios secundarios decoloniales para desentrañar exclusiones en la
historiografía escenográfica mexicana (1895-1975).
2

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�Artículo de investigación

1. Marco teórico: Hermenéutica y giros decoloniales
1.1. La hermenéutica de la sospecha: Memoria, olvido y las políticas del archivo escenográfico
La filosofía de Paul Ricœur constituye un andamiaje crítico para deconstruir la pretendida
objetividad de la historiografía tradicional de la escenografía mexicana. Su conceptualización del círculo
hermenéutico no se limita a señalar la interdependencia entre intérprete y texto histórico, sino que
postula una relación dialéctica donde el presente interroga al pasado y es, a su vez, interpelado por
él (Ricœur, 2004, p. 57). Esta circularidad es la condición misma de toda comprensión histórica: un
proceso activo donde el historiador, lejos de ser un espectador neutral, se sitúa en un horizonte de
expectativas que determina qué preguntas se formulan, qué huellas se consideran significativas y qué
silencios se perpetúan.
Es aquí donde la hermenéutica de la sospecha —que Ricœur (como se citó en Lythgoe, 2021,
p. 148) reconoce en Marx, Nietzsche y Freud— se revela como una herramienta metodológica indispensable. No se trata de una simple actitud de escepticismo, sino de un procedimiento sistemático para
“desenmascarar las mentiras de la conciencia colectiva e institucional” (Ricœur, 2008, p. 32). Esta
hermenéutica insta a transgredir la literalidad del relato histórico establecido para indagar en sus condiciones de producción: ¿qué regímenes de visibilidad impone un canon? ¿A qué economía del prestigio
y el poder responde? ¿Qué violencia simbólica (Bourdieu, 1991, p. 145) se ejerce al consagrar ciertas
narrativas en detrimento de otras? En este marco, el análisis hermenéutico se orienta a desentrañar
las dinámicas de deformación, legitimación e integración del canon escenográfico y a localizar en sus
fisuras las huellas de memorias y sujetos que quedaron fuera del relato oficial.
En el caso específico de la escenografía mexicana, esta sospecha debe dirigirse hacia el canon hegemónico, que opera como un sofisticado dispositivo de olvido (Ricœur, 2004, p. 413). Ricœur
distingue entre el olvido pasivo —la mera erosión del tiempo— y el olvido activo, que es una omisión
estratégica al servicio de un proyecto político y cultural. El canon no es, por tanto, un registro fiel de lo
ocurrido, sino el resultado de una lucha por la memoria en la que triunfaron aquellas voces con mayor
capacidad de instituir sus narrativas como universales. Así, la invisibilización de escenógrafas, artesanos y tradiciones populares no es un accidente historiográfico, sino la manifestación de una política del
archivo (Derrida, 1997, p. 11) que decide qué merece ser conservado y, por ende, recordado.
Esta política se materializa en lo que podemos denominar, siguiendo a Ricœur (2004), la triple
función ideológica del canon4:
1. Función de deformación. El canon no solo selecciona, sino que deforma lo que incluye. Al
presentar una sucesión lineal de maestros y estilos, simplifica la compleja trama de influencias, colaboraciones y fracasos que caracteriza cualquier práctica cultural viva. La escenografía de Julio Prieto,
por ejemplo, es celebrada como un hito de profesionalización, pero su narrativa oficial suele omitir las
En este sentido, el canon no solo selecciona qué escenografías merecen ser recordadas, sino que organiza jerarquías de valor y
vuelve ‘natural’ un régimen de visibilidad que determina quién aparece como autor y qué prácticas quedan relegadas al margen.
Esta operación puede observarse, por ejemplo, en la institucionalización del campo a través del INBA: al definir estándares de
formación, reconocimiento y circulación, consolida un horizonte de legitimidad que privilegia ciertas estéticas y trayectorias
mientras vuelve secundarias —cuando no invisibles— las prácticas populares, técnicas y colectivas que sostuvieron buena parte
de la producción escénica del periodo.
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�Artículo de investigación

redes de artesanos y colaboradoras que hicieron materialmente posible su obra (Escobar, 2017, p. 78).
2. Función de legitimación. El canon sirve para legitimar un orden social y estético existente.
Al privilegiar a los escenógrafos formados en instituciones estatales (como la Escuela Nacional de Arte
Teatral) y descalificar los saberes prácticos de los artesanos de teatro, refuerza las jerarquías de clase
y consolida el monopolio simbólico de las élites culturales. Este proceso es un claro ejemplo de lo que
Pierre Bourdieu (1991) denominaría violencia simbólica: la imposición de estructuras de valoración
que son experimentadas como naturales, aunque respondan a intereses particulares (p. 152).
3. Función de integración. Finalmente, el canon construye una identidad —la escenografía
mexicana— mediante la exclusión de lo que no puede o no debe ser integrado. Lo popular, lo femenino,
lo indígena es presentado como lo otro, lo pre-moderno o lo complementario, nunca como el centro
gravitacional de la tradición. La hermenéutica de la sospecha nos obliga a invertir esta lógica y a preguntar, como sugiere Walter Mignolo (2003), “qué modernidad se construyó sobre qué colonialidad”
(p. 45). La modernidad escenográfica mexicana se edificó, así, sobre el olvido activo de sus raíces
mestizas, artesanales y comunitarias.
Aplicar una hermenéutica ricœuriana a la escenografía mexicana no es solo un ejercicio de
completar la historia con lo omitido. Es un gesto ético y político que busca “hacer justicia al pasado”
(Ricœur, 2004, p. 112) restituyendo la dignidad histórica de los silenciados. Exige una metodología
que, más allá de las fuentes escritas, se abra al testimonio oral, a la cultura material y a la lectura
sintomática de los archivos, buscando en sus grietas y contradicciones las huellas de esas otras memorias subalternas. Solo mediante esta sospecha sistemática y este compromiso con una memoria plural
podremos desmontar el dispositivo de olvido que ha estructurado el canon hegemónico y comenzar a
escribir una historia de la escenografía que sea, finalmente, una historia de todos los que la hicieron
posible.
1.2. La colonialidad del poder y del saber: Una mirada desde el sur en la escenografía
mexicana
La perspectiva decolonial, articulada desde América Latina por pensadores como Aníbal Quijano (2000) y Walter Mignolo (2003), proporciona un marco teórico para desentrañar los cimientos
sobre los que se erigió el canon hegemónico de la escenografía mexicana. Este canon no es simplemente una selección estética, sino la manifestación concreta de lo que Quijano denominó la colonialidad
del poder: una matriz de dominación que, lejos de extinguirse con las independencias políticas, se
reconfiguró para perpetuar una jerarquía global que privilegia lo europeo y blanco sobre lo indígena,
africano y mestizo, no solo en lo racial y lo económico, sino también en el ámbito del conocimiento y
la expresión cultural (Quijano, 2000, p. 201).
En el contexto escenográfico mexicano, esta jerarquía se materializa a través de lo que Mignolo (2003) conceptualiza como la diferencia colonial (p. 72): la línea invisible que divide lo considerado universal, civilizado y digno de ser recordado, de lo etiquetado como local, bárbaro o meramente
artesanal. Esta diferencia no es un simple prejuicio, sino un dispositivo epistemológico que operó una
violencia simbólica sistemática, descalificando estéticas, técnicas y materiales autóctonos para consagrar los modelos importados como la encarnación misma del progreso y la modernidad.
La imposición de este paradigma se ejecutó a través de mecanismos concretos:

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1. La arquitectura teatral como dispositivo5 de poder:
Durante el Porfiriato, la construcción de teatros como el Teatro Juárez en Guanajuato, inaugurado por Díaz en 1903 (Figura 1), o el monumental Palacio de Bellas Artes, iniciado en 1904, no fueron
inocentes. Estos coliseos, diseñados bajo el modelo del teatro a la italiana, impusieron una disciplina
espacial que reforzaba las jerarquías sociales: la élite ocupaba palcos y plateas, reservados a familias
acaudaladas y funcionarios del régimen; las clases medias accedían a lunetas y butacas con tarifas intermedias; mientras que el pueblo quedaba relegado a la galería superior, el área más económica, con
visibilidad limitada y experiencia estética condicionada por la distancia. Esta segmentación no solo
respondía a criterios económicos, sino que funcionaba como un mecanismo de exclusión simbólica.
La arquitectura teatral no era un contenedor neutral; era un artefacto cultural-colonial que prescribía
relaciones sociales y una experiencia estética europeizante, marginando otras formas de sociabilidad y
espectacularidad propias de las tradiciones populares e indígenas.
Figura 1
Interior del teatro Juárez, Guanajuato, ca. 1907.

Fuente: INBAL/CITRU, col. Fotogrática, Fondo Armando de Maria y Campos.
El concepto de dispositivo ha sido trabajado por diversos filósofos contemporáneos. Foucault lo define como una red heterogénea de discursos, instituciones y prácticas que producen efectos de poder y saber (Foucault, 1992). Deleuze lo concibe como
un conjunto multilineal en constante transformación, ligado a procesos de subjetivación (Deleuze, 1999). Agamben amplía el
término para referirse a cualquier mecanismo que orienta y modela la conducta de los seres vivos (Agamben, 2011).
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�Artículo de investigación

2. La escenografía como pedagogía del imperio. El caso de los dioramas de Salvador Alarma para la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, que ilustraban la “Exposición histórica
y cartográfica del descubrimiento de América”, resulta paradigmático para entender cómo la escenografía puede operar como herramienta de colonización mental. Estos dioramas, encargados a un
escenógrafo catalán, no solo representaban el Descubrimiento, sino que construían una narrativa visual
donde la colonización aparecía como episodio épico y civilizatorio. Esta escenografía de la colonización (Beltrán, Bejarano y Sierra García, 2018, p. 111) funcionaba como pedagogía que naturalizaba la
superioridad europea y justificaba la violencia colonial.
En México, las élites porfirianas replicaron este mecanismo al representar un ideal de nación blanca, moderna y europea, borrando de la escena pública expresiones culturales no europeas.
La escenificación de México a través de los siglos por la compañía de revistas de Roberto Soto en el
Palacio de Bellas Artes, en 1938, constituye un ejemplo de colonización simbólica: el Estado utilizó
imágenes espectaculares y narrativas históricas para fijar una memoria colectiva nacionalista, privilegiando modelos culturales importados y subordinando la diversidad local a una narrativa homogénea
de mexicanidad. (Figura 2).
Figura 2
México a través de los siglos, 1938.

Compañía de Revistas Roberto Soto. Sala principal del Palacio de Bellas Artes.
Escenografía: Aurelio Mendoza y Hermanos Galván.
Fuente: INBAL/CITRU, Col. Fotográfica, Fondo Armando de Maria y Campos.

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3. La profesionalización como exclusión. La colonialidad del saber se manifestó en el teatro
mexicano mediante la instauración de criterios de profesionalismo. La creación de la carrera de Escenografía (1949) en la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBAL, aunque buscaba elevar el nivel
técnico, estableció una frontera entre el conocimiento académico legitimado por métodos europeos
y los saberes prácticos de artesanos, carpinteros y creadores populares. Estos últimos, portadores de
un conocimiento oral y comunitario invaluable, fueron desvalorizados por no ajustarse a los cánones
de la escenografía institucional, configurando lo que Boaventura de Sousa (2010) Santos denomina
epistemicidio: la aniquilación sistemática de formas de conocimiento subalternas. El caso de Roberto
Galván y su familia, vinculados al taller en los altos del Teatro Fábregas y reconocidos como gremio
de escenógrafos del teatro de revista, ejemplifica este proceso, como lo indica Ruíz Rivera (2022).
Su exclusión frente a la institucionalización académica revela cómo la colonialidad del saber jerarquiza los conocimientos, privilegia lo académico-profesional bajo parámetros europeos y desvaloriza
la tradición artesanal que sostuvo la vitalidad del teatro popular. Este desplazamiento invisibilizó la
contribución de los Galván e interrumpió la transmisión intergeneracional de un saber escenográfico
arraigado en la práctica, evidenciando que la modernización teatral en México implicó la sistemática
supresión de saberes subalternos (Figura 3).
Figura 3
Taller estudio de Roberto Galván, ca. 1920.

Fuente: INBAL/CITRU. Fondo La carpa en México.
Hacia una descolonización de la mirada historiográfica
Ante esta constatación, la tarea del o la investigadora contemporánea no puede limitarse a denunciar estas exclusiones. Se debe emprender una descolonización activa de la mirada historiográfica,
que implica:

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Cuestionar la universalidad de los modelos estéticos europeos y reconocer la validez y complejidad de los sistemas de creación escénica locales.
Rastrear las huellas de las resistencias creativas que, desde los márgenes, desbordaron el marco hegemónico. La escenografía de las carpas, los teatros ambulantes y las fiestas comunitarias
constituye un contra-archivo que desafía la narrativa única.
Revalorizar la materialidad y los oficios, entendiendo que el conocimiento encarnado en los
artesanos es tan fundamental para la historia de la escenografía como las ideas de los directores
consagrados.
En conclusión, la colonialidad del poder y del saber no es un marco teórico externo que se
aplica a la escenografía mexicana, sino la lógica interna que estructuró su canon hegemónico,
definiendo qué era visible y qué permanecería en la sombra, qué era arte y qué artesanía, qué
merecía ser archivado y qué condenado al olvido. Develar esta matriz de poder es el primer
paso indispensable para escribir una historia escenográfica que sea, finalmente, plural y descolonizada.

1.3. Sociología de la imagen y saberes subyugados: Una epistemología desde la praxis
descolonizadora
La contribución de la socióloga, historiadora y activista aymara Silvia Rivera Cusicanqui es
crucial para radicalizar y encarnar el análisis decolonial de la escenografía mexicana. Su propuesta de
la sociología de la imagen no es un método analítico, sino una posición epistemológica y política que
emerge de su praxis en el Taller de Historia Oral Andina (THOA). Esta aproximación permite leer la
escenografía no como mera representación o arte decorativo, sino como un hecho social total que condensa memorias silenciadas, resistencias cotidianas y saberes subyugados (Rivera Cusicanqui, 2010,
p. 55). La autora sostiene que, en el contexto colonial, “las palabras no designan, sino encubren” (p.
19), funcionando como un “registro ficcional, plagado de eufemismos que velan la realidad en lugar de
designarla” (p. 19). Frente a esta insuficiencia del lenguaje verbal, las imágenes —y por extensión, las
prácticas escenográficas— funcionan como archivos alternativos que permiten “descubrir sentidos no
censurados por la lengua oficial” (p. 20).
Frente a la historia oficial del teatro, que privilegia los grandes montajes en escenarios institucionales
y las narrativas escritas de directores y dramaturgos, una mirada inspirada en Rivera Cusicanqui se
orienta hacia las memorias subterráneas (p. 62). Estas no residen en los archivos consagrados, sino que
palpitan en la materialidad efímera de las carpas, en la adaptabilidad de los teatros ambulantes y en la
ritualidad sincrética de las fiestas patronales. Espacios considerados menores por el canon hegemónico
son, en realidad, depositarios vitales de saberes encarnados que, aunque no legitimados por la academia, poseen una potencia creativa y crítica formidable (p. 55).
La sociología de la imagen se revela, por tanto, como herramienta metodológica poderosa
para la descolonización de la mirada historiográfica. Su propuesta se articula en torno a dos operaciones
fundamentales:
1. La imagen como teoría visual crítica. Rivera Cusicanqui (2010) analiza los dibujos del

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cronista indígena Waman Poma de Ayala no como ilustraciones, sino como una sofisticada “teorización
visual del sistema colonial” (p. 22). Allí donde el discurso escrito puede ser cooptado por la lógica del
colonizador, la imagen conserva la capacidad de articular una crítica radical. Por analogía, los bocetos
de escenografía, la disposición espacial en una carpa o los elementos rituales reutilizados en el teatro
popular pueden leerse como textos visuales que teorizan, desde la práctica, sobre identidad, poder y
resistencia.
2. El efecto flash back como método histórico. Rivera Cusicanqui (2010) propone aplicar
nociones cinematográficas como el flash back a la interpretación de imágenes históricas. Este procedimiento permite “explorar otras aristas, hipotéticas, de su pensamiento” (p. 25) y conectar el pasado
con las luchas del presente. En el contexto escenográfico, esto implica observar una fotografía de una
escenografía popular de los años treinta no como vestigio estático, sino como nodo que conecta con las
memorias subterráneas (p. 62) de las comunidades que la hicieron posible, cuyos ecos pueden rastrearse en prácticas teatrales comunitarias contemporáneas.
En Ch’ixinakax utxiwa: Una reflexión sobre prácticas y discursos descolonizadores (Rivera
Cusicanqui, 2010), la autora desarrolla una metodología que se opone explícitamente a las lecturas historicistas y “las apreciaciones basadas en ideas de ‘autenticidad’ y autoría” (p. 30) que han dominado
la academia. Desde esta perspectiva, el valor de una práctica o un artefacto escenográfico no reside en
su fidelidad a un modelo europeo ni en su autoría individual, sino en su potencial interpretativo y en su
capacidad para revelar “una percepción moral y política de lo ocurrido” (p. 31).
Aplicar este marco a la escenografía mexicana implica un viraje radical:
a) Dejar de buscar obras maestras para rastrear procesos creativos colectivos.
b) Leer la escenografía como texto visual donde se inscriben relaciones de poder coloniales
y de género.
c) Buscar en lo popular no lo folclórico, sino la persistencia de una memoria ch’ixi —esa
mezcla contradictoria en la que lo indígena y lo occidental coexisten en paralelo sin fusionarse— que desafía la pureza imaginada del canon (p. 7).
En definitiva, la sociología de la imagen provee herramientas para construir una historiografía
escenográfica que no solo incluya nuevos contenidos, sino que transforme las categorías con las que
comprendemos lo teatral. Se trata de una apuesta por una memoria que no es propiedad de las instituciones, sino un flujo vivo que circula en los saberes subyugados de artesanos, escenógrafas populares
y comunidades que, desde los márgenes, han seguido haciendo teatro y creando mundos, alimentando
una memoria escenográfica crítica y descentrada del canon instituido.
1.4. Interseccionalidad: Género, clase y raza en la arquitectura oculta de la producción
escenográfica
Un análisis que se limite a develar la colonialidad del saber en la escenografía mexicana resultaría incompleto sin una perspectiva interseccional que articule críticamente las categorías de género,
clase y raza. El canon hegemónico no es únicamente eurocéntrico; es una estructura profundamente
patriarcal y clasista que naturalizó una jerarquía de valores y una división sexual del trabajo creativo.

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Como demuestra Ruíz Rivera (2020) en su estudio sobre la invisibilidad de las escenógrafas, estas
profesionales fueron doblemente marginadas: por su género y por el carácter colectivo y artesanal de
su labor, el cual chocaba frontalmente con el mito romántico del genio creativo individual, solitario
y predominantemente masculino (p. 107). Esta marginación no fue un efecto colateral, sino un pilar
estructural del sistema de exclusión (Figura 4).
Figura 4
Julio Prieto y Graciela Castillo del Valle, ca. 1949.

Camerinos del Palacio de Bellas Artes.
Fuente: INBAL/CITRU. Archivo Graciela Castillo del Valle.
La división sexual del trabajo en el teatro mexicano replicó y reforzó las estructuras más
amplias de la colonialidad interna. Los puestos asociados con la dirección, la conceptualización y la
autoría intelectual —ámbitos considerados de creación pura— fueron abrumadoramente monopolizados por hombres. Por el contrario, las labores de realización material, confección de vestuario, elaboración de utilería y ejecución técnica —actividades despreciativamente etiquetadas como manuales o
artesanales— recayeron predominantemente en mujeres, muchas de las cuales permanecen en absoluto
anonimato histórico. Esta dicotomía entre el trabajo intelectual (masculinizado) y el trabajo manual
(feminizado) es un legado directo de lo que Aníbal Quijano (2000) identificó como la colonialidad del
poder, un patrón que asigna valor y estatus en función de la proximidad a la razón europea y masculina
(p. 201).
Esta jerarquía se sustentaba en una epistemología patriarcal que desvalorizaba sistemáticamente los saberes feminizados. Los conocimientos técnicos y artesanales, transmitidos con frecuencia
de manera oral y corporal en talleres y salas de ensayo, carecían del prestigio de los discursos teóri-

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cos. Como indica Rivera Cusicanqui (2010), existe toda una tradición de saberes subyugados (p. 55)
que, al no estar codificados según los cánones académicos occidentales, son relegados al ámbito de lo
no-pensado o lo meramente utilitario. La labor creativa de figuras como Castillo del Valle o Medina
fue frecuentemente absorbida por la narrativa del director-genio6. Este fenómeno de apropiación simbólica no solo invisibilizó la autoría femenina, sino que operó una descalificación epistemológica: al
categorizar el diseño de vestuario o la utilería como manual, el canon despojó a estas creadoras de su
estatus como intelectuales de la escena, reduciéndolas a facilitadoras técnicas de una visión masculina
preestablecida.
La dimensión de clase y raza se entrelaza de manera compleja con esta opresión de género.
Las mujeres indígenas y mestizas de clases populares no solo enfrentaban la barrera de género, sino
también la descalificación de sus saberes por su condición de clase y su pertenencia cultural. Sus
prácticas creativas, a menudo enraizadas en tradiciones comunitarias y no en la formación académica
institucional, eran folclorizadas o directamente ignoradas por el circuito teatral legitimado. El canon
hegemónico, por lo tanto, funcionaba como un dispositivo de blanqueamiento cultural, donde la figura
del creador legítimo era, por defecto, masculina, criolla o mestiza ilustrada y urbana.
La superación de estas estructuras de exclusión exige, por tanto, más que una simple adición
de nombres femeninos a la historia oficial. Implica una reconceptualización radical de la autoría y la
creatividad que ponga en el centro la naturaleza colaborativa y material de la escenografía. Significa
desmontar la ficción del genio individual y reconocer el tejido colectivo de saberes —técnicos, artesanales, comunitarios— que constituyen el hecho teatral. Solo mediante esta mirada interseccional y descolonizadora podremos rescatar del olvido a esas innumerables trabajadoras de la escena cuya labor,
aunque invisible, fue fundamental para construir la memoria material del teatro mexicano.
2. Desarrollo analítico: Mecanismos de invisibilización y resistencias creativas
2.1. El mito de la modernidad porfiriana: Europofilia y desprecio de lo local
El periodo porfiriano (1876-1911) constituye un momento fundacional en la configuración del
canon hegemónico de la escenografía mexicana, donde se establecieron parámetros de valoración estética que privilegiaron lo europeo sobre lo local. La construcción de teatros como el Juárez en Guanajuato (1903) y el Principal en la Ciudad de México fue celebrada como símbolo de progreso y civilización.
Sin embargo, detrás de esta narrativa se escondía un proyecto político de blanqueamiento cultural que
buscaba situar a México en el mapa de la civilización occidental (Ortiz Bullé Goyri, 2010, p. 93). Estos
teatros funcionaron como emblemas del progreso (Romero Vázquez y Betancourt Mendieta, 2020, p.
265) que materializaban visualmente el ideal modernizador del régimen.
En el sentido de la colonialidad del poder y del saber formulada por Quijano y Mignolo, la
adopción del modelo del teatro a la italiana no representó una simple transferencia técnica, sino un acto
de mímesis colonial mediante el cual las élites buscaban emular a Europa y marcar distancia respecto
La concepción del director-genio formulada por Edward Gordon Craig en la Inglaterra de principios del siglo XX respondía
al ideal de elevar el teatro a la categoría de las bellas artes, siguiendo una genealogía que se remonta al Renacimiento italiano.
Esta ideología, que privilegia la autoría individual y desplaza la dimensión colectiva de la creación escénica, ha sido cuestionada
desde perspectivas decoloniales en el Sur global. Guerra Arjona y la Asamblea Opaca (2025) señalan que la insistencia en la
figura del autor único reproduce jerarquías coloniales del saber y oculta las prácticas comunitarias y colaborativas que sostienen
la producción artística.
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de lo indígena y lo popular, asociados con el atraso (Mignolo, 2003, p. 89). Esta arquitectura organizaba los cuerpos e instituía un régimen de miradas que naturalizaba las diferencias de clase. Como se
analizó previamente en relación con la matriz de poder (Bitrán Goren, 2021, p. 5), la disposición del
espacio en el Teatro Juárez y el Palacio de Bellas Artes no solo segmentaba al público por su capacidad
económica, sino que consagraba la experiencia estética como un privilegio de clase, donde la visibilidad del escenario era directamente proporcional al estatus social del espectador.
La escenografía de este periodo, dominada por el paradigma pictórico de telones pintados
y decorados bidimensionales, operaba bajo la misma lógica colonial (García, 2013, p. 18). Los escenógrafos mexicanos fueron formados para reproducir paisajes y arquitecturas europeas mediante la
técnica del telón de boca y la perspectiva pictórica, creando un imaginario visual ajeno al contexto
local. Este fenómeno se explica también por el carácter textocentrista del teatro en los grandes recintos,
donde todos los elementos de la puesta en escena —incluida la escenografía— estaban subordinados
al texto dramático. La mayoría de las obras provenían de dramaturgos europeos, reforzando la mímesis
colonial que privilegiaba modelos estéticos ajenos a la realidad mexicana.
Un ejemplo paradigmático es Manuel Eduardo de Gorostiza, considerado el dramaturgo más
representado en México durante el siglo XIX. Aunque nació en Veracruz, realizó sus estudios en España y vivió allí cerca de dos décadas, adoptando ideologías eurocentristas que se reflejaron en su
obra (Reyes Palacios, 2009). Su producción dramatúrgica muestra cómo el pensamiento europeizante
permeaba el teatro mexicano, consolidando un modelo escénico en el que la escenografía quedaba
supeditada a la textualidad colonial. Como documenta Escobar (2012), este sistema de representación
“privilegiaba la ilusión de profundidad mediante pinturas sobre telones” que replicaban modelos franceses e italianos (p. 24).
No obstante, incluso dentro de este marco rígido, emergieron espacios de negociación y resistencia. Investigaciones recientes demuestran cómo algunos escenógrafos, particularmente los anónimos artistas que trabajaron en el Teatro Principal, introdujeron elementos y soluciones técnicas que
respondían a los gustos y condiciones específicas del público mexicano (Barbosa Sánchez, 2015, p.
77). Estas adaptaciones incluían:
•

La incorporación de motivos locales en los diseños de telones y utilería.

•

La modificación de las técnicas de perspectiva para adaptarse a las dimensiones de los
teatros mexicanos

•

El uso de materiales autóctonos en la construcción de escenografías.

Estas prácticas constituyen lo que podríamos denominar tácticas de apropiación creativa
mediante las cuales los artistas locales subvertían discretamente el modelo importado. Como sugiere
Barbosa Sánchez (2015), en los intersticios del formalismo europeizante “se desarrollaron soluciones
específicas para las condiciones locales” (p. 78), demostrando que la escenografía porfiriana no fue un
simple calco, sino un campo de negociación cultural.
Esta tensión entre imposición y apropiación refleja lo que Rivera Cusicanqui (2010) identifica
como la dinámica del mundo al revés (p. 25), donde las estructuras coloniales conviven con prácticas
de resistencia que las desbordan. Los teatros porfirianos, aunque diseñados como templos de la cultura europea, terminaron albergando expresiones creativas que desafiaban el proyecto civilizatorio que
pretendían encarnar.

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2.2. La Revolución Mexicana: ¿Ruptura o reconfiguración de la colonialidad?
La historiografía tradicional ha presentado a la Revolución Mexicana (1910-1920) como un
parteaguas que democratizó la cultura y abrió el camino hacia un arte nacional. Si bien es cierto que el
conflicto armado dinamitó estructuras porfirianas, una mirada decolonial obliga a matizar este relato
triunfalista. La Revolución no eliminó la colonialidad, sino que la reconfiguró bajo nuevas formas discursivas e institucionales. Como advierte Rivera Cusicanqui (2010), los procesos de aparente inclusión
suelen operar una “domesticación de lo indígena y lo popular” (p. 71), vaciándolos de su potencial
crítico para convertirlos en ornamento de la identidad nacional (Figura 5).
Figura 5
Carpa Salón Amaro, 1925.

Reprografía del Archivo Casasola.
Fuente: INBAL/CITRU. Fondo Escenografía Mexicana.
El conflicto tuvo un impacto material evidente en la práctica escenográfica. La destrucción
de teatros formales y la proliferación de espacios efímeros —carpas, patios, plazas— generó lo que
Martínez Aguilar (2019) identifica como una democratización forzosa de la escenografía (p. 167). Los
escenógrafos, obligados a trabajar con recursos limitados y en condiciones de alta movilidad, desarrollaron soluciones creativas y flexibles que desafiaban el formalismo y la tecnificación porfiriana. El
teatro popular, como el género chico estudiado por Bryan (1983), experimentó un renacimiento y ganó
visibilidad sin precedentes, constituyéndose en una de las expresiones culturales más dinámicas y masivas del periodo (p. 145). En estos espacios alternativos, la escenografía se liberó de la obligación de
emular cánones europeos y pudo experimentar con estéticas más cercanas a la sensibilidad y el humor
populares.
Sin embargo, esta efervescencia creativa pronto fue disciplinada por el proyecto cultural posrevolucionario. El Estado emergente, en su búsqueda por construir una identidad nacional unificada,
instrumentó un nacionalismo estatalizante que operó mediante exclusiones sutiles pero efectivas. El
muralismo fue consagrado como arte nacional por excelencia, recibiendo financiamiento estatal y re-

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conocimiento institucional, mientras que otras expresiones, como la escenografía de las carpas o el
teatro campesino, fueron progresivamente marginadas por considerarse no serias o no modernas. Esta
dinámica ilustra lo que Rivera Cusicanqui (2010) describe como la paradoja de la recolonización: la
retórica de la inclusión y el mestizaje sirve, en la práctica, para neutralizar la diferencia radical y convertirla en un elemento administrable dentro del orden hegemónico (p. 71).
La creación de instituciones como la Secretaría de Educación Pública (1921) y, posteriormente, el Instituto Nacional de Bellas Artes (1946), si bien buscaba fomentar las artes, también estableció un sistema de consagración que tendió a privilegiar las expresiones fácilmente incorporables a la
narrativa del México moderno. La escenografía que no se ajustaba a este proyecto —ya fuera por su
carácter popular, su estética disruptiva o su base comunitaria— fue relegada a un estatus secundario,
perpetuando bajo nueva retórica la jerarquía colonial entre lo culto y lo popular. La Revolución, por
tanto, no acabó con la colonialidad, sino que negoció con ella, produciendo una síntesis en la que lo popular fue invitado a la mesa, pero solo bajo los términos definidos por el Estado y sus élites culturales.
En este sentido, la Revolución no fue ni un corte radical ni una continuidad absoluta, sino un momento
de “tensión histórica donde la colonialidad se adaptó a nuevas formas de gestión estatal de lo popular”
(Rivera Cusicanqui, 2010, p. 71).
2.3. El Teatro de Ulises, Teatro de Orientación y Los Contemporáneos: Cosmopolitismo
como colonialidad interna
El Teatro de Ulises (1928), Teatro de Orientación y el grupo de Los Contemporáneos son frecuentemente celebrados en la historiografía tradicional como la irrupción definitiva de la vanguardia y
la modernidad en el teatro mexicano. Su labor de introducir a autores europeos y norteamericanos de
vanguardia como Cocteau, O’Neill y Lenormand, así como su colaboración con el pintor vanguardista
Agustín Lazo en la escenografía, representó una renovación del lenguaje escénico mexicano (Calva,
2002, p. 505). La propuesta estética de Lazo, caracterizada por una plasticidad sintética y simbólica,
rompía conscientemente con el ilusionismo pictórico del naturalismo decimonónico (Figura 6).
Figura 6
Antígona, 1932.

Dirección: Julio Bracho. Escenografía: Agustín Lazo. Espacio: Teatro Orientación
Fuente: INBAL/CITRU, Col. Fotográfica, Fondo
Armando de Maria y Campo.

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No obstante, una lectura decolonial permite problematizar este elogio indiscriminado, revelando lo que podríamos denominar una colonialidad interna en su proyecto intelectual. Su cosmopolitismo, aunque valioso como apertura, se construyó sobre un profundo desprecio por las expresiones
locales y populares, consideradas manifestaciones de un México bárbaro que debía superarse mediante
la asimilación acrítica de la cultura europea (Ortiz Bullé Goyri, 2002, p. 521). Como expresa Mignolo
(2003), la lógica colonial se reproduce incluso en los gestos que aparentemente pretenden trascenderla,
pues “la búsqueda de la modernidad implica, demasiado a menudo, la negación de la colonialidad”
(p. 112).
Esta epistemología de la negación del sustrato cultural local configura lo que Rivera Cusicanqui (2010) identificaría como un patrón de mímesis colonial (p. 53), donde las élites ilustradas buscan
legitimidad replicando modelos metropolitanos y descalificando saberes autóctonos. El proyecto de
Los contemporáneos, en su afán por conectarse con las corrientes artísticas parisinas, operó una sistemática exclusión de las tradiciones escénicas populares que, desde las carpas y los teatros barriales,
estaban desarrollando formas de modernidad alternativas.
La dimensión conflictiva de este proyecto se evidencia en la recepción crítica de la época,
donde fueron acusados de ser extranjerizantes y afeminados (Prensa INBAL, 2018). Estos epítetos no
constituían meras críticas estéticas, sino acusaciones políticas que revelan cómo la construcción de la
nacionalidad posrevolucionaria estaba profundamente entrelazada con nociones de masculinidad, raza
y autenticidad cultural. Como explica Monsiváis (2000), la acusación de afeminamiento funcionaba
como un marcador de alteridad que cuestionaba su legitimidad para representar lo mexicano (p. 87).
El canon hegemónico, al celebrar a Los Contemporáneos como pioneros de la modernidad
teatral, ha tendido a ocultar esta dimensión excluyente de su proyecto, presentando su cosmopolitismo
como un gesto puramente progresista. Sin embargo, como advierte Bhabha (2002), el cosmopolitismo
de las élites del Sur global frecuentemente enmascara un complejo de inferioridad cultural que refuerza, en lugar de subvertir, las jerarquías coloniales (p. 45). La paradoja del Teatro de Ulises reside en que
su gesto transgresor reproducía la misma lógica de desprecio hacia lo local que caracterizó al proyecto
civilizatorio porfiriano, actualizándola bajo el disfraz de la vanguardia internacional.
2.4. La institucionalización posrevolucionaria: El INBA y la profesionalización de la
exclusión
Los archivos del Fondo Escenografía Mexicana del CITRU muestran que los montajes oficiales priorizaban un realismo psicológico europeizante y un ideal de espectacularidad acorde con el
proyecto nacionalista oficial, marginando expresiones híbridas o radicalmente experimentales (Escobar, 2012, p. 28). Antonio López Mancera, primer jefe del Departamento de Producción Teatral (19521978), ejemplifica esta élite institucional homogénea y dependiente del Estado posrevolucionario (Secretaría de Cultura, 2024).

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Figura 7
La verdad sospechosa, 1934.

Obra inaugural del Palacio de Bellas Artes.
Dirección: Alfredo Gómez de la Vega.
Escenografía: Carlos González.
Fuente: INBAL/CITRU. Fondo Escenografía Mexicana.
Este proceso de domesticación de la escenografía (Figura 7) puede entenderse como una manifestación de lo que Mignolo (2003) denomina la colonialidad del saber (p. 67), donde los criterios
de validación del conocimiento reproducen las jerarquías epistémicas establecidas durante la colonia.
La profesionalización a través del INBA implicó así la progresiva desconexión de la escenografía de
sus raíces populares y comunitarias, transformándola en una disciplina especializada, reglamentada y
funcional al proyecto de construcción nacional hegemónico. Los saberes técnicos de carpinteros, sastres y pintores especializados —muchos de ellos anónimos— que durante generaciones habían dado
vida material a las puestas en escena, fueron subordinados al conocimiento teórico-académico de los
nuevos escenógrafos institucionales, perpetuando bajo nuevas formas las exclusiones históricas del
campo cultural mexicano.
2.5. La (in)visibilidad de las escenógrafas: El patriarcado en la sombra
El canon hegemónico ocultó sistemáticamente a escenógrafas como Fiona Alexander, Graciela Castillo del Valle, Félida Medina y Marcela Zorrilla mediante el silencio en el archivo y la omisión
historiográfica (Ruíz Rivera, 2020, p. 105). Esta exclusión replicó una división sexual del trabajo que
asignaba a hombres la concepción artística y a mujeres la ejecución material, un patrón patriarcal que
reserva la esfera simbólica para lo masculino (Segato, 2016, p. 92). El archivo fotográfico de Castillo
del Valle en el CITRU (ca. 1950) muestra su colaboración con López Mancera en posiciones secundarias, pese a contribuciones creativas equivalentes, demandando una sociología de la imagen para
rastrear huellas visuales no censuradas (Rivera Cusicanqui, 2010, p. 20) (Figura 8).

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Figura 8
Graciela Castillo del Valle, Antonio López Mancera y Celia “La Güera” Guerrero en el Palacio
de Bellas Artes, 1950.

Fuente: INBAL/CITRU. Col. Fotográfica. Archivo Graciela Castillo del Valle.
La recuperación de su trabajo trasciende un ejercicio de justicia arqueológica. Implica desmontar la noción misma de autoría y genialidad que sustenta el canon hegemónico, conceptos heredados del romanticismo europeo que privilegian al individuo (masculino) sobre lo colectivo. Las escenógrafas, como demuestran los estudios de caso de Ruíz Rivera (2020), a menudo desarrollaron prácticas
creativas profundamente colaborativas, en diálogo horizontal con directoras, actrices, vestuaristas y
técnicas, generando metodologías de creación que desbordaban el modelo individualista y patriarcal
predominante (p. 112).
Figura 9
Boceto de escenografía para Los soles truncos, 1977.

Dirección: Nancy Cárdenas. Escenografía: Félida Medina. Vestuario: Cristina Sauza.
Fuente: Archivo Particular Félida Medina.

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Esta visibilización exige una auténtica revolución metodológica en la forma de escribir la
historia del teatro. Como propone Rivera Cusicanqui (2010), se requiere desarrollar una sociología de
la imagen que permita leer entre líneas de los archivos visuales y “descubrir sentidos no censurados
por la lengua oficial” (p. 20). En el caso de las escenógrafas, esto implica rastrear sus huellas en los
bordes de las fotografías, en los registros administrativos de producción, en las memorias orales de sus
colaboradoras y en los bocetos y maquetas que sobrevivieron al olvido institucional (Figura 9). Solo
mediante esta aproximación metodológica disruptiva podremos comenzar a tejer una historia de la
escenografía mexicana que reconozca el papel fundamental de estas creadoras en la configuración del
paisaje teatral nacional.
2.6. Resistencias y contra-archivos: Hacia una escenografía otredad
Las resistencias emergieron en teatros de carpa, con escenografías portátiles que priorizaban
síntesis y conexión popular sobre ilusionismo oficial (Bryan, 1983, p. 152). Grupos independientes de
los 1960-1970, como el de María Alicia Martínez Medrano (Teatro Campesino de Tabasco), exploraron
escenografías integrales centradas en cuerpo y espacio comunitario, desplazando el textocentrismo
europeo. Estas prácticas forman un contra-archivo de “armas de los débiles” (Scott, 1990, p. 136) que
exige una mirada ch’ixi, sosteniendo contradicciones culturales sin síntesis forzada (Rivera Cusicanqui, 2010, p. 89).
El teatro de carpa, por ejemplo, desarrolló una escenografía portátil, económica e ingeniosa que dialogaba directamente con el humor y la sensibilidad popular. Sus escenógrafos, anónimos en su mayoría,
crearon un lenguaje visual basado en la síntesis, la sugerencia y la complicidad con el público, muy
distante del ilusionismo pictórico y la grandilocuencia de los teatros oficiales. Como documenta Bryan
(1983), estas expresiones populares “constituyeron un espacio de autonomía creativa donde se desarrollaron formas escénicas alternativas al modelo europeizante” (p. 152). La materialidad precaria de
estas escenografías no era solo una limitación económica, sino una elección estética que privilegiaba la
inmediatez y la conexión emocional con el espectador.
De manera similar, las puestas en escena de grupos independientes en los años sesenta y setenta exploraron una escenografía integral que cuestionaba la primacía del texto dramático y ponía el acento en
el cuerpo, el espacio y la experiencia sensorial. Trabajos pioneros de creadoras como Félida Medina
en montajes como Cementerio de automóviles (1968) y Los albañiles y, posteriormente, la obra crítica
y experimental de Jesusa Rodríguez (Figura 10) en espacios alternativos, contribuyeron a desplazar
el modelo textocentrista heredado de la tradición europea, como ya se ha mencionado. La obra de
Alejandro Luna (posterior a 1975 y que aquí se menciona como horizonte, no como corpus central
de este relato), quien declaró que “la escenografía no existe, existe el teatro” (Montoya, 2022, p. 3),
representa un punto culminante de esta búsqueda de una escenografía descolonizada, que ya no servía
para decorar sino para significar. Como explica el propio Luna en entrevista con Montoya (2022), su
propuesta buscaba “desmantelar la noción de escenografía como telón de fondo para construirla como
un elemento orgánico del hecho teatral total” (p. 4).

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Figura 10
Concilio de amor, 1987.

Dirección: Jesusa Rodríguez. Escenografía: Tolita Figueroa y José Manuel Rodríguez. Vestuario: Tolita
Figueroa. Música: Liliana Felipe.
Fuente: INBAL/CITRU.Colección Fotográfica General.
Estas prácticas de resistencia exigen, como propone Rivera Cusicanqui (2010), una mirada
ch’ixi (p. 89): una visión capaz de sostener la contradicción y de reconocer la coexistencia de múltiples
temporalidades y lógicas culturales sin forzar su síntesis u homogeneización. Esta perspectiva nos
permite leer en las grietas del archivo oficial las huellas de esas otras escenografías que desbordaron el
canon: desde las adaptaciones creativas de los escenógrafos anónimos del Teatro Principal durante
el Porfiriato (Barbosa Sánchez, 2015, p. 77) hasta las propuestas espaciales radicales del teatro campesino e indígena que emergió en los años setenta.
Recuperar estos contra-archivos no es un ejercicio de nostalgia, sino un acto de justicia epistémica que permite, como recalca Rivera Cusicanqui (2010), “reactualizar aspectos no conscientes del
mundo social” (p. 19) y visibilizar las múltiples modernidades que coexistieron en el México del siglo
XX. Solo mediante esta aproximación podremos comenzar a tejer una historia de la escenografía mexicana que honre su complejidad y riqueza, más allá de las narrativas hegemónicas que han dominado la
historiografía.
Conclusiones interpretativas: Hacia una memoria escenográfica dialógica
El análisis realizado a lo largo de esta investigación permite concluir que la historiografía
de la escenografía mexicana entre 1895 y 1975 ha estado estructurada por un canon hegemónico que
no constituye un reflejo natural de los hechos, sino una construcción política al servicio de proyectos
nacionales que fueron, simultáneamente, coloniales y patriarcales. Este canon operó mediante meca-

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nismos de exclusión —eurocentrismo, profesionalización elitista, invisibilización de las mujeres— que
han distorsionado la comprensión del pasado escénico. La adopción del modelo del teatro a la italiana
durante el Porfiriato, analizada en el apartado 2.1, no fue una simple transferencia técnica, sino un acto
de mímesis colonial mediante el cual las élites buscaron emular Europa, distanciándose de lo indígena
y lo popular (Mignolo, 2003, p. 89).
La aplicación de la hermenéutica de Ricœur y de los estudios decoloniales ha permitido desmontar estos mecanismos y demostrar que la memoria histórica es, en realidad, un campo de batalla
simbólico. Ricœur señala (2003) que existe una dialéctica fundamental entre memoria y olvido donde
“el trabajo del duelo es el precio de la memoria” (p. 85). Frente a la historia única del canon, es necesario oponer una memoria dialógica capaz de escuchar las múltiples voces silenciadas: las de los artesanos, las de las escenógrafas, las de los creadores populares cuyas prácticas de resistencia analizamos
en el apartado 2.6.
Esta tarea de descolonización historiográfica trasciende el mero ejercicio académico para adquirir implicaciones éticas y políticas. El trabajo de la memoria se convierte, en palabras de Ricœur
(2004), en un “acto de justicia hacia los ausentes” (p. 112). Recuperar las contribuciones de los marginados no se reduce a “hacerles un lugar” en la historia, sino a restituirles su dignidad histórica y reconocerlos como sujetos plenos de su propio destino. La invisibilización de las escenógrafas, documentada
en el apartado 2.5, responde a lo que Segato (2016) identifica como la estructura patriarcal que reserva
para los hombres el dominio de la esfera simbólica (p. 92).
En este sentido, este artículo propone una serie de desplazamientos epistemológicos fundamentales para futuras investigaciones:
1. Del genio individual a la creación colectiva. Desmantelar el mito del autor único y reconocer el carácter colaborativo de la escenografía, tal como practicaron las escenógrafas en sus trabajos
colectivos (apartado 2.5).
2. De la obra al proceso. Desplazar la mirada de los productos terminados hacia los procesos
creativos, las condiciones laborales y las redes de colaboración que los hicieron posibles, incluyendo
los espacios efímeros de la Revolución Mexicana (apartado 2.2).
3. Del centro a los márgenes: Prestar atención sistemática a los espacios y prácticas considerados periféricos (carpas, teatros ambulantes, comunidades), donde a menudo se encuentran las
innovaciones más radicales, como en el teatro de carpa (apartado 2.6).
4. De lo visible a lo invisible: Desarrollar metodologías, como la sociología de la imagen
propuesta por Rivera Cusicanqui (2010, p. 19), capaces de leer los silencios de los archivos, interpretar
huellas indirectas y reconstruir las biografías de quienes no firmaron sus obras.
Solo mediante una epistemología otra, descolonizada y feminista, podremos construir una
historia de la escenografía mexicana fiel a la complejidad del pasado y útil para los desafíos del presente. Una historia que, en palabras de Rivera Cusicanqui (2010), no aspire a la síntesis totalizadora,
sino que sepa “habitar en la contradicción y celebrar la riqueza de lo múltiple” (p. 89), reconociendo
que el periodo 1895-1975 no fue una secuencia lineal de desarrollo, sino un complejo momento de negociación entre tradiciones, de experimentación con nuevas posibilidades expresivas y de construcción
gradual de un campo profesional autónomo que nunca logró silenciar las voces que desde los márgenes
insistían en contar otra historia.

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�Artículo de investigación

Esta obra quedará registrada bajo la licencia de Creative Commons (CC BY 4.0) Internacional

RECIBIDO: 03 de noviembre de 2025
ACEPTADO: 08 de enero de 2026
DOI: https://doi.org/10.29105/de.v3i4.31

El sacrificio autoficcional como
medio para la construcción del
cuerpo poético: Identidad poética
de María Velasco en Talaré a los
hombres de sobre la faz de la tierra

Autofictional Sacrifice as a Means of the Poetic Body Contruction: The Poetic Identity of
María Velasco in Talaré a los hombres de sobre
la faz de la tierra (I Will Cut Men Down from
the Face of the Earth)
Mayra Valeria Carbajal Silva1
Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) / Lima, Perú
Contacto: mvcarbajals@gmail.com
ORCID: https://orcid.org/0009-0007-7228-4275

Mayra Valeria Carbajal Silva 1

Licenciada en Teatro por la Pontificia Universidad Católica del Perú y Magíster en Artes Plásticas, Electrónicas y del
Tiempo por la Universidad de Los Andes, Colombia. Sus ejes de investigación se centran en las narrativas del yo y
autoficcionales, donde busca responder interrogantes con respecto a las representaciones estéticas de estas narrativas
en el espacio escénico.
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�Artículo de investigación

El sacrificio autoficcional como medio
para la construcción del cuerpo poético:
Identidad poética de María Velasco en
Talaré a los hombres de sobre la faz de la
tierra
Autofictional Sacrifice as a Means of the Poetic Body
Contruction: The Poetic Identity of María Velasco in
Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra
(I Will Cut Men Down from the Face of the Earth)
Resumen
El presente trabajo pretende demostrar que una característica autoficcional supone el sacrificio
como elemento clave y que culmina en la conformación de un cuerpo poético. Para ello, se
ha buscado responder a la pregunta en torno a cómo la autoficción funciona como medio para
generar cuerpos poéticos a partir del sacrificio en el caso de la obra de María Velasco, Talaré a
los hombres de sobre la faz de la tierra. Para ello, el análisis toma la idea de que la autora brinda
un personaje a partir de ella misma en la historia. Con esto se puede afirmar que la autoficción
funciona como herramienta de reconocimiento impulsada por la idea de entrega a situaciones
poco favorables para la construcción identitaria, lo cual permite llegar a un producto poético
como resultado de una afectación artística. De esta manera, la narración de María Velasco en
la obra es un ejemplo relevante y característico de este tipo de sacrificio. Así, el resultado es
un cuerpo sacrificado en sentido metafórico que se hace presente a través de los procesos de
escritura, la rememoración de hechos y la conformación identitaria.
Palabras clave: autoficción, María Velasco, cuerpo poético, dramaturgia del yo, teatro
contemporáneo, sacrificio
Abstract
This paper aims to demonstrate that one of the defining characteristics of autofiction is sacrifice
as a key element, culminating in the formation of a poetic body. To this end, it explores how
autofiction operates to generate poetic bodies through sacrifice, specifically in the case of María
Velasco’s work Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra (I Will Cut Down the Men from
the Face of the Earth). The analysis focuses on the author’s construction of a character based on
the author herself within the narrative. This suggests that autofiction functions as a tool for selfrecognition, driven by the act of exposing oneself to situations that hinder identity formation.
Such exposure enables the emergence of a poetic product resulting from artistic affectation.
Thus, María Velasco’s narrative constitutes a relevant and characteristic example of this type of
sacrifice. The result is a metaphorically sacrificed body that becomes present through processes
of writing, remembrance, and identity formation.
Keywords: Autofiction, María Velasco, poetic body, dramaturgy of the self, contemporary
theater, sacrifice

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�Artículo de investigación

1. Autofición, el cuerpo y la escritura del yo
La actividad autoficcional traza, a quien se entregue a realizarla, un camino que debe recorrerse
(Campbell, 1959)2. Caminar por este sendero narrativo implica someterse a tiempos en los que se
identificarán verdades, llegarán anagnórisis o se reconocerá la realidad de un cuerpo o una identidad
ficcional. De esta forma, el inicio de una tarea autoficcional nos muestra, a quienes observamos el andar
poético de una narración, el comienzo de un cuerpo (el cuerpo del autor/a), y el final de este que ha
pasado por una afectación o un largo viaje en el sentido metafórico.
La autoficción, como tal, resulta un medio o un camino que el autor/a emprende, sacrificando
partes de sí en un reconocimiento sobre sí mismo, ya que es necesario llegar a una conclusión
identitaria en su propia aventura de vida narrada. En los análisis de textos autoficcionales el sacrificio
y la violencia han sido parte de los temas de debate que considero relevantes como una característica
única al momento de emprender un trabajo autoficcional y que se muestran, en la mayoría de las
veces, más evidentes en la escritura femenina, de manera no excluyente, porque conlleva a una acción
contestataria que se hace de forma escondida y escarba en la memoria para purgar las emociones y los
recuerdos en los contextos en los que, históricamente, las mujeres o la presencia femenina no puede
alzar la voz.
Desde la perspectiva de esta investigación, la escritura autoficcional es un cuerpo presente
que el autor/a ha construido con base en sus memorias y acontecimientos atravesados por la ficción o
inverosimilitud, que, además, contiene un carácter que guarda una experiencia personal. En este sentido
propongo analizar la obra de María Velasco a través del cuerpo poético que construye por medio de
la afectación-sacrificio en Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra (2020), siendo el sacrificio
del personaje autoficcional, o de la acción de escritura autoficcional, un elemento fundamental para las
características autoficcionales. Para ello, el análisis toma al personaje de la autora en la historia y afirma
que la autoficción funciona como herramienta de reconocimiento impulsada por la idea de entrega a
situaciones poco favorables para la construcción identitaria. Esto permite alcanzar un producto poético
como resultado de una afectación artística, estética y metafórica. De esta manera, la narración de María
Velasco en esta obra es un ejemplo relevante y característico de este tipo de sacrificio.
La metodología que seguiré en adelante consistirá en comprender la definición de sacrificio
en un sentido occidental dentro de las creencias judeocristianas con base en los conceptos narrativos de
Sergio Blanco (2018) y Angélica Liddell (2008) y que reforzaré con la construcción de un cuerpo poético
Según Joseph Campbell (1959) un viaje implica un proceso de aventura que un héroe o personaje debe emprender que se
liga con las narraciones y leyendas tradicionales. Si realizamos una comparación con las formas en las que los seres humanos
modernos conformamos nuestras identidades, en el transcurso de la vida representamos a nuestros propios personajes y ellos/
ellas son sometidos a la peripecia de la aventura. Lo que implica perder o renunciar a lo que consideramos importante o parte
de nosotros.
En contraste al monomito de Campbell, se encuentran los análisis de Maureen Murdock que construyen un camino heroico
desde la feminidad como una escapatoria a una afirmación en una conversación que la autora mantuvo con Campbell, en donde
este afirma que “en toda la tradición mitológica, la mujer está ya ahí. Lo único que tienen que hacer es darse cuenta de que
ella es el lugar al que la gente intenta llegar” (Murdock, 2014, p.12). El esquema de Murdock enfatiza otro lado de la construcción heroica femenina haciendo énfasis en una separación y negación de aspectos que las mujeres han considerado como
ejes importantes en sus construcciones identitarias, como la presencia del padre y el intento de agradarle constantemente, la
separación de la idea de feminidad y la reconciliación con la madre. El camino heroico femenino parte de una insatisfacción en
cualquier etapa de la vida.
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�Artículo de investigación

a través de la afectación de la memoria por medio de los conceptos sobre afectación y territorialidad de
Jorge Dubatti (2011 y 2020).
Finalmente, este análisis toma como punto de partida la primera versión de la obra de Talaré…
(2020) porque contiene fotografías que representan un contenido estético interesante y, porque, a
diferencia de otras versiones publicadas de la obra, los títulos se encuentran presentes en el texto.
Esta primera versión fue publicada junto con otras obras de otros autores en el VIII Laboratorio de
Escritura Teatral de la Fundación SGAE dirigido por Yolanda Pallín Herrero. Pronto, el texto dramático
fue estrenado por la misma autora con el cargo de directora de la obra. El texto como tal ha recibido
reconocimientos como el Premio Max a la Mejor autoría teatral y el Premio Internacional del 39
Heidelberger Stückemarkt. También se encuentra publicado en la primera edición de Parte de lesiones
(2022) bajo la editorial La uña rota junto con otros textos de Velasco.
2. Otros puntos de partida
En mis acercamientos al texto de Velasco y a narraciones autoficcionales o escrituras hechas
por mujeres, encuentro una correlación interesante en las características del diario íntimo que es
potenciado por la escritura femenina. Esto ha llamado mi atención como punto de partida para encontrar
un estímulo estético y narrativo que considero relevante para próximos diálogos. La conexión que
se mantiene entre los contextos traumáticos es privilegiada porque responde a violaciones, incesto,
violencia, enfermedad y muerte:
A través de Catherine Cusset, Catherine Millet, Alina Reyes y varias otras escritoras, la
autoescisión y la disociación de la autoficción están vinculadas a nuevos espacios afirmativos del deseo
femenino. Sarah Cooper acredita a Cusset creando un libertinaje distintivo y libre de culpa, mientras
que Philippe Lejeune saluda la controvertida elaboración de la vida sexual de Catherine M. como
‘un acte antropologique original et valentux’. El impacto de estos experimentos insólitos deriva, en
parte, de la posesión por parte de sus autores de experiencias excesivas, a veces violentas, que son los
más fácilmente explorados a través del distanciamiento autoficcional (Jordan, 2012, p. 78, traducción
propia).
La autoficción como medio narrativo para la exploración literaria escrita por mujeres se
vincula con nuevas aspiraciones e interrogantes que el género ha buscado y se abre como un espacio
para resolver dichos cuestionamientos, lo que también abre preguntas sobre si la escritura contiene un
género:
La crítica literaria que practica esas caracterizaciones expresivas y temáticas de lo “femenino”
se basa en una concepción representacional de la literatura según la cual el texto es llamado a expresar
realistamente el contenido experiencia de ciertas situaciones de vida que retratan la “autenticidad” de
la condición-mujer, o bien su “positividad” en el caso de que el personaje ejemplifique una toma
de conciencia anti-patriarcal (Richard, 1993, p. 130).
Existe, también, un punto de encuentro entre diario íntimo y autoficción que se caracteriza por
explorar la inmolación, porque se expone al ser a través del recuento de los sucesos haciendo uso de la
memoria en la narración. Plasmar el trauma o la violencia que padecen algunos grupos marginalizados

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�Artículo de investigación

pareciera que es una característica que le presta formas particulares y ritmos a las escrituras del yo.
Desde la perspectiva de la escritura íntima y autobiográfica hecha por mujeres, Leonor Arfuch (2012)
describe cómo los diarios íntimos organizan narraciones sobre la vida de otros, las vivencias propias
y ajenas. Para la investigadora, la escritura de la propia vida es un medio para la comprensión más
profunda sobre una misma.
Este estilo destaca por contener un carácter intersubjetivo porque le otorga a la escritora “la
posibilidad de alentar una sintonía valorativa entre narrador y su destinatario, tanto respecto
de la experiencia -la ‘vida propia’- como de la ‘vivencia de la vida misma’, es decir la dimensión
ética de la vida en general” y la cualidad de forma que se traduce en “una puesta en forma narrativa,
expresiva -que es también una puesta de sentido” (Archuf, 2012, p. 47). El presente se encuentra
en la comprensión de la vida misma y en la forma narrativa para atormentar la memoria a través de
la reviviscencia en un formato de guerra constante (Archuf, 2012) donde la autora redescubre los
espacios de la memoria. Lo psíquico se ubica en esta escritura como una experiencia fragmentada para
recomponer la memoria y las partes de la autora3 que han sido marginalizadas (Richard, 1993). Para
Silvia Hégéle (2018) el formato diarístico representa trazos de la existencia hechos frases que tienen
la funcionalidad de estructurar una identidad desvanecida, “pero antes de vislumbrar una respuesta, la
autora autoficcional tiene que confrontarse a la duda: ‘but please, don’t ask me who I am. ‘Apassionate,
fragmentary girl’, maybe’” (p. 277).
La confrontación con la memoria y el pasado me lleva a repensar la autoficción a partir del
formato antes expuesto. El sacrificio del bienestar emocional me parece una actividad rumiante dentro
de la autoficción. Regresando al análisis de Richard (1993): existe una representación realista del
contenido de la experiencia de la vida misma.
Llamo a la confrontación de la duda el sacrificio que la identidad femenina debe sobrellevar.
Para Sergio Blanco (2018) la autoficción mantiene una “mecánica de trabajo: establecer un dispositivo
bélico contra uno mismo y sobre todo contra nuestros prejuicios” (p.15). Así, la autoficción promueve
un sacrificio de la cordura o de la estabilidad. Se sacrifica la tranquilidad de una apacigüe mentalidad
que no recuerda a sí misma para escarbar y rememorar o deslizarse del “trauma insoportable a un
trauma que puede soportarlo todo” (Blanco, 2018, p.14).
Según Angélica Liddell (2008), el sacrificio aparece como un elemento importante en la obra
de arte. “En el tiempo de las muertes colectivas es necesario el sacrificio individual como rebeldía o
barricada. El arte, sacrificio íntimo en un espacio público, es nuestra rebeldía. Gracias al sacrificio
poético recuperamos la identidad que perdemos en la masacre” (2008, párr. 1). Esto defiende la unicidad
Es necesario hacer una salvedad a esta característica para democratizar el espacio de la intimidad y alejarse del comportamiento
sistemático de las culturas hegemónicas patriarcales que segregan y estigmatizan los comportamientos a ciertos sectores para
categorizarlos. Considero que, si en esta investigación se realizará una categorización de algún tipo, es necesario alejarse de las
naturalezas tiránicas. Por ello, me apego a las ideas de Nelly Richard (1993) en su crítica a la escritura femenina que estipula
que la escritura puede tener un género: “cada vez que una poética o que una erótica del signo rebalsa el marco de retención/
contención de la significación masculina con sus excedentes rebeldes (cuerpo, libido, goce, heterogeneidad, multiplicidad, etc.)
para desregular la tesis del discurso mayoritario” (p. 132).
Esta democratización permite a todos aquellos que no se identifiquen con lo que estipulan los sistemas masculinos a rebalsar la
tentación de ellos haciendo uso del cuerpo y de otros aspectos que lo afectan y transforman como la libido, goce, la heterogeneidad, etc., con la finalidad de desencajar el discurso de lo general (Richard, 1993).
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�Artículo de investigación

que resulta de las escrituras del yo. El cuerpo poético aparece como la identidad generada luego de la
reconstrucción de los fragmentos de la identidad femenina que se desvanecen en la sociedad.
Hasta ahora, como definición de sacrificio, es posible contener dentro de este concepto la
acción de pasar por el tormento de mirar al pasado haciendo uso de la memoria. En el caso de las
escrituras del yo, sean estas autoficcionales o, como se ejemplificó, diarísticas, la presencia identitaria
es relevante para definir el carácter de ese sacrificio.
3. El cuerpo como elemento para narrar
Esta investigación pretende encontrar un cuerpo poético que se construye con base en una
entrega de un cuerpo social que coloca un artista en su obra de arte. Para explicar ello abordo la
concepción del cuerpo poético dentro de la narración autoficcional como un elemento que se genera
desde el sacrificio. Como es para Arfuch (2012): la reviviscencia en un formato de guerra constante al
momento de realizar la escritura; traduzco esto como un proceso de afectación.
Un cuerpo poético surge en un tiempo narrativo y un espacio memorial. El sentido de mediación
que el cuerpo ejerce sobre la escritura y que sucede de regreso al cuerpo físico como un intercambio
puede ser tomado como un compartir generador de un convivio de múltiples niveles constructores
de significados: el convivio entre memoria, escritura y cuerpo, y el convivio entre palabra, cuerpo
construido y receptor. Para ello, las teorías de Jorge Dubatti (2011) pueden alentar la argumentación.
En estos sistemas de significación, la materia o cuerpo semióticos, para Dubatti, son unidades
de diferentes manifestaciones. Sin embargo, Dubatti menciona un segundo cuerpo semiótico que es la
conexión que este cuerpo brinda con un grupo de imágenes. Estas imágenes ponen en manifiesto nuestra
capacidad de producir sentido (2011, p. 97). ¿Cómo es posible encontrar estos cuerpos semióticos en
una dramaturgia autoficcional?:
Ese cuerpo en acción produce un volumen de acontecimientos que se manifiesta organizado
por una nueva forma… La materia dispuesta/tomada se deja informar por la nueva forma, la cual, a
la vez que respeta su entidad, la funde en una nueva organización. Materia informada y nueva forma
constituyen el núcleo originario del ente poético en el acontecimiento (Dubatti, 2011, p. 88).
Para encontrar un cuerpo poético dentro de estos parámetros es necesario comprender que
Dubatti habla de una afectación por la que pasa esta materia. Desde esta perspectiva me parece
fundamental la cita anterior para responder a la última pregunta. Considero que la autoficción brinda
herramientas para potenciar la construcción de un espacio y un tiempo en el que la materialidad del yo
referencial o del autor se convierte en una materialidad poética.
No obstante, estas afirmaciones son un análisis a partir de un convivio entre sucesos teatrales.
Lo primordial, en este caso, sería ubicar un convivio que se genere en un contexto narrativo que
se produce a través de los acontecimientos en la historia. En Teatro Comparado, territorialidad y
espectadores: multiplicidades intraterritoriales, Dubatti (2020) menciona las maneras en las que
generamos territorios con base en la territorialidad. Si bien, las aproximaciones se enfocan en el contexto
teatral, se menciona que la territorialidad, en este contexto, es un espacio subjetivado (p. 30) y que al
partir de la idea de territorialidad, desterritorialidad y reterritorialidad construimos identidades que se

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sostienen a través de viajes, caminos y mudanzas. Todo ello sostenido ante un convivio constante con
quien nos observa o, en este caso, nos lee4 (Goffman, 1981).
Otro acercamiento sobre la idea de un cuerpo que se forma o se construye en territorios
autoficcionales lo brinda Mauricio Tossi (2017). Defiende, por un lado, la relación del cuerpo y la
puesta en escena y, por otro, el cuerpo del actor como parte de una dramaturgia del actor. Así, en ambas
posturas el cuerpo resulta ser la materia prima para la representación. Esto se debe a que el cuerpo del
intérprete es un espacio en el que se exponen signos y se crean significados como un laboratorio de
experimentación y exposición. Ya que el cuerpo en el espacio escénico, también en el ámbito social,
expone “su contingencia social y sus mecanismos de significación” (Tossi, 2017, p. 61).
Lo anterior corresponde al primer aspecto que Tossi enfatiza en su análisis del cuerpo en
relación con la escena, el cual empieza a separarse del texto dramático para convertirse en materialidad
estética. En otras palabras, ocurre un brinco estético que trasciende el cuerpo para crear un cuerpo
poético. “Aquí, el cuerpo del actor no es un instrumento de comunicación de signos textuales: por el
contrario, es el puntapié inicial de un trayecto estético y técnico que promociona una mente corporizada
o embodiment” (Tossi, 2017, p. 63).
Este acercamiento me permite conceptualizar “la gestación de un cuerpo singular” (Tossi,
2017, p. 62). La materialidad corporal surge para dar lugar a un cuerpo fenomenológico. Un cuerpo
lleno de significados. Sin embargo, ¿es posible proponer un cuerpo que se construye cuando no se
encuentra en un espacio? Mis interrogantes surgen al haber observado a artistas como Arca que, desde
la cultura pop latinoamericana, expone sobre un cuerpo en constante performatividad en la identidad
social de la artista como en su referencialidad en videoclips. Es más sencillo y claro presenciar un
cuerpo transformado en Arca. A diferencia de ello, la escritura dramática pareciese que carece de
ese aspecto y debe salvaguardarse únicamente en el proceso de creación de significados y símbolos
narrativos que la autora construya y el lector genere. En el caso autoficcional y, eventualmente como se
observará en Talaré…, el cuerpo poético del artista va tomando forma.
El análisis que María José Sánchez Montes (2004) realiza con base en los pensamientos sobre
la escena de Adolphe Appia me parecen relevantes para esta investigación porque fundamentan una
condición para la corporalidad. El cuerpo es un punto unificador entre tiempo y espacio. “Cuerpo como
elemento reconciliador de tiempo y espacio, es decir, denominador común de ambos o única instancia
capaz de poner en relación todas las artes, tanto las denominadas ‘artes del tiempo’ como las ‘artes del
espacio”’ (p. 70).
Una característica de este elemento unificador es la latencia. Es decir, que deberá palpitar
durante la obra de arte y mientras se encuentre en el espacio. De esta forma, la obra de arte es “gobernada
por un principio vivo o viviente” (Sánchez Montes, 2004, p. 71). Así, es posible afirmar que lo que
sucede en la obra de arte contiene cierta verdad porque recibe la ayuda de la materialidad que no solo
es técnica y estética, sino que también es viva. Solo lo que puede mantenerse con vida contiene cuerpo,
incluso las ideas.
Desde la mirada sociológica se pueden tomar como referencias las premisas sobre la construcción identitaria que funciona a
través de auditorios de Erving Goffman (1981).
4

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�Artículo de investigación

Sánchez Montes (2004) destaca un ejemplo de Appia sobre la música como medio para afectar
la materialidad y hacerla viva. “La palabra que se expresa en tiempo, es portadora de pensamiento,
mientras que la música que lo es … de sentimientos, consigue dejar a un lado el ejercicio de la razón”
(p.75).
Según las contemplaciones de Appia, un cuerpo se construye y se desenvuelve a partir de
un medio de afectación. Appia propone que, en primer lugar, debe existir un ente viviente al cual se
haga referencia (Sánchez Montes, 2004, p. 78) que, en este caso, es el cuerpo. En segundo lugar, solo
por la mediación del cuerpo puede el espacio viviente convertirse en resonador (Sánchez Montes,
2004. p.82). Entonces, el carácter vivo acontece al combinar tiempo y espacio, por lo que una primera
afirmación es que la escritura en un formato íntimo posee una temporalidad al rememorar los sucesos
del pasado como una narración (tiempo) en la memoria (espacio). Lo que hacemos nosotros es leer la
sintaxis de un cuerpo que ya ha sido plasmado en la memoria.
De esta manera, a lo que me refiero con cuerpo poético en adelante, es un cuerpo que ha sido
afectado de manera narrativa por el sacrificio y el tormento de hacer pasar al personaje autoficcional
por acontecimientos históricos que agobien la identidad referencial del autor y su personaje.
4. El sacrificio en Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra
Me parece, entonces, relevante y justificado abordar estos conceptos antes expuestos dentro
de la obra de Velasco, porque considero que pueden aparecer de manera orgánica o que haya que
enfrentarse a descifrar algunos elementos que, no obstante, se encuentran ahí.
Las obras de Velasco han sido estudiadas desde diferentes perspectivas, como la de la presencia
animal, la ecológica, el sentido de violencia, la memoria y la autoficción. Si bien el análisis de Talaré
a los hombres de la faz de la tierra no es extenso, existen autores que se han dedicado a examinarla.
Markel Hernández Pérez (2024) describe un análisis autoficcional desde los elementos estéticos de la
obra. Además, plantea la idea de un cuerpo poético estético que delimita la presencia performativa de
este y se potencia a través de la danza y el gesto físico.
Vale la pena, además, considerar a la obra autoficcional al incluir a Velasco como autora de
autoficciones en general. La categorización puede venir desde elementos como que la historia personal
se mostrase a través de la narración (García Barrientos 2014; De la Torre-Espinosa, 2024, p. 103), lo
cual en Talaré… sucede al presenciar el crecimiento del personaje principal, cuyo nombre es también
el de la autora.
De la Torre-Espinoza (2024) asegura que, para comprobar que la obra de Velasco es
autoficcional, es necesario identificar la presencia de una autoconstrucción poética de la experiencia
personal. “La dramaturgia actual femenina tiene un papel relevante ... La autoficción es un recurso
literario que se visibiliza en ciertas obras con autoría femenina ... en María Velasco, en particular, se
observa una aplicación rica de esta estrategia.” (Pérez Cabrera, 2022, p. 52). Del mismo modo, el uso
de la “posmemoria” es un elemento que describe la relación de una generación posterior a la que sufrió
el trauma, que se asocia a la acción de recordar (De la Torre-Espinoza, 2024, p. 104).

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�Artículo de investigación

Para Alayón Galindo (2022), grosso modo, la deducción autoficcional en el drama se basa en
aspectos como la aproximación a la primera persona, la característica ficcional en donde el autor está
presente y el yo que toma la escena y se despliega dentro de códigos poco realistas e inverosímiles
(p.148), generando una confusión entre realidad y ficción. “Se codean, al mismo nivel, con los
personajes reales y los de ficción. ¿Quién es quién? A decir verdad, no existe tanta diferencia entre
unos y otros” (Velasco, 2020, p. 11).
En conversaciones con la autora en propias investigaciones anteriores, el diálogo sobre el
carácter autoficcional de la obra está presente:
MV: Pues mira, realmente siempre voy a hablar en primera persona porque no creo que en la
escritura y tampoco la creación haya fórmulas universales que sean eficaces para todos, pero de alguna
manera, en mi escritura, siempre, lo autoficcional siempre ha sido importante. Siempre he partido
de vivencias propias, creo que no solo para generar un discurso a partir de ella sino también para
generar un discurso hacia el futuro. De alguna manera poner estas vivencias en tela de juicio, ver lo
que habían supuesto con carácter retrospectivo, pero también decir cómo yo me recreaba, o me auto
creaba, o me proyectaba hacia el futuro. Qué discurso podía generar a partir de esto. Y obviamente,
también yo siempre digo que cuando uno hace ese proceso de anamnesis, de recuerdo, está haciendo
una anamnesis no solo de una historia personal sino de la historia colectiva, porque siempre hay una
relación, yo diría, íntima, una relación entrañable con el de afuera. Entonces, yo también confío mucho
en que la sensibilidad va de lo personal a lo colectivo y que cuando yo estoy hablando de una serie de
vivencias, que presupongo compartidas, al menos con muchas personas de mi generación, con muchas
personas que han compartido un contexto geocultural, pues creo que estoy apelando a esa sensibilidad
de lo colectivo y generando ese discurso para el futuro no solo propio, sino también de una generación
(Carbajal Silva, 2021, p. 172).
Es desde aquí que me aferro a una mirada que propone una escritura constructora de un cuerpo
poético en la actividad autoficcional a partir de la obra de María Velasco, Talaré a los hombres de
sobre la faz de la tierra. Creo que es posible observar la presencia de una identidad memorial y textual
traducida en un cuerpo poético que se mantiene por la posmemoria, la multiplicidad y la latencia,
surgidas todas estas características desde el paso por el tormento.
Encuentro que en la naturaleza autoficcional el sacrificio metafórico del que tratan algunos
autores genera un símil con la afectación de un cuerpo en escena o un cuerpo que se afecta en la
producción artística donde el lector de autoficciones convive con esta producción. De esta manera,
la afectación cumpliría el rol técnico del concepto metafórico del sacrificio en las escrituras del yo.
En estos términos, sacrificio y afectación del cuerpo están en el mismo nivel de aparición.
En Talaré… la afectación-sacrificio se presenta en formas en la historia que ayudan a la protagonista
a construir una concepción de su propia identidad. El lector/espectador observa en el texto el
enfrentamiento constante con la contextualización e idiosincrasia de una cultura española que ha
heredado conductas del pasado.

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�Artículo de investigación

Conectar con la naturaleza
En Talaré… la autora comienza la autoficción contextualizándonos en un asado familiar donde
observamos a una niña bajo un árbol. La afectación-sacrificio acontece desde el inicio de la narración,
en el cual la protagonista, en su etapa infantil —que no dejará hasta que se haya reconocido como un
ser diferente a los seres arquetípicos de la sociedad que habita — es despojada por todo aquello que la
caracteriza por su feminidad:
El padre concentrado /en su tosca tarea. / La niña inmóvil, /
con la mirada gacha, / deja uno de los pocos atributos/
de su feminidad en la corteza. / Ahora parece una pelona, /
una de esas mujeres/humilladas con el rapado/
en la España de Franco/ o en la Segunda Gran Guerra. /
Es entonces cuando el árbol la consuela. /
(Velasco, 2020, p. 501)
La autora parece ser consciente del tormento desde y de las nociones de aventura al enfrentar
a la protagonista con la naturaleza. Para Murdock (2014) es primordial que el viaje heroico femenino
incentive una búsqueda por reconectar con la naturaleza al hacerse ella presente de forma involuntaria.
Dentro del viaje emprendido por la protagonista, sus preocupaciones acogen los
acontecimientos que suceden en el Amazonas. Estas preocupaciones resultan comparar lo que una
España de Franco ejecutó sobre el cuerpo de las identidades femeninas con el extractivismo ocasionado
por la colonización sobre las culturas y territorios del sur.
La naturaleza, en este caso representada por el árbol, es un personaje que aparece y desaparece
en momentos cumbre de la construcción identitaria de la protagonista. Por ello, observarlo como un
consejero colabora a la idea de la construcción de una identidad heroica conformada a través del viaje.
El árbol aparece luego de la sustentación de la tesis doctoral de la protagonista para reconstruir un
cuerpo que, como lectores/espectadores de autoficciones, se desarmó y alejó hacia un camino que no
le correspondía a esa identidad:
Tú también tienes una enorme capacidad de autorregeneración: ¡arriba las hojas! No es un
orgullo morir de pie. … HAS CRECIDO COMO SER HUMANO. CRECE AHORA COMO
ALGO QUE NO CONOCES (Velasco, 2020, pp. 566 y 567).
Prostitución
En este viaje, la protagonista se somete a la prostitución desde la idea del deber. Esta acción
en la historia conforma un espacio para que ella coloque su cuerpo frente a otro:
Te fijas en otros anuncios para escribir el tuyo. A partir de los
treinta, el mercado se enrarece. La gente pide menstruación, vello

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�Artículo de investigación

facial, embarazo avanzado... Así que decides cambiarte el nombre
y quitarte años. ¿Qué edad aparentas? ¿Qué edad aparentas
cuando estás seria?, ¿y cuando te ríes? ¿Qué edad puedes llegar
a aparentar? ¿Qué edad mental estás dispuesta a fingir?
(Velasco, 2020, p. 532).
Colocarse en un escaparate para la venta del cuerpo acontece por una respuesta a un deber. En
parte, el llamado a comenzar una aventura es un deber cuyo objetivo consiste en encontrar respuestas a
interrogantes. En este caso, pertenecer a una sociedad responsable de abusar del cuerpo femenino implica
para la protagonista vivir la experiencia como un devenir histórico dentro de su construcción identitaria:
Entonces, lo que intento mostrar con el personaje es que esto está en su tradición familiar.
Pareciera que pudiera estar superado en su generación. No es así, porque está esa casuística también en
su pareja. Parecería que alguien hoy ha tenido la suficiente educación sexual o ya está en un marco de
libertad sexual para no necesitar esos roles de poder, mentira. Aparece también como detonante para lo
que ella va a ser esa anécdota de la pareja y, luego, para mí la frase que ella dice que recuerdo: “si yo
quería probar esta vivencia que han hecho siete de cada diez españoles”, la cifra es dura, es heavy, no
podía hacerlo como sujeto, tenía que hacerlo como subalterno. Supone estar del lado del estigma, supone
un devenir menor, supone de tener que hacerlo del lado del frágil, del lado del débil, fragilizarse (Carbajal
Silva, 2021, p.180).
Este sometimiento permite a la autora proponer que la protagonista está enfrentada a una
metamorfosis. La búsqueda de identificarse con algo para poder ser amada construye un cuerpo que, de
forma narrativa, la palabra lo describe. En esta historia no existe cuerpo femenino en tanto no se encuentre
expuesto, vendido o mutilado.
Buscar un dios
Velasco es consciente, como autora, de cómo el proceso de reconocimiento y la búsqueda de
respuestas en la autoficción llegan desde el tormento. La cultura judeocristiana nos solicita constantemente
despojarnos de aquello considerado valioso o realizar rituales de sacrificio; y si en un principio la tradición
pedía el sacrificio de un ser vivo, en la época contemporánea pide el sacrificio del bienestar, solicitando
la penitencia constante del más débil. Las figuras santificadas llegan al estatus de adoración, porque han
pasado por la penitencia y el despojo.
El deber constante del sacrificio es colocarnos en situaciones marginalizadas. Sin embargo, hasta
qué punto de marginalización debemos llegar quienes ya lo estamos. Es interesante lo que hace Velasco
porque podría decirse que habla por aquellas personas sin voz. Coloca la prostitución del cuerpo en un
nivel parecido a la prostitución del conocimiento. Cuerpo y mente son objetivados ante dos sistemas
patriarcales (burdel – academia) y coloca a las mujeres en un mismo nivel en todo sentido.
La razón por la cual muchas no nos colocamos en las posiciones de subalternidad es porque el
peligro de aproximarnos a ello puede costarnos la vida. En la realidad, ¿cuántas deben acercarse al límite
de la muerte? Entonces, para encontrar respuestas solo nos arriesgamos a entregar nuestros conocimientos

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�Artículo de investigación

a la calificación5. Podríamos, sin embargo, pensar que otra forma de sacrificio y exposición del cuerpo
se encuentran en las redes sociales y las aplicaciones de citas. Ahí, las normas para los grupos femeninos
son diferentes a lo esperado en los masculinos. En la virtualidad seguimos siendo objeto de consumo.
Este, de todas formas, es un análisis diferente.
El deber religioso aparece como una representación de castigo en escenas como:
LA NIÑA VUELVE A CASA DESPUÉS DE UN TIEMPO Y HABLA CON SU MADRE DE
DIOS, JIMÉNEZ LOSANO Y UN BOABAB Y LA NIÑA VISITA AL TÍO MATERNO Y
CREE RECONOCER EN SUS ÚLTIMAS PALABRAS EL NICKNAME O ALIAS QUE SE
UTILIZABA CUANDO SE PROSTITUÍA (Velasco, 2020, 517 y 551).
Aparece la observación panóptica de la cual las figuras femeninas suelen esconderse en la
historia. Las mujeres en esta historia esconden la palabra, el racionamiento y entregan el vientre para
poder ser cuidadas dentro de la estructura en donde viven. Toda una sociedad completa las observa.
El segundo y el tercer suceso son enfrentamientos con la condición de una cultura en la cual
se le ha colocado a Velasco y ella ha enfrentado a la protagonista. El sentido de enfrentamiento también
afecta el cuerpo textual que Velasco tiene sobre el cuerpo que habita en la cultura en donde se encuentra.
Convertirse en animal
La obra muestra dos maneras mediante las cuales la protagonista se convierte en chivo
expiatorio o animal de caza de una historia crítica de una sociedad permeada por la religión, la doble
moral y el abuso. Por un lado, en el encuentro con el tío paterno, la autora coloca un pie de página al
final de la escena:
Almizcle
(…)
Sustancia grasa, untuosa, de olor, intenso que algunos mamíferos segregan en glándulas
situadas en el perineo o cerca del ano. Por su untuosidad y aroma, es la base de cosméticos de
perfumería.
(Velasco, 2020, p. 544)
El sistema de consumo al que se ha vendido la convierte en un animal sexualizado en mundos
donde el cuerpo y el conocimiento de ciertas identidades solamente son reconocidos para satisfacer
el deseo patriarcal. El olor emitido por el animal es un elemento erótico. Por otro lado, la autora nos
confiesa el momento de su muerte al presentarse en su tesis doctoral y decir: “me llamo María, me van
a matar” (Velasco, 2020, p. 555).
Dos ejemplos de ello, uno de movilización y otro de afectación del cuerpo se encuentran en la poeta peruana María Emilia
Cornejo, quien dejó de lado el estatus social y se mudó a Caja de Agua en San Juan de Lurigancho. Esta actitud frente a una
sociedad conservadora y clasista significa subalternar la posición social y dirigirse al espacio que habita aquel otro que no tiene
nombre. Por otro lado, la cantante venezolana trans Arca confecciona su cuerpo constantemente en sus videoclips y en la realidad
(como la remoción de la manzana de Adán). Desde mi perspectiva lo que la cantante hace con su cuerpo responde al instinto de
sacrificio subalterno del estatus: una persona que nace hombre y modifica su cuerpo para no serlo más.
5

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�Artículo de investigación

Protagonista y autora demuestran su identidad
Desde mi perspectiva, el momento de la manifestación de la tesis es uno de los puntos clave
en el que el convivio de esta autoficción se hace evidente, porque el estilo narrativo del texto dramático
permite a la niña de la historia hablar a dos públicos diferentes: al jurado de la tesis y al lector/espectador.
Este es el momento en donde los sacrificios físicos llevados a cabo por la protagonista durante
la historia toman un cuerpo dentro del nombre de la autora que la presidenta de la mesa nos delata:
PRESIDENTA. - Buenas tardes, vamos a proceder a la defensa de la tesis doctoral presentada
por María Velasco y dirigida por el doctor /” (Velasco, 2020, p. 555).
Conclusiones
Tratando de regresar al objetivo de esta investigación y responder a la pregunta principal, en
la obra de Velasco la autora entrega al lector y espectador un personaje enfrentado a una afectaciónsacrificio del cuerpo en la historia, en este caso metafórica, para sacrificar la cordura y el bienestar. Esto
produce un cuerpo/identidad poética textual como resultado de la aventura emprendida: construirse
como mujer en una España postdictadura y reforzada con la acción autoficcional, la cual es mostrarnos
a la autora y protagonista manteniendo la misma identidad.
El texto representa la naturaleza autoficcional al colocar a la autora como personaje principal
que descubrimos en la sustentación de la tesis doctoral. La prostitución sirve como la situación
inverosímil donde Velasco se fragiliza frente a su jurado de sustentación de tesis, sus clientes. Todo ello
permite repensar la autoficción y las escrituras del yo como un espacio de búsqueda de construcciones
identitarias. Así, también permite repensar la colectividad, la posición desde la cual se enuncian los
hechos y tomar la técnica narrativa como una manera de denuncia.
Así, los significados también construyen un cuerpo. En tanto la escritura hable de un cuerpo
que tiene una acción que la afecte o la represente, hay vida y cuerpo poético. En Talaré a los hombres…
el cuerpo hace una autorreferencia, por eso existe de manera escrita y representada.
Las pistas que Velasco muestra como métodos de sacrificio se sostienen a través de una latencia
de la memoria colectiva cargada de sus antepasados en una España que aún sostiene las represalias de
una dictadura franquista. La posmemoria lleva a una memoria latente que induce a la protagonista a
fragilizar su cuerpo y afectarlo a través de la prostitución. La construcción identitaria, entonces, se
nutre del sacrificio hecho por los individuos en diferentes situaciones de representación.
El cuerpo poético, en este caso, se crea desde un convivio entre autor, protagonista, lector/
espectador. Quienes nos acercamos a esta autoficción somos testigos de un viaje en el que la autora
empieza una construcción identitaria metafórica desde cero y construye un personaje basado en su
referencialidad. Luego, nos sorprende con un estilo intrigante cuya forma narrativa expone una pre
representación escénica. Aquí, el cuerpo se reconstruye frente a nosotros.
A partir de esta investigación surgen interrogantes en relación con la poética femenina
en diferentes ámbitos narrativos y a la poética de otros tipos de disidencias que impulsan a seguir
investigando en el desenvolvimiento de estas y en cómo se desenvuelven en sus contextos sociales
no solo observado en la literatura o la dramaturgia, sino también en sus representaciones escénicas,
plásticas, entre otras.

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�Artículo de investigación

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�Artículo de reflexión

Esta obra quedará registrada bajo la licencia de Creative Commons (CC BY 4.0) Internacional

RECIBIDO: 29 de octubre de 2025
ACEPTADO: 08 de enero de 2026
DOI: https://doi.org/10.29105/de.v3i4.30

El bailarín clásico y sus esferas
corporales hacia un cuerpo
sistémico

The Classical Dancer and His Bodily Spheres
towards a Systemic Body
Jessica Patricia Aguillón Núñez1
Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH) / Chihuahua, México
Contacto: jaguillon@uach.mx
ORCID: https://orcid.org/0009-0008-0019-9095
Arturo Rico Bovio2
Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH) / Chihuahua, México
Contacto: aricobovio@hotmail.com
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6840-9625

Jessica Patricia Aguillón Núñez1
Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH) / Chihuahua, México
Contacto: jaguillon@uach.mx
ORCID: https://orcid.org/0009-0008-0019-9095
Arturo Rico Bovio2
Docente e investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma de Chihuahua. Actualmente cursa el Doctorado en
Educación, Artes y Humanidades en la Facultad de Filosofía y Letras. Bailarina profesional de Ballet Clásico, maestra, coreógrafa y creadora escénica.
2
Académico Emérito Investigador de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Expositor
frecuente de cursos, ponente y conferencista en eventos y congresos filosóficos nacionales e internacionales. Es miembro del
Sistema Nacional de Investigadores nivel II.
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�Artículo de reflexión

El bailarín clásico y sus esferas corporales
hacia un cuerpo sistémico
The Classical Dancer and His Bodily Spheres towards
a Systemic Body

Resumen
Partimos de los siete enfoques con las que trabaja el bailarín de ballet clásico, que se les denominará
para este ensayo esferas corporales: el alma, las emociones y sensaciones, el espíritu y creencias, el
intelecto, el cuerpo disciplinado por el ballet clásico, el cuerpo formado por la sociedad moderna y
el cuerpo físico. Algunas están más desarrolladas que otras. El cuerpo formado por la técnica de ballet
influye en las demás áreas de la vida. En esta investigación se apuesta por la armonía del cuerpo del
bailarín, a fin de impulsar la creación artística desde una perspectiva integral y consciente y desarrollar
un concepto del cuerpo sistémico para la bailarina de ballet clásico. Para alcanzar esta consciencia
corporal, se propone buscar una estrategia para comprender el cuerpo desde el mismo cuerpo. Pensar
la danza, interiorizarla desde un pensamiento analítico, sentir y estar consciente de cómo el ballet vive
en el cuerpo del bailarín. Con todo y sus reglas, leyes y teoría, desarrollar una poética del ballet para
evitar la fragmentación del cuerpo; se trata de fomentar un cuerpo dancístico integral y hacer frente a
las violencias cometidas sobre el cuerpo del bailarín, tanto teóricas como prácticas.
Palabras clave: ballet clásico, cuerpo integral, violencia del cuerpo, filosofía del cuerpo, consciencia corporal.
Abstract
This study is based on seven approaches with which classical ballet dancers engage, referred to in
this essay as corporal spheres: the soul; emotions and sensations; spirit and beliefs; intellect; the body
disciplined by classical ballet technique; the body shaped by modern society; and the physical body.
These spheres are not equally developed, and the body shaped by ballet technique significantly influences the other areas of the dancer’s life. This research emphasizes the harmony of the dancer’s body in
order to foster artistic creation from a holistic and conscious perspective and to develop a concept of
the systemic body for the classical ballet dancer. To achieve this body awareness, the study proposes
a strategy for understanding the body through embodied experience itself. This involves reflecting on
dance, internalizing it through analytical thought, and cultivating awareness of how ballet inhabits the
dancer’s body. Considering its rules, principles, and theoretical foundations, this research advocates
for the development of a poetics of ballet that prevents bodily fragmentation. The aim is to promote
an integral dancing body and to address the forms of violence inflicted upon the dancer’s body, both in
theory and in practice.
Keywords: Classical Ballet, integral body, corporeal violence, philosophy of the body, body awareness.

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�Artículo de reflexión

Introducción: La situación del ballet clásico en México
El objetivo principal de esta investigación es desarrollar un concepto del cuerpo sistémico
para aportarlo a la enseñanza del ballet, con la intención de potencializar a la persona de la bailarina o
bailarín de ballet clásico. Con esta base se confrontan las violencias heredadas en las prácticas tradicionales, aplicadas en la enseñanza de la danza y en el ámbito escénico. En esta investigación se tomarán
en cuenta los géneros de bailarina y bailarín para su inclusión.
En la parte de la introducción se analizará la situación de violencia corporal que diversas
generaciones de estudiantes de ballet clásico han experimentado. Así mismo, se hará un breve desarrollo del contexto del ballet en nuestro país y se abordará la filosofía del cuerpo, lo cual nos ayudará
a unir las diferentes esferas corporales en uno solo. En la segunda parte del texto llamada Una visión
sistémica de la bailarina de ballet clásico, se comentará la fragmentación del cuerpo en la bailarina
de ballet, condición que se busca desvanecer para propiciar un cuerpo habitado desde la conciencia.
Además, se presentarán las diferentes esferas propuestas en este estudio. Para finalizar, en el apartado
de conclusión, se hará un breve recorrido de lo expuesto y se aportará esta visión sistémica a la teoría
de la danza desde la filosofía para impulsar al ballet y los cuerpos que habitan en él. De este modo, las
esferas corporales podrán ser eje de investigación para la comunidad escénica en nuestro país.
En México, la danza se ha establecido como un pasatiempo para niños y jóvenes y, en un mínimo de casos, también como una formación profesional que desemboca en una forma de vida, la cual se
distingue por la disciplina y el esfuerzo que conlleva estudiar las artes en un país como el nuestro. En el
portal oficial del observatorio laboral del gobierno de México, las carreras de música y artes escénicas
tienen un total de 34,537 profesionistas en el país al primer trimestre del 2024 y su ingreso oscila entre
11 y 12 mil pesos mensuales (Observatorio Laboral Mexicano, s.f.). Este estudio une a dos carreras,
pero no especifica la cifra real de artes escénicas que, por lógica, recibe menos aspirantes que música.
Si dividimos a las artes escénicas en danza contemporánea, teatro y ballet clásico, la última tendría un
ingreso estudiantil mínimo dentro de las escuelas profesionales.
En la página oficial del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, INBAL (2025a), se
informó el número de aspirantes admitidos para el ciclo escolar 2025-2026 para la Escuela Nacional
de Danza Clásica y Contemporánea ubicada en la Ciudad de México, donde se observa la admisión
de un total de 48 estudiantes para el área correspondiente a Danza. Estas 48 personas han ingresado
en diferentes carreras y niveles: para el nivel inicial para la formación profesional de ballet, para la
Licenciatura en Danza Clásica con línea de trabajo de bailarín, para la Licenciatura en Danza Clásica
con línea de trabajo en docencia, para la Licenciatura en Danza Contemporánea y para la Licenciatura
en Coreografía.
Esta mínima cantidad de estudiantes es un reflejo del difícil proceso de audición para ingresar
en las carreras relacionadas con la danza clásica y contemporánea y del trabajo anterior que el aspirante debe haber realizado para audicionar en estas carreras. Sin embargo, es conocido que en el arte
danzario no se necesita cantidad sino la calidad de las personas y de su desempeño dancístico. Esta
comunidad estudiantil se esfuerza diariamente por alcanzar niveles artísticos de primera calidad, sin
olvidar que el ballet es una disciplina difícil, competitiva y de una entrega total.

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�Artículo de reflexión

En el noreste del país, en la Ciudad de Monterrey en el Estado de Nuevo León, se encuentra
otra escuela perteneciente al INBAL, la Escuela Superior de Danza y Música de Monterrey, donde al
igual que la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea ofrecen licenciaturas y formación
profesional de ballet clásico, contemporánea, folklórica y música. Un total de 88 aspirantes admitidos
en las diferentes carreras se distribuyen en las diversas Licenciaturas de Danza Clásica, Danza Contemporánea y Danza Folklórica (Instituto Nacional de Bellas Artes 2025b).
Se mencionan estas dos escuelas por su importancia a nivel nacional, aunque también dentro
de toda la República Mexicana existen diversos centros de formación en artes ofrecidos por parte del
gobierno o de manera privada. Las escuelas llamadas Centros de Educación Artística (CEDART) también pertenecientes al INBAL y ofrecen el acercamiento artístico desde el nivel de secundaria.
La carrera de ballet clásico en su ámbito profesional en México tendría cifras minúsculas si
las comparamos con las más populares como contabilidad o una ingeniería; sin embargo ¿qué ofrece
el ballet profesional a las y los jóvenes mexicanos en la actualidad? Los que ya están inmersos en este
ambiente entenderán, por el tiempo dedicado a este arte danzario, que no es fácil su estilo de vida y
tampoco su quehacer profesional, pero no es imposible. Existen varios casos de éxito en hombres
y mujeres mexicanos que resaltan en el ambiente de la danza clásica a nivel mundial, como Isaac
Hernández, bailarín principal del American Ballet Theater (s.f.) y Elisa Carrillo, primera bailarina del
Stuttgart Ballet (Cabello, 28 de febrero de 2025).
El ballet clásico en la actualidad está más cerca de la sociedad, rompiendo paradigmas sociales y culturales. En alguna clase de ballet se comentó: el ballet es para todos, pero no todos son para
el ballet. La carrera profesional se inicia alrededor de los nueve años y termina ocho años después; al
mismo tiempo se estudia la educación primaria, secundaria y el bachillerato. No solo la clase de técnica de ballet se estudia en la carrera de bailarín o bailarina profesional, también existen clases como
acondicionamiento físico, música, clase de puntas, clase de pas de deux, ballet folclórico y ensayos. Se
puede ver que desde la infancia se tiene una vida dedicada totalmente a la danza.
El estudiante de ballet clásico no puede solo, el apoyo de la familia es fundamental. El desarrollo de la persona en el mundo del ballet incluye con su disciplina a niños y jóvenes, una gran carga de
responsabilidad, compromiso y entrega con su propio cuerpo, con su alrededor y con la danza misma.
Se afirma que el ballet es para los atrevidos, fuertes y valientes. En el programa dedicado a la vida de
la bailarina y directora Amalia Hernández, en Clío Tv, comentó lo siguiente: “el arte es disciplina, una
disciplina rígida y les cuesta mucho trabajo” (Barrera Juárez, 2019, min. 35:25).
El estudio profesional del ballet clásico va más allá de un cuerpo físico que baila. En efecto,
el cuerpo físico entrenado nos acerca a la plenitud y belleza de la danza. Es una formación de muchos
años. En la Escuela Cubana de Ballet la carrera profesional tiene una duración de 8 años divididos en
dos etapas: la primera con una duración de 5 años, que es el nivel elemental, y la segunda, de nivel
medio de 3 años. En torno a esta última etapa se basará esta investigación. La primera es donde el niño
o la niña inicia con esta disciplina dancística, aprende la colocación del cuerpo para recibir la técnica
de ballet, conoce los pasos básicos y sus futuras complicaciones: hacer el paso a pie plano, pasarlo
a demi plié, después a relevé y finalmente en turn out. En la segunda, cuando el joven ya alcanzó un
cierto nivel de madurez dentro de la danza clásica, llega a pensar en su futuro profesional en ella. En

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este nivel se prepara para el salto de la vida estudiantil a la etapa profesional artística. Para una mayor
asimilación de la técnica, se recomienda que inicien sus estudios a temprana edad: la edad de 8 o 9 años
es ideal para iniciar la carrera profesional dentro del ballet clásico (González Hernández y Rodríguez
Ocampo, 2004, p.10).
Si bien el ballet que se realiza en México tiene una gran influencia de la Escuela Cubana de
Ballet por las escuelas y universidades que toman su método como programa académico, existe influencia y práctica de las escuelas rusa e inglesa por el acceso a cursos particulares, los cuales tienen
un gran peso e importancia en el estilo de vida de aquellas niñas, niños y jóvenes que hacen del ballet
clásico su vida entera.
Las características y elementos teóricos de la Escuela Cubana de Ballet están establecidos
desde sus inicios: “La formación de un bailarín clásico necesita de una compleja estructura de enseñanza, que integre los aspectos de la cultura general y teóricos…” (González Hernández y Rodríguez
Ocampo, 2004, p.18). El ballet en un ámbito profesional conlleva muchos sacrificios y esfuerzos, como
en otras carreras, solo que además del intelecto toda la corporalidad del individuo está comprometida,
por ello se debe atender a su cuidado y mantenimiento.
La seriedad que asumen las escuelas de ballet clásico profesionales para la formación de excelentes bailarines contempla un modelo ideal del cuerpo físico con el que pueden ingresar a la carrera de
ballet. Para el proceso de admisión al ciclo escolar 2019-2020 de la Escuela Nacional de Danza Clásica
y Contemporánea, la página de la Secretaría de Cultura publica un documento donde expone: “hay
muchos factores a tomar en cuenta en el perfil de un aspirante a bailarín o bailarina de danza clásica o
ballet” (Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, 2015, p.4). El objetivo de dicho documento es
orientar a aspirantes y sus familias en lo referente a la figura requerida para la formación profesional
como bailarín o bailarina de danza clásica en la mencionada escuela.
Algunas de las características del cuerpo de la bailarina exigidas por la Escuela Nacional de
Danza Clásica y Contemporánea (Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, 2015, p. 2) son las
siguientes: cabeza pequeña, busto pequeño, muslos delgados y en proporción con las pantorrillas, tobillos delgados, pies alargados y con arco pronunciado, columna recta y cintura delgada, piernas largas,
alineadas y con buen tono muscular, pero sin volumen entre otras. Las características del cuerpo del
bailarín que dicha Escuela pide son muy parecidas a la de la bailarina, pero con la fortaleza muscular
del hombre. Estas características proceden de la Escuela Cubana de Ballet.
Para corresponder al gran trabajo que tiene un artista profesional, a este cuerpo físico que se
ha descrito lo acompañan la fuerza, determinación y voluntad del bailarín. En su libro Cartas sobre la
danza y los ballets, el maestro y coreógrafo del siglo XVIII George Noverre afirma: “en este cuerpo
se expone toda la belleza mecánica de los movimientos armoniosos del cuerpo” (2004, p.158). Este
cuerpo ha sido el motivo del trabajo de importantes maestros y coreógrafos, como el mismo George
Noverre, Marius Petipa y Fernando Alonso.
Una visión sistémica de la bailarina de ballet clásico
Pero ¿de qué cuerpo hablamos?, ¿sufre algún tipo de violencia por practicar ballet clásico? En
el ambiente del ballet existen la conversación y el diálogo sobre el cuerpo físico, el cuerpo visible, el

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cuerpo que se observa y que el maestro, con su crítica, puede corregir o contribuir a perfeccionar los
movimientos estructurados de la técnica utilizada. Todo se centra en este cuerpo visible, en considerar
sólo su cara externa, como lo menciona Rico Bovio en su libro Las fronteras del cuerpo, crítica de la
corporeidad (1998). En este cuerpo visible se definen las líneas corporales, las cuales, gracias al entrenamiento y esfuerzo físico, son infinitas, volátiles y cruzan el salón de ballet o escenario para transformar el espacio e interconectar con otros cuerpos, sobre todo con los cuerpos simbólicos y espirituales
de los que asisten como público.
La otra cara de este mismo cuerpo es la cara invisible, la interna, donde se ubican las esferas
del alma, de las emociones y sensaciones, del espíritu y creencias, del intelecto, donde habita lo más
íntimo de nuestro ser: el pensamiento y la interacción de todas las esferas corporales visibles y no
visibles juega un lugar importante en la expresión dancística de la bailarina. Este movimiento de interacción entre varias esferas corporales es descrito por George Noverre (2004):
No ejecutamos pasos, simplemente estudiemos las pasiones. Al habituar nuestra alma a sentirlas, se desvanecerá la dificultad de expresarlas, y entonces la fisonomía recibirá de la agitación del corazón todas sus impresiones, se caracterizará de mil maneras distintas, transmitirá
energía a los movimientos exteriores y pintará con trazos de fuego el desorden de los sentidos
y el tumulto que reina en nuestro interior. (p.94)
Este cuerpo, integrado por las distintas esferas corporales, ha sufrido las violencias que se
generan con la formación profesional, las cuales aparecen desde diferentes fronteras. En la práctica
dancística, el abuso del cuerpo formado por el ballet —por parte del docente o encargado de la clase—
puede provocar lesiones físicas, pero también psicológicas. Ordán Bolívar, Águila Carrero y Colunga
Santos, en su artículo llamado Formación de competencias emocionales: Un reto para la educación
emocional en los estudiantes de ballet, comentan lo siguiente sobre el contexto formativo en la carrera
de arte danzario perfil Ballet en Cuba: “Sus alumnos poseen una técnica que se connota en los variados
escenarios nacionales e internacionales por los que transitan. Sin embargo, la educación emocional de
estos alumnos se ha quedado a la saga” (2015, p.4).
No solo el docente puede provocar violencias, el propio bailarín puede forzar su cuerpo al
límite para alcanzar niveles físicos y artísticos, los cuales llevados al extremo causan lesiones, depresión y falta de seguridad en sí mismo. Se pueden enfrentar estas situaciones si los integrantes de la
comunidad artística, incluyendo a familiares y público en general, al igual que los propios bailarines,
coreógrafos y maestros, apoyan y reconocen al cuerpo con todas sus diferentes esferas corporales. El
cuerpo sistémico del bailarín va más allá de un cuerpo físico que baila.
Juan David Nasio recuerda haber asistido con su amigo Serge Leclaire a una función de ballet,
La siesta del fauno. Su impresión de los cuerpos físicos de los bailarines refiere a esas líneas trazadas
por el cuerpo en movimiento con música de Debussy: “la pierna parecía trazar con la punta del pie una
escritura deslumbrante de levedad” (Nasio, 2022, p. 95). Desde la óptica, este arte escénico puede ser
un primer encuentro con el ballet y, a partir de él, dar la bienvenida a los demás sistemas sensoriales de
nuestro cuerpo con sus caras visible e invisible.

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Al encontrarnos con la posibilidad de conocer más allá de nuestra piel y su forma, hacia la
parte interior, nos acercamos al conocimiento de más cuerpos y de más esferas corporales, de las cuales
todos participamos: la parte espiritual e intelectual, la parte interna y la parte externa que da cabida al
cuerpo físico y al cuerpo social, con el cual nos comunicamos con los demás, sin olvidar ese cuerpo
danzario construido por la técnica del ballet clásico, inherente al cuerpo total del bailarín.
El estudio de la técnica en el ballet clásico es la columna de la formación como bailarina profesional. Sin embargo, queda una dimensión del cuerpo de la bailarina que casi no se refiere, sobre todo
en la etapa de formación profesional: la dimensión interior del cuerpo. Aquella está más interesada y
ocupada en la asimilación de la técnica, desarrollar una disciplina y la apropiación de un estilo clásico.
La consciencia completa del cuerpo queda pendiente.
Aunque la técnica del ballet clásico —en especial la Escuela Cubana de Ballet— ha alcanzado
niveles de calidad muy altos —por lo cual después de dos siglos se observa al ballet clásico como una
de las artes escénicas por excelencia—, hay un factor importante que cuestiona a este bello arte: la
mayoría del tiempo la atención se refiere a la asimilación de la técnica por el cuerpo físico del bailarín,
dejando en segundo término sus demás aspectos, como el espíritu, las emociones, sus pensamientos o
su cuidado personal y psíquico. El reconocido bailarín Isaac Hernández comenta en una entrevista que:
“hay días que con el simple hecho de terminar la clase de principio a fin o terminar la barra ya logré un
progreso importante, porque todo estaba en mi contra, mi cuerpo y mi mente” (Vogue México, 2024).
La fragmentación del cuerpo del bailarín lo aleja de un cuerpo sistémico, que beneficiaría a una vida
integral y en armonía.
Esta búsqueda de un cuerpo capaz de interrelacionarse con sus dos caras, de llevar la consciencia del cuerpo a diferentes esferas corporales, fomenta un interés estético de la danza que el maestro Noverre puntualizaba en sus expresiones pedagógicas: “Llevad hasta el entusiasmo el amor por
vuestro arte. No se obtiene éxito en las composiciones teatrales si el corazón no se agita, el alma no se
anima, las pasiones no gritan y el genio no alumbra todo” (Noverre, 2004, pág. 96).
El estudio de esta problemática conviene sobre todo a las futuras generaciones de estudiantes
de ballet clásico y con ellas a los maestros que llevan de la mano a jóvenes con grandes aptitudes para
una carrera profesional. La ayuda de la filosofía, en especial de la filosofía del cuerpo, construye una
forma de conocer y entender el cuerpo de manera integral, colocando a todas las esferas corporales al
unísono, dando un soporte más amplio al cuerpo físico, donde recae principalmente la técnica del ballet clásico. El ballet clásico es una disciplina que incluye al movimiento del cuerpo; si este cuerpo se
empieza a ver como un cuerpo formado integralmente, ayudará en gran medida a transformar las artes
escénicas y teatrales.
Aclaramos, antes de continuar con la filosofía del cuerpo aplicada al ballet clásico, que esta
reflexión no significa adoptar una postura contraria y negativa a la técnica de la danza clásica ni dejar
caer sobre ella los malos sabores que puede tener el ballet clásico. Esta investigación parte de quien es
el bailarín que, por su destreza, disciplina, trabajo, su cuerpo responde de manera orgánica y bondadosa
(resiliente) a tal grado que se convierte en un poseedor de saberes artísticos, kinestésicos, técnicos y
estéticos. Si se le sumara el enfoque de la filosofía del cuerpo a este gran trabajo del bailarín o bailarina, se podrían alcanzar niveles de conocimiento ontológicos, axiológicos, físicos y espirituales que
convergerían en la comprensión y superación de este cuerpo que hace ballet.

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�Artículo de reflexión

Las nombradas “esferas corporales” forman al cuerpo sistémico de la bailarina de ballet profesional: interiores y exteriores del cuerpo físico, único objeto de interés de la sociedad moderna, se
le incorpora al subjetivo que se construye por la disciplina del ballet; también a la personalidad que se
forma en este arte danzario. Esta investigación busca la construcción de un cuerpo sistémico para el
ballet clásico.
Las esferas corporales que se proponen para una corporalidad sistémica de la bailarina son
las siguientes:
Interiores del cuerpo
1) alma
2) emociones y sensaciones: cuerpo vivido
3) espíritu y creencias: cuerpo regulado
4) intelecto y pensamientos: cuerpo pensado
Exteriores del cuerpo
5) el cuerpo disciplinado por el ballet clásico
6) el cuerpo formado por la sociedad moderna
7) el cuerpo físico
Figura 1
Cuerpo sistémico de la bailarina de ballet.

Fuente: Elaboración de Jessica Patricia Aguillón Núñez

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En la figura 1. se observa las siete esferas corporales que se identifican en el cuerpo del bailarín de ballet clásico. Se pueden aplicar dichas esferas a otros sujetos y a otros campos. La esfera del
cuerpo de la que estamos hablando es la esfera del cuerpo disciplinado por el ballet clásico. En una exposición de índole deportiva, esta esfera se puede ampliar por la influencia corporal que tiene practicar
el futbol americano o soccer, las artes marciales, el atletismo o la gimnasia.
Una de las esferas corporales es el formado por la sociedad moderna. Este cuerpo venido de
una división cartesiana donde el cuerpo es marginado y la mente es la fuente de sabiduría y progreso.
David Le Breton, en su libro Antropología del cuerpo y modernidad (2021) comenta que:
El cuerpo, factor de individuación en el plano social y en el de las representaciones, está
disociado del sujeto y es percibido como uno de sus atributos. Las sociedades occidentales
hicieron del cuerpo una posesión más que un cepa de identidad. (p.23)
Las actuales fronteras de la danza y del ballet clásico en específico nos ubican en este cuerpo
moderno, momento histórico donde nace y se desarrolla el ballet clásico occidental. En esta etapa donde resplandece el ballet y sale de los espacios de la corte para trasladarse a la sociedad, al mismo tiempo
se aleja de las sociedades tradicionales, donde el cuerpo es parte de todo el cosmos. El aislamiento del
cuerpo en las prácticas occidentales, contrario a las culturas tradicionales, nos induce a que el hombre
está separado del cosmos; esta individuación marca las demás esferas de la bailarina y compromete
al cuerpo integral de la misma, siendo un entramado de diversas prácticas, usos y costumbres de este
cuerpo occidental separado de los otros. Una situación importante que recalca en esta esfera del cuerpo
occidental es que se contrapone con la esfera formada por el cuerpo disciplinado por el ballet clásico,
pues una de sus características es el trabajo en equipo en la clase, ensayos y funciones. Esta forma de
trabajo grupal es una característica estética de la danza, pero a la vez es una alianza con los cuerpos
de los demás. Es sentir al otro para bailar, para expresar al unísono.
En la carta IV de George Noverre indica que: “La ventaja que la pintura y la danza tienen
sobre las otras artes es la de pertenecer a todos los países y a todas las naciones; su lenguaje es universalmente comprendido y causa en todas partes la misma sensación” Noverre, 2004, p. 92). La unión
de las esferas corporales de la bailarina o bailarín apoya a una humanidad unida, haciendo frente a la
individualización de nuestra época.
Podemos llegar a cruzar con el pasaporte baletómano, dicho de la manera más coloquial, a
sacar al ballet de esa visión imaginaria y no tan imaginaria de los estándares de teatros, auditorios, música clásica, elegante, sofisticado, del: “no sé qué bailan, pero se ve bonito”, “¡que dolor tendrán en los
pies!”, “se me hace muy aburrido”, “¿por qué no mejor vamos al cine?” , para conocer otra propuesta,
como la de conocer un poco su historia, su paso por países donde no tiene origen, pero que la idiosincrasia particular de cada región lo ha sellado con los matices de cada ciudad o país.
Pensadores del siglo pasado han contribuido a esta propuesta, la cual busca un apoyo integral
a la corporalidad sistémica de la bailarina de ballet clásico. Merleau-Ponty propone que el cuerpo da
sentido a todas las cosas. Junto con Marcel y Sartre dio un nuevo enfoque a la corporeidad y abrió una
ventana para esta indagación desde la filosofía. “El cuerpo es el vehículo del ser-del-mundo, y poseer

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un cuerpo es para un viviente conectar con un medio definido, confundirse con ciertos proyectos y
comprometerse continuamente con ellos” (Merleau-Ponty, 1993, p. 100). Merleau-Ponty cuestionó
la percepción del cuerpo, del sentido, de la mirada y del mundo en el que se vive. También enfrentó
la distinción que la percepción hace entre lo espiritual y lo físico. En esta investigación se toma por
separado estas dos órbitas del cuerpo para su estudio específico, pero se apuesta por un cuerpo integral.
Desde esta nueva perspectiva, consideramos que se podrá ayudar a la Escuela Cubana de Ballet mediante la aplicación del conocimiento de un cuerpo sistémico a la enseñanza del ballet clásico en
edades infantiles y juveniles. Así daría un paso adelante el ballet clásico. Fortalecer las potencialidades
corporales de la bailarina deberá ser armónico en todos sus niveles: físicos, psicológicos, intelectuales,
artísticos y teóricos. Se podrá estudiar, analizar y comprender a diferentes tipos de cuerpos dentro de
una misma escuela y técnica dancística. Identificar cuáles son las necesidades biogénicas, sociogénicas
y noogénicas (Rico Bovio, 1998, p. 61), las cuales cubren las necesidades energéticas-orgánicas del
cuerpo, las segundas generan la vida social y las noogénicas cubren el crecimiento y la realización de
la persona.
Conclusión
En su tesis llamada Cuerpo y conciencia trascendental de E. Husserl, Ernestina Godoy menciona: “Edmund Husserl el fenomenólogo explícitamente plantea la distinción entre el cuerpo como
vivido o experienciado (Leib) [laip] o como físico u objetivo (Körper) [curpau]” (Godoy, 2016, p.
2). Induce a una división que ha dado como resultado a prácticas dolorosas e injustas para el Korper,
como lo llama Husserl. Este cuerpo que, si a ti te duele, a mí también; si a ella le lastima, a mí también;
porque somos un micelio que estamos interconectados en nuestras raíces, en nuestros pensamientos,
energías y sentimientos. Este micelio conectado desde nuestros ancestros, pasando por nosotros, fluirá
con nuestra descendencia. El cuerpo ha sufrido fragmentaciones que la historia se ha marcado por ella.
El cuerpo fue interpretado como parte de una dualidad por Platón y posteriormente por Descartes (Le
Bretón, 2021, p. 17). Hasta el siglo XXI, permanece aún esta afirmación.
Si sumáramos investigaciones humanistas y artísticas en pro del ballet clásico latinoamericano
y mexicano desde los centros e instituciones de enseñanza de ballet clásico profesional, se beneficiaría
la teoría de la danza. Este giro metodológico permitiría una actualización del quehacer del profesor de
ballet clásico, que es tan importante como la enseñanza a las nuevas generaciones de bailarines. Estas
actualizaciones identifican al maestro o maestra que va acorde a las necesidades de la corporalidad de
los estudiantes y dan a conocer herramientas para frenar las violencias que se pueden encontrar en este
ambiente dancístico.
Una herramienta importante para los maestros de artes escénicas en general es el acercamiento a una literatura actual del ballet clásico que subraya la aportación de este en la formación universitaria en las artes escénicas. Los resultados están garantizados si la aplicación de la técnica es correcta
por parte del docente.
Las anteriores reflexiones persiguen un impulso para sacar adelante al ballet y los cuerpos que
habitan en él: el bailarín o bailarina, el maestro, el coreógrafo, el cuerpo de baile, la danza misma y el

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público. Se busca construir una alianza con el arte danzario desde un cuerpo sano, íntegro y valorado
para encontrar lo que antes no existía en aquel cuerpo o espacio. Un diálogo interno con conocimiento
que se enlaza con las dos caras del cuerpo: interior y exterior, dando espacio al juego de la consciencia
para que viaje a todas nuestras esferas corporales. No estar ajenos a nuestro propio cuerpo es la meta
del bailarín y de la danza del siglo XXI, así como otorgar a este cuerpo integral un respeto por el quehacer artístico y físico propio de la danza y las artes.
Existe un gran abanico de enfoques que pueden abarcar la consciencia corporal del bailarín
de ballet clásico: uno de estos puede ser una poética de la danza que haga frente a la fragmentación del
cuerpo de la bailarina o bailarín, tomando en cuenta no solo el cuerpo físico y el cuerpo formado por
la técnica dancística, sino también de las otras esferas que se propone en esta investigación. Además
de ello, desarrollar e impulsar estéticas, géneros y prácticas dancísticas que fortalezcan a la danza, así
como hacer una búsqueda desde diferentes campos como la interpretación, investigación, creación y
pedagogías para hacer frente a las violencias cometidas sobre el cuerpo del bailarín.
El valor de nuestro cuerpo integral nos hará acercarnos a nosotros mismos, como cuerpos y
como un cuerpo integrado por todos. La danza nos ofrece este acercamiento con nuestra propia alma,
haciendo vibrar a otras desde nuestro movimiento y ritmo. Vivamos el arte del ballet clásico desde mi
cuerpo y desde el tuyo, así sabremos que vamos por buen rumbo.

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�Artículo de reflexión

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Esta obra quedará registrada bajo la licencia de Creative Commons (CC BY 4.0) Internacional

RECIBIDO: 29 de septiembre de 2025
ACEPTADO: 07 de enero de 2026
DOI: https://doi.org/10.29105/de.v3i4.28

Movimiento dancístico y su
influencia en la composición
musical para danza contemporánea
Dance Movement and Its Influence on Musical
Composition for Contemporary Dance
Arturo Charles Valdez1
Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) México
Contacto: contacto.arturocharles@gmail.com
ORCID: https://orcid.org/0009-0005-9171-5849
Jorge Rodrigo Sigal Sefchovich2
Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) / México
Contacto: rodrigo@cmmas.org
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6871-0127

Arturo Charles Valdez1
Jorge Rodrigo Sigal Sefchovich2
Vol. 3 Núm. 4 (2026): enero-junio-2026 | ISSN 3061-7545 | dialecticaescenica.uanl.

Compositor, investigador y artista transdisciplinario mexicano originario de Monterrey, Nuevo León, México. Su trabajo se
ha definido por la interdisciplina con danza contemporánea, la música interactiva minimalista y la exploración sonora en medios audiovisuales e instalaciones.
2
Compositor y gestor cultural, así como profesor titular de tiempo completo en la Escuela Nacional de Estudios Superiores,
Morelia, de la Universidad Nacional Autónoma de México, en donde es coordinador de la Licenciatura en Música y Tecnología
Artística.
1

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Movimiento dancístico y su
influencia en la composición
musical para danza contemporánea
Dance Movement and Its Influence on Musical
Composition for Contemporary Dance

Resumen
La relación entre la danza y la música tiene una historia extensa e importante. La evolución conjunta
e independiente a lo largo de los años, además de los desarrollos tecnológicos, han dotado de características y metodologías particulares a cada una de las disciplinas. El presente trabajo profundiza en los
elementos que emergen al momento de la colaboración entre música y danza contemporánea, partiendo
de los términos propuestos por Paul Hodgins (1991), ilustrado bajo una propuesta de categorización
de componentes o eventualidades que surgen a partir de los requerimientos de los creadores escénicos
y compositores, específicamente enfocándonos en los distintos tipos de movimientos dancísticos o
escénicos. Para este trabajo se realizó análisis de trabajos interdisciplinarios y transdisciplinarios que
involucran principalmente la composición musical contemporánea y la danza contemporánea, así como
la implementación de nuevas tecnologías en los procesos de creación de dichas obras; además se revisó
bibliografía de autores pioneros como R. Murray Schafer (1993) y Michel Chion (1994), entre otros,
así como de autoras y autores contemporáneos cuya especialidad radica en el estudio de esta interdisciplina como Katherine Teck (2011), Juliet McMains y Ben Thomas (2013), y Lucile Desblache (2019).
El objetivo de este trabajo es esclarecer las convergencias entre la composición coreográfica y la composición musical y el potencial creativo que tiene la implementación consciente de estas convergencias
en los procesos creativos de danza y música contemporánea.
Palabras clave: música, danza contemporánea, transdisciplina, interdisciplina, coreomusical.
Abstract
The relationship between dance and music has a long and significant history. Their parallel and independent evolution over time, along with technological developments, has endowed each discipline with
distinct characteristics and methodologies. This paper explores the elements that emerge from the collaboration between contemporary music and contemporary dance, drawing on the concepts proposed
by Paul Hodgins (1991) and presenting a framework for categorizing components or eventualities that
arise from the needs of choreographers and composers, with particular emphasis on different types of
dances or stage movement.
This study analyzes interdisciplinary and transdisciplinary works primarily involving contemporary
musical composition and contemporary dance, as well as the integration of new technologies within creative processes. Additionally, it reviews foundational literature by pioneering authors such as
R. Murray Schafer (1993) and Michel Chion (1994), alongside the work of contemporary scholars
specializing in this field of study, including Katherine Teck (2011), Juliet McMains and Ben Thomas
(2013), and Lucile Desblache (2019). The objective of this paper is to clarify the convergences between choreographic composition and musical composition and to highlight the creative potential of
consciously integrating these convergences within contemporary dance and music creative processes.
Keywords: Music, contemporary dance, transdisciplinary, interdisciplinary, choreomusicality.
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1. Introducción
La relación entre la música y la danza se ha mantenido en una constante transformación a lo
largo de la historia. Ambas disciplinas reflejan los cambios culturales, estéticos y tecnológicos de su
tiempo. Esta evolución permite redefinir el vínculo entre sonido y movimiento en un sentido discursivo-estético, dentro del ámbito escénico.
En la actualidad, la tecnología ofrece herramientas composicionales que abren nuevas perspectivas para la creación musical. Entre ellas se encuentran diversos softwares de creación y edición
sonora (Ableton, Reaper, Logic), sistemas de control y comunicación de datos como MIDI u OSC
(Max, TouchDesigner), entornos de programación o composición algorítmica (Max/MSP, SuperCollider), así como tecnologías de procesamiento y espacialización de sonido. Al integrar estas herramientas
con el análisis de los elementos escénicos de la danza, es posible profundizar en el entendimiento del
proceso creativo tanto de compositoras y compositores como de coreógrafas y coreógrafos, además de
fortalecer colaboraciones interdisciplinarias más sólidas entre música y danza contemporánea.
El reconocimiento de estas metodologías compositivas y su relación con el movimiento corporal, como eje central de esta interdisciplina, ofrece herramientas fundamentales para el análisis de
obras contemporáneas, así como para la interpretación o reinterpretación de obras preexistentes.
De igual manera, este trabajo contribuye al registro y la categorización de algunos procesos compositivos musicales dirigidos a la danza contemporánea.
La motivación para el desarrollo de esta propuesta surge de la experiencia personal en la composición de música electrónica para danza contemporánea de Arturo Charles Valdez, uno de los autores
de este artículo. En los inicios de su formación universitaria, mostró una inclinación por la exploración
musical basada en el movimiento, así como por sistemas multicanal, el movimiento acústico y su control mediante el cuerpo, es decir, cómo el sonido puede desplazarse a través de un arreglo de múltiples
bocinas o monitores dispuestos en un espacio determinado, a partir del movimiento corporal dancístico, o bien, del movimiento escénico de bailarines como fuente para trazar trayectorias sonoras. Con
el tiempo, aunado a la revisión de sus primeros proyectos académicos, pudo identificar una tendencia
constante hacia la integración del sonido con el movimiento como el eje central de su proceso creativo.
Esta revisión, extendida a proyectos más recientes, reafirmó un interés estético-narrativo en la relación
interdependiente entre la danza y la música.
Este escrito busca evidenciar, mediante ejemplos, análisis y estudios de caso, la convergencia
entre la composición coreográfica y la composición musical, especialmente en procesos orientados a la
creación de música para danza contemporánea. Se focaliza la atención en la influencia del movimiento
corporal —ya sea individual o grupal, espacial o sobre la kinesfera del intérprete— dentro del proceso
compositivo de dichas piezas musicales. Además, se realiza un cotejo entre distintas metodologías y
enfoques de análisis con el fin de comparar diversas formas de relación entre sonoridad y danza en la
creación de obras escénicas multidisciplinarias.
Ted Shawn (2011) menciona que “si un compositor realmente compone para la danza, debería estudiar con bailarines, vivir y trabajar con ellos, aprender los principios de la danza desde las
bases” (p. 37). Gertrude Lippincott (2011), estudiante y coreógrafa de danza, así como alumna de Louis

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Horst3, comparte que cuando el alumnado de Horst se volvía capaz de pensar de manera simultánea en
la estructura y en la coreografía, alcanzaba una verdadera libertad estética. Asimismo, Horst sostenía
que el cuerpo humano era un instrumento que debía aprender a controlarse (Lippincott, 2011, p. 56).
Sobre su aproximación a la composición, Wallingford Riegger (2011) señala: “entre más me involucraba, más me convencía de que la solución correcta yacía en considerar, tanto la música como la danza,
de igual importancia” (p. 59). De igual manera, respecto al juicio sobre una composición, Norman Lloyd (2011) sostiene que: “un score para danza no puede ser juzgado solamente en términos musicales.
Es necesario saber qué está ocurriendo en el escenario para poder juzgar la verdadera efectividad de la
música” (p.98).
Danza y música se presentan no como disciplinas paralelas distanciadas, sino como lenguajes
interdependientes cuya relación podría fortalecerse a partir de una comprensión mutua de principios
estructurales, expresivos, técnicos y tecnológicos. La incorporación de tecnologías contemporáneas,
aunada a metodologías compositivas basadas en el movimiento corporal, abre un campo fértil para
replantear procesos creativos, ampliar el espectro creativo y expandir las posibilidades estético-narrativas de la obra escénica. El análisis de estas prácticas permite no solo una lectura más detallada
de producciones actuales, sino también una paleta de herramientas para la creación, interpretación y
reinterpretación de obras multidisciplinarias, en las que sonido y movimiento sostienen un diálogo
bilateral orgánico. Este trabajo busca reconocer la equivalencia y el diálogo constante entre ambas
manifestaciones artísticas, así como sus convergencias, como eje fundamental de la creación escénica
contemporánea interdisciplinaria.
2. Materiales y metodología: elementos coreomusicales
El eje central de esta propuesta se basa en la sinergia entre la composición musical y coreográfica. La propuesta coreográfica no solo da forma al espacio escénico, sino que también influye directamente en la experiencia audiovisual y, por ende, en la interpretación del espectador. La interacción de
estos elementos conforma el fenómeno coreomusical en su totalidad.
En cuanto a la relación entre composición musical y composición coreográfica, el análisis
parte de los conceptos propuestos por Juliet McMains y Ben Thomas (2013), desarrollados en las secciones siguientes, así como de las posibles influencias del resultado sobre el movimiento dancístico de
sus intérpretes. Respecto al espacio escénico, se exploran las disposiciones más comunes en la danza
contemporánea —uno, dos, tres y cuatro frentes— y su potencial impacto en la experiencia audiovisual, en diálogo con el uso del espacio acústico a partir de los planteamientos de Michel Chion (1994)
sobre sus métodos de escucha, los cuales se adaptan, para fines de este trabajo, como “métodos de
visualización”. Este enfoque permite profundizar en las posibilidades interpretativas del espectador al
presenciar una obra coreográfica, así como en la relación entre el espacio escénico y el espacio acústico, entendido desde el trabajo de R. Murray Schafer (1993).

3

Pianista, compositor y acompañante principal de Martha Graham y su compañía.

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2.1 La transmutación de las disciplinas
Lucile Desblache (2019), pensadora y musicóloga francesa, en su libro Music and Translation: New Mediations in the Digital Age ahonda sobre los conflictos que enfrentan los artistas al intentar trasladar sus obras a otras disciplinas. Plantea que el problema principal radica más en una relación
de poder que en la fiabilidad de la traducción; es decir, “la mayor objeción ocurre por el pensamiento de
que una forma de arte es superior a otra” (p. 315). También afirma que “hoy en día, la cultura popular
está impulsada por eventos intersemióticos: las imágenes se usan para mediar la música y la música da
distintos matices al contenido visual” (p. 316). Coincidimos con esta idea, pues consideramos que la
interdisciplina permite concebir obras integrales y ricas en discurso artístico.
Si una obra artística consolidada en cierta disciplina migra a otra distinta y se separa de su
forma original, sufrirá cambios potenciales en su interpretación. El catalizador se transforma en el
momento de la reinterpretación y no vuelve a ser el mismo. Por ello, se prefiere el término transmutar
antes que traducir, al hablar de interdisciplina. En alquimia, la transmutación alude al cambio de un
elemento a otro mediante la alteración de los núcleos atómicos; por ejemplo, al retirar tres protones al
plomo, sería posible convertirlo en oro. Este procedimiento requiere una enorme cantidad de energía,
por lo que resulta muy costoso: el gasto energético supera cualquier ganancia potencial derivada del
oro producido.
Del mismo modo, la música debe perder —o ganar— propiedades para convertirse en otra
cosa, así, cambia de manera irreversible tanto la interpretación de la obra por parte del espectador,
como el discurso artístico. Toda obra cuenta con un vehículo material: el soporte físico a través del cual
la obra se hace perceptible. Este vehículo es el punto de encuentro entre la concepción del artista y la
existencia concreta de la obra.
Zanpronha (2005) sugiere que la materialidad y el contenido mantienen una relación muy
estrecha. El vehículo material y el contenido son tan próximos en la disciplina musical que el término
“significado” parece inadecuado para referirse a ambos. En cambio, “significación” aparece como una
alternativa para nombrar el proceso mediante el cual una secuencia de sonidos se convierte en algo
inteligible, sin referencia al lenguaje verbal (p. 7).
Al retirar el sonido del lenguaje musical, eliminamos material y nos vemos obligados a utilizar otros recursos interpretativos. Por ejemplo, al analizar partituras a simple vista, espectrogramas
o incluso código de programación, es posible tener una experiencia estética sin sonido, a través de
algunas de sus probables representaciones.
Una experiencia estética específica conlleva una interpretación igualmente específica. Como
sugiere Zanpronha, será necesario pensar menos en el “significado” de nuestro discurso artístico y más
en la significación que se produce a través del espectador y del medio por el cual se experimente la
obra.
El plano kinestésico también cumple un papel dentro de la práctica musical, en primer término, a nivel interpretativo. Se requiere movimiento corporal para tocar un instrumento y un dominio
minucioso del cuerpo para interpretar una pieza. Según Jorge Sad (2009) “El acto de producción de las
formas sonoras implica una gestualidad específica (inclusive en el caso de la música electroacústica en
el que el compositor acude a tecnologías que pueden prescindir de acciones corporales para generarlas)” (p. 16).

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En ese mismo texto, Sad profundiza en la importancia que adquirió el gesto físico del instrumentista como concepto teórico una vez que se popularizaron formatos de escucha que prescindían de
la experiencia en vivo. Propone que estos elementos permiten acceder a otra capa de materialidad en
la música, al recuperar la corporalidad y el contenido. Hoy es común escuchar música sin músicos presentes: la experiencia estética de la escucha musical ya no está condicionada a una sala de conciertos ni
al proceso de asistir a un recinto. Probablemente, cuando alguien escucha un fragmento de El Lago de
los Cisnes, no piense en cómo se mueven los músicos que lo interpretan ni en cómo esos movimientos
inciden en la interpretación musical.
Sería interesante conocer la experiencia estética del público si interviniéramos los papeles.
Si dejamos los movimientos que se producen al ejecutar un instrumento y eliminamos la capa sonora,
podemos llegar a un discurso totalmente diferente, uno que tal vez la gran mayoría ignora, una especie
de performance mudo cuyo contenido es la información musical, emocional e interpretativa expresada
únicamente a través del cuerpo del intérprete y sus movimientos.
A grandes rasgos, a la danza le compete de manera más fundamental lo visual/kinésico antes
que lo musical. También puede llevarse a otros planos, por ejemplo, al gráfico, mediante sistemas de
notación como el de Laban, u otros no estandarizados, o a formatos como la videodanza. La danza
puede prescindir de la música y, aun así, alterar su discurso o interpretación manteniendo coherencia
y lógica interpretativas.
La música y la danza mantienen una relación más inclinada a lo complementario que a lo
dependiente, pues el ejercicio entre ambas tiende a acentuar o atenuar dimensiones de una u otra.
Norman Lloyd (2011) habla del “espacio metafísico” del bailarín, un espacio en el que la música no
puede —o no debe — intervenir (p. 98). Louis Horst propone que la música cumple en la danza una
función semejante a la de un marco en una pintura: no es totalmente necesaria, pero ayuda de manera
muy significativa (Horst, 2011).
El plano kinésico juega un papel importante tanto en la música como en la danza; sin embargo, su relevancia se percibe de manera distinta, pues tiene un peso sustancialmente diferente para quienes hacen danza que para quienes hacemos música. Para los coreógrafos, es su lienzo en blanco donde
se plasmará el trabajo; para nosotros, en cambio, puede resultar irrelevante, con algunas excepciones,
por supuesto. Los coreógrafos consideran con mayor frecuencia el fenómeno coreomusical —término
acuñado por Paul Hodgins (1991)— al realizar una pieza de danza. Por otro lado, existen numerosos
ejemplos, como los de John Cage y Merce Cunningham, que evidencian el interés de mantener ambas
disciplinas, la danza y la música, separadas, dejando trabajar el alineamiento y la probabilidad (McMains y Thomas, 2013).
La consolidación de la traducción/transmutación de las disciplinas puede resumirse en la relación que conforman a través de los efectos coreomusicales. El ejercicio consciente de dichos efectos,
ya sea en una interpretación musical o dancística, puede entenderse como una transmutación entre ambas disciplinas: una conversación que acontece en tiempo real se configura, desconfigura, complementa, destroza, entiende y choca dando como resultado obras artísticas interdisciplinarias que enriquecen
activamente sus discursos en la ejecución.

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2.2 Movimiento y música
El método de análisis propuesto por McMains y Thomas parte de dos ejes principales: la amplificación y la aparición. Ambos ejes pueden mantener una relación intrínseca o extrínseca entre danza
y música, en lo que respecta a su discurso.
Cuando los cambios en velocidad, volumen o densidad musical generan un cambio directo
sobre la interpretación dancística, se dice que existe una relación intrínseca: si la música va más rápido,
el cuerpo de baile corre más rápido, la coreografía se acelera o el gesto se hace más grande (McMains
&amp; Thomas, 2013).
Cuando la música coincide con un gesto físico cargado de un símbolo que es identificable
para el público (puede tratarse de una danza tradicional, un tipo de caminata o incluso del número de
intérpretes en escena) y la suma de ambos elementos hace que la escena cobre un significado distinto,
se dice que existe una relación extrínseca. El ejemplo que ponen los autores es el siguiente: en una obra
de danza, comienza a sonar la marcha nupcial y una pareja camina lentamente a través del escenario,
el público da por entendido que presencia una boda, aunque los intérpretes no necesariamente utilicen
el vestuario tradicional de la ceremonia.
Se usa el concepto de amplificación para referirse a tres situaciones específicas: cuando la
música amplifica elementos de la danza, cuando la danza amplifica elementos de la música y cuando
ambas se amplifican mutuamente, sin que una asuma un papel protagónico sobre otra (McMains &amp;
Thomas, 2013).
a) Cuando la danza amplifica elementos discursivos o técnicos de la música
• Coincidencia aislada: momentos esporádicos en la coreografía en los que el movimiento
coincide con el sonido, casi mimetizándolo.
• Oposición aislada: a diferencia del caso anterior, se trata de momentos. esporádicos en los
que el movimiento se aleja de cualquier indicio musical.
• Reorquestación: momentos en los que el movimiento corporal resalta un instrumento o
una textura musical, de modo que el espectador preste atención a un elemento que, de otra
manera, podría pasar desapercibido.
b) Cuando la música amplifica elementos discursivos o técnicos de la danza
• Este escenario aparece principalmente en contextos de improvisación, donde el músico
intérprete observa a los bailarines y puede anticipar o acentuar movimientos con su instrumento musical, generando un acompañamiento o contrapunto.
c) Cuando la música y la danza se amplifican mutuamente
• Suele ocurrir, principalmente, en obras concebidas en conjunto entre compositores y coreógrafos: el discurso musical y el dancístico convergen y comunican en unidad al espectador.
Por último, respecto al concepto de aparición4, los autores proponen que no es necesario que
exista una relación directa de significado entre música y danza —es decir, una relación extrínseca—,
pues su interacción puede crear (hacer emerger) un nuevo significado sin la necesidad de contextualizar
al espectador. Para ello, los autores citan a Nicholas Cook, quien emplea este término para describir
relaciones discursivas en obras intermediales (McMains &amp; Thomas, 2013).
4

Emergence en el texto original.

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2.3 El espacio escénico y el espacio acústico
El espacio escénico es un elemento creativo que trasciende su función utilitaria como espacio
de interpretación o simplemente donde se lleva a cabo una obra. Constituye una capa más de potencial
narrativo tanto para coreógrafos como para compositores. En este espacio, los cuerpos interactúan
entre sí y con los espectadores; por ello, resulta fundamental, ya que suele ser el primer contacto del
público con la obra.
Pellettieri (1996) expone lo siguiente:
El espacio escénico y la escenografía constituyen esencialmente las coordenadas espaciotemporales del espectáculo. En la gran mayoría de los casos, esas coordenadas quedan establecidas desde el comienzo del espectáculo y ya no varían. Pero las coordenadas no siempre
son fijas. El espacio y la escenografía crean un ámbito en perpetua metamorfosis. No se trata
de cientismo escénico, tal como en general lo entendemos: un espacio contenedor invariable
y una escenografía que cambia de forma o de estructura ante la vista del espectador. Por el
contrario, se trata de crear un espacio y una escenografía que, de manera dinámica, vayan proponiendo diferentes coordenadas espaciotemporales. Y esa propuesta es tan regular y sigilosa
que, en general, el espectador no llega a darse cuenta de cómo las coordenadas se han ido
reemplazando unas a otras (p. 56).
El uso del espacio escénico en teatro y danza puede compararse, en términos generales, con
el uso del espacio acústico en la composición electroacústica. Conviene subrayarlo, ya que pueden
presentarse situaciones en las que la espacialización sonora sea considerada por alguno de los compositores con fines narrativos vinculados a la coreografía.
2.4 El espacio acústico
En The Tuning of the World (1993), R. Murray Schafer explica que el espacio acústico no es
simplemente un lugar donde ocurre el sonido, sino un campo de relaciones en el que interactúan las
fuentes sonoras, el oyente y el ambiente. Por su parte, Michel Chion, en Audio-vision (1994), propone
tres tipos de escucha. Cada uno de ellos ofrece metodologías para el análisis no solo sonoro, sino también coreográfico. En este sentido, tales tipos de escucha pueden extrapolarse y aplicarse al análisis de
obra dancística.
2.4.1 La escucha causal. En primer lugar, la escucha causal se limita a brindar al oyente
información sobre la causa que genera un sonido. Señala que es la escucha más extendida, es decir, la
que más se utiliza, aunque no por ello la más entrenada, pues también es la más susceptible de verse influida o engañada (p.28). Los ejemplos de la escucha causal son prácticamente infinitos; lo que varía en
cada caso es su complejidad textural o la cantidad de capas sonoras involucradas. Por ejemplo, reconocer la voz de algún amigo en una escucha individual es relativamente sencillo; en cambio, identificarla
dentro de un grupo de voces que suenan al unísono puede resultar complicado o incluso imposible. De
manera similar, así como podemos reconocer una voz, podemos reconocer una silueta o una forma de
caminar en casos de aislamiento u observación individual; en un tumulto de gente caminando en la
misma dirección, ese reconocimiento se vuelve mucho más difícil.

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Chion también alude a la historia causal del sonido: la posibilidad de reconocer una fuente
sonora a través de su evolución. Por ejemplo, si una tetera silba mientras el agua se calienta, podríamos
asumir que se trata de una tetera, sin embargo; no sabríamos su color, si está sobre una fogata o una estufa, o si lo que hierve es té, agua o alguna otra bebida, siempre que no estemos viendo la fuente sonora.
Extrapolar este ejemplo a la observación dancística resulta complejo, pues para construir una
historia causal habría que prescindir de la visualización del objeto en cuestión, y en danza se trata, precisamente, de observación. No obstante, podría pensarse en un caso de oscuridad total durante una obra
de danza: una compañía de veinte personas, en una fila a lo ancho del escenario, ejecuta un fuerte pisotón, uno tras otro, a un ritmo aproximado de 140 BPM, en el cual, a los oídos (y vista) del espectador,
no sea la compañía quien hace esto, sino una persona que pasa corriendo a toda prisa huyendo de algo.
Un ejemplo menos complicado sería que la compañía chasquee los dedos rápidamente sin sincronía,
generando la ilusión de que ha comenzado a llover.
En el mismo texto, Chion (1994) explica que, de manera más general, lo que el oyente llega
a reconocer es la naturaleza causante del sonido: algo mecánico, algo animal o algo humano (p. 29).
Ante la falta de certeza, estas categorías funcionan como indicios de la fuente sonora y brindan una
referencia sobre el posible emisor del sonido. A partir de ello, es posible aplicar algunos principios
a una “observación causal” del movimiento: sin música alguna podríamos decir que el movimiento
ejecutado por un bailarín podría ser mecánico —repetitivo, rígido y estructurado— u orgánico —con
gestos fluidos, libres y orgánicos —.
Dentro de esta comparativa, un ejemplo que llamó especialmente nuestra atención al momento de pensar en puntos de comparación de la escucha y la observación casual, es la falta de sonido contra la falta de movimiento. En la escucha causal, la ausencia de sonido supone una falta casi absoluta
de información, pues no existe referencia alguna sobre el fenómeno sonoro. Sin objetos sonoros no
podemos identificar fuentes, emisores, narrativas o discursos. En cambio, la ausencia de movimiento
en la danza puede operar como un recurso narrativo de gran peso, precisamente por el contraste con el
movimiento dancístico. Imaginemos una compañía de veinte personas caminando en círculos: aceleran
el paso y terminan corriendo a más no poder, como si huyeran de algo y, de repente, se detienen en
seco. En términos de la escucha causal, esto podría equivaler a percibir el crescendo de una masa sonora que evoluciona en texturas e intensidad y, de pronto, sin más, se va al silencio, sin golpe o remate,
simplemente silencio repentino.
En música, podría resultar decepcionante que, después de tal crecimiento, la masa sonora
llegue a un silencio sin más, pues la tensión desaparece junto con el sonido. Sin embargo, en danza
ocurre lo opuesto: si solo estamos viendo a esas personas correr cada vez más rápido y los vemos congelarse de repente, podemos interpretar distintas cosas: ¿Por qué se detuvieron? ¿Los atrapó eso que los
perseguía? ¿Se cansaron de huir? ¿Van a cambiar de dirección? Todas estas preguntas son potenciales
continuaciones narrativas.
2.4.2 La escucha semántica. La escucha semántica se orienta, primordialmente, a la escucha de un mensaje por interpretar: un lenguaje hablado o un código específico cargado de significado
explícito.

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Esta escucha, de funcionamiento extremadamente complejo, es la que constituye el objeto de
la investigación lingüística y ha sido la mejor estudiada. Se ha observado, en particular, que es
puramente diferencial. Un fonema no se escucha por su valor acústico absoluto, sino a través
de todo un sistema de oposiciones y diferencias (Chion, 1994, p. 28).
A diferencia de los idiomas, la música y la danza no tienen interpretación objetiva. La música,
aunque esté compuesta por sonido al igual que el idioma, carece de un significado unívoco: una progresión de acordes puede transmitir cierto sentir, pero no puede ser interpretada de la misma manera
por todos, a diferencia de una oración. No obstante, existen sonidos y movimientos que pueden estar
cargados de un mensaje concreto sin recurrir a lo lingüístico ni a códigos como el morse.
2.4.3 La escucha reducida. El tercer y último tipo de escucha no fue establecido por
Michel Chion, sino por el compositor francés Pierre Schafer. La escucha reducida invita a despojar
al sonido de su significado y de su origen para desmantelarlo y apreciarlo por sus cualidades intrínsecas (Chion, 1994, p. 30). El sonido deja de ser parte de “algo” y se eleva hasta convertirse en objeto
sonoro. La escucha reducida invita al oyente al análisis exhaustivo de los componentes de un sonido,
deconstruyéndolo hasta los huesos, entendiendo sus elementos, dejando de ser “algo” para convertirse
en “una masa de algo(s)”.
Bajo esta categoría caben todas las obras de “movimiento por movimiento” el equivalente
abstracto de la danza consolidado por el coreógrafo Alwin Nikolais (2005), en el sentido de un abstracto estructural, técnico y narrativo como parte fundamental de la obra en sí, liberándola de limitantes
tradicionales y narrativas.
Si bien podríamos deconstruir un movimiento corporal en componentes fisiológicos —qué
cuadrante, grupo muscular, tendones, huesos o falanges se mueven y hacia dónde—, conocer esta información no necesariamente enriquece el valor narrativo del movimiento, a diferencia de lo que suele
ocurrir con el análisis del sonido. Tal vez, en un nivel formativo, este ejercicio resulte fructífero para
que los bailarines conozcan su cuerpo y comprendan cómo reacciona ante distintos estímulos. La escucha reducida en la danza, esencialmente, se puede abordar desde lo somático y no desde lo visual, pues
implica “sentir” el cuerpo sin verlo. Para el público esto puede ser más complejo, pero no imposible
2.5 Elementos coreomusicales
Los conceptos expuestos con anterioridad convergen, en nuestra propuesta, de la siguiente
manera para el análisis del fenómeno coreomusical.

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Figura 1
Propuesta de categorización de elementos coreomusicales y sus potenciales relaciones.

Fuente: Elaboración propia de Arturo Charles Valdez.
Esta propuesta parte de la idea de que los elementos enunciados anteriormente forman parte
de la estructura que conforma el fenómeno coreomusical. El diagrama visualiza las potenciales relaciones entre dichos elementos. Cabe destacar que estos conceptos no están obligados a asumir un papel en
específico ni a influenciarse forzosamente entre ellos, es decir, están sujetos al rol que el artista quiera
darles en función a lo que la obra requiera en un momento determinado.
En la convergencia entre la composición coreográfica y la composición musical proponemos
caracterizar la naturaleza de la relación entre ambas disciplinas a partir de cuatro categorías:
•

Activa: el movimiento influye de manera directa en el resultado sonoro en tiempo real; se
incorporan elementos interactivos que generan resultados sonoros de índole generativa.

•

Pasiva: existe una exploración de movimiento previa a la composición musical que incorpora los gestos corporales y espaciales a la misma. La composición musical es fija y no se
modifica de ninguna manera por el movimiento en vivo de los intérpretes.

•

Intermedia: durante el desarrollo de la obra existen momentos de influencia activa y pasiva del movimiento hacia la música.

•

Nula: no existe relación entre movimiento y resultado sonoro en ninguna de sus formas.

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�Artículo de reflexión

En el lado derecho del diagrama se ubican las convergencias de tres campos: el espectador, el espacio escénico y la composición musical. La relación entre el espacio escénico y el espectador,
como ya mencionamos en la sección 2.3 de este artículo, se enfoca principalmente en la disposición en
la que se sitúa a este al momento de presenciar una obra. Aquí se pueden abordar disposiciones tradicionales5 y libres o no-tradicionales. En la relación entre espacio escénico y composición musical abordamos el espacio acústico, que rige la experiencia auditiva del espectador e influye, en mayor o menor
medida, en la experiencia performática del intérprete. Al igual que con las artes escénicas, se puede hablar de disposiciones tradicionales —mono, estéreo, cuadrafónico, octafónico— y disposiciones libres.
Ahora bien, al considerar el espacio acústico y las relaciones de la composición entre música
y danza, podemos hablar de interacciones en tiempo real, multimedia, mapping y otros elementos
propios de la transdisciplina, de manera que puedan servir a los creadores escénicos o musicales al
momento de trabajar con una obra.
De nuevo conviene resaltar que estos componentes no son condicionantes del fenómeno coreomusical: como creadores, no estamos obligados a hacer que aparezcan ni a otorgarles un papel
protagónico en nuestras obras. Esta propuesta de categorización sigue en desarrollo y busca, eventualmente, llegar a un formato de categorización que logre englobar los papeles activos y pasivos de dichos
elementos o eventualidades, con el fin de ser promovidos entre creadores escénicos y musicales.
3. Resultados y discusión
El gesto dancístico y el movimiento, en general, poseen un alcance creativo que va más allá
de las concepciones tradicionales; concede un potencial creativo, para lo cual es fundamental conocer
y examinar sus múltiples posibilidades, desde la representación visual o gráfica hasta enfoques interactivos que expandan su aplicación en ambas o todas las disciplinas involucradas. Si bien la incorporación de estas metodologías en los procesos compositivos no determina su valor artístico, se trata de un
campo que amerita mayor profundización y desarrollo.
En relación con el movimiento y sus maneras de implementarse en la composición de música electrónica, podemos resaltar la generación y control del sonido a través del movimiento. David
Pirrò (s.f.), artista e investigador austriaco, especialmente su trabajo de investigación On Traces (2015)
realizó una investigación interdisciplinaria que desarrolló con los coreógrafos Anna Nowak (Polonia)
y Alexander Gottfarb (Suecia), la lingüista Christine Ericsdotter (Suecia), además del compositor y
artista sonoro Gerhard Eckel (Austria). Esta investigación articula las prácticas de coreografía, fonética
y composición musical, generando distintas propuestas performativas centradas en la relación entre el
movimiento corporal y el sonido vocal. Durante la performance, era posible para los intérpretes dibujar
trazos de sonidos en tiempo real en un espacio físico para ser revisitados y reproducidos a voluntad a
lo largo de la obra.
Pirrò (s.f) explora un resultado gráfico como materia prima para un resultado sonoro. En este
proceso, la danza y la representación gráfica anteceden a la composición musical; así, puede hablarse
de un proceso cíclico en el que una música preexistente, — no influida inicialmente por pautas de
movimiento corporal o espacial — termina incidiendo en el movimiento de los intérpretes dentro de la
5

Disposiciones que se encuentran en la enseñanza básica de las artes escénicas: a la italiana, de empuje, circular o de travesía.

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instalación. Dicho movimiento afecta los patrones gráficos que estos generan y, por ende, modifica el
resultado sonoro final. Esto resulta en una serie de relaciones interdisciplinarias que se retroalimentan
de manera indefinida. En relación con el diagrama presentado (figura 1), Pirrò explora un área difusa
entre composición musical y coreográfica, incorporando una participación activa del intérprete tanto en
el movimiento escénico como en la construcción de la atmósfera sonora. Esto confiere una naturaleza
de composición activa, con elementos transdisciplinarios propios del arte de nuevos medios.
Los distintos métodos transdisciplinarios varían: incluyen el uso de sensores de movimiento,
la captura de datos y el mapeo del gesto dancístico, que permiten traducir dichos gestos en efectos,
texturas y ritmos acordes con la calidad, cualidad e intensidad de movimiento corporal. A través de
estas estrategias, la música y la danza se fusionan de manera orgánica, dando lugar a una expresión
artística unificada.
Estos acercamientos técnicos contribuyen a esclarecer los procesos creativos de los compositores; sin embargo, resultan igualmente relevantes los enfoques teóricos y prácticos derivados del
trabajo directo con coreógrafos y bailarines. Para poder sobrellevar la barrera semántica que suele
presentarse entre músicos y bailarines en proyectos multidisciplinarios, es primordial establecer estrategias de comunicación que permitan una comprensión efectiva entre ambas partes. Como hemos
visto con la comparativa de McMains y Thomas, el establecimiento del lenguaje compartido puede
facilitar la traducción de conceptos entre ambas disciplinas. Sin embargo, existen otras metodologías
que permiten el entendimiento de la disciplina a través de la práctica, como la exploración conjunta, la
improvisación guiada o el análisis de movimiento y sonido en tiempo real. Estos ejercicios generan espacios de experimentación donde músicos y bailarines comienzan a desarrollar una sensibilidad hacia
la disciplina con la que coexisten en ese momento.
En el ámbito de la colaboración, un coreógrafo con formación musical suele establecer una
comunicación más fluida tanto con compositores como con músicos. No obstante, la necesidad de
comprender los lenguajes narrativos y técnicos de las disciplinas con las que se colabora no se limita
entre danza y música. El aprendizaje de la semiótica musical por parte de los coreógrafos no es la única
manera de enriquecer las colaboraciones entre disciplinas, otro aspecto relevante es la integración del
propio cuerpo del compositor como herramienta de aprendizaje.
No existe un camino más directo para entender las necesidades musicales de un bailarín o
coreógrafo que bailando en carne propia. Fomentar la participación física de los compositores en ejercicios de movimiento presenta tanto desafíos como oportunidades para la creación de la música para
danza. Este involucramiento permite, principalmente, una comprensión más profunda de la relación
entre sonido y movimiento. Dicha participación por parte del compositor o de los músicos permite internalizar los elementos que componen el movimiento: la espacialidad, la inercia, el peso, etc., además
de una mayor conciencia de los esfuerzos físicos y emocionales que implica la interpretación de una
coreografía.
Elo Masing (2012) propone, desde su experiencia como compositora para danza contemporánea, dos principios que resultan efectivos en el trabajo con danza: 1) el músico debe definirse a sí
mismo un rol dentro de la obra de igual importancia que el de los bailarines; y 2) debe encontrar un
terreno común con los bailarines, integrándose de manera orgánica a la danza y reconociendo el común

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�Artículo de reflexión

denominador (p. 98).
La música y la danza deben situarse en un plano de igualdad y diálogo constante, ampliando
sus posibilidades expresivas y generando procesos creativos en los que sonido, cuerpo y espacio interactúan de manera interdependiente. Reconocer el movimiento como una fuente activa de inspiración
compositiva, así como reconocer la experiencia física de la danza como parte del proceso de colaboración interdisciplinaria, abre el espacio a prácticas más sensibles, horizontales y coherentes con la
naturaleza de ambas disciplinas. La convergencia entre música y danza no solo enriquece el resultado
en sí, sino que, cuando se implementa de manera activa y con consciencia, permite redefinir los modos
de creación, interpretación y colaboración en las artes escénicas multidisciplinarias contemporáneas.

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�Artículo de reflexión

Referencias
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Esta obra quedará registrada bajo la licencia de Creative Commons (CC BY 4.0) Internacional

RECIBIDO: 22 de octubre de 2025
ACEPTADO: 08 de enero de 2026
DOI: https://doi.org/10.29105/de.v3i4.27

Serie: ¿Cómo te atreves?
Segunda parte: La maternidad
no es la culpable
Series ¿Cómo te atreves? Part Two:
Motherhood Is Not to Blame

Patricia Oliva Barboza1
Universidad Estatal a Distancia, Costa Rica (UNED) / San José, Costa Rica
Contacto: poliva@uned.ac.cr
ORCID: https://orcid.org/0000-0001-9175-2950
Luisa Pérez Wolter2
Universidad de Costa Rica (UCR) / San José, Costa Rica
Contacto: perezwolterluisa@gmail.com
ORCID: https://orcid.org/0009-0005-3970-7286

Patricia Oliva Barboza1
Universidad Estatal a Distancia, Costa Rica (UNED) / San José, Costa Rica
Contacto: poliva@uned.ac.cr
ORCID: https://orcid.org/0000-0001-9175-2950
Luisa Pérez Wolter2
Universidad de Costa Rica (UCR) / San José, Costa Rica

Investigadora en la línea: Feminismos, Arte y Corporalidades en el CICDE desde hace 15 años. Ha investigado y publicado
sobre Visibilización y deconstrucción de mujeres artistas, análisis de obras de teatro danza, construcción y divulgación de
archivo diverso, arte y disidencia entre otros.
2
Docente Universitaria en las áreas de actuación, movimiento, voz e investigación práctica. Doula de procesos de vida, muerte
y transición. Actriz, creadora y directora de teatro. Premio a mejor dirección 2024. Líneas de investigación: Feminismo, metodologías artísticas y el arte como herramienta de transformación personal y social.
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Serie: ¿Cómo te atreves?
Segunda parte: La maternidad no es la
culpable
Series ¿Cómo te atreves? Part Two:
Motherhood Is Not to Blame

Resumen
Este texto lo pensamos como la segunda parte del artículo Viajes imaginales…3 y como un ejercicio
de reflexión político-artístico de “ida y vuelta” para valorar lo que una obra nos ofrece como fuente de
investigación. En ese continuum la obra nos lleva a momentos de reflexión y revisión de textos, nos
devuelve a posibilidades artísticas, hemos ido de la reflexión a la dramaturgia, de la búsqueda teórica
a la puesta y viceversa, esto nos demuestra una vez más la relevancia de las artes escénicas en la construcción de un conocimiento crítico.
Palabras claves: maternidad y feminismo, vivencias y procesos creativos y reflexión crítica.
Abstract
This text is conceived as the second part of the article Viajes Imaginales and as an exercise in political
and artistic reflection characterized by a movement of “back and forth,” through which the value of a
stage work as a source of research is examined. Within this continuum, the work leads to moments of
reflection and textual revision and, in turn, opens up new artistic possibilities. The process moves from
reflection to dramaturgy, from theoretical inquiry to staging, and back again. This dynamic demonstrates, once more, the relevance of the performing arts in the construction of critical knowledge.
Keywords: Motherhood and feminism, experiences and creative processes, and critical reflection.
Nota: Nos parece importante señalar que ciertas partes del artículo están escritas en primera persona,
ya que se refieren a textos anteriores publicados o experiencias propias de una de las autoras, razón por
la cual, aparecerá el nombre como referencia.

https://revistascientificas.us.es/index.php/pajaro_benin/article/view/25416 en este texto escribimos de manera más intuitiva
sobre las reflexiones que surgieron antes y después del proceso de la obra La Casa sin Bernarda. En ese momento sentimos la
urgencia por desculpabilizar la muerte, ahora lo haremos con la maternidad.

3

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Introducción
En este texto abordaremos el tema de la maternidad con la intencionalidad de desculpabilizarnos. Sumaremos una serie de principios generadores como inspiración de una puesta en escena o
performance. No se trata de instrucciones acabadas, sino de una propuesta metodológica que parte
de experiencias vividas en torno a la maternidad, justamente para destacar las posibilidades teórico-políticas y reflexivas que suceden con/en una puesta en escena. Nos parece importante atrevernos a
compartir relatos íntimos de maternidades vividas desde una mirada fuertemente crítica, ampliando los
cuestionamientos de nuestras maternanzas.
Para contextualizar, en este segundo texto nos parece importante referirnos brevemente a esa
experiencia metodológica de escritura-conjunta, reflexión y creación que existe en una producción escénica y que implica un proceso de investigación previa. Siempre es importante registrar los momentos
creativos vividos, no solamente en cuanto a sus resultados, sino, sobre todo, por sus procesos.
Generalmente “dejamos morir” muy pronto los materiales escénicos debido a su carácter etéreo, por ello es fundamental redescubrirlos: “traerlos de vuelta”. El proceso creativo contribuye en las
etapas de pensamiento reflexivo, investigativo y hasta metodológico. A partir de una idea creativa se
desprenden momentos que no solo quedan en la producción final, sino que sobrepasan por mucho las
primeras etapas de reflexión colectiva y trascienden en forma de debates y textos que se mantienen en
movimiento.
Sin saber exactamente qué surge primero, si el material teórico o el acto creativo, es necesario volver y revisitar las primerísimas ideas. Un proceso creativo y su materialización en la escena es
al mismo tiempo la planta y la semilla, genera una serie de reacciones en el público expectante, deja
preguntas en las personas creadoras, es un proceso de nacimiento y muerte inacabable; como la vida
misma.
En un momento de angustia por el aumento de violencia y femicidios, la siguiente pregunta
nos movilizó: ¿cómo te atreves a desafiar la muerte? Logramos activar la intencionalidad consciente
por desculpabilizar la muerte y descubrimos que lo mismo sucede con otras construcciones patriarcales, como la maternidad. Decidimos recuperar juntas esa sensación que surge cuando acercamos
nuestras prácticas: el duelo de muerte y de vida, el feminismo y, por supuesto, las artes, que es nuestra
metodología accesible. Entonces nos hicimos el siguiente cuestionamiento:
Si abordamos la muerte devolviéndole su protagonismo humano, ¿cómo no hacerlo con la
maternidad?
¿Cómo te atreves a desafiar la maternidad?
Entendemos “maternar” como un verbo activo que incluye todas las acciones de quienes cuidan, apoyan y acompañan, mismas que están profundamente desvalorizadas en el mundo capitalista
y heteropatriarcal. Diferenciamos el sustantivo “maternidad” de las “maternanzas” que refieren a las
historias de personas que de una u otra forma ejercen la maternidad. “Esta no es sólo una palabra, pues
pasa por el cuerpo, por la entraña, por un amor incontrolable, por una injusticia indescifrable” (Ruddick, 1989).

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El peso social coloca a la madre como fundadora de la familia y le atribuye la responsabilidad de sostener la estructura total de la sociedad. Sin embargo, vive en un abandono sistemático en
la acción de maternar, no como una práctica reflexiva y ética construida en la experiencia cotidiana.
Tal como plantea Sara Ruddick (1989), el maternar implica un modo específico de pensamiento y de
acción orientado a la preservación de la vida, el crecimiento y la socialización, que demanda trabajos
cognitivos, afectivos y materiales sostenidos en el tiempo. A pesar de ello, a las madres se les niega,
de forma reiterada, las condiciones necesarias para ejercer esta responsabilidad, que paradójicamente
continúa siendo presentada como uno de los pilares del orden social. Ruddick describe el pensamiento
maternal como un estilo de pensamiento en el cual: “las actividades intelectuales son distinguibles,
pero no separables, de las disciplinas del sentimiento: existe una unidad de reflexión, juicio y emoción”
(Ruddick, 1989, p. 37).
Para nosotras, el significado de “desafiar la maternidad” es enfrentarse con la vida de quienes
maternan y de quienes requieren del cuidado. Irónicamente, a quienes asumen el acto de la vida y
cuidar de otras vidas se les deja por fuera de la ecuación del cuido. ¿Qué produce tal indiferencia ante
el acto de maternar? La responsabilidad de la vida está desvalorizada y no debería ser exclusivamente
femenina o de la persona que materna.
Introducimos este debate desde la supuesta opción y decisión de maternar y de la existencia
de una maternidad hegemónica impuesta por un patriarcado, totalmente alejada de nuestras realidades.
Este cuestionamiento debe iniciar, sí o sí, identificando la maternidad como una de las más
duras imposiciones o la mayor de todas las heredadas por el patriarcado. Todo en la feminidad ha sido
construido, especialmente la maternidad. Entonces, ¿desde dónde nos colocamos cuando abordamos la
maternidad? ¿Cuál maternidad?, ¿la que nos inculcaron, haciéndonos creer que es una decisión real?
Lo que sea que decidamos con respecto a la maternidad, sigue siendo parte de un mandato hetero-patriarcal violento y deshumanizado. ¿Cuándo empezaremos a hablar de una responsabilidad integral?
¿Es solo el cuerpo femenino el que se involucra en la reproducción? Esta es una visión que muestra el
abandono de toda una sociedad hacia la madre y hacia el ejercicio de maternar, lo cual constituye
la primera forma de violencia tácita. ¿Qué juegos políticos y socioeconómicos se esconden detrás de la
maternidad hegemónica y qué figuras de poder patriarcal sostienen estas formas de maternidad?
A partir de estas preguntas, sostenemos que la maternidad y el matrimonio son instituciones
patriarcales que dieron paso a la división sexual del trabajo y a la figura de “ama de casa”. Con la desvalorización total del trabajo femenino, nuestras vidas en el espacio privado fueron la base social del
patriarcado.
Silvia Federici (2010) profundiza sobre la reproducción y el trabajo dentro de la cadena de
valor de la economía de los cuidados y, especialmente, en la creación de la figura de la ama de casa:
“La creación de la ama de casa y la redefinición de la posición de las mujeres se asoció con el trabajo
reproductivo” (p.126). Según Federici, la maternidad es una experiencia biológica de la humanidad que
dista mucho de la maternidad desigual y violenta que se construye a partir del control social del patriarcado, dominando el cuerpo y la vida de las mujeres. El cuerpo que sostiene la vida pierde todo valor.

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La autora feminista Adrienne Rich (1996) ha teorizado ampliamente sobre la maternidad. Ella
afirma: “El patriarcado no puede sobrevivir sin la maternidad y sin la heterosexualidad como formas
institucionales, de modo que una y otra deben tomarse como axiomas, como parte de la misma ‘naturaleza” (p. 86). Rich plantea que el patriarcado necesita de una estructura binaria, es decir, hombre
y mujer, para promover un tipo de reproducción que sostenga una relación desigual y de control para
las mujeres. Al reflexionar sobre la figura de “ama de casa” que señala Federici (2010), notamos por
un lado indicios del surgimiento del trabajo remunerado y, por otro, el trabajo de reproducción y cuido
como labores no remuneradas en el espacio doméstico donde la función de la maternidad se coloca
como base fundamental de la feminidad.
La violencia y la expropiación del cuerpo de las mujeres asociado a la maternidad se aborda
en el libro Desde lo profundo de sus obras (2021), de Patricia Oliva, un análisis feminista sobre la
expropiación del cuerpo de las mujeres4, el cual hace referencia a la maternidad para asegurar el poder
del patriarcado:
la maternidad aseguraba el vínculo matrimonial, el poderío y la independencia absoluta del
hombre, pero, además, la maternidad prolífica5, característica de la época, no dejaba espacio
alguno para el desarrollo de un posible proyecto de vida, cualquiera que este fuera. (p. 116)
Lo anterior nos conecta directamente con la construcción de la feminidad en la cual la maternidad es uno de sus componentes. ¿Cuándo hemos cuestionado realmente nuestra feminidad? Quizá la
primera pregunta que deberíamos hacernos es: ¿dónde quedó nuestra feminidad pre-patriarcal? En esta
misma línea de reflexiones, ¿cuántas formas de maternidad o de maternar existen? ¿Existe una que no
ponga en riesgo a quien la ejerce? ¿Se puede imaginar una maternidad que permita paralelamente un
crecimiento individual, personal y libre? La siguiente cita expresa el significado histórico del ejercicio
de maternar que nos ha mantenido alejadas y fragmentadas:
La mujer joven y educada del siglo XX, que tal vez observó la vida de su madre o que intentó
forjarse un yo autónomo en una sociedad que insiste en el destino reproductor de la mujer, la
elección se basaba en una inevitable alternativa: la maternidad o la individualidad, la maternidad o la creatividad, la maternidad o la libertad. (Rich, 1996, p. 240)
Para retomar la idea inicial de resignificar la maternidad, nos parece muy relevante citar a la
autora Mercedes Bogino (2020), quien se refiere a Shulamith Firestone, discípula de la maestra Simone de Beauvoir: “la biología en sí misma no es la causa de la opresión, sino el modo en que la cultura
redefine y otorga valor al papel de la biología en la vida social, es decir, a las funciones procreadoras”
(p.12). Bogino retoma palabras de Amorós: “si era tan importante la reproducción biológica en determinadas sociedades, ¿por qué no eran las mujeres las reinas de las tribus?” (p. 80). Según lo que ambas
Desde lo profundo de sus obras: Un análisis feminista sobre la expropiación del cuerpo de las mujeres (2021) de Patricia
Oliva, se desprende de una investigación del mismo nombre (2017) desarrollada a partir de dos obras de teatro danza costarricenses: Augustine de Selma Solórzano y Vacío de Roxana Ávila y el grupo de teatro Abya Yala, se puede consultar en: https://
rio.upo.es/bitstreams/201bf54d-2ecf-4491-b861-57ce06de4d79/download
5
Término utilizado por Mercedes Flores en su investigación: La construcción cultural de la locura femenina en Costa Rica
(1890-1910) (2007), para referirse a las mujeres que tuvieron más de una hija o un hijo.
4

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autoras plantean, la maternidad y la desvalorización del cuerpo femenino son parte de la construcción
patriarcal de la feminidad. El cuerpo de la mujer y, en este caso específico: el de la madre, no se considera como un cuerpo valioso y, por ende, merecedor de suplir sus necesidades y sus deseos. Además
de la terrible opresión en un cuerpo expropiado por el comercio sexual o el cuerpo femenino que está
al servicio de los intereses de las demás personas, les hijes, los trabajos domésticos y los trabajos de
cuido; todo en función de las necesidades que tiene la sociedad en relación con el cuerpo de la mujer
y nunca viceversa.
A la violencia obstétrica se suman la soledad profunda, las múltiples jornadas, la lactancia, los
estereotipos de “buena o mala madre” y las culpas interminables. La imposibilidad de trabajar fuera
de casa “porque toca maternar”. En otras ocasiones, aunque se desee profundamente se presenta la
imposibilidad de quedarse.
Parte 2: De las maternanzas a la escena
Considerando el carácter vivo de la creación —que no necesariamente responde a un orden
lineal, con un inicio y un final definidos—, en esta segunda parte compartiremos experiencias y maternanzas que se vuelven voz y cuerpo en forma de relatos, vivencias y otros textos que buscan generar
insinuaciones escénicas. El tránsito entre la reflexión teórica y la escritura testimonial no responde a
un descuido formal, sino a una decisión metodológica y política: así como la madre artista escénica
que escribe este texto se desplaza constantemente entre el pensamiento académico y la cotidianidad del
cuidado, la escritura reproduce ese mismo movimiento. Este proceso, concebido como inacabado y en
permanente transformación, da lugar al planteamiento de siete principios que podrían sentar las bases
de una metodología de creación situada, donde la mujer-madre y las maternanzas ocupan el centro de la
propuesta. A continuación, se presentan reflexiones intercaladas con relatos de una maternidad vivida
en primera persona, como una forma de nutrir y encarnar la propuesta creativa.   
El derecho a la furia
Reconocemos los relatos de maternanzas como territorios de resistencia, donde lo personal
deviene político y lo cotidiano se transforma en lucha. Desde una metodología feminista se subraya
la centralidad de la experiencia situada y la urgencia de los relatos vividos, en especial aquellos que
emergen de cuerpos que maternan. Como plantea Bach (2010), el feminismo ha sido pionero en revalorizar el conocimiento cotidiano y en resignificar la experiencia vivida a través de la narración. En este
sentido, escuchar y narrar las historias de mujeres que maternan constituye un acto político que rompe
el silencio impuesto durante siglos y reubica la experiencia cotidiana como una forma legítima de conocimiento. Desde aquí, la escritura se eleva para tomar cuerpo. La voz que emerge a continuación no
es la de la investigadora que observa, sino la de la artista que materna, que habla desde la experiencia
vivida y desde el cuerpo que crea:
Nadie más que la propia persona puede relatar su historia. Nunca es lo mismo una experiencia
reconstruida a partir de una revisión documental o bibliográfica que la posibilidad de recibir,
de manera directa, una narración viva. Se trata de transferir relatos encarnados: aquellos que
emergen de experiencias que se expresan desde el cuerpo y que, gracias al arte, encuentran
traducción y forma (Oliva, 2020, p.149).

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La maternidad: ¿Opción o ilusión discursiva?
No se trata únicamente de decidir si se quiere o no maternar, sino de que ambas posibilidades —maternar o no hacerlo— sean realmente viables. La idea de que todas las personas tienen garantizado el
derecho a elegir libremente es, en muchos contextos, una ilusión. Esta supuesta elección está mediada
por múltiples factores: la clase social, el acceso a métodos anticonceptivos seguros, la disponibilidad de
servicios informados de interrupción del embarazo accesibles, la cultura, la región en la que se habita,
las condiciones materiales de vida, entre muchos otros. Compartimos estructuras que nos condicionan
de manera desigual, pero las experiencias corporales vinculadas a la reproducción son particulares.
¿Qué querés hacer para el Día de la Madre? ¡Quiero desparecer!
El Día de la Madre convoca a la veneración de la madre y de su figura idealizada. Pero, ¿dónde queda esa imagen cuando observamos a una mujer pariendo sola, atravesada por el dolor, abandonada en múltiples jornadas de cuidado o expuesta a violencias en todos los sentidos? La maternidad, lejos
de ser un lugar provisto de certezas, nos ha colmado de preguntas. No cabe duda de que debe ser una
opción deseada para las mujeres; sin embargo, también es urgente resignificarla cuando efectivamente
se elige, despojándola de los mandatos que la romantizan y la silencian:
Estaba embarazada y un deseo completamente ilógico de ser madre me invadió. ¿Por qué
decidí optar por la opción de ser madre? Es una respuesta que nunca voy a tener clara. Por la
programación social, es lo que nos toca ser como mujeres, un asunto meramente hormonal,
miedo a vivir un aborto clandestino y en soledad, o el deseo reprimido de ser madre. No tengo
la menor idea; el asunto es que yo decidí serlo hace más de 16 años y vivir en carne propia
la experiencia de eso que tanto había menospreciado (Pérez, comunicación personal, 13 de
noviembre de 2024).
Un aspecto poco abordado en los discursos sobre la maternidad es el cuestionamiento interno que aparece y reaparece con su ejercicio. Existe un profundo temor a ser juzgadas y una culpa
persistente cuando emergen dudas, inseguridades, sentimientos de inconformidad o incluso deseos de
huir del vínculo, sensaciones que resultan inadmisibles dentro de la sacralización de la figura materna,
especialmente celebrada en fechas como el Día de la Madre. Estas preguntas, que en determinados
momentos rozan el arrepentimiento, suelen permanecer silenciadas, en parte porque la maternidad se
vive como una experiencia irreversible y socialmente no negociable.  
A diferencia de otras decisiones vitales, una relación de pareja puede terminarse, un trabajo
puede abandonarse, una casa puede venderse o incluso un país puede dejar de habitarse sin que ello implique una condena moral permanente. La maternidad, en cambio, se sostiene sobre una expectativa de
permanencia absoluta, mientras que las paternidades ausentes continúan siendo socialmente toleradas.
Nombrar estas tensiones no busca negar el vínculo, sino visibilizar los desafíos que muchas mujeres
enfrentan después de maternar y generar conciencia sobre las condiciones materiales, simbólicas y
afectivas que lo atraviesan.

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�Artículo de reflexión

Sobre la soledad y el abandono durante la maternidad
¡Qué maravilla, ya nunca más te vas a sentir
sola, tu bebé va a estar con vos siempre!
En el epígrafe de este apartado tenemos una expresión típica cuando comunicamos que “estamos embarazadas”. La pregunta sobre cómo nos sentimos al respecto pierde relevancia y las exigencias
de “cómo debemos sentirnos” nos persiguen y se acumulan a través de los anuncios de televisión, las
películas y los comentarios no necesariamente mal intencionados de todas aquellas personas que, siendo madres o no, se creen en el derecho de definir nuestras sensaciones:
Yo solo sentía náuseas y unas profundas ganas de llorar. Ahora habitaba en mi cuerpo un ser
que al parecer necesitaba ser muy bien cuidado y no tenía idea de cómo hacerlo. Sentía una
inmensa responsabilidad y un miedo muy nuevo. Había decidido tener este bebe, pero no
tenía claro lo que esa decisión significaría para mi vida (Pérez, comunicación personal, 18 de
octubre de 2024).
La información sobre lo que significa ser madre suele estar muy distorsionada y manipulada.
Por un lado, se insiste en la obligación de serlo sin cuestionarlo y, por otro lado, se promueve la opción
de no serlo. A través de reflexiones y relatos, buscamos explorar las implicaciones, necesidades, sensaciones y sentimientos que viven las madres después de decidir serlo: ¿cómo se enfrenta una decisión
que, aunque tomada de forma consciente, deja poco espacio para el arrepentimiento? Podemos renunciar a un trabajo que ya no nos satisface, vender una casa que ya no queremos o no podemos pagar,
terminar relaciones que no nos hacen felices, pero ¿es igualmente posible terminar con la maternidad
después de haberla elegido?:
¿Que si me arrepiento? Me he arrepentido muchas veces a pesar de que mis hijes son los
seres que más he amado en el mundo, que más me han abierto el corazón y la cabeza para
crear experiencias nuevas. Me he arrepentido mil veces en la oscuridad de mi cuerpo ante la
profunda soledad de la noche y el vacío y sentir que ese todo no es suficiente. Jamás se es lo
suficientemente buena madre (Pérez, comunicación personal, 21 de julio de 2024).
Existe una invisibilización sistemática de la mujer que habita la maternidad. Se asume que todas las madres son iguales, que sienten lo mismo y que comparten idénticas necesidades, obligaciones
y condiciones. Sobre ellas se deposita un listado interminable de tareas y vivencias anticipadas, casi
por defecto, y todo aquello que se aleja de esa normativa queda expulsado del imaginario de la “buena
madre”. Estos mandatos comienzan tempranamente —desde el vestidito para la muñeca o el juego de
cuidados asignado en la infancia— y se refuerzan a través de imágenes publicitarias que muestran a
una madre siempre disponible, feliz y productiva. Este imaginario no es neutro: responde a un modelo
capitalista y estatal que obtiene beneficios materiales y simbólicos al naturalizar el cuidado como responsabilidad femenina, gratuita e inagotable. Al romantizar la maternidad y presentarla como deseo
natural, el mercado y el Estado sostienen un sistema que se nutre del trabajo de cuidado no remunerado.

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�Artículo de reflexión

Frente a la distancia inmensa entre estas imágenes idealizadas y las maternanzas reales, resulta urgente
posicionar las experiencias concretas de las madres como un acto político y de resistencia.
15 minutos
Que me pregunten a mí… quiero y necesito ser el centro
La transformación es inevitable y el acompañamiento respetuoso y compasivo es urgente.
Ante la inmensa responsabilidad que se le asigna a la madre en relación con el cuidado y la crianza de
su hijo o hija, para que el ejercicio de la maternidad sea viable debería estar sostenido desde todas las
áreas posibles.
La sociedad nos quiere de vuelta pronto, sin demasiadas quejas, ejecutando todo a la perfección. Nos quiere cuidadoras, con buen aspecto, alegres, agradecidas por el privilegio de ser madres,
honradas, fuertes, hermosas, pero poco sexuales. Productivas, entregadas al bebé, al trabajo, a la casa,
al gimnasio, a les otres hijes, al marido, a la empresa. Que produzcamos dinero, entre otras “pequeñeces”. ¿Será que la sociedad espera que, después de parir, nos multipliquemos en dos o más seres para
cumplir con todas las exigencias? Aun así no sería suficiente, porque la lista de tareas por hacer y los
estándares esperados están llenos de contradicciones y exigencias opuestas que lo hacen imposible:
Recuerdo una vez que mi mejor amiga quedó en visitarme. Mi hijo tenía tres semanas, yo
estaba desesperada por conversar con ella. Llegó quince minutos tarde, yo estaba dando de
mamar mientras lloraba. Esos quince minutos se habían hecho eternos. Yo, perdida entre la
leche que chorreaban mis tetas, necesitaba urgentemente de su compañía para reencontrarme
con esa mujer desaparecida que habitaba en mi espejo. Ella no entendió por qué con furia le
reclamé su tardanza. Ella, que creo, tampoco me reconocía ante los nuevos olores, la necesidad de hablar bajito y mi falta de atención, ya no tenía mucho interés en quedarse. Su amiga
había desaparecido. Las mamás requieren de un cuido similar al hijo(a), porque de alguna
manera estamos resurgiendo de las cenizas, poco nos vamos encontrando, pluma a pluma nos
vamos reconstruyendo volar. Hemos dejado de ser las mismas (Pérez, comunicación personal,
20 de junio de 2024).
Maternar, cada vez más, se siente como un acto casi suicida. Aquello contra lo que debemos
resistir, no son nuestres hijes, sino la sociedad. La lucha es contra las horas interminables, las múltiples
jornadas y los cuerpos agotados. Es contra un sistema que nos obliga a enfrentar las mismas exigencias
laborales con horarios rígidos, continuando con las responsabilidades que implica maternar. De forma
cruel, la sociedad parece no reconocer —e incluso invalidar— aquello que paradójicamente se declara
como una de las labores más importantes: la maternidad. Y, sin embargo, nos lo cobra caro, en forma
de vacío curricular, falta de productividad que no se contabiliza:
Mi maternar debería ser algo que me sume, como un doctorado suma a un académico, mis
tetas amamantando deberían sumar como un artículo publicado, mi cuido constante debería
sumar como las horas que alguien dedica escribiendo un libro importante, horas que suman a
mi futura pensión. Hasta que no lo entendamos, la maternidad seguirá sin ser una opción real
(Pérez, comunicación personal, 3 de noviembre de 2024).

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�Artículo de reflexión

Siete principios mínimos del proceso creativo
¿Cómo descolonizar la maternidad para que quede fuera del sistema heteropatriarcado
capitalista?
El planteamiento de los siete principios está inspirado en textos y frases de Maya Angelou
(2016), Diana Taylor (2015) y Coco Fusco (2001) —autoras feministas que trabajan desde la escritura
y el performance, cuyas teorías sostienen que el cuerpo y la voz no son únicamente medios expresivos,
sino territorios donde se inscribe la historia. También traemos el pensamiento de Augusto Boal (2009),
quien dialoga con las autoras anteriormente citadas en la concepción de la escena como espacio político, donde el cuerpo y la voz no representan la realidad, sino que intervienen en ella, nos inspiramos
para presentar una propuesta metodológica.
No se propone una lectura exclusivamente teórica, sino la apertura a una práctica creativa que
aborde la maternidad desde reflexiones político-teóricas situadas. Los relatos, pensamientos y sentires
de una de tantas maternidades nutren el proceso creativo. Se trata de principios que guiarán la elaboración de una escena: una sugerencia de teatralidad que emerge del cruce entre reflexión teórica, práctica
escénica y experiencia vivida de la maternidad.
Partimos de un planteamiento descolonizador de la maternidad hegemónica, tanto en el abordaje del tema como en la metodología de creación. Entendemos por maternidad hegemónica aquella
que se presenta como un mandato universal, individualizado y autosuficiente, que supone que la maternidad debe ser vivida en soledad, sin redes ni acompañamientos y que invisibiliza las condiciones
materiales, afectivas y comunitarias que la hacen posible. Desde esta perspectiva, proponemos tensionar la idea de que no basta con que la maternidad sea deseada sostenemos, además, que incluso cuando
es elegida, y en cualquier circunstancia, requiere ser acompañada. Al tomar como base textos escritos
por mujeres feministas en contextos diversos, proponemos un viaje entre lo propio y lo prestado, entre
lo personal y lo político, entre lo real y lo ficticio, para compartir nuestras maternanzas en la escena.
Comenzamos nuestro tejido metodológico a partir de las palabras de Patricia Hill Collins (2012):
Si la consciencia feminista negra surge de la EXPERIENCIA, si son los feminismos afros (y
no solo ellas, sino también otras y otros sujetxs subalternizadxs) quienes desde sus realidades
pueden interpretarla mejor, es porque la experiencia vivida es una fuente de conocimiento y
deberían ser ellas mismas las que deberían investigarla (p. 99).
Existen una desesperación y un temor profundos que nos llevan a justificar la necesidad de hablar de la maternidad en primera persona, como si nuestra voz careciera de legitimidad. Al dialogar con
las palabras de otras hermanas, encontramos el soporte emocional y teórico necesario para socializar
nuestras experiencias. Es en la fuerza de las feministas negras y latinoamericanas donde encontramos
un respaldo político y epistemológico para crear desde nuestras propias experiencias, deconstruir el
conocimiento academicista y desplazar el centro del discurso hacia las madres y sus vivencias. Reconocemos que el camino hacia el conocimiento no surge de normas externas ni de métodos rígidos, sino
que debe emerger de nuestras urgencias y experiencias encarnadas. En este sentido, las palabras de
Rosario Castellanos (2022) nos interpelan profundamente y nos invitan a cuestionar las rutas impuestas
del saber hegemónico, priorizando el deseo y la búsqueda auténtica como punto de partida:

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�Artículo de reflexión

Desde el clásico discurso cartesiano hasta nuestros días, parece ser indispensable, antes de
emprender cualquier tarea, ponerse una de acuerdo consigo misma acerca de cómo llevarlo a
cabo, explicar de antemano y clara, IRREVOCABLEMENTE, por cuales caminos se propone
uno transitar para alcanzar la meta. Y esto es para mí ligeramente extraño. ¿Cómo voy a escoger primero el camino que la meta? ¿Cómo voy a condicionar esta por aquel? Necesito, antes
de nada, esclarecer ante mis propios ojos qué es lo que quiero saber y solo entonces estaré en
la posibilidad de determinar por cuáles medios ese saber se me hará accesible (p. 221).
Desde esta mirada, maternar, investigar y crear se convierten en procesos entrelazados que
no siguen una ruta lineal, sino que se dibujan desde el deseo de comprender, y la necesidad vital de
nombrarse a una misma y retomar la palabra en primera persona.
¿Cómo podemos vivir la maternidad como una meta irrevocable sin haberla experimentado?
¿Cómo tener definidos los caminos futuros, luego de enfrentar la maternidad? Es fundamental escuchar
los sentimientos de las madres, reconocer sus vivencias, validar sus emociones y hacer accesible la
diversidad de maternidades. Esto, al menos, daría el espacio para hacer las preguntas necesarias.
Convocamos a la persona lectora a acompañarnos en este recorrido y formularse sus propias
preguntas, con la esperanza de que en ese diálogo abierto puedan surgir respuestas resonantes. Nuestros
cuerpos de mujer-madre no son un territorio neutro: son cuerpos atravesados por la experiencia de la
maternidad. No buscamos una lectura pasiva, sino una respuesta activa, traducida en acciones conscientes frente a las maternanzas.
La construcción cultural de la maternidad, junto con las violencias que la atraviesan, se convierten en motores para movilizar una práctica escénica que busque transformar, aunque sea de forma
mínima, los modos en que habitamos y representamos estas experiencias.
Cada principio se presenta a partir de una frase que le dio origen, como si se tratara de palabras
pintadas en un grafiti encontrado en algún muro de la ciudad. A partir de esa frase inicial, se desarrolla
una reflexión situada que, al modo de quien rumia una idea recién leída, da lugar a una descripción
vivencial del principio. En algunos casos, el proceso se cierra con una respuesta a ese primer grafiti,
formulada desde una escritura más poética o performativa.
Asimismo, se insinúan ejemplos de posibles propuestas creativas. No se trata de modelos a
seguir, sino de ejercicios profundamente personales que emergen de relatos propios y de las múltiples
posibilidades hipertextuales que la escena y el performance ofrecen. Estos principios operan como una
guía metodológica abierta para la creación escénica en torno a la maternidad.
Principio uno: Doy voz a lo que urge ser dicho
“No hay mayor agonía que llevar una historia no contada dentro de ti” (Angelou, 2016). Esta
frase, escrita por la poeta, escritora y activista afroamericana, funciona como un punto de partida y no
como una afirmación cerrada. A partir de Angelou, proponemos una lectura situada: que aquello que ha
sido silenciado generación tras generación no permanezca contenido en nosotras, que en el cuerpo de
la madre no quede retenida, que no se guarden las historias que insisten en salir. Todo lo contrario: que
salgan sea en forma de relato o de escena.

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�Artículo de reflexión

Este principio parte de la urgencia de contar, con el cuerpo, la voz, la imagen, el gesto o la
escritura, aquello que ha sido invisibilizado en torno a la maternidad. No obstante, este permanece
inscrito en la piel, en la memoria más íntima, en los espacios domésticos y en las huellas que dejamos
en otras.
Principio dos: Narración desde la acción viva
Este segundo principio reconoce el arte del performance como una estructura metodológica
potente para la creación a partir de la experiencia personal de las maternanzas. En un contexto donde la
falta de apoyos institucionales, económicos y afectivos limita el acceso de muchas mujeres —y en particular de las madres— a teatros, salas de ensayo y dispositivos escénicos legitimados, el performance
emerge como una estrategia situada de existencia y creación.
Como práctica de arte vivo, el performance no se limita a la representación teatral ni se confunde con la vida cotidiana, sino que opera mediante el desplazamiento, la intensificación y el encuadre
consciente de acciones y experiencias. Desde esta perspectiva, espacios asociados al cuidado —como
la casa o el propio cuerpo en su cotidianidad— pueden devenir espacios escénicos cuando son activados como tales desde un posicionamiento estético y político. Acciones como escribir, hablar, moverse,
llorar, amamantar, cocinar o cuidar no se constituyen automáticamente en arte, pero pueden transformarse en material performativo cuando son trabajadas, reiteradas o recontextualizadas para interpelar
una mirada y producir sentido. Según Diana Taylor (2015):
Performance refiere a una forma específica de arte, arte en vivo o arte acción que surgió en los
años sesenta y setenta para romper con los lazos institucionales y económicos que excluían a
artistas sin acceso a teatros, galerías y espacios oficiales o comerciales de arte. (p. 143)
Este principio responde a las condiciones concretas de muchas artistas-madres que, aun deseando crear, no pueden acceder a espacios tradicionales de ensayo. Lejos de romantizar esta limitación, se propone reconocer en los territorios del maternar no solo una carga, sino también un campo de
experiencia desde el cual es posible producir una escena situada, crítica y encarnada.
Se propone que las palabras no se queden en la quietud del texto, ni encerradas entre las paredes de lo privado, sino que aspiren a ser corporalizadas, que despierten sentipensares, que movilicen al
cuerpo propio y de quien observa o escucha.
Principio tres: El cuerpo como registro
Este principio parte de la premisa de que el cuerpo es materia prima no solo del performance,
sino también de toda forma de escritura personal. En esta propuesta metodológica, el cuerpo es un
espacio repleto de historias, maternanzas, deseos, violencia, herencia y memoria. Es un cuerpo que
siente, que sangra, que gesta, que amamanta, que se transforma. Un cuerpo de madre que reclama ser
visibilizado con todo lo que esto implica.
El cuerpo, por ejemplo, materia prima del arte del performance, no es un espacio neutro o
transparente; el cuerpo humano se vive de forma intensamente personal (mi cuerpo), producto
y copartícipe de fuerzas sociales que lo hacen visible (o invisible) a través de nociones de
género, sexualidad, raza, clase (Taylor, 2015, p. 60).

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�Artículo de reflexión

Que mi cuerpo sea la materia prima de mi escrito. Un cuerpo que no pretende ser invisible.
Un cuerpo de madre que se vive de forma intensamente personal. Atravesado por el contexto histórico
en el que se ha desarrollado, por las fuerzas sociales, la sexualidad, la raza, la clase y la pertenencia.  
Principio cuatro: Re-presentar el cuerpo como maternanza
Desde el feminismo se ha denunciado la naturalización del cuerpo femenino como objeto
pasivo o reproductivo. Este principio representa escénicamente el cuerpo materno como construcción
situada y en transformación. Compartimos una narración que cuestione esas representaciones heredadas, explorando el cuerpo desde lo simbólico, lo político y lo poético. La madre-artista que representa
la transmisión de su propio conocimiento a la audiencia:
Los artistas son los que juegan con la idea de representación, con la transmisión del conocimiento a través de gestos corporales, con la mirada del espectador, y con el uso del espacio
(entre otros ejemplos), pero estas prácticas van mucho más allá de lo artístico en su potencial
social (Taylor, 2015, p. 56).
Principio cinco: Crear nuevos repertorios para cuerpos maternos
Aquí se asume el estereotipo de cuerpo de la madre en tanto ha sido marginalizado, romantizado o instrumentalizado por discursos patriarcales, coloniales y capitalistas. “¿Cómo representar
(física o discursivamente) un cuerpo ‘minoritario’ sin caer en el repertorio de imágenes patriarcales y
coloniales que existen en nuestras sociedades?” (Fusco, 2001, p. 14). Este principio invita a crear nuevos repertorios visuales, simbólicos y escénicos que no reproduzcan esas imágenes, sino que abracen
la experiencia de la maternidad desde la complejidad, la contradicción y la singularidad.
Principio seis: Activar la persona espectadora en el acto de maternar
Partiendo de la pregunta que nos plantea Boal: “¿Cómo lograr que los espectadores dejen de
ser pasivos para convertirse en espect-actores?” (Taylor, 2024, p. 6), este principio busca romper con
la pasividad de la persona espectadora, frente a la experiencia materna, muchas veces invisibilizada,
banalizada o idealizada. A través del arte-acción, se invita a generar empatía activa, transformando la
mirada en involucramiento. Que la persona que observa se sienta interpelada, conmovida, implicada.
Principio siete: Nombrar para resistir: maternanzas y creación de conceptos sensibles
y afectivos
Este principio se inspira en las propuestas del feminismo comunitario, que cuestiona lo que
se dice y cómo se dice de la maternidad revirtiendo el protagonismo, para crear sus propias palabras y
definir sus maternanzas; lo que sentimos y vivimos desde una perspectiva situada, afectiva y relacional
para generar nuestros propios lenguajes de narración: “El proceso de descolonización del feminismo
comunitario en Bolivia partió por cuestionar el uso del lenguaje hegemónico de los feminismos occidentales y encontrar las palabras precisas para definir sus propias prácticas políticas” (Guzmán y
Triana, 2019, p. 37).
Proponemos un glosario afectivo de la maternidad: una serie de palabras y conceptos que
nombren aquellos sentires que han quedado fuera de los discursos oficiales sobre el maternar, especial-

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�Artículo de reflexión

mente cuando no existe una red que contenga y cuando lo político no alcanza lo íntimo. Este glosario
se inscribe en una memoria colectiva que reconoce otras formas de crianza, vinculadas a la noción de
clan o aldea, donde la maternanza no recaía de manera aislada en una sola mujer. Nuestras abuelas maternaron en comunidad: hermanas y hermanos mayores, vecinas y familiares cercanos participaban de
la crianza de manera directa y cotidiana. Frente a la progresiva desarticulación de estas dinámicas y a la
centralidad del modelo de familia nuclear, proponemos que sea a partir de los conceptos y significados
sugeridos por quienes maternan que resignifiquemos la maternidad, no como experiencia individual,
sino como práctica relacional y colectiva.
Propuesta creativa en relación con los siete principios
No queremos terminar esta reflexión sin proponer un par de ejercicios creativos coherentes con nuestros principios. Partimos de nuestra experiencia e intuición como artistas escénicas para
proponer las siguientes sugerencias. Deseamos que, a partir de estos principios, se generen múltiples
posibilidades.
Propuesta creativa. Principio 1
Ejercicio para la creación escénica: “La maternanza no dicha”
Cada participante selecciona una experiencia ligada a la maternidad (real, simbólica, deseada, interrumpida, ausente o heredada), nunca dicha en voz alta. Puede ser una memoria propia o una historia
transmitida oralmente por una figura materna.
1.

Etapa 1 (escritura/voz): se escribe un texto breve a partir de esa historia. Luego, se
explora cómo sería dicho en voz alta, usando distintos tonos, intensidades y ritmos,
para reconocer las emociones.

2.

Etapa 2 (de regreso al cuerpo): se propone llevar esa historia al cuerpo mediante
movimientos improvisados que representen lo que esa memoria genera en el cuerpo.

3.

Etapa 3 (al material escénico): se seleccionan fragmentos del texto y del movimiento
para crear una acción performativa. Se tejen juntas para que puedan convertirse en
parte de una dramaturgia escénica mayor.

Este principio busca que la creación no parta de una idea abstracta de la maternidad, sino de
una experiencia real, personal y política: una maternanza. Contar una historia no solo es un acto de
liberación individual, sino también una práctica de resistencia colectiva frente a los silenciamientos
históricos de las maternidades.
Propuesta creativa. Principio 2:
Ejercicio para la creación escénica: “Acción mínima + significado profundo”
1.

Seleccionar una acción cotidiana de maternidad (cocinar, amamantar, dormir con un
hijo, limpiar, llorar en silencio, acariciar una prenda, leer historias).

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�Artículo de reflexión

2.

Descontextualizarlas para presentar un performace o propuesta escénica: se escoge
un espacio escénico no convencional (baño, cocina, patio, videollamada, etc.) y se
realiza ese acto con una intención escénica, como si fuera una escena de una obra.

3.

Incorporación de una narración/maternanza: mientras se realiza el acto, se incorpora
una narración personal, poética o política que dialogue con el gesto. (en vivo o grabada).

4.

Documentación de los senti-pensares de la creadora: se invita a escribir o grabar
reflexiones sobre lo que cambió al convertir ese gesto cotidiano en una acción performativa.

Este ejercicio busca reconectar con el poder del cuerpo presente y del gesto cotidiano, como
materiales escénicos legítimos, capaces de contar historias, incomodar, sanar o activar nuevas formas
de comprensión sobre la maternidad. Así como replantear espacios para la representación.
Propuesta creativa. Principio 7:
Ejercicio: “Diccionario de la madre-otra”
Invitar a madres a escribir palabras nuevas (o resignificadas), experiencias: “culpamor”, “desveladura”, “cansancio fértil”, “cuerpo-nido”, “dolor amoroso”, “maternar juntas”, “parir-morir” profesión y maternar. A partir de estas palabras se construyen poemas, escenas, performances o instalaciones. Este glosario puede expandirse en cada encuentro, para que se vuelva un archivo vivo de saberes
maternales.
Cierre
Desde los feminismos se ha teorizado mucho sobre la imposición de la maternidad, pero en
esta ocasión quisimos posicionarnos desde quienes “eligen serlo”, expresión que entrecomillamos ya
que resulta que no siempre es una decisión real.
Afirmamos la urgencia por desculpabilizar la maternidad, reiteramos que no es la culpable de
cuanto el patriarcado la haya invadido. Liberar la maternidad de los estereotipos patriarcales y capitalistas significa dejar de reproducir (en la práctica feminista y en la escena) los imaginarios de madre
perfecta, la falsa sensación del poder de decisión y las supuestas libertades logradas.
Aliviarnos de culpas y responsabilidades pasa por una escucha concreta a quienes maternan,
debemos recurrir siempre que se pueda a los relatos de todas y cada una de nosotras. Siguiendo el
principio feminista del saber situado de (Haraway,1988) que refiere no solo al saber o conocimiento
situado, sino al sentir encarnado, debemos atender las demandas del cuerpo, reconocer todas las maternanzas y validar sus especificidades. Las realidades cotidianas, evidenciar los espacios más íntimos es
lo que nos permitirá exigir responsabilidades y cuestionar las estructuras que sostienen la maternidad.
No se trata solo de acompañar, sino de redistribuir responsabilidades. La maternidad no debe
recaer exclusivamente en quienes la ejercen, está directamente vinculada a la continuidad de la vida. Se
trata de una responsabilidad social y colectiva que exige ser reconocida y transformada.

106 |Vol. 3, Núm. 4 (2026). enero-junio 2026 | ISSN 3061-7545 | dialecticaescenica.uanl.mx

�Artículo de reflexión

La responsabilidad colectiva desde las prácticas feministas y metodologías artísticas debe
orientarse en este sentido, colocando al culpable en el centro de la escena. El trabajo escénico está lleno
de relatos sin importar la teatralidad que se abrace, exponemos los sentires a través de acciones, movimientos, sonidos, imágenes y palabras. La escena, de alguna manera, se convierte en el espacio que nos
permite ser escuchadas, vistas y sentidas. Se concreta el relato junto con la acción para transformarlo
en una experiencia viva dirigida a la persona expectante. Los principios creativos que sugerimos están
recargados de esos relatos personales y colectivos.
Tal y como lo abordamos en el primer artículo, la angustia que nos generó el desafío de llevar a
escena las muertes de todas, los femicidios y la violencia vivida, nos hace detenernos y pensar en otras
figuras textuales. El ejercicio reflexivo ayudó a concretar el objetivo principal de desenfocar, no re-victimizar, y colocar al personaje del patriarcado en su lugar, apuntando directo como el único culpable de
las muertes, de nuestras muertes, de otro tipo de muertes en vida, de la violencia vivida en el cuerpo, de
la violencia obstétrica de la carga injusta de la maternidad y de invalidar nuestros derechos a una vida
libre de violencia.

Vol. 3, Núm. 4 (2026). enero-junio 2026 | ISSN 3061-7545 | dialecticaescenica.uanl.mx |107

�Artículo de reflexión

Referencias
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�Artículo de reflexión

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RECIBIDO: 04 de noviembre de 2025
ACEPTADO: 07 de enero de 2026
DOI: : https://doi.org/10.29105/de.v3i4.35

Teatralidades afectivas: Para
una historia material de las
artes escénicas desde América
Latina
David Rivera Batista1
Universidad Iberoamericana Ciudad Mexico (UIA)/ ciudad de Mexico,
México
Contacto: dabobertobatista@gmail.com
ORCID: https://orcid.org/0000-0003-3361-3519
Hugo Octavio Salcedo Larios2
Universidad Iberoamericana Ciudad Mexico (UIA)/ ciudad de Mexico,
México
Contacto: hugo.salcedo@ibero.mx
ORCID: https://orcid.org/0000-0003-4737-1741

David Rivera Batista1
Universidad Iberoamericana Ciudad Mexico (UIA)/ ciudad de Mexico, México
Contacto: dabobertobatista@gmail.com
Hugo Octavio Salcedo Larios2
Maestro en Letras por la Universidade Federal do Espirito Santo (Brasil). Áreas de especialización en estudios teatrales,
literatura latinoamericana del S. XX, teatro latinoamericano contemporáneo y LIJ. Actualmente cursa el primer semestre del
Programa de Doctorado en Letras Modernas en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.
2
Académico de tiempo completo en el Departamento de Letras de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.
Fue miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA) del Fonca. Actualmente es miembro del Sistema Nacional de
Investigadoras e Investigadores (SNII) del Conahcyt, nivel 2.
Es doctor en Filología por la Universidad Complutense de Madrid.
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Teatralidades afectivas:
Para una historia material de las
artes escénicas desde América Latina
En la primera edición (2025) de la Cátedra José Ramón Alcántara Mejía (1945-2023), instaurada en honor al académico emérito de la Universidad Iberoamericana y promotor del pensamiento
crítico en el ámbito de la investigación, la IBERO y el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Teatral Rodolfo Usigli (CITRU-INBAL) invitaron a la doctora Lorena Verzero, de
la Universidad de Buenos Aires, a reflexionar sobre el estado de las artes escénicas en y desde América
Latina. La profesora señaló la importancia de comprender las relaciones entre poder y conocimiento
y afirmó que, en su interacción, la resistencia se manifiesta como un fenómeno posible. Estas consideraciones evidencian que el análisis de las manifestaciones escénicas abordadas durante los tres días
del evento parte, en el caso argentino, de una historia reciente que continúa incidiendo en el presente.
Desde esta perspectiva, Verzero subrayó que un análisis situado debe ser antipatriarcal y democratizador. En consonancia con esta postura, los núcleos problemáticos propuestos para la reflexión
giraron en torno a la afectividad, la historia material, la política, las memorias, los problemas de representación, el archivo y el biopoder.
Partiendo de la idea de que el teatro es un dispositivo desestabilizador y denunciante del estado de cosas, la ponente recuperó la figura del Ángel de la Historia, propuesta por Walter Benjamin en
Sobre el concepto de historia (1942). A partir de esta referencia, se planteó que las ruinas del pasado
generan imágenes dialécticas que interpelan el presente, noción que atraviesa las manifestaciones escénicas puestas en debate durante el encuentro académico.
La primera manifestación analizada fue el teatro militante, caracterizado por su compromiso
político y su vocación de servicio social. Desde esta perspectiva, el teatro se concibe como un hecho
artístico con sentido social al ponerse al servicio de causas colectivas. La revisión histórico-política
del teatro de militancia resulta fundamental; por ello, se mencionaron eventos como “el Cordobazo”
(1969), la muerte de Juan Domingo Perón (1974) y el golpe de Estado de 1976, que enmarcan este
fenómeno artístico en un contexto de represión cuyas repercusiones alcanzan el presente.
Una característica central de este teatro es la participación activa del público, ya que sus
raíces se encuentran en acciones sociales y políticas que parten del convivio como condición del arte
comprometido. Este movimiento coincidió con la valorización del intelectual como figura de izquierda
en la década de 1970 y con el surgimiento de agrupaciones civiles como Montoneros. Asimismo, se
mencionaron grupos como Libre Teatro Libre, Once al Sur y Contratanto, así como la influencia de
Jerzy Grotowski a partir de su visita a la ciudad de Córdoba en 1971, que generó un caldo de cultivo
poético en todo el país.
También se exploró la relación entre las manifestaciones escénicas y la memoria en el contexto argentino. En este eje, la interrogante principal se centró en la puesta del cuerpo en escena: cómo
se dramatizan la ausencia, la tortura y los desaparecidos. Para ello, se recurrió a las investigaciones de

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Marina Franco y Florencia Levin, así como al concepto de La última catástrofe, de Henry Rousso, que
permite comprender de qué manera la historia reciente continúa moldeando el presente.
El trauma de la última dictadura dio lugar a expresiones diversas tanto en el ámbito jurídico
como en el artístico. En este último ámbito, se mencionaron obras como Potestad de Eduardo Pavlovsky y Antígona furiosa (1985), de Griselda Gambaro, Máquina Hamlet, de Periférico de Objetos (1995),
Los murmullos, de Luis Cano (1998), Mi vida después, de Lola Arias (2009) y Relato situado. Una
topografía de la memoria, de Funciones Patrióticas (2016).
La reflexión condujo a comprender que aquellos fenómenos artísticos no surgieron de manera
aislada, sino que respondieron estética e ideológicamente a estímulos sociales y políticos. Uno de los
más significativos fue la crisis de 2001, que propició el surgimiento de colectivos teatrales interesados
en cuestionar la representación y la representatividad como actos de transformación política. Verzero
reflexionó sobre la escritura del yo en estas poéticas escénicas de la memoria, el quiebre de escenificar
la historia presente, la relación entre lo íntimo y lo colectivo, las estrategias performáticas y el cuestionamiento de la visión oficial negacionista del pasado, especialmente visible en el escenario político
de 2020.
El segundo eje de análisis se centró en el papel de las artes escénicas en la movilización de
los afectos. Se introdujeron conceptos como la teoría de los afectos en la práctica escénica, las comunidades afectivas, la política emocional, la economía de las emociones, el capitalismo emocional, los
saberes del cuerpo y la ética de la representación. Uno de los temas abordados fue el de las ciudades
performativas, resultado de una investigación extensa que Verzero plasmó en el libro coeditado con
Pietse Feenstra y publicado por CLACSO en 2020.
La reflexión se centró en las experiencias artísticas en la ciudad como formas de legitimar el
pasado desde una dimensión social, estética y política. La ciudad se concibió como un escenario en
disputa, con una potencia performativa capaz de generar cartografías urbanas, conciencia corporal del
espacio y diferenciación entre lugares y espacios. Ejemplos de esta performatividad fueron Barrios por
memoria y justicia (2006), con recorridos en sitios como el barrio de Almagro, y Campo de mayo. Conferencia performática (2013), de Félix Bruzzone, dirigida por Lola Arias, que moviliza la búsqueda de
identidad mediante la acción escénica.
También se abordó el tema del artivismo, definido como una forma de arte con intencionalidad
estética y micropolítica directa, en cruce con la comunicación y la performance. Se presentaron casos
de Chile, Argentina y Brasil, como La conquista de América (1988), de Las Yeguas del Apocalipsis, el
colectivo Cueca Sola, Arte Urgente (2017), #QuiénElige de FACC (Fuerza Artística de Choque Comunicativo), Arte en Red (2020), y Marcha a ré de Teatro da Vertigem (2020). Estas experiencias destacan
el encuentro civil como elemento esencial, el enfrentamiento a discursos oficiales radicales y la defensa
de la memoria histórica, el cuerpo y los cuidados. El espíritu colectivo es central en este tipo de arte,
entendido como semilla de una forma alternativa de vida basada en la pertenencia.
En relación con los colectivos feministas, Verzero reflexionó a partir de los textos Vivir una
vida feminista, de Sara Ahmed y Racionalidad poético-afectiva, de Lola Proaño (quien en alguna edición anterior de la Cátedra —todavía con el nombre de Rodolfo Usigli —, también participó en la ver-

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sión online derivada de la época pandémica) y Lorena Verzero. En este marco, lo feminista se entiende
como la necesidad de cuestionar todo lo existente. Se mencionaron colectivos y acciones como Cueca
Sola (Chile), Diez de cada diez y La caída de las campanas (Uruguay), FUNAS (sección feminista de
FindeUNmundO), #JuntasLibreseIguales (2022) y Acción Volcán, de ARDA (Argentina).
La intervención de cierre abordó la relación entre arte y política desde dos perspectivas contrarias: la resistencia y la perpetuación. En resonancia con la primera, Verzero abordó las prácticas
teatrales durante la última dictadura argentina, comenzando con el Taller de Investigaciones Teatrales
(1971), la compañía de Ángel Elizondo, el Encuentro de las Artes y el Teatro Abierto (1981). Aunque
la censura fue intensa, Verzero sostuvo que el arte encontró fisuras para resistir, incluso en la clandestinidad.
Las estrategias de resistencia incluyeron: a) ocultarse en espacios públicos; b) trabajar en espacios privados; c) abolir la representación; d) mentir y e) utilizar el arte como herramienta de invisibilización. De esta manera, la creación artística no se detuvo, como afirma Beatriz Sarlo. Se gestionaron
afectos como poéticas políticas y se generaron espacios de respiración artificial. El archivo fue clave,
con fuentes de información y discusión como entrevistas, notas periodísticas, fotografías y registros
audiovisuales.
La exposición del cuerpo fue esencial en estas poéticas de resistencia, junto con la presentación de temas considerados tabú. Un ejemplo de ello fue Periberta (1978), de la compañía de Ángel
Elizondo, que recurrió al teatro invisible preconizado por Boal para evadir la censura, exponiendo el
cuerpo de forma cruda y transformando el miedo a través del humor y de pulsiones eróticas y tanáticas.
Finalmente, Lorena Verzero abordó la performatividad necropolítica de la ultraderecha argentina con el partido La Libertad Avanza (LLA) y la figura del actual presidente Javier Milei. Desde 2017,
se observa una apropiación estética de los adversarios, impulsada por afectos tanáticos como el odio
y el resentimiento. Ejemplos como El consultorio de Milei (2018), Banderazo (2021) y Presto pobre
(2021) evidencian una estética provocadora, violenta y transgresora.
La cátedra concluyó con una reflexión sobre el poder de la performatividad como herramienta
política, social y cultural. En respuesta al contexto político argentino, Verzero presentó un video de la
Acción Global por Gaza, del 4 de octubre de 2025, en articulación con el movimiento Ni una menos,
demostrando que el arte sigue siendo un medio vivo de resistencia y de creación de formas de vida
frente a un presente que articula sus políticas y performatividades en una pulsión de muerte.

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ACEPTADO: 07 de enero de 2026
DOI: https://doi.org/10.29105/de.v3i4.26

En busca del espectador o del
teatro de secesión
Pablo Tepichín1
Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Teatral
Rodolfo Usigli (CITRU) / Ciudad de México, México
Contacto: pablotep@hotmail.com
ORCID: https://orcid.org/0009-0002-4221-7796

Pablo Tepichín1
Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Teatral Rodolfo
Usigli (CITRU) / Ciudad de México, México
Contacto: pablotep@hotmail.com
ORCID: https://orcid.org/0009-0002-4221-7796

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Dr. en Filosofía. Coordinador de la Maestría en Investigación Teatral del CITRU. Investigador Nacional Nivel 1.

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En busca del espectador o
del teatro de secesión
“El sueño de la razón produce monstruos”: con esta frase de la serie Los caprichos, Francisco
de Goya se adelantaba a advertir que la ausencia del uso de la razón podía desembocar en la aparición
del horror. Sirva esta idea para comenzar una reflexión sobre el libro En busca del espectador. Tratados
sobre la desaparición y la aparición de los cuerpos, de Rubén Ortiz. Sin embargo, aquí el exceso de
racionalidad —en particular en el espacio teatral de la modernidad— será más bien sinónimo de catástrofe, de monstruosidad, despolitización y forclusión de la vida.
El texto de Ortiz se compone de tratados que articulan una perspectiva genealógica del teatro y del observador en la modernidad, para dar paso a una segunda parte en donde narra en montaje
distintas experiencias comunales de los últimos años en el mundo. El autor comienza con una suerte
de arqueología de la representación en la que emplaza la época de los aparatos; a decir de Jean-Louis
Déotte, estos se refieren a artilugios que hacen aparecer formas sensibles durante un momento histórico
determinado. La invención del aparato perspectivista implicaría el devenir del individuo y de la razón:
no la inmersión del espectador en la representación, sino la separación entre esta y la posibilidad de
actuar en ella.
En esta arqueología y antropología del aparataje teatral, Ortiz explica la inmovilidad del teatro
cerrado a partir de la figura leviatánica de Thomas Hobbes, con la que se inaugura, a mediados del siglo
XVII, la modernidad política y, con ella, la representación. En efecto, si en el frontispicio del Leviatán
el cuerpo del soberano está compuesto por una multiplicidad de cuerpos individuales para dejar vacía la
ciudad, la estructura teatral —con sus plateas, palcos y proscenios— orienta la mirada de este individuo
hacia el escenario y, al sesgo, hacia el soberano. En otras palabras, el aparato de la mirada produce una
pulsión escópica determinante para la interpretación, a cargo del dispositivo del teatro del reconocimiento.
El proceso de la reorganización de la experiencia sensible que culmina en los teatros cerrados
funciona como una analogía de la figura del Príncipe, para devenir marioneta en la modernidad como
la máquina artificial de Hobbes. Le Théâtre c’est moi, advierte Rubén Ortiz. Y es que la tragedia previa a la modernidad implicaba cuerpos, afectos, politicidad y publicidad; sin embargo, la entrada al
racionalismo inauguró espacios liberales eo ipso despolitizados. Incluso puede decirse que el conflicto
escatológico de la antigüedad se subsume en la convivencia, la seguridad y la privacidad de la ciudad
moderna y del teatro cerrado. En su lugar, emergen escenarios de contemplación como museos, auditorios y, por supuesto, teatros.
No es casual, como explica el autor, que el silencio durante las obras, por ejemplo, en la Ópera
de París, ya bien entrado el siglo XIX, reemplazara el ruido, ahora considerado de mal gusto, y que el
aplauso, incluso parte del aparataje teatral, se relegara al final de la función.
La disposición de los espacios y la reorganización de los lugares de los cuerpos fue en buena
parte debido a la arquitectura, pero también, como explica Rubén Ortiz “las teatralidades son haceres.
La idea se establece justamente al generar la división tajante de esos haceres. A pesar de que siempre

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ha habido quien actúa y quien mira, la idea del teatro es una invención moderna” (Ortiz, 2023, p.72).
Sobre la teatralidad anterior a la consolidación del teatro cerrado, el cuerpo se sitúa en una
condición que reconfigura los espacios habituales. Es decir, no existe un único lugar predeterminado
frente al cual permanecer; por el contrario, la movilidad de los cuerpos, explica Ortiz, “es la que hace
la suma de la experiencia” (Ortiz, 2023, p.72). Por tanto, el lugar del teatro es el cuerpo del espectador
antes que el tablado. La experiencia teatral supone que el cuerpo del espectador tenga la posibilidad de
detenerse o de percibir aspectos del entorno no privilegiados por la acción escénica.
Uno de los temas recurrentes en la primera parte del libro de Rubén Ortiz es el de las implicaciones del aparato perspectivista y la tendencia wagneriana que inaugura la economía política del
teatro, a saber, un dispositivo escénico dentro de un dispositivo arquitectónico, a su vez inscrito en un
aparato epocal que distribuye cuerpos, jerarquiza la palabra y fomenta la división del trabajo. A juicio
del autor, la reforma arquitectónica atribuida al austriaco Otto Wagner concluye un proceso de transformación del espacio en el que la sala no solo se subsume al escenario, sino que, antes bien, este la
desplaza. Se trata de un cisma arquitectónico moderno, ideológico y somático, que inaugura la noción
de “atención total” del espectador sentado, con la vista fija en un solo punto redefiniendo no solo el
qué, sino el cómo mirar una obra. A mi juicio, en este periodo se afianza la pulsión escópica del brillo
moderno del capital, saber que la agalma o brillo fálico del objeto de deseo se concentra en un único
punto del escenario, reordenando la mirada y alienando al espectador.
El investigador del CITRU, Rubén Ortiz, trae a la discusión la Carta a D’Alembert sobre los
espectáculos de Jean-Jacques Rousseau, escrita como respuesta al artículo “Ginebra” del volumen séptimo de la Enciclopedia. En esta extensa carta, Rousseau contrapone, como es de esperar, las lógicas
civilizatorias de las capitales, en particular París, con los modos relacionales de lo que denomina la
tradición de las pequeñas ciudades suizas, como Ginebra o como Neuchâtel, frente a la instalación de
espectáculos fijos.
A su juicio, la instalación de estos espectáculos provocaría cinco perjuicios: el relajamiento
del trabajo, el aumento del gasto, la disminución de la producción, el establecimiento de impuestos y
la introducción del lujo. En suma, para Rubén Ortiz, el pasaje rousseauniano permite explicar cómo la
metáfora teatral implica la privatización de las lógicas comunales y el surgimiento de la división del
trabajo y de la multiplicación de saberes. Se trata de un colonialismo suave “al que Rousseau no está
dispuesto a abrir las puertas de manera sencilla. Una metáfora teatral puede acabar con un pueblo”
(Ortiz, 2023, p.89).
En la segunda parte de En busca del espectador, titulada En montaje, se despliega una serie de
tratados que versan sobre las imágenes, la agitación, los pueblos y la democracia, en donde se esbozan
algunos eslabones de lo que podría ser al menos una arqueología del montaje, en las que se destaca no
tanto la imitación de la realidad, sino la ocupación de esta.
En dicha sección hay una preocupación latente por la descomposición institucional, las formas de violencia permanente, el terror paralizante, la desigualdad estructural del capital y su detrito
planetario. Para el autor, en tiempos de emergencia la materia prima no es tanto la estética sino un uso
intensivo de la poética, la cual irradiaría en la reinvención de la política, agrego yo, una de tipo instituyente cuando no destituyente.

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La pregunta que plantea Ortiz es qué posibilidades tiene el arte en un país como México, interrogante que plantea desde la certeza de la secesión como condición de posibilidad para la organización
y la autonomía. “Hacer secesión es darse cuenta de que no hace falta mayor protocolo para fundar un
mundo, que existe la fuerza de nuestros afectos, que tenemos el campo minado de nuestras diferencias”
(Ortiz, 2023, p.121).
A mi juicio, la idea de Ortiz según la cual “hacer secesión” no pasa por el protocolo constituye
una marca de lo político antes que de la política, pues implica una potencia no institucional para establecer la diferencia o el disenso. Y es que, a lo largo del texto, el lector percibe la noción de democracia
de Ortiz como desacuerdo, esto es, como aquella que reorganiza el orden de lo sensible, donde el ruido
estridente se convierte en la voz del demos que pone la palabra. Para el autor, se trataría de una arena
alegre donde el diálogo no cesa o, mejor dicho, donde la escena agonista funciona como síntoma del
diálogo democrático que da cuenta de quienes nunca son contados.
En el apartado titulado Tratado sobre la agitación, Ortiz recupera la experiencia del director
de cine vanguardista soviético Denís Abrámovich Káufman, mejor conocido por su seudónimo Dziga
Vértov, quien en 1919 formó parte del tren de agitación de la Revolución de Octubre. Este dispositivo,
además de llevar innovaciones cinematográficas, detonaba actividades como mítines, reparto de impresos y teatro de agitación. Asimismo, no se pueden dejar de mencionar los “periódicos vivientes” de M.
Yujanin, los cuales difundían las noticias cotidianas mediante recursos escénicos. Explica Rubén Ortiz:
La representación era precedida por una caravana que atraía al público al lugar de la representación y, allí, las noticias eran actuadas un poco de manera juglaresca, con vestuarios llamativos, grandes gestos y tonos paródicos o melodramáticos, con base en textos colaborativos
aterrizados en diálogos o monólogos … Con el paso del tiempo, entre las noticias se fueron
añadiendo folletines, pequeñas obras que lograban desarrollar mejor el aspecto didáctico de
las performances. (2023, p.143)
Otra experiencia elocuente es la de los diggers de San Francisco a finales de la década de
1960. Para este colectivo escénico, la infraestructura teatral era prioritaria, el teatro funcionaba, más
bien, como medio para movilizar el deseo. La posibilidad de construir mundos era una realidad frente
a la angustia del contexto planetario de la Guerra Fría y a las secuelas estadounidenses del conflicto de
Vietnam.
Este tránsito del espectáculo a la vida se articuló a través de lo que denominaron “teatro de
guerrilla”, el cual consistía en la presentación de obras diseñadas para alterar el curso cotidiano de la
existencia, a veces concluyendo con la policía dialogando con las marionetas. No obstante, los diggers
fueron más allá con iniciativas como las free meals o las free stores. En las primeras, estos jóvenes robaron comida de supermercados y organizaron almuerzos gratuitos en los que ellos y otros voluntarios
cocinaban. En las segundas, las tiendas gratuitas, los diggers invitaban a todo aquel que pasaba por ahí
para llevarse lo que quisiera. En definitiva, intentaban pues, a juicio de Ortiz, crear las condiciones de
vida, no imitarlas.

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En Tratado sobre los pueblos, el autor plantea una descripción del montaje, entendida como
un trabajo sobre la heterogeneidad. Este implica localizar un discurso sobre la realidad e intentar posarse sobre aquello que lo enlaza. Ortiz lanza entonces una pregunta al lector-espectador: ¿cuál es la
lógica que otorga coherencia a la representación? Para luego, afirma, estallar esa lógica. Se mencionan
trabajos de Teatro Ojo, Teatro de ahora, Máscaras de gas de Sergei Tretiakov y Sergei Eisenstein, entre
otros.
En un caso particularmente elocuente, Rubén Ortiz menciona Estonia Unida, del grupo de
Teatro NO99, una pieza teatral que tomó a todas las personas de ese país como ejecutantes alrededor
de la campaña de un falso partido político. Esta acción dejó al descubierto lo que sucede cuando naturalizamos el hecho de que la representación subordine a la acción. La idea es constatar cómo una
representación podía pasar como acción real en el reino del monopolio de las representaciones.
¿Qué decir de Úumbal (2015), de Mariana Arteaga, y de su coreografía nómada in situ para
quienes transitaban por la colonia Santa María la Ribera? En una etapa nombrada “Laboratorio de
tejedores”, se contó con la participación de voluntarios que crearon nuevas secuencias de movimiento
inspiradas en los pasos compartidos en la coreografía y propusieron otras formas de andar y estar en
el espacio público.
Este interesante fenómeno encuentra una explicación contundente en palabras de Rubén Ortiz:
mientras los políticos vuelven la política como un teatro de falsedades, la gente quiere usar el
espacio como escenario de sus deseos; quiere exponerse, pero también quiere ser respondida.
No se trata del escenario donde las luces solo inundan un lado del lugar, se trata de un lugar
de enunciación y de apelación, de queja, argumentación y respuesta. Un espacio de voluntad
y deliberación. Ante las fallas del espacio público, la gente mete el cuerpo para conformar un
espacio común (Ortiz, 2023, p.162).
Finalmente, la configuración escenológica atraviesa por un común resultado no del consenso a
la manera liberal, sino efecto de la diferencia. Ortiz entiende bien la escena agonística como un terreno escarpado que se expresa en negociaciones y en la contingencia de los acuerdos. La política de lo
común no da espacio para el “siempre” y el “nunca” de soluciones definitivas e inmutables; más bien,
se abre al “según” y al “depende”, para reforzar el trabajo colaborativo y no delegar la decisión final al
político o al director profesional.
En busca del espectador. Tratados sobre la desaparición y la aparición de los cuerpos, de
Rubén Ortiz, constituye una potencia estética y política que disloca la monopolización de la representación para filtrar, en sus fracturas, gestos, emociones y acciones reales que, desde lo común, subvierten la mirada de nosotros mismos como actores-espectadores. Quizá, como en una suerte de teatro de
secesión, entendido como una desapropiación y escisión de los montajes, en la que refundar el mundo
sea nuevamente el sueño de la razón.

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�Reseña

Esta obra quedará registrada bajo la licencia de Creative Commons (CC BY 4.0) Internacional

RECIBIDO: 12 de enero de 2026
ACEPTADO: 14 de enero de 2026
DOI: https://doi.org/10.29105/de.v3i4.37

Nuevas brújulas:
La dramaturgia como
herramienta fundamental para
no perder el norte
Armandina Yarezi Salazar Díaz1
Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) / Nuevo León, México
Contacto: armandina.salazardz@uanl.edu.mx
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-0921-8319

Armandina Yarez Salazar Díaz1
Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) / Nuevo León, México
Contacto: armandina.salazardz@uanl.edu.mx
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-0921-8319

Licenciada en Letras Españolas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL y Maestra en Artes por la Facultad de Artes
Visuales de la misma universidad. Es docente y responsable de la Coordinación de Proyectos Editoriales de la Facultad de
Artes Escénicas de la UANL. Es escritora de Literatura Infantil y Juvenil. En el año 2025 fue becaria del Centro de Escritores
de Nuevo León.
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Vol. 3, Núm. 4 (2026). enero-junio 2026 | ISSN 3061-7545 | dialecticaescenica.uanl.mx |121

�Reseña

Nuevas brújulas:
La dramaturgia como
herramienta fundamental para
no perder el norte
En una sociedad cambiante o en constante crisis, el arte funciona como una brújula vital que
nos permite pensar en nuevos horizontes. El artista desafía, cuestiona y propone. Ante una cultura
que recicla narrativas y observa apáticamente desde lejos las problemáticas globales, la voz de las y
los artistas jóvenes se vuelve necesaria. Su propia búsqueda abre la posibilidad de abordar, desde una
mirada contemporánea, el mundo agonizante que han heredado, al tiempo que propicia el diálogo con
las generaciones antecesoras. De ahí la importancia de construir espacios donde sus propios discursos,
lejos de diluirse, se potencien.
Consciente de la urgencia de preservar y generar plataformas donde las y los jóvenes impulsen su talento, la Facultad de Artes Escénicas de la UANL desarrolla el proyecto editorial Dramaleón.
Antología de Dramaturgia Joven FAE, cuya finalidad es publicar anualmente obras dramáticas creadas
por sus egresados menores de 35 años al momento de la publicación.
La consolidación de este primer volumen, titulado Nuevas brújulas (FAE/UANL 2025), tiene
sus orígenes en la Cátedra Sergio García, emisión 2024, específicamente a partir de una mesa de diálogo dedicada a la dramaturgia joven. A partir de esta experiencia, la facultad lanzó la convocatoria para
el segundo volumen, el cual actualmente se encuentra en proceso editorial.
Nuevas brújulas reúne cinco textos de dramaturgas y dramaturgos egresados de la Licenciatura en Arte Teatral de la misma institución: Jennifer Peña, Talina Garler, Ricardo Traviezo, Rodolfo
Cantú y Carlos Portillo. El prólogo de la edición fue escrito por la dramaturga e investigadora Estela
Leñero.
El primer texto, Pero mira cómo cruzan los peces en el río, de Jennifer Peña Ramírez, fue
galardonado en el Certamen Nacional de Pastorelas de la UANL, en el año 2019. En términos estructurales, la obra cumple con varias características propias del género: retoma el pasaje del peregrinar
de María y José rumbo al nacimiento de Jesús; presenta un esquema tradicional de inicio, desarrollo,
nudo y desenlace; incorpora el humor como un elemento destacado; y articula la presencia de pastores,
diablo y ángeles, donde el bien triunfa sobre el mal.
El mayor reto en este tipo de propuestas radica en la reinvención del relato para mantener su
vigencia, lo cual Peña consigue al enfatizar la migración como eje temático, una problemática sensible
para nuestra sociedad latinoamericana, especialmente en estos últimos años. De ese modo, María y
José —pareja migrante por antonomasia en la tradición occidental —, se convierten en agentes protagónicos cuyas acciones van más allá de apariciones discretas en las últimas escenas, pues estas inciden
directamente en el entramado de la pastorela.

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�Reseña

Talina Garler es la autora de la segunda obra de la antología, Mueran los lobos (o cómo recuperar el honor). Este monólogo unipersonal nos permite conocer a Laurencia, una joven actriz cuyas
experiencias de vida la conducen a cuestionar su rol en la sociedad y la manera en que el patriarcado
permea cada ámbito de nuestras vidas, desde nuestra manera de generar vínculos —familiares, amistosos o amorosos—, hasta la forma en que nos desenvolvemos en lo cotidiano.
Con una mirada honesta, el texto devela paulatinamente el camino de la protagonista hacia un
feminismo consciente. En dicho trayecto emergen sus dudas, sus prejuicios hacia con otras mujeres y
su relación con Fernando (un actor respetado en su estado), marcada desde el inicio por la desigualdad
de condiciones. La obra expone así una relación afectiva atravesada por las dinámicas de poder, en la
que un hombre consolidado en su aspecto profesional ejerce manipulación emocional sobre una mujer
talentosa con una trayectoria en ascenso, lo que conduce a un trágico final.
Conforme la lectura avanza, el guiño a Fuenteovejuna trasciende el nombre de la protagonista
(figura de reivindicación femenina y símbolo del llamado a la acción colectiva en la obra de Lope de
Vega), para funcionar como un puente que denuncia la violencia estructural hacia la mujer perpetuada
en nuestro siglo, arraigada, incluso, dentro de los espacios artísticos.
Yerbabuena, de Ricardo Traviezo, aborda la tragedia ocurrida a principios de la década de
1960 en el poblado homónimo del estado de Tamaulipas. Esta historia oscura, marcada por asesinatos,
una secta religiosa, rituales con sangre humana, violencia sexual y psicológica, se construye a partir de
un juego diegético. Las voces de los protagonistas se intercalan con fragmentos que emulan un podcast
de corte sensacionalista, un formato contemporáneo cuya temática principal son hechos criminales de
impacto mediático. A través de la exploración de lenguajes tecnológicos, el autor convierte al lector
en testigo del suceso, obligándolo a cuestionarse si acaso los medios y el acceso fácil a esta clase de
información nos han convertido en seres morbosos e insensibles.
El amor, tópico recurrente en la experiencia humana, es abordado con ternura y asombro en I
Love NY, de Rodolfo Cantú. En su trabajo podemos ver el enamoramiento entre dos hombres, A y B,
cuyos nombres e historia ofrecen la flexibilidad necesaria para adaptarse, tal como refiere el mismo
texto, a cualquier género o persona, incluso al lector.
El argumento se desarrolla a partir del encuentro entre dos jóvenes de contextos culturales
distintos —uno mexicano y otro de ascendencia árabe—, quienes comparten una de sus primeras experiencias afectivas en el transcurso de las horas en una de las ciudades más concurridas del mundo. La
incertidumbre, el asombro y la noción de destino aparecen como fantasmas que rondan como aliciente
o amenaza al sueño de un futuro merecido. Cantú nos invita a soltar el miedo ante la multiplicidad de
posibilidades y logra que aceptemos con entusiasmo.
Por su parte, Carlos Portillo apuesta por la ironía y los caprichos azarosos en Nunca me gustaron los títulos largos, obra desarrollada en 2012 con el apoyo del Centro de Escritores de Nuevo León,
programa que le otorgó una beca para la realización del proyecto. Cuatro personajes, cuatro funciones
dramáticas y un único espacio. El resultado de este experimento es la desarticulación de lo que esencialmente entendemos por una obra teatral y sus convenciones dramáticas. Con algunas reminiscencias
de Esperando a Godot, el humor se construye a partir de diálogos absurdos, de la necesidad de los personajes por trascender, de la espera constante de que algo significativo ocurra y de los cuestionamientos
directos al propio proceso de escritura teatral.

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�Reseña

Nuevas brújulas es una publicación necesaria para visibilizar la dramaturgia joven de la comunidad FAE, donde la escritura es el puente dialógico entre el presente y el futuro que nos corresponde
mejorar. Se trata, sobre todo, de una brújula crítica para tiempos convulsos, en los que perder el norte
se convierte en un riesgo de todos los días.
Dicho material está disponible en formato impreso en la Biblioteca Daniel Andrade de la
Facultad de Artes Escénicas, así como en versión digital de acceso libre en el siguiente enlace: https://
libros.uanl.mx/index.php/u/catalog/book/175

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                <text>Dialéctica Escénica: Revista de la Facultad de Artes Escénicas UANL es una publicación electrónica de acceso abierto editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Facultad de Artes Escénicas, la cual publica artículos de investigación y de reflexión, así como reseñas. Tiene periodicidad semestral, su carácter es científico y su enfoque transdisciplinar; aborda temas sobre poéticas de las Artes Escénicas, la Gestión Cultural en las Artes Escénicas, la Pedagogía Teatral y las Nuevas Tecnologías como ambientes virtuales en las Artes Escénicas. La revista, cuyo contenido total es inédito y arbitrado, tiene una orientación científica que busca compartir las investigaciones, estudios y reflexiones desarrolladas por docentes, artistas, investigadores, así como trabajos académicos de posgrado. El propósito es ofrecer a autores y lectores un espacio que posibilite un amplio conocimiento y entendimiento de los estudios escénicos abordados desde varios enfoques, buscando promover la convergencia entre diferentes disciplinas artísticas relacionadas con las artes escénicas, además de la gestión cultural, las industrias culturales, la política cultural, la historia del teatro, la pedagogía teatral o dancística, la sociología, la psicología, etc. Esto ayuda a enriquecer el análisis y la comprensión a profundidad de las obras y las prácticas escénicas.</text>
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              <text>Salazar Díaz, Armandina Yarezi, Editor Tecnico</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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